Teología de la Catástrofe

Waves crash over a seawall from Biscayne Bay as Hurricane Irma passes by, Sunday, Sept. 10, 2017, in Miami. (AP Photo/Wilfredo Lee)

En estos últimos días, muchas personas han sufrido horrores por causa de terremotos, huracanes e inundaciones en México, Puerto Rico, Cuba, República Dominicana, Haití e islas aledañas, donde se puede incluir a un sector de la península americana de Florida. Una gran mayoría de cristianos han reaccionado ante ello esgrimiendo lo que podríamos denominar como: la Teología de la Catástrofe. Sintetizándola: Dios está enojado por el pecado de toda esa gente y les envía lo que les envía como juicio. De hecho, no descreo del juicio de Dios, así como tampoco olvido que dice Su Palabra que habrá de comenzar por su propia casa. Tampoco dejo de lado que decir juicio es decir separación de lo verdadero de lo falso, no destrucción y muerte. Y si Dios es quien envía un viento huracanado para disciplinar a una región, no encuentro explicación respecto a quién reprendió Jesús desde la barca cuando calmó los vientos tormentosos. ¿Reprendió a su Padre? Concluyo: Creo que nosotros, sus hijos por adopción, lo primero que debemos hacer es clamar, cubrir e interceder por todos nuestros hermanos genuinos que viven en esas zonas y, en segundo lugar, pedir misericordia para con todos aquellos que todavía no lo conocen, así como también para con los que pretenden oponérsele. No saben lo que hacen, ¿Recuerdas?

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¿Tienes tu Pasado, Pisado?

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Nunca digas: ¿Cuál es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores
que estos?, porque nunca hay sabiduría en esta pregunta.” (Eclesiastés
7:10).

¿Fue la década de los “noventa” verdaderamente la década  de los homosexuales? ¿Fue la década de los “veinte” realmente la década de los ingenuos? ¿Hubo buenos tiempos en el pasado que ya no se repiten? ¡No preguntes! No es sabio, porque en esta vida nadie sabe lo que es un hombre bueno.

No hables de tiempos de homosexuales, pues el corazón de los sabios está en la casa del luto, más el corazón de los insensatos, en la casa donde reina la alegría.  No hables del tiempo pasado cuando había canto y danza, Mejor es oír la reprensión del sabio que la canción de los necios.

No hables de los días donde había ley y orden, pues ha habido un tiempo donde un hombre gobernó por encima de otro. No hables de los días donde el trabajo era honesto pues toda obra del hombre sale de su boca,  y su apetito no es satisfecho.

Este día es nuestro.  Por tanto yo percibo que no hay nada mejor Que un hombre se regocije en sus propias obras, Pues éstas son solamente una porción de la vida.  ¿Quién lo traerá para que observe aquello que vendrá después de él? Nuestros días serán envidiados por aquéllos del mañana. 

Cuando encontré este escrito, (Que no sé a quién pertenece y ni siquiera de dónde salió para venir a mis archivos), no pude resistir el pensar en nuestras costumbres y tradiciones. Cuando yo era muy joven, sencillamente detestaba que las personas mayores me aseguraran que en sus años jóvenes todo había sido mejor que lo nuevo que yo vivía.

Con toda sinceridad, yo estaba convencido que la mejor etapa de la vida era esa, que para mí significaba novedad tras novedad y descubrimiento de vida tras descubrimiento de vida, y no podía entender cómo podría ser que muchos años antes, las cosas hubieran sido mejores. Respetaba esas palabras porque me habían educado para respetar a mis mayores, pero absolutamente no coincidía en nada con ellos.

Hoy el mayor soy yo. Y a veces siento el deseo de pensar primero y expresar después que aquel tiempo de mi pasado fue mejor que este del presente de mis hijos y nietos. Pero, ¿Sabes qué? Me guardo muy bien de decir esta boca es mía, porque sé perfectamente lo que ellos van a pensar y hacer. Respetarán lo que yo diga, sin dudas, porque la escuela educativa prosiguió y mis descendientes también respetan a sus mayores. Pero eso no significará que yo tenga razón.

La razón, en todo caso, la tiene este verso de Eclesiastés que deberíamos leer a diario, tanto los mayores como sus descendientes, para poder comprender un tiempo que, tal como lo dice el autor de esos versículos, siempre hay un tiempo para vivir y otro para añorar lo vivido. Y lo mejor del caso, es que los dos tiempos son maravillosos si se viven en Jesucristo.

Así es que hoy, cuando retomamos estos contactos, que no tengo ni la menor idea del motivo por el cual se suspendieron, (Mi antiguo  blog “desapareció” por completo y no hubo manera de recuperar, sin que pudiéramos hallar las razones técnicas), estoy pensando muy seriamente en poner por obra lo leído y llevar esta nueva ventana por caminos antes no recorridos. Porque el mejor tiempo tuyo y mío, ES HOY. Aunque haya decidido ilustrar esto con la fotografía de la vieja estación de trenes de mi minúsculo pueblo natal.

 

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El Por Qué de las Preguntas de Pablo

Introducción

Pregúntale al mejor teólogo que conozcas lo que se te ocurra y, si está escrito en algún rincón de la Biblia, por más pequeño y recóndito que sea, él te lo descubrirá y hasta te dará una conferencia de una hora y media al respecto. Pregúntale al mismo teólogo, algo respecto a una revelación y se quedará en silencio.

Además de quedarse en silencio, muy probablemente te mirará con los mismos ojos que tú y yo solemos mirar a los pobres hombres y mujeres que caminan por los tenebrosos interiores de esas enormes casas de salud mental llamadas “neuro-psiquiátricos”, o con mayor rigurosidad científica “Clínica de Enfermos Mentales”, pero que suelen ser más conocidas como “manicomios” o brutalmente “loqueros”.

Porque un buen teólogo (Y no me refiero ni por asomo a los cientos de aventureros que pretenden instalarse como tales), sólo te hablará de lo que tiene total certeza respecto a su interpretación. Y esto será posible si esa interpretación encaja con algunos de los ítems que se estudian en Hermenéutica.

El mayor problema que conozco al respecto, es que absolutamente nada que tenga que ver con una revelación divina del Espíritu Santo puede inscribirse en ninguna forma de enseñanza sistemática humana. No existe un seminario bíblico que lo enseñe como materia.

Sin embargo, y por rara paradoja, la Biblia sí habla de revelación, aunque luego esos hombres religiosos importantes hayan tomado la decisión unilateral de enseñar que eso sólo se produjo “en aquel tiempo” y por motivos que eran importantes “en aquel tiempo”, pero que hoy ya no es viable.

¿Ah, no, eh? ¿Y por qué nos quedamos pasmados, alelados, estupidizados y boquiabiertos cuando un genuino hombre de Dios destapa una escritura que por años habíamos visto y estudiado desde una óptica o perspectiva, con otra que nos sacude y nos abre un tremendo panorama?

Respuesta simple: porque una revelación del Espíritu Santo produce en el hombre sincero, honesto, que busca a Dios con transparencia y pureza, una conmoción íntima tal que es como si se le dijera: ¡Oye! ¡Eso que estás escuchando lo dije yo! Así sería la voz del Espíritu Santo si ese hombre se atreviera a oírlo. ¡Gloria al Señor por todos mis hermanos y hermanas que sí lo están oyendo!

Lamentablemente, no son la mayoría, no, no lo son. Son apenas un pequeño remanente que no forma parte de los que semanalmente y desde miles y miles de púlpitos santos, predican encendidos sermones, mensajes, predicaciones estándar o estudios profundos, sin otro auxilio que el de los afamados teólogos que han elaborado excelentes comentarios sobre esos temas.

Estoy diciendo que la mayor parte de los ministros a la hora de predicar, eligen temas o asuntos que diversos comentaristas de prestigio han abordado, interpretado y explicado. Y así los comparten con una audiencia hambrienta de la palabra de Dios que, obviamente, no les llegará jamás por esa vía.

¿Es que estoy utilizando esta introducción de este trabajo para desacreditar la tan importante tarea de teólogos y comentaristas, junto a los cuales yo no soy absolutamente nadie, y sencillamente no tengo registros de existencia en ese mundo prestigioso y confiable de lo que se auto denomina como iglesia cristiana?

No, Dios me libre y me guarde de caer en ese grosero error. Tanto esos teólogos como comentaristas que tú y yo conocemos perfectamente por sus inocultables méritos profesionales, han sido sumamente útiles a la hora de traernos hasta aquí munidos de un caudal informativo histórico, social, geopolítico y religioso de alto contenido.

No Son Solamente Palabras

Pero resulta ser que la predicación del evangelio, según Pablo, no es meramente una palabrería rodeada de datos, cifras e informaciones, sino verdadero poder de Dios manifestado a través de la guía de Su Espíritu Santo, que como todos sabemos aunque no lo vivamos, sólo se manifiesta mediante revelaciones concretas y puntuales.

Quiero que lo sepas y lo entiendas definitivamente si es que todavía tenías dudas. Ese que termino de mencionarte, es el único motivo por el cual hay ciertas predicaciones o mensajes que producen en tu interior un verdadero cataclismo, y otros que no sólo no producen nada, sino que te adormecen.

He oído a muchos decir que cuando su audiencia se queda dormida, es porque el diablo los atacó con un espíritu de bloqueo mental y sueño para que no oigan la palabra de Dios. ¿Sabes qué? Esto es total y absolutamente cierto; lo he visto en algunas iglesias e, incluso, hasta en algunos casos he recibido esa clase de ataques.

Pero que esto sea verdad, no significa que siempre sea esa la causa del sueño. En muchos casos, el sopor y adormecimiento llega porque lo que se está diciendo no tiene ni unción, ni gloria de Dios ni nada de su poder. Y lo único que puede alimentarte, animarte, levantarte y potenciarte, es la voz de Dios.

Y ahora déjame darte la novedad que vengo anticipando: el poder de la palabra de Dios genuina y esclarecedora que cambia vidas, viene mediante una revelación del Espíritu Santo que, en algunos casos, utiliza a siervos medianamente obedientes como emisarios válidos.

Eso no significa que sucedan cosas espectaculares o de aspecto físico sobrenatural. Eso significa que una palabra ungida por el Espíritu Santo, te abre los ojos respecto a textos bíblicos que por años las voces anodinas de los predicadores cotidianos te habían mostrado desde otras ópticas mucho más materialistas y naturales.

Porque se ha hecho un enorme énfasis en la presencia de Dios en las reuniones de los cristianos, o del impacto de la unción del Espíritu Santo, pero casi siempre relacionándola con señales, milagros y maravillas. Lo cual no es ni malo ni negativo, todo lo contrario.

Pero también déjame decirte que no es excluyente. Que puedas de un momento para el otro “ver” un versículo que antes jamás habías “visto” con esa claridad, también es presencia activa y unción plena del Espíritu Santo de Dios.

Eso es revelación. Que puede ser tuya, sin auxilio humano, que de pronto algo que jamás ni siquiera te había pasado por tu mente carnal, comienza a tomar forma, crece en cuerpo y termina en una mole que por poco te hace caer de espaldas.

Pero también esa revelación puede llegarte mediante un “envase” humano. Y no interesa demasiado si se trata de un siervo espectacular, con un testimonio intachable o un mini-astro de esos que parecerían amanecer fijándose si alguna cámara de TV los está filmando.

El Valor de la Certeza

Yo he enseñado en muchos trabajos que no importa demasiado cuánto Dios te usa, sino que lo que sí importa y mucho, es si Dios te aprueba. Y he dado ejemplos bíblicos suficientes para probar eso. Así que no sé cómo te mueves tú, pero lo que es yo, no descarto nada de nadie, porque tengo claro que Dios puede usar hasta una mula como la de Balaam para nutrirme.

Y así he podido construir parte de este ministerio al que has adherido vaya uno a saber por qué desde lo humano, aunque sí tengo más que claro las razones espirituales. Tú sabes tan bien como yo que lo que te estoy diciendo ES palabra. El Espíritu Santo que mora en ti, es el mismo que ya me lo dijo antes a mí. Y que no identifico porque tengo muy en cuenta los “operativos de prensa eclesiásticos”.

Hay ministros que son casi émulos de Dios en la iglesia. Tienen un nombre y un apellido que, a poco de mencionarlo, tú puedes a continuación decir las barbaridades y blasfemias herejes que se te ocurran y nadie te lo va a discutir ni cuestionar.

Pero hay otros que han sido víctimas de operativos mediáticos muy bien armados, y se le han adosado “famas” muy singulares que no lo hacen creíble. Y digan lo que digan, (Aunque de pronto Dios los use para decir algo contundente y tremendo) nadie les presta atención y nadie les cree.

¿Sabes qué? Yo me nutro de muchos hombres de Dios. Algunos de ellos, intachables, con palabra que he examinado a la luz de la Biblia y me han sido de crecimiento y bendición. Pero algunos otros, no tan intachables dentro de nuestro ambiente, aunque lo que han dicho no hay modo de hallarle algo falso ni a contrapelo de la palabra de Dios.

Entonces, cuando recibo revelación de uno de estos “marginales eclesiásticos”, lo que hago es examinarlo. Si de ese examen no surge nada que lo descalifique, paso a aceptarlo. Una vez que lo acepto paso a creerlo, y una vez que lo creo paso a ponerlo por obra en mi vida. Allí es donde, con total y legítimo derecho, paso a enseñarlo casi de modo textual.

Claro que me cuido muy bien de dar el nombre de aquel de quien recibí esa enseñanza. Porque si bien en algunos casos no había ningún tipo de cuestionamientos, en otros créeme que sí. Entonces yo no voy a impedirte que seas sacudido por la genuina revelación del Espíritu Santo, sólo por darte un nombre y un apellido que te enseñaron a no aceptar. Lo primero es espiritualidad, lo segundo es eclesiología barata.

Si esos hombres o mujeres que la iglesia evangélica tradicional y estructural cuestiona tienen, efectivamente, algo por lo cual rendir cuentas ante Dios, pues que lo hagan y se acabó. Es un asunto de cada uno de ellos y el Señor. Lo que dicen, así como los dones, suele ser irrevocable, entonces por lo menos, hay que tenerlo en cuenta y no descalificarlo sin examen sólo por venir de donde viene.

Con eso en mente y aclarado, voy a encarar este trabajo relacionado con las preguntas que Pablo formula y se formula a sí mismo en todo el contexto de su carta a los Romanos. De hecho, no será un comentario lineal y clásico, aunque comenzaré con el costado histórico como para que no lo extrañes.

Tampoco será un dechado de revelaciones porque en este momento, como estoy escribiendo esto en el mismo orden que lo vas a leer, de Introducción a Epílogo, sin cortar ni pegar tal como ahora podemos hacer sin ruborizarnos, no tengo ni la menor idea si me llegará alguna o si sencillamente me limitaré a comentarte lo obvio. Oro para que no sea así; estamos repletos y hartos de obviedades. Y me incluyo, claro está.

1  La Justicia de los que Viven

De niño me gustaba la historia. Seguramente ya albergaba en mí dedicarme a tareas humanísticas y no a menesteres técnicos, así que historia, geografía y educación cívica (?) eran materias que me agradaban, en contra de los fastidios de las matemáticas, la geometría y la física.

Los niveles de educación escolar en mi país estuvieron mucho tiempo en manos de la Iglesia Católica Romana, por lo que la enseñanza recibida siempre apuntaba a ciertos costados que hoy puedo analizar con mejor panorama y mayor objetividad.

En una ocasión, ya adulto, intenté conocer la realidad sobre uno de nuestros próceres más importantes. Para mejor objetividad leí tres libros. Uno de un historiador de derecha, otro de alguien de centro y un tercero escrito por un sacerdote tercermundista o de izquierda. ¿Sabes qué? Me quedé sin saber quién realmente había sido ese prócer.

Allí aprendí con las mejores notas que la historia no es necesariamente responsabilidad de quién o quienes la hayan vivido, sino de aquellos que luego se tomaron el trabajo de escribirla. Nuestros antiguos próceres eran hombres que no comían, ni bebían, ni iban al sanitario a hacer sus necesidades.

Tenían hijos con sus mujeres legales, con amantes y hasta con indias esclavizadas durante la conquista de territorios. Así y todo, su imagen tenía para nosotros niveles intachables de honestidad que nadie osaría discutir. Sencillamente porque pensábamos exactamente cómo esos historiadores deseaban que pensemos.

Así que lo que voy a relatar ahora, que tiene que ver con la historia de una carta que uno de nuestros apóstoles más amados escribió a la iglesia cristiana que se encontraba en Roma, tiene las características que se relacionan más con los estudiosos teólogos que la escribieron, que la realidad de quienes la vivieron. Pero debo hacerlo para darle una introducción lo más seria posible a lo que luego quiero tratar.

Develando los Trasfondos

Cuando el apóstol Pablo escribió esta carta, (Algunos historiadores confiables aseguran que lo hizo alrededor del año 56 después de Cristo), él no había estado jamás personalmente en Roma. Eso, pese a que estaba predicando el evangelio desde su dramática conversión, (Año 35 d.C.).

Durante los diez años anteriores, Pablo había fundado iglesias a través del mundo mediterráneo. Y cuando digo “fundar iglesias”, por favor, no pienses en salones, templos o catedrales. Lo que Pablo fundó allí fueron comunidades, grupos, gentes, personas, asambleas, eklessias, en suma: iglesias.

Esta carta, sin embargo, escrita cuando ya llegaba al final el que de alguna manera era su tercer viaje (Y no me gusta llamarlo “misionero” porque no se parece en nada a lo que hoy es un viaje misionero), era, en cierta forma, una afirmación muy madura de su comprensión genuina del evangelio.

La iglesia de Roma, quiero contarte, había sido fundada por otros cristianos, que para nosotros resultarían totalmente desconocidos, aunque en cierto sentido se los menciona en el Libro de los Hechos 2:10, y Pablo, en sus viajes, conoció a muchos creyentes de esa ciudad.

Hay algunas coincidencias históricas que dicen que a esta carta Pablo la escribió mientras estaba en Corinto, recogiendo dinero para ayudar a los cristianos necesitados de Jerusalén. No es un estilo parecido al de Jesús, que solamente se relacionó con el dinero merced a una bolsa que cuidaba celosamente Judas Iscariote, que al mismo tiempo le robaba y luego traicionaba.

Pablo aparentemente proyectó irse a Jerusalén con lo recaudado y entonces sí, visitar a la iglesia de Roma, la cual vuelvo a insistir: no era una congregación tradicional como las que conocemos, sino un grupo diseminado que lograba reunirse sólo bajo la convocatoria del propio Espíritu Santo. ¿Y cómo coincidían todos a un mismo horario y en un mismo sitio? Ah, no lo sé; pregúntaselo al Espíritu Santo cuando dialogues con él…

Parece ser que luego de recibir el aliento y el apoyo de los cristianos romanos, Pablo planificó dirigirse a España para predicar allí el evangelio. Así fue que les escribió a los romanos para contarles de su inminente visita.

Teniendo en cuenta y muy a la vista sus planes, es notorio que Pablo escribió una carta para presentarse él mismo a una iglesia que nunca antes había visitado. Al mismo tiempo, redactó una exposición completa y ordenada de los grandes principios del evangelio que predicaba.

Lineamientos Básicos de su Contenido

A esta carta, (O epístola, como a muchos les gusta denominarla), comúnmente se la considera por parte de los grandes teólogos como la más grande exposición de doctrina cristiana de toda la Escritura. Nadie puede afirmar que realmente así sea porque es muy subjetivo, pero lo cierto es que esta misiva desarrolla de forma lógica y ordenada profundas verdades teológicas.

Está repleta de los grandes temas de la redención, la culpa de toda la humanidad, nuestra incapacidad personal y privada para ganarnos el favor de Dios, la muerte redentora de Cristo y el don gratuito de la salvación que sólo se recibe por fe.

Y es muy interesante observar que, como Pablo todavía no había visitado Roma, la carta no trata problemas locales específicos, pero sí contiene enseñanzas generales aplicables a todos los cristianos de todos los tiempos.

Es notorio y notable que, a través de toda la historia de la iglesia, el mensaje de la carta a los Romanos ha provocado muchos avivamientos y despertamientos, en la medida en que la gente comienza a descubrir la magnificencia de su Dios y la Gracia infinita que Él derrama sobre nosotros.

Sin embargo, el tema doctrinal que más le interesa a Pablo, es demostrar que Dios es justo. A pesar de todo lo que sucede en este mundo; a pesar de que todos los seres humanos somos pecadores; a pesar de que no castiga sino que perdona a los pecadores; a pesar de que los creyentes puede ser que no vivan completamente de acuerdo con la justicia de Dios.

A pesar de que los creyentes sufren y se demora la redención final y a pesar de que muchos judíos no creen, aún Dios es perfectamente justo, y nos ha perdonado por su Gracia. Por esa Su gran misericordia, Dios que es poseedor de una justicia perfecta y sin mácula, vive eternamente en consonancia con ella.

Revelaciones de Jesucristo

Cierto; el subtítulo elegido simboliza más al Apocalipsis de Juan en Patmos que a esta carta a los Romanos de Pablo. Sin embargo, ambas contienen similar unidad: en ambas se revela a Jesucristo resucitado. Porque así como eso es esta carta a los Romanos, así también lo es la de Apocalipsis, muy lejos de ser revelaciones de catástrofes futuras, como a muchos todavía les gusta enseñar.

Romanos nos enseña varias cosas en su total contexto que luego repasaremos haciendo hincapié en lo que es el eje central de este trabajo: las preguntas de Pablo. Nos enseña, en primer lugar, que no debemos confiar en nosotros mismos para salvación, sino en Cristo.

Luego también nos muestra que debemos ser imitadores de la fe de gente como Abraham, así como que debemos ser extremadamente pacientes en épocas de dificultades. Que tenemos que regocijarnos de que Cristo sea nuestro máximo representante y que debemos crecer en la continua muerte al pecado.

Que debemos caminar en cada momento de nuestras vidas con el Espíritu, que debemos esperar la gloria futura y confiar en que Dios convertirá en bendiciones nuestros sufrimientos actuales, que debemos orar y proclamar el evangelio a quienes se encuentran perdidos y que debemos alabar a Dios por la gran sabiduría de su plan de salvación.

Especialmente en tres capítulos que van del 12 al 15, la carta a los Romanos ofrece muchos ejemplos específicos de la aplicación de las verdades cristianas; muestras de cómo el evangelio trabaja en la práctica tanto en la iglesia como en el mundo.

Por último podemos aprender de Pablo el cuidado y las atenciones personales que manifestaba hacia los creyentes. Nada que ver esto último con la extrema indiferencia, apatía o incluso frialdad manifiesta que hoy por hoy podemos ver en la que también fue SU iglesia.

En suma: toda la carta es la historia del plan redentor de Dios en Cristo; la necesidad de la redención, la detallada descripción de la obra de Cristo y sus implicaciones para los cristianos, y la aplicación del evangelio de Cristo a la vida diaria.

Más específicamente, Jesucristo es nuestro Salvador, quien obedeció perfectamente a Dios como nuestro representante, y quien murió en sacrificio en lugar de nosotros. Él es el único en quien debemos tener fe para salvación.

A través de Cristo recibimos muchas bendiciones: reconciliación con Dios; justicia y vida eterna; identificación con Jesús en su muerte, sepultura y resurrección; estamos vivos para Dios; libres de condenación; herencia eterna; sufrimos con el Señor; somos glorificados con Él; somos como Él; y el hecho de que aún hoy Él intercede por nosotros.

Sin duda alguna, toda la vida cristiana incluyendo las nuestras, se vive a través de Cristo y por Cristo; haciendo oración, experimentando gozo, ejercitando exhortación, sacrificando alabanza a Dios y, en general, viviendo diariamente para Dios, para hacer su voluntad.

Mandatos Superiores

Creo que a estas alturas de nuestras vidas de fe y de nuestros conocimientos, por escasos que ellos fueran, nadie pone en duda que el Espíritu Santo da poder suficiente para predicar el evangelio y para obrar milagros.

También mora en todo aquel que pertenece a Cristo, y nos da vida. También hace que nuestra santidad aumente en la vida diaria, llenándonos de poder para obedecer a Dios y vencer el pecado, dándonos un modelo de santidad que imitar, guiándonos y purificando nuestras consciencias para dar verdadero testimonio y no simulaciones hipócritas.

El Espíritu Santo derrama el amor de Dios en nuestros corazones junto al gozo, la paz y la esperanza en su poder. Nos capacita para orar correctamente y para llamar a Dios “Padre nuestro”, dándonos la seguridad espiritual de que somos hijos de Dios.

Si queremos agradar a Dios debemos poner la mente en las cosas del Espíritu. Aunque Pablo discute los dones espirituales brevemente en su carta a los Romanos, no hace mención explícita del Espíritu Santo en conexión con esos dones, excepto cuando se refiere a ellos como “espirituales” (O del Espíritu). La presente obra del espíritu Santo en nosotros es sólo un anticipo de su futura obra celestial.

Con todo esto en mente y olvidando los eximios comentarios de tantos afamados teólogos que respeto y considero, pero que no me son útiles en lo más mínimo a la hora de acudir al Espíritu Santo para que esclarezca mi entendimiento, voy a encarar la lectura de estos dieciséis capítulos que conforman esta carta, esencialmente buscando las preguntas que Pablo se formula con la sana pero todavía incierta intención de darle sus respuestas.

Quiera el Señor que así sea en todas y sirva, fundamentalmente, para ayudarte a crecer, madurar y andar en el Espíritu tal ha sido el mandato. Me limitaré a repetir textualmente los versículos que no traen preguntas de modo convencional, y enfatizar con otra letra aquellos que sí las traen, porque no es mi intención comentar esta carta de manera teológica, sino extractar de ella aquello que se me ha ordenado extractar.

(Romanos 1: 1) = Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, (2) que él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras, (3) acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, (4) que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos, (5) y por quien recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre; (6) entre las cuales estáis también vosotros, llamados a ser de Jesucristo; (7) a todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos; gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

(8) Primeramente doy gracias a mi Dios mediante Jesucristo con respecto a todos vosotros, de que vuestra fe se divulga por todo el mundo.

(9) Porque testigo me es Dios, a quien sirvo en mi espíritu en el evangelio de su Hijo, de que sin cesar hago mención de vosotros siempre en mis oraciones, (10) rogando que de alguna manera tenga al fin, por la voluntad de Dios, un próspero viaje para ir a vosotros.

(11) Porque deseo veros, para comunicaros algún don espiritual, a fin de que seáis confirmados; (12) esto es, para ser mutuamente confortados por la fe que nos es común a vosotros y a mí.

Algunas “perlas” de Pablo que todavía nos vienen muy bien a todos. Él, -asegura-, servía a Dios en su espíritu, lo cual deja más que claro que no se metía en activismos religiosos, simulaciones hipócritas ni auto convencimientos castrantes.

Y no concluye allí, sino que lo dice con relación a lo que él estaba haciendo para con el evangelio de Jesucristo, lo cual nos deja otra enseñanza casi en nivel de doctrina: el evangelio es para gente espiritual, requiere servicio espiritual y rédito también espiritual.

Y luego hay una expresión que a muchos creyentes más o menos bien informados, no deja de sorprender. Porque Pablo les dice que quiere ir a verlos para comunicarles algún don espiritual. Claro, tal como nosotros entendemos a la palabra comunicar, esto parecería ser incoherente, pero veamos.

La palabra que se utiliza en el original griego para comunicaros, aquí, es la palabra metadidomi. Tiene varios significados entre los que figuran: dar, compartir, impartir, distribuir, conceder. La palabra implica liberalidad o generosidad.

Es utilizada para exhortar a quienes tienen dos túnicas a que auxilien al que no tiene ninguna, asunto que podemos ver en Lucas3:11; para animar a la gente a que dé con gozo rebosante, según Romanos 12:8 y para instar a trabajar con laboriosidad, a fin de dar al que está en necesidad, conforme se lee en Efesios 4:28. Es otra clase de comunicación, sin dudas.

Finalmente, dice que estos dones que él va a comunicarles a estos romanos, tienen como finalidad confirmarlos. ¿Confirmarlos en qué? Si tenemos en cuenta lo que luego se aclara como confirmación, que es confortarlos en la fe, de eso es que precisamente se habla, de confirmar en la fe. ¿O no te sentiste confortado cuando uno de los dones del Espíritu Santo pudo fluir con libertad de ti hacia otras personas?

Yo sí; cuando estaba orando por la esposa de un hermano que me había invitado a su casa para ayudarlos a restaurar su matrimonio, ella salió disparada hacia atrás en un shock espiritual tremendo que literalmente le cambió la vida, a ella, a su marido y, por ende, a su matrimonio. Pero también me la cambió a mí, ya que recibí un impacto de consolidación de fe que ningún hombre hubiera podido brindarme.

Entre Justos e Injustos

(13) Pero no quiero, hermanos, que ignoréis que muchas veces me he propuesto ir a vosotros (pero hasta ahora he sido estorbado), para tener también entre vosotros algún fruto, como entre los demás gentiles.

(14) A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor.

(15) Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma.

(16) Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.

(17) Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Más el justo por la fe vivirá.

Quiero consignar que hay una pequeña diferencia entre la expresión de Pablo y la Escritura de donde la extrae. Una pequeña diferencia que, sin embargo, hace diferencia. Pablo dice que el justo por LA fe vivirá, mientras que Habacuc 2:4, consigna que el justo por SU fe vivirá. ¿Será lo mismo?

(18) Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; (19) porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó.

(20) Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.

(21) Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.

Buen momento para indagar respecto a qué cosa es, realmente, envanecerse en sus razonamientos. La palabra utilizada en los originales, aquí, es la palabra mataioo. Quiere decir vaciar, vano, tonto, inútil, confundido.

La palabra, en realidad, describe la lógica pervertida y la presunción idólatra de aquellos que no dan honra a Dios, ni le muestran alguna gratitud por sus bendiciones a la humanidad. Y todo porque en el fondo son seres vacíos, tontos, inútiles y altamente confundidos. No es casual.

Porque convengamos en que toda la gente, mal o bien, sabe en sus corazones que Dios existe, así como algo de sus requerimientos morales. Esto no quiere decir que la gente puede venir a la fe salvadora observando la naturaleza creada, porque la fe salvadora sólo se alcanza escuchando y creyendo en el mensaje de la Biblia acerca de Cristo. Lo aclaro: La gente puede buscar llegar a Dios mediante una creencia, pero sólo tocará la fe si conoce al Dios verdadero, ya que Él es quien la otorga. Es un don.

(Verso 22) = Profesando ser sabios, se hicieron necios, (23) y cambiaron la gloria de Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.

(24) Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos; (25) ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.

Aquí hay una verdad que es inmutable e insoslayable aún en el paso de todos los tiempos y épocas: la falsa religión lleva necesariamente a la inmoralidad personal. Y allí es donde dice que “Dios los entrega a inmundicia”, lo cual nos lleva a preguntarnos: ¿Haría nuestro Dios de amor algo así?

Sí, lo hace; y no porque realmente sea Él quien nos empuja o entrega a la inmundicia, sino por el simple acto de respuesta a un rechazo continuo y permanente de parte del hombre, en el mero y simple acto de apartarse, hacerse a un lado y dejar de brindar cobertura divina.

Allí es donde el hombre queda librado a su propia naturaleza y esta, conforme a sus estructuras adámicas, lo lleva de un viaje a la inmundicia y todas sus consecuencias. Entonces ese “Dios lo hizo” se convierte en lo que genuinamente es: “Dios dejó hacer”.

Y luego viene una de nuestras prácticas actuales más proliferantes: honrar al hombre más que a Dios mismo. ¿No lo has visto nunca, a esto, en alguna congregación cercana a tu domicilio? Yo sí. Estamos enterados: es cambiar la verdad por la mentira. Es reemplazar a Jehová por un becerro.

Ahora ya lo sabes. Lo curioso es el terreno donde se produce esa caída. Un terreno que hoy por hoy ha tomado enorme crecimiento y, en muchos países incluido el mío, estado legal y admitido por las leyes en todo su contexto.

Una Posición Muy Clara

(26) Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aún sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, (27) y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío.

Es indudable que de lo que aquí se está hablando es lisa y llanamente de homosexualidad. Y resulta interesante recalar en el tema, porque no es poca la confusión reinante dentro de los cristianos que, luchando entre acusaciones de discriminación y permisividades para con el pecado, transitan diferencias interdenominacionales que no hacen sino aumentar esa confusión.

El caso es que la, Biblia dice que es abominación que un hombre se acueste con otro hombre como si fuera una mujer, o que una mujer haga lo mismo con otra como si fuera un hombre. El texto respectivo puedes encontrarlo en Levítico 18:22. Lo siento; no me es permitido modificar la palabra de Dios.

También se expresa que por causa de abominaciones como la homosexualidad, la tierra vomitará a sus moradores, tal como se lee en levítico 18:25. Aquí Pablo la llama “inmundicia” y consecuencia de haber sido entregados por Dios a “pasiones vergonzosas”. Entonces, ¿Podemos comprender que se trata de una pasión? Sí podemos, está escrito. Pero también se escribió que es una pasión vergonzosa.

En el Antiguo Testamento, los responsables de estas prácticas eran expulsados de la congregación de Israel y ejecutados. En el Nuevo Testamento se nos dice que quienes practican la homosexualidad no entrarán al reino de Dios, conforme a lo escrito por Pablo en 1 Corintios 6:9-10.

Pablo se refiere a ella como la última expresión de la rebelión contra Dios. Cuando las personas cambian la verdad de Dios por una mentira, y comienzan a adorar a la criatura en lugar de al Creador, son entregados al mal.

Buen momento para compartir lo que para el cristianismo genuino y sin pragmatismos religiosos propios de una inquisición, es la homosexualidad. Dentro de un contexto mucho más amplio, en síntesis es un demonio operando en la mente (alma) del ser humano inyectando sentimientos, emociones y voluntades del sexo opuesto.

Es una tremenda verdad cuando un homosexual varón dice sentirse como una mujer en el cuerpo de un hombre. No está mintiendo, eso es lo que siente. La mentira, en todo caso, vendrá luego, cuando se procure darle una explicación a ese “sentir”.

En Argentina se aprobó el matrimonio entre personas homosexuales. Curiosamente, en el marco de una sociedad secular en la que las parejas heterosexuales huyen del compromiso matrimonial para vivir en pareja sin lazo alguno de corte legal, el movimiento homosexual propende a lo contrario. ¿No les suena casi como una burla satánica?

Cuando los valores se invierten, y aparece la anarquía moral, los hombres se encienden en su lascivia unos con otros, al igual que las mujeres unas con las otras, pero en sus propios cuerpos recibirán el castigo de sus acciones, tal como se lee en esta porción de romanos.

Claro está que, desde un punto de vista bíblico, el ascenso de la homosexualidad constituye una señal de que la sociedad se encuentra en las últimas etapas de su decadencia. Basta recordar a Sodoma y a Gomorra y todas las implicancias que su existencia proporcionó a este tipo de movimiento.

Soy consciente de la agresividad, la discriminación, la marginación y hasta la humillación que una gran parte de nuestra sociedad les propina injustamente a las personas homosexuales. No estoy de acuerdo en absoluto con esa forma de proceder y jamás formaría parte de tribunales de la inquisición que sentenciara, condenara y ejecutara a homosexuales.

Pero eso no significa que me olvide que el pecado es pecado y que ningún hijo de Dios puede tener comunión con él. Cuando este tipo de asuntos se examine desde lo espiritual y guerrero, muy probablemente comenzará la etapa de sanidad real y no simulada.

(Verso 28) = Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; (29) estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; (30) murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, (31) necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; (32) quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.

Pablo está describiendo con una precisión notable, casi matemática, lo que es una sociedad que se rebela completamente contra Dios. La naturaleza profundamente irracional del pecado se comprueba en el hecho de que aún los pecadores endurecidos comprenden en sus corazones que sus acciones son dignas de muerte. Sin embargo, siguen pecando y aun arrastran a otros consigo cuando se complacen con los que practican las mismas cosas.

2 – Corazones Circuncisos

Todos sabemos, con mayor o menor información, que la circuncisión era una acción física que determinaba la consolidación de un pacto. De allí que cuando se habla de corazones circuncisos, (O incircuncisos) no estamos hablando de cuchillos afilados, sino de compromisos con Dios, o carencia de ellos.

(Romanos 2: 1) = Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quien quiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo.

(2) Más sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según verdad

(3) ¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios?

Pregunta Nº 1: ¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios?

Conocí el caso de una parejita de jóvenes, hoy ya casados desde hace muchos años y con una vida absolutamente normal y creyentes sólidos y fieles, que pasó por un verdadero infierno por causa de que él estaba separado de su esposa, y eso era muy mal mirado dentro de la iglesia.

De nada servía que se intentara demostrar que él no había sido el culpable de esa separación (Luego divorcio, cuando se aprobó la ley en mi país), ya que el motivo había sido el adulterio por parte de su anterior esposa. Para la iglesia era un divorciado y nada los haría modificar su postura.

Es más, el pastor de esa iglesia, en una ocasión le negó la Santa Cena a la joven porque, dijo públicamente, ella se encontraba en una situación desagradable para Dios, sometiéndola de esta manera a una humillación pública que casi sacó a la chica de la iglesia y del camino.

Con los años se supo que en ese preciso tiempo y momento en que ese pastor estaba juzgando y condenando dura y cruelmente a esa muchacha que sólo había cometido el delito pecaminoso de enamorarse de un hombre que había estado casado con otra mujer en una historia en la que ella no había participado, ese pastor estaba cometiendo el más oscuro de los adulterios con la secretaria de su iglesia.

Claro está que él jamás fue juzgado ni condenado por ese evento, pero muy bien cabe como respuesta a esta pregunta que Pablo se formula y formula a quien quiera tomarla: ¿Creía, acaso, este buen hombre, que él podía hacer lo que le daba la gana con esa gente que pastoreaba, y que su propio asunto iba a escapar del juicio divino?

Mi respuesta personal, aunque te cueste entenderla o compartirla, es que sí, que él efectivamente creía que Dios estaba muy contento con su actuación como pastor y juez, y que su pequeño pecadillo iba a pasar inadvertido porque para Dios él era muy valioso y no iba a humillarlo por tan poca cosa y sacarlo de un ministerio tan exitoso.

Ese pastor hoy ya no existe, falleció hace ya muchos años y el tema, obviamente, se olvidó, incluso en la que fuera su propia congregación. No soy quien para imaginar siquiera qué cosa hizo el Señor con este hombre, pero no puedo dejar de lado lo que Su Palabra dice al respecto. Y tampoco esta pregunta que Pablo se formula por causa de otros hombres que también se creían intocables.

(Verso 4) = ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?

Pregunta Nº 2: ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?

No existe una definición oficial del término benignidad, pero sí lo tiene longanimidad, que precisamente quiere decir: grandeza de ánimo en las adversidades, benignidad, clemencia (Parienta cercana de la misericordia) y generosidad.

Según lo entiende Pablo, (Y yo modestamente lo comparto totalmente), el caso anteriormente citado no sólo se compone de un conglomerado de errores de conceptos respecto a cómo Dios evalúa o estima ciertas cosas, sino que además contiene un alto grado de desprecio por Su santidad.

Es como aprovecharse cruelmente de una actitud de generosidad y compasión para utilizarla en nuestro beneficio. Esto suele verse muy a menudo en sociedades degeneradas por la corrupción materialista, donde padres, hijos, hermanos y hasta esposos no han dudado en estafar al otro aprovechando el lazo familiar.

Aquí el caso es similar, porque es indudable que existe un lazo familiar entre Dios y nosotros. Él es el Padre celestial y nosotros somos sus hijos por adopción. Él va a comportarse como un Padre amoroso y nosotros deberíamos responderle en el mismo sentido. No hacerlo nos introduce en una clase especial de pecado que muy difícilmente tenga pronta restauración si no existe un visible arrepentimiento.

¿Dios es Justo?

(Verso 5) = Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, (6) el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: (7) vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria, honra e inmortalidad, (8) pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia; (9) tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego, (10) pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego; (11) porque no hay acepción de personas para con Dios.

Quiero aclarar puntualmente algo que ha confundido a mucha gente llevándola, incluso, a fomentar nuevas doctrinas partiendo de un camino totalmente equivocado que jamás podría llevarlos a un destino verdadero. Cuando dice que se pagará conforme a sus obras, de ninguna manera está en contradicción con el evangelio de salvación por dádiva, gracia, favor y sin mérito humano alguno.

Este versículo sintetiza simplemente lo que realmente sucederá: los incrédulos serán juzgados por sus pecados; y los creyentes, quienes han sido liberados de sus pecados gracias al sacrificio de Cristo, serán recompensados en el cielo de acuerdo con su conducta en esta vida. Pero de ninguna manera hay que interpretar esto como salvación por buenas obras, de ninguna manera.

Aunque la frase expresada de perseverando en bien hacer se refiere a los cristianos, su salvación no se debió a las buenas obras simplemente porque ellos confiaban en Cristo quien ganó para ellos la vida eterna con su sacrificio en la cruz. Y algo más; la procedencia étnica o religiosa, no librará a nadie del castigo que merezca.

(Verso 12) = Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados; (13) porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados.

(14) Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, (15) mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, (16) en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio.

Fíjate que Pablo subraya muy especialmente que tanto los judíos como los gentiles están bajo el juicio de Dios. Se diferencian unos de los otros en que los judíos poseen la ley, mientras los gentiles no, aunque por naturaleza cumplen algunas cosas estipuladas por la ley.

Dios ha dado a todas las personas desde la creación del género humano el instinto moral, aunque el continuo reincidir en el pecado o una cultura que lo tolera, puede distorsionarlo. El caso es que esa gente será juzgada de acuerdo con la revelación que haya recibido. La norma para el juicio de los judíos será la Ley escrita; en el caso de los paganos, lo será la ley no escrita de la conciencia y la naturaleza.

Culpabilidades Compartidas

(Verso 17) = He aquí, tú tienes el sobrenombre de judío, y te apoyas en la ley, y te glorías en Dios, (18) y conoces su voluntad, e instruido por la ley apruebas lo mejor, (19) y confías en que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas, (20) instructor de los indoctos, maestro de niños, que tienes en la ley la forma de la ciencia y de la verdad.

(21) Tú, pues, que enseñas a otro, ¿No te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se ha de hurtar, ¿Hurtas?

(22) Tú que dices que no se ha de adulterar, ¿Adulteras? Tú que abominas de los ídolos, ¿Cometes sacrilegio?

(23) Tú que te jactas de la ley, ¿Con infracción de la ley deshonras a Dios?

(24) Porque como está escrito, el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles, por causa de vosotros.

Pregunta Nº 3: ¿No te enseñas a ti mismo?

Está más que comprobado que, a menudo, el peor enemigo que el evangelio tiene tanto en su proclamación como en su puesta por obra, es el alto índice de pecado existente entre aquellos que supuestamente han sido enviados a difundirlo.

Tómame como punto de referencia a mí mismo. Este ministerio que mi Señor ha puesto en mis manos, es de enseñanza. ¿Eres enriquecido, alimentado, nutrido y ungido por estas enseñanzas? Quizás sí, lo eres. Ahora bien: ¿De qué me serviría a mí, como ministro, si yo no aprendiera las mismas cosas que tú o no las pusiera por obra? Debo enseñarme a mí mismo. Luego recién compartirlo.

Pregunta Nº 4: ¿Hurtas?

Sabemos perfectamente cómo puede robar un hombre del común, pero no siempre estamos atentos a de qué modo puede hacerlo un supuesto hombre de Dios. ¿Acaso robando el dinero que los hermanos traen para la iglesia y usándolo en su propio beneficio, o el de su familia?

Está bien, dice la palabra que el obrero es digno de su salario, pero no existe empresa en el planeta donde el salario de sus obreros sea estimado y determinado por los propios obreros. A lo sumo, habrá convenciones de interrelación, (en mi país se denominan “paritarias”) para consensuarlo, pero la última palabra siempre la tendrá el empleador, no el empleado.

Lo que quiero decir es que si tú te atreves a meter tu mano en la cesta de los diezmos y ofrendas y sacar una cantidad que crees merecer por tu trabajo, estás contrariando las leyes de oferta y demanda laboral. Quien tiene que disponer cuánto es tu salario y cuando vas a recibirlo, es tu patrón, tu empleador. Y ese es Dios, no tú, por más jerarquía que ostentes en tu iglesia.

Pregunta Nº 5: ¿Adulteras?

Si me tomas la pregunta con relación a tu matrimonio, es válida. No hay hombre en este tiempo dentro de los ambientes cristianos, que haya quedado informativamente al margen respecto al tremendo riesgo palpable que corren los líderes con relación a las tentaciones sexuales con hermanas o pseudo hermanas de la congregación.

He visto innumerables casos, (Y me ha tocado ser protagonista involuntario de muchos otros), donde hermanas muy “vulnerables” que llegan sin otra finalidad que la de recibir ayuda porque viven sus vidas de un modo incorrecto con esposos no creyentes y etc. etc., terminan presionando a los líderes de tal forma que estos deben optar por dos soluciones contundentes: o le entregan sus custodias a sus esposas o a siervas mujeres, o se meten en sus camas, destrozando sus matrimonios, sus familias, sus iglesias y sus propias vidas.

El adulterio es uno de los pecados más proliferantes dentro de las iglesias cristianas. Y no sólo tienen como protagonistas a pastores varones con mujeres de la congregación, sino que también se da a la inversa, ya que el espíritu de seducción primero, de lujuria posteriormente y de lascivia finalmente, logran su cometido cuando les dan ingreso en las vidas que sean.

Claro está que no es la única forma de adulterio probable. Está la otra, la espiritual, que es mucho menos visible y, ¡Oh sorpresa!, mucho menos censurable desde la óptica de las disciplinas. Es muy probable que a un pastor que cae en adulterio sexual se lo separe del púlpito y hasta del liderazgo de la iglesia por un tiempo como disciplina, pero normalmente no se lo hace cuando lo que adultera es la propia palabra, usando versículos sueltos de manera antojadiza en su beneficio personal.

Pregunta Nº 6: ¿Cometes Sacrilegio?

No existe demasiado respecto al significado de la palabra sacrilegio. Lo cierto es que implica cualquier falta de consideración o respeto para con algo o alguien a quien los demás consideran como sagrado. Y digo que “a los demás”, porque entiendo que sonaría demasiado absoluto referirme sólo a lo que nosotros consideramos como tal.

Cierto es que un sacrilegio dentro de la iglesia cristiana no ritualista, sólo tendrá que ver con un desprecio lleno de desparpajo por las personas de Dios Padre, Jesucristo el Hijo o su Espíritu Santo, (teniendo en cuenta que hay advertencia clara respecto a la blasfemia para con este en la Biblia).

Sin embargo, el texto que hemos leído tiene mucho más que ver con las rutinas rituales de la época. Pablo sugiere que si bien nosotros no formaremos parte activa de ellas, (Tal como podríamos hacer hoy con las que pertenecen al Catolicismo Romano), no por ello debemos permitirnos ser irrespetuosos con aquellos que lo hagan, ya que si bien están inmersos en un grave error que puede inclusive acarrearles graves inconvenientes espirituales, lo están haciendo por manifiesta ceguera espiritual y no por simple ocurrencia humanista.

Esto, claro está, en referencia a ídolos que todos estimamos como figuras o imágenes que en aquellos tiempos se adoraban en lugar del Dios invisible, tal como hoy se hace con estatuas de hombres o mujeres que se promocionan como “santos” especiales capaces de realizar milagros y ser factores de salvación de las almas.

No obstante, déjame decirte una vez más que la palabra ídolo no es necesariamente sinónimo de estatua o imagen corporal. Un ídolo, bíblicamente hablando, es cualquier cosa, (Lee bien: Cualquier cosa), que decidamos colocar en nuestra estima, respeto y hasta adoración, por delante de Dios. Y sólo tú sabes si por ventura no tienes algún ídolo en tu vida del cual sólo tienes conocimiento tú. Bien; es tiempo de eliminarlo y elevar a Dios al sitial que le corresponde. Eso si no quieres ser víctima de tu error.

Pregunta Nº 7: ¿Con Infracción de la Ley deshonras a Dios?

La única ley que Dios deseaba que el hombre poseyera y respetara, era aquella que Él había decidido poner en su corazón. Esa que de hecho todos tenemos, y que muy bien se hace notar cuando estamos a punto de pecar en alguna forma, advirtiéndonos, (Aunque no seamos creyentes de nada), que lo que vamos a hacer está mal delante de los ojos de Dios.

Luego, el hombre tomará una vez más su propia decisión en libre albedrío: respetará esa ley no escrita en letra y papel, o la desobedecerá y se convertirá en otro ser en rebelión. Dios desea lo primero, pero respetará sin intervenir lo segundo. De hecho, tú mismo padecerás las consecuencias de tu decisión negativa o disfrutarás de la positiva.

Las Genuinas Marcas Internas

(Verso 25) = Pues en verdad la circuncisión aprovecha, si guardas la ley, pero si eres transgresor de la ley, tu circuncisión viene a ser incircuncisión.

(26) Si, pues, el incircunciso guardare las ordenanzas de la ley, ¿No será tenida su incircuncisión como circuncisión?

(27) Y el que físicamente es incircunciso, pero guarda perfectamente la ley, te condenará a ti, que con la letra de la ley y con la circuncisión eres transgresor de la ley.

(28) Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; (29) sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra: la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios.

Pregunta Nº 8: ¿No será Tenida su Incircuncisión como Circuncisión?

En principio, déjame decirte que el término Circuncisión significa literalmente “corte en redondo”, y se trataba de una operación de carácter quirúrgico por la que se cortaba el prepucio del miembro viril. Dícese que fue el rito ordenado por Dios como señal del pacto hecho con Abraham y su descendencia, y también el sello de la justicia de su fe.

Todos los varones de la casa de Abraham debían ser circuncidados, y después cada varón de su descendencia, al octavo día después de su nacimiento. Significaba simbólicamente la consagración de un pueblo a Dios, separándose del mundo. Algo así como el primer vestigio de lo que hoy llamamos santidad.

Durante los cuarenta años que el pueblo anduvo vagando por el desierto, este rito no se cumplió, pero al entrar en la tierra de Dios, todos fueron circuncidados en Gilgal, cuando el oprobio de Egipto fue quitado. La circuncisión, entonces, vino a ser un sinónimo para Israel hasta el punto que eran conocidos como “los circuncisos”, mientras que los gentiles eran llamados “los incircuncisos”.

En contra de los designios de Dios, la circuncisión devino en un acto meramente formal, cuando el pacto mismo fue dejado a un lado, y Dios habla de Israel como teniendo “corazón incircunciso”. Esteban acusó al Concilio judío de ser “incircunciso de corazón y de oídos”.

Más adelante, Abraham será presentado como “padre de la circuncisión”, esto es, de los que creen y son el pueblo verdaderamente separado de Dios. Por ello, la circuncisión es hoy una tipología de crucificar la carne, con todo lo que ello implica.

Por lo tanto, la octava pregunta de Pablo no tiene que ver con razones históricas ni formales de la tradición, sino con algo que sigue siendo en este siglo veintiuno, puntal de la oposición espiritual a los hijos de Dios: los que pareciendo ser circuncisos físicos son, en realidad, incircuncisos de corazón y oídos.

Si observas un domingo por la tarde en épocas veraniegas de alto calor, caminar a un hombre relativamente joven vestido con riguroso traje  y corbata, (No siempre con buen gusto ni a tono), portando debajo de su brazo una especie de maletín negro de lo que, se deduce, es una Biblia, ¿Será eso suficiente para asegurar que ese hombre es un creyente?

No, apenas será lo que de alguna manera puede identificar a un cristiano que está camino a su iglesia. Esto es: un circuncidado que dice ser parte del pueblo de Dios. ¿Qué necesitaremos para saberlo con certeza? Ver el fruto que produce ese árbol. De lo que veamos, sabremos si es un circunciso falso o un incircunciso fiel.

3 – La Jactancia Queda Excluida

Siempre hay alguien que ignora algo, por eso es bien válido aclarar qué cosa es la jactancia. Dice un buen diccionario de español que se trata de un sinónimo de arrogancia, de presunción, de orgullo excesivo. Ahora creo que no es necesario que te aclare por qué razón está excluida, ¿Verdad?

(Romanos 3: 1) = ¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? ¿O de qué aprovecha la circuncisión?

(2) Mucho, en todas maneras. Primero, ciertamente, que les ha sido confiada la palabra de Dios.

(3) ¿Pues qué si alguno de ellos han sido incrédulos? ¿Su incredulidad habrá hecho nula la fidelidad de Dios?

(4) De ninguna manera; antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso; como está escrito: para que seas justificado en tus palabras, y venzas cuando fueres juzgado.

(5) Y si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, ¿Qué diremos? ¿Será injusto Dios que da castigo? (Hablo como hombre).

(6) En ninguna manera; de otro modo, ¿Cómo juzgaría Dios al mundo?

(7) Pero si por mi mentira la verdad de Dios abundó para su gloria, ¿Por qué aún soy juzgado como pecador?

(8) ¿Y por qué no decir (Como se nos calumnia, y como algunos, cuya condenación es justa, afirma que nosotros decimos), hagamos males para que vengan bienes?

Pregunta Nº 9: ¿Qué ventaja tiene, pues, el judío?

Deberemos tomar a la expresión “judíos” insertada aquí, con la tipología de la actualidad: creyentes. La pregunta que Pablo formula, entonces, es: a la luz de todos estos acontecimientos que ha venido relatando en el capítulo anterior, qué ventaja tendría ser creyente.

La respuesta la determina de inmediato, en el verso siguiente. Y no habla, curiosamente, de la salvación o de la vida eterna, factores que son muy corrientes y muy caros a la consideración actual de la predicación de las buenas nuevas; habla de la posesión de la palabra de Dios como patrimonio.

Porque si Dios nos ha confiado a todos nosotros, creyentes fieles y genuinos, (No me estoy refiriendo a todos los miembros inscriptos y nominales de todas las iglesias evangélicas, por favor; que quede claro), esa confianza determinará una actitud hacia nosotros muy diferente a la que sin dudas tendrá con el resto del planeta.

De hecho, nadie deberá interpretar con esto que el creyente está a salvo de cualquier delito o error garrafal. No, porque si así fuera, Dios estaría transgrediendo sus propias leyes, cosa que Él jamás hará, no tengas dudas. El creyente es especial para Dios, pero no tanto como para declararlo inimputable si comete errores graves, como por ejemplo lo que llamamos “pecado”.

Pero el hecho de ser portador de la palabra de Dios, sí lo convierte en alguien que tiene en su interior un caudal de esencias espirituales que no pueden observarse en ningún otro ser humano del resto del globo terráqueo. Y quien crea que esto es poca cosa, mucho me temo que aún no entendió nada.

Pregunta Nº 10: ¿O de qué aprovecha la circuncisión?

En la antigüedad, lo sabemos, era un sello, una marca visible que determinaba quien era judío y quién no lo era. Entre otras cosas, se utilizaba para permitir el ingreso a la sinagoga o no. Por eso era natural y hasta lógico que las mujeres debieran quedar afuera.

En la actualidad, la circuncisión es tipología de una fe cierta, genuina y libre de todo ritualismo o religiosidad hueca y vacía. Entonces, la respuesta a esta pregunta paulina es más que simple: esta clase de circuncisión sirve, en todo caso, para que Dios al verla permita o no el acceso a su Reino.

Pregunta Nº 11: ¿Pues qué si alguno de ellos han sido incrédulos?

Quiero que recuerdes por donde andamos en materia de tipología y puedas ver esto con claridad. La pregunta que Pablo se hace y hace a quien lo lee, es: ¿Qué ocurrirá con aquellos que, estando circuncidados y legitimados oficialmente por la tradición delante del sacerdocio estructural, resultan ser en su intimidad, simples incrédulos similares a los incircuncisos?

Pues lo que va a suceder es exacta y puntualmente lo mismo que ha sucedido durante todo este tiempo eclesiástico con todos aquellos que, por ejemplo, viniendo al mismo templo que veníamos nosotros, y haciendo todas las cosas que nosotros hacíamos, en sus corazones jamás pudieron creer en lo mismo que nosotros creíamos o creemos.

¡Pero hermano! ¿Usted me está queriendo decir que existen cristianos incrédulos? – No, no te lo estoy “queriendo” decir, ¡Te lo estoy diciendo! Y no por simple ocurrencia personal, sino porque así lo dice el propio Dios en su palabra. ¿O con qué clase de incrédulos te crees que se las toma Él cuando los menciona en la Biblia? Con los de adentro.

La Biblia jamás fue escrita para el mundo secular. Aunque el mundo secular la lea y hasta se salve por leerla, la Biblia se escribió para la iglesia. Por lo tanto, cuando la Biblia dice “incrédulos”, no habla de los muchachos del club de la esquina de tu casa; ¡Habla de los hermanos de tu congregación! O de ti mismo, que es mucho peor…

Pregunta Nº 12: ¿Su incredulidad habrá hecho nula la fidelidad de Dios?

Aquí la respuesta se brinda en el verso siguiente. Dios siempre anda portando y cargando verdad, mientras el hombre, por imperio de su naturaleza caída, anda peleando y perdiendo muy seguido con la mentira. Aquel que pueda decirme que jamás conoció a un hombre (O mujer) mentiroso, creo fielmente que es un ultra, macro, híper bendecido, ya que sobreabundan.

Y no estamos hablando, (Una vez más) del mundo secular de puertas afuera de nuestro templo. Estamos hablando de éste, precisamente, y si tú quieres en épocas invernales, donde por imperio del gélido ambiente externo, suelen cerrarse las puertas y dejar adentro sólo a los que supuestamente son salvos y santos. Entonces, la pregunta, es: ¿Santos mentirosos?

La respuesta es, triste y lamentablemente, afirmativa. Claro, eso nos produce un enorme contrasentido, ya que de ninguna manera un santo, que es alguien consagrado, separado y al margen de toda contaminación carnal, puede ser al mismo tiempo mentiroso, que es patrimonio claro de influencia satánica en una vida.

Otra vez la respuesta será contundente: si es mentiroso, no es santo. ¿Y salvo? Ah, no lo sé; eso siempre es patrimonio exclusivo de Dios determinarlo. No hay hombre, por importante que sea o pretenda ser, que pueda arrogarse la potestad de decidir quién es salvo y quien no lo es.

Luego, en el verso 4, leemos que dice que Dios será veraz. Y ese término, que en los originales griegos es la palabra alethes, se debe comparar con los nuestros “latentes” o “letargo”. Tiene que ver con algo genuino, real, verdadero, ideal, manifiesto, no oculto.

Alethes es lo opuesto a falsedad, encubrimiento e inconsistencia humana. Dios es fiel en cumplir sus promesas; en Él no hay falsedad. Alethes nos asegura que sus pronunciamientos concuerdan con la realidad, son auténticos y están en armonía con los hechos históricos. Yo sé mi amado hermano o hermana, que si eres de los genuinos (De otro modo no andarías por estos espacios), ya lo sabías, pero siempre está muy bueno que algo más contundente te lo reafirme.

Pregunta Nº 13: ¿Qué diremos?

Esta pregunta de Pablo tiene que ver con nuestra participación involuntaria respecto a los juicios de Dios. Porque ninguno de nosotros busca comportarse mal para que Dios actúe, sino que creyendo hacerlo bien, comete errores e injusticias que ponen en marcha el juicio de Dios.

Y cuando digo “juicio”, tengo que necesariamente volver a explicar una vez más, creo que lo he hecho en innumerables ocasiones, pero como suele decirse en el ambiente radial, “la audiencia cambia permanentemente”, que juicio no es eso que nosotros imaginamos en primera instancia: hecatombe y fuego del cielo a la manera de Sodoma y Gomorra.

Ese, en todo caso, fue una clase de juicio divino que determinó también una clase de sentencia y una clase específica de ejecución de esa sentencia, pero no es en modo alguno una metodología pre-establecida. Juicio, mí estimado hermano o hermana, significa otra cosa.

Es lisa y llanamente “separación de lo verdadero de lo falso”, es decir: establecer mediante observación, evaluación, análisis y conclusión, qué cosa es digna y apta para Dios y puede continuar como está, y qué cosa no es apta ni agradable para Dios y debe ser eliminada como sea. Eso es juicio.

Y cuando cualquiera de nosotros se equivoca, (Aunque se equivoque muy feo y desagradable), necesariamente determina un juicio por parte de Dios, porque el juicio forma parte de su naturaleza de juez supremo.

Pero eso no implica indefectiblemente una condena a muerte; implica una separación de lo verdadero de lo falso. Y una cosa es un verdadero equivocado, y otra cosa muy diferente es un falso viviendo en permanente pecado como forma habitual de existencia. Eso diremos.

Pregunta Nº 14: ¿Será injusto Dios que da castigo?

Tengo una anotación al pie de una de mis Biblias de estudio, colocada allí por algún buen comentarista, que señala que aunque el juicio de Dios sobre el pecado muestra su justicia y realza su gloria, esto no significa que sea un Dios injusto, La santidad de su naturaleza exige que se castigue el pecado.

Sin embargo, es bien válido aclarar que cuando hablamos de castigo, tampoco nos estamos refiriendo a fuego y azufre descendiendo del cielo y achicharrando a pecadores masivamente. Esto, reitero, ocurrió de este modo en el diluvio y luego en Sodoma, por citar dos ejemplos, pero no es el método preferido ni el que Dios ama. Castigo, en muchas ocasiones, no va más allá de un precio justo y razonable que alguien debe pagar por un error cometido.

¿Cayó la jovencita en pecado de fornicación, y como consecuencia de ese pecado, quedó embarazada y fue madre soltera? Cometió un pecado y Dios es justo lo suficiente como para no ignorarlo. Sin embargo, el castigo implícito normalmente no va más allá de la carga lógica de tener que criar a un hijo en esas condiciones.

Cometió robo u homicidio un hombre sin límites y fue a para a la cárcel por muchos años por esos delitos. Dentro de la cárcel, alguien le habló de Jesucristo y, asfixiado por sus culpas y angustias, terminó cayendo a los pies del Señor, arrepentido, perdonado, lavado, limpiado y redimido.

¿Y el castigo? Simple: tendrá que cumplir con la pena de prisión que le propinaron. Aunque ahora sea otro hombre, no signifique ningún peligro para la sociedad y tenga total certeza de no reincidir, su castigo será cumplir la pena. Y esto no siempre es en idioma espiritual. En muchos casos es simplemente en idioma humano. Por eso Pablo aclara que lo dice como hombre y no como apóstol.

Pregunta Nº 15: ¿Cómo juzgaría Dios al mundo?

De hecho, si Dios no tuviera ese sentido exacto, puntual e incomparable de la justicia, ¿Cómo podría juzgar al mundo? Sin embargo lo hace. Y en ese juicio, se desmorona todo lo que ese mundo haya erigido como valor inamovible.

Y eso, créeme, desestructura tanto al hombre carnal y humanista, que normalmente es lo único que puede hacerlo elevar sus ojos al cielo, donde supuestamente cree que podrá ver a Dios, aunque en su habitual soberbia mundana, crea que podrá pedirle cuentas por lo que estima son equivocaciones de Dios para con sus honorables merecimientos.

Ese es el hombre carnal, mundano, impío, pagano y pecador, además de incrédulo. Aunque esto último sea para tomarlo muy con pinzas, porque siempre me pregunté y pregunté a quien quisiera responderlo, cómo se puede decir que es un incrédulo o un ateo alguien que insulta a un Dios que supuestamente cree que no existe. Incoherencia total.

De todos modos, Dios sí juzga al mundo, y ese mundo no puede sostenerse en pie ni una milésima de segundo frente a Su juicio inapelable e irrebatible. Sólo un problema: en muchas ocasiones, conjuntamente con ese mundo que se desmorona con estrépito, hay algo de lo que se llama iglesia. No le hace, se caen juntos.

Pregunta Nº 16: ¿Por qué aún soy juzgado como pecador?

Cierto. Esta es una pregunta que no sólo Pablo se hará en público, sino también muchos de nosotros. Que un día aterrizamos a los pies del Señor deshechos en todos los terrenos y prestos a ser perdonados, redimidos, lavados y planchados, para poder presentarnos sin mancha ni arruga.

Y que a partir de ese acto, que algunos todavía procuran convencernos que tuvo un enorme mérito de nuestra parte, sin darse cuenta (O quizás sí) de que diciendo eso no sólo están elevando nuestra estima que no necesita que se eleve porque el Ego todavía nos gobierna, sino que además ignoran, desconocen o peor: desprecian la gracia de Dios para perdón y salvación.

Por ese motivo es que todavía, pese toda nuestra mejor letra en el libro del comportamiento cristiano, debemos seguir siendo juzgados como pecadores. Porque lo que Dios no puede evitar juzgar por causa de sus propias leyes, es nuestro pecado, así como lo escribí, en singular, y que es el que traemos desde la historia de nuestra naturaleza adámica.

Lo que sí Dios hace por misericordia y amor, es evaluar y darle cierta libertad a nuestros pecados, así en plural, que siempre son producto de debilidades e ignorancias. Allí es donde tenemos como abogado a Jesucristo el Justo. De ninguna manera lo tendríamos viviendo en pecado, que es otra cosa.

Pregunta Nº 17: ¿Y por qué no decir (Como se nos calumnia, y como algunos, cuya condenación es justa, afirma que nosotros decimos), hagamos males para que vengan bienes?

Esta pregunta que para nosotros suena casi a descabellada, Pablo la formulaba porque en su tiempo, algunos tergiversaban el evangelio que Pablo predicaba, diciendo que el apóstol decía que hagamos males para que vengan bienes.

Sin embargo, queda más que claro que, aunque Dios es tan grande y para Él no existe imposible alguno, que tranquilamente puede hacer que de un mal sobrevenga un bien, o utilizar un evidente mal para su gloria, no está en su naturaleza de santidad hacer el mal.

Y es por esos mismos motivos, y porque nosotros somos, -como ya te lo he enseñado en algunos trabajos escritos anteriores y también de audio-, que nosotros somos sus duplicados divinos, por lo que en modo alguno podríamos llegar a hacer un mal esperando que se convierta en bien.

Reitero: cuando fue necesario por imperio de circunstancias que los hombres produjeron sin consultarle, Dios sí lo hizo. Como máximo ejemplo tenemos la cruz. Construida como elemento de maldición para quien allí fuese colgado, terminó siendo de bendición para todos quienes en ella fuimos crucificados conjuntamente con Cristo.

Verdaderamente Todos han Pecado

(Verso 9) = ¿Qué, pues; Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado.

(10) Como está escrito: no hay justo, ni aun uno; (11) no hay quien entienda. No hay quien busque a Dios.

(12) Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.

(13) Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; (14) su boca está llena de maldición y de amargura.

(15) Sus pies se apresuran para derramar sangre; (16) quebranto y desventura hay en sus caminos; (17) y no conocieron camino de paz.

(18) No hay temor de Dios delante de sus ojos.

(19) Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; (20) ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.

Pregunta Nº 18: ¿Qué, pues; Somos nosotros mejores que ellos?

Esta, podría asegurarte, es una muy buena pregunta que, me permito sugerir, habría que aumentar en el tamaño de su tipografía, imprimir en grandes letreros y pegarlos por las paredes de todos los templos cristianos conocidos y por conocerse. Ah, y también en algunos púlpitos.

Porque es más que notorio que los cristianos tenemos la impresión de que Dios está tan impactado y enamorado de nosotros, que a todas luces nos va a preferir siempre por encima de lo que puedan hacer los sucios incrédulos y malolientes mundanos.

Déjame decirte que si tú eres uno que está pensando así, en primer término no has entendido nada, y en segundo lugar, lo más grave de todo: no has entendido al Dios en el cual dices creer. Porque no fui yo sino Él quien hizo escribir que: Tanto amó Dios al mundo (¡Sí! ¡¡¡Al mundo!!!) que dio a su Hijo unigénito…etc.

Digamos entonces que la razón que subyace bajo la creciente corrupción de la sociedad, es que no tienen temor de Dios, es decir, piensan que no tienen que responder ante ningún Dios por sus inmoralidades. A esto lo puedo comprender de gente incrédula; donde no lo entiendo todavía es en la iglesia.

En el verso 19 dice “que toda boca se cierre”, y eso tiene que ver con que el día del juicio nadie podrá decir que Dios ha sido injusto. Los judíos tenían la ley escrita de Dios en la Escritura, y los gentiles las normas morales de sus corazones y conciencias, suficientes por lo menos para que perseveraran en la búsqueda de Dios.

Por eso la conclusión de Pablo es que todo el que está en el mundo está bajo el juicio de Dios. Pero no aclara si es solamente para el incrédulo o, si ese “que está en el mundo”, también incluye a cristianos carnales. De todos modos, ¿Tú crees que necesitamos que lo aclare?

La Fe Siempre Justifica

(21) Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; (22) la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, (23) por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, (24) siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, (25) a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, (26) con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.

Cuando dice “pero ahora”, en el inicio del verso 21, está subrayando el contraste entre la revelación de la ira de Dios, y la revelación de su justicia. Y cuando al final habla de la ley los profetas, está dando a entender que se refiere a todo el contexto del Antiguo Testamento.

En el verso siguiente hace alusión a la fe en Jesucristo. Eso no significa una simple alusión religiosa o nominal de una muletilla templista, sino que habla de una confianza genuina en Cristo, de una sincera seguridad en Él, en lugar de en uno mismo, para alcanzar la salvación.

En el 23, mientras tanto, dice que nunca nadie alcanzará por sí mismo las normas divinas de absoluta perfección moral para merecer la gloria de Dios. Por lo tanto, si va a haber alguna clase de salvación, que indudablemente la va a haber, debe venir por otra vía.

El verso 24, mientras, habla de estar justificados, significa ser declarados justos ante Dios. En el final, se alude a la redención, y se utiliza la palabra griega apolutrosis, que tiene que ver con una liberación, asegurada por el pago de un rescate.

Habla de una liberación, de dejar en libertad. La palabra, en el griego secular, describía a un conquistador soltando a los prisioneros, un amo redimiendo a un esclavo. En el Nuevo Testamento, la palabra designa la liberación del mal y de la condenación del pecado por medio de Cristo. El precio que se pagó para la compra de esa liberación, fue su sangre derramada.

Y en el verso 25 habla de la propiciación, y quiere decir apaciguamiento de la ira divina por medio de una ofrenda de sacrificio. Algunos niegan que la Biblia contenga esta idea porque no creen que un Dios de amor pueda nunca convertir a sus criaturas en objeto de su ira.

Pero la idea está claramente expresada en la palabra griega traducida como propiciación, que ofrece la única solución ante la condena divina del pecado. En el corazón del evangelio yace la idea de que, si Cristo no hubiera tomado sobre sí la ira de Dios que la humanidad merecía, ella todavía pendería sobre nosotros.

El concepto de propiciación está también vívidamente descripto en Isaías. La palabra sangre es una referencia a la muerte de Cristo como sacrificio realizado en lugar nuestro. La sangre derramada de Cristo, es una clara evidencia de que entregó su vida por nosotros.

Para manifestar su justicia implica que Dios no había castigado todos los pecados pasados. Por lo tanto, aparecía como alguien injusto, en razón de que se había pecado sin que se hubiese pagado la pena correspondiente. Pero cuando Cristo murió, Él pagó incluso por los pecados pasados que Dios había perdonado, mostrando así que la justicia divina nunca perdona el pecado sin satisfacción completa de la pena.

Eliminando la Jactancia

(27) ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe.

(28) Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.

(29) ¿Es Dios solamente Dios de los judíos? ¿No es también Dios de los gentiles? Ciertamente, también de los gentiles.

(30) Porque Dios es uno, y él justificará por la fe a los de la circuncisión, y por medio de la fe, a los de la incircuncisión.

(31) ¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley.

Pregunta Nº 19: ¿Dónde, pues, está la jactancia?

Si te digo que jactancia es arrogancia, presunción y orgullo excesivo, creo que tú ya entiendes muy bien de qué estamos hablando. Ese minúsculo hombrecillo de pies pegados al suelo supone, en algún momento de su afiebrada divagación, que puede cuestionar, evaluar, analizar y hasta influir en Dios.

Eso es moneda corriente en el mundo secular. Bastará ver a grandes empresarios, industriales, banqueros, deportistas de élite o actores o cantantes de fama, moverse en sus ambientes como si absolutamente nada pudiera detenerlos.

Y lo hacen de un modo que en algunos casos, al verlos, no han sido pocos los cristianos que se han quedado pensando si realmente ellos tenían la verdad o si esa verdad simplemente pasaba por una suculenta cuenta bancaria y las influencias que ella producía en el marco social.

Claro que eso se derrumbaría con gran estrépito a poco de, por ejemplo, contraer una grave enfermedad cualquiera de esas personas casi envidiadas por las mayorías. Allí se toma clara conciencia de la fragilidad humana y de lo poco que sirven la fama, el dinero, el poder y las influencias a la hora de encontrarse cara a cara con la muerte o su cercana presencia.

De allí que la pregunta de Pablo apunta, entiendo, a ayudar a reflexionar al hombre que conoce a Cristo, y que en muchos casos, llevado por ciertas euforias templistas, se coloca en un plano casi superior al mismo Dios en el que dice creer. No hay jactancia que encuentre argumento sólido cuando Dios dice presente en una situación.

Pregunta Nº 20: ¿Por cuál ley?

Los fariseos de los tiempos de Pablo se ufanaban de sus posiciones jerárquicas y se jactaban del dominio que ejercían sobre la población rasa. Claro que cuando estos religiosos se encontraban cara a cara con el apóstol, así como les había ocurrido con el propio Jesús, no sabían qué actitud tomar, ya que las estructuras mentales que los sostenían se desmoronaban al impulso suave pero firme del genuino poder de Dios manifestado por medio de sus hijos.

Lo que Pablo les da a entender, entonces, es si existe alguna clase de ley establecida por Dios que los avale en sus posturas soberbias y orgullosas de dignatarios religiosos pertenecientes a castas especiales. De hecho, espiritualmente no existe esa ley. Por eso la siguiente pregunta paulina.

Pregunta Nº 21: ¿Por la de las Obras?

Esto tiene que ver con la actitud de mucha gente que vive de activismo en activismo y supone, con la mejor de las intenciones, pero con el menor de los conocimientos, que todo lo que están haciendo, así sea en beneficio de mucha gente necesitada, les avala o autoriza posturas de orgullo excesivo.

Y lo de las obras no es algo menor, créeme. Si pensamos que hay mucha gente, ¡Pero mucha de verdad! ¿Eh?, que está prácticamente convencida que por buenas obras se abre una autopista sin peaje a la salvación, no es para menoscabar su endiosamiento.

Observa ciertas congregaciones de las consideradas importantes. ¿Cuál es su énfasis? Todo lo que hacen o son capaces de hacer. Que no es malo en sí mismo, de hecho, pero que no es lo auténticamente prioritario. En estos ambientes, tatar de hablar en términos espirituales, es poco menos que una utopía.

Pregunta Nº 22: ¿Es Dios solamente Dios de los judíos?

¡Buena pregunta esta de Pablo! Remanida tal vez para nosotros que hoy accedemos a esta historia como normalmente se dice en los ámbitos deportivos: “con el diario o periódico del lunes”, que significa habiendo entendido todo.

Pero es menester que entiendas que en esos tiempos, había todo un andamiaje étnico que determinaba que fuera mucha la gente que llegara a suponer que, en efecto, Dios era el Dios de los judíos, y no el Dios del universo.

¿No está sucediendo hoy con cristianos de distintas formas de credos o, lo que es más curioso, de diferente denominación de un mismo credo? Te podrá parecer una exageración de mi parte y te entiendo que pienses así hoy, pero déjame decirte que cuando yo comencé mi vida de creyente, todavía eran muchos los que suponían que había un Dios pentecostal y otro Dios bautista, por dar un ejemplo.

Pregunta Nº 23: ¿No es también Dios de los gentiles?

Fíjate que de inmediato, en el verso siguiente, el propio Pablo se auto responde su pregunta. Y lo hace consignando algo que todos sabemos, pero que en muchos casos parecemos olvidar: que Dios es uno, y que justificará por la fe tanto a los de la circuncisión, (Esto es: los creyentes formales, agrupados), como a los de la incircuncisión, (Esto es: a los que todavía no asisten a una iglesia o que, incluso, asistían y se fueron a vivir su evangelio fuera de los templos)

Porque hemos llegado a un lugar de nuestras creencias tan radicalizado y pragmático que llegamos a suponer que los salvos son los que nosotros decidimos que sean, y los perdidos los que nosotros descalificamos.

Siempre recuerdo a un hermano nacido en una pequeña iglesia compuesta en su gran mayoría por rudos inmigrantes italianos. Me aseguraba este hermano que su padre no sólo estaba convencido que sólo los de su denominación eran salvos, sino que incluso, ese pensamiento también se reducía a su pequeña iglesia. ¿Los demás? Bien gracias, pero afuera. Ignorancia. Del verbo ignorar, desconocer; cero insulto.

Pregunta Nº 24: ¿Luego por la fe invalidamos la ley?

Aquí también hay una respuesta inmediata. La que nos dice que la fe confirma la ley, porque la ley, -no sé si lo recuerdas-, fue dada para que nosotros cayéramos en cuenta que no podíamos cumplirla con nuestras fuerzas, no para convertirla en una espada legalista ejecutora de cristianitos nuevos.

Las leyes morales de Dios no son abolidas por el evangelio de Cristo. Por el contrario, todo el plan de salvación, incluyendo a Cristo obedeciendo por nosotros la Ley, y dando su vida para pagar nuestras transgresiones de ella, muestra que las normas morales divinas son eternamente válidas.

4 – Justificados en Esperanza

 (Romanos 4: 1) = ¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne?

(21) Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios.

(22) Porque ¿Qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia.

(4) Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; (5) más al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.

(6) Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, (7) diciendo: bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos.

(8) Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado.

Pregunta Nº 25: ¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne?

El argumento de Pablo es que Abraham no fue justificado por las obras o la obediencia de la ley. La afirmación que hace Santiago en 2:21 de su carta, respecto a que Abraham fue justificado “por las obras”, usa la palabra “justificado” en un sentido diferente, que no equivale a “ser declarado justo” por Dios (Como aquí), sino a “mostrarse como justo” (La palabra puede ser usada entonces en ambos sentidos).

Pablo y Santiago están de acuerdo en que desde el inicio Abraham recibió la salvación y el perdón eterno solamente por la fe, tal como se lo entiende en Génesis 15:6, pero que más tarde esa salvación se manifestó por sus obras, cosa que recoge Génesis 22:9. Creo que así es puntualmente con nosotros, hoy.

La respuesta a la pregunta de Pablo, entonces, es que Abraham halló una salvación eminentemente brotada de la Gracia o el favor divino, y no por las obras que él pudiera haber realizado y que, aunque buenas, no fueron vehículo de su salvación, sino consecuencia posterior de ella.

Pregunta Nº 26: ¿Qué dice la Escritura?

En el verso 3, donde dice que el creerle a Dios le fue contado por justicia, esa expresión “le fue contado”, es el vocablo griego logidzomai, y es útil para que lo comparemos con nuestras palabras logística o logaritmo.

Nos habla numéricamente de contar, computar, calcular, sumar. Metafóricamente, mientras tanto, es considerar, reconocer, razonar, juzgar, evaluar, valorar. Logidzomai concluye un pensamiento, juzga los asuntos, saca conclusiones lógicas, decide resultados, y pone cada acción en una posición de débito o crédito.

Un Sello de Justicia

(9) ¿Es, pues, esta bienaventuranza solamente para los de la circuncisión, o también para los de la incircuncisión? Porque decimos que a Abraham le fue contada la fe por justicia.

(10) ¿Cómo, pues, le fue contada? ¿Estando en la circuncisión o en la incircuncisión? No en la circuncisión, sino en la incircuncisión.

(11) Y recibió la circuncisión como señal, como sello de la justicia de la fe que tuvo estando aún incircunciso; para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, a fin de que también a ellos la fe les sea contada por justicia; (12) y padre de la circuncisión, para los que no solamente son de la circuncisión, sino que también siguen las pisadas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado.

Pregunta Nº 27: ¿Es, pues, esta bienaventuranza solamente para los de la circuncisión, o también para los de la incircuncisión?

Es más que notorio que en este idioma simbólico aunque ciento por ciento literal desde lo histórico, cuando dice circuncisión se refiere al pueblo judío, en tanto cuando expresa incircuncisión tiene que ver con los gentiles.

Pablo apela a la vida de Abraham para demostrar que la gratuita dádiva de la salvación no está limitada para aquellos que han recibido la señal física de haber sido incluidos en el pueblo de Dios bajo el antiguo pacto, o sea la circuncisión.

Pregunta Nº 28: ¿Cómo, pues, le fue contada?

El mismo argumento, fíjate, podría haberse utilizado para poner en evidencia que una persona ha sido perdonada antes de recibir, bajo el nuevo pacto, el bautismo, que es el signo externo de la conversión. Por eso Pablo se pregunta, aunque indudablemente conoce de antemano la respuesta, que cómo le fue contada esa justicia al llamado “padre de la fe”.

Pregunta Nº 29: ¿Estando en la circuncisión o en la incircuncisión?

Claro está que, para inmensa sorpresa indisimulada de aquellos judíos del primer siglo, Pablo argumenta sobre estas bases sólidas, que Abraham es también padre de los creyentes gentiles, obviamente, incircuncisos.

¿Exagera Pablo? ¿Se equivoca? No se trata de establecer un estudio teológico profundo pleno en riquezas históricas o sociales, se trata de poner sobre el tapete la acción del Espíritu Santo en el asunto. Y bajo esta óptica, no cabe duda alguna que tanto judíos como gentiles gozaron del mismo favor de Dios y no por sus pactos físicos, sino por los espirituales. Exactamente igual a como sucede hoy.

Una Promesa Intacta

(13) Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe.

(14) Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa.

(15) Pues la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión.

(16) Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros (17) (como está escrito: te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen.

(18) Él creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: así será tu descendencia.

(19) Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara.

(20) Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, (21) plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido; (22) por lo cual también su fe le fue contada por justicia.

(23) Y no solamente con respecto a él se escribió que les fue contada, (24) sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro, (25) el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.

Muchas experiencias humanas, tales como el amor, el gozo, la paciencia, el coraje y la misericordia, pueden ser hasta cierto punto el fruto de nuestro propio esfuerzo. Pero la fe aparece cuando dejamos de intentar lograr algo por nosotros mismos, y confiamos en que alguien lo logre en nuestro lugar.

La fe es una experiencia completamente opuesta a la autosuficiencia. Aparentemente, esta es la razón por la cual Dios decidió que la fe fuese enteramente y sin contaminaciones ambientales, la disposición del corazón que nos trae salvación, para que sea por gracia, esto es, para que constituyese una dádiva divina enteramente gratuita, independiente de cualquier mérito nuestro.

Es sumamente valioso liberar el poder creador de la Palabra de Dios, creyendo en ella en medio de las peores dificultades. La fe de Abraham de que dios cumpliría su promesa estaba basada en la confianza en el poder divino, el cual se demostró en la resurrección y en la creación.

Cuando se habla de esperanza contra esperanza, se lo plantea en forma contraria a cualquier expectativa humana ordinaria, mientras que al decir que es en esperanza, se aguarda que Dios cumpla efectiva y puntualmente con sus promesas.

Por eso, no sólo dicen los libros elementales del evangelio, sino el máximo tratado íntimo de la fe, que deberás mantenerte absolutamente firme cuando seas tentado por la incredulidad, en cualquiera de sus facetas, en la certeza plena y seguridad cierta de que Dios siempre cumple con sus promesas.

Por eso se añade que él se fortaleció en fe. Eso implica que a la espera cerca de diez años de que se cumpliera una promesa de realización aparentemente imposible, en lugar de debilitarse, la fe de Abraham creció, mientras seguía dándole gloria a Dios.

Aunque a todo lo largo del Nuevo Testamento se nos da cuenta de los beneficios que nos ha traído la resurrección de Cristo, aquí ésta nos gana específicamente la justificación, esto es, el ser declarados como justos delante de Dios. Al levantar a Cristo de entre los muertos, Dios anuncia tanto su aprobación de la obra redentora de Cristo ya consumada, como de todos los que creen, y por lo tanto están unidos al Señor en su resurrección.

5 – Morir Para Vivir

 (Romanos 5: 1) = Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; (2) por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.

Toda la vida cristiana es el fruto de la gracia de Dios, en la cual estamos firmes: su favor y previsión en Cristo que no merecemos. La gloria de Dios es una manifestación externa de su esencia interior. Al regreso del Señor se revelará esa gloria en toda su plenitud, y los creyentes se regocijan por la perspectiva de contemplarlo tal cual es y compartir su gloria.

(3) Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; (4) y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; (5) y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

Es inexplicable ese sentir que sólo los creyentes genuinos conocen de manera perfecta, sin que nadie se los aclare. Cuando mayores parecerían ser las dificultades o las crisis que esa gente está viviendo, mayor es su esperanza y su certeza de recibir todo lo que Dios ha prometido.

La palabra griega que aquí se traduce como amor, es la palabra ágape. Una palabra a la que el cristianismo le dio un nuevo significado. Fuera del Nuevo Testamento, raramente se usa en los manuscritos griegos existentes en la época.

Ágape denota una invencible benevolencia y una irreductible buena voluntad, que siempre busca el bien de la otra persona, no importa lo que ésta haga. Es el amor sacrificial que da libremente sin pedir nada a cambio y no se detiene a considerar el valor de su objeto.

Ágape es un amor que se ofrece conscientemente, mientras que philos depende de circunstancias involuntarias; tiene que ver con voluntad más que con la emoción. Ágape describe el amor incondicional de Dios por el mundo, y representa el carácter interno de los miembros del Reino de Dios.

Un Lugar Merecido

(6) Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.

(7) Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno.

(8) Más Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

(9) Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.

(10) Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más estando reconciliados, seremos salvos por su vida.

(11) Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.

Aquí hay una verdad que, si bien no ha estado escondida, al menos sí ha pasado desapercibida para muchos que gustan de leer las Escrituras, y es que no tuvimos que presentarnos como justos delante de Dios antes de que enviara a Cristo para ganar nuestra salvación. De acuerdo, no es vida o muerte, pero convendrás conmigo que te cambia algunos mapas teológicos que tenías, ¿No es cierto?

Luego hace especial hincapié en la sangre. Y no es gratuito, ya que la sangre es la reconciliación y la vida victoriosa. El verso 10 establece que toda persona es injusta y, por consiguiente, merece ser juzgada. El amor de Dios va más allá de la satisfacción de la justicia, y establece  un lazo de comunión en la sangre de Cristo Jesús.

La fe en su sangre no solamente nos libera de la ira de Dios, sino que también es el medio para una vida victoriosa. 1) La sangre de Cristo resuelve el asunto legal de nuestra separación de Dios, reconciliándonos con Él, y 2) La fe en su sangre infunde vida divina y nos da fuerzas para nuestro triunfar continuo sobre el pecado.

Esto nos lleva a coincidir que, aún en la tribulación, no sólo confiamos en Dios para recibir futuras bendiciones, sino también nos gloriamos en Dios por el actual compañerismo que con Él disfrutamos a través de Cristo.

De la Muerte a la Vida

(12) Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.

(13) Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado.

(14) No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir.

(15) Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo.

(16) Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó; porque ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación.

(17) Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y el don de la justicia.

(18) Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida.

(19) Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.

(20) Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; más cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; (21) para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo.

Este pasaje, en principio, debe ser entendido en un contexto global en el que se hace una exposición del evangelio de la gracia de Dios revelada a través de Jesucristo. También continúa magnificando la gracia de Dios, al presentar la dimensión universal de la obra redentora de Cristo.

El verso 18, por ejemplo, resume las enseñanzas de Pablo. El acto de un hombre introdujo el pecado en el mundo y la pena de muerte sobre la raza humana. Por otro lado, la obediencia de un hombre contradijo este hecho y puso la justicia y la vida eterna a disposición de la humanidad.

Adán representó a toda la humanidad atrapada por el pecado y la muerte. Jesucristo representa a una nueva humanidad caracterizada por la justicia y la vida. Recibimos las consecuencias del acto de Adán al nacer, y las del sacrificio de Cristo a través de la obediencia y la fe.

La expresión “como el pecado” que leemos en el verso 12, es la clave para entender todos los versículos que van del 12 al 21. Porque Pablo se dispone a trazar varios paralelos entre la forma como Adán nos afectó, y cómo lo hizo Jesucristo. La frase “por cuanto todos pecaron”, probablemente significa que todos pecaron “en Adán”, esto es, cuando el primer hombre pecó, dios consideró que habían pecado todos sus descendientes, en razón de que adán era nuestro representante.

Sin embargo, otros creen que esta frase significa meramente que todos los demás pecaron después y por eso murieron. Pero los versos 13 y 14 parecen apoyar la primera interpretación. Pablo refuerza y demuestra su afirmación del verso 12, señalando el hecho de que la gente moría en el tiempo que precedió a la proclamación de la ley (Me refiero a la ley escrita en los Diez Mandamientos de Éxodo 20).

Su argumento es que la gente moría porque toda la humanidad había sido hallada culpable a causa del pecado de Adán, y por ello era castigada, no porque transgredía deliberadamente la Ley (Que aún no existía).

Pablo dice que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán; esto es, no pecaron al desobedecer un mandamiento verbal específico de Dios. Y con respecto a cuándo dice que “es figura”, está hablando de un anticipo viviente o tipología de otro que vendría después.

Pablo, en su detalle, se refiere a Adán como una tipología o figura de Cristo, y traza una analogía entre ambos. Su similitud consiste en que sus actos han afectado a mucha gente. Pero sus diferencias son más pronunciadas, y Pablo ofrece un triple contraste. Primero, la acción de Adán constituyó una transgresión, un extravío voluntario; la de Cristo, una acción de gracia.

Segundo, el pecado de Adán trajo consigo la condenación y la muerte, mientras que Cristo trajo justificación y vida. Tercero, Adán se caracteriza por la desobediencia, y Cristo por la obediencia. Somos parte de la actitud de Adán a través del nacimiento, pero somos de Cristo por la fe. En Adán somos condenados y morimos, más gracias a la obra redentora de Cristo, por la fe podemos ser justificados y vivir.

En el verso 18, en tanto, donde dice “todos los hombres”, no se alude a la misma gente en ambas ocasiones, ya que entonces el versículo significaría que todo aquel que naciese será salvo, una especie de universalismo antojadizo, y que es algo que la escritura jamás ha enseñado.

Por el contrario, el primer “todos los hombres” se refiere a todos los representados por Adán, o sea, el conjunto de la raza humana. El segundo “todos los hombres” alude a aquellos representados por Cristo, esto es, a todos los que creen en el Señor.

El verso 19, por su parte, es un resumen del plan de Dios a la luz de figuras representativas de la raza humana. Adán pecó (Una vez), y todos los que Adán representaba fueron encontrados culpables. Cristo obedeció (A través de toda su vida) y todos a los que Cristo representaba  serán constituidos justos.

Algunos objetan esta idea de figuras representativas de la raza humana. Peo si no creemos justo que nos consideren culpables por el pecado de Adán, tampoco deberíamos pensar que es justo que nos declaren inocentes por la obediencia de Cristo.

Respecto a los versos 20 y 21, hay algunas explicaciones que no hacen más que dejar claramente en evi9dencia lo que tantas veces se nos ha enseñado, respecto a que el mayor propósito de la Ley era hacer evidente el pecado, y de esa forma manifestar mejor la necesidad de la redención.

6 – De la Esclavitud a la Libertad

(Romanos 6: 1) = ¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?

(2) En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado ¿Cómo viviremos aún en él?

(3) ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?

(4) Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.

(5) Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; (6) sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.

(7) Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.

(8) Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; (9) sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él.

(10) Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; más en cuanto vive, para Dios vive.

(11) Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.

(12) No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; (13) ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.

(14) Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.

Pregunta Nº 30: ¿Qué, pues, diremos?

Esta pregunta que aquí Pablo se formula como parte de un todo que ahora examinaremos, tiene sin embargo un correlato bastante frecuente en la vida de fe de muchos cristianos contemporáneos. Se enfrentan con diversas corrientes opuestas a sus creencias y se lo plantean del mismo modo, aunque en primera persona: ¿Y ahora qué debo decir?

Golpean a la puerta de nuestra casa, un domingo a las nueve de la mañana, un grupo de simpáticos (O a veces no tan simpáticos) Testigos de Jehová, con su ropa impecable y sus niños de traje y corbata como imitaciones minúsculas de hombres maduros, a exponernos su doctrina y la aparente necesidad imperiosa de nuestra parte de incorporarnos a su grupo. ¿Qué, pues, diremos?

Y que conste que no tomo a los respetables hombres y mujeres que integran los Testigos de Jehová como ejemplo, no por animosidad ni nada por el estilo, sino porque les reconozco una capacidad de abnegación, esfuerzo y compromiso que más de un cristiano desearía exista en su iglesia.

De hecho, uno de los motivos que anima a muchos hermanos a escribirme, ha sido exacta y puntualmente ese: ¿Qué responder ante la visita de Testigos de Jehová? ¿Cómo debatir con ellos? ¿Cómo confrontar sus creencias con las nuestras? Mi respuesta ha sido siempre la misma: no confronten, no debatan. El evangelio no es una ideología política, es un estilo de vida. A lo sumo, tener muy en cuenta, -para adentro y para afuera-, que el árbol se sigue conociendo por sus frutos.

De todos modos, ese “¿Qué diremos?”, no digo que atormente, pero sí preocupa a muchos cristianos fieles y sinceros. ¿Y sabes qué? Tienen razón de preocuparse, porque cuando tú no sabes qué decir respecto a algo, en realidad estás mostrando que tú no sabes muy bien todavía dónde estás parado.

Yo suelo decir más o menos lo mismo, pero eso aquí, en mi lugar de residencia: “No discutamos. Ven a mi calle, siéntate en el cordón de la vereda frente a mi casa y mírame vivir. Luego hablamos”. ¿Fantochada? ¿Soberbia? ¡No! Simple confianza en la autoridad de un testimonio de convicciones serias y no sólo de un discurso teológico convincente. ¿Qué, pues, diré? Lo que el Espíritu Santo ponga en mi boca. Ni un milímetro más, ni un milímetro menos.

Pregunta Nº 31: ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?

La enseñanza de Pablo en el capítulo anterior, respecto a que a mayor pecado más abundante gracia, era susceptible de ser tergiversada. Y como ha venido sucediendo puntualmente con toda la obra de Dios que puede ser tergiversada, el diablo y sus huestes lo han intentado y, en muchos casos, también logrado.

Porque fíjate que es tanta la basura teológica falsa ha podido meter Satanás en las mentes de muchos cristianos demasiado místicos, que tranquilamente algunos pudieron haber  entendido que, si pecando le daban a Dios la oportunidad de mostrar lo grandioso de su gracia, entonces debían pecar una y otra vez para que eso fuera posible.

Fíjate hasta qué extremo podría llegar la confusión de alguien que, pese a haber leído la Biblia de cabo a rabo y tener más que claro lo que Dios piensa y determina respecto al pecado, de pronto podrían encontrase aceptando y permitiendo ese pecado pesando, -oh inconsciencia-, que le están haciendo un gran favor a Dios permitiéndole otorgar mayor gracia. (!)

En el momento de estar preparando este trabajo, recibí un correo de una mujer que me confesaba que no tenía seguridad de su salvación. Cuando quise saber el motivo, me dio una serie de argumentos muy dispersos y difusos, lo que por su estructura y mi propio discernimiento, me dejaron entrever que había pecado en su vida y de allí su miedo.

Se lo comenté como lo hago casi siempre, sin utilizar ninguna clase de anestesia, y su reacción fue puntualmente la que esperaba. Ella entendía que si se había convertido y era salva, a Dios no le podía preocupar demasiado lo que ella hiciera hoy con su cuerpo. Le habían enseñado que la salvación no se pierde.

Y no me opongo a esa enseñanza, y hasta podría decirte que en un cierto punto de ella, la comparto. Pero no puedo dejar de decir que, si te atreves a pecar sin ningún miramiento ni pudor, auto convenciéndote de que anda pasará, yo me preocuparía mucho por saber si realmente el día que te convertiste, te convertiste o si sólo hiciste una oración y pensaste que con eso sobraba y bastaba.

Porque podemos coincidir en que la salvación ganada no se pierde, pero en lo que no coincidiremos tan fácilmente es en evaluar si esa salvación ya está lograda o no, porque a eso solamente lo sabe Dios. Nosotros, apenas nos conformamos con las imágenes de los “como que” que los hombres hacen en esta tierra.

Pregunta Nº 32: ¿Cómo viviremos aún en él?

La idea de un cristiano perseverando en el pecado es totalmente contraria al evangelio. El pecado es odioso y destructivo, y aquellos que han muerto al pecado y a su poderosa influencia no deben desear vivir en él nunca más.

Lo he explicado y también enseñado en varios trabajos al respecto, y muchos basados en profundos estudios de hombres de Dios irreprochables desde el punto de vista bíblico, aunque cuestionados por los teólogos de Babilonia, que temen que la gente crea lo que verdaderamente tiene que creer y desestimen lo que ellos enseñan para beneficios propios, que una cosa es cometer pecados y otra muy distinta es vivir en pecado.

Lo primero, siempre es factible aún para creyentes sólidos, aunque expuestos a toda clase de tentaciones. En ese caso, abogado tenemos, a Jesucristo el justo. La segunda posibilidad, en cambio, a mi modesto entender no tiene nada que ver con los creyentes.

Y si alguien me dice que ha sido testigo de creyentes viviendo en pecado, déjenme decirles que tengo la obligación de poner muy en duda su calidad de creyente. Me quedaría más con un hombre o mujer religioso, que asiste a una iglesia determinada cumpliendo con todos sus requisitos internos. Asunto loable y para nada digno de crítica, pero insuficiente a la hora de hablar de salvación.

Pregunta Nº 33: ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?

En primer lugar debo referirme al bautismo en agua tradicional que conocemos y practicamos en nuestras congregaciones cristianas. Con distintas formas y versiones, pero todos apuntados a un mismo símbolo. Que el creyente se una a Cristo en su muerte, sepultura y resurrección.

El tema puntual del bautismo en agua y delante de mucho público, (Normalmente los estatutos internos de las diferentes denominaciones coinciden en este punto, aunque existen algunas que lo ponen como única llave de ingreso a la calidad de miembro oficial), es sumergirse en las aguas como símbolo de muerte, permanecer un par de segundos sumergido como símbolo de sepultura y emerger como símbolo de resurrección. Antiguo, emotivo y para nada censurable, pero me temo que un tanto alejado de lo que realmente habla la Biblia cuando habla de bautismo.

Y no voy a extenderme en esto porque ya lo he enseñado con suficiente base bíblica y sin recibir ni críticas ni cuestionamientos de nadie, pero me limitaré a reiterar que el término bautizar, es traducción de “sumergir”, y esto tiene que ver en un ámbito espiritual pleno de sumergirse en la presencia espiritual del Señor, y de allí salir ungido y con poder del Espíritu Santo operando en nuestras vidas. Podrá parecer muy quimérico, pero te ruego que me presentes un mejor testimonio de la otra interpretación en base a los frutos visibles de uno y otro emergidos de distintos bautismos.

Con estas pequeñas acotaciones en mente, y tratando de desestructurar tu mente de las enseñanzas tradicionales que no siempre son bíblicas, pero seguimos respetando porque hace mil años que se viene haciendo así y cómo vamos a modificarlas ahora, ¡Los más viejos se nos van a ofender y a irse a otra iglesia!, debo preguntarte:

¿Cómo encaja mejor esto de ser bautizados en la muerte de Jesús, como se nos ha enseñado o cómo te lo he dado a entender? No me respondas nada, consulta al Espíritu Santo que mora en ti y Él te dirá lo justo, no un hombre imperfecto de carne y hueso.

Cuando Pablo habla de nuestro viejo hombre se refiere a nuestras vidas antes de nuestra conversión, esto es: lo que éramos antes de ser cristianos bajo el dominio irrestricto de la carne. Cuando habla del cuerpo del pecado, en tanto, se refiere a la naturaleza pecaminosa existente dentro de nosotros, no al cuerpo humano específicamente.

El verbo griego traducido como “sea destruido”, no significa que sea aniquilado, sino derrotado y privado de su poder. Esto va a evitar confusiones, malos entendidos y hasta muchos tremendos errores en los que el enemigo ha logrado hacer incurrir a cristianos al punto de llevarse sus vidas con esta estratagema de tergiversación y engaño.

Al decir “muertos al pecado”, por su parte, está diciendo no sometidos al pecado ni al dominio de su poder en nuestras vidas, es decir, muertos a su poder esclavizador, aunque no a todas sus influencias. De allí que una conclusión lógica es que si estamos muertos al dominio del pecado, y si el pecado ejerce efectos destructivos en nuestras vidas, entonces, como es natural, no debemos dejarlo que reine en nuestros cuerpos.

Enfrentamos un continuo reto día tras día; nos inclinamos ante el pecado o ante Dios, esa es la única opción. Y cuando se refiere a miembros, habla de las varias partes de nuestro cuerpo, probablemente como representativas de todos los aspectos de nuestra vida.

Aunque en esta vida nunca podemos decir que estamos libres de pecado, tampoco debemos decir, por ejemplo, “este pecado me ha derrotado, me rindo”. El poder de la resurrección de Cristo, que obra en nosotros, es mayor que el poder de cualquier pecado, no importa el tiempo que haya afectado nuestras vidas.

Estar bajo la ley, por su parte, es estar subordinados a un sistema que nos obliga a ganarnos la salvación obedeciéndola, pero estar bajo la gracia es ser justificado y vivir por el poder de la resurrección de Cristo que mora en nosotros. Podemos morir al pecado, no porque la ley lo prohíbe, sino por todos los recursos que nos ofrece la gracia.

Algunos interpretan erróneamente este versículo como si no importara que los cristianos desobedecieran los mandamientos morales de Dios, porque ya no están –dicen- bajo la ley. Tal punto de vista está en contraposición con las concepciones de Pablo sobre el pecado, y las propias palabras de Jesús sobre la Ley.

De Esclavos a Siervos

(15) ¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera.

(16) ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?

(17) Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; (18) y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia.

(19) Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia.

(20) Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia.

(21) ¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte.

(22) Más ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.

