¡Nunca Abandones Tus Armas!

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(1 Corintios 2: 16) =  Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Más nosotros tenemos la mente de Cristo.

Es muy cierto, esto. Tenemos la mente de Cristo y, por consiguiente, recibimos impulsos del Espíritu Santo, pero podemos equivocarnos en esto. Por eso hay que examinar cualquier impulso a luz de las Sagradas Escrituras y estar abiertos a la corrección de nuestros más cercanos. Es muy difícil aconsejar a alguien que se aferra a la expresión: “El Señor me ha guiado”. Porque, efectivamente, puedes estar recibiendo una guía, pero no del Señor, sino de un señor…

 El Señor (Así con la “S” mayúscula), ha prometido darnos lo que pedimos conforme a su voluntad. Por eso es necesario profundizar en la voluntad de Dios y estar de acuerdo entre nosotros, también. En 1990, durante una conferencia en Escocia, los representantes de Senegal advirtieron que, al año siguiente, los países islámicos iban a realizar una conferencia mundial en su capital para planear el fin de toda obra cristiana y la eliminación de las minorías cristianas en sus respectivos países. Acordaron orar para que se anulara tal conferencia, y recibieron la convicción de que Dios los había oído, de modo que terminaron la reunión con una alabanza gloriosa. Unos meses después, la Guerra del Golfo polarizo el mundo islámico de tal manera que se pospuso la conferencia. Cuando por fin la reunión se realizó, las divisiones eran todavía tan marcadas que muchos delegados salieron antes de terminar y poco se decidió.

De allí que aprendemos hoy y a la distancia, que es imperativo para todos nosotros saber y decidir usar las armas que Dios ha puesto en nuestras manos. Separados de Dios quedamos casi indefensos delante de Satanás, pero unidos a Dios no hay razón para temerle al diablo. En Efesios 6;10-18, Pablo nos indica no solo la armadura que debemos ponernos sino las armas ofensivas, o sea, la espada del Espíritu que es la palabra de Dios y la oración en el Espíritu que debemos empuñar. Demasiados siervos de Dios se han metido tanto en la guerra espiritual, que han descuidado la armadura divina y han engrosado la lista de bajas en la lucha.

El capítulo doce de Apocalipsis revela mucho acerca de Satanás y sus tácticas. Pero lo mas importante es que indica claramente como los hermanos pueden salir triunfantes en la lucha contra el. Dicen los versos 10 y 11: Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. 

Veamos: Primero, por la sangre del Cordero. Por medio de su sacrificio en la cruz, Cristo ha eliminado de una vez y para siempre nuestra culpa ante la presencia de Dios, a tal grado que Satanás ya ni siquiera puede acercarse a Dios para acusarnos. Con tal de que le confesemos a Dios cualquier pecado que pueda surgir en nuestra vida, estamos completamente seguros en los brazos de Cristo.

Segundo, por nuestro testimonio. Contra la mentira del diablo podemos, usar nuestro testimonio acerca del Señor Jesús, nuestra posición en el Amado, y Quien va a vencer. Es el Espíritu quien nos da poder para testificar y quien nos avisa, al retirar su paz del corazón, cuando algo necesita arreglarse en nuestra vida.

Tercero, por nuestro compromiso hasta la muerte. Frente a las amenazas y los arreglos que propone el diablo, debemos abandonar la voluntad de Dios, sea para vida o para muerte. Tal actitud deja a Satanás impotente. No vencido, aclaremos bien. Porque incluso cuando lo tentó a Jesús en el desierto, él lo derrotó con la Palabra, pero así y todo, dice la escritura que sólo se apartó por un tiempo. Aprende a pelear tu batalla. No abandones tus armas. Ningún soldado valiente y vencedor lo hace.

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Perdón; ¿Huevos y Conejos?

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En alguno de mis libros creo haber hecho mención a ciertas experiencias vividas en torno a las Pascuas de antaño. En principio, recuerdo casi con una sonrisa que mi abuela materna nos tenía estrictamente prohibido a nosotros, sus nietos, (Yo era el mayor de una nómina de siete), hacer ruido, poner alguna clase de música o cantar en los días del “duelo”, como ella lo llamaba, esto es: jueves y viernes santo. Nos explicaba que Dios se iba a ofender si nos reíamos, porque se había muerto Jesús… O lo peor, todavía: en su ignorancia honesta y escasa formación educativa, por ahí derrapaba y solía decir que teníamos que ser respetuosos porque ¡Se había muerto Dios!

Oye: ¡No exageraba mi abuela, después de todo! Claro que no era un duelo, pero si un tiempo de meditación y memoria, memoria sobre el verdadero significado de ese calvario concluido en una muerte atroz en una cruz. Pero ella creía, con toda la sinceridad que le proporcionaba su escasa información vía Iglesia Católica Romana a través de curas que en esos tiempos y en esa pequeña población de mi Argentina, eran alemanes o austríacos que rezaban la misa en latín y se comunicaban con los fieles en un cocoliche que casi ofendía al hermoso idioma español. De resurrección, mi abuela casi no hablaba. La aceptaba, así como el domingo de Pascua, pero creo que a ella jamás se le ocurrió sacar a Jesús de esa cruz… Y no fue la única, creo; todavía anda por la vida un grupo no escaso de gente que tampoco pudo o quiso sacar a Jesús de la cruz. ¿Resurrección? Sí, pero…

Siendo más adulto y trabajando en una emisora de radio secular, luchaba contra mis propias convicciones no del todo clarificadas ni argumentadas con solidez, contra las disposiciones de la dirección que demandaban, en un principio, difundir solamente música sacra los días jueves y viernes santo. Yo no entendía ese ambiente de velatorio porque, aunque mi mente racional e incrédula no terminara de aceptar la resurrección de un muerto, si era como nos decían, no veía el objeto de llorar tanto ni hacer tanto duelo. ¡Si después iba a volver a vivir el muerto! Ingenuidad infantil cuando ya me probaba las ropas de hombre.

Más adelante, en la misma emisora, y ya habiéndose modificado aquella obligatoriedad de difundir música sacra que nadie escuchaba porque a nadie le gustaba, llegó el tiempo de otra clase de obligación “por respeto”: difundir solamente música instrumental, no cantada. Todavía me estoy preguntando, a tantos años de esto, cuál podría ser la diferencia, si lo que se quería era respetar a un Dios que aparentemente se había muerto, entre una zamba criolla cantada a otra donde solamente sonaran guitarras. Verdaderamente, pasó mucho tiempo de esto y todas las cosas cambiaron. Yo crecí mucho en lo espiritual y en lo informativo, pero así y todo, todavía hoy no le encuentro explicación a este dilema.

¿Y para qué todo esto que forma parte más bien de un pasado de ignorancia vivido por alguien que ni siquiera puede erigirse hoy en modelo de nada, en un espacio generalmente utilizado para ilustrar alguna forma de enseñanza más concreta o rápida? Simple: para no caer en el lugar común de hablar de algo de lo que hoy está hablando toda la humanidad que se dice a sí misma cristiana, y que yo suelo evadir por todos mis medios, porque al igual que lo que me ocurre con la Navidad, si bien por un lado no me agrada en absoluto fastidiar a gente muy buena y sincera que todavía ama respetar las tradiciones, por otro lado y desde lo espiritual, siento que no tengo gran cosa para decir, o mejor dicho, añadir a lo ya dicho tantas veces. Y eso me deja en deuda. Y como no me gusta deber nada, tal como un cristiano tiene que ser, entonces no me queda otra que subirme en esta esquina al tren de la tradición, desearte muy Felices Pascuas y luego, en la esquina siguiente, descender casi con urgencia para volver a lo que realmente tiene valor: ayudar a extender el Reino de los Cielos, que para eso hemos sido salvos, redimidos y restaurados, no para jugar con huevos o conejos.

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Lo Intrincado del Camino

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     En la década de los setenta hubo acontecimientos extraños en un Instituto Bíblico en Harare, Zimbabwe. Se despidió a un jardinero, quien puso una maldición sobre el personal en un momento en el que dos mujeres estaban ofendiéndose con palabras, y eso dio al enemigo la oportunidad que buscaba. Ocurrieron cosas desagradables y una noche, uno de los estudiantes despertó gritando de dolor por la quemadura de una mano que se le impuso debajo de la cobija. En la mañana se veían todavía las huellas. Los incidentes solo terminaron al superar la riña entre las mujeres por medio del arrepentimiento y la oración.

     Nuestra liberación en Cristo. Al pensar en los años de trabajo de muchos misióneros, donde el temor a la práctica de la brujería eran cosas normales, sorprende cuan pocos de los que realmente se convirtieron al Señor necesitaron una liberación de demonios. Hubo ciertas excepciones de quienes si echaron demonios en el nombre del Señor Jesús. Insistieron en que todos los que hacían profesión de fe destruyeran sus amuletos y toda medicina relacionada con la brujería, además de darles un testimonio publico a sus familiares y vecinos.

     Hubo un tiempo cuando existía preocupación acerca del tema de la liberación. Una misionera tenia profundos problemas y se acerco una hermana se le dijo que, si quería una sesión de liberación, tendría que ir a otra persona, pero que estaba dispuesta a darle media hora de su tiempo para explicarle bíblicamente su posición en Cristo. Esta misionera era una candidata obvia para liberación. Su padre era alcohólico, y su hermana, gemela idéntica, procuraba embrujarla. Pero cuando ella acepto por fe su nueva posición en Cristo, se sintió libre, y meses después escribió con gratitud a es gente que la ayudó, para decirles que seguía sintiéndose liberada. Muchos buscan una liberación dramática, cuando en realidad lo que necesitan es humillarse, arrepentirse y renunciar a actitudes y cosas incorrectas.

     Estar sentados con Cristo en lugares celestiales. Muchas veces, al encontrarse en problemas, la gente suele decir: “Hay que mirar hacia arriba”. Pero yo digo: “Al contrario; hay que mirar hacia abajo”, porque nuestra verdadera vida está escondida con Cristo en Dios (Colosenses 3:3 Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.). Estamos en el puesto de mando del universo y nuestra vida de oración se renovara si tan solo nos apropiamos de esta verdad.

     Conocer la voluntad de Dios. Contar con una guía es el derecho de todo hijo de Dios (Romanos 8:14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.). Además, el Señor Jesús prometió que, por medio suyo, sus discípulos conocerían lo que dice y hace el Padre (Juan 15:14-15: Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mandoYa no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.) y que el Espíritu Santo traería a nuestra memoria lo que necesitamos saber (Juan 14:26: Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.), tanto por su palabra escrita como por su presencia en nosotros (Juan 14:17: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.). En muchas partes del mundo han retado a obreros cristianos de la siguiente manera: “Nunca hay que salir por razones negativas del sitio donde Dios nos ha colocado”. El enemigo de nuestras almas hará todo lo posible para proveer los factores negativos y convenceremos de que Dios nos está guiando así.

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La Grieta

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     En mi Argentina de estos tiempos, hay una palabra que se escucha diariamente por cuanto canal difusor se te ocurra, y es la palabra Grieta. Definen así desacuerdos políticos, ideológicos, económicos o de esencia étnica o epidérmica, como mejor les guste a cada uno. Y se aspira a que cada hombre o mujer habitante de mi país, antes de hablar dos palabras por donde sea que se dispone a hablar, fije su posición respecto a esa Grieta. O está del lado de allá, o está del lado de acá. Posiciones intermedias o abstenciones, imposible de admitir. Una verdadera aberración limitante de las mínimas libertades individuales.

