20 – Justificación

Romanos 5: 18 = Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Ahora lo vamos a ver con mayor profundidad, pero cuando se habla de justificación, todo lo humano y terrenal desaparece y sólo quedamos sometidos a Cristo. NTV lo señala así:  Así es, un solo pecado de Adán trae condenación para todos, pero un solo acto de justicia de Cristo trae una relación correcta con Dios y vida nueva para todos. Justificación, aquí, es denominada como relación correcta con Dios.

La palabra “justificación” suele sonar a término técnico, distante, casi jurídico. Evoca tribunales, argumentos, defensas y veredictos. Sin embargo, cuando se la mira a la luz del evangelio del Reino de Dios, esa palabra deja de ser fría y se vuelve profundamente humana, cotidiana y, sobre todo, transformadora. Porque no habla simplemente de tener razón, sino de ser restaurado; no trata de ganar discusiones, sino de recuperar la vida.

En términos simples, justificar es “ser declarado justo”. Pero en la experiencia espiritual, no se trata de una etiqueta externa ni de un maquillaje moral. La justificación, desde una perspectiva bíblica, es un acto que nace en el corazón de Dios y se encarna en la vida de las personas. No es un premio por buen comportamiento, sino un regalo que reordena lo que estaba torcido. Y eso, en una sociedad donde todo parece medirse por mérito, rendimiento o apariencia, es casi revolucionario.

Vivimos en un mundo que constantemente nos pide justificarnos. Justificamos nuestras decisiones, nuestras ausencias, nuestros errores y hasta nuestras emociones. “No tuve tiempo”, “no fue mi culpa”, “lo hice por necesidad”. La vida cotidiana parece un largo alegato defensivo. Pero ese tipo de justificación humana, aunque necesaria en ciertos contextos, suele ser limitada: intenta explicar, pero no sana; argumenta, pero no transforma. 

La propuesta del Reino de Dios va más profundo. Allí, la justificación no se construye desde lo que uno dice de sí mismo, sino desde lo que Dios declara sobre uno. Y esa declaración no ignora la realidad, pero tampoco se queda atrapada en ella. Es como si alguien viera una semilla y, en lugar de juzgarla por su tamaño o su fragilidad, afirmara con certeza el árbol que puede llegar a ser.

Ahora bien, esto no significa negar la responsabilidad personal ni romantizar los errores. Todo lo contrario. La verdadera justificación confronta, pero no condena; revela, pero no destruye. Es una invitación a reconocer lo que está mal, sin quedar definido por eso. En ese sentido, es profundamente liberadora: permite dejar de actuar para aparentar y empezar a vivir con autenticidad.

En lo social, este concepto tiene implicancias enormes. Pensemos en cuántas veces etiquetamos a otros por un momento de su vida: “el que falló”, “la que se equivocó”, “el que nunca cambia”. Esas etiquetas funcionan como pequeñas sentencias que congelan a las personas en una versión reducida de sí mismas. La justificación, en cambio, introduce una mirada diferente: reconoce la dignidad incluso cuando hay fragilidad, y apuesta por el proceso en lugar de quedarse en el error. 

Esto no es ingenuidad, es esperanza activa. Porque creer en la justificación es creer que nadie está completamente terminado, que siempre hay posibilidad de recomenzar. Y eso, llevado a la práctica, cambia la manera en que tratamos a los demás. Nos vuelve más pacientes, más empáticos, menos rápidos para juzgar y más dispuestos a acompañar.

Desde un punto de vista ideológico, mantenerse objetivo implica reconocer que este enfoque no encaja fácilmente en los extremos. No es relativismo moral, porque no dice que todo da igual. Tampoco es legalismo rígido, porque no basa el valor en el cumplimiento perfecto de normas. Es una tercera vía: una justicia que nace de la gracia y que apunta a la restauración.

El evangelio del Reino de Dios presenta esta dinámica con una claridad sorprendente. No se trata de un sistema abstracto, sino de una realidad vivida. La justificación no es un concepto para discutir, sino una experiencia para atravesar. Y en ese tránsito, la fe juega un papel central. No como un esfuerzo mental por convencerse de algo, sino como una confianza que se apoya en el carácter de Dios. 

Ahora bien, hablar de fe y justificación en la vida diaria puede sonar elevado, pero en realidad es tremendamente práctico. Por ejemplo: ¿Qué pasa cuando alguien reconoce un error sin excusas, pero también sin autodestruirse? ¿Qué ocurre cuando una persona decide no definirse por su pasado, sino abrirse a un futuro distinto? ¿Qué sucede cuando dejamos de exigir perfección para empezar a construir procesos reales? Ahí, en esos pequeños gestos, la justificación se vuelve visible.

Incluso en el humor cotidiano podemos encontrar un reflejo de esto. Pensemos en esa tendencia humana a “arreglar” las cosas con explicaciones absurdas: llegar tarde y culpar al tráfico, al clima, al destino… y, si hace falta, hasta a la alineación de los planetas. Nos reímos porque reconocemos lo ridículo, pero también porque sabemos que, en el fondo, todos buscamos una forma de quedar bien parados. La justificación divina, en cambio, no necesita excusas creativas. No depende de cuán convincente sea nuestro argumento, sino de cuán firme es el amor que nos sostiene.

Esto no quita el desafío. Aceptar la justificación implica soltar el control, dejar de querer ganarse todo y aprender a recibir. Y eso, para una cultura que valora la autosuficiencia, puede ser incómodo. Pero también es profundamente sanador. Porque libera de la presión constante de tener que demostrar valor y permite empezar a vivir desde una identidad afirmada.

En términos concretos, ¿Cómo se traduce esto en la vida diaria? Algunas claves prácticas pueden ayudar: Primero, cultivar la honestidad interior. No se puede experimentar la justificación si uno vive negando la realidad. Reconocer lo que hay —sin exagerar ni minimizar— es el punto de partida. Segundo, ejercitar la fe como confianza activa. No se trata de repetir frases, sino de apoyarse en una verdad más grande que las circunstancias. Esto puede implicar decisiones simples: elegir no reaccionar desde el enojo, optar por el perdón, abrirse al cambio. 

Tercero, practicar la gracia con otros. Así como uno recibe una mirada que restaura, también puede ofrecerla. Esto no significa tolerar cualquier cosa, sino aprender a diferenciar entre la persona y su error. Cuarto, sostener procesos. La justificación no es una excusa para la inercia, sino un impulso hacia la transformación. Y los procesos, como todos sabemos, requieren tiempo, paciencia y constancia. Quinto, mantener una perspectiva comunitaria. Nadie vive esto en aislamiento. Las relaciones son el espacio donde la justificación se pone a prueba y se hace visible. Es en el trato con otros donde se evidencia si realmente creemos en una justicia que restaura.

A nivel más profundo, la justificación conecta con una verdad central: la vida no se define por el pasado, sino por la posibilidad de redención. Y esa posibilidad no es una ilusión optimista, sino una realidad sostenida por el carácter de Dios. Un Dios que no niega la justicia, pero que la expresa de una manera que abre puertas en lugar de cerrarlas.

Esto tiene un impacto directo en cómo nos vemos a nosotros mismos. Porque, si bien es fácil hablar de ser justificados, a veces cuesta creerlo en lo personal. Hay culpas que pesan, historias que marcan, decisiones que parecen irreversibles. Sin embargo, el mensaje del Reino insiste en algo que puede sonar simple, pero es profundamente desafiante: no estás limitado a lo que fuiste. Esa afirmación no borra la historia, pero cambia su sentido. Lo que antes era una carga puede convertirse en aprendizaje; lo que parecía un final puede transformarse en un nuevo comienzo. Y en ese proceso, la justificación deja de ser una idea para convertirse en una experiencia viva. 

Por supuesto, esto no elimina las tensiones. Vivir desde esta perspectiva implica nadar un poco contra la corriente. En un entorno que valora el juicio rápido, elegir la restauración puede parecer débil. En una cultura que premia la perfección, aceptar la gracia puede interpretarse como conformismo. Pero, en realidad, es todo lo contrario: requiere una fortaleza interior que no depende de la aprobación externa.

Y aquí aparece otro aspecto interesante: la coherencia. Porque hablar de justificación desde la fe no tiene sentido si no se refleja en la vida diaria. No se trata de un discurso bonito, sino de una práctica concreta. Es en las decisiones pequeñas —cómo respondemos, cómo tratamos, cómo elegimos— donde se ve si realmente estamos viviendo desde esa lógica.

En definitiva, la justificación, entendida desde el evangelio del Reino de Dios, no es una teoría abstracta ni un concepto reservado a especialistas. Es una invitación abierta, una posibilidad real y una herramienta poderosa para vivir de otra manera. Una manera más libre, más humana, más alineada con una justicia que no aplasta, sino que levanta.

Y quizás, en medio de tantas voces que nos dicen quién deberíamos ser, lo más revolucionario sea escuchar esa otra voz que afirma quién podemos llegar a ser. No desde la exigencia, sino desde la gracia. No desde el juicio, sino desde la restauración. No desde la culpa, sino desde la justificación. Porque, al final del día, no se trata de tener la última palabra en una discusión, sino de permitir que la Palabra —hecha vida, hecha cercanía, hecha humanidad— tenga la última palabra en nosotros. Y esa palabra, lejos de condenar, siempre abre camino. 

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Del Otro Lado Del Sistema

 

Cuando sentí en mi interior eso que generalmente he experimentado días u horas antes de comenzar un nuevo trabajo extenso, supe que ese, justamente ese, estaba llamado a construir. Que, dicho en términos de Reino, es Edificar. Y edificar, es el paso siguiente que todo ministerio debe estar preparado para dar, una vez que lo anterior ha concluido su tiempo. Un sistema, tal como determinamos esta palabra en nuestro español contaminado con barbarismos argentos, es una serie de cosas todas juntas y separadas al mismo tiempo. Es, por ejemplo, un conjunto de reglas o principios sobre una materia, estructurados y enlazados entre sí. Asimismo, también es un conjunto de elementos que, ordenadamente relacionados entre sí, contribuyen a un determinado objeto.

Por otra parte, es un conjunto de ideas, principios que conforman una teoría muy coherente y completa. También se denomina así a un conjunto de órganos que intervienen en alguna de las principales funciones vegetativas y animales y, finalmente, un sistema es también un medio o una manera utilizados para hacer algo o lograr un objetivo. A partir de estas definiciones y con la mente, el corazón y el espíritu puestos en línea de unidad en dirección a un objetivo de máxima loable y de bendición, encaramos esta producción con la finalidad de esclarecer conceptos ya vividos y transitados, y poner las bases y los senderos para que las generaciones futuras puedan transitar en dirección a los nuevos.

En el principio de la década del setenta, siendo todavía yo bastante joven y sin mayor experiencia en comunicación masiva aún, fui conmovido como el resto de mis paisanos de Argentina, por lo que aquí dio en denominarse El Movimiento hippie. Jóvenes de ambos sexos que, según sus dichos, habían decidido salirse del sistema conservador, estructurado, machista y represor imperante, y llevar una vida de mayor libertad.

Todavía recuerdo perfectamente las abundantes barbas de aquellos muchachos, su vestir casi desarrapado y los pequeños anteojos con que la mayoría procuraba darle a sus fisonomías, un carácter absolutamente informal, alejado totalmente del peinado con fijador y sumamente ordenado con que los hombres nos presentábamos en esos tiempos. Armaban campamentos al aire libre, regalaban flores y subsistían vendiendo baratijas de corte artesanal. ¡Gente rara!, decían nuestros mayores.

Todo lo hacían en nombre del amor y la paz, en un tiempo de guerras voluminosas, (Vietnam, antes había sido Corea) y con una flor como símbolo de una libertad plagada de serenidad que, a ojos vista, sonaba como lo perfecto, lo ideal, lo ansiado por todo hombre o mujer que aterrizara por el planeta. El tiempo, claro está, se encargó de dejar en evidencia que todo eso sólo había sido una fachada promocional que escondía otras cosas de mayor peso, tales como la aparición de los estupefacientes en sus distintas facetas.

En suma, lo que se había mostrado como un movimiento capaz de terminar con la esclavitud de la juventud a un sistema opresor, represivo y castrante, terminó convirtiéndose en otro sistema, donde la droga y el alcohol, sumados o complementados con sexo promiscuo y ultra liberal, armaron un paquete que, lamentablemente, les costó mucho a mucha parte de nuestra gente joven. ¿Engaño? Seguramente, pero ¿Con qué incentivo? Salirse del sistema.

La sociedad argentina de los años de mi primera juventud, era una sociedad de neto tinte conservador. Si bien la preponderancia de gobiernos nacionales comandados por el llamado peronismo, en honor al apellido (Perón) de su fundador, hacían presuponer que, en la búsqueda de lo popular, lo estructurado o almidonado le dejara su sitio. Pero, Argentina fue y todavía lo es, absolutamente imprevisible, desesperadamente ingenua y hasta ofensivamente mediocre, en su forma de pensar, (O de no pensar; directamente).

 Y, esperar algo popular e informal de un movimiento liderado por un militar de alta graduación, convengamos en que, por lo menos, resultaba un tanto inocente, además de incoherente. Las Fuerzas Armadas preparan a su gente para incursionar dentro de esquemas preestablecidos, estructuras bien delineadas y sistemas específicos.  Así es que, por poco o por mucho; participando mucho, poco, o nada de lo que se podía y debía participar como protagonista, mi vida transcurrió, a veces más apaciblemente, a veces menos, formando parte de ese sistema social que, por años, a muchos de nosotros nos pareció que era el único posible y apto para dedicarle nuestras vidas. No teníamos ni la menor idea de salirnos de un sistema al que en modo alguno veíamos como malo, así que formábamos alegre e inconscientemente parte de él con entusiasmo y dedicación. Y para colmo, sumando a todos los que podíamos añadir. Ignorancia. Ceguera. Incredulidad. ¿Por juventud? En parte, pero también por cultura. 

(1)-Tiempos de Primera Niñez.

Obediencia total a la madre en los primeros años y al padre en los subsiguientes, simplemente por ser varón. Escuela primaria inicial y global con absoluta obediencia a maestras, profesores, preceptores, celadores. Tiempos de juventud. Milicia obligatoria, obediencia plena a suboficiales, oficiales menores, superiores. Obediencia hasta para con soldados antiguos. Tiempos de primeros pasos supuestamente espirituales. Iglesia Católica Romana. Obediencia al dictado de curas (Así se les llama aquí a los sacerdotes del Catolicismo Romano), para casi todo.

Y dije Casi todo, porque el pecado, mi amigo, cuando aparece, no reconoce títulos ni jerarquías. Se consuma en cualquiera de los sistemas que te toque estar. Sistema. Jamás había leído la Biblia. Ya conté en alguno de mis trabajos anteriores, que mi abuela materna sostenía la típica teoría pueblerina del interior campestre de una rica provincia de la República Argentina, que: “Los que leen la Biblia se vuelven locos.”. Una provincia rica, es cierto, pero para los que encabezaban los sistemas, claro, no para mí ni para mi familia, los que evidentemente habíamos llegado tarde al reparto de utilidades.

 Nosotros debíamos vivir en una casa sin revoque en sus paredes, ni exterior ni interior, parados sobre un piso de tierra siempre húmeda y regada con desinfectante fuerte (“Por los bichos”), pero eso sí; limpia. El sol a pleno durante el día por ventanas y huecos varios y lámpara de kerosene por la noche. Sistema. A dormir temprano. Obediencia. Eso sí, comiendo todos los días, dos veces. Muy importante. Crecí así, acostumbrado a obedecer siempre a alguien. En el marco de un sistema que, -Más tarde me enteraría-, se llamaba Democracia, pero que casi siempre, por rara paradoja, aquí estaba liderado por señores con uniforme, porque los de la Democracia eran corruptos, según decían ellos para reemplazarlos por la fuerza de sus armas.

Y yo creía y obedecía, porque a mí nadie me enseñó nunca que era un ser libre y dueño de tomar mis propias decisiones. Esa etapa llegaría luego, precisamente de la mano de la Biblia o, mejor dicho, ya en idioma de iglesia recién aprendido, “De la sagrada Palabra de Dios”. Así fue que un día leí que: si conocía la verdad, la verdad me haría libre. Y sí; yo tenía ganas de ser libre, alguna vez; así que me dispuse a conocer a esa Verdad. Y gracias a Dios la conocí.

 Y cuando la conocí fue que me di cuenta que lo que en verdad te hace libre es el conocimiento de la Verdad, (Que en definitiva es Cristo mismo), y no la verdad por sí misma. ¿Sabes qué? Hay gente que se pasó toda una vida entera con esa verdad debajo de su brazo, ida y vuelta, todos los domingos, y jamás llegó a conocerla. Porque conocer, (Después me iba a enterar), en idioma bíblico, significa tener intimidad. Y cuando supe que podía tener intimidad con un Dios al que me habían pintado lejano, viejo, feroz, vengativo y cruel, y me di cuenta que en realidad era paciente, amoroso, con infinita misericordia, ahí mismo decidí abandonar el sistema en uno de sus puntos básicos: la Iglesia Católica Romana.

Y aterricé en una iglesia evangélica rodeado de gente que parecía hablar en otro idioma, una jerigonza a la cual yo todavía no estaba acostumbrado. Así es que, entre aleluyas, glorias a Dios, amenes y otras rarezas regionales, fui creciendo espiritualmente todo lo que pude. Porque disposición para crecer me sobraba. Lo que me faltaban eran puntos de referencia. Por ejemplo, que no me sentía libre. Que me predicaban muy seguido que en Cristo tenemos libertad, pero yo no la sentía, no la vivía, no la veía. Había que obedecer al pastor sí o sí y guay de cuestionarle algo.

 ¿Y si se equivocaba feo? Sonreír con benevolencia, decir amén, gloria a Dios, aleluya y seguir adelante.  Mi formación secular de periodista gráfico, abundante en curiosidad investigativa y uso pleno de mis facultades para pensar por mí mismo, me llevaron pronto a una conclusión que me asustó: eso, donde yo estaba participando de manera entusiasta, ahora, también era un sistema. Y, otra vez, yo estaba adentro de él, luchando por traer a otros. Me preguntaba si me estaría volviendo loco, si estaría endemoniado, o si alguien me habría engañado de tal manera que estaba pensando justamente en oposición a lo que Dios quería que pensara. Hasta que un día, el pasaje que voy a compartirte, llegó a mi vida para quedarse.      

(2)-Accediendo a mi Primera Verdad

(Mateo 28: 18) = Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. (19) Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; (20) enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

Y lo leí, primero con avidez, después con mucha atención y, por último, casi con milimétrica disección. (Es la técnica de desmenuzar un elemento compacto parte por parte). Lo primero que entendí, fue que Jesús dijo que toda potestad, (Averigüé que esa era la traducción de Autoridad) le había sido dada tanto en el cielo como en la tierra, y que como todos los domingos el predicador de turno nos aseguraba que nosotros éramos el Cuerpo de Cristo en la tierra, no era ni loco ni aventurado suponer que nosotros, o sea yo mismo, también tenía esa autoridad.

El asunto era saber dónde se había metido, porque te puedo asegurar que, en mi vida, no la veía por ninguna parte. Sin embargo, un bendito día se hizo la luz, en mí todavía entenebrecido entendimiento espiritual: la autoridad ya estaba otorgada desde el principio, sólo había que atreverse a ejecutarla.  Después leí que había que salir a hacer discípulos. A mí me habían enseñado lo de evangelizar, lo de predicar el evangelio, lo de presentar a Jesucristo, lo del evangelismo explosivo, el de las cuatro verdades, el de las cinco puertas, el de…

Lo que no me enseñaron en ningún momento es el versículo que nos asegura que es Dios el que añade a los que van a ser salvos, mediante su Espíritu Santo, no nuestras habilidades de evangelistas. Y que no salimos a ganar almas, ni a incorporar miembros, ni mucho menos a buscar nuevos siervos. Salimos a hacer discípulos. Pero, un leve detalle: discípulos de Jesucristo, no del pastor de la iglesia. Luego venía lo del bautismo, cuestión que durante mucho tiempo la tuve como una simple ceremonia circundante, pero que con el correr de los tiempos mi Padre se tomaría el trabajo por su Gracia y Misericordia, de hacerme saber que todo lo que tuviera que ver con el agua, tenía significados muy distintos a los aprendidos.

Y, finalmente, que todo eso se iba a cumplir y llevar a cabo, hasta que un buen día, (Y no por agua, ya había sido profetizado, así que se suponía y conjeturaba que ahora sería por fuego), una enorme hecatombe, (Que muchos relacionaban con guerras nucleares), nos haría picadillo el planeta y listo. Fin de la historia. Fin del mundo, decía aquí. Pero, y siempre existe un “pero para los que desean ir más allá de lo que ven sus narices, una noche muy tarde, en la que por distintos problemas no podía conciliar el sueño, y eso me llevó a cultivar una vez más una de mis más antiguas costumbres, como es la de escuchar radio.

Allí di con un predicador desconocido, que en una emisora desconocida y en medio de un mensaje también desconocido, dio en leer este mismo pasaje y tuvo la bendita unción de explicarme algo que que, hasta allí, yo no sabía. Me mostró que cuando la Biblia escribe Mundo, no siempre significa la misma cosa, ya que las palabras utilizadas en los originales en cada caso, son diferentes. Y que, en este caso, la palabra griega utilizada para referirse al Fin del Mundo, se traducía correctamente como… ¡¡¡Sistema!!! El caso es que, si hasta ese momento había tenido un episodio de cierto insomnio, enterarme de eso directamente me quitó el sueño por el resto de la noche.

Es más; sin hacer ruido para no molestar a mi familia que muy lejos se encontraba de estas “locuras” personales noctámbulas, corrí casi a lo atleta olímpico en dirección de mi enciclopedia Strong, que, por esos entonces, todavía era un libraco enorme de volumen y tan pesado como el peso mismo de la palabra divina. Y allí pude comprobar que, efectivamente, tal como lo había dicho este ilustre desconocido que jamás supe quién era, ni de dónde había salido, el significado de Mundo, (En realidad Siglo), en Mateo 28:20 era, en efecto, ¡¡¡Sistema!!! ¿Cómo nadie me lo había enseñado antes? ¿No lo habían visto o habían decidido que no era importante?

 ¿No ven que ahora el texto tiene otro significado, otro enfoque, otra dirección totalmente distinta? Claro está que cuando se trata de palabras de los originales y toda esa historia que no a todos suele convencer, se necesitan imperiosamente dos o tres testigos. De otro modo, todo no iría más allá de la ocurrencia de un hombre y su propia interpretación personal del tema. Algo que en muchas ocasiones tal vez pueda haberse hecho con la mejor de las intenciones, pero que, a la hora de darle vida a la palabra del Señor a través de la revelación de Su Espíritu, necesita ser ampliada y confirmada.

Y encontré otro texto: Mateo 13:40: De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo. (Siglo, aquí, es Sistema) Y seguí leyendo este texto y cuando llegué al verso 49, ahí estaba otra vez: Así será al fin del siglo: (Sistema) saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos. Allí, conjuntamente con los verdaderos significados de Babilonia, comenzó mi persecución para con el sistema. Yo ya sabía que no estábamos hablando ni de Capitalismo, ni de Comunismo, ni de ningún “ismo” de los conocidos.

 Esto era algo muy distinto y mi obligación, como creyente en Jesucristo como única Verdad, era encontrar su significado y compartirlo con todos los hermanos que, al igual que yo, todavía estarían ciegos, confundidos o, lo peor, engañados. Sólo un problema. El sistema, en lo que sea, se conduce igual a un juego que jugábamos de niños. Nos colocábamos contra una pared, unos diez o doce y, el que salía sorteado, se colocaba último y empezaba a forcejear hasta que alguno de la fila de adelante, no podía mantenerse, y salía despedido hacia fuera.

Ese tomaba el lugar del último y así sucesivamente. Era ganador el que se mantenía adelante y no era expulsado. En el sistema evangélico, ni bien comencé a hablar de Reino, sujeciones falsas y coberturas inexistentes, fui expulsado hacia afuera, como en aquel viejo juego de los recreos escolares. Sólo un detalle: esta vez no me coloqué al final. Decidí terminar con el juego y salirme también de ese sistema. Y esto, me lleva a un hoy donde todo lo que he aprendido y me ha sido revelado, tiene que ser encaminado en una dirección concreta. ¿Una nueva iglesia? ¿Una nueva denominación evangélica? ¿Una nueva forma de  hacer iglesia? No; simplemente volver a las fuentes: ser de una vez por todas y para siempre, Cuerpo de Cristo en la tierra.

Con la Palabra como guía a toda verdad. (Al decir esto, queda en claro que es por revelación del Espíritu Santo, única guía a toda verdad, y no por Hermenéutica tradicional). Con los ministerios y dones que nos han sido entregados, pero con la conciencia de que, de aquí en más, ya no viviré yo, sino que Cristo vivirá en mí. Porque si no puedo llegar a eso, entonces ni siquiera puedo comenzar esto. Si lo he logrado o no, se verá en el  final. Hoy, aquí y ahora, todavía no puedo saberlo. ¿Difícil? ¡Claro que es difícil navegar a ciegas! ¿Pero sabes qué? Ya hubo otros que lo intentaron antes que yo y lo lograron. Un tal Abraham, un tal Moisés, un tal Josué, un tal Jesús. ¿Será muy pretencioso tratar de imitarlos? Con intentarlo no se pierde nada y se puede ganar todo. ¡Ahí vamos! 

(3)- Comisionados Para el Bien

En principio, se me ocurre que hay que individualizar de qué sistema o sistemas estamos hablando. Porque cuando mencionamos esa palabra, creo que no alcanzamos a tomar dimensión clara a qué área o áreas de nuestras vidas nos estamos refiriendo. Hay un sistema ideológico, claro y conocido. Creo que, como creyentes genuinos, ya sabemos que no podemos ni debemos adherir a ninguno de los dos extremos más difundidos y promocionados, aunque la iglesia como institución estructural, haya decidido inclinarse por uno de ellos, so pretexto de combatir el otro. No funciona.

Se olvidan que todo extremismo, en lo que sea, es simplemente una sobre exageración de una verdad, y eso desde la óptica divina, no es correcto. Jesús no hubiera hecho eso. De hecho, no lo hizo en su tiempo. Y la Biblia es clara: ni a izquierda ni a derecha. Y como a las ideologías se las implementa desde el ángulo político, también debemos reconocer que existe un sistema político. Es la derecha liberal, el centro incierto o el progresismo de izquierda, no mucho más. Tampoco veo a Jesús desde una tarima de piedra instando al pueblo que lo seguía a votar por alguien, aun siendo esa persona todo lo bien intencionada en sus actos que se desee.

Y mucho menos lo veo criticando al opositor, más cuando sabemos que ese opositor también tiene buenas intenciones que quiere poner en práctica desde un ángulo diferente al anterior. Y, aunque esto pueda dolerles a no pocos hermanos, tampoco puedo imaginarme a Jesús formando parte de una manifestación popular en defensa de algún valor digno de ser defendido, pero no por esas vías. Aprende algo de inicio: Jesús no adhirió a ningún sistema terrenal. Nunca. Luego, nos encontramos con lo que –entiendo- es el elemento prioritario en la vida de la mayor parte de los seres humanos que no viven de manera tribal o al estilo de la prehistoria, y es el llamado sistema económico.

 Capitalismo, progresismo y distintas escuelas académicas que, si no fuera porque se llevan vidas humanas hacia cierto confort o hacia la pobreza miserable, hasta sería interesante examinar y analizar. Se me ocurre que una economía injusta, que pueda sostener impunes a ricos muy ricos y mantener vulnerables a pobres muy pobres, no es precisamente algo justo que agrade a Dios. Pero, cuidado con esto: tampoco me parece que pueda agradar a Dios que alguien que esté en condición de pobre, decida vivir a costas de la dádiva del que tiene más en lugar de procurar ganarse su sustento.

 Recuerdas que Dios es, eminentemente Justicia, ¿Verdad? Y, por último, me encuentro con el sistema religioso, que es quizás el menos tenido en cuenta por las multitudes, pero a examinar con muchísimo cuidado y precisión por cada uno de nosotros, si es que deseamos incursionar, ingresar y servir en el Reino de Dios con, -reitero-, justicia y certeza. La gran pregunta, es: ¿Somos los creyentes genuinos, hijos de Dios por adopción y miembros activos de Su Reino, parte de ese sistema religioso? Entiendo que un porcentaje sí y otro quizás no. También sé perfectamente que el noventa y ocho por ciento de nosotros llegó al evangelio allí.

Lo que hoy todavía no puedo asegurarte con certeza, es cuál de los dos porcentajes esos, es más voluminoso y, por consecuencia, más influyente. Lo que sí sé, es que cuando Mateo habla de un fin de sistema, podrá incluir a los restantes mencionados, pero el epicentro básico, es este. Me queda, entonces, y para encarrilar correctamente lo que será este trabajo, anticipar o al menos conjeturar sobre qué bases estructurales propias habremos de trabajar para concluir con esos sistemas, y desde qué lugar en el espíritu nos ubicaremos para lograrlo.

Todo tendrá que ver con los tiempos y las sazones que vengan de aquí en más, pero entiendo que los cinco ministerios, o como se lo ha dado en llamar y me sumo: El Ministerio Quíntuple, surgidos de la propia determinación del Padre celestial, tendrán altísima responsabilidad en ese combate final. Aunque no como los estamos observando hoy, sino como el Señor mismo los pensó y los plantó en esta tierra, entre otras cosas, para que Pablo los diera a conocer en aquella ya legendaria carta a los Efesios. En lo conceptual, me quedaré con una definición que le oí hace muchísimos años a un hombre integrante de las Fuerzas Armadas de mi país.

Hombre al que, luego de una vida terrible que le tocara vivir en lo personal, encontró en Cristo un remanso de una clase de paz que no conocía, pese a que había sido entrenado para la guerra precisamente con esa finalidad: lograr la paz. Él dijo, en referencia a los cinco ministerios y partiendo de la base de su propia formación, algo que a mí me sonó, en ese momento y lugar, como el resumen más sintético y perfecto de lo que es esto en lo cual militamos hoy, y que paso a transcribirte porque estimo que en cualquier momento tendrás la posibilidad de utilizarlo como ejemplo práctico más que esclarecedor.

Él dijo que la Iglesia del Señor, (Que nada tiene que ver con instituciones que llevan ese nombre, aunque parcialmente a algunas las incluya) es un tremendo ejército marchando en combate. Con los Generales que diseñan los objetivos básicos a conseguir, (Esos son los Apóstoles); con una Plana Mayor encargada de efectuar la inteligencia previa y luego entretejer las estrategias del combate, (Esos son los Profetas); con un Servicio de Sanidad que se encarga de proteger debidamente a cada soldado, marcarles sus mejores rutas y, llegado el caso y la necesidad, sanar sus heridas de guerra, (Esos son los Pastores).

Se completa ese ejército con un grupo selecto que podemos llamar Oficina de Incorporación, que se adelanta al grueso del batallón y va, pueblo por pueblo, aldea por aldea, incorporando soldados nuevos, (Esos son los Evangelistas); y, finalmente, casi en la retaguardia del grupo, hay un grupo de eficientes cocineros que conforman la Cocina Móvil, que se encargan por todos los medios a su alcance, que la tropa marche, pelee y llegue a destino bien alimentada. (Esos son los Maestros). Excelente. Sólo un detalle a tener en cuenta en forma de pregunta: ¿Tú crees que podría conducirse ese ejército con uno solo de esos sectores, ignorando a los cuatro restantes? ¿De verdad lo crees? 

(4)- ¿Tradición Por Revelación?

 Es mi deseo, entonces, y ya en el comienzo pleno de este trabajo ministerial, que el Espíritu Santo nos ayude, y nos guíe a entender todo lo humano del ministerio. Si tu duda es respecto a qué ministerio me estoy refiriendo, luego, con el correr de este trabajo, lo sabrás con precisión. Mientras tanto, quédate con una respuesta concreta y puntual para ti: el ministerio para el cual has sido llamado y levantado. (Aclaro para todo lo sucesivo: mi tratamiento masculino es simplemente genérico, incluye a hombre o a mujer) De ese que falta tu conocimiento y aprobación, para que se produzca la ordenación divina necesaria.

Y oraremos para que sea desde la presencia misma del Señor de donde tomemos el diseño correcto. Nada mejor para ti que accedas al ministerio para el cual has sido puesto en este planeta. Nada peor para ti que elijas un ministerio a tu gusto personal para el cual no has sido levantado. A partir de ese pensamiento llevado al texto escrito,  será preciso comenzar esto dando a conocer algunos principios que hay en la Palabra, y que rigen de alguna manera la dinámica del mundo espiritual, para poder abordar luego cualquier tipo de ministerio.

Estos principios o fundamentos, debo aclararte, se aplican perfectamente tanto a un Apóstol como a un Salmista, por elegir algunas de las funciones anexas que conocemos. A alguien que está presidiendo algo, como a una persona que simplemente tiene el don de ayudar. Es como decir: a cualquier persona que desee servir o que haya sido llamado al servicio en algunas de sus esferas. Reitero: son principios y será muy valioso que los retengas y no te los olvides nunca. La hora de ponerlos en práctica, o “por obra”, como normalmente decimos, llegará en cualquier momento. No te duermas y quédate velando.

Pero, entiende: estoy hablando de iglesia global, genuina, abarcativa, general. No me refiero a iglesias locales o congregaciones determinadas. En principio, habrá que aclarar debidamente, tanto como para que nadie se confunda, ni tome por senderos o atajos equivocados, que esto que trataremos a partir de ahora, no es en modo alguno un asunto de razonamientos, sino de revelaciones. Y lo pongo en plural por una sencilla razón: aspiro a que sean más de una esas revelaciones. Porque ese será el punto de partida ultra necesario e indispensable para derrotar todo sistema creado por la mente, el intelecto, la lógica griega infiltrada en el pueblo santo y las organizaciones religiosas de todos los colores.

 Todos pueden tener buenas conclusiones y discursos, pero revelaciones, sólo los hijos genuinos, eso es más que claro y evidente. Así es que, dentro de lo que cada ministerio esté llamado a realizar, podremos partir del primer punto o campamento establecido para el caso: La Gran Comisión. De hecho, yo he armado este trabajo en base a muchos estudios, investigaciones y conclusiones que no me pertenecen, que son fruto del trabajo de otros hombres y mujeres de Dios de los cuales Él me libre y me guarde de apropiármelos como míos. Los tomo y los utilizo porque el Espíritu Santo se los entregó para perfeccionar a los santos, y como ministerialmente me manejo totalmente apartado de toda cuestión material, económica o de dinero, de ninguna manera utilizaré ese esfuerzo ajeno en mi beneficio personal.

En todo caso, sí será en beneficio de tu vida, de tu crecimiento y de tu maduración como hijo de Dios por adopción, que indudablemente ha sido la motivación del Espíritu Santo para entregar ese conocimiento. Cuando en el ínterin de este trabajo surja la necesidad de añadir algo que me ha sido revelado de manera personal, allí sí lo haré saber para qué –incluso- se lo someta a todo lo que debemos someter las revelaciones proféticas. Vamos a ver. Cuando escribo un trabajo, el movimiento circundante no tiene demasiado secreto; es teclado, monitor, archivo, disco rígido y a otra cosa. Como mucho más, impresora, pero nada más.

Me imagino, en cuanto a los audios, que detrás de ese micrófono desde el cual grabo, hay un sinfín de pasos que en definitiva llegarán a un parlante, amplificador o bafle, pequeño o grande, en aire o por audífonos o auriculares, hay alguien con sincero deseo de servir al Señor exactamente en aquello donde pueda ser más útil y más eficiente. A eso le sumo otros oyentes que, de un modo u otro, ya están sirviendo al Señor. Es como decir: presentados mutuamente, los unos a los otros, en sociedad. La gran ventaja de esta monumental iglesia cibernética, es que no me obliga a comportarme con delicadeza con aquellos que no lo ameritan.

 La gran desventaja de esta clase de iglesia, es que nadie obligará a nadie a permanecer en un sitio que está simplemente a un clic de cualquier otra cosa. Vale la pena consignar entonces que, esto que estamos comenzando a recorrer y examinar, no es de ninguna manera algo que nos llega tarde. Muy por el contrario, estoy en certeza que nos llega, a todos, en el momento necesario para lo que viene, que de cualquier modo significaría avanzar a donde el Señor nos quiere llevar. Nada se puede hacer sin estas leyes o principios. Aprendí de grande a examinar y decodificar en idioma-cielo esas leyes y esos principios.

Y sólo puedo pensar, de vez en cuando: ¿Por qué no lo supe antes? Hace algunos años, yo era uno de los que, cuando escuchaba algo que me impactaba y abría mis ojos espirituales, de inmediato me preguntaba por qué razón no lo había escuchado antes. Hoy, sé que, para cada uno de nosotros, (Y cuando digo nosotros me refiero a los que elegimos caminar en el espíritu y no en la carne), Dios tiene un tiempo para cada cosa y una escenografía singular para cada historia particular. Es que hay tanta cosa torcida dentro lo que llamamos Ministerio en la iglesia, que eso nos ha llevado a revisar primero, y a descubrir más tarde, que, en la mayor parte de las cosas inherentes al servicio, la tradición ha reemplazado a la revelación.

Todo lo que vemos en estos tiempos en torno a la administración de la iglesia, cualquiera ella sea, en credo o concepto denominacional, está ligado a la tradición. Así se ha hecho siempre, así seguiremos ahora. En otras palabras, cada uno de nosotros, puestos a ministrar, lo hacemos conforme a lo que hemos aprendido, a lo que hemos visto y oído. Y los que me enseñaron a mí estos rudimentos, lo hicieron de acuerdo con lo que ellos mismos habían aprendido en su momento. Esto te deja en evidencia que, a la hora de tomar decisiones, la revelación cuenta muy poco, por no decir nada.

Para muchas, (Demasiadas para mi gusto), congregaciones y hasta denominaciones, la revelación del Espíritu Santo, lejos de ser tomada como el cumplimiento de una palabra bíblica, es asumida casi como una fantasía circense. ¡Oh, Señor! El pastor que me ministró a mí, oró con sus ojos cerrados, luego los abrió, me miró, sopló en mi rostro y yo me fui al suelo. Cuando me levanté, tenía todos los síntomas de una hermosa borrachera. Sólo un problema: no había probado en meses ni una sola gota de alcohol. ¡Bienvenido Espíritu Santo!, dije, y ni siquiera la frase era mía, ya que se la había oído a un telepredicador americano que por esas horas se había convertido en el punto de referencia para todo aquel que anhelara ser ungido.

Obvio, cuando quedé por primera vez frente a una persona para ministrar, (Un matrimonio, en realidad), hice exactamente lo que había visto y oído. Y mientras el muchacho se derrumbaba al piso lentamente, casi en cámara lenta, la esposa salió disparada hacia atrás un par de metros. Todavía no entiendo cómo no se rompió el cuello al caer. Bienvenido otra vez, Espíritu Santo. Sin embargo, y tendrás que creerme, aunque te cueste horrores, nunca fue la intención de Dios, que la tradición respecto a todas sus cosas, reemplazara a la revelación que emana, merced a Su Espíritu Santo, de Él mismo.

De hecho, el propio Jesús mostró su fastidio y disconformidad cuando les dijo a los fariseos que, por respeto a sus tradiciones, habían anulado el mandamiento. Por eso es que dije que hablaríamos en primer término, de La Comisión, ¿Es un principio, este? Parecería ser que sí. ¿De qué se trata? Para ahorrarnos malos entendidos, lo mejor es que permitamos que nuestra Biblia abra su boca santa y nos hable. 

(5) – Enviados y No Enviados

(Romanos 10: 15) = ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!

Mira; yo creo que la lógica de Pablo es tan sencilla, que casi resulta ingenua. Porque, veamos; la lógica simple de Pablo estima que, para que tú te pongas a hacer algo para el Señor, tienes que haber sido enviado. Enviado. Punto y aparte, y a otra cosa. No se trata de querer, no se trata de buscar, no se trata de anhelar, y ni siquiera se trata de ser fiel, honesto y sincero: para hacer algo para el Señor, tienes que haber sido enviado. Por eso es que él dice: ¿Cómo predicarán si no fueren enviados? Ustedes recuerdan el contexto del pasaje del cual es sacado este texto, ¿Verdad? Habla del oír, del pensar, de la salvación.

Pero en el verso 15 que es el que nos interesa, él dice cómo van a predicar, ¡Cómo se atreven a predicar si no han sido enviados! ¿Sabes qué? Con mínimo discernimiento, hoy, tú puedes darte cuenta al oírlos, quién ha sido enviado y quién no. No creo ser el primero ni el único que, ante un problema por parte de un ministro que busca consejo, (Porque los ministros, a veces, salimos a buscar sabios consejos), porque no ve adelantos en su trabajo ministerial, yo suelo preguntarle si cree que verdaderamente lo ha llamado el Señor a ese ministerio.

De hecho, las respuestas son educadas, medidas, respetuosas y hasta complementadas con esa sonrisa evangélica que tanto conocemos, esa sonrisa apta e ideal para promo de pasta dental, pero el gesto me dice que mi pregunta no le cayó para nada bien. Y sin embargo es una pregunta llena de amor y buenas intenciones, no una crítica. Dios lo sabe, y eso en definitiva lo único que interesa. Pero, -reitero-, si tú te crees un ministro de aquellos y un simple hermanito sin identificación alguna viene y te pregunta si estás seguro de haber sido enviado a ese ministerio, lo mínimo que te pasa por la cabeza es enviar a ese hermanito a un exilio pago a Siberia…

He oído a hombres y mujeres de Dios hablar sobre este asunto y ellos sostienen que, según sus experiencias personales, el cincuenta por ciento de los ministros que se encuentran al comando de una iglesia, célula o grupo casero, no han sido enviados por el Señor a esa tarea. A mí, en lo personal, me parece que se quedaron cortos. O tuve mucha mala fortuna en donde me tocó observar. Porque en lo que yo he visto, no dudo de sus mejores intenciones y hasta de su honestidad, pero en el fondo, creo que ellos supusieron o les pareció que habían sido enviados.

 Tuvieron algo que se llama presunción que, coincido con otros hermanos, se parece mucho a la fe, pero no es fe; es sólo presunción. Un sentir que se expresa con un: “me parece”, “yo creo”, “tengo la sensación”, “supongo” o el clásico y tradicional: “yo siento”. El problema es que mi Biblia jamás habla de sentir, sólo habla de creer y de confiar. Déjame decirte que todo eso forma parte de la presunción. Fe, en todo caso, y desde lo personal, es decirte: yo tengo certeza total que he sido enviado para enseñar. No para pastorear, no para evangelizar, no para profetizar, aunque de pronto si Dios lo necesita pueda fluir temporariamente en esas tremendas y maravillosas unciones.

Pero enseñar sí, eso es lo que el Señor puso en mi vida. Y eso es lo que trato de hacer, cada día, con la máxima excelencia posible. Pero, imagínate; preguntarle a un ministro con problemas si está seguro que Dios lo envió a ejercer ese ministerio, es lo mismo que encararse con alguien que asiste a una iglesia y preguntarle: ¿Tú eres salvo? Claro, esta pregunta también suena como ofensiva, incluso hasta desubicada si se quiere, pero es necesario saber con quién y de qué estamos hablando. ¿O tú ignorabas que en las iglesias hay gente que cree ser salva y todavía no lo es?

Entonces sale uno que te dice: ¡Pero no, hermano! ¡Si alguien se te acerca o te escribe pidiéndote ayuda ministerial, se supone que…! ¡No! En estas cosas, yo mejor nunca supongo nada. Hace ya bastante tiempo que descubrí que lo importante para mi vida no es lo que yo supongo, sino lo que yo conozco. Porque después viene la otra. La gran mayoría de los hombres o mujeres a los que me ha tocado hacerles esa pregunta, respecto a si cree que ha sido enviado a ese ministerio que hoy está ejerciendo, se me queda mirando y ahí salen las respuestas un tanto evasivas. “Y…tanto como llamado, no sé, ¿entiendes? pero a mí me gusta hacer esto”. ¡Te gusta hacer eso!

Mira, hermano; decía un sólido ministro que conocí: a mí también me gusta cantar, pero no tengo voz ni para cantar el himno nacional de mi país. No fui enviado a cantar, seguramente. Pero lo acepto y me voy por otro camino. Porque de esto también me ha tocado ver lo ridículo lindando con lo ofensivo. Hermanos que, en el mejor de los cultos, el día de mayor cantidad de asistentes a la reunión, porque son amigos del ministro o éste tiene algún compromiso con ellos, son invitados a cantar en medio del servicio. ¿Y sabes qué? ¡Te duelen los oídos! Entonces llega su disculpa: “Sepan aceptar mis defectos, hermanos; lo que interesa es que oigan la letra de lo que canto.”

¡Ah! ¿Entonces lo verdaderamente importante es la letra de eso que desafinas? De acuerdo, ¿Y por qué no pruebas contarnos esa letra, pero sin pretender cantarla, por favor? Vergüenza. De todos modos, muchos podrán decirte que, pese a no haber sido enviados específicamente a ese ministerio, igualmente Dios lo ha bendecido mucho en su trabajo. Pero resulta que Dios, a veces, no te bendice porque estás bien, te bendice porque te ama, porque tiene alta misericordia y porque, en suma, el ministerio que tú estás ocupando, es suyo. Pero lo cierto, es que no te otorgó esa Comisión para tu vida. No lo hizo.

Porque, te recuerdo por si se te olvidó, cuando hablamos de comisión, hablamos de Co-misión, que como no cuesta nada entender, es algo en conjunto con otro u otros. Y, en este caso, con Él mismo, ¿Qué te parece? Co-misión, Co-deudor, Co-partícipe. Dos, por lo menos; o más de dos. Y si es un asunto este en donde yo voy a salir a hacer algo nada menos que con el mismísimo Dios de todo poder a mi lado, entonces voy a tener que asegurarme que Él me invitó a participar, ya que de otro modo estaría en un lugar donde no se me necesita ni se me invitó a estar. Y eso, al menos en mi país, se llama entrometerse o, peor, burlarse de alguien o de algo. 

(6) – Lo Importante Es el Mensaje

Y el gran problema de no haber recibido una clara Comisión por parte de Dios, es que la persona no entiende sus límites ni sus capacidades. Vamos a hacer lo que más me gusta de estas cosas, y si eres un seguidor de mis trabajos, sabes que me gusta y mucho, que es revisar meticulosamente lo qué dice la palabra a continuación. En este texto que acabamos de leer, dice cómo predicarán La palabra predicarán, en el griego es kerusso. Kerigma es predicar y kerusso es predicarán. Y luego dice que cómo predicarán si no fueron enviados.

Y la palabra enviados (Y creo que a esta te la sabes), es la palabra apostellos. De ahí viene nuestro más conocido término, apóstol. O sea que lo que allí dice, es: ¿Y cómo kerusso, sino fueren apostellos? ¿Cómo predicarán si no han sido enviados? Por eso te estoy dando la definición de Apóstol, que es Enviado. Pero desmenucemos un poco la primera palabra, kerusso. Es muy importante hacerlo, porque esa palabra significa algo así como “ser heraldo”. Quizás alguno de ustedes pueda recordar alguna de esas imágenes de la Edad Media, donde existían castillos y señores feudales que secuestraban princesas.

Cuando un rey o una autoridad querían comunicar su voluntad al pueblo, enviaba un kerusso. Mandaba un heraldo con un mensaje. Y él tocaba una trompeta y todos se reunían en la plaza principal de la aldea. Y ahí el heraldo sacaba el edicto o el documento que le había sido entregado, y lo leía. Generalmente les informaba a los súbditos que subían los impuestos y todas esas cosas tan bonitas para la gente común, que ahora tiene a los heraldos metidos en sus casas en forma de aparatos de radio, televisores y las redes. Sin embargo, en aquellos tiempos, los oyentes, no podían hacer nada en contra de la persona.

De hecho, no la podían tocar. ¿Por qué? Porque él no estaba allí por su propia voluntad. En principio, él había sido enviado. Y en segundo lugar, él fue enviado porque tenía un mensaje que comunicar. Y el mensaje, era más importante que el enviado. O sea: el mensaje, siempre es más importante que el portador del mensaje. El mensaje, siempre es más importante que el enviado. ¿Debería repetirlo otra vez? Y es por el mensaje que la persona no puede ser tocada. Porque quien toca la persona, toca a quien envió el mensaje. ¿Se va entendiendo o la estoy complicando demasiado?

 La palabra kerusso, entonces, significa: primero, ser heraldo, o en general proclamar. Esta palabra aparece, por ejemplo, en Mateo 3:1, donde se traduce como predicando. En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea. Aparece en Marcos 1:45, donde se traduce como publicarlo. Pero ido él, comenzó a publicarlo mucho y a divulgar el hecho, de manera que ya Jesús no podía entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera en los lugares desiertos; y venían a él de todas partes. En Lucas 4:18, donde se lee como pregonar.

El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; Y en el verso 19 como predicar. A predicar el año agradable del Señor. En Lucas 12:3, como se proclamará. Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas, a la luz se oirá; y lo que habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas. En Hechos 10:37, como predicó. Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan: 

Romanos 2:21, que predicas. Tú, pues, que enseñas a otro, ¿No te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se ha de hurtar, ¿hurtas? En Apocalipsis 5:2 es que pregonaba. Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? Y en 1 Pedro 3:19, al acto de Cristo después de su resurrección al proclamar su victoria a los ángeles caídos. En el cual también fue y predicó a los espíritus encarceladosJesús fue donde estaban los ángeles caídos y les kerusso, les predicó.

En segundo lugar, la palabra kerusso significa predicar el evangelio como un heraldo. Mateo 24:14, dice que será predicado. Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin. En Marcos 13:10 es sea predicado. Y es necesario que el evangelio sea predicado antes a todas las naciones. Marcos 14:9, se predique. De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella.

En Marcos 16:15 dice predicad. Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. En el verso 20, dice predicaron. Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén. En Lucas 8:1 dice predicando. Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él, En Lucas 9:2, a predicar. Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos.

 En Lucas 24:47, que se predicase. Y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. En Hechos 8:5, dice predicaba. Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo. Hechos 19:13, predica. Pero algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo. En Hechos 28:31, leemos predicando. Predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento.

Romanos 10:14 dice quién les predique. ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quién les predique? 1 Corintios 1:23 habla de predicamos. Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; También en 1 Tesalonicenses 2:9: Porque os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga; cómo trabajando de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios. Y, en 1 Timoteo 3:16, dice predicado. E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria. 

(7) – Asunto de Vocación

Creo que no exagero nada si digo que la palabra kerusso, aunque dudo que alguien te lo haya enseñado antes, a menos que hayas asistido a un seminario o instituto teológico, es el centro del ministerio cristiano del Nuevo Testamento. Keruks, mientras tanto, otro vocablo que suena parecido, significa portavoz. O sea que el keruks, tiene un kerusso, que es mensaje. Y el mensaje, es el kerigma. Todas derivan de lo mismo. Keruks es el portador, kerusso es el hacerlo y kerigma la palabra que se predica. A primera vista, te podrá sonar como un simple juego de palabras griegas con las que, la verdad sea dicha, no tienes demasiada familiaridad ni las utilizas a diario.

Pero créeme que, si en algún momento te planteas acceder a un ministerio o hacer pesar de alguna manera los dones que hayas recibido, conocer esto que ahora casi pasaste como casualmente, te será altamente necesario y eficiente, porque te ubicará en el lugar correcto y con el mensaje exacto. Además, (Y a esto los profetas lo saben muy bien), a Dios le agrada y mucho enviarte revelación mediante los originales bíblicos, apartados de ciertas interpretaciones demasiado terrenales que los hombres inventaron. En pocas palabras, lo que aquí está diciendo Pablo, es cómo predicarán, como kerusso.

Y está hablando de proclamar, está hablando de un mensaje real, está hablando de un heraldo; está hablando de un encargo para transmitir una palabra que no nace en el hombre. O sea, no es el keruks, el valioso e importante; no es el portador, tampoco, el que crea la palabra. Él solamente la repite. Dios me libre de pretender comparaciones épicas, pero es exactamente lo mismo que sentimos aquellos que sabemos perfectamente que nada de lo que decimos o enseñamos procede de nuestras pobres sabidurías terrenales. Es decir que el rey ordenaba que se presentara ante él un keruk, un portador.

 Y cuando lo tenía frente a él. Le ordenaba que llevara un kerigma a la población. Y él escuchaba atentamente esa palabra, y luego iba, se plantaba delante de la gente y decía: ¡El rey dice! Y daba la palabra encargada. Si no te suena familiar y crees que estoy hablando de una película de época medieval que nada tiene que ver con el hoy y el ahora, déjame decirte mi amado hermano, con el mayor de mis respetos, que ¡No has entendido absolutamente nada! De hecho, es lógico que si yo estoy siendo enviado a dar un mensaje, tengo que saber el mensaje.

También es lógico que, si me están enviando a entregar un mensaje, yo tengo que saber a quién entregárselo. Por eso, la segunda pregunta que se le formulará a quien pida ayuda ministerial, es: ¿Dónde fuiste enviado? Porque podría ser que las cosas no funcionaran por no estar en el lugar correcto. ¿Es posible, eso? Sí, claro que es posible. Escucha: es más que posible que una persona esté haciendo lo que Dios le dijo, de la manera en que Dios le ordenó hacerlo, pero no en el lugar donde Dios quería que fuera. Lo que estoy queriendo decirte, amado hermano ministro, es que, si tu ministerio no te funciona y tienes certeza que has sido llamado a ejercerlo, muy probablemente estás haciendo lo correcto, pero en el lugar equivocado.

¿Y cuál es la consecuencia de eso? Que jamás llegará a tener un fruto de ciento por uno. Como mucho, tendrá sesenta. Esas tres escalas: a treinta, a sesenta y a cien, están en proporción directa con esta precisión: el qué, el donde y el cómo. Si estás en el lugar donde has sido enviado, haciendo lo que Dios te ordenó y del modo en que Dios quiere que lo hagas, tu cosecha será del cien, nada menos. Y si quieres una comparación odiosa, pero comparación al fin, ahí tienes la del diezmo. Si estás diezmando (Por voluntad propia y para acceder a la promesa, ya que no hay ley que te obligue, hoy), y lo estás haciendo de la manera correcta y con las sumas correctas y no te funciona, sólo te queda examinar si lo estás haciendo en el lugar correcto. Principio de Alfolí Genuino.

Esto es muy parecido a los famosos y casi legendarios test vocacionales que solían hacerse en los últimos grados de la escuela primaria o, en su defecto, en los últimos años del nivel secundario. Se suponía que iban a descubrir qué habilidades tenías tú y en qué profesión las podías aplicar. La realidad técnica nos dice que no siempre funcionó por una sencilla causa: esos test estaban orientados más a saber qué era lo que a ti te gustaba que respecto a tus capacidades para hacerlo. A mí, recuerdo que me salió que tenía que estudiar de abogado, ¿Sabes por qué?

Porque de periodismo ni siquiera se hablaba en esos tiempos, al menos como de una profesión seria o rentable. Periodista era en esos tiempos un tipejo que deambulaba por los bares, bebiendo toneladas de café y fumándose decenas de cigarrillos fuertes, y que se ganaba apenas la vida, escribiendo tonterías. O sea que, si vamos a verlo con la óptica cristiana, ese es un trabajo absolutamente relacionado con tu alma. Ellos no entienden, ni jamás podrían entender, nada que tenga que ver con un llamado divino. Sin embargo, no se puede dentro de nuestro ambiente elegir a una persona para ejercer un ministerio, simplemente dejándome llevar por un test vocacional.  

Mira; en la mayoría de las obras abiertas por las denominadas iglesias-madre están a cargo personas que aterrizaron allí por otras razones, pero que como trabajaron más o menos bien y parecen estar a gusto, las autoridades de la iglesia responsable, terminan por nombrarlos y ordenarlos. Pero, pregunto: ¿Alguno de esos ministros se detuvo a pensar por un momento si esa gente que está designando con un nombramiento jerárquico que es bíblico, ha sido llamada y enviada por el Cielo a hacer ese trabajo? Y es importante, porque cuando Dios te envía, siempre lo hace a un lugar y a una clase de ministerio que Él ya sabe que está en tu genética.

 ¡Huau! ¿Seguro que es así? Seguro que es así, doy fe y te lo firmo, si quieres. Yo, a la distancia con los tiempos y las formas, miro el trabajo ministerial de otros hombres, en otras esferas, y tengo la certeza que yo jamás podría haber hecho ni la mitad de correcto, ninguna otra obra espiritual que no fuera la que estoy haciendo. ¿Y qué? ¿Se lo voy a adjudicar a la casualidad o a la buena suerte? ¡Hermano! Pero, estábamos en la primera palabra del texto que leímos, así que ahora quiero que recalemos en la segunda: apostellos. Esta palabra se conforma de dos vocablos.

El primero es un prefijo, Apo, y la segunda que es la que le da movimiento, es stello. O sea que este término, simplemente es la unión de dos palabras.  Ahora bien; ¿Y qué significa Apo? Significa Lejos. En varios sentidos: lejos de lugar, de tiempo, de relación. De, o desde. Como prefijo por lo general denota separación, partida, cesación, terminación, reversión. Y stello, mira lo que significa: fortificado de la base, fijar firmemente, detenido, reprimir, abstenerse de asociarse con, apartarse, evitar. ¿Cómo traduzco correctamente apostellos, entonces?

Así: Apartado para una misión. Enviado para una misión. ¿Verdad que suena más imponente que lo que vemos a nuestro alrededor? De todos modos, lo que verdaderamente impresiona, es el peso que le da la palabra stello. Fortificado. Porque generalmente a Apóstol lo traducen como enviado, y nada más. Pero no es alguien a quien quisieron sacarse de encima y lo enviaron lejos, ¡No! Es un enviado especial para una misión especial que solamente él puede llevar a cabo.  Apostello. Apartado. Apartado lejos, pero firmemente. Si quieres te lo digo bíblicamente: Enviado Para una Gran Comisión.

Co-misión. Dos; el que envía y el que va. Dios y… ¿Tú? ¿Yo? ¿Quién? Estamos hablando de apartado lejos, algo que le impide asociarse con otras personas. Ha sido apartado, no se puede asociar con otras cosas. Apartado lejos para una misión. Apartado lejos, pero capacitado. Resumiendo, el ministerio no es como tener hijos. Porque el primer hijo te puede salir medio torcido por tu inexperiencia, pero el segundo te sale un poco más recto porque ya aprendiste. A la tercera ya seguramente te sale bien, casi perfecto. ¿Motivos? Uno solo: ¡Es que jamás nos enseñaron a ser padres!

(8) – Cuestión de Paternidades

De acuerdo, a ser padres, ya lo anticipé, aprendemos por experiencia. Entendido, es como decir que aprendemos comiendo del árbol del conocimiento del bien y del mal. Entonces, pregunto: ¿De qué te sirve tener el árbol de la vida, si vas a aprender por el legendario sistema de conocimiento y error? ¡Es que yo no sabía esto cuando me metí al ministerio! Obvio, te metiste comiendo del árbol del conocimiento, no del árbol de la vida. ¡Huau! Y, otra vez: ¡Huau! Porque es imposible que Dios te envíe para algo, sin que te diga cómo hacerlo. ¿Todavía no entendiste que es Dios y no hombre?

Estamos analizando las dos palabras que usa Pablo: predicarán y enviados. ¿Cómo predicarán si no fueren enviados? Más, aun: ¿Cómo podrán ir y abrir sus bocas, si no tienen qué decir? ¿Cómo podrán ir lejos, si no están firmes ni consolidados en sus lugares?  Hay muchísimas personas que tienen claro que Dios los ha llamado para algo, pero en concreto no saben para qué. Decenas de correos semanales en ese sentido avalan lo que digo. Entonces, muchos de ellos, lo primero que hacen, es abrir una iglesia. Ese es un error muy frecuente, demasiado frecuente.

No se dan cuenta que, al abrir una iglesia, están tomando una decisión de vida. Mejor dicho: de por vida. Y es más que obvio que estoy utilizando el término iglesia del modo más difundido y conocido por el grueso de la sociedad, como lugar, templo, salón, auditorio religioso. No soy escéptico ni desconfiado de lo que un hermano me diga haber recibido del Señor. ¿Quién soy yo, después de todo, para convertirme en juez de un asunto de tamaña magnitud? Sin embargo, no puedo reprimir un gesto de duda cuando alguien me dice que Dios le ordenó comprar un terreno y edificar un templo.

No puedo evitarlo, pero no me hagas caso, debo ser yo el equivocado. De hecho, tal vez no era ese su destino en el Señor. Quizás Dios quería levantarlos en alguna clase de ministerio itinerante, nuevo, distinto y no al frente de una congregación clásica, tradicional y estructurada. Una cosa es comprobar que, al ministrar en lo que fue enviado, toda su unción queda de manifiesto. Pero a la hora de pagar los gastos fijos de esa congregación, el dinero no alcanza. ¿Qué pasó? Pasó que Dios sigue respaldando su verdadera unción, pero no respalda sus finanzas. Eso significa que algo no está bien.

¡Es que no entiendo por qué me respalda en lo central, en lo espiritual, pero no con el alquiler del salón! Perdón: Pregunta tonta: ¿Será que Dios quiere que tengas un salón? ¡Pero es que sin un salón no puedo ministrar! Sí que puedes, sólo debes tener ingenio. ¡Pero es que la mayoría de los ministerios que conozco tienen sus salones! Entonces ahí te está guiando la tradición, el sistema, no el Espíritu. ¿Y si has sido llamado, por ejemplo, para ministrar a jóvenes directamente en las calles, donde pasan la mayor parte de sus horas, y no en un salón?

Entonces, como no tenemos esta plataforma de claridad, nos guiamos por un sentido común, Dios me llama. Y sí; eso está fuera de toda discusión. Lo que te falta especificar es a qué te está llamando. Bueno, es que… ¡Dios me está llamando a predicar! ¿Ah, sí, ¿eh? ¿Y a quienes, se puede saber? ¡Bueno! ¡A los que no conocen al Señor! ¿Y qué vas a hacer, campañas masivas? ¿Vas a predicar en las plazas con riesgo que la policía te lleve preso por alterar el orden, que es como toman a uno que está con la Biblia, mientras que miran para otro lado si son hare-krishnas o esotéricos vendiendo pirámides?

Si todavía no aprendiste, sea porque no te lo enseñaron por cuestiones doctrinales denominacionales o por simple apatía o comodidad, que predicar el evangelio es guerra espiritual plena, frontal y declarada, déjame decirte que estás en la misma situación que un soldado que va al frente de combate con un manojo de armas pero que, por las razones que sea, elige no utilizarlas. ¿Cuánto puede durar con vida? Y ves a esta persona hipotética diez años después, y su situación sigue igual. Siente que tiene un llamado y responde y va. Pero supongo que va al lugar equivocado. Y no está yendo al lugar en donde Dios lo necesita.

Y cómo anda con lo justo y pasando necesidades, ahora se ha convencido de otra cosa: que su ministerio es tan potente que el enemigo le está poniendo zancadillas cada cinco minutos. Entonces, para él, estar en el ministerio pasa por sostenerse con uñas y dientes. A mí particularmente, y no soy el único, créeme, me da la sensación que eso no es un ministerio. Es más; tengo la certeza que, en algún lugar de tu camino, tú giraste a la derecha cuando la realidad dice que debías girar a la izquierda, ¿Se entiende? En alguna parte erraste el camino. ¿Sabes qué? Es como errar el blanco. ¿Sabes de qué estoy hablando, verdad? Errar el blanco.

 En griego, armatías; ¿Traducción en español? Pecado. ¡Oh! Claro que, en medio de todas estas crisis, fíjate una vez más en la lógica tan sencilla de Pablo: ¿Cómo predicarán si no fueran enviados? ¿Cómo pueden llevar un mensaje si no han sido consolidados firmemente en su base, para ir más lejos? Apo: lejos. Apartado. Stello. Consolidado, firme. Será interesante, entonces, ver algunos ejemplos para detectar si Dios funciona así. Todos conocemos a Moisés. Mira este pasaje: (Éxodo 3: 15) = Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: (¿Quién le dijo a Moisés? Dios) Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos.

 Él, Moisés, ¿Quería hacer algo por su pueblo? ¡Sí! Se nota que siempre quiso. Trató de ayudar a un hombre esclavo que estaba siendo golpeado. Era un hombre que sabía que Moisés no era egipcio, pero, en este momento de su vida, él está viviendo allí, en medio de unos beduinos, en las dunas de arena; ahí está el amigo Moisés. Entonces es cuando Dios va a buscarlo. ¿Alguna vez escuchaste esta expresión?  ¿“Necesito tomarme unos días para buscar a Dios…”? Eso es pura tradición, puro cumplimiento de sistema, no hay ni un solo ejemplo de eso; es Dios quien busca al hombre, no el hombre el que busca a Dios.

 Lo otro, es una elegante manera de dar a entender que te quieres tomar unas vacaciones. ¡Y está bien, porque todos se merecen tomarse vacaciones! Pero ven y dime la verdad y te prometo que no te juzgaré ni te criticaré. ¿Es que existe eso en la iglesia? Sí, en algunos hermanos maduros, sí que existe. Cero Juicio, Cero Crítica. Y cuando Dios alcanza a Moisés, porque creo que no hará falta aclararte que Moisés no lo estaba buscando a Dios, sino que, muy por el contrario, él estaba buscando una oveja; o tal vez simplemente estaba mirando pasar a sus ovejas, el hecho ocurre.

 Y esta escena, que luego tendrá como protagonista a Moisés, se repite vez tras vez en toda la palabra. No veo a hombres preguntando dónde está Dios, pero si a Dios preguntando: ¿Dónde estás tú, hombre? Empezando con Adán, ¿Dónde estás, Adán? Esa es la diferencia entre nosotros y la religión. Porque la religión enfatiza en el hecho de que el hombre debe buscar a Dios. Pero, claro, ¡El cristianismo no es una religión! Por lo menos no, en el sentido formal de la palabra religión. Porque es el único credo en el que Dios busca al hombre. 

(9) – Capacitados Para Levantarse

En el caso de Moisés, era una zarza ardiente. Él tiene maneras de llamar la atención a la gente. En el caso de otras personas habrá sido el accidente de un familiar, la quiebra de una empresa, una situación difícil en la familia. Dios va a usar zarzas ardientes. No sólo Dios lo está mandando a su pueblo, sino que además le dice que vaya a su pueblo, Egipto. ¡Linda tarea para un hombre que estaba en calidad de prófugo en Egipto!  Pero no sólo lo manda, sino que además le da el mensaje que debe predicarles. ¡Ve y diles! Además, dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros.

 ¿Notan ustedes que le dice las dos cosas de las que habla Pablo? Tiene un mensaje, kerusso, y tiene una comisión, enviado, apostello. Es decir que Moisés iba a llegar a destino e iba a decir: ¡Dios me ha enviado! ¡No vine porque yo quise! ¡Él me ha enviado! Y fíjate lo que dice luego el Señor. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos. Más adelante te voy a explicar por qué habla de su nombre. Concluyo con el ejemplo de Moisés. Moisés va a ser enviado para una tarea impresionante. Dios lo busca y lo comisiona. Y si tú ves más adelante, no sólo lo comisiona, sino que además también lo capacita.

Porque en contrario a lo que se sigue enseñando en nuestras iglesias, Dios no viene a levantar a gente capacitada; Dios capacita a los que va a levantar. Lo hizo conmigo. Yo jamás podría haber sido un maestro por méritos o capacidades propias. ¡Él lo hizo! Yo sólo pude o supe obedecer. Él va a hacer una tremenda manifestación del poder de Dios en Egipto. Él va a pelear contra los dioses egipcios, día tras día; plaga con plaga, y va a vencer uno tras uno de los dioses egipcios. Claro está que, en el principio, cuando todo comenzó, él todavía no sabía eso. ¡Gloria a Dios que no se lo dijo antes!

¿Te imaginas el ataque de pánico que le hubiera dado al pobre Moisés? Esto es bastante conocido en ciertos niveles de nuestros ambientes, porque forma parte de la manera en que Dios suele moverse. No es que tenga métodos fijos ni costumbres inamovibles. Él lo hace como le da la gana, pero generalmente, suele ir dándote las cosas de a poco, como para que no te indigestes. Pero te dice lo que debes hacer. ¿Recuerdas cuando le hace arrojar a Moisés la vara esa toda fea y despareja, y de pronto la vara se convierte en una serpiente? Nota cómo opera y funciona el concepto de stellos: firmemente establecido en. Apartado de otros, no puedes confiar en tus propias fuerzas. Él lo hará, no tú, aunque tengas el título.

 Y lo mira y le dice: oye Moisés, no puedes hacer nada por tu cuenta. Mira donde estás parado. Sobre una serpiente, no tienes estabilidad en nada con ella allí. Mira ahora tu corazón. Mete la mano en tu costado. Ahora sácala. ¿Ves? Está leprosa. Tienes el corazón con lepra. Aprende, Moisés. Aquí no se trata de lo que tú sientas o de lo que tú creas mejor. Aquí se trata de obedecer mi voz. Nada más que eso. Además, el clásico ministerial: esfuérzate y sé valiente. El resto es mío, Moisés. Ahora escucha atentamente lo que te voy a decir y luego ve y diles exactamente eso a los hijos de Israel.

Ese es Dios. El que lo oye y obedece, bueno…cualquiera. Aquí, yo; allí, tú; más allá…cualquiera. Ahora veámoslo así: ¿Qué es lo que Dios está buscando, hoy? ¿Acaso busca un pastor? No, Dios jamás busca un pastor; Dios busca un pregonero. Tampoco busca un profeta, busca un pregonero. Ni siquiera busca a un apóstol, busca un pregonero. Ni por asomo busca un cantante, busca un pregonero. Él siempre busca a alguien que repita sus palabras a otros.  ¡Ah! ¿Y cuál es la ventaja de ir con las palabras del pregonero, a la gente? La ventaja se llama: Autoridad.

¡El Dios de vuestros padres me ha enviado! ¡Y dice esto, esto y esto! ¿Me olvido de algo? Creo que no. Listo. Nos vemos y hasta otro día. Dios los bendiga. Terminé. Consumado es. No es este mi negocio, no estoy aquí porque quiero; fui enviado.  Yo no busqué la zarza ardiente. No quise venir, yo pensé que a esto lo tenía que hacer mi hermano, no yo. ¡No estoy porque quiero! Realmente, en el ministerio nadie está porque quiere. Uno debe estar en el ministerio por un simple principio: obediencia. Soy un maestro del Señor y glorifico Su nombre por ello, pero; ¿Crees que yo busqué ser maestro?¡Yo quería ser cualquier cosa, menos un estudioso de la Palabra! ¡¡¡Me aburríaaa!!! ¡Qué enorme que es Dios!

La gente, por su esclavitud, sufrió una pérdida terrible. No eran las finanzas, no era su tierra. Lo que el pueblo perdió en Egipto, fue el nombre de Dios. Por eso le dice aquí el Señor: este es mi nombre. Es muy llamativo que en Juan 1:12 diga que se les da la potestad de ser hijos de Dios a los que creen en su nombre. Que en Juan 17 Jesús diga: he terminado la obra que me diste que hiciese; he manifestado tu nombre. El noventa y nueve por ciento de lo que hoy en día llamamos prédica, es dar a conocer a la iglesia. Lo que en este tiempo predica la iglesia, es a la iglesia.

 La iglesia, hoy, se predica a sí misma como institución, no predica a Jesucristo. Es decir que no predica el nombre de Dios. Y mucho menos el evangelio del Reino, único que predicó Jesús. Se invita a las personas a venir a la congregación porque, se les asegura, ahí Dios las va ayudar. Eso es fomentar la religiosidad en la gente. ¡Bueno! ¿Es para tanto, hermano? Si; Es para tanto. Como que, sin desearlo, quizás, están sacando a las personas del camino correcto y los están enviando a un atajo sin salida clara. Escucha esto y presta atención: no hay ni un solo ejemplo en la palabra, ni uno solo, en el que un profeta esté buscando que la gente tenga que ir a un lugar específico para hacer o para ser algo.

El mensaje central del enviado, es revelar el nombre de Dios. Lo que llamamos inconverso, incrédulo, básicamente es una persona que no conoce el nombre de Dios. ¡Es que ellos saben todo de Jesús! No estoy hablando de Jesús, estoy hablando del nombre. Otro ejemplo que podríamos tomar, para que se vea que esto no es una cosa rara sino el lenguaje común, es el caso de David. Todos conocemos a David, tremendo rey de Israel. Dice en 1 Samuel 16:11-13: Entonces dijo Samuel a Isaí: ¿Son estos todos tus hijos? Y él respondió: Queda aún el menor, que apacienta las ovejas.

 Y dijo Samuel a Isaí: Envía por él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga aquí. Envió, pues, por él, y le hizo entrar; y era rubio, hermoso de ojos, y de buen parecer. Entonces Jehová dijo: Levántate y úngelo, porque éste es. Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá. Pregunto: ¿David fue a buscar a Dios, o Dios fue a buscar a David? Y dice que Samuel tomó el cuerno de aceite. Escucha: Moisés necesitó una zarza ardiente, pero David necesitó un cuerno de aceite.

El cuerno de aceite era uno de los instrumentos que utilizaban los sacerdotes en ese tiempo. Moisés es llamado cuando no había ley, cuando no había liturgia en Israel. Tampoco había cuernos, tampoco había aceites. David es llamado cuando ya ellos habían entrado a Canaán, cuando habían sembrado sus propias vides, sus propias olivas, y donde ya estaba también el tabernáculo, había un clero, sacerdotes, una liturgia. De tal manera, que lo que Dios usa con Moisés, difiere en cuanto a símbolos de instrumentos que Dios utiliza con David, que, por sus tiempos de llamado, era diferente. ¿Pero entonces, Dios no se ha estancado en las antiguas formas? ¡Es Dios, hermano! No es el que fue, tampoco es el que será. Dios es Yo Soy. Y eso, como quiera que lo entiendas, siempre es Hoy. 

(10) – Elegidos Para el Combate

Entonces, probablemente, hoy día, tú no necesites un cuerno de aceite; de hecho, no lo necesitas. Lo que si puedes necesitar, acorde a lo escrito en el Nuevo Testamento, es la imposición de manos sobre una persona. Ese sería el equivalente moderno a aquella zarza ardiente y aquel cuerno de aceite. Pablo lo dice: no te olvides de esto, Timoteo; como fuiste apartado por la imposición de manos del ministerio. ¿Por qué? Porque ahora el aceite soy yo. El aceite es el que pone las manos. En la imposición sí hay transferencia. Mucho cuidado. ¿Y dónde está el fuego? El Espíritu Santo era el fuego.

 Y nota este pequeño detalle: la zarza es una planta con espinas. Obviamente, la zarza representa a la naturaleza humana. ¿O no conoces gente que, si te le acercas, te pinchan con sus espinas? De hecho, las espinas aparecen cuando el hombre peca. Las espinas aparecen en ese momento. Dios es capaz de poner su fuego sobre la zarza, y la zarza no se quema. El Espíritu de Dios habita en personas espinosas como nosotros. Entonces, cuando alguien te mire un tanto feo, no te preocupes. Debe ser que todavía se ven en ti algunas espinas o directamente la zarza entera.

Sin embargo, eso no será obstáculo para que el fuego de Dios venga sobre ti. Después de todo, la gente no se acerca a la zarza por sus espinas, sino por el fuego.  Levántate, dice Samuel, y úngele; porque éste es: Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá. El llamamiento de David es más que interesante, porque nadie le da ni una sola explicación a David. Y aquí quiero que te ubiques en tiempo y geografía porque es necesario enfocarlo desde ese lugar: David era un muchacho que no tenía más de catorce años. ¡Catorce años!

 Lo hizo venir el profeta más importante de Israel, lo puso delante de él, lo ungió con aceite en la cabeza y después le dijo que podía irse tranquilo a seguir con lo suyo. La pregunta que nos hacemos, es: ¿Por qué no le dijo algo? Pero no; no le dijo nada. Escucha: pasan más de veinte años de ese momento para que él empiece recién a ejercer un poco de influencia positiva. No sé por qué se comportaron así. ¡Moisés fue mucho más informado que David! David no tenía ni la menor idea de lo que le acababa de pasar. Dios no permitió que Samuel hable, porque Samuel nunca fue un buen padre.

Recuerda que, a sus propios hijos, los perdió. Aunque era profeta, y no solo eso, era el más grande de los profetas de ese tiempo, y va a terminar siendo el más importante, Dios no quiere a David afectado por las palabras de Samuel. “Sólo ve y úngelo”. Y hay algo que impresiona de Samuel: que obedeció. Es muy difícil para una persona hacer algo con otra, sin explicarle nada. ¡Es tremendamente complicado! Y puedes buscar en el texto para ver si en algún momento el padre, Isaí, le pide alguna explicación a Samuel. Investiga si en algún escrito anexo se dice que David haya salido corriendo detrás de Samuel para preguntarle por qué lo había bañado con aceite sin explicarle nada.

 ¿Por qué todos se comportan como si no hubiera pasado nada? ¡Hacen algo impresionante en la vida de una persona y nadie dice nada! Cuando Dios se mueve de verdad, nadie entiende muy bien lo que está pasando, pero está seguro que algo muy importante está pasando. ¿Se dan cuenta, al menos de modo acercado, del temor reverente de Dios que tiene el profeta, para ir a hacer algo que le ordenan sin cuestionar absolutamente nada? ¡Por lo menos le podría haber dicho algo así como: ¡Dios te va a usar, muchacho”! Claro que la pregunta, en este caso, sería: ¿Samuel, sabía en qué momento Dios iba a usar a David? No.

Entonces, ¿Qué podría haberle dicho? Sin embargo, la respuesta la van a dar los próximos sucesos futuros. Y no necesito llegar a la honda, las cinco piedras en la cabeza de Goliat y su derrumbe. Mucho antes, cuando todavía nadie le ha prestado atención a David, y él acude a ese lugar de enfrentamiento con la simple tarea de llevarles comida a sus hermanos, él oye los gritos y las bravuconadas del gigante, y su corazón se inflama y se llena de indignación. ¿Sabes qué? Impresión fresca: Goliat es el Sistema. ¿Un añadido sin cargo? Lo derrotan cinco piedras. Cinco. ¿Cinco ministerios? Si. Pero cinco, no uno.

Y más tarde, cuando él rey le pide una explicación respecto a por qué quiere ser él quien vaya a luchar contra Goliat, él dice algo. Le dice: Mira; yo he sido pastor toda mi corta vida, y nunca he dejado que un león o un oso se robe una de mis ovejas. Y luego añade: si Dios pudo librarme del león y del oso, en su momento, ahora este grandote no es absolutamente nada para mí, ya verán.  Está más que claro: David no tenía un problema que mucha gente tiene hoy, todavía: él no vivía en futuro; no vivía condicionado a lo que Dios iba a hacer. Vivía ligado a lo que Dios estaba haciendo con él hoy, ahora, en ese preciso momento.

Pero, claro; si Samuel le hubiera dicho al ungirlo que Dios lo iba a usar, él hubiera sido prisionero de lo mismo que es prisionera tanta gente: ¿Cuándo será? Cuando te dan una palabra en ese sentido y a ti te agarra el apuro por saber si el cumplimiento será hoy, mañana o el año que viene, te estás equivocando, porque lo primero que debes hacer es comprobar si esa palabra que te dieron viene de Dios o del corazón bien intencionado, pero corazón al fin, de la persona que te la dio. A veces, estas cosas producen más derrotas que victorias. Recuerda a los ismaelitas. Porque aparecen todos los descendientes de Agar.

 ¿Cuál fue el problema de Abraham? No saber el tiempo en que esa promesa iba a cumplirse. Se apresuró. Me pregunto qué hubiera pasado, si Dios nunca le hubiera prometido un hijo. Simple: que él jamás hubiera buscado tener ese hijo con Agar. Entonces, ¿Cuál fue el problema de Abraham y de Sara? Hacer que una palabra profética a futuro, se cumpliera ya mismo. Y ellos reaccionaron en su carne y empezaron a mirarse a sí mismos y se vieron muy viejos ya para ser padres. Pero lo que ellos no sabían era que Dios no los veía viejos. Al contrario, Dios los veía muy aptos para ser padres del que sería el hijo de la promesa. Lo demás, carnalidad pura y resultado obvio.

 Cuando a mí me dieron la palabra profética de que mi voz sería oída en todas las naciones, a mí se me oía en un radio no mayor a los veinte kilómetros, y nada más. ¿Cómo podía creer yo, eso? Analicé el mensajero, un hombre que ni siquiera hablaba mi idioma, que no me conocía, que no tenía ninguna clase de compromisos conmigo y que, como ocurrió, jamás me volvería a ver en toda su vida. Y decidí creerlo, pero dejándole a Dios el tiempo preciso del cumplimiento. Y así fue. Entonces, cuando Dios levanta a David, le dice que disfrute ese momento. No le dice cuándo, no le dice qué, no le dice cómo, no le dice para qué, no le dice dónde, ¡No le dice nada! Sólo lo unge.

Me pregunto cómo te dejaría a ti que un tremendo profeta del Señor te unja la cabeza, pero no te diga nada… ¿Recuerdas lo que hizo David? Salió de allí y siguió haciendo sus cosas. Si hay una persona, en la Biblia, que vemos que claramente confió en Dios siempre, esa persona fue David. Sus generales se enojaban y le preguntaban hasta cuándo deberían soportar esas cosas. Y él simplemente les respondía que tuvieran confianza, que sería hasta que Dios dijera basta. Mira; habría que hacer una lista de todos los profetas de la Biblia, y podría hacerse, porque no hay un solo ejemplo en la Biblia, en el que Dios haya llamado a alguien y no le haya dicho los detalles de su llamado. En el caso de David es muy singular y ya te expliqué la razón por la cual Samuel no podía hablar. Y luego Jacob. ¿Cómo vemos a Jacob? 

(11) – ¿Listos Para Dejarlo Todo?

 (Génesis 28: 13) = Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, (Está hablando de la piedra, ¿Recuerdas?) el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. (Noten que no es Jacob el que está buscando a Dios, es Dios el que lo busca a él) (14) Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. (15) He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho. 

Vamos a ver: ¿Qué le pide a cambio a Jacob? ¿Le pide algo Dios a Jacob? No, nada. ¿Se podría decir que ese es un pacto?  No, no es un pacto. Porque el pacto es un acuerdo de dos partes, donde cada uno dispone poner algo. En realidad, esta es una manifestación extraordinaria de la gracia de Dios, en la que Dios comisiona a Jacob. Ahora volvamos a la escena. Él va a llegar a la casa de Labán, y no escapando, precisamente, él es enviado por su familia. Recuerden ustedes que él es enviado por su casa para que él vaya. Estando allá, durante esos veinte años que él trabaja por sus dos esposas y su riqueza, seguramente que muchas veces él se debe haber acordado de esta palabra, ¿No te parece? ¡Seguro que sí!

Sin embargo, podemos pensar que durante todas esas oportunidades, él recordaba esto: Yo estoy contigo. Te guardaré donde quiera que vayas. Te haré volver a esta tierra. ¿Podríamos, por un momento, tratar de pensar en las palabras de Jesús? Toda potestad me es dada, por tanto id y haced. Yo estoy con ustedes, hasta el final. ¿Hay una co-misión en Jacob? Sí. Tú vas a bendecir a todas las naciones de la tierra, tu simiente. ¿Depende de él? No, no depende de él. Porque le está diciendo que lo va a hacer a través de él, le guste o no, Dios lo va a hacer. Si ustedes ubican esta palabra, fue la misma promesa que Dios le da a Abraham.

A Abraham le da cinco promesas. Y esto que acaba de decirle a Jacob, es parte de lo que Dios le había prometido a Abraham. Ahora bien; con Abraham, Dios sí hace un pacto. Y el pacto de Abraham, es un pacto multi-generacional. De tal manera que Jacob, dos generaciones después, está recibiendo el beneficio de un pacto que hizo su abuelo, si tú quieres, su antepasado, con Dios, sin que él tenga que poner ni un centavo. Te voy a prosperar, te voy a bendecir, te voy a dar toda esta tierra, vas a ser bendición para todos, nunca te voy a dejar. ¿Te parece conveniente este negocio?

Y fíjate; lo hizo con una persona que tenía como apodo, Suplantador. Del nombre Jacob, viene Santiago. La palabra Santiago no existe en el hebreo, es Jacobo. Jacob, Jacobo. ¿Y de dónde viene Santiago? De Saint James. James, en inglés, es Jacobo. Ahora piensa: ¿Qué te habrán dejado tus abuelos? ¿Prosperidad o iniquidad? Revísalo, es adecuado. Le está diciendo a Jacob: haré esto, sin que tú hagas nada. ¡Oh, Jacob! ¡Es tremendo tu llamado! ¿Sí? ¿Qué llamado? ¿Cómo se hace para recibir eso? Es fácil, tienes que ser descendiente de Abraham. Ahora, si tú has entendido lo que Pablo dice de Abraham, este tema es muy sencillo. Nuevo Testamento.

(Mateo 9: 9) = Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, (Su nombre también era Leví) que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió.  Pregunto: ¿Mateo va a buscar a Jesús? No. Jesús es el que va a buscar a Mateo. ¿Y qué instrucción le da? Sígueme. Tremenda instrucción, apta para consultar ampliaciones, para cuestionarla, ¿Verdad? Ahora bien; ese “sígueme”, ¿Es futuro o es una acción inmediata? Es una acción inmediata. ¿Y qué hace Mateo después de oír a Jesús? Abandona todo y se va tras él. Muy bien; eso demuestra claramente que Mateo estaba calificado para cumplir con lo que Dios necesitaba y para lo que él había sido llamado.

Hay otro discípulo, del cual ignoramos su nombre, porque Dios no permitió que apareciera, que cuando vio a Jesús le dijo que deseaba seguirlo. Y Jesús vio con buenos ojos que lo hiciera, así que le dijo lo mismo que a los demás: deja todo y sígueme. Ahí fue cuando este hombre le dijo que ahora no podía, que primero debía sepultar a su papá y que luego sí lo seguiría. ¿Recuerdas la respuesta de Jesús? Deja que los muertos entierren a sus muertos. ¿Qué quiso decirle, que su papá ya estaba muerto? No. Le dijo: mira; si yo te estoy llamando, tengo la autoridad y el poder para hacerme cargo de tu padre mejor que tú.

 ¿Qué vas a hacer tú, con tu padre, que sea superior a lo que yo pueda hacer? ¿Acaso puedes prolongarle un día más su vida? ¿Cómo puedes tú ayudarlo, realmente? No puedes hacer nada, los muertos no pueden ayudar a los muertos. Pero si tú me sigues, vas a ser vivo. Y este hombre sin identidad no volvió a hablar de su familia. Apareció otro y le dijo: mira; yo he guardado todos tus mandamientos desde muy joven. ¿Todos? Sí, todos. Bueno, entonces sólo haz una cosa más; deshazte de todas las cosas materiales que tienes, véndelas y luego ven y sígueme.

 Y este hombre en lugar de hacer eso se puso muy triste porque tenía muchísimas cosas y le dolía perderlas. ¿Qué es lo que demuestra que una persona está calificada para lo que Dios la está llamando? La obediencia inmediata. ¿Sin dudarlo? Sin dudarlo. Pese a todo esto, y sin embargo, vez tras vez, cometemos un error que casi siempre es el mismo: Y es el de tratar de ayudar al Espíritu Santo. Vemos a alguien que parece tener amor al Señor, que es bueno con la palabra, es dedicado y, de inmediato, nuestro corazón quiere tomarlo y discipularlo.

Sin embargo, si se trata de una persona joven, no podemos saber de ninguna manera cómo será en el mañana, cuando por ejemplo, aparezca en el horizonte la joven o el muchacho que le gusta, si es que se trata de un joven o de una jovencita. Tampoco sabemos cómo será cuando tenga su primer automóvil. En suma; no sabemos cómo y en qué habrá de cambiar, porque la gente cambia. Y una vez que tú le dices que va a ser esto o aquello, eso muy difícilmente se pueda revertir. Y es donde generalmente estamos al punto de cometer una infracción, un error. Delegarle poder a una persona que no está calificada para tener poder.

 Y no es porque Dios lo desprecie, sino porque a lo mejor todavía no está lo suficientemente maduro, o porque todavía no es su tiempo, o cualquier otro factor de los tantos que pueden aparecer. Escucha: ¿No te ha sido suficiente con todo lo que has tenido que ver, respecto a gente que no estaba preparada para tener cierto poder? Porque, inevitablemente, es allí donde el liderazgo promedio comete muchos errores. En primer lugar, porque se deja llevar por apariencias que se pueden estimar como frutos, pero no de los que habla la Palabra. La Palabra no habla de buena conducta ni dedicación full-time. La palabra habla de algo que es un testimonio un poco más interno. Y eso se ve expresado en lo que Samuel escucha de parte de Dios: Yo quiero a ese muchacho, le dice; porque yo no miro lo que está afuera, miro lo que está adentro, miro su corazón.

 Y cuando dice “su corazón”, la palabra más asociada es: su motivación. Es decir que a la hora de levantar a un líder o ayudante de líder, (Y sigo utilizando este término, que no me agrada en absoluto, porque es el que más rápido te llevará a entender de lo que estoy hablando), lo más importante no es ni su conducta ni sus capacidades. Lo más importante es su motivación. Si yo tengo don de sanidad y lo ejerzo a favor de los enfermos para la gloria de Dios, es una cosa. Si lo hago esperando de cada uno de los sanados una ofrenda al tono, entonces la cosa es bien distinta. Pero, escúchame bien: ¡¡¡Bien distinta!!!

(12) – Coces Contra el Aguijón

Además, todos sabemos que hay gente de todos los colores. Están los que se acercan a ti y te prueban con diversas triquiñuelas, cuando lo único que buscan y les interesa, es que tú les resuelvas sus problemas. Escucha: la manipulación no tiene necesariamente que ver con Jezabel. El hombre, genéricamente hablando, es manipulador por esencia, por carácter. Si esa persona viniera a mí y me dijera: mira, tengo que hacer tal o cual cosa. Me lo han propuesto y una parte de mí quiere hacerlo y la otra no. ¿Tú qué opinas? ¿Qué me aconsejas? O, tratándose de mí, seguramente me diría: ¿Qué harías tú en mi lugar? ¿Qué sugieres? 

 Algo se llevaría, seguramente. Pero no, eligen pintarte un cuadro abstracto y esperar que de tu interior salga un consejo, una sugerencia o una palabra que les enseñe lo que tienen que hacer. Pregunto: ¿Tanto temor a mostrarse frágil tiene el hombre? ¡Claro, pero el ejemplo que usted está dando tiene trampa, hermano! ¡Con una zarza ardiendo como la de Moisés, cualquiera cree! ¿Ah, sí, eh? Pues yo te aseguro que si hoy se presentara una zarza ardiendo, seguramente aparecería alguno de esos miles de buscadores de perlas que andan por las páginas Web cristianas, y ya le encontraría algún error o, en su defecto, intentaría debatir teología con ella.

Mira; Moisés estaba destruido en su propia imagen, cuando la zarza aparece frente a él. Él no era capaz de oponerse a nadie. Lisa y llanamente, era un fracasado. Fue educado para ser príncipe, recuerda. Y está casado con una mujer que ni siquiera es judía, y trabaja cuidando las ovejas de su suegro. ¿Quién podría ser feliz así? ¿Y qué hacer con todo lo que él había recibido en Egipto? No sé, pero cuando aparece la zarza, él está tan  destruido que no se siente capaz. Un último ejemplo: Pablo. Siempre pongo a Pablo. ¿Se nota que es mi favorito? ¿Cómo dices? ¿Qué un maestro del Señor no debe tener favoritos?

Tienes razón, anótala como mala mía. Mira Hechos 9. Y él le dijo: ¿Quién eres, Señor? ¿Recuerdas? Está yendo camino a Damasco, se le aparece una gran luz y se cae al suelo (Mi Biblia no habla de caballo, ni de camello, se supone que sobre algunos de estos dos animales viajaba Pablo, por la distancia, pero lo cierto es que lo único que dice allí es que cayó al piso, no sé qué dirá en la tuya) y el resto de la historia seguramente la conoces. Pero él le pregunta: ¿Quién eres, Señor? Este fariseo de fariseos, no sabía quién era el Señor. Eso, simplemente, es lo que la religión produce. ¿Te impactó leer esto? Te aseguro que a mí también, cuando lo recibí.

(Hechos 9: 5) = Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. 

Es interesante que no se presente como Yo Soy, como el Dios del Antiguo Testamento. Yo Soy, pero Jesús, nombre propio e individual. Además, fíjate que es interesante, también, que se presenta casi sin anestesia. ¡Cero protocolo! ¡Yo soy el que tú estás persiguiendo, muchacho! Y lo quebró. Otra vez uno tirado en el piso. Y después se preocupaban los conservadores a ultranza que la gente se les desparramara sin su permiso.

(6) El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿Qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. 

Pregunta un tanto tontuela: ¿De verdad tú piensas que cualquiera de nosotros, si nos hubiera ocurrido más o menos lo mismo que a Pablo, nos hubiéramos puesto de pie, ciegos, y se nos hubiera ocurrido preguntar lo mismo? ¿No te parece que antes hubiéramos pretendido algo así como pedir explicaciones por el golpe que nos dimos y por la ceguera que padecíamos? No hay caso; una cosa es el que sí, y otra cosa es el que no.

(7) Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, más sin ver a nadie. 

¿Tú sabes que de esto que terminas de leer, jamás escuché enseñar ni predicar a nadie? Ojo: yo tampoco lo había hecho hasta este preciso momento, en que, estando en otro tema, me encuentro con este mínimo pero importante episodio. Los que rodeaban a Pablo oían la misma voz que Pablo (Todavía Saulo) estaba oyendo, pero no veían a nadie. La pregunta que se me ocurre, es: ¿Pablo sí estaba viendo a Jesús? En su espíritu, porque se había quedado ciego, dice el relato. Hay veces que no terminamos de entender las cosas de Dios, ¿Verdad? En fin; cuando no entiendes a Dios, mejor sencillamente créele.

(8) Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco, 

Hoy hablábamos respecto a si se cayó de un caballo o de un camello, porque conjeturamos que dada la distancia que debía recorrer, iba a lomos de alguna de estas dos clases de bestias. La Biblia no las menciona. Dice que se cayó al suelo, nada más. Y aquí añade que luego, cuando se pone de pie, como había perdido la visión, debió ser llevado de la mano para que no tropezara y se cayera. Ahí es notorio que no iba a lomos de ningún caballo ni camello, sino a pie.

(Verso 15) = El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, (En referencia a Ananías), para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; (16) porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.

(13) – La Estatura de Un Nombre

Creo que, a partir de todas estas cosas que hemos compartido, hoy vas a descubrir que, como iglesia, nosotros tenemos un solo mensaje. ¡Claro, hermano! ¡El evangelio! ¿Sabes qué no? ¿Qué? ¿Cómo dice? Que no, que el centro del mensaje de la iglesia, es dar a conocer el nombre del Señor. Esa es la razón de nuestra existencia. ¿Y por qué me atrevo a decir que no es el evangelio? Porque en estos tiempos se predica un evangelio donde no se presenta el nombre. Para evitar ofensas”, argumentan. Claro, y la gente se convierte, y sabe muy bien que se ha convertido en algo, o a algo, pero pasará mucho tiempo antes que sepa en qué o a qué, se convirtieron.

Dice que es escogido para llevar su nombre en presencia de los gentiles. ¿Dónde va a llevar su nombre? A los gentiles. ¿Sabía Pablo lo que tenía que hacer? Sí, a eso se lo van a repetir. Esta instrucción Dios se la está dando a Ananías, no se la está diciendo a Saulo. ¿Entonces se podría decir que Pablo recibe una hoja con instrucciones? Sí. ¿Y él sabe lo que tiene que hacer más adelante? Sí. ¿Y él sabe dónde, en qué lugar geográfico? Sí. ¿Y él cumple y hace eso? Sí. A todos estos a los que Dios llamó, de los cuales yo mencioné nada más que algunos, con decirte que se me quedó afuera nada menos que Jeremías, que también recibe un tremendo llamado, y a los que habría que sumar a Jonás, a Daniel, o José.

O piensa en Bernabé, o en Esteban; Bien; todas estas personas, sin excepción, tenían un kerusso y tenían un apostello. Nadie puede cumplir con la voluntad de Dios, si no tiene estas dos cosas.  Entonces, obviamente, la pregunta que surge, es: ¿Cómo puede llamarme Dios a un ministerio, en este tiempo? No lo sé, Dios es Soberano, pero te aviso que Él sigue llamando a la gente como la llamaba antes. Tal vez no utilice zarzas ardientes, pero Él hace conocer su voluntad.  ¿Y cuál es el error más frecuente? Que ciertos líderes o directamente ministros, quizás por hacer más suave el evangelio o incentivar a las personas para que acepten a Jesucristo, terminan diciéndole a esa gente cosas que no son verdad.

Y esto nos muestra un principio determinante: en el fondo, el evangelismo que funciona, es el evangelismo uno a uno, el persona a persona, el directo e individual. Porque es a través de ese proceso que una persona puede recibir una dirección más precisa respecto a saber para qué Dios lo necesita. Sin embargo, la predicación masiva tiene un ejemplo en Pedro, la Biblia lo relata. ¿Hizo algo mal? No, él tenía que abrir la puerta, porque él tenía la llave. ¿Entonces, Pedro tenía la llave? Sí, la tenía. Es que nosotros pensábamos que esa llave era un invento de… ¡No! ¡Él la tenía!

Pero no se quedó con ella y mucho menos se la entregó al Vaticano. Era la llave para la primera predicación. Él uso esa llave para abrir el evangelio a los gentiles. Pedro. Y a los judíos. Pero, aún en esa prédica de Pedro, podemos notar que hay propósito y dirección. La gente que conoce a Jesús en esa prédica, sabía quién era Jesús, después de escuchar la prédica. Porque la respuesta inmediata de ellos, fue: ¿Qué debemos hacer? ¿Cómo arreglamos esto? Realmente, ellos recibieron claridad en el mensaje. Es decir que, conforme a todo lo que hemos venido compartiendo, el primer principio visible, es el que muchos han dado en llamar: Principio de La Comisión.

 Pero podemos ir más lejos, todavía; ¿Podemos hablar de la Gran Comisión? ¡Claro que sí! ¿Y tiene estos mismos perfiles? Sí, tiene los mismos perfiles. Hemos empezado con una palabra específica, que es la declaración de Pablo, en Romanos 10:15, que dice: ¿Cómo predicarán, si no fueren enviados? Y hemos explicado que aquí hay dos elementos determinantes. Es lo que se va a decir, el predicar, el kerusso, y el concepto de ser enviados para cumplir una tarea; ambas son necesarias. Anteriormente pudimos explicar lo que era el predicar y lo que era el ser enviado.

Y fíjate que aparece por primera vez en este tipo de estudios, una definición muy singular de apóstol: enviado lejos. Pero no sólo es enviado lejos en distancia geográfica, sino que también tiene que ver con posicionado, con apartado y con firmemente establecido. También hemos mostrado ejemplos: Moisés, David, Jacob, Mateo y Pablo, para mostrar un simple principio: Dios siempre trabaja de esta manera: llama a la gente, es Él, el que busca a las personas, y no las personas que lo buscan a Él.  Y en segundo lugar las empodera, les otorga poderes, les da dirección, les muestra a dónde las necesita y hacia dónde deben ir. Y entonces recién allí las envía. 

(14) Las Diferencias Escritas 1

¿Qué son las diferencias escritas? Son las que encontramos y encontraremos, si es que seguimos buscando, entre lo que dice la palabra de Dios en la Biblia y lo que sostienen, enseñan y demandan los religiosos que se cobijan en las babilonias. Ellos eligen y prefieren seguir con sus rutinas tradicionales a cambiar conforme a lo que el Señor ordena en estos tiempos. Si queremos ser verdaderos discípulos de Jesús, tenemos que asegurarnos de no tener la misma actitud.

Mateo 18:20: Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. Pero los religiosos dicen que si no eres miembro de una congregación dependiente de una denominación reconocida y respetable, estás en un verdadero peligro espiritual. Y que congregarse es una obligación aunque esa congregación se limite a cantar canciones sin propósito, predicar palabras humanas huecas y sin fundamentos y omitir el nombre que está por sobre todo nombre.

Mateo 11:19, dice: Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. Pero la sabiduría es justificada por sus hijos. Pero los religiosos dicen: ¡Jesús nunca bebió alcohol! Es un pecado hacerlo. Y a esto no me lo contó nadie ni lo leí en un libro escrito por un opositor recalcitrante. A esto he tenido ocasión de verlo y oírlo con mis propios ojos y oídos. Pactos congregacionales se han realizado en este tenor, obviando que Jesús en su momento y por imperio de las necesidades ministeriales, se avino a cosas que hoy, lo hubieran determinado como pecador.

(15) – Conceptos Básicos de Autoridad

Examinando y estudiando lo que otros hombres y mujeres del Señor han encontrado al respecto, y mientras sentamos las bases donde consolidaremos la estructura que necesitamos para encarar al sistema o a los sistemas, nos encontramos con el Segundo Principio que quien quiera que sea llamado por el Padre para servir para Su Reino, deberá tener en cuenta sin exclusión: El Principio de la Autoridad. Qué palabra, ¿Verdad? Básica, elemental para cualquier clase de intento de corte ministerial. Y, además, con base escritural apta y suficiente para los más desconfiados. Y para eso nos iremos en primer término al Libro del profeta Jeremías.

(Jeremías 1: 8) = No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová.  (9) Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca. (10) Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar. 

Vamos por partes: si Dios toma a alguien y le dice que no tenga temor de nadie porque Él vendrá a librarlo, extiende su mano sobre su boca y le dice que ha puesto sus propias palabras en ella y que es colocado sobre naciones y sobre reinos, poco menos que para hacer con ellos lo que esa persona estime necesario, es porque indefectiblemente, lo que está diciendo de manera sintética, es: Te he dado autoridad. Y a este principio tan singular, deberemos añadirlo al anterior, que era el de la comisión. Como prototipo de movimiento, aquí aparece el segundo principio, que es la autoridad.

Desde que el hombre salió de la esfera del gobierno de Dios, Él se sujetó a otra autoridad. Fue otra la autoridad a la que él obedeció. No fue al consejo de Dios, que le decía: no comas del árbol del conocimiento. Se sujetó a la autoridad de la serpiente, que dice que era más astuta que los demás animales. El Señor sabe que estamos haciendo una tarea con cierto nivel de oposición. ¡Un momento! ¿Es que hay oposición? Sí, la hay. ¿Entonces es bastante luchado, esto? ¡Claro que es luchado! Cuando Pablo recibe, más adelante, las palabras de su comisión, y en parte lo vemos cuando Dios está hablando con Ananías, le dice: él va a padecer.

 Le voy a tener que mostrar que deberá sufrir por mí. MI pregunta inmediata, que seguramente también será la tuya, es: ¿Se cumplió eso? Sí, se cumplió. Sin embargo, es imposible que Dios te envíe a algo sin la autoridad necesaria. Él te va a mandar con la autoridad suficiente como para romper la oposición. Vamos a probarlo y a comprobarlo; Juan Capítulo 1. Aquí, Juan está hablando de lo que Jesús hizo al nacer entre nosotros, y dice:

(Juan 1: 12) = Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 

¿Leíste bien? A todos los que le recibieron. A todos los que le recibieron, les dio potestad, que es como decir que les dio derecho o autoridad, de ser hechos hijos de Dios. Pero cuidado, añade algo muy importante y de fondo, que es: a los que creen en su nombre. La palabra Potestad, que también se puede identificar como Derecho, es la palabra exousia en el original griego. Es una palabra sumamente poderosa. Se la traduce como capacidad, privilegio, fuerza, competencia, libertad, maestría, (Concretamente magistrado, sobrehumano, potentado) influencia delegada: autoridad, derecho, dueño, jurisdicción, libertad, poder, potencia, potestad.

 Es decir que: a los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio capacidad de ser hechos hijos de Dios. ¿Y entonces qué pasa cuando tú ves a una persona que nunca llega a ser hijo? ¿Qué puede haber pasado con él? No lo recibió. ¡Pero es que no, hermano! ¡Es que ese hermanito tiene muchos años de creyente! Puede ser, pero no lo recibió. La señal de que una persona recibió al Hijo, es que él tiene competencia, autoridad, potencia. ¿Para qué? Para ser hijo. Esto cambia bastante lo habitual que conocemos, ¿No es cierto?  De todos modos, aquí surge un problema que, lamentablemente, es muy frecuente. Pregunto: ¿Qué es predicar el evangelio?

Es algo que en algún momento lo hemos hablado, lo hemos mencionado y hasta lo hemos juzgado. ¿Cómo podemos saber, nosotros, si la gente está recibiendo al Señor? Casi a coro sale un grupo que no es pequeño de hermanos que dice: ¡Si hace la oración de entrega, lo recibe! Ah, sí, claro; Pero… ¿Y si esa oración verdaderamente fue genuina, por qué la gente no llega a ser hijo? De hecho y por obvias razones, esta última pregunta, generalmente se queda sin respuesta. ¿Será porque no existe una respuesta segura? No. Es porque hay una respuesta, pero nos agarra una mezcla de vergüenza y temor decirla en voz alta. Y aclaro: vergüenza, porque hace años que estamos haciendo lo mismo sin cuestionarnos ni preguntarnos nada. Y temor, porque  a esa misma oración la ha hecho tanta gente que amamos y deseamos sea salva y tenga la categoría de hijos… 

(16) – La Validez de Un Nombre

Y es necesario que reitere este mismo pasaje, retornamos a Juan capítulo 1, dice en el verso 12: Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; (Reitero y enfatizo: a los que creen en su nombre). Y la palabra creer, en el griego es la palabra pistis. Pistis es creer, pero aquí dice que: en su nombre. Ahora bien; cuando yo te digo que lo que mayoritariamente se escucha como prédica, es hablar de lo que es o no es la iglesia, llegamos a entender que, entonces, la iglesia se está predicando a sí misma.

Porque ellos, en el fondo, no están haciendo que la gente conozca el nombre de quién es Él, tal cual se nos ha ordenado, sino el nombre de la congregación del caso. Y si quieres una prueba legítima de lo que digo, observa los tratados que se reparten en ocasión de campañas evangelísticas puerta a puerta. Lo que yo llamo “tratado”, por las dudas alguien no lo tenga en claro por cuestiones de diferencias idiomáticas latinoamericanas, es un pequeño folleto que generalmente trae en letras visibles un salmo, un versículo, una porción con su correspondiente explicación y, seguidamente, algunas palabras alusivas.

Pero al pie, en la parte inferior pero no en letra pequeña, precisamente e indefectiblemente, el nombre de la congregación que realiza el operativo. Impreso, si es de cierto prestigio y poder adquisitivo, o con un modesto sello, si es de las más carenciadas. Escúchame: ¡Tienen que conocer el nombre de Jesucristo! ¿Era necesario el otro? Es que…es para que sepan dónde ir después que se conviertan… ¡Basta! ¡Tienen que ir a Cristo! Después que Él los lleve donde estén predestinados a vencer. ¡Gloria a Su Nombre! Vamos a ver: ¿Qué se pone en la puerta de las iglesias? Iglesia Cristiana Pan y Vino, por ejemplo.

 ¿Qué es lo que se está exponiendo ahí afuera como eje central de tu interés ateo o incrédulo? Quiero decir: ¿Cuál es el nombre que te están presentando como realmente importante? Sencillo y a la vista: Pan y Vino, que es el nombre de los que pagan el alquiler del salón o los gastos fijos del edificio. Y eso, fíjate, a mí me lleva a recordar un pasaje que alguna vez habrás leído y que, al igual que yo en su momento, y en varios otros momentos también, no alcancé a entender del todo, pero en este momento sí lo entiendo: hagámonos un nombre por si fuéramos esparcidos.

 ¿Pero, hermano, le pregunto: Entonces, ¿Qué es lo que debería escribirse afuera? Jesús. ¡Bueno, de acuerdo, pero es que Jesús no es el nombre de la iglesia! ¿Ah, sí, eh? Hubiera jurado que sí lo era. ¡Es que usted no entiende, hermano! ¡En mi país se necesita tener una personería jurídica que la otorga la Secretaria de Culto de la Nación, pero eso sólo es posible si se le presenta con un nombre! No me estás contando ninguna novedad, en el mío, también; claro que lo sé. Y es correcto que se haga eso, que se organice un fichero de culto y que se presenten todos los papeles que sean necesarios, pero eso no obliga a pregonar en la puerta de tu congregación lo que para ti no es lo más importante.

¿O es que sí lo es?  Decía un amado hermano que hay negocios de venta de comida, que parecen tener más discernimiento que la mayoría de las iglesias. “Venta de tortas El Shadai”, por ejemplo. Son creyentes, seguramente, pero fíjate que ellos en su pequeño negocio de venta de tortas, están pregonando un nombre que en la iglesia no se pregona. ¿Y sabes qué? Luego pasas por uno de esos lugares donde te venden aguas milagrosas, ángeles custodios, aceites energizantes o fluidos para atraer o ahuyentar parejas, y ¿Con qué te encuentras? Conque encima de la puerta de ingreso a sus fétidos salones, (Y digo fétidos no por ser ofensivo, sino porque donde hay demonios hay feo aroma), hay un letrero que dice: “¡Jesús es el Señor!

¡¡¡Ellos anuncian el nombre que nosotros deberíamos anunciar!!! Y lo hacen para vender porquerías…¿Qué crees que sucedería si todas las iglesias de tu ciudad tuvieran ese letrero sobre sus puertas? Internamente estarían un poco confundidos a la hora de pagar servicios o recibir donaciones, pero la gente seguramente se asombraría al comprobar que todas tienen y anuncian… ¡El mismo nombre! Yo personalmente adhiero a la teoría de varios hombres y mujeres de Dios, algunos de ellos muy conocidos. Creo que muchos no son hijos todavía, porque en lugar de conocer el nombre que está por sobre todo nombre, sólo conocen el nombre de su iglesia.

Bautista, Asambleas, Presbiteriana, Cuadrangular, Hermanos Libres, etc. Debemos entender que, ninguna instancia humana, por buena que sea, puede formar hijos. Porque Dios le dio los hijos a una familia, a un matrimonio. Hay un diseño para tener hijos. Y sólo habrá hijos en una congregación donde Él es la cabeza y la iglesia es el cuerpo. Y muy difícilmente una iglesia así, si la hubiera, pondría un letrerito de ese tipo en su entrada. Ese negocio de venta de tortas que te mencionaba, tiene más discernimiento. Porque están pregonando al Todopoderoso, el Shadai. Esto demuestra que en el fondo, algo se está haciendo mal.

 ¡Pero, hermano! ¡Usted está en contra de las denominaciones y se le nota! Muchas gracias, pero déjalo que se me note. Y es cierto, estoy en contra de las denominaciones. Estimo que lo único que han logrado es dividirnos y, hasta donde yo leí y entendí en mi Biblia, todavía ninguna casa dividida prevalece. Es más: hasta puedo asegurarte que creo que las denominaciones no existen. ¿Cómo que no existen, hermano? ¿Qué está diciendo? ¡Existen y Dios las usa! Eso es cierto, en lo natural y carnal existen y, efectivamente, Dios las usa. Pero no porque sea su voluntad usarlas.

 Y no estamos hablando de esa denominación que posee miles de iglesias, muy bien puede ser una sola que sea el principio de otra denominación. Entiende: denominación. De-nominación. Nominación por nombre. Pregunto: ¿No leyeron Génesis 11? Hagámonos un nombre, por si fuéramos esparcidos. Haz una prueba simple. Cuando te encuentres con algún hermano de otro lugar, dile que tú eres un cristiano que se congrega en tal o cual ciudad, donde tú vives. Vas a ver qué va a hacer lo indecible para saber en qué iglesia, de qué denominación. ¡Necesita etiquetarte! ¡Necesita saber bajo qué nombre humano te congregas!

El nombre divino, parecería no importar demasiado. Sin embargo, lo que podemos ver es que la gente siente temor de no tener un nombre. Y cuando alguien dice que pertenece a la iglesia tal o cual, entonces ya ponen en marcha sus sistemas propios de base de datos y, en menos de tres minutos, te tienen catalogado y ubicado, y hasta se permiten aventurar supuestos errores doctrinales tuyos y de tus hermanos de ese lugar. ¿Sabes qué? Pablo enfrentó eso. Él dijo no es de Cefas ni de Pablo; somos uno. Y nosotros, aunque todos decimos gloria a Dios y gritamos aleluya en el mismo tono, encarnizadamente defendemos nuestros nombres.

Cuando alguien me pregunta qué soy, yo digo que soy un hijo de Dios y miembro de Su Reino. Entonces luego me preguntan a qué iglesia voy. A la iglesia cristiana. ¡Sí! ¿Pero a cuál? A la única, las demás son Babilonia. ¿Y dónde está esa iglesia? En Rosario. ¡Claro! ¿Pero en qué calle? En varias. Aquí es donde puede producirse el primer cortocircuito. ¡Es que a los propios líderes no les gusta que los confundan con los de la otra denominación! Deberíamos salir como los jovencitos mormones; todos con camisa blanca y pantalón marrón, y con una credencial de plástico adherida al bolsillo de la camisa, para que todos sepan de dónde venimos.

Perdón… ¿Y el Nombre que está por sobre todo nombre, para cuándo? Mira; yo era uno de los que suponía que, mientras más alta era tu posición en la iglesia, más autoridad tenías en contra de los demonios. Sin embargo, luego de algunas experiencias personales y como simple observador de compañía, pude comprobar que los demonios, cuando habitan en alguien que no desea tenerlos consigo y pide ayuda, están dispuestos a ser obedientes e irse de allí ni bien alguien con autoridad les dé la orden de hacerlo. Si tú quieres ser bíblico y al mismo tiempo novelesco, te doy como ejemplo: ¡Sal fuera!

 Ahora pregunto: ¿Con eso es suficiente? Sí, pero tiene que hacerse en el Nombre que es por sobre todo nombre, ya que de otro modo ni sueñes que siquiera un mísero demonito pequeño se irá de su lugar de habitación. ¿Y ahí qué es lo que decimos? ¡En el nombre de Jesús! ¿Y es suficiente? Sí, aunque algunos evangelistas de alto poder liberador, se aseguran que ningún demonio se haga el desentendido y los echan fuera ¡En el Nombre de Jesús de Nazaret! Y, allí sí, nadie se podrá hacer el distraído. 

(17) – La Hora del Poder

Es indudable que cuando hablamos de poder, tanto los hombres como las mujeres, sean creyentes o no, inmediatamente hacen un reverencial y respetuoso silencio. Es que esta palabra, se la entienda como se la entienda y se la utilice como se la utilice, siempre conlleva un aura de misterio, de luminosidad celestial, casi de magia, para los ateos consuetudinarios. El evangelio contiene poder de Dios acumulado en sus entrañas, y sólo aquellos que se han atrevido a introducirse sin pudores, han conseguido acceder, en parte o en grandes proporciones, a ello. Los que siguen poniendo en duda esta aseveración, (Y estoy hablando de cristianos practicantes), jamás lo verán manifestado. La parte de la Palabra que no puedas, no sepas o no quieras creer, jamás se te manifiesta. Hay una anécdota bíblica que lo resume y que tiene que ver con el epicentro del tema central que nos ocupa.  

(Mateo 10: 1) = Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia.

¿Qué dice que les dio? Poder. ¿Sabes qué? Es la misma palabra anterior, exousia. Es capacidad por sobre los espíritus inmundos. ¿Pero sin ser pastor? Estoy refiriéndome al evangelio, no a un punto de vista doctrinario denominacional. Te pregunto: Jesús les dio poder a sus discípulos, capacidad para echar fuera espíritus inmundos, ¿No es así? Sí, pero… ¿Tú no eres un discípulo del Señor? Sí, pero… Pero, nada; lo tienes. ¿Cómo que lo tengo? ¡Sí, lo tienes! Ahora ¡Úsalo! Y además, también les dio exousia sobre toda enfermedad y dolencia. Perdón… ¿Sobre todas o sobre algunas? Sobre todas, dice aquí.

¿Lo crees? También sobre todos los demonios. ¿Y entonces por qué ellos no pudieron sacar algunos? Les faltó fe. ¿A los discípulos de Jesús, les faltó fe? ¡Sí! ¿Por qué? ¿Te parece extraño o irreverente? Esta misma palabra es la que está aquí como Derecho. Exousia. ¿Para quiénes reserva Dios el poder? Para los hijos. ¿Quién es el que gobierna? Es el Hijo. Tú trono, oh Dios, cetro de equidad es el cetro de tu reino. Dice el Padre al Hijo. ¿Quiénes tienen el cetro en una ciudad? Los que son hijos. ¿Y entonces qué autoridad tiene el siervo? Una autoridad restringida a una tarea específica.

¿Qué autoridad tienen los hijos? Sobre todo lo que le pertenece al Padre. Asunto clarificado. Ya no puedes argumentar que no conoces u olvidaste la diferencia entre siervos e hijos, ahora la sabes. Este segundo principio del que estamos hablando, que es el Principio de la Autoridad, está íntimamente ligado al anterior.

