Una Tarea Complicada

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     A diario, y por los diversos canales con los que suelo comunicarme con algunos de los hermanos que acompañan nuestro trabajo, suelo escuchar una de las preguntas más reiteradas dentro del ambiente cristiano: ¿Cómo hago para obedecer la voluntad de Dios? ¿Cómo hago para vencer los dictados de mi carne, de mis intereses, de mi egocentrismo, de mis vanidades humanas? Siempre me ocurre lo mismo a la hora de responder estas preguntas: no encuentro una respuesta sólida que le saque al hermano todas sus dudas. Así que, lo único que me resta, es hacer lo que vengo proponiendo en todas las demás alternativas: ir a nuestra base central, a nuestro modelo: Cristo.

     Entonces, ¿Cuál fue la fidelidad de Cristo que le otorga a él ser Sumo Sacerdote tras la orden de Melquisedec? Hemos descubierto que lo que Cristo luchó por mantener, y que por poco no mantiene, era el hacer la voluntad de Dios. En toda la Biblia, aparentemente, había una sola voluntad. Si me ha visto a mí, ha visto al Padre. Porque el Padre y yo, somos uno. Y yo sólo hago lo que el Padre hace. Eso decía. Pero, llegó un día en que Él dijo: no se haga mi voluntad, sino la suya. O sea: hubo una batalla, una guerra interna, para ver si había que hacer lo que el Espíritu Santo quería hacer, o hacer lo que la carne quería hacer. Y Jesús batalló grandemente con este problema. Tenía que vencer el deseo de no ser uno con el Espíritu de Dios. ¿Podrán dos caminar unidos si no están de acuerdo? ¿Cuántos saben que Cristo venció?

     (Hebreos 5: 7) = Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. 

     Su oración fue escuchada, pero no porque andaba llorisqueando o lamentándose; fue escuchada porque tenía temor reverente, que de paso te digo, es algo muy distinto a tener miedo. Diría que lo opuesto. ¡Dios no se mueve por lástima, se mueve por fe! ¡Si pudiéramos aprender eso! Ningún lamento podrá mover a Dios. ¡Es imposible agradarle sin fe!

     (8) Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; (De hecho, aquí tendremos que asumir que, si tuvo que aprender obediencia, es porque no nació obediente. Estamos hablando de Cristo.) (9) y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen; 

     Es decir que, tal como lo lees, no era perfecto, sino que se perfeccionó. ¡Hay que entender la humanidad de Jesús! El Libro de los Hechos, dice en su capítulo 10, que fue ungido del Espíritu Santo. Y como sabemos que Dios no puede ser ungido, Jesús tiene que haber sido todo hombre. Es difícil de explicarlo, pero sólo se te pide un momento de confianza y luego podrás comprobarlo por ti mismo. El luchó con la voluntad de Dios, pero por lo que tenía que luchar fue que aprendió a obedecer. Nosotros luchamos igual que él cuando se nos presenta la voluntad de Dios y las otras alternativas. El problema o, mejor dicho, la diferencia entre nosotros y Él, es que Él aprendió con las luchas, mientras que nosotros seguimos luchando las mismas batallas.

     No hay nada que nos saque más de quicio a los creyentes más o menos maduros, que el ver a una persona con el mismo problema todos los días. Escucha: esta es una escuela donde Dios no aplaza a nadie. Te sigue y te sigue tomando el examen hasta que lo apruebas y lo pasas. Si aprendiéramos lo que tenemos que aprender con cada circunstancia, no la volverías a tener. O, por lo menos, no te caes en el mismo hoyo dos veces. Él vence la tentación de no hacer la voluntad del Padre. Y yo deseo, a través de este trabajo corporal, porque no estoy buscando fallas en personas desde lo individual, porque no es ese mi trabajo, enseñarte donde está la justicia, sencillamente para que el pecado se quede atrás.

     Pero, la iglesia de Dios, y no soy quien yo para especificar quienes la componen o quienes no, ese es Dios el que lo va a definir, tiene que estar plenamente convencida desde lo más íntimo, que lo que tiene que hacer es todo lo que sea la voluntad del Espíritu Santo de Dios. Y esta, créeme, es la guerra más grande que todavía, por estos tiempos, tiene esa iglesia en su conjunto. ¿Haremos lo que tenemos que hacer? ¿Calculamos el costo? ¿O, por el contrario, seguiremos especulando para ver si eso nos conviene o no ministerialmente, que es como decir que nos conviene o no en lo personal, lo privado, lo particular? Todo esto, si es que quieres tomarte el trabajo, invertir tu tiempo y pagar el precio para ser parte del Reino.

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¿Cuál es La Dirección Correcta?

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     Las elecciones presidenciales en Brasil, han dejado entrever una conducta electoral que parecería ser dominante en toda el área de América. Salvo escasas excepciones, el paso de gobiernos de centro izquierda o izquierda moderada, a las distintas vertientes de la derecha, ha sido casi un efecto dominó. Es tan particular en eso nuestra región que, lo mismo, viene sucediendo desde hace mucho tiempo. Sin ir demasiado lejos, todavía tengo fresca en mi memoria la etapa en donde las Fuerzas Armadas ejercían gobierno en un ochenta por ciento de la zona, a partir del temor casi visceral a lo que entonces se denominaba como “el peligro comunista”. ¿Coincidencias? ¿Decisiones superiores? Sólo el Espíritu Santo y el discernimiento preciso tienen la respuesta, el resto es conjetura y divagación oportunista.

     La iglesia, convengamos, jugó un rol importante en esos cambios, y tal vez lo sigue jugando. El triunfo del candidato de la derecha en primera vuelta, en Brasil, se asegura que fue respaldado grandemente por la iglesia evangélica, aunque desde aquí y a la distancia, no tengo claro si se trata de la iglesia evangélica en general, o de alguna fracción ciertamente poderosa de ella. Y esto, nos llevará una vez más a recalar en algo que siempre hemos mencionado, aunque no siempre lo hemos hecho con la claridad meridiana que los sucesos ameritan: ¿Debe la iglesia participar activamente en política? Y si así fuera, ¿Deberá hacerlo por cierta postura ideológica natural o aparentemente ligada al sentir cristiano?

     Yo, particularmente, entremezclando mi calidad de ministro del Señor y ex hombre de la Comunicación Social, tengo una idea más que clara al respecto, pero reconozco que mi idea no es la que se comparte en el seno del cristianismo evangélico, al menos en su gran mayoría. Una vez más, pregunto: ¿Puede la iglesia simpatizar o apoyar a la Izquierda? En teoría, es indudable que no. La Izquierda es pro-abortista, atea, defensora de ciertos derechos humanos que en la iglesia se consideran como pecado, etc. ¿Entonces, inevitablemente diremos que la iglesia tiene que enrolarse en la Derecha?

     (Isaías 9: 20) = Cada uno hurtará a la mano derecha, y tendrá hambre, y comerá a la izquierda, y no se saciará; cada cual comerá la carne de su brazo; 

     No necesito ser demasiado sabio para darme cuenta de mi posición en Cristo. Ni a izquierda ni a derecha. Y ni mencionemos siquiera la mediocridad de pensamiento que desembocaría en un supuesto e inexistente centrismo. El cristiano, tal como su enrolamiento dialéctico lo dice, es de Cristo. Y todo lo que coincida con Él, será bienvenido, venga de la mano que venga, y todo lo que se contraponga a Él, será desechado, venga de donde venga. Después de todo, cuando la Izquierda declara que la religión es el opio de los pueblos, no se equivoca. Sólo que la Izquierda supone que religión es sinónimo de fe y de Dios, y todos los creyentes genuinos, sabemos que no es así. La Izquierda no conoce al Dios al cual agrede, y no será tarea sencilla presentárselo, tendrá que verlo manifestado en la conducta diaria de sus hijos.

     La Derecha, en cambio, si parecería tener en sus pensamientos a alguna forma de Dios. Convengamos en que mayoritariamente parecen creer en un Dios especial, protector de clases sociales especiales, y pasible de una serie de permisividades que, en algunos casos, hasta pueden parecer insostenibles, acuden a alguna forma de iglesia y mencionan a Dios en todos sus discursos. Sus frutos, sin embargo, no tienen ni la transparencia ni la justicia que deberían tener y, por esa causa, siguen dando paso a esa Izquierda que desean combatir y erradicar. Dios es amor, Dios es justicia, Dios es equidad. Cualquier gobierno que trabaje de verdad para lograr eso, podrá contar con el apoyo de los hijos de Dios, sea cual fuere su discurso. Pero enrolarse ideológicamente con rudimentos humanos y carnales, no me parece lo más adecuado para representar a Dios en la tierra. Y eso, (Eklessia-Asamblea) es lo que llamamos La Iglesia. Nuestras batallas se ganan desde la oración de guerra y el decreto espiritual, no en las tribunas partidarias.

