¿Es Posible Andar en el Espíritu?

Desde que leí que los que son como niños entrarán en el Reino de los Cielos, me ha llamado mucho la atención algunos de sus comportamientos. He tenido hijos que fueron pequeños y ahora tengo nietos que me permiten seguir observándolos por fuera de lo que es el amor natural de padre o abuelo. Uno de los factores que siempre despertaron mi curiosidad e interés, fue el que tiene que ver con los miedos infantiles. ¡Son demonios que los perturban!, me han dicho y enseñado. Y lo creo, pero también creo que no es tan sencillo y facilista como se lo presenta, sino que tiene ramificaciones más profundas e importantes.

Uno de los temores infantiles más frecuentes, es el temor a la oscuridad. Si ya sabe expresarse, te dirá que tiene miedo a la oscuridad y punto. Lo que no siempre entendemos nosotros, los adultos, es que para él la oscuridad no es un algo difuso y sin forma, sino alguien. Dios es Luz, ¿No es verdad? Lo es. ¿Y qué te crees que es el diablo, entonces? Dios es luz y ninguna tiniebla hay en él. ¿Y qué es Satanás? ¡El es tinieblas! Ojo: no te estoy diciendo que tiene tinieblas o que vive en tinieblas, te estoy diciendo que ES tinieblas. Por eso todos los niños tienen temor a la oscuridad. Es normal. Si no lo tuvieran, sería porque estarán muy sanos de todo o porque sus padres lo acostumbraron a ver series o pelis de terror.

El niño es un ser creado que, lo entendamos o no, ya tiene todo lo necesario para fluir en el espíritu. Por eso fue escrito que de la boca de los que maman, fundaste la fortaleza. Eso me dice a mí y te dice a ti que, un ser que acaba de nacer, es mucho más efectivo en el espíritu que una persona de cuarenta o cincuenta años de edad con formación religiosa, cristiana, teológica o como la llames. ¿Motivo? Uno solo: todavía es más espíritu que carne. Su ser espiritual está a flor de piel. Por eso es tan importante que la iglesia como cuerpo de Cristo, se haga cargo de la educación de sus niños. Y no me estoy refiriendo a darles educación cristiana, ¿Eh? ¡Por favor! ¡Ni se te ocurra darles educación cristiana!

Lo que tienes que darles, es un compendio de educación con valores. Y decir eso, es como decir que les demos educación con Reino. Porque la educación cristiana, tal como la conocemos, hace a la gente religiosa. Nunca te olvides que, al nombre de cristianismo, no fue Dios quien lo puso. Lo pusieron en Antioquía. Y como una especie de burla, no de respeto. Muy bien; a partir de eso, la gente empieza un proceso de reversión. Tú te conviertes, vienes a Cristo, naces de nuevo y tu alma que ha sido liberada de ese lazo, deje fluir el depósito que ha sido puesto en tu espíritu comience a pasar a tu alma. Eso me dice a mí y te dice a ti, que todo lo que Dios te haya querido dar, ya está en tu ser espiritual.

Por eso es que Pablo dice que no digamos quien subirá a lo alto, ni quien descenderá, porque cercana a tu corazón está la palabra. ¿Recuerda eso? ¿Y como lo entiendo? Tu espíritu. La imagen de Dios, nada menos, está puesta en ti. Y si ha sido quitado el lazo del alma, tu espíritu tiene toda la habilidad para transmitir toda esa gloria hacia tu alma y hacia ti mismo. Recuerda este pasaje que dice que el que tiene la unción del santo no necesita que nadie le enseñe nada, sino que la unción misma le enseña todas las cosas. Mira lo que dice Mateo 3:1-2. Este pasaje nos introduce al eje central del ministerio de Cristo, que como ya te habrás dado cuenta o discernido, no es la salvación.

Ojo, no estoy diciendo que no sea importante o que no lo hagamos, te estoy mostrando que, si sumas y restas versículos, hay otros puntos que Jesús maneja por encima de la salvación. De hecho, la salvación nunca deberá ser el fin, sino el principio. No eres salvo POR, eres salvo PARA. No se trata, como nos enseñaron durante tanto tiempo, de solamente ganar almas. Se trata de ganarlas, pero luego poder dirigirlas al trabajo o la misión central que cada una de esas almas tiene. Porque si nuestras congregaciones tienen miles de personas, pero que no han entendido su propósito, solamente tendremos a miles de personas, pero desubicadas. Inútiles para el Reino. Así de simple y así de contundente.

Mateo 3:1-2: En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. Aquí tenemos a Juan el Bautista diciendo algo que luego sería el primer mensaje de Jesús: El Reino de los Cielos se ha acercado. Así lo vemos en Mateo 4:17. Pero el pasaje que a mi siempre me llamó la atención y que despertó mi interés fue el de Mateo 24:14: Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin. Dice que será predicado el evangelio del Reino, no el evangelio de Jesucristo. ¿Cómo es el asunto este, entonces? ¿Son dos evangelios? Sí. Mira Marcos 1:1 Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.

Los dos están escritos y no hay contradicción. El evangelio de Jesucristo, uno. El evangelio del Reino, dos. Definición rápida de cada uno. Evangelio de Jesucristo. La cruz, la salvación. Cree en el Señor Jesucristo y tú y toda tu casa serán…salvos. Punto y aparte, terminó, Clase respecto al evangelio de Jesucristo, finalizada. Evangelio del Reino. Objetivo. El principal, Gobierno. Pero cuidado, nadie puede entrar en el evangelio del Reino, si no ha pasado antes por el evangelio de Jesucristo. Es como que tienes que pasar por la escuela primaria y secundaria, evangelio de Jesucristo, para luego sí poder tener acceso a la Universidad, evangelio del Reino. ¿Soy claro? ¿Y cual sería esa universidad? La iglesia.

Seguramente la mayoría de ustedes han conocido o conocen personas que han sido salvas sin llegar a la iglesia, ¿No es así? Yo soy el mejor ejemplo que conozco. Yo acepté a Jesucristo en una noche estrellada, solo y sin ninguna forma ni clase de ambientación cristiana. Él y yo. Punto. Y eso me demostró a mí en ese momento y lo sigo teniendo muy en cuenta: no somos los cristianos los únicos que predicamos salvación, definitivamente. Ojo, a mí, después, cuando llegué a los templos, me enseñaron que Dios nos necesita para predicar el evangelio porque nadie más puede hacerlo. ¿Puedo darte una lectura al respecto? Apocalipsis 14. Porque resulta ser que no somos los únicos que podemos predicar el evangelio.

Apocalipsis 14:6: Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo, Perdón, perdón, perdón…¿Esto me está diciendo que los ángeles también predican? ¡Claro! Eso es lo que se nos dice. ¿Tú te habías creído que se lo pasaban volando de un lado al otro o tirando flechitas para que ella se enamore de él o viceversa? ¿Por qué te crees que cuando llegan misioneros a lugares donde jamás habían pisado los cristianos, se han encontrado con personas que ya conocían a Jesús y creían en Él como Señor de sus vidas? Dios está avanzando con o pese. Son tiempos de cumplimiento y no se puede perderlo en protocolos inexistentes. Estos, son tiempos determinantes.

Y hasta aquí, nosotros hemos estado abocados solamente a difundir, proclamar, predicar y enseñar el evangelio de Jesucristo. Es tiempo de modificar esto. Comencemos a enseñarle a las personas a predicar el evangelio del Reino, a gobernar tal cual es el mandato, a ser fértiles en todo lo que hagan y tomen de una vez por todas la conducción espiritual de la educación, mucho más allá de aquellos colegios cristianos que por décadas fueron, reconozcámoslo, verdaderas fábricas de ateos, escépticos o rebeldes al Dios de todo poder. Es tiempo de empezar a meternos en todas las áreas del país por igual, sin distinción de lo artístico, lo cultural, lo político o lo deportivo. Y no estoy hablando de afiliarnos a los partidos políticos conocidos. Y ni siquiera a construir partidos cristianos, porque no es por allí donde pasa la solución. Decir Reino y Gobierno, es h hablar en otro idioma de otra dimensión.

Y no hay riesgo de equivocarse o cometer errores graves, porque si somos fuertes en el ámbito de lo espiritual, indefectiblemente sabremos qué puertas deberemos cruzar y qué puertas no. Sólo un problema: hay una enorme cantidad de cristianos, (Y no sé si no es una inmensa mayoría) que definitivamente ignora lo que es el mundo espiritual. Y gente que se casa o se descasa porque todo lo hace a partir de sus impulsos almáticos, cuando no corporales u hormonales, y así se pierden en una nebulosa de problemas que, en primera medida, termina con cualquier misión ministerial que cada uno tuviera. Me gusta ayudar a mis hermanos con problemas, pero de ninguna manera acepto convertir este ministerio en un consultorio sentimental. Es de altísima mediocridad y hasta hipocresía eso.

Porque hay una verdad inclaudicable: si no sabes discernir sobre las cosas naturales, ¿Cómo se te ocurre que podrás hacerlo con las espirituales? Y si no disciernes lo que es de Dios o lo que es de Satanás, ¿Cómo piensas que puedes ser útil en esta guerra? Definitivamente, tenemos que cambiar nuestra manera de pensar. Las clases de estudio bíblico no salvan a la gente. Nos enseñan muchas cosas, pero eso apenas es el principio, de ninguna manera es la meta. Porque convengamos que, definitivamente, somos seres espirituales, y Pablo dice que, si tú alimentas lo natural, el fruto será natural y que, si alimentas lo espiritual, el fruto será espiritual. No te olvides que el evangelio del Reino, tiene que ver con áreas de gobierno. Esto fue lo que perdió Adán cuando cayó. No la salvación, Dios se encargó de salvar a Adán. Lo que perdió fue el gobierno, la autoridad en esas áreas puntuales.

En suma, sabemos que Adán se fue con el Señor, pero también sabemos que con él, Dios jamás recuperó el gobierno de Su Reino. A eso recién lo recuperó con Cristo. ¿Y qué hizo? Se lo entregó a la iglesia. La gran pregunta que surge, entonces, es: ¿Por qué tanta gente se queda en esa primera esfera del evangelio de Jesucristo, si lo que Dios quiere es que vayamos más lejos? Mira; hasta el siglo doce, por lo que sabemos, todo de una u otra manera, giraba en torno de Dios. La salud, la educación, las artes, la música, la ciencia, la política. Recuerda que siempre era la autoridad religiosa la que daba la autoridad política, porque decían que él tenía autoridad eterna y el otro autoridad temporal, ¿Lo recuerdas, verdad? Bueno, todos sabemos y observamos que, con el correr de los tiempos, todo eso fue cambiando y todo se fue modificando.

¿Dónde empezaron los mayores problemas? NI se te ocurra pensar que comenzaron en el ateísmo o fuera de la iglesia. Los más grandes detractores que la iglesia tuvo, nacieron adentro de la misma iglesia. Fueron gente que creció al amparo de doctrinas obtusas, que no convencían a nadie. Pensadores como Voltaire, que simplemente fueron educados bajo una doctrina escolástica tan ridícula que da vergüenza ajena siquiera recordarlas. ¿Cuántos ángeles danzando pueden caber en la cabeza de un alfiler? ¡Esas eran las grandes discusiones bizantinas! Las de los padres de la iglesia, allá por el siglo catorce. Y ahí fue donde mucha gente con alta capacidad intelectual y de búsqueda, decidió que ese tipo de cosas de ninguna manera podían provenir de un Dios como el que se les presentaba.

Y así fue que lentamente, pero con firmeza, fueron girando toda la visión que el mundo tenía en ese momento, una visión teocéntrica, hacia un humanismo sin la participación ni la presencia de ese Dios tan raro que facultaba discusiones estúpidas llevadas a cabo por gente que también parecía estúpida. Anda dando vueltas por allí un cuadro, creo que de Leonardo Da Vinci, en el que se ve un círculo con un hombre en su interior. ¡Eso fue lo que se hizo! Se saco a Dios del centro de todas las cosas y en su lugar se puso al hombre, como centro de todo. Allí se sacó del trono de tu vida a Jesucristo y se hizo sentar a tu Yo. ¿Qué te parece? Ojo, yo creo fielmente que el hombre es el centro de la creación, no tengo dudas. Porque somos nosotros los que regulamos todo. Así que después de lo que termino de decirte, ya sabes que el hombre es, definitivamente, la medida de todas las cosas.

Es que somos realmente seres extraordinarios. Somos la creación más compleja de Dios. Hasta el día de hoy, y te digo algo que parece una tontería, pero no lo es, la ciencia no sabe por qué nos crecen las uñas. No hace tanto tiempo que se pudo completar el genoma humano. Tú tienes 3.5 de sal en tu cuerpo, tal como tienen los mares. Y tienes un 73 por ciento de agua en tu cuerpo, que es la misma proporción que tiene el planeta entre agua y tierra. No tengo dudas, todavía el hombre sigue siendo el centro de la creación de Dios. Bueno, ese pensamiento con el tiempo fue a caer en algo que se llamó teología natural. Es lo que podemos leer en el capítulo 1 de la carta a los Romanos. Lo que conocemos de Dios, lo conocemos por medio de las cosas creadas. Y fue en eso que se sobrecargó todo el énfasis.

Entonces empezamos a decir y creer que podíamos ver la grandeza o la eternidad de Dios simplemente mirando los atardeceres, el vuelo de los pájaros y el sonido de sus trinos. Teología natural. Ese fue el eje a partir del cual los grandes pensadores de una época hablaran del naturalismo. ¿Y a qué quiero llegar con esto? A que entiendas que hemos perdido lenta, progresiva, pero sostenidamente, las áreas de influencia de Reino, porque nuestra teología no ha ido cambiando a la misma velocidad con la que cambió la ciencia. Y fíjate que ese ha sido el gran problema, que nuestros genios nos obligaron a optar entre la teología o la ciencia. Pero si tú lees, la palabra CONOCIMIENTO, de donde se deriva CIENCIA, forma parte del manojo de llaves que Dios no ha entregado.

Y te doy un ejemplo histórico y comprobable. Si te pones a estudiar a los tres más grandes físicos de la historia, vas a descubrir que los tres eran creyentes. Y los tres determinaron puntos científicos que les dejaron en evidencia que, lo que ellos habían descubierto, eran principios eternos de poder. O sea: principios divinos. ¿Entiendes lo que digo? Uno de esos era Newton, creo que te suena. Entonces, la teología natural del siglo 19 entra al siglo 20 y, literalmente, el naturalismo se convierte en humanismo y, al corto lapso, el humanismo se convierte en secularismo. Y aquí es donde estamos hoy. Ya no tenemos esas grandes corrientes ateas que existían a principios del siglo 20, pero sí tenemos una enorme indiferencia para con todo lo que es sagrado.

Eso es lo que llamamos secularismo. Y que no comienza afuera en el mundo incrédulo, empieza en la misma iglesia. ¿No dice Pablo que ya sea aquí o ya sea allá, todos trabajamos para el Señor? ¿Y entonces por qué dentro de nuestras congregaciones se sigue dividiendo a los hermanitos que trabajan en la iglesia para el Señor con los que trabajan afuera para el mundo secular? ¿Qué quieren decir con secular? Que está afuera de la iglesia. Ah, ¿Y los que dicen que trabajan para la iglesia a medio tiempo? ¿El otro medio a quien se lo dedican? Todos esos pensamientos muestran tu teología. ¡El domingo es el día del Señor, hermanos! Ah, ¿Y los otros días de quien son?

Yo no sé cuantos de nosotros tiene alguna vaga idea respecto a lo que es la física cuántica. Es una ciencia que partiendo de la física tradicional ha avanzado a sitiales insospechados dentro de lo que es investigación profunda, ¿Y sabes qué? Gracias a esa física cuántica, hoy se ha podido demostrar científicamente la existencia real de un mundo espiritual hasta aquí sólo reservado, -decían- para las mentes fantasiosas o supersticiosas. La física cuántica ha descubierto que lo más pequeño del universo ya no es el átomo, sino una pequeña partícula llamada Quart. Partículas que, en un momento dado y por alguna causa que se desconoce, pueden vibrar todas a un mismo tiempo y en un mismo sentido y tono. Los científicos han llegado a decir que es como que algo invisible las gobierna.

Otros, han asegurado entender que hay una personalidad detrás de esa energía. Ellos han determinado que los puntos básicos para lo creado son la luz, el sonido y la energía. ¡La ciencia dice eso! Dios es luz, Dios habla, Dios es Poder. ¿Se te ofrece algo más para creerlo? Cualquier similitud con un viejo libro llamado Génesis, supongo que debe ser pura coincidencia. Algunos científicos, hoy, cuando hablan, parecen teólogos. Porque lo que para ellos es una simple intuición científica, para nosotros es simplemente fe. Y los que más rédito sacan de todo esto, son los esotéricos disfrazados de religiosos, pero no la iglesia genuina. Y eso que a partir de las nuevas formas de diagnóstico que existen, la ciencia está diciendo abiertamente que se ha podido comprobar la existencia de un ámbito espiritual invisible.

¿Recuerdas lo que decía la física tradicional? Solo se puede investigar lo que se puede ver, oler y palpar. La física cuántica, mientras tanto, está diciendo que lo más importante es lo que no se puede ver, ni oler ni tocar. ¡Y es lo que está alrededor de nosotros! Algo nos conecta con todo. Lo único que está faltando es determinar su nombre. Tú y yo lo conocemos, pero todavía no es tiempo para la gran masa. Lo cierto es que el mundo espiritual está alrededor de nosotros, pero no lo percibimos. Es como las hélices de los viejos aviones. Se podían ver cuando estaban detenidas, pero ni bien se ponían en marcha y tomaban velocidad, todo se convertía en un círculo invisible. El mundo espiritual está alrededor nuestro, pero va a una velocidad en la que nuestros sentidos no pueden percibirlo.

¿Qué puede significar, entonces, que una persona entre en el espíritu? Es que aprenda a meterse en la velocidad en la que el mundo espiritual funciona. Algunos le llaman: Alinearse. Es la única manera en que todo el mundo espiritual se te haga visible. Operando en la velocidad terrenal, es imposible. Por más inteligente, brillante, intelectual o master en teología que seas. Hay un patrón de Dios que es más que evidente. El número doce tiene un grado sumo de importancia, lo has podido ver. Doce apóstoles, doce tribus, etc. Por eso es que la ciencia sostiene y cree que hay cosas que no son de este ámbito terrenal y material, pero que es imposible verlas porque se mueven en una dimensión distinta. Y utilizan la palabra Dimensión, sencillamente porque la palabra Espiritual, como tal, todavía no se les ha revelado.

De todos modos, hace ya mucho tiempo que la tremenda ciencia que de alguna manera rige los destinos del planeta, se ha dado cuenta que las cosas más importantes que existen, no las pueden colocar en un tubo de ensayo. A muchos, eso les ha desmoronado un auto concepto que por poco estaba rozando el diosismo. Nos sucede a todos. Cuando alguien nos muestra, nos enseña o nos demuestra que hay algo que ignorábamos, o que lo sabíamos, pero mal o incompleto, podemos adoptar una de dos reacciones de las más clásicas: o lo negamos neciamente y nos refugiamos en nuestras viejas sabidurías, ahora dejadas en claro como inútiles, o nos preocupamos en conocer más, en investigar, en escudriñar y finalmente podemos avanzar a la misma velocidad que avanza el mundo espiritual que discurre a nuestro alrededor.

No lo vemos, es cierto, pero eso no es sinónimo de que no exista. Tampoco vemos las bacterias o los virus, pero si se te meten en el organismo, te enferman y hasta te matan. Esto te deja una conclusión tan simple que, de simple que es, parece casi hasta tonta. La incredulidad no es una consecuencia de tu formación, de tu educación o de los mandatos o enseñanzas que recibiste, como una gran parte del pueblo de Dios cree y enseña. La incredulidad es un espíritu maligno que proviene de las oficinas del infierno y que debe ser expulsado de nuestras mentes por el poder de la sangre de Jesús. Ese, apenas ese, será el primer paso que te permita andar y vivir en el espíritu y no en la carne, como hasta hace un momento. El momento en que la palabra de Dios escondida en esta enseñanza, tocó tu espíritu y te hizo ver por un momento en donde estás y en dónde deberías estar si obedeces la voluntad de Dios.

Leer Más

¿Cómo Vota un Cristiano?

No estoy en condiciones, ni deseo estarlo, de darte una clase de historia de la introducción de la política en el mundo, pero déjame que te diga algo básico. Los orígenes de la política como tal, se remontan al inicio de la reflexión de los seres humanos acerca de la vida en sociedad, la cual condujo a la conformación de relaciones de poder entre los sexos, los grupos de cazadores y, luego, los asentamientos humanos que comenzaron a practicar la agricultura y la apropiación. Tiene que ver con lo público, con la ejecución de recursos, el control a las instituciones gubernamentales y la división de poderes para un sano equilibrio.

Esto, obviamente en el concierto mundial de lo que debería ser conforme a lo que fue pensado por los pioneros. A todas luces, muy diferente, pero verdaderamente muy diferente, a lo que se puede ver en la mayoría de los países que viven de acuerdo con los diseños democráticos. No sé cómo será en tu lugar de residencia, sólo puedo tomar como punto de referencia el mío, porque es donde vivo y padezco, más que disfrutar, de los vaivenes de esa política. Alguien dijo alguna vez que la democracia se sustenta en la virtud de los hombres. Si realmente es así, Argentina está en debe. Sus hombres políticos tienen de todo, menos virtuosidad a la hora de ponerla al servicio de este sistema de gobierno

He escuchado a pastores, ancianos, obispos, líderes y predicadores de todo el abanico evangélico, hablar, opinar, sugerir, demandar y hasta profetizar en lo concerniente al cristiano y su relación con la política. He oído a los unos, aconsejar para que sí, a los otros, hacerlo para que no y a una franja intermedia dejarlo en neutro y a criterio de cada uno. Nunca escuche, (Yo, al menos, quizás tú sí), a alguien que me contara qué pensaba Jesús de la política. ¿Habrá opinado? No lo creo, pero sí tiene que haber dejado señales más que claras para que su pueblo no se confunda.

Cuando tenía treinta años y terminaba de salir del río después de ser bautizado por Juan, el Espíritu se lo llevó al desierto, ¿Recuerdas? Y entre todo lo que recibió como vapuleo satánico buscando derrumbarlo, Satanás le ofreció ser nada menos que gobernante de toda la humanidad, a cambio de su adoración. Escucha; ¡Le ofreció gobernar sobre todos los reinos del mundo! Así, a la distancia, cualquiera hubiera imaginado todo lo que Jesús podría haber hecho por los seres humanos si hubiera aceptado esa proposición. Y allí es donde por primera vez surge la pregunta: ¿Tú crees que un hombre como Jesús hubiera dejado pasar una oportunidad así si hubiera creído que con la política podía lograr algo bueno? Conoces su lapidaria respuesta.

Más tarde, una verdadera muchedumbre quiso convertirlo en rey de los judíos. Ocurre que, en esos tiempos, eran muchos los que ansiaban encontrar a alguien que pudiera poner fin a la inestabilidad política y económica en las que el imperio romano los tenía cautivos. A mí no me caben dudas que esta gente, realmente impactados e impresionados por lo habían visto que Jesús era capaz de hacer, quisieron que él entrara en la carrera política y los condujera a una victoria y una liberación en esas áreas. ¿Recuerdas qué hizo él? Sin decirles nada, se les escabulló y se fue a la montaña, solo. Ellos veían a su Mesías como a un liberador.

Algo muy parecido sucedió algunos días anteriores de que Jesús fuera crucificado. Apareció un grupo formado por algunos discípulos de los fariseos y un grupo de hombres que eran miembros del partido de los herodianos. Haciendo causa común entre ellos, directamente lo encararon directo al hueso. Los discípulos de los fariseos estaban a favor de la postura de independizarse del Imperio Romano, en tanto que los herodianos, eran un poco más tolerantes con el dominio extranjero que sometía a su pueblo. Cómo Jesús no les seguía el tema y por esa razón no podían consultarlo o pedirle opinión, le tendieron una trampa dialéctica con una pregunta relacionada con si los judíos debían o no pagarle los impuestos correspondientes a Roma.

¿Qué hubieras respondido tú en su lugar? ¿Qué hubiera dicho yo en su lugar? No lo sé, pero estoy seguro que nada parecido a lo que Él dijo. ¿Por qué me ponen a prueba? Fue una pregunta con indisimulado fastidio, no exento de enojo y deseos de responder con más acidez. Privó el dominio propio. Serenó su rostro y lanzó un pedido figurativo. Tráiganme un denario para verlo. Como si fuera un sketch televisivo y todo estuviera preparado, al toque apareció uno con un denario en su mano. Se lo entregó. Él lo miró y les preguntó: ¿De quién es esta imagen e inscripción? – ¡De César! Le respondieron casi a coro. Encogiendo sus hombros y abriendo sus manos los miró casi con ternura y les dijo: Paguen a César las cosas de César, pero a Dios las cosas de Dios… 

De hecho, nosotros como quien lee el periódico del lunes con todos los resultados deportivos puestos y se siente un comentarista preciso, nos escandalizamos por todas estas cosas y decimos con indignación más religiosa que espiritual que cómo se atrevieron a decirle todo eso a nuestro Jesús. Sin embargo, estamos perdiendo de vista que ellos no tenían en sus mentes ni en sus corazones la certeza respecto a quien era realmente ese muchacho, al que tenían por hijo del carpintero José y su esposa María. Ellos podían aceptar que fuera el Mesías, pero sólo si eso los libraba del dominio y la esclavitud al imperio romano. Duro golpe a sus toscas entendederas fue darse cuenta que la doctrina que traía Jesús, distinguía y separaba totalmente lo espiritual con lo religioso y con lo político.

Aquí es donde a muchos les ha surgido la duda en forma de pregunta: ¿Significa todo esto que Jesús el Cristo era indiferente a la pobreza, a la corrupción y al sufrimiento? El mismo relato bíblico se encarga de dejar bien en claro que no era así en absoluto. Por allí por Marcos, creo, lo leemos decir que le dolía ver el penoso estado de la gente. Es decir que su alma funcionaba como la de un hombre que, a pesar de su juventud, ya tenía muy en claro qué era lo que deseaba para su gente y qué era lo que no aceptaba ni aceptaría jamás. Pese a sentir y expresar eso, jamás lo vimos emprender campaña alguna en contra de las injusticias del mundo, ni siquiera cuando le insistieron en que se involucrara activamente en las controversias de ese tiempo.

Muy bien: estos tres ejemplos demuestran con claridad que Jesús siempre se negó a participar, de lo que de alguna manera era la política de su tiempo. ¿Y? ¿Con eso qué? Pregunto: ¿Hasta qué punto los miles y miles de cristianos muy religiosos que domingo a domingo vivan a Jesús, levantan sus manos y aúllan glorias a Dios y aleluyas, siguen su ejemplo? Y si no lo hacen, ¿Por qué insisten y el resto aprobamos que se sigan llamando “cristianos”, que nos guste o no, implica considerarse seguidores e imitadores de Cristo? Porque pasan la espiritualidad que contiene la Palabra de Dios por la lógica y por el criterio de alta influencia griega que inunda sus mentes, por eso. Y dicen para justificarse: “Es que…una cosa era aquella época en que vivió Jesús y otra muy distinta ahora. Los tiempos han cambiado.”

En lo único que coincido, es en esto último. Efectivamente, los tiempos han cambiado y todo ha mutado casi vertiginosamente por causa de decenas de avances científicos y tecnológicos. No es lo mismo una sociedad como la que existía en tiempos del ministerio de Jesús, otra diferente en los albores del siglo XX y otra muy distinta hoy. A eso lo entiendo, lo acepto y lo comparto. Pero nosotros no somos seres de carne y hueso que se guían por los mandatos de sus almas influenciadas por razonamientos cambiantes según las rutinas de cada tiempo. Nosotros somos seres espirituales, que poseemos un alma que nos permite relacionarnos con las personas y un cuerpo para materializar todo eso. Pero, esencialmente somos espíritu. Y los espíritus no se eligen por el voto popular ni gobiernan por arreglos, negociaciones o roscas ideológicas o partidarias.

Porque de esto se trata la política hoy en mi país. Y si hablo de mi país y no centrándome en el área latinoamericana, es porque a lo local lo conozco bastante de cerca, mientras que en el resto estaría hablando conforme a lo que haya escuchado o leído. Como ex hombre de prensa, déjame que te diga que no siempre se puede creer en todo lo que se lee o se escucha. Y si lo vinculamos con lo relacionado con lo político, mucho menos. De hecho, la política como quehacer social, se mecaniza a través de grupos o estructuras. En Argentina a eso se le llama “partido”. Y luego se lo menciona con eufemismos tales como “fuerza”, “corriente” y muchas más que procuran no mencionar la palabra “partido político” que hoy, y en virtud de, justamente, la falta de virtud de algunos hombres, está totalmente devaluada.

Y no lo está porque los ciudadanos hayan sufrido un ataque de excelencia y descrean de aquello que no la tiene. Esa devaluación comenzó a gestarse cuando las antiguas formas de hacer proselitismo, sustentadas en sobre enfatizar las mínimas virtudes y atenuar los máximos errores, directamente dejó paso a la mentira. La mejor prueba actual de lo que digo, está en lo que pomposa y hasta suntuosamente llamamos Fake news. Linealmente se conocen como fake news, paparruchas, ​ noticias falsas o noticias falseadas​​ al tipo de bulo que consiste en un contenido pseudo periodístico difundido a través de portales de noticias, prensa escrita, radio, televisión y redes sociales y que tiene como objetivo desinformar a un público en específico. En suma y por fuera de todo este palabrerío: mentir.

Personalmente, fui entrenado en la nada sencilla tarea de ubicarme al medio de las cosas. NI blanco ni negro, ni alto ni bajo, ni derecha ni izquierda. La prensa, a mi juicio, es la encargada de analizar los temas más delicados que la ciudadanía pueda afrontar y, merced a ese análisis, esbozar un juicio de valor llamado opinión, tendiente a rescatar de cada sector lo bueno, a exponer o censurar como corresponde lo malo y definir cual sería, en cada caso, la opción que más favorecería a la mayor parte de la población receptora del mensaje. Esto, si se realiza con vocación de servicio y deseos de ser útil a la mayor parte de los destinatarios, no te trae demasiados amigos, sino directamente todo lo contrario. Por decir las cosas como son y no como los grandes intereses desean que se crea que son, te ganas más enemigos que siendo directamente un delincuente. Todo el mundo se desgarra las vestiduras hablando de la libertad de expresión, pero eso es siempre y cuando no se los critique a ellos.

Tengo un récord personal respecto a esto. Fui director y propietario de un medio gráfico por espacio de varios años. Se publicaba en una ciudad relativamente pequeña, de esas en las que todos se conocen entre sí y nada de lo que se haga o se diga pasa desapercibido. La autoridad máxima de ese lugar que era nuestro pequeño país de incidencia, era el intendente, o alcalde, o como se llame en tu tierra quien tiene responsabilidad por el cuidado, limpieza, orden y todo lo concerniente a una ciudad. El primero que encontramos, era un ex militar. Nuestras opiniones negativas determinaron que un día nos escribieran un grafiti en la pared de las oficinas que decía “Zurdos”. Luego, con el retorno a la democracia, ganó las elecciones un hombre perteneciente al partido llamado radical, que venció al candidato del llamado movimiento peronista. Nos comportamos del mismo modo y, a los pocos meses, en la recién pintada pared, apareció otro grafiti: “peronchos”. Y para no hacerla más extensa te diré que lo último que nos escribieron antes de cerrar el periódico por causa de una disparada inflacionaria, fue “fachos”.

¿En qué quedamos? ¿Todas esas ideologías juntas teníamos? No. Apenas habíamos sido imparciales, como debíamos ser. No objetivos, porque ningún hombre por más que se esfuerce puede serlo. El hombre siempre es subjetivo. Pero si se entrena y posterga sus sentimientos, emociones y también intereses personales, a la hora de ser un poco la voz de los que no tienen voz, puede conseguir un grado de imparcialidad que le otorgue credibilidad que, hoy por hoy, en mi país prácticamente no existe, no sé como será en el tuyo. Hay periodismo oficialista y periodismo opositor. Hay prensa de izquierda y prensa de derecha. Y cada uno abreva en la fuente que calma su sed. De eso a difusores de la verdad, hay no un campo, ¡Una galaxia de distancia! Pero es lo que hay. Sólo te añadiré algo para terminar con esta somera, pero puntual pintura de la gran prensa argentina: cuando llegan las elecciones, por causa de mi entrenamiento y sentir íntimo, dejo de leer periódicos, escuchar radio, ver las noticias por la televisión y mucho menos meterme en las redes sociales. Siento asco. Perdón, pero es esa la sensación, no la quiero disimular ni pintarla con algún eufemismo más elegante.

Ahora bien; con estos elementos en las manos y sabiendo como funciona todo esto, ¿Cabe la mínima posibilidad de imaginarse cómo encajaría un creyente genuino en ese ambiente? Aquí es donde los que piensan que se puede, me dirán que justamente se necesitan cristianos en ese ambiente para sanearlos. Chicos, perdónenme y no lo tomen a mal, pero… ¿Ustedes creen de verdad en eso que dicen, para justificar la participación en política? No tengo nada personal en contra de nadie, pero con lo que me ha tocado ver hasta este tiempo, la realidad a mí me muestra que generalmente sucede a la inversa. Cuando un cristiano se mete dentro del ambiente político, mayoritariamente no lo mejora, sino que se empeora él como cristiano. ¿Te lo digo más claro? He sabido de cristianos que se han metido a militar políticamente para alguna fuerza con la idea de terminar con las corrupciones que allí había, ¿Y sabes qué? Han terminado corrompiéndose ellos y entrando en el mismo juego de los incrédulos. Por dinero, por poder, por lo que sea.

Porque, veamos. ¿De qué manera una persona se involucra y participa en política con la posibilidad de acceder a algúna función pública importante? Si desea tener chances reales de lograrlo, primeramente, tendrá que afiliarse a una determinada agrupación o partido político. ¿Y cuál será su participación si ingresa como militante raso, por la puerta más pequeña? Colaborar en la logística. Eso va desde salir a arrojar panfletos en la vía pública, hacer de cocinero o camarero en alguna de las reuniones, hasta salir por las noches a pegar carteles con los candidatos o, como sucede en Argentina, a pintar sus nombres en muros o paredes grandes, cosa que no es del todo legal, pero que igualmente todos lo hacen y obligan a que, una vez terminada la elección, el estado invierta gente y costos para llevar a cabo la limpieza. Pregunto con la mayor inocencia, aunque no exenta de cierta ironía: ¿Puede cambiar en algo la cultura terrenal política ese cristiano, por excelente que sea, realizando esas tareas?

Entiendo que no, que para llegar a tener ese peso específico capaz de modificar en algo la conducta de los líderes de esa agrupación, primeramente, deberá desandar el camino mencionado anteriormente durante largo tiempo. Ahora bien; suponiendo que lo haga con la mayor dedicación y la máxima entrega, ¿Cómo hará para no caer en la trampa de la mentira cuando expresa las bondades de ese partido, o para involucrarse con el vocabulario a veces soez de ciertos estamentos muy relacionados con las fuerzas políticas, o caer en la ilegalidad de promocionarlo aún en contravención con las leyes y disposiciones? Tengo total certeza que le va a resultar sumamente complicado. Porque si quiere comportarse como un hijo de Dios, sus primeros enemigos no serán los que militan en otras fuerzas, sino los propios con los que se reúne día tras día. ¿Alguien de ustedes ha visto en alguna ocasión, a gente incrédula, atea o pagana, celebrar el culto a ciertos valores morales por parte de un cristiano?

No nos engañemos a nosotros mismos y mucho menos a quienes nos escuchan con respeto y credibilidad. Al mundo jamás le va a caer simpática o atractiva la iglesia cristiana si esta iglesia se comporta como debe hacerlo un grupo de hijos de Dios. Puede resultarles un tanto más potable si se suma a sus rudimentos y sus triquiñuelas, pero si se comienza a hablar de moral, de honestidad, de conductas intachables y de gente insobornable, el mundo se hará a un lado y te dejará estrellarte contra lo que sea. Y no es un problema ideológico o político, ¡Es un asunto espiritual, ciento por ciento! Lo milagroso sería que nos admiraran y nos imitaran, en lugar de defenestrarnos, burlarse o directamente agredirnos. Esa es la “sociedad” con la cual compartimos planeta y futuro. Y ya está escrito y no por mí: no hagas yugo desigual con los incrédulos.