 No puede haber Comisión, (Co-misión), sin autoridad. Ve y diles esto. De acuerdo, voy y les digo. Te tienen que escuchar, y para que ellos te escuchen, llevas este anillo, y les dirás: el Rey me ha enviado.

 Hasta este momento hemos visto dos principios que tienen que ver no con un ministerio en particular, sino con la dinámica de todos los ministerios. Porque, por si se te había olvidado, la idea era hablar un poco del armado interno, íntimo, visceral de los cinco ministerios, también llamado ministerio quíntuple para, a partir de la acción violenta de cada uno de ellos, romper de una vez por todas con todos los sistemas castrantes imperantes en este mundo en el que tú y yo pretendemos servir al Padre.

(Mateo 16: 13) =  Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?

Yo aprendí después de mucha lectura bíblica, que cuando Jesús en el Nuevo Testamento y el mismísimo Padre en el Antiguo, le preguntan algo a uno de sus hombres o mujeres creados, no es porque ignoren lo que preguntan, sino para que ellos se entrenen respondiendo lo correcto. Esto es, a todas luces, lo que Jesús está haciendo con sus muchachos, aquí. Él sabe muy bien quién y qué es, pero lo que desea es poner blanco sobre negro y comprobar si esos doce jóvenes atrevidos y valientes, pero sumamente ignorantes de muchas verdades espirituales, todavía, alcanzan a divisar con cierta nitidez quién es verdaderamente Él, muy por encima de presentarse como el hijo de un tal José, carpintero de oficio, y una tal María, de la que poco se conoce, pero que se comenta que lo engendró en estado de virginidad. Mira la calidad de las respuestas de esos “muchachos”.

(14) Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. (15) Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Claro que es muy singular este escenario, te podría decir que, incluso, altamente interesante. Porque Jesús fue alguien que en su tiempo dio mucho que hablar, imagínate. Pensaran como pensaran los que no les interesaba seguirlo, igualmente no podían dejar pasar por alto lo que Él decía o hacía. Cualquier cosa que dijera o hiciera, creyeran o no creyeran, igualmente recibían un impacto de alto voltaje. Por eso me asombra y me seguirá asombrando, que en su momento los judíos pudieran decir que Él era Elías. Quiero que entiendas cuán familiarizados estaban los judíos, por su cultura, con lo sobrenatural.

Porque todos sabemos que Elías había vivido muchísimos años antes que apareciera Jesús. ¿Recuerdas eso, no? ¿Y recuerdas que él, Elías, fue tomado por Dios y se lo llevó; lo recuerdas, verdad? Lo que estoy queriendo mostrarte es que en la cultura hebrea, era casi normal pensar en ángeles o en Elías, y no darse cuenta quién era Jesús. El Señor les pregunta quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre. Y ellos dijeron unos Juan, otros Elías, etc. Y luego Él dice: ¿Y quién decís que soy? Ustedes, díganme: ¿Quién soy yo? No sabemos exactamente cuánto tiempo Jesús ministró a sus discípulos.

Porque no tenemos una fecha exacta y es muy difícil llegar a una conclusión seria. Hay algunos que dicen que fue sólo un año y otros, con el mismo ímpetu, que aseguran que fueron tres años. Y lo cierto es que, aunque rebusquemos exhaustivamente en los evangelios, no podemos tener una certeza respecto a cuánto tiempo Él estuvo con los discípulos. Cuando a Dios no le interesa que tú sepas o ignores algo, se lo calla y punto. Pero una cosa es cierta, a esta pregunta la hace ya en la última parte de su ministerio. O sea: no fue al principio, era cuando ya ellos habían tenido un tiempo con Él y, supuestamente, debían conocerlo más en profundidad.

(Mateo 16: 16) = Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. (17) Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.  (18) Y yo también te digo, que tú eres Pedro, (En otras versiones se añade una piedra pequeña) y sobre esta roca (Una piedra grande) edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

Me gustaría que prestaras mucha atención a la primera parte del texto, puntualmente el verso 16. Pedro le dice: tú eres el Cristo. Hay muchos temas que han girado en torno a esto. Uno de ellos es el por qué Mateo escribe en griego, porque Cristo es un término griego: Christos. Realmente debería haber dicho: tú eres el Mesías. El Mesaia. Sí que es raro que este sea un evangelio escrito a los judíos, y curiosamente él esté hablando en griego. Supuestamente, ese tema se resolvió hace ya un tiempo, porque se han encontrado documentos que muestran todo el evangelio de Mateo, original, en hebreo. Lo segundo interesante para señalar, es que Jesús halaga a Pedro.

 Le dice: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Parece particular que utilice el nombre de Simón, siendo que el mismo Jesús lo llamaba Pedro en pasajes anteriores a este discípulo, pero es como que aquí lo oficializa. Y entonces le dice: tú eres Pedro, petros, porque literalmente utiliza petros, que es piedra, y sobre esta roca, y la palabra que utiliza allí es diferente, roca, edificaré mi iglesia.

Y luego dice que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Es indudable que algo más que no salta a la vista en primera visión, ocurre detrás del contenido de este relato. Y ese algo, no tiene que ver con percepciones sensoriales ni nada que se parezca a un acto ocultista, sino que de una y para toda la historia, este mínimo episodio nos introduce de pleno en el tercer principio que estamos buscando. El Principio de la Revelación.

(18) – Las Diferencias Escritas 2

Mateo 6:5-6 consigna: Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Más tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

Es indudable vayas donde vayas o ingreses al templo de la congregación de la denominación que se te ocurra, que la clase religiosa allí imperante coincidirá en algo muy directo: dicen que si no oras delante de los demás, es porque estás avergonzado de tu fe o tienes una conciencia débil. ¿Y qué se consigue con ello? Por un lado, lo positivo, que muchos pierdan el pudor por orar en voz alta y públicamente y eso los beneficie. Y por el otro lado, lo negativo: fabricar un montón de hombres y mujeres que arman un discurso casi espectacular en forma de oración para lucirse en público, siendo que luego en sus intimidades, no oran ni para bendecir los alimentos que van a tomar.

Mateo 6: 16-18, expresa con claridad: Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

La religión organizada no comparte para nada esta palabra, y de hecho muy difícilmente la predique en ninguna de sus tribunas o púlpitos de proclamación. Ellos dicen que si no publican el ayuno no se va a sumar más gente, y eso es malo porque se necesita que un ayuno tenga muchos seguidores. Sin embargo, esto suele tener serios contratiempos. Todos los que alguna vez ayunamos sabemos que ni bien decidimos hacerlo, el enemigo empieza a tentarnos con toda la clase de manjares de nuestra predilección que se te ocurran. La imprevisibilidad, entonces, es la mejor arma para evitar esas tentaciones, y es exactamente lo que Jesús propone aquí y la religión desobedece, así de simple. 

(19) – Como Viendo lo Invisible

Quiero aclarar que, cuando hablo del Principio de la Revelación, estoy tocando un punto que es determinante para entender quiénes somos en Dios, una incógnita que no demasiados cristianos tienen resuelta satisfactoriamente. Porque si yo te pregunto quién es Cristo, tú me darás una respuesta que seguramente será similar a las que ya han dado otros hermanos maduros respecto a la misma pregunta. Sólo que ninguno de ellos acertó a definirlo como El Ungido. Y lo más curioso de todo es que, tanto la palabra Cristo, que es la traducción al griego de la palabra Mesías, lo que significa es precisamente eso: ungido.

 Y resulta ser que en cierta ocasión, al comenzar su ministerio, Jesús entra a la sinagoga de Capernaúm, en un día de reposo. Y a él le corresponde leer el pasaje de la ley, en ese día. Y casualmente, él abre el rollo justamente en el pasaje en que el profeta Isaías, dice: el Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ungió el Señor. ¿Recuerdas ese pasaje, verdad? ¿Y qué está diciendo ahí, literalmente? Que el Espíritu del Señor está sobre mí por cuanto me ungió. Me ungió. ¿Qué cosas podemos decir de Dios? Que es Todopoderoso, y es verdad; que es amor, y es verdad; que Él es vida, y es verdad.

 Pero ninguno de esos títulos puede reemplazar el entendimiento que tienes, cuando comprendes lo que significa ser el ungido. Ha habido mucha gente buena en la tierra. Podemos pensar en Gandhi, Teresa de Calcuta, ¿Quién podría discutir que las cosas que ellos hicieron no fueron buenas, geniales? Sin embargo, pese a todo lo que sin ninguna duda ni discusión le brindaron a la sociedad de su tiempo, ninguno de ellos podría haber sido nominado como ungido. Entonces, cuando Jesús termina de leer ese pasaje, les profetiza y les dice: Esta palabra, hoy se ha cumplido. En realidad él lee un poco más, no lee solamente ese pasaje.

Me ha enviado a liberar a los cautivos, ¿Recuerdas? A pregonar libertad a los oprimidos, a los presos apertura de la cárcel y a declarar el año de la buena voluntad del Señor. Él, antes de empezar ese ministerio activamente, Él establece quién era, en base a la palabra, y todo lo que Dios había esperado de su manifestación. O sea: Él podía entrar por la puerta izquierda, por la derecha, pero no; entró por la principal. Y tomó el texto correcto: el Espíritu del Señor está sobre mí. Durante todo su ministerio, Jesús fue un instrumento del Espíritu Santo. Él no obró solo, con lo que se le ocurrió a él.

¿Recuerdas lo que sucede cuando Él sale del agua, después de haber estado con Juan el Bautista? Dice que “algo” como una paloma descendió, pero no solamente eso es lo importante; el Padre habló, y dijo: Este es mi Hijo, en quien me complazco. ¿Acaso se complació porque se bautizó? ¿Acaso necesitaba bautizarse para perdón de pecados, Él? No. ¿Y entonces en qué se complació el Padre? ¿Nunca te lo preguntaste? ¡Oh! ¡Cuántas cosas damos por sentadas los cristianos, sin indagar nada más ni ir más profundo! ¿Acaso se complació en su obediencia? Sí, indudablemente que sí, pero hay algo más en todo esto. En el lugar que Jesús le da al Espíritu Santo.

Es tan asombroso que nosotros queramos hacer la voluntad de Dios sin el Espíritu Santo, cuando Jesús, con todo su poder, le dio lugar al Espíritu Santo para hacerlo. Lo que quiero que entiendas es que no es algo pequeño.  ¡Él dice eso! El Espíritu Santo está sobre mí, por cuanto me ungió el Señor. Y me ha enviado. Y aquí volvemos al apostellos, ¿Recuerdas? ¿Qué te parece? ¿Jesús vino porque quiso o porque fue enviado? ¡Claro que porque fue enviado! ¡Jesús fue enviado! ¿Quién pone en duda eso? Y hasta donde nosotros sabemos, ningún seminario bíblico te puede enviar a ninguna parte.

 Ninguna universidad te puede enviar. ¡Sólo Dios puede enviarte! Y Jesús está diciendo: me ha enviado. Hay algo interesante en todo este proceso. Jesús está diciendo: me ha ungido y me ha enviado. Hay un orden: primero me unge, luego me envía. Pero luego me envía y me dice: a qué cosa es que me envía. ¡Ah! A predicar, a abrir puertas, a proclamar, a sanar, a liberar, a vendar. O sea que, junto con el Espíritu Santo que descendía sobre Él ungiéndolo, venía la misión.  Y ahí está explicada toda la agenda de trabajo que Jesús iba a desarrollar. Lo que te estoy diciendo es que Él no tuvo que improvisar nada, ¡Él sabía lo que debía hacer, porque el Espíritu se lo reveló!

Entonces, volvemos al instante en que Jesús les pregunta a sus discípulos: ¿Quién soy yo? Y la respuesta correcta, era conectar, no simplemente a Jesús como el muchacho que hacía milagros. Porque, para ese momento, ¿Cuántos milagros había hecho, ya? Muchos. Pero el punto es este: ya los discípulos se habían preguntado más de una vez: ¿Pero quién es este? ¡Había sido más que impresionante! Ahora bien; que Pedro pudiera decir: tú eres el ungido, cuando él no había estado en la sinagoga de Capernaum para escuchar lo que estaba leyendo Jesús, fue milagroso.

Si él hubiera estado allí, entonces sí hubiera sido fácil decir esto, porque Jesús ya lo había dicho allí. Pero Pedro no estuvo allí ni escuchó a Jesús decir nada al respecto, ni había todavía emisoras de radio cristianas emitiendo en directo. Al menos, no hay ninguna referencia de que Pedro haya estado allí. Por esa razón es cuando, entonces, Jesús le dice: lo que acabas de decir, te lo reveló el Espíritu Santo. Y eso, lo que acaba de decir Pedro, que es Simón hasta este momento, le acredita a Dios, le autoriza a Dios a que él pueda cambiar su nombre.

En pocas palabras: cuando tú tienes una revelación del Hijo, él te da una revelación de quién eres. Al verlo a él y entender lo que es él, al mismo tiempo, entiendes quien es. Aclaro: si yo lo veo y lo entiendo a él y sé quién es él, al mismo tiempo me es revelado quién soy yo. ¿Qué pasa, entonces, cuando la gente es enviada a hacer guerra espiritual a una ciudad o a una región, pero ellos no tienen una revelación de quién es Cristo? Pasa que encaran su tarea con un susto que ni te cuento. Dime: ¿Los ves más que vencedores? ¿Son valientes de igual modo? Sí, son valientes, pero eso es secundario. ¿Cómo que es secundario ser valiente en guerra espiritual? Sí, porque lo es. Lo que necesitas para esa guerra no es valentía, sino revelación. Porque sólo la revelación te trae autoridad y la autoridad te trae victoria segura. O sea que lo que estoy tratando de decirte es que, cuando tú entiendes quién es él, automáticamente entiendes quién eres tú. 

(20) – Subiendo al Monte Alto

En la mayoría de las congregaciones se caen año tras año los intercesores por una sencilla razón: han puesto a pelear esa parte de la batalla a gente que jamás ha tenido una revelación respecto a quién es el Hijo. Obviamente, que entonces tampoco saben quiénes son ellos y hasta qué punto pueden ser imbatibles, cosa que les proporcionaría mayor seguridad y certeza de su tarea. Yo recuerdo que en la época en que el ministerio de mi compatriota Carlos Anacondia, puntal en evangelismo, milagros y liberación en mi país y el exterior, durante muchos años, desarrollaba su tarea, muchos lo veían en la enorme plataforma y anhelaban ser como él.

Sin embargo, muy pocos sabían que en cada reunión, debajo de esa enorme plataforma, había no menos de treinta hermanos intercesores peleando a brazo partido con demonios y espíritus inmundos. Y cómo ellos, muy pocos deseaban ser; ¡Qué paradoja! Que quede claro: lo que te estoy enseñando es que si tú no sabes quién es el Hijo, y tampoco quién eres tú en Cristo, ante el primer demonio minúsculo que se te aparezca, te desmayas de terror. Porque toda la teología del temor nace, por la falta de revelación de quién es el Hijo. Por eso cuando hay una visita en una iglesia, sus miembros se empujan y disputan un lugar para que la visita les ore.

¿Y por qué no oran ellos por sus problemas? No saben quiénes son en Cristo, porque no les ha sido revelado el Hijo. Entonces, teniendo en cuenta esto, debo preguntar: ¿Cuál es el problema del pecado, en esencia? Que no reconoce al Creador. Esta generación ha perdido en la maraña de la naturaleza la dirección de la Creación. Te pregunto otra vez: ¿Por qué la creación por ahí le obedece a los brujos, a los chamanes? Porque la creación es neutra, no tiene voluntad, es engañada. Entonces cuando tú vas y la liberas, la creación aguarda la manifestación gloriosa de los hijos de Dios y ella empieza a andar bien contigo, te prospera, te sana, te bendice.

¿Qué te dice el Señor? Que tú sabes que la tierra no te va a negar sus frutos. ¿Para qué necesito a la tierra si Dios me bendice? ¡Ah! ¿Y cómo crees que te va a bendecir si no te da sus frutos? Es decir, Dios usa su Creación para bendecirnos. La respuesta que da Pedro, no la podría haber dado sin la ayuda del Espíritu Santo. Y tengo una prueba: él no sabía quién era, por eso se asustó cuando la mujer esa le dijo, al lado de la fogata: ¡Tú eres uno de ellos! Y él, pálido seguramente, le dijo: ¡No! ¡Yo no soy uno de ellos! Llegó a decirle maldito a ese hombre y que él no lo conocía. Ese hombre era Jesús. ¿Por qué lo negó a Jesús? Porque tuvo temor. ¡No lo conocía! Y el tema no termina aquí, porque vamos a ver qué él pasa por otro proceso. En todo esto hay una dinámica bien interesante. Si tomas tu Biblia y vas un poco más adelante, es decir, al capítulo 17, se encontrarán con esto.

(Mateo 17: 1) = Seis días después, (Perdón; ¿Seis días después de qué? De lo que acabamos de leer)  Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; (2) y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. (3) Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él. (4) Entonces Pedro dijo a Jesús: (Ojo: no dice Juan, no dice Jacobo; dice: entonces Pedro dijo a Jesús) Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías.

Te puedes imaginar tú; Elías vaya a saber dónde estaba viviendo, y ahora va a vivir bajo una enramada, un amontonamiento de palos y hojas, eso era una enramada. ¡De las calles de oro a una choza enclenque! A Pedro, aparentemente, se le perdió una tuerca por causa del impacto recibido. Sin embargo, hay una parte positiva de todo esto. Sólo cuando tú has tenido una revelación del Hijo, estás listo para edificar. ¿No les parece casual que, después de ver a Jesús transfigurarse, lo primero que quiere hacer, es edificar? Ponte a pensar un momento; Pedro no era constructor de ninguna manera, ¡Era pescador!

Y pretendía alojar en esas enramadas nada menos que a dos de los tres personajes más importantes del judaísmo: Moisés y Elías.  Faltaba Abraham, pero él seguramente estaría muy ocupado en su trabajo principal: recibir a los que mueren. Es otro estudio, tiene bases lo suficientemente sólidas como para considerarlo verdadero: no te recibirá ni tu padre, ni tu madre, ni ninguno de tus seres queridos; te recibirá Abraham. ¿Por qué? Porque es el padre de la fe, y a ese lugar donde está Abraham, sólo se llega por fe. En síntesis: la revelación del Hijo provoca una unción de edificación.

Ya sabe lo que debe edificar, debe edificar tres enramadas. Fíjate que no pensó en hacer una sola donde pudieran acomodarse los tres, porque no me negarás que eso hubiera sido lo más lógico, ¿Verdad? Él sabía que no los podía juntar porque eran tres expresiones muy particulares y diferentes de la economía de Dios en distintos tiempos. Es dramático cuando la gente quiere edificar la casa y no tuvo una revelación del Hijo. Porque así es como se crean verdaderos monstruos y estructuras horribles.

 Y no me fui del tema, sigo hablando de iglesia, no de otra cosa. Dice: es bueno estar aquí. Si quieres, haré tres enramadas. La unción de edificación siempre es consecuencia de la revelación. Los profetas de la ley estaban hablando con Jesús en ese momento, y lo que quiere hacer Pedro, es edificar. Y es correcto, esa intención no era desubicada. A lo mejor, fue desubicado hablar, pero lo que Pedro dijo fue coherente, porque muestra lo que se activó en él.

(21) – Bases Para Edificar

¿Qué le pasa a David? ¿Cuál era su mayor anhelo? Edificar. ¿Qué edifica Noé cuando ve a Dios? Un arca. Y el más grande hombre que Dios llama para establecer su Reino, Moisés; ¿Qué edifica? El tabernáculo. Y todos ellos edificaron después de haber visto. Pero es imposible edificar sin revelación. Formulo por primera vez una pregunta que seguramente repetiré a lo largo de este trabajo: ¿Cuántos lugares supuestamente cristianos, has visto procurar edificar sin la menor revelación del Espíritu Santo o, lo que es mucho más grave: sin siquiera creer demasiado en la vigencia del Espíritu Santo? No me respondas, porque no me nombraron juez de nada ni de nadie, sólo reflexiona.

(Mateo 17: 5) = Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd. (6) Al oír esto los discípulos, se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran temor. (7) Entonces Jesús se acercó y los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis. (8) Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús solo.

Cuando vemos a Jesús, el cielo se alinea en una misma dirección espiritual con nosotros. Y ahora viene la pregunta complicada: ¿Por qué, durante el ministerio de Jesús, en medio de tantas palabras y enseñanzas que él nos ha dejado, bien recopiladas en los evangelios, él casi no menciona a la iglesia? Apenas hay un par de breves menciones. ¿Por qué? Porque su mensaje es el Reino, y porque el Reino es más importante que la iglesia. Esa es la razón. Tú puedes tener a la iglesia, pero no tener al Reino, pero es imposible que tengas al Reino, sino tienes a la iglesia.

El fundamento de la Gran Comisión, es ir a predicar el Reino, el evangelio del Reino. Eso es lo que el Señor espera de nosotros. La obsesión de los apóstoles, es decir, de los apostellos, de los enviados, es edificar. Pero no es edificar lo que a ellos les parece, sino reproducir la forma de lo que han visto. Por eso es tan importante ver lo que el Señor quiere que edifiquemos. La iglesia puede centrarse en el hombre. De hecho y salta a la vista: en el hombre están centradas la mayoría de las iglesias. Hacen una encuesta para ver qué es lo que le interesa o necesita la gente y ya está; eso es lo que predican después.

 “Igle-Burger”, denominó a eso cierto ministro. Iglesia a pedido del consumidor. ¿Eso es Dios? O, por el contrario, la iglesia puede centrarse en Dios, que es como decir examinar qué es lo que Dios quiere de la gente. Y esos dos simples enfoques, van a crear dos iglesias completamente diferentes. La iglesia centrada en el hombre, es una iglesia que busca que el hombre encuentre en ella confort. Hay que hacer un culto de acuerdo con sus gustos, su medida, a su tiempo y a su cultura. En la que está centrada en Dios, en cambio, no es tan importante lo que el hombre necesita.

 Y esto, dicho con sumo cuidado, porque Jesús vino porque necesitamos de Él. El hombre pecador no necesita la iglesia, necesita a Dios. Y la iglesia sólo es importante, si está haciendo esa tarea: manifestar el nombre del Señor. El corazón del trabajo apostólico está sintetizado en esas dos preguntas que les hace Jesús: ¿Quién dice la gente que yo soy? ¿Quién dicen ustedes que yo soy? Revelar quién es Dios a los que no lo conocían. Ese es el centro de todo esto. Por eso he dicho que, a medida que el hombre cayó, el nombre de Dios se perdió. Al punto tal, que llegaron en cierto momento de la historia, a no poder pronunciar el nombre de Dios.

Tengo un Dios obsesionado en darme a conocer Su Nombre, y la respuesta de su pueblo, es esta: no podemos ni mencionar el tuyo. ¿Qué Biblias leen? ¿Qué profetas escuchan? Desde el principio tengo un Dios que está desesperado en manifestarse. ¿Y cómo lo hace? Dando su nombre, Yo Soy él. Y su pueblo llega y dice que no, que no puede mencionar su nombre porque es demasiado santo para mencionarlo. Entonces prefirieron llamarlo Adonaí u otros nombres. Y ahí aparecen un montón de títulos, que si bien muestran características de quien es Dios, no es su nombre. Los Elohistas, Elohim. Mi Señor, Adonaí.

 ¿De qué me estás hablando? Ese no es mi nombre, ese es un título. Entonces, ¿Qué es lo que dice Jesús cuando ya se está yendo? Vayan y enséñenles a estas personas todo lo que les he enseñado yo. ¿Y qué es lo que el Señor les enseñó? ¿Acaso muchas clases de catecismo o doctrina? No. Él les enseñó cuál era el camino para llegar al Padre. Es eso lo que les enseñó. Les manifestó el nombre de Dios. Lee Juan 17 dice: he dado a conocer tu nombre. En ese nombre, ahora vayan y hagan que otras personas conozcan lo mismo que ustedes ahora conocen. Quién es el Padre. Y tienen autoridad y respaldo, ya lo tienen; ahora háganlo.

 Nunca podremos cumplir la Gran Comisión, tan sólo proclamando a Jesús como el Señor. Necesitamos el todo del Señor. Todo. Todo lo que Él es. Todo. ¿Tan difícil, será? No lo parece. ¿Y entonces? Puro sistema. ¿Recuerdan ustedes la fiesta pascual? Jesús era el Cordero, ¿Recuerdan? Se les enseñó que los hijos de Israel deberían participar del Cordero, y deberían comerlo todo sin dejar nada para el día siguiente. Si vamos a comer a Cristo, comamos todo, comámoslo completo. ¿Por qué? Porque el propósito de ese proceso de comer, es que Él se forme en nosotros. ¡Pero es que después nos van a acusar de caníbales!

Ah, sí, esa es la otra en la que el pueblo cae con facilidad: cuando no entiendo algo que me trae un mensaje, mato al mensajero. La comida, que es Él, va a ser parte de nuestras células y vamos a ser formados a Su imagen. Esa es la meta de todo esto, que lleguemos a ser a Su imagen. Todos los ministerios apuntan a una sola cosa: que Cristo se forme en nosotros. Eso dice en Efesios 4, cuando leamos este pasaje y lo entendamos, esa es la razón. El funcionamiento de cualquier ministerio, básicamente, es la revelación de Cristo en nosotros, hacia afuera. Cuando tú enseñas, es el maestro hablando.

Cuando tú sanas, es el pastor cuidando. Cuando tú exhortas, es el profeta mismo, Cristo, hablando. No hay manera, no tenemos muchos evangelios, la verdad. No vamos a poder cumplir con la Gran Comisión, hasta que los ministerios trabajen en acuerdo y unidad. Y no me estoy refiriendo a tomarse unos cafés juntos una vez por mes. Y tampoco a que uno de ellos procure unirlos, pero a su servicio personal. Así tampoco funciona. Y si esto sirve para que mucha gente se proponga, en lugar de hacer lo que venía haciendo desde hace cien años, cambiar, reformar los rudimentos y empezar a procurar que la gente conozca el nombre de Dios, gloria a Dios por ello. Principio de Revelación. Lo que sigue, es el Principio de Responsabilidad. 

(22) – Las Diferencias Escritas 3

Jesús dice en Mateo 6:2: Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.

Aquí no hay ninguna obediencia al mandato de la palabra. Jesús lo dice, el pueblo lo acepta, pero… ¡No le obedece! El pueblo religioso, porque es de él del que estamos hablando, todavía tiene mayoría dominante en las congregaciones, dice que es muy importante que el mundo, que la sociedad, sepa que la iglesia da limosna abundante. ¿Y eso para qué? Para caer simpática a esa sociedad. Para que ella la acepte, la incluya en sus invitaciones para fechas patrias en los palcos de celebraciones y, de paso, para que alguien sienta deseos de contribuir y ofrendar en un lugar “que tanto bien le hace a la sociedad”.

Jesús aclara en Mateo 6:7 que: Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos.

No sé tú, pero a mis oídos, que por cultura musical son generalmente muy sensibles, le golpean como hierro duro esas repeticiones sistemáticas, casi monótonas, de neto corte similar al de las letanías, sin consistencia espiritual y con la idea de que, por reiterativas, esas palabras tendrán que llegar sí o sí a los oídos de Dios. Tal vez llegan, no lo sé, pero estoy seguro que no producen en Él lo que quienes las repiten suponen que produce. Dios jamás haría o diría algo que vaya en contra de su propia palabra escrita. Y siguen existiendo e insistiendo muchos religiosos que, mientras más veces decimos la frase o la oración, más poder tiene. ¿Quién les enseñó eso? ¿De dónde lo sacaron? De mi Biblia, por lo menos, te aseguro que no.

(23) – Asumiendo Nuestras Responsabilidades

Hay un ejemplo que oí que, entiendo, está perfecto y es válido repetirlo. Suponte que Dios te regala un automóvil. Entonces tú lo pones en marcha, vas a tu casa, se gozan en familia por el regalo del cielo y se suben todos a bordo para dar un paseo. Pero como el auto es grande, tú invitas a otros que tú eliges. El auto fue un regalo de Dios, es cierto, pero quien lo conduce, eres tú. Partiendo desde esa premisa y teniendo muy en cuenta las leyes globales, (En cada país podrán tener sus propios matices, pero la esencia es la misma), quien conduce el auto, que eres tú, eres responsable de lo que le suceda al auto y a todos los que son transportados por él.

Dios no es responsable de nada. Su responsabilidad terminó cuando tú recibiste el auto, lo pusiste en marcha y en movimiento. Estoy de acuerdo con que cuando sales de viaje en tu auto, a ese viaje se lo entregues al Señor. Le pides su cobertura y sales confiado. Pero, atención; Dios no va a tomar el volante del auto para conducirlo. Esa es tu responsabilidad total. Dios, lo que hará, será protegerte del entorno, pero no podrá hacerlo con tus aciertos o errores. ¡Ah, no, hermano! ¡No es así! ¡Yo le entrego el viaje y él conduce el auto, me lleva y me trae! ¿Ah, sí? ¿Y tú donde viajas, en la butaca del acompañante o en la del conductor?

Porque si viajas en la del acompañante y el auto se conduce solo, por dos manos invisibles, amén. Pero si viajas en la butaca del conductor, me temo que eres tú quien conduce. ¿Se puede bajar la intensidad pragmática de esto? Sí; han existido casos en los que extraña y misteriosamente, hay gente que se salvó de morir en un accidente de un modo y por circunstancias que racionalmente no pueden explicar. ¿Ángeles? Puede ser, Dios lo sabe. Él está en control de todo. Cuidado: yo entiendo perfectamente el sentido que se le da a estas formas de expresión.

 Confiamos en que el Señor nos protege, nos cuida, nos guía y está ahí para que no padezcamos problemas serios. Gloria a Dios por ello y, ciertamente, es así. Pero reitero que en lo conceptual: tú eres quien conduce el auto. Porque si me dices que es Dios el que conduce el auto, eso significa que no te lo dio. ¿Cuál es, entonces, ese principio de responsabilidad? Cuando Dios te pone en control de algo, tú tienes responsabilidad sobre eso. ¿Esto es fácil de entender, no crees? Fíjate que Jesús se hizo responsable de su misión, hasta la muerte. No dejó nada suelto ni librado al azar. Cumplió todo.

Lo que ocurre es que hay una tendencia en Adán, que es como decir: en el hombre, y es a no hacerse responsable. Es mucho más fácil decir que el bus te dejó a pie que reconocer que llegaste tarde a la terminal. A eso lo vemos mucho en nuestros ambientes. ¿Quién no ha oído muchas veces a un líder echarle la culpa de su fornicación o su adulterio, al diablo que lo tentó y lo hizo caer? ¿Es que él o ella no tuvieron ninguna responsabilidad? Cuando Adán peca, lo primero que dice, es: La mujer que tú me diste”. No la pidió, no la eligió. “La mujer que tú me diste por compañera, me dio del árbol, y yo comí”.

 O sea, que en realidad, el problema lo causaste tú, Dios, no yo.  Ese es el principio de la irresponsabilidad: no asumir la consecuencia de lo que nosotros mismos estamos haciendo. ¡Es que el hermanito cayó en pecado! El hermanito fue tentado, vio al pecado y le gustó; lo pensó, se lo imaginó, lo fantaseó, lo diagramó, lo planificó y, finalmente, lo consumó, Pregunto: ¿Podemos seguir diciendo que el diablo tentó al hermanito y este “cayó” en pecado? Dios no puede tratar con sus hijos, mientras ellos le demuestran que no aceptan asumir el grado de responsabilidad que tienen.

 Puede ser gente con muy buenas intenciones, pero resulta que para la gente de Reino, la gente con buenas intenciones no le termina de inspirar confianza, ¿Sabes por qué? Porque las buenas intenciones, nunca han salvado a nadie. Tú tienes un sueño, por ejemplo, en el que ves a un hermano que amas, a punto de caerse a un precipicio lleno de animales salvajes que se lo comerán. Tú te espantas por ese sueño y corres a contárselo, con la mejor de tus intenciones. Entonces el hermano, tranquilamente, te pregunta: ¿Te dijo el Señor que me cuentes ese sueño? ¡No! ¡Pero es que estabas tú, ahí!

 ¿Pero Dios te dijo o no te dijo que me lo cuentes? ¡Dios no me ha dicho nada, pero yo pensé…! Yo pensé. Si Dios no te dice que hagas algo, no lo hagas, así parezca excelente o así te mueras de ganas por hacerlo. Ahora, la duda de muchos, en situaciones como esta, es: ¿Por qué no debo escuchar lo que un hermano fiel, que me conoce y me ama, ha soñado y quiere compartirme por la simple razón que en ese sueño estaba yo? Porque Dios no le dijo que me lo contara, y a mí no me da la gana de oír algo que no viene del Padre, sólo porque el diablo está usando a un buen cristiano.

¿Sabes qué? Eso se llama irresponsabilidad, en este caso, del buen hermano que por exceso de confianza, podría estar jugando para el equipo contrario. Además, ya has leído y oído que la palabra de Dios nunca regresa vacía, ¿Verdad? Y eso es muy cierto. Tan cierto como que las palabras, ya no las espirituales sino cualquiera de ellas, no es que no retornan vacías, directamente no retornan. Ninguna palabra soltada vuelve igual a como fue soltada. Así que, a la hora de soltar una palabra, de lo que sea, cuídate muy bien que no sea dañina, porque va a cumplir con lo que tiene reservado.

Esto te deja en evidencia, una vez más, que si hay algo que debemos cuidar tanto como a nuestras vidas, es lo que decimos. Todo el mundo espiritual se mueve por las palabras que tú dices. No es poca cosa, créeme. Fíjate que no son pocos los ministerios que comienzan una obra determinada en plena dependencia al Señor y a Su Palabra, y la terminan con muchísima menos dependencia a los mismos valores. Supongo que tiene que ser porque, a medida que pasan los años, el hombre presenta una clara tendencia a volverse más confiado en aquello que antes desconfiaba.

 Conclusión: ¿Quieres tener profetas en tu ministerio, en tu iglesia, en tu familia o en tu vida? Tenlos, gloria a Dios por ellos, pero por favor, que se hagan total y absolutamente responsables de lo que dicen y hacen. De otro modo, ya no será para bendición. Y si un ministerio no es para bendición, explícame por favor, entonces, ¿Para qué es? 

(24) – A la Hora de la Disciplina

(1 Samuel 15: 22) = Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros

De acuerdo; no estamos en un templo, ni en medio de un culto de los que a diario se cumplimentan en nuestras congregaciones, pero igualmente tomaré prestada una muletilla cultista clásica y tradicional. Quiero que repitas conmigo, (Aunque yo no te oiga con mis oídos naturales, Dios te oye) “La obediencia, es mejor que los sacrificios”. Escucha: lo que ocurre, es que si nos analizamos con cierta profundidad, descubriremos que el sacrificio en sí mismo ejerce una atracción muy potente sobre los hombres. Muchos hombres y mujeres se sienten de maravillas después de un tremendo esfuerzo y sacrificio para lograr un objetivo supuestamente espiritual.

 Pero, en el fondo de sus acciones, la satisfacción es por el acto sacrificial que eleva sus auto-estimas, y no por el supuesto objetivo espiritual cumplimentado. Curioso, ¿Verdad? Pero muy cierto. Y si en lugar de eso se apareciera un ángel para decirles que no se necesita eso que ellos están haciendo, sino solamente que crean que Dios lo hará, te aseguro que habría muchos decepcionados. Lo que sucede, es que la religión se fortalece en la acción y el sacrificio. Es una tendencia innata. ¡Nos gusta sacrificarnos! Lo que sucede es que mayoritariamente, y preferentemente los cristianos, y especialmente los ministros, no estamos demasiado acostumbrados a disfrutar.

 Con decirte que nos cuesta aceptar una ofrenda sin ponernos algo incómodos y colorados de vergüenza. ¡Pero si es bíblico! Sí, pero nos sentimos mucho mejor dando que recibiendo. De ministros del Señor, estoy hablando. Creo que la aclaración es válida y necesaria. Y eso no es nada. ¿Has visto las iglesias legalistas, esas que realmente maltratan a la gente? Las presionan a las mujeres con el cabello, el maquillaje, los pantalones y, encima, ni siquiera les permiten hablar. ¿Y sabes qué? ¡Están repletas de mujeres! ¿A qué van? ¿Por qué? Trabajo para un psicólogo.

Te diría, seguramente, algo que ya sabíamos: porque nos sentimos gratificados por el sufrimiento. ¡Señor! ¿Qué quieres que haga hoy? – Quiero que hagas una obra – ¿Una obra? ¡Dime cual, señor, y saldré volando para hacerla! – No, no tienes que moverte de donde estás; sólo quiero que creas en el que te ha enviado. – Ehhh… ¿Esa es la obra? – Sí. – ¿Y nada más? ¿No hay que pelearse a cimitarra con un musulmán para convertir a alguien? – No…sólo deseo que disfrutes de creer en el que te envió… Obedecer, es mejor que un sacrificio.

Lo interesante es que, ese ministro, que es capaz de padecer sufrimientos impresionantes, que es capaz de dejar a toda su familia sin vacaciones porque quiere levantar una nueva construcción para los niños, recibe una orden de Dios de disfrutar de algo, y no sabe por dónde empezar. Es capaz de darlo todo por un servicio, pero le sugieres que le pregunte al Señor qué debe hacer y te mira como si estuvieras hablándole en chino. Si quieres agradar al Padre, haz algo: obedece. No hay cosa que al Padre le alegre y le emocione más, que sus hijos le obedezcan. ¿Sabes? Él es feliz con eso. Estuve años conversando a diario con el pastor de una gran iglesia a la que asistíamos, y nunca pudimos sintonizar el mismo idioma: yo le hablaba del Señor, él me respondía hablando de su iglesia. De la de él, no de la del Señor del que yo le hablaba.

(Romanos 15: 19) = Con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de Cristo. (Verso 23) = Pero ahora, no teniendo más campo en estas regiones, y deseando desde hace muchos años ir a vosotros,

Les está hablando a unos hermanos a los cuales no ha podido ir a visitar, y les dice que ya no le quedan lugares para ir. ¡Se había recorrido medio mundo! ¿Qué es eso? Responsabilidad. Todos conocemos las cartas que él escribió pero, más allá de su sabiduría, que a nadie puede asombrar porque es evidente que su perfil era altísimo, lo que verdaderamente impresiona de Pablo, es su disciplina. Nos ponemos en examen a la luz de su personalidad y nos damos cuenta que nos falta muchísimo de esa disciplina que él tenía. Creo que ninguno de nosotros podría hoy, en épocas de aviones y trenes súper rápidos, decir que ya no nos quedan lugares donde ir.

 ¡Y en un tiempo donde un viaje duraba, por lo menos, un año y medio o dos! Es evidente que le faltó vivir más tiempo, y así y todo le quedó chico el mundo a Pablo. Principio de Responsabilidad. Resumiendo: nunca le pidas a Dios algo que luego no vas a poder administrar. ¡Oh, Señor! ¡Dame la ciudad! Escucha, hermano: ¿Qué vas a hacer con ella! ¡Mira tu casa como está! Administra y adminístrate. Sé responsable con lo que Dios te dio y sé responsable con las palabras que dices. Sé responsable para enseñar aquello en lo que crees. Nunca enseñes algo en lo que no crees.

 Que las personas sepan que estás hablando de lo que has recibido, no de algo que suena lindo y punto. Responsabilidad. Conducir un vehículo a excesiva velocidad no es un simple riesgo deportivo, en algunos casos concretos, es irresponsabilidad. David dijo que era un simple pastor de ovejas, sólo podía gozarse de que cuando venían los lobos él sabía proteger a sus ovejas y nunca había perdido ninguna. Esa responsabilidad en lo menor, lo llevó a ser respaldado por Dios en lo mayor, cuando enfrentó a Goliat. De hecho y como ejemplo práctico, voy a decirte que será mucho más fácil que tus padres te crean que Dios te ha llamado a un ministerio, si terminas tus estudios completos, antes.

Tu palabra, ministro, va a tener mucha mayor autoridad, si provees como corresponde para tu casa. Entonces te escribe alguien que te dice: hermano, yo quiero ser profeta. ¡Muy bien! ¡Me gozo por ello! Pero… ¿Sabes cuán responsable debes ser para tomar ese ministerio? ¡Sí, hermano!  ¡Sé que hay que estar muy seguro de lo que se dice como palabra profética! Sí, claro, pero eso es en lo específico, ¿Y qué me cuentas de tu trabajo secular? ¿Y de tu relación con tu esposa? ¿Y del comportamiento público de tus hijos? – Bueno, hermano… ¿Pero eso será más importante que una palabra profética que viene del Cielo? No, pero de tu calidad de mensajero, o de ese heraldo que se puede perder del que habla Pablo, sí que lo es.

(25) – Las Diferencias Escritas 4

Jesús aclara en Mateo 23: 8-10: Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. 

¡Oh, Señor! Eres tan claro en tus mandamientos que produce santa indignación unida a no poca vergüenza ver cómo tantos y tantos supuestos servidores fieles desoyen tu voz para encasillarse en la propia. El mundillo religioso asegura que significa una verdadera falta de respeto no usar esas palabras para sus líderes más ilustres. De acuerdo, apruebo su amor incondicional y su intención de sujetarse a esos líderes, pero…¿Me quieres decir qué hago con esta palabra de Jesús?

En Mateo 5:34, hay otro clásico de la contraposición: Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios;

Los religiosos dicen que, si las leyes humanas te obligan a hacerlo, tienes que jurar. En mi país se aprobó hace algún tiempo el matrimonio homosexual. ¿Eso quiere decir que si yo soy pastor de una iglesia y un juez secular me ordena autorizar una ceremonia en mi congregación a una pareja de dos hombres o dos mujeres, yo por respeto y obediencia a las leyes de mi país, estaré obligado a hacerlo? Puede ser, no conozco jurisprudencia tanto como para debatir esto, pero puedo garantizarte que, si así fuera, dejaría de ser pastor de inmediato. Supongo que todo creyente bien nacido de arriba haría lo mismo, ¿Verdad?

(26) – La Excelencia Por Sobre el Éxito

Quiero hablar ahora del último de los principios necesarios para edificar una casa celestial que no tenga adherencia alguna con los sistemas que la religión ha implementado como obligatorios: el Principio de la Excelencia. Partamos de una base concreta: nadie puede ser excelente en algo a lo cual no está plenamente dedicado, ¿No crees? ¿Y qué significa esto? Significa que, si vas a liderar un ministerio, tendrás que dedicarte a tiempo completo a él, más allá de si es rentado o no. Ya estudiarás de qué manera ejercerlo con mayor eficiencia, y qué lugar ocuparán tus tareas seculares si las tienes. 

 ¡Bueno, hermano! ¡Pero si las condiciones no dan para ser sostenido por salario, la gente tendrá que aceptar que divida mi tiempo entre el ministerio y mis obligaciones particulares! Sí, la gente lo va a aceptar, tal como lo ha hecho siempre. El problema es que el que me parece que no lo va a aceptar, es el Señor. Hay toda una teología que en este tiempo está siendo armada, para probar que Pablo se auto-sustentaba. Entonces imaginamos a Pablo vendiendo sus tiendas y todo eso que sabía fabricar, en base a una referencia que él hace. Qué, curiosamente, está relacionada con un tema de Jerusalén y no de realidades cotidianas.

 Lo que se dice un “fuera de contexto”, clásico y habitual en estos tiempos de trampas comunicacionales a raudales. Vale aclarar que, cada vez que aparecía Jerusalén en escena, Pablo se ponía muy nervioso. Sus buenas razones tendría. Entonces, resulta que yo tengo una empresa, pero al mismo tiempo, por ejemplo, también soy pastor. El punto, aquí, es excelencia ministerial a partir de la plena dedicación. Lo que te estoy diciendo, es que nadie va a poder ser excelente si no tiene dedicación. De hecho que si es necesario, pueden llevarse ambas cosas, ¡Claro que se puede!

Y que alguien no quiera ser un peso extra, y muy pesado, para su congregación, también es respetable, pero te olvidas de algo: no es una congregación la que sustenta a un ministro; ¡Es el Señor! O, de otro modo, te lo aseguro y hasta te lo firmo: no tiene sustento alguno. Fíjate que este ministerio, aun siendo de nivel medio en su importancia, cuenta con mi dedicación total. Fui tocado por la mano del Señor, en su momento, y tal como lo relato en mi primer libro, retirándome de mi trabajo secular por una ley que salió, se aplicó conmigo y luego desapareció, que determinaba a los empleados de ese nivel retirarse cinco años antes de su edad jubilatoria, percibiendo ambos salarios  ( ! ) Impensable.

 El Señor lo hizo y ayudó a mi dedicación plena. Y no creo estar descubriendo nada nuevo. Es exactamente lo que en el plano secular se vive en torno a las disciplinas deportivas o artísticas denominadas como profesionales. Un músico famoso no tiene menos de siete u ocho horas diarias de ensayo, todos los días. Lo mismo un deportista de alta competencia, un mínimo de cuatro horas de entrenamiento diario. Si no, no juega. Profesionales. Pero, atención con esto: profesionales a la hora de la disciplina, pero no en cuanto a la ética y la responsabilidad.

Allí es amateur porque es puro corazón, alma y, naturalmente, espíritu. Y en lo nuestro, el problema radica en que, mientras no le demos total excelencia a lo que hacemos, muy difícilmente Dios nos pueda hacer llegar toda la profundidad que tienen todas sus cosas. Para el modelo de iglesia que hoy día vemos, no hay demasiada dedicación. Tampoco se requiere mucho esfuerzo. ¿Cuántas horas a la semana se enseña? Quizás muchas, pero nunca equiparadas a una jornada laboral de cualquier clase de empleo. ¿Cuarenta horas semanales? No hay ministro que las complete.

 Podrá ir de aquí para allá y a lo mejor invertir ese tiempo, pero no en dedicación plena a lo que realmente sea su ministerio. En mi caso personal, estudiar para aprender y aprender para enseñar. Orar para recibir y recibir para compartir. Trato que sea con la máxima excelencia, pero no creo llegar a las cuarenta horas semanales. Fíjate el modelo Jesús. Él salió a buscar discípulos que estaban haciendo ¿Qué cosa? Trabajando, la mayoría de ellos. ¡Todos trabajaban! ¿Por qué crees que Jesús no los invitó a una reunión por la noche, después de sus jornadas laborales? ¡Vengan cuando tengan tiempo, muchachos!

No hizo eso, ya lo sabes. Pregunto: ¿Podrían los discípulos haber seguido a Jesús sin dedicación completa? No, ¿Verdad? ¿Y entonces por qué todavía hay gente que cree que podemos hacerlo nosotros? Dedicación exclusiva. ¡Deja todas esas redes y esos peces y ven y sígueme, Simón! ¿Quieres ser un miembro del Reino excelente? Deja todo y sígueme… (Y aquí pondríamos tu nombre y apellido). Después, claro está, sólo faltaría que tú lo aceptes. ¿Lo aceptarías? Hay gente muy capaz, que ama al Señor, y realmente trabajan durísimo. Y aun con su tiempo dividido, han hecho muchas cosas para el Señor, de eso no tengo dudas.

Pero no puedo imaginarme lo que llegarían a hacer si dispusieran de tiempo exclusivo para las cosas de Dios. El ministerio, para poder marcar a una generación, para poder encontrar las inconmensurables riquezas de Cristo, no va a hacer la iglesia como la hemos visto hasta estos días, ¿Sabes? Creo que casi no hay mucho que hacer para eso. Es casi intuición. Pero si quisiéramos volver al diseño, se van a consumir nuestras neuronas. Nadie podrá ser excelente si no tiene dedicación plena. Cualquiera que desee profundizar en las verdades de Jesucristo, tarde o temprano deberá abandonar sus otras tareas, es inevitable.

A lo mejor no es lo que más agrada, pero es así, no tengan dudas. Por eso, yo como muchos otros hombres y mujeres de Dios, estoy en certeza de asegurarte que el ministerio no es para todos, sólo para los llamados. Motivo simple: los llamados ya traen ese querer y hacer que sólo el Espíritu Santo produce. Los demás, es a puro esfuerzo humano. No existe tal cosa como ser responsable de un tremendo ministerio y andar por la vida quejándote del esfuerzo, del trabajo, de la mala calidad de la gente o de las carencias materiales. El ministro de orden divina, jamás se queja. Sólo mira al invisible y avanza.

(27) – Como Obreros Aprobados

(2 Timoteo 2: 15) = Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad. 

Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado. Fíjate, no dice bendecido, dice aprobado. Recuerdo una sentencia sintética lanzada desde un púlpito que me impactó como ninguna otra: No interesa que Dios te use, lo que importa es que Dios te apruebe. Y quien lo dijo, lo fundamento luego con personajes de la talla de Saúl y Salomón, incluso Judas Iscariote. Como obrero que no tiene de qué avergonzarse, dice, que usa bien la palabra de verdad, añade. No conozco un solo hombre que esté aportando a un cambio profundo en su ciudad, región o país, que no haya tenido que dejar su profesión, su negocio. Es que el nivel de exigencia es muy alto.  Por eso quiero que ahora me acompañes al libro de Génesis, en el capítulo 1. En este capítulo hay un versículo que hemos usado en muchas ocasiones, pero que es importante reiterar porque es el que da la pauta o el pie para el tema con el que quiero continuar este trabajo.

(Génesis 1: 26) = Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.

Hagamos al hombre a nuestra imagen. Ese principio que está aquí en Génesis 26, es lo que ha movido toda la acción de Dios en la historia. Aclaración: el anhelo del Señor cuando creó a Adán, fue que Adán manifestara la imagen de Dios. Él fue hecho a su imagen. Esto ha sido explicado por diversos maestros en muchas ocasiones y, seguramente, lo conoces.  Ahora bien; el pecado, lo que hace, es destruir esa imagen. Y a medida que el hombre cae y vuelve a caer hasta que se desata el diluvio en Génesis 6, Dios se ve obligado a destruir toda la creación porque, literalmente, la imagen de Dios que se había copiado en el hombre se había deteriorado tanto, que no era digna de ser salvada.

Del grupo que queda, esa familia, esas ocho personas, se levanta otra nueva generación. Pero, aun ellos tenían esta imagen distorsionada, ellos no nacieron de nuevo. La fe de Noé salvó a sus hijos, a sus familias, pero ellos ya tenían un gen defectuoso. Todos ellos descendían de Adán. Entonces, fue cuestión de tiempo que se manifestara, otra vez, este problema de adulteración de imagen. Ese proceso no se detuvo. Cuando Jesús viene, lo que el Señor trae con Él, es la imagen perfecta. Jesús es la imagen, por eso le llama Pablo “el postrer Adán”, “el segundo Adán”. Porque Él trae la imagen corregida. Es Adán sin el gen defectuoso. Es Adán perfecto. Es Jesús, la imagen misma de Dios. Eso es explicado, precisamente, en la carta a los Hebreos, cuando ustedes leen los primeros versículos.

(Hebreos 1: 3) = el cual, (Está hablando de Jesús), siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, 

Él es el resplandor de la gloria de Dios. Y la imagen misma de su sustancia, o sea: de su naturaleza. En la versión de la Biblia Textual, el mismo versículo, dice: Quien siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su ser. ¿Qué trae Jesús? Él trae de regreso la imagen. Entonces, pensemos por un momento: Dios crea al hombre a su imagen. El diablo hace pecar al hombre, y la imagen se corrompe. No hay manera en todo el Antiguo Testamento, de reparar la imagen. No puede haber proceso regenerativo. Re, es volver. Gen, es generación, genética. No puede regenerar al hombre todo el Antiguo Testamento.

 Cuando Nicodemo va a hablar con Jesús, esa noche, y le dice: ¿Qué debo hacer para entrar al Reino? ¿De qué se trata todo esto? Jesús le responde que es necesario nacer de nuevo. Lo que le está diciendo es que debe pasar por un proceso de regeneración, re-genética. O sea: tiene que haber un proceso genético en ti. Y luego dice: debes nacer del agua y del espíritu. Ese es un punto interesante para meditar. ¿Qué significa nacer del agua y el espíritu? Tendremos que estudiarlo. Ahora; ¿Entendió algo Nicodemo? No, no entendió nada. Durante el ministerio de Jesús, Él manifiesta toda esa imagen en lo que Él hace.

 La mejor prueba es cuando los discípulos caen de rodillas al ver cómo calma la tempestad en esa barca. Eso tiene que ver con lo que dice Hebreos: el resplandor de Su gloria y la imagen misma de su sustancia, su naturaleza, su ser. Él trae la imagen dentro del Reino. Él dice: arrepiéntanse, que el Reino de los cielos se ha acercado. El medio por el que vuelve la imagen, es el Reino, y lo que se destruye o desplaza, es (¡Oh, sorpresa!) el sistema. Escucha: cada palabra es importante, ¿Sí? 

(28) – Introduciéndonos al Reino

Jesús trae la imagen del hombre perfecto. Pero no la trae suelta. ¿Por qué? Porque en el sistema en el que Jesús aparece, y estoy hablando de la cultura, estoy hablando de ese momento, más o menos allá por el año cero, o en el año seis, o en el año tres, era un sistema corrupto, caído. Aún el sacerdocio de ese tiempo era corrupto. Jesús no tenía dónde poner un pie sin ensuciárselo.  Todo lo que estaba en ese momento era sucio, era corrupto. La palabra dice: A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. ¿Recuerdas? Jesús es introducido en el mundo como si fuera dentro de una cápsula dentro del Reino.

El Reino es lo que viene, es esa atmósfera impresionante que desciende del cielo, porque dice: el Reino de los cielos se ha acercado, y Jesús está en medio. Me pregunto, ya que estamos, cuánto habrá cambiado ese sistema en el día de hoy… ¿Qué crees? Imagínate un círculo invisible, más o menos de dos metros, alrededor tuyo, y donde tú te mueves, ese círculo se mueve contigo. Ese es el Reino, entonces la gente te escucha, pero para que la gente pueda creer en ti, tiene que introducirse dentro de ese círculo, dentro de esa atmósfera. Alguien entra y entonces sus ojos se abren de la sorpresa y el asombro porque ve y cree inmediatamente.

Y, por favor, no lo tomes como una licencia poética apropiada. ¡Yo lo viví y te aseguro que es así! Entonces luego sale de ese lugar y queda como medio atontado, anonadado, shockeado todavía por la experiencia, queda inmovilizado. Por esa razón fue que toda esa gente que fue sanada y liberada por Jesús, no apareció cuando a Él lo tomaron prisionero, e incluso cuando fue llevado a la cruz. ¿Dónde estaban? ¿Dónde está Jairo? ¿Dónde están Lázaro y sus hermanas? ¿Dónde está toda esa gente? ¿Los cinco mil que comieron los panes y los peces multiplicados? Imagínate a eso hoy, un ministro que llegue y ore por tu hijo y le sane una tremenda enfermedad, ¿No estarías agradecido de por vida con él? ¿Dónde estaban todos?

 La atmósfera del Reino era lo que provocaba que la gente se sostenga. El círculo de Jesús no era de dos metros cuadrados, era una cosa inmensa. Esa gente no tuvo hambre, no tuvo sueño, se olvidó del trabajo, se olvidó de la familia, ¡No quería moverse! ¡Quería seguir ahí! ¿Y dónde estaban? Estaban en el Reino.  Jesús sólo operaba en el Reino, y el Reino podía ir a un lugar, siempre y cuando hubiera fe. En el caso de Samaria, dice que no pudo entrar porque la gente no tenía fe. Jesús no era alguien que pudiera hacer algo fuera de la atmósfera del Reino. Es necesario que entiendas bien esto.

 No era el Súperman que podía hacer lo que quería y se iba volando, no. ¿Sabes por qué? Cuidado porque a lo mejor te choca esto que digo: Pero Él estaba sujeto al Reino. ¿Entiendes ahora la distancia entre ese Reino y ese del que tantos hablan ligeramente, hoy? Era el Reino el que determinaba dónde Él podía ir y dónde Él no podía ir. Había lugares donde Él no podía ir. Aunque era el Hijo. No podía. Era necesario que Él se mueva simplemente donde el Reino podía obrar. Cuando los discípulos son comisionados, como leemos en Mateo 10, Vayan de dos en dos, ¿Recuerdas?

Ellos son parte de esa burbuja, de esa cosa invisible que es el Reino.  Entonces van y hacen, y aunque viajaron un par de días, eso se extendió. El Reino se extendió. ¿Y por qué se extendió? Porque la fe de ellos era lo que provocaba su permanencia dentro del Reino. Alguien dio un muy buen ejemplo que vale la pena compartir. Filmado en cámara lenta, alguien introduce su mano en una burbuja de jabón sin romperla. ¡Pero eso es imposible!  ¡Al menor contacto la burbuja estalla! Sí, salvo que te mojes la mano antes de introducirla. La mano mojada penetra la burbuja sin romperla.

 Venimos de un ejemplo sobre el Reino con relación a una gran burbuja. La mano hidratada, en este caso, es la fe. Solamente puedes introducirte al Reino sin problemas, estando hidratado con la fe. Y con esa misma hidratación, puedes moverte dentro de esa burbuja con total libertad y éxito en todo lo que hagas. Si no tienes una mínima fe, ni lo intentes. Es decir que ellos, todos ellos los que además de Jesús pudieron hacer grandes milagros y los hicieron, fue mientras estuvieron funcionando y operando dentro del Reino, porque fuera del Reino no les funcionaba nada.

¡Señor, no pudimos sacar este demonio! ¡Hombres de poca fe! ¿Lo recuerdas, verdad? Entonces, la habilidad de Jesús consistía en saber mantenerse dentro del Reino. ¿Y saben qué es lo que Él enseña todo el tiempo que está con sus discípulos? Les enseña a sus discípulos, cómo vivir en el Reino. ¡No les enseña ninguna doctrina, por buena que parezca! Ellos ya estaban repletos de doctrina. Miren ustedes a la samaritana. Toda su vida era un desastre y quiere saber dónde debe adorar. ¡Necesitaba ver a un psicólogo, primero! Bueno, eso es la doctrina. Tú ya lo sabes, pero es menester que alguien te lo repita una vez más: la doctrina, cuando no está acompañada de fe, no sirve para nada.

Por eso Jesús no les enseñó doctrina, les enseñó cómo moverse en la atmósfera del Reino. Cuáles eran las leyes del Reino: cuando Dios recibe una ofrenda, cuando recibe una oración, cuando no. Cómo debemos movernos como personas, unos con otros, con el mundo, con los de la casa de Dios. En pocas palabras, Él habló de las dinámicas que rigen la permanencia de un creyente en el Reino. En eso consiste toda su enseñanza. Él traía la imagen. Quien siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su ser.

Y fíjate que la palabra imagen, en griego, aquí, no es icono, como podría suponerse, sino caracter. Y caracter, así, sin acento en la segunda “a”, significa sello grabado, figura estampada, copia, representación exacta, imagen misma. ¡Jesús trajo eso! Era el caracter de Dios, Él trajo la imagen de Dios. Entonces, cuando nos encontramos con Felipe que le dice: muéstranos al Padre, la respuesta de Jesús es obvia: ¿Me viste a mí? ¡Ya viste al Padre! Claro que ellos estaban viendo a Jesús, pero Jesús les dice que es el Padre. Ellos se lo aceptaron porque Él se los decía, pero créeme que no quedaron muy convencidos. 

(29) – Las Diferencias Escritas 5

Jesús dice en Mateo 23:13-14: Mas ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor condenación. 

En primer lugar dime si esto que Jesús les dice en su tiempo a los que de una u otra manera representaban la iglesia oficial y estructurada de la época, no podría ser repetido hoy, casi textualmente, en dirección a ciertos y determinados sectores que seguramente conoces tan bien o mejor que yo. ¿Qué crees que sucedería si alguien con cierto peso ministerial saliera a la luz pública a expresar conceptos como estos, en referencia a lo que conocemos como la iglesia tradicional? Que cientos o miles de religiosos responderían a esto, asegurando que palabras fuertes como estás no pueden ser ninguna manera cristianas, ni tampoco dignas de cristianos, por lo que indudablemente, entonces, provienen del diablo.

(30) – Las Cinco Piedras de David

En la carta a los Efesios, nos encontramos con los ministerios, y quisiera decirte antes que hablemos de ellos, por qué razón los ministerios son importantes. No tiene lógica (No me gusta esta palabra, porque es infiltración griega y está en contraposición con la fe sencilla, pero aquí cabe), tratar de exponer algo, si no sabemos la utilidad de lo que exponemos. Es mucho lo que se ha dicho de los ministerios, pero mucha también ha sido la confusión al respecto, sólo por no haber sido definitivamente claros y concisos a la hora de mostrarlos. En primer lugar, para evitar ingresar nosotros también en el mismo nivel de confusiones, vamos a leer el texto donde se los menciona, pero en contexto, como se debe hacer siempre.

(Efesios 4: 7) = Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. (8) Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres. (9) Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? (10) El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo.  (11) Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, (12) a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, (13) hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; 

Resumiendo: los ministerios son enviados de parte de Dios, para que nosotros podamos completar la imagen de Dios en nosotros. Esa es la razón. Este es un tema de recuperar la imagen. Volvamos al ejemplo. Sigo con el relato. Cuando Jesús se va, Él había anticipado que su partida no era el final de todo. Incluso les llega a decir que es conveniente que Él se vaya, porque cuando Él se vaya vendrá el Espíritu Santo y después, todo lo que ustedes conocen. Entonces, la pregunta cabe: ¿Cuál es la utilidad de que el Espíritu Santo venga? En ese momento, los discípulos no vieron ninguna utilidad, por eso le dijeron que no, que preferían que Él se quedara, que no se fuera. Y allí es donde Jesús les dice que no, que si Él no se va, el Espíritu no puede venir.

Y los discípulos, a decir verdad, no terminan de entender del todo por qué razón tendría que venir el Espíritu Santo. Jesús les dice que Él les guiará a toda verdad y les va a recordar todas las cosas que Él les habló. En suma; Jesús les dice a sus discípulos que necesitan que venga el Espíritu Santo, para que Él les haga entender todas las cosas que todavía no han entendido. Considera que apenas un par de parábolas se les explicó a los discípulos. A la gran mayoría de las parábolas, Jesús no las explicó. Y no creo que ellos mismos las entendieran. Algo tan importante como su muerte y su resurrección, no lo habían entendido. Y eso que Jesús lo había hablado.

Entonces Jesús se va, muere, asciende, y el Espíritu Santo, en Hechos 2, desciende sobre los discípulos. ¿Y qué es lo que el Espíritu Santo trae? Antes que pienses una respuesta, te formulo una pregunta: Cuando Jesús se fue, ¿Se llevó el Reino o lo dejó? Piénsalo. Volvamos hacia atrás. ¿Qué hicieron después que Jesús se fue, los discípulos? Se llenaron de temor, se dispersaron, se escondieron, sus ojos se cegaron, tanto que ni siquiera lo pudieron reconocer, o sea: ¿El Reino se quedó o se fue? Se fue, ¿No es cierto? Sí señor, se fue. El Reino sólo estaba presente porque Jesús estaba presente.

Y no tenía una imagen, no tenía un equivalente, ni siquiera Juan tenía la imagen de Jesús, nadie podía soportarlo, nadie podía anclar el Reino a la tierra. ¡No podían! Entonces, cuando Jesús se va, se va el Reino también. Y ahí quedamos otra vez como estábamos antes que Él llegara. Por eso la reacción de todos los discípulos. El único que pasa la prueba, fíjate, es Juan. Él no tuvo temor de estar junto a la cruz. ¿Podía Juan haber sentido temor? ¡Pero claro que sí! Podrían haberlo vinculado con Él, tranquilamente, y haberlo detenido primero, metido en la cárcel después y ejecutado finalmente. Pero a él no le importó. ¿Y saben qué? Esa es la única razón por la cual, Juan, es el único de todos los discípulos que muere de muerte natural. El premio de su valentía, fue que no tuvo que pasar por martirio para morir.

Y esto se cumple en Apocalipsis. Estos son los que han vencido, aquellos que negaron sus vidas hasta la muerte. ¿Por qué él pudo morir de muerte natural? Porque mientras estuvo siguiendo a Jesús, él mismo decide no tenerle temor a la muerte. ¡Si me tienen que matar, pues que me maten! Aquí estoy yo y no me muevo. ¿Y cuál fue el premio de eso? Que la muerte, a él, no lo podía tocar. Por eso termina muriendo de muerte natural, como cualquier buen anciano de buena cantidad de días encima. Es el único. Pero todos los demás discípulos, tuvieron temor. Y la consecuencia de ello, fue que todos ellos tuvieron que vencer ese temor. ¿Y cómo lo vencerían? Sufriendo el martirio.

Nadie puede pasar al otro lado si no vence el temor a la muerte. Estos son los que han salido, los que han escapado de la gran tribulación, los que negaron su vida hasta la muerte. Son tres requisitos, pero ese es uno. Entonces, ¿Qué sucede? Se quedan sin el Reino, desconsolados, atribulados, tristes, y ¡Ni siquiera se creen entre ellos! ¿Recuerdan ustedes cuando las mujeres dicen que el Señor resucitó? ¡Nadie les cree! Ni siquiera la capacidad de confiar en sus palabras, quedó. Todo se fue. ¿De qué le hubiera servido al Señor dejar doctrina?

Lo que Él esperaba en ellos, era fe. Pero la fe que ellos tenían, era una fe de Reino. ¿Qué quiere decir una fe de Reino? Que cuando tú entras a la atmósfera que Jesús generaba, automáticamente sentías fe, manifestabas fe. Pero en el momento en que salías de la burbuja, esa fe no era tuya. Se iba. Cuando el Espíritu Santo desciende, desciende al Reino. Y genera una atmósfera, genera fe, es decir: genera lo mismo que Jesús generaba. Lo mismo; lo milagros, la fuerza, la convicción, la fe, la tenacidad. ¡Todo lo que Jesús generaba, luego lo generaba el Espíritu Santo! 

(31) – La Hora de Los Testigos

Por eso es que Jesús les dice que cuando venga el Espíritu Santo, mayores cosas harán, de acuerdo con las que yo hice. Jesús les dice, en Hechos 1:8: Esperen; después de recibir el Espíritu Santo, me serán testigos, en Jerusalén, Judea, Samaria, y hasta lo último de la tierra. La palabra testigo, es mártir. Son muchos los que todavía no terminan de entender cuál es la función del Espíritu Santo. No es una sola, pero te digo la primera: llenar el espacio que tu fe no puede llenar. Eso nos llevaría a decir que estamos firmes, por Su Espíritu. Y fue el Espíritu también el que llenó el espacio que el temor a morir inundaba a todos ellos.

 Está más que claro que en Pentecostés, lo que vino nuevamente fue el Reino. En este caso, representado por el Espíritu Santo. Por eso sucedieron todas esas cosas que sucedieron, pudieron oír el mensaje del Reino cada uno en su propio idioma, hubo diversidad de dones desparramados entre todos los asistentes. Fue el Reino el que vino otra vez. O sea: no es que vinieron dones, ¡Vino el Reino! El Reino vino a la tierra, y su primera tarea fue insertarse en las áreas débiles que tenían todos los creyentes. Entonces tú puedes ver, ya en el final del capítulo 2 y comenzando el 3, a Pedro levantarse y predicar la palabra con valentía frente a mucha gente.

 Más de cinco mil personas lo escucharon. ¿Y cómo sabemos eso? Porque ese fue el número de personas que se convirtió. ¡Lo dice allí! ¿Pero entonces pudieron ser más los que estaban allí? Sí, pero eso ya sería conjeturar, y no me gusta hacerlo. La pregunta, es: ¿De dónde Pedro sacó coraje para hacerlo? ¿Pero es que era Pedro? No, era el Espíritu. Era el Reino viviente. Y cómo será el impacto que, si lo recuerdas, Jesús no pudo llenar de valor a Pedro cuando queriendo caminar sobre las aguas, comenzó a hundirse, y empezó a los gritos a clamar para que Jesús lo salvara.

Pero el Espíritu Santo vino y en un segundo, Pedro se convirtió en un león. Es necesario que yo me vaya… ¿Recuerdas? ¿Cuál es la acción directa del Espíritu Santo? De que lo que a Pedro le tomaría veinte años, lo hace en un instante. Y la buena noticia es que eso mismo que hizo con Pedro, y más, puede hacerlo contigo hoy mismo. ¿Y qué necesitas para que lo haga? Lo mismo que necesitaste para caminar junto a Jesús: fe. Entonces sí la iglesia puede empezar a operar de inmediato. No necesitas veinte años de ministerio, no necesitas cuarenta años de seminario.

En un instante la iglesia se transforma si es inundada por el Espíritu Santo. ¿Nunca te preguntaste por qué razón la gente comenzó a vender todas sus propiedades y traer lo recaudado a los pies de los apóstoles? ¡Ellos ni abrieron la boca para pedir nada! ¡Lejos de hacer como hoy, que se invierten dos horas de sermón para poder levantar una ofrenda interesante! ¡No fue manipulación, fue el Espíritu! La pregunta, es: ¿Qué se soltó con el Espíritu, en ellos, generosidad? No. Se soltó fe. La gente decide dar, dar y dar, porque tiene fe. Si no, no le sacas una miserable moneda.

Ese anillo, esa burbuja que Jesús formaba con el Espíritu Santo, ¡Llegó hasta España! Y fue algo que los discípulos no pudieron ver cuando estuvieron con Jesús, sin dudas. Sin embargo, hay algo que el Espíritu no hace, y es cambiar tu carácter. Esa es una acción de voluntad personal. Por eso se puede ver que aquel hombre llamado Ananías y su esposa Safira, aún dentro de la atmósfera de Reino que había, ellos colapsan. El pecado fue mentir, ¿Si? ¿Y alguien sabe por qué mintieron? Porque quisieron retener el dinero. Porque tuvieron miedo de quedarse sin nada. En suma, mintieron por falta de fe.

Cuidado, porque nadie los había obligado a dar nada. En un principio ellos decidieron donar el dinero recaudado por la venta de su casa, pero luego, por miedo, decidieron quedarse con algo. Lo único que hizo el apóstol, fue preguntarles si esa era la cantidad correcta. ¡Ahí fue donde mintieron! Porque si ellos le hubieran respondido que no, que estaban guardando algo para ellos por si las moscas, nadie les hubiera reprochado nada y mucho menos hubiera bajado ningún rayo del cielo para calcinarlos. ¡No fue un problema de suma de dinero, fue una innecesaria mentira! Porque fue una mentira guiada por la falta de fe.

Que terrible es cuando se comienza algo en fe, por ejemplo: ¡Vamos a tomar la ciudad! Y al segundo siguiente alguien dice: oye…mejor no, ok? Si empezaste algo en fe, termínalo en fe. Los cristianos no podemos ser de esa clase de personas que retroceden ante lo mínimo. El Espíritu Santo viene y nos sostiene a todos. Hace a Pedro un tremendo predicador, a Juan súper amoroso. Entonces resulta que el Espíritu Santo desciende, trae el Reino y la iglesia, la recién constituida iglesia, es el elemento que puede anclar el Reino en la tierra. Siempre y cuando la iglesia manifieste fe y dependencia al Espíritu Santo.

 Cuando alguien contrista al Espíritu Santo, tira por la borda cualquier posibilidad de salvación, de ayuda, de recuperación. Por eso es que Jesús dice que al que peca contra el Espíritu Santo no se le perdonará nunca, ni en este siglo ni en el venidero. Parece demasiado duro, ¿Verdad? ¡Pero así lo dice! Lo que sucede es que una persona que niega al Espíritu Santo, ya es imposible que pueda ser alcanzada. Ese es un suicidio teológico terrible. No hay nada más que hacer. Volviendo al texto de Efesios 4, ¿Cómo encaja todo esto? 

(32) – Ministerios y Ministros

(Efesios 4: 11) = Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, (12) a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, 

Veamos. Tómate unos minutos en el verso 12. Mira; lo primero que deberemos hacer, es empezar a cambiar el vocabulario que la iglesia tradicionalmente maneja. En realidad, existe un solo ministerio. ¡Perdón, hermano! ¡Yo no veo eso, aquí! Déjame explicártelo mejor. Si llegáramos a reunir toda la lista de ministerios y probables ministerios, encontraríamos algo así como veinte o veinticinco, de acuerdo con el conteo que han realizado probos maestros y estudiosos de las escrituras. Estoy refiriéndome a dones, ministerios y operaciones. Pero resulta ser que aquí, Pablo, habla del ministerio. Y lo hace en singular. Plural, muchos, singular, uno. Punto.

Él dice, lo leíste conmigo: a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio. Entonces la pregunta, es: ¿Qué diferencia hay entre el ministerio y los ministerios? El ministerio, la razón de todo lo que existe, es la edificación del Cuerpo de Cristo. Ese es el ministerio. La edificación del Cuerpo de Cristo. Los ministerios existen sólo para cumplir con esto, El ministerio. ¿Está claro o se me enredó? Empecemos por ver que la palabra Ministerio, significa Servicio. Entonces dice: a fin de perfeccionar a los santos. ¿Quiénes son los santos? Mira; en este momento, yo a la distancia, estoy haciendo un trabajo maravilloso porque cumplimenta un mandamiento: los estoy perfeccionando, que en realidad es decir madurando, capacitando a ustedes.

 ¿Y para qué se supone que me toca hacer todo eso? Para que después ustedes hagan algo que es vital: edificar el Cuerpo de Cristo en la tierra. Cuando cualquiera de ustedes se maravilla de algo que aprendió y va y se lo enseña a otro hermano, tienes dos alternativas: o eres tú el que directamente edifica el Cuerpo de Cristo, o enseñas a otros hermanos para que ellos vayan y lo hagan. Hay una diferencia. Opción uno: yo edifico el Cuerpo de Cristo. Opción dos: yo enseño a otros a edificar el Cuerpo de Cristo. En la iglesia, entiende, siempre ha habido dos tipos de personas.

 Las personas que edifican el Cuerpo de Cristo y las personas que edifican a los que van a edificar el Cuerpo de Cristo. No existe nadie más. Cualquier otra cosa no es iglesia, es visita. O lo peor: infiltrado. Puede haber un grupo que tenga la suficiente unción como para edificar el Cuerpo de Cristo. Pero lo harán solos. ¿Qué pasa si ese grupo se pone a capacitar a otros para hacer lo que ellos hacen y, con el correr de los días, todos los que oyeron esas enseñanzas ya están en condiciones de edificar el Cuerpo de Cristo? Será muy bueno y Dios se agradará mucho de ellos. 

La gran pregunta, entonces, es: ¿Cuál de estas tareas es la más importante, edificar el Cuerpo de Cristo o capacitar a otros para edificar el Cuerpo de Cristo? La segunda. Sólo un detalle: para la primera, no necesitas ser llamado. Para la segunda tarea, sí necesitas ser llamado y, además, también enviado. Esa es la diferencia entre aquel que es ministro y aquel que no lo es. Pero ahora nos encontramos con la otra disyuntiva. ¿Todo cristiano, aún aquel que lleva apenas un día de convertido, puede ser un ministro del Señor? Absolutamente. Nadie podría discutir eso. ¿Y él puede edificar al Señor? ¡Por supuesto!

Edifica con su fe, con su amor, con su testimonio, con su evangelismo, con todo lo que él haga, edifica el Cuerpo de Cristo. Todos ustedes que están allí, del otro lado, están porque alguien les habló del Señor, un día lo aceptaron y ahí mismo fueron insertados en Su Cuerpo. Pero, y atención con esto: no todos los que están reunidos en los distintos grupos o congregaciones, tienen el llamado para capacitar a los edificadores. Y esa es la gran diferencia existente entre los que hemos sido llamados a capacitar y los que van a edificar.

Una simple familia que un día y a partir de alguno de sus miembros llega a convertirse por completo y, el primer día que retornan de un culto, se sientan a la mesa para comer y el padre dice: “Bueno, ahora somos cristianos y debemos orar por la comida. Nunca lo hicimos, pero ahora debemos hacerlo”. ¿Está este buen hombre edificando el Cuerpo de Cristo? ¡Claro que sí! ¿Con esa cosa tan simple? Sí, porque de muchas simplezas se conforma un todo de profundidad extrema. Y todo esto le va a traer, a ese buen hombre, muy buen fruto y gran bendición, pero; ¿Podemos llamar a este simple hombre un líder o ministro?

 ¡No! Simplemente está ejerciendo su autoridad como jefe de un hogar, eso es todo. De esto es de lo que habla Pablo en Corintios 14. Hermanos, cuando ustedes se reúnen, cada uno de ustedes tiene salmo, tiene lenguas, tiene palabra, profecía. Hágase todo para edificación. Lo ideal es que, cuando la iglesia se reúne, todos tengan algo para edificar. Por eso es que no se deberá procurar ni incentivar a que la música que se ejecuta en los templos sea solamente música, que tengan un espectáculo de luz y sonido muy bueno, pero convertido en un show para lucimiento personal de los músicos, mientras la gente se limita a mirar sin participar en nada.

 La idea es que todos, músicos y gente, edifiquen el Cuerpo con cánticos, palabras, oraciones, alabanzas y adoración en espíritu y verdad. Esto ha sido, partiendo de algo bueno, una lisa y llana tergiversación de una tremenda palabra, como es: adoración. Porque la adoración, y también la alabanza pueden, si cabe y están dadas las condiciones, recibir la apoyatura de la música, pero no significa esto que decir alabanza y adoración deba interpretarse directamente como música, ¿Se entiende? En suma: ¿Qué es lo que Dios quiere de su iglesia? Que capacitemos a los santos.

 ¿Y con qué objetivo? La palabra dice que para llegar a la unidad de la fe. ¿Y qué pasa cuando llegamos a la unidad de la fe? El Reino se establece. Y lo hace a la imagen de un Adán maduro, no de un Adán inmaduro. No llegó a madurar. ¿Por qué? Porque no tomó del árbol de la vida. Adán fue un fruto que se cortó cuando estaba verde. Y fíjate que las propias frutas te dan la pista. Mientras que lo maduro siempre es dulce y apetecible, lo verde o inmaduro siempre es agrio y además produce serios problemas. Y este pasaje concluye diciendo que todo es a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. 

 (33) – Alegrando El Corazón Del Padre

(Efesios 4: 14) = para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, (15) sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, 

Eso sólo se logra cuando la gente se dedica al ministerio. ¿Quieres alegrar al corazón del Padre? Capacita la iglesia. Enséñale a hacer las cosas. No las hagas tú por ellos, (Por favor, hacer copy-paste con esta frase, ampliarla y pegarla en las paredes de todos los templos, salones o lo que sea que se utilice como asamblea, iglesia) que sean ellos las que las hagan. Si eres pastor, (Después hablaremos con mayor relieve de esto), no resuelvas sus problemas, enséñales a resolverlos por sí mismos. La primera vez, ora por su enfermedad; la segunda vez, enséñale a orar. La tercera vez, déjalo solo. ¿Suena cruel? Sólo es Justo. Tú puedes ayudar a tu hijo a comer mientras es niño, pero cuando ya es adulto tendrás que dejar que coma solo.

Hay gente que lleva veinte años en una congregación y todavía no sabe diferenciar su mano derecha de su mano izquierda. No sabe por qué le pasan las cosas, no sabe su llamado, no sabe cuáles son sus dones, no sabe para dónde va, no sabe cómo orar. No sabe hacer negocios, siempre se asocia con sinvergüenzas. No sabe con quién sale su hija que termina casándose con un tipejo que la maltrata. ¿De qué le sirvió su salvación? Nadie podrá negar que no fue pastoreado, tal vez sí lo fue, pero déjame decirte que jamás fue capacitado. Fue permanentemente conducido. Por eso es que la Biblia, en el Nuevo Testamento, desde el libro de los Hechos en adelante, solamente menciona la palabra pastor, una vez. Es más; si algún ministerio debería desaparecer, ese es el ministerio del pastor. Gracias a sus asistencialismos tenemos una iglesia débil, sin fuerzas propias. ¿A alguien le duele leer esto? Lo siento, es la verdad y el dolorido también lo sabe.

(Efesios 4: 16) = de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, (Las coyunturas son los ancianos) según la actividad propia de cada miembro, (¿Leíste bien? Die de cada miembro) recibe su crecimiento para ir edificándose en amor. (Todo cuerpo está llamado a crecer armónicamente. Imagínate a una mano creciendo más que la otra.) (17) Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, (18) teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; 

La pregunta, es: ¿Cómo andan los gentiles? En la vanidad de su mente. ¿Cuántos gentiles conoces o has visto en estos últimos tiempos? Yo, algunos. Los que andan en la vanidad de su mente y en la sabiduría de su propio pensamiento. Y en el final dice que es por causa de la ignorancia que en ellos hay. Quisiera recordarte que está hablando de cristianos, ¿Entiendes? Está hablando de creyentes, pero que no han alcanzado a saltar al otro lado. Personas que nunca renovaron su entendimiento.  Y dice: por la dureza de su corazónImagínate la escena, que por otra parte no es ni nueva ni demasiado imaginaria.

Personas que tienen una experiencia tremenda en el espíritu, van a contárselo a sus líderes y estos no tienen mejor idea que reprenderlos porque lo que están viviendo, dicen, es contrario a los postulados de su doctrina denominacional. Puedes llamarlo extrema severidad, puedes llamarlo excesivo celo, o puedes llamarlo legalismo, si es que quieres confrontarlos. Yo me quedo con lo que dice aquí: dureza de corazón. Veamos: ¿Cómo se puede operar en el Reino? Por fe. Ah, ¿Y de dónde nace la fe? Del corazón. No nace del espíritu, nace del corazón. Por eso, la persona que es dura de corazón, tampoco va a expresar fe.

 Esto, pues, digo y requiero en el Señor. ¡Me impresiona Pablo cuando dice eso! Escucha: la gente más dura que yo he conocido, (Y no creo ser el único), no ha sido gente incrédula, ha sido gente supuestamente creyente. Lo que sucede, y ahora creo que vas a entenderlo con claridad, es que cuando llega alguien que ha vivido alguna experiencia diferente a todo lo acostumbrado en el marco del o de los grupos que conformamos, la gran mayoría se sobresalta y entra en desconfianza, ¿Sabes por qué? Por la vanidad de su mente. ¿Cómo? ¡Claro! No aceptan eso que está viviendo ese hermano por la simple razón de que no lo entienden con su mente, y no están preparados para aceptar nada que no procesen y entiendan con su mente.

 Y luego fíjate lo que dice: teniendo el entendimiento entenebrecido. ¡Esto es muy feo, hermano! Porque quiere decir que las tinieblas han ganado terreno en esa vida. Porque no encuentro forma de que tu entendimiento no esté entenebrecido, sino ha sido contaminado con las tinieblas. Y no sólo eso, sino que es notorio que esas tinieblas han tomado control y poder sobre ese pensamiento. ¿Y has visto lo que dice a continuación? ajenos de la vida de Dios. Esto significa, literalmente, fuera del Reino.  ¿Y a causa de qué? De la ignorancia de ellos. Entonces ahora pregunto: ¿Y por qué son ignorantes? Por la dureza de su corazón. Dios jamás condenará a una persona por su ignorancia, la condenará por la dureza de su corazón, que fue lo que lo llevó a la ignorancia. 

(34) – Entendimiento Entenebrecido

(Verso 19) =  los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza.

¡Ey! ¿Me está diciendo que un creyente puede entregarse a la lascivia? ¡Claro! Porque lascivia no tiene necesariamente que ver con sexualidad desenfrenada, aunque naturalmente la incluya, sino que significa que esa persona se ha dejado gobernar por sus sentidos. Lo que yo veo, lo que yo oigo, lo que yo siento, lo que yo proceso a nivel sensorial, nada más. Y dice que estas personas cometieron con avidez toda clase de impurezas. No piensen solamente en desviaciones sexuales y todo eso, porque cuando una persona tiene como voz divina a sus sentidos, esa persona es una persona sensual.

Esa es una persona natural, terrenal. En conclusión: ¿Qué hemos aprendido de nuevo, si es que podemos llamarlo así? Principalmente, la diferencia entre los ministerios y el ministerio. Hemos entendido que hay dos tipos de personas en el Cuerpo de Cristo, ambos son necesarios e importantes. Hemos entendido cómo operaba el Reino en Cristo, como operaba el Reino en la iglesia, y vamos a entender por qué vinieron los ministerios. Hemos entendido que lo que Dios espera de nosotros, si nosotros buscamos los opuestos de estas definiciones, qué es lo que Dios quiere de nosotros. Número uno, que tengamos nuestro entendimiento iluminado.

 Dios quiere que tu entendimiento siempre tenga de Su luz. Número dos, que siempre participes de la vida de Dios. Número tres, que no tengas ignorancia, que tú corazón sea sencillo y sensible a Dios. Son los opuestos a lo que hemos visto. En lugar de un entendimiento entenebrecido, un entendimiento iluminado. En vez de excluidos de la vida de Dios por la ignorancia, partícipes de la vida de Dios por un corazón sensible. Eso quiere Dios de nosotros. Si hay algo que en este tiempo es vital y clave, eso es capacitar a la iglesia, para que sea ella la que edifique el Cuerpo de Cristo.

Y por eso es que tú estás hoy, allí, del otro lado, leyendo esto. No para aprender cómo se mueve un profeta o un apóstol, sino para poner tú parte en todo esto, y edificar el Cuerpo de Cristo. Recuerda: algunos fueron llamados a edificar y otros a capacitar a los que luego edificarán. Y si estamos hablando de edificar, deberíamos comenzar por algo que no sólo es un punto débil en el ministro, sino también, me atrevo a decir, en toda la creación: el carácter. Creo que no descubro nada si digo que la mayor parte de los seres humanos tienen, como problema fundamental, su carácter.

Creo que quien quiera que dijera que con una simple charla puede llevar a alguien a cambiar su carácter, sería poco menos que ridículo. El tema es de tanta profundidad que nadie podría consignar que sea factible cambiar algo de manera tan simplista. Tú carácter no vino así como es de la nada, sino que responde a una historia vivida, a una genética humana recibida por herencia y hasta a una genética espiritual. Carácter, en alguna de sus traducciones más amplias, llega a rotularse con una palabra que nos resulta muy conocida: Ágape, y que siempre traducimos como Amor, aunque dista mucho de ser algo romántico y sensible. De todos modos, si queremos avanzar algo al respecto, deberíamos comenzar, primeramente, sabiendo por qué razón es que Dios nos da los ministerios.

En primer lugar, déjame decirte que hay un grupo denominado secesionista que está trabajando muy duro para procurar demostrar que los ministerios ya no existen como tales. Sin embargo, curiosamente, los únicos ministerios que ellos atacan casi vorazmente, son los apostólicos y proféticos. No parecerían tener problemas con los restantes. Por lo menos, es muy curioso, ¿Verdad? Convengamos que, pese a que todo lo que nos llegue siempre nos debe merecer el mayor respeto porque en este tema nadie tiene, -hasta donde yo sé-, la verdad absoluta, esa postura de esta gente no tiene demasiada solidez, ya que su mayor sustento o fundamento es el que emana de sus propias deducciones. Quiero añadir algo al respecto, pero deseo reiterar el texto que ya leímos anteriormente. 

(35) – En Tiempos de Madurez

(Efesios 4: 12) = a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, (13) hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; 

Se nota claramente que, cuando aquí se habla de madurez, (Que eso y no otra cosa es lo que leemos como perfeccionar) se está hablando de carácter. Nosotros debemos madurar, eso es lo que el Señor espera de nosotros. La mayoría de los inconvenientes que hoy por hoy sufre la iglesia, es por causa de la inmadurez de sus miembros, y aún de una gran parte de su liderazgo. De hecho es que si yo, ministro, no te permito ni te incentivo a que ores por tus problemas, con el argumento de tu ignorancia, y mi propuesta es que me llames por teléfono o vengas personalmente para que yo lo haga, serán mis intenciones las mejores, pero lo que consigo es que sigas siendo un cristiano dependiente, pero no del Señor, como sería lo coherente, sino de otro hombre tan imperfecto, ignorante y falible como tú.

(14) para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, (15) sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, (16) de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor. (17) Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, 

(18) teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; (19) los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza. 20 Más vosotros no habéis aprendido así a Cristo, (21) si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús.(22) En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, (23) y renovaos en el espíritu de vuestra mente, (24) y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad. 

Lo primero que destruye el pecado es la justicia y la santidad. Lo destruye en Adán. Y aquí dice que tenemos que ser vestidos en la justicia y la santidad de la verdad. Es largo el texto, pero no puede faltar ninguno de estos versículos, porque muestran el proceso que Dios nos está efectuando. Y no terminamos, todavía. Según este pasaje, el propósito del Espíritu Santo es: que se perfeccione, se madure, se capacite a los santos, para promover la obra del ministerio. No de los ministerios, sino del ministerio, tú ya sabes cuál es.

Y, finalmente, edificar a Cristo en la iglesia. Edificarlo. Ese es el propósito del Espíritu Santo, por eso vino. El Espíritu Santo es el que también otorga los dones. Y los objetivos o metas de los dones espirituales son para que nosotros, en primer lugar, seamos uno en la fe, que desarrollemos nuestro conocimiento de Cristo, nos desarrollemos en la perfección, con Cristo como nuestro modelo, que conservemos la estabilidad, no siendo engañados por las falsas doctrinas, y que seamos maduros en Cristo.

 ¿Por qué Dios nos da los dones? ¿Por qué nos da los ministerios? Nos los da para que seamos uno en la fe. Y eso quiere decir que, humanamente, nunca vamos a poder ser uno en la fe. El Señor lo sabía. Por si no te habías dado cuenta, te lo cuento: a Dios no lo sorprendimos con nuestras divisiones, Él ya lo sabía. Él sabía que nosotros no íbamos a poder hacerlo jamás con nuestras fuerzas. Por eso nos dejó escrito que ninguna casa dividida, prevalece. Y no vas a negarme que es exactamente eso lo que están viendo tus ojos hoy, ¿Verdad?

(36) – En la Unidad de Los Dones

Por lo tanto, envía los dones del Espíritu, para que sean los dones los que nos lleven a la unidad de la fe. Míralo así. Suponte que una persona es activada en el don profético. Entonces empieza a ver, a oír, pero nadie más en su comunidad lo hace.  Un día, y por una de esas casualidades que Dios sabe, esta persona llega a una reunión donde se encuentra un grupo de personas, y quedándose en silencio, escucha como hablan las otras personas, y nota que se refieren a lo que el Señor les muestra en el espíritu. Automáticamente, esta persona que acaba de llegar y por lógica no conoce a estas personas que ya estaban reunidas, se identifica con ellos.

Y se une al grupo. No los conoce, no sabe de dónde vienen, no sabe cuánto tiempo tienen allí, no sabe nada, pero se une a ellos. Y participa y se siente integrado a ese grupo. ¿Por qué sucede esto? Porque el don une a la gente. Y no pasa por la mente, pasa por el corazón. Actúa como actúan los niños pequeños. No se conocen, pero a los pocos minutos de haberse conocido, ya están jugando juntos como si fueran amigos de años. ¿Por qué crees que ocurre esto? Simple, porque eso es lo natural. Los dones vienen a provocar un nivel de unidad. Ahora claro, en una comunidad en donde los dones son extraños, son escasos, una persona se une con otra u otras que tienen el don.

Pero ahí se genera una división entre los que tienen el don y los que no tienen el don. Pero, si todos funcionáramos en los dones, ¿Qué creen que tendríamos? Simple respuesta: tendríamos un nivel de unidad extraordinario. ¿Por qué? Porque todos tendríamos los dones y todos los usaríamos para unirnos. Escucha: los dones no es algo que ni tú ni yo podamos procesar mentalmente. ¿Tratar de entender mentalmente una lengua extraña? ¿O una palabra de ciencia que te muestra que en una persona opera un determinado espíritu maligno? ¡Imposible! ¡Eso no pasa por la cabeza!

 ¡Esa es la razón por la que todavía es tanta la gente que viaja decenas de kilómetros para ir en búsqueda de alguien “que le ore” por algo que necesita oración! De todos modos, es suficiente con que un don se manifieste en toda su plenitud, para que tú reacciones de la única forma en que se reaccionará en estos casos, uniéndote. Llega una persona en una silla de ruedas y luego de orar esa persona se levanta de su silla y empieza a caminar, tú sales disparado a unirte a los dones que propiciaron ese milagro. ¡No pasa por tu intelecto! Los dones unen a la gente. Seamos uno en la fe.

 Uno de los grandes problemas del pentecostalismo tradicional, es que se ha quedado en el fuego pentecostal. Y no se han dado cuenta todavía de algo muy importante: los dones no vinieron para entretenernos, sino para llevarnos a Cristo. Y te doy un ejemplo con algo muy caro a ese sector: las lenguas. La Biblia dice que aquel que habla en lenguas, busque a alguien que las interprete. A eso lo vemos en Corintios, ¿Verdad? ¿Y por qué se supone que habría dicho eso? Simple: porque la iglesia no puede ser edificada por lenguas que nadie entiende.

Entonces dice: si no hay quien interprete, entonces es mejor que el hermano se calle. Porque lo que queremos, es que la iglesia sea edificada. Claro está que esto no significa que se prohíba hablar u orar en lenguas, que es lo que han hecho los grupos más conservadores. Y esta aseveración mía tiene un argumento irrebatible, cómo vas a ver. Porque, pregunto: si tú no permites que los hermanos que dicen poseer el don de lenguas lo ejerciten, ¿Cómo sabrás que no hay quien lo interprete? Si tú prohíbes las lenguas porque no hay quien interprete, estás haciendo censura previa.

¿Cómo adivinaste que no hay quien interprete si nadie oró en lenguas? No lo adivinaste nada, sólo te fastidia tu doctrina. Ahora supongamos que esa persona que habla en lenguas sí es interpretada. ¿Qué crees que saldrá cuando esa persona repita en idioma entendible lo que el que ora en lenguas está diciendo en idioma no entendible? Va a salir algo que dé a conocer más a Cristo. Si es de Dios, seguro será así. Porque el enfoque central del que provienen los dones, siempre nos lleva a conocer a Cristo de forma más profunda y exquisita. De eso se habla cuando se nos dice que debemos desarrollarnos en la perfección, con Cristo como nuestro modelo.

Sólo de esa manera podremos mantenernos estables y no caer engañados por falsas doctrinas. Sin embargo, mi duda permanente y legendaria, es: si lo que sale respecto a Cristo de esa interpretación de lenguas, no coincide del todo con los postulados doctrinarios de ese lugar, ¿Tú crees que lo van a aceptar como legítimo? Recuerda que es imposible que venga un funcionario del gobierno de tu país a tu iglesia y pretenda darte una nueva doctrina. No le creerás, porque será muy funcionario importante, pero tú sabes que no es creyente. Ahora; si el que viene con un cambio raro en la doctrina es el pastor de la iglesia, o el ministro invitado a predicar, entonces sí es probable que seas engañado y te la creas.

 ¿Entiendes ahora de dónde vendrán las falsas doctrinas? Una de las cosas que los dones del Espíritu producen, (Y aquí entran también los ministerios), es el testimonio interno de que esto es de Dios. Por eso es que Dios les dice, por medio del profeta, que al rechazarlos a ellos, no los están rechazando a ellos, sino a Mí. No es el problema el que trae el don, el que trae el ministerio. El problema es el ministerio.  Yo no tengo nada contra ti, pero lo que estás enseñando no me parece correcto. Eso es lo que genera el problema. No somos nosotros. Entonces, cuando el Espíritu Santo empieza a soltar su riqueza, nosotros nos establecemos. No somos engañados por vientos raros, nos mantenemos.

Y por último, maduramos. Es bueno que digamos que maduramos en Cristo. ¿Por qué? ¿Cuál es el perfil adonde apuntamos? ¿Cuál es la definición de un hombre maduro? Por ejemplo, una persona que enfrenta sus problemas y los resuelve. Sin duda, eso es algo que tiene que ver con el carácter. Una persona que superó algo así como los celos, el miedo, el temor, etc. Es cierto, pero tengo la sensación que la vida es más que eso.

Los cristianos promedio hemos cometido en masa el error de circunscribir nuestras vidas a la actividad de la congregación a la que pertenecemos, pero ¿Sabes qué? ¡Allá afuera hay una vida para vivir! Nuestro modelo es Cristo, pero no un Cristo elaborado a la medida de una doctrina, sino el Cristo único y visible que salta de la propia Palabra. No me alcanza con ser alguien que no padece de ansiedad. Deseo ser como Cristo, quiero tener ese modelo en mi vida. Sabemos que no se puede. Hay algunos fundamentos importantes que debemos conocer, para saber cómo opera todo esto. 

(37) – Las Diferencias Escritas 6

En Mateo 5:44 Él dice: Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;

En principio, el primer obstáculo que como seres humanos se nos presente con este texto, es: ¿Cómo hago para amar a alguien que se ha constituido por alguna razón, en mi enemigo? Simple: impidiendo de antemano que alguien entre en tu vida en esa categoría. Satanás es mi enemigo. Y todo lo que él influya y use, está enfrentado temporalmente a mí. Sólo que cuando alguien se desprenda de su influencia, ese alguien deja de ser mi enemigo, entonces puedo amarlo. Lo que no implica amar a Satanás, la Palabra jamás dijo eso. De todos modos y con respecto a este pasaje, los religiosos aseguran que debemos luchar en contra de ellos para defender a nuestro país.

Lo mismo en cuanto a Mateo 5:39, que dice: Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra;

Aquí los religiosos van más lejos, todavía: aseguran que solamente un idiota o un cobarde se dejaría golpear sin defenderse. Es un tremendo duelo entre la paz del creyente al machismo casi violento de los que han malinterpretado estas escrituras. Dar la otra mejilla siempre es otorgar una oportunidad más a quien la necesita, pero de ninguna manera a quien la rechaza. ¿Entonces eso significa que no deberé dejarme abofetear por estos últimos? No, eso significa que si a ti te protege quien te protege, estos últimos jamás llegarán a tocarte. 

(38) – En el Tiempo de la Distribución

Todo lo que supuestamente poseemos los creyentes, no nos pertenece. No interesa que yo hable de Mi ministerio y tú me respondas hablando de Tus dones. Lo cierto es que la Biblia tiene suficiente texto y contexto para que tú y yo sepamos que ninguno de los dos somos propietarios de nada de eso que curiosa y casi arrogantemente consideramos como nuestro. Es casi una manía del hombre apropiarse de cosas que de ninguna manera controla. De hecho, más que una simple manía, es parte de su naturaleza humana, carnal y, obviamente, también egocéntrica. Ese es el punto a examinar, ahora.

(1 Corintios 12: 1) = No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales

Dice que no ignoremos. Ignorar es ser ignorante. Se usa a veces como insulto u ofensa de tono despectivo, ya lo sé, pero la palabra en sí misma significa puntualmente eso que lees. Ignorante es alguien que ignora algo. E ignorar, el verbo, es desconocer, no tener información o estudio respecto a una determinada cuestión o asunto. Y habíamos visto que, de acuerdo a lo que se nos dice en la Palabra, la consecuencia de ser ignorante es tener el corazón endurecido, ¿Verdad? Un buen diccionario, -reitero-, te dirá que la ignorancia es, simplemente, el desconocimiento de algo que existe como información.

 O sea: una vez que tú accedes a esa información, automáticamente dejas de ser ignorante, ¿Está claro? Ahora bien; cuando dice que no quiere que seamos ignorantes, Pablo también se está refiriendo a que nuestro corazón tendría que estar expectante de lo que Dios va a hacer. Porque una de las cosas hermosas que se producen cuando la iglesia se abre a lo profético, es que automáticamente, la iglesia se predispone a que Dios pueda sorprenderlos en cualquier momento. Cada reunión, como quiera que ella se realice, es la posibilidad de ser sorprendidos por Dios.

 En lo personal, yo recuerdo que pasamos tiempos maravillosos con mi familia a continuación de nuestro despertar. Estábamos en una congregación conservadora e intelectual, es cierto, pero igualmente creíamos que en cualquier momento pasaría algo grande. Gracias a Dios pudimos entender que los que nos decepcionaron y sumieron en cierta frustración, fueron los hombres creyentes incrédulos, no el Señor.  Sin embargo, esa expectativa logró algo en nuestros corazones: que no se endurecieran. Por qué, veamos: ¿Qué otra cosa endurece el corazón? ¡La rutina! Por eso es que digo que lo bueno de una iglesia profética es que acepte que puede ser sorprendida por Dios a cada momento.

 ¡Claro que eso produce temor! Obviamente, todo aquello que no podemos controlar, nos despierta temor. Pero, ¡Animo! Hasta donde yo sé, ningún espíritu de control llevó a ninguna iglesia a la victoria. ¡Y eso que hay varios trabajando en varias! De todos modos, hay un problema que, en el mejor de los casos, es un error. En el peor, algo hecho a sabiendas. El liderazgo evangélico pretende controlar todo lo que ocurre en una congregación. “¡Es que yo soy el pastor y debo saber qué pasa!”, te dicen. Sí, pero estás puesto, en todo caso, para administrar, no para controlar. Dice Pablo que no quiere que seamos ignorantes respecto a los dones.

(Verso 4) = Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. (5) Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. (6) Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. (7) Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.

Diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y diversidad de operaciones, pero el mismo Dios es el que hace todas las cosas. En resumen, vemos que el Espíritu Santo es el que genera los dones. Muchos dones, diversidad de dones. Hay una hermosa lista de dones. Vemos luego que es el Señor, y está hablando de Jesús, de donde salen diversidad de ministerios. Y, finalmente, vemos que de Dios el Padre salen diversidad de operaciones. Maneras diferentes de usarlos. El Espíritu Santo trabaja con los dones, los ministerios y las operaciones. Las palabras para cada una de esas, son bien interesantes.

La palabra Ministerio viene del griego diakonia, que significa servicio, como de sirviente. ¡Eso es un diácono! Figurativamente ayuda, servicio oficial. La palabra dones, viene del griego karismas, que es dádiva, liberación, concesión, calificación, facultad milagrosa, regalo. A la vista de esto, me pregunto si existirá una razón por la cual alguien con uno o más dones tremendos, tiene derecho a verse como fuera de serie o iluminado. Operaciones, en tanto, es en griego energeo. De ahí viene energía. Ser activo, eficiente, obrar, operar. Entonces vemos que hay dones, hay ministerios y hay operaciones vinculadas en todo esto.

Están los carismas, están las diakonias y están los energeos. Todo esto es parte de lo que estamos hablando. Hay una hermosa tarea que puede hacerse a partir de esto, que se las dejo para cuando quieran estudiar un poco más. Verifiquen cuáles dones vienen del Espíritu, cuáles del Hijo y cuáles del Padre. Yo voy a hablar de la parte más fácil, ahora: los dones que vienen del Hijo. A ustedes les quedan para estudiar, si quieren, los otros dos, los del Padre y los del Espíritu. Como ayuda, puedo decirles que los del Espíritu son aquellos que tienen que ver con el hablar.

Por eso no es raro que la primera manifestación del Espíritu en Pentecostés, haya sido relacionada con el hablar en nuevas lenguas. Al Espíritu Santo le gusta manifestarse haciendo hablar a la gente. ¿Por qué? Porque el lenguaje es la conexión entre lo natural y lo espiritual. Cuando tú no tienes una palabra para describir algo, no puedes hacerlo real. Por ejemplo, estamos quebrando mitos, ¿Verdad? Hoy día se escucha mucho hablar de cobertura. Muchos dicen que están bajo la cobertura del pastor Fulano o del apóstol Mengano. Pero, resulta que la palabra cobertura no aparece en toda la Biblia.

Y menos en el contexto al que nos estamos refiriendo. ¿La inventaron? No me atrevería a decir tanto. Pero, por lo menos, la adaptaron a su gusto y conveniencia. De hecho, cobertura es un término romano, para extender un manto de oscuridad sobre la ciudad. La cobertura de César. Obviamente que no estamos hablando de eso. Entonces, ¿Cómo deberíamos decir correctamente nosotros? Que estamos bajo la autoridad de tal o cual persona. Y no hablo de lo espiritual, hablo de lo institucional.

Pero no bajo la cobertura, porque mi única cobertura es Dios. De hecho, cuando he dicho esto en público, siempre ha surgido el hermanito que me replica: ¡Ah, claro! ¡Pero eso es muy fácil! ¡Cualquiera puede decir eso y después hacer lo se le da la gana! ¿Ah, sí? ¿De verdad creen eso? ¿Me estás diciendo que hay cristianos que suponen que uno puede mentir, estafar, abusar y diez corrupciones más mencionando a Dios, y luego hacer lo que se le ocurra, sin pagar ningún costo por ello? ¿De verdad creen eso? ¿Quién los convenció de esa barbaridad diabólica? 

(39) – Invocando al Espíritu Santo

Yo creo que bien vale la pena hablar de los dones, porque los ministerios son dones ministeriales. Y esta vendría a ser la parte donde debemos colocar un fundamento de doctrina. Cuando hablamos de los dones, estamos hablando de los principios de uso que tienen los dones, debemos entender algunas cosas. Primero: Jesús deja a sus seguidores, a sus discípulos con la responsabilidad de extender el mensaje del evangelio hasta lo último de la tierra, ¿No es cierto?. Ahora bien; pregunto: ¿Ellos podrían haber hecho bien eso, solos? Indudablemente que no. El poder del Espíritu Santo les ayudaría a cumplir esta tarea.

Lo dice claramente Hechos 1:8: pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. ¿Sabes qué es lo más interesante? Que revisando un poco la historia de la iglesia, vemos que los dones se fueron extinguiendo, en la medida en que la iglesia dejó de crecer. Y es lógico que así fuera, ya que los dones vinieron por una finalidad decididamente práctica. Porque Dios le dice a la iglesia que llene la tierra. Es decir, el trabajo tremendo de evangelizar y llenar la tierra de Su Presencia, es para la iglesia.

Pero la iglesia es como una débil mujer frente a una tarea bien fuerte y ruda. Allí es donde aparece el Espíritu Santo, que en realidad es el que hará la parte más dura del trabajo. ¡Qué bueno! ¿Verdad? Ahora bien; ¿Qué pasa cuando la iglesia de todos modos se queda inmóvil? ¿Qué necesidad tendría Dios de mandar un ayudador, cuando la iglesia no necesita ayuda para lo que no está haciendo? Si todo lo que tienes que hacer como iglesia, es preparar un par de prédicas a la semana, algunas entrevistas con la gente y ciertas entrevistas de negocios con fines de refaccionar o renovar el templo, ¿Para qué necesitas al Espíritu Santo?

Sin embargo, el Espíritu Santo te ayudaría notablemente a cumplir la tarea. ¿Y cuál tarea? La de ir hasta lo último de la tierra. ¡Lo hizo conmigo! Se me profetizó que mi voz sería escuchada en todas las naciones, en una época en donde yo lo único que hacía era calentar un banco de un templo. ¿De dónde iba a salir a las naciones a hacer oír mi voz? ¡Ni apoyo pastoral tenía! Durante esos ocho años de lapso entre la profecía y su cumplimiento, apareció internet. El Espíritu Santo lo sabía, siempre lo supo. El que no lo sabía, era yo. Y ni siquiera era necesario que lo supiera.

 El único mérito mío fue creerlo. Escucha: nunca Dios te va a enviar a hacer algo sin la necesaria autoridad para ello. En esos días que relata Hechos 2, cuando la iglesia recibe al Espíritu Santo, sabemos por lo que cita el texto, que recibieron idiomas, lenguas, glosa. ¿Y cómo sabemos esto? Porque la gente que había llegado de todas partes empezaron a entender lo que estos hombres y mujeres estaban hablando, ¡Cada uno en su propio idioma! Es decir que no fueron ruidos ni sonidos guturales sueltos. ¡Ellos entendieron! Frases concretas, oraciones armadas y entendibles.

 Entendieron el mensaje del evangelio del Reino y se convirtieron. ¿Ustedes recuerdan lo que pasó en la calle Azuza, por allá por principios del siglo veinte? Entre el tremendo avivamiento que conmovió el tiempo y el lugar, aparecieron dones que llevaron a entender que siempre que aparece un don, es para confirmar una misión. Porque a partir de ese avivamiento es cuando nacen las misiones como tales. Era suficiente con que una persona participante de esas reuniones recibiera un don de lenguas que lo hacía hablar en un idioma desconocido para ella, para que inmediatamente fuera elegido y designado para ir como misionero al país donde se hablaba ese idioma que había recibido.

 Claro está que la teología pentecostal, que aparece allí por los años treinta, (Mil novecientos treinta estoy hablando), surge cuando ya no estaba sucediendo nada de esto. Es como si nos sedujera tallar esculturas en el carbón del fuego ya extinguido. Aquellos hermanos de Azuza, no hicieron ninguna teología, sólo obedecieron. Y lo más importante de todo esto, es que eso que he mencionado con mucha liviandad y superficialidad, no fue la última vez que ocurrió. La historia de otros avivamientos nos deja en evidencia que, cada vez que hubo un avivamiento, el hablar de la gente cambió. Y la gente entendía en un minuto cuál era la voluntad de Dios, y entonces la hacía.

 Es coherente lo que me dice este texto, entonces: el poder del Espíritu Santo les ayudaría a cumplir la comisión. Jesús no dejó a sus seguidores con tan grande responsabilidad, sin darles la habilidad de cumplir. Dios nos da la habilidad. Es muy claro aunque muchísimos todavía no puedan o no quieran verlo. Cuando tú haces algo para lo cual no fuiste llamado ni levantado, tú trabajas a destajo, sufres penurias, no ves resultados y hasta puedes terminar en una bancarrota espiritual y financiera. Cuando tú haces algo para lo que sí has sido llamado y levantado, el único esfuerzo es el físico por las horas que inviertes, pero en todo lo demás, las puertas se abren casi de manera misteriosa y oportuna. 

(40) – Entre Dones y Talentos

Vamos a verlo en lo más habitual en la iglesia del sistema tradicional, que es el pastorado. ¿Qué cristiano evangélico, miembro de una iglesia, no sueña alguna vez con ser pastor? Me atrevo a decir que, si no tiene esta información que ahora estamos compartiendo, el noventa y cinco por ciento. Pero, ¿Sabes qué? Si tú verdaderamente tuvieras un llamado al ministerio pastoral, no tendrías que salir ni a buscar ni a captar ovejas, ya que estas vendrían solas en tu búsqueda. ¿Y si pasa un tiempo y no vienen? Simple: es porque no eres pastor.

Soy consciente de las enormes dudas que decir algo así puede producir en muchas mentes de sinceros y fieles hombres de Dios metidos al pastorado y sin tener demasiado fruto. Sólo te invito a formularte a ti mismo una pregunta: ¿Cómo sé que he sido llamado a ser pastor? ¿Cómo lo sé? La palabra dice que las ovejas siguen al pastor, no dice que el pastor tenga que seguir a las ovejas.  Los dones espirituales, son habilidades sobrenaturales, dadas por el Espíritu Santo para autorizar a los creyentes, para ser eficaces testigos del evangelio. Dentro de la cultura evangélica, el paquete que sale de la iglesia, es iglesia local.

Esto quiere decir: un pastor, un templo, un culto. Eso es. Y es muy probable que muchos de ustedes sigan pensando de esa manera, sencillamente porque esa es la cultura que has recibido. Ese es el sistema. Nadie podría poner en duda que Dios haya llamado a alguien, pero sí alguien podría poner en duda que esa persona haya sido llamada para hacer lo que está haciendo. Una de las alternativas que posee este tipo de trabajos, es que sea útil para que uno o más de uno pueda cuestionarse su propio llamado, y decida preguntarle al Señor si verdaderamente lo llamó para ser o hacer lo que está siendo o haciendo.

 Yo conozco a mucha gente de la cual no tengo ninguna duda que Dios los haya llamado para servirlo, pero sí se me presentan esas dudas, y muchas, respecto a para qué los ha llamado. Y quiero que a esto lo entiendan bien todos los líderes que tengan la suficiente humildad y deseos genuinos de servir como para prestar atención a lo que dice o escribe un anónimo desconocido. Si quieres, haz lo que has decidido hacer, pero no te enojes si luego de muchos años te sientes frustrado y llevando a la frustración a otros.

 A mí no me entra en la cabeza de ninguna manera, que el Dios de todo poder que te creó, que te formó y te eligió desde antes de la fundación del mundo y desde antes que estuvieras en el vientre de tu madre, te ponga hoy a realizar una tarea en la cual tú te sientas mal y no disfrutes de hacer. Un don es algo dado libremente de una persona a otra. Un don espiritual es una habilidad sobrenatural dada por el Espíritu Santo a un creyente, para administrar y ministrar como parte del Cuerpo de Cristo, para que pueda desarrollarlo. Hay un término parecido, que es talento, pero esa es una habilidad natural.

 Tú tienes un talento por genética. Es algo heredado, es algo natural. No necesitas ser creyente para tener un talento. Un don espiritual, en cambio, es una habilidad sobrenatural que no vino de ninguna herencia o entrenamiento. Yo sé que tengo el don de la enseñanza, a mí nadie me enseñó a enseñar. Vino a mí como un don. Ahora claro; si yo quisiera enseñar pero nadie quisiera escucharme, entonces pondría en tela de juicio que tenga el don. Yo no tengo que aferrarme a la tremenda excelencia de un gigantesco buscador para promocionar mi Web; yo sé que el Señor traerá a ella a todos aquellos que Él ha dispuesto que la conozcan y extraigan algo nutritivo de ella.

Lo que te estoy intentando explicar, es que tú te das cuenta del don, por el resultado que produce. Si yo grabo una hora de estudio sobre un tema y luego me entero que nadie ha entendido nada, deberé de inmediato cuestionar si tengo o no tengo el don. Porque probablemente haya gente que no entienda, pero será la minoría, jamás la mayoría si es que eres maestro del Señor. Un don es una habilidad sobrenatural dada por el Espíritu Santo para ser utilizado en propósitos espirituales específicos. Ahora atención con esto: es posible que un talento natural pueda ser validado por el Espíritu Santo.

Normalmente decimos que cuando nos convertimos, debemos pasar todo, absolutamente todo por la cruz del Calvario. Y una de las cosas que sí o sí deberemos colgar en esa cruz, serán los talentos naturales heredados, porque es la única forma que, una vez que el Espíritu Santo los homologue, esos talentos pasarán a ser dones. Los dones espirituales proporcionan capacidades espirituales mayores que los talentos naturales más finos. Aunque nosotros debemos usar todos nuestros talentos naturales en la obra del Señor, nosotros todavía necesitamos de los dones espirituales.

Yo tengo, desde la genética, una voz aceptable, una correcta dicción y una especial habilidad para investigar, armar conceptos y explicarlos. Pero déjame decirte que hasta que no me humillé y pasé por la cruz todo ese bagaje, no había logrado pasar al frente de una iglesia ni siquiera para orar, y ni siquiera se me daba el boletín interno de la congregación. ¿Necesitaría algo más para creerlo? Uno de los dones que aparece en la lista es el Don de Administración. Es un don del Padre, Él es un excelente administrador. La pregunta que surge de inmediato, entonces, es: ¿Y por qué razón, en tantos y tantos lugares, ponen a administrar asuntos de la congregación a personas que no tienen el don?

¿Estoy significando que una persona que administra, debería tener el don? Claro que sí, ¡Para eso existe el don! Pero resulta que no, que generalmente el que hace ese trabajo, tiene una sola cualidad: es de confianza del pastor. Sucede exactamente lo mismo que en las esferas de los gobiernos terrenales. ¿Soy electo presidente y necesito nombrar a un ministro de salud? Pues pongo allí a un íntimo amigo mío que sé que es incapaz de quedarse con un centavo que no le pertenezca. ¡Muy bien! ¡Diez puntos en honestidad! Pero cero punto en eficiencia, porque mi amigo es ingeniero en sistemas de informática, no médico…

 Pero mucho cuidado con esto: al don de administración, en muchas ocasiones se lo confunde con el don pastoral, porque el administrador es tremendamente hábil para organizar la congregación. Y la gente suele confundir a eso con el don pastoral. Pero lo cierto es que hay muchas diferencias entre el don de la administración y el don pastoral. Los que saben más que yo de esto, aseguran que el pastor puede administrar, pero que el administrador no puede pastorear. La diversidad de tesis a ese respecto ha ocasionado no pocos inconvenientes. Confieso que no tengo la suficiente autoridad ni conocimiento interno de conducción de congregaciones evangélicas como para emitir una opinión digna de ser tenida en cuenta. Y cuando hablemos directamente del ministerio del Pastor, podré explicarte algunas diferencias que hoy vemos y no entendemos. 

(41) – Ministrando Para Provecho Mutuo

(1 Pedro 4: 10) = Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. 

Aquí queda implícito un punto neurálgico que no siempre ha sido visto con claridad. Si se nos dice que debemos ministrar a los demás el don que hemos recibido, conforme a la multiforme gracia de Dios, eso significa que debemos proceder a dar de gracia lo que de gracia hemos recibido. ¡Pero, hermano! ¿Y de qué voy a vivir mientras hago eso? ¿Cómo voy a sostener a mi familia? Con lo que el Señor te reconozca al cubrir tus necesidades por la simple razón de que tú estás obedeciendo un mandato suyo. ¿Puedes creer eso? ¿Puedes confiar en fe que así será?  Mira; en el puedo o no puedo qué pasó por tu cabeza en este instante, está tu respuesta.

