El Mesonero

(Lucas 10: 25) = Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? 

(26) El le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?
(27) Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.
(28) Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás.

El buen Samaritano. El que uso de misericordia con su prójimo. Todos conocemos la historia. Hasta que un día, sea por la causa que sea, la historia llega y te toca profundo. El buen Samaritano. El menos «indicado», al menos comparado con quienes, se supone, estaban para eso, como eran el Sacerdote o el Levita que, todo su conocimiento, no lo indujo a ser imitador de Cristo, ni siquiera hacedor de una buena obra.  Fue el Samaritano quien lo hizo,  como lo hizo Cristo un día con nosotros, que habiendo nosotros caído en manos de ladrones y siendo despojados, heridos y  quedados en agonía, llegó Él, vendó nuestras heridas, nos lavó echándonos aceite y vino, es decir, nos lleno de su Espíritu, nos dio revelación y nos lavó con su sangre, así cuidó de nosotros.

(Verso 35) =  Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. 

En nuestras vidas fuimos victimas de ladrones, me arriesgaría a decir que todos, o casi todos, victimas de quienes nos hirieron, nos engañaron, nos llenaron de dolor, de amargura. Un día llego Cristo a llenar nuestra vida, a ser nuestra vida. Luego, seguramente, hemos experimentado ser imitadores de Cristo, ser como el Samaritano y haber usado de misericordia para con muchos. Sin embargo llega un tiempo donde nos toca ser el mesonero.

Este puede estar siendo ese tiempo en tu vida donde estas cumpliendo según tú lo entiendes, una labor insignificante, quizás hasta en lo secular mismo, atendiendo un mesón, casi rutinariamente. Pero resulta que llega tu Padre celestial  te da dos denarios, es decir Él te da lo necesario, los recursos, los dones, lo que necesitas para hacer uso de misericordia con quien Él te encomendó que lo hagas, cuidar a quien o quienes te dio para que cuides.  y todo lo que gastes de mas, te lo pagaré cuando regrese. No habla de devolución, habla de pago. Porque devolver implica la misma cantidad y cualidad, sin embargo un pago, contiene la materia prima, los recursos utilizados, mas  el valor del  trabajo impuesto en ello. El samaritano usó de misericordia. El mesonero recibió instrucción,  obedeció, también usó de misericordia y, además, obtuvo ganancia. Ese es el Reino; la suma de lo ilógico, lo casi irracional y raro para cualquier sociedad. Pero estrictamente cierto y vigente para todo hijo de Dios, bien nacido…de nuevo.

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Amor: El Más Grande de Todos

¿Quieres que hablemos del amor? Es una palabra tan bastardeada por el mundo secular, que muchos cristianos no resisten la tentación de llevarla a un simple contacto hasta casual entre un hombre y una mujer. ¡Se necesita mucha pobreza espiritual para llegar a eso! Pablo les habla a los corintios respecto al amor de Dios y dice.

(1 Corintios 13: 4) =  El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; (5) no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; (6) no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. (7) Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. (8) El amor nunca deja de ser…

Claro, me dirán: ¡Pero ese es el amor de Dios! ¡Los cristianos no siempre aman igual! Ese es un error y grave. Si somos lo que decimos que somos, somos eso en todo lo que hagamos, no solamente cuando nos sentamos un día por semana en un banco de un templo. Un creyente que ama a algo o a alguien, indefectiblemente y como quiera que sea, amará con el amor de Dios por una sencilla razón: ¡No tiene otro! ¡No conoce otro! ¡No apela ni apelará a ninguna imitación!

 La única fuente del universo que produce amor, es Dios. ¿O alguien intentará hacerme creer que Satanás puede producirlo? Satanás, lo que hará y si lo dejan, será introducir imitaciones, muy sutiles y convincentes, pero imitaciones que se derrumban ante el primer obstáculo. Porque el amor de Dios en el hombre, produce eso: que ese hombre luche y luche hasta la muerte si es necesario, por ese amor que siente o tiene dentro de sí. Y no estamos hablando de locuras temporales, ocurrencias o caprichos de un alma veleidosa, estamos hablando de un grado de amor que conlleva el dar, dar y dar sin pedir nada, y también el acto de renunciar a cualquier resarcimiento sentimental o emocional, si eso fuera necesario.

 Ese es el amor que echa fuera todo temor. Porque el que tiene temor, está incapacitado para sentir amor, entonces no lo entiende en el que llega y se lo presenta. Un cristiano con temor, siempre pensará que el que dice amarlo, viene a sacarle algo o a llevarse algo suyo sin su permiso. Es natural que piense así porque está dominado por un espíritu de miedo, pero es insano. Porque en esa postura, me temo que jamás podrá amar como fue dotado para amar y tampoco podrá atreverse a recibir y disfrutar del amor de otro. ¿Verdad que esto no tiene absolutamente nada que ver con lo que publican las revistas “especializadas”?

Aquí suele ser donde muchos hermanos serios, circunspectos y de apariencia inconmovible leen y piensan: ¿Pero es necesario que se invierta todo este espacio hablando de algo que en muchos casos no pasa de ser un sentimiento rosa? Mira hermano serio y circunspecto. Soy tan adulto como tú, o tal vez más. Pero déjame decirte que pensar eso, es cometer un error de tanta magnitud que, por poco, ha sido el que le ha firmado un certificado de defunción a la iglesia.

“¡Está bien, hermano, de acuerdo! ¿Pero por qué se le ocurre hablar del amor ahora, cuando por años habló de otras cosas y al amor sólo lo mencionó como de paso? Porque cada día trae algo nuevo para cada creyente. Y para algunos, como quien esto suscribe, cada día llega con una revelación y con un elemento para modificar el rumbo, de ser necesario. Y hoy, leyendo lo que Pablo dice en el final de este hermoso capítulo, tengo certeza que debo dejar de lado el hombre que soy, el alma que tengo, las luces de colores que el infierno siempre nos muestra a nuestros cuerpos, y escuchar lo que ya fue dicho.

(1 Corintios 13: 13) = Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.

Hemos hablado muchas veces de la fe, otras tantas de la esperanza. Y nos hemos regocijado con cada enseñanza que nos llevó a dimensiones desconocidas y a estamentos no visitados antes. Nos fueron útiles para salir de todas las esclavitudes y para confiar en una libertad en dependencia a Cristo, que es la única que rinde rédito. Ah, y también porque si aquí se nos dice que el mayor de todos estos principios es el amor, ¿Quién seré yo para decir lo contrario? Más vale me decido y amo: en silencio, a los gritos, peleando, esperando, disfrutando, sufriendo, como venga; pero amo, porque si no amo, no expreso esa parte de mi Dios que me ha sido dada, esa que me asegura todos los días que soy Su imagen y Su semejanza.

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Para que el Trigo Sea Trigo…

Hoy quiero que hagas, antes que cualquier otra cosa, un pequeño ejercicio de memoria. ¿Cuántas veces, en tu vida cristiana, has escuchado mensajes sobre la cizaña? Muchos, pocos, no lo sé. Depende a qué lugar hayas ido a sentarte cada domingo. Podría darse el caso, incluso, que nunca te hayan hablado, predicado o enseñado sobre la cizaña. Hay lugares así, lo digo con la autoridad que me da este ministerio de ser testigo de eso. No interesa. Por poco o por mucho, en todo caso, has oído hablar de la cizaña. Y sabes de qué se trata. O crees saberlo, por lo menos. Pero tengo que decirte que todo lo que puedas haber recibido al respecto, por allí no ha estado ni mal ni equivocado, como sucede globalmente en el evangelio. Lo que sí puede haber ocurrido, es que haya sido incompleto. Puedo decir que hoy no vengo a modificar o cambiar tu conocimiento, tu fe, sino, como ya se lo dijo Pablo a los Tesalonicenses, en todo caso, vengo a completarlo.

No quiero que tomes esto como una alteración doctrinal, ni mucho menos como una nueva doctrina. Quiero que lo tomes como lo que es, una introducción a una enseñanza que, a partir de la revelación del Espíritu, va a darte otro panorama sobre lo que ya sabes, una perspectiva diferente, fruto de una óptica, de un ángulo, también diferente. Es como completar el conocimiento, alertarte sobre las sutilezas satánicas y capacitarte para que sepas como es tu batalla, contra qué enemigo y en qué terreno se pelea. Si tú me dices que la cizaña es Babilonia y que Babilonia es la iglesia falsa, la paralela a la iglesia verdadera, tendré que decirte que sí, que has aprendido y entendido bien y que no estás equivocado o equivocada. Pero si te pregunto puntualmente qué es la cizaña, seguramente vas a detenerte un momento a pensar y, es muy probable, no lo puedas definir con claridad.

Porque abarcativamente, hemos aprendido que a la cizaña la sembró el enemigo, que está destinada a ser quemada y que sólo cuando desaparezca, el trigo resplandecerá. Pero si te pregunto si son hombres, organizaciones, brujas, líderes falsos o algo por el estilo, tal vez me dirás que sí, que tal vez es un poco de cada cosa y que es muy amplio su significado. Hoy me propongo demostrarte, a partir de la Escritura, y con un mínimo de lógica, que la cizaña es algo muy puntual que es muy probable, hasta aquí, puede no haber sido visto con claridad. Vamos a escudriñar lentamente el inicio de la parábola, vamos a olvidarnos por un momento de las enseñanzas clásicas, seminaristas y teológicas, y vamos a dejar que Dios nos hable a través de su Espíritu sin otra intención de, lo reitero, completar su conocimiento, no necesariamente cambiarlo.

(Mateo 13: 24)= Les refirió otra parábola, diciendo: el reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo;

Es increíble que, en sólo veintidós palabras, este versículo sea capaz de resumir la sustancia básica del evangelio. Si la iglesia, hoy, leyera atentamente estas veintidós palabras, no podría caer más en el error que ha venido cayendo y, mucho menos, tolerarlo como ha venido tolerándolo. Dice que el reino de los cielos es semejante a un hombre. Ahora bien: si el reino de los cielos es semejante, o sea: igual, de la misma sustancia, del mismo origen que un hombre, ¿Es coherente que se nos haya enseñado y que sigamos enseñando, que el reino de los cielos es un lugar medio paradisíaco a donde vamos a ir a tirarnos panza arriba a no hacer nada y disfrutar a bárbaramente, no sabemos que maravillosas cosas el día que nos muramos? Entiende bien: no digo que cuando muramos no vamos a estar en un sitio maravilloso, sólo quiero saber si ese es el reino de los cielos del que habla esta escritura. Porque, suponiendo que así fuera, ¿Me puedes explicar, entonces, por qué Juan al Bautista primero, como Jesús después, predicaron un mismo evangelio que decía, textualmente: el reino de los cielos se ha acercado? Algo no me cierra. Y no me cierra porque aquí dice que es semejante a un hombre, y un hombre no es un lugar ni una nube.