(23) Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Pregunta Nº 34: ¿Qué, pues?

Puede sonar hasta repetitivo esto de Pablo de preguntar qué, pues. Porque podría parecer que él no está seguro de lo que va a hacer o decir y, como tantos cristianos de este tiempo, busque otras voces para tranquilizar su conciencia y hacer, en definitiva, lo que seguramente el Espíritu Santo ya le ha comunicado a su discernimiento que debe hacer.

Sí, es probable que así fuera. Después de todo, y más allá de nuestros porfiados gustos y predilecciones de elevar a los hombres a categorías de divinidades que nunca tuvieron ni tienen, Pablo no era más que eso, un hombre, y como tal tenía todo el derecho de poner en duda lo que venía a su mente.

Y no porque esto fuera negativo o contrapuesto a lo que la misma palabra antigua llamada Ley decía, sino porque todo hombre bien intencionado siempre, escucha bien; siempre, tendrá el lógico y legítimo temor de estar caminando por fuera del camino que Dios ha trazado para él.

A diario recibo correos de distintas latitudes del mundo, donde hermanos varones o hermanas mujeres me cuentan vicisitudes de índole eclesiástica que los lleva a actuar de modos casi rebeldes, y me preguntan si eso que están haciendo estará bien o será algo de ellos.

No pueden entender, (Y yo comprendo eso porque a mí mismo me sucedía a menudo hace algunos años), que el Espíritu Santo les pueda haber dado alguna directiva que esté en contradicción a lo que ha ordenado, por ejemplo, el pastor de sus iglesias. No se dan cuenta que los que están en contraposición con la misma palabra de Dios, en muchos casos, son esos mismos líderes.

Pregunta Nº 35: ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia?

Esta pregunta conserva vigencia, porque no es poca la gente (Y hablo de miembros de iglesias cristianas, no de paganos impíos o incrédulos pecadores), que busca casi con desesperación alguna tabla de salvación para poder continuar con una vida en descuerdo al modelo divino

Si tú estás enamorado o enamorada de un pecado, cualquiera éste sea, tú estás en problemas graves. Y no porque estés cometiendo un pecado simplemente, no; porque a eso puede llegar cualquier hombre por simple y propia imperfección o debilidad.

Estás en un problema porque ya no estás viviendo una vida de santidad con algún tropiezo llamado pecado de vez en cuando por ignorancia o debilidad, sino que estás viviendo en pecado. Y esto último no es patrimonio interior de un genuino hijo de Dios, por lo que necesariamente habrá que evaluar si realmente lo eres.

La gracia, que es simplemente el favor de Dios sin mérito alguno de nuestra parte, se manifiesta grandemente cuando el pecado es grande. Sin embargo, para que esa gracia pueda manifestarse, tendrá que existir necesariamente arrepentimiento. De otro modo, no habrá perdón.

Pregunta Nº 36: ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?

En estos textos, otra vez, Pablo refuta la suposición de que la gracia aliente o permita el pecado. Usa la analogía de la esclavitud para oponerse a la tolerancia ante el pecado, y las que fueron indudablemente las propias palabras de Jesús sobre la Ley.

Una persona es esclava de aquello ante lo que se inclina y de lo que reconoce como su dueño. Si obedece el mandato del pecado, éste es entonces su amo y se mueve en dirección hacia la muerte. Si obedece el mandato de la justicia, Ésta es a quien se somete, y experimenta por ello la nueva vida.

Está más que claro que los lectores de Pablo, que alguna vez fueran esclavos del pecado, han renunciado a su antiguo amo y se han consagrado como siervos de la justicia. Esto es, dejaron de obedecer al amo llamado pecado y pasaron a ser obedientes del amo Jesucristo.

Respecto a esto, en el verso 17 cuando Pablo dice que ellos han obedecido de corazón a aquella forma de doctrina, está utilizando un vocablo griego que se pronuncia hupakouo, de donde luego se va a traducir el término en cuestión.

La implicancia que tiene hupakouo, es la de oír como un subordinado, escuchar atentamente, obedecer como un súbdito, contestar y responder, someterse sin reserva. Esta palabra se aplicó particularmente a siervos que estuvieron atentos a las peticiones que se les hicieron y las cumplieron. El vocablo contiene las ideas de oír, responder y obedecer.

Pregunta Nº 37: ¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis?

Hay que entender que Pablo está utilizando aquí la analogía humana de la esclavitud, para reforzar y al mismo tiempo argumentar su apelación a la santidad de los creyentes. Al hacerlo, recuerda a sus lectores los evidentes contrastes entre la vieja vida aún no regenerada, y la nueva vida en Cristo.

Convengamos que la santidad, es un bien preciado que casi todos los creyentes ambicionan tener, como si se tratara de una especie de punto de llegada de una competencia. Sin embargo, déjame decirte que la santidad según Dios, es sencillamente un punto de partida obligado para lo que sea que hagas o desees hacer para el Reino.

Los esclavos del pecado no reconocen la necesidad de la justicia, sino que se abandonan al proceso de deterioro moral que culmina con la muerte. Los siervos de Dios, por el contrario, se consagran a la santidad, un camino que conduce a la vida eterna.

El verso 23, que a mi entender resume las consecuencias de los dos tipos de esclavitud, es sumamente gráfico. Allí dice que la paga del pecado es muerte. Y no son pocos los que han querido ver detrás de esta palabra, una sentencia física a morir de terribles enfermedades o accidentes para los pecadores, pero no es así.

No excluyo nada de eso porque Dios es tan soberano para decidir hacer como para hacerse a un costado y dejar hacer, pero he aprendido que cuando la Biblia habla de muerte, salvo relatos literales e históricos, generalmente no se refiere a la muerte física, sino a la espiritual.

Dios es eterno, y para Él no existe la muerte física. Es el hombre el que la tiene muy en cuenta, se preocupa por ella y hasta lo aterroriza. Es el arma mejor utilizada por Satanás para disminuir cristianos. No por nada se le dice que es el amo del imperio del miedo y la muerte.

No obstante, de la muerte de la que se habla aquí, es de la muerte espiritual. Algo que es similar a lo que le sucedió a Adán luego de haber pecado en desobediencia. Es tener que salir del ámbito donde puedes tener comunión con Dios y quedar en otro donde estás expuesto y vulnerable a lo que el infierno se le ocurra arrojarte.

7 – Nadie es Salvo por la Ley

 (Romanos 7: 1) = ¿Acaso ignoráis, hermanos (Pues hablo con los que conocen la ley), que la ley se enseñorea del hombre entre tanto éste vive?

(2) Porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido.

(3) Así que si en vida del marido se uniere a otro varón, será llamada adúltera; pero si su marido muriere, es libre de esa ley, de tal manera que se si se uniere a otro marido, no será adúltera.

(4) Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios.

(5) Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte.

(6) Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.

Pregunta Nº 38: ¿Acaso ignoráis, hermanos (Pues hablo con los que conocen la ley), que la ley se enseñorea del hombre entre tanto éste vive?

Mientras la ley aún cumple la función de guiarnos para conocer las normas morales divinas, hemos sido liberados de someternos como esclavos a ella por medio de la gracia. Pablo ilustra nuestra libertad de la esclavitud de la ley con la analogía del matrimonio, al demostrar que la muerte de uno de los esposos libra al otro de sus obligaciones.

Paréntesis obligado: este concepto, se ha utilizado por años en las iglesias para asesinar espiritualmente a personas, haciéndoles creer y pensar que haberse divorciado, (Antes de ser creyentes) era un pecado mayor que el de la blasfemia al Espíritu Santo y sin perdón ni restauración, cuando en realidad todo se trataba de una analogía que Pablo realiza tomando como ejemplo algo de su época y de la antigua Ley.

El tema que aquí se discute no es el divorcio ni el nuevo matrimonio, sino las relaciones del cristiano con el sistema de la llamada “ley”. Pablo habla en términos generales sin detenerse en los detalles, y sus afirmaciones no deben ser utilizadas para descalificar las causas de divorcio y nuevo matrimonio que sí se mencionan con otra óptica (que no agrada a los legalistas) en Mateo19 y 1 Corintios 7, donde se tratan específicamente estos asuntos.

Cuando dice “así también vosotros…habéis muerto a la ley, vemos que la analogía aquí no es perfecta, porque aquí morimos nosotros, no la Ley. Peo la idea sin embargo está más que clara, y eso es lo que cuenta para Pablo y para todos los que hoy recogemos sus expresiones.

Como ha ocurrido una muerte, las viejas obligaciones y poderes se han roto, y ya no estamos sometidos al sistema que nos obligaba a obedecer utilizando nuestras propias fuerzas. Lo que quiero decir y significar, tal cual él lo hizo, es que estamos muertos a ese sistema de “la ley”.

En el estado anterior a nuestra conversión las pasiones pecaminosas, que tenían su origen en la carne, nos conducían a la muerte. Como cristianos experimentamos conflictos similares con los pecados de la carne, pero estos no deben prevalecer.

La diferencia, la enorme diferencia; que digo enorme, la abismal diferencia está radicada en la presencia activa, dinámica, genuina, cierta y no simulada ni declamada del Espíritu Santo, que es quien somete todas las pasiones al dominio del Reino de Cristo que mora en nosotros.

La libertad de la ley, mientras tanto, no implica de manera alguna que hayamos obtenido una especie de licencia para pecar, sino que estamos definidos al servicio a Dios. Bajo el régimen del nuevo pacto, el Espíritu Santo da el poder para obedecer a Dios, un poder que la Ley por si misma nunca pudo conceder. Por eso en el Espíritu hay vida abundante y fuera de Él, tinieblas y oscuridad…religiosas.

En cuanto a lo que leemos en el verso 6, en el sentido de estar bajo el régimen nuevo del Espíritu, esta palabra en los originales, es la palabra pneuma. Podríamos compararla con las nuestras neumonía, neumatología o neumático.

Tiene que ver con respiración, con brisa, con una corriente de aire, con viento, eso es espíritu. Pneuma es aquella parte de una persona que puede responder a Dios. El Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad, quien nos atrae hacia Cristo, nos convence de pecado, nos habilita para aceptarlo como nuestro Salvador personal, nos asegura de nuestra salvación, nos capacita para vivir la vida victoriosa, para entender la Biblia, para orar de acuerdo con la voluntad de Dios, y para hablarles de Cristo a otros.

La Santidad de la Verdad

(7) ¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: no codiciarás.

(8) Más el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto.

(9) Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí.

(10) Y hallé que el mismo mandamiento que era para vida, a mí me resultó para muerte; (11) porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él me mató.

(12) De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.

Pregunta Nº 39: ¿Qué diremos, pues?

Una vez más, Pablo formula la misma pregunta a sus invisibles interlocutores de la iglesia de Roma. Pero no lo hace por un mero afán repetitivo, sino en la búsqueda de un consenso escritural capaz de aunar criterios y unificar el mensaje.

¡A cuantos ministros modernos, regentes o directamente gerentes principales de una enorme empresa de servicios llamada iglesia, en este tiempo, le sería altamente conveniente y necesario formular la misma pregunta y aguardar sea cual fuere su respuesta!

Pregunta Nº 40: ¿La ley es pecado?

La declaración de Pablo de que “estamos libres de la ley”, suscita la cuestión de si la ley es pecado. Su reacción es de horror. Inmediatamente comienza a mostrar cómo la ley de Dios es buena, suponiendo que comprendamos su función, que es la de revelar y enseñar lo que es justo.

Asimismo, conviene resaltar, casi con nivel y entidad doctrinaria, que la ley es incapaz en sí misma de dar frutos de justicia, pero que sin embargo también es capaz de exponer la realidad del pecado con una asombrosa claridad y un  inocultable argumento.

Más adelante, en el verso 8 para ser más específico y preciso, cuando Pablo expresa que sin la ley el pecado está dormido, conviene consignar que la ley despierta el deseo de hacer lo que ella prohíbe. Eso está en la naturaleza adámica del hombre y suele sucederle a todo cristiano.

Cometer un pecado, entonces, violando la ley, lo hace a uno consciente de su muerte espiritual. El pecado, no la ley, debe ser culpado. La ley de Dios, que refleja su justicia y principios morales, es santa. Lo que simplemente no puede por sí misma, es hacernos justos.

Examina  a cualquiera que haya caído en cualquier clase o calidad de pecado. ¿Qué es lo primero que se manifiesta en su vida? Una auto marginación. Un tenebroso temor que lo lleva a arrinconarse, incapaz de orar, leer la Biblia ni compartir nada con hermanos. Eso, es conciencia de muerte espiritual.

¡Ese Cuerpo de Muerte!

(13) ¿Luego lo que es bueno, vino a ser muerte para mí? En ninguna manera; sino que el pecado, para mostrarse pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que por el mandamiento el pecado llegase a ser sobremanera pecaminoso.

(14) Porque sabemos que la ley es espiritual; más yo soy carnal, vendido al pecado.

(15) Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.

(16) Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena.

(17) De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí.

(18) Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.

(19) Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.

(20) Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.

(21) Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.

(22) Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; (23) pero yo veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.

(24) ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?

(25) Gracias doy a Dios por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, más con la carne a la ley del pecado.

Pregunta Nº 41: ¿Luego lo que es bueno, vino a ser muerte para mí?

La ley es santa pero no nos ayuda a obedecer. En esta parte de la carta, Pablo advierte que no se le malinterprete como si dijera que la ley es mala en sí misma. Varias veces enfatiza que es buena, pero al mismo tiempo explica vívidamente la imposibilidad de cumplirla empleando fuerzas propias.

El frecuente uso del pronombre personal “yo” y “mí” en los versículos que van desde el 7 al 25, suscita una pregunta lógica: ¿Se está refiriendo  Pablo a sí mismo, a sus luchas presentes como cristiano, a los conflictos que entabló como antiguo fariseo, o a la gente que sin el auxilio del Espíritu Santo intenta alcanzar la justicia por sus propios esfuerzos?

La primera posición le atribuye carácter  autobiográfico al pasaje, con un Pablo que comparte sus experiencias, tanto de fariseo como de cristiano. En apoyo de este común punto de vista está el hecho de que el uso de los tiempos verbales cambia del pasado al presente y que, por lo general, utiliza el pronombre personal para referirse a sí mismo.

Pero también es verdad que las experiencias de Pablo son representativas de lo vivido por otros, primero de aquellos que han buscado la justicia a través de las prácticas legalistas, y después de los cristianos involucrados en la lucha entre la nueva naturaleza en Cristo y la vieja naturaleza, aún atada a la carne.

Como Pablo usa el “yo” en un sentido genético e hipotético algunos han argumentado que este pasaje no es autobiográfico, debido a que Pablo es un enérgico defensor de la vida victoriosa en Cristo en todos sus escritos. Sin embargo, todos los intérpretes están de acuerdo en que a lo largo de la vida cristiana se mantiene una continua lucha contra el pecado.

Pregunta Nº 42: ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?

De acuerdo con la interpretación mencionada anteriormente, aquí Pablo relata su propia experiencia como cristiano, para explicar que la Ley no puede liberar a quien está luchando contra el pecado. Mientras la Ley puede iluminar nuestra conciencia, no es capaz de producir santidad en la vida.

El fallo, sin embargo, no está en la Ley de Dios, que es espiritual, sino en la ley del pecado, la depravación inherente a la naturaleza humana, que se revela en la cautividad del pecado. A través de su vida se ha desarrollado un conflicto entre la nueva y la vieja naturaleza, pero existe un camino hacia la victoria: “Cristo nos libera para que vivamos bajo el poder del Espíritu Santo.”

La pregunta que él se formula, tiene que ver con la imposibilidad manifiesta que todos nosotros tenemos para modificar un milímetro nuestra naturaleza adámica heredada. La expresión que usa respecto a la necesidad de ser librado de ese cuerpo de muerte, es la expresión de una personan que está encadenada, que no puede librarse y que se desespera por lograrlo.

Sin embargo, y casi como una respuesta implícita a su propia pregunta, la angustia que siente deja paso a una declaración victoriosa, no porque haya cesado la lucha, sino porque la fuerza humana ha sido sobrepasada por el poder del Espíritu Santo.

Ahora ya lo sabes. Cuando te desesperas porque vuelves a caer una y otra vez en actos que suponías estaban eliminados de tus conductas y quisieras, como Pablo, que algo o alguien te desprendiera de ese cuerpo feroz que te demanda cosas que espiritualmente odias, sólo imita a Pablo.

8 – Del Sufrimiento a la Gloria

 (Romanos 8: 1) = Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

(2) Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

(3) Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; (4) para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

(5) Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu.

(6) Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.

(7) Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; (8) y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.

(9) Más vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.

(10) Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, más el espíritu vive a causa de la justicia.

(11) Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

Aquí Pablo inicia una descripción de la vida en el Espíritu. Primero declara que el Espíritu asegura la victoria y hace posible la santidad. Debido al hecho de la salvación por fe solamente, pero teniendo en cuenta especialmente las grandes líneas de la obra redentora de Cristo, los cristianos son liberados del juicio de Dios.

Cuando habla de la Ley, no se refiere aquí a los mandamientos morales de Dios escritos en el Antiguo Testamento, sino a la forma como opera el Espíritu de Vida, el Espíritu Santo, en nuestras vidas, quebrando el dominio de la antigua ley del pecado y de la muerte.

Aunque dada por Dios, la ley que es el código escrito en el Antiguo Testamento, era impotente para hacer que la gente cumpliera con sus demandas, porque ello dependía de la pecaminosa naturaleza humana. En semejanza de carne de pecado, implica que la naturaleza humana de Jesús era real, pero sin pecado.

Y en el verso 2 dice que el Espíritu lo ha librado. Y esta palabra que él traduce como “librado”, es la palabra eleutheroo, y tiene que ver con libertar, remitir, dejar en libertad. En el Nuevo Testamento la palabra se usa exclusivamente para referirse a la obra de Cristo de liberar a los creyentes del pecado.

Pablo presenta dos estilos de vida que son el centro de toda su argumentación. Andar conforme a la carne es seguir los deseos de la vida vieja. Andar conforme al Espíritu, cuestión par nada sencilla, es dejarse guiar por el Espíritu Santo, para vivir de una forma que sea agradable a Dios.

Pablo espera que los cristianos vivan normalmente en las cosas del Espíritu. Esto supone necesariamente y obligatoriamente santidad, no sólo en la conducta y las palabras, sino también en los pensamientos que se albergan en nuestra mente cada momento del día.

Cuando él dice y alude a los que viven según la carne, caracteriza la naturaleza de las personas, y es una forma más enérgica de describir la actividad de andar en pecado. De ahí que la frase se refiera a los incrédulos, que no pueden agradar a Dios. Esto no se aplica a los creyentes, como demuestra el próximo versículo.

Y cuando expresa que no es de él, se refiere a que en todos los cristianos mora el Espíritu Santo. El que no tenga al Espíritu Santo no es cristiano. Aunque Pablo dice que los cristianos viven según el Espíritu, también advierte que de tiempo en tiempo puede que anden conforme a la carne.

Nacidos del Espíritu

(12) Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; (13) porque si vivís conforme a la carne, moriréis; más si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.

(14) Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios.

(15) Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba Padre!

(16) El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

(17) Y si hijos, también herederos, herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.

Fíjate; Pablo señala dos direcciones posibles en la vida, y muestra sus últimas consecuencias. Dicen que los cristianos tienen la capacidad para escoger hacer algo que no es característico de ellos, esto es, andar “conforme a la carne”, y les advierte que no lo hagan.

Dice que si por el Espíritu hacen morir las obras de la carne, lo cual es un buen resumen del proceso de santificación, (Crecer en santidad), en la vida cristiana. Debemos trabajar activamente para crecer en santidad y “dar muerte” a cualquier pecado en nuestras menes, tanto en palabras como en obras. Pero, a pesar de que hagamos todo nuestro esfuerzo, Pablo nos recuerda que solamente alcanzaremos la victoria “por el Espíritu”, esto es, en el poder del Espíritu Santo.

La frase de todos los que son guiados por el Espíritu de Dios que Pablo usa, es más que una alusión para designar a los cristianos. Describe el estilo de vida de aquellos que son hijos de Dios. Pablo está alentando a vivir, no de acuerdo con la carne, sino para hacer morir las obras de la carne.

Por lo tanto, ser guiado por el Espíritu de Dios, supone hacer morir progresivamente los apetitos pecaminosos de la naturaleza interior. Esto implica que aunque todos los cristianos son de alguna manera guiados Por el Espíritu de Dios, hay diversos grados en la actitud de aceptar la dirección del Espíritu.

Mientras más plenamente sea guiada la gente por la fuerza, la potencia y el poder del Espíritu Santo, más podrán obedecer la voluntad y el propósito de Dios y, por consecuencia, mejor se conformarán a sus estándares santos.

Una Vez Más: ¡Abba Padre!

(Verso 12) = Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; (13) porque si vivís conforme a la carne, moriréis; más si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.

(14) Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.

(15) Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba Padre!

(16) El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

(17) Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.

Aquí Pablo señala dos direcciones posibles en la vida, y muestra sus últimas consecuencias. Dice que los cristianos tienen la capacidad para escoger hacer algo que no es característico en ellos, esto es, andar “conforme a la carne”; y les advierte que no lo hagan.

Luego dice que si por el Espíritu hacemos morir las obras de la carne, y entrega un buen resumen de lo que en suma es el proceso de santificación, o sea: crecer en santidad, en la vida cristiana. Debemos trabajar activamente para crecer en santidad y “dar muerte” a cualquier pecado en nuestras mentes, tanto en palabras como en obras. Pero, a pesar de que hagamos todo nuestro esfuerzo, Pablo nos recuerda que solamente alcanzaremos la victoria “por el Espíritu”, esto es, por el poder del Espíritu Santo.

La frase, todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, es más que una alusión para designar a los cristianos. Describe el estilo de vida de aquellos que son hijos de Dios. Pablo está alentando a vivir, no de acuerdo a la carne, sino para hacer morir las obras de la carne.

Por lo tanto, ser guiado por el Espíritu de Dios, supone hacer morir progresivamente los apetitos pecaminosos de la naturaleza interior. Esto implica que aunque todos los cristianos son de alguna manera guiados por el Espíritu de Dios, hay diversos grados en la actitud de aceptar la dirección del Espíritu. Mientras más plenamente sea guiada la gente por el Espíritu, más obedecerán la voluntad de Dios y mejor se conformarán a sus estándares santos.

La palabra griega traducida como “son guiados” es un participio presente y debe ser entendida como que muchos son guiados continuamente por el Espíritu de Dios. Esta guía divina no se reduce al conocimiento objetivo de los mandamientos de la Escritura y al esfuerzo consciente por obedecerlos (aunque lo más seguro es que los incluya).

Por el contrario, más bien se refiere al factor subjetivo de ser receptivos a los impulsos del Espíritu Santo a lo largo del día, impulsos que si de verdad vienen del Espíritu Santo, nunca nos inducirán a actuar en contra de lo que enseña la Escritura.

Lo que se percibe como la dirección subjetiva del Espíritu Santo, especialmente en las decisiones más importantes, o en los impulsos para hacer algo poco usual, debe ser sometido a la confirmación de varios consejeros para que nos ayuden a protegernos de errores y a mantener una clara visión de las normas objetivas de la Escritura.

Ayuda en la Debilidad

(18) Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

(19) Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.

(20) Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; (21) porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

(22) Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; (23) y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.

(24) Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿A qué esperarlo?

(25) Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.

(26) Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.

(27) Más el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.

(28) Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas le ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

(29) Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.

(30) Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.

En el verso 18, donde dice que las aflicciones no son comparables con la gloria que en nosotros ha de manifestarse, también puede traducirse como la gloria para nosotros. Mientras tanto, en el verso siguiente se nos dice que la creación natural también será redimida cuando se consume nuestra redención.

Todo el universo creado ha sufrido las consecuencias del pecado humano, y ha estado sujeto a contaminación, futilidad y corrupción. Sin embargo, ese proceso de deterioro es sólo temporal, porque Dios ha provisto esperanza y liberación. En el tiempo de nuestra redención final, la creación misma será purificada y compartirá nuestra gloria.

Así como las primicias de la cosecha son un anticipo de todos los frutos que se pretende recolectar, la dádiva del Espíritu Santo constituye una primicia de lo que recibiremos con la plena adopción como hijos de Dios, cuando nuestros cuerpos sean redimidos.

La metáfora también sugiere que el Espíritu Santo nos permite saborear lo que será la vida por venir. Nosotros gemimos porque, aunque nuestras almas han sido salvadas, nuestros cuerpos aún están sujetos al dolor y al pecado. Pero miramos hacia adelante con esperanza, aguardando la resurrección de nuestros cuerpos, que serán liberados de su fragilidad y del pecado que en ellos se esconde.

Pregunta Nº 43: Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿A qué esperarlo?

Es más que obvia la pregunta de Pablo. Ni siquiera es sustancial porque sólo la utiliza para afirmar y reafirmar un concepto muy relacionado con la fe, tal lo es la esperanza. Son certezas sin la contundencia de lo palpable, así es que, si en el marco de esa esperanza es que hemos sido salvos, jamás podríamos aguardar verlo con nuestros propios ojos, ya que si lo hiciéramos, nada tendría que ver eso con esa antigua certeza de lo que se espera, y convicción de lo que no se ve.

El verso 26 consigna que el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad para orar, y la palabra griega que se traduce aquí como “ayuda”, es la misma que se utiliza en Lucas 10:40, donde Marta le pide a María que le ayude. El término, por esa razón, no implica que el Espíritu va a orar en lugar nuestro, sino que se nos une para hacer más efectivas nuestras débiles oraciones.

Algunos también interpretan los gemidos como emitidos por el Espíritu Santo, debido a que el texto dice que el Espíritu los usa para interceder por nosotros. Otros consideran que Pablo se refiere a “gemidos” nuestros, debido a varias razones: el verso 23 dice que nosotros gemimos; tales gemidos, que parecen indicar cierto grado de desesperación y angustia, se entienden en el caso de las criaturas, no del creador, y esta afirmación explica el verso 26, el cual dice que el Espíritu nos ayuda, no que nos reemplaza en nuestras oraciones.

Y me ha parecido interesante ampliar esto, porque existe toda una mitología respecto a los gemidos indecibles, interpretándolos como el típico orar en lenguas, y en lo que supuestamente sería una oración propia, armada sin nuestra participación por el Espíritu Santo para no permitirnos equivocarnos. ¿Falacia? ¿Verdad no revelada? Ora y serás direccionado a la verdad genuina.

La expresión que se traduce como indecible, no necesariamente significa silente, sino que más bien quiere decir “imposible de poner en palabras”. Si el verso 26 se refiere a los gemidos del Espíritu Santo, que no podemos escuchar, entonces simplemente ofrece aliento afirmando que el Espíritu ora por nosotros, y lo hace con efectividad cuando nosotros no sabemos hacerlo.

Pero, si como parecería ser más probable, son tomados por el Espíritu Santo y convertidos en efectiva intercesión delante del trono de Dios. Pablo está hablando en este versículo, en términos generales, de la vida de oración de los cristianos, no discute específicamente la cuestión de hablar en lenguas. Sin embargo, hay similitud entre ambas experiencias; el hablar en lenguas a menudo es orar o adorar emitiendo sonidos que no comprende la persona que los emite, y ambas modalidades del lenguaje se deben a la actividad del Espíritu Santo.

Aún en las dificultades y el sufrimiento, aún en la más amarga desilusión, aun cuando maltratados, los cristianos deben saber que Dios obra en medio de esas situaciones; para que se cumplan sus buenos propósitos en sus hijos. Puede que Dios cambie o no la situación directamente, pero aún si se mantiene difícil, Dios garantiza buenos resultados al final, inclusive una mayor madurez a quienes, como dice el verso 28, a los que conforme a su propósito, son llamados.

La conjunción “porque”, que vemos en el verso 29, introduce la razón de las seguridades dadas en el verso anterior. Pablo mira hacia el pasado lejano y observa que el propósito de Dios para su pueblo siempre ha sido bueno.

Luego dice que a los que antes conoció, también los predestinó, y la pregunta que queda en pie, es, para qué. Para que fueran como Cristo, esa es la respuesta. Entonces se fija en el pasado reciente y observa que Dios llamó y justificó a su pueblo.

Finalmente, Pablo mira hacia el futuro distante y encuentra que el plan de Dios es glorificar, esto es, dar un nuevo cuerpo a todos los que han sido justificados. Todos los propósitos de Dios para su pueblo, desde el pasado lejano hasta el futuro distante, han sido buenos; de ahí que Pablo concluya que sus propósitos para el presente, aún en medio de las dificultades, también son buenos.

Cuando habla de los que antes conoció, significa que no sólo que Dios sabía que existiríamos, o algo más sobre nosotros, sino que se trataba de personas que Dios conocía de antemano. Se puede parafrasear así: “Aquellos en los que Dios pensó dentro de una relación personal redentora.”

Predestinó, en tanto, es que de alguna manera planeó que al final serían como Cristo. Siempre me ocupo y preocupo en aclarar, cuando se habla de predestinación, que ella existe y es real en cuanto  la iglesia, no a cada uno de nosotros en lo individual. Los justos por su fe vivirán.

Finalmente, cuando habla de que seremos o seríamos conforme a la imagen de su hijo, en cierta forma está resumiendo, en estos dos versículos, una especie de bosquejo o secuencia de acontecimientos, indicando ellos que todo el que haya sido incluido en ella la completará.

¿Quién Contra Nosotros?

(Verso 31) = ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿Quién contra nosotros?

(32) El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿Cómo no nos dará también con él todas las cosas?

(33) ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.

(34) ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.

(35) ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?

(36) Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero.

(37) Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.

(38) Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, (39) ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Preguntas Nº 44 y 45: ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿Quién contra nosotros?

Triunfante y desafiante, Pablo formula algunas preguntas, de las que aquí tenemos dos, que no pueden ser respondidas. Están diseñadas para dar a los creyentes una sensación más que profunda de seguridad espiritual, una seguridad que, si eres alguien que auténticamente cree, llega hasta hoy.

Prueba, -reitero, si eres una persona de fe, de otro modo ni lo intentes-, plantarte delante de alguien y hacerle puntual y textualmente la misma pregunta, aunque de un modo coloquial y directo. ¿Qué me puedes decir de esto que voy a expresarte ahora?

Y a renglón seguido, le lanzas aquello en lo cual, -reitero una vez más-, definitivamente crees sin dudar, y que consigna que, si Dios está con nosotros, esto es, de nuestro lado, luchando nuestra misma guerra y peleando nuestra misma batalla, ¿Quién podría atreverse o a animarse a enfrentarnos?

Sé que en tu mente hay respuestas o ideas encontradas, porque si bien no vacilarás en decirlo y aún a creerlo con todas tus fuerzas, en algún recóndito rincón de tu ser, podría instalarse esa pequeña duda que nos dice que sí, que quizás sea así, pero que algunos demonios parecerían atreverse de todos modos a perturbarnos y hasta atormentarnos la vida.

Aquí es donde debo aclararte con mayor amplitud eso que te he venido reiterando en cada caso. Dice que nadie se atreverá contra ti, si Dios está contigo. Y esto no tiene nada que ver con salvación, ni con iglesia ni con reuniones. Esto tiene que ver con cumplir con el propósito de Dios y ser obediente a su palabra.

¿Tú me aseguras que todos aquellos que conoces viven así? ¿Sí? Entonces yo te aseguro que ningún diablo los podrá tocar. ¿Los están tocando y fuerte, me dices? Entonces mucho me temo que esas personas no están viviendo como a ti te parece que están viviendo.

Pregunta Nº 46: El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿Cómo no nos dará también con él todas las cosas?

He oído a muchos predicadores, (Conmigo incluido), decir muy sueltos de cuerpo, (Yo incluido), que el evangelio es ilógico, que carece de toda forma de lo que conocemos como la lógica, elemento nacido en Grecia que influyó notablemente la vida de Occidente.

¿Sabes qué? Toda esa sarta de predicadores, (Conmigo incluido), se ha equivocado de medio a medio. Ha dicho algo con ligereza, (Yo incluido), y de ese modo ha conseguido confundir a más de uno. Porque si este razonamiento de Pablo no contiene pura lógica al ciento por ciento, yo no sé quién soy.

Si alguien no duda de poner a su propio hijo, y para más peso su único hijo, no sólo a sufrir horrores físicos y psíquicos, sino también una tremenda muerte como es la que se padece en una cruz, sólo por amor a toda una creación perdida, ¿Cómo podrá mezquinar algo más material y perecedero que una vida tan valiosa?

Con eso te estoy no sólo diciendo, sino también asegurando que, cuando pides algo que es conforme al propósito y la voluntad de Dios, (No puedes pedirle algo ilícito o pecaminoso, claro), por una simple razón de lógica, Dios te lo otorgará. Porque si otorgó su Hijo unigénito a tu favor, ¿Cómo no lo haría con algo mucho menos valioso?

Pregunta Nº 47: ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.

Podríamos hablar de muchos destinatarios para esta pregunta, pero sólo alcanzo a ver uno con toda nitidez. Él es, desde siempre, el gran acusador de los hermanos. No importa con qué rostro se presente, con qué voz se haga oír o con qué cultura lo analice. Siempre será él quien está en las sombras.

No te sirve, por ejemplo, para evadir un justo juicio ante un inocultable error, equivocación, transgresión sencilla, transgresión grave o directamente pecado. Por cada una de estas cosas, serás justamente acusado, justamente juzgado y justamente condenado. De lo que sí te salvará esto, es de las falsas acusaciones. Allí es donde Dios, detrás de ti, aparecerá en su momento y tiempo exactos para poner las cosas en su lugar. Sólo créelo.

Pregunta Nº 48: ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.

Suponte que tú transgredes algunas de las leyes terrestres. Al hacerlo, a menos que ese error haya sido cometido en una acción inconsciente, o por ignorancia, es inevitable que la ley humana te alcanzará, te apresará, te juzgará con mayor o menor equidad y, finalmente, te sentenciará y, en algunos casos, hasta te ejecutará.

Sin embargo, en el mundo del Espíritu las cosas son diametralmente opuestas. Habiendo una justicia superior a todo lo que conoces como justicia en la tierra, esa justicia sólo actuará cuando quien es su supremo Juez y Hacedor, de la orden. No antes.

Aquí, lo que se nos está diciendo, (Porque lo que Pablo dice a los Romanos es vigente y válido para ti y para mí, hoy), que es Cristo quien actuará como juez sobre todo el mundo, pero no nos condenará; aún ahora. Él intercede por nosotros; es decir, trae las peticiones ante Dios. Ese es nuestro evangelio. Cualquier otra cosa, burda imitación babilónica y blasfema.

Preguntas 49 y 50: ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?

Para cualquier creyente desalentado este poderoso pasaje ofrece hoy las seguridades del amor de Cristo en un nivel y escala que nos resultaría imposible acceder por cualquier otra vía humana. Nos muestra que el Señor está presente en todo momento de nuestras vidas, sean cuales fueren esos momentos y traigan lo que traigan ellos.

No puedo resistir preguntarme si existirán motivos mayores de descontento por nuestra parte, que estos mencionados por Pablo. Si no existen, entonces nunca nos separaremos del amor de Cristo en esta vida. Aún en medio de las dificultades seremos más que vencedores. Él lo dijo, yo lo creo.

Y cabe añadir que donde dice precisamente que somos más que vencedores, el término griego que se ha traducido como tal, es hupernikao. Proviene del vocablo huper, que significa “sobre y por e cima de”, y nikao, que es “conquistar”.

Por lo tanto, la palabra describe a uno que es victorioso en grado sumo, que gana una victoria más que ordinaria, porque está en condiciones de triunfar en forma absoluta. Este no es un lenguaje arrogante sino de confianza. El amor de Cristo conquistó la muerte, y debido a ese amor –su amor-, somos hupernikao.

9 – Partiendo Desde el Rechazo

 (Romanos 9: 1) = Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo, (2) que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón.

(3) Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne; (4) que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; (5) de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén.

Pablo está expresando genuino pesar por los incrédulos entre los judíos. Pablo no desea ser separado de Cristo con tal de que otros judíos se salven, pero su dolor por ellos es tan profundo que virtualmente se pone en esa actitud.

Rechazo y Propósito

(6) No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, (7) ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: en Isaac te será llamada descendencia.

(8) Esto es: no los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes.

(9) Porque la palabra de la promesa es esta: por este tiempo vendré, y Sara tendrá un hijo.

(10) Y no sólo esto, sino también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre. (11) (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), (12) se le dijo: el mayor servirá al menor.

(13) Como está escrito: a Jacob amé, más a Esaú aborrecí.

El hecho de que Dios escogiese a Jacob en lugar de Esaú, no se basó en nada que hubiesen hecho o pudiesen hacer en el futuro. Este es el misterio de la elección divina. No hay misterio en cuanto a las conductas globales de Dios, pero sí y muchos en las parciales.

Rechazo y Justicia

(14) ¿Qué, pues, diremos? ¿Qué hay injusticia en Dios? En ninguna manera.

(15) Pues a Moisés dice: tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca.

(16) Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.

(17) Porque la Escritura dice a Faraón: para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra.

(18) De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece.

(19) Pero me dirás: ¿Por qué, pues inculpa? Porque ¿Quién ha resistido mi voluntad?

(20) Más antes, oh hombre, ¿Quién eres tú para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: por qué me has hecho así?

(21) ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?

(22)  ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, (23) y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria, (24) a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo los judíos, sino también los gentiles?

(25) Como también Oseas dice: llamaré pueblo mío al que no era mi pueblo, y a la no amada, amada.

(26) Y en el lugar donde se les dijo: vosotros no sois pueblo mío, allí serán llamados hijos del Dios viviente.

(27) También Isaías clama tocante a Israel: si fuere el número de los hijos de Israel como la arena del mar, tan sólo el remanente será salvo; (28) porque el Señor ejecutará su sentencia sobre la tierra en justicia y con prontitud.

(29) Y como antes dijo Isaías: si el Señor de los ejércitos no nos hubiera dejado descendencia, como Sodoma habríamos venido a ser, y a Gomorra seríamos semejantes.

Pregunta Nª 51: ¿Que, pues, diremos? ¿Qué hay injusticia en Dios? En ninguna manera.

¿Cuántas veces, ante determinadas circunstancias desfavorables, has pensado algo así? ¿Cuántas veces has estado a punto de suponer que verdaderamente Dios no es enteramente justo y que es más que evidente que le resultan más simpáticos los pícaros que los serios?

Debo responder igual que Pablo: en ninguna manera. La Biblia entera está repleta de relatos donde se ve la auténtica justicia de Dios y su apego formidable a la equidad bien entendida. Y aclaré esto último, porque, generalmente, cuando imaginamos que Dios es injusto, estamos viendo al asunto con los ojos de la carne y no con los del Espíritu.

Además, sabemos perfectamente que Dios nunca es injusto al tratar con su pueblo. Como Creador soberano que es, tiene el derecho legítimo de actuar de acuerdo con su voluntad, ya sea en ejercicio de su compasión o en ejercicio de su ira. No es culpa de Dios si los hombres optaron por mostrarlo de un solo lado y dejaron oculto el otro. Su palabra dice que posee los dos. Dios justo y Dios fuego consumidor.

Preguntas Nº 52 y 53: Pero me dirás: ¿Por qué, pues inculpa? Porque ¿Quién ha resistido mi voluntad?

Pablo se anticipa a esta objeción común a lo que ha enseñado en el versículo anterior. Si Dios escoge tener misericordia de quien Él quiere y endurecer el corazón a quien Él quiere, y si su decisión se basa en última instancia en su propia voluntad, ¿Entonces cómo puede ser considerado justo que Dios juzgue a aquellos que se nieguen a creer?

Preguntas Nº 54 y 55: Más antes, oh hombre, ¿Quién eres tú para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: por qué me has hecho así?

¿Quién eres tú para ponerte a discutir y cuestionar a Dios por sus decisiones? Verdaderamente y con una mano en el corazón: ¿Habrá un hombre, una persona, un minúsculo ser humano por allí que suponga que puede plantarse frente a Dios y cuestionarle sus decisiones?

Todo parecería indicar que no, que pese a sus enormes defectos, los hombres de alguna manera no son idiotas y entienden perfectamente que una mente finita, que nace, crece, se desarrolla y muere, jamás podría entender y mucho menos censurar a una mente eterna e infinita, pero…

Y la pregunta siguiente lo dice todo. Somos vasos de barro a los cuales se nos ha soplado aliento de vida. Y es con ese aliento divino que confundimos todo y empezamos a hacer barbaridades. ¿Seremos capaces de criticar a nuestro propio creador, como si fuéramos los supremos nosotros? ¡Pobre hombre fatuo y soberbio!

Pregunta Nº 56: ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?

Cuestionar la moralidad de las acciones de Dios es, por lo menos, inadecuado. Las criaturas no tienen derecho a objetar lo que su Creador hace. Sin embargo, tales enseñanzas no deben de ninguna manera conducirnos a pensar que los pecadores no pueden creer aunque lo quisieran, porque la Escritura no enseña eso.

Ella afirma repetidamente que todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. Esta apelación de la Escritura a los incrédulos se mantiene tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento.

Ocurre que la cultura helenística desparramada por años en las sociedades de Occidente ha plantado una estructura de pensamiento muy difícil de erradicar. El hombre se siente el centro mismo de la creación y poco menos que impune en cada una de sus decisiones.

Por lo tanto, decirle que no puede cuestionarle nada a Dios porque no le asisten derechos para ello, es entrar en confrontación franca y directa con su egocentrismo. No le hace, Dios sigue siendo soberano y, en el final de esta y de todas las historias, la veracidad de este concepto puede comprobarse fácilmente.

De hecho, el hombre y todas sus vanidades y soberbias, un día se muere y concluye con todas sus aspiraciones terrenales. Mientras tanto, ese Dios al que quiere cuestionar sigue en pie y vigente porque es eterno, algo que ese hombre no puede entender ni razonar con su mente finita.

Pregunta Nº 57: ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria, a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo los judíos, sino también los gentiles?

(30) ¿Qué, pues, diremos? Que los gentiles, que no iban tras la justicia, han alcanzado la justicia, es decir, la justicia que es por fe; (31) más Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó.

(31) ¿Por qué? Porque iban tras ella no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezamos  en la piedra de tropiezo, (33) como está escrito: he aquí pongo en Sion piedra de tropiezo y roca de caída; y el que creyere en él, no será avergonzado.

Pregunta N 58: ¿Qué, pues diremos?

Es casi como preguntarnos qué podríamos decirle a la gente que atendemos semanalmente en grupos o en una congregación, si de pronto se enteraran que es salvo alguien que ha sido tremendo incrédulo por años, impío, pecador a ultranza, que de improviso en un enorme paso de fe se decide a creer y confiar en que Dios lo perdonará ampliamente y lo restaurará para el día final.

¿Cómo le explicaríamos a todos esos hermanos que ese hombre o esa mujer, con un simple acto de fe sincera, desprovista de toda especulación de conveniencia personal o de reputación propia, decide confiar en un Jesús que hasta ayer no conocía, mientras que no parece suceder lo mismo con ese anciano que viene al templo desde hace cincuenta años y su vida sigue igual de gris y miserable?

Pregunta Nº 59: ¿Por qué?

En ese por qué, tiene necesariamente que haber una respuesta que conforme, que acredite que Dios no hace cosas porque sí, sino guiado por su propia palabra, sus principios básicos y su voluntad eterna de ser justo en todo. Esa persona accede a salvación en última instancia porque se decidió por la fe en lugar de hacerlo por las obras, tal como la religión ha enseñado y predicado a todos los que eran sus adeptos semanales.

10 – Evangelizando a Israel

 (Romanos 10: 1) = Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación.

(2) Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia.

(3) Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios; (4) porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.

(5) Porque de la justicia que es por la ley Moisés escribe así: El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas.

(6) Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (Esto es, para traer abajo a Cristo): (7) o, ¿Quién descenderá al abismo? (Esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos).

(8) Más, ¿Qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: (9) que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.

(10) Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.

(11)Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.

(12) Porque no hay diferencia entre el judío y el griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; (13) porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

Hay algo que resulta más que evidente con una lectura simple de los primeros versos de este capítulo. La justicia de Dios, esa tan ansiada y hasta reclamada justicia divina, es simplemente estar en paz con el Señor, y viene únicamente a través de la fe en Jesucristo.

Algunos han considerado, y quizás lo siguen haciendo, que Cristo es el fin de la ley en el sentido de que Él constituye la meta y representa la consumación de esta. Sin embargo, “La Ley” se refiere aquí al sistema de obtener la justificación por nuestros esfuerzos. Cristo es ciertamente la realización perfecta de todo lo que pide la Ley, pero también el fin de la Ley como vía para alcanzar la justicia de todo aquel que cree.

De ahí que Pablo haga énfasis en la suficiencia de la fe para recibir la justicia de Dios, porque al llenar los requerimientos de la Ley, Cristo satisfizo sus reclamos. Este versículo no significa que un cristiano deba ignorar las normas morales o los mandamientos de Dios.

Pregunta Nº 60: ¿Quién subirá al cielo?

La pregunta es más que sencilla, y casi que no merece comentario anexo. Pablo consigna que ninguno de nosotros estamos en condiciones de preguntarnos eso con relación a la remota posibilidad que un hombre, con sus insignificantes fuerzas de hombre, pueda subir nada menos que al cielo y descender de ese lugar, si eso fuera posible, nada menos que a Cristo, a la tierra de los mortales. ¿Habrá un  hombre así? Ni lo sueñes.

Pregunta Nº 61: ¿Quién descenderá al abismo?

Es la misma clase de pregunta que lo anterior, pero en este caso refiriéndose al infierno. ¿Existe un hombre de carne y hueso capaz de descender a los mismos infiernos para procurar sacar de allí nada menos que a Cristo? Tampoco lo sueñes, no existe tal hombre, ni existirá jamás.

Pregunta N 62: ¿Qué dice?

Lo que dice se ha convertido con el correr de los tiempos, en una de las bases más profundas y esenciales de nuestra doctrina. Y de paso te recuerdo que cuando digo doctrina, estoy diciendo enseñanza. Y no enseñanza bíblica, enseñanza de cualquier clase.

Doctrina no es Biblia, es enseñanza. Y la enseñanza de los primeros apóstoles, por ejemplo, que es la famosa doctrina de los apóstoles de la que se habla en hechos, es esencialmente un estilo de vida. Un estilo de vida que, tal como lo dice Joel, tendrá que ser profética en los últimos días.

Aquí lo que dice es que si declaramos en voz alta, como para que se escuche en el cielo y también en el infierno, que Jesucristo es el Señor, y creemos fielmente en nuestro ser íntimo que Dios lo levantó de los muertos, entonces seremos salvos. Y no es un método ni un “abracadabra”; es ley divina.

Creer Para Invocar

(14) ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien  no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quién les predique?

(15) ¿Y cómo predicarán si no fueran enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!

(16) Más no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿Quién ha creído a nuestro anuncio?

(17) Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

(18) Pero digo: ¿No han oído? Antes bien, por toda la tierra ha salido la voz de ellos, y hasta los fines de la tierra sus palabras.

(19) También digo: ¿No ha conocido esto Israel? Primeramente Moisés dice: yo os provocaré a celos con un pueblo que no es pueblo; con pueblo insensato os provocaré a ira.

(20) E Isaías dice resueltamente: fui hallado de los que no me buscaban; me manifesté a los que no preguntaban por mí. Todo el día extendí mis manos a un pueblo rebelde y contradictor.

Pregunta Nº 63: ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído?

Esta es una pregunta que suena a verdad de Perogrullo, porque cualquier persona medianamente coherente sabe perfectamente que nadie podría invocar como solución a algo espiritual en su vida, a una deidad en la cual no cree. Sin embargo, déjame decirte que eso está sucediendo en este y en anteriores tiempos.

¿Cuál es la incredulidad que vemos en el mundo secular? La que sostiene la vida de gente que ha decidido vivir por fuera de lo que Dios diga o disponga. Pero la Biblia habla de incredulidad, y la Biblia hasta dónde yo sé, está escrita para la iglesia, no para el mundo.

Entonces la pregunta, es: ¿Cuál es la máxima incredulidad que vemos dentro de la iglesia? La de invocar a Dios, trabajar para Dios, cantar para Dios, hablar todo el tiempo de Dios y hasta predicar respecto a Dios, sin terminar de creer sinceramente en ese Dios.

¿Puede hacerse eso? De hecho, se hace, se está haciendo. Por esa razón es que la iglesia en su conjunto no alcanza a prevalecer sobre las inclemencias del mundo secular. Por siendo enviada a plantar en el planeta al poder de Dios manifestado, lo único que ha podido conseguir es establecer dogmas religiosos.

Pregunta Nº 64: ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído?

Aquí el tema varía y muta abruptamente de la incredulidad al evangelismo. Porque del modo en que hay mucha gente que no puede creer en un Dios que ya conoce y del cual ha tenido novedad, información y proclama, así también hay otra gran cantidad que no cree sencillamente porque no lo conoce.

La pregunta, en estos casos, siempre suele ser la misma: ¿Quién irá? ¿Cuántos obreros habrá dispuestos a decir la antigua pero vigente frase de “heme aquí” que los grandes expresaron como firme paso de fidelidad y obediencia al mandato?

Pregunta Nº 65: ¿Y cómo irán sin haber quién les predique?

Esta es, a grandes rasgos, la respuesta a la incógnita mencionada en el ítem anterior. Y quiero retornar a algo que ya he enseñado en muchas ocasiones, pero que quiero reiterar porque no siempre se ha entendido correctamente, y es el verdadero significado de la palabra predicar.

Predicar es un vocablo compuesto de dos fases: pre, que tiene que ver con la anticipación de algo, como es en el caso de pre-conceptos o pre-destinación. Y el otro vocablo del compuesto que es dicar. El día que lo estudié, para mi infinito asombro, descubrí que este término se refería, nada menos, que a la sustancia de los ángeles caídos.

Por lo consiguiente, cuando hablamos de predicar, o pre-dicar, nos estamos refiriendo específicamente a un discurso que preanuncie la victoria de los santos sobre los ángeles caídos. De modo tal que, no existe ni podría existir bíblicamente tal cosa como predicar sin hablar de ángeles o demonios, ambos están incluidos en la palabra que agrupa ese discurso.

Pregunta Nº 66: ¿Y cómo predicarán si no fueran enviados?

Esta pregunta paulina no está tomada al azar ni tampoco es ni por las tapas, un producto azaroso. Es la conclusión o la resultante de un tema que no sólo sigue preocupando a los cristianos de este tiempo, sino que es más que notorio que ya preocupó de sobremanera a los antiguos.

Un predicador no es un hombre que se para frente a un púlpito, abre su Biblia, lee cuatro versículos, evalúa tres puntos a tocar, expresa una introducción humanista, un desarrollo teológico y generalmente una conclusión moralista. Un predicador es un hombre que ha sido enviado por Dios a decir exacta y puntualmente lo que Dios está diciendo en el día de hoy. No ayer ni mañana, Hoy.

Por lo tanto, esta pregunta tiene una respuesta que lamentablemente nos ha tocado observar demasiadas veces como para entender que no es cualquier tontera. Quien no ha sido enviado, (Literalmente apostellos, de donde deriva apóstol), no puede decir absolutamente nada de parte de Dios. Sólo lo hará con lo que emana de su propia sabiduría humana. El resultado, es el que todavía podemos ver.

Pregunta Nº 67: ¿Quién ha Creído a Nuestro Anuncio?

Y esto tiene que ver con el resultado, con la conclusión, con los frutos de ese trabajo. Porque tú puedes armar el mejor escenario, utilizar la mejor estrategia y dar curso favorable a las mejores técnicas conocidas de evangelización masiva o personalizada, según corresponda, pero ¿Sabes qué? Nada ocurrirá si los que oyen tu anuncio no quieren, no saben o no pueden creerlo. Todo habrá sido tiempo perdido.

Y las recomendaciones que pueden suministrarse en estos casos, no siempre terminan siendo bienvenidas por una simple razón: no parecen ser ni complicadas ni profundas, por eso no alcanzan a llamar la atención. Sin embargo, pese a todo ello, sigue siendo la única verdad posible y viable si quieres que ellos crean tu anuncio: deberás entregárselo al Espíritu Santo, porque Él es el único que puede producir convicción de pecado y guiar a las personas a toda verdad, que es como decir: guiarlos a Jesucristo.

Pregunta Nº 68: ¿No han Oído?

No sé si a ti te ha sucedido alguna vez, pero a mí sí me ha ocurrido y por eso te lo comparto. Trabajando en un gran periódico, en una enorme sala de redacción, utilizando las que hoy ya son híper antiguas máquinas de escribir mecánicas, el horario de cierre de edición resultaba un bullicio tan estrepitoso que, concentrarse allí para escribir algo, resultaba una tarea poco menos que titánica.

A mí me costó su tiempo, pero descubrí un día que, mientras el sonido ambiente seguía siendo tremendo y mis colegas que ya habían cerrado sus páginas dialogaban en voz alta añadiendo más ruido al ya existente, yo contaba con la inconcebible capacidad de abstraerme, producir una sordera artificial en mis oídos y dedicarme a mi artículo sin estorbo aparente alguno ni fastidio por ruidos molestos.

No es casual ni original. El hombre tiene esa condición y sólo va a utilizarla cuando le plazca o le convenga. La ejercen los pequeños cuando se les reconviene por alguna travesura y ellos miran hacia otra dirección y no parecen tomar registro de nuestro discurso de regaño. Lo mismo suelen hacer algunos esposos para con sus esposas cuando ellas los regañan por tareas que no han hecho o errores que sí han cometido.

Esto quiere decir que, en ocasiones, podemos manejar nuestra capacidad auditiva como nos plazca o nos convenga. Y como al enemigo no le place que aquel en quien mora o influye oiga de Jesucristo, ¿Qué hará? Producirá una sordera espiritual de tal calibre que, aunque todos los cielos bajen a la tierra con un mensaje poderoso, siempre habrá gente que te jurará no haber oído nada. Por eso la pregunta: ¿No han oído? Por eso la respuesta de Jesús: El que tenga oídos para oír, oiga.

Pregunta Nº 69: ¿No ha Conocido esto Israel?

Todos sabemos que cuando la Biblia dice “Israel”, no necesariamente se está refiriendo a una nación que ubicamos en un sitio determinado de la geografía mundial. Puede incluirla, claro está, pero no es lo prioritario. Cuando la Biblia dice “Israel”, en primer lugar, se está refiriendo al pueblo santo, al pueblo elegido, al pueblo de Dios.

¿Eso incluye a los judíos? ¡Claro que los incluye! ¡Incluso incluye a los hoy musulmanes! Claro está que cada uno de ellos deberá, sola y únicamente, reconocer a Jesucristo como quien verdaderamente es y no como en cada una de sus doctrinas han enseñado que es. Y si lo reconocen y lo aceptan como salvador y Señor, no hay ni habrá religión que detenga su salvación.

Por lo tanto, cuando aquí Pablo formula la pregunta, lo que procura decir es si ese anuncio, esa predicación, esa proclama del evangelio ha sido conocida por el pueblo que Dios ama. Y si así hubiera sido, sólo faltará saber qué actitud tomará ese pueblo con ese tesoro para sus vidas.

11 – Vendrá de Sion el Libertador

 (Romanos 11: 1) = Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín.

(2) No ha desechado Dios a su pueblo, al cual desde antes conoció. ¿O no sabéis qué dice de Elías la Escritura, cómo invoca a Dios contra Israel, diciendo: (3) Señor, a tus profetas han dado muerte, y tus altares han derribado; y sólo yo he quedado, y procuran matarme?

(4) Pero ¿Qué le dice la divina respuesta? Me he reservado siete mil hombres, que no han doblado la rodilla delante de Baal.

(5) Así también aún en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia.

(6) Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra.

(7) ¿Qué, pues? Lo que buscaba Israel no lo ha alcanzado; pero los escogidos sí lo han alcanzado, y los demás fueron endurecidos; (8) como está escrito: Dios les dio espíritu de estupor, ojos con que no vean y oídos con que no oigan, hasta el día de hoy.

(9) Y David dice: sea vuelto su convite en trampa y en red, en tropezadero y en retribución; (10) sean oscurecidos sus ojos para que no vean, y agóbiales la espalda para siempre.

Pregunta Nº 70: ¿Ha desechado Dios a su Pueblo?

La pregunta de Pablo, en este caso, es la que podría formularse cualquier buen creyente que, con gusto o contra gusto, esté militando en el marco de una de las muchas iglesias que no siempre cumplen con la voluntad o el propósito de Dios. ¿Es que por ese tema desechará Dios a su iglesia?

La respuesta, inevitablemente será la misma: en ninguna manera. Dios jamás desechará a su iglesia. Lo que sí podría llegar a ser desechado, es el conjunto de personas que, refugiándose en lugares que dicen ser iglesia, en realidad no lo son, y operan en favor de las artimañas del infierno. De todos modos, siempre habrá un remanente santo en cada lugar que se visite.

Pregunta Nº 71: ¿O no sabéis qué dice de Elías la Escritura, cómo invoca a Dios contra Israel, diciendo: Señor, a tus profetas han dado muerte, y tus altares han derribado; y sólo yo he quedado, y procuran matarme?

En el contexto contemporáneo, esto también tiene su correlato. Es notorio que las babilonias falsas, imitadoras y en muchos casos directamente satánicas en sus movimientos, han matado los profetas que han llegado a advertir de estas cosas. No en lo físico, obviamente, pero los han matado con la calumnia, con la discriminación y, -muy de moda en estos tiempos-, mediante el uso de las llamadas redes sociales.

¿Es que alguien podría imaginar que desde internet, Facebook o twitter, por citar algunas de esas redes, se puede descalificar nada menos que a un profeta del Señor? De hecho que no, salvo que aquellos que ingresen a estas redes, tengan como premisa creer más lo que allí se dice que lo que la Biblia dice. En ese caso, su éxito estará garantizado. Y me temo que en una gran proporción de casos, es así.

Veamos: sean por las cusas que sean, ¿Cuánto cuesta hoy a un cristiano fiel, honesto y sincero, encontrar un sitio específico donde pueda adorar a Dios con total libertad y con alto reaseguro de genuinidad? Mucho. ¿Y eso por qué ocurre? Simple: porque se han ocupado en todo este tiempo de derribar los verdaderos altares para erigir los falsos.

Pregunta Nº 72: ¿Qué le dice la Divina Respuesta?

Resultaría obvio añadir que cuando habla de “divina” respuesta se refiere a lo que Dios mismo expresa respecto a lo narrado anteriormente. Y, curiosamente, lo que el Señor dice allí, tiene comparación inmediata con mucho de lo que en este tiempo se está viviendo en nuestros ambientes cristianos.

Dice que se reservan siete mil hombres. Recuerda que siempre que la Biblia menciona al número siete, lo que en realidad está diciendo es que se trata de todos los que sean necesarios, muy similar a aquel setenta veces siete del perdón. ¿Y qué rol juegan estos siete mil? No doblar las rodillas ante Baal.

¿Qué cosa estimaría hoy el Señor como baales? Tú y yo lo sabemos muy bien: cualquier clase de idolatría en la que el hombre ponga su corazón. No necesariamente estatuas, hasta un ministerio cristiano puede convertirse en ídolo para su responsable si no sabe colocarlo detrás de Aquel a quien dice servir.

Y luego añade el Señor que Él va a componérselas para hacer lo que se debe hacer no ya con las multitudes supuestamente convertidas, sino con los pequeños remanentes conformados por esos que, precisamente, no han doblado sus rodillas para con nada de lo que Babilonia busca tentarlos.

Pregunta Nº 73: ¿Qué pues?

Pasa en idioma actual lo que dice el verso siete, a continuación de esta pregunta. “Lo que buscaba la iglesia como institución, no lo ha alcanzado, pero los elegidos, que no siempre son admitidos ni bienvenidos en esas instituciones, sí lo han alcanzado.

Y luego añade algo que debe dejar pensando a más de uno que lee esto: porque dice que “los demás, fueron endurecidos”, para agregar como concepto que recibieron un espíritu de estupor, que producen ojos espirituales que no pueden ver lo que Dios está mostrando y oídos espirituales que no pueden oír lo que Dios mismo está diciendo en este tiempo. ¿Te queda alguna duda que es exactamente así?

Pablo aquí se señala a sí mismo como un ejemplo del hecho de que hay un remanente de Israel que ha sido salvo. Y dice Israel, porque alude aquí a la mayoría que es judía, desde su punto de vista étnico, incluyendo su liderazgo reconocido. Habiendo fallado en obtener una correcta relación con dios por sus propios esfuerzos, se endurecieron. La incredulidad persistente y obstinada hizo caer la justicia de Dios sobre ellos.

Honrar el Ministerio

(Verso 11) = Digo, pues: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen? En ninguna manera; pero por su transgresión vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos.

(12) Y si su transgresión es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles, ¿Cuánto más su plena restauración?

(13) Porque a vosotros hablo, gentiles. Por cuanto yo soy apóstol a los gentiles, honro mi ministerio, (14) por si en alguna manera pueda provocar a celos a los de mi sangre, y hacer salvos a algunos de ellos.

(15) Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo. ¿Qué será su admisión, sino vida de entre los muertos?

(16) Si las primicias son santas, también lo es la masa restante; y si la raíz es santa, también lo son las ramas.

(17) Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo, (18) no te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti.

(19) Pues las ramas, dirás, fueron desgajadas para que yo fuese injertado.

(20) Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme.

(21) Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará.

(22) Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado.

(23) Y aún ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar.

(24) Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿Cuánto más estos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?

(25) Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; (26) y luego todo Israel será salvo, como está escrito: vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad.

(27) Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados.

(28) Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres.

(29) Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.

(30) Pues como vosotros también en otro tiempo erais desobedientes a Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia por la desobediencia de ellos, (31) así también estos ahora han sido desobedientes, para que por la misericordia concedida a vosotros, ellos también alcancen misericordia.

(32) Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.

(33) ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!

(34) Porque ¿Quién entendió la mente del Señor? ¿O quien fue su consejero?

(35) ¿O quien le dio a él primero, para que le fuese recompensado?

(36) Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.

Pregunta Nº 74: ¿Han Tropezado los de Israel para que Cayesen?

“La incredulidad de Israel abrió la puerta de las oportunidades a los gentiles. El propósito de Dios es que cuando los judíos incrédulos vean a un gran número de gentiles volverse a Cristo, se pondrán celosos, se arrepentirán y vendrán a la fe”. Este que terminas de leer es el comentario profesional de un prestigioso teólogo que piensa y entiende lo mismo que por años ha enseñado la iglesia cristiana como doctrina básica. ¿Sabes qué? Ni por las tapas. Muchísimos años después, nosotros que somos esos gentiles, seguimos llegando en mayor o menor medida y cantidad a Cristo, mientras ese pueblo judío sigue atado a su Torá, sus reglas, preceptos y formas tradicionales de creer.

Ni se muestran celosos ni se arrepienten de nada ni mucho menos vienen a un Cristo en el cual ninguno de ellos parecería tener deseos de creer. ¿Motivos? Varios, pero uno en especial: no han visto ni están viendo en lo que se llama iglesia cristiana, algo parecido al poder manifestado del Dios que ellos conocen como gestor del mar abierto para que pase Moisés y su gente. ¿Está equivocado, entonces, ese prestigioso comentarista? No parece que sea así, porque el texto escrito lo expresa. ¿Se equivocó Dios, entonces? Tampoco. Sólo que los tiempos kairos de Dios no son ni por las tapas similares a los tiempos kronos del hombre. Allí radica la diferencia. Además, a nadie se le ha ocurrido pensar que lo que antes fue llamado judío, como pueblo elegido pero desobediente, hoy simplemente sea creyentes. Como pueblo elegido, pero como responsables de un sinfín de desobediencias también.

Pregunta Nº 75: ¿Cuánto más su Plena Restauración?

Durante años se enseñó que lo que Pablo señala aquí es el momento de la reunión de todo el pueblo judío que, por plena disposición de Dios, abandonará su estado permanente de idolatría y se volverá en masa a Jesucristo, siendo salvos en el último instante. A ese momento, consignan los mejores comentaristas, es el que en este texto se denomina como Plena Restauración.

Muy bien; jamás osaré mostrarme en oposición con tan dignos pensadores y lectores de la Palabra, pero sí por lo menos permitirme deslizar algo a simple título de revelación silenciosa. ¿Y si el llamado pueblo santo de Dios del Antiguo Testamento, los judíos, han dejado paso a los creyentes masivos del Nuevo Testamento? ¿Y si de lo que aquí se está hablando es de la restauración de tantos y tantos hijos genuinos que hoy por hoy andan perdidos en las idolatrías de las babilonias falsas imitadoras de la iglesia verdadera? Tómalo o déjalo; puedes seguir creyendo lo que se ha enseñado, nadie te lo reprochará. Pero también puedes, -al menos-, darle alguna clase de seriedad a esto que te comparto y, por lo menos, tenerlo en cuenta a futuro. Por si llegado el momento tienes que tomar decisiones en instancias diferentes a las enseñadas por siempre.

Pregunta Nº 76: ¿Qué será su admisión, sino vida de entre los muertos?

Si tú preguntas hoy a un optimista dinámico que ama al Señor y quiere lo mejor para su iglesia, cuál es el estado en que esta se encuentra ahora, ¿Qué crees que responderá? Ese optimista, que lo es pero sin que por eso haya perdido su capacidad de razonamiento y análisis, para honrar su optimismo y su nivel superlativo de fe, te dirá que no te preocupes, que la iglesia en este tiempo está pasando por una etapa de cierto adormecimiento del cual, en cualquier momento, el Señor mismo la va a sacar sacudiéndola al grado sumo si es necesario. Una iglesia dormida.

Claro está que, si la misma pregunta se la formulas a un creyente tan fiel como el otro, pero de cierta tendencia pesimista o con distinto nivel o entendimiento de su fe, la respuesta no será la misma. Este cristiano será mucho más contundente y lapidario. Te dirá que por culpa de tal y tal y por causa de esto y lo otro, lamentablemente la iglesia de este tiempo está espiritualmente muerta. De hecho, la concepción no es la misma, ya que alguien que duerme va a despertarse en algún momento y andará sobre sus pies sin problemas, mientras que alguien que ha muerto, de no mediar milagro de resurrección, seguirá en ese estado.

De eso es lo que se está hablando aquí: del milagro de una restauración de un cúmulo de hombres y mujeres que, por diversas causas, o una específica en suma, se encuentran espiritualmente muertos, separados del Dios de todo poder y condenados irremediablemente. Y que por simple misericordia divina, amor inconmensurable y decisión de Dios de restaurar, el milagro de la vida espiritual retornará a ellos y verán fluir vida dinámica en sus cuerpos individuales y en el cuerpo global.

Pregunta Nº 77: ¿Cuánto más estos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?

Es muy importante lo que se lee anteriormente a esta pregunta en el verso 16. No sólo importante, sino cierto de toda certeza. Y no sólo en este asunto, sino en todos los que pueda tener competencia el concepto. Si la primicia de algo, (Eso es el adelanto, la cuota inicial de una serie posterior) es santa, no tiene por qué no serlo la masa restante. Si la cuota entrega es de dinero legítimo, ¿A quién se le ocurriría suponer que el resto del pago será con dinero falso? Si la raíz, (Esto es las bases de algo o alguien) es santa, también lo van a ser las ramas del árbol al cual esa raíz dio origen.

No obstante, luego va a aclarar y consignar que todos nosotros, que hemos sido injertados más tarde en el gran árbol del Reino, somos legítimamente participantes de todo aquello que los originales merecen por estirpe y raigambre. Un futbolista llega a un club determinado cuando faltan cinco fechas para concluir el torneo del cual, finalmente, ese club será campeón. El futbolista recién llegado comparte la celebración, los homenajes y hasta los premios que la obtención del torneo produce juntamente con sus compañeros, simplemente porque es un integrante más del plantel campeón. A nadie va a interesarle si comenzó junto con todos la campaña victoriosa o llegó cuando faltaban pocas fechas para su fin. Es campeón y se lo considera como campeón.

Pero, y siguiendo con el mismo ejemplo gráfico, ese futbolista se comportaría pésimamente si, cuando le ponen micrófonos delante de la boca o cámaras de televisión apuntándolo como una de las figuras del campeón, él se pusiera a alabarse grandemente a sí mismo, a sus virtudes y condiciones, y menoscabando o despreciando las condiciones de sus compañeros, siendo que en realidad estos jugaron todo un torneo completo, ganándolo, mientras que él llegó prácticamente cuando ya estaba todo definido. Eso es lo que se observa cuando alguien que recién entra al evangelio, habla de revelaciones personales y tratos privilegiados de parte de Dios en contra de lo que la mayor parte de sus hermanos viene realizando hace años.

Concluye esto con la contundente expresión que todavía muchos prefieren ignorar, pero que está allí escrita desde siempre. Si Dios ha sido misericordioso y paciente con los más antiguos, que serían las ramas naturales, ¿No lo será también con el más nuevo, esto es, con el injertado? ¡Claro que sí! Pero está la otra parte, lo que yo llamaría: la contraparte. Si llegado el caso Dios decide cortar aquellas ramas antiguas porque lo que andan diciendo y haciendo no sólo no coincide con lo que Él está diciendo, sino que directamente está en franca oposición, ¿Cómo puedes pensar que no cortará también al injertado, si es que elige hacer causa común con los antiguos equivocados?

Pregunta Nº 78: ¿Cuánto más estos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?

Si bien es cierto que en lo fundamental existen dos diferentes posiciones proféticas acerca del futuro de Israel, hay solamente un punto de vista bíblico con respecto a la actitud del cristiano hacia el pueblo judío. Primero, la Biblia nos llama a honrar el hecho de que, habiendo sido ellos el instrumento nacional por medio del cual la bendición mesiánica vino a la humanidad. En segundo lugar, algunos textos nos expresan que se debiera bendecir a toda la nación judía, orar con pasión sincera a favor de ellos y estar listos para dar testimonio a cualquier judío, con tanta espontaneidad y sencillez como lo haríamos ante cualquier otro ser humano.

En segundo lugar, no se puede decir que el mandato bíblico de orar por la paz de Jerusalén haya sido abrogado. De hecho, la alternativa profética a la enseñanza clásica a este respecto, nos muestre que cuando se habla de la Jerusalén se está refiriendo a la celestial, que es la iglesia, y no a la geográfica. Yo creo fielmente en todo lo que hasta aquí te he mencionado, pero en lo que no creo es en delimitar a Dios a un concepto meramente nacional. Mi Dios es el Dios del universo, no un Dios nacional. Utiliza naciones para sus diversas operaciones, pero si una de esas naciones, por la causa que sea, decidiera no obedecerle, Él recurrirá a otra. Dios no tiene compromiso nacional salvo con las gentes que obedecen su propósito.

En el verso 25, cuando habla del endurecimiento de Israel, la palabra que allí se traduce como tal, es porosis. Y este vocablo nos habla de endurecimiento, de callosidad. La palabra es un término médico que describe el proceso por el cual las extremidades de huesos fracturados se fijan mediante una osificación o callosidad petrificada. Algunas veces se refiere a una sustancia dura en el ojo, que lo ciega. Si se la usa metafóricamente, porosis sugiere insensibilidad u ausencia de percepción espiritual, ceguera espiritual, endurecimiento, en suma. De hecho, y lejos ya de aquel Israel, hoy la palabra calza perfectamente en una gran parte de lo que antojadizamente se sigue auto definiendo como iglesia.

Pregunta Nº 79: ¿Quién entendió la mente del Señor? ¿O quien fue su consejero?

Claro, parece una broma, ¿Verdad? Todos leemos esto y pensamos: ¿Alguien puede suponer que encontrará a un hombre o a una mujer que pueda entender la mente del señor? La palabra nos dice que tenemos que tener la mente de Cristo, esto es, ver y examinar las cosas tal cual Él lo hubiera hecho, y no como nos parece a nosotros hoy, en este tiempo y bajo estas circunstancias. Pero eso quiere decir que tenemos que tener la mente de Cristo, no que la tengamos. Y si la tuviéramos, sería para tomar las decisiones que él tomó, para hablar las palabras que él habló y, si tú quieres, hasta para hacer las señales, prodigios y maravillas que él hizo, porque eso es lo que se nos promete. Pero en esta pregunta, Pablo se plantea si existe una persona capaz de adelantarse a los pensamientos y entenderlos antes que se manifiesten en hechos. La respuesta fue, es y será siempre una sola: nadie.

Y lo mismo reza para la segunda parte de la pregunta. Y cuando la leo no puedo menos que recordar a muchos hombres y mujeres, quizás piadosos, quizás fieles, quizás sinceros, pero metidos por su propia cuenta y riesgo en el lío de querer aconsejar según sus leales saberes y entenderes humanos, a los hombres que Dios ha levantado para determinadas misiones. No estoy hablando de consejos de miembros rasos a líderes ordenados, porque eso es un funcionamiento interno que la iglesia estructural tiene, y que si bien está bueno que lo tenga porque ayuda mucho, por otra parte hay que decir que no siempre la gente ordenada ha sido levantada. De todos modos, nadie puede aconsejar a quien recibe directivas precisas y puntuales de Dios. Como tampoco nadie podría aconsejar a Dios mismo, lo cual supongo que no puede caberle en el cerebro a nadie que esté en su sano juicio.

Pregunta Nº 80: ¿O quien le dio a él primero, para que le fuese recompensado?

Después del más extenso argumento teológico del Nuevo Testamento, (Estoy hablando de lo escrito y por nosotros publicado desde el primer capítulo hasta el presente), Pablo reflexiona sobre la asombrosa sabiduría y ciencia de Dios en su plan de salvación, y deja que irrumpa una alabanza espontánea. Cuando habla de que los caminos de Dios son insondables, lo que está mostrando es algo imposible de ser plenamente descubierto o comprendido por nosotros. El universo, nosotros, nuestra salvación y todo lo demás, todas las cosas de Dios obran sostenidas por su pode, y en último término para su gloria. La respuesta apropiada de toda criatura es brindar a Dios gloria por los siglos de los siglos.

12 – La Fantástica Riqueza de los Dones

 (Romanos 12: 1) = Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.

(2) No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

(3) Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.

(4) Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, (5) así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.

(6) De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; (7) o si de servicio, en servir, o el que enseña, en la enseñanza; (8) el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.

(9) El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno.

(10) Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros.

(11) en lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; (12) gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración; (13) compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad,

(14) Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis.

(15) Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran.

(16) Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión.

(17) No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres.

(18) Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.

(19) No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.

(20) Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza.

(21) No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.

En este capítulo Pablo no formula ni se formula ninguna pregunta, por lo que lo examinaremos conforme a lo que se ha dejado escrito para nuestra instrucción y hoja de ruta. El primer verso comienza con dos palabras, “así que”; y esto tiene que ver con la luz del gran plan de salvación bosquejado en los capítulos anteriores, y particularmente de todas las misericordias o beneficios que éste trae a los cristianos, consignando que nuestra obligación es responder a ello como corresponde.

Cuando habla del sacrificio vivo, señala que como los cristianos, (Tanto judíos como gentiles), son el nuevo pueblo de Dios, el nuevo Israel, ¿No deberíamos ofrecer sacrificios a Dios como lo hacían los judíos del Antiguo Testamento? Sí, pero no sacrificios de animales en el templo de Jerusalén; sino que debemos ofrecer nuestros cuerpos, (Esto es, todo lo que somos), como sacrificio vivo cada día a Dios.

En referencia a la expresión respecto a que Dios mes nuestro culto racional, en un principio parecería ser muy curiosa, porque si algo parecería tener el evangelio y una fe ciega y constante es, precisamente, carencia absoluta de racionalidad. O, piensa: ¿Cómo podríamos racionalizar Hebreos 11:1?

La palabra griega que se traduce como culto, se usa para referirse a ceremonias del templo judío en Romanos 9:4 y en Hebreos 9:1,6. La palabra traducida como racional, puede significar perteneciente a la razón y parece tener más que ver con la cultura griega que con la hebrea.

Como tal sugiere que una respuesta racional a las misericordias de Dios sería entregarnos en un acto de adoración. La palabra puede ser también entendida como “espiritual”. De esa manera, nuestro acto de consagración constituye una forma suprema de servicio religioso: física, porque nuestros cuerpos están presentes en el acto de adoración; racional, en la medida que nuestra mente es receptiva a su verdad; emocional, cuando sus misericordias son percibidas y despiertan nuestra sensibilidad a la amabilidad de su amor; y espiritual, al ser todo esto el fruto de su Espíritu, que nos revive y renueva.

En el segundo verso se menciona a este siglo. No se está refiriendo a este período de cien años, que es como nosotros conocemos al término, sino al significado de su palabra original traducida como siglo: sistema. Implica que de ninguna manera vamos a aceptar las normas de una sociedad cuyo dios es el diablo, porque la misma palabra lo expresa así, como el dios de este siglo, que es como decir: de este sistema. Y cuando decimos sistema, estamos hablando de sistema social, político, económico, y…religioso.

Concretamente dice que no debemos conformarnos a ese sistema. El vocablo utilizado para traducir “conforméis”, es el griego suschematizo, que tiene que ver con nuestra palabra de hoy, Esquema o esquemático. Se refiere a conformarse uno a la moda exterior o a la apariencia, acomodándose a un modelo o diseño. Esta misma palabra aparece otra vez en el Nuevo Testamento únicamente en 1 Pedro 1:14, donde describe a aquellos que se conforman a los deseos mundanos. Aun la conformidad aparente o superficial al sistema de este mundo, o cualquier acomodo a sus maneras, sería fatal para la vida cristiana.

Muy por el contrario, dice que vamos a ser transformados por medio de la renovación de nuestra mente, dedicada a los ideales del Reino de Dios. Y nos asegura que de ese modo vamos a poder comprobar, que es como decir poner a prueba, la buena voluntad de Dios agradable y perfecta. Los cristianos que no renueven sus mentes, muy difícilmente puedan evadir los dictados de los distintos sistemas, y tampoco podrán conocer el propósito y la voluntad de Dios, primero para sus propias vidas, y luego para la vida conjunta de la iglesia.

Más adelante, entre los versos 3 al 8, Pablo invita a vivir con humildad y fe en nuestras relaciones cristianas. Así como el cuerpo está formado por varios miembros, cada uno con diferente función, la iglesia es un cuerpo con muchos miembros, cada uno con funciones y responsabilidades individuales, pero todos íntimamente relacionados como una unidad en Cristo. No debemos considerarnos en una posición superior, ni disminuir el papel o rol de otros.

Pablo mismo se refiere en el tercer versículo a su propia función en el cuerpo como un apóstol con autoridad, -dice-, por la gracia que me es dada. La medida de fe que luego expresa no alude a la fe de la salvación, sino a la fe que acompaña el recibir y usar los dones que Dios nos da. La medida de fe que el Señor ofrece corresponde a las funciones que asigna como Creador y Redentor.

Respetando Posiciones de Eminencia

La Biblia enseña que los seres humanos están hechos a la imagen de Dios, debemos respetar la posición de cada individuo bajo Dios. Este pasaje no enseña que los creyentes debieran pensar en sí mismos como seres sin valor e insignificantes, sino más bien que ninguno debe considerarse a sí mismo como más digno, más importante, más merecedor  de la salvación, o más esencial que cualquier otro.

Poseer talentos o dones diferentes no indica diferencias en dignidad, porque todos pertenecemos a un cuerpo, y todos somos interdependientes. Pensar de otra manera es distorsionar la realidad. Cada individuo posee un valor y dignidad intrínsecos, en vista de que todos somos iguales ante Dios y en Cristo.

Algo es evidente y sin embargo no podemos verlo en nuestros ambientes. Nuestros diferentes dones y habilidades deberían hacernos más amantes y dependientes unos de otros y, por lo tanto, más unidos como cuerpo de Cristo. Alguien dijo alguna vez que el nuestro es el único cuerpo que atenta contra sí mismo. ¿Podrá la mano derecha darle un golpe a la mano izquierda sólo para prevalecer?

Existe dos formas diferentes de abordar el pasaje de los dones: 1) Considerarlos como una categoría distinta de los que aparecen en otros pasajes del Nuevo Testamento, que frecuentemente hablan de los dones otorgados por el Padre creador. Verlos como una repetición o complemento de muchos otros mencionados en 1 Corintios 12:12-29 o Efesios 4:11.

En cuanto a la profecía, aquí se refiere tanto a aquellos a quienes los dones recibidos del padre creador les permite ver la vida desde una perspectiva profética especial, independientemente de la función pública que desempeñen o del uso especial que haga de ellos el Espíritu para proclamar abiertamente una profecía; o la manifestación de una profecía hecha pública, diciendo algo que Dios haya puesto en su mente. En cuando a la medida de fe parece significar que cualquier tipo de actividad profética debe ejercerse de acuerdo con la madurez espiritual concedida a aquel que habla, en reconocimiento de que ese don tiene su origen en Dios.

El servicio, mientras tanto, comprende tanto a aquellos cuyos dones especiales los capacitan mejor para atender al cuerpo en sus necesidades materiales; como a aquellos que prestan cualquier tipo de servicio a los demás en la iglesia. La enseñanza, en tanto, se refiere tanto a aquellos especialmente dotados para escudriñar e instruir en la verdad revelada de la palabra de Dios, independientemente de la función pública que ejerzan, como a los maestros profesionales.

El que exhorta describe a aquellas personas cuyos dones innatos los califican para aplicar las verdades de Dios a situaciones particulares alentando a otros; o a aquellos (Como los ministros), que han sido llamados para dedicarse por completo a la tención parcial o total de la iglesia.

El que reparte, que no aparece en la relación de 1 Corintios o Efesios, se refiere a quienes están dotados para contribuir al sosté3n emocional o material de otros; o a los dotados de abundantes medios financieros para apoyar la obra del evangelio. El que preside, se refiere a quien está dotado para orientar en todas las esferas de la vida; o a aquellos que tienen a su cargo funciones administrativas, o posiblemente aun a los diáconos.

El que hace misericordia, nada menos, define a quienes poseen el don de una fuerte sensibilidad; o a aquellos llamados a desempeñar funciones especiales en organismos cristianos de asistencia y ayuda. Cuando dice que es con alegría, alerta a quienes poseen estos dones a no dejarse dominar por la depresión o la apatía, tan abundantes en la iglesia de hoy en todos sus estamentos.

La palabra alegría que se lee en el verso 8, es el vocablo griego filaretes, del que luego derivarán las nuestras hilaridad, bullicio y similares. Implica gracia, regocijo, gozo, benevolencia, afabilidad, jovialidad, alborozo. En algunas culturas primitivas los traductores de la Biblia definen a esta palabra como: “El corazón se está riendo y los ojos están danzando”. La palabra se ha usado a menudo para designar el porte alegre de aquellos que daban limosnas. La persona que exhibe hilarotes es como un rayo de sol que ilumina la habitación del enfermo con calor humano y amor.

En cuanto a los dones, estos son colocados en la iglesia como recursos para ministrar al cuerpo donde más sea necesario. Este pasaje despliega los dones del padre, dados a cada persona como un medio para poder llevar su propósito a nuestra vida. ¿Qué dones te interesan más? Conforme a esa pregunta y su correspondiente respuesta individual, estarán las bases del conocimiento de tus propios dones.

Después llegamos al amor. Dice que el amor debe ser el principio mentor en las relaciones cristianas, no sólo entre los hermanos y hermanas en la fe, sino también para con los enemigos. Pablo menciona muchos deberes cristianos específicos, pero el amor constituye la nota dominante de sus exhortaciones.

En cuanto a la paz, ¡Vaya si hay una palabra que puede hacerse girar en todas las direcciones que a los distintos hombres les resulten convenientes! Lo cierto es que, debido a que mucha gente puede mantenerse opuesta a nuestra forma de fe de una manera altamente violenta, hay momentos en que fallan todos o casi todos los esfuerzos en favor de la paz. Sin embargo, el cristiano debe demostrar que no es responsable en lo absoluto cuando se quiebra la paz.

De hecho en lugar de tomar venganza por nosotros mismos, (Así se la disfrace con el dudoso rótulo de la “justicia”), debemos ponerlo todo en las manos de Dios y dejar así lugar a la ira divina, que siempre será más equilibrada, más justa, más medida y más exacta y puntual que la nuestra, que indefectiblemente es carnal. En el juicio final, la palabra dice que la venganza le pertenece a Dios, aunque en algunos casos también pueda efectivizarse en esta vida merced a la instrumentación del poder civil.

13 – Los Proveedores de la Verdad

(Romanos 13: 1) = Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.

(2) De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos.

(3) Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; (4) porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo.

(5) Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia.

(6) Pues por esto pagáis también los tributos, porque son servidores de Dios que atienden continuamente a esto mismo.

(7) pagad a todos lo que debéis; al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra.

Vamos a poner algo más que en claro: de ninguna manera esto significa que Dios apruebe un gobierno corrupto, funcionarios sin Dios o una legislación injusta. Algunas veces, sin embargo, en castigo por los pecados de la gente, o por otras razones sólo por Dios conocidas, el Señor permite que gobernantes malvados detenten el poder por un tiempo, como los profetas del Antiguo Testamento testificaron frecuentemente. Creo que en la historia global puedes hallar ejemplos más que abundante al respecto. En teoría, Dios concede autoridad para servir a fines elevados. Cómo se ejerce esta autoridad les será requerido a quienes la hayan recibido.

De hecho, esta escritura ha sido esgrimida en muchas ocasiones para defender verdaderas tiranías, y ha contado con cierta permisividad por parte de las religiones estructurales (Y en algunos casos, oficiales), por expresar que se condice con “la palabra de Dios”. Sin embargo, no se tiene en cuenta un detalle más que puntual y singular: Dios conoce nuestros corazones, todos. Y sabe perfectamente cuando hacemos algo motivados por sus principios y cuando lo hacemos en beneficio personal nuestro. ¿Y sabes qué? Pagará conforme a ello, no a las declaraciones discursivas de las personas. ¿O te puede caber alguna duda que el juicio de Dios será exactamente igual para un genio multimillonario que para con un mendigo analfabeto? Si no lo dudas, la palabra mora en ti. Si lo dudas…

Pregunta Nº 81: ¿Quieres, pues, no temer la autoridad?

Esto que Pablo resume aquí es una verdad que nadie podría poner en duda, si estamos hablando de vivir en un marco humano de respeto y moral. Sin embargo, déjame decirte que hoy por hoy, en muchos lugares del mundo no es del todo así. Porque dice que si hacemos lo bueno, tendremos alabanza de parte de nuestras autoridades. Yo he sido testigo en mi país, de reacciones oficiales exactamente inversas. Porque Pablo sostiene que un gobierno, sea cual fuere, es servidor nuestro, lo cual hipotéticamente es cierto. Pero las realidades nos llevan a entender que en la vía de los hechos puntuales, esta idea queda tergiversada. Y donde hay tergiversación de algo de Dios, ¿A qué no sabes quién está detrás?

Conclusión: aunque obedecer a las autoridades de este mundo, se constituya en una regla general, un claro principio bíblico es que, llegado el caso, deberíamos desobedecer si un gobierno nos obligara a pecar, porque la lealtad hacia Dios siempre tiene prioridad sobre cualquier autoridad humana. Cuando funcionarios gubernamentales utilizan la fuerza para reprimir o castigar el mal, no están actuando equivocadamente. Todo lo contrario, son servidores de Dios y están haciendo bien. Claro que ese llevar la espada, ha determinado que muchos se hayan equivocado y mal.

Algunos estudiosos piensan que el hecho que Dios autorice al gobierno como su siervo a utilizar la fuerza, hasta el punto de privar a alguien de su vida, no contradice el mandamiento “No matarás” de Éxodo 20:13. La palabra usada en ese mandamiento se refiere al asesinato criminal y no incluye el procedimiento judicial por el cual alguien pierde la vida, ni se refiere al matar en una guerra, acciones que se expresan con otras palabras en el Antiguo Testamento. DE todos modos, es prioridad de hijos de Dios honrar la vida, siempre. Cierto es que hay guerras santas a raudales en la historia del pueblo hebreo. Tan cierto como que Jesús no sólo no mató a nadie, sino que cuando pudo hacerlo, eligió callar y ser manso.

Cuando habla del vengador para castigar, alude a que algunas veces, la ira de Dios utiliza al gobierno civil para castigar a quien hace el mal. Esto significa que los castigos civiles no se deben imponer solamente para contener el mal, sino también para  castigarlo. Pablo ofrece dos razones por las que deberíamos obedecer a un gobierno. 1) Por razón del castigo que el gobierno ejecuta contra quien comete un delito, y 2) por causa de la conciencia limpia que queremos mantener delante de Dios, que ha establecido el gobierno y nos manda obedecerlo. Esta segunda razón significa que aun cuando no exista ninguna amenaza de ser arrestado o castigado, los cristianos deben obedecer estrictamente las previsiones legales.

Tanto Pablo como Jesús instan a los creyentes a pagar el impuesto exigido por el gobierno romano, que ciertamente no era inocente ni justo en todas sus acciones. Al igual que con todos los mandamientos de Dios, debemos obedecer en esto con alegría, no a regañadientes. Cada vez que nos sintamos desalentados con las imperfecciones de nuestro gobierno, o atribulados a causa de las cargas impositivas que éste nos impone, haríamos bien en recordar que la alternativa a ello, la anarquía, es mucho peor.

De hecho, yo vivo en Argentina, país que no ha sido precisamente condescendiente con su gente a la hora de la presión impositiva. Sin embargo, yo siempre pagué todo lo que me correspondía pagar, sin quejarme ni lamentarme por ello. Confieso que en algunos círculos he recibido alguna que otra burla por esa actitud, pero no me arrepiento de ella. Porque debo reconocer que absolutamente siempre, mi Padre celestial me proveyó lo necesario para no quedar en deuda ni padecer necesidades con mi familia, muy diferente a lo que pude observar que vivían muchos de los que evadían o falseaban datos en los suyo. ¿Tú eres obediente? Dios es justo. Nada más que añadir.

Respecto a esto, fíjate que hay algunos que no creen que los cristianos pueden actuar como soldados o policías, pero Pablo muestra que tales “autoridades”, como él las denomina, si cumplen justicieramente con sus atribuciones, son servidores de Dios. Porque, -señala- están para contener el mal. El policía, por ejemplo, como servidor de Dios, provee un bien esencial a la sociedad. Mientras haya pecadores, harán falta policías. En tanto los hombres y mujeres no se sometan a la justicia de Dios, será necesario utilizar la fuerza para impedir los asesinatos, violaciones, secuestros y robos que sufren por miles las víctimas inocentes.

No es algo inapropiado, pues, que un cristiano forme parte de los cuerpos armados, la policía o el ejército. Hay que mantener la ley y el orden, porque nadie está a salvo en medio de la anarquía. Hay quienes, a causa de creencias religiosas sinceras, sienten que nunca podrían matar a otro ser humano, aún en la guerra. La sociedad debe respetar los puntos de vista de estas personas, pero la Biblia no obliga a los cristianos a convertirse en objetores de conciencia. Esto, por supuesto, siempre y cuando estas fuerzas mencionadas, (Policía y Fuerzas Armadas), realicen su trabajo tal como expresa la constitución de sus naciones que deben hacerlo. Quedan los cristianos sin obligación de formar parte de ellas, cuando son utilizadas con fines delictivos, subversivos o de otra finalidad que se aparta del plan de Dios.

Hay un texto que encontré por allí respecto a la posibilidad de formar parte de lo que se denomina como “desobediencia civil”. Se pregunta el autor cuando debería un cristiano tomar la decisión de desobedecer a un gobierno civil. Las respuestas que se expresan, son: cuando un gobierno civil priva a la gente de su derecho a adorar y a obedecer a Dios libremente, pierde el mandato o la autoridad recibida de Dios. Entonces la desobediencia del cristiano estará justificada.

Thomas Jefferson creía que cuando un gobierno comenzaba a transformarse en una tiranía, los ciudadanos tenían no sólo el derecho, sino también el deber de rebelarse contra él. Sin embargo, el cristiano está llamado a sufrir su gobierno todo lo posible. Jesús nunca llamó a la revolución contra Roma, aunque era un cruel conquistador que oprimía a Israel. Por otro lado, los apóstoles rehusaron cumplir una orden de no predicar ni enseñar en el nombre de Jesús.

Siempre que un gobierno civil nos prohíba poner en práctica aquello que Dios nos ha mandado hacer, o nos inste a hacer cosas que Dios nos ha prohibido, está justificada nuestra desobediencia. La obediencia ciega a un gobierno nunca es correcta. No obstante lo difícil o costoso que pueda ser, debemos reservarnos el derecho de decir que no a las cosas que consideramos opresivas o inmorales. Homosexualidad, aborto, son dos temas centrales en este asunto.

Vestirse con sus Ropas

(8) No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley.

(9) Porque: no adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: amarás a tu prójimo como a ti mismo.

(10) El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.

(11) Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos.

(12) La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz.

(13) Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, (14) sino vestíos del señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne

Claro, en esta época donde endeudarse nos ha hecho creer los sabios de las economías que han hambreado a media humanidad, que era estupendo negocio, recalar en esto que Pablo consigna aquí resulta poco menos que decrépito, ¿Verdad? Este versículo probablemente no prohibía todo tipo de deudas, pero ciertamente no aprueba una actitud condescendiente ante el endeudamiento, o la idea de que endeudarse es algo normal. Es todo un tema de este tiempo y, en este tipo de cosas es, lamentablemente, donde podemos ver hasta qué punto los cristianos son fieles a la palabra, aún por encima de los máximos postulados sociales, ideológicos, políticos o económicos de la época y las regiones en que habitan.

Luego consigna que aquel que ama al prójimo, ha cumplido. ¿Qué es lo que ha cumplido? Especialmente aquellos mandamientos que tienen que ver con el mandamiento de amar al prójimo. De llevarlo a cabo, estaremos cumpliendo con todos los deberes sociales y especialmente aquellos mandamientos que tienen que ver con las relaciones humanas. El amor compendia la ley moral de Dios, aunque lo que sirve de síntesis no debe contradecir ningún aspecto de lo recopilado. De ahí que decir que el amor por el próximo exige quebrar de vez en cuando algunos de los mandamientos de Dios como en una situación límite, es mal interpretar las Escrituras.

Pablo insiste en una norma moral elevada de conducta, teniendo especialmente en cuenta la proximidad del regreso del Señor, cuando se consumará nuestra salvación. El camino de la excelencia moral tiene dos vías. La positiva: debemos vestirnos del Señor Jesucristo, someternos a su voluntad, aceptar sus normas morales, vivir en constante compañerismo con Él y depender de su fuerza. La negativa: no debemos hacer provisión para los deseos de la carne, sus reclamos y apetitos.

Cuando dice que no debemos proveernos para los deseos de la carne, la palabra que utiliza allí es la palabra pronoia, que quiere decir planificar algo anticipadamente, prevención, presentir, plan premeditado, hacer preparación para, proveer para. Se deriva de las palabras pro, que significa Antes, y noeo, que quiere decir Pensar, Contemplar. Pablo les prohibió a sus lectores hacer preparativos para la gratificación de sus deseos carnales. ¿Estás bien seguro, tú que hoy lees esto, no estar haciéndolo?

Las dos naturalezas del creyente pueden, a menudo, burlarle y confundirle. La sabiduría que se halla en esta carta a los Romanos te ayudará sin dudas a manejar el conflicto identificando qué aspectos de tu conducta provienen de la vida del Espíritu Santo, y cuáles de la actividad de la carne. Así podrás navegar por el océano de la nueva vida dirigido por la sabiduría y la inteligencia del Espíritu. Debes reconocer, entonces, que el amor es un requisito indispensable para todos los creyentes, así como comprender que menospreciar el amor significa rebelarse contra Dios, nada menos.

14 – Separando lo Verdadero de lo Falso

(Romanos 14: 1) = Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones.

(2) Porque uno cree que se ha de comer de todo; otro, que es débil, come legumbres.

(3) El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido.

(4) ¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme.

(5) Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido e  su propia mente.

(6) El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el señor no come, y da gracias a Dios.

(7) Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí.

(8) Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos.

(9) Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven.

(10) Pero tú, ¿Por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿Por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo.

(11) Porque escrito está: vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios.

(12) De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.

(13) Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano.

De alguna manera, Pablo esboza en esta fracción de su carta, (Capítulo, para nosotros); algunas orientaciones básicas con respecto a las cosas que no se recomiendan, pero también de las que no se prohíben en la Escritura. Entre los cristianos hay espacio para la tolerancia y diferencias en las exigencias relacionadas como los hábitos de comida y la observancia de días especiales en el calendario cristiano. Como ambos grupos lo hacen para honrar al Señor, ninguno debe menospreciar al otro. Aun así, Pablo dice que el cristiano que rehúsa comer ciertas cosas es débil, (Esto es, inmaduro), en la fe, ya que el comer es algo relativo desde el punto de vista moral.

De alguna manera, y con el mayor de los respetos humanos por la variedad de creencias existentes, (Y nótese que digo: Creencias, ya que si hablamos de fe hablamos de hijos del Dios viviente y similares en conceptos porque tienen un solo Espíritu Santo que los guía a toda verdad), esto que acabas de leer concluye con los antiguos conceptos tradicionales respecto a comer o no comer ciertos animales o preparados relacionados con la carne, así como también la observancia del día de reposo, que nadie censura ni cuestiona que quien desee hacerlo lo haga, pero de ninguna manera como doctrina básica de salvación, ya que no es tal de modo alguno.

Pregunta Nº 82: ¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno?

Esto sería válido no solamente para los criados, que eran personas que pertenecían a una familia a partir de su adopción por parte de los amos de la casa, sin ser parte sanguínea de esa familia. Los criados en algunos casos gozaban de ciertos privilegios reservados para los miembros de la familia, pero eran trasladados a otra cuando sus amos morían, ya que de ninguna manera los heredaban.

Imagínate ahora la escena que Pablo da como ejemplo: ¿Podría un señor de una casa, salir a emitir juicios respecto a los integrantes de otra, así fueran sus hombres de servicio? En ninguna manera, esto era algo solamente reservado para el señor de cada uno de ellos. Asimismo nosotros, no podemos de ninguna manera emitir juicios descalificantes para con siervos o criados de otro Señor.

Además, y ya en un sentido mucho más global, debemos recordar que la palabra juicio, implica prioritariamente separar lo verdadero de lo falso, que es lo que se realiza en un juicio y pasa casi desapercibido a partir de los vaivenes que generalmente la prensa suele darle a cada uno de ellos. Y separar lo verdadero de lo falso, hasta donde yo sé, y salvo que el Señor te otorgue a través de su Espíritu Santo un discernimiento altamente claro, no es tarea de seres humanos falibles y carnales. Separar lo verdadero de lo falso es un trabajo que solamente Dios o alguien específica y especialmente enviado por Él, pueden realizar. Cualquier otra cosa que se denomine juicio, aunque se diga que es para justicia, concluirá inevitablemente en injusticia.

Lo que leemos en el verso 7, debo confesarte, fue por mucho tiempo un verdadero cenit de ignorancia para mí. Una escritura que yo podía medianamente entender en su primera fracción, cuando se nos dice ninguno de nosotros vive para sí. Obviamente que en los rudimentos carnales de una vida secular tipo, es absolutamente así: cada uno vive –o trata de hacerlo- para sí mismo. Sin embargo, cuando tú dices pertenecer a Cristo, entonces mucho me temo que eso debe quedar inexorablemente de lado. Y deberás vivir para Él y para Su Reino, para que todo lo que tú necesitas, que es lo demás, te sea añadido como resultante de tu primaria obediencia.

Sin embargo, lo que a mí me dejaba con un semblante de medio estupor, era la segunda parte de ese verso, que es donde dice que ninguno de nosotros muere para sí. Hasta allí yo me había convencido en todas mis áreas de que la gente se moría por algo, o por alguien, llegado el caso; pero jamás habría podido entender que la gente pudiera morir para alguien. Estaba dispuesto a aceptar que se podía morir por algo, porque las luchas y batallas ideológicas o étnicas, por ejemplo, son un estupendo modelo de ello. Pero, ¿Para alguien? Empecé a entenderlo cuando me fui a otros textos medianamente paralelos de este.

(2 Corintios 5: 15) = Y por todos murió, (Cristo, obviamente), para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. (Clarísimo: no se trata de morir por ser cristiano, se trata, llegado el caso, no tienes que buscarlo porque eso sería pecado, si se te permite morir para Cristo, que así sea).

(Gálatas 2: 20) = Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó a sí mismo por mí. (Aquí está el nudo central de toda esta palabra: estamos conjuntamente crucificados con Cristo. Y cuando decimos conjuntamente, estamos diciendo: los dos al mismo tiempo, el mismo día y en el mismo instante, Cristo y yo)

(Filipenses 1: 20) = Conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado; antes bien con toda confianza, como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte.

(21) Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. (Si no te quedó claro luego de leer esto, fíjate que te equivocaste y agarraste un ejemplar del Libro de Mormón o algo similar).

Preguntas Nº 83 y 84: ¿Por qué juzgas a tu hermano? ¿Por qué menosprecias a tu hermano?

Los cristianos no deben juzgarse unos a otros sobre la base de cuestiones moralmente neutras, como es lo de comer ciertas cosas o no comerlas, o guardar ciertos días específicos o no guardarlos. Porque cada individuo es responsable ante Dios. Como Señor, a Cristo le pertenece el derecho de juzgar. Cristianos débiles, cristianos fuertes, todos comparecerán por igual, -repito: por igual-, no uno ante otros, mucho menos muchos ante algunos, sino todos ante el tribunal de Cristo. Ese juicio se basará en lo que hayamos hecho durante la vida con esa vida que nos fue dada para extender el Reino de Dios, no para malgastarla en carnalidades mediocres.

De hecho, todo esto no va a determinar si entramos al cielo o no, esa es otra historia; lo que va a determinar es que grado de recompensas se recibirán en cada caso. Y si en este momento, siquiera, llegas a pensar que tú de ninguna manera quieres recompensa alguna, déjame decirte que estás intentando, con un algo de falsa modestia y otro algo de hipocresía vernácula, ser más bueno y justo que Dios mismo. Porque, te recuerdo, la palabra dice que Jesús fue a la cruz por la recompensa que veía del otro lado de ella. ¿Qué menos tú?