Y en la respuesta que tú ya conoces, está tu futuro ministerial o no ministerial. El mejor ejemplo que tengo a mano, es el mío. Jamás pedí un centavo a nadie por mi trabajo ministerial. Jamás publiqué números de cuenta bancaria ni formas de enviar donaciones en mi Web. Y no soy un millonario  excéntrico haciendo beneficencia, soy un jubilado que debe comer todos los días y además sostener una vivienda y su familia actual. En veintidos años de ministerio ejecutivo, jamás debí poner un centavo propio para sostener todo esto. Esa es mi única garantía de haber sido: 1) Llamado 2) Enviado 3) Respaldado.

(1 Corintios 12: 7) = Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. 

Alguien que escuché alguna vez predicar sobre este texto dijo, como al pasar, que en los originales no dice simplemente para provecho, sino que en verdad lo que se lee allí es: para provecho mutuo. Y si bien esto no cambia el eje central de la cuestión, creo que sí le otorga una mirada diferente a todo el andamiaje ministerial. Porque si yo recibo una manifestación del Espíritu, cierto es que en primera medida será para provecho de ustedes, los que de uno u otro modo se benefician, se alimentan o maduran a partir de nuestros trabajos. Pero aquí nos encontramos con que también eso, me habrá de beneficiar a mí mismo, aunque no necesariamente en lo que la mayor parte de los ministros ha supuesto: su provecho material y económico. Es probable que algo de esto esté incluido, ya que el obrero siempre seguirá siendo digno de su salario, pero el provecho del cual habla el Señor, es obvio que está bastante por encima de un billete más o un billete menos.

(Verso 11) = Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.

Las últimas tres palabras deberán quedar repicando como si fueran campanas de alerta para todos nosotros: cómo Él quiere. A esta altura nosotros sabemos que no podemos gobernar sobre los dones. Los dones van a venir de parte de Dios. Y aquí hay un pequeño secreto. Si hemos sido claros, ustedes ya entendieron que un don viene porque Dios necesita que tú hagas algo, para lo cual de forma natural no tienes capacidad.  Ahora, dice que el Espíritu da como quiere, ¿Verdad? Y eso es correcto. Pero, ¿Qué pasa si tú, en tu corazón, te propones hacer algo para lo cual no estás capacitado? 

Yo creo que Dios va a aceptar esa acción, si es que ve en tu corazón que responde a una intención sana y no a una conveniencia personal. Y entonces va a darte un don que no tenía reservado para darte, pero que ahora lo hace como consecuencia de tu firme decisión de hacerlo. Alguna vez flui como profeta, otras como pastor, otras como evangelista y en algunas hasta como apóstol. ¡Gloria al Señor por su misericordia! O sea: aunque el trabajo del Espíritu Santo sigue siendo administrar los dones conforme a su multiforme sabiduría, si tú encaras un proyecto que está conforme al propósito y la voluntad de Dios.

 Y, esencialmente, si lo haces buscando su glorificación y no la tuya, Dios te va a dar un don que te sea de utilidad para llevar adelante ese proyecto. Con eso te quiero decir que, la única persona que no debe tener dones, es la que ha decidido no hacer nada. ¿Y por qué motivo lo haría? Por la probabilidad del mal uso de esos dones. ¿Es que una persona puede, entonces, llegar a abusar de los dones? ¡Por supuesto que sí! ¿Sabes cuál es el mayor abuso? No usarlos. Por eso Pablo dice:

(1 Timoteo 4: 14) = No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio.

 (2 Timoteo 1: 6) = Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. 

Pablo está diciendo algo importante, le está pidiendo que cuide lo que Dios le ha dado, que lo siga usando. Menciona algo que no siempre se enseña con claridad y que por esa razón ha llevado a muchos a la confusión y, lo peor, al engaño: Tú puedes recibir un don de Dios mediante la imposición de manos de alguien enviado por Dios para hacerlo. Pero, mucho cuidado, porque si no pesas los espíritus, también te pueden transferir demonios por la misma vía, si los hombres en cuestión no vienen de parte de Dios. Y lo segundo que hace notar, es que si debemos avivar un fuego, es porque el fuego en cuestión puede extinguirse y el don quedar neutralizado. En la Primera carta a los Corintios, en el capítulo 13, Pablo da la pista para utilizar correctamente los dones. El introdujo el tema en el capítulo 12 y verso 31. Pablo hace una larga lista de esos dones, y luego se expresa en el verso siguiente:

(1 Corintios 12: 31) = Procurad, pues, los dones mejores. Más yo os muestro un camino aún más excelente.

Y allí empieza el relato del capítulo 13. ¿Y cuál es el camino más excelente del que habla antes? El del amor. Sin embargo, la meta final de todos los dones, es que nos van a ayudar a desarrollar el carácter, ¿Recuerdas? Recuerda que estamos hablando de la imagen. Y recuerda que el Espíritu Santo viene a capacitarnos para hacer con excelencia algo que, de otro modo, haríamos defectuosamente. Esta tarea del Espíritu Santo, me va a llevar, no sé por qué caminos, no sé por qué rutas, a desarrollar el amor en mi vida. Vamos a vivir en algún momento la realidad de Corintios 13 si somos sensibles al Espíritu Santo. Y no porque lo busquemos, sino que es el derrotero, es el canal, es el camino. Porque no hay forma en que tú puedas experimentar los dones y el ministerio del Señor, sin que termines amando más. 

(42) – Orar, Declarar, Decretar

Además de esto, también existe la falsificación. ¿Es que Satanás puede falsificar los dones? Sí, Satanás puede y de hecho lo hace, falsificar los dones. ¡Satanás es hábil! Que ya esté vencido no significa que haya que subestimarlo. Tú vas a ver a mucha gente que utiliza dones, pero que no manifiesta amor en su vida. ¡Esa es una falsificación!  Mientras más desarrollado tenga una persona el ministerio, más desarrollado el amor en su vida podremos ver. Es parte de un solo paquete. Ahora bien; dentro de los dones, tenemos los dones del habla, los dones de servicio, los dones de señales y los dones de oficio.

Claro que esta clasificación va a variar de acuerdo con el libro que tú leas. Convengamos que esta misma clasificación que quizás ayuda a especificar, pero al mismo tiempo creo que restringe, no es del todo apropiada. ¿Por qué? Por varias razones. Una de ellas, por ejemplo, es que dice que hay dones del habla. Supongo que estamos hablando de la palabra de ciencia, pero por lo menos resulta mezquino su análisis. Porque el don es muy cierto que se manifiesta hablando, pero todos sabemos que la persona que tiene el don, percibe el don de diferentes maneras.

Es tu espíritu entero el que percibe lo que está dentro de una persona. ¡No es sólo el hablar! Si yo tengo una palabra de conocimiento es porque el Señor me ha mostrado que entre quienes me escuchan hay una persona que esa viviendo un cierto problema grave. Y cuando yo lo diga, será un don del hablar, pero lo que sentí previamente, integra en mayor volumen lo que generalmente denominamos como palabra de conocimiento. No es tan así. Mira por ejemplo las señales, (Ahí entran los milagros). Cuando tú oras, declaras, decretas o reprendes y alguien es liberado o sanado, ¿Acaso no hablas? Esto significa que ese don que está dentro del rubro de dones de señales, si se quiere también podría ser incorporado al don de hablar.

 Porque no veo a nadie expresando sanidad sin declararlo en voz alta. O sea que esta clasificación que te mencioné tiene un alto grado de teología sistemática, que tal vez no sea algo malo en sí mismo, pero que sí comienza a serlo cuando entra en reemplazo de la guía del Espíritu Santo. Y ese es un error por engaño en el que ha caído un altísimo porcentaje de la iglesia. Lo podemos utilizar de manera didáctica a la hora de enseñar y será positivo, pero yo preferiría quedarme con aspectos más concretos. Por ejemplo, hay dones que vienen del Padre, hay dones que vienen del Hijo y hay dones que vienen del Espíritu Santo. Nosotros, hoy, aquí, estamos hablando de los dones que vienen del Hijo, no de los del Padre ni de los del Espíritu. 

(43) – Las Diferencias Escritas 7

Jesús dice en Mateo 5:11: Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.

Aquí el sistema religioso siempre asegura que, si la gente habla mal de ti, es porque seguramente algo malo deberás haber hecho. Cuidado, eso también puede ser verdad, pero hay formas de interpretarlo sin cometer errores habituales. Primero, dice que esto es para cuando somos vituperados o perseguidos por SU causa, no por elucubraciones religiosas o el uso de los privilegios de la religión para hacer política, negocios o abusos varios. Y, además, si te fijas bien en el final del verso, dice que seremos bienaventurados siempre y cuando lo que digan en nuestra contra, sean mentiras. De otro modo, otra será la interpretación del mismo texto.

Jesús asegura en Marcos 16:15: Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

Sin embargo, aquí el modelo eclesiástico del sistema religioso te asegura que no todos son llamados a predicar, sino que la mayoría de las personas son llamadas a trabajar en el sistema por el dinero, y de esa forma poder financiar a los pocos que predican. No negaré que en parte, esto que dice la religión es cierto y factible, pero solamente en parte y no como ellos lo lanzan, casi con alcance global e íntegro. No existe tal cosa como predicadores enviados por organizaciones. Lo que sí existe, son enviados por el Padre, tal como Él lo hiciera en la antigüedad. Son los apostellos, que no necesariamente serán apóstoles en cuanto a la función, sino apostellos aptos para cualquiera de los otros cuatro ministerios. 

(44) Pasos Para La Iniciación

Cuando hablamos de los dones de oficio, estamos hablando de dones que entran como posiciones de oficio en la iglesia. Esto es: Apóstoles, Profetas, Evangelistas, Pastores y Maestros. Entre estos cinco ministerios habrán de distribuirse esos dones que mencionamos con las características específicas. Este es el detalle: Dones de Habla: Profecía, enseñanza, exhortación, palabra de conocimiento, palabra de sabiduría. Dones de Servicio: Discernimiento de espíritus, liderazgo, administración, fe, contribución, ayuda, servicio, misericordia, hospitalidad. Dones de Señales: Milagros, sanidad, lenguas, interpretación de lenguas.

Dones de Oficio: lo dicho: Apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. Sin embargo, yo creo, (Y no soy el único, te lo aseguro), que lo más importante alrededor de los dones, es conocer sus motivos de existencia. Esto es: cuál es la razón de los dones. ¿Te digo la más importante para mí y para muchos otros que he escuchado hablar de esto? Recuperar la imagen del Hijo. ¿Te digo más? Si tú recibes un don, lo ejerces con todo éxito, pero eso no aporta nada para recuperar la imagen del Hijo, ese don está en tierra inútil, no tiene caso su existencia.

Si en el grupo donde te congregas o te reúnes a dialogar de estas cosas, hay gente que tiene buenos dones pero que eso no les ha modificado su carácter, entonces tengo la sensación que algo no está como Dios había dispuesto que esté. Si un don sólo va a servir para que un montón de gente se entretenga y la pase bonito, me temo que alguien está burlándose de quien es herejía burlarse. Seré honesto cómo te mereces. Si algo aborrece Dios es todo ese almidonado de apariencia conque durante años y años se ha rodeado la iglesia en casi todas sus estructuras.

Los temblequeos de personas nunca salvaron a nadie, pero el carácter de una persona recta y que sabe enfrentar su vida con fuerza y valentía, eso sí que impacta en la gente incrédula. Sin embargo, y utilizando un idioma que me es familiar, he observado que el temblequeo tiene más prensa que la rectitud. Oye: no estoy hablando de simulación, ¿Está claro? Conocí gente que cuando le orabas, le venía ese temblequeo y era buena gente, sentían de verdad eso y no lo frenaban ni disimulaban y estaba bueno; esto es, nada en contra de ellos, absolutamente.

Lo que sí sostengo, (Y ha sido comprobado), que esa experiencia no modificaba en nada a esa persona que, en la próxima reunión, venía exactamente igual a la anterior, vivía otra vez lo mismo, se iba y así de manera permanente. Todas las personas que se han convertido por causa de mi participación en una u otra escala, llegaron a los pies de Cristo por impacto de algo testimonial que vieron en mi vida. Nunca nadie llegó a convertirse al Señor, (Al menos desde mi protagonismo), mediante recursos de teología. Se ha escrito un libro por allí que ha tenido bastante éxito en cuanto a su lectura, y que constituye casi una sátira de las formas en que la iglesia predica el evangelio en este tiempo.

“Igle-Burger” creo que se titula, o algo parecido y hace especial énfasis en una iglesia casi a pedido del miembro asistente. No es mi intención sumarme a esa sátira crítica, pero sí recalar hondo y profundo en nuestros antiguos y tradicionales errores, con la finalidad de devolverle a la iglesia el rol precioso que debía tener y perdió hace un tiempo: extender el Reino. El Reino. ¿Quién tiene en cuenta al Reino? Porque eso fue lo que predicó Jesús. Y sólo el Reino y su justicia pueden mover al sistema.

Porque mientras una gran parte de lo que llamamos la iglesia anda buscando a ver cómo puede hacer para ganar almas, cosa que de ninguna manera está mal, ni mucho menos, otra parte que tal vez sea un tanto menor, anda buscando ver cómo hace para recuperar la imagen perdida. Eso, automáticamente hace mutar a una iglesia evangelística en una iglesia transformadora. Pero, cuidado con esto: sigue haciendo evangelismo y lo sigue haciendo con el mismo énfasis, pero lo que va a cambiar será la visión global. Que en algún momento cierto liderazgo deje de prestar máxima atención al número de personas convertidas o al número creciente o decreciente de una congregación, y que se vuelque a examinar el número de gente transformada.

Es obvio que, a medida que cualquiera de nosotros, los que de una u otra manera andamos mezclados y al mismo tiempo unidos en este objetivo, hablamos, hay mucha gente que va modificando su cultura. La mentalidad evangelística que hoy por hoy es la que prevalece en la mayoría abrumadora de las iglesias cristianas, y que es buena en su esencia, sin embargo no va a cumplir con el propósito de Dios. Yo creo que ninguna nación va a ser transformada, tal como lo profetizan las escrituras más antiguas, si no es a través de vidas transformadas.

Si en mi ciudad de un millón y medio de habitantes, hay doscientos mil cristianos evangélicos distribuidos en las iglesias locales, es evidente que ellos no han alcanzado, al menos hasta este preciso momento, para transformar mi ciudad para Cristo. Me atrevería a decir que los que sí lo están intentando, son los que aun siendo muchos menos en número, por el momento no están en iglesia convencional alguna. Es decir: no tienen un templo al que asistir, pero tienen un objetivo claro para cumplir.  Porque si en lugar de esos doscientos mil, yo tuviera diez mil, pero con vidas totalmente transformadas y sirviendo de ejemplo y modelo de vida santa, recta, honesta y transparente, entonces tengo la certeza que mi ciudad sería impactada y transformada en muy poco tiempo.

 ¿Por qué pasaría eso? Porque cada hombre o mujer sólo puede dar de lo que tiene. Y sólo si tiene una vida transformada ese creyente podrá llevar a otros a la transformación. Lo digo ahora de una forma global y, si quieres, hasta informativa. La cultura del evangelismo de nuestras iglesias, ha llenado a nuestros templos de personas, pero no ha transformado a ninguna ciudad que sirva de plataforma, ejemplo o patrón a seguir. Y eso nos lleva a seguir siendo una mayoría en población, pero una minoría en influencia. Algo está mal, es evidente. ¿Qué es? Sin dudas: El énfasis.

(45) – La Razón de Los Ataques

Esto es un proceso, y en ese marco, cometemos nuestro primer error. Hacemos un denodado esfuerzo en el evento. Tenemos que ganar, decimos. Entonces ¿Qué hacemos? Abrimos una obra y allí está la conclusión final de nuestros mejores esfuerzos. Sin embargo, cuando tenemos una mentalidad de proceso, nos damos cuenta que con ese acto nada ha terminado, sino que deberemos continuar porque lo que viene es mucho más importante. Para entender mejor esto, podríamos hacer algo de teología natural. Teología natural es adoptar una imagen de las cosas espirituales y de Dios mismo, a partir de las cosas naturales.

 Veamos: cuando alguien tiene un hijo, el nacimiento del hijo es un evento. La crianza del hijo es un proceso. Ahora tengo que preguntarte: ¿En qué momento crees que termina la crianza de un hijo? Yo, particularmente, creo que nunca. Todo haría presuponer que termina cuando se casan y se van, pero ¿Sabes qué? Cuando tengan su primer hijo, seguramente van a venir a preguntarte a ti o a tu esposa aspectos relacionados con el bebé. Y luego será por la escuela, y luego por la vida. O sea que en el fondo, la crianza no termina nunca. Es un proceso. Todo en la vida natural, es un proceso.

 Y ahora lo nuestro: también el crecimiento en Dios es un proceso. ¿Cómo llegan las personas a las iglesias? Mayoritariamente, con cargas. Y hay cargas que son buenas y cargas que son malas. Aportan cosas buenas, tales como sus habilidades personales, sueños, talentos, creatividad, propósitos, entusiasmo. Esa es la parte buena. La parte no tan agradable es que también traen otras cosas, tales como iniquidad, heridas, amargura, ataduras, en suma: traen un carácter. Claro que aquí es donde la iglesia en cuestión, y hablo de las congregaciones locales, tienen que saber perfectamente qué hacer con todo eso que ellos traen.

La simple experiencia de encontrar personas con graves problemas en posiciones de liderazgo nos lleva a pensar que mayoritariamente no sabemos discernir lo que trae la gente que llega. Y que todavía se asciende por carisma personal, a la manera de la política, que como todos sabemos, no siempre es limpia. El mayor problema es que en muy pocas congregaciones, o ninguna, hay grupos que yo llamaría de contención inicial, que es el que debería moverse como hábiles pescadores distribuyendo la pesca en distintas canastas. No hay eso, no interesa eso. 

Entonces, ¿Qué sucede? Suceden cosas, por ejemplo, como las que muchos hemos visto: incorporar como líder de jóvenes a un muchacho que luego resulta ser un mujeriego, o un homosexual. O como líderes de niños a pedófilos. Claro, no es algo nuevo. Pablo, sin ir muy lejos, se fastidia y bastante con la iglesia de Corinto. Le escribe tres cartas, de las cuales sólo se han conservado dos, una tercera se perdió, y en ellas les habla de cosas muy fuertes. Y estamos hablando de una iglesia aparentemente sólida, que tenía los dones, que era muy avivada en el espíritu, a una iglesia que profetizaba, pero que no veía otro tipo de cosas.

Y por ahí se nos presenta Josué capítulo 6, en la derrota de Josué, por un hombre. ¡Por un hombre! Un hombre que decidió tomar un manto babilónico, un siclo de plata, un lingote de oro. Y le dijo el Señor: Israel no podrá hacer frente a sus enemigos. Entonces, cuando generalmente pasa un tiempo, y se genera un problema serio en una iglesia, la impresión central es que alguien del liderazgo ha abierto una puerta. Hay una reacción que se produce como producto de haber examinado durante mucho tiempo hechos y situaciones diversas. Lo cierto es que cuando se da en una iglesia una situación muy cercana a una hecatombe, sea lo que sea, el primer pensamiento de la gente que está madura en esto, no es dónde anda Satanás o sus demonios.

 El primer pensamiento, es: ¿Dónde está Judas? Porque sabemos perfectamente que el diablo jamás podrá entrar a una casa, ya sea de una familia o una iglesia como grupo humano, donde sus cabezas espirituales estén firmes. Las veces que he estado bajo ataque, mi pregunta no ha sido como pelear o cómo responder. Mi pregunta ha sido ¿Por qué me llegó ese ataque? ¿Dónde está la puerta abierta por la cual se filtró? Hay una premisa que tiene que ver ya no con sencillos miembros de sencillas congregaciones, sino con sus personajes más importantes. Y esto nos incluye a todos por igual.

Mientras más autoridad tengas, menos espacio para equivocarte tienes. Si estás en una posición espiritual de eminencia, no puedes darte el lujo de equivocarte. Hay muchas cosas que pasan de largo en muchas personas, pero que a ti ya no te están permitidas. ¿Alguien cree que yo vivo como me da la gana, sabiendo que muchos de ustedes esperan que diga o haga algo que les enseñe algo, cada día?  Claro está que esto no es algo nuevo. En el grupo de Jesús también hubo uno que estaba fallado y fue usado por el enemigo. Sin embargo, Él jamás lo discriminó.

Muy por el contrario, trató de ayudarlo. ¡Incluso le lavó los pies! ¿Te detuviste a pensar alguna vez que Jesús también le lavó los pies a Judas Iscariote? Sin embargo, a Judas nada de eso le importó. Él lo entregó a Jesús, de todos modos, después de eso. ¡Fue desechado! Mira; yo aprendí que las personas que llegan a una congregación, generalmente responden a tres categorías. Son personas recién convertidas, son hermanos que llegan de otras congregaciones o, en casos, son hermanos que por alguna razón no se estaban congregando. De todo esto, y me pongo en el lugar del liderazgo convencional, me quedo con los recién convertidos.

 Con ellos puedes pelear mano a mano con cien gigantes como Goliat todos juntos. Los van a voltear de a uno. Los que llegan de otras iglesias ya son más complicados. Porque tienen una parte buena, se dan cuenta que necesitan algo. Y se puede asumir que no vinieron porque fueron expulsados, sino porque entienden que aquí hay el alimento que ellos creen necesitar. Sin embargo, también creemos que viene porque donde estaba juzgó, y juzgó que algo debería cambiar, así que no sería ilógico que venga con una alta predisposición a juzgar, cosa que el recién convertido no realiza.

El tercer grupo, tal como lo anticipé, lo constituyen hermanos que no se congregan, pero que por alguna razón ahora han decidido volver a congregarse, en este caso, contigo. Eso es considerado como muy bueno porque se lo toma como que el hijo pródigo vuelve a casa. Sin embargo, esto también tiene una contraparte. Porque recuerda que cuando retorna el hijo pródigo, mientras el padre celebra y se emociona, el otro hermano se pone bien malo y se ofende. Además, hay razones y razones para no congregarse de la manera convencional, es decir; concurrir a un tiemplo o salón. De esa es que estoy hablando aquí, porque de los que no se congregan de este modo porque entendieron que el diseño divino pretende otra cosa, no tiene caso hablar por una simple razón: jamás volverán a un templo, se llame como se llame. Será otro su camino. 

(46) – Introduciéndote al Camino

Muchos me preguntan si yo creo que el diablo le puede hacer mucho mal a la gente. ¡Por supuesto que sí! Pero lo que no siempre me preguntan por vergüenza, pero seguramente lo piensan, te lo respondo de igual manera: también la religión puede dañar a las personas. Esas estructuras religiosas que no tienen a Dios, son terriblemente dañinas. Perdón, hermano; ¿Usted me está queriendo decir que existen estructuras religiosas que no tienen a Dios? No te lo estoy queriendo decir, ¡Te lo estoy diciendo! Por eso es que insisto en que todo esto tiene que ver con un proceso. ¿Y cómo lo comenzamos?

El primer paso de este proceso se llama Conversión. Y lo más curioso del asunto, es que esta palabra, Conversión, es una palabra que dice mucho y no dice nada, todo junto y al mismo tiempo. Y si no lo crees, puedes hacer un ejercicio muy simple. Hoy mismo, o en el fin de semana, cuando te encuentres con algún cristiano, pregúntale si sabe lo que significa convertirse. ¿Cuál es el objetivo de la conversión? Entrar al Reino. Porque cuando Jesús vino no les dijo que debían convertirse, les dijo que se arrepintieran porque el Reino de los Cielos se había acercado y solamente arrepintiéndose se podía entrar a él. ¿Y qué cosa era arrepentirse?

Cambiar la mentalidad. Él dice algo muy sencillo: tú no puedes entrar al Reino de los Cielos con esa mente que tienes. Claro está que, los que venimos de ascendencia católica, tenemos un problema que no tienen los demás. Nosotros estamos programados para entender que arrepentimiento, está ligado a remordimiento. Está ligado a tirarse al piso y llorar ante la imagen de San Antonio pidiéndole un marido. Pero como generalmente no le dice al santo qué clase de marido quiere, así le sale el negocio después.

Y la gente está allí, pone sus velas, hace rogativas, hace promesas, va de rodillas para cumplirlas, va de la Difunta Correa, el Gauchito Gil, (Estas dos son expresiones de idolatría muy proliferantes en la zona rural de Argentina y países limítrofes) la virgen de tal o cual. ¿Pero y eso que podría tener que ver con nosotros, que no estamos en ninguna de estas cosas? Tiene que ver con que, a pesar de no hacer absolutamente ninguna de estas cosas, es cierto, la verdad es que todavía mantenemos la mentalidad con que las hacíamos cuando todavía estábamos con ellos. Entonces, a esa gente, tú les dices que se arrepientan, y te hacen caso.

Vienen adelante, se caen de bruces, lloran, gritan, patalean, tiemblan y prometen esto, aquello y lo otro. Pero cuando termina la reunión, se van exactamente iguales a cómo llegaron. Eso porque no ha habido en realidad un proceso de arrepentimiento, sino de remordimiento. Toda la iglesia aplaudió su arrepentimiento público, glorificó a Dios por ello y, a la semana siguiente, se enteran que lo encontraron borracho en un prostíbulo. ¡Fue todo un show! Si nosotros no nos tomamos el trabajo de enseñarle a la gente a hacer lo que debe hacer para incorporarse a este proceso, no podemos quejarnos luego de los errores que ellos cometen.

Si no le pones condiciones a alguien a la hora de entrar, ese alguien pondrá sus propias condiciones cuando se sienta seguro adentro. Veámoslo así: Si yo soy evangelista y llega el momento de formular el tradicional llamado, yo digo: “Si usted hoy toma la decisión de aceptar al Señor, usted debe estar dispuesto a obedecerle en todo, desde este preciso momento. Y si no piensa hacerlo, le pido por favor que se abstenga de pasar al frente.” ¿Jesús hizo eso? ¡Claro! ¡Lo hizo! Él ganó a sus discípulos de esa forma. ¡Sígueme! Listo, no hay más. Y al instante, dejando las redes, lo siguieron. Es decir entonces que, el objetivo central de la conversión, es que la gente pueda entrar al Reino. Cuando de verdad la gente se ha convertido, el trabajo es más sencillo. No hay peor engaño que el que la gente piense que es salva, y trate de actuar como salvo y no lo sea.

(Mateo 16: 24) = Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.

Yo, y no soy el único, creo que no hay manera de diluir esto. Lo primero que Él te pregunta, es si quieres seguirlo. Eso significa que Jesús está en movimiento. Él no está parado o detenido. Eso significa que este es un camino constante. Luego dice: niéguese a sí mismo. En el original dice: niegue su psuche, niegue su alma. Niega tus sentimientos, niega tu voluntad. Y luego dice: tome su cruz. ¿Cuál cruz? La cruz que vas a recibir por seguir al Señor. ¡Ah! ¿Cuándo la trompeta suene en aquel día final? ¡No! ¡En este momento! Ehhh, ¡Pero yo ya tengo una cruz! Sí, claro, lo que tú ya tienes es la cruz de tus pecados.

Y a esa la vas a dejar acá. Pero el Señor te va a dar la cruz de su obediencia. La cruz de tus pecados, es pesada. Pero la cruz de su obediencia es ligera en su carga. Pero sigue siendo cruz, claro. Te va a obligar a hacer cosas que no quieres hacer. Te va a poner en situaciones en las que no quieres estar. ¿Realmente estás dispuesto a esto? ¿Verdaderamente quieres salvarte, de veras? – Perdón, ¿Está mal que me tome unos minutos para pensarlo? ¡No! ¡Qué va a estar mal! Al contrario, creo que tienes que tomarte tu tiempo para pensarlo.

 ¡No es un juego! De otro modo, entrarán a una iglesia llenos de simulaciones e hipocresías. ¿Y cómo se supone que con esa clase de protagonistas esa iglesia resultará más que vencedora? ¿Cómo saber, hoy, un líder, por ejemplo si sus jóvenes no son iguales a los tantos jóvenes que aún están en el mundo? ¿Qué pasaría con tantos y tantos cristianos, y no sólo jóvenes, si de pronto se dieran cuenta que nadie los está controlando ni observando? ¿Actuarían santamente, de todos modos? ¡Oh! ¡Oh! 

(47) – El Primero y El Más Grande

Dentro de las iglesias tradicionales del sistema, generalmente hay una visión bastante romántica de sus miembros, especialmente de los más jóvenes. Parecen buenos, serviciales, dedicados y hasta ungidos. Pero el día que los juntas con otros jóvenes más maduros y oyen una calidad de mensaje y palabra que no es lo que están acostumbrados a escuchar, ¡Resulta que ni siquiera parecen convertidos! Han existido casos en los que un líder casi pone las manos en el fuego para defender a uno de sus jóvenes. Pero como para Dios nada queda oculto, en un momento dado se descubrió que ese joven estaba atado a la pornografía, que había abusado de su hermano menor y que en sus ratos de ocio bebía alcohol sin frenos.

 ¿Y ese líder pretendía defender a ese personaje porque era eficiente para todo lo que él le mandaba a hacer? Puede ser, pero en ese caso creo que estaríamos hablando de dos evangelios diferentes. A mí, modestamente, no me parece que eso sea un cristiano modelo o punto de referencia para los más nuevos. Seguramente, lo que él hizo en algún momento fue un acto de presunción de salvación, pero no de salvación legítima. Esa persona nunca entró porque nunca se arrepintió. Nunca sintió peso alguno por sus pecados. En el fondo, nunca nació de lo alto. Nunca nació del espíritu y del agua.

 Este, en suma, es el primer punto básico, la conversión. Y una conversión tiene que partir de un arrepentimiento genuino, metanoeo. Como sabemos que la gente no puede cambiar su mente en dos minutos, sino que va a hacer un proceso, lo que se le pide en la conversión, es una decisión. Una decisión de no volver a vivir en su antigua manera de vivir. Eso es conversión. Lo que importa de aquí en adelante, es lo que Dios quiere para ti, no lo que a ti te parece que es correcto. Tú ya no eres dueño de nada, no te pertenece nada. Ni siquiera tus hijos, ni tu trabajo, ni tu dinero.

Todo eso le pertenece al Señor, simplemente porque Él te lo dio. Y si Él te lo dio, Él te lo puede quitar si es necesario. Ahora te vuelvo a preguntar: ¿Quieres entrar por ese camino? Es una decisión de fe, sin dudas, porque le estás prometiendo al Señor cosas sobre las cuales no gobiernas. Sí, Señor, nunca voy a volver atrás. ¡No puedes gobernar ni un milímetro, eso! Pero, al menos, sabes en qué te estás metiendo, y tu intención es la de obedecer y ser fiel. Tu corazón te salva de ser eliminado.  Cuando la gente llega a una iglesia, llega con cargas totales, te diría que desalineada en sus estructuras básicas. Alguien lo ejemplificó como un vehículo con rodados de distinta medida.

(Mateo 22: 37) = Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. (38) Este es el primero y grande mandamiento.

Fíjate en este texto, porque aquí tienes con claridad el alineamiento básico que Dios quiere. Alma, corazón y mente. Y Él le dice que debe amar a Dios con su corazón, con su alma y con su mente. ¿Entre nosotros? ¡Le dijo que tiene que amar a Dios con todo lo que él es! Ama a Dios con todo lo que tú eres. En otra parte dice: con todas tus fuerzas. El alineamiento que Dios espera, no se trata necesariamente de desprenderte de tu música secular rockera, o de las imágenes de los simpáticos santitos que te regaló la fallecida abuelita. Lo que Dios pretende, es que tu alma se alinee con amor en la voluntad de Dios.

Lo que me pidas, haré, donde tú me mandes, iré, lo que tú quieras, yo recibiré. ¡Es eso! ¿Y por qué? Porque te amo, Señor.  Y luego Jesús dice que ese el primero y grande mandamiento. Pero eso apareció en Israel con la ley, ¿Recuerdas eso? Era el gran mandamiento. El primero, era: oye Israel, el Señor uno es. Y el segundo era este: ama al Señor con todo tu corazón. Y es muy singular que Jesús nunca eliminó ese mandamiento. De hecho, él no eliminó la ley. Eliminó sólo una parte, que era una parte muy pequeña, la parte ritual. Esta parte sigue vigente hasta el día de hoy. ¡Y Jesús la valida ese día! Y dice.

¡Este es el primero y grande mandamiento! Entonces volvemos con todos esos casos de perversión, pecado y otras cosas que existen dentro de las congregaciones. ¿Amas a tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente? ¡No! ¡Entonces déjame decirte que estás desalineado! ¿Qué pasa cuando una persona alineada, peca? ¿Es que puede pecar una persona alineada? Sí. ¿Y qué pasa cuando él peca? Le pasa lo que le pasó a Pedro, llora amargamente. Se siente mal, se llena de vergüenza, de culpa. Se le rompe el interior, se le rompe su alma, ofendió a su Señor, se siente dolido.

¿Nunca te ha tocado confrontar o tratar de ayudar, desde la verdad genuina, a alguien que se sabe perfectamente que está en pecado grave? La respuesta es seca, como negando su responsabilidad. Cuando una persona que estuvo alineada en algún momento, peca, y no se arrepiente, esa persona se llena de orgullo. Se vuelve soberbia. ¿Y cómo ayudarla? La palabra dice que Dios resiste a los soberbios. Así que parecería ser como que Dios no la quiere, ¿Verdad? ¿Y tú la quieres? Y te aclaro que cuando dice que Dios resiste a los soberbios, esa palabra utilizada como resiste, es muy suave y elegante. 

(48) – ¿De Dónde Eres Nacido?

(Juan 3: 6) = Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. 

A propósito de este versículo, tengo una pregunta que, en un principio, puede sonar como tonta, ya que lo que voy a preguntar se ha expresado, predicado, enseñado y vociferado no una, sino diez, cien, mil veces. Sin embargo, créeme que la pregunta va a caber perfectamente: ¿Qué cosa es nacer de nuevo? Porque en esa medianoche, Jesús le responde algo a Nicodemo que, en honor a la verdad, a Nicodemo no le da ninguna respuesta. ¿Sabes qué? Jesús no tenía ninguna intención de que él entienda. Porque Nicodemo va a Jesús por curiosidad, no va por convicción o hambre y sed de saber más de Dios.

Él sabía quién era Jesús, y de hecho él mismo lo dice: sabemos que vienes de Dios, porque nadie puede hacer las cosas que tú haces si no viene de Dios. Jesús no le hace fácil el trabajo, no le aclara nada. Si yo te pido que me resumas, o me definas en pocas palabras lo que es nacer de nuevo, ¿Qué dirías? Porque la realidad es que hablamos mucho de ello, ¿No? Bueno; ahora te invito a que me expliques lo que significa nacer de nuevo, de una forma en que lo pueda entender cualquier persona. A diferencia del cambio de la mente, que es un proceso, el nuevo nacimiento es un evento. Es un acontecimiento único.

Uno no nace de nuevo en tres meses, nace en un instante. Por eso es que Jesús utiliza la palabra correcta, nuevo nacimiento. Podría haber dicho Nueva Gestación. La gestación dura nueve meses, pero el nacimiento dura unos minutos. No estoy hablando de todo un proceso de parto, eso puede ser más extenso. Pero cuando el proceso previo termina y comienza el alumbramiento, ese proceso es rápido. ¿Cómo definirías el nuevo nacimiento? Es interesante examinarlo sin influencias tradicionales o religiosas de cartón. ¿Es un evento? Sí, es un evento. ¿Pasa una sola vez? Sí, porque un evento es eso, algo eventual, único, irrepetible. Además, empieza y termina. Sería muy valioso poder encontrar respuesta clara a esto. El error surge que nosotros le llamamos evento a lo que no lo es, por ejemplo un espectáculo, que es algo organizado, no eventual.

¿Por qué digo todo esto? Porque nosotros manejamos un vocabulario, pero no sé hasta qué punto nosotros mismos llegamos a entender ese vocabulario. Y podría ir más lejos, todavía. Me bastaría repetirte una pregunta que un creyente me hace vía correo: ¿Qué significa nacer del agua y del Espíritu? Pude responderle algo porque me encontró justo haciendo un estudio sobre el agua, pero no puedo evitar ni simular que es una pregunta que, si no estás agarrado de algo, te mete en un problema. Ahora recapitulemos. Yo, y obviamente no soy el único ni mucho menos, puedo entender lo que es eso, pero mi duda es: ¿Cómo lo explico? ¿Cómo lo defino?

Porque resulta casi divertido escuchar al evangelista desgañitarse diciendo que debemos nacer de nuevo del agua y del espíritu, un montón de gente que va a una iglesia vociferando ruidosamente ¡Amén! pero uniéndose a los incrédulos presentes a la hora de no entender nada de lo que este buen hombre está diciendo. Tenemos el “amén” demasiado fácil…Debo decirte que, a partir de esto, hay algo más que aparentemente el Espíritu Santo ha puesto por carga en muchos corazones fieles, justos y sinceros.

Ahondar sobre este tema. Porque las cosas más básicas y fundamento de la vida cristiana, esto es el nuevo nacimiento, el bautismo del Espíritu Santo, el nacimiento del agua y el espíritu, son repetidos de manera sostenida y permanente en todas las iglesias cristianas del planeta, pero si sacudes la estructura personal de cada hermano o hermana, incluido líderes y hasta los propios predicadores, te darás cuenta que nadie entiende ninguna de estas cosas. Decimos que creemos todo eso, y nadie podría dudarlo, pero: ¿Cómo podrías creer lo que no entiendes? Llévalo a una forma práctica y vivencial, ¿Cómo lo haces?

Jesús dijo: Lo que es nacido de carne, carne es; lo que es nacido de espíritu, espíritu es. Punto. Recapitulemos: Punto uno, conversión. Entiendo por conversión al proceso de que una persona entra al Reino por la puerta correcta, es decir, a través del arrepentimiento. Se alinea. Esto quiere decir que se predispone para amar a Dios con todo su corazón, con toda su alma y con toda su mente, y nace de nuevo. Aquí hay un proceso regenerativo. Nacer de nuevo. Regeneración. La persona cambia su genética en el nuevo nacimiento. Es una acción instantánea, en la que su naturaleza anterior queda destruida por completo. Por eso Pablo dice que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con Cristo. Por eso dice que el cuerpo del pecado fue destruido.

 ¿Qué es el nuevo nacimiento, entonces? Es el proceso en el espíritu en el que yo nazco de nuevo, de tal manera que mi genética completa, cambia. Vuelvo a tener una genética en donde el pecado ya no está presente. El gen del pecado, es extraído. De acuerdo, pero haré una pregunta que no te sonará descolgada, seguramente. ¿Por qué se supone que siga pecando una persona que nació de nuevo? Respuesta simple: por costumbre. Porque en los vericuetos de su mente, no acepta que pueda vivir sin pecar. Porque ha adoptado un patrón de pensamiento. El nuevo nacimiento, no cambia la mentalidad, cambia la naturaleza. No cambia tus pensamientos, cambia en esencia lo que tú eres. Por eso es que se puede entrar de inmediato al segundo punto. Y nadie podría entrar al segundo punto si no ha pasado el primer punto.

(49) – ¡Cisternas Sin Agua!

¿De qué estoy hablando? De la Sanidad Interior. Porque, entendamos esto sí o sí: nadie puede hacerle sanidad interior a alguien que no fue salvo. Y que conste que cuando hablamos de sanidad interior, no estamos hablando de ninguna manera de liberación. Sí se puede incluir, pero no es el centro de todo esto. Lo que llamamos sanidad interior, está asociado a quitar de tu mente las señales de derrota. Los puntos de quiebre, los puntos falsos de apoyo. Aquello que el nuevo nacimiento no trabaja. El nuevo nacimiento no procesa esto, es una acción de fe, es una acción en la cual la persona cambia su genética.

 Pero sigue pensando igual, le siguen doliendo las mismas cosas, se acuerda de las mismas cosas, no le viene ninguna clase de amnesia. Se acuerda de la gente que la ha herido, se acuerda de lo que ha hecho, de lo que no le han hecho, se acuerda de todo. Entonces, esa persona que nació de nuevo, es expuesta a un proceso paulatino, lento, en el cual puede examinarse a sí mismo, y empieza a quitar, usando su propia voluntad y el poder de la nueva naturaleza que está dentro de él, para retirar aquello que era un motivo de quiebre. Lo que no se puede hacer es sanidad interior si no se ha nacido de nuevo.

 ¿No has visto a hermanos que han pasado por un curso completo y han salido igual a como estaban antes de empezar? ¿Se hizo mal el curso? ¡No! ¡Ellos no eran nacidos de nuevo! ¿Te lo digo más claro? ¡No estaban convertidos, todavía! Cuando el Espíritu Santo baja, en Hechos 2, empieza un proceso en los discípulos. En ese proceso, ellos son sanados de muchas cosas. Eso se ve, se lee, se puede entender. Es la reacción que tiene Pablo con Juan Marcos, al principio, ¿Recuerdas? Y cómo luego, al pasar el tiempo, dice: ¡Tráiganme a Juan Marcos! Algo pasó, se resolvió, lo trabajó.

 Pregunto: ¿Cómo podemos predicar un evangelio perfecto, siendo imperfectos? ¡Qué desafío! ¿Verdad? La sanidad interior, que en algunos lugares fue utilizada como campo de experimentos de la llamada psicología cristiana, en la realidad fue el producto de una necesidad real. Había gente genuinamente convertida que, sin embargo, no podía resolver cosas que, teóricamente, deberían haber quedado resueltas con su conversión. ¡Debe ser un demonio!, gritaban los más impetuosos ante casos así. De acuerdo, respondían los más calmos: saquemos a ese demonio, entonces. Pelea espiritual de alto nivel y listo, el demonio salía.

Sin embargo, tiempo después la misma persona seguía con el mismo problema. Pero, en realidad, ¿Estaba convertida esa persona? Sí, estaba convertida. ¿El trabajo de liberación, fue exitoso? Sí, fue exitoso. ¿Y entonces por qué no resuelve su problema? Allí fue donde muchos líderes se dieron cuenta que había algo en algún recóndito interior de ese ser, llámese el alma, la mente, la voluntad, nadie lo sabía, porque nadie tenía ni la menor idea sobre esto hace algunos años. Había un bosquejo muy simple, o simplista, que evidentemente no alcanzaba. Debía haber algún derecho legal dentro de esa persona que determinaba que algo se estancara allí y no se lo pudiera expulsar.

(Jeremías 2: 13) = Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua. 

¿Primero dice qué cosa? Me dejaron a mí, fuente de aguas vivas. ¿Y después? Cavaron para sí, cisternas, cisternas rotas que no retienen agua. Ahora, yo sé que soy una cisterna de agua. ¿Y cómo lo sabes? ¿Por el modelo? No, para nada, sino por lo que Jesús les dijo. Jesús les dijo: si tú creyeres, de tu interior correrán ríos de agua viva. Esa conversación de Juan 4 con la samaritana. Jesús en el templo. Entiendo que Él es agua, entiendo que yo soy quien recibe el agua, pero aquí dice ¿Qué pasa si la cisterna está rota? Significa que no puede retener el agua. Y todos los maestros tenemos experiencias en esto más o menos similares.

Enseñamos una y otra cosa para que, al mes, nadie se acuerde de lo que hemos enseñado. Es como vaciar agua y que el agua se pierda. ¿Y por qué se supone que pasa eso? Simple, porque hay una grieta, una rajadura. Entonces, de inmediato, la pregunta, es: ¿La conversión fue capaz de arreglar esa grieta, esa rajadura? No. ¿Y dónde está? Y no lo sabemos. Ahí es, entonces, donde empezamos a desarrollar el tema del rechazo y todo lo que lo sigue. Porque todos creemos que tiene que haber una lógica en esto.

(Isaías 55: 8) = Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. 

¿Por qué dice eso? Ahí tienes; gente que ha nacido de nuevo, pero que no piensa como Dios. Tiene sus propios pensamientos. Dios le está hablando a su pueblo, no está hablando con mundanos incrédulos. Mis pensamientos no son vuestros pensamientos. ¡Se lo está diciendo a su pueblo! Un pueblo que tenía la ley. ¿Sabes lo que era la ley? ¡El resumen de los pensamientos de Dios! ¿Por qué no vivían eso? Tiene que ver con el alma, tiene que ver con la sanidad interna, que, si es realizada por un profesional, ya sea psicólogo o psiquiatra, obviamente registrados como cristianos, se va a dar cuenta en el acto si la persona entrevistada está mintiendo, pero no podrá ir más allá de eso. Me miente, punto. Pero si quien hace esa sanidad es un profeta, no sólo se dará cuenta de que la persona está mintiendo, sino que además se dará cuenta de quién le está hablando en cada momento de la entrevista. ¡Los ministerios siguen originándose en el Cielo, no en la Universidad! 

(50) – A la Hora de las Ciencias

No tengo absolutamente nada en contra de las ciencias de la mente, sea la psicología o la psiquiatría. De hecho, he compartido hermosos momentos con unos y otros de estas disciplinas y hasta he podido trabajar codo a codo con ellos. Lo que estoy diciendo es que la llamada sanidad interior, tiene vinculación directa con la liberación, y a esto no lo puede hacer ningún profesional de nada. O lo hace un hombre o una mujer de Dios, o no lo hace nadie. De todos modos, lo importante de esta disciplina, que algunos insisten en catalogar como nueva, pero que no lo es tanto, es que la gente no sólo puede abrir su corazón y hablar de todo lo que la abruma, sino que de alguna manera y desde algún lugar de su estructura, es feliz haciéndolo.

 ¿Por qué va la gente a sanidad interior? Porque le pasa algo que no puede solucionar. ¿Y se da cuenta lo que le pasa? Sí, lo que le pasa siempre está dentro de su conocimiento. Lo que generalmente no sabe es por qué razón le pasa lo que le pasa. Y es por eso que muchas profesiones han alcanzado niveles extraordinarios de aceptación y recurrencia. ¿O no hay miles y miles de personas que pagan una buena suma por una hora, que en realidad son cuarenta y cinco minutos, que alguien le destina simplemente a oír todo lo que tenga ganas y necesidad de decir?

Y que, mayoritariamente, esas terapias resuelven algunos pequeños conflictos visibles, pero se chocan contra un techo de granito para con los problemas de fondo. Tienes que perdonar. ¡Ah, sí, ya lo sé, pero no puedo! Tendrás que poder. Y además tienes que olvidar. ¡Y eso es lo que quiero desde que me pasó eso, pero tampoco lo consigo! Es curioso y hasta ridículo que la gente pague y pague muy buenas sumas, para que alguien le diga lo que ya sabe, le dé soluciones que ya conoce pero no puede ejercitar y, finalmente, que le diga que lo mejor será que deje por un tiempo la terapia, ponga en orden sus ideas y luego regrese.

Mucho de lo que tiene que ver con la sanidad de una persona, está relacionado con el proceso que Dios sigue en una vida. Ejemplo: una persona que pasa por liberación y es liberada de un demonio de los grosos, que luego pasa por sanidad interior y es sanada de sus problemas más potentes, es una persona que se recompone y comienza, casi como respuesta lógica, a ejercer un ministerio de alcance. Sin embargo, ocurre que cuando empieza a conocer más de Dios y a meterse dentro del pensamiento de Dios, se da cuenta que hay un área puntual, específica y concreta en su vida que jamás fue tratada ni sanada.

 La gran pregunta que se hacen muchos líderes y ministros, aquí, es: ¿Y por qué no salió a la luz eso cuando fue liberada o sanada interiormente? Porque nadie hubiera sabido qué hacer con ese asunto. Es como cuando se ministra un niño con un problema de rechazo y se descubre que su papá es masón. ¿Podrá un niño pequeño entender cómo romper la masonería en su vida? ¡No! Lo cierto es que la única forma de salir de esto mediante aquel elemento que está presente a lo largo y a lo ancho del evangelio: la fe. Te vas a dar cuenta que la fe puede crecer o puede menguar.

Se sobreentiende que alguien que se convierte, crece, madura y se pone a ministrar, va adquiriendo mayor cantidad y calidad de fe. Y cuanta más fe tenga, mayor será la posibilidad de descubrir, tratar y sanar el problema mayor. De todos modos, la sanidad interior es algo que se promociona mucho y, con seriedad y conocimiento espiritual del tema, se realiza muy poco. La mayor parte de las congregaciones andan de curso en curso y de clínica en clínica, pero la realidad es que todo no va más allá de la promoción, la celebración y los invitados de nivel.

Luego, cuando quieren encarar obras importantes, no les da la cantidad de hermanos aptos por causa de que la gran mayoría todavía está herida por cuestiones de su infancia. Y esto tiene que ver con algo que decíamos antes. Nuestra obligación, la que verdaderamente agrada a Dios, es la de capacitar a la gente para que sea la gente la que edifique el cuerpo. Hoy eso no está ocurriendo. Y yo pienso exactamente igual que tú respecto al individualismo y egocentrismo que hay en los pastores y los líderes, pero tengo que reconocer que, si en cada congregación les sacas los pastores y los líderes, la iglesia se paraliza y nadie más hace nada.

¿Por qué? Porque la gente no sabe edificar el cuerpo. ¿Será quizás porque nadie se los enseñó? Tal vez, pero tampoco nadie hizo demasiada fuerza para aprenderlo, reconozcamos. Así como el mundo secular encara la mayor parte de sus asuntos con cierta liviandad, alta exposición y no poca frivolidad, cuando alguien se convierte, conserva por mucho tiempo su programación anterior y, como no podría ser de otro modo, también toma al evangelio con las mismas pautas. El resultado es lo que hoy vemos como iglesia. Puede ser que algunas hayan podido borrar sus manchas, pero arrugas tienen todas las que quieras.

(51) – La Generación de Una Cultura

Ahora veamos: ¿Por qué Jesús no tocó todos estos temas con los discípulos? Porque todo el ministerio de Jesús giró en torno a un punto central: desarrollar la fe en los discípulos. La fe necesaria para que, cuando viniera el Espíritu Santo, fuera el Espíritu Santo el que hiciera todo lo demás. Por eso es que no les dio diseños de edificación. Les habló de tres elementos básicos: el amor a Dios y a la gente, la justicia y la fe. Y esas tres cosas, nacen del corazón. ¡Y Jesús les cambió el corazón! Pero cuidado, no tocó su mente. Por eso es que ellos no entendieron ni que iba a morir, ni que iba a resucitar, es decir: ¡No entendieron nada!

¿Y sabes qué? A Jesús no le afectó que ellos no le entendieran. Él ya sabía que no lo entendían. Él mismo cuando explicaba algo, decía: ¡Yo sé que me escuchan, pero no me entienden! Pero cuando venga el Espíritu, Él los hará conocer todas las cosas. ¡Oh! ¿Cuándo vamos a creer el evangelio completo? Sí, claro, todo esto está muy bonito, pero el Espíritu no podía venir si no había una plataforma de fe. Cuando el Espíritu viene se mete hasta las coyunturas, y ese es el que empieza a manifestar los cambios. Por eso es que soy tan cáustico con los cientos de modelos que andan girando por las iglesias, por allí.

Porque creo que en algún momento la gente se desconecta del Espíritu Santo y se abraza al modelo. Es como cuando decidieron crear estructuras para adorar mejor a Dios. Terminaron adorando la estructura que ellos mismos habían creado. Y eso, te guste o no te guste, se sigue llamando: Idolatría. Sin embargo, y aún en contraposición con lo que acabo de decir, entiendo y reconozco que algún modelo deberíamos adoptar, al menos para saber para dónde vamos. Porque que existan miles de iglesias no es algo que haga feliz a Dios. A Dios lo hará feliz saber que hay gente que se conecta con su destino y es capaz de establecer su propósito en el lugar en el que le tocó nacer.

Todo esto, va generando una cultura. Si tú reúnes a un grupo de varias congregaciones, y se formulan entre sí preguntas que tienen que ver con la calidad, cantidad y cualidad de la ministración que han recibido o están recibiendo, se van a dar cuenta que la gran mayoría, no tiene ni la menor idea de lo que se le está hablando. Ejemplo: ya sabes que no tengo absolutamente nada con el don de lenguas, de hecho yo lo tengo, gracias a Dios. Pero no entiendo ni admito que domingo tras domingo haya congregaciones enteras que se reúnen sin otra finalidad que hablar en lenguas, todos a la vez, sin nadie que interprete y que con eso se sientan felices y cumplidos.

 ¿Para qué lo hicieron? ¿Cuál fue el fruto, el resultado? Y todo esto es principalmente porque Dios está cambiando nuestra cultura. Y eso es bueno. Pero claro, estamos enfrentados a otro tipo de desafíos. La persona que ha sido sanada, está esperando también que su vida sea diferente. ¿Y qué pasa cuando no es diferente? Me parece que algo deberemos haber hecho mal. En algún momento se nos escapó la tortuga. Ya lo sabemos, pero bien vale la pena repetirlo. Lograr o llegar a lograr la identidad o la imagen del hijo de Dios por adopción que es cada creyente, pasa por un proceso. Ese proceso comienza con la conversión.

 Y la frase que mejor expresa lo que significa Conversión, es entrar al Reino. Y este entrar al Reino involucra necesariamente el arrepentimiento, el alineamiento y el nuevo nacimiento. En una segunda etapa, la persona que de verdad nació de lo alto, empieza un proceso de sanidad a fondo, cuyo objetivo de máxima, es limpieza; limpieza en profundidad. ¿Por qué? Porque la gente viene quebrada, porque sus pensamientos no están alineados con Dios, así que se deberá desarrollar algún tipo de estrategia. Y tiene que haber una ministración, necesariamente, que no tiene que enfocarse solamente en una liberación, sino también de ser necesario, en una restauración.

Y allí es donde llegamos a la tercera etapa que se podrá mostrar seguidamente. Voy a darte la palabra central de esta etapa: discipulado. Creo que cuando digo discipulado, la mayor parte de los que me leen o escuchan allí del otro lado, tienen  alguna idea, al menos vaga, de lo que es. Entendemos como discipulado, al proceso por el cual una persona se conecta con su destino. Con lo que Dios tiene para ella. Si tú dices que discipulado es formar el carácter de Cristo, es correcto. Si en cambio dices que es equipar a una persona para la obra del ministerio, también es correcto. Todo es depende desde dónde estés mirando al discipulado.

 Ahora bien; entonces ¿Por qué no pongo esa definición? Porque estoy rompiendo una estructura. Esa visión monocromática, que sólo puedo servir al Señor en una congregación local. Ya se van a dar cuenta, muchos de ustedes, que hay mucha gente que tiene un llamado para trabajar con los ministerios, pero no dentro de una congregación, sino fuera de ella. Entonces, cuando se habla de discipular, como el conjunto de herramientas que preparan un ministro, la mayoría de la gente asocia a eso a un servidor de la congregación, un servidor interno. Por eso es que estamos hablando de destino.

Todos tenemos un destino en Dios. De hecho, no todo destino de estos, mira para adentro de la iglesia. Para una enorme cantidad de gente, su destino mira para afuera. Entonces, el discipulado es la herramienta, es el recurso de Dios a través del cual la iglesia ayuda a una persona para que se conecte con su llamado. ¿Cómo se produce esto? El objetivo inicial, de los varios que va a tener el discipulado, es un cambio de mentalidad.

Es menester que en esta etapa, la persona se predisponga a dejar de pensar como pensaba, y empiece a pensar tal como piensa el cielo. De hecho, es un proceso que involucra tiempo, esfuerzo y también una estrategia. Ejemplo: cuando decimos que enviamos a un niño al colegio para que aprenda y se eduque, quizás sea verdad, pero no solamente se espera que aprenda a leer, escribir, sumar y restar, sino que en realidad esperamos que se esté capacitando para la vida.  

(52) – La Renovación del Entendimiento

Creo fielmente que algo tiene que modificarse en nuestra cultura. Y no me estoy refiriendo a la cultura argentina, ni a la colombiana, ni a la mexicana ni a ninguna de las representadas en este espacio. Lo que estoy queriendo decir es que yo no puedo pretender vivir el evangelio que está escrito en mi Biblia, con la mente que tengo. Con toda honestidad, tendrás que asumir que en cualquier momento te quiebras. Por otra parte, estoy convencido que mientras no afectemos la mente de esta generación, no podremos saber si nuestra presencia como iglesia ha sido positiva o no. Dicho de otro modo, si tú tienes una congregación local instalada en un lugar de la ciudad desde hace veinte años y no ha podido cambiar absolutamente nada de lo que la rodea, me temo que en ese lugar se está hablando de cualquier cosa, menos del evangelio de Jesucristo.

(Efesios 4: 23) = y renovaos en el espíritu de vuestra mente, Hay otra versión que lo dice así: Esto pues, digo, y atestiguo en el Señor: que ya no caminéis, según también las gentes caminan en vanidad de su inteligencia.

(Romanos12: 2) = No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. 

Se nota, por lo que dice en este último pasaje, que no hay manera de conocer la voluntad de Dios para la vida de alguien, sino involucra un cambio de mentalidad. Entonces, lo que llamamos discipulado tiene, como primer objetivo, cambiar la mentalidad de la gente. De hecho, nadie podrá estar seguro de si se puede cambiar la mentalidad a toda la gente. Claro está que, si tu metes a doscientas personas en un mismo salón para recibir discipulado, algún tiempo largo después, vas a darte cuenta que los que lograron cambiar su mentalidad, fueron no más de treinta. ¿Y qué pasó con los otros ciento setenta? No pudieron hacerlo.

 ¿Fallamos, entonces? No, porque en ese caso, Dios también habría fallado cuando sacó al pueblo de Israel de Egipto. Porque lo que Dios quería, era que todo ese pueblo que salía de Egipto, (Aseguran que como un millón de personas), llegara y entrara a la Tierra Prometida de Canaán. Sin embargo no fue así. Solamente entraron los jóvenes menores de veinte años, más dos personas mayores, nada más. El resto se quedó en el desierto. ¿Tenemos que suponer que Dios sacó a ese pueblo al desierto para que se muriera allí? ¡No! ¡Dios lo sacó para llevarlo a la Tierra Prometida!

¿Y por qué no pudieron entrar, ellos? Porque nunca cambiaron su manera de pensar. Entonces podemos ver que, el punto débil de este asunto, es el hombre. Si a Dios hubo de fallarle eso, es posible que a ti, a mí y a cualquiera que pretenda discipular, también le falle. No será posible que toda la gente que ingresa a mi Web cambie su mente. Habrá un porcentaje que sí, gloria a Dios; pero habrá otro porcentaje que no, gloria a Dios. Eso de ninguna manera nos tiene que hacer sentir mal.

Fíjate que tenemos treinta y nueve libros en el Antiguo Testamento que están dando testimonio de que no todos son todos. La idea es que todos pasen, pero si algunos no pasaran, para ellos hay una segunda opción. No es un plan “B”, es una segunda opción que podemos llamar equipamiento de vida. Teniendo en cuenta, obviamente, que la vida no es algo, es alguien. Es Cristo mismo nuestra vida. Ese es el equipamiento de Dios en nosotros. ¿Eso es equipamiento de vida? No lo sé, mira:

(Lucas 11: 52) = ¡Ay de vosotros, intérpretes de la ley! porque habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y a los que entraban se lo impedisteis. (Durante el despertar espiritual que hubo en mi país en los años 90, fueron muchos los que, tocados por la unción del Espíritu Santo, deseaban darle un golpe de timón a la iglesia esgrimiendo alto poder de Dios. ¿Sabes contra quienes chocaron? Contra la mayoría de los líderes que, por no haber aceptado ese mover como proveniente del Espíritu de Dios, no lo habían recibido, y por lo tanto consideraban a todo lo que sentían y movían personas de menor rango, como “fantasías” que debían ser neutralizadas. Lo fueron. Y salvo algunos “sobrevivientes”, lograron frenarlo. De eso mismo es, puntualmente, que habla este texto).

(Mateo 16: 19) = Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. (Es más que valioso e importante saber la cualidad de tu palabra, de lo que sale de tu boca. ¿Atas para victoria? Habrá victoria. ¿Atas para duda y derrota? Habrá duda y derrota. ¿Por qué? Porque todo lo que digas con tu boca, creyendo, te será hecho. ¿Simple, verdad?)

(Lucas 8: 10) = Y él dijo: A vosotros os es dado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan. (El que suponga que esto tiene que ver con cristianos y ateos, se está equivocando feo. Esto tiene que ver con creyentes y religiosos. Porque cuando Dios da a conocer sus misterios por medio de una revelación de Su Espíritu Santo, los únicos que accederán a esas revelaciones, serán los creyentes. Para los religiosos, sólo será algo que oirán y verán, pero no entenderán).

Escucha esto: de la gente que estaba con Jesús ese precioso y tremendo día cuando comen los peces y los panes, esos que llenaron su barriga de tal modo que sobraron canastos enteros y nadie les prestaba atención. De todos esos, ¿Cuántos crees tú que entendieron lo que Jesús estaba hablando? A mí, si tengo que decirte la verdad pura, se me cae y se me nota el pesimismo, me dan ganas de decir que nadie lo entendió.  Pero voy a asumir que hubo un grupo de doce hombres a los cuales Él se toma el trabajo de explicarles las parábolas, que son sus discípulos, Asumamos que ellos, los doce, sí le entendieron.

 A lo mejor algunos más, Marta, Lázaro, qué sé yo. Pocos, en relación, de todos modos. Sin embargo, algo es realidad: ¡Todos comieron! Lo pongo así: aunque no todos entendieron, todos disfrutaron. Lo que te estoy queriendo mostrar, y al mismo tiempo enseñar como principio válido, es que no tuvieron que entender para poder comerse el pescado y el pan. O sea que vemos que Jesús les permite comer a todos, entiendan o no. Pero, entonces, ¿Jesús no es selectivo? Sí, lo es; pero lo que no hace es cerrar la puerta. Elige con quien quiere estar, pero no cierra la puerta.

Si eran cinco mil personas las que había allí, ¿Cuántas pudieron ver lo que estaba sucediendo allí? ¿Cuántos pudieron ver que los peces y los panes fueron provistos por un niño? Muy pocos, quizás los que estaban bien adelante, los que estaban más cerca, los que escucharon la oración, los que vieron reproducirse todo. Pero ¿Y los otros? ¿Los que estaban alejados y tal vez hasta entretenidos hablando entre ellos? Por haberme movido en el ámbito de la comunicación masiva, siempre me pregunté: ¿Cómo hizo Jesús para hablar y ser escuchado por cinco mil personas sin un micrófono o amplificador?

 Cuéntamela como quieras, pero así fue y no hay explicación…lógica… Para mí, ellos vieron aparecer canastas y canastas de pan y de peces y hasta se deben haber preguntado quiénes habrían pagado todo eso. Yo tengo mis dudas si se llegó a difundir totalmente cómo fue que apareció todo eso. Sin embargo, lo hayan sabido o no lo hayan sabido, ¡Todos comieron! Hoy, más quisiera yo estar en una iglesia donde todos coman, aunque luego todos no entiendan.

 Y cuando hablo de los que no entienden, que se sepa bien que no estoy ni discriminando por intelecto o estudios de teología, ni tampoco juzgando. Creo que todo pasa por lo eminentemente espiritual. Porque los que no entendieron ni están entendiendo, no son personas que no quieren entender porque no les da la gana. Más bien son gente que por alguna razón que no hemos visto, ¡No pueden entender lo que otros sí entienden!

(53) – Mentalidades Monocromáticas Vigentes

Mi madre aceptó al Señor minutos antes de su muerte. Y no me dio tiempo para enseñarle nada, mucho menos para cambiarle su mentalidad que por años estuvo culturalmente prisionera del catolicismo romano. ¿Y voy a dudar de su salvación por eso? Es como si dudáramos de la salvación del ladrón arrepentido porque no pudo bautizarse. Hay mandamientos que pueden y deben respetarse, de acuerdo, pero la ley del amor es mucho más grande que cualquier mandamiento. Por eso siempre vamos a pensar con cierto criterio coherente, que Dios no va a tratarnos a todos de la misma manera.

Hay algunos que llegaron muy tarde al Señor, pero no tan tarde como para no salvarse. Dios tiene cuidado de las personas muy por encima de lo que nosotros podemos imaginarnos. Hay gente a la cual quisiéramos llevar a la salvación y no podemos. O no nos atrevemos. Y ni siquiera podemos imaginarlos convertidos. Sin embargo, Dios sabe cómo hacer ciertas cosas que nosotros no sabemos. Las personas que no van a poder cambiar su mentalidad por culturas muy fuertes, por ejemplo, o porque vienen con vidas muy destruidas y se tarda tanto en recomponerlos, deben ser atendidas de la misma manera y con la misma abnegación y entrega que a las otras.

En este caso, lo mejor que podemos hacer es equiparlos de la mejor manera para lo que les queda de vida. Hay personas que vienen a la vida con un rol que, luego de ser cumplido, retornan a la casa del Padre, cosa que por allí les parece tremenda e injusta a los que quedan en esta tierra, pero que en los ámbitos espirituales es totalmente justa y sujeta al diseño divino. ¿Quieres un caso testigo? José. José, el padre carnal de Jesús. José vino a esta tierra casi con exclusividad para cuidar y proteger a María y al Jesús niño. Pasó las suyas para casarse con María y luego de casado para andar a lomo de asno para huir y salvar al niño de la persecución de Herodes.

 Una vez que cumplió su tarea, se fue. José murió cuando Jesús era muy joven, todavía. ¿Cómo sé esto? Hay historiadores que lo mencionan, pero la mejor prueba es que, cuando Jesús comienza su ministerio, a la edad de treinta años, la que aparece de vez en cuando compartiendo y observando, es María. Pero José jamás se menciona dentro del tiempo ministerial de Jesús. De hecho, la última mención de José, al menos implícita, es cuando Jesús tiene doce años y se les pierde en el templo. Entonces, ninguno de nosotros puede saber para qué ha sido llamado cada uno, jóvenes, adultos y adultos mayores, como ahora se les dice, usando el eufemismo, a los ancianos.

Yo no sé por qué tu madre es como es, vivió lo que vivió o no vivió lo que no vivió. Pero sí sé que una de las cosas más importantes que hizo tu mamá, fue traerte al mundo a ti. De hecho, en la mentalidad monocromática que tenemos, parecería ser que la gente sólo vale si se convierte. Perdóname, pero ese es un pensamiento altamente sectario. La primera cosa buena que hicieron tus padres, fue traerte a este mundo. ¡Pero hermano! ¡Es que ellos no conocen al Señor! Puede ser, pero Dios los usó a ellos para que tú estés hoy, en este día, invirtiendo tu tiempo en esto.

Creo que cuando la ley se convierte en algo tan obtuso, que no permite adaptarse al corazón del hombre, ya no sirve. Porque, veamos: ¿Qué es más importante para el Señor, el rito o el corazón? Y no estoy diluyendo ningún mandamiento, lo que es santo, es santo, y lo que es profano, es profano. De todos modos, los resultados del discipulado son inmensamente mensurables. De hecho, no existe un modelo de discipulado del que se pueda decir: ¡Aleluya! ¡Este es! El mayor problema en esto es que no existen indicadores que determinen cuándo una persona está lista y cuándo todavía le falta un golpe de horno.

 La duda, entonces, es: ¿Hay resultados concretos del discipulado que puedan determinarse? Sí, los hay. Uno de ellos, mejorar las relaciones con las personas. Hebreos 12:14 tiene, de alguna manera, la llave bíblica de eso: Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. O sea, a través del discipulado, van a aprender a llevarse bien. Ahora pregunto: ¿Muestran paz entre ellos, todos los cristianos que conoces? Y la otra: ¿Están todos ellos en santidad, esto es, en consagración plena al Señor? No me respondas, sólo piensa. En segundo lugar, victoria sobre las finanzas.

3 Juan 1: 2: Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma. Gran parte de los problemas financieros que tienen las personas, y estoy hablando de escasez, de endeudamiento, obedecen a mala administración, e ignorancia de las leyes espirituales. Fíjate que en esto, está comprobado fehacientemente que sólo un uno por ciento es culpa del diablo. En el resto, ya leíste el verso. Si tú tienes hoy problemas financieros, es porque tu alma algún problema tiene. Y ese es el problema que debes resolver primero. Luego vendrá el otro.

 Convengamos algo: la gente, cuando llega al Señor, sea como sea, llega estéril, árida, gris, cerúlea, cadavérica, casi. Es nuestra obligación como iglesia, y no estoy hablando de lo institucional sino de lo global, de lo humano, de lo corporal, convertirla en fértil, verde, aromática, llena de vida. En tercer lugar, viene la victoria sobre las emociones. O en las emociones. Tito 2:12, dice: enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, Normalmente la gente viene al Señor con muchísimas heridas en el corazón.

 Cosas que les pasaron, cosas que les hicieron, cosas. Entonces, la pregunta que haré y que aunque parezca descolgada tú y yo sabemos que no lo es, es: ¿Qué pasará con ese líder que un buen día se escapa con la hermanita de la alabanza como si fueran dos fugitivos de la justicia? Independientemente de lo que tú pienses al respecto, es notorio que hay un tema en sus emociones y sus sentimientos que jamás trabajaron. ¡Eran tus hermanos! Y ahora son dos fugitivos de la justicia. ¿De la justicia de Dios? ¡No! ¡Dios los conoce y tiene muy claro lo que ellos padecen! Es la justicia de los hombres la que los persigue.

Y lo peor, casi en el nivel de venganza. Entonces, ¿Esto sería una defensa para con esos hermanitos fornicarios o adúlteros? ¡Ni lo sueñes! Sólo procura ser justicia genuina, algo que el hombre conoce muy poco, porque se deja influir por la suya propia. Claro está, y convengamos,  en que estos hermanitos jamás pudieron filtrar sus sentimientos. Qué podían permitirse sentir y qué no podían permitirse sentir. Cuando una persona rompe sus compromisos, ya sean estos matrimoniales o previos al matrimonio, lo que está mostrando es que no es una persona confiable para nadie.

Y cuidado, porque no es un tema que tenga que ver necesariamente con una mujer. Si tú eres creyente fiel y tal como lo diseña el Señor, y tienes una empresa que necesita alianzas y sociedades, jamás podrías asociarte con alguien que haya pasado por un adulterio, sea hombre o mujer y tenga el dinero que tenga para aportar. Si no pudo ser fiel con la mujer o con el hombre con el cual dormía todas las noches, ¿Quién te asegura a ti que lo será con el dinero o las situaciones que tú pongas bajo su responsabilidad? 

(54) – El Asunto de la Salud Física

¿Por qué? Porque en la dimensión del Espíritu, vas a darte cuenta que hay una relación directa entre lo espiritual y lo natural. ¿Qué quiero decir con esto? Que no vas a tener nunca a alguien lleno del Espíritu, viviendo mal. Jesús lo dijo bien claro: no sale agua dulce de una fuente amarga. Entonces, cuando la persona comienza a trabajar sus emociones, no puede ni debe tolerarse pensamientos que incluya a personas que ya están comprometidas. Allí sí es cierta aquella vieja premisa de: soldado que huye sirve para otra guerra. Aquí sí. Yo realicé un trabajo en mis producciones especiales que trata de demostrarte que en todo lo demás, no es así.

Y no lo es en aquel punto que tocamos allí, pero en este, tengo que asumir que sí. Es necesario que una persona asuma tomar toda la responsabilidad por lo que se permite sentir. Esa es tu oración cotidiana, sea quien seas, tengas la edad y la condición civil y social que tengas. Yo soy responsable por lo que siento. ¿Te das cuenta que después de declarar en voz alta esto, nunca más vas a poder excusarte diciendo que te enamoraste sin darte cuenta? ¿Y cómo se llama esto? Se llama disciplina, se llama amor a Dios, se llama obediencia, se llama pacto, se llama compromiso, se llama muchas cosas, aunque en esencia es simplemente carácter.

¿Y entonces por qué estamos hablando de cambiar la mentalidad y no de cambiar el carácter? Porque hasta el día de hoy, nadie ha podido separar esas dos cosas con claridad. Donde está la mentalidad, está el carácter, donde está el carácter está la mentalidad. Entonces, para no meterme en los vericuetos de carácter y toda la terminología psicológica, prefiero hablar de mentalidad, porque ahí está asociada la mente y el corazón. Luego tenemos la victoria en la salud. Es imperativo que el creyente aprenda, de alguna manera y mediante alguna forma, a cuidar su cuerpo.

Porque dice la palabra que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, y no es coherente que por seguir los dictados del sistema perverso en el cual vivimos, los creyentes descuiden ese templo y lo dejen derrumbarse. Quiero decir algo que no sé si todos saben. La salud es un área de guerra espiritual tremenda. Es un área de guerra. En este tiempo hay una batalla muy fuerte en esa atmósfera. ¿No te parece que así como se enseña que la iniquidad es tal o cual cosa, se debería enseñar cómo borrar las señales de la iniquidad que vienen a través de las enfermedades?

De allí que todo ministerio profético que tenga peso, o que se está proyectando en una dimensión de Reino, va a darse cuenta que necesariamente tendrá que tocar todo este tipo de temas. Es algo que no se puede evitar. Antes que ninguna otra cosa y como para que nadie se confunda y confunda a otros, hay que aclarar que el Reino es mucho más que guerra, guerra y guerra, o que adoración, adoración y adoración. Hay algo que es muy claro, y de tan claro, resulta casi ofensivo. La iglesia no quiere hablar de la salud ni de la sanidad física.

Hay libros que son verdaderas confrontaciones para quienes los leen, porque desnudan todo el andamiaje satánico que rodea a los laboratorios de medicamentos. El problema subyace en que los hermanos y hermanas que leen esos libros y los dan como válidos, después no saben qué hacer con lo que se les dice allí. ¡La iglesia no habla y mucho menos enseña sobre esto! ¡¡¡Nada!!! ¿Motivos? Yo no quisiera ofender a nadie, pero no son pocos los que aseguran que sólo se trata de incredulidad. Desde las plataformas del Reino se habla mucho sobre el sistema de la religión, y está bueno que así sea porque se evita que tanta gente caiga prisionera de ritos, ordenanzas y estatutos insostenibles.

 Pero no se habla para nada de la salud, y la salud se lleva para “el otro lado” a tantos cristianos como la religión. Y tampoco se habla del entretenimiento cristiano, que desperdicia vidas con banalidades por encima de todo lo otro. Y cuando hablo de entretenimiento, me estoy refiriendo a todas las cosas que tú y yo hemos visto hacer en los templos, sin otra finalidad que la de cubrir un tiempo determinado para que el culto o reunión tenga una duración seria y no concluya, por poco, antes de comenzar. Entretener es todo eso que a ti te fastidia, pero que por respeto o sujeción mal entendida, te aguantas sin protestar y, mucho menos, sin confrontar a los encargados del entretenimiento religioso.

 De hecho, todo lo que crece, cambia. Y todo lo que cambia, confunde y se desconoce. Toma un libro de matemáticas de tu hijo menor y fíjate si entiendes algo de lo que hoy ellos están dando en clase. Yo no soy precisamente un modelo en las matemáticas como para servir de ejemplo en esto, pero sí en lo que se da como Humanidades. Estuve en eso, dediqué gran parte de mi vida laboral a eso. Y sin embargo, en muchos de sus argumentos modernos, eso que yo manejaba y dominaba, hoy casi es chino básico. Y yo no hablo chino, obvio…

Y respecto a la salud, las iglesias son de alguna manera un modelo que puede servir de ejemplo. Hace algunos años, estaba muy mal mirado por la gente que el pastor se tomara un vaso de vino. Hoy, el vino ya no tiene importancia porque todos saben que el pastor no se emborrachará, pero sí es muy mal visto que el pastor tome medicamentos. En iglesias proféticas, eso es vital. Clave, central. Sin embargo: ¿Qué es mucho, y qué es poco? Gran duda existencial. No es que nos regodeemos hablando de la antigüedad, tal como parecería ser el común denominador de la gente mayor; pero hace cincuenta años, por dar una cifra, ningún pastor de ninguna iglesia tocaba ni de paso el tema de la enfermedad y su consecuente espiritual: la sanidad física.

 No se hablaba del tema. Ni bien ni mal; ¡No se hablaba! Hoy día sí se habla y se encuentran puntos muy problemáticos que han sido mal enseñados o, directamente, no enseñados. En iglesias tradicionales se oraba por la salud de alguien y se ponía en las manos de Dios la sabiduría del médico que lo atendía. Hoy, en iglesias proféticas, la onda es más que clara: ¡No médicos! Fanatismo, dicen algunos. Fe, lo llama mi Biblia. Decisión, se me ocurre añadir, como elemento de unificación y no división. ¿Y yo que debo hacer, entonces? Seguramente esta será tu pregunta silenciosa. Respuesta: lo que tengas garantía íntima para hacer, no lo que queda bien o se supone que debes hacer. Por mucho menos, ha partido mucha gente antes de tiempo.

(55) – Umbrales de la Adoración Profética

Aquí es donde entra un tema que podríamos llamar como la mente de Dios. Y habrá que decirlo con sumo cuidado, esperando que ustedes lo reciban en la plena confianza, pero sin intentar entenderlo. Creo que por un proceso de administración de Dios Él, en algún momento, y por alguna muy buena razón o causa, decide no sanar completamente a alguna persona, porque así la puede cuidar mejor. Entonces, convengamos en que no es la salud un indicador de que todo está bien. El indicador que nosotros esperamos, es que la gente vea que esto es importante.

 De allí que los padres de niños que asisten a iglesias proféticas, están en un problema casi social: ¿Permitirán que sus hijos sean vacunados? No tengo una respuesta ahora, pero, pregunto: ¿La iglesia, como tal, debería tener alguna palabra al respecto o no? ¡Claro que sí! ¡Debería tenerla! Ahora claro: ¿Cómo vas a responder a eso sin tener una mente apostólica? No podrás, vas a caer en el monocromatismo. Porque hay solamente dos respuestas a esa pregunta: o es o es no. No hay nada más. Porque en el tema salud, el Espíritu Santo actúa como una barrera elástica de contención, nunca como un guarda-rail de acero.

En el primero, te acomodas, te vuelves a tu senda y te encauzas. En el segundo, si le pegas bien fuerte, te matas. Y seguidamente nos llegan las victorias en las decisiones. ¿Tiene que ver con el discipulado, esto? Sí. ¿Y cómo podría yo, entonces, saber si esta decisión que voy a tomar sobre este asunto, es la correcta? Vamos por partes: un solo ministerio actuando en la iglesia, no puede responder esto.  Míralo así, desde lo espiritual, netamente. Un pastor podrá ver las cualidades que tiene una persona, pero no puede discernir su futuro. El profeta, en cambio, podría intuir su futuro.

 Porque parte de su unción es prever lo que viene. De allí que cuando un consejo sale de un pastor y un profeta, en conjunto, el consejo es más completo. El siguiente punto es saber o poder reconocer los tiempos. Esto, indudablemente, está asociado a saber tomar decisiones. Y una característica evidente de una buena decisión, es que sea oportuna. Si es una buena decisión, pero tardía, en el fondo será una mala decisión. El punto siguiente es desarrollar el carácter de adorador. Esto, en cada persona. Y cuidado que esta no es una alternativa, no es una opción.

Una persona que no es una adoradora, es una persona que no califica para las cosas de Dios. Y no estoy hablando del que canta, la palabra dice adorador. Lo que sucede es que realmente no hay una cultura de adoración en la iglesia. Hay una cultura musical y de cánticos. Y esto también está relacionado con el desarrollo del guerrero, que en este caso, vendría a ser: el intercesor. La idea central es que cada creyente sea un guerrero. Que sepa pelear sus luchas, sus propias batallas. No pueden pedirme a mí ni a nadie a distancia que les pelee una batalla por ellos. Es hasta absurdo.

Tres mil visitas diarias. Mil quinientos están bien, otros mil quinientos con problemas. ¿Mil quinientas batallas una sola persona? Imposible. Eso se pretende en la mayoría de las iglesias. Eso mismo, claro está, han incentivado algunos líderes. Dios espera que nos ayudemos entre todos. ¿Nos estamos ayudando? ¡No! ¡En la mayor parte de los casos, (Y hablo de la iglesia estructural), nos estamos estorbando porque competimos! El pueblo cristiano tiene que ser una comunidad, de otro modo es apenas un calificativo hueco de día domingo. Y eso hasta que termina el culto.

Allí es: adiós, que te vaya muy bien, y si tienes dinero para comer, comes y si no tienes dinero y no comes joróbate y hasta el domingo que viene. ¡Ese es el modelo siglo veintiuno del pueblo cristiano! ¿Es ese el diseño de Dios? No me parece. No me cierra. Y cuando algo no te cierra, podrá tu mente estar afiebrada de mundanalidad o circunstancias, pero si algo espiritualmente no termina de cerrarte, no viene de Dios, Lo que viene de Dios, siempre cierra y encaja perfecto, como la piedra del ángulo. Lo otro que se debe desarrollar es el sacerdocio familiar. Que cada persona que mañana va a formar una familia, tenga la responsabilidad de su casa.

Hay muchos padres que piensan que porque llevan a sus hijos a la iglesia, los pastores los van a salvar. ¡Eso es un absurdo! Puede que una congregación les ayude a conocer un poco más del Señor, pero o traen su figura central desde la casa o no irán a ninguna parte. El desarrollo del servicio personal, individual La diferencia entre esto y la colaboración, es que la persona cuando colabora, se suma a algo que se está haciendo. Pero cuando se habla de servicio, uno es capaz de hacer algo que nadie está haciendo.

O sea: no dependo de los otros para hacer algo. Normalmente, los servidores son personas solas, porque siempre están con tiempo para mirar más allá. Tiene algo de profeta su servicio. Lo concreto es que todo ministerio, o todos los ministerios, si quieres tomar el plural, dependen pura y exclusivamente del nivel de mentalidad de cada hombre y de cada mujer que lo piense llevar adelante. No se gana nada capacitando a gente que jamás va a poder hacer nada porque no está dispuesta a cambiar lo más sustancial de sus errores cotidianos.

(56) – Las Diferencias Escritas 8

Lucas 6:20 expresa cuando Jesús dice: Y alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. 

Aquí la religión enseña que no se refiere a los que son pobres materialmente, sino a los que son humildes. Y añaden que incluso las personas ricas pueden ser humildes. Y concluye con que en realidad, todos somos pobres delante de Dios, así que el Reino de los Cielos nos pertenece a todos. Respetuosamente, eso es un error. Primero, porque humildad y pobreza no necesariamente van de la mano. He conocido, (Y seguramente tú también) a gente en el extremo más oscuro de la pobreza, lindando con la miseria, que no ha perdido su orgullo ni su soberbia en absoluto. Y segundo, porque nada de esto te garantiza ingreso al Reino

Sin embargo, en Lucas 6:24 Jesús dice: Mas ¡ay de vosotros, ricos! porque ya tenéis vuestro consuelo. 

Los religiosos aseguran que eso es una verdadera tontería, ya que las riquezas son, indudablemente, una bendición de Dios. No me opongo a eso porque estaría adhiriendo a la famosa y antigua Teología de la Pobreza, instaurada por el Catolicismo Romano en muchos lugares de Latinoamérica, simplemente como forma asociada de sostener gobiernos abusadores y plenos en fabricación de miseria. Sin embargo, antes de irme derecho al otro extremo, que es la riqueza, elegiría quedarme con un más prudente y equitativo resultado de tener satisfechas todas nuestras necesidades, que es en suma lo que el evangelio te promete en la boca del propio Jesús.

 Esto tiene que ver con lo que Jesús dice en Mateo 6:19: No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; La religión no coincide con esto, y expresa que no debemos ser tontos, ya que cuanto más riquezas materiales tengamos, más podremos hacer en beneficio del Reino de Dios. Tampoco pongo en duda esta enseñanza, pero creo que es peligrosa porque, si no se tiene absoluto control sobre nuestras almas, esto te lleva directamente a la avaricia, que como todos sabemos, es uno de los factores extremos por los cuales no se puede ingresar al Reino. 

(57) – Aquellos que Huelen a Ovejas

Vamos a examinar las bases sustanciales de los cinco ministerios más conocidos y difundidos, partiendo de los que se mencionan en Efesios 4. Son los que dan origen al llamado Ministerio Quíntuple y se supone o se entiende que conforman el andamiaje sobre el cual la iglesia en su conjunto debería transitar de manera fluida y sin contratiempos. No veo, en principio, ningún error por parte de Dios al crearlos, aunque sí pueden verse luego, diferentes matices plagados de errores por parte de los hombres que supuestamente hayan sido llamados y levantados para cumplimentarlos.

Por eso es que quiero ahora referirme, en este tramo, al más conocido de todos los ministerios que vemos en la Biblia y, en este caso, reproducidos en lo que conocemos como iglesia: el Ministerio Pastoral. Y como es un ministerio del cual casi todos nos sentimos demasiado cerca, creo que no les resultará difícil a ninguno de ustedes, antes que hablemos nada, tomar nota de cinco características que más recuerdan o tienen presente sobre el Ministerio Pastoral.  Y voy a decirles algo que les va a sonar irónico, pero aspiro a que no será lo único. El Ministerio Pastoral, es el ministerio del cual hay menor cantidad de información.

Y eso, a pesar que es al mismo tiempo, el ministerio con el cual estamos más familiarizados. ¿Cómo hago para entender ese contrasentido? Es el ministerio del que menos encontramos en la palabra y el que más conocido nos resulta. ¿Qué pasó? Sin extenderme mucho más allá en esto, confieso que creo fielmente que lo que pasó tiene que ver estrictamente con los intereses y el egocentrismo humano. Pasó, en principio, que no solamente en esto, sino en muchísimas cosas más, la iglesia parecería en ocasiones estar directamente en contramano con lo que Dios piensa.

 Porque en casos, en la iglesia se le otorga alta importancia a cosas que Dios prácticamente ignora y, por el contrario, cosas que para Dios son tremendas y vitales, en la iglesia ni siquiera parecen registrarlas. A mí, personalmente, me da la sensación clara que en alguna parte de toda esta historia, es como que nos perdimos. Y elijo decir nos perdimos porque insisto en hablar en forma corporal. Pero sé que debería haber dicho: se perdieron. Y no sé con certeza quiénes fueron los que se perdieron y cuáles fueron las causas o los motivos que determinaron que eso les ocurriera.

 Pero, lo cierto es que seríamos más que hipócritas si cerráramos nuestros ojos a esa realidad y prefiriéramos no hablar del tema. Cuando una planta tiene espinas, lo mejor es tomarla del tallo, aún a riesgo de lastimarse. Quiero decir algo que quizás luego, y por imperio de las tradiciones y las costumbres, puede quedar en el olvido, pero que no por ello deja de ser cierto: todos los ministerios son importantes. Todos. Por esa causa estoy convencido que en Dios, es imposible salir a decir que un ministerio es más importante que otro. No acepto eso. No me importa lo que se use, la costumbre ni la tradición, no lo acepto.

Obviamente que, por no aceptarlo es que estoy aquí entregándote esto, y no acompañando al pastor a tomar el té con la hermana Luisa que cumple noventa años. Porque, de hecho, decir que un ministerio es superior a otro, al margen de no decir lo mismo que Dios ha dicho, nos empieza a armar una especie de categorización en la cabeza. Y lo peor es que eso no se va a quedar ahí, sino que a partir de esa categorización, por lógica consecuencia, dentro de la iglesia, se le va a dar mayor importancia a unas personas que a otras. Y allí exactamente es en donde entramos en directa colisión con el pensamiento de Dios.

 Por consiguiente, me pregunto qué hacemos con tanta gente que cuando llega un apóstol, por ejemplo, tira su casa por la ventana para atenderlo a cuerpo de rey, mientras que si el que llega es un evangelista o un maestro, la atención y la dedicación indefectiblemente no será la misma. ¿Podemos juzgar o evaluar a alguien conforme al ministerio que ejerce? Para mi gusto, no; no podemos. Lo que no significa que no se esté haciendo y en gran cantidad. Claro está que, por todo lo aprendido y del modo en que lo hemos aprendido, es muy probable que a lo largo de una enseñanza extensa, yo mismo y sin proponérmelo, desde luego, transmita esa idea de que un ministerio es más importante que otro.

 No me lo creas si así te llega, simplemente porque no es así. ¿Y sabes por qué no es así? Respuesta simple: Porque Dios mismo dijo que no era así. Y no hay nadie por encima de Dios para decir otra cosa y que esa otra cosa sea válida. Hay una sola excepción y la muestra Pablo, cuando en un determinado pasaje que luego veremos, él de alguna manera cita algunos ministerios, colocándolos en un orden que podría presumirse como de categorización. Cuidado; no está explicitado que así sea, dije que podría presumirse, nada más. De todos modos, vamos a ser buenos con nosotros mismos y vamos a suponer que fue así. Esa fue la única. Después no hay otra cosa en la Biblia que nos permita pensar en categorías o jerarquías. Estos cinco ministerios, los que llamamos ministerios del Hijo, están en muchos lugares, pero decimos que son del Hijo por un pasaje que está en la carta a los Efesios.

(Efesios 4: 7) = Pero a cada uno (Repítelo conmigo: a cada uno. Y eso te incluye también a ti, ¿Amén? A cada uno) de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. 

Esto es muy profundo. Deberíamos leer varias versiones para ajustarnos. Está hablando de la gracia y aquí hay toda una dinámica girando para que algunos teólogos digan que aquí se está hablando de las gracias, que son los ministerios, mientras que otros dicen que no, que está hablando de la gracia de la salvación. Otros se inclinan a que es una acción de Dios, que es dador, en fin; es mucho más profundo esto que lo que se ve entre líneas, Y fíjate que aparece dos veces la palabra gracia, porque primero dice que a cada uno de nosotros se nos dio la gracia, y luego habla del don de Cristo, que también es gracia. Porque don es regalo. Y presta atención porque un solo versículo ya nos obliga a sumergirnos más profundo, aunque todavía queden unos cuantos que se resisten a creer que el evangelio es más profundo que lo elemental que conocen.

(58) – Cambios en Su Naturaleza

(8) Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, (¿Quién subió a lo alto? Jesús.) llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres. (Y luego Pablo dice algo que si fuéramos a escribirlo nosotros, hoy, seguramente lo encerraríamos entre paréntesis) (9) Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? (Jesús desciende a las partes más bajas de la tierra, a sus profundidades, cuando él muere.)  (10) El que descendió, (Otra vez, Jesús), es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo. 

¿Cuándo hizo eso? En el libro de los Hechos, capítulo 1, vemos que él ascendió. Estuvo cuarenta días con sus discípulos, después de resucitado, y luego ascendió. Y dice que el que descendió, es el mismo que ascendió. Y esto es interesante, porque a mí y a muchos más nos parece que no es el mismo, porque el que descendió, fue un hombre que pasa por el proceso de la muerte, pero que el que asciende, es alguien que ya no puede morir. Quiero decir que el que desciende, es alguien que no tiene toda la medida de gloria que tiene Dios. Jesús mismo dijo, cuando está orando esa noche en el huerto, glorifícame, con la gloria que tuve antes de la fundación del mundo contigo, Padre.

 Entonces, el que desciende, en realidad no es el mismo que asciende, porque cuando asciende, él recupera mucha de la gloria que él se había despojado. Por ahí está el pasaje que dice que Jesús se despojó a sí mismo haciéndose hombre, haciéndose siervo, siendo obediente hasta la muerte. Entonces, déjame decirte que no entiendo lo que Pablo me está diciendo aquí. Yo me inclino por pensar que él está diciendo de una forma muy general que es el mismo, porque a todas luces salta ¡Que no es el mismo! Ha habido un tremendo y dramático cambio de naturaleza en Él.

Tú eres libre de pensar y creer como sientas de hacerlo, pero yo particularmente, creo que hay un gran cambio entre el Jesús que muere y el Jesús que resucita. Pero Pablo aquí dice que es el mismo, así que yo creo que no está queriendo hablar de su naturaleza, sino de que es el que conocimos, que no es otra persona en identidad humana. Es como decir que es el mismo que vimos, que el que resucitó no es un fantasma. Yo me quedo con algunas preguntas guardadas. Cuando Juan está en Patmos, él escucha al Señor, se da la vuelta y lo mira, y ¡Zácate! Cae al piso.

Y dice que cae como muerto. ¿Por qué? Porque él pensaba encontrar al hombre menudo, moreno, que había sido su amigo, pero es sólo verlo y caer como muerto. Entonces, reitero, no sé hasta qué punto podemos decir que es el mismo. El que descendió, dice que es el mismo que también subió por encima de todos los cielos. ¿De todos los cielos? Sí. Eso significa que hay varios cielos, ¿Verdad? Es evidente que sí. Y dice que lo hizo para poder llenarlo todo.

(11) Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,  (12) a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, 

Aquí me quedo. A fin de perfeccionar, dice aquí, aunque en realidad la traducción viene de una palabra que se ajustaría mucho más a madurar o capacitar que a perfeccionar, sobre todo como se usa el término perfección en occidente. Los cinco ministerios que aquí aparecen, se llaman Los Ministerios de la Ascensión, o Los Ministerios de Cristo. También se habla de ellos como de Los Dones Ministeriales. Todos estos nombres, son correctos.

Imagínate por qué se llaman Los Dones de la Ascensión. Porque vienen cuando Cristo asciende. Pero también se llaman Los Dones de Cristo, ¿Por qué? Vas a darte cuenta, si eres capaz de hacer un estudio minucioso entre los dones, los ministerios y las operaciones, que el Espíritu Santo puede hacer que una persona enseñe. Pero no hace que una persona sea maestra. O sea que así como podemos encontrar el don de enseñanza, también podemos hallar el ministerio de la enseñanza. 

(59) Dones, Ministerios, Operaciones

El don de enseñanza viene del Espíritu Santo, el ministerio de enseñanza viene de Cristo. Si ustedes examinan las diferencias entre los dones, los ministerios y las operaciones, eso aparece en Corintios, Efesios, Romanos, se van a dar cuenta que allí está el don de enseñar. El don de enseñar o el don de profetizar, que también está. Dice que a unos fue dado el don de enseñar, y a otros el de profetizar. Eso significa que el Espíritu Santo puede hacer que una persona enseñe o una persona profetice. Pero no los hace ministros. Hay una diferencia entre el don de enseñar y el ser maestro. Hay una diferencia entre el don de profetizar y ser profeta.

¿Cuál es la diferencia? El don viene del Espíritu Santo, el ministerio viene de Cristo. Claro, lo que a primera vista de lo que se lee en el verso 8, y no termina de entenderse, es la razón por la cual Jesús tuvo que descender, y que como consecuencia de eso, o a continuación de eso, él pueda liberar, pueda soltar los ministerios. La gran duda es si una cosa tenía que ver con la otra. La primera impresión de algunos fue de causa y efecto, o sea, que él tuvo que bajar para que luego se soltaran los ministerios, pero había otros que sostenían que los ministerios ya estaban presentes antes de esto.

Desde el punto de vista técnico, mediante el cual hasta podríamos decir que Moisés fue un apóstol porque fue enviado, equipado y cumplió una tarea apostólica, o mediante el cual, asimismo, podríamos llamar a David profeta, catalogación que encajaría perfectamente. Pero si nos circunscribimos al Nuevo Testamento por una simple finalidad de estudio, resultaría que el Señor, podríamos hablar de que establece los ministerios, sólo a partir de Hechos 2. Y de que, antes de eso, lo que se ve es una acción del Espíritu Santo que está en él, obrando a través de la fe de la gente.

 Entonces, cuando los discípulos, por ejemplo, van a sanar o a liberar, cuando Jesús los comisiona, técnicamente es la gracia de Cristo, es Cristo obrando en ellos, no son ellos. Por eso se entendería cuando Jesús les dice que tienen que ser revestidos. Todavía no estaban revestidos. Jesús se iba a ir, y cuando se fuera, se iba a llevar lo que obraba en los discípulos. Para explicar esto con más detalle, podría dar un ejemplo más gráfico. Cuando la iglesia donde tú te congregas, invitó a un evangelista de gran prestigio y unción, lo más seguro es que cuando su visita concluya, más de la mitad de la iglesia se imagine y sueñe con ser evangelista.

¿Por qué? Porque el que tiene el ministerio, suelta fe ministerial para ese ministerio. Es algo así como derramar de su unción de manera tal que la gente que es cubierta con ese manto, se siente motivada. Claro está que, cuando ese hombre ungido como evangelista se va, cuando termina su trabajo y retorna a su lugar de residencia, ese simbólico y no tan simbólico manto de su unción, se va con él. No lo deja en la iglesia que visitó, se lo lleva. ¿Y qué crees que pasa? Que esa motivación evangelística que tantos hermanos demostraron tener, comienza a mermar, a mermar y a mermar, hasta pasado un determinado tiempo, extinguirse de ese lugar como si nunca hubiera estado.

 ¿Y sabes cuales quedan? Los tres o cuatro que, como ya los líderes locales sabían, tenían una motivación evangelística interna, no incentivada por terceros. Porque el don, es a eso a lo que me estaba refiriendo, es como una especie de prótesis que funciona solamente un tiempo. Por eso dice que el Espíritu Santo da como quiere, que en este caso puntual es como decir que lo da por un momento muy breve. Lo mismo pasaría si en lugar de ser un evangelista, como el ejemplo citado, el que viene a predicar es un profeta de oficio. Cuando se va el profeta, media iglesia anda dando palabra a la otra media.

 Es una especie de empatía ministerial divina por unción. Y pasa con los cinco ministerios. Lo sé, porque la mayoría de los que acompañan este ministerio, quieren ser maestros. ¡Gloria a Dios por ellos! Pero, no todos lo serán. Quizás algunos, los que sean enviados. Ahora bien: la acción permanente del ministerio, sólo se da a partir de Hechos 2. Inclusive, cuando hablamos del Antiguo Testamento, van a darse cuenta que hay un fenómeno bien interesante en todos los profetas del Antiguo Testamento. En casi todos sus libros, (Jeremías, Isaías, etc.) empiezan diciendo algo así como: Y vino sobre mí palabra de Jehová, y me dijo: di a mi pueblo.

Terminaba la palabra del Señor, ¿Y qué crees que pasaba? La palabra del Señor se iba. Entonces, si somos técnicamente correctos, ni siquiera nos animaríamos a llamar profetas a los profetas del Antiguo Testamento, porque no profetizaban todo el tiempo, porque no había un ejercicio absoluto del ministerio, sino más que era una acción del Espíritu Santo de Dios, que obraba en un intervalo de tiempo y que luego se iba. ¿Pero, está seguro de eso, hermano? No; por eso dije que esto es si estamos “técnicamente” correctos. Sólo un problema: esto no es técnico, es espiritual.

(60) Un Derramamiento Global

Por eso es que Hechos 2, tiene dos características: es el inicio de nuestra historia. El Espíritu Santo entre nosotros. Y por consiguiente y como consecuencia de esto, es la finalización de todo el tiempo de espera. Todos los profetas del Antiguo Pacto, en algún momento de su ministerio, dijeron esto: en los postreros días. ¿Lo vieron, no? Muy bien, ahora: ¿Sabes cuándo empiezan los postreros días? Justamente, en Hechos 2.  Por ejemplo, Joel dijo: en los postreros días, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne. ¿Y cuándo pasó eso? En Hechos 2. Hechos 2, entonces, nos guste o no, coincida con la doctrina de nuestra denominación o no, es nuestro epicentro espiritual, para marcar los tiempos del antes y el después.

 Y por una finalidad absolutamente pedagógica y técnica, podemos analizar a los cinco ministerios, precisamente a partir de Hechos 2. De otro modo, por mejor buena voluntad que tengamos, se vuelve complicado. Cuando dice que Jesús descendió y luego ascendió y dio dones, la explicación que encuentro, es una explicación muy polémica, muy compleja. Ciertamente, algo había que hacer en las regiones bajas de la tierra, por lo cual Jesús tuvo que ir. Sabemos que él descendió, en las cartas de Pedro dice que él les fue a predicar a los espíritus que habían sido encarcelados.

 También sabemos que él, como hombre, de alguna manera tenía que morir, y como todo hombre estaba vendido al pecado, tenía que descender hasta lo más profundo. La explicación hasta la que llegamos, tratando de armar una especie de criterio de comprensión de este pasaje, nos llevó a revisar todo el proceso de formación y de creación que hubo en la tierra. Por eso es que no es sencillo. Y esta fue una conclusión al respecto. No la única, quizás, sí la que veremos aquí. Obvio que si de esto Hollywood te hiciera una película, seguramente te la llena de monstruos. ¿Y sabes qué? A lo mejor no andaría tan alejado de lo que debe haber sido la realidad…

Cuando hubo la caída de Lucero con sus ángeles, esto es, cuando cae la tercera parte de los ángeles a la tierra, ellos roban los ministerios y se los llevan como un trofeo. Entonces no había manera de poder establecer de manera permanente en los hombres, ese ministerio. Ahí empiezan a armonizar muchas cosas, porque en el Antiguo Testamento no tenemos ministros en el sentido absoluto, esto es, gente que funcione en el ministerio las veinticuatro horas. No hay. ¿No sería extraño que Lucero haya hecho eso con los ángeles? No, de ninguna manera es extraño.

Él es ladrón, porque la palabra lo llama ladrón, y sabemos que los que cayeron, no fueron pocos. Ahora bien; ¿Qué pretendía Satanás? Hay un tema interesante que es necesario compartir, independientemente de lo que produzca en quien lee o escucha. Suponte que un ministerio, es un manto. ¿Sabes lo que es un manto, verdad? Bueno; el ministerio es un manto, y todo el que es envuelto por ese manto, está capacitado para desarrollar ese ministerio. Esto significa que si el manto es un manto profético, aquel que esté envuelto por ese manto, puede funcionar como profeta competente.

Ahora resulta ser que estos mantos, estaban sobre los ángeles antes de caer. Lucero tenía algunos de estos mantos, porque si no, no podía ejercer. Entonces vemos a Lucero, y hay muchas características de él escritas en Jeremías, en Isaías, en Zacarías, muchas, Jesús mismo habló mucho. Y todos esos mantos lo acreditaban para desarrollar todas esas características. Por ejemplo, a Lucero se le llama El Querubín Protector, que significa después de todos los dilemas de traducción, algo así como alguien que envuelve desde arriba. Claro está que hasta el día de hoy, nadie sabe a quién estaba protegiendo Lucero.

Porque no sé si entendiste que estamos hablando de un momento en que el hombre todavía no había aparecido en el gran escenario. ¿A quién cubría? Se ha revisado con mucho cuidado, incluso examinando puntillosamente la traducción o las traducciones, para ver si no nos llevaron a algún error, porque yo y muchos más hemos aprendido que nada de lo que está escrito en la Biblia está aleatoriamente o porque sí. Todo lo escrito tiene un significado y tiene que ver con algo que Dios considera importante que nosotros sepamos. ¡Tiene que haber una razón! Entonces Lucero se rebela, los ángeles se rebelan, y ellos no sueltan el manto.

Literalmente, ellos se bajan con esos mantos de la presencia de Dios. Y se los llevan al depósito donde están. Entonces, si Dios quería trabajar con el hombre o con la mujer, pero no había ese manto, lo único que le tocaba era darle temporalmente una habilidad para poder ministrar. Porque no había un derecho para que esa persona pudiera retener esa investidura. Había sido descalificada por el pecado. Entonces Jesús hace algo muy sencillo, baja a lo profundo, retira ese manto y se lo coloca a la iglesia. Y la iglesia, entonces, automáticamente, puede ejercer todos los dones, todas las funciones, que aún los ángeles podían hacer antes.

No me digas nada; ¡De esto seguramente nadie te había hablado en tu vida! No te preocupes ni te deprimas; a mi tampoco. Por eso no nos puede parecer raro que Felipe esté en un lugar y de pronto aparezca en otro. El que hace a sus ministros llama de fuego, dice la palabra. Entonces, Jesús tiene que venir a resolver algo en el hombre, para que él pueda sostener de manera permanente el ministerio del manto. Como el problema para que no haya esa permanencia era el pecado, ¿Qué hace Jesús? Resuelve el problema del pecado.

Entonces allí es donde el hombre queda acreditado de poder sostener el ministerio de manera indefinida. Por eso dice que los dones son irrevocables. Pero, claro; el Señor no te va a retirar del ministerio, pero sí te va a retirar la autoridad si no lo ejercitas tal como es su diseño y eliges hacerlo para con el tuyo. Porque eso sigue siendo pecado, y el pecado siempre va a anular sino las bendiciones, al menos sí los frutos de esas bendiciones. Pero, reitero algo que es muy importante:

los dones siguen siendo irrevocables, de eso nadie tuvo, tiene ni tendrá dudas. Sin embargo, algo que hay que añadir aquí para que no quede descolgado de información. Los dones siguen siendo irrevocables, pero la autoridad sí que es revocable. Lo único que se puede asegurar, entonces, es que Pablo no está jugando de ninguna manera con términos raros. Él está describiendo algo muy poderoso. Cuando dice que ascendiendo llevó cautiva la cautividad, ahí habla de la muerte. 

(61) – Un Examen Polémico

Y esto es de comprensión a cada momento, porque en  el versículo 7, si tú recuerdas, decía a cada uno, ¿Verdad? A cada uno se le ha concedido la gracia. O sea: todos tenemos la gracia, ¿De acuerdo? Y si te quedaste en silencio cuando te pregunté si estabas de acuerdo, no te preocupes, tú también la tienes. Pero mira lo que dice de los ministerios. Y los dio a algunos. Escúchame, ¿Ya no es a cada uno, entonces? No. Cuando habla de los ministerios, ya no es a cada uno, es a algunos. A unos, (Que es como decir a algunos) constituyó apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros.

Reitero, esto ya no es a cada uno, es a unos, o a algunos. Entonces ya no es posible que todos sean apóstoles, tal como parecería ser la onda, ¿No crees? Lo dice Pablo y yo lo creo. No todos pueden ser profetas, ni evangelistas, ni pastores, ni maestros. Unos y otros. Algunos. Este pasaje que termino de leer, es el corazón de lo que generalmente llamamos Los Cinco Ministerios, mientras que algunos lo denominan como El Ministerio Quíntuple. Primero, porque es uno de los pocos pasajes en donde aparecen mencionados los cinco. Segundo, porque está expresado el origen y la función de los mismos, porque luego dice: A fin de.

¿Se vuelven a mencionar estos ministerios en otros lugares? Sí, pero no exactamente los mismos. Y se los menciona como que la gente ya los entendía. Por lo tanto, este capítulo 4, podríamos considerarlo como el más magisterial, o más claro, respecto al tema de los ministerios. ¿Está claro hasta aquí? Muy bien, entonces empecemos a ver el primero de los ministerios a examinar, el Ministerio Pastoral. Resulta que en el Nuevo Testamento, no hay una sola persona a la que se le llame pastor. Ni una sola. Estoy hablando, obviamente, del Libro de los Hechos, para adelante.

Recuerda que dijimos que encarábamos esto desde Hechos 2 hacia adelante. ¿Y por qué no hacerlo desde los evangelios? Simple: porque Jesús no habló tanto de la iglesia en los evangelios; habló del Reino. Pero sí la historia de la iglesia, abierta y expresamente dedicada, aparece a partir de Hechos 2. Entonces, cuando digo que no aparece ni una sola vez alguien al que se le llame pastor en el Nuevo Testamento, estoy hablando desde Hechos 2 en adelante, y hasta Apocalipsis. Sin embargo, sí por lo menos a veinte personas se las llama apóstoles, a unas cuatro o cinco personas se las llama profetas, a una sola persona se la llama evangelista, Felipe.

Y este versículo, el versículo 11, viene a ser el único en el que se menciona al ministerio del pastor como ministerio. Y claro, esto nos lleva a una pregunta importante: ¿Cómo pudo, este ministerio, mencionado una sola vez y sin definiciones, sin un solo ejemplo en el Nuevo Testamento, llegar a ser el ministerio dominante en la iglesia? ¿Cómo sucedió? Y a esta altura tengo que aclarar, por si hiciera falta, que de ninguna manera estamos atacando al ministerio pastoral. Soy muy respetuoso de cómo están las cosas y no pienso armar ninguna revolución ni golpe de estado en contra de eso.

Pero alguien tiene que enseñar esto tal como es y sin eufemismos ni oscurantismos dudosos. La pregunta sigue siendo la misma: ¿Por qué pasó eso? Porque se creó un sistema religioso con el argumento de adorar mejor a Dios, y se terminó adorando al sistema, ¿Está claro? Y no sólo eso, porque todavía hay más situaciones. El ejemplo más claro de pastor que tenemos, me lleva a tener que recorrer nuestra línea de estudio, Hechos 2, y poder ver a Jesús como pastor. Sólo allí podríamos tener cierto material para enseñar algo sobre el ministerio pastoral. Porque Jesús, a sí mismo se denomina como El Buen Pastor.

O sea que lo que quiero decirte, es que nadie podría enseñarte demasiado respeto al ministerio pastoral, si no se hace uso de los evangelios. Además, siempre queda la posibilidad de que si Jesús se auto-denomina a sí mismo como El Buen Pastor, es porque por fuera de él, no habrá demasiados que sean buenos, ¿No te parece? Obviamente, de Hechos para adelante, no hay herramientas. Ahora bien; para distendernos un poco, vamos a partir de una deducción. Nadie está muy seguro que sea la mejor, pero equivocada, aparentemente, no está. Creo que tiene coherencia.

Es muy posible que lo que en este tiempo conocemos sobre el ministerio pastoral, se pueda asociar con el trabajo que hacían los ancianos en la iglesia. Entonces, como no tenemos mucha tela para cortar del ministerio pastoral, esa tela en parte aparece, cuando se habla de los ancianos. ¿Pero es posible verlo así? Yo creo que sí, que es posible, porque si existiera como tal el ministerio pastoral, él tendría que ser parte del equipo de ancianos. Entonces, lo que los ancianos están facultados de hacer, también lo podría hacer el pastor. ¿Entonces estaría más correcta esa denominación que titula a sus líderes como ancianos, en lugar de hacerlo como pastores? Sí y no, porque en la vía de los hechos concretos, supongo que se comportan del mismo modo. Y lo discutible y polémico, aquí, es el comportamiento, no el título.

(62) – Los Fundamentos del Amor

La palabra pastor, viene de la palabra griega, en el Nuevo Testamento, que es poimen. ¿Qué significa? Uno que apacienta, que protege, que cuida, que atiende, que alimenta a un rebaño de ovejas. Un pastor es el que está al frente de un rebaño de ovejas, pero que las deja en libertad cuando retornan al redil. Te recuerdo: un rebaño es un grupo de ovejas en libertad de movimientos, buscando los mejores pastos. Un redil es un corral, una especie de prisión en donde la oveja está obligada y destinada a pasar la noche. El tema de mayor importancia para la iglesia, entonces, es conocer si la calificación de ovejas que se les otorga a los cristianos, tiene que ver con un rebaño más o menos libre, o con un redil acotado y estrecho.

Con relación al ministerio pastoral tal como lo conocemos, aunque difiera de su estructura inicial que se comparte en el pasaje de Efesios 4:11, su característica principal independientemente de la cualidad o calidad del hombre que lo ejerza, es su capacidad de renuncia. En una palabra: un pastor que desee cumplimentar su ministerio de la manera más aproximada a cómo fuera ideado y creado desde el cielo, deberá estar preparado para renunciar a casi todo ¿Motivos? El amor a las ovejas. Dice la Biblia que el pastor da su vida por las ovejas. Y cuidado, no dice sus ovejas, dice Las ovejas, lo que significa que un pastor generalmente está apacentando ovejas de otra persona.

Es más, como profesión literal, el pastor casi en su gran mayoría cuidaba ovejas que pertenecían a otra persona. El dueño de las ovejas las dejaba a su cargo, pero no eran suyas. No es posible y no se puede aceptar, por ejemplo, a un pastor que no tenga espíritu de renuncia. No es parte del manto de la unción ministerial. La especialidad del ministerio pastoral, es el entendimiento del alma. Entiende profundamente el alma del hombre, o de la mujer, es indistinto. Porque también lo hace con los niños y los ancianos. ¿Por qué? Porque él tiene la capacidad de sanarlos, de aconsejarlos, de guiarlos, y no puedes hacer eso si no eres un graduado en el entendimiento del alma.

 De hecho, la gente llega a la iglesia como almas. No son seres espirituales funcionales, son almas. Sienten, pueden, no pueden, quieren, piensan, recuerdan, en suma: ¡Todo es alma! Cuando comparemos esto con el ministerio profético, van a comprobar por qué son dos idiomas completamente distintos. Porque el profeta no trabaja en el alma, sino en el plano del espíritu. Por eso es que nunca se entienden. La especialidad que tiene este ministro, entonces, es el profundo conocimiento del alma humana. Eso le permite a él cocinar el alimento necesario para trabajar con el alma.

 Entonces, cuando escuchamos a un pastor predicar, pero a un pastor, pastor, predicar, no podemos esperar grandes revelaciones en el espíritu, pero siempre la gente va a salir con su alma confortada, animados, desafiados, queriendo perdonar, queriendo resolver su vida, queriendo enfrentar su vida con nuevas fuerzas, porque es un mensaje que siempre va a ser un bálsamo, para que sus almas puedan ser usadas por Dios. Esa es la idea del ministerio pastoral. Y ese es el motivo mayor por el que, en estos tiempos, las iglesias en su inmensa mayoría, son ministradoras de almas, y de allí no pasan.

¿Y el espíritu? Bien, gracias; pero huérfano de sustento. ¿Motivos? El error por ignorancia o ambición humana: suponer que un ministerio puede ejercer autoridad sobre los cuatro restantes. Eso no es bíblico ni es correcto. Los resultados están a la vista. Y no son peores porque Dios es bueno. Si hay un rasgo lineal que de alguna manera domina este ministerio, es el del espíritu de consejo. Por eso suena como algo absurdo que se reúnan pastores en un seminario sobre consejería. ¿Cómo enseñarán ciertos pastores a otros pastores algo que naturalmente ya tendría que estar en su genética ministerial?

Hay muchos pastores que sostienen que si uno de ellos necesita asistir a un curso para saber cómo aconsejar, genéticamente, no es pastor. Porque dicen que es una acción del espíritu. Si ustedes leen en el libro de Isaías, cuando se habla de Jesús, dice espíritu de consejo. ¿Recuerdas respecto a los siete espíritus de Dios? El espíritu de consejo, es uno de los espíritus de Dios. Sin embargo, esto también debe ser tomado con sumo cuidado y hasta con delicadas pinzas, porque no vemos en todo el transcurso de los evangelios, a Jesús haciendo consejería.

Siempre lo vemos dando palabra, pero no consejos personales. Nadie, entonces, podría conseguir con un título lo que no le ha dado el Espíritu. Y a eso lo saben muy bien aquellos que, con sólo mirar a los ojos a alguien, tienen más que en claro lo que deben decirle, les agrade a ellos o no. Sabiendo, obviamente, que lo que se les está diciendo es la absoluta verdad y que, si realmente desean solucionar sus cosas, tendrán que obedecer. Porque lo que sale de esa boca no es una recomendación conforme a una sabiduría humana, sino un viento fresco de un espíritu de consejo.

De todos modos, se ha sobre-enfatizado tanto esta característica, que se ha pasado de largo en cuanto a las permisividades. ¿Puede un pastor aconsejar respecto a una decisión personal o de familia de una persona? Si recibe palabra de Dios clara y contundente, sí que puede. ¿Debe un pastor recomendar a un joven o a una jovencita, con cuál de los hermanos o hermanas de la iglesia puede ponerse de novio? ¡Ni por asomo! Eso no es consejería, puede llegar a ser manipulación. Consciente o inconsciente, da lo mismo para el fondo del tema. He visto horrores por esto.

(63) – Una Cuestión de Gobiernos

Hay una confusión en los últimos tiempos respecto al significado del verdadero consejo divino. No se trata de alguien que le dice a alguien lo que entiende que debe hacer para solucionar su problema, pero que después le deja en libertad para que lo decida por sí mismo y haga lo que mejor le parece. No, ese no es el consejo del cual se está hablando aquí. El consejo divino es decirle a alguien que si quiere vivir, tiene que caminar por la derecha, que si se inclina a la izquierda no vivirá. Y punto. ¿Le quedará a esa persona alguna duda que ese consejo vino del cielo? ¿Pero a eso no está en condiciones de hacerlo un profeta, también?

Sí, pero no por un espíritu de consejo, sino por un espíritu de revelación. ¿Y cuál es la diferencia entre un espíritu de consejo y uno de revelación? Que uno viene al alma, y el otro va al espíritu. Pero el espíritu no necesita consejo, necesita revelación. Pero el alma sí necesita consejo. Porque, el espíritu es plenamente obediente, mientras que el alma te lo cuestiona todo. Y eso, fíjate, fue lo que hizo el pecado; le quitó al alma la capacidad de gobernar. Convirtió a alguien en un muñeco maleable. Entonces hoy tienes a una persona adulta que no puede dejar de ver pornografía, o concurrir a prostíbulos, o beber alcohol hasta la borrachera, o consumir drogas.

Eso es lo más patético que hay. ¿Por qué? Porque se está viendo con claridad como el pecado manipula la vida de una persona que ni siquiera está en condiciones de controlar sus esfínteres. ¿Y cuál sería la función correcta del espíritu de consejo? Insinuarle al alma cuál es la dirección correcta para que vuelva a recuperar el gobierno de sí misma. En cambio la revelación, no; eso es otra cosa. Sabes que tienes que modificar algo, pero ni siquiera sabes la razón. Fuera del alma no hay razón. Lo que trabaja el espíritu de consejo es, justamente, la autonomía que el alma debe tener para funcionar bien. Lo que trabaja el espíritu de revelación, es la fe.