Pero hay más. ¿Es un hombre cualquiera? No. Dice que es un hombre que ha sembrado una buena semilla. ¿Y qué es una buena semilla? Simple. Una buena semilla es la materia prima que produce un buen fruto. ¿De qué semilla va a hablar la palabra? De la semilla de trigo. ¿Y qué es el trigo? Un cereal del cual, por triturado y molienda, se sacará la harina, materia prima con la cual se elaborará el pan y sus derivados, básicamente. Jesús dijo, al respecto: Yo soy el pan de vida, que es como decir: yo soy el único alimento que produce vida. Vida abundante en el Espíritu, primero, Vida Eterna, después. Es decir que lo que este hombre, (Que después se verá que es Cristo), sembró, es un buen alimento, sano, puro. En términos espirituales, ¿Qué es el alimento? Anota esto por favor que es clave: La Palabra. Tú ya has aprendido que tu único alimento es la Palabra, verdad? Puedes alabar, adorar, orar y tener grandes experiencias sobrenaturales en Cristo, pero si quieres estar alimentado, eso no bastará. Deberás comerte el libro.

¿Y adónde dice que sembró ese buen alimento, acaso en cualquier parte que se le ocurrió? ¡Ni lo sueñes! ¿Dice que lo sembró en el campo? No. No dice que lo sembró en EL campo. Dice que lo sembró en SU campo. ¡Pero es que más adelante dice que el campo es el mundo! ¿Cómo va a sembrar su alimento en el mundo? ¿Y adónde sino? ¿En la iglesia me quiere decir? ¡Se supone que la iglesia ya lo está comiendo, no? Además: ¿A quién amó tanto Dios que dio a su hijo unigénito por él, al mundo o a la iglesia? ¡Al mundo! A ese mismo mundo al que nosotros, muy religiosos, más de una vez despreciamos, marginamos, discriminamos y, Biblia en mano, hasta agredimos. Aprende esto que es mínimo y sólo introductorio: antes de pensar en batallar contra la cizaña, presta mucha atención por si, por alguna ignota razón, no estás tú mismo siendo cizaña…

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En Los Umbrales del Temor

(Jueces 7: 2) = Y Jehová dijo a Gedeón: El pueblo que está contigo es mucho para que yo entregue a los madianitas en su mano, no sea que se alabe Israel contra mí, diciendo: Mi mano me ha salvado. 

(3) Ahora, pues, haz pregonar en oídos del pueblo, diciendo: Quien tema y se estremezca, madrugue y devuélvase desde el monte de Galaad. Y se devolvieron de los del pueblo veintidós mil, y quedaron diez mil. 

Primero quiero que te des cuenta que hay una guerra. Que hayas recibido invitación o llamado a filas, o no, no significa que tú no participes; estás en guerra y formas parte de uno de los dos ejércitos en combate. Y que el enemigo, cualquiera sea tu postura ante esa guerra, igualmente abrirá fuego contra ti. Y que cuando lo haga, tirará a matar y con munición de guerra, no de utilería. Lo más inteligente que podrías hacer, entonces, en vista y considerando esta situación, es prestarle atención a esa guerra y ver de qué se trata, sin caer en esos pesimismos que muchos libros de Guerra Espiritual traen en sus páginas, que te son vendidas como aprendizaje básico cuando en realidad no pasan de ser una propaganda del infierno infiltrada en bibliotecas creyentes.

 Quiero que te des cuenta, asimismo,  que la guerra, esa guerra, ya fue ganada. Porque todos ustedes, donde quiera que habiten,  pueden ver en sus Biblias, que la guerra ya fue ganada. Él ya había peleado la batalla por tu tierra, cual quiera que sea tu tierra. Es guerra. Y aún nuestros enemigos más grandes no son los poderes o los principados, como muchas veces te enseñan, sino esencialmente uno que todavía hace estragos dentro de la iglesia, no fuera: el espíritu de temor. Veintidós mil, dice aquí que regresaron; más de la mitad se regresaron. Las dos terceras partes se regresaron. Y solamente un tercio se quedó.

 El temor, déjame decirte, es la mejor estrategia del diablo hasta el momento. Y no la cambia ni modifica porque, a todas luces, podemos ver que le sigue dando buenos resultados. El temor, no es un temor humano, que en algunos casos hasta podría ser beneficioso como precaución o prevención, es una mentira demoníaca. Es el poder, es el control por el cual el enemigo controla la gente. La gente con temor, no puede entrar a la batalla. Y hoy existen muchos problemas alrededor del mundo, porque gente llena de temor, ha entrado en las batallas. Y luego son atrapadas por el diablo. ¿Y por qué crees tú que son atrapadas? Porque han tenido su corazón abierto al diablo. El temor es una fuerza demoníaca. Tú no puedes pelear con una fuerza demoníaca dentro tuyo. Y luego eres usado por el diablo, para él traer temor entre las tropas.

No es cuestión de ponerse a hacer guerra espiritual contra principados y potestades. Una gran parte de lo que llamamos la iglesia, hoy no tiene suficiente poder para eso. Sin embargo, Jesucristo ya venció y ninguno de nosotros tendría que pelear en contra del diablo, nuevamente. Él ya venció al diablo. Él está sentado en lugares celestiales. Él está sentado a la derecha del Padre. Él es la cabeza y nosotros somos el cuerpo. Y la cabeza es una cabeza victoriosa, ¿No es así? ¿Y de dónde sacaron que el cuerpo tenga que ser un cuerpo vencido? Esa, también es una mentira del infierno.

La cabeza es gloriosa, así que el cuerpo también es glorioso. La cabeza tiene toda la autoridad, así que el cuerpo también tiene toda la autoridad. No hay una autoridad para la cabeza y otra autoridad para el cuerpo. Eso no tiene sentido, sin embargo es lo que muchos están enseñando en este tiempo. ¡Libreto del infierno, enseñan! Es una estrategia satánica para impedir que se usen los poderes que existen en el cuerpo, y lo consigue precisamente implantando el espíritu de temor.

El espíritu de temor, dentro de la iglesia, no vence al infierno. Tampoco liberta las almas. El espíritu de temor en la iglesia, frena la gloria de Dios que quiere llegar a la iglesia. Pero los creyentes tienen que aprender a confiar en la palabra, y la palabra dice que Dios no nos ha dado espíritu de temor. ¿Lo crees? No son los poderes de la magia los que solucionan esto. ¡Todo lo contrario! Nuestro peor enemigo es el temor. Nuestro peor enemigo es el que se mueve dentro nuestro!  ¿Alguna vez te pusiste a pensar que sucedería si perdiéramos esta batalla? Esta es la voz del diablo, esta no es la voz de Dios. Dios jamás perderá la batalla. Este es el momento para que lo sepas. Pero que lo sepas tú, Satanás ya lo sabe desde siempre…

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Cuando Necesitas que el Padre sea Padre…

Un día Jesús está sentado, con sus discípulos, y ellos llegan en un determinado momento trayéndole comida, y él entonces les dice: “No, gracias”. Ahí ellos piensan que seguramente vino alguien antes que ellos y le dio de comer. Y ahí es donde Jesús les da la gran respuesta: Mi comida y mi bebida, es que yo haga la voluntad de mi Padre. Dos elementos claros. 1) Creer. 2) Hacer la voluntad del Padre. Estas dos facultades, son, de alguna manera, las dos piernas del que vive en el Reino. Tú no puedes creer, si después no vas a hacer la voluntad del Padre. Eres incrédulo, si lo haces. Pero cuidado, porque tampoco podrás hacer la voluntad del Padre, si antes no crees. Por eso, en todas partes de la palabra, Jesús nos demanda estas dos sencillas cosas, Yo puedo dar mi vida por Cristo y puedo negar mi alma, pero todo eso yo puedo hacerlo si creo y hago la voluntad del Padre.

 Yo nunca voy a poder asumir lo que Dios me dice que yo haga, y si no quiero hacer la voluntad de mi Padre. Porque no se trata de lo que tú hagas por haber levantado veinte iglesias, sino que hagas la voluntad del Padre, porque crees. Entonces, la parte complicada para nosotros, que somos gente muy complicada, es sentarnos y creer. Fíjate que si Dios te pidiera sacrificios terribles, no me caben dudas que tratarías de cumplirlos. Pero la Gracia, es incomprensible para el cerebro del hombre. Porque te está exigiendo algo: nada. A veces te toca pelear en algo y alguien viene después y te dice: ¡Que buena fue tu pelea! ¿Qué pelea? ¡Si yo no tenía ni un arma para pelear contra nada! ¡Él fue el que la peleó! En mi caso, sólo fue una pelea de fe contra fe, nada más. Ahora; ¿Cuántos de nosotros estamos esperando que algo pase, o que algo cambie? Y no te das cuenta, pero parecería ser que mientras más oramos por algo, más lejos está…

Mira; si quieres conseguir eso que tanto anhelas, déjalo. Esa es la locura del Reino. Lo que más quieras conseguir, eso es lo que vas a perder. Y lo que quieras perder, vas a ganar. Y no es mi palabra con mi opinión, mira. Lo dice el Salmo 37: Deléitate asimismo en Jehová, y Él te concederá las peticiones de tu corazón. Dios está empeñado en perfeccionar la obra que ha empezado en nosotros, cueste lo que cueste. Y aunque eso determine que sufras, lo harás por una causa justa y santa. Días atrás hablaba de los sufrimientos que tantos de nosotros podamos haber vivido o estar viviendo. Hoy te completo aquello con algo que quizás no habías visto y que tendrá que servirte para entender, de una vez por todas, como trabaja nuestro Padre Celestial con aquellos asuntos en los que a veces creemos, que Él está ausente.