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Del Hambre al Entendimiento

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     El cambio de modalidad del mensaje o de la enseñanza en este sector de la Web que es el Blog, no tiene que ver con un ánimo de hacerlo más atractivo o más actual. Se trata simplemente de obedecer un mandato específico, que es el de aportar lo nuestro para crear una conciencia de iglesia como asamblea, que ha sido obstaculizada durante mucho tiempo por la eclesiología tradicional de club religioso. Lo que quiero decir es que la iglesia convencional que conocemos, con sus costumbres y sus doctrinas, a veces sólo voluntaristas, ha impedido sin proponérselo que cobre potencia y efecto la iglesia que Dios mismo imaginó al avalarla.

     Y esta iglesia naciente, que no está liderada por ningún personaje impactante o ultra carismático, ni contiene tampoco propuestas dignas de una tarea de agencia de publicidad, apunta puntualmente a ayudar a otorgarle al creyente común, las bases sólidas y factibles de una conducta y una serie de principios básicos que lo sustente ante el ataque proverbial de una sociedad llena de miedos, y que por padecerlos, entra en un alto grado de inseguridad personal, siendo éste un combo que general y mayoritariamente produce un efecto que observamos a diario a nuestro alrededor: agresividad.

     (Mateo 5: 36-38) = Y tomando los siete panes y los peces, dio gracias, los partió y dio a sus discípulos, y los discípulos a la multitud. Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, siete canastas llenas. Y eran los que habían comido, cuatro mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. 

     Escucha esto: de la gente que estaba con Jesús ese precioso y tremendo día cuando comen los peces y los panes, esos que llenaron su vientre de tal modo, que dice que sobraron canastos enteros y nadie les prestaba atención. De todos esos, ¿Cuántos crees tú que entendieron lo que Jesús estaba hablando? A mí, si tengo que decirte la verdad pura, se me cae y se me nota el pesimismo, y me dan ganas de decir que nadie lo entendió.  Pero, sin embargo, voy a asumir que hubo un grupo de doce hombres a los cuales Él se toma el trabajo de explicarles las parábolas, que son sus discípulos. Asumamos entonces que ellos, los doce, sí le entendieron. A lo mejor algunos más, Marta, Lázaro, qué sé yo. Pocos, en relación, de todos modos. Sin embargo, algo es realidad: ¡Todos comieron! Lo pongo así: aunque no todos entendieron, todos disfrutaron.

     Lo que te estoy queriendo mostrar, y al mismo tiempo enseñar como principio válido, es que no tuvieron que entender para poder comerse el pescado y el pan. O sea que vemos que Jesús les permitió comer a todos, entendieran o no. Pero, entonces, ¿Jesús no es selectivo? Sí, lo es; pero lo que no hace es cerrar la puerta. Elige con quien quiere estar, pero no cierra la puerta. Si eran cuatro mil personas las que había allí, ¿Cuántas pudieron ver lo que estaba sucediendo allí? ¿Cuántos pudieron ver que los peces y los panes fueron provistos por un niño? Muy pocos, quizás los que estaban bien adelante, los que estaban más cerca, los que escucharon la oración, los que vieron reproducirse todo. Pero ¿Y los otros? ¿Los que estaban alejados y tal vez hasta entretenidos hablando entre ellos?

     Para mí, ellos vieron aparecer canastas y canastas de pan y de peces y hasta se deben haber preguntado quiénes habrían pagado todo eso. Yo tengo mis dudas si se llegó a difundir totalmente cómo fue que apareció todo eso. Sin embargo, lo hayan sabido o no lo hayan sabido, ¡Todos comieron! Hoy, más quisiera yo estar en una iglesia donde todos coman, aunque luego no todos entiendan. Y cuando hablo de los que no entienden, que se sepa bien que no estoy  discriminando ni por intelecto o estudios de teología, y ni tampoco juzgando. Creo que todo pasa por lo eminentemente espiritual. Porque los que no entendieron ni están entendiendo, no son personas que no quieren entender porque no les da la gana. Más bien son gente que por alguna razón que no hemos visto, ¡No pueden entender lo que otros sí entienden!

     Esa es, si quieres que lo llamemos así, la ideología central de esta Web. En primer término, si es posible, que todos los que tienen hambre y sed de Dios, entren a nuestra cocina y coman hasta hartarse. No interesa si sobran canastos llenos y, en apariencia, se desperdician. Lo que interesa en primera medida, es que todos coman. Muchos, gracias a Dios y gloria a Su Nombre, comen y también entienden. Y por consecuencia, ponen por obra y cambian sus vidas. Otros, no entienden del todo pero tienen suficiente humildad como para preguntar. Y al cabo de un tiempo, entran en el mismo camino que los anteriores. Y otros tantos, no entienden nada, pero se sacian. Y por hoy, eso alcanza. Ya serán tocados por el Espíritu Santo y les aparecerá la otra hambre. Y también serán saciados, porque para eso y no para lucimientos personales fueron dados los ministerios.

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Principios de un Engaño Legal

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     Hace algunos días, un hermano me hizo una pregunta que en primer momento, me descolocó un poco, pero que luego me encaminó, precisamente, a lo que es hoy este aporte. Me dijo: “Néstor, ¿Podemos decir que la Publicidad es satánica?” Un tanto influido carnalmente por años de periodismo compartido con publicistas, casi le respondo negativamente de inmediato, pero “algo” me hizo quedarme en silencio y meditar bien la consulta. De acuerdo, yo fui periodista y en esos tiempos trabajábamos codo a codo con los publicistas. Ellos cubrían la parte inferior de los periódicos, y nosotros la superior. De hecho, hoy no ocurre lo mismo y nadie sabe muy bien qué cosa es información y qué cosa es publicidad.

     Obviamente: el hecho que haya trabajado como periodista, no me convierte de ninguna manera en un experto en medios de comunicación, pero sí consigue otorgarme algunos puntos de conocimiento que están por encima de lo que mayoritariamente maneja el hombre de trabajo común y corriente. Puedo, con muy poco esfuerzo, y en diferencia con una gran parte de la población, detectar cuándo se está informando, cuando no se está informando o, lo más abundante en este tiempo, cuando se está desinformando. La diferencia es notable y clave. Si está lloviendo y yo digo que llueve, informo. Si está lloviendo y no digo nada, no informo. Pero si está lloviendo y yo digo que hay buen sol, entonces desinformo. Y desinformar, sin eufemismos simulados, es mentir. Y mentir, todos lo sabemos, no es de Dios, es de Satanás. Eso, creo, responde la pregunta de mi hermano.

     Lo que voy a transcribir para tu información, hoy, y prosiguiendo con la formación de opinión respecto a lo que se avecina en el plano mundial y, en específico, para el pueblo cristiano en general, es un trabajo titulado “Los Once Principios de la Propaganda”, que tiene directa relación con el que fuera famoso Ministro de Propaganda del gobierno de la Alemania de Adolfo Hitler, Paul Joseph Goebbels. Y lo haré porque en estos tiempos, ya lo comprobarás tú mismo, donde quiera que vivas, esto ya se está implementando para beneficio de la política partidista, pero entiendo que no pasará demasiado tiempo, sin que se utilice también para elaborar supuestos consensos y disensos en el plano de lo que el mundo secular (Y no pocos cristianos también), llaman La Religión.

Los Once Principios de la Propaganda

1 – Principio de simplificación y del enemigo único.
Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.

2 – Principio del método de contagio.
Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.

3 – Principio de la transposición.
Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan.

4 – Principio de la exageración y desfiguración.
Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.

5 – Principio de la vulgarización.
Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.

6 – Principio de orquestación.
La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene también la famosa frase: “Si una mentira se repite lo suficiente, acaba por convertirse en verdad”.

7 – Principio de renovación.
Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.

8 – Principio de la verosimilitud.
Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sonda o de informaciones fragmentarias.

9 – Principio de la silenciación.
Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.

10 – Principio de la transfusión.
Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.

11 – Principio de la unanimidad.
Llegar a convencer a mucha gente de que piensa “como todo el mundo”, creando una falsa impresión de unanimidad.

     Ya lo tienes. Ahora sólo regístralo en tu mente y ten en cuenta cada uno de estos principios. Tanto como para que nadie te impulse psicológicamente a realizar lo que no tienes deseos de realizar, ni tampoco te lleve a pensar hasta de un modo opuesto a cómo debe pensar un hijo del Señor. Ahora tienes las armas de la comprensión en tus manos. Nadie te pide que las uses para agredir, sólo para defenderte y defender la fe y la convicción que anida en tu ser interior, justo allí donde también mora el Espíritu Santo de Dios. Y si debo declarar con honestidad aquella pregunta inicial, mi respuesta, es: no sé si la Publicidad es satánica, pero sí sé que no emana de una idea de Dios. Dios no necesita de la Publicidad ni la Propaganda de los hombres.