¿Notan la diferencia, verdad? Para que tengas una idea respecto a lo que es el espíritu de consejo, es lo que tienen las madres respecto a las personas que conocen sus hijos. Ahora bien; el don más eficiente que tiene el ministerio del pastor, es la palabra de reconciliación. El verdadero ministerio pastoral, genuino, llega a ser obsesivo con que la gente se reconcilie. Se reconcilie con Dios, se reconcilie con su familia, se reconcilie con su pasado, se reconcilie con sus hijos. En la comparación que venimos haciendo con el ministerio profético, éste te dirá que tienes que cortar con eso y a otra cosa.

 ¡Oye! ¡Si tu mamá no saca de ese altar a esa virgen, tú no le pises la casa hasta que no lo haga! Eso dirá un profeta, pero el pastor seguramente procurará conciliar. Y qué tremendo resulta ver cómo, cuándo por cualquier causa, justificada o no, dos pastores se pelean, están atacando de manera directa el don especial que tiene el otro. Lo voy a decir así: cuando un pastor le retira el saludo a otro pastor, él mismo se está produciendo un daño importante y terrible, porque está perdiendo autoridad sobre el don de la reconciliación. ¿Sabes cuántos pastores están enemistados entre sí, por causas que no tienen nada de espiritual?

 Dicha sea la verdad con todas sus letras. No sé cuántos de ustedes saben de dos profetas que estén enemistados o sencillamente peleados entre sí, yo no conozco a ninguno. Pero sí sé, y supongo que algunos de ustedes también sabrán, de pastores que están tremendamente enemistados y peleados al punto de no soportarse en nada. Y es lo mismo para los demás ministerios. Sólo los pastores. ¿No es llamativo? ¿No parece el resultado de una bonita estrategia satánica? Quédate tranquilo, lo es. Porque no resulta demasiado complicado darse cuenta que el diablo ataca aquello que es, precisamente, lo que le da cierta fuerza al ministerio pastoral, que es su capacidad de ser reconciliador.

Cuando se organiza un trabajo evangelístico, por ejemplo, y cada iglesia envía evangelistas para armar un equipo de trabajo conjunto, no hay problemas, pero cuando la visita de un ministro importante reclama la unidad en equipo de los pastores, ¡Ahí sí que hay problemas y muchos! Y allí es donde cada pastor, como quiera que haya sido erigido, tiene que tener muy presente esto. Cada disputa que tiene un pastor y que no puede reconciliarla, le hace perder un trozo de la tela de ese manto de unción del cual hablábamos anteriormente. ¿Usted me quiere decir que cada vez que se pelea con alguien, un pastor pierde un pedazo de su unción ministerial?

No te lo quiero decir, ¡Te lo estoy diciendo como verdad plena! ¿Y cuál sería el recurso recurrente? ¿A qué se estaría volviendo de manera automática, para cargar sus baterías? El recurso que más utiliza el pastor, es la sanidad. Por eso no es extraño que, cuando Jesús habló del buen pastor, y de la oveja que se va, siempre está asociado a ir y sanar. La toma en sus brazos y la sana. Y fíjate que, de las parábolas que Jesús relata, hay varias que tienen que ver con sanidad. ¿Un ejemplo? La del samaritano. Está hablando como pastor, justamente. Pero, reitero para que no se te olvide. Estoy hablando del pastor bíblico, no del que vemos a diario. A veces coinciden entre sí, a veces, no. La cuenta que te mostrará el estado real de la iglesia, es la que te dirá cuántos de un lado y cuántos del otro hay.

(64) – No a La Unipersonalidad

Y tiene directa coincidencia y relación, este recurso recurrente, con el don principal. Porque si mi don es la reconciliación, para que haya reconciliación, constantemente estoy sanando de algo, a alguien o a algo.  Ahora, claro; cuando se empieza a entender esto, es cuando nos empezamos a preguntar cómo es que se puede aceptar un ministerio pastoral sin sanidad. Entonces tú vas a ver una congregación, y vas a ver ovejas todas heridas, sin capacidad para sanarse a sí mismas, y que tampoco tienen la capacidad de sanar a otros. ¿Es una iglesia pastoral? Ni por asomo.

 Y eso te lleva a otra conclusión no menos triste: la gran mayoría no son ni siquiera iglesias pastorales. Ni siquiera llegaron a ser pastorales en todo el sentido de la palabra. Y en muchos casos, (Y esto es más triste, todavía), la causa radica en que los pastores de esas congregaciones, ni siquiera son pastores levantados por el Señor como tales. En el mejor de los casos, buenos hermanos con buenas intenciones. No le hace, no alcanza con eso. Aunque la junta de las re contra juntas reunidas de viejos cabezones de la denominación, jure y perjure que sí. Hay en algunos lugares, pequeños modelos de iglesias pastorales.

En grandes naciones, por ejemplo. Y si nos apartamos de las motivaciones centrales de sus formas de trabajo, podemos extraer algo que resulte positivo. Entra una persona destruida a esa clase de congregaciones, y le realizan un trabajo tan personalizado y un seguimiento tan estricto, que al tiempo sale de allí un evangelista con todas las de la ley. Claro está que no van mucho más allá de convertir en un ser destruido en un evangelista, porque financieramente eso es lo que les interesa, pero aquí es donde podemos disimular esto para rescatar lo anterior: ¡Salvaron a una persona de autodestruirse! ¿Será poca cosa, eso? No, no lo es.

 Sin embargo, yo he aprendido en esto a tener muy en cuenta la motivación o las motivaciones que impulsan las acciones. Porque eso es lo que Dios observa con mayor atención, no el supuesto «éxito” social o religioso del intento. ¡Excelente lo que haces! Y ahí sale Dios y te dice: “Para mí está muy lejos de ser excelente, porque él lo hace por conveniencias propias y no por amor”. Listo. Se acabó la discusión. Como siempre, Dios tiene razón. ¿Qué significa esto? Que si una iglesia está bajo la autoridad de un ministro pastor, pleno, genuino, esa iglesia de por sí ya logró su techo y es tremendamente efectiva.

 De hecho, no es eso lo que en mayoría se observa. Muy por el contrario, la mayor parte de las iglesias funcionan con ministros que también muestran poseer sus propios intereses personales, pero procuran llevarlos adelante sin perder su tiempo en cuidar o proteger de verdad a alguien. ¡Es muy pobre, eso! Lo que quiero significar con esto es que ni yo ni nadie que ame al evangelio, puede estar en desacuerdo con una congregación liderada por un pastor que solamente funciona con recursos e influencias pastorales. De acuerdo, no conocen nada más, ni pueden llegar mucho más lejos, pero en ese único ministerio que profesan, funcionan de manera excelente.

Y eso, créeme, en este tiempo, ya es algo para celebrar. Ahora bien; ¿Cuál es la carga que tiene por la iglesia el ministerio pastoral? La restauración. Esta, en grandes rasgos, es lo que podríamos denominar, imitando rotulaciones de otros hermanos, como la ficha técnica del ministerio pastoral. Claro está que se llega a la elaboración de esta ficha, después de un extenso análisis.  Comencemos por el principio más elemental de todos los que conocemos. ¿Qué es un pastor, realmente? Un pastor es alguien que cuida un rebaño. La palabra griega para pastor, ya lo dije antes, es poimen, cuya definición es pastor, alguien que cuida de los rebaños o de las manadas.

Pero, y mucho cuidado con esto, no me estoy refiriendo simplemente a alguien que les da de comer, sino que es alguien que las cuida, les saca los parásitos, las lleva a buenos pastos, les corta la lana, las atiende cuando se accidentan, las busca cuando se pierden, las ayuda a tener sus crías, las defiende de los depredadores. ¿Hace falta más? Todo eso está encerrado en la palabra pastor. Poimen. Que representa una función, jamás un título ni una jerarquía.

 No existe ese invento tan humano de auto-titularse como pastor y no contar con un rebaño para cuidar. Y cuidar, como dice aquí, es proteger. Pero proteger de verdad, no limitarse a decir: ¡Que Dios te acompañe, hermano! Y estos cuidados, que nosotros vemos tan naturales en el pastor, era más o menos lo que hacían los ancianos. Lo vemos así en el Libro de los Hechos, en la iglesia del Nuevo Testamento. Son algunos, no son todos, obviamente. ¿Entonces podemos decir que los ancianos cuidan y pastorean a las ovejas? Sí, claro que sí, es correcto. Dice en el Libro de los Hechos, capítulo 20. Pablo está hablando:

(Hechos 20: 28) = Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, (Hay una versión que aquí, dice pastores, en lugar de obispos. Confieso: no he visto yo a esa versión, se la he escuchado mencionar a otro ministro. Y no tengo por qué dudarlo. Si no fuera así o hubiera algún error, consciente o inconsciente, es asunto de ese ministro, no mío.) para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. (29) Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. (30) Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos. 

(65) – Los Verdaderos Guardianes

Pablo es el que está hablando, y está diciendo que se tenga un cuidado especial sobre todo el rebaño. Él dice que el Espíritu Santo los ha puesto como obispos. Y fíjate que esa recomendación gira en torno a la ficha técnica, en el cuidado. Pablo sabía que cuando él ya no esté presente, iban a aparecer otras personas que iban a querer destruir la iglesia.  Es impresionante cómo una persona, puede constituirse en un guardián del proceso de Dios. Lo que quiero mostrarte es que nadie pudo tocar la iglesia mientras tanto Pablo estuvo de pie. ¿Sabes cuándo comienzan los problemas plenos y graves en la iglesia?

Cuando el último apóstol, Juan, muere. Cuando Juan muere, se levantan muchas cosas. Ahí es donde te das cuenta de la cualidad y la calidad de ese manto que tenía Pablo. ¡Era tremendo! Para muchos, y me incluyo, Pablo fue el David del Nuevo Testamento. Es el que más lejos llega. Tú ya sabes que bajo el gobierno de David, es donde Israel logra su mayor extensión territorial, le pone límites a todos los enemigos, levanta un templo para el Señor, organiza toda la liturgia, organiza todo lo que eran las celebraciones, él hace que la gente venga a celebrar a Jerusalén tres veces al año.

 Tú no sé si sabes que en aquellos tiempos, ya había delincuencia notable. Y era mucha la gente que deseando venir a celebrar a Jerusalén, no podía hacerlo porque vivía retirado y hacer el viaje redundaba muchas veces en que algunos de los muchos ladrones que esperaban en los caminos les robaran todo. David creó un sistema de lo que hoy se llamaría seguridad ciudadana, y eso hizo que no sólo esa gente pudiera venir sin problemas, sino que incluso luego se permitiera el lujo de salir a pasear a cualquier hora y por cualquier lugar. Por eso digo que Pablo es como un David del Nuevo Testamento.

Edifica el templo, tenía un diseño muy claro del templo de Dios, y él era eso. De hecho, resulta muy poco posible referirse a un solo ministerio sin mencionar a otros. Sobre todo cuando aquel del que estamos hablando, bíblicamente no tiene demasiada base. Y sobre todo cuando ese ministerio que no tiene suficiente base bíblica, hoy es el que domina la iglesia. Las razones de esto, en realidad, no existen. Es como si en una puja de poderes, los pastores hubieran hecho más fuerza y mejor. No le hace, esto tiene que ver con el ámbito espiritual, no con el sistema eclesiástico o religioso. En estos últimos, el pastor tiene incidencia y trascendencia.

 En el otro, en el espiritual, sólo si ha sido llamado para ello, de otro modo, no existe. De hecho, ha llegado el tiempo donde los que son genuinos, deberán dar el paso que los falsos aún no han dado. Por eso te cuento que, una de las características de los ministerios apostólicos, de los que son apóstoles, es que son ellos los que sostienen la seguridad de una región. O sea: el diablo no puede tomar control de esa región en tanto esa persona esté allí. ¿De dónde sacamos eso? De que los apóstoles, en esencia, son territoriales. ¿Y si se diera el caso en que el diablo sí tome control de una región?

Hay que re-evaluar ese apóstol, su presencia no tiene la autoridad correcta. ¿Recuerdan uno de los títulos que sus guardias le otorgan a David? Le dicen: Rey, tú eres la lámpara de Dios. Eso le dijeron sus generales cuando casi lo matan en una guerra. Le pidieron que no fuera más a combatir, le dijeron que a él no le podía pasar nada porque…era la lámpara de Dios. ¡Qué tremendo! ¡Qué tremendo sería hoy, que la presencia de sólo un hombre, impidiera la labor satánica en una región! Esa es la mayor autoridad apostólica. Nada que ver con tener mil iglesias bajo tu cobertura.

La mayor autoridad es que el diablo no pueda tocar tu ciudad ni la región a la que has sido enviado. Enviado, apostellos. No es enviado a dónde le parezca mejor, es enviado donde Dios decide. ¡Así es como sí funciona!  Estoy de acuerdo en que en estos tiempos, y por imposición de intereses personales y sectoriales, cualquier líder de cierto predicamento ha sido erigido como apóstol, pero no menos cierto es que algunas denominaciones siguen enseñando que los apóstoles ya dejaron de ser y que hoy no tienen razón de existir. Allí es donde Satanás se ha levantado tranquilo y sin impedimentos para destruir todo lo que tenga color y olor a Dios.

¿Será que no es eso lo que ven tus ojos, habites donde habites en este tiempo? Ahora, antes de seguir con esto, reflexiona un momento y ponte en oración por tu país, sea cual fuere. ¿Lo has podido ver? ¿Sí? ¡Muy bien! ¡Ahora ya sabes cuántos apóstoles hay en tu patria! O no hay, depende… Aquí está hablando Pablo, y noten sus palabras. Dice: Sé que cuando me vaya, vendrán otros. Ahora; ¿A quiénes les pide que cuiden el rebaño? A los obispos, no a los apóstoles. Y no digo pastores como he oído enseñar, porque la mayor parte de las versiones confiables de la Biblia dicen “obispos”, mientras que “pastores” sólo una versión de la que alguien se tomó para defender ese ministerio conforme a como hoy se lleva adelante.

Lo lamento, sigue siendo indefendible. Lo cierto es que los apóstoles cuidan territorios, no rebaños. Y los obispos, ancianos o pastores, si tú quieres, cuidan rebaños, no territorios. ¿No es lo mismo? Aparentemente, no, aunque en el final los resultados de esa división de responsabilidades coincidan en una: porque quien cuida un territorio, finalmente está cuidando también un rebaño que habita ese territorio. A la inversa no es así, porque quien está cuidando un rebaño, de ninguna manera tendrá ni tiempo ni perspectiva para cuidar un territorio. 

(66) – Un Modelo Inexistente

Ahora, escucha esto: en el Nuevo Testamento, no vemos que se le llame pastor a ningún individuo. Parece obvio, que esto siempre tuvo que haber sido un trabajo en equipo, lo cual no significa que los ancianos y pastores deban poseer la misma autoridad ni liderazgo. De hecho, el patrón de liderazgo del Nuevo Testamento suele ser que normalmente alguien dirija un equipo, como Pedro, y más tarde como Santiago en Jerusalén. Aun así, en cada caso sigue habiendo un equipo de ancianos y apóstoles. No vemos ni un solo ejemplo en todo el Nuevo Testamento, de una iglesia que esté liderada por una sola persona.

No existe ese modelo. Y mucho menos que lo que diga esa persona resulte inapelable “por orden divina”. Siempre se habla de un equipo. Cuando uno entiende lo que es atender al rebaño, simplemente por un tema de humildad, uno se da cuenta que no lo puede hacer todo una sola persona. Es imposible. No se puede, no es posible. Se requiere más colaboradores. A mí particularmente me impresiona cómo Jesús, el pastor de nuestras almas, el buen pastor, hace una oración con sus discípulos. De hecho, les pide que oren, para que el Señor envíe segadores, obreros a la mies. ¿Por qué? Porque él mismo, solo, no puede hacerlo.

Él vino para algo específico y los discípulos van a ser enviados, pero aún ellos no pueden hacerlo todo. No hay ningún individuo que pueda hacer todo lo que se requiere para pastorear el rebaño de Dios. Aquellos quienes están bajo una sola persona que lo intente ser todo para todos, terminan inevitablemente siendo ovejas descuidadas. Ahora reflexiona por espacio de un segundo, no mucho más: ¿Estás viendo ovejas descuidadas a tu alrededor? Listo, ya tienes tu respuesta. Ese sistema podrá ser de prestigio y beneficio para unos pocos, pero es negativo para la mayoría.

Y lo más grave, está en oposición al propósito de Dios. Es imposible, no nos da, no nos alcanza, y a medida que envejecemos, peor. No se puede. Necesitamos un equipo. No se puede entender este ministerio sin la comprensión de una metáfora que el mismo Señor nos dio: pastor de las ovejas. De hecho, ante la carencia de explicación bíblica respecto a este ministerio, un pastor haría muy bien de tomar esta metáfora y hacerla suya. Un pastor es pastor si tiene ovejas para cuidar. No existe ni existirá tal cosa como un señor con título de pastor que no esté al cuidado de un rebaño de ovejas.

 De todos modos, si lo está haciendo, la metáfora será útil para entender de una vez por todas, todo lo que este ministerio está facultado y hasta obligado a hacer. Un buen pastor, al igual que el Señor, no es simplemente alguien a quien se le ha contratado para hacer un trabajo, sino que es alguien que ama a las ovejas tanto que daría su vida por ellas. Y, de hecho, Jesús distinguió a los asalariados. Y no dijo maestros asalariados, dijo pastores asalariados, como un elemento peligroso, porque ellos no ponen sus vidas por las ovejas.

El pastor quiere que sus ovejas tengan los mejores pastos, la mejor agua, y está atento para asegurarse que ellas estén bien protegidas. Y si quieren ver lo que es una imitación, vamos a ver algo en el evangelio de Juan, capítulo 21. ¿Sabes? El corazón del hombre es muy engañoso. Nuestro corazón es tramposo, jamás juega limpio. Obviamente, se necesita que se explique a qué nos referimos. Uno de los rasgos distintivos más fuertes del ministerio pastoral, es el amor. He visto muchos choques entre pastores y profetas, cuando deben enfrentarse con un problema bien doméstico de las iglesias locales, como es por ejemplo el pecado de alguien.

Ahí sale el pastor a hacer todo lo desesperadamente posible por ayudar a restaurar a la, o a las personas involucradas, mientras que si hay un profeta activo, su inevitable postura será la de cortar de la congregación a esa persona y punto. Debo decirte que los dos argumentos son válidos. Sin embargo, uno de ellos tiene más razón que el otro. Normalmente, lo que el pastor usa para argumentar que esta persona debe ser restaurada, es el amor. Pero el punto, es este: un eje motor dentro del ministerio pastoral, aunque debo consignar que, por su postura transversal, es o debería ser afín a los cinco ministerios, es el amor.

Estoy diciendo que el amor es transversal porque, a menos que algo lo pueda obstaculizar, los cinco ministerios se mueven o deben moverse en amor. Sin embargo, cuando se habla del amor se relaciona con el ministerio pastoral porque este, quizás, es el ministerio más afectuoso, más cálido, más paternal, más cercano a la gente. Y a eso lo podemos ver con claridad en cualquier lugar en donde los cinco ministerios estén presentes y representados por personas. Al pastor seguramente habrá quien vaya y lo abrace, mientras que el resto lo rodeará. Al profeta, sabes, más bien lo van a saludar de lejos. Sin embargo, aquí hay una imitación muy sutil, que hace que el diablo engañe al pastor en este tema: en lo que para el pastor, es verdadero amor. El diablo le tiende una trampa.

(67) – Apacienta Mis Ovejas

(Juan 21: 15) = Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿Me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos. (16) Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. (17) Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas. 

¿Prestaste atención a esta lectura? ¿La leíste bien en tu Biblia? ¿Sí? Entonces, dime: ¿Dónde está el engaño? Que el amor del pastor, no debe ser a las ovejas, debe ser al Señor. Y es ahí donde el pastor es engañado. ¿Cómo vas a ser pastor si no amas a las ovejas? Eso es lo que te dice no sólo la multitud, sino también los profesores de los seminarios. ¿Sabes? Aquí lo que leímos, no dice que ames a las ovejas, dice que ames al Señor. Porque, mira; cuando Pedro le responde que sí, que lo ama a Jesús, Él le responde en las tres ocasiones más o menos de manera similar: apacienta mis corderos, pastorea mis ovejas y apacienta mis ovejas.

 Es decir que, lo que faculta al pastor es el amar al Señor, y como consecuencia de ese amor al Señor, no a las ovejas, recién allí se le avala y habilita para pastorearlas. Parece una verdad de Perogrullo, pero no lo es: ¿Sabes la cantidad de veces que he tratado de hablar del Señor con un pastor, y él me ha respondido hablando de sus ovejas? Engaño. Y allí es donde el diablo le pone la zancadilla y lo hace caer en la trampa al pastor. Porque de allí en más, ese pastor empieza a cuestionarse su escaso amor a sus ovejas, el qué pensarán ellas de él y todo eso que ha llevado, y sigue llevando, a lo que algunos humoristas del evangelio han dado en llamar, la aparición de las igle-burger, esto es: iglesias a pedido del consumidor.

Y ese suele ser un motivo de quiebre entre un pastor y un profeta, porque el profeta se rasca la nuca, sabe perfectamente que el pastor es un fiel y sincero hombre de Dios, pero no puede entender por qué, todavía, está permitiendo o tolerando el pecado. No le da al profeta para entender que no está tolerando ni permitiendo el pecado, sólo le está dando a ese pecador una oportunidad más para sanarlo y restaurarlo. ¡Pero pastor! ¡Ya cayó diez veces en un año en lo mismo! ¡Tiene que ser cortado para que no contamine a los demás! – Pero no, siervo…démosle una oportunidad más, ¿Sí? No.

El pastor está equivocado, porque verdaderamente deberían cortar a esa oveja, porque no es oveja. En todo caso está disfrazada con una piel de oveja, pero no lo es. Es decir que el engaño le hace cometer al pastor el más frecuente de los errores pastorales: hacerle pensar que la constante aceptación de los errores de las ovejas, es un sinónimo de su amor por ellas.  Cuando verdaderamente existe una unción pastoral, eso atraerá el amor de Dios para con la gente. La gente, cuando está con un pastor que tiene legitimidad sobrada y es absolutamente genuino, se levanta en amor y, si amaba a Dios antes de ello, ahora lo amará mucho más, todavía.

La unción pastoral genuina, es una fuente de amor. Por eso es esta unción, la pastoral, la que mejor ministra la sanidad interior. Asimismo, aporta liderazgo a los creyentes, les ayuda a tomar decisiones, los respalda en sus proyectos. En otro orden, más allá de la unción y como consecuencia directa de esta, se encuentra la autoridad. Y la autoridad pastoral genuina, desata edificación en la vida de los creyentes, la gente avanza. Y volviendo a la metáfora de las ovejas, que es la que da origen incluso al ministerio, Jesús dijo que el buen pastor, conoce a las ovejas.

 Las conoce de cerca, las conoce por su nombre. Eso implica una relación directa entre pastor y oveja, no es ni puede ser jamás alguien intocable.  No solo conoce al hombre o a la mujer de ese matrimonio, sino que conoce también a sus hijos, sabe sus nombres, sabe los problemas que tienen. Por eso es que resulta absolutamente imposible para un pastor pastorear una congregación de quinientas personas él solo. ¡Es imposible! Y eso sin dejar de lado un rasgo casi central en la vida pastoral: la paternidad. Y fíjate que un ministro, cuando sabe perfectamente que lo es, suele tener mucho respeto por otro ministro.

No quiere ser en absoluto invasivo. Sin embargo, cuando tiene una visita en su congregación, puede sonar casi hasta manipulador, ya que incide en todo o casi todo lo que la visita dirá.  Aseguran los que estudian a fondo estas características, que eso se trata solamente de cuidado paternal para con las ovejas, y temor a que estas se confundan. Puede ser, yo todavía tengo algunas dudas. Y las tengo por lo siguiente: yo, personalmente, no tengo ningún problema para sujetarme a un ministerio, cualquiera sea este.  Si toca que sea un apóstol, o un evangelista, otro maestro, un pastor o un profeta.

Llego donde se encuentran y ya: me sujeto a todo lo que digan o hagan. Sin embargo, a lo que no me podré sujetar nunca, es a alguien que no tenga para nada definido qué clase de ministerio tiene, hace, pretende o imagina. ¿Y sabes qué? Está repleto de esto último. Y te digo por qué no me sujetaría a esto. Porque al no tener un ministerio definido, esta persona nunca desarrolló su habilidad, nunca ejerció una autoridad competente plena. De allí que entonces, no va a poder saber dónde poner límites, no va a poder desatar en la gente lo que ellos necesitan.

¿Y sabes por qué? Porque ni él mismo sabe lo que tiene, así que no podría saber jamás lo que tiene otro. Entonces, volvemos atrás y vemos que, cuando esa clase de persona se acerca a la visita y le señala todo lo que conviene que diga o que no diga, no está en realidad velando por la seguridad de las ovejas, está ejerciendo un alto espíritu de control. Muy abundante en los lugares en los que me ha tocado estar. Y ahí entramos a una recomendación que Jesús dio con meridiana claridad. Él dijo que un ciego no puede guiar a otro ciego, Y no hablo de la persona en sí, en este caso.

Puede que sea alguien de gran fe, pero de por sí, la fe no me va a dirigir a tomar decisiones correctas ni a hacer las cosas bien.  Entiende esto. La iglesia está en un proceso clarísimo de transición hacia una reforma, ¿Verdad? Esto está fuera de toda discusión y es el punto de partida para cualquier cosa que se diga aquí. Sin embargo, nadie, y mucho menos nosotros, podría empujar a Dios en ese proceso. ¡Es Dios quien tiene que mecanizarlo y lo hará en su tiempo, no en el nuestro! Además, Dios dejó cinco ministerios básicos, esto es, un equipo de personas. Entonces, ¡Necesitamos el equipo!

No permitir que el equipo se forme, no es ni puede ser una estrategia pastoral, directamente es una maniobra satánica a partir del engaño de gente sincera y honesta, pero ingenua. Fíjate que se habla de unidad, pero no hay unidad en el pueblo de Dios. Y esta vez no me refiero a sus líderes, que a partir de sus tremendos intereses personales, tanto materiales como de prestigios o simples egocentrismos, prácticamente la han tornado empresa imposible, sino de la gente, de las ovejas más comunes. Algo tiene base biológica. A medida que la oveja de un rebaño no se cruza con ovejas de otros rebaños, se va aislando y, por consecuencia, deteriorando.

La endogamia, destruye la genética. Endogamia, te recuerdo: es la fecundación entre individuos de la misma especie. Práctica u obligación de contraer matrimonio personas de ascendencia común o naturales de una misma zona. Ahí es donde se ve el verdadero y genuino oficio de pastor. Porque un pastor de oficio, de ministerio pleno, no tiene ningún problema que sus ovejas se mezclen con ovejas de otros rebaños. De hecho, esto es altamente saludable. Pero, claro, todos sabemos que existen muchos pastores que evitan esta clase de mezclas, tanto las más duraderas como las eventuales, como realizar congresos con profetas, apóstoles, etc.

 Cuando una persona evita estas mezclas, lo hace influenciado por el temor. Y ese temor, obviamente tiene una razón. Y la razón central es que él mismo, no tiene un ministerio de oficio. Una unción muy singular que es patrimonio casi exclusivo del verdadero pastor, es la de tener la habilidad de encontrar los dones escondidos que tiene la gente. Es de suma ayuda para que cada uno pueda fluir en cada uno de los dones que haya recibido. Ministra todo el tiempo enseñanza práctica. A un pastor-pastor, le interesa bien poco que la gente vea ángeles de a millares cantando a coro.

 A él le interesa mucho más que cada uno tenga una hermosa familia, que sus hijos crezcan sanos, en obediencia y que sus finanzas se desarrollen. Obviamente, esto no tiene discusión en cuanto a su conveniencia, pero… ¡La iglesia espera algo más de sus miembros! Decía alguien que el pastor es el típico maratonista, porque quizás no sea muy bueno para competencias de velocidad, (Ese, en todo caso, es el profeta), pero en los cuarenta y dos kilómetros que dura una maratón ahí lo tienes, lento, firme, perseverante y sin cansarse. Al atardecer de una competencia que se largó al mediodía, quizás está llegando a la meta.

 Pero siempre llega. Finalmente, habrá que decir que el ministerio pastoral, es un ministerio que apunta mucho a la prevención. Su corazón está muy ligado y comprometido a evitar que pase esto. Y esto, puede ser un problema, una contingencia, una tentación masiva en los jóvenes. Todo, en función de una buena calidad de vida. Sin embargo, y toca reiterarlo, es un error clave enquistar al pastor por encima de los otros ministerios. Nunca fue diseñado así. Fíjate, este es un ministerio con unción magisterial, aunque llegado el momento y la necesidad, pueda fluir en cualquiera de las otras cuatro unciones. Sin embargo, para el trabajo de la iglesia conjunta, yo tengo clara cuál es mi ubicación: prepararla para funcionar sin necesidad de incorporar “porristas cristianos”, que son los que te obligan a estudiar, cantar y predicar.

(68) – Las Diferencias Escritas 9

Lucas 18:22. Jesús dice: Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.

La religión dice: ¡Cuidado! ¡Miren que a eso solamente se lo dijo al joven rico, no es una enseñanza para todos! Claro, es comprensible. Ocurre que la religión generalmente se compone en sus estratos superiores, de gente que ha hecho una buena base económica. Y no estoy sugiriendo que lo haya hecho con malas artes u otro tipo de abuso; lo ha hecho y punto. Y esta sentencia de Jesús los pone no solamente en evidencia, sino en un alto compromiso. ¿Estarían ellos en condiciones de vender todo lo que tienen, dárselos a los pobres y con la garantía de hacer tesoros en el cielo, seguir a Cristo?

Es casi lo mismo que en Lucas 11:41, donde Jesús dice: Pero dad limosna de lo que tenéis, y entonces todo os será limpio. 

Y aquí la religión dice que eso Jesús se lo dijo a los fariseos, que tampoco esta es una enseñanza para todos. Veamos: si se los dice a los fariseos, se lo está diciendo a la que en ese tiempo era la representación del liderazgo de la iglesia estructural más importante e influyente. Supongamos que eso fuera como la religión lo sugiere: ¡Veríamos hoy a líderes religiosos dar limosnas importantes a esa tanta y tanta gente que en los pueblos latinoamericanos están oscilando entre la pobreza y la miseria? Daría un enorme ¡Gloria a Dios!, sí así fuera, porque no puedo negarte que tengo mis serias dudas al respecto del cumplimiento de esa palabra. 

(69) – El Chef Siempre Tiene la Receta

Ahora voy a referirme a lo que más cerca tengo, el Ministerio del Maestro. Tiene una característica específica y puntual en el caso de ser un maestro genuino, y no uno formado a golpes de necesidad y urgencia por dudosas escuelas teológicas. Esa característica es El Amor por la Verdad. Amo la verdad, jamás podría enseñar algo que una denominación me obligara a enseñar, pero que yo sé, que sé, que sé, que no es una verdad bíblica. (Eso fue lo que hice, por eso estoy donde estoy y no de donde salí.) Y de eso hay mucho. Como hay muchos que tienen el don de enseñar, pero no necesariamente tienen el ministerio de la enseñanza.

Y la enorme distancia y diferencia que existe entre ambos, aunque a muchos les pueda parecer que son la misma cosa, es que el que no tiene el ministerio, sino el don, sale a enseñar con alegría, pero no tiene el compromiso con la verdad que tiene el ministro magisterial. De allí que, mientras los que tienen el don de la enseñanza, son utilizados grandemente y con excelencia, muchas veces, en los lugares donde se le da preeminencia a la doctrina denominacional que corresponda, por encima de la verdad bíblica, a veces al ministro se lo posterga, se lo obstaculiza o, sencillamente, se lo desactiva.

El que tiene el ministerio del maestro, jamás aceptaría eso. Él tiene un estricto e irreductible compromiso con la verdad y necesita estar plenamente convencido que lo que está enseñando es puntualmente eso, la verdad. Muchas veces nosotros tenemos la tendencia de juzgar a un determinado trabajo, pero no la motivación que está detrás de ese trabajo. Y las iglesias, convengamos que a la hora de armar grupos de enseñanza, echan mano a lo que se supone que podrán ser buenos maestros, por ejemplo, tomando maestros de la escuela secular que se congreguen allí.

 ¿Y sabes qué? El maestro del Señor, no es un pedagogo, es un difusor de las verdades que Dios quiere que sus hijos conozcan. Alguien que tiene el carácter para enseñar la verdad, amarla y transmitirla.Y esto, muestra una característica muy interesante del que yo llamaría maestro de oficio: el primero en poner en práctica lo que está enseñando, es él mismo. Ese es un rasgo muy distintivo del maestro. Tan fuerte es su compromiso con la verdad, que muchas veces, no se anima a enseñar algo que sabe que es lo correcto, porque todavía no lo puede vivir. Así de fuerte es su compromiso.

Mientras, la especialidad que tiene el Ministerio Magisterial, es el entendimiento de diseños. Tiene una habilidad para poder comprender la dinámica con la que funcionan las cosas. Ocurre algo imprevisto y, mientras las personas en lo global acercan posibles soluciones o mecanismos, el maestro se queda en silencio y parece estudiar el problema para ver si le encuentra el diseño. Y no está figurando ni actuando, ¡Él es así en todo! No somos buenos en lo más mínimo para hacer las cosas rápido. Te lo advierto: si deseas que algo salga rápido, vertiginoso, entregárselo a un maestro, no me parece que sea una decisión inteligente.

Porque es muy difícil que un maestro encare algo si no lo ha entendido bien.  Si se pone a cocinar algo, puede desatar una hecatombe de ansiedad en los comensales, porque parecería ser que la comida no va a estar lista jamás. Sin embargo, que no te extrañe que, aun no siendo un cocinero ni mucho menos, si un maestro cocina, esa comida sale perfecta. Porque con anterioridad, se tomó el trabajo de estudiarse todos los detalles. Jamás viajo a un lugar sin pasar antes por el “maps”. Cuando salgo, me conozco hasta los arbolitos plantados allí. Eso causa mucha gracia en mi familia, porque la mayoría elegiría salir y “ver qué pasa” después.

Yo acepto que la normalidad de las personas, eso sería lo que harían, y está muy bien; pero yo jamás ando perdido por allí preguntando qué ruta o que calle debo tomar para llegar a un lugar determinado. Yo ya lo sé, si no, no salgo. Este entendimiento de diseños, es muy valioso cuando se trata de la iglesia. Porque todo lo que nosotros vivimos como personas naturales, como seres espirituales, nuestro caminar antes de Cristo, nuestro caminar en Cristo, responde a diseños. Entonces, los maestros no sólo ayudan a hacer un diagnóstico muy preciso respecto a por qué le pasa algo a alguien, sino que también tienen una mecánica para poder prever que esto no se repita.

El rasgo más notorio que tiene el maestro, llama mucho la atención, ya que es el aprendizaje constante. No es maestro de verdad, si no está permanentemente aprendiendo. Constantemente el maestro está aprendiendo. Lee, escucha, ora, recibe, tiene revelación, tiene conocimiento, tiene ciencia, saca de aquí, extrae de allá, pero no lo utiliza para armar campañas, conferencias ni congresos para demostración y lucimiento. Lo utiliza simplemente para enseñar a todo aquel que no sabe lo que él sí ya sabe. Yo declaro, confieso y lo digo permanentemente: esto no es mío, esto es de otro ministro, a esto lo saqué de aquí y de allá y, en un momento dado, cuando toca, esto me ha sido revelado a mí.

 Y, -reitero-, no me avergüenza tomar de otros y compartirlo, porque yo no uso eso para mí beneficio, sino para el tuyo, eso está más que claro. Sin embargo, a lo mejor no son los maestros los mejores invitados a una cena de simple diversión o pasatiempo. Porque él tiene una dinámica en su ADN y es la recibir y transmitir, así que todo, absolutamente todo lo que escuche, pasará por un tamiz de estudio, ordenamiento y preparación de libreto, por si acaso debe repetirlo ante otros. Tiene un lado bueno, jamás te va a decir que está todo bien si no entendió absolutamente todo lo que le has pedido, ordenado, solicitado o enseñado.

Amor a la verdad. Todo esto, le otorga al maestro genuino, un carácter que no siempre le brinda multitud de amigos: es confrontador. Soy consciente de que un maestro no busca ser confrontador, lo sé por mí mismo, pero parecería ser que es inevitable que no termine siéndolo. Porque por el proceso de amar la verdad, entender el diseño y el aprendizaje constante, el maestro siempre exige que todos sean precisos con él, como él lo es con todos.

(70) – Bases del Conocimiento

Creo que a esta altura ya te diste cuenta que un ministerio, no es algo que tú te pones o te sacas conforme al momento. El ministerio es algo que te acompaña siempre, desde que saliste del vientre de tu mamá hasta que saludas y te metes en un ataúd. Y durante todo el día, estés donde estés y hagas lo que hagas. Es tan inseparable como la piel. Incluso en lo secular el maestro actúa como maestro, si es que alguien no parece entender algo que él ya sabe. Y, generalmente no sólo se preocupa por saber lo respectivo a su trabajo específico, sino que se toma el tiempo para conocer el de sus compañeros, también.

Y no tiene nada que ver ni con Dios ni con la Biblia, sino conque su amor por eso lo lleva a desear que toda la gente haga lo que tiene que hacer, correctamente. Además, el maestro es una persona que enseña permanentemente y sobre todo lo que conoce más que los demás. No necesita ni pizarra ni bolígrafo ni celular ni computadora, enseñar es su vida. Y si te pasa una receta de cocina y tú te pones a copiarla, te va a corregir hasta la ortografía de la receta. Puede llegar a resultar un tanto pesado para la gente común, ¿Para la gente normal? Pasemos a lo que es su don más importante, aunque todos lo sean por igual.

En este caso es el fundamental que adorna y respalda su ministerio: la palabra de conocimiento. Es el don que más usa. Y créeme que es un recurso extraordinario. Este don pertenece a la famosa y conocida lista del Espíritu Santo, ¿Recuerdas? Es también ubicado o agrupado como don de habla. En cuanto lo que más recurre durante su tarea, es a la precisión. La diferencia está en que, mientras el don viene del Espíritu, el recurso es una disciplina. Prueba a tu gente con un trabajo de investigación sobre lo que sea, y luego diles que te hagan un informe.

 Los informes más detallados, puntillosos, meticulosos y al milímetro en detalles, pertenecerán a los que tienen el don de maestros. Por eso, estoy convencido que es uno de los ministerios más fáciles de reconocer en la gente. Y aunque parezca increíble, no es tan fácil encontrar maestros de oficio, de ministerio, dentro de las congregaciones. La mayor parte del liderazgo establecido y tradicional, no sabe encontrar ni valorar a estas personas. Referente a la carga por la iglesia que tiene el maestro, esta tiene que ver ineludiblemente con el crecimiento. Obviamente que no me refiero al crecimiento numérico ni financiero.

Hablo de crecimiento en conocimiento. Su versículo favorito, es el pueblo perece por falta de conocimiento, aunque luego va a explicarte que no se trata de teología, sino de intimidad. Lo sé porque lo repito dos o tres veces cada día. Con diferentes personas, claro…Al igual que con el ministerio del pastor, no tenemos ningún ejemplo en el Nuevo Testamento de alguien que fuera solamente maestro. De allí que, al igual que el pastor, maestro es siempre una función, jamás un título. Fíjate que cuando le dijeron “maestro bueno”, a Jesús no le gustó. A mí tampoco. Si me llaman Néstor, eso es suave música a mis oídos. 

Lo que sucede, es que se toma al Libro de los Hechos como base sustancial ministerial, pero resulta ser que cuando Lucas escribe ese libro, no pretende de ninguna manera contar toda la historia de la iglesia. Él sigue un hilo muy delgado, que abarca la vida de Pedro, un poco, y la vida de Pablo, otro tanto. No pretende en modo alguno hacer una enciclopedia de la historia de la iglesia. Nunca lo quiso hacer y no hay esa intención en la Biblia. Y cuando no existen referencias, muchos se preguntan el por qué. Pasa que en ese tiempo esa iglesia no escribía sus historias porque ellos estaban convencidos que Jesús iba a retornar muy pronto, casi ya mismo, y por lo tanto no valía la pena, -según ese pensamiento- registrar historia alguna.

¿Quién la iba a leer? Y ahí está la diferencia entre 1 Tesalonicenses y 2 Tesalonicenses. Cuando Pablo mismo, en 1 Tesalonicenses, parecería estar diciendo: “¡Ya nos vamos! ¡Ya nos vamos!”, mientras que en la segunda carta al mismo destinatario, cambia totalmente su postura y aconseja no dejar de hacer todas las cosas que se deben hacer para subsistir, porque nadie sabe ni el día ni la hora de ese retorno. De hecho, ellos no sabían qué cosa significaba ese Vengo en breve de Jesús. Por ese motivo, no había ninguna razón para escribir un libro de historia. Me pregunto si en este tiempo alguien podrá definir qué significa esa expresión de Jesús y a cuándo se refiere. De allí que lo que digo, que no hay nadie a quien se le llame maestro luego de Hechos 2, es muy cierto, pero tan cierto como que evidentemente hubieron muchos. En el Libro de los Hechos, capítulo 13 y verso 1, hay un texto bien bonito e ilustrativo. 

(71) – Te Anunciaré a Mis Hermanos

(Hechos 13: 1) = Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba Níger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo. 

No sabemos si aquí se nos está diciendo que estas personas, eran profetas y maestros, todo junto en uno solo, los dos ministerios en uno, o bien está diciendo que algunos eran profetas y otros eran maestros, con ministerios separados. Fíjate que nos deja la misma duda que nos deja Efesios 4:11, cuando habla de pastores y maestros. No sabemos, en ninguno de los dos casos, si es alguien que tiene las dos cosas, o son dos personas distintas. La palabra “Y”, en griego es kai, y no nos ayuda mucho porque involucra las dos cosas. Con, esto y esto, adición. Pluralidad, singularidad. ¿Entonces, en qué me ayuda el verso?

En que es evidente que se reconocía el oficio magisterial. De allí que coincidimos en que este ministerio, es un ministerio de equipamiento y capacitación. ¿Y qué cosa significaría eso? Que dentro de la cantidad de ministerios que podemos tener, están los ministerios de alcance, por ejemplo, el ministerio evangelístico, que es el brazo largo y de alcance. El ministerio apostólico también es un ministerio de alcance, territorial en este caso. El evangelístico, en cambio, va por personas, mientras que el apostólico va por regiones. El ministerio del maestro, en cambio, no es un ministerio de alcance.

Cuidado, esto no quiere decir que un maestro no pueda evangelizar. Puede hacerlo, pero va a ser largo. Pero está bien, porque eso nos permite entender cuando ellos hacen énfasis en el equipamiento. Está dirigido hacia adentro de la iglesia. Cuando yo dudaba de mí ministerio oré, y el Señor me llevó al Salmo 22:22: Anunciaré tu nombre a mis hermanos; En medio de la congregación te alabaré. A mis hermanos, no a los mundanos. Listo. ¿Listo? No, listo nada; tuve dudas, entonces puse un innecesario vellón y volví a orar esperando palabra.

El Señor, con justicia, debería haberse quedado en silencio, pero: ¿Cuántos saben que nuestro Dios es infinitamente misericordioso y tiene tremenda paciencia hasta con los incrédulos como fui yo? Él simplemente me mandó a Hebreos capítulo 2, sin especificar nada más. ¿Un capítulo completo? En realidad, no; porque el corazón me dio un brinco cuando llegué al verso 11 y 12: Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos, diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre, En medio de la congregación te alabaré.

¡Ahora sí, incrédulo! ¿Necesitas algo más para salir a enseñar a tus hermanos? Punto. Porque por lógica simple, no tiene demasiado caso ponerte a equipar a los que están fuera de la iglesia. No tiene sentido. Obviamente que el equipamiento es dentro de la iglesia. Es la acción más usada en el ministerio de Jesús. Se lo llama Raboni, Rabí, más veces que con otro título. Los maestros tienden a ser muy prácticos. Es lógico. Por lo tanto, si en algo son breves, es cuando dan consejos. Yo me niego a dar consejos, apenas algunas sugerencias como para que la persona que me consulta, luego, decida por sí mismo lo que hará o no hará con mis sugerencias.

Nadie, -a mi juicio-, está ni autorizado ni capacitado para decirle a otro con valor de orden a cumplir, como debe o no debe vivir aspectos de su vida personal. Aquello de que en la multitud de consejos está la sabiduría, tiene que ver más con el consejo de planos espirituales que con los asuntos del alma humana. A veces me han escrito un correo contándome que cuando en su iglesia se ponen a saltar y a danzar, a él o a ella, eso, la ponen muy mal. ¿Sabes qué he respondido? De acuerdo, entonces no lo hagas. Déjalos danzar todo lo que se les dé la gana, pero tú quédate a un costado o sencillamente vete fuera del templo.

Nadie podrá obligarte a hacer lo que no quieres hacer. Nadie puede manipular tu vida. Mientras tanto, ponte a orar y pídele al Espíritu Santo que te muestre la guía a toda verdad respecto a ese asunto. Allí tendrás la respuesta de si el equivocado eres tú o los otros. Punto. Porque nadie ha dicho que quien va a una iglesia deba ir con los zapatos bien preparados porque danzar será su trabajo principal. Pero tampoco nadie ha dicho que quien va a una iglesia y ve danzar a los demás, deba salir a reprender demonios bailarines, como alguna vez le oí a alguien…

(72) – Es Complemento, No Competencia

Los profetas tratan más con la visión, que es como decir el lugar en donde debemos estar. Pero el profeta no se ocupa de la, o las formas existentes para llegar allá. Es el maestro el especialista en enseñarnos cómo llegamos allá. De nuevo: el profeta viene y te dice que en dos años, deberemos estar allá. Cuando tú le preguntas cómo lo hacemos, te responde: No sé, Dios lo sabe. Yo, lo único que sé es que es así porque Dios me lo ha dicho. Ahí es cuando aparece el maestro y pregunta: ¿Dónde debemos estar? Allá. Muy bien. Y a partir de allí ese maestro se pone a trabajar para encontrar, rápidamente, la forma de armar un plan para llegar allá en el lapso de dos años.

Y esa es la razón por la cual, el infierno, ha realizado un especial trabajo en cambiar la fuente de información que el maestro tiene. Porque, ciertamente, el profeta no es bueno para guiar. ¿Sabes qué hace el profeta? Se calza su mochila y se va. ¿Y sabes cómo es su manera de guiar? ¡Sal corriendo y persíguelo! Él va a llegar allá, donde hay que ir, y jamás va a fijarse si alguno venía atrás. El pastor es el que va empujando y ordenando el andar de las ovejas procurando que nadie se quede. Pero el especialista en la ruta, es el maestro. Él tiene el GPS espiritual.

Cuando estos dos ministerios, el de profeta y el de maestro, cooperan el uno con el otro, se forma un equipo que es altísimamente poderoso. Tienen una impresionante capacidad ministerial de complemento. En soledad, cada uno, por el contrario, se les genera algunos problemas muy singulares. Cuando un profeta o un maestro están solos, no solamente son inofensivos, sino que incluso hasta se pueden tornar destructivos. ¿Por qué? Sin la influencia de los profetas, los maestros suelen ser tan prácticos que, el pueblo puede, por ellos, tener una buena doctrina, pero sin el fuego ni la visión que siempre hacen falta para progresar.

Hay cierto carácter de cinismo que se va generando con los años en el maestro, cuando no tiene profetas cerca. Porque es muy práctico. Y esa, créeme, fue una de las razones por las que se fueron anulando los dones dentro de la teología. ¡Ah! ¡Hoy he visto un ángel! – ¿Ah, sí? ¿Y qué significa eso? – ¡Ah, no lo sé! – ¿Y entonces para qué lo dices? ¡Déjalo para ti solo! Porque lo importante no es que tú veas un ángel o dos, lo importante es que tú seas un buen papá. Ahora; todas estas expresiones muy prácticas y hasta efectivas, con el correr de los tiempos, fueron cortando esa espontaneidad que es típica del ministerio profético.

 Claro está que por el otro lado, el error fue que ante cada circunstancia, el proceso se realizaba dentro de los conocimientos que se poseían, sin detenerse a pensar ni por un instante, que absolutamente nadie puede suponer que se lo sabe todo. Y quiero aportar una sentencia que, por venir de quien viene, deberías tener en cuenta. Depender solamente de lo que se conoce, nos convierte con el tiempo en una persona cínicamente práctica. Claro está que, así como en iglesias donde lo magisterial y teológico domina a lo espiritual, el espíritu griego se infiltra y llega un momento en que la frialdad provoca congelamientos y neumonías espirituales mortales.

¿Y en las otras, donde todo el mover es profético? Allí las cosas parecen ser mucho más espirituales, por lo que puedes ver a la gente en general, desde los líderes hasta el último de los ujieres, prácticamente levitando en el tercer cielo. Pero claro, al mismo tiempo, hay una mayoría de padres que no tienen ni la menor idea respecto a qué hacer para tener con qué pagarles el colegio a los niños. Esta dualidad es como si examináramos un automóvil. Mientras que su volante representa al maestro, su transmisión representa al profeta. Es más que obvio que se necesitan las dos cosas.

¿Dónde crees que llegarías en un auto que tiene tracción para moverse pero no tiene volante para dirigirlo? A colisionar con lo primer que se cruce. ¿Y dónde se supone que llegarás con uno que tiene un volante que anda perfecto, pero no tiene tracción y no se mueve?  ¿Te das cuenta que necesitamos ambas cosas para funcionar? Porque si un profeta se deja llevar por su ministerio a pleno, llega un momento en que todo parece volar por los aires, pero la realidad nos muestra que no estamos yendo hacia ningún lado, y que en lugar de ser espirituales, como suponíamos, en verdad apenas estamos resultando místicos.

Y créeme que hay una gran diferencia entre ser espirituales y ser místicos, ¿Entiendes? El espiritual, por ejemplo, tiene una lógica espiritual y sabe perfectamente por qué hace eso, mientras que el místico, no. ¿Ejemplo de misticismo? He sabido de personas que llegan a tomar entre tres y cuatro veces por día la Santa Cena. Navegan en las turbias aguas del absurdo. Además, sin la influencia de un maestro, un profeta puede activar a todo el mundo, pero sin saber lo que hay que hacer.

 El corazón y el alma del ministerio del maestro, es el amor a la verdad. ¿Y de dónde nace este amor? Del mismo modo que decíamos que el amor a Dios está por encima del amor a las ovejas, vale la pena aclarar esto también. Este amor es la motivación que lo hace escudriñar las Escrituras, que son la base de toda verdad. Un maestro genuino puede cometer cualquier error porque es un ser humano falible; pero enseñar algo que sabe que no es verdad, si es genuino, jamás. Aunque le cueste su expulsión de la sinagoga de turno. Porque su compromiso es con la verdad, no con el líder. 

(73) – Un Asunto de Sensibilidad

(1 Corintios 2: 10) = Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aún lo profundo de Dios. (11) Porque ¿Quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. 

Este amor por la verdad, nace del acto de escudriñar la Palabra. Difícilmente un maestro va a estar sin leer la Biblia constantemente, difícilmente. De acuerdo, no me imaginen Biblia en mano sentado en el jardín. Tengo todas las versiones existentes en mi ordenador y ahí acudo cada vez que necesito ahondar en un texto. De otro modo, siempre adelante con la versión clásica y tradicional. En algunas de las demás, no termino de confiar. Y lo peor es que no tengo motivos, así que o: es el Espíritu Santo o estoy espiritualmente paranoico. El Espíritu Santo es quien hace que escudriñemos las profundidades de Dios y es también el Espíritu quien nos las debe revelar.

 Por esta razón el maestro debe ser tan sensible al Espíritu Santo como cualquier otro ministerio. Porque no es solamente la capacidad de entender que tiene el maestro, ya que de ese modo no sería un ministerio, sino una simple habilidad, un talento, No hay manera en que el hombre pueda entender las cosas de Dios, sin el auxilio del Espíritu Santo. Ustedes podrán ver todos los días a gente muy inteligente del mundo secular, asegurando que no hay Dios. ¿Por qué? Porque para poder verlo, no se necesita únicamente inteligencia, se necesita al Espíritu Santo.

Y cuidado con lo que voy a decir: ellos no mienten cuando dicen que no hay Dios por una sencilla razón: ni lo pueden ver, ni sentir, ni creer, ni encontrar por revelación. ¿Cómo se supone que van a creer? No es un talento humano, es un recurso del cielo. La hermenéutica y otros sistemas de estudio anulan esta sensibilidad y hacen que el maestro dependa de métodos, en lugar de la revelación del Espíritu. A la verdad de Dios, no se la puede hallar científicamente, sino que debe ser revelada por el Espíritu de Verdad. Y esto es lo que hace del maestro un personaje bien interesante.

 Porque él le tiene un respeto especial a la Escritura. Puede haber, en alguna ocasión o circunstancia, un choque o un roce entre el ministerio profético y el del maestro. Si hay algo que, aseguran, molesta mucho al maestro del profeta novato, es que no use la Biblia. Lo peor que se le puede hacer a un maestro es comenzar a predicar a partir de una visión personal. Es tanto su amor a la verdad que no concibe que alguien pueda predicar sin mencionar siquiera un versículo bíblico. Y no lo es por simple mecánica teológica; es porque si algo jamás se escribió en la Biblia de parte de Dios, Dios lo ignora.

 Y nadie puede enseñar algo que Dios ignora. ¿Está claro? Sin embargo, cuando estos dos ministerios, el magisterial y el profético, logran unirse en el propósito, sencillamente son poderosos. Porque lo que uno ve, el otro lo explica. Ahora bien; para que el maestro capacite a los santos, se requiere más que sólo impartir conocimiento. Podríamos aclarar esto. El ministerio profético siempre está muy asociado con la acción. Una iglesia que tiene un dominante de maestros, es una iglesia que sabe mucho, pero que está detenida. Entonces, la gente entra, aprende, pero no sabe qué hacer con lo que aprende.

 ¿Es de ayuda? ¡Claro que es de ayuda! Te enseña cómo vivir, cómo manejar tal o cual asunto. Pero, ¿Sabes qué? La vida en Dios, no consiste sólo en lo que a ti te pasa.  Se trata también de lo que tú, luego de pasar por ese proceso, puedes hacer. Por eso, una tendencia que a veces rodea a los maestros de oficio, es que pueden llegar a pensar que siempre falta algo en la gente para avanzar. Alguien llega a una iglesia así y se encuentra con que todos saben mucho, pero no hacen nada.  Si ustedes analizan el ministerio de Jesús, van a notar que él intercalaba la enseñanza con la acción.

Les dio las bienaventuranzas, sanó enfermos, liberó endemoniados, pero luego por la noche caminó sobre las aguas. Y esto no fue una enseñanza, sino una demostración activa del poder de Dios. ¿Qué pasaba con los fariseos? ¿Alguien podría decir que no eran maestros extraordinarios? ¡Se sabían toda la ley de memoria sin errar una línea! Pero mientras ellos se sentaban y sus discípulos los rodeaban para oírlos hablar y enseñar, cientos de enfermos, paralíticos y otros similares estaban allí muy cerca, sin nadie que los sacara de sus miserias. La iglesia necesita el conocimiento.

Por eso se hacen conferencias y existen esta clase de ministerios. Pregunto: ¿Alguien sabe cómo transmiten información los profetas? Sabemos que un maestro la transmite a través de la enseñanza, pero ¿Cómo lo hace un profeta? Mediante la acción. Los profetas enseñan haciendo. Lo tienen ustedes muy claro con Elías. Está con Eliseo, van caminando, están subiendo a Bet-el, van para Jericó, está el agua. Arroja el manto y pasan por sobre él. ¿Está aprendiendo, Eliseo? ¡Claro! ¡Y sobre la marcha! Porque cuando vuelve, ¿Qué crees que hace Eliseo? ¡Lo mismo! Arroja el manto y pasa.

Aprendió. Elías no lo llevó a un auditórium, lo sentó y le proyecto diez videos respecto a cómo cruzar los ríos. ¡Los cruzó! ¿Y cómo enseña el maestro? Con impartición de conocimiento, hablando, naturalmente. Por eso, creo que el maestro debe salir de este engaño mental. No se trata sólo de impartir conocimiento. Y allí es donde la herramienta de la confrontación ayuda mucho. ¿Qué estás haciendo con lo que sabes? ¿Entiendes ahora por qué lo estoy preguntando permanentemente a cada uno que toma contacto conmigo? 

(74) – La Habilidad de Entenderlo

El trabajo principal del maestro, es impartir el amor a la verdad. No es enseñar, como muchos suponen, no es el conocimiento en sí mismo; es el amor a la verdad. ¿Qué provoca esto en la gente? Esto motiva a los santos a cavar sus propios pozos, lo cual es esencial para una fe sostenible. Porque cada uno deberá conocer la verdad por su propio esfuerzo. El verdadero maestro, (Porque también hay falsos, obviamente), imparte tal amor al conocimiento de los caminos de Dios, que aquellos que lo oigan serán atraídos ellos mismos hacia la Palabra.

Quieren más, más y más de la Palabra, cada día. Además, es capaz de encontrarle sentido a una palabra que normalmente no se puede ver. Y puede darte una explicación de un versículo por más de dos horas, diciéndote cosas que están allí y tú, que lo leíste diez veces, no lo habías visto. ¿Por qué pasa esto? Porque el maestro se mueve, permanentemente, bajo un espíritu de conocimiento divino. Entonces: está lo que lee, está lo que sabe y está lo que Dios le está revelando en ese momento. Son tres factores que provocan este mecanismo. Lo que lee, lo que ya conoce y lo que Dios le está revelando.

Son esos tres factores los que generan la rueda de su movimiento. ¿Sabes cuál es la prueba más gratificante que tengo a diario en mi trabajo? Que alguien me cuente que estuvo escudriñando, que estuvo orando y que cree haber recibido una determinada revelación que me comparte. ¿Sabes qué? A veces, por prisa carnal o inexperiencia, tal revelación es sólo imaginación. Pero a veces, Dios es capaz de darle a un hijito casi recién nacido, una palabra que jamás le daría a un ministro de altísimo prestigio internacional. ¿Sabes por qué? Porque el hijito es inmaduro y puede equivocarse, pero es íntegro y fiel.

(1 Corintios 12: 8) = Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu;

¿Qué diferencia hay entre palabra de sabiduría y palabra de ciencia o conocimiento? En principio, digamos que los dos son dones del Espíritu Santo; los dos son dones de revelación; los dos son dones del habla. ¿Qué diferencia hay? En el griego, por ejemplo, cuando se habla de palabra de sabiduría, dice logosofía. Y cuando se habla de palabra de ciencia o conocimiento, dice logo gnosis.  ¿No te está resolviendo el problema ni respondiendo la pregunta, verdad? No. Veamos: la palabra de conocimiento o ciencia, es la habilidad para entender las cosas que otros no conocen y no pueden comprender y compartir este conocimiento con ellos bajo la inspiración del Espíritu.

 O sea: es el conocimiento preciso de un asunto que está escondido humanamente. Ya lo conté en uno de mis libros, pero aquí encaja perfectamente reiterarlo. Yo era muy nuevo, todavía, y fui invitado a predicar (Porque estaba en los medios de comunicación y eso me hacía conocido), a una iglesia que era un apéndice de una mayor. En el pequeño salón, había veinte personas, todas asistentes habituales, ninguna visita. Cuando empecé a orar en la previa, cerré mis ojos y, sobre el fondo negro de mis ojos cerrados, se me recortó muy nítida, en color dorado, el perfil de una virgen católica muy popular en mi país, la Virgen de Luján.

Me quedé sin saber qué hacer, pero sentí el impulso de decir en voz alta que había alguien presente que tenía un pacto con esa virgen y que el Señor quería que lo rompiera ya mismo. Y que para hacerlo, se pusiera de pie. Sólo me atreví a abrir mis ojos cuando escuché un murmullo creciente que terminó en aullido de glorificación a Dios. Ahí estaba una jovencita, quebrantada y temblando. Yo fui el más sorprendido de todos, aunque nadie me lo quisiera creer.

Y fíjate que, así como te dije anteriormente que en muchas cosas el profeta y el maestro chocan y se sacan chispas por determinados espacios, en este don, tengo que decirte que en muchísimas ocasiones llegan a compartirlo y utilizarlo ambos en beneficio de alguien o de la iglesia conjunta. La palabra de conocimiento es un conocimiento preciso de un asunto que está escondido humanamente. El don de la palabra de ciencia o conocimiento, tiene que ver con la revelación. Y esto significa que es conocimiento revelado por Dios, no es conocimiento obtenido a través de educación o estudios.

Un ejemplo: Jesús les pregunta a sus discípulos: ¿Quién soy yo? Pedro le responde: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. ¿Qué dice Jesús? ¡Esto no te lo reveló ni carne ni sangre! Eso es palabra de conocimiento. Y entonces, ¿Cuál es la diferencia con una palabra de sabiduría? Si tú le preguntabas en ese momento a Pedro, por qué había dicho que Jesús era el Cristo, el Hijo del Dios viviente, él no te lo habría sabido explicar. Porque sólo recibió la palabra de conocimiento, pero no la entendió. Ahora, si él hubiera podido explicarla, además de darla, entonces se hubiera convertido en palabra de sabiduría.

 La palabra de sabiduría es la habilidad de recibir la comprensión acerca de cómo puede aplicarse el conocimiento a las necesidades específicas. Dado los hechos sobre cualquier situación, una persona con este don encuentra la manera de desarrollar un proceso para traer una solución. La palabra de sabiduría puede ser una visión divina, puede ser una impresión en el espíritu, o puede ser algo recibido de alguna forma, sobre una persona o una situación, que no son obvias para una persona promedio, y se combina con una comprensión de qué hacer y qué no hacer.

Es decir: cuando la suma de conocimiento se articula y conforma un gigantesco rompecabezas, o puzle armado, allí es donde comienza a gestarse la sabiduría. Cuando un profeta comienza a enseñar la mente de Dios, normalmente está haciendo uso del don de sabiduría. Y la gente le entiende, de hecho. Porque si la gente no entendiera, esa sería la señal de que no está utilizando el don. Lo cierto es que el trabajo del maestro, hace que la iglesia madure más pronto. Él trae instrucción práctica y trae revelación del cielo para tomar decisiones correctas. Y en ese amor a la verdad, y tal como lo expresa Juan en el capítulo 8 y verso 32: Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres, hay un principio vigente y activo. La verdad, de por sí, tiene la capacidad de desarticular a las tinieblas. Porque el diablo es un estratega de mentiras.

(75) – Comprometidos con la Verdad

Entonces, ¿Qué sucede cuando un maestro se levanta como punta de lanza en una congregación? Es tremendo. Porque algo que la iglesia todavía no ha entendido, es que el conocimiento es un arma de guerra. Sucede en lugares con religiones basadas en mentiras que un maestro puede desarmar en segundos. Al comenzar a hablar, sin reprender, sin poner sus manos sobre nadie y sin siquiera orar, los demonios se manifiestan. Porque la enseñanza y el conocimiento, es un arma de guerra. La maduración que la iglesia necesita, ciertamente depende de dos cosas. Una de estas dos cosas, es el carácter.

 La persona más idónea en la organización de la iglesia para trabajar con el carácter, debería ser el pastor, porque él conoce a las ovejas. De ahí que no se concibe la verdad de que pueda haber un pastor que no sea también un maestro. En la parte práctica, sin embargo, tengo que decir que sí hay. Eso me lleva a una conclusión bien interesante: la persona que es pastor pero que no es maestro, entraría a funcionar bajo una unción pastoral, pero no bajo un ministerio pastoral. Porque es muy difícil que un pastor de oficio, no tenga que enseñar. ¿Cómo podría establecer verdades en la gente?

 Por la misma razón, un maestro de oficio, que tiene un compromiso por la verdad, va a estar permanentemente preocupado por saber lo que la gente está haciendo con lo que él está enseñando. Y eso, inevitablemente lo va a llevar a él, a hacer un trabajo pastoral indirecto. De acuerdo, no es algo que él busque, pero hay que entender que él no está arrojando semillas al aire, simplemente. Está viendo dónde caen, está viendo qué hace con eso, la gente. ¿Y por qué? Por el amor que tiene. Pero no a la gente, sino a la verdad. Es muy difícil soltar, desprender, separar, el ministerio pastoral de oficio, del ministerio magisterial de oficio.

¿Qué es lo más normal de encontrar? Que existe un pastor ministerial de oficio, con un don magisterial. ¿Y cuál sería el equivalente? Una persona con el ministerio del maestro, con un don pastoral. ¿Y estas dos semblanzas, funcionan bien? Funcionan bien. ¿Y cuál es la diferencia entre ambos? Casi mínima, porque en esencia va a salir una sola fuente de ambos ministros. Va a salir una misma cosa. Lo peligroso: tener un maestro como líder de la iglesia, que no tenga nada de pastor. Será una iglesia casi sin perspectiva de desarrollo. Apenas llegará a constituirse en una biblioteca espiritual con piernas.

 Otro peligro. Ser pastor, pero no ser maestro. No se le da sentido a lo que pasa. La gente es atendida, la gente es restaurada, pero la gente no logra articular lo que sabe en su propia vida, con un sentido de utilidad. Bajo esta imagen, si bien consideramos que Dios nunca quiso que los ministerios habitaran individualmente, sino colectivamente, él diseñó esta cooperación en los ministerios, cuando cualquiera de ellos se desenvuelve solo, van a darse cuenta ustedes que carecen de muchas cosas. Y cuando digo cualquiera de ellos, no dejo fuera al apostólico. Cualquiera de ellos, aún el apostólico. No abastece para todo lo que es una iglesia sana, una iglesia con propósito, una iglesia establecida en una plataforma de estabilidad. No se da, porque Dios los diseñó juntos. Por eso no es correcto referirse a LOS ministerios quíntuples, sino AL ministerio quíntuple. Es un solo racimo de esta vid con cinco uvas.

(76) – Las Diferencias Escritas 10

Sin embargo, en Lucas 12: 32-33 se vuelve a repetir el tema que anteriormente mencionábamos, cuando Jesús dice: No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino. Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye. 

Lo primero que podemos ver es que dice “manada pequeña”. ¿Por qué utiliza esa expresión si luego veremos que los cristianos no conforman, precisamente, una manada pequeña, sino bastante voluminosa? Porque no se refiere a todos los cristianos, sino al remanente santo. Un remanente que es el producto de la zaranda, del filtro que la propia palabra ejecuta sobre el pueblo, extirpando todo foco de religiosidad e incrementando la tarea del Espíritu Santo. Es indudable que aquí, en este texto, un religioso te dirá que antes de hacer algo así, tendrá que preguntarle a su pastor si es lo correcto, ya que no sabía que existieran esos versículos. 

(77) – El Largo Brazo de La Salvación

Muy bien: todas las recomendaciones que hemos hecho con respecto a los dos ministerios desarrollados hasta aquí, deberán aplicarse al que sigue: El Ministerio Evangelístico. Tiene que quedar más que claro que ni estamos priorizándolos a unos sobre otros, ni dándoles una jerarquía superior a uno sobre los demás, aunque miles y miles nos digan que se está haciendo así. Simplemente, la idea es hablar un poco de cada uno de ellos, como parte integral de lo que en suma, será un equipo, ese ejército que anteriormente te mencionaba antes de dedicarme al primero, única manera que veo para derrumbar al sistema religioso.

Quiero, antes de compartirte algunas características del evangelista, considerar que creo que este es uno de los ministerios más amados. Habrás advertido que los dos de los que estuvimos hablando, tienen algunas connotaciones que determinan que por allí tengan roces con otros. El evangelista es amado y, prácticamente, no tiene oposición alguna dentro de las estructuras eclesiásticas. Su guerra, aparentemente, es con el afuera, con el mundo secular, con los impíos. Y con los demonios, obviamente. Sin embargo, y pese a todo lo que termino de decirte, ahora debo añadir que es uno de los ministerios que más ha perdido su forma.

Es uno de los ministerios más prostituidos, si es que me permites una expresión que no es para nada agradable, tanto que en estos tiempos, muy difícilmente podamos hallar ministerios evangelísticos genuinos. Porque la gran mayoría de ellos se han comercializado, se han vulgarizado. Además, han sido usados para revitalizar ese sentimiento que nos lleva a suponer que en verdad, estamos ganando las naciones, pero sin fruto ni consistencia a largo plazo. Asimismo, es un ministerio para con el cual todos creen sentirse con derecho a modelarlo. Por esa causa es muy difícil observar a dos ministerios evangelísticos que trabajen iguales.

 Porque todos se sienten con derecho y libertad de poner sus manos en ese ministerio y cambiar, poner y sacar como mejor les parece. Tanto es así que, en la práctica, hoy día, y si bien es uno de los ministerios más amados, es uno de los que ha estado vigente muchísimo tiempo. Pero, pese a ello, hoy es uno de los menos eficaces. Porque, si tomamos dos perfiles del evangelismo, que son el evangelismo masivo y el evangelismo personal, cualquiera de ustedes puede darse cuenta que el que menos resultado ha dado es el evangelismo masivo. ¿Por qué causa? Básicamente, entiendo que por la consolidación de los creyentes.

Esa es, a mi entender, la crítica constante. Porque es mucha la gente que critica y censura el hecho de que no se puede mantener, consolidar y sostener a los que se han ganado en una campaña, que hace perder de vista algo mucho más profundo que esto, y es que por ser tan diluido el mensaje evangelístico de las campañas masivas, nadie puede asegurar que como resultado, verdaderamente se haya ganado algo. Yo estaba recordando, por ejemplo, que cuando Pedro predica, es una verdadera explosión de evangelismo masivo. Sin embargo, cuando estuvieron con Jesús, era más bien un evangelismo personal.

 Lo del Libro de los Hechos, a todas luces, evidencia ser evangelismo masivo, pero estuvo tan delineado, tan potente, que la gente que entró por esas puertas maravillosas, indudablemente se quedó. Y eso nos lleva a este análisis. Cuando el evangelismo está bien hecho, aunque luego no exista un buen proceso de consolidación, la gente que nace de nuevo, ¡Nace de nuevo! Cuando el evangelismo llega demasiado diluido, en cambio, la gente va a necesitar de muchísimas prótesis para poder sostenerse y perdurar. Y allí empiezan los cruces de culpabilidades. ¡Es que no los seguimos! ¡Es que no los atendimos!

 Mira, cuando alguien nace realmente de lo alto, va a buscar la vida por el camino que sea. Claro que cuando la persona no nació genuinamente de nuevo, entonces sí necesita un seguimiento, una atención personalizada y, hasta una actitud de promoción. Lleva dos por el precio de uno, compre ahora y pague el mes que viene. Más o menos ese es el estilo. Y partiendo de esta clase de base, ahí sí te puedo decir, que el ministerio del evangelista, si no es el más devaluado de los cinco, está compitiendo cabeza a cabeza con algún otro para serlo.

 De allí que quiero mostrarte algunos rasgos que encontramos en la Palabra en referencia al ministerio evangelístico. Por ejemplo: una característica que prevalece en este ministerio, es la fe. Porque no nos engañemos, lo que hace evangelista a un evangelista, es el don de fe que tiene. A todas luces es lo que más utiliza para poder proyectar su trabajo ministerial. Además, tiene una especialidad visible: el entendimiento de los tiempos. Él sabe perfectamente que no puede cosechar, a menos que el trigo esté maduro. Y esto nos toca a todos.

 Probablemente tengamos algunos huecos, todavía, como por ejemplo con el ministerio apostólico. Porque si venimos de una iglesia tradicional, es más que obvio que no hemos estado rodeado de apóstoles, precisamente. Pero díganme en qué iglesia no se ha hablado de evangelismo. En qué iglesia no hemos llevado a cabo actividades evangelísticas. ¿En qué región o ciudad del planeta no se han reunido los pastores del lugar a diagramar una campaña de varios días con la presencia de un evangelista? Esto es algo que lo hemos visto desde siempre. 

(78) – Con Los Campos Listos

Tomando como base esas visitas e invitaciones, ¿Alguno de ustedes pudo conocer, alguna vez, a un evangelista que venía con una comprensión de tiempos? O sea: ¿Qué se debía hacer eso en ese lugar porque ese era el tiempo por tal y por cuál razón? ¡No! La mayoría incluyó lugares que le quedaban de paso a partir de una visita a un sitio en el que sí había sido invitado con antelación. Mira; cuando un evangelista entra a un lugar antes del tiempo indicado, lo único que hace es quemar el campo. Por poco o por mucho que conozcas de agricultura, ¿Qué pasa si cualquiera de ustedes quiere cosechar algo antes del tiempo?

 Todos sabemos los sinnúmeros de factores contraproducentes para la salud que pueden producirse por el simple hecho de consumir algo verde, que le falta tiempo de maduración. En lo evangelístico es igual. Es imposible tener una buena cosecha, si no se sabe entender respecto a  los tiempos en que Dios ha madurado o no a esa gente a evangelizar. Saber el cuándo, es vital para tener una cosecha de primer nivel. Duda: ¿Eso no se contrapone con esa palabra que nos envía a predicar en tiempo y fuera de tiempo? No, porque esa palabra se refiere a nuestra disposición para hacerlo, no a la organización.

 Y una cosa es el hablar persona a persona, y otra diagramar una campaña para miles. Cuando revisamos el ministerio de Jesús, nos damos cuenta que él no recorrió erráticamente las regiones por las cuales transitó, sino que se tomó el tiempo necesario para elaborar una ruta conforme a visiones o discernimiento singular. Él esperaba dirección clara antes de visitar un lugar. Entonces, ¿Cuál es la especialidad del evangelista? Ser entendido en los tiempos. Algo así como lo que dijo Jesús: Los campos están listos para la siega. Lo más visible y dominante, lo que va a estar detrás de toda esta acción que tiene el evangelista, es el espíritu de misericordia.

Es una persona sumamente sensible. Bajo esa óptica, un evangelista de oficio no va a ser solamente el que toma un megáfono y se va a la plaza. Va a ser esa persona que recolecta cosas en la semana para que en el fin de semana poder ir a regalárselas a la gente pobre. Va a ser el que arma un vestidor para dar ropa a la gente que no la tiene, va a ser parte de la gente que está mirando para ver cómo puede ayudar a los niños de la zona. O sea: no es una persona que identifica su ministerio con repartir folletos o en hablar. Es una persona que tiene una dinámica de vida en la cual, lo haga o no la iglesia, él lo va a hacer.

 Él no depende de la iglesia para hacerlo. Si alguien me dice que no puede hacer nada porque en su iglesia no le dan permiso, permíteme que le diga que entonces es cualquier cosa, menos evangelista. ¿Tú crees que un verdadero hombre de Dios va a depender de si le dan permiso o no para hacer lo que tiene que hacer? ¡La vida de Dios no se puede encapsular en una doctrina denominacional, hermano! La vida de Dios no depende de las autoridades de la iglesia. ¡Y gloria a Dios que es así! Cuando una persona tiene un ministerio, no va a poder reprimir lo que el ministerio le impulsa a hacer.

 Yo tenía una clase de escuela dominical en una iglesia bautista y jamás pude dar en la clase el programa oficial que la escuela me entregaba. ¡Era perder soberanamente el tiempo en teologías huecas y livianas! Eso me costó bastante, sobre todo en reputación interna. Y mucho más cuando en una mañana de domingo, en mi salón había casi doscientas personas y, luego, en el culto, apenas setenta. Mosca en la nariz…

Si alguien necesita que la iglesia le organice un par de campañas por año para ejercer su ministerio y luego se pasa el resto del tiempo sin hacer nada, podrá ser alguien con habilidades para evangelizar, pero de ninguna manera es un ministro de evangelismo.

 El evangelista vive en esto, se mueve en esto, trabaja en esto, está constantemente predicando el evangelio. Y, además, el evangelista puede tener todos los defectos que se te ocurran, pero ni por asomo puedes acusarlo de mojigato o cobarde. Te va a predicar el evangelio tal como su unción le demanda sin poner cuidado en las consecuencias que eso tengan para él. Y es lo mismo que lo haga aquí, en USA, en China o en un mismísimo país de mayoría musulmana. Y créeme que no estoy hablando tonterías al decir esto, precisamente.

Eso, conjuntamente con la misericordia que posee el evangelista, es lo que lo lleva en casos a orar por gente sin que nadie a su alrededor entienda porque lo hizo. Pero él lo sabe y es suficiente. ¿Y cuál es el epicentro de un evangelista? Hacer señales. Se mueven con una unción de señales muy fuerte. En mi país, el ministerio del evangelista Carlos Anacondia fue durante muchos años la prueba concreta y palpable de esto que te digo. Todos los cristianos argentinos dan fe de lo que hablo, y muchos de otros países que lo han conocido, también. Y cuando hablo de señales, estoy hablando de sanidades, liberaciones y todo eso que tanto impacto produce. ¡Oh, sí! ¡Eso acompaña siempre a los evangelistas! Eso es lo que se dice siempre en la iglesia.

Y tanto es así, que nadie lo duda, porque para eso fueron enviados los evangelistas por el Señor. ¿O no lo tuvo también el ministerio de Jesús? Alguien a mí alrededor me dijo una vez: evangelista que no sana, no es evangelista. ¿Tan así? Pregunté yo. Tan así, respondió él. En cuanto al recurso máximo en este ministerio, es la autoridad. Tiene mucha autoridad. La gente, aun cuando se ve ruda, rústica y fuerte, se derrite y desploma ante la autoridad de un evangelista que les diga lo justo y preciso en el momento justo y preciso. Ellos les predican, aún, a esas personas a las que si tú las ves, te produce un poco de temor enfrentarlos o confrontarlos con el evangelio. ¿Y su carga por la iglesia? La acción. Viene del verbo hacer. ¡Ya! ¡Hagamos! 

(79) – Las Obras Son Para Dios

(Hechos 21: 8) = Al otro día, saliendo Pablo y los que con él estábamos, fuimos a Cesarea; y entrando en casa de Felipe el evangelista, que era uno de los siete, posamos con él. 

¿Recuerdan ustedes cuando la iglesia levanta siete diáconos, donde conjuntamente con ellos es levantado Esteban? Este Felipe, era uno de los siete. Y fíjate que en el marco del Nuevo Testamento, vemos a más de veinte personas a las que se les llama apóstoles, sólo unos pocos que son llamados profetas y sólo a uno a quien se le llama evangelista: Felipe.

(2 Timoteo 4: 5) = Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio. 

Esto que lees aquí, nos lleva a reflexionar algo muy puntual. La palabra griega traducida en estos versículos como evangelista, significa literalmente buen mensajero, mensajero de bien, o mensajero de buenas nuevas. Y en este sentido, todos los apóstoles también eran evangelistas, ¿Se entiende? No obstante, hay que consignar que, en este caso, el evangelismo era solamente una de sus muchas obligaciones. Y una vez más, el ministerio del evangelismo siempre está acompañado de señales y milagros. Siempre. Jesús lo explicó así: Si no creen por mis palabras, crean por mis obras.

Porque ese es el punto: las obras que acompañan al evangelista, están destinadas a que la gente crea. Y un rasgo distintivo del evangelista, es que no hace obras para que crean en él, sino para que la gente crea en Dios. Por eso es bastante raro cuando el evangelista se vuelve pomposo, se vuelve excéntrico, vanidoso, por los milagros y señales. Porque no es esa la idea. Dios no viene para hacer lucir al hombre, Dios viene para mostrarse a sí mismo. Jesús ni siquiera decía quién era cuando sanaba a alguien. Asimismo, los evangelistas tienen una profunda autoridad para traer liberación a los cautivos.

 Porque ellos saben que, para liberar a los cautivos, se requiere autoridad en el nombre de Jesús, y se requiere arrebatar el botín con violencia. Por eso, ustedes no van a conocer a un solo evangelista, de ministerio, que no crea en la guerra espiritual. Sería poco menos que anti-natural. Los evangelistas, esencialmente, manifiestan la cruz de manera muy visible. ¿Recuerdas cuando Jesús dijo que sería levantado y nos atraería a Él? Lo que hace que la gente corra tras los evangelistas, no es el mensaje. Porque hay casos en donde el evangelista predica en un idioma, un traductor que lo traduce a otro idioma para que la audiencia de ese lugar pueda entender.

Si partiéramos del hecho de que es la voz la que tiene la autoridad, la voz que está invitando a esa gente y tendría la autoridad como para llevarlos a la cruz, sería la voz del traductor y no la del evangelista, porque ellos no entienden la voz del evangelista, habla otro idioma. Pero, a pesar de eso, multitudes de gentes corren hacia él. ¿Cómo puede ser eso? Muy simple, o no tanto. Porque ellos, los evangelistas, por el ministerio que Dios les ha dado, pueden exhibir la cruz. Y aunque la gente no entienda una sola palabra de lo que está diciendo, igualmente corren hacia él. Hacia la cruz.

Este es un fenómeno muy interesante. A mí me ha tocado observar, en campañas de ministerios reconocidos, cómo la gente, antes que alguien diga la primera palabra, ya está quebrada, dispuesta a dar ese paso crucial. Sólo falta que alguien les diga: ¡Vengan! Están viendo la cruz, y la cruz es la que los invita. Tienen un nivel de intimidad con el Espíritu Santo que les permite encontrar el lugar donde él, el Espíritu Santo, quiere obrar. (Juan 16: 8) = Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. Queda absolutamente claro: es el Espíritu Santo el que provoca esto, no el hombre en sí o por sí mismo.

Él es quien decide el cuándo y el dónde. Un ministerio evangelístico serio, no es el que acepta la invitación de una comunidad para hacer evangelismo. El ministerio genuino es el que sabe dónde tiene que ir, lo inviten o no, le permitan la entrada, o no. Por lo dicho: entiende el cuándo y entiende el dónde. Dónde Dios quiere obrar. Obviamente, aunque Dios desea que pase en toda la tierra, no en todos los lugares se está dispuesto a creer. No todos los lugares están abiertos para que el Espíritu Santo los convenza de pecado, de justicia y de juicio. Escucha esto: es imposible que una persona nazca del Espíritu, si es que no es convencida de pecado, justicia y juicio.

Una conversión genuina, es la consecuencia de que la persona ha sido expuesta al Espíritu Santo, y el Espíritu Santo ha provocado en la persona conciencia de pecado, de justicia y de juicio. Te dije que hablaríamos de nacer del agua y el espíritu, ¿No es cierto? Bueno, esto que acabas de oír, es nacer del espíritu. Por lo tanto, la predicación del evangelista es muy básica, muy sencilla. ¿Qué es lo que provoca? Convicción de pecado. No va a ser una persona que va a hablarle de la ciencia de Dios. Su mensaje, simplemente provoca convicción de pecados. ¡Nada menos! Además, su unción es la que mantiene a la iglesia, con fina sensibilidad por la gente todavía no alcanzada.

(80) – Con Miradas Distintas

Un evangelista en un equipo de liderazgo, es no solamente recomendable, sino total y absolutamente necesario. ¿Quieres dos ministerios que difícilmente trabajan juntos? Maestros y evangelistas. De hecho, tampoco se llevan lo que se dice muy bien. ¿Causa? ¡Qué los campos de acción de uno y otro son totalmente distintos! Mientras el evangelista mira hacia afuera, el maestro mira hacia adentro.  La unción del evangelista es la que acerca la “naturalidad” y “normalidad” de las señales y prodigios a la iglesia, y es una de las que la mantiene abierta y receptiva a la operación del Espíritu.

Ahora supongamos a un evangelista al frente de una iglesia como su pastor. ¿Cómo será? Él no va a cerrar jamás un culto sin una sanidad, sin alguien que se caiga al piso. Considerará a la reunión un fracaso si no ocurre algo de esto. Su iglesia se mantiene siempre abierta a las operaciones sobrenaturales del Señor. Eso es típico en los evangelistas. Si el pastor es evangelista, tendrá una iglesia permanentemente con gente nueva. Aunque, lamentablemente, casi siempre será gente que no tiene profundidad. Y allí es donde se genera una crisis, porque ellos no logran crecer, no logran establecerse en diseños de conocimientos más profundos, más pesados.

 Y algo que a menudo sucede, es que son buenos lugares para que la gente entre a conocer al Señor, pero malos a la hora de ser esos mismos, discipulados. Tarde o temprano, esa gente va a moverse a otra iglesia. Sueltan la habilidad de la oración y el ayuno. Para ellos, ese tema es pan comido. Imparten fe de milagros y alcance en el cuerpo de Cristo. Como su acción tiene que ver mucho con la fe, ellos siempre están impartiendo esto en la gente. Si tú pones a un evangelista como líder de célula o al frente de un grupo de casa de familia, probablemente crezca muy rápido, pero sufrirá en conjunto el anterior problema citado, no madurará.

 Son reconciliadores natos. Ellos no tienen ningún problema en trabajar con la iglesia que salga hacia adelante, sea la que sea de la denominación que sea. Buscan acciones constantes para restaurar a los caídos. Ahí se exponen, a veces, a situaciones complicadas. Han llevado gente a hospedarse en sus casas porque las iglesias no querían recibirlos, y algunas veces algunas de esas personas les robaron y huyeron. En otro orden, tienen una unción especial y natural para la guerra espiritual territorial. ¿Qué significa esto? Que poseer una unción natural, es manejarse en muchas ocasiones, casi instintivamente.

Ese, evidentemente, es un punto débil en ellos. Ellos detectan que la gente tiene que ser liberada por Dios para venir a Cristo y que hay una acción manifiesta de las tinieblas para retener a la gente. Y cuando ven esto lo encaran sin más ni más. Ahora veamos algo obvio: ¿Qué es lo que puede unir a la iglesia en todo su espectro ante la visita de un evangelista? Sin dudas, la cosecha. De allí que el evangelista es muy buen administrador y sumamente activo en la resolución de problemas. De hecho, lo que más mueve sus ministerios, es la acción. Es gente que siempre está avanzando.

El discernimiento de espíritus, en este caso no es una opción, tiene que estar presente en los evangelistas. Y fíjate que ocurre algo muy singular. Los que tienen el don de evangelismo, generalmente no tienen el don de discernimiento de espíritus, y ahí es donde el diablo los engaña. ¿Y cómo nos damos cuenta de quién tiene o no el don? Mira; el que tiene el don, tiene carga por evangelizar, pero no tiene el equipamiento completo. Sin embargo, por la capacidad pro activa que generalmente los evangelistas tienen, solucionan todos sus problemas. Los dones de liderazgo y administración que poseen algunos evangelistas, involucran habilidades organizacionales que resultan en lograr metas espirituales.

A menudo un evangelista tendrá ambos dones. ¿Pero es necesario ese don de liderazgo? Voy a opinar que sí, que he visto campañas organizadas por evangelistas con tremendo don de liderazgo para ordenarlo todo al dedillo. Los evangelistas tienen especial celo por los nuevos creyentes. Y es el momento de repasar otra idea distorsionada que la iglesia ha tomado como cierta. Y es que muchos ven al evangelista como que es alguien que viene con un camión recolectando inconversos que acaban de aceptar a Cristo, lo estaciona frente a la congregación y con una rampa especial los descarga a todos adentro y se los delega al pastor. ¿Sabes qué? ¡Ese no es evangelista! ¿Por qué lo digo?

Porque un evangelista genuino, con unción divina, siempre, pero absolutamente siempre va a estar pendiente del crecimiento o la maduración de la gente a la que ayudó a venir a Jesús. ¡Ese es el ministerio evangelístico! Cualquier otra cosa similar pero no como esta que describo, es una imitación de feria que generalmente suele terminar mal para alguien. El evangelista genuino, no concluye su tarea cuando decenas, cientos o miles de persona pasan al frente y reciben a Cristo en sus corazones. Un verdadero evangelista se siente tremendamente responsable por todos los que ha ganado. Y hará lo posible para que continúen en el camino, sea lo que sea que lo rodee donde está al día siguiente de su conversión. 

(81) – Con Espíritu de Misericordia

Volviendo a ese texto en el que Pablo le habla a Timoteo y le dice: haz tu obra de evangelista, ese texto ha llevado a cierto grado de confusión y error a muchos. Porque se entiende que ya que Pablo le indicó a  Timoteo que hiciera la obra de evangelista, se entendió que eso significa que todos hemos sido llamados a hacer eso. Y fíjate que esto también podría aplicarse al tema de los profetas. Lo que estamos tratando de proyectar en todos los ministerios, es el hecho de que el ministerio tiene dos facetas. Tiene la faceta de don, y tiene la faceta de ministerio.

 ¿Todos podemos acceder a ese don? Casi siempre sí, siempre y cuando el Espíritu Santo nos lo quiera dar, y nosotros estemos abiertos y dispuestos a recibir lo que el Espíritu Santo quiera darnos. Porque el motor que está detrás no sólo de este, sino de todos los ministerios, es el hambre por Dios. De hecho, tenemos que tener la claridad para discernir qué es qué, de esto se trata. ¿Todos pueden hacer la obra de evangelista? ¡Sí! Yo creo que el único que no podría hacer esa obra, es el que no es convertido. Un rasgo muy marcado en el evangelista, es la obediencia.

En pleno apogeo de un avivamiento en toda una ciudad, Felipe fue guiado a irse para predicarle el evangelio a un solo hombre en el desierto. Esto requería de una gran sensibilidad y obediencia al Espíritu. Algunos sostienen que un buen evangelista tiene algo de profeta, esa capacidad para escuchar al Señor. Yo creo que sí. Sin embargo, su oído no está abierto a la sabiduría de Dios revelada, sino a la voluntad del Padre por alcanzar a alguien. Revisemos una vez más la ficha técnica del evangelista. Su característica más dominante, es la fe. Y de eso no tenemos la menor duda.

 El evangelista genuino es una persona que le va a creer a Dios, cualquier cosa. Su especialidad, es entender los tiempos correctos de Dios para hacer algo. Su rasgo dominante, es ese espíritu de misericordia. Es un rasgo que podemos ver en Cristo, apenas Él viene; tenía mucha misericordia por la gente. El don central que manifiesta, son las señales. El recurso recurrente, es la autoridad y la carga por la iglesia que él tiene, es la acción. Siempre está esperando que la iglesia actúe. Lo pongo así: cuando una iglesia no se mueve, tarde o temprano pierde a sus evangelistas.

De hecho, toda la iglesia del Señor en todas sus estructuras, está llamada a ganar almas. Tanto es así que, pese a todo lo que se haya dicho o enseñado, es coherente que como creyentes, tengamos una permanente intención de alcanzar a los perdidos. Eso, está fuera de toda discusión. Pero, obviamente, esto se llama voluntad general. La voluntad general de Dios para la iglesia, es que ganemos gente nueva. Sin embargo, conjuntamente con esta voluntad general, está la voluntad específica. La voluntad específica de Dios, es lo que Dios quiere para cada sitio en especial.

Lugar, geografía, región, iglesia local, si quieres. Congregación. Entoncs, aparte de ganar almas nuevas, hay algo que Dios desea de parte de un grupo o persona establecida en un lugar puntual y específico. Entonces, ¿Cuál se supone que es el máximo desafío que afronta la iglesia en su conjunto? Saber equilibrar las cosas entre la voluntad general y la voluntad específica. Ninguno de nosotros puede, por estar haciendo estricta y puntualmente lo que Dios le ha pedido, dejar de evangelizar.

Ninguno de nosotros puede necesitar que Dios le diga que tiene que ganar gente. ¡Siempre debemos tener esa actitud! La gran revelación para tu vida, hoy es que, en ese equilibro en el cual te mueves, entre la voluntad general de Dios que te ordena hablar de Él a quienes no le conocen, y la voluntad específica que tienes para una tarea concreta y precisa que tú ya conoces, está la realidad de algo que quizás nunca se te ocurrió pensar: por ese motivo y para eso específico es que naciste en ese lugar y vives en esa región, ciudad, provincia, aldea o municipio.

(82) – Las Diferencias Escritas 11

No obstante todo lo que se diga o enseñe, el de la generosidad plena parece ser el tema más remanido, ya que en Lucas 14:33 Él señala: Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.

Pero, aquí los religiosos dicen: Bueno, está muy bien eso, pero no hay que llevarlo a un extremo, no está hablando de renunciar a todas tus posesiones, literalmente, sino de hacerlo sólo en tu corazón. Nadie podría discutir esa interpretación, pero convengamos que de ninguna manera es excluyente. No, al menos, si lo que se desea es ir para adelante con todo lo que el Señor te exija o demande, y sin poner condiciones.

Se insiste en Lucas 16:13 con esto cuando Jesús expresa: Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. 

Aquí la religión te asegura que sí, que puedes hacerlo tranquilamente, siempre que no te pongas a orarle al dinero o a rendirle alguna especie de culto, puedes dedicar la mayor parte de tu vida a trabajar por las cosas materiales. No dudo de las buenas intenciones de aquellos hombres que dispusieron enseñar esto, pero déjame decirte que, haciendo honor a un viejo refrán de mi país que dice: “Dale dinero y poder a un hombre y lo conocerás de verdad”, cuando Mamón sienta sus reales en una persona, muy difícilmente se le escape. Y nadie nos especifica si esa persona es cristiana o no. El diablo es un enemigo derrotado y su poder es inferior al de Dios. Pero, aun así y todo, sigue dando pelea y, lo peor, cosechando demasiadas victorias. 

(83) – Esgrimiendo el Dedo del Juicio

Muy bien; para comenzar ahora a hablar del Ministerio Profético, déjame decirte que de los cinco ministerios que ves en Efesios 4:11, este es el único que no se le cambió el nombre en toda la Biblia. Sin embargo, y a pesar de eso, vemos una enorme y considerable diferencia entre el ministerio del Antiguo Testamento y el ministerio del Nuevo Testamento. En principio, puedo decirte que el ministerio profético del Antiguo Testamento, no terminó bien. El último profeta del Antiguo Testamento, fue Juan el Bautista, y no terminó bien. La forma en que Juan termina, muestra cómo, de alguna manera, el ministerio profético del Antiguo Pacto termina. Termina sin visión. Fíjate que Juan envía a preguntar si Jesús era el que había de venir o tenían que esperar a otro.

¿Qué puede ser lo peor que le pase a un profeta? Perder la visión. Entonces, cuando Dios manda a Jesús, Jesús viene como un nuevo tipo, como un nuevo modelo de profeta. Es un profeta diferente. Es muy distinto. Jesús es el primer profeta del Nuevo Pacto. Cuando yo digo que el Antiguo Testamento termina, verdaderamente, en el evangelio de Juan, estoy siendo bastante realista. El Nuevo Testamento, en realidad, empieza en Hechos. Ojo: no es necesario que cambies nada de lo que piensas y haces, esto sólo es una comprensión nuestra de lo que estamos hablando.

Cuando Jesús viene, la gran diferencia entre el ministro del Antiguo y Nuevo Pacto, está en dónde reside el poder y la unción. En el Antiguo Testamento, el poder y la unción del profeta, residía en esa acción del Espíritu Santo, que venía cuando él quería, sobre él. En el Nuevo Testamento, la fuente del poder y de la unción está en la mente y el corazón del profeta. Y eso marca una diferencia completa, absoluta. El nivel de responsabilidad que tiene el profeta del Nuevo Pacto es mayor que el del Antiguo Pacto. Porque para la tarea del Antiguo Pacto, lo único que se requería, era obediencia. Pero para el Nuevo Pacto se requiere un nivel de pureza extraordinarios, porque la mente y el corazón, ahora, son la plataforma de donde nace toda la revelación.

Cuando se habla de profeta, en este tiempo, no se puede evitar observar que es mucha la gente que todavía tiene la idea de los profetas del Antiguo Testamento. Hemos estudiado tanto a los antiguos profetas, que aún pese todo lo que recibimos del Padre, todavía nuestros modelos proféticos son aquellos pioneros del Antiguo Testamento. ¿Cuál es la ficha técnica del profeta? Característica dominante, Justicia. Ese elemento es distintivo, es único, es infaltable en el profeta. No hay profeta si no hay justicia. Es una persona que tiene un compromiso con la justicia, asombroso. Te diría que prefiere morir, a ser injusto.

Ahora veamos: cuando decimos que la fuente del ministerio profético en el Nuevo Testamento, nace de la mente y el corazón, y decimos al mismo tiempo que la característica dominante es la Justicia, ¿Cómo puede ser que haya un profeta, en el Nuevo Testamento, injusto? Si hubiera alguien así, seguramente que su corazón no ha sido transformado. Por esa misma razón, ese no es profeta. Los profetas genuinos necesitan tener un cuidado especial de su mente y su corazón, constantemente. Porque el parámetro de justicia que ellos tienen, depende de su corazón, no de su mente.

¿Has visto esa pequeña balanza que en todo el mundo simboliza a la justicia? Bien; los profetas tienen esa balanza en sus corazones. Pueden pelear encarnizadamente contra un hecho determinado que a su juicio es injusto. Y cuando alguien les pregunta el por qué, o cuáles son sus argumentos para batallar, ¡No lo saben! Pero lo sienten… ¿Y qué se supone que hará el diablo para destruir esa fuente? Trata de destruir sus vidas. ¿Y sabes qué? Satanás sabía cuál sería tu ministerio, antes que tú nacieras. Y habrá levantado una verdadera fortaleza para impedirlo, antes que tú tengas uso de razón.

 Conozco más de un caso de profetas, cuyas vidas incluso anteriores a convertirse y mucho antes de imaginar un ministerio, fueron verdaderos calvarios que los convirtieron poco menos que en sobrevivientes. Allí aprenden que, lo que Satanás quiere dañar en un profeta durante su formación, es su balance de Justicia. Si la balanza de un profeta está inclinada a derecha o a izquierda, nunca podrá emitir decretos justos y equilibrados. Serán decretos emitidos desde la plataforma, no desde la balanza.

¿Y cuál es la razón de un corazón sano? Está nivelado. Así que allí es donde trabaja Satanás, así como trabaja para destruir la fe de los evangelistas desde que son niños. Un evangelista sin fe, no es evangelista. ¡No es nada! No te olvides que así como la fe viene por el oír, a esto lo sabemos, lo que no siempre sabemos es que la destrucción de la fe, también viene por el oír.  Y si no, fíjate el tema familiar. Nada peor para un evangelista que Satanás se aferre a la incredulidad de su propia familia. ¿Sabes? Es terrible para un hombre levantarse por la mañana y ponerse a desayunar con personas que viven con él, que son su familia, pero que no creen en lo mismo que él cree. ¿Y sabes más? Eso, en el momento de plantarse en una plataforma y proclamar que Cristo vive y vence, sale la voz del diablo que le dice; ¿Ah, sí? ¿Y qué tal tu familia?

Entonces, una iglesia que quiere ser apostólica, es una iglesia que tiene que saber cuidar a los ministros. La mayoría de los profetas que hoy en día son conocidos en el mundo, han tenido infancias y juventudes bien feas. ¿Se imaginan cómo van a ser los profetas que hoy tienen quince o veinte años, si los cuidamos convenientemente? ¿Se imaginan lo que podrán hacer usando corazones que nunca fueron dañados? ¡Valdría la pena ver eso! ¡Si tanto poder sale de gente que ha sido tan dañada! ¿Te imaginas lo que puede lograr alguien que creció en paz? Porque, tengo que recordártelo una vez más, por si se te había olvidado. Dios no necesita de cien o doscientos profetas para cambiar una nación, necesita a uno. ¡Sólo uno! Hoy se habla y mucho de re evangelizar lo evangelizado, pero si debemos volver a evangelizar a niños o adolescentes que ya estaban supuestamente convertidos, algo mal se ha hecho, ¿No lo crees? 

(84) – Sobre Toda Carne…

La justicia, es el sello del profeta. No es el poder que emana de su trabajo, no es que levante muertos. Su característica más dominante, es la Justicia. Su especialidad, mientras tanto, es el entendimiento de las leyes espirituales. Y eso les abre todo el panorama del mundo espiritual, su entendimiento que tienen del mundo espiritual.  ¿Y cuál es el rasgo dominante en ellos? El espíritu de valentía, son gente muy valiente. Créeme, no hay profeta miedoso. Si hay algo peligroso y nadie quiere ir, el que se va a levantar y ofrecer, seguramente es profeta. Él va. El don central que él tiene, es el equilibrio, muy equivalente con la justicia.

El recurso recurrente, es un corazón sano. Es tan raro encontrar un profeta, ya mayor, que haya tenido un buen matrimonio, que haya sido una mujer con un solo esposo toda su vida. Porque donde el diablo más le pega, es en el corazón. Está claro que todo eso es a favor de una falta grave de sabiduría por no saber cuidarlo. No podemos cargarle toda la culpa al diablo. Tal vez no haya sido correctamente pastoreada, o quizás por mirar tan lejos, no pudo ver lo cercano. Carga por la iglesia. ¿Qué es lo que el profeta demanda de la iglesia? Dependencia. Que la iglesia dependa del Espíritu Santo.  Ahora bien: el hecho de que en 1 Corintios14:31 diga que todos pueden profetizar, no convierte a cada uno de nosotros, necesariamente, en profeta. Puede que por allí estemos acostumbrados a profetizar, pero eso, -reitero-, no nos convierte en profetas.

(Hechos 2: 17) =  Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones, Y vuestros ancianos soñarán sueños; (18) Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. 

Nota que no dice que vuestros hijos y vuestras hijas serán profetas, dice que profetizarán. Y profetizar es una acción, es la acción de hablar por el Espíritu Santo. Es hablar por la dirección de Dios. Vuestros hijos van a hablar por la dirección de Dios. Vuestros hijos van a decir lo que el cielo está diciendo. Sí, pero eso no los hace profetas. ¿Qué hace un profeta, profeta? ¿Dónde está la diferencia? ¿Dónde está la diferencia entre el don y el ministerio? Es como en mi profesión de periodista gráfico.

Cualquier persona está en condiciones de escribir algo valioso y que sea leído y reconocido por muchos. Pero no muchos son los que pueden hacerlo diariamente y contra un espacio determinado. Lo primero es el don, lo segundo el ministerio. En lo que dice a continuación: los profetas oyen a nivel estratégico. Es decir, no sólo oyen, sino que oyen a nivel estratégico. Es decir, reciben la revelación de la voluntad del Señor en ciertos asuntos. Esto puede referirse a individuos, iglesias, e incluso gobiernos, empresas u otras entidades a las cuales el Señor quiere hablar.

Esa es la gran diferencia entre el don profético y el ministerio profético. Ellos oyen en un nivel estratégico. Profundo, no sólo oyen. En la Escritura, vemos que los profetas reciben la revelación de diversas maneras. Estoy hablando tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, los dos parámetros proféticos. Puede tratarse a través de impresiones, sueños, visiones, palabras del Señor, visitaciones de ángeles, o aún estar inmóviles en el espíritu. No hay una manera de hacer una lista completa de todas las formas que Dios les habla a sus profetas. Ellos reciben revelación de Dios de una serie muy extensa de formas y maneras. Pese a que esto puede verse bonito, habrá que recordar que, como todo ministerio, el ministerio profético también tiene un límite. La Biblia dice: porque en parte vemos y en parte profetizamos.

¿Y qué significa esto? Significa que, por muy espectacular que haya sido nuestra revelación, es sólo una parte del todo. Para poder ver la imagen completa, debemos aprender a unir nuestra parte, con lo que los demás están viendo. Por esa razón este ministerio, casi siempre se refiere a personas, en plural. Explico: Dime que te ha mostrado a ti, a ti y luego a ti. Y luego te diré lo que me ha mostrado a mí. Recién entonces podremos unir todo y ver la figura completa. Pablo nos dice que en parte vemos. Entonces, bajo esa perspectiva, ¿Cuál sería el mayor riesgo de un profeta inexperto? Querer trabajar solo. 

(85) – Huyendo de Ciudad en Ciudad

(Mateo 23: 34) = Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad; 

Fíjate que interesante. Utiliza aquí, tres nombres: profetas, sabios y escribas. Estos son tres tipos diferentes de enviados de parte de Dios, profetas, sabios y escribas. Los profetas son enviados con palabras y revelación del Señor. Los sabios tienen palabra de sabiduría que edifica el ministerio, y los escribas son escritores, esto es, maestros.  Un tema frecuente en los profetas, es que ellos pueden moverse muy bien en el escuchar al Señor, pero no llegan a desarrollar el espíritu de revelación, el espíritu de sabiduría, a uno es dada palabra de conocimiento, también llamada ciencia, a otra palabra de sabiduría, por el mismo Espíritu.

 Cuando Dios le muestra un cuadro, una imagen a un profeta, ese profeta necesita depender del Señor para saber qué es lo que le está mostrando. Pero además necesita entenderlo, si es que luego desea transmitirlo. Hay un fenómeno muy frecuente. La gran mayoría de los profetas del Antiguo Testamento, podían ver al Señor. Y cuando digo ver, me refiero a oír, a percibir o recibir, pero no siempre podían entender. Hay un profeta en el Antiguo Testamento, que parecería ser el prototipo del profeta del Nuevo Testamento, y es Daniel.

Daniel tiene una característica muy singular: es una persona que no solamente se queda en la actitud pasiva de recibir una revelación, sino que él inquiere, pregunta, investiga, hasta saber qué es lo que significa lo que el Señor le está mostrando. No es ningún esfuerzo para un profeta, recibir. Dicen los que saben mucho de esto, que hasta en la ducha el profeta está recibiendo. En todo momento está recibiendo. Sin embargo, ¿Sabes qué es lo difícil para él? Entender. Cuando Daniel recibe las visiones, las fieras, los tiempos, no tiene problemas, pero cuando se dispone a investigar, cae y mal.

 Tiene fiebre, termina en cama, dice que queda varios días sin poder comer. ¿Dónde estaba la dificultad de Daniel? Literalmente, lo que Daniel hace, es romper la carcasa del profeta típico, que es sólo escuchar y repetir. Literalmente, él logra unir los tiempos hasta el tiempo futuro que no le correspondía, y él logra ser el único profeta de todo el Antiguo Testamento, que podía explicarte lo que había visto. ¿Y sabes cuál es la consecuencia de eso? Que Dios lo pone a regir naciones. Él es una persona que va a terminar en cargos de autoridad pública.

Y eso, por una sencilla razón: no solamente sabe lo que va a venir, porque Dios se lo dijo, sino que también sabe entender todo el proceso. Los otros profetas, y estoy hablando de Jeremías, estoy hablando de Isaías, estoy hablando de todos ellos, no tenían esa ventaja. Veo algo en especial en Daniel. Él no se limitó a ver una visión, sino que durante la misma, dice que preguntó a la figura que veía en visión, qué era lo que estaba viendo. Le preguntó a Dios qué era lo que le estaba mostrando. Y dijo: cuando el Señor me lo explicó, yo caí como muerto. ¿Qué podemos entender con esto? Hagamos el ejercicio. Que dependía de Daniel el querer conseguir también, la interpretación de lo que él estaba viendo.

(Jeremías 1: 10) =  Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar. 

Le está dando autoridad para hacer seis cosas. De esas seis cosas, cuatro tienen que ver con destruir lo anterior y sólo dos cosas con establecer lo nuevo. Por causa de su apego a la justicia, los profetas tienen autoridad para derribar reinos demoníacos con gran efectividad. Es eso lo que les da habilidad. No es que ellos son tremendos porque oran y la gente se cae. Es un tema de justicia. Están ungidos para destruir las obras del maligno, sin dudas. Su autoridad confronta lo carnal, lo  pecaminoso y lo demoníaco en la iglesia. Son personas muy duras con la carnalidad.

Son muy confrontadores. Por eso es que la gente cree que ellos son personas sin misericordia, demasiado dura, muy radical y hasta cruelmente presuntuoso. Creen que se hace el perfecto. Lo juzgan mal. ¿Por qué? Por este apego que él tiene, justamente a la justicia. Por ello, saben soltar y traen pureza y santificación al pueblo del Señor. Son vasos útiles para santificar. Por los dones que manifiesta el ministerio, ellos expresan la revelación de la palabra y los propósitos de Dios. Decíamos que en el Antiguo Testamento, y sólo podemos rescatar a Daniel como un profeta que no solamente ve, sino también como con un profeta del Nuevo Testamento, ya que él explica las cosas.

 Eso lo vemos en Pablo. Por ejemplo, cuando su barco se hunde, ¿Recuerdas? Cuando él está viajando, ¿Qué es lo que él dice? ¡Tranquilos! ¡El Señor ya me mostró que esto iba a pasar! Pero no se preocupen, nadie va a morir. O sea que él tiene las herramientas para poder leer el suceso con tremenda claridad. No da ninguna posibilidad para que alguien suponga que el diablo quiere hundir el barco. Dios tiene un propósito con esto. ¿Sabes? La mayor parte de los profetas del Antiguo Pacto, no llegaban a ese espacio. ¿Por qué? ¿Cuál era la razón? Porque su corazón y su mente no habían sido purificados.

 Lo que Dios purificaba, era su boca. ¿Pero, qué era lo que Dios decía en el Antiguo Testamento? En los postreros días cambiaré tu mente y tu corazón y escribiré. Esa es la gran diferencia entre los dos tipos de profetas. Hay una inclinación marcada en el ministerio profético a confrontar estructuras babilónicas y a desarraigarlas. Esto, obviamente, va a desencadenar muchísimos problemas. Los profetas son enviados para entregar mensajes de Dios, no para dar buenos consejos. Un profeta genuino jamás te va a dar un consejo. Sólo te dará una palabra si es que la ha recibido, pero hay casos en que es preferible que no te la de. 

(86) – ¿Quién Activará a Quién?

(Hechos 11: 28) = Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio. 

Agabo era un profeta de la iglesia del primer siglo. Él vio que venía una gran hambre a toda la región, cosa que después pasó. Del mismo profeta, se lee en el capítulo 21 y verso 10: Y permaneciendo nosotros allí algunos días, descendió de Judea un profeta llamado Agabo. ¿Recuerdas cuando Pablo está pasando por ese lugar? Y este profeta hace algo bien interesante. Él va a venir y le va a dar una palabra a Pablo. ¿Recuerdan ustedes su cinto? Él no tiene ningún problema en darle una palabra a Pablo o a quien sea por, justamente, esta autoridad que hay en él.

Este ministerio es una excelente herramienta de apoyo a cualquiera de los otros ministerios, por su gran versatilidad. Si quieres ponerlos con los evangelistas, ellos serán de mucha ayuda para entender los tiempos y los lugares, lo que se opone al evangelio en ese lugar. Si los pones con los maestros, son excelentes, porque lo que los maestros ven a través de las revelaciones de la palabra, los profetas lo entienden de inmediato. Y ellos activan a los maestros en una nueva manera de escuchar al Señor. Si quieres hacerlos trabajar con los pastores, son muy eficientes juntos en la sanidad interior, porque los profetas tienen la habilidad de ver lo que hay en el corazón de la gente.

 También son eficaces en la preparación de las sendas apostólicas. Y aquí quiero detenerme un momento porque entiendo que lo hemos vivido. Por poco o por mucho, cada uno de nosotros, los que componemos la iglesia del siglo veintiuno, lo hemos vivido. Antes de que se empiece a hablar de apóstoles, en el siglo veinte, cosa que más o menos aparece en los años setenta, no es que no había apóstoles antes, sin dudas los había. Sólo que por imperio de las circunstancias, fueron nominados como misioneros Es decir que, con títulos aprobados o no, apóstoles ya existían.

 Sin embargo, en los años setenta, la palabra apóstoles empieza a incursionar cada vez más. El asunto es este: antes que Dios pueda activar y restaurar el ministerio apostólico en la iglesia actual, tuvo que restaurar el ministerio profético. Porque a diferencia de lo que la mayoría de la gente cree, son los profetas los que activan a los apóstoles, y no al revés. Y voy a dar dos ejemplos bien bíblicos para que se entienda bien lo que termino de decir. Es la de Juan el Bautista, y Jesús. Juan el Bautista es un profeta, Jesús viene como el apóstol de nuestra fe. ¿Y qué es lo que hace Juan el Bautista? Voz que clama en el desierto, preparad camino al Señor.

Un rasgo típico del profeta, es que su ministerio despierta a los apóstoles dormidos. Él prepara la senda que luego los apóstoles van a caminar. ¿Y qué recurso utilizan, para esto? Escuchar al Señor. Ya les dije que lo que ellos más expresan como carga para la iglesia, es que la iglesia dependa del Señor. Primero con lentitud, pero luego con clara firmeza, diversos sectores que anteriormente estaban como dormidos o simplemente aburguesados, ahora empiezan a buscar de verdad relacionarse con el Señor en el cual aseguran creer. Claro que todo dependerá, luego, del sistema de mando que haya en cada lugar.

Donde el mando se ejercita de un modo rígido lindando con lo autoritario, siempre será mucho más complicado. Siempre me ha impresionado la palabra que dice que donde está el Espíritu del Señor, hay libertad. Y luego dice: para ver el rostro de Dios a cara descubierta. Y eso me lleva inexorablemente a pensar: ¿Será por eso que hay tan poca libertad en el cuerpo de Cristo? El argumento más repetido respecto a la falta de libertad para ejercitar dones y ministerios, es la falta de confianza en ciertas personas. El punto está en que nosotros no debemos confiar jamás en la gente, debemos confiar ciegamente en el Espíritu Santo.

Nuestro legendario error ha sido confiar en la gente. El segundo ejemplo que quiero contarte es el de Pablo y Ananías. Dios llama a Pablo, pero él necesita que un profeta lo active. Cuando él cae al piso en la entrada a Damasco, él no es activado, él se queda ciego. Se desactiva, en todo caso. Él se convierte, la verdad es esa. Ahora: de momento que la Biblia dice: Y Dios le habló a Ananías, ¿Se supone que Ananías era, qué? ¡Profeta! ¡Él escuchó la voz de Dios! Dios le da instrucciones a Ananías. Y todavía él se atreve a discutírselas con el argumento de que él sabe que ese hombre es un gran perseguidor de los cristianos y tiene temor de ello.

Pero Dios le dice que no tema, y que vaya, porque Él le va a enseñar a Saulo, (Ya ordenado como Pablo), cuánto tiene que sufrir para servirle. Y le dice que quiere que ponga sus manos sobre él. Y Ananías va y le dice al hermano Saulo, que el Señor lo ha enviado para que recupere la visión. Y dice que oró por él, y eso fue todo. Ahí desaparece de la escena Ananías. Y también desaparece Pablo, porque no se sabrá nada de él hasta tres años después. La pregunta que cabe para nosotros, es: ¿Por qué lo convoca a Ananías? Porque se necesitaba un apóstol, un gran apóstol, yo diría que el apóstol de todos los apóstoles, cuyo nombre era Pablo, y que se necesitaba que fuera activado por un profeta.

 Entonces, definitivamente, no se puede tratar con menosprecio al ministerio profético. Lo que quiero decir es que ni un apóstol, ni un pastor, ni nadie pueden mirar con menosprecio a un profeta, porque hay y debe haber una relación muy estrecha entre ellos. Los profetas tienen una marcada unción para destruir la oposición satánica, por lo que son excelentes candidatos a abrir obras nuevas en lugares cerrados para el evangelio. Lo que quiero decir es que, allá donde nadie quiera ir, manden un profeta. Los profetas motivan a la iglesia el buscar oír la palabra de Dios.

Cuando desarrollan capacidades magisteriales, son eficaces en el establecimiento de plataformas culturales. Un profeta fluyendo como maestro es de contenido y resultado de altísima excelencia. Tienen la habilidad de quitar lo viejo para poner lo nuevo, estableciendo de ese modo una nueva plataforma cultural. Los profetas, asimismo, son adoradores consumados. Es gente que disfruta la adoración. Y yo sé que para muchos de los que acceden a esto, eso es el mejor argumento y prueba de que esa gente tiene, efectivamente, una unción diferente. A muchos cristianos sinceros, fieles y buenos, les pesa adorar.

 Activan los dones de fe; esto desarrolla a la iglesia en milagros y sanidades diversas. Liberan dones y operaciones del Espíritu Santo, tienen mucha capacidad de hacerlo. Y no porque estén ellos, son transmisores. Ellos pueden ver que Dios está dando palabra de sabiduría y que nadie la está usando. Son excelentes instrumentos de aliento y fortaleza a los creyentes. Consuela, exhorta y libera a la iglesia. Un rasgo muy distintivo del ministerio profético, es el financiero.

La prosperidad financiera es desatada por Dios a través de sus profetas. La palabra dice en Crónicas que, si creemos en sus profetas, seremos prosperados. Son buenos motivadores para llevar a la iglesia a la guerra espiritual. Después que ha predicado un profeta, todos quieren salir corriendo a tumbar los altares de Baal. En ese proceso podrían llegar a perder algunos de sus soldados, pero te dirán que no te preocupes, que en toda guerra hay bajas. En las iglesias agotadas y sin fuerzas, son capaces de liberar el poder de la resurrección.

Cuando digo iglesias agotadas, me refiero a iglesias que se quemaron, se agotaron, se partieron. Además, los profetas son personas que traen consigo la enseñanza al temor de Dios y a la reverencia ante Su Presencia. En esta ficha profética, se han cuidado muy bien de poner todo lo bueno. No hay elementos negativos. De hecho, cada ministerio los tiene. Y en este punto en particular, ellos se exponen demasiado. En el tema de querer corregir, estoy hablando. Punto final con el profeta.

(87) – Las Diferencias Escritas 12

Jesús dice en Lucas 12:29: Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud.