     A partir de este pintorequismo nacional, quise indagar un poco en la búsqueda de los verdaderos significados de este flagelo con el que convivimos, (Hay familias enteras enemistadas y hasta fieramente peleadas por causa de esa Grieta), y buscar sus verdaderos contenidos o motivaciones. En principio, y hace ya mucho tiempo, encontré el primer punto que determinó que jamás alguien pudiera enrolarme en algunos de los sectores opuestos ferozmente de esa grieta. Que tal grieta, no es nada más que un negocio de pocos, con alta participación de muchas mediocridades útiles, obviamente ad-honorem. Mediocridad, te recuerdo, implica dejar de pensar por ti mismo, para elegir por las razones que sean, que otros piensen y decidan por ti.

     ¿Y qué cosa es una Grieta? El diccionario de nuestro idioma nos dice que es una abertura o quiebre que surge de forma natural en alguna superficie. Con esto descubro que el nombre Grieta, en nuestro suelo, está literariamente equivocado. Nuestra Grieta no se produjo de forma natural, fue provocada. No es Grieta, es otra cosa llamada como gustes. Y a eso lo respalda otro buen diccionario que, a la acepción ya mencionada, le añade una más abstracta: “dificultad o desacuerdo que amenaza la solidez o unidad de algo”. Tal cual. Eso sí que es una Grieta. Un negocio cruel de unos pocos, que se está llevando puestos a la mayoría de los habitantes de un bonito país: el mío.

     Ahora vamos al sentido por el cual un comentario de estos tiene entidad para publicarse en un medio difusor como este. Que esa Grieta, en mi Argentina, contiene de ambos lados, a no pocos hombres y mujeres que se denominan a sí mismos, como cristianos. ¿Es que habrá que pensar que hay cristianos participando de ese negocio llamado La Grieta? No lo descarto, pero no creo que eso suceda en mayoría. Lo que sí creo, es que tanto los que militan de un lado como del otro, son gente que olvidó que Dios les puso una mente y una inteligencia para utilizar, y eligieron enrolarse en un discurso ajeno y hasta secular, que les resulto atractivo. Otra vez se olvidaron de sus Biblias, que todavía les sigue asegurando que Dios No hace acepción de personas.

     Los que verdaderamente conocen mucho más que todos nosotros juntos ciertos elementos anexos que siempre han acompañado a las religiones en su conjunto, (Y que conste que estoy hablando de Religiones, no de Fe ni de Convicciones), aseguran que una de las Grietas más legendarias e históricas en lo ideológico que muestra la humanidad: La Izquierda y la Derecha, fue solamente un invento de ciertos grupos relacionados con la Masonería, con la única finalidad de dividir para quitar potencia. Sabemos que ninguna casa dividida prevalece, pero así y todo, cuando en nuestros países de residencia, (Cualesquiera sean ellos en el ámbito Latinoamericano), se producen esta clase de divisiones, la iglesia, en lugar de salir a la palestra a difundir el mensaje de Jesús, opta por enrolarse en alguna de las dos posturas porque, piensa, eso lo hace caer más “simpáticos” a la sociedad en la cual conviven.

     (Isaías 30: 12-13) = Por tanto, el Santo de Israel dice así: Porque desechasteis esta palabra, y confiasteis en violencia y en iniquidad, y en ello os habéis apoyado; por tanto, os será este pecado como grieta que amenaza ruina, extendiéndose en una pared elevada, cuya caída viene súbita y repentinamente. 

     Ahora, amado hermano o hermana que habita cualquier nación de América o incluso en Europa, piensa un momento. El único texto de tu Biblia que habla de una Grieta que no es literal o material, te dice que su existencia, además de ser consecuencia de un pecado, es preanuncio de ruina. ¿Y así y todos vas a seguir escuchando y creyendo a los personeros de la injusticia y la división, que con ropaje de corderos pero corazón de lobos, llegan para decirte que una Grieta es una plataforma de equidad, justicia, bienestar y felicidad? ¿Tan complicado es separar tu calidad de fiel Creyente, con la de ingenuo crédulo?

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Salvador

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     El pasado martes, en Argentina, fue día de feriado nacional. La razón, un nuevo aniversario de la ocupación de nuestras Islas Malvinas por fuerzas militares enviadas a tal efecto por el entonces gobierno de facto de las Fuerzas Armadas de la Nación que gobernaba el país en 1982. Ese acto supuestamente simbólico y patriótico, que se cuidó muy bien de no producir ni bajas ni heridos entre el destacamento británico residente en la Isla determinó, sin embargo, y luego de muchas idas y vueltas supuestamente diplomáticas, el comienzo, desarrollo y final de una guerra altísimamente desigual que duró setenta y cuatro días, entre las fuerzas conjuntas de la OTAN contra el pobrísimo oponente argentino compuesto, mayormente, por soldados conscriptos de no más de veinte años de edad con deprimente armamento y escasa o nula logística.

     Concluyó, el 14 de junio, como no podía ser de otro modo, salvo en las afiebradas mentes de esos hombres uniformados que, o bien creyeron que nadie se iba a tomar el trabajo a hacer un viaje tan largo para recuperar esos territorios, o bien actuaron de un modo dirigido a que eso sucediera y de ese modo avalara esa presencia en un sitio de tanta estrategia geográfica: con una derrota total, una rendición incondicional, una humillación obvia y una suerte de permiso definitivo para que esas tierras jamás vuelvan a ser parte del patrimonio que por simple cuestión geográfica debían ser. Los que tenemos edad para recordarlo en vivo y no por libros o películas, sabemos muy bien que, a diferencia de tantos países europeos que vivieron una guerra real y propia, los argentinos de aquella época simplemente fuimos espectadores de la mentira de los diarios y de la televisión, en tanto que los que peleaban y morían, eran un grupo de jóvenes provincianos con escasa o nula preparación de combate.

     Lo que dije en su momento en los medios de comunicación en los que trabajaba, fue lo que reiteraré hoy: hubo un grupo de muchachos argentinos que estuvieron allí, pelearon una guerra, vivieron la angustia, el terror, el frío y la incertidumbre de una batalla tan desigual y quedaron en el ya legendario cementerio de Darwin, o volvieron con marcas físicas y psicológicas que seguramente jamás habrán de cicatrizar. Hablar de ex combatientes, hoy, en Argentina, es hablar de gente que una parte de la población reconoce y aplaude, y otra parte insólitamente critica, esconde y margina, como si fueran ellos los culpables de una derrota de los altos mandos. Sigue siendo el drama de los que vivieron una guerra, contra los que la miraron por televisión que, para colmo, como ya es marca registrada en mi país, fue y sigue siendo una televisión mentirosa.

     Entre esos combatientes, hubo jóvenes creyentes. Me tocó conocer de cerca a uno de ellos. Tenía veinte años cuando fue enviado allá, sin saber ni siquiera lo que significaba una guerra, vivió muchos días en un pozo de zorro, (Así los llamaban), bajo bombardeos constantes. Pasó frío, hambre y necesidades de toda clase y volvió porque la que por entonces era su congregación, jamás lo bajó de la oración intercesora, (También de guerra, pero en este caso espiritual), y declaró y decretó que regresaría aun cuando las posibilidades eran muy escasas. Las bombas cayeron por toda la isla, pero curiosamente respetaron ese pozo donde ese muchacho, cuyo nombre de pila es tremendamente simbólico, (Se llama Salvador), acurrucado y confiando en lo único que podía confiar, simplemente sobrevivió porque el Padre celestial lo cuidó.

     Hoy, creo que es pastor de una iglesia. No sé si espiritualmente está en la vanguardia o sobreviviendo, como tantas iglesias evangélicas sobreviven y como él mismo sobrevivió allá, hace ya tantos años, y casi que no interesa. Lo que sí importa y mucho es que, cuando Dios quiere que alguien viva algo fuerte, es porque luego tendrá algo fuerte para darle. Y lo más fuerte que el evangelio tiene hoy para los creyentes, es prepararlos para otra clase de guerra. Una guerra que todavía muchos cristianos nominales evaden, desconocen o sencillamente ridiculizan, pero que los genuinos que conforman el remanente santo, salen cada día a pelear con las mismas posibilidades que tenía Salvador en aquel pozo de zorro, y si saben confiar como debemos confiar, tal vez con las mismas posibilidades de salir ilesos como tuvo Él, sólo que en este caso, a diferencia del otro, en victoria. Dicho de otro modo: Más que Vencedores.

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¿Qué Estamos en Condiciones de Hacer?

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     Gracias a lo que hizo en la cruz, Jesucristo nos ha convertido en un reino de sacerdotes. Por gracia somos identificados con Dios mismo y estamos sentados con Cristo, compartiendo sobre todo su ministerio de intercesión. Porque te diré algo que tal vez sabías, pero que nunca estará de más recordar: la oración es la única actividad humana que mueve el cielo.

     Hay varios trabajos muy precisos y de excelencia, que nos muestran como nuestras plegarias entran en la eternidad y trabajan con Dios en la extensión de su Reino. No es una manera de obligar a Dios a hacer lo que no quiere o lo que a nosotros nos parece bien, ni tampoco es algo que le permite a Él manipularnos, sino que, esta unión perfecta y armoniosa entre la soberanía de Dios y la libertad humana constituye un misterio insondable, porque Dios trasciende todos los pensamientos. Gracias a la unión que tenemos con el Hijo, nuestras plegarias influencian hasta la vida íntima de la Trinidad. Por medio del Espíritu, Dios mete lo humano dentro de su vida divina de amor, dejándose la libertad de colocar cada oración en el sitio correcto dentro de su gobierno del mundo. Pero volvamos ahora a lo que el Señor les enseño a sus discípulos en Juan 14.

     (Juan 14: 12) =  De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre. 

     (13) Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. 

     (14) Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré. 

     Ahora, veamos: ¿Cuáles son esas obras mayores?. Algunos piensan en diversa calidad de milagros, o en echar fuera demonios o en ganar multitudes, pero resulta ser que a todo esto, Jesús lo hizo. Creo, más bien, que las obras mayores son intercesiones en el nombre reinante y exaltado de Jesús y que, por eso, inmediatamente después de reto, el Señor dio su tremenda promesa de hacer lo que pedimos en su nombre.

     El venció por medio de la cruz y nosotros, al aplicar esa victoria, venceremos también. Ojalá que pudiéramos regresar a la simple confianza de que, si pedimos, el Padre nos dará. Las caminatas de oración se enfatizan mucho ahora, pero hay que recordar que la mera presencia del intercesor no aumenta la eficacia de la oración, aunque el compañerismo en la actividad si puede ayudarnos. Nuestra eficacia en la intercesión no depende de técnicas, sino de nuestra relación con Dios. Lastimosamente no se enfatizan las bases de esta relación como antes. Mencionare uno de los fundamentos que, a mi juicio, es de mayor importancia:

     Saber nuestra posición en Cristo. ¡Cuán poco se predica ahora sobre la sangre preciosa de Cristo y lo que la carta a los Efesios dice acerca de nuestra posición en el! Nadie nos puede arrebatar de la mano del Padre o de Cristo, y mayor es el que está en nosotros, que el que está en el mundo. Si acatamos la condición de permanecer en Cristo, el diablo no podrá tocarnos, aunque siempre nos puede lanzar sus sugerencias como dardos de fuego.