Finalmente Pablo les aconseja a los cristianos en Roma que no pongan tropiezo ni obstáculos supuestamente morales o espirituales que puedan hacer caer a los hermanos en la fe. De hecho, esto Pablo lo dirige a los que estima que son cristianos maduros, demandándoles que en aras de esa madurez, sepan abstenerse de lo que deseen abstenerse y ejerzan su libertad tomando especial cuidado en no ofender a nadie. Yo me pregunto casi todos los días de mi vida qué clase de iglesia tendríamos, sea el país que sea, la nación que sea o la etnia que sea, si pudiéramos al menos seguir el cincuenta por ciento de estos consejos y ponerlos por obra.

Ahora bien; ninguno de nosotros puede ignorar la validez de esta palabra. Los escritos de Pablo no sólo son fuente de consulta permanente para todos los teólogos, maestros, predicadores, pastores y cuanto hombre o mujer ande dentro de una iglesia, sino que se constituyen en muchas de sus cartas, verdaderos epicentros doctrinales cristianos. Sin embargo, la pregunta cabe: ¿Por qué esto que terminas de leer no ocurre con normalidad y regularidad dentro de las iglesias auto-denominadas como cristianas? ¿Por qué razón los hermanos asistentes a esos templos se pelean entre sí, (Sea por el favor del pastor o por la consecución de posiciones de privilegio, que a veces hasta son rentadas), y no vacilan en atacarse y menospreciarse los unos a los otros? Respuesta simple: porque esa iglesia, (O esas) se han convertido espiritualmente en sinagogas de Satanás, así de duro, de simple y de contundente.

¿Tienes Fe o Tienes Creencia?

(14) Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es inmundo en sí mismo; más para el que piensa que algo es inmundo, para él lo es.

(15) Pero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme al amor, No hagas que por la comida tuya se pierda aquel por quien Cristo murió.

(16) No sea, pues, vituperado vuestro bien; (17) porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.

(18) Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los hombres.

(19) Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación.

(20) No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todas las cosas a la verdad son limpias; pero es malo que el hombre haga tropezar a otros con lo que come.

(21) Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tú hermano tropiece, o se ofenda, o se debilite.

(22) ¿Tienes tú fe? Tenla para contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba.

(23) Pero el que duda sobre lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado.

Los cristianos tienen total y absoluta libertad para comer todos los alimentos que les apetezcan, sin tener ninguna obligación de tener que seguir o respetar las leyes dietéticas del Antiguo Testamento. Esas prohibiciones dietéticas son relativamente triviales, y su cumplimiento no es esencial para el Reino de Dios. Mucho más importante es el fruto del Espíritu.

¿O vas a procurar que yo crea que si como alguna comida estoy cayendo en un horrible pecado de perdición que impedirá que ingrese en la gloria de mi Padre? Porque si yo creyera eso, tendría que aprobar la idea de que, comiendo lo que se me impone como santo, tengo ingreso a Su Reino sin necesidad de cumplimentar con todos los demás aspectos no relacionados con la comida, y todos sabemos muy bien que no es así. ¿O no existen adúlteros vegetarianos? ¿O no hay violadores que ni fuman ni beben alcohol? ¿Te das cuenta en dónde y sobre qué bases estamos caminando, verdad?

Pregunta Nº 85: ¿Tienes tú fe?

La fe es aquí la propia convicción de que se está libre de escrúpulos innecesarios. No se debe, sin embargo, ejercer descuidadamente la libertad ante los débiles en la fe. Una persona que tenga escrúpulos sobre alguna cosa, no debe actuar contra su propia conciencia, porque violar la conciencia no es actuar con fe, sino que en pecado.

Conocí una familia que en esencia, era católica romana. Aunque las que verdaderamente practicaban sus cultos de misas, novenas y procesiones, eran la abuela y la madre, mientras que el abuelo, el padre y los hijos varones no participaban. Entre estos, estaba un tío que no sólo no participaba, sino que se burlaba abiertamente de las mujeres.

Cuando llegaba el viernes santo, ellas cumplían a rajatabla lo que su religión les demandaba y no comían carne. Ese día, puntualmente, el tío cocinaba un asado de carne vacuna con todas sus regalías. ¿Equivocadas ellas? Tal vez, pero merecedoras de misericordia y respeto.

¿Y el tío? Carne de liberación por causa de un espíritu de burla. ¿Tienes tú fe? Si la tienes, es porque Dios te la ha dado. Nadie puede tener fe si no cree en Dios, porque la fe es un don de Dios. A lo sumo, lo que alguien sin dios puede tener, es una creencia.

15 – Entonces Había Cristianos Pobres…

(Romanos 15: 1) = Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos.

(2) Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación.

(3) Porque ni aun Cristo se agradó a sí mismo; antes bien, como está escrito: los vituperios de los que te vituperaban, cayeron sobre mí.

(4) Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza.

(5) Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús, (6) para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.

Algo que da más que claro: Cristo es el modelo de conducta a seguir entre los cristianos débiles y fuertes. Su ejemplo demanda tolerancia mutua y amor, que si se observan conducirán a una unidad de armoniosa alabanza a Dios. Si tú eres débil en la fe, seguramente que no será necesario que yo te sugiera que te acerques a alguien espiritualmente fuerte. Si eres lo que supongo que eres, ya lo debes haber hecho.

Ahora bien; si eres espiritualmente fuerte, entonces será un poco más complicado convencerte que no debes rechazar y dejar a un costado del camino al débil que viene a buscarte, sino recibirlo, cobijarlo y enseñarle todo aquello que esté dispuesto a recibir. No estoy hablando del débil oportunista que viene para usarte y aprovecharlo en su beneficio, estoy refiriéndome al sincero, honesto, recto e íntegro que solamente tiene que aprender a combatir y derrotar su debilidad.

Luego dice que debemos agradar a nuestro prójimo “en lo que es bueno”, para edificación. A esto se lo ha tomado de dos formas: 1) Agradar en algo que es bueno a otras personas. 2) Agradar al prójimo en aquello en lo que nosotros por la gracia de Dios, somos buenos. Coincido con esta segunda opción. El señor dispuso que yo fuera, no sé si bueno, pero al menos distinto a otros en este asunto de enseñar. Entonces me siento junto a alguien que tiene ganas de aprender, le enseño sin costo alguno de su parte, y no solamente que lo agrado, sino que además si Dios me bendice con su sabiduría, también lo edifico.

Y luego viene lo que a muchos no les gusta ni siquiera leer, pero que está allí escrito y nadie lo puede borrar ni modificar. Dice que los vituperios, esto es: burlas, injurias, calumnias e insultos que, en su momento fueron dirigidos a él, (El que piense que Jesús solamente fue aplaudido, todavía no entendió nada), ahora pasarán inexorable e inevitablemente a cada uno de nosotros, que somos su cuerpo en la tierra. Aquel que suponga que andar por la vida proclamando a Jesucristo hará que tenga una vida de paz, de halagos, de placeres y privilegios, tampoco entendió absolutamente nada. Y créeme que en este último ítem, podría anotar a muchos, a muchísimos cristianos. Y algunos de ellos, con nombres muy conocidos y prestigios muy aceitados.

En suma: tener fe, significa decidirse a creer, audazmente y sin reservas lo que Dios ha dicho. ¡La fe del siglo veinte debe aprender de nuevo a creer todo el testimonio de la Escritura! Entre las claves de la vida en la fe está lo verdadero de nuestra conversión. La fe nos permite vivir, como nunca antes, para el bien de otros. Será muy oportuno e inteligente, entonces, que vivas de tal manera que fortalezcas a los débiles en la fe. Y será mucho más atinado, asimismo, que te consagres a la edificación de tu prójimo, por la sencilla razón de que un ya quizás lejano día, tú puedas haber sido ese prójimo al cual alguien con fe y amor edificó.

En el final vemos que dice que las cosas que antes se escribieron, fueron escritas para nuestra enseñanza, no como un simple tratado de historia de un pueblo oriental. La palabra de Dios inspirada por el Espíritu Santo, es el único medio verdadero para transformar el corazón humano. La salvación por la fe es un acontecimiento único, mientras la renovación de la mente por la palabra es un proceso continuo. El discípulo se entrega a la palabra de Dios para transformarse en santidad, en alguien que irradia a Cristo, y radicalmente diferente de la gente del mundo.

Los discípulos espirituales, que desean crecer espiritualmente, estudian con profundidad la palabra de Dios porque en ella encuentran la clave de una más estrecha relación con su Señor viviente y un más íntimo contacto con el Espíritu Santo. Así es que, si puedes reconocer que también el Antiguo Testamento fue escrito para la iglesia por inspiración del Espíritu Santo, seguramente lo incorporarás hoy mismo a tu lectura regular y, de ese modo, serás edificado y bendecido.

Suya es Toda la Gloria

(7) Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios.

(8) Pues os digo, que Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres, (9) y para que los gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia, como está escrito: por tanto, yo te confesaré ente los gentiles, y cantare a tu nombre.

(10) Y otra vez dice: alegraos, gentiles, con su pueblo.

(11) Y otra vez: alabad al Señor todos los gentiles, y magnificadle todos los pueblos.

(12) Y otra vez dice Isaías: estará la raíz de Isaí, y el que se levantará a regir a los gentiles; los gentiles esperarán en él.

(13) Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.

Debemos coincidir en algo sustancial: la aceptación mutua es el camino que conduce a la unidad, no hay otro. Cualquier otra cosa que no parta de esta premisa, está forzada y no es sincera. Dios sabe cuándo no hay sinceridad en nuestros corazones, le suele llamar: hipocresía. Ah, Satanás también lo sabe…y lo utiliza.

Se ha dicho, asimismo, que la mayor enseñanza sobre la familia es, sencillamente, una aplicación de lo que significa vivir como un cristiano. Estos versículos en Romanos están dirigidos a la comunidad cristiana en general; sin embargo, con frecuencia se los usa como pasaje bíblico para ser leído en el casamiento, por cuanto estos versículos presentan una descripción bella y apropiada del matrimonio cristiano.

La palabra clave es recibíos, que es la traducción de la palabra griega proslambano, la cual significa tomar para sí mismo. Su raíz indica que hacia nosotros se dirige una fuerte iniciativa que en Cristo, Dios vino literalmente a nosotros y se posesionó de nosotros siendo aún pecadores. Mediante este acto de aceptación, Él puso a nuestra disposición la gracia de Dios y el poder de la redención.

Cuando a ese poder se le permite trabajar en una familia, transforma las vidas de dos personas imperfectas en una sola vida, la cual será para la alabanza de la gloria de Dios. Por ello, el Señor coloca esta palabra como un emblema sobre todo matrimonio, desde el primer día hasta el último. Recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios.

De hecho, no sólo los fuertes deben acomodarse a los débiles, sino que esta relación debe ser de dos vías. Esto fue ejemplificado por Cristo, el Mesías judío que aceptó a los gentiles. Esta doble aceptación por Cristo de judíos y gentiles se apoya en numerosos pasajes del Antiguo Testamento.

Finalmente, y por si hiciera falta aclararlo a gente que lee sus biblias todos los días, es menester recordar que el Espíritu Santo, quizás muy difundido por ser el proveedor de los dones espirituales a los creyentes, también es portador de gozo, paz y esperanza, algo que no siempre es enseñado o predicado. Y mucho más importante, es guía a toda verdad para predicar la palabra con denuedo, que no sólo implica esfuerzo, como se ha entendido, sino que en su traducción amplia implica sin contaminaciones. Nada menos.

Por las Rutas de Jerusalén

(14) Pero estoy seguro de vosotros, hermanos míos, de que vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podéis amonestaros los unos a los otros.

(15) Más os he escrito, hermanos, en parte con atrevimiento, como para haceros recordar, por la gracia que de Dios me es dada (16) para ser ministro de Jesucristo a los gentiles, ministrando el evangelio de Dios, para que los gentiles le sean ofrenda agradable, santificada por el Espíritu Santo.

(17) Tengo, pues, de qué gloriarme en Cristo Jesús en lo que a Dios se refiere.

(18) Porque no osaría hablar sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí para la obediencia de los gentiles, con la palabra y con las obras, (19) con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de Cristo.

(20) Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio, no donde Cristo ya hubiese sido nombrado, para no edificar sobre fundamento ajeno, (21) sino, como está escrito: aquellos a quienes nunca les fue anunciado acerca de él, verán; y los que nunca han oído de él, entenderán.

En el verso 14, cuando dice que ellos están llenos de bondad, esa palabra es una traducción de la griega agathosune, e implica beneficencia, benevolencia, virtud dispuesta para la acción, una propensión abundante tanto para desear como para hacer lo que es bueno, bondad intrínseca que produce una generosidad y un estado de ánimo semejante a la disposición de Dios. Agathosune es una palabra rara que combina el ser bueno y el hacer lo bueno.

Y luego, cuando habla de amonestaros unos  a otros, está hablando de exhortar, de aconsejar. Los cristianos son, a menudo, los mejores consejeros de sus hermanos y hermanas en la fe, especialmente cuando comprenden la voluntad de Dios tal cual se enseña en las Escrituras, al tiempo que son capaces de aplicarla correctamente a la vida diaria.

En el verso 18 habla de lo que Cristo ha hecho por intermedio de nosotros. Aparentemente, Pablo se disponía a hablar de las cosas que Cristo había realizado a través de él, tanto con la palabra como con las obras, esto es, por medio de la proclamación de la verdad, los milagros y las poderosas respuestas que habían recibido sus oraciones, y el propio ejemplo de una vida en semejanza a Cristo.

Es indiscutible que tantos señales como milagros fueron hechos que acompañaron la prédica de Pablo con la finalidad de legitimarla a los ojos de quienes la escuchaban. Esto era lo usual en el Nuevo Testamento. Basándonos en esos antecedentes, y en los dones descriptos en 1 Corintios, parece conveniente esperar milagros el día de hoy. Sin embargo, no vemos que eso ocurra con la misma casi rutinaria espectacularidad conque sucedían en aquellos tiempos. ¿Alguien podrá explicarme por qué?

Algunos hablan de falta de fe, otros le cargan las responsabilidades a la carencia de unción, otros sostienen que las coberturas no funcionan adecuadamente y eso anula el trabajo ministerial de esos valiosos e importantes hombres.

Sin embargo, si me dejas poner mi grano de arena en forma de idea, tengo para decirte que para mí, la carencia de milagros, señales y maravillas, se debe pura y exclusivamente a que mayoritariamente, lo que se está predicando es una palabra adulterada. Y Dios, créeme mi hermano, mi amigo, jamás participará en nada que tenga que ver con adulterio. Ni siquiera cuando esos adulterios, supuestamente, se realizan en su nombre.

Una Ciudad Llamada Roma

(22) Por esta causa me he visto impedido muchas veces de ir a vosotros.

(23) Pero ahora, no teniendo más campo en estas regiones, y deseando desde hace muchos años ir a vosotros, (24) cuando vaya a España, iré a vosotros; porque espero verlos al pasar, y ser encaminado allá por vosotros, una vez que haya gozado con vosotros.

(25) Más ahora voy a Jerusalén para ministrar a los santos.

(26) Porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén.

(27) Pues les pareció bueno, y son deudores a ellos; porque si los gentiles han sido hechos participantes de sus bienes espirituales, deben también ellos ministrarles de los materiales.

(28) Así que, cuando haya concluido esto, y les haya entregado este fruto, pasaré entre vosotros rumbo a España.

(29) Y sé que cuando vaya a vosotros, llegaré con abundancia de la bendición del evangelio de Cristo.

(30) Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios, (31) para que sea librado de los rebeldes que están en Judea, y que la ofrenda de mi servicio a los santos en Jerusalén sea acepta; (32) para que con gozo llegue a vosotros por la voluntad de Dios, y que sea recreado juntamente con vosotros.

(33) Y el Dios de paz sea con todos vosotros. Amén.

En el verso 23, cuando dice que no tiene más campo en esas regiones, probablemente se está refiriendo a un lugar para predicar el evangelio. Porque al hablar de estas regiones, Pablo está hablando desde Corinto, por lo que quizás quiere decir que ya había predicado en todos los lugares de Asia Menor y Grecia adonde Dios le había enviado, por lo que se encontraba listo para dirigirse más hacia el oeste.

Pablo estaba anhelando visitar y ministrar a Roma, encontrar aliento y apoyo en la iglesia romana, y de allí continuar hacia el oeste, a fin de predicar en España. Probablemente logró llevar a cabo este plan después de salir de la prisión de lo cual se habla al finalizar el Libro de los hechos. Asimismo, Pablo se iba a Jerusalén llevando consigo una ofrenda para ayudar a los cristianos pobres de esa ciudad.

¡Un momento! ¿Dijo cristianos pobres? ¡Sí, dijo cristianos pobres! ¿Y entonces qué hago con el evangelio de la prosperidad, que nos asegura que no pueden existir cristianos pobres? No lo sé, ofrécelo a los hinduistas que están más pobres, en una de esas te lo compran.

Que se entienda bien lo que estoy diciendo. Puede haber cristianos pobres, que viene a ser una clase social que está por debajo de la llamada clase media. Lo que no es admisible que exista, porque iría en contra de la promesa clara de parte de Dios, es cristianos miserables, que son aquellos que están en la máxima indigencia, la mendicidad y la vida en las calles.

Porque la promesa fue, es y seguirá siendo: suplir todas tus necesidades. Que de ninguna manera significa que te conviertas en un millonario que compra y vende acciones en la bolsa, sino en alguien que come todos los días y se mantiene en calor en una vivienda sencilla, pero firme.

16 – Lecciones de Urbanismo

(Romanos 16: 1) = Os recomiendo además nuestra hermana Febe, la cual es diaconisa de la iglesia en Cencrea; (2) que la recibáis en el Señor, como es digno de los santos, y que la ayudéis en cualquier cosa en que necesite de vosotros; porque ella ha ayudado a muchos, y a mí mismo.

¡Alto ahí! En un supuesto evangelio machista, (Al menos así lo han interpretado durante años denominaciones evangélicas enteras), que Pablo le dedique un párrafo destacado a una mujer, y que ella ostentara la función (Todavía no era un cargo honorífico, sino una función ejecutiva) de diaconisa, no es poca cosa como para dejarla pasar por alto, ¿Verdad?

Algunos estiman que Febe probablemente llevó la carta de Pablo desde Corinto a la iglesia de Roma. Dice que era diaconisa, y esa es la traducción más apropiada, si se considera que Febe ocupaba una posición reconocida en la iglesia de Cencrea, una ciudad portuaria en las cercanías de Corinto. Aquellos que traducen esta palabra como servidora suponen que los requerimientos que leemos en 1 Timoteo 3:12 hacen difícil que Febe haya ocupado el oficio de diácono. No parece existir en el Nuevo Testamento una disposición firme contra el desempeño por las mujeres de funciones ministeriales destacadas. O sea que lo que todavía se vive hoy, es un asunto de machismo moderno.

¿Quién era Febe? El nombre Febe significa Pura o Radiante como la Luna. Está claro que, a través de Febe, la luz de Jesucristo brilló esplendorosamente, porque Pablo la llama no solamente una servidora de la iglesia. Sino también una que ha ayudado a muchos. Otras versiones traducen  la palabra Sierva como Diaconisa. La palabra en el griego se la pudiera traducir como Ministro o Ministra, en vista de que un ministro es un siervo o servidor, tal como la palabra en griego diakoneo se traduce en otros pasajes de la Biblia por ministro.

Según la opinión de muchos eruditos en las cuestiones escriturales, fue Febe quien llevó el manuscrito de Romanos a la congregación en aquella ciudad. Esto concuerda con el Salmo 68:11, donde dice que las mujeres deben dar las buenas nuevas de Dios: El Señor daba palabra; había grande multitud (O compañía de mujeres) de las que llevaban buenas nuevas. Las palabras que se insertan tienen su apoyo en la lengua hebrea, y la mayoría de los traductores reconocen este hecho. En nuestros días, multitudes de mujeres laicas y mujeres líderes cristianas y profetisas ayudan a llevar el evangelio al mundo.

Y fíjate que la palabra griega que se traduce como ayudante, no aparece en ningún otro lugar del Nuevo Testamento. En otros escritos se usa a veces para designar a una especie de patrona, que vendría a ser una mujer que proporciona apoyo y hasta fondos para una buena causa. El catolicismo romano tomó debida nota de este asunto, y en su vorágine de vírgenes desparramadas por el planeta con calidad de divinidades, la palabra Patrona les hizo cobrar alto vuelo, prestigio religioso, impacto turístico y, como resulta obvio: atadura espiritual maligna.

Los Primeros y Genuinos Santos

(3) Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús, (4) que expusieron su vida por mí; a los cuales no sólo yo doy gracias, sino también todas las iglesias de los gentiles.

(5) Saludad también a la iglesia de su casa. Saludad a Epeneto, amado mío, que es el primer fruto de Acaya para Cristo.

(6) Saludad a María, la cual ha trabajado mucho entre vosotros.

(7) Saludad a Andrónico y a Junias, mis parientes y mis compañeros de prisiones, los cuales son muy estimados entre los apóstoles, y que también fueron antes de mí en Cristo.

(8) Saludad a Amplias, amado mío en el Señor.

(9) Saludad a Urbano, nuestro colaborador en Cristo Jesús, y a Estaquis, amado mío.

(10) Saludad a Apeles, aprobado en Cristo. Saludad a los de la casa de Aristóbulo.

(11) Saludad a Herodión, mi pariente. Saludad a los de la casa de Narciso, los cuales están en el Señor.

(12) Saludad a Trifena y a Trifosa, las cuales trabajan en el Señor. Saludad a la amada Pérsida, la cual ha trabajado mucho en el Señor.

(13) Saludad a Rufo, escogido en el señor, y a su madre y mía.

(14) Saludad a Asíncrito, a Flegonte, a Hermas, a Patrobas, a Hermes y a los hermanos que están con ellos.

(15) Saludad a Filólogo, a Julia, a Nereo y a su hermana, a Olimpas y a todos los santos que están con ellos.

(16) saludaos los unos a los otros con ósculo santo. Os saludan todas las iglesias de Cristo.

Aquí, en este retazo de esta carta, se resumen los saludos del apóstol para los cristianos que él conocía en Roma. El propósito de ello es: dar a Febe una lista de personas a las que pueda acudir cuando arribe; asegurarse de que sepa a quien entregar la carta; y mostrar el interés de Dios por todos los implicados en la obra del evangelio. Llama la atención que la lista contenga un número significativo de nombres femeninos y numerosos nombres comúnmente usados por esclavos y libertos.

Junias, por ejemplo, es uno de esos nombres que resulta imposible saber si se refiere a un hombre o a una mujer. Porque el nombre puede ser el equivalente al femenino Junia, o tratarse de la abreviatura de un nombre masculino común: Junianus, como Silvano, (Silas) y muchos otros nombres que poseen una forma completa y otra abreviada. Cuando dice apóstoles, en cambio, debe entenderse tanto en el sentido estrecho de aquellos que gobernaban la iglesia y escribían los libros sagrados, como en el sentido más amplio de la palabra.

Finalmente, Pablo deja una recomendación que, por resultar tan singular para su tiempo y de tan disímil interpretación en todos los posteriores, lo ha convertido en una parte importante de la enseñanza. Habla de despedirse con Ósculo Santo. Indudablemente está hablando de un beso, que era la forma de saludarse en el siglo primero después de Cristo.

Esto para que todos aquellos que parecerían haber retrocedido en el tiempo llevados por un afán religioso que está por encima de las verdades del evangelio, tomen debida nota y entiendan que, cuando el corazón es límpido, puro y transparente, un beso no es nada más que una muestra de sano afecto entre las personas, y muy alejado de todo el andamiaje de pensamiento malicioso que le hayan podido añadir para censurarlo dentro de algunas congregaciones que esgrimen espadas de santidad por encima del sentido común del siglo veintiuno.

Los Infaltables Causantes de Divisiones

(17) Más os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos.

(18) Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos.

(19) Porque vuestra obediencia ha venido a ser notoria a todos, así que me gozo de vosotros; pero quiero que seáis sabios para el bien, e ingenuos para el mal.

(20) Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vosotros.

(21) Os saludan Timoteo mi colaborador, y Lucio, Jasón y Sosípater, mis parientes.

(22) Yo Tercio que escribí la epístola, os saludo en el Señor.

(23) Os saluda Gayo, hospedador mío y de toda la iglesia. Os saluda Erasto, tesorero de la ciudad, y el hermano Cuarto.

(24) La gracia de nuestro señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.

(25) Y el que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, (26) pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe, (27 al único y sabio Dios, sea la gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén.

Si eres un experto en la Carta de Pablo a los Romanos no te sorprenderá ver a Tercio y a Cuarto en una misma oración. Si no lo eres… probablemente estás pensando que es una expresión matemática compuesta por la escritura de un número fraccionario y un número ordinal. Nada más lejos de la verdad.

Tercio fue la persona que escribió físicamente la carta de Romanos… fue el secretario a quien Pablo dictó el contenido de la misma. Cuarto es hasta donde sabemos, sólo “un hermano”; probablemente alguien proveniente de Corinto o de una de las regiones circunvecinas.

Recientemente descubrieron algo acerca de estos dos hombres que parece interesante… una de esas curiosidades de las que vale la pena volver a ver y pensar un poquitín en ellas. El consenso de muchos historiadores es que ambos eran parte de una familia de esclavos… o tal vez de dos familias diferentes de esclavos.

La costumbre en esa época era que los esclavos tenían tan poco valor que no era necesario otorgarles un nombre… así que eran llamados por el número ordinal en el que habían nacido. Al primogénito se le llamaba Primero, al siguiente Segundo… y así sucesivamente. Entonces… Tercio fue el tercer hijo en su familia. Cuarto… bueno, el significado de su nombre es evidente.

¿Qué Lecciones Sacar de Estos Nombres?

  1. Que cualquier ex-esclavo (¿No lo somos todos nosotros?) puede llegar lejos en el cristianismo.
  2. Que en Cristo, el tesorero de la ciudad (Erasto… el Ministro de Hacienda) y un ex-esclavo pueden sentarse en la misma fila… o ser nombrados en el mismo versículo.
  3. Que Pablo -como cualquier otro verdadero creyente- no era alguien marcado por las diferencias sociales. Escogió de secretario personal a un ex-esclavo y no tuvo problemas en mencionar el saludo del otro.
  4. Que aunque fuimos esclavos de Satanás Dios no nos llama por un número… él conoce tu nombre, tu identidad… puede ser que para el gobierno seas un código o un número pero para el Rey tú eres alguien.

Epílogo

Yo encontré ochenta y cinco, pero no me atrevería a asegurar que son todas porque no era esa mi intención cuando inicié este trabajo. Sólo quise tratar de entender por qué razón o motivo, Pablo se auto-formula tantas preguntas en una misma carta, siendo que en las restantes de su autoría, tanto directa como indirecta, no lo hizo.

Creo que las respuestas están a tu disposición. Deberás realizar tu propio estudio. Deberás escudriñar lo escudriñado y ver si el Espíritu Santo que mora en ti, que es exactamente el mismo que mora en todos los creyentes, te muestra algo más de lo que leas en este trabajo.

Así es como funciona esto. Alguien abre la boca y Dios insufla algo por su intermedio, hasta donde la carnalidad de esa persona se lo permita. Luego tú lo oyes y el espíritu te añade a ti lo que no pudo darle al autor. Y luego, tu única obligación será ir y dar de gracia lo que de gracia recibiste. ¿Se entiende o es demasiado complicado?

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El Viaje Hacia Adentro

 

GENE  EDWARDS

Una historia del amor transformador de Dios

De Gene Edwards, un antiguo pastor Bautista estadounidense, leí un trabajo titulado “Más Allá de lo Radical”, y me fue suficiente para entender que se trata de un hombre que ha recibido un toque del Espíritu Santo mostrándole una nueva realidad dentro de la vida cristiana. Una realidad que va mucho más allá de templos, modismos, costumbres y tradiciones supuestamente doctrinarias.

Introducción

El porqué de este libro tiene su origen en un incidente que me ocurrió poco después de convertirme a Jesucristo. En la época de mi conversión yo estudiaba en la Universidad Estatal East Texas, de Commerce, Texas. Me hice miembro de la Primera Iglesia Bautista de esa ciudad y también entré a formar parte de la confraternidad estudiantil bautista, en los predios mismos del colegio universitario.

Yo también fui miembro de una Primera Iglesia Bautista, de allí mi identificación natural con el autor. Milité quince años con Bautistas, coseché amigos fuertes y hermanos fieles en sus filas. También disentí con muchas de sus antiguas estructuras doctrinales y avalé muchas de sus posturas globales en torno al significado del Evangelio. Estimo en lo personal, que dentro de la Iglesia Bautista hay sólidos hermanos ungidos por Dios para grandes cosas y también relleno inconsistente que la perjudican y deterioran.

Durante el verano subsiguiente a mi conversión, el Señor vino a visitar ese grupo de unos 20 estudiantes universitarios; fue un tiempo tan glorioso, que incluso ahora —pasados más de 30 años— el recuerdo de aquello todavía nos produce calofríos y lágrimas. Esa visitación duró unos tres meses, y su resplandor secundario subsecuente, alrededor de un año.

Como grupo, quedamos muy unidos unos a otros y, por consiguiente, hasta donde nos era posible hacíamos todo, juntos. Algo que hicimos ese verano fue apiñarnos en un ómnibus y salir de viaje a lo desconocido, hasta el sitio de una conferencia para jóvenes, en los terrenos de la Asamblea Bautista de Ridgecrest, en Carolina del Norte.

Yo cursaba mi último año en el colegio universitario y era un estudiante más bien cándido y un cristiano muy ignorante. Fue así que un día, andando sin rumbo fijo, entré en la librería bautista ubicada en esos terrenos. Al entrar en esa tienda quedé absolutamente sobrecogido por la interminable e infinita colección de libros que había allí y por la miríada de categorías en que estaban divididos.

Aturdido, me acerqué a la dependiente que estaba detrás de uno de los mostradores y le pregunté: — ¿Dónde tienen los libros para cristianos nuevos? Ella me miró bastante desconcertada, consideró mi pregunta y me contestó: —Bueno, no tenemos tal sección. Y ¿En qué está interesado? —me preguntó a su vez. Esa pregunta aún figura como una de las más incongruentes que se me hayan hecho jamás.

No me extraña lo que Edwards relata. Personalmente siempre tuve una muy pobre impresión respecto a la mayoría de los empleados de las librerías cristianas. Parecerían ser hermanos contentos de tener un trabajo y percibir un salario por ello, pero sin la menor formación y, lo peor, disposición, para aconsejar, sugerir, recomendar o ilustrar a los incipientes o nóveles lectores concurrentes.

Yo no tenía ni la más remota idea de qué era lo que había, en que yo pudiera estar interesado. Cuando aquella conferencia terminó, volví al colegio universitario, entré al ministerio y a continuación fui a matricularme en el seminario, donde, a lo largo de casi cuatro años, me figuro que intenté leer el contenido entero de una de las mayores bibliotecas teológicas del mundo.

Han pasado tres décadas desde entonces. Supongo que durante todos estos años he leído más o menos tantos libros como cualquiera puede permitirse comprar, pedir prestado o copiar. Y en todos esos años transcurridos pasé la mayor parte de mi ministerio entre jóvenes de edad universitaria, en cuatro continentes y como en 30 países.

Adondequiera que voy, sigo estando constantemente a la búsqueda de tan sólo un buen libro más para leer. En estos últimos diez años he encontrado muy, muy pocos libros que valgan la pena de leerse. Y cada vez que un cristiano nuevo me pregunta: “¿Cuáles son algunos de los buenos libros que yo pudiera leer?”, todavía fracaso al intentar contestarle y me doy cuenta de que estos jóvenes no están en mejor posición en cuanto a su indagación, que como yo estaba cuando hice esa pregunta hace ya tanto tiempo.

Desafortunadamente, a nosotros los cristianos más antiguos nos va tan sólo un poco mejor. Recuerdo que cierta vez me propuse aprender todo lo que pudiese en lo que a la Epístola a los Gálatas se refiere. Ordené cuanto libro se había impreso al respecto. Luego puse manos a la obra.

Pero aquellos libros eran o más áridos que el Sinaí, más muertos que Adán, más aburridos que un culto de la mañana de domingo (excúseme, estimado lector, pero aún como ministro del evangelio debo confesar que nunca he hallado nada más aburrido en toda mi vida, que estar sentado en un banco de iglesia el domingo por la mañana) o tan incomprensibles como la teoría de la relatividad de Einstein. (Súper-Ultra-Macro coincido)

Y este es, por desgracia, el típico menú de libros del cual nosotros los cristianos ‘maduros’ tenemos que almorzar. Hasta el presente todavía me pongo a leer literatura marcada ‘para el cristiano nuevo’, pero con gran desilusión la encuentro o bien sosa, inútil, tradicional, intelectual, vieja, superficial y fuera de propósito, o que lleva entre sus cubiertas el anatema de la erudición.

Esta pregunta aún me obsesiona: “¿Dónde están los libros para los cristianos nuevos?” Es con la publicación de la presente obra que me propongo empezar a contestar esta pregunta. Si Dios me otorga su gracia, pienso escribir una serie de libros destinados a jóvenes de edad universitaria (18 a 24 años), nuevos en la fe; libros que cubran lo básico, que pongan un sólido fundamento para una vida cristiana más profunda.

Además, estoy preparado para quebrantar toda regla literaria conocida —sea sagrada o secular— para hacer que estos libros sean tanto interesantes como fáciles de leer. Si logro alcanzar el objetivo que me he propuesto, estos libros serán no sólo una buena ayuda a los recién convertidos, sino que tal vez le hablarán con profundidad hasta al creyente maduro. ¿El tema que presento aquí? Bueno, podría llamarse guía del viajero, que describe lo que un joven creyente pudiera esperar encontrarse experimentalmente, en su viaje a lo largo del camino hacia la transformación.

Gene Edwards

Quebec, 

Canadá

Cris Young Portland, Maine

Bill Young Gales, Gran Bretaña

Querido tío Bill: Supongo que ya te habrás enterado de mi completo viraje en la vida. Tuve realmente una experiencia bastante abrumadora con el Señor. Pero eso fue hace varios meses. Perdóname por no haberte escrito para decírtelo. Ahora déjame ir al grano. No te voy a preguntar: “¿Por qué sufren los hombres?” o “¿Por qué un Dios amante permite el sufrimiento en su creación?”

Bueno, podría haberte preguntado esto la semana pasada, pero esta semana me siento un poco mejor. Tío Bill, la verdad es que estoy experimentando mi primer encuentro con el cincel de Dios, después de meses de conocer su paz, su amor y su gozo.

Quisiera que, si no es pedirte mucho, me escribas con toda sinceridad exactamente qué parte tendrá el sufrimiento en mi vida en los próximos cuarenta o cincuenta años. Eso es todo. Pero si insertas algunos ‘porqués’, te aseguro que no me ofenderé.

Tu sobrino y hermano Cris

Convengamos que esta es una pregunta que, a varios años de la autoría de este libro, todavía muchos cristianos se siguen formulando y, si pueden, formulándosela a aquellos que ellos estiman están por encima en unción, jerarquía y prestigio. No le hace; la carencia de respuestas sólidas, sigue siendo el común denominador de hombrecillos, hombres y “hombrazos” del evangelio.

 Bill Young Gales, Gran Bretaña

Cris Young Portland, Maine

Querido Cris: Sí, tu mamá me escribió y me contó que has recibido la vida del Señor. ¡Maravilloso! En cuanto a escribirte, me has pillado en el momento perfecto. ¡Estoy enfermo, en cama! Puede que tenga que pasarme semanas aquí. De hecho, con el tiempo quizá hasta tenga que operarme.

Cris, esto es lo que voy a tratar de hacer —entre gruñidos y gemidos te voy a ir garabateando notas. Luego, las recogeré periódicamente y te las mandaré en montones. Espero ir trabajando en un manuscrito sobre el tema del sufrimiento, pero dudo que lo termine antes que pasen años; no obstante, si logro dar forma a parte del mismo, puede que te mande un borrador de él.

Pero, para empezar, el manuscrito requiere muchísimo trabajo, de modo que dame un poco de tiempo para esa posibilidad. Comenzaré las cartas de inmediato. Gózate en el Señor. Ese primer par de años como cristiano son algunos de los más memorables de la vida.

  Tu hermano en El Ungido, Tío Bill

 

PARTE I

 

Capítulo 1

 

Cris Young era cristiano desde hacía tan sólo muy poco tiempo… y estaba muy triste. Las lágrimas le corrían libremente por el rostro. Sus sollozos eran profundos. Estaba sentado en su cama, y su cabeza era un remolino de preguntas. El cuartito dormitorio del colegio universitario era pequeño y el pasillo estaba desacostumbradamente tranquilo, aun para una tarde de domingo.

Cris hundió la cara entre las manos y sollozó sin poder contenerse, seguro de que no había nadie por allí que pudiese oírlo. Por último se calmó, sintiéndose físicamente muy cansado como para seguir llorando. Por un largo rato permaneció sentado en silencio, hasta que lo misterioso mismo del silencio empezó a molestarlo. De repente Cris se dio cuenta de que no quería abrir los ojos. Tenía miedo de hacerlo —tenía la sobrecogedora sensación de que su cama se hallaba al borde de como una sima… y que alguien estaba de pie en el cuarto.

De alguna manera Cris sabía qué era lo que vería cuando abriese los ojos. Estaba seguro de que la habitación se había desvanecido… y si abría los ojos, penetraría con la vista directamente en la eternidad. Sin abrir los ojos, Cris levantó la cabeza. — ¿Dónde estoy, y quién eres? —preguntó. —Ven, —respondió una voz tranquila y discreta. —Ven; contestaré tus preguntas… conforme puedan ser contestadas.

Cris echó atrás la sábana y al fin se atrevió a entreabrir los ojos. El universo había desaparecido; la creación entera y todo átomo de ella… no estaban. Con los ojos aún no del todo abiertos, el joven Cristiano se aventuró a preguntar otra vez: — ¿Dónde estamos? —Antes — ¿Antes? —Antes de todas las cosas. Antes de todo. Antes de cualquier cosa. Antes de la inexistencia.

Al oír eso, Cristiano Young acabó de abrir los ojos. La cama había desaparecido. Alguien estaba parado detrás de él. Delante de él no había ni día ni noche, ni tiempo ni espacio. Delante de él había una ausencia de todas las cosas. Entonces Cris dio la vuelta y vio una criatura no muy distinta de un hombre; con todo, ciertamente no era un hombre. Cris estuvo a punto de preguntar lo obvio, pero la respuesta llegó más rápido que la pregunta. —Yo soy Mensajero. Ven. —Por favor, ¿dónde estamos? —preguntó de nuevo el joven, seguro de que esta vez recibiría respuesta.

Mensajero estaba vestido de algo blanco que irradiaba una suave luz, y su figura era tan sólo parcialmente discernible en ese resplandor; sin embargo, Cris pudo ver que Mensajero tenía la mano levantada y estaba señalando. —Por aquí. Viajaremos por aquí —dijo al empezar los dos a moverse penetrando en la ausencia de tinieblas que se entendía delante de ellos. —Nosotros somos todo lo que hay. Ni el tiempo, ni la eternidad, ni la creación han comenzado todavía.

Y aun nosotros no somos más que forasteros aquí. Y esto solamente por un momento. Cris no habló, pero lo siguió. Ni palabras ni pensamientos parecían apropiados al avanzar los dos a través de aquel extraño progenitor de las tinieblas. — ¿Qué es aquella luz allá adelante? —preguntó abruptamente Cristiano muy asombrado, porque parecía que nada en absoluto podía existir allí.

—Tú has preguntado: “¿Por qué todo este sufrimiento? ¿Qué propósito tiene? ¿Por qué se permite que haya?” —dijo Mensajero, al tiempo que se volvía del todo para encarar al joven. Incómodo y bastante inseguro de sí mismo, como si hubiese causado un gran problema con sus preguntas, Cris balbuceó una respuesta: —Sí; pero esas preguntas no son enteramente mías.

Yo estoy tomando esta clase… y… —Cristiano paró de hablar; esas palabras parecían absurdas allí. —Me siento confuso —agregó en forma más realista. —Entonces, avancemos hacia aquella luz. Allí encontrarás una respuesta. Quizás no sea la respuesta a tus… o sus… preguntas. Pero hallarás… Mensajero hizo una pausa y miró directamente a los ojos del joven Cristiano. —Nos hallamos en el borde. Estamos muy cerca del principio.

— ¿Es aquella luz… éste… el principio? —No. Aquello es algo anterior al principio. Anterior a los ángeles, anterior a las regiones celestes, anterior a todos los ámbitos. Anterior al hombre, a la tierra, a los cielos, al tiempo y al espacio. Anterior a todo. A todo, excepto el sufrimiento y el dolor. — ¿El sufrimiento y el dolor están aquí? ¿Antes de nada? —Antes de nada —dijo Mensajero, y su voz se desvanecía.

Los pasos de Mensajero se habían hecho lentos e inseguros. Justamente delante de ellos había una luz, como la que un farol de la calle pudiera producir. —Puedes ir tú solo. No tengo deseos de ver aquello que está allí… no dos veces —dijo Mensajero con una voz casi fría. —Un poco más allá de esa luz, hay algo más ahí afuera. ¿No hay allí una frontera? —preguntó Cris. —No —contestó Mensajero. —No hay nada más, ni puede haber, hasta que haya primero aquello… —Mensajero señaló otra vez en dirección de la luz. —Aquello debió ser antes de todas las cosas.

Aquello y el dolor, aquello y el sufrimiento fueron aun antes de los principios… ni podía haber habido nada… excepto… —Mensajero se calló. Con cautela, Cristiano siguió adelante. Evidentemente había algo tendido allí afuera delante de él. — ¡Oh, no! ¡Oh, no! —gritó Cristiano. — ¡No! ¡No! ¡Por favor! ¡No! —gritó de nuevo al caer de rodillas. Justamente delante de él, tendido en un charco de sangre, yacía la figura fría, muerta o inmolada de un cordero blanco como la nieve. Porque  Él fue inmolado desde antes de la fundación del mundo.

Capítulo 2

—Ah, en éste lugar hace mucho calor —dijo Cristiano en un tono fatigado. —Estás en el sureste de Palestina. —Aquello, por allí, es una ciudad, ¿Cierto? —Sí; pero para nuestro propósito no necesitamos entrar en ella. Aquel montón de estiércol allí es nuestro destino. — ¡Un estercolero! ¿Dónde he oído hablar de eso antes?

—Cristiano quedó pensativo un momento, y luego exclamó: — ¡Un estercolero! Sí, Job. ¿Veré a Job? Mensajero no contestó, sino que avanzó decididamente hacia el montón de hediondez. Finalmente, habló otra vez: —Es a este lugar a donde se traen las cosas muertas. — ¿Sacarán a Job a este lugar? Pero si él no estaba muerto. —Como si lo hubiera estado —contestó Mensajero con voz serena. —Pero no, no verás a Job sentado sobre este montón.

Todo eso es del pasado. Job está bien; él ha sido plenamente restablecido en cuanto a salud y prosperidad. Cristiano quedó pasmado por un breve momento. Había algo en esa pizca de noticia que tenía tremenda importancia, y él estaba tratando de comprenderlo.

Lentamente empezó a hablar: —Si yo pudiese encontrarme con Job, con el Job restablecido, podría hablar tal vez con el único hombre de la historia que podría explicarme el sentido del sufrimiento… al menos del suyo. Mensajero ignoró las palabras de Cristiano y siguió tan sólo mirando fijamente el estercolero.

Entonces Cristiano fue a su lado y se puso a mirar junto con él. —Qué lugar tan horrendo para ser tirado allí —observó finalmente Cristiano. Luego, pensando que esa afirmación no había sido una muy adecuada expresión de sus sentimientos, movió la cabeza y dijo: —Con razón se habla de la paciencia de Job.

— ¿La paciencia de quién…? —preguntó alguien desde atrás. —De Job —dijo Cristiano con espontaneidad al volverse. —Y ¿quién eres tú? —añadió. —Pues, Job. Ningún otro. ¿Y quién dijo que yo tenía paciencia? —preguntó riéndose. —Job, el acaparador más grande del mundo, se acerca más a la verdad. —

¿Tú eres Job? ¡Pero tú eres demasiado joven para ser Job! —Oh, sí incluyeses también a la Sra. de Job en esa apreciación, ¡Los dos te estaríamos muy agradecidos! — ¿Viviste realmente sobre este… estercolero? —Oh, sí —dijo Job haciendo un movimiento abarcativo con la mano, al tiempo que echó a andar con pasos rápidos hacia el montón de estiércol.

—Permíteme mostrarte mi segundo hogar. No es ni aproximadamente tan primoroso como era el primero. Diciendo esto, Job subió como una tromba por la loma de estiércol, siguiéndolo Cristiano con pasos vacilantes. — ¿Qué aprendiste respecto del sufrimiento mientras… vivías aquí? —preguntó Cristiano.

Obviamente sorprendido con que alguien se interesara en eso, Job miró al joven de hito en hito por un largo rato. —Cocodrilos. Eso fue lo que aprendí. ¡Cocodrilos! — ¿Qué? –dijo Cristiano, mirando por un momento de modo muy parecido a un niñito. —Cocodrilos. Dios el Señor creó los cocodrilos. No fui yo.

Para añadir insulto, creó al cocodrilo antes de crearme a mí. Ni tuvo el menor problema en crearlo sin consultarme en lo que respecta a su diseño, su color o el propósito de crearlo. De hecho, Él tiene que explicarme todavía por qué se atrevió a crear semejante monstruosidad… o para qué propósito se supone que sirva esa criatura bestial… ¡Para ninguno en absoluto, creo yo!

—¿Qué tienen que ver los cocodrilos con… que hayas perdido todo en la tierra… y que hayas venido a parar aquí arriba? —Nada. Absolutamente nada. Excepto esto: Parece que nuestro Señor ve el crear los cocodrilos y el decretar los desastres humanos, más o menos con el mismo desdén respecto a los consejos de afuera… y asimismo ¡Sin dar la más mínima explicación, podría añadir yo!

Suavizando un poco el estilo exuberante que obviamente estaba disfrutando, Job bajó la voz: —Mira, hijo —continuó, —parece que tenemos un Dios que tiene suprema confianza en su propio discernimiento. Y no puede ser persuadido a que demuestre mucho interés en explicarse.

Según parece, Él se reserva su consejo; y no se perturba en lo más mínimo porque nosotros nos perturbamos con respecto a que Él no se perturba. — ¿Es eso todo lo que aprendiste? Quiero decir, después de todo lo que pasaste. —Eso es todo –respondió Job con determinación… y empezó a alejarse caminando. —

¿Nada más? —preguntó Cristiano levantando la voz. —Nada más, —replicó Job sin volverse. —Pero —dijo, levantando el índice en un gesto de descubrimiento, —no necesité aprender nada más. Yo lo vi, a Él. Obtener respuestas a las preguntas parece algo bastante mezquino comparado con haberlo visto, a Él. Job siguió caminando.

Cristiano sabía que no oiría nada más acerca de ese asunto, al menos no de parte de Job. Pero para su sorpresa, Job se volvió de nuevo y exclamó: —Simplemente me muero por contarle a mi esposa tu chiste de mí. Sé que le encantará. También les gustará a mis amigos. ‘La paciencia de Job’… —su voz se perdió en una risa. Cristiano permaneció parado allí por un largo rato.

— ¡Vaya! —exclamó entonces. — ¡Es difícil creer que ése era el hombre que Satanás persiguió con tanta violencia! —Shhh, —dijo Mensajero. — ¡Él no sabe nada de eso! — ¿De veras? —preguntó Cristiano muy asombrado. — ¿Quieres decir… ¿¡Nada!? —Nada —replicó Mensajero. —Muchas de las tragedias de la vida… y de sus alegrías… tienen su origen, y su explicación, en lugares invisibles. —Y por razones desconocidas —murmuró Cristiano.

El fundamentalismo podrá argumentar que sólo es hipótesis, que nada ni nadie puede probar o comprobar que esto fue así, como ha sido relatado en esta semi-ficción. De acuerdo, pero no me digas que no te hizo pensar respecto a las innecesarias, desubicadas y hasta pretenciosamente vanidosas preguntas que a veces nos hemos atrevido a formularle a nuestro Dios

 

Capítulo 3

—Será mejor que no indagues en lo que concierne al nombre de este hombre, al menos no al principio. Simplemente visítalo por un momento, eso será suficiente —dijo Mensajero cuando se acercaban a una gran tienda negra que parecía estar sobrecargada por el calor abrasador.

La solapa de la tienda se encontraba abierta y Cristiano ansiaba escapar del quemante sol. — ¡Hola! —dijo Cristiano más bien pausadamente al observar al anciano que estaba sentado delante de él. —Siéntate —respondió la voz del anciano. Por un largo rato los dos permanecieron sentados en silencio.

Finalmente, sintiéndose ya incómodo con el silencio, Cristiano observó: —No estoy seguro de exactamente por qué estoy aquí. —Ni tampoco lo estoy yo —dijo el anciano con una ligerísima vibración en su voz. —Bueno, mi señor, veamos: ¿Has estado enfermo alguna vez como para estar sentado sobre un estercolero esperando morir?

—No puedo decir que lo haya estado —respondió él. — ¿Salud delicada, tal vez? —siguió preguntando Cristiano. —No: nunca —replicó el anciano, tratando valerosamente de ser servicial. — ¿Y otros en tu familia? —Nooo —canturreó el anciano caballero.

— ¡El hecho es que todos en mi familia tienden a vivir hasta una edad tremendamente avanzada! — ¿Guerras, epidemias? ¿Algo como eso? —Bastante menos que la mayoría de la gente que conozco —contestó alegremente. — ¿Tragedias? — ¿Tragedias? —dijo el anciano pensativamente. —Supongo que no. No. Ninguna tragedia personal grande.

Oh, una vez trabajé para un tío mío que era terriblemente intratable. Pero no hubo ninguna tragedia. Cristiano se recostó hacia atrás sintiéndose completamente frustrado. Miró hacia la solapa de la entrada esperando recibir alguna señal de Mensajero, a quien —no era de sorprender— no se lo veía en ninguna parte. Cristiano consideró que debía irse ya. Perder de vista a Mensajero era bastante enervante. Poniéndose de pie, Cristiano dijo medio aturdido: —Creo que mejor me voy.

El anciano se inclinó hacia delante y empezó a levantarse con gran esfuerzo. Enseguida entró un siervo y lo ayudó a ponerse en pie, viéndose entonces que tenía el cuerpo grotescamente retorcido. —Oh, estás… estás… —Cristiano se esforzó por hallar un substituto a la palabra ‘contrahecho’. —Estás lisiado —exclamó finalmente. —Así que lo estoy —dijo el anciano con fingida sorpresa. — ¡Así que lo estoy!

—Y después de unos momentos de arrastrar su pierna seca a través del recinto, el anciano se puso al lado del joven a la entrada de la tienda. Allí afuera estaba Mensajero. Por un momento, los ojos de Mensajero y los del patriarca quedaron clavados unos en los otros. —Tú has estado en esta tienda antes, ¿Verdad? —inquirió el anciano.

—Sí; en varias ocasiones. Una vez fue para visitar a tu anciano abuelo y… —Sí; ya sé. Tú eres Mensajero. —Entonces volviéndose hacia Cristiano, le dijo alegremente: —eres muy afortunado, pues hasta donde sé, éste no saber luchar. Cristiano miró primero a uno, luego al otro, buscando un indicio que aclarase su evidente confusión.

—Señor mío, antes de irme… tu cadera: ¿Es algo reciente? —Déjame pensar —dijo el anciano juiciosamente. —No; según recuerdo, eso me sucedió hace mucho tiempo. —Adiós, Príncipe —dijo Mensajero al anciano. —Adiós —respondió con voz carrasposa y gastada el anciano. —No he aprendido nada —dijo Cristiano a Mensajero en tono como de protesta cuando se alejaba caminando.

—Nunca ha estado enfermo, ni nada así como Job. Este es sencillamente un anciano piadoso que tiene la cadera lisiada. La… la… ¡un momento! —exclamó Cristiano al volverse rápidamente. —Señor mío, ¿Cómo te lesionaste esa cadera? —Un ángel me hizo este favor —fue la deleitable respuesta del anciano. Mensajero puso la mano en el hombro de Cristiano y susurró:

—El sufrimiento, el quebrantamiento y el dolor vienen al hombre de muchas maneras. Caminaron por una corta distancia, pero Cristiano sintió que Mensajero tenía algo más que decir. Finalmente, todavía hablando en un susurro y sin quitar la vista para nada de un montón lejano en que la tenía clavada, Mensajero añadió… casi como al viento: —Le tomó a Dios, con toda su buena voluntad, casi una vida entera quebrantar a este hombre, y aun entonces… sólo cuando lo tocó en el punto más fuerte de su vida.

He oído en más de una ocasión a fieles aunque un tanto inconscientes hermanos pedirle al Señor en oración, que los quebrante. No es malo el pedido, porque evidencia fidelidad y deseos de servir hasta la última consecuencia. Sin embargo, también me ha tocado ver que muchos de los que así oraron en su momento, luego se han derrumbado estrepitosamente ante la primera señal de ese mínimo quebrantamiento.

Capítulo 4

La hediondez del calabozo egipcio era nauseante. Cristiano apoyó una mano contra la viscosa pared del oscuro pasillo, pero de inmediato la retiró con repugnancia. Tapándose la boca y la nariz con la otra mano, avanzó detrás de Mensajero dando traspiés, pasando frente a una celda tras otra de criaturas humanas inmundas y espantosas que nadie podía atreverse a llamar hombres.

Al final de ese pavoroso calabozo había una última celda. —Aquí —dijo Mensajero. — ¿Ves a ese hombre? Está aquí injustamente. Con una voluntad casi insoportable, Cristiano miró horrorizado el cuadro que tenía delante: una figura sucia y desgreñada. — ¿Quién eres? ¿Por qué estás aquí? —preguntó Cristiano vivamente consciente de que la figura que tenía delante pudiera no estar en condiciones de hablar.

Entonces Cristiano se volvió para repetir su pregunta a Mensajero: —¿Mensajero, quién es él? —Un futuro gobernador de Egipto, segundo después de Faraón —respondió Mensajero con palabras suaves, pronunciadas en voz muy baja para que el prisionero no lo oyese. —Entonces, ¿por qué se encuentra aquí? —exclamó Cristiano. Se oyó un gruñido, seguido de la trabajosa respiración del cautivo de esa celda.

Ellos pensaron mal contra mí, Pero Él lo encaminó a bien.

Capítulo 5

—Espera aquí —ordenó Mensajero. Cristiano se detuvo y miró hacia abajo. Se encontraban sobre un angosto saliente, a gran altura en la ladera de una montaña. Allí, debajo de sus pies, se extendía un escarpado precipicio. Suspiró y se recostó de espaldas, apoyándose firmemente contra la falda de la montaña. — ¿Quién va por allí? —gritó alguien, atemorizado.

—Un amigo —respondió Mensajero con voz tranquila. Cristiano avanzó un poco más, de lado, esforzándose por vislumbrar el misterioso encuentro que tenía lugar a unos metros de él, tras una vuelta del saliente que quedaba fuera de su vista. No se le permitía ver la escena de ese encuentro.

Cristiano podía tan sólo escuchar. — ¿Eres de la corte del rey? —se oyó la segunda pregunta. —No de esta tierra —fue la firma respuesta de Mensajero. —Entonces ¿Quién eres? —Un amigo. — ¿Cómo me encontraste? ¿Saben otros de este sitio? —Tu secreto es solamente nuestro, y así seguirá siendo.

— ¿Qué quieres de mí? —la pregunta tenía un tono ligeramente más confiado. —Hace unos momentos, cuando nos aproximábamos, tú estabas cantando, ¿no es así? –preguntó Mensajero al hombre que permanecía agazapado frente a una pequeña cueva que había en la falda del saliente. —Sí; lo hago con frecuencia. No hay muchas cosas más que yo pueda hacer aquí además de eso.

—Pero seguro que tienes alguna otra razón aparte de ésa. —Cosas que siento aquí, muy hondo dentro de mí. Y a menudo las escribo. —El contenido de ese zurrón de piel de cabra que está allí junto a ti, ¿Son tus escritos? —Sí, además de algo de carne curada. — ¿Me puedes prestar el zurrón un momento?

Traigo conmigo un joven amigo a quien deseo mostrarle tus escritos. —Eres una persona extraña… con una petición extraña —dijo el hombre al alcanzarle a Mensajero aquel cuarteado zurrón de piel de cabra. —Te los devolveré en un momento —le dijo Mensajero al volverse, caminando sin esfuerzo alguno a lo largo del estrecho saliente hacia Cristiano.

—Tengo una buena razón para pedirte que mires estos escritos   —dijo Mensajero a Cristiano, en tanto que le alcanzaba el zurrón. — ¿Aquí? ¿En este saliente? ¿Ahora? —preguntó Cristiano con incredulidad. —Ese hombre que está allí, a la vuelta de la esquina, vive en este saliente, joven Cristiano.

Además, dudo mucho que te vayas a caer. —Lee —continuó Mensajero en un inequívoco tono de mando. Cristiano se equilibró cuidadosamente al sentarse en forma precaria, en cuclillas, delante del abierto zurrón de rollos escritos. Uno por uno los fue abriendo y leyendo. Al principio leyó cada rollo enteramente.

Pero bien pronto ya no hacía más que desenrollarlos un poco, echándoles un vistazo a las primeras líneas y volviendo a meterlos en la bolsa. Cristiano metió el último rollo de vuelta en el zurrón, se puso de pie y miró de hito en hito a Mensajero. —Es el libro de los Salmos entero —declaró, mirando a Mensajero en busca de algún indicio de explicación.

—No. No todo. Tal vez un tercio. — ¿Por qué me los has mostrado? —Por ninguna razón de importancia que digamos —respondió Mensajero al levantar el zurrón. —Si bien —añadió al volverse, casi como reconsiderando, —pensé que pudiera interesarte ver la sala de arte en que fueron escritos.

Capítulo 6

—Nos encontramos en la época de Salomón —dijo Mensajero. —Este lugar está cerca de la ciudad de Dios, pero nuestro destino es aquella cantera. Cristiano y Mensajero empezaron a descender por la empinada ladera de la colina. Al ir bajando, Cris vislumbró una cercana meseta en que, al parecer, había esparcidas una innumerable cantidad de enormes piedras.

Más allá de la meseta había como una inmensa oquedad de donde, obviamente, aquellas grandes piedras habían sido sacadas. Al pasar cerca de las desparramadas piedras, Cristiano trató de verlas por encima, pero se dio cuenta de que ésa era una tarea escasamente posible.

Cada piedra se encontraba en una diferente etapa de terminación. Algunas eran todavía unas informes masas de roca, otras ya eran inmensos rectángulos, toscos y mellados. Otras más estaban finamente pulidas por una o dos caras, en tanto que todavía eran ásperas en las otras.

Algunas estaban terminadas, con las seis caras perfectamente labradas, dos de ellas pulidas. Siguieron caminando, pasando entre cientos, tal vez miles de piedras. Cristiano empezó a preguntarse dónde estarían todos los operarios, y estaba a punto de inquirir, cuando de pronto llegaron al borde del gigantesco hueco.

Era el sitio de un cerro que había habido allí, ahora un vasto foso, donde se cortaban las piedras de la roca. Allí, en la cantera misma, había varios centenares de trabajadores. Justamente entonces estaban arrancando de las entrañas de la montaña una tosca piedra.

Por largo rato Mensajero y Cristiano se quedaron observando cómo aquellos trabajadores y canteros ponían en práctica su habilidad para llevar aquel burdo trozo de roca al terreno más elevado. —Después que se corta y se saca la piedra de la roca, se la arrastra aquí a terreno llano.

Luego la cortan a un tamaño exacto predeterminado, la cincelan con herramientas grandes y burdas hasta que llega a tener un aspecto de forma. Luego la trabajan con cinceles más finos. —Mensajero hizo una pausa, miró a Cristiano y prosiguió: —A continuación la alisan burdamente, luego finamente y, por último la pulen.

Cristiano no respondió, aunque obviamente estaba escuchando con seriedad para estar seguro de que entendía cualquier significado oculto. —Cuando el cantero termina su tarea, la piedra labrada no tiene imperfecciones. Entonces la lleva a una ciudad distante, a un sitio de construcción. Todas estas piedras serán llevadas a esa ciudad.

Cada una está destinada a ser colocada en un lugar ya predeterminado. Es interesante, Cristiano, que cuando ocurre esto, cada piedra encaja perfectamente en su lugar. —Mensajero hizo otra pausa, luego prosiguió: —De hecho, encajan tan perfectamente, que parecen ser una sola piedra.

—Una piedra. ¿Una piedra? —musitó Cristiano observando esa interminable colección de miles de piedras y pedazos de roca. —Una  —repitió.  — ¿Qué clase de edificio va a ser ese? ¿Algún tipo de santuario? —preguntó Cristiano. —No —dijo Mensajero mirando por arriba una de las piedras ya terminadas. —No; una casa. Podrías llamarla un hogar.

Me referiría a ella como un hogar. Un lugar para que alguien viva en él. Esto es, alguien y su familia. — ¿Un rey? —Sí; supongo que podrías llamarlo así. — ¡Pero aquí hay suficientes piedras como para construir una ciudad! Una ciudad grande, bien grande —protestó Cristiano.

—Eres muy observador —respondió Mensajero. —Oh, una cosa más   —continuó, caminando hacia la piedra más próxima a Cristiano. Allí se inclinó y recogió una maceta y un cincel. — ¿Puedes oír los canteros? Están empezando a volver a su trabajo por ese lado.

¿Oyes los mazazos? ¿Los cinceles?  —Un día, cuando todas estas piedras estén completas y terminadas, serán llevadas al sitio, cerca de la casa. Allí serán pasadas por una puerta, y de allí, llevadas al sitio mismo de la construcción… donde las piedras serán ensambladas.

—Ahora Mensajero bajó la voz y prosiguió despacio, como para hacer bien claro este detalle: —Ensambladas, para formar una casa… casi como una gigantesca piedra. —Como quiera que sea, joven Cristiano, en aquel lugar, por aquel lado de la puerta, no habrá más martillos, ni cinceles, ni trabajo alguno de cantero.

Es aquí, ahora, por este lado del sitio de la construcción, donde todo corte, cincelado, alisado y pulido deben tener lugar. — ¡Aquí! No allí. Todo mazazo, todo golpe de herramientas, todo cincelazo y todo alisamiento y pulido… ¡se hacen aquí! —Es el plan del Maestro Arquitecto, que toda la labor de transformar burdos trozos de roca en pulidas piedras que ajusten en forma perfecta, se realice en la cantera.

Allí, ahí, más allá de este lugar, al otro lado de esa puerta, tendrá lugar únicamente el ensamblaje de lo que se ha hecho aquí. —Mensajero, estoy confuso. Entiendo lo que acabas de decir, de veras que lo entiendo. Pero me siento confundido en cuanto al tamaño de la casa de ese rey.

Aquí hay bastantes piedras como para construir una casa del tamaño de una metrópoli. —Tienes mucha razón —respondió Mensajero, en tanto que levantaba ambas manos. —Esta casa en particular es grande. Bastante grande como para ser una ciudad, porque será una casa en que va a vivir Dios.

No soy un erudito en ejemplos, de allí que experimento sana admiración por consiervos que los utilizan con una amplitud y precisión que impide equivocarse en lo que se escucha o lee. Este es un ejemplo. Sabíamos que somos piedras vivas, pero explicado así como Gene lo detalla, resulta tan fresco y esclarecedor que muy difícilmente alguien podría argumentar ignorarlo, luego.

Y, en misterios que están más allá de tu limitado entendimiento, esta casa es una mujer, esa mujer es una desposada y esa desposada vendrá a ser una esposa. La esposa del rey. —Ahora, te mostraré aún otra cantera. Al decir esto, Mensajero dejó caer los brazos como alguien podría dejar caer las cortinas de un escenario. Súbitamente todo se puso negro como alquitrán.

Capítulo 7

— ¡Atiza! —exclamó Cristiano con gran asombro. — ¡Estamos en el espacio exterior! —Cierto, joven Cristiano. Ahora, vuélvete despacito. Mira cuidadosamente detrás y debajo de ti. Pero no te asustes. No te vas a caer. — ¡No puedo creerlo! Aquélla es la tierra. Es como si yo estuviera parado en una plataforma espacial… que no está aquí.

Mensajero no hizo caso de las exclamaciones de Cristiano. —Es un misterio, este asunto —reflexionó Mensajero, musitando casi como para sí mismo. — ¿Qué? —preguntó Cristiano, en tanto que la incertidumbre de su andar se reflejaba en la inestabilidad de su voz. —Allí está la verdadera cantera —dijo Mensajero, señalando a la tierra.

Tú estás allá abajo en alguna parte, siendo cincelado por Dios, por los hombres y por las circunstancias. Pero no eres tú solo. Todo creyente que haya vivido jamás, los que vivieron antes de la visitación de Él y los que todavía están por venir. Un día, todos ustedes serán levantados y sacados de esta cantera a través de aquella puerta.

Cristiano se volvió rápidamente hacia la dirección que Mensajero estaba señalando, pero no vio nada. —Entonces no se oirán macetazos, porque todo eso se hace en la cantera. Ni van a estar allí los creyentes como una perpetua colección de piedras labradas. Sino que conjuntamente serán ensamblados en un lugar, como uno, en uno. Una ciudad viviente. La desposada. La Nueva Jerusalén.

—Nosotros que vivimos allí —de nuevo Mensajero señaló hacia la puerta que no estaba, —estamos esperando ese día con una gran expectación. —Cristiano, hay un solo lugar donde aprenderás a seguir al Señor, a adorarlo, a obedecerlo, a amarlo. Una sola oportunidad de ser transformado en su imagen. Ese lugar es allí. El tiempo… tu vida, tal vez unos setenta años.

Cristiano no dijo nada, sino sólo miraba al distante planeta allá abajo. Finalmente, susurró: —Una cantera. Vivo en medio de una cantera. Llamada Tierra. Mensajero puso la mano firmemente en el hombro de Cristiano al tiempo que le decía con voz suave: —Los pétalos de rosa que caen sobre una piedra, nunca han hecho de ella una piedra preciosa. Tampoco el gozo continuo ha producido nunca un… transformado…

—Comprendo —respondió Cristiano. —Magnífico —dijo Mensajero. Siguió una larga pausa. Cuando Mensajero habló de nuevo, fue con un presagio que hizo que Cristiano sintiese un escalofrío: —Ahora tenemos que volver a la tierra. Estaremos en un lugar que yo preferiría ni visitar y ni siquiera considerar. Ven, Cristiano, pero estate prevenido, porque en ese lugar yo sirvo de muy pobre compañía.

Capítulo 8  

Cristiano se encontraba parado sobre el techo de tejas de una casa de alguna antigua ciudad. De cierta manera él sabía que por alguna razón en particular él estaba parado en ese lugar, de cara hacia aquella dirección. —Nunca he sentido nada como esto en mi vida —dijo Cristiano.   —Como si el aire estuviera saturado de maldad y de peligro.

Con una voz que casi rezumaba juicio, Mensajero respondió: —No estaremos mucho tiempo aquí, Cristiano. Hay desventajas que se hallan en el dominio del tiempo y del espacio. —Estás parado en un lugar donde el pecado, la perversidad, la muerte e incluso el infierno han convergido.

Cristiano, estás en Jerusalén… en el día más negro de su historia. —Jerusalén —susurró Cristiano con temor reverente. —Pero no es la ciudad lo que nos ha traído aquí. Es allí, hacia el norte, al otro lado del muro. —No puedo ver nada. Es demasiado lejos. Además, por allí se está poniendo negro como la noche.

—Es mejor que no estemos demasiado cerca de ese lugar maldito. Además, no es necesario que veas, sino sólo que escuches. En ese instante se oyó un penetrante grito de angustia que llegó hasta las entrañas de Cristiano, estremeciendo cada célula de su ser.

Mensajero cruzó los brazos sobre su rostro y cayó de rodillas. Instintivamente, Cristiano se tapó la cara con ambas manos. Los dos quedaron sumidos en una sensación de pesar agonizante e insoportable. Aquella colina quedó cubierta de espesa negrura. La tierra empezó a sacudirse en ondas.

El techo en que estaban parados comenzó a derrumbarse. —Mensajero, por favor, sácanos de este lugar. Yo no pertenezco aquí. Puedo sentirlo, no pertenezco aquí. Por favor. Mensajero permaneció allí, inmóvil, con los ojos clavados en forma directa e inexorable en los aterrorizados ojos de Cristiano.

Este percibió desagrado en todo el ser de Mensajero. —Joven mortal —dijo Mensajero con una voz que habría amenazado a un arcángel. —Tan fácilmente te pones descontento con Dios porque no entiendes sus propósitos en ti. Tú, que incluso has considerado la idea de desagrado hacia un Dios que no da explicaciones con respecto a sus propósitos. Escucha ahora, joven mortal, y entiende… que ni siquiera el Hijo de Dios fue eximido del desamparo de Dios. Luego, ¿Lo serás tú?

—Hace un momento murió tu Salvador —continuó Mensajero. —Murió como la encarnación del pecado, sorbido en la iniquidad de toda la humanidad. En el frenesí final de ese alud, hasta Él se sintió inseguro. — ¿Inseguro de qué? — ¿De qué? De todo. —Mensajero hizo una pausa. Al proseguir hablando, sus ojos ardían como llamas de fuego: — ¿De qué, Cristiano? De esto: Él estaba inseguro de que se levantaría de entre los muertos. Sin incertidumbre, sin preguntas no contestadas, no hay cosa tal como la cruz.

Me pregunto cuántos cristianos, hoy, y no estoy hablando de los tibios o los débiles, sino de aquellos que hacen gala de gran fortaleza y fe, de pronto se sienten invadidos por esa sensación de incertidumbre, similar a la que aquí se nos cuenta que experimentó Jesús. Jamás van a reconocerlo, jamás van a aceptarlo porque sonaría como desmérito o incredulidad, pero; ¿Sabes qué? Estar en guerra con las huestes diabólicas es patrimonio de los creyentes genuinos, no de los religiosos. Y parte esencial del armamento que el enemigo muestra en esa guerra, es esa clase de incertidumbres. ¡Ánimo, ya has vencido! Sólo créelo y se hará visible en tu vida.

Capítulo 9

La oscuridad aumentó. En breve Cristiano no podía ver nada sino las tinieblas que se extendían delante de sus ojos. Los sonidos se desvanecieron junto con la luz. Por un momento Cristiano creyó que había regresado a aquel lugar de antes del tiempo, donde primeramente comenzó su viaje.

Entonces oyó a Mensajero hablar. Su voz venía de un lugar algo distante. —Estamos parados justamente fuera del umbral de ese tiempo cuando la nueva creación tuvo su más mínimo y más temprano comienzo. Ahora te voy a dejar, pero regresaré. Entonces habremos de realizar un viaje más, juntos.

Inmediatamente Cris percibió que la extraña oscuridad que lo rodeaba, había dado paso a la noche ordinaria de la tierra. Vio que estaba de pie frente a una ventana, mirando afuera la noche estrellada. Cris se volvió para orientarse. Se encontraba nuevamente en su habitación.

Mensajero se había ido. Sobre la cama había una carta y un paquete. Alguien los había traído a su cuarto durante aquel extraño interludio. Cris tomó la carta. El matasellos era de Gales, y la remitente, Marta Young. Enseguida abrió el sobre rasgándole el borde.

Querido Cris:

Hace unas dos semanas hablé por teléfono con tu Papá y con tu Mamá. Estoy segura de que ellos te han dado los detalles de la muerte de Bill. Francamente, ninguno de nosotros se esperaba esto, no obstante la operación pendiente. Yo me las estoy arreglando bastante bien.

Bill y yo pasamos juntos 27 años maravillosos. Aún tengo el recuerdo vivo de él, y todavía formo parte de esta querida confraternidad, aquí en Bangor, donde Bill trabajó tanto tiempo. Asimismo, sigo teniendo a Jesucristo. Cris, te estoy enviando, en sobre aparte, algunas cosas que eran de Bill. Son para ti.

Bueno, creo que es mejor que me explique. Durante los últimos meses de su vida, Bill permaneció en cama casi constantemente. Él tenía siempre un bloc de anotaciones amarillo junto a su cama. De cuando en cuando, cada vez que tenía un pensamiento, Bill agarraba ese bloc y un lápiz y garrapateaba una nota para ti.

No sé decirte si él te escribió unas siete cartas o ¡alrededor de 50! No he tratado de alterar nada; te mando las cartas exactamente como él te las escribió. Durante ese tiempo Bill estuvo escribiendo también un breve artículo. Yo le saqué una copia y te la estoy enviando junto con sus cartas.

Espero que, entre las cartas y el manuscrito, puedas encontrar alguna ayuda para tu nueva vida cristiana. Estoy pensando en regresar a los EE.UU. el verano próximo a modo de visita. Cuando pase por allí para ver a Bud, tal vez te encuentres de vacaciones en tu casa y podamos hablar. Tu tía, según la ley—

Tú hermana, por gracia, Marta

 

Parte II

Capítulo 10

Querido Cris: He estado acostado aquí en la cama tratando de idear un modo de empezar esta correspondencia. Tal vez la mejor forma en que podemos entender de qué manera el Señor transforma nuestra vida, es comprender cómo somos por dentro. Somos casi, aunque no enteramente, dos personas: un hombre exterior y un hombre interior.

Tu hombre interior tiende hacia lo espiritual, tu hombre exterior, hacia lo material. Cada uno tiene sus propias fuerzas, así como sus propias debilidades. Tu Señor desea fortalecer al hombre interior y debilitar de alguna manera, o al menos someter, al hombre exterior. Siendo cristiano joven, haces todo lo que está a tu alcance para ayudarlo a Él; pero es poco lo que puedes hacer, si es que puedes hacer algo, excepto entrar al camino.

Después de los 28 a 32 años de edad, el problema es completamente lo contrario. En los primeros años de tu cuarta década de vida, experimentarás la tentación de impedir que tu Señor realice su obra de fortalecer el espíritu y someter la fortaleza del hombre exterior. Sin embargo no te desalientes, porque a esa edad, entre los 30 y los 35 años, te vuelves un poco más realista en cuanto a la cruz, al sufrimiento y al Señor.

Pero sea que tengas entre veinte y treinta años y estés de acuerdo, o tengas más de treinta y estés resistiendo, o viceversa, joven o mayor, la verdad es que ¡El hará… prácticamente todo lo que haya que hacer con miras a tu transformación! ¿Cómo te cambiará el Señor? El obrará en ti de dos maneras: por medio de una cruz desde afuera, obrando hacia adentro a través de tu cuerpo y de tu alma; y por medio de su Espíritu en el más recóndito centro de tu ser, obrando hacia afuera a través de tu espíritu y de tu alma. (Espero que comprendas que su cruz y su Espíritu convergen en tu alma.)

Siendo niño, traté de figurarme cómo era el mismísimo centro de la tierra. Visualicé un lugar en el corazón mismo de la tierra, del tamaño de más o menos una pelota, que era el verdadero centro. Yo comprendía que esa pelota no mostraba prácticamente ningún movimiento. Bueno, hay un lugar central en ti, justo como ése. Desde ese recóndito lugar de tu interior Dios realizará su obra hacia afuera.

Una obra que no pase a través de tu espíritu a tu alma, no es una obra que sea de Dios. Habrá ocasiones en que el Señor procurará hacer su deseo en ti. Comenzará con el hombre interior, pero a medida que el Espíritu realice su obra hacia afuera, hallará un alma que ya está muy ocupada con otra cosa. Es aquí donde no será tan sólo el Espíritu el que obrará en el alma, sino que también vendrá la cruz para abrir paso y hacer un lugar en el alma, lo suficientemente grande como para que el Espíritu encuentre un nuevo espacio.

Esto toma tiempo, mucho tiempo. Te advierto que de los veinte a los treinta años de edad muy poco de la obra transformadora del Señor se completa en tu vida. Al hombre interior y al hombre exterior les resulta difícil llevarse bien el uno con el otro. Es que hay una actuación independiente de parte de los dos. Uno de los dos debe crecer. Por la naturaleza de las cosas, uno de los dos tiene que menguar.

Si es la parte más terrenal de ti y no la parte —que es de la ‘otra dimensión’— la que se hace más y más fuerte, la esfera de lo espiritual (en el centro de tu ser) tenderá a disminuir, lo único que podrá hacer el elemento espiritual que hay dentro de ti, es sacudir de vez en cuando tu conciencia. ¿Cómo estimularás el crecimiento de la implantación espiritual que hay en ti?

Bueno, ¿Cuánto estás dispuesto a cooperar con la actuación divina de otra forma de vida? El Señor quiere hacer una inversión en las funciones de esas dos formas de vida que hay en ti. Él quiere que esa esfera espiritual que hay en ti controle la esfera más visible. Por eso Él está procurando que aquello que mora en esa parte más recóndita de ti, gobierne lo que mora principalmente en la parte exterior de tu ser.

¿Dónde vive la porción humana de ti, Cris? La parte humana de ti vive dentro de tu alma. Las Escrituras parecen indicar que incluso hay ciertos elementos dentro del alma que deben ser muertos: por lo tanto, la fe cristiana reconoce que, como mínimo, es necesario habérselas con el alma —o con alguna porción de ella.

¿Pero cómo? Si procuras suprimir el lado oscuro de tu alma, ese lado quedará suprimido, pero solamente en ese lugar. Puedes estar seguro de que ese aspecto oscuro volverá a asomar en alguna otra parte de tu personalidad. Hay una gran diferencia entre el creyente que suprime cosas y aquel con quien el Señor ha lidiado de veras.

A lo largo de 33 años la relación del Señor con el Padre incluyó la relación de su alma con el propio Espíritu del Padre. Para decirlo de otra manera, la vida humana del Señor tuvo relación con la vida divina del Padre. (Supongo que no tengo que expresar lo obvio, que el Señor Jesucristo también tuvo relación en su espíritu con el Padre: su vida divina era una con la vida del Padre.)

¿Y qué diremos de esa relación? ¿Estaba el Señor suprimiendo su alma? No; absolutamente no. Para Él era asunto de tener su alma en sumisión a la Vida divina. Este es, en esencia, su objetivo en ti. El elemento humano de ti, en sumisión a la divina porción que fue plantada en ti en tu conversión.

Uno de los problemas más frecuentes de este tiempo, cosa que ya hemos mencionado y tratado desde diversos trabajos, coincide con este diagnóstico y tiene que ver con el trabajo eclesiástico habitual, que es el de acariciar y alimentar las almas, mientras que se deja desnutrido y casi famélico al espíritu, que debería ser la prioridad. Una iglesia decididamente emocional aportará seguramente adhesiones y hasta alegrías parecidas al gozo, pero jamás madurez. Tú examina y define.

Capítulo 11

Cris: Cuando Dios mira dentro de ti con ojos que ven cosas espirituales, El contempla un mundo totalmente distinto del que ve un médico, que ve tan sólo cosas materiales. Hazte idea de que tu interior funciona algo así como esto: El espíritu fue implantado en lo más recóndito de tu ser. Alrededor de tu espíritu hay algo que muy probablemente es un poco duro: tu naturaleza humana o alma.

El espíritu desea lograr el control del elemento humano, pero parece que esa entidad llamada alma contiene en sí, por la naturaleza de la Caída, algo que no está de acuerdo en absoluto con este proyecto. La parte religiosa del alma asentirá de inmediato, o al menos así parece. Pero lo cierto es que desde el momento del asentimiento en adelante, esa parte religiosa de ti hará todo lo que posiblemente esté a su alcance, para impedir que el espíritu tome el control.

Y esa porción del ‘yo’ del alma hará todo lo que pueda para resistir el crecimiento del espíritu en tu interior. La naturaleza del yo sabe muy bien que está destinada a morir. (En general se hace referencia al yo, o ego, como aquella parte del alma que llegó allí al ser introducido el pecado en el hombre por la Caída.) Si el espíritu penetra hacia el exterior, el elemento del yo del alma encontrará problemas.

La mente puede convenir (o no convenir) con dicho proyecto, pero presentará mil buenas razones —todas las cuales achacará a Dios y a las Escrituras— para no implicarse demasiado. Las emociones ascenderán y se regocijarán por este proyecto, pero luego clamarán a los altos cielos y llorarán en su primerísimo fracaso.

Más tarde, las emociones pueden incluso volverse beligerantes contra un Dios así de desconsiderado, que las trata tan indelicadamente. A veces nuestras propias emociones originan uno de los mayores problemas de nuestra vida cristiana: crear un Dios a su propia imagen, un Dios amante, bondadoso y precioso, que no osará declararle la guerra a nuestras emociones dominantes.

Las emociones no tienen franquicia en este proyecto. Con frecuencia el intelecto se forma un Dios hecho a su propia imagen, un Dios que es muy inteligente, racional, razonable, muy lógico, muy escritural, muy encajonable y delimitable, y habiendo erigido en el centro de la propia vida este Dios creado con la mente, jurará y declarará que ese Dios, y sólo ése, es el Dios verdadero y viviente.

Escucha con atención: este es, a mi juicio, (Y por lo que acabo de leer también en el del autor de este trabajo), el inconveniente más alto que le impide al hombre acercarse realmente al Dios genuino, espiritual y ciento por ciento bíblico. El racionalismo, emocionalismo y humanismo, le han causado a los cristianos más pérdidas que los mismísimos demonios, aunque lo otro también está manipulado por ellos.

¿Y qué diremos de la persona resuelta? Esta relacionará sus ambiciones, cualesquiera que sean, con su transformación. Con esa consagración bastante dudosa, el cristiano tiene varios caminos que puede tomar: volverse muy religioso, orar constantemente, aceptar cualquier cosa que parezca la cruz y dejar medio exasperados a todos los que están a su alrededor.

Inconscientemente éste cree con toda sinceridad que podrá determinar su propia transformación, no importa cuántas veces se le diga que ése es un asunto que le concierne a Dios solo. Cuando, por último, tropieza y cae a mitad de Romanos 7, puede llegar a ponerse sumamente hostil hacia el Dios que ha permitido que cayera tantas veces tan miserablemente.

O tal vez esa recia voluntad se quebrante bajo la mano de Dios, quien no permitirá que nadie logre, por sus propios esfuerzos, tener éxito en la vida cristiana. ¿Cuál es mi objeto aquí? En realidad, y sin tener en cuenta la forma en que la misma se manifieste, la naturaleza humana no es tan obediente al proyecto de ser divinamente absorbida. ¿No es esto maravilloso?

Terminas de leer que Dios no permitirá que nadie, entiéndelo bien: NADIE, logre por sus propios esfuerzos tener éxito en la vida cristiana. ¿Entiendes ahora por qué razón, tantos valiosos e importantes grandes hombres de Dios han acabado sus ministerios ensuciados en el fangoso y asqueroso lodo del pecado?

¡Qué gran día es aquel en que esa fuerza recóndita de la vida creada del hombre se quebranta! Después de eso él encontrará muy fácil relacionarse con su Señor, sea fundamentalmente emocional, intelectual o voluntarioso. Poco a poco quedará enfocado ante él un Dios no hecho a su propia imagen: emocional, intelectual o voluntarioso. El verdadero Señor hace caso omiso de esas tres principales características del hombre.

Por alguna razón, cuando el espíritu empieza a tener control del alma, aun en forma tan gradual, ninguna de estas tres características predominará. Antes bien, de allí en adelante todo lo que toque tu hombre exterior, ya no será tan eficiente en ejercer influencia sobre el hombre interior. Por el contrario, será mucho más probable que ese hombre interior domine al hombre exterior.

Al pasar los años, si eres doblemente bendecido por el Señor, tal vez aquello que es divino en lo recóndito de tu ser, habrá anegado tan completamente al hombre exterior, que algunas porciones del mismo sean indistinguibles del hombre interior. Eso mi querido Cris, requiere una considerable obra del Señor, tanto en tu alma como en tu espíritu.

 Capítulo 12

Cris: Recuerdo la educación que recibí en el seminario. Cursé mis estudios de seminario en una de las más selectas instituciones teológicas del mundo. No desdoraría yo ese lugar, ni tampoco los excelentes hombres que me enseñaron. No obstante, excepto el hecho de que todos éramos pobres y sufríamos las consecuencias de ese problema en particular, vi y escuché muy poco en lo que a la profunda obra interna de la cruz se refiere.

Pero probablemente es así como esto debe ser, en vista de que no se puede enseñar la cruz. Realmente no. Si un estudiante de teología decidiera dedicar su vida entera al estudio de la cruz, no llegaría a adquirir nunca, por ese medio, su propia transformación. Ni la teología, ni los dones, ni los conocimientos —ni siquiera los conocimientos bíblicos— son de verdadero beneficio en la destrucción de aquellas cosas que hay dentro de nosotros y que deben ser destruidas.

En algún momento crítico tú y el Señor tienen que abordar el asunto en una forma práctica. Tiene que haber perplejidad, tiene que haber sufrimiento, tiene que haber dolor, debe haber lágrimas. Y de nuestra parte, probablemente tiene que haber incluso confusión, desánimo, pruebas, aflicciones, desesperanza y quizás la sensación de que el Señor ya no nos ama.

Tal vez hasta una sensación más profunda, más oscura y más presagiosa que ésa. Básicamente, la cruz es algo que se experimenta. Ni todos los análisis que se hacen en el mundo entero concernientes a la cruz, podrán describir jamás qué es realmente ser clavados en ella.  La cristiandad está llena de muchos obreros, semi-obreros, obreros en potencia y de simples cristianos comunes de mucho tiempo que son ambiciosos: cristianos que creen que están calificados para servir al Señor, porque tienen montones de libretas de apuntes llenas de información.

Estoy constantemente asombrado de ver cómo equiparamos eso de tener mucho conocimiento de información, con estar calificados para servir al Señor. La educación que se recibe en un seminario es, ciertamente, una excelente demostración de esto. Yo me matriculé en el seminario a una edad muy temprana.

Total, completa y absolutamente en coincidencia con el autor. Lo he dicho desde siempre y lo he seguido mencionando, aún con la furiosa oposición de muchísimos hermanos altamente especializados en teología que, por estar avalados por las organizaciones a partir de sus estudios y títulos, han llegado a sugerir que lo que decía era no sólo irreverente sino directamente blasfemo. ¿Es que alguien podría entender como blasfemia adjudicarle todo el mérito al Espíritu Santo y no al intelecto humano?

Una señora que tomó mi solicitud frente a su escritorio, creyó que había habido un error, que nadie tan joven podía ser admitido en el seminario. Pero debido a que yo era ya un graduado del colegio universitario, me dejaron ingresar. Después de pasar un año allí en la Colina del Seminario, y de aprender toda clase de cosas maravillosas (todas ellas dirigidas específicamente a mi lóbulo frontal), empezaron a llamarme ‘Reverendo’.

Otros incluso empezaron a tratarme de un modo más piadoso y santo. ¿Pero qué cosa santa me había ocurrido? Ninguna, excepto que yo había estado expuesto a una enorme cantidad de información que se había acumulado durante los últimos 1.000 años. Pero dentro de mí no había cambiado absolutamente nada, por el mero hecho de que yo había adquirido información.

En el seminario en que estudié, estuve rodeado de otros 2.000 hombres y mujeres jóvenes, que también estuvieron acumulando mucha información. Con todo, no recuerdo que ni uno solo de ellos fuera transformado por eso. La enseñanza puede ser correcta, pero habrá muy pocas cosas que suplan tus verdaderas y profundas necesidades, a menos que tu función interior haya sido transformada.

Mi necesidad básica no era una educación de seminario, sino la transformación de mi alma. Y esto sucede cuando el alma tiene un encuentro con Dios, encuentro que irradia desde el espíritu. Estoy seguro de que conoces la ilustración de Balaam y su asna. Aquella asna era mucho más juiciosa que el profeta. La asna pudo ver ámbitos invisibles. Pudo ver a un ángel que se había puesto delante de ella.

Ese pobre y tonto profeta sólo sabía cómo presentar ofrendas matutinas y vespertinas, y cómo colocar bueyes, toros, machos cabríos y tórtolas sobre un altar. Era un gran orador, pero su hombre interior no funcionaba. Trágicamente, no podía ver lo invisible. Tenía información, pero no estaba lleno de cosas que hubiesen venido de otro ámbito.

Ese profeta me recuerda la gran mayoría de los obreros cristianos de hoy. La asimilación de más información bíblica, más retiros, más sermones, más arqueología, más teología y más de todo lo demás, no añadirán ni un ápice a tu recóndito centro interior. Cris, la educación no hace absolutamente ninguna contribución allí.

Así la hermanita más sencilla, más indocta y analfabeta del mundo, que sabe cómo penetrar y vivir en ámbitos recónditos, tiene más comprensión real de los caminos de Dios, que toda la información escondida en la mayor biblioteca teológica de este continente.

¿Sabes? A esto lo pensaba en mis inicios como creyente. Y solía comentarlo con mucho cuidado con algunos hermanos cercanos. ¿Sabes qué me decían? Que tuviera cuidado, que el diablo era muy astuto y me iba a hacer ver errores donde no los había para sacarme de la iglesia y el camino. Yo lo creí por muchos años a eso. Hoy sé que puedes salirte de lo que llamamos la iglesia, y no sólo no salirte del camino, sino consolidarte definitivamente en él, en el verdadero, digo.

¿Con quién te gustaría más trabajar: con una persona realmente inteligente, o con una realmente compasiva? Probablemente saldrías mejor librado sin ninguna de las dos. Por lo general, una persona muy inteligente, muy lista, es gobernada por su mente. Una persona compasiva podría estar bajo la influencia de sus emociones.

Si tuvieras que trabajar con una persona ideal, sería alguien que estuviera controlado por su espíritu. Por su espíritu. Ahora bien, ésa es una dimensión totalmente distinta, algo sobrenatural, algo que no es de este planeta. La Biblia nos dice que nuestros pensamientos no son los pensamientos de Dios, ni nuestros caminos sus caminos. Así, cuando hablamos de vivir en el espíritu, hablamos de vivir por medios no humanos.

Hablamos de algo que tiene que ver con la divinidad y con otros ámbitos. Pero quizás deberíamos darle la vuelta a la pregunta. Cuando alguien te ve y piensa en trabajar contigo, ¿Qué le vendrá a la mente? Los que estudian a la humanidad nos dicen que, en lo que a nuestra disposición se refiere, cada uno de nosotros cae en una de las tres categorías básicas siguientes: los que hacen, los que sienten y los que piensan.

Ese es nuestro lado humano. El Señor quiere que estemos controlados, no por nuestras emociones, ni por nuestros pensamientos, ni por nuestra voluntad, sino por nuestro espíritu. ¿Y cómo has de estar controlado por tu propio espíritu? Desde el momento mismo en que recibiste a Jesucristo como tú Señor y Salvador, Dios puso a funcionar en ti su plan de traerte al punto en que vivas en esa dimensión… en tu espíritu.

No hay forma en que yo pueda describirte exactamente lo que significa ser guiado por tu espíritu o ser gobernado por la parte más íntima y recóndita de tu ser. Sí puedo decirte que esto es un poco diferente de estar fundamentalmente bajo el control de tus pensamientos, o principalmente bajo el control de tus emociones, o principalmente bajo el control de tu fuerza de voluntad.

Tampoco puedo decirte con exactitud cómo llegas a vivir en tu espíritu. Pero puedo decirte esto: para que ese día llegue, muchos cambios habrán de ser realizados en tu vida, sin tener en cuenta si eres básicamente volitivo, emocional o mental. Cuando tres cristianos recién convertidos comienzan a vivir las aventuras de la vida cristiana, siendo uno de ellos más bien emocional, otro más bien firme en su determinación, y el tercero uno que, al parecer, lleva todas las cosas de la vida en la cabeza, ninguno de ellos tiene ventaja alguna sobre los otros dos.

La verdad es que cada cual tendrá que ser sacado de aquello que es su característica básica. O, para expresarlo más claramente, cualquier cosa que seas, eso tiene que ser quebrantado. Básicamente Dios no es ni voluntad, ni emociones, ni intelecto… de modo que El no favorece a ninguno de éstos. Hablando en general, los profesores de divinidad favorecen a uno, el dirigente carismático favorece a otro, y el evangelista que desea convertir al mundo, aún a otro.

Pero Dios no es ni un profesor de divinidad, ni un líder carismático, ni un evangelista… ni tampoco es fundamentalmente un ser humano. Él es Dios. Y ¿cómo quebrantará El la voluntad de ese evangelista? ¿Cómo dominará las emociones del carismático? Y ¿quién sabe cómo tratará al intelectual? Poniendo al alcance de cada uno de ellos una abundancia de encuentros con otras dimensiones —lo espiritual, o sea, los lugares celestiales— que son en El Ungido Jesús. Así como también mediante mucho de la cruz, clavada como un cuchillo en el mismísimo centro del alma.

¿Qué es lo que Él está procurando resolver en ti? Si tú eres del tipo intelectual, eso es lo que El procurará resolver en ti. Si eres del tipo emocional, El procurará equilibrar eso. Si tienes una recia voluntad, Él se empeñará en quebrantar la fuerza de tu voluntad. ¿Qué es lo que hará El? ¿Hacer intelectual a la persona emocional, y a la intelectual, volverla una persona emocional?

No. Dios procurará entretejer algo distinto en ti, algo que no está caracterizado básicamente ni por una mente aguda, ni por sentimientos profundos, ni por una recia voluntad. Más bien, El procurará introducir en ti las características de una especie que proviene del espacio exterior. Te aseguro que esa especie… no, esa Persona, no es nadie que sea tecnológicamente más avanzado o más (o menos) emocional que el hombre caído.

A despecho de todas las historias de ciencia-ficción, esa especie no viene de ninguna parte del espacio de allá afuera, sino de otra dimensión, y Él es tan sólo un poquito diferente del intelectual que piensa, del emocional que siente o del hacedor voluntarioso. En la transformación de esa parte de nosotros que es en tan alto grado humana, por aquello que es tan divino, no pretendo dejar la impresión de que un día llegarás a ser alguna clase de vegetal humano.

Absolutamente no. Las emociones todavía estarán allí, el intelecto todavía estará allí y la voluntad aún estará allí. Los emocionales que sienten, los voluntariosos que obran y los intelectuales que piensan, son transformados, no eliminados. Esos elementos inherentes a su vida se convertirán en siervos de otra vida, la vida divina en el hombre interior. Por lo tanto, te recomiendo que 1) tengas muchos encuentros con El Ungido, y 2) te prepares para un asalto de la cruz.

Excelente. Muy pocas veces he leído conclusiones tan precisas sobre un asunto tan complejo de explicar. Gene, aquí, realiza una formidable síntesis de lo que, en definitiva, es el famoso y legendario hombre espiritual al cual le dedicara tanto tiempo Watchman Nee. Sólo que Gene lo hace en un idioma mucho más cotidiano, más adaptado a estos tiempos y mucho más fácil de entender. Me pregunto, claro, si con el simple hecho de entenderlo, ya está todo solucionado. No te preocupes, ya conozco la respuesta. Espero que tú también la conozcas.

Capítulo 13

Cris: En cada generación ha habido hombres que han puesto de relieve cuánta bendición tenemos en El Ungido. En nuestros días esto ha venido a ser llamado ‘el evangelio de la prosperidad’. Pero por otro lado, hay quienes presentan siempre, hasta el punto que suena a morbosidad, el sufrimiento que hay en la vida cristiana. Supongo que éstos podrían llamarse cristianos masoquistas.

Ahora bien, el problema está en que en ambas pretensiones hay algo de verdad, pero ciertamente el evangelio de la prosperidad siempre ha tenido más aceptación que la cruz. A los jóvenes cristianos (¡y a los de más edad también!) siempre los sorprende y hasta los asombra el grado en que el Señor permite que haya sufrimiento en la vida de cada uno de nosotros.

Los que han sido criados en el evangelio de la prosperidad, son muy susceptibles de que su fe quede destruida cuando la vida, el mundo, el pecado, una debilidad, problemas familiares, la mala salud y una miríada de otras cosas vengan a estrellarse sobre ellos.

Un joven cristiano recién convertido que, desde el principio de su vida cristiana tiene el privilegio de congregarse con un grupo de creyentes que son realmente muy unidos… bueno, al cabo de algún tiempo puede empezar a ver todos los problemas que el grupo experimenta, y entonces puede llegar a la conclusión de que: “Es imposible que Dios esté aquí. Es que, simplemente hay demasiadas aflicciones.”

Cris, si ocurre que has estado expuesto al mundo del evangelio de la prosperidad, entonces necesitas considerar y llegar a comprender que el Dios que te creó es también el Padre de Jesucristo, y El no eximió a su Hijo de sus padecimientos. Tampoco a los doce, ni a las iglesias gentiles, ni… bueno… ¡a nadie! Si se te ha dicho que Jesucristo tomó todos tus problemas para que tú puedas estar completamente libre, entonces te quiero recordar que los padres fundadores de tu fe sufrieron considerablemente, y como viéndote en la lejana bruma, hablaron de tus sufrimientos también.

De hecho, incluso garantizaron tus sufrimientos. (Como se ha señalado a menudo, el evangelio de la prosperidad resulta inválido y hasta ridículo cuando se lo predica fuera de los países industrializados del Occidente.) Tengo que admitir que, al parecer, aquellos que siguen un evangelio de prosperidad, prosperan y la pasan mejor de lo que el resto de nosotros pudiera.

De hecho, el cristianismo en países hasta hace poco tiempo sojuzgados por políticas o ideologías opuestas a las religiones, hoy se muestran en su esencia genuina, mucho más maleables a la verdadera doctrina que los que no vivieron sus padecimientos. Si lo dudas, predícales el evangelio de la prosperidad a los hermanos genuinos de Cuba y verás qué respuesta te dan.

Por otra parte, yo personalmente no he encontrado todavía una profunda obra de El Ungido entretejida en la vida de nadie que esté siguiendo consistentemente un evangelio de prosperidad. El Señor tiene una manera de hacer que obtengamos los deseos de nuestro corazón. Si deseamos la prosperidad, es probable que la tengamos. Si deseamos transformación, Él nos complacerá aún más pronto.

Y es así, porque la transformación está más cerca de su propio corazón, de lo que la prosperidad podría estarlo jamás. La mayor parte de nosotros no vive continuadamente una vida cristiana jubilosa. Las luces del semáforo no siempre están verdes, no siempre se nos da una promoción en el trabajo, nuestra salud no es siempre casi perfecta. Incluso en el asunto de las sanidades, la inmensa mayoría de nosotros andamos por ahí teniendo porciones de nuestro propio cuerpo considerablemente no sanadas.

Y en medio de nuestros problemas invariablemente nos encontramos con algún sonriente hermano, que nos recuerda que el Señor murió por nosotros de tal modo que nunca tengamos que estar enfermos. Se precia de que así es su propia porción en la vida. Nos apretamos los dientes y no sabemos si creerle a él o creer a nuestro instinto. (Una cosa es cierta: Cris, no discutas con él las citas bíblicas sobre este tema. Hay abundancia de versículos en la Biblia para demostrar cualquier cosa que cualquiera, dondequiera y en cualquier momento quiera creer acerca de cualquier cosa.)

Como joven cristiano, serás tentado a unirte al club de la prosperidad. Como creyente ya maduro, te alegrarás de no haberlo hecho. Si eres uno de esos que están verdaderamente convencidos de la idea de un evangelio que siempre prospera, siempre sana, entonces quizás debieras leer qué les aconteció a esos a quienes por lo general nos referimos como ‘la élite’:

Algunos fueron atormentados, no aceptando el rescate, (Para recibir una mejor resurrección.) Otros experimentaron crueles vituperios y juicios y azotes. Otros, cadenas y prisiones. Otros fueron apedreados. Otros más, aserrados en dos. Puestos a prueba; tentados. Muertos a filo de espada. Anduvieron errantes, cubiertos de pieles de oveja y de cabra. Pobres. Afligidos. Maltratados.

Pero ¿y dónde estaba Dios cuando todo eso sucedía? ¿Y dónde estaba el evangelio de la prosperidad? Si deseas seguir al Señor hasta lo sumo, y si deseas abrazar también un evangelio de constante bendición, salud y prosperidad, entonces tal vez debieras reconsiderar todo este asunto de seguir al Señor. Lo más tremendo en cuanto a esta lista de hombres y mujeres y de sus sufrimientos, es esto: ninguno de esos creyentes tenía lo que tú tienes —en el corazón de ninguno de ellos moraba El Ungido vivo.

Esa lista, como seguramente lo sabes, ¡es del Antiguo Testamento! ¡Por cierto que su fidelidad fue en gran manera pasmosa! ¿Y por qué su sufrimiento? Las razones son muchas. Tal vez una de las principales razones de por qué sufrieron, fue a fin de ser testigos para ti, el peregrino del nuevo pacto.

Pongo en tela de juicio la idea de que el sufrimiento es ante todo un castigo por nuestros pecados. Si esto fuera cierto, entonces todos los creyentes en la tierra estarían escondiéndose debajo de una roca en alguna parte. ¿Quién de entre nosotros merece realmente menos castigo que otro? Si de veras piensas que hay algunos cristianos que en general son mucho más justos y dedicados, más amorosos y bondadosos, más benévolos y afables que otros, entonces has subestimado la Caída. (Total y absolutamente de acuerdo. No es lo que me enseñaron en mis inicios, pero esta es una verdad que en mi espíritu encuentra cabida sin obstáculos ni tropiezos.)

No; no es un castigo, Cris. Dios está haciendo algo dentro de ti para la eternidad. Él está realizando algo en ti para tu propia vida, ahora y aquí: y está haciendo algo en ti, que no es solamente para tu vida ahora, sino también para la iglesia, que es su desposada, para que ella pueda ser hecha cabal y completa ¡ahora! ¡Aquí, en la tierra! El Señor sabe algo que nosotros no sabemos: La Caída nos ha dejado a todos nosotros en una deplorable miseria.

La mayor parte de nosotros es o extremadamente pecaminoso o extremadamente religioso. ¡O ambas cosas! Y además, supongo que ninguna de estas dos condiciones agrada a Dios más que la otra. Realmente ninguna de las dos lo impresiona. ¡Lo que Él hace en nosotros es lo que realmente lo impresiona! Él sabe todavía algo más: Por lo general nosotros aprendemos acerca de Él tan sólo durante los períodos de adversidad.