Alguien dio una vez un hermoso ejemplo que yo quiero tomar para ilustrar esto. Dice que era un padre que llevó a su hijito al médico con una infección importante, y que el médico ordenó colocarle un inyectable de antibiótico de urgencia, de inmediato. Un de esas inyecciones cuyo líquido, al ingresar en el cuerpo, produce inmenso dolor físico. Y dice que el niño cuando vio al enfermero venir con la jeringa y la aguja, rompió en llanto y empezó a moverse para tratar de evitar que le colocaran eso que lo aterrorizaba. Entonces buscó refugio en los brazos de su padre. ¿Y qué se supone que tuvo que hacer el padre? Sujetarlo, tenerlo quiero, aferrarlo y no dejarlo mover para que le pudieran colocar esa inyección que le iba a ayudar a sanar su problema.

Y dice que el niño miró a su padre con angustia, no tanto por la inyección en sí y lo que pudiera haberle dolido su acción, sino por lo que su papá había hecho, nada menos que ayudarle a ese extraño a causarle dolor. ¿Cómo le explicarían a un niño el peligro de una bacteria, de una infección que, incluso hasta podía terminar con su vida si no le daban ese antibiótico? Escucha: En el momento del dolor, todos, somos nulos al entendimiento de lo que nos está pasando. Por eso Él te dice: ¡Cállate! ¡Siéntate! En el tiempo que viene por delante, ahí te darás cuenta de lo que te libré. Y Dios está tan empeñado en hacer esto, que Él va a hacer todo lo que sea necesario para terminar la obra que empezó en nosotros. Lo triste es que, en algunos casos, Él va a terminar esa obra cuando tú ya estés partiendo. Y ahí no tendrás problemas, porque harás ese viaje tremendo y llegarás al lugar en donde serás y te sentirás perfecto. Pero tienes que entender que a otros, les será permitido pasar por cosas que los llevaran a ser y sentirse también perfectos, pero todavía hoy, en esta tierra.

 

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Cuando Llega Ese Tiempo…

(Eclesiastés 3: 1) = Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. 

(2) Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; (3) tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; (4) tiempo de llorar, y tiempo de reir; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; (5) tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; (6) tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; (7) tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; (8) tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz. 

He oído decir en algunas ocasiones, (Desde púlpitos importantes, incluso), que para ser uno con Cristo, deberemos sufrir lo que Él sufrió. Entonces, cuando algo en nuestras vidas no funciona como se supone que debe funcionar, ponemos sonrisa evangélica, levantamos manos al cielo y exclamamos casi como en un descubrimiento tremendo: ¡Gracias Señor por permitirme sufrir como tú! Sufrir como tú. ¿Sufrir como Cristo, estás diciendo? Parece. Perdón… ¿Y a ti quien te dijo que Cristo sufrió en su alma?

Cuando nos toca sufrir, sea por la razón que sea, (Muertes, enfermedades, separaciones, dramas sentimentales, etc.), y somos creyentes, poco menos que nos ponemos contentos, porque suponemos que con esos sufrimientos, nos estamos acercando a la estatura del varón perfecto, que es Cristo. ¿Sabes qué? ¡Ni por asomo!

El sufrimiento de Jesucristo fue eminentemente espiritual. La carne (Ya sea en lo corporal como en el alma), fue en todo caso un ingrediente que se sumó al sufrimiento principal. El espíritu, cuando es agredido por las fuerzas satánicas, se contrae, se revuelve y se debate para defenderse. Y ese sufrimiento, mi amado hermano o hermana que hoy estás acongojado o entristecido por alguna causa muy terrena, no tiene nada que ver con el tuyo, aunque el tuyo te parezca terrible. El sufrimiento espiritual sólo puede interpretarse como un desgarro casi violento que se produce cuando, por causa de un motivo bien considerable, nos vemos apartados de la presencia y del amor de Dios. ¡Eso es sufrir! Eso te lleva a decir como dijo Él: ¡Padre! ¡Padre! ¿Por qué me has abandonado?

Si estás padeciendo una pérdida importante, tu esposo o esposa te abandonó o te engañó, el gran amor de tu vida te despidió de un momento para el otro, o cualquier otra de esas causas que tan infeliz suele hacer a tanta gente, recuerda que el que pagó por ti en la cruz, ese que dices amar y seguir, sufrió con otra clase de dolores. No de corazón destrozado por la tristeza o la pena, sino por el impacto satánico que sacude las vidas más encumbradas. Como sacudió la del propio Jesús en la cruz.

Sin embargo, Él vio la luz brillante de la gloria en el fondo del túnel oscuro en el que estaba. Y la que vio no fue una gloria exclusiva ni personal, que ya la tenía, vio una gloria que está a disposición de todos los que hoy, aquí y ahora, conforman Su Cuerpo en la tierra. Por la mañana querías morir del dolor en tu corazón. Por la tarde empezaste a terminar de crucificar tu carne, y por la noche ya estaba descendiendo del cielo esa paz inconmensurable que te trae una voz que te dice: “hijo…hija…no importa que alguien no te ame aquí en la tierra, lo que importa es que yo te ame desde mi morada…”

Como de costumbre lo aclaro porque entiendo que lo merece: hoy sentí de escribir esto porque tengo certeza que cada uno de nosotros, desde distintos lugares y ópticas, necesitaba leerlo. Si así hubiera sido, darás toda la gloria al Señor, que todavía es fiel como para permitir ciertos sufrimientos que, en lugar de derrotar y derrumbar, son capaces de elevarte por encima de todo lo creado, y además hacer que alguien, que no es ni mejor ni peor que tú, ni está al margen de nada de lo expresado,  te escriba esto que está destinado a devolverte la paz y la serenidad perdida. Que así sea en el nombre de Jesús. ¡Ahora!

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¿Cuál Quiero Ser?

En estos últimos tiempos, he sentido la necesidad de abrir este sector de nuestra Web a la inquietud de algunos de nuestros más amados lectores. Ellos envían sus trabajos sin ninguna clase de compromiso de ninguna de las partes y, cuando mi Padre me da luz verde, (El es el jefe y editor responsable), alguno se publica. Algunos autores, eligen hacerlo con sus nombres y apellidos y sus direcciones de correos. Otros, casi manteniendo la misma línea de bajo perfil y semi anonimato de la propia Web. Así es este caso, donde el autor, (En realidad la autora), elige mantener anonimato y firmar con un seudónimo.

A todos, o a casi todos, seguramente nos debe haber sucedido que, estando en determinada situación, hemos hecho algo así como un autoanálisis de nosotros mismos.  En ese análisis, surge que, para determinada situación, hemos sabido que lo correcto o el bien, era de determinada forma o manera. Sin embargo, aún sabiéndolo hemos actuado de una forma totalmente opuesta. 

(Romanos 7: 19) = Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.

(20) Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.»

Estamos sin duda ante una gran lucha entre nuestro espíritu contra la carne, los sentimientos y hasta nuestro carácter. Esta lucha la vemos y la vivimos día a día y en situaciones puntuales fuertes que nos toca transitar. Quizás en este momento mismo estemos atravesando alguna. La pregunta que podemos hacernos de todo esto, seria si el poder reconocer en forma clara esas divisiones de nosotros mismos donde decimos que es nuestro carácter, o nuestra carnalidad , la utilizamos para luchar contra ello decidiendo verdaderamente pedir a nuestro Señor que nos llene de su Espíritu y así el resto de nuestro ser sea sometido a él o por el contrario utilizamos esa identificación de nuestro «yo» a modo de justificación, casi como si dijéramos  de nosotros mismos «Yo no fui, fue él».

Hemos aprendido que nuestro Padre no puede hacer con nosotros nada que no decidamos querer que él haga, Él no atropella nuestra voluntad. Tendríamos quizás que reflexionar si realmente queremos quedarnos siendo uno, viviendo en la carne, enorgulleciéndonos de nuestro carácter o padeciendo el desequilibrio de nuestras emociones y sentimientos o decidir que muera todo aquello para que viva Cristo en nosotros y experimentar la victoria. 

Quedarnos en ese estado en el que vemos  qué nos sucede no alcanza como para eximirnos de responsabilidad. Debemos movernos, no podemos quedarnos en esa simple autoevaluación si de verdad lo que buscamos es ser vasos útiles. 

Dudo que ignoremos que no hay forma de evadir tomar decisiones. Todo el tiempo estamos decidiendo, negarlo sería mentirnos a nosotros mismos. El no decidir, ya es decidir. 

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Cuando Llega La Tentación…

(Mateo 26: 41) = Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. 

¿Qué hombre o mujer cristiano no ha leído, oído o aprendido algo con relación a este pasaje? Quiero pensar que por lo menos, un noventa y nueve por ciento. ¿Y qué aprendieron de él? Que debemos velar y orar para no correr el riesgo de entrar en tentaciones de cualquier naturaleza. ¿Y por qué se nos dice que eso puede suceder? Porque el espíritu a la verdad está dispuesto a hacer la obra de Dios y mantenerse fiel y en santidad, pero la carne que acompaña a todo ser humano, es débil; tremenda e irresolutamente débil.

Me asombra de sobremanera, todavía, que existan ministros que se sienten más allá del bien y del mal y castigan duramente con palabras y pensamientos respaldados por la Palabra, a jóvenes más o menos inexpertos que andan a los tropezones en su caminar de fe por causa de la infinidad de tentaciones que les sobrevienen y que en muchos casos, les resulta poco menos que utópico o épico resistir. ¿Esos ministros, realmente, creen estar por encima de lo que Dios mismo nos ha advertido a todos que debemos cuidarnos? El resultado, déjame decirte, suelen ser ministros derrumbado y ministerios destruidos. ¿Falta de poder? No, falta de obediencia. Si hubieran velado y orado como se les advierte, no hubieran caído.

Tengo a diario en mi mesa de trabajo, correos de hermanos que han sido tentados muy fuertemente en las diversas cosas en las que todos sabemos que podemos ser tentados. Independientemente de situaciones muy especiales o singulares, creo que los niveles de tentación para los cristianos, siempre pasa por los mismos andariveles. Muy pocos me escriben gozosos glorificando a Dios y dejándome saber que han logrado vencer alguna dura tentación que les sobrevino, pero lamentablemente la gran mayoría me contacta para pedirme ayuda para ver cómo hacen ahora para restaurar sus vidas después de haber caído hasta lo más profundo por causa de alguna clase de tentación real.