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¡En Las Alturas!

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     Viendo algunas de las noticias de mayor relevancia que en el plano internacional nos entrega este mundo en el que habitamos, no podía sacar de mi mente la escena (Imaginada, claro, porque no estuve allí para verla), de cuando a Jesús lo quieren hacer rey. O los otros, los seguidores de Barrabás, que aguardaban que con Jesús al frente, la caída del imperio romano dominante y opresor fuera un hecho consumado. Y me imagino también sus rostros decepcionados cuando nada de eso ocurrió y ese hombre al que todos querían ver encabezando alguna clase de movimiento social, político y hasta revolucionario, terminaba yendo a una cruz, como el más deleznable de los delincuentes, y según él y sus seguidores, eso era considerado victoria.

     Y lo pensé porque hoy, a tantos años de aquel suceso que dio inicio a lo que hoy denominamos y adherimos como cristianismo, muchos de nosotros autodenominados como cristianos, todavía no podemos entenderlo. Sí, tal vez, con lo sucedido en la cruz, porque somos duchos en teología, pero no en lo cotidiano, en lo visible, en lo de todos los días, porque esto ya no se trata de teología sino de sabiduría divina en estado práctico y dinámico. Ya hemos dado algunas pautas respecto a cómo deberá vivir un creyente genuino en estos tiempos. Cómo deberá resistirse a dejarse llevar por corrientes de pensamiento secular disfrazadas de religiosas o, en su defecto, evitar caer en las trampas que la comunicación masiva propone a través de sus canales.

     Yo ya no estoy en edad para formar grupos, ni asociaciones de ningún calibre, pero mucho menos para caer en la infinita mediocridad de permitir que otro, (U otros) piensen en mi lugar y decidan respecto a lo que yo debo hacer o no hacer. Porque un cristiano que permite que otro piense en su lugar, es un cristiano influido por el infierno. Y cuando no es otro, en lo singular, sino otros, aquí habrá sido influido a favorecer intereses que, seguramente, no tendrán nada que ver con los suyos, aunque tratarán de convencerlo que sí.

     Mi proposición para estos tiempos, (Que por otra parte no es ninguna originalidad, sino una síntesis de lo que la propia Palabra de Dios dice), es procurar a full vivir el evangelio de manera precisa, íntegra, honesta, recta y enteramente visible. Que no nos limitemos a ser esas buenas personas reunidas en templos o iglesias, con sus manos levantadas y rostros en éxtasis, que cuando concluyen los servicios salen a las calles y pasan desapercibidos para el resto, porque sus conductas y comportamientos no difieren en nada de los que no estuvieron reunidos en templos o iglesias con sus manos levantadas y sus rostros en éxtasis.

     En suma: lo que propongo es puntual y exactamente hacer lo mismo que hizo Jesús cuando habitó entre sus compatriotas. Jesús no vino a sanar, ni a liberar, ni a resucitar muertos ni a darle de comer peces y panes a cuatro o cinco mil personas. De acuerdo, hizo todo eso y gloria al Padre por ello, pero él no vino a eso, aquí. Tampoco vino a morir en una cruz a favor de nuestra redención, aunque eso fue lo que sucedió. Jesús vino a este mundo y estuvo durante tres años haciéndolo, a vivir una vida digna de ser imitada. ¡Ese es Cristo! ¿Esos somos los cristianos? Ya sé tú respuesta porque es similar a la mía, así que lo que nos resta, mientras quede tiempo posible, es cumplir con esa misión tan simple y tan complicada, al mismo tiempo. Tanto que sin Su ayuda sería imposible lograrlo. ¡Pero gloria al Señor porque tenemos su ayuda!

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Creando Intercesores Eficaces

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       En las historias de los avivamientos, han quedado registros de como el Espíritu Santo ha levantado intercesores. Conforme a información recabada, mencionaré solo cuatro: David Brainerd, quien lucho en oración a favor de los indios americanos y presento un avivamiento que cambio a muchos. George Müller, quien demostró que era posible mantener a millares de huérfanos por medio de la intercesión, sin necesidad de llamados a los hombres, dando así un ejemplo a muchas misiones que surgieron después. Rees Howells, quien intercedió a Dios en las horas más negras de la Segunda Guerra Mundial y vio respuestas dramáticas que ilustraron como los creyentes pueden influenciar el curso de la historia. William Duma, un sencillo pastor zulú, cuyas oraciones facilitaron milagros, aun el de levantar muertos. Él se ganó el respeto de todos en los días, también, más oscuros y dramáticos de la segregación racial en Sudáfrica.

     Durante los últimos veinte años nos hemos dado cuenta de una serie de iniciativas de oración con las siguientes características:

     Intensidad. La intensidad de las reuniones de oración con sentido netamente espiritual y no como meras reuniones casi festivas de intercambio y compañerismo en muchas partes.

      Combatividad. La combatividad durante las reuniones en que se confronta a las huestes satánicas. Han quedado registros muy confiables de una semana de oración, en 1965 en Mozambique, que en aquel entonces estaba todavía bajo el dominio de los portugueses. Hasta ese momento se había hecho poca obra misionera allí, pero reclamaron el país para Cristo y, en el lapso de pocas semanas, misioneros pudieron entrar.

     Variedad. La variedad de las reuniones. Hay conciertos y marchas de oración. En algunas reuniones la gente se postra, y otras levanta las manos. A veces se ora por turno, y en otras ocasiones todos oran al mismo tiempo.

     Extensión mundial. La extensión mundial de las redes de oración. Los “días para cambiar al mundo” involucran a millones en muchos países. Existían la “Fraternidad Lidia” para movilizar a las mujeres y la “Red de Ester” para hacer lo mismo entre niños. Podrían mencionarse muchas iniciativas más.

     Especificidad. La especificidad de la oración. Se ha orado intensamente por ciertos países con resultados sorprendentes. En los últimos años, países como Nepal, Camboya, China, Rusia, Bulgaria, Albania y Etiopía se han abierto al evangelio.

     La Base Bíblica de la Intercesión. Hay cantidad de textos en la Biblia que nos instan a la oración. Ejemplo: 1 Samuel 12:23: Así que, lejos sea de mí que peque yo contra Jehová cesando de rogar por vosotros; antes os instruiré en el camino bueno y recto. Salmo 2:8: Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra.

     Lucas 18: 1: También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar. 1 Tesalonicenses 5:17: Orad sin cesar. Asimismo, también existen muchas promesas acerca del resultado. Ejemplo: Jeremías 33:3: Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces. Efesios 3:20: Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros. Alguien ha dicho y no con poco acierto y una alta dosis de revelación que: Dios se ha comprometido tanto con la oración, que verdaderamente sería un milagro si no contestara.

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Mirando Lo Que Hay Que Ver

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     Yo creo que desde el plano espiritual y aun en contra de todo lo que a diario reflejamos como censura, sigue siendo un privilegio vivir en este tiempo. La iglesia del Señor, aún con todos sus dilemas que, reitero, jamás callamos ni disimulamos, de todos modos, nunca ha crecido tanto. No obstante, habrá que decir que en todo nivel, en el mundo, se libra una batalla espiritual y su majestad infernal no está cediendo su terreno en modo alguno. Los baluartes, aparentemente no impugnables, solo caerán si usamos las armas que Dios nos ha dado. Por lo pronto, quiero consignar que hay dos actitudes que pueden frenar la evangelización mundial, el desarrollo espiritual de los cristianos y su victoria final sobre las huestes del infierno:

     En primer lugar, una ostensible y profunda subestimación del conflicto con los poderes espirituales. Por demasiado tiempo, el cristiano occidental ha sido absolutamente culpable de esto. El resultado es que muchos misioneros y líderes no estaban bien preparados para la oposición espiritual que iban a encontrar. Se experimentó esto en África y se les debe mucho a hombres africanos que enseñaron cómo operan los poderes espirituales. Ellos mostraron también como el Señor concede una libertad a los arrepentidos que renuncian a las obras de la oscuridad y confían en él.

     En segundo término, lo opuesto: hay, en muchos ambientes, una preocupación excesiva por el enemigo. Una creciente fascinación por el ocultismo y la influencia hindú de la llamada Nueva Era, ha cambiado radicalmente la cosmovisión de muchos occidentales. Muchos se ocupan demasiado de Satanás, y pierden de vista que el Rey verdadero es Jesús. A medida que conozcamos mejor a Dios, su palabra y su poder, estaremos en mejores condiciones para resistir al enemigo. En no pocos ambientes existe una llamativa fascinación por el diablo. A propósito de esto, no son pocos los que han pedido que no se base una teología de Satanás en sus descripciones gráficas, pero parece que estas advertencias no se han estado escuchando.

     Es decir que, por un lado, y como reza la Palabra, no debemos ignorar las maquinaciones de Satanás, pero, por el otro, no necesitamos saber detalles milimétricos y casi exquisitos acerca de las huestes que se nos oponen. Un misionero destacado en Africa Oriental, testificaba como los cristianos tocados verdaderamente por el avivamiento que hubo en esa región, en su deseo ardiente de saber más acerca de Jesús, dejaron a un lado la información detallada buscada por sus compatriotas acerca de los demonios. Que quede claro: jamás se olvidaron de Satanás, sólo lo ubicaron el lugar que le corresponde, después del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo y de cada ungido que sale en Su nombre. Lo que sí cambiara el mundo es nuestra intercesión. En la primera parte del capítulo ocho Apocalipsis vemos el impacto de las oraciones de los santos sobre el destino del mundo.

     (Apocalipsis 8: 1) = Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora. 

     (2) Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas. 

     (3 Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono. 

    (4) Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos. 

  (5) Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto.

    (6) Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas se dispusieron a tocarlas. 

  (7) El primer ángel tocó la trompeta, y hubo granizo y fuego mezclados con sangre, que fueron lanzados sobre la tierra; y la tercera parte de los árboles se quemó, y se quemó toda la hierba verde. 

  (8) El segundo ángel tocó la trompeta, y como una gran montaña ardiendo en fuego fue precipitada en el mar; y la tercera parte del mar se convirtió en sangre. 

  (9) Y murió la tercera parte de los seres vivientes que estaban en el mar, y la tercera parte de las naves fue destruida. 

  (10) El tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una gran estrella, ardiendo como una antorcha, y cayó sobre la tercera parte de los ríos, y sobre las fuentes de las aguas. 

   (11) Y el nombre de la estrella es Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo; y muchos hombres murieron a causa de esas aguas, porque se hicieron amargas. 

  (12) El cuarto ángel tocó la trompeta, y fue herida la tercera parte del sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas, para que se oscureciese la tercera parte de ellos, y no hubiese luz en la tercera parte del día, y asimismo de la noche. 

  (13) Y miré, y oí a un ángel volar por en medio del cielo, diciendo a gran voz: ¡Ay, ay, ay, de los que moran en la tierra, a causa de los otros toques de trompeta que están para sonar los tres ángeles!

     Mencionare tres momentos en la historia, entre tantos otros, recogidos en un artículo al respecto, que ilustran el impacto que la oración puede tener: En 1727 hubo un avivamiento en Herrnhurt, Alemania, que dio lugar a una cadena de oración que duro más de 100 años, orando día y noche. Durante ese periodo, los moravos fueron los primeros protestantes en dedicarse, como grupo, a la evangelización mundial. Uno de los frutos fue la conversión de los Wesley y el avivamiento evangélico tanto en Inglaterra como en los Estados Unidos. En los siguientes 100 años, casi todas las denominaciones protestantes se integraron a la tarea misionera con resultados visiblemente positivos.