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Abandonando la Pirámide

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     Hoy quiero, además de enseñarte si puedo, confrontarte con un tema que verbalmente se agita demasiado, pero que no son muchos los que pueden dar una respuesta concreta y puntual. Si yo te pregunto qué cosa es Babilonia, ¿Qué me responderías? Yo ya tengo la respuesta desde hace mucho tiempo, pero me parece que una gran mayoría, todavía no. Y entonces suponen que decir Babilonia, es referirse a la congregación de la que salió o, en el mejor de los casos, a la denominación a la que esa congregación pertenecía. Y Babilonia, mi estimado hermano, no es un lugar ni un sector, es una mentalidad. Para ser más claro, te lo digo así: Babilonia es un sistema espiritual. Mira esto:

     (Ezequiel 28: 14) = Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. 

     ¿De qué monte está hablando aquí? De un monte que era, nada menos, que el asiento de la gloria de Dios, donde también se encontraba este hermoso querubín llamado Lucero. (¡Hermano! ¿Así lo califica nada menos que a Satanás? Yo no, la Biblia, la Palabra, el propio Dios lo califica así) Entonces tú me dices: de acuerdo, es un monte con la gloria de Dios y con Lucero. ¿Y qué tiene que ver con Babilonia, o se olvidó que estábamos hablando de ella? No, no me olvidé.

     (15) Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad. 

    (16) A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector. 

     Dice: a causa de la multitud de tus contrataciones, de tus contratos, de tu venta como minorista, de tus transacciones con otros. ¡Muy bien! ¡Transacciones con otros! ¿Con otros? ¿Cómo que con otros, si el hombre no había sido creado, todavía? Misterio. Lo que no es ningún misterio es que Dios echa fuera a Lucero en este episodio, eso está más que claro. Y cómo habrá sido su caída de tremenda e impactante, que Jesús mismo se va a referir a esto y va a decir en un momento dado: Yo veía a Satanás caer del cielo, como un rayo, por allí por Lucas 10:18. ¿Y cuándo fue que cayó? Respuesta a la vista: cuando Dios lo expulsó de ese monte. Mira Jeremías capítulo 51. En mi Biblia, en los subtítulos de estos capítulos de Jeremías, el 50 y el 51, dice: Juicios Contra Babilonia. Escucha esto:

     (Jeremías 51: 25) = He aquí yo estoy contra ti, oh monte destruidor, dice Jehová, que destruiste toda la tierra; y extenderé mi mano contra ti, y te haré rodar de las peñas, y te reduciré a monte quemado. 

     Monte destruidor. Destructor, dice en otras versiones. ¿Qué es Babilonia, espiritualmente hablando, entonces? Es un monte. Eso, si tu imaginación necesita darle una forma a Babilonia. Si lo necesitas, ahí lo tienes, es un monte. Es un monte que quiere llenar toda la tierra. Pero, ¿Qué monte es este? Es el mismo que veíamos en Ezequiel, pero no el que Dios hizo. Porque aquel monte era el monte de la Presencia de Dios. Ese monte también se llamaba Sion.

    Es el monte de donde Daniel extrae un pedazo que arroja a los pies de la imagen del sueño de Nabucodonosor. Y cuando la piedra pequeña, que es Cristo, le golpea los pies, toda la imagen se destruye. Cuando Lucero cae, él roba y copia el diseño del monte de Dios. Las pirámides, Babel, la Torre de Babel, es un prototipo del monte. ¿Por qué todos los pueblos de la tierra hicieron pirámides escalonadas? Porque todos tienen el diseño del monte. Toda estructura piramidal, es un monte. Toda estructura piramidal, es Babilonia. Toda. Es el diseño que Lucero copió.

     Babilonia, entonces, es un diseño espiritual que copia el monte de Dios en la tierra. Y un hombre, cualquiera, al que otros hombres deciden elevarlo a la categoría de ministro, puede respaldar ese sistema construyendo su pequeño monte. Por lo tanto, todos aquellos que han salido de una congregación grande para armar otra más pequeña y llevarla adelante mediante los rudimentos y sistemas con que se manejan las demás, jamás abandonó Babilonia, sólo la ha cambiado de lugar y de nombre.

     Babilonia es un sistema espiritual, que también cuenta con áreas de economía y política para hacerse fuerte en la tierra. Y no te olvides que es una estructura piramidal, como todas las que adjudicamos a las redes satánicas enraizadas en religiones ocultistas. ¿Sabes qué? Si en un lugar hay un hombre en la punta de la pirámide y todos los demás, absolutamente todos, dependen de él, esa también es una estructura piramidal y, por lo tanto, también es Babilonia. ¡Aunque se derrita de buenas intenciones! Son cinco los ministerios puestos para gobernar la iglesia, no uno solo. La mayoría lo sabe, lo predica, lo enseña y lo declama. Pero no lo abandona porque, en su interior, hay un espíritu babilónico influyendo en grande.

     En ese lugar se realizaban contrataciones, intercambios. De hecho, hoy, si un apóstol ordenado, le otorga una posición de evangelista o profeta a alguien por causa de su esfuerzo o participación financiera en el proyecto, está haciendo una contratación. Lo que quiero decir es que, cualquier posición que se otorgue en la iglesia por una causa que no sea el genuino llamado de Dios para ello, es una contratación. Es como una especie de intercambio de unción por salario. ¡Eso es Babilonia! Es duro lo que digo, pero lamentablemente es así. La iglesia en mayoría, hoy, está haciendo lo mismo que hizo Lucero y le costó su expulsión y su caída.

     La gran pregunta, es: ¿Cómo rompemos eso? Quisiera tener una respuesta más concreta y contundente que esta, pero no la encuentro. El sistema del monte se basa en siervos. El sistema del Reino se basa en hijos. Tú, que me estás leyendo o escuchando hoy, ¿Tienes hijos? ¿Sí? Entonces pregunto: ¿Tienen algún escalafón de importancia tus hijos en su familia? No. ¿Uno es más valioso que el otro por la causa que sea? No, ninguno. ¿Y entonces por qué en lo que llamamos la iglesia, sí? Sólo reflexiona. Tienes una maravillosa mente que Dios puso allí, en tu cabeza,para que la utilices en favor de Su Reino. Sólo hazlo.

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La Importancia de No Hacer Nada.

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     Hace pocos días escuché a un pastor que lidera una importante congregación. Él decía que estaba un poco acongojado por causa de la incomprensión de muchos de sus pastoreados. Y todo porque desde hace un tiempo, eligió convertir a su iglesia en una iglesia de Reino y no de la denominación a la que pertenece. Y eso, claro está, lo ha llevado a dejar de lado muchas de las tradiciones que dicha denominación posee. Pero no te creas que él hizo eso por autoritarismo o prepotencia. No, simplemente le dijo a su gente que, a partir de ese momento, solamente haría lo que el Espíritu Santo le ordenara, nada más.

     Allí, comentaba con cierto humor, fue donde algunos de los hermanos de su iglesia le preguntaron qué harían si el Espíritu Santo se quedaba en silencio y no les ordenaba nada. Se sorprendieron mucho cuando él les respondió que si el Espíritu Santo no les bajaba ninguna orden, lo que él iba a hacer era exactamente eso: nada. Claro está que la gente siempre prefiere hacer algo por tradición o costumbre, a no hacer nada por orden del Espíritu Santo. Lo que vemos hoy como iglesia, es el resultado de esa costumbre.

     Se supone que la misión de la iglesia, que es asamblea, es complacer al corazón del Padre, no al de la gente. Y ni quieras negarte, porque el infierno mismo se desata en tu contra en modo-planeta-tierra. Y todo porque un hombre dijo que no iba a hacer nada hasta que Dios no lo diga. ¡Qué peso tiene la cultura! Y cómo somos gente que de la boca para afuera decimos que vamos a hacer lo que Dios nos diga, pero que en el fondo, ya hemos decidido lo que queremos y lo que no queremos hacer.

     Lo he visto centenares de veces. Lo hemos visto centenares de veces. Es mucho más fácil decir: “Señor, bendice lo que vamos a hacer”, que decir: “Señor, ¿Quieres tú que hagamos?” Porque, créeme, ¡Es muy difícil no hacer nada! ¡Claro! ¡No somos unos vagos! De hecho que no son vagos, pero: ¿No deben esperar en silencio que Dios hable, y mientras tanto no hacer nada? Ah, sí, veremos…

     (Salmo 1: 2) = Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche.

     La ley de la que se habla aquí, traída al hoy, es Su Palabra. Me pregunto cuántos de nosotros consideramos a la Palabra de Dios como nuestra delicia. Y más, todavía: cuantos de nosotros meditamos en ella de día y de noche. ¿Sabes lo que es meditar, verdad? Es sencillamente poner nuestra mente en ella, sin hacer nada más. El orientalismo lo sabe mucho mejor que el occidentalismo a esto, sólo que ellos dedican esa meditación justo y exactamente a la vereda de enfrente, al área que comanda nuestro enemigo. Aunque, claro está y en honor a sus sinceridades, por engaño, sin saberlo. Algunos, no todos…

     Lo que ocurre es que por años y años, la iglesia ha hecho un verdadero culto superior del activismo. ¿Y sabes lo que dice la Palabra? que nosotros somos fuertes, si meditamos en Él. Y meditar, hasta donde yo sé, es escuchar quieta y atentamente. Y que no te quepan dudas, la gente, al menos en su gran mayoría, ama más a la iglesia, que a Dios mismo. Pero, a ver: ¿Es una ofensa hacer algo en homenaje a la iglesia? No. No lo es. Pero lo que sí puede ser una ofensa, es hacer una fiesta en una casa, sin pedirle permiso o preguntarle si está de acuerdo, al dueño de la casa. ¿Está claro?