La segunda opción es la que, a mi juicio resulta más complicada de construir. Y es la de formar una fuerza política propia, una especie de partido político cristiano, donde sólo puedan militar reconocidos cristianos, evitando infiltraciones dudosas. Obvio, el primer problema que se presenta, es quien te garantiza que ese cristiano sea un cristiano y quien tendría la responsabilidad de decidir si este sí o este no. Tal como está armada la estructura cristiana más profusa, sus líderes. Se llamen pastores, ancianos o como se use en cada denominación. Mi pregunta ahora quizás va a sonar un tanto ingenua y hasta con alguna dosis de ironía: ¿Es una garantía para todos nosotros que sea ese liderazgo que ya tanto conocemos quien tome esa clase de decisiones? No me gusta ni quiero influir ni influenciar a nadie, así que te lo dejo como inquietud.

Hay una tercera opción y es la de participar de una manera indirecta. No afiliándose a una fuerza política, sino dialogando con sus máximas autoridades y comprometiéndose como iglesia a brindarles el apoyo, a cambio de ciertas y determinadas condiciones que se fijen de antemano. No leyes pro aborto, no matrimonios homosexuales, etc. Esta es, a mi entender, la más factible de todas las expuestas, pero tampoco me garantizará nada concreto. De acuerdo, puedo aceptar y reconocer que si se diera una circunstancia así, muy probablemente un país tendría un gobierno que no financiaría la prostitución, ni la pornografía, ni la promiscuidad sexual ni nada que en lo moral pueda ofender a Dios, pero… ¿Es eso lo único de lo que una sociedad humana depende para ser y sentirse realizada o plena? No, hay otras cosas que, a la vista, podrán no sonar tan feas y degradantes como lo dicho, pero que en su fondo, conlleva una alta dosis de pecado visible y contundente.

¿Entonces, Néstor? ¿Qué aconseja usted? ¿Qué cree que yo, como simple cristiano, debería hacer a la hora de involucrarme o no en los quehaceres políticos de mi país, de mi provincia o de mi población? No lo sé. ¿Cómo que no lo sabe? No lo sé, esa es la verdad más pura que tengo para compartirte. ¿Pero usted no es maestro, Néstor? Si lo soy, por la gracia y para la gloria de Dios. Y si es maestro, ¿Cómo se entiende que no tenga una enseñanza clara respecto a esta problemática que día tras día ocupa y preocupa a tantos hermanos fieles y sinceros? Se entiende de una sola manera, siendo coherente con todo lo que la Palabra dice al respecto de nuestra inserción en los marcos sociales con los que se conforman las naciones y regiones. Y más allá de la cascada de capítulos y versículos que yo podría buscar y añadir aquí para darle a esto un tinte más “profesional”, sólo me limitaré a dos expresiones que seguramente habrás oído en más de una oportunidad. El justo por la fe vivirá. Y es el Espíritu Santo quien nos guía a toda verdad.

Ser maestro, al igual que ser pastor, no implica andar por la vida diciéndoles a todos los cristianos qué es lo que tienen que hacer o no hacer. Eso tiene otro nombre. Ser maestro, en mi caso particular, es enseñar a depender del Espíritu Santo de Dios para todo. Y si ese todo incluye algo relacionado con la política, bienvenido sea. Pero guiados a toda verdad por ese Santo Espíritu, no por los santos intereses de tal o cual grupo o de tal o cual persona. Yo soy un convencido que, en la mayor parte de los fundamentos del evangelio, la influencia griega no ha sido precisamente positiva. Todo lo contrario. Si todavía hay miles y miles de cristianos que creen conocer a Dios, a la Biblia y a su propia salvación, sólo porque rindieron con sobresaliente o distinguido una carrera de teología, entonces mucho me temo que con esos miles y miles no habrá otra solución que comenzar todo de nuevo, desde cero. Eso se llama intelecto, y a la hora de ejercitar la fe, créeme que es más un fiero obstáculo que una ayuda o aporte.

Y lo mismo sucede con la lógica, el raciocinio y hasta con las emociones. El evangelio es para que nuestro espíritu humano se inunde con la presencia del Espíritu de Dios y eso se traslade al alma. Pero cuando ese evangelio se dedica solamente a ministrar el alma y se olvida del espíritu, eso tiene otro nombre que no es el del evangelio del Reino. Así que no sé cómo te las vas a arreglar en los próximos actos eleccionarios que haya en tu región, provincia, ciudad o país. La iglesia está en esta tierra para contener y sostener todas esas intenciones que de pronto se convierten en sólo eso, intenciones. De ninguna manera está para afiliarse a una de esas fuerzas políticas y convertirse en un militante del alma y el cuerpo, cuando fue llamado por el cielo a ser ministrador del espíritu.

¿Derecha? ¿Izquierda? ¿Centro? Nada. Jesucristo. Independencia y libertad total. De ninguna manera creer en espejitos de colores y respaldar a cultores del aborto, el homosexualismo y el ateísmo. Pero tampoco entregarse ciegamente a aquellos que no proponen todo esto, pero sí el clasismo, el elitismo y, en definitiva, las maniobras históricas y legendarias que han enriquecido a unos pocos y empobrecido a las mayorías. Los hijos de Dios no votan líderes estrellas o luminarias estelares. Los hijos de Dios ayunan, oran y luego, si su deber cívico así se lo demanda, entrega su voto a la fuerza o conjunto que menor caudal de pecado esté presta a cometer. Y si así no lo hiciere, como dicen los juramentos de práctica, que Dios y la patria se lo demanden. ¿Sabes qué? En todos mis años, jamás vi a la patria demandarle nada a ningún corrupto, pero si puedo ver en el espíritu profético, a nuestro Dios todopoderoso haciendo justicia y dando a cada quien, conforme a lo que haya sembrado.

El creyente genuino, es alguien sin ideología y sin teología. Es alguien que obedece solamente a Dios y por eso es digno de ser considerado justo. Nada menos. Con eso alcanza y sobra.

Leer Más

La Palabra que No Entendimos

Apocalipsis. La marca de la bestia. Armagedón. Los cuatro jinetes. El falso profeta. Babilonia la grande. Estrellas fugaces, langostas y granizos gigantes. Las siete últimas plagas. El pozo sin fondo. El lago de fuego. Estas imágenes de terror y catástrofe del libro de Apocalipsis han influido mucho en el pensamiento de millones de cristianos a lo largo de los siglos. Incluso la prensa secular usa imágenes como «Armagedón» y «cuatro jinetes del Apocalipsis» para describir calamidades en nuestro mundo. A pesar de dos mil años de fascinación por el libro de Apocalipsis, la carta de Juan a las siete iglesias de Asia sigue sin entenderse. ¡Y mal interpretado! Apocalipsis. Sinónimo de catástrofe, destrucción, final de todos los finales. Mentiras.

Un concepto erróneo compartido por algunos, es que el Apocalipsis no tiene nada importante que decirnos. Lo consideran simplemente una pieza extraña de la escritura del primer siglo sin relevancia para la actualidad. Otra idea errónea es que el Apocalipsis es un libro de códigos que describe un bosquejo específico de la historia escrito de antemano. Innumerables intérpretes han intentado «decodificar» el libro desde una perspectiva histórica para encontrar los principales acontecimientos mundiales de los últimos 2000 años. Otros lo interpretan más literalmente como un manual para predecir los eventos cataclísmicos que traerán la ira final de Dios y el fin del mundo. Las afirmaciones de los grupos cristianos desde la iglesia primitiva hasta el presente – que el Apocalipsis señala los eventos, personalidades y períodos de tiempo del «fin» – han fallado. Esto debería ser una advertencia para los creyentes que usan el libro de Apocalipsis como un manual predictivo. La interpretación de otras personas del libro de Apocalipsis se basa en que ¡Todo va a salir bien al final! ¡El hecho es que no está resultando como lo están proyectando los pronosticadores del tiempo del fin!

A través de los años he ministrado la Palabra en estudios bíblicos a través de la radio, personalmente en clases convencionales y en internet. Cuando hubo alguna sesión de preguntas y respuestas, o cuando se dio la oportunidad a las personas de solicitar enseñanza sobre una línea en particular, el tema más solicitado ha sido: ¡EL LIBRO DE APOCALIPSIS! He conocido a personas que eran bebés en Cristo, cristianos carnales cuyas vidas eran un desastre, que tenían problemas y necesidades increíbles, incluida la liberación, y en lugar de oraciones, consejos o mensajes que los ayudarían a vencer y crecer en Cristo, me querían para enseñarles el libro de Apocalipsis. «Sí, hermano, eso es para mí, déjamelo a mí, ¡Quiero el libro de Apocalipsis!»

Aquellos que no saben nada están convencidos de que ellos saben todo, y el primer lugar al que se dirigen es hacia aguas profundas. Hay profundidades en Dios y alturas de revelación y realidad mucho más allá de cualquier cosa que la mente carnal pueda concebir. La razón por la que las personas que son analfabetas espirituales se lanzan a él con tanto entusiasmo, y las personas que tienen alguna idea de la majestad y el significado de su mensaje dudan más, es porque el libro de Apocalipsis es el libro de la Biblia más dinámico, poderoso, asombroso y devastador de todos.  Aquellos que han vislumbrado las glorias trascendentes de sus misterios más profundos, a menudo se alejan de él a la luz de su altura y eminencia. A lo que los cristianos están normalmente expuestos es a los predicadores de radio y televisión, los «buenos muchachos de la religión» que piensan que saben todo al respecto y repiten como loros y elaboran todos los absurdos que les han enseñado sus maestros.

Hoy, muchos cristianos están confundidos. También se lanzan de un lado a otro con cada nuevo libro que sale al mercado o con cada nuevo esquema de moda del fin de los tiempos introducido por algún predicador famoso. La popularidad del Apocalipsis hoy se debe a la insaciable curiosidad del hombre por el futuro, el interés por el mañana desconocido, que caracteriza al alma humana inquieta. Afirmar que en las páginas del Apocalipsis podemos ver las señales de los tiempos presentes y así predecir el mañana; descorrer el velo y pretender dejar al descubierto el futuro es atraer a una audiencia, porque esa es la naturaleza del hombre: ¡Fascinación por el futuro! Y ese es el empuje de las decenas de libros que siempre aparecen, casi todos ellos pretendiendo ser capaces de desentrañar y predecir con precisión los grandes acontecimientos mundiales que están a punto de suceder. El hombre venera el pasado, pero está embriagado por el vino de la profecía. La misma afirmación, entonces, de estos muchos libros – que pueden revelarnos cosas que pronto vendrán – ayuda a explicar la popularidad de esos libros sobre Apocalipsis.

No dudo en decirles que todas esas especulaciones, que pretenden desentrañar el futuro inmediato de los acontecimientos mundiales a partir de las profecías del libro de Apocalipsis, están condenadas al fracaso. ¡Ninguna de ellas se cumplirá! La historia de la Iglesia está llena de estos esquemas. Cada generación, desde la iglesia primitiva hasta el presente, ha sido impactada por profecías de ese tipo. Podría escribir página tras página, y seguir y seguir, sobre todas las predicciones del tiempo del fin que se han enseñado en el libro de Apocalipsis que no valían el papel en el que estaban escritas, y muchas veces se demostró que estaban equivocadas casi antes. la tinta estaba seca en el papel! Estoy cansado y mi espíritu irritado con toda la escatología de los periódicos y la teología del cómic, ¡Con todos hablando de todos y de todo, excepto de lo que está haciendo Jesucristo! Me he hartado de predicadores tratando de averiguar qué está haciendo la Comunidad Europea, los rusos, los chinos, los israelíes, las Naciones Unidas, los Illuminati, los musulmanes, Biden, Putin y todos los demás, mientras que ellos no tienen ni la más remota idea o noción de lo que el primogénito Hijo de Dios ¡Está haciendo HOY!

Viviendo hoy en la faz de esta tierra, hay más personas de las que han vivido en cien generaciones anteriores. No pienses ni por un momento, querido amigo mío, que Dios se alejará de la cosecha más grande y de la oportunidad más grandiosa de derramar Su amor y gracia y dar a conocer Su poder y gloria, liberados para el ser humano en la Cruz del Calvario. No dejes que ni siquiera entre en tu mente que Dios está a punto de entregar este viejo mundo al diablo para pisotearlo, atormentarlo, esclavizarlo, arruinarlo, destruirlo y condenarlo al juicio y al infierno. ¡El Anticristo no es un líder político mundial, el Anticristo es el falso espíritu religioso en la iglesia que tiene a todos mirando a todos y a todo excepto a Jesucristo! Es hora de doblar la rodilla, caer sobre nuestros rostros y rasgar nuestras vestiduras, hasta que recibamos una revelación de los reinos celestiales sobre el triunfo de nuestro Señor Jesucristo en la tierra en este gran y glorioso Día del Señor! Dios tiene un pueblo elegido en la tierra en esta misma hora que ha hecho y está haciendo, ¡precisamente eso! Sabemos por el espíritu de sabiduría y revelación que Dios no está en el cielo construyendo algún tipo de Resort Cristiano para Sus santos mientras el mundo avanza locamente hacia el infierno y la condenación. El Calvario fue real: el Cordero inmolado para quitar el pecado del mundo, el sacrificio hecho para reconciliar todas las cosas con Dios, el Cristo que vino a atraer a todos los hombres hacia Él mismo no fallará.

El libro de Apocalipsis es LA REVELACIÓN DE JESUCRISTO. Apocalipsis es un libro que enseña quién y qué es Jesucristo. Lo revela en toda Su gloria, lo revela en toda Su plenitud. Encontrarás a Jesús el Cristo en cada capítulo del libro, porque es la revelación de Él mismo. Cuando leemos el mensaje del Apocalipsis con un corazón que busca a Cristo, vemos en cada página Su rostro y escuchamos desde cada línea Su voz. Si no vemos a Cristo en las páginas del Apocalipsis, entonces todo lo que vemos es vanidad. Al acercarnos a este libro en el poder del Espíritu Santo, nos acercamos a Cristo. ¡Qué hermoso es eso! ¡Que los elegidos de Dios reciban mucha gracia para ver más y más de Cristo en las páginas de este libro! El libro de Apocalipsis es el Sexto Evangelio de Jesucristo.

Mateo, Marcos, Lucas y Juan escribieron lo que vieron de Jesucristo en la tierra en los días de su carne. Lucas, en el libro de los Hechos, escribió acerca de la revelación de Jesús que vino por el Espíritu Santo en el día de Pentecostés y en todo el Reino en parte de las arras del Espíritu durante la era de la iglesia. Pero Juan, en el libro de Apocalipsis, escribió lo que presenció de la plena y completa revelación de Jesucristo que llega a y por medio del «que vence». Es la revelación de Jesucristo en los hijos en el monte de Sion, en el hijo varón en el trono y en la Nueva Jerusalén que descendió de Dios del cielo. Juan el Revelador escribió lo que vio del Cristo ascendido y glorificado manifestándose desde los cielos del Espíritu de Dios. Este libro libera la mente de Cristo de los reinos celestiales. Por el Espíritu Santo debemos montarnos en el caballo, poner los pies en los estribos, tomar las riendas y recorrer este libro con experiencia en la unción de lo Alto. Debemos estar en el Espíritu en el día del Señor para entenderlo, así como Juan estuvo en el Espíritu en el día del Señor para recibirlo. Y cuando lo hacemos, ¡Vemos a Jesús!

En el capítulo uno, Juan obtiene su primera visión del Cristo exaltado. No lo ve con el cabello, los ojos, las manos, los pies, la voz y la ropa del muchacho de Galilea. Ahora oye una voz como el sonido de muchas aguas y, volviéndose para ver la voz, ve al Cristo de Dios, al Cristo completo de Dios, Cabeza y cuerpo, vestido con las vestiduras de un rey-sacerdote, con cabello como un cordero, ojos de fuego, su rostro como el resplandor del sol del mediodía, con una espada de dos filos que brota de su boca, y pies como bronce resplandeciente. En los capítulos dos y tres, Juan ve al Cristo en medio de las siete iglesias, representando todo el Reino de la iglesia a lo largo de la era actual, mientras Dios está llamando y formando un pueblo para Su propósito. Y no es un espectáculo agradable, porque además de la fe, el amor, la paciencia, las buenas obras y la palabra del Reino, también hay carnalidad, pecado, herejías, apostasía, ceremonialismo, falsos profetas, control carnal, actividad satánica, tibieza y abominaciones de todo tipo. ¡Quién puede negar que esta ha sido precisamente la historia del mundo de la iglesia durante los últimos 2000 y tantos años!

En el capítulo cuatro, Juan ve una puerta abierta en los cielos. Con asombro vio un cielo abierto y una voz que le pedía » Sube acá y te mostraré las cosas que deben suceder después de éstas.«, ¡Después del reino del candelero! ¡Juan fue invitado espiritualmente a ascender de la era de los caballos y los carritos a la era espacial! Eso, lo sé, es el testimonio de una gran generación que está viajando desde el reino natural al espiritual. El libro de Apocalipsis revela la centralidad de Jesucristo en el trono del universo y en Su trono dentro de nuestros corazones. Nos da centralidad. Nos da algo sobre que construir nuestra vida. Nos da nuestra órbita adecuada en los cielos del Espíritu de Dios. Si uno no tiene el centro correcto, su vida estará fuera de orden y fuera de órbita. Hay personas que tienen su trabajo, negocio o dinero como centro de su vida. Hay otros que tienen a su marido, a su mujer o a sus hijos como centro de su vida. Algunos tienen la diversión y el placer como el centro de su vida. Muchos cristianos tienen su iglesia, su pastor o su ministerio como el centro de su vida. ¡Algunos en este camino del Reino incluso tienen la «revelación» como su centro! Los hombres tienen diferentes cosas como su centro, ¡Pero no tienen en su centro a Aquel que se sienta en el trono! Entonces, todo lo que se necesita es que su centro sea sacudido y todo su mundo se le desmorone…su órbita se vuelve errática, el mundo choca y la destrucción los alcanza.

Todo lo que se necesita el infierno, entonces, es que su centro – el predicador – sea sorprendido en adulterio o en un acto homosexual; pierdan su trabajo, su negocio se hunde, su cónyuge los deja, sus hijos se involucran en las drogas y el crimen, o mueren trágicamente en un accidente, y sus vidas se salen de órbita, emocional y espiritualmente se desmoronan, se vuelven locos y auto destructivos. Pero cuando el Cristo resucitado, ascendido, glorificado y exaltado sobre el trono de nuestros corazones sea verdaderamente nuestro centro, no importa lo que venga o pase, ¡no saldremos de nuestra órbita! Cuando el poderoso Cristo interior es el centro soberano de nuestras vidas, cuando Aquel que se sienta en el trono se sienta en el trono interior, el cielo besa la tierra y el cielo y la tierra se cruzan dentro de nosotros. ¡Y es precisamente allí donde hay una poderosa REVELACIÓN DE JESUCRISTO! La mente carnal no está sujeta a la ley de Dios, ¡ni tampoco puede estarlo! Puedes hacer que Adán memorice tantas escrituras como puedas, ir a la iglesia todos los domingos, cantar en el coro, aprender todas las doctrinas, hacer todo tipo de buenas obras, imponerle la ley y obligarlo a actuar como un santo, pero todavía no es aceptable a los ojos de Dios. Entrégate a vestirte de Cristo y cuanto más te vistas de él, más desaparecerá la naturaleza adámica como la nieve ante el sol del mediodía.

En todas partes de la palabra de Dios, no importa a dónde vayas, ¡Te encuentras con una revelación de Jesucristo! Hay miles de experiencias del pueblo de Israel con sus viajes, sus batallas, sus reyes, su sacerdocio, su templo, sus ofrendas, sus leyes, sus rituales e infinitamente más en las que se muestra la obra y la gloria del Cristo de Dios. Entonces, ¿Por qué, cuando llegamos al libro de Apocalipsis y leemos donde el Espíritu Santo dice: «Esta es la revelación de Jesucristo”, ¡Los predicadores proceden a predicar todo menos a Jesús!

Nunca deja de sorprenderme que la gente lea la Biblia y nunca se dé cuenta de estos misterios. La razón por la que el Espíritu Santo dispuso que el libro de Apocalipsis se convirtiera en el último libro de la Biblia es para que, después de que hayas terminado de leer los otros 65 libros, tengas al menos una idea de lo que tratan algunas de las tipologías, de modo que cuando vas al libro de Apocalipsis y lees acerca de la medición de un templo, ¡No estarás en el Medio Oriente en algún lugar llevando una vara de medir!  Puedo escuchar al Espíritu Santo decir, ¿Qué? ¿Estás loco? ¿Quieres decir que después de 65 libros de la Biblia no entendiste ese punto? ¿Y qué acuerdo tiene el templo de Dios con los ídolos? Porque vosotros sois templo del Dios viviente; como Dios ha dicho: Habitaré y andaré en ellos; y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo «(II Cor. 6:16). «Al que venciere, le haré columna en el templo de mi Dios, y no saldrá nunca de allí» (Apocalipsis 3:12).

Me parece que durante siglos nuestros ojos se han mantenido cerrados a la verdad y la grandeza del propósito de Dios en la tierra, en Su pueblo y en el universo. Hemos estudiado diligentemente las Escrituras, quemando el aceite de medianoche, vertiendo sobre volúmenes mohosos y obras de referencia acerca de la Biblia, captando con la mente natural el significado superficial y exterior, dando por sentado que entendimos lo que estaba escrito, pero perdiendo por completo el núcleo profundo de la verdad escondida dentro. ¡En ninguna parte esto es más cierto que en lo que respecta al libro de Apocalipsis!  En el momento que el Espíritu de Dios comienza a arrojar luz sobre una verdad, es hora para comenzar a pedirle que nos instruya en ello. No sometas la revelación de Dios a la crítica de algún miembro de la iglesia o predicador muerto, porque ellos, como las aves del cielo, se robarán la semilla de la verdad antes de que tenga la oportunidad de brotar o echar raíces dentro de ti. Buscamos la revelación de los hijos de Dios. Buscamos la revelación de Jesucristo. La revelación revelará lo que está oculto. La revelación revelará lo que se ha mantenido velado. Así como el relámpago brota de las nubes negras, la manifestación revelará lo que ha estado oculto en la oscuridad. Por tanto, temamos, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado. » .

El libro de Apocalipsis es el depósito único de Dios de la verdad última. No hay parte de las Escrituras más rica o más generosa en recompensas para aquellos que escuchan y ven por el espíritu.  Aquí, y solo aquí, podemos ver el alcance real y la magnificencia de la obra y los propósitos de Dios en Sus hijos y en Su Reino. Aquí, y solo aquí, podemos rastrear los planes redentores, reconciliadores y restauradores de Dios hasta su máxima consumación, y contemplar la profundidad y el poder de los consejos de Su amor. En cada paso hay algo para animar e instruir a los elegidos de Dios mientras atravesamos nuestros juicios, pruebas, purgas y tratos actuales hacia la gloria de la filiación manifestada. Considera esto: si los límites de nuestro conocimiento terrenal pueden extenderse y aumentarse mediante el estudio de rocas y huesos, y bestias, pájaros y estrellas, cuánto más provechoso será en nuestra vida espiritual el entendimiento iluminado de esas cosas celestiales y divinas que se exponen en el libro de Apocalipsis en el lenguaje profético de voces, sellos, trompetas y copas; de soles, lunas y estrellas; de bestias, escorpiones, dragones y caballos de colores; de cuernos, coronas, tronos, arco iris y mar de cristal; de ángeles, truenos, relámpagos, arcas y templos; de terremotos, meteoritos, incendios, olores, olivos y candeleros; de mujeres lascivas y mujeres puras, de un hijo varón en un trono, de una gran ciudad de maldad y una ciudad amada que desciende del cielo llena de la gloria de Dios. Todas estas cosas suenan maravillosas, pero ¿qué significan realmente? ¿Podemos desentrañar la historia? ¿Podemos descifrar los extraños símbolos? ¿Podemos descubrir los tesoros de este libro?

Hay niveles para comprender la palabra de Dios. Está el significado superficial llano y literal; está el significado simbólico, figurativo o representativo; está el significado espiritual o místico; y estos significados están en una escala ascendente en ese orden. El más alto de todos los significados es el significado espiritual, porque ahí es donde nos encontramos, tocamos y experimentamos la realidad de Dios que es Espíritu. El apóstol Juan se refirió a estos tres niveles de verdad en estas significativas palabras: «Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre… Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido el maligno … os escribo, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio” (I Jn. 2:13). Es la misma palabra, pero en diferentes niveles para cada reino. La palabra de Dios se encontrará contigo en un lugar diferente dependiendo de dónde te encuentres en la progresión de tu desarrollo espiritual, desde bebés hasta jóvenes y padres. ¡Y uno puede saber dónde están las personas en su estatura espiritual por el nivel de la palabra con la que se están deleitando! ¡Los elegidos del Señor llamados a salir hoy pueden apropiarse de la verdad de Dios en dimensiones cada vez más elevadas de la realidad a medida que crecemos en Cristo en todas las cosas!

¡Alabado sea Dios por el último libro de la Biblia, el libro de Apocalipsis! Es completamente diferente de todos los demás libros. Es un libro completamente nuevo, ¡todo es nuevo! ¡Es una revelación del Trono! ¡Es un libro que nos lleva más allá de la era de la iglesia! ¡Es un libro de los Últimos! Así como el libro de Génesis es el libro de los comienzos, ¡así es el Apocalipsis el libro de las consumaciones! En este libro se revela un nuevo nombre (naturaleza), un nuevo cántico (revelación, mensaje), una nueva Jerusalén (pueblo), un nuevo cielo (gobierno), una nueva tierra (orden, expresión), y finalmente se proclama, «¡He aquí, hago TODAS LAS COSAS NUEVAS!» (Apocalipsis 21: 5).  Todo el propósito de Dios en este libro es declarar el eterno paso de todo lo antiguo y el establecimiento de TODO LO NUEVO. Pero al final del libro, a través de los tratos, avivamientos, purgas y procesamientos del Espíritu, el alma y el espíritu de los elegidos se han unido, la naturaleza masculina del espíritu regenerado ha cortejado y ganado los afectos y la obediencia de la naturaleza femenina del alma, y ​​las bodas del Cordero han llegado, porque su esposa se ha preparado. No intentaré desarrollar este pensamiento en este momento, porque ese no es nuestro propósito ahora, pero el Espíritu y la Esposa se HAN CONVERTIDO EN UNO – ¡hablan juntos! ¡Hablan con una sola voz!

El libro de Apocalipsis es un libro escrito para reyes y  sacerdotes. No está destinado a que el mundo lo entienda, ni tampoco lo entenderán los cristianos carnales. Ser un rey-sacerdote no significa que vamos a pavonearnos con espléndidas túnicas y que todos los que nos encuentren en la calle inclinarán la cabeza y se arrodillarán, reconociendo que somos grandes y poderosos. Dios no está interesado en el reconocimiento carnal, ni tampoco aquellos a quienes se les da el Espíritu real y la naturaleza sacerdotal. Desde el principio, el libro está dirigido a una clase peculiar de personas: «La revelación de Jesucristo, que Dios le dio para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto» (Ap. 1: 1). El término «siervos» aquí no indica siervos en contraste con hijos, sino hijos que son siervos como lo fue el primogénito entre muchos hermanos, nuestro Señor Jesucristo. ¡Nunca ha habido un siervo más grande que el Rey Jesús! He aquí, mi siervo prosperará, será enaltecido, levantado y en gran manera exaltado. De la manera que muchos se asombraron de ti, pueblo mío, así fue desfigurada su apariencia más que la de cualquier hombre, y su aspecto más que el de los hijos de los hombres. Ciertamente El asombrará a muchas naciones, los reyes cerrarán la boca ante El; porque lo que no les habían contado verán, y lo que no habían oído entenderán. «(Isa. 52: 13-15). ¡Qué sirviente!

Cuando lees el libro de Apocalipsis y el libro comienza a hablarte, ¡es una buena indicación de que es para ti! El libro no puede y no habla a la persona a la que no está destinado. Incluso entonces, la comprensión del libro no llega de una vez. No abre el libro en el capítulo uno, el versículo uno, siguiendo con el versículo dos, tres, y así sucesivamente, tratando de averiguar el significado de cada versículo a medida que avanza. Si cree que el mensaje del libro se revelará instantáneamente en su espíritu por ese método, y cada evento encajará sistemáticamente en su lugar, se sentirá muy decepcionado. ¡No funciona de esa manera! A medida que busque al Señor en el libro, te hablarán diferentes partes que son para ti en ese momento señalado. El libro se revelará en tu experiencia a medida que crezcas y avances hacia la estatura de la filiación de Dios. La sabiduría del hombre es necedad para Dios. La sabiduría del hombre buscaría la comprensión del libro de Apocalipsis versículo por versículo en la letra de la Palabra, pero la sabiduría de Dios lo enseña experiencia por experiencia. No trates de entenderlo, pero ora pidiendo obediencia, para que puedas comprender los caminos del Señor. Busca que tu mente y corazón (alma) entra en esa relación con Dios donde el Espíritu de Dios en tu espíritu pueda revelarlo. ¡Entonces el libro comenzará a hablarte de tu relación con el Padre! En lugar de un mero conocimiento mental, el mensaje del libro comenzará a aplicarse a su vida en el poder del reinado y el sacerdocio. Eso es Apocalipsis. Appocalupsis. Revelación, quitar el velo.

Leer Más

El Reino y Su Identidad

El Reino de Dios se opone a otro reino llamado Babilonia. Babilonia es el gobierno de las tinieblas. El Reino de Dios no es una religión ni una denominación evangélica. El Reino de Dios es una jurisdicción espiritual que ejerce gobierno. Y precisamente porque gobierna es que se llama Reino. Si no gobernara, no podría llamarse Reino. A lo sumo se llamaría iglesia, congregación, pero no Reino. Y si Dios nos ha llamado a Su Reino, es porque nos ha llamado a un Reino que gobierna. El Reino es poderoso y se opone al sistema babilónico de este mundo. La torre de Babel fue edificada por hombres que buscaban con ella llegar al cielo. Esa es la forma en que los hombres de Babilonia suponen que pueden llegar al cielo, por sus esfuerzos y sus métodos. Pero Jesús no vino para hacernos llegar al cielo; Él vino para traer el cielo a la tierra. LA diferencia entre el pensamiento babilónico religioso y el pensamiento del Reino de Dios, es que el pensamiento religioso está buscando sus verdades ahí arriba.

“Señor, cuando me muera quiero entrar a tu Reino. Pero mientras tanto voy a vivir una vida miserable” “Señor, cuando tú hagas descender tu gloria, entonces el ecuador va a cambiar, la iglesia va a cambiar. Cuando tú hagas descender el avivamiento, entonces entraremos en otra dimensión.” Todas estas formas de orar, son netamente babilónicas. Porque desconocen o niegan al Reino de los Cielos. Si yo le digo a Dios que traiga su gloria en medio de todos los cristianos, eso quiere decir que no reconozco que Cristo con toda su gloria está dentro de mí. ¿Qué clase de Jesús tienes tú morando dentro de ti? ¿Acaso habrá un Jesús, allá arriba, lleno de gloria, y otro muy inferior dentro tuyo? Pero resulta que es Jesús en toda su gloria el que vino a habitar en medio nuestro. El mismo que hizo que desde las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para la iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la paz de Jesucristo. La gloria ya está en Jesús, dentro de nosotros.

Yo no tengo que esperar un fuego envolvente que venga del cielo. Lejos de eso, si estoy pidiendo y cantando que descienda su gloria, estoy ofendiendo al Dios de la gloria. Él resplandeció en nuestros corazones, y tiene que resplandecer en el tuyo, para la iluminación del conocimiento de la gloria. La gloria está ahí, no debemos cantar cosas que no son. La tierra será llena de la gloria de Dios como las aguas llenan el mar. A eso lo dice la Palabra, no yo. Dice que la tierra será llena del…conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren la mar. La gloria lo llenará todo. Jesús ya venció sobre todo. Jesús ya está sentado sobre todo, es Señor de señores, Rey de reyes. Dice la Palabra en Efesios 4 que Él ascendió de las partes más bajas de la tierra, y fue llenándolo todo. ¿Y de qué crees tú que lo fue llenando todo? De su gloria. Porque todo lo que salió en la resurrección, venía lleno de la gloria de Dios. Todo se llenó de la gloria de Dios. El infierno se llenó de la gloria de Dios, para juicio en las profundidades de la tierra, y toda la tierra está llena de la gloria de Dios.

Pero es en la faz de Jesucristo que somos iluminados para reconocer la gloria que está en nosotros. Lo repito: el mismo que hizo que de las tinieblas resplandeciese la luz, fue porque Él se encargó de hacer que la potencia de su rayo de luz atravesara esas tinieblas y las iluminara. Y ese mismo que produjo todo esto, fue el que iluminó nuestros corazones, para la iluminación del conocimiento. Tengo que ser iluminado en el conocimiento de la gloria de Dios. ¿Y cómo se supone que va a ser esto? En la faz de Jesucristo. El Reino viene a traernos una profunda reforma, porque la iglesia ha estado buscando verdades allá arriba. Ha estado buscando verdades en el futuro. Cuando te mueras se te terminarán todos los sufrimientos, pero mientras tanto, que mala onda seguir aquí padeciendo… Escucha: ¡Esas no son buenas noticias! Y si no son buenas noticias, ¡Ese no es el evangelio del Reino! Jesús vino a traer el Reino a la tierra. Pregunto: ¿Fracasó? ¡No! ¿Entonces qué? Pues entonces eso significa que Jesús, trajo el Reino.

Ahora bien; si verdaderamente trajo el Reino, como nos dice la Palabra, entonces no tengo que andar esperando que venga un Reino de no sé dónde y quién sabe cuándo. Porque si Jesús es el Reino de Dios; y Jesús en toda su gloria está dentro de mí, y está sentado en las alturas, y reinando en el trono de mi corazón, ¿Por qué me dicen que tengo que esperar un futuro milenio para gobernar con Cristo? ¿No dice la Palabra, caso, que Él nos llamó reyes y sacerdotes para su Padre? ¿Dice que en el futuro, después que hayan padecido toda su vida y se mueran entonces, finalmente, los voy a nombrar reyes y sacerdotes? ¿Eso dice? No, no dice eso. Dice que al que nos amó y nos limpió con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios su Padre. Eso quiere decir que tú eres rey y tú reinas. En el fondo no hay reinas, sólo hay reyes. Porque es el Rey en mí el que me hace rey.

Entonces, el Reino, va a traer una serie de reformas en nuestra manera de pensar. Porque hemos pensado demasiado religiosamente durante demasiado tiempo. Y cuando digo religiosamente, me refiero a no entrar a poseer las riquezas de su gloria. Cuando no estamos entrando en las verdades espirituales del Reino de Dios, y seguimos viviendo una vida como si estuviéramos atados a la tierra. El Reino de Dios tiene unas leyes muy diferentes a las leyes de la tierra. No se rige por lo mismo que se rige la tierra. El Reino de Dios es verdadero, y viene a darle forma a toda malformación nuestra, que nos puede estar teniendo en tiniebla o en desorden. O que te puede estar teniendo en enfermedad o en carencia. Todas esas cosas tienen directa relación y nacimiento en el reino de las tinieblas. Alguien hizo esta pregunta: una enfermedad, cualquiera ella sea, ¿Viene de parte de Dios o del reino de las tinieblas? Del reino de las tinieblas, sin duda. Ahora bien; si el Reino de Dios está en tu medio, ¿Qué tendría que ocurrirle a esa enfermedad? Tiene que huir.

Sin embargo, si se hace una encuesta seria y no dirigida dentro de las iglesias cristianas, los porcentajes serán muy claros a la hora de determinar que el Reino y el poder de Dios no se están manifestando con claridad en los cuerpos de los cristianos. Además, está lo otro: una mayoría de hermanos vive en profunda escasez. Pero fíjate que el Reino es tremenda y poderosísimamente rico. Sin embargo, tanto la religión como Babilonia van a decirte y enseñarte que la santidad es sinónimo de pobreza. Pero resulta ser que la santidad no es pobreza. El ejemplo más grande de santidad es Dios el Padre, y todos sabemos que es inmensamente rico. Eso significa que, si nosotros queremos movernos en la semejanza del Señor, haciendo que su imagen resplandezca y se manifieste a través nuestro, tendremos que manifestar exactamente lo mismo que Él es. La carta a los Corintios dice: si antes lo conocimos como Jesús, ahora ya no lo conocemos como tal. Jesús vino a padecer aquí en la tierra; Jesús vino a pagar un precio por ti y por mí. Pero Jesús el Cristo, el que está sentado en la gloria en las alturas, es el epicentro de donde tomas tu identidad.

Del poder de la resurrección del Cristo dentro de ti. Jesús murió en la cruz, pero el Cristo resucitó entre los muertos. El Cristo vivió en medio de nosotros. ¿Y qué es el Cristo? El Cristo significa “el ungido”, es la unción de Dios. Es la unción del Altísimo. El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, dijo el Señor. Y me ha enviado a predicar las buenas nuevas a los pobres. A vendar a los quebrantados de corazón, a abrir las prisiones de las cárceles, a traer manto de gozo y alegría. Él dijo: esta escritura se ha cumplido hoy. El Espíritu del Señor está sobre mí, es lo que hacía de Cristo el ungido. Jesús, para poder levantar a su iglesia, necesariamente, necesita ungir a su iglesia. Una iglesia que no tiene la unción del Altísimo, no puede ser iglesia de Jesucristo, porque está negando al Cristo. El Cristo es la unción del Espíritu Santo sobre Jesús. De hecho, el espíritu del anticristo, no es el espíritu anti-Jesús; es el espíritu anti-unción. Porque Cristo significa “el ungido”. El espíritu del anticristo se levanta, y dice Juan que ya está en medio de nosotros, porque se levanta en contra de la unción.