Pocos de nosotros, si acaso, buscamos una relación profunda e íntima con el Señor excepto 1) justamente antes, 2) durante y 3) enseguida después de esos períodos de calamidades, de desastres, de catástrofes, de sufrimiento y de dolor. Cabe decir esto de aquellos que son muy pecaminosos, muy religiosos y… bueno… de todo el resto de nosotros. ¡Somos gente impresionante, nosotros los cristianos! Gracias a Dios que Él nos conoce. Gracias a Dios que El obra en nosotros en la forma que lo hace.

Doy fe total de esto. En Argentina, la etapa de mayor florecimiento de la iglesia, en lo que tiene que ver con la cantidad de asistentes a las congregaciones, se dio en épocas muy duras desde lo económico y lo político, con extensión, obviamente, a lo social. En etapas posteriores donde eso fue modificado por políticas más favorables a las necesidades de los más carenciados, la iglesia pasó a un segundo lugar. Y a un tercero también.

Y lo otro en lo que debo coincidir a pleno, es en el impacto que Dios pueda recibir de parte de algo que uno de sus hijos pueda realizar. Pese a todo lo que todavía hoy se diga y se enseñe, Dios jamás se va a sorprender o impactar agradablemente, por algo que un hombre hace a partir de sus estudios, su preparación y su posición eclesiástica. Dios va a seguir impactándose y agradándose notoriamente, cuando ese hombre haga exacta y puntualmente lo que Él le ha pedido que haga. Y con las armas y el poder que Él le habrá otorgado para que lo haga.

Los judíos siempre habían creído que las aflicciones tenían que ver algo con el pecado que pudiera haber en la vida de uno. Todo el libro de Job señala la falsedad de esta idea. Pero esta clase de concepto se niega a morir. Puedes estar seguro de que hasta en nuestros mismos días habrá alguien que pase a verte para decirte que eso desgraciado que te ha ocurrido es resultado directo del pecado (o desobediencia) que hay en tu vida.

¡Espectros de los amigos de Job! ¿Es que nunca nadie lee ese libro? Según mi propia observación personal, a los perversos, a los pecadores, a los reincidentes no les va peor que a los mejores de entre los cristianos y, en un considerable número de casos, ¡Hasta les va mejor!

Ciertamente, el Señor puede llamar tu atención con una corrección, pero Él no es un Dios que anda por ahí hiriendo a la gente con horribles plagas si no lo han obedecido perfectamente. Sería prudente de tu parte, Cris, buscar alguna otra razón en lo que a tus problemas se refiere, antes de aceptar la teoría del castigo. (Te confieso que en los 30 años de mi carrera de cristiano imperfecto, no recuerdo que el Señor me haya castigado nunca severamente por ningún pecado que yo hubiese cometido.)

Yo tampoco lo recuerdo. Lo que sí recuerdo, en cambio, es la tremenda agonía entremezclada con angustia y tristeza que experimentaba en cada ocasión que el pecado se enseñoreaba de mí. Créeme que ese, ya era suficiente castigo. No necesitaba que Dios desatara ninguna catarata de fuego, ya lo tenía ardiendo en mi interior. El Espíritu Santo se había encargado de darme esa convicción de pecado que en otra época me resultaba desconocida.

Ten por cierto que toda aflicción que llega a tu vida, lleva consigo una palabra de parte del Señor. Además de eso, el sufrimiento que viene a nuestra vida como de parte del Señor, tiene siempre un efecto disciplinario sobre la vida de cualquier creyente. El Señor está procurando transformar cada porción de la desposada de El Ungido de forma tal, que la totalidad de ella pueda ser algo que iguale al mismísimo Hijo de Dios.

¿Y dónde pudieras esperar que esa obra disciplinaria de Dios llegue a tu vida? A veces el Señor tocará tu espíritu, otras veces será tu alma, y otras veces más, tu cuerpo. Cuando contemplamos el martirio, la persecución, la sangre, el llanto, los gemidos, las lágrimas, la profundidad, la longitud y la anchura de la agonía del cuerpo de El Ungido a lo largo de los años, quedamos abrumados. Y sin embargo, alguien más contempló esa escena y vio algo enteramente distinto. Vio como el que ve cuando está contemplando las cosas desde otras dimensiones. Desde esa perspectiva El declaró en la Sagrada Escritura: Esta leve tribulación produce en nosotros un eterno peso de gloria.

Sea lo que sea aquello que Él envíe, y cuando quiera que el mismo llegue, será una leve aflicción y producirá en nosotros una obra superabundantemente grande. Producirá en nosotros una gloria interna y eterna. Sea lo que sea aquello que el Señor pone en tu vida, esa aflicción es una amiga que obra para ti, y no contra ti.

Capítulo 14

Querido Cris: Debemos tener cuidado cuando hablamos acerca del gozo de la vida cristiana, o de la cruz de la vida cristiana. A cualquiera de los dos se le puede dar súper énfasis. Por cierto que nuestras propias inclinaciones naturales hallan expresión aquí. Aquellos que tienen una mentalidad más positiva, tienden hacia los pensamientos positivos, hacia lo que produce gozo y hacia la exuberancia.

Los que son de tipo más introvertido o abstraído, hallan su felicidad en la melancolía de sus consideraciones de la cruz. Pero ninguna de estas dos maneras de ver es verdaderamente cristiana; ambos puntos de vista son disposicionales. Bajo el control del Señor, la actitud del alma quedará hasta cierto punto transformada, tanto si esa alma es de naturaleza exuberante como si es de naturaleza melancólica.

Esta es una gran verdad. Tan grande como que cada hombre o cada mujer que dice haber entregado su vida a Cristo, suele construirse una imagen de Dios conforme a sus necesidades, conforme a sus gustos o disgustos. Y termina adorando a ese Dios que él o ella misma han fabricado, sin detenerse un momento a pensar que el verdadero Dios, está muy lejos de las divagaciones antojadizas de tu alma.

Ahora bien, la cruz no va por ahí cambiando la obsesión del gozo en melancolía. La cruz cambia también la obsesión de la melancolía. Las dos son cambiadas —transformadas— hacia la meta. Digamos que eres un joven cristiano de naturaleza adusta. En algún punto, a lo largo del camino —en el plan de Dios— debes aprender que a veces hasta la cruz de Jesucristo debe ir a la cruz.

Por lo mismo, tendrás que colocar tu síndrome de la cruz en la cruz. Digamos que tienes una naturaleza más bien exuberante. Puede que descubras —en algún punto a lo largo del camino— que el Señor está produciendo un equilibrio en tu modo de ser. ¿Cómo? Pues no lo sé. Me atrevería a decir solamente esto: Probablemente por la obra disciplinadora de una cruz inexorable.

De modo que, tanto el optimista como el pesimista están expuestos a un ajuste divino. El Señor desaloja toda disposición humana con una divina. Hay un fuerte elemento humano en cada uno de nosotros: tanto en las personas calladas como en las ruidosas, así en las neuróticas como en las bien equilibradas. Sí; en todos nosotros. Por tanto, es necesario que las energías, las aptitudes y los conceptos de alguna porción de la parte terrena de cada cristiano sean transformados en algo más elevado. Pero antes que eso más elevado llegue, el alma puede pasar por unos días muy fragosos.

No caigas en la trampa de tratar de suprimir tu alma —o de querer arrastrarla personalmente a la cruz y allí ponerte a buscar un martillo y unos clavos. El Señor no necesita ayuda. Tan sólo te meterías en su camino. Además, no creo que yo esté muy alejado de la verdad si te digo que su elevado propósito en ti no es tanto debilitar tu alma, como fortalecer tu espíritu. (Clarísimo; y con un concepto mucho más claro, todavía: Dios no necesita tu ayuda. Si te afanas por ayudar, generalmente estorbas).

En algún lugar profundo y recóndito dentro de ti, todo aquello por lo que El Ungido pasó, está ya depositado en ti. El desea que tú también experimentes algo de aquello que El experimentó. Él tiene un yugo que ponerte alrededor de tu cuello. Es un yugo ligero; y esto es una garantía, porque El ya adquirió la fuerza para llevar ese yugo. Algo de su experiencia tiene que ver con los padecimientos, pero nunca llegarás a conocer el sufrimiento hasta el grado que lo conoció El.

Tú completas tan sólo parte de sus padecimientos; no obstante, tú recibes toda la fortaleza que El adquirió en sus padecimientos. (Cierto, Cris, al parecer la fortaleza nunca llega en el momento de mayor necesidad.) Tú tienes, dentro de lo más recóndito de tu ser, ahora mismo, la vida divina de Dios. También tienes dentro de tu ser —un poco más cerca de la superficie— la vida humana que tu madre y tu padre te dieron.

La vida que ellos te dieron era una vida caída. Estas dos vidas —vida humana la una, y vida divina la otra— no pueden existir dentro de ti en total armonía. Estas dos son formas de vida sumamente diferentes. A veces las mismas van en direcciones completamente opuestas, operando una en forma totalmente diferente de la otra, así como la vida de un ave difiere de la vida del león.

Hay veces que tu vida humana se relaciona fácilmente con esa vida divina. En otras ocasiones, tu alma es indiferente a esa vida. Aun otras veces, desafortunada pero ciertamente tu vida humana se mueve —a sabiendas, o sin saberlo— en la dirección contraria de esa vida superior, y es en ese punto donde muy probablemente tu alma se encontrará con la cruz.

Capítulo 15

Querido Cris: ¿Qué tipo de persona puede soportar mejor el sufrimiento? Francamente, una vez que el sufrimiento comienza, tal parece que ninguno de nosotros se halla capacitado para sobrellevarlo. ¿Por qué? Al parecer, el sufrimiento que proviene de la mano de Dios es tan escogido, tan hecho a la medida para quien es enviado.

Es posible que aquello que podrías soportar muy fácilmente, nunca venga a ti; pero esa debilidad específica a la cual nunca has estado preparado, esa porción oculta de tu vida de la cual probablemente ni siquiera sabías —allí es donde caerá el golpe.

No creo que alguna vez te hayas planteado el asunto del sufrimiento bajo esta perspectiva, ¿Verdad? Estamos tan acelerados con los rudimentos tradicionales y clásicos de la Guerra Espiritual que, en un momento dado, a todo lo que nos ocurre se lo cargamos al diablo. ¿Y sabes qué? A veces no es el diablo, es Dios.

Hace años, un ilustre y anciano hombre de la fe vino a visitarme cuando yo me encontraba muy enfermo. Para entonces, yo ya llevaba en cama cerca de un año. En el curso de nuestra conversación, compartí con él mis sentimientos, mis dudas, y toda la agonía de todo aquello. Fue un torrente de quejas, de dudas y de interrogantes. Pude hablarle con libertad, porque yo sabía que cierta vez él había estado en cama por mucho tiempo, debido a un caso extremo de tuberculosis.

En la gran sabiduría de mis cortos 32 años, le dije algo así: —Soy muy joven como para que esto me ocurra. Esto debía de suceder en algún momento en el futuro. Usted tenía 40 años cuando le sucedió aquello. Y usted conocía al Señor mucho mejor que yo. Pero apenas estaba yo empezando a aprender algo acerca de Él y de sus caminos, y entonces me sucedió esto.

Es que no estoy capacitado, yo no soy el tipo, no estoy preparado. Todavía soy demasiado joven, demasiado inexperto, no soy bastante cristiano como para soportar esto. Me miró asombrado y respondió: —Yo tenía 40 años, y eso era ser demasiado joven también. ¿Qué clase de cristiano puede soportar mejor el sufrimiento? El tal no existe. Yo podría sobrellevar tus problemas fácilmente. Tú podrías sobrellevar los míos con un bostezo. Pero es que no sucedió de esa manera. Yo tenía los problemas que yo no podía sobrellevar; así te pasó a ti también.

Capítulo 16

Querido Cris: Esta mañana dos compañeros de cuarto cristianos se levantaron a las 5:00 a.m. y estuvieron orando juntos durante casi una hora. Ahora son cerca de las 11:00 a.m. y el compañero de cuarto Número 1 le dice al compañero de cuarto Número 2 que no debería estar tocando ‘esa clase de música’ en su radio; ¿o esta vez es un libro que es pecaminoso?

¿O le dice ahora al compañero de cuarto Número 2 que no debe ir a cierta merienda esa tarde? Sea lo que sea, el compañero de cuarto Número 2 se está poniendo muy indignado. —Eso no te importa nada. Tengo libertad en El Ungido para hacer eso y cualquier cosa. —Esto podría ser lo que el compañero de cuarto Número 1 está a punto de oír.

Veamos otra posibilidad: el compañero de cuarto Número 2 permanece en silencio, ¡soportando con gracia la carga de ultraje y la injusta persecución! Hay una sola cosa cierta en cuanto a esta escena. En ella no está ocurriendo absolutamente nada de actividad divina. (A menos que sea un acto de humorismo de Dios echar juntos, como compañeros de cuarto, a esos dos jóvenes cristianos de ideas contrarias.)

¿Qué se puede hacer para prevenir escenas como ésta? Ocurren cada día entre los solteros. En realidad, nada. Tratar de sacar la naturaleza religiosa de un hermano soltero de veintitantos años de edad, es con mucho como tratar de sacar los huesos de su cuerpo. ¡Eso forma parte del conjunto! Esperemos que el transcurso del tiempo les enseñe compasión.

Espero fervientemente que ningún hombre mayor, como de mi edad, los aliente en su religiosidad. Y espero, con el mismo fervor, que ningún hermano mayor intervenga y procure establecer reglas contra semejante religiosidad ruidosa e inmadura. ¿Qué se puede hacer? No mucho. Un año de matrimonio acabará una considerable parte de esa condición de hermano soltero.

El tiempo y la cruz son las dos mayores necesidades de esos dos jóvenes. Al parecer, la cruz es la gran compensadora y niveladora de todos los hermanos solteros. En el curso de unos años una de dos cosas les va a acontecer a esos dos jóvenes.

Habrán llegado a ser hombres rudos, criticones y mandones —o todo lo que hayan pasado como jóvenes los habrá tornado tan amargados, que habrán dejado tanto esa confraternidad y el reino, como también al Señor; o una noche se sentarán por ahí y se reirán ruidosamente de cuán increíblemente religiosos eran cuando eran jóvenes, y darán gracias a su Señor por cada experiencia maduradora que hubieron de pasar.

¡Señor, apresura ese día en que el mundo esté lleno de hombres como ellos! Hombres cuyas entrañas estén llenas de gracia, de compasión, de amor, de libertad y de desembarazo y tengan la sabiduría —como hombres mayores en edad— para guiar con ternura a algunos hombres y mujeres jóvenes muy religiosos (y mostrar paciencia en la vida de ellos), que esta mañana se levantaron muy temprano para orar juntos, jóvenes que son optimistas, entusiastas y están llenos de fe ciega.

No sé cómo será en tu lugar de residencia. En mi país, la Argentina, no he hallado dentro de las congregaciones tradicionales, a verdaderos ancianos ungidos con amor y paciencia para tratar con los jóvenes. Casi siempre he visto a viejos malhumorados que no parecen hijos de Dios porque el gozo divino les ha pasado por la vereda de enfrente de sus vidas.

¡Que Dios los conserve siempre así! Sin embargo, es un hecho que son descendientes de una raza caída. En ellos, y en ti, Cris, existe algo muy egocéntrico que jamás morirá, a no ser por los punzantes dolores de la adversidad. Si te resistes, si te aferras a ese profundo lugar egocéntrico, guardándolo siempre, asegurándote de que no sea invadido ni siquiera por la mano misma de Dios, entonces algo dentro de ti seguirá inalterado e indómito durante toda tu vida sobre esta tierra.

Y nunca será derribado el altar, el salón de trono, el santuario en que se adora el yo. Puedes estar seguro, mi joven hermano, de que un día el Señor levantará la mano de protección de sobre ti y movido de amor dirá: —Ahora voy a dejar que éste sufra. Ese día empezarás a participar de los padecimientos de El Ungido. Esos sufrimientos tuvieron un propósito en la vida terrena de Él y ciertamente del mismo modo tendrán un propósito en tu vida.

Debes reconocer que el ingreso del sufrimiento en tu vida es antagónico con respecto al lado oscuro de tu naturaleza humana. Los dos son enemigos naturales. Pero habrá muy poco progreso espiritual, si acaso hay alguno, en las partes más recónditas de tu ser, hasta que la mortífera y fría hoja de la cruz traspase las partes vitales de la naturaleza egoísta, ocultas tan profundamente y entretejidas de un modo tan completo en tu naturaleza humana, que parecen ser una sola.

Capítulo 17

Querido Cris: Tal vez la mejor manera de ilustrar una de las cosas que el Señor tiene que realizar en la vida de cada uno de nosotros, es usar el ejemplo de lo que Él hace a los que tienen talentos extraordinarios. Si el Señor trae la cruz incluso a la vida de un cristiano bien equilibrado que lo ama, seguramente nos visitará a todos nosotros.

En este punto, de inmediato vienen a mi mente los obreros cristianos. Aquí está un hombre —o pudiera ser una mujer— que es extraordinariamente talentoso. Se expresa muy bien, escribe bien, socialmente es muy atractivo y posee una profunda comprensión de las Escrituras. Mental y emocionalmente es estable. Con frecuencia retrocedo, observo y me estremezco cuando considero lo que Dios tiene que hacerle a un tal creyente para quebrantarlo.

Bueno, yo pudiera. Cierta vez una anciana de cabellos grises, dada a la cruz, retrocedió… y se estremeció… cuando oré fervientemente pidiéndole a Dios que me quebrantara, y contempló la historia de horror que ella estaba segura que vendría a mi vida, si alguna vez Él se disponía a contestar mi oración. Sabemos que es tremendamente importante que el obrero cristiano sea quebrantado.

A esto lo pude ver bien de cerca. Cuando recién me convertí, solía reunirme con tres hermanos más maduros en la casa de uno de ellos. Otro, que era muy respetado por todos por causa de su conocimiento bíblico e integridad moral, cuando oraba, repetía ese pedido que ninguno de los otros que estábamos allí ni siquiera mencionábamos: “Señor, quebrántame”.

Con el paso del tiempo, su vida hasta allí tranquila y casi feliz, comenzó a modificarse progresivamente hasta convertirse, en poco tiempo, en un verdadero infierno donde se mezclaba lo familiar, lo social, lo laboral y hasta lo moral, aquello en lo que siempre había destacado. Para mí fue una enseñanza: deja que Dios te quebrante todo lo que sea necesario para tu crecimiento, pero no le exijas que lo haga como forma de mostrarte más espiritual.

Aunque no sea por ninguna otra razón, necesitamos estar bien seguros de que alguien que sabe hablar de Él Ungido con tanta elocuencia, realmente lo ama. ¿Ama lo suficientemente al Señor como para seguir amándolo si le fueran quitados todos sus dones, que lo han ayudado a hacer a Jesucristo tan atractivo? ¿Amará al Señor cuando no tenga nada? Y luego, ¿lo seguirá amando? Si no ama tanto al Señor, entonces en realidad no deseamos escucharlo ni seguirlo.

El Señor estima el quebrantamiento con más benevolencia que toda la grandeza que este mundo haya visto jamás. La única forma en que cualquiera queda quebrantado, es cuando se le aplica una gran cantidad de presión… por lo general sobre su punto más fuerte. El buen éxito nunca ha significado gran cosa en el reino de Dios. Ciertamente no, al menos desde el punto de vista de Él.

Las cosas más importantes que le han sobrevenido al Señor, han venido como resultado de abrumadores desastres: La caída. La cruz. Las mismas llevaron a la redención. A una nueva creación. A una desposada. No habrá mansedumbre, ni compasión, sin desastre ni pérdida. No habrá altruismo, sin un golpe mortal asestado al egoísmo.

No habrá humildad, hasta que haya una total e irreparable pérdida de reputación. No habrá nunca ningún verdadero éxito en la obra del Señor, hasta que haya sido precedido por muchas, muchas ocasiones de fracasos desastrosos. Y puedes estar seguro de que el Señor te ama demasiado como para resguardarte de lo desagradable.

Es a través de un corazón quebrantado, que Dios trae su propósito a este mundo. Entonces, Señor, produce en mí un corazón quebrantado. Produce, a partir de tus tesoros, un corazón quebrantado en mí. El éxito temporal logrado en una ciudad ha hecho que muchos obreros cristianos comenzaran allí mismo a levantar un imperio. En vez de eso, debían haber levantado la iglesia de Jesucristo.

Muchos obreros cristianos han levantado obras que tal vez eran dignas de ser llamadas ‘vida de iglesia’ o ‘vida corporativa’. Una vez levantadas, surgieron problemas. Entonces lucharon con todos sus recursos para preservar su obra. ¿Por qué? —me pregunto. ¿Por qué luchar para preservarla? Si la obra es en verdad de El Ungido, se sostendrá.

Si tan sólo parte de ella se sostiene, y esa parte es realmente de El Ungido, entonces es mucho mejor tener nada más que esa pequeña parte sobreviviente, que una obra grande que se haya de tener junta por medio de razones, lógica, teología, temor, acusaciones, doctrina o lo que sea. A mi juicio, ese obrero pudiera considerar seriamente dar un paso atrás, incluso salir — muriendo a su obra— dejando que el fuego caiga sobre esa obra, para ver cuánto de ella puede sobrevivir.

Cris, hay muchas historias de grandes éxitos por ahí, pero tales obras muy raramente reflejan a la desposada de Jesucristo. A veces ésta parece ser tan evasiva como su Señor. En raras ocasiones se la ve, hermosa y completa, congregarse en alguna parte en una ciudad. En muy raras ocasiones te congregarás en un lugar donde puedas percibir esa profunda obra de El Ungido en un cuerpo colectivo de personas, un pueblo que ha sido hecho uno… y cuya unidad —probada por el largo transcurso del tiempo— no se encuentra en nada, en absolutamente nada, sino sólo en El Ungido.

Tal pueblo es raro, exóticamente raro y extraordinario. Raro, porque aquella gloriosa obra que el Padre hizo en el Hijo, fue tan rara, tan extraordinaria. No hay fachada alguna que puedas construir alrededor de tu vida, que el Señor un día no haya de atravesar, rompiéndola con gran estrépito, ya sea la fachada del cristiano triunfante, todo sonrisas, o la del beato y buenote rutinario. (¿Cabe alguna duda que Gene recoge casi hasta con cierto humor ese muestrario masivo de lo que es un cristiano, especialmente a la salida de cada culto?)

Entonces tu Señor abrirá puertas y derribará paredes y dejará penetrar la luz. Esa luz caerá en lugares que no te atreves a permitir que nadie vea. Todo tu concepto de lo que la vida humana es, de lo que la vida divina es y de cómo opera cada una de esas dos vidas —sus normas, sus valores, sus acciones y reacciones en un determinado conjunto de circunstancias— todo eso tiene que ser transformado.

Gracias a Dios, será transformado, y será transformado por El, no por ti. Transformado por una profunda obra de tu Señor que mora en ti y que hace una obra en lo más recóndito de tu ser. Él está dedicado a arrancar, del lado oscuro de tu alma, de las fibras mismas de tu corazón, y de todas esas cosas ocultas que retienes con tanta predilección, todo lo que no sirve. Es con la destrucción de los ídolos que hay en ese tu más recóndito templo, como El hará lugar para los géiseres de Vida divina.

Job, ese varón de las Escrituras, es una persona enigmática. Cuántos sabios han venido a su libro procurando encontrar su tema central. Y para cada persona que ha tomado la pluma a fin de escribir acerca de Job y de su libro, ha surgido un enfoque distinto. En realidad es muy poco lo que se puede decir acerca de Job, con que alguien no esté en desacuerdo.

A menos que sea la afirmación siguiente: para cuando terminó todo el sufrimiento, Job estaba transformado. Eso es todo. Fue así de sencillo. Cuando acabaron sus pruebas, Job estaba transformado. Este es un hecho seguro. Cómo Dios lo transformó, por qué Dios lo transformó, qué fue transformado en él, son conjeturas. Pero Job era un hombre transformado. Gracias a ti, Amigo Sufrimiento.

Probablemente sea necesario decir aquí, que de hecho no son ni el sufrimiento, ni la aflicción, ni el dolor los que harán la mayor parte de la obra que ha de realizarse en tu vida. En realidad, estos servidores del Señor están allí sólo para reducirte a cero. Ayudan a abatir esa parte de ti que se ha levantado y a levantar aquello que se encuentra demasiado abajo.

Será en algún momento de quebranto, de desesperación, cuando el dolor haya hecho su voluntad en ti, que levantarás la vista y mirarás con los ojos bañados en lágrimas, hundidos, desesperados, y captarás tu primera vislumbre verdadera del auténtico Jesucristo. Será en ese momento, cuando hayas quedado devastado por un Dios inexorable, que llegarás a comprender por primera vez a la divinidad.

Probablemente será en ese momento cuando captarás una vislumbre de El, no empañada por tu propia interpretación disposicional de cómo es Dios. Y cuando te levantes, mira alrededor de ti y ve que todo ha quedado destruido. ¡Quizás por primera vez en tu vida, habrás tenido éxito! Al fin habrás captado una vislumbre pura, inmaculada de Él. De Aquel que es incomparablemente digno. Es esa visión lo que realmente nos transforma.  El naufragio causado por la aflicción y el dolor, es el precio que Dios  está dispuesto a pagar, para obtener quebrantamiento, compasión y sensibilidad espiritual, en una vida que, en su estado intrínseco, es una vida de desamor.

Cuenta la anécdota que un día alguien le preguntó a un discípulo del Señor qué había que hacer para encontrar a Dios en un mundo tan entretenido en carnalidades. El discípulo simplemente llevó al que hacía la pregunta a la orilla de un río, lo hizo poner de rodillas y meter la cabeza en el agua. Él con su mano se la sostuvo sumergida sin permitirle salir.

Cuando ese hombre empezó a agitarse por falta de aire y miedo a ahogarse, lo soltó. El hombre se irguió con los ojos desorbitados de terror y aspiró una enorme bocanada de oxígeno. El discípulo lo miró sonriendo y le dijo: “Cuando te sientas así, encontrarás a Dios”…

Capítulo 18

Querido Cris: Veamos. Estoy sirviendo al Señor desde hace aproximadamente unos 30 años. He pasado la mayor parte de ese tiempo trabajando con los jóvenes. Al obrero cristiano le resulta difícil comunicarle al joven creyente cuán susceptible es realmente (el joven) con respecto a sus propias emociones, su amor propio, sus talentos, su prontitud, su lentitud, etc.

Hablando en general, yo diría que, como grupo, ustedes son muy sensibles. Tus sentimientos se hieren con suma facilidad, y es la naturaleza de la bestia que, una vez que esos sentimientos se hieren, algo en el cerebro se pone en marcha según una norma muy predecible. Detienes toda sana lógica, se cierran tus oídos, tus ojos desarrollan una visión de túnel, y la única cosa que puedes ver, saber, sentir, oír o pensar, es que alguien te ha tratado injustamente.

De inmediato comienza el resquemor interno. Se empieza a sentir la herida. Entra en escena un nuevo tipo de lógica, una lógica muy ciega, nacida de un monólogo. La racionalización de la lógica ofendida sube en espiral. Tu mente te convence de tal manera de que tú tienes razón, que te tornas virtualmente incapaz de captar la idea de que tal vez pudiera haber algún otro modo de ver distinto del tuyo.

Así, te conviertes en una impenetrable fortaleza de resentimiento y de sentimientos heridos. En otras palabras, eres demasiado sensible. Si estás en una congregación cristiana muy unida, que es, aunque sea remotamente, similar a la vida de iglesia y donde los creyentes se rozan mucho y conviven en armonía, te pronostico que te vas a sentir muy devastado.

Y hay una buena probabilidad de que muchas otras personas vayan a quedar devastadas, por cualquier proceso que uses para quedar tú devastado. Bueno, tú sabes que el Señor ha estado viendo a los cristianos hacer esto por casi 2,000 años y la humanidad por bastante más tiempo. Ten la plena seguridad de que Él tiene la manera de transformar nuestra naturaleza súper sensible. Y lo hace.

Desde luego, no te he visto por mucho tiempo, así que quizás tú seas del tipo contrario. ¿Eres tú una de esas raras personas que nunca tienen problemas en su relación con otros? El problema que el resto de nosotros tiene contigo, es que eres tan sutilmente pagado de tu propia rectitud con respecto a las desviaciones, inquietudes, peculiaridades y absolutas chifladuras del resto de nosotros, que nos exasperas.

Pero ¿a qué viene todo esto? Todo hijo (e hija) de Adán estima su disposición casi más que lo que atesora cualquier otra cosa en la tierra, incluso el Señor. Lo que es peor, es el hecho de que es muy raro el hombre que siquiera se da cuenta de que esto es un problema. Así, pues, aquí vemos un perfecto ambiente para un choque de frente entre la vida humana y la vida divina.

Obviamente, ninguna de las cosas que acabo de mencionar, son atributos de la vida divina. ¡En el momento mismo en que la vida humana queda comprometida, se incomoda! ¡Se lamenta! ¡Refunfuña! Por otro lado, la vida de Dios puede tenderse sobre una cruz para ser injustamente crucificada por aquellos mismos que él creó. Pero debo contrapesar mis palabras.

Hay otra clase de cristiano que quedó enfocado al yo decir: “puede tenderse sobre la cruz y ser crucificado injustamente”. Este es el cristiano que, por su propia disposición, tiene una tendencia masoquista. O sea, que es tan súper religioso que nunca se queja. ¿Por qué? ¿Porque es tan semejante a Jesucristo? No; sino que simplemente se goza en mantener la boca cerrada. Le gusta la divulgación limitada.

A esto no me ha tocado verlo en el sentido que el autor le está dando, pero sí en reuniones caseras, domésticas, efectuadas en casas de familia, donde me tocó ser líder de un grupo de hermanas que allí se reunían. El eje de la reunión era compartir alguna palabra y luego orar específicamente por las necesidades de cada familia por ellas representadas.

Allí tuve ocasión de conocer a alguien que disfrutaba jugando un rol escénico que la convertía en el centro de cada reunión. Yo denominaba a ese papel actoral: “La pobre mujer que sufre”. ¿Se entiende, verdad? Hay miles así. Y también hombres, desde luego.

Porque es segura. Literalmente, le resulta menos doloroso quedarse callado y ser injustamente crucificado, que hablar francamente y compartir quién es y por qué circunstancias está pasando. (Compadezco a la pobre mujer que se casa con él o al compañero de cuarto que vive con él. Este cristiano se aficiona a la cruz; recurre a ella como el pato al agua.

Su esposa, por su lado, acaba prefiriendo instituciones mentales.) En alguna parte de lo recóndito de su subconsciente, el tal cristiano se siente muy pagado por el hecho de que no se revienta el cráneo cada vez que alguien hiere sus sentimientos. Dicha conducta no es ni la negación del alma, ni la obra del Señor en el hombre exterior.

La peor cruz, la más horrible y la más repugnante que puede sobrevenirle a ese buen hermano (o hermana), es tener que confrontar a alguien abiertamente o declarar francamente lo que tiene en su mente. Pero él no hará eso. Se siente satisfecho. El, igual que el resto de nosotros, está muy orgulloso de sus características disposicionales. Ni el cristiano que tiende a explotar, ni el cristiano que tiende a tragarse todo, se han encontrado con la verdadera cruz de Jesucristo. (Me pregunto si nadie les leyó esa palabra que habla de que debemos ser transparentes)

¡Ah, pero cobra aliento, Cris, sea lo que seas realmente! Recuerda que servimos a un Señor que nos ama lo suficiente como para caerle a cualquier rasgo que nuestra alma ponga de manifiesto. Cuando veas cuán necesitados estamos todos de ser cambiados, y cuán ciegos e incapaces somos todos para efectuar por nosotros mismos esta nuestra transformación, entonces estarás tan sólo a una corta distancia del lugar donde puedas ver que todo problema y toda prueba que llegan a tu vida, han sido enviados allí por la mano de Dios para realizar el bien más elevado posible en tu vida.

Pero necesitarás toda la sabiduría de tu espíritu, toda la experiencia que la vida te haya dado hasta la fecha, y además, una abrumadoramente larga espera delante de Dios (y tal vez algún aconsejamiento con un amigo cristiano… uno que no sea apto para convenir contigo), pera entender cómo relacionarte con esa mano de Dios. En alguna parte de todo ello, recuerda esto: las pruebas están entre las mayores bendiciones de la vida.

Déjame ilustrar un poco más lo que acabo de decir. Recuerdo al muchacho que se declaraba a todas las muchachas de su congregación. Recuerdo a la muchacha que nunca dejó de estar loca por los muchachos. ¿Qué podía hacerse para ayudarlos? Por aquel entonces, cuando hacían esas cosas disparatadas, los dos estaban también totalmente entregados al Señor. ¿Y crees que reprenderlos por ser tan triviales los habría ayudado? ¡No! Su proceder era sólo un síntoma de defectos de personalidad mucho más profundos, mucho más recónditos.

Entre paréntesis, en ambos casos ese defecto quedaba fuera de toda discusión: era sacrosanto. Toca uno de esos defectos de personalidad verdaderamente básicos en la vida de un creyente y te encontrarás con una resistencia sorprendentemente grande de parte de algunos cristianos por otro lado muy dedicados. Afortunadamente, hay una persona que rehúsa aceptar esas áreas como áreas  excluidas. Y cuando Él llega —siempre trayendo consigo ‘el peor desastre posible’— lo que El trae a tu vida es algo soberano.

Probablemente gritarás y chillarás como si fuera un sangriento asesinato, pero recuerda, el problema sólo luce tan malo, porque cuadra tan perfectamente a tus defectos más básicos y mejor protegidos. Cris, espera que el Señor te confronte en el punto de tu mayor debilidad. Reflexiono sobre lo que he visto durante estos últimos 15 años, cuando algunos creyentes vinieron a estar frente a frente con un Señor, determinado a habérselas con un defecto mayor.

En lo que respecta a algunos, el mismísimo día que fueron confrontados así, hicieron las maletas y dejaron… al Señor. Respecto a otros, fue un rótulo bien grande que decía: “Gracias; pero no, gracias; esto es asunto mío, no tuyo.” Con respecto a otros más, aquello fue algo tan sin novedad, como ser lanzados a los leones y ser despedazados.

Toda la fibra del ser humano pareció rasgarse entonces y romperse, hasta bajo la sola consideración de tener ese trato introducido en su vida. En fin, con respecto a otros más, aquello no sólo fue la naturaleza psicológica abrumada hasta su máximo, sino que hasta matrimonios sólidos se retorcieron, restallaron y casi se rompieron bajo el peso de sólo analizar el problema.

He visto dentro de las congregaciones un problema que es el epicentro notorio del resto de los problemas: callar lo obvio, jugar al pacto de silencio. Es como si cada uno pensara que callando un asunto, el asunto deja de existir. A eso lo han probado gobiernos dictatoriales y autoritarios con la finalidad de acallar o suprimir las críticas. No les funcionó. Ni bien se vislumbra algo de libertad, los dramas salen a borbotones desde dentro del alma. Callar un problema ni lo soluciona ni lo extermina, sólo lo posterga.

Esos, querido Cris, son los días en que estás de veras bajo la soberana mano de Dios. Entonces no piensas en mirar debajo de las peñas procurando hallar a Dios que está obrando en tu vida. Puede ser que sí estés mirando debajo de una peña para encontrar un lugar donde esconderte. Ese día sí que no habrá piedad imitativa; habrá muy poca disposición para levantar la vista y decir: “Oh, éste es el Señor.”

Yo resumiría de este modo la más prominente característica del lado oscuro de la naturaleza humana: tiene una capacidad de supervivencia casi ilimitada. Asimismo, yo resumiría así la actitud de tu Señor cuando El viene para lidiar con alguno de los defectos realmente más importantes de tu alma: Él es el único poder del universo más determinado a transformarte, que lo que tu propia alma está a sobrevivir. Con frecuencia el choque de esas dos voluntades es un acontecimiento bastante espectacular.

De alguna manera, en la obra de transformación de Dios todas estas cosas tienen que quedar niveladas. Tiene que llegar el día en que prácticamente nada que se te haga, pueda herir tus sentimientos, no importa cuán injusto pueda ser aquello. A propósito, ésta es otra manera de saber si el Señor ha adelantado algo en tu vida: cuando puedes aceptar una crítica, sin sensación alguna de resentimiento ni ninguna necesidad de desquite, aun si te la hacen con malignidad.

Por favor, no tomes esto que terminas de leer con liviandad ni de modo superficial. Haz ya mismo un examen más que profundo de ti mismo, de ti misma. ¿Tienes claro lo que sucede en tu interior cuando alguien te critica algo, así sea con justa razón? Si tu respuesta es honesta y sincera, pues entonces ya sabes de qué lado del camino estás. Nada ganas con ocultarlo, simularlo o acallarlo. Igualmente seguirá estando allí.

Ahora, dale la vuelta. Tiene que llegar el día en que seas muy sensible a los sentimientos de otros. Pero yo no te recomendaría que te determines hoy ser siempre comedido, amable y considerado. Mejor determina que tu piel se torne moteada —tienes más probabilidad de lograr esto. No. Estas son cosas que sólo el dolor, la angustia y el quebranto pueden obrar en tu vida. Y esto, tan sólo gradualmente.

Capítulo 19

Querido Cris: ¿Y qué papel juega Satanás en todo esto? Hay una cosa que se puede decir de Satanás. El es muy probablemente la persona con la cual es más fácil obsesionarse en el mundo entero. Hay cristianos que están mucho más enamorados de Satanás que de su Señor. Cris, no caigas en esa trampa. Sabemos que un día Satanás entró en las crónicas de la vida de Jesucristo.

La pregunta de por qué él apareció, ha llenado ya muchos libros, quizá hasta libreros enteros. Pero sabemos esto: Cuando esa confrontación terminó, el resultado que de ella salió a la luz, fue nada menos que la salvación para toda la humanidad. Así, pues, cuando quiera que se te ocurra que Dios le ha concedido a su enemigo, aunque sea por un instante, alguna porción de tu vida, recuerda esto: Si realmente Dios ha permitido que Satanás entre en tu vida, cuando esa confrontación haya terminado, los resultados habrán de ser una transformación en ti.

Ten por cierto que ahí va a quedar un poco menos del lado oscuro de tu humanidad. Y un poco más del lado resplandeciente de su divinidad habrá tomado su lugar. Si tienes la tendencia de echarle la culpa de todo al diablo, entonces pasarás por alto una gran parte de la obra que el Señor ha planeado para tu vida.

En efecto, si tienes la tendencia de considerar que aún una porción razonablemente grande de todo lo que viene a tu vida viene de parte del diablo, puede que no hayas comprendido bien una de las cuestiones centrales de la obra de Dios en nosotros.

Lo que sucede es que poco a poco el mundo, (Incluido muchos cristianos), ha ido tomando el libreto escrito en el infierno y, de tanto repetirlo, ha terminado creyéndolo. ¿Un ejemplo? Un viejo adagio que dice: “Las comparaciones son odiosas”. Eso no es verdad. Si tú no tienes conocimiento de un libro o un tema musical malo, jamás podrías apreciar uno bueno. Así es que, si Dios no le hubiera permitido el acceso al mal, nosotros jamás hubiéramos podido entender lo que era el bien.

Cierto, puede que ése que se llama Satanás tenga el control de este mundo; pero acuérdate de dar un paso más en este asunto: en definitiva, el Señor tiene el control de Satanás. Repito esto: en fin de cuentas, hasta tu enemigo, Lucifer, está bajo el control del Señor.

De modo especial, los obreros cristianos tienen la tendencia de llamar a todo lo que se opone a su pequeño mundo y a su pequeña obra, como que proviene del diablo. ¡Cuántas veces he sido testigo de tal actitud en estos últimos 30 años!

Ciertamente, una acusación como ésta de parte de un obrero: “Miren, todo este asunto es del diablo”, le crea una situación bien desagradable a ese pobre hermano que realmente está causando el problema. Cuando despierta, descubre que ahora todos sus amigos piensan que él es el diablo… o un razonable facsímil de él.

Es una sensación muy desagradable, ¿o no lo es? Estar sentado allí en la reunión y escuchar que lo que estás haciendo, es ‘obra del diablo’. Espero que sobrevivas; pero francamente, son muy escasas las probabilidades de que así sea. Sin duda alguna, deseo que ningún obrero cristiano hable de esta manera.

Semejante forma de hablar me ha estado cuajando la sangre durante una generación entera. Pero se habla así. Durante los siglos pasados se ha hablado así, y por cuantos siglos falten aún por pasar, se seguirá hablando así. Y si llega el día en que alguien diga de ti: “Esto es obra del diablo”, te exhorto, Cris, a que refrenes tu corazón; refrena tu lengua y refrena tus motivos.

Mantente limpio, purifica tus motivos, rinde tu voluntad, tus opiniones, tus deseos y tus esperanzas al Señor. Alza luego tus ojos a los montes y conoce que todas las cosas ocurren con la venia de la mano del Señor. El dolor, el gozo, la esperanza y el temor.

Si rehúsas aceptar aun esto como de la mano del Señor, es probable que te vuelvas un amargado. Y un cristiano amargado es un cristiano devastado. Las cosas negativas vienen tan de la mano del Señor como las positivas. Su obra en ti tendrá tanto de lo resplandeciente como de lo oscuro, tanto de gozo como de aflicción.

Dios obra por medio de todas las experiencias, y utiliza todos los medios para elevarnos a la plena estatura de Jesucristo. Tu enemigo, quienquiera que ese ogro sea, es no obstante un servidor de Jesucristo. El Señor usa a tu enemigo, que es asimismo su enemigo, para transformarte y para llevar a su iglesia a la victoria.

La más elevada expresión del amor de Dios no es el gozo, sino el sufrimiento, o la aflicción o la disciplina. Lo que creíste que era reprensión, era amor en gran manera fiel. Y aquello que creíste que era derrota, pudiera haber sido la victoria del Señor en tu vida. Además, aquello de que tú habías estado completamente seguro que era el enemigo mismo, en definitiva pudiera haber resultado ser ningún otro que el Señor de la vida.

De hecho, en ciertos momentos de una vida, a Dios le place permitir que esa vida pase por situaciones críticas o sencillamente desesperantes. ¿Lo hace con todos? No, absolutamente no, no es un método, es una decisión divina por algún motivo más que sobrado.

¿Y qué hace la gente cuando Dios empieza a sacudirle su tienda? Reprende demonios y se cubre con la sangre de Jesús contra el diablo. ¿Ni por un momento evaluará que quizás sea Dios que quiere enseñarle algo? De hecho, no estoy hablando que se le muera un hijo, o sus padres, estoy hablando de pruebas posibles de superar sin desesperarse.

Capítulo 20

Cris: El martirio es algo que ha fascinado a la iglesia cristiana a lo largo de los siglos. El Libro de los Mártires del autor Fox y otros libros semejantes nos cuentan las maravillosas historias de aquellos que prefirieron ser quemados vivos, antes que abjurar de su fe; de aquellos que se pusieron frente a una espada a fin de salvarle la vida a otro; de aquellos que confesaron a Jesucristo encarando una muerte segura; de aquellos que dieron su vida antes que maldecir el nombre del Señor.

Todo eso es muy bello, pero prefiero ser un sacrílego aquí y decir que puede que el martirio no sea lo más elevado que Dios pudiera obrar en la vida de un creyente cristiano. Yo observo a los cristianos con quienes vivo, a quienes conozco y amo tan entrañablemente. Aman al Señor de un modo real y verdadero, y muy probablemente morirían por El hoy mismo, aun en este minuto.

Y si ocurriera eso, con toda probabilidad los honraríamos con un temor reverente y santificaríamos su memoria. Pero la verdad es que conozco a algunos de esos creyentes muy, pero muy bien. Quizás hasta demasiado bien. Algunos de esos amigos míos cristianos, que de buena gana morirían hoy mismo por el Señor y que probablemente morirían en forma gloriosa, bueno… no obstante, son unos terribles compañeros de cuarto… y maridos, y esposas.

¿Mi punto de vista? La muerte por martirio es casi la salida de un cobarde. Pero el sufrimiento… ah, a diferencia del martirio, éste sí puede resultar un poco duro para el alma. Por lo general, es más difícil vivir que morir. Puedes lucir bien si llegas a ser un mártir.

Siempre me he imaginado que, dados una arena adecuada, unas cien mil personas y unos leones bien ágiles, yo podría poner en escena una exhibición que sería recordada a lo largo de los siglos. Sólo espero que los reporteros nunca lleguen a preguntarle a mi esposa cómo era el vivir conmigo.) Digamos que de alguna manera tú fueras salvado, posiblemente en el último momento mismo, del horrible martirio de morir quemado vivo en la hoguera.

Las llamas ya han chamuscado tu cuerpo. Entonces te llevan al hospital para que te recuperes de serias quemaduras en todo el cuerpo. Estoy seguro de que al cabo de algunos días el resto de nosotros estaría pensando, en privado, si tal vez no habría sido mejor que no hubiésemos llegado allí a tiempo con los cubos de agua.

Es que podrías ser un paciente tan intratable y desdeñoso, que podríamos llegar a desear que ojalá hubieses seguido adelante y hubieses muerto. Cris, hay cosas que el martirio no puede realizar. Cosas que sólo la aflicción puede hacer. El sufrimiento puede extraer de lo recóndito de nosotros aquello que no se someterá a lo divino por ningún otro medio.

A veces aquello que, en nosotros, rehúsa ser reemplazado por lo divino, sólo puede ser alcanzado por el sufrimiento injusto. En muy raras ocasiones el cadalso del mártir reemplaza bien el escalpelo del cirujano. Sosiégate en lo que respecta a este asunto, Cris. Casi seguro que en alguna parte allá afuera te espera mucho sufrimiento, aflicción y catástrofe.

No me caben dudas que esto que acabas de leer, puede hasta resultarte ofensivamente blasfemo. Sin embargo, con toda honestidad, no puedo menos que coincidir. Creo fervientemente que ser útil al Reino de los Cielos es pelear la buena batalla aquí y ahora. Que el abandonar este mundo podría ser llegado el caso, una consecuencia gloriosa de esa guerra, pero no comparto para nada que desear morir por Dios haya sido, o sea, el plan de Dios para las vidas por Él mismo creadas.

Capítulo 21

Cris: Cada década de tu vida tiene un propósito particular, en lo que a la misma concierne. La década de los veinte a los treinta años de tu vida está reservada para el propósito de recibir tu salvación, consagrar tu vida total y completamente al Señor, y, para la mayor parte de nosotros, encontrar un cónyuge cristiano y casarnos.

Con relación a los que son doblemente bendecidos por Dios, quizá llegues a participar de una verdadera experiencia de vida de iglesia, en que haya una justa semejanza de equilibrio, en que las cosas profundas de El Ungido sean reales y válidas, y en que la iglesia de Jesucristo esté yendo en pos de su eterno destino.

Con respecto a tu relación con Jesucristo a largo plazo, la década de los treinta a los cuarenta años será casi seguramente la de los años más significativos de tu vida. Durante esa década de los treinta a los cuarenta años, tendrás que reevaluar todos tus compromisos, normas y conceptos que te formaste cuando tenías entre veinte y treinta años.

De hecho, tendrás que decidir si esa consagración de estar totalmente entregado al Señor, que hiciste en el curso de los años inmediatamente subsiguientes a los veinte, es algo con que realmente te propones vivir el resto de tu vida. Es muy probable que el hombre de 32 años ya no esté tan dispuesto a vivir según el compromiso que heredó de un muchacho de 21 años.

Es en la década de los treinta a los cuarenta años de edad que probablemente determinarás en realidad cuál va a ser exactamente tu relación hacia la mundanalidad. Puede que te establezcas con un trabajo, una casa, y un gran número de amortiguadores protectores que afiancen tu seguridad.

Puede que elijas tener un hogar e hijos; y en lo que a religión se refiere, practicarás el antiguo y común rito de entrar en un edificio de iglesia una o dos veces por semana. O puede que prefieras escapar de los temores de seguridad de esa década de tu vida, te consigas una tienda de campaña de pelo de cabra, tomes a tu familia y partas en busca de esa ciudad.

Si algo parecido a esto te sucede en la vida, y ello tiene lugar en la década de los treinta años y no de los veinte, entonces hay una probabilidad realmente buena de que vayas a comenzar una genuina relación con el Señor. (¡Dios te libre de querer empezar a servirlo desde la década de los veinte!)

Es cerca de los cuarenta años de tu vida y a lo largo de esa década de los cuarenta que aprenderás a comer polvo, desierto, yermo y desolación, y a atravesar el rincón nororiental del infierno, sin siquiera tener sed. Allí es donde habrás de afrontar la verdadera persecución, donde una y otra vez será probado tu temple.

Los problemas de este período son reales: una de dos, o la depresión y el desaliento te destruirán, o aprenderás a vivir en espíritu de resurrección. Entre los cincuenta y los sesenta probablemente habrás de volver a pelear algunas de las batallas que tuviste entre los treinta y los cuarenta.

¡Qué futuro! ¿Eh? Cris, ¿te atreverás a ser un espíritu libre por todo el resto de tu vida, viviendo para el Señor como un temerario vive por la aventura? Entre los cincuenta y los sesenta años de edad percibirás la primerísima sensación de las frías y heladas manos de la muerte, que empieza a rodear con sus dedos tu tabernáculo exterior.

Entonces puede que optes por correr en busca de abrigo, o puede que quedes abrumado con la apremiante sensación de que si de veras has de hacer algo por el Señor, mejor te decides a empezar enseguida. Y esa década de los cincuenta a los sesenta puede estar guardando para ti tus primeros años de verdadera fecundidad en ese sentido.

Y si Dios es doblemente misericordioso contigo, El puede hasta darte una renovación de ese intenso deseo de conocerlo más profundamente. ¿Qué te sucederá después de cumplir los sesenta años (y aun los setenta, si El te permite vivir más allá del tiempo señalado)? Nadie lo puede decir, pero esto sí es absolutamente cierto: Hasta que lances tu último suspiro, El seguirá obrando en ti, a fin de transformarte.

De eso puedo darte absolutamente fe y testimonio. No sé cuántos años más en esta tierra tendrá decidido mi Padre darme, ni tampoco me interesa saberlo. Lo que sí sé es que hoy estoy lleno de proyectos y planes, todos tendientes a aportar lo mío para garantizar madurez en los santos con los que tengo contacto. Eso, en un tiempo futuro, será el mejor reaseguro de no caer por ignorancia en religiones oficiales ni órdenes mundiales establecidos.

A propósito, envejecer no es ninguna garantía de descanso de la lucha ni de transformación. De hecho, ésa podría ser la época más amarga de tu vida. Eso dependerá de las reacciones que estás programando ahora mismo en tu vida, al lidiar con las pequeñas tribulaciones, dolores y luchas en esta década entre los veinte y los treinta años.

Cuando tengas 60 años y estés confrontando una enfermedad, reveses financieros, un desastre, una falta de aprecio, una traición, amigos que se convierten en enemigos y la interminable pérdida de toda la fatiga y trabajo de tu vida entera, recuerda entonces, que tendrás que vivir esa porción de la lucha de la vida, parado sobre el fundamento que tú mismo hayas erigido durante la década de los veinte a los treinta años de tu vida.

Y si todo lo que hayas llegado a aprender durante los años de esa década de ‘los veinte’, no sea más que simplemente cómo impedir volverte un amargado, entonces eso sólo ya será un milagro digno de ser comparado con la división del mar Rojo. Además, tal vez sólo podrías sobrevivir los sesenta con ese fundamento debajo de tus envejecidos pies.

En todo esto, ojalá que nunca llegues a ceder a la seguridad. Que siempre estés dispuesto a ser móvil, a seguir, ya sea la nube, o la columna de fuego, y que puedas siempre ser hallado en un ascendente sendero de fe. Una fe que diga: “El cuidará de mí hasta el día de mi muerte, aun si el día que yo muera me halla, al fin, sin nada. Esto es, sin nada… excepto El.”

Capítulo 22

Cris, Te voy a decir una adivinanza, y si me puedes contestar la pregunta en forma satisfactoria y plena, déjamelo saber. Estoy ministrando al Señor desde hace ya tres décadas. Ha sido un ministerio realizado dentro del marco de la vida de iglesia, así como un ministerio que, espero —y creo— ha estado centrado en el Señor Jesucristo.

Pero, aquí está mi misterio: Hay algunos cristianos que han venido entre nosotros que tienen grandes defectos de carácter. Vienen, escuchan los mensajes, toman notas y nunca se pierden ni una sola reunión; vienen a todas las reuniones de oración de las seis de la mañana, leen todos los buenos libros, hacen todo exactamente como se recomienda que hagan los que son nuevos en El Ungido; oran, cantan, dan testimonio, esperan pacientemente delante del Señor, hacen todo lo que las propias Escrituras los exhortan a hacer.

Pero, con todo, no cambian. ¿Por qué es esto? No lo sé. Sin embargo, he notado algo. En algunas ocasiones he visto a tales hermanos y hermanas, que tienen defectos profundamente arraigados, que, luego de años y años de seguir sin mostrar cambio alguno y a veces escapando de casi cometer un homicidio, podría añadir yo, finalmente quedan confrontados.

Entonces ocurre algo muy peculiar: No pocas veces, el día mismo que quedan confrontados, hacen las maletas y se van. Puede que durante años y años hayan infligido penalidades al resto de nosotros con sus abominables maneras (y no los habíamos confrontado, porque su corazón parecía tan dedicado al Señor y nos daban lástima por su incapacidad de habérselas con sus defectos psicológicos tan hondamente arraigados), pero una vez que eran confrontados, allí mismo y de inmediato terminaban su permanencia en las cosas profundas de Jesucristo.

Desde luego, esto no siempre es así. Pero es bastante cierto como para que despierte nuestro interés en observar estas cosas que pasan. No sé exactamente por qué algunos hacen las maletas y se marchan cuando el Señor va al fondo del asunto, pero de algún modo, cuando el Señor penetra en lo íntimo de sus problemas reales —no en los aspectos superficiales— sencillamente se van. Hemos llegado muy cerca de descubrir qué era aquello a que se aferraban con tanto apego.

Con un apego tan grande, que realmente no querían que nadie les tocara ni cambiara aquello. Por supuesto, estoy hablando de santos que tienen defectos profundamente arraigados. Pero Cris, todos tenemos defectos profundamente arraigados. Así tú, como yo. Como también ese pulcro, casi perfecto cristiano que está sentado junto a ti.

Siempre hay algunos defectos profundamente ocultos en cada uno de nosotros, imperfecciones tan bien ocultas, que no sabemos que las tenemos. (Pero, por lo general, nuestros hermanos y hermanas lo saben. ¿No es esto fascinante? Nosotros no podemos ver nuestras imperfecciones. Pero los demás sí. ¡Tres vivas para esa vida de iglesia muy unida!) Esos defectos constituyen el mayor campo en el cual se habrá de pelear la batalla por nuestra transformación.

Y me apresuro a añadir que hasta al Señor todopoderoso le cuesta trabajo arrancar algunos de esos problemas tan bien ocultos que hay en nosotros. Quisiera hablar un poco más sobre esto, porque este asunto me ha turbado mucho a todo lo largo de mi ministerio. En varias ocasiones he ido a ver a un cristiano muy vulnerado y le he pedido que por favor buscara ayuda profesional.

A veces ese amigo cristiano se iba, pero no para buscar ayuda, sino para enfurruñarse. (O con el fin de mantener una apariencia de sumisión a otros, respondía e iba… una sola vez.) Acuérdate de que me estoy refiriendo a creyentes jóvenes como tú, Cris, que —así como tú— han suplicado fervientemente al Señor, que los transforme a cualquier costo; jóvenes cristianos que han invitado la cruz del Señor a que entre en su vida.

La pregunta delante de la Sala es ésta: ¿quiere realmente ayuda ese creyente? ¿Desea realmente ser transformado o está simplemente disfrutando de ser cristiano y de formar parte de un pueblo que realmente ha entregado su vida al Señor? ¿Disfruta inconscientemente el ministerio, el canto, la comunión con El Ungido en su espíritu, y con todo, de alguna manera levanta una cerca alrededor de ese hombre oculto que hay en él, para asegurarse de que nada precioso al yo sea roto?

¿Tiene él un alma tan débil y tan impedida, que tiene miedo de que si sus muletas, sus argucias y peculiaridades psicológicas quedan confrontadas, de algún modo fracasará y nunca más se recuperará? ¿Por qué será que muchos cristianos no cambian nunca, aun en algunas de las circunstancias espirituales más ideales que hayan conocido jamás? Cris, no sé la respuesta, pero quisiera preguntarte: ¿estás dispuesto, en definitiva, a ser confrontado en lo que concierne a las debilidades que hay en tu vida, de las cuales no pareces tener conocimiento en absoluto?

Sea que llegues a ser confrontado en debida forma o impropiamente (y me temo que hoy, en nuestra época, sea probablemente una confrontación impropia, efectuada por una persona impropia, en medio de una obra impropia), queda siempre el hecho de que la reacción que demuestres frente a esa confrontación, habrá de revelar muchísimo respecto de la clase de persona que eres realmente.

Tengo que admitir, que algunas veces mi corazón se regocija grandemente cuando veo que viene una cruz para penetrar ese veterano cristiano, una cruz tan grande, que ni él puede escapar la transformación que la misma ha de obrar en él. Y sí que viene, invariablemente. El viejo cántico espiritual sureño dice: No es ni mi madre ni mi hermano, sino que soy yo, oh Señor, de pie en la necesidad de oración.

Debería también decir: No es ni mi madre, ni mi hermano, no mi hermana, ni el obrero, ni mi esposa, ni mi esposo, ni tampoco mis hijos, sino que eres Tú, oh Señor,  quien me ha enviado  este problema tan desagradable. Hay un hecho que tiene que quedar definitivamente establecido en ti. Puede que este hecho sea el centro de tu andar con el Señor.

Es esto: Todo lo que viene a tu vida, está ordenado por Dios. Para un cristiano nada es accidental. Esto incluye algunos acontecimientos injustos, terriblemente injustos. Puedes contar con que a menudo habrás de ser tratado injustamente. Voy a usar un ejemplo realmente desagradable. Digamos que te casas. Y digamos que, unos ocho años después, tu esposa te dice que está considerando seriamente pedirte el divorcio. (¡Huy, qué horror! Excúsame por usar aquí un pensamiento tan cruel.

Supongo que estoy tratando de captar muy seriamente tu atención, Cris.) Ahora, el divorcio que vislumbras puede no ser la voluntad del Señor, pero en realidad El sí pudiera usar esas circunstancias extremas para desarraigar algún profundo defecto de tu carácter. Su objetivo fundamental es la plena posesión de tu alma. Bueno, confieso que yo estaba renuente a usar semejante medio para captar tu atención.

Déjame decirte por qué. Recuerdo demasiado vívidamente cuántas veces les he dicho estas cosas a jóvenes cristianos como tú, y los he visto irse buscando, tratando de hallar por todas partes la obra de Dios en su vida y llamando todo lo que llegaba a su vida “la soberana mano de Dios que me transforma”. Cierto, todos estamos dispuestos a aceptar cualquier cosa que nos venga, como procedente del Señor, excepto aquellas cosas que realmente pueden cambiarnos.

Entonces nos olvidamos completamente de todo ese concepto de transformación. Es así como a veces nos volvemos momentáneamente ateístas, olvidándonos incluso de que Dios existe. He observado cómo muchos jóvenes tratan de producir una obra divina en su propia vida, o de elevar algún problema trivial a una posición tan alta. Algunas veces ese esfuerzo resulta trágico y a veces cómico, pero siempre es absurdo.

No se puede imitar aquello que la vida divina produce en uno, más que lo que un perro puede imitar con buen éxito a un hombre. ¡Es tanta la discrepancia que hay! He llegado a comprender, después de treinta años de ministerio, que la más elevada revelación recibida en lo que concierne al Señor y sus caminos, no es suficiente para contender con esas imperfecciones humanas básicas con que todos estamos tarados.

El tener la más elevada revelación que haya, el imitar la más elevada revelación de la vida del Señor que podamos captar, el cambiar todas las cosas en nuestra vida y llamar todo ello la obra de Dios que nos transforma, todo eso es bastante fútil.

Al cabo de treinta años de trabajar con jóvenes, tengo muchísimos recuerdos de jóvenes de 19, 20 y 21 años que ayunaban, oraban, cantaban, alababan, y daban y hacían todo y cualquier cosa que podían, a fin de asegurarse de que Dios ganaba terreno en ellos, tan sólo para ver que los defectos más básicos permanecen allí… intactos… hasta quince años más tarde.

Debería ser una tremenda novedad para todos los lectores esto que Gene describe en este capítulo, pero me temo que no lo es. Y no sólo no lo es en cuanto a lo que cada uno de ustedes, (Nosotros debería haber dicho), podamos ver en quienes nos rodean, sino en nosotros  mismos.

¿Cree alguien que es fácil que una persona nacida en egocentrismo, entregue alegremente el control de su vida a alguien invisible, en quien dice creer, pero que en muchas ocasiones ni siquiera tiene certeza que realmente exista?

Capítulo 23

Querido Cris: La obra de la cruz viene en muchos estilos y medidas diferentes, en muchas combinaciones distintas y en muchos y diversos colores. Es raro el cristiano que comprende de veras qué es la cruz en su vida. Déjame expresar esto de otra manera. Es muy raro el cristiano que sabe identificar correctamente la cruz como que de veras es la cruz, una vez que ésta llega.

Nuestra naturaleza caída es un verdadero genio en impedir que la parte más importante de los hábitos del yo, vaya nunca a la cruz. Por consiguiente, algo en nosotros nos impide ver la cruz, aun cuando la misma esté directamente delante de nosotros. O si no, le damos un nuevo nombre a la cruz: “¡Tratamiento injusto e inmerecido a manos de un puñado de malvados!”

Llámala así, si quieres, pero de hecho sigue siendo la cruz, enviada por el Señor mismo. Pero la cruz puede venir de una manera completamente contraria a ésta. También puedes pensar que algo sea la cruz cuando no lo es. Para ti, puede ser ese día cuando te encuentras frente a un amigo cristiano que te dice: — ¡Esta no es la cruz de Jesucristo en tu vida; tú simplemente tienes tendencias masoquistas!

Escuchar la verdad de semejantes palabras devastadoras… y habértelas con la verdad revelada… ésa será tu cruz. Veamos a un cristiano más, uno que cree que está llevando su cruz en una forma tan bella. Su cruz, al menos en su propia opinión, es su esposa peleona y regañona. Finalmente, un día queda confrontado con la verdad: — ¡Hermano, tú no estás llevando la cruz! Tú eres un hombre reservado, muy poco comunicativo, que mantienes oculta tu entera personalidad.

Tu esposa no es regañona, sino que se está tornando completamente loca furiosa por el hecho de que no has dejado que te conozca bien quién eres. Eres tímido, eres recóndito. De hecho, eres completamente engañoso. Ser paciente con los regaños de tu esposa no tiene que ver absolutamente nada con la cruz, ni con lo que el Señor quiere realizar en tu vida. Y además de todo esto, eres súper religioso.

Tu preciosa cruz no es nada más que un encubrimiento, una evasión, una fianza con respecto a la verdadera cruz que necesitas en tu vida. Probablemente tus quijadas se quebrarían si abrieses la boca y empezaras a comunicarte con tu esposa. Estás seguro en tu silencio… para ti habría riesgo, y terror, y ansiedad en conversar. Ni siquiera has comenzado a conocer la cruz.

Conocí un caso como el descripto aquí. Una hermana mayor vino a consejería buscando apoyo de oración por un problema que tenía con la esposa de su hijo mayor. Según relataba, esa joven le hacía la vida imposible y hasta le impedía ver a sus nietos. Y concluía su relato con una expresión que los consejeros cristianos deben haber oído en varias ocasiones: “¡Y bueno, paciencia, esa debe ser mi cruz!”

Al tiempo pudimos decirle que no, que esa no era su cruz, que solamente era el resultado de una relación torcida por años con su hijo mayor, al que tenía sumamente dominado y lo manipulaba a su antojo. Cuando el muchacho empezó a escaparle por causa de darle prioridad a su mujer, la madre no pudo soportarlo y se las tomó en contra de ella.

Y, por encima de todo lo demás, no sabes prácticamente nada acerca de lo que es la verdadera espiritualidad; no eres más que un súper religioso y reservado solitario que está a punto de darle los toques finales al proceso de volver loca a su esposa. ¡Ándale! Si ese hermano, al confrontar la verdad en su pura realidad, acepta semejante exposición, entonces sí habrá permitido que el Señor le revele el verdadero sentido de la cruz… quizás por primera vez.

En lo que respecta a otro hermano, su día ha llegado cuando comprende que esa su propia y refinada habilidad de no enfrentar a alguien (sino, más bien, llevar la cruz), es en realidad un acto de cobardía. Llegar a aceptar ese enfrentamiento sería su verdadera cruz. A la inversa, está el hermano que está muy orgulloso de ser franco, y abierto, y pronto a exponer las cosas a la luz.

Pero algún día, en algún lugar, será confrontado con la realidad casi opuesta. Tendrá que afrontar el hecho de que hay cierta crueldad en él, de que es un hombre insensible y sin compasión, y para él hablar es rehusar la cruz. Para él, guardar silencio y aceptar (según él las ve) las injusticias, casi que lo mataría. Así, si se las arregla… el Señor habrá logrado una victoria.

La esposa que cree que es la madre perfecta y que está realizando la maravillosa tarea de ser piadosa esposa y madre, puede que un día tenga que afrontar el hecho de que es, más que nada, farisaica en cuanto a su perfección.

El hermano que a diario y constantemente derrama su vida por los demás, sirviendo a otros y que es amado y reverenciado como un verdadero siervo del Señor… (Todos nosotros lo amamos… después de todo, mira todo lo que ha hecho por cada uno de nosotros: ciertamente aquí tenemos a un cristiano), puede que un día tenga que llegar a darse cuenta de que en realidad no está sirviendo al Señor, sino que psicológicamente él es un individuo muy inseguro, que está tratando de lograr el favor de los demás con su trato servicial.

Luego, está la hermana que alaba al Señor constantemente, que ha renunciado al matrimonio para servir al Señor todo el tiempo, y se la considera una verdadera discípula de Jesucristo y la imagen de la cristiana soltera perfecta. Puede que un día esa mujer tenga que afrontar el descarnado hecho de que inconscientemente ella aborrece a los hombres o le tiene miedo al sexo, o tiene tendencias homosexuales latentes, y que tiene un concepto muy pobre de sí misma y está procurando obtener el favor del Señor y de los cristianos; o que inconscientemente ella siente que el Señor está castigándola por ser tan insulsa.

¡Uy! Si la sorprenden en ese acto de vana ilusión… bueno, ése será el día más negro de su vida. ¿Podrá sobrevivir? ¿Seguiría ella a Jesucristo si Él le pidiese que se casara y desistiera de ese engaño? He visto a demasiados cristianos que encajan en estas categorías. (¡Debieras leer lo que he dejado fuera!) Cuando su vida queda reducida a una mera confusión por algunos divinos estallidos de exposición, entonces experimentan de veras el pleno poder de la cruz por primera vez…

Como dije, la verdadera cruz viene en algunas combinaciones muy sorprendentes.  Ciertamente, cuando el revelador destello de la luz hiere, algunos cristianos prefieren seguir la mascarada, se escabullen en medio de la noche y montan su acto en la siguiente ciudad. En efecto, cuando por último la luz hiere el ‘verdadero yo’, ninguno de nosotros gana medalla alguna por la grata aceptación.

Puede ser que nada de lo que te he mencionado aquí resulte cierto: puede que esa mujer piadosa que nunca se casó, de veras sea piadosa. Puede que esa madre casi perfecta sea de verdad casi perfecta. Puede ser que ese hermano que se aguanta la lengua cuando se lo vitupera, y se murmura de él, y se miente acerca de él, esté realizando algo realmente elevado en esta tierra.

Todo eso puede muy bien ser verdad; pero en cada uno de esos creyentes yace, en alguna remota parte, oculta tras una oscura y hace tiempo olvidada puerta de mazmorra, un profundo y escondido defecto psicológico, el cual el Señor está determinado a localizar y traer a la luz, ¡y transformar! Esa hora puede muy bien contener para ti más dolor que el que hayas experimentado nunca antes en tu vida.

Cris, en esa hora te va a doler. Hay una excelente oportunidad de que en ese momento puedas sentirte muy tentado a apartarte de la cruz del Señor. Cada uno de nosotros lleva consigo algo muy precioso que, a pesar de todas nuestras expresiones de devoción al Señor, no estamos dispuestos a rendir a la cruz. Tragedia de tragedias… al parecer, nunca sabemos esto.

Como un hermano lo expresó muy sabiamente: “Por lo general, la cruz es exactamente lo contrario a lo que creíamos que era.” A la luz de todo lo que he dicho aquí, ¿Tiene realmente algo de sorprendente que Dios use la aflicción y el dolor para traspasar nuestras defensas? Dime, te ruego, ¿qué otra cosa podría penetrar semejante baluarte?

Capítulo 24

Cris: Un cristiano que conozco desde hace mucho tiempo tiene, como todos tenemos, un defecto disposicional muy grande. Lleva ya alrededor de siete años escuchándome en mi ministerio. Un día tuvimos una conversación seria. —Bill —me dijo, —hace mucho tiempo oí a usted hablar de la cruz, y me formé la idea de que Dios era un Dios terrible que me hacía sufrir, y que era bueno que yo viera a Dios de esta manera y viera cuán indigno yo era.

De modo que he estado tomando todo como proveniente del Señor, temeroso de que Él no me amaría si alguna vez yo rehusaba algo. Míreme; yo temo a Dios, todavía trabajo en el mismo empleo y con el mismo salario que tenía siete años atrás. —Entonces me echó una mirada como diciéndome: “Bill, todo esto es culpa tuya.”

¡Oh, misericordia! Cris, no vas a creer esto, pero tan sólo una hora después me senté con otro cristiano, que dijo: —Bueno, sí; he estado bebiendo mucho y saliendo con inconversos. Pero, Bill, ¿no se acuerda de que hace unos siete años usted dijo que, como cristianos, debemos estar bien persuadidos y psicológicamente equilibrados? ¿Y no recuerda usted que hace seis años habló de nuestra libertad en El Ungido? ¡Me sentí tan liberado cuando comprendí que estaba libre para hacer de todo!

Luego él también me miró de una manera que parecía decirme: “Cuando vaya delante del Señor, si Él me requiere por mi licencia, le voy a decir: ‘¡Bill me dijo que estaba bien!’”. ¡Oh, misericordia, dos veces! Bueno, Cris, después que regresé a casa tambaleando, llorando y jurando que nunca más volvería a ser condescendiente al hablar en público, empecé a reflexionar sobre esas dos conversaciones.

En primer lugar, esos dos cristianos trataban de hacerme responsable de su propia conducta. En segundo lugar, los dos habían escuchado tan sólo aquella parte del evangelio que cuadraba a su tendencia natural. Y cada uno tenía un medio absolutamente seguro de salirse con la suya. ¡Vaya! Eso es puro truco. (¡Ojalá yo pudiera decir que este drama me ocurrió tan sólo una vez!)

Pero ¿qué estoy tratando de decirte, Cris? Para esos dos cristianos, la cruz era lo contrario a lo que ellos suponían que era. Y los dos se habían ideado medios realmente ingeniosos para proteger sus mayores defectos disposicionales. Habían tomado una cruz hecha por hombres y sellada con mi beneplácito, y se escurrieron mañosamente más allá de la obra que Dios había planeado realizar en ellos.

Lo que es la cruz para mí, no es la cruz para ti. Lo que es una gran necesidad en tu vida, no es absolutamente ninguna necesidad en la de ningún otro. Sí; la cruz vendrá a ti pre-entallada y hecha a la medida. ¡Y no te va a gustar! Tus gritos van a ser alaridos que helarán la sangre, y probablemente se los podrá oír desde aquí hasta las puertas del cielo.

Cuando ese defecto bien oculto, que aprecias tan íntimamente —el dios de la vida de tu ego— sea por último arrastrado a la luz, ¡oh, pobre de ti! Pero gracias a Dios, el día siguiente será el comienzo de una nueva era en tu vida. Oh, una última cosa. Por favor, más adelante no vengas a tocar a mi puerta para decirme que leíste estas cartas “diez años atrás y…”

Supongo que esto le sucede a todos los ministros diseminados a lo largo y ancho del planeta, pero no por ello deja de ser frustrante y angustiante. ¡No tienes idea de las vueltas que doy antes de difundir un trabajo! ¿Se entenderá? ¿No significará una licencia para pecar? ¿No estaré incentivando a la gente a abandonar las iglesias? ¿Estaré haciendo lo que mi señor quiere que haga, o lo habré cambiado por lo que a mí me parece que debo hacer?

Responsabilidades. ¿Me quejaré de ello? ¡No! Yo elegí ser útil al Reino en lugar de calentar bancos en los templos. Y, conjuntamente con esa elección, aparecieron los riesgos. Estará en mi sabiduría tomada del cielo equilibrarlo todo y sacar adelante lo que bendice.

Capítulo 25

Cris: Aquí está el meollo del asunto: puede que no tengas control alguno sobre aquello que te está sucediendo, pero sí tienes bastante control sobre tu reacción a lo que te está pasando. Quizás una de las cosas más fascinantes que he observado a lo largo de mi vida, es cómo dos distintas personas pueden experimentar una misma tragedia y una de ellas la hace un diamante; la otra pierde la fe, y hasta la abandona.

Una de ellas se somete, la otra se rebela. Una de ellas resuelve el problema, en tanto que la otra tan sólo se amarga. ¿Cuál era tu reacción cuando tu papá te daba alguna zurra de nalgadas? Eso pudiera ser un excelente barómetro de la reacción que mostrarás, cuando el Padre comience una obra de transformación en ti mediante los sufrimientos de esta vida.

¿Te rebelabas y demostrabas resentimiento, antagonismo, amargura y mala cara? ¿Oponías tu racionalización y tu lógica contra su actuación? ¿Lo esquivabas? Ten cuidado. Podrías atribuirle a Dios las actitudes que le atribuías a tu padre. Cuando creas que Él es injusto contigo, reaccionarás frente a Él muy de la manera como reaccionas frente a quien te odia profundamente y te lleva a la corte.

Y, a propósito, ¿cómo respondes a quienes te odian agresivamente? A veces, para transformarte, Dios tiene que quebrar la propia naturaleza de los viejos hábitos de tu ser. Presentarse con pautas nuevas en circunstancias viejas no sólo es difícil, sino que en ocasiones es un infierno. Procurar manipular, desde una perspectiva divina, las circunstancias inducidas por Dios, puede casi destruir tu constitución psicológica. ¿Sabes de qué estoy hablando?

Entonces aquí está, expresado en palabras sencillas: Cuando dejes de culpar a todos los demás por tus problemas y empieces a tomar lo que te está ocurriendo como procedente de la mano de Dios, eso puede casi volverte loco. Esa es una de las crisis más difíciles de la vida. Pero cuando, al cabo, hayas adquirido finalmente una nueva actitud y una nueva manera de reaccionar frente a tus problemas, el Señor también habrá ganado mucho terreno en tu vida.

Ven conmigo a un calabozo de Vincennes, Francia. Mira esas paredes frías, oscuras, silenciosas. Piensa cuán calurosas eran en verano, y cuán terrible y espantosamente frías en invierno. Mira esa solitaria mujer que está parada allí, enferma, desamparada, olvidada, injustamente encarcelada. No obstante, mira el cielo reflejado en su rostro. Hasta que hayas pasado más de nueve años en ese calabozo de Vincennes y en la Bastilla, podrías encontrar difícil volverte hacia Jeanne Guyon y decirle: —Tengo más derecho a estar amargado que tú.

Mira las cacarañas de una enfermedad que destruyó su belleza. Mira su salud arruinada, mira la labor de su vida conculcada hasta el suelo, su buen nombre tildado de ‘hereje’. Luego mírala besar la mano del Señor y llamar todo eso su bendita voluntad. ¿Qué estaba sucediendo en la vida de Jeanne Guyon? Pues, muy sencillamente, el Señor estaba recortando aquello que El deseaba quitar.

Estaba haciendo lugar, en la humanidad de ella, a la divinidad. Sí, estaba enseñando a la parte humana de ella las formas divinas de la parte divina de ella. No es necesario que te diga el legado que ella dejó a todas las generaciones que siguieron después de ella. Pocas mujeres han ministrado al cuerpo de El Ungido como esa mujer. (O pocos hombres, para el caso.) Ella entró tan ricamente en la participación de los padecimientos de El Ungido.

Lo que cuenta no es el paquete en que viene el sufrimiento. Dios reparte algo distinto a cada uno de nosotros. Aquello que no haría absolutamente ninguna obra de transformación en la vida de un cristiano, resulta una agonía dolorosísima en la de otro. Me queda tan sólo creer que el sufrimiento que nos sobreviene a cada uno de nosotros, está hecho a la medida. Lo que cuenta no es la clase de aflicción que viene a ti.

Parece que en una ocasión u otra todos nosotros exclamamos: “¡Si tan sólo fuera otra cosa!” “¡Si tan sólo no fuera en mi cabeza!” “Si no fuera en mi brazo.” “Oh, si solamente no fueran mis hijos.” “Si tan sólo no fuera mi trabajo.” Hecho a la medida, para que realice la obra más profunda posible en el tiempo más inconveniente, en el lugar más vulnerable —eso lleva las huellas digitales de El. No; no es lo que te acontece lo que tiene importancia, sino cómo reaccionas a lo que es… eso es lo importante.

Si tu sufrimiento es por Jesucristo, y si tu sufrimiento es con Jesucristo, el resultado dependerá de cómo tu espíritu afronta tu catástrofe. Para ti pudiera ser tu esposa (si tu nombre fuera Cristina, yo diría aquí ‘esposo’), con quien resultara absolutamente imposible vivir. Pudiera ser un hijo (o una hija) que fuera el desaliento de tu vida. Pudiera ser una enfermedad.

Pudiera ser un hermano que se ha impuesto a ti, a quien simplemente no puedes soportar. Pudiera ser una de diez mil cosas. Sea lo que sea, acuérdate de que una vez tu Señor conoció algo bastante similar a eso. Pero recuerda que hay otra experiencia suya más que El tiene que compartir contigo: una experiencia que El tuvo una vez con el Padre, la experiencia de tener un medio hecho por Dios para salir por el otro lado.

Coincidencia plena. Lo hemos expresado en muchos trabajos utilizando una frase que, de alguna manera, pretende sintetizar lo que aquí tan claramente expone el autor. Hemos dicho: “El problema más grave a resolver durante una crisis, no es la calidad de ella, sino nuestra actitud respecto a ella.”

Capítulo 26

Querido Cris: Entonces, ¿qué decir de aquellos que son liberados, y liberados instantáneamente, de sus sufrimientos? ¿Y qué decir de eso de ejercer la fe y debido a ello ser liberado? Sentados allí cerca de ti hay dos cristianos. A uno de ellos le va muy bien, el otro tiene una gran aflicción; no obstante, el segundo parece ser tan digno como el primero. ¿Por qué será que sus aflicciones persisten? ¿Será por falta de fe? ¿O debido a la fe? ¡Qué perplejidad! ¿Qué hemos de creer? ¿Cuál de los dos está más cerca de Dios? ¿Será que ha fallado la fe del segundo hermano? ¿Habrá de triunfar siempre el apropiado ejercicio de la fe sobre toda aflicción?

El que ha sido liberado por medio de su fe, ha triunfado. El que no es liberado, sino que se somete fielmente (aunque débilmente) — ¡Ése también ha triunfado! Y, a decir verdad, hay todavía un tercer hermano, el que sufre, pero, con todo, no puede hallar la fortaleza necesaria para someterse gloriosamente. Este sólo está deseando no volverse un amargado bajo la poderosa mano de Dios.

A pesar de no tener ninguna gloriosa historia de liberación ni de sometimiento, puede ser que la aflicción por la que está pasando sea lo suficientemente grande y la obra de Dios lo suficientemente poderosa, como para que penetren más allá de todos sus rezongos y quejidos y transformen su hombre interior. ¡Tal vez, sólo tal vez, incluso éste hermano ha triunfado!

Y cuando has hecho la paz con tu cruz, y cuando has aceptado lo que el Señor está haciendo, no seas demasiado pronto a sentirte orgulloso de ti mismo. Existe una excelente oportunidad de que el calor aumente. Es verdaderamente raro, sumamente raro en los anales de la historia del cristianismo, que un santo de Dios haya aceptado realmente de veras el sufrimiento al nivel más alto posible. Saber esto debe consolarte. Me consuela a mí. Y una vez que el tal santo de Dios alcanza ese elevado estado, te figuras que Dios lo soltará. Bueno, Él no lo suelta. Al contrario, profundiza más, en busca de más oro.

Todos sabemos qué debemos hacer entonces; debemos regocijarnos. Pero lo que debemos hacer y lo que podemos hacer, son dos cosas diferentes. —Entonces —dirás tú, —¿qué tiene de bueno el sufrimiento en mi vida, si no me puedo someter, si no me puedo rendir, si no puedo hallar la paz ni hallar el gozo a este respecto? Puedes hacer esto, Cris: Puedes aprender a no ponerte amargado. Esta es una lección muy importante que hay que aprender. Y una elevada orden que cumplir. La sola supervivencia ya es considerada como una gran victoria, quizás una de las victorias más grandes que vas a experimentar jamás. Quiera Dios que haya más cristianos que gusten esa victoria.

Tan sólo porque tengas aflicciones, no resulta necesariamente que lo que te está sucediendo, haya de producir en ti un eterno peso de gloria. Existe dentro de ti una cámara interna que, de alguna manera, debe estar correctamente relacionada con esa aflicción. De algún modo tu ser interior debe dar su consentimiento. ¿Cómo puede una relación interna tener tanta importancia con respecto a un problema externo?

La respuesta a esta pregunta es sencilla: No hay nada que venga a ti jamás, no importa de dónde venga, que realmente te pueda hacer daño, a no ser que lo recibas con una actitud incorrecta. Podría haber sufrimiento allí, sí, y eso pudiera, en definitiva, acabar causando tu muerte; es cierto. Sin embargo, ese mal infligido no puede dañar al hombre interior, a menos que tengas una actitud incorrecta hacia lo que te aflija.

Si tu actitud es correcta, esa aflicción simplemente no puede destruirte. Todo lo que viene a ti —excepto el pecado—, viene de las manos del Señor. Es así que toda tragedia conlleva un bien fundamental, a no ser que permitas que la tragedia misma te separe del Señor. Por lo común, todo lo que te acontece está más allá de tu control, pero el hecho de cómo tú lo recibes, tu actitud hacia aquello, ¡ah! eso ya es otra cosa. La eterna esencia de una catástrofe no es la tragedia en sí misma, sino tu reacción hacia ella.

Cuando la tormenta ha terminado, cuando esa devastadora destrucción ha cesado y te miras y sabes que has fallado… sabes que no alcanzaste lo más elevado de Dios en ese episodio de sufrimiento… y te preguntas cuál fue el bien con respecto a todo eso… recuerda que, aun cuando no haya habido nada más, cuando menos puedes estar un poquito más humilde. También eso es una buena victoria. 1) Si ocurre que no importa lo que te sobrevenga, la amargura no te puede alcanzar, y 2) si el Señor ha traído una onza de humildad a tu vida (humillándote todavía con un fallo más)… en ese caso El está logrando muy bien revolucionar tu vida.

Si pasas por estos dos cursos de obstáculos, por muy desmañado que el logro pueda parecer, el sufrimiento habrá efectuado su obra, y lo habrá efectuado bien. Yo he enmarcado y colgado sobre mi escritorio la aseveración siguiente. Ojalá que cada cristiano pudiera tenerla grabada con fuego en su mente.

Todo el trabajo de inculpar y guardar resentimiento es una pérdida de tiempo, con el que no se logra nada. No importa cuánta falta halles en otra persona, ni el tamaño de la culpa que le achaques, eso no te va a cambiar. Lo único que logras con semejante ejercicio es mantenerte fuera de la luz del reflector.

El buscar una razón externa de lo que está sucediendo dentro de ti, es no comprender el verdadero sentido del asunto. Cierto; puedes lograr que algún otro se sienta culpable, y ciertamente puedes descargar un montón de emociones negativas; pero no lograrás cambiar absolutamente nada respecto de tu disposición innata que te está haciendo infeliz.

Lo que sucede en mayor cantidad de casos, (Y aquí hablo por lo que más conozco, mi país, Argentina), es que las personas parecen estar convencidas que han sido colocadas en este planeta sólo para pasarlo bien, gozar de diferentes placeres y ni por asomo pensar en sufrir la más mínima inclemencia.

Y verdaderamente desde la óptica del evangelio, no es ni podría ser así, aunque desde muchos púlpitos se defienda y se inscriban con ese pensamiento humanista. El cristiano está aquí para cumplir con un propósito nacido de la voluntad de quien lo creó. Su opción es simple: le cree a Dios y lo hace, o no le cree y no lo hace. Si lo hace, se salva; si no lo hace, se pierde.

Y no porque Dios sea malo o cruel, sino porque pierde la posibilidad de ayudar a quien le cierra las puertas de su vida. De hecho, esto no significa caer en el masoquismo o la autoflagelación, como tantos han mal interpretado. Sólo corresponde la equidad de lo que Dios permita o no en cada vida. ¿Vino Jesús a pasarse la gran vida? No. ¿Vino Pablo, Juan o Pedro a pasarse la gran vida? No. ¿Y por qué nosotros, que de alguna manera somos como ellos, (Y aún mayores, dijo Jesús), podríamos esperar eso?

Capítulo 27

Querido Cris: Hay un falso concepto en lo que a la vida de iglesia se refiere, que al parecer es innato en nuestra naturaleza. De hecho, hay un falso concepto incluso con respecto a Dios, que, según parece, es innato en nuestra naturaleza. Es lo siguiente: Vemos los tiempos de regocijo y de bendición como tiempos en que el Señor está con nosotros y está complacido con nosotros.

Por otro lado, los tiempos de dificultades nos señalan que hemos hecho algo muy, muy malo y la bendición del Señor no está con nosotros. Esta actitud parece ser todavía más predominante cuando ocurre en una experiencia de vida de iglesia. A través de los años he observado que la mayor parte de los creyentes tiene poca comprensión de la palabra “temporada”.

Nuestro Señor es un Dios de temporadas: Viene, y se va. ¡Su fidelidad no cambia nunca, pero sus tiempos sí! Hay una temporada en que el árbol está verde, una en que está seco y tiempos en que, ¡bendito sea Dios! todo parece muerto. Ahora bien, ¿Quiere esto decir que estamos sirviendo a un Dios caprichoso, que viene y se va a su antojo? ¿O pudiera ser, tal vez, que es solamente a través de esos tiempos que el verdadero crecimiento puede venir?

Durante todo el lapso de la generación que he venido ministrando al pueblo de Dios, todavía no he hallado un cristiano que no haya recorrido un largo trecho de lo que podría llamarse mala suerte. El tal creyente invariablemente empieza a tomar en consideración la idea de que o Dios lo ha abandonado, o alguien le mintió en cuanto a cómo es Dios… y piensa: “Nunca he escuchado a nadie decirme que Dios permite que ocurran cosas como ésta.”

Mira, Cris, no fue Santa Claus quien te redimió y te adquirió para sí mismo; fue un Dios sufriente que conoció el dolor y la muerte mucho antes de haber creado la primera molécula. Pablo dijo cierta vez: “¿No os enseña la naturaleza misma?” El fruto de un árbol nos llega como resultado de tres o cuatro estaciones o temporadas.

Exactamente el día que estaba examinando este trabajo y anotando mis comentarios, recibí un correo de una hermana que, en profunda crisis emocional, espiritual y financiera, me relató su testimonio de vida. Confieso que me amargó el día.

He sido testigo de relatos de vidas sacudidas por inclemencias varias, pero las de esta hermana, parecían dibujadas por artistas del mismísimo infierno. Sin embargo, como mejor respuesta, el Señor me mandó decirle que como quiera que sean tus circunstancias, el ojo de dios sobre tu vida jamás se habrá apartado un milímetro. Se moverá o no conforme a sus propósitos, pero ni te dejará ni te desamparará.

Una iglesia no puede estar siempre arriba. Una congregación que procura permanecer siempre en un estado ascendente de regocijo, un día tendrá que realizar un largo viaje para ponerse al día en el lado de abajo. Una iglesia que quiere estar siempre ‘arriba’, está expuesta a sufrir algunas de las crisis nerviosas más positivas que el mundo haya visto nunca.

Tanto el cristiano individual, como el cuerpo del Señor en conjunto, necesitan lluvia y sol, frío y calor, vientos y calmas. Así tiempos de regocijo, como tiempos de dolor. Tiempos en que el Señor es tan real, que al parecer, toda actividad que emprendes es una experiencia espiritual; y tiempos de sequedad, en que todo es tan desierto ¡que hasta una ración de arena del Sinaí sería considerada un banquete! Y estos tiempos ¿no vienen de la mano de Dios?

Y, si es así, ¿cuál es el objetivo del Señor en esto? Te está llevando a ese lugar donde puedas llegar a ser un hombre para todos los tiempos; donde los ‘tiempos’ no te perturban… no, ni siquiera los que son gloriosos. Un anciano apóstol lo expresó tan bien a un joven: “Que instes a tiempo y fuera de tiempo.”

Si ves que no puedes entendértelas con los tiempos; si terminas quejándote y lamentándote; si acabas sintiéndote frustrado y retorciéndote en una auto conmiseración o tan sólo enojado en general, o si acabas haciendo las maletas porque la sequedad parece tan larga, tan irremediablemente permanente, y los tiempos de regocijo tan pocos, tan breves y tan superficiales; entonces, querido hermano, es bueno que se haya dado a conocer este hecho respecto de tu corazón.

Sabes que, con el tiempo, el corazón se revelará. ***** Necesitas los ‘tiempos’. Tendrás que saber superar el tiempo de regocijo. Si estás aficionado al regocijo, esa afición tendrá que ser rota. Y si el dolor y la sequedad te dejan abatido, entonces vas a tener que desacostumbrarte de ese lujo también. Y si eres el tipo que siempre está reseco, aun cuando el agua de Dios llegue hasta la cintura, entonces de seguro que necesitas un reordenamiento radical en tu carácter personal.

Esto es puntualmente cierto. Jamás recibirás sacudidas en torno a cuestiones que te interesan poco o sencillamente no te interesan. Sí las padecerás con relación a asuntos carnales que te preocupan más allá de lo lógico y natural para alguien que vive en un mundo compartido. ¿Por qué? Simple: porque sigue siendo idolatría todo aquello que, a sabiendas o en ignorancia, pongas por delante de Dios.

Tiene que llegar el día en que cada tiempo sea para ti razonablemente casi lo mismo. Esto es, que puedas seguir adelante a pesar de todo. Cris, muy probablemente no vas a comprender estas cuestiones antes de alcanzar los treinta años, de modo que sigue adelante y grita hasta ponerte ronco en los tiempos lluviosos y desgañítate aullando en los tiempos de sequía. Déjale al Señor el 95% mejor de tu transformación. Todos estamos muy supeditados a los tiempos; con todo, esos tiempos están allí para hacernos finalmente carentes de tiempos.

Existe una sola forma en que aprenderás jamás a triunfar sobre todos los tiempos, y es pasar por todos y cada uno de los tiempos… muchas veces. Sí, Cris, cuando puedas considerar en una forma exactamente igual el sonido de la abundancia de lluvia y el del recio viento caliente de una sequía, entonces estarás acercándote a la tierra de la madurez. De modo que, por favor, no digas nunca —cuando te encuentres totalmente perdido allá afuera en medio de alguna ardiente tempestad de arena— que no has sido advertido. Tales tempestades de arena son también modos de obrar de Dios.

Capítulo 28

Querido Cris: Gracias por hablarme acerca de los cristianos con quienes te congregas. Cris, ¿te has dado cuenta de que en cualquier reunión de creyentes, todos los que vienen a la misma vienen con motivos entremezclados? Prácticamente todo lo que hacemos, tanto en forma consciente como inconsciente, tiene un doble motivo. (Ojalá —son nuestras esperanzas— que el motivo piadoso sea el que salga ganando.)

De cualquier forma, lo doble de nuestros motivos debe ser destruido a fuego. Ahora bien, eso toma muchísimo tiempo. La mayor parte de nosotros, cuando tenemos entre veinte y treinta años, no podemos siquiera descubrir los motivos oscuros de nuestro corazón y, por lo mismo, en realidad no creemos que están allí. Después de que cumplas los treinta años, puede haber ocasiones en que no puedas ver nada más que tus dobles motivos y te preguntes si habrá en ti algo además de eso.

Antes que continúes leyendo, tengo que decirte que sí, que lo que viene contando el autor es, efectiva y lamentablemente así. Toma como ejemplo los músicos o cantantes de las bandas de alabanza y adoración de las grandes congregaciones. ¿De verdad podemos creer que todos ellos suben a la plataforma imbuidos de una unción salmista, y que ninguno lo hace para destacarse, sentir los aplausos como propios o, simplemente, ser admirados por las hermanitas o hermanitos que no son músicos?

Ahora mismo sólo el Señor sabe cuáles son esos motivos. No te percatas de ellos, y así es todo el mundo. Tanta ambición, tanta fortaleza humana y tanta carnalidad… y egotismo no crucificados, con los que todavía no se ha lidiado. ¡Cuán poca expansión interna del espíritu ha habido! Dios tiene que hacer una obra tan grande entre la gente con que ahora vives y te congregas.

A veces parece que el fuego habrá de quemar todo antes de destruir nuestra propia escoria. ¡Qué pepita de oro tan, pero tan pequeña es la que encontramos en el holocausto de cenizas y pavesa! Será tan sólo después de un titánico quebrantamiento que alcanzarás a ver, en un lúgubre momento, los verdaderos motivos de tu propio corazón. Al Señor le va a llevar toda una vida, tu vida, desilusionarte en la alardosa confianza que ahora tienes en ti mismo. No existe ni un solo hombre que no tenga un desmedidamente alto concepto de sí mismo, incluso la persona que sufre un trágico —y genuino— caso de bajo grado de autoestima.

Cris, si tú eres uno de esos que se encubren de este hecho de la vida, si te pones detrás de una fachada que anuncia humildemente que no confías en ti mismo, entonces probablemente estás tratando de encubrir qué ambición tan profunda y oscura se esconde realmente dentro de ti. Puede que tengas miedo de que el monstruo pueda ser hallado y exhibido en la plaza pública; para vergüenza tuya.

Y así, el cristiano se arrastra en su falta de confianza en sí mismo. ¡Hombre! Cuando reflexiono sobre los últimos 30 años y veo cuán enredados y sumamente complejos somos todos y cada uno de nosotros, me maravillo al considerar qué genio es Dios, que, con todo, puede transformarnos en algo entero.

Algún día te casarás. Espero que entonces aún estés en la ‘vida corporativa’ también. No hay nada que requiera más humildad que el matrimonio. Dentro del marco de ese matrimonio probablemente nunca habrá un momento verdaderamente tan humillante como el momento en que tú y tu esposa necesiten ayuda. (Es casi seguro que ese momento habrá de llegar.) El hecho es que la mayoría de nosotros somos tan orgullosos, que o rehusamos la ayuda o esperamos tanto tiempo, que para entonces hemos esperado ya casi demasiado. (Por causa de esa falta de humildad, precisamente, hemos visto derrumbarse y deshacerse decenas de matrimonios)

Para ese día negro ustedes dos habrán enredado ya las cosas tan soberanamente, que van a necesitar mucho más que un árbitro. Necesitarán a alguien que pueda penetrar la parte más recóndita, más remota y más oculta de sus motivos, de su naturaleza, de su disposición… de sus orígenes mismos. Y si realmente consiguen una buena ayuda, gritarán y chillarán, al menos hacia adentro, por quedar tan duramente expuestos.

Y en ese momento cuando el dique reviente y todos los problemas y heridas y hostilidades se desaten, habrá una excelente oportunidad de que tu matrimonio sea llevado al mismísimo borde de la destrucción. Así sea. Y entonces, cuando sea rescatado de la destrucción, como inevitablemente lo será, tu matrimonio descansará sobre un fundamento mucho más sólido y más realista que el fundamento de ‘algodón de azúcar’ y de aroma sobre el que se había establecido originalmente.

El Señor habrá logrado en ti lo que no se puede lograr de ninguna otra manera, sino tan sólo obrando a través de esas crisis hogareñas y matrimoniales. Cuando haya pasado el horror de todo eso, podrías tomarte un momento para mirarte cuidadosamente en un espejo. Podrías notar en tu semblante los primeros y tenues toques del pincel de la madurez y, quién sabe, tal vez de la humildad y de la compasión.

Por otro lado, si, durante esos días lúgubres, te rebelas, rehúsas toda ayuda y rehúsas ceder, entonces un gran cúmulo de la inversión que el Señor habrá hecho en ti se perderá. No hay momento más grandioso en la vida del cristiano, que cuando rinde su espada. ¿Cómo dice la canción? Ayúdame mi espada a rendir para que pueda ser vencedor.

En esa hora oscura cuando todo parezca haberse desintegrado y estés desconcertado por lo que está aconteciendo en tu vida, recuerda que tu tensión tiene su contraparte en Dios. Puede que Él no esté preocupado, pero sí está muy interesado en lo que está ocurriendo en ti. Él quiere hacer un reemplazo en ti: sacar algo de ti, para poner algo de su Hijo en el lugar vacío.

Si te hallas en una circunstancia en extremo desconcertante (digamos un problema de salud que desafía todas las reglas de sanación), si en tu lugar de trabajo, o en tu hogar, o en tu congregación estás rodeado de personas que simplemente no pueden comprenderte, la verdad es que probablemente estás recibiendo la respuesta a una oración hace mucho tiempo olvidada.

Fue una oración tonta que tú hiciste tontamente. “Señor, confórmame a tu imagen. Aplica la cruz a mi lado oscuro. Pon de manifiesto las cosas ocultas que ni yo puedo ver. Señor, deseo ser todo tuyo.” ¿Qué es lo que puede aliviar tu dolor de corazón? Probablemente nada. Pero si algo puede, es posible que sea lo siguiente: comprender en tu parte más recóndita que ese problema vino de la mano del Señor.

¿Qué puedes hacer en tu hora de dolor que pueda complacer a tu Señor? Ten cuidado. ¡Esta es una pregunta que tiene dinamita! ¡Una persona híper religiosa puede hacer una carrera para toda la vida o una defensa mental de una pregunta como ésta: Por tanto, mi cautelosa respuesta es: muy poco. Puedes regocijarte. Esta es una posibilidad. Asimismo puedes someterte a Él.

Puedes con gozo ofrecerle esa situación y decirle: “Señor, sé que esto procede de tu mano.” Pero es muy probable que no llegues a ninguna parte más cercana que eso. Por lo tanto, ¿qué otra cosa puedes hacer en medio de la adversidad? Te puedes arrodillar; puedes llorar, y llorar, y llorar. Esto lo puedes hacer. Hay una cosa que no debes hacer. Quéjate, si has de quejarte; gime, si tienes que gemir; y enójate, si tienes que hacerlo.

Pero oh, querido hermano, permanece bien alejado de la amargura y de culpar a otros. No importa lo que pueda ser, pero no culpes a otros. Si lo haces, te colocarás peligrosamente cerca de perder el derecho a todo futuro crecimiento espiritual. Puede que estés convencido de que no mereces ese desastre de lujo que te ha sobrevenido, pero trata de recordar a ese hombre, a José. El tampoco merecía lo que le aconteció. No obstante, aun cuando él veía la maldad que los hombres habían hecho, veía también el bien que Dios estaba haciendo.

Quisiera concluir este montón de cartas y notas con una palabra muy personal para ti, sobre un asunto que aprecio mucho en mi corazón, o quizás debiera decir, un asunto que es una carga en mi corazón. Cris, yo no veo que nada de lo que haya de acontecer en los primeros diez años de tu vida cristiana, te traiga al punto donde tu espíritu llegue a tener el control de tu alma.

Yo no creo que el solo hecho de leer lo que está escrito aquí y salir luego a fingir lo que has comprendido intelectualmente, sea de ninguna gran ayuda para ti. Quisiera poder dirigir estas mismas palabras a esos jóvenes obreros que empiezan a formar pequeños grupos caseros, a llamar todo eso ‘vida de iglesia’ y a enseñar verdades elementales del andar cristiano. Siempre existe el peligro, si no has desarrollado tu entera vida cristiana en una moderada y no fanática experiencia de vida de iglesia, de que eso que tú llamas tu espíritu, en realidad no sea nada más que un alma deformada. (Tan cierto que exime comentarios)

Tiempo, más la obra de la cruz. Más vida de iglesia. Además, una gran cantidad de tiempo más. Entonces, agrégale muchísimos encuentros personales y directos con El Ungido. Revuelve todo eso. Luego añádele un poco más de tiempo, y mucho más de la obra de la cruz en tu naturaleza positiva y en tu naturaleza negativa. Así, con el tiempo, el espíritu tomará la delantera.

¿Es posible saber si hay un verdadero quebrantamiento en un creyente? Yo creo que sí. El tal creyente no demuestra rebelión contra nada: 1) contra nada en las circunstancias que lo rodean, 2) contra nada que tenga que ver con lo que otros imponen sobre él, y 3) ciertamente contra nada de lo que Dios elige poner en su vida. Tiene paz en medio de todas esas circunstancias, Cris, nadie habrá de alcanzar un andar semejante, a menos que, igual que un grano de trigo, haya caído en la tierra y haya muerto.

Lo que le acontece a esa semilla dentro de la tierra, es una magnífica ilustración de lo que te espera. La cáscara del grano se rompe; después de romperse, la vida que está allá adentro, en lo recóndito, viene brotando a través. Pero es sólo cuando esa cáscara exterior queda sepultada en la oscuridad, que el hombre interior comienza a brotar hacia arriba y al exterior, a través de las hendeduras causadas por la muerte y el quebrantamiento.