Esto, indudablemente tiene que ver con un ataque directo al más acérrimo enemigo de la fe, la ansiedad. Pero los religiosos dicen que tienes que trabajar duro en el sistema, si es que quieres conseguir lo que necesitas, para comer y vestir. Nadie en su sano juicio y raciocinio, podría estar en oposición a esta expresión, pero si la misma emanara de gente secular sin participación alguna en asuntos espirituales. Pero si a esto se lo dice en una iglesia y desde un púlpito…

Con relación a esto, Jesús dice en Juan 6:27: Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre. 

Claro, esta es una sentencia muy conocida y clara dentro de nuestros ambientes, pero absolutamente descreída y hasta ridiculizada en los de la gente incrédula. Pero, fíjate que los religiosos dicen que a esto no hay que tomarlo literalmente y que tampoco se lo podemos aplicar a todas las personas. Simple: es una manera de desautorizar a la mismísima Palabra de Dios y de colocarla dentro de un panel de asuntos racionales disfrazados de espirituales. 

(88) – Hasta lo Último de la Tierra

Vamos ahora al Ministerio Apostólico. Es interesante que, después que Pedro comparte la primera gran prédica que abre la puerta de la iglesia para las naciones, nos encontramos con que en el capítulo 3 del Libro de los Hechos, hay un incidente notable y de sumo interés. En este capítulo se relata un episodio en el cual un hombre minusválido de nacimiento, estaba sentado en la puerta del templo. En ese templo, durante el día, en algunos horarios, se realizaban reuniones masivas. En este momento están hablando de la hora novena con respecto a la primera reunión.

(Hechos 3: 1) = Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración. (2) Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo. 

Veamos: Pedro y Juan están yendo al templo. ¿Por qué iban al templo, todavía, estos dos que habían sido discípulos de Jesús? Es evidente que ellos todavía no tenían una comprensión perfecta respecto a cuál era su lugar. Digámoslo con cuidado: Dios va a usar esta subida al templo como algo muy profético y revelador, sin dudas, pero Dios no les dijo que se quedaran yendo al templo. Es evidente que eso venía siendo así desde siempre, por eso ellos siguieron con una tradición que, en su momento, hasta Jesús cumplimentó, ya que estuvo en el templo enseñando. Sin embargo, luego eso comenzó a modificarse lentamente. Primero, pasó de templo a ser también en las casas. Templo y casas. Y luego, finalmente, se fue dejando de lado el templo y quedaron solamente las casas. O sea que hay una migración que en algunos pocos capítulos, se completa. En este capítulo, ellos están yendo al templo, ven a este cojo, e inmediatamente, en el versículo 6 sale la tremenda declaración de Pedro.

(Verso 6) = Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. 

(Verso 9) = Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios. (10) Y le reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta del templo, la Hermosa; y se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido. 

En principio, lo que vemos es que este hombre, era un mendigo profesional, por así denominarlo. Quiero decir que no se trataba de alguien que, por una necesidad eventual, del día, había ido a ese lugar para ver si recibía algo que se la cubriera. No, ese hombre tenía a la mendicidad, como medio de vida cotidiano y casi –como dije- profesional. Y que la iglesia está empezando a caminar y está empezando a influir. Aquí Pedro está usando un don muy típico del evangelista, que es el dar una señal, hacer un milagro sanando al hombre, pero fíjate que no se queda en la sanidad.

(11) Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón

Qué interesante, porque si recuerdas bien, Salomón tiene como elemento principal en el marco global de la Biblia, su sabiduría. Y más interesante resulta aún, recordar que cada una de las doce puertas de Jerusalén, tenían un nombre en particular. De hecho, algunos nombres cambiaron. En la época de David tenían un nombre y en la época de Jesús tenían otro nombre. Pero, estas doce puertas expresan doce funciones de la iglesia. Y en este caso, los apóstoles son conducidos a la puerta que expresa la sabiduría. El pórtico de Salomón. No es casual. Y allí Pedro empieza a predicar, salen sus dones de maestro. Mira:

(Verso 19) = Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, (20) y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; (21) a quien dé cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo. 

Y Luego, desde el verso 22, empieza a hablar de Moisés, que es el prototipo del apóstol en el Antiguo Testamento. Lo que tenemos en este pasaje, entonces, es una afirmación que es el eje de todo lo que hoy día es el proceso de reforma. ¿Cuál es el pasaje? Que en el verso 21 dice que el Señor va a ser enviado cuando todas las cosas sean restauradas. Por eso, es momento de advertir que el ministerio quíntuple, es una de las cosas que deberán ser restauradas. Si no la más importante, por lo menos una de las más importantes. Porque no es posible encontrar ni llevar a la iglesia a una estatura de madurez, sin la acción de todo el ministerio.

Siempre hemos dicho, y hasta cantado, que Dios va a venir a buscar a una novia sin mancha ni arruga. Hemos enseñado que él no puede venir a casarse con una niña inmadura, viene a casarse con una mujer, con una dama formada. ¿Nadie ya piensa en eso? ¿Tanto se les ha olvidado esta palabra? Hemos enseñado que en tanto que la iglesia es niña, que es como decir que el heredero es niño, aunque es por derecho legítimo dueño de todo, sin embargo en nada difiere del esclavo. En eso, todos estamos de acuerdo, incluso la gente más obcecada que no acepta los ministerios como tales y sostienen que solamente existe el ministerio pastoral.

Todos sabemos perfectamente que, aunque no sepamos el cómo y el cuándo, sí tenemos certeza que el retorno de Cristo no podrá darse hasta que no exista una iglesia madura. Donde tenemos el mayor problema es en definir cómo es que vamos a hacerla madurar.  ¿Haciendo campañas? ¿Haciendo culto tras culto? ¿Conferencias? ¿Congresos? ¿Clínicas? Recuerdo que una vez le pregunté desde el púlpito al cual se me había invitado a una congregación, cuál era su objetivo conjunto durante los próximos cinco años. Ver sus rostros fue entender de inmediato, así que añadí el golpe de gracia: ¡No me digan –dije- que ese objetivo no va más allá de venir sin falta a cada culto! Sí, lo era.

(89) – Restauración de Todas las Cosas

Estimado líder, ¿Cuánto hace que está usted en el ministerio? Cuarenta años. ¿Y ha podido hacer madurar a su congregación? La verdad, que no como lo hubiera deseado. Ah, sí; ¿Y qué le hace pensar que sí podrá hacerlo en los próximos cinco años, si es que no cambia nada de lo que ha venido haciendo en estos últimos cuarenta?  Entonces, donde se genera el primer punto de quiebre esencial, no es tanto en el objetivo. Al objetivo lo entendemos todos y creo que existe un acuerdo global en ello. Dios necesita una iglesia madura. El punto esencial, principal y clave de todo eso, es definir cómo es que logramos ese objetivo.

Y es aquí donde la iglesia tradicional, que se ha llenado de las costumbres de las naciones y ha anulado el ministerio completo, no tiene respuesta. No hay una sola respuesta seria. Siguen con sus ideas intactas, las traen desde los últimos doscientos años, y la verdad sea dicha, nadie ve que estemos mejor que hace doscientos años. Aquí es donde, entonces, caemos en el síndrome de los fariseos, ese que decía que ni entraban ni dejaban entrar. Ni abrimos la puerta ni tampoco pasamos. ¡Es que yo no estoy de acuerdo con profetas y apóstoles!

De acuerdo, ¿Y qué propones, entonces? ¡Ah, no lo sé, pero no estoy de acuerdo! Infantilismo. Y allí salen a decir que debemos crear nuevos mecanismos. Es mucho más fácil inventar términos nuevos que hacer cosas nuevas. Pastor asociado, pastor sénior, líderes y qué se yo cuántas más, en lugar de utilizar la nomenclatura que el Reino nos ha dejado. En síntesis: se prefiere inventar cosas raras, en lugar de utilizar el diseño que Dios mismo nos dejó. En esto hay que tener mucho cuidado con lo que se dice, pero más que todo, con lo que se hace o no se hace.

No conozco a demasiada gente que se esté moviendo con fuerza hacia adelante conforme a los diseños de Dios. Sí conozco a bastante gente que critica lo que estos están haciendo. Sin embargo, hasta hoy he podido comprobar que, la gente más crítica, es la que menos avanza. Entonces, hermano, no me digas qué debo o no debo hacer, dime qué hago para conseguir lo que Dios dijo que debíamos conseguir. Lo genuino, entonces, parte de lo leído en Hechos 3:21: hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas. ¿Y por qué se supone que deberíamos restaurar todas las cosas que antes fueron creadas y luego se tergiversaron o modificaron?

Porque es la única manera de comenzar de una vez por todas a llevar a la iglesia a un grado de madurez estrictamente necesario para obtener victoria genuina, y no declamada. Y para eso, el paso inicial deberá ser retrotraer las cosas a la época en que las personas buscaban a Dios. Hoy, eso está reemplazado por personas que buscan a personas que dicen representar a ese Dios. Y eso conlleva fracasos, fraudes, abusos. Sobre todo a nivel de familia. Está en juego un problema de generaciones. ¿Cuál es nuestra máxima pretensión, entonces? Que se restaure el modelo que Dios dejó, nada más que eso.

Y no estoy hablando de restaurar el sacerdocio Aarónico, porque eso fue juzgado y terminó. Tampoco estoy hablando de que volvamos a levantar levitas, porque los levitas terminaron bajo maldición. Además, no tiene sentido hablar de eso en este tiempo, ya no hay levitas en el Nuevo Pacto. Tiene que ver con recuperar el diseño que Jesús dejó para la que iba a ser su iglesia, y que fuera activada en el Libro de Hechos. El Libro, observa esto, no se llama Hechos de los Profetas, ni de los Maestros, ni de los Evangelistas ni de los Pastores, se llama Libro de los Hechos de los Apóstoles, aunque espiritualmente, para mi gusto tendría que haberse llamado Hechos del Espíritu Santo o, si quieres globalizarlo sin definiciones, Hechos de los Enviados.

Y, atención con esto, como no ha aparecido nada que lo supere, tengo que advertirte que estamos viviendo ese libro hasta el día de hoy. Por eso, en esto que es un delineamiento del ministerio Apostólico, quiero recordarte que estamos hablando de una parte de un todo. Y será necesario ver a este ministerio desde la óptica de Dios mismo, y no desde la óptica pastoral a la cual estamos acostumbrados por cultura religiosa tradicional. Cuando alguien no ha cambiado su cultura, y pongo como ejemplo a la gente de mi país, Argentina, un líder valioso e importante que ha crecido con la cultura del tango, y nunca pudo despegarse mental y espiritualmente de ella, seguramente que en su iglesia va a usar al tango como elemento de alabanza.

 ¿Y es un error? ¡Claro que lo es! Porque está escrito que no alabarás a Dios conforme a la cultura de las naciones, a las costumbres de los pueblos, dice. Y eso, mal que les pese a muchos que creen estar por encima de todo el mundo en materia musical, incluye al clásico, que en la mayor parte de sus partituras, ha sido compuesto por pecadores, espiritistas y ocultistas. Y que además también implica una cultura, la europea. Y resulta ser que un día va un apóstol a esa iglesia y le dice a ese pastor que le gusta el tango, que ahora es apóstol. ¡Genial! Sí, genial, pero ahora tenemos a un apóstol que le gusta el tango.

Es un problema, pero no el mayor. El mayor problema es que, como ese hombre jamás cambió su cultura pastoral, ya no nacional,  él va a tratar de vivir un ministerio nuevo a partir de una cultura vieja. Entonces, si antes era un pastor que se dividía, ahora es un apóstol que se divide. Si antes era un pastor que era manipulador, ahora es un apóstol manipulador. Con esto quiero decirte que un ministerio no cambia el carácter de una persona. Entonces, aquí surge una recomendación que cualquiera de ustedes le daría a quien quiera que encuentren o conozcan.

La diferencia no está en que alguien decida ser cristiano, sino en que empiece a tener una nueva estructura de hábitos, una nueva forma de pensamiento, en suma: una vida nueva. Así que si alguien hoy viene y te dice que eres un apóstol, lo primero que deberás averiguar es cuál es la cultura de un apóstol. Es exactamente lo mismo cuando dejas de ser una persona del común y te conviertes a Jesucristo. ¿Vas a seguir viviendo como venías viviendo o vas a ir abandonando todas aquellas cosas que no condicen con tu nueva cultura de fe? Indudablemente, cambiarás tu cultura. Yo lo hice. Pero lo tuve que hacer dos veces, porque cuando comencé a oficiar de ministro en la enseñanza, nuevamente tuve que modificar muchas de mis costumbres. Y allí tuve un nuevo cambio cultural, acorde con lo que ahora representaba. Hay cosas que a ti ya no te son permitidas”, me dijo un amado consiervo, alguna vez. 

(90) – Con un Espíritu Pionero

El apóstol, primordialmente, es un constructor, un edificador. La característica dominante de su unción, es la visión. Es mucha la gente que dice que esa es la característica de los profetas, pero no terminan de entender que el profeta, más que visión, tiene audición. El profeta es agudo en sus oídos, no tanto en su vista. Esto, obviamente, también significa que así como son tremendamente eficaces para escuchar el consejo de Dios, así también tienen suficiente falta de visión como para no llegar a ver sus propios errores. La especialidad del ministerio, en tanto, es el entendimiento de fundamentos.

Tú no llegas a reconocer a un apóstol por la cantidad de iglesias que tiene por debajo de su autoridad, sino por la profundidad de su enseñanza.  Un apóstol siempre te llevará a lo medular. Es gente que entra hasta el hueso. ¿Se entiende eso? Te llega bien adentro, al tuétano, a lo interno. Nunca van a encontrarse con un apóstol light. ¿Por qué? Porque ellos tienen un alto entendimiento de los fundamentos. ¿Y cuál es su rasgo dominante? Su espíritu pionero. Eso significa que ellos pueden hoy mismo estar haciendo cosas que nadie más ha hecho, porque es gente muy comprometida con la visión de Dios. Obvio que estoy hablando de los genuinos…

Ser pionero es tener un equipamiento especial que hace que una persona vaya en una dirección a la que nadie está yendo. ¿Y cuál es el don esencial de un apóstol? La palabra de sabiduría. Muy de acuerdo con su especialidad. Los fundamentos se abren, el entendimiento del fundamento se abre, precisamente porque la persona tiene acceso a este don: palabra de sabiduría. ¿Y qué en cuanto al recurso más recurrente? Respuesta simple: autoridad. Es un ministerio de gran autoridad. Todos los ministerios tienen autoridad, de eso nadie tiene dudas.

Pero tampoco la tienen respecto a que el del apóstol es, indudablemente, el ministerio de mayor autoridad. No existe tal cosa como un apóstol subordinándose a un pastor de iglesia. ¿Hará falta que lo repita en este tratado pionero o habrá sido suficiente para que todo el que tenga oído para oír, haya oído? ¿Y cuál es su carga por la iglesia? Paternidad. Y esto tiene que ver puntualmente con los otros ministerios. Tienes el caso de los profetas, ellos son obsesivos en cuanto a la exactitud, a la precisión. Y eso ayuda mucho, porque los apóstoles, de hecho, lo son.

 Una de las formas normales de ver funcionar un apóstol, es corrigiendo. Es gente que corrige, constantemente. Y puede corregir, porque conoce el diseño original. Porque si no conoces el diseño, es más que obvio que no podrías corregir nada. Ahí es donde entra el tema de la exactitud. Ellos son obsesionados de que las cosas se hagan cómo deben hacerse. Pero ese es un rasgo que lo comparte con los profetas. Los profetas también tienen esa característica. Son gente muy exacta. Y allí es donde dejamos de lado la carga de la exactitud para el profeta, y tomamos para el apóstol, como carga de la iglesia, algo que el profeta no tiene: paternidad.

 Es muy difícil que un profeta sea paternal. ¡Pero los pastores sí son paternales! Sí, pero desde otra óptica. Tú no puedes ser papá de una oveja, tienes que tener la misma genética para serlo. Son dos especies distintas. Escucha: para poder conducir a alguien, tú tienes que ser superior a esa persona. Si un pastor debe conducir a ovejas que no saben dónde van, ese pastor no puede ser uno con esas ovejas, tiene que estar fuera de ellas. Por eso es que un pastor, en este nivel, no puede tener paternidad. Pero en el tema del apostolado, sí; porque él no está con ovejas, está con ministros.

 Sin embargo, hay algo que debemos puntualizar. Cuando se habla de autoridad, de ninguna manera se está hablando de abuso. De hecho, el profeta parecería que tiene más autoridad. Su manera de hablar recurriendo permanentemente a los absolutos, es lo que se la otorga. Los apóstoles, por el contrario, tienen un nivel de resistencia y de tolerancia mayor a la que tienen los profetas. Y lo tienen porque son más paternales, más padres. En cambio el profeta, si sigo con las comparaciones, vendría a ser el hermano mayor.

(91) – ¿Existe La Infalibilidad?

Ahora bien; ¿Por qué el padre debería ser más tolerante? Simple, porque entiende a los hijos. El profeta parecería olvidarse de cuando todavía no lo era. Y se enoja con la jovencita que no puede terminar con una relación pecaminosa que la ensucia y perjudica. Y no hace memoria que cuando era joven, a él le pasó una cosa totalmente similar. Y si no hubiera sido por Dios que le sacó a esa mujer, todavía andaba en problemas.  Pero, el apóstol tiene un grado de autoridad que no necesariamente se expresa en su hablar, sino en su influencia. Hay un antiguo dicho que dice: “Cuando te imitan, tú gobiernas”.

El profeta irá y te preguntará si estás con él o no, y te exigirá que te decidas ahí mismo. El apóstol muy difícilmente te diga algo así. El apóstol gana terreno en las mentes y los corazones, por influencia. Y es cuando en un momento dado, y sin saber cómo, cuándo o por qué, te das cuenta que ya no quieres separarte de esa persona. Y, reitero, te termina ganando la voluntad por influencia, no por imposición. Porque si te imponen que hagas algo, quizás lo hagas, pero no será con el corazón. En cambio sí es por influencia, sí lo harás a gusto y a corazón. Eso, porque estimo que hay que terminar de una buena vez con los papados evangélicos.

¿Papados? ¿De qué está hablando, hermano? De una palabra que los Papas católicos han usado mucho: infalibilidad. El Papa dice algo y nadie puede discutirlo, tiene razón porque el Papa nunca se equivoca. ¿Te parece ridículo, verdad? Bueno, déjame decirte que en algunas denominaciones que conozco, los que tienen la jerarquía de apóstoles, e incluso muchos de sus más insignificantes pastorcitos, gozan de la misma infalibilidad que el Papa. ¡Bueno! –me dicen- ¡Pero es la autoridad y hay que obedecerla! Un momento, estamos hablando de autoridad, no de dominio. La autoridad no es dominio.

Ningún ministro está para dominar a la iglesia, está para caminar con ella en función y razón de aquello para lo que haya sido enviado, porque es para eso y no para otra cosa que trae la autoridad del cielo. El ministerio apostólico es básicamente un compuesto de todos los demás ministerios. Los apóstoles principales de la Escritura eran todos también grandes maestros, pastores, profetas y evangelistas. No obstante, esto no significa que alguien que muestre tendencia a ser todas estas cosas, sea efectivamente un apóstol. El ministerio apostólico se establece especialmente sobre la autoridad, no sólo en la función.

 Ahí está el rol de la autoridad como algo muy importante, Mucha de esta autoridad tiene que ver con un balance que existe entre los talentos con los que tú has nacido, el equipamiento que Dios te ha dado y entre el llamado y el ministerio como tal. Esta combinación, de por sí es muy poderosa. Un ejemplo: cuando leemos los evangelios sinópticos, Mateo, Marcos, Lucas, van a darse cuenta que ellos relatan incidentes comunes. ¿Qué quiero decir con esto? Que hay un incidente que lo relata Mateo y también lo relata Lucas, o un incidente que lo relata Marcos y también lo relata Mateo. Se repiten los incidentes.

La óptica varía, entre un evangelio y otro, en el autor. Porque de acuerdo con la especialidad de ellos, es que hacían su observación. Si tú estás en África y comes carne vacuna, te sabrá más o menos sabrosa. Pero un día llegas a Australia, y la carne vacuna que comes allí, al lado de la africana, te parece maravillosa. Sin embargo, el día que vienes a Argentina y comes nuestra carne, allí te quedas preguntándote qué comiste anteriormente con el nombre de carne. ¿Qué quiero decir con esto? Que es inevitable la comparación, como una herramienta de conocimiento.

Lucas, era médico, mientras que Mateo, era cobrador de impuestos, es decir, funcionario público. Ahora; cuando entra un hombre que no puede mover la mano, la lectura de Mateo, ese día, es: Y entró en la sinagoga un hombre con la mano seca. Pero Lucas, dice: Entró en la sinagoga un hombre con la mano paralizada. ¿Qué estaba queriendo decir? Su lectura de este problema, de la mano de este hombre, es más precisa en el médico, que en Mateo.

 La autoridad de la que estoy hablando, en el ministerio apostólico, en esencia, es una autoridad espiritual, o sea: uno no se la ganó, vino de parte de Dios con la función. Ir, obedecer el mandato, es lo que activa en quien lo hace, esa autoridad. ¿Cuándo una persona pierde autoridad? Cuando no obedece y no va. ¿Por qué el Señor les dijo: vayan y sanen y liberen? Eh, Señor… ¿No me puedo quedar y liberar por aquí? No, no funciona así. La autoridad espiritual, siempre es una comisión. Dos principios que ya vimos anteriormente: Principio de Comisión, Principio de Autoridad. 

(92) – Tema de Medicamentos

Pero, hay otro tipo de autoridad, que viene por la tarea natural que se desarrolla. Si tú eres médico, o docente, o abogado, u otra experiencia en el proceso, tu función se enriquece. Imagínate que debemos elaborar un decreto sobre un tema puntual. ¿Todos estamos en condiciones de redactarlo? Por supuesto, todos conocemos el tema. Pero si se lo damos a ese profeta que además es abogado, te puedo asegurar que va a quedar impecable. Cuando elaboramos un estudio o un trabajo en ese sentido en esta Web, es muy probable que el nivel de revelación o de riqueza espiritual sea menor a la que puede recibir otro hombre o mujer de Dios en el mismo sentido.

¿Sabes qué le otorga mayor autoridad, a veces? Que fue redactado por alguien como yo que, en sus talentos naturales, engrosado luego por una sólida experiencia laboral y profesional, recibió el de poder expresar escribiendo exactamente lo que piensa y conoce, cosa que no todos pueden lograr. Unción + Oficio = Autoridad. He allí la importancia de capacitarnos permanentemente. Porque, seguramente, a lo largo de tu carrera en el evangelio, y a manera de ejemplo ministerial, tú podrás encontrar profetas y profetas, maestros y maestros, pastores y pastores, apóstoles y apóstoles, evangelistas y evangelistas.

 ¿Dónde está la diferencia? Todos recibieron la misma autoridad espiritual, pero hay una autoridad natural que le añade el aderezo a la comida. Pero, hay algo que deberemos dejar muy en claro para que nadie se confunda nunca más, y se muestre con arrogancia o soberbia, que es mucho peor que la indiferencia o la incredulidad. Si tú tienes un talento, convertido a don ungido por el poder de Dios y lo estás utilizando para tu servicio al Reino, glorificamos a Dios por ello. Pero ten en cuenta siempre que la que necesita de ese talento tuyo es la iglesia en su conjunto, y no Dios.

Tú no puedes ayudar a Dios, apenas puedes ayudar a la iglesia. Y tanto como para equilibrar esto y que no suene a soberbia intelectual, puedo concluir recordando que el pastor que ofició en mi bautismo, y que era un tremendo hombre de Dios refulgente en santidad y bondad, era casi analfabeto. ¿Necesitas más? Y al decir que tiene el apóstol un espíritu pionero, lo que quiero significar es que en la mayoría de los casos que encaran en lugares o situaciones desconocidas, no tienen referentes. Si tú eres médico y Dios te levanta como apóstol, te vas a dar cuenta que es muy difícil encontrar a un médico apóstol.

O, si lo prefieres, un apóstol que haya estudiado Medicina. Ahora veamos, ¿En qué puede enriquecer eso a la iglesia? En principio, en un punto que necesitamos ampliar y enseñar correctamente a todos los que todavía no lo conocen, Pharmakeia. No vas a comparar la idea de pharmakeia que pueda darte un apóstol que es médico, a la que podamos tener cualquiera de nosotros, que generalmente andamos encaramados en el péndulo. No tomo más esta pastilla. Bueno, si la tomo una sola vez más. No la tomo, sí la tomo, etc. Y luego el naturismo disfrazado de cristianismo.

 ¡Hierbas! ¡Sólo hierbas! Eso es homeopatía. ¡Pero es que yo no tomo drogas, no es pharmakeia! Sí, lo es. Porque pharmakeia no es el consumo o no consumo de medicamentos, es el lugar en donde pones tu fe. Lo que alguien que haya estudiado puede hacer, no es reconciliar a la iglesia con la medicina, sino darte elementos que te permitan un mayor conocimiento biológico de ti mismo. Dios conoce cómo funcionan nuestros cuerpos, ¡Él nos hizo! Además, Dios es coherente y hace lo que debe hacer con quien debe hacerlo. A los discípulos de Jesús que eran pescadores, los hizo pescadores de hombres.

Al que era maestro de todos los maestros y fariseo entre los fariseos, lo hizo el referente máximo de doctrina. De alguna manera, Pablo tenía una autoridad mayor para la iglesia por la finalidad de la iglesia, no delante de Dios. Porque delante de Dios, te informo por si te olvidaste, todos somos iguales. Sin embargo, el pueblo de Dios tenía un común denominador en esos tiempos: esclavitud. Pese a ello, hay que recordar que Moisés tenía una formación de príncipe. De alguna manera, entonces, Dios demanda un mayor equipamiento para que cada uno de nosotros pueda, llegado el momento, ejercer un mayor peso de autoridad.

(93) – Madurar No es Opción

Y allí puede salir alguien a decir que, después de todo, sin son todos apóstoles, todos tienen la misma autoridad, ¿Verdad? Pues no es así, de ninguna manera. No hay dos personas que tengan la misma autoridad en toda la tierra, no las hay. Y por el otro lado, está todo aquello por lo cual tú has sido diligente.  Por eso es tan bueno que se cierren ciclos y que se terminen procesos. Cuando tú terminas un proceso, ganas autoridad. Ojo, no te estoy diciendo que ganes más consideración de parte de Dios, no. Dios no te quiere por tus obras. Estoy diciendo que ganas mayor autoridad ante lo que es la iglesia en su conjunto genuino.

 Aunque la imitación paupérrima que existe, te segregue. De ahí que sea tan importante establecer una cultura que nos incentive y acostumbre a no dejar las cosas a medias. Que cada uno que tenga un llamado de parte de Dios se meta a hacer lo que le han ordenado hacer, y que termine las cosas. Y eso me lleva a algo que, de tan frecuente y habitual, casi se nos ha convertido en un símbolo. Pero que es un símbolo tan negativo que no podemos permitir que siga desarrollándose. Tanto europeos como americanos del norte, consideran al pueblo latinoamericano, como gente poco confiable.

 Porque, -dicen ellos-, si bien somos muy inteligentes y habilidosos, no tienen ninguna garantía que de pronto y de un momento para el otro, nos cansemos y los abandonemos. Por eso les cuesta tanto a los latinos conseguir buenos trabajos en Europa o donde quieran irse a residir. ¿Está mal que nos metan a todos dentro de una misma bolsa y generalicen de ese modo? ¡Claro que está mal! Pero convengamos en que hemos hecho, como pueblo, muchísimos méritos para que ellos piensen así de todos nosotros. La autoridad es una señal de madurez en todos los ministerios.

¿Quieres ver a un padre sin autoridad? Toma un momento cualquiera y haz la pregunta: ¿Dónde está tu hijo, ahora? Respuesta: No sé, debería estar aquí, pero no sé dónde puede estar. ¿Sabes que se nota en esa respuesta? Falta de autoridad. Claro, seguramente lo llamará por celular y el joven le dirá dónde está, pero eso es algo menor, ¿No debía saberlo antes? Los apóstoles son los peritos constructores del templo del Señor. Expertos, quiere decir peritos, aquí. El templo del Señor que aquí es la iglesia. Al contemplar su gloria y la majestad uno recibe el entendimiento, el enfoque y la resolución que son esenciales para tener verdadera autoridad apostólica.

 Partimos del hecho que los apóstoles tienen un diseño de edificación. O sea: ellos saben cómo se edifica la casa. Y no estoy hablando de mampostería, ni acero ni estructuras metálicas, queda claro. ¿Qué quiero decir con esto? Que el apóstol usa de la visión para poder ver algo terminado, donde todavía recién se está comenzando. Pero, hay algo interesante en forma de pregunta: ¿De dónde nace la revelación del diseño terminado de la iglesia? Del corazón del Padre. ¿Cómo quieres tu casa? No hay ni literatura, ni sermones, ni estudios, ni enseñanzas respecto a ello.

 ¡Sólo está en el corazón del Padre! Y allí hay que irlo a buscar. Y allí es donde aparece el apóstol, que normalmente, es una persona que sabe entender el corazón de Dios. Mira la casa, y tiene una mente que lo predispone a ver qué toda ella sea funcional. Si tú pones un profeta para hacer eso, lo resuelve abriendo un hueco en la pared donde no hay puerta y listo, se acabó el problema. Pero el apóstol tiene una visión más integral de lo que es la casa. Porque un apóstol siempre piensa en casa, mientras que un profeta sólo piensa en puerta.

El apóstol, mejor dicho la unción apostólica, desata en la gente la necesidad de que todos edifiquemos. La carga apostólica, queda resumida en Gálatas 4:19: Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros. Esa es la carga apostólica. ¿Cuál es la obsesión de los apóstoles? Que Cristo se forme en su iglesia. En muy pocas palabras, esto es lo que nosotros llamamos: El Ministerio. El apóstol tiene carga por El Ministerio, no por Los Ministerios. Cristo formándose en la iglesia. Hay que diferenciar el ministerio apostólico de las actividades que se concentran en lo que son más bien dones administrativos. El conseguir que las iglesias formen parte de una organización, o el enseñar acerca del gobierno de las iglesias, son cosas que pueden hacer personas que no tengan ninguno de los dones de capacitación que aquí se han enumerado. 

(94) – ¿Dios Tiene una Lógica?

Alguien que tiene dones administrativos, que son bíblicos y otorgados por el Espíritu Santo, puede organizar un grupo eclesiástico y llevarlo con cierta excelencia. ¿Pero puede un administrador, ser nominado como apóstol? No, no ha sido apostello, no ha sido enviado a eso. Sí puede, en cambio, un apóstol, acceder a esos dones de administración y enriquecer o solidificar su trabajo. Lo que ocurre es que la lógica, la lógica en muchas ocasiones es enemiga de la revelación. ¿Para qué voy a hacer esto de ese modo, si puedo hacerlo más fácil así? Eso es lógica.

La revelación por ahí te manda hacer algo por el camino más complicado que la lógica jamás aceptaría. Lógica, este concepto griego que nos fuera introducido a través de la educación, no siempre expresa lo que está en la mente de Dios. Te doy el ejemplo del etíope que está volviendo de Jerusalén. No tiene sentido ni lógica enviar a una persona miles de kilómetros para encontrar a un hombre. Más bien oremos para que ese hombre pueda llegarse hasta la iglesia más cercana a su domicilio. O sea: oremos para que el etíope llegue hasta una congregación local.

Oremos para que se acerque a los apóstoles. Sin embargo, ¿Cuál fue la lógica de Dios? No, no es el hombre el que se tiene que acercar a la iglesia, es la iglesia la que tiene que ir a buscar a ese hombre. Allí es donde Felipe, entonces, tomado por el Espíritu, va a buscar a un hombre. ¡Oh! ¡Qué mala administración de los recursos humanos! Sí, pésima. Pero el Espíritu lo quería hacer así. O sea que entonces, no siempre la lógica expresa la sabiduría de Dios. La unción apostólica le inspira a la iglesia a acercarse al Señor, a contemplarle y a ser transformado según Su imagen, no a simplemente crecer dentro de un sistema.

Si ustedes leen las cartas de Pablo, van a darse cuenta que él tiene constantemente dos énfasis. Uno, él es enemigo de la ignorancia, y constantemente él está trayendo información. Pero, ¿Qué tipo de información? Él no quiere que ignoremos cuál es la voluntad de Dios. La información que viene, constantemente, por Pablo, es qué hay en la mente de Dios para su iglesia. La principal carga y tarea de un apóstol, es la de que todos nosotros nos podamos alinear con la imagen. Y una de las principales causas por las cuales aún no nos hemos alineado con la imagen, es por ignorancia.

Entonces ellos sacan de nosotros los velos de ignorancia, y es como que te permite abrir decididamente tus ojos a una visión clara. Cuando tú confrontas el Nuevo Testamento, te vas a dar cuenta que todos estos hermanos, que la gran mayoría de ellos eran de origen hebreo, si bien conocían las Escrituras, tenían otro tipo de ignorancias. ¿Qué tipo de ignorancias? Conocían la ley, pero no conocían la voluntad específica de Dios para un tiempo. Y de hecho, Jesús mismo los censuró. Les decía a ellos: ustedes, fariseos insensatos, un hombre sale al campo y sabe discernir los tiempos que llegan, y ustedes no. Me han visto llegar y no se han dado cuenta lo que ha pasado.

(95) – En Los Dilemas Culturales

Entonces resulta ser que, todo lo que sabían de Dios, no les servía para poder saber lo que Dios, en un momento específico, estaba haciendo. Había un nivel de ignorancia. Otro tema de ignorancia, muy fuerte en ellos, era la cultura. La cultura que ellos mantenían, como pueblo hebreo, quizás los había apartado del resto, que en todo caso sí era un objetivo de Dios, que ellos no se mezclen, pero por el otro lado, no entendieron que, cuando vino el Espíritu Santo, Dios ya no veía a la gente no creyente como gente inalcanzable. O sea: Él quería acercarse a los que no eran judíos, pero por su cultura, sus discípulos no.

 Dios tuvo que hacer todo un proceso en ellos para que cayeran sus paradigmas, y que ellos pudieran acercarse a los gentiles, sin condenación. Es famoso el encuentro de Pedro, ahí en Jope, cuando tiene la visión en la casa de Simón, para poder ir luego a la casa de Cornelio. ¿Y qué es lo que se ve allí? Un nivel visible de ignorancia. ¿Ignorancia en qué sentido? En la voluntad de Dios, en lo que Dios quería en un momento. Lo que en este tiempo tú sabes de Dios, por lo que has aprendido en los últimos veinte años, puede ser tu ignorancia mañana, con respecto a lo nuevo que Dios desee darte.

 O sea: todo lo que yo sé de Dios, siempre tiene que estar sujeto a ser revisado por el Espíritu Santo. Yo no pienso mover las cosas hasta que Él no las cambie. Pero debo estar dispuesto a cambiarlas. Pablo, por un lado, es enemigo de la ignorancia. En segundo lugar, una carga que podemos ver constantemente en él, es el constante anhelo que él tiene de que nosotros veamos a Dios como Él realmente es. Y esto, nace de un hecho puntual y concreto: la ley desfiguró a Dios. Es bastante feo decir eso, pero es cierto. La ley desfiguró a Dios. Desfiguró tanto a Dios, que en un momento dado era más importante la ofrenda que Dios.

Que en un momento de la historia, trescientos años antes de Cristo, por allí, el Padre dice: ¿Saben qué? Ya no quiero que me traigan ofrendas, se acabó. Él mismo, que había instaurado el sistema sacrificial, como una forma de trabajar con las faltas y pecados del hombre, los holocaustos y todo eso, en un momento determinado, dice: ¡Ya me harté! ¡Basta! Porque todo lo que hacemos sin revelación, al pasar el tiempo, termina ofendiendo a Dios. Aunque lo que hayamos hecho, sea para Él. Por ejemplo: todos sabemos que trabajar duro para que gente muy pobre pueda llevarse un plato de comida a la boca, es bueno y agrada a Dios.

Pero mucho más lo agradará si la mercadería que se utiliza para elaborar esas comidas, es de primera calidad y no sobras que nadie quiere. Por eso, Pablo es muy duro con aquellas personas que hacen las cosas de Dios, pero sin considerar el corazón de Dios. Van a ver ustedes que Pablo es muy misericordioso con los no creyentes, aún con los más pecadores; pero con los religiosos, ni la menor ventaja. Él, es sumamente estricto, muy duro. Él es muy condenatorio. Ese, mi amado hermano, es el espíritu de Reforma. Ya en los tiempos de Pablo, en la época en que él vive, la iglesia estaba sufriendo el manoseo del conocimiento humano.

Se empezaron a querer conjeturar o teorizar cosas. Ningún hombre de Dios genuino necesita del consejo de la gente cuando acaba de escuchar al Señor. La gente se aferra de ese versículo que dice que en la multitud de consejos está la sabiduría, y no se da cuenta que lo está diciendo un hombre que tuvo más de mil mujeres. Nadie necesita mil consejeros cuando tiene morando en su interior al Espíritu Santo. ¡Vaya impacto! ¿No crees? El peso del consejo, o el espíritu de consejo, sí es uno de los siete espíritus de Dios. El espíritu de consejo, es parte de los cinco ministerios.

Cada uno de esos cinco ministerios, tiene acceso a ese espíritu de consejo. Pero, a veces es apabullado por la presión de la iglesia. Veamos este ejemplo que escuché. Un ministro que lidera una gran congregación, decide no hacer absolutamente nada sin orden expresa del Espíritu Santo. Pero, resulta ser que se aproxima el aniversario de la iglesia, y los diferentes sectores que lo ayudan, empiezan a presionarlo con “hacer algo”, porque siempre se hizo algo para esta fecha. Cierto es, la gente prefiere hacer algo por tradición o costumbre, a no hacer nada por orden del Espíritu Santo.

 Lo que vemos como iglesia, es el resultado de esa costumbre. Se supone que la misión de la iglesia, que es asamblea, es complacer al corazón del Padre, no al de la gente. Y ni quieras negarte, porque el infierno mismo se desata en tu contra en modo-planeta-tierra. Y todo porque un hombre dijo que no iba a hacer nada hasta que Dios no lo diga. ¡Qué peso tiene la cultura! Porque de última, somos gente que de la boca para afuera decimos que vamos a hacer lo que Dios nos diga, pero que en el fondo, ya hemos decidido lo que queremos y lo que no queremos hacer. Lo he visto centenares de veces. Lo hemos visto centenares de veces. Es mucho más fácil decir: “Señor, bendice lo que vamos a hacer”, que decir: “Señor, ¿Quieres tú que hagamos?” Porque, créeme, ¡Es muy difícil no hacer nada! ¡Claro! ¡No somos unos vagos! De hecho que no son vagos, pero: ¿No deben esperar en silencio que Dios hable, y mientras tanto no hacer nada? Ah, sí, veremos… 

(96) – ¿A Quién Debe Parecerse la Iglesia?

Lo que ocurre es que por años y años, la iglesia ha hecho un verdadero culto superior del activismo. ¿Y sabes lo que dice la Palabra?, que nosotros somos fuertes, si meditamos en Él. Y meditar, hasta donde yo sé, es escuchar quieta y atentamente. Y que no te quepan dudas, la gente, al menos en su gran mayoría, ama más a la iglesia que a Dios. Pero, a ver: ¿Es una ofensa hacer algo en homenaje a la iglesia? No. Lo que sí puede ser una ofensa, es hacer una fiesta en una casa, sin pedirle permiso o preguntarle si está de acuerdo al dueño de la casa. Así lo hacemos permanentemente como iglesia.

 Lo hacemos todo en su casa, pero no le pedimos permiso. Decimos que todo lo que hacemos es para Él, pero ni siquiera le preguntamos si le gusta o no lo que estamos haciendo. Decimos que dependemos de Él, pero normalmente ya tenemos nuestros propios planes. De allí que no es ni aventurado ni mucho menos malintencionado decir que hoy no se depende de la voluntad de Dios, sino de las costumbres y las tradiciones. Pregunto: ¿Hay un novio que esté feliz de casarse con una novia que piensa así? No lo sé, todos nosotros seguimos pensando que sí…

Hay gente que ha sido echada de una iglesia, sólo porque se atrevió a ir y decirle al pastor que Dios le había hablado y le había dicho algo opuesto a lo que el pastor pensaba. ¿Sabes qué? El mayor enfrentamiento, hoy, que tienen los auténticos creyentes de Reino, es contra una cultura enraizada en la iglesia. Una cultura que habla y sigue hablando de Dios, pero que lo ha sacado de sus agendas diarias hace mucho tiempo. Ese es el cambio más violento: ¿Vamos a seguir haciendo lo que ya sabemos que no está bien? Aquí hay uno que decidió no hacerlo, y ni por asomo presumo de ser el único, Dios me libre de serlo.

Una iglesia, por exitosa que sea, jamás puede parecerse a su líder; tiene que parecerse al Señor.  ¡Es que yo ahora ya no pertenezco más a una denominación! ¡Me salí de ella hace tiempo! ¡Ahora formo parte de una red apostólica! Mira, hermano: si te saliste de un sistema antiguo, para caer en otro un poco más moderno, me temo la cosa no ha cambiado demasiado, sigue siendo sistema por sistema. No es ese el tema. El tema es que nosotros dependamos, de una vez por todas, del Espíritu Santo conforme a lo que Él nos está diciendo. Para que quede claro, de lo que estamos hablando es de ser sensibles a la voz del Espíritu.

 Porque Él tiene soberanía como para hablarnos de la manera que sea, en el momento que sea y mediante la manera que sea. Está en nuestra sensibilidad y discernimiento saber cuándo es Él y cuando es nuestra carne o el enemigo. Lo cierto es que es tarea apostólica salir a la palestra a decir que las cosas que se venían haciendo así y así, ya no se hacen más de esa manera y que ahora se tienen que hacer así y asá. Sin ir demasiado lejos, y sé que esto va a ser de identificación por no pocos, precisamente. ¿En cuántos lugares se sigue celebrando, una vez al año y vaya uno a saber partiendo de qué argumento, El Día del Pastor?

Y con fiesta, homenaje a toda la familia pastoral, obsequios, música dedicada y etc. ¿Día del Pastor? Perdón por mi pregunta tontuela, pero: ¿De dónde sacaron eso? Y digo más: ¿Cuáles son, entonces, los días del Evangelista, del Profeta, del Apóstol y del Maestro? ¡Ah, no! ¡Ellos no tienen su día! ¿Ah, no, eh? ¿Y pueden decirme por qué motivo? Ya, basta; mejor no me lo digas. Y eso no es todo: las personas que todavía insisten con celebrar estos días dedicados de homenaje, son las que luego, fuera de la iglesia, celebran los quince años de sus hijas exactamente como los celebra el ambiente mundano.

Y arman las ceremonias de casamiento con los mismos rudimentos que vemos en las iglesias del catolicismo romano. Y hasta organizan las despedidas de soltero con las mismas atracciones anexas que acostumbra el mundo. Mira, hermano: el que acepta seguir cumpliendo con las tradiciones del sistema del mundo, termina siendo esclavo de ellas al punto de no poder tomar contacto con el Reino. Es mucho más simple de lo que lo hemos hecho.

 Conoceréis la verdad, y la verdad os hará… ¡Libres! Eso es todo. Yo no termino de entender hasta qué punto nosotros, somos capaces de proyectar un verdadero cambio, si por un lado decimos una cosa, pero por el otro vivimos casi de acuerdo con lo opuesto a lo que dijimos. Reitero algo dicho hasta el cansancio: no tenemos un bonito mensaje; ¡Somos o no somos el mensaje viviente! Y no se trata de legalismos o gustos personales, se trata simplemente de integridad.

(97) – Patrones de Conducta

La iglesia viene desde hace mucho tiempo con una cultura mezclada. Cree, por ejemplo, que adoptando ciertos ritmos muy pegadizos y con bastante percusión afro-americana, eleva la calidad de la alabanza, pero no se da cuenta que está haciendo exactamente lo que le parece bien a la gente, sin tomarse el trabajo de preguntarle al Señor si a Él también le parece bien o no. Yo conozco su respuesta, pero creo que una gran mayoría, todavía no se ha tomado el trabajo de ir a buscarla, nada más que eso; no se necesita ser ni especial ni maravilloso para conocerla. Percusión. Tam-tam. África. Vudú. Punto.

 ¡Ay, hermano! ¿Pero eso no es demasiado discriminador? ¿No nos estamos alejando del mundo al que deseamos llegar para salvarlo? No. Lo que estoy haciendo es trazar una línea divisoria clara, exactamente en el lugar en donde Dios dice que hay que trazarla. Porque si la iglesia genuina no traza esa línea divisoria, los hombres religiosos van a hacerlo, y entonces mucho me temo que seguiremos entremezclados como estamos ahora. Nadie tiene muy en claro qué cosa es santa y que cosa es profana. Entonces, la pregunta que ahora viene a cuento, es la siguiente: ¿Para qué estaría hoy levantando apóstoles, el Señor?

 Mira, entre otras cosas, para que nos sienten a todos y nos digan algo así, como: “Hermanos, ¿Ustedes estaban hasta hoy haciendo negocios de tal y cual manera, verdad? Lamento comunicarles que no pueden continuar haciendo negocios así. Ya no pueden facturar en negro. Yo sé que se gana un dinero haciéndolo, y que evitan que se enriquezcan más los impíos, pero nuestro Dios es un Dios que ama lo legal, y eso no lo es.”  Otra: ¿Dónde están los hermanos que son médicos? Vengan acá. Hasta hoy ustedes recetaban medicamentos por toneladas porque los laboratorios reconocen muy bien eso.

Lamento decirles que, a partir de hoy, sólo deberán extender recetas a quienes verdaderamente lo necesiten y en la cantidad que lo necesitan. Y que, si los pacientes son creyentes, sólo les recetarán medicamentos si después de orar y esperar, no hay resultados a la vista. En suma, lo que carga el espíritu apostólico es esa capacidad de pesar la sustancia de las cosas. ¿De dónde nace esto? Recuerden que cuando decimos que ellos tienen una especial unción para los recursos fundacionales y de edificación, no es solamente en la iglesia. ¡Es válido para cualquier parte! ¿Qué hay detrás de estas comidas nuevas que han salido ahora?

¿Comida? ¿Y qué nos importa una comida más o menos? Nos importa, porque detrás de cada comida hay un espíritu, así que definitivamente, una comida es cultura. Y la ropa también es cultura. Y lo que lees, también lo es. Y la música es cultura. Entonces, lo que hacemos es quebrar esas estructuras de caminar, domo dice el viejo dicho, “Caminar como Vicente” ¿Y cómo camina Vicente? Para el lado que va la gente. Ahora, serás una persona que empezará a caminar, por fin, como viendo al invisible. Ese es el patrón de conducta que sí o sí está asociado al Reino de Dios.

Por eso es importante el trabajo apostólico. Son grandes maestros, pero su enfoque siempre es fundacional. ¿De dónde vino esto? Parecen tonterías, pero créeme, todo aquello que hoy hacemos por ignorancia, mañana va a terminar encadenándonos. Ojo: aun lo que es bueno. Un evangelista de los modernos, por ejemplo, no va a dudar de poner un grupo de música pesada en una plaza si eso le trae gente. Un apóstol genuino, nunca te va a aceptar eso. Por esa razón, no puede extrañarle a nadie que sea uno de los ministerios que más enemigos cosecha.

Porque resulta ser que, pese a todo lo dicho y dejado en evidencia, la gente en su mayoría va a defender la cultura asumida. Y el argumento teológico más utilizado, será: ¿Y qué tiene de malo? Yo no creo en ningún sistema político en el cual Dios no sea el centro. Tampoco creo en el capitalismo. El que piense que la iglesia debe estar enrolada con el capitalismo por la simple razón que es la obvia oposición a la izquierda socialista, se equivoca de medio a medio. Todo sistema que el hombre crea, es injusto. Todo sistema, no se escapa ni uno por bonito que parezca desde lejos.

 ¡Pero, hermano! ¿Y qué propone usted, algo así como una teocracia? De ninguna manera. Yo, lo único que creo fiel y fervientemente, es que Dios busca gente con principios. Gente con ética genuina y con altísimo sentido de Justicia para guiar una nación, sin que necesariamente sea cristiano. A mí no me parece que un país, cualquiera sea él, esté necesitando un presidente cristiano. Yo creo que alcanza y basta con que sea un presidente justo.

 Un presidente que tenga ética, que tenga moral genuina, no declamada ni promocionada desde los medios de comunicación afines. Y no afines por ideología o justicia, sino por la mera pauta publicitaria obligatoria, mínimamente. Yo creo en esa clase de gobiernos, los que por lo menos están en condiciones de mostrar al menos una de las características de Dios. Su justicia, su perdón, su paz, su misericordia. Es más que obvio que todos, absolutamente todos los sistemas políticos humanos, van a fallar. La verdad cruda es que no sabemos gobernarnos solos. Si no dependemos de Dios, estamos huérfanos y a la deriva. ¡Así está el mundo, hoy! 

(98) – El Año de la Buena Voluntad

La gran pregunta que ahora surgirá en forma masiva al leer o escuchar esto, es: ¿Pero y quién les va a enseñar a esa gente todos esos valores? ¡¡¡La iglesia!!! ¡Para eso fue plantada la iglesia en las naciones, no para hacer alianzas promiscuas y corruptas por conveniencia privada! Esa es la tarea del ministerio apostólico, tarea de reconstrucción, de restauración, de revitalización. ¿Fácil? ¡Qué va a ser fácil! ¿Cuándo fue fácil y en qué remoto lugar del mundo, erradicar la corrupción en cualquiera de sus expresiones, así sea de expresión religiosa?

Sin embargo, lo que resulta complicado en lo natural, para la iglesia genuina, dista mucho de ser un desafío casi deportivo. ¡La iglesia tiene el poder más grande de todo el universo! ¿Cómo va a ser un desafío, eso? ¡Debería ser simplemente un trámite! ¿Cómo dices? ¿Qué está lejos de ser ese trámite que digo? De acuerdo, lo acepto, pero en ese caso, entonces, abandonemos los discursos «pulpísticos» voluntaristas ganadores y reconozcamos que todavía no terminamos de creer en la calidad del poder de Aquel en quien decimos creer

(Isaías 61: 1) = El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; (2) a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados;(3) a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya. (Aquí, hasta ahora, hay cuatro ministerios que se han manifestado por sus acciones. Ahora va a aparecer el quinto ministerio).

(Verso 4) = Reedificarán las ruinas antiguas, y levantarán los asolamientos primeros, y restaurarán las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones. 

Esa es la unción apostólica. Estamos hablando de lugares devastados, lugares en el espíritu que han sido asolados por la religiosidad. Ciudades enteras que han sido destruidas, por falta de conocimiento, por falta de temor de Dios. Si tú lees de corrido desde el verso 1 al verso 4, vas a encontrar que están los cinco ministerios expresados. Está el evangelista, está el profeta, está el maestro, está el pastor. Y concluye con el apóstol, a los que llama: los restauradores de ciudades. ¿Y dónde me lleva este enfoque? A que prestemos debida atención a lo que realmente es el peso específico del ministerio apostólico: la reedificación.

¿Pero, con qué fundamento? No con fundamentos extraños, desde luego. En un lugar nuevo, donde se pueda aceptar que todo lo que se dijo no es cierto y que hay una nueva cultura que puede implantarse. Es complicado, porque cuando la gente aceptó la fe con una cultura que no es la correcta, el proceso de reprogramación humana, es mucho más complejo.  Hay un papel muy importante en el ministerio apostólico, ligado con la justicia. Se dice de ellos que pueden acercar la justicia de Dios a la iglesia y también a las naciones. Sin embargo, termino de decirte que ningún programa humano podrá darle solución a un problema humano.

 En ese sentido, cualquier ideología o diagrama político, está condenado a un frustrante fracaso. En principio, porque para encontrar la solución a un problema, es obligatorio estar por encima del problema. Y eso se convierte en crisis, porque el hombre nunca va a poder estar por encima de su propia humanidad. Por lo tanto, es de esperar que de ninguna manera él esté capacitado para solucionar sus propios problemas. El Señor amplifica en la Palabra esto, cuando vemos que Él envía la solución. Y esa solución viene en el paquete del Hijo. El Hijo es la solución de todo, pero el Hijo es la expresión visible del Reino de Dios.

A todo eso lo compartimos, y a esta altura ya no representa ningún problema poder amalgamar todos estos conceptos. Y dicen que acerca la justicia de Dios a la iglesia. Claro está que, decir esto, no nos puede ni alegrar ni tranquilizar para nada, porque nos está dejando en evidencia que la iglesia, hoy, no anda ni cerca de la justicia. Nadie te va acercar algo que ya está en el lugar determinado y correcto. Además, y siendo como debemos ser, claros, transparentes y honestos, todos sabemos perfectamente que la justicia no está tan cerca de la iglesia como todos quisiéramos que esté.

  Y esto se ve por el hecho de que la iglesia tolera la mezcla. Es imposible que haya justicia si sigue habiendo mezcla. La mezcla pervierte la justicia. De allí que el ministerio apostólico genuino, se caracteriza por ser muy determinante con todo aquello que es mezcla. ¿Recuerdan? Hay una acción directa en contra de la mezcla, que es muy fuerte. Y eso nace, esencialmente, de dos fuentes: del diseño fundacional que tiene el ministerio apostólico, que Dios le revela y de su apego por la justicia. Tomen como ejemplo a Moisés, como el apóstol del Antiguo Testamento. Van a ver que en él, hay una inclinación muy fuerte hacia la justicia.

Aun antes que Dios lo llame. Él es una persona que no tolera la injusticia. Tanto es así que tiene que escapar de Egipto por esa causa. Luego lo vemos otra vez en la escena, defendiendo a la que luego sería su esposa, de un grupo de malandrines. Otra vez aparece Moisés defendiendo la justicia. En su tercera participación, él está ya confrontando al Faraón. Y esta vez ya no es con su propia justicia, sino con la justicia de Dios.

Pero hay un hecho en la vida de Moisés, se nota que ha tenido un apego muy grande por la justicia. Ahora bien; eso es algo que nosotros podemos desarrollar, por la formación que tuvimos en casa. La gente cultiva un apego a la justicia, por lo que aprendió en su casa. Por eso es tan importante el tema de la educación en la familia, no en la iglesia; en la familia. Y por eso es tan importante que los padres exhiban un claro sentido de la justicia delante de sus hijos, ya que ellos van a aprender esos principios por lo que ven y reciben, y no por bonitos discursos vacíos.

(99) – Tradición: La Gran Batalla

La segunda característica que vemos en Moisés, es que de ninguna manera él se inventa el tabernáculo. Fíjate que, en todos los pueblos más conocidos y pioneros, ellos supieron edificarles una morada a sus dioses. Sin embargo, cada una de esas moradas y conforme a sus culturas, eran edificadas de acuerdo a como ellos imaginaban a esos dioses en los que creían. Pero, el único Dios que hace el camino inverso, es nuestro Dios, es el Señor, cuando Él se acerca a Moisés y le dice: “Ven, quiero mostrarte la casa que tú me vas a edificar”. O sea que Moisés, no era un artesano entrenado para hacer eso.

 Ninguno de ellos tenía la habilidad de hacer semejante cosa si no veían el diseño original. Entonces, ese diseño fundacional que tiene el apóstol, no nace de su propia idea; él no sabe cómo edificar la casa. Dios mismo es quien le imparte la sabiduría fundacional. Ahora bien: si juntas estas dos cosas, vas a ver algunas cosas muy singulares. Dos en grado sumo: la justicia en primera medida, y la revelación del diseño en segunda. Cuando se juntan esas dos cosas, el resultado no puede ser nada más que valioso y de primer nivel.

Cuando Moisés está haciendo edificar el tabernáculo, se van a dar cuenta que la gente es llamada de acuerdo a la habilidad y talento, y con el Espíritu Santo que ahí mismo descendía sobre ellos y los equipaba, de tal manera que los carpinteros y los orfebres, todos pudieron poner de su capacidad, pero todos tenían un patrón: el diseño que Moisés había traído.  Quiero consignar, asimismo, que en Moisés funcionaron todos los ministerios. Fue maestro porque enseñó, fue apóstol porque lideró y pudo traer el diseño. Además, también evangelista, porque le trajo las buenas nuevas de liberación al pueblo, fue pastor porque se ocupó de sostenerlos, de alimentarlos y darles todo lo que ellos necesitaban.

 Por eso es la máxima tipología de Cristo del Antiguo Testamento. Y lo curioso y llamativo es que, como apóstol, el cumplía con las reglas apostólicas pre-establecidas: tenía autoridad territorial. Por eso no pudo entrar a Canaán, porque él tenía autoridad en el desierto, pero no en Canaán. Allí Dios tuvo que levantar a otro apóstol emergente. Porque en Canaán ya no se necesitaba un apóstol maestro, sino un apóstol profeta. Y ese fue Josué. Josué no era bueno edificando, pero era muy bueno en estrategias. Entonces hay una transmisión, una impartición.

Los dos son apóstoles, los dos van a guiar al pueblo, pero nota cómo es que Moisés tiene que respetar sí o sí el territorio que Dios le asignó. Junto con la autoridad de construir, hay además otros temas relacionados al ministerio apostólico, tales como el derribar y tratar con el error, la herejía y la apostasía. Ellos son muy fuertes para confrontar lo que está equivocado. Te puedes dar cuenta de eso en los reformadores. En Lutero, en Calvino. Todos ellos fueron personas que fueron levantadas por Dios, para recuperar verdades que estaban olvidadas, dormidas, escondidas.

Y todo esto en un tiempo en que la tradición gobernaba todo. Todo era tradición. La gente era analfabeta, no sabía leer, la Biblia estaba escrita en latín y muy poca gente sabía el latín. Sólo la gente adinerada, aquellos que estudiaban una profesión. En la mayoría de los casos, los sacerdotes que iban a celebrar misa a los pueblos, eran tan analfabetos como los campesinos. No sabían nada de la Biblia ni de la liturgia. Entonces se ponían a improvisar historias, cuentos y todo lo que pudiera entretener y mantener en sus bancas a los feligreses. Cuando Lutero recupera la verdad de la salvación, esto es, recupera el ministerio del evangelismo como tal, inmediatamente empieza a funcionar como maestro.

Y él va a hacer varias cosas, siendo la primera de ellas levantar un colegio. El levanta un colegio para todos los niños de la comunidad. Y así con muchas cosas más, tendientes a recuperar lo perdido, que era nada menos que la salvación. La gente pensaba que era salva por sacrificios, por hacer grandes esfuerzos. Por eso, cuando este hombre sale y dice que la salvación es por fe, el impacto es tremendo, porque él estaba diciendo algo que nadie reconocía. Está más que claro que la iglesia tenía que salir de la ignorancia.

Por eso los primeros apóstoles, eran personas con muchísima unción magisterial. Era enseñar, enseñar y enseñar. La voz de la enseñanza había estado callada tanto tiempo. Por eso esa etapa se llama la del Oscurantismo. La oscuridad era completa y casi tangible. Y en la medida en que ellos liberan al pueblo, la tecnología de Dios se desata. Y entonces inventan la imprenta. Y la imprenta permite que el primer libro impreso sea la Biblia en alemán. Porque el alemán era el idioma dominante en esa región. La gente recibe la Escritura en su propio idioma, y eso cambia la era del hombre y pueden salirse del oscurantismo. Y todo por un hombre. 

(100) – Puestos en el Monte Alto

Los apóstoles son muy enfáticos para tratar con el error. Lo que es error, debe ser corregido. Lo que es herejía, debe ser confrontado, expuesto públicamente. Y lo que es apostasía, debe ser juzgado. Son confrontadores muy firmes de los legalismos y los sistemas religiosos.

(Proverbios 24: 3) = Con sabiduría se edificará la casa, Y con prudencia se afirmará; (4) Y con ciencia se llenarán las cámaras de todo bien preciado y agradable

Es ineludible: el conocimiento de lo edificado será lo que atraiga multitudes. Lo que sucede es que la mayor parte de las veces hemos intentado atraer a las multitudes sin siquiera tener la casa enteramente construida. Por lo tanto, no tenemos todavía verdaderas iglesias, sino simplemente multitudes que se reúnen al aire libre. Es como que se edifica la casa a medida que vamos avanzando. Ahora bien; llegamos al punto en que vamos a tener que confrontarnos con un tema que verbalmente se agita demasiado, pero que no son muchos los que pueden dar una respuesta concreta y puntual.

Si yo te pregunto qué cosa es Babilonia, ¿Qué me responderías? Yo ya tengo la respuesta desde hace mucho tiempo, pero me parece que una gran mayoría todavía no. Y supone que decir Babilonia es referirse a la congregación de la que salió o de la denominación a la que esa congregación pertenecía. Y Babilonia, mi estimado hermano, no es un lugar ni un sector, es una mentalidad. Para ser más claro, te lo digo así: Babilonia es un sistema espiritual. Mira esto:

(Ezequiel 28: 14) = Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. 

¿De qué monte está hablando aquí? De un monte que era, nada menos, que el asiento de la gloria de Dios, donde también se encontraba este hermoso querubín llamado Lucero. Entonces tú me dices: de acuerdo, es un monte con la gloria de Dios y con Lucero. ¿Y qué tiene que ver con Babilonia, o se olvidó que estábamos hablando de ella? No, no me olvidé.

(15) Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad. (16) A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector. 

Dice: a causa de la multitud de tus contrataciones, de tus contratos, de tu venta como minorista, de tus transacciones con otros. ¡Muy bien! ¡Transacciones con otros! ¿Con otros? ¿Cómo que con otros, si el hombre no había sido creado, todavía? Misterio. Lo que no es ningún misterio es que Dios echa fuera a Lucero en este episodio, eso está más que claro. Y cómo habrá sido su caída de tremenda e impactante, que Jesús mismo se va a referir a esto y va a decir en un momento dado: Yo veía a Satanás caer del cielo, como un rayo, por allí por Lucas 10:18. ¿Y cuándo fue que cayó? Respuesta a la vista: cuando Dios lo expulsó de ese monte. Mira Jeremías capítulo 51. En mi Biblia, en los subtítulos de estos capítulos de Jeremías, el 50 y el 51, dice: Juicios Contra Babilonia. Escucha esto:

(Jeremías 51: 25) = He aquí yo estoy contra ti, oh monte destruidor, dice Jehová, que destruiste toda la tierra; y extenderé mi mano contra ti, y te haré rodar de las peñas, y te reduciré a monte quemado. 

Monte destruidor. Destructor, dice en otras versiones. ¿Qué es Babilonia, espiritualmente hablando, entonces? Es un monte. Eso, si tu imaginación necesita darle una forma a Babilonia. Si lo necesitas, ahí lo tienes, es un monte. Es un monte que quiere llenar toda la tierra. Pero, ¿Qué monte es este? Es el mismo que veíamos en Ezequiel, pero no el que Dios hizo. Porque aquel monte era el monte de la Presencia de Dios. Ese monte también se llama Sion. Es el monte de donde Daniel extrae un pedazo que arroja a los pies de la imagen del sueño de Nabucodonosor.

Y cuando la piedra pequeña, que es Cristo, golpea los pies, toda la imagen se destruye. Cuando Lucero cae, el roba y copia el diseño del monte de Dios. Las pirámides, Babel, la Torre de Babel, es un prototipo del monte. ¿Por qué todos los pueblos de la tierra hicieron pirámides escalonadas? Porque todos tienen el diseño del monte. Toda estructura piramidal, es un monte. Toda estructura piramidal, es Babilonia. Toda. Es el diseño que Lucero copió. Babilonia, entonces, es un diseño espiritual que copia el monte de Dios en la tierra. Y un hombre, cualquiera, al que otros hombres deciden elevarlo a la categoría de ministro, puede respaldar ese sistema construyendo su pequeño monte.

 Por lo tanto, todos aquellos que han salido de una congregación grande para armar otra más pequeña y llevarla adelante mediante los rudimentos y sistemas con que se manejan las demás, jamás abandonó Babilonia, sólo la ha cambiado de lugar y de nombre. Babilonia es un sistema espiritual, que también cuenta con áreas de economía y política para hacerse fuerte en la tierra. Y no te olvides que es una estructura piramidal, como todas las que adjudicamos a las redes satánicas enraizadas en religiones ocultistas.

 ¿Sabes qué? Si en un lugar hay un hombre en la punta de la pirámide y todos los demás, absolutamente todos, dependen de él, esa también es una estructura piramidal y, por lo tanto, también es Babilonia. ¡Aunque se derrita de buenas intenciones! Son cinco los ministerios puestos para gobernar la iglesia, no uno solo. La mayoría lo sabe, lo predica, lo enseña y lo declama. Pero no lo abandona porque, en su interior, hay un espíritu babilónico influyendo en grande.  En ese lugar se realizaban contrataciones, intercambios.

 De hecho, hoy, si un apóstol ordenado le otorga una posición de evangelista o profeta a alguien por causa de su esfuerzo, está haciendo una contratación. Lo que quiero decir es que, cualquier posición que se otorgue en la iglesia por una causa que no sea el genuino llamado de Dios para ello, es una contratación. Es como una especie de intercambio de unción por salario. ¡Eso es Babilonia! Es duro lo que digo, pero lamentablemente es así. La iglesia en mayoría, hoy, está haciendo lo mismo que hizo Lucero y le costó su expulsión y su caída.

(101) – Proliferación de Los Sistemas

La gran pregunta, es: ¿Cómo rompemos eso? Quisiera tener una respuesta más concreta y contundente que esta, pero no la encuentro. El sistema del monte se basa en siervos. El sistema del Reino se basa en hijos. Tú, que me estás leyendo o escuchando hoy, ¿Tienes hijos? ¿Sí? Entonces pregunto: ¿Tienen algún escalafón de importancia tus hijos en tu familia? No. ¿Uno es más valioso que el otro por la causa que sea? No, ninguno. ¿Y entonces por qué en lo que llamamos la iglesia, sí? En lo espiritual, cualquier apóstol sacará a la luz de inmediato todo esto.

 ¿Y si no lo hace y lo deja circular? ¡No es apóstol! Hay redes apostólicas por centenares que funcionan con mecanismos babilónicos. De acuerdo, ya no está presente la odiosa palabra Denominación, pero Babilonia sigue presente, viva y muy activa. Y a veces peor que en las denominaciones, porque en estas, a veces, había más humildad. Lo cierto es que este diseño de Lucero, es el que ha forjado, nos guste o no aceptarlo, toda la identidad del hombre caído. Es perverso lo que él ha hecho, porque él sabe que el problema del hombre es el rechazo. Tuvo que dejar el huerto por el pecado, fue rechazado por Dios.

Y él pasa a ser el protector, el que se levanta para decirle: mira, yo estoy dispuesto a darte todo lo que perdiste, ¡Ven conmigo! Y ahí, cuando el hombre es puesto en un sistema de competencias, el monte pasa a ser genial, brillante, espectacular. Porque todo se trata de escalarlo lo más rápido que se pueda y, el que llega primero, gana. Ahí nace la palabra Líder. Oye: el Reino no funciona de esa manera. Jesús lo enseñó muy claramente. Contó que un hombre contrató a obreros por la mañana, a otros al mediodía y a otros por la tarde, pero que a todos les dio un denario como salario.

¿Qué está rompiendo Jesús, allí? El diseño del esfuerzo. ¡Ah, no! ¿Cómo ese que llegó a la tarde va a ganar lo mismo que yo, que vine por la mañana? ¡Me voy ya mismo al sindicato! ¡Vamos a hacer una huelga! Pero llega el patrón y le dice: ¿No te prometí que si trabajabas te iba a pagar un denario? Sí. ¿Y cumplí o no cumplí? Sí, pero… ¡Pero, nada! Lo que yo haga con mi dinero, con tal que a ti te cumpla lo pactado, es asunto mío. De allí que Babilonia toma mucho del diseño de lo que está escondido, de lo ruin. Y un sello indeleble del apóstol, es que él aborrece Babilonia.

Y con argumentos muy fuertes contra ella. En algún momento, y cuando todavía no había Iglesia Evangélica, la Iglesia Católica era la representación visible de Babilonia. Lutero termina con eso casi sin proponérselo. Él sólo los confrontó por causa de la corrupción en las indulgencias. Más tarde, cuando aparece la Iglesia Evangélica, (Y el término “evangélica” nadie sabe muy bien cuándo y dónde apareció, porque el término correcto era Protestantes), y se establece, de hecho, construye otra Babilonia. Sin la figura de un Papa, al menos rotulado como tal, pero Babilonia al fin.

Ahora; ¿Por qué es tan fácil que el hombre se meta con Babilonia? Porque en su anhelo está el llegar a la cima de esa montaña, de ese monte. Porque un día él fue tomado de allí y quiere retornar. Pero no por gracia, sino por esfuerzo. El tema de Babilonia es muy interesante y hasta electrizante, te diría. La parte financiera, la parte emocional, el corazón y Babilonia. Es real, existe, pero mucho cuidado, porque no siempre donde la hemos ubicado. No todo lo que se mueve y respira dentro de un templo es hermano, de acuerdo. Pero tampoco no todo lo que no adelanta y reforma en dirección al Reino es Babilonia, tampoco.

Puede ser simplemente ceguera. La misma que tú y yo teníamos hace algunos años cuando militábamos alegremente en babilonias de todos los colores, sin saberlo. Babilonia tiene que ver con esa acción del espíritu del hombre, por querer tener las cosas de Dios por esfuerzo. Con sus propias herramientas. Propio de esa creación imperfecta, de la que Lucero fue juzgado y de la que cayó. Por eso es que podemos decir con total seguridad que los apóstoles son confrontadores muy firmes del legalismo, de los sistemas religiosos y de Babilonia. Por lo tanto, un verdadero apóstol, genuino del Señor, jamás construiría un modelo donde ellos hicieran las veces de un moderno Papa. Ellos aborrecen ese modelo. 

(103) – Siguiendo Otro Evangelio

¿Podrá ser así en este momento? Se están levantando cientos, miles de apóstoles emergentes. Y les hacen creer que son muy importantes y que hasta Dios mismo debería solicitarles su permiso para hacer lo que Él desee hacer. Parecerían haber olvidado, como lo hacen los hombres carnales cuando acceden a cualquier clase de poder terrenal, que la cabeza sigue siendo Cristo, no nosotros. Y que por allí lleguemos a ser necesarios y hasta valorables, eso no nos convierte de ninguna manera en imprescindibles. Dios sigue estando en Su Trono.

No podemos seguir perdidos en esta maraña infernal en la que el sistema religioso ha convertido a lo que todavía llamamos La Iglesia. Jesús mismo fue un prototipo del apóstol, humillándose a sí mismo, hasta lo sumo. Pablo, que pudo decir lo que muchos quisieran y no se atreven: imítenme a mí. Y sólo porque tenía una conducta frente a la iglesia, por la cual nadie lo podía acusar. Jamás usó a la gente, todo lo contrario. Juzgó al judaísmo, juzgó al cristianismo, que por entonces era naciente, es cierto, pero lo juzgó. Pablo puso en orden las cosas. Hay una síntesis casi perfecta de todo esto en mi Biblia.

(Gálatas 1: 6) = Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. 

Pregunto: ¿Cuál era el evangelio diferente? El que les estaban predicando a los Gálatas, ahora, era un evangelio por esfuerzo. Los que habían llegado de Jerusalén, dice que intentaron circuncidar a los que ya eran salvos. Y no lo hacían de mala fe. Es probable que su pensamiento más lógico haya sido que si Jesús, que aparentemente era Dios mismo, se había tenido que circuncidar para poder ministrar durante su estadía en la tierra, lo más justo sería que sus discípulos, también lo hicieran.

(Verso 7) = No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. (8) Más si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. (Ese es el apóstol. Y más adelante, él les explica cómo es que llegó a recibir este evangelio.)

(Verso 11) Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; (12) pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.  (13) Porque ya habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo, que perseguía sobremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba; (14) y en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres. (Está más que claro: ¿Qué era el judaísmo en ese tiempo? Tradiciones.)

(15) Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, (16) revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles, no consulté en seguida con carne y sangre, (17) ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco. (Mira cuánta confianza tenían en el Espíritu Santo) (18) Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para ver a Pedro, y permanecí con él quince días; (19) pero no vi a ningún otro de los apóstoles, sino a Jacobo el hermano del Señor. 

(20) En esto que os escribo, he aquí delante de Dios que no miento. (21) Después fui a las regiones de Siria y de Cilicia, (22) y no era conocido de vista a las iglesias de Judea, que eran en Cristo; (23) solamente oían decir: Aquel que en otro tiempo nos perseguía, ahora predica la fe que en otro tiempo asolaba.  (24) Y glorificaban a Dios en mí.

(Gálatas 2: 1) = Después, pasados catorce años, (Perdón; ¿Cuánto tiempo, dijo? ¡Catorce años!) subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también conmigo a Tito. (2) Pero subí según una revelación, (¿Qué lo guiaba a Pablo? Revelación, tras revelación, tras revelación. Nota que todo lo que él hacía, era porque lo veía al Señor hacerlo) y para no correr o haber corrido en vano, expuse en privado a los que tenían cierta reputación el evangelio que predico entre los gentiles. 

¡Qué tremendo! Se reúne a solas con ellos y les pregunta si están jugando para el mismo equipo. Les presenta el evangelio que él está predicando y quiere saber si ellos están o no de acuerdo con eso. Sólo quería saberlo, porque nunca le enseñaron. ¿Qué posibilidades de error había en Pablo? Muchas. Porque él no abandonó muchas de las costumbres que había aprendido de sus padres. ¡Qué tremendo! ¿No te parece?  Ahora, pregunto: ¿Por qué no fue directo a la iglesia?

 ¿Por qué debió esperar catorce años? Es muy probable que la iglesia estructural y organizada, le hubiera dicho a Pablo que todavía tenía mucho que aprender, que mejor se sentara y esperara que llegara su tiempo, cosa que ellos se encargarían de comunicarle. ¡Es que Dios me mostró! Sí…está bien…pero tranquilo, siéntate y cálmate. Ahora siéntate y cállate. Vamos a poner las cosas en orden, primeramente. Dime Pablito, ¿A quién te sujetas, tú?

(3) Más ni aun Tito, que estaba conmigo, con todo y ser griego, fue obligado a circuncidarse; (Toma nota de esto, que no es poca cosa: Tito era griego. No fue obligado a circuncidarse) (4) y esto a pesar de los falsos hermanos introducidos a escondidas, que entraban para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a esclavitud, (5) a los cuales ni por un momento accedimos a someternos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros. (6) Pero de los que tenían reputación de ser algo (lo que hayan sido en otro tiempo nada me importa; Dios no hace acepción de personas), a mí, pues, los de reputación nada nuevo me comunicaron.

 (7) Antes por el contrario, como vieron que me había sido encomendado el evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de la circuncisión (8) (pues el que actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión, actuó también en mí para con los gentiles), (9) y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión. (10) Solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres; lo cual también procuré con diligencia hacer.

Algunas de estas cosas, cuando las sacamos fuera del contexto casi sagrado que todas las historias bíblicas traen, nos resultan imposibles de entender. Esta gente, que después de catorce años se vuelven a encontrar con un personaje de esta estatura espiritual, de lo único que se acuerdan es de, cuando está por irse, pedirle que si le llega a sobrar alguna moneda de lo que recaude, se los envíe a ellos, con el argumento de que tienen muchos pobres para atender. Cosa que, pese a lo insólito y hasta ofensivo del asunto, Pablo hace más adelante, cuando hay hambre en el lugar y él recoge una ofrenda y se las envía. Ahora, yo me pregunto, y seguramente ustedes también: ¿Esa era la conversación importante que esta gente importante tenía que tener? ¿Ese era el tema de fondo?

(11) Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. (12) Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión.  (13) Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aún Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos. (14) Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar? (Escucha: ¡Delante de todos se lo dijo! ¿Te das cuenta lo que eso significaba en ese lugar y en ese momento?)

(104) – La Iglesia va Cara a Cara

Podría haber sacado a Pedro y hablar las cosas con él en privado. ¿En privado? Pablo no conocía lo que era hacer cosas al margen de la gente a la cual representaba, y mucho menos de un modo en que Jesús, en vida, jamás lo hubiera hecho. ¿Se dan cuenta ustedes el compromiso de este hombre con la justicia? ¿Pueden ver ustedes su claridad? Yo no lo debo nada ni a este señor ni a este otro señor, tampoco. Lo que he dicho es esto, y si a alguien no le gusta, lo lamento mucho, se las tendrán que ver conmigo. ¡Ese es Pablo! ¿O te habías creído, sinceramente, que ir siempre de atrás y jamás dar la cara y decir las cosas de frente, formaba parte de la doctrina evangélica? ¡Eso es un apóstol!

Y esto, de ninguna manera habrá que tomarlo como un juicio de valor de nuestra parte para con los hombres que grandemente caminaron con Dios. Fíjate que bueno y que justo será Dios, que nos ha permitido que, a través de lo escrito en el Libro que Él nos dejó como manual de vida, estén escritas estas debilidades. ¿Por qué crees que lo hizo, para burlarse de Pedro y los demás? ¡¡¡No!!! ¡Para que tú, yo y todos los que quieran seguirle y servirle, aprendamos! Obvio, no eran ángeles infalibles ninguno de ellos, sino personas imperfectas, a las que Pablo no dudó ni un instante en confrontar. ¿Qué crees que le hubiera ocurrido si lo hacía en una de nuestras iglesias, hoy?

Pero, observa: ¿Cuándo él se mete tan frontalmente en algo así? Cuando alguien se mete con lo que Dios le había encargado a él. Muy celoso en lo que Dios le entregó. Y no por soberbia, arrogancia o exceso de omnipotencia, sino simplemente porque él sabía que de eso, él iba a tener que rendir cuentas directamente a Dios. No estoy justificando en absoluto que alguien salga con una Biblia a dársela por la cabeza a los que están equivocándose. Lo que pretendo mostrar es que, en aras de un amor que es genuino, pero no permisivo, estamos demasiado tolerantes con cosas que no son tolerables de ninguna manera. Sistema.

Y ten en cuenta un detalle que hoy, estoy diciendo que hoy, tiene que servir de modelo. Pablo no le mandó cartas a nadie desprestigiando a Pedro por ese error, sino que simple y sencillamente fue y lo enfrentó cara a cara. ¿Sabes cómo se llama, todavía, esto, en mi pueblo? Hombría. Y una vez más, a la vista de tantas y tantas alternativas oscuras vividas dentro de nuestras iglesias, la antigua pregunta y auto-pregunta retorna con mayor fuerza: ¿Dónde están los hombres del evangelio, hoy? Yo conocí muy pocos. En los ambientes eclesiásticos tradicionales que integré, casi me atrevo a decirte que ninguno. No, si tomo como prueba el hecho de que alguno de ellos viniera a decirme personalmente, en mi cara, que yo estaba equivocado, si era eso lo que creían y desparramaban por detrás de mí. Hombría. Sistema.

Para ir concluyendo con el examen de los apóstoles, déjame decirte que ellos, se dice, desatan prosperidad financiera en la iglesia. Por eso es muy raro que los apóstoles anden por allí pidiendo dinero. Si ellos desatan mucha unción financiera, ¿Para qué deberían andar mendigando ofrendas? ¡Deja que Dios se mueva a su gusto! Pero… ¿Y si no se mueve, como pago mis deudas? Primero pregúntale a Dios si te levantó verdaderamente como apóstol, o sólo se trató de un acto de pago de deudas de parte de tus amigos ministros. Y no es un cuento chino, con perdón de los chinos.

¿No viste que cuando viene el Espíritu Santo, una de las cosas que suceden, es que la gente se desespera por vender todo lo que tiene y traerlo a los pies de los apóstoles, sin que ellos le pidieran absolutamente nada? Un hombre de Reino no pide ofrendas, ni contribuciones, ni diezmos ni contribuciones disfrazadas de donaciones. Un hombre de Reino espera en Dios. Porque leyó y creyó que Dios suple todas las necesidades de los que Él envía a servirle. ¿Y si se olvida y no lo hace? Tranquilo, es porque no eres lo que suponías que eres. Relájate.

 Cuando Pablo empieza su viaje para Asia Central, lo está esperando Lidia, ¿Recuerdas? Lidia era una tremenda empresaria en telas, con una enorme cantidad de contactos de fuste, que inmediatamente de su conversión, pasan a ser contactos del mismísimo Pablo. Escucha: ¿Leíste en alguna parte que Pablo haya tenido que salir a vender baratijas, armar festivales a beneficio o hacer rifas de Biblias, para financiarse sus viajes misioneros? ¿De verdad todavía hay gente que piensa que, si Dios envía a alguien al último confín de la tierra a llevar su palabra, va a decirle que se arregle como pueda para llegar allá?

Además de lo financiero, los apóstoles son portadores de visión y comprensión del Cuerpo de Cristo y de su papel, de su rol, en cada período de tiempo. Son recuperadores de la doctrina pura, de lo esencial, de la fuente directa, del diseño correcto. ¿Es que usted me está diciendo que hay doctrina que no es pura, que no depende de una fuente directa y que se aparta del diseño original? No necesitas que yo te diga eso, sólo mira a tu alrededor, donde quiera que vivas y te congregues. Y son portadores de palabra madura.

Y créeme, recibir una palabra madura, no siempre es fácil. Pablo dice que a algunos les daban leche, y a otros viandas y comida sólida. Esa es una virtud que tiene el apostolado. Hay una motivación en el ministerio de llegar más lejos, más alto y más profundo, lo cual les impulsa a los demás a hacer lo mismo. En este mundo no hay nada más contagioso que alguien que se está acercando más al Señor. Esta es la principal motivación del ministerio apostólico. Es bien difícil seguirle el paso a un apóstol genuino.

Lo más impactante del ministerio apostólico radica en que, cuando tú escuchas un apóstol, indefectiblemente tú quieres lo que él quiere. Es decir: tú quieres llegar al lugar a dónde él dice que va. Es el único ministerio que, si tú eres impulsivo y te dejas llevar por tu amor al Señor, eres capaz de vender todo lo que tienes y salir con él para donde quiera que vaya. Porque no sólo se necesita la pasión para hacer algo así, sino también dirección. Y el apóstol tiene dirección. Y si tenemos en cuenta que lo que más falta en este mundo es, precisamente eso, dirección; el combo está completo.

Y si tenemos en cuenta que, traducciones completas mediante, lo que se nos dice es que el Reino de Dios, en este tiempo, se está estableciendo a la fuerza, ya que no es algo demasiado querido, aunque de pronto ni tú ni yo podamos entender eso. Y no es ni casual ni inventada esta traducción. ¿Te cabe alguna duda que donde se imponen los recursos y modismos del Reino, eso allí ha sido implementado en contra de un mar de opiniones adversas, contrarias y hasta feroces en sus expresiones?

Somos hijos de Dios, somos cuerpo de Cristo, somos amantes de la paz y contrarios a todo tipo de violencia, pero ¿Sabes qué? Somos los encargados de implantar el Reino de Dios, aquí y ahora, y no tendremos otro remedio que hacerlo de una manera violenta. ¡Está escrito! De hecho, se habla de una violencia en el ámbito espiritual, no físico. No es con espada, ¡Es con tu espíritu! Está sucediendo con la propagación de estos materiales.

Y tiene muy en claro la verdadera esencia de lo que nosotros llamamos liderazgo. Veamos: ¿Qué hace un líder, cualquiera, de los muchos que tú conoces, respecto a un trabajo conjunto? Se planta en un lugar y toma un grupo y lo envía hacia el norte, toma a otro grupo y lo manda al sur y a un tercero lo encamina al oeste y otro restante el este. ¿Y él? Se queda allí a esperar los resultados y los informes que cada uno le presente más adelante. ¿Y cómo se comporta un apóstol en esa misma situación? Ordena a todos los grupos de la misma forma, pero él se pone al frente del primero que parte hacia el lugar más peligroso o comprometido. Eso es ser líder, no pensar bonito o tener imaginación productiva. +++++++++++++++

(105) – Las Diferencias Escritas 13

En Mateo 6:31-33 Jesús dice: No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

Y aquí los religiosos dicen que busques primeramente lo material por medio del trabajo duro y obtiene todo el dinero que puedas del sistema. Luego, si es que tienes tiempo y no estás demasiado cansado, en el fin de semana, por ejemplo, puedes servir a Dios, Él te entenderá. Sí; que te entenderá, no me caben dudas porque el nuestro es un Dios de infinita misericordia y paciencia, pero tú deber es saber que la vida de un hijo de Dios es en el poder de Dios, y no en su misericordia o su paciencia. 

(106) – El Despertar de Una Cultura

Estoy plenamente convencido que, en estos tiempos, el pueblo cristiano que desea encontrar los verdaderos valores del evangelio, está en una etapa de proceso. Y en el marco de ese proceso, examinamos y nos examinamos para poder ver, en lo externo y en lo interno, cuál es el verdadero rol del Espíritu Santo en la vida de una persona. De hecho, por poco o por mucho, los que llevamos algunos años en este camino, hemos aprendido que así como hay gente que camina hacia un objetivo falso, hay otros que lo hacen hacia un objetivo divino y genuino.

Sin embargo, yo estoy en certeza que lo peor que se puede hallar, es aquel que no avanza hacia ninguna parte. Alguien que está en un lugar por años y años y jamás cambia absolutamente en nada su vida. Y lo más triste y grave: ni siquiera se da cuenta de ello. Dentro del pueblo, además de estos inmovilizados que a corto o mediano plazo serán de obstáculo para los que avanzan, también co-existen los ultra espirituales, que son aquellos que lo espiritualizan absolutamente todo, ven ángeles, demonios y espíritus a cada momento y los antagónicos, que además de burlarse de estos que termino de mencionar, viven una vida previsible, en un marco racional y decididamente físico.

Esta gente, en lo espiritual, ni siquiera está en condiciones de tomar conciencia de su propio pecado. Creo que debemos ser conscientes de nuestros problemas. Tengo la sensación que el Espíritu Santo no va a venir a decirme cuál es mi problema, porque examinándome, yo ya sé cuál es mi problema. Y creo que debería existir alguna plataforma que ayude a responder eso. De hecho, no siempre manejamos las cosas de la manera más eficiente. Pero en el fondo, debería haber la voluntad de ser mejores personas mañana. Y eso, en todos nosotros. Más allá de que en nuestras vidas exista un pastor o no exista.

Más allá que estemos abiertos al mover del Espíritu Santo, o no. Creo fielmente que cada uno debería ser honesto en cuanto a  su condición, en cuanto a lo que es difícil. Por eso siempre decimos que, conforme al sistema con que se mueve la iglesia evangélica tradicional hoy, los pastores y pastoras existentes, se encuentran en una alta condición de vulnerabilidad, porque muy difícilmente tengan ellos a quienes contarles sus cosas. De hecho, y en esto pongo mi breve pero muy observadora experiencia dentro de la organización eclesiástica en una de sus denominaciones consideradas como más serias y sobrias.

 Según lo he podido ver yo, la persona más sola y desvalida que existe dentro de una iglesia de cualquier cantidad de miembros que se te ocurran, es la esposa del pastor. ¿Te imaginas si llega a tener un problema de alcoba con su marido, como tantos cristianos lo han tenido alguna vez? ¡Su marido es el pastor! ¡Y del pastor nadie debe hablar nada malo! Pregunto: ¿Qué hemos hecho, por Dios? De hecho, el mayor motivo de asombro que tengo, pese a que no soy ningún joven inexperto que no haya vivido nada en esta vida, es procurar entender a mi Padre, a Dios mismo, de Él estoy hablando, y saber cómo es que puede trabajar con la clase de personas que somos nosotros y lograr algún éxito en ello.

 ¡Cuesta entenderlo, de verdad!  Somos bien complicados, mira. Yo creo fervientemente que cuando alguien se convierte, el Espíritu Santo comienza a trabajar en esa vida y consigue de ella resultados lindantes con el milagro, pero ¿Sabes qué? Modificar estructuras mentales en una persona, puede llevarle al Espíritu toda la vida de esa persona. Y me temo que Dios lo necesita mucho tiempo antes, ¿Entiendes? ¿Quién de ustedes no desea que sus hijos, si los tienen, no tengan que batallar con esos tremendos defectos que sus mentes les dictaban en otros tiempos?

Defectos que a lo mejor ya sanaron y quedaron olvidados, pero que seguramente les han dejado cicatrices que, al verlas, los hacen retroceder violentamente en el tiempo. Y no para gozar o disfrutar, precisamente. El modelo, en casi todo lo que debemos encarar de aquí en más, está en la Biblia podría decirte que desde siempre. El Libro de los Hechos. El modelo de iglesia que vemos en Hechos, es más que interesante, sobre todo si tenemos en cuenta y no perdemos de vista el cómo Dios puede llegar a trabajar en el corazón de la gente.

(107) – Un Pueblo Muy Particular…

Es obvio que no voy a encarar un estudio completo del Libro de los Hechos, (Alguien ya lo habrá hecho o lo estará haciendo hoy mismo, tal vez), sino simplemente dedicar mi atención a un par de sucesos que –entiendo- podrán ayudarnos bastante en esto de romper con los sistemas y rescatar a la iglesia oculta dentro de los sistemas.  El primer asunto, tiene que ver con la mentalidad que tenía Israel cuando llega al tiempo del Libro de los Hechos, un libro que dice que son los hechos de los apóstoles, aunque no son pocos los que prefieren verlo como los hechos de la iglesia primitiva.

Y si me dejas titularlo a mí, como buen periodista que alguna vez tituló tapas de periódicos, yo le pondría directamente: Hechos del Espíritu Santo. Y en primer lugar, tendré que recordarte algo que quizás tú también ya has percibido con sólo leer las escrituras: hoy somos muy idealistas respecto al tiempo en que Jesús aparece por esta tierra, aunque no soy el único que podría asegurarte que ese fue uno de los tiempos más difíciles de la historia. En primer lugar, porque Israel venía de estar bajo el dominio de diferentes naciones por espacio de muchos años.

Y todos sabemos por profusas experiencias antiguas y contemporáneas, que ninguna nación que ha sido conquistada puede alguna vez vivir feliz. En primer lugar, hay una profunda raíz de amargura que no se va de ninguna manera con una oracioncita de circunstancias, porque detrás de ella hay una sensación de odio innato que, en casos, hasta puede avergonzar al que lo experimenta. Por eso puedo asegurarte con total y absoluta libertad y certeza, que los judíos de ninguna manera querían a nadie que no fuera judío. Por el otro lado, y como para quedar en paridad absoluta, nadie quería a los judíos.

¿Causa? Una entre muchas: sólo se ayudaban entre ellos. Además, estaban repletos de prejuicios. ¿Y tenían motivos para encerrarse casi como una secta y sólo movilizarse para ayudarse entre sí? Estoy convencido que sí, que los tenían y sobrados. Sin ir muy lejos, todas las naciones que estuvieron cerca de ellos buscaron conquistarlos, y de hecho, algunos de ellos lo hicieron. Por eso creo que la situación no tiene que haber sido muy sencilla para un judío, en ese momento. Eran, claramente, ciudadanos de segunda categoría, de segunda clase.

Cuando Roma establece toda su extensión y su perímetro de gobierno, y ahí estaba también Judea, el territorio que más conflictos les daba, era el territorio de Israel. Tanto es así que tenían una guarnición completa allí, todo el tiempo. Porque los judíos, te explico, eran muy revoltosos. ¡No eran en absoluto un pueblo pacífico! Es suficiente con recordar lo que el episodio de Masada, cuando ocurre esta gran revuelta con toda esta gente, con Judas Macabeo, con todo lo que fue eso. Ese suicidio masivo de cientos de judíos. Eran un pueblo difícil de llevar.

Tanto que en el año 70, los romanos, hartos ya de Israel, van y pasan la aplanadora sobre Jerusalén y no queda piedra sobre piedra. Tito, el general, va y destruye todo rastro de resistencia. Los judíos, internamente, estaban muy divididos. Había por lo menos, adentro, siete grupos muy fuertes. Los saduceos, los fariseos, los escribas, los zelotes, los escenios, eran grupos muy diversos, que aunque compartían todos la misma fe por la Torá, por la Ley, tenían tremendas divergencias en su interpretación y en su manera de vivir esa Ley. Entonces, entre ellos mismos había muchísimas discrepancias y había cosas casi inaceptables.

Y para colmo de males, en la mitad de la nación estaban incrustados los samaritanos, que eran una mezcla de judíos y asirios que aparecen en cierto proceso de la historia, hablando un lenguaje medio raro, el arameo, un idioma que lo único que trajo fue mayor confusión, todavía. Ahora; si puedes imaginarte todo ese escenario, vas a darte cuenta que Jesús no podía haber nacido en un peor momento y lugar. Cuando Jesús llama a sus discípulos, hay todo un tema sobre por qué elige a esas personas, que fue lo que vio en ellos y una serie de exámenes más.

Sin embargo, ellos expresan esas divisiones internas varias veces, y se puede ver algo en los evangelios respecto a esas faltas de acuerdo que había entre ellos. Había discriminación, había marginación y un sinfín de actitudes negativas más. Por eso, es asombroso lo que Jesús hizo, aunque supongo que le quedó pendiente el trabajo de carácter que podía hacer con los que eran sus seguidores. Y eso queda en evidencia cuando a Jesús lo detienen y lo ponen preso. ¿Qué es lo primero que hacen sus discípulos? ¡Huyen! ¡Se esparcen en todas direcciones!

Eso te deja pensando algo que es una realidad: la única cosa que nucleaba a todos esos hombres tan distintos entre sí, era el propio Jesús. A él se lo llevan preso y a nadie se le ocurre orar, hacer guerra espiritual o reprender demonios. ¡Nadie atina a nada! Yo me pregunto si, con todos estos hechos a la vista, alguien se atrevería a dejarles un grupo de cristianos a cargo a esos discípulos, hoy. ¡No eran confiables! Sin embargo y pese a todo eso, vemos que Jesús no sólo les dejó a un grupo de cristianos a su cargo, ¡Les dejó el mundo entero!

Claro está que Jesús tenía en cuenta algo que ninguno de nosotros pensó: el papel, el rol que iría a desempeñar el Espíritu Santo. Y esa es la enorme diferencia que se vislumbra entre los evangelios y el Libro de los Hechos. Los evangelios son el relato de Jesús, en quien está el Espíritu Santo. El Libro de los Hechos es el relato de los apóstoles, en donde el protagonista principal es el Espíritu Santo. ¿Y hay un modelo para tomar modelo, allí? Yo creo que sí, veamos. 

(108) – Modelo Más Que Vigente

(Hechos 2: 42) = Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.

Aparecen cuatro elementos muy importantes, aquí. La palabra clave, sin ninguna duda, es perseveraban. ¿Y en qué perseveraban? En primer lugar, en la doctrina. Esto es enseñanza. ¿Pero, qué enseñanza? La enseñanza de los apóstoles, no la enseñanza de la Torá, que se entienda y quede claro. En segundo lugar, perseveraban en la comunión, una palabra que en griego se escribe koinonia. Que habla de estar juntos. En tercer término, dice que en el partimiento del pan, y es obvio que está hablando del pan y del vino y, finalmente, en las oraciones.  Y dice que ellos perseveraban. ¿Saben cuánto perseveraban? Lo hacían cada día. Y su lógica era muy sencilla: Jesús lo hizo así, entonces nosotros lo hacemos igual. Y por si no lo habías visto antes cuando te tocó leer esto mismo, la consecuencia de toda esa perseverancia, está en el verso siguiente, el 43.

(43) Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles.

Si ustedes leen la historia de los avivamientos, podrán comprobar que no hay avivamiento que haya aparecido en la tierra, que no haya tenido, por lo menos tres de estos cuatro componentes que se mencionan en el versículo 42. Cuando alguien venga y te pregunte o quiera saber qué debe o no debe hacer para tener un avivamiento hoy, no hagas sabiduría humana, envíalo a leerse el verso 42. Es eso, no hay otra cosa. De hecho, cuando dice que sobrevino temor, el temor que se habla aquí es el temor de Dios, no miedo a secas. A toda la gente que estaba alrededor. No se refiere únicamente a los protagonistas centrales del asunto, sino a todos los que los rodeaban, estuvieran participando o simplemente de curiosos.

(44) Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas;

Dice que todos los que habían creído, estaban juntos. Noten que la primera acción que llevó a cabo aquí el Espíritu Santo, fue unirlos. Claro que, si lees antes, cuando diez días atrás ellos estaban orando siguiendo las instrucciones de Jesús, que les había dicho que no se fueran de Jerusalén, vas a notar que el texto dice que estaban juntos y unánimes. Es obvio que había un claro esfuerzo por parte de ellos para estar unánimes y juntos. Unánime, te recuerdo, viene de un-ánima, esto es: Un alma. ¿Qué significa esto? Que estaban en un alma, en una sola voluntad.

Y además estaban juntos. Porque ya hemos visto hasta el cansancio que podemos estar juntos, pero divididos. Juntos se refiere a lo físico, unánimes a lo anímico y espiritual. Ahora, mira; de los más de quinientos que ven y reciben la instrucción de Jesús de que esperen, solamente quedan ciento veinte. Y si Jesús se hubiera demorado más días, esa cifra seguramente hubiera ido bajando mucho más. El lapso máximo que el Señor les dio para esperar, fueron diez días. Porque fue en el día cincuenta después de la resurrección. Pentecostés, en el que el Espíritu Santo desciende.

Y la primera cosa que el Espíritu Santo hace, es reafirmar aquello que ellos estaban haciendo: unirlos. Porque este último verso que leímos, dice también al final que tenían en común todas las cosas. Esto es algo muy pero muy pesado. Porque no era algo propio. Pónganse a pensar en los discípulos antes de todo esto. Ellos eran muy celosos entre ellos. Y dice que ellos tenían todas las cosas en común. Eso es algo muy fuerte. Algo se había roto en ellos: la individualidad.

Escucha: muchas veces hay gente que se enoja y muy feo, simplemente porque en un espectáculo alguien se sentó la butaca que le correspondía. Y doy este ejemplo porque no hay iglesia donde no existan hermanos que ya tienen un lugar del templo casi como asignado. Ahora imagínate decirles a estas personas que a partir de este momento, tiene que tener todas sus cosas en común con los demás hermanos. Y es precisamente en el verso siguiente, el 45, en donde se especifica con meridiana claridad cómo era eso de tener todas las cosas en común. 

(109) – Según Cada Necesidad

(45) y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. (46) Y perseverando unánimes (Fíjate; aquí aparece otra vez el término perseverando y, a renglón seguido, el otro que es clave: unánimes.) cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, (47) alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos. 

Esto último te está dejando algo muy en claro: no era necesario que ellos se esforzaran demasiado en evangelizar, porque dice que era el Señor el que añadía a los que iban a ser salvos. De hecho, en todos estos versículos que hemos leído, saltan a la vista varios puntos que, a mi entender, y obviamente no soy el único, no son ni pueden ser una simple opción. A mí me da la sensación que, aún en contraposición con lo que se ha enseñado durante mucho tiempo y en no pocos lugares, lo que vemos aquí no es sencillamente una serie de recomendaciones formales.

A mí me da toda la certeza que estamos frente a un verdadero y claro diseño divino. Para ver esto con mayor claridad, vamos a ordenarnos en los ítems que ellos tenían como válidos. El primero, era que compartían la doctrina apostólica. Muy bonito, pero permíteme preguntarte casi con ingenuidad: ¿Qué cosa será para ti, la doctrina apostólica? Yo creo que la doctrina apostólica, está íntima y directamente relacionada y hasta asociada con lo que podríamos denominar como “el encargo apostólico”. No sé si lo recuerdas del principio de este trabajo, pero ese encargo era: comisión, autoridad y revelación. Y está asociado al ministerio.

La doctrina apostólica gira en el equipamiento de la gente, para que ellos puedan llegar a la estatura de Cristo, que es el llamado varón perfecto. Pueden existir anexos interesantes que aporten, pero esencialmente es eso. Porque el centro básico de la doctrina apostólica, es Cristo. De hecho, Jesús está de una punta a la otra de la palabra, pero convengamos que no toda la palabra tiene el mismo peso de importancia. Porque, para formar la imagen de Cristo, esto es: la imagen perdida, la imagen de Cristo en la gente, definitivamente necesitamos elegir y seleccionar algunas partes de la palabra, con mayor empeño que en otras.

Porque hacen un trabajo mucho más profundo. De hecho, la enseñanza apostólica provee los fundamentos, y debe, inexorablemente, estar presente en la vida de cada creyente. ¿Y por qué debemos recalcar todo esto? Simple, porque hay mucha, muchísima te diría, enseñanza en la iglesia que no es basada en la doctrina apostólica y que, por lógica consecuencia, no te lleva a ninguna parte. Porque la doctrina apostólica, siempre se apoya en la revelación del Espíritu Santo y en el rol que este cumple para poder llevar a la gente a la estatura de Cristo.

La gran diferencia entre aquellas predicaciones, a la mayoría de las actuales, estaba en que ellos no informaban con lo que decían: ¡Transformaban! Y transformaban a través de la enseñanza profunda, no de pases mágicos ni vociferaciones voluntaristas y propias de shows mediáticos. Vamos a ver: ¿Cómo supones que era una iglesia, una reunión tipo de una congregación de ese tiempo? Han quedado algunos registros, aunque muy lamentablemente, no en la Palabra. No tenemos ni un solo ejemplo en el Libro de los Hechos, que describa al menos aproximadamente, cómo era una reunión de esa gente.

Sin embargo, aparentemente, (Y por costumbre profesional cuando no examino algo personalmente siempre añado “aparentemente”), habrían quedado algunos documentos antiguos que se habrían rescatado, y en los que se asegura, se muestran hasta cánticos que se cantaban en esa época. A ver; cuando ya el cristianismo es perseguido, más o menos una reunión, pongámosle en Roma, conforme al relato de uno de esos documentos, podía comenzar alrededor de la una de la madrugada. Eran en la noche, muy tarde, y en lugares absolutamente escondidos, subterráneos se asegura. Las famosas catacumbas.

Porque no podían hacerse a la luz del día, claro. Un detalle: no tenían Biblias. Tampoco tenían alguna clase de documentos que pudieran conseguir. Recuerda que estoy hablando de la iglesia en Roma. No tenían los libros del Antiguo Testamento. Tampoco tenían los manuscritos, apenas quedaban algunos rollos que estaban en Jerusalén. La pregunta, es: ¿Cómo hacían ellos? Es cierto que los apóstoles habían comisionado a algunos ancianos en las iglesias y, es obvio, que ellos eran los que se encargaban de recibir a esas personas. Reitero: la reunión comenzaba cerca de la una de la mañana, cantaban algunos cánticos, ningún instrumento era usado, solamente las voces.

Después de eso, alguno de los tres o cuatro responsables que había en cada lugar, esperaba que el Espíritu Santo les entregue una palabra. Y el que tenía una palabra, se ponía de pie y la empezaba a compartir. Nadie sabía con antelación quién iba a hacer eso. Y quiero que tengas presente que aquel que se ponía de pie para hablar, no podía pedirles que abrieran sus Biblias en tal o cual capítulo y versículo. Lo único que tenía para decirles, era lo que recibiera a partir de ese momento del Espíritu Santo, nada más.

Y era habitual, fíjate, que al concluir esa persona de decir todo lo que el Espíritu le había dado para que dijera, los restantes, uno por uno, casi por turnos, comenzaban a ponerse de pie y confesar todos sus pecados cometidos durante el lapso que habían pasado sin encontrarse. Y, al finalizar eso, compartían el pan y el vino, todos juntos, mientras declaraban que todos esos pecados estaban siendo borrados, en ese mismo momento, del trono de Dios. Después solían orar por los enfermos, o por cuestiones personales, por todo aquello que para ellos resultaba ser importante. Tenían un par de cánticos más, y luego se despedían.

 ¿Hora? Y, no antes de las cinco de la madrugada. Es obvio que, independientemente en qué anduviera en su vida diaria cada uno de ellos, de ese lugar salían directamente a ocuparse de esas cosas. Eso hacían cada noche. Pero… ¿Cuándo dormía esa gente, entonces? Aparentemente, (Otra vez: aparentemente) entre las siete de la tarde y las once o doce de la noche. ¿Cómo pudieron soportar ese ritmo? Una sola respuesta: sólo el Espíritu Santo pudo haberlos ayudado y respaldado. Cuando llegaba alguna carta de los hermanos de Jerusalén u otro lugar, era impresionante el gozo y la alegría que los embargaba.

 Tanto, que llegaban a memorizar las cartas que Pablo les enviaba. Eran sus textos de referencia. Todo el que haya examinado algo de lo mucho que la Teología sistemática pone a disposición del alumnado sabe, o al menos acepta, que las cartas que hoy poseemos son apenas un puñado de las muchísimas que Pablo escribió. Quiero entender que al Señor sólo le interesó que conociéramos las actuales. El Espíritu Santo sigue estando en control de todo esto y nada se escapa a su cuidado. 

(110) – Conciencia de un Final

Toda la gente que se convertía en ese tiempo, era llevada al bautismo. Se bautizaban en la madrugada, en algún río cercano. Al pasar los años, eso se va convirtiendo en algo más formal y comienzan a realizarse los bautismos para la fecha del domingo de resurrección, recordando precisamente la resurrección de Cristo. Y los que se bautizaban, se llamaban catecúmenos. Ellos debían conocer la didake, perfectamente. La didake era el resumen doctrinal que en ese tiempo había. Les pedían que hicieran un ayuno de tres días y al cuarto lo bautizaban.

Hasta allí son algunos de los registros de lo que en apariencia, era la iglesia de aquel tiempo. La doctrina apostólica, era una doctrina muy sencilla. Veamos: ¿Todo lo que Pablo escribe, podría meterse dentro del contexto de la doctrina apostólica? Sin dudas. ¿Y sobre qué tema gira el tema central de lo que escribe Pablo? Sobre la edificación del cuerpo de Cristo. Ese era el énfasis. La segunda cosa en la que ellos perseveraban, dice, era la comunión, esto es koinonía, que es asociación, participación y comunión. La dimensión apostólica produce participación de los creyentes cuando están juntos y tienen comunión unos con otros. Es fácil compartir con alguien, cuando tú te has unido en el espíritu con esa persona. No sé si podrías creer que, dadas estas condiciones espirituales, se puede llegar a producir sin inconvenientes aquello de compartirlo todo.

Algo que unía mucho a la iglesia del primer siglo, era el sufrimiento. Todos estaban sufriendo lo mismo. De tal manera, que ellos compartían algo que es vital cuando una persona sufre: la consolación. Muchas de las cartas que Pablo escribe, giran en torno a eso, a dar ánimo para que la gente pueda soportar el sufrimiento.  Quiero que entiendas esto; la gente que se convertía en la época de Hechos, daba por sentado que iba a morir. Pablo dice: somos contados como ovejas al matadero. O sea: estaba en la mente de ellos, que su muerte era cuestión de tiempo. Días, meses, algunos años, no lo sabían. Pero de lo que sí estaban seguros, era que no iban a envejecer.

Ellos sabían que al convertirse, ya se habían jugado su vida entera, ya no había más. Y ese pensamiento, fíjate, lograba algo muy particular. Porque, si hay un instrumento que divide a la iglesia grandemente, ese es el temor. Cuando la gente es capaz de vencer el temor a la muerte, automáticamente todos los demás temores quedan sujetados.  Por eso es que cuando leemos los testimonios de la iglesia en China, por ejemplo, o en Arabia Saudita o en otros países estrictos en su oposición, vas a ver una iglesia unida. Porque todos ellos, al convertirse e ir avanzando en su fe, están exponiendo sus vidas. Y al vencer el temor a la muerte, ellos automáticamente están capacitados para unirse en cualquier plano.

Ahora recuerda esto: Jesús habló de este asunto, ¿Recuerdas? Él dijo que para seguirle a Él, era necesario negar nuestra vida. ¿Te das cuenta? ¡No era una sugerencia! Él mostró que de manera definitiva, la única forma de ser uno con Él, era que tú negaras tu vida. Que sepultes todos tus parámetros de seguridad. Esto es muy pesado. Pero no es descabellado. Las iglesias más fuertes en el mundo, en este tiempo, son aquellas que soportan persecución. La pregunta, es: ¿Por qué serían tan fuertes si no tienen libertad para nada? Porque han vencido el temor a la muerte. Y, ciertamente, ese temor es el que rige al mundo entero. Entonces, la comunión entre aquellos que han vencido el temor a la muerte, es una comunión mucho más cercana, más genuina, más intensa.

La tercera cosa, es que ellos partían el pan todos los días. Eso es a lo que todavía hoy, en muchos lugares, se lo sigue llamando Santa Cena. Sin embargo, no es correcto llamarlo así, sino como se lo menciona aquí; partimiento del pan. Ellos, literalmente, estaban poniendo en práctica pequeñas enseñanzas que Jesús les había dejado. Jesús les dijo que era necesario tomar su sangre para ser uno con Él, ¿Verdad? Esa última noche, cuando parte el pan y bebe el vino, les dice a sus discípulos que cada vez que se reúnan, hagan eso en memoria suya. De hecho, yo no puedo saber, y no sé si existe alguien que lo sepa, si ellos realmente lograron entender lo que producía partir el pan y beber el vino. Sin embargo, lo importante es que obedecieron. Y cuando se obedece algo que viene de Dios, más allá de si lo has entendido o no, recibes bendición. 

(111) – Contra el Concepto de Autoayuda

La cuarta cosa, son las oraciones. Las reuniones de oración también fueron una parte vital de esta iglesia. Yo me pregunto, ya, a esta altura de este examen, si una iglesia moderna, que desee considerarse y ser considerada como tal y no como una Babilonia más, no debería tener como patrones inamovibles, por lo menos, a algunas de estas cuatro cosas que hemos mencionado. El problema más grave de nuestros tiempos es que, en lugar de estar enseñando doctrina apostólica, seguimos insistiendo con programas de auto-ayuda. Esos que te insisten a cada momento en que, para poder salir de tus problemas, tienes que ser más sabio.

Mientras tanto, la doctrina apostólica que te mira desde arriba, desde los lugares celestiales en Cristo Jesús, te dice que ya tienes toda la sabiduría de Dios contigo, y que sólo te falta creerlo. Por eso es que la gran mayoría de libros que hoy inundan nuestras bibliotecas, son de auto-ayuda. Si yo grabara todas las semanas estudios relacionados con el alma y sus problemas, aumentaría las visitas a mi Web por lo menos en un setenta por ciento, pero ¿Sabes qué? ¡No me interesa eso! ¡Me interesa enseñar lo que edifica, no lo que acaricia el alma! Además, aplicar auto-ayuda es seguir viendo las cosas desde aquí abajo, en tanto que la Palabra de Dios nos dice que ya estamos sentados en lugares celestiales con Cristo.

Lo que todavía no terminamos de entender y muchos de creer, es que ya nos fue dado todo. Que ya Jesús no nos puede dar nada más. Que ya tenemos todo lo que necesitamos para ser más que vencedores. Por eso es que Pablo dice que oremos para que nuestros ojos sean abiertos y podamos ver la supereminente grandeza. En suma: lo único que puede limitar el poder de Dios en tu vida, eres tú mismo. La enseñanza apostólica gira tremendamente en la revelación de Cristo en nosotros la esperanza de gloria. Cuanto más tenemos de Cristo, menos tenemos que escribir.

Nunca vamos a ver a Dios como asistencialista. Él es un reformador. Sí es nuestro ayudador, ciertamente, pero no bajo la mentalidad de asistencia. ¿Qué sería asistencialismo? Alguien que te quiere ayudar por el resto de tu vida. Él quiere que tú camines o corras por ti mismo, sin ayuda. ¿Y si me caigo? Si te caes, te va a levantar. Pero sólo si te caes, no si te arrojas al piso como los niños consentidos. Estar plantados sobre bases apostólicas te permite saber quién eres en Cristo. Entonces un día te arrojan una bolsa negra con tierra de cementerio en la puerta de la iglesia y la mitad de la gente se aterroriza porque cree que se les va a morir el pastor.

 Y ese pastor, si es sabio y sabe dónde está plantado, lo único que hará será reírse, porque él sabe que cuando el infierno recurre a esas pantomimas del curanderismo, es porque los verdaderos dardos de fuego se le han acabado y ya no tiene con qué atacar. Los que se asustan de las cosas que hacen los brujos y los hechiceros, son los que no entienden todavía quiénes son en Cristo.

(Hechos 5: 11) = Y vino gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas.

Esto quiere decir, en primera medida, que se lo está diciendo a una iglesia que, evidentemente, hasta allí no tenía temor. ¿El temor? Sí, el temor. Y, una vez más, habrá que aclararlo. Cuando hablamos de este temor, hablamos del temor reverente del Señor. Hay una antigua versión bíblica que, en este texto, dice: Un profundo sentido de reverencia estaba sobre ellos. Este tipo de temor es otra de las marcas indelebles de un auténtico ministerio apostólico. Escucha: es suficiente con que el Espíritu de Dios se haga presente en un lugar para que ese tipo de temor innato se manifieste en la mayoría de los presentes. Y hay dos factores por los cuales alguien no podría experimentar ese temor. O no hay autoridad apostólica en ese lugar, o la gente se ha endurecido en sus pecados. Esto último es lo que pasó con Judas Iscariote, cuando Jesús le dio la posibilidad de arrepentirse. 

(112) – En el Reino de las Maravillas

Y fíjate que, en otros textos y relatos, vemos cómo gente que no conocía a Cristo y ni siquiera creía en Él, cae de rodillas cuando se manifiesta esa misma presencia. Por eso pienso y digo: ¿Por qué, cada cierto tiempo, los ministros tienen que recordarles a las damas de sus congregaciones, por ejemplo, cómo deben estar vestidas para no ofender a Dios con su exhibicionismo? ¿No es lo primero que el Espíritu Santo hará en alguien que ha nacido de lo alto? Sí, pero siempre y cuando ese alguien escuche a Dios. ¡Pero, hermano! ¡Eso es represión y estamos cansados de los males que la represión ha causado!

Sí, de acuerdo, pero cuando es una simple ocurrencia humana por temor a sentir vergüenza ministerial. Cuando viene del cielo, la pregunta para esa persona vestida de ese modo, es: ¿Te presentarías vestida como lo estás ahora delante de Jesucristo, si Él se hiciera presente aquí y ahora, en este momento? El temor no es subjetivo, es muy objetivo. Y se nota, créeme. La gente comienza a comportarse de una manera bien diferente cuando se da cuenta que Dios está allí. Y no estoy hablando de un determinado lugar, estoy hablando del Espíritu Santo, que cuando se manifiesta, llena el lugar que sea con su presencia divina y el impacto es imparable.

 Tú no puedes tener vestimentas o comportamientos acorde a ciertos manuales denominacionales. Tú tienes o no tienes temor de Dios y te comportas o te vistes conforme a como sabes, como sabes, que sabes, que sabes, que a Dios le agrada. Y que no te digan en ninguna parte que algo que tú sabes no puede agradar a Dios en un cierto lugar puede hacerse porque conforme a la cultura regional eso está permitido. No, eso es falso. En primer lugar; si eso que estás diciendo es verdad, es tu cultura la que está equivocada, y tienes que tener otra cultura en Dios.

 Las consecuencias del temor de Dios, era que muchas señales eran hechas por mano de los apóstoles, tal como lo lees en el verso 12. Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón.  Porque dicen que se producían señales, milagros y maravillas. De acuerdo, señales todos entendemos lo que significan. Milagros, ya es una palabra mayor y creo que no podría haber absolutamente nada que lo supere. Nada podría superar un milagro de Dios, ¿No es cierto? Entonces explícame qué es lo que quiere decir cuando habla de maravillas.

 ¿Qué puede haber pasado en ese lugar para que se lo rotule como una maravilla por encima de un milagro? En otros textos dice que con sólo quedar bajo la sombra de los apóstoles, muchos enfermos sanaban de sus dolencias. Yo pregunto y me pregunto, por qué tantos y tantos buenos y sinceros ministros que andan por esas calles de Dios, no sienten una fuerza interna que los catapulte por encontrar estas cosas para sus iglesias. ¡Es que en una libertad total puede existir descontrol! Es cierto, pero eso en todo caso sucedería si lo que se hace o deja de hacer es una idea humana.

Si el que toma el control de una reunión, culto, servicio o como se le llame, es el Espíritu Santo de Dios, todo, pero absolutamente todo lo que de allí en más ocurra, estará bajo el ojo de Dios y fuera de los demonios satánicos, si eso es lo que temes. Dice que todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas. ¿De qué me habla eso? Me habla de un nivel de unidad muy fuerte. Dice que los creyentes estuvieron juntos y tuvieron todas las cosas en común. Sin embargo, no era simplemente un tema de administración de bienes; ellos estaban unidos en propósito y en mente.

Ellos querían ayudar a la gente, y podemos darnos cuenta muy fácilmente por las escrituras, que ellos alimentaban a los pobres. Los siete primeros diáconos que la iglesia levanta, básicamente eran meseros. Dice que atendían las mesas. La gente vendía sus posesiones y lo obtenido lo repartían conforme a las necesidades de cada uno. Eso muestra que había un espíritu de generosidad, de otro modo hubiera sido imposible. Este, se asegura, fue el resultado evidente de la gracia que había entre todos ellos. 

(113) La Cultura Cristiana

(Hechos 4: 33) = Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos.(34) Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, (35) y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad.

