Estudios » Blog

Aniversarios

Prosiguiendo en estos días con esta línea coloquial, cordial, totalmente apartada de la ceremoniosidad solemne que la mayoría de los ministros le otorgamos a los textos cristianos clásicos, quiero referirme a las fechas de cumpleaños. Como ejemplo válido, tú cumpleaños o el mío. De hecho, te cuento que la única cosa distinta que suelo hacer en un día de cumpleaños, es orar a primera hora de la mañana dando gracias por un año más vivido y poniendo en sus manos el que comienza a transcurrir. Después, claro, vendrán saludos del clan familiar mayor, intermedio y menor. Y todo estará bien. Porque, así como sé que nací en este lugar del mundo, en este tiempo y bajo estas características, también sé que he vivido, estoy viviendo y viviré todo el tiempo que mi Padre considere conveniente o necesario, para cumplir lo que Él desea que yo haga. Mi vida, como las de todos ustedes, es un simple ciclo divino. Comenzó cuando Dios quiso, (Y no cuando a mis padres se les ocurrió, que es lo que luego la disciplina griega escolar y supuestamente social, nos enseña), y concluirá cuando Dios diga, no cuando al enemigo le parezca.

Cumpleaños. Conozco gente que, como vulgarmente se dice. “tira la casa por la ventana” para su cumpleaños. Se lo hace saber a través de todas las redes a las que tiene acceso, a todo el planeta que lo rodea y espera, con paciencia y altísima ingenuidad acompañada de alto ego, en ese día clave, que todo ese planeta venga a rendirle homenaje y tributo. Grande es su desasosiego cuando descubre que ese planeta no sólo no se acuerda de su cumpleaños, sino que ni siquiera parece tenerlo en cuenta más allá del número de habitante y consumidor de recursos que representa en las estadísticas. Cuando el hombre se ve a sí mismo como el centro de todo, el Verdadero Centro se encarga de sacudirlo y volverlo a la realidad. ¿Y cuál es la realidad? Secularmente, que sólo es uno más. Espiritualmente, Dios dice que somos algo más que uno más…

Algunos amigos, alguna vez me regañaron por mi desaprensión cumpleañera. Me aseguraban que era una fecha muy importante y que no debía minimizarla. Casi me convencieron y empecé a pensar que yo era demasiado cerril y huraño, onda cavernícola, quizás. Cuando llegué a la iglesia y fui parte de las celebraciones de cumpleaños de los principales líderes de la congregación, aunque no en la misma medida de sus miembros rasos, entendí y de verdad pensé, que iba a tener que modificar mi pensamiento. Pese a no entender el motivo por el cual la iglesia estallaba en celebración cuando cumplía sus años el pastor o su esposa y ni se enteraba cuando el que los cumplía era el portero o ese anciano ujier. ¿Iguales ante los ojos de Dios? Sí, pero sólo de palabra…

Hasta que un día, leyendo mi Biblia, me di cuenta un mínimo detalle que, en un principio, no formaba parte nada más que una de las pequeñas perlas que me seducía encontrar, pero que luego empezó a tomar mayor dimensión hasta concluir en todo un principio a tener en cuenta. En la Biblia encontramos relatos de todo color y dimensión, así que también están los que podríamos denominar como sociales. En ese rubro, con las bodas de Caná como ejemplo y el tremendo milagro del agua convertida en excelente vino, podemos ver que las bodas se celebraban y a lo grande. También los nacimientos y hasta los funerales. En algunos de estos casos, con parrandas y festicholas de varios días seguidos. Pero sólo pude encontrar muy pocos relatos relacionados con alguna celebración mayúscula de alguien por causa de su cumpleaños, y siempre referida a reyes, faraones o emperadores.

 Eso me llevó a entender que debe ser algo muy importante para nuestras vidas, pero que en el ámbito espiritual no lo es tanto como suponemos. Supongo que, para Dios, todavía un día es como mil años y mil años como un día, ¿No te parece? Y yo soy uno de sus hijos, así que… ¡Y ni hablar los pasteles y las velitas! Si supieran lo que significa y de donde provienen, las eliminarían de sus costumbres, ya mismo. Si saco a mi cumpleaños de la óptica de la misericordia de Dios que me permite seguir respirando y desandando este mundo, en lo personal, no le encuentro mérito alguno. No soy responsable de haber nacido el día que nací, de vivir todos los años que he vivido, así como tampoco de hacerlo con todos los que mi Padre quiera dame de aquí en más.

Con apenas esto en mente y sin tener ninguna planificación cierta elaborada, dejándole al Espíritu Santo que lo haga como a Él se le ocurra y quiera, quiero utilizar esta carencia de estructuras de cualquier calibre, que en contra de toda lógica humana y de edad cronológica, para referirme a lo que hoy por hoy es mi mayor ocupación: introducir el Reino de Dios en la tierra. Y no como un iluminado especial y singular elegido para tal efecto, sino como un hijo de Dios más, que fue salvado por gracia y misericordia, sólo para que pase a formar parte activa de un Reino que tendrá, como mayor tarea, desalojar al usurpador que hoy lo tiene cautivo, y devolver el reinado a quien verdaderamente le corresponde por derecho de eternidad.

Aquí es cuando, seguramente, alguien vendrá presuroso a preguntarte: ¿Y quién se supone que eres tú, para que te arrogues la calidad de ser uno de quienes introduzcan el Reino de Dios en esta tierra? Todavía me quedo sin saber muy bien qué responder ante esa clase de confrontaciones, aunque debo aclarar que las he oído tantas veces…Claro está que, si tomamos como válidas todas sus credenciales y documentaciones eclesiásticas, la pregunta tiene absoluta razón de ser, porque yo vendría a ser algo así como un pikle, (Conserva de verdura en vinagre) insertado en un budín de Navidad, o un claxon o bocina, formando parte de la consola de mando de un avión ultra moderno. Absurdo e innecesario. Sin embargo, de momento en que es Dios y no estos buenos muchachos el que está al frente real de ese Reino, su idea y mentalidad sobre el asunto es, (Gracias y gloria a Él), muy distinta a sus supuestos representantes. Lo cual sería más que hipócrita si te dijera que no me alegra. Ven y sígueme. ¡Qué tres palabras! ¿No? Dejemos que todo fluya como el Espíritu quiera. Sólo déjame decirte que introducir el Reino de los Cielos tiene un documento singular de identidad para quien lo ejecuta: Anonimato.

Comentarios o consultas a tiempodevictoria@yahoo.com.ar

agosto 18, 2023 Néstor Martínez