     Hudson Taylor, el fundador de la “China Island Mision”, enfatizó la necesidad de la oración para alcanzar a los millones de chinos no evangelizados. A pesar de la gran obra misionera, cuando los comunistas tomaron control del inmenso país en 1949, había allí solo 3 millones de católicos y millón y medio de protestantes. Pero Dios no se olvidó de las muchas oraciones que seguían haciéndose por el pueblo chino, y en tiempos subsiguientes, se recibieron informes de que miles y miles se convertían, a pesar del aislamiento de la iglesia china y la mucha persecución. Ahora, muy estimativamente, claro, se calcula que la comunidad protestante asciende a unos setenta millones, y la católica a quince millones. Jamás se ha visto un fruto así de la intercesión.

     En enero de 1984, el hermano Andrés retó al mundo cristiano a orar por siete años para que se derrumbara la cortina de hierro y se diera libertad para predicar el evangelio en los países comunistas. Lo que no lograron las armas, si lo efectúo la intercesión. Así como lo expreso Pablo en 2 Corintios 10:4: porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas.

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¿Todos en un Mismo Saco, o Bolsa?

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     Si hay un verbo con el cual no coincido casi nunca y disiento permanentemente, es con el verbo Generalizar. Porque, veamos: ¿Qué cosa es generalizar? Nuestros buenos diccionarios de idioma español, nos dicen que es: sacar una conclusión general de algo particular, y luego otra acepción muy parecida: tratar los aspectos generales de algo, sin detenerse en ningún aspecto particular.

     Generalizar, por ejemplo, es decir que todos los cristianos son ignorantes a los cuales un grupo de astutos les han lavado el cerebro en su propio beneficio. ¡Ni lo sueñes! Yo soy cristiano y a mí no me lavó el cerebro ningún grupo al cual yo esté beneficiando con algo. ¿Entonces esa generalización es una mentira? No, es una sobredimensión de una parte de verdad. Porque, en efecto, hay grupúsculos que se denominan a sí mismos como cristianos, que efectivamente han realizado un trabajo de socavamiento psicológico en la gente que los acompaña, llevándolos a perder absolutamente su voluntad y entregársela al líder o conductor emergente. La forma en que este líder utilizará luego ese poder, podrá o no desembocar en cuestiones mucho más graves, tales como fraudes, abusos y hasta violaciones. Aquí vemos una conclusión efectuada a partir de algunos sucesos sueltos y esporádicos, utilizada para rotular a toda una masa humana que mayoritariamente no es así como se la describe.

     El daño mayor o menor que es generalización produzca, será tema paralelo y no menos grave que el anterior. De todos modos, el simple hecho de aceptar que esa conclusión tan nefasta para el pueblo cristiano, parte de la base de una pequeña verdad aislada, pero verdad al fin, y que luego es inteligentemente tergiversada para lograr su principal finalidad, que es desacreditar la iglesia y, por consecuencia natural, desacreditar a Dios mismo, nos aterriza en la certeza que toda generalización mal intencionada, tiene origen directamente satánico. No es en absoluto un hecho casual o circunstancial, sino pre-elaborado, pensado, diagramado y ejecutado al milímetro. Todavía en muchas ciudades de Latinoamérica, los cristianos luchan más contra las segregaciones que le llegan de parte de sus propias sociedades seculares, que de ataques directos de demonios. ¿Para qué ese demonio perdería su tiempo atacando a un cristiano con tentaciones groseras, si ya lo tiene desactivado por causa de la pobre imagen pública que ha logrado influir?

     En Argentina, esa clase de generalizaciones, son tan frecuentes que casi forman parte del panorama cotidiano de nuestra vida diaria como país. Todos los…son tal o cual cosa, está a la orden del día. Todos los políticos son corruptos y ladrones, por ejemplo. Cierto es que hay muchos que probadamente lo han sido y lo siguen siendo, pero indudablemente no son todos, gracias a Dios. Sólo que estos últimos no siempre pueden llegar a los estratos superiores. Parece que para llegar a una función muy importante, hay que arriar algunas banderas que no siempre se desean bajar. Después tenemos la que nos pertenece como pueblo y que no es invento nuestro, claro está: todos los argentinos son soberbios y altaneros. ¿Cuánto de verdad hay en esta generalización? Siendo bondadoso con mis paisanos, creo que por lo menos entre un setenta y cinco y un ochenta por ciento. Pero queda un veinte por ciento que no es así, gracias a Dios, y por causa de ellos, decir que son todos, es malintencionado y destructivo.

     En el consumo interno de mi tierra, hay otra generalización cada vez más proliferante: todos los negros son vagos y delincuentes. De hecho, no estamos hablando aquí de un asunto de segregación racial, porque los “negros” a los que alude esa generalización criolla, no se refiere a gente de raza negra, esto es, de origen o ascendencia africana. No. El negro vago y delincuente, supuestamente, es aquel argentino nativo que, por no tener en su ADN sangre europea tradicional (Española, italiana, francesa, alemana, etc.), ostenta en su piel una pigmentación girando a cobriza, en semejanza ancestral con antepasados aborígenes o simplemente criollos sin mezcla. ¿Y son todos vagos y delincuentes? No, obviamente que no. Yo no soy de los rubios blancos de ojos claros, precisamente; y hasta donde sé, jamás pisé una sede policial y jamás dejé de trabajar de algo en alguna parte. ¿Y entonces? Entonces, es cierto que en algunos asentamientos irregulares que existen todavía en nuestras grandes ciudades, hay personas de esa ascendencia que, sea por la causa que sea, han elegido dedicarse al delito en lugar de hacerlo con un trabajo digno y legal. ¡Pero entonces algo de verdad, hay? Sí, pero se convierte en agresión injusta cuando, conjuntamente con esos ciudadanos de tez cobriza, hay miles de vagos y delincuentes blancos, rubios y de ojos claros, que tal vez no delinquen con un arma en su mano, sino con un simple teléfono de última generación elaborando y plasmando leyes y ordenanzas que roban, estafan y abusan del que verdaderamente trabaja.

     Hoy quería decir esto y quizás mis hermanos de otras naciones no entiendan bien el motivo, y no faltará alguno con cierta malicia que imagine que estoy abriendo senderos políticos o ideológicos desde un blog cristiano. Se equivocaron. Hoy vine a hablar de todo esto por una sola y simple razón: todo esto que acabas de leer como generalizaciones destructivas, mal intencionadas e injustas por donde se las mire, no las escuché en una plaza pública, ni en un metro, ni en una terminal de buses; las escuché dentro de los ambientes cristianos nacionales. ¿Y sabes qué? En otros países, la diferencia con ellas, está en los temas. Pero la esencia destructiva e inspirada en los laboratorios del infierno, es la misma. Eso no es ser cristiano, eso es ser miembro de una religión cristiana, obedeciendo patrones dictados desde sitiales que nada tienen que ver con el púlpito de tu iglesia. Y mucho me temo que no es lo mismo. ¿O alguien va a insistir en que yo crea que Jesús era rubio, alto y de ojos claros?

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Quiero Cambiar; ¿Puedo?

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     No son pocos los que intentan, por lo menos, traer a Jesús a estos tiempos para procurar ubicarlo en algún estante donde les sirva para un rótulo. No aprendemos más; nuestra vida cotidiana parecería ser una continua peregrinación hacia un rótulo. Necesitamos poder decir que tal o cual persona, (O hermano) es de esta o aquella forma y que tiene un estilo de vida de esta o aquella manera. ¿Y sabes qué? Nos equivocamos de punta a punta. Porque nadie es como es de manera permanente. Yo puedo ser una persona excelente y altamente amable con alguien que se compota conmigo al tono, pero puedo hasta resultarle antipático a quien me fastidia, me agrede o ironiza a mis expensas. No existen los rótulos, así que ni pensar en rotular a Jesús. Olvídenlo y, si todavía no se han decidido a creer en el como Salvador personal y Señor de sus vidas, al menos no pretendan embardunarlo con elucubraciones fantásticas y exóticas.

     Jesús tenía amigos, eso es notorio porque en la Biblia hay suficientes relatos que así lo atestiguan. Él no solamente tenía buenas amistades con sus discípulos, sino que también con otros, como el tal Lázaro y sus hermanas María y Marta, a los que, sabemos, iba a visitar muy a menudo. Era casi normal encontrarlo en su casa comiendo y pasándola bien con ellos. Aprendan: Jesús, (Todos sabemos que Dios encarnado en Él), era un hombre, de carne y hueso y con todas las actitudes y aptitudes de un hombre como cualquiera de los que lee este trabajo. Sólo que sin pecado. Que mirándonos entre nosotros, seguramente no había ni uno que pueda decir que eso era poca cosa.

     (Lucas 19: 1) = Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la ciudad. 

     (2) Y sucedió que un varón llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico, (3) procuraba ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura. 

     (4) Y corriendo delante, subió a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí. 

     (5) Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa. 

     (6) Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso. 

     (7) Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador. 

     (8) Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. 

     (9) Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. 

     (10) Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

     Una mañana, en mi programa de radio y luego de haber hablado sobre el pecado y el perdón, llamó por teléfono a la emisora una mujer que dijo ejercer la prostitución, que había estado escuchando y que deseaba arrepentirse, hablar con alguien y recibir oración y salvación. Me dio la dirección de donde residía y decidimos enviar a una hermana mayor, con un pasado agitado antes de ser cristiana, que sería muy capaz de entenderla y acompañarla a pasar a ser parte del pueblo de Dios.

     Gracias a Dios, así fue. Pese a la presencia amenazante del que hasta allí era la pareja de esta mujer, que incluso pretendió amedrentar a la hermana colocando un arma sobre la mesa, la mujer tomó de las manos a la prostituta, oró por ella, la vio quebrantarse y postrarse pidiendo perdón y declarando que ya mismo se iría de allí y cambiaría de vida. Un mes más tarde, eso era lo que había hecho. Incluso, la hermana le había conseguido un trabajo transitorio para cuidar una anciana.

     Entonces la invitó a ir a la iglesia. Ella tuvo que ir a un comercio de ropa y comprarse prendas que la mostraran como la mujer cambiada que ahora era, ya que todo su modesto guardarropa estaba mucho más al tono con su ingrata profesión anterior. La iglesia, casi en su conjunto (Preponderantemente el femenino), la recibió como lo que había sido, no como lo que ahora era: una prostituta supuestamente regenerada. Y se lo hizo saber. Cuando la hermana mayor que la había visitado intentó defenderla, fue muy criticada por atreverse a meterse en la casa de una prostituta y hacer causa común con ella impidiendo, lo que llamaron “exhortación”. En ese tiempo mi vida dio un giro de situación, me fui de ese lugar y nunca más llegué a saber qué fue de esta mujer. Jesús lo sabe. Él seguramente la perdonó, la lavó, la limpió y la restauró. Del resto…del resto mejor ni hablar. Si ese fue el pueblo santo, no quiero imaginarme lo que hubiera sido el profano…

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La Tormenta Perfecta

tormenta-e1461191527161      (Marcos 4: 36) = Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas. 