     Así lo hacemos permanentemente como iglesia. Lo hacemos todo en su casa, pero no le pedimos permiso. Decimos que todo lo que hacemos es para Él, pero ni siquiera le preguntamos si le gusta o no lo que estamos haciendo. Decimos que dependemos de Él, pero normalmente ya tenemos nuestros propios planes. Así lo hacemos permanentemente como iglesia. De allí que no es ni aventurado ni mucho menos malintencionado decir que hoy no se depende de la voluntad de Dios, sino de las costumbres y las tradiciones. Pregunto: ¿Habrá un novio que esté feliz de casarse con una novia que piensa así? No lo sé, todos nosotros seguimos pensando que sí…

     Hay gente que ha sido expulsada de una iglesia, sólo porque se atrevió a ir y decirle al pastor que Dios le había hablado y le había dicho algo opuesto a lo que el pastor pensaba. ¿Sabes qué? El mayor enfrentamiento, hoy, que tienen los auténticos creyentes de Reino, es contra una cultura enraizada en la iglesia. Una cultura que habla y sigue hablando de Dios, pero que lo ha sacado de sus agendas diarias hace mucho tiempo. Ese es el cambio más violento: ¿Vamos a seguir haciendo lo que ya sabemos que no está bien? Aquí hay uno que decidió no hacerlo, y ni por asomo presumo de ser el único, Dios me libre de serlo. Una iglesia, por exitosa que sea, jamás puede parecerse a su líder; tiene que parecerse al Señor. 

     (Sofonías 2: 1) = Congregaos y meditad, oh nación sin pudor, 

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¡Toma tus Llaves y Entra!

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     He recibido instrucciones precisas que determinan la formación de una conducta y una cultura necesarias para ingresar al Reino. No es tiempo de entretenimiento, es tiempo de acción. Y comienzo por lo principal: creo en la sanidad física divina. Creo en los dones de sanidades, (Así, en plural, por sanidades físicas, emocionales y espirituales), así que, cuando hablamos de enfermedades, tengo muy presente que mi Señor, en un abrir y cerrar de tus ojos, puede eliminarte al instante, tanto una inflamación de un diente, como una infección con alta temperatura o un mismísimo cáncer. Creo en la sanidad divina, es bíblica y funciona.

     En lo que no creo, en cambio, es en la organización de Campañas de Sanidad y Milagros. Porque he interpretado que, si yo tengo otorgado por mi Padre un don de sanidad, éste se hará efectivo y producirá tremendos resultados, en el momento en que sea necesario y, esencialmente, en el momento que a mi Señor le plazca en su santa Soberanía, y por las razones que a Él le competan, que así sea. Pero de allí a montar un espectáculo casi circense donde Dios, ¡Nada menos que el Dios de todo poder y Majestad!, está presente allí nada más que para obedecer todas las ocurrencias del ministro a cargo, perdón, pero no. A eso no lo creo y ni siquiera lo justifico. Porque no es bíblico y no funciona así.

     Sin embargo, el asunto principal me dice que tendré que recalar en los motivos, o el motivo esencial por los cuales ese tipo de shows todavía tienen éxito en cuanto a público asistente y hasta masivo apoyo eclesiástico: hay mucha enfermedad en la gente. Y si en la gente hay enfermedad, quizás pueda ser por sus desarreglos y hasta sus vidas pecaminosas, de acuerdo. Pero resulta ser que también hay enfermedad en lo que llamamos la iglesia, y también mucha, demasiada. ¿Y seguiremos pensando que se tratan, siempre, de ataques del diablo, aunque el enfermo sea alguien que asiste a un culto una vez al mes? ¿Se preocupará el infierno por alguien que no lo molesta para nada?

     (Éxodo 15: 26) = Y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador. 

     Es la ley, de acuerdo, y hoy vivimos en la era de la Gracia, pero pregunto: ¿Ha quedado caducado este concepto? ¿De verdad creemos que sí? ¿Ya no tendremos, entonces, como gente de Reino, la obligación de ser personas Rectas? ¿Podremos vivir como nos dé la gana y esperar, que por simple hecho de pertenecer a una determinada religión cristiana, Dios tenga la obligación de seguir siendo nuestro sanador? Sé que puede haber hermanos que lo estén viendo así, pero permítanme decirles que, por favor y en el nombre del Señor, repasen sus doctrinas.

     Porque cuando acudimos a un diccionario en búsqueda del significado de Rectitud, nos encontramos con que es muy escueto en ello. Apenas si vemos un sinónimo: Integridad. ¿Qué hará un buen estudiante, entonces? Ir corriendo a ver el significado de Integridad. ¿Y sabes qué encontrará? Que la única acepción para esa palabra, es precisamente: Rectitud. Así es que prescindiremos del diccionario y lo veremos desde el ángulo más concreto y simple: Recto es algo o alguien que no se dobla ante nada. Integro es algo o alguien que no se desarma ante nada.

     Y cuando digo “ante nada”, estoy cubriendo una amplia gama de posibilidades en modo-tentación, provenientes de las oficinas promocionales del infierno: dinero, fama, prestigio, sexo, etc. Cualquiera de estas cosas, sumadas a otras que no he escrito son capaces, si nos dejamos vencer por nuestras debilidades carnales, de hacernos perder nuestra rectitud y nuestra integridad. Y ya leímos lo que sucede cuando eso acontece. Y podemos seguir leyendo para ver qué ocurre cuando lo cumplimos.

     (Deuteronomio 6: 18) = Y haz lo recto y bueno ante los ojos de Jehová, para que te vaya bien, y entres y poseas la buena tierra que Jehová juró a tus padres; (Poseer la buena tierra es, puntualmente, acceder a la herencia prometida para los hijos del Reino)

     (Salmo 11: 7) = Porque Jehová es justo, y ama la justicia; El hombre recto mirará su rostro. (Cuando el hombre busca el rostro de Dios y no lo halla; cuando ora y sus oraciones no parecen ser oídas y mucho menos respondidas, tendrá que examinarse, para ver si está caminando en rectitud)

     (Proverbios 2: 7) = El provee de sana sabiduría a los rectos;  Es escudo a los que caminan rectamente. (Esto te enseña dos cosas: que si andas en rectitud accederás a mayor sabiduría divina, y que si andas de ese modo, Dios mismo será tu escudo protector. 

     (Lucas 8: 15) = Más la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia. (Y por si te quedaba la duda de si todo tenía que ver solamente con el Antiguo Testamento, aquí lo tienes de boca de Jesús. El fruto sólo será resultado de un camino de bondad de corazón y rectitud.)

     Al igual que lo preguntaba con el tema de la mentira, ¿Era necesario recordarle esto al pueblo santo? Si me dejo influir por las noticias que recibo de ustedes, es probable que no, que con ustedes, los que me acompañan a diario aquí, no sea necesario. Pero si pienso que ustedes, a su vez, están guiando a otros, demasiado culturalizados todavía, por la religión cristiana tradicional, a procurar ingresar al Reino de Dios, entonces me temo que sí, que era necesario recordar que solo los Rectos e Íntegros entraran en ese nivel, en esa dimensión divina. Ese es uno de los juegos de llaves que abre la puerta de ingreso. ¿Te atreverás a tomarlo?

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¿Hay Necesidad de Hablar de Esto?

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     Cuando tenía las clases de escuela bíblica en la que fuera mi última congregación convencional, solía decirles a mis alumnos a modo de ilustración práctica, que si yo le decía un día a mi hijo menor, que por entonces era muy pequeño, que por el aire de nuestra casa estaba pasando un elefante volando, él iba a salir rápidamente a la calle. Pero no para comprobar si eso era cierto o no, sino directamente para ver a qué altura volaba. Eso se llama credibilidad. ¿Tienes una idea del valor que tiene esta palabra, sobre todo en tus hijos?

     Independientemente de lo personal, que era utilizado simplemente como ejemplo, pero que por rebote natural tenía un alto compromiso de exposición, ya que me obligaba a no fallar, es indudable que ya en aquellos tiempos, la mentira en todas sus facetas ya era un problema altamente visible en el ambiente eclesiástico. Y no se trataba sencillamente de la mentira con envase mundano, algo que en todo caso deberíamos esperar como recurso casi clásico y tradicional de la raza humana en su conjunto, sino de la otra mentira mucho más triste y grave: la mentira interna.