Se levanta en contra del conocimiento del Espíritu Santo de Dios. Entonces, cuando empezamos a entrar en las dimensiones del Reino, y dice, en Hechos 26, en la aparición de Jesucristo a Saulo de Tarso, luego Pablo, que es quien lo relata. (Hechos 26: 15) = Yo entonces dije: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues. (16) Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti, (17) librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, (18) para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados. Aquí está totalmente definido el ministerio apostólico. Primero le dice: me apareceré a ti. En la unción apostólica, lo que primero empezamos a tener, es un contacto, en una forma diferente, con Jesús. El Señor dijo: el mundo no me verá más, más vosotros me veréis.

¿Quiénes son vosotros? ¿Los profetas? ¿Los apóstoles? ¿O tú formas parte de ese vosotros? Ahora bien: Jesús ha dicho que tú le verás. ¿Tú crees que Él es mentiroso? ¿No, verdad? Entonces, eso quiere decir una sola cosa: ¡Tú lo vas a ver! Después le da el llamado apostólico, le dice: te he llamado, para que abras sus ojos. ¿Cuál es el llamado apostólico? Abrir los ojos de la gente. La gran mayoría de las personas que encontramos dentro de las iglesias, todavía tienen los ojos cerrados. La gran mayoría de las personas que hoy ocupan los bancos de los templos cristianos, no han sido trasladadas de las tinieblas a la luz. Sé que esto puede molestarte y mucho, pero correré el riesgo de que me odies hoy y me entiendas y valores mañana, cuando tus ojos sean abiertos por algún ministerio apostólico genuino, no ficticio, de oficina. Reflexiona y repasa las vicisitudes que mayoritariamente pasan muchos cristianos y vas a poder comprobar que tienen que ver directamente con las tinieblas. ¿Viven en mentiras, en pecados o en profunda carencia? ¿Qué reino es ese?

El reino de las tinieblas. ¿Y por qué siguen ahí? Porque nadie les ha abierto los ojos. Por eso necesitamos un ministerio apostólico verdadero, no administrativo. El ministerio apostólico genuino tiene una unción que te abre los ojos. Y cuando tus ojos se abren, pueden pasar muchas cosas. Entre ellas, que no te guste para nada lo que ves de ti mismo, por ejemplo. Hasta ayer te sentías poco menos que un Pontífice evangélico y hoy, por simple imperio de ojos espirituales abiertos, te has visto reducido a solado raso, y muy raso. Te he llamado para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz. Nadie que no tenga los ojos abiertos puede convertirse de las tinieblas a la luz. Porque no ven las tinieblas. Tú necesitas, yo necesito, todos necesitamos que nuestros ojos sean abiertos. Entonces, para que sean trasladados de las tinieblas a la luz. De la potestad de Satanás, a la de Dios. Cuando Satanás tiene agarrado a alguien, ¿Bajo qué reino está? Dice la palabra que quien está en pecado, es esclavo del pecado.

Necesitamos apóstoles y gente apostólica, no solamente apóstoles de oficio, que ayuden a abrir los ojos de la gente, y que podamos entender que la gente no está viviendo en el Reino de Dios, por causa de una cantidad de creencias equivocadas. ¿Cuál era el mensaje central de Jesús? Arrepentíos, cambiad vuestra manera de pensar, porque el Reino de los Cielos se ha acercado. Eso significa que tengo que cambiar mi forma de pensar porque hay un Reino tremendamente poderoso al que puedo entrar y disfrutar, desde ahora, porque si Cristo vive en mí, y es la esperanza de gloria, y toda la gloria de Jesucristo me habita, no tienen por qué pegarse a mí asuntos que pertenecen al reino de las tinieblas. Pero si yo creo que Jesús está sentado ahí arriba, y yo tengo un Jesús menor aquí abajo, entonces voy a dejar que todas las manifestaciones de las tinieblas me hagan daño. Es la forma en la que creemos que nos tiene atados. Por eso es que dice Jesús: vengo a cambiarles la forma de pensar, y para eso necesitan ser iluminados en el conocimiento de su gloria. Hay tantas cosas que vemos en el Reino de Dios cuando entramos y experimentamos, que muchas de las doctrinas a las que estábamos aferrados, se derrumban.

Porque las tenemos apenas a cuenta gotas, o las tenemos tergiversadas, o no las hemos entendido. Y una de estas doctrinas es el bautismo en el Espíritu Santo. Tenemos lo que hemos recibido de otros, tenemos lo que nos han enseñado. Hasta ahí aprendimos, no sabíamos más. Pero ahora viene una nueva luz, para que entremos en lugares más profundos. Entonces, en lugar de ser tercos y porfiados, insistiendo con nuestras doctrinas antiguas, no; el Señor te dice que abras los ojos porque quiere mostrarte cosas nuevas y maravillosas. (Hechos 1: 1) = En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, (2) hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido; (3) a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios. Vemos aquí que Jesús se pasa cuarenta días enseñando algo.

¿Qué es lo que va a estar enseñando? El Reino de Dios. Jesús es un estratega poderosísimo, y va a derramar la promesa del Espíritu Santo sobre la gente, pero la gente necesita estar preparada con un entendimiento. De otro modo, ese aceite se va a perder. Entonces, les habla por espacio de cuarenta días del Reino de Dios, para que sepan para qué sirve la promesa del Espíritu Santo. O sea que hay una preparación de Reino, previo a la promesa del Espíritu Santo. No como se hace en muchos lugares hoy en día, donde algunos le dan golpecitos en la cabeza a la gente, les dicen que digan bara, bara, bara y luego declaran y decretan que ya tienen al Espíritu Santo. En más de un caso, esa pobre persona ni siquiera se ha arrepentido de sus pecados o está en adulterio. Pero ya está, ya le hemos dicho a esa persona que es llena del Espíritu Santo, que ya tiene el bautismo del Espíritu Santo, aun cuando sabemos que no es así. ¿Sabes lo que conseguimos? Que esa persona jamás busque el bautismo del Espíritu Santo de verdad. Cree que ya lo tiene.

Te haré una pregunta: cuando Jesús envió a los doce, y luego envió a los setenta, dice la palabra que les dijo: id y anunciad que el Reino de los Cielos se ha acercado. Y haciendo esto, sanaba los enfermos, echaba fuera los demonios, resucitaba los muertos y limpiaba los leprosos. Ahora bien; ¿En qué poder sanaban a los enfermos, sacaban los demonios y resucitaban a los muertos? Tenían, obviamente, una medida del Espíritu Santo. Porque no era en su carne que podrían resucitar a los muertos. Cuando Jesús resucita, se aparece a sus discípulos, y dice el capítulo 20 de Juan, que el sopló el Espíritu Santo a sus discípulos, y les dio potestad para perdonar los pecados. A quienes les perdonaren los pecados les serán perdonados, y a quienes se los retuviereis les serán retenidos. ¡Ay, hermano! ¡Eso me suena a iglesia Católica! No, hermano; no es iglesia católica ni iglesia evangélica, es una de las funciones del Espíritu Santo. Tenemos tantas estructuras anti-católicas, que a veces ni siquiera podemos leer la escritura correctamente.

Jesús dice: quiero renovar muchas cosas dentro de ti. Yo les doy autoridad, por el Espíritu, para perdonar pecados, porque esa es una de las funciones más importantes del Espíritu Santo. Por eso los fariseos se enojaban tan fieros en contra de Jesús. ¿Quién es este –Decían-, que dice tener autoridad para perdonar pecados? Pero, ¿en qué autoridad estaba Él perdonando pecados? En el Espíritu Santo. Es necesario que la iglesia sea perdonada de sus pecados. Dios no planeó que nosotros nos metiéramos en un cuarto oscuro y dijéramos: “¡Señor! ¡Aquí están todos mis pecados, perdóname!” Jamás pensó eso. Dice: confesaos vuestros pecados los unos a los otros. ¿No dice eso la carta de Santiago? ¿Y eso qué significa, que tenemos que recortar de nuestras biblias ese versículo y arrojarlo a la basura, o que tenemos que confesarnos nuestros pecados los unos a los otros? Hay una tremenda liberación cuando se confiesa el pecado públicamente.

La misma palabra que usamos para confesar a nuestro Señor Jesucristo como Señor y Salvador, es la misma palabra que usa la escritura para decir confesad vuestros pecados. Quiere decir: hablar públicamente. Tú no confiesas a Jesucristo en un cuarto oscuro ante una sola persona, o en un aparte ante una persona; tú lo confiesas públicamente, ¿No es cierto? ¡Es la misma palabra! Confesar tus pecados, entonces, quiere decir que debes confesar tus pecados. Todos hemos pecado. NI aquí de este lado ni de ese donde estás tú hay ni siquiera uno que no haya pecado. Y todos necesitamos ser perdonados de esos pecados. Hay mucha gente debilitada porque nunca nadie todavía les ha perdonado sus pecados. ¿Y qué hace Él, entonces? Cuando termina de decirles esto de confesar sus pecados, les empieza a hablar del Reino de Dios, y les dice: ahora sí, esperad la promesa del Espíritu Santo, porque recibiréis poder cuando venga sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en todo Jerusalén, Judea, Samaria y hasta lo último de la tierra.

Ahora te pregunto: si ellos ya echaban fuera demonios, sanaban los enfermos, resucitaban los muertos, limpiaban los leprosos y perdonaban pecados, ¿Qué clase de poder estaban esperando en esa promesa? Porque hoy todavía se desata el poder del Espíritu Santo para que la gente salga a echar fuera demonios y a sanar a los enfermos, pero indudablemente ese no es el bautismo del Espíritu Santo; a eso ya lo tenían. Entonces, ¿Qué fue lo que recibieron en la promesa del Espíritu Santo? ¿De qué poder les estaba hablando Jesucristo, que iba más allá de sanar los enfermos, echar fuera demonios, resucitar los muertos y limpiar los leprosos? La clave está en la palabra “testigos”. Dice: me seréis testigos. En todo Jerusalén, en toda Judea, en toda Samaria, y hasta lo último de la tierra. ¿Qué es un testigo? UN testigo es alguien que puede ver y que puede oír. Si tú estás en una corte judicial y te llaman como testigo, y el juez te pregunta: ¿Qué fue lo que usted vio? No podrás responder: “¡Ah, no, señor juez, yo no he visto nada, apenas he leído algo sobre lo que sucedió en el periódico!” ¿Sabes qué? Tú no calificas como testigo.

Porque un testigo, necesariamente, tiene que ver y tiene que oír. Claro; esto comienza a poner en graves problemas al sistema babilónico. Porque Babilonia enseña a sus discípulos como enseñaban los fariseos. Vamos a aprender la Biblia. Los fariseos y escribas enseñaron eso. Los discípulos de los fariseos y los escribas, por todas las generaciones de los judíos, realmente aprendieron las escrituras. Tenían la escritura, pero no tenían el poder, detrás de la escritura. ¿Qué tenemos hoy? Tenemos la escritura, pero no tenemos el poder, detrás de la escritura. ¿Por qué? Porque estamos enseñando a la manera antigua. No estamos enseñando a la manera del Reino de Dios. Joel dice: yo derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y mis hijos y mis hijas, profetizarán, y mis siervos y mis siervas profetizarán. Y mis jóvenes verán visiones, y mis ancianos soñarán sueños. Escucha: aquí estamos viendo algo diferente, que no es resucitar a los muertos ni sanar a los enfermos, ni echar fuera demonios. El derramamiento del Espíritu Santo, necesariamente, es profético. Necesariamente va a llevar a oír la voz de Dios. Necesariamente te va a llevar a ver visiones del Reino de Dios.

Nadie que no naciere del agua y del Espíritu puede ver el Reino de Dios. Pero cuando nacen de las aguas y del Espíritu de Dios, entonces pueden ver el Reino de Dios. Babilonia no te puede entrenar en el Reino. Babilonia es un sistema educacional, religioso, del cual venimos todos nosotros, yo incluido. Pero el Señor dice: Salid de allí, pueblo mío. Cuidado: yo no te estoy diciendo que te salgas de tu iglesia, te estoy diciendo que te salgas de Babilonia. Babilonia es la estructura mental y religiosa que gobierna tu vida, y que es ajena y diferente al Reino de Dios. Entonces, el Espíritu Santo viene para que nosotros podamos oír la voz de Dios. Dice: para esto me he aparecido a ti, y me apareceré, otras veces. Esto es lo más común dentro de un mover apostólico. Que Jesús aparezca. Es lo más común que tú puedas ver a Dios. –“¡Hermano! ¿Cómo se supone que voy a ver a Dios?”- (2 Corintios 3: 16) = Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará. (17) Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.

No son pocas las veces que he oído y cantado, por supuesto, coritos que dicen que donde está el Espíritu de Dios, hay libertad. Entonces empezamos a saltar y eso nos parece libertad, pero apenas es sacar la cabeza debajo del paraguas protector de las tradiciones evangélicas a las que estábamos atados. Ahora bien, ¿Sabes qué? Tú no necesitas al Espíritu de Dios para danzar o para saltar, ¿O no has visto que los incrédulos, impíos, paganos y pecadores gritan, saltan y danzan con mayor fuerza que los cristianos? ¡No necesitas al Espíritu de Dios para hacer eso! Lo único que consigues con eso es liberarte de las ataduras religiosas, eso sí que es cierto. Esta escritura nos dice que donde está el Espíritu del Señor hay libertad, y ahora nos va a decir en qué consiste esa libertad. (Verso 18) = Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.

Eso quiere decir que donde está el Espíritu del Señor, hay libertad para ver, para mirar a cara descubierta. ¿Qué significa ver? ¿Acaso significa tambalearse, temblar, que te caigas o que te agarre un ataque de risa? Mirar significa ver y ver significa mirar. Necesariamente implica que tus ojos son abiertos y puedes ver algo que antes no veías. Mis hijos y mis hijas profetizarán, nuestros jóvenes verán visiones. El Reino de Dios se hace visible cuando naces del agua y del Espíritu. Entonces, dice: mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria de Dios. El Espíritu Santo es enviado para que puedas volver a ser transformado en la imagen de Dios. Si necesito ser transformado en su imagen, eso quiere decir que he perdido su imagen. Sólo tengo algunos pequeños rasgos de su semejanza. Hablo, porque Dios habla. Creo cosas porque Dios es creador. Pienso, porque Dios piensa. Pero a la imagen de la gloria de Dios la perdió el hombre cuando cayó en pecado. Pero el Espíritu Santo de Dios viene a restaurar la imagen de Dios en nosotros. ¿Y qué cosa es la imagen de Dios en nosotros? Es la habilidad de ver, al mismo tiempo, dos dimensiones. Una dimensión espiritual y una dimensión natural.

Adán veía las dos dimensiones. Adán veía los hermosos árboles frutales y también veía el árbol de la vida, el del conocimiento del bien y del mal, se paseaba con el Señor en el fresco de la tarde, veía sus vestiduras celestiales, veía dos dimensiones. Jesús es el segundo Adán. El segundo adán, primogénito entre los muertos. Él caminaba en dos dimensiones. Todo lo que veo hacer al Padre, eso es lo que hago, decía. Todo lo que oigo decir al Padre, es lo que digo. De la misma manera en que yo fui enviado, yo os envío. ¿De qué manera? ¿De qué manera? ¿Aprendiendo un par de versiculitos de memoria? ¿Repartiendo trataditos? ¿Vamos a hacer esas cosas porque no tenemos ningún otro poder ni valor conviene darles un papelito para no tener que hablar demasiado? Eso no es ser testigo. Testigo quiere decir que somos embajadores de un Reino. Testigo quiere decir que representamos al Reino de Dios. Por eso es que Jesús se llama a sí mismo, El Testigo Fiel. ¿Y por qué es el testigo fiel? Porque se testifica sobre el Reino de su Padre.

Porque testifica en el poder del Reino de su Padre. Porque testifica de la gloria de su Padre. Porque testifica de la sabiduría, de la inteligencia, del consejo, de las maravillas de su Padre. Él es el testigo fiel y dice: vosotros me seréis testigos, cuando venga sobre vosotros el Espíritu Santo. Testigo, es; ven conmigo a Apocalipsis capítulo 19, versículo 10. Estas son las bodas del Cordero, y Juan está allá, extasiado viendo esas bodas. Pero antes de leerlo, quiero que entiendas una cosa. Cuando tú empiezas a meterte en el Reino de Dios, el primer libro que Dios te va a sacudir de pies a cabeza, es el Apocalipsis. Porque el Apocalipsis, es un libro del Espíritu. No es un libro cronológico, tampoco es un libro de eventos futuristas; es un libro que nos enseña cómo gobernar con Cristo Jesús, porque se trata de la revelación clara y nítida de su persona. Es la revelación de la gloria de Jesucristo en nosotros, para hacernos gobernantes junto con Él. Este es el primer libro que se te va a sacudir de pies a cabeza cuando veas el reino, porque una cosa es tener mucha teología –Con excepción de los buenos teólogos, de los otros no hablaré- y otra cosa muy distinta es ver con ojos de Reino.

Las bodas del Cordero. ¿Para qué estoy esperando las bodas del Cordero? ¿No dice la palabra que el que se ha unido a Jesús, un espíritu es con él? Cuando tú te casaste, mujer u hombre, te hiciste una sola carne con tu cónyuge, ¿No es así? Si te unes a Jesús y eres un espíritu con Él, eso significa que ya te has casado con Él. Hombre o mujer, olvida las diferencias de género sexual que eso es válido solamente aquí en la tierra por causa de la procreación y prolongación de la especie. Eso significa que Su espíritu y el tuyo, ya entraron en las bodas del Cordero. No debes esperar una gran fiesta para casarte con Jesús. Porque Él ya está allá y espera que la novia, la iglesia, vestida de inmaculado blanco de pureza vaya a su encuentro. El que se ha unido a Jesús, un espíritu es con él. El Espíritu y la esposa. No dice la novia, dice la esposa. Es mejor que ya nos sintamos esposa y nos dejemos de esperar tanta cosa futurista. Porque Jesús está aquí, el Reino está aquí, Él lo dijo cuándo aseguró que el Reino se había acercado.

Por esa razón, también las verdades del Reino están aquí, la gloria del Reino está aquí, las bondades del Reino en todas sus formas y dimensiones, están aquí, el poder del Reino está aquí, deja ya de esperarlo para un futuro que nadie acierta a decirte si es cercano o lejano. Porque la palabra nos asegura que ya Jesús lo trajo a la tierra. ¿Quién te ha enseñado que debes quedarte esperando que lo vuelva a traer? Es indispensable que comencemos a cambiar nuestra mentalidad babilónica. Yo no estoy esperando un rapto para encontrarme con Jesús. Cuando tu espíritu entra al Reino de los Cielos, es transportado a la presencia misma de Jesús. El Reino de los Cielos está aquí. ¿Por qué supones que vas a ser arrebatado allá? ¡Es que…hermano…ese es uno de nuestros máximos dogmas! ¿Ah, sí, eh? ¿Y alguien se ha preocupado en cotejar ese dogma con la Biblia? Hazlo. Y ni se te ocurra luego ir a mostrárselo a tu pastor. No te oirá, no querrá oírte. Él está viviendo de ese dogma, entre otros.

No son ni uno ni dos los que han sido arrebatados temporariamente al tercer cielo. Ellos enseñan que no debemos esperar un rapto para ver a Jesús. Tampoco debemos esperar una gran tribulación porque en una de esas la está pasando en este tiempo y cree que Dios lo está castigando. Si tú lees con cuidado la escritura, verás que la nueva Jerusalén descendía del cielo ataviada como una novia para su marido. Entonces, ¿Cómo es esto? La nueva Jerusalén ¿Sube o baja del cielo? Baja del cielo. ¿Y adónde se preparó la novia? En el cielo. ¿Qué? Sí, porque dice que la nueva Jerusalén baja del cielo ataviada como una novia. ¿Dónde se atavió como novia, entonces? En el cielo. ¿Quién la preparó? ¡El cielo! Esto, cuando lo puedes entender, no sólo te rompe todas tus estructuras religiosas, sino que además te vuela la cabeza en mil pedazos. Lo que se puede asegurar es que, cuando tú entres y veas el Reino, cuando el velo se rasgue, cuando la luz del Omnipotente alumbre tu entendimiento, y el conocimiento de la gloria de Dios dentro de ti, se te van a sacudir muchas cosas que no sirven para nada.

Porque esas son las cosas que nos enseñaron alguna vez y que nos mantienen aquí esperando cosas que Dios ya nos dio. Porque al igual que yo y todos los que creen de verdad, ¡Eres heredero! ¡Eres heredero! Heredero de cosas gloriosas, para manifestar como testigos de Dios, la gloria de Su nombre a todas las naciones. Entonces Juan, dice: (Apocalipsis 19: 10) = Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios, porque el fundamento de Jesús es el espíritu de la profecía. El testimonio de Jesús, es el espíritu de la profecía. ¿Qué es lo que hizo testigos a los discípulos el día de Pentecostés? El espíritu de la profecía. El testimonio de Jesús, es el espíritu de la profecía. El espíritu de la profecía es el que te hace ser testigo del cielo. El espíritu de la profecía es el que va a abrir tus ojos para que veas el Reino de Dios, para que veas todo lo que hace el Padre, para que veas cómo se mueve el cielo, sea lo que tú hagas aquí en la tierra. Y cuando empieces a hacer lo que el cielo está haciendo, entonces el poder vendrá sobre la tierra.

La guerra espiritual no se trata simplemente de vociferar, echar fuera demonios y cantar cánticos de guerra golpeando las manos. Eso podrá ser muy bonito, pero no pasa el techo. ¿Qué es lo que produce la victoria? Ver y oír al ejército de Dios marchando sobre los cielos. Porque al verlo y oírlo en los cielos, lo estaremos haciendo en la tierra. Cielos y tierra se junen, entonces todo lo que decreto en ese ámbito profético, tiene poder en el mundo espiritual. Cuando estamos sumergidos en todo eso, estamos siendo dirigidos por el Espíritu Santo, y podemos ver una luz que desciende a lo profundo del infierno y deshace las obras del diablo. Porque soy testigo del cielo, doy testimonio de lo que veo y de lo que oigo. Y entonces es que las cosas son. Adora a Dios, porque el testimonio de Jesucristo, es el espíritu de la profecía. Y cuando viene el espíritu de la profecía, ocurren cosas que antes no ocurrían.

Porque aquellos hombres resucitaban muertos, sanaban enfermos, echaban fuera demonios y limpiaban leprosos, pero sus ojos estaban ciegos para ver el Reino de Dios. No podían oír la voz de Dios. Sólo Pedro, una vez y como en un suspiro, dijo: “Ah, tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”, pero los demás no oían la voz de Dios. Pero cuando vino el Espíritu Santo del cielo, entonces los cielos se abrieron, y el espíritu de la profecía, los hizo entrar en el Reino invisible de Dios. Y allí es donde la filosofía cristiana ya no puede pasar. ¡Hermano! ¿Por qué le llama filosofía cristiana? Porque todo lo que creo, pero no me he convertido en ello, es filosofía, nada más. Si crees que Jesús es poderoso para sanar, y que por su llaga fuimos todos curados, pero vives dependiendo de los fármacos, entonces lo que tienes es solamente una filosofía de Jesús el sanador, pero no lo conoces. Cuando por el espíritu de la profecía comienzas a ver con tus ojos espirituales, de inmediato te conviertes de las tinieblas a la luz. Cuando puedes hablarle al Verbo de Dios dentro de ti, le dices que expanda su gloria.

Pero si no lo veo, me a dar terror dejar los rudimentos del mundo. Porque la gente, dentro de las iglesias, está hundida en pecados, hundida en rencores, está hundida en mentiras, está hundida en hipocresías. ¿Por qué? Porque no han mirado al Dios de la gloria. Porque cuando tus ojos son abiertos, y como en un espejo comienzas a mirar la gloria de Dios, y el resplandor de su rostro empieza a venir sobre ti, no hay nada en este mundo, ni oro ni plata, ni piedras preciosas, ni títulos ni denominaciones que se puedan comparar a lo que tus ojos han visto. Nunca más te volverás al mundo, nunca más. Cuando empieces a ver de verdad, las doctrinas de hombres comenzarán a venirse abajo. Todas las cosas serán removidas, para que permanezcan las eternas. Todo tiene que ser removido en nuestra mente, para que permanezca lo inmutable, lo que no puede ser movido, lo que es el ancla de nuestra fe, lo que hace ponerte de pie y no dudar, y lo que te da el poder sobre todos los gobiernos de la tierra.

Porque no es lo que expresamos con la boca lo que tiene el poder, sino desde dónde lo estás decretando No importa cuánto hable alguien lleno de oscuridad y de tinieblas. Aquellos que echaban fuera demonios en el nombre del Cristo que predicaba Pablo, fueron humillados. Porque no es importante lo que decimos, sino desde dónde lo decimos. No es ponerse una armadura de Dios. Que me pongo el yelmo de la salvación, y la coraza de justicia, y el apresto de las sandalias del evangelio. No es lo que digas; si la justicia no mora en tu corazón, no tienes la coraza. Si la salvación no mora en tu mente, no tienes el yelmo. Si el rhema de Dios no viene del cielo para inundar tu boca y hacer la espada, no tienes espada. Si tus pies no se apresuran a llevar la palabra del Reino de Dios, a estar sanando los enfermos, a estar liberando los cautivos, no tienes sandalias, por más que te lo auto profetices. Es un Reino que no es de este mundo. Es una comida que no se come como la comida de este mundo. Es un Reino que no se estudia cómo se estudian las clases de este mundo. Es un Reino que está sobre todas las cosas. Jesús jamás predicó: “Déjame entrar en tu corazón”.

¿Adónde Jesús predicó que lo dejaras entrar en tu corazón? ¿Sabes qué dijo Jesús? Ven y sígueme. ¿Y qué significa cuando Jesús dice ven y sígueme? Entre los judíos, cuando un rabino le decía a alguien ven y sígueme, quería decir que dejaras todo lo que tenías, todo lo que estabas haciendo, porque te estaba llamando para que hicieras lo mismo que él estaba haciendo. Para que andes tras las huellas de tu maestro. Porque todo lo que está en mí te lo quiero impartir. Por eso es que dejaron las barcas y le siguieron, porque tenían un pensamiento judío. Entendían que cuando un rabino les decía ven y sígueme, estaban siendo escogidos por alguien sumamente grande. Todos los judíos querían ser llamados. Era el anhelo más grande de los judíos ser llamados por un rabino para ser sus discípulos. Pero no todos calificaban. Pero cuando Jesús decía ven y sígueme, ellos entendían lo que Jesús quería decir. Eso significaba que Jesús estaba viendo en ellos la materia prima que podía hacer un discípulo que fuera conforme a Él. Que pudiera hacer lo que Él hizo. Por eso Jesús les enseñaba el Reino. Por eso Jesús caminó sobre las aguas.

¿Por qué le fue tan fácil a Pedro ir cuando Jesús le dijo: ven? Porque eso es lo que hacía un rabino. Así enseñaba un rabino a su discípulo. Lo que yo hago, tú lo tienes que hacer detrás de mí. ¿Yo camino sobre las aguas? ¡Pedro! ¡Ven! ¡Camina ya mismo tú sobre las aguas! Te estoy enseñando Reino. ¿Qué les estaba enseñando Él a los discípulos? Que el Reino de Dios, somete a la materia. El Reino de Dios, es mayor que tu problema. El Reino de Dios es mayor que el gobierno de tu país, vivas donde tú vívas. El Reino de Dios es mayor que las constituciones de todos los países juntos del planeta. ¡El Reino de Dios está aquí! Aquí en Rosario, provincia de Santa Fe, República Argentina, donde yo estoy ahora. Pero también el Reino de Dios está allí, donde tú mismo le pongas el nombre de ciudad, región, país. Cuando Dios trae profetas y apóstoles, no solamente va a traer una palabra, sino que también trae una impartición. No es lo mismo que digas alegremente que estás con Cristo sentado en lugares celestiales, a que Jesús te tome de la mano y te siente en lugares celestiales. Sentarse, tú lo sabes, significa posicionarse en un lugar superior, de gobierno.

Un lugar en donde tú hablas y las cosas son, porque es lugar de Reino. Un rey tiene autoridad de rey. Todo lo que un rey dice, tiene que cumplirse. Escucha: tú eres rey en el Reino de los Cielos. Por favor, no me hagas ningún negocio por menos que eso. ¿Acaso eres tú el rey de los judíos? Mi Reino no es de este mundo. Mi Reino está en los cielos. Tú eres rey en el Reino. Y desde el Reino de los Cielos, tienes gobierno, tienes territorio. Puedes hacer que el Reino venga. ¿Tú crees que era falto de misericordia Jesús cuando caminó tres días, y la multitud lo seguía muerta de hambre? Ni lo sueñes. Jesús sólo estaba esperando el momento preciso y adecuado para manifestar el Reino. Él decía: quiero enseñarle algo a mis discípulos. ¿Qué tenemos? – Cinco panes y dos peces. – Traédmelos. Él ya había visto en el ámbito espiritual a miles y miles de peces y panes, flotando sobre la multitud y esperando sólo una voz de mando para descender. Lo único que tenía que hacer, entonces, era decretar lo que había visto en los aires del espíritu y bajarlo a la tierra. No hago nada que no vea hacer al Padre. Él ya lo había visto. Trajo lo panes, y sumergiéndolos en el Reino de Dios, dio gracias porque ya tenía lo que estaba viendo.

Escucha: no estaba dando gracias por los cinco panes y los dos peces; estaba dando gracias por lo que estaba viendo en los cielos. Entrar al Reino de los cielos, va a implicar que rompas muchas estructuras. Porque no es de este mundo. ¿Cuántos de ustedes podrán creer que el Reino de los Cielos está aquí? Está bueno porque no tienes ningún compromiso con nadie para decir o no decir “amén”; nadie te está mirando, sólo el Señor, tú Señor. Y Él sabe si es “amén” a algo que crees o no. Esto es y tiene que ser algo más que una filosofía. Jesús está aquí, el Espíritu de Dios está aquí, para darte el Reino, para abrir tus ojos. Otra cosa que recibieron en el bautismo del Espíritu Santo, fue el hablar en lenguas extranjeras. No había escuela de lenguas en Jerusalén. No había lugar en el que se pudieran estudiar los idiomas que se hablaban en las distintas regiones. ¿Cómo iba a mandarlos Jesús hasta los confines de la tierra, si no hablaban los idiomas de esos lugares?

Cuando ellos llegaban a esos lugares, no había un intérprete para traducirlos del hebreo a sus idiomas o dialectos. Necesitaban el poder del Espíritu Santo para hablar las lenguas de esos lugares. Jesús confundió el reino de las tinieblas cuando confundieron las lenguas en Babel. Dividió el reino del enemigo par que no se pudieran comunicar fácilmente. Y el día de Pentecostés, Dios unió a todos los que iban a pertenecer al Reino de Dios, dándoles otros idiomas para poder dar el evangelio. En el Reino está todo lo que necesitas. Venir al Reino, no es venir a la iglesia. Venir al Reino implica cambio de pensamientos. Implica un cambio de estructuras, implica entrar en la libertad del espíritu, implica ser otro tipo de persona. Implica nacer del agua y del Espíritu. El Reino no es de este mundo. Es tu espíritu el que tiene que anhelar el Reino. Desde el tiempo de Juan el Bautista, el Reino de los Cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan. Juan, -dijo Jesús- fue el más grande de todos los nacidos de mujer, pero el más pequeño en el Reino de Dios es más grande que todos los profetas, que todos los que han nacido de mujer.

Porque ninguno de ellos pudo tener lo que ha sido concedido a nosotros. Pero no se puede entrar religiosamente. Se tiene que entrar quebrando estructuras. Se tiene que entrar dejándolo todo. Se tiene que entrar viéndolo, codiciándolo como la perla de gran precio, como aquello que es lo que más quieres en este mundo. Porque si el Reino de Dios no es lo que tú más aprecias en este mundo, nunca entrarás en Él. El Reino de Dios es como un hombre, que encontrando una perla de gran precio, fue y vendió todo lo que tenía, y comprando el terreno, consiguió la perla. Para entrar al Reino, lo prioritario tiene que ser tu anhelo. Mientras no sea tu prioridad genuina, te vas a quedar en tu iglesia, te vas a quedar en tu banco, te vas a quedar en tu problema. Pero hay un camino más alto.

Hay un camino más alto. Ese camino más alto, es el Reino, anunciar que el Reino de Dios está en medio de nosotros. ¿Cómo se predica el evangelio del Reino? Te lo estoy predicando. Y cada uno de los que puedan ser embajadores del Cielo, pueden hacerlo. Las dos cosas más difíciles para entrar al Reino de Dios, es poner tu confianza en aquello que no ves y dejar de lado de una buena vez todo lo que puedes ver y tocar con lo que te has venido manejando durante toda tu vida, incluida la de supuesto creyente en Jesucristo.

Leer Más

Arrepentirse, Creer, Pelear

Con el antecedente de entender, hace algún tiempo atrás, lo que es la santificación, vamos a ver hoy lo que es el arrepentimiento. Empecemos con un par de definiciones. La palabra Arrepentimiento, se utiliza tanto en el hebreo como en el griego. En el hebreo se utilizan dos palabras diferentes y yo he escogido sólo una, la palabra Shub. Y en el griego, la palabra Metanoeo. La palabra hebrea Shub, es una palabra que tiene muchísimos significados. Te los detallo: Volverse, Retirarse, Apaciguar, Apartar, Aplacar, Arrepentirse, Calmar, Cambiar, Cesar, compensar, Desistir, Devolver, Recobrar, Recuperar, Reflexionar, Regresar, Resarcir, Rescatar, responder, Restablecer, Restaurar, Restituir, Retractar, Retraer, Retroceder, Revocar, Volver, Vuelta. Esta es una decisión mental, que llega cuando se tiene una revelación de tal manera, que los deseos son cambiados.

La palabra para la lengua griega que equivale a arrepentimiento, reitero, es Metanoeo. Esta palabra significa cambiar la mente. Cambiar la forma en que están los pensamientos. En lo práctico significa: cambiar el acondicionamiento, lo que provoca los pensamientos.

(Marcos 1: 4) = Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados.

Encontramos que la primera persona que empieza a hablar del arrepentimiento, es Juan el Bautista. Quiero analizar, rápidamente, algunos detalles de Juan. Juan era sacerdote por nacimiento. Pero antes vale muy bien una aclaración: Jesús se hizo bautizar en agua con Juan para cumplir con la ley, dijo, y no exageró ni se equivocó nada. Obviamente, Él no tenía nada de qué arrepentirse. Estaba limpio y puro. El único en esa condición.

(Lucas 1: 8-13) = Aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios según el orden de su clase, conforme a la costumbre del sacerdocio, le tocó en suerte ofrecer el incienso, entrando en el santuario del Señor. Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso. Y se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso.  Y se turbó Zacarías al verle, y le sobrecogió temor. Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabeth te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan.

Esto te dice que Juan era sacerdote de nacimiento. Recuerda que un sacerdote necesariamente debía venir de una familia sacerdotal. Entonces, Juan tenía todo el derecho para ser sacerdote como su padre Zacarías. Sin embargo, él no hizo eso. Si revisamos un poco más adelante, vamos a ver que él lleva una vida sacerdotal, pero no en el templo. Ni tampoco se desempeña como un sacerdote regular, sino que él sale al desierto, y empieza a predicar el evangelio, a las afueras. Esto nos hace pensar que la era, el tiempo del sacerdocio en el cual se ofrecían los sacrificios a Dios, había empezado a ser reemplazado por otra era, en la cual ya no eran los pecadores los que llevaban sus ofrendas al templo, para encontrarse con Dios, sino que Dios era el que estaba saliendo a buscar a los pecadores.

Juan no se quedó esperando que la gente vaya al templo. Juan fue a buscar a la gente. Fue a las afueras, fue donde la gente estaba. Fue, justamente, a buscar a los pecadores para predicarles el evangelio del arrepentimiento, que él estaba llevando. El arrepentimiento, por lo que hemos entendido, es un cambio en la manera de pensar. Es volver, la mente y el corazón, hacia nuestro Salvador. El bautismo, es sepultar todo aquello que nosotros éramos y todo aquello de lo que nos arrepentimos. En el bautismo se termina todo aquello que era el germen de la maldad y empieza a germinar lo nuevo de la regeneración.