      (37) Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. 

    (38) Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? 

    (39) Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. 

    (40) Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?

   (41) Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aún el viento y el mar le obedecen?

     Lo primero que vemos aquí es una actitud que Jesús siempre mostró durante su ministerio. Él no rechazaba el contacto directo con la gente en general, (Aunque convengamos que, salvo en casos excepcionales, no era Él el que los buscaba, sino ellos los que venían a él), pero en el momento en que decidía enseñar algo más profundo o de mayor relieve, procedía a despedir a todos los que indudablemente venían, como se dice normalmente, por los peces y los panes, y ahí sí, buscaba y se quedaba con los que debía discipular para el futuro. Esto nos deja un principio todavía muy vigente: iglesia no es multitud, es remanente apto.

     Después vemos que una tremenda tormenta se desata en el mar. No podemos suponer que eso haya ocurrido en las cercanías de la costa, ya que todos sabemos que las mayores tempestades siempre son más violentas, como aquí se muestra, cuando las embarcaciones se internan mar adentro. Y en medio de todo ese fragor de viento, truenos, relámpagos y olas embravecidas, un hombre durmiendo plácidamente en la popa (Parte trasera) de esa embarcación que distaba mucho de ser un transatlántico inmutable a esos vaivenes como los que hoy surcan los mares. ¿Cómo podía dormir en esas condiciones? Paz interior, tranquilidad de saber qué sabes lo suficiente para resolver; en suma: Conciencia de Autoridad. Él sabía que podía, contra lo que fuera.

     Acto seguido es cuando Jesús, con una enorme serenidad y absoluta firmeza, se levanta, reprende al viento y le ordena al mar: Calla, enmudece. Y de inmediato dice que cesa la tempestad. Yo personalmente, he imitado esto alguna vez. ¿Y sabes qué? ¡Funciona! Sólo te cuesta el valor de creerlo. Además, te deja una enseñanza paralela y anexa. Si Jesús reprendió la tempestad y la tempestad obedeció, ¿De dónde provenía esa fuerza ingobernable, de la propia naturaleza creada por Dios o de una sobre exageración de sus fuerzas instauradas por demonios? No lo sé, es muy difícil la pregunta. Lo único que sé es que Él la Reprendió y ella obedeció, tú saca tus propias conclusiones.

     ¿Qué hubiera ocurrido en cualquiera de nuestros lugares de reunión ante el conocimiento visual o testimonial de algo parecido? Seguramente se hubieran levantado miles de gargantas enrojecidas para aullar, ya no gritar, aleluyas y gloria a Dios por eso, ¿No te parece? Allí no pasó nada de eso. Se quedaron con la mandíbula en el piso de la cubierta de la barca y apenas se les ocurrió murmurar: ¿Pero quién será este hombre que tanto el viento como el mar le obedecen? Perdón por si se te estaba olvidando: ¡Eran los llamados discípulos de Jesús los que se hacían esa pregunta! Está más que claro: ellos lo seguían, lo respetaban, le obedecían y le acompañaban a lo que fuera, pero lo cierto es que no tenían todavía ni la menor idea sobre quién era realmente Él.

     Y te digo algo más, a ti que sé que te agrada y mucho que desmenucemos estos textos hasta que no quede nada, (Al menos desde nuestro vista humana) para extraerle. Si observas con suma atención, te darás cuenta la enorme diferencia y contraste que se da entre la reacción de Jesús y la de sus discípulos. ¡Ellos se pusieron a temblar ante la magnitud y la fiereza de la tormenta! ¡Del mismo modo en que hoy lo harían niños muy pequeñitos, ya que cuando crecen saben de qué se trata, la seguridad de los lugares que habitan, (Al menos los que la tienen), y lejos de temerles, las disfrutan. Claro está que lo que ellos tenían, era impotencia total. ¿Qué podían hacer ante los elementos desatados de la naturaleza?

     Jesús actuó absolutamente de otro modo. Él simplemente se puso de pie con firmeza, (Pese a lo que debe haber sido mucho más que un simple bamboleo acuático), y enfrentó el problema con palabras llenas de esa hermosa y altísima palabra llamada Autoridad, poniéndole fin al aparente peligro. Y fíjate que en ningún momento vemos que Jesús incline su rostro, cierre sus ojos, junte sus manos como se lo ve en las estampitas, y haga una oración al Padre pidiéndole que calme la tormenta. ¿No sería eso lo que una gran mayoría de cristianos hubiera hecho como máximo atrevimiento ante lo que por dentro consideran inamovible? ¿Acaso Jesús era un vanidoso que suponía que no necesitaba de su Padre celestial para tener victoria allí? No y sí. No en lo concerniente a la vanidad, Él no la tenía y de eso hay pruebas en todos los evangelios. Y sí, por una simple razón: Él sabía que el Padre le había delegado autoridad para enfrentar, él mismo, las dificultades que se le presentaran.

     Ah, y un detalle que me estaba olvidando: Él dijo que tú también tienes esa misma autoridad que Él tuvo. Y aún más, aseguró, porque Él está junto al Padre. La gran pregunta de hoy, es: ¿Lo crees? Y no hablo de una tormenta, hablo de todas las tormentas.

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El Amor: Majestad de las Alturas

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     (Juan 11: 3) = Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo. 

    Tres hermanos, amigos de Jesús, un hombre llamado Lázaro y dos mujeres. ¿Y qué del resto de su familia? No es mencionada. ¿Eso significa que es posible que sólo una parte de una familia sea amiga de Jesús y el resto no lo sea? Es posible. Y ni siquiera se deja suponer que estaban en oposición, sino simplemente que no formaban parte de ese núcleo de amistad, sea por la causa que fuera. Ellas se enfrentan con un problema altamente grave: su hermano se ha muerto. ¿Lloran? ¿Se lamentan? Un poco, sí, es humano, pero…deciden hacer lo que en este tiempo muy difícilmente la mayoría de cristianos haría: llamar a Jesús con la idea central de que algo Él va a hacer, que algo va a cambiar.

     (Verso 5) = Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro. 

     ¿Y por qué Jesús habría de escuchar ese llamado casi desesperado de esas mujeres? ¿Tal vez porque era un gran ministro de Dios y debía demostrarlo públicamente? Ni por asomo se le ocurrió eso. Simplemente decidió ir a verlas, porque amaba a esas dos hermanas y a su hermano varón, Lázaro. Me pregunto cuántos de nosotros, hoy, si somos llamados por una parte de una familia, no su totalidad, y con el riesgo notorio de ser mal mirados por ese resto familiar que no comparte nuestra fe, iría en búsqueda de hacer algo en una situación en la que aparentemente ya no había más nada para hacer. Un solo motivo lo haría posible, amar.

     (Verso 36) = Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba. 

     Todos conocemos esta historia porque la hemos leído muchas veces, nos la han predicado otras tantas y enseñado con puntos y comas en otras. Sin embargo, en nuestras tan particulares interpretaciones teológicas, hemos tenido en cuenta todo, o casi todo lo que la teología tiene en cuenta, esto es: zona geográfica, ejido social, etnias participantes, etc. ¿Y el amor? ¡Bueno!, -dicen-, ¡Eso es lo que generalmente debe decirse para incentivar a los hermanos a que deben amar a su prójimo, y mucho más a sus hermanos! Perdón… ¿Por ese motivo, solamente, vamos a mencionar la palabra amor? Porque aquí no cabe ninguna duda que Jesús amaba a estos tres muchachos. Los que aquí lo están reconociendo son los del afuera, “el mundo”, como nosotros lo llamamos.

     Entonces, inevitablemente, recalamos en lo sustancial, en lo básico, en lo elemental para el evangelio en el cual decimos creer: ¿Amamos o hacemos como que amamos? ¿Amamos a nuestro prójimo del mismo modo en que Dios nos ama a nosotros? Y no estoy hablando de los hermanos de la iglesia, sino del afuera, de tus compañeros de trabajo, del colegio, de tus amigos no creyentes, etc. ¿Los amamos y por amor queremos que encuentren a Cristo como lo encontramos nosotros, o simplemente queremos llevarlos a la iglesia para poder conducirnos con ellos como hermanos y no como incrédulos? Y la pregunta central: ¿Se aman los cristianos entre sí, al punto de que los judíos, que aquí simbolizan al mundo secular, puedan decir Mirad como le amaba?

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La Verdadera Comunicación

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     En Argentina, y particularmente en mi ciudad de residencia, Rosario, en la Provincia de Santa Fe, conducir un automóvil, no es ese algo tan simple y natural que puede ser en cualquier otra parte del planeta, con excepción de aquellas que, conozco, son peores que esta. Nuestras reglas de tránsito son excelentes, precisas y contemplan todos o casi todos los pormenores que implican desandar nuestras calles urbanas y rutas. Sin embargo, esa tan particular obsesión de mis paisanos por transgredir cuanta ley nueva aparezca, sumadas a las antiguas, convierte ese tan natural episodio cotidiano de nuestras vidas, en un pequeño o monumental caos, dependiendo la hora del día que sea.

     No respetar las velocidades máximas (Incluso las mínimas), cambiar de carriles alegremente en las grandes avenidas, detenerse en semáforos sobre las sendas peatonales, no tener ni la menor consideración por el peatón, que como también es nacido aquí va a cruzar las arterias por donde se le ocurra, esquivar motos y bicicletas que zigzaguean por cualquier lugar atravesando semáforos en cualquier color que estos le brinden y, una de las cuestiones más alarmantes que por lo general, es la que más accidentes ocasiona: el uso indiscriminado de los teléfonos celulares mientras se conduce. De hecho, gracias a Dios, la mayor parte de esos accidentes no va más allá de abollones de chapas, roturas de elementos mecánicos y gran trabajo para los talleres de chapería y pintura, pero el riesgo es altamente importante, ¿Y por qué? Por la imperiosa necesidad de comunicación o intercomunicación que la gente, (Y aquí sí, no sólo mis paisanos), experimenta.

     No escapo a las generales de la ley y tengo mi teléfono. Sin embargo, mis contactos saben que solamente es utilizable para casos que así lo justifique. No recibo ni envío cadenas, promociones ni nada de lo que abundantemente pulula en los aires. De hecho, tengo una aplicación que, cuando recibo algo de contenido político o ideológico, (Contiene palabras claves), no sólo me lo elimina automáticamente, sino que además bloquea al emisor. No he llegado a esta etapa de mi vida secular y ministerial para ser tan inocente e ingenuo como para que me operen políticamente mediante mensajes amistosos. Mis amigos lo saben, mis hermanos en Cristo también. Ninguno lo transgrede y glorifico al Señor por ellos. Mi teléfono me resulta útil para la comunicación rápida y como plasmador de imágenes, (La foto que acompaña este post fue tomada en la costa de nuestro Río Paraná, muy crecido y encrespado por el habitual viento costero con la imagen de las islas en frente)

     Sin embargo, hace muy pocos días presencié un episodio mínimo, casi intrascendente, del cual no hubo ninguna consecuencia porque Dios no lo quiso. Una joven mujer salía en su automóvil de la cochera o garaje del edificio donde seguramente habita, no hablando por su teléfono, sino utilizando el WS, es decir: utilizando sus dos manos para enviar mensajes y con su vista posada en la pantalla. Y el vehículo en marcha, saliendo. En ese mismo momento, caminando por la acera, dos personas. Un joven de no más de veinticinco años y una mujer mayor, ¿Haciendo qué? Ambos mirando la pantalla de su teléfono. ¡Ninguno de los tres vio al otro! El vehículo salió milagrosamente sin colisionar a ninguno y los transeúntes pasaron casi sin enterarse de nada. ¿Me van a pedir que no sea intolerante y estime que eso, hoy, debe ser considerado normal? ¡Es que es el tiempo de la comunicación!, me han dicho.