Ahora bien; ¿Cuál sería el fruto de todo esto? Que había contentamiento en la iglesia, es lo que dice. El gozo era constante. ¿Sabes el valor que tiene eso en estos tiempos de angustias diversas? Aunque ellos sabían que podían morir por causa de su fe, ellos vivían gozosos. Y, tú que como yo y muchos más, nos hemos criado espiritualmente en iglesias conservadoras, aprende: El gozo de Dios, es un síntoma de salud.  Además, por si no lo sabías, te cuento que el gozo es, también, una tremenda muestra de guerra espiritual. ¿Tienes una idea lo que le provocas al infierno cuando te le ríes en su cara?

 Imagínate a una legión de demonios fieros, gelatinosos, babeantes y asquerosos viniéndote encima para aplastarte en su inmundicia, y tú riéndote a carcajadas en sus narices.  ¡Te aseguro que no necesitas reprender nada! Además, dice que la gente amaba a los cristianos. Dice que la ciudad hablaba bien de ellos. En el griego, la palabra favor es el vocablo charis, que significa divina influencia sobre el corazón. El resultado en el final del Libro de los Hechos, es el gran crecimiento que experimentó la iglesia, ya que dice que el Señor añadía a los que iban a ser salvos.

Dios los añadía, no los evangelistas estrategas y avispados. ¿Por qué hemos comprado cualquier receta hueca? Ahora bien; para ser una iglesia conforme al corazón de Dios, se deben romper algunos paradigmas. Uno: que las canciones lentas, son más espirituales que las movidas o rítmicas. Escucha: lo que hace espiritual o no a una canción, no es su ritmo, es la razón e inspiración de su nacimiento. Dos: la sonrisa es buena, no sinónimo de irrespetuosidad. ¿Quién dijo eso? Tres: es buena cualquier clase de organización, pero el pueblo de Dios puede gozarse en lo espontáneo, que por no ser ni calculado ni previsto, pasa a ser más genuino.

Ahora bien, esto que hemos estado viendo, describe más o menos los primeros ochenta años de la iglesia, que es, también aproximadamente, lo que abarca el Libro de los Hechos de los apóstoles. Muy bueno, pero: ¿Qué fue lo que pasó después? En principio, pasó algo que a todos los que nunca nos conformamos con un grisáceo culto semanal, nos agrada mucho mostrar: el cambio cultural que la iglesia produjo en su marco social. Y cuando digo marco social, en esa época, me estoy refiriendo nada menos que al imperio más tremendo que hubo por esos tiempos: Roma.

¿Qué quiero decir? Que la cultura cristiana, cambió la cultura pagana. Y además, la venció. ¿Y cómo lo consiguió? Para allí vamos. Hay una investigación histórica y documental respecto a qué fue lo que ganó al imperio romano. ¿Por qué razón o causa, la iglesia tuvo gran influencia en la transformación social del Imperio Romano, cuando sólo aproximadamente un diez por ciento seguía a Cristo? ¿Cómo pudo ser posible que apenas un diez por ciento de la población pudiera cambiar a todo un imperio? ¿Cómo lo hicieron? Hay algunas premisas.

Primero: el mundo está seriamente herido y la sabiduría humana y los recursos naturales, no pueden sanarlo. ¿Has entendido lo que termino de decir? ¡El mundo está herido! Y toda la sabiduría humana y todos los recursos que el hombre tiene hoy día, no pueden sanarlo. Mientras más ayuda levantamos para la gente pobre, más pobreza hay. Mientras más tratamos de frenar la violencia, más violencia hay. Mientras más naciones entran en acuerdos mutuos, más problemas internos padecen. O sea: todo lo que el hombre pueda hacer, en el fondo, no puede resolver este problema.

En segundo lugar: la sanidad para una nación o sociedad llega en la medida que Dios interviene sobrenaturalmente en la historia, y su pueblo responde en obediencia, viviendo como Él indica. Son dos puntos vitales. El hombre no puede solucionar su problema. Y, en segundo término, sólo Dios trae sanidad. Sólo Dios puede cambiar la historia de tu país, pero su pueblo, en tu país, tiene que responder en obediencia, viviendo como Él indica. La perspectiva bíblica, sin embargo sostiene que una nación o sociedad no es sanada por la sabiduría o la creatividad humana, o clamando a los espíritus, sino por medio de la intervención de Dios y la obediencia del hombre.

 Dios se lo reveló a Salomón: Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.  Tercero: La Biblia, es la revelación de Dios para nuestra sanidad. Cuarto: La iglesia es la principal entidad de Dios para lograr su propósito de sanar todo lo que se dañó en la caída. Dios no tiene otro plan. ¿Quién va a resolver la situación de tu país, de tu economía, de tu familia, de tu vida? La iglesia genuina plantada en ese lugar.

No la imitación, no un paralelo. ¡Su iglesia! Dios no tiene otro plan. Ahora, después de haberte relatado todas estas cosas, la pregunta es: ¿Cómo cambio la iglesia a la antigua Roma? ¿Cómo lo hizo? Una iglesia de gente perseguida, de una minoría. Después de muchas investigaciones diversas, también diversos historiadores, pudieron sacar, coherentemente, diversas conclusiones. Ellos, en el conjunto, parten de un hecho que no es menor: que la iglesia cristiana ganó a Roma. Lo primero que consignan es que los cristianos tienen a un Dios que ama los que le aman a Él.

 Esa era la lectura que los romanos tenían de los cristianos. Tengan en cuenta a Júpiter o al dios Marte, el dios de la guerra. ¿Qué amor podían tener esos dioses por la gente? Ninguno. La gente adoraba, respetaba y servía a esos dioses, ¡Por miedo! De hecho, los romanos tenían una religión. Quien diga lo contrario no ha investigado nada. El asunto es saber qué era lo que regía esa religión romana: el miedo. Si no ofrendas a Minerva, ella no te dará hijos. Si no ofrendas a Apolos, él no te dará buena cosecha. Amenazas, inhibiciones. 

(114) – El Estandarte del Amor

¿Qué regía la fe de los cristianos? El amor. Por primera vez, en el mundo pagano, la gente escuchaba de un Dios que ama a aquellos que lo aman. El Dios de los cristianos amaba a toda la humanidad, y demostró su amor por medio de su propio sacrificio. Y es más; incentivaba a aquellos que lo amaban, a que también amasen y sirviesen a los otros. De hecho, los romanos paganos, amaban sólo a su familia, o a los de su de su clase social, o a aquellos que les era conveniente tener como amigos. Los cristianos amaban a todos. Ellos no entendían este amor. Yo me pregunto en cuantas ocasiones nosotros, como iglesia, defendemos bravamente los derechos de Dios, pero no por amor a la gente, sino a la organización a la que pertenecemos. Toda intercesión es por amor a la gente, es para que la gente con velos de oscuridad pueda venir a la luz y conozca a Dios. 

La motivación correcta para el evangelio, es el amor, no es la competencia. Te lo digo más ajustado, todavía: el centro de los cinco ministerios, es el amor. El cristiano tiene una cultura libre de diferencias étnicas y de clases. Los cristianos no se separaban de acuerdo al rango social o al grupo étnico. Pablo dice: Ya no hay esclavo ni libre. De paso me preguntaría si eso es exactamente lo que sucede en cualquier punto del mundo cristiano, hoy. No me respondas. Los romanos se preguntaban por qué un hombre noble permitía que su esclavo se refiriese a él como “hermano”. No les entraba en la cabeza, eso.

La iglesia creó un patrón de relaciones humanas que no existía en la Roma anterior al cristianismo. ¡Fue un shock! Y fíjate que cuando leemos los textos de Pablo, nos damos cuenta de una serie de cosas. Por ejemplo, él no viene a anular la esclavitud. De hecho dice que, si tú eres esclavo, sirvas a tu amo con amor. Eso nos muestra que él no pretende hacer un cambio en el sistema en el que estaban inmersos. Pero sí el evangelio logra cambiar la relación entre las personas. Aquí es donde los historiadores sostienen que el Dios de los cristianos es un Dios de misericordia, que demanda de los cristianos, misericordia.

Es que los cristianos verdaderamente creían en un Dios misericordioso y este Dios misericordioso requería que aquellos que los seguían también practicasen la misericordia con los demás. La misericordia no era parte de la vida en la Roma pagana, la cual era bien conocida por su crueldad. ¡De esto no tengo ninguna duda! Nosotros vemos partidos de fútbol y nos escandalizamos cuando alguna forma de violencia penetra en el desarrollo de un juego.

¡Ellos veían a hombres matándose con otros hombres como parte de un espectáculo semanal para el pueblo! Imagínate lo que se podía pensar de la palabra misericordia en un tiempo como ese y en un ambiente como ese. ¿Culturalmente, era conocida la misericordia? ¡En absoluto! Hubo un emperador que, dentro de la organización del cumpleaños número catorce de su hijo, hizo montar un espectáculo con gladiadores que se mataban entre sí. Yo me pregunto dónde se supone que podría entrar la misericordia en una cultura como esa. En ninguna parte. ¿Y el cristianismo fue capaz de cambiar eso? No sólo fue capaz de cambiarlo, ¡Lo venció! 

(115) – Principios de Familia

Otra de las vertientes que los historiadores rescataron porque los asombró y mucho, fue que en el cristianismo los hombres debían amar a sus esposas como a sí mismos. ¡Eso era casi increíble para esa cultura! Mira hoy mismo el Islam, ciertas tribus sin acceso a la civilización, u otros pueblos antiguos. ¡Las mujeres eran poco menos que objetos! Los romanos, obviamente que se reían de esa perspectiva cristiana tan curiosa e inadmisible, de que los hombres debían amar a sus esposas e hijos. Los hijos estaban considerados como una propiedad, y cada padre podía hacer lo que quisiera con su propiedad.

Incluso, y si lo estimaban conveniente o necesario, podían llegar a matar a sus hijos sin que eso les trajera ninguna consecuencia legal. Entonces, cuando ellos empezaron a ver gente que amaba a sus esposas como a sí mismos, a sus hijos con un amor impresionante, imagínate cuántas estructuras comienzan a desmoronarse. En una sociedad en la que el matrimonio cada vez está siendo más minimizado y hasta destruido, ¡Qué buena propaganda harán parejas que se aman, que se respetan, que siempre están juntos! Además, los cristianos –sostienen estos historiadores- rechazaban la práctica del aborto y del infanticidio, los cuales eran prácticas comunes en Roma.

Se cuenta que un soldado le escribió a su esposa embarazada desde el campo de batalla: “Si das a luz antes que yo regrese a casa, si es varón, quédate con él; si es una niña, deséchala.” Desechar-quiere decir-matar. Para quienes todavía no terminen de entenderlo, sea en lo que sea, tengo que decirle que los cristianos tenemos mucho respeto por la vida humana, porque partimos del criterio de que Dios es el Padre de todos los espíritus. Que es Él quien nos suelta un niño, o una niña. Pero hay algo más: Dios nos creó para ser fértiles. Aquellos que se casan y deciden no tener hijos para poder servir mejor al Señor, podrán estar muy bien intencionados, pero no tienen un pensamiento alineado con el pensamiento de Dios.

Entonces, ¿Dios quiere que tengamos hijos? Sí, Dios quiere extender Su nombre en la tierra. Además, los cristianos aman a otros a pesar de los riesgos personales que eso pueda acarrearles. Incluso, deberían amar del mismo modo a los que están por el momento, fuera de su fe. La vida diaria, en Roma, era dura. Cuando las enfermedades severas llegaban a estos barrios sucios y repletos de gente, se esparcían rápidamente. ¡Oh! ¡Cuánto desearía que esto hubiera cambiado para siempre en el mundo! ¡Ese sería un claro síntoma de crecimiento! Pero ellos mostraban misericordia y caridad en tiempos de violentas epidemias.

 ¿Y cómo lo hacían? ¡Cuidando a los enfermos! Aún a riesgo de contagiarse. Y a eso no lo podían entender los romanos. ¡Ellos jamás harían eso! ¿Cómo cambió la iglesia a la antigua Roma? De ser un porcentaje tan ínfimo en el año 40, para el año 300 habían crecido hasta ser cerca de siete millones de cristianos. Perseguidos. Después de diez persecuciones tremendas. Lutero enseñó que había dos reinos, el Reino de Dios y el reino de este mundo. Juan Calvino visualizaba la iglesia como una pequeña sociedad dentro de una sociedad más grande, como un embrión de lo que representaba un orden nuevo y total del mundo.

 Cuando a comienzos de 1550 sesenta mil refugiados inundaron Ginebra, desde Francia, Calvino fundó un ministerio privado, con bases en la iglesia, que se convirtió en un modelo a través de toda Europa. Este ministerio atendía un amplio rango de necesidades, sirviendo al enfermo, al huérfano, al anciano, los incapacitados, los viajeros, los discapacitados y los enfermos terminales. Dios lo hizo por medio de Calvino. Calvino administró Ginebra por más de veinte años.

 Se dice que en Ginebra el porcentaje de no creyentes no pasaba del tres por ciento. ¿Y sabes cuál es la ciudad base o asiento de las organizaciones mundiales más importantes en todas las áreas en este momento? En Suiza. ¡Es Ginebra! Dios utilizó a Calvino para poner una plataforma en ese lugar que, hasta el día de hoy, la gente reconoce que hay algo allí que es señal de seguridad, de estabilidad, de compromiso, de imparcialidad, de justicia. Fíjate todas las organizaciones importantísimas a nivel mundial que tienen su cabecera allí.

(116) – Fragmentos de Historia Real

Dios también utilizó, en su momento, al estadista William Wilberforce para hacer avanzar la abolición de la esclavitud en Inglaterra. Wilberforce consideraba a Juan Wesley como su padre espiritual, y tomó esta posición debido a sus creencias. El primer año que Wilberforce introdujo la ley de la abolición en el parlamento, estaba virtualmente solo. Continuó introduciendo esta ley contra la esclavitud por más de treinta años, y cada año más parlamentarios votaban a favor de ella. Durante este mismo período el avivamiento wesleyano se esparcía por toda Inglaterra y eventualmente la ley fue aprobada.

 La iglesia moderna también ha experimentado esto. Los misioneros del siglo 19 llevaban en sus viajes bolsas de medicinas y semillas junto con sus Biblias. Por ejemplo, llevaron el café y el cacao a Ghana. Asimismo y ya en el terreno de la salud, erradicaron el sarampión, la malaria y la lepra en Tailandia. En lo concerniente a leyes, supieron responder a la problemática de trabajos forzados en el Congo. En otro orden, en China se atrevieron a confrontar el comercio del opio, las prácticas de atar los pies y la exposición de niñas bebé a la muerte.

 En la India lucharon contra la quema de viudas, el infanticidio, la prostitución en los templos y el sistema de castas. Edificaron pozos y escuelas. Virtualmente, todos los movimientos misioneros estaban involucrados en lo que hoy llamamos “desarrollo comunitario” y, como parte de la comunicación del evangelio, cuidaban de la educación, la salud, la agricultura, y mejoras sociales para el menospreciado y el oprimido. Los misioneros de Hawái evangelizaron y protegieron a los habitantes de las islas de la explotación económica y sexual de los mercaderes, marineros y comerciantes.

David Livingstone deseaba evangelizar África y mostró un gran interés por la economía y el desarrollo de las aldeas apartadas. Mujeres coreanas y chinas sirvieron como “mujeres Biblia” en sus países, teniendo un gran impacto en el crecimiento de la iglesia y en el status de las mujeres en su sociedad. Un antropólogo comparó dos aldeas remotas en Brasil: una que se benefició del evangelismo y el liderazgo de desarrollo comunitario de los misioneros. La otra aldea vivió de acuerdo con su religión tradicional. La primera aldea estaba avanzando en casi todas las áreas, en tanto que la segunda aldea estaba decayendo en casi todas sus áreas.

El rasgo más prominente en el siglo 19 en Kerala, india, fue el avivamiento en la educación, la cual transformó una sociedad medieval al modernismo. La Sociedad Misionera de Londres fue pionera de un trabajo de enseñanza para las niñas, no tan solo para educarlas, sino también para elevar a la mujer de su bajo status en esa sociedad. En suma, lo que he pretendido reiterando estas antiguas informaciones, es dejar en evidencia que la iglesia, como tal, si es genuina, tiene la plena capacidad para generar una cultura nueva. El mejor ejemplo de ese cambio cultural está en el propio cristianismo y retazos de su historia.

 Trescientos años después de ese socavamiento cultural, ese enorme monstruo llamado Roma, cayó. Surgieron otros problemas, sin dudas. Y eso determinó que en un momento dado, la iglesia bajara la guardia. Pero, es evidente que de todos modos, el objetivo primario de logró. ¿Cuál es la mayor muestra de que la iglesia venció? Que estamos hablando y enseñando esto, veinte y tantos siglos después, siendo parte de esa misma iglesia, aunque no de alguna organización tradicional. Y de aquella Roma sólo quedan ruinas turísticas. Que la iglesia está ligada al desarrollo de los pueblos, puede comprobarse observando las dos Corea. Hace cuarenta años, eran una sola.

 Han cambiado muchas cosas, pero entiendo que todavía la iglesia más grande del mundo en cantidad de miembros está en Corea del Sur. Entonces, la pregunta es: ¿Podemos, como iglesia, producir un cambio en nuestro país de residencia? ¡Claro que sí! Pero deberemos abandonar pequeños y grandes egoísmos, tanto externos como internos. La iglesia de Dios tiene un código genético, para destruir toda la estructura que el enemigo ha levantado, haciéndonos caer en el engaño de que es inamovible lo que el diablo ha edificado. Cierto es que como porcentaje respecto a las poblaciones de los distintos países, todavía somos muy pequeños, pero no te olvides que esta historia empieza con doce personas, no con millones.

 De hecho, nosotros hoy y donde quiera que nos encontremos, estamos en condiciones de mayor ventaja que aquellos primeros apóstoles. No somos esclavos, no somos una nación ocupada, somos libres. O, si lo prefieres, relativamente libres, pero por causa de nuestras incredulidades. ¿Por qué crees que cada cierto tiempo se levanta alguna clase de tiranía en Latinoamérica? Simple. Te va a doler y mucho, pero es cierto. Eso ocurre para que la iglesia recuerde cuál es su papel. Para que nos volquemos al Señor y veamos qué estamos haciendo mal. ¿Por qué permite la iglesia que el mal se enseñoree de un país? ¿Cuál es el antídoto contra el mal?

 La iglesia. La cultura que en este tiempo tienen nuestros países, no es buena. Sucede en una gran proporción del mundo cristiano, aunque yo me estoy refiriendo a América Latina en particular. Escucha esto: si dentro de veinte años la iglesia sigue con sus mismas manías y vicios, entonces cuando hablamos de reforma estamos solamente haciendo un proselitismo egoísta, oportunista y abusivo.  Quiero que quede claro y nadie se confunda. La guerra espiritual es necesaria para cambiar una nación, pero desde el punto de partida de erradicar potestades antiguas que se han adueñado de las mentes de la población.

Sin embargo, con eso solo no alcanza. Luego deberemos aplicar alta intercesión para derrumbar las fortalezas negativas y estructuras nefastas que por años han dominado nuestros pueblos. Claro está que, una vez consumadas estas dos victorias, deberemos tener una estrategia clara y definida con respecto a qué cosa plantar en lugar de lo derrumbado. Si no se hace esto último, lo anterior habrá sido inútil. De lo que estamos hablando, es de un objetivo que, con las lógicas diferencias del caso, fue el mismo que tuvieron aquellos hombres probos que hemos mencionado.

Ellos lograron cambiar parte importante de sus generaciones. Nosotros hoy estamos trabajando con total humildad y perfil absolutamente bajo, para poder obtener los mismos resultados con nuestra generación. De eso se trata hablar de Reino, no de pintar de colores raros los más raros templos.  Pero, para que eso sea factible, la iglesia toda y no sólo algunos hombre osados, tiene que saber que el hecho de ser auténtico gobierno desde los ámbitos espirituales, no es un discurso religioso de moda, es una absoluta verdad posible y cierta. ¿Y se han producido cambios positivos en América Latina a partir de ese gobierno divino?

 Algunos, aunque no demasiados, como quisiéramos. Además, los cambios logrados por la iglesia no tienen espacio en la prensa informativa como sí lo tienen los cambios obtenidos por el infierno, como la legitimidad del aborto o del matrimonio homosexual. Entonces, y para disipar dudas, te informo. Necesitamos más apóstoles no porque se haya puesto de moda, sino para lograr cambios culturales profundos. Necesitamos más profetas para pelear ejecutivamente esas batallas.

Porque, si todo se trata de modas o conveniencias personales, muy probablemente se levantarían tres o cuatro ministerios de gran éxito, pero el pueblo de Dios en su conjunto, estaría en derrota permanente. Ah, y si me permites el egoísmo, también necesitamos más maestros. Porque una cosa es perecer en una batalla de la guerra que estamos peleando, y otra muy distinta en la comodidad de nuestros templos, sólo por nuestra falta de conocimiento.

(117) – Las Diferencias Escritas 14

Hay dos textos con dos expresiones de Jesús. El primero, en Mateo 6:11: El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. El segundo, en Mateo 6:34: Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

Aquí los religiosos dicen que es absolutamente irresponsable no ahorrar y hacer planes para el futuro. Sin embargo, cuando en mi país casi quebraron los bancos y sólo pudieron evadir sus ruinas quedándose con los ahorros de la gente, que luego devolvieron minimizados, acotados en su valor y tomándose varios años, una gran cantidad de congregaciones y/o denominaciones cayeron en esa pequeña gran estafa financiera, simplemente por una razón: guardaron en lugar de invertir.

Jesús dice en Juan 14:26: Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. 

Pero cuando leen esto, los religiosos se rascan sus nucas y, con total muestra de superioridad aun sobre lo que dice en sus Biblias, dicen: necesitas estudiar en un seminario para entender lo que Jesús enseñó. No estoy en contra de los seminarios, ni por asomo. Pero de ninguna manera me voy tragar el sapo de que aquel que no pasa por uno de ellos no puede recibir conocimiento espiritual divino. ¡No! ¡Absolutamente no! Todavía es el Espíritu Santo nuestra guía a toda verdad, no un profesor de teología.

(118) – Caída y Retorno a Las Fuentes

Dentro de nuestros ambientes hay muchos hermanos que gustan de la historia. La recorren, la visitan y la consultan para tomar bases para muchas de sus decisiones importantes, incluidas las espirituales, que no parecerían necesitarla. Y no es malo recurrir a la historia. Sin embargo, convengamos algo que hasta los propios especialistas, los historiadores, reconocen como cierto: toda historia de todo asunto, siempre es incompleta. Apenas un punto de vista, una opinión subjetiva desde un ángulo específico. Y, aunque pretenda ser muy descriptiva y muy apegada a los hechos, siempre está presente, -reitero-, la subjetividad del que lo relata, del que lo observa.

Por eso no es conveniente ni necesario, si vamos a referirnos al declinar de una iglesia con mirada apostólica para convertirla en una iglesia de contenido pastoral, incursionar demasiado en sus orígenes históricos. Simplemente recurriremos a ellos para establecer una especie de lógica para esa declinación. En realidad, lo que nos interesa saber es cómo fue que una iglesia tan efectiva, que es como la vemos en el Libro de los Hechos, llegó a mutar y convertirse en lo que terminó y es en estos tiempos. Sería muy interesante y necesario poder conocer a ciencia cierta dónde se presentó el problema. El carácter.

 ¿El carácter? Sí, el carácter, pero resulta ser que el carácter fue solamente una parte, pero no todo el problema. Existieron otros factores. En la palabra, se puede encontrar un modelo original. De hecho, es todo lo preciso que se puede ser en algo tan singular y espinoso, pero igualmente creo que nos permite examinar lo que muchos de nosotros estamos convencidos que fue el modelo original que Jesucristo dejó de lo que hoy llamamos iglesia. En el capítulo 2 de la carta a los Efesios, Pablo creo que resume bastante claramente el estado en que quedó la iglesia cuando Cristo se fue.

(Efesios 2: 20) = edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, 

Este pasaje muestra, de manera bastante resumida, cuál fue el diseño que Jesús dejó. Jesucristo, la piedra fundacional, la piedra del ángulo, el fundamento perfecto. Y, sobre ese fundamento, dos ministerios que son esenciales, porque son parte activa de lo que se denominan como ministerios de edificación: Apóstoles y Profetas. De hecho, cuando hablamos de apóstoles y profetas, estamos hablando directamente de compañías apostólicas. Estamos hablando de la dupla ganadora, la más fuerte, la que tiene la capacidad de quebrar toda oposición y de poder ser pioneros en un territorio no alcanzado. En 1 Corintios 12:28, esto se amplía un poco más, se abre un poco más el abanico, y eso nos permite tener una idea más precisa de lo que se está hablando en Efesios 2.

(1 Corintios 12: 28) = Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas. 

Menciona ocho funciones. Vamos a revisarlas con cuidado. Y lo primero que deberemos conocer, es cómo piensa Pablo. Porque es él mismo el que escribió los dos textos. El anterior de Efesios y este a los Corintios. La pregunta que yo me hago y es probable que tú también, es: ¿Por qué en esta lista, Pablo no menciona algunos ministerios que él mismo ha citado en otros textos? Déjame decirte que este es un verso muy complicado, porque se trata de un versículo en el que se nota que hubo una intención de remarcar un orden de importancia y un orden de autoridad.

Es evidente que no podemos volver a caer en el antiguo error de tratar de analizar la mente de Pablo. Será mucho mejor que creamos que recibió órdenes del Cielo. ¿De dónde se supone que sacamos esa conclusión? De lo que dice este pasaje, pero en el lenguaje original. ¿Qué dice en griego? Dice: Y puso Dios primeramente, (Y la palabra, allí, es protón. Y protón es primero. Y cuando decimos primero, segundo, tercero, es obvio que este último va a tener menos importancia que el primero) apóstoles; luego profetas, (Donde dice Luego, la palabra es deutrón.

Y deutrón es: segundo. Luego viene tritón, imagínate lo que es tritón. Tercero) Lo tercero, maestros. (Allí aparece otra palabra que se traduce como Luego, y es la palabra epeitas) luego, los que hacen milagros, después (Eitas) los que sanan (Eitas es los que por gracia, sanan) los que ayudan (Antilepsis, es quiere decir “los que dan alivio”, se traduce como Ayuda) los que administran, (Esa es kubérnesis, que es administración) los que tienen don de lenguas. (Genosglosas, diversas lenguas). La palabra Primeramente, para Pablo no es una elección.

Cuando él dice: puso Dios primeramente, él está hablando de algo que es, primero en importancia y primero en secuencia. Y si consultas una buena versión, vas a encontrar lo siguiente: que en la traducción del texto, tuvieron que reacomodar algunas cosas. Dice una versión: Y en la iglesia, Dios ha designado primeramente apóstoles, en segundo lugar, (Y la palabra lugar, aquí, está en cursivas, porque el griego no utiliza la palabra Lugar, sólo dice: segundo), profetas; en tercer lugar (Y Lugar está otra vez en cursivas, porque esa palabra no está en el original), maestros; luego, milagros; (Fíjate que no dice “los que hacen milagros”, sólo dice: luego, milagros, tal cual está en el texto) después, dones de sanidades, ayudas, administraciones, diversas (Está en letra itálica) clases de lenguas.

 Por eso esta versión suele ser muy consultada, porque te muestra las palabras que no están en los originales, pero que fueron añadidas para darle sentido a lo que se estaba diciendo. Esta lista de ocho funciones, a las que también se las podría denominar como ocho administraciones, u ocho ministerios, que también sería correcto, pero no necesariamente ocho títulos, no sé si soy claro. Allí hay un error de interpretación o una interpretación afín con pretensiones humanas. Los primeros tres, convengamos, ciertamente podrían entrar en títulos: apóstoles, profetas, maestros. Pero luego, los demás, no tienen un título. ¿Cómo denominamos a los que hacen milagros, o a los que sanan? No resisten un título. Pablo podría utilizar alguna, pero no lo hace porque lo que él está mostrando es función, no título ni jerarquía.

(119) – Capacidad de Los Milagros

Ahora presta atención; de alguna manera yo te estoy mostrando una iglesia con tres títulos y cinco funciones. Si tú lees con mucho detenimiento Hechos 2, Hechos 3 y hasta Hechos 7, vas a notar lo siguiente: que estas ocho funciones, las detalladas en ese texto que leímos, estaban presentes en esa iglesia. Lo primero que Jesús llama, cuando empieza su ministerio, es a los apóstoles; y ya quedó claro las motivaciones y razones para las que son útiles los apóstoles. Cuando viene el Espíritu Santo, te vas a dar cuenta que se activa lo profético, cosa que todavía no estaba activada.

 ¿Y cómo sé yo que no estaba activada? ¡Fácil! ¿Qué es lo primero que hacen los discípulos para ocupar el espacio de Judas, antes de que el Espíritu Santo descendiera? Echan suertes. Pregunto: ¿Tú crees que sería necesario echar suertes cuando hay un profeta? ¡No! Entonces, el ministerio profético se activa justo con el envío del Espíritu Santo. Entonces, sobre ese diseño, que son apóstoles y profetas, se inicia la iglesia. Luego dice que los hermanos perseveraban en la doctrina de los apóstoles. Vamos a ver: ¿Qué es lo tercero que se activa para perseverar en la doctrina de los apóstoles?

 ¡Los maestros! Había que enseñarles a estas personas que acababan de recibir a Cristo. Así fue como la gente comenzó a ser instruida. A veces en las casas, a veces en el templo y en las casas, y al final sólo en las casas. Dice que allí revisaban la doctrina de los apóstoles, partían el pan con sencillez de corazón y estaban unánimes juntos. Lo que sucede a continuación, es que los apóstoles siguen haciendo milagros. Ellos habían sido entrenados en esto durante la compañía de Jesús. Y es interesante como arranca esto con Pedro y Juan con el cojo, con el inválido que estaba en la puerta del templo, pero dice que luego los milagros eran cada vez más tremendos.

Dicen que eran maravillosos. Tanto que ya ni siquiera tenían que traerles los enfermos, porque dice que sólo la sombra de los apóstoles sanaba la gente. Los milagros no eran atributo sólo de un ministerio. Muchos hermanos hacían milagros. Por eso es que no entra ni puede entrar como título. No existe tal cosa como especialista en milagros. Porque, en realidad, a esa función Dios se la ha distribuido a todos los que creen en Su nombre. Y hubo diferentes calidades de milagros. Sin ir muy lejos, yo estimo como un milagro tremendo el hecho de que la gente vendiera todas sus cosas y les trajera lo recaudado a los pies de los apóstoles.

 ¡Nadie procede así por conciencia humana! Milagros inexplicables. Felipe anda casi como paseando y de pronto aparece junto a un robusto moreno en un carro, le predica un mini-evangelio sintético, detienen el carro, se bajan los dos, lo sumerge en el río bautizándolo y luego se esfuma en el aire otra vez. ¿No es eso un milagro casi inigualable? Pero, también estaban los que sanan y los que ayudan. Y ahí es donde ellos, empiezan a atender a la gente pobre. Y allí también es donde ellos eligen a siete ayudadores, diáconos, servidores, para que ayuden en la alimentación de la gente.

Y, obviamente, también, cuando hay todo ese movimiento de gente, y cuando hay esa cantidad de funciones, necesitas que alguien ponga orden, entonces ahí aparecen los que administran. Por ejemplo Jacobo, el hermano de Jesús, realmente es un excelente administrador. Él va a ser levantado como un administrador en la iglesia de Jerusalén. Y entonces es cuando aparecen las lenguas, aquí mencionadas, y uno las mira y parecería ser como que no encajan en este grupo. ¿Para qué sirven las lenguas! Sólo tiene lógica eso cuando tú lees Corintios, donde se explica el protocolo con el que funcionan operativamente las lenguas.

 En el capítulo 12 de Corintios, Pablo explica que las lenguas sirven para traer convicción a los impíos de sus pecados, cuando ellos llegaban a la reunión. Les asombraba mucho a los creyentes entrar a una reunión y escuchar a alguien hablando en lenguas, alguien obviamente que las interpretara, y que en esa acción se revelara el corazón de esa persona. Entonces es probable que a ese don lo hayan mantenido por eso, o sencillamente porque fue la primera manifestación del Espíritu Santo, (Y no la única, como enseñan ciertos grupos). Yo creo que fue por alguna de estas dos cosas, o por las dos a la vez.

Sin embargo, había una tercera razón de utilidad. Ellos tenían que ir a predicar el evangelio a muchos lugares donde se hablaban idiomas diferentes al hebreo. Porque la palabra que se utiliza allí es glosa, y glosa es idioma. Eso quiere decir que ellos cultivaron de manera especial esta función, las lenguas, porque los habilitaba en sus viajes misioneros. Todo ese paquete de ocho funciones, es lo que desató la iglesia en el Libro de Hechos y la hizo conquistar toda Europa. De todos modos, esta de la que estamos hablando, es lo que podríamos denominar como Etapa Inicial, la etapa del Poder. Esa era la iglesia a la que Dios añadía, cada día, a los que habían de ser salvos. 

(120) – Separando Títulos

Noten ustedes que los apóstoles no son los que administran. Noten ustedes que los profetas no son necesariamente los que sanan. Noten ustedes que no aparece el ministerio evangelístico. ¿Sabes por qué, verdad? ¡Claro! ¡A esa función la cumplía todo el cuerpo! No había necesidad de este ministerio exclusivo, si es un ministerio inclusivo. Entonces, en la mente de Pablo y en la mente de Jesús, la única manera que se establezca una iglesia, es que sea edificada sobre el fundamento de apóstoles y profetas. Si ustedes se dan cuenta, cuando Jesús se está yendo, Él da una recomendación.

Él dice: Hermanos; ustedes van a serme testigos. Y habla de lugares específicos. Lugares que, si tú te sirves de un mapa, están todos ubicados en esa zona. Entonces la pregunta que surge, es: ¿Los apóstoles, sabían dónde ir? Sí, claro que lo sabían. En esta etapa primaria de una iglesia en formación, los apóstoles sabían dónde tenían que ir. Y no es extraño, recuerden que un apostellos, que es un enviado lejos, está direccionado a una región. Y ese punto, la territorialidad, es esencial para la consolidación o no de un ministerio.

Ahora, tú; ¿Sabes dónde vas? Ve. ¿No sabes dónde ir? Quédate. Y que conste, en esta primera etapa, esos apóstoles no fueron gente que pudiera decidir a dónde querían ir. Ellos fueron comisionados a lugares específicos. La pregunta que tengo, es: ¿Tú te crees que ese comisionamiento fue para toda la iglesia o fue solamente para ese puñado de gente que lo estaba escuchando? Veamos; mira lo que dice 1 Corintios capítulo 12 a continuación del anterior.

(1 Corintios 12: 29) = ¿Son todos apóstoles? (¿Cuál supones que sería la respuesta?) ¿Son todos profetas? ¿Todos maestros? ¿Hacen todos milagros? (30) ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿Hablan todos lenguas? ¿Interpretan todos?

Observa que coloca todo en el mismo orden que lo detalló en el versículo anterior que leímos. Claro está que, conforme a muchas enseñanzas recibidas, todos podríamos decir que éramos apóstoles, porque quizás todos hemos sido enviados, pero gracias a este versículo, ahora entendemos que no. Porque no todos son apóstoles. Todos son enviados, es cierto, pero no todos tienen el ministerio apostólico. Y aquí, Pablo, está separando el título de la función. Porque un maestro ha sido enviado, un profeta también ha recibido comisión. Todos han sido enviados, pero no todos son apóstoles.

La definición de apostellos, que es enviado lejos, nos cubre hasta este punto, pero ya no nos cubre en lo que viene, porque aquí aparece un título de autoridad. Lo que Pablo está mostrando, en realidad, es que no todos pueden establecer la base de la iglesia, que no tiene nada que ver con donar dólares para comprar materiales de construcción, ni lo sueñes. No todos. Porque no todos pueden ser apóstoles, porque son los apóstoles los que primeramente puso Dios en la iglesia. Y es aquí donde entra un tema que nos ha causado muchísimo daño como iglesia.

Hay una doctrina que trajo mucha confusión, se llama dispensacionalismo. Esta es una posición teológica, es una enseñanza que lo que muestra, esencialmente, es que Dios obró en la historia del hombre bajo ciertos criterios en ciertos tiempos. Entonces se va a llamar, qué te digo: la era de la inocencia, la era de la ley, o lo que sea, dividiendo la línea del tiempo. Y esa teología que no es muy antigua, ya que data de finales del siglo 19, se fortalece en el siglo 20 a través de una persona, de una médium.

Gracias a esa teología, se determina que hubo una era exclusiva en la que los apóstoles obraron y que esa era terminó. El dispensacionalismo, llevó al cesacionismo. Porque en la mente del hombre natural, porque esa es teología de una mente natural, es como si tú trataras de organizar la manera en que Dios obró. Entonces dices, por ejemplo, que Moisés es la ley, de que ese período se llama La Ley, de que la Gracia vino con Cristo, pero sin esforzarse demasiado ustedes se van a dar cuenta que David, por ejemplo, aunque vivió en el tiempo de la ley, vivió bajo la gracia.

(121) – Exponiendo Más Teorías

Entonces, resulta que, a lo largo de toda la historia, no se puede cortar como quien rebana un fiambre o un queso, dándole a cada rodaja un nombre. Porque la voluntad de Dios se expresó, cierto es, de diferentes maneras en diferentes tiempos, pero eso no acredita que su administración terminó para pasar a otra etapa. La Gracia, la salvación, vino con Cristo, pero van a darse cuenta ustedes que Abraham, literalmente vivió la Gracia. Vivió la fe. Entonces, es fácil decir que, considerando esa teología, que los apóstoles terminaron, que terminaron cuando el apóstol Juan murió. Punto, se acabó y ya no hay más apóstoles.

Yo me pregunto y te pregunto ¿Qué crees que sucede, si los apóstoles que representan la autoridad territorial, desaparecen? ¿Qué pasa con ese territorio? Aquí es donde aparecen una serie de consecuencias, fruto de ese pensamiento teológico, que no necesariamente era un pensamiento tradicional o antiguo. Lo que estoy mostrándote con documentación suficiente, es que la iglesia no creyó eso en toda su historia, ya que eso apareció mucho más tarde. Y eso fue lo que también preparó el terreno y llevó al pensamiento del rapto. Porque el tema del rapto aparece muy pegado a todo el pensamiento dispensacionalista.

 La teoría del rapto aparece a finales del siglo 19, y se fortalece en los primeros veinte años del siglo 20. No hay ningún testimonio genuino que nos diga que, hasta allí, esa haya sido alguna teoría o forma de fe en aquella iglesia. De hecho, es más que lógico que cuando no existen apóstoles, lo que uno desea fervientemente es salir lo antes posible de este lugar ingobernable a inhabitable. Porque no hay ninguna posibilidad de orden. En estos dos versículos, el 29 y el 30, vemos a Pablo hablando con toda claridad del título Ministerio. Luego la iglesia se expandió, hubo una tremenda expansión, sin dudas.

También se cumplió lo que el Señor dijo, los discípulos fueron fieles. Todos hicieron lo que se les ordenó en los lugares en que se les ordenó. Incluido Pablo, que, si bien no había recibido esa instrucción de manera tan directa como sus antecesores, igualmente cumple con esa comisión como si hubiera estado allí cuando Jesús los envió. Vamos ahora a Hechos 20. En el capítulo 20 del Libro de los Hechos, tenemos a Pablo en un viaje tremendo hacia Jerusalén y de Jerusalén hacia Roma, ¿Recuerdas eso? Y él está allí por última vez. Ya apareció Agabo, ya apareció la palabra de que lo van a arrestar y todo ese asunto, y él dice algo bien interesante. Fíjate bien en este versículo, porque va a explicar lo que viene a continuación.

(Hechos 20: 28) = Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.  (29) Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. 

Es indudable que Pablo veía con absoluta claridad lo que iba a pasar. Y él utiliza aquí una palabra bien particular: obispo. Jesús no comisionó obispos, comisionó apóstoles, profetas, y toda la secuencia que ya vimos en Hechos anteriormente. Pero ahora estamos en Hechos 20, la iglesia ya se expandió. Han pasado más de treinta y cinco años de aquel capítulo 2 de Hechos. Y Pablo dice: Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. 

Noten ustedes qué atributo le da Pablo al obispo: apacentar dice en la versión clásica y tradicional Reina Valera, pero en otras versiones directamente dice pastorear. Y de hecho, todo el relato en estos dos versículos, gira en torno a ovejas y a lobos. Porque él mismo dice que después de su partida vendrán lobos. Así que lo que está haciendo ahora es dejar a gente entendida en ovejas, obispos, gente que sabe apacentar, que es pastorear. La palabra obispo, en griego es epískopos. Y viene de un prefijo Epi, que significa Sobre, y Skopeo, que es mirar, vigilar. Sobre-veedor. Vigilante.

¿Qué es un epískopo? Es un sobre-veedor, un vigilante. Aparece un nuevo título y aparece una nueva función. Por las características que Pablo muestra en este nuevo título, parecería ser que estuviera hablando de pastores. Parecería. ¿Y por qué no usó simplemente la palabra pastor? No lo sabemos, aunque podríamos suponer que como todo era una metáfora, de ninguna manera se lo debía tomar como un título. Porque esto va a generar muchísimos problemas. Ahora bien; el sentido del obispo, que es lo que verdaderamente me interesa que se entienda, simplemente revisando lo que la palabra significa, es un vigilante. Es un sobre-veedor. ¿Tú crees que un apóstol tiene más autoridad que un obispo? Absolutamente. Aparecen los obispos. En Hechos 20:17, aparece otro título: Enviando, pues, desde Mileto a Éfeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia. 

(122) – No es Asunto de Años

Quiero consignar algo que ya dije, pero que bien vale la pena reiterar. Debemos considerar que el libro de los Hechos no pretende ser un relato preciso y conciso de los sucesos de aquel tiempo. La mitad de Hechos es la vida de Pedro y la otra mitad la vida de Pablo. ¿Y qué de los otros? Entonces, obviamente, Lucas no pretendió jamás escribir un libro de historia de la iglesia. Nunca quiso hacer eso. Sin embargo, ¿Aparecen aquí los ancianos, realmente? No, aparecen un poco más atrás de este libro de los Hechos, en el capítulo 14.

(Hechos 14: 23) = Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído.

Tenemos muy claro que, el título de anciano, que parecería ser otorgado a una persona que cuenta con muchos años de edad, la función y las características para elegir uno, no tenían nada que ver con el calendario. Hay una razón para eso. En el capítulo que menciono, el 14, vemos que se levantan ancianos al año de que la iglesia comenzó. Lógico resulta suponer, entones, que de ninguna manera podía haber gente muy experimentada que pudiera ser considerada anciano. ¿Y cuál es la idea que tiene Pablo de los ancianos? Que son gente que tiene un fundamento más desarrollado y más maduro que los que están liderando.

O sea: si tengo gente que todos ellos tienen menos de un año de creyentes, pero me encuentro con uno que tiene dos años en el camino de la fe, él puede ser un muy buen candidato a anciano para este grupo. La palabra anciano, viene del término griego presbútero. De allí deriva luego presbítero. La palabra presbus, más anciano, como sustantivo, anciano; específicamente miembro del sanedrín israelita, (También figurativamente miembro del concilio celestial), o presbítero, que es viejo, antiguo, anciano o mayor. Entonces, sobre el modelo anterior que teníamos, vemos que aparecen dos nuevas funciones: la de obispo y la de anciano.

 Me quedo con la sensación que cuando se habla de los obispos, parecería haber mucha similitud con lo que hoy asumimos como el ministerio pastoral. Pero sólo podemos mencionarlo en potencial y en hipótesis, no hay sustento. Obviamente, que hay requisitos para los obispos que también se les aplican a los ancianos. Y todo eso conforma una literatura sumamente amplia y variada. Unos dicen que anciano y obispo es lo mismo, que en realidad lo que cambia es muy poco en cuanto a la función, porque ambos enseñan, ambos pastorean, ambos tienen cierto grado de autoridad frente al rebaño.

 Otros dicen que no, que son muy diferentes. Otros más sostienen que los ancianos están asociados a una congregación local, mientras que los obispos a varias congregaciones regionales. Pero, lo cierto es que no hay mucha tinta escrita en la Biblia, para aclararnos completamente esto. ¿Será porque a Dios no le interesó hacerlo?  Sí podemos notar, en cambio, que el término presbítero, anciano y obispo, que es supervisor, en el Nuevo Testamento, aparentemente denota el mismo oficio con alguna diferencia. Ya que el primer término, presbítero, se origina en la sinagoga.

Y el segundo término, en la comunidad griega. Supervisor. La primera habla de la dignidad del oficio, mientras que la otra habla de la práctica de este ministerio. En esta segunda etapa de la iglesia, sobre la plataforma de ocho funciones que había, se incluyeron dos más: obispos y ancianos. ¿Se entiende que hasta aquí la iglesia está funcionando correctamente? Se cree que sí, que todo hace suponer que está funcionando muy bien. ¿Pero no tuvo ningún problema hasta este momento? En realidad, tuvo uno solo doctrinalmente hablando: no había claridad respecto a cuál era el papel de los gentiles.

¿Eran gente de segunda categoría? ¿Era gente que eran iguales que los judíos? Se podría decir que, más que un problema, esa era una confrontación cultural. ¿Y dónde se acomoda? Más o menos en el año 45 hay un concilio en Jerusalén, que es presidido por Santiago, el hermano de Jesús, conocido como Jacobo, se acuerda que sí, que los gentiles tienen los mismos derechos que los judíos, y que el Espíritu Santo se estaba derramando tanto sobre judíos como sobre no judíos. Y el tema se cerró. Ahí es donde termina la segunda etapa.

(123) – Los Que Cuidaban La Grey

Luego las cosas van a cambiar casi dramáticamente, y una vez más los griegos, tienen altísima responsabilidad en todo este tema. Es impresionante la forma en que Daniel pudo ver esto. Daniel vio que ese cuerno pequeño, que era Grecia, iba a traer problemas. Aparece, ya en la época de Jesús, un puñado de creyentes griegos, que son el indicador para que Jesús se vaya a Jerusalén a morir. Los griegos, de hecho, introducen un problema más que complicado. La igualdad y el intercambio entre el término anciano y obispo continuó hasta que terminó el primer siglo, así quedó evidenciado en la epístola escrita por Clemente de Roma en el 95 DC.

La Didake, este documento donde está resumida la doctrina de la iglesia, revela que este equivalente, anciano y obispo, queda evidenciado aún hasta el final del segundo siglo. Sin embargo, durante el segundo siglo, el término correcto de obispo, empezó a perder su significado. Durante este tiempo el término obispo empezó a tener un nuevo significado: Jefe de una congregación rodeado de un grupo de presbíteros. O sea que empieza a aparecer el obispo, rodeado de ancianos. Es importante que no se olviden que, dentro del ministerio quíntuple, no hay lugar para el obispo.

Está el apóstol, el profeta, el evangelista, el pastor y el maestro. ¿Qué hace el obispo? ¡Era un supervisor! No tenía una función precisa o concisa delegada. Cuidaba la grey. Décadas más tarde este significado cambió a Jefe de una diócesis y sucesor de los apóstoles, y los obispos se multiplicaron sin control y la autoridad del presbiterio se fue diluyendo. ¿Qué era un presbiterio? Era un conjunto de ministerios. Durante el segundo siglo, la iglesia estuvo bajo la amenaza de la falsa enseñanza y, especialmente, de la enseñanza del gnosticismo. ¿Qué era el gnosticismo?

 Era ese pensamiento que nace de la mezcla de la filosofía griega y el cristianismo. Los hermanos llevan el evangelio hasta Grecia. Mucha gente se convierte en Grecia. No le va muy bien a Pablo en Éfeso, ¿Recuerdan? Cuando él hace su primera incursión en Grecia y todo el tema. Pero luego, se levanta una comunidad muy interesante de hermanos. El punto está en que esta iglesia empieza a mezclar lo que ellos sabían de su filosofía griega, con el cristianismo. Y ahí genera algo que se llama gnosticismo cristiano.

Es una mezcla fea donde, simplemente, mezclaron ingredientes de todo tipo para sacar al final un producto que nadie  pudo comer, donde sacaron de cuajo, uno, la humanidad de Cristo; dos, el papel del Espíritu Santo, tres la divinidad de Cristo. Cristo es una cosa informe, y el dios que aparece, entonces, se llama Gnosis, el conocimiento. Y hay algo muy particular. Juan, el último de los apóstoles, que termina las últimas cartas del Nuevo Testamento, combatió el gnosticismo con fiereza. Ý él dice eso: Si alguno dice que Cristo no vino en la carne, el tal sea anatema.

¿Y qué decía el gnosticismo? Precisamente eso, que Cristo no vino en la carne. Ellos decían que era imposible que Dios pueda tomar una forma humana, porque la carne es corrupta. Esa afirmación desdibujaba todo lo que Jesús había traído, todo lo que era el portar la imagen, la imagen de Dios se pierde. Dios no puede habitar en un cuerpo de hombre, pero el conocimiento, gnosis, sí. Porque el conocimiento lo ilumina, lo equipa. Pero cuando muere, ese conocimiento debe salir. Y salió de Jesús, y entonces fue cuando Él gritó: ¿Por qué me abandonas? Lo que salió, se fue de Él. Ese pensamiento, golpeó tremendamente a la iglesia. Muy fuerte.

Entonces, para esos tantos hermanos que estaban bajo ataque de este pensamiento, les aparecieron evangelios de. Evangelio de Fulano, evangelio de Bernabé. Cientos de documentos. Todos ellos habían muerto, pero empezaron a aparecer documentos que se llaman pseudo-epigráficos, es decir, con la firma de alguien, pero ¿Quién podía asegurar si lo había hecho esa persona o no? Sí sabemos que lo que se enseñó, era contrario a lo que habían enseñado los apóstoles, así es que entonces sabemos que eran apócrifos. ¿Y qué hace la iglesia, entonces, para poder sobrevivir ante este ataque? Y no era Roma.

 Escucha: ¡Roma nunca fue un problema! Grecia fue el problema. Estas herejías pusieron una amenaza tan fuerte a la iglesia, que Irineo, un padre apostólico, propuso el concepto de que las verdaderas iglesias deberían conectar sus líderes hasta los primeros apóstoles. Su lógica era muy buena; empezaron a aparecer congregaciones en todas partes. Noten ustedes que ellos no tenían un templo. Los cristianos se reunían en las casas. Entonces ¿Qué pasó?

Pasó que los cristianos gnósticos griegos, se reunían también en las casas. Y la gente que no sabía iba allí y recibía a Cristo, a la Gnosis. ¡Te vamos a iluminar!, les decían. Jesús dijo: Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Pero se estaba refiriendo a Él mismo, que es el Camino, la Verdad y la Vida. Pero no el conocimiento por el conocimiento mismo. Intelectual, mental. Es el conocimiento espiritual de la verdad lo que te hace libre, no la verdad en sí misma. Pero esta gente en realidad no era ni siquiera salva, era todo una mezcla muy rara. 

(124) – La Doctrina de La Sucesión

Entonces Irineo, un hombre de Dios, dice: Si se nos permite, sólo vamos a certificar las iglesias que tenemos certeza que fueron fundadas por apóstoles. Indirectamente, se prepara el camino a lo que sería la sucesión apostólica que utilizaría luego el Vaticano, para afirmar que Pedro fue el primer Papa y que hubo una línea de mando que nunca se rompió hasta hoy. El buscó que la sucesión inquebrantable de los obispos de las diócesis establecido por los primeros apóstoles, garantizara la autenticidad de una iglesia. De esta manera se podría diferenciar la iglesia verdadera, de la falsa guiada por herejías.

Veamos: una diócesis, es un territorio que ha sido asignado a una iglesia. Su lógica era buena. La pregunta básica: ¿Bajo qué autoridad? ¿Quién te puso acá? Escúchame: ¡Nunca hubo en ellos el deseo o la idea de crear una institución! Ellos sabían que eran un organismo, no una organización. Pero, como aparece el cáncer por dentro, tratan de ver qué células forman ese grupo, para ver si es original o no. Entonces, las iglesias eran consideradas apostólicas si lograban hacer una conexión de su liderazgo llegando hasta los primeros apóstoles.

Después de la muerte de los primeros apóstoles, la iglesia empezó a enseñar que los obispos, (Aquellos que habían sido ordenados y puestos por los apóstoles), reemplazaron a los apóstoles como los responsables gobernantes de la iglesia. Y ese es el inicio del fin. Pablo nunca anula a los apóstoles. Los apóstoles tenían íntimamente la carga de cumplir con la orden que el Señor les había dado. Sabían que debían llevar eso hasta lo último de la tierra. No podían quedarse a jugar al pastor allí. ¿Qué hacía Pablo? Llegaba a un lugar, se quedaba uno o dos años y luego seguía. Iba a otro lugar y, de vuelta, se quedaba uno o dos años y luego se iba. Eso era lo que ellos querían hacer.

 ¡Eso era lo que Dios les había encomendado! ¿Y qué hacían en el lugar que abandonaban? Dejaban encargados ancianos, maestros. Y pedían que se levantaran a varias personas para supervisar las iglesias que estaban allí, esto es: ¡Varias casas! Cada casa, cada grupo de reunión era autónomo con relación al otro. Eran muchos. Y los supervisores, obispos, eran los que se encargaban de planificar que todos estuvieran bien. Eso era todo. Y el modelo funcionó hasta que esa primera generación de apóstoles, muere. La doctrina de sucesión apostólica, fue adoptada por Clemente de Roma.

Él intervino de parte de los presbíteros de Corinto, quienes fueron expulsados de la iglesia. ¿Recuerdas a la iglesia de Corinto? Es lamentable hoy tener que decir que esa iglesia no llegó a cambiar nunca. Entonces, llega un momento en que ellos son expulsados del cuerpo de Cristo. ¿Y qué hace este hombre, Clemente de Roma? Él ordena que estos presbíteros que eran los encargados de la iglesia en Corinto, fueran reinstalados, insistiendo que una sucesión ordenada de obispos fue establecida por los apóstoles. Esto se puede encontrar en la carta escrita por la iglesia romana a los Corintios, escrita por Clemente.

 ¿Te das cuenta en lo que derivó todo el pecado que había en Corinto? Ellos nunca imaginaron que la tolerancia al pecado que estaban teniendo, pecados morales, iba a provocar una división tan tremenda en la iglesia, doscientos años después. ¡No tenían idea! Pero pasó. Y recuerda que Pablo los amenaza en la carta y les dice que si ellos no arreglan eso, el problema va a ser muy serio. Al final de la era apostólica, las iglesias se independizaron una de la otra, pastoreadas por obispos y ancianos. El líder principal pasó a ser llamado obispo. Las otras autoridades comenzaron a ser llamadas presbíteros.

Y gradualmente, la jurisdicción del obispo vino a incluir a los otros pueblos vecinos. Por ejemplo, el obispo Calixto, fue el primero en establecer su reclamo basándose en Mateo16:18: Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Tertuliano de Cartago llamó a Calixto un usurpador, como si él fuera el obispo de obispos. Allí, fíjate, aparece el concepto de obispo de obispos, que a la larga va a ser Papa. Para fines del siglo cuarto, los obispos empezaron a ser llamados patriarcas, cada uno teniendo completo control de su propia provincia, esto es: diócesis.

Los cinco patriarcas que dominaron el territorio de la iglesia establecieron su cuartel general en Roma, Constantinopla, Antioquía, Jerusalén y Alejandría. Después de la división del Imperio Romano, entre el este y el oeste, la lucha por el liderazgo de la cristiandad fue entre Roma y Constantinopla. Y al final, termina venciendo Roma. En esta tercera etapa, todas las funciones son anuladas, y el obispo se enseñorea de toda la iglesia. Un apóstol, ¿Cumple las funciones de un obispo?

Sí; supervisa. Un obispo, ¿Puede cumplir las funciones de un apóstol? No. Son dos delegaciones diferentes. Es muy triste como se genera toda esta situación. El término obispo, no tiene ningún sentido de oficio, de posición, de autoridad, o grado de rango en la iglesia. Habla solamente de una función ministerial que cualquier miembro de los cinco ministerios puede hacer.

(125) – Cuestión de Generaciones

(1 Timoteo 3: 1) = Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea. (Dice que si alguno aspira obispado. Si yo soy un buen maestro y aspiro a ser obispo, con las obras que estoy haciendo como maestro, tengo un reaseguro logrado.) (2) Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; (Escucha: ¡Muy pocos Papas hasta donde sabemos, guardaron esta palabra!)

(Tito 1: 7) = Porque es necesario que el obispo sea irreprensible, como administrador de Dios; no soberbio, no iracundo, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, 

El suplantar de la autoridad apostólica y el gobierno establecido por Jesús fue el factor primario, precipitando a la iglesia a un descenso gradual y una lucha de decepción y apostasía que traspasó en la edad oscura. La anulación de la autoridad apostólica a favor de la jerarquía política-eclesiástica llevó a la iglesia al debacle como un instrumento para implementación del propósito divino, reduciéndolo y convirtiéndolo en un agente demoníaco inspirado con propósito humano. Ningún otro elemento ha sido de mayor causa para el deterioro de la iglesia durante su apostasía corporal que la de suplantar la autoridad apostólica.

¿Y quién usurpa la autoridad apostólica? El obispo. Es evidente que fue un viaje sin retorno cuando Constantino el Grande adopta la religión cristiana, porque allí es donde entra el factor político. Entra el elemento político a la estructura de la iglesia. Porque ahí ya se había dejado de preocupar por saber qué opina Dios, sino que se tenía muy en cuenta qué opinión tenían los gobernantes. Ahí es donde empiezan las contrataciones, que fueron el inicio de la corrupción del corazón de Lucero.

Las contrataciones. Las negociaciones. De hecho, es más que notorio y evidente que el pueblo cristiano, esto es, las ovejas, no tuvieron culpa alguna. En realidad, ellos lo que hicieron fue sujetarse a lo que se estaba imponiendo. Cómo el liderazgo se torció y cómo dejó de seguir las instrucciones precisas que el Señor les había entregado. ¿Es que habrá que suponer que se equivocaron los discípulos? A mí me parece que ellos se comportaron con excelencia en su trabajo. Pero, hay un factor que van a ver que siempre es determinante: hubo una siguiente generación de discípulos que ellos levantaron, y ellos fueron tremendamente eficaces.

Hubo una tercera generación que fue la que generó el problema. Abraham, Isaac, Jacob. Es ahí donde aparece la suplantación. En la generación de Jacob. Sólo traten de imaginar lo que era la iglesia en ese tiempo, con tantas culturas metidas bajo el paraguas de Roma. Sólo trata de imaginar la cantidad de lenguajes o idiomas que ellos hablaban y la dificultad que esto significaba. No era nada fácil, no se tenía material escrito. Las cartas de Pablo eran la única herramienta, y no siempre llegaban a todas partes, y no siempre estaban al alcance de todas las iglesias.

El Espíritu Santo guio a aquellos que estaban atentos a ser guiados. Y fue fiel, como siempre. Pero, entra también el elemento carácter, esa búsqueda de posición de poder y esa tendencia innata en el hombre, a vivir sin que nadie lo controle. Hacer lo que le da la gana, sin tener que darle explicaciones a nadie. No tiene otra lógica la búsqueda del poder, sino es a través del control y la manipulación. Y, por el otro lado, la rebeldía innata.

Entiendo que hay un modelo, que tiene todas las características para ser exitoso y eficiente. Todo lo que no sea compatible con ese modelo, va a seguir haciendo lo que se ha hecho hasta ahora, con altas probabilidades de fallar, y desde allí nos surge un interrogante: ¿Cómo volvemos? Es muy difícil hacer una lista como quien sigue una receta de cocina. Pero, el corazón de todo este declinamiento apostólico, toda esa pérdida de visión, de identidad, de poder, básicamente se genera en un único factor, que es el de separarte de la dependencia del Espíritu Santo.

Ese es el mal mayor, todo nació de eso. El hombre, aún caído, es tan tremendamente equipado por Dios que es eso, tu incapacidad, la que en muchos momentos se convierte en tu peor enemigo. ¿Quién es alguien que depende? Alguien que se da cuenta que no puede. Alguien que vive con la idea de que no sabe cómo hacerlo. Pero, cuando vas ganando confianza y comienzas a hacerlo, paulatinamente tu confianza te va separando de tu dependencia. El inicio del retorno, inevitablemente será volver a depender del Espíritu Santo. De otro modo ocurriría lo mismo que con la tan promocionada reforma; cambiar un par de instrumentos de alabanza no es reforma. Reforma es depender del Espíritu Santo, no de nuestra sabiduría humana o nuestras teologías técnicas.

(126) – Sanas Dependencias

En esencia, lo que Dios anhela de nosotros, es que dependamos de Él. Que podamos decir como Jesús decía: lo que veo hacer al Padre, eso hago. Lo que sucede es que no es algo fácil de lograr, porque de alguna manera va en contra de la naturaleza del hombre. Imaginemos que tu esposa te pregunta si vas a ir a comprar esos elementos que se necesitan o no, y tú le respondes que no sabes. ¿Cómo que no sabes? ¿Me estás tomando el pelo? No, mi amor, estoy esperando que el Padre me habilite para hacerlo. Tu esposa te ama y te respeta, pero: ¿Te entenderá?

A la mayoría de las personas les encanta un evangelio sobre rieles, calculado y estimado en todos sus movimientos. Pero, claro, ese no es el evangelio conforme a los dictados del Espíritu, porque ya sabemos que con ese dictado, no sabes para dónde vas, cuando vas y ni siquiera sabes si vas o no vas, porque todo te lo revelará el Señor en el momento adecuado que Él disponga. La forma de construir en el genuino evangelio es hablando, declarándolo por fe. Y así es como todo se mueve. Déjame decirte que, particular y personalmente, yo no soy capaz de ver ninguna esperanza en la iglesia como tal, si esta no está dispuesta a permanecer en estricta dependencia al Espíritu Santo.

Fíjate que cuando los discípulos comenzaron a darle de comer a la gente, no sabían que esa tarea les iba a insumir tanto tiempo y esfuerzo. Sólo cuando se dieron cuenta que ese esfuerzo y ese tiempo era quitado a lo que verdaderamente ellos habían venido a hacer, fue cuando decidieron habilitar a otros para servir las mesas y dedicarse ellos a lo que era medular y de fondo. No existe tal cosa como planes a largo plazo en la iglesia. ¿Quién podría saber qué cosa dirá el Espíritu Santo, no ya mañana ni pasado, sino hoy mismo? ¡Ahora! Y no se trata de habilitar u ordenar más apóstoles.

 Podemos llenar la ciudad de apóstoles y la misión seguirá sin cumplirse. Porque todos sabemos que nuestros ambientes están llenos de apóstoles, (Léase enviados), que ni siquiera dependen del Espíritu Santo, sino de sus propias ideas o de lo que les ordena la central de la denominación. Lo que sucede es que el Espíritu Santo está soplando una sola cosa, no hay forma ni manera de que haya dos o tres versiones de lo mismo. Si a alguien Dios lo envió a sembrar una palabra de esperanza a un lugar, no puede haber llamado a otro para que vaya a ese mismo lugar con una idea totalmente opuesta.

 ¿Usted me está queriendo decir que todos deberíamos oír una misma voz? Estoy absolutamente convencido que sí. Reitero: el Espíritu Santo es uno. ¡Pero puede enviar a muchos a un mismo lugar con misiones diferentes! Sí, pero en unidad con un solo objetivo, no unos en oposición con los otros. ¡Eso no es Dios! Yo creo que el Espíritu Santo es el que conduce esta nave en la que todos estamos navegando. Y también creo que es el que ha sido enviado a guiarnos a toda verdad. Y la verdad es una sola, no pueden existir diez verdades distintas y opuestas entre sí.

Ninguna casa dividida prevalece. Toda la formación teológica y doctrinal que tenemos en acceso, ayuda y mucho. Pero de ninguna manera alguien podrá suponer que eso reemplaza al Espíritu Santo. Por eso, lo primero que deberíamos hacer para retornar al diseño correcto y salirnos fuera del sistema, es ver si estamos escuchando al Espíritu Santo. Ahora vamos a lo crucial. Si yo pregunto de manera masiva a todos los que me están leyendo o escuchando, si se guían por lo que oyen del Espíritu Santo, seguramente de manera casi mayoritaria me dirán que sí, que seguramente, que sin dudas.

 Entonces déjame que te formule la pregunta clave: ¿Qué mecanismos pones en marcha para escuchar la voz del Espíritu Santo? ¿Cómo te aseguras que es el Espíritu Santo quien te está hablando? Te lo digo de otro modo: ¿Qué herramientas tienes para escuchar las voces del Espíritu? El principio básico, aquí, es: ¿Puede hablarles Dios, por ejemplo, a cualquiera de las cincuenta personas que están en un pequeño templo un domingo por la tarde? ¡Por supuesto que sí! Entonces debo preguntar: ¿Tú crees que esas cincuenta personas están todas aptas y preparadas para escuchar la voz del Espíritu Santo?

 Eso ya no es tan sencillo, muy probablemente no, no lo estén. ¿Cómo sabrán que es el Espíritu Santo el que les habla y no sus propios pensamientos, su carne? ¿Cuál es el problema con la percepción del rechazo? ¿Cuál es el problema con el temor y la inseguridad? Que distorsionan nuestras voces internas. ¿Cómo puedes esperar que esas cincuenta personas escuchen lo que el Espíritu Santo tiene para decir, si hay una cantidad no menor que no van a escuchar nada porque su corazón no está limpio? Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán. Ese “verán”, proféticamente, también es escuchar.

Es notorio que cuando el Espíritu hable a ese grupo, habrá personas que oirán su voz. Porque cuando alguien está al frente de un grupo o es punto de referencia espiritual para otros, es simplemente porque está en condiciones de escuchar la voz de Dios de un modo que los otros no tienen. Claro está que es esto lo que de alguna manera ha justificado la presencia de un líder en un grupo. Si tamaña cantidad de gente a la cual Dios le habla, a todos por igual, no es capaz de escucharlo para de ese modo recibir alguna instrucción o saber qué hacer, ahí tendrá que aparecer alguno que sí lo escucha y luego, será el encargado de comunicárselo a los demás. ¿Eso es un ministro? Sí, básicamente eso es un ministro: alguien que oye lo que Dios dice y viene y se lo transmite a sus congregados. ¿Y si se le antoja de mandar que se haga algo que Dios no dijo? Seguramente será fiel y ciegamente obedecido, pero el problema lo tendrá en cualquier momento con el Señor.

(127) – Necesitas Escuchar Su Voz

¿Te imaginas si tuvieras un grupo de, digamos, cien personas, que todos recibieran directivas precisas del Espíritu Santo, todos a una y todos por igual? ¿Tú crees que algunas de esas cien personas irían en búsqueda de una que le ponga una mano en la cabeza y ore por sus problemas sentimentales? Aprende esto: a nadie que está en la carne, le agrada ignorar lo que va a pasar dentro de un rato. En la carne es imposible confiar en un Dios que es Espíritu.

 Cuál es el objetivo prioritario a nivel ministerial, entonces: ¿Qué yo debo conseguir, como quiera que sea, que todos los que entran a mi Web o escuchan mis audios o me conocen personalmente, accedan a alguna forma específica y puntual que les permita escuchar la voz del Espíritu? Y fíjate que ahí es donde entra, de alguna manera con cierto permiso divino, la Sanidad Interior. Porque vendría a convertirse en un recurso de Dios para con esa gente que, por causa de uno y cien problemas emocionales y almáticos, es incapaz de oír su voz. ¡Cuán importante es para ti, escuchar lo que Dios quiere!

Y si todavía eso no es una realidad en tu vida, sí puede serlo, por ejemplo, el examinar cuidadosamente y ver qué personas de las que andan cerca de ti, tienen mejores perspectivas de escuchar la voz del Espíritu. Y, como natural consecuencia de ese examen, rodearte de esas personas y no de las negativas, tóxicas y contraproducentes. Vivo en Argentina y, paulatinamente, desde lo político, desde lo social y hasta de lo deportivo, mi país, (Y no es el único), camina en dirección a un grado de violencia preocupante. Y en una instancia así, es necesario que la iglesia como tal, agudice su oído para oír lo que el Espíritu Santo quiere decir.

La iglesia necesita mensajeros, no mártires innecesarios. Porque cualquiera de nosotros, que sea enviado para realizar un trabajo específico, en un lugar determinado y en un tiempo concreto, tendrá conocimiento previo, seguramente, de las condiciones generales con las que se va a encontrar en ese lugar, en ese tiempo y para esa tarea. Y es obligación del enviado tomar todas las precauciones y recaudos con la finalidad de prevenir cualquier contingencia desfavorable que pueda aparecer. Eso, lo que nos corresponde a nosotros en lo humano.

Pero, no obstante, será indispensable e insustituible que nos mantengamos en sintonía permanente con la revelación divina, porque solamente Dios sabe con certeza lo que nos esperará en esa tarea, en ese lugar y en ese tiempo, y sólo con revelación precisa podremos cumplir con la misión de manera eficiente. Ahora bien: si yo he sido el enviado a ese lugar, en ese tiempo y para ese trabajo, pero mi oído espiritual no se encuentra lo suficientemente atento o aceitado como para oír clara y limpiamente la voz del Espíritu, ¿Qué haré? Simple: ¡Me rodearé de personas con sus oídos más afinados que los míos!

Y ellos serán, en franca conjunción y con unidad casi perfecta de criterio, los que me ayuden a llevar adelante mi trabajo desde sitiales anexos y colaboracionistas. ¡Ahí y así es donde nacen los ministerios! ¿Se entiende? Y, entonces, ¿Qué necesitaría hoy un pastor para poner en marcha un proceso que permita que su iglesia abandone su concepto pastoral para retornar al apostólico y profético? Si ese pastor es el que lo hace todo, desde abrir el templo, ordenar los bancos, acomodar los instrumentos de la alabanza, recibir la ofrenda, contarla, predicar, ministrar, aconsejar, lo que tiene que hacer es dejar de lado por un momento todo ese cúmulo casi obsceno de obligaciones y empezar a prestar debida atención para ver quiénes de los que lo rodean, parecen tener sus oídos espirituales más afinados para escuchar la voz del Espíritu.

 No sería extraño que, si logra hacerlo, en muy corto lapso esa iglesia produzca un cambio radical por el simple hecho de abandonar sus proyectos y planificaciones humanas y pasar a moverse conforme a los dictados del Espíritu Santo, que son recibidos por los eficaces oídos de esos nuevos ayudantes ministeriales. Pero, en vista de todo esto, ¿Es válido que ese pastor siga al comando de esa congregación? La Biblia no lo avala, pero las tradiciones, costumbres y hasta leyes internas denominacionales, sí. Y la idea es darle eficiencia a la iglesia del Señor, aunque para conseguirla debamos sostener por algún tiempo situaciones que no son correctas.

 Porque no sólo es demasiada responsabilidad que una sola persona tenga la obligación de decidirlo todo en una iglesia, sino que, en corto o mediano plazo, eso se transforma en un serio obstáculo que frenará cualquier avance de un evangelio de poder. La pregunta que surge, conforme a las costumbres, es: ¿Por qué la gente acude a su pastor en búsqueda de un consejo para una instancia clave en su vida? Podría darte cualquier respuesta de circunstancias, pero tengo sólo una muy cercana: ¡Porque cree que ese pastor oye la voz de Dios que él (O ella) no están oyendo! ¿Y qué pasa si ese pastor no está oyendo tampoco la voz de Dios? Habrá una gran decepción y hasta una probable huida.

 Lo que distinguió la tarea que aquellos apóstoles hicieron con la incipiente iglesia y que hoy parece haber quedado en el olvido y nadie está repitiendo, fue que ellos fueron perfectamente guiados por la voz del Espíritu Santo. Si estamos escuchando al Señor, siempre cabe la posibilidad de un error a partir de la falencia de la naturaleza humana, pero por lo menos estaremos de pie en una plataforma de fe que impedirá que el temor al error o al fracaso nos anule. Entiendo que escuchar a Dios, es tanto una habilidad que viene como consecuencia de ser seres espirituales, llevándonos de la premisa que cualquier ser espiritual puede escuchar a otro ser espiritual, como un riesgo a correr a partir de lo que el pecado pudiera, en alguien, estar desvirtuando esa habilidad.

(128) – Edificando La Iglesia Apostólica

Por otro lado, tiene que haber una nueva cultura frente a todo lo que haces. Es válido para todos los creyentes. Si alguien dice que desea casarse, hacer un viaje o tomar un nuevo trabajo, cualquier hermano que se encuentre cerca deberá hacer la pregunta clave y básica: ¿Qué te ha dicho el Señor al respecto? De todos modos, él o ella harán lo que hayan decidido. Algo he aprendido en estos años de militancia espiritual: cuando el hombre ha tomado una decisión en lo más profundo de su corazón, ni Dios le hará cambiar de idea. Va a hacer lo que quiera. Puedes ir con toda tu autoridad apostólica y profética que el infierno va a detenerse, pero ese hombre o esa mujer, no.

Si tú no sabes los dones que tienes, muy difícilmente vas a poder pedir lo que te falta. Dicen los que han estudiado esto a fondo, que hay veintitrés dones ministeriales, ¿Cuál es supone que es el que te falta? Sólo puedes pedirle a Dios lo que necesitas, una vez que sabes lo que ya tienes. ¿Y a qué te ayudan esos veintitrés dones? Además de perfeccionar a los santos, como dice la palabra, me ayudan a escuchar la voz del Espíritu Santo. Ahora; si tú no estás usando los dones, muy probablemente tampoco estás escuchando claramente. Si sueltas los dones, pero no hay quien administre los dones correctamente y en orden, vas a generar un caos.

Se puede considerar una iglesia apostólica, cuando allí operan aquellas ocho funciones de las cuales hablamos. Y si falta una o dos, también. Porque, veamos: ¿Qué es lo que hace a una iglesia apostólica? Que tenga gente que escucha a Dios y, en razón de eso, pueda ejercer la autoridad de Jesucristo en un territorio. Porque, ¿Qué pasa si alguien escucha y no ejerce autoridad? Simple, no es parte de una iglesia apostólica. ¿Y por qué lo apostólico siempre está relacionado con un terreno? Porque los apóstoles lo están. Una de las grandes obligaciones de los apóstoles, es tomar absoluta autoridad territorial donde están ubicados.

¿Y qué se supone que ocurrirá si no están presentes esas funciones necesarias? Habrá que activarlas. ¿Y cómo las activo? Como Dios activó Su Creación: hablando. Es tu palabra la que mueve el mundo espiritual, nunca lo olvides. De pronto te das cuenta que en tu grupo nadie tiene inclinación por ayudar. Nadie ayuda a la gente necesitada. ¿Qué podré hacer? Lo primero, cambiar el mensaje. Empezar a predicar sobre la importancia en Dios de ayudar al que lo necesita. Explicando el significado de Justicia, en hebreo, se adelanta mucho. Porque Justicia en hebreo está asociado con dar al que no tiene.

Luego, al finalizar cada una de estas predicaciones, suelta simplemente un llamado dirigido a la gente a la que Dios ha puesto en su corazón allí y ahora, el deseo firme de ayudar. Y no te engañes. Si alguien tiene la idea de ir mañana a un poblado muy pobre a llevar comida y otras cosas que son de necesidad allí, el grupo completo se va anotar y asistirá de buen grado. Pero si a eso se lo debe hacer semana tras semana y a cualquier hora del día, entonces sí que ya se necesita contar con gente que tenga un llamado puntual para hacer eso. El error más grave que se ha cometido en las congregaciones, es darle algo a alguien en quien todavía el Espíritu Santo no se lo puso primero. Y eso se produce hablando. Cuando yo hablo, comienzo a crear.

Adán fue un co-creador con Dios. Porque Dios lo estaba haciendo solo, hasta que Adán empezó a ponerles nombres a todos los animales. Cuando se plantó frente a ese bicho feo, alto y de cogote inmenso, y declaró en voz alta: ¡Tú eres Jirafa!”, Adán habló. Y por consecuencia, creó un nombre que todavía hoy está vigente y activo. Dios los creó, Adán los identificó.


 Y a la hora de ponerse en marcha, asume una función, jamás busques un título. Porque los títulos, a corto o mediano plazo, suelen torcer al corazón.

(129) – Las Diferencias Escritas 15

Juan 14:6: Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. 

Pero, ¿Sabes qué? Los religiosos dicen que no puedes basarte sólo en lo que dice Jesús. Que de alguna manera tienes que equilibrar a Jesús con las demás escrituras en la Biblia. ¿Es que verdaderamente ellos creen de verdad que así tiene que ser? ¿Suponen que todo un evangelio de poder está afirmado solamente en lo que dicen cuatro líneas de un libro que apenas ha sido escrito como manual de ruta, pero de ninguna manera como máxima autoridad de la iglesia? 

Jesús dice en Marcos 9:43: Si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado.

Sin embargo y pese a todo lo que se ha visto, leído y enseñado, la religión te dirá que no hay que tomar a Jesús literalmente. Y añaden algo más que social y culturalmente podrá sonar muy bonito, pero que espiritualmente es un verdadero sacrilegio herético. Te dicen que sólo un fanático lo tomaría en serio. 

(130) – Delineando Rasgos Ministeriales

Es notorio que cuando comenzó el declive de la iglesia en cuanto al poderío de sus áreas, que las tinieblas no llevaron adelante un ataque global o masivo en contra de la iglesia conjunta, sino que fueron minando de a uno y paulatinamente a ministerio por ministerio. Aprende esto: el ataque del diablo, siempre es por suplantación. No es por eliminación. O sea: si tú te dieras cuenta de que algo ya no está contigo, lo buscarías. Alguien dio un ejemplo muy gráfico. Dijo que si tú un día pierdes tu billetera y sospechas que el diablo te la robó, de inmediato saldrás a buscarla y doble contra sencillo que la encontrarás y se la arrebatarás al diablo.

Y serás más que vencedor. Pero, ¿Qué pasa si en lugar de robarte la billetera completa, el diablo te roba solamente uno de los billetes que tenías en ella? Pasa que no pasa nada sencillamente porque tú todavía piensas que en tu billetera tienes lo que tenías. Claro, pero eso es porque tú no has verificado el contenido de tu billetera, porque si lo hicieras, descubrirías que te falta un jugoso y respetable billete. La diferencia, entonces, radica en que todavía no te diste cuenta, que estás convencido que tienes lo que en realidad ya no tienes. Eso es, a grandes rasgos y con un ejemplo un tanto rústico, una suplantación.

El diablo roba, mantiene la forma como tal. Pero, saca algo y luego introduce una imitación sin valor, que va a posibilitar que la persona siga pensando que tiene lo que tenía y que en verdad ya no tiene. Entonces, si alguien hubiera dicho en el siglo segundo, que ya no iban a haber más apóstoles, yo creo que ahí mismo se levantaba en armas espirituales potentes la iglesia entera. Pero, resulta ser que no hubo eso, sino que sencillamente lo que hubo, fue una suplantación. Apareció una función, la función empezó a crecer y, automáticamente, declinó la otra.

Y, al pasar el tiempo, resulta que habíamos perdido el diseño de los apóstoles. Remedando aquella antigua y humorística película titulada “¿Y dónde está el Piloto?”, nosotros ahora estaríamos poniendo en cartelera su imitación eclesiástica: “¿Y dónde están los Apóstoles?” Entonces, la recuperación y el trabajo del ministerio quíntuple, todavía tiene que obedecer ese diseño en el que todos nosotros vamos interactuando como equipo. La palabra clave, aquí, es Equipo en este tema. Hay algo que, pese a ser dicho, enseñado, predicado y hasta publicitados centenares de veces, todavía no parece haber sido asumido por la mayoría de las congregaciones y/o denominaciones: ningún ministerio tiene capacidad para realizar solo la tarea.

 Es de los cinco más ayudas emergentes, o no es. Por esa razón, cuando alguien te pregunta cuántos o cuáles ministerios necesita en su iglesia, tu respuesta tendrá que ser: Todos. ¿Todos? Sí, todos, aunque el primero inevitablemente tendrá que ser el Profeta. ¿Por qué? Porque el ministerio profético es el único capaz de romper con la oposición a todo lo nuevo. Para que una comunidad se afirme en determinado lugar, ellos tienen que establecer algunos patrones de convivencia, de permanencia. Bien; el que rompe con todo eso, es el ministerio profético. Siempre, él viene primero.

(131) – Dos Historias; Un Comienzo

En 1370, en una pequeña comunidad de lo que hoy es la República Checa, nacía un hombre llamado John Huss. Este hombre venía de una familia muy pobre, de hecho, su padre muere cuando él era niño. De tal forma que es educado a duras penas por su madre, entra casi por compasión a una universidad, en Praga y termina graduándose de teólogo, de filósofo, de educador. Este hombre va a morir cuando cumplía exactamente cuarenta y cinco años, en 1415, y él es el primer ejemplo efectivo de levantar una voz en contra de los abusos de la Iglesia Católica. En ese momento, la Iglesia Católica estaba sufriendo lo que era el gran sisma de occidente y se había dividido en dos.

Había dos Papas, y entre ellos se estaban peleando mal y feo. Había un problema muy grande, y cada uno sacaba el dinero que podía con las indulgencias. Y este hombre se levanta y dice: ¡El Papa es el anticristo! Y lo dice públicamente siendo él, un sacerdote católico. Poco tiempo después, el rey Segismundo, de Hungría, lo manda a la hoguera, y él es ejecutado en la hoguera, el 6 de Julio de 1415. Y allí, antes de ser quemado, dice: “¡Vas a asar un ganso!” Porque su apellido, Huss, estaba asociado a gansos. Y luego, este hombre condenado a morir, añade: “¡Pero dentro de un siglo, te encontrarás con un cisne que no podrás asar!” Y, justamente cien años después, se levanta Martín Lutero, en cuyo escudo de armas, estaba un cisne.

Veamos: ¿Qué ministerio te parece que desarrolló John Huss? Profeta. Cien años antes, él da una palabra. Cuando se levanta Martín Lutero, ¿Qué ministerio desarrolla él? Apóstol. Y no se olviden que los dos eran sacerdotes. Ambos celebraban la misa. Los dos profesaban una teología católica. Es más; ellos nunca abandonaron el catolicismo, pero desarrollaron una función mucho más importante que el título. Esto te deja claramente en evidencia algo que no les agrada a muchos de los nuestros: a la hora de los hechos concretos y contundentes conforme al diseño de Dios, Él no va a tener demasiado en cuenta las doctrinas. Dios siempre va a mirar tu corazón, no tu formación teológica.

Pueden darse cuenta que esa dinámica, que primero va el profeta y luego va el apóstol, Dios la ha usado en infinidad de veces. Samuel, David; Juan, Jesús. Vez tras vez. Ananías, Pablo. Vez tras vez, ustedes van a darse cuenta que Dios hace interactuar ambos ministerios, para que de esa forma se consolide un territorio. La victoria siempre va a venir, a través de los ministerios del Cuerpo de Cristo. Siempre va a haber una acción coordinada del Cuerpo de Cristo, para poder hacerlo. Y si nosotros, hoy, queremos recuperar el diseño de Dios, indefectiblemente deberemos comenzar por el profeta. ¿O es que todavía saldrá alguien simulando santa indignación a asegurar que a todo eso lo podrá ejecutar un grupo de pastores ungidos?

¿Y por qué será que Dios comienza con los profetas? Técnicamente, ¿Cuál es la razón? La razón es simple: los profetas son las personas que están permanentemente buscando de manera atenta, lo que Dios está hablando. Por eso es que Dios necesita del profeta, para que haya alguien que abra una brecha. Tenemos una iglesia pastoral. Todos están sumergidos en una atmósfera pastoral. Nada que discutir, eso es lo que mal o bien nos trajo hasta aquí, pero convengamos en que tal cual como está, no tenemos ninguna perspectiva de que mañana aparezca un conjunto en forma de equipo que podamos denominar como ministerio quíntuple.

Y todo comienza con un grupo de personas, grande, mediano, reducido, quien sabe, que de buenas a primeras y sin mediar planificaciones, se pone a orar. A orar y a orar. Cuando alguien se acerca y les pregunta por qué oran, no saben responderle. ¡Esperamos más de Dios! ¡Sabemos que hay más! – ¡Ah!, decimos, ¿Hay más? ¿Y qué es ese “más” al que te refieres? – No lo sé, sólo sé que hay más y debemos pedirlo. Un día, esa palabra le hace un clic en el corazón a alguien que andaba por allí y que, en apariencia, estaba muy lejos de todo lo que se estaba haciendo. Alguien que no es un profeta, nadie lo llamó profeta, es una persona. Una persona en la que aquellas oraciones han encontrado tierra fértil.

Entonces, esa persona recibe una palabra que le muestra que cierto grupo está en el lugar equivocado y que por esa razón es que no crece. Ahora; resulta ser que ese grupo está allí desde hace más de veinte años, mientras que esta persona llegó hace no más de dos o tres. Es decir que no tiene ni la menor idea de lo que está hablando. Un día se entrevista con el líder de ese grupo y le pregunta por qué motivo instaló a ese grupo en ese lugar. Las evasivas que recibe como respuesta, dan a entender algo muy claro: ese líder no sabe por qué razón están en ese lugar. ¿Cómo le dirá lo que Dios le ha mostrado? El líder está radiante por todo lo que se ha hecho allí, y aunque ahora esté muy pobre, ese es su lugar. No es el único que ignora que la fe puede obrar milagros aunque Dios no esté involucrado en ellos. 

(132) – ¿Hay Un Ministerio Predominante?

La gente suele confundir resultados con bendición divina. También suele confundir bendición con aprobación. Ya lo he enseñado a eso: una cosa es que Dios te bendiga y otra es que Dios te apruebe. Una cosa es que Dios te use y otra es que Dios te apruebe. Y eso tiene que ver con lugares geográficos, también. Tú solamente vas a rendir fruto al ciento por uno en lo que sea tu ministerio, si estás en el lugar designado por Dios para que funciones y operes. De otro modo, será puro esfuerzo humano. Bien intencionado, fiel, leal, sincero y noble, pero no ungido, porque habrá sido sin orden superior.

Porque no es tampoco tan simple como parece. Tú puedes utilizar toda la artillería espiritual que dispones mediante la labor del ministerio quíntuple, pero lamentablemente no sucederá nada por un simple y feo motivo: estás en desobediencia, Dios nunca te envió a ese lugar. Es más: probablemente en más de un caso, Dios ni siquiera te envió. No importa las ganas que tú tengas de ser algo. El Reino de Dios se mueve por fe, por diseños y por disposiciones superiores, no por ganas. Porque no sé si recuerdas lo que anteriormente ya te dije: cuando el Señor comisiona a alguien para hacer un cierto y determinado trabajo, conjuntamente con el qué y el cuándo, aparece el dónde.

Ahora pregunto: ¿Es que hay lugares geográficos que son más fértiles para el evangelio que otros? Sí que los hay. ¿Motivos? Pueden ser varios, pero uno de ellos es que Dios esté trabajando en cierto lugar y lo tenga bajo juicio, por ejemplo. Dios juzgó algo y, hasta que no se limpie y purifique, no se moverá nada. Pero hay otros lugares en donde Dios ya preparó la tierra para que esa tierra diga: ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! De todos modos, en cuanto lugar encuentres, siempre habrá un ministerio predominante, que podrá coincidir o no con tus propios intereses o gustos.

Veamos: cuando tú te convertiste al Señor y apareciste en una congregación cristiana determinada, ¿Recuerdas cuál fue la primera actividad que sentiste interés en involucrarte y participar? Oye, no me respondas alabanza y adoración, porque eso no es un ministerio, ¿Entiendes? Fíjate el texto de Corintios que leímos: ¿Son todos apóstoles? ¡No! ¿Son todos profetas? ¡No! Mira; los ministerios tienen una característica que los distingue de una función. Los ministerios son exclusivos de un grupo de gente. Entonces, pregunto: ¿La alabanza es un ámbito exclusivo de algunos, o pertenece a todo el cuerpo? Listo. No es un ministerio, ¿Está claro?

Volvamos atrás, entonces. Esa actividad que fue la primera que te gustó desarrollar en la que fuera tu primera congregación, muy probablemente es la que termine siendo tu ministerio vertical. Lo que estamos llamando como ministerio dominante o predominante. Ahora bien; como todo en la vida, ese ministerio necesita crecer por la práctica, necesita crecer por la impartición, alguien lo activa y necesita crecer por la revelación. Son las tres cosas que desarrollan a cualquier ministerio: la práctica, la impartición y la revelación.

Veámoslo desde este ángulo: cuando Dios llama a una persona, no lo llama para ser salvo; la llama para que cumpla una función. Para que pueda cumplir su función y pueda ser obediente al Señor, esa persona necesariamente deberá pasar por la salvación. Con esto, lo que quiero enseñarte es que nadie en absoluto puede decir que su ministerio fue ser salvo; eso sería casi absurdo. Ahora bien; esa función, a veces es muy sencilla. Dios llama a Pedro, y le dice: ¡Te haré pescador de hombres! Cuando está terminando su ministerio, Jesús, le dice a Pedro: ¿Me amas? ¡Sí! Pastorea mis ovejas. ¿Su primera tarea, cuál fue? Ser pescador de hombres. ¿Y cuál es el ministerio pescador de hombres? ¡Evangelista!

Ahora, cuando el Señor se está yendo, le dice que pastoree a sus ovejas. ¿Le está volviendo a decir que sea evangelista o lo está mandando a pastorear? En el lapso en el que Pedro está con Jesús, (algunos dicen tres años, otros dos años, otros dicen que más), el ministerio de Pedro migra de evangelista a pastor. En ese lapso. Entonces, pregunto: ¿Cómo pastor, puede evangelizar? Sí. ¿Cómo evangelista, podía pastorear? No. Cuando él empieza como evangelista, ¿Qué pastoreo podía hacer? El primer ministerio, la primera función, generalmente es la que abre los espacios para las otras. De hecho, es imposible que alguien migre hacia otro ministerio, sin que antes no haya desarrollado el primero. De hecho, este es en su inicio un ministerio de enseñanza, aunque hoy ya desandamos rutas apostólicas. De todos modos, si es una migración, es progresiva, seguimos enseñando y plantando diseños.

(133) – Hacia Estamentos Diferentes

Ahora; Pedro, ¿Desarrolló su ministerio evangelístico? Sí, sin dudas. Punto importante: migrar, no significa que ya no es evangelista. Significa que, estando en la plataforma evangelística, ahora está yendo hacia otra plataforma, que incluye la anterior, añadiéndole una nueva. Porque todo, en Dios, es acumulativo, no sustitutivo. No es que te voy a dar esto si me devuelves esto, porque al que más tiene, más se le dará. Exacto, es acumulativo. Pedro sigue siendo evangelista y se nota, porque después cuando él predica, habla como evangelista.

Pero no solamente les dice que vengan corriendo a Cristo, sino que también predica como profeta. ¡Ustedes mataron al autor de la vida!, les espeta en la cara a los fariseos. Ahora bien, pregunto: ¿En qué momento lo estás viendo migrar hacia una plataforma profética? Cuando el Espíritu Santo descendió. Cuando él empezó a hablar en lenguas. En el lapso de no más de unos pocos meses, Pedro empieza como evangelista, termina en una primera etapa como pastor de ovejas, actúa como profeta y va a terminar su trabajo como apóstol. El ministerio que menos desarrolló Pedro, ¿Cuál era? El de maestro.

Por eso es que tenemos tan pocas cartas de él. ¡Un momento! ¿Todo esto me estaría diciendo que cada uno define qué ministerio quiere? No. Cada uno va a ir asimilando el ministerio de acuerdo con la tarea que Dios le da. Yo no puedo elegir ser profeta, pero sí puedo elegir escuchar Su voz. No puedo elegir ser pastor, pero puedo pedir carga por sanar enfermos. No puedo elegir ser maestro, pero puedo pedir sabiduría, entendimiento y conocimiento. Porque sabiduría, entendimiento y conocimiento, entre otras cosas, es tener una respuesta para todo y para todos.

 Y, que yo sepa, no hay un solo creyente que esté en ese nivel si es que no recibe revelación específica y puntual. Y el que no me crea esto, tomaré algo dicho por un hombre de Dios al que respeto, como modelo de lo que para él fue el inicio de su ministerio magisterial con niños. Niños que le hacían preguntas como esta: ¿Por qué si la oración es tan poderosa, el diablo no se convierte? ¿Tienen sangre los ángeles? Todo parecería apuntar a que no, a que son seres espirituales creados. Entonces, la simple lógica infantil determinará que, si la sangre es el sinónimo de la vida, los ángeles no tienen vida.

 ¿Por qué en el juicio total que Dios ejecutó contra toda su Creación en el diluvio, los peces se salvaron? Sabiduría. Además, este tipo de actitudes, que todos los que han trabajado con niños en la iglesia saben que es así y pueden dar fe de ello, conllevan otro punto a tener en cuenta. Los espíritus puros, tienen un nivel de entendimiento que les permite efectuar preguntas con mayor relieve y profundidad que las que pueden realizar los espíritus impuros. Dicho de otro modo: los niños, por su poco nivel de contaminación, eran capaces de formular preguntas en un nivel de sabiduría espiritual que no tenía la gente adulta.

 Por eso es que, las funciones que ejercemos, pueden ser desarrolladas de dos maneras: conforme a lo que ya sabemos, o desafiándonos permanentemente a indagar más, más y más. Si tú sigues haciendo las cosas tal cual las aprendiste hace diez años y no deseas modificar nada, es muy difícil que Dios decida darte algo nuevo. ¿Para qué lo haría? En general, como iglesia somos como un vehículo que tiene un baúl de equipaje muy reducido, muy pequeño. No podemos cargar mucho. Y, en el proceso de cargar cosas, debemos implementar la actitud lógica necesaria, que es empezar a desechar lo que no nos sirve. De allí que resultaría poco menos que insólito ponerse a buscar un don que luego no vayas a utilizar. ¿Para qué lo harías? Y todos los dones que recibas, deberás exigirlos al máximo sin otro propósito que cumplir el plan que Dios tenía cuando te los dio. 

(134) – Factor Valioso; La Credibilidad

Cuando hablamos del ministerio quíntuple y hablamos del apostolado, siempre, por la manera en que se presentó el ministerio, necesariamente solemos asociarlo con cobertura. Y cuando pronunciamos esta palabra que no es ni siquiera bíblicamente correcta y que yo relevaría de inmediato por otra palabra más contundente y genuina, como es Autoridad, surgen muchas posturas, tesis, teorías y tradiciones. Lo cierto es que si vamos a trabajar en un nuevo despertar de la iglesia, tendremos que hacerlo desde la pureza de lo incontaminado con los intereses humanos que no siempre son tan santos como debería ser algo que procura meterse dentro de un grupo de santos.

Lo que sucede es que se ha estado enseñando lo relativo a la supuesta cobertura, como quien lo hace con un área de administración de empresas. Además, y esto queda más que en evidencia, con una visión muy humana, muy mediocre, muy pobre, hasta muy barata podría decirse. Yo ya he enseñado respecto a esto sobradamente, así que no voy a reiterarlo de manera innecesaria, pero sí quiero compartir lo que estimo como un principio básico e importante. Nadie le puso un nombre específico porque quizás no lo tiene, pero alguien lo nominó como el principio de la credibilidad y a mí me pareció excelente esa definición.

Hay un texto bíblico que nos muestra que en una ocasión Jesús decidió no entrar a una población, y como argumento dijo que no pudo hacer muchos milagros allí por la simple razón de que la gente no creía mucho en él. El Reino espiritual se basa en la credibilidad. Tengo un ejemplo simple y concreto: cada uno de ustedes está allí, leyendo o escuchando esto, porque creen que lo que les digo y les enseño es la verdad. O, en todo caso, pueden ser conscientes que puedo cometer errores y equivocarme no una, sino varias veces, pero esa credibilidad creo que radica en el hecho de tener la certeza de que mis intenciones son claras, puras y despojadas de intereses oscuros o personales.

Eso se llama credibilidad. Y por eso digo casi con valor doctrinal, que la credibilidad es un factor determinante en el reino espiritual. ¿Cómo opera? En principio quiero que vean cuán destructiva es la falta de credibilidad y cómo puede estancar definitivamente un ministerio. Y te doy un ejemplo personal. La palabra profética respecto a que mi voz sería escuchada en todas las naciones, me la dio un miembro de un coro de la ciudad americana de Sacramento, hace ya más de veinte años. Era el pastor de ese grupo compuesto en su totalidad por hermanos de raza negra.

¿Y qué tal si yo hubiera resultado ser un cristiano racista o clasista que los hay y demasiados? No le hubiera creído su declaración simplemente porque provenía de un hombre de un color de piel que muchos desprecian. Y me hubiera perdido todas estas bendiciones que hoy disfruto por haberle creído y activado lo que me dijo. ¿Entiendes de lo que estoy hablando, verdad? Credibilidad. Claro está que esto de la discriminación, es algo que viene casi implícito en la raza humana. Lo que quiero decirte es que resulta imposible juzgar una palabra profética, sin juzgar al mensajero que trae esa palabra.

 Es algo a nivel inconsciente que está metido dentro de nosotros. A veces, para llegar a lo bueno, tenemos que romper algunos prejuicios. ¿Qué tal si Jesús, en lugar de aparecerse en el tiempo en que se apareció, lo hiciera hoy? Olvida las películas de Hollywood y a ese Jesús rubio de ojos celestes que cautivó a medio planeta de cristianos. Piensa en un Jesús físico acorde a su raza física y a su lugar de origen. ¿Tú crees que el mundo “occidental y cristiano” se hubiera ido detrás de Él sin dudarlo? Yo creo que no. Es más; hasta puedo suponer que lo hubieran marginado. ¿Cómo iba a pretender “ese” ser el Hijo de Dios?

(135) – No Creer es Neutralizar

Entonces resulta que nuestro amado Señor Jesús, con todo su tremendo poder, entendiendo nosotros que Él sabía quién era. Él siempre supo quién era. ¡A los doce años provocó una tremenda conmoción en el templo! Ese Jesús, con todo el poder y la unción, no pudo hacer todos los milagros que hubiera querido en ese lugar, porque la gente no creía en Él. ¿Qué hace Jesús, cuando encuentra a gente que no cree en Él? Se aparta de ellos. Porque esa actitud que tienen ellos para no creer en Él, aunque es el Hijo y lo sabemos, le afecta. Hay rasgos muy singulares en Jesús.

Fíjate, cuando va a la casa de esa niña, para resucitarla, se toma el trabajo de sacar a toda la gente, simplemente porque, de acuerdo a lo que se lee en el texto, esa gente se estaba burlando de Él. Y después va y se encierra en la habitación con la niña muerta, acompañado de un par de sus discípulos y de los padres de la niña, nada más. Cero exposición. Cero show. Aprendamos. Porque, indudablemente, lo que mueve todo en el ámbito espiritual, es la credibilidad. Yo creo en lo que enseño, y eso le da fe a mis palabras. Cualquiera de ustedes que está allí, del otro lado, reciben una palabra en la cual creen; la ponen por obra y eso les da resultados.

Luego, como ustedes creen en esa palabra, van y la comparten con otras personas. Y de todas esas personas, los que aceptan y creen esa palabra, repiten la rutina. Y así sucesivamente. Todo lo que tiene que ver con el mundo espiritual, se mueve en base a la credibilidad. El gran problema del denominacionalismo, es que le pone a la gente más fe en la institución, que en las personas. Y eso, además de ser duro, es opuesto al diseño de Dios. Porque Dios no le tiene ninguna fe a las instituciones, pero sí se las tiene a las personas. Y por allí pasa el respaldo.

 Dios no unge organizaciones religiosas, Dios unge organismos vivos; personas. Yo no podría respaldar ni siquiera en simple oración a alguien en el cual no creo, ni tampoco creo en lo que hace o cómo lo hace. Para poder ser yo un referente de alguien en el plano ministerial, lo primero que debo mostrar, es que creo en lo que hace y en cómo lo hace y que al mismo tiempo, esa persona también cree lo mismo de mí y de mi trabajo. Y si no te convence esto, fíjate: ¿Por qué supones que los profetas tienen tantos problemas de aceptación en este tiempo? Simple: ¡Porque la iglesia, mayoritariamente, no cree en ellos!

Apréndelo: la credibilidad es la fuerza que mueve la vida. Lo cierto es que a la hora de movernos, deberemos ajustar esos movimientos con todos los que se encuentran en nuestra misma plataforma, ya que de otro modo, cualquier movimiento en falso o a destiempo, afectará al resto aunque ninguno de estos tenga nada que ver con ese falso movimiento, ¿Se entiende? ¡Eso es andar conjuntamente con autoridad. Está más utilizada la expresión de decir que alguien está “bajo autoridad”. No es “bajo” autoridad porque no está por debajo de nadie, sino en un mismo nivel, en un mismo plano.

 ¡No existen jerarquías en esto! Es como una de esas embarcaciones de competencia a remo. El llamado timonel, es el que va sentado al revés, de espaldas a la meta y de frente a sus compañeros. Tiene un megáfono y ordena los movimientos de los remos en mayor o menor velocidad para lograr efectividad. Ese vendría a ser el apóstol, el que da la orden de movimiento para que todo el resto opere y funcione. A mi modo de ver, yo me quedo con aquel que está escuchando la voz del Espíritu, aunque más no sea de a retazos y de un modo incompleto. No es lo mejor, de acuerdo, pero sí es muchísimo mejor que ponerte al lado de aquel que no tiene ni el menor interés en escuchar esa voz.

Por eso es que, aunque suene humorístico y despierte una sonrisa, no hay nada para sonreírse cuando entendemos que la mayoría de los cristianos están muy de acuerdo en que exista la unidad, pero siempre y cuando todos los demás hagan lo que él está haciendo. Ocurre lo mismo con ciertos políticos y la democracia. Ellos dicen: ¡Viva la democracia, siempre y cuando todos piensen como yo! Ahora bien; ¿Ese desajuste afecta cualquier ministerio? Sí, señor; cualquier ministerio. Yo no sé cuántas personas elijan vivir bajo una sombra de desconfianza, pero tampoco es bueno ni mucho menos sano, empezar a cuidarnos de la gente que tenemos más cerca.

¿Y qué tiene que ver esto con el famoso mandato de la cobertura? Mucho, porque cualquier clase de cualquier cosa parecida a un respeto por autoridad o cobertura, necesariamente, indispensablemente, indefectiblemente, comienza con la credibilidad. Y si no te parece cierto, esto, te pregunto: cuando tú descubres pecado en tus líderes o autoridades, ¿No pierden de inmediato un alto porcentaje de credibilidad de tu parte? Por más manso y obediente que seas, no dudo que sí, que la pierden. Cuando profetas y apóstoles se unen, ellos tienen un vínculo muy particular.

Son dos idiomas diferentes, son dos estrategias diferentes, son dos perspectivas diferentes. Entonces, la pregunta es: ¿Qué cosa es lo que los hace uno? Sí, de acuerdo; la sangre de Cristo, el evangelio, la Biblia, el Espíritu Santo, todo bien, pero; al margen de todo eso. Lo que los hace uno, es la fe que ellos tienen. Son distintas formas de fe la del apóstol o la del profeta, pero difieren en el énfasis que ellos le otorgan. Ejemplo: el profeta tiene una fe ciega e inamovible a lo que dice. Cree mucho en lo que él mismo habla. El apóstol, en cambio, cree mucho en quién es él.

 Es un comisionado, él sabe por qué está ahí.  El profeta, normalmente, tiene crisis de identidad. Sabe que tiene una palabra que viene de Dios, pero se decepciona cuando observa que nadie quiere escucharlo. El apóstol, en cambio, muestra un grado de seguridad muy superior al del profeta, pero no siempre tiene palabra. Sin embargo, de ninguna manera un ministerio excluye al otro. Hoy, tal como opera la iglesia, la autoridad está ejercida en exclusividad por el pastor. Entonces, ¿Puede un pastor tener bajo su autoridad a un apóstol? De ninguna manera. Sólo que todavía esté capacitándose. Pero si ya ha recibido el llamado para el envío, por eso será apostellos, ese pastor no puede retener a ese apóstol en su congregación. Si lo hiciera, le estaría cercenando el ministerio. Y no quisiera ni imaginarme el rostro de Dios ante ese supuesto pastor suyo. 

(136) – Las Diferencias Escritas 16

Hay tres escrituras que dicen algo que Jesús asegura: Mateo 7:21: No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Verso 24: Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Y, finalmente, Lucas 6:46: ¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? 

Pero los religiosos, curiosamente, dicen que no es necesario obedecer a Jesús si lo has aceptado como tu Salvador. Que simplemente bastará con que “te dejes llevar” por lo que sientes, y ese sentir seguramente no va a ser contraproducente con el evangelio, ya que al haber aceptado a Jesús, ese sentir prácticamente será una emulación del sentir de Él.

En Mateo 21:42 Jesús dice: Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, Ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, Y es cosa maravillosa a nuestros ojos?

Aquí los religiosos dicen que la parte más importante es el nombre de Jesús, la sangre de Jesús, la divinidad de Jesús: cualquier cosa, pero no sus enseñanzas. Es una mini-verdad disfrazada de obediencia que en el fondo se vislumbra como mera soberbia o auto dominio. Las enseñanzas de Jesús provienen de la cabeza del ángulo, la pieza que encaja perfecta en dimensión, peso y medida en el extremo superior de este gran monte divino que es Dios mismo. Ignorarla es comenzar a operar en conocimiento humano y, cuando llegamos a esa instancia, caemos inexorablemente en Grecia y sus rudimentos. Esto es lo que mayoritariamente hoy vemos.

A lo largo de este trabajo y en el final de cada fase, te he ido dejando algunos ejemplos de cómo los religiosos argumentan en contra de las enseñanzas de Jesús. En el próximo y último capítulo no lo haré, porque el tema allí tratado es de tanta profundidad que hasta el propio sistema puede rechazarlo. La pregunta entonces nos que quedaría a cada uno de los creyentes genuinos, fieles y sinceros con la figura de Jesucristo, es: Si ellos no están siguiendo a Jesús, tal como dejan en evidencia en casi todas estas respuestas que has observado, ¿A quién estarán siguiendo? Porque todavía sigue siendo vigente aquello de que: El que conmigo no recoge, desparrama.

(137) – Cruzando la Frontera del Sistema

Escuché hace algunos días a alguien hacer una pregunta pública, de esas que surgen de alguien singular, pero dirigida a una pluralidad de personas. Esa pregunta era: ¿Cómo puedes hacer tú que me escuchas, para conseguir que alguien se enamore de Dios? Y yo sé que al repetirla, algunos de mis consecuentes hermanos que siguen estos trabajos, quizás formados como yo en escuelas conservadoras y racionales, se estarán preguntando a sí mismos:

 ¿Es necesario eso? En otra época más conciliadora mía, te hubiera dicho que no sé, que cada uno lo hará a su modo, como le salga o pueda. Pero hoy tengo que decirte que sí, que los hijos de Dios necesitan, desesperadamente, enamorarse del Padre Celestial. Eso, si verdaderamente quieren escapar del sistema religioso que los asfixia. Yo no seré quien instale este pensamiento como un apéndice de la doctrina que se nos olvidó de estudiar, no; de ningún modo.

Sólo haré especial hincapié en esa enorme cantidad de hermanos que tú y yo conocemos, por separado claro, tú allí donde estás y yo aquí, donde resido, y que sin embargo están unificados por una misma sintomatología espiritual: es como que les falta algo para estar completos. Yo no sé cuál es tu visión del asunto, pero para mí, la mayor asignatura pendiente dentro del cristianismo eclesiástico tradicional, es la pasión. Un creyente sin pasión, es un creyente mustio e inactivo. Les falta enamorarse de Dios. Y aquí habrá que retornar a la pregunta inicial: ¿Cómo es que se enamora uno de Dios?

Lo único que sé es que hay dimensiones en las profundidades de la Palabra de Dios que, al entenderlas, llevará inexorablemente a quien la escuche a un ámbito diferente al que normalmente accede. Y si eso se diera, lo más probable que ocurra, es que tú te enamores del Señor.

(Hebreos 12: 9) = Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? 

Dios es el Padre de los espíritus. Sólo ese verso da para que nos sentemos y empecemos a meditar. El Padre de los espíritus. De hecho, cuando se nos pide por cualquier razón que definamos a Dios, si alguien te dice qué es Dios, nos metemos en un tremendo problema, porque no tenemos la capacidad intelectual para poder explicar lo que Dios es.

Y fíjate que no es porque Él sea muy difícil de explicar, sino porque Él pertenece a una dimensión diferente de la nuestra. Eso es tan obvio que nadie o casi nadie lo tiene en cuenta y mucho menos lo enseña. Y la razón por la que no podemos explicar eso, es porque no estamos en esa misma dimensión. Para que cualquiera de nosotros pueda hablar con claridad con alguien que nunca conoció al Señor, inexorablemente deberemos utilizar metáforas.

Podemos decirles, por ejemplo, que Dios es como el amor, que se lo siente pero no se lo ve. O sea que tenemos que recurrir a analogías, a comparaciones para tratar de explicar a Dios a alguien que no lo conoce. Ahora bien: en el libro del Éxodo, encontramos en un pasaje, la primera definición de Dios, dada por Él mismo. Este verso que voy a leer y no voy a alcanzar a explicar en este trabajo porque no es tan fácil como parece, dice lo siguiente: 

(138) – Entendiendo a Dios

(Éxodo 3: 14) = Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros. 

Estas palabras Yo Soy, bien podrían ser el modo verbal inglés tho-be. Ser. El nombre de Dios escrito en la Biblia, es un nombre que no se puede pronunciar por la sencilla razón de que carece de vocales. El nombre de Dios no es Jehová, ya vas a ver de dónde derivó eso; tampoco es Yahveh. El nombre de Dios revelado a los hombres en la Escritura, es este. El nombre Jehová vino por un invento de un Papa, en la Edad Media, que dijo: lo vamos a llamar Jehová. Y entonces agarró y le puso dos vocales.

Y aunque muchos cristianos, hoy, podrían llegar a matar a alguien para convencerlo de que el nombre de Dios es Jehová, tengo que decirles que no, que no es Jehová. Este nombre nunca fue mencionado. Cuando en la Escritura, los rabinos judíos estaban leyendo y llegaban a este nombre, lo que hacían era no leerlo, sino que le ponían un nombre sustituto, que era Adonaí. O sea: el Señor. Entonces, ellos omitían decir este grupo de cuatro letras, al que teológicamente se le llama tetragrama ton.

Ahora bien; antes de desarrollar toda la parte intrínseca que implica el nombre de Dios, yo quiero comenzar con algunos versos en la palabra, donde se nos explica, -y lo diré con mucho cuidado- respecto a qué es Dios. – ¿Perdón? ¿Dijo qué es Dios? –  Sí, dije qué es Dios. – ¿Y no debió decir quién? – No, y ahora te voy a mostrar por qué. Vamos a leer unos cuantos versículos. Te recuerdo: para poder entender qué es Dios, necesitamos el auxilio de alguien.

(Juan 16: 13) = Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. (¿Quién debe venir a ayudarnos? El Espíritu de Verdad)

(1 Corintios 2: 10) = Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aún lo profundo de Dios. (O sea: ¿Yo puedo entender qué es Dios? ¡Sí! ¿Y cómo? ¡Solamente y mediante el Espíritu Santo! No hay otra forma. Ahora; es tremendo, porque dice que el Espíritu lo escudriña todo, aún lo profundo de Dios. Eso quiere decir que si el Espíritu Santo o el Espíritu de Verdad, empieza a operar en mí, yo puedo empezar a entender aún lo profundo de Dios)

(1 Juan 2: 27) = Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él. (Aquí no hay mucho más para agregar, sólo la leí para fundamentar el concepto por si hubiera algún que otro incrédulo cristiano por allí).

(Juan 1: 18) = A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.

(139) – ¿Nadie le Vio Jamás?

Muy bien; el primer punto que quiero que empecemos a entender, es que cuando aquí dice que a Dios nadie le vio jamás, no quiere decir que lo vio con los ojos naturales. La primera definición de lo que es Dios, también está claramente en la palabra. Dice: Dios es Espíritu. Esto quiere decir que, técnicamente, una persona no puede ver con sus ojos naturales a un ser espiritual. Claro que aquí dice: A Dios nadie le vio jamás. Pero resulta ser que, cuando tú recorres el Antiguo Testamento, te vas a dar cuenta que mucha gente no sólo lo vio, sino que también habló con él, tuvo comunión con él.

Entonces, ¿Qué estará diciendo aquí Juan, respecto a que a Dios nadie le vio jamás? El nivel de ver que dice en Juan 1:18, tiene que ver con haber penetrado al ámbito privado de Dios, y verlo tal como es. ¿Es que tiene Dios un ámbito privado? Claro que lo tiene, mayoritariamente, lo llamamos Dimensión. Hay mucha gente que ha estudiado esto. Hay poca gente que lo ha compartido. Hay otros que lo hemos aprendido de ellos. Y hasta donde yo sé, a eso, cruzar a otra dimensión, nadie lo ha hecho. Y te doy un ejemplo: Abraham no solamente habló con Dios, sino que además también comió con él.

Pero, para que Abraham pudiera tener esa experiencia sobrenatural, Dios tuvo que adquirir una forma humana. Es decir que entonces no fue Abraham el que se introdujo en el ámbito privado de Dios, sino que fue Dios el que vino al ámbito privado de Abraham. Entonces, cuando dice aquí que a Dios nadie le vio jamás, el unigénito Hijo, ¿Quién es? Jesús, que está en el seno del Padre… ¡Un momento! ¿Cómo que está en el seno del Padre? Para este momento, ya, en el capítulo 1, se está introduciendo ya al Cristo encarnado, al que se dice que hizo tabernáculo entre nosotros.

Y fíjate que en muchas partes del Nuevo Testamento, se habla de Jesús como que está en dos lugares al mismo tiempo. Es como que está en dos ámbitos, en dos dimensiones al mismo tiempo. Ahora; dice que Jesús vino a dar a conocer al Padre. Eso quiere decir que todos los libros del Antiguo Testamento, no fueron suficientes para poder dar a conocer a Dios. De tal forma, que tuvo que venir Jesús para dar un conocimiento perfecto del Padre. Lo que quiero decir es que, si tú quieres entender a Dios según el Antiguo Testamento, vas a tener un problema. Porque no fue la intención de Dios revelarse como él es, en el Antiguo Testamento, sino mostrarse a través de un velo. Pero, en el Nuevo Testamento, nosotros podemos tener una nueva experiencia de conocimiento de Dios, como nunca antes ha habido.

(1 Juan 4: 12) = Nadie ha visto jamás a Dios. (¡Y lo vuelve a decir! ¿Te das cuenta?) Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros. (Pero mira como empieza el versículo, ¿Verdad? Nadie ha visto jamás a Dios. Pero, ¿Qué me está diciendo Juan? ¿Sabes qué edad tenía Juan cuando escribe esto? Superaba los noventa años. ¿Sabes qué escribió antes de esto? El Apocalipsis. ¿Y sabes qué dice allí? Que a Dios, nadie le vio jamás. El mismo Juan que escribe el libro del Apocalipsis, hace esta tremenda declaración)

El problema de por qué no podemos entender qué es Dios, y nota que no digo quién, sino qué, es porque nosotros somos parte de lo que se llama la naturaleza creada. Nosotros somos parte de algo que fue creado. Adán fue creado. Tú fuiste creado por Dios. Hay una sola cosa que existe, que nunca fue creada, y es Dios. Y es muy difícil, que la naturaleza creada, pueda entender algo que es increado, es decir: no creado. La única forma de poder conocer, es a través de. Justamente, para eso vino Jesús. Para que a través de él, pudiéramos conocerlo. 

(140) – Definiendo lo Indefinido

Existe una palabra hebrea que yo no sé si alguna vez alguien te dijo o te enseñó, que esta palabra fue utilizada muchísimo durante los primeros trescientos años de la iglesia. Es una palabra que no es necesario reproducir, pero que significa, precisamente, lo que más nos cuenta entender: lo no creado, lo infinito, si quieres estirarlo más.  En ese lugar que implica esa palabra, no existe cielo, no existe abismo, no existe tiempo, no existe espacio. Porque todos esos términos, son parte de la naturaleza creada, y podrás darte una idea de que le cuesta mucho a esa naturaleza creada, poner términos que identifiquen o definan a una naturaleza no creada. Mucho más cuando, te reitero porque es básico y vital, en la naturaleza no creada, solamente está Dios.

El famoso concepto de la anti-materia se deriva precisamente de esa palabra. Es un lugar en donde todo lo que existe, nunca fue creado. Sólo existe. Y, si quieres, hasta podemos nominarlo con un rótulo para nada fantasioso: la dimensión de lo no creado, que es como decir: la dimensión de Dios. Y vamos a poner la dimensión de lo creado, y para rotularla, se utiliza otra palabra. ¿Sabes qué significa? La dimensión de lo creado. Se puede decir, entonces, que esta dimensión de las cosas no creadas, de ninguna manera podrá ser comprendida por la mente humana, pero la dimensión de las cosas creadas, sí puede ser comprendido por la mente humana, porque la mente, fíjate, es parte de esta dimensión.