(Juan 3: 3) = Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

El objeto y el resultado del arrepentimiento con el bautismo, es el perdón de pecados, lo cual quita el obstáculo producido por la caída del hombre, y nos permite reconciliarnos con Dios. Así como Juan empieza predicando el arrepentimiento, también Jesús, apenas iniciado su ministerio, lo hace.

(Mateo 4: 17) = Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.

Mucha gente, ha confundido que el arrepentimiento es solo venir al Señor y llorar, tratar de olvidar nuestro pasado y sentirnos muy mal por lo que hemos hecho. Escucha: podemos pasarnos todo el día llorando, podemos tener mucho pesar por lo que hemos hecho, pero eso no significa que nos hayamos arrepentido. Lo que Dios quiere, no es que solamente lloremos por lo que hicimos, o que nos sintamos mal por las ofensas que cometimos; Él quiere que cambiemos nuestros pensamientos. Quiere que dejemos de pensar y de vivir en todo aquello que ofendía a Dios y luego volvernos a él.

Muchas veces, la religión se enfoca más en sus necesidades estructurales que en el sentido real de nuestra vida. Es cierto, están preocupados procurando que nosotros no estemos haciendo cosas malas, pero no se preocupan de la misma manera y con el mismo vigor para que pensemos diferente. ¿Cuántas veces nosotros les enseñamos a las personas a pensar distinto? ¿Por qué la persona cuando viene a Cristo, no pasa por un proceso donde se le enseña a renovar su manera de pensar para que ya no piense de esa manera? ¿Te das cuenta que todo lo que he dicho, tiene que ver con lo que Dios ha hecho sin nuestra participación?

Pero tu necesitas cambiar tu manera de pensar, para no volver nuevamente a la esfera de gobierno del maligno en la que vivías antes. Y te voy a demostrar más adelante con algunos textos muy específicos, que lo que me une en muchas ocasiones con la gente pecadora con la que debo alternar, no es el hacer lo que ellos hacen, sino el pensar como ellos piensan. Nosotros hemos sido rescatados de una manera de pensar que ofendía a Dios. Pero si yo no sé vivir de otra manera y, gradualmente cambiar mis pensamientos, a pesar que fui santificado y separado, inicialmente, puedo retroceder y perder lo que Dios hizo en mi vida. Por eso es tan importante reconocer por qué nosotros pensamos como pensamos. En el evangelio de Marcos, hay una tremenda declaración también.

(Marcos 1: 15) = diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.

Noten ustedes que aquí aparecen dos palabras unidas por primera vez: arrepiéntanse, y crean. ¿Qué significaba arrepentirse? Cambiar nuestra manera de pensar. Entonces, ¿Qué está diciendo aquí? Cambien su manera de pensar, ¡Y crean!  Son dos cosas unificadas. Antes no podías creer, porque eras parte de un sistema maligno y pensabas como ellos. Luego, el Señor te separa, y te dice: “El Reino de los Cielos se ha acercado” ¿Y qué significa que el Reino de los Cielos se ha acercado? Que el gobierno de Dios, con todas las bendiciones y las riquezas de Cristo, su autoridad, su presencia, ahora, está a nuestro alcance. Mira lo que dice: el Reino de Dios se ha acercado y está al alcance de tu mano. Ese mensaje era impensable en el Antiguo Pacto. ¡Ningún profeta habló del Reino de Dios!

¿Por qué? Porque todavía, el príncipe de este mundo, no había sido echado fuera, y estaba dentro, gobernando todo. Pero Cristo, al morir y resucitar, estaba sacándolo completamente de toda esa esfera, para que el hombre pueda ser libre de toda esa estructura y pueda creer después de arrepentirse. Para entrar en este Reino que aquí se menciona, la gente debe, número uno, arrepentirse de sus pecados. Esto es muy importante. Número dos: debe creer en el evangelio, para que sus pecados sean perdonados. Y número tres, debe recibir la vida de Dios, que lo regenera, a través de la impartición de la vida divina.

(Juan 3: 3) = Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

(Verso 5) = Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.

El hecho de que una persona ha sido separada para Dios, no significa que ya pueda creer automáticamente; tiene que decidir creer. El hecho de que haya sido apartada del sistema, no quiere decir que se vaya a arrepentir automáticamente. No, tiene que haber un deseo de arrepentirse. Tiene que haber un deseo de cambiar su manera de pensar. Estos son los tres pasos básicos. 1) Arrepentirnos de nuestros pecados, cambiar nuestra manera de pensar. 2) Debemos creer en el evangelio como un regalo que Dios nos ha dado. 3) Debemos recibir la vida que Dios nos quiere dar sin oponer resistencias intelectuales ni filosóficas. Jesús murió en la cruz para eso, no desprecies su sacrificio. Todos los que creen en Cristo, pueden participar del Reino para disfrutar a Dios en la justicia, la paz y el gozo que tenemos en el Espíritu Santo.

(Romanos 14: 17) = porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.

Estos tres elementos, Justicia, Paz y Gozo, son parte esencial de lo que es el Reino de Dios. Esto es importante y clave. Definitivamente; si en tu vida no hay Justicia, no hay Gozo y no hay Paz, no tengas dudas que el Reino de Dios no está presente allí. Y es allí donde todos nosotros tenemos que darnos cuenta de donde es en realidad que estamos. Tú puedes haber hecho muchas obras buenas, muchas oraciones importantes e impactantes, puedes estar congregándote en la mejor iglesia de tu ciudad, pero eso no significa que tu estés viviendo en el Reino de Dios. Claramente Pablo nos dice aquí que hay indicadores que nos permiten darnos cuenta de cuando estamos o no estamos en el Reino de Dios.

Sigamos con el Arrepentimiento. Marcos 1:15 dice que nos arrepintamos y creamos en el evangelio. Esta palabra nos dice que, para poder disfrutar de la justicia, la paz y el gozo, tenemos que arrepentirnos, y debemos creer en el evangelio, en el regalo, en las Buenas Nuevas, en las buenas noticias que nos trae Dios a través de su salvación. Recuerda que dijimos que la palabra griega para arrepentirse, es Metanoeo, que es cambiar nuestra manera de pensar o pensar diferente. Por lo tanto, arrepentirse es experimentar ese cambio. Debemos sentir pesar por lo que hemos hecho, y debemos tomar un nuevo camino para el futuro. Arrepentirnos ante Dios, no es solamente arrepentirnos de nuestros pecados y errores, sino también arrepentirnos del mundo. Arrepentirnos de su corrupción.

De hecho, hemos podido observar que cuando se les invita a arrepentirse, la gente acepta casi sin cuestionarlo y lo hace, pero no se arrepiente del mundo. ¿Y eso qué es lo que provoca? Que todavía sienta placer en el mundo. ¿Cuándo ha sido la última vez que nos hemos arrepentido del mundo? Claro está que, al no arrepentirse del mundo, el mundo puede seguir ejerciendo cierto grado de influencia en los creyentes. ¿Puede ser esto? Definitivamente sí que puede ser. Este volvernos a Dios a través del arrepentimiento, permite que Dios pueda traer el cumplimiento de todo su propósito. El que él tenía, cuando creó al hombre.

Imagínate una vez más aquella cúpula cerrada con las personas adentro. Dios toma a una persona y la saca de ese lugar. Ahora imagínate a esa persona, como si fuera un vaso. Pero es un vaso lleno de un líquido negro y oscuro. Escucha: Dios lo sacó, pero todavía él está todo lleno de pecado y de injusticia. Pero, ya no es parte del sistema, Dios lo santificó, lo separó. Entonces, ¿Que hace Dios? Envía otra vez a su Espíritu Santo, que ya había venido para separarlo. Ahora lo envía a traerle convicción de su justicia, de nuestro pecado y de su juicio. Estas tres cosas, son las que empiezan a detonar un cambio.

Muchas veces se le pide a la gente que haga una oración para aceptar a Cristo como Salvador. Pero resulta ser que no se puede hacer una oración con alguien a quien el Espíritu Santo no le está trayendo convicción de pecado. Puede ser que esa persona, que no quiere pasar un mal momento ni un bochorno delante de la gente, decide simplemente hacer la oración. Pero la está haciendo porque lo están presionando, no porque el Espíritu Santo le haya hecho sentir su pecado. De hecho, mientras no pase eso, es probable que la persona esté un tiempo en la iglesia, pero pasarán los días y la persona no querrá saber nada con Dios. ¿Por qué? Porque todavía están llenas de injusticia, llena de pecado.

¿Entonces qué pasa? Que esta persona, que ya está fuera del sistema, empieza a ser trabajada por el Espíritu Santo. El primer punto, el arrepentimiento. El arrepentimiento hace que la persona se dé cuenta que su contenido es un líquido negro y horrible. ¡Miserable de mí! Dice, ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? ¿Quién me librará de esta situación? Entonces Dios empieza un proceso para que ese líquido nuevo que es la vida de Dios empiece a caer en ese vaso, y al entrar empieza a sacar hacia afuera el sobrante, y a hacer que rebalse del vaso todo ese líquido negro horrible. Este proceso, se llama Regeneración. La Regeneración no es otra cosa que la vida de Dios cayendo sobre un vaso, sacando todo lo injusto, todo lo pecaminoso, todo lo que es detestable, en un proceso continuo.

Esta persona, que ahora está libre de esta esfera, y no sólo eso, sino también libre de sí mismo, de su propia naturaleza, está cambiando su mente. Esa persona nunca más va a poder volver atrás. ¿Por qué? Porque cuando trate de volver atrás, si se diera el caso, cosa que no va a pasar, el sistema anterior, ya no lo reconocerá como suyo. ¿Motivos? Ya no habrá nada dentro de él que pertenezca al anterior sistema. Jesús dijo: Ahí viene el príncipe de este mundo, pero él no tiene nada conmigo. Jesús llegó a decir que Él no estaba en el mundo, pero todavía estaba allí, con los discípulos físicamente, entonces, ¿Por qué dice eso? Porque dentro de Él, no había nada del mundo.

Entonces, cuando una persona empieza a ser trabajada por el Espíritu Santo, lo que el Espíritu Santo va a hacer, es empezar a cambiar todo lo que interiormente es contrario a la naturaleza de Dios. Ese tiempo es fundamental. Esa primera etapa, va a durar apenas unos meses. Cuando la persona sale del sistema, necesita que el Espíritu Santo empiece a operar trayendo revelación de lo que es injusto, de lo que es malo para Dios. Y eso, empieza a salir de su vida como un río, porque la vida de Dios empieza a bajar. La gente no necesita doctrina en ese tiempo, necesita la vida de Dios. Necesita aprender a disfrutar del gozo, la paz, la justicia del Reino de Dios. Necesita disfrutar al Espíritu Santo. Necesita poder experimentar lo que es el lavamiento.

Dios creó al hombre para que sea un vaso, pero este vaso cuando estaba debajo de aquella cúpula, estaba lleno de toda esa naturaleza caída. Cuando Dios lo saca, este vaso empieza a ser cambiado en su contenido, para poder un día contener a Dios mismo. Por eso la palabra dice que es un arrepentimiento para con Dios. No solamente es un arrepentimiento de lo que hicimos. Recuerda que arrepentirte es cambiar la manera de pensar. Cuando decimos arrepentimiento para con Dios, es que tú cambias tu manera de pensar respecto a Dios mismo. Ya no es esa figura inalcanzable que aprendimos a ver bajo los ojos de la religión, sino que es alguien distinto, es alguien cercano a mí, es alguien que está dentro de mí y yo dentro de Él.

(Hechos 20: 21) = testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo.

(Hechos 26: 20) = sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.

En la predicación de Juan el Bautista, la primera que escuchamos, esa que leímos hace un rato en Marcos, arrepentirse es el punto de inicio, para poder cambiar todo nuestro destino. Recuerda que dice: arrepiéntanse, que el Reino de los Cielos se ha acercado. ¿Por qué mencioné el Reino de los Cielos? Porque el objetivo central del Evangelio, es que nos volvamos hacia el Reino. Imagina que una persona está caminando hacia el este. Arrepentirse es parar y dar la vuelta, completamente, e ir en la dirección opuesta. ¿Hacia dónde vamos ahora? Vamos hacia el Reino de Dios. Antes caminábamos lejos del Reino de Dios, ahora estamos yendo hacia el Reino de Dios. Por eso es que Juan dice: arrepiéntanse, que el Reino de los Cielos se ha acercado. El Reino de Dios nos llama a volvernos a Él.

¿Y cuál es la meta en todo esto? Al acercarnos al Reino de Dios, nosotros vamos a llegar al propósito de Dios. ¿Y cuál fue el propósito de Dios desde el principio? Habitar en nosotros. Habitaba en medio de Adán y Eva, y en el libro de Apocalipsis, dice que habita en medio de la Nueva Jerusalén. ¿Y qué es la Nueva Jerusalén? Es el edificio formado por todas las piedras vivas, que son los hijos de Dios que han creído en él en todas las eras, donde él es el contenido completo y único, que ya no necesita del sol, ni necesita de nada más. Antes de venir al Reino de Dios, nuestra vida se proyectaba en buscar todo lo exterior. Todo nos hacía falta. Necesitábamos aceptación, necesitábamos ser aprobados, necesitábamos de la gente, en fin. Cuando nos arrepentimos, no necesitamos nada más que de Dios.

Eso me dice a mí y te dice a ti, que si tú todavía necesitas de todo eso externo que te mencionaba, lo que en realidad tú necesitas, es arrepentirte ante Dios. Porque en Dios está la total satisfacción de todas nuestras necesidades. Obviamente, la religión nunca nos va a enseñar eso. ¿Por qué? Porque la religión nos necesita desesperados y necesitados de muchas cosas. Entonces, cuando Juan dice esto, lo que nos da a entender es que antes que viniera Juan, el Reino de los Cielos nunca había llegado. Y eso es cierto. Aún después de la venida de Juan y su predicación, el Reino de los Cielos, sólo se había acercado. Es Cristo el que va a decir: ¡Ha llegado! El arrepentimiento se produce, fundamentalmente, en la mente y en el corazón. El creer a Dios, sucede muy íntimamente, muy adentro.

(Romanos 10: 9) = que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.

Ahora pregunto: ¿Qué es creer? Es una buena pregunta. Creer es unirse uno mismo con las cosas que cree. Por ejemplo, si yo te digo que Dios es amor, ¿Tú crees eso? Sí, yo creo eso, me dices. Muy bien; entonces únete a eso. ¿Y qué significa eso? No es un concepto, yo creo que Dios es amor. ¿Y qué? ¿Yo sigo odiando a la gente? ¿Digo que Dios es amor y sigo maltratando a mi esposa y a mis hijos? ¡Yo creo que Dios es amor! ¿Pero seguiré siendo rencoroso? ¿Qué es creer? Creer es unirse a lo que uno cree.

Leer Más

¡Autorizada!

Cuando todavía yo era muy nuevo en esto de la fe en Dios y sentía tremendo hambre de saber y conocer, recuerdo que me aconsejaron leer una de las cartas del que ellos llamaban Apóstol San Pablo. Era la que este hombre le envía a los cristianos de Galacia que dice, en uno de sus pasajes, que toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. ¡Muy bien!, pensé. A esto puedo lograrlo. No es fácil, lo sé, pero siento que es posible. Si bien mi autoestima no estaba demasiado alta, creí que podía amar a los demás simplemente porque es algo que me gustaba hacer. Más allá de las inclemencias de mi vida, algo tengo claro: aun siendo incrédulo, jamás conocí el odio. Y seguí leyendo: Pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros. Lo primero que pensé es que mi ya buen amigo Pablo estaba exagerando. Eso, hasta que recordé algunas cosas que ya había visto…

Y terminé con algo que me dejó perplejo: Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Allí sí te confieso que me quedé tieso, en silencio y muy pensativo. Porque yo quería ser obediente a todo y no quería fallarle al Dios que me estaba salvando la vida en ese tiempo, pero… ¿Andar en el espíritu? ¿Y eso como lo entendía? ¿Qué cosa era andar en el espíritu? Entonces empecé a observar a mi alrededor. Vi a mucha gente con sus ojos cerrados, sus manos levantadas y apenas moviéndose en un vaivén como si estuvieran en un maravilloso éxtasis. Eso era, según la que era en ese tiempo y lugar nuestra doctrina, andar en el espíritu. Me di de narices contra un muro, porque muy pronto descubrí que hacer eso me igualaba con los demás, pero no me salvaba de las trampas de mi carne. Y de paso te cuento que también descubrí que a muchos de los que había visto haciendo todo eso, tampoco…

La vergonzosa conclusión fue que pasó mucho tiempo en el que aún con mi mejor buena voluntad, yo hacía todas esas morisquetas y piruetas que veía hacer, tanto como para no ser apuntado ni marginado, pero en mi vida diaria y en todo lo que se cruzara, yo me conducía conforme a los rudimentos terrenales. Totalmente, me decía a mí mismo, si Dios nos hizo de carne, ¿Por qué nos va a prohibir funcionar teniéndola en cuenta? Una hermana anciana, a la que una parte de la iglesia respetaba mucho, mientras la otra parte la tenía por enajenada, me tiró casi sin anestesia una enorme verdad que en ese momento me fastidió, pero que luego iba a entender como que fue de lo mejor que me podrían haber enseñado. Me dijo que, si yo no andaba en el espíritu y elegía andar en la carne, Satanás me iba a destruir. Recuerdo que, bastante asustado, consulté eso con el pastor, y él sonrió con un gesto como de: ¡Tranquilo! ¡Son exageraciones!

Algunos meses después, leyendo Génesis, supe que Dios había formado al hombre del polvo de la tierra. Eso me dejó en claro que la carne del hombre, en realidad es barro, la mezcla de tierra con agua.  Lo que nos da vida es el espíritu humano que Dios sopla en nuestra nariz en el momento de ser gestados. Un amigo bioquímico me dijo que yo no estaba tan loco, que el análisis de la carne humana, daba como resultado que poseía varias propiedades similares a la tierra, además de un alto porcentaje de agua. Ese fue un descubrimiento mitad científico y mitad espiritual. Cerré esa información sabiendo que, a la hora de la muerte, el polvo (Que, es decir, la carne) vuelve al polvo, (La tierra) de donde era, y es el espíritu el que vuelve a Dios, que fue quien lo dio. Clarísimo, tanto para el veterano como para el novato.

¡Muy bien! ¿Y ahora qué? ¿Cuál sería, entonces, la gran revelación que impactaría al mundo? Todos sabían más que bien el futuro de la carne y el del espíritu, así que pensé que ya sabía lo que debía saber. Tal vez sí, lo sabía, pero lo malo era que todavía no creía en lo que debía creer. Porque para ese tiempo yo me reunía con gente que hablaba mucho y bonito de todas las cosas de Dios, pero que no parecían prestar demasiada atención a ese ángel caído llamado Luzbel, o Lucifer, o Satanás y su legión de demonios a su servicio. Mis ojos se abrieron cuando, siguiendo en Génesis, llegué al capítulo 3: Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Perdón… Quizás yo no sea demasiado ilustrado en zoología y conozca muy poco y nada de los comportamientos de la fauna, pero pregunto: ¿Alguien ha visto alguna vez a una serpiente comer tierra? No. Ella come de todo lo que se mueve, pero tierra no. ¿Entonces? Entonces debes pedir a Dios que te enseñe a moverte en el espíritu, porque si te mueves en la carne, ella te va a comer, está autorizada….

Leer Más

Similitudes

Hoy están viviendo en diferentes lugares del planeta, diversos hombres y mujeres en lo que podríamos denominar: bajo el espíritu de Ezequiel. Llamados con el mismo llamado y alimentados con el mismo pan divino. Ellos también harán oír su voz desde la tierra de los caldeos. ¿Por qué? Porque dirán lo que Dios está diciendo y no otra cosa, en un marco religioso y político alta y francamente adverso, soportando los mismos devenires que a Ezequiel le tocó soportar y hasta pagando los mismos precios. Quien suponga que servirá al Dios Todopoderoso y saldrá totalmente ileso de la contienda, no sabe adónde se ha metido o le vendieron a un Dios manso y pacifista. Perdón… ¿No dice en tu Biblia como en la mía, que Él es Varón de Guerra? No ha existido, no existe, ni existirá una guerra en la que no haya soldados heridos, muertos y hasta desaparecidos. ¿Tengo tu permiso para darle un poco de sobriedad realista, a este evangelio tan light que nos vendieron?

He dicho en más de una ocasión a quien sea que decidiera oírme, que convertirse en un ministro genuino del Evangelio del Reino, no pasa por un ordenamiento decretado por una junta de solemnes vejestorios domingueros, sino por la propia disposición divina, que es la única que conoce nuestros corazones al milímetro. Y que cuando aparece ese ministro, la gente primero lo rechaza y lo margina, porque no encaja lo que enseña con lo que ellos suponen que es la verdad. Y que cuando el Espíritu Santo les muestra que ESO era realmente la verdad y no lo anterior, entonces comienzan a seguirlo, a alentarlo, a presionarlo y a exigirle que diga más y más verdades por duras que sean, ya que eso es lo que Dios quiere. Mientras tanto, una mayoría de ellos, claro, se quedan mirando desde lejos a ver qué es lo que le pasa a ese bocón atrevido.

Si ven que no le pasa nada y que los grandes jerarcas se ven obligados a quedarse en silencio ante lo que es una verdad revelada, entonces convierten a ese ministro en uno de esos equilibristas que solían trabajar en los circos, ¿Recuerdas?  Pasaban en la altura por un cable o una cuerda tensa, sin más ayuda que una vara larga que les proporcionaba el equilibrio y, por cualquier cosa, una red de contención más abajo impidiendo que una caída fuera mortal. Los “valientes hermanitos” han ido obligando a ese ministro equilibrista a irse cada vez más alto, a arriesgar cada día más, a retirar la red para que sea más emocionante y a decir todo eso que ellos quisieran decir, pero no se atreven. De hecho; cuando ese equilibrista tropieza allá arriba y se cae, se mata. Y lo más triste del caso, se mata solo…

Se ha hecho toda una política ministerial el servir a Dios en un marco de paz y de tranquilidad; con el reconocimiento casi unánime y el aplauso también masivo de toda la iglesia que honra y reconoce a uno de sus servidores. Mi pregunta, leyendo las distintas historias bíblicas, es: ¿De qué Biblia han sacado esa doctrina? Piensa un poco y haz trabajar ese cerebro que Dios te ha dado para que lo uses, y no para que permitas que otros usen el suyo en tu lugar. Abraham, Jacob, Isaac, Moisés, Jesús, ¿Fueron acaso personajes reconocidos, aplaudidos, honrados y venerados en su tiempo? ¿O acaso fueron hombres que vieron el peligro cara a cara en cada paso y no tanto por parte de los incrédulos, impíos y pecadores de afuera, sino por los ilustres hombres de la religión de adentro? El mismo tiempo. El mismo espíritu.

Los caldeos se conducían mediante una organización de tipo tribal. ¿Sabes lo que es eso? Un cacique o jefe que manda por sobre todos y que, de alguna manera, es el dueño de la vida y la muerte de toda su tribu, y un grupo de súbditos a los que sólo les resta obedecer y callar. ¿Te suena? Los caldeos eran politeístas (Adoración de varios dioses), y fueron en suma los creadores de la Astrología. Nada más alejado de la iglesia del Señor, ¿No es así? Sin embargo, si la examinas puntillosamente, podrás observar que, en su faz íntima, en muchas ocasiones hay un politeísmo disfrazado de sujeción y hasta el culto y seguimiento a un evangelio “mágico” que tiene mucho más que ver con la astrología que con la Palabra de Dios.

En esa tierra es donde abre su boca Ezequiel. En ese marco inhóspito y adverso es donde tiene que decir las palabras y LA palabra que Dios le ha mandado decir. ¿Trabajo sencillo? A primera vista, hablar lo que Dios habla a creyentes en Dios, parecería altamente sencillo y popular, pero: ¿Te atreverías a estimar por qué no ha sido, ni es así? ¿Cuántas veces te has ganado antipatías y enemistades por causa de haber abierto tu boca con una palabra que venía directamente del Espíritu Santo, pero no coincidía con lo que la iglesia nominal estaba predicando?

Él habla de una gran nube. Desde los tiempos bíblicos, las nubes han sido reconocidas como indicadores de lluvia, aunque en algunos textos singulares, también se mencionan “nubes sin agua”, que aparecen en el verano y cuya imagen es usada como ejemplo de algo engañoso, por ejemplo, los falsos mensajeros. También, y especialmente por las mañanas, hay nubes ligeras traídas por las brisas del mar, las cuales, al chocar con el aire caliente, se desvanecen rápidamente sin dejar rastros. A este fenómeno hacen referencia los escritos sagrados para señalar la transitoriedad de la vida y de las cosas, la falsedad de un sentimiento o un acto y, en sentido positivo, la acción del perdón de Dios que deshace el pecado

Los personajes humanos llegan, pasan y salen de la escena, pero los espíritus que los motorizan siguen firmes y adueñándose de cada uno que se encuentre vulnerable y apto. Tú, que te dices cristiano, puedes vivir dos cosas en esta vida: o permites que el Espíritu Santo de Dios conduzca tu vida, utilizando tu entrega voluntaria y tu obediencia para decir y hacer todo lo que tengas que decir y hacer, te cueste lo que te cueste en lo terrenal, o le permites ingreso a otros espíritus y entonces mucho me temo que jamás habitarás donde te aseguran que lo harás en el día postrero. Dios te hizo con una voluntad y te la respetará siempre. Así es que: TU ELIGES. Pero si te atreverás a hablar del Reino, tendrás que estar a Su altura. Definitivamente, hay un mandamiento contundente en este tiempo, y es el de hablar Hoy lo que Dios habla Hoy. Dios siempre se toma muy en serio nuestras palabras. Somos nosotros los que las olvidamos demasiado rápido…

Leer Más

Triunfo

¿Alguna vez leíste con cuidado los salmos? Me causa mucha gracia cuando todavía escucho a algún antiguo profe de teología decir que los salmos son “una hermosa expresión de la poesía hebrea”. ¿Poesía hebrea? ¿En qué Biblia leyeron que a la revelación se la denomina poesía? ¡Esto es David! Y como quiera que tú veas, entiendas o no entiendas la relación entre Dios y David, algo es más que evidente: ¡David es revelación!  Mira el salmo 19. Pero míralo sin acartonamiento religioso y sin dejarte influenciar por cualquiera sea la doctrina que te hayan metido en la cabeza cuando eras nuevo o demasiado joven como para cuestionar a quienes te enseñaban.

 Voy a leer solamente sus primeras cuatro frases, mira. Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos. ¿Cuáles son los cielos que cuentan esa gloria? Todos los cielos que existen. ¿Y cuantos son esos cielos? No lo sé, porque no ha sido dicho, pero ten presente que, si se habla en un momento determinado de un tercer cielo, es porque seguramente hay tres o más de tres, ¿No te parece? Lo cierto es que, en todos esos cielos, sean la suma o la cantidad que sean, la gloria, el esplendor, la presencia y la majestuosidad de Dios se cuentan en ellos.

Y el firmamento que anuncia la obra de sus manos, ¿Es lo mismo? No, porque el firmamento es la obra consumada, lo que ahora han comenzado a llamar la raquía. Allí ya no hablamos de Gloria, aunque la haya. Allí nos encontramos con la obra de sus manos, con lo creado, con el todo de todo. Un día emite palabra a otro día, Y una noche a otra noche declara sabiduría. Dice que día tras día vierte su mensaje y que noche tras noche da a conocer su sabiduría. Entiende bien leyendo bien y asumiendo lo que lees. No dice que es por un momento, o por varios momentos, dice que es noche tras noche, todas ¿Quién es el que puede hacer esto, acaso Dios?

Tendría que decirte que no, pero sería un contrasentido porque sabemos que Él está en todo lo hecho y por hacer. Sin embargo, lo que sí puedo decirte que a esto no lo hace directamente. Porque al comienzo te dijo que LOS CIELOS cuentan la gloria y que EL FIRMAMENTO muestra. Siguiendo sujeto y predicado, que es como hablamos nuestro idioma español, a esa palabra y a esa sabiduría, las pronuncian los cielos y el firmamento. El universo y la raquía. ¿Y cómo lo hacen, acaso con voz audible? ¿Con sonidos que puedan ser registrados por nuestros oídos terrenales?

Vamos a verlo, porque es buena la pregunta, no son pocos los cristianos que se la formulan. Aquí dice que No hay lenguaje, ni palabras, Ni es oída su voz. Esto, lo que te está consignando, es que no existe un lenguaje ni un idioma en el que la voz de ellos (Los cielos y la raquia) no sean oídas. Es decir que cuando hablamos de la voz de Dios, la voz de Cristo el Hijo o la voz del Espíritu Santo, nos estamos refiriendo a un mensaje, a un decreto, a una declaración que no tiene idioma ni lenguaje terrenal. No hay modo que el hombre carnal pueda tomar conciencia de un universo o un firmamento que habla, y mucho menos sobre qué es lo que le está diciendo.

Esto da por tierra con tanta porquería infiltrada en la iglesia como doctrina o supuesta revelación. A mí quisieron hacerme creer hace muchos años, que un candidato político a presidente de mi país, que había prometido muchas cosas a los líderes de la iglesia evangélica, era un profeta contemporáneo. ¿Un no creyente portador de la voz de Dios? Es verdad que Dios en su momento hizo hablar a una mula, la de Balaam, pero el contexto de eso era otro. Los cielos y el firmamento tienen su propio lenguaje. Y el nombre natural no lo conoce ni lo entiende. Prosigue: Por toda la tierra salió su voz, Y hasta el extremo del mundo sus palabras. En ellos puso tabernáculo para el sol; El tabernáculo, aquí, te habla de una cabaña, de una tienda que sirva para paliar el efecto de los rayos del sol.

Entonces coincidimos en que, en verdad, esto es la nube, aquella nube a la que había que seguir y no abandonarla. Quien así lo hacía, daba lugar a que se dijera: Y éste, como esposo que sale de su tálamo, Se alegra cual gigante para correr el camino. Este es el hombre. El esposo que sale de su alcoba lleno de felicidad y se alegra cual gigante, (en realidad en otra versión dice atleta corriendo la carrera y en los originales la justa: hombre fuerte.

Esta es la clave de la victoria, del triunfo que aguardamos. Primero, saber oír la voz de Dios, aunque esta venga de los cielos y el firmamento, y en un idioma que no es el nuestro. Cuando nos es revelada, eso quiere decir. Y luego, encarar la carrera con autoridad, certeza, seguridad y alegría, sabiendo que el final nos hará convertir en hombre fuerte. ¿Sabes lo que es un hombre fuerte santo? Un soldado de Dios, nada menos. Y eso da razón y argumento fuerte para que sigamos creyendo y enseñando que el Reino de Dios no es para débiles ni cobardes. Recuerda siempre: escuchar la voz de Dios sigue siendo una REALIDAD vista como fantasía. Dios no es responsable de eso.

Leer Más

Luz…       

En una de sus tremendas cartas, Pablo les recomienda a los de la iglesia de Roma que se sometan a las autoridades superiores, ¿Recuerdas? En la escritura original dice a los poderes mayores: …porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. Esto no siempre ha sido bien entendido. No son pocos los cristianos que creen que Dios es quien elige los presidentes o primeros ministros de sus países. ¡Ni se te ocurra! Te pregunto: ¿Has leído alguna historia así en ese tenor en tu Biblia? De acuerdo, en un marco monárquico tal vez sí, pero con la influencia griega en la aparición mundial de la democracia, definitivamente no. Pero entonces, si no es así, ¿Cómo es o qué significa esto que dice Pablo?  Lo que eso significa es que el despacho presidencial, el poder, la posición, ha sido elegida por Dios. Pero en sistemas como el que impera por mayoría en el mundo, al hombre, siempre lo elegirá el hombre.

De eso no hay dudas. Porque el hombre tiene una voluntad y nadie tiene derecho a manipulársela. Aunque en la realidad y utilizando métodos sucios, hoy, lo hagan…Dios estableció un sistema de gobierno para que nosotros lo usemos para que recompense lo bueno y castigue lo malo, no para que lo incentive o lo financie desde sus propias corrupciones. Eso se llama Justicia, así con mayúsculas, porque tiene sello y diseño divino. Porque hay algo que es clave y debes saberlo: todo gobierno terrenal está espiritualmente debajo de la iglesia. El gobierno de la tierra ES la iglesia. Está escrito. Ahora mira a tu alrededor, donde quiera que vivas, da lo mismo si es un país del Primer mundo, del segundo, del tercero o del último; ¿Te parece que eso es así, hoy, allí donde tú habitas? La profecía dice que cuando Cristo vuelva por su iglesia, esta será gloriosa y sin mancha ni arruga, y que estará por encima de todos los montes. Por eso Dios está levantando una generación nueva.

Con las antiguas, con el debido respeto que de alguna manera me incluye como responsable, mucho me temo que hay pocas posibilidades. Hoy hay muchos cristianos que están cansados, que se lo pasan diciendo a quienes quieran escucharlos que no se puede soportar más vivir así, que algo hay que hacer, pero resulta ser que llegan hasta allí y nada más. Ellos hablan, pero con sus vidas dejan en evidencia que no quieren ser movidos, y que tampoco quieren hacer nada para salir de ese estado latente y lleno de estupor y apatía. Vivimos en una hora donde es tremendamente importante y hasta te diría que obligatorio tener una revelación personal de la posición de Dios con respecto a nuestro planeta. Las naciones están completamente perplejas y en grave necesidad, todas, -pero todas ¿Eh?-, de un cambio profundo. Depresión económica, desempleo, desamparo, degradación y decadencia es el común denominador en casi todas las áreas de lo que llamamos nuestra sociedad, más allá de su bandera.

 Que nadie te venda paraísos terrenales inexistentes, no los hay. La tierra sufre. El hombre que la habita, también. Nuestra seguridad personal, algo que el hombre moderno tiene cada día más en cuenta, vive amenazada en mayor o menor medida por lo delictivo. Hay un temor social que va creciendo, una total falta de compromiso en la humanidad en su conjunto y nadie parece intentar producir cambio en nada. Si lo rotulamos desde nuestras expresiones más populares, hay un alto espíritu de apatía reinando. La tecnología tiene enorme prensa y parece ser la gran estrella de la existencia, pero la realidad nos muestra que esa ultra promocionada ciencia todavía no ha logrado modificar nada de lo que verdaderamente es negativo. Las naciones no tienen una visión clara, ¡El mundo entero no la tiene! Sólo un detalle: Dios hizo una gran inversión en lo que hoy es este desorden. Hace mucho tiempo, Él observó algo igual y simplemente dijo: ¡Sea la luz! Y la luz fue.

Pregunto y me pregunto: ¿Será muy aventurado, fantasioso o místico decir que hoy Dios sigue mirando la tierra que está todavía más desordenada que nunca, y que sigue diciendo: ¿Sea la luz? No, y te digo por qué: Porque Él dijo que la iglesia sería luz del mundo, ¿Verdad? Y cuando Él dice Mundo, dice lugar, dice gente, dice sistema. Cuidado; estoy hablando de SU iglesia, que es algo así como hablar de SU cuerpo de representantes en la tierra. Nada que ver con eso que más de una vez has visto y criticado. Eso no es iglesia, eso se llama Babilonia. Es la mejor imitación que Satanás y sus demonios encontraron para confundirnos, pero sigue siendo imitación falsa, aunque tengamos que reconocer que le funciona. Lo cierto es que nosotros, debo advertirte, no estamos aquí para escapar a una realidad de una comunidad herida y doliente. No podemos reducir a Dios a una simple experiencia.

Y tampoco podemos reducir una experiencia a una doctrina. Porque todos los credos y las denominaciones nacieron basados en una experiencia; y terminaron ¿En qué? En una doctrina… Que no te quepa ninguna duda que el mundo secular espera más, mucho más de nosotros. Quien no lo vea así, haría bien en sumarse a ese mundo, ya que me temo que aquí con nosotros está estorbando. Pero el que crea que Dios tiene poder suficiente como para cambiarlo todo, quédese, pida revelación, dirección y luego haga lo que el Espíritu Santo le diga que tiene que hacer, le cueste lo que le cueste. Así ha sido nuestra historia desde siempre. Nadie dijo que estos sean tiempos de celebraciones o comodidades. Siguen siendo tiempos de guerra, de una guerra que los de afuera, en su incredulidad impía e ignorante, no conocen ni creen, pero también una guerra que los de adentro, o sea nosotros mismos, tampoco hemos sido capaces de enseñar como se pelea. Por tanto, si es verdad que Dios es Luz, tú, uno de sus hijos/as, eres un iluminado/a.