     ¿Comunicación? Tecnología de la comunicación, querrán decir. Porque hasta donde yo lo veo, las personas están más incomunicadas que nunca. Nadie sabe qué cosa piensa el otro y, lo más triste, tampoco le interesa demasiado. Cada uno está profundamente metido en lo suyo y lo que le sucede o no sucede al prójimo, lo tiene sin cuidado, no le preocupa, no le fastidia y no le interesa. No voy a salirte ahora conque un teléfono es un instrumento diabólico. Ya vivimos ese tiempo, -te lo decía anteriormente- con la radio, la televisión e internet, y sólo demostró ignorancia de nuestra parte. Pero sí voy a advertirte que, utilizar el avance tecnológico para enriquecer nuestra calidad de hijos de Dios, está más que bueno, pero hacerlo como parte de una idolatría dependiente y casi autómata, no sólo es negativo, peligroso e inconveniente, sino que me atrevo a sugerirte, al menos, que hasta puede ser parte de un maquiavélico plan espiritual adverso.

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Hora de Compartirlo Todo

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     ¡Un momento! ¿Usted me está diciendo que llega la hora en que deberé compartir todo lo que tengo con mis hermanos? No. No te estoy diciendo eso porque, a la luz de los hechos reales, si lo haces, en poco tiempo pasarías a no tener nada y algunos oportunistas, demasiado. Así somos como humanos. ¿Aún cristianos? No, aún asistentes a iglesias, que en casos coinciden con un cristiano y en otros casos, no. Un verdadero cristiano cuando se convierte, pasa a ser sal y luz. Sal porque le da un condimento especial a la vida propia y la de los que lo rodean, y luz porque les alumbra el entendimiento con una visión diferente de lo que la gran mayoría ve de un modo distinto. ¿Y si no sucede ninguna de las dos cosas? No es un cristiano verdadero, sino apenas alguien que asiste a un templo los días domingos. Por favor, vuelve a leer esto:

     (Mateo 5: 13) = Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.

     (14) Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.

     Además, queda más que claro que de ninguna manera esa luz que debemos ser, pueda ser escondida en algún momento, sea por el motivo que fuera. Una luz no se puede esconder, para eso es luz, para estar visible y servir de guía de camino para muchos. Un cristiano que se precie de serlo, no puede de ninguna manera esconder su vida de los ojos del mundo secular e incrédulo, ¿Sabes por qué? Porque si es como debe ser, su testimonio diario lo descubre. ¿Y si no fuera descubierto por su testimonio? Otra vez: hombre que asiste a un templo.

     (Juan 15: 14) = Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. 

     (15) Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer. 

     En principio, un creyente humilde e íntegro, convierte a sus discípulos en sus amigos, aún contrariando esa antigua regla del liderazgo convencional que consigna que, cuando te haces amigo de tu discípulo, pierdes autoridad por causa de algo que llaman: espíritu de familiaridad. No dudo que en algún caso podrá existir alguna clase de desubicación y algún inconveniente por ello, pero en la generalidad, un discípulo que además es tu amigo, jamás ni siquiera pensará en hacer algo que te perjudique. Eso es una parte. La otra, es que no puedes ni debes convertir a los que sean tus discípulos, en tus ovejas. ¿Sabes por qué? Porque las ovejas son del dueño, no del que las pastorea. Y aquí, el dueño es el Señor. Y no interesan los pergaminos que pueda tener el que las cuida.

     Y es notable, pero Jesús consideraba a sus discípulos como sus amigos, y salvo el caso muy excepcional y ciento por ciento espiritual de Judas Iscariote, el resto jamás lo traicionó. ¿Pedro? Se asustó tremendamente, como le ocurriría a cualquier hombre, y lo negó, pensando que de ese modo se salvaría de ser detenido, pero jamás Jesús consideró eso como una traición. ¿Me estás diciendo que no es justificable porque Pedro no era cualquier hombre, sino un apóstol del Señor? Sí, pero a eso llegó después. Ahí, en esa parte de la historia, todavía era un hombre poco menos que rústico pescador en esencia, nada más.

     (Lucas 22: 14) = Cuando era la hora, se sentó a la mesa, y con él los apóstoles. 

     (15) Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca! 

     (16) Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios.

     Hasta donde conozco, que quizás no sea mucho, pero sí suficiente, el líder principal de una congregación, jamás se sienta a comer con los miembros de su congregación en su totalidad. Sí suele poseer lo que en los ambientes se denomina como “la mesa chica”, donde se reúne con los hermanos más caracterizados (Generalmente profesionales, empresarios o colaboradores importantes de la iglesia), pero no con el común denominador total de los asistentes a sus templos. ¿Es correcto, eso? En algunos seminarios sostienen que sí, y forman a los líderes con el pensamiento profesional de que, si se les otorga demasiada confianza a los liderados, estos harán debilitar la autoridad del líder. No dudo que eso pueda tener algún viso de verdad, pero entonces déjame decirte que Jesús no debe haber estado enterado de esas conclusiones de la psicología cristiana convencional. Él compartía todo con todos los que podía, casi sin distinciones. Y ese “casi” no tiene que ver con sus predilecciones, sino con los momentos específicos.

     Es indudable que existe un concepto de la autoridad dentro del ambiente eclesiástico que no tiene absolutamente nada que ver con el ministerio de Jesús, sino más bien con las grandes fallas de la conducta humana. Sin embargo, a quien verdaderamente desee servir al Señor en clara y franca imitación de Jesucristo, tal como Pablo lo enseña y propone, deberá ajustarse a lo que Él hizo en sus tres años ministeriales y no a lo que le puedan enseñar profesores de seminarios que, en casos, ni siquiera son lo suficientemente creyentes como para confiar en el Señor para sus decisiones finales.

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No Molestar; Gente Descansando…

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     Más allá de las imposiciones legalistas que se han llevado a cabo después, hay algo que yo jamás dejé de tener en cuenta respecto al trabajo de Dios en la Creación: se tomó descanso. ¿Es que Dios necesitaba descansar? Seguramente que no; pero a Él le interesó vivamente que, si ese detalle inicial iba a quedar registrado para la posteridad, y fundamentalmente para que una de sus máximas creaciones, el hombre, lo conociera, Él tenía que dejar un principio básico mediante el cual los seres humanos pudieran no sólo reponer energías gastadas, sino también renovarse mental y espiritualmente. Eso es el equivalente a descansar. 

     Obviamente, como cualquier persona que trabaja, y a partir que muchos ya no somos jovencitos veinteañeros, el descanso también forma parte de nuestro día de trabajo. Así es que allí comienza la segunda parte de este elemento introducido en un marco de actividad en nuestro beneficio: ¿Cómo ejecuto ese descanso? Es decir: ¿Qué hago para realmente descansar y renovar mi mente y mi espíritu? Allí es donde aparece una enorme variedad a la que hombres y mujeres activos de todo el planeta adhieren con mayor o menor entusiasmo. En mi caso, salgo a caminar.

     Me agrada mucho caminar y, cuando el clima me lo permite, (Ahora aquí es verano, y nuestros veranos son veranos-veranos, con temperaturas que a veces tocan los 40 grados centígrados), suelo desandar dos o tres kilómetros a buen ritmo. Si tengo el tiempo, plazas, parques o lugares abiertos, de ser posible cercanos a nuestro Río Paraná, lo cual añade más oxígeno y frescura al ejercicio. De no tenerlo, calles aledañas dedicándome a otra de mis pasiones: observar a la gente, sus rostros, sus actitudes. Conocer a nuestro prójimo, un día, nos ayudará muchísimo a ayudarlo, si lo necesita. Ecuación simple.

     Y es en el proceso de esas caminatas que, de tarde en tarde, suelo pasar frente a una casa que generalmente tiene una ventana del tipo postigo, (Está en la puerta), que por motivos climáticos en este tiempo siempre está abierta. De ese modo, desde afuera se ve el interior. ¿Y qué llamó mi atención en cada paso por allí? Que siempre veo a un hombre, adulto mayor, sentado, en la penumbra, con sus ojos fijos en un televisor. Todos los días, a cualquier hora que pase, está este buen hombre allí, sentado y abstraído con lo que el aparato tenga para mostrarle. No es un señor discapacitado, lo aclaro, porque en alguna ocasión lo he visto en la calle paseando su perro y con normalidad, sólo es un adicto más a la televisión.

     Y eso nos trae a una etapa que fue muy puntual en la iglesia argentina. La de la demonización tecnológica. Primero, la radio. Para muchos hermanos, la radio era un invento satánico que desviaba la atención y se la robaba a la oración y a la lectura. Después, con mayor volumen, fue la televisión, con el mismo argumento, con el añadido de la tendencia erótica que incitaba al pecado. Y, finalmente, Internet en todas sus facetas, telefonía celular incluida. Así como hubo congregaciones enteras que tenían estrictamente prohibido por sus pastores utilizar estos servicios, en los diferentes tiempos que se conocieron, así también había otras, de denominaciones más modernizadas, que los utilizaban a full y casi con exageración. Hoy, lo sabemos, los cristianos usan aquellas tres expresiones mediáticas.

     Mi duda de entonces que se convierte en pregunta hoy, es: ¿Cuál es el límite? ¿Qué tanto debes dejarte atrapar por la televisión o con toda la oferta que posees en tu teléfono móvil? Dominio Propio, creo que sería la respuesta ideal, ¿Verdad? Sin embargo, estoy en certeza que esto va mucho más allá de una simple distracción, formas de supuesto descanso o entretenimiento. Esto tiene que ver con vidas huecas, vacías, sin contenido ni propósito, que es como decir: sin objetivos ni proyectos. Porque son esas vidas las que necesitan desesperadamente ver, todos los días, como viven los demás las suyas. Algo así, como: Si mi vida no tiene ningún ingrediente interesante, veamos qué tiene la vida de los otros que me pueda interesar.

     Allí nacen los programas de contenido farandulesco, (Así llamamos aquí a los que se ocupan de los vaivenes del ambiente “artístico” (El encomillado se debe a que en la mayoría de los casos, de artístico esa gente no tiene nada), los de carácter deportivo, y obviamente, como no podía ser de otro modo, los que se relacionan con la política.

     En lo artístico y deportivo no tengo nada para decir, sólo que cada uno es dueño de atormentarse con lo que supone que lo entretiene, algo así como si ves a alguien drogándose en una esquina, cruzas la calle y lo dejas que se drogue cuanto y como quiera, (Y perdón por la comparación). En lo político las cosas se modifican un tanto porque, a partir de este consumo, luego los países tendrán, como dice el viejo refrán popular: “los gobiernos que se merecen”.

     Si te atrapan los noticieros, primeramente te sugiero que chequees debidamente las noticias que supuestamente “te informan”, no sea cosa que alguien haya resuelto por algún motivo que no tiene nada que ver con tus intereses, mentirte; a veces, hasta descaradamente. (Padre de mentira, ¿Recuerdas?) Si ves programas de contenido político, (Entrevistas, debates, etc.), también presta mucha atención al sedimento final que te deja. Muy probablemente estés siendo víctima de una operación de prensa destinada a que creas, pienses y decidas lo que a cierta y determinada gente le interesa que tú creas, pienses y decidas, que no siempre es lo que te conviene a ti.