Y uno de los temas que necesariamente salta en cada intercambio de correos, es el que de alguna forma representa una especie de lamento o queja, por parte de esos hermanos (De ambos sexos), que por haber caído, ahora casi se permiten fastidiarse con su Señor por no haberlos protegido. Me cuesta muchísimo hacerles entender que en un pecado de los usuales, no se cae por casualidad ni por la debilidad de una tentación. Ya Pablo supo escribírselos a los Corintios cuando les dijo:

(1 Corintios 10: 13) = No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar. 

Allí está la clave. Dios no te va a sacar de tu camino la tentación que te llega. No, porque forma parte activa de tu crecimiento, de tu consolidación como hijo en adopción suyo. Lo que sí hará, es lo que Pablo delinea muy bien aquí, darte conjuntamente con esa tentación, la salida. Si tú deseas fielmente servirle y sostener tu santidad, sabrás encontrar esa salida. Si por el contrario, eliges sumergirte en la oscuridad del pecado que ya sabes se te aproxima, también será tu decisión y Dios no podrá impedirla sin transgredir sus propias leyes. Hoy ya lo sabes, estás advertido. Fue muy fuerte la necesidad de escribir esto hoy. Seguramente alguien lo estaba necesitando. Así sea.

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Iglesias Heterogéneas

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Normalmente en este espacio suelo desgranar algunas reflexiones propias que generalmente están en sintonía con el resto de nuestra Web. Sólo en casos esporádicos, como este, publico algo que no me pertenece porque, estimo, aunque pudieran existir diferencias de óptica para determinados temas, considero al trabajo apto como para ser publicado para información y nutrimento de los lectores. Pertenece a Pedro José Amoroso, visitante de nuestra página y expresa lo siguiente:

“A la luz de las Sagradas Escrituras y en base a la certera sabiduría que brindan, queda confirmado en este tiempo del fín, que falsas enseñanzas ejercen una marcada influencia en el mundo cristiano. Desechando aferrarse a la conducta establecida por el Señor, donde priman la fe, la esperanza y el amor, la simpatía con el mundo y sus cosas, ocupa un renglón relevante en el corazón de numerosos creyentes. Como producto de esta incertidumbre, el verdadero poder y accionar del Espíritu, ha decrecido. En la Primera epístola a los Tesalonicenses 5:19, Pablo Apóstol exhorta, entre otros consejos a, «No apagar el Espíritu», y Efesios 4:30 nos alienta a «No entristecer al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuimos sellados…»
El desatino del libertinaje, que penosamente va en aumento, origina malestar en creyentes que deben soportar a siervos de dudosa moral, vistiendo un ministerio en las Iglesias. Ahora bien, ¿En que posición de corazón se encuentran delante del Señor los diversos Pastores y Ancianos, y la Junta de Iglesia de dichas congregaciones? Pablo escribió en 1mera Corintios 13:1-3. «Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe… Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y no tengo amor, DE NADA ME SIRVE». El trabajar arduo y dedicarse a sistemáticos estudios bíblicos, es uno de los propósitos planteados, pero de nada sirve si no se da ejemplo en el obrar como hijo de Dios. Al estudiar la palabra del Señor, la fe se ve expuesta a declinar ante una mala interpretación. Respaldar doctrinas inexactas, fusionadas con un espiritualismo dogmático de la nueva era, hoy es algo muy notorio. Este movimiento mundial, que no pasa de ser una filosofía sostenida por el humanismo, declara en uno de sus tantos desvaríos, que el pecado no existe. Esta presunción se acrecienta sutilmente como un nuevo estilo de vida. Por ejemplo, el amor al dinero dejó de ser una idolatría pasional por «el saber aprovechar la prosperidad que Dios nos da» y el adulterio ya no es adulterio «sino un rehacer la vida en pareja», como tantas otras omisiones semejantes. ¿Que se ha logrado con esta actitud? Que el pecado en vez de languidecer se fortalezca. La insensibilidad de la conciencia de los que pecan voluntariamente, a llegado a tal punto, que confiesan sin titubeos «que Dios los ve a través de la sangre de Cristo, y por consiguiente, son sin culpa». Bueno, ¡¡Esto sí que es de lamentar!! No son pocas las Iglesias que están sometidas por el príncipe de este mundo bajo la presión de la apostasía. La epístola Primera a Timoteo 4:1 anuncia que «el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios». El umbral anticristiano de Laodicea ha llegado.
Según la Real Academia Española, Laodicea significa, entre otros, «voluntad o juicio de multitudes, o derechos humanos». Este sentir, donde cada uno reclama sus derechos basados en la propia justicia por sobre la de Dios, no solo se mueve en el mundo, sino que a su vez se va afianzando dentro de las iglesias, logrando de esta manera un objetivo; «confundir, endurecer el alma y alentar divisiones». Estimada hermana y hermano en el Señor, para finalizar esta acotación, emerge de mi parte un interrogante a considerar, ¿en que latitud nos encontramos usted y yo respecto a lo referido? ¿En la templanza del Espíritu, o en la anomalía de una conducta indiferente?
Tomemos nuestro tiempo y meditemos con oración y ruego. Si sentimos la presencia de Dios, regocijémonos y alabemos su nombre, pero si está distante, hagamos un giro en nuestro caminar, que el Señor pacientemente nos está esperando. Hoy es el tiempo de Gracia y perdón, mañana quizás, puede ser demasiado tarde. El tiempo de vida en este mundo es breve como un sueño que se extingue para no volver, más la palabra del Señor, Nuestro Dios, permanece para siempre.

Dios bendiga su palabra.

            Texto para recordar
«Yo reprendo y disciplino a todos los que amo, sé, pues, celoso y arrepiéntete» Apocalipsis 3:19.

                                               ReCdpa

Nota: esta apreciación no lleva en sí nada personal y fue redactada a título de advertencia, contra una influencia apóstata que opera dentro del cuerpo de Cristo.»

Comentarios o consultas dirigirlos al autor:

Pedro José Amoroso <pamoruso704@hotmail.com>

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¡Nunca Abandones Tus Armas!

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(1 Corintios 2: 16) =  Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Más nosotros tenemos la mente de Cristo.

Es muy cierto, esto. Tenemos la mente de Cristo y, por consiguiente, recibimos impulsos del Espíritu Santo, pero podemos equivocarnos en esto. Por eso hay que examinar cualquier impulso a luz de las Sagradas Escrituras y estar abiertos a la corrección de nuestros más cercanos. Es muy difícil aconsejar a alguien que se aferra a la expresión: «El Señor me ha guiado». Porque, efectivamente, puedes estar recibiendo una guía, pero no del Señor, sino de un señor…

 El Señor (Así con la “S” mayúscula), ha prometido darnos lo que pedimos conforme a su voluntad. Por eso es necesario profundizar en la voluntad de Dios y estar de acuerdo entre nosotros, también. En 1990, durante una conferencia en Escocia, los representantes de Senegal advirtieron que, al año siguiente, los países islámicos iban a realizar una conferencia mundial en su capital para planear el fin de toda obra cristiana y la eliminación de las minorías cristianas en sus respectivos países. Acordaron orar para que se anulara tal conferencia, y recibieron la convicción de que Dios los había oído, de modo que terminaron la reunión con una alabanza gloriosa. Unos meses después, la Guerra del Golfo polarizo el mundo islámico de tal manera que se pospuso la conferencia. Cuando por fin la reunión se realizó, las divisiones eran todavía tan marcadas que muchos delegados salieron antes de terminar y poco se decidió.

De allí que aprendemos hoy y a la distancia, que es imperativo para todos nosotros saber y decidir usar las armas que Dios ha puesto en nuestras manos. Separados de Dios quedamos casi indefensos delante de Satanás, pero unidos a Dios no hay razón para temerle al diablo. En Efesios 6;10-18, Pablo nos indica no solo la armadura que debemos ponernos sino las armas ofensivas, o sea, la espada del Espíritu que es la palabra de Dios y la oración en el Espíritu que debemos empuñar. Demasiados siervos de Dios se han metido tanto en la guerra espiritual, que han descuidado la armadura divina y han engrosado la lista de bajas en la lucha.

El capítulo doce de Apocalipsis revela mucho acerca de Satanás y sus tácticas. Pero lo mas importante es que indica claramente como los hermanos pueden salir triunfantes en la lucha contra el. Dicen los versos 10 y 11: Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. 

Veamos: Primero, por la sangre del Cordero. Por medio de su sacrificio en la cruz, Cristo ha eliminado de una vez y para siempre nuestra culpa ante la presencia de Dios, a tal grado que Satanás ya ni siquiera puede acercarse a Dios para acusarnos. Con tal de que le confesemos a Dios cualquier pecado que pueda surgir en nuestra vida, estamos completamente seguros en los brazos de Cristo.

Segundo, por nuestro testimonio. Contra la mentira del diablo podemos, usar nuestro testimonio acerca del Señor Jesús, nuestra posición en el Amado, y Quien va a vencer. Es el Espíritu quien nos da poder para testificar y quien nos avisa, al retirar su paz del corazón, cuando algo necesita arreglarse en nuestra vida.

Tercero, por nuestro compromiso hasta la muerte. Frente a las amenazas y los arreglos que propone el diablo, debemos abandonar la voluntad de Dios, sea para vida o para muerte. Tal actitud deja a Satanás impotente. No vencido, aclaremos bien. Porque incluso cuando lo tentó a Jesús en el desierto, él lo derrotó con la Palabra, pero así y todo, dice la escritura que sólo se apartó por un tiempo. Aprende a pelear tu batalla. No abandones tus armas. Ningún soldado valiente y vencedor lo hace.

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Perdón; ¿Huevos y Conejos?

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En alguno de mis libros creo haber hecho mención a ciertas experiencias vividas en torno a las Pascuas de antaño. En principio, recuerdo casi con una sonrisa que mi abuela materna nos tenía estrictamente prohibido a nosotros, sus nietos, (Yo era el mayor de una nómina de siete), hacer ruido, poner alguna clase de música o cantar en los días del “duelo”, como ella lo llamaba, esto es: jueves y viernes santo. Nos explicaba que Dios se iba a ofender si nos reíamos, porque se había muerto Jesús… O lo peor, todavía: en su ignorancia honesta y escasa formación educativa, por ahí derrapaba y solía decir que teníamos que ser respetuosos porque ¡Se había muerto Dios!