Leer Más

Gobernadores

Hoy quiero dejarte una reflexión distinta de lo que normalmente enseñamos. ¿Cuántos saben que el Espíritu Santo no tiene metodología alguna a la hora de darte algo? Es una parte de algo espiritual, que justamente los que dicen ser espirituales, han abandonado en curiosa mayoría. La mayor parte de nuestra gente se ha quedado embelesada en el ruido, en la celebración, en los gritos de júbilo y también en algo de ignorancia con respecto a lo que verdaderamente la rodea. Algunas estadísticas nos van a ubicar en el tiempo presente como gente madura y seria, y no como loquitos místicos. Vivimos, en medio de una generación vacía y sin moral, que produce toneladas de desastres ecológicos, orfandades de todos los calibres y pobreza. Mucha pobreza. Vergonzosa, deleznable y humillante pobreza.

Millones de niños son impulsados al dolor por causa de padres que sólo persiguen su propia comodidad, mientras dejan de lado o sencillamente olvidan sus mínimas responsabilidades. Millones de mujeres claman por tener derecho sobre sus cuerpos, mientras expulsan de ellos sin ruborizarse vidas inocentes. Esto último sin conocer, obviamente, las implicancias que eso tiene a corto, mediano o largo plazo tanto en su propia vida física, como en la emocional y esencialmente en la espiritual. Millares de programas televisivos denominados “debates públicos”, sólo toman verdades y leyes absolutas y exponen al mundo las que son sus opiniones personales o sectoriales, produciendo un poder eminentemente egocéntrico, que convierte todo esto en legendarias puertas de un Hades adherido a un espíritu humanista.

Una generación definitivamente confundida que, como aquella de Sodoma y Gomorra, no conoce su verdadera identidad. El resultado está a la vista y es de dominio público aunque resulte casi anticuado y falto de diplomacia mencionarlo: hombres que no saben si son mujeres, mujeres que no saben si son hombres, y un gran grupo intermedio que se propaga rápidamente, en medio de una gran indecisión entre los dos conceptos, declarando un nuevo estilo de vida alternativo. Por si esto no fuera suficiente, el sesenta o setenta por ciento de los matrimonios, (Al menos en Argentina, mi país, que es lo que conozco mejor); cuando se producen, son concretados sin la bendición de Dios. Cuidado; no estoy hablando de ceremonias, templos, ni ropa de gala; hablo de bendición divina, genuina, por pacto mutuo. Y eso, cuando se casan, porque una enorme mayoría opta por la convivencia en pareja sin documentación alguna, como evidencia de un adelanto de las costumbres. ¿Es realmente así? ¿No esconde eso otras cosas? ¿Se debe tomar esto como libertad o como terror al compromiso? ¿Libertad o escapismo a las responsabilidades? No interesa, es el modernismo, es lo que se usa y nadie lo discute. Y el que lo hace, mencionando el diseño de Dios, queda como cavernícola o algo peor.

Un sistema educativo que abandona la moral y los principios básicos de cualquier sociedad más o menos organizada, más la validez del conocimiento, para inducir entendimiento al llamado “sexo sano”, que no es otra cosa que aconsejar que: “Si lo vas a hacer, hazlo bien, para que no caigas en responsabilidades mayores”. Un estilo de vida desleal que rebaja estandartes para conseguir una apariencia hipócrita que no tiene sustancia: humanismo. El resultado no vale la pena describirlo para no caer en derrotismos innecesarios. Adicciones, muertes, degradación, promiscuidad. Creo que todo esto bien vale un desafío puntual a todos los que dicen o decimos ser creyentes. Un desafío como la iglesia que somos, es verdad, pero también de modo individual, familiar, directo y personal.

La gran pregunta es si verdaderamente estamos en condiciones de aceptarlo. No por cobardía o temor al fracaso, sino por considerar con responsabilidad si realmente tenemos las armas morales para hablar de moral. Creo que debemos hacer algo. Lo primero, aprender a pensar en lugar de permitir que otros piensen por nosotros. Eso, que tan profusamente ocurre en todas las latitudes, tiene un nombre genérico e internacional, se llama Mediocridad. Y los hijos de Dios no somos ni podemos ser mediocres. Después, encarar todo con sobriedad, que no tiene nada que ver con acartonamientos ni solemnidades caducas. Aquel rey llamado Salomón, que no terminó su vida siendo precisamente un virtuoso, sin embargo, pudo escribir en su etapa de fidelidad e inspiración, un proverbio que dice que Cuando los justos dominan, (Aumentan, Abundan), el pueblo se alegra; más cuando domina (o Gobierna) el impío, el pueblo gime. Creo que pretender explicarte esto, sería una ofensa a tu entendimiento, discernimiento e inteligencia. Es muy claro.

Más allá de toda ideología o politiquería terrenal, Dios te dice que cree que el justo puede gobernar. Entonces nos cabe pensar que tiene que haber una posibilidad, una manera, una forma, una vertiente que haga factible que los justos tengan esa autoridad. Porque si realmente fuera imposible, Dios no les hubiera hecho escribir eso. Dios no malgasta palabras. Obvio que, si me dejas pensar en voz alta, te digo que tengo una profunda certeza que la solución no pasa por afiliarte a ideologías o a grupos políticos ya existentes. Tampoco crear fuerzas nuevas, pero indefectiblemente adheridas al sistema perverso actual. Eso sería como colocar una fruta sana en una caja llena de frutas…no tan sanas, ¿Se entiende? Ya vimos esto. ¿Y entonces? Clamar para que cada justo en la tierra donde Dios lo hizo nacer, tenga la luz suficiente para ver la salida, la solución sin pasar por ninguno de los dos caminos aborrecidos: el de los impíos y el de los religiosos. Como dice la Palabra, ni a derecha ni a izquierda. En Cristo. Nada menos. Tengo certeza que, de un modo u otro, estamos destinados a ser en algún momento, una iglesia gubernamental.

PD: A esta última frase, la enseñé por primera vez, hace ya treinta años…. Nadie me creyó. ¿Y hoy?

Leer Más

Llave

¿Nunca te ocurrió que de pronto llega alguien con más experiencia, conocimiento y jerarquía que tú, y te larga en el rostro que, si de verdad eres creyente, tienes que tener sí o sí el poder de Dios manifestado en tu vida y en todo lo que hagas en y con ella? Es bastante frecuente, porque ese argumento suele estar en los bosquejos de la mayor parte de los predicadores que andan por la vida llevando pujanza, aliento y buenos deseos para todos los hombres y mujeres que los escuchan. ¿Y cómo reaccionamos mayoritariamente? Con decepción, porque nos sentimos enormemente lejos de ese requerimiento. Una vez más, si leyéramos la Palabra de Dios con entendimiento y no para cumplir con una fórmula, tendríamos la llave que abre esa puerta.

Te lo sintetizo lo más que pueda. Lucas dice, en el principio de lo que escribe, que el ángel que anunció a María su increíble futuro, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios. Listo; Jesús fue engendrado por el Espíritu Santo y por ese motivo fue llamado Hijo de Dios. Ese fue el Primer paso. Pero es notorio que con eso no fue suficiente. Más adelante Lucas nos cuenta que: Aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió, y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.

Ese fue el Segundo paso. Aunque a muchos creyentes fieles y sinceros esto les puede haber parecido decididamente innecesario, el caso es que Jesús, además de ser engendrado, en este episodio de su vida también es lleno del Espíritu Santo. Que vendría a ser un equivalente a ser Sumergido en esa presencia divina. ¿Ahora sí? ¿Ya estaba todo bien? No. Faltaba un Tercer paso que Lucas relata así: Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días, y era tentado por el diablo. O sea que no había terminado de secarse la ropa mojada del agua del Jordán, cuando el mismo Espíritu Santo se lo llevó al desierto, donde lo esperaba la gran prueba de su vida. Y te reitero esto que no siempre se ha enseñado o aprendido bien: Al desierto de esa tremenda prueba, a Jesús lo llevó el Espíritu de Dios, no Satanás, como muchos gustan de creer.

Cuarenta días estuvo allí, padeciendo todas (¡Sí, todas!) las tentaciones máximas que un ser humano, en su alma y en su carne puede vivir. No me preguntes como pudo ser posible eso en un sitio así porque no sé darte una respuesta sólida, pero lo cierto es que evidentemente fue así porque así quedó escrito: Tentado EN TODO. Y cuando hubo pasado esa prueba, Lucas lo describe así: Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos. Lo que aquí no se consigna con claridad, pero con el transcurso del relato quedará implícito, es que fue en este momento donde Jesús de Nazaret comenzó su ministerio en la tierra. Será de aquí en adelante donde se sucederán las señales, milagros y maravillas que él ejecutó en su vida.

Hasta aquí sé que estamos de acuerdo en todo lo relatado que lo vivido por él, pero la gran pregunta que nos queda implícita, es: ¿Qué tiene que ver esto con nuestra falta de poder divino? Tiene que ver en grado sumo, porque la llave que abre la puerta a ese poder, está en esta parte de la historia que cuenta Lucas. Primero, Jesús es engendrado por el Espíritu, al igual que lo fuiste tú cuando aceptaste a Cristo como tu Salvador y lo convertiste en Señor de tu existencia. Eso te llevó a regenerarte y nacer de nuevo. Luego Él fue llenado por el mismo Espíritu, tal como puedes serlo tú, cuando eres obediente. Jesús lo fue, aunque no necesitaba esa llenura, pero tú sí que la necesitas sí o sí. Luego, si eres dócil, aunque espiritualmente te sientas por las nubes, igualmente vas a aceptar ser llevado al desierto de tu propia prueba personal, donde también serás tentado y confrontado por la oscuridad y la tiniebla.

Y, finalmente, cuando hayas salido victorioso de esas tremendas pruebas que Dios ha permitido para tu entrenamiento, volverás a tu vida normal, pero con una gran diferencia al tiempo anterior, porque lo harás en el poder del Espíritu. De hecho, deberás tener cuidado y prudencia, porque nadie va a pedirte que sufras exprofeso como paso obligatorio para adquirir poder. No, de ninguna manera A eso lo hacen los brujos y los satanistas, pero nunca jamás nosotros. Tú simplemente vas a dar gracias, todos los días de tu vida, por todo lo que Dios permita que suceda en ella, con la certeza plena que, cuando todo eso no muy agradable termine, la victoria sobre todo lo que se te cruce será una realidad digna de ser vivida. Esa es la llave, la gran llave que abre la gran puerta. Y tú ya sabes que Puerta, en la Biblia, siempre es Autoridad.

Leer Más

Carácter

Este fragmento supongo que lo recibí para que tú, que andas por la vida con un vacío íntimo y profundo que solamente tú conoces, que no sabes definir, y que no puedes compartir con nadie porque te da vergüenza, puedas cambiar tu realidad hoy mismo. Yo ya sé que eso que estás viviendo no te permite sentirte en victoria, como se supone que debería ser para alguien que se dice públicamente cristiano, pero ahora tengo la certeza que hoy recibirás una palabra divina que cambiará todo eso para siempre. Tú y yo sabemos, (Aunque no te conozca y jamás te haya visto), que hay momentos en que el miedo te impacta y te paraliza. También tengo certeza que ya te enseñaron de donde proviene ese miedo, pero igualmente no puedes ni siquiera pelearlo y mucho menos vencerlo.

Es una rara mezcla de temor a perderte, a pecar de manera horrible, incluso a morirte, en fin, como normalmente se suele decir en estos casos, llegas a tenerle miedo al miedo. Y allí es, justo cuando te estás sintiendo así, cuando aparece alegremente el gran cristiano de todos los cristianos que, con un gesto de omnipotencia y hasta indisimulada superioridad, te lee en su Biblia ese pasaje que dice: …en el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. Y la consecuencia inmediata de este pintoresco seminario bíblico, es que ese disimulado temor que sentías, ahora se te convierte en terror. Porque a pesar que no eres un creyente modelo ni mucho menos, y que estás cada día vapuleado por todas las tentaciones que se te ocurran imaginarte, ahora te estás enterando que tampoco tienes el amor suficiente como para vencer ese temor. Y tú pregunta surge en el acto: Pero; ¿Quién tiene esa clase de amor?

Entonces casi de manera vertiginosa, evalúas tu vida en todas las áreas más importantes. Por ejemplo; si eres hijo, amas a tus padres, de eso nadie tiene dudas. Ni ellos ni nadie que conozca a tu familia de cerca puede tenerla. Porque si también eres esposo, amas a tu esposa sin ninguna duda y estás seguro que eso es para siempre. Si eres esposa amas a tu marido y nadie podría ni en broma ponerlo en duda. Y ni hablar de si estás en noviazgo, porque en ese caso amas casi desesperadamente y no ves la hora que eso tan potente que sientes se convierta en convivencia definitiva y eterna. Y que cuando te queda tiempo, también sabes amar en el plano social, ya sea a los que menos tienen, como a los que necesitan contención o afecto, y a eso también lo has manifestado públicamente sin problemas.

Como resultado de esta evaluación, surge que eres un ser humano normal con un bagaje de sentimientos absolutamente normales. Y entre esos sentimientos, indudablemente que figura el amor. ¿Y entonces? ¿Qué es lo que te falta para tener eso que dice ese pasaje de esa Biblia que te leyeron, y que te servirá para vencer tus temores? Justamente, lo que te falta es obediencia a un mandamiento muy sencillo que suele pasar casi desapercibido: el de escudriñar la Palabra de Dios, que es sinónimo de investigar, de algo así como buscarle cinco patas a un gato que todo el mundo dice que tiene cuatro. La vida de un cristiano no empieza y termina en aceptar a Jesucristo e invitarlo a morar en su corazón. Ese es el primer paso de fe, pero no el único. Y mucho menos el último. Así como haces esfuerzos espirituales y carnales para no matar, no robar, no fornicar y no nada de lo que te dijeron que no, así también deberías ser obediente a los mandamientos menores.

El de escudriñar lo que llaman la Palabra de Dios, por ejemplo. Porque créeme que, si lo hubieras hecho, con muy poco esfuerzo te hubieras enterado, y sin necesidad de estudiar teología superior, que el amor del que se habla en eso que te leyeron, no es el amor filial, (Que en el griego bíblico se lee phileo) el que une a padres, a hijos. Y también a hijos con sus padres, así como tampoco del de esposos o novios. La traducción más amplia y que abarca muchos aspectos de la palabra que allí se traduce como Amor, es carácter. Algo así como el carácter de tener la certeza de ser un hijo de Dios por decisión y parte de su Reino con derecho a herencia. Eso significa Agápe. Nada que ver con Phileo que es el amor que más conocemos.

Cuando tú sabes, que sabes, que sabes, que eres un hijo de Dios y miembro de su familia real, como resultado de haberlo aceptado como Señor de tu vida y creerlo todos los días dónde y cómo quieras que te encuentres, entonces también sabes que sabes que Su poder es también el tuyo cuando lo necesites. Y cuando tomas conciencia de eso, tu enemigo pierde influencia en tu mente, y te conviertes en un guerrero de manos limpias, pero de armas tremendas, que no puede temerle a nada de lo que en esta tierra pueda despertar temor. Trabajo, salud, seguridad, estabilidad, felicidad. Cuando el inconmensurable amor de Dios produce en ti esa certeza, allí es donde compruebas que efectivamente, esa forma de amor, ese carácter imponente, echa fuera de tu vida todo temor. Y para siempre. ¿Verdad que esto cambió tu día? Me alegra de sobremanera, porque que hoy una palabra divina cambie tu día, es confirmación que una suma de palabra ungida cambiará tu vida. Y tengo certeza que hoy has comenzado a caminar en esa dirección. Por eso, y a modo de cierre onda parábola, es interesante asegurarte que el único temor que te está parcialmente permitido, es el Temor de no Tener Miedo a Nada.

Leer Más

Aniversarios

Prosiguiendo en estos días con esta línea coloquial, cordial, totalmente apartada de la ceremoniosidad solemne que la mayoría de los ministros le otorgamos a los textos cristianos clásicos, quiero referirme a las fechas de cumpleaños. Como ejemplo válido, tú cumpleaños o el mío. De hecho, te cuento que la única cosa distinta que suelo hacer en un día de cumpleaños, es orar a primera hora de la mañana dando gracias por un año más vivido y poniendo en sus manos el que comienza a transcurrir. Después, claro, vendrán saludos del clan familiar mayor, intermedio y menor. Y todo estará bien. Porque, así como sé que nací en este lugar del mundo, en este tiempo y bajo estas características, también sé que he vivido, estoy viviendo y viviré todo el tiempo que mi Padre considere conveniente o necesario, para cumplir lo que Él desea que yo haga. Mi vida, como las de todos ustedes, es un simple ciclo divino. Comenzó cuando Dios quiso, (Y no cuando a mis padres se les ocurrió, que es lo que luego la disciplina griega escolar y supuestamente social, nos enseña), y concluirá cuando Dios diga, no cuando al enemigo le parezca.

Cumpleaños. Conozco gente que, como vulgarmente se dice. “tira la casa por la ventana” para su cumpleaños. Se lo hace saber a través de todas las redes a las que tiene acceso, a todo el planeta que lo rodea y espera, con paciencia y altísima ingenuidad acompañada de alto ego, en ese día clave, que todo ese planeta venga a rendirle homenaje y tributo. Grande es su desasosiego cuando descubre que ese planeta no sólo no se acuerda de su cumpleaños, sino que ni siquiera parece tenerlo en cuenta más allá del número de habitante y consumidor de recursos que representa en las estadísticas. Cuando el hombre se ve a sí mismo como el centro de todo, el Verdadero Centro se encarga de sacudirlo y volverlo a la realidad. ¿Y cuál es la realidad? Secularmente, que sólo es uno más. Espiritualmente, Dios dice que somos algo más que uno más…

Algunos amigos, alguna vez me regañaron por mi desaprensión cumpleañera. Me aseguraban que era una fecha muy importante y que no debía minimizarla. Casi me convencieron y empecé a pensar que yo era demasiado cerril y huraño, onda cavernícola, quizás. Cuando llegué a la iglesia y fui parte de las celebraciones de cumpleaños de los principales líderes de la congregación, aunque no en la misma medida de sus miembros rasos, entendí y de verdad pensé, que iba a tener que modificar mi pensamiento. Pese a no entender el motivo por el cual la iglesia estallaba en celebración cuando cumplía sus años el pastor o su esposa y ni se enteraba cuando el que los cumplía era el portero o ese anciano ujier. ¿Iguales ante los ojos de Dios? Sí, pero sólo de palabra…

Hasta que un día, leyendo mi Biblia, me di cuenta un mínimo detalle que, en un principio, no formaba parte nada más que una de las pequeñas perlas que me seducía encontrar, pero que luego empezó a tomar mayor dimensión hasta concluir en todo un principio a tener en cuenta. En la Biblia encontramos relatos de todo color y dimensión, así que también están los que podríamos denominar como sociales. En ese rubro, con las bodas de Caná como ejemplo y el tremendo milagro del agua convertida en excelente vino, podemos ver que las bodas se celebraban y a lo grande. También los nacimientos y hasta los funerales. En algunos de estos casos, con parrandas y festicholas de varios días seguidos. Pero sólo pude encontrar muy pocos relatos relacionados con alguna celebración mayúscula de alguien por causa de su cumpleaños, y siempre referida a reyes, faraones o emperadores.

 Eso me llevó a entender que debe ser algo muy importante para nuestras vidas, pero que en el ámbito espiritual no lo es tanto como suponemos. Supongo que, para Dios, todavía un día es como mil años y mil años como un día, ¿No te parece? Y yo soy uno de sus hijos, así que… ¡Y ni hablar los pasteles y las velitas! Si supieran lo que significa y de donde provienen, las eliminarían de sus costumbres, ya mismo. Si saco a mi cumpleaños de la óptica de la misericordia de Dios que me permite seguir respirando y desandando este mundo, en lo personal, no le encuentro mérito alguno. No soy responsable de haber nacido el día que nací, de vivir todos los años que he vivido, así como tampoco de hacerlo con todos los que mi Padre quiera dame de aquí en más.

Con apenas esto en mente y sin tener ninguna planificación cierta elaborada, dejándole al Espíritu Santo que lo haga como a Él se le ocurra y quiera, quiero utilizar esta carencia de estructuras de cualquier calibre, que en contra de toda lógica humana y de edad cronológica, para referirme a lo que hoy por hoy es mi mayor ocupación: introducir el Reino de Dios en la tierra. Y no como un iluminado especial y singular elegido para tal efecto, sino como un hijo de Dios más, que fue salvado por gracia y misericordia, sólo para que pase a formar parte activa de un Reino que tendrá, como mayor tarea, desalojar al usurpador que hoy lo tiene cautivo, y devolver el reinado a quien verdaderamente le corresponde por derecho de eternidad.

Aquí es cuando, seguramente, alguien vendrá presuroso a preguntarte: ¿Y quién se supone que eres tú, para que te arrogues la calidad de ser uno de quienes introduzcan el Reino de Dios en esta tierra? Todavía me quedo sin saber muy bien qué responder ante esa clase de confrontaciones, aunque debo aclarar que las he oído tantas veces…Claro está que, si tomamos como válidas todas sus credenciales y documentaciones eclesiásticas, la pregunta tiene absoluta razón de ser, porque yo vendría a ser algo así como un pikle, (Conserva de verdura en vinagre) insertado en un budín de Navidad, o un claxon o bocina, formando parte de la consola de mando de un avión ultra moderno. Absurdo e innecesario. Sin embargo, de momento en que es Dios y no estos buenos muchachos el que está al frente real de ese Reino, su idea y mentalidad sobre el asunto es, (Gracias y gloria a Él), muy distinta a sus supuestos representantes. Lo cual sería más que hipócrita si te dijera que no me alegra. Ven y sígueme. ¡Qué tres palabras! ¿No? Dejemos que todo fluya como el Espíritu quiera. Sólo déjame decirte que introducir el Reino de los Cielos tiene un documento singular de identidad para quien lo ejecuta: Anonimato.

Leer Más

Antecedentes

Hay gente, (Que no es poca, lamentablemente), que piensa que, si un animal no tiene pedigrí, no tiene valor alguno. Y que es lo mismo que sucede con un hombre o mujer que no tiene currículum. Eso no es ninguna novedad para mí, hoy está en plena vigencia ese pensamiento. Una cosa es un hombre con currículum y otra cosa es un hombre sin currículum. Si lo tienes y lo presentas ante una empresa, posiblemente tendrás un trabajo. Si no lo tienes y no puedes presentar nada más que tus buenos deseos y tu necesidad de trabajo, quien sabe qué será de ti laboralmente. Ahora bien: si tú eres un creyente que ha ingresado al servicio en el Reino de Dios, tengo una noticia para ti. La Biblia dice que necesitas de un currículum especial para ser aceptado como miembro activo e integrante de ese Reino.

¿Qué? ¿De verdad dice eso? ¿Acaso un Doctorado en Teología? ¿Un Master en Divinidades? ¿Un Post grado en universidades en las materias relacionadas con la teología sistemática? ¿Cursos en distinguidos seminarios? Ni lo sueñes. Eso es lo que el hombre ha inventado para reemplazar las exigencias del “jefe” de este Reino, que viene a ser el Rey mismo. Y de la misma manera en que se debe ser muy cuidadoso a la hora de elaborar un currículum con el que esperas acceder a un puesto de trabajo, así también será en tu vida de creyente. El currículum es la tarjeta de presentación del solicitante y Dios necesita contar con ella. Me parece estar oyéndote. ¡Ah, no! ¡A esto no me lo han predicado nunca! No le hace. ¡Son tantas, pero tantas las verdades auténticas que no nos han predicado! No quita que siga estando escrito en la Biblia y que sea una verdad indestructible.

De todos modos, siempre habrá alguien que te mire con curiosidad no exenta de compasión, ya que creen que te estás volviendo rematadamente loco. ¿A quién se le ocurriría pensar, y mucho menos decir o pretender enseñar, que en la Biblia se habla de currículum? Pero sí se habla, y ahora lo vamos a comprobar. Veamos: ¿Cómo es que se elabora un currículum? Se toma en cuenta el resumen de los datos personales, académicos y profesionales de una persona, y se los inscribe en una especie de lista ordenada. Muy bien, pero: ¿De qué se trataría, si es cierto que existe, un currículum de creyente, si tenemos en cuenta que no estamos hablando de estudios intelectuales formativos sistemáticos al respecto? Exactamente de lo que hemos estado intentando mostrar: condiciones, valores, puntos clave. ¿Y eso de que nos sirve? Casi nada. Nos sirve como salvoconducto para entrar al Reino de Dios, servirle y ser parte activa de él.

 Entonces, es obvio que eso no se consigue inscribiéndose como miembro de una iglesia evangélica.  De acuerdo, admito que esa ha sido durante muchísimos años la enseñanza clásica en cualquiera de nuestras congregaciones. Está en todas las doctrinas denominacionales y aún hoy, cuando alguien dice otra cosa, despierta antipatías en personas bien intencionadas y sinceras, pero también: sinceramente equivocadas. No son pocos los cristianos que, en su intimidad, no dejan de pensar que el día que pasen a la eternidad se van aburrir como ostras, porque… ¿Qué se supone que hagan en ese “más allá”? ¿Te das cuenta lo que queda de nosotros cuando se nos saca el hacer, ¿Verdad? Mal que les pese a los que jamás han aceptado lo que la misma Biblia enseña y han preferido quedarse con doctrinas humanas que poseen más lógica y “pies sobre la tierra”, el Reino de Dios es aquí y ahora, ya que eso es lo que tanto Jesús como los otros predicaban.

 ¿O no decían que el Reino de los Cielos se había acercado? Por lo tanto, si el Reino no es una nube con arpa, camisón blanco o lira, y aun aceptando como válida y seria esa casi ridícula enseñanza, ¿Cómo entendemos que en un momento dado se acerca a ti demandándote arrepentimiento para perdón y redención? ¡Oh! ¡Somos tan ingenuos! Y lo peor es que nos hemos convencido de que ingenuidad es sinónimo de fe en lo invisible. Fui bastante generoso y elegante al decir ingenuos ¿Verdad? Entiende: Dios, a lo largo de toda la Escritura, (Que, aunque haya sido delineada por hombres y mujeres de distintas épocas, clases sociales y culturas, es inspirada por Él), se encarga de enseñarte cuál es la clase de fe que te vincula a Él y cual no lo es.  Por ejemplo: cuando te hace decir que es maldito el hombre que confía en el hombre, no es para que tú te conviertas en un pesado, odioso y agrio desconfiado, sino para que no pongas a ningún hombre en primer lugar en tu vida creyéndole todo lo que te dice sin pasarlo por su Palabra.

Los miembros permanentes y activos del Reino de Dios son gente que ha sido levantada por Dios mismo, (Recuerda que, según sus propias palabras, suele ser mayoritariamente lo vil y lo necio para avergonzar a lo sabio), que han aprendido obediencia fiel a los decretos del Rey y que deben contar con ciertas condiciones muy singulares. La Biblia en todo su contexto, te entrega las bases suficientes para que armes ese currículum que Dios exige a quien desee servirle. Jesús lo tuvo. Y Él no provenía de ninguno de los sacerdocios conocidos, sino del de Melquisedec, uno sin ninguna preparación ni capacitación intelectual o terrenal.

De hecho, esta es una asignatura pendiente dentro de la iglesia en su conjunto. La infiltración griega en el evangelio ha sido tan pesada que influyó grandemente a que el intelectualismo académico se adueñara de casi todos los púlpitos considerados más importantes. Sin estudios serios e importantes de teología, (No hablo de cursos, hablo de carreras o materias), es casi imposible para un creyente acceder a una posición jerárquica eclesiástica. Y tanto peso tiene eso, que son realmente muy pocos los que se atreven a cuestionar esa postura. Yo soy uno, pero casi onda de aquel que clamaba en el desierto. ¿Es que nadie recuerda que es el Espíritu Santo el que nos guía a toda verdad, y no un seminario o universidad por alto prestigio que tenga? Recuérdalo siempre: Dios no levanta a los capacitados, Dios capacita a los que va a levantar.

Leer Más

Un Arma Contundente

En una ocasión fui testigo de una discusión entre un pastor y un miembro de su congregación. A los reproches consabidos que le estaba haciendo el hombre, el pastor le respondió con algunos argumentos y de pronto le dijo: ¡Usted no tiene conocimiento porque no lee la Biblia! Era verdad. Yo conocía al confrontador y eso que le dijo era verdad. El hombre oraba poco y nada y casi no leía la Biblia. Lo único que lo definía como cristiano, era que iba a la iglesia regularmente. Creo que allí fue donde me pregunté con preocupación y alta seriedad por primera vez: ¿Era suficiente con congregarse para ser un buen cristiano? No. En ese momento tuve solamente la primera parte de la respuesta divina. Muchos años después, tendría la segunda que no sé si será la última. Congregarse es bueno y necesario, pero no siempre es sinónimo de asistir a un templo semanalmente. No alcanza para crecer y madurar como creyente, y hay casos en que lo obstaculiza.

Si el creyente no ora y no lee su Biblia, muy difícilmente pueda crecer y madurar lo que se requiere de Él para ser parte del Reino de Dios. Y allí es donde nos encontramos con respuestas y reacciones que seguramente no te serán desconocidas. Cristianos que no saben cómo orar mucho más allá de repetir textualmente el Padrenuestro o bendecir a su madre, su padre, su esposa o esposo, sus hijos, al perro y al gato antes de cada comida. Que no sería censurable si formara parte de un contexto más profundo de oración, pero que sí lo es cuando se limita solamente a eso y como para cumplir con formulismos o metodologías casi mágicas. Hay gente que encara la oración de fe como si fueran sentencias mágicas o de corte oriental para supuestamente conseguir sí o sí una respuesta favorable de un Dios al que casi no conocen. Todos hemos visto y sabemos esto, pero no es de esto puntualmente de lo que hoy voy a hablar.

Hoy voy a hablar de nuestra necesidad más que obligación de leer la Biblia. Sé que más de uno se ha preguntado con bastante sinceridad y pudor, para qué tiene ese libro en su casa, (O más de un ejemplar), si casi no llega a abrirlo más que cuando lo hace en alguna ocasión en el templo donde se le pide que lea algún versículo como parte del orden de culto. El Señor me ungió como maestro y amo la Palabra de Dios, y hasta donde yo sé, el único sitio gráfico en el que la palabra de Dios está escrita, es en ese libro que conocemos como La Santa Biblia. (Lo de “santa” corre por cuenta de los monjes que añadieron ese adjetivo. La Biblia no es ni santa ni profana, es un compendio de escrituras que constituyen la palabra de Dios que deben ser leídas, aquí, sí, por los santos del Dios altísimo, es decir, tú, yo y todos los que decidan y deseen serlo.

El gran tema está en qué es lo que debemos leer de esa bendita palabra. Mira; si tienes una relación  fluida con el Espíritu Santo, seguramente no necesitas preguntarle a nadie eso, ya que es el propio Espíritu el que te da letra a cada tiempo, a cada día, a cada momento. Si no tienes esa clase de relación espiritual, entonces debes decidir por ti mismo, con tu propia mente a veces más y a veces menos carnal. Y aquí viene el gran problema. Cuando es el intelecto el que decide, las rutinas tradicionales llevan a las personas a comenzar la lectura bíblica como se empieza la de cualquier libro, por el primer capítulo. Conclusión: empiezan por Génesis. Definición: superados los primeros capítulos de la conformación maravillosa de la Creación, cuando comienzan a surgir los primeros personajes, generalmente se cansan, se aburren y abandonan. Y ni hablar de los que eligen libros como Números o Levítico.

¿Qué recomiendo en casos así? Juan. El evangelio de Juan. ¿Motivos? Varios, pero uno en especial: es el único evangelio que no es cronológico y no relata repetitivamente con los restantes la vida y ministerio de Jesús, sino que sin respetar tiempos ni orden de los sucesos, escribe  lo más sustancioso de ese tiempo y lo que conforma una de las revelaciones más profundas y contundentes del Espíritu Santo a un hombre. No quiero leerte todo de un golpe para que se te grabe, quiero compartir cuando mi sentir espiritual así me lo demande, cada porción, cada letra, cada texto de ese evangelio. No quiero ya depender de las viejas rutinas de capítulos y versículos. Quiero entender y pensar que cuando te cite un texto de este evangelio, tomarás tu Biblia, lo buscarás y lo hallarás sin la cómoda y tradicional costumbre de tenerlo todo servido en tu mesa espiritual de alimento.

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. ¿Cuántas veces leíste esto? ¿Cuántas veces te lo leyeron, formando parte de alguna enseñanza o predicación? Trataré de no caer en una “argentinada” tradicional, que es la de ser exagerados. ¿Me crees si te digo que yo en lo personal no menos de cincuenta veces? Y no sé si no me quedo corto. Y al igual que mucha gente que conozco o he conocido, hasta que no escudriñé de verdad, entendí muy poco y nada de esta frase. Y mucho menos porque me sonaba casi una repetición de Génesis, y a eso ya lo sabía. O al menos pensaba que lo sabía. ¡Pobre del cristiano que crea que ya sabe todo y que hay muy pocas cosas que lo puedan asombrar! Si alguno de nosotros piensa algo así o parecido, tiene que saber que en este mismo momento es cuando empieza a declinar y a morirse espiritualmente. Nadie puede saber TODO. No cabe en estas mentes nuestras, no cabe. Escudriñar, que es investigar, buscar lo que está escondido, es un MANDAMIENTO, no una sugerencia o una opción caballeresca.

Lo primero que tienes que saber, es qué, Principio, en realidad es Diseño, Croquis, Modelo, Patrón, Esquema. Y que Verbo, en verdad es Logos, que es como decir algo dicho conforme al pensamiento, discurso, razonamiento, cálculo y expresión divina. Si en este caso no es Dios Padre y aún no estaba allí el Espíritu Santo, ese Verbo es Cristo. Si vuelves con esos rudimentos conocidos a leer la frase, algo se te mueve por dentro. No creo que yo haya sido el único al que le sucedió eso. Porque una cosa es lo que la tradicional y amada Reina Valera nos dice, y otra es decir que En el Diseño divino, era la Palabra, Cristo, y la Palabra era con Dios y la palabra misma, o sea Cristo, era Dios. Y Cristo, nos dice, estaba en ese Diseño y formando parte activa de Él, con Dios.

La primera pregunta que te surge cuando lo ves de este modo, es: ¿Por qué Dios se preocupa de dejar constancia por escrito que en su diseño está el Logos; el Verbo, la Palabra. Simple: porque es la esencia fundamental de su poder. ¿Cuántas veces lees en el Génesis la pequeña frase “y dijo Dios”? No las he contado, pero son muchas, en realidad para dar paso inmediato a casi todo lo que creó. Por ejemplo, nada menos que la luz, que es su propia esencia. Él simplemente dijo Sea la Luz, y la Luz fue. ¿Por qué apareció esa Luz? Porque Dios lo dijo, y porque su Palabra en decreto tiene poder. Mi pregunta inmediata, entonces, es: ¿No somos nosotros imagen y semejanza de Dios? Lo somos. Imagen corporal, sólo por Jesús, única expresión visible en la dimensión terrenal del Reino de Dios en la tierra. Semejanza porque somos espíritu, igual que Él. Entonces, ¿Por qué no podemos creer de una vez por todas que en nuestra palabra, cuando se respalda con fe genuina, integridad, honestidad y fidelidad, no existe ese mismo poder?

Tanto es así respecto a la palabra de Dios y al poder que la reviste y acompaña de modo permanente, que aún los sectores seculares más opuestos y adversos al Dios todopoderoso, la tienen en cuenta. Los rabís judíos, que eran los maestros autorizados de su tiempo, se referían a Dios, y especialmente en sus aspectos más personales, en términos de Su Palabra. Hablaban de Dios mismo como La Palabra de Dios. Sin ir más lejos, existe una antiquísima versión hebrea del Antiguo Testamento que en el pasaje de Éxodo 19:17, en lugar de decir que Moisés sacó del campamento al pueblo para recibir a Dios, como dice nuestra versión habitual, dice que Moisés sacó del campamento al pueblo para recibir la palabra de Dios. O sea que lo que intento contarte, es que, en la mente de esos antiguos judíos, la frase “la palabra de Dios”, podía ser utilizada para referirse al mismo Dios.

Pero los rabinos no eran los únicos que dedicaron su atención a la palabra. También los filósofos griegos veían al Logos como el poder que le daba sentido al mundo, llevándolo a ser mucho más ordenado y menos caótico. Según sus conclusiones el logos era nada menos que el poder que ponía al mundo en perfecto orden y lo mantenía en ella. Ellos veían al logos como la razón principal que controlaba todas las cosas. No es descabellado pensar, entonces, que Juan les dijo tanto a los judíos como a los griegos que visto y considerando que ellos habían estado hablando, pensando y escribiendo sobre el Verbo, o el logos, ahora él les iba a hacer el favor de decirles quien era realmente ese Verbo. Lo que hizo fue explicarle a cada uno de ellos quién era Jesús usando términos que ellos ya conocían y comprendían. En suma: Juan estaba utilizando un término que, con varias capas de significado, era de uso común y corriente en todas partes, de allí que él pudiera contar con tranquilidad que todos los hombres iban a entenderlo sin problemas.