     Y si, finalmente, tu adicción es a la simple e inofensiva ficción, recuerda que hay una vida que Dios te dio a ti, y que merece ser vivida a pleno, y que no es seguramente gastando tu tiempo en la vida de los otros como lo cumplirás. Y, como broche de oro a todo esto, si algo te agrada pero sabes ponerle límites, estás a salvo. Pero si tienes una sutil dependencia, ya sea a un aparato de televisión o a un teléfono móvil, lisa y sencillamente estás cayendo en un grueso pecado de idolatría. Así como suena, aunque parezca exagerado. Por lo menos, prométeme pensarlo. Sé de lo que te estoy hablando.

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Principios Básicos del Cristiano Promedio

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     (Filipenses 3: 17) =  Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros. 

     He escrito, en algunos de mis trabajos, algo que a primera vista y de modo superficial, parece un desafío más producto de un ánimo competitivo que algo inspirado por el Señor. He dicho que a todos aquellos que dudan que mi trabajo sea diferente al que generalmente observan por parte de las iglesias convencionales, y que sin dudas debe estar apuntado a cosechar adeptos para, dentro de un tiempo, abrir un nuevo grupo, denominación o lo que sea, solamente les puedo dar una respuesta que, en cierto modo, actúa como desmentida a esa opinión, aunque con grado de alto compromiso. Les he dicho que vengan a mi ciudad, a la zona donde vivo con mi familia, y me miren vivir. Luego, si creen que lo que digo no está relacionado con lo que vivo, que entonces sí salgan y digan de mí lo que quieran. Soy consciente que como ministro del Señor, no soy poseedor de un mensaje, sino que debo ser EL mensaje viviente, o no ser nada. Y después. Si todavía me sigues considerando tu maestro en lo individual, tendrás que hacer lo que Pablo dice aquí: imitarme. Esa es tu decisión. Esa es mi responsabilidad. Cada uno dará cuentas por cada uno.

     (Hebreos 6: 12) = A fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.

     En otras palabras más sencillas, menos teológicas y más consustanciadas con una simple amistad cibernética: ser imitadores, significa de alguna manera, ser ejemplos vivientes. ¿Trato yo de ser imitador de Cristo? No lo hago para cosechar lauros o para ser admirado. Lo hago como un ejemplo claro a seguir por parte de los que sienten el llamado de imitarme a mí. Porque cuando lo hagan, no lo harán para congraciarse conmigo ni para cosechar lauros que yo pueda haber dejado libres; lo harán para ser ejemplos vivientes de otros que, con seguridad, los mirarán a ustedes, sentirán deseos de imitarlos y, así sucesivamente, como en una línea ascendente, a cada paso un rumbo claro hacia la estatura del varón perfecto, esto es: maduro. Si este desafío no te saca de la pereza espiritual en la que estás viviendo desde hace largo tiempo, no sé de qué estamos hablando. No importa dónde estás, no importa lo que recibes o no recibes; lo que importa es que un verdadero creyente, jamás dejará de procurar salir de cualquier pereza espiritual en la que lo hayan introducido.

     (Proverbios 6: 9) =  Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? 

    (10) Un poco de sueño, un poco de dormitar, y cruzar por un poco las manos para reposo; (11) Así vendrá tu necesidad como caminante, y tu pobreza como hombre armado.

     Se ha censurado mucho y con razón, los excesos de activismo conque las iglesias procuran tapar u ocultar sus carencias espirituales. Es más que notorio que en muchos lugares, donde no existe ni el menor vestigio de algo que provenga del Espíritu Santo, se pretende suplirlo con una agenda súper poblada de actividades que, por un lado, mantienen ocupada a la membresía, y por el otro proyectan una imagen hacia el afuera que les habla de dinámica, de acción y ritmo creativo. Sin embargo, a poco de internalizarse dentro de esos grupos, se puede observar su frialdad y su carencia de verdaderos principios espirituales, opacados y hasta borrados por una religiosidad activa. Esto de ninguna manera propicia otro de los errores en los que la iglesia ha caído por años, que es el de la apatía, un dejarse estar que se justifica con la prudencia y el respeto, pero que mayoritariamente tiene más que ver con la pereza y la molicie que con lo expuesto. Un cristiano es eminentemente espiritual, pero precisamente por esa razón, no es ni puede ser perezoso.

     (Mateo 4: 18) =  Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores.

     (19) Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.

     Está más que claro: un verdadero cristiano se tiene que convertir en pescador de almas, no en ahuyentador. ¿Por qué digo esto? Porque me ha tocado ver, a mí, nadie me lo ha contado, que en imponentes campañas evangelísticas con predicadores de alta alcurnia, han venido corriendo al frente miles de personas desesperadas por distintos motivos, prestas y dispuestas a entregarse a ese Jesucristo que tan bien le han presentado. Y que en aras de ello no sólo dan ese paso crucial, sino que luego buscan insertarse en alguna de las tantas congregaciones existentes. Sin embargo, muchos de ellos, cuando llegan a esos lugares, son discipulados o “aleccionados” por hermanos con mucha ley y poco amor, y terminan espantados de tal modo que salen huyendo para no retornar jamás, ni a esa congregación ni a ninguna otra. Esos, por mejor intencionados que sean, no son cristianos. Espantar, atemorizar y alejar, no es el mandato recibido del cielo.

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Tiempo de Respetar el Diseño

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     En mi país, Argentina, este 2019 es un año electoral. En el transcurso del mismo, habrán de ser elegidos desde el nuevo Presidente de la Nación, pasando por diferentes Gobernadores de Provincias hasta Intendentes Municipales, que es como aquí denominamos a lo que en otros lugares son Alcaldes, y también legisladores en las tres áreas: nacionales, provinciales y municipales. Esto significa que, a partir de ahora, vamos a empezar a escuchar a personajes de todos los colores y calañas, salir a la palestra a dar opiniones muy sesudas sobre lo vivido y desarrollos muy concienzudos y sabios para lo que viene. A su servicio estarán la televisión, los medios gráficos y, esencialmente, las redes sociales.

     También se sigue con una antigua costumbre casi tradicional, al menos aquí, que es la de pegar afiches de grandes proporciones en distintos murales, con alguna clase de slogan partidario, y el rostro casi en gigantografía del candidato o la candidata al cargo que se postule cada uno. A mí siempre me intrigó, (Aún antes de ser creyente), ver que por una simple cuestión de asesorías de imagen, esas fotos siempre mostraban a personas ampliamente sonrientes, mostrando dos hileras de blancos dientes como en un detalle subliminal de pureza. Mi pregunta de entonces, siempre teniendo en cuenta el estado concreto de las cosas, (Y todavía la conservo) era: ¿De qué se puede reír esta gente? ¿De lo que hicieron aquellos a los que piensan reemplazar, o de lo que piensan hacer ellos si son electos?

     Me ha tocado, por razones profesionales seculares, realizarles entrevistas a muchos políticos en campaña, pero ninguno de ellos supo explicarme con fundamentos límpidos el motivo de esa supuesta confianza que parecerían mostrar en sus imágenes de campaña, respecto a asuntos que luego, indefectiblemente, los vieron superados y derrotados. ¿Será que lo obvio no tiene explicación? Lo vivido en los últimos cincuenta años en mi patria, a lo que debería sumarle una no muy blanda actualidad, son la mejor prueba que todo nunca fue más allá de un trabajo de marketing, de mayor o menor relieve y éxito, de la victoria de ciertos personajes y la derrota de otros ni mejores ni peores, y la conclusión siempre más o menos similar: sectores beneficiados, sectores perjudicados. Sólo fueron cambiando los sectores, nunca el panorama final.

     En honor a la verdad, esto nunca me asustó, porque si bien veía y sigo viendo a gente que no se toma el trabajo de pensar por sí misma, sino que prefiere que otros que estima con mayor preparación piensen por ellos, han determinado el acceso a los distintos poderes, de hombres o mujeres que solamente supieron venderse publicitariamente bien, pero muy lejos de ser la solución para los problemas más acuciantes o graves de la población mayoritaria en su conjunto.

     Hoy, sin embargo, tengo una enorme preocupación por el rol que la inteligencia política le ha otorgado a las redes sociales, el uso semi-profesional que se está haciendo de ellas, y la tremenda ingenuidad de una enorme mayoría de personas que, con enorme candidez, todavía están convencidos que lo que leen en esas redes, son las opiniones de personas que, aunque no coincidan con la suya, deben respetar por una simple cuestión de libertades. Ni por asomo creerían que esas supuestas opiniones forman parte de una estrategia monumental que lleva, en primera instancia, destruir o descalificar rivales y, al mismo tiempo, elevar el prestigio de lo que subliminalmente defiende. Lo que ya no conseguían los spots televisivos o la cartelería callejera, hoy lo está haciendo posible la mezcla contratada de FB, Instagram, Twitter y etc.

     La pregunta que me hago hoy, entonces, y partiendo desde mi país por las razones que antes expuse, pero que es absolutamente válido para todos los que de una u otra manera están representados por los hombres y mujeres creyentes que visitan esta Web, es: ¿Qué rol jugamos los cristianos genuinos en todo este andamiaje publicitario? A la hora de ser convocados a ser electores del futuro gobierno, ¿En qué basarnos? Y me preocupé muy bien de enfatizar en esa palabra, genuinos, porque con respecto a los otros, a los que llamamos religiosos, pero que en verdad habría que dejar expuestos como personeros de las babilonias falsificadoras, ya sé qué rol cumplen o, lo más triste, los inducen a hacer cumplir.

     Algo que quiero dejar bien en claro como advertencia concreta para los cristianos argentinos, pero que tranquilamente pueden tomar y hace suya los de cualquier otra nación que deba pasar por lo mismo, es que el hijo de Dios genuino, es un hombre o una mujer con total y absoluta libertad de conciencia para tomar las decisiones que estime mejores para la totalidad, para la mayoría. De ninguna manera es un ente que entregue su mente a otro, o a otros, para que ellos los influyan casi con violencia a tomar decisiones que, más que a ellos, luego beneficiarán a otros muy lejanos y, en casos, ni siquiera creyentes.

     Dios jamás obligará con ningún método a que el hombre o la mujer que él creó, hagan algo que no quieren hacer. Ni siquiera lo que es bueno o mejor. Si el hombre decide irse al infierno, Dios no se opondrá a su decisión. La lamentará y se entristecerá por ello, pero le permitirá hacer su voluntad. Porque así lo creó, con una voluntad respetable y respetada. Torcer esa voluntad por el método que sea, es manipulación. Y toda clase de manipulación, sigue siendo hechicería. Así es que mi hermano, mi hermana, es tiempo de clavar rodillas en tierra y orar con fuerza guerrera por el futuro de tu país, el que sea. Y para que ningún recurso satánico le quite la posibilidad al pueblo santo de vivir en un estado de justicia y equidad, que no son de ninguna manera meros slogans ideológicos o políticos, sino estandartes visibles, por la palabra escrita, del diseño de Dios para esta tierra.

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¿Cristiano? ¿Qué es Eso?

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     (Lucas 6: 46) =  ¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?  