Oye: ¡No exageraba mi abuela, después de todo! Claro que no era un duelo, pero si un tiempo de meditación y memoria, memoria sobre el verdadero significado de ese calvario concluido en una muerte atroz en una cruz. Pero ella creía, con toda la sinceridad que le proporcionaba su escasa información vía Iglesia Católica Romana a través de curas que en esos tiempos y en esa pequeña población de mi Argentina, eran alemanes o austríacos que rezaban la misa en latín y se comunicaban con los fieles en un cocoliche que casi ofendía al hermoso idioma español. De resurrección, mi abuela casi no hablaba. La aceptaba, así como el domingo de Pascua, pero creo que a ella jamás se le ocurrió sacar a Jesús de esa cruz… Y no fue la única, creo; todavía anda por la vida un grupo no escaso de gente que tampoco pudo o quiso sacar a Jesús de la cruz. ¿Resurrección? Sí, pero…

Siendo más adulto y trabajando en una emisora de radio secular, luchaba contra mis propias convicciones no del todo clarificadas ni argumentadas con solidez, contra las disposiciones de la dirección que demandaban, en un principio, difundir solamente música sacra los días jueves y viernes santo. Yo no entendía ese ambiente de velatorio porque, aunque mi mente racional e incrédula no terminara de aceptar la resurrección de un muerto, si era como nos decían, no veía el objeto de llorar tanto ni hacer tanto duelo. ¡Si después iba a volver a vivir el muerto! Ingenuidad infantil cuando ya me probaba las ropas de hombre.

Más adelante, en la misma emisora, y ya habiéndose modificado aquella obligatoriedad de difundir música sacra que nadie escuchaba porque a nadie le gustaba, llegó el tiempo de otra clase de obligación “por respeto”: difundir solamente música instrumental, no cantada. Todavía me estoy preguntando, a tantos años de esto, cuál podría ser la diferencia, si lo que se quería era respetar a un Dios que aparentemente se había muerto, entre una zamba criolla cantada a otra donde solamente sonaran guitarras. Verdaderamente, pasó mucho tiempo de esto y todas las cosas cambiaron. Yo crecí mucho en lo espiritual y en lo informativo, pero así y todo, todavía hoy no le encuentro explicación a este dilema.

¿Y para qué todo esto que forma parte más bien de un pasado de ignorancia vivido por alguien que ni siquiera puede erigirse hoy en modelo de nada, en un espacio generalmente utilizado para ilustrar alguna forma de enseñanza más concreta o rápida? Simple: para no caer en el lugar común de hablar de algo de lo que hoy está hablando toda la humanidad que se dice a sí misma cristiana, y que yo suelo evadir por todos mis medios, porque al igual que lo que me ocurre con la Navidad, si bien por un lado no me agrada en absoluto fastidiar a gente muy buena y sincera que todavía ama respetar las tradiciones, por otro lado y desde lo espiritual, siento que no tengo gran cosa para decir, o mejor dicho, añadir a lo ya dicho tantas veces. Y eso me deja en deuda. Y como no me gusta deber nada, tal como un cristiano tiene que ser, entonces no me queda otra que subirme en esta esquina al tren de la tradición, desearte muy Felices Pascuas y luego, en la esquina siguiente, descender casi con urgencia para volver a lo que realmente tiene valor: ayudar a extender el Reino de los Cielos, que para eso hemos sido salvos, redimidos y restaurados, no para jugar con huevos o conejos.

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Lo Intrincado del Camino

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     En la década de los setenta hubo acontecimientos extraños en un Instituto Bíblico en Harare, Zimbabwe. Se despidió a un jardinero, quien puso una maldición sobre el personal en un momento en el que dos mujeres estaban ofendiéndose con palabras, y eso dio al enemigo la oportunidad que buscaba. Ocurrieron cosas desagradables y una noche, uno de los estudiantes despertó gritando de dolor por la quemadura de una mano que se le impuso debajo de la cobija. En la mañana se veían todavía las huellas. Los incidentes solo terminaron al superar la riña entre las mujeres por medio del arrepentimiento y la oración.

     Nuestra liberación en Cristo. Al pensar en los años de trabajo de muchos misióneros, donde el temor a la práctica de la brujería eran cosas normales, sorprende cuan pocos de los que realmente se convirtieron al Señor necesitaron una liberación de demonios. Hubo ciertas excepciones de quienes si echaron demonios en el nombre del Señor Jesús. Insistieron en que todos los que hacían profesión de fe destruyeran sus amuletos y toda medicina relacionada con la brujería, además de darles un testimonio publico a sus familiares y vecinos.

     Hubo un tiempo cuando existía preocupación acerca del tema de la liberación. Una misionera tenia profundos problemas y se acerco una hermana se le dijo que, si quería una sesión de liberación, tendría que ir a otra persona, pero que estaba dispuesta a darle media hora de su tiempo para explicarle bíblicamente su posición en Cristo. Esta misionera era una candidata obvia para liberación. Su padre era alcohólico, y su hermana, gemela idéntica, procuraba embrujarla. Pero cuando ella acepto por fe su nueva posición en Cristo, se sintió libre, y meses después escribió con gratitud a es gente que la ayudó, para decirles que seguía sintiéndose liberada. Muchos buscan una liberación dramática, cuando en realidad lo que necesitan es humillarse, arrepentirse y renunciar a actitudes y cosas incorrectas.

     Estar sentados con Cristo en lugares celestiales. Muchas veces, al encontrarse en problemas, la gente suele decir: «Hay que mirar hacia arriba». Pero yo digo: «Al contrario; hay que mirar hacia abajo», porque nuestra verdadera vida está escondida con Cristo en Dios (Colosenses 3:3 Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.). Estamos en el puesto de mando del universo y nuestra vida de oración se renovara si tan solo nos apropiamos de esta verdad.

     Conocer la voluntad de Dios. Contar con una guía es el derecho de todo hijo de Dios (Romanos 8:14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.). Además, el Señor Jesús prometió que, por medio suyo, sus discípulos conocerían lo que dice y hace el Padre (Juan 15:14-15: Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mandoYa no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.) y que el Espíritu Santo traería a nuestra memoria lo que necesitamos saber (Juan 14:26: Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.), tanto por su palabra escrita como por su presencia en nosotros (Juan 14:17: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.). En muchas partes del mundo han retado a obreros cristianos de la siguiente manera: «Nunca hay que salir por razones negativas del sitio donde Dios nos ha colocado». El enemigo de nuestras almas hará todo lo posible para proveer los factores negativos y convenceremos de que Dios nos está guiando así.

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La Grieta

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     En mi Argentina de estos tiempos, hay una palabra que se escucha diariamente por cuanto canal difusor se te ocurra, y es la palabra Grieta. Definen así desacuerdos políticos, ideológicos, económicos o de esencia étnica o epidérmica, como mejor les guste a cada uno. Y se aspira a que cada hombre o mujer habitante de mi país, antes de hablar dos palabras por donde sea que se dispone a hablar, fije su posición respecto a esa Grieta. O está del lado de allá, o está del lado de acá. Posiciones intermedias o abstenciones, imposible de admitir. Una verdadera aberración limitante de las mínimas libertades individuales.

     A partir de este pintorequismo nacional, quise indagar un poco en la búsqueda de los verdaderos significados de este flagelo con el que convivimos, (Hay familias enteras enemistadas y hasta fieramente peleadas por causa de esa Grieta), y buscar sus verdaderos contenidos o motivaciones. En principio, y hace ya mucho tiempo, encontré el primer punto que determinó que jamás alguien pudiera enrolarme en algunos de los sectores opuestos ferozmente de esa grieta. Que tal grieta, no es nada más que un negocio de pocos, con alta participación de muchas mediocridades útiles, obviamente ad-honorem. Mediocridad, te recuerdo, implica dejar de pensar por ti mismo, para elegir por las razones que sean, que otros piensen y decidan por ti.

     ¿Y qué cosa es una Grieta? El diccionario de nuestro idioma nos dice que es una abertura o quiebre que surge de forma natural en alguna superficie. Con esto descubro que el nombre Grieta, en nuestro suelo, está literariamente equivocado. Nuestra Grieta no se produjo de forma natural, fue provocada. No es Grieta, es otra cosa llamada como gustes. Y a eso lo respalda otro buen diccionario que, a la acepción ya mencionada, le añade una más abstracta: “dificultad o desacuerdo que amenaza la solidez o unidad de algo”. Tal cual. Eso sí que es una Grieta. Un negocio cruel de unos pocos, que se está llevando puestos a la mayoría de los habitantes de un bonito país: el mío.

     Ahora vamos al sentido por el cual un comentario de estos tiene entidad para publicarse en un medio difusor como este. Que esa Grieta, en mi Argentina, contiene de ambos lados, a no pocos hombres y mujeres que se denominan a sí mismos, como cristianos. ¿Es que habrá que pensar que hay cristianos participando de ese negocio llamado La Grieta? No lo descarto, pero no creo que eso suceda en mayoría. Lo que sí creo, es que tanto los que militan de un lado como del otro, son gente que olvidó que Dios les puso una mente y una inteligencia para utilizar, y eligieron enrolarse en un discurso ajeno y hasta secular, que les resulto atractivo. Otra vez se olvidaron de sus Biblias, que todavía les sigue asegurando que Dios No hace acepción de personas.

     Los que verdaderamente conocen mucho más que todos nosotros juntos ciertos elementos anexos que siempre han acompañado a las religiones en su conjunto, (Y que conste que estoy hablando de Religiones, no de Fe ni de Convicciones), aseguran que una de las Grietas más legendarias e históricas en lo ideológico que muestra la humanidad: La Izquierda y la Derecha, fue solamente un invento de ciertos grupos relacionados con la Masonería, con la única finalidad de dividir para quitar potencia. Sabemos que ninguna casa dividida prevalece, pero así y todo, cuando en nuestros países de residencia, (Cualesquiera sean ellos en el ámbito Latinoamericano), se producen esta clase de divisiones, la iglesia, en lugar de salir a la palestra a difundir el mensaje de Jesús, opta por enrolarse en alguna de las dos posturas porque, piensa, eso lo hace caer más “simpáticos” a la sociedad en la cual conviven.