Muy bien. Brillante. Apto para un estudio teológico de buen nivel, pero… ¿Y nosotros, qué? Sí, nosotros, los creyentes de este tiempo y de este lugar del mundo de habla hispana, sea donde sea. ¿Qué sabemos de la palabra y qué valor le otorgamos? No me respondas nada, ya lo sé. Ni bien alguien menciona la palabra de Dios, en el contexto que sea, habrá una multitud cristiana que por poco se postre en señal de reverencia, respeto, devoción, adoración y temor santo. ¿Eso es? No, en absoluto. Cuando pregunto qué sabemos respecto a la palabra de Dios, no me estoy refiriendo a todo el ritualismo que nos enseñaron alrededor de su sola mención, estoy hablando de qué cosa verdaderamente es la palabra para los que habitamos la iglesia del siglo veintiuno y cuanto sabemos o no sabemos respecto a ella. Siéntate en un escritorio de un salón de clase bíblica o ponte en pie detrás del atril de una plataforma en una iglesia y pregúntale a quienes te escuchan si saben lo que es la palabra de Dios. ¿Sabes qué? Habrá una enorme mayoría que te dirá que es la Biblia, que ella es la palabra de Dios. Obviamente no voy a discutir la validez de eso, pero creo que esa es una respuesta de mediocre para arriba un par de milímetros.

La misma Biblia te lo demuestra a través de muchos y diferentes relatos. Aod asesina con un puñal a Eglón, rey de Moab, y la artimaña que usa para tomar confiado y desprevenido al monarca, es decirle que le trae palabra de Dios.  Pregunto: ¿Te parece que iba a leerle la Torá? Porque Biblia todavía no había. Creo que no, que se trataba de otra cosa. Un profeta invitó a otro a comer en su casa. Por un tiempo este hombre se negó, pero luego fue convencido y entró y comió y bebió. Según parece había recibido palabra de Dios prohibiéndole comer pan o beber agua en esa casa y, por su desobediencia, fue castigado y6 un león lo mató cuando iba de regreso. ¿Había leído en alguna parte que no debía ir a esa casa o le había sido revelado? Creo que hemos caído en cierta confusión respecto a esto. Tomamos como palabra de Dios a los textos bíblicos, que efectivamente sí lo son, pero no en exclusividad. Una revelación recibida en nuestro espíritu y respaldada por lo escrito, también es palabra de Dios y como tal debe obedecerse.

Jesús les dijo sin dudar a los fariseos de la sinagoga que ellos habían invalidado la palabra auténtica de Dios por otorgarle prioridad a sus tradiciones. Es la distancia y diferencia que existía entre la Torá y la Mishná, que eran los textos que encerraban la palabra genuina de Dios y las conclusiones rituales de los ancianos de Israel. Hoy sucede casi lo mismo, aunque ya no existan en uso, al menos en el mundo cristiano, ninguno de esos libros. Pero reemplazar auténtica palabra por estatutos u ordenanzas tradicionales, es tan frecuente que se toma como normal. Tan así era esto en aquel tiempo que dice que en Salamina ellos llegaron y se pusieron a anunciarle la palabra de Dios a los que estaban en la sinagoga. ¿Cómo? ¿En la sinagoga no se hablaba o anunciaba esa misma palabra? No. Se le daba prioridad, culto y adoración a los ritos y costumbres por sobre lo que Dios mismo había dicho y seguía diciendo. Ya existía una considerable diferencia entre fe genuina y religión rutina.

Sin embargo, cuando escuché hablar de la palabra de Dios y me puse a escudriñar de qué se trataba en realidad, lo que más me impacto fue el texto de Hechos que dice que cuando ellos fueron llenos del Espíritu Santo, hablaban la palabra de Dios con denuedo. De esto convengamos que se ha enseñado muy poco. La gran mayoría opta por darle más énfasis al mismo relato, pero cuando hace hincapié en la oración en lenguas. Por eso me dediqué a ver qué significaba realmente hablar la palabra de Dios con denuedo. A primera lectura y conforme a nuestros diccionarios de la lengua española tradicionales, sería hacer eso sin detenerse, sin descansar, sin disminuir intensidad y perseverando contra todos y contra todo lo que se oponga. Sin embargo, ampliando un poco más la traducción, llegamos a ver que decir denuedo, es hablar de algo sin contaminarse. O sea que hablar la palabra de Dios con denuedo, es sencillamente hacerlo conforme a lo que dicta el Espíritu Santo de Dios, no una simple lectura en idioma bíblico.

La respuesta tan conocida que da Jesús a Satanás en el desierto, repitiendo lo dicho en Deuteronomio, que no sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Observa que dice TODA palabra, lo que me dice a mí y te dice a ti también, que no se trata solamente de lo que está escrito en nuestras Biblias, sino también de todo lo que a Su Espíritu Santo se le ocurra o le parezca bien brindarnos. Por otra parte, en el original de ese texto del Antiguo Testamento, no dice de toda palabra, sino “de todo lo que sale de la boca de Dios”. Y; si revisamos a conciencia los términos hebreos utilizados, podemos ver que eso incluye lo que allí se denomina como “soplo divino”. Coherente ciento por ciento. Dios es Espíritu y lo que puede salir de Él, es viento, aire, pneuma. Ese soplo es el aliento de vida que recibimos en el vientre materno y que nos hace convertir en un ser viviente en gestación, cuando hasta antes de ese soplo, sólo éramos algo inanimado y sin vida activa y dinámica.

Por eso, cuando se nos dice que la palabra de Dios nunca vuelve vacía, nosotros no tenemos otra idea mejor que la de agarrar a alguien y leerle uno, cinco, diez o cien versículos bíblicos, con la esperanza de que esa palabra que estamos expresando, no vuelva vacía. Está bien, es una manera, pero no la única, ni tampoco la que más se adhiere al texto que da origen a eso, que está en Isaías 55:10-11 y dice: Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.

Lo primero que dice es: Porque como desciende de los cielos la lluvia: Fíjate que usando la figura del ciclo del agua, el Señor ilustra el principio esencial de que Su palabra no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero. La lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelve allá antes de cumplir su propósito en la tierra (riegan la tierra, y la hacen germinar y producir). La lluvia y la nieve eventualmente regresan al cielo, pero no antes de cumplir su propósito en la tierra. Aun así, la palabra de Dios, cuando la envía desde el cielo, no regresa a Él vacía. En cambio, siempre cumple Su propósito en la tierra. Es decir que la lluvia y la nieve son parte de un proceso cíclico del agua. La precipitación llega a la tierra, se filtra en el suelo y produce grandes beneficios en el crecimiento de los cultivos, el alivio de las almas y el mantenimiento de la vida. La lluvia y la nieve vienen de arriba y no regresan sin cumplir su propósito. Dios compara Su Palabra con la lluvia y la nieve porque, al igual que la precipitación, la Palabra de Dios siempre cumple Sus buenos propósitos. Esto significa que Dios no es puro “hablar”. Cuando habla, sus palabras cumplen el propósito que se propuso. La palabra del Señor tiene poder y nunca falla en su propósito planeado.

“Es una palabra irrevocable. El hombre tiene que comerse sus palabras a veces, y retractarse de lo que dijo. Cumplirá su compromiso, pero no puede. No es que sea infiel, sino que es incapaz. Ahora bien, esto nunca es así con Dios. Su palabra nunca le vuelve vacía. ¡Anda, encuentra los copos de nieve volando como palomas blancas de regreso al cielo! ¡Anda, encuentra las gotas de lluvia que se elevan hacia arriba como diamantes arrojados de la mano de un valiente para encontrar un lugar donde alojarse en la nube de donde cayeron! Hasta que la nieve y la lluvia regresen al cielo y se burlen de la tierra que prometieron bendecir, la palabra de Dios nunca volverá a él vacía”. Sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come: El uso de estas imágenes para ilustrar el operar de la palabra de Dios muestra que la palabra de Dios da fruto. También muestra que el fruto tiene muchas aplicaciones diferentes. El mismo grano que da semilla al que siembra también da pan al que come.

Y más adelante dice: Hará lo que yo quiero: La palabra de Dios tiene algo que lograr. Dios no solo habla para oírse a sí mismo. Su palabra no está vacía ni carece de poder. Esto también significa que la palabra de Dios tiene un propósito. No habló de misterios insondables solo para confundir nuestras mentes o dejar las cosas a cualquier interpretación posible. Cuando Dios habla, habla para lograr un propósito. Y será prosperada en aquello para que la envié: La palabra de Dios no cumple apenas y de casualidad con su trabajo. Sino que será prosperada en el propósito que Dios tiene para ella. Es rica y llena de vida. La palabra de Dios siempre tiene éxito y siempre cumple el propósito de Dios. Esto no significa que no importa cómo se presente la palabra de Dios. A veces, se excusa un terrible sermón diciendo: “La palabra de Dios no vuelve vacía”. El principio es claro y verdadero en este pasaje de Isaías, pero debido a la mala preparación o predicación del predicador, ha habido poco de la palabra de Dios ante el pueblo. El predicador puede ignorar, diluir u oscurecer la palabra de Dios para que tenga poco avance. Cuando haya poco avance, ese poco tendrá éxito – pero cuánto mejor si más de todo el consejo de Dios saliera adelante para tener éxito.

 

Cuando Dios dice que Su Palabra no regresará a Él vacía, podemos saber que Él tiene una intención para Su Palabra. La Palabra de Dios es de arriba. Él «exhaló» Sus palabras para nosotros, y fueron registradas en la Biblia. Cada palabra que le dio a la humanidad tiene un propósito y se dio por una razón. Así como la lluvia y la nieve, las palabras de Dios dan vida y producen buenos frutos en nuestras vidas. A través de Su Palabra, sabemos que Dios nos ama y que Jesús murió para liberarnos del pecado y de la muerte; también aprendemos a vivir a la luz de esas verdades. Cuando Dios dice que Su Palabra no volverá a Él vacía, somos exhortados a permanecer en Su Palabra, dejando que la misma se absorba en nuestras vidas, asimilándola como el suelo absorbe la lluvia y la nieve. La verdad no regresará vacía mientras nuestros corazones sean cambiados. La Palabra de Dios nos reprende y nos corrige cuando nos equivocamos, y nos entrena para una vida espiritual. Su Palabra es una luz que nos guía en este mundo oscuro. Es relevante para cada problema práctico y apremiante. La Palabra de Dios siempre logrará lo que Él desea, bien sea enseñando, corrigiendo, entrenando, guiándonos a Él, revelando nuestro pecado, o cualquier otro propósito bueno y provechoso.

En suma: si en el diseño de Dios el Verbo, que es el logos, que es la palabra, estaba presente y era protagonista, eso tiene que significar que es la base real que lo sustenta todo. Y si la palabra hablada de Dios, es capaz de sustentar nada menos que el universo en toda su magnitud, no encuentro un motivo ni un argumento válido que me permita suponer que yo, como imagen y semejanza suya, como miembro de su Reino y parte activa del cuerpo de Cristo en la tierra, no tenga la misma capacidad para hacerlo. Por lo tanto, hoy he sido enviado a decirte que, si deseas que alfo cambie en tu vida, en la de tu familia, en la de tu ciudad, aldea, pueblo, región, ciudad o nación, empieza por la forma divina según el diseño: decláralo y créelo. Atención con esto: no podrás lograr que nadie haga lo que no desea hacer, porque no fuimos enviados a manipular las voluntades de nadie, pero si hay obstáculos espirituales llamados demonios que impiden que algo se produzca, tu declaración y tu palabra, como repique de la palabra de Dios, logrará hacerlo posible. No salgas a leerle capítulos y versículos a nadie con el argumento de que es llevarle la palabra, sólo dile lo que el Espíritu Santo te revele que le digas. Algo así como decir Sea la Luz, para que la Luz sea.

Leer Más

¿Cuál es el Camino?

Satanás habita en los reinos de este mundo, y sutilmente nos está robando el potencial de tener el dominio que debemos tener como iglesia. A veces nos pone en desventaja, o nos roba de impacto; en fin: nos inhabilita por medio de engaños sutiles que nos llegan a nosotros, los creyentes. Ahora bien; la Palabra dice que Satanás no puede vencer a la iglesia. ¿Por qué? Porque nuestra ciudadanía está en los cielos. Esa escritura no dice que vivimos en el cielo, sino que es en el cielo donde tiene origen nuestra ciudadanía. Es como si yo digo que soy ciudadano argentino, pero eventualmente vivo en otro país. Somos ciudadanos del cielo, pero habitamos en la tierra. Pablo dijo que unos y otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre, y eso es exactamente lo que determina que ya no seamos ni extranjeros ni advenedizos, sino ciudadanos del Reino y nada menos que miembros de la familia de Dios. Los ángeles también son familia de Dios, y nosotros juntamente con ellos, somos familia de Dios.

 

Abraham, Isaac, Jacob, los padres de la fe, todos son familia de Dios por medio de Cristo, en el día en que Él bajó y libertó a los cautivos, y subió al cielo, y ellos subieron con Él, se convirtieron en familia. Nosotros, aun estando aquí, somos familia con ellos. Una familia, una ciudadanía. Por eso se nos dice que las puertas del Hades no prevalecerán. Esa palabrita “puertas”, allí, significa los portones de la ciudad. En el Antiguo Testamento, en las puertas de la ciudad, se sentaban los jueces y los ancianos, y los que estudiaban las estrategias del enemigo. Eran los que enjuiciaban, los lugares de autoridad o el gobierno. El lugar de gobierno de la ciudad, eran las puertas. Allí se efectuaban los juicios. Ahora, nota lo que dice Cristo con ese entendimiento: “El gobierno del infierno no prevalecerá contra la iglesia”. El gobierno, la estrategia, la sabiduría, el juicio, la ejecución del infierno no vence a la iglesia que Cristo fundó. De manera que, si tú fueses Satanás, y tuvieras como labor detener la iglesia, que es invencible, ¿Cómo lo harías? Tendrías que meterte adentro y engañarla, de modo que no pueda entender lo que posee, y no implemente el dominio que le corresponde.

 

La famosa y muy conocida parábola de la cizaña es una muestra. Fue sembrada en el campo y el campo es de Cristo, pero el enemigo vino, sembró la cizaña entre el trigo y se fue. No la sembró afuera o en el campo vecino, la sembró en el nuestro. Ya sabemos que la buena semilla somos nosotros y la cizaña los hijos del malo. Personas, no semillas. En el mismo campo. Y dice que, en el fin del sistema, sus mensajeros recogerán del reino toda cizaña. Y lo harán mediante la Palabra. A todos los que sirvan de tropiezo. Me cambió la palabra “cizaña” por “los que sirven de tropiezo”. ¿Dónde? Dentro de la iglesia. Porque, -repito- si tú fueses Satanás y tuvieras que detener a la iglesia, te vestirías de ángel de luz. ¿Cómo? Y…de creyente o de ministro. Y envenenar a la iglesia o engañarla para que no vea cuál es nuestra herencia a la cual tenemos derecho, y elegir vivir a medias. Ese es el mensaje más importante que vas a escuchar en tu vida.

 

La cizaña era una semilla bastarda muy parecida al trigo. Se viste igual, lleva la misma Biblia debajo del brazo. Tenían que apretar y zarandear el trigo trece veces para asegurarse que, al caer el trigo al otro lado, no cayera la cizaña. Porque envenena. Era difícil reconocerla hasta que llegaba el tiempo donde los niños se separan de los hombres. O sea: el tiempo de madurez. Hay lugares en el espíritu dónde los niños no nos pueden acompañar. Para donde vamos a este lugar, muchos niños no pueden venir. La semilla bastarda era venenosa, tanto para los animales como para los seres humanos. Por eso tenían tanto cuidado que no cayera ni siquiera una, mezclada con las buenas. Oye: podía haber un barril completo de trigo, pero bastaba un solo granito de cizaña para que se te envenenara cualquiera que comiera de ello. Los síntomas eran: mareo. Si a eso lo llevas al ámbito del espíritu, estamos hablando de gente que no tiene visión. Y hoy hay muchos que no pueden ver más allá de sus narices. Produce malestar y diversas enfermedades y debilidades del cuerpo. Producía debilidad en el cuerpo, confusión y, finalmente, muerte.

 

Son los síntomas de la iglesia de hoy. Confundida, sub dividida. Uno dice una cosa, el otro dice otra totalmente opuesta. Nadie sabe para dónde va y, como no tienen nada para hacer, se ponen a buscarle cinco patas al gato a gente que sí está haciendo algo de valor. Dice que Él vendrá y sacará a los que sirven de tropiezo. Y la palabra tropiezo es la palabra proskuneo en griego, que significa un tronco, como de un árbol, cortado bien bajito y cercano. La palabra nos identifica a nosotros como árboles. Y cuando la palabra habla de troncos, está hablando de lo mismo, o sea: son parábolas, semejanzas y está hablando de gente. O sea que el tropiezo es producido por algo que tú no ves porque está tan cerca, que cuando vas no lo ves, porque está ahí. Y tropiezas, y caes. La implicación en griego, es: “una persona de confianza, una persona tan cercana a ti, que tú jamás pensarías que te está engañando”. Y al descubrirlo, la caída es grande, porque no la esperabas. No necesariamente adrede, sinceramente lo hacen, pero sinceramente equivocados.

 

Y en ignorancia. Muchos en ignorancia. De manera que el diablo tiene que trabajar de adentro, debilitando nuestra alimentación. Hebreos 5 del 11 al 14, dice que es imposible manifestar la palabra de justicia, mientras estemos bebiendo leche. Que hay que comer carne para poder discernir. Y aquí es donde yo quisiera mencionar algunos aspectos o formas sutiles de engaño, que nos detienen o nos roban de nuestra herencia o ciudadanía espiritual. Como ciudadano argentino, yo tengo derechos. Y esos derechos, en mi país, me dan poder. Y cuando la iglesia no entiende sus derechos, entonces Satanás se los roba porque no tienen poder. Primer engaño: Falta de comprensión espiritual. Nos engañan en cuanto a lo que es la Biblia y la aplicación espiritual que posee. Existen dos dimensiones: espiritual y natural. Celestial y terrenal. Reino de luz, reino de tinieblas. La esfera divina, la esfera carnal. Lo invisible, lo visible. Dos dimensiones operativas.

 

Y cada dimensión, o ámbito, es gobernado por un sistema de principios, o leyes, que los rigen. En el mundo del espíritu, ciertas cosas, se hacen de cierto modo. En el mundo natural, las mismas cosas, se hacen de otro modo. Son dos principios. Conjuntos de leyes que gobiernan el ámbito o la dimensión. Y no hay más que dos, no existe ningún punto intermedio, ese es el problema. Hay gente que dice “yo no me meto con uno ni con el otro”, ese es el problema. Porque tú eres un vaso y siempre te llenas de algo. Y sólo hay dos ámbitos, dos contenidos para llenar ese vaso. Hay dos reyes. Rey de tinieblas, Rey de luz. Hay dos cuerpos: cuerpo de Cristo, cuerpo de anticristo. Y la palabra, el libro entero, de Génesis hasta Apocalipsis, está escrito en términos naturales, porque ahí habita. Somos ciudadanos de allá, pero vivimos aquí. Entonces, está escrito en términos entendibles por esta dimensión. Pero sólo para reflejar principios que rigen en la otra dimensión, y trascienden esta. Cuando una persona que vive aquí, vive de acuerdo con los principios con los cuales se vive allá, aquí es invencible.

 

No se trata que seas ultra, híper, macro espiritual y andes caminando entre nubes. No. Principios. Leyes, métodos de hacer cosas que funcionan en el cielo. Hágase su voluntad, aquí, en Argentina o en donde sea que tú estás escuchando esto, igualito a como se hace allá en el cielo. De manera que Dios, a través del libro, nos muestra o ilustra, cómo es la vida del Reino. Para que los hijos del Reino tengan derecho a la herencia de su ciudadanía, ahora. Cuando yo soy ciudadano de un país, uso los beneficios de ello, aunque no esté en mi país. ¡Y funciona! ¡Cuánto más los principios del Reino de Dios! Si tú fueras Dios y quisieras describir la mentalidad que debes poseer para ser del ejército de Dios, en el cielo y en la tierra, dirías que se debe ser como una hormiga. Siempre está preparada. ¡No estoy hablando de hormigas, las estoy usando como ejemplo! Tienes que ser como el conejo, que se esconde en la roca. Tienes que ser como la araña, que se deja caer encima del banquete. Puede haber enemigos en todo alrededor, pero Dios le tiende una mesa aún en medio de todos sus enemigos.

 

¿Eres araña? ¿Eres hormiga? No, pero debes comportarte como si lo fueras. Entonces, el hecho de que Dios te diga hormiga, no te reduce a una hormiga. Tienes que ser como la langosta, que marchan en grupos organizados y son obedientes. Y no rompen sus filas. Las langostas, en la Biblia, no son demonios, son tipologías de gente organizada. La iglesia es comparada en la Biblia con un ejército. ¿Eres tú un soldado? No. ¿A qué se refiere? A que tienes que ser obediente, como en un ejército. Te compara con un cuerpo, refiriéndose a la unidad que tienen las células y los miembros que tiene un cuerpo. ¿Cuántos han visto que una mano golpee su propia cara sin que el dueño de la mano la mande a hacerlo? No existe. ¿No existe tampoco en el ámbito espiritual? Así anda la iglesia. ¿Motivo? Todavía no ha podido entender qué cosa significa ser parte del cuerpo de Cristo. Sigo. Te llama novia, siendo varón. Sigue siendo novia, y pide intimidad con el Dios Altísimo. Te llama árbol, pidiéndote que des frutos y seas firme, y no andes saltando de un lado al otro.

 

Te llama ciudad, para que entiendas tu derecho como ciudadano. Te llama nación, para que aprendamos gobierno y no seamos llevados por cualquier viento de doctrina. Nos llama Hijos, para que podamos ser herederos. Si no somos hijos ¿Cómo vamos a heredar? Son parábolas de Génesis hasta Apocalipsis. El engaño es debatir el mundo natural, y perderse toda la moraleja que Dios quiso traer. Ese es el mundo teólogo, religioso. Doctrinas y dogmas de hombres. No tiene nada que ver con lo que Dios quiere hacer con su pueblo. Usa eso simplemente como un envase, como un recipiente, para traerte una verdad o un principio. Dice mi Biblia que el Padre nos hizo aptos para participar de la herencia. Noten que dice nos hizo, en pasado. ¿Cuántos lo pueden ver? Dice que nos hizo aptos, ¿Para qué? Para participar de la herencia. ¿Cuándo? Si nos hizo aptos en el pasado, ¿Cuándo es la herencia? Ahora. Es ahora. Para ahora.  Pero, al no entender para qué Dios usa la palabra, y no es para debatir palabra y doctrina, no es para memorizar textos como papagayos, es un vehículo que nos dice: mira, Cristo te hizo apto, ya tienes lo que necesitas para comenzar a heredar. Ya, no tienes que esperar nada.

 

Y luego te dice que nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al Reino de Su Hijo. Potestad, que es exousia, significa derecho. Nos ha librado. O sea: ¡No tiene derecho! Cualquier cosa que en el foro civil o penal a ti te hagan en la tierra, tú concurres a un buen abogado y este, con pocas palabras, determinará que un juez te dé la razón porque alguien ha invadido tus derechos. La iglesia se deja golpear a placer por Satanás porque ignora sus derechos. Somos ciudadanos y somos aptos para heredar lo que es el beneficio de nuestra ciudadanía, ahora. ¿Cuántos lo estarán viendo tan claramente como lo veo yo? Dice este verso que nos libró del derecho, (La palabra potestad, repito, es la palabra derecho). Y después dice que nos trasladó, no que nos va a trasladar un día, sino que ya nos trasladó, en tiempo pasado, ¿Dónde? Al Reino. ¡Oh! ¿Serás entonces un Testigo de Jehová por creerlo así? No me embromes. Por causa de ciertas tergiversaciones doctrinarias falsas, la iglesia ha abandonado creencias genuinas.

 

Porque la palabra dice que ya estás allí. ¿Dónde dice que nos trasladó? Al Reino. El Reino significa: el gobierno del rey. Nos metió al reinado de Él, o sea: Quién gobierna tu vida, ahora; ¿Satanás? ¿Quién reina tu vida? Entonces, ¿Bajo qué reino estás? Si estoy bajo el Reino, y tomo las influencias, las leyes, los principios de mi rey, estoy en el Reino de Él. El Reino no es un lugar, es la influencia que ejerce el rey. Fuimos hechos aptos para participar, y trasladados de ciudadanía. Tenías ciudadanía en tinieblas, eras miembro de la nación de las tinieblas. Ahora eres miembro de la nación de luz. De manera que tus derechos cambiaron. En el reino de las tinieblas, para hacerte rico guardas y no le das nada a nadie. En el de luz, si no das, vienes directamente a pobreza. En el reino de las tinieblas, si quieres ser grande, vas a pisarle la cabeza a todo el mundo. En el Reino de luz, te humillas y Dios te exalta. ¡No funciona igual! Y si no entendemos que los principios han cambiado, mientras estabas acá te funcionaban, pero al mudarte para acá, no puedes usar los principios de allá.

 

Y hay gente que quiere dar un paso para acá, y conducir su vida bajo el reino de esa dimensión. Y entonces, dan un testimonio que no es el de la iglesia. Pero la gran mayoría está en esa fachada, y han dañado el testimonio, la agresividad, el impacto, la implementación, el acercamiento. El señorío de Cristo en la nación no se respeta, porque la gente que dice estar en este Reino, todavía no ha entendido cómo es que se vive en ese Reino. Porque la palabra, para ellos, es un debate teológico, doctrinal, de dogmas, historia y futuro. Nada práctico para el presente. Ese es el primer engaño. Segundo engaño: Entender que hemos sido cambiados de ciudadanía. Di conmigo: Yo soy ciudadano del gobierno de Dios. ¿Amén? ¡Amén! Pregunta: ¿Cuántos de verdad están creyendo eso? No grites ¡Amén! Sin pensar. Somos tan rápidos para decir “amén”. Pablo dijo que era prisionero de Cristo, pero no porque estuviera en cadenas, sino porque sólo hacía lo que Dios le enviaba hacer.Usa cosas naturales, que entendemos, para enseñarnos principios que operan en su Reino, para que tú los vivas ahora.

 

Dios está buscando una gente capaz de convertirse voluntariamente en prisionera de Cristo, no del pastor de la mega iglesia. ¡Fuimos comprados por precio! ¡Es que no tengo tiempo! – Lo que no tienes es revelación. – ¡No, de verdad no tengo tiempo! – No entiendes el llamado del Reino. Por eso a Pablo le fue declarado el misterio. ¿Qué es un misterio? Algo que no se sabe. Algo que está escondido. No es misterio para Dios, si Él fue el que lo escondió. No es nuevo para Dios, es nuevo para nosotros. Eso significa que la revelación es progresiva y no está toda dicha, como andan enseñando algunos por ahí. Pablo dice que les va a hablar sobre algo que estaba escondido, pero que ahora está abierto. ¿Cuándo? Cuando yo lo diga. La ministración se recibe de espíritu a espíritu, porque las cosas naturales no comprenden las cosas que son del espíritu. El análisis quiebra el mundo del espíritu. El análisis es de la mente, del alma, no del espíritu. O sea que Pablo habló de cosas que antes de Pablo eran un misterio, no se habían dicho. Por eso, cada tanto le decían hereje también. No le hace, seguía siendo Dios el que hablaba por su boca. La revelación es progresiva.

 

La verdad siempre está presente, está aquí. Pero es como si Dios te quitara de repente de delante de los ojos como una cascarita de cebolla, y ahí ves lo que nunca antes habías visto. ¿A cuántos les ha pasado de leer una escritura que la pasamos anteriormente mil veces sin que ocurriera nada y de pronto, un día, te salta frente a tus ojos como si tuviera vida propia? ¡Mira lo que dice aquí! No es nuevo lo que dice, siempre estuvo allí. ¡Es nuevo para ti! Está escrito. No se cambian los textos bíblicos mensualmente. Ahí tenemos la primera revelación. Que los gentiles y los judíos eran miembros del cuerpo de Cristo, no sólo los judíos, como todavía piensa una gran parte de la iglesia. Esa es una mentalidad judaica que enseña que el gentil entró porque el judío no quiso entrar. Pero que después viene el judío otra vez y nosotros pasaríamos a ser un pedazo de jamón entre dos panes. Arroja eso a la basura. Escúchame. Estas son enseñanzas inescrutables, o sea: no las vas a conseguir en una concordancia, ni con la Biblia Thompson, ni con la Plenitud, ni con la Textual ni con la NVI.

 

Y añade que tendrá que aclarar a todos cual sea la dispensación. La palabra es koinonía. Tiene que ver con comunión familiar. Tal lo quería revelar, el entendimiento de lo que es una relación espiritual, por encima de las relaciones naturales. Fíjate que Dios creó a Adán y Eva para tener comunión con ellos, y para que ellos tuvieran dominio. Desde el principio. Si Dios hubiera querido tener una generación de gente en el cielo, las hubiera creado en el cielo y nunca los hubiera puesto en la tierra. Hay fragmentos de nuestras doctrinas tradicionales que son incomprensibles. Pensamos y creemos como si diéramos por sentado que Dios es analfabeto y que hace ciertas cosas porque sí y de modo incoherente. ¿Cómo se supone que Él iba a crear un reino en una nube? ¿Para qué iba a crear un planeta? Y nos hace pasar por todo este dolor como si fuera cruel y sádico, y se gozara en vernos sufrir. Pensar que Cristo viene a resolver el problema terrenal, es como decir que Dios se goza con nuestra tribulación presente. ¡Eso no es Dios!

 

Entonces significa que está en nuestras manos, porque si estuviera en las de Él, su misericordia hubiera hecho algo ya. ¡Es que estamos esperando que Cristo venga! ¡Porque cuando Él venga va a hacer todo! ¡Va a limpiar las calles, va a hacer esto, va a hacer lo otro! Y luego nos va a rescatar y… ¿Y todos los que murieron esperando? ¿Y todos los que sufrieron? ¿Y todos los que no estén vivos cuando a Él le dé la regalada gana de venir? Es indudable que algo lo detiene, y ese algo es la iglesia. La iglesia y su testimonio, la iglesia y su conocimiento, la iglesia y su avance, la iglesia engañada por los factores sutiles del enemigo. Satanás está adentro de la iglesia, trabajando como cristiano y hasta le damos ofrendas. Hasta que la iglesia no comprenda la plenitud del dominio, jamás seremos un testimonio adecuado en la tierra. Es por eso que estamos fragmentados, divididos y, a veces, hasta derrotados. Dios quiere que internalicemos la verdad, y entonces la expresemos a través de una vida llena de dominio.

 

Dios quiere que internalicemos la verdad, y entonces la expresemos a través de una vida llena de dominio. ¿Cómo es ese dominio? El que vive en esta dimensión, guiado por aquella dimensión, vence en esta. ¿Cómo estás? En victoria. ¡Bendecido! Payasos. En la Biblia se encierran principios que yo quiero que tú aprendas. Y a este lo voy a llamar “El principio de la semilla”. Pregunto: ¿Quién da semilla? La hierba. Dios creó un principio, ya sea humano o vegetal, para que luego en su crecimiento, dentro de la cosa, hubiese una semilla. Y que la semilla produjere según su especie o género. Las uvas producen uvas, las manzanas producen manzanas, los perros producen perritos, los gatos, gatitos, ¿Y Dios? Dios produce gente a su imagen y semejanza. Por eso, la reproducción del hombre, tiene en su interior la semilla del hombre. Pero la semilla que produce el primer hombre viene de Dios. Participantes de la naturaleza de Dios, lo dice Pedro. En su primera y en su segunda carta. Lo dice en todos sus escritos.

 

“¡Es que yo apenas soy un miserable hombrecillo!” – Sí, engañado por Satanás, nunca pasarás de esa categoría. Pero aferrado de la mano de Cristo, serás mucho, muchísimo más que eso y hasta le pisarás la cabeza a Satanás. ¡Está escrito! Ahora bien; para entender que eres hijo de Dios, tienes que entenderlo por encima de la verdad de que eres hijo de tu padre. Hay gente a la que las relaciones naturales, los atan. Los atan de tal manera que les impide ejercer el poder divino que hay en ellos. Ahora pregúntate: si Adán no hubiera caído, ¿Qué hubiera estado produciendo? Entonces tú me dices: “Sí, pero cayó” Y yo te digo: Sí, pero Cristo lo restauró. Porque Cristo es el último Adán, pero es el segundo hombre. Pablo, a los Corintios, les dice que Cristo es el último, el postrer Adán, pero luego dice que es el segundo hombre, no el último, sino el segundo. ¿Por qué dice que es el segundo hombre y no el último?

 

Porque tú eres el tercero, y yo soy el cuarto, y tu hermano vecino es el quinto y su esposa el sexto, ¡Y todos somos iguales! Es el último Adán, o sea: la última puerta. Pero es el primogénito entre muchos hermanos iguales a Él. Hechos en semejanza a Dios. Si Satanás te roba esa verdad, tú nunca vas a poder expresar el dominio de Dios en la tierra. Porque donde te arroje algo Satanás, ahí te caes. Satanás nos ha robado este entendimiento. El dominio que proviene de nuestra naturaleza. Tenemos que transicionar de la mente del espíritu al alma, y eso es muy difícil. Porque estamos hablando de intelecto y emoción. El proceso de decisiones tiene que cambiar para ser guiados por el Espíritu. Y según prospera nuestra alma, entonces dominar el cuerpo. Y ahí es donde se puede entrar en salud divina. Habrá una generación que vencerá la muerte, que será transfigurada, y no conocerá muerte. Cuando venga Cristo, la generación que esté viva, no experimenta muerte. Serán cambiados en un abrir y cerrar de ojos. ¿Por qué no tú? Todo depende si llegas a esa estatura.

 

Jesús fue la primicia de un estilo de vida que la iglesia tiene que demostrar. Va a haber una generación que les diga a las aguas: “Detente”, y las aguas se detendrán. ¿Cuál? La que esté funcionando cuando Él venga. Porque Él viene cuando esté funcionando. “¡Ah, no, no! ¡Nosotros vivimos como queremos, nos guardamos en un templo y tratamos de portarnos bien, hasta que Cristo venga y nos rescate! ¡Y la tierra que se vaya al infierno con todos los sobrinos que no son salvos, con todos los que no conocen a Dios, y con todas mis amistades que ahora andan perdidas! ¡Que se vayan al infierno! Esa es mi doctrina. Pregunto: ¿Describe eso el corazón de Dios? Tercer engaño: Poseemos una semilla incorruptible. El engaño es hacerte creer que no la vas a recibir hasta que llegues al cielo. Toda la Biblia abraza una sola promesa: Génesis 3:15, ¿Cuántos la conocen? Que la semilla de la mujer aplastará la cabeza de Satanás. La cabeza es el gobierno. Las puertas, la estrategia, la sabiduría, las obras. Una semilla. Cada semilla produce según su especie, pero la semilla de una mujer, la iglesia, va a producir una generación que le aplaste la cabeza al gobierno de Satanás.

 

Tú y yo, si lo crees. Si no lo crees, ahí andamos. Dios no tiene prisa, si Dios es eterno. El que tiene los tiempos acotados es el hombre. Sin ella, la Biblia no tiene sentido. Si tú arrancas la página donde está Génesis 3:15, la Biblia no tiene sentido, porque toda ella, desde Abraham para acá, es la batalla entre semillas. La semilla de los buenos, la semilla de los malos. Y cuando llega para el tiempo de Cristo, la semilla entre los buenos y los malos, era dentro de la iglesia. Era Cristo contra los fariseos. Cristo contra la iglesia de su día. Cristo contra el sistema. Hasta que derrotó el sistema. Se cayó Jerusalén y se levantó una iglesia espiritual en el aposento alto. Y presta mucha atención, porque cuando Dios dice a SU simiente, no dice a LAS simientes. No habla de muchos, habla de UNO. Linaje, simiente. ¿Quién es la simiente de Cristo? La iglesia. Él dijo: si el grano de trigo no muere, permanece solo, pero si muere produce mucho, según su especie. ¿Y entonces qué hizo Él? Murió por ti. Vamos a leerlo nuevamente, verso 16.

 

No dice y las simientes, como si hablase de muchos. Sino que se refiere a tu simiente, la cual es Cristo. Verso 29. Y si ustedes son de Cristo, ¿Son de Cristo ustedes que están ahí del otro lado? Ciertamente linaje de Abraham, y herederos según la promesa. ¿Cuántos podrán verlo? Una semilla incorruptible, la iglesia de Dios. Una semilla incorruptible se refiere a una familia no natural, que no viene de linaje por voluntad de hombre. Somos nacidos de arriba. Es una gente con nivel de embajadores. ¿Qué es un embajador? Alguien que viene de otro lugar. Comunión de descendencia espiritual, no natural. Soy hijo de mi Padre celestial, por encima de ser hijo de mi padre natural. No estamos atados a lazos familiares naturales, escúchame con el corazón, para que no te ofendas.