Y es interesante, que la primera auto-descripción de Dios, la de Éxodo, simplemente es una declaración verbal. En un tiempo verbal muy específico: Yo Soy. Pero, por ejemplo, cuando se describe a Jesús en Apocalipsis, se utiliza el que era, el que es, el que habrá de venir. Es decir que hay una clara referencia al tiempo, pasado, presente y futuro. Mientras que en Éxodo 3:14, no. Simplemente dice el tiempo Yo Soy. Como un activo presente permanente. En la dimensión de las cosas no creadas, no hay pasado, no hay presente, no existe el concepto de tiempo; aún la eternidad es, apenas, un elemento pequeño, dentro de lo que es lo no creado. Para esto, tengo que empezar a diferenciar lo que es el Padre, de lo que es el Hijo. Y esta diferencia, nos va a ayudar.

Y será bueno advertir, que la Biblia nunca habla de un Padre en términos de inicio. Te lo aclaro: se dice de Jesús, el Alfa y la Omega. Pero cuando se habla del Padre, se dice: Padre eterno. Notas la diferencia, ¿Verdad? Es decir que el Hijo, está en función del tiempo, pero el Padre siempre está en función su dimensión original, la de las cosas no creadas, de la eternidad. Veamos algunos textos. Quiero comenzar con un texto muy interesante, el de Juan 14:8. Es el intento del hombre de tratar de entender esa dimensión divina.

(141) – Un Salto Dimensional

(Juan 14: 8) = Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. (No te habla del Padre. Le ha pedido que diferencie entre el Padre y el Hijo. Mira la respuesta de Jesús) (9) Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? 

¿Qué se supone que sucede, acá? Felipe no entendió esto. Felipe trataba de conocer al Padre de forma directa, pero la respuesta de Jesús, es esta, dicho de otra manera: Mira Felipillo, la única forma de conocer al Padre, es conocerme a mí. ¡Soy yo quien revela al Padre! ¡Al verme a mí, ya has visto al Padre! ¿Por qué? Porque el único que ha venido de la misma dimensión de las cosas no creadas donde habita Dios, es Jesús. Hubo uno que hizo este salto dimensional.

(1 Samuel 16: 7) = Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón. 

Esto quiere decir que Dios, en el ámbito eterno, mira de una forma diferente, oye de una forma diferente, se expresa de una forma diferente a la forma o manera a la que nosotros estamos acostumbrados a recibir información en el ámbito natural y terrenal. En el texto de Juan que estuvimos viendo, dice que nadie ha visto jamás a Dios, pero nota lo que dice después con relación a Jesús, el Hijo. Dice que él lo ha dado a conocer. También hemos leído el pasaje que dice que el Espíritu de Verdad es el que nos va a guiar. O sea que hay una relación muy estrecha entre el Hijo, que viene a darnos a conocer al Padre, y el Espíritu de Verdad.

Te digo más: el Espíritu Santo es el que hace el puente entre el Hijo y el Padre. Porque el Espíritu Santo, tiene la habilidad de moverse entre las dos dimensiones. Por ejemplo: ¡Nadie vio al Espíritu Santo! Pero sí a Jesús. Entonces, Jesús ha dado a conocer al Padre. Pero es el Espíritu Santo el que establece y profundiza ese conocimiento en el hombre. ¿Qué es lo que hay en la dimensión eterna? Sólo Dios. Y muchas veces se habla, en términos teológicos, de la soledad de Dios en esa dimensión eterna. Porque allí, reitero, sólo está Dios. Claro está que el concepto de soledad, de ninguna manera en este caso implicará depresión. Dios no es hombre para que se deprima. Además, será inteligente separar el concepto de soledad tradicional, del de soledad como único.

(142) – Motor que Mueve a Dios

A partir de eso, Dios empieza a hacer algo diferente, algo distinto. Juan 3:16, tú te sabes el verso, dilo: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Muy bien. Porque de tal manera, ¿Qué cosa? Porque en la soledad de Dios, hubo algo dentro de él, que empezó a provocar que él empiece a pensar, si se puede usar el término, hacer algo que lo saque de esa situación de soledad. El motor de la voluntad de Dios, es el amor. O sea: lo que mueve la mano de Dios en una dirección, es el amor. Siempre.

Si tú no tienes proteínas o carbohidratos en tu cuerpo, no puedes tener energías. Si no tienes azúcar, no hay energía. Lo que mueve a Dios, es el amor. Entonces, estando en una situación de soledad, el Señor va a hacer algo tan tremendo y tan arrojado, que verdaderamente no hay mente que pueda entenderlo. Dios tiene necesidades. ¡Un momento, hermano! ¿Qué me está diciendo? ¿Cómo puede tener Dios necesidades? Te doy un ejemplo, en Mateo 21:3, Jesús dice algo: Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y luego los enviará. Entonces, resulta ser que Dios necesita algunas cosas.

Es natural que tú ahora puedas decir con total certeza: Dios me necesita, porque indudablemente es así. Así es que Dios decide hacer cosas conforme a su identidad de amor. ¿Qué dice Juan 4:23, un versículo más que famoso, si los hay? Más la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca (Tranquilamente podemos entender este “busca”, como necesita) que le adoren. Se han elaborado decenas, centenares y hasta miles de estudios respecto a la adoración, pero muy pocos de ellos dicen algo que es absoluta y estrictamente verdadero: una persona que adora, necesita adorar.

 De otro modo, y llevándolo a nuestras costumbres tradicionales, si esa persona no necesita adorar, sólo es una persona que canta. Es alguien que tiene algo tan fuerte dentro, que necesita sacar eso a través de la adoración. Literalmente, y a esto creo ya haberlo enseñado alguna vez, adorar, significa en lo concreto: lamer la mano como un perro. Es decir que hay implícito un inocultable concepto de humillación. Y también un concepto de posición y otro concepto de servicio. Vas a encontrar en tu Biblia pasajes maravillosos, donde Jesús, por ejemplo, halaga a una persona porque hizo algo.

Ahí va un ejemplo: está reunido Jesús en una casa, cuando entra una mujer. Llega y rompe el perfume y lo unge con él, ¿Recuerdas ese pasaje, verdad? Y cuando Jesús habla de ella, porque los presentes tratan de evitar que ella siga haciendo eso, dice: cuando yo entré aquí, nadie hizo lo que esta está haciendo ahora. Nota que Él buscaba algo. Necesitaba algo. Pero ella, desde que ha entrado, no ha parado de hacerlo. Entonces puedo ver que Dios, definitivamente, necesita adoración, necesita amor.

Y te digo algo más: en la primera carta de Pedro, capítulo 4 y verso 8, dice que el amor cubre multitud de pecados. ¿Sabes por qué Dios te perdona? Porque te ama. No es porque te lo merezcas o porque seas muy importante para la iglesia, es simplemente porque te ama. Así que, una vez más, vemos que lo que mueve a Dios, es el amor. Y eso es maravilloso, porque piensa por un momento, lo que mueve al dios del Islam. Piensa lo que mueve al dios de otros grupos muy difundidos y conocidos. Lo que mueve a nuestro Dios, es el amor.

(143) – Conociendo al Padre Eterno

Vamos al libro del profeta Isaías. A este verso lo tenemos que leer en detalle, porque nos va a dar una visión más clara de lo que estamos hablando. Isaías capítulo 9 y verso 6: Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Cuando tú lees esto de manera simple y casi a la carrera, no alcanzas a darte cuenta que esta, probablemente, es la descripción más completa de Jesucristo. Porque, veamos, empezamos por esto: ¿A quién está describiendo en este pasaje? ¡A Jesús!

Si tú te lees todo el capítulo 9, te vas a dar cuenta que es una profecía, que habla acerca del nacimiento de Jesús. Y así como en Éxodo 3:14 Dios mismo se identifica y casi muestra su documento de identidad cuando dice Yo Soy el que Soy, el documento de identidad de Jesús está aquí, en Isaías 9:6. Quiero que ahora que sabes que está describiendo a Jesús, lo vuelvas a leer con este entendimiento. Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz

Muy bien; ahora, por favor, trata de entender lo que te voy a decir. Padre Eterno, como dice aquí, es diferente a Padre No Creado. ¿Por qué digo esto? Porque el concepto de Padre Eterno, está ligado al concepto de tiempo. En cambio Padre No creado, o increado, que es lo que enseñamos como dimensión de las cosas no creadas, es un concepto en donde el tiempo no existe, ni siquiera como eternidad. Según este pasaje de Isaías, la descripción que se hace de Jesús, no sólo implica rasgos de él, sino que describe la esencia de su propia existencia. El concepto más fuerte es, precisamente, el de Padre Eterno.

Imagínate que estás describiendo a un niño pequeñito, a un bebé, y lo estás llamando Padre Eterno. Si no puedes entenderlo, es porque nuestra mente no tiene, precisamente, la capacidad para entenderlo y moverse en los planos de la dimensión eterna de Dios, ¡No puedes!  Así es que, deberíamos buscar elementos que nos ayuden a comprender esto. Nuestro principal enemigo para dar este paso, es que nosotros estamos sujetos al tiempo. Toda nuestra vida está encadenada al concepto de Cronos.

¡Pero Dios, no! Por ejemplo: Jesús se mueve en el concepto de Kairos. Pero Dios, en su dimensión de lo no creado, ni siquiera en el concepto de Kairos. Él, es.  Es decir que el concepto de Kairos y de Cronos, implica también la esfera de la dimensión de las cosas creadas. ¿Por qué? Porque una de las cosas que Dios creó, fue el tiempo. A tal punto, que en el libro del Génesis, dice claramente que puso las lumbreras, para que marquen las estaciones. Los tiempos. Tiempo de sembrar, tiempo de cosechar, etc. 

(144) – Todo Fue Creado para Él

En esa dimensión de lo no creado, no hay ni siquiera luz. No hay oscuridad, no hay materia, no hay espacio, no hay tiempo. Sólo está Dios. Todos los otros elementos, pertenecen al concepto del mundo creado. Parece una novedad pero no lo es de ninguna manera: ¡El tiempo es algo creado! Por eso, cuando alguien te dice que estaremos con el Señor para siempre, literalmente, nosotros inmediatamente tratamos de pensar eso en función del tiempo. Cuando lo que Dios está hablando, es de otro tipo de relación, nos encontramos en una dimensión diferente. Para el Señor, ciertamente, mil años son como un día y un día como mil años. ¿Por qué?

Porque todo eso fue hecho para nosotros, pero él no se rige por eso. Y aquí tenemos que volver sí o sí al concepto ya mencionado de Padre Eterno. Será necesario, aunque no puedas entenderlo, que logres establecer la diferencia entre el padre No Creado, al Padre Eterno. Dios nos ha puesto en la tierra, para que nos movamos por intervalos. Por ejemplo: es tiempo de nacer, es tiempo de morir. Ahí hay un intervalo. Es tiempo de iniciar, es tiempo de terminar. Ahí hay otro intervalo. Lo primero, lo último. Ese es otro intervalo. El Padre No creado, no se mueve en esos intervalos. Pero el Padre Eterno, sí. Jesús es el Alfa y la Omega. ¡Pero Jesús es eterno! Sí, pero está sujeto a un intervalo.

 (Juan 1: 1) = En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. (2) Este era en el principio con Dios. (¡Pero aquí habla de principio! Quiere decir que está hablándonos desde un plano diferente. Puede, pero también puede que sea el mismo principio del que se habla en Génesis 1:1, que es un principio equivalente a modelo, a diseño, a patrón, y no ha comienzo o inicio de algo) (3) Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. 

Eso va de la mano con Colosenses 1:16: Porque en él (¿En quién? En Jesús. Está describiendo a Jesús) fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. 

¡Wow! Dice que todo fue creado por medio de él y para él. Tronos, dominios, potestades, todo. ¿Está hablando de Satanás, también? ¡Sí! ¿Y en qué rango está Satanás? ¿Dónde está Satanás? ¡Dentro de las cosas creadas! ¿Te digo algo? Es imposible que Satanás penetre a estos lugares. Él es un ser creado. Y fíjate que en Colosenses dice que aun en el ámbito de las cosas creadas, hay cosas creadas que son invisibles. Lo que quiero decirte es que de ninguna manera pienses que la dimensión de las cosas creadas, es un lugar de materia, únicamente. Porque, por ejemplo, los ángeles están aquí, también. Entonces, el concepto de ver a Dios rodeado de sus ángeles, no es tan real. Porque sus ángeles, son parte de otra dimensión. Por eso es que se habla de la soledad de Dios, porque ni siquiera los querubines o los serafines están en esta parte. En esta parte sólo está lo que nunca fue creado.

145) – Cruzando En Nombre del Amor

Y tú y yo sabemos que todo el ejército celestial, fue creado. Los tronos, los imperios espirituales. Lo visible y lo invisible. Todo eso fue creado. Por eso, cuando yo estoy orando y digo Padre Eterno, podría cambiar esa palabra y decir: Padre de la Eternidad. O, en todo caso, Padre del Tiempo. Para la mente profana, parecería ser lo mismo decir Padre No creado, que Padre Eterno, pero después que hemos entendido esto, creo que hay una diferencia. Vayamos por un momento, ahora, a la dimensión de las cosas creadas. Dios creó todas las cosas por amor. Y Colosenses 1:16, que ya leímos, dice que Dios creó todas las cosas.

Hebreos 11:3 dice: Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. Dice que de manera que lo que se ve, fue hecho de lo que no se veía.  Eso quiere decir que aún los abismos, las regiones celestes, el mundo espiritual, todo eso fue creado. Debemos sacarnos de la cabeza, el hecho de que lo espiritual es eterno. ¡No! Sólo Dios tiene ese rasgo. Tengo una figura, que vi en un trabajo de otro hombre de Dios, que puede graficar esto. La región de las cosas creadas y la región de las cosas no creadas, son dos regiones diferentes, que sin embargo conviven en una dulce y serena armonía.

 De hecho, hay una línea que divide una región espiritual de la otra. Una línea divisoria entre lo no creado a lo que ha sido creado. Una especie de frontera. Un límite casi geográfico entre una dimensión y la otra. Ahora bien; si Dios cruzara esa frontera, automáticamente dejaría de ser Dios. Porque si Dios cruza a este lugar nuestro, se convierte en algo creado.  Ahora bien; si Dios necesitara por algún motivo cruzar esta línea divisoria, necesariamente va a tener que perder mucho. Y la única forma de poder recuperar eso, va a tener que ser a través de la muerte, del sufrimiento.

No es posible, por simple voluntad, que alguien del ámbito creado, pase a la dimensión de lo no creado, y viceversa, quedó dicho. Dios se propuso crear. Escribió en una tapa de una gran carpeta: Proyecto Creación. Y luego se preguntó a sí mismo: ¿Cómo puedo crear? No es tan fácil, porque siempre hay una enorme diferencia y distancia entre el creador y la creación. Escucha: ¿De dónde salió Eva? ¿Alguien de ustedes conoce la Biblia lo suficiente como para decirme de donde salió Eva? No. En ninguna parte de mi Biblia dice que salió de una costilla. Sólo dice, y no significa lo mismo, que salió del costado.

Si alguna versión bíblica dice costilla, es una mala traducción. Dice del costado. ¿De dónde sacó Dios todas las cosas? De su costado. ¿De dónde salió la iglesia? Del costado de Jesús. Todo lo que fue creado, salió de Dios. De hecho, este proyecto creación, ponía a Dios en una encrucijada. Porque él tenía que crear un espacio donde pudiera poner las cosas creadas. Pero él no podía cruzarla, porque si la cruzaba, él pasaba a formar parte de las cosas creadas. Entonces él hace algo extraordinario: utiliza su voz. Porque su voz no vuelve vacía, sino que cumple aquello para lo cual fue enviada.

O sea que lo que Dios utiliza para crear, no son las manos, es su voz. Y dijo Dios. Por eso, cuando tú agarras Colosenses, que hemos leído anteriormente, dice que Jesús creó todas las cosas. Y en Juan 1, dice que él es el Verbo. ¿Quién creó todas las cosas, entonces? ¡Jesús! ¿Pero cómo? Como la expresión verbal, como la expresión fonética. Cuando yo saco aire de mi diafragma, y ese aire cruza por unos músculos llamados cuerdas vocales, estas vibran, y se escuchan sonidos. Esa es mi voz. El Padre habló, y se expresó el Hijo. Y el Hijo pudo penetrar como creador la frontera divisoria, sin cruzarla físicamente. Fue su voz la que salió y no volvió vacía, e hizo lo que tenía que hacer. 

(146) – Heme Aquí; Envíame a Mí

Si examinamos la carta a los Efesios, veremos que en el capítulo 1, se describe a Jesús. En varios de estos versos se describe a Jesús. Y en el verso 22, está hablando de la iglesia, de que sometió todas las cosas a sus pies, lo dio por cabeza por sobre todas las cosas, a la iglesia…

(Efesios 1: 23) =  la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.

¿Te lo digo de otra forma? Todo salió de Dios. Todo, aún Jesús. Entonces Dios tenía que ubicarse en la dimensión de las cosas no creadas, poner un mundo nuevo, y colocar en ese espacio a todo lo creado, visible o invisible. Pero no tenía que cruzarlo. Ya sabes lo que pasaba si lo cruzaba. Entonces él utiliza la voz. Su voz es Cristo mismo, y esa voz es la que ejecuta la creación. El punto está en que, así como era armónica esa frontera entre las dos dimensiones, se convierte en un problema cuando el hombre peca. Cuando Adán peca, Adán queda aislado de Dios. Es como si tú debieras tratar de levantar a alguien que se ha caído, pero por alguna razón grave, no puedes tocarlo.

Entonces, el Señor queda en una encrucijada de nuevo. ¿Cómo puedo yo restaurar y ayudar a mi creación que está en la esfera de las cosas creadas, sin cruzar la línea divisoria, la frontera? A diferencia de antes de la caída de Adán, Adán y Dios eran un solo espíritu que fluían en un solo sentir. Pero la línea divisoria, después que él peca, se convierte en un paso fronterizo, que Dios ya no puede atravesar. ¿A causa de qué? De que el centro de la creación, que era el hombre, cuando él peca, contamina a todo el mundo creado. Lo digo más claro: toda esta esfera es contaminada por el pecado de Adán. Entonces Dios, en la soledad de su dimensión unitaria, escucha una voz. Vente conmigo al libro de Isaías.

(Isaías 6: 8) = Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí. 

¿Sabes que el primero que dijo eso, fue Jesús? Imagínate la escena. Jesús se acerca y le dice al Padre: “Padre…envíame a mí; permite que yo vaya y cruce la línea divisoria, la frontera, y entre a la dimensión de las cosas creadas.” Dios lo mira y le dice: “Hijo; ¿Tú sabes lo que estás diciendo, no? Si tú cruzas eso, perderás todo lo que te hace ser parte de esto. ¿Sabes qué dice en Miqueas 5:2? Que: sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad. ¿Te das cuenta? Vamos a ver algunos versos, ahora, que quizás te van a dar a entender qué es lo que Jesús iba a hacer al atravesar esa línea divisoria y fronteriza entre lo creado y lo no creado.

(147) – Conociendo al Padre

(Colosenses 1: 15) = Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. 

Hay algo para añadir aquí que quizás pueda sonar como un concepto demasiado fuerte, pero será necesario que se lo entienda correctamente. Cuando dice imagen, eso significa que no es la realidad. Por ejemplo; la ley, era la imagen de cosas invisibles. Ahora: ¿A quién describe, si dice que él es la imagen del Dios invisible? Porque después dice que es el primero. El primero engendrado, primogénito, de toda creación. De alguna forma, Jesús tenía que salir de donde salió toda la creación. Tenía que salir del costado del Padre. Es decir que Jesús no caminó entre los hombres como un espíritu, ¡El caminó como un hombre! Tenía cuerpo, tenía alma y tenía un espíritu. Él traía la imagen de Dios.

(Hebreos 1: 3) = el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, (¿Sabes qué dice aquí? Siendo la representación exacta de su naturaleza. Está describiendo a Jesús.)

(2 Corintios 4: 4) = en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. (Es la tercera vez que se habla de Cristo como la imagen de Dios.)

(1 Corintios 13: 12) = Ahora vemos por espejo, oscuramente; más entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. 

Te doy un dato: Jesús, mientras estuvo en su carne, con sus discípulos, sólo pudo dar un conocimiento parcial de su Padre. Sólo cuando Él vuelve y puede venir el Espíritu Santo, es cuando podemos recibir un conocimiento completo de Dios. O sea: Jesús, en los días de su carne, no pudo transmitir un conocimiento completo del Padre, porque él era la imagen de Dios. Y el problema de la imagen, es que ves borrosamente, como en un espejo. A tal punto era eso, que Felipe no dudó en pedirle que le mostrara al Padre. Y dijo que si hacía eso, a él le bastaba.

Y Jesús le diría algo así, como: ¿Es que no lo ves, Felipe? ¡No! ¡No lo veo! ¡Te veo a ti! Borrosamente, como en un espejo. ¿Por qué? Porque la dimensión de las cosas creadas, no tiene la capacidad de ver. Aún Jesús, en los días de su carne, al entrar y cruzar la frontera entre una y otra dimensión, pierde toda la capacidad de mostrar toda la plenitud del Padre y de Dios. Entonces les dice: ¡Tranquilos! Volveré. Y el Espíritu Santo vendrá, les enseñará, les recordará nuevas cosas, pero ahora, todavía no las pueden soportar. Las cosas que yo quisiera decirles, ustedes todavía no las pueden soportar.

(148) – Conceptos de Sacrificio

(Colosenses 1: 15) = Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. 

Vamos a ver: cuando Jesús estaba en la dimensión de las cosas no creadas, con el Padre, no era el primogénito. Porque primogénito, es un concepto que tiene relación con el tiempo, porque implica que es el primero. No puede haber primero, si no hay segundo. Entonces, en esta descripción tan tremenda de Colosenses 1:15, está diciendo algo: para que Jesús cruce esta dimensión tuvo que convertirse de ser, el Yo Soy a ser el Primogénito. Y eso va de la mano de esto:

(Apocalipsis 1: 8) =  Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso. 

¿Se entiende? Ahora voy a hacerte una pregunta: ¿Qué es mayor, la dimensión de las cosas no creadas, o el Alfa y la Omega? La dimensión de lo no creado. Entonces, aunque es un título maravilloso decirle a Jesús eres el Alfa y la Omega, ese término es de categoría inferior a decirle simplemente, Tú Eres. ¿Qué fue lo que él perdió? El punto es este: para que Jesús atravesara la línea divisoria, tuvo que hacer un gran, pero gran sacrificio, que no hay mente humana que pueda entenderlo.

(Apocalipsis 13: 8) = Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo. 

A ver; déjame que te pregunte: ¿Desde cuándo fue inmolado Jesús? Desde el principio del mundo. ¿Sabes qué dice en el original? Desde antes de la fundación del cosmos. Escucha esto: el concepto de sacrificio que nosotros tenemos de Jesús, es el de su sacrificio en la cruz. Pero resulta ser que ese sacrificio, fue aquí, en la dimensión de las cosas creadas. ¿Y sabes qué? Ese no fue el mayor sacrificio de Jesús. El mayor sacrificio de Jesús, fue dejar de ser Dios absoluto, para pasar a ser el primogénito.

 Entonces tú, cuando analizas el evangelio, lo ves a Jesús sufriendo a tal punto, que en su agonía le dice al Padre: “Padre…devuélveme la gloria que tuve contigo, antes que el mundo fuera”. Y siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios, como cosa a qué aferrarse. Sino que se despojó, ¿De qué? De toda la gloria divina. El Jesús que caminó por treinta y tres años en la tierra, es un borrador en blanco y negro de lo que realmente es en la dimensión de lo no creado.

Dios glorioso. Él perdió esa magnificencia que tenía al traspasar la frontera dimensional. Eso se llama encarnación. En la carta a los Filipenses, dice que se despojó. Esa palabra se traduce así, pero en realidad lo que dice conforme al original, es que se vació. Imagínate un gran botellón de agua fresca. Y le sacas la tapa y lo empiezas a derramar. Y lo vacías, y lo vacías hasta que queda apenas un dedo de agua dentro de él. ¡Eso es lo que vimos de Dios en Jesús!  Sí, vimos gloria en él, gloria como del unigénito. Pero ¿Sabes qué? Jesús sabía que no se comparaba lo que él tenía, con lo que él tuvo. El más grande sacrificio de Cristo, no fue la cruz, sino cruzar la línea divisoria entre ambas dimensiones.

(1 Pedro 1: 18) = sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, (19) sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, (20)  ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, (¿Qué movía a Dios? El amor. ¿Y cuándo fue sacrificado Jesús? Antes de la fundación del mundo.)

(Filipenses 2: 5) = Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, (6) el cual, siendo en forma de Dios, (Nota que el concepto de forma, está ligado a imagen) no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, (7) sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; (O sea: él solo, él solo tener forma de hombre, lo hacía siervo. ¿Por qué? Porque pasaba al mundo de las cosas creadas) (8) y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.  

Presta atención al detalle: primero dice muerte, y luego añade: muerte de cruz. Está hablando de dos cosas. Dice muerte, y eso fue trasponer la línea divisoria entre ambas dimensiones. Y luego muerte de cruz. Esto es: Jesús murió dos veces. Escúchame: si esto no te provoca algo como me lo provocó a mí, no quiero decir que estés muerto, pero por lo menos estás dormido. Porque estamos hablando de un Jesús como nadie citó o enseñó antes, de un Jesús en debilidad espiritual. Porque Jesús llega a nosotros con no mucho más de un diez por ciento de divinidad.

Entonces, él anhelaba, su espíritu gemía cada día, porque él no era de esta creación. Y está demás decir que su propia creación no lo aceptó. Si no miren lo que hizo con él. Lo que ocurre es que a eso ni siquiera lo tocamos. Sin embargo, como ese es un tema que tú conoces, no me interesa ahora hablarte de la cruz, sino de esa primera muerte. Cruzar la frontera dimensional. ¡Qué terrible fue cruzar esa línea divisoria, para él! De hecho, Jesús habló varias veces de esto, pero ¿Puedes creer que los discípulos jamás le entendieron? Nadie quita mi vida, -dijo- sino que soy yo el que la pongo. Un día me conocerán, un día me verán, como yo realmente soy. ¡Ahora no soy nada! ¡Un día me verán!

Y así y todo, los discípulos no agarraban una sola palabra de lo que Él les decía. ¿Por qué? Porque una dimensión no puede entender a la otra. Ahora me gustaría volver al libro de Éxodo, capítulo 3. De hecho, creo que ya te diste cuenta que esta no es una palabra para entretenerte o, como vulgarmente se dice: distraer el estómago. Porque si hemos de salir del sistema religioso, nuestro alimento espiritual ya no podrá ser cocinado en sus hornos. Pero presta atención, porque creo que recién ahora vas a entender por qué Éxodo capítulo 3 dice lo que dice.

(149) – Origen de Palabras

(Éxodo 3: 14) = Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros. 

Siempre me intrigó lo siguiente: ¿Por qué no dice así? Y respondió Dios a Moisés y dijo: Yo Soy el que Soy; así que dirás a los hijos de Israel: Yo Soy el que Soy me envió a vosotros. ¿Has entendido la diferencia? Vamos de nuevo. Él dice: Yo Soy el que Soy me envió a vosotros, así que dirás a los hijos de Israel: Yo Soy me envió a vosotros. Pero hace un momento ha dicho que su nombre es Yo Soy el que Soy. ¿No debería ir y decir: Yo soy el que Soy, me envió? ¿Por qué se olvida esa parte? Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros.

  Escucha: en el nombre de Dios, cuando dice “mi nombre es”, da el nombre que tiene en la dimensión de las cosas no creadas, y luego en el de las cosas creadas. Pero cuando dice: “así dirás”, sólo da su nombre de la dimensión de las cosas creadas. Yo sé que esto es difícil de entender porque a mí mismo me costó mucho trabajo incorporarlo al conocimiento cuando lo escuché enseñar. Así te lo voy a aclarar con los mismos rudimentos que me lo aclararon a mí. El nombre, en la Biblia, representa tres cosas. Primero, representa el origen de algo. Segundo, representa su naturaleza, Y tercero, representa su propósito.

 Entonces, cuando tú ves que Dios le pone el nombre a alguien. Por ejemplo dice: Abraham. El nombre Abraham, está ligado a Ur de los Caldeos. Y no sólo eso, está ligada a su naturaleza. El Abram sin la hache al medio, y el Abraham con la hache al medio. De Padre Enaltecido, a Padre de Multitudes, ¿Recuerdas? Y está ligado a su propósito. Y es por eso que Dios cambia el nombre. Y eso también tiene que ver con Saulo y Pablo, con Simón y con Pedro. Es decir que el nombre, significa algo muy poderoso. Muy bien; volvamos entonces al concepto del nombre de Dios. ¿Cuál es el nombre de Dios?

Yo Soy el Que Soy. Ahora; eso está tomado de esas cuatro letras que no tenían sentido, ¿Verdad? Así es que; ¿Estamos claros con que el nombre de Dios no es Jehová? Y te puedo dar un dato más: la persona que le puso como nombre Jehová a Dios, fue en el año 1520, un obispo llamado Pedro Galatino. Él, lo que hizo fue añadirle las vocales al tetragramaton, que así se denominaba esa serie de letras impronunciables. Yo he utilizado durante muchos años la concordancia Strong. Me regalaron unos hermanos argentinos que viven en Barcelona, una muy completa, un libraco que lo que tiene de pesado lo tiene de bueno.

Y, respecto a Yo Soy el que Soy, esa concordancia dice: El nombre de Dios, en ese pasaje, revela: Su gloria, Su honor, Su posición, Su poder y Su sustancia. Yo Soy, es el nombre de Dios en la dimensión de las cosas no creadas. Si tú llamas a alguien que está en medio de un grupo, seguramente alguno de los que está en ese grupo te dirá: ¿A Cuál de nosotros llamas? Y tú le responderás: ¡A él! ¡Al que tiene la corbata con claveles rojos! En cambio, si hay una sola persona y yo la llamo, nadie tendrá ninguna duda que estoy llamando a esa persona y no a otra.

 Y ese prefijo que yo utilizo cuando en medio de un grupo grande llamo a una determinada persona, es “él”. Quiero que se acerque, él. Y ese prefijo, es el que Dios utiliza para rotularse a sí mismo cuando dice: Yo Soy ÉL que Soy, que es su nombre para el ámbito de las cosas creadas, donde tú y yo moramos ahora. Pero, cuando hablas del nombre completo y absoluto de Dios, entonces es simplemente, solamente, definitivamente: Yo Soy. ¿Por qué? Simple: ¡Porque no hay nadie que esté a su lado! Cuando dices “el que” soy, es porque Él está en otro plano. ¿Ahora lo estás entendiendo, verdad?

 Por eso le dice a Moisés: Mira Moisés, mi nombre es Yo Soy El Que Soy para ti. Pero cuando vayas a ellos, les dirás que vienes de parte de: Yo Soy.  Una noche, un grupo de discípulos están a punto de zozobrar en una de esas cáscaras de nueces que eran las embarcaciones de esos tiempos, y ahí aparece caminando sobre las aguas, una breve muestra de la dimensión de las cosas no creadas, al que cuando le preguntan aterrorizados quién es, porque se suponen que se trata de un fantasma, él les responde con absoluta tranquilidad: No temáis, Yo Soy.

En ese momento, fíjate, él les está hablando desde la dimensión de las cosas no creadas, y expresa visiblemente, que él está por encima de toda creación. Porque las leyes de la física no operan en él. ¡El camina sobre el agua! Yo camino sobre el agua, ¡Porque Yo Soy! Y no solamente es el caminar lo asombroso de ese pasaje, sino la declaración de Jesús.  Porque esa declaración, Yo Soy, está expresando el hecho que le permite caminar sobre al agua. ¡Él puede caminar sobre el agua, porque Él Es!

A lo mejor un día de estos aparece un oriental o asiático que merced a sus rudimentos pueda caminar sobre el agua, pero será en base a un tremendo esfuerzo mental o a la tarea conjunta de una multitud de demonios congregados para que él pueda hacerlo. Porque él es parte de lo creado, no importa cuánto poder tenga en su mente, no interesa que haga volar una casa. ¡Él sigue siendo creado! Pero cuando Jesús caminó en esa noche, Él no estaba haciendo ningún esfuerzo. ¡Porque Él, ES! No es necesario decir que Él es Dios. Simplemente, ¡Él Es! Así que ahora, para despejar el desbarajuste que muchos tienen en sus cabezas, habrá que hablar de la Trinidad. Porque créeme que no son pocos los que creen ver tres dioses, cuando en realidad hay uno solo.

(150) – Procedencia Extraordinaria

El día que nosotros entendamos lo que significó para Jesús tener que cruzar esa línea divisoria, esa frontera entre las dos dimensiones básicas, quedaremos cautivos de amor por Él por siempre. No hay más. Aún si la cruz no hubiera estado allí, el verdadero sacrificio para Jesús, no fue la cruz. El verdadero sacrificio de Jesús fue salir de la dimensión de las cosas no creadas en la que estaba, y rebajarse en todos los terrenos para venir a la dimensión natural, la de las cosas sí creadas. Aún las descripciones más complejas, como Juan 1:1, donde dice “en el principio”, ya es incompleta. Porque utiliza un intervalo. Principio.

Aunque para nosotros es una representación de la eternidad, ya Juan 1:1 empieza en la frontera que separa ambas dimensiones. No hay en la palabra ninguna descripción de la dimensión de las cosas no creadas, que resulte completa para entenderlo. ¿Sabes por qué? Porque Dios ya sabe que no podemos entenderla, en tanto que estemos en esta esfera, y ponernos en la misma estatura que la Creación. El único ejemplo que podrías entender como comparación de ese sacrificio hecho por Jesús, sería el que siendo propietario de una hermosa casa, comprada con el tremendo esfuerzo, sacrificio y ahorro de años, un día por imperio de ciertas obligaciones que no te tienen como responsable, aceptes abandonarla para ir a habitar a una de muchísimo menor calidad.

Lo harás si esa es tu responsabilidad, pero que va a dolerte, va a dolerte. Muy traído de los cabellos este ejemplo, pero es el único que encontré más o menos representativo de lo que hizo Jesús al abandonar la dimensión de las cosas no creadas, para venir a atormentarse en esta. Alguien, con mucha imaginación pero preciso acierto, dijo alguna vez que una de las cosas que más sacudieron la anatomía espiritual de Jesús, fue la de crecer, volverse adulto, envejecer, si es que quieres remitirlo a su etapa de nacimiento. ¡Él venía de una dimensión donde la palabra cumpleaños, no se conocía! ¡Nadie cumple años en el ámbito del espíritu!

¿Será por eso que la Biblia nos relata todo tipo de celebraciones llevadas a cabo en los tiempos anteriores a Jesús, en sus tiempos y en los posteriores, pero jamás nos cuenta de una celebración de cumpleaños? Hay bodas, presentaciones de niños en la sinagoga y hasta bautismos, pero jamás un solo cumpleaños de alguien. Fíjate que nosotros, los seres humanos creados, al concepto de vejez lo tenemos desde niños. Sabemos que el abuelo es viejo y nosotros muy jóvenes. Pero luego sabemos que un día, a no ser que nos muramos antes, llegaremos a ser viejos como ellos. ¡Lo tenemos incorporado como parte de nuestras vidas!

Vemos cómo se vuelven blancos los cabellos de seres que amamos, y los nuestros mismos, luego de una etapa considerable de vida. Ahora, ¿Alguien ha visto envejecer a Dios? Por eso me causa mucha tristeza cuando alguien lo dibuja como un anciano de largo cabello y barba blanca. ¿Nadie le avisó al dibujante, que en la dimensión de lo no creado en la que habita Dios, el tiempo no existe? Y cómo será el precio de esa gloria, que cuando está clavado en la cruz, cumpliendo con el mayor sacrificio que a un ser de carne y hueso se le podría pedir, Él, el dueño de toda la fuente de agua viva que colmará nuestras vidas, en el cenit del despojo que aceptó para asemejarse a uno de nosotros, dice: ¡Tengo sed…!

¡El dueño de la mayor fuente de agua del universo, tiene sed! La tremenda humillación de tener que pasar por una sencilla necesidad biológica básica: beber. Empezamos este capítulo diciendo que Dios no tiene necesidades, ¿Recuerdas? Y ahora estamos observando que ese hombre, que es Dios mismo, encarnado, tiene sed. ¿Puedes concebir a Dios en ese estado? Ni lo intentes, es imposible para una mente finita y sucia como la nuestra. Cómo podrías entender que el mismo que dijo un día: El que tenga sed venga a mí y beba”, ¿Ahora clame por un sorbo de agua?

 El puente que permitió que Jesús pudiera cruzar desde la dimensión de las cosas no creadas, a esta de las que sí están creadas, fue el Espíritu Santo, en el momento en que entró en María. ¿Y sabes qué? Todavía lo es para cualquiera de nosotros. ¿Lo crees? Qué terrible tiene que ser para Dios el verte a ti, que le costaste tan alto precio, sintiéndote un gusano, sintiéndote desafortunado, sintiéndote desprovisto, pobre o abandonado. Gran parte de la iglesia se siente aún inferior que el resto de la gente. Yo me pregunto: ¿Cómo puedo yo sentirme menos, cuando costó tanto a Dios llegar a esto? Por eso es que el diablo nos satura de fracasos, nos hace ver que cuando tenemos una crisis en la pareja, o en la familia, o en lo que sea, tendrá más poder que entender el precio que por cada uno de nosotros fue pagado. 

(151) – Conclusiones Finales

En principio, estaremos de acuerdo en algo: todo lo que hemos compartido y examinado, seguramente no será suficiente para terminar con el sistema religioso que nos asfixia, nos esclaviza, nos perturba y hasta nos saca del Camino Real. Pero, al menos, te habrá dado acceso a una serie de elementos que en algún momento, serán de infinita ayuda y potencial para combatirlo con éxito.

El mayor obstáculo que se nos presenta, curiosamente no viene de parte de un mundo incrédulo, impío, secular y pecador, sino de adentro mismo de nuestro denominado “ambiente cristiano”. Existen miles y miles de hermanos fieles, sinceros, honestos y altamente confiados en las estructuras de la iglesia convencional que han conocido y en la cual se congregan, que de ninguna manera entienden ni aceptan que algo de ese andamiaje histórico, quizás heredado de padres y abuelos, sea modificado en nada. Lo estiman y consideran con nivel de herejía.

Pero también hay miles y miles de cristianos nominales, que de uno u otro modo están ligados a los sistemas religiosos tradicionales a partir de cargos, posiciones y puestos laborales dentro de ellos. Las iglesias en principio y las estructuras denominacionales luego, contienen y sostienen a muchísima gente con salarios acorde a sus trabajos, incluso, ligados a diferentes convenios colectivos, como si se tratara de cualquier mediana o pequeña empresa. De hecho, a toda esa gente es directamente imposible hacerles entender que ese sistema del cual viven individual y familiarmente, deje de existir. Sería como firmar una especie de suicidio colectivo.

Creo que se ha podido demostrar en este trabajo, que la vigencia activa de los cinco ministerios, aquí denominados como el Ministerio Quíntuple, es el único reaseguro cierto con relación a la destrucción y eliminación del sistema religioso actual. Con el añadido de poder ver al Dios en el que creemos, en su estado absoluto y natural, que no es el que nos han presentado como válido todos los sistemas religiosos conocidos. De hecho, no veo que existan demasiados hombres de Dios ordenados como pastores, que se encuentren dispuestos a dar un paso al costado para permitir el ingreso, a su mismo nivel, de representantes de las restantes cuatro unciones ministeriales. Sin embargo, sólo un acto de obediencia y generosidad de esa altura podrá ser factor clave para la genuina restauración de la iglesia.

De ninguna manera admitiré formar parte de aquellos que prácticamente, y a través de todas las redes sociales conocidas y por conocerse, parecerían haber encarado una guerra sin cuartel en contra de los pastores. No, no pasa por allí ni la solución ni la salida a este dilema. Recuerda que en cada ocasión que hemos cometido el error de generalizar y establecer parámetros abarcativos globales, lo único que hemos conseguido ha sido sumarle una injusticia más a las tantas ya experimentadas.

El problema no es la existencia de un pastor al frente de cada iglesia evangélica tradicional conocida. Porque fíjate que hay denominaciones que seguramente sabrás definir muy bien, que no tienen hombres titulados como pastores al frente de sus membresías, pero que el resultado final de esos trabajos es exactamente similar al supuestamente pastoral que estamos cuestionando. No es el hombre de manera individual y personalizada el responsable de la declinación de la iglesia en este tiempo, no. Es el sistema que los ha encaramado en la cúspide de esa pirámide y los ha llevado a equivocarse bien feo en muchas cosas y, además, caer en abusos propios de gente incrédula e impía.

A mí particularmente no me ha sido revelado todavía qué cosa hay que hacer de manera práctica y contundente, para terminar definitivamente con este sistema religioso que, como todo lo de ese orden, termina siendo aprovechado por las huestes del infierno. Yo tengo una revelación parcial para un trabajo parcial que forma parte de un todo que solamente Dios conoce. En medio de esa revelación, está el inocultable mandato de predicar el evangelio del Reino de los Cielos, el único que predicó primeramente Juan el Bautista y luego el propio Jesús de Nazaret, nuestro Señor. 

Lo que sí sé, hoy, aquí y ahora, es que todavía estamos de este lado del sistema, formando parte de él aunque no estemos metidos dentro de un salón o un templo, y que la única salida posible para que definitivamente el Reino de los Cielos recupere lo que le pertenece, y el hombre también logre recuperar lo que perdió en la caída, es cruzar esta frontera tan compleja e introducirnos, definitivamente, en lo que sea que Dios determine que haya Del Otro Lado del Sistema. Que así sea, que es como decir: AMÉN.

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19 – Esperanza

Hechos 24: 14-15 = Pero esto te confieso, que según el Camino que ellos llaman herejía, así sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que en la ley y en los profetas están escritas; teniendo esperanza en Dios, la cual ellos también abrigan, de que ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos. Esperanza en Dios, sin dudar nada. NTV lo expresa así: Pero admito que soy seguidor del Camino, al cual ellos llaman secta. Adoro al Dios de nuestros antepasados y firmemente creo en la ley judía y en todo lo que escribieron los profetas. Tengo la misma esperanza en Dios que la que tienen estos hombres, la esperanza de que él resucitará tanto a los justos como a los injustos. Lo repite igual, como para que no queden dudas: esperanza en Dios.

La palabra esperanza suele parecer pequeña frente al peso de la realidad, pero en verdad es una de las fuerzas más decisivas que atraviesan la historia humana. No es un simple optimismo ingenuo ni una emoción pasajera que aparece cuando las cosas salen bien. Es, más bien, una disposición profunda del alma, una orientación de la vida hacia un sentido que trasciende lo inmediato. En un mundo marcado por la incertidumbre, las crisis sociales, la fragmentación y el cansancio existencial, la esperanza no es un lujo espiritual: es una necesidad estructural del ser humano.

Desde una mirada bíblica, la esperanza no se presenta como evasión de la realidad, sino como una forma de habitarla con otra perspectiva. No niega el dolor ni la injusticia; los reconoce, pero no les concede la última palabra. En el corazón del mensaje del Reino de Dios hay una afirmación radical: la realidad no está cerrada, no está condenada al caos ni al absurdo, sino que está abierta a la restauración, a la redención, a una transformación que comienza ahora y se proyecta hacia lo eterno. Esta visión no es religiosa en el sentido institucional o ritualista; es profundamente existencial. Apela a la conciencia, a la ética y a la responsabilidad personal y colectiva.

La esperanza bíblica tiene una característica interesante: no depende de las circunstancias externas. Esto la diferencia del optimismo común. El optimismo dice: “todo va a salir bien”. La esperanza dice: “aunque no salga como espero, hay un propósito mayor que sostiene mi vida”. Es una confianza activa, no una pasividad resignada. Por eso, lejos de volver a las personas indiferentes, las vuelve más comprometidas. Quien tiene esperanza no se cruza de brazos; se involucra, construye, repara, acompaña. 

En términos sociales, la ausencia de esperanza genera apatía, cinismo o violencia. Cuando una comunidad pierde la convicción de que el futuro puede ser mejor, se instala una lógica de supervivencia inmediata: “sálvese quien pueda”. Esto se traduce en corrupción, desigualdad y ruptura de vínculos. En cambio, cuando la esperanza está viva, incluso en contextos difíciles, aparecen gestos concretos de solidaridad, cooperación y creatividad. La historia está llena de ejemplos donde, en medio de crisis profundas, surgieron movimientos que cambiaron realidades porque alguien —o un grupo— decidió creer que valía la pena intentarlo.

Ahora bien, hablar de esperanza sin caer en discursos vacíos requiere anclarla en prácticas concretas. No alcanza con decir “hay que tener esperanza”; es necesario aprender a cultivarla. Y aquí la dimensión espiritual y bíblica ofrece recursos muy valiosos, no como dogmas rígidos, sino como herramientas de vida.

Uno de esos recursos es la memoria. Recordar no solo lo malo, sino también lo bueno: los momentos en los que hubo provisión, ayuda, salida inesperada. La memoria ordenada fortalece la esperanza, porque muestra que la historia personal y colectiva no es una sucesión de fracasos, sino un entramado donde también hay señales de cuidado y sentido. En términos simples: si antes hubo luz en medio de la oscuridad, es razonable esperar que vuelva a haberla. 

Otro recurso es la palabra. No solo la palabra leída o escuchada, sino la palabra dicha. Lo que una persona dice, especialmente sobre sí misma y sobre los demás, influye en su percepción de la realidad. No se trata de repetir frases vacías como un mantra, sino de alinear el lenguaje con la verdad y la vida. Hablar con esperanza no es negar los problemas, sino evitar que los problemas definan completamente la narrativa. Un ejemplo cotidiano: no es lo mismo decir “todo está perdido” que decir “esto está difícil, pero no es el final”.

También está la acción. La esperanza se fortalece cuando se traduce en pequeños actos concretos. Ayudar a alguien, ordenar un espacio, terminar una tarea pendiente, escuchar con atención a otra persona. Puede parecer insignificante, pero no lo es. La acción rompe la inercia de la desesperanza. Es como encender una luz en una habitación oscura: no elimina toda la oscuridad del mundo, pero cambia completamente el ambiente inmediato.

Y, por supuesto, está la relación con Dios entendida no como un ritual obligatorio, sino como un vínculo real, cotidiano. La esperanza bíblica tiene su raíz en la confianza en un Dios que no es indiferente a la historia humana. Esto no significa que todo sea fácil ni que no haya sufrimiento, sino que la vida no está abandonada al azar. La oración, en este sentido, no es un escape, sino un espacio de encuentro, de alineación interior, de descanso y de claridad. A veces no cambia las circunstancias de inmediato, pero cambia la manera en que una persona se posiciona frente a ellas. 

Desde un enfoque ideológico objetivo, la esperanza también tiene un rol político y cultural, aunque no partidario. Una sociedad que pierde la esperanza se vuelve manipulable, porque el miedo ocupa el lugar de la visión. En cambio, una sociedad que cultiva esperanza crítica —no ingenua— es capaz de cuestionar, proponer y construir alternativas. La esperanza no es enemiga del pensamiento crítico; al contrario, lo necesita. No se trata de creer cualquier cosa, sino de discernir, evaluar y actuar con responsabilidad.

Ahora bien, sería ingenuo ignorar que hay momentos donde la esperanza parece agotarse. Días en los que todo pesa, en los que las noticias abruman, en los que la vida personal se complica. En esos momentos, la esperanza no siempre se siente como una llama encendida; a veces es apenas una brasa. Y está bien. La esperanza no exige perfección emocional. No necesita entusiasmo constante. A veces alcanza con no rendirse del todo, con dar un paso más, con sostener una pequeña convicción: “esto no termina acá”.

Incluso hay un cierto sentido del humor saludable que ayuda a sostener la esperanza. No se trata de burlarse del dolor, sino de no perder la capacidad de reír, de relativizar, de ver lo absurdo de algunas situaciones humanas. El humor bien entendido es una forma de resistencia. Es como decir: “esto es difícil, pero no me va a robar completamente la alegría”. Hay algo profundamente espiritual en poder sonreír en medio de la tensión, no como negación, sino como afirmación de que la vida es más grande que el problema. 

También es importante reconocer que la esperanza no es individualista. Se fortalece en comunidad. Nadie sostiene la esperanza todo el tiempo por sí solo. Hay momentos en los que uno necesita que otro crea un poco más. Una palabra de aliento, una presencia, un gesto simple pueden reavivar lo que parecía apagado. En ese sentido, cada persona tiene la posibilidad de ser portadora de esperanza para otros, no desde una superioridad moral, sino desde la empatía y la cercanía.

El mensaje del Reino de Dios propone precisamente esto: una vida donde la justicia, la misericordia y la verdad no sean ideales abstractos, sino prácticas concretas. La esperanza, entonces, no es solo esperar algo que vendrá, sino participar activamente en lo que ya está comenzando a manifestarse. Es vivir de tal manera que el futuro esperado tenga señales visibles en el presente.

Para aterrizar todo esto en lo práctico, se pueden considerar algunas acciones simples que ayudan a cultivar esperanza en la vida diaria:

  • Establecer momentos de silencio y reflexión, aunque sean breves, para ordenar pensamientos y emociones.
  • Leer textos que alimenten la mente y el espíritu, no solo información que genere ansiedad.
  • Cuidar las relaciones, priorizando la escucha y el respeto.
  • Limitar la exposición constante a noticias negativas sin dejar de estar informado.
  • Practicar la gratitud de manera concreta, identificando cosas reales por las que dar gracias cada día.
  • Involucrarse en alguna acción solidaria, por pequeña que sea.
  • Aprender a descansar, entendiendo que no todo depende del esfuerzo humano. 

Nada de esto elimina los problemas estructurales del mundo, pero sí transforma la manera en que las personas los enfrentan. Y esa transformación, multiplicada, tiene impacto real.

En última instancia, la esperanza está profundamente ligada al sentido. Cuando una persona encuentra un propósito —aunque sea sencillo—, la vida adquiere dirección. Y ese propósito, desde la perspectiva del evangelio del Reino, no se reduce al éxito personal, sino que incluye el bienestar de otros, la justicia y la reconciliación.

La humanidad necesita esperanza no como consigna, sino como experiencia. Una esperanza que no niegue la realidad, pero que tampoco se someta a ella. Una esperanza que piense, que sienta, que actúe. Una esperanza que no dependa de modas ni de discursos, sino de una convicción profunda: la vida tiene valor, tiene sentido y está abierta a la redención.

Y si todo esto suena muy grande, se puede empezar por algo sencillo: hoy, en medio de lo que toque vivir, elegir no cerrar el corazón. Porque la esperanza, al fin y al cabo, no siempre llega como un gran anuncio. A veces aparece en forma de decisión pequeña, casi silenciosa, que dice: “voy a seguir creyendo que hay algo bueno por delante”. Y esa decisión, repetida día tras día, tiene un poder transformador mucho mayor de lo que parece.

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18 – Salvación

Hechos 4: 11-12 = Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos. En ningún otro. ¿Está claro? ¿Se necesita alguna aclaración más? En ningún otro. Versión NTV: Pues es Jesús a quien se refieren las Escrituras cuando dicen: “La piedra que ustedes, los constructores, rechazaron ahora se ha convertido en la piedra principal”. ¡En ningún otro hay salvación! Dios no ha dado ningún otro nombre bajo el cielo, mediante el cual podamos ser salvos.

La palabra “salvación” suele llegar cargada de ecos solemnes, casi lejanos, como si perteneciera más a vitrales que a veredas, más a templos que a la mesa familiar un martes cualquiera. Sin embargo, cuando uno se detiene a mirar con honestidad la trama cotidiana —las decisiones pequeñas, las tensiones sociales, los silencios incómodos, las alegrías simples— aparece una intuición distinta: la salvación no es una idea abstracta ni un premio postergado, sino una dinámica viva, concreta, profundamente humana. No se trata de escapar del mundo, sino de habitarlo con una conciencia transformada. 

Desde una perspectiva bíblica, la salvación no se limita a un “más allá”. Es, antes que nada, restauración. Restauración del vínculo con Dios, con uno mismo, con los otros y con la creación. Es volver a encajar donde antes había desajuste. Y eso, lejos de ser un concepto exclusivamente religioso, toca dimensiones existenciales que cualquier persona puede reconocer: la necesidad de sentido, de perdón, de reconciliación, de propósito.

Si uno mira con atención los relatos bíblicos, encuentra algo llamativo: la salvación rara vez ocurre en escenarios ideales. Aparece en medio de crisis políticas, desigualdades sociales, conflictos familiares, errores humanos bastante evidentes. Es decir, en un contexto muy parecido al nuestro. Esto ya nos dice algo importante: la salvación no exige perfección previa. Más bien, irrumpe en medio de la imperfección. 

Ahora bien, ¿Qué significa esto en términos prácticos? Porque hablar de salvación sin aterrizarlo puede sonar bonito pero inútil. Pensemos en algo sencillo: cada día tomamos decisiones que construyen o destruyen. A veces elegimos con generosidad; otras, con egoísmo. A veces escuchamos; otras, interrumpimos. A veces actuamos con justicia; otras, miramos para otro lado. En ese terreno concreto se juega la experiencia de salvación. No como un logro moral propio, sino como una respuesta a una invitación que nos precede.

La buena noticia del Reino de Dios —y aquí está el corazón del asunto— no es que el ser humano puede salvarse por su propio esfuerzo, sino que Dios toma la iniciativa de acercarse. Y ese acercamiento no es teórico: se hace carne en la historia. Se vuelve gesto, palabra, presencia. Se vuelve humanidad. Por eso, hablar de salvación sin hablar de vida concreta sería como hablar de música sin sonido. 

En lo social, esto tiene implicancias fuertes. Porque si la salvación es restauración integral, no puede ser indiferente a la injusticia, a la pobreza, a la exclusión. No alcanza con una espiritualidad encerrada en lo privado. Tampoco se trata de ideologizar la fe, reduciéndola a consignas. Más bien, se trata de una mirada que reconoce la dignidad de cada persona y actúa en consecuencia.

Aquí conviene ser claros: la fe en el evangelio del Reino de Dios no es un programa político ni una teoría económica. Pero tampoco es neutral frente al sufrimiento humano. Tiene una sensibilidad particular: ve al otro no como un medio, sino como un prójimo. Y eso, en tiempos donde todo tiende a volverse utilitario, ya es bastante revolucionario.

Un ejemplo cotidiano: en una sociedad acelerada, donde el tiempo vale oro (Y a veces más que las personas), detenerse a escuchar genuinamente a alguien puede parecer un lujo. Sin embargo, ese gesto simple tiene una dimensión profundamente salvadora. Porque restaura algo básico: el reconocimiento. Le dice al otro, sin palabras grandilocuentes, “tu vida importa”. 

Otro ejemplo: el perdón. No ese perdón superficial que se dice por compromiso, sino el que implica un proceso real, a veces doloroso, de soltar la deuda emocional. En términos bíblicos, el perdón no es olvidar ni justificar el daño, sino romper el ciclo de la venganza. Y eso libera tanto al que perdona como al que es perdonado. Si eso no es salvación en acción, se le parece bastante.

Ahora bien, hablar de salvación también implica hablar de verdad. Y la verdad, seamos honestos, no siempre es cómoda. Nos confronta. Nos muestra zonas que preferiríamos mantener en sombra. Pero lejos de ser un problema, esa incomodidad puede ser el inicio de algo nuevo. Porque solo lo que se reconoce puede ser transformado.

En este punto aparece una tensión interesante: vivimos en una cultura que valora la autenticidad, pero muchas veces teme a la verdad que incomoda. Queremos ser “nosotros mismos”, pero sin cuestionar demasiado qué significa eso. El evangelio del Reino de Dios propone algo distinto: una identidad que no se inventa desde cero, sino que se recibe y se descubre en relación con Dios. Y eso, lejos de limitar, libera. 

Un toque de humor sano, -¡Siempre lo tengo a mano!-, ayuda a aterrizar esto: si la salvación dependiera exclusivamente de nuestra coherencia perfecta, estaríamos en problemas serios… y bastante rápido. Afortunadamente, no es así. La gracia —ese favor inmerecido del que tanto habla la Biblia— introduce un elemento inesperado: no empezamos desde cero cada vez que fallamos, sino desde el amor que nos sostiene incluso en el error.

Esto no es una excusa para hacer cualquier cosa. Más bien, es el fundamento para vivir de otra manera. Porque cuando uno se sabe amado, cambia la forma de actuar. No por obligación, sino por convicción. No por miedo, sino por respuesta. En términos prácticos, esto se traduce en hábitos. Pequeños, sostenidos, concretos. Por ejemplo:

– Tomarse unos minutos al día para el silencio y la reflexión, en lugar de llenar cada espacio con ruido .– Leer y meditar textos bíblicos no como una tarea, sino como una conversación abierta. – Practicar la gratitud, incluso en días difíciles, reconociendo lo que sí está. – Elegir una acción concreta de servicio semanal, por pequeña que sea. – Revisar las propias actitudes con honestidad, sin autoengaño pero también sin auto desprecio.

Estos recursos no son fórmulas mágicas, pero ayudan a cultivar una conciencia más despierta. Y una conciencia despierta es terreno fértil para la experiencia de salvación. Volviendo a lo social, hay algo clave: la salvación no es individualista. Aunque cada persona la vive de manera personal, sus efectos son comunitarios. Se nota en la forma en que nos tratamos, en cómo gestionamos los conflictos, en cómo construimos espacios más justos. No se impone, pero se evidencia.

Aquí es donde la fe se vuelve creíble o no. Porque más allá de los discursos, lo que convence es la coherencia encarnada. No perfecta, pero real. Una fe que pide perdón cuando se equivoca, que aprende, que se deja corregir, que no se coloca por encima de nadie. En un mundo polarizado, donde todo parece dividirse en bandos irreconciliables, el mensaje del Reino de Dios introduce una lógica distinta: la de la reconciliación. No como ingenuidad, sino como horizonte. No como negación del conflicto, sino como búsqueda de una resolución que no destruya al otro. 

Esto no significa relativizar la verdad ni evitar las diferencias. Significa abordarlas sin deshumanizar. Y eso, en el contexto actual, es casi contracultural. La salvación, entonces, puede entenderse como un proceso en el que la vida se va alineando con el propósito original: amar a Dios y al prójimo. Suena simple, pero no es simplista. Implica decisiones diarias, renuncias, aprendizajes. Implica también esperanza. Porque nadie cambia de un día para el otro, pero todos pueden cambiar.

Un punto importante: la salvación no elimina las dificultades. No convierte la vida en un camino sin obstáculos. Pero sí ofrece una perspectiva distinta para atravesarlos. No se trata de evitar el dolor a toda costa, sino de encontrar sentido incluso en medio de él. Y aquí aparece una de las claves más profundas: la presencia. La convicción de que Dios no está ausente ni indiferente. Que acompaña. Que sostiene. Que actúa, muchas veces de formas discretas, casi imperceptibles, pero reales.

Esto puede sonar intangible, pero se vuelve concreto cuando alguien experimenta paz en medio del caos, claridad en medio de la confusión, fortaleza en medio de la debilidad. No como un mérito propio, sino como un regalo recibido. Para cerrar, vale la pena volver al inicio: la salvación no es una palabra lejana. Es una realidad cercana, cotidiana, encarnada. No pertenece a un grupo exclusivo ni a un ámbito restringido. Está disponible, abierta, ofrecida.

La invitación es simple y profunda a la vez: vivir de tal manera que lo invisible se haga visible. Que la fe no quede en ideas, sino que se traduzca en acciones. Que la esperanza no sea un concepto, sino una práctica. Que el amor no sea un discurso, sino una forma de estar en el mundo.

Y si en el camino aparece el humor —ese que nos recuerda que no somos el centro del universo y que, a veces, conviene reírnos un poco de nuestras propias contradicciones— mejor todavía. Porque una fe sin alegría corre el riesgo de volverse rígida. Y una salvación sin humanidad pierde su esencia. Por algo nos fue dicho. ¡Regocijaos! Y por si eso no alcanzara, le añadió: siempre.

Al final del día, la pregunta no es solo qué creemos, sino cómo vivimos lo que creemos. Y en esa respuesta, cotidiana, imperfecta, pero genuina, la palabra “salvación” deja de ser un concepto distante para convertirse en una experiencia real.

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17 – Convicción

Hebreos 11: 1 = Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Este es, a mi juicio, el versículo más atentatorio contra la lógica griega humana con la que hoy sigue manejándose la humanidad. La versión Nueva Traducción viviente lo presenta así: La fe demuestra la realidad de lo que esperamos; es la evidencia de las cosas que no podemos ver. Muy complejo de entender intelectualmente, muy sencillo si es por el Espíritu. ¿Puede explicarse esta palabra clave? 

La convicción es una de esas palabras que parecen simples hasta que se las vive. No es ruido, no es entusiasmo momentáneo, no es repetir ideas como quien canta una canción pegadiza. La convicción es silenciosa, profunda y, muchas veces, incómoda. Es ese punto interno donde lo que uno cree deja de ser teoría y se transforma en dirección. No se exhibe con facilidad, pero se nota en las decisiones, en la coherencia, en lo que alguien hace cuando nadie lo aplaude.

Desde una mirada espiritual arraigada en el evangelio del Reino de Dios, la convicción no nace del capricho ni de la emoción volátil, sino de una verdad que se percibe como superior a uno mismo. No es una construcción egoísta, sino una respuesta. En términos bíblicos, la convicción tiene que ver con la certeza de lo que no se ve, pero no como fantasía, sino como una realidad que se vuelve evidente en el interior y se confirma en la vida cotidiana. Es, en cierto modo, una forma de ver con los ojos del espíritu antes de que los hechos externos se alineen.

Ahora bien, convicción no es lo mismo que terquedad. Esa diferencia es crucial, especialmente en un mundo donde cualquiera con WiFi puede sentirse dueño de la verdad absoluta. La terquedad se aferra por orgullo; la convicción se sostiene por verdad. La primera se cierra, la segunda se profundiza. Una persona terca puede discutir durante horas para no perder; una persona con convicción puede callar, escuchar y, aun así, no moverse de lo esencial. Eso ya es una forma de fortaleza que no necesita gritar. 

En el plano social, la convicción es un recurso escaso y valioso. Vivimos en una época donde la opinión cambia al ritmo de las tendencias y donde la identidad muchas veces se construye en función de la aprobación externa. En ese contexto, la convicción actúa como ancla. No evita el movimiento, pero impide el naufragio. Una sociedad sin convicciones firmes se vuelve manipulable; una sociedad con convicciones sanas se vuelve resiliente.

Pero hay un detalle importante: no toda convicción es sana. La historia humana está llena de personas profundamente convencidas que hicieron mucho daño. Por eso, la convicción necesita estar alineada con principios que trasciendan el ego: justicia, misericordia, verdad, amor al prójimo. En el evangelio del Reino, estos valores no son decorativos; son el núcleo. Una convicción que no produce vida, tarde o temprano revela su vacío.

Desde una perspectiva práctica, cultivar convicción implica un proceso. No aparece de la noche a la mañana. Requiere reflexión, honestidad y, sobre todo, confrontación interna. Preguntas incómodas como: “¿Por qué creo esto?” o “¿Estoy dispuesto a vivir lo que digo?” suelen ser el punto de partida. Y sí, a veces las respuestas no nos gustan. Pero ahí es donde empieza lo real. 

Un recurso útil es la coherencia diaria. No se trata de hacer grandes actos heroicos, sino de sostener pequeñas decisiones alineadas con lo que uno cree. Si alguien dice valorar la verdad, pero miente en lo cotidiano, su convicción es frágil. Si alguien habla de amor al prójimo, pero trata mal a quien le sirve el café, hay una desconexión. La convicción se fortalece cuando lo grande y lo pequeño coinciden.

Otro aspecto clave es la resistencia. La convicción va a ser probada, siempre. No porque el universo tenga algo personal contra ti, sino porque todo lo valioso necesita ser probado para consolidarse. En términos bíblicos, la fe sin prueba es como un músculo que nunca se ejercita: existe, pero no sostiene nada. Las dificultades no destruyen la convicción genuina; la revelan.

De hecho, no puede confundirse con solemnidades acartonadas, porque tampoco se trata de vivir con rostro de estatua griega. A veces creemos que tener convicción significa ser intensos las 24 horas del día. No es así. No hace falta convertir cada conversación en un debate filosófico ni corregir a todo el mundo como si fuéramos parte  del comité oficial de la verdad. La convicción también sabe reírse, relajarse y reconocer que no todo depende de uno. De hecho, una señal de convicción madura es la capacidad de no tomarse todo como una batalla personal. 

En el plano espiritual, la convicción se vincula con la confianza en Dios, pero no como una idea abstracta, sino como una relación viva. No es repetir frases aprendidas, sino vivir con la certeza de que hay un propósito mayor operando incluso cuando no se entiende todo. Esto no elimina las dudas, pero las pone en contexto. La duda no es enemiga de la convicción; puede ser parte del camino hacia una convicción más profunda, siempre que no se convierta en excusa para la inacción. 

El evangelio del Reino plantea una convicción que transforma desde adentro hacia afuera. No empieza en las estructuras sociales, aunque eventualmente las impacta. Empieza en el corazón humano. Y eso tiene implicancias sociales enormes. Una persona con convicción de justicia actúa con equidad aun cuando nadie la observa. Una persona con convicción de misericordia no se endurece frente al dolor ajeno. Una persona con convicción de verdad no negocia su integridad por conveniencia.

En términos ideológicos, mantenerse objetivo no significa ser neutral, ante todo. Significa no dejarse arrastrar por extremos que simplifican la realidad. La convicción permite sostener principios sin caer en fanatismos. Es posible tener una postura firme y, al mismo tiempo, reconocer la complejidad del mundo. De hecho, esa combinación es necesaria. Una convicción que ignora la realidad se vuelve dogma vacío; una realidad sin convicción se vuelve caos.

Un punto interesante es cómo la convicción influye en la identidad. Hoy se habla mucho de “ser uno mismo”, pero pocas veces se profundiza en qué significa eso. Sin convicciones, la identidad se vuelve moldeable al entorno. Con convicciones, la identidad se afirma, pero no se endurece. Hay espacio para crecer, aprender y corregir sin perder el eje. Es como tener raíces profundas y ramas flexibles.

También es importante entender que la convicción no siempre genera aprobación. De hecho, muchas veces genera lo contrario. Y acá es donde se pone a prueba la autenticidad. ¿La convicción depende del aplauso o se sostiene por sí misma? En el contexto del evangelio, seguir la verdad no garantiza popularidad, pero sí integridad. Y esa integridad, aunque no siempre sea visible de inmediato, tiene un impacto que trasciende. 

En la práctica diaria, hay herramientas concretas para fortalecer la convicción. La lectura reflexiva de la Biblia, no como un ritual, sino como un diálogo. La oración entendida como comunicación genuina, no como repetición automática. La comunidad, no para copiar pensamientos, sino para crecer en conjunto. Y el servicio, porque la convicción que no se traduce en acción se estanca.

También ayuda desarrollar la capacidad de discernimiento. No todo lo que suena bien es verdadero. En una era saturada de información, la convicción necesita filtrar, evaluar y contrastar. Esto implica tiempo, paciencia y, a veces, ir contra la corriente. Pero vale la pena. Una convicción bien formada es una brújula en medio del ruido.

Desde una mirada más humana y amplia, la convicción es un regalo para la sociedad. Personas con convicciones sanas generan confianza. No porque sean perfectas, sino porque son consistentes. Y en un mundo donde la inconsistencia es moneda corriente, eso tiene un valor enorme. La convicción no elimina los errores, pero evita la hipocresía sistemática.

Finalmente, la convicción está profundamente ligada a la esperanza. No una esperanza ingenua, sino una certeza de que lo correcto tiene sentido, incluso cuando los resultados no son inmediatos. En el evangelio del Reino de Dios, esta esperanza no es escapismo; es compromiso. Es creer que la verdad, la justicia y el amor no son ideas utópicas, sino realidades que pueden y deben manifestarse.

En síntesis, la convicción es ese fuego interno que no necesita espectáculo para arder. Es firme sin ser rígida, profunda sin ser pesada, y práctica sin perder su dimensión espiritual. Es lo que permite caminar con propósito en medio de la incertidumbre, sostener valores en medio de la presión y actuar con coherencia en medio de la contradicción.

Y si alguna vez sentís que tu convicción tambalea, no es el fin del mundo. Es una invitación a profundizar, a revisar, a fortalecer. Porque la convicción verdadera no teme ser examinada; al contrario, se afina en el proceso. Y en ese camino, lejos de aislarte, te conecta más profundamente con Dios, con los demás y con lo mejor de vos mismo. Y una aclaración final que vale la pena recordar: Convicción es Espíritu Santo manifestándose desde tu adentro hacia tu afuera. Convencimiento es la imitación carnal y viene por imposición emocional desde afuera hacia adentro. Tú eliges.

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16 – Gracia

Juan 1: 17 = Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. La gracia es el favor que Dios nos hace para que podamos superar las consecuencias de nuestros pecados. La NTV dice casi lo mismo, aunque con mayor amplitud de idioma: Pues la ley fue dada por medio de Moisés, pero el amor inagotable de Dios y su fidelidad vinieron por medio de Jesucristo. ¿Alguien que hoy está leyendo esto puede explicarme desde la óptica humana, qué cosa significa poseer un amor inagotable?

La palabra “gracia” suele ser una de las más repetidas y, paradójicamente, una de las menos comprendidas en la vida cotidiana. Suena linda, espiritual, incluso poética. Pero cuando baja del cielo de las ideas y pisa el barro de la realidad —la fila del supermercado, el tránsito caótico, la discusión familiar o el cansancio de fin de día— ahí es donde verdaderamente se revela si la entendimos o si solo la decoramos con buenas intenciones.

Hablar de gracia no es hablar de una emoción pasajera ni de una etiqueta religiosa. Es hablar de una lógica distinta, una forma de vivir que desarma los sistemas habituales de mérito, culpa y compensación. La gracia, en su sentido más profundo, no es un premio ni un consuelo: es una intervención. Es la irrupción de lo inmerecido en un mundo obsesionado con ganarse todo.

Ahora bien, si uno mira el relato bíblico con atención —más allá de interpretaciones institucionales o tradiciones acumuladas— aparece un hilo conductor bastante claro: Dios no se relaciona con las personas desde el cálculo, sino desde la entrega. Desde Abraham hasta los profetas, y de manera radical en Jesús, la gracia no es un concepto abstracto, es una experiencia concreta que descoloca. No responde a la lógica de “si haces esto, entonces recibes aquello”. Más bien la desarma.

Jesús, al encarnar ese mensaje, no vino a fundar una religión más ordenada o más exigente. Vino a mostrar cómo se ve la gracia cuando se vuelve humana. Y eso fue, para muchos, profundamente incómodo. Porque la gracia no encaja bien en estructuras rígidas. No se deja domesticar. No distingue entre los que “merecen” y los que no. Y eso, seamos sinceros, nos cuesta.

Nos cuesta porque hemos sido formados —social, cultural y hasta familiarmente— en una lógica de mérito. Desde chicos aprendemos que hay que portarse bien para recibir recompensa. Que el error se paga. Que el esfuerzo legitima el derecho. Y no está mal en ciertos niveles de la vida práctica. Pero cuando esa lógica invade nuestra comprensión de Dios y de los demás, algo se distorsiona. 

La gracia, en cambio, plantea otra cosa: que hay un valor intrínseco en cada persona que no depende de su rendimiento. Que el amor no es una transacción. Que el perdón no es una negociación. Y que la transformación no nace del castigo, sino del encuentro. Ahora bien, esto no significa ingenuidad ni ausencia de responsabilidad. La gracia no es “todo vale”. No es un permiso para la indiferencia o el daño. Es, más bien, una fuerza que habilita un cambio más profundo que cualquier imposición externa. Porque cuando alguien experimenta ser aceptado sin condiciones, algo adentro se reordena.

En términos sociales, esto tiene implicancias enormes. Vivimos en una época donde la cancelación, el juicio rápido y la exposición constante generan una presión tremenda por mostrarse perfectos o, al menos, aceptables. La gracia entra en ese escenario como una especie de “contracultura silenciosa”. No niega la verdad ni relativiza el error, pero tampoco reduce a las personas a sus fallas.

Aplicado a lo cotidiano, esto puede parecer pequeño, pero no lo es. Es elegir no responder con agresión cuando alguien te trata mal. Es dar una segunda oportunidad cuando lo más fácil sería cerrar la puerta. Es reconocer el error propio sin justificarse ni hundirse en la culpa. Es también aprender a recibir, algo que a muchos nos cuesta más que dar. Porque sí, recibir gracia también incomoda. Nos deja sin excusas. Nos obliga a soltar el control. Nos confronta con la idea de que no todo depende de nosotros. Y en una cultura que idolatra la autosuficiencia, eso puede resultar casi ofensivo. 

Pero hay algo profundamente liberador en entender que no tenemos que ganarnos todo. Que hay un amor que no se retira cuando fallamos. Que hay una oportunidad constante de empezar de nuevo. No desde cero, sino desde un lugar más verdadero. La Biblia lo muestra de múltiples maneras, pero siempre con una coherencia notable: la gracia no es un parche, es el fundamento. No aparece solo cuando todo falla, sino que está presente desde el inicio. La creación misma puede leerse como un acto de gracia: la existencia dada, no exigida.

Y cuando uno lleva esto al terreno personal, empieza a notar pequeños cambios. La ansiedad por controlar todo disminuye. La necesidad de tener siempre la razón pierde fuerza. La mirada hacia los demás se vuelve más amplia, menos rígida. No porque uno se vuelva “mejor persona” en términos morales, sino porque empieza a ver desde otro lugar.

Ahora bien, vivir en gracia no significa vivir sin tensión. Al contrario, muchas veces implica nadar contra la corriente. Implica elegir caminos menos obvios. Implica sostener convicciones en medio de contextos que empujan en otra dirección. Pero también implica una paz distinta, una que no depende de que todo salga bien. 

Un recurso práctico, por ejemplo, es detenerse unos segundos antes de reaccionar. Parece simple, pero cambia mucho. En ese pequeño espacio, uno puede elegir desde dónde responder: desde la herida o desde la gracia. Otro recurso es ejercitar la memoria: recordar cuántas veces uno mismo fue sostenido cuando no lo merecía. Eso baja el nivel de exigencia hacia los demás.

También ayuda revisar el lenguaje. Las palabras que usamos construyen realidades. No es lo mismo decir “siempre haces lo mismo” que “esto me dolió”. No es lo mismo etiquetar que describir. La gracia también se expresa en cómo hablamos. Y, por supuesto, está la dimensión espiritual más directa: el vínculo con Dios. No como un trámite ni como una obligación, sino como un espacio de encuentro real. Sin máscaras, sin discursos armados. La gracia se entiende mejor en ese lugar donde uno puede ser sin tener que aparentar.

Ahora, un poco de humor sano —porque también hace falta—: si la gracia dependiera de que hagamos todo bien, probablemente duraría lo mismo que una dieta un lunes por la mañana. A las 11 ya estaríamos renegociando términos. Por suerte, no funciona así. La gracia no ignora nuestras contradicciones, pero tampoco se escandaliza de ellas. No se sorprende de nuestras caídas, pero sí apuesta a nuestro levantarnos. Es paciente, pero no pasiva. Es firme, pero no rígida. Es, en definitiva, una forma de amor que no encaja en nuestras categorías habituales. 

Y acá aparece un punto clave: la gracia no es solo para “consumo interno”. No es algo que uno guarda para sí. Está hecha para circular. Para compartirse. Para volverse gesto, palabra, decisión. Porque si no se traduce en acciones, corre el riesgo de quedarse en teoría. En lo social, esto puede verse en pequeñas prácticas: escuchar sin interrumpir, no asumir lo peor del otro, ofrecer ayuda sin esperar devolución, reconocer lo bueno incluso en quien piensa distinto. Son cosas simples, pero en conjunto generan un impacto real.

Desde una mirada ideológica objetiva, la gracia no se alinea fácilmente con ningún sistema cerrado. No es de izquierda ni de derecha. No responde a intereses de poder. De hecho, muchas veces incomoda a todos los extremos porque rompe la lógica de “nosotros contra ellos”. Introduce una tercera vía: la del encuentro. Eso no significa neutralidad frente a la injusticia. La gracia no es indiferente al dolor ni al abuso. Pero su forma de responder no es replicar la violencia, sino transformarla desde adentro. Y eso requiere una profundidad que no siempre estamos dispuestos a sostener.

Volviendo al evangelio del Reino de Dios, lo que Jesús propone no es una mejora superficial del comportamiento, sino una transformación del corazón. Y esa transformación empieza, justamente, por reconocer que necesitamos gracia. No como concepto, sino como realidad. En definitiva, hablar de gracia es hablar de una vida posible. No perfecta, pero sí plena en otro sentido. Una vida donde el error no es el final, donde el otro no es un enemigo y donde Dios no es un juez distante, sino una presencia cercana.

Quizás el desafío más grande no sea entender la gracia, sino aceptarla. Y después, lentamente, aprender a vivirla. En lo simple, en lo cotidiano, en lo real. Porque ahí es donde deja de ser una palabra linda y se convierte en algo verdaderamente transformador. Y si en medio del proceso nos equivocamos —que va a pasar—, bueno… ahí mismo vuelve a aparecer la gracia. No como excusa, sino como oportunidad. Otra vez. Y otra. Y las que hagan falta.

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Embajadores Que Nadie Vio

Dice 2 Corintios 5: 20 = Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.

Hay palabras en la Biblia que deberían estremecer el corazón de cualquier creyente. Palabras que no fueron escritas para adornar sermones ni para decorar paredes de templos, sino para transformar completamente la manera en que vivimos. Y una de esas palabras es esta: embajadores. Pablo no dijo que éramos simpatizantes del Reino. No dijo que éramos admiradores de Cristo. No dijo que éramos asistentes de una congregación o miembros de una institución religiosa. Dijo algo infinitamente más profundo, más elevado y más comprometedor: somos embajadores en nombre de Cristo.

Eso cambia absolutamente todo. Porque un embajador no vive para sí mismo. Un embajador no habla por sí mismo. Un embajador no representa sus emociones, sus caprichos, sus opiniones personales ni sus intereses particulares. Un embajador representa oficialmente a un gobierno. Lleva sobre sus hombros el peso de una nación. Cada palabra que pronuncia tiene implicancias diplomáticas. Cada acción que realiza compromete al país que lo envió. Y eso es exactamente lo que ocurre con nosotros.

La Iglesia no fue llamada a entretenerse mientras espera el cielo. La Iglesia fue enviada a representar el Reino de los Cielos en medio de una tierra caída, confundida y rebelde contra Dios. Nosotros somos embajadores de Cristo. Primer detalle importante: Un embajador no se elige por voto popular Cuando una nación designa un embajador, jamás lo hace por elección popular. Ningún pueblo vota a un embajador. Ningún embajador llega a su puesto por campañas políticas, encuestas o simpatía pública. El embajador es escogido directamente por la máxima autoridad de la nación. Eso tiene una enorme enseñanza espiritual.

Tú no llegaste al Reino porque una multitud te aprobó. No llegaste aquí porque fueras el mejor, el más fuerte o el más preparado. Llegaste aquí porque el Rey te escogió. Jesús dijo: No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros. Eso significa que tu llamado no depende de la aceptación humana. Tu identidad no está determinada por la opinión de la gente. Tu posición espiritual no nace de títulos religiosos ni de reconocimientos terrenales. Fuiste designado por el Rey de reyes para representarlo en esta tierra. Y cuando el cielo te escoge, el infierno toma nota.

Por eso el creyente debe entender quién es realmente. El problema de muchos hijos de Dios es que viven como mendigos espirituales cuando en realidad fueron enviados como representantes oficiales del Reino eterno. Un embajador no duda de su nombramiento. Un embajador conoce su posición. Sabe quién lo envió. Sabe a quién representa. Y sabe que detrás de él existe una nación respaldándolo. De la misma manera, detrás de cada verdadero creyente está el respaldo del Reino de los Cielos.

Y todo eso nos lleva a una definición personal: Somos ciudadanos del cielo Leemos en Filipenses 3:20 que declara: Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo. Esto significa que aunque vivimos físicamente en la tierra, nuestra pertenencia espiritual es celestial. Nuestro origen verdadero está en Dios. Nuestro gobierno es celestial. Nuestra constitución es la Palabra. Nuestro Rey es Cristo. O sea: Estamos aquí, pero no pertenecemos aquí.

Por eso muchas veces el creyente auténtico se siente extraño en este mundo. Porque sus valores son distintos. Su lenguaje es distinto. Sus principios son distintos. Sus prioridades son distintas. La sociedad actual celebra lo que Dios condena y desprecia lo que Dios honra. Y el embajador de Cristo no puede adaptarse a la corrupción moral de la tierra donde fue enviado. Debe permanecer fiel a la cultura del Reino que representa. Un embajador japonés en Argentina no deja de representar a Japón porque viva temporalmente en otro país. Sigue defendiendo los intereses de su nación. Sigue respondiendo a las órdenes de su gobierno. Sigue siendo japonés, aunque esté lejos de su tierra. Así también nosotros.

Vivimos en medio de una generación confundida, pero seguimos perteneciendo al Reino de Dios. Y nuestra misión no es mezclarnos con las tinieblas, sino representar la luz. Y eso nos lleva a algo sumamente valioso de conocer: Un embajador no habla sus propias opiniones Aquí aparece uno de los puntos más poderosos y más confrontativos de esta verdad. Un embajador jamás habla por cuenta propia. Cuando un periodista entrevista a un embajador y le pregunta: “¿Cuál es su opinión sobre este conflicto?” él responde: “No hablo en nombre personal. La posición de mi gobierno es…”

Porque un embajador no fue enviado para expresar sentimientos privados. Fue enviado para transmitir oficialmente la postura de su nación. La Iglesia moderna tiene un enorme problema: demasiados creyentes opinan más de lo que representan. Vivimos en una época donde todos quieren expresar su criterio personal sobre cualquier tema. Pero el Reino de Dios no funciona sobre opiniones humanas. Funciona sobre la verdad eterna de la Palabra.

Cuando el mundo pregunta: “¿Qué piensas sobre el pecado?” La respuesta del embajador no es: “Bueno… yo creo… yo siento… yo opino…” La respuesta es: “La posición de mi Rey es…” Cuando el mundo intenta redefinir la familia, el matrimonio, la moralidad, la santidad o la verdad, el embajador no negocia la constitución celestial para agradar a la cultura terrenal. Nosotros no representamos tendencias sociales. Representamos el Reino de Dios. Y eso exige valentía.

Porque llegará el momento donde sostener la verdad bíblica traerá rechazo, burlas y persecución. Pero un embajador fiel no cambia el mensaje para evitar conflictos diplomáticos. Pablo dijo a Efesios 6:19-20: :…a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas.” ¡Embajador en cadenas! Es decir: aunque preso, él seguía representando al Reino. Ni la cárcel pudo quitarle su identidad.

Hoy muchos abandonan sus convicciones para evitar críticas. Pero el Reino de Dios nunca avanzó por medio de hombres cómodos. Avanzó mediante hombres y mujeres convencidos. Jamás te olvides de un detalle singular y clave: Un embajador representa un país entero Cuando tú conoces a un embajador, realmente estás teniendo contacto con la nación que él representa. Por eso el protocolo diplomático es tan estricto. Porque el honor no se dirige solamente al individuo, sino al país detrás de él.

Eso le da un peso tremendo a nuestra conducta como creyentes. La gente conoce a Cristo a través de nosotros. Muchos jamás leerán una Biblia, pero leerán nuestras acciones. Muchos jamás entrarán a una iglesia, pero observarán nuestro comportamiento. Muchos jamás escucharán un sermón, pero escucharán nuestras palabras. Por eso el creyente no puede vivir de cualquier manera. Cada reacción nuestra habla del Reino. Cada actitud nuestra habla del Rey. Cada decisión nuestra revela a quién pertenecemos.

Cuando un embajador actúa indignamente, el escándalo no afecta solamente a su persona. Mancha la imagen de toda la nación. De la misma manera, cuando un creyente vive en hipocresía, el nombre de Cristo es blasfemado entre los incrédulos. La santidad no es fanatismo religioso. La santidad es coherencia diplomática. No te olvides nunca que fue dicho con calidad de verdad absoluta que Somos nación santa.  1 Pedro 2:9 declara: Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios…¡Nación santa!

No simplemente individuos dispersos. Somos un pueblo celestial establecido en medio de la tierra para anunciar las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. La Iglesia no es un club religioso. La Iglesia es una colonia del cielo en la tierra. Cada congregación verdadera debería ser una embajada del Reino. Un lugar donde la cultura del cielo se manifieste. Un lugar donde reine la verdad. Un lugar donde opere la misericordia. Un lugar donde se exprese la justicia de Dios. Un lugar donde las personas puedan experimentar la presencia del Rey.

Pero para que eso ocurra, los embajadores deben recordar quiénes son. Por eso es válido algo secularmente correcto como ejemplo: El embajador vive sostenido por su gobierno Hay algo extraordinario en el funcionamiento diplomático. Un embajador no vive abandonado a su suerte. El gobierno que lo envía se responsabiliza por él. Le provee vivienda, movilidad, recursos, seguridad y respaldo institucional. El embajador no tiene que sobrevivir solo.

Y aquí hay una revelación gloriosa para el creyente: el Reino de Dios sostiene a quienes representan fielmente su causa. ¡Amén! ¡Doy fe!  Jesús dijo: Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. El problema es que muchos quieren los beneficios del Reino sin asumir la responsabilidad del Reino. Quieren provisión celestial mientras viven desconectados del propósito celestial.

Pero cuando un hombre o una mujer entienden verdaderamente su asignación espiritual y ponen el Reino en primer lugar, comienzan a experimentar el respaldo sobrenatural de Dios. El Padre cuida de sus embajadores. Eso no significa ausencia de pruebas. Pablo pasó hambre, persecución, cárceles y tribulaciones. Pero jamás fue abandonado. El Reino nunca deja solos a quienes lo representan con fidelidad. En muchos casos, a alguien podría parecerle que sí, pero en el final de la historia podrá ver que no.

Otra alternativa valiosa: Un embajador no pertenece al sistema donde habita Un embajador vive dentro de una nación extranjera, pero no se somete culturalmente a ella. Y aquí hay una de las mayores batallas espirituales de nuestro tiempo: la presión de adaptación. El mundo quiere que el creyente se diluya.
Que calle la verdad. Que relativice el pecado. Que negocie principios. Que reduzca el evangelio a un mensaje motivacional sin arrepentimiento ni cruz.

Pero el embajador de Cristo no puede perder su identidad. La Iglesia no fue llamada a copiar al mundo. Fue llamada a confrontarlo con amor y verdad. Jesús dijo: Vosotros sois la luz del mundo. La luz no negocia con las tinieblas. Las expone. Y eso implica costo. Habrá lugares donde no te comprenderán.
Personas que te rechazarán. Ambientes donde serás incómodo. Porque un embajador del cielo jamás encajará completamente en un sistema gobernado por el pecado.

De hecho, no es necesario que te recuerde que El Reino tiene una constitución Toda nación funciona sobre leyes. Todo gobierno tiene una constitución. Y el Reino de Dios también. Nuestra constitución es la Palabra de Dios. La Biblia no es un libro decorativo. No es un amuleto religioso. No es literatura inspiracional. Es el documento oficial del Reino. Allí están establecidos los principios del Rey.
Las normas del Reino. La cultura celestial. La voluntad divina.

Por eso el creyente que ignora la Palabra termina representando mal al Reino. Imagínate un embajador que desconoce completamente las leyes y decisiones de su nación. Sería un desastre diplomático. Muchos creyentes fracasan porque quieren representar a Cristo sin conocer profundamente las Escrituras. Pero el embajador auténtico estudia la constitución del Reino. La medita. La obedece. La defiende. Porque sabe que no tiene autoridad propia. Su autoridad proviene de la Palabra del Rey.

Con todo esto en mano, no tengas dudas que El cielo espera representación correcta Dios no necesita celebridades religiosas. Necesita embajadores fieles. Hombres y mujeres cuyas vidas reflejen el carácter de Cristo. Embajadores que amen la verdad más que la aprobación humana. Embajadores que permanezcan firmes cuando otros retroceden. Embajadores que hablen con gracia, pero también con autoridad. Embajadores que no vendan el evangelio para ganar popularidad.

El Reino de Dios no avanza mediante estrategias humanas solamente. Avanza cuando personas comunes se convierten en representantes extraordinarios de Cristo. La historia bíblica está llena de ellos. José representó al Reino en Egipto. Daniel representó al Reino en Babilonia. Ester representó al Reino en Persia. Pablo representó al Reino ante emperadores. Pedro representó al Reino frente al Sanedrín. Ninguno de ellos vivió tiempos fáciles. Pero todos entendieron que pertenecían a un gobierno superior.

Esto nos lleva a tener muy en cuenta El poder de la reconciliación.  2 Corintios 5:20 contiene además una expresión conmovedora: …como si Dios rogase por medio de nosotros… ¡Qué responsabilidad tan inmensa! Dios rogando a través de labios humanos. El cielo llamando a reconciliación mediante embajadores terrenales. Cada vez que predicamos el evangelio, el Rey está extendiendo misericordia por medio de nosotros.

No llevamos un mensaje político. No llevamos filosofía humana. No llevamos entretenimiento religioso. Llevamos un mensaje de reconciliación. El hombre está separado de Dios por el pecado.
Pero Cristo abrió el camino mediante la cruz. Y ahora los embajadores anuncian: “Reconciliaos con Dios.” Ese es el centro de nuestra misión. No estamos aquí simplemente para prosperar económicamente, construir carreras o alcanzar metas personales. Todo eso puede existir, pero nunca debe reemplazar el propósito principal. Nuestra tarea es representar a Cristo y anunciar salvación.

De allí que debemos ser conscientes que El ataque contra un embajador es un ataque contra el Reino En el ámbito diplomático, atacar a un embajador constituye un incidente gravísimo. Porque el ataque no se interpreta solamente como agresión personal, sino como una ofensa contra la nación representada. Jesús enseñó algo profundamente relacionado con esto cuando habló acerca de sus pequeños. El cielo toma seriamente el trato hacia sus hijos.

Porque quienes pertenecen a Cristo cargan su nombre. Esto también debería transformar la manera en que nos tratamos entre creyentes. La Iglesia ha perdido muchas veces el sentido del honor espiritual. Hay demasiado desprecio. Demasiada crítica destructiva. Demasiada división innecesaria. Pero cuando comprendemos que delante nuestro hay otro embajador del Reino, cambia la manera de hablar, de actuar y de relacionarnos. No estamos tratando simplemente con personas. Estamos tratando con representantes del Rey.

En los protocolos diplomáticos, a los embajadores se los llama “excelencia”. No porque sean perfectos, sino porque representan oficialmente la dignidad de una nación. Qué impresionante sería si la Iglesia recuperara la honra mutua. No una honra basada en títulos humanos, posiciones económicas o apariencias externas, sino basada en la identidad espiritual. El ujier que sirve en silencio es embajador. La anciana que ora en secreto es embajadora.

El joven que resiste la corrupción en su escuela es embajador. La madre que educa a sus hijos en temor de Dios es embajadora. El obrero que trabaja con integridad representa al Reino. El empresario que rechaza la corrupción representa al Reino. El cielo no mide grandeza como el mundo. Las mide desde la resistencia y la integridad de su gente. Esto te deja muy en claro que El Reino necesita embajadores valientes. Ya sabes lo que Dios piensa y ejecuta con los cobardes.

Estamos viviendo tiempos donde la presión cultural es enorme. Se intenta silenciar la fe. Ridiculizar la santidad. Relativizar la verdad. Normalizar el pecado. Destruir la familia. Eliminar la identidad espiritual. Y precisamente en medio de esta generación, Dios sigue buscando embajadores. No personas perfectas, sino personas rendidas. No personas famosas, sino personas fieles. No personas sin luchas, sino personas comprometidas con la verdad.

Porque el Reino todavía tiene un mensaje para esta tierra. Cristo todavía salva. Cristo todavía sana.
Cristo todavía transforma. Cristo todavía libera. Cristo todavía reina. Y mientras esperamos su regreso glorioso, nuestra tarea sigue siendo representar dignamente al Reino de los Cielos. Por todo esto que ha sido expuesto, hay algo que es innegociable que debemos respetar: No podemos avergonzarnos del Reino.  Pablo declaró: No me avergüenzo del evangelio. Esa debe ser también nuestra postura.

El embajador jamás se avergüenza de su nación. Puede vivir rodeado de otra cultura, pero jamás niega su procedencia. Nosotros tampoco debemos avergonzarnos de Cristo. No debemos ocultar nuestra fe para ser aceptados. No debemos adaptar el evangelio para evitar rechazo. No debemos reducir el mensaje de la cruz para agradar multitudes. El Reino de Dios no necesita maquillaje humano. La verdad sigue teniendo poder.

Creo que quedan muy pocos cristianos en ignorancia que no sepan que La tierra no es nuestro destino final. Un embajador sabe que está temporalmente en territorio extranjero. Su corazón siempre recuerda su patria. Y el creyente también vive con esa esperanza. Esperamos el regreso del Rey.
Esperamos el establecimiento pleno del Reino. Esperamos cielos nuevos y tierra nueva. Nuestra ciudadanía definitiva está en el cielo.

Eso nos ayuda a no aferrarnos desesperadamente a lo terrenal. Las riquezas pasan.
La fama pasa. El poder humano pasa. Los sistemas políticos pasan. Pero el Reino de Dios permanece para siempre. Y como en todo proceso complejo pero factible, existe El llamado final. Hoy el Espíritu Santo sigue preguntando: ¿Quién representará dignamente al Reino? ¿Quién hablará cuando otros callan? ¿Quién permanecerá firme cuando aumente la presión? ¿Quién defenderá la verdad con amor y autoridad?
¿Quién vivirá en santidad en medio de una generación corrompida? ¿Quién llevará el mensaje de reconciliación?

Porque el cielo todavía busca embajadores. Y tú no estás leyendo esto por casualidad. Fuiste escogido. Fuiste llamado. Fuiste enviado. No eres simplemente un asistente religioso. No eres solamente miembro de una congregación. No eres un espectador espiritual. Eres embajador del Reino de los Cielos. Representas al Rey de gloria. Representas el nombre más alto. Representas el Reino eterno. Por eso levántate con dignidad espiritual. Habla con autoridad celestial.

Camina con integridad. Ama con misericordia. Predica con valentía. Sirve con humildad. Permanece fiel. Porque llegará el día donde el Rey regresará y pedirá cuentas a sus embajadores. Y qué glorioso será escuchar: “Bien, buen siervo y fiel.” Hasta entonces, sigamos representando al Reino de los Cielos con honor, con verdad y con pasión ardiente por Cristo. Porque somos embajadores en nombre de Cristo. Amén.

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La Verdad No Pide Permiso

A esto lo titulé como “La Verdad No Pide Permiso” porque, aunque me cueste reconocerlo, entenderlo y me duela horrores, ha existido y todavía existe mucha mentira a nuestro alrededor. Y cuando digo a nuestro alrededor, no estoy hablando de mundanos impíos, pecadores, perversos o delincuentes, es obvio. Pude haberme limitado a expresar que el Reino no espera opiniones, o que Cristo no es una alternativa más, o que el trono de Dios no se negocia, o que todo esto no es política sino Reino, pero me quedé con el ingrediente de introducir una verdad con absoluto respaldo bíblico aun en contra de lo que pueda ser la llamada religión cristiana.

En virtud de lo que puedes observar en las noticias del mundo, en las distintas redes, llamadas no sé por qué “sociales”, si la única sociedad que vemos y apreciamos es la que se arma para corromper o delinquir, y en la opinión interesada de cada hombre o mujer ligado a fuerzas ideológicas o políticas. ¿De qué piensas, crees o entiendes que debería hablarse hoy en un mensaje cristiano basado no en religiones o estructuras afines, sino en la óptica de hijos de Dios y miembros de su Reino, para abrir los ojos de las incredulidades globales?

Es una pregunta profunda, ¿Verdad que si? Porque si el objetivo no es comentar la coyuntura política sino predicar desde la perspectiva del Reino de Dios, creo que hay una diferencia importante entre reaccionar a las noticias y revelar una realidad espiritual que las trasciende. Observando el clima global —conflictos armados, polarización política, avances tecnológicos acelerados, incertidumbre económica, crisis de confianza en las instituciones, búsqueda de identidad y un creciente individualismo— noto que muchas personas interpretan la realidad únicamente desde categorías ideológicas, nacionales o económicas.

Muy pocas la interpretan desde la pregunta: «¿Qué está haciendo Dios y cuál es el propósito eterno del ser humano?» Esta es una muy buena pregunta que no tiene, desde lo que llamamos cristianismo convencional, ninguna respuesta convincente o coherente con lo que dice creer. Porque, y a esto se lo escuché no hace tanto tiempo a uno de los pocos hombres de Dios que he podido sintonizar hablando y enseñando sobre Su Reino y me pareció una hermosa y muy prolija síntesis de lo que es la religión global.

Los budistas dicen que estamos aquí para comunicarnos con el espíritu cósmico del universo y es por eso que ellos meditan. Los hindúes dicen que existimos para mejorar nuestro nivel de reencarnación, a fin de subir progresivamente en la cadena de las reencarnaciones de mejor calidad. Los musulmanes dicen que estamos aquí para someternos a Alá, a fin de convertirnos en seres sumisos a ese gran dios que ellos llaman Alá. Los ateos dicen que no hay Dios, por lo tanto, no hay ninguna razón para existir.

Es una visión deprimente. Los agnósticos dicen que no saben si hay un Dios y entonces, como no están seguros, no van a perder su tiempo esperando. Así que lo que hacen en la práctica es muy simple, se quedan escépticos. Esa también es una vida deprimente. Y luego están los cristianos, que, en una enorme mayoría, creen que existen simplemente para ir al cielo. Eso, aunque parezca muy atractivo, en realidad también es deprimente. Significa que tienes que esperar los próximos años que te restan de vida, los que te toquen, para obtener lo que quieres. Y durante todos estos años que faltan, ¿Qué vas a hacer?

Podríamos seguir horas hablando de comer, dormir, ducharse, asistir o no a una iglesia y todo lo que los hombres que dicen creer en Dios hacen mientras esperan ese tan ansiado día final que, por rara paradoja, ninguno tiene demasiado apuro por que llegue. ¿Será por una simple, natural y biológica forma de supervivencia o por otra razón un poco más triste si se trata de gente religiosa, que es una cierta incredulidad o al menos duda con relación a la existencia de ese cielo al que aspiran a viajar en el día del cierre de su ciclo terrenal?

Creo que, desde esta óptica, un mensaje podría girar alrededor de una idea central: El mayor problema del mundo no es político, económico ni tecnológico; el mayor problema del planeta es que la humanidad ha olvidado quién es Dios, quién es el hombre y para qué fue creado. A partir de allí, podríamos desarrollar varios ejes de conceptos. El Reino de Dios trasciende toda estructura política, cultural o humana. No nace para competir con los reinos de este mundo, sino para revelar su verdadera condición y someterlos al juicio de la justicia divina.

Mientras los sistemas humanos buscan perpetuarse mediante el poder, la fuerza o la influencia, el Reino de Dios se establece por medio de la verdad, la santidad, el amor y la soberanía de Cristo. La historia demuestra que todos los imperios, gobiernos e ideologías son temporales; surgen, alcanzan su esplendor y finalmente desaparecen. Sin embargo, el Reino de Dios permanece para siempre, porque su fundamento no descansa en la capacidad del hombre, sino en el gobierno eterno del Señor.

El profeta Daniel anunció esta realidad al declarar que el Dios del cielo levantará un reino que jamás será destruido… y permanecerá para siempre» (Daniel 2:44). Del mismo modo, el autor de Hebreos recuerda que los creyentes han recibido un reino inconmovible (Hebreos 12:28), una herencia que ninguna crisis, cambio político o transformación social puede alterar. Esta perspectiva cambia profundamente la manera en que el discípulo de Cristo interpreta la realidad.

La pregunta fundamental deja de ser quién gobierna las naciones o qué ideología prevalecerá, para convertirse en una cuestión mucho más personal y trascendente: ¿Estoy viviendo bajo el gobierno de Jesucristo? El evangelio no invita simplemente a tomar partido entre proyectos humanos, sino a rendir el corazón al Rey de reyes y permitir que su voluntad transforme cada área de la vida. Por eso Jesús declaró: Mi reino no es de este mundo (Juan 18:36). No significó que su Reino fuera ajeno a la realidad terrenal, sino que su origen, autoridad y propósito proceden de Dios y no de los mecanismos de poder de este siglo.

Quienes pertenecen a este Reino son llamados a ser sal y luz en medio del mundo, reflejando los valores del cielo sin quedar cautivos de las divisiones, rivalidades o esperanzas pasajeras que caracterizan a las sociedades humanas. La verdadera esperanza del creyente nunca descansa en el triunfo de una nación, un partido o una ideología, sino en la victoria definitiva de Jesucristo, cuyo Reino es eterno, justo y perfecto. Vivir bajo su gobierno significa reconocer que Él es el único Rey digno de nuestra obediencia absoluta y que su Reino es la única realidad que permanecerá cuando todo lo demás haya pasado.

La incredulidad de nuestro tiempo rara vez se presenta con el rostro abierto del ateísmo. Con mayor frecuencia se disfraza de religiosidad, mientras desplaza silenciosamente el señorío de Dios del centro de la vida. La Escritura enseña que no basta con reconocer intelectualmente la existencia de Dios; la verdadera fe se manifiesta en una vida sometida a Su voluntad. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan (Santiago 2:19). La diferencia entre una fe viva y una fe estéril no está en la confesión de labios, sino en la obediencia que brota de un corazón rendido al Rey.

Como hijos de Dios y ciudadanos de Su Reino, hemos sido llamados a vivir bajo una autoridad superior a cualquier sistema humano. Cuando el dinero reemplaza nuestra confianza, el corazón revela que ha cambiado de señor. Jesús declaró con absoluta claridad: No podéis servir a Dios y a las riquezas» (Mateo 6:24). La provisión nunca debe ocupar el lugar del Proveedor. Cuando la identidad personal reemplaza la santidad, el hombre deja de preguntarse quién lo creó para concentrarse únicamente en quién desea ser.

Sin embargo, el Reino no gira alrededor de la autoafirmación, sino de la transformación conforme a la imagen de Cristo. Dios sigue diciendo: Sed santos, porque yo soy santo (1 Pedro 1:16). Cuando la opinión pública sustituye la verdad, la voz de la mayoría intenta ocupar el lugar de la voz del Pastor. Pero el Reino no se edifica sobre consensos culturales, sino sobre la Palabra eterna que permanece para siempre Eso es lo que dice Isaías 40:8. La verdad no cambia con las generaciones; es Cristo mismo quien declara: Yo soy el camino, la verdad y la vida (Juan 14:6).

Asimismo, cuando la emoción reemplaza la obediencia, la experiencia se convierte en el criterio de la espiritualidad. Sin embargo, Jesús afirmó: Si me amáis, guardad mis mandamientos (Juan 14:15). El amor genuino siempre desemboca en obediencia, aun cuando las emociones sean inestables. Finalmente, cuando la política reemplaza la esperanza, el corazón deposita en gobiernos temporales lo que solo pertenece al Reino eterno. Nuestra ciudadanía está en los cielos (Filipenses 3:20), y nuestro Rey jamás será removido de Su trono (Hebreos 12:28).

La incredulidad sofisticada no siempre niega a Dios; muchas veces simplemente lo relega. Lo menciona, lo tiene en cuenta, hace como que lo respeta, pero te pone hasta lo más ridículo por delante de su presencia. Pero los hijos del Reino han sido llamados a vivir de tal manera que Cristo ocupe nuevamente el primer lugar en todo (Colosenses 1:18). Allí donde Él reina plenamente, toda forma de idolatría pierde su poder, porque la verdadera fe no solo reconoce a Dios: se somete con gozo a Su gobierno absoluto.

Vivimos en una generación donde el miedo se ha convertido en uno de los instrumentos más eficaces para gobernar el corazón humano. No es casualidad que gran parte de las noticias destaquen la violencia, las crisis, las enfermedades, los conflictos y la incertidumbre. El temor mantiene cautiva la atención de las personas porque el ser humano, separado de Dios, busca desesperadamente controlar aquello que no puede dominar. Del mismo modo, las redes sociales han aprendido a alimentar la indignación permanente, pues las emociones intensas generan mayor participación que la serenidad y la verdad.

Mientras tanto, los sistemas políticos prometen una seguridad que jamás pueden garantizar plenamente, porque toda estructura humana es limitada, temporal y vulnerable. Sin embargo, los hijos de Dios pertenecen a un Reino cuyo fundamento no descansa sobre circunstancias cambiantes, sino sobre el gobierno eterno e inmutable del Señor. La Escritura revela que el miedo ha acompañado a la humanidad desde la caída.

La primera reacción de Adán después de pecar fue esconderse y decir: Tuve miedo (Génesis 3:10). Desde entonces, el temor ha sido una consecuencia de una humanidad desconectada de la presencia de Dios. Pero el evangelio no solamente ofrece perdón para el pecado; también restaura la relación con el Padre y libera al creyente del dominio del temor. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio (2 Timoteo 1:7).

Esto no significa que los ciudadanos del Reino vivan desconectados de la realidad o practiquen un optimismo ingenuo. Jesús nunca enseñó a negar la existencia de tribulaciones. Por el contrario, afirmó claramente: En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo (Juan 16:33). La diferencia no está en la ausencia de dificultades, sino en la presencia del Rey en medio de ellas. La fe no consiste en cerrar los ojos ante las tormentas, sino en mantenerlos puestos sobre Aquel que tiene autoridad sobre el viento y el mar.

El mundo interpreta la realidad únicamente a través de lo visible. La economía determina el futuro; los gobiernos determinan la esperanza; las estadísticas determinan la paz. Pero el Reino de Dios enseña que existe una realidad superior que sostiene y gobierna la visible. El autor de Hebreos declara que la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve (Hebreos 11:1). La fe no inventa una realidad distinta; discierne la realidad eterna que muchas veces permanece oculta para los sentidos naturales.

Cuando Eliseo fue rodeado por un ejército enemigo, su siervo solamente podía ver caballos y carros preparados para destruirlos. Sin embargo, el profeta oró para que Dios abriera sus ojos espirituales, y entonces contempló el monte lleno de carros y caballos de fuego alrededor de ellos (2 Reyes 6:15-17). La realidad visible era cierta, pero no era toda la realidad. Había un gobierno celestial actuando silenciosamente sobre los acontecimientos de la tierra. Así viven los hijos del Reino.

No ignoran las noticias, pero tampoco permiten que ellas definan su paz. No desconocen las crisis económicas, pero saben que Jehová sigue siendo su Pastor y nada les faltará (Salmo 23:1). No desconocen la maldad creciente, pero recuerdan que Cristo está sentado a la diestra del Padre, esperando hasta que todos sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies (Salmo 110:1; Hebreos 10:12-13). Nuestra ciudadanía no depende de fronteras nacionales, ideologías ni sistemas humanos.

Pablo afirma: Nuestra ciudadanía está en los cielos (Filipenses 3:20). Esto significa que nuestra manera de pensar, reaccionar y esperar debe reflejar la cultura del Reino al que pertenecemos. Mientras el mundo responde con ansiedad, los hijos de Dios responden con confianza. Mientras muchos son gobernados por la incertidumbre, nosotros somos guiados por la fidelidad inmutable del Padre. Mientras otros buscan desesperadamente garantías humanas, nosotros descansamos en las promesas del Dios que no puede mentir (Tito 1:2).

La paz del Reino no nace de circunstancias favorables, sino del conocimiento de quién gobierna todas las cosas. Cristo continúa siendo el Señor de la historia. Ningún acontecimiento escapa a Su autoridad; ningún poder humano puede frustrar Sus propósitos; ninguna oscuridad puede apagar la luz de Su Reino. Por eso, el creyente no vive dominado por el miedo, sino por la certeza de que el Señor reina  (Salmo 97:1). Esa convicción transforma la manera de caminar en medio de un mundo convulsionado.

No porque la realidad visible haya desaparecido, de hecho todos los días tenemos sobradas pruebas de que no ha sido así, sino porque sabemos que sobre toda realidad visible permanece el trono inconmovible del Rey de reyes, cuyo Reino jamás será destruido y cuya voluntad finalmente prevalecerá para siempre. Yo sé que esto no es sencillo de ver, mucho menos de aceptar como verdad suprema y ni te cuento de la complicada rutina que implica decidirse a creerlo y ponerlo por obra en cada vida.

Hay una realidad visible que, lo creas o no, marca las vidas, incluida la tuya: La verdadera batalla es espiritual. La afirmación de que la verdadera batalla es espiritual no minimiza la realidad del sufrimiento humano ni desconoce la existencia de estructuras injustas, conflictos sociales o sistemas corrompidos. Más bien, nos conduce al diagnóstico que Dios mismo hace de la condición del hombre. La Escritura revela que la raíz del problema no es simplemente externa, sino interna: el corazón apartado de Dios.

Jesús declaró que del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las mentiras y toda clase de maldad (Mateo 15:19). Por eso, toda transformación que ignore esta realidad será necesariamente superficial. Como hijos de Dios y ciudadanos de su Reino, comprendemos que nuestra lucha no tiene como enemigo principal a personas, ideologías o instituciones, sino al reino de las tinieblas que opera mediante el engaño, el pecado y la rebelión contra el gobierno de Cristo.

Pablo afirma con absoluta claridad: No tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, potestades, gobernadores de las tinieblas de este siglo y huestes espirituales de maldad (Efesios 6:12). Esta declaración no admite interpretaciones reduccionistas; establece el verdadero escenario donde se libra el conflicto decisivo. Cuando la Iglesia pierde esta perspectiva, inevitablemente adopta las estrategias del mundo. Responde al odio con más odio, al orgullo con orgullo y al poder con poder.

Sin embargo, el Reino de Dios nunca avanza mediante la manipulación, la violencia o la imposición, sino por la verdad del Evangelio, el poder del Espíritu Santo y la obediencia al Rey. Las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas (2 Corintios 10:4), porque apuntan a derribar argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios. Cristo venció en una cruz, no porque la cruz fuera un símbolo de derrota, sino porque allí desarmó a los principados y potestades, triunfando sobre ellos públicamente (Colosenses 2:15).

Esa victoria define también la identidad y la misión de la Iglesia. No somos llamados a conquistar mediante la fuerza, sino a manifestar el señorío de Cristo viviendo en santidad, proclamando la verdad y amando incluso a nuestros enemigos. Por ello, una Iglesia consciente de su identidad como pueblo del Reino discierne la dimensión espiritual de toda batalla sin perder la compasión por las personas. En lugar de combatir hombres, busca rescatar vidas; en lugar de alimentar divisiones, anuncia la reconciliación con Dios por medio de Jesucristo. Solo así permanece fiel a su Rey y participa de la victoria que Él ya obtuvo para la gloria del Padre.

Uno de los mayores desafíos de la Iglesia contemporánea no es la oposición del mundo, sino el olvido de su propia identidad. Cuando los hijos de Dios comienzan a definirse principalmente por su nacionalidad, su ideología política, su cultura o cualquier otra identidad terrenal, inevitablemente desplazan el centro de su ciudadanía espiritual. El Nuevo Testamento establece un orden completamente diferente: antes que miembros de una nación, somos ciudadanos del Reino de Dios; antes que representantes de una cultura, somos representantes del Rey de reyes.

El apóstol Pablo declara que nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo (Filipenses 3:20). Esta no es una realidad futura únicamente, sino una identidad presente. Los creyentes vivimos en la tierra, pero pertenecemos al Reino eterno de Dios. Nuestra lealtad suprema no descansa en gobiernos humanos, proyectos ideológicos o intereses nacionales, sino en el reinado absoluto de Jesucristo, quien afirmó: Toda autoridad me es dada en el cielo y en la tierra (Mateo 28:18).

La Iglesia no fue establecida para defender los intereses de un sistema político ni para convertirse en portavoz de una agenda cultural. Fue establecida como la manifestación visible del Reino de Dios en medio de un mundo caído. Por eso Pedro describe a los creyentes como linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios (1 Pedro 2:9). Obsérvese el lenguaje: Dios constituye un nuevo pueblo cuya identidad trasciende toda frontera, etnia o bandera.

La unidad del Reino supera cualquier identidad terrenal sin negar el legítimo valor de las naciones creadas por Dios. Asimismo, Pablo afirma que somos embajadores en nombre de Cristo (2 Corintios 5:20). Un embajador no representa sus opiniones personales ni los intereses del país donde reside; representa exclusivamente la voluntad del reino que lo envió. De la misma manera, la Iglesia no está llamada a hablar según las narrativas cambiantes del mundo, sino conforme a la Palabra inmutable de Dios.

Nuestra misión no consiste en ganar las discusiones de la cultura, sino en anunciar el ministerio de la reconciliación para que los hombres vuelvan al Padre mediante Jesucristo. Cuando esta identidad gobierna nuestro corazón, también transforma nuestra forma de participar en la sociedad. Servimos con humildad porque seguimos al Rey que lavó los pies de sus discípulos. Hablamos con verdad y gracia porque reflejamos el carácter de Aquel que es lleno de gracia y de verdad (Juan 1:14).

Amamos incluso a quienes piensan diferente porque nuestro Rey nos ordenó amar a nuestros enemigos y orar por quienes nos persiguen (Mateo 5:44). Nuestra conducta deja de estar determinada por la polarización del mundo para ser moldeada por el Espíritu Santo. Recuperar la identidad de embajada del Reino significa recordar que la Iglesia no existe para preservar su influencia, sino para manifestar el gobierno de Cristo.

Donde la Iglesia vive como Reino, el mundo contempla una comunidad cuya esperanza no depende de los cambios políticos, económicos o culturales, sino del Rey que reina para siempre. Esa certeza produce una vida marcada por la fidelidad, la santidad y el amor sacrificial, porque sabemos que representamos aquí y ahora al único Reino inconmovible (Hebreos 12:28). Desde esa identidad servimos a nuestras naciones con responsabilidad y gratitud, pero sin olvidar jamás que nuestra obediencia última pertenece únicamente a Jesucristo, Señor de toda la creación y Rey eterno de su pueblo.

Es decir que la esperanza cristiana no es que el mundo mejore, sino que Cristo reina. Esa diferencia cambia el tono de cualquier forma de predicación y la convierte en algo que puedes probar y comprobar ni bien sales a la calle donde quiera que vivas. No se trata de anunciar catástrofes para producir temor. Tampoco de prometer un progreso inevitable. Se trata de anunciar que el Rey ya vino, está gobernando y volverá para consumar su Reino. Esa esperanza libera tanto del triunfalismo como de la desesperación.

Una de las ilusiones más profundas del ser humano caído consiste en creer que la causa principal del mal siempre se encuentra fuera de sí mismo. Desde el principio de la historia bíblica, después de la caída, el hombre respondió al pecado trasladando la responsabilidad hacia otro. Adán señaló a Eva; Eva señaló a la serpiente (Génesis 3:12-13). Desde entonces, la humanidad ha perfeccionado el arte de culpar al prójimo, a la sociedad, a la cultura, a los gobiernos o a cualquier circunstancia antes que reconocer la verdadera condición de su propio corazón.

Sin embargo, el diagnóstico de Dios permanece inalterable a lo largo de toda la Escritura. El problema fundamental de la humanidad no es político, económico, cultural o social, aunque el pecado inevitablemente corrompe todas esas esferas. La raíz del conflicto reside en un corazón separado de Dios. El profeta Jeremías declara que engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso (Jeremías 17:9), y el Señor Jesús confirma esta verdad al enseñar que del interior del hombre proceden los malos pensamientos, la violencia, la inmoralidad, la mentira y toda forma de maldad (Marcos 7:20-23).

La corrupción visible en el mundo no es sino la manifestación externa de una rebelión espiritual mucho más profunda. Por eso el evangelio comienza derribando toda pretensión de superioridad moral. Pablo afirma: Todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23). No existe una categoría humana que pueda presentarse justa delante del Señor por sus méritos. Ricos y pobres, gobernantes y ciudadanos, religiosos y secularizados, jóvenes y ancianos, todos comparecen bajo el mismo veredicto divino.

La cruz elimina cualquier privilegio humano y coloca a toda persona en absoluta necesidad de la gracia de Dios. Pero el evangelio no se limita a revelar nuestra condición; también anuncia la única esperanza. A todos los hombres Dios les manda que se arrepientan (Hechos 17:30), porque en Jesucristo ha provisto reconciliación, perdón y una nueva creación. El arrepentimiento no es simplemente abandonar ciertos comportamientos; es renunciar al gobierno del yo para someternos al señorío de Cristo.

Allí comienza la verdadera transformación que ningún proyecto humano puede producir. Como hijos de Dios y ciudadanos de su Reino, esta verdad redefine nuestra manera de mirar a los demás. Dejamos de clasificar a las personas según categorías sociales o ideológicas para reconocer que todos necesitan la misma gracia que nosotros hemos recibido. Esto destruye el orgullo espiritual, alimenta la compasión y nos libra de la arrogancia de pensar que unos grupos merecen más misericordia que otros.

La Iglesia, entonces, no anuncia culpables humanos para señalar, sino un Salvador para proclamar. Sabemos que la única respuesta definitiva al pecado no es la victoria de un sector sobre otro, sino el triunfo de Cristo sobre el pecado mediante su muerte y resurrección. Solo cuando el corazón es reconciliado con Dios puede comenzar una reconciliación verdadera con el prójimo. Esa es la esperanza del Reino: hombres y mujeres transformados por la gracia, viviendo bajo el gobierno del Rey y reflejando su justicia, su misericordia y su paz en medio de un mundo que aún busca la solución en el lugar equivocado.