     Porque, veamos: si yo te doy una verdad genuina, pero con un añadido enfático sumamente exagerado y no del todo cierto, ¿Cómo le llamaríamos a esa fracción del tema que no es auténtica verdad? No hay otra definición que la opuesta a verdad: mentira. ¿Y sabes qué? He escuchado, (Y supongo que también lo habrás oído tú), desde los mismísimos púlpitos, exagerar sobre asuntos determinados al grado de la fantasía. Y todo quizás con una buena intención, evangelizar, pero a partir de verdades exageradas. Eso, amado hermano, es un engaño satánico infiltrado notoriamente en la iglesia.

     Satanás no es creador, todos lo sabemos. Él tiene, como mejor estrategia de combate contra el pueblo de Dios, tomar una verdad divina y desplegarla de tal modo que, en el momento en que infiltre en esa verdad una serie de mentiras ideadas para confundir, esas mentiras ingresen en la mente de los cristianos con el mismo valor que una verdad. ¿Cómo rotulamos eso sin utilizar eufemismos clásicos y tradicionales, que casi siempre vienen cargados de permisividad jerárquica? No tengo otra palabra que la que ya conozco: mentira. Y Jesús, por medio de Juan, es demasiado claro al respecto.

     (Juan 8: 44) =  Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira. 

     Está claro y va mucho más allá de actitudes estrictamente legalistas o decididamente permisivas. Si Satanás es padre de mentira, todo aquel que no ha podido abandonar la costumbre, el hábito o la adicción a la mentira, sigue siendo más hijo de Satanás que de Dios, aunque así lo exprese. Y la distancia visible entre una cosa y la otra, es mínima. Puedo enseñarles a mis hijos a no mentir, y eso estará perfecto. Pero si cuando llega un cobrador a mi puerta, les digo a mis hijos que le digan a ese hombre que no estoy y que vuelva luego, ya caí en la trampa. Porque no caí en mentira por debilidad o ignorancia, pensé y elaboré una mentira.

     Entonces, algunas religiones muy infiltradas de paganismo y hasta de esoterismo, acuñaron una expresión que, por conveniente, ganó mucho espacio, aún en nuestros venerables ambientes eclesiásticos puros y doctrinariamente correctos: La Mentira Piadosa. ¿Cuál sería una mentira piadosa? Y te dan los ejemplos más frecuentes. Casos de enfermedades terminales, fallecimiento de seres queridos, infidelidades de cónyuges, etc. Mi pregunta, es: ¿Eso es piadoso, que en términos bíblicos significa nada menos que espiritual? O, en el terreno humano, ¿Eso es un símbolo de compasión o lástima por el prójimo?

     (Apocalipsis 21: 8) = Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.

     Supongo que este texto no puede dejarte duda alguna. Si al menos en la última parte dijera: algunos mentirosos que no sean piadosos, o algo por el estilo, muchos se sentirían más seguros. Pero no dice eso; dice que todos, lee bien por favor, TODOS los mentirosos, tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre. Y sería una enorme mentira de mi parte procurar que creas que ese lago forma parte de ese cielo prometido por Dios para todos sus hijos herederos de la promesa.

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¿Qué Hacemos con Estos Pobres?

Que Hacemos con Estos Pobres

     Hace unos días, en mi país se viralizó en las distintas redes sociales, el video de una joven mujer de veinticinco años, hoy estudiante de ciencia política y muy probablemente sondeando la posibilidad de hacer política activa dentro de un tiempo, que encaró el tema de la pobreza, concretamente de la estigmatización de la pobreza, desde un ángulo sumamente personal y, si se quiere, egocéntrico.

     Declaraba ser hija de madre soltera, que la tuvo a los quince años de edad, pobre de toda pobreza estructural, descendiente en tres generaciones de pobres totales, madre, ella misma, a su vez, también soltera, a sus catorce años y consciente de ser pobre, el día que le tocó visitar una casa de personas que –según ella-, la sorprendieron con el simple hecho de hacer dos comidas diarias, almuerzo y cena, algo que ella desconocía.

     Independientemente de esto, que quizás ocupó espacios televisivos, radiales y gráficos a partir de cierta morbosidad ambiente en nuestra población, hay aquí un elemento que de ninguna manera nos es extraño a los cristianos, y que es nuestra actitud genuina ante la pobreza. Y no estoy hablando de una pobreza circunstancial o temporal como producto de un hecho fortuito o eventual, sino de esa pobreza estructural, heredada que, tanto en apariencia como en los hechos concretos, no parece tener salida ni solución.

     En Argentina, mayoritariamente, circula un pensamiento que, en determinados sectores sociales, ha establecido raíces muy fuertes, y es que el pobre lo es, porque no se preocupa por cambiar, o por vagancia, o porque no le gusta trabajar, o porque prefiere vivir o sobrevivir de lo que recibe por dádiva o mendicidad o, lo peor, que es gente que elige delinquir o prostituirse, porque es una forma de hacer dinero más fácil y rápida que trabajando. Esto, más o menos en líneas generales, es la estigmatización global de un sector de nuestra sociedad para con otro con más carencias.

     Cuanto de verdad y cuanto de exageración o mentira hay en esto, supongo que quien lo desee lo encontrará en estadísticas y cifras serias y reales, o simplemente observando con cuidado a su alrededor. Yo no soy un dirigente social para perder el sueño por esa problemática, apenas soy un ministro del Señor enviado a enseñar la Palabra a su pueblo. ¿Oh no? ¡Un momento! ¿Es verdaderamente así? Si yo hoy grabo o escribo la gran revelación de una palabra, digamos, en Apocalipsis, ¿Le servirá de alimento al que siente gemir su estómago por falta de un alimento material y concreto, más allá del espiritual?

     Y allí es donde entramos en ese terreno que tanta confusión ha producido y es el de las ayudas sociales de diverso calibre que las congregaciones cristianas han mecanizado en todos los lugares con carencias económicas, bajo el pensamiento coherente de que: “Nadie podrá creer en ningún evangelio con el estómago vacío”. ¡Bien por ellos! Pero, sólo un problema: en muchos lugares, la ayuda social y la alimentación de gente con hambre real y verdadera, ha postergado, reemplazado y hasta eliminado la predicación de la palabra de Dios.

     Entonces, creo que ha llegado el tiempo de volver a poner cada cosa en su sitio. ¿Se interesa Dios por los pobres de dinero? El salmo 10 y verso 12 parecería decirnos que sí, cuando expresa: Levántate, oh Jehová Dios, alza tu mano; No te olvides de los pobres. Y que conste que aquí no se habla de los pobres en espíritu, como en las bienaventuranzas, sino de los pobres de cosas, de alimentos, de objetos, hasta de techo. La duda, es: ¿De qué modo podría Dios ayudar a los pobres?

     Dos salmos más adelante, el 12, expresa en su quinto verso algo que de alguna manera confirma que Dios sí tiene interés por los que han nacido pobres, y que no tiene ni puede ser confundido con ninguna expresión ideológica. Dice: Por la opresión de los pobres, por el gemido de los menesterosos, Ahora me levantaré, dice Jehová; Pondré en salvo al que por ello suspira. Aquí, aparentemente, tengo una especie de llave en mi mano que, en apariencia, reitero, puede abrir esa puerta que un pobre necesita para cambiar su vida.

     Lo confirma Jesús, cuando alguien se queja de un gasto innecesario que habían producido, con la premisa ideológica y social de, en lugar de gastar en eso considerado superfluo, entregarlo a los pobres. ¿Qué responde Jesús? Mateo 26:11 lo detalla: Porque siempre tendréis pobres con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis. ¿Está más que claro, verdad? El sistema, ese sistema secular con extensión religiosa en el cual estamos insertados los creyentes hoy, es innegable productor de pobreza. Por simple deducción; si un árbol creado por Dios, tiene cien manzanas y cuando un pobre y hambriento llega, sólo encuentra una, alguien, que no necesariamente tenía hambre, vino, cortó y se llevó las noventa y nueve faltantes, ¿Se entiende?

     Conclusión: es imperativo que, así como los líderes están muy preocupados por predicarles el evangelio a la gente con mucho dinero, con el argumento de que si se convierten serán de mucha “ayuda a la iglesia”, (Puedes interpretar esto como lo desees), los que no somos líderes de nada, pero tenemos a Cristo en nuestros corazones y quizás nacimos en hogares más o menos pobres, o muy pobres, debemos tener la certeza que lo único, entiéndase bien, lo único que puede sacar a la gente de sus pobrezas extremas, es Jesucristo vivo.

     Pero, y mucho cuidado con esto, por favor, dije: Jesucristo; no teologías elocuentes, no religión cristiana, no ritualismos casi paganos, no supuestos pactos de dudosa moral efectuados en luminosas y coloridas mega-iglesias. Sólo Jesucristo, la fe y la certeza de que el inconmensurable poder de Dios, hará el resto. Y el resto, será nada menos que Justicia. Una Justicia que, por ser de origen divino, no se mide por clases sociales ni potencialidades económicas, sino por una fe simple y genuina. Esa es la única fe que termina con todas las pobrezas. Lo demás, son apenas imitaciones de muy bajo costo. Eso que vulgarmente, llamamos Babilonia.