 

Debemos asumir nuestras responsabilidades para con nuestras familias, no estamos subestimándolas en absoluto. Solamente gente espiritualmente madura comprende la separación e importancia de estas dos dimensiones. Gente infantil no atraviesa este puente, se quedan atados en lo natural. Es que yo tengo esa enfermedad porque ya la tenía mi abuelito, mi papá y un tío. Eso si tienes una semilla corruptible, porque si has accedido a la incorruptible, tú eres sano y libre de todo eso. Mi abuelo y mi padre eran poco más que analfabetos. Yo viví toda mi vida y me gané mi sustento en base a mi talento creativo en las letras. Soy una semilla incorruptible y, como tal, tengo total y absoluto derecho a ir mucho más allá.

 

¿Pero los ama a su padre y a su abuelo? ¡Por supuesto! ¿Los cuida, los atiende mientras están vivos? ¡Claro que sí, al máximo! Pero si un día llegaran a obstaculizarme de hacer lo que Dios quiere, hasta ahí llegamos juntos. Semilla incorruptible. Estamos hablando de una generación que va a ver la venida del Señor. Y no de una generación que sólo quiere sentarse a esperar cantando coritos en una congregación. Si ese eres tú, estamos fuera de onda, esto no te incumbe. Porque hay dos familias, la familia natural y la familia espiritual. Y la ciudadanía espiritual trasciende a la ciudadanía natural. Y hasta que no entendamos ese principio, nos quedamos atados. La ciudadanía terrenal tiene su propósito, tiene su lugar, tiene su plan, dentro del plan eterno de Dios.

 

O sea que Dios me da una familia para efectuar un propósito dentro del plan de Él. Cuando mi familia no está dedicada al plan de Él, mi familia no tiene cómo tener vida en abundancia. Porque sólo existe para eso.  La relación conyugal, lo que es esposo y mujer, todo es un complemento para poder avanzar en el Reino, y cuando eso no está ahí, nunca hay una paz como la paz de una familia espiritual. Por eso hay gente que quiere estar en la iglesia todos los días de la semana, porque en la casa no hay paz. ¡Como la va a haber, sino has entendido tu linaje espiritual! Repito: nadie desea subestimar el cuidado familiar, el sacerdocio del hogar, la provisión o la cobertura, pero cuando la Biblia habla de que no caminemos según la carne, no significa que te portes bien o no te portes mal, porque todos andamos en la carne.

 

Porque así es como lo dice 2 Corintios y que pocos la predican: Aunque andamos en la carne, no militamos según la carne. ¿Pero andamos no andamos en la carne? Andamos. Fíjate como la gente suele torcer la palabra.  Cuando dice que no caminemos conforme a la carne, lo que te está diciendo es que no camines conforme a tu linaje natural. Porque tú eres de una familia divina, superior al linaje natural. Eso es más profundo que un mal comportamiento. Herencias por lazos familiares naturales, reacciones, limitaciones, enfermedades, temores. Eres libre de esa dimensión. A propósito de esto, me gustaría dar algunos ejemplos si es que el tiempo me da chance de hacerlo.

 

En su carta a los Romanos, Pablo les dice:  Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne; Vamos a ver: ¿Quiénes eran esos hermanos de Pablo? Los israelitas. Según la carne, obvio. Pero no hizo eso, sino que siguió con su derrotero espiritual y dejó a los israelitas atrás. Parece muy duro, muy cruel y hasta ultra religioso, si quieres verlo así. Pero es un indicador de algo que no siempre tenemos en cuenta. O sea que lo que él dijo fue que quisiera, en su carne, no tener nada que ver con Cristo, para poder hacer algo por Israel. Pero no lo hizo. Existen lazos familiares que nos traban y obstaculizan, causándonos impotencia para manifestar la semilla que va a derrotar el gobierno de Satanás.

 

Queremos manifestar esa semilla que va a derrotar la perversión, la droga, las bacterias y todo lo que de alguna manera nos acosa hoy. Claro, si en tu mente tú nunca crees que eso vaya a acontecer, tú nunca serás parte de eso. La parte del evangelio que tú no creas, no se te manifiesta. Si tú no crees en sanidad divina, nunca serás sano. Si no crees en prosperidad divina, jamás tendrás un centavo. No estamos hablando de los extremos del materialismo. No te dejes llevar por lo malo, porque la verdad siempre prevalece. Aunque haya gente que lo manipule y lo lleve a un extremo, nunca existe nada falso, sin que primero se copie de algo real. No puede haber una copia, sin un original. No puede haber un extremo, sin un punto de partida.  ¡Es que esa gente es muy materialista! Y bueno…misericordia…sólo se fueron a un extremo de algo que es cierto. ¡Es que ese es un falso profeta! Ah, claro, pero eso pasa porque hay verdaderos, y se está copiando.

 

(Lucas 20: 27) = Llegando entonces algunos de los saduceos, los cuales niegan haber resurrección, le preguntaron, (28) diciendo: Maestro, Moisés nos escribió: si el hermano de alguno muriere teniendo mujer, y no dejare hijos, que su hermano se case con ella, y levante descendencia a su hermano. (29) Hubo, pues, siete hermanos; y el primero tomó esposa, y murió sin hijos. (30) Y la tomó el segundo, el cual también murió sin hijos. (31) La tomó el tercero, y así todos los siete, y murieron sin dejar descendencia. (32) Finalmente también murió la mujer.

 

(33) En la resurrección, pues, (Es decir: en esa otra dimensión, que todos sabemos que existe, a la que todos sabemos que en algún momento iremos, pero de la que en honor a la verdad, no sabemos absolutamente nada, porque a Dios no se le antojó jamás hablarnos del después, sino que n os ministró de modo permanente para el ahora, ya que entiendo que el después es total y absolutamente una cosa entre cada uno de nosotros y Él) ¿De cuál de ellos será mujer, ya que los siete la tuvieron por mujer? (Noten con cuidado la contestación que les va a dar Jesús. No interesa cuantas veces la has leído y ni siquiera interesa si te la han predicado o no. Lo que voy a decirte, ahora, es clave en toda medida, porque nos vamos a ir mucho más profundo de lo que estás acostumbrado a oír. Tenemos que ir a la dimensión que estamos estudiando.

 

(34) Entonces respondiendo Jesús, les dijo: los hijos de este siglo (Siglo, aquí, es mucho más que Sistema, tal como lo hemos aprendido. Aquí siglo también es dimensión, que es ámbito natural, presente, visible, palpable. Ese en el que casi todos nosotros, muchas veces, elegimos para creer y confiar porque la otra dimensión, en la que Dios habita, no la podemos ver y, los griegos plantaron la enseñanza en las escuelas terrenales, que dice que lo que no se ve ni se palpa, no existe) se casan, y se dan en casamiento; (35) más los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo (¡A esto hay que alcanzarlo! Hay unos hijos que van a ser aceptados como hijos. Hay una generación que van a ser contados como dignos de alcanzar la otra dimensión, aquí. Y no es ni una fantasía ni un delirio, está escrito. ¡Siempre estuvo escrito!) y la resurrección de entre los muertos, ni se casan, ni se dan en casamiento.

 

(36) Porque no pueden ya más morir, (¿Escuchaste bien? Ya no pueden morir. Sólo se muere una vez en esta dimensión) pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección. Queda claro. Eres un ser humano, un hombre, una mujer, con sus pies adheridos al suelo porque estás sujeto a la ley de la gravedad del planeta. Eso en esta dimensión. Cuando pasas a la otra, eres como los ángeles, esto es: un espíritu libre y poderoso. Aquí vemos dos conceptos que Cristo separa. Uno, las familias naturales, atadas por limitaciones. Tienes que casarte con Fulano, porque si no te casas con Fulano…Pero pone la segunda y dice: para ser convertido en la generación que no experimentará muerte, tienes que vivir más allá de esos conceptos.

 

Más allá del gusto personal, más allá de los problemas familiares, una gente que vive más allá de los límites naturales. Hasta los matrimonios cristianos cambian cuando se tiene conocimiento pleno del propósito de Dios. Las prioridades y los deseos tradicionales se modifican. No hay demandas. Y tú sabes muy bien que no exagero ni digo nada que todos no hayamos visto o lo peor, vivido en carne propia alguna vez. ¿De verdad te creíste esa falsa predicación que te asegura que si te casas con la jovencita que va a la iglesia todos los domingos, ya tienes resuelta tu vida de familia y tu futuro? Es obvio que la aparición de tu futura esposa va a darse en un ambiente de creyentes, porque así tiene que ser. Pero la única garantía respecto al destino futuro de tu familia y tu felicidad con ella, es que ella sea una hija de Dios, no simplemente una jovencita que va a la iglesia. Gracias a Dios me ha permitido ver mucho de lo primero, pero lamentablemente tengo que reconocer con dolor que de lo segundo he visto en más cantidad.

 

(Lucas 8: 19) = Entonces su madre y sus hermanos vinieron a él; pero no podían llegar hasta él por causa de la multitud. A ver: ¿Has visto cuando llega a un determinado lugar una figura muy famosa, y entre el batifondo que mete la prensa que quiere entrevistarlo, como la gente que se agrupa para verlo de cerca, tocarlo, pedirle una foto o una firma, que la figura en cuestión por momentos queda apretujado sin poder avanzar? Eso es lo que estaba sucediendo aquí, con el mínimo aditamento que no había ni periodistas ni fans de cuerpos activos y cerebros fosilizados, sino personas comunes, gente a las que las cosas que le había visto hacer y decir a Jesús, los habían impactado tanto que necesitaban no separarse de Él, buscarlo a cada momento, tenerlo a la vista, cerca. Muy bien; ellos lo hicieron en lo literal y en su tiempo, pero nosotros deberíamos seguir haciéndolo hoy, del mismo modo, sin despegarnos de Él. ¿Dependencia? Sí, pero a Jesús el Cristo, no a estrella de la televisión cristiana.

 

(20) Y se le avisó, diciendo: tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte. (21) Él entonces respondiendo, les dijo: mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen. Ahora entendiste el verso, ¿Verdad? Y te salta la primera duda: ¿Es que no respetaba a su madre? ¡Sí! ¡Claro que la respetaba! ¡Pero había algo superior! Yo me pregunto para cuantos, de ustedes, hoy, puede haber algo superior a padre, madre, esposa, esposo o hijos. Cuidado; la Palabra dice que TODO lo que se anteponga a Dios en nuestras vidas, es idolatría. Y cuando dice todo, es eso: TODO. Noten la comprensión de este principio que corta y evita la revelación de que eventualmente va a haber una generación que sí va a terminar la obra de Dios. En nuestra mente se nos ha inculcado que todos vamos a vivir tal como estamos, hasta que un día vamos a ser interrumpidos por Dios. ¡No!

 

Familias naturales que funcionan aparte del entendimiento de lo que es ciudadanía espiritual, siempre les crean conflicto a la iglesia y a Cristo. Manipulaciones emocionales dentro del matrimonio o entre padres e hijos. Demandas egoístas. En Mateo, Jesús dice que aquel que encuentra su vida, la pierde. Y el que la pierde por mí, la gana. El engaño tan poderoso que nos ata y nos limita para manifestar el dominio. Vivir desde el concepto de que somos una nueva creación, es para gente madura. Somos una nueva creatura. “¡Pero es que yo te veo igual, no me parece que hayas cambiado!” – No sé, pero yo ya no pienso igual, y según el hombre piensa, el hombre es. No es según el hombre desea ser, es según el hombre piensa que es ahora, es.

 

La semilla incorruptible está vigente ahora. Discernir las dos audiencias. O sea: la familia natural, y la familia espiritual. Satanás nos roba la capacidad de discernir las dos audiencias. El Reino de Dios debe aprender a caminar en relaciones naturales, y mantener su vida en el espíritu. La gran pregunta que siempre está a punto de surgir y no surge por vergüenza de los cristianos que no se atreven a formularla, aquí es: ¿Cómo hacemos para mantener nuestras vidas en el espíritu y no en la carne? Claro, lo que pasa es que se nos enseñó que caminar en el Espíritu era andar volando entre nubes con cara de éxtasis permanente. Eso no es caminar en el Espíritu. Caminar en el Espíritu es caminar una vida en el mundo natural, gobernada por los principios de la otra dimensión. Si alguien te invita a beber una copa de vino en su casa, lo aceptas, te acomodas con ellos y te la bebes. Si ves que van por una segunda, te sonríes, agradeces, pero lo declinas. Recuerda que aquellos diáconos no tenían prohibido beber vino. No tenían que ser afectos al MUCHO vino. Una cosa fue Jesús compartiendo vino con los publicanos, y otra, andar borracho y pretender leerles la Biblia a los sobrios.

 

Se nos decía que el espiritual era el que ayunaba cuarenta horas semanales. Pero es el mismo que controlaba a su mujer y manipulaba a sus hijos. Son dos ámbitos opuestos y tenemos que aprender la diferencia. Por ejemplo: Pablo estaba en cadenas, y adoraba a Dios. No negó a los que estaban a su alrededor la audiencia natural que tenía cadenas. Pero cuando escribía sus cartas, le decía: ¡No seas cobarde! ¡Timoteo, esfuérzate! ¡Los valientes sufren violencia y arrebatan el Reino! Y él estaba preso. La verdad no niega la realidad, la cambia. La hipocresía y la simulación nunca van a mover a Dios. La presunción tampoco. Pablo decía: “Sí, estoy en cadenas, pero Timoteo, escúchame, Dios no te ha dado espíritu de temor.” No parece una carta de un hombre preso. En Romanos 14, Pablo comienza a decir que unos comen carne, otros no comen carne. “¡Yo soy libre y como lo que me da la gana!” Esa era la declaración de un hombre a la audiencia espiritual. Pero se da cuenta que hay audiencia natural que es débil, y dice: “Pero no todo me conviene”.

 

Lo dijo por los débiles, al maduro no le importa. Vamos más allá. Cristo, muere Lázaro, amigo natural. Y se encuentra, cuando viene, que deliberadamente espera a que muera y apeste. Llega y, a la entrada de la ciudad, se encuentra con Marta y María. Su audiencia natural. Y ellas comienzan a condenarle. ¡Si hubieras estado aquí, mi hermano Lázaro no hubiera muerto! Cristo ignoró todo eso. Eso es la mente del hombre que anda en otra dimensión. No dijo nada. Por eso cuando llega allá, llora. Está atendiendo a la multitud natural. Luego dice: Padre, nosotros estamos en otra dimensión, pero para que vean esta sarta de cabezones cuál es tu poder, voy a orar para que ellos oigan. Dos audiencias. Tratamos la natural, pero vivimos por la espiritual. Atendemos lo natural, pero no regimos nuestra conducta por el linaje natural. Pero vivimos exactamente donde debemos vivir, por lo espiritual. ¿Bajo qué Reino estás? Es importante que lo sepas. Tu futuro de hoy, aquí y ahora depende de ello, y el de eternidad también.

Leer Más

La Base de tu Estabilidad Espiritual

 (Ezequiel 28: 14-19) = Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad. A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector. Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor; yo te arrojaré por tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti. Con la multitud de tus maldades y con la iniquidad de tus contrataciones profanaste tu santuario; yo, pues, saqué fuego de en medio de ti, el cual te consumió, y te puse en ceniza sobre la tierra a los ojos de todos los que te miran. Todos los que te conocieron de entre los pueblos se maravillarán sobre ti; espanto serás, y para siempre dejarás de ser.

Este pasaje nos lleva a un momento crucial en la historia del evangelio, el de la caída de Satanás de cielo. Dice que era perfecto en todos sus caminos, hasta que se halló en él, maldad. En realidad la palabra correcta es Iniquidad. La gran pregunta que todos nos hemos hecho alguna vez, es: ¿Cómo entró en él esta iniquidad? ¿Qué significa que alguien haya sido perfecto en todos sus caminos y de pronto algo se tuerce en su interior y permite la entrada de eso que llama iniquidad? Es como si algo dentro de él hubiera decidido que podía tomar un camino alternativo y torció sus pensamientos, y en este momento en que satanás tuerce sus pensamientos, empieza a entrar en el universo, esta palabra llamada Iniquidad.

Vamos ahora a ver lo que hay en el libro del Éxodo, capítulo 34. Es necesario profundizar en esto porque no es tema para tratarlo superficialmente. Comenzando desde el verso 6. Este es el momento en que Moisés le está pidiendo a Dios que manifieste su gloria delante de él, y entonces dice: Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación.

En el lado opuesto, la iniquidad tiene también un poder de atracción. Son dos fuerzas espirituales que atraen hacia sí mismas. Y la iniquidad, así como la justicia, atrae todo lo que es del Reino de Dios, la iniquidad atrae todo lo que pertenece al reino de las tinieblas. Así se dan situaciones donde gente que está segura de estar caminando bien con Dios, sin embargo se ve atormentada por decenas de problemas, enfermedades y situaciones que a todas luces muestran que está bajo fiero ataque. Y el problema no es que el enemigo te ataque, el problema es la causa o la razón por la cual ese ataque te llega.

Ya vimos que la iniquidad es todo lo torcido, cuando en el Antiguo Testamento se oraba, y el Sumo Sacerdote ponía las manos sobre aquel cordero que iba a ser enviado al desierto. No son pocos los que de ustedes tienen que haber leído todo sobre esto. El sacerdote oraba y ponía en ese animalito a modo de expiación, el pecado de Israel, la iniquidad y la rebelión. Lo que vemos, por encima de esto que es histórico, es que Dios hace una diferencia entre iniquidad y pecado. Jesús, dice en Isaías 53, llevó nuestros pecados y fue molido por nuestras transgresiones, fue traspasado por nuestras iniquidades. La obra de la cruz habla de esas tres cosas. Jesús no solamente llevó los pecados, sino también nuestras iniquidades.

Sin embargo, lo que necesitamos saber es cómo tratar con la iniquidad. ¿Cómo la saco de mi vida? ¿Qué es lo que está produciendo? ¿Cómo hago para identificarla en mí? El Señor dice que Él visita la iniquidad de los padres sobre los hijos, hasta la tercera y cuarta generación. La iniquidad es como si fuera una posta de esas competencias de relevos. Pasa de un padre a un hijo o a un nieto, y en la medida que vamos nosotros pecando, vamos torciendo más ese cordón, ese batón, esa posta que es nuestra herencia. Y así es como lo pasamos a la tercera y cuarta generación.

La iniquidad es un asunto del espíritu. La rebelión es un asunto del alma. Y el pecado, es un asunto entre el alma y el cuerpo. La iniquidad es, necesariamente, espiritual. La pregunta, es: ¿Cómo entra la iniquidad dentro de nosotros? 2 Corintios 7:1 dice: Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios. Por muchos años se ha predicado que cuando alguien viene al Señor, su espíritu se convierte en algo así como el Lugar Santísimo, y entonces se nos enseña que allí nuestro espíritu queda ya perfectamente limpio, maravilloso e inmaculado. Y a esto lo hemos predicado todos durante años. Sin embargo Pablo, aquí, dice que oyendo tales promesas, limpiándonos de toda contaminación de carne y de espíritu.

Entonces la iglesia se ha enfocado en limpiar toda contaminación a través de la carne, pero hemos ignorado totalmente la contaminación que viene a través del espíritu. Y esto es iniquidad. Y a esto lo podemos reforzar con lo que está escrito en Malaquías 2. Lo maravilloso de la era apostólica, es que viene a enderezar muchas cosas, muchas enseñanzas que las hemos aprendido de manera parcial. La era apostólica trae una luz que nos permite empezar a reflexionar sobre muchas cosas que por años hemos aceptado automática o mecánicamente. Malaquías 2:16: Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su vestido, dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales.

Esto quiere decir aquí que, la deslealtad matrimonial, afecta directamente el espíritu. Dice guardad vuestro espíritu. Limpiémonos de toda contaminación de espíritu. Cuando Satanás concibe este pensamiento torcido de lo que era Dios, Satanás es espíritu. La iniquidad entra espiritualmente al corazón de este arcángel llamado Luzbel. Es la sangre en nuestro organismo la que contiene la vida del espíritu. Nosotros somos espíritu, pero en nuestra sangre está contenida la vida. Cuando el óvulo es fecundado por un espermatozoide, solamente el padre puede transferir sangre. La madre no transfiere sangre, sólo el padre. Cuando esa sangre entra y concibe el óvulo, en ese momento el espíritu del hombre va a entrar a formar parte de ese embrión.

Y es en ese momento, el espíritu que viene puro, que viene perfecto de parte de Dios, entra, es concebido en el vientre de una madre y, cuando la sangre y el óvulo están unidos, el esperma y la sangre están unidos, esa herencia espiritual de una persona, empieza a imprimirse en el espíritu puro y perfecto que venía de Dios. Dice el salmo 51: En iniquidad me concibió mi madre; en maldad fui formado. Eso quiere decir que ese espíritu puro, maravilloso y perfecto que venía de Dios, al momento de entrar en contacto con la sangre del padre, humanamente hablando, es transferido a ese espíritu todo ese torrente de iniquidad y pasa de ese modo del padre al hijo.

En nuestro espíritu, una de las cosas que hemos perdido en la iglesia post pandemia de este siglo veintiuno, es entender el espíritu del hombre. Es tan escaso el conocimiento que existe sobre eso, que ha determinado que la iglesia en su conjunto y más allá de la buena voluntad y predisposición de buenos hombres, haya perdido su espiritualidad. Hemos puesto más nuestra confianza en los hombres que en el Espíritu Santo de Dios. La iglesia, y hablo de su conjunto, dejo a un lado aquellas hermosas y poderosas excepciones, está muy poco desarrollada en cuanto a seres espirituales. Por eso es que abunda el pecado, la hipocresía, la mentira. Es en este tiempo en donde Dios nos estará renovando el entendimiento respecto a quienes somos como seres espirituales.

Sucede que hay, dentro de nuestro espíritu, un Lugar Santísimo. Es el lugar especial donde se aposenta la semilla perfecta y maravillosa de Dios. Pero no se aposenta en todo el cuerpo espiritual, sino en ese lugar que es el corazón y la comunión del espíritu. Entonces, la iniquidad es parte de nuestra herencia espiritual. No es algo de la carne, es algo del espíritu. Se transfiere de espíritu a espíritu. La palabra dice: Limpiaos de toda contaminación de espíritu. ¿Sabes qué? Debe haber un sesenta por ciento de cristianos, y no sé si no me quedo corto, que no tienen ni la menor idea respecto a qué cosa es una contaminación de espíritu. Por eso eres un foco de atención en el mundo espiritual y Satanás tiene derecho legal de atraer sobre ti todas las barbaridades que proceden del reino de las tinieblas.

No tendrá por inocente Dios a nadie, sino que Él visitará la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación. Por eso, es que una de las cosas que tenemos que aprender, es como limpiarnos de iniquidad, como desarraigar esa tremenda herencia que viene persiguiéndonos de generación en generación, para dar a luz generaciones santificadas, puras, y que entremos a esos niveles en que con toda confianza podemos acercarnos a la gloria de Dios sin el temor natural de que vamos a ser consumidos por fuego por causa de nuestra iniquidad. Si no tratas la iniquidad, por favor no te acerques a la gloria de Dios, está escrito. La gloria y la justicia, necesariamente, juzgaran la iniquidad.

La iniquidad es la suma de toda maldad. Dice Jeremías 17:1: El pecado de Judá escrito está con cincel de hierro y con punta de diamante; esculpido está en la tabla de su corazón, y en los cuernos de sus altares, La iniquidad, desde el espíritu del hombre, va a empezar a transformar y a darle forma al alma del hombre. En maldad fui concebido, en maldad me formó mi madre. Hay una estructura espiritual que comienza a rodear a esa persona. Por eso hay hijos de padres o de abuelos alcohólicos, que quizás crecieron en la iglesia y siendo excelente en todas las áreas. ¿Y qué crees? De pronto se vuelven alcohólicos, casi de la noche a la mañana y nadie le encuentra explicación racional a eso. Se van de la iglesia y aterrizan en el satanismo y la brujería. ¿Cómo pudo suceder eso?

Porque nunca le trataron la iniquidad. Tenía grabado en su ADN el pecado de sus padres o de sus abuelos y nadie cortó ni lo ayudó a cortar con eso. La iniquidad va a tener varias consecuencias. Mira lo que dicen el final del primer y segundo verso del salmo 58: Oh congregación, ¿pronunciáis en verdad justicia? ¿Juzgáis rectamente, hijos de los hombres? Antes en el corazón maquináis iniquidades; Hacéis pesar la violencia de vuestras manos en la tierra. Por causa de esa estructura de iniquidad que está en nuestro espíritu, la tierra está siendo maldita por causa nuestra. ¡Hacen pesar la violencia! ¿Pero qué violencia si yo soy tranquilo y manso? La violencia de tu herencia espiritual.

La violencia de todos los homicidios que cometieron los españoles a nuestras razas nativas. La violencia de todos los abortos que se han cometido. la violencia de tanta iglesia evangélica peleándose los unos contra los otros y pese a eso siguen llamándose “hermanos”. Dice la palabra que cuando alguien odia a su hermano, eso es trabajo de un espíritu de homicidio. La misma tierra que estás pisando está cargada de iniquidad, y por eso no puede producir el fruto y tampoco bendición. Porque estamos caminando en verdades a medias, y Dios quiere traernos un torrente de su revelación. La iniquidad va a producir sordera espiritual. Ese es uno de los motivos por los cuales a tantos cristianos les cuesta escuchar la voz de Dios. Iniquidad en tu vida, es el mayor impedimento para que puedas escuchar la voz de Dios.

(Salmo 58: 3-5) = Se apartaron los impíos (Impíos aquí son los que padecen iniquidad en sus vidas) desde la matriz; Se descarriaron hablando mentira desde que nacieron. Veneno tienen como veneno de serpiente; Son como el áspid sordo (Lo dicho: la iniquidad produce sordera espiritual) que cierra su oído, Que no oye la voz de los que encantan, Por más hábil que el encantador sea. Esta impiedad produce tal calidad de sordera espiritual, que hay doctrinas llenas de iniquidad. ¿No has escuchado enseñanzas que te aseguran que Dios hoy ya no le habla al hombre? Eso es iniquidad doctrinal. Dios habla hoy y aquellos que oyen su voz saben que ni miento, ni exagero nada. Y no soy un místico irresponsable jugando a las fantasías sublimes y celestiales. Soy un hijo de Dios con suficiente temor y reverencia como para cuidar muy bien lo que digo y enseño.

Te digo algo anexo para comprobar y probar esto que dije. ¿Cuántos de los que hoy me están oyendo, alguna vez han escuchado con absoluta claridad la voz del miedo, o la voz de la tentación. Esas voces que te dicen que ya todo está perdido y que muy pronto te vas a morir irremediablemente y aterrizarás en el infierno porque eres malo y estás perdido? Bueno; esa es la voz de Satanás y sus demonios. Y si eres capaz de oírlos a ellos, ¿Cómo me dices que no vas a escuchar a Dios porque Él ya no habla? ¿No te parece incoherente? Además, la iniquidad también produce ceguera espiritual. ¿Tú sabes que Dios quiere que tú le veas? Jesús dijo: El mundo no me verá más, más vosotros me veréis. Y esto no se refiere a cuando nos vayamos al cielo, porque cuando estemos en el cielo, todo ojo le va a ver, toda rodilla se va a doblar delante del Rey; unos para perdición eterna y otros para redención.

El problema grave es que la iglesia ha terrenalizado todo. Mientras más lógico y terrenal sea todo lo que vivimos, más creíbles  y simpáticos nos haremos para nuestros vecinos incrédulos. Si hablamos de cosas invisibles nadie querrá venir a la iglesia. Y una gran verdad que nos preocupa, nos duele enormemente y hasta nos asusta, es que los brujos, los hechiceros y los satanistas tienen más claro el mover del Espíritu que la iglesia que debería conocerlo a fondo. 2 Corintios 3:14 dice: Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado. Y concluye en los versos 17 y 18 expresando: Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.

Esta es su promesa, pero tenemos que venir a Cristo en una forma diferente y poderosa, para entender como entrar y como ver esa gloria. ¿Y qué cosa es ver la gloria de Dios? Lo que vio Ezequiel, cuando vio los cielos abiertos, lo que vio Daniel, cuando vio el trono de fuego de Dios, el Anciano de días, lo que vio Juan, lo que vio Pablo, lo que vio Isaías. Cosas mayores son las que Dios tiene preparadas para nosotros, para que no sean ellos perfeccionados aparte de nosotros. Pero no entramos por causa de la iniquidad que está formando un velo de tinieblas que no nos deja avanzar como iglesia y entrar a los niveles de gloria que Dios quiere que entremos. La iniquidad es un ancla, la iniquidad son velos, la iniquidad es la fuente número uno de enfermedad. Jesús no compró con su sangre una iglesia que hoy vive en la enfermedad en la que vive. La iniquidad es la que produce ese bloqueo mental en la que mucha iglesia cae cuando hay nuevos moveres de Dios.

La iniquidad te bloquea porque es una estructura de pensamiento, es una estructura que tiene una manera de hacer las cosas y no acepta moverse de ella. Es una estructura de rudimentos, de principios de este mundo. ¿Estás enfermo? ¡Te vas al médico! ¡Te llenas el cuerpo de píldoras! Estructura de este mundo, estructura de iniquidad. Es como una telaraña negra que te envuelve y si no la detienes busca matarte el alma. Es un ancla que no te permite despegar en tu vida espiritual. Siempre estás en el mismo lugar. Es una ciénaga en la que te hundes y te hundes y no te das cuenta. El Salmo 109 la define así en los versos 18 y 19: Se vistió de maldición como de su vestido, Y entró como agua en sus entrañas, Y como aceite en sus huesos. Séale como vestido con que se cubra, Y en lugar de cinto con que se ciña siempre. Médicos cristianos aseguran que donde más fuerte ataca la salud la iniquidad, es en el sistema linfático. De esas aceites y aguas provienen todas las enfermedades.

Si hay un texto bíblico que es por excelencia una dedicatoria al tema de la iniquidad, ese es el capítulo 59 de Isaías. Mira los dos primeros versos: He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír; pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír.  Fíjate que pone las dos palabras, no generaliza con solamente pecado. Dios no oye tus oraciones por causa de la iniquidad. Es un velo negro y denso que no permite que pase nada hacia el trono ni de ida ni de retorno. Dios no te oye, tú no lo oyes a Él. Versos 5 y 6: Incuban huevos de áspides, y tejen telas de arañas; el que comiere de sus huevos, morirá; y si los apretaren, saldrán víboras. Sus telas no servirán para vestir, ni de sus obras serán cubiertos; sus obras son obras de iniquidad, y obra de rapiña está en sus manos.

Asegura la gente que ha estudiado esto con mayor profundidad y casi especializándose en ello, que la mayor parte de los tumores que se forman en los cuerpos humanos, provienen de la iniquidad. Los tumores , -dicen-, son estos huevos que se van incubando en el cuerpo, provienen de la iniquidad y se van convirtiendo en tumores. Dice que los aprietan y salen víboras. Hacen metástasis todos estos tumores. Son como telas de arañas. Hay gente que tiene todo su ser espiritual cubierto con una telaraña negra. Y eso, además de atraer toda forma de maldición, también empieza a enfermar el cuerpo. Y esa gente ora, lee su Biblia, canta y hace todos los esfuerzos que puede, pero no sucede nada, es como si Dios se hubiera olvidado de ellos. No es Dios, es el peso de la iniquidad en sus vidas. Y no se te va de un modo automático, tienes que sacarla. Tú vienes a Cristo y no eres perdonado y liberado de tus pecados de manera automática, tienes que arrepentirte y pedir perdón. Con la iniquidad sucede algo similar. No se va sola, debes sacarla, echarla a puntapiés de tu vida en el nombre de Jesús. Cortarla de raíz para ti, para tus hijos, nietos, biznietos y tataranietos.

La iniquidad es una estructura de pensamiento. Es una estructura que te va a hacer envidiar, que te va a hacer odiar, que te va a hacer pelearte. Por eso la iglesia está tan dividida por todos lados en la tierra. Tratan con el pecado, pero a la iniquidad ni la molestan. Y luego se ponen a cantar que se van todos al cielo, y Satanás muerto de risa. Y Dios dice: Yo no tendré a nadie por inocente. Yo visito la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen. Gente que es generosa y obediente. Que diezma, ofrenda y ayuda en todo lo que puede y vive con lo justo y con sus finanzas en bancarrota. Iniquidad. De eso se trata. Pídele al Espíritu Santo que te guíe respecto a que línea de antepasados fue la responsable y corta todas tus ligaduras familiares. Y corta esa misma línea desde ti hacia tu descendencia, libéralos.

Leer Más

Examinando Obras Dignas

Creo que uno de los puntos más sensibles dentro del pueblo de Dios conocido como “la iglesia”, es el de dejar traslucir un desconocimiento muy importante para con el Dios en el que dice creer. Por más que se predique con mucha elocuencia y se transmitan mensajes con alto grado de profundidad y conocimiento, el mundo secular jamás se va a dejar impresionar por eso. Alguna cosquilla a sus almas, algún pequeño impacto emocional a lo sumo, pero nada más. El mundo incrédulo caerá a los pies de Jesucristo el día que en su interior sienta un sacudón tan fuerte que no podrá evadirlo, pero eso seguramente no vendrá de lo que diga o haga un hombre, sino de algo mucho más poderoso y contundente.

 

Quien deba vivir eso, tendrá más que claro que lo que lo derrumbó a los pies del Señor fue un poder mucho más omnipotente que el mayor poder que el mundo natural pueda mostrar. Por algo Él dijo lo que dijo cuándo todos esperaban que dijera otra cosa o directamente lo contrario. Jesús no mostró ni la menor intención de prolongar su estadía en la tierra más allá del tiempo que su Padre le había asignado. Y no dudó en decirlo en voz alta para todo aquel que tuviera oídos espirituales para oír.

 

(Juan 16: 7-11) =  Pero yo os digo la verdad: (Si ya era necesario que Jesús les aclarara a sus propios discípulos que les estaba diciendo la verdad, indudablemente es porque ya en esa época, existían oportunistas de la misma talla y madera que muchos actuales que pretendían convencer a las personas de sus intenciones espirituales sin otra finalidad que la de usarlo en su provecho o beneficio material) Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría vosotros; más si me fuere, os lo enviaré. (Dios es uno reinando en tres personas, pero queda claro que Jesús el Cristo, el Hijo, es quien determina que el Espíritu Santo venga a la tierra) Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.

 

Jesús acá está diciendo que nadie puede venir a conocer a Dios si no es porque el Espíritu Santo trabaja primero, convenciéndonos de pecado, de justicia y de juicio. Recuerda también que en este capítulo 16 de Juan, Jesucristo dice que ya ha juzgado al príncipe de este mundo. ¿Por qué? Porque si él no hacía eso, él no podía sacar a nadie de esta esfera. Haz memoria y entiende que todos estos que estaban bajo esa cúpula de gobierno maligno, le pertenecían. No porque él los haya creado, hasta donde yo sé, ningún diablo creó a nadie, sino porque todos fuimos a él vendidos por el pecado. ¿Y quién pecó? Pecó Adán, y en Adán pecamos todos. Esto suena muy simple cuando se dice y llama poderosamente la atención que no sea entendido con tanta facilidad.

 

Sin embargo, cuando tomamos conocimiento de lo que en el ámbito espiritual son las llamadas vendas mágicas, allí es donde comenzamos a comprender y entender la ceguera que muchos auto denominados como cristianos todavía padecen. Y que quede constancia que aclaro eso de que ningún diablo creó a nadie, porque es mucha la gente que se dice cristiana que está casi convencida que no puede vencer contra el inmenso poder de un Satanás al que coloca en el mismo nivel que Dios y, en algunos casos puntuales, aun por encima. ¿Por qué caen en ese tan fiero y grosso error? Por ignorancia, por falta de lectura de la Palabra, por falta de oración y, esencialmente, por no tomarse el tiempo, si es que en verdad acostumbra a orar, de quedarse en silencio un momento y darle lugar a que Dios le responda.

 

Y a todo esto, se le suma la profusa producción de literatura relacionada con la guerra espiritual, donde se le adjudica al enemigo un poder que no tiene, y se omite decir que cuando llega a tenerlo, es porque el hombre se lo otorga y se lo concede con sus conductas o simplemente pecando sin pudores ni frenos. Entonces Cristo confrontó al diablo, para poder tener el derecho y la autoridad de sacarlos de este sistema. Pero, la única manera en la que nosotros podemos ser tomados y sacados, es básicamente por la obra del Espíritu Santo. Esa cúpula de la que te hablaba, lograba que la gente que estaba adentro, no pudiera escuchar a Dios. Esa cúpula es tan cerrada que, aunque Dios está hablando, ellos no pueden escucharlo.