Capítulo 29

Querido Cris: Sabes que Jesucristo fue perfeccionado por medio del sufrimiento aun cuando Él era perfecto. Bueno, pero ¿qué quiere decir esto? Piensa un poco al respecto. Había cosas que, como ser humano, el Hijo de Dios no sabía. Antes de la encarnación, Él sabía todas las cosas como el eterno Hijo de Dios en la Santísima Trinidad. Pero había algunas cosas que Él no sabía, por experiencia, una vez que estuvo encarnado en el cuerpo humano.

La parte humana de Jesucristo no había aprendido (al menos no por experiencia) que la obediencia no se aprende sino sólo por medio del sufrimiento. (La porción divina del Hijo de Dios ya había aprendido eso antes de la creación.) Ahora bien, si el Hijo de Dios aprendió la obediencia —sea la parte humana de Él o la parte divina— tan sólo por medio del sufrimiento, y Él era perfecto, y era Dios verdadero del Dios verdadero, ¿aprenderemos la obediencia mediante una continua prosperidad, una ininterrumpida bienaventuranza, bendición y gozo?

Cierto, esto es lo que parece creer, o mejor dicho: quiere creer la mayor parte de lo que hoy conocemos como la iglesia. Y si bien lo hace fundamentada en la imperfección de la naturaleza humana que poseen sus miembros rasos, se ven respaldados en sus argumentos por no pocos ministros que recorren el planeta predicando prosperidad sin esfuerzos a cambio de ofrendas de amor. Tumor maligno a extirparse inexorablemente si no se desea caer en corrupción, deterioro y extinción que demorará el fin del propósito.

Cris, sé agradecido por el hecho de que tanto la divinidad de Jesucristo, como su humanidad, sufrieron. Jesucristo sabe qué quiere decir experimentar el dolor. Él sabe qué quiere decir que el dolor esté atravesándole el corazón y apuñalándole el cuerpo. Si Él no hubiese llegado a conocer eso, hoy la iglesia tendría un Dios mal habilitado para ser Señor de nuestra asamblea. Ahora bien, si los hijos de Dios son perfeccionados por medio del sufrimiento, así como el Capitán fue perfeccionado mediante el sufrimiento, de allí se sigue que hay un ingrediente que es absolutamente esencial para la vida cristiana. Sin él, la misma está incompleta.

¿Puedes ver cómo Jesucristo sufrió mientras estuvo en la tierra? ¿Y puedes ver cómo ese sufrimiento lo maduraba a diario? Hoy está la personalidad de El Ungido, en lo que respecta a tu Dios —algo que El adquirió aquí en la tierra— que debe quedar labrada dentro de ti. ¿Puede aquello que es El Ungido, aquello que lo perfeccionó, lo llevó a la plenitud y ahora forma parte de Él, puede esa porción de El llegar a ser implantada en tu vida? Sí. Pero no aparte del sufrimiento.

Hay algo muy egocéntrico en ti, y en mí, que nunca morirá, a no ser mediante los punzantes dolores de la adversidad. Si rehúyes, si te resistes, si te aferras a ese recóndito lugar egocéntrico, guardándolo de tal modo que no pueda ser alcanzado ni por la mano de Dios, entonces permanecerá en ti, por todo el resto de tu vida, algo no cambiado y no sometido. Ese altar, ese salón del trono, ese santuario interior donde se adora al yo, nunca quedará derribado. A veces el dolor irrefrenable, irrestringible, sirve como un ariete para derribar la puerta que conduce a ese salón súper encubierto y sacrosanto.

El sufrimiento puede ser muy irreligioso y del todo desconsiderado con respecto a los lugares que escoge para irrumpir en ellos. Así que, ten por cierto, que un día el Señor levantará su mano de protección de sobre ti. Por amor dirá: “Ahora voy a permitir que este sufra.” Y de esa manera, empezarás a participar de los padecimientos de El Ungido. El sufrimiento tuvo un propósito en El. De igual manera, el sufrimiento tiene un propósito en ti.

Alguien hizo una aseveración muy tremenda: “Parece que algunas veces nuestra fe no puede ser perfeccionada hasta que llegue el momento en que nos parece que el Señor nos ha desechado.” Hay cosas peores que el misterio y la duda que pueden sobrevenirte. Algunos creyentes llegan a tocar hasta el vértice mismo de la cruz: El los lleva a la cruz, como llevó a su Hijo, y allí los desampara completamente.

Aquí surge la pregunta que pide a gritos una respuesta: ¿Por qué? Yo, por lo menos, no la sé. A veces parece que, para llevar a cabo su obra en nosotros, el Señor tiene que aparentar que nos desampara. Es posible que hasta lleguen a haber momentos en que el Señor parezca ser infiel. Si eso te turba, entonces recuerda a Abraham —cómo su fe fue llevada hasta el borde mismo del precipicio de la fe racional. Y si eso no es suficiente, Cris, recuerda a tu Señor.

Yo tampoco puedo darte esa respuesta que el calificado autor dice ignorar. Pero sí puedo aportar, como para que entiendas un milímetro más de cómo funciona todo esto, un pensamiento que, de tan difundido, ha llegado a convertirse en célebre, y es el que sostiene que nada se valora más que lo que se está a punto de perder. Principalmente aquellos que han visto destruido sus matrimonios por causa del adulterio de uno de los cónyuges, puede dar fe irrestricta obre esto.

Capítulo 30

Cris: Al principio, cuando empecé a hacerte estas notas, comenté que hay personas que ven la vida cristiana como que es un interminable paseo de placer, mientras que otros la ven como una vida entera de penalidades. En este punto de nuestra correspondencia, estoy un poco preocupado de que yo pueda parecer como que pertenezco al segundo grupo. No es así. He vivido hasta ahora una vida cristiana muy emocionante, espeluznante.

Con todo, debo confesarlo sinceramente, en mi registro se ha anotado mi participación en el sufrimiento terrenal. Sin embargo, al mirar atrás, todavía puedo decir: “Ha sido divertido. A veces ha sido absolutamente sobrecogedor.” ¿Por qué, entonces —me pregunto a mí mismo—, he corrido el riesgo de dejarle a mi sobrino la impresión de que la vida cristiana está sólo dos pisos más arriba de la cámara de tortura? (Tal parece que éste es el riesgo profesional de todos los que escriben y hablan sobre el tema de la cruz.)

Francamente, no estoy seguro, pero ahora que reflexiono sobre las experiencias que he tenido en este asunto, aventuraré una posibilidad. Esta tiene que ver con algunos recuerdos muy vívidos que vienen a mi mente y que, con toda sinceridad, aún me persiguen. He presenciado algunos resultados realmente dolorosos, que se han producido en la vida de queridos cristianos cuya vida —que una vez fuera tocada por el sufrimiento— fue completamente destrozada.

No pudieron aceptar la idea de que, como cristianos, podían tener que sufrir. Cris, desde hace ya dos décadas la cruz tiene un lugar muy importante en todo mi ministerio oral. Nadie puede acusarme de no haber tratado el sufrimiento en la vida cristiana, ni de haber dejado de poner sobre aviso a los jóvenes creyentes respecto de las encrespadas aguas que hay más adelante. Pero aguarda un momento.

Mejor parafraseo esta afirmación. No quiero que nadie me venga a decir: “Bill, usted nunca me advirtió que el viaje podía ponerse tan turbulento.” Como puedes suponer, sí escucho semejantes expresiones. Es curioso, pero una vez que el cristiano empieza a sufrir, parece que se enferma de amnesia, olvidándose de que haya escuchado jamás cosas tales como la cruz y el sufrimiento. Y en esos momentos en que su nave entra en su primer mar realmente encrespado, algunos prefieren desistir de toda la aventura cristiana.

Recuerdo haber preguntado una vez por la condición en que se encontraba una joven pareja que yo apreciaba mucho, pero de la cual no sabía desde hacía algún tiempo, sólo para escuchar que, por así decirlo, habían dejado los caminos del Señor, dando como razón, que no podían entender “por qué Dios había permitido que todo esto nos sucediera”. Al inquirir en cuanto a qué era “todo esto“, descubrí que tales razones eran asombrosamente triviales.

Conozco, cuando menos, a unos cuantos cristianos que todavía siguen con el Señor, que gustosamente habrían intercambiado sus problemas con ellos. A lo largo de mi vida he visto lo siguiente —sean a modo de ejemplos—: Un cristiano que empezó a perder la fe porque tenía que vivir durante dos semanas en un atestado apartamento; otro, porque no tuvo trabajo durante una semana; otro, debido a que no podía pagar el alquiler de un mes; otro, porque tenía una pregunta que nadie sabía contestar; otro, por haber sido ignorado (o quizás escapado a la atención); y otro más, por haber agarrado una gripe que al cabo de dos meses aún persistía.

¿Es que hay hombres y mujeres que por semejantes cosas podrían casi perder la fe? La cuestión es ésta: Todos esos recuerdos me hacen procurar, siempre con gran denuedo, captar la atención del nuevo creyente, diciéndole en todas las formas que conozco, que habrá de encontrarse inevitablemente con un diluvio de aflicciones.

Con mucha frecuencia fallo en esta tarea, dejando que el nuevo cristiano siga ignorando lo que le espera más adelante y, al propio tiempo, él se queda con la clara impresión de que la aventura cristiana no es más que un largo y miserable estudio de la tristeza. Bastante paradójico, ¿verdad? A la luz de todo esto, tengo algo muy personal que decirte, mi querido y joven sobrino. Si unos pequeños sufrimientos como los que te acabo de relatar, pueden hundir tu nave cristiana, déjame asegurarte que hay miles de crisis allá afuera esperando por ti, que son lo suficientemente grandes como para hundir la armada británica entera.

Como obrero cristiano, no conozco ninguna verdad que yo te pueda decir, ninguna experiencia de ‘vida profunda’ disponible para ti, ninguna mano de ayuda que te pueda extender, que hayan mantener a flote tu frágil embarcación. ¡Lo único que sé hacer, es echarme atrás y dejarte amplitud de espacio en que te hundas! Nunca dejo de asombrarme ante nuestro asombro por tener que sufrir. Concuerdo con el apóstol Pedro al decir: “No os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido…” Quisiera añadir algo positivo aquí, Cris.

¡Tengo otros recuerdos también! He visto a algunos que forman parte del pueblo de Dios, estar destinados a atravesar algunas de las peores tormentas que la vida puede producir, y los he visto pasar por esas pruebas con todas las banderas (por último) enarboladas, así como con todos los cañones (al final) tronando. Son esos recuerdos los que me alientan a seguir adelante y mantienen la cruz en el centro de mi vida y de mi ministerio.

Entonces, ¿por qué algunos de nosotros se hunden tan fácilmente? Tienen que haber mil distintas razones. Señalaré una: Nos imaginamos un cierto tipo de prueba, le damos un carácter romántico, nos preparamos para ella y creemos que la vemos venir, tan sólo para quedar aplastados por una prueba completamente diferente de todo lo que habíamos soñado jamás.

Cris, espero que tengas una hermosa, plena y emocionante vida cristiana. Entre tanto, te recomiendo que no sólo esperes lo mejor, sino que también ¡te prepares para lo peor! Cuando seas un anciano, cuando llegues al final de este fantástico y fascinante peregrinaje y hagas una pausa momentánea para mirar atrás, me parece que sacarás la conclusión de que recibiste los máximos límites de ambas cosas. Te imploro, Cris, no dejes que nada que llegue a tu vida te disuada de tu llamamiento supremo.

Tu hermano en El Ungido,     Bill

P.S.: Creo que ahora es el momento de volver nuestra atención un poco más al tema del sufrimiento y de la transformación, en lo que respecta a ti, dentro de una práctica experiencia del cuerpo de El Ungido.

Es muy interesante este capítulo, porque a mi modesto juicio contiene los principales elementos por los cuales los hombres polemizan, se enfrentan, debaten y hasta se pelean entre sí dentro de las iglesias. Todo porque creen saber las cosas de Dios, -presuntuosamente-, mejor que Dios mismo.

Sin embargo, creo que la gran respuesta un tanto olvidada u omitida, no lo sé, está en la propia Biblia, cuando nos dice que debemos dar gracias en todo. ¿Sabes lo que significa dar gracias EN TODO? Pues precisamente lo que acabas de leer: en todo. Eso, entiendo, coloca un punto de equilibrio y justicia equitativa de cual será muy prudente no moverse.

Capítulo 31

Cris: Nunca he estado en la congregación de la que tú formas parte allí en Portland. Me alegro de que estés en una confraternidad informal. Si estás en una genuina y práctica experiencia de vida de iglesia, habrá ayuda disponible para ti y se te proporcionará ayuda. Yo he formado parte de tales reuniones informales —tal vez primitivas es un mejor término— por cerca de 20 años. Asimismo, me alegro de que vivas en una experiencia de vida de iglesia, porque todo esto que te digo tendrá más sentido para ti.

Fuera de una experiencia de vida corporativa resulta difícil comprender el verdadero propósito del sufrimiento. El hecho de por qué sufre el hombre no es una cuestión difícil de resolver, si la miras desde el punto de vista de Dios y no del tuyo propio. Tienes que considerar que tu Señor creó todo con un propósito, y el resultado final de ese propósito es principalmente para El. Ahora mismo Él está obrando para cumplir su propósito de haber creado.

Cris, si de veras te has incorporado a una comunidad de creyentes muy unida… Espera, déjame parar aquí mismo; yo no estoy hablando de entrar en un vasto auditorio de diseño gótico — al que erróneamente se refieren como una iglesia. Antes bien, hablo de la diaria experiencia de vida de iglesia —de cristianos que a diario y en forma íntima comparten su vida unos con otros en una experiencia positiva de la iglesia. Bueno, como te estaba diciendo, si te involucras en la vida de iglesia, entonces tarde o temprano quedarás confrontado con un hecho bastante desalentador: Hay continuamente una tremenda cantidad de sufrimiento en la vida de los creyentes con quienes estás.

Mientras más tiempo vivas en la vida de iglesia, y mientras más vivas en sana intimidad con otros creyentes, más verás la enormidad del sufrimiento de todos los que te rodean. Tarde o temprano empezarás a creer que estás viviendo con la gente más desventurada de la tierra. Puede que incluso te preguntes si no estarás en un grupo que está bajo algún tipo de maldición. Y te preguntarás si quizá Dios no estará tratando de decirles a todos ustedes que en realidad Él no está con ustedes.

¿Por qué hay tanto sufrimiento entre los cristianos? Al principio, cuando recibes tu salvación, te formas la idea de que la vida cristiana va a ser una grande y gloriosa festividad. Más tarde, al menos en la vida de iglesia, haces una pausa para mirar alrededor, tan sólo para descubrir que abunda el sufrimiento, no la bendición. Una razón de por qué una experiencia de vida de iglesia está, al parecer, tan plagada de mala suerte, es que tienes una posición ventajosa excepcionalmente precisa.

Ahora, si —en vez de estar en la iglesia— estuvieras viviendo en una linda casa de un barrio residencial suburbano, hacia el final de una calle sin salida, con, digamos cuatro buenos amigos, nunca te darías cuenta de la vasta extensión del sufrimiento que toda la humanidad está padeciendo. En cambio, sólo estarías pensando: “Tengo cuatro de los más desventurados amigos que hayan vivido jamás.” Aumenta el círculo de tus relaciones íntimas a, digamos, 50 personas, y entonces tendrás un cuadro a vista de pájaro de la sociedad humana.

Y de la agonía humana. Esas cincuenta personas —observadas de cerca— sí pueden decirte la historia de la raza humana. Cuatro amigos no pueden; la vida de iglesia sí. A veces esta experiencia que llamamos vida de iglesia (por falta de mejor término), toma la apariencia de un holocausto de campo de batalla. Mantén firme tu corazón cuando empieces a comprender cuán profundamente ha dañado la Caída a la humanidad. Mantén firme la cabeza cuando comiences a captar la vastedad del sufrimiento que nos ha sido prorrateado a cada uno de nosotros.

Cris, puede que esa confraternidad de cristianos de la que formas parte no esté bajo una maldición. Hay una buena probabilidad de que todas esas personas de aspecto tan sereno que viven allá, al final de esa pequeña y tranquila calle sin salida, estén pasando también por sus propios pequeños infiernos privados. Cris, confío en que no te voy a turbar si te digo que por todas partes ¡todo está mal! Por cruel que pueda parecer, el destino que te fue impartido no es más que la porción promedio conferida a casi todos nosotros, peregrinos confinados a esta tierra.

Raramente este hecho tan sencillo se muestra en claros detalles, y conocerlo de primera mano puede hacer tambalear al mejor de entre nosotros. Con todo, hay cierta diferencia entre tú y la típica familia que vive en una de esas urbanizaciones impersonales. El creyente que se ha sometido totalmente a Jesucristo, sufre en esta vida de un modo algo diferente de cómo sufre el inconverso. (Asimismo sufre en forma diferente que el cristiano no tan dedicado.)

¿Por qué? Porque ese creyente está sufriendo los padecimientos del Señor. Ha abrazado la angustia que está muy hondo dentro del Señor mismo. Si experimentas esa llama ardiente, quedas transformado. Sí, cambiado. Un encuentro tal no puede menos que transformarte. Cuando un cristiano —cualquier cristiano— decide entregar su vida absoluta y totalmente a Jesucristo —sin reservas, abandonando el mundo, renunciando a la seguridad, volviéndose a la simplicidad  y encaminándose hacia las cosas profundas de Dios, esto es, a las cosas más íntimas y predilectas del Señor— puedes estar seguro de que pronto después de eso el tal creyente se va a encontrar con alguna porción de sufrimiento.

Cuando ese encuentro ocurra, el creyente habrá comenzado su inevitable viaje por el camino del sufrimiento. Y ese peregrinaje habrá de llevarlo de gloria en gloria, hasta que un día quede transformado, por la bendita y soberana mano del Señor, en algo no del todo diferente de Él. Sí; conformado a su imagen. Mayormente por medio del sufrimiento. ¿Por qué será que tantos y tantos de los creyentes que están alrededor de ti, están pasando por aguas tan profundas y por tan ardientes llamas? Porque ése es su destino. Entrégale tu vida de un modo tan completo a Jesucristo, hermano Cris, y ése será tu destino también.

Desde hace más de una década estoy bien cerca de un grupo de jóvenes cristianos, como 100 de ellos. Sé, con toda certeza, que todos y cada uno de ellos han sido bien advertidos: “Entrégale enteramente tu vida a Jesucristo y más tarde o más temprano sufrirás mucho más que lo que ahora puedes comprender. Pero no hay manera en que uno pueda comunicarles a esos denodados jóvenes creyentes la abundancia de sufrimiento que habrán de encontrar en el curso de esta vida.

Una y otra vez se los ha prevenido, en todas las formas conocidas. No obstante, cada vez que esa soberana mano de Dios ha caído sobre alguno de ellos, y él (o ella) entraron verdaderamente en la participación de los padecimientos de El Ungido, siempre han quedado sorprendidos de cuán dura y cuán insoportable es la cruz. Les expresé estas mismas palabras a esos jóvenes cristianos cuando tenían veintitantos años de edad, sólo unos meses después de su conversión.

Para bien o para mal, no tuvieron el buen sentido de salir corriendo por la puerta. Eran jóvenes cristianos que amaban al Señor y que no podían ser detenidos, ni siquiera por la cruz. No obstante, en cada caso individual, para cuando llegaron alrededor de los treinta y cinco años, todos y cada uno habían encontrado ese horno especial, reservado solamente para el cristiano que se ha entregado completamente a Jesucristo. Si consagras tu vida apartándola para Jesucristo, entonces con toda seguridad el sufrimiento constituirá una buena parte de tu porción terrenal.

Cris, si vienes por este camino, no pierdas ni un momento de ese sufrimiento. ¡Levanta la vista! ¡Contempla el dolor que está en lo recóndito de El! El dolor que experimentas en el momento del sufrimiento fue legado a ti, de tal manera que, excepto por ser El quien llevó tus pecados, puedas participar de todo lo que El conoció y experimentó.

Hay un sentido en que el creyente nunca experimenta un sufrimiento que sea original. El sufrimiento que experimentas no es realmente tuyo. Antes bien, sólo has gustado una experiencia de sufrimiento por la cual Jesucristo ya pasó. ¿Te han perseguido alguna vez por ser cristiano? ¿Te ha dejado casi destruido esa experiencia de persecución? ¿Se sumó una agonía a otra agonía? Ciertamente tu experiencia no fue ni original ni única. Aun cuando experimentaste una intensa agonía, lo que realmente sucedió, fue que bebiste de la propia copa de sufrimiento de Jesucristo.

El día de tu conversión viniste a ser un participante de El. Al participar de El, has estado participando también de sus experiencias. Por tanto, cualquier aflicción que hayas conocido, no ha sido más que la experiencia de gustar la aflicción de Jesucristo. En esos momentos experimentaste algo de aquello por lo cual El pasó; aquello por lo cual El pasó, vino a ser una experiencia en tu vida. Cris, ¿has llegado a conocer ya, por experiencia, la aflicción? ¿Una aflicción tan grande, tan indecible, que hasta respirar te resultaba difícil? Entonces llegaste a experimentar, por un breve momento, la profunda aflicción y las recónditas palpitaciones del Hijo de Dios.

Él tiene un almacén de sus sufrimientos. Sólo has participado de algo de eso. Has tenido comunión con Jesucristo, ¿no es así? Has experimentado su gozo, creo yo. ¿Te quejaste por experimentar su gozo? Un día participaste con El en el gran gozo de la salvación. ¿Te quejaste ese día? Algún día debes tener aún otra comunión, una experiencia común a ti y al Señor. Debes experimentar la participación de sus padecimientos. Sí, tienes que gustar esa participación también. Después de todo, eran de Él. Así como aquella primera experiencia extática de gozo que tuviste, de hecho el Señor la conoció primero de la misma manera, también el sufrimiento al cual te refieres como ‘tu sufrimiento’, en realidad fue suyo primero. El sufrimiento que estás experimentando ahora mismo, es suyo, como Él lo conoció, y es pasado a ti. Estás participando con Él en lo que El ya experimentó una vez.

Un antiguo profeta dijo: “El llevó nuestros sufrimientos.” ¿Qué significa eso para ti, hermano Cris? Porque ciertamente Jesucristo sufrió, sufrió aquello que tan sólo la divinidad debió sufrir; pero El también sufrió cosas en tu lugar. Cris, ahora tienes la oportunidad (y el privilegio) de estar en esa mismísima posición. Puedes llevar algo de su aflicción, algo de su dolor, algo de su sufrimiento; sí, y tal vez un poco de su agonía. Si así fuera, varias cosas habrán de ocurrir.

Le ahorrarás sufrimientos a Jesucristo… sufrimientos que le vienen de la deficiencia que hay en el cuerpo de El Ungido, que es la iglesia. De alguna forma, desconocida para ti, más tarde le ahorrarás a algún otro peregrino una porción de sufrimiento que originalmente estaba destinada a él. Además, así como nunca sabrás qué significa: “El llevó mis sufrimientos”, algún otro nunca sabrá que tú le has ahorrado un gran sufrimiento.

He observado a un grupo de jóvenes que fueron llamados y que respondieron a ese llamamiento y consagraron enteramente su vida a Jesucristo. He observado el drama que se desenvolvió después. He visto cómo aumentó la tensión. He visto cómo el sufrimiento se volvió más intenso y menos soportable con cada año que pasó. Algún día futuro aquellos apreciados hombres y mujeres (porque ahora ya no son tan jóvenes) estarán en algún lugar en una sala, frente a un grupo de jóvenes.

Harán la misma declaración que se les hizo a ellos respecto del sufrimiento y respecto de la cruz. Pero esa siguiente generación de jóvenes santos no se detendrá. Se atreverán, contra todo sano y buen juicio, a seguir a Jesucristo sin reservas, absolutamente. Tengo una oración por ese segundo grupo de jóvenes. Mi oración es que haya algunos sobrevivientes del primer grupo y que estén allí —para ayudar, para fortalecer, para aconsejar y para confrontar, cuando las llamas y la inundación de las aguas lleguen a la escena. En aquella hora futura esos hombres y mujeres, que ya no serán unos jóvenes, podrán prestar su fortaleza —adquirida en el fuego— a esa segunda generación que entonces ya no será ignorante.

Es tan importante que los santos más antiguos y más maduros en la vida de iglesia experimenten los recónditos y oscuros ámbitos del sufrimiento… por causa de los más jóvenes. Creo que tú puedes entender esto. Bueno, fue exactamente tan importante que Jesucristo fuera el primero que experimentase ese oscuro ámbito, de manera que más tarde El pudiese demostrar solicitud por otros — a fin de que, todavía más tarde, ellos a su vez pudiesen demostrar solicitud por ti. Abundan en nosotros las aflicciones de Cristo.  2 Corintios 1:5

¿Qué fue lo que Jesucristo sufrió? Cris, te hago presente que, como creyentes, no experimentaremos ningún nuevo sufrimiento, ninguna nueva aflicción en esta vida, sino tan sólo aquello que El experimentó primero. No podemos ir más allá de su sufrimiento. De modo que ponderemos esta pregunta impregnada de lágrimas: “¿Qué fue lo que El Ungido sufrió? Tú estás en El Ungido. Esto es un hecho que puede que tú aún no hayas comprendido plenamente por experiencia. Pero eso no importa.

Dios sí lo comprende. Cuando El te mira, te ve en El Ungido. El te considera uno con Jesucristo, parte del mismísimo ser de El Ungido. Estas cosas son misterios; pero, aun cuando ciertamente nos fueron dadas, con todo, las mismas no son claramente comprendidas por frágiles mortales como nosotros. Ahora bien, de esto puedes estar seguro: Todo lo que le sucedió a El que es El Ungido, esas mismas cosas les suceden a los miembros del cuerpo de El Ungido. Su experiencia está destinada a ser la experiencia de la iglesia.

¿No sufrió El? Luego, de aquí se sigue, como la noche sigue al día, que tú también sufrirás. ¿No murió El? Entonces tú también mueres. ¿No resucitó El? Luego tú también resucitas. Sí, es cierto que todas estas experiencias que Jesucristo tuvo, son hechos reales y consumados. Sí, fui crucificado con El. Sí, he muerto en El Ungido. Ya he resucitado en El Ungido. Pero también he de entrar, mientras vivo en esta tierra, en la participación de alguna pequeña porción de sus sufrimientos. Debo gustar, por experiencia propia, sus sufrimientos. Pablo los experimentó. Pedro también.

Del mismo modo los experimentarás tú. De la misma forma los experimento yo. Y en tanto que la Desposada siga confinada en este globo terráqueo, y siga encerrada en el tiempo, limitada a los ámbitos visibles, su experiencia seguirá diligentemente la experiencia que fue propia de El. Durante la edad media era creencia de los católicos romanos que tan sólo unas pocas personas muy especiales podían alcanzar los elevados niveles de la santidad. Así, era creencia de ellos, que había una especial y catastrófica pérdida, aflicción o sufrimiento destinados para unos pocos, que a su vez, habrían de ser usados de un modo especial en el reino de Dios.

¿Es cierto esto o más bien es posible que todo corazón rendido al Señor lo pueda conocer bien?  No hay nada en los escritos del primer siglo que indique que hay una casta especial de personas para algo. Lo que Dios está obrando en tu vida tiene este objetivo: hacerte tan completo en El Ungido como cualquier otro santo que haya vivido jamás. El está obrando lo mismo en mí. El ha adaptado hacia ese objetivo toda circunstancia que entra en tu vida. No hay acontecimientos accidentales en la vida de ningún cristiano.

El objetivo del Señor es transformarte en su imagen. Tú, como un solo individuo, no puedes ser transformado en la plenitud de todo lo que es Jesucristo. El Ungido omnímodo es simplemente demasiado grande para que tú lo expreses. Pero sí puedes expresar alguna parte de su vida. Con este hecho quedamos frente a frente con el propósito de la iglesia. No puedes expresar todo lo de El Ungido. Ni tampoco el hermano que está sentado allí junto a ti. Con todo, el Señor está procurando transformar a los dos.

Mira alrededor de ti. Esto mismo les está aconteciendo a todos los que están congregados en esa sala. Ninguno de ellos puede expresar todo lo del Señor. ¡Pero Cris! ¡Cada uno de ustedes sí puede expresar alguna parte única de El Ungido! Entonces mira lo que sucede cuando te congregas en una de esas reuniones informales. ¡Sí! Congregados juntos en ese recinto se encuentran todas las riquezas que son El Ungido. ¡Y esas riquezas pueden ser vistas y oídas! A mi juicio, ése es uno de los hechos más maravillosos en el Universo.

No quise interrumpir esta parte con ningún comentario porque no quise perturbar la esencia de lo escrito, el pensamiento vivo del autor volcado generosamente en letras, independientemente de si se coincide o no con lo dicho.

Sólo puedo añadir, sin que signifique ningún descubrimiento notable ni una revelación estremecedora, que como iglesia nos falta enseñanza sobre lo fundamental: la Vida Eterna. El día que los cristianos entiendan que su objetivo es la eternidad, todo lo que pase en esta tierra, de bueno y de no tan bueno, pasará inexorablemente a segundo lugar.

 Capítulo 32

Querido Cris: Como te lo he mencionado, trabajé con un grupo de jóvenes cristianos por más de una década. Tuve un asiento de primera fila para verlos crecer en el Señor. Aquellos jóvenes dedicaron su corazón y su vida para ver restaurada la vida de la iglesia. Emprendieron algo práctico y experimental. En los comienzos de su aventura, vivieron en medio de mucha luz y revelación y de una gran abundancia de experiencias diarias y muy reales de comunión con El Ungido.

La mayor parte de lo que experimentaron, fueron cosas que habían sido restauradas en algún otro lado a lo largo del camino, en siglos anteriores al presente. Como quiera que sea, lo que esos jóvenes tenían, era algo raro. Hasta ahora han experimentado cosas que pocos cristianos de nuestro siglo han experimentado, y quizás ahora algunos de ellos procuren esas cosas que ningún creyente de ningún siglo (excepto uno) ha conocido nunca.

Tuvieron que empezar en cero… e ir de allí hacia cosas raras pero restauradas. Al principio no habían experimentado nada más que la salvación. Su tarea era sencilla: descubrir qué había sido restaurado y entonces experimentarlo. ¡De algún modo tenían que asir esas cosas y luego seguir asiéndose a las mismas! Entonces se fueron del mapa. Algunos de ellos están determinados a traer de vuelta a la realidad viviente cosas perdidas durante casi dos milenios. Cris, tuvieron que ocurrir acontecimientos sobrecogedores en la vida de los jóvenes de ese grupo (cuya edad promedio al comienzo era como de 21 años).

El Espíritu Santo tuvo que invertir muchísimo tiempo y energía en esos jóvenes. Repito, comenzaron en el punto cero. Y una restauración que comienza en el punto cero no tiene muy alentadoras probabilidades de buen éxito. Algunos se desconsolaban. En consecuencia, alguien tenía que confortar. Pero ¿quién sería el primero en confortar? ¡Pues, el primero en sufrir! ¿Quién sería el primero en hablar de la cruz con gran poder y convicción? (O sea, ¿quién podría hablar de la cruz con palabras firmemente basadas en la realidad experimentada?) ¿Quién sería el primero en declarar resurrección?

¡Sólo uno que hubiese muerto! ¿Quién confortaría, sino el que hubiese sido confortado? ¿Quién sanaría, excepto el sanado? ¿Quién esgrimiría poder? Nadie, sino aquellos que se hubiesen debilitado terriblemente. ¿Quién nos protegería del legalismo y de la ley, sino el que hubiese domado esa bestia en lo recóndito de su propia naturaleza? ¿Y quién derramaría su vida en largas horas de aconsejamiento, guía y dirección, sino sólo el que hubiese recibido un gran cúmulo de aconsejamiento, guía y dirección… lenta, dolorosa y copiosamente?

De modo que ves que a ese grupo de hombres y mujeres jóvenes les fue dado beber muy a fondo de una copa de la cual no habían libado nunca hasta entonces. Parte del vino que libaron era vino restaurado y parte del mismo era vino nuevo, pero para ese pequeño grupo de creyentes ¡era todo nuevo! Ellos no libaron nunca ni una sola gota de ese vino sino sólo por experiencia. Y en la experiencia espiritual debe haber sufrimiento. Ahora sabes, querido Cris, por qué el Señor nos ha dicho: Tú sufres en beneficio de todo el cuerpo.

Si algún hermano en ese grupo de creyentes no hubiese sufrido, todo ese grupo de creyentes no habría tenido nada en absoluto. Es necesario que sufras —para beneficio del cuerpo. No hay iglesia, no hay experiencia de restauración, no hay reposesión de esas cosas que se han perdido, a menos que alguien, muy posiblemente tú, sufra. Sin sufrimiento no hay restauración. Las riquezas que tenemos hoy, nos han venido porque algunos antes de nosotros sufrieron y esos ‘algunos’ le dieron al cuerpo lo que fue restaurado a causa de ese sufrimiento. Cris, me he expresado en forma personal e íntima, pero esto que te he dicho acerca de nuestra experiencia, realmente no es más que la historia de la iglesia del primer siglo.

En aquellos días también algunos pasaban por todas las experiencias de las que lees aquí, y luego las compartían con otros. Esos, a su vez, pasaban sus experiencias a otros más. Pero déjame ponértelo de otra manera. Los apóstoles estuvieron delante de Uno que había experimentado absolutamente todas las dimensiones espirituales, de Uno que se había posesionado de todas las bendiciones y de todos los sufrimientos y de todas las gracias. Un día esos apóstoles fueron a una gran ciudad. Durante unos siete años vivieron allí en medio de miles de nuevos cristianos. En ese día llamado Pentecostés, la vida de los apóstoles ya era rica. Tenían muchísimo que compartir con otros. Luego, al transcurrir los años, los hermanos y hermanas con quienes ahora vivían, participaron de todo lo que esos doce habían experimentado y bebieron plenamente y por experiencia de todo eso.

Aquellos primeros cristianos tomaron todo lo que los apóstoles habían experimentado, se tornaron, y se lo pasaron a una nueva multitud de nuevos creyentes, que esperaban allá afuera estando en gran necesidad. Así que ves que Jesucristo experimentó el sufrimiento, y todo lo que obtuvo de ese sufrimiento lo pasó a los apóstoles. ¿Cómo? Permitiéndoles conocer sus sufrimientos (de Él). Ellos recibieron muchísimo participando de los sufrimientos del Señor.

Luego, todo lo que recibieron, lo pasaron a una vasta multitud de nuevos creyentes. ¿Y cómo recibieron aquellos nuevos cristianos lo que los apóstoles tenían? Por la participación de los padecimientos de El Ungido. Y las riquezas que obtuvieron de ese sufrimiento las pasaron al resto del cuerpo de El Ungido. Y así ha venido siendo por casi 2,000 años. Cierta vez fui testigo presencial de un grupo de jóvenes que vieron esto, y ellos —pero no, espera un poco, ¿Qué diremos de ti? Cris, ahora tú sufres. ¿Por qué? Bueno, al menos una razón resulta evidente. Sufres en beneficio del cuerpo. Quizás debiéramos colocar este letrero en la pared de alguna parte de nuestra casa: La vida de iglesia puede ser peligrosa para tu salud. ¡Y esta aseveración es muy cierta! Pero, ah, tu pérdida puede ser tan sanadora para el cuerpo de El Ungido.

Se me ocurre que en algunos casos hemos sido demasiado enfáticos para con los discípulos directos de Jesús, también llamados aquí, apóstoles. Gente que cuando Jesús concluyó su ministerio, supo encajar en la nueva etapa y, cada uno de ellos, bajo diversas circunstancias, pudo ser útil al Reino y ministró lo que había aprendido con la máxima excelencia de la que fueron capaces.

No obstante, a la vista de todo este impacto, muy pocos han prestado atención a la calidad de discípulos que verdaderamente fueron. Si me preguntas a mí, yo te diría sin dudarlos que, mientras Jesús hizo todo el trabajo que tenía que hacer, ellos, su compañía más cercana y confidencial, mayoritariamente no tenían ni la menor idea respecto a quién era él y qué era lo que había venido a hacer.

 Luego, los tiempos cambiaron y la historia se modificó, para la gloria de Dios. Entonces, ¿Por qué hoy nos cuesta tanto entender que los jóvenes novatos no pueden ni pensar ni actuar con los hermanos más maduros, suponiendo que los hubiera?

Capítulo 33

Querido Cris: Resulta difícil, tanto para un individuo como para un grupo, ser perseguido sin devolver el maltrato. Quizá es por eso que la persecución es una de las siervas favoritas de Dios. Esto llega abajo, a lo fundamental. Es difícil, ¿o no lo es? sufrir el mal de parte de aquellos que deliberadamente te difaman. Si hay algo que provoque a un creyente por lo demás ‘perfecto’ a hacer o decir algo no cristiano, es la persecución injusta. (A propósito, Cris, si tú crees que tus enemigos quedarán impresionados con tu piadoso silencio, pues no. Ni tan siquiera lo habrán de notar.

Y cualquiera que los escuche difamarte y crea lo que oye, tampoco lo notará.) Es casi imposible que puedas tener amor en tu corazón cuando veas a amigos cristianos encarcelados. O tal vez muertos, injustamente. Y con todo, tu Dios permite esas injusticias. Oh, pero qué victoria es cuando un cristiano, siquiera uno, puede pasar por toda esa injuria, sin volverse cínico ni amargado. Pero, ¿por qué el Señor permite que a su desposada le sobrevengan semejantes sufrimientos?

Es que este sufrimiento produce oro en la vida de los creyentes que sufren. Entonces ese oro producido en cada vida viene a quedar combinado en el cuerpo de El Ungido, para hacer a la desposada lo que debe ser. Cuidado, Cris, aquello mismo en contra de lo cual te estás rebelando ahora, pudiera estar en perfecta armonía con el Señor. Lo que tú ves y sientes en forma tan dolorosa, puede ser el esfuerzo del Señor para pulir una piedra.

Regocíjense grandemente. Ahora mismo deben sufrir un poco. Pero todos esos sufrimientos,  esas pruebas de su fe, valen muchísimo más que el oro. Sobrevivan esto y su fe demostrará ser genuina. Y el resultado será alabanza y gloria y honor. (Tomado de 1 de Pedro 1:6,7)

¿Puedes apreciar, tal vez, por qué el Señor asigna tiempos de sufrimiento en tu vida? Vendrá un día en que su desposada sufrirá una muy grande necesidad; y es decisivamente importante que en esa hora de la crisis tú ya hayas aprendido cómo soportar ese sufrimiento en particular —sufrimiento que quizás todos los demás estarán experimentando por primera vez. Te necesitarán.

Ahora da la vuelta. Aun cuando todavía eres muy joven, ¿puedes ver que detrás de ti viene una nueva multitud de creyentes? Están apenas empezando. Están en cero. Para ellos, todo lo que experimenten en la vida cristiana será completamente nuevo. ¿Los ves? En cualquier momento pueden entrar en escena. Pero antes de que lleguen, algunos deben sufrir para beneficio de ellos. Se les ha concedido a ustedes, no sólo que crean en El, sino que también sufran por causa de Él.

Algún día vas a reflexionar sobre tu vida para traer a la memoria muchos incidentes. Confío en que la que más recuerdes, sean las alegrías. Pero seguramente habrá incluidos también recuerdos de aflicciones tenebrosas. Sea cualquiera de esos recuerdos el que incline la balanza, recuerda que nunca sabrás cuánto le debes al sufrimiento. Puede que hasta te quedes sorprendido al ver cuán poco habrán contribuido las ricas bendiciones y el gozo a tu crecimiento en la vida divina.

De seguro que algunas de las mayores bendiciones que hayas de conocer jamás en la vida, algunas de las revelaciones más profundas en que te hayas de asomar nunca, algunas de las más apreciadas obras que el Señor haya de realizar jamás en tu vida, sí, las cosas que para ti sean sumamente preciosas, habrán de ser nada más y nada menos que fruto de tus mayores aflicciones. Un día le harás una observación casual a otro creyente (tal vez hasta más nuevo que tú), y quedarás muy sorprendido al darte cuenta de que tu comentario bendice y enriquece profundamente su vida.

En otra ocasión, al hablar con otro cristiano cuyo corazón está a punto de desfallecer, compartirás con él algo que transformará su noche en día. Al ver lo ocurrido harás una pausa, te maravillarás, y entonces recordarás dónde fue que hallaste esa palabra de sabiduría, ese óleo de consolación. Si pudieras determinar el origen de todo eso, descubrirías que prácticamente toda ayuda que hayas recibido nunca —sea que haya  venido de las manos de algún hermano, o de alguna palabra de literatura cristiana, o quizás de las Escrituras— te fue pasada procedente del horno encendido de una aflicción y de debajo de los aporreantes golpes del mazo del sufrimiento. La aflicción tiene su compensación.

Consolamos a otros con la consolación que recibimos de… Imagínate al apóstol Pablo, ya anciano, y preso en un calabozo en Roma. Está escribiéndoles a los cristianos de una ciudad que se halla a centenares de kilómetros de distancia. Está dirigiendo su epístola a una iglesia que él no ha visto desde hace años, y esto es lo que les dice: Ustedes están regocijándose y llenos de alabanza. A ustedes les va bien en Colosas. ¿Por qué? Porque yo, Pablo, aquí en Roma estoy recibiendo el sufrimiento que en realidad era para ustedes. Estoy recibiendo ese sufrimiento en mi propio cuerpo, y esto los ha librado a ustedes. Ustedes no están sufriendo; ustedes están regocijándose. La aflicción destinada a ustedes está aquí, en Roma,   y está presente ahora en mi cuerpo.

El sufrimiento destinado a los creyentes de Colosas estaba siendo absorbido por Pablo en Roma. El sufría intensamente mientras ellos se gloriaban. Pero ni siquiera éstas son las últimas de sus asombrosas palabras. Pablo siguió diciendo: “Para esto fui hecho ministro.” Pablo se consideraba a sí mismo como el que tenía que recibir parte de los sufrimientos que en realidad correspondían a la iglesia. Para este propósito —este increíble propósito— él había sido hecho ministro.

Sabes, Cris, en realidad tú no deberías esperar llegar a ser un obrero. Pero si lo llegaras a ser, recuerda las palabras de ese hombre, preso en aquella desamparada celda, y aprópiatelas: “Para sufrir por la iglesia, para sufrir en su lugar, ¡para esto fui hecho ministro!” En alguna ocasión futura, cuando las cosas se estén poniendo realmente difíciles, podrías recordar estas palabras. Sigue recordándote esto: “¡Para esto fui hecho ministro!” Yo también necesito recordarlas. Considera cuidadosamente los comentarios de Pablo respecto de este asunto, porque hay más todavía. Ahora me gozo en lo que padezco: es por el bien de ustedes. En mi carne, esto es, en mi cuerpo estoy haciendo mi parte, para cumplir, para completar lo que falta todavía de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, la iglesia.

Cualquiera de nosotros que lee esto, no puede menos que coincidir. Así es como fue pensada la iglesia y para eso es que está allí. Sin embargo, al mismo tiempo, cuando cualquiera de nosotros lee esto, no puede menos en pensar en algunos líderes actuales que conocemos. ¿Verdad que es como si se tratara de otra iglesia?

¿Es que Jesucristo no consumó sus padecimientos mientras estuvo aquí en la tierra? ¿Queda más sufrimiento que Él tenga que cumplir? ¿Es esto lo que Pablo nos está diciendo? ¿Y está diciendo que él, Pablo, podía completar esos sufrimientos? ¿O cuando menos tener parte en ver que esos sufrimientos quedaran cumplidos? La mente queda anonadada con esta idea. ¡Jesucristo no completó sus padecimientos terrenales —increíble! Especialmente después de todo aquello por lo que pasó.

Lo llamaron ‘ilegítimo’. Qué vergüenza le supuso eso a Él y a su madre. Fue rechazado por amigos, por sus familiares, sus discípulos y, con el tiempo, por toda la humanidad. Ahora bien, sentirse rechazado es algo terrible, y El experimentó el pleno embate de esa vivencia. Fue malentendido, lo citaban falsamente. Sintió el gélido y cruel aguijón del ardiente odio que algunos le profesaban. Lloró por el hombre, a causa del pecado y sobre Jerusalén. Doce hombres le quebraron el corazón. Y más allá de todo eso: Getsemaní y la cruz. ¿Es que no fue suficiente todo eso? Para entender este enigma hemos de ver algo del misterio. Y ese misterio era tan real para Pablo, que pudo hacerles esta afirmación a los creyentes de Colosas, y hacerla sin ningún comentario.

El Señor no consumó su padecimiento. Cris, agarra bien esto: Se le ha otorgado a la iglesia que complete los padecimientos de Jesucristo. El sufrimiento aún no consumado espera por ti allá afuera. ¿Pero ésos no eran los sufrimientos de Jesucristo? Sí. Entonces, ¿no es El Ungido el que ha de pasar por esos sufrimientos? Sí. Pero ahora debemos preguntarnos: “¿Qué parte de El Ungido va a conocer ese sufrimiento?” Aquí llegamos al inescrutable misterio. Es el misterio de la unidad. Está El Ungido que es la cabeza… esto es, El que vivió en esta tierra, que fue crucificado, resucitó y ascendió, y ahora reina. Pero está la otra parte de El Ungido.

No nos gusta. Tengo la total certeza que lo dicho aquí no nos agrada en lo más mínimo. Nos ha influido grandemente el pensamiento griego. El hedonismo, la búsqueda de placeres terrenales, (No ncesariamente los pecaminosos) ha torcido el camino de un cuerpo que está puesto aquí para algo muy diferente a lo que hoy está haciendo y viviendo. De todos modos, aunque espiritual y hasta anímicamente estemos de acuerdo, nuestra carne dice que no, que no tiene por qué ser así. ¿A quién oiremos?

Está la parte de El Ungido que se encuentra aquí mismo, ahora mismo, sobre esta tierra —en forma visible—, que representa a Jesucristo a diario delante del mundo entero. Me refiero el cuerpo físico, visible de Jesucristo. Como ves, el cuerpo también es El Ungido. El cuerpo, que es la iglesia, es parte de ese mismo Jesucristo. Queda sufrimiento allá afuera que aún ha de ser padecido, que aún ha de ser conocido, que aún ha de ser aceptado por esa parte de Jesucristo que se llama el cuerpo. Todos le damos gracias a Dios porque ningún miembro de ese cuerpo tendrá que conocer ni sufrir jamás todos los padecimientos que Jesucristo experimentó mientras vivió en la tierra.

Pero cada uno de nosotros —debido a que de alguna manera misteriosa somos uno con El— habremos de gustar alguna parte de su experiencia de sufrimiento. Algún miembro de tu congregación puede conocer el escarnio. Otro puede participar del dolor físico; otro más experimentará el rechazo, tal vez algún otro pueda gustar lo que quiere decir ser difamado y crucificado verbal y socialmente. Y quizás, sólo quizás, haya alguno en tu congregación que llegue a experimentar esa horrible cosa que Cristo experimentó en esos últimos minutos en la cruz: la oscura noche del espíritu.

Hay un aspecto de la cruz que ninguno de nosotros llegará a conocer jamás por experiencia — ¡alabado sea Dios! Nunca llegaremos a conocer qué significa ser el portador de pecados. Eso es algo que yo nunca habré de experimentar, ni tú tampoco. El, sólo El, experimentó eso. El experimentó la única cosa a la que ninguno de nosotros debió haber escapado, la sola cosa que El jamás debió haber conocido. El vino a ser el portador de pecados, y de ese modo tomó el sufrimiento que en realidad me correspondía, —nos correspondía. Ahora, pues, debes ocupar tu lugar en el cuerpo de El Ungido, y debes recibir y llevar algún segmento del sufrimiento que es de El Ungido —esto es, de aquella parte de Jesucristo que es la iglesia.

Cierto. Imagínate la escena si es que puedes. Un hombre como tú, o como yo, (Hombre genérico, incluye a mujeres por igual, obviamente); con un simple pecado más o menos grave anidado en su vida, no puede dormir, no puede andar en paz, no puede comer, no puede pensar, no puede…no puede vivir. La angustia y el estrés lo carcomen. Ahora imagina: ¿Qué harás con la suma de todos los pecados de la humanidad sobre tus hombros? No. Lo hizo Jesús, nadie más podría haberlo hecho.

Si ves alguna vez una gran obra de Dios, algo realmente gozoso lleno de vida y real, algo de El Ungido, algo que es El Ungido, algo perdurable, entonces de una cosa  podrás estar seguro: Algún solitario santo, callado, señero, fue a la cruz, sufrió, murió y cayó en la tierra. ¿Y por qué murió él? Por esa preciosa cosecha, por esa obra de Dios que ahora puedes ver y declarar que es tan bella. Tiene que haber otro día, y otro cuerpo de creyentes, un día cuando algún otro debe caer en la tierra y morir. Puede que ése, ese algún otro,  tengas que ser tú.

Lo que le aconteció a Pablo allí en Colosas, primero le sucedió a Jesucristo mientras estuvo aquí en la tierra. Después, será tu turno. Tú habrás de estar sufriendo. ¿Por cuánto tiempo? ¡Durante toda tu estadía sobre este planeta! —Pero —dices tú —cada año El me aplica su cruz más y más. Sí; y cada uno de nosotros está siendo colmado hasta la plenitud con los padecimientos de Jesucristo. El está haciendo esto en mí y en ti. Al cabo, ese pequeño grupo o asamblea con la que te congregas, experimentará los sufrimientos de El Ungido, cumpliendo así —en lo que a ti corresponde— sus padecimientos. No llegarás a experimentar todos sus sufrimientos, ni tampoco conocerás de una vez toda tu porción de sus sufrimientos.

Su padecimiento será esparcido a lo largo de tu peregrinación. Recuerda pues, que tú, un pequeño miembro de su cuerpo, no vendrás a conocer, no puedes conocer todos sus padecimientos. ¿Pero qué decir de ti y de los demás, allí en esa asamblea de santos donde te congregas? ¡Sí! Allí, ustedes sí pueden. Allí, sí deben. Allí sí tienen que conocerlos. Juntos, ustedes han de cumplir, de completar, los sufrimientos de El Ungido. Este es uno de los destinos que ustedes tienen como un cuerpo de creyentes que se congregan en el nombre de Jesucristo. Ahora Dios está procurando realizar a plenitud en el cuerpo, que es la iglesia, lo que realizó en su Hijo en Judea. Así pues, la iglesia ha de conocer, ha de experimentar, ha de penetrar en su sufrimiento, el sufrimiento de Jesucristo, y tú desempeñarás algún papel en este grandioso drama.

Simón Pedro ensanchó nuestra comprensión del sufrimiento en unas líneas que una vez escribió en una carta.  El regocijo de ustedes sea manifiesto de acuerdo a cuánto la medida de los sufrimientos de ustedes iguala los padecimientos de Cristo. Si sufres un poco, regocíjate un poco. Si tu sufrimiento comienza a asumir un cariz de inmensidad, la inmensidad del propio padecimiento de Jesucristo, entonces regocíjate aún más. Y si tuvieras que experimentar su Getsemaní, si tuvieras que experimentar su hora final en la cruz, entonces, querido santo de Dios, ¡eleva tu regocijo hasta los cielos! ¡Qué montaña! ¡Qué vista! ¡Alabado sea Dios!

Aquellos hermanos del primer siglo tenían una tan increíble visión del sufrimiento. A veces miro en los angustiados ojos de un querido hermano o hermana y veo que se encuentra en el borde mismo de la cordura, y me pregunto qué sucedería si en ese momento yo le dijese que hiciera lo que Pedro dijo que habían de hacer. Seguro que aquellos antiguos hermanos estaban parados sobre una montaña que la mayoría de nosotros simplemente no ha hallado aún. Aquellos creyentes veían cosas a las cuales nuestros ojos todavía no se han abierto. Cuando sientes que algo negativo, desagradable o francamente doloroso ha penetrado en tu vida, tienes varias alternativas.

Puedes hacer lo que por lo general todos hacemos —lamentarte, afligirte, deprimirte, caer en la auto-conmiseración. También pudieras tratar de regocijarte, pero es raro el creyente que logra hacer esto. De hecho, la mayoría de nosotros nos sentimos como picados por ortigas cuando vemos que alguien sufre grandemente y al propio tiempo se regocija en El Ungido. Nos asombramos de cómo alguien puede hacer eso. Cuando el sufrimiento se presenta en tu vida, hay algo que seguramente vas a hacer. Preguntarás al Señor: “¿Por qué ha ocurrido esto?” Cris, hay otra cosa casi tan cierta como ésta. No recibirás ninguna respuesta. Si se pudiera suprimir este ‘por qué’, estimado hermano, la mayor parte del poder transformador de la cruz desaparecería. El factor ‘por qué’ de la cruz es quizás su aspecto más penetrante, más efectivo, más mortífero.

Si se suprime el factor ‘por qué’ de la cruz, realmente no queda mucho sufrimiento que digamos involucrado en ella. Entonces ¿por qué estás sufriendo? Es imposible, tanto para mí como para cualquier otro, contestar eso con absoluta certeza. Pero de esto puedes estar completamente seguro: estás participando de los padecimientos de Jesucristo. Tu sufrimiento no es mayor que el de Él, y las grandes cosas que el sufrimiento realizó en la vida de Jesucristo, están ahora obrando en ti para producir algunos de los mismos grandes logros.

Si no puedes apreciar eso que el Señor mismo está haciendo en ti, al menos no desperdicies lo que El está haciendo en ti. Deja la auto-conmiseración, y con toda la fortaleza y gracia que Él te concede, sométete a su obra. Si no puedes reconciliar dentro de ti el rendirte totalmente a tu Getsemaní (la mayoría de nosotros no puede), entonces al menos somete a la luz los oscuros sentimientos de amargura y de resentimiento que van tratando de incubarse dentro de ti. Un día vas a llegar a la conclusión de que servir al Señor es mayormente llorar… y sufrir… y agonizar. ¿Qué puedes hacer en esa hora triste?

En realidad nada, excepto doblegarte y absorber dentro de tu ser esos sufrimientos —sufrimientos que realmente pertenecen a la iglesia. En esa hora, soporta los sufrimientos de ella, por ella. Y si ocurre que levantas la vista, la verás andando por su camino, regocijándose gloriosamente. Ella estará desapercibida del hecho de que ella es, en ese momento, tan sumamente gloriosa porque tú has sufrido. ¡La prueba por la cual estás pasando, está cercenando algo! Sea lo que sea, la cosa cercenada será reemplazada por algo que es inmensamente glorioso.

¡Oh, hasta dónde llega el Señor para enseñarnos benignidad, compasión y… bueno… el simple ‘cómo’ de amar a otro hermano o hermana! He visto a jóvenes hacerse cristianos y entrar a formar parte del cuerpo de El Ungido como a la edad de 21 años, y los he visto otra vez unos diez años después. Sorprendentemente, incluso en el mejor medio ambiente posible, lucen casi lo mismo. De hecho, están ahí la misma personalidad y la misma disposición básica; no obstante, hay una diferencia.

Aquel joven estudiante universitario cristiano, que hace diez años entró aquí para reunirse con un grupo de creyentes sentados en el piso de una gran sala de estar, era un cristiano capaz de herir a otros tan hondamente y ser tan insensible al hacerlo. La persona sentada hoy aquí, en esta misma sala, ahora es muy pronta para llorar, muy lenta para corregir, muy buena al consolar y alentar a otros, y muy corta al juzgar y hallar culpas. ¿Crees que fueron los libros que él leyó? ¿Crees que fueron los mensajes que ella escuchó? No. Fueron las heladas noches del espíritu las que trajeron esa transformación.

Capítulo 34

Querido Cris: ¿Qué es lo que el Señor está haciendo en tu vida por medio del sufrimiento? No importa cuán seguro estés que lo sabes, la verdad es que no estás seguro. Un día habrá de ser revelada la razón de tu presente sufrimiento. Con esto no quiero decir que te será dado conocerla, sino que será revelada así como una exquisita obra maestra es revelada ante un expectante auditorio. Un día la obra maestra que Él está realizando dentro de ti, será revelada delante de los ángeles, delante de los principados y potestades, delante de los hombres, delante de todo ser creado.

¿Cuál es esa obra maestra? Pues nada menos que la Desposada de El Ungido, su mismísima Esposa. Piensa en ella por un momento: una desposada tan gloriosa como El es glorioso. Un día ella será revelada —un ser humano— transformada: sí, divinamente transformada, hasta la medida en que pueda ser la esposa de Aquel que es el eterno Hijo del Dios viviente.

Jesucristo vino a esta tierra como soltero. Asimismo El vino aquí como el único individuo de su especie, la raza divina. Luego, vino aquí sin pareja: la única especie que no tenía ‘ella’. Adán tenía su pareja; los animales tenían parejas; pero Dios no tenía pareja. Eva era semejante a Adán, como que era la versión femenina del ser humano. Pero no había versión femenina de Dios. Él deseaba tener eso mismo para Sí: una pareja, una desposada. (No podemos negar que esta forma de explicar la relación Cristo-Iglesia, pese a que la tenemos conocida, es sumamente novedosa, ¿Verdad?)

Dios sabía que no podía realizar esa proeza sin involucrar un infinito caudal de sufrimiento. Y ese sufrimiento vino, primeramente, a la Deidad misma. En segundo lugar, ese sufrimiento había de venir a la desposada. Él fue el pionero del dolor y del sufrimiento. Ella sólo sigue sus pasos. Si algún día ella ha de estar junto a Él como su desposada; si ha de ser idónea para reinar con El, debe sufrir también. Asimismo, si ella ha de ser uno con Él en todas las demás cosas, esto es, en lo glorioso de ser su desposada, se desprende que ella debe ser uno con Él en el sufrimiento.

Debido a que tú eres parte de la desposada —la iglesia—, debes participar, y habrás de participar, de los sufrimientos de ella. A su vez, los sufrimientos de ella no son sino los padecimientos de Él. Los sufrimientos de ella no son nada más que su participación en los sufrimientos de la Deidad. El sufrimiento se hereda, no sólo en los propósitos de Dios, sino también en el propio ser de Dios. El Señor aceptó este hecho y luego prosiguió por el camino de su propia experiencia en el dolor y la aflicción. Cris, acepta este hecho y prosigue por ese mismo camino. Recuerda: Esta leve aflicción no es nada comparable con la gloria  venidera puesta delante de ustedes.

¿Qué es esa gloria? No lo sé. No plenamente. Pero conozco un aspecto de esa gloria. Pregúntale a cualquier muchacha que está desesperadamente enamorada de un muchacho y que está comprometida a casarse con él. O mejor, pregunta a una plebeya que está a punto de casarse con un gran rey. Allí está al menos parte de la gloria de ella. Mientras el Señor Jesucristo vivió sobre esta tierra, ofreció muchos ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas. Ofreció esas oraciones al Padre que tenía el poder para librarlo de la muerte.

Pero fue voluntad del Padre que El muriese. ¡Dios mío! ¡Qué opinión tiene Dios del sufrimiento! Lo permitió en el caso de su propio Hijo. No; ¡lo decretó! Ahora bien, el Hijo, a pesar del hecho de que era el único Hijo de Dios, tuvo que pasar por un proceso de aprendizaje… para aprender la obediencia a esa voluntad. Y así aprendió la obediencia. ¿Cómo la aprendió? Por lo que padeció. El sufrimiento fue el instructor, el maestro de escuela de Jesucristo. ¿Y la asignatura? Obediencia a Dios. ¿Cómo vas a aprender tú la obediencia a ese mismo Dios? ¿Tendrá ella una historia distinta de la de Él?

Si llegaras a quejarte, recuerda que mucho antes de la creación, algo terrible e incluso horrible le aconteció a la Deidad. Antes de que El creara la eternidad, antes de crear los ángeles, los cielos, la tierra, o cualquier cosa… Él ya había sufrido más de lo que cualquiera de nosotros habrá de sufrir jamás. El Señor sabía de antemano cuán necesario habría de ser el sufrimiento para el plan de todas las cosas. Sabía que El mismo había de sufrir, y sabía cuánto sufrimiento habríamos de experimentar nosotros.

¡Él lo sabía, basado en su propia experiencia personal de antes de la creación! La Deidad aceptó el hecho de que habría la certeza del sufrimiento en nuestro universo… en cuanto a El mismo y en cuanto a lo más precioso del universo para El… su Desposada. Él lo sabía, pero ese conocimiento experimental no lo hizo desistir. Calculó la enormidad del sufrimiento, contempló el resultado final ¡y decidió que sí valía toda la pena! Si alguien llega a objetar esa decisión, debe hacer una breve pausa y recordar tan sólo qué experiencia de sufrimiento tuvo Jesucristo en su vida, en la cual El basó su decisión. Yo fui inmolado antes de la fundación del mundo.

Jesucristo ama a esa su desposada que llamamos la iglesia. La ama muchísimo más de lo que nosotros, criaturas caídas, atrapados como estamos aquí en los corredores del tiempo, podemos comprender jamás. Y ella lo ama. Ella ha demostrado ese amor una y otra vez a lo largo de los siglos, pero lo habrá de amar aún mucho más. Lo amará con mucha más dedicación y más pasión que la que ahora podemos comprender. Pero entiende, Cris, que no puede haber semejante entrega mutua, semejante dedicación de amor, sin sufrimiento.

No hay verdadero amor sin darse el uno al otro, y no hay dedicación personal, este darse a sí mismo, sin aflicción en nuestra vida. Ni siquiera el Señor Jesucristo pudo alcanzar la plena altura del amor dedicado, sin beber la copa del sufrimiento. Piensa lo que el Padre hizo cuando entregó su propio Hijo a la muerte. El amor lo indujo a hacerlo. Y como resultado del dolor de esa experiencia, su amor creció. Ahora ama mucho más a la Desposada. Y ella, al beber de la copa de Él, aprende que las alturas del amor no se alcanzan sino mediante el sufrimiento. Hay algo en lo que al sufrimiento respecta, que arranca aquello que no es divino y deja un divino intercambio de amor, no el egotismo, en el centro de todas las cosas.

Es curioso lo que algunas doctrinas legalistas y ultra-moralistas han hecho en los cristianos. Prueba comparar a la relación Cristo-Iglesia con la de una pareja de enamorados y verás cómo, tanto hermanos varones como hermanas mujeres, ponen cara de espanto, como si hubiéramos dicho una barbaridad, una especie de blasfemia que puede ensuciar el nombre de Dios. Así es como la mayor parte de los seres humanos ven a la sexualidad, como algo sucio y fuera de los ojos de Dios. Convengamos en que Satanás logró bastante con su infiltración religiosa, ¿Verdad?

Es deseo del Padre que la Desposada de su Hijo llegue a ser casi tan semejante al Hijo, como el Hijo es semejante al Padre. (¿Sabes justamente cuán semejante al Padre es el Hijo?) Si esto ha de tener lugar, entonces muchas cosas que no forman parte de la naturaleza divina que está en nosotros… bueno, tenemos que habérnoslas con esas cosas. Algunas de ellas deben ser corregidas, otras deben ser quebradas, otras más deben quedar transformadas, y tal vez algo deba ser consumido. Aquella parte de ti que es la naturaleza divina, debe crecer y ser realzada. Este es el modo de obrar del Señor en el universo. La cualidad que el Hijo desea ver en la Desposada, no es en nada menor que la que el Padre tiene en su Hijo. La Desposada habrá de adquirir parte de esa cualidad al fin de las edades, pero parte de la misma debe ser adquirida aquí.

El Señor tiene dos métodos para efectuar esa transformación. En primer lugar, está su propia vida misma creciendo dentro de ti; latiendo, expandiéndose constantemente, absorbiendo, consumiéndolo todo. ¡Oh, qué realidad tan gloriosa! Además, Él tiene la cruz. Y la cruz cercena, haciendo espacio para que la vida de El pueda seguir creciendo hacia fuera desde el centro. Disfrutarás la primera parte, el crecimiento de la naturaleza divina dentro de ti. ¡Ah, pero cómo te vas a tambalear bajo la obra de la cruz, a medida que ella vaya haciendo espacio para ese crecimiento!

La obra de quitar el lado oscuro de tu humanidad hasta que no quede nada sino 1) la divinidad que recibiste dentro de ti el día de tu conversión, y 2) una humanidad transformada… ésta es la meta del Señor. ¡Se está efectuando un progreso, Cris! Sí; aun cuando a veces el progreso sea retroceder. ¿Y cuándo habrá acabado el Señor? El no cesará en ti hasta que tu último suspiro sea exhalado o hasta el día en que El retorne. Hasta entonces, El seguirá obrando. ¿Y cuál es el propósito eterno de todas estas cosas? Porque es en El, porque es mediante El, porque es para El que todas las cosas fueron creadas, visibles e invisibles, cosas en otros ámbitos, cosas en nuestro ámbito; en El, por El, para Él.

El vino antes de cualquier cosa que haya acontecido jamás. Y todo lo que acontece tiene sentido por medio de Él. Sobre todo, recuerda que Él es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo. Y tú eres miembro de ella, y cualquier cosa que te ocurre, es en El, es por medio de Él, es por El, y algún día habrá de ser para El. La gloria final será suya. Repito: todo lo que Él te está haciendo a ti y está haciendo por medio de ti y por ti y en ti hoy en la iglesia, es por Él y para El, y por medio de Él, y en El. Variemos esto un poco. Porque ella es en El, por El, por medio de Él y para El… y un día ella será uno con Él en gloria. Tu Señor hará cuanto sea necesario, a fin de prepararse una desposada para Sí mismo. Toda actividad divina en este universo gira alrededor de la iglesia de Jesucristo. Todo lo que está depositado en esta iglesia, es en definitiva para El.

Esto llega, una vez más, para que podamos recapacitar, también una vez más, que no somos entes individuales e individualistas que hacen a su antojo lo que se les ocurre que es mejor o peor. Somos, definitivamente, partes distintas pero mancomunadas de un gran cuerpo cuya cabeza pensante y de autoridad es Jesucristo, y quien no pueda verlo así, aún no ha conocido ni a Dios ni a lo que verdaderamente es su iglesia en la tierra.

Capítulo 35

Fue Juan de la Cruz, escribiendo hace cuatro siglos, quien hizo famosa la expresión: “Noche oscura del alma”. Podríamos referirnos con más exactitud a esta experiencia como una “noche oscura del espíritu”. Esta expresión se refiere a un tiempo que ocurre en la vida del creyente cuando la presencia del Señor parece haber desaparecido totalmente. ¿Qué es exactamente esta experiencia extraordinaria? ¿Cómo se la puede identificar correctamente? Resulta más fácil explicar lo que esta experiencia no es que lo que es. Una noche oscura del espíritu no es una sequía espiritual, ni tampoco es ‘estar deprimido’.

Y ciertamente no es lo que casi todos decimos alguna que otra vez en nuestra vida: “Es que simplemente no siento la presencia del Señor.” Asimismo, no es una enfermedad física, ni tampoco ningún tipo de persecución. No estamos refiriéndonos a estar sin trabajo, ni a un período de confusión, ni al mundo y sus problemas, sean grandes o pequeños. Esto no es una referencia a una persona que tiene problemas psicológicos, ni a la que tiene una enfermedad mental. Extrañamente, no es una sensación de que uno haya dejado al Señor; y tal vez —hablando en forma estricta— ni siquiera que Él lo haya abandonado a uno. Entonces, ¿qué es esta experiencia, este sufrimiento?

La mejor manera de comprender esta experiencia es considerarla como fue conocida en la vida del Hijo de Dios. Pero ¿por qué molestarnos en considerar esta experiencia, o siquiera en reconocer su existencia? Porque nos ayuda a comprender a nuestro Señor y cómo El obra en nosotros. A veces podemos llegar a entender mejor los propósitos menores de Dios en nuestra vida cotidiana, si consideramos lo peor de las cosas y los principios involucrados en ellas.

En sesiones de consejería es habitual escuchar expresiones tales como: ¿Dónde estaba dios cuando a mí me pasaba tal o cual cosa? La persona se sentiría peor si se le respondiera lo correcto, que es que Dios estaba exactamente en el mismo lugar en el que se hallaba cuando a él las cosas le iban de maravillas y no perdía tiempo en acordarse o prestar atención a los que sufrían.

En suma: esto tiene que ver con una alta dosis de egoísmo, al cual el hombre carnal parecería ser tan afecto. ¿Todo anda bien? ¡Dios me mima! ¿Todo anda mal? ¡Dios no se acuerda de mí! ¿Lo correcto: Dios está ahí y tú no has venido a este planeta a pasarla bomba, sino a vivir una vida que resulte de testimonio para los que no conocen al Dios que tú sí dices conocer.

Capítulo 36

Allí, en la sala del tribunal estaba El, de pie, aborrecido. Oyó la interminable sarta de mentiras que decían contra Él. Un rato antes había sentido cómo le desgarraban el cuerpo. Su rostro y su cabeza habían sido deliberadamente desfigurados. Aun sin la cruz que lo esperaba, Él podía haber muerto a consecuencia del abuso físico que ya se le había infligido. Era una escena trágica… relatada con frecuencia, considerada a menudo —un estudio de la injusticia humana. Sin embargo, los acontecimientos de la sala del tribunal palidecen comparados con los que más tarde tuvieron lugar en la cruz.

Pero lo que no se considera a menudo es que todos los demás aspectos de la cruz palidecen, a su vez, comparados con los minutos que pasaron inmediatamente antes de morir El. Como creyente, te es dado participar en alguna forma mínima, de alguna porción de la cruz de Jesucristo. Esta es una consideración que nos hace ponernos muy sobrios, ¿verdad? Pero, Cris, al considerar la cruz, añade esto: Algo peor aún que la cruz acecha allá afuera. Hay, al menos, una porción de la cruz distinta de todo lo demás. Algo aconteció en esos últimos, amargos momentos allí en la cruz, algo que no hay labios humanos que puedan describir, ni alma humana que pueda identificar. Poco se puede decir cuando se analiza esto; y aún menos consolación se puede ofrecer al peregrino que pudiera ser requerido a gustar del mismo. ¡Dios mío, Dios mío! ¡Por qué! ¡¿Por qué ME has desamparado?!

Algo que Jesucristo recibió allá afuera, alguna tremendamente espantosa experiencia por la que pasó, algo tenebroso, similar al infierno, con que Él se encontró en los corredores de su hombre interior… fue algo inexplicable, totalmente indescriptible y en extremo horrible. Un horror tan vasto, que el Hijo de Dios quedó quebrantado bajo los porrazos de aquella invasión hacia adentro. Debido a que nosotros los cristianos no nos encontramos con experiencias espirituales que nuestro Señor no haya gustado primero, y debido a que participamos de sus sufrimientos, se deduce que algunos creyentes de entre nosotros pueden encontrarse con una experiencia similar también. Algunas de nuestras experiencias en El Ungido son experiencias gloriosas, como visitas a otras dimensiones. Con todo, las mismas no son sino pequeños duplicados de las propias experiencias de Él.

Pero algunas de las experiencias que tenemos, que también son pequeños duplicados de sus experiencias, no parecen ser de tanta bendición. Puede que un día algunos creyentes que estén viviendo contigo en una expresión práctica del cuerpo de El Ungido, hayan de tener una pequeña identificación con aquellos últimos minutos que el Señor pasó en la cruz. ¿Qué es esta experiencia, esto a lo cual nos referimos como ‘una noche oscura’? Permíteme, con miras a una mejor comunicación, expresar esto con una exageración incorrecta.

En ese lugar que es la parte más profunda, más recóndita del creyente, ocurre algo para lo cual ninguno de nosotros está preparado. Dios quita su Espíritu que mora allí. Así, el cristiano está perdido. Dios ya no está dentro de él. Hay poca evidencia de Dios fuera de él. Dios se va. Al menos esto es lo que parece que ocurre. Y, en este caso, la apariencia es tan efectiva como el hecho. Para todo propósito temporal, pudiera igualmente ocurrir que en efecto Dios se hubiese ido del creyente. Entonces, ¿qué es lo que en realidad ocurre? El cristiano descubre que ya no tiene ninguna percepción interna de la presencia de su Señor. Es como si Dios se hubiese retirado del universo. Según toda evidencia perceptible, el Señor se ha ido del corazón del creyente, de su alma, de su espíritu y hasta de las células de su cuerpo. Dios se ha ido absolutamente.

Esa vaciedad misma es algo que sobrecoge. Además, hasta donde el creyente puede discernir, el Señor no solamente se ha marchado, sino que se ha ido conclusivamente. Es un asunto a perpetuidad.* Ciertamente un ambiente así no produce esperanza alguna. Fue a través de esa desesperanzada oscuridad del espíritu que Jesucristo estaba pasando en los momentos de su muerte. Esa no fue una experiencia por la cual El pasó, sino una experiencia que El estaba recibiendo en los momentos mismos de su muerte. Hay una enorme diferencia entre pasar por una oscura noche del espíritu, y morir en lo más oscuro de esa noche.

Jesucristo murió fuera del cálido ámbito de la esperanza. Cris, considera que cuando la cruz realizó su obra final —hacer morir al Hijo de Dios—, tu Señor murió fuera de toda percepción de la presencia de su Padre. El murió en ese estado. No tenía ninguna percepción espiritual en absoluto. (A menos que digamos que la noción del repentino, inesperado e inexplicable acto de ser desamparado pueda ser clasificada como una percepción espiritual.) Jesucristo murió en lo más recóndito del confuso ámbito de los ‘Interrogantes’. Murió en la vorágine del desamparo. Si deseas saber si algo por lo cual estás atravesando es realmente la cruz, busca esta marca: cuando Jesucristo murió, Le recuerdo al lector, que ésta es una experiencia extremadamente rara, que pocos han conocido y que menos aún han reportado.

Y yo aprovecho para añadir, como si fuera necesario, que aún cuando las cosas no te funcionen como esperas, y todo a tu alrededor pareciera desmoronarse o tambalearse peligrosamente, tú tienes a Cristo en tu corazón. ¿Te imaginas lo que puede sentir alguien que no conoce al Señor? Acertaste. Lo mismo que sintió Jesús en la cruz cuando preguntó por qué había sido desamparado. No es un simple consuelo de circunstancias, es un elemento clave en tu vida: ¿Tienes a Cristo? Todo lo demás toma sentido aunque hoy parezca no tenerlo.

El murió sin saber qué era lo que la cruz le estaba haciendo. Por lo tanto, a menos que haya un interrogante —una pregunta que no recibe ninguna respuesta—, en realidad no hay mucho de la cruz implicado allí. Lo no contestado es quizá la característica central de la cruz; es parte de la estructura muy molecular de la cruz. Este aspecto de la cruz, el interrogante, la falta de una respuesta, queda legado a todo hijo de Dios. ¡Espéralo! Tú que te enojas tanto con tu Dios cuando, al parecer, Él te deja momentáneamente en los pequeños apuros de la vida… es muy cierto que las riquezas de tu herencia en El Ungido son inmensas y cuantiosas, pero la capacidad de El de desampararte está también dentro de los términos de tu herencia.

Puedes sentarte entre las utópicas paredes de una catedral de hermosos vitrales de colores y escuchar un sermón simplista, sentimental y superficial sobre la fidelidad de Dios y marcharte viéndolo algo así como un cariñoso cachorro que nunca te va a dejar ni desamparar. Pero ése es un dios imaginario, erigido sobre un trozo de hielo muy delgado. Se ha exagerado enormemente la fidelidad de Dios y se ha olvidado su determinación de transformar —aun hasta el punto de implementar el desamparo. Recuerda esto para siempre: tu Señor murió abandonado y desamparado. Y eso no ocurrió en alguna insignificante coyuntura de su vida.

No; El fue abandonado en esos momentos en que uno espera, sobre todo otro momento, que Dios esté cerca. ¡El fue abandonado en los momentos en que estaba muriendo! En los terribles momentos de la mayor duda de Jesucristo, los terribles momentos de su más grande necesidad de saber, los terribles momentos de morir —estos tres se intersecaron en su vida a un mismo tiempo. Y fueron precisamente ésos los momentos que Dios escogió para irse. ¡Qué sincronización! ¿Cierto? En esos momentos supremos Jesucristo, el Hijo de Dios, encontró, no una ayuda, no una consolación, ¡sino la infidelidad de Dios!

Jesucristo murió en medio de un verdadero enjambre de interrogantes. Murió sin oír una palabra de consuelo, ni una palabra tranquilizadora, ni una palabra de esperanza. Murió viendo las espaldas de Dios que se alejaba. Además, tu Señor murió inseguro de si vendría a resucitar de entre los muertos. Quién sabe, tal vez incluso murió estando seguro de que no resucitaría de los muertos. Como sabes, su Padre acababa de dejarlo. Cierto; El sabía de antemano que había de morir.

¿Pero sabía El que, en esos últimos momentos, su propio Padre lo rechazaría y lo abandonaría? Tan sólo unos momentos antes de morir, todo su ser quedó destrozado por venir a ser la encarnación del pecado. Esto fue seguido por la pérdida de la presencia de Dios, su Padre, hecho que lo hizo clamar a gran voz haciendo una pregunta bañada en duda. Pero no vino respuesta alguna, ni a través del oído interior de su espíritu, ni de su oído exterior. El silencio reforzó la duda. Primero, desamparado. ¡Después, ignorado! Entonces, en esos momentos del silencio del cielo y del odio de la tierra, con todo su ser que había sido hecho pecado, y con su propio espíritu que emitía el último aliento al morir… ¡vino la Muerte y lo conquistó!

Consideren, ustedes que son seguidores de Este que es El Ungido, consideren ¡qué fue lo que su Dios le hizo a Él! Consideren y estén prevenidos: esta misma experiencia ha tocado la vida de algunos de sus más devotos y consagrados seguidores. En cualquier caso, ¿cuán amante es, exactamente, su Dios? Ustedes que toman su fidelidad tan volublemente y la esperan con tanta certeza, contesten ustedes mismos. Basados en la evidencia presentada, ¿cuánto es que pueden realmente esperar de su fidelidad? ¿Cuán confiable es El?

Ese es un ingrediente que muy pocas veces tenemos en cuenta, al que casi nadie quiere referirse y que, obviamente, jamás nos es predicado desde los púlpitos. Cuando un cristiano le pregunta a Dios por qué razón está permitiendo que viva una determinada crisis de la cual, seguramente habrá de salir con vida, ¿Se toma un minuto a pensar qué le hubiera preguntado Jesús a su Padre cuando iba camino a la cruz?

¿Se me ha olvidado algo? Ah, sí; se me pasó mencionar qué más aconteció en ese fin de semana. Esa víspera del viernes (según el calendario judío) Jesucristo quedó desamparado. El jurado salió esa tarde. Y, ¿cuál fue el veredicto? Que, obviamente, la gracia de Dios no es suficiente. Y no olvides nunca este asombroso hecho. —Por cierto que —protestas tú, —no debes decir eso. Mira lo que sucedió después. ¡Ah! Pero hablar de lo que aconteció después, no es más que sermonear. Hay un falso consuelo en los hechos futuros, cuando aún estás viviendo la víspera del viernes.

O el viernes, o el sábado, a este respecto. ¡Háblale a un devoto y piadoso santo que haya perdido absolutamente todo sentido de la presencia de Jesucristo —cuando, al cabo de meses, o de años, esa presencia no ha retornado nunca—, háblale acerca del resto de ese fin de semana! Cuando más, tus palabras serán apenas una tenue esperanza. Cierto, hay algo más allá de la pérdida sufrida en esa víspera del viernes, ¡pero entonces nadie lo sabía! Ni tampoco el viernes, ni el sábado. Esa víspera, y ese viernes, y ese sábado merecen más atención. La distancia desde la víspera del viernes hasta la mañana del domingo pudiera tal vez extenderse por años… no, ¡a perpetuidad!

 Capítulo 37

¿Qué beneficio hay en ser cristiano y pasar por una oscura noche del espíritu? Tal vez ninguno. Incluso, por el momento asumamos precisamente esto… ¡ningún beneficio en absoluto! Pero, me has hecho una pregunta incorrecta. Debías preguntar: “¿Qué beneficio hay en esa experiencia de ‘noche oscura’, no ya para el cristiano, sino para el cuerpo de El Ungido?” Ah, bueno, ahora sí tenemos una pregunta que arroja luz sobre este misterioso asunto.

¿Te das cuenta de este hecho tan tremendo: que la iglesia, la desposada, nació de aquella víspera de viernes? La cruz fue su progenitora. ¡La cruz la produjo! Ella nació a partir de los sufrimientos de la víspera del viernes. Está inseparablemente vinculada a esa cruz. La historia de esa cruz y la historia de esa desposada deben entrelazarse para siempre. Son de la misma estructura molecular. Esto quiere decir que ella conocerá esa cruz exactamente como la conoció su Señor.*

Incluido en eso, ella conocerá el contenido de aquellos últimos momentos de la cruz — cuando el Padre desamparó al Hijo. La ‘noche oscura del espíritu’ está ahí. Ella debe poder identificarse, al menos de alguna pequeña manera, con esa experiencia. Y si no ella, entonces al menos algunos miembros de su cuerpo deben conocerla. Hoy en día la expresión de la iglesia es superficial, vieja y tradicional. ¡Qué gran necesidad hay de que se restauren tantas de sus tempranas maneras!

¿Y cómo se puede llegar a reavivar en nuestros días aquella gloria del primer siglo? En primer lugar, la respuesta está en ver restaurados aquellos elementos que se juntaron para producir la iglesia. El centro de su nacimiento fue el sufrimiento. Y en el centro mismo de ese sufrimiento yace la oscura noche del espíritu, que el Señor experimentó. Ahora bien, dentro de los confines de la iglesia, algunos tienen que experimentar esa misma noche… en beneficio de los demás miembros del cuerpo de El Ungido. La iglesia siempre nace a partir del sufrimiento, en medio del sufrimiento, como resultado del sufrimiento. Así fue su nacimiento entonces: así habrá de ser cualquier restauración ahora. No, ella no conocerá nunca un determinado aspecto de la cruz; el de llevar los pecados. Por la naturaleza misma de la redención, El solo conoció esa porción de la cruz.

Estamos hablando de principios impresos dentro de su naturaleza misma. Cuando recuerdes el sepulcro del huerto donde ella nació, detente un momento y recuerda también la experiencia que precedió a aquella gloriosa resurrección. La experiencia de la cruz, incluso la oscura noche del espíritu, jugó un papel en el nacimiento de la iglesia, que no fue menos céntrico que la resurrección misma. La resurrección y la cruz. Esos hombres y mujeres que hoy en día osan reunirse con el propósito de ver que la iglesia alcance mayores alturas —para ver una restauración—, tendrán que ser hombres y mujeres que conozcan bien la altura, la profundidad, la longitud y la anchura de la realidad de todo lo que estas dos palabras encierran.

Cris, te recomiendo, antes de que te aventures demasiado lejos en este asunto de dedicarte a Jesucristo, antes de que empieces a tratar de averiguar el verdadero significado de la cruz y de la resurrección… y de seguro antes de que arrostres las aguas de la restauración de la vida de iglesia… te recomiendo solemnemente que recuerdes aquellos momentos finales de tu Señor en la cruz. Habiendo hecho esto, ¿no es verdad que sería más prudente que te quedaras en casa? No es de extrañar que, para expresar los más elevados límites de nuestra devoción a Jesucristo, la mayor parte de nosotros los cristianos, no hacemos más que ir a un gran auditórium por una o dos horas los domingos en la mañana.

¿Pero quién puede culpar a cualquiera de nosotros por no involucrarnos más con un Dios cuyos planes pueden incluir una cruz similar a la cruz de su Hijo? Sé prudente antes de entregarle tu vida a Él. Y si te reúnes con creyentes en una experiencia de vida corporativa, recuerda que cada uno de ustedes tendrá el deber de participar, al menos de alguna pequeña porción del sufrimiento de tu Señor. ¡Esto es un hecho garantizado! Pero ¿por qué es un hecho? ¿Por qué debemos? La respuesta es muy sencilla. Es por el bien de los que te rodean, es en beneficio de otros miembros del cuerpo. Impresa dentro de la naturaleza misma de la vida de iglesia, hay una oscura noche del espíritu. ¿Te atreves, pues, a tomar este camino?

¿Hay una sobre-exageración del autor en esta aseveración? No podría asegurarlo, claro, pero es la sensación que me dejan estas últimas palabras. ¿No parece una manera de desalentar evangelismos futuros? Quizás, pero: ¿De qué iglesia estamos hablando los unos y los otros? ¿Acaso de una organización tranquila, sin más preocupación que armar lo mejor que se pueda la reunión del domingo, la campaña evangelística del mes próximo, o las grandes conferencias del próximo semestre? ¿Esa es la iglesia de Jesucristo? Aquí, si me permites, es donde empiezo a pensar que tal vez el autor sabe mejor que muchos de nosotros de lo que está hablando.

Capítulo 38

Siendo yo aún joven oí contar un sencillo relato que hasta el día de hoy sigue siendo uno de mis favoritos. Parece que un ministro negro de los días de la Guerra Civil estaba predicando a su congregación en la mañana del domingo de Resurrección. Describió vívidamente la crucifixión y la muerte de Jesús. Luego describió cómo Satanás y todos los demonios del infierno se regocijaron sobre la piedra del sepulcro del Hijo de Dios.

En ese momento el anciano ministro se volvió y se dirigió personalmente a Lucifer: — ¡Tú, sigue no más y diviértete; pero cuídate, diablo, porque allí viene la mañana del domingo! Puede que transcurran años entre la víspera del viernes y el domingo. El creyente puede haber olvidado hace tiempo que hubo algo así como domingo. Puede ser que hace mucho tiempo que el creyente ha resuelto el asunto, diciéndose: “Dios se apartó de mí y El ya no va a volver.”

El asunto no solamente ha quedado resuelto, sino que al pasar mucho tiempo, se ha llegado a olvidar hasta el concepto de que El pudiera volver. Pero Dios no puede olvidar. El domingo es parte de la naturaleza misma de Dios y Dios no puede negarse a Sí mismo. No conozco a ningún creyente que alguna vez haya hecho referencia a una oscura noche del espíritu, que luego no haya vivido lo suficiente como para relatar, quizás para su propia sorpresa, una brillante mañana de resurrección.

Aquel cristiano desamparado y fatigado que perdió toda esperanza de recuperar alguna vez el espíritu activo, ha pasado por alto algo que forma parte de la naturaleza y experiencia de su Señor. Jesucristo no quedó desamparado para siempre. Sí, es cierto que su Padre se apartó de Él. Es verdad, realmente la gracia de Dios no es suficiente. Hasta el Señor Jesucristo pudo dar testimonio de este hecho incontrovertible. Pero Él también sabe qué es lo que se experimenta (mucho más allá de cualquier razonable intervalo de tiempo) al ser resucitado de los muertos, levantado y vuelto otra vez a la vida —repentina y sorpresivamente. Sí; Él sabe qué se experimenta al ser despertado con una sacudida, para volver a vivir, a plenitud, inesperadamente. Su ser interior también fue resucitado. Esplendente. Lleno de vida.

Un día este mismísimo Señor que conoce —que conoce verdaderamente— todo el horror de quedar desamparado, este Señor pasa por la tumba de un devoto cristiano retenido en las heladas garras de una oscura noche del espíritu, y sacude esa tumba. ¡Sí; El viene! Viene e inflama esas frías e inanimadas porciones internas y recónditas del creyente. La oscura noche del espíritu pasa en un estallido de gloria restituida.

El Ungido que reside en el creyente está de nuevo haciendo su obra. Y de repente el cristiano sabe, en realidad de verdad más allá de todos los límites del entendimiento, que El nunca desampara. “No puedo creerlo. ¡Yo no estaba desamparado!” Su gracia, oh, su gracia sí es suficiente. Lenta, más allá de toda comprensión. Pero suficiente. Y de alguna manera gloriosa e inexplicable… siempre llega justo a tiempo.

A medida que transcurren los días de su restauración espiritual, este creyente empieza a aprender muchísimas cosas acerca de los propósitos de su Dios, que nunca antes había conocido. Al reflexionar, se da cuenta de que cada momento de aquellos largos y solitarios meses de su oscura noche estuvo enlazado con la tristeza. Cada momento consciente de su vida estuvo dominado por esa abrumadora sensación de vacío interior. Ahora este creyente empieza a reconocer cuán poderosa era aquella sensación de ‘nadedad’ siempre presente y aquella continua sensación de tristeza.

Nunca antes en toda su vida ninguna sensación interna había sido, ni nunca después habría de ser jamás tan fuerte, tan constante, siempre tan consciente, como era ese vacío. Entonces, maravillado, hace su descubrimiento. Aquella ‘nadedad’ o ‘inexistencia’, aquella acosadora sensación de la ausencia del Señor, ¡era en realidad el Señor mismo!

Por todo el resto de su vida, nunca volverá a tener una sensación interna tan fuerte. Ahora se da cuenta de que aquella misma ausencia de percepción de Dios era abrumadora. Predominante. ¡Constante! Y nada que él pueda experimentar jamás, le habrá de recordar a Jesucristo tan constante e inexorablemente. En oscuridad estuvo andando ese cristiano en el siempre presente vacío que también era El Ungido. ¡Porque para El aún las tinieblas son luz! Ciertamente, Cristiano, Él nunca nos deja ni nos desampara.

Esto es más que verdadero. ¿Cuántos de nosotros tiene en cuenta que así como hay un momento de crisis, otro siguiente de derrota que aparenta ser inamovible, luego llega un día de resurrección y gloria, y todo vuelve al mejor cauce? Observando esto e incluyéndome, -por supuesto-, entre aquellos que lo han olvidado, pregunto: ¿Quién crees que escribió muchos de los libreros de predicación derrotista que pululan en nuestras iglesias? Listo; ya tienes tu respuesta, así como yo tuve la mía hace un tiempo.

Capítulo 39

Unas páginas atrás formulamos la pregunta: “¿Qué valor tiene una oscura noche del espíritu?” Tan sólo Dios sabe la respuesta a la misma. A lo sumo, sólo podemos observar. A continuación propongo algunas posibilidades. En la experiencia práctica del cuerpo de El Ungido no perjudica tener al menos un miembro que no se deja vencer, no importa cuán encarnizada sea la batalla. Tan sólo la fe que ha sido firmemente atemperada por el sufrimiento y establecida en la aflicción, puede soportar el conflicto que espera más adelante a cualquier grupo de cristianos que experimentan la vida de iglesia.

Asimismo, es una verdad espiritual establecida, que ningún cristiano puede ser destruido por circunstancias menores en magnitud y fuerza que las que ya ha sobrevivido. Y ten por cierto que resulta muy difícil encontrar nada que arrojarle a un cristiano que es más grande que una oscura noche del espíritu. Si él ya ha sobrevivido a eso, podría también sobrevivir la mayoría de las otras cosas que la iglesia haya de tener que encarar. El asunto es bien obvio. A veces resulta verdaderamente beneficioso para el cuerpo de El Ungido, tener presente a alguien que previamente haya sobrevivido una devastación todavía más grande que la catástrofe que en ese momento se esté experimentando.

¿Ves cómo un desastre tal como una oscura noche del espíritu es, con frecuencia, madre de una paz interior, y de una fe firme, y de un seguro fundamento de una iglesia en una abrumadora inundación de adversidad? ¿Hay otras cosas positivas más que decir respecto de una oscura noche del espíritu? Oh, sí. Es bueno tener en la iglesia a alguien que esté familiarizado con un genuino caso de resurrección. (“¡Yo he presenciado una resurrección!”) Otro posible fruto que puede resultar de una oscura noche del espíritu, tiene que ver con una más profunda y más precisa comprensión de la constitución interna de una persona. Para un creyente, el hecho de que le sean denegadas las funciones de su espíritu dentro de sí, es una oportunidad para que pueda aprender bien, exactamente qué partes de su interior no son su espíritu, sino más bien los sentimientos de su alma, el raciocinio de la mente del alma, y la volición de la voluntad del alma.

Así pues, recuperar el sentido intuitivo del espíritu es un sólido fundamento sobre el cual poder comenzar a distinguir verdaderamente el espíritu del alma. Así, se hace posible una comparación más precisa del alma y el espíritu. Uno puede decir qué es lo que se ha añadido que antes no estaba allí. Ciertamente podemos decir que aquí está algo que necesitan todos los que se reúnen en su nombre: discernir qué es el alma y qué es el espíritu. El alma y el espíritu están tan entrelazados y son de muchas maneras tan similares, y sin embargo, de muchas otras maneras son completamente diferentes.

De seguro que una de las principales razones de por qué Él envía sufrimiento a nuestra vida, es para alcanzar esas partes internas nuestras y hacer que aprendamos una saludable diferenciación entre las dos. ¿Y qué más se puede decir de una oscura noche del espíritu? Que éste es uno de los instrumentos más importantes que tu Señor usa (no muy frecuentemente), con el propósito de quebrantar la fortaleza del alma y hacer espacio para el crecimiento ascendente del espíritu. Y ¿hay todavía algo más? Sí, mucho más. Pero sea éste nuestro comentario final.

Una oscura noche del espíritu es solamente uno más de los posibles privilegios que Dios nos extiende a todos nosotros, al permitir que participemos de los padecimientos de Jesucristo, para beneficio de su cuerpo. La mayoría de nosotros no llegará a conocer nunca una oscura noche del espíritu. Quizás nadie que alguna vez lea este libro llegue a conocerla. Pero llegar a tener siquiera un ligero conocimiento de esa prueba, es aumentar nuestra comprensión de la cruz, del sufrimiento y de la transformación… y de por qué y cómo El obra en nosotros.

Es indudable que hay una palabra que todavía no hemos alcanzado a entender y, mucho menos, a poner por obra. Esa palabra, es que Dios aborrece las obras de la carne. Hay un problema, porque hemos entendido que, en efecto, Dios aborrece las cosas malas que la carne nos puede llevar a realizar, sobre todo en nuestros cuerpos.

Sin embargo, se nos está escapando algo que siempre estuvo escrito allí y no siempre vimos o entendimos: Dios aborrece las obras de la carne. Todas. Las que nos parecen malas y las que nos parecen buenas. Todo lo que tú hagas en favor de Dios porque tú interpretas que es bueno, es trapo sucio a los ojos de Dios. Sólo va a agradarse cuando hagas aquello que Él te envíe a hacer.

Capítulo 40

Cris miraba por la ventana de su dormitorio, observando cómo los distantes relámpagos danzaban, teniendo como fondo las nubes de tormenta que se aproximaban. Cuando empezó a seguir con la vista los delgados e indolentes arroyuelos descendentes que las primeras gotas de lluvia producían en su ventana, oyó el chasquido de un rayo que había caído allí cerca, seguido al instante por el violento estruendo del trueno.

De inmediato, todas las luces del dormitorio se apagaron. Instintivamente Cris se volvió encarando su oscurecida habitación. Por unos instantes, la tormenta eléctrica de afuera proporcionó una tenue e intermitente luz en la habitación. Luego, súbitamente, todo lo que se encontraba alrededor de él se puso negro como carbón; y debido a que aquello era simplemente imposible, Cris comprendió enseguida qué era lo que estaba pasando.

Por un largo rato permaneció inmóvil, rompiendo al fin aquel encanto sobrenatural con una palabra inquisitiva: — ¿Mensajero? Desde detrás de él y tal vez sólo un poco hacia su derecha, Cris escuchó esa desconcertantemente serena voz de Mensajero: —No te vuelvas, joven Cristiano. Esas palabras de mensajero eran un inconfundible mandato, y acompañando a las mismas llegó una enorme explosión de luz por sobre los hombros de Cris. Al propio tiempo, él tuvo la inquietante sensación de que si se atrevía a volverse, quedaría con los tacones de sus zapatos de tenis balanceados en forma precaria en el borde mismo de un abismo.

Justamente cuando esa desagradable idea comenzaba a invadirle la mente, Cris sintió que la fuerte y tranquilizadora mano de Mensajero le agarraba el brazo. —Ahora comienza a volverte, muy lentamente. Lo que estás a punto de ver es el tiempo y el espacio en un panorama visible. No temas. Como te dije anteriormente una vez, dudo que te vayas a caer.

Por varias buenas razones, siendo una de ellas que ahora ya no había absolutamente nada bajo sus pies, estas palabras le parecieron a Cris mucho menos convincentes que en aquella primera ocasión que las escuchó. Cuando Cris empezó a volverse cautelosamente, estaba seguro de que vería algo que lo trastornaría completamente. Resistió el impulso de taparse los ojos, siendo así que las grandes alturas no eran uno de sus lados fuertes. Lo que Cris y Mensajero vieron, era un inmenso túnel.

Los dos estaban como suspendidos en algún punto próximo al centro de ese túnel, y Cris podía distinguir que todo aquello estaba girando lentamente. Mirando hacia abajo, tal como miraría desde un aeroplano, Cris podía ver también que ese túnel verde, parecido a un prado se movía hacia atrás, pasando debajo de él. Al mirar atentamente hacia todas partes, Cris vio miles de escenas históricas desplegadas en la superficie interior de ese inmenso cilindro. Lentamente, empezó a darse cuenta de que estaba viendo todo el drama de la humanidad, exhibido como un vastísimo calidoscopio alrededor de él. —Oh, puedo ver… sí… puedo ver todo.

¡Vaya! ¡Puedo ver el tiempo! La porción del túnel que aún se hallaba delante de él, parecía extenderse más y más hacia el infinito, en tanto que mirando directamente debajo de sí, Cris podía ver, inconfundiblemente, a Jerusalén. Arriba hacia su derecha se encontraba Roma. Más adelante, encima de él, se distinguían ciudades medievales. Hacia su izquierda, a una distancia algo más lejana, se distinguía la gloria que fue Francia. En una lejanía muy remota, se podía distinguir una moderna metrópoli de nuestros días. Más allá de eso Cris no estaba seguro de lo que veía, ya que todo parecía convergir en un punto muy lejano, que quedaba totalmente oscurecido en una resplandeciente luz.

Por todas partes, encima y debajo de él, pasaba todo el panorama de la historia. “Una escena viviente, infinita”, musitó. Lo único que impedía que Cris desfalleciera completamente, era el desembriagador pensamiento de que si llegara a desfallecer, podría también caer. —En este momento, en este lugar en que estás ahora, estamos en la coyuntura misma de dos creaciones. Allí, directamente debajo de ti… —dijo Mensajero e hizo una pausa. Cris miró abajo, casi entre sus pies. Sin la menor duda, podía ver claramente el Gólgota. —Allí… allí está aquel lugar maldito… fue allí donde, a los ojos de Dios, todas las cosas de su creación fueron suprimidas. Pero mira, justamente más allá de la cruz. ¿Ves? Una tumba vacía. ¿La ves, Cristiano? —La veo, sí, la veo —gritó Cris, olvidando sus temores en el éxtasis de su descubrimiento.

— ¡Fue allí donde comenzó el primer elemento de una nueva creación! — ¿Cómo? ¿Qué quieres decir? ¿Qué es eso? ¿Qué nueva creación?  —preguntó Cris con una voz innecesariamente alta. Mensajero se volvió y miró a Cris, con un aire de incredulidad en su semblante. — ¿Quieres decir que no sabes esto? —replicó Mensajero con tranquila incredulidad. — ¿Es que tu especie nunca conocerá sus riquezas? ¿Tú me preguntas a mí qué nueva creación? Esta nueva creación —dijo, señalando directamente a Cris. — ¡Cristianos, eso es! ¡Los hijos e hijas de Dios, nacidos de la matriz de la tumba vacía, la iglesia… TÚ! — ¿Es que tú no sabes que en su resurrección de los muertos, el Señor te dio a luz como las primicias de una nueva creación?

¡Cristiano, tú eres una nueva creación, creado en El Ungido Jesús Señor nuestro! Al trastrabillar su mente por lo que acababa de ver, y por su propia ignorancia, Cris perdió el equilibrio y se tambaleó. Rápidamente Mensajero extendió la mano y sujetó al joven, al tiempo que, casi simultáneamente, señaló con la otra mano aquel remoto lugar situado en el distante extremo del túnel. Una vez más, Cris hizo un esfuerzo para ver qué era el misterio que estaba oculto tras aquella brillante luz. —Allí, —continuó Mensajero con una voz que contenía un ligero tono de gozo, —allí está el fin de todos los siglos.

Y el comienzo del Siglo de todos los Siglos. — ¿Eh? —preguntó abruptamente Cristiano. De nuevo, Mensajero miró a Cristiano con perplejidad. —Estoy hablando de la Consumación de los siglos, del fin de todas las cosas antiguas, del comienzo de un nuevo cielo y una nueva tierra. Mensajero hizo una pausa. Luego, con una voz más suave y más abstraída, dijo: —La nueva creación. ¡Aquello que todos nosotros anhelamos tan ardientemente! —Nada de esta creación sobrevivirá para entrar en esa nueva creación. Nada, excepto, desde luego, aquellas cosas que al presente están en esta creación, pero que no pertenecen a ella.

Cris tuvo que hacer un esfuerzo para suprimir otro “¿eh?” y procuró expresar su ignorancia un poco más claramente: — ¿Qué hay en esta creación que no pertenece aquí? Mensajero suspiró y dijo: —Acabo de decírtelo hace un momento. Las primicias de la nueva creación. La iglesia. En vez de componer su confusión, Cris volvió su mirada otra vez a ese resplandor que brillaba tan bellamente allá lejos, al final de los tiempos. —Ven, Cristiano, —dijo Mensajero al atónito joven. —Ven, vamos a visitar algunos pequeños lugares del tiempo. Habrá poca necesidad de conversar, puesto que se te concederá que comprendas mucho de lo que estás a punto de ver. Cris sintió como que avanzaba hacia adelante y hacia abajo. ¿O era el tiempo el que estaba pasando debajo de ellos?

En lo personal no tengo dudas en absoluto que la imagen y sustancia de la nueva creación es la iglesia. En esto concuerdo totalmente con el autor. Sin embargo, y teniendo en cuenta mi respeto por el pensamiento de mi prójimo, debo ser fiel y consignar que la única duda que puedo albergar, es a quién o a quienes se les considerará iglesia, y a quien o a quienes simplemente grupo religioso. Esa es la diferencia, y créeme que no es menor.

Capítulo 41

— ¿Nos encontramos ahora en mi propia época? —preguntó Cristiano al vislumbrar lo que obviamente era un dormitorio de colegio universitario. —No; esta época es la de unos 33 años antes de tu época. Cris se encontraba en una habitación dormitorio de un segundo piso. Delante de él, sentado a una mesa que hacía de escritorio, había un joven. Al verlo, Cris sintió que una extraña sensación lo invadía.