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Eliminando Nuestras Hipocresías

Eliminando Nuestras Hipocresías

      (Santiago 1: 8) = El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos. 

     A lo largo de mi permanencia dentro de las estructuras eclesiásticas convencionales, siempre llamó poderosamente mi atención la facilidad para adoptar gestos y actitudes que poseía el liderazgo en general. Cuando ocurrían hechos indignantes que elevaban la tensión arterial del más equilibrado, la mayoría de ellos sonreían, aparentemente, sin sentirse conmovidos ni fastidiados. Yo admiraba eso, a mí no me salía. Un día leí el pasaje del gran-desparramo de mesa de cambistas-gran, por parte de Jesús en el templo, y me impactó.

     ¿Cómo se permitía Jesús una reacción que en nuestra congregación se hubiera catalogado como carnal y nada espiritual? ¿Cómo podía ser que ese hombre que era todo amor, toda resignación, todo sufrimiento y toda pasividad, de pronto tuviera un ataque de ira de ese calibre y empezara a las patadas (Puntapiés, en mi país) y latigazos con esas mesas y, por poco, con los mismísimos hombres que se corrompían en ellas? Todavía no me había dado cuenta que veía a Jesús desde la tradicional óptica del catolicismo romano, y no desde la óptica bíblica.

     Porque hasta allí, cuando alguien tenía un problema dentro de la iglesia, yo creía y adhería a la postura de sonreír con infinita paciencia y serenidad, aguantarme todo el torbellino de indignación y, adoptar una actitud de bondad aunque por dentro ardiera de santo enojo. Yo, hasta allí creía que eso se llamaba dominio propio. Pero un día, leyendo el encuentro tan estrepitoso entre Jesús y los fariseos, cuando él los califica como sepulcros blanqueados, concluye con una palabra que pegó en el centro de mi cerebro: ¡Hipócritas! Y allí me fui directamente a escudriñar qué más había de esa palabra en mi Biblia.

     (Jeremías 23: 15) = Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos contra aquellos profetas: He aquí que yo les hago comer ajenjos, y les haré beber agua de hiel; porque de los profetas de Jerusalén salió la hipocresía sobre toda la tierra.  

     ¡Ahora sí que estaba entendiendo! La hipocresía, que tanto nos molestaba ver en el mundo incrédulo, impío, pagano y pecador, resulta ser que no había nacido allí, en medio de sus pecados e idolatrías, sino del seno de nuestros profetas. Eso sólo me mostraba algo que jamás nadie me había predicado: ¡La hipocresía nació en la iglesia! Nada más verlo, fue entenderlo. ¿Para qué el mundo necesitaría simular en algo de lo cual no sólo no se siente culpable, sino que en casos, hasta puede sentirse orgulloso? Sólo la iglesia puede caer en simulaciones tendientes a cubrir las apariencias en cuestiones donde la apariencia, conlleva juicio o recompensa. Y, por primera vez en mi vida, me sentí un hipócrita. Y decidí cambiar.

     Y pensé que cuando cambiara, la mayoría de los hermanos vendría a saludarme con gozo y glorificando al Dios de todo poder y dando aleluyas por mi entendimiento y maduración. No fue así. Es más, fue todo lo contrario. Empecé a tener roces con gente con la cual, hasta allí, me llevaba normalmente bien. Y de los roces pasamos a ciertas confrontaciones en forma de choques. Y de los choques, directamente pasamos casi a sentir que hablábamos idiomas distintos. Estuve más de una vez tentado a ir y pedir disculpas por mi osadía, pero ver cómo se le llamaba pecado al adulterio de la joven morena que venía del barrio pobre, mientras que se disimulaba el adulterio del diácono y se hablaba de “hermanos víctimas de debilidades carnales”, colmó el mismo indicador que aquellos cambistas colmaron en Jesús.

     No desparramé ninguna mesa, pero de un día para el otro sentí que estaba en el lugar menos indicado, en el momento menos propicio y hablando en un idioma definitivamente no aconsejable. Faltaba mucho para este hoy y ahora, pero yo ya sabía que, hiciera lo que hiciera en la vida, la hipocresía religiosa no tendría nunca más lugar en ella. Y así me fui quedando aislado y casi en soledad, como seguramente se sienten muchos de los que hoy me leen. ¡Ánimo hermano! Este es el camino del Reino, sólo que no tiene ni bandas de música y alabanza, ni luces de colores, ni estandartes proféticos. La verdad no es considerada buena compañera por mucha gente. Pero es la única base sólida que nos permitirá, ya no tener un mensaje, sino Ser ese mensaje viviente. No pretendo ni creo ser el único. Y para no serlo, es que trabajo todos los días en el aquí y el ahora.

      (Santiago 4: 8) = Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. 

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Hora de Poner por Obra

005 - Hora de Poner por Obra

      (Deuteronomio 6: 25) = Y tendremos justicia cuando cuidemos de poner por obra todos estos mandamientos delante de Jehová nuestro Dios, como él nos ha mandado.

     Hace dos días te hablaba de un cambio de mensaje. ¿Estaba hablando de este ministerio, concretamente? Sí, pero no en soledad ni en individualismos, quizás bien intencionados pero carentes de resultados claros. Me refería a un cambio de mensaje en la globalidad discursiva de lo que hoy conocemos como la iglesia. Estamos conviviendo con un sistema perverso, lleno de estratagemas ideadas en el infierno que se está llevando a toda una sociedad a ese sitio de tormento y lamento. Y, lejos de combatir a ese sistema como expresión diabólica, en muchos lugares tal vez sinceros y fieles, no sólo se lo recibe y aprueba, sino que además se lo incorpora.

     El nuestro es un ministerio de revelaciones y enseñanzas, a partir de esas revelaciones. La respuesta más frecuente de aquellos que han encontrado en esta tierra lo que quizás andaban buscando desde hace mucho tiempo, es precisamente esa: glorificar al Señor por haberlos traído aquí y, conociendo mi resistencia a recibir gloria, adulación o mérito personal alguno por la tarea, darle toda la gloria al único que debe recibirla: nuestro Padre celestial. Veo en cada correo que recibo o comunicación de otra índole que concreto, que hay una maduración y un crecimiento en el conocimiento de muchos hermanos y eso, ministerialmente, me gratifica.

     Sin embargo, hay una duda que desde hace mucho tiempo gira en mi cerebro y que mi Señor se encarga de azuzar a cada día: ¿Cuánto se ha puesto por obra de manera práctica de lo que se ha aprendido en estas páginas o audios? Es tiempo de comenzar a cosechar la siembra. Es tiempo de que, si como creyentes nos pasamos el día contándole a todo el mundo que estamos llamados a ser distintos, (Eso es lo que se traduce como Santidad), comencemos a salir al mundo secular e incrédulo a mostrarles no ya con prodigios señales y milagros, (Salvo que nuestro Padre estime que se necesitan y los produzca), que verdaderamente los cristianos somos personas distintas.

     Escucha bien: para eso, no necesitamos más líder que el Buen Pastor del cual dependemos. Si es verdad que todos los que nos reunimos aquí tenemos en nuestro ser interior morando al mismo Espíritu Santo, es imposible que ese Espíritu nos pueda estar hablando, a distintas personas, distintos mensajes. Los hombres somos incoherentes muchas veces, pero Dios nunca. Necesitamos estrategias para llevarle al mundo secular no sólo lo que hemos aprendido de la Palabra durante todos estos años, sino el resultado práctico, concreto, contundente y a la vista de ese aprendizaje.

     ¿Crees tú estar preparado para ser sal de toda la tierra y luz que alumbre a los miles o millones que aún viven en la tiniebla? El trabajo misionero, ese tan romántico y lleno de incertidumbres, de viajes y aventuras, hoy tiene que dar paso a un misionero local, simple y sin tanta parafernalia. ¿Estás preparado para vivir tu vida actual de un modo que le resulte, por lo menos, novedoso a tu familia directa, a tus amigos y ex amigos, y en suma, al marco social en el cual te mueves a diario? Creo intuir tu respuesta, al menos en lo masivo; (En lo individual ya tuve algunas respuestas con el artículo anterior); Si así fuera, tendrás que volver a estos estudios, uno por uno, y plantearte la realidad de ponerlos por obra luego de haberlos aceptado como ungidos.

     El resultado de ese movimiento, no se verá reflejado en el crecimiento numérico de ningún salón especial y, mucho menos, en el prestigio, la fama y hasta el pasar económico de ningún hombre o mujer erigidos en líderes visibles. El resultado de ese mover, al menos el inmediato, será el de observar algunos cambios mínimos, pero cambios al fin, en nuestra sociedad circundante, y la posibilidad de que un futuro próximo traiga elementos precisos que posibiliten una esperanza que hoy está alicaída y deprimida. No sé si tus hijos, pero sí seguramente tus nietos te lo agradecerán. O, mejor, dicho, darán gracias a Dios por tu vida. ¿Crees que es poco?