Al final, la pregunta decisiva no será qué opinión sostuvimos sobre los acontecimientos de nuestro tiempo, ni de qué lado de la historia creímos estar, sino bajo qué rey decidimos vivir. Porque toda generación ha tenido sus guerras, sus imperios, sus crisis y sus engaños; todos pasaron o pasarán. Pero el Reino de Dios permanece inconmovible. La verdadera tragedia de nuestro tiempo no es el avance de la maldad, sino la pasividad de quienes dicen conocer la Verdad y, sin embargo, continúan viviendo como si Cristo ocupara un lugar secundario en sus decisiones, sus afectos y sus prioridades.

Este mensaje no pretende condenar a nadie, sino despertar a todos. No invita a temer el futuro, sino a volver al único Señor que ya lo gobierna. No busca ganar una discusión, sino llamar al arrepentimiento que conduce a la vida. Porque el Evangelio jamás fue una propuesta para mejorar la conducta de hombres religiosos, sino el anuncio de un Rey que exige una rendición total para conceder una vida completamente nueva.

Todavía hay tiempo para abandonar los ídolos que prometen seguridad y abrazar al único Reino que jamás será sacudido. La decisión sigue siendo personal. Cristo no comparte su trono con nadie. Quien lo reconoce verdaderamente como Rey no solo cambia de creencias: cambia de gobierno, de identidad, de esperanza y de destino. Y esa transformación es la evidencia más irrefutable de que el Reino de Dios ya está entre nosotros.

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¿Sabías que Tienes Una Serpiente?

 ¿Te has dado cuenta que hoy lo malo parece bueno y lo bueno suena como anticuado? Vivimos en una generación que ha aprendido a disfrazar el pecado de virtud. La mentira ahora se llama opinión, la lujuria, libertad, y la rebeldía, autenticidad. Lo más alarmante es que no sólo el mundo lo hace, sino que también muchos cristianos lo repiten. Han cambiado la verdad del evangelio por frases suaves que no confrontan. Por mensajes que suenan correctos, pero que contradicen abiertamente la palabra de Dios. Isaías 5:20 lo advirtió con claridad.

¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; ¡que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!  Ese “¡Ay!”, no es una simple advertencia, es una alarma del cielo para una iglesia que está perdiendo el discernimiento. Hoy quiero que te prepares, porque lo que vas a escuchar, no es popular.

No es políticamente correcto, pero sí es bíblicamente cierto. Vamos a descubrir nueve cosas que muchos creyentes llaman buenas, pero que, según la palabra, Dios sigue llamando pecado. Y te lo advierto desde ya, este mensaje no es para señalarte, es para despertarte.

1 – Tolerar el Pecado en Nombre del Amor. Hoy, una de las mentiras más peligrosas que se ha infiltrado en la iglesia es justamente esta. Dios es amor, así que no debemos juzgar a nadie. Y aunque suene compasiva, sólo es una media verdad. Y todos sabemos que las medias verdades, en realidad son mentiras completas. Sí, Dios es amor, pero también es santo, justo y verdadero. Y el mismo Dios que ama al pecador, aborrece al pecado que lo destruye.

El problema es que muchos cristianos han confundido al amor con la aprobación. Creen que amar es callar ante lo que ofende a Dios, que respetar es no confrontar el error, que mostrar misericordia es aplaudir lo que el cielo condena. Jesús amó a todos, si, pero Él nunca bendijo el pecado de nadie. A la mujer adúltera la perdonó, pero le dijo Vete y no peques más. Eso dice en Juan 8:11.

El verdadero amor no encubre el pecado, lo confronta para sanar. Porque amar no es dejar que alguien camine hacia el fuego sin advertirle. Amar es gritarle fuerte, antes que sea demasiado tarde. La Biblia lo dice claro en Efesios 5:11. Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas; El amor sin verdad, no salva; sólo adormece. Y una iglesia que no confronta el pecado, se convierte en cómplice del enemigo. Si hoy estás tolerando lo que Dios detesta, no lo llames amor. Llámalo lo que es: desobediencia.

2 – Buscar la Aprobación del Mundo Antes que Obedecer a Dios. Hoy, muchos creyentes no temen ofender a Dios, temen ofender al mundo. Buscan aceptación, seguidores, aplausos, y están dispuestos a sacrificar la verdad con tal de no ser rechazados. Pero déjame decirte algo. Cuando tu meta es agradar a todos, inevitablemente terminarás traicionando a Dios. El apóstol Pablo lo dijo con fuerza en Gálatas 1:10 Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.

El cristianismo moderno ha convertido la fe en una marca, y la obediencia en una opción. Predican un evangelio sin cruz, porque una cruz no se puede comercializar. Y, sin darse cuenta, muchos han cambiado la gloria eterna por la validación temporal de una audiencia. Pero la verdad sigue siendo la misma. Seguir a Cristo nunca fue popular, y el verdadero discípulo no busca likes, no busca “me gusta”, busca santidad. Jesús dijo en Juan 15:19: Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece.

Entonces, si el mundo te aplaude, quizás sea el momento de preguntarte: ¿Estoy caminando con Dios o estoy marchando con la multitud? Porque el aplauso del mundo es ruido vacío, pero la aprobación de Dios es vida eterna. No temas ser rechazado por el hombre cuando eres aceptado por el cielo.

3 – Justificar el Pecado con Frases Espirituales. Hoy, muchos cristianos han aprendido a envolver el pecado en palabras que suenan piadosas. Frases como: “Dios conoce mi corazón”. O “No soy perfecto, pero Él me ama”, i “Todos tenemos debilidades” Suena bonito, pero esconde una verdad peligrosa: la normalización del pecado. El problema no está en reconocer que somos humanos. El problema está en convertir excusas en justificaciones. El enemigo ha usado estas frases como camuflaje. Para que muchos sigan cayendo sin arrepentimiento, sin vergüenza, sin conciencia del daño espiritual.

La Biblia nunca te va a decir: Dios te ama, aunque sigas pecando. Nos dice: Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad. Eso es lo que nos dice 1 Juan 1: 9. El perdón no es una licencia para seguir en la misma vida, es oportunidad para levantarte y caminar en santidad. Cuidado con las palabras piadosas que tapan tus transgresiones. Dios no se impresiona por frases. Dios examina corazones y obras. Si hoy justificas aquello que Él aborrece, no lo llames fe, llámalo engaño espiritual.

4 – Vivir Bajo Reglas Propias en Lugar de la Palabra de Dios. Hoy, muchos creyentes han aprendido a hacer su propia versión de la fe. Dicen: yo creo en Dios, pero vivo como quiero. Mi relación con Dios es personal, no necesito reglas. Suena espiritual, pero es una trampa mortal. La Biblia no nos deja elegir qué obedecer y qué ignorar. Santiago 1:22, dice: Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Cuando vivimos bajo nuestras propias reglas, el pecado se vuelve cómodo y cotidiano.

El mundo lo ve como libertad, pero ante Dios es rebeldía. Jesús no dijo: Puedes hacer lo que quieras siempre y cuando digas que me amas. Dijo lo que leemos en Juan 14:15: Si me amáis, guardad mis mandamientos. No confundas libertad en Cristo con licencia para pecar. Seguir tus propias reglas no te hace original, te hace ciego al juicio de Dios. Vivir así es normalizar lo que Él aborrece. Y muchos lo llaman madurez espiritual, cuando en realidad es desobediencia disfrazada.

5 – Aceptar la Inmoralidad Como Entretenimiento. Son muchos los cristianos que ven la inmoralidad y la llaman “diversión inocente”. Series, películas, canciones, redes sociales, todo lo que promueve el pecado, se consume sin culpa. Dicen que sólo es entretenimiento, no me afecta, todos lo ven, no hay problema. Pero lo que alimentas con tus ojos y tus oídos, moldea tu corazón y tu mente. Proverbios 4:23: Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida. El pecado disfrazado de diversión, no es inofensivo.

Lo que el mundo llama libertad, Dios llama abominación. Jesús nos advierte en Mateo 15:19: Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. No puedes decir que algo es entretenimiento cuando empieza a moldear tus deseos, tu conducta y tu relación con Dios. Consumir pecado no es neutral, es alimentar lo que Dios aborrece. Y muchos lo llaman normalidad.

6 – Ignorar la Oración y la Intimidad con Dios. Hay muchos cristianos que creen que pueden tener una relación con Dios sin dedicarle tiempo. Suelen decir que Dios ya sabe lo que hay en sus corazones. Que no necesitan orar. Ya lo tienen en sus vidas, la oración es opcional. Suena cómodo, pero es peligrosamente engañoso. La oración no es un trámite, no es un cheque en la lista de espiritualidad. Es intimidad con el Creador. Es donde tu corazón se alinea con Su voluntad. Mateo 26:4: Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.

Cuando ignoramos la oración, la carne gobierna y el pecado se arraiga. El enemigo celebra cuando ve creyentes desconectados de Dios. Porque sin oración, sin búsqueda constante, sin rendición diaria, la santidad se convierte en opción y el pecado en rutina. No confundas ocupaciones con devoción. No confundas apariencias religiosas con comunión verdadera. El que descuida la oración, descuida su defensa espiritual. La intimidad con Dios no es opcional. Es el espacio donde se gana la batalla contra el pecado que el mundo normaliza.

7 – Subestimar la Palabra de Dios. Hoy hay muchos cristianos que tratan a la Biblia como un libro opcional. Suelen decir: ¡Ya sé lo básico! ¡No necesito leer tanto! ¡Yo sigo a Jesús, la palabra es secundaría! Suena cómodo, pero es una forma de ignorar la voz de Dios. 2 Timoteo 3:16-17: Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. Cuando subestimamos la palabra, nuestras decisiones se basan en opiniones humanas, no en la verdad divina.

El mundo aplaude y normaliza cosas que Dios condena. Y sin la guía de su palabra, muchos creyentes se confunden y se pierden. No se trata de leer por obligación, se trata de permitir que la Escritura transforme tu mente y tu corazón. El que descuida la palabra, termina aplaudiendo lo que Dios aborrece, sin siquiera darse cuenta. Recordemos que la Biblia no cambia, aunque el mundo cambie y que la verdad nunca se adapta a la comodidad humana.

8 – Conformarse con la Fe Superficial. Es mucha la gente cristiana que hoy se conforma con una fe de apariencia, cómoda, que no exige sacrificio. Dicen: Con creer basta, no necesito involucrarme mucho, Dios entiende. Suena inocente, pero es un peligro silencioso. Santiago 2:17: Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. El cristianismo moderno ha promovido la idea de una fe que no confronta, que no transforma, que no incomoda. Pero la verdadera fe siempre exige obediencia, disciplina y entrega total.

Conformarse con lo superficial convierte a la iglesia en un lugar de rituales vacíos y, a los creyentes, en huecos espectadores de la verdad. El mundo aplaude una fe cómoda, pero Dios aborrece la tibieza. Apocalipsis 3:16: Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. No se trata de ser fanático se trata de ser íntegro, valiente y radical en la obediencia. La fe superficial no salva. La fe obediente cambia vidas y honra al Creador.

9 – Normalizar la Desobediencia Mientras se Busca Justificación. Hay muchos cristianos, hoy, que han aprendido a convivir con el pecado buscando siempre alguna forma de justificarlo. Dicen: ¡No es tan malo! Dios me perdona, así que puedo seguir. Es mi vida, Él sabe mis intenciones. Suena razonable, pero es un engaño mortal. Isaías 5:20: ¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; ¡que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!

El pecado no se vuelve bueno por repetirlo, ni se transforma en virtud por ponerle excusas espirituales. Dios no cambia la definición de lo correcto, sólo porque el mundo lo aplauda. Ni tolera la desobediencia disfrazada de libertad o misericordia. Normalizar el pecado, erosiona tu alma, daña tu testimonio y aleja tu corazón de la santidad de Dios.

Llamado a La Acción. Hoy Dios te dice: Deja de llamar bueno lo que yo llamo pecado. No para destruirte, sino para liberarte y restaurarte. 2 Crónicas 7:14: si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. No te escondas ni te excuses, defiende lo que Dios aprueba. Renuncia a lo que Él aborrece.

Recuerda la historia tantas veces repetida y muy poicas entendida de la serpiente, la mujer y el huerto. La serpiente no gritó, susurró. No ofreció veneno, ofreció un fruto que parecía perfecto. Un detalle pequeño, que lo cambió todo. Hoy la serpiente sigue activa, pero con un nuevo disfraz: la tecnología. No llega con colmillos, llega con notificaciones. No se arrastra en la hierba, vive en tu escritorio. Piénsalo. Ese impulso de revisar tu celular, aunque acabas de hacerlo, ese vacío después de tocar aquí y allá sin parar.

Esa ansiedad cuando nadie responde tu mensaje. Ese alivio falso cuando llega un like. Lo peligroso es que parece inofensivo. Pequeñas cosas que no notas hasta que controlan tu vida. No estoy inventando nada que no hayas visto a tu alrededor donde quiera que vivas. En la fila que espera el bus, em el interior de trenes o metros mientras de viaja, ¡En las salas de espera para ver a un médico! El teléfono, los dedos veloces en la tertulia digital y el silencio, un silencio profundo, pesado, casi oscuro, reemplazado por un pequeño aparato que refleja gestos, sonrisas, muecas, llantos, vida.

La serpiente moderna no te obliga, te seduce. Y su primer truco, es claro: prometerte placer instantáneo, a cambio de tu paz. Cada notificación es como una chispa que te hace sentir vivo. Un corazón rojo, un comentario, un nuevo seguidor. Y por un segundo, ves que vales más. La trampa del placer instantáneo. Te alimenta con migajas de validación, pero nunca te sacia.

Es como comer azúcar, sube rápido y después te deja vacío. ¿Puedes notarlo? Un like, o “me gusta”, dicho en español, dura más o menos cinco segundos. Una reacción, diez. Y luego vuelves a necesitar otra dosis. La serpiente moderna sabe que mientras más dependas de esa validación superficial, más control tendrá sobre ti. Pero, lo peor es que empezamos a medir nuestro valor en base a números. Cuantos corazones, cuantos seguidores, cuantas vistas.

Y si esos números bajan, baja también tu estado de ánimo. La tecnología, entonces, se convierte en un espejo roto. Te devuelve una imagen distorsionada de ti mismo. Y lo aceptas, porque crees que eso es realidad. Pero, ¿Qué ocurre cuando la pantalla se apaga? El silencio golpea. El vacío aparece. Y allí descubres que, lo que parecía dulce, dejó el corazón más hambriento que antes. Esa es la estrategia. Atraparte con el “ahora mismo”, para que nunca busques lo eterno.

Y mientras la validación superficial roba tu identidad, otro enemigo avanza sin que lo notes. El ruido constante que nunca te deja en paz. Notificaciones, mensajes, alertas, un zumbido constante que invade cada minuto. Antes, los momentos de silencio eran normales. Esperar en una fila, caminar hacia casa, sentarse a reflexionar. Hoy, esos espacios desaparecieron, porque cada segundo libre es absorbido por una pantalla. Y, aunque parezca inofensivo, ese ruido tiene un costo.

Mata la capacidad de pensar profundo, de detenerte, de escuchar la voz de Dios en el silencio. ¿Cuántas veces intentaste orar y algo mundano te interrumpió? ¿Cuántas veces abriste la Biblia y terminaste revisando tus mensajes en el celular? La serpiente moderna no necesita gritarte al oído, le basta con llenarte de distracciones hasta que ya no escuches nada. El silencio, que antes era refugio, hoy se siente incómodo. Estamos tan acostumbrados al ruido, que cuando toda calla, aparece la ansiedad.

Y así confundimos ruido con compañía y silencio con vacío. Pero la verdad es otra, en el ruido digital, tu alma se agita. En el silencio, tu alma se ordena. El problema no es la falta de paz, es que, sin silencio, no hay dirección. Y cuando no escuchas la voz de Dios, terminas escuchando la voz del mundo. Y, en ese ruido, aparece otra tentación disfrazada: la comparación constante, alimentada por el consumismo digital.  Las redes sociales, no sólo muestran momentos, venden estilos de vida.

Viajes perfectos, cuerpos perfectos, casas perfectas. Y, sin darte cuenta, empiezas a mirar tu vida, con insatisfacción. Lo que ves a tu alrededor es una especie de letrero de anuncios con la vida de tus amigos. Y lo que te podría parecer inspiración es, en realidad, comparación. Tu ropa ya no parece suficiente, tu celular ya parece viejo, tu rutina parece aburrida, frente a la vida editada de otros. ¡Ese es el juego! Despertar en ti un deseo que nunca se sacia.

Porque cada compra, trae alivio momentáneo, pero, al poco tiempo, el vacío regresa. Entonces la serpiente susurra: ¡Eso es lo que necesitas! Sin embargo, cada vez quedas más lejos de la verdadera plenitud. El problema es que la comparación no sólo roba tu dinero, roba tu paz, te hace olvidar de lo que tienes y enfocarte sólo en lo que te falta. Y esa sensación de no ser suficiente, es el terreno fértil donde crece la ansiedad y la envidia.

El consumismo convierte tu corazón en un desierto, sediento, insatisfecho, buscando un oasis que no existe en esta tierra. Pero hay una salida. Desenmascarar la mentira y recordar que tu valor no se mide en lo que compras ni en lo que muestras, sino en lo eterno. Y justo allí entra la clave. Aplicar una perspectiva espiritual que rompe estas cadenas. Desenmascarar la serpiente moderna no significa apagar la tecnología para siempre. Significa reconocer sus trampas y decidir quién gobierna tu mente y tu corazón.

La Biblia nos llama a no conformarnos a este siglo, sino a renovar nuestra manera de pensar. Y eso incluye al mundo digital. Porque si dejas que likes, compras y notificaciones definan tu vida, terminarás viviendo como esclavo de lo inmediato, olvidando lo eterno. Dios no te creó para vivir atrapado en un sitio de validación vacía, ruido constante y comparación sin fin. Él te llama a caminar en libertad, en paz y con un propósito más grande que cualquier pantalla.

La verdadera victoria está en aprender a poner límites, pausar cuando el celular te domina, buscar momentos de silencio, elegir contenidos que nutran tu alma. Cada pequeña decisión consciente es un acto de resistencia contra la serpiente moderna. Porque, al final, no se trata de huir de la tecnología, sino de usarla con sabiduría, sin que ella te use a ti. Detente un momento y piensa: ¿Cuánto de tu vida ya le entregaste a una pantalla?

Horas que no volverán. Conversaciones que nunca tuviste. Silencios en los que nunca escuchaste a Dios, porque estabas distraído. La serpiente moderna no viene a robarte de golpe, viene a hacerlo gota a gota. Notificación tras notificación. Hasta que un día descubres que no perdiste minutos, perdiste años. Pero no todo está perdido. Puedes decidir. Hoy puedes soltar el celular, abrir tu Biblia y encender tu espíritu. El mundo digital seguirá susurrando: ¡Quédate aquí! ¡Dame tu atención! Pero la voz de Dios te está diciendo: ¡Levántate! ¡Hay algo eterno esperándote! La decisión no es mañana, es ahora.

La dependencia a las redes sociales, al teléfono y al mundo digital es una forma moderna de esclavitud del corazón, donde una herramienta útil ocupa el lugar que solo le corresponde a Dios. Desde la fe cristiana, ocurre cuando buscamos en la pantalla lo que solo el Señor puede dar: identidad, consuelo y sentido. Jesús enseñó que donde está nuestro tesoro, allí estará también nuestro corazón, y hoy ese tesoro suele brillar en píxeles.

El uso desordenado de lo digital revela una sed de aprobación y control que no ha sido rendida a Cristo. No es el dispositivo el problema, sino el señorío que le otorgamos sin darnos cuenta. La Biblia afirma que todo es lícito, pero no todo conviene, y que no debemos ser dominados por nada. Cuando el teléfono dicta nuestro ánimo, nuestro tiempo y nuestro silencio, hemos perdido libertad espiritual. Dios nos llama a la quietud para conocerle, pero el ruido constante ahoga su voz.

La dependencia digital debilita la oración, fragmenta la atención y enfría la comunión con Dios y con otros. También deforma nuestra mirada, empujándonos a compararnos y a vivir de apariencias. El evangelio nos invita a renovar la mente, no a saturarla. Vivir en Cristo implica usar la tecnología con dominio propio y propósito santo. La verdadera conexión nace de permanecer en Él, no de estar siempre en línea. Solo cuando Dios es suficiente, lo digital vuelve a su lugar correcto: siervo y no señor. ¿Quieres mi sugerencia final? ¡Rechaza a esa moderna serpiente en el nombre de Jesús! Y sé libre de verdad…

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Cuando el Cielo Hace Silencio

No debe haber pastor o ministro en el planeta, que no haya escuchado alguna vez, de labios de algunos de sus hermanos, la consabida pregunta, casi siempre formulada con desesperación e impotencia: ¿Por qué Dios no escucha mis oraciones? No soy experto en la oración, (No creo, en realidad, que alguien verdaderamente lo sea), pero sí lo suficientemente curioso como para indagar, investigar, buscar, esto es: escudriñar.

Y en base a lo visto y oído, tanto desde la misma Biblia como de las conclusiones de hermanos confiables, he podido armar una especie de manual para que, sumado a otros estudios de unción clara, puedas incorporar a tu vida de fe para maduración, crecimiento y victoria. Primera observación. ¿Por qué razón, causa o motivo, cualquiera de ustedes podría pedirles a otros hermanos que oren o intercedan en su favor?

Por varias, pero quiero compartir tres que son básicas:  Porque nuestras propias oraciones no están siendo contestadas y esperamos que Dios se las responda a alguien más…santo. – Porque no tenemos la confianza de que Dios responderá a nuestras oraciones.- Porque sabemos que no estamos dando tiempo de calidad suficiente en la oración para sentir que obtendremos una respuesta de Dios. Apelo a tu honestidad, mi hermana, mi hermano: ¿No ha sido este el caso en tu vida, en algunos de estos tres puntos?

Creo que esto es algo común en la experiencia de la mayoría de los cristianos. Así que quiero traerte a tu atención algunas de las cuestiones principales que nos impiden obtener respuestas a nuestras oraciones, y nos evitan tener la confianza de que Dios nos escuchará de verdad y también nos contestará.  He rescatado siete, pero no son todas. De hecho, tengo en preparación otro estudio complementario a este, con otro tanto. Y no es para desalentarte, sino para ayudarte a limpiar tu vida.

Los ministerios han sido puestos por Dios para perfeccionar a los santos.  Y perfeccionar significa madurar. Y santos significa creyentes. Es decir que, lo entiendas o no, te agrade o no, te alegre o te fastidie, esto ha sido puesto aquí en este día, exclusivamente para ti de parte de tu Padre celestial que está en los cielos, te ama y no se olvida de tus crisis y problemas. Lo primero que se me ocurre traer a la mesa de estudio, es que en algunos casos oramos por los motivos equivocados.

 La oración no comienza en ti, como supones. La oración siempre comienza en Dios. Dios va a responderte cuando ores por motivos que Él ha puesto en tu corazón, no por los tuyos. La próxima vez que empieces a orar, ¡Detente! Primero siéntate y piensa acerca de lo que le pedirás a Dios, pero fundamentalmente, “por qué” se lo estás pidiendo. Dios no solamente toma nota de lo que le pedimos, sino que también examina nuestros corazones para ver Por Que lo estamos pidiendo.

Porque fíjate que lo que estamos pidiendo puede ser muy bueno, pero te puedo asegurar que nueve de cada diez veces, Dios no nos responde ni favorable ni desfavorablemente porque los motivos por los que lo estamos pidiendo, son equivocados. Hay un principio operando en el Reino de Dios que debe gobernar nuestras vidas. Todo lo que hacemos, pedimos, o pensamos, tiene que traer gloria a Dios.

Muchos de nosotros no nos detenemos q penar acerca de la gloria de Dios, salvo cuando estamos saltando en medio de una alabanza con mucho ritmo o llorando por un tema de adoración gimiente en un templo silencioso y solemne. De todos modos, no siempre entendimos el significado de darle gloria a Dios. Originalmente, la palabra “gloria” hacía referencia a una opinión o estimación en la que uno es tenido.

Luego la palabra vino a denotar la reputación, buena posición, y estima dada a una persona. Después progresó a honor o gloria dada a los pueblos, naciones, e individuos. Pero la palabra que significa Gloria en el Nuevo Testamento, se convierte en esplendor, radiación y majestad centrada en Jesús y en Dios el Padre. Es decir que, Dios está muy preocupado con Su reputación. Dios ES todo aquello que e maravilloso, majestuoso y espléndido. Entonces, nuestras vidas tienen que ser vividas de tal modo que todo lo que hagamos u digamos, señalen Quien es Dios y lo que Él ES.

¿Por qué? Para que otros puedan venir al conocimiento salvador de Jesucristo y puedan ver que maravilloso es nuestro Dios. Pero volvamos a nuestro asunto de las oraciones no respondidas por causa de pedir por motivos equivocados. Puede que tengamos una lista entera de cosas que estamos pidiendo, pero; ¿Por qué o para qué queremos esas cosas?  ¿Alguna vez nos hemos sentado a pensar en eso, para ver si lo que estamos pidiendo resultará en que otras personas vean que tan maravilloso es nuestro Dios? (Estoy hablando de algo que dará gloria nada más que a Dios).

¿O estamos pidiendo para nuestra propia comodidad, o para nuestro propio placer? En el texto de Juan que citamos anteriormente, Jesús dijo que contestaría todo lo que pidiéramos, “para traer gloria al padre”. Entonces, si pedimos algo que NO va a traer gloria al padre, Dios no nos responderá. Si pedimos algo que deseamos en nuestro corazón para nuestro propio placer en lugar de par dar gloria a Dios, entonces Dios no nos contestará.

Cuando el Espíritu Santo trae este punto a nuestras mentes, (Porque no es por convencimiento desde afuera, sino por convicción desde adentro), podemos poner una nueva luz en nuestras oraciones. Nos damos cuenta de que no hemos pasado, ni por cerca, el tiempo suficiente pensando acerca de la gloria de Dios. Entonces llega el momento de preguntarnos: ¿Vivimos de tal manera que mostramos que tan maravilloso es Dios a otras personas? ¿Estamos pidiendo por cosas en nuestras oraciones, que traerán gloria a Dios?

Francamente, en algunos casos, no me atrevería a asegurarlo. Así que, ¿Cuál es la solución? Lo que quiero decirte, es que el Espíritu Santo nos mostrará como orar, si tan sólo nos tomamos el tiempo para preguntárselo. Cuando se trata de oración, el Espíritu Santo es nuestro maestro. Encuentro que las oraciones más efectivas vienen solamente después de pasar un tiempo considerable buscando al Señor y estudiando Su palabra, preguntándole al Señor Como orar y Por Que orar.

Ya te lo dije antes: la oración siempre comienza en Dios. Somos los que ponemos las vías para que esa locomotora que es Dios, pueda andar. Pero tendrá que ser bajo SUS condiciones, no las nuestras. Vamos a un ejemplo que es un clásico en las congregaciones cristianas. Una mujer casada con un hombre que no es creyente. Atención con esto: si ya era cristiana, ella, cuando decidió casarse con él, lamento decirte que desobedeció directamente la Palabra de Dios expresa al respecto, y necesita por ello pedirle perdón por lo que es pecado.

El caso es que ahora, esta mujer es tremendamente infeliz, y hay una terrible lucha en su hogar porque su esposo guía a sus hijos a todo tipo de cosas que están en contra de la palabra de Dios. Ha orado y orado por la salvación de su esposo porque está cansada de la continua batalla en su hogar. Muy bien: mucho me temo que ese es el motivo incorrecto. Está buscando simplemente su propio placer y comodidad.

Pero si le pide al Señor que se mueva en su corazón para que pueda venir a una posición en la que verdaderamente le duela que su esposo se rebele contra Dios y le traiga deshonra a Él, ¡Entonces sus oraciones serán contestadas más rápidamente! Cuando su corazón quiera nada más que la gloria de Dios, entonces pedirá por la salvación de su esposo para que Dios pueda ser glorificado a través de su conversión.

Entonces le dará el control completo a Dios de lo que necesita pasar exactamente en su vida y en la vida de su esposo, para traerlo a Cristo. Sin no lo crees del todo, mira esto: ¿Cuántas son las iglesias que hoy mismo están orando por un avivamiento, sin otra finalidad que, por esta causa, puedan llegar más personas y, con sus diezmos y ofrendas, mejorar sus finanzas? Las que lo hagan, no esperen recibir respuesta de Dios. Y mucho menos favorable.

¡Dios nunca contesta esos motivos! Siéntate, y considera en oración este principio por algún tiempo. Pídele al Espíritu Santo que examine tu corazón y te revele exactamente lo que hay en él. Recuerda bien que son nuestros propios corazones los que, llegado el momento, nos pueden engañar. Si eres sincero al pedirle al Señor que te muestre, Él lo hará. ¿Cuáles son tus verdaderos motivos? ¿Por qué motivo estás pidiendo lo que pides? ¿Quieres salir de alguna situación difícil?

Quizás Dios te quiere tener en esa situación, pero capacitarte para caminar victoriosamente en medio de ella para traer gloria a Sí mismo. Entonces, joven mujer u hombre, te pregunto: ¿Estás demandando que Dios te envíe un esposo, o una esposa, o tal vez hijos? ¿Por qué? ¿Alguna vez te detuviste a pensar que quizás Dios pudiera obrar de tal manera en tu vida que le traería más gloria a Él si tú no tuvieras esas cosas? Una vez que nuestros corazones empiezan a centrarse4 en traer la gloria a Dios, nuestras peticiones de oración cambian, y Dios nos responderá rápidamente.

El segundo punto por el cual nuestras oraciones pueden tener estorbos o silencios como respuesta, es el pecado. El Pecado en Nuestra Vida Bloquea Nuestras Oraciones. Parece ser esta una verdad de Perogrullo, pero puedo asegurarte que a muchos se les ha escapado la tortuga en esto.  El pecado sin confesar y no resuelto, hace imposible que Dios conteste nuestras oraciones, aunque las cosas por las que oremos estén de acuerdo por completo a Su voluntad.

Si nunca te has permitido tomarte el tiempo suficiente para limpiar completamente tu vida, es mi deber advertirte que necesitas hacerlo. Creo que no encontraría palabras adecuadas para decirte algo que te haga entender lo importante que es. Los pecados que más a menudo bloquean nuestra vida de oración son los pecados ocultos y secretos que nosotros mismos justificamos. Son las pequeñas cosas que cuando salen, “sentimos” que no le agradan a Dios, pero como no tenemos una escritura firme que diga: “No hagas esto”, entonces los justificamos.

¿Dice en la Biblia, por ejemplo, que no debemos fumar? No. ¿Y? ¿Eso demuestra que el tabaco es bueno? Si estás luchando para obtener una respuesta a la oración, pídele al Señor que te revele los pecados ocultos de tu vida. Cuando Él traiga algo a tu mente, no saltes a justificarlo, sino que ponte de acuerdo con Dios para resolverlo. Confiésalo como pecado y échalo fuera de tu vida. Demasiado a menudo decimos: “Oh, Señor, si esto está mal a tu vista, renunciaré a ello”.

Tú ya sabes que está mal porque el Señor lo trajo a tu atención. En lugar de lo que dijiste, debes decir: “Oh, Señor, por favor, perdóname por este pecado. Estoy de acuerdo contigo que es pecado, y lo pongo fuera de mi vida, por ayúdame a hacer esto.”  Recuerda que el perdón de Dios, siempre es instantáneo. No debes enviar un documento al cielo y aguardar quince días por la respuesta con la decisión de si se acepta o no, es inmediato.

Una vez confiesas un pecado, es perdonado y limpiado inmediatamente. El bloqueo a tus oraciones será removido de una sola vez. La tercera razón por la cual no tenemos respuesta a nuestras oraciones, es por tener Ídolos en Nuestros Corazones. ¡Es que yo ya no adoro imágenes! ¡Renuncié a eso cuando abandoné el catolicismo romano! Calma. Una estatua de yeso de un supuesto hombre santo, no es el único ídolo.

Convengamos: la mayoría de los cristianos de hoy no ponen literalmente ídolos en sus casas y los adoran, tales como estatuas de Buda, santos u otros dioses. Sin embargo, la mayoría de los cristianos tienen ídolos en sus corazones. ¿Y que es un ídolo en tu corazón? Es cualquier cosa que deseas o valoras tanto que pecarías por obtenerla. También es algo que significa más para ti que Dios o sus mandamientos.

Algunas personas quieren amar y casarse tanto, que caen en pecado sexual una y otra vez. El ídolo que los hace caer en iniquidad, es el deseo de ser amados por otro ser humano. El deseo de atraer atención a cualquier costo. Algunas personas quieren tanto ser ricos que están dispuestos a mentir, hacer trampas, robar y descuidar el reino de Dios para serlo. ¿Mientes un poco al declarar para tus impuestos? Entonces tienes un ídolo en tu corazón, el dinero. ¿Te niegas a dar cuando el Señor te dice que des? ¿Mientes o haces trampa en tu trabajo o en tu negocio, para salir adelante?

Entonces tienes un ídolo en tu corazón. ¿Deseas tanto complacer a tu cónyuge, que estás dispuesto a descuidar el reino de Dios y envolverte en varios fines sociales que no le agradan al Señor, sólo por complacerlo o complacerla? Entonces tienes a tu cónyuge como un ídolo en tu corazón. ¿Amas a tus hijos tanto, que estás dispuesto a permitirles hacer y envolverse en cosas que son pecaminosas o que no le agradan al Señor? ¿Estás apoyando financieramente a un hijo adulto que vive en pecado?

Entonces ese hijo es un ídolo en tu corazón. Mucha gente padece estos problemas, y no entiende que su hijo es un ídolo y que, por esa razón padecen innumerables problemas sin que Dios pueda responder a sus oraciones. ¿Qué ídolos hay en tu corazón? Tú no sabrás en verdad hasta que le pidas al Señor que te los muestre. Pídelo una y otra vez, con sinceridad total. Si lo haces, Dios te mostrará. Pero, tienes que estar dispuesto a escuchar, sin importarte que tan doloroso sea.

Remover ídolos de nuestros corazones, es terriblemente doloroso. Necesitamos la ayuda de Dios para hacerlo. A menos que remuevas esos ídolos de tu corazón, nunca tendrás una vida de oración efectiva. La cuarta condición inapelable para no recibir respuesta a nuestra oración, es la Falta de Perdón. ¿Qué puedo decirte, respecto al perdón, que no te haya sido enseñado, predicado y exhortado mil veces? Esto, que parece tan sencillo y simple de entender es, a mi juicio, la mayor causa de oraciones no respondidas dentro del pueblo de Dios.

Mientras haya, al menos, una persona en tu vida a la que no hayas podido perdonar por completo, todas, entiende bien: todas tus oraciones no tendrán respuesta. Así que, si Dios, hoy, no está contestando tus oraciones, pese a que tienes seguridad de no estar pidiendo nada para ti, sino para Su gloria, deberás de manera urgente examinar tu vida. ¿Tienes amargura o enojo u odio contra alguien? Si fuera así, entonces no has perdonado. No importa si lo dijiste, lo aseguraste, lo declaraste y lo juraste.

Tú sabes lo que hay en tu corazón. La quinta esencia de la no respuesta a la oración, es bastante controvertida por todo lo que se mueve a su alrededor: Ser Tacaños al Dar. Han existido, y existen, tantos fraudes y abusos en la iglesia con este asunto, que curiosamente, el asunto en sí mismo, ha quedado devaluado. Es igual al rechazo que muchos sienten por Dios, porque han tenido problemas con una iglesia. ¿Lo entiendes? El último párrafo de este versículo nos encanta.

Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Pero lo que hacemos es incluir los dos versículos anteriores que van con esta declaración. ¿Por qué estaba Pablo tan seguro que Dios supliría de todo lo que los Filipenses necesitaban? Simple: Porque ellos se sacrificaban al dar. Si tú no eres un dador generoso, más allá de todo lo que ya sabemos sobre todo esto, entonces tú no puedes reclamar la promesa de este versículo.

Todas las promesas de Dios son condicionales. Y esta no es la excepción, lo lamento.  Hay tantas escrituras para este tema que no las puedo incluir a todas aquí. Esta es un área de tu vida que necesitas examinar y pedirle al Señor que la trate contigo con certeza y fidelidad. ¿Eres tú un dador? ¿Das sólo porque sientes que tienes que hacerlo? ¿Das de mala gana, o sólo cuando te manipulan emocionalmente y te hacen sentir a punto de irte al infierno? ¿Das apenas un mínimo que, calculas, Dios aceptará como bueno?

¿Especulas con lo que das, y si no recibes recompensa inmediata, te arrepientes de haber dado? ¿Te enojas cuando se toma una ofrenda, o simplemente no piensas acerca de las ofrendas de amor para nada? ¿Estás listo para dar en tu vida diaria, cuando te encuentras con alguien en necesidad?  ¿Das solamente para recibir algo a cambio? Vete con los de la Teología de la Prosperidad, a ver que queda de tu patrimonio dentro de cinco años.

¿Guardas enojo y falta de perdón con alguien que te pidió prestado y nunca te pagó la deuda? Recuerda esto: Jesús nos dijo que si prestábamos a alguien, no debíamos esperar que nos paguen. Sé de muchos cristianos que han destruido su vida de oración por este motivo. Alguien tomó prestado de ellos y luego no pudo pagarles el retorno. Se enojaron y decidieron destruir a esa persona. Al hacerlo, bloquearon a Dios para contestarles cualquiera de sus oraciones.

La sexta cuestión que impide que nuestras oraciones sean respondidas, es la que tiene que ver con Dificultades Entre Esposos. En una época como esta, en donde el matrimonio como institución, pasa por una de sus etapas más críticas, entre los cristianos no deja de tener validez a la hora de la oración. Si la relación entre marido y mujer no es de amor y agradable a Dios, ¡Entonces no esperes que Dios escuche o conteste tus oraciones! Pedro lo dice más que claro en una de sus cartas.

¿Tienes ataques de ira contra tu esposo o esposa? ¿Guardas amargura o enojo para con tu cónyuge, por algo que ella o él te hizo en el pasado? ¿Tienes celos muy fuertes de él o ella? ¿Le has estado mintiendo? ¿Intentas controlar o manipular a tu pareja? ¿Eres sarcástico o sarcástica, crítico o crítica y haces ver mal a tu esposo o esposa, delante de otros o a solas? ¿No valoras tu relación matrimonial sobre todas las demás, excepto la del Señor? ¿Pones a tus hijos o hijas por delante de tu esposo o esposa?

¿Pones tu trabajo por delante de tu matrimonio?  La lista sigue y sigue. En cada sitio del planeta y conforme a sus pautas culturales e idiosincrasia de sus habitantes, esa lista presenta variables regionales o locales. Si haces algunas de estas cosas u otras similares, entonces tus oraciones serán estorbadas grandemente. La séptima estampa que determina un silencio sepulcral por parte de Dios ante tus oraciones, tiene que ver con la Falta de Fervor.

Según la Real Academia, el fervor es el celo ardiente hacia las cosas de piedad o religión, así también como el entusiasmo o ardor con que se hace algo. Muchas de nuestras oraciones no son contestadas simplemente porque no nos interesamos en orarlas. Dios quiere nuestro corazón completo y nuestra atención total cuando oramos. Demasiadas de nuestras oraciones son sin emoción, cortas y descuidadas. Por eso creo que tienen algún resultado positivo ciertas cadenas de oración.

Quien la pide, tiene que esforzarse en escribirlas o describirlas, vía teléfono o correo. Tienen que pensar acerca de lo que quiere orar, tiene que ser específicos y tienen que tomar el tiempo y el esfuerzo de describirlas. Dios quiere intensidad en nuestras oraciones. Quiere que seamos serios y nos comprometamos a aquello por lo que oramos. Si no nos importa lo suficiente como para ser intensos en nuestra oración, ¿Por qué debería de importarle a Dios contestar?

Sé perfectamente que la que te he compartido, es una lista bastante difícil de cumplir, pero te ruego que no te desanimes. Siéntate con papel y lápiz y ponte ya mismo a orar por esta lista. Para que te sea más sencillo, voy a repetirte los títulos solamente de los siete obstáculos de oración. El primero, Orar por motivos equivocados. Segundo, el pecado que pueda haber en nuestras vidas. Tercero, los ídolos que puedan vivir en nuestros corazones. Cuarto, tener falta de perdón.

Tacaños a la hora de dar. Sexto, las dificultades que puedan existir en el matrimonio y, en séptimo lugar, la falta de fervor para orar. Ora por esta lista. Pídele al Señor que te muestre las cosas que en tu vida, pueden estar bloqueando la llegada de tu oración al Trono de la Gracia, o la salida de las respuestas. Escríbelas en un papel y luego arrepiéntete de ellas, pide perdón al Señor y ruégale que te limpie, y no vuelvas a cometerlas.

Quiero que recuerdes puntualmente esto: si hubiera algo en tu vida que está bloqueando a Dios para contestar tus oraciones, ¡Nadie más que tú podrá hacer que Dios las responda! Buscar supuestos ungidos como intermediarios o pedirle oraciones a un millar de personas, no va a solucionar el tema. No dudo que hay tremendo poder en el pueblo de Dios cuando se une para orar, pero aquí estoy hablando de tus problemas personales y la oración.

Si tú no estás obteniendo respuestas, no pienses que alguien más puede presionar a Dios para que te conteste. Es tu responsabilidad global, parcial y particular, además de total. Debes descubrir en oración y por ti mismo, que es lo que está estorbando esa relación personal con Cristo. Esto requiere de tu parte, mucha humildad, tiempo y esfuerzo. ¡Pero puedo decirte que vale totalmente la pena!

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15 – Obediencia

Romanos 5: 19 = Porque, así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos. Creo que no se necesita nada más para dejar en evidencia lo que esta palabra significa. La versión NVI dice al respecto: Por uno solo que desobedeció a Dios, muchos pasaron a ser pecadores; pero por uno solo que obedeció a Dios, muchos serán declarados justos. ¿Quieres evangelio, es decir: buena noticia? Tú eres uno de estos que han sido declarados justos. Varón o mujer, es lo mismo.

La palabra obediencia suele provocar reacciones encontradas. Para algunos suena a sumisión ciega, a pérdida de libertad o a imposición externa. Para otros, especialmente quienes se acercan al mensaje del Evangelio del Reino de Dios, es una llave silenciosa que abre puertas profundas: la del sentido, la transformación interior y la armonía con algo mayor que uno mismo. En un mundo que celebra la autonomía individual casi como dogma, hablar de obediencia puede parecer incómodo; sin embargo, quizás hoy más que nunca necesitamos redescubrir su significado, limpiarlo de distorsiones y devolverle su profundidad original. 

La obediencia, desde una perspectiva bíblica, no es simplemente “hacer lo que otro dice”. Es, más bien, una respuesta consciente a una voz que se reconoce como verdadera, justa y orientada al bien. En ese sentido, no es contraria a la libertad; es su maduración. Una persona verdaderamente libre no es la que hace todo lo que quiere en cada momento, sino la que ha aprendido a discernir qué vale la pena querer. Y ahí es donde la obediencia deja de ser una carga para convertirse en una elección con sentido.

Si uno observa los relatos bíblicos con atención, descubrirá que la obediencia nunca es presentada como un acto mecánico, sino como un proceso que involucra confianza. No se trata de obedecer porque sí, sino porque se ha reconocido una verdad que merece ser seguida. En ese marco, la obediencia no aplasta la personalidad; la afina. No borra la identidad; la ordena. Y no anula el pensamiento crítico; lo orienta hacia una comprensión más amplia.

Ahora bien, llevar esta idea al terreno cotidiano implica enfrentar una tensión real: vivimos en sociedades donde muchas estructuras de autoridad han fallado. Instituciones, líderes, incluso referentes cercanos, han traicionado la confianza de las personas. Entonces surge una pregunta legítima: Obedecer, si, de acuerdo, pero… ¿Obedecer a quién? ¿Obedecer qué? Aquí es donde la obediencia, entendida desde el Evangelio del Reino, no se dirige primero a sistemas humanos, sino a principios. Justicia, verdad, amor al prójimo, integridad: estos valores funcionan como brújula. No son imposiciones arbitrarias, sino fundamentos que sostienen la vida en comunidad. 

Desde un punto de vista social, la ausencia total de obediencia no genera libertad, sino caos. Pensemos en algo simple: el tránsito. Si cada conductor decidiera ignorar las normas porque “quiere ser libre”, el resultado no sería emancipación, sino accidentes constantes. La obediencia a ciertas reglas básicas permite que todos puedan moverse con mayor seguridad. Lo mismo ocurre en niveles más profundos: sin algún tipo de acuerdo sobre lo que es bueno, justo o verdadero, la convivencia se vuelve frágil.

Pero tampoco se trata de glorificar la obediencia sin matices. La historia humana está llena de ejemplos donde obedecer sin cuestionar ha llevado a tragedias. Por eso, la obediencia que proponemos aquí no es ingenua. Es una obediencia despierta, consciente, que pasa por el filtro del discernimiento. Una obediencia que sabe decir “sí” cuando corresponde, pero también “no” cuando lo que se pide contradice principios fundamentales.

En el plano personal, la obediencia tiene un impacto sorprendente. Muchas de nuestras dificultades cotidianas no provienen de falta de información, sino de falta de coherencia. Sabemos que dormir mejor nos haría bien, pero no obedecemos a esa necesidad. Sabemos que ciertas palabras pueden herir, pero igual las decimos. Sabemos que perdonar libera, pero preferimos aferrarnos al rencor. En esos pequeños actos diarios, la obediencia se vuelve práctica: no como una imposición externa, sino como una alineación interna entre lo que sabemos y lo que hacemos.

Aquí aparece un recurso concreto: el hábito de la pausa. Antes de reaccionar, antes de tomar una decisión impulsiva, detenerse unos segundos y preguntarse: “¿Esto que estoy por hacer está alineado con lo que creo que es correcto?” Puede parecer simple, incluso obvio, pero en la práctica es revolucionario. La obediencia empieza muchas veces en ese instante silencioso donde elegimos no actuar automáticamente.

Otro recurso útil es la revisión diaria. No como un ejercicio de culpa, sino de aprendizaje. Al final del día, repasar brevemente: ¿En qué momentos actué de acuerdo a mis convicciones? ¿En cuáles no? ¿Qué puedo ajustar mañana? Este tipo de práctica fortalece la conciencia y convierte la obediencia en un proceso dinámico, no en una regla rígida. 

De hecho, decir este tipo de cosas con lógica y natural seriedad no significa caer en solemnidades huecas ni simulaciones pomposas. Porque, seamos honestos, muchas veces desobedecemos por razones bastante poco gloriosas: pereza, capricho, orgullo. Y si uno no puede reírse un poco de sí mismo, que es lo que siempre se sugiere, la vida se vuelve demasiado pesada. Reconocer con una sonrisa que “sabía que tenía que hacer esto, pero igual hice lo otro” es el primer paso para cambiar. La obediencia no necesita solemnidad exagerada; necesita honestidad.

Desde una mirada espiritual más profunda, la obediencia se conecta con la idea de escuchar. De hecho, en su raíz más antigua, obedecer está relacionado con oír atentamente. No es solo cumplir, sino prestar atención. Esto implica desarrollar una sensibilidad interior, una capacidad de percibir aquello que orienta hacia la vida. En el lenguaje del Evangelio, esto se vincula con la voz de Dios, no como un sonido audible necesariamente, sino como una convicción interna que guía hacia el bien.

Esa guía, sin embargo, no siempre coincide con lo más fácil o lo más cómodo. Muchas veces la obediencia implica renuncia: dejar de lado un impulso, una ventaja inmediata, una reacción automática. Pero lejos de ser una pérdida, esa renuncia abre espacio para algo más profundo. Es como podar una planta: se quitan ciertas ramas para que el crecimiento sea más sano.

En términos ideológicos, es importante mantener un equilibrio. La obediencia no debe ser utilizada como herramienta de control ni como excusa para evitar el pensamiento crítico. Tampoco debe ser descartada por completo en nombre de una libertad mal entendida. Entre el autoritarismo y el individualismo extremo hay un camino intermedio donde la obediencia se convierte en colaboración consciente con principios que trascienden al individuo. 

En la vida comunitaria, esto se traduce en algo muy concreto: la capacidad de respetar acuerdos, de cumplir compromisos, de actuar con responsabilidad. Una sociedad donde nadie cumple lo que promete se vuelve inviable. En cambio, cuando las personas practican una obediencia basada en la integridad, se genera confianza, y la confianza es uno de los recursos más valiosos que existen.

Volviendo al corazón del Evangelio del Reino, la obediencia no es un fin en sí mismo, sino un medio para vivir de acuerdo a un propósito mayor. No se trata de acumular méritos ni de cumplir normas para sentirse superior. Se trata de alinearse con una forma de vida que promueve la justicia, la misericordia y la verdad. En ese sentido, la obediencia es profundamente humana: no nos aleja de nuestra esencia, nos acerca a ella.

También es importante reconocer que la obediencia es un proceso, no un estado perfecto. Nadie obedece siempre, en todo momento, sin fallar. Y está bien que así sea. El crecimiento ocurre precisamente en ese ir y venir, en ese aprender de los errores, en ese volver a intentarlo. La constancia vale más que la perfección.  

Un aspecto clave es la motivación. La obediencia basada en el miedo tiende a ser frágil y superficial. En cambio, la obediencia que nace del amor y la convicción tiene raíces más profundas. Cuando una persona comprende que ciertos principios están orientados a su bienestar y al de los demás, obedecer deja de ser una obligación y se convierte en una elección natural.

En este punto, conviene hacer una distinción sutil pero importante: no todo lo que se presenta como “correcto” lo es realmente. Por eso, la obediencia requiere discernimiento. No basta con seguir; hay que evaluar. Y esa evaluación no se hace en el vacío, sino a la luz de valores que han demostrado ser sólidos: la dignidad humana, la justicia, la verdad, el amor al prójimo.

En la práctica, esto puede significar decisiones difíciles. Decir la verdad cuando sería más conveniente mentir. Actuar con integridad cuando nadie está mirando. Elegir el bien común por encima del beneficio personal inmediato. Son decisiones que no siempre reciben aplausos, pero que construyen una vida con sentido.

Finalmente, la obediencia, entendida en su profundidad, no es una cadena que limita, sino una dirección que orienta. Es como seguir una brújula en medio de un bosque: no te obliga a caminar, pero te muestra hacia dónde ir si quieres encontrar el camino correcto. Y en un mundo lleno de voces contradictorias, tener una brújula confiable no es poca cosa.

Así, la obediencia deja de ser una palabra pesada para convertirse en una práctica viva. Una práctica que se construye día a día, en decisiones pequeñas y grandes, en momentos visibles y ocultos. Una práctica que no busca imponer, sino sostener. Que no pretende dominar, sino guiar. Y que, en última instancia, apunta a algo profundamente humano: vivir de manera coherente con aquello que reconocemos como verdadero y bueno.

Porque, al final, la pregunta no es si vamos a obedecer o no. Siempre obedecemos a algo: a nuestros impulsos, a nuestras emociones, a las presiones externas o a nuestras convicciones más profundas. La verdadera cuestión es elegir conscientemente a qué voz le damos ese lugar. Y en esa elección, silenciosa pero constante, se juega gran parte del sentido de nuestra vida.

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14 – Redención

 

Romanos 8: 22-23 = Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no solo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo. El cuerpo es quien recibe redención. Versión Nueva Traducción Viviente: Pues sabemos que, hasta el día de hoy, toda la creación gime de angustia como si tuviera dolores de parto; y los creyentes también gemimos —aunque tenemos al Espíritu Santo en nosotros como una muestra anticipada de la gloria futura— porque anhelamos que nuestro cuerpo sea liberado del pecado y el sufrimiento. Nosotros también deseamos con una esperanza ferviente que llegue el día en que Dios nos dé todos nuestros derechos como sus hijos adoptivos, incluido el nuevo cuerpo que nos prometió. Redención, igual a liberación del pecado.

La palabra “redención” suele sonar grande, lejana, incluso un poco gastada por el uso. Pero cuando uno la baja del pedestal y la pone a caminar por la vereda de todos los días, descubre que no es un concepto abstracto sino una experiencia profundamente humana. Redención no es solamente “ser salvado” en un sentido espiritual elevado; es también ser rescatado de lo que nos rompe por dentro, de lo que nos endurece, de lo que nos hace vivir en piloto automático. Es volver a respirar con sentido.

Desde una mirada bíblica, la redención no empieza en el mérito humano sino en la iniciativa de Dios. No es un premio, es un regalo. Y eso ya marca una diferencia enorme con muchas lógicas sociales actuales, donde todo se mide por rendimiento, apariencia o éxito. El evangelio del Reino de Dios propone otra cosa: una lógica de gracia. No niega la responsabilidad personal, pero tampoco la convierte en una carga insoportable. Más bien la ordena: primero eres amado, después eres transformado.

Ahora bien, hablar de redención sin tocar la realidad concreta sería quedarse a mitad de camino. Porque el mensaje bíblico, cuando se toma en serio, no se queda flotando en lo espiritual: se encarna. Se mete en las relaciones, en el trabajo, en la familia, en los conflictos, en la forma en que uno piensa, habla y actúa. La redención no es una burbuja, es una fuerza que atraviesa la vida. 

Y acá aparece una tensión interesante: vivimos en una sociedad que promueve constantemente la autoafirmación, el “sé quien quieras ser”, el “no le debes nada a nadie”. Suena liberador, pero muchas veces termina generando más soledad que libertad. La redención bíblica no va por ese lado. No te dice “invéntate desde cero”, sino vuelve a tu diseño original. Y eso implica reconocer que hay algo en nosotros que necesita ser restaurado.

Esto no es pesimismo antropológico, es realismo. Todos, en mayor o menor medida, cargamos con contradicciones internas: queremos hacer el bien y terminamos haciendo lo contrario; buscamos paz y generamos conflicto; deseamos amar y nos encerramos en el ego. La redención entra justamente ahí, no para humillar al ser humano, sino para levantarlo desde su verdad.

Una de las imágenes más potentes de la redención en la Biblia es la del rescate. Alguien que no puede salir solo de una situación, y otro que interviene. Pero no es un rescate frío o distante: es personal, cercano, comprometido. En el evangelio, Dios no envía simplemente instrucciones; se involucra. Y eso redefine completamente la idea de lo divino: no es un espectador, es protagonista.

Llevado a lo cotidiano, esto tiene implicancias muy concretas. Por ejemplo, en la forma en que uno enfrenta los errores. En una cultura que castiga el fracaso o lo disfraza, la redención propone otra salida: reconocer, aprender y seguir adelante con una identidad que no queda anulada por la caída. No es “no importa lo que hagas”, sino “lo que hiciste no define lo que puedes llegar a ser”.

También impacta en las relaciones. Una persona que ha entendido, aunque sea un poco, lo que significa ser redimida, tiende a mirar a los demás con más paciencia. No con ingenuidad, sino con misericordia. Sabe que todos están en proceso. Y eso cambia el tono de las conversaciones, la manera de discutir, incluso la forma de poner límites.

Ahora, seamos sinceros: esto no siempre es fácil. De hecho, muchas veces es bastante incómodo. Porque la redención no solo consuela, también confronta. Nos muestra lo que hay que soltar, lo que hay que ordenar, lo que hay que sanar. Y ahí es donde muchos prefieren quedarse con una versión más liviana del mensaje. Pero una redención “light” no transforma, apenas entretiene.

El evangelio del Reino de Dios, en cambio, es profundamente transformador porque apunta al corazón. No se conforma con cambios externos. Y eso tiene una consecuencia social interesante: cuando las personas cambian desde adentro, las estructuras también empiezan a moverse. No de manera mágica ni instantánea, pero sí real. 

Pensemos en algo simple: una persona que deja de vivir desde la mentira y empieza a vivir desde la verdad. Eso impacta en su familia, en su trabajo, en sus vínculos. O alguien que aprende a perdonar en lugar de acumular resentimiento. Parece algo pequeño, pero multiplica paz a su alrededor. La redención tiene ese efecto “dominó” que muchas veces pasa desapercibido.

Y no hace falta ponerse solemne para hablar de esto. De hecho, un poco de humor ayuda a aterrizarlo. Porque si uno mira su propia vida con honestidad, hay situaciones donde la redención se siente casi como un “rescate de emergencia”. Momentos donde uno dice: “menos mal que Dios tuvo paciencia conmigo, porque yo ya me habría descartado”. Esa mezcla de gratitud y asombro también es parte del camino.

Ahora bien, ¿Cómo se vive esto en la práctica? Porque si se queda en teoría, pierde fuerza. Hay algunos recursos sencillos pero profundos: Primero, el hábito de la reflexión. No necesariamente algo complicado, sino tomarse unos minutos al día para revisar lo vivido: qué pensé, qué sentí, qué hice. No para castigarse, sino para tomar conciencia. La redención necesita espacios de lucidez.

Segundo, la lectura bíblica como diálogo, no como obligación. Leer buscando entender, pero también dejarse interpelar. Preguntarse: ¿Qué dice esto sobre Dios? ¿Qué dice sobre mí? ¿Qué puedo aplicar hoy, aunque sea en algo pequeño?

Tercero, la práctica del perdón. Y acá conviene aclarar algo: perdonar no es justificar ni olvidar automáticamente. Es decidir no quedar atado al daño. Es un proceso, a veces largo, pero profundamente liberador.

Cuarto, la coherencia progresiva. No se trata de ser perfectos de un día para el otro, sino de ir alineando la vida con lo que uno cree. Pequeños pasos, sostenidos en el tiempo. La redención no es solo un evento, es un camino.

Quinto, la comunidad. Nadie se redime en soledad absoluta. Necesitamos otros que acompañen, que desafíen, que sostengan. No para depender, sino para crecer.

Desde un punto de vista social, la redención también cuestiona ciertas narrativas dominantes. Por ejemplo, la idea de que las personas son descartables o irreversibles. El mensaje bíblico dice lo contrario: siempre hay posibilidad de cambio. Esto no elimina la justicia, pero la equilibra con esperanza. También desafía el cinismo. Esa actitud de “nada va a cambiar” o “todos son iguales”. La redención afirma que el cambio es posible, pero no ingenuamente: reconoce el mal, pero no lo absolutiza.

Y en lo ideológico, invita a una postura interesante: no absolutizar ninguna construcción humana. Ni sistemas, ni líderes, ni corrientes. Porque la redención no viene de ahí. Eso permite una mirada más libre, más crítica y, al mismo tiempo, más comprometida con el bien común. Volviendo a lo personal, hay algo clave: la identidad. La redención no solo cambia conductas, redefine quién eres. Y eso tiene un efecto directo en la autoestima, pero no en el sentido superficial, sino en el más profundo: saberse valioso no por lo que uno logra, sino por lo que uno es en relación con Dios.

Esto no genera orgullo, genera humildad sana. Porque todo es recibido. Y al mismo tiempo, genera dignidad. Porque no es una identidad frágil, depende de algo más sólido que la aprobación externa. En definitiva, la redención es una palabra grande porque toca todo: lo espiritual, lo emocional, lo relacional, lo social. Pero no es inaccesible. Empieza en lo cotidiano, en decisiones pequeñas, en aperturas sinceras.

Quizás no siempre se sienta espectacular. A veces es silenciosa, casi imperceptible. Pero con el tiempo, se nota. En la forma en que uno reacciona, en la paz que va ganando terreno, en la manera de mirar la vida. Y si hay que resumirlo en una imagen simple, podría ser esta: la redención es como volver a casa después de haber estado mucho tiempo perdido. No porque uno haya encontrado el camino solo, sino porque alguien salió a buscarlo. Eso no solo cambia el destino. Cambia el presente. Y le da sentido a todo lo demás.

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13 – Comunión

2 Corintios 6: 14 = No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? Comunión, común unión o unión en común. Imposible entre la luz y la tiniebla, entre el cielo y el infierno. La NTV lo dice así al mismo texto: No se asocien íntimamente con los que son incrédulos. ¿Cómo puede la justicia asociarse con la maldad? ¿Cómo puede la luz vivir con las tinieblas? Le cambia la palabra comunión por la de asociación, pero el efecto es el mismo.

La palabra comunión suele sonar solemne, casi reservada a templos, rituales o momentos especiales. Sin embargo, cuando uno se acerca a su raíz más profunda —no desde una etiqueta religiosa sino desde la experiencia viva del Evangelio del Reino de Dios— descubre que comunión es, en esencia, una forma de existir. No es un evento, es un estado; no es un acto aislado, es una manera de vincularse con Dios, con los demás y con uno mismo.

Si tuviéramos que traducirla a lo cotidiano, comunión sería algo así como “vivir en conexión verdadera”. Y eso, lejos de ser abstracto, es profundamente práctico. 

Desde una mirada bíblica, la comunión no aparece como una obligación sino como una consecuencia natural de una vida alineada con Dios. En los relatos del Evangelio, la comunión ocurre alrededor de una mesa, en una caminata, en una conversación inesperada, en el gesto de compartir pan o en el acto de escuchar sin juzgar. Es decir, en lo humano. Porque la propuesta del Reino no viene a deshumanizar, sino a restaurar lo humano en su mejor versión.

Ahora bien, si miramos nuestro contexto social —y no hace falta ir muy lejos— encontramos que la desconexión es casi una epidemia silenciosa. Estamos hipercomunicados, pero poco conectados. Sabemos lo que alguien publica, pero no lo que siente. Reaccionamos con emojis o likes, pero evitamos conversaciones incómodas. Y en ese escenario, la comunión parece una palabra antigua… cuando en realidad es más urgente que nunca.

La comunión bíblica no es uniformidad. No implica pensar todos igual ni anular las diferencias. De hecho, sería bastante aburrido si así fuera. La riqueza de la comunión está justamente en la diversidad reconciliada. Personas distintas, historias distintas, ideas distintas… que encuentran un punto de encuentro en algo mayor que sus diferencias: el amor de Dios manifestado en la vida diaria.

Y acá aparece un punto clave: la comunión no se fuerza. Se cultiva. No se trata de “llevarse bien con todos” como una meta ingenua o artificial. Se trata de aprender a convivir desde la verdad, la gracia y la humildad. Y eso, siendo honestos, a veces cuesta. Porque implica ceder, escuchar, perdonar, pedir perdón… cosas que nuestro ego no siempre tiene ganas de hacer. Pero ahí es donde la enseñanza del Evangelio se vuelve concreta. No es teoría elevada, es práctica cotidiana. Por ejemplo:

  • Comunión es elegir no responder con ironía cuando podrías hacerlo.
  • Es dar lugar a la otra persona, aunque estés convencido de que tenés razón.
  • Es compartir lo que tienes sin calcular demasiado.
  • Es aprender a decir “me equivoqué” sin que se caiga el mundo.
  • Es alegrarte genuinamente por el bien del otro, incluso cuando tú estás esperando algo que no llega.

Suena simple, pero no es fácil. Y justamente por eso es transformador. Hay una imagen muy interesante en los textos bíblicos: la del cuerpo. Se habla de las personas como partes de un mismo cuerpo, donde cada miembro tiene su función. Nadie sobra, nadie es inútil, nadie lo hace todo solo. Esta metáfora, más allá de lo espiritual, tiene una fuerza social enorme. Porque rompe con dos extremos muy presentes hoy: el individualismo absoluto (“no necesito a nadie”) y la dependencia tóxica (“sin tí no soy nada”).

La comunión propone algo más sano: interdependencia. Es decir, reconocernos necesitados unos de otros, pero sin perder identidad. Y esto tiene implicancias prácticas en todos los ámbitos: familia, trabajo, amistades, comunidad. Una casa con comunión no es una casa sin conflictos; es una casa donde los conflictos no rompen el vínculo. Un equipo con comunión no es un equipo perfecto; es uno donde hay confianza para corregirse sin destruirse. Una amistad con comunión no es la que evita temas difíciles; es la que los puede atravesar sin romperse. 

Ahora, siendo sinceros, ¿Por qué cuesta tanto vivir en comunión? Porque implica morir a ciertas cosas internas: orgullo, autosuficiencia, necesidad de control, miedo al rechazo. Y eso no se resuelve con frases lindas, sino con un proceso real. El Evangelio del Reino no promete una vida sin tensiones, pero sí ofrece una transformación desde adentro que cambia la manera de atravesarlas. Hay algo profundamente revolucionario en esto: la comunión no depende de que todo esté bien afuera, sino de lo que se cultiva adentro. Es una decisión sostenida más que una emoción pasajera.

Y acá es donde entra el sentido del humor, que no es un detalle menor. A veces nos tomamos tan en serio a nosotros mismos que rompemos vínculos por cosas que, vistas con un poco de perspectiva, no eran tan graves. Aprender a reírse —sin burlarse, sino con liviandad— también es una forma de comunión. Descomprime, acerca, humaniza. Porque sí, se puede hablar profundamente sin volverse densos. Se puede ser firme en la fe sin ser rígido en el trato. Se puede vivir el Evangelio sin convertirlo en un discurso pesado. De hecho, cuando se vuelve pesado, probablemente algo se desvió. 

La comunión genuina tiene una característica muy clara: da vida. No agota, no oprime, no manipula. Es un espacio donde uno puede ser, crecer, equivocarse y volver a intentar. Ahora bien, llevar esto a la práctica requiere intención. No sucede por inercia. Algunos recursos concretos que pueden ayudar:

Primero, practicar la escucha activa. No escuchar para responder, sino para entender. Parece básico, pero cambia completamente la dinámica de cualquier conversación.

Segundo, generar espacios reales de encuentro. No todo puede pasar por una pantalla. Compartir una comida, una caminata, un momento sin distracciones digitales favorece la comunión de una manera que lo virtual no logra reemplazar.

Tercero, revisar nuestras reacciones. Muchas veces respondemos desde heridas, cansancio o prejuicios. Tomarse un segundo antes de reaccionar puede evitar conflictos innecesarios.

Cuarto, cultivar la gratitud. Agradecer lo que otros aportan, aunque sea pequeño, fortalece el vínculo. Nadie se cansa de sentirse valorado.

Quinto, sostener la coherencia. No se puede hablar de comunión y vivir en constante conflicto con todos. La credibilidad se construye con acciones.

Sexto, —quizás el más desafiante—, aprender a perdonar. No como un acto emocional inmediato, sino como una decisión progresiva. Perdonar no niega el dolor, pero evita que ese dolor gobierne nuestras relaciones.  

Desde una mirada ideológica objetiva, la comunión también cuestiona ciertos modelos actuales. Por ejemplo, la lógica de “usar y descartar” aplicada a las relaciones. O la idea de que todo vínculo debe ser funcional a mi bienestar inmediato. La comunión propone algo más profundo: relaciones con sentido, no solo con utilidad. Esto no significa tolerar lo dañino ni justificar lo injusto. La comunión no es ingenua. Tiene límites, tiene criterio, tiene discernimiento. Pero no se construye desde la sospecha permanente, sino desde la apertura responsable.

Y acá volvemos al núcleo del Evangelio: Dios no se relaciona con la humanidad desde la distancia, sino desde la cercanía. No envía solo ideas, se hace presente en lo humano. Eso redefine completamente el concepto de comunión. Ya no es el hombre tratando de llegar a Dios por mérito, sino Dios acercándose al hombre para restaurar el vínculo. Cuando esa realidad se internaliza, cambia la manera de vivir. La comunión deja de ser un mandato externo y se convierte en una respuesta natural.

En lo cotidiano, eso se ve en cosas simples: en cómo tratamos al que piensa distinto, en cómo manejamos un desacuerdo, en cómo usamos nuestras palabras, en cómo administramos nuestro tiempo y nuestras prioridades. Porque al final del día, la comunión no se mide en discursos sino en gestos. Y sí, también tiene momentos incómodos. Porque no todo es armonía constante. Pero incluso en la tensión, la comunión busca construir, no destruir.

Hay una frase que podría resumir todo esto de manera sencilla: “no se trata de estar siempre de acuerdo, sino de permanecer conectados”. Esa conexión, cuando está basada en el amor de Dios, tiene una profundidad que no depende de las circunstancias. En un mundo donde muchas cosas son descartables, la comunión es un acto casi contracultural. Es elegir permanecer, construir, sostener. No por obligación, sino por convicción. Y eso, lejos de ser una carga, es una de las experiencias más humanas y más divinas al mismo tiempo.

Porque cuando la comunión es real, algo del Reino de Dios se hace visible. No como una idea lejana, sino como una realidad concreta, vivida, imperfecta pero genuina. Y tal vez ahí está el mayor desafío —y también la mayor belleza—: hacer de lo cotidiano un espacio donde lo espiritual no sea un discurso, sino una presencia viva. Donde compartir un mate, un café, una charla, una ayuda inesperada o un silencio acompañado también sean formas de expresar el Evangelio. Donde la comunión deje de ser una palabra “importante” y pase a ser una práctica diaria. Simple, profunda… y transformadora.

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12 – Esperar

 

 

1 Tesalonicenses 1: 9-10 = Porque ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera. En más o menos líneas, creo que es la historia personal de cada uno de nosotros. NTV: Pues no dejan de hablar de la maravillosa bienvenida que ustedes nos dieron y de cómo se apartaron de los ídolos para servir al Dios vivo y verdadero. También comentan cómo ustedes esperan con ansias la venida, desde el cielo, del Hijo de Dios, Jesús, a quien Dios levantó de los muertos. Él es quien nos rescató de los horrores del juicio venidero.

Esperar es una de las palabras más desafiantes del lenguaje humano. No por su complejidad gramatical, sino por su peso existencial. Esperar incomoda, descoloca, cuestiona. En una cultura que premia la inmediatez, que idolatra la velocidad y que mide el valor en términos de resultados visibles, esperar parece una pérdida de tiempo. Sin embargo, desde una mirada espiritual profunda, esperar no es pasividad: es una forma activa de fe, una postura interior que transforma tanto el proceso como a la persona.

La espera, bien entendida, no es un vacío entre dos momentos, sino un terreno fértil donde algo se gesta. En términos bíblicos, esperar implica confianza. No una confianza ingenua o evasiva, sino una decisión consciente de sostenerse en una promesa aun cuando la evidencia externa no acompañe. Es interesante observar que la Escritura no romantiza la espera: la muestra con toda su tensión. Hay ansiedad, hay preguntas, hay silencios que duelen. Pero también hay una certeza que atraviesa todo: Dios no actúa fuera del tiempo, sino dentro de él, y muchas veces su obra más profunda ocurre precisamente en los intervalos.

Desde una perspectiva social, la dificultad para esperar tiene consecuencias concretas. La impaciencia colectiva genera relaciones frágiles, decisiones apresuradas y expectativas irreales. Queremos respuestas inmediatas, soluciones instantáneas, vínculos sin proceso. Y cuando eso no sucede, aparece la frustración. En este contexto, la espera se vuelve contracultural. Practicarla no solo es un acto espiritual, sino también un gesto de resistencia frente a un sistema que nos entrena para lo efímero.

Ahora bien, esperar no significa quedarse de brazos cruzados. Aquí es donde muchas veces se produce el malentendido. La espera bíblica es activa. Implica prepararse, madurar, ordenar lo interno. Es como el agricultor que, después de sembrar, no puede acelerar el crecimiento de la semilla, pero sí puede cuidar el suelo, regar, proteger el proceso. Hay una parte que no depende de él, pero hay otra que sí. En ese equilibrio se mueve la vida espiritual. 

Un punto clave es distinguir entre esperar y resignarse. Resignarse es rendirse sin esperanza. Esperar, en cambio, es sostener una expectativa con fundamento. Es decir: no espero “porque sí”, sino porque confío en el carácter de Aquel en quien espero. Esto le da a la espera una dimensión relacional. No es simplemente aguantar el paso del tiempo, sino permanecer en vínculo.

En la vida cotidiana, esto se traduce en situaciones muy concretas. Esperar un trabajo, una respuesta, una sanidad, una reconciliación. Y en cada uno de esos escenarios, la pregunta no es solo “¿Cuándo va a pasar?”, sino “¿Qué está pasando en mí mientras tanto?”. Porque la espera también revela. Saca a la luz nuestras motivaciones, nuestros miedos, nuestras prioridades. Nos enfrenta con nosotros mismos.

Hay algo profundamente humano en querer controlar los tiempos. Nos da seguridad. Pero la espera nos enseña a soltar ese control, no como un acto de derrota, sino como un ejercicio de confianza. Y esto no es fácil. De hecho, muchas veces es incómodo, incluso doloroso. Pero también es liberador. Porque cuando dejamos de forzar los procesos, empezamos a ver con más claridad. 

Un recurso práctico para transitar la espera es aprender a habitar el presente. Parece obvio, pero no lo es. Muchas veces vivimos proyectados hacia el futuro, como si la vida real estuviera siempre un poco más adelante. Esperar, entonces, se vuelve una carga. Pero si entendemos que el presente también es parte del propósito, la espera cambia de sentido. Ya no es un “mientras tanto” sin valor, sino un espacio significativo.

Otro recurso es el cultivo de la gratitud. No como una negación de lo que falta, sino como un reconocimiento de lo que sí hay. La gratitud no elimina el deseo, pero lo ordena. Nos permite ver que, aun en la espera, hay vida, hay provisión, hay señales de cuidado. Esto no es un optimismo superficial, sino una mirada más amplia.

El humor también tiene su lugar. Sí, incluso en la espera. Porque reírnos —con respeto y sin cinismo— nos ayuda a descomprimir la tensión. A veces nos tomamos tan en serio nuestros tiempos que olvidamos que no somos los únicos actores en la historia. Un toque de humor sano puede recordarnos eso. No para minimizar lo que sentimos, sino para darle aire. 

Desde una mirada más profunda, la espera también tiene una dimensión formativa. Nos enseña paciencia, pero no como una virtud abstracta, sino como una práctica concreta. Y la paciencia no es simplemente “saber esperar”, sino saber cómo esperar. Con qué actitud, con qué enfoque, con qué disposición interna.  

En este sentido, el evangelio del Reino de Dios presenta una lógica distinta. No niega la realidad, pero la reinterpreta. Propone una forma de vivir donde el valor no está solo en el resultado, sino en el proceso. Donde lo invisible tiene peso. Donde lo pequeño cuenta. Y donde la espera no es un obstáculo, sino parte del camino.

Esto no significa que todo sea fácil o que no haya momentos de duda. Los hay. Y son legítimos. La fe no es ausencia de preguntas, sino la decisión de no soltar la confianza en medio de ellas. A veces, esperar implica simplemente eso: no abandonar.

Un aspecto interesante es cómo la espera redefine nuestras expectativas. Muchas veces esperamos algo específico, en un formato determinado, en un tiempo concreto. Y cuando eso no sucede, sentimos que todo falló. Pero en el camino descubrimos que la respuesta puede venir de otra manera. No siempre como lo imaginamos, pero sí como lo necesitamos.

Aquí aparece otro aprendizaje: la flexibilidad. No en el sentido de renunciar a lo esencial, sino de estar abiertos a que las formas cambien. La espera nos entrena en eso. Nos saca de la rigidez y nos invita a confiar más allá de nuestros esquemas.

En términos sociales, recuperar el valor de la espera podría transformar muchas dinámicas. Desde la educación hasta la política, pasando por las relaciones personales. Implicaría priorizar procesos por sobre resultados inmediatos, profundidad por sobre apariencia, consistencia por sobre velocidad. No es una propuesta ingenua, sino una invitación a repensar nuestras prioridades.

Ahora bien, todo esto puede sonar bien en teoría, pero en la práctica cuesta. Por eso es importante tener herramientas concretas. Algunas simples, pero efectivas:

Primero, establecer tiempos de pausa intencional. No esperar solo porque no queda otra, sino generar espacios donde la espera sea elegida. Esto puede ser a través de momentos de silencio, reflexión o simplemente desconexión del ruido constante.

Segundo, escribir. Poner en palabras lo que se está viviendo en la espera ayuda a ordenar pensamientos y emociones. A veces, lo que parece un caos interno encuentra claridad cuando se expresa.

Tercero, compartir. La espera en soledad puede volverse más pesada. Hablar con otros, escuchar experiencias, recibir perspectiva, puede aliviar y enriquecer el proceso.

Cuarto, recordar. Volver sobre experiencias pasadas donde la espera tuvo sentido. Esto no es nostalgia, sino memoria activa. Nos recuerda que no todo depende del momento actual.

Y quinto, actuar en lo posible. Porque siempre hay algo que sí se puede hacer. Tal vez no sea resolver todo, pero sí dar pasos concretos. La espera no anula la acción, la orienta.

En definitiva, esperar es una escuela. No siempre elegida, pero siempre significativa. Y en esa escuela, lo que se forma no es solo la capacidad de resistir, sino la de confiar. No una confianza abstracta, sino encarnada, cotidiana, real.

La palabra se hace vida cuando se traduce en decisiones concretas. Esperar con fe no es repetir frases, sino sostener una actitud. Es levantarse cada día con la misma convicción, aunque las circunstancias no hayan cambiado. Es seguir sembrando, aunque no se vea el fruto. Es cuidar lo que se tiene, mientras se cree por lo que viene.

Y en ese proceso, algo cambia. Tal vez no inmediatamente afuera, pero sí adentro. Y ese cambio interno, con el tiempo, también impacta lo externo. Porque la vida espiritual no está desconectada de la realidad: la atraviesa, la transforma, la resignifica.

Esperar, entonces, deja de ser una carga para convertirse en un camino. Un camino donde la fe se vuelve concreta, donde la esperanza se ejercita y donde el amor —sí, también el amor— aprende a sostenerse en el tiempo.

Porque al final, esperar no es perder tiempo. Es invertirlo en algo más profundo. Es confiar en que hay un sentido, aun cuando no sea evidente. Es elegir creer que la historia no está librada al azar, sino sostenida por una intención que, aunque a veces no entendamos, siempre apunta a la vida. Y eso, en tiempos de apuro, ya es una buena noticia.

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La Reputación del Rey

Una vez más, y tal como lo vengo haciendo desde un largo tiempo, quiero comenzar todo esto hablando de nuestro mundo, hoy. Lo primero que podemos ver, si somos observadores y no nos han comido el cerebro con promociones ideológicas o políticas, es que todo está fracasando. Los distintos líderes están fracasando. Las ideologías están fracasando. Las filosofías están fracasando. Los diferentes estados están fallando. Las distintas metodologías de la economía están fracasando. Los sistemas bancarios están fallando. Los sistemas educativos están fallando. Los sistemas religiosos están fallando. El mundo entero parecería estar fracasando.

Y Dios tiene la contestación para el fracaso. Si eres un creyente sólido y maduro, ese fracaso del mundo entero tiene que emocionarte. ¿Por qué? Porque cuando los sistemas de este mundo fallan, el sistema de Dios emerge. Aquí está nuestra convicción. Yo creo que los fracasos de este mundo, son la estrategia de Dios para exponer nuestra debilidad. Yo creo que Dios nos está aduciendo hacia Él. Él está aduciendo a la Tierra para que dependa de Él, de nuevo. Y toda la humanidad está buscando por un nuevo país. Porque nuestros países no están funcionando.

Yo creo que el mundo entero está bajo una enorme confusión y la gente que habita esos países busca desesperadamente soluciones a sus problemas. Por eso es que, en una gran proporción, vemos a gente que deja sus países para irse a probar fortuna en otros que les parecen más convenientes. Esto es muy importante porque lo queramos o no, hoy es un tema de fondo: la gente está migrando. Están buscando una vida mejor. Buscando un mejor futuro para sus hijos. Muchos están abandonando el lugar en donde nacieron, para ir a nuevos países. Para encontrar allí, en ellos, una nueva vida. ¿Por qué?

Todos estamos buscando por un nuevo país, ¿Sabes por qué? Porque en la mayoría de los casos, hemos perdido el nuestro. Cuando desobedecimos a Dios, perdimos por completo a nuestro país. Y desde que el hombre cayó, hemos estado buscando por ese país. Estamos buscando un mundo que trabaje, que funcione. Y aquí encontramos algo muy importante. La contestación de Dios para la Tierra, es un mundo nuevo. Aquí está la respuesta de Dios para los problemas de la Tierra. Se encuentra en Juan 3:16. Es una escritura muy conocida y quiero que hoy la leas conmigo.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo. Repítelo una vez más y escúchate a ti mismo. Porque de tal manera amó Dios al mundo. Fíjate que ninguna Biblia te dice que porque de tal manera amó Dios la tierra. De tal manera amó Dios al mundo, que envió a su único Hijo. Ahora mira el verso siguiente, el 17. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. Sería oportuno que, con lo que tengas a mano, subrayes la palabra Mundo donde quiera que la estés viendo.

El enfoque de Dios, no es la tierra. El enfoque, es el mundo. El mundo no es la tierra. Durante mucho tiempo hemos estado asumiendo que el mundo es la tierra. Son diferentes. En el lenguaje original en hebreo, hay dos palabras diferentes en la Biblia. Para la tierra y el mundo. Dios no envió a su Hijo al mundo, para condenar al mundo, sino para que el mundo, por Él, fuese salvo. Jesús vino a salvar al mundo, porque Dios amó al mundo. No la tierra. Dios no tiene problemas con la tierra. No hay nada en la tierra. La tierra está gimiendo. La tierra está llorando. ¿Por qué? Porque el mundo en la tierra, es el mundo incorrecto. La tierra sabe cómo se supone que el mundo se vea correctamente.

Así que la tierra está llorando, gimiendo. Esto es muy importante. La palabra Tierra, significa el planeta físico. Y en la Biblia, esa es la palabra que se usa. Tierra, el polvo, la tierra. Eso es tierra. Pero mundo es diferente. Esta es la palabra para mundo en la Biblia. Kosmos. Esa es la palabra para mundo en la Biblia. Kosmos. Esa es la palabra que Jesús usó. ¿Y qué significa kosmos? Primero, significa sistemas de gobierno. El mundo, sistemas de gobierno. Número dos: poderes de autoridad. Kosmos, poderes de autoridad. Número tres: sistemas de control. La palabra mundo significa sistemas de control.

Sistemas que controlan la tierra. Sistemas que gobiernan. Poderes de autoridad. Por lo tanto, la palabra mundo, envuelve todos los sistemas que controlan la tierra. Mundo. Así que los sistemas de gobierno, el sistema de banca, el sistema de educación, el sistema económico, el sistema legal, el sistema médico, el sistema religioso, todos conforman lo que se llama mundo. Sistemas del mundo que controlan todo lo que ocurre en la tierra. La Biblia dice que de tal manera amó dios al sistema, que envió a su Hijo hacia los sistemas. Y no para condenar al sistema, sino para salvarlo y traerlo bajo su autoridad. Dios quiere gobernar la tierra. No nuestros sistemas, con los sistemas de Dios, no con los terrenales.

Con los sistemas del cielo. Dios quiere que su gobierno, gobierne la tierra. Así que Jesús vino a la tierra para salvarnos de nuestros propios sistemas. Porque nuestros sistemas no están trabajando. Mira nuestros países. La corrupción, la adicción a drogas, el asesinato, divorcios, abusos, incesto, opresión, pobreza, enfermedades, estos son nuestros sistemas. Religión. ¡Ese es el peor! Jesús vino a salvarnos de nuestros propios sistemas. Y Él vino a restaurar los sistemas del cielo hacia la tierra. Fíjate Juan, capítulo 8, verso 12. Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Yo soy la luz del mundo.

No dijo la luz de la tierra, dijo la luz del mundo. El dice: sus sistemas están oscuros. ¿Qué quiere decir, Él, ¿allí? Luz. La palabra luz, en el lenguaje hebreo, significa conocimiento. Significa conocimiento verdadero. Luz. Así que cuando leas tu Biblia de nuevo, ten cuidado como la lees. Porque cuando ves la palabra Luz, no estamos hablando de una bombilla ni de una linterna, estamos hablando acerca de conocimiento. A ver; ¿Qué es lo opuesto de la luz? Tinieblas. Y la palabra para tinieblas, en hebreo, significa ignorancia.

Así que cuando ves la palabra tinieblas, u oscuridad, en la Biblia, no se está hablando acerca de falta de luz, sino de ausencia de conocimiento. Así que Jesús dijo: Yo Soy la Luz de este mundo. Yo soy el conocimiento que a los sistemas le falta. Yo soy el conocimiento para el gobierno. Yo tengo el conocimiento para la educación. Yo tengo el conocimiento para los negocios. Yo tengo el conocimiento para la economía. Yo tengo el conocimiento para los hijos. Yo tengo el conocimiento para el entretenimiento. Y yo quiero tomar todo el mundo.

La Biblia dice que Satanás es el príncipe de las tinieblas. La palabra príncipe, significa gobernante. ¿Qué significa? Jesús dijo: Satanás es el gobernante de las tinieblas. ¿Y qué significa tinieblas? ¡Ignorancia! En otras palabras; Satanás te gobierna, cuando tú eres ignorante. Por eso es que Él no quería que tú hoy estuvieras allí, escuchándome. Por eso es que él siempre atacará a todo lo que lo pone en evidencia. A él no le fastidian doscientos mil cultos cristianos de entretenimiento y discurso, él te va a poner mil obstáculos para que no accedas a nada que te traiga Luz.

Jesús dijo: El mundo estaba en tinieblas, pero ahora ha recibido la gran luz. El mayor enemigo del hombre no es el diablo, es la ignorancia. Porque cuando tienes ignorancia le das poder. Pero cuando recibes conocimiento de revelación, destruyes el control del diablo sobre tu vida. En este momento, si lo aceptas, el va a perder el control de ti, porque vas a recibir la luz sobre tu vida. Busca Juan 8:23, mira lo que dice: Y les dijo: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Es como si les hubiera dicho que ellos eran de este sistema del mundo, mientras que Él no era de ese sistema.

Él les dijo: yo tengo una manera de resolver tus problemas, que tú nunca soñaste. Yo voy a pagar tus cuentas de una manera que tú nunca pensabas que sería posible. Es otro sistema. Voy a sanarte del otro sistema. Voy a bendecirte con este otro sistema. Voy a hacerte libre del otro sistema. ¿Cuántos de ustedes están listos para abandonar este sistema y pasar al de Cristo? ¡Es otro mundo! Jesús dijo: Tú eres la luz de este mundo. Por lo tanto, ve a todos los sistemas. Ve a todo el mundo, dijo. Él no dijo: ve a toda la tierra. Repito: Jesús dijo: ve a todo el mundo, Él no dijo: ve a toda la tierra.

Él dijo: ve a todos los sistemas. Doctores, abogados, maestros, políticos, hombres de negocios, carpinteros, informáticos, especialistas en inteligencia artificial. Ve a todos los sistemas, dijo. Y toma mi luz. Estamos aquí para traer el mundo de los cielos de vuelta a la tierra. Vivo en Argentina. Argentina es un sistema. Su territorio, es la tierra. Nuestro sistema es un lío bárbaro, pero nuestra tierra es excelente.  Así es que, cualquier cosa que Argentina haga, controla su territorio. Así que el país no es la tierra. Es el sistema, o los sistemas. Por eso es que estamos buscando otro país.

Cada ser humano está tratando de encontrar el mundo perfecto. ¿Sabes por qué’ ¡Porque no somos de la tierra! Tú no eres de la tierra. ¡Tú fuiste enviado a la tierra! Ustedes son extranjeros. Y si quieres una mucho más desequilibrante, ¡Extraterrestres! Hace años que las naciones más poderosas gastan millones de dólares buscando extraterrestres, y no se dieron cuenta todavía que ellos mismos son extraterrestres. Está bien, están disculpados porque quizás nadie se los dijo, pero a ti y a mí sí que nos lo dijeron. El asunto, es: ¿Lo creímos? No eres de esta tierra, por eso es que tienes tantos deseos de ir a un lugar que ni siquiera te imaginas o sabes cual o donde es.

Mira; cuando Dios le hizo a Abraham la promesa, en esa promesa no le estaba prometiendo el cielo. Él le prometió una tierra. Un país. Todos los seres humanos están buscando otro país. Deseamos, anhelamos otro país. Quiero léete un verso, ahora, que tiene una connotación especial. Vamos a Hebreos capítulo 11. Ustedes saben que este capítulo ha sido muy abusado. Especialmente por la gente de fe. Concretamente, los denominados movimientos de fe, utilizaban mucho este capítulo. Sin embargo, si lo miras con cuidado, vas a ver que este capítulo no se trata precisamente de la fe, sino más bien de la fidelidad.

Sería muy importante que puedas leerte el capítulo completo. Porque es un capítulo que trata respecto a alguna gente. Se trata de una gente que tiene una creencia. Que sin importar lo que les sucediera, nunca cedieron a su creencia. Vamos a leerlo, el verso 13: Conforme a la fe murieron todos estos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. O sea que, aunque te suene raro, divertido y hasta irrespetuoso, tranquilamente podemos entender que ellos admitieron que eran extraterrestres.

Ya quedó dicho. Abraham sabía que era un extraterrestre. Josué sabía que era un extraterrestre. Moisés también lo sabía, y también Daniel, que se preocupaba por decir que no era de aquí. No somos de la tierra. ¡Fuimos enviados a la tierra! Se nos dio una asignación consistente en dominar la tierra para nuestro Reino. Mira el verso 14: Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria. Este capítulo se trata de una gente, que todos conocimos muy bien. Y ellos estaban buscando una patria. Ellos no estaban buscando casas, ni ropas, ni zapatos, ni dinero. Eso, en todo caso, es lo que busca el llamado movimiento de la fe.

La pregunta, entonces, es: ¿Qué estás buscando tú? ¡Oh, Dios, ¡bendíceme! ¡Dame un auto, un carro nuevo! ¡Bendíceme! Con una casa, con ropa, con zapatos. Ellos nunca pidieron zapatos, o ropa, o dinero; ellos buscaban una patria. Lee el verso 15: pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Si hubieran estado pensando en un sitio terrenal, una patria terrenal, hubieran regresado a casa. El verso 16: Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad.

Ellos anhelaban una patria celestial. ¡Te lo dije que no eras de aquí! Escucha: tienes que tomar todo esto en tu mente. Ustedes no son de la tierra. Ustedes son del cielo, son celestiales. ¡Uf! ¡Te estoy viendo esos ojos raros! ¡Me parece que no me estás creyendo! Déjame probártelo, ¿Quieres? Jesús vino a la tierra. Así como tú naciste de una mujer, y le preguntaron de donde era. Y el respondió simple: Nací en Belén, crecí en Nazaret y viví en Capernaum. Eso era lo que tenía que decir. Pero, ¿Dijo eso? ¡NO! Él dijo: Yo vine del cielo. ¿Lo entiendes? De donde tú naciste, no es de donde tú vienes. En todo caso, allí fue donde tú caíste.

¿Quieres que te lo diga como yo lo veo para mí? ¡Yo no soy de Argentina! ¡Yo caí del cielo a Argentina! El día que en tu mente tan racional penetre esta verdad sobrenatural, tu vida cambiará y podrás decir, sin miedo a que te tomen por loco: ¡Yo soy del cielo! ¡Ese es mi origen! Fuiste enviado a la tierra, porque Dios quería el mundo del cielo aquí, en la tierra. Salmo 24:1, dice: De Jehová es la tierra y su plenitud; El mundo, y los que en él habitan. ¿Te queda claro o le pedimos a Dios que lo proclame de nuevo? Dios dice: la tierra es mía, los sistemas son míos y la gente del sistema son mías. Por eso es que no tienes que tener temor de nadie más.

Él es dueño del sistema bancario. El es dueño del sistema de bienes raíces. Él es dueño del sistema legal. Él levanta y baja reyes. Él puede despedir a tu jefe. Así que cuando vayas a trabajar, de hoy en adelante, no te intimides por tu jefe. Si quieres puedes decirle que él está allí por causa de tu gobierno. Y que, si no te trata bien, tu gobierno lo va a despedir. ¿Tú no me crees? UN día, Jesús estaba frente de un gobernante. Su nombre era Pilatos. Era miembro del imperio Romano. Pilatos le dijo a Jesús: ¿Tú sabes quien soy yo? Soy el que tiene el poder de quitarte o darte la vida. Y Jesús, que no había dicho ni una palabra durante el juicio en su contra, pero ahí no se quedó callado y respondió.

Con permiso, don Pilatos. En primer lugar, tú no tienes autoridad sobre mí, a menos que se te haya dado a ti de parte de mi Padre en el cielo. Entonces Jesús amenazó a Pilatos explicándole que si quería podía llamar a diez legiones de ángeles que lo liberarían de su mano y destruirían ese palacio donde estaban. Así que le dijo de alguna manera que se callara, que lo crucificara que de cualquier modo el cielo estaba en control de todo, incluida la vida del propio Pilatos. Así que cuando vayas a trabajar, dile a la gente de tu trabajo que sea buena contigo, para que no tengas que molestar tu gobierno. No tengas temor, porque el Señor está contigo. Siempre. Cuando todo te hace parecer que no, también está.

El gobierno del cielo está contigo. Tienes el dominio de la tierra, porque así te fue dado en el principio. Tienes dominio de la tierra porque no eres de la tierra. Eres un extraterrestre. Tu Padre no es de la tierra. Jesús dijo que oráramos así: Padre nuestro, que no estas en la tierra. ¿Cuándo fue que el mundo del cielo vino a la tierra? Jesús contestó esa pregunta. Fíjate en Mateo capítulo 25, verso 34. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. ¿Cual es tu herencia, entonces? ¡No son cosas! ¿Cuál es tu herencia? Aquí lo dice. ¡El Reino!

Un país completo. Porque un país es un Reino. Un Reino es un país. Él dijo: tu herencia no es un trozo de algo, es una patria completa. Un gobierno, un sistema. La gente religiosa no puede entender este mensaje. La pregunta, es: ¿Cuándo Dios te dio el Reino en heredad? La respuesta la acabas de leer: desde la fundación del mundo. Cuando Dios puso a Adán en la tierra, el cielo llegó. El mundo llegó. El mundo original vino a la tierra. El Reino de los Cielos. Así que, cuando viniste a la tierra, el Reino llegó. Y Jesús dijo en Mateo 10:7: Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Las últimas tres palabras, “se ha acercado”, son muy importantes. Ese es el mensaje a predicar. No el mío, no el tuyo, no el de mi denominación, no el de la política de mi país. ¡Este mensaje! El Reino de los Cielos se ha acercado.

¿Y por qué fue que Jesús dijo que predicaran ese mensaje? Este mensaje, dijo. Este mensaje. ¿Por qué? Porque Él sabía que tú tenías tu propio mensaje. Hay muchas universidades y seminarios de excelencia para estudiar teología. Pero ninguno de ellos enseña específicamente sobre el Reino de los Cielos. ¿Cómo vamos a predicar de algo que no nos enseñaron a predicar? Ese es el hombre. Fabrica su prop0io mensaje y lo enseña como si viniera de parte de Dios. Pero resulta ser que el que viene de parte de Dios, aquí no hay donde estudiarlo. Por eso este mensaje es importante, porque si lo entiendes y lo crees, te reconecta con el mensaje de Jesús, nada menos.

Reino, dominio, autoridad. ¡Ese es el mensaje! Tomando la tierra para Dios. Controlando la tierra para Dios, de nuevo. Busca Mateo capítulo 24. Los discípulos le hicieron una pregunta a Jesús. ¿Cuándo será el final? Y Jesús les dijo: Primero, les voy a decir cuando No va a llegar el final. Habrá guerras, habrá pestes, habrá hambre, crisis económica, habrá reino contra reino, nación contra nación. Habrá muchos cristos, budas, mahomas, confucios, habrá terremotos, tsunamis. Entonces dijo: Pero no se confundan. ¿Por qué? Porque todavía el tiempo no ha llegado, todavía. Ada vez que hay un terremoto, o un huracán, o una guerra, la mayoría de los pastores comienzan a predicar que el fin está cerca. ¿No leyeron sus Biblias? ¡Dejen de inventar historias!

Porque Jesús dijo que cuando veas estas cosas, el fin todavía no ha llegado. Lee el capítulo, no es invento mío. Ahora Él nos va a decir cuándo es el fin. Busca el verso 14. Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin. Dice que cuando este evangelio del Reino, no tu evangelio personal o denominacional. ¡Este evangelio! Se predique a todo el mundo, para testimonio de todas las naciones, ¡Entonces vendrá el fin! Cuando este4 evangelio del Reino se predique a todo sistema, gobierno, negocios, leyes, medicina, explotación, deporte, entretenimiento, política. Cuando este evangelio del Reino, o sea del país del cielo, esté metido en cada sistema, entonces el fin va a venir.

Y aquí está el problema, porque mucho me temo que la iglesia no tiene el mensaje, todavía. O sea que entonces, la iglesia está aguantando, dilatando, demorando el regreso de Jesús. Léelo de nuevo: Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin. ¿Está claro? El fin no depende de un evento; depende de un mensaje. Ahora escucha con atención. En tu vida, hoy, está por comenzar una fase nueva, porque la revelación del Reino ha llegado a tu vida, hoy. ¡Predica el Reino!

Si te sientes raro, es porque la luz está llegando a tu vida. Y toda tiniebla que pueda haber habido en tu mente, se está alejando, porque no solo no comprende a la luz, sino que la aterroriza porque la deja en evidencia. Busca en tu Biblia, ahora, el evangelio de Mateo capítulo 6. Verso 33. Este capítulo que trata de la preocupación. Es acerca de tu pasatiempo favorito, el afán. Me gusta este capítulo. Porque la mayoría de las religiones se edifican en cosas. Oramos a Dios por cosas : Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

En el verso 25, dice: Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? No te afanes por lo que vas a comer o a vestir. Tu patria es la que cuida de esas cosas. Tu Padre celestial las cuida o las alimenta. La palabra Padre, en hebreo, es la palabra abba, y significa La Fuente o el que sostiene. Con esto te queda más que claro que Padre no es un nombre, es una función. Tu fuente que está en el cielo, cuida de los pájaros. Mira el verso 27: ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?

La preocupación o el afán, es la actividad que menos sirve en la tierra. No cambia nada, excepto tu presión sanguínea. Por eso Jesús dijo que no nos afanemos. Verso 31:  No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Ok. Esto es muy difícil. En el evangelio de Lucas te dice directamente que no pienses en estas cosas, con respecto a lo que vas a comer, a beber o a vestir. Jesús te dice que ni te preocupes ni pienses en estas cosas. ¿Y sabes qué? Tengo la sensación que, al decir esto, te acaba de destruir tu vida de oración. ¡Sólo los paganos buscan todas esas cosas! Así que cualquiera que ora por el dinero, ropa, comida, agua, casa, auto, según dice Jesús, es un pagano.

No me mires así, con esos ojos torcidos, lee tu Biblia. En muchos lugares, cada día domingo, se producen las reuniones de paganos más grandes del mundo. ¡Uy, Jesús! ¿Y entonces que debo orar? ¡Me acabas de quitar mi lista de oración! ¡Si no puedo orar por comida, bebida, auto o casa, me acabas de destruir mi religión completa! En un Reino, nunca oras por cosas. La gente que ha vivido en colonias no democráticas, sino dependientes de ciertos reinos que las habían conquistado, simplemente esperaban que sus reyes les enviaran lo que necesitaban. Ni se les ocurría pedírselo. Si el rey no enviaba nada se morían de hambre y punto, no había forma de modificar eso. Parece cruel, pero era así. Reino.

Tenemos que entender de una vez por todas, que un Reino es algo absoluta y totalmente opuesto a la democracia. Jesucristo no es un presidente. Ninguno de nosotros tiene que votar por Él. En el Reino no existe el voto. Porque un rey simplemente nace como rey. Y el rey, personalmente, es el dueño del país. NO sé si te diste cuenta de eso, pero en un Reino, los ciudadanos no son dueños de nada. Así cuando nosotros nacemos, todo lo que nos rodea, es propiedad del rey. La tierra donde vives, puede llamarse como “la tierra de la corona”. Todos los árboles podrían denominarse como “el bosque real”. Aún las aves pueden denominarse como pájaros reales. ¡Todo es del rey!

Te voy a dar un principio que te va a dar la respuesta que esperas sobre la oración. Si tú no entiendes el Reino, tú vas a ser religioso. Y siempre vas a estar con estrés, preocupaciones, depresiones, enfermedades y orando y pidiéndole a Dios por cosas. El principio: La reputación del rey se determina por la calidad de vida de los ciudadanos. Esto solamente se encuentra en los reinos. Por eso es que tú no puedes entender a Dios, porque Él es un Rey. Abre tus puertas y que el Rey de gloria entre. Nada es más importante para un rey que su nombre. Y, reitero, su nombre se sustenta públicamente por la calidad de vida que tienen los ciudadanos de su reino. Por eso en la Biblia se usa mucho el término “por causa de Su nombre”, ¿Recuerdas?

Por eso Dios dice: te voy a proteger, te voy a sanar, te voy a alimentar, te voy a liberar, pero no por causa de tu nombre, sino del mío, por mi reputación de rey. Así es que, entonces, no hay nada peor para un rey que tener a un ciudadano pobre, enfermo, deprimido o miserable. Por eso es que Jesús nos mandó a no pensar sobre la comida o la ropa que necesitáramos. ¡Lo avergonzamos si nos preocupamos por eso!

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Su Creación Será Liberada

Efesios 2:4-7 = Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

Ya sabemos, porque así lo hemos enseñado, que estamos sentados juntamente con Él en lugares celestiales. Y que eso tuvo seis pasos: crucifixión, muerte, entierro, ser vivificado, resucitar y sentarse. Hay tres razones inviolables por lo cual esto es cierto. Cristo es nuestra sustitución, se identificó con nosotros y somos uno con Él. Es tiempo, creo, de establecer en nuestra mente que el ser que moraba en nosotros, ya no existe, y que eso que está adentro, es una nueva creación. Porque Cristo se ha mudado, ahora está morando en nosotros.

Y que el dominio del hombre interior, se va a seguir incrementando. A medida que nosotros nos demos cuenta de todo lo que ya aconteció. Cuando nos podamos ver en la posición correcta en la que estamos, entonces podremos materializar esa posición en la tierra. Mientras nos veamos inferior a eso, según el hombre piensa, así igualito es él. Siendo millonarios, no emitimos cheques contra esa cuenta porque no terminamos de creer que la tenemos y es nuestra. No interesa ya lo que haya hecho Cristo. Si no lo podemos desglosar, o explicar cómo vino a ser nuestro, se va a quedar siempre en algo místico o teórico.

Esto es fundamental, porque todo el concepto de Dios y todo el concepto de ministerio, y toda la doctrina que tú puedas emplear para llevar a cabo la obra de Dios en la tierra, depende de tu perspectiva. Si tú te ves inferior a la creación de Dios, entonces vas a crear doctrinas para luchar y salir de esa posición. Si, por el contrario, te ves superior a la creación, entonces la doctrina que vas a crear va a ser diferente. Porque ya no tienes que salir de la posición que tienes. Verías menos guerra espiritual y más implementación. Seríamos un poco menos místicos y otro poco más prácticos. Todo en dependencia de qué nivel estás viendo tú el tema.

Yo he perdido horas enteras buscando en mi Biblia para ver cuándo y cómo los apóstoles hacían guerra espiritual como nosotros. Y no pude encontrarlo. ¿Será que ellos veían ese asunto desde otra posición? Mencionan que la guerra era con principados, pero tú no los ves orando en contra de esos principados como nosotros hacemos. Yo no encuentro ni un solo episodio sobre esto, ni antes, ni durante, ni después. Hasta no hace mucho tiempo llegaron a mapear ciudades. Escucha, es tu posición en Cristo la que determina tu concepto de Dios. Y tu concepto de Dios es el que determina tu ministerio.

Si tú lo estás viendo como un juez, vas a estar pensando que te va a matar cada vez que cometes un error. Y créeme que hay gente que lo ve así, que Dios es como un monstruo gigante que está esperando que te equivoques en algo para darte un machetazo en la cabeza y desparramarte el cerebro. Si tu concepto de Dios es el de un Padre y tu tuviste un buen padre, entonces tu relación con Dios va a ser bien saludable. Pero si tu padre carnal solamente fue macho y no padre, no tienes fuerza ni para levantar tus manos en adoración. Entiende: tu concepto de Dios, determina cómo vas a vivir.

El problema es que el concepto de Dios que nosotros tenemos lo hemos recibido de otros hombres. La herencia, la asociación, los libros que escriben. Hoy todo está muy modificado por la aparición de internet con sus hijas más mimadas, que son las redes, pero yo recuerdo que había una época en la que había que conseguir tal o cual libro y leerlo, para saber con certeza lo que Dios quería decir o hacer. Por eso es que, si tengo que elegir una forma o un lineamiento de estudio, me quedo en el de repasar renglón por renglón lo escrito en mi Biblia para ver que dijo, dice y seguirá diciendo el Dios en el que creo y confío.

Y nosotros, primero impactados, luego asustados y más luego preocupados, podamos ir renovando la antigua grabación que tenemos y reemplazándola por nuevas revelaciones que emanan de su propio Espíritu Santo, no de la inteligencia de un hombre estrella. Mira lo que dice Pablo en Romanos 8:10: Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, (¿Qué cuerpo? ¡El de Adán!) mas el espíritu vive a causa de la justicia. Éramos dos hombres, el interior y el exterior. El de afuera se estaba desgastando, mientras que el de adentro, que está vivificado, se está haciendo más fuerte. Un día va a brindar su dominio, para eso está creciendo.

Mira el verso 11: Y si el Espíritu de aquel (Cuando dice Aquel se refiere a Cristo) que levantó de los muertos a Jesús (Aquí podemos ver que es Cristo quien levanta a Jesús. O sea: el mismo Espíritu que moraba en Jesús, lo vivifica.) mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. Y ese es el mismo Espíritu que mora en nosotros, así que no nos queda otra. Es un poder tremendo, porque logro hacer lo que nadie había hecho. Y ese que fue e rimero, mora en nosotros. Se que desató ese evento, mora en tu interior.

Pero mi Biblia dice que está sentado en el cielo. Pero mora en nosotros. Al escuchar estas cosas, ¿No sientes como yo que se nos eleva la autoestima? Es que el problema es que, nos sentimos tan bajos, tan insignificantes, con enormes carencias de estima personal, porque insistimos en pensar desde la posición de la caída. El hombre cayó bien lejos. Su imagen de sí mismo se redujo a polvo. ¡Claro! Porque ahora no tiene al huerto para sentirse imagen de Dios. Pero tú sí la traes adentro. Este tipo de mensaje o pensamiento o comportamiento, en la mayoría de la iglesia, señala arrogancia, orgullo, engreimiento.

¿Quién te crees que eres? Te dicen. O por lo menos lo piensan cuando te escuchan. ¿Sabes por qué? Porque es normal no estar seguros de sí mismos. No se espera que tú estés seguro de ti. Porque cuando alguien se muestra seguro de sí mismo, lo vemos como un rebelde. ¡No seas águila! ¡Quédate gallina con nosotros! ¿Cómo te atreves a ser más grande? Sé pequeñito como yo. No penetres, no rompas los límites que hemos establecido. ¿Saldrá algo bueno de Jerusalén? ¿Saldrá algo bueno de Argentina? ¡Sí! ¡Yo! ¿Dónde vives tú? Haz lo mismo, ¡Decláralo! ¡Créelo! ¡Actívalo!

Mira lo que dice: el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. O sea; tu cuerpo mortal, ¿Cuál es? ¿Ese que te estás viendo y palpando? Bueno, si dice que ese cuerpo será vivificado, ¿Qué pasa? ¡No muere! Ahora, ahí mismo, dice el verso 21: porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, (O sea; todos estamos generando el cuerpo hacia futuro. Cada vez estamos más viejos, menos ágiles. Estamos envejeciendo. Toda la creación se está corrompiendo) a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

 ¿Leo mal o dice que toda la creación será libertada? Lo dice. Y si toda la creación será libertada, ¿Por qué la iglesia la condena a estallar? Escucha: creo que el pueblo de Dios necesita, conjuntamente con otras cosas, leer más la Biblia de lo que hoy la está leyendo. Y eso incluye predicadores, pastores, maestros, apóstoles, etc. Si ya Dios hizo lo que es necesario para que la tierra sea libre, ¿Entonces para qué dinamitarla y explotarla como muchos enseñan y predican todavía? Aprende. Dios es inteligente, no es ningún esquizofrénico. Observa: será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Nuestros cuerpos serán vivificados. Esa es nuestra libertad. Estamos cautivos, porque por dentro andamos vivos y creciendo, pero la casa en la que estamos va pereciendo. Cuando la libertad gloriosa de sus hijos, o sea, cuando la inmortalidad se trague esta corrupción. Cuando tu cuerpo sea transfigurado. Cuando recibamos la redención de nuestros cuerpos, si creen en eso, ¿Verdad? Cuando recibas ese cambio que te da un cuerpo de resurrección, como el de Cristo. Que lo pueden tocar, pero que entra a esa habitación sin abrir la puerta. El momento en que eso te acontece, se manifestará el verdadero hombre.

Y cuando la creación vuelve a ver a su dueño, responde como respondieron las plantas a Jesús. Ahí tienes algo bien fantástico para que creas. Pero estoy siendo bíblico, lo lamento si hiero tu lógica y tu raciocinio. Entonces, la manifestación de los hijos de Dios es imprescindible, si es que vamos a libertar a este planeta. Y no es una doctrina, es una realidad. Y no es toda la iglesia, sólo son algunos. ¿Lo tienes claro? Porque si no lo tienes claro, puedo seguir leyendo. Verso 22: Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora;

¿Cuántos pueden ver que la tierra está gimiendo? Enciendes el televisor y ves sangre aquí, llanto allá, guerra aquí, pestilencia y hambre allá. Ecología aquí, aguas contaminadas allá. La tierra está gimiendo, no es una mera expresión poética. ¡Gime!  (23) y no solo ella, sino que también nosotros). mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo. ¿Quiénes nosotros? ¡El hombre interior! ¡Porque está preso! Lo que este hombre interior puede hacer, está limitado por tu cuerpo. Tu alma está limitando al hombre interior, porque todavía tiene activa la programación del hombre que murió. Este que se mudó adentro, puede hacer lo que el primero no hacía. Pero todo eso es…si tú lo crees.

Ya te lo dije muchas veces, según el hombre piensa, el hombre es. Y tu cuerpo fue hecho para responder a lo que tú piensas. O sea que el cuerpo no tiene mente, el cuerpo es una máquina. Obedece a quien manda adentro. Si tu mente no cree que se puede enfermar, nunca te enfermas. Eso es ejecutar creación de Dios. ¡Él nos creó así! El oriental, puede sentarse cinco minutos y descansar más que nosotros durmiendo dos horas. Y nosotros vemos eso y decimos ¡Eso es diabólico! Pero sigue siendo el mismo cuerpo que Dios creó, ¿Entiendes? A ese cuerpo que reacciona así a esa actitud, no lo creó el diablo. Ojo, yo no te estoy diciendo que eso es Dios, te estoy recordando que el cuerpo es ilimitado. Responde a la computadora.

Y te dice que somos nosotros, los que tenemos las primicias. Las primicias del Espíritu. Primicias es una ley. ¿Qué significa? Que, si das las primicias, Dios te garantiza la siega. ¿Es o no es lo que significa? Dice que tenemos las primicias del Espíritu. Y si tenemos las primicias del Espíritu, ¿Qué es lo que tenemos garantizado? La plenitud del Espíritu. ¿Dónde? Allí, donde tú vives. Y aquí también, donde vivo yo. Y Él nos dio la primicia, las arras, el depósito. Cuando el sacerdote daba las primicias, él quedaba tranquilo, entendiendo que si Dios había prometido que si daba las primicias, durante la fiesta del tabernáculo llegaba la siega. No tenía que preocuparse ni orar por ella: viene. Porque es una ley, es un principio.

Entonces, si Dios nos está dando las primicias del Espíritu, nos está garantizando con sus propias leyes, que el resto lo hará después. Te lo voy a comprobar. Dice el verso 23 que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.  O sea que la adopción es la redención. Y al redimirse nuestros cuerpos, entonces es visible la manifestación de sus hijos. Y cuando la tierra te vea tal como eres, hombre, no ser humano, responde a su Creador. El detalle tecnológico de cómo acontece todavía no se puede explicar porque no sabemos cómo es, pero cuando estemos más cerca del día Dios nos abrirá los ojos.

Pero sí entendemos lo que hasta allí dice la Palabra. ¿Estás entendiendo? Bien; con esa mente, regresa al verso 19, donde dice: Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. El verdadero hijo de Dios, no está sujeto a un cuerpo mortal. Y la Creación está esperando eso. Somos huios, hijos maduros, herederos, hijos en el estado final, que sería la iglesia gloriosa. ¿Por qué gloriosa? Porque tendríamos cuerpos glorificados. Si te pensabas que era porque cantabas bonito en un culto de adoración, te equivocaste.

Progresivamente, Cristo está apareciendo en la tierra. La venida de Cristo. Mira Filipenses capítulo 3. Recuerda que estamos hablando de que tenemos un depósito. Un depósito de lo que luego será plenitud. Mas nuestra ciudadanía (Eso se traduce como conversación) está en los cielos, de donde también (¿De dónde esperamos a Jesús? Porque si lo esperamos desde la tierra, nunca lo vamos a ver, Si no naces de nuevo, no lo ves. ¿Recuerdas a Nicodemo? Si lo quieres ver, ¡Tienes que estar allí!) esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; Porque el que no ha nacido de nuevo no tiene al hombre interno vivificado como para verlo, y no lo puede reconocer.

Nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde, o sea del mismo lugar de donde esperamos. Podrá parecer un juego de palabras gramáticos, pero te da a entender que desde allí es que esperamos a Jesús. Físicamente estamos parados en la tierra, pero si no estás parado en la dimensión cielo, no lo ves. El cual, transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya. En español, sin interpretación; el mismo cuerpo de Él, es mi destino. Antes de ponerle cohetes al cuerpo y salir par alguna parte. Yo creo esto. Si esto no fuera verdad, yo sería un miserable. Pero es verdad.

(21) el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas. Y si quieres saber qué es sujetar a todas las cosas a sí mismo, vete a Hebreos capítulo 1 versos 1 al 3, donde te dice que todo el universo está sujeto por el poder de su Palabra. Claro, pero si tú te sientes un pecador salvado por Gracia, no serás el águila que manifiestas, sino la gallina que crees ser. Al que tenga oídos, que oiga, y al que no, Dios le bendice. No te olvides que Dios amó a Israel aunque se murieron en el desierto, no le hace; Dios te ama.

2 Corintios 4: 10 = llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos. Si no hay muerte, no hay resurrección. Hasta lo que llamamos Santa Cena, ¿La hacemos en memoria de qué? Es que es la muerte el que escri.be la historia. Si tu viejo hombre no murió, tú no eres nadie. Pero habla de la muerte de Jesús, porque allí murieron todos. ¿Cuántos murieron en la cruz? Para que también la vida de Jesús, la vida de Jesús, la vida de Jesús, se manifieste ¿En quién? ¡En nosotros! No estoy inventando nada. Allí está escrito en el libro.

Verso 11 = Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. ¡Por supuesto! Y no es ninguna tontería, los cristianos ya somos millones. Cierto, pero ninguno de esos millones, que yo sepa al menos, ha hecho nada de lo que Él hizo. ¿Por qué? Porque no entendemos, no nos vemos a su altura. No creemos que Él ya puso todos esos dólares para nosotros en el banco. (12) De manera que la muerte actúa en nosotros, y en vosotros la vida.

 (Verso 16) Por tanto, no desmayamos; antes, aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. (17) Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; (18) no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.

(5:1) = Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, (Habla de este cuerpo físico que tenemos ahora) se deshiciere, (La palabra original dice Se disuelve) tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. De allí es de donde sacamos el asunto ese de que hay una casa allí arriba. ¿Qué nos dice este verso? Que sabemos que nuestro cuerpo va a manifestar a Jesús, porque llevamos el mismo cuerpo que Él. Por eso, si este cuerpo terrenal se disuelve, no hay problemas. Porque sabemos que Dios nos ha preparado otro lugar, otra casa, otro tabernáculo, otra casa. Tu casa es el cuerpo.

Y la casa de Dios, la cual somos nosotros, porque estamos siendo edificados. Edificio. Para ser morada. Casa. De Dios. Y por esto también gemimos. ¿Dónde vimos esto? En Romanos. ¿Quién andaba gimiendo? La creación y también nosotros mismos, dentro de este tabernáculo.  por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial; O sea que la habitación celestial no es algo donde tú entras, sino algo que te reviste. (3) Sólo así que seremos hallados vestidos, y no desnudos. (4) Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados,

 (O sea: no queremos morir. No queremos que su venida sea después de nuestra muerte. El que muere se desnuda, porque estar ausente del cuerpo, es estar presente con Él, pero sin cuerpo. sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. Los redimidos que vienen con Él, no tienen cuerpo. Reciben su cuerpo, cuando los que queden aquí reciban el suyo. Todos recibirán el cuerpo al mismo tiempo. Eso, mis queridos amigos y hermanos confundidos, es el arrebatamiento. Verso 5, importantísimo. Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado las arras del Espíritu.

¿Estás entendiendo? ¡Para esto fue que nos hizo Dios! ¡Es que yo creía que nos había hecho para adorarle! ¡Claro! Pero sucede que adoración no significa cantar. No es lo prioritario. Porque de última, a las canciones las inventó