     (Isaías 30: 12-13) = Por tanto, el Santo de Israel dice así: Porque desechasteis esta palabra, y confiasteis en violencia y en iniquidad, y en ello os habéis apoyado; por tanto, os será este pecado como grieta que amenaza ruina, extendiéndose en una pared elevada, cuya caída viene súbita y repentinamente. 

     Ahora, amado hermano o hermana que habita cualquier nación de América o incluso en Europa, piensa un momento. El único texto de tu Biblia que habla de una Grieta que no es literal o material, te dice que su existencia, además de ser consecuencia de un pecado, es preanuncio de ruina. ¿Y así y todos vas a seguir escuchando y creyendo a los personeros de la injusticia y la división, que con ropaje de corderos pero corazón de lobos, llegan para decirte que una Grieta es una plataforma de equidad, justicia, bienestar y felicidad? ¿Tan complicado es separar tu calidad de fiel Creyente, con la de ingenuo crédulo?

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Salvador

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     El pasado martes, en Argentina, fue día de feriado nacional. La razón, un nuevo aniversario de la ocupación de nuestras Islas Malvinas por fuerzas militares enviadas a tal efecto por el entonces gobierno de facto de las Fuerzas Armadas de la Nación que gobernaba el país en 1982. Ese acto supuestamente simbólico y patriótico, que se cuidó muy bien de no producir ni bajas ni heridos entre el destacamento británico residente en la Isla determinó, sin embargo, y luego de muchas idas y vueltas supuestamente diplomáticas, el comienzo, desarrollo y final de una guerra altísimamente desigual que duró setenta y cuatro días, entre las fuerzas conjuntas de la OTAN contra el pobrísimo oponente argentino compuesto, mayormente, por soldados conscriptos de no más de veinte años de edad con deprimente armamento y escasa o nula logística.

     Concluyó, el 14 de junio, como no podía ser de otro modo, salvo en las afiebradas mentes de esos hombres uniformados que, o bien creyeron que nadie se iba a tomar el trabajo a hacer un viaje tan largo para recuperar esos territorios, o bien actuaron de un modo dirigido a que eso sucediera y de ese modo avalara esa presencia en un sitio de tanta estrategia geográfica: con una derrota total, una rendición incondicional, una humillación obvia y una suerte de permiso definitivo para que esas tierras jamás vuelvan a ser parte del patrimonio que por simple cuestión geográfica debían ser. Los que tenemos edad para recordarlo en vivo y no por libros o películas, sabemos muy bien que, a diferencia de tantos países europeos que vivieron una guerra real y propia, los argentinos de aquella época simplemente fuimos espectadores de la mentira de los diarios y de la televisión, en tanto que los que peleaban y morían, eran un grupo de jóvenes provincianos con escasa o nula preparación de combate.

     Lo que dije en su momento en los medios de comunicación en los que trabajaba, fue lo que reiteraré hoy: hubo un grupo de muchachos argentinos que estuvieron allí, pelearon una guerra, vivieron la angustia, el terror, el frío y la incertidumbre de una batalla tan desigual y quedaron en el ya legendario cementerio de Darwin, o volvieron con marcas físicas y psicológicas que seguramente jamás habrán de cicatrizar. Hablar de ex combatientes, hoy, en Argentina, es hablar de gente que una parte de la población reconoce y aplaude, y otra parte insólitamente critica, esconde y margina, como si fueran ellos los culpables de una derrota de los altos mandos. Sigue siendo el drama de los que vivieron una guerra, contra los que la miraron por televisión que, para colmo, como ya es marca registrada en mi país, fue y sigue siendo una televisión mentirosa.

     Entre esos combatientes, hubo jóvenes creyentes. Me tocó conocer de cerca a uno de ellos. Tenía veinte años cuando fue enviado allá, sin saber ni siquiera lo que significaba una guerra, vivió muchos días en un pozo de zorro, (Así los llamaban), bajo bombardeos constantes. Pasó frío, hambre y necesidades de toda clase y volvió porque la que por entonces era su congregación, jamás lo bajó de la oración intercesora, (También de guerra, pero en este caso espiritual), y declaró y decretó que regresaría aun cuando las posibilidades eran muy escasas. Las bombas cayeron por toda la isla, pero curiosamente respetaron ese pozo donde ese muchacho, cuyo nombre de pila es tremendamente simbólico, (Se llama Salvador), acurrucado y confiando en lo único que podía confiar, simplemente sobrevivió porque el Padre celestial lo cuidó.

     Hoy, creo que es pastor de una iglesia. No sé si espiritualmente está en la vanguardia o sobreviviendo, como tantas iglesias evangélicas sobreviven y como él mismo sobrevivió allá, hace ya tantos años, y casi que no interesa. Lo que sí importa y mucho es que, cuando Dios quiere que alguien viva algo fuerte, es porque luego tendrá algo fuerte para darle. Y lo más fuerte que el evangelio tiene hoy para los creyentes, es prepararlos para otra clase de guerra. Una guerra que todavía muchos cristianos nominales evaden, desconocen o sencillamente ridiculizan, pero que los genuinos que conforman el remanente santo, salen cada día a pelear con las mismas posibilidades que tenía Salvador en aquel pozo de zorro, y si saben confiar como debemos confiar, tal vez con las mismas posibilidades de salir ilesos como tuvo Él, sólo que en este caso, a diferencia del otro, en victoria. Dicho de otro modo: Más que Vencedores.

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¿Qué Estamos en Condiciones de Hacer?

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     Gracias a lo que hizo en la cruz, Jesucristo nos ha convertido en un reino de sacerdotes. Por gracia somos identificados con Dios mismo y estamos sentados con Cristo, compartiendo sobre todo su ministerio de intercesión. Porque te diré algo que tal vez sabías, pero que nunca estará de más recordar: la oración es la única actividad humana que mueve el cielo.

     Hay varios trabajos muy precisos y de excelencia, que nos muestran como nuestras plegarias entran en la eternidad y trabajan con Dios en la extensión de su Reino. No es una manera de obligar a Dios a hacer lo que no quiere o lo que a nosotros nos parece bien, ni tampoco es algo que le permite a Él manipularnos, sino que, esta unión perfecta y armoniosa entre la soberanía de Dios y la libertad humana constituye un misterio insondable, porque Dios trasciende todos los pensamientos. Gracias a la unión que tenemos con el Hijo, nuestras plegarias influencian hasta la vida íntima de la Trinidad. Por medio del Espíritu, Dios mete lo humano dentro de su vida divina de amor, dejándose la libertad de colocar cada oración en el sitio correcto dentro de su gobierno del mundo. Pero volvamos ahora a lo que el Señor les enseño a sus discípulos en Juan 14.

     (Juan 14: 12) =  De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre. 

     (13) Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. 

     (14) Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré. 

     Ahora, veamos: ¿Cuáles son esas obras mayores?. Algunos piensan en diversa calidad de milagros, o en echar fuera demonios o en ganar multitudes, pero resulta ser que a todo esto, Jesús lo hizo. Creo, más bien, que las obras mayores son intercesiones en el nombre reinante y exaltado de Jesús y que, por eso, inmediatamente después de reto, el Señor dio su tremenda promesa de hacer lo que pedimos en su nombre.

     El venció por medio de la cruz y nosotros, al aplicar esa victoria, venceremos también. Ojalá que pudiéramos regresar a la simple confianza de que, si pedimos, el Padre nos dará. Las caminatas de oración se enfatizan mucho ahora, pero hay que recordar que la mera presencia del intercesor no aumenta la eficacia de la oración, aunque el compañerismo en la actividad si puede ayudarnos. Nuestra eficacia en la intercesión no depende de técnicas, sino de nuestra relación con Dios. Lastimosamente no se enfatizan las bases de esta relación como antes. Mencionare uno de los fundamentos que, a mi juicio, es de mayor importancia:

     Saber nuestra posición en Cristo. ¡Cuán poco se predica ahora sobre la sangre preciosa de Cristo y lo que la carta a los Efesios dice acerca de nuestra posición en el! Nadie nos puede arrebatar de la mano del Padre o de Cristo, y mayor es el que está en nosotros, que el que está en el mundo. Si acatamos la condición de permanecer en Cristo, el diablo no podrá tocarnos, aunque siempre nos puede lanzar sus sugerencias como dardos de fuego.

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¡En Las Alturas!

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     Viendo algunas de las noticias de mayor relevancia que en el plano internacional nos entrega este mundo en el que habitamos, no podía sacar de mi mente la escena (Imaginada, claro, porque no estuve allí para verla), de cuando a Jesús lo quieren hacer rey. O los otros, los seguidores de Barrabás, que aguardaban que con Jesús al frente, la caída del imperio romano dominante y opresor fuera un hecho consumado. Y me imagino también sus rostros decepcionados cuando nada de eso ocurrió y ese hombre al que todos querían ver encabezando alguna clase de movimiento social, político y hasta revolucionario, terminaba yendo a una cruz, como el más deleznable de los delincuentes, y según él y sus seguidores, eso era considerado victoria.

     Y lo pensé porque hoy, a tantos años de aquel suceso que dio inicio a lo que hoy denominamos y adherimos como cristianismo, muchos de nosotros autodenominados como cristianos, todavía no podemos entenderlo. Sí, tal vez, con lo sucedido en la cruz, porque somos duchos en teología, pero no en lo cotidiano, en lo visible, en lo de todos los días, porque esto ya no se trata de teología sino de sabiduría divina en estado práctico y dinámico. Ya hemos dado algunas pautas respecto a cómo deberá vivir un creyente genuino en estos tiempos. Cómo deberá resistirse a dejarse llevar por corrientes de pensamiento secular disfrazadas de religiosas o, en su defecto, evitar caer en las trampas que la comunicación masiva propone a través de sus canales.

     Yo ya no estoy en edad para formar grupos, ni asociaciones de ningún calibre, pero mucho menos para caer en la infinita mediocridad de permitir que otro, (U otros) piensen en mi lugar y decidan respecto a lo que yo debo hacer o no hacer. Porque un cristiano que permite que otro piense en su lugar, es un cristiano influido por el infierno. Y cuando no es otro, en lo singular, sino otros, aquí habrá sido influido a favorecer intereses que, seguramente, no tendrán nada que ver con los suyos, aunque tratarán de convencerlo que sí.