 

¡Que dilema es ese! ¿Cómo Dios podrá alcanzar a alguien que no lo escucha? Entonces, lo que hace es tomarlo, (Léase santificarlo), sacarlo de esa esfera, y dejarlo en algún lugar en el que sí pueda escuchar a Dios. ¿Y qué es lo primero que Dios hace cuando una persona sale? Lo convence de justicia, de pecado y de juicio. Eso no podía pasar estando en este sistema. Ahora está afuera. ¿Por qué? Porque ya ha sido elegido, ha sido santificado, en un aspecto. Él puede escuchar, siente dentro de él, por primera vez, el peso de lo que hizo. Por primera vez, se siente mal por los pecados que cometió. Por primera vez se dio cuenta que ofendió a Dios. Por primera vez empieza a reflexionar de todos los hechos malignos que ha cometido. ¿Qué está pasando? Que el Espíritu Santo está trabajando en esta persona.

 

Recuerda; no hemos hablado hasta este momento de arrepentimiento. Lo que te estoy diciendo, con total honestidad, espero que traiga luz a tu entendimiento. Si el Espíritu Santo no nos ayudara, ni siquiera podríamos arrepentirnos. ¡No hay forma! ¿Sabes por qué? Porque no tenemos conciencia de lo que agrada o desagrada a Dios. No sabemos qué es lo que Dios quiere o no quiere. Es el Espíritu Santo el que se encarga de todo eso. Pero, mi voluntad va a tener que dispararse, en cierto momento,  para responder lo que Dios, en su Espíritu, está haciendo en mi alma y en mi corazón. Dios espera que nos volvamos en nosotros mismos. Una vez más, el gran secreto no está en hacer o no hacer, el enorme punto esencial está en Ser.

 

(Lucas 15: 17) = Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! (Nota que el que está hablando, es el hijo pródigo. Dice que él volvió en si. Y que nos arrepintamos y nos convirtamos a Dios. Y el modelo o ejemplo que le da, no es menor. No se compara con los reyes y su opulencia, se compara con los jornaleros de su padre, que es como hablar de la escala social menor)

 

(Hechos 26: 20) = sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.

 

Vamos por etapas. Etapa uno: Dios elige a alguien, lo santifica, lo saca de la atmósfera de gobierno del maligno. Etapa dos: su Espíritu Santo provoca que la persona pueda empezar a sentirlo. ¿Qué es? La justicia, el pecado y el juicio. Etapa tres: El creer o no creer, es determinante. ¿Por qué? Porque el pecado entró por medio de Adán. Por eso, cuando alguien te dice que aceptó a Cristo y que por esa razón ya es salvo, entiéndelo y acéptalo como bueno, como verdad, pero que no se te olvide que la realidad es que tanto esa persona como todos nosotros, estamos siendo salvos progresivamente. Es un proceso. El final feliz está garantizado, esa es la diferencia.

 

(Romanos 5: 12) = Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. (El pecado entró por medio de Adán, por haber cedido a la tentación de Satanás. Si no entra el Señor en tu vida, ni tú ni nadie, por encumbrado que sea, puede evitar pecar. Está en sus genes. De allí que cuando alguien que vive sin Dios me habla de honestidad e integridad, simplemente me lo quedo mirando. Allí es donde él o ella se dan cuenta que yo sé, que sé, que sé, pero su realidad no es como me la están vendiendo)

 

(Génesis 3: 13-14) = Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí. Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. (La justicia de Dios, después que Adán peca, es Cristo crucificado y resucitado. Sobre tu pecho andarás, le dice a la serpiente. Así es hoy y seguirá siendo. ¿Polvo comerás? Las serpientes no comen tierra. Déjame decirte que entonces tiene que ser carne humana. Ya lo sabes. Si sigues andando en la carne, la serpiente te devora porque tiene derecho legal para hacerlo)

 

(Juan 16: 10) = de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más;

 

(1 Corintios 1: 30) Pero por él estáis vosotros en Cristo Jesús, quien nos fue hecho por Dios sabiduría, justicia y también santificación y redención.

Cristo es el que es hecho justicia en esa primera etapa, no nosotros. No es importante que busquemos justicia en esa etapa en nosotros, sino en aquel que es nuestra justicia. Y el juicio que está destinado a Satanás. ¿Y por qué el juicio tiene que abarcar también a Satanás? Porque él es el autor y la fuente del pecado. Y si estás pensando en JUICIO como escarmiento, castigo, lapidación o ejecución letal, te recuerdo que si bien la palabra nos golpea, la realidad nos dice y nos muestra con claras evidencias que Juicio, siempre ha sido, es y será separar lo verdadero de lo falso. Quien vive apartado del pecado, es libre y verdadero. Quien vive sometido por el pecado, es esclavo y falso. Sucede que no siempre aclaramos algo que está implícito en la misma Biblia: así como Dios tiene hijos, también Satanás los tiene. Juan te lo muestra con suma claridad.

 

(Juan 8: 44) = Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira. (En Adán, nacimos todos del pecado. La única manera de ser libre del pecado, es poder creer en Cristo, el Hijo de Dios, y ser regenerados por él.) (Romanos 5: 9) = Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.  (Si creemos en Cristo, que es justicia de Dios para nosotros, y nosotros somos justificados en él,)

 

(Romanos 3: 24) = siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, (Este verso no dice nada, aparentemente, que no sepamos ya. Sin embargo, a mí me sigue haciendo mucho ruido, y espero que se lo haga a todos los ministros de todos los ministerios, cuando dice que hemos sido justificados GRATUITAMENTE. Esto, obviamente, impide cualquier forma de justificación por medio de ofrendas, diezmos u otras formas de pagos santos.)

 

(Romanos 4: 25) = el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación. (Aquí lo tienes bien claro. Jesús fue entregado a Poncio Pilato y crucificado, por nuestras transgresiones, que son todos los pecados que hemos cometido, que cometemos en este mismo momento y los que podemos cometer mañana. Pero añade que hemos sido justificados de todo eso, por su resurrección. No es la muerte la que te redime, es la resurrección. La vida por sobre todas las cosas).

 

 

Cuando nosotros creemos en el que es justicia, y nosotros, al creer, entramos en él, nosotros somos justificados. En el lenguaje de Dios, ser justificado, es diferente a ser perdonado. Justificado quiere decir que Dios coloca una persona en una posición como si nunca hubiera cometido esa falta. Repito y aclaro: perdonar, es pasar por alto algo que una persona ha hecho. Justificar, es como decir: tú nunca hiciste eso. ¿Notas la diferencia? El Señor no sólo nos perdonó, sino que también nos justificó. La justificación, borra por completo lo que nosotros hicimos. Ya no queda un expediente, en ninguna parte, donde esté anotada nuestra falta. El Señor nos justificó.

 

Literalmente, él borró todo lo que estaba contra nosotros. De tal manera que si nosotros decidiéramos volver a pedirle perdón por aquello que hicimos, el Señor nos preguntará ¿Y cuándo hiciste eso? ¡No me acuerdo! Eso ya está totalmente justificado. No sólo perdonado, ¡Justificado!

Una de las palabras más poderosas en el Nuevo Testamento, en griego, precisamente es la palabra Justicia. De ahí viene justificación, justificado, justificar. El tema central de la carta a los Romanos, una obra maestra de Pablo, trata precisamente de la palabra Justicia. Más de setenta y cuatro veces es mencionada esa palabra en esos pocos capítulos. ¿Por qué Dios se esforzó tanto, a través de Pablo, para que nosotros entendiéramos lo que es la justicia? En principio, y por fuera de lo que es nuestra fe, la justicia es una voluminosa asignatura pendiente en casi todas las sociedades seculares. Y con relación a nuestra fe, porque aún con el tema del perdón, nosotros vamos a tener todavía el peso de la memoria. Pero cuando nosotros entramos al terreno de la justificación, nosotros entramos a un terreno legal.

 

Ya no es simplemente el perdón por misericordia, sino que ahora me justifica y me habilita a mí, como a una persona capaz y competente, en tanto que antes estaba descalificada por lo que hubiera hecho, para poder estar delante del Señor, sin que haya memoria alguna de lo que hicimos. Recuerda que lo que estamos examinando, es la primera frase de ese texto de Hebreos: Arrepentimiento de Obras Muertas. Entonces la duda en forma de pregunta casi masiva, será: ¿Qué significan las obras muertas? ¿Será que cada vez que nosotros traemos memoria de cosas que hicimos, pero que ya Dios las trabajó, nos justificó, nosotros estamos queriendo presentar otra vez arrepentimiento, por cosas que ya no existen y que están muertas?

 

Si no nos arrepentimos del pecado que está en Adán, y no creemos en Cristo y en su jerarquía de Hijo de Dios, vamos todavía a permanecer en pecado, y vamos a ser parte del juicio que Satanás recibió. Recuerda que Jesús no vino a juzgar al hombre, vino a juzgar al diablo, que en contra del uso tradicional de esta palabra, no es solamente Satanás, sino todo espíritu humano que es influido por él. Pero si nosotros resistimos y no queremos creer en él, el juicio que era para el diablo, también será un juicio para los que no creen. A mí me sigue asombrando primero y preocupando bastante después, que sea tan poca la gente que hoy por hoy está enseñando esto. Pregunto: ¿No es de alta gravitación para una vida de fe?

 

(Mateo 25: 41) = Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.

 

Este texto de Mateo se ha utilizado mucho políticamente, más puntualmente, ideológicamente. Porque anteriormente, en el verso 34 y sin tener que ver con esto que estamos viendo, dice: Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Y esto, interpretado por algunos sectores que no siempre conocen bien las escrituras, pero sí el modo de sacarles partido ideológico a ellas, ha determinado que se relacione al cristianismo con la derecha y se defenestre a la izquierda. Yo no tengo ninguna duda que una izquierda defensora de la legalización del aborto o del matrimonio homosexual no puede tener nada que ver con nuestra fe, pero tampoco una derecha abusiva en cuanto a cierto empresariado que explota obreros o empleados con salarios de hambre y enorme caudal de horas de trabajo.

 

Eso, lamentablemente, fue lo que dio origen al nacimiento de los sindicatos, que luego de un trabajo correcto y positivo durante muchos años, en un momento dado y por propia corrupción, en muchos sitios han terminado siendo amparos para la vagancia y la holgazanería. ¿Qué quiero decir con esto? Simple: que el cristianismo, como fe auténtica y no como religión estructural organizada, no tiene ideología visible y vivible. Es de Jesucristo y, como Él, siempre defenderá la vida y la moral conforme al diseño, pero también el derecho de los más pobres a tener su pan todos los días y no tener que convertirse en esclavos de los ricos para lograrlo. Ni a izquierda ni a derecha. Esa expresión bíblica me gusta mucho más que esta. Y es la que trato de vivir para no depender de hombres imperfectos o ideas humanistas y materialistas, sino del único que se que jamás me defraudará.

 

Ahora bien; estos temas que acabo de mencionar, con relación a como el pecado entra al mundo por Adán, o cómo la justicia de Dios se manifiesta en Cristo, y también cómo nosotros, a pesar de haber nacido en Adán, podemos llegar a ser libres del pecado por creer en la obra de Cristo y finalmente como recibimos su justificación a través del arrepentimiento, es el tema central de lo que se llama El Evangelio de Jesucristo. En pocas palabras: el evangelio de Jesucristo trata todos estos puntos cabal y perfectamente. Él no apareció en esta tierra simplemente a decirnos que debíamos ser más buenos, o mejores en nuestros trabajos o más responsables con nuestras familias. Tampoco vino a prohibir a las jovencitas usar ropa provocativa ni a los jóvenes tatuarse o dejarse crecer el cabello.

 

Todo eso estaría más que resuelto por cada uno de nosotros, se supone, si tuviéramos en claro que el evangelio que predicó Jesús era el evangelio del Reino, y no de la protección de la moral y las buenas costumbres, aunque obviamente lo incluya. Porque el Reino no tiene un estatuto o reglamento respecto a qué debemos comer, vestir y disfrutar. El Reino suple todas nuestras necesidades simplemente cuando le damos el primer lugar en nuestras vidas. Eso es un principio muy antiguo llamado Santidad, sin la cual, nadie verá al Señor, está escrito. Y recuerda que no estamos revisando el evangelio, sino los rudimentos de Cristo. Y el primero de ellos es el arrepentimiento.

 

Sobre esto seguramente hablaremos en algún próximo trabajo, pero déjame decirte que arrepentirse no es arrojarse de bruces al suelo delante de una plataforma a llorar como un elefante esperando ser consolados y hasta mimados por alguna buena gente que constituye una buena congregación. Arrepentirse es una palabra conformada por dos vocablos. Arre, que significa retroceder, regresar, volver a, y pentir, que tiene que ver con la sustancia de los lugares alto, un cenit en la vida de alguien. Con esa conformación gramatical, encontramos que arrepentirse es abandonar todo lo malo o mediocre que podamos estar viviendo o haciendo en este tiempo, y volver al punto espiritual más alto por el que alguna vez hayamos pasado o estado. Eso es arrepentirse, y eso es lo único que dará vía libre al perdón, a la limpieza, a la restauración y finalmente a la justificación y redención total. ¿Alguien puede suponer que esto es algo menor?

Leer Más

Humildes de Corazón

En el evangelio de Mateo, por allí por su cuarto capítulo y comenzando desde el verso 12, hay un relato. En el mismo cuenta que cuando Jesús oyó que Juan, su pariente, el bautista, estaba preso, resolvió volver a Galilea. Y que para que se cumpliera lo profetizado por Isaías, terminó habitando en la ciudad marítima de Capernaum. Y dice que fue allí donde Él comenzó a predicar nada menos que el evangelio del Reino, eso es lo que se da a entender con claridad y que por causa de esa Palabra, el pueblo vio gran luz en su entendimiento. Allí fue donde un día, a la orilla del mar, invitó a ser pescadores de hombres a los pescadores profesionales Simón Pedro y su hermano Andrés. Y no conforme con ellos dos, también incorporó allí a Jacobo y a Juan, hijos de Zebedeo. Y puso en marcha lo que sería su impresionante ministerio, enseñando en las sinagogas de ellos y predicando el evangelio del Reino al pueblo. Y fue seguido por mucha gente.

Jesús comenzó su ministerio cuando retornó del desierto de la gran prueba en victoria. Ese fue su entrenamiento final. Lo primero que hizo fue profetizar que los que estaban en tinieblas verían luz y que los que estaban presos serían liberados. Y quiero decirte que cuando dice esto, no sólo está hablando de la cárcel física, sino que también se refería a la cárcel espiritual., que es mucho peor que la cárcel física. Ustedes ven a Pablo cuando está preso y dice que, aunque su cuerpo está en cadenas, su espíritu está libre y puede moverse por todos lados.

Te digo más: Pablo podía salir en su espíritu de esa cárcel las veces que quisiera. Nosotros estuvimos mucho tiempo convencidos que solamente los brujos podían hacer eso, pero nadie se dio cuenta que a eso los brujos lo sacaron de la Biblia. Satanás es un imitador y tergiversa todo lo de Dios que imita. Es verdad que los brujos pueden salir del cuerpo, en trance, pero para hacer fechorías y maldades. Pueden entrar en las casas, pueden mover objetos, pueden destruir órganos humanos. Pero, los hijos de Dios tienen, bajo la unción del Espíritu Santo, la autoridad y la capacidad, en el nombre de Jesús, de destruir todo ese poder de las tinieblas.

Por eso es que Pablo podía salir de su cuerpo e ir en el espíritu a las reuniones que sus hermanos realizaban. Él se los dijo, pero tengo la sensación que ellos no entendieron de lo que estaba hablando. Y me parece que muchos de nosotros, aunque hayamos estudiado cada versículo meticulosamente, tampoco. No me gusta hacer responsable al diablo de todo lo que nos pasa, creo que eso es darle una prensa inmerecida y colaborar para que su nombre sea tan conocido como el de nuestro Dios, y no debe ser así.

Satanás es responsable de todo aquello que cada uno de nosotros le permita hacer en nuestras vidas. Si nos ponemos firmes, caminamos por donde debemos y no dejamos puertas abiertas, no nos podrá tocar un solo cabello. Yo creo fielmente que Cristo nunca nos llamó a nosotros para que calentáramos una banca en un templo. También entiendo que hemos hecho de la iglesia lo que no es. Nos convirtieron en verdaderos parásitos espirituales, que sólo podíamos avanzar colgados de la fe de otros. Y no es así, Dios nos dio una medida de fe a cada uno para que cada uno cumpla con la misión encomendada.

Y si el pensamiento infiltrado por el infierno de que no eres apto o apta, que lo tuyo no sirve para nada y cosas así hoy ronda en tu mente, quiero decirte que no es así, que a cada uno de nosotros nos fueron entregados distintos talentos que, cuando decidimos pasarlos por la cruz, se convirtieron en dones capaces de mover montes y cambiarlos de lugar. ¿Lo crees? Lo vives. ¿No lo crees? Te lo pierdes. Cuando Dios te da un talento es para que lo desarrolles y lo multipliques, no para que lo entierres bajo tierra.

Siervo inútil, te dirán si haces eso. El Reino no funciona como el tiempo visible. Si tú tienes un a moneda que quieres regalar, ¿A quien se la darás? ¿Al que ya tiene muchas o al que no tiene ninguna? Al que no tiene ninguna, esa es nuestra metodología social. Sin embargo, el Reino no funciona así. Ha sido dicho que al que tiene se le dará más y al que tiene poco, si no lo reproduce, lo poco que tiene se le quitará. Si lo entiendes, comienzas a avanzar como una tempestad desde este mismo momento. Si no lo entiendes, lo lamento mucho, tendrás que creerlo, aunque no lo entiendas, así es como funciona este ámbito.

No será la primera vez que alguien, buscando hacer un reconocimiento a mi trabajo, o queriendo halagarme, me dice que me admira y que quisiera ser como yo. ¿Sabes qué? No tiene ni la menor idea de donde está espiritualmente plantado. Tú debes buscar ser como Cristo, y como nadie más que como Él. Porque Él es el único que nunca te decepcionará, mientras que los hombres como tú y como yo, en cualquier momento. De todos modos, Dios está allí y nada lo moverá.

Él está en el asunto y tiene muy especial interés que la gente que dice amarlo y seguirlo entienda que está donde está para algo grande, no sólo para ir a golpear las manos y cantar coritos a un templo. Eso está bueno y nadie lo va a eliminar, pero si no tomamos conciencia que nuestro verdadero objetivo está mucho más allá, quedarnos acá será equivalente a derrota. La iglesia es, y lo voy a reiterar una vez más, el centro de operaciones donde el ejército de Jehová se reúne para tejer estrategias tendientes a extender el Reino en la tierra. Nada que ver con jubilarse sentado en un banco durante cincuenta años como si fuera un retrasado espiritual.

Es imperativo conocer a Cristo para poder saber cómo actuaba y cómo deberá actuar su cuerpo en la tierra, hoy. Jesús jamás soñó con predicar en la sinagoga. Tampoco con subirse arriba de la roca más alta y hablarles a treinta mil personas. Él fue casi uno por uno. A uno le dio una palabra, a otro le puso su mano y lo sanó de algo, a otro lo liberó de un feo demonio, o sea: el que piense armar su ministerio imitando al del ministro Fulano, está liquidado. Si no lo hace buscando vivir y ministrar tal como Cristo vivió y ministró, no llegará a ninguna parte.

Y no te vayas a creer que cuando Él regresó del desierto y comenzó a predicar, ya era famoso y tenía alto prestigio. ¡No! Los que lo conocían era porque sabían que era el hijo de María y de José el carpintero. Recién empezaron a darse cuenta que algo era diferente cuando Él recibió la máxima unción y poder de su Padre celestial. Y no comenzó con los centros más poblados, sino que eligió empezar yendo al mar. ¿Motivo? Sencillo: porque el pescador tiene más paciencia que cualquier otro hombre, y además confianza, perseverancia y serenidad. Recuerda estas condiciones si algún día decides ser ministro.

Y allí, junto al mar, fue donde Él comenzó a reclutar sus primeros discípulos. Suena muy romántico y bonito, claro, pero ahora detente a pensar por un momento en algo que no sé si percibiste: ¿Cómo logró que esos muchachos rústicos y firmes lo siguieran si no lo conocían? Imagínate que yo me voy al mar en alguna playa de mi país y le digo a alguno que está trabajando allí: ven y sígueme. ¿Qué crees? Que las carcajadas de burla se escucharían hasta en las montañas, que así están bien alejadas del mar.

¿Tú crees que si yo invito a gente que no me conoce a seguirme lo van a hacer sin dudarlo? ¿Quién te crees que eres? Esa sería la pregunta que más escucharían mis oídos. Bueno; yo no sé si Jesús conversó mucho o poco con esos muchachos de las barcas, tampoco sé cómo hizo para convencerlos que el Reino de los Cielos se había acercado y que podían relacionarse con Dios de un modo muy distinto al que proponían los fariseos, pero lo que sí sé es que el simple hecho de que ellos abandonaran todo para seguirlo a un lugar desconocido, fue un milagro.

Yo creo que los tiempos se repiten, los espíritus son los mismos. Cuando Cristo vino, el espíritu religioso, era terrible. Y hoy en día, el espíritu religioso sigue siendo terrible. Y eso se ve con mucha más claridad cuando personas como nosotros, se ponen a predicar y a enseñar cosas que muy pocos predican o enseñan, que, salvando las distancias obvias, fue lo mismo que Jesús hizo en su tiempo. La gente lo escuchaba y se preguntaba quién era ese, que traía es evangelio tan distinto y nuevo. Con muchos de nosotros, hoy, sucede algo parecido.

La pregunta que yo más he oído o leído respecto a lo que digo o enseño, es: ¿Quién te crees que eres? ¿Bajo la cobertura de quien dices eso? Cuando he respondido que solamente bajo la cobertura de Cristo, me han mirado con unos ojos en los que pude adivinar el deseo de traerme una cruz allí mismo. Y como se repetirán los tiempos que una de las expresiones que aquellos que oían a Jesús repetían a cada momento, era ¿Qué nueva doctrina trae este? Qué doctrina. El espíritu religioso no sólo está vivo y caminando como en aquellos tiempos en Jerusalén, sino que ahora es mucho peor, porque cuenta con una tecnología que confunde a los más débiles.

Nosotros, como hijos de Dios, tenemos que salirnos de la religión. A la religión, como se dice en los ambientes futboleros de mi país, hay que darle con un caño. Al fariseísmo no hay que contemplarlo, hay que tumbarlo como se pueda. Porque de allí salen los argumentos que no permiten que nos enamoremos de Cristo y que procuremos imitarlo en todo lo que nos sea posible. Y actuar como Él actuó, un ministerio lleno de compasión y de misericordia.

Fíjate lo que dice la palabra, que la gente comenzó a seguir a Jesús no porque él fuera muy atractivo o tuviera mucho dinero para regalarle a los pobres, sino porque vieron en Él un grado de autoridad y de poder divino y sobrenatural que hasta allí jamás habían visto en ninguno de sus líderes religiosos. Y con la liberación de todos los cautivos en las garras de esa religión esclavizante y sin frutos, comienza su ministerio de sanidad, liberación, salvación y victoria. Y para que quede claro, el ministerio de Jesús no empezó con clases de teología, empezó liberando endemoniados. ¿Cuántos endemoniados has visto liberarse en estos últimos tiempos en cualquiera que sea tu congregación? El evangelio del Reino es uno solo, quien ose modificarlo está pecando y feo.

Hay una preocupación por la conformación y fortalecimiento de la familia, y eso es muy bueno, porque si Satanás logra tocar y destruir una familia, está comenzando a destruir parte de una iglesia. Porque la iglesia se constituye de una suma de familias, y si estas se dispersan y entran en contiendas, la iglesia vivirá sus consecuencias. Pero hay que prestar atención a un detalle. Cada uno de nosotros tiene en su vida espacios vacíos que tienen que ser llenados para poder vivir una vida agradable y plena. Los padres pueden hacer eso en gran parte de las vidas de sus hijos, pero no en toda.

Los hijos pueden llenar los vacíos de afecto de sus padres, pero no todo. Los esposos pueden llenar el vacío de su esposa o esposo, pero no todo. Y lo mismo sucede con amigos y todo lo que los núcleos humanos puedan inventar. El vacío más grande que hay en la vida de una persona, no lo llenará otra persona, sino Cristo. Sin Cristo puedes tener la familia más hermosa y unida, pero mucho me temo que te faltará algo y habrá un vacío que nadie podrá llenar. El no creyente que ignora esto, suele apelar a las adicciones para sobrellevarlo, pero tampoco le sirve. El problema está cuando es un creyente el que lo ignora.

Jesús tuvo un ministerio maravilloso porque no andaba enfermo del alma. Él predicaba, sanaba, enseñaba y liberaba y en su corazón había gozo permanente. Hoy no sucede eso con una gran parte de los que dicen ser sus seguidores. ¿Has visto cuanta gente predica y se nota a kilómetros que sus corazones están llenos de heridas sin sanar y de golpes sin solucionar? En una de las redes sociales de mayor alcance, hay personas que dicen ser cristianas que atacan a otras que también dicen serlo, con sus nombres y apellidos.

Los califican de fraudulentos, mentiroso, corruptos y delincuentes. ¡Y dan sus nombres y el nombre de sus ministerios sin pudores! Yo no niego que muchas de las cosas que denuncian sean verdades que todos conocemos, pero con total honestidad creo que no es la manera. Nuestros enemigos mayores son la religión como estructura y el sistema religioso construido. Pero eso no me habilita a atacar ni a Anás, ni a Caifás ni a Nicodemo. Jesús no lo hizo jamás. Los trató de todo a los fariseos como estructura, como sistema, pero jamás hizo nombres ni lugares. Él dejó que su Padre juzgara, sentenciara y condenara. Pero criticar con un corazón lleno de amargura, resentimiento y rencor, no sólo no aporta nada, sino que obstruye lo bueno.

Cuando Jesús dijo que debíamos ser humildes de corazón, una de las cosas que quiso decir, fue que tranquilamente podíamos compartir todo esto con gente rica y con gente pobre por igual. Él lo hizo y la Biblia lo relata claramente. Alternó con todos los niveles. No sé si lo hizo con lo que llamamos clase media, porque esa franja social en su época era prácticamente inexistente, pero sí con las otras dos más definidas y sin problemas de adaptación. Jesús lo hizo, pero su cuerpo en la tierra parecería ser que no puede. O se inclina hacia los más poderosos y arma una iglesia clasista, elitista y selectiva, o se inclina hacia los más pobres y arma una iglesia clasista, elitista y selectiva, pero a la inversa.

¿Entiendes ahora por qué digo siempre que ningún extremo es positivo en nada? ¿Tú te crees que para Él fue fácil hacer eso? ¿Qué crees que pensaba de Él esa sociedad altamente patriarcal y machista, cuando se enteraba que a los treinta y tantos años todavía estaba soltero, no se le conocía ninguna novia y no tenía hijos? ¿Tú podrías asegurarme que no fue tratado de homosexual o simplemente de raro por la sociedad que lo albergaba? Un día dije desde un púlpito que había que ser muy macho para ser creyente. Se me fue la boca en un exabrupto desacostumbrado, pero no dije nada que fuera mentira. Jesús fue muy hombre, de otro modo no hubiera podido cumplir la misión que Su Padre le había encomendado. Los raros son algunos de sus seguidores que no terminaron de entender ni ver con claridad todo esto.

Tiene cierta gracia, si no fuera que no es nada gracioso por lo que significa, que tanta gente que lee su Biblia piensa y se cree que Jesús pasó por esa playa, les dijo a los muchachos esos que estaban preparando las barcas de sus empresas pesqueras para salir a ganarse el día que los siguieran, y que ellos, así como así abandonaron todo lo que estaban haciendo y se fueron con él. Escúchame. ¡Eran pescadores rústicos, pero no locos inconscientes! Pedro mismo tenía familia. Si tenía una suegra que fue liberada de un demonio que le ocasionaba fiebre, es porque tenía una esposa, y quizás también hijos, porque era muy raro el matrimonio que no los tenía.

¿Iba a abandonar su sustento y el de su familia simplemente porque un desconocido le dijo que lo siguiera que lo iba a convertir en pescador de hombres? Eso sucedió, sin dudas, pero la Biblia se guarda y no cuenta nada de lo que tienen que haber sido algunas charlas previas, donde Jesús seguramente les habló del Reino y les dio detalles que determinaron que ellos sintieran una enorme confianza por la misión de ese muchacho tan joven como ellos, pero distinto por donde se lo mirara. Las verdades del evangelio son irreductibles, pero conviene y mucho ahondar en cómo se dieron esas verdades. La Biblia solamente nos relata el hecho y su concreción, pero es indudable que no da los detalles.

Hoy hacen falta guerreros de verdad, no cristianos indescifrables. Hacen falta que desde niños aprendan como combatir al infierno y sus secuaces. Que no lleguen a adultos son la cobardía y la frialdad con la que llegaron sus padres y sus abuelos, si es que eran cristianos congregados en iglesias muertas. Un niño, mientras más pequeño es, más conoce a Cristo, porque hace menos tiempo que su espíritu vino desde el lugar donde Dios mismo habita. Porque lo que ya sabemos pero no siempre tenemos en cuenta es que si bien un niño nace de un hombre y una mujer, su espíritu viene de Dios, no del mundo en el que ha llegado. Ese espíritu le fue soplado en su nariz, como al primer hombre. Eso sigue vigente.

La pregunta, hoy, es: ¿Quién es Jesucristo? ¿Quién es el que camina entre las aguas? Aquel que es digno de abrir los sellos. Jesús, nuestro Cristo, que estableció una brecha notable y notoria entre los fariseos y su ministerio. Que predicó lo que nadie jamás había predicado antes y amó como nadie había amado antes. Que caminó por este mundo sanando a los enfermos y liberando a los cautivos, sin importarle si los sacerdotes estaban de acuerdo o no, si estaban enojados con Él, o no. Él hizo lo que tenía que hacer y punto. Ese fue su ministerio, ese es nuestro ministerio, porque para eso es que nos determinó como Su cuerpo en la tierra, no para que juguemos a la iglesia y coqueteemos con la religión organizada.

Él no vino aquí a decirnos que somos una basura mediocre que debemos mantenernos fuera de todo y dejar que los líderes levantados por otros líderes sean los que peleen en nuestro lugar. Él vino a decirnos a todos que somos sal de la tierra y luz del mundo, y ningún mediocre puede ser eso, ningún ciudadano de segunda clase es eso. Basta de cristianos temerosos, pusilánimes, cobardes y mediocres. Eso no es un creyente, eso no es u hijo de Dios. Porque si somos hijos de Dios, tenemos el mismo ADN espiritual que Jesús tuvo, y es nuestro deber y nuestra obligación hacerle honor a eso y dejarlo en evidencia en cada ocasión que se presente para combatir por lo que es nuestro.

¿Por qué es necesario repetir esto una y otra vez hasta que sea aceptado, creído y puesto por obra por todo el pueblo santo? Porque sabemos que muchos cristianos todavía están prisioneros de sus antiguas doctrinas del fariseísmo moderno. Doctrinas que aseguran que son los hombres los que deben hacerlo todo, porque Dios está en asuntos muy importantes como para ocuparse de cosas menores. Yo quiero decirles que no abandoné la religión estructural del catolicismo romano cuando tenía treinta años para caer en la religión evangélica. Salí de aquella religión para no volver a quedar cautivo de ninguna. No tengo nada contra los pastores ni los líderes de la iglesia evangélica, sólo tengo una batalla contra el sistema religioso imperante, que es la misma batalla que Jesús tuvo durante su ministerio. Él salió más que vencedor de ella, nosotros seguiremos sus pasos.

Leer Más

Déjalo …

Todos nosotros sabemos que, donde quiera que nos hayamos convertido y reunido, ante el menor atisbo de entrar en un problema, quien sea que estuviera a cargo, nos lanzaba el clásico: ¡Pero no, hermano, así no se hace! ¡Dios es un Dios de orden! Ya sé, me vas a decir que eso no está escrito así de textual en ningún lugar en la Biblia, pero no le hace; implícitamente, queda en evidencia que, efectivamente, el nuestro ES un Dios de orden. Y si todavía eres como era yo cuando era novato, un cincuenta por ciento ignorante y el otro cincuenta poco iluminado, será bueno que volvamos a examinar qué cosa es ser un Dios de orden. Entre la veintena de acepciones que el diccionario de la lengua española tiene para esta palabra ORDEN, me quedo con las tres primeras: 1 – Colocación de las cosas en el lugar que les corresponde. 2 – Forma coordinada y regular de funcionar o desarrollarse algo. 3 – Método que se sigue para hacer algo.

Eso me sonó y me sigue sonando coherente. Dios creó todo colocando cada cosa en el lugar correspondiente, lo podemos ver a cada paso y también lo hizo de manera coordinada y con una metodología especial y única para cada evento. Buen momento para una buena sentencia: Espontaneidad no es sinónimo de Improvisación.  La palabra Estructura, por su parte, no tiene el mismo significado que orden. Son bastante parecidas, eso es verdad, pero no significan la misma cosa. Una estructura es la distribución y el orden de las partes importantes y también un sistema de elementos relacionados e interdependientes entre sí. Salta a la vista, entonces, que una estructura siempre será el resultado o la consecuencia de la implementación de un orden.

Con una enorme predisposición al servicio y una gigantesca buena voluntad cargada de fidelidad, los hijos de Dios fuimos creando ciertas estructuras tendientes a poder manifestar el orden de Dios. La idea jamás fue mala ni negativa, pero su consecuencia sí. El pueblo de Dios terminó adorando la estructura creada por ellos mismos, con la finalidad de adorar mejor a Dios. ¿Se te ocurre alguna incoherencia mayor a esta? Por eso es que me gusta hablar de Cero Estructura. Y no porque yo no las tenga, sino porque decidí hace mucho tiempo que jamás voy a darles prioridad y mucho menos a adorarlas. Y no es necesario que te aclare que no me es fácil. Por edad, por formación, por cultura y por educación. Pero en Cristo todo es posible. Sin embargo, cuando digo mi frase preferida, no puedo evitar sentir que le hago honor a aquel viejo refrán popular que dice que: el hombre es dueño de todos sus silencios, pero esclavo de sus propias palabras.

Porque, aunque tú coincidas conmigo en este pensamiento, te identifiques con él y veas con agrado que yo diga y haga eso de dejar que fluya y fluya, en mi ser íntimo yo sé que podré lograrlo sólo con el auxilio del Espíritu Santo, ya que de otro modo siempre me caeré inevitablemente en alguna de las miles y miles de estructuras con las que los hombres hemos revestido nuestras vidas. Está en nuestra naturaleza adámica. Y eso, hasta donde yo sé, no lo deja fluir con libertad. Ya te lo dije, si mi intención primaria es escribir algo llevado por el imprevisible viento del Espíritu, comenzar con esta especie de introducción al tema, ya es una estructura que por años ha acompañado a la literatura. ¿Hay manera de hacerlo de modo distinto? Dentro de la técnica literaria humana, podría decirte que no es lo usual.

Dentro de la literatura divina, déjame probarte que sí se puede, que el Espíritu Santo tiene poder, talento y sabiduría creativa como para entregarte algo por fuera de esos cánones griegos. Y no me preocupa ser esclavo de mis palabras. Prefiero eso a estar obligado a escribir silencios…De todos modos, si deseo llevar adelante en la práctica lo que ya tengo en mi espíritu, tendré que orar, ¿Sabes? ¡Vaya descubrimiento! ¿Verdad? Seguramente lo pensaste al leerme, pero déjame explicarte algo. Lo que quise decir es que tendré que orar aquí y ahora, algo que no suelo hacer normalmente, para poder involucrarme con y en esa oración. Pero también para involucrarte a ti que eres mi destinatario genérico, tu ser espiritual, más allá de si eres mujer u hombre.

Porque cuando esa oración lance un decreto o una declaración profética, aunque no llegues a murmurar ni siquiera ese legendario “amén”, latiguillo casi obligatorio de iglesitas convencionales y tradicionales, tu participación espiritual será equivalente a ese “amén” simplemente por identificación y compañía, aunque por ser un simple hombre de pueblo, me quedo con la palabra Complicidad. ¿Te parece correcto? Tomo tu silencio como un sí y amén, así que ahí vamos.

 Señor, ayúdame Papá. Quiero compartirles a todos los lectores u oyentes, sean amigos, hermanos en la fe o simplemente curiosos, exactamente lo que tú estás diciendo hoy. No lo que has dicho ayer ni antes de ayer, que, si bien fue muy bueno y maravilloso, fue para ayer y para antes de ayer. Hoy es un nuevo día y lo que salga de mi boca, en el nombre de Jesús, será tu palabra y no la mía. Y eso será lo que se traslade a mis dedos y de allí al teclado. Tomamos lo que venga como tu palabra de guía y dirección para los próximos tiempos. Sea publicado, decretado y activado desde este mismo momento en el nombre de Jesús. Amén.

Leer Más