Había algo familiar en lo concerniente a ese joven, o al menos algo debía ser familiar con respecto a él — ¡Ese es mi tío Bill! Es mi tío Bill cuando tenía más o menos mi edad. ¡Y éste es el lugar en que él fue salvo! ¡Sí, éste es el día que él nació de nuevo! ¿No es así, Mensajero? ¿No es verdad?  Cris estuvo a punto de asir de la mano a Mensajero y sacudirlo para que contestara, pero se detuvo bruscamente cuando Mensajero levantó la mano. —Cris, mira atentamente a tu tío. Es muy importante que lo veas. No; que veas dentro de él.

Verás aquellas cosas que son, pero que pertenecen al ámbito invisible. La habitación pareció desvanecerse, y junto con ella desaparecieron la mesa y la silla. Todo lo que Cris podía ver era el joven Bill Young, que tenía la cabeza inclinada y el rostro apoyado en las manos. Lentamente Bill también empezó a desvanecerse, pero al ir desapareciendo, algo distinto comenzó a aparecer… algo dentro de Bill. La escena continuó sin que la imagen de Bill se desvaneciera por completo, y sin que la otra figura pudiera verse con nitidez.

—Algo procedente de otro ámbito. — ¿Qué? —Mira cuidadosamente. Cris cambió de posición sintiéndose incómodo. Fuera lo que fuera aquello, Cris tenía cierta sensación intuitiva de que esa cosa estaba muerta. Entonces Mensajero habló otra vez, dirigiéndose a los pensamientos del joven. —No, Cris, no totalmente muerta, pero muerta. Una vez más Cris se oyó a sí mismo exclamar: “¿Eh?”, y deseó terriblemente poder dejar de hacerlo más. —Muerta para el otro ámbito —prosiguió Mensajero. —Muerta para el ámbito de dónde vino. Sí; muerta para el ámbito de su origen.

—Lo siento, Mensajero, pero esta vez me has confundido completamente —confesó Cris. —Hace un momento me dijiste que éste era el día que Bill nació de nuevo. Correcto. Este es el día que Bill nació de lo alto; y, si das un paso atrás, verás exactamente lo que eso significa. Cris dio un paso atrás, con los ojos todavía clavados en ese pequeño algo que estaba dentro de lo recóndito de Bill. Fuera lo que fuera, esa cosa hechizaba a Cris. Entonces Mensajero habló de nuevo: —Cristiano, estás a punto de ver la resurrección, no la del cuerpo, sino la del espíritu del hombre, esa porción de su ser que murió en Adán.

También estás a punto de ver la participación de la naturaleza divina. Ven, Cris, estamos a punto de visitar el otro ámbito. Veremos “nacer de lo alto”. Cris se aguantó la respiración. Estaba sobrecogido de terror al pensar: “¿Yo? ¿En el otro ámbito? Nunca saldré vivo de esto.” —Nuestra visita será breve. Y tú verás muy poco. Solamente lo que concierne a esta habitación y al joven estudiante llamado Bill, que está a punto de ofrecer su primera oración que jamás hiciera a su Señor, su Dios y su Salvador.

A instancia de Mensajero, Cris dio media vuelta. Lo que entonces vio por encima de sí era una puerta. —Esa es aquella puerta respecto de la cual tú estabas tan curioso, joven Cristiano. Al otro lado de esa puerta hay ámbitos invisibles, en los que no existe ni tiempo ni espacio. Solamente lo espiritual. Incluso los lugares celestiales… y ése es nuestro destino. —Advierte que la puerta se encuentra encima de ti, Cristiano. La puerta siempre está arriba, en lo alto. Mensajero tomó la temblorosa mano de Cris. Al instante Cris sintió que se elevaba. Sobrecogido de espanto, cerró los ojos y por un breve momento deploró haber nacido nunca. A continuación, los dos pasaron del ámbito visible al ámbito invisible.

Coincido contigo: es aparente ficción, aunque hilvana conceptos profundos que llevan a la reflexión a unos y a otros. Ya, eso, es bueno porque retrotrae circunstancias y enmienda errores. Sólo resta un leve detalle: ¿Y si en verdad no fuera ficción? Esa es una duda que te acompañará ahora y el resto del relato.

Capítulo 42

Cris estaba parado frente a la puerta situada entre los dos ámbitos. Tenía los ojos apretadamente cerrados de terror. Con sus fuertes manos, Mensajero lo mantenía inmovilizado. —Acabamos de pasar por la puerta que une nuestros dos ámbitos, y ahora estás parado en los lugares celestiales. Te he dado vuelta de forma tal que estés encarando tu propio ámbito, no el mío. Cuando abras los ojos, sigue parado exactamente donde te he puesto, o tu vida estará en peligro, porque detrás de ti hay un infinito ámbito de luz, el cual tú no podrías sobrevivir, porque no fuiste creado para ello.

A pesar de que estaba casi paralizado de miedo, Cris abrió los ojos abruptamente. Alrededor de él había una inundación de luz. Su único punto de orientación era la puerta abierta que se encontraba directamente delante de él. Para su asombro, a través de ella aún podía ver claramente la figura de un joven estudiante universitario que oraba con la cabeza inclinada. Cris estaba seguro de que su mismísima existencia  dependía de su habilidad de enfocar toda su atención en ese estudiante que oraba.

Mensajero volvió a hablar: —Observa con mucho cuidado. Escucha atentamente. Cris se estiró hacia adelante. La forma de Bill Young se encontraba directamente delante de él y ligeramente más abajo. Vio que Bill movía levemente la cabeza y entonces lo oyó suspirar: — ¡Señor! Era como si esa palabra perteneciera solamente a los lugares celestiales, porque el sonido de ella llegó sin disminución alguna a través de la puerta. Y al pronunciarla, la distancia que había entre la puerta y Bill Young empezó a acortarse.

A Cris le pareció que los lugares celestiales se habían movido hacia Bill. Cris aguantó la respiración una vez más al comprender que algo, algo tremendo estaba aconteciendo detrás de él. Entonces, en forma automática pero necia, Cris se volvió. Una luz inimaginable asaltó sus ojos. Sin embargo, en medio de esa luz, en algún lugar mucho más distante, había una luz aún más potente, y Cris estaba seguro de que en el centro de aquella luz podía distinguir el contorno ¡de un… trono!

En el centro mismo de aquel trono se estaba desenvolviendo un drama tremendo. Con un movimiento abrupto Cris se echó atrás; sintió absolutamente en todo su ser como si se estuviera desintegrando. Con una sensación de vértigo, aterrado y cegado, cayó hacia la puerta. En forma rápida Mensajero levantó a Cris, manteniéndole el rostro cuidadosamente apartado de la cegadora luz. —Te lo advertí —se oyó su tranquila voz. —Dime, Cristiano, ¿qué fue lo que viste? Aturdido, Cris desvarió diciendo varias expresiones incoherentes y finalmente dijo: —Era… era como un cometa, un cometa indescriptiblemente brillante… naciendo… o saliendo como una explosión desde el centro de algo, algo más brillante que mil soles.

Y… y cuando ese cometa se abalanzó fuera de aquel sol… dejó atrás una cola de luz… una ininterrumpida cola de luz… que seguía uniendo los dos… el cometa seguía unido a ese sol. Con un tono de urgencia en su voz, Mensajero respondió: —Bien dicho. ¡Pero ahora, pronto, la puerta! Estás a punto de ver la regeneración. Estás a punto de ver a un Bill Young de 18 años —nacer de lo alto. Entonces Mensajero se volvió, poniéndose de frente hacia donde se aproximaba aquella luz, y de esa manera su vestigio entero casi desaparecía en aquella gloria reflejada. Mensajero levantó una mano y al hacerlo, cada momento pareció retardarse —exactamente cómo, Cris no lo sabía, pero sí estaba del todo seguro de que era para su propio beneficio.

Para entonces prácticamente todo estaba sorbido en la luz, e incluso el contorno de Mensajero había desaparecido. Sólo eran discernibles las figuras de la puerta y de Bill Young, un poco más allá de la misma. ¡Y la puerta! La puerta se estaba moviendo otra vez. Hacia Bill. Y siguió avanzando hasta que pareció meterse directamente dentro de él. Ahora en la mente de Cris se combinaba la confusión con el asombro, y estaba a punto de gritar: “¿Cómo puede ser esto?” Entonces escuchó la voz de Mensajero que venía de algún lugar no lejano hacia la derecha de Cris. —Recuerda, Mortal, que estás en una dimensión en que no hay ni tiempo ni espacio. Aquí nada es grande ni pequeño. Tampoco hay materia física como la que tú conoces. Sí, viste cómo la puerta pasó dentro de Bill. Ahora la entrada o paso entre dos mundos se halla en él.

La puerta se encuentra dentro de su espíritu humano. Esto no es nada extraño para los ciudadanos de este ámbito; el espíritu humano es algo que Dios sopló dentro del primer hombre, y que hace mucho tiempo tuvo su origen en este ámbito. En aquel hermoso huerto del remoto pasado, ese espíritu fue puesto dentro del hombre en el momento de su creación. —Adán, el primer hombre, era un alma. No obstante, recibió un espíritu en lo íntimo de su seno, procedente de esta dimensión.

En su desobediencia, ese su espíritu murió; esto es, murió en cuanto a su lugar de origen. En este momento estás a punto de ver la regeneración, o resurrección, de ese espíritu humano dentro de uno de los hijos de Adán. Cris estaba seguro de que, si se atrevía, él podía extender la mano y tocar esa cosa gris, inanimada, que veía justo delante de sí. Podría haber hecho exactamente eso, a no ser que aquella bola de luz que había visto abalanzarse desde el trono, le desviaba la atención. Y estaba seguro de que esa bola de luz venía en dirección de la puerta. Una vez más Cris tuvo que luchar con toda su voluntad para no darse la vuelta, pero ese pensamiento le hizo comprender que, si la misma venía en esa dirección, ¡él se hallaba parado en su camino!

Trabajosamente, Cris se movió hacia la izquierda, justo cuando la bola de luz empezó a aparecerse sobre su hombro derecho. — ¡Está viva! —gritó Cris. — ¡Viva! ¡Pura, más allá de toda descripción, pulsante y viviente! Por un breve instante, justo cuando esa bola de luz pasó al lado de él, Cris se vio totalmente sorbido en el resplandor de su brillo. Por un microsegundo, la única cosa de sí mismo que él pudo distinguir definidamente fueron sus ojos; todo lo demás de él quedó momentáneamente sumergido en luz. Lentamente, la esfera de luz viviente pasó junto a Cris y se acercó al borde de esa puerta.

Justo antes de llegar a ella, el fulgor delantero de su resplandor pasó a través de la puerta y tocó aquella cosa fría y gris que yacía un poco más allá. De repente, hubo otro estallido de luz. ¡Aquella ‘cosa’ que estaba dentro de Bill fue despertada! ¡Ahora, aquello también estaba vivo! Directamente delante de los asombrados ojos de Cristiano, el espíritu humano había sido vivificado otra vez, con relación a su ámbito original. Por un breve instante hubo luz emitida desde ambos lados de la puerta.

Entonces aquella bola de vida y de luz, que procedía de alguna parte del interior del trono de Dios, se precipitó a través de aquella puerta. Cris sintió un repentino e inesperado temor por la vida de Bill. “Aquello”, pensó, “esa luz, esa vida, está entrando ahora dentro de Bill. ¡Tal vez él no pueda sobrevivir con eso dentro de sí!” Pero aquello siguió precipitándose, dejando una larguísima cola de ininterrumpida luz que —Cris tenía la absoluta certeza ahora— llegaba, por todo el camino recorrido, ¡hasta el trono de Dios! “Tal vez”, se oyó a sí mismo musitar, “¡tal vez hasta el seno mismo de Dios!” — ¿Podrá Bill sobrevivir? —exclamó Cris, sin esperar realmente una respuesta.

Entonces ya esa bola de luz viviente se había precipitado a través de la puerta. Acto seguido, aquella puerta, la frontera que separaba los dos ámbitos —todo—, pareció disolverse. Por un muy breve momento Cris no estuvo seguro de lo que había sucedido. ¿Dónde estaba la puerta? ¿Y la frontera? Todo eso se había desvanecido. Al parecer, de algún modo asombroso se habían unido dos ámbitos en el resplandor de aquella ardiente luz.

Igualmente parecía que aquella viviente esfera de… lo que fuera… y el espíritu vivificado de Bill Young habían hecho lo mismo: se habían unido. Casi en forma incoherente, Cris se repetía a sí mismo: —Esa luz viviente, esa vida, está en Bill. Entonces recordó algo que últimamente había aprendido de memoria. Un versículo de la Biblia; palabras de Simón Pedro: Porque hemos llegado a ser participantes de la naturaleza divina. Una vez más Cris tuvo la sensación de que su mismísimo ser estaba a punto de disolverse, si algo no cesaba. Sintió que sus rodillas empezaban a doblarse. Cris Young cayó hacia delante en un desmayo total.

Capítulo 43

Fueron el canto de un sinsonte y el olor de césped recién cortado, las dos cosas que primero penetraron el conocimiento de Cris al recobrar el sentido. Pero con ellas no le vino ningún impulso a moverse o siquiera a pensar. Simplemente yacía allí acariciando el césped que sentía debajo de los dedos. Finalmente, cuando algunos pensamientos coherentes lograron ya emerger en su mente, Cris abrió los ojos. Mensajero se encontraba parado directamente enfrente de él.

Cris dio la vuelta, pues estaba boca abajo, y se incorporó quedando sentado. Un breve rato después, inclinó la cabeza y dijo en un tono suave: —He visto bastante, Mensajero. Comprendo. Te prometo que no volveré a dudar nunca más mientras viva, y no me quejaré nunca jamás acerca de nada. La voz de Mensajero delataba buen humor cuando respondió: —Tú no comprendes todavía. Dudarás muchas veces. Llenarás los cielos con tus quejas. De hecho, te aconsejo que no prometas nada.

Desde la Caída he observado que a ustedes lo mortales les ha sido muy difícil cumplir aun las más pequeñas promesas. —Ven, Cristiano, tenemos que hacer una breve visita más antes de completar nuestro pequeño peregrinaje. — ¿Te volveré a ver, alguna vez? —preguntó Cristiano con un viso de esperanza en los ojos. —Esa es una decisión que está en otras manos. — ¿A dónde vamos desde aquí? Antes de contestarle, Mensajero le echó a Cris una e esas miradas que son una combinación de perplejidad y de paciencia dolorosamente probada. — ¡Aquí es a donde vamos! —declaró Mensajero señalando el lugar en que se encontraban.

Asombrado, Cris se puso en pie de un salto y dio una vuelta completa, al tiempo que exclamaba: — ¡Vaya! ¡Pero si aquélla allí es la gran piscina de natación municipal! Y éste es el parque municipal de mi ciudad natal. Sí, cuando yo era niño solía venir aquí a jugar. —Entonces Cris calló, teniendo todavía bien abiertas y extendidas las piernas y los brazos. — ¡Mensajero, yo me… convertí en este parque! —Lo sé —dijo él con esa serena y desconcertante voz. —En efecto, te recomendaría que mires en esa dirección. Supongo que podrías ver a alguien que conoces muy bien. — ¡No… no puedo creerlo! —gritó Cristiano muy asombrado, al tiempo que asió a Mensajero por los hombros y empezó a sacudirlo muy excitado. — ¡Ese que está allí, soy yo! —dijo gritando. — ¿Me oyes? ¡Ese soy yo!

Es que no puedo creerlo. ¡Te digo, ése soy yo! ¡Este es el día que fui salvo! No puedo creerlo. —Cree —dijo Mensajero suavemente. —Después de todo, acabas de decirme que no volverías a dudar nunca. — ¿Puedo hablar con… éste… con él? —Oh, sí, puedes probar si quieres, pero él… tú… no oirás. Además, ¿deseas entrometerte en un momento tan importante? ¡Es el día que adquiriste vida eterna! Cris se volvió y miró al joven que estaba sentado a una rústica mesa de merendar que distaba unos 50 metros de ellos. Volviéndose otra vez hacia Mensajero, todo su porte cambió. Entonces le preguntó, casi desconcertado: —Se supone que mire solamente, ¿no es así? —Sí. Puedes ir a su lado.

Allí puedes observar la ocurrencia de tu propia salvación, cuando tuvo lugar en el tiempo y el espacio. De inmediato Cris empezó a recorrer la distancia que había entre él y el joven muchacho sentado a la mesa de merendar, que se hallaba muy absorto leyendo atentamente un libro. Cuando Cris llegó a unos diez metros de él, ya no pudo acercarse ni un paso más. Algo turbado, se volvió hacia Mensajero. Pero éste, que estaba casi a su lado, parecía estar desvaneciéndose. Cris podía ver directamente a través de él. — ¡Estás… estás desapareciendo! —Como tú lo estás, para mí —replicó Mensajero. — ¿Qué quiere decir eso? —Quiere decir que nuestro tiempo de estar juntos está terminando. En breve estaré de nuevo en mi ámbito y tú volverás al tuyo.

—Terminaremos nuestra observación aquí. Pero vuélvete ahora y observa cómo tú mismo recibes la vida eterna. —No estoy seguro de que pueda sobrevivir el tener que pasar otra vez por una experiencia como ésa —dijo Cris, vacilante. —Oh, pero no es la misma en absoluto cuando se la contempla desde este ámbito. Ahora observa. ¿Puedes ver dentro de este joven como veías dentro de tu tío? — ¡Sí! —gritó Cris asombrado. — ¡Sí, puedo! Allí está esa cosa fría y gris dentro de él… ¡en mí! ¡Exactamente como estaba en mi tío Bill!

Cris hizo una pausa. Entonces su semblante decayó, al tiempo que dijo: —Pero esa cosa no parece ocupar tanto espacio en mí como el que ocupaba en tío Bill. ¡Es mucho más pequeña! Cris dio la vuelta para mirar a Mensajero directamente en el rostro y le preguntó: — ¿Hay algo que está mal en cuanto a mí? ¿Por qué es tan pequeño ese lugar en mí? —Correcto, Cristiano. En realidad, el espíritu humano es muy pequeño, mucho más pequeño de lo que te pareció cuando lo viste dentro de Bill.

A decir verdad, no se lo puede ver en absoluto. Recuerda, tu cuerpo tiene peso y tamaño: estatura, profundidad, longitud y anchura. Tu cuerpo es material. Físico. En una palabra, tiene dimensión. Aun tu alma ocupa tiempo y espacio. Pero tu espíritu, bueno, aun cuando constituye parte de tu mismísimo ser, y es totalmente tuyo, con todo, el espíritu pertenece a un ámbito que carece de dimensión. —Para ser exacto, no te puedo decir siquiera que el espíritu humano es pequeño; no es ni pequeño ni grande.

Procede de un ámbito donde tales palabras no tienen sentido. Lo que has visto antes y lo que ves ahora, es algo que se te ha permitido ver… pero que pertenece al ámbito de lo invisible y de lo inmensurable. —Pero te voy a decir esto, Cristiano: ¡Puede crecer! Tiene la capacidad de ser agrandado. Pero no comprenderás cabalmente estas cosas en el lapso de tu vida mortal. Ahora vuélvete otra vez. Observa al joven que tenemos delante. Nuestro tiempo de estar juntos se está acabando rápidamente.

Aquel joven que estaba sentado frente a esa rústica mesa del parque, dio la vuelta a una página del libro que leía y luego lo cerró. Hubo una pausa, y entonces el joven empezó a llorar. Entonces Cris dijo impulsivamente: —Ese… ése fue el preciso momento en que entregué mi vida a Jesucristo. Sé que fue ése. ¡Sé que fue ése! En ese momento apareció un pequeño y suave resplandor, bien profundo allá dentro de lo más recóndito del ser del joven que ahora estaba llorando. —Es tan diminuta esa luz, Mensajero; la luz allá adentro es tan diminuta. No como era en Bill, en absoluto. Apenas puedo verla. Inquieto, Cris se volvió hacia Mensajero otra vez.

— ¿Qué es lo que está mal? —Nada. Nada en absoluto. Lo que ves delante de ti, Cris, es el mismísimo acontecimiento que tiene lugar en lo recóndito de todos los creyentes. Te aseguro que ésta es la misma tremenda visitación que presenciaste en Bill. —Pero fue tan espectacular la otra vez —dijo Cris con una creciente frustración. —Me siento defraudado. —Siempre es espectacular, Cristiano, cuando se lo ve desde mi ámbito; nosotros los que vivimos allá, contemplamos esta cosa sagrada con temor reverente y con gozo.

Cris miró por un largo rato el diminuto resplandor. Su único pensamiento dominante era cuánto de sí mismo había allí que no era esa diminuta partícula de refulgente luz y vida. Entonces Mensajero habló otra vez: —Ahora, mi amigo, tengo que dejarte. Lo que estás viendo es la primera evidencia de El Ungido que mora en el creyente. Conforme transcurran los años, El realizará su obra en ti, lenta pero inexorablemente, desde adentro hacia fuera… tocando, cambiando y reduciendo a Cris Young más y más.

Se abrirá camino hacia fuera por cualesquiera y todos los medios posibles, tanto convenientes como inconvenientes, como ya lo has descubierto en el corto tiempo que lo conoces. Y a medida que El lleve a cabo su obra hacia afuera, sin seguir reglas ni métodos predecibles, El ensanchará su lugar dentro de ti. —Ahora, pues, joven cristiano, a medida que Él se abre camino saliendo hacia ti, tú también tienes que efectuar un viaje. Un viaje hacia adentro. Es tu parte, joven cristiano, volver tu alma hacia adentro… hacia Él. —Ha llegado el momento. Tenemos que despedirnos. Por cierto que nos volveremos a encontrar, al menos una vez más, en el Día de días.

Pero antes de separarnos, mira una vez más a ese nuevo cristiano. Hoy recibió Vida Eterna… El Ungido de Dios. Sin que lo sepa, ese joven ha quedado unido a otro ámbito. Ha heredado todas las riquezas de los lugares celestiales. Ahora, por la misericordia de Dios, este nuevo cristiano tropezará con esas cosas que habrán de ayudarlo grandemente a aprender cómo empezar su viaje hacia adentro. Entonces Mensajero levantó los brazos y todo lo que estaba delante de Cris comenzó a disolverse. Por una fracción de segundo le pareció ver el final mismo de aquel extraño túnel, dentro del cual había viajado con Mensajero. En aquel distante extremo apareció algo en forma tan rápida, que ni la mente ni la vista podían registrarlo.

Qué fue lo que vio… Cris no estaba seguro. ¿Una bella, bellísima muchacha, vestida de blanco? ¿Preciosa más allá de toda descripción, que corría hacia algo o hacia alguien? Esa escena, que él ni siquiera estaba seguro de que en realidad había ocurrido, se desvaneció en una cubierta de negrura. Cris permaneció muy quieto, como había aprendido a quedarse en esos momentos de extraña transición.

Una especie de no existencia de tiempo pareció pasar delante de él… más, al parecer, que lo que estaba acostumbrado a experimentar en ocasiones previas. Cris se estaba poniendo ya algo inquieto, cuando vio fulgurar algo en lontananza. Hubo una breve pausa, y luego volvió a ocurrir: un relumbrón de luz azul blanca. Hizo un esfuerzo por recordar dónde había visto anteriormente semejantes cosas. Entonces oyó el retumbo del trueno. Y el sonido de la suave lluvia que golpeaba contra su ventana.

Fin. Confieso que no soy precisamente admirador de la llamada “ficción cristiana”. Quizás es alguna estructura de excesiva sobriedad de mi parte y lo admito como falencia. De todos modos, privando en mí el deseo de aportar a tu vida de creyente y teniendo en cuenta la validez de este autor del cual he leído trabajos muy profundos y equilibrados, decidí compartirlo con la única finalidad de ayudarte a ver una visión diferente, quizás, de tu propia salvación, de tu propia vida de fe y, obviamente, de tus propios sufrimientos en ella. Es mi oración que sí haya sido. Habrá valido la pena.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Portadores de Su Luz

Hay una verdad que no por transitada, deja de ser genuina: el reto del pueblo de Dios en cada época, ha sido y sigue siendo el de ser la luz en un mundo que a menudo está a oscuras o directamente ciego. ¿Puede una iglesia o una nación perder su luz? Esa luz y esa responsabilidad de preservarla será el tema del cual quiero hablar en este trabajo.

(Juan 1: 1) = En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

(Verso 4) = En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

(5) La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

Juan el apóstol tenía esa luz, la compartió y fue desterrado a la isla de Patmos porque testificó de la divinidad de Jesucristo. Pero aún en Patmos, tuvo más revelación y una visión del Cristo resucitado y la luz que vio fue tan radiante que no la pudo soportar.

La visión de Juan es un mensaje del Revelador de la Luz a los poseedores de esa Luz; de Él quien es la Revelación para los portadores de la Revelación. El mensaje es este: Yo conozco tus obras. Sé lo fiel que eres en llevar la luz. Aquellos que vencieren los problemas asociados con la Luz recibirán grandes recompensas, pero los que descuiden mi palabra perderán su luz.

¿De cuánto valor es la comprensión espiritual? ¿Qué importancia tiene la verdad moral para una nación? ¿Cuán necesario es que la iglesia y las naciones conozcan a Dios en su realidad presente? ¿Cuán vital es tener una revelación fresca de su propósito?

¿Alguna vez te has encontrado en la más absoluta oscuridad? Lo dudo. En nuestro ambiente habitacional, ya sea ciudad, población o incluso zona rural, la oscuridad siempre está matizada por alguna luz lejana o cercana que, quieras o no, atenúa una sensación que sólo han vivido aquellos que han descendido a las profundidades de la tierra, en minas por ejemplo. Allí sí que oscuridad es eso: oscuridad.

¿Sabías que la oftalmología asegura que si una persona pasa tres días en la más absoluta y total oscuridad, puede perder su visión? Espiritualmente, la oscuridad hace que los hombres piadosos anhelen la luz; siempre ha sido así. Enoc sabía el valor de la luz y la siguió hasta que un día fue totalmente cambiado por ella: fue trasladado al cielo.

Noé lo sabía y eso lo mantuvo firme durante el diluvio. Abraham lo sabía y la luz lo llevó a buscar una ciudad cuyo arquitecto y constructor era Dios. José lo sabía y lo llevó de la casa de su padre a la prisión y después a ser gobernador de Egipto.

Moisés lo sabía cuándo vio la zarza arder y la escuchó hablar de la salvación de millones de sus compatriotas. Jesús lo sabía. Vino a un planeta en tinieblas para iluminarlo con el resplandor celestial. La revelación de Dios es el fuego en la lámpara.

Sin ella, el pueblo se sume en la oscuridad, rodeado de peligros, en un sendero torcido, resbaloso e inexplorado; una compañía de insensatos vociferando y probándolo todo. Por eso es que Proverbios 14:12 dice: Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte.

¿Por qué nos congregamos como pueblo de Dios? ¿Será para escapar de la hostilidad del mundo? No, no somos escapistas. La razón es porque hemos visto una luz, el amor y la naturaleza de Dios. Hemos visto una visión y hemos llegado al Señor, la Luz del mundo. Tenemos ansias de estar en una atmósfera donde la luz brilla y la gloria de Dios es revelada.

Es como dice el profeta Isaías en 60: 2-3: Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; más sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria. Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento.

Dios nos llamó de las tinieblas a su luz admirable, de manera que podemos ver con discernimiento este mundo. Lo vemos a Él, a su creación y uno al otro en la luz de su propósito. Y también podemos ver lo que el mundo ve, y eso nos sirve para tener misericordia por ellos, la misma que un día, Dios tuvo contigo. Por eso estás allí oyéndome.

Dios nos ha hablado muchas veces y de diversas maneras. Es evidente que desea revelarse a los que tienen el deseo de conocerlo, porque con frecuencia y de todos modos ha tomado la iniciativa. Hebreos 1:1 dice cuál fue la manera más definitiva de su revelación: Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo – En muchos fragmentos, y de muchas maneras-, a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado en su Hijo.

Romanos 1 dice que todos los hombres están sin excusa aún sin la revelación del Hijo en lo que respecta al conocimiento de Dios, porque la creación misma revela a Dios. Cualquiera que tenga deseos de conocerlo puede comenzar a hacerlo por la creación.

(Romanos 1: 18) = Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; (19) porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó.

(20) Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.

(Verso 25) = Ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.

Antes del comienzo, Dios ya estaba allí para crear todo lo que existe. La creación no sucedió por accidente; fue planeada y creada sistemáticamente por un Ser Soberano que llamamos Dios. Cuando más aprendemos de la creación, tanto más conocemos al Creador.

El Salmo 19:1 dice: Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Siendo eso cierto, es obvio que nuestro Dios es infinitamente sabio y poderoso. Es soberano e inescrutable. La expansión de su dominio no se puede descubrir ni con el telescopio más potente.

Los más recientes construidos sólo revelan más estrellas y nuevos horizontes. Si nos volvemos de lo masivo a lo minúsculo, quedan todavía una infinidad de secretos por descubrir en las moléculas y los átomos. Los universos dentro de nuestro mundo son tan insondables como los que están afuera.

Hemos descubierto que las galaxias que están formadas por billones de estrellas tienden a agruparse en súper-galaxias y que éstas pueden constar de unas pocas hasta varios miles de galaxias en el grupo, con cien billones de estrellas por galaxia.

Las galaxias dentro de un grupo pudieran estar a sólo ciento cincuenta mil años luz de distancia. Un año luz es la distancia que viaja la luz en un año a una velocidad de trescientos mil kilómetros por segundo. Si mis cálculos son correctos, la luz puede recorrer dieciocho millones de kilómetros por minuto. Para conocer el espacio recorrido por la luz en un año, puse los números correspondientes en una calculadora y esta respondió: ¡Tonterías! ¡Eso es imposible!

El espacio es tan inmenso que los astrónomos agrupan las galaxias dentro de esas distancias. Las súper-galaxias pudieran tener ciento cincuenta millones de años luz de distancia entre sí. Algún día vamos a descubrir que estábamos viviendo dentro una minúscula molécula de algo gigantesco.

Pablo dice con respecto al testimonio de la creación de Dios que cuando los hombres que se dicen sabios ignoran al Dios de la creación, caen en la oscuridad y en la decadencia social. Se vuelven insensatos y centran todo en la humanidad. Cuando la humanidad es exaltada se cae víctima de prácticas depravadas, de homosexualidad y de todo tipo de violencia.

¿Cómo pueden personas tan educadas cometer tantos homicidios, la mayoría dentro de la familia? ¿Cómo pueden ingerir tantas drogas y licor y tener tantos desórdenes mentales y verse ahora paralizados por pequeñas bandas de terroristas?

Simple: porque la Creación no funciona sin el Creador. La creación no es un campo de recreo para tontos, ni una mina de diamantes para el vanidoso, ni un pozo de petróleo para los rebeldes. La creación es la revelación del Dios Todopoderoso y está irritada. Gime por ser liberada de las manos chapuceras de los que están ciegos a la gloria de Dios.

Espera a los hijos de Dios para que la gobiernen en representación de Dios, que la aprecien como obra y la gloria de Dios. La creación no es el producto de la ciencia, ni de la filosofía, ni de la tecnología o de la religión. Es del Señor a quien revela y Él la redimirá.

Dios nos ha hablado también por medio de la ley. Vivimos en un día en que la iglesia y la nación se han acostumbrado a desechar cualquier edicto que les niegue su gratificación personal. LA ley es una declaración que emana de Dios y lo describe.

Éxodo 19 y 20 y Deuteronomio 4 y 5 hacen numerosas menciones sobre la importancia de la ley como el reflejo de la naturaleza de Dios. En verdad, la Biblia está llena de referencias como estas. Dios le dice a Israel que si obedece la ley recibirá su herencia; que aceptar la ley es una bendición única para ellos y un reflejo del favor especial de Dios; que la ley los preservará como nación y así lo ha hecho durante tres mil cuatrocientos años.

La ley también nos dice que Dios es celoso: detesta los ídolos, no tolera el uso en vano de Su nombre y requiere que el hombre trabaje productivamente durante seis días y descanse uno. Ordena que los padres sean honrados, que la vida sea respetada, que el matrimonio sea defendido, y que el hurto, la mentira y la codicia sean prohibidos.

La ley no es sólo una declaración que viene de Dios, sino que además nos dice cómo es en verdad Él y lo que realmente espera de los que portan su luz. Jesús no vino para bajar el dechado de la ley. Por cierto que lo subió aún más. Por eso este texto que quizás leímos muchas veces y no siempre entendimos.

(Mateo 5: 17) = No penséis que he venido par abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.

(18) Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.

(19) De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; más cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.

(20) Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Ninguna nación o iglesia puede ignorar la ley y mantener su luz. El que camina entre los candeleros sabe si atesoramos la luz. Está atento a los que temen su nombre, lo adoran como Creador y guardan sus mandamientos. Él ha escrito sus nombres en su libro.

Dios también nos ha hablado por intermedio de sus profetas, hombres escogidos y sensibles a su voz, que vieron visiones y oyeron verdades de Dios que llevaron la luz a pueblos que de otra manera hubieran perecido en la oscuridad. Estos hombres fueron y son llamados para hablar lo que está en el corazón de Dios.

Elías, Jeremías, Eliseo y Daniel son esta clase de hombres. Isaías, por ejemplo, vio atrás desde antes del principio y adelante hasta el fin de este siglo, pero como los otros profetas, fue rechazado por Israel. Jesús se refirió al rechazo y al odio de Israel por los profetas de Dios en la parábola de los viñadores malvados en Lucas 20:9-16.

También en la parábola del hombre rico y Lázaro, Jesús vuelve a citarlo. Lázaro, el pobre, fue llevado al seno de Abraham y el rico cayó en el hades. Desde allí vio a Lázaro y a Abraham y gritó para que enviaran a Lázaro a refrescar su lengua con la punta de su dedo mojado en agua.

Pero Abraham le dijo que no se podía, porque había un gran abismo que los separaba y nadie podía cruzarlo. “Mándalo a mis cinco hermanos”, le rogó el rico, “para que no vengan a este lugar. Ellos oirán a uno que ha vuelto de la muerte.”

Entonces Abraham respondió: “Ellos tienen a Moisés y a los profetas. Si no los escuchan a ellos, tampoco se persuadirán si alguno se levantara de entre los muertos.” La parábola se probó en la misma Jerusalén que mató a Jesús y lo rechazó aunque resucitó.

Dios les da gran importancia a sus profetas. Si los recibimos, lo recibimos a Él. Las iglesias de nuestra generación quieren el brillo y no a los profetas. Así que son muy pulidos, pero nada proféticos. Oremos para que Dios levante los dones proféticos entre nosotros, para que podamos ser un mensaje de Dios para nuestra generación.

La expresividad de Dios está grabada en la infinitamente elaborada creación. Su profundidad se revela en la declaración de su ley que ha permanecido sin enmiendas por tres mil cuatrocientos años. El poder de sus pronunciamientos fue promulgado por hombres santos de antaño, moviendo naciones, cambiando la historia y ejecutando hazañas milagrosas por la palabra que salía de sus bocas. Pero la declaración suprema de Dios, su pronunciamiento más elocuente dentro del tiempo y en la eternidad es Jesucristo, el Verbo de Dios.

Cuando vemos afuera, vemos la creación. Cuando vemos a Jesús, vemos al Creador. Cuando enfocamos el Éxodo y Deuteronomio vemos la ley, pero cuando vemos a Jesús, vemos al dador de la ley. Conocer a Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel, es conocer a los profetas, pero cuando conocemos a Jesús, tenemos la fuente y el cumplimiento de toda la profecía. Él es el heredero de todas las cosas, el fulgor y representación exacta de Dios, el sustentador y redentor de todas las cosas.

Colosenses agrega que Él es el centro de nuestro universo social y que nuestro propósito es conocerlo y agradarlo. Él es la fuente de nuestra fuerza y quien nos ha otorgado el derecho de participar en su herencia. Él es nuestro libertador de las tinieblas y el perdonador de nuestro pecado; la imagen de Dios; el primogénito de una nueva raza; la cabeza de la iglesia y está preeminente en todas las cosas. Él es la plenitud de Dios manifestado; el reconciliador; el pacificador y en Él están ocultos todos los tesoros de Dios.

Si Dios nos hace responsables por la palabra de ángeles, de la ley y los profetas, ¿Cómo escaparemos si nos negamos a oír a Jesús? La creación es una pintura y Jesús es el artista. La ley es un libro y Jesús es su autor. Los profetas son siervos; Jesús es el Rey de reyes.

Algunas encuestas realizadas en países de indiscutible importancia a nivel mundial, han revelado que la participación o protagonismo de la iglesia cristiana en las cuestiones de relieve de esos países, es escasa o directamente nula. Pareciera que los hombres quieren mantener a Dios y a sus ministros apartados de tomar parte4 de algo significativo. ¿Será que Dios está retirando la luz?

Jesucristo dice a las naciones que él conoce sus obras y si pueden que oigan lo que el Espíritu está diciendo: “Arrepiéntanse del humanismo secular y religioso. Arrepiéntanse del orgullo. Regresen a la ley de Dios o les quitaré su tenue luz”.

A la iglesia le dice: “Conozco tus obras. Si puedes oír escucha lo que el Espíritu dice: Arrepiéntanse. Apártense de las corrientes seculares. Humíllense. Reconozcan nuevamente a Dios como Creador. Acepten y guarden su ley. Escuchen a los profetas.

Sírvanme sin que les de vergüenza. Profeticen a las naciones que el día de las tinieblas está cerca y una gran oscuridad las cubrirá. Declaren que nuestro Dios reina y su gloria caerá sobre su pueblo y que los reyes vendrán a su luz. Digan a los que vencieren e hicieren mi voluntad hasta el fin que yo les daré autoridad sobre las naciones.”

Estas son las cosas que Dios está diciendo a su iglesia. ¿Qué te está diciendo a ti? Escúchalo en este mismo instante porque Él es la luz de tu vida. En el día que se avecina, el Sol de Justicia nacerá y en sus alas traerá salvación y la luz vendrá sobre los que aman la luz. Y las tinieblas caerán sobre los que la rechazan y caminarán en la oscuridad y se tropezarán en su necedad. Ellos mismos construirán su propia horca y serán sus propios verdugos.

 

 

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El Sermón del Monte

¿Cuántos de nosotros podríamos decir con seguridad la razón o la causa por la cual vino Cristo a la tierra? No lo sé, pero lo cierto es que Cristo vino a proclamar el Reino de Dios, en el cual Él es el Rey y Señor. Todos sabemos que después de ser bautizado y tentado, Jesús comienza su ministerio público y, con su autoridad de Señor, fue llamando e incorporando a cada uno de sus discípulos.

Luego, mientras enseñaba y predicaba el evangelio del Reino, (Porque el del Reino fue el único evangelio predicado por Jesús, cualquier otra versión o interpretación correrá por cuenta de teólogos y demás religiosos) sanaba toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. La consecuencia directa fue que la gente de los alrededores empezó a ir en pos de Él.

Asimismo, es muy interesante notar que las dos primeras frases de Cristo, registradas en el evangelio de Mateo, al comenzar su ministerio, hablan del Reino. Mateo 4:17: Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.

Mateo 5:3: Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Y en la frase de Mateo 4:19, no habla directamente de ello, pero lo manifiesta en forma implícita, cuando dice: Y les dijo: venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.

Y fíjate que entre todas estas escrituras, he mencionado a una que constituye lo que a mi juicio, es una especie de constitución del Reino de Dios. Estoy hablando de lo que vulgarmente llamamos “El Sermón del Monte”. Porque en él se encuentran las leyes básicas que deben regir en la vida de cada ciudadano de dicho Reino, o sea, de cada cristiano. Y hay una sola manera de vivirlo: ¡En Cristo!

(Gálatas 2: 20) = Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Quiero comenzar repasando lo que conocemos como las Bienaventuranzas. Allí vamos a empezar a ver que las características de los ciudadanos del Reino están descriptas en la sucesión lógica de las ocho bienaventuranzas. Es lo que yo entiendo casi poéticamente como la escalera hacia la felicidad.

(Mateo 5: 3) = Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Se ha hablado y enseñado mucho respecto a este pasaje, pero no siempre se acierta a descubrir de lo que realmente se está hablando. A mi entender, se habla directamente de la Humildad. Los pobres en espíritu son conscientes de que están sin Dios y lo reconocen.

Ellos tendrán el Reino, die aquí. Este es el primer paso para la salvación: ver la necesidad espiritual de Dios de una manera humilde, sin ninguna clase de orgullo ni vanidades basadas en minucias, reconociendo la miseria propia para recién, entonces sí, pretender ocuparse de la ajena.

(Verso 4) = Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.

El segundo paso para la salvación, es cambiar de vida y hacer uso, (Aunque no abuso), del Arrepentimiento. Cambiando de vida y de dirección, serán consolados con el perdón de sus pecados. Son bie4naventurados, entonces, los que lloran por la situación de los demás. ¡Dios responderá su clamor!

(Verso 5) = Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.

Está de más aclarar que estamos hablando de Mansedumbre, ¿Verdad? Este es el tercer paso vital para la salvación. Son los que someten y se sujetan a la autoridad de Cristo. Lo aceptan no solamente como Salvador, sino también como Señor y Amo absoluto de sus vidas.

Aceptan la voluntad Suya y viven de acuerdo con ella. Mansedumbre, aún en contra de lo que el machismo exacerbado suele decir, no es para nada síntoma de debilidad, sino símbolo de poder y valor. ¡Hay que ser muy valiente para ser manso!

(Verso 6) = Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

Vamos a ver; el hambre y la sed, son los apetitos vitales del ser humano. Sólo lo experimentan espiritualmente aquellos que han dado los pasos previos. Es desear ardientemente el gobierno justo y equitativo de Dios por encima de cualquier forma de gobierno terrenal.

Esta es, a todas luces, la única justicia posible. Fuera de esta justicia no hay otra. Todo lo demás que se llama justicia, es una simple imitación, a vece muy burda, que ha llegado incluso hasta hacer que la gente del común desconfíe de Dios mismo. Hambre y sed de él son, entonces Apetitos Benéficos.

(Verso 7) = Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Quiero resumir, en pocas líneas, lo que verdaderamente es Misericordia. No te confundas, no es lástima, sino bondad, simpatía, comprensión y servicio al prójimo. Aquí encontramos una ley recíproca: sólo los que usan de misericordia con su prójimo, (Como por ejemplo lo hiciera el buen samaritano), alcanzarán misericordia para ellos mismos. Y esto también te está dejando en evidencia que la misericordia no es algo que está allí, latente y a tu lado, sino algo que necesariamente deberás alcanzar.

(Verso 8) = Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.

Este texto te habla, preponderantemente, de Pureza. Tú sabes que el hombre está constituido por espíritu, alma y cuerpo. Pero, a su vez, el alma también se subdivide en varias fracciones entre las que encontramos a los sentimientos, las emociones, los pensamientos o razonamientos y la voluntad.

El corazón, en la Biblia y para los hebreos, tal como lo deja entrever el Salmo 24 en los versos 2 y 3, significa el alma. Sólo los puros, limpios, santos, (que no son estatuas, sino hombres y mujeres apartados y dedicados al Señor), tienen comunión con Dios y lo verán.

Porque los de limpio corazón son aquellos que aman lo bueno, sus móviles siempre son rectos y justos; sus aspiraciones son eminentemente sanas; y anhelan ardientemente lo que Dios manda. Entonces… ¡Lo verán! Y si crees que esto no es posible porque hay un texto que dice que nadie ha visto a Dios, debo señalarte que ese texto habla de tiempo pasado, hasta hoy. Mañana, conforme a lo que aquí has leído como lo que se añade en otros textos, las cosas serán diferentes.

(Verso 9) = Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Este versículo tiene total y absoluta conciliación con toda clase de Pacificación. Los pacificadores son aquellos que hacen la paz entre el hombre y Dios, entre el hombre y otros hombres, ente una nación y otra. Ellos mismos deben tener paz, que es nada menos que una vida reconciliada con el Señor, ya que de otro modo jamás podrá haber paz en un corazón humano.

De hecho, el hombre sin Dios podrá tener posesiones, éxitos, fama, prestigio y hasta mucho poder. Pero lo que jamás podrá poseer, ya que para esto no puede utilizar nada de lo que aparentemente le sobra, es paz. Sólo Dios proporciona una paz que no es como el mundo la da.

(Verso 10) = Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

(11) Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.

(12) Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron  antes de vosotros.

Ha sido enseñado, dicho y predicado que la salvación es por gracia, que es como decir por un favor especial de Dios; que no puede accederse a ella por medio de ningún esfuerzo o mérito humano alguno; que no puede comprarse ni rentarse, y que no se necesita hacer ningún sacrificio para obtenerla. Dios desea salvarte, tú aceptas ese su deseo y punto; eres salvo.

Claro está que eso no es el final de la historia, sino el principio. Porque así como no somos salvos por causa de o por mérito en, así también debo aclarar que sí somos salvos para. Y ese para tiene muchas acepciones, pero la principal es: para ingresar al Reino de los Cielos.

Porque al Reino de Dios no se accede ni por decreto ni por gracia, sino por el pago de un precio que no es material y que, en muchos casos, incluye vituperios, persecuciones, mentiras y maldades por causa de la justicia y del Señor. Cuidado: no por causa de ser o pertenecer a una organización religiosa o eclesiástica, no te confundas: por ser y pertenecer a Jesucristo, que si bien debería ser la misma cosa, todos sabemos que lamentablemente no siempre lo es.

La actitud ante cualquiera de estas vertientes de Sufrimiento, es el gozo y la alegría, que es una prueba evidente de la presencia de Cristo. Sufrir por la causa es la más alta satisfacción del ser humano, pues está compartiendo la experiencia de Cristo y los apóstoles.

Claro está que eso no significa que debamos andar por la vida buscando sufrir. Lo que significa es que, en medio de una vida tranquila y en paz, si en algún momento llega la tribulación que conlleva sufrimiento, allí es donde se abren las ventanillas para recibir el pago por el ingreso al Reino.

Estas son, de alguna manera, las condiciones básicas requeridas para ser gente de Reino. No obstante, esto no termina aquí, ya que pertenecer al Reino va mucho más allá de ser una buena persona, también tiene que ver con la influencia que como tales podamos ejercer en el marco del medio ambiente en el cual vivimos. De eso vamos a hablar en los próximos textos.

(Verso 13) = Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿Con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.

No voy a cometer la torpeza de pretender ser original o añadir algo nuevo a lo mucho que ya se ha dicho, enseñado y predicado respecto a la sal. Lo cierto es que la sal preserva y da sabor a la comida; también simboliza la pureza; asimismo sirve para limpiar, sanar, mantener el calor y producir sed.

La sal de alguna manera es, a la comida, exactamente lo mismo que nosotros somos a la vida. ¿O debería decir que deberíamos ser a la vida? Tanto la sal como la luz, a la que veremos a continuación, simplemente salvan por contacto. Pierden su integridad al integrarse.

(Verso 14) = Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.

(15) Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.

(16) Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

Hay, indudablemente, dos reinos muy manifiestos en la tierra. El reino de la luz, que es al que nosotros pertenecemos, o al menos deberíamos pertenecer, y el reino de las tinieblas. Cuando tú vives conforme al propósito y la voluntad de Dios, vives en el reino de la luz y nadie puede tocarte. Cuando haces algo indebido, pasas automáticamente al reino de las tinieblas y, allí sí, quedas expuesto a cualquier ataque diabólico.

La luz es la que ilumina, o quita las tinieblas, es la que guía, o indica el camino a seguir, descubre y también advierte los peligros. Es un verdadero signo de vida. Dios es luz y nosotros somos luz y sal; no nuestras ideas, nuestras opiniones y mucho menos nuestras doctrinas. Hay sólo dos reinos en este mundo y nosotros representamos al de la luz.

La luz, entonces, de ninguna manera debe esconderse, ni tampoco apagarse, ni mucho menos encandilar. Esto quiere decir que no debe haber secreto en nuestro discipulado, porque el uno excluye al otro. Andar en luz implica olvidar toda hipocresía, simulación o fingimiento. Ser transparente y genuino. Por eso, a renglón seguido, Él da a conocer lo que hoy llamaríamos como las Leyes del Reino.

(Mateo 5: 17) = No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.

(18) Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.

(19) De manea que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; más cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.

(20) Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Cristo aclara a quien quiera oírlo que él no vino a anular la ley, sino a darle su cabal y completo cumplimiento. También estableció que la ley es inmutable, perfecta y se cumplirá. ¡Todo lo que Dios dice se cumplirá! La justicia del Reino muestra la importancia de vivir y de ese modo enseñar los mandatos del Señor. La justicia del Reino es superior a la de la religión. Sólo viviendo dentro de ella se cumple en plenitud la ley del Señor.

Ahora bien; teniendo en cuenta todas estas cosas, ahora vamos a tocar otro punto que tiene que ver no ya con la solidez espiritual de los miembros del Reino sino de sus conductas personales. Su Actitud ante la vida y los problemas serán las que los harán diferentes al resto y aptos para acompañar a otros a su ingreso. En primer lugar, vamos a referirnos a algo muy cotidiano en muchísima gente: El Enojo.

(Verso 21) = Oísteis que fue dicho a los antiguos: no matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio.

(22) Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga necio a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego.

(23) Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, (24) deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.

(25) Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil.

(26) De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.

Aquí comienza una serie de seis comparaciones entre la justicia legal, la que vemos todos los días en nuestra tierra, donde qui9era que la habitemos, y la Justicia del Reino. Oísteis que fue dicho, pero yo os digo. La ley condena el homicidio, pero Cristo enseña que en el Reino, el enojo y el desprecio al hermano (Hermano genuino, auténtico, verdadero, no a un señor que concurre a la misma iglesia que asistes tú. Porque a veces eso es la misma cosa, pero a veces no), también es homicidio.

Cristo juzga al interior, las intenciones, pues de allí surgen los malos actos. Pero no queda allí, sino que profundiza aún más usando un acto de culto, dice que si el hermano (Otra vez el genuino, tenga o no tenga razón), tiene algo en contra de uno, debemos arreglar primero la relación con él y luego dar culto al Señor. Y termina con un ejemplo de la época: problemas entre judíos y romanos.

La cruz nos está enseñando algo vital. La relación del cristiano debe ser perfecta, tanto vertical, (Esto es, con Dios), como horizontalmente, (Con todos los que tenemos la misma fe aquí). Porque no se puede estar bien con el Señor y mal con los que creen en Él de la misma manera en que creemos nosotros. Y lo especifiqué así para evitar confusiones. No todo el que nombra a Dios, cree en tu mismo Dios, seguro. El odio en el corazón destruye la adoración. El enojo no debe existir y menos durar, lo cual lo convertiría en rencor.

(Efesios 4: 26) = Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, (27) ni deis lugar al diablo.

Y aquí vamos a caer en un asunto que no se circunscribe, (Aunque muchos todavía deseen y hasta logren hacerlo), al mundo incrédulo, secular y pecador: el adulterio. ¿Nadie reconocerá que uno de los cánceres que socavan iglesias casi monolíticas a partir de tremendas caídas de sus prominentes líderes, ha sido este pecado?

(Verso 27) = Oíste que fue dicho: no cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.

(29) Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti, pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.

(30) Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.

Veamos: la justicia legal requiere que no haya relaciones fuera del matrimonio. Esa es la justicia de los hombres, apta y válida para entablar juicios o demandas. Pero Cristo enseña que desear simplemente a una mujer, (O viceversa, claro está, aunque nunca se diga), y dar rienda suelta al pensamiento erótico, ya es adulterio.

Aquí vemos algo asombroso para nuestros días; la justicia que corta. Porque según una interpretación, para Dios vale más la integridad espiritual que la física. Esta es la verdadera escala divina de valores. El pensamiento impuro conduce a la vida inmoral.

La otra interpretación, a la cual por principios y certeza interior adhiero, es que cuando el ojo, (Esto es la visión) adultera, debe ser sacado, porque para Dios es preferible separar a una sola persona que tener que descartar a todo un grupo por causa de una visión adulterada. Y lo mismo para las manos, que siempre simbolizan autoridad.

Muy bien; y si el tema del adulterio es espinoso y de permanente controversia eclesiástica, ni quieras imaginarte lo que representa el que le sigue: el divorcio. ¿Conoces algún lugar en donde a mucha gente que por diversas causas de las cuales, en casos, ni por asomo es ni responsable ni culpable, se haya divorciado, que haya sido tan presionada, injuriada y hasta agredida? ¡En la iglesia! Y todo a favor de escrituras que no siempre dijeron lo que dijeron que dijeron.

(Verso 31) = También fue dicho: cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio.

(32) Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comerte adulterio.

La justicia legal permite divorciarse por causas ínfimas. Pero Cristo enseña que el divorcio forma adulterios. Allí comienza la nefasta rueda de separaciones y uniones ilegales que tanto dañan al hombre y hacen venir al mundo a tantos niños desgraciados.

Sin embargo, esta es una parte, un costado, una campana que suena en un sonido singular y particular. Pero también está la otra, la que muestra que los hijos de matrimonios desavenidos o sacudidos violentamente por adulterios o fornicaciones, son tan o más desgraciados que los otros.

Y el caso es que en este mandato de Jesús, hay una sola excepción que él se preocupa de dejar en evidencia, y que de alguna manera sí estaría permitiendo el divorcio, y es cuando uno de los dos cónyuges, (O ambos) han fornicado, lo que significa adulterio.

El texto clásico y tradicional de que “lo que Dios unió no lo separe el hombre” fue y sigue siendo válido, pero sólo para los creyentes auténticos, hijos de Dios genuinos, miembros del Reino de Dios. Porque cuando dos integrantes de este sector de la población se unen, allí sí está Dios respaldando esa unión.

Pero no podemos seguir cometiendo el tremendo error de suponer que, por el simple hecho de haber pasado por una oficina y firmado un documento, dos personas que en muchos casos ni siquiera son creyentes, han sido unidas por Dios. En muchos ambientes nuestros se ha interpretado así y lo respeto, pero no me pidan que lo comparta; los hechos en todo caso me dan la razón.

Los hijos de Dios genuinos no necesitan la palabra escrita en la Biblia para no divorciarse. No lo harán porque, si actuaron como Dios manda, habrán orado antes y durante el noviazgo, de modo que cuando llegan al matrimonio, tienen la certeza que Dios está respaldando esa unión. Y allí sí, lo que Dios une, no lo separará el hombre.

Y en cuanto al nuevo matrimonio, consecuente a un divorcio, quiero recordarte que Dios estaba desposado con Israel, a la cual amaba. Pero un día ella fornicó con dioses extraños, entonces Dios la repudió, que traducido significa divorció. Hoy, la iglesia espera el día en que se producirán las bodas del Cordero, cuando Cristo esperará a la novia sin mancha y sin arruga, que es la iglesia, para volver a casarse. Esto, claro está, no avala absolutamente nada, pero tampoco condena nada porque sí.

(Verso 33) = Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: no perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos.

(34) Pero yo os digo: no juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; (35) ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey.

(36) Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello.

(37) Pero sea vuestro hablar: sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.

Aquí llegamos un terreno que, sin tener los vaivenes de lo recién mencionado, no resulta menos espinoso: los juramentos. Aquí también la justicia legal requiere no jurar (Meno repetir el juramento), pero cristo requiere que todo ciudadano de su Reino cumpla su palabra; que sea veraz. Por tanto, no debe jurar. Su hablar debe ser verdadero, no exagerado y de una sola palabra.

Claro está que el verdadero cristiano no necesita jurar para que se confíe en su palabra. Los juramentos brotan del pecado y señalan la desconfianza e inseguridad. En ellos hay condenación dice Santiago. De hecho, en Argentina las autoridades máximas, cuando asumen sus mandatos, suelen efectuar juramentos de estilo.

Si bien ahora las cosas han cambiado mucho, y existen por lo menos tres fórmulas que se aplican a funcionarios creyentes, no creyentes o judíos, cuando los que dicen ser cristianos juran, lo hacen colocando su mano derecha sobre una Biblia, y declaran que si no cumplen sus compromisos, “Que Dios y la Patria se lo demanden”. La Patria, como tal, suele demandar bastante poco a los corruptos, pero no sabemos cómo les irá con ese Dios por el cual han jurado. No quisiera estar en sus pellejos.

(Verso 38) = Oísteis que fue dicho: ojo por ojo, y diente por diente.

(39) Pero yo os digo: no resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; (40) y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; (41) y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos.

(42) Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.

No podemos decir que la justicia humana autoriza la venganza, pero por lo menos, sí la reconoce, la entiende y, llegado el caso, hasta la comprende. Y esto, en muchos casos se ha utilizado como atenuante para delitos graves. Sin embargo, Cristo no sólo la condena, sino que enseña a no resistir al malo. Con cinco ejemplos muy claros, nos muestra cuales deben ser nuestras reacciones.

Las Injurias Personales: dice que debemos poner la otra mejilla en lugar de devolver mal por mal. ¿Eso quiere decir que podemos ser pisoteados por cualquiera? No, porque si tú te cubres y haces guerra espiritual como sabes y con las armas que tienes, sólo serás herido en esa mejilla cuando Dios lo permita por las razones que Él seguramente juzgará como válidas.

Los Casos ante Los Tribunales: Él consigna que no solamente no debemos ir a juicio, sino que tenemos que dar más de lo que se nos demanda. Ahora bien; ¿Cuándo se nos demandará algo? Cuando debemos algo, de otro modo nadie nos va a demandar por lo que no debemos.

Las Demandas Civiles o Militares: No solamente no debemos replicar a esa demandas, o protestar ácidamente en contra de ellas, sino que, una vez que hemos comprobado que lo que se nos demanda es correcto, aunque no nos agrade, deberemos entregarlo, y aún más si nos fuera posible. Eso jamás será entendido en este sistema, pero hará tesoros en el cielo.

Las Súplicas y Peticiones: Dice que debemos darle a quien nos pida, sin pedir informes ni demorarlo exprofeso. Esto es válido si te cubres debidamente en oración. Cada mañana al levantarte, ora declarando que sólo tocarán a tu puerta aquellos que verdaderamente necesitan ayuda. Y así será. Luego, será tu responsabilidad cumplir con este mandato con esa gente a la cual Dios les ha permitido que lleguen a tu casa.

De todos modos, y como parte activa y hasta con cierto grado de humor con el que debes moverte con el fin de no ser esquilmado por los que construyen organizaciones de mendicidad, llévate por ese viejo refrán popular que dice: “Al que te pide un pescado, dáselo, pero luego enséñale a pescar”.

Los Préstamos: En cuanto a dar algo en préstamo, tu actitud deberá ser la misma que con la mendicidad. Orar cada día declarando que sólo vendrá a pedirte algo prestado aquel que verdaderamente lo necesita y no el que pretenda usar tu bondad para su beneficio personal.

En cuanto al pedido de préstamos, hay toda una onda que enseña que los cristianos no deben pedir préstamos. Y aunque personalmente la comparta, eso es privado y no cabe como enseñanza global. Un cristiano sólo tomará préstamos, (Bancarios, de financieras o privados), si necesita ese préstamo para algo vital: vivienda, salud, alimentación, educación). No es recomendable pedir prestado para placeres.

(Verso 43) = Oísteis que fue dicho: amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo.

(44) Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen.

(45) Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.

(46) Porque si amáis a los que os aman, ¿Qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos?

(47) Y si aludáis a vuestros hermanos solamente, ¿Qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles?

(48) Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

La justicia legal o humana requiere formalmente Amor al prójimo y desinterés por el enemigo, que es como decir tenerlo en menos. Pero Cristo dice que debemos amar a nuestros enemigos, bendecir a quienes nos maldicen, hacer bien a quienes nos aborrecen, y orar por los que nos ultrajan y persiguen.

No es un amor que espera ser retribuido, sino que es desinteresado, y cuando es rechazado… ¡Sigue amando! Esta es la prueba de que somos hijos de Dios. Nuestra justicia debe sobrepasar la de los hombres. Cristo establece la ley positiva del amor y del perdón. Y es este amor triunfante que conduce a la madurez espiritual.

El señor concluye mandando que seamos perfectos como Dios. Esto es, estar completos e íntegros en Él. Es sólo el amor de Cristo manifestado por nosotros a todos que llegamos a este estado. Ser perfectos, recuerda, es ser maduros. ¿Cómo Dios? Sí, lo que no significa igual, sino en su misma esencia. Y a todo esto lo podremos ver puesto por obra en las Prácticas.

(Mateo 6: 1) = Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos  de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos.

Aquí pasamos a considerar los motivos del ciudadano del Reino en su vida espiritual. Sucede muchas veces que hay Hipocresía en la vida de relación con el Señor, haciendo algo bueno con motivos erróneos. Para esto, el señor nos introduce con el primer versículo mandando que nos guardemos de los actos o expresiones externas de la relación con Dios. Estas deben ser sinceras, pues de otra manera no tienen valor alguno en la presencia de Dios. Si hacemos lo bueno para ser vistos, el premio lo tendremos del hombre, y no de Dios.

Uno de los dilemas que preocupan en muchas ocasiones a los creyentes, es el que tiene que ver con dar, con su generosidad o desprendimiento. Es tanto lo que se ha hablado, predicado y hasta manipulado al respecto, que nadie acierta demasiado bien a definir qué es diezmo, qué es ofrenda y qué es Limosna. Hay textos claros al respecto. El siguiente es uno de ellos.

(Verso 2) = Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.

(3) Más cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, (4) para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

Respecto a la limosna, que no tiene absolutamente nada que ver con el diezmo y la ofrenda, salvo en lo concerniente a la generosidad y al desprendimiento de lo material, el verdadero motivo es ayudar al necesitado y no engrandecer en modo alguno al dador, como lo hacen los falsos, que aquí llaman hipócritas. La justicia del reino pide humanamente un imposible, y esto es que, al ayudar, no sepa una mano lo que hace la otra.

Y llegamos a uno de los puntos más neurálgicos de este texto que nos introduce al Reino: La Oración. Si no fuera lo importante que es, indudablemente sería aparentemente, y sólo aparentemente, una expresión menor. Sin embargo, y ahora lo comprobarás, la oración es clave para ser y considerarse gente de Reino.

(Verso 5) = Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.

(6) Más tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

(7) Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos.

(8) No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.

(9) Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.

(10) Venta tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

(11) El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.

(12) Y Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.

(13) Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

(14) Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; (15) más si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

Escucha: el verdadero motivo de la oración es acercarse a Dios y no aparentar ser súper espirituales, lo que equivale a decir hipócritas. La oración debe ser sincera. Sin condenar la oración en público, aquí se aconseja la oración, que es una charla, un diálogo, y de ninguna manera un monólogo, debería tener lugar en privado.

Al orar, debe evitarse la palabrería y las vanas repeticiones, (Esto tiene que ver con la tradición judaica, pero es vigente todavía para aquellos que entre palabra y palabra, repiten un monótono “señor” que llega a quedar sin fuerza precisamente por eso, la repetición), pues es comunión con Cristo y no esfuerzo humano.

Cristo dice algo fundamental: ¡Dios sabe lo que necesitamos mucho antes de que se lo pidamos! ¿Y entonces para qué debo orar y si Dios ya sabe lo que necesito? Porque es un mandato, nos ayuda, al Padre le agrada escuchar la voz de sus hijos y, esencialmente, porque al hablar desatamos el pode4r de Dios mediante la palabra dicha.

Y luego pasa, como ya se debe haber dicho y enseñado miles de veces, lo que todavía denominamos como “oración modelo”. Y si bien es hermoso y proporciona bendición recitarla, Él desea que captemos el espíritu de la oración y que nuestra fe esté puesta en Dios y no casi cabalísticamente en la oración. Sucede algo similar con el paso siguiente, que es El Ayuno.

(Verso 16) = Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.

(17) Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, (18) para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

El verdadero motivo del ayuno es la comunión más íntima con Dios y no la apariencia de un mero acto superficial. La justicia del Reino nos pide aún más: que nos arreglemos y no mostremos por el aspecto físico que ayunamos. Es un asunto privado entre tú y Dios, no tiene injerencia la gente.

Algunos motivos de ayuno son: para la salud, disciplina, evitar esclavitud de costumbres, ayudar a apreciar lo que Dios nos da, etc. De ninguna manera podemos establecer un ayuno para “presionar” a Dios a que haga lo que deseamos que haga. Eso jamás funcionará simplemente porque toda manipulación, siempre será hechicería.

Muy bien; ahora le toca el turno a las cosas aparentemente materiales. ¿Quién no recuerda las antiguas películas de piratas del Caribe? Sin ser demasiado adultos, creo que en mayor o menor medida todos tienen alguna idea respecto a la idiosincrasia de aquellos bandidos que se movían en barcos y arrasaban con cuanta riqueza encontraban como método de vida. Sin embargo, si algo nos quedó a todos como una irresuelta fantasía vinculada con aquellos románticos piratas, ese algo que lo relativo a los tesoros que ellos enterraban en paradisíacas islas para luego venir a buscarlos o, simplemente, dejar un mapa para que otros se pelearan por ellos. De allí surge la pregunta: ¿Qué tesoro debería esperar encontrar un cristiano de Reino?

(Verso 19) = No hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; (20) sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan.

(21) Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Cristo manda a que hagamos tesoros en el cielo. Los tesoros terrenales tienen tres peligros: la polilla, que en realidad significa la ruina, el orín, que en verdad es la corrupción y los ladrones, que tal como su nombre lo indica significa el robo. Hacemos tesoros en el cielo cuando usamos nuestros recursos materiales para bien de nuestros semejantes.

Cristo da varias razones de por qué debemos hacer tesoros en el cielo. En primer lugar, porque los tesoros terrenales, incluidos los monumentales de aquellos viejos piratas, son pasajeros. En segundo término, porque los tesoros terminan por robar los corazones a los hombres, en tercer término, porque nublan la visión y en último, porque es imposible servir a Dios y al dinero al mismo tiempo.

(Verso 22) = La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; (23) pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas, Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿Cuántas no serán las mismas tinieblas?

Escuché en una ocasión a un viejo pastor decir algo con mucho humor pero con bastante verdad también. Él dijo que por una cuestión casi automática, donde se mezclan la cultura, el machismo, la idiosincrasia masculina y la natural atracción heterosexual, cuando pasa por la calle una mujer bonita, mirarla es casi un acto reflejo en cualquier hombre, creyente o no.

El problema está en la segunda mirada, la que se produce luego que el Espíritu Santo le dio el alerta correspondiente a ese hermano. Porque una primera mirada, quizás se produzca antes que la persona tome conciencia, pero la segunda ya está pensada, imaginada y decidida. De eso se habla cuando se menciona a La Pureza de la Mirada.

(Verso 24) = Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.

Leyendo esto caemos en la cuenta que, en algún momento, en alguna instancia, debemos definir claramente cuáles son los valores supremos en nuestra vida. ¿Son materiales o son espirituales? Está más que claro: no podemos tener ambos. No se puede servir a dos señores.

Es más, ¡No se puede ser esclavos de dos amos! Dios no desea tener como parte de Su esposa, la Iglesia, adúlteros espirituales. Debemos servir al Señor, quien es Señor también del dinero. Y recién cuando lo hagamos, todo lo demás nos será añadido. Esto tiene mucho que ver, asimismo, con La Pureza en el Servicio.

(Verso 25) = Por tanto os digo: no os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?

(26) Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?

(27) ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?

(28) Y por el vestido, ¿Por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; (29) pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos.

(30) Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿No hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?

(31) No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?

(32) Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.

(33) Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

(34) Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

Convengamos algo: la vida es dada y sostenida por Dios. Por tanto, no debemos preocuparnos por la comida, la bebida o el vestido. La vida requiere trabajo y no ansiedad. Jesús pone un ejemplo muy claro: las aves, (En su ambiente natural nunca se mueren de hambre). ¡Y nosotros valemos mucho más que ellas!

La Ansiedad es decidida y definitivamente inútil. Nadie puede crecer por afanarse. El amor de Dios a la creación se multiplica para con nosotros. No debemos, por tanto, preocuparnos por el vestido. Aquí pone otro ejemplo claro: los lirios del campo con su belleza inigualable.

La ansiedad es falta de fe. No debemos desconfiar en lo que respecta a nuestras necesidades. La ansiedad es propia de los paganos. El Padre sabe qué cosa necesitamos. ¡Qué ridícula es, con esta luz, la ansiedad! Es un arma diabólica, tal como el propio Pedro lo dice en 1 Pedro 5:7.

La solución del problema es buscar primero el reino de Dios y su justicia, luego Dios agregará lo que necesitemos. Como se suele decir en las zonas rurales, no crucemos el puente antes de llegar al río y confiemos en Cristo día tras día, pues cada día tiene su propio afán, que es como decir su propio mal. Luego, lo que viene, son palabras que tienen que ver con  lo que yo denominaría como la Evidencia del Reino.

(Mateo 7: 1) = No juzguéis, para que no seáis juzgados.

(2) Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.

(3) ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?

(4) ¿O cómo dirás a tu hermano: déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo?

(5) ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.

Te hablé de la evidencia, porque aquí encontramos una ley muy importante en el Reino. ¡Y también recíproca! Si juzgamos, seremos juzgados. Cristo manda enfáticamente a no juzgar. No condena el juicio de opinión, sino el juicio crítico y condenatorio. Tal como juzguemos seremos juzgados. Esta es una medida inescapable de cada ciudadano del Reino.

Debemos confesar y pedir al Señor que nos libre del “ojo crítico”. En una hoja grande y blanca, donde hay un pequeño punto negro, siempre estamos a ver precisamente ese pequeño punto, en lugar de mirar la amplitud y la inmaculada blancura del resto de la hoja, ¿Se entiende?

(Verso 6) = No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.

Es indudable que este pequeño pero al mismo tiempo tremendo texto, nos está hablando de La Sabiduría. Cristo nos manda a ser sabios en nuestros testimonios y a compartir de lo de Dios con otros. No debemos juzga r si alguien sea digno o no de escuchar, eso es pecado.

Todos deben oír el mensaje de salvación, pero no debemos compartir lo santo, (Esas son las perlas, las cosas más santas del Señor), con quienes las pisoteen. Hay revelaciones del Señor que no son para compartir con cualquiera. Necesitamos la sabiduría y la guía del Espíritu en discernimiento para comunicarlas a los que son genuinos y espirituales y han alcanzado madurez.

(Verso 7) = Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.

(8) Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.

(9) ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra?

(10) ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente?

(11) Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿Cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que se las pidan?

Aquí el Señor nos enseña una nueva ley recíproca en su Reino: Pedir, Buscar y Llamar. Esto es diferente. Tanto la actitud humana como la respuesta divina son positivas. Todo el ser está involucrado y la promesa del Señor es maravillosa. El ejemplo humano de fidelidad acrecienta nuestra seguridad y fe en Él. Y esto, lo entiendas o no, lo termines de aceptar o no, da lugar a lo que yo llamaría La Regla de Oro.

(Verso 12) = Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.

Creo que no vale la pena reiterar un concepto que es más que claro. Cristo enseña la que es una nueva ley recíproca hasta allí no conocida: que debemos hacer con los demás absolutamente todo lo que queremos recibir de ellos. En esto consiste el Antiguo Testamento en lo que respecta a la relación con el prójimo. Un prójimo que forma parte o no de ese Reino en el cual hemos sido llamados a militar, y que como toda jurisdicción, tendrá Una Puerta y Un Camino a seguir.

(Verso 13) = Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; (14) porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que lo hallan.

Lo que sucede aquí es que el Señor nos manda andar en el camino angosto, difícil y afligido: el camino de la cruz. Contrariamente a lo que por años  se ha creído y enseñado, el camino de la cruz no es una especie de auto flagelación o un buscar el sufrimiento a toda cosa, no; eso se llama masoquismo y nada tiene que ver con el Reino de Dios. El camino de la cruz es por donde van los menos, donde no hay aplausos, ni fama ni tampoco es fácil la vida. Sin embargo, algo tiene de positivo: ¡Allí está Cristo!

(Verso 15) = Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.

(16) Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?

(17) Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.

(18) No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.

(19) Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.

(20) Así que, por sus frutos los conoceréis.

Está hablando de Los Falsos Profetas, que es como decir que también esto puede incluir a los apóstoles, evangelistas, pastores y maestros. Un falso ministro es cualquiera que dice mentiras y no habla de parte de Dios, sino que no vive la Palabra.

No podemos dejarnos guiar por las apariencias, sino que debemos discernir los espíritus de las personas. Tales personas son generalmente árboles malos, por lo cual sus frutos también serán malos. El fruto de un genuino no es muchedumbres, éxitos o aplausos, sino discipulado viviente, carácter de Cristo manifestado y obras en consecuencia.

(Verso 21) = No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

(22) Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿No profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?

(23) Y entonces les declararé: nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.

Y aquí llegamos a una instancia clave dentro del evangelio. Tan clave como que es la diferencia entre la vida y la muerte a nivel espiritual o la salvación y la perdición, que es La No Simulación. Aquí Cristo llega a la piedra de toque del cristiano. Si la sujeción a Él es sólo de palabra, esa persona es un religioso y su fin es el infierno.

Si Cristo es el Señor de tu vida, debes hacer su voluntad. Muchos usando el nombre del Señor, pero sin hacer su voluntad, profetizan, echan fuera demonios y hacen milagros, tú los has visto. En ellos Dios está respaldando su Palabra y no sus vidas. Por eso, no interesa tanto si Dios te usa, lo que importa realmente es si Dios te aprueba.

No nos confundamos. Podemos hacer cosas en el nombre del Señor, pero si no vivimos como Él quiere, aunque haya buenos resultados, seremos condenados. Para Dios es más importante lo que somos que lo hacemos o tenemos.

(Verso 24) = Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.

(25) Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.

Aquí se nos está mostrando lo que es básico en cualquier construcción que se merezca ser llamada así: Un Cimiento Firme. La evidencia final de un evangelio de demandas es la vida eterna. Quien oye la palabra y la pone en práctica es comparado a un hombre prudente que edificó sobre la roca. ¿Cuántos saben que Cristo es la Roca? Y cuántos entienden que edificados sobre esa roca es el único modo de no caer jamás?

(Verso 26) = Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; (27) y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa, y cayó, y fue grande su ruina.

Aquí tenemos la contrapartida a lo anterior, El Cimiento Endeble. Primera visión: la arena es todo lo que no es Cristo: moralidad, obras de caridad, buena filosofía, religión, etc. Al venir pruebas y dificultades diversas, esa vida no afirmada en Cristo cayó y fue grande su ruina.

Segunda visión: Edificar sobre la Roca, es hacerlo sobre los fundamentos de Cristo, que es la Roca. Si llegaras a edificar sobre la tierra, estarías sustentándote en la carne, en el humanismo. Y si edificas sobre arena, debes tener en cuenta que la arena son pequeñas partículas de roca mezcladas con tierra. Es decir: un poquito de Cristo y un poquito de carne.

Todos los hombres están edificando. Todos tienen el privilegio de elegir los cimientos. Todos los cimientos serán probados por las tempestades de la vida. Todas las palabras de Cristo proporcionan el único cimiento seguro para el tiempo y la eternidad.

(Verso 28) = Cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; (29) porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.

La palabra es inigualable e insuperable y causa admiración. Es Cristo que causa admiración. Su doctrina no sólo habla del conocimiento y la opinión, sino de vida. Dice que la gente se admiraba de su autoridad, porque esta provenía de Dios. Vivamos de tal manera que causemos impacto, para que el mundo glorifique a Cristo en nosotros y para que día a día sea realidad en cada uno lo que podemos entender en su conjunto como El Sermón del Monte.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Como Árboles Plantados Junto al Río

Convengamos en algo que nos nuclea y unifica: estos que estamos viviendo no son, precisamente, tiempos sencillos de sobrellevar. Está bien; no sufrimos persecuciones como nuestros ancestros, ni martirios crueles. Podemos ejercitar nuestra fe cómo mejor nos parezca, pero las vicisitudes del pueblo santo pasan por otro plano.

Y, como no podría ser de otro modo conforme a nuestra naturaleza demasiado carnal, acudimos a soluciones de todos los colores y procedencias, mientras dejamos para el final, o para nunca, la única solución que siempre tuvimos al alcance de nuestra mano: la bendita palabra de Dios.

(Salmo 1: 1) = Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; (2) sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche.

(3) Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.

(4) No así los malos, que son como tamo que arrebata el viento.

(5) Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio, ni los pecadores en la congregación de los justos.

(6) Porque Jehová conoce el camino de los justos; más la senda de los malos perecerá.

Todos, sin excepción, hemos sido afectados por la crisis económica, moral y social por la que de una u otra manera, en mayor o menor medida, con unos u otros matices regionales, está atravesando el mundo en este tiempo.

La condición de nuestros pueblos, de por sí necesitada en esta parte de Latinoamérica, ha empeorado como consecuencia del alza de los precios en todas las categorías de consumo, de las guerras internas, del abuso de los recursos naturales, del gasto superfluo de gobiernos incompetentes y voraces y, sobre todo, de la avaricia, el odio, los celos, la discordia y la envidia de los hombres sin Dios. Todos estos y muchos otros factores de tipo moral, han contribuido a llevarnos a la situación en que nos encontramos.

No podemos separar el aspecto moral de su conclusión lógica en el área material. El pecado sigue siendo la raíz de todos los males del hombre y la respuesta de Dios es invariablemente la misma: un retorno a su ley y a sus caminos. El tema principal del Salmo 1 es precisamente la ley del Señor y lo que él hace en el hombre que la guarda y se aparta del consejo de los malos.

La ley de Dios no es la imposición arbitraria de un ser supremo celoso y amargado que no quiere que sus criaturas prosperen. No está diseñada para sofocar la expresión libre de los hombres. Todo lo contrario, el mandamiento divino es la única manera que tenemos para desarrollar nuestro potencial pleno como seres humanos y alcanzar así la felicidad.

La mentira de Satanás sigue siendo la misma que usó cuando engañó a la primera pareja en el huerto: “Dios no quiere 1ue sean como él y por eso les ha dado su mandamiento. Ustedes mismos pueden decidir lo que es bueno y lo que es malo. No hacen falta sus reglas para lograr lo que se propongan.”

De esa manera los hizo dudar de la palabra de Dios y los tentó para que desobedecieran a él y tuvieran poder sobre todo lo creado. Nada les había negado. Sólo un requisito les puso para que mantuvieran su bendición: confiar en que las decisiones que había hecho para ellos, eran las únicas que los conducirían a alcanzar su crecimiento a la imagen y semejanza de su Creador. Pero Adán desobedeció el mandamiento del Señor y los resultados funestos no se hicieron esperar.

Ahora el Espíritu de Dios se mueve de nuevo sobre el caos y dice: “Feliz el hombre que pone su amor en la ley del Señor.” Es casi una súplica de parte de Dios. El hombre sigue ejerciendo su poder de elección. Si responde al ruego y a la convicción del Espíritu Santo, encontrará la fuente inagotable de la vida que mana desde el corazón de Dios.

El salmista compara esta relación con un “árbol plantado a la orilla de un río.” La figura habla de abundancia de agua para satisfacer todas sus necesidades. Alrededor suyo podrá haber sequedad y escasez, pero a él nunca le faltará. Su follaje estará siempre verde y frondoso y su fruto vendrá sin demora, y en su tiempo.

Jesús reafirma la intención del padre cuando dice en Juan 10:10: Yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia. El secreto de la abundancia no depende de las circunstancias. La condición para que le vaya bien no radica en los buenos tiempos, ni en que todos los factores de las teorías económicas se alineen según el razonamiento humano. Si quieres que todo lo que hagas te salga bien, ocúpate de cumplir con la voluntad de Dios y en descubrir y obedecer Su consejo.

Hay hombres que no tienen que ser expertos para alcanzar el éxito en lo que se involucran. Prosperan en todo, no importa lo que sea que hagan. Dios no hace diferencia entre una persona y otra, y, sin embargo, es obvio que su bendición alcanza a unos y a otros no.

Dice Génesis 6:8 que El Señor miraba a Noé con buenos ojos, pero al resto de los hombres los quería borrar de la tierra. Escogió a Abraham de entre todos los seres del mundo, se le apareció y le prometió ser su protector, darle una recompensa muy grande y hacerlo el padre de muchas naciones.

José, Moisés y David recibieron también el favor de Dios. Hay algo que todos ellos tenían en común y que tendremos que aprender nosotros para que la gracia y la bendición de Dios abunden en nuestras vidas. De Noé, las Escrituras dicen que era un hombre bueno que siempre obedecía a Dios, y que vivía de acuerdo con su voluntad. Cuando Dios le dio la tarea específica de construir una barca, Noé hizo todo tal como el Señor se lo había ordenado.

Esa sentencia crece en admiración si se piensa que la embarcación medía aproximadamente ciento treinta y siete metros de largo, veintidós de ancho y trece de alto, y que para terminarla necesitó la friolera de cien años. Abraham creó al señor; José guardó su fidelidad a Dios viviendo de acuerdo a su consejo bajo grandes presiones; Moisés también hizo todo tal como el Señor se lo había ordenado; y David mantuvo siempre su corazón dispuesto a cumplir la ley de Dios.

Nos conviene descubrir los caminos y el consejo de Dios. Tal vez algunos creerán que eso signifique memorizar más versículos de la Biblia. Pero podríamos conocer muy bien las Escrituras, hablar de ellas, predicarlas y discutirlas y todavía no conocer los caminos de Dios.

Que nadie deje de leer y estudiar la Biblia; todos necesitamos saber más de lo que dice, pero de nada nos servirá si no afecta nuestra manera de vivir. El peligro en conocer las Escrituras únicamente en forma intelectual, es que mata. Lo que produce vida es la obediencia al mandamiento del Señor. Jesús mismo lo dijo a los judíos lo que leemos en Juan 8:51: Les aseguro que quien hace caso de mi palabra, no morirá.

Los caminos del señor son su manera de ser y hacer las cosas. En ellos crecemos y prosperamos. Fuera de ellos, la vida que él ha puesto dentro crece desenfrenadamente. La Biblia descubre y establece la voluntad de Dios, pero es el Espíritu que conoce y nos guía en sus caminos.

Los mandamientos y la ley son la ruta trazada de antemano. Sus caminos se conocen únicamente cuando entramos en ellos obedeciendo la dirección del Espíritu Santo. Así que es posible conocerlos bíblicamente con nuestra inteligencia, pero ignorarlos totalmente en la realidad que representa nuestra relación personal con Dios.

Ese trato personal con nuestro Dios es lo que produce ese elemento imprescindible de la fe y la confianza que su palabra nos da. La Biblia en sí, como obra del instrumento humano y nada más, no puede producir la fe necesaria para obedecer el mandamiento de Dios.

Abraham y los patriarcas creyeron al Señor y conocían su camino antes que la Biblia fuese escrita. Si la fe se adquiere oyendo la palabra de Dios, entonces nosotros, al igual que ellos, tendremos que oír la voz del Señor hablando a nuestros espíritus. Y esto pudiera suceder mientras estemos leyendo la Biblia, oyendo la predicación de uno d esus ministros, en oración directa con él, o por medio de las circunstancias de la vida.

Nada de lo que se ha mencionado puede restarle su importancia a las Escrituras. La Biblia sigue siendo el “manual de instrucciones para el cristiano” y el instrumento esencial en el trato de Dios con los humanos. En ella encontramos al Dios revelado. Allí está todo lo que necesitamos conocer de nuestro Señor en nuestra trayectoria por esta vida.

Aunque Dios es infinito e incomprensible u eso signifique que no haya nadie que lo pueda contener, sin embargo, las Escrituras por ser divinamente inspiradas, son capaces de revelarnos los misterios de su ser y de sus obras. Dice 2 Timoteo 3:16: Toda Escritura está inspirada por Dios y es útil para enseñar y reprender, para corregir y educar en una vida de rectitud.

Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento nos ayudan a conocer la voluntad de Dios para vivir sin ofenderle. Las leyes de un país regulan la conducta de sus ciudadanos. Quienes se someten a ellas, tienen oportunidad de vivir en paz y alcanzar la felicidad.

Quienes las quebrantan sufren las consecuencias. Si son aprehendidos, llevados a juicio y castigados, es posible que se les prive de su libertad y dejen de recibir los beneficios que eran suyos mientras estaban dentro del marco de la ley. La ley del Señor es el marco para nuestra vida cotidiana, dentro de él tenemos seguridad; afuera, sólo peligros.

La ley de Dios es la que pone orden en nuestras vidas. El orden aumenta la eficiencia, evita el despilfarro de los recursos que Dios ha puesto en nuestras manos y eso de por sí prospera. La prosperidad no viene sin causa ni razón. Debiéramos dar gracias a Dios todos los días porque ya no tenemos los vicios ni los excesos del viejo hombre.

El Salmo dice también que el Señor cuida el camino de los justos. El diccionario bíblico define la justicia de la siguiente manera: rectitud de conducta que se ajusta a las condiciones de una relación determinada. LA justicia tiene que ver con nuestras relaciones. En primer término está nuestra relación con Dios. Soy justo cuando reconozco lo que Él demanda de mí y comienzo a ajustar mi vida de acuerdo a sus condiciones.

Los hombres quieren venir a Dios estableciendo ellos mismos su posición. Hay un fatal sí condicional en muchas de nuestras oraciones. Pretendemos negociar nuestra relación con él, igual que Jacob antes de convertirse en Israel.

Cuando Dios bajó por aquella escalera en Bet-el y prometió cuidarlo y estar con él, Jacob le dijo: Si Dios me acompaña y me cuida en este viaje que estoy haciendo, si me da qué comer y con qué vestirme, y si regreso sano y salvo a la casa de mi padre, entonces el Señor será mi Dios. Y siempre te daré, oh Dios, la décima parte de todo lo que me des, dice en Génesis 28:20-22.

Nota cuántos sí condicionales hay en este pasaje. Únicamente la ignorancia de su situación real pudo llevar a Jacob a pronunciar estas palabras de esa manera. Los papeles se invierten y el significado de las cosas se pervierte cuando el hombre es el que quiere poner las condiciones, esperando que sea Dios quien se ajuste a ellas. Qué extraña es esta oración, puesto que Dios ya había hecho su declaración de lo que haría. Pareciera un intento de su parte de recobrar la iniciativa o de hacerle un favor a Dios.

Algunos vienen, como Jacob, prometiendo darle el diez por ciento si él los prospera, manifestando así un desconocimiento total de los caminos de Dios. Es cierto que el diezmo es uno de los elementos del cual depende la ejecución del deseo de Dios de bendecirnos materialmente y en abundancia. Pero no se diezma si él da más de lo que ya ha dado. Se entrega basado en lo que se ha recibido y entonces Dios aumenta su provisión como lo ha prometido en Malaquías y en otras porciones de la Biblia.

Todo lo que tenemos pertenece a Dios por derecho, pero él ha reservado un diez por ciento de los ingresos de su pueblo para el mantenimiento material de sus ministros. Es la forma más equitativa de hacer funcionar el Reino de Dios en la tierra. Aclaro: de SUS ministros, de los que indudablemente Él ha levantado y a los cuales respalda con poder, autoridad sobrenatural, sabiduría y estrategia. Asalariados abstenerse.

Lo cierto es que todos dan de acuerdo con sus posibilidades. El diezmo es la parte que el Señor requiere de lo que tengamos ya. No es lo que sobre después de gastar en lo que queremos. Por eso, para diezmar es necesario administrar bien los recursos, grandes o pequeños, que Dios pone en nuestras manos. Quien no diezma porque “no puede” está probando en realidad que no sabe administrar lo que Dios le ha dado ya y que no es digno de recibir más. Eso, aclaro, siempre y cuando ese diezmo se deposite en un verdadero alfolí, y no en alguna de las tantas cuevas de ladrones disfrazadas de religiosas que abundan por allí.

El diezmo es bíblico y debemos darlo para agradar a dios, pero si lo vemos como un negocio para obtener ganancia personal, habremos perdido de vista su objetivo. Y esto es válido tanto para el cristiano que debe diezmar como para el ministro que debe recibir su diezmo. Dios los mira a ambos. Dios es justo.

Y quieren hacer tratos con Dios, pero los que hacen esta clase de tratos, generalmente no llegan a cumplir con su parte del mismo. Cuando reciben mucho dinero creen que eso es demasiado para dárselo a Dios y entonces se vuelcan a hacer obras de caridad. Con eso quizás anestesien sus conciencias, pero no llegan a cumplir con el mandato divino porque Dios conoce los corazones. De todos.

No se trata de darle limosnas a Dios como si fuera un pobre mendigo. Si cuando pasan el plato o el canasto de la ofrenda tú eres de los que sacan del bolsillo y ponen allí los billetes más chicos, o los más deteriorados, mucho me temo que no has entendido nada. Tú debes cumplir con tu parte y deja que los demás lo hagan con la suya. Dios juzgará tu conducta. Ah, y también la de los otros, por encumbrados que se vean.

Si dejamos que sea el Señor el que ponga las condiciones y nosotros nos ajustamos a ellas, habremos puesto el fundamento de una relación que producirá todo lo necesario y más de lo que pudiéramos imaginar. Isaías dice en el capítulo 64, versos 4 y 5: Jamás se ha escuchado ni se ha visto que haya otro dios fuera de ti que haga tales cosas en favor de los que en él confían. Tú aceptas a quien hace el bien con alegría y se acuerda de hacer lo que tú quieras.

Las promesas de prosperidad espiritual, mental, física y material son el deseo de Dios para sus hijos. Dios puede, si así lo desea, bendecir a alguien antes que éste ejecute el requisito externo de sus condiciones. Entendemos que él es soberano y no necesita que nadie le aconseje.

De hecho ya ha sucedido de esa forma, pero se descubre un patrón que establecen las Escrituras y es que el beneficiado siempre acaba cumpliendo con el mandamiento de Dios o pierde su bendición. Hay otras cosas que debemos saber, además de las ya mencionadas, para dar pasos firmes que conduzcan a una prosperidad total.

El Reino de Dios tiene que venir antes que cualquiera otra consideración. Dios tiene que ocupar el primer lugar en nuestras vidas. No porque él padezca de delirio de grandeza o necesite de nosotros para sobrevivir. Sino porque él es la única persona en quien podemos confiar nuestras existencias sin peligro de perderlas. Él es el único que puede reglamentar nuestra conducta para que no caigamos en un materialismo desmedido y olvidemos que él es la fuente de toda prosperidad.

Jesús dijo en mateo 6:33: Pongan toda su atención en el reino de Dios y en hacer lo que Dios exige, y recibirán todas estas cosas, refiriéndose a la comida, la bebida, el vestido, etc. Se requiere fe para poner toda su atención en el gobierno de Dios, cuando la crisis alrededor es tan grande y los salarios de muchas personas no alcanzan para llenar las necesidades básicas de alimentación, techo y abrigo.

El problema, sin embargo, es más profundo que la carencia o la abundancia de las cosas materiales. Dios sabe que la raíz del mal está en el corazón del hombre y por eso dice a todos por igual que busquen primeramente su Reino y su justicia.

Al que no tiene, lo exhorta a no afanarse por ello y a confiar en él para que supla lo que le falta. Dios sabe que si su atención está puesta en la necesidad y no en su Reino, el enemigo y las circunstancias ejercerán presión para que haga una cosa indebida. Ponerlo a él de primero significa actuar siempre de acuerdo con su mandamiento aunque eso resulte, aparente y momentáneamente, en detrimento personal.

El que pone su atención en lo que posee, también tiene el mismo problema. Marcos 10:17-30 narra la historia del hombre rico que quería la vida eterna como algo más para añadir a su lista de posesiones. Su propio testimonio cuenta que desde joven había cumplido con los mandamientos, seguramente como consecuencia de la educación formal de todo judío criado bajo la ley de Moisés.

No obstante, algo le hacía falta y, Jesús, que conocía lo que estaba en el corazón de todos los hombres, lo confronta directamente con su problema. Le da un mandato difícil, pero no imposible de obedecer. Le dice que su orden de prioridades está invertido y que la única manera para él de poner su atención en las cosas de arriba era quitando de por medio lo que ahora ocupaba su cuidado.

El hombre se fue triste porque era muy rico. Sus posesiones estaban prime4ro y le impedían seguir al Señor. La pobreza no es un requisito para entrar en el Reino de Dios. Sin embargo, si decimos que Jesucristo es nuestro Señor, entonces él tiene derecho a decirnos lo que debemos hacer con el dinero, el tiempo, la familia y todo.

Al Señor no le interesa tanto el cumplimiento externo de los mandamientos, como un plan personal para obtener de él lo que deseemos. Dios quiere que pongamos nuestras vidas en sus manos sin preocuparnos por las añadiduras. Ojalá que no hagamos la voluntad de Dios con la atención puesta en la prosperidad.

Todo encuentro personal con el Señor nos hace confrontar la realidad de nuestra condición. No trates de justificar tu problema delante de Dios, ni pretendas que no existe. Si hay algo en ti que no anda bien, reconócelo y preséntaselo a Dios sin rodeos. Recuerda que así fue como llegaste a Dios la primera vez y él te tuvo misericordia. El patrón es el mismo en tu relación subsecuente con Él.

Primero, escucha lo que Dios tiene que decir con respecto a tu problema. Cualquier cosa en ti que no se ajuste a su palabra es un impedimento en tu desarrollo espiritual y material. Deja que el Espíritu Santo traiga convicción a tu corazón lo que resultará en el reconocimiento de tu error.

No permitas en esta etapa que el enemigo te desvíe de tu intención. Hay dos armas que él usará contra ti. Una es la acusación que aparenta estar del lado de Dios porque concuerda con tu error; pero magnificado de tal manera que lo hace sentir que una reconciliación con el Señor es imposible.

La otra es minimizar el problema para que tú no lo confrontes y continúes con en tu condición injusta. Tienes que saber discernir entre estos dos espíritus. El acusador intenta destruirte y jamás te ofrecerá una salida justa. El Espíritu Santo es gentil y tiene en mente tu redención. Es el único que puede presentar tu condición como realmente es.

Segundo, después de reconocer la falta, es necesario confesarla tal y como él te la ha mostrado. Dios no se va a escandalizar ni a sorprender por lo que tú digas. Él ya lo sabe y mejor que tú. Jacob deseaba la bendición de Dios sin confesar su problema. Por eso luchó con el ángel toda la noche, negándose a responder cuando le preguntaba su nombre.

Jacob significa suplantador, engañador, el que agarra del calcañar, el que logra las cosas haciendo trampa. Al final, Jacob confesó la historia de su vida hasta ese momento y el Señor le dio su bendición, no sin antes dislocarle la cadera y dejarlo cojo para el resto de su vida. Con la confesión vino también la transformación de la persona y Dios cambió su nombre a Israel, “el que lucha con Dios”. Sin confesión, la bendición es una lucha continua. Cuarto, acepta el perdón de Dios, sabiendo que él ya no se acuerda más de tu pecado confesado.

Un tercer paso hacia la bendición de Dios es tener un espíritu agradecido. Pablo dice que es propio de hombres malvados no dar gracias a Dios. Lo contrario es verdad también. Es bueno hacer un inventario de lo que Dios ha dado y darle gracias por ello. Nos sorprenderá saber cuántas cosas hemos recibido ya de él.

El espíritu de alabanza nace de un corazón agradecido. Los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos de Apocalipsis dan gracias a Dios y le alaban continuamente. David, es ejemplo de un hombre que nunca se olvidó de dar gracias al Señor con corazón alegre.

David se deleitaba antes y después de alcanzar su grandeza, David se deleitaba en contar lo que Dios había hecho por él. Por eso Dios lo prosperó siempre. Nunca te acerques a él presentándole tus necesidades desde el principio. Dale gracias primero por lo que ya tienes y alábalo. Proclama su grandeza personal y la magnificencia de sus obras. Ya habrá tiempo y oportunidad de hacer tus peticiones.

Por último, comparte con otros lo que Dios te ha dado. Dios bendice a las personas dadivosas y desprendidas. He conocido a gente a la que no le podías decir que te gustaba algo que tenían porque ya te lo estaban regalando sin más. Son gente con mucho talento y dones, y Dios los bendice y prospera cada día más.

Dios no quita lo que da, pero se fija si compartimos libremente lo que así recibimos de él, para ver si nos puede confiar con cosas más grandes. Establece un orden de prioridades en el dar. Sé generoso primero con Dios, luego con tu familia, después con la obra del Señor, sea cual fuere y donde quiera se encuentre, y también con los que están fuera. Feliz de ti si pones tu amor en la ley del Señor. Serás como árbol plantado a la orilla de un río. ¡Todo lo que hagas te saldrá bien!

 

 

 

 

 

 

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¿Quieres Caminar Sobre las Aguas?

Quiero compartir en el inicio de este trabajo, el pasaje que para mí, narra uno de los milagros más extraños que, entiendo, hay en el Nuevo Testamento. Y no digo extraño por incredulidad, sino por mensaje. Tú sabes que cada milagro de Jesús encerraba un mensaje a futuro. No fue sencillo hallarlo en la historia de Jesús y Pedro caminando sobre el agua.

(Mateo 14: 25) = Más a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar.

(26) Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo.

(27) Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!

(28) Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.

(29) Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús.

(30) Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame!.

(31) Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?

(32) Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento.

(33) Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: verdaderamente eres Hijo de Dios.

Un examen típico de los milagros de Jesús indicará claramente que estos eran demostraciones del poder de Dios para aliviar el sufrimiento o para llenar alguna necesidad obvia: la sanidad de los enfermos, la resurrección de muertos, la liberación de demonios, la alimentación de las multitudes y aquel cuando convirtió el agua en vino.

Pero, ¿Caminar sobre el agua? ¿Cómo se le ocurre que alguien va a caminar sobre las aguas? Jesús sí porque él era el Hijo de Dios; además, la barca ya había partido y él venía a reunirse con sus discípulos. Pero, ¿Por qué Pedro? Ya él estaba en la barca.

Sin embargo, cuando en su típicamente impulsiva manera le grita: “Señor, si eres tú, mándame que vaya a ti sobre el agua”, y luego la definitivamente sorpresiva respuesta de Jesús cuando simplemente le dice: “Ven”. ¿Ven? ¿Cómo que vaya? ¿Estás seguro, Señor?

¿Por qué endosaría el Señor y tomaría parte en un suceso sobrenatural que, en vez de llenar una necesidad real, tenía todas las características del truco de algún mago? Estoy seguro que parte de la respuesta está en lo que el Señor quiere que aprendamos y experimentemos en el área de la oración y de la fe.

Pedro pidió a Jesús que le permitiera duplicar esa hazaña milagrosa de desafiar la fuerza de la gravedad, era movido por el mismo deseo profundo residente en todos nosotros cuando oramos para que Dios intervenga sobrenaturalmente.

“Dios, necesitamos tu ayuda sobrenatural en esta situación”. Jesús concedió que pedro caminara por un poder más allá del suyo propio, indicando claramente la voluntad de Dios para Él y para nosotros. La evidencia abrumadora de las Escrituras testifica que Dios quiere que oremos y que él se deleita en responder cuando lo hacemos.

En este tiempo, se ha hecho mucho énfasis (Y apropiadamente) sobre cómo vivir juntos como miembros del pacto que hacemos con la familia de Dios, de cómo honrar y servirnos el uno al otro. También es apropiado volver a enfatizar y a reafirmar nuestra creencia en el deseo que Dios tiene de oír y de responder a nuestras oraciones.

No podemos leer el Nuevo Testamento y su enseñanza sobre la oración, sin sentir una creciente expectativa en el corazón. Cuando leemos las promesas extravagantes de Jesús con respecto a la oración, nos impulsa a encarar las situaciones más difíciles con las palabras del mismo Jesús: Para Dios, todo es posible. He aquí algunas de esas promesas.

(Mateo 7: 11) = Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿Cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?

(Marcos 11: 20) = Y pasando por la mañana vieron que la higuera se había secado desde las raíces.

(21) Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.

(22) Respondiendo Jesús, les dijo: tened fe en Dios.

(23) Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.

(24) Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.

(Mateo 17: 20) = Jesús les dijo: por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: pásate allá, y se pasará; y nada os será imposible.

(Juan 14: 12) = De cierto, de cierto os digo: el que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.

(13) Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.

(14) SI algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.

Un erudito hizo la siguiente observación con respecto a estas copiosas promesas bíblicas: “Jesús tenía que estar loco o tenía que ser Dios para hacer aseveraciones tan extravagantes y exóticas con respecto a la oración.”

Dios nunca permitirá que sus promesas y su poder se usen aparte de sus propósitos. Por lo tanto, él ha protegido sabiamente esas extravagantes promesas de lo que la oración puede hacer para que no se mal usen ni abusen y las ha rodeado de ciertas condiciones. La siguiente, es una lista de siete condiciones que dios espera que cumplamos si queremos conectarnos con los recursos divinos en el cielo por medio de la oración.

Primero: Dios quiere que pidamos después de haber perdonado y de haber recibido perdón. Aquí es donde cabe perfectamente este pasaje muy conocido: Marcos 11:25: Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas.

No me gusta darle a los contenidos bíblicos una interpretación o una difusión opuesta a la positiva y alentadora para lo cual fueron insertados en la Escritura, pero a todas luces es mi deber advertirte que, si no perdonas o no pides perdón a quienes hayas o te hayan ofendido, me temo que tu oración tendrá estorbo y obstáculo cierto para ser respondida.

Segundo: Dios quiere que pidamos y sigamos pidiendo. En Lucas 18, Jesús narra la historia de una viuda y de un juez injusto, al cual venía de día y de noche reclamándole justicia. Finalmente, el juez le dio lo que quería para que no lo siguiera molestando.

(Lucas 18: 4) = Y él no quiso por un tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, (5) sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia.

El verdadero propósito de la parábola es estimular la perseverancia en la oración. Ser fiel en la oración es seguir pidiendo. La perseverancia es una condición muy requerida para obtener resultados. ¿Eso significa que Dios responde tu oración por simple repetición?

¡Ni lo sueñes! No se trata de un método o de un truco de oración, se trata de evidenciar delante de Dios un corazón perseverante, que es como estar diciendo que, pese a todo lo opuesto que las circunstancias pudieran mostrar, tú sigues creyendo que Él hará lo que le pides.

Tercero: Dios quiere que pidamos con fe. Mateo 21: 21= Respondiendo Jesús, les dijo: de cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte le diereis: quítate y échate en el mar, será hecho.

Hay muchas escrituras, demasiado numerosas para citar, que indican que nuestras oraciones deben ir mezcladas con fe, eliminando toda duda. La fe, según Hebreos 11:6, es algo que todos los cristianos debemos tener si queremos agradar a Dios.