     Mi proposición para estos tiempos, (Que por otra parte no es ninguna originalidad, sino una síntesis de lo que la propia Palabra de Dios dice), es procurar a full vivir el evangelio de manera precisa, íntegra, honesta, recta y enteramente visible. Que no nos limitemos a ser esas buenas personas reunidas en templos o iglesias, con sus manos levantadas y rostros en éxtasis, que cuando concluyen los servicios salen a las calles y pasan desapercibidos para el resto, porque sus conductas y comportamientos no difieren en nada de los que no estuvieron reunidos en templos o iglesias con sus manos levantadas y sus rostros en éxtasis.

     En suma: lo que propongo es puntual y exactamente hacer lo mismo que hizo Jesús cuando habitó entre sus compatriotas. Jesús no vino a sanar, ni a liberar, ni a resucitar muertos ni a darle de comer peces y panes a cuatro o cinco mil personas. De acuerdo, hizo todo eso y gloria al Padre por ello, pero él no vino a eso, aquí. Tampoco vino a morir en una cruz a favor de nuestra redención, aunque eso fue lo que sucedió. Jesús vino a este mundo y estuvo durante tres años haciéndolo, a vivir una vida digna de ser imitada. ¡Ese es Cristo! ¿Esos somos los cristianos? Ya sé tú respuesta porque es similar a la mía, así que lo que nos resta, mientras quede tiempo posible, es cumplir con esa misión tan simple y tan complicada, al mismo tiempo. Tanto que sin Su ayuda sería imposible lograrlo. ¡Pero gloria al Señor porque tenemos su ayuda!

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Creando Intercesores Eficaces

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       En las historias de los avivamientos, han quedado registros de como el Espíritu Santo ha levantado intercesores. Conforme a información recabada, mencionaré solo cuatro: David Brainerd, quien lucho en oración a favor de los indios americanos y presento un avivamiento que cambio a muchos. George Müller, quien demostró que era posible mantener a millares de huérfanos por medio de la intercesión, sin necesidad de llamados a los hombres, dando así un ejemplo a muchas misiones que surgieron después. Rees Howells, quien intercedió a Dios en las horas más negras de la Segunda Guerra Mundial y vio respuestas dramáticas que ilustraron como los creyentes pueden influenciar el curso de la historia. William Duma, un sencillo pastor zulú, cuyas oraciones facilitaron milagros, aun el de levantar muertos. Él se ganó el respeto de todos en los días, también, más oscuros y dramáticos de la segregación racial en Sudáfrica.

     Durante los últimos veinte años nos hemos dado cuenta de una serie de iniciativas de oración con las siguientes características:

     Intensidad. La intensidad de las reuniones de oración con sentido netamente espiritual y no como meras reuniones casi festivas de intercambio y compañerismo en muchas partes.

      Combatividad. La combatividad durante las reuniones en que se confronta a las huestes satánicas. Han quedado registros muy confiables de una semana de oración, en 1965 en Mozambique, que en aquel entonces estaba todavía bajo el dominio de los portugueses. Hasta ese momento se había hecho poca obra misionera allí, pero reclamaron el país para Cristo y, en el lapso de pocas semanas, misioneros pudieron entrar.

     Variedad. La variedad de las reuniones. Hay conciertos y marchas de oración. En algunas reuniones la gente se postra, y otras levanta las manos. A veces se ora por turno, y en otras ocasiones todos oran al mismo tiempo.

     Extensión mundial. La extensión mundial de las redes de oración. Los «días para cambiar al mundo» involucran a millones en muchos países. Existían la «Fraternidad Lidia» para movilizar a las mujeres y la «Red de Ester» para hacer lo mismo entre niños. Podrían mencionarse muchas iniciativas más.

     Especificidad. La especificidad de la oración. Se ha orado intensamente por ciertos países con resultados sorprendentes. En los últimos años, países como Nepal, Camboya, China, Rusia, Bulgaria, Albania y Etiopía se han abierto al evangelio.

     La Base Bíblica de la Intercesión. Hay cantidad de textos en la Biblia que nos instan a la oración. Ejemplo: 1 Samuel 12:23: Así que, lejos sea de mí que peque yo contra Jehová cesando de rogar por vosotros; antes os instruiré en el camino bueno y recto. Salmo 2:8: Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra.

     Lucas 18: 1: También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar. 1 Tesalonicenses 5:17: Orad sin cesar. Asimismo, también existen muchas promesas acerca del resultado. Ejemplo: Jeremías 33:3: Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces. Efesios 3:20: Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros. Alguien ha dicho y no con poco acierto y una alta dosis de revelación que: Dios se ha comprometido tanto con la oración, que verdaderamente sería un milagro si no contestara.

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Mirando Lo Que Hay Que Ver

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     Yo creo que desde el plano espiritual y aun en contra de todo lo que a diario reflejamos como censura, sigue siendo un privilegio vivir en este tiempo. La iglesia del Señor, aún con todos sus dilemas que, reitero, jamás callamos ni disimulamos, de todos modos, nunca ha crecido tanto. No obstante, habrá que decir que en todo nivel, en el mundo, se libra una batalla espiritual y su majestad infernal no está cediendo su terreno en modo alguno. Los baluartes, aparentemente no impugnables, solo caerán si usamos las armas que Dios nos ha dado. Por lo pronto, quiero consignar que hay dos actitudes que pueden frenar la evangelización mundial, el desarrollo espiritual de los cristianos y su victoria final sobre las huestes del infierno:

     En primer lugar, una ostensible y profunda subestimación del conflicto con los poderes espirituales. Por demasiado tiempo, el cristiano occidental ha sido absolutamente culpable de esto. El resultado es que muchos misioneros y líderes no estaban bien preparados para la oposición espiritual que iban a encontrar. Se experimentó esto en África y se les debe mucho a hombres africanos que enseñaron cómo operan los poderes espirituales. Ellos mostraron también como el Señor concede una libertad a los arrepentidos que renuncian a las obras de la oscuridad y confían en él.

     En segundo término, lo opuesto: hay, en muchos ambientes, una preocupación excesiva por el enemigo. Una creciente fascinación por el ocultismo y la influencia hindú de la llamada Nueva Era, ha cambiado radicalmente la cosmovisión de muchos occidentales. Muchos se ocupan demasiado de Satanás, y pierden de vista que el Rey verdadero es Jesús. A medida que conozcamos mejor a Dios, su palabra y su poder, estaremos en mejores condiciones para resistir al enemigo. En no pocos ambientes existe una llamativa fascinación por el diablo. A propósito de esto, no son pocos los que han pedido que no se base una teología de Satanás en sus descripciones gráficas, pero parece que estas advertencias no se han estado escuchando.

     Es decir que, por un lado, y como reza la Palabra, no debemos ignorar las maquinaciones de Satanás, pero, por el otro, no necesitamos saber detalles milimétricos y casi exquisitos acerca de las huestes que se nos oponen. Un misionero destacado en Africa Oriental, testificaba como los cristianos tocados verdaderamente por el avivamiento que hubo en esa región, en su deseo ardiente de saber más acerca de Jesús, dejaron a un lado la información detallada buscada por sus compatriotas acerca de los demonios. Que quede claro: jamás se olvidaron de Satanás, sólo lo ubicaron el lugar que le corresponde, después del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo y de cada ungido que sale en Su nombre. Lo que sí cambiara el mundo es nuestra intercesión. En la primera parte del capítulo ocho Apocalipsis vemos el impacto de las oraciones de los santos sobre el destino del mundo.

     (Apocalipsis 8: 1) = Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora. 

     (2) Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas. 

     (3 Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono. 

    (4) Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos. 

  (5) Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto.

    (6) Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas se dispusieron a tocarlas. 

  (7) El primer ángel tocó la trompeta, y hubo granizo y fuego mezclados con sangre, que fueron lanzados sobre la tierra; y la tercera parte de los árboles se quemó, y se quemó toda la hierba verde. 

  (8) El segundo ángel tocó la trompeta, y como una gran montaña ardiendo en fuego fue precipitada en el mar; y la tercera parte del mar se convirtió en sangre. 

  (9) Y murió la tercera parte de los seres vivientes que estaban en el mar, y la tercera parte de las naves fue destruida. 

  (10) El tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una gran estrella, ardiendo como una antorcha, y cayó sobre la tercera parte de los ríos, y sobre las fuentes de las aguas. 

   (11) Y el nombre de la estrella es Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo; y muchos hombres murieron a causa de esas aguas, porque se hicieron amargas. 

  (12) El cuarto ángel tocó la trompeta, y fue herida la tercera parte del sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas, para que se oscureciese la tercera parte de ellos, y no hubiese luz en la tercera parte del día, y asimismo de la noche. 

  (13) Y miré, y oí a un ángel volar por en medio del cielo, diciendo a gran voz: ¡Ay, ay, ay, de los que moran en la tierra, a causa de los otros toques de trompeta que están para sonar los tres ángeles!

     Mencionare tres momentos en la historia, entre tantos otros, recogidos en un artículo al respecto, que ilustran el impacto que la oración puede tener: En 1727 hubo un avivamiento en Herrnhurt, Alemania, que dio lugar a una cadena de oración que duro más de 100 años, orando día y noche. Durante ese periodo, los moravos fueron los primeros protestantes en dedicarse, como grupo, a la evangelización mundial. Uno de los frutos fue la conversión de los Wesley y el avivamiento evangélico tanto en Inglaterra como en los Estados Unidos. En los siguientes 100 años, casi todas las denominaciones protestantes se integraron a la tarea misionera con resultados visiblemente positivos.

     Hudson Taylor, el fundador de la «China Island Mision», enfatizó la necesidad de la oración para alcanzar a los millones de chinos no evangelizados. A pesar de la gran obra misionera, cuando los comunistas tomaron control del inmenso país en 1949, había allí solo 3 millones de católicos y millón y medio de protestantes. Pero Dios no se olvidó de las muchas oraciones que seguían haciéndose por el pueblo chino, y en tiempos subsiguientes, se recibieron informes de que miles y miles se convertían, a pesar del aislamiento de la iglesia china y la mucha persecución. Ahora, muy estimativamente, claro, se calcula que la comunidad protestante asciende a unos setenta millones, y la católica a quince millones. Jamás se ha visto un fruto así de la intercesión.