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Tiempo de Cambiar el Mensaje

1 - Tiempo de Cambiar el Mensaje

     (Mateo 28: 19) = Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; (20) enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

     ¿Quién no conoce este pasaje? ¿A quién no le enseñaron su significado o le predicaron su contenido? Creo que todos los que dicen ser cristianos, alguna vez oyeron esto o les fue enseñado esto. Y si bien una lamentable mayoría salió profetizando el fin del planeta por diversas hecatombes, algunos eligieron profundizar más y ver qué cosa es Mundo, aquí.

     Y para su sorpresa, encontraron que la palabra griega utilizada en el original, no tiene nada que ver con el planeta que habitamos y ni siquiera con la sociedad ambiente que lo habita. La traducción más aproximada a la realidad que tiene Mundo, aquí, es Sistema. ¿Y entonces el fin de qué sistema se profetiza aquí? Del sistema en el cual, a menos que mueras como manda el evangelio de Jesucristo, estás perteneciendo, tanto en lo social, como en lo político, lo ideológico y, oh sorpresa, en lo religioso.

     Estamos tan acostumbrados al hacer y hacer, a meternos de lleno en cualquier calidad o cualidad de acción, que una de las cosas más difíciles para el hombre de hoy, es entrar en el reposo de Dios, en la paz de Dios. En el alma, nadie puede hacer nada. El alma, para nada aprovecha. Mi palabra, dice el Señor, es Espíritu y es Vida. La gran pregunta es ¿Por qué?

     Porque el alma está sujeta al sistema, y todo lo que está sujeto al sistema, es muerte. En el sistema no se puede hacer absolutamente nada. No se trata de los conceptos que tienes, sino hasta dónde estás establecido en la conciencia del Padre, en la paz del Padre, en el reposo del Padre, en el Espíritu del Padre, que está por encima del sistema. Estoy hablando de creyentes, no de cristianos masificados y, mucho menos, de miembros de la religión cristiana.

     Por eso dice el Señor que nos es necesario morir. Porque si el grano no cae en tierra y muere, no puede llevar fruto. Y este no es un concepto, no es tampoco un mensaje convencional; esta es la realidad del Reino. Naciste en el sistema, fuiste criado en el sistema, piensas conforme al sistema, reaccionas conforme al sistema, tus relaciones son conforme al sistema, te divides de los unos y los otros, por causa del sistema. Argentina vive eso, hoy. Y también Brasil y Venezuela, por citar lo que tengo más cercano informativamente.

     El sistema está sumergido en el vacío. El sistema es un sistema de engaño. El sistema es un sistema de muerte. En el sistema no tienes poder. En el sistema no eres nadie. La iglesia que conocemos está sumergida en el sistema. Llevar fruto no es llevar personas a un salón auditorio. Un auditorio que inconcebiblemente le llamamos iglesia. Porque eso es un engaño. Ningún auditorio es iglesia. Tú eres la iglesia, yo soy la iglesia.

     El fruto, entonces, no es llevar gente a un lugar. Ni siquiera es llevar gente a Jesús, que por supuesto, nada tiene de malo, pero que no es el epicentro del fruto. El fruto está determinado por la muerte de una semilla. Toma una semilla de lo que sea y ponla en tu mano. ¿Produce algún fruto en tu mano? No. Para que produzca fruto, una semilla tiene que caer en la tierra y morir allí. De su muerte, brotará un fruto.

     La muerte del alma, es la muerte al sistema. A una dimensión engañosa y vacía, eso es el sistema. A una dimensión donde rigen las tinieblas. Cuando Jesús aparece a Saulo camino a Damasco, le dice que lo ha llamado para que abra los ojos del pueblo, y lo saque de la potestad de las tinieblas y se convierta de las tinieblas a la luz. Esto es: de la potestad de Satanás, al Reino.

     Dice que debemos hacer discípulos, no ganar almas. Dice que debemos bautizarlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y no se limita a un buceo submarino por unos segundos. Dice que debemos enseñar que se obedezcan todas las cosas que Él nos ha mandado. Y dice que Él nos acompañará hasta… ¿Cuándo? Hasta que el sistema satánico engañoso sea derrotado y los justos, recién allí, los que hayan quedado, puedan resplandecer. Hoy comienza a regir este mensaje. La pregunta, entonces, es: ¿Dónde estás tú, hoy?

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Dime Qué Sale de tu Boca (Micro – Audio)

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Estudios sobre el hablar, las palabras soltadas y el peligro latente que emana de la lengua, han sido desarrollados por cantidades. Poner por obra todo lo dicho y enseñado, cada vez parecería costar más trabajo. Una vez más, recordar que el hombre puede ser dueño de todos sus silencios y esclavo de todas sus palabras.

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Preparándose Para la Tormenta

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     Voy a ponerlo desde la óptica de una disciplina deportiva muy cara al sentimiento del pueblo latinoamericano en su conjunto: el fútbol. Y lo voy a especificar a partir de lo que se observa a simple vista en mi país, que es el que tengo más cerca. En Argentina, los dos clubes más grandes en cantidad de simpatizantes, son River Plate y Boca Juniors. Así vemos que una gran parte del país es “hincha” (Así se denomina aquí al seguidor de un club) de Boca y otra gran parte es de River.

     La rivalidad deportiva es grande y los enfrentamientos entre ambos constituyen todo un clásico, un Derby que por poco paraliza al país cuando se disputa. Algo parecido, pero en escala menor, sucede en mi ciudad de residencia, Rosario, con los clubes Newell’s Old Boys y Rosario Central. Aquí el “hinchismo” se reduce al millón y medio, más o menos, que son los habitantes de esta city donde una parte es fanático de uno y la otra parte del otro. No hay tibiezas ni medias tintas.

     El punto, sin embargo, va más allá de esto que apenas podría contabilizarse como una pintura simpática de algo que en definitiva, no es más que un entretenimiento. Porque el punto es examinar la fiereza y la ferocidad que se ponen de manifiesto en la rivalidad. No es una cuestión de folklore futbolero o bromas y chanzas a la hora de las victorias o las derrotas. Tanto en lo nacional con Boca y River como en lo local con Central y Newells, los enfrentamientos entre sus simpatizantes, han llegado a extremos de suma gravedad.

     Pero, levantando los ojos ya de algo tan superficial y somero como es una simple disciplina deportiva, nos encontramos que en casi todos los rubros existen rivalidades que, por poco, se han convertido en estos últimos tiempos en enemistades agresivas. En mi país, hoy, eso también se da en lo político. Y no se trata de ideologías, plataformas o propuestas. Dentro de un gris casi mediocre es muy complicado establecer diferencias operativas en las distintas fuerzas. La rivalidad, sin embargo, está llegando a enfrentamientos que por ahora, gracias a Dios, son sólo verbales, odios manifiestos y dientes mostrados sin llegar al mordisco.

     Y si continuamos levantando los ojos, ya por encima de países, ciudades, deportes o politiquerías, nos encontraremos con que el asunto este de la rivalidad, no es nuevo. Y que no se da por circunstancias casuales ni por episodios aislados. Es evidente y conocido por aquellos que han profundizado más que yo, que lo de la izquierda y la derecha fue un invento que, en su momento, produjo una enorme brecha, (Grieta se la llama en Argentina, hoy), y debilitó a los pueblos por causa de no poder mantenerse en unidad frente a otras amenazas.

     Los creyentes sabemos muy bien que ninguna casa dividida prevalece, así que nuestros mensajes, son y deben ser siempre de unidad. Sin embargo, los creyentes podremos ser mansos, pero no mensos, y también sabemos que eso, al menos en lo concreto, hasta hoy ha sido una utopía. El egocentrismo ha sentado sus reales también en nuestros ambientes, y Católicos y Protestantes, Judíos y Musulmanes y Cristianos y ateos, han pasado años de sus vidas blandiendo amenazas. Y si nos metemos dentro de lo que llamamos la Iglesia Evangélica, podremos comprobar que, denominacionalmente, también hay enconadas rivalidades.

     ¿Por qué sentí la necesidad de escribir sobre esto, hoy? Porque entiendo que los tiempos que se acercan no serán fáciles para los creyentes. Hay un movimiento todavía en las sombras, tendiente a unificar criterios en todo lo que mueve una sociedad. Pero no con el concepto de la unidad, sino con el antiguo concepto de la unilateralidad. Eso que se suele llamar como pensamiento único. Muy peligroso en lo social, político y económico, pero definitivamente mortal en lo espiritual.

     Sólo es un llamado de atención. Nadie puede arrogarse pruebas concretas que permitan ir más allá, sin caer en el terreno de la fantasía o la exageración lindante con el ridículo. Pero las condiciones no contradicen la información. ¿Cuál es nuestra obligación? No dividirnos por tonterías. No hacer alianzas con lo que no tiene fundamento espiritual sólido y, esencialmente, no dejarnos convencer por los predicadores seculares de los medios de comunicación. Dios nos ha dado una mente y es para que la utilicemos con El cómo centro. Eso se llama madurez. Y para eso están los Ministerios, para madurar a los santos.