La duda y la incredulidad causan un corto-circuito en el poder de la oración. Nos ayudará saber que la duda es fe mal colocada. Dudar es expresa fe en el diablo en vez de fe en Dios. Jesús exhortó continuamente a sus discípulos a tener fe y a no dudar. La duda encoge la fe y la deja sin efecto.

Ahora bien: la pregunta que siempre surge indefectiblemente en estos casos, es: ¿Y qué hago cuando me doy cuenta que no tengo la fe suficiente? Pídela a Dios. La fe es un don de Dios y Él la dará a los que se la pidan sin medida y sin más condicionamiento que el de ser fieles y límpidos.

Cuarto: Dios quiere que pidamos poniéndonos de acuerdo juntos con otros. Mateo 18: 19= Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.

En ocasiones, la clave para recibir la respuesta de Dios en la situación, es ponerse de acuerdo con otro. Cuando un marido y su esposa se ponen de acuerdo, o cuando los miembros de un grupo oran juntos, acordando precisamente la naturaleza y el contenido de la petición, con confianza y expectativa común de que Dios provee3rá la respuesta, la armonía de ese acuerdo abre el camino para que Dios actúe. La falta de acuerdo o de armonía puede impedir que la gracia de Dios se manifieste en la situación.

Esto se da en la mayor parte de los casos, en el plano matrimonial. ¿Quieres orar por algo bueno, noble, puro y relacionado ciento por ciento con los intereses del Reino, y descubrir con sorpresa que Dios no te responde positivamente tu oración, cosa que en su momento no puedes entender? Peléate con tu mujer.

Si lo haces, no sólo tendrás un problema matrimonial, sentimental y emocional, sino que además pasarás a tener un serio problema espiritual. Porque las mejores oraciones, las más impactantes y certeras respecto a lo que sea, miles de hombres y mujeres la han logrado simplemente poniéndose de acuerdo en pareja.

Quinto: Dios quiere que pidamos una vez que nos hayamos reconciliado el uno con el otro. Mateo 5: 23-24: Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.

Es imposible calcular el valor de las bendiciones y de la gracia de Dios que se han perdido por las visiones y las contiendas entre los hermanos. Una iglesia dividida ora con un corazón igualmente dividido a un Dios entristecido por ello. No nos extrañemos si recibimos tan poco de lo que Dios ha prometido. La efectividad de la oración aumenta en razón directa a la reconciliación. Es imposible ponerse de acuerdo si primero no hay reconciliación.

Sexto: Dios quiere que le pidamos sujetos a su voluntad. Jesús oró en Getsemaní tal cual lo rescata Lucas 22:42: Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Muy pocos de nosotros llegaremos a enfrentar una situación tan desoladora como la que Jesús vivió esa trágica noche; no obstante, su ejemplo es un modelo para nuestras oraciones.

Decir No se haga mi voluntad, sino la tuya, es más que un escape por falta de fe. Significa una renuncia profunda de nuestros deseos menores para aceptar su propósito mayor. Expresado en la forma correcta, indica que no estamos tratando de forzar a Dios para que satisfaga nuestros deseos ni estamos torciendo su brazo en favor de alguna causa, que aunque parezca altruista, está en realidad dirigida para la edificación de nuestro propio reino. Es mejor decir: “Dios, he orado lo mejor que he podido, pero si tú tienes algo diferente para esta situación, con gusto lo recibo.”

Y lo principal: cuando decimos al Señor que se haga Su voluntad y no la nuestra, si no es una frase de circunstancias y realmente lo que decimos es lo que pensamos, recién allí hemos comenzado, aunque más no sea tímidamente, a crucificar de verdad nuestra carne.

Séptimo: Dios quiere que le pidamos, y punto. Santiago 4:2: Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Esta frase está cargada de verdad.

Muchos de nuestros sueños, esperanzas y proyectos, no se llegan a cumplir, no porque sean contrarios a la voluntad de Dios, sino porque no van alimentados con oración. Recuerda lo dicho: todo fracaso, es un fracaso de oración.

Tal vez se considera esta declaración un tanto exagerada, pero sí se ha observado que hay muchos cristianos fieles y maduros que se concentran tanto en “la obra del Señor”, que se olvidan de pedir ayuda al Señor de la obra. No importa como sea la situación, si no hemos orado presentándosela a Dios, no hemos hecho todo lo que debemos.

Y aquí llegamos, entonces, a la gran pregunta: ¿Cómo responde Dios a la oración? Estamos de acuerdo que Dios oye y contesta las oraciones, una vez cumplidas las condiciones. Examinemos las diferentes maneras que Dios tiene para responder. Esto nos puede ayudar a reconocer y a aceptar sus respuestas si vienen en otras formas o por medios distintos de lo anticipado.

Además, no podemos, en realidad no deberíamos, pedirle a Dios que bendiga algo que ya nosotros hemos decidido cómo y cuándo hacer. En realidad, lo que sí debemos hacer es pedirle a Él las instrucciones y luego sí, recién entonces, movernos en dirección a dónde Él lo ha dispuesto.

Dios puede decir “Sí” en la forma que esperamos su respuesta cuando oramos. Nos puede dar lo que pedimos exactamente como lo anticipamos. Oramos por la sanidad de un amigo y es sanado. Le pedimos una suma específica de dinero y la recibimos.

Personalmente, estoy persuadido que es la forma de respuesta que más encaja con nuestra naturaleza sumamente egocéntrica. Nos seduce orar por algo y que todos vean que Dios nos respondió afirmativamente de inmediato. Claro, eso es precisamente lo que nos impide ubicarnos en todas las formas siguientes de respuesta.

Dios puede decir “Espera”. Muchas veces oramos dentro de la voluntad de Dios, pero nos impacientamos. El horario de Dios no es el nuestro. Hay un grave inconveniente con el tiempo. Mientras a nosotros nos juega en contra porque se nos agota, a Dios le resbala totalmente, Él es eterno. Somos nosotros los que usamos el antiguo reloj pulsera, o los proverbiales celulares, que nos marcan nuestros tiempos. Dios no usa reloj ni celulares. Y eso, créeme, sigue siendo un obstáculo para el hombre carnal.

Recuerdo haber elaborado hace mucho tiempo un trabajo que trataba respecto a uno de los males esenciales de nuestro tiempo: la ansiedad. Y en ese trabajo, además de todos los resortes que se mueven en torno a ese sentir, decía algo que hoy todavía sostengo con firmeza: la ansiedad es el mejor antídoto que tiene la fe. Pero hay una salida y es uno de los frutos del Espíritu Santo: la paciencia.

Dios puede decir “Sé más específico”. Dios no responde a las generalidades en la oración porque quiere que seamos específicos. Las oraciones generalizadas no tienen la suficiente intensidad o fe que necesitan. Las oraciones vagas en pro de “la paz del mundo”, o de “la unidad de la iglesia”, carecen de poder por su misma indeterminación.

Oí una vez una anécdota que tenía como protagonista a un señor que fue el descubridor, inventor y propulsor de lo que normalmente se conoce como mantequilla de maní. Era creyente. Un día le preguntó a Dios de qué estaba hecho el universo. Dice que Dios le dijo que estaba pidiendo demasiado. Entonces le preguntó de qué estaba hecho el hombre, a lo que Dios le respondió lo mismo, que estaba pidiendo demasiado. Y le sugirió que fuera más específico. Y allí fue donde le preguntó para qué había creado el maní. Al resto, tú te lo puedes imaginar.

Dios puede decir “No”. No es fácil llegar a creer que Dios conteste “no” a algunas de nuestras oraciones, especialmente para aquellos cristianos que piensan que lo único que tienen que hacer es confesar y confesar hasta recibir lo que piden.

La verdad es que aún después de haber cumplido con todas las otras condiciones, hay veces que Dios responde “no”. En Corintios Pablo dice que él pidió tres veces al Señor para que su aguijón en la carne se fuera y en todas ellas Dios le respondió que “no”. Sus palabras precisas, fueron: Bástate mi gracia. Es aparente en el caso de Pablo que Dios sabía que él necesitaba un problema con el que luchaba para impedir que se enalteciera por la extraordinaria grandeza de las revelaciones que había recibido.

Dudo que alguno de nosotros tenga esa razón en particular para recibir un “no” del Señor. Sin embargo, debemos de estar agradecidos cuando Dios responde negativamente a algunas de nuestras peticiones. Todos corremos el riesgo de pedir de manera egoísta y sin visión de futuro, de manera que una contestación afirmativa podría hacernos daño o causarnos dolor a nosotros o a otros. Es bueno saber que tenemos un Padre celestial que nos ama tanto que en ocasiones su gracia se extiende más allá de lo que esperamos.

Dios puede responder antes que pidamos. Si bien debemos saber las condiciones que tenemos que cumplir para recibir la respuesta a nuestras oraciones, nos alegrará saber que Dios puede obrar por iniciativa propia dándonos su provisión en formas que nunca pudimos imaginar. Una indicación de que estamos caminando dentro de los propósitos de Dios, son las bendiciones que aparecen inesperadamente sin solicitarlas.

Dios puede responder, dándonos sencillamente más de Sí mismo. Como ya lo hemos dicho, hay varias razones por las cuales nuestras oraciones no son contestadas en la forma que esperábamos. Podríamos estar pidiendo para hoy lo que Dios quiere darnos en el futuro; o pidiendo sin haber cumplido las condiciones; podría ser nuestra impaciencia o falta de madurez en lo que pedimos.

De una cosa podemos estar bien seguros: si somos honestos en nuestras peticiones, deseando sinceramente que se cumpla en nosotros la voluntad y el propósito de Dios, él nos responderá. Hay tiempos cuando Dios decide con sabiduría que lo que necesitamos más que nada no es lo que estamos pidiendo, alguna cosa o algún don, sino la presencia manifiesta de él mismo.

Cuando se hace un análisis final, él mismo es más precioso y más deseable que cualquier respuesta en particular. Cuando Jesús dice en respuesta a nuestras oraciones: He aquí yo estoy contigo siempre…hasta el fin del mundo, cualquiera sea nuestra petición, urgente o crucial, trasciende a un plano diferente.

La duda o la incredulidad, el mal entendimiento, nuestra ignorancia o fala de madurez pudieran a veces estorbar la respuesta de Dios. Pero si él decide manifestar su presencia con amor para sostenernos en la situación, eso solo convierte nuestra oración por finita y defectuosa que sea, en algo infinitamente valioso.

 

 

 

 

 

 

 

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Diagnósticos Previos del Pecado

¿Alguna vez te pusiste a pensar qué importante sería si las personas creyentes pudieran darse cuenta con bastante anticipación que han comenzado a tomar una senda que los lleva al pecado? ¿No te parece que sería sino una solución, sí al menos un arma notable para abortar muchos de ellos?

De allí este título. Porque un diagnóstico nunca será tan preciso como cuando luego tiene su correlato en los hechos. Elegí un texto bíblico que seguramente conoces para darle base a esto que quiero compartir contigo, un texto que, ni bien se lee, se llega a entender mucho de lo que Dios piensa respecto al pecado, independientemente de lo que nosotros, carne al fin, podamos argumentar en nuestra defensa.

(Isaías 1: 18) = Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueran como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.

(19) Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra; (20) si non quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la boca de Jehová lo ha dicho.

Este es un pasaje que se utiliza con frecuencia para llevar a otros al conocimiento de Cristo. Yo mismo en una época pensaba que el Señor decía con respecto a la salvación del hombre, algo así como: “Aunque eres un pecador infectado, cubierto con pecado carmesí, yo te lavaré y serás tan puro y tan blanco como la nieve.

Qué sorpresa me llevé el día que un hombre de Dios, con profundos conocimientos no solo de la palabra, sino también del idioma hebreo, me enseñó que esta escritura no tiene nada que ver con la salvación. Es una lección sobre la naturaleza del pecado sin frenar. Los versículos no son una promesa de limpieza, sino una clara advertencia.

Aquí el pecado es comparado con la lepra. En sus etapas iniciales, la lepra se presenta como una inflamación al rojo vivo. Si no se controla el desarrollo de la enfermedad, la piel se vuelve blanca como la nieve. El cambio del rojo vivo a blanco indica que la carne está muriendo y eventualmente se desintegrará y caerá.

La lepra como una tipología del pecado es muy gráfica. La mayoría de los pecados comienzan como una inflamación. Nada muy serio, sólo algo irritante, incómodo y tal vez feo. No obstante, si no se trata, progresará y madurará. Cuando el pecado madura completamente, igual que la lepra, destruye todo lo que infecta, extendiéndose hasta que todo el hombre es consumido.

De manera que el verdadero énfasis de este pasaje está en el Señor que busca razonar con su pueblo. Él desea ayudarles a entender que si bien su pecado pareciera ser algo pequeño al principio, si no es curado, los destruirá con el tiempo.

El pecado de la crítica es un buen ejemplo. Hay personas que han hecho de la crítica un arte muy fino. ¿Has visto a alguien en quien el espíritu crítico se ha desarrollado? Tal vez comenzó temprano en su vida, como una inflamación. Pero continuó sin ser detenido hasta que consumió todo su ser.

Ver extinguirse la vida de alguien que ha sido destruido y manipulado por un alto espíritu de crítica, es sencillamente para plantarse y reflexionar sobre las propias debilidades. Esos problemas que se pueden adjudicar a cierta falta de carácter, muy bien pueden crecer hasta destruir una vida completa.

Sin embargo, la frase clave en este pasaje de Isaías se puede traducir literalmente de esta manera: Si consintiereis y obedeciereis… (Verso 19). No hay nada que se pueda hacer por una persona que primero no consienta. A eso lo viven de primera mano aquellos hombres de Dios que ministran delincuentes. Dicen que sus actitudes suelen ser desafiantes, fanfarronas e indispuestas para aprender. ¿Por qué razón no se puede hacer nada con ellos? Simple: porque no consienten.

Claro, en sentido yuxtapuesto, el Señor dice: si no quisiereis y fuereis rebeldes… Rehusarse a oír siempre viene antes de la rebelión contra la ley de Dios. Rehusar dar consentimiento al proceso de sanidad del señor mientras que el pecado aún está en su etapa de inflamación es abrirse a la ley del pecado y de la muerte para que siga su acción descontroladora.

Con mucha frecuencia rehusamos reconocer estas inflamaciones cuando aparecen por primera vez, por lo general en forma de problemas continuos y conflictos con nosotros mismos y con otras personas. Estas áreas de conflicto están arraigadas comúnmente en todo aquello que todavía no hemos presentado a Dios para que lo mida de acuerdo con su palabra. El Señor quiere limpiar todas esas áreas si sólo lo consintiéramos. Los conflictos y las luchas son las formas que Dios usa para llamarnos la atención a un problema más profundo.

Igual que una pequeña inflamación que pudiese pasar desapercibida por un tiempo, los pecados que destruyen la vida no son siempre aquellos que nos confunden de repente sin ninguna advertencia. Son por lo general, pequeños problemas que se han descuidado año tras año. En el Cantar de los Cantares 2:15 se nos dice que las zorras pequeñas echan a perder las viñas.

Es muy difícil que una zorra de setenta kilos se cuele en un viñedo. Son las pequeñas que pueden hacer huecos debajo del muro y escabullirse silenciosamente sin que el vigía se dé cuenta del daño que están haciendo. De la misma manera, el pecado es más a menudo una gotera lenta y constante que un torrente de agua.

He encontrado algunas inflamaciones menores de tipo crónico que tienen el hábito de convertirse en algo serio si no se confrontan. He aquí algunas de ellas:

Postergación: La mayoría de las esposas le dirán que sus maridos tienen la enfermedad del mañana. Eso significa que todo lo dejan para mañana. Como el que pintó un rótulo que decía: ¡Hágalo ahora!. Pero nunca llegó a colgarlo. La demora en hacer las cosas afecta y disipa todo lo demás en la vida del individuo. El trabajo, el matrimonio, los planes y las aspiraciones, todo comienza a derrumbarse cuando la postergación se convierte en un hábito y se permite que desarrolle su efecto incompleto.

Incapacidad de Aceptar Responsabilidad: Algunas personas rehúsan aceptar cualquier tipo de responsabilidad. Siempre le cargan a otro las culpas. Pídeles que se encarguen de recoger fondos para la escuela y su respuesta será: “eh, no soy muy bueno para ese tipo de cosas…mi trabajo me quita mucho tiempo.” Muy rara vez llevan la carga.

Otros rehúsan aceptar la responsabilidad de sus acciones. “Toda mi familia es criticona; por eso yo soy así.” “Llegué tarde porque se me descompuso el reloj.” Estos son ejemplos leves pero que reflejan una incapacidad de aceptar la responsabilidad personal de su propia vida y de sus propias acciones. Esta aceptación personal es el prime3r paso que lleva al arrepentimiento para recibir la gracia de Dios y ser cambiado. Si la rechazamos continuaremos prisioneros de lo que sea estemos tratando de escapar.

Incapacidad Para Comunicar: Muchos no pueden abrirse con sinceridad y claridad para decir lo que les sucede adentro. La mayoría tenemos que aprender el arte de la comunicación. Rara vez viene como una característica natural. Algunos, sin embargo, no quieren tomarse el tiempo ni la molestia de aprender. El resultado es la frustración, el mal entendido y, en muchos casos, trae daños o pérdidas en el matrimonio, en las relaciones y en su efectividad dentro del reino de Dios.

Temor, Ira, Codicia, Impaciencia, Perfeccionismo: Estas son otras pequeñas inflamaciones que nos son conocidas. Tenemos que reconocer que cualquiera de estos problemas puede estar presente en nuestras vidas, no como una fuerza aplastante e incapacitadora, sino como una inflamación.

Sin embargo, el Señor ha dicho: Si consintiereis y obedeciereis, comeréis el bien de la tierra; si rehusareis y fuereis rebeldes, seréis consumidos. De hecho, está dentro del propósito de Dios que aprendamos a vencer en cada una de estas áreas; pero eso requiere que primero consintamos a su trato en nuestras vidas. El temor de encarar la verdad, o nuestra decidida pereza en no querer cambiar, son generalmente las razones principales por las que rechazamos someternos al proceso de sanidad del Señor cuando él nos confronta con nuestras debilidades.

Si bien Dios quiere que dominemos estas cosas, no creamos por eso que él nos proveerá con una fórmula mágica que elimine totalmente todas las luchas difíciles, los sentimientos indeseados y las tentaciones de hacer lo que sabemos es malo. La Biblia dice que tenemos que vencer, no que tenemos que eliminar. La victoria para el cristiano consiste en aprender a tratar con esos problemas con el poder del Espíritu Santo, aunque eso implique que la lucha y el conflicto sean continuos.

Alguien dijo alguna vez que Pedro seguiría siempre siendo Pedro. Es decir, seguiría siendo impetuoso, de fuerte carácter y vacilante a la vez. Ningún milagro lo cambió instantáneamente en un dechado de virtudes; a través de la pena de su fracaso aprendió las profundidades del amor de Cristo, el poder del Espíritu Santo, a dominarse y a vivir en victoria a pesar de los problemas de carácter inherentes en su personalidad. Los que buscan fórmulas mágicas se desilusionarán tarde o temprano y permanecerán sin cambiar. Los que acepten el diseño de Dios y se dispongan a cambiar encontrarán la victoria en sus vidas.

A cierto hombre de Dios le preguntaron una vez si sabía cuán bajo había caído el hombre. Claro está que era más que una pregunta teológica. Su interrogante salía de las profundidades de su propia experiencia personal acostumbrado a tratar con la naturaleza humana. Y dio una respuesta sabia: Eso se sabe cuando se comienza la jornada de regreso.

Porque la mayoría de nosotros dejó en el comienzo los pecados más escandalosos y los hábitos más obvios que habíamos acumulado durante nuestros años en el mundo. El adulterio, las borracheras, las maledicencias, el fraude, etc., no es problema para la mayoría del pueblo de Dios. Abandonamos tales cosas cuando llegamos al Señor.

Los verdaderos conflictos se presentan ahora en los hábitos cotidianos y patrones de vida que forman una parte tan íntegra de nosotros, que no los podemos discernir sin ayuda externa. Y cuando los vemos, no escandalizan ni alarman a nadie ni se cuestiona nuestra fibra moral.

Sin embargo, al cabo del tiempo, porque son conflictos de todos los días, pueden dejarnos sin energías y derrotarnos tanto como las grandes tentaciones. La victoria en las cosas pequeñas es a la postre la que define si seremos usados verdaderamente en el reino de Dios o si tendremos que contentarnos con ver que lo hagan otros. Por razón sugiero:

Examina el fundamento de tu vida: La primera piedra del fundamento, es tu salvación. Eso incluye tu comunión y tu compromiso con el Señor. ¿Es tu comunión libre, fluyente y alegre? ¿Estás sólidamente comprometido con Su Reino y con Su voluntad para que se cumpla en tu vida, ni importa lo que te cueste personalmente? Si no puedes responder estos aspectos, entonces te encontrarás con algunos obstáculos básicos.

Segundo: ¿Ha sido tu bautismo en agua una experiencia clara y significativa? Nuestra identificación con la sepultura y resurrección de Cristo en el bautismo en agua es más que simbólica. Las Escrituras lo declaran como un punto de identidad de nuestra nueva vida en Cristo y una partida de nuestra vida vieja y patrones habituales.

La tercera piedra de nuestro fundamento es un bautismo en el Espíritu Santo que fluya con libertad. Debemos disfrutar en una corriente de adoración y de alabanza al Señor como parte de nuestro ministerio sacerdotal de todos los días hacia él. Orar en lenguas debe ser parte activa y vital de nuestra comunión diaria con el Señor.

Estas tres experiencias básicas de salvación, bautismo en agua y en el Espíritu Santo, componen nuestro fundamento con el Señor. Si hay rajaduras o puntos débiles en cualquiera de estas piedras, producirá inestabilidad en todo lo que se edifique sobre ellas.

Investiga la Posibilidad de Involucramiento con el Ocultismo: Este tipo de involucramiento pudiese ser la fuente de actividad de demonios o lo que los psicólogos llaman “comportamiento compulsivo”, que pudiera manifestarse en glotonería, apetitos sexuales anormales, ira o cualquiera de las muchas opresiones o estorbos en la comunión con el Señor.

El ocultismo tiene que ver con el contacto o el interés en fenómenos psíquicos, ouijas, horóscopos, lectura de las palmas de las manos, de la baraja, etc. He descubierto que muchas veces la raíz del problema en individuos con profundas ataduras, se debe a su involucramiento con el ocultismo.

Pudiese ser una cosa tan inocente como que su madre lo llevara para que le adivinaran el futuro cuando tenía nueve años. Tal vez no entendamos completamente algunos principios espirituales, pero cualquier contacto por inocente que sea, con el ocultismo, puede producir efectos duraderos y dañinos.

La seriedad de estas actividades se fundamenta en el mandamiento del Señor en su palabra que relaciona las prácticas ocultistas con el adulterio espiritual o la infidelidad al Señor. Quien busque la ayuda de los poderes de las tinieblas se convierte en su esclavo.

Cualquier contacto con el ocultismo, por más leve que haya sido o por más tiempo que haya pasado, debe ser renunciado como pecado. Luego se debe buscar el perdón divino por querer del enemigo lo que debidamente tiene que venir de Dios.

Asegúrate que todas tus relaciones estén en orden: Primero, si tú sabes que no te has comportado bien con otra persona, sea ésta tu padre, tu madre, tus hijos, tu marido, tu esposa, tu amigo o tu jefe o patrón, tienes que pedirle perdón. Cualquiera sea la situación, si tu conciencia te molesta delante de Dios, entonces ve y pide perdón.

Segundo, si tú has alimentado sentimientos de resentimiento, enojo u odio contra cualquiera, entonces necesitas recibir el perdón de esa persona por tu actitud contra él. (Ten cuidado de no usar la ocasión como una oportunidad para reclamarle todo lo malo que tú recibiste de esa persona. Tú debes solicitar el perdón por tu pecado hacia ella y no al revés).

Reconoce el Problema: Esto significa que debes aprestarte para entrar en el “conflicto de la fe”. Significa que estás dispuesto a permitir al señor que comience a hacer ciertos cambios en ti. Muy raras veces se reconocerán las otras cosas que Dios quiere hacer en nuestras vidas si se asume que la vida cristiana consiste sólo en ir al cielo, hablar en lenguas y reprender al diablo. Una vez que tú aceptes que hay problemas reales en ti con los que Dios quiere tratar, te quedan sólo dos alternativas: “consentir y obedecer”, o “rechazar y rebelarte”.

También significa llamar a las cosas por su nombre. Algunas escuelas mandan a las casas reportes del alumno diciendo: “Esfuerzo insuficiente”. Lo que realmente quieren decir es que el alumno es perezoso. Nuestra sociedad ha desarrollado una manera de acolchar la verdad para que no sea demasiado dura.

Jamás nos ocuparemos del problema si decimos que tenemos sobrepeso porque los alimentos hoy cada día vienen más malos y recargados de hormonas que engañan al consumidor y lo hacen engordar. Tú mejor que nadie sabes que no estás siendo sincero y que estás haciendo un verdadero show de eufemismos, dándole un nombre a ciertas cosas que en realidad tienen otro.

Tú sufres de gula, y la gula es un pecado. Reconócelo y Dios comenzará a ayúdate a encontrar la salida y el peso correcto para tu organismo y tu cuerpo óseo. Además, todos sabemos que no se come solamente por hambre, sino porque una angustia cualquiera no resuelta impone canalizarla con la boca.

Y si eres cristiano y no puedes fumar porque el olor a tabaco te delata, o no puedes beber porque no quedaría elegante en tu iglesia, entonces sí puedes comer, ya que eso no sólo está mejor considerado, sino que incluso pasa desapercibido, ya que el propio líder del lugar no puede evitar ser obeso.

Acepta la Vergüenza y la Humillación sin hacer Excusas: Que alguien acepte sin excusarse su responsabilidad en la situación es algo casi nunca visto en nuestra sociedad moderna. Sin ir más lejos, uno de mis viejos maestros del periodismo argentino, hombre de sólida trayectoria y prestigio, nos aconsejaba con entidad de mandato no reconocer jamás un error cometido, argumentando que ello nos quitaría credibilidad y autoridad. En ese tiempo, yo creí eso y lo admiré. Hoy digo: ¡Pobre hombre! ¿Qué hubiera sido de él y su idea si hubiera conocido al Señor?

Y fíjate que no reconocer errores y deshacerse en excusas de dudosa veracidad, es una de las razones por las cuales mucha gente no recibe ayuda verdadera. La Biblia dice que Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes.

Si estamos dispuestos a humillarnos y a admitir honestamente  las consecuencias de nuestros problemas, el Espíritu de Dios dará su gracia, su fuerza sobrenatural y determinación para la lucha. Es difícil admitir que en realidad somos débiles e indisciplinados. Es más fácil pasar la culpa a la familia, al vecino, a nuestros temperamentos y personalidades. El orgullo provoca la resistencia de Dios.

Busca Ayuda y Dirección: Es importante tener un verdadero punto de referencia con el cual podamos intercambiar ideas y, llegado el caso, recibir ayuda. No hablo de un pastor o un líder eclesiástico, (Aunque quizás debería hacerlo), porque esa función se ha desvirtuado mucho y se ha convertido casi en lo opuesto de aquello para lo cual fue diseñada por el hombre. Ojo: dije por el hombre, no por Dios.

Hay dos razones por las cuales deberíamos tener un punto de referencia, un mentor, alguien con quien compartir lo nuestro: primero, porque solemos necesitar a alguien que sea objetivo, o por lo menos imparcial, que nos pueda ayudar a vencer nuestro propio subjetivismo.

Si la lucha es por perder peso, por ejemplo, siempre habrá voces sugiriendo un ayuno de cuarenta días, pero alguien que nos conozca bien podrá darnos un consejo sabio y sano sobre cómo ayunar un día a la semana y olvidarnos de los dulces y chocolates.

Segundo, necesitamos de alguien que nos escuche, que ore por nosotros y que nos anime cuando estemos en medio de la batalla y que nos mantenga en el curso correcto. Es muy fácil desalentarse cuando no se ve mucho progreso y necesitamos que alguien nos ayude.

Ahora bien; esto que termino de decirte, ¿Es sí o sí? ¡En absoluto! Hay casos puntuales (El mío personal es uno) donde Dios permite que te quedes definitivamente solo en lo espiritual, (Independientemente de los soportes familiares) y tienes sí o sí que encaminar tu vida en las tres áreas, sin más ayuda que la oración, el discernimiento y la gran unción de Dios que siempre llega a tiempo. Pero entiendo que eso no se da en todos los casos como asunto usual, se da sólo en aquellos casos donde Dios tiene algo para hacer ministerialmente y lo ordena así.

Determina Sufrir, si es Necesario, con tal de Cambiar: Es inevitable el sufrimiento cuando se ha determinado cambiar en cualquier aspecto. Cuando viene el esfuerzo se desearía no haberse comprometido a hacerlo. Las dudas vienen con respecto a si se quiere en realidad cambiar. Aquí entra en juego la determinación, lo que la Biblia llama “perseverancia”.

¿Cuánta determinación se necesita para cambiar cualquiera de aquellas cosas que llevamos arraigadas por años, quizás de toda la vida, en nuestras mentes? ¿Se puede lograr? Sí, claro que se puede lograr, pero se sufre indudablemente al desestructurarse. No tiene nada de divertido, de agradable, de fascinante o de emocionante; es difícil, pero nosotros como discípulos de Jesús, estamos llamados a desarrollar esta cualidad de perseverancia.

Mantén la Visión de la Recompensa: No nos gusta hablar de recompensa, nos parece inapropiado. ¿Pero sabes qué? Dios habla de recompensa. ¿Serás tú más juicioso que Dios? Por eso, pídele a Dios que te dé una visión de la solución que Él quiera que tengas en esas áreas de problema.

Muchos, dentro del pueblo de Dios, sufren de culpa y condenación porque no han alcanzado la meta que Dios les ha puesto. Tenemos que poner los ojos en la meta, sabiendo que si Dios la dio es porque se puede alcanzar y que él nos dará la suficiente gracia para lograrlo.

Cuídate de las Recaídas: Es un engaño pensar cuando se ha logrado una victoria en cualquiera de las facetas de la vida, que de ese punto en adelante se vivirá para siempre sin luchas ni tentaciones en ese aspecto. El Señor me quitó el hábito del cigarrillo casi en último lugar de mi purificación como creyente.

Era creyente, iba a la iglesia, hacía todo lo que un cristiano debía hacer…pero fumaba. Y eso me producía una enorme vergüenza. El diablo lo sabía y me atormentaba a cada momento con eso. Un día tomé la decisión, (Es por allí que pasa, en tomar verdaderamente una decisión), y arrojé el paquete con los cigarrillos que me quedaban y dije: ¡Listo! ¡No fumo más, en el nombre de Jesús! Y no fumé más.

Claro está que, en cada ocasión que me acercaba a un espacio cerrado donde había alguien fumando, el aroma a cigarrillo me incitaba terriblemente. En más de una ocasión pasé por la terrible tentación de pedirle a alguien, aunque más no fuera, que me permitiera darle una fumada a su cigarrillo. Estupidez total. ¡Mucho tiempo después caí en cuanta de lo cerca que estuve de tener una fea recaída!

Una recaída, quiero decirte, puede venir en cualquier punto de la lucha o aún después de quedar libre del hábito o la dificultad. Es preciso saber que en esas áreas se es vulnerable. Mi sugerencia es que nunca bajes la guardia. Si llegase a ocurrir, busca la restauración y el perdón inmediatamente en vez de permitir que el asunto te enrede aún más.

El Señor ha prometido que si consentimos y obedecemos, “comeremos del bien de la tierra”. La provisión de Dios es una tierra que fluye leche y miel; esa es nuestra visión. Antes de llegar, sin embargo, tenemos que aprender a ordeñar las vacas y a no dejarnos picar por las abejas.

 

 

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Llamados a la Madurez

 

 (Lucas 4: 1) = Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto (2) por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días, pasados los cuales, tuvo hambre.

(3)Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan.

(4) Jesús, respondiéndole, dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios.

(5) Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra.

(6) Y le dijo el diablo: a ti daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy.

(7) Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos.

(8) Respondiendo Jesús, le dijo: vete de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás.

(9)Y le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo; (10) porque escrito está: A sus ángeles mandará cerca de ti, que te guarden; (11) y, en las manos te sostendrán para que no tropieces con tu pie en piedra.

(12) Respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: no tentarás al Señor tu Dios.

(13)Y cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se apartó de él por un tiempo.

Sería una hazaña bastante grande hacerle justicia a este pasaje de la Escritura. Eleva cuestiones que necesitan ser probadas y examinadas con detenimiento. ¿De qué forma son estas tres tentaciones algo que cubre todo el panorama de lo que es la vida en Dios?

¿De qué manera nos muestra las respuestas de Jesús la forma en que pueden enfrentarse? ¿Habríamos de ocuparnos con este pasaje de la Escritura, o es meramente una narrativa histórica para nuestro mero interés?

¿Tiene alguna relevancia o aplicación para los creyentes de hoy en día? ¿Qué hay detrás del hecho de que Jesús haya comenzado su respuesta a cada tentación con las palabras, “escrito está, dicho está…”?

Evidentemente, las Escrituras citadas respondieron a las tentaciones de forma tan eficaz que el diablo se apartó de Él, sabiendo que habría otra oportunidad en el futuro. Cada respuesta de Jesús fue enunciada sobre el Dios de las Escrituras, el Dios que había hablado. Cada ataque y tentación estaban diseñados para apartarle de ese centro. ¿A qué otro centro deseaba el diablo trasladar a Jesús?

 Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan. Vemos aquí la primera pregunta burlona que el diablo le lanza a Jesús. Él acaba de ser declarado el Hijo de Dios por Su Padre: “Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.”

En esta primera declaración, el diablo ha exhibido su sabiduría característica. ¿No lleva acaso una resonancia, un eco de algo que fue dicho una vez en el Jardín del Edén? “¿Conque Dios os ha dicho…?” Dios acababa de anunciar públicamente hacía un momento que: “Tú eres mi Hijo amado.” Entonces, el diablo trata de introducir dudas en la mente de Jesús al decirle: “Si eres Hijo de Dios…” De la misma manera, ¿Podremos esperar que este mismo tipo de prueba venga sobre nosotros?

Un hijo, que lo es en realidad, es la obra ulterior de Dios, para la cual Jesús es el patrón. La intención de Dios es la de “llevar muchos hijos a la gloria,” lo que incluye hijas también. La huiothesía (Que se traduce como “adopción de hijos” o “ser adoptados hijos”) es el lugar de madurez, de un haber entrado al carácter y estatura de aquél Hijo patrón. De hecho, la palabra griega para “hijo” es huios, que implícitamente connota madurez.

En el análisis final, estoy convencido de que las potestades de las tinieblas tiemblan ante un hijo de Dios que ha “alcanzado la madurez.” Ellos buscan mantener a todos los creyentes en un lugar que es menos que eso.

Por más que queramos disfrutar un lugar de menor altura, y por más que seamos aplaudidos en dicho lugar—aunque seamos consistentes y fieles en asistir a la iglesia, en trabajo misionero y otras actividades buenas—no se trata del lugar ulterior, la estatura y propósito a los cuales Dios nos ha llamado.

No hay otra cosa que irrite más al diablo que “la colocación” o la “adopción” de un hijo. Un hijo verdadero y bíblico representa y refleja a su padre con toda exactitud. Un hijo carece de cualquier motivo o propósito para su ser y vida que no sea la gloria del padre que viene a través de la obediencia de un corazón que le es genuino. Obtener la huiothesía bíblica debe de ser entonces nuestra meta más alta. La huiothesía es la más grande de las intenciones de Dios para nuestra salvación.

Tengo que añadir que desde mi propia perspectiva, habiendo observado al pueblo de Dios durante un largo tiempo, he notado que un gran número de los que se llaman a sí mismos cristianos, no tienen un deseo de alcanzar la huiothesía. Tristemente, muchos desean una relación con Dios que exige de ellos algo que es mucho menor.

Jesús nació como el Hijo de Dios, pero hubo un punto en el tiempo en el cual Él fue declarado el Hijo, “Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.” Esta declaración tomó lugar cuando Él emergió de las aguas del bautismo, antes de que hubiese hecho nada para merecer dicho reconocimiento. Él todavía no había iniciado Su ministerio público. Eso vino después de la prueba en el desierto. Sin embargo, Dios está haciendo un pronunciamiento antes de que Jesús haya hecho algo.

¿Qué implica eso para una generación como la nuestra, que está habituada a los logros, hechos y desempeños como la base para su autoestima y reconocimiento? Consideremos la enorme significancia de una declaración que tenía que ver con todo lo que Jesús era en virtud de una relación con Dios. De hecho, la única cosa que Jesús realmente hizo para evocar tal proclamación celestial fue haber ido al río Jordán.

Este bautismo por justicia era simbólico de las aguas de muerte a Su propia vida, propósitos e intereses. La consecuencia lógica de este acto determinante fue la de traer una amargura y oposición contra Sí mismo, lo cual terminaría eventualmente en Su crucifixión y muerte vergonzosa. ¿Podría ser esta la razón por la que evitamos deliberadamente el tomar este deseo por la huiothesía para nosotros mismos?

Tenemos una intención mediocre; deseamos ser “buenos cristianos,” intuyendo, quizás, que bien pudiésemos estar invitando un tipo particular de oposición aquí, y en esta vida. Jesús definió qué era lo que constituía la “familia” en base a la relación con el Padre y la obediencia a Su voluntad. Cuando Jesús emergió de las aguas del Jordán, la Paloma celestial vino sobre Él, pero Él también esperó la declaración del Padre acerca del Hijo.

A menos que entremos en ese momento en la misma verdad y la misma profundidad, ese reconocimiento de los cielos no sonará por encima de nuestras cabezas. Todo aquí es un patrón que concierne a los hijos e hijas de cualquier y cada generación.

¿Cuántos de nosotros vimos nuestro bautismo como un acto de obediencia para cumplir un requisito y ordenanza? ¿Cuántos de nosotros lo vimos cómo entrar a una muerte y sepultura, no solamente para los propósitos de Otro, sino para que de ese momento en delante se viva por la vida de ése Otro?

Tal vez no somos hijos todavía, precisamente porque no tenemos la misma disposición de corazón que el Hijo Patrón. Muy a menudo, el bautismo en agua nos ocurre sin ningún entendimiento real de nuestra parte, un mero chapuzón religioso. Para Jesús, fue llevarse voluntariamente a la muerte de Su propia vida, Su distintivo humano y ser— incluso muerte a la misma perfección que Él era como el Hijo de Hombre.

Hay dos palabras griegas que se traducen al español con la misma palabra “hijo,” huios y teknón. Teknón, “niño” o “hijo” se usa tanto en el sentido natural como en el figurativo, en contraste con huios, “hijo” donde se enfatiza la dignidad y carácter relacional.

Ejemplos del uso de teknón aparecen en Juan 1:12: Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos (Teknon) de Dios. Filipenses 2:15: Para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos (Teknon) de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo. 1 Juan 3:2; Amados, ahora somos hijos (Teknon) de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.

Lo cierto es que la connotación es hacer énfasis en el hecho del nacimiento. En inglés existen palabras para traducir ambos vocablos (“children” y “son,”) lo cual no ocurre en español. Para nosotros, bien pudiera ser que nos lo hayamos perdido justo aquí, en el mismísimo nexo de la fe; a saber, el reconocimiento del bautismo como una sepultura, “renunciando con toda sinceridad a la vida propia.”

¿Acaso hemos visto realmente lo que la auto-renuncia a nuestras propias vidas implica? ¿Hemos visto esa clase de vidas vividas delante de nosotros? Quizás simplemente existan muy pocos que hayan atestiguado o contemplado la visión de la vida crucificada.

El apóstol Pablo fue uno de ellos. Aquí y allá, un encuentro fortuito confirma que hemos encontrado otro que lo haya hecho, quien puede declarar junto con Pablo, “con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios…”

Nuestro fracaso en la renuncia a todo es sin lugar a duda la razón por la cual seguimos viviendo consistentemente por nuestros propios pensamientos e impulsos, y por nuestras buenas intenciones religiosas. Dios llama nuestras buenas intenciones injustas y perversas porque las ponemos por encima de las Suyas.

Jamás nos someteremos a Su voluntad mientras pensemos que tenemos habilidades y cualidades significativas e importantes que pudiesen ser de valor para los propósitos de Dios. A menos que estemos plena y cabalmente convencidos de que “en mí no mora el bien”, estaremos indispuestos a “morir.”

Nuestro bautismo en agua será solamente un acto de obligación bíblica. El hijo que complace a Dios es aquel que cederá su propia vida por la del Padre. Entonces, las palabras de Jesús, y Sus obras, tenían que ser las del Padre porque Él solamente hizo lo que veía hacer a Su Padre. El apóstol Pablo entendió que él estaba muerto, y que su obra estaba escondida con Cristo en Dios.

Cuando Cristo, quien era la vida de Pablo, fue revelado en Pablo, entonces su vida encontraría expresión y sería manifestada con Él para gloria. Tenemos una gran cantidad de buenos sermones, estudios bíblicos y programas en la iglesia, pero ¿cuánta gloria hemos visto manifestada en el pueblo de Dios en vida y en poder?

La huiothesía es un llamado radical para nosotros con el fin de que colocarnos en un modo de ser que es definitivo y normativo en la fe. Si nos lo perdemos aquí, nos hemos perdido la fe en sus elementos más esenciales, y nos condenamos nosotros mismos, en consecuencia, a un cristianismo cultural.

Este tipo de “cristianismo” puede ejercer cierta influencia benigna en la sociedad para limar las esquinas, pero nunca traerá o revelará la vida y el poder de Dios. No se requiere de mucho para transmutar las cosas santas y hacerlas comunes. ¿Dónde están aquellos, como los apóstoles, que pusieron al mundo de cabeza? ¿Dónde están los hijos de quienes pudiera decirse en las sinagogas de hoy en día “y se admiraban de su doctrina, porque su palabra era con autoridad.”?

Solamente una palabra de ese calibre y poder podrá verdaderamente sacar demonios, sanar los enfermos, liberar a los cautivos, abrir los ojos a los ciegos e incluso resucitar a los muertos. En la vida y ministerio cristianos, existe una consecuencia para el hijo que sigue este bautismo radical para muerte, y la subsecuente caminata de esta vida en Su poder.

Dicha consecuencia es la prueba ardiente, el examen de la fe personal. Las tentaciones que nos prueban pueden no venir tan claramente delineadas como son descritas en el evangelio de Lucas. Muchos cristianos están pasmados ante el porqué de que ellos enfrenten pruebas y adversidades.

Cuando piensan que se han graduado de una, helo aquí, en un corto período de tiempo, hay otra prueba de un tipo más demandante. Necesitamos identificar dichas pruebas conscientemente. Necesitamos reconocer que no son coincidencias.

Están en los propósitos de Dios. Por ellas somos probados con respecto a nuestra intención con, para, y por Dios. Pasar tales exámenes no es un fin en sí mismo, sino el comienzo de algo de un tipo cualitativo que está siendo establecido en nuestro ser interior. La prueba estará con nosotros por el resto de nuestra jornada de la vida como seguidores de Jesús, el Hijo Patrón.

(Gálatas 2: 20) = Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

(Romanos 7: 18) = Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.

(Colosenses 3: 3) = Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.

(4) Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.

(Lucas 4: 32) = Y se admiraban de su doctrina, porque su palabra era con autoridad.

Alguien, con mucho acierto, dijo: “El objetivo del diablo en estas tres tentaciones fue inducir a Cristo a actuar desde Sí mismo, independientemente de Su Padre.” ¿Somos capaces de distinguir la diferencia entre actuar desde nosotros mismos y actuar desde la dependencia en el Padre?

El diablo quiere que funcionemos desde la vida egocéntrica porque afecta el carácter y el fruto de ese servicio alejándolo de Dios. Una modalidad que nos exalta a nosotros y lo que hemos hecho para Dios. La otra, exclusiva e invariablemente exalta y por lo tanto glorifica a Dios.

El sello de calidad de un hijo, en la intención de Dios, es que vivamos a través de Él “para alabanza de Su gloria.” Jesús, quien viviera desde el Padre, nos ha hecho disponible un medio a través del cual hay una manera de extraer nuestra vida de la gracia de Dios y del poder de Su resurrección.

¿Cuántos de nosotros conocemos esta dinámica de vida en la verdad, o es nada más que algo meramente teórico y académico? El diablo hará lo que sea para mantenernos alejados de ese lugar de vida y poder en Dios induciéndonos a servir a Dios desde nosotros mismos, desde nuestras buenas intenciones, inteligencia y habilidad religiosa.

Como un Hijo, Jesús jamás habló nada por Sí mismo. Siendo supremamente inteligente, Él era no solamente el Hijo de Dios sino también el Hijo de Hombre, capaz de discutir con los doctores de la ley a la edad de doce años. Y aun así, ni una sola vez durante Su vida adulta utilizó Su habilidad humana para hablar o influenciar cualesquier situación.

Anunció claramente que: las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras. Ser el siervo de otro es la pérdida de identidad final. Eso no implica que nos convertiremos en robots programados o en autómatas sin nuestro propio ser distintivo.

Jesús fue el Hijo de Hombre más irresistible que podamos encontrar, auténtico en Su ser y en la verdad de Su vida y personalidad. Esto es una aparente contradicción, una paradoja, pero Él mismo lo señaló cuando dijo: todo el que la pierda [su vida], la salvará. ¡Vivir para otro es una cosa, pero vivir para otro por la vida que viene de ése otro es algo más!

En cierto sentido, todos somos hijos de Dios, pero ¿cuántos de nosotros llegamos a ser hijos de Dios, hijos que lo son realmente? Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.

Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios. ¿Qué es lo que implica ésta declaración con respecto al asunto de los hijos?

Y seré a vosotros por Padre nos indica que no es algo automático. Hay una dimensión de la paternidad que está reservada exclusivamente para hijos que han alcanzado los requerimientos de la huiothesía. Y a todo esto, ¿cómo saber si hemos obtenido la huiothesía bíblica?

Esta es una pregunta enorme y substancial. ¿Qué tan frecuentemente, si es que alguna vez, llegamos a escuchar que el asunto de la huiothesía (o para fines prácticos, de la madurez final de los hijos de Dios,)  ha tocado la conciencia de los creyentes?

Es rarísimo escuchar del tema. Peor aún, nos suena a algo que no necesitamos considerar como perteneciente al ámbito de nuestra propia experiencia. No obstante, existe un evento de todas las épocas que tomará lugar cuando la realidad de la huiothesía sea establecida en la medida de la intención de Dios para la iglesia:

Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora.

Cuando veamos a la creación libre de su esclavitud, entonces sabremos que la condición para ello ha sido cumplida. En otras palabras, Dios está diciendo que hay una condición por la cual incluso la naturaleza inanimada espera, intuyendo y comprendiendo mejor que nosotros el misterio que la liberará de la esclavitud de corrupción—la revelación o la manifestación de los hijos de Dios.

La obtención del estatus de hijos no tiene nada que ver con lo que los hombres harán, pero tiene que verlo todo con lo que los hombres serán. ¿Acaso no estamos orientados a hacer más que estar enfocados en ser? Y me seréis testigos… dijo el Señor resucitado a Sus discípulos.

Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; pues Dios no da el Espíritu por medida. El Padre ama al hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano. La diferencia entre un hijo y un niño [huios y teknón, respectivamente,] es que no le confiaríamos todas las cosas a un niño.

Un niño carece de madurez, responsabilidad, o devoción a su padre. Un niño tiene la tendencia a usar incorrectamente, a apropiarse sin corresponderle y a buscar su propio beneficio. Los niños son egos con patas. Pero un hijo es logro supremo, cuya vida no se vive para sí mismo, sino para otro.

Hablar las palabras que tuvieron su origen en Dios es un ejercicio en humillación. Con muy poca excepciones, nuestras vidas han sido un entrenamiento para hacer aquello en lo que somos más capaces, y luego sobresalir haciendo lo mismo.

Pero si hablas la palabra del Padre, lo que saldrá es una palabra viva que puede potencialmente resucitar a los “muertos” de sus tumbas. Podrás encontrarte hablando menos palabras, pero más escogidas. La declaración celestial viene de un Padre que está esperando hijos que desistan de sí mismos; hijos que tienen la fe para creer que Él les dará Sus palabras.

El corazón de pastor del Padre busca hijos a través de los cuales Él pueda expresar Su vida, Su hablar, Su pensamiento. Nuestros servicios típicos de iglesia son, más veces que no, palabras correctamente bíblicas sacadas de las escrituras, ¿pero son una expresión de Dios mismo? ¿Podemos crees que hay un Dios cuyas palabras son más grandes que las nuestras?

Un hijo es aquél que es obediente para hablar la palabra que el Padre brinda, en la manera y carácter que ese mensaje debe de ser. Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.

¿Y cuál es tu impresión del versículo precedente? Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.

Para que el impío o perverso deje sus caminos no significa que dicho camino sea necesariamente en extremo pecaminoso o impuro visible y moralmente. En tanto que sea su camino y no el camino de Dios, Dios llama a esa persona “impía.”

En otras palabras, Él llama al hombre impío quien insiste en andar en su propio camino, aun cuando sea religiosamente impresionante. Aun si se conduce con rectitud, aun si es moralmente de notar, aun si es socialmente aceptado como impresionante, no es sino impío a los ojos de Dios.

El camino de un hombre escoge voluntariamente ignorar el camino de Dios e insiste en seguir el suyo. Lo mismo es cierto para los pensamientos. Dios mira los pensamientos de uno mismo como injustos. Siendo eso cierto, la injusticia es flagrante en la casa de Dios.

Cualquier hombre que predique su propio sermón, o quien ajusta sus palabras para que hallen cabida en lo que visualiza que es el nivel de aceptación de su audiencia, está hablando injusticia. Que el hombre inicuo deje sus pensamientos.

Dios está esperando para darnos Sus pensamientos cuando nosotros abandonemos los propios. Incluso los pensamientos acerca de nosotros mismos pueden ser denigrantes y acusadores ante nuestros fracasos y defectos.

Alguien dijo una vez: “el gallo puede cantar diez mil veces, pero no nos lo vamos a perdonar.” Necesitamos escuchar los pensamientos de Dios hacia nosotros. La mente es una cosa preciosa, y no ha de ser un campo de juegos para la carne o el diablo.

¿Por qué nos aferramos a nuestros propios pensamientos y hacemos de ellos la prioridad de nuestras vidas? Quizás sea un asunto de identidad o distinción individual. ¿Quién de nosotros está libre de la inseguridad de nuestra propia identidad de tal forma que pueda abandonar sus propios pensamientos?

Nuestra cultura y la sabiduría de este mundo presente nos han animado a ser individualistas y a tener nuestras propias ideas. Pero la sabiduría de este mundo es contraria a la sabiduría de Dios, y necesitamos ser animados por la fe que cree que Dios tiene pensamientos hacia nosotros, y por nosotros, que son más altos que los nuestros, si tan solo abandonásemos nuestros propios pensamientos por ser injustos.

Los hombres que se dan a sí mismos a los pensamientos de Dios como prioridad sobre los suyos llegan a ser notablemente distintivos en Dios. Sin embargo, en nuestro esfuerzo por establecer nuestra propia identidad, por nuestro propio pensamiento, terminamos en oposición contra nosotros mismos.

La muerte, si ha de significar algo, es total o no es muerte para nada. Jesús no fue parcialmente crucificado. Estaba muerto, un cadáver en su tumba. Él fue resucitado de entre los muertos porque cumplió con las condiciones de muerte para llegar a una novedad de vida.

Ascendió al Padre, exaltado para siempre. Desde su lugar de exaltación, y en Su cuerpo resucitado y glorificado, pudo decirle a sus discípulos: “toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones…”

Y esa es la autoridad que le es dada a aquellos que son levantados a novedad de vida. Dios no dará Su poder, gloria y autoridad a hombres que todavía están vivos a sí mismos, a sus carreras y reputaciones. Él no confiará Su gloria a carne alguna en absoluto.

Él solamente puede confiarla a hombres muertos quienes no tienen interés en su propia persona o para su propia persona. Ellos solamente desean glorificar al Padre. Es precisamente aquí que tenemos la definición de un hijo bíblico: el hombre que vive su vida con sola y exclusivamente un propósito—la gloria del Padre, no la suya.

La elección de actuar desde uno mismo o actuar desde la vida de Dios se convierte, como siempre, en el asunto de la Cruz. No es una cosa de “una vez y para siempre” sino un evento diario y continuo. Siempre existirá la tentación de vivir desde nuestra propia vida.

De hecho, entre más importante el momento, más seremos tentados al éxito del logro desde nosotros mismos. Es tentador el querer evitar la humillación o el descorazonamiento del fracaso, y eso es por qué estamos continuamente quedándonos cortos de la gloria de Dios.

La gloria de Dios es siempre y eminentemente un fenómeno de resurrección. El asunto de la resurrección es la línea divisoria que separa los corderos de las cabras. Es más que aprobar la veracidad de una doctrina (cosa que las cabras pueden hacer).

Tal cosa no salva de estar separados de Dios. Podemos estar en lo doctrinalmente correcto, asistir regularmente a la iglesia, cantar los grandes himnos y coros, cumplir con todos los requerimientos nominales de nuestro cristianismo cultural, incluso en sus mejores formas carismáticas, pero seguir estando en un lugar de separación de Dios y de Sus propósitos.

El evangelio de Marcos registra que después del bautismo de Jesús, el Espíritu impulsó a Jesús para que fuera al desierto. Esto no implica que Jesús fue renuente o que iba arrastrando los pies. Creo que el Espíritu de Dios deseaba mostrar a través de esta sola palabra en Marcos que hay una urgencia para esto, y que no es una opción para aquellos que tienen una intención seria en Dios. Vamos ahora a examinar los elementos clásicos de las tentaciones de este Hijo Patrón.

Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días, pasados los cuales, tuvo hambre. Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan. Jesús, respondiéndole, dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios.

La tentación más directa para Jesús fue la de servir al Padre desde su propia habilidad para convertir una piedra en pan. Él estaba hambriento, y todos saben que la primera ley de la vida es la de auto preservación, o supervivencia.

La razón por la cual las potestades de las tinieblas tienen tanta influencia sobre nosotros es porque sus tentaciones no son reconocidas, no digamos enfrentadas. Tanto la supervivencia corporal y personal como la seguridad financiera están profundamente arraigadas en la naturaleza humana.

¿Estamos esclavizados a ello todavía y tentados a hacer nuestro propio pan a partir de nuestra propia suficiencia? ¿Hemos experimentado el poder que trae el quebrantamiento de esta cadena y por lo tanto soportar el despojo de nuestras pertenencias con gozo?

Si somos derrotados justo aquí, el diablo se puede ir a casa temprano, y no habrá necesidad de más tentaciones del orgullo de la vida o de la lujuria de los ojos. ¡Es solamente después de que nos graduamos de esta tentación que nos convertimos en candidatos para la siguiente!

Hay tres tentaciones, pero la primera es absolutamente fundamental. ¿Cuántos de nosotros estamos incapacitados para servir al Señor en verdadera adoración porque nuestra preocupación primordial y predominante es la propia supervivencia y la continuidad de nuestra propia vida y bienestar físico?

Es una paradoja, que Dios haya tenido que darnos un instinto de supervivencia para poder preservar al hombre y la creación, y que sea precisamente ese instinto lo que nos puede convertir en cobardes y traidores de nuestra fe en Dios.

¿Cómo triunfamos ante el instinto de auto preservación? ¿Cómo podemos decir “no” a la habilidad de convertir piedras en pan después de haber ayunado durante cuarenta días? Es en esto donde el enemigo tiene una posición de amenaza en nuestra contra: en el área de la confianza.

Tememos por nuestra seguridad; esto por las cosas más elementales que pertenecen a la vida del cuerpo. La provisión de Dios para la necesidad imperante de preservarnos a nosotros mismos es el lugar en donde: menospreciaron sus vidas hasta la muerte.

Esta fue la primera tentación contra Jesús, y por lógica, será la primera que enfrentemos. Si estamos llenos de temores por nuestra propia seguridad física, ¿cómo vamos a abrazar los propósitos de Dios, especialmente en los últimos días?

Estos serán tiempos de persecución e incluso de martirio. Debemos de conocer que Dios es nuestro Proveedor, ya sea que nuestros salarios sean pagados por el Ministerio de Educación, alguna corporación, o un negocio propio.

No nos atrevamos a considerar estas fuentes financieras como la fuente de vida original. Si el Ministerio de Educación deja de ser la fuente, el Señor puede proveer desde otra. Si Él finalmente no hace el cambio, hemos de preferir perecer en lugar de continuar en el temor que nos convierte a todos en cobardes, y que nulifica cualquier trabajo de importancia para Cristo.

Necesitamos reconocer nuestra derrota ante este temor. Su poder debe de ser quebrantado, o no avanzaremos al paso dos. Es un punto de comienzo tan básico que vino inmediatamente después del bautizo de Jesús en el Espíritu.

Él fue al desierto en la llenura del Espíritu, pero salió de él en el poder del Espíritu. Muchos de nosotros todavía no hemos visto Su vida y poder por el fracaso en haber pasado a través de estas pruebas y tentaciones fundamentales, pero necesarias.

Dios conoce nuestros trasfondos y pasados. Sabe lo fiero que es la batalla, y cuánto necesitamos ser liberados. Y nos repite una y otra vez: “¿Por qué tenéis miedo? Yo Soy el Creador. Yo hice los cielos, la tierra, y también las estrellas.

Tengo una miríada de formas en las cuales puedo preservar tu vida física. ¿Crees que tu vida física es una cosa precaria que irá o vendrá dependiendo de algunas circunstancias físicas? Te he dicho que aún los cabellos de tu cabeza están enumerados, y que no darás el último aliento hasta que hayas cumplido los propósitos para los cuales te he dado la vida.”

Poncio Pilato le dijo a un Jesús que guardaba silencio: “¿No vas a decir nada? ¿No vas a rogar por tu vida? ¿No vas a arrastrarte y temblar de la forma que hace la mayoría de los hombres, y suplicar de alguna manera que evoque mi simpatía como para que quite la sentencia de sobre ti?”

Y Jesús permaneció ahí, no solamente en silencio, sino en una paz y ecuanimidad maravillosas. Él sabía que el asunto no tenía que ver para nada con Poncio Pilato, sino enteramente con el Padre. “Bueno,” dijo finalmente, ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dado de lo alto.

¿Podemos nosotros decir eso también? Recordemos, estamos rodeados por aquellos quienes son absolutas presas del pánico, quienes viven vidas acobardadas, sus humanidades lejos totalmente de ser conformadas a imagen y semejanza de Dios.

Ahorcados y restringidos, temerosos, molestos y ansiosos. No es por accidente que la primerísima instancia del ministerio de Jesús al salir de su prueba en el desierto haya sido ir a la familiar sinagoga de Nazaret donde vivía. Era el pueblo de Jesús, y leyó de las escrituras que “casualmente” correspondían a ese día en particular:

El espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor.

Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros. Dios espera un “hoy” en nuestras ciudades. Él espera que alguien entre a los lugares que le son familiares, ya sea una sinagoga o una iglesia, y que hable una palabra que liberará a los cautivos.

Una palabra así abrirá las puertas de las prisiones de personas que ni siquiera saben que están cautivas. Tristemente, no lo sabrán hasta que una palabra semejante llegue a ellos pronunciada por alguien cuyas cadenas propias han sido removidas; alguien que haya sido maravillosamente liberado del temor.

El temor que impulsa la sabiduría del mundo ha sido la fuerza motriz de los hombres desde el momento que desobedecieron a Dios. Es la sabiduría del diablo lo que gobierna sobre los reinos de este mundo. Es una sabiduría predicada sobre la base de la violencia, destrucción y muerte.

Nos protegemos por la fuerza de ser necesario. La violencia es la forma en la que los hombres reaccionan cuando su propia vida y sus propios intereses están en juego. Cualquier ruptura del tejido social es un acto de violencia.

Cualquier tipo de ventilación de ira, amargura, resentimiento o mentira, por nombrar unos pocos, es una expresión de violencia. Un hombre libre del temor no estará suscrito a dicha sabiduría. Esa es la razón

por la cual Jesús dijo que Su Reino no era de este mundo.

Él nada tenía que ver con la amenaza o el uso coercitivo de la fuerza. El mundo necesita ver una demostración de otro tipo de sabiduría, la sabiduría del Padre. Esa sabiduría por sí sola derrota a los principados y potestades en los lugares celestiales que gobiernan este mundo.

En cada lugar del mundo debe de haber una expresión de la sabiduría de Dios, que viene de la Vida de Dios mismo. Tal demostración solamente puede ser hecha a través de aquellos que han traspasado la intimidación de la inseguridad, quienes han llegado a un lugar de fe y confianza en Dios de que Él proveerá.

Ellos se niegan a recurrir a la disputa, la amenaza, la manipulación o cualquier otro de los recursos del interés propio para establecer su seguridad. Solo entonces pueden decir en su respectivo Nazaret: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.

Hay una humanidad miserable, moribunda, pudriéndose que vive errónea e impíamente desde las falsas premisas de la sabiduría del mundo. ¿Hasta qué punto es la iglesia en medio de ella sonando la alarma señalando las cosas que son falsas?

¿Qué tanto estamos nosotros, como la iglesia, aplaudiendo y aprobando la sabiduría mundana? ¿Vemos las premisas falsas del mundo como lógicas y razonables? ¿Estamos tan debilitados ante las cosas que mejoran y aseguran nuestra condición física que ya ni nos damos cuenta de que estamos en peligro?

Al tiempo que el mundo construye sus estructuras y organizaciones, también lo hace la iglesia. Construimos y perpetuamos nuestras denominaciones, comunidades y ministerios. Con el paso del tiempo, estas cosas dejan de ser medios y ser convierten en fines para nosotros.

Nuestro objetivo pronto se convierte en cómo podremos mantenerlas vivas y florecientes. Se convierten en los amados memoriales de lo que hemos hecho por Dios. Pero seguimos siendo esclavos de

los mismos valores equivocados que luchamos en mantener y proteger.

Las consecuencias de esta mentalidad removerán toda eficacia de nuestras voces en este mundo a punto de perecer. Aun cuando se nos dan opciones, ¿qué tan seguido estamos escuchando algo que es más bien ceremonial en lugar de poderoso?

Pero cuando Jesús dijo: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros,” ellos respondieron que jamás habían escuchado a un hombre hablar con ese tipo de autoridad. La vida y caminata de Jesús estaban en consonancia con Sus palabras.

Aun y cuando reconozcamos los valores del mundo como malvados, estamos incapacitados para denunciarlos a menos que nosotros mismos seamos libres de aquello que hace de otros víctimas de dichos valores.

¿Reconocemos que incluso en nuestra vida religiosa podemos seguir abrazando valores mundanos al preservar cosas por cuya seguridad y perpetuidad nos preocupamos? ¿Cuánta de nuestra insistencia en asuntos de tradiciones y doctrinas religiosas realmente nos está robando la necesaria habilidad de señalar la falsedad en las cosas que lo son?

La iglesia es la iglesia cuando su mismísimo ser, no digamos sus declaraciones, suena la alarma contra las falsas premisas por las cuales el mundo vive su vida en falsedad. Estamos llamados a demostrar un modo de existencia celestial en este mundo presente—libres del temor, libres de la manipulación, libres de la inseguridad.

Jamás comenzaremos ni siquiera a dar un paso antes de que reconozcamos hasta qué punto nos hemos sometido (empero, inconscientemente) a esta sabiduría de auto interés y auto preservación. En Hechos 4:32-35, creyentes con casas y tierras las vendieron y pusieron las ganancias a los pies de los apóstoles, quienes entonces distribuían a cada uno conforme a sus necesidades.

¿Cuántos de nosotros somos capaces de algo semejante? El fruto de nuestro esfuerzo, nuestro salario, ahorros, propiedades y seguridad parecen cautivarnos aún más de lo que nos damos cuenta. Pero en la iglesia primitiva, su bautismo en el Espíritu trajo consigo un poder para liberar de la tiranía de las cosas que estaban en operación tanto en aquél entonces como lo hacen ahora.

Codicia, ambición, el interés propio eran tan potentes entonces como ahora, pero de alguna manera esos primeros creyentes estaban libres para vender las cosas que pertenecían a su propia seguridad, y para poner la ganancia de ello a los pies de los apóstoles. No había uno solo entre ellos que tuviese necesidad. No tenían que esperar a que el sistema de seguro social proveyese para los santos; ellos proveían para los suyos.

(Efesios 3: 9) = Y de aclarar a todos cual sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas; (10) para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales.

Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común. Estos creyentes llegaron a un lugar donde no eran poseídos de sus posesiones. Había una libertad extraordinaria.

Ellos habían pasado uno de los grandes exámenes de la prueba en el desierto, y no es por accidente que leemos: Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos.

Había un poder que siguió el regreso de Jesús de Su prueba en el desierto; poder y una vida que libra a los hombres de la influencia de los demonios; poder y una vida en la predicación y la proclamación; poder y vida a los hijos e hijas de Dios.

Parece que se es concedida una medida de poder y de gracia proporcional al grado en que no seamos más esclavos de la clase de cosas que operan en el mundo. Probablemente la causa de nuestra falta de poder sea que no hemos reconocido que la primera función del Espíritu de Dios es la Verdad.

Y si estamos viviendo vidas que son esencialmente una mentira, o llenas de insinceridad, ¿cómo podremos entonces experimentar el poder de Su Espíritu? El Espíritu de Dios es el Espíritu de Verdad y se posará únicamente donde la Verdad le invite.

Hemos de ser despiadadamente honestos con nosotros mismos, y comenzar a reconocer hasta qué grado estamos atemorizados. El temor y la inseguridad que obligan a poseer y aferrarse es el patrón predominante de nuestra civilización y del mundo.

Ha gobernado las vidas de incalculables millones. ¿Alguna vez nos ha impactado el hecho de que somos una humanidad hecha pedazos y devastada? No fuimos creados para vivir en mentiras, o para vivir en una inseguridad paralizante.

Hemos sido hechos para vivir en shalom, en la paz e integridad de Dios y Su justicia. La paz verdadera no es la ausencia de conflicto, sino la calidad positiva de algo que viene a los hombres desde los cielos cuando viven conforme a la sabiduría de Dios.

Irónicamente, si hemos de escoger la sabiduría de Dios, cuyo epítome se encuentra en la Cruz de Cristo, experimentaremos un nivel completamente nuevo de reproche y persecución. El fin de la edad está a la mano. Terminará con colisiones cataclísmicas entre las fuerzas de las tinieblas y la luz.

A menos de que alcancemos este lugar de madurez como hijos e hijas, quienes pueden vivir por fe y vivir sin miedo, no soportaremos y no seremos encontrados entre los vencedores. La gran apostasía de los últimos días, en mi opinión, constará de aquellos creyentes cuya profesión de fe es más verbal y de credo que existencial o real.

No podrán responder a los requerimientos radicales que demanda la fe, ya sea ahora o entonces, y se encontrarán un día aceptando la marca de la Bestia, diciendo, “¡Tenemos que seguir con vida! ¿Qué de nuestros hijos? No es tan malo aceptar una marca; lo que estoy haciendo es sencillamente unos ajustes mínimos en la contabilidad.

Eso no va a afectar nada realmente. Mi corazón sigue con el Señor. Todavía estoy del lado de Dios.” De hecho, el último reto al final de los tiempos es la aceptación de la marca de la Bestia. Rechazar la marca significa que no podremos comprar o vender.

La preservación de nuestra propia vida estará en juego. El juicio eterno que viene como resultado de haber tomado esa marca es indescriptiblemente doloroso, nada menos que el lago de fuego reservado para el diablo y sus ángeles.

¿Quién tendrá la fe de no recibir ese número cuando se trate de la supervivencia misma, y la de nuestros niños? ¿Cómo vamos a responder a esa tentación? ¿Cómo vamos a enfrentarnos a esa prueba? Los hijos no tomarán ese número porque existen cosas más importantes que nuestra preservación física, cosas que tienen que ver con el nombre y honor de Dios el Padre.

El joven rico, que había guardado todos los mandamientos a lo largo de su vida, preguntó “¿qué bien haré para tener la vida eterna?” La respuesta de Jesús fue que le faltaba una cosa, que debía vender todas sus posesiones, darlas a los pobres y que le siguiera.

El joven se dio la vuelta y se fue triste. Puedes ser un santo ejemplar e impresionar al mundo y la iglesia, y aun así tener reservas para ti mismo cuando ya no estás dispuesto a ofrecer más. Pero un hijo, uno que lo es de verdad, no tiene vida hacia sí mismo o para sí mismo.

Su vida es por el Padre. Es para la gloria de Dios, y él está dispuesto, no solamente a sufrir el reproche y que otros le malinterpreten, sino también a pasar por la experiencia física de la persecución, el sufrimiento, e incluso el martirio.

¿Será que el libro de los Hechos es solamente una ilusión histórica y descriptiva? Todo lo que se hallaba en la iglesia primitiva debiera tener un sentido irresistible para nosotros que nos llamamos la iglesia de hoy.

El testimonio de las Escrituras dice que los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con gran poder, y abundante gracia era sobre ellos. Aún la habilidad de ofrendar los bienes, sacrificialmente, es la mismísima manifestación de la obra de la Vida de Dios, cuya naturaleza es sacrificial en sí misma.

Jesús se dio a sí mismo, como un sacrificio sin defecto para Dios por el Espíritu Eterno. Dicho Espíritu es uno de auto sacrificio. Si tal es el Espíritu quien es el modo y el medio de nuestro ser, Él va a buscar expresarse sacrificialmente a través de nuestras finanzas y posesiones.

El sacrificio es costoso, ¿y hasta qué grado somos “llenos del Espíritu” si seguimos viviendo holgadamente? ¿Dónde está la evidencia, económica y socialmente, que demuestra esta realidad tal y como ocurrió en los tiempos de la iglesia primitiva?

Tal estilo de vida sacrificial no era obligatorio; no se daba porque los apóstoles lo demandaran. No se trataba sino de una manifestación, una consecuencia natural de haber sido tomados por el poder del Espíritu.

Koinonia, la palabra griega para comunidad o compañerismo, es realmente la comunidad y el compañerismo en dar. Seguían poseyendo cosas, pero no eran poseídos por sus posesiones. Su actitud, expresada en otra sabiduría, les había venido junto con el Espíritu de Dios.

Eso cambió la forma en la que veían sus propiedades y bienes. Estaban libres, por lo tanto, para la rica magnanimidad de Dios mismo. Él [Jesús] respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

¿Cómo es que se vive por toda palabra que sale de la boca de Dios? ¿Cómo ha de igualársele con pan? ¿Cómo es esto una respuesta suficiente para detener en seco al diablo y obligarlo a continuar con la siguiente tentación—como si reconociese que no va a tener oportunidad alguna de lograr su cometido?

La respuesta de Jesús parece reconocer que hay valor para el pan, pero no todo el valor. No sólo de pan vivirá el hombre. Hay un lugar para el pan, pero que no se le permita obtener un lugar más elevado que su valor real.

No darle a las cosas materiales un valor mayor al otorgado por Dios. No vendas tu alma por cosas que Dios no valora. No seas deslumbrado. Hay un valor para el pan, pero dicho valor se encuentra dentro de la intención de Dios.

No es solamente de pan que vive el hombre; hay algo más, a saber, la Palabra de Dios, toda Palabra de Dios. ¿De qué forma, entonces, es que la Palabra de Dios sustenta la vida? ¿Cuánto de nuestra vida está centrado en torno a nuestras necesidades físicas?

Esaú vendió su primogenitura por un plato de lentejas, porque era un hombre que vivía eminentemente en la carne y en la esfera de su ser sensato y sensual. Y para él, la auto gratificación era su vida. ¿Te has dado cuenta de lo mucho que se fomenta en este mundo el darle prioridad al cuerpo y a la gratificación física?

¿Cuánto tiempo y dinero invertimos en nuestros cuerpos, y qué tanto en los otros aspectos de nuestro ser que son espirituales? Somos cuerpo, alma y espíritu, pero nótese lo mucho que el cuerpo tiene la preeminencia más allá de lo que Dios determinó.

¿Qué tanto nos inclinamos diariamente a darle a nuestro cuerpo el lugar de eminencia? ¿Qué tanto le hemos dado atención excesiva a las cosas que nos llevan a hacer componendas y nos hacen susceptibles a las tentaciones de este mundo?

¿Pudiera ser que existe un aspecto de la Palabra de Dios que es más que instrucción, que en efecto sea un poder sustentador? Jesús dijo que sus palabras eran espíritu y vida. ¿Por qué no habríamos de volvernos más habituados a alimentarnos de la Palabra?

No nos será posible pasar repentinamente de inmadurez y carnalidad a la huiothesía verdadera a menos que estemos colocando los deseos de la carne en su lugar. Pablo disciplinaba su cuerpo y lo sometía en servidumbre.

Necesitamos hacer lo mismo. En proporción de qué tanto lo hagamos, la Palabra tomará una nueva elevación y significado. ¿Qué le ha ocurrido a la Palabra en la consciencia de la Iglesia? ¿Qué tan significativa, en realidad, es la Palabra para nosotros?

¿Con qué expectativa se acercan los cristianos a escucharla en un servicio dominical? ¿Cuántos realmente esperamos que esa Palabra se convierta para nosotros en un evento sustentador o dador de vida?

¿Seríamos capaces de creer en una Palabra creadora que abre los ojos de los ciegos y abre los oídos de los sordos? ¿Qué tanto estimamos la Palabra en la casa de Dios? Jesús dijo de sí mismo, Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron.

Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.

Démonos cuenta de cómo la alusión de Jesús a comer Su cuerpo ofendió a los judíos religiosos. Sin embargo, de acuerdo con lo que hemos venido diciendo, en la medida que la Palabra de Dios ha perdido su valor y las cosas corpóreas han sido elevadas, lo mismo puede decirse de lo que ha ocurrido con la Santa Cena, la Comunión misma.

Puedo entender la reacción contra la celebración Católica Romana de la Eucaristía como siendo el cuerpo y la sangre misma, ¿pero acaso no hemos sido culpables los protestantes de haber convertido la Comunión en algo árido e insubstancial?

¿No ha sido acaso denigrada a algo meramente emblemático o memorial? ¿Pudiera ser que la Comunión es vital, una provisión que otorga vida, concedida por Dios para la salud misma de la Iglesia? Las Escrituras registran consecuencias negativas para aquellos que la toman indignamente, así que ¿qué de aquellos que la toman con dignidad?

¿Puedes imaginar lo que ocurriría si nos juntásemos diariamente con otros creyentes en la frecuencia e intensidad de vida como se describe en el libro de los Hechos? Nuestra impaciencia, errores y molestias terminarían encontrando expresión irremediablemente.

Pronto nos daríamos cuenta de que a menos que estemos comiendo y bebiendo del Señor, no tendremos acceso a Su paciencia, Su dominio propio, Su bondad, Su amor y Su gracia. Típicamente, cuando estas virtudes no se encuentran dentro de nosotros mismos, el sacramento no es más que una mera ordenanza religiosa.

Pero debiera convertirse para nosotros, en proporción a nuestra fe, en una provisión de vida. Quizás necesitemos comer y beber más frecuentemente con una fe que cree que estamos participando de algo más que un simple emblema: una medida de la sustancia de la vida de Dios y de Su Espíritu.

Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: A ti daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos. Respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás.

¿Cómo es que Dios permite que Su Hijo, su Hijo amado, sea llevado por el diablo a cualquier lado? ¿Y si Él permitió eso para Su Hijo, acaso no lo hará con nosotros? Dios le permitirá al diablo llevarnos a situaciones que servirán los propósitos de Dios, empleando al diablo en Su propósito de perfeccionar nuestras almas.

Job sería el ejemplo perfecto de un creyente en las manos del diablo con el consentimiento de Dios, pero impidiéndosele que tome su vida. Si las piedras convirtiéndose en pan es el asunto de la supervivencia física, ¿hacia qué áreas de la vida señala esta segunda tentación?

A causa del orgullo, nos encontramos vivos y susceptibles al poder, prestigio, posesión, posición, éxito y la estima de otros. Jesús le contestó al diablo con escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás.

Enfócate en esas tres palabras, a Él solo. Deja que sean herradas como con un acero candente en tu espíritu y consciencia—a Él solo, a Él solo, a Él solo. La única manera de resistir esta tentación es haber sido completamente divorciados de cualquier necesidad del yo de ser establecido, reconocido y admirado, y llegar a un lugar de a Él solo.

¿Cuántos de nosotros vemos la necesidad de llegar a ese lugar? ¿Cuántos de nosotros estamos libres del enorme poder del prestigio y posición con tal que nuestra vida sea declarada sobre la base de a Él solo? No te debe de importar si te dedicas a limpiar chimeneas, o si eres un creyente escondido, jamás visto, cuyo ministerio está oculto a los hombres.

No debes de tener ninguna necesidad de algo que trae reconocimiento hacia ti mismo porque tu vida no está declarada sobre ti mismo sino sobre a Él solo. Esto es un absoluto inexorable. ¿Cuántos cristianos ven su trabajo como una oportunidad de servir a Dios en dicho lugar?

Y si ese no es el caso, ¿entonces cómo le estamos adorando? Hay una conjunción entre la adoración y el servicio. Dios conoce que si alguna vez separamos lo uno de lo otro, estaremos “divirtiéndonos y jugando.”

Estaremos agitando nuestros panderos en la así llamada adoración “davídica,” y usando cantos para “crear la presencia de Dios,” pero nuestro servicio para Él es nulo y hueco. En la Escritura, el primer uso de la palabra “adoración” no tuvo nada que ver con cantar coritos.

Tuvo todo que verlo con sacrificar una vida: Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros. La adoración es sacrificio. El servicio verdadero es sacrificio.

Y esa es la razón por la cual Dios ha unido ambas palabras. Cualquiera que ha tenido cualesquier experiencia en el mundo académico sabe que es una jungla. A través de orgullo y ambición, hay una lucha incesante, compitiendo por la prominencia y el prestigio.

Tristemente, las mismas ambiciones hallan su lugar en las congregaciones de Dios. Queremos hacernos un nombre, que no viene siendo nada menos que una expresión de orgullo. Esto lleva a la gritadera por posición, prestigio y reconocimiento.

Podemos ser exitosos y brindar así de servicios y programas, pero nuestra palabra no tendrá ni autoridad ni poder, ni podrá liberar a aquellos que nos escuchen de sus cadenas. ¿Cuántos le están “sirviendo” al Señor, pero realmente se sirven a sí mismos? Servir a Dios exclusivamente requiere rendirlo todo de forma absoluta ante Dios.

Jamás fue algo reservado solamente para aquellos hombres como un requerimiento para llevar una vida profesional de ministerio. Todo nuestro propósito y razón de existir es servir a Dios. Si no le estamos sirviendo, si eso no es la comprensión consciente y explícita de lo que somos en Él, entonces nos estamos sirviendo a nosotros mismos, ya sea en el ministerio o en el mundo secular.

Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.

Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.

Queda claro en este pasaje que hay dos resurrecciones, y que no todos los cristianos son levantados a la venida del Señor, sino solamente aquellos que han cumplido con ciertos requisitos. Hay una resurrección general de los muertos al final del reinado de mil años de Cristo, cuando el Libro de la Vida sea abierto.

Hay una opinión casi mayoritaria que nos dice que, la gran mayoría de los cristianos, no participarán de la primera resurrección, que ocurre durante la venida del Señor. No son “santos y bienaventurados,” o “sacerdotes.”

Solamente un sacerdote sirve a alguien más sin consideración alguna por sí mismo. “Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás.” De hecho, un sinónimo para un sacerdote sería un hijo—del tipo que hemos estado describiendo.

Servicio sacerdotal, desinteresado, es lo que distingue a un hijo. Es todo el propósito de su existir. ¿Se puede ser un hijo así y seguir siendo un maestro escolar, atender una farmacia o ser un agente de seguros? ¿Puede tenerse una ocupación normal, secular y seguir teniendo esta sola y única preocupación como hijo, de servirle a Él solo?

Sí, está en la intención normativa de Dios que así sea. Imagina hijos e hijas en todos los ámbitos de las esferas seculares, quienes, sea lo que fuere que estuviere en sus manos por hacer, lo hagan como para el Señor.

No buscan agradar a los hombres, sino agradar a Dios, afectando toda la calidad y el carácter de su servicio porque es para el Señor. Cuando nosotros somos tentados, ¿podemos decir, “escrito está…”? ¿Proseguirá el diablo a la siguiente tentación, o soltará un bostezo?

El diablo y las potestades de las tinieblas saben a quién es necesario y legítimo temer. Saben a qué grado nuestra confesión de palabra es la declaración auténtica y la verdad de nuestra vida. Solo se les exige una sola cosa en todo el universo cósmico moral—que reconozcan una vida auténtica, dondequiera que se encuentre, y como es expresada por medio de hijos que también son sacerdotes para Dios.

Ellos saben reconocerla cuando la tienen enfrente, y si ellos no ven la calidad de una relación con el Padre, serán completamente indiferentes a cualquier cosa que tengamos que hacer o decir. Podemos gritar y gritar hasta ponernos morados; podemos tratar de “reclamar ciudades para Cristo”;

Podemos orar un huracán; podemos danzar durante todo el día y toda la noche, pero las potestades no dejaran escapar sino un delicado bostezo. Que vean la resonancia de la autenticidad en una persona cuya vida, en su ser esencial, está fundamentada en servirle a Él solo, entonces temblarán y huirán despavoridos.

Si nuestra vida de egoísmo sigue viva, mimada y nutrida, ¿cómo podremos llegar al señorío absoluto de Cristo Jesús en todo? Él es Señor sobre todas las cosas, o no será el Señor. El tenor relativista del que están hechas las fibras de nuestra civilización es contrario a lo absoluto de Dios. El ceder de una manera total y absoluta es virtualmente desconocido e indeseable en el entendimiento de muchos cristianos.

Aunque se sometan a menudo al señorío de Cristo en los asuntos importantes, no son de hacerlo en todos y cada uno de los otros asuntos. Nuestra superficialidad, mediocridad y casual indiferencia al señorío de Dios jamás moverá al mundo hacia Él.

¿Qué ocurriría si viviésemos como hijos en verdad? No tenemos ni la autoridad ni el poder de hijos, y aun así, ¿nos hemos dado cuenta de cuánta preocupación hay en la iglesia respecto al asunto del poder? Pseudo-avivamientos, señales, prodigios y otros fenómenos barren con las iglesias.

Pareciera que estamos buscando emociones para nuestras vidas apáticas, ¿pero cuántos de nosotros estamos examinando la fuente de donde emana ese poder? Y dejando de lado por un momento aquello del énfasis en el poder, ¿estamos viendo realmente la misma clase de poder que Jesús desplegó como hijo?

¿Sabemos hacer la distinción entre el poder verdadero y el falso? Si no, ¿cómo vamos a enfrentarnos a los engaños de los últimos días, que incluyen señales y prodigios mentirosos, además de otras expresiones sobrenaturales de poder?

Las mismas señales y prodigios pueden ser realizadas tanto por Dios como ser hechos por parte de Satanás. Es la fuente la que les hace una mentira. El poder auténtico es otorgado a hijos a quienes el poder puede ser confiado.

No es por accidente que en la ausencia de este poder estemos viendo personalidades de relumbrón con demostraciones que son tan cuestionables, si no es que grotescas, que uno se pregunta cómo podrían ser confirmadas por el Espíritu de Santidad.

Aplaudimos instantáneamente cuando vemos gente caerse de sus asientos por hileras enteras. Aceptamos demostraciones tales como temblores inexplicables, carcajadas descontroladas o asuntos similares sin crítica alguna como si fuesen el poder de Dios.

Es posible que necesitemos hacernos la pregunta de si nuestra condición espiritual será tan mala que estemos desesperados por experimentar cualquier clase de demostración que le brinde emoción a nuestra vida cristiana.

Cuidado; no estoy diciendo que esto no lo sea, lo que quiero significar es que necesitamos ir a la Palabra de Dios, a lo absoluto de Dios y al poder que vendrá de hijos que lo son de verdad. Necesitamos ver otra vez delante de nosotros la diferencia entre lo verdadero de lo falso.

La tercera tentación es la más sutil y quizás la más mortal porque tiene que ver con el espíritu. Y le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres hijo de Dios, échate de aquí abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará cerca de ti, que te guarden; y, en las manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra. Respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios.

¿Alguna vez has considerado que el diablo mismo cita de las escrituras? Uno debe de concluir que este es el terreno más peligroso, y el más sutil, porque está puesto en la santidad y justificación de la Palabra de Dios misma.

¿Cuántas veces la gente nos ha citado las escrituras? Uno se siente enormemente en pérdida porque tiene un sonido tan correcto, y es precisamente ahí donde se encuentra el área del mayor de los engaños.

Aun habiendo tenido éxito en pasar las dos primeras pruebas y tentaciones, puedes perderlo todo ahí en la tercera y final. Los últimos días vendrán cargados de sutilezas, y esta área es donde más probablemente podremos quedar atrapados.

Apenas suena como una tentación substancial de parte del diablo el llevar a Jesús al pináculo del templo en Jerusalén. Notemos dos cosas: el uso de la Escritura y la localización de la tentación—Jerusalén misma, y la cumbre del templo.

¿Qué podría estar más cercano a Dios o ser más sagrado? Nuevamente, Jesús dio una respuesta que fue suficiente para desarmar la tentación. Representa la tentación de probar a Dios para el cumplimiento de su propia Palabra.

¡Esto bien pudiera ser el fundamento de la mayoría, si no es que de todas las iglesias de “fe/prosperidad”! En ellas se cree que pueden invocarse las Escrituras y hacer a Dios responsable de cumplirlas, trátese de sanidad, un auto nuevo, una esposa o cualquier otra cosa deseable.

Le llaman “nombrándolo y reclamándolo,” pero en realidad es el más profundo y sutil de todos los pecados, revelando la presunción de que Dios está obligado a cumplir su Palabra a nuestro antojo. ¿No podría ser esto una de las maneras de tomar el nombre de Dios en vano?

Esto es muy similar a las situaciones donde invocamos a Dios para nuestra auto-justificación. Cuántos de nosotros, por ejemplo, somos demasiado perezosos o tenemos falta de interés de asistir a la reunión de oración, pero “santificamos” nuestra posición poniéndola en términos espirituales, “Bueno, el Señor no me ha guiado a asistir esta vez.”

Nótese cómo estas tentaciones van desde los asuntos más sencillos y aparentes de la supervivencia física hasta los asuntos más sutiles pero poderosos de orgullo, prestigio, poder y posesión; y luego, esta tentación final y su sutileza.

Bien pudiera haber más pecado llevando el disfraz de “espiritualidad” en aquel que es groseramente carnal. ¿Puedes pensar en ocasiones donde tomamos las escrituras, buscando su cumplimiento caprichosamente?

El cumplimiento de las Escrituras espera en el Señor, en la especificidad que Dios brinda de acuerdo a Su propia sabiduría y voluntad. Necesitamos tener en mente que la intención del ataque del diablo en estas tres tentaciones es alejar a Jesús de Su centro en Dios, y mover ese centro a sí mismo.

¿Cómo es eso verdad en la tercera tentación? ¿Cómo es que el interés propio se convierte en el centro de esta tentación—de tal manera que no tropieces con TU pie en piedra? Si pensamos en colocar a

Dios bajo la obligación de proteger, preservar y guardarnos, Él entonces se convierte en nuestro agente, nuestro lacayo.

Terminamos usando a Dios para nuestros propósitos—incluso en Su nombre. Al hacerlo así, operamos desde un centro propio y no desde Dios como el centro. ¿Cómo se pasa una prueba como esta? ¿Cómo podemos encontrar el camino para salir de esta tentación?

¿Cómo saber cuándo las Escrituras están siendo usadas correcta o incorrectamente? Si el diablo usó las Escrituras mismas para tratar de sacar a Jesús de su lugar en Dios y hacer de Sí mismo el objeto y centro de Su preocupación, ¿cómo podremos saber si nosotros mismos somos culpables de usar las Escrituras para nuestra propia auto-justificación?

Sabremos cuando la Palabra esté siendo correctamente utilizada cuando su uso implique, para esa persona, pérdida más que ganancia; sufrimiento más que exaltación; negarse a sí mismo más que auto-justificación. La mala utilización de las Escrituras y de Dios al justificarnos a nosotros mismos será una trampa artera, mortal y final para muchos santos.

Es mejor errar del lado donde se interpretan las Escrituras en términos de pérdida, que del lado donde se obtiene ganancia. ¿Cómo es que el diablo usa las Escrituras? Él implica que Jesús debe de estar en primer lugar, que Su pie no debe de tropezar en piedra.

¿Es acaso Dios indiferente a los pies de Sus hijos? ¿No desea salvarlos de ser innecesariamente lastimados? No, Él está lleno de toda compasión y tierna misericordia. ¡Pero cuidado, no sea que Dios se convierta en nuestro amiguito, un agente de alivio para nuestros problemas!

Si eso fuera cierto, el creyente se convierte en el objeto; el Señor es su agente. Jesús se convierte entonces en una entidad cuya preocupación es hacer cosas para nosotros. Esto es algo sutil. El hacer de nosotros la primera consideración, como si ese fuera el propósito de Dios, es perder toda la alineación del creyente con Dios.

Nos coloca en el centro, en lugar de Él. Dios no está bajo ninguna obligación de preservarnos. Invocar las Escrituras como si Él tuviera dicha obligación de honrarnos es una forma de manipulación. Y si manipulamos a Dios, ¿qué no haremos con los hombres?

Lo único que podrá salvarnos de la sutileza de estas tentaciones es no tener una vida propia qué preservar, o un “pie” a considerar. Los hijos verdaderos son indemnes al asunto de su propia perpetuación, su propia supervivencia y su propio éxito.

Es precisamente ahí donde se encuentra nuestra seguridad. ¿Por qué estas tentaciones siguieron al bautismo de Jesús? Están probando si Su bautismo era o no válido. Sabemos que el Padre hizo Su anuncio sobre el Hijo cuando subió de las aguas del bautismo, de la muerte y sepultura.

La subsecuente crucifixión de Jesús, y Su resurrección, fueron tanto una reiteración como una actualización de lo que Él ya había experimentado al descender a las aguas del río Jordán. En otras palabras, la crucifixión, sepultura y resurrección de Jesús fueron el resultado de su consagración anterior.

Y este es el patrón para todos aquellos que quieran seguir Sus pasos. Esa es la consecuencia natural de una vida ofrendada a Dios. El mundo está enemistado con Dios, odiando a aquellos que se identifican como hijos de Dios, y traerán contra ellos, de una forma u otra, el mismo asalto que fue lanzado contra el Hijo de Dios, lo cual, para Él, hizo de Su crucifixión algo inevitable.

Jesús había descendido a esas aguas echando a un lado toda consideración para Su propia vida y convirtiendo en inevitable una muerte de agudísimo dolor por amor al Padre. No el menor de estos dolores fue la ausencia de la presencia del Padre mismo: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?

Jesús bebió de una copa mucho más allá de nuestra comprensión. Las tentaciones que siguieron Su bautismo eran para ver si, de hecho, Su vida había sido sepultada o si quedaba todavía algo de Su vida que se preocupase por ella; por su preservación física, por prestigio, poder y posesión.

El diablo tiene todo derecho legal para atacar y venir contra la carne. Donde sea que vea carnalidad y egoísmo, él tiene el derecho legítimo de tener un día de campo. Él estaba mirando para ver si había alguna área—cualesquiera—en donde el Hijo de Dios pudiera haber sido tentado hacia el lugar de defenderse a Sí mismo corporal, emocional o espiritualmente.

Si las aguas de bautismo, por lo tanto, son un descender a la muerte, una sepultura, ¿cómo va a quedar algo que pueda ser tentado? ¿Acaso esto, entonces, implica que un corazón perfecto está libre de pecado? ¡Sería maravilloso que así fuese!

Un comentarista bíblico describe un corazón perfecto como aquel “cuyo corazón es íntegro para con Dios.” El escribe: No es un corazón donde el pecado no tiene lugar alguno, y donde todo es santo y espiritual, porque ¿quién, salvo los espíritus de los justos hechos perfectos, ha alcanzado estatura semejante?

No es un corazón que jamás duda, nunca se entristece, nunca se desanima, nunca languidece, nunca se enfría—para eso debemos de buscar un mundo mucho más brillante, con un clima genial. Un corazón íntegro es uno que ha cesado de malinterpretar y de desconfiar del carácter de Dios; que toma ese carácter sencillamente como es revelado por la gracia, y que reposa donde Dios da reposo al pecador, en Su amor que perdona.

Un corazón íntegro es uno que ha cesado de sospechar de Dios… La integridad del corazón consiste en su correcta aprehensión del carácter de Dios; en “conocer al Padre” como Él se ha dado a conocer a los pecadores a través de Cristo Jesús…

Aquél quien no ha visto suficiente todavía de Él en la Cruz, de tal manera que sean disipadas todas sus perversas dudas y temores de culpa, no es íntegro para con Dios. A menos que nuestro bautismo será un bautismo para muerte en primer lugar, ¿cómo habríamos de mirar atrás y verlo como un lugar en donde podemos reconocernos como muertos en este instante?

¿Estoy realmente muerto a mis propias ambiciones? ¿Acaso necesito seguir en el ministerio porque requiero del aplauso del pueblo de Dios, su afirmación, y porque necesito hacer algo para estar activo en el ministerio?

¡Posiblemente el hombre que pueda ejercer el ministerio estando a salvo sea el hombre que no desea el ministerio y para quien predicar sea un sufrimiento! Ninguno de nosotros está a salvo de los precipicios del ego y del pecado sin una plenitud de consejo.

La reprensión, exhortación y afirmación de los hermanos con quienes nuestras vidas estén seriamente unidas no son solamente saludables para nuestras almas, sino esenciales para la madurez. Cuando somos acusados de algo, tenemos que considerar la posibilidad de que sea cierto, porque la naturaleza misma del pecado es engañarnos para que no reconozcamos su carácter como tal.

Así que si un hermano ve algo en nosotros que no podemos ver, debemos de considerar profundamente su percepción. Solamente los hijos se someterán a vivir en una tensión semejante, requiriéndose de ellos que sigan adelante a través de los intrincados y difíciles asuntos de la Vida celestial vivida en esta tierra.

Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. El capítulo comienza, Jesús, lleno del Espíritu Santo… La prueba en el desierto concluye con, y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea. La prueba comenzó con Jesús lleno del Espíritu.

Esa misma llenura le habilitó para vencer al enemigo al tiempo que luchaba con las demandas y la muerte de Su carne. Con la victoria ganada, podía entrar a Su tiempo de ministerio en el poder del Espíritu.

Hay un patrón Divino exhibido aquí por el Hijo. La exitosa superación de las pruebas explica el poder con el que Jesús entonces comenzó Su ministerio Público. Llegó a la sinagoga que le era familiar en

Nazaret, y se admiraban de su doctrina, porque su palabra era con autoridad.

¿Qué fue lo que le dio a Su palabra el peso, el poder y la autoridad que una generación entera de israelitas estaba desacostumbrada a oír? Tal vez pudiésemos decir que el Espíritu fue, y es, dado sin medida a un hijo que lo es de verdad.

Las palabras de Jesús transmitían un cierto peso y autoridad en Dios que solamente se otorga a los hijos. No podemos seguir de largo y dejar esta cuestión desatendida. ¿Qué es lo que el poder ahora conferido a Jesús tiene que ver con haber pasado por las tentaciones en el desierto?

Después de Su resurrección y ascensión, Jesús se reveló a Sí mismo y a Sus discípulos, diciendo:

Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Autoridad y poder son virtualmente sinónimos. Si los discípulos iban a “ir y hacer discípulos,” sería lo mismo que el Señor yendo, porque Él habría de ser su vida. ¿Por qué no le fue dada toda autoridad hasta Su resurrección?

La resurrección y ascensión son a menudos llamados la “exaltación,” pero hubo una humillación que precedió la exaltación. Él fue abajo, y por tanto le fue dado un nombre que es por sobre todo nombre en los cielos y la tierra. La exaltación no fue meramente ir verticalmente hacia arriba, sino una exaltación de estar a la diestra del poder. Es el Hijo en el cielo, en el trono del Padre.

Que le fuera otorgada toda autoridad fue la exaltación, y es nuestra exaltación también en la medida de nuestra identificación con Él, en muerte primeramente, y luego también en resurrección. La exaltación es la declaración de la resurrección.

No puede ser brindada antes porque no es seguro que sea brindada antes, aún a creyentes bienintencionados, hasta que la muerte haya borrado cualquier traza de alma y ego que pudiera dar un mal uso y apropiarse de la gloria de Dios.

El diablo es un ángel de luz. Era el querubín ungido, pero porque estaba vivo todavía a su propio interés, se extravió ante el prospecto de gloria y poder. La única seguridad para el poder y la autoridad es la muerte.

Me pregunto qué tan muertos estarán estos ministros cuyos libros están automáticamente en las listas de los best-sellers? Cuando miras esos libros, no son nada más que un montoncito de pelusa. ¡Son poco más que éxito de relaciones públicas, completos con peinados a la moda, estilos de vida lujosos y apariencias que dan toda indicación de que están muy, muy lejos de estar muertos!

Necesitamos conocer a aquellos cuyo poder está siendo expresado. Si no es el poder del Espíritu de Santidad, otorgado sin medida por Dios a un hijo que porta Su Palabra sin egoísmo alguno, y que nunca llamará la atención sobre sí mismo a la hora de usarla, ¿entonces de quién es ese poder?

Existe una profunda relación entre el poder y la huiothesía. El poder solamente puede ser concedido a los hijos, porque no abusarán de él. Su vida entera se vive para el Padre. Dios espera a los hijos, y el Señor tiene la intención de “llevar muchos hijos a la gloria.”

La gloria es un sinónimo de poder. El poder de Dios es la gloria de Dios. Él puede dar a los hijos el Espíritu sin medida, a aquellos que no usurparán Su gloria, porque un hijo lo es en el carácter del Padre. La palabra que Pablo utiliza para la “madurez” de los hijos es “adopción.”

La adopción implica algo subsiguiente al nacimiento. Nacemos como niños, pero llegamos a ser hijos. De acuerdo con la práctica romana en la era de Pablo, un padre había de adoptar a su propio hijo biológico cuando éste alcanzara cierta madurez distintiva.

La adopción constituía la huiothesía, lo que entonces convierte al hijo en el heredero del padre. Él no llega a ese punto por mera genealogía o descendencia biológica, sino en virtud de la madurez. Entonces se le adoptaba. No era adoptado como algo inevitable, sino en virtud de cierto reconocimiento específico del padre.

Solo entonces podía decretarse al hijo como heredero. Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones, Y como posesión tuya los confines de la tierra.

Un heredero del mundo es la exaltación que viene a un hijo. Es algo codiciable. Debemos de desearlo. Necesitamos estar abiertos a ello. Necesitamos abrazarlo. Necesitamos hacer de ello nuestra intención declarada.

La consecuencia inevitable de una vida vivida en Dios y por Dios y para Dios es la oposición, persecución y en algunos casos la corona de martirio. En el libro de Apocalipsis, son los mártires quienes tienen coronas; son los mártires quienes están sentados en tronos para reinar como reyes y sacerdotes.

¿Qué acerca de aquéllos que no mueren como mártires? ¿Se les niega chapuceramente esta distinción eterna? No se trata de si tenemos que entregar la vida o no, sino de que si hemos vivido nuestras vidas como mártires lo que determina nuestro destino eterno.

Es la prerrogativa de Dios si nuestras vidas han de tocar su fin con una muerte violenta o pacíficamente en cama. Irónicamente, el martirio no es una forma de muerte; es una forma de vida. Es notablemente liberador saber que mi vida no me pertenece.

El mártir Esteban terminó su camino en esta tierra conforme a todo lo que le fue divinamente propuesto. Su sufrimiento hasta la muerte tocó la consciencia de Saulo de Tarso, ante cuyos pies fueron depositadas las ropas de quienes apedrearan a Esteban hasta matarlo.

Fue en su muerte y sufrimiento que Esteban demostró un espíritu magnánimo y una aceptación con gracia de la soberanía de Dios. Se nos dice que el rostro de Esteban brillaba como el de un ángel. Él cumplió cada propósito de su ser, y el último de estos propósitos fue decir, “no les tomes en cuenta este pecado,” mostrándole a un judío religioso una calidad de carácter y generosidad de espíritu más allá de cualquier cosa que pudiera esperarse de algo meramente religioso en esta tierra.

Fue una demostración celestial de un hijo que estaba tan arrebatado en el Padre, cuya vida no le pertenecía. No determinó su vida por longitud cronológica sino por obediencia a aquél final que Dios requirió de él, y luego durmió.

Esa demostración perforó el corazón de Saulo hasta la angustia. Esteban ya había muerto; había sido traído de la muerte, para ya no vivir para sí mismo, ni por sí mismo, sino para Dios. No veremos la gloria de Dios hasta que haya hijos e hijas quienes estén dispuestos a probar la muerte de la humillación, decepciones y fracasos inexplicables, porque no estarán dispuestos a forzar a Dios para sus propias metas.

En el análisis final, Él tendrá misericordia de quien tendrá misericordia cuando Él tenga misericordia. Y si sirve a Sus propósitos el no revelar Su vida, entonces sencillamente tendremos que esperar. Esta es la preciosa fe dada a los santos, y hemos de contender por ella o nos terminaremos conformando con algo mucho menor. Aunque esa medida menor pueda ser doctrinalmente correcta, carecerá del poder de Dios que trae y confiere la vida…

 

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En el Ámbito de las Simientes

Hasta el día de hoy, creo yo, hemos intentado entender el mensaje del Reino. Algunos más confundidos que otros, pero ahí van. No sé si la palabra confuso es la correcta. Creo que lo más complicado de todo esto es tener la certeza para abortar enseñanzas tradicionales, clásicas y legendarias, a la luz de la revelación presente.