     En enero de 1984, el hermano Andrés retó al mundo cristiano a orar por siete años para que se derrumbara la cortina de hierro y se diera libertad para predicar el evangelio en los países comunistas. Lo que no lograron las armas, si lo efectúo la intercesión. Así como lo expreso Pablo en 2 Corintios 10:4: porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas.

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¿Todos en un Mismo Saco, o Bolsa?

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     Si hay un verbo con el cual no coincido casi nunca y disiento permanentemente, es con el verbo Generalizar. Porque, veamos: ¿Qué cosa es generalizar? Nuestros buenos diccionarios de idioma español, nos dicen que es: sacar una conclusión general de algo particular, y luego otra acepción muy parecida: tratar los aspectos generales de algo, sin detenerse en ningún aspecto particular.

     Generalizar, por ejemplo, es decir que todos los cristianos son ignorantes a los cuales un grupo de astutos les han lavado el cerebro en su propio beneficio. ¡Ni lo sueñes! Yo soy cristiano y a mí no me lavó el cerebro ningún grupo al cual yo esté beneficiando con algo. ¿Entonces esa generalización es una mentira? No, es una sobredimensión de una parte de verdad. Porque, en efecto, hay grupúsculos que se denominan a sí mismos como cristianos, que efectivamente han realizado un trabajo de socavamiento psicológico en la gente que los acompaña, llevándolos a perder absolutamente su voluntad y entregársela al líder o conductor emergente. La forma en que este líder utilizará luego ese poder, podrá o no desembocar en cuestiones mucho más graves, tales como fraudes, abusos y hasta violaciones. Aquí vemos una conclusión efectuada a partir de algunos sucesos sueltos y esporádicos, utilizada para rotular a toda una masa humana que mayoritariamente no es así como se la describe.

     El daño mayor o menor que es generalización produzca, será tema paralelo y no menos grave que el anterior. De todos modos, el simple hecho de aceptar que esa conclusión tan nefasta para el pueblo cristiano, parte de la base de una pequeña verdad aislada, pero verdad al fin, y que luego es inteligentemente tergiversada para lograr su principal finalidad, que es desacreditar la iglesia y, por consecuencia natural, desacreditar a Dios mismo, nos aterriza en la certeza que toda generalización mal intencionada, tiene origen directamente satánico. No es en absoluto un hecho casual o circunstancial, sino pre-elaborado, pensado, diagramado y ejecutado al milímetro. Todavía en muchas ciudades de Latinoamérica, los cristianos luchan más contra las segregaciones que le llegan de parte de sus propias sociedades seculares, que de ataques directos de demonios. ¿Para qué ese demonio perdería su tiempo atacando a un cristiano con tentaciones groseras, si ya lo tiene desactivado por causa de la pobre imagen pública que ha logrado influir?

     En Argentina, esa clase de generalizaciones, son tan frecuentes que casi forman parte del panorama cotidiano de nuestra vida diaria como país. Todos los…son tal o cual cosa, está a la orden del día. Todos los políticos son corruptos y ladrones, por ejemplo. Cierto es que hay muchos que probadamente lo han sido y lo siguen siendo, pero indudablemente no son todos, gracias a Dios. Sólo que estos últimos no siempre pueden llegar a los estratos superiores. Parece que para llegar a una función muy importante, hay que arriar algunas banderas que no siempre se desean bajar. Después tenemos la que nos pertenece como pueblo y que no es invento nuestro, claro está: todos los argentinos son soberbios y altaneros. ¿Cuánto de verdad hay en esta generalización? Siendo bondadoso con mis paisanos, creo que por lo menos entre un setenta y cinco y un ochenta por ciento. Pero queda un veinte por ciento que no es así, gracias a Dios, y por causa de ellos, decir que son todos, es malintencionado y destructivo.

     En el consumo interno de mi tierra, hay otra generalización cada vez más proliferante: todos los negros son vagos y delincuentes. De hecho, no estamos hablando aquí de un asunto de segregación racial, porque los “negros” a los que alude esa generalización criolla, no se refiere a gente de raza negra, esto es, de origen o ascendencia africana. No. El negro vago y delincuente, supuestamente, es aquel argentino nativo que, por no tener en su ADN sangre europea tradicional (Española, italiana, francesa, alemana, etc.), ostenta en su piel una pigmentación girando a cobriza, en semejanza ancestral con antepasados aborígenes o simplemente criollos sin mezcla. ¿Y son todos vagos y delincuentes? No, obviamente que no. Yo no soy de los rubios blancos de ojos claros, precisamente; y hasta donde sé, jamás pisé una sede policial y jamás dejé de trabajar de algo en alguna parte. ¿Y entonces? Entonces, es cierto que en algunos asentamientos irregulares que existen todavía en nuestras grandes ciudades, hay personas de esa ascendencia que, sea por la causa que sea, han elegido dedicarse al delito en lugar de hacerlo con un trabajo digno y legal. ¡Pero entonces algo de verdad, hay? Sí, pero se convierte en agresión injusta cuando, conjuntamente con esos ciudadanos de tez cobriza, hay miles de vagos y delincuentes blancos, rubios y de ojos claros, que tal vez no delinquen con un arma en su mano, sino con un simple teléfono de última generación elaborando y plasmando leyes y ordenanzas que roban, estafan y abusan del que verdaderamente trabaja.

     Hoy quería decir esto y quizás mis hermanos de otras naciones no entiendan bien el motivo, y no faltará alguno con cierta malicia que imagine que estoy abriendo senderos políticos o ideológicos desde un blog cristiano. Se equivocaron. Hoy vine a hablar de todo esto por una sola y simple razón: todo esto que acabas de leer como generalizaciones destructivas, mal intencionadas e injustas por donde se las mire, no las escuché en una plaza pública, ni en un metro, ni en una terminal de buses; las escuché dentro de los ambientes cristianos nacionales. ¿Y sabes qué? En otros países, la diferencia con ellas, está en los temas. Pero la esencia destructiva e inspirada en los laboratorios del infierno, es la misma. Eso no es ser cristiano, eso es ser miembro de una religión cristiana, obedeciendo patrones dictados desde sitiales que nada tienen que ver con el púlpito de tu iglesia. Y mucho me temo que no es lo mismo. ¿O alguien va a insistir en que yo crea que Jesús era rubio, alto y de ojos claros?

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Quiero Cambiar; ¿Puedo?

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     No son pocos los que intentan, por lo menos, traer a Jesús a estos tiempos para procurar ubicarlo en algún estante donde les sirva para un rótulo. No aprendemos más; nuestra vida cotidiana parecería ser una continua peregrinación hacia un rótulo. Necesitamos poder decir que tal o cual persona, (O hermano) es de esta o aquella forma y que tiene un estilo de vida de esta o aquella manera. ¿Y sabes qué? Nos equivocamos de punta a punta. Porque nadie es como es de manera permanente. Yo puedo ser una persona excelente y altamente amable con alguien que se compota conmigo al tono, pero puedo hasta resultarle antipático a quien me fastidia, me agrede o ironiza a mis expensas. No existen los rótulos, así que ni pensar en rotular a Jesús. Olvídenlo y, si todavía no se han decidido a creer en el como Salvador personal y Señor de sus vidas, al menos no pretendan embardunarlo con elucubraciones fantásticas y exóticas.

     Jesús tenía amigos, eso es notorio porque en la Biblia hay suficientes relatos que así lo atestiguan. Él no solamente tenía buenas amistades con sus discípulos, sino que también con otros, como el tal Lázaro y sus hermanas María y Marta, a los que, sabemos, iba a visitar muy a menudo. Era casi normal encontrarlo en su casa comiendo y pasándola bien con ellos. Aprendan: Jesús, (Todos sabemos que Dios encarnado en Él), era un hombre, de carne y hueso y con todas las actitudes y aptitudes de un hombre como cualquiera de los que lee este trabajo. Sólo que sin pecado. Que mirándonos entre nosotros, seguramente no había ni uno que pueda decir que eso era poca cosa.

     (Lucas 19: 1) = Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la ciudad. 

     (2) Y sucedió que un varón llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico, (3) procuraba ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura. 

     (4) Y corriendo delante, subió a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí. 

     (5) Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa. 

     (6) Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso. 

     (7) Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador. 

     (8) Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. 

     (9) Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. 

     (10) Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

     Una mañana, en mi programa de radio y luego de haber hablado sobre el pecado y el perdón, llamó por teléfono a la emisora una mujer que dijo ejercer la prostitución, que había estado escuchando y que deseaba arrepentirse, hablar con alguien y recibir oración y salvación. Me dio la dirección de donde residía y decidimos enviar a una hermana mayor, con un pasado agitado antes de ser cristiana, que sería muy capaz de entenderla y acompañarla a pasar a ser parte del pueblo de Dios.

     Gracias a Dios, así fue. Pese a la presencia amenazante del que hasta allí era la pareja de esta mujer, que incluso pretendió amedrentar a la hermana colocando un arma sobre la mesa, la mujer tomó de las manos a la prostituta, oró por ella, la vio quebrantarse y postrarse pidiendo perdón y declarando que ya mismo se iría de allí y cambiaría de vida. Un mes más tarde, eso era lo que había hecho. Incluso, la hermana le había conseguido un trabajo transitorio para cuidar una anciana.

     Entonces la invitó a ir a la iglesia. Ella tuvo que ir a un comercio de ropa y comprarse prendas que la mostraran como la mujer cambiada que ahora era, ya que todo su modesto guardarropa estaba mucho más al tono con su ingrata profesión anterior. La iglesia, casi en su conjunto (Preponderantemente el femenino), la recibió como lo que había sido, no como lo que ahora era: una prostituta supuestamente regenerada. Y se lo hizo saber. Cuando la hermana mayor que la había visitado intentó defenderla, fue muy criticada por atreverse a meterse en la casa de una prostituta y hacer causa común con ella impidiendo, lo que llamaron «exhortación». En ese tiempo mi vida dio un giro de situación, me fui de ese lugar y nunca más llegué a saber qué fue de esta mujer. Jesús lo sabe. Él seguramente la perdonó, la lavó, la limpió y la restauró. Del resto…del resto mejor ni hablar. Si ese fue el pueblo santo, no quiero imaginarme lo que hubiera sido el profano…

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