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La Purificación Ritual (Micro -Audio)

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Quiero creer que, desde que se inventaron las religiones, (Que es la mecánica para procurar llegar a la deidad en la que se cree), se inventaron los rituales. Dónde quedará eso luego que el hombre entienda que fe y convicción no siempre van de la mano con religión, no lo sé. Pero hay cosas que hay que decir antes de disimular errores.

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Revitalizando Nuestro Porvenir

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     En Mateo 24:44 Jesús dice, Por tanto, también vosotros estad preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora que no pensáis.

     Una característica de la novia de Cristo es la expectación a Su pronta venida. La novia de Jesús vive con una expectación continua y gozosa ante Su inminente regreso -porque Él puede regresar en cualquier momento. De hecho, esto de ninguna manera habilita extremismos, que como todos sabemos, significa la sobre-exageración de una verdad. No podemos decir ¡Viene ya! Y despreciar trabajo, estudio o capacitación “porque no vale la pena”, ni tampoco confiarnos en que por este siglo no vendrá, y lanzarnos a vivir como la carne se le antoja. Equilibrio.

     Sin embargo, Jesús advirtió que en los últimos días, ministros malvados infiltrarán en la iglesia con el propósito de poner a dormir a la novia. Ellos intentarán robar su corazón lleno de amor por el novio argumentando, Mi señor tarda en venir (versículo 48). Este evangelio es predicado por aquellos que no quieren pagar el precio para obedecer los mandamientos de Cristo.

     Ellos realmente no quieren que Jesús regrese, porque ellos tienen hábitos pecaminosos y llevan una doble vida. De hecho, ellos han preparado una doctrina para justificar su continuidad en el pecado. ¿Cuál es el resultado de esta falsa enseñanza? Primero, ésta termina en mundanalidad, porque aquéllos que creen en ella quieren disfrutar del éxito y prosperidad del mundo.

¡De ninguna manera cedas a esta doctrina de retraso! Si tú eres parte de la novia de Jesús, tú estarás tan enferma/o (Es indistinto) de amor por tu Señor que no serás capaz de caer en dicha doctrina. En su lugar, tú gritarás, “Mi Señor dijo que yo debo estar lista, como novia e iglesia suya que soy, en todo momento para Su regreso. Yo sé que Él está cerca – yo lo puedo sentir. Mi corazón clama dentro de mí ‘¡He aquí, el novio está por llegar!’”

La primera iglesia estaba ampliamente despierta, presta de atención a las palabras de Jesús. Sus lámparas estaban en buena condición y flameantes; y ellas tenían un buen abastecimiento de aceite. Pedro resumió el espíritu de la primer iglesia de esta manera: esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios…, Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva (2 Pedro 3:12-13). De igual forma, Pablo dice: …de tal manera que nada os falta en ningún don mientras esperáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo (1 Corintios 1:7).

     ¿Sugerencia? Vive tu vida personal como si el Señor retornara esta noche. Vive tu vida ministerial como si lo hiciera a fin de año. Confía en Él aunque tarde todo este siglo. Él vendrá, de eso nadie tiene ni va a tener duda alguna. El cuándo, no está dicho con precisión porque a Dios no le interesa que lo sepas, le interesa de sobremanera que lo creas.

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La Hora de Clamar (Micro – Audio)

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Nadie pone en duda que los cristianos reservan minutos u hora del día para la oración, y está bien que así sea. ¿Pero y el clamor? Porque la Biblia está repleta de historias donde gente creyente debía clamar para vencer. ¿Será este el tiempo del clamor? ¿Será este el momento en donde, a partir de ese clamor, llegará la victoria esperada y definitiva?

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Tiempo de Sacarte el Manto

300x300     En un conocido pasaje de Juan capítulo 13, Jesús toma su manto, una vasija y les lava y limpia los pies a sus discípulos.  Él les dice a ellos, Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros, porque ejemplo os he dado para que, como yo os he hecho, vosotros también hagáis. (Juan 13:14-15).

     Algunos cristianos devotos han tomado literalmente  este versículo. Ellos han hecho como costumbre el ofrecer el servicio de “lavar los pies.” Esto es loable desde el punto de vista social y humano, pero se queda como un mero ritual y se pierde el verdadero significado de lavar los pies.

     Después que Jesús lavó los pies de los discípulos, Él  se puso de nuevo su manto, se sentó y les preguntó, ¿Saben lo que yo he hecho por ustedes?” En otras palabras, “¿Comprenden el significado espiritual de lavar los pies?”

     Yo creo que la pregunta del Señor es para nosotros, hoy, también. ¿Comprendemos nosotros la profundidad de lo que Él hizo al lavarles los pies a sus discípulos? Sobre todo, algo muy poderoso y profundo está sucediendo. Cristo les estaba enseñando a su iglesia una de las lecciones más importantes.

     Jesús no estaba instituyendo una regla que debía cumplirse por la iglesia durante siglos, como la Santa Cena o el Bautismo en agua. De ser así, Él lo habría instituido desde el principio del entrenamiento de los discípulos.  Él mismo se habría sometido al lavado de pies como lo hizo con el bautismo en agua. Yo creo que Jesús nos estaba dando un ejemplo de manifestación física de lo que Él  más desea, “quitarse el manto.”

     Yo creo que si nosotros comprendemos lo que Jesús hizo al lavarles los pies a los discípulos, entonces comprenderemos los conceptos de servicio y sumisión. Lo anterior nos permite observar que el servirnos los unos a los otros en amor y sumisión,  y con temor de Dios significa mucho más que recibir órdenes o rendir cuentas a una autoridad mayor. Estas verdades gloriosas son expuestas solamente en el contexto de “quitarnos el manto.”

     ¿Y qué cosa sería “quitarnos el manto”? Descender al nivel humano que se encuentra en el que recibe el lavado de sus pies. Cuando tú ves a un ministro lavando los pies de gente común, ¿Estás viendo a un grupo de personas todas iguales, o a alguien con nivel y jerarquía tener un gesto de humildad y descender al nivel de sus ministrados? Si te quitas el manto, nadie notará diferencias entre unos y otros. Si lo mantienes sobre tus lomos, todos sabrán que lo tuyo no es humildad, sino apenas “un gesto” de humildad. Y aunque delante de la gente parezca lo mismo, puedo asegurarte que delante de Dios, ni por asomo.

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El Fabricante de Perlas

29.10-Alianza-piedras-de-color-Navas-700x400-700x400     Me agradaría que hoy te tomes el trabajo de leer una vez más, esta profecía de Isaías:

  ¡Pobrecita, fatigada con tempestad, sin consuelo! He aquí que yo cimentaré tus piedras sobre carbunclo y sobre zafiros te fundaré. Tus ventanas haré de piedras preciosas; tus puertas, de piedras de carbunclo, y toda tu muralla, de piedras preciosas.

   Todos tus hijos serán enseñados por Jehová, y se multiplicará la paz de tus hijos. Con justicia serás adornada; estarás lejos de la opresión, porque no temerás, y lejos del temor, porque no se acercará a ti.  (Isaías 54:11-14).

   ¡Qué maravillosa profecía! Las “piedras sobre carbunclo” mencionadas en el versículo 11 son joyas. Si tú tienes conocimiento sobre joyas, sabes que en algún momento el diamante fue una pieza de carbón que fue trabajada durante años por elementos químicos . La Palabra de Dios nos está diciendo: “¡Tus aflicciones te van a transformar en algo hermoso -algo preciado para mí!”

   Las “ventanas de piedras preciosas”  mencionadas aquí, son un tipo de cuarzo hecho cristalino por el fuego. El aspecto de las  “ventanas” tiene que ver con los ojos o visión. Dios nos está diciendo que al confiar en Él durante nuestras aflicciones,  Él  nos dará una clara visión y discernimiento. Las aflicciones nos permitirán ver lo invisible tan claro como un cristal transparente.

   Muchos eruditos creen que la frase “puertas de cristal” se puede interpretar mejor como “puertas de perlas.” Las perlas son formadas  de un grano de arena que se ubica en el vientre de una ostra. El grano es inyectado con fluido, después es rallado e irritado hasta convertirse en una perla.

   Por favor; medita en todo el proceso de rallado y de irritante fricción en tu vida. ¿Qué es lo que Dios está haciendo? ¡Él está creando una perla! Toda perla es un recuerdo de sufrimiento, dolor y fricción.

   Yo creo que en este pasaje Isaías está hablando de la belleza de Jesucristo. En otras palabras, cuando la presencia de aflicción es permitida con el objeto de alcanzar un propósito, ésta hace que la gente sea transformada a semejanza del bello carácter de Cristo. La aflicción nos hace más y más como Jesús. Pero deberé retornar a algo que es clave para no caer en gravísimas confusiones: esto es así cuando Dios permite que sufras. Nada que ver con buscar sufrir para lograrlo, eso no es Dios, es diablo.

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