    No sé a ti, pero a mí son muchas las veces que alguien me ha preguntado qué cosa, exactamente, es ser un cristiano. Y siempre he respondido, entre otras consideraciones, que ser cristiano es, esencialmente, un estilo de vida, es un cambio dentro del corazón de la persona que inevitablemente se refleja afuera. Porque un cristiano no es solamente alguien que cree en Cristo, sino alguien que está dispuesto a seguirlo y a obedecer su palabra; porque tiene una relación personal con él. El que se llame a si mismo cristiano y lleva una vida que contradice su palabra no es un verdadero cristiano por una sencilla y muy visible razón: no conoce a Cristo.

     (Juan 10: 27) =  Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, (28) y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. 

     Un verdadero cristiano no es alguien que prácticamente ha abandonado su casa, su familia, su esposa y sus hijos, para directamente irse a vivir a una iglesia donde realiza decenas de actividades. Un cristiano, esencialmente, es alguien que a diario lo refleja en su comportamiento. Y, principalmente, donde no hay pastores ni hermanitos observándolo, sino gente del mundo secular.

     (Efesios 4: 17) = Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, (18) teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; (19) los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza. (Andar en la vanidad de tu mente, te advierto, es andar incluso dentro de la iglesia, buscando gloria personal, éxito propio, admiración humana y reconocimiento material. Eso es andar como gentiles en tierra de circuncisos. Eso es andar como mundanos en tierra de convertidos.)

     (20) Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, (21) si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús.

     (22) En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, (23) y renovaos en el espíritu de vuestra mente, (24) y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad. (¿Has pensado alguna vez con detenimiento, qué cosa significa vestirse del nuevo hombre? Significa mucho y variado, pero esencialmente voy a quedarme con el acto automático de alguien que va a volver a vestirse con ropas nuevas: sacarse las viejas que estarán destinadas al lavadero o, incluso, a los residuos)

     (25) Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. (¿Es que Pablo presupondría que alguien dentro de la iglesia podría caer en la trampa y el engaño sutil de avanzar en base a mentiras? Tengo la certeza que más que suponerlo, lo tenía más que claro, igual que hoy)

     (26) Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, (27) ni deis lugar al diablo. (Esto significa que puedes darte permiso para enojarte con algo o con alguien, si el tema lo justifica, pero eso no tiene que durar más allá del final del día, sin agredir ni injuriar, perdonándose mutuamente y volviendo a la normalidad antes que llegue la noche. Única forma de no dar lugar al diablo y padecer problemas mayores).

     (28) El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad. (¿Parece una ingenuidad paulina conforme a la cualidad, cantidad y calidad del delito que se padece en estos tiempos, verdad? Sin embargo, en Dios todo es posible, y él lo sabía muy bien.)

     (29) Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. (Todavía hay muchos que siguen pensando que el tema de las palabras groseras es simplemente una cuestión de acartonamientos o excesos de puntillosidad extrema. ¡Es bíblico! ¡Y tiene entidad de mandamiento divino!)

     (30) Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. (Contristar es un verbo que no aparece en todos los diccionarios de la lengua española. Sin embargo, tiene dos acepciones claras y específicas: Afligir o Entristecer. Eso padece el Espíritu Santo que mora en ti, cuando tú eliges caminar por senderos de oscuridad y abandonas, aunque sea por un momento, la senda de la luz)

     (31) Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. (Mira lo que se te demanda para ser un cristiano genuino. Nada de amarguras, cualquiera sea el motivo; nada de enojos, aunque tengas toda la razón; nada de ira, aunque alguien haya hecho méritos para despertarla y nada de gritería, maledicencia y malicia. Pregunto: ¿Era necesario que Pablo les recordara algo tan obvio? Evidentemente que sí, que lo era. Perdón: ¿No es necesario que alguien te lo recuerde, hoy, al menos cada tanto?)

     (32) Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.

     Todo lo que dice Pablo aquí es importante, pero yo me quedo con lo expresado en el verso 20: Ustedes no han aprendido así a Cristo. Porque en el final, está la clave que no siempre vemos y que muy poco practicamos: perdonar a los demás, del mismo modo en que nosotros esperamos que Dios nos perdone por todas nuestras fallas, errores, pecado y cuanta cosa torcida hayamos hecho. Por allí está la entrada a la senda que te lleva a ser un cristiano auténtico. Mientras tanto, estás transitando senderos de similitudes, imitaciones y buenos deseos. Y que conste que ni por asomo pronunciaré la palabra Simulación. No está en el diccionario divino.

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La Necesidad del Altar Moderno

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     Venimos recibiendo de parte de Dios, que estos son tiempos donde se derramará su Gloria sobre su Iglesia como nunca antes. Tiempos de Jubileo. Tiempos del tercer Día. Tiempos de Victoria y Alegría. Tiempos de Restauración. Pero, ¿Qué debemos hacer o cómo debemos prepararnos nosotros para disfrutar de estos tiempos que han de venir? Porque convengamos en que lo que se está viendo en estos días, dista mucho de ser victoria y mucho menos alegría. Es más; casi se podría decir que es todo lo contrario.

     (Esdras 3: 1) = Cuando llegó el mes séptimo, y estando los hijos de Israel ya establecidos en las ciudades, se juntó el pueblo como un solo hombre en Jerusalén. 

     (2) Entonces se levantaron Jesúa hijo de Josadac y sus hermanos los sacerdotes, y Zorobabel hijo de Salatiel y sus hermanos, y edificaron el altar del Dios de Israel, para ofrecer sobre él holocaustos, como está escrito en la ley de Moisés varón de Dios. 

     (3) Y colocaron el altar sobre su base, porque tenían miedo de los pueblos de las tierras, y ofrecieron sobre él holocaustos a Jehová, holocaustos por la mañana y por la tarde.

     (4) Celebraron asimismo la fiesta solemne de los tabernáculos, como está escrito, y holocaustos cada día por orden conforme al rito, cada cosa en su día; (5) además de esto, el holocausto continuo, las nuevas lunas, y todas las fiestas solemnes de Jehová, y todo sacrificio espontáneo, toda ofrenda voluntaria a Jehová. 

     (6) Desde el primer día del mes séptimo comenzaron a ofrecer holocaustos a Jehová; pero los cimientos del templo de Jehová no se habían echado todavía. 

     Siempre que algo grande se preparó de parte de Dios el pueblo tuvo que restaurar lo que había olvidado. Restaurar el lugar donde Dios quería manifestarse, donde se reunía el cielo y la tierra. Veamos el ejemplo de lo que sucedió durante el regreso del pueblo de Dios a la Ciudad Santa, a la tierra prometida. Se reunió el pueblo en Jerusalén con un mismo propósito. Y aquí encontramos la primera clave: No distraerse en ninguna otra cosa, no hacer cada uno lo suyo, no cuidar cada uno su propia huerta. Sin abandonar lo que tú estás haciendo, tener todos un mismo propósito principal. Luego se verá cuál es ese propósito principal.

     Dios estableció a dos personajes principales para dirigir la restauración, ellos iban adelante, tenían la visión, el llamado y sabían que hacer. Jesúa: “Cuya salvación es Dios”, sumo sacerdote, sacerdote principal. Zorobabel: “Engendrado en Babilonia”, en Caldeo Sesbassah, que significa “Príncipe de Judío”, este era jefe entre los judíos que regresaron a Israel. Algo que debemos tener en cuenta es que comenzaron ellos y sus íntimos la reconstrucción del altar para luego agregarse todo el pueblo. Toda restauración comenzara por algunos pocos más íntimos para luego ir distribuyéndose entre todo el pueblo. 

     Notemos que para poder restaurar cualquier otra cosa primero comenzaron por el altar, luego siguieron por el Templo y las Murallas. Sin altar no habrá templo. Primero el sacrificio, la entrega, el reconocer la dependencia de Dios y su gloria; primero el holocausto. Primero el altar donde nos ofrecemos. Primero él, luego nosotros, el templo. Todo lo que realizaron fue según lo ya establecido por Dios en la Ley de Moisés, primero el Altar del Holocausto, luego la unción sacerdotal y después el Altar de Incienso. Veamos:

     El Altar de Bronce del Holocausto: Construido según las medidas dadas en el desierto, 2,30m. X 2,30m. X 1,30m., de madera de acacia, todo cubierto de Bronce, con una rejilla también de bronce para que las cenizas del holocausto totalmente consumido caigan al piso sin ningún obstáculo. Para que nada quedara sobre el altar, esto servía para que la víctima que se ofrecía fuera totalmente consumida. Esa debe ser nuestra posición, hoy: ofrecidos delante de Dios para ser totalmente consumidos, nuestro lugar es el piso.

     La Unción Sacerdotal: Impartición de dones y la Gracia del Espíritu Santo para servir a Dios. En hebreo Mashach, que se traduce como Ungir, de donde se deriva Mashiach, o Persona Ungida, la única persona ungida plenamente, Cristo. Pero hoy sólo podemos servir a Dios en medio de un mundo totalmente hostil bajo la Unción plena del Espíritu Santo. Debemos ser personas ungidas.

     El Altar del Incienso: de 0,45m. X 0,45m.X 0,90m., cubierto totalmente de oro. Nos habla de nuestras oraciones de la intercesión que sube delante de su trono con olor grato, que obtiene respuesta de parte de Dios. A pesar de los enemigos, a pesar de los problemas, a pesar de los ataques, a pesar de las tentaciones, a pesar de nuestras debilidades, a pesar de las ocupaciones, de los horarios, a pesar de que todo apunta a distraernos del Altar, nuestro principal objetivo, nuestro compromiso, nuestro primer lugar debe ser el Altar, el encuentro con Él, el lugar donde le damos a Él la gloria, donde nos humillamos y nos santificamos.

     El texto Sagrado relata que todos los días, por la mañana y por la tarde ofrecían los sacrificios en el Altar. No los domingos y los días de reunión. Todos los días y continuamente. También celebraron la fiesta de las enramadas (Tabernáculos), durante siete días salieron de sus casas para vivir en casillas o enramadas hechas de hojas de palma y ramas de sauce del arroyo recordando las maravillosas manifestaciones de la providencia divina para libertarlos y preservarlos en el desierto, también para levantarles el ánimo y mantener un espíritu de gratitud y obediencia al recordar la grandeza de los favores que habían recibido de Sus Manos.

     Hoy no confeccionamos tiendas de palmas pero él se muestra para que recordemos su provisión, su cuidado, su gracia y su misericordia, envía oro para que hagamos memoria de nuestra libertad. De nuestra eterna dependencia y gratitud. El pueblo traía su ofrenda al altar, la ofrecía a Dios, una gran ofrenda de un pueblo tan pobre, un pueblo que confiaba en El, en su cuidado y en su provisión. 

     Esto era el principio de la restauración, luego vendría lo grandioso del templo a la vista de todos, su grandeza desnudada a los ojos de los que los rodeaban, pero todo comienza con la restauración del altar. Veremos tiempos de grandes glorias de Dios, de un derramar soberano de su gracia como nunca antes. Pero es esencial la restauración del altar de la adoración. Con música o sin ella. Adoración es adoración, no cánticos, no himnos. Puede que los incluya, pero adoración es Dios y tú mano a mano y sin interferencias. Porque, no sé si sabes, que ahora tú eres el Altar. Dedícate a él y Él se ocupará de todo lo demás.

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