Yo no voy a defender ninguna verdad, porque la verdad no necesita defensa. Tampoco necesita tu opinión para prevalecer. La verdad existe en ausencia de opiniones. Hemos sido fieles en estudiar y respaldar la verdad con más que suficientes escrituras.

Compartimos con ustedes y leímos las escrituras. Vimos con nuestros ojos, que ahí decía lo que se estaba diciendo. Si eso que viste con tus ojos destruye lo que aprendiste, no me llores. Enójate con el Libro, en todo caso, que es el que te está diciendo las cosas como son y no como las han querido pintar o disfrazar.

No hagas cambios drásticos. La transición toma tiempo. Y si hay algo que es difícil, eso es guiar a un pueblo cuando tú también estás transicionando. Creo que es un llamado a concentración de estudio. Creo que tenemos que hacer lo necesario por tener los privilegios que brinda la enseñanza genuina más a menudo.

Tenemos que salir de la vida casual y normal, y pagar el precio por seguir aprendiendo. Creo que tenemos que tener sed y hambre, no por cosas emocionales, sino para verdaderamente escudriñar escrituras. Que el hambre nos consuma de tal manera que, a pesar de trabajar ocho o diez horas, tener que atender tu familia, le robes a tu sueño tres horas más y escudriñes por encima de la enseñanza tradicional.

Estoy hablando de que vamos a tener que pagar el precio si queremos ser parte de lo que está por suceder en el ámbito espiritual, y que la doctrina que hemos tenido hasta ahora, buena en su esencia, no es suficiente para sacar al diablo de tu ciudad, pueblo, aldea, provincia, departamento, condado, región o país.

Así es que vamos a tener que entender, te diría que concienzudamente, que no se trata de una doctrina nueva, no se trata de una nueva enseñanza, sino de una que ha sido oscurecida por ignorancia del pueblo. Siempre estuvo ahí. No fue algo escrito hace poco tiempo.

Esto no fue extraído de una visión, ni tampoco copiado de un libro; simplemente fue leído en la Palabra. Verso por verso. Aprende a leer la Biblia en texto, y abrace el corazón de lo que Dios está diciendo, y no la letra. El corazón de lo que Dios está diciendo.

Hemos interpretado, entonces, lo que es el verdadero evangelio de Dios, y ya hemos visto en otros trabajos, que no podemos separar al Reino del evangelio. Que el evangelio y el Reino es una misma cosa. Porque el evangelio no es otra cosa que las Buena Nuevas.

Por esa razón, debo recordarte una vez más que, todo evangelio que no produce esperanza, no proviene de la boca de Dios. Estamos hablando del corazón de Dios, no de la letra. Es imposible que Dios quiera destruir y quiera arrasar con el planeta, y llamarle a eso Buenas Nuevas!

El reino, aunque es ahora, aguardamos juntamente una manifestación literal futura. Sabemos que el Reino es una dimensión de poder e influencia, es el área, perímetro o jurisdicción sobre la cual opera la influencia de un rey. Y que si el rey opera y tiene influencia en su vida, tú comprendes parte de este Reino.

¿Por qué todo? Porque es necesario entender legalmente, los términos legales de nuestra existencia. Si no tenemos términos legales para operar en la tierra, no vamos a tener éxito tratando de restaurar. Lo que ha de restaurarse, es el Reino de Dios. Y cuando el Reino de Dios fluya a perfección, humanamente hablando, dentro de tinieblas, entonces esto habrá creado un estandarte.

Y cuando hablamos de restaurar, no nos referimos a que las calles van a ser de oro y que no va a haber un pecador en ellas. La Palabra claramente nos dice que los tiempos se pondrán peores. Pero, dentro de ese tiempo, tiene que haber un estandarte, un ejemplo levantado, que pueda juzgar a los reinos del mundo.

Él va a ser un ejemplo, una medida. Esta es la iglesia de Dios, se ha levantado en justicia, en poder, excelencia, en autoridad; su gobierno funciona, es próspera. Tiene sabiduría, no son los desempleados, los desocupados, tienen poder, tienen elocuencia.

Ahora Dios puede decirle al mundo: ¿Has visto a mi siervo Job? No hay nadie como él en la tierra. Por eso te juzgo. Pero, mientras no haya contra qué juzgar, no se puede juzgar lujuria en el mundo, si hay lujuria en la iglesia. No se puede decir que la política es sucia e hipócrita, si existe política religiosa.

No se puede juzgar la pobreza del mundo, si nosotros no somos fieles con todo lo que se nos ha enseñado por la Palabra respecto a los bienes materiales. Esa, de alguna manera, es la restauración de la cual estamos hablando. Lo repito para aclarar todas las dudas.

Eso es lo que está aguardando Cristo para regresar: una iglesia más que vencedora. Entonces, simultáneamente, tú serás incorporado a incorrupción, y los inicuos serán tomados al infierno. Tú serás elevado, y el inicuo rebajado. Simultáneamente.

Sabemos que el Reino funciona. El problema ha sido y sigue siendo: ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Por qué? ¿Qué jurisdicción tiene el Reino? ¿Cuál es nuestra función? ¿Cuál es la objetividad de nuestro ministerio? ¿Qué o cuál, según Dios, es el propósito de nuestra existencia como iglesia?

La palabra iglesia, vale la pena mencionar, -te reitero una vez más-, es la palabra eklessia. Es un grupo de representantes, militantes y políticos. No tiene nada que ver con religión. Nabucodonosor tenía una iglesia. Asiria tenía una iglesia. El diablo tiene una iglesia.

Es un grupo que representa la constitución del gobierno que lo envía. Eso es una iglesia. Los llamados, los elegidos, la cámara de representantes del rey. Cuando el rey hablaba, la iglesia salía a caballo declarando: ¡El rey habló! ¡El rey habló! Esa era la iglesia, muchos lo hemos visto en las películas sobre el tema.

Sólo un problema: hoy el rey habla y nosotros nos quedamos abstraídos mirando al infinito como si el rey no hubiera abierto la boca. Y cuando ellos decían: ¡El rey habló! Eso se convertía en ley, y juzgaba al que no obedecía. Fíjate que la palabra del rey, juzga.

Sólo un problema: para ser rey, hay que ser sacerdote, primero. Si no eres sacerdote para con Dios, la palabra de rey tuya no tiene autoridad. Él lo dijo de esta manera: Si no vences en privado, no tendrás éxito públicamente. Quiero comenzar esto desde la Biblia en 1 Corintios 15. Te voy a dar unas estrategias que te van a dejar atónito.

(1 Corintios 15: 24) = Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, (A eso viene, a entregarlo), cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia.

(25) Porque preciso es que él reine (O sea: está reinando, y que continúe reinando) hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies.

Aquí nos da que una de las características de nuestro trabajo es suprimir. La palabra suprimir significa excluir, renovar, descartar, anular efectividad, desplazar, prohibir influencia, controlarlo. Tenemos que anular, desplazar, descartar y controlar todo dominio, toda autoridad, toda potencia.

Tres dimensiones. Dominio, autoridad y potencia. Muy parecido a Efesios 6. Principados, Potestades, Gobernadores, Huestes de Maldad. Estos afectan las tres áreas del cuerpo. Afectan tus costumbres, tu estilo de vida. Los principados le dan la tonalidad a la ciudad. También afecta la filosofía y el alma de la ciudad.

La educación. Pero también afecta el cuerpo las acciones de los hombres, y lo que manifieste en la ciudad. Recuerden que estos principados le dan tonalidad a las naciones, y nuestra lucha no es contra carne ni sangre. Y para que cambien las acciones del hombre, hay que cambia las filosofías que rigen al hombre.

Es imposible vencer un principado sin atacar una filosofía. Porque un principado, es un poder tras un principio. Puedes orar hasta que la cara se te ponga azul, pero si no atacas el principio, el principado sigue teniendo un trono. Esto es verdadera guerra espiritual, no cuatro demonitos revoltosos y bullangueros.

Toda ciudad tiene tres dimensiones, es igual al hombre. Tiene espíritu. La dimensión y ámbito espiritual, la tonalidad religiosa de la ciudad, regiones celestes de la misma. La ciudad tiene alma. El asiento de educación, decisiones burocráticas, filosofías. Y tiene cuerpo, la infraestructura, el estilo hogareño y las acciones de los hombres dentro de la misma.

De manera que para afectar o tomar una ciudad, tendríamos que obedecer a nuestro propósito, el cual es anular todo dominio, principio o potestad. ¿Pero dónde? En la esfera espiritual de la ciudad, en el alma de la ciudad y en el cuerpo de la ciudad. No vas a venceré sin atacar el hombre completo.

Regiones celestes, sistemas religiosos, formas de religión que niegan el poder. ¡No, hermano1 ¡Es que a veces no sé qué hacer! ¿Sabes qué? Es que no tienes coraje. Pero como saber, sí que sabes qué hacer. Si tú sabes lo que tienes que hacer, pero te sientes que no puedes tomar la decisión, tú estás controlado.

Tenemos que poseer las puertas de la ciudad. Y no hablo de jugar a plantar mojones ni inaugurar plaquetas alusivas, hablo de batalla a muerte por ella. Y al mismo tiempo atacar tres generaciones. Jóvenes, adultos y niños. Si sólo afectamos un nivel, eso no sería avivamiento, apenas sería un despertar.

Un avivamiento es un ataque divino en la sociedad, que arrasa con la humanidad, tanto religiosa como secular. Si no podemos impartir el mismo celo en tres generaciones, de aquí en poco tiempo más, tendríamos que volver a comenzar.

Claro está que, si somos egoístas y no podemos ver más allá de los próximos cinco años, y encima confiamos en que Cristo nos va a sacar en una gran fuga, o rapto, este mensaje producto de este estudio, no es para ti. Pero si hemos estado un poquito equivocados en nuestra doctrina, y a través de la palabra hemos visto que tenemos mucho que aprender, y nos hemos equivocado por algunas horas, y le toque a tu hijo crecer en la ciudad, te pregunto dónde irá a vivir. O bajo qué régimen gubernamental tendrá que existir.

Cerrar la brecha entre las generaciones, preparar a la juventud espiritualmente, más o menos creo que lo sabemos hacer. No hagas eso, aquello, lo otro, no te pongas, no te pintes, no toques eso, no mires aquello, y no salgas con. Creemos que eso es espiritual, pero no lo es. Cualquier forma de prohibición denota infantilismo espiritual.

Pero nos falta la educación y la preparación académica para que también puedan ser los líderes sociales del mañana, si acaso Cristo tardare en retornar, podamos estar preparados. Y físicamente, para sobregirar el ataque de la sociedad del mañana.

Significa entonces, que los púlpitos de estos últimos cinco o diez años, tienen que producir mensajes con singularidad de efectividad. Tienen que estar llenos de propósito y dirección. ¿Lo digo en palabras comunes? ¡Tienes que tener algo qué decir!

El mensaje al pueblo de Dios, es independiente de la antigua, clásica y tradicional escuelita dominical. Yo no podía verlo en la Biblia hace algunos años, pero la teníamos. Estudiar la palabra es una bendición, ¡pero dirigir al pueblo es otra cosa!

Por eso hay ministerios de atención dados al cuerpo, que son necesarios como estos estudios y otros similares que seguramente encontrarás en la web. Pero tampoco podemos abortar el cuidado de una unción focalizada en lugares específicos como ciudades, regiones, poblaciones.

Para el estudio diario de la palabra, la educación de cómo vivir en la sociedad, el amor entre los hermanos y sus puntos de referencia humanos y gente que va a orar por ti con tu nombre y apellido como labor cotidiana y carga divina. Yo no fui llamado a hacer eso, aunque en casos lo haga por amor o compasión.

Son distintas dimensiones. Todo mensaje tiene que tener objetividad, y cada grupo, cada congregación se subdivide en tres calidades de personas. Guerreros, Adoradores e Implementadores. Cuando viene un mensaje con dirección y objetividad, el guerrero recibe estrategia para la oración de intercesión.

Recibe la revelación y va en contra del enemigo, con una palabra rhema. Los adoradores, reciben la estrategia y adoptan el espíritu correcto. Se les ha dicho que estamos en tiempo de guerra, y asumen un espíritu militante, y comienzan a adorar en ese sentido y logran abrir una brecha celestial.

Y los implementadores, ya no sugieren o gestionan, sino que implementan, y manifiestan, y toman posesión secular en toda la ciudad. Estudian y se preparan para ir llenando sillas de autoridad e influencia en el marco social en el cual han sido puestos. Porque nadie nació en un tiempo y en un lugar de manera casual. Esta es la estrategia práctica para este siglo veintiuno.

Se convierten en roles modelos y ejemplos, para que la juventud desee ser igual que ellos. Del mismo modo que la iglesia debe ser el rol y modelo para la nación. Cualquiera que esta sea. Aquí es donde yo me pregunto cuánta es la gente que quiere parecerse a mí. ¿Te atreves a preguntártelo tú, ahora? Ya está. Tú y yo ya tenemos nuestras respectivas respuestas.

Lo único que yo puedo decirte es que en muchos casos ni siquiera los hijos quieren parecerse a sus padres teóricamente cristianos. Y los padres dudan muchísimo antes de preguntárselo a sus hijos, porque tienen temor y hasta pavor por lo que ellos puedan decirles.

Sin embargo, tú y yo, que hemos leído lo suficiente la Biblia, sabemos que en ella hay cientos de relatos que nos muestran que eso era lo que sucedía. Gente deseando imitar a alguien modelo. El padre siempre era el ejemplo para el hijo.

De manera que para lograr esto, es imperativo entender, y este será el mensaje central de este trabajo, quién es verdaderamente el enemigo de tu ciudad. Él lo hizo a nivel de ciudad, yo lo voy a hacer a nivel universal. ¿Cuál es la raíz contra la cual tú batallas?

Ya lo dije y lo enseñé de otro modo más rudimentario hace muchos años: es una dura, encarnizada, a veces cruel o despiadada batalla entre simientes. Y con relación al modelo bíblico que vamos a examinar para entenderla, vamos a recurrir al libro de Génesis, en su capítulo1 y verso 26.

(Génesis 1: 26) = Entonces dijo Dios: hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.

(27) Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y hembra los creó.

(28) Y los bendijo Dios, y les dijo: fructificad y multiplicaos, llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

Dios nos hace a su semejanza. Elohim, hagamos al hombre a nuestra semejanza, Elohim. Semejanza a Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. En semejanza al Padre, tienes dominio, señorío, autoridad, poder creativo. En semejanza al Hijo, tienes capacidad de sumisión y de sujeción y no rebelarte a su señorío.

Y como Espíritu, administrador y siervo del Reino de Dios. Estás hecho conforme a la deidad, y Dios te ha dado todo lo necesario, para poder cumplir todo lo exigido. Luego, comienza a impartir en las cortes celestiales. Quiere Adán y Eva, varón y varona. Espíritu, un solo género, y los bendice e imparte en su vida, señorío, dominio, poder pionero.

Porque para conquistar, tienes que tener espíritu pionero. Y lo imparte. Porque cuando Dios habla, no sugiere. Él habla y su palabra crea. Cuando Él dice: tened dominio, no te está exigiendo dominio; te acaba de dar dominio. Sojuzgad. Está adentro, imputado. Es como decir tener los ojos celestes. Tened poder sojuzgador.

Es parte de tu naturaleza querer conquistar, es parte de tu naturaleza querer tener dominio. Es parte del núcleo del ser humano querer controlar algo. Dios lo puso allí, no Satanás. Entonces, es muy importante, porque uno llega a la iglesia, y lo primero que quiere que uno haga es que se desprenda de esa característica.

No hubo ni hay cosa que me haya producido y me produzca, todavía, ver a un hombre que llega tan rudo de la calle, y que el Señor lo salve y se convierta en una mariposa en la iglesia. Bien lo dijo el profeta: nos tratamos con gentileza los unos a los otros, pero a Satanás si le pasas la mano por la espalda, te la arranca.

Pone al hombre en el huerto. Le llama al huerto El Edén, y esto es importante. Porque El Edén significa, literalmente, “casa de Adamah”. Adamah en toda su forma teológica de buscar su significado, podemos llegar a las raíz sencilla del idioma español, es “Ser humano”.

Vamos a quitarle toda pomposidad al hebreo: hombre, mujer, varona y varón. Es importante porque, si el Edén que estaba en la tierra es casa de hombre, entonces la tierra es la casa del hombre, y no el cielo. Entonces, el Edén se convierte en la maqueta o el prototipo, el ejemplo, la simiente.

Dios no empieza por el principio, Dios empieza por el final. Dios no experimenta, Él tiene una maqueta ya terminada. Ese es el Edén. Y pone al hombre en el Edén, en su casa. Y le dice: ¡Cuídala! ¡No la dejes dañar! ¡Guardadla! ¡Protege este ambiente! Será el lugar de encuentro entre tú y yo.

¡Pero sal de él y sojuzga! ¡Conquista! ¡Expándelo! ¡Llena la tierra! De manera que el Edén no puede ser todo el planeta, porque si así fuera, no habría nada que sojuzgar. Había caos, dijeron. Alrededor del ejemplo que Dios construye, había caos.

Y puso al hombre allí e incrustó en su ser un espíritu pionero, le dijo: ¡Protege el jardín y sal, conquista, pisa, posee y llena la tierra! De hecho, aquí estamos hablando de propósito, no de doctrina. No sé si te diste cuenta, pero estamos yendo más allá del protestantismo. Al menos, yo no estoy protestando nada.

Nosotros, y creo que esto también podrá darse de narices contra tu fotografía de estudios, tenemos algunas ideas locas respecto al Edén. No sé cómo, ni cuándo, ni quién nos pintó a un hombrecito y a una mujer desnudos, vestidos con taparrabos, con una cara de asombro muy interesante.

Es como si les hubieran hecho una foto en ese momento y, desde esa cara de asombro es como si te estuvieran preguntando por qué les sacaste la foto si ellos no tienen mucha idea respecto a qué están haciendo en ese lugar. Y eso fue lo que aprendimos.

Y eso tal vez estaba bien cuando éramos niños en el cuerpo. Pero hoy ya no somos niños corporalmente hablando. Dios nos está demandando madurar diariamente. Es tiempo de cortar el cordón umbilical y empezar a trabajar. Cuando naciste de nuevo estabas muy bien tomando esa leche tibia. Hoy ya ese desayuno no te satisface.

No sabemos cuánto tiempo estuvieron reinando Adán y Eva en el huerto. Pero sí sabemos que estaban cubiertos de la gloria. Tenían visión, propósito y objetividad, y estaban equipados para vencer. Probablemente estuvieron un tiempo considerable antes de su caída, en contra de todo lo que hemos aprendido.

Pero Dios, aunque no lo escribe, nos lo da a entender. ¿Recuerdan cuando Dios, al contemplar la caída del hombre, empieza a decir el resultado de la caída, tanto a Satanás, como al hombre, como a la mujer, en Génesis 3? Le dice a la mujer: multiplicaré en gran manera tus dolores en tus preñeces.

Escucha: Dios, siendo tan inteligente, esa maldición no tendría ninguna validez si la mujer nunca hubiera estado preñada antes. Porque no entendería lo que se le dijo. ¿Qué importancia podría tener para mí el dolor en mis preñeces cuando eso no existe y yo jamás fui preñada? No sé lo que es, nadie me ha dicho, nunca he dado a luz. ¡Waw!

Es que a mí me dijeron que Adán fue el primero, y que después vinieron Caín y Abel. No me interesa, a mí también me dijeron lo mismo. Y nunca me preocupé antes de profundizar, lo creí y asumí así y listo. Pero ahora leo y no veo lo que mis maestros vieron, veo otra cosa. Mira el verso 20 del capítulo 3 de Génesis.

(Génesis 3: 20) = Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes.

Escúchame: madre de todos los vivientes, dice. ¡Y Caín no había nacido! ¡Por favor! ¡Es que somos tan religiosos! ¡Ay, Señor1 ¡Perdónanos por leer este libro como si fuera un libro de historia! Aprende y entiende: Dios nunca te escribe todo, siempre deja algo para que tú busques. O escudriñes, si quieres la palabra exacta.

Oye: cuando tú aprendes a leer la Biblia así, te la comes y te pasas despierto toda la noche. ¡No quieres dormir! ¡Encuentras gozo y revelación hasta en las interminables genealogías que nadie lee! Y que conste; no es importante, sólo te lo enseño para que abras los ojos cuando leas.

Porque en definitiva no me interesa si tuvieron mil hijos o si vivieron mil años. Lo importante de verdad, es que fracasan. Caen bajo maldición. Pero a pesar de caer bajo maldición, no pierden su anhelo. O sea: pierden el derecho de, pero no el deseo de.

Ahora no tienen permiso legal para conquistar, pero no pierden el deseo de conquistar, porque lo llevan adentro. Y atiende esto porque es sumamente importante. Tanto que es el principio del humanismo. No te estoy contando una historia vieja, te estoy describiendo un estado actual.

¿Y quién es nuestro enemigo? ¿Cuáles son las filosofías? El hombre pierde el derecho de legislar, pierde la autoridad, pero todo lo que es, sigue siendo. Y es un conquistador, es un pionero, es un controlador. ¡Es señor! Perdió el título de la propiedad, no el deseo de poseerla.

Es como un trueque, un cambio. Fíjate que no están fácil para Dios. Es como cuando tú eres niño y tomas la espada de ejército del abuelo, que vale unos cuantos pesos, y sales a la calle y vas y la cambias en trueque por un soldadito de plomo.

Tú vuelves a tu casa con tu soldadito, y el abuelo anda desesperado buscando su espada. “Adán… ¿Y el dominio? – ¡Ah! ¡Lo cambié, Señor! – ¿Cómo que lo cambiaste? – Aquí traigo una manzana… ¿Se imaginan ustedes a Dios yendo donde está Satanás y diciéndole: Te devuelvo tu manzana, ahora dame mi espada?

Tú no puedes ir donde está el padre del otro niño y decirle: ¡Dame mi espada! Porque él te va a responder: ¡Dame mi soldadito! El problema está en que ese soldadito que se perdió, era un hijo de Dios. Era uno nacido de arriba. Pero dios había delegado la autoridad del planeta al hombre, y no podía entrar a la tierra a producir otra.

Ahora Dios tiene un plan majestuoso, y tiene que buscar una réplica de aquel soldado perdido, para volver a comprar el título de la propiedad. Escuelita Dominical. Por medio de la desobediencia, el hombre le quita a Dios el poder de reinar sobre su vida.

Ahora Dios tiene que tomar una simiente de otro lugar, e introducirla en el planeta, para poder lograr otro cambio legal con Satanás, porque Dios es justo. Te estoy compartiendo una historia que tal vez te entretiene, pero le está dando validez a tu propósito.

Dios dijo entonces: No cabe otra, tengo que dar mi propia vida por la medalla perdida. Porque en la tierra no hay otro. En el Antiguo Testamento, sólo había un hijo de Dios: Adam. Para ser hijo de Dios tienes que nacer no de voluntad de hombre. Todos los otros no eran hijos de Dios, eran la nación de Dios.

Pablo dijo: por ser descendiente de Abraham, no sois hijos de Dios. Tienes que nacer por promesa. Pero, mientras tanto, el hombre quiere seguir sojuzgando, quiere seguir dominando, quiere seguir teniendo señorío. Esto da comienzo a la raíz del humanismo y del liberalismo en el planeta.

No es algo nuevo, es antiquísimo. El hombre en control de la tierra, pero sin Dios. Es el trono del Ego, es el seis, seis, seis. Es el anticristo, o lo opuesto al orden de Cristo, reinando en el espíritu del hombre, reinando en las decisiones del hombre y reinando en las acciones del hombre.

Y mientras nosotros estamos esperando al anticristo, él se está tragando viva a la tierra. ¡Y está sentado en el trono, dentro del templo de Dios! Es por eso que hay hombres que tienden a querer controlar a sus esposas; es por eso que hay hombres que violan propiedades ajenas; es por eso que hay hijos que se rebelan contra sus padres.

La verdad es que, debido a que Dios impartió en el ser humano poder sojuzgador, tarde o temprano el hombre va a dominar algo. Es por eso que hay esposas que no se someten a sus maridos; es por eso que hay maridos que violan sexualmente a sus esposas a diario.

Atiéndeme, esto es serio. Es por eso que existe el legalismo en las iglesias; es por eso que hay pastores o líderes controladores y manipuladores; es por eso que hay división eclesiástica. Es por eso que hay exclusividad en ministerios; es por eso que hay guerra de doctrinas.

Es por eso que denominaciones que se originaron tras una disputa obstinada para darle validez a su propia idea, carecen del poder de Dios. Es por eso que no nacieron para glorificar a Dios, sino sólo para darle validez y decir: ¡Yo tenía razón!

Es por eso que hacemos el papel de tontos divididos y peleándonos entre nosotros ante las naciones. Es por eso que no podemos definir objetividad y propósito en la tierra. Es por eso que en muchos lugares hay un templo en cada esquina y sin embargo todavía no vencemos y Satanás sigue destruyendo la sociedad y la juventud.

Es por eso que Satanás se ríe mientras piensa: son tontos, andan divididos, no tienen tiempo para mí, puedo hacer lo que me da la gana y ninguno me saca porque se están peleando entre sí. Somos sojuzgadores, somos pioneros, lo que falta es propósito y objetividad. ¿Para qué nos fue dada esa arma? No fue para sacudir al hermano, fue para vencer a Satanás.

No reconocemos al enemigo. No tenemos objetividad. No sabemos contra quien estamos batallando. Pero como tarde o temprano vamos a controlar, mientras averiguo con quien pelear, déjame pelear con el hijo. O déjame controlar a la iglesia. O quizás, si no estoy en la iglesia, déjame ir a robar el televisor al vecino. Porque quiero ser pionero hoy, conquistarme algo.

La iglesia es un cuartel general donde deberíamos recibir estrategias modernas para el combate más antiguo. Y no se trata de ofender nuestro confundido corazón. Esto no es controversia. Tampoco es una filiación religiosa ni una persuasión doctrinal. Yo estoy hablando de Dios, su propósito y un enemigo común.

Es tiempo de volver al origen de nuestra existencia. Somos testigos de su resurrección. Él está vivo, y reina hoy a través de ti. Su reinado se extiende, hasta donde tú lo extiendas. Somos sus manos, somos sus pies. Somos su voz, somos sus ojos. Somos tu embajada.

La imagen de Dios en la tierra, es su cuerpo. Y la opinión de Dios ante las naciones, es tu testimonio. Y si al mundo no le gusta la iglesia, es porque tú no le gustas al mundo. Entonces, ¿Contra quién estamos batallando?

(Génesis 3: 1) = Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: (Hago un paréntesis aquí. No es importante si esa viborita andaba reptando o parada sobre su cola como algunos la han dibujado, o si tenía dos patas. No es importante tratar de buscar aquello que no fue explicado.

Pero hay algo que sí está escrito, fue un factor dado: la serpiente es un animal, no un espíritu. Dice que era la más astuta de todos los…animales del campo. ¿Lo dice tu Biblia o no lo dice? ¿Sí? ¡Entonces no cambies tu Biblia! La serpiente, es un animal. Diablo no es un espíritu.

Diablo es cualquier persona que se deja influenciar por un espíritu, sea humano o animal. ¿Sabes una novedad? ¡Hay muchos diablos en la iglesia! O sea que la serpiente se deja usar por la voluntad de Satanás. Vamos a confirmarlo, porque para mí una escritura nunca es suficiente para confirmar algo.

(Verso 9) = Más Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? (¡Cómo si no lo supiera!)

(10) Y él respondió: oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.

(11) Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?

(12) Y el hombre respondió: la mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí. (Le echa la culpa a Dios. La mujer me hizo comer, le dice. O sea que lo que le está diciendo es: si tú no me hubieras dado esa mujer, yo no hubiera comido de ese árbol. No le echó la culpa a la mujer; fue a Dios al que le echó la culpa.)

(13) Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: la serpiente me engañó, y comí.

¡Le echó la culpa a la serpiente! De hecho, ella fue honrada, dijo la verdad. Ahora reflexionemos: ¡Eva, no estaba presente cuando Adán recibe las órdenes? El pecado entra al mundo por un hombre, no por una mujer. Adán, como la mayoría de los hombres, es poco comunicativo y no le explica con claridad la doctrina a la mujer.

No te olvides que Eva es la representación de la iglesia, así que estamos igual que hoy. Ministros que no saben predicar el verdadero propósito de la iglesia, así es que Eva mientras tanto, anda engañada. Escucha algo que te diré: a mí no se me va el contexto, lo sigo a full. Buscas mi primer estudio allá por los años noventa y digo lo mismo.

(Verso 14) = Y Jehová Dios dijo a la serpiente: por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas  (¿Los espíritus?) las bestias (Dos escrituras. ¡Era un animal!) y entre todos los animales del campo; (Tres escrituras. No te doy más, es suficiente.) sobre tu pecho andarás, (¿Cómo anda la serpiente? Sobre su pecho) y polvo comerás todos los días de tu vida.

Y aquí viene la profecía mesiánica que le da validez al mensaje del Reino. La razón por la cual Cristo tenía que venir. No era ni por David ni por Israel, era por el propósito original en Génesis. No tenía nada que ver con un reino judaico, el enemigo aquí no es Roma; ¡Era Satanás!

Y la promesa de traer un rey, era para sustituir su reinado. No uno nacional, literal y político. Aquí no hay Israel ninguno. El único que había, acaba de caer. Y trae una palabra, una profecía de doble referencia; algo que habla del hoy literal, físico y, proyecta un principio futurista y espiritual. Dios habla así en la Biblia. Tienes que aprender a separar cuando Él transforma su hablar.

(Verso 15) Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.

Cabe consignar que aquí la palabra mujer, es la misma palabra que se traduce como varona, ser humano, es decir que lo está proyectando en mujer porque fue la que tuvo el encuentro. ¿Y cuántos saben que hay enemistad entre los hombres y las serpientes? Cualquiera de nosotros ve una serpiente y la primera reacción es dar un salto que ríete de los de salto en largo de las últimas olimpíadas. Y la segunda reacción es aplastarla, como sea y con lo que sea. ¿Es enemistad o no? Hay algunos que las usan de collares, pero eso ya entra en el nivel de perversión.

Repito, dije que es perversión. Tanto en amuletos, como en sandalias, collares, pulseras, pantallas, aros, sortijas, anillos. Perversión. Pero hay enemistad. Le habló al animal. Pero luego dijo: entre ti, y salió de la dimensión natural, y entró al espíritu. Y la simiente de la mujer. Y establece una guerra eterna entre dos reinos.

La simiente de Satanás, Lucifer, y la simiente de la mujer. Por una cuestión de tiempo y tema, no voy a explicarte ahora cómo Jesús se convierte en una semilla de otro lugar, porque no nace de la voluntad de hombre. ¡Pero es simiente de una mujer! Porque María provee un vientre.

Ella provee el niño; Dios nos da el Hijo. El nuevo soldadito, para volver a buscar la espada. Creer cualquier otra cosa judaica, es decir que el soldado no ganó. Creo que ya te has dado cuenta que me estoy yendo por encima de toda doctrina. Sólo estoy yendo atrás, al principio.

Le habla a Lucifer y le dice: la simiente tuya y la simiente de una mujer, tendrán enemistad. Pero, la simiente de una mujer va a herir tu cabeza, tu gobierno, tu autoridad. No es una calavera, son las puertas de la ciudad, que significan el gobierno de un Reino.

Somos simiente de Abraham en Cristo Jesús. Somos hijos de Dios, una extensión de la simiente. Apocalipsis habla de que los hijos de la mujer que guardan el testimonio, tienen guerra contra el antiguo Satanás, el dragón.

De manera que nosotros somos la simiente de la mujer, y creo que me llevaría un rato demasiado extenso hablarte sólo de las simientes. Pero la palabra simiente es la palabra zera, en hebreo, y significa: semilla, grano, linaje y, -escucha-, semen.

Creo que nadie ignora que el semen es una de las partes que produce un hijo en la relación conyugal, ¿No es así? La otra parte sería el óvulo femenino. Semen contiene esperma. O sea: una unidad con potencial procreativo. Dios tiene que introducirlo en la tierra y, en tipología, a través de todo el Antiguo Testamento, comienza a tratar de introducir una simiente de otro lugar, en forma de tipología, de ejemplo.

Porque la tierra no le pertenece para hacerlo, y está intentando introducir su propósito, línea sobre línea, renglón sobre renglón, para que el enemigo no se entere quién es este que le va a arrancar la cabeza. LA palabra nos dice en Corintios que, si Satanás hubiese sabido que Cristo rea quien era, jamás lo hubiera crucificado. Ninguno de los príncipes sabía.

Por eso es que a veces ni la iglesia entiende el Antiguo Testamento. Lo que tiene que entender es a Génesis. Porque cuando entiendes Génesis, el resto pasa a tener sentido. Y comienza a tomar simiente de otro lugar. Caín mató a Abel. Y Abel es sustituido por Set. Set es simiente de otro lugar. Sombra y tipología.

Sara fue estéril. Simiente de otro lugar. Rebeca fue estéril, simiente de otro lugar. Raquel fue estéril, simiente de otro lugar. Eso produce doce tribus llamada Israel. Pero, el profeta dice que Israel trató de dar a luz, pero sólo dio a luz viento. Fue estéril. La simiente no viene de él, viene de otro lugar.

No vino por Leví, vino por Judá. María fue virgen, simiente de otro lugar. No por voluntad de hombre, de sangre ni de carne, nace la iglesia. ¡Simiente incorruptible! ¡Simiente de otro lugar! Nacido de arriba, no nacido de abajo. Somos la simiente destinada a derrotar el gobierno de la simiente de Satanás.

Por eso no puedes ser ni argentino, ni mexicano, ni chileno, ni colombiano ni venezolano, ni la nacionalidad que te quepa, y venir y decirme que en tu país se hace así. ¿Por qué? Porque tú no eres de allí. Y hasta que no te decidas a dejar de ser de allí, no vencerás.

Yo no creo parecerme a ningún ministro argentino, ¿Sabes por qué? Porque si bien nací en argentina y no reniego de ello, ¡No soy argentino! Y mira que me costó trabajo asumirlo, ¿Eh? Nacido no por voluntad de hombre, de carne y de sangre. No nacional ni político judío, ni hebreo ni griego. Por el Espíritu, por fe, y nacido de arriba, no de abajo.

Pero, ¿Y la simiente de Satanás? ¡Qué problema! ¡Los espíritus no se procrean! Entonces, ¿Quién es el enemigo, si el espíritu no tiene semen? Calculo que a esta hora ya estoy empezando a fastidiarte tu teología. ¿Quién es la simiente de Satanás? ¿Cuál es la raíz que en verdad tenemos que derrotar?

Y que entonces nos da victoria contra principados y potestades. Todo lo demás, son demonios. Yo quiero la simiente. Ya no vale la pena pelear con demonios, tú eres simiente, así que ponte a buscar ya mismo dónde está la simiente que fue destinada a pelear contigo. Cuando la derrotamos a ella, los demonios quedan sujetados.

Ellos no tienen que saber que vas a predicar eso. Y cuando apelas a la simiente correcta, regresas  a la iglesia diciendo: hasta los demonios se sujetan en tu nombre. ¿Cuál es? Caín mata a Abel. La simiente de Satanás está en Caín. Comienza la enemistad entre simientes. Abel y Caín no se llevan. Caín lo mata.

Dios sustituye a Abel. Nos trae a Set. Caín es expulsado. Nos dice la Biblia que sale hacia el oriente del Edén. Dios declaró que el que tocara a Caín, sería castigado siete veces. ¿Sabían ustedes, que cuando Caín sale hacia el oriente del Edén, es Caín quien instituye la primera ciudad en toda la Biblia?

Y lo hace en directa rebelión a Dios. Dios dijo: esparcirse. Él los agrupó. Y todavía hoy todo el mundo quiere vivir en la ciudad. Y nos dicen que hay sobre población. Sin embargo, te subes a un avión para volar donde sea, y lo que más ves desde el aire, es tierra que no está habitada.

Edifica una ciudad, centro de pecado, para cercar, sujetar y confinar. Dios había dicho: llenad la tierra. Caín dijo: no, nos quedamos aquí. ¿Sabían ustedes que todas las religiones al este de Mesopotamia, donde estaba el huerto, son religiones anti-cristianas?

La antigua y clásica ventana 10-40, que le llamaban en su momento. Caín salió y dijo: pues yo voy a adorar a Dios como me dé la gana. Y de ahí para allá, todo es anticristo. Todas las religiones de ahí hacia el este, no son creyentes. ¿La raíz? Rebeldía.

Lamec, la genealogía de Caín. Lamec dijo: haré tiendas, y tendré ganados. En otras palabras, no me da la gana de labrar la tierra. Dios le dijo a Caín: vas a labrar la tierra; los hijos de Caín, dijeron: nosotros vamos a criar ganado. Jubal, inventó los instrumentos de música.

Por allí andan algunos que dicen ser salmistas, y dicen que este es el principio de la adoración, pero se equivocaron, era para la astrología. Tubal, Caín, el otro hijo, fue un artífice, inventó las armas para la guerra para violencia.  Todos, simiente de Caín.

Lamec fue homicida y polígamo, comenzó a tener más de una mujer. Y tuvo la osadía de decir: yo también maté. Y si Caín será vengado siete veces, yo seré vengado setenta veces siete. ¡Qué osadía! ¿Sabes por qué Dios no quiso matar a Caín, y lo dejó sellado para que saliera errante, y no prefirió juzgarlo?

Porque Dios nunca quiere juicio. Dios pensaba que quizás con la prueba, produciría arrepentimiento, y así podría volver a administrar gracia. La gracia siempre ha existido. Dios le dice a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante?

Le dice: si bien hicieres. No le dijo: si hubieras hecho bien, Caín trajo una ensalada. Dios quería un churrasco. Dios le habla a Caín, y le dice: ¡No me gusta la ensalada! Pero no lo castiga, como sería la idea de la mayoría de nuestras iglesias, sino que le dice: si hicieres bien en el futuro…

O sea: Mira, Caín; saca delante de mí vista esa ensaladita y vamos a olvidarnos que esto pasó, ¿Sí? Anda y tráeme un churrasquito bien a punto y nos olvidamos los dos del problema, ¿Ok? Fíjate bien como es Dios; eso se llama Gracia, y pese a su aparente pomposo nombre, apenas es favor, amor, una combinación de ambos.

Y luego le dice: y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta, pero aún en tu estado caído, Caín, ¡Tienes dominio sobre el pecado! Estaba imputada una parte del ser, pero una decisión lo cancela. Escucha: cuando tú naces de nuevo, naces de nuevo porque decides nacer de nuevo.

Pero dice: Y dijo Caín a su hermano Abel: salgamos al campo. Este está sentado, Dios le está ministrando gracia, y él está haciendo como la mayoría de nosotros. Cuando termines, Dios, yo voy a hacer de todos modos, lo que ya antes estaba pensando hacer.

Acaba Dios de ministrarle gracia, y sale, va y mata a su hermano. Y Dios le dice: ¿Qué has hecho? Escucha: ¿No sabía Dios lo que había hecho? ¿Quién se acercó a quién? ¿Caín a Dios o Dios a Caín? ¡Dios se acerca! ¿Y qué trata de hacer? ¡De entrar en razón con Caín! Ya ha matado al hermano, y aun así le dice: ¿Qué has hecho?

Es como quien dice: Si me dices la verdad, te perdono. Y Caín le responde: ¿Y qué? ¿Acaso yo soy cuida de mi hermano? Entonces, recién allí es que Dios dice: Por cuanto has hecho esto; y no porque yo te castigo, sino porque tú insistes en hacerlo. Esa es la gracia de todo el principio. Pero la simiente continúa aumentando, porque ni él ni todos sus hijos. Entonces es cuando Satanás tiene la osadía más grande de todas, y va a tratar de pervertir la simiente de Dios.

(Génesis 6: 1) = Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, (2) que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas.

(3) Y dijo Jehová: no contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; más serán sus días ciento veinte años.

(4) Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos. Estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre.

Toda la humanidad estaba pecando tras la simiente de Satanás. El mismo linaje de Set se pervirtió. Era sólo tipología, pero él había nacido de voluntad de hombre, y eso no era perfecto. Ahora; aquí hace una aclaración y menciona a los hijos de Dios teniendo relaciones con las hijas de los hombres.

Esto es un problema, porque hijo de Dios sólo hay uno en el Antiguo Testamento, y es Adán. Para ser hijo de Dios, hay que nacer de arriba. Entonces hace una aclaración y una distinción y menciona a hijos de Dios casándose con hijas de hombres.

Esta relación perversa produce gigantes. Y vale la pena mencionar que eran los gigantes los que mantuvieron al pueblo sin herencia. ¿Por qué yo sé que esto es así? Sólo había un hijo de Dios, Adán. El próximo hijo de Dios, es Cristo, el primogénito, y ahora es popular el término.

Todo el que nace de arriba, es hijo de Dios. El resto, es hijo de hombres. Por eso Cristo decía: ¿Quién dicen los hombres que el Hijo del Hombre es? Porque tenía que llamarse la simiente de una mujer, varona o varón. O sea: era Dios encarnado.

No hay mención de ángeles femeninos en toda la Biblia. Y en los cinco lugares en los que el término “hijo de Dios” es mencionado en el Antiguo Testamento, siempre se refiere a los ángeles. Ahora bien; estos ángeles, son ángeles caídos, son ángeles pervertidos trabajando con Satanás, buscando eliminar la promesa de la simiente.

Y para pervertir todo lo que era hijo, que venía de parte de Dios, co-habitaron, se manifestaron con cuerpo, abandonaron su lugar, nunca volvieron a ser espíritu, se rebelaron a su dimensión, se quedaron en la tierra y tuvieron hijos con hijas de hombre. Una perversión satánica.

Hoy hay personas en el evangelio, extraídas del satanismo, que relatan haber tenido relaciones sexuales con Satanás o con sus demonios. Deberíamos comprobarlo a esto, tú sabes que a mí me gusta que hable la Biblia, no yo.  A ella no la puede descalificar ningún teólogo.

(2 Pedro 2: 2) = Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, (3) y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme.

Avaricia, mercadería en el evangelio. Ten mucho cuidado con los que hacen mercadería en las iglesias. Quieren venderte con falsas promesas objetos “santos” que trajeron no sé de dónde, o que untes tu cuerpo con preparados o pócimas especiales que van a producirte no sé qué unción o avivamiento.

(4) Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio; (Aquí nos dice que llegó el tiempo en que Él los juzgó y los aprisionó. Judas nos declara un poco más de esto. Diez páginas en mi Biblia hacia mi derecha.)

(Judas 6) = Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, (Esta palabra significa “su función”) sino que abandonaron  su propia morada, (Se manifestaron, y se quedaron ahí) los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día; (7) como (Igualito que; igual que sucedió en) Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquellos (Obviamente, aquellos ángeles) habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, (Esto es: contra su naturaleza) fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno.

Y vemos la osadía de Satanás tratando de producir un semen falso. Pregunto: ¿Cuántas cosas tenemos información que pueden hacerse a partir del semen masculino y el óvulo femenino? Creo que hasta elegir cómo queremos que sean nuestros hijos. Pregunto otra vez: ¿No será perversión de la naturaleza, eso? ¿Sueno demasiado anticuado al pensarlo? ¿Entonces debo borrarlo de mi Biblia o esperar una versión más moderna?

Porque la que yo tengo, dice que es simiente de Satanás. Entonces vemos que, si Satanás no se puede procrear, no tiene poder creativo, pero tiene que producir simiente, de la única manera que lo puede hacer, es tomando a uno que sí tiene poder de procreación; a uno que sí tiene simiente, y pervertirlo.

Causando de esta manera, que la simiente de Dios se pervierta o carezca de propósito. O sea: rebelión. Tu enemigo es el misterio de la iniquidad. Rebelión es la simiente de Satanás. Y está en medio de nuestras orejas. Ese es nuestro llamado: destruir su gobierno de sobre nuestras vidas.

Porque el gobierno de nuestras vidas le corresponde al Rey de reyes y Señor de señores. Ya te lo he dicho en muchas ocasiones y en muchos trabajos: Él tiene que ser Sumo Sacerdote de tu conciencia. Satanás quiere pervertir tu sangre y engrandecer tu carne.

La perversión de Satanás siempre produce carne grande, gigantes. Ego, el Yo. El humanismo produce gigantes en la tierra. La glorificación de la carne, es el centro del humanismo y el liberalismo en la tierra. Es el espíritu de iniquidad que ya opera entre nosotros.

En Tesalónica se les dijo que ya estaba en acción. En 1 Juan 3:8 dice que el que practica pecado, es un diablo. Si tú caes, se te perdona, pero si lo practicas, eres un diablo. En Apocalipsis dice que el dragón, la serpiente antigua, hace guerra contra los que guardan el testimonio.

Pero en Corintios dice que le vamos a entregar el Reino, la autoridad, el dominio de nuestra conciencia. El Reino de Dios tiene que ser entregado a Dios. Lo vemos con otra historia famosa de escuelita bíblica. David es el prototipo. Le trataron de dar la armadura tradicional y religiosa y no funcionó.

Él dijo ¡Al diablo con la tradición! ¡Dame la roca! ¡Dame a Cristo! ¡Los cinco ministerios, las cinco rocas, el Cristo completo! ¡Y lo tumbó! ¡Y le dio en la cabeza! Pregunto: Un gigante tan grande, ¿Por qué no le pegó en otro lugar? Tipología. La simiente de Dios va a herir la simiente de Satanás, en la cabeza.

No pudo hacerlo con la tradición. Eso lo paralizaba, eso no tenía poder, sólo tenía formas estéticas correctas, pero no era útil. ¿Y qué le dijo al gigante? ¿Te voy a matar porque eres malo? No. ¿Te voy a matar porque te lo mereces? No. ¿Te voy a matar porque yo soy mejor que tú? No. Le dijo: te voy a matar porque eres incircunciso, eres corruptible. Yo soy incorruptible. Yo tengo pacto con Dios, y tú no. Si él pudo, es todo lo que tú necesitas. Tirar la roca del Hades, en contra del espíritu de rebelión.

Ahora bien; rebelión no significa que tú andas rompiendo sillas, o que pataleas. Porque la peor rebelión, es la silenciosa. Oír la verdad, y no hacerla. Anticristo. Porque todo lo que se opone a Cristo, es anti-cristo. El que no recoge, desparrama. No hay áreas grises; o estás en el propósito, o estás en pecado.

Porque armatías, que se traduce como pecado, significa no dar en el blanco. No hablamos de fornicación o adulterio. Dios a los adúlteros y a los fornicarios, los ministraba y los amaba, los acariciaba. Pero a  la iglesia estructural y religiosa les decía ¡Víboras! ¡Ladrones!

¿Quieres saber lo que es pecado? Saber qué hacer y no hacerlo, es considerado rebelión. Es nuestro enemigo más grande. La simiente de Satanás, sólo se procrea a través de la simiente de Dios. Es tiempo de cerrarle la puerta a Satanás y darle todo el señorío a Dios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Dios; ¡No te Detengas!

 

Hay mucha gente estudiosa que busca semejanzas respecto a determinados temas en el Antiguo y Nuevo Testamento, pero se da de narices con un problema. En el Nuevo Testamento, hay un solo libro que se puede considerar histórico, que es el Libro de los Hechos.

De allí quiero extraer algo de un relato que ocurrió más o menos en el año 49, aproximadamente en el año 49, en Jerusalén. En este capítulo, se describe un concilio que hubo en Jerusalén, para tratar un tema muy delicado.

(Hechos 15: 1) = Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos.

(2) Como Pablo y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no pequeña con ellos, se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y a los ancianos, para tratar esta cuestión.

(3) Ellos, pues, habiendo sido encaminados por la iglesia, pasaron por Fenicia y Samaria, contando la conversión de los gentiles; y causaban gran gozo a todos los hermanos.

(4) Y llegados a Jerusalén, fueron recibidos por la iglesia y los apóstoles y los ancianos, y refirieron todas las cosas que Dios había hecho con ellos.

(5) Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, (Nota este detalle: dice que eran algunos de la secta de los fariseos que habían creído), se levantaron diciendo: es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés.

Qué interesante es que Lucas toma especial cuidado en añadir, en su relato, que estos “hermanos”, habían sido antiguamente fariseos, y estaban exigiendo a los que se estaban convirtiendo a la fe, sin ser judíos, que se circuncidaran.

(Verso 6) = Y se reunieron los apóstoles y los ancianos para conocer de este asunto.

¿Cuál es el primer problema que se trata en el primer concilio de Jerusalén? Básicamente se trata de lo que dice en el versículo 1. Se trata de ver si era necesario que los convertidos que no eran judíos, deban o no deban circuncidarse y, de manera indirecta, guardar la ley de Moisés.

Ese era el tema. Un asunto más que complicado, te diré. Noten ustedes que ya se había armado un debate, se generó una polémica, hubieron discusiones previas. Dice claramente como Pablo y Bernabé, que formaban  parte de un equipo, tuvieron que discutir con otros hermanos, respecto a este tema.

Pero noten también que, los que más pedían la circuncisión de los nuevos convertidos gentiles, eran gente que, en el pasado, habían sido fariseos. Aquí entra un tema bastante delicado. Los fariseos, que en contrario de lo que nos han enseñado por años, era un título de elogio, y no sinónimo de hipocresía como lo entendemos ahora, era gente que estudiaba profundamente la ley y como consecuencia de ello recibía ese título.

No eran sacerdotes, como muchos suponen, eran fariseos. Y de hecho, tuvieron varios encontronazos, diferencias y discusiones los sacerdotes con los fariseos, por muchos puntos en los que no coincidían, ya fuera en la mismísima ley como en los ritos pre establecidos.

Ahora bien: ¿Cuál era el problema de los fariseos? El problema más grave que tenían los fariseos, era lo que ellos conocían. Qué terrible que es que, lo que hoy día nosotros conocemos, se convierta en un estorbo para lo que Dios nos quiere entregar.

Y en esto tengo la obligación de ser muy claro, porque no tengo dudas que muchos de los que hoy me están escuchando están un tanto shockeados, por causa de que lo que oyen, en muchos puntos, contradice absolutamente lo que han aprendido y hasta enseñado por años.

El gran problema de los fariseos era que ellos ponían sus ojos en lo que Dios había hablado, pero perdían de vista lo que Dios estaba hablando en ese momento. Ustedes van a darse cuenta que Jesús utiliza algunas expresiones que, por la pobreza que tiene nuestro idioma español, no logramos apreciarlas.

Por ejemplo: Jesús dice en repetidos lugares, Oyeron que fue dicho, más yo les digo ahora. Jesús mismo trata este tema. Está diciendo que él sabe perfectamente que ellos han escuchado eso que saben, pero es muy importante que puedan escuchar lo que el Padre está diciendo hoy.

En segundo término, vemos que Pablo dice con mucha precisión, de que En parte vemos, y en parte conocemos; en parte profetizamos. Tú debes tener en cuenta que siempre sobre en toda tu espalda, va a haber dibujada una letra “A”.

¿Y por qué una “A”? Porque toda la vida vamos a ser Aprendices. Nuestra vida nunca va a llegar a un punto donde ya no necesitemos aprender. Estoy utilizando una palabra griega que no termina de gustarme demasiado: aprender.

En todo caso, si lo prefieres, puedo cambiar esa “A” por una “D”. Porque somos Discípulos toda la vida. El gran problema de ciertos liderazgos que de alguna manera está en contra de las cosas que aquí se dicen o se enseñan, no es que se trate de mala gente o gente con corazón duro; es que ellos se han quedado en que lo que ellos saben, es lo único que existe.

Hay una pregunta que yo a menudo me hago y que supongo que también se la deben hacer aquellos que aman de verdad al Señor, que pretenden servirlo con excelencia y que desean no torcerse en lo más mínimo en sus caminos: ¿Estoy creyendo lo correcto, hoy?

Es muy importante, por ese motivo, lo que Pablo reflexiona. Él dice: Miren, yo prosigo a ver si logro agarrar lo que estoy persiguiendo. He sido perfecto, pero sé que debo ser perfeccionado más. La pregunta, es esta: Lo que tú tienes hoy de Dios, ¿Es todo lo que Él te tenía que entregar en tu vida?

Esa es la pregunta. Lo que tú tienes hoy de Dios, lo que tú sabes, lo que tú conoces de Dios, ¿Es todo lo que Él tiene para ti en esta vida? Si crees que sí, que lo que sabes y conoces es todo lo que Dios tiene para darte, puedes decir que ya no hay nadie que deba enseñarte nada, porque tienes todo lo que Dios tenía para darte. Punto y aparte.

Y es respetable tu posición y nadie tiene por qué ofenderte, ni injuriarte por ella. Yo, en lo personal, tengo más que claro que todavía no he visto todo lo que Él tiene para darme, que me falta muchísimo. Y eso pasa ser un factor de ansiedad porque el tiempo pasa.

El gran problema de los fariseos fue que ellos llegaron a aceptar que el conocimiento de Dios, ya estaba cerrado. Ya nos dio todo el equipaje que tenemos que llevar, ya no hay nada nuevo que Dios quiera decirte. Lo que quiso decir, lo dijo ya a través de Moisés y se terminó.

Entonces, en el resto de nuestras vidas, lo único que a nosotros nos quedaría sería estudiar lo que Moisés dijo. Y listo, eso es todo. ¿Para qué hacernos problemas? Vamos una vez por semana a la iglesia, escuchamos lo que el pastor nos dice respecto a algo que dijo Moisés y se acabó, hasta el domingo que viene si Dios quiere.

Y hoy, aunque te parezca mentira, tenemos a otro grupo de fariseos modernos, que cree que el Espíritu Santo dejó de hablar después de lo que vemos en Hechos. Esa es otra forma de fariseísmo. ¡Dios no nos puede decir nada nuevo! ¡Ya todo fue dicho! ¡Si es nuevo, no es bueno!

¿Sabes que he escuchado en algunos lugares de esta clase de gente? He escuchado decir que, si Dios hubiera querido hablarnos por su Espíritu, no hubiera mandado que se escribiera la palabra. Y que la Biblia está para que no necesitemos de otra cosa.

Si tengo que decirte lo que creo, creo que ese es un pensamiento peligroso y engañoso. ¿Qué pasa, entonces, con ese grupo de hermanos, bien intencionados? Ellos tratan, que los que recién se estaban convirtiendo, también pasen por la circuncisión.

¿Por qué? ¡Porque ellos fueron circuncidados! De acuerdo, está bien, la circuncisión fue un diseño del Antiguo Pacto, pero: ¿Te das cuenta lo delicado que es no darte cuenta en qué momento cambiamos de pacto? ¿Te das cuenta lo delicado que es tratar de vivir en pleno siglo veintiuno, con una palabra del siglo diecinueve?

Todo se está moviendo. El gran terremoto que sacudió a Nepal, movió a toda la India por tres metros. ¡Se ha movido todo el continente! ¡Tres metros, no dos centímetros! ¡Tres metros! ¡En un minuto! ¿Y tú sigues pensando que todo lo que sabes es lo absoluto, todo lo que está ahí?

Ese es el gran problema del fariseísmo, que genera orgullo. Te deja en una posición de comodidad, ya no necesitas buscar que Dios te hable, porque Él ya habló. Ya no necesitas clamar para que Dios te revele algo, porque ya lo que tenía que revelarte, ya te lo reveló.

Y en el proceso, nos volvemos consumidores de libros, de videos, de escuelas, de clínicas, de materiales, de prédicas, y todo está muy bueno. Pero perdemos de vista lo que Dios quiere decirnos de manera particular. Y es un error, porque ninguna escuela va a cumplir el rol que Dios tiene para mí en lo particular y en lo privado.

Los hermanos se confrontan en el primer siglo, en el año 49 o 50, con este problema. ¿Qué hacemos con los que son gentiles? Fíjate que mientras la iglesia era propiedad de los judíos, todo estaba bien. Pero cuando empiezan a aparecer personas como Cornelio y otros tantos, hay un tremendo problema.

Ellos no tienen ni idea de quien era Moisés, Abraham o David, ¡No lo saben! Aun el evangelio que tienen que presentarles, porque si tú escuchas la prédica de Pedro en Hechos 2, él dice: hermanos, ustedes saben cómo Dios envió a David, y… ¡Claro, eran judíos!

Ahora bien: siéntate con gente que no es judía, y dile: bueno, cómo tú sabes, David fue levantado por Dios. Y te mirarán y te dirán: oye: ¿Quién era David? ¡El hijo de Isaí! ¿No recuerdas? ¿Isaí? ¿Quién es Isaí? Y no te sonrías, lo pondré ahora en un contexto latinoamericano: ¿Qué sabías tú, que hoy me estás escuchando, del Antiguo Testamento, antes de conocer al Señor? ¿Qué sabías? Alguna historieta de la creación y punto.

Algunos clásicos más de Hollywood que de la Biblia: El diluvio, Adán comiendo la manzana, la ballena tragándose a Jonás, David y Goliat, Sansón, El Mar Rojo, ¿Quién olvida “Los Diez Mandamientos” con Charlton Heston? ¿Y de Isaías? ¿Y de Samuel? Nada.

¿Te das cuenta que cuando nos sumergimos en Dios, lo queramos o no, adquirimos una cultura distinta en cuanto a nuestra historia? Ahí entiendes que nuestra historia no empezó cuando el hombre prehistórico llegó a Sudamérica, nuestra historia empezó en otra parte. Y de repente algunas cosas empezaron a tener sentido.

La gente que escucha el evangelio después de Cornelio, era gente así. Hay algo que sigue siendo asombroso aún con el paso de los años y los estudios, sermones y mensajes. Cornelio sabía que iba a visitarlo uno de los discípulos, porque un ángel se lo dijo.

Resulta ser, parece, que Israel no tenía los derechos reservados para con los ángeles. Porque los judíos pensaban, y también creían, que la Ley era la Ley de Israel, que Dios era el Dios de Israel y que los ángeles eran los guardianes de Israel.

Pero resulta que un ángel fue a hablar con Cornelio, y no tuvo ningún problema en aparecerse en su casa y decirle viene un hombre, quédate tranquilo. Pero Pedro sí tuvo problemas al entrar allí. Literalmente se tuvo que tropezar y casi caer para entrar, porque si no, no entraba.

Porque culturalmente, él no aceptaba que un romano pudiera ser salvo. ¡Eso es lo bueno de que los ángeles no tengan la cultura humana!  ¿Cómo resuelven ese asunto que venimos estudiando, aquellos hermanos?

(Verso 7) = Y después de mucha discusión, (¡Ah! ¿No fue fácil, eh? Después de mucha discusión, dice) Pedro se levantó y les dijo: varones hermanos, (a Pedro, no te olvides, lo estaban presionando feo los de la circuncisión), vosotros sabéis como ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca palabra del evangelio y creyesen.

Eso pasó en hechos 10. Él fue el primero, hasta donde sabemos, que va a predicarle a alguien que no era judío. Yo quiero que entiendas bien esta escena: la situación está más que caldeada, así que es notorio que Pedro tiene que atreverse y decir algo.

(8) Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros; (¡Claro! El Espíritu Santo cayó después de la tremenda predicación de Pedro en la casa de Cornelio!) (9) y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones.

(10) Ahora, pues, ¿Por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?

¡Qué sabiduría! ¡Qué humildad! ¿Cómo vamos a obligarlos a circuncidarse y a guardar la ley, si ninguno de los que estamos aquí hemos podido guardarla? ¡Qué humildad, este hombre!

 (11) Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos.

(12)Entones toda la multitud calló, y oyeron a Bernabé y a Pablo, que contaban cuán grandes señales y maravillas había hecho Dios por medio de ellos entre los gentiles.

(13) Y cuando ellos callaron, Jacobo respondió diciendo: varones hermanos, oídme.

(14) Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre.

(15) Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito: (16) Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; y repararé sus ruinas, y lo volveré a levantar, (17) para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre, (18) dice el Señor, que hace conocer todo esto desde tiempos antiguos.

¿Te das cuenta ahora para qué sirve la Escritura? Sirve para entender lo que él está haciendo. Es como quien está armando un motor que acaba de ser reparado y encuentra una pieza que no sabe dónde colocarla. ¿Tienes el manual? Sí. Tráemelo, quiero ver dónde va esto.

Esa es la palabra. La palabra, es la que va a dar testimonio de. Por eso Jesús decía que la palabra, la ley, daba testimonio de Él. ¿De qué es lo que da testimonio la palabra hoy día? De lo que el Espíritu está diciendo y haciendo.

¡Qué tremendo como Santiago usa la palabra para respaldar lo que el Espíritu Santo estaba haciendo! Y miren, hace referencia a un texto que está en Isaías 45. Isaías vivió quinientos años antes de todo esto. ¡Ya lo vio! ¡Levantaré esto entre los gentiles! Y estamos discutiendo si debemos o no debemos.

(19) Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, (20) sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre.

(21) Porque Moisés desde tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien lo predique en las sinagogas, donde es leído cada día de reposo.

(22) Entonces pareció bien a los apóstoles y a los ancianos, con toda la iglesia, elegir de entre ellos varones y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé; a Judas que tenía por sobrenombre Barsabás, y a Silas, varones principales entre los hermanos; (23) y escribir por conducto de ellos: los apóstoles y los ancianos y los hermanos, a los hermanos de entre los gentiles que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia, salud.

(24) Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros, a los cuales no dimos orden, os han inquietado con palabras, perturbando vuestras almas, mandando circuncidaros y guardar la ley, (25) nos ha parecido bien, habiendo llegado a un acuerdo, elegir varones y enviarlos a vosotros con nuestros amados Bernabé y Pablo, (26) hombres que han expuesto su vida por el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

(27) Así que enviamos a Judas y a Silas, los cuales también de palabra os harán saber lo mismo.

(28) Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: (29) que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas sí os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien.

(30) Así, pues, los que fueron enviados descendieron a Antioquía, y reuniendo a la congregación, entregaron la carta; (31) habiendo leído la cual, se regocijaron por la consolación.

(32) Y Judas y Silas, como ellos también eran profetas, consolaron y confirmaron a los hermanos con abundancia de palabras.

(33) Y pasando algún tiempo allí, fueron despedidos en paz por los hermanos, para volver a aquellos que los habían enviado.

(34) Más a Silas le pareció bien el quedarse allí.

(35) Y Pablo y Bernabé continuaron en Antioquía, enseñando la palabra del Señor y anunciando el evangelio con otros muchos.

La verdad es que está muy bueno el relato de este incidente. Qué manera de resolver las cosas. ¿Cuál fue la conclusión del concilio? No poner tropiezo a la gente. Claro que, a pesar de eso, ellos les piden que cumplan algunas ordenanzas. ¿Notan ustedes que hay un claro equilibrio, allí?

Y llevan una carta de conclusiones. Y a esa carta la llevan a la iglesia, para que sea leída allí y, de esa manera, no se olvide ningún detalle. Ahora bien; ¿Esta, es una reforma? Sí. Es una pequeña reforma. Esa fue la gran discusión. Ese fue un tema que dividió la iglesia en ese momento. La pregunta, era: ¿Qué hacemos con los gentiles y la Ley?

¿Y se resolvió? Sí, se resolvió. ¿Volvieron a tener conflicto con eso? No. O sea: los de la circuncisión, algunos siguieron con su libreto, pero ya la iglesia había zanjado esto, y quedó un documento escrito al respecto.

¡Qué bueno sería poder hacer esto, hoy? Pero no se puede en este momento. ¿Por qué? Porque a diferencia de la iglesia Católica, que tiene un Papa, la iglesia evangélica tiene miles de papas. ¿Por qué? Porque no tenemos, en nuestra intención de escapar del diseño correcto, una imagen de autoridad que todos reconozcan y también nosotros reconozcamos.

Entonces, esto genera que no podamos resolver las cosas. Esta aparente resolución de esta primera crisis en Jerusalén, y ahora viene la parte oscura, no duró mucho tiempo. La iglesia, en ese tiempo, empieza a crecer muy rápido.

En cuestión de pocos años, ellos están en casi toda Europa, en el norte de África, y en gran parte de Asia. Ellos no tenían el vínculo de comunicación y tecnología que tenemos hoy. Un viaje, eran dos años. No era algo pequeño.

Entonces, se genera algo bien interesante que podría explicar bien brevemente, para poder entender luego la crisis que se genera. Dado lo extenso de la geografía, se empiezan a armar dos centros geográficos, se empiezan a levantar dos lugares geográficamente muy fuertes.

Uno, es Antioquía, y el otro es Alejandría. Por ejemplo: Pablo, hace de Antioquía su cuartel general. Antioquía está en Siria. El otro lugar, es Alejandría. Estos dos lugares, enviaban equipos apostólicos a muchos lugares. Iban y volvían. De hecho, el relato que leímos, termina diciendo que volvieron a los que le enviaron.

¿Adónde vuelve Pablo? Vuelve a Antioquía. Recuerden que en Antioquía fue el primer lugar en donde les dijeron cristianos a los hermanos. Históricamente, podríamos decir que el primer núcleo de la iglesia, fue Antioquía. No fue Jerusalén.

Jerusalén, lamentablemente, aunque los apóstoles se quedaron mucho tiempo allá, a pesar de eso, nunca fue convertida. Y esto cumple mucho lo que Jesús mismo dijo de Jerusalén, cuando en el Monte de los Olvidos, lloró frente a la ciudad.

Hay algo que tiene como labor principal, matar a los profetas. Y estoy hablando en términos espirituales, obviamente. Se trata de lo que normalmente llamaríamos como religiosidad. No te olvides que la religiosidad es sumamente cruel y opera activamente en la iglesia.

Por estos factores y porque no supieron reconocer el día de su visitación, Jerusalén, es que Dios saca a Jerusalén de la ecuación. No me verás más, hasta que digas: bendito el que viene en el nombre del Señor. Es muy importante entender el tiempo en el que estamos viviendo.

Nuestras decisiones sólo tienen sentido cuando son oportunas. Porque en algún momento, dicho simbólicamente o no, te van a poner contra la pared, y ahí tú deberás tomar algunas decisiones muy serias. No es fácil, que nadie te lo venda como tal.

Al pasar los años, si recorremos el reloj del tiempo, estos dos lugares, Antioquía de Siria y Alejandría, van a producir una cantidad de teólogos. Después de Pablo, después de Juan. Por ejemplo: Antioquía, produce hombres muy prominentes, como Pablo de Samasota, Luciano de Antioquía, el famoso predicador Juan Crisóstomo, el famoso Nestoriano, que genera toda una controversia por sus enseñanzas.

Todas estas personas, salieron de este núcleo que es Antioquía. La otra escuela que es Alejandría, va a producir teólogos como Clemente de Alejandría, Orígenes, Atanasio, Cirilo de Alejandría, todos ellos salieron de ese núcleo: la iglesia de Alejandría.

Alejandría fue una ciudad muy importante, fue fundada por Alejandro Magno. Por eso se llamaba Alejandría. Y fue considerada una cuna cultural por muchísimos años. El gran problema, y esto es de alguna manera lo que consideramos de fondo de la apostasía, es que paulatinamente, esta puerta abierta a los gentiles, provocó que también entraran al seno de la iglesia, gente que tenía una mentalidad griega y un corazón cristiano.

¿Cómo se puede explicar esto? De la misma manera que ese fariseo que está hablando en el concilio de Jerusalén. Él era creyente de corazón, pero tenía una mente farisea, judía. Y estaba diciendo que ellos debían cumplir las ordenanzas.

¡Un momento! ¿Es posible que tu corazón esté en un lado y tu mente en otro? Yo creo que todo es posible. Normalmente, el corazón va a trabajar de acuerdo con la mente y la mente con el corazón. Y no se ve esa disociación, no se ve esa bipolaridad. Pero en la parte práctica, se nota.

Entonces, ¿Qué sucede? Ya para la época de Juan, ha entrado a la iglesia y muy fuerte, el primer enemigo, el Gnosticismo. El Gnosticismo negaba que Cristo hubiera venido en la carne. No voy a entrar en detalles porque no es el tema, pero es más profundo que eso.

Pero el pensamiento griego, nunca fue extirpado por completo de la iglesia. Hasta el día de hoy. Antioquía. La característica, por ejemplo, de Juan Crisóstomo, de Luciano de Antioquía, de Pablo de Samosata, de Teodoro, de Nestorio y de toda esta gente, estaba en el hecho de que ellos negaban la interpretación alegórica de la Escritura.

Ellos decían que tenían que descubrir la intención del escritor de los textos bíblicos, y no necesariamente entender el texto. En suma, ellos sostenían que teníamos que entender lo que esa persona había querido decir y no lo que había escrito.

No hagas que esto que te dije te pase por el costado, piensa por un momento y haz trabajar tus neuronas. Cada una de estas dos ciudades, van generando una escuela. Es algo que por inercia se produce. Tienen un estilo.

El estilo de la iglesia de Antioquía, giraba en torno a descubrir lo que se quiso decir, y se mete al terreno alegórico. ¿Qué significa? ¿Qué quiso decir? El fruto más notable de esta escuela, es que ellos producen lo que hoy día llamamos Cristología.

Ellos explotan mucho este tema. Para los que no están demasiado familiarizados con estos términos, tengo que aclarar que Cristología es ni más ni menos que el estudio de Cristo. Esta escuela, la de Antioquía, tenía la tendencia de enfatizar la humanidad de Cristo, muchísimo, y permitieron una muy débil conexión entre las dos naturalezas.

Siempre se generó un problema en este punto: ¿Cristo era Dios, o era hombre? A esta escuela, a la de Antioquía, entra un pensamiento aristotélico muy fuerte. ¿Cuál era la característica de Aristóteles? El racionalismo. Hay mucha influencia de dos exponentes griegos en todo esto. Uno es Aristóteles y el otro es Platón.

El sello de Aristóteles, es el cultivo de la razón. Y esta iglesia comienza a girar el volante mucho hacia ese lado. Por el otro lado, la escuela de Alejandría, enfatizaba mucho la divinidad de Cristo. Ellos tenían una visión más unificada de Cristo: hombre y Dios.

Dado que la humanidad de Jesús era menos distinguible que su divinidad, en esta escuela, por tradición, la mención de un Dios que sufre mucho en la cruz, encuentra aceptación. Pero no es tan así en la escuela de Antioquía.

Esta aparente diferencia, tan pequeña, es como estar en una ruta y que el GPS te dice que tienes que salir a tu derecha, pero tú no sales a tu derecha y sigues derecho. Al pasar los kilómetros, la distancia se va aumentando. Al principio fue una salida, pero media hora después, tú estás a medio centenar de kilómetros desviado de tu punto de destino.

Ahora bien; el pensamiento griego, en esencia, es un veneno que se metió en lo que llamamos “el cuerpo de Cristo”, disfrazado de cultura. Y nunca ha podido ser extirpado plenamente. Para decirlo con mayor claridad: uno de los grandes desafíos de una reforma, es poder erradicar la estructura griega dentro de la mentalidad cristiana.

Quiero resumirlo para que lo entiendas, porque hablar de Grecia y su influencia, sería para una serie de estudios específicos y muy densos y extensos sobre el tema. Por eso quiero compartirte un ejemplo bien fácil que escuché una vez y que seguramente todos vamos a entender.

Para los griegos, todo era parte del mundo espiritual. Ellos tenían dioses para todas y cada una de sus necesidades. Las estaciones climáticas: verano, otoño, invierno y primavera, eran diosas. Los días de la semana eran dioses. Los meses del año eran dioses. Todo, para ellos, eran dioses.

Hay un incidente muy interesante, en el que Pablo y Silas llegan a una ciudad llamada Listra, y de repente, a uno lo empiezan a llamar Júpiter, y al otro Hermes. Los consideraron dioses, porque vieron que ellos hacían milagros.

Tal es así que trajeron un sacrificio a la puerta de donde ellos estaban enseñando y lo ejecutaron. Pablo dice que no pudo evitarlo. Quiero que vean qué fuerte que es esto. A Silas lo llamaron Hermes, y a Pablo lo llamaron Júpiter.

Ese es el pensamiento griego, es muy fuerte. Y así como en Grecia había un dios o una diosa para todo, también existen las que se llaman Las Nueve Musas. Las musas, en la mentalidad griega, son unas diosas menores, que tienen a su cargo el traer la inspiración del mundo de las ideas al mundo natural.

Entones, detrás de cada forma de arte, hay una musa. Hay una musa para la arquitectura, hay una musa par el dibujo, para la escultura, y también hay una musa para la música. De hecho, es tan fuerte esto, que la palabra Música, literalmente, es el nombre de una musa.

Entones pregunto: ¿Cómo podrá ser que nosotros, creyentes, hablemos de música cristiana? La palabra Música, es el nombre de una diosa. Claro, ahora nos metemos en un lindo problema, porque si no podemos usar la palabra música, ¿Qué palabra le damos?

No Melodía, fíjate, porque la melodía es una parte de la estructura musical; el ritmo es otro y la armonía es otro. Entonces melodía no puede ser, porque si dices melodía, estás hablando solamente de una parte de la estructura musical.

¿Sabes qué? ¡No existe una palabra que reemplace a la palabra música! Resulta, entonces, que la iglesia no tiene una palabra para identificar lo que es casi lo más común de cualquier culto. Tenemos que pedirle prestada a Grecia una palabra, para referirnos a eso.

¡Es un dilema, créeme! Se han consultado a eruditos judíos, para ver si ellos lograban determinar cómo se lo llamaba en la antigüedad. Porque no creemos que a los sonidos de la alabanza, David les haya llamado música. Sencillamente no lo creo.

Esto te deja algo muy grave en evidencia: que el setenta por ciento, aproximadamente, del vocabulario español, se deriva del griego. ¡El setenta por ciento! Hay todo un problema, hoy con los profetas. Porque un profeta, por nuevo que sea, sabe que el profeta gobierna hablando.

Y allí es donde te das cuenta que Grecia te debilita, prestándote palabras. Mira la sutileza de su trabajo. Cuando hablas de idolatría, tu agarras un ídolo y lo tiras abajo. ¡Listo! ¡Se acabó! Pregunto: ¿Cómo haces para tirar abajo una palabra? ¿Cómo tiras abajo una mentalidad?

¿Cómo tiras abajo el uso de un lenguaje? Hemos hablado así por años y años. Y están hablando así también nuestros hijos y nietos. ¿Cómo cambias eso? Los profetas de avanzada aseguran con muchísimo criterio y certeza que no es posible que hoy, ellos, en gobierno espiritual, estén hablando de música cristiana.

Eso quiere decir que, si no existe una palabra que la reemplace, tendremos que inventar una, pero no es posible que sigamos dependiendo de esta estructura griega. ¡Es absurdo! Los profetas saben muy bien que lo que ellos dicen, Dios se lo toma en serio. Ellos saben que sus palabras son las cosas que utiliza el cielo para edificar y son las que utiliza el infierno para destruir. Sus palabras. ¡Tus palabras!

Algunas cosas se han cambiado en ese sentido. En muchos lugares cristianos, ya no se habla de artistas, se habla de artesanos. La palabra no es artista, es artesano, pensando en términos del Antiguo Testamento. Artesano, ya está. Claro, mi duda ahora es: ¿Podrá haber artistas cristianos?

¡No! ¡No puede haber artistas cristianos! ¡Así como no puede haber ídolos evangélicos, así tampoco puede haber artistas cristianos! Y por lógica consecuencia, no puede haber, tampoco, música cristiana. O es música, o es cristiana.

Propongo terminar con esa hipocresía que asegura que algo es cristiano porque le añadieron dos versículos bíblicos. ¿Biblia es una materia en la universidad? ¿Biblia? Y cuando te aplazan en la materia Biblia, ¿Eso significa que ya no eres salvo?

¿Qué significa tener un excelente o distinguido, que te memorizaste los ciento cincuenta salmos? La enseñanza es una cosa muy seria. Porque el eje de la enseñanza, es el sonido, es el hablar. El peso de las materias no puede ser matemáticas, porque eso genera mentalidad griega.

Tiene que ser el lenguaje. Porque así es como el hebreo aprendía, a través del lenguaje. Es la palabra, el ejercicio de la palabra. Es el ejercicio de la creación de palabras, la composición de textos. Porque eso es lo que puede hacer que tú llegues a conectarte con Dios y con su Espíritu Santo.

Dios no te habla con aritmética, te habla con palabras. ¡No tienes ni la menor idea lo que significa tratar de salirse de las tremendas estructuras griegas en las que la mayoría de nosotros ha sido formada! Pregunto: ¿Alguien cree, entre nosotros, que va a poder levantar una generación nueva, con la ayuda de Grecia? ¡Nos está minando por dentro!

El libro más lleno de composiciones sonoras, es Salmos. Su nombre original, es Salterio. Salterio es un instrumento. ¿Quién sabe cómo era un salterio? ¿Tú puedes llamarle a lo que es música, salterio? No, no puedes llamarlo así. Es miserable, pero no tenemos una palabra sustituta. ¿Arte sonoro? Eufemismo. Sigue siendo griego.

Ahí es donde entran los apóstoles. Los apóstoles son las personas que les ponen nombres a las cosas que no tienen nombre. Son gente de autoridad, que entiende perfectamente esto que te estoy diciendo. ¿Y si no lo entiende y, por el contrario, se opone? Es un hombre a quien alguien le firmó un papel que dice apóstol. En el ámbito espiritual no hay registro de él.

Y cuidado que te he dado un solo y casi mínimo ejemplo: música. Podríamos hablar diez días de Grecia y su influencia y no concluiríamos. Necesitamos apóstoles, pero que tengan instalado un chip nuevo. Que hayan cambiado su manera de pensar.

No me expliquen esto desde Grecia. ¿Y qué es Grecia? Grecia es un monte, y ese monte se llama Olimpo. Y así como Sion es un monte, Grecia es otro monte. Y estos dos montes, se oponen. La teología, nació en el monte Olimpo.

Teología era el nombre que le daban a la disciplina que estudiaba a las religiones paganas. No soy teólogo, jamás lo seré, no lo quiero. Muchos que lo tienen, están desando quitárselo. Voy a decir algo muy crudo y quizás fuerte: no podemos santificar lo que nació podrido.

Pregunto: ¿qué pasa con esa persona que tiene un ministerio, que dice que es profeta, y que sigue produciendo música cristiana? Escucha: será músico, pero profeta no puede ser. No puede ser que no cambies el chip, hermano.

Tiene que haber algo diferente. Te vengo diciendo que vamos a entrar a un tiempo en el que vamos a ser confrontados en todo. Y cuando digo en todo, quiero decir exactamente eso: en todo. Y vamos a tener sólo dos opciones: hacer el cambio al diseño o quedarnos mordiendo nuestra vejez.

Pero ojo con esto: sabiendo que están siendo infieles. Es necesario meterse a solas con Dios y preguntarle a Él cómo se hace lo que debemos hacer. Personalmente, yo estoy convencido que esto sí que es guerra. Porque no te peleas solamente con los incrédulos de afuera. También te tiran con lo que tienen en sus manos los que se supone que están adentro.

Si tú tienes buena memoria sobre lo que has leído, recordarás que Daniel es uno de los pocos profetas que habla de Grecia. En el capítulo 8 del libro de Daniel, habla acerca del macho cabrío peludo que representa al reino de Grecia. ¿Recuerdas las visiones que él tiene?

En el capítulo 8 y verso 21, él describe esa visión y dice que ese era el primer rey. Ese es Alejandro Magno, que fue el primer rey griego célebre. ¿Te acuerdas de él?

(Daniel 8: 22) = Y en cuanto al cuerno que fue quebrado, y sucedieron cuatro en su lugar, significa que cuatro reinos se levantarán de esa nación, aunque no con la fuerza de él.

Ustedes saben que cuando él muere, muere a los treinta y tres años, muy joven, de una enfermedad contraída por causa de sus inmoralidades. Era homosexual y una cantidad de cosas más. Y este hombre muere y sus cuatro generales se dividen el imperio griego, que era inmenso.

Y esos son los cuatro cuernos que salen después que ese cuerno principal, es roto. En el capítulo 10, hay un pasaje muy impresionante cuando Daniel está orando por espacio de veintiún días, esperando por una respuesta que necesitaba de Dios. En el versículo 20, aparecer un ser excepcional, tremendo, que le lleva a Daniel la respuesta.

(Daniel 10: 20) = Él me dijo: ¿Sabes por qué he venido a ti? Pues ahora tengo que volver para pelear contra el príncipe de Persia; y al terminar con él, el príncipe de Grecia vendrá.

Esto es muy particular. Grecia aparece en todo su esplendor, en el libro de Daniel. En oro pasaje dice que este pequeño cuerno que es Grecia, va a alzarse y expandirse a toda la tierra. Y dentro del sueño de Nabucodonosor y su imagen, Grecia pertenece al sector del vientre y los órganos reproductivos de esa imagen. Es decir, la parte que tiene la capacidad de multiplicarse.

En el capítulo 9 del libro de Zacarías, aparece el único registro del Antiguo Testamento, de diseño de victoria contra Grecia. Este texto es muy importante, porque es el único que tenemos como base de plataforma, para confrontar una guerra frontal contra Grecia.

Está en Zacarías 9. Y cuando hablo de Grecia, por favor, quiero que entiendas que Grecia significa tres cosas distintas: Por un lado, está Grecia como nación. Nadie ignora que Grecia, como nación, existe al día de la fecha.

Está reducida a una isla. Es mínima. El último reporte financiero de Grecia decía que el tratar de ayudar a Grecia, puede significar que toda la Comunidad Económica Europea se venga a pique. Y en estos momentos sigue habiendo dos posturas en Europa: dejarla a Grecia que salga a flote como pueda, o salvarla, a riesgo de que todas las economías de las naciones, se hunda.

Parecería ser que el sino espiritual la sigue sustentando, porque siendo una minúscula isla, hizo tambalear a Europa completa, financieramente hablando. La segunda cosa que es Grecia, es un espíritu. Es un sistema espiritual que nunca ha podido ser vencido definitivamente, y que tiene como objetivo minar la forma de pensar de los santos.

Y por otro lado, tenemos al príncipe de Grecia, que corresponde a dos cosas. Primero, a una autoridad gubernamental, o sea: a una persona que en algún momento era autoridad. Hoy día, Grecia ya no tiene más príncipes.

Pero también habla de una segunda cosa: es el ángel o el guardián que cuida Grecia, y que obviamente no es de Dios. Es un vigilante que trabaja para el enemigo. Tal cual lo que les he leído en Daniel. El ángel de Jehová dice: pero viene el príncipe de Grecia y peleará contra mí. Tres cosas.

Zacarías 9: 13) = Porque he entesado para mí a Judá como arco, e hice a Efraín su flecha, y despertaré a tus hijos, oh Sion, contra tus hijos, oh Grecia, y te pondré como espada de valiente.

Lo primero que quiero que notes, es que Grecia tiene hijos. Sion, también. Me pregunto cuántos hijos de Sion habrá allí, del otro lado, compartiendo conmigo todo esto. Espero que los de Grecia sean los menos.

Lo segundo, es el arma que se utiliza contra los hijos de Grecia. Utiliza a Judá y a Efraín. Te pido que no pienses como simple oveja, piensa como profeta. Judá, es alabanza, y Efraín es “doblemente fructífero”. Hay algo que Grecia aborrece terriblemente, porque no lo puede controlar: la adoración. Y lo segundo, la prosperidad.

Toda la vida, Grecia como nación, ha estado endeudada. Puedes hacer una mini-investigación práctica para sacarte las dudas. Investiga cuál es la deuda que tiene Israel como nación, y luego haz lo mismo con Grecia. No hay comparación.

Dice: entesaré a Judá como mi arco, y cargaré mi arco con Efraín. Efraín es la flecha, y Judá es el arco. Incitaré a tus hijos, oh Sion, contra tus hijos, oh Grecia. Guerra de hijos. Y le dice a Sion, te haré como espada de guerrero.

¡Qué tremendo! La religión se une a Grecia en su odio contra la adoración. ¿Has escuchado a hermanos de tu congregación quejarse al pastor por lo extenso que es el tiempo de alabanza y adoración? Bien; ahí tienes a un hijo de Grecia.

Todo hijo de Dios, todo hijo de Sion, si hay algo que ama profundamente en su corazón, es adorar a Dios. Por eso vengo diciendo a menudo que sólo los hijos pueden adorar. Y pueden adorar porque están muertos, ese es el punto.

No puede haber hijos vivos, todos los hijos están muertos. Ahora bien; cuando la adoración es lo que debe ser, es espontánea, es profética, es dirigida por el Espíritu, conecta de tal manera a los creyentes con el Padre, que todo lo que está pasando entre esa conexión, no se procesa mentalmente.

Por lo tanto, Grecia no puede manipularlo. La prosperidad, Efraín, doblemente fructífero, siempre es consecuencia de que la mano del Señor esté sobre alguien. Una cosa es el que tiene por su esfuerzo, y otra cosa es el que tiene porque Dios lo prosperó.

Si yo hago cien pastelitos con un costo de un peso cada uno y luego los vendo a tres pesos. Al final del día yo tengo trescientos pesos, de los cuales doscientos es mi ganancia. Eso no es prosperidad, eso es ganancia justa de tu trabajo y de tu esfuerzo durante ese día.

Pero si en tu pequeña cajita donde guardas las moneditas, de pronto aparecen quinientos pesos; y sumas, y revisas, y examinas y auditas, y vendiste los pastelitos a tres pesos y no te quedaste con el vuelto de nadie, pero hay doscientos pesos extra, esos doscientos pesos, son prosperidad.

Es la diferencia entre la ganancia, que es la consecuencia del trabajo honrado, del trabajo esforzado, y la prosperidad. La prosperidad es ese excedente impensado. Es algo que vino del cielo y no puedes computarlo en ningún rubro ni cuenta.

Entonces tú ibas a comprarte un auto de veinte mil dólares, porque es el ahorro que has hecho, pero el de la concesionaria, cuando llegas, te dice que para qué te vas a llevar ese de veinte que está un poco viejo, si está ese de veintisiete mil, en el mismo precio.

Eso es prosperidad. Este verano fuimos unos pocos días a un lugar de montañas muy hermoso de mi país. Contratamos un bungaló de un valor diario menor porque al que nos atraía por su belleza y comodidad, no llegábamos a poder pagarlo.

Cuando llegamos al lugar, la propietaria que no nos conocía y no es creyente decidió darnos el mejor, porque total, -nos dijo- están los dos desocupados y a mí me da lo mismo darles uno que el otro. Eso fue prosperidad. La diferencia entre lo contratado y lo disfrutado, fue prosperidad del Señor.

¿Notas, entonces, la diferencia entre ganancia comercial honesta y prosperidad divina? Bueno; esa parte, Grecia no la maneja. No lo procesa. ¿Por qué? Porque eso no es racional. ¡No puede ser! ¡No es lógico! Sí puede ser, porque el Reino no tiene lógica. Además, la lógica como ciencia, es un invento griego.

¿Por qué no puede ser? ¿Acaso Dios no puede hacer aparecer billetes si se le da la gana? ¿Acaso no puede esa dama desconocida, haberse despertado ese día con una gracia especial para mí? ¿Por qué me dices que no puede ser? ¿Hay para Dios algo imposible?

Hay un pasaje en Tito que se las trae. Pablo le escribe a Tito, y de paso te quiero decir algo: a Pablo no le caían bien los griegos. A Jesús, mucho tampoco, esa es la verdad. Claro, los creyentes genuinos que hoy hay en Grecia, está todo bien, no es con ellos, se sobreentiende.

(Tito 1: 12) = Uno de ellos, su propio profeta, (Este es un escritor griego) dijo: los cretenses, siempre mentirosos, malas bestias, glotones, ociosos.

(13) Este testimonio es verdadero; por tanto, repréndelos duramente, para que sean sanos en la fe, (14) no atendiendo a fábulas (Mentiras) judaicas, ni a mandamientos de hombres que se apartan de la verdad.

Es impresionante que aquí Pablo, a Tito, le escribe una carta apostólica, una cita de un pensador griego, que habla de los cretenses de esa forma tan contundente. Grecia también diseñó el sistema de gobierno que hoy día dirige las naciones, la democracia.

Grecia diseñó el modelo educativo que rige en casi todo el mundo, sólo se salvan algunas naciones asiáticas. China, entre ellas, que jamás le dio demasiada validez a los griegos. Es un imperio muy distinto. Además de todo esto, también te puedo mencionar al deporte, invento griego.

Puedo mencionar al entretenimiento, invento griego. En fin; la lista es muy grande. Yo te he explicado, brevemente, que estas dos escuelas, la de Antioquía y la de Alejandría, paulatinamente se van desviando del correcto Espíritu de Dios.

Muchos de los que llamamos Los Padres de la Iglesia, y estoy hablando de Orígenes, de Cirilo de Alejandría, del famoso Clemente, te estoy hablando justamente de Juan Crisóstomo, muchos de ellos escribieron cartas. Estoy hablando de gente que vivió en el año 150, 170, 200, 250, y fueron gente de Dios.

Pero, paulatinamente, empezaron a dar lugar a las estructuras griegas. Yo creo que en más de una ocasión podremos no estar de acuerdo en algo; ¿Sabes qué es lo que los griegos te piden hacer? Dicen: ¿Por qué no discutimos de este asunto?  Los hijos de Dios tienen otro sistema: ¿Por qué no le preguntamos al Señor?

Cada vez que tratan de llevar al terreno de la discusión, en realidad te llevan al ruedo griego. Cuando nuestro camino es simple. ¿Tú crees en el Espíritu Santo? Yo también. ¿Tú escuchas al Espíritu Santo? Yo también. ¿Por qué no oramos y le preguntamos y resolvemos esto?

Estoy convencido que el Goliat más grande que tenemos por delante en nuestra intención de producir reforma, es esto. Es Grecia. Tenemos en nuestro vocabulario tantas palabras que debemos cambiar. ¿Cuántas instituciones cristianas reciben el nombre de Academia? No sé cuántas, pero conozco.

¿Sabes qué? Academia viene del nombre de un militar griego llamado Academiu. Academia, de hecho, es una estructura griega. Alumno, término griego. A-lumen, sin luz.

¿Cuál era el concepto? De que el que no conocía, estaba ciego.  A-lumen, sin luz. ¿Existe, entonces, tal cosa como un alumno cristiano? Perdón; si son alumnos, A-lumen, no son cristianos. No pueden ser ciegos de conocimiento y ser cristianos. ¿Y cuál es la palabra correcta? Estudiante. Por ahora.

Parece algo pequeño, pero marca todo un perfil. Si tú que dices que eres profeta, no entiendes el peso de las palabras, estamos todos perdiendo el tiempo. ¡Usemos las palabras que queramos, total Dios sabe de qué estamos hablando! ¡Es que no se trata de eso!

Estamos rompiendo toda una estructura de años de tradición. Cientos de años hemos heredado esta forma de pensar y se expresa de la manera que hablamos. Eso debe cambiar. Porque hoy estamos hablando de adoración profética, ¿No es así? ¿Y por qué hablamos de adoración profética?

Nosotros, y cuando digo nosotros me estoy refiriendo a los más adultos, hemos crecido en Dios en dos conceptos: alabanza y adoración. Alabanza era el ritmo pegadizo y contagioso que nos hacía bailar el pasito en la iglesia que fuera, aún con saco y corbata.

Adoración, mientras tanto, era bajar los decibeles de los bafles y quedarnos con los ojos cerrados y las manos levantadas como en un éxtasis. No sé tú, yo crecí en ese ambiente. ¡Buenas noches, hermanos! ¡Vamos a empezar con tres canciones de alabanza y dos de adoración! Listo. Todos entendíamos eso.

Los más jóvenes, hoy, no es posible que tengan ese pensamiento. Ellos saben que no puede haber adoración, si no es profética. Hablo de los jóvenes que están adentro, claro, no de los que vienen todos los domingos de visita como espacio entre el fútbol y el boliche.

Adoración profética, dije. ¿Qué significa eso? Profética significa que es inspirada por el Espíritu Santo, inspirado por Dios. Claro, pero: si no es adoración profética, ¿Quién inspira esa adoración? Por eso es que la generación ungida que avanza, ya no puede aceptar que exista una adoración que no sea profética.

Por lo tanto, el añadido de “profético”, ya no existe para ellos. Cuando esa gente habla de adoración, se sobreentiende que es en el espíritu. ¿En qué otra cosa podría ser? De otro modo, no es adoración, es sólo momento de lentos, como en los boliches.

Se sobreentiende que cuando se dice adoración, tiene que ser en el espíritu. De otro modo, ¿En qué más podría ser? Pero nosotros somos la generación de transición; de la alabanza a la adoración y ahora a la adoración profética, ¿Verdad?

Creo que la nueva generación dará un paso muy importante hacia adelante, si llegan a un momento en donde sólo conciben una manera de adorar: en el Espíritu. Ahora, si ellos todavía pueden detectar las diferencias que hoy nosotros todavía percibimos, habremos fundido otra generación.

Porque eso significaría que estamos perdiendo a nuestra generación, hablo de la que viene detrás. ¿Por qué? Porque ellos se siguen peleando las cosas que nosotros ya peleamos. Entonces quedamos muy lejos de la idea de formar cultura.

Y lo peor es que ellos van a hacer lo mismo con sus hijos, con sus nietos. Entonces, claro; llega la duda: ¿En qué momento habrá esperanza para un mundo mejor, si es que seguimos transmitiendo esta lacra, este error, este desvío?

Es lo mismo que con la intercesión. Antes era simplemente oración. En la oración, nosotros le decíamos a Dios lo que él ya sabía: bendíceme, bendícelo, ayúdales, sálvalos. ¡Todo lo que Él ya sabía! Igual se lo decíamos, por las dudas.

Esa era la reunión de oración. Ahí fue donde pasamos a la intercesión. Pero luego eso nos quedó chico, entonces pasamos a la intercesión profética. Ahora déjame que te pregunte algo que quizás te suene tonto, pero no puedo evitarlo. Si no es profética, ¿La intercesión, será intercesión?

Yo creo que no. Pero la mayoría de los hombres de Dios al frente de todas las cosas, algunos de ellos pastores desde hace veinte años, tuvieron que ponerle el calificativo de “profético”, para distinguirlo de lo que antes se hacía. Está bien, pero la duda, es: ¿Tus hijos, van a tener que pasar por ese mismo valle?

Entonces me pregunto para qué se hacen tantos congresos, clínicas y escuelas especializadas, si la generación que viene va a tener que aprender todas estas cosas a los golpes, como las aprendimos nosotros. Esta es la crisis y en esto es en donde todos debemos ser confrontados.

¿Se entiende que esto es algo que comienza en la casa y no en el templo de la iglesia? ¿Se entiende que esto empieza en la familia y no en la congregación? ¿Y qué es un cambio inspirado por el Espíritu Santo y no por la idea unilateral de un hombre ordenado como pastor?

¿Habrá que volver a los himnarios? ¿Nadie podrá decirle algo nuevo y divino al Señor? Antes era todo bueno, o al menos lo parecía, porque todo estaba escrito. Es normal pasar a mitad de semana por alguna de las cientos de iglesias evangélicas que existen, y ver un letrero que anuncia el tema de la predicación del próximo domingo. ¡A cuatro días!

Eso es antigua cultura evangélica americana. ¿Qué rol le estarán dejando al que ellos mismos enseñan que es quien nos guía a toda verdad, el Espíritu Santo? ¿Sólo aceptar lo que los mini-astros de turno ya ha decidido? Sermón del domingo. Cultura americana. Elegir el sermón evita pérdida de tiempo.

¿Quieres saber si yo me congregaría en un lugar así? ¡No! ¡Dios me libre de eso! ¿Por qué? Ya pasé esa etapa. No retornaré a esas épocas, fueron. Si vamos a cambiar, vamos a cambiar todo, no partecitas. ¿Qué tal si tú le pones a tu auto tres ruedas de un tamaño y una de un tamaño menor? Andará chueco. Así andan miles de ministerios en este tiempo.

Han cambiado la predicación, pero no han cambiado la alabanza. Dicen estar renovados y reformados y todavía andan repartiendo himnarios en los bancos. Otros cambiaron la alabanza y lo que eran dulces melodías se convirtió en un batifondo monumental que amenaza con que los expulsen del vecindario. Pero luego oyes la predicación y adviertes que es una copia de un mensaje de Spurgeon.

¡Es muy fuerte una reforma de verdad! ¡Es un ataque directo a nuestra vanidad, a nuestro amor propio, a nuestra auto estima! ¡Porque cuando ya se suponía que yo debía estar entre el grupo de ancianos consejeros de la denominación como fuente de sabiduría, ahora resulta que tengo que volver a empezar de cero en la escuela primaria del evangelio!

Lo cierto es que la mayoría de nosotros, porque yo soy de los que creen que somos mayoría los que tenemos nuestros ojos espirituales abiertos, tenemos mantos de unción altamente poderosos y los tenemos allí, apilados uno sobre el otro en nuestros placares. ¡No los usamos!

Tenemos que ser conscientes de lo mucho que hemos cambiado todos nosotros en estos últimos cuatro o cinco años. Hablamos de adoración profética, hablamos de pharmakeia, hablamos de regiones de cautividad, hablamos de rechazo, cosas que la gran mayoría de la iglesia estructural no conoce ni ha visto jamás en sus enseñanzas básicas.

Aquí hablamos de ida y vuelta de la Reina del Cielo, de Babilonia, del espíritu de Grecia y nos manejamos con esas menciones con total costumbre, confianza y versatilidad. ¡Pero no te imaginas que todo eso para muchos cristianos fieles, sinceros y buenos, todavía es chino básico! Aunque hoy mucha gente estudia chino por cuestiones comerciales.

Entonces, la pregunta es: ¿Por qué no terminamos de dar el salto? ¿Sabes por qué? Por temor. Lamentablemente para muchos, la palabra dice con mucha claridad que los cobardes no heredarán el Reino. Entiendo que te tiemblen las piernas, a veces, porque es normal asustarse al ver adónde nos está arrinconando el Señor.

Y si tu ministerio es de los llamados grande, mucho más. Porque en ese caso, hay mucho más que perder. Es mi oración que todos ustedes puedan ver en su espíritu, la real dimensión de lo que significa una reforma, que por supuesto, va mucho más allá de una palabra formal.

Lo más sano, lo más natural, lo más atinado, lo más santo de este tiempo es, de alguna manera y sin irnos al otro extremo en exageraciones, poner en tela de juicio todo lo que sabemos. ¿Cuánto hace que yo y cientos de hermanos más venimos enseñando con fundamento bíblico que llamar Pastor al que comanda una iglesia es lo menos apropiado, y sin embargo casi nadie o muy pocos lo han modificado?

Nos sucede en esto como en muchas otras cosas. Tomamos una cosa que pensamos modificar, la guardamos para más adelante y nos olvidamos. Y luego seguimos como si nada hubiera pasado. Pero cuando nos presentamos delante de la gente pretendemos ser parte de una tremenda reforma.

Congregué durante mucho tiempo en una iglesia convencional, estructural y tradicional de la llamada área conservadora. Un día llegó el impacto de la renovación y el despertamiento. El pastor empezó predicar mensajes de renovación y reforma, pero después de diez años, la única reforma que aceptó cumplir fue la de cambiar un viejo piano de cola, por un moderno teclado. Y terminó ahí mismo su renovación.

Hoy debemos entender, todos los que de una u otra manera pensemos en ministrar algo para los hijos de Dios, que cada cosa que el Cielo nos dé, va a estar sujeta a auditoría. Y el Señor en algún momento nos va a preguntar qué hicimos con eso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Hora de Sacudir y Arrancar

Antes de que el anticristo sea revelado, habrá un misterio de impiedad funcionando. El que va a venir aparecerá después de una furiosa actividad de apostasía. Satanás y todos los poderes de las tinieblas estarán preparando el escenario, destruyendo la fe de muchos. Debido al desenfreno en el pecado, el amor de mucha gente de Dios se enfriará. Habrá creyentes náufragos por todos lados.

¡La mayor preocupación de Dios no es donde están cayendo los cristianos, sino de donde están cayendo! Hay multitud de cristianos, incluyendo pastores, diáconos y ministros de todas clases, ¡Qué están perdiendo la fe y la confianza en el poder del nombre de Jesús! Están cayendo de esa fe como de niño, que cree que la solución a todos los problemas es sólo él. Se están volviendo a métodos psicológicos, experiencias humanas, y a filosofías y doctrinas de hombres.

Todos los profetas previeron esta gran apostasía. A Isaías Dios le dio un mensaje que se refiere especialmente a nuestros días. Habla de los últimos tiempos cuando el pueblo se “volvería a Egipto,” para que les ayudara y rechazarían a Dios como su única fuente de provisión. Egipto, en términos de tipología, es el sistema del mundo, recuérdalo.

Dios se aseguró que no hubiera equivocación hacia quien iba dirigida esta profecía. Él le dijo a Isaías: Ve, pues, ahora, y escribe esta visión en una tabla delante de ellos… para que quede hasta el día postrero, eternamente y para siempre. (Isaías 30:8). La traducción literal es: “Para que sea para las generaciones futuras para los últimos días.” El capítulo treinta de Isaías es el mensaje para la iglesia de los últimos tiempos. ¡Cuán exacto y cierto!

Sin embargo, debo decirte que ¡El mensaje comienza con una revelación del dolor de Dios a causa de la apostasía!  ¡Ay de los hijos rebeldes que se apartan, dice Jehová, para tomar consejo y no de mí; para cobijarse con cubierta y no de mi Espíritu, añadiendo pecado a pecado! Que se apartan para descender a Egipto, y no han preguntado de mi boca; para fortalecerse con la fuerza de Faraón, y poner su esperanza en la sombra de Egipto. (Isaías 30:1-2).

¿Por qué les llama Dios hijos rebeldes? ¡Porque han cometido lo último en pecado más grande, causándole a Dios la mayor pena! Aquí se introdujo un pecado peor que el adulterio, la fornicación, el robo, la mentira u odiar al hermano. ¡Es el último pecado de rebelión y apostasía! Dios le llama pecado compuesto, que es el de añadir pecado a pecado.

Es una bofetada en el rostro de Dios – es la consumación del pecado más declarado que pueda cometer un hijo de Dios. ¡Es avanzar hacia Egipto antes que consultar al Señor! Esto se les decía a los líderes de Israel en el reinado de Ezequías – pero también es para la iglesia de estos últimos días.

El abuso de drogas, el alcoholismo, el adulterio, el juego, la homosexualidad, la fornicación, la pornografía – todos estos malos actos son pecados contra la carne, contra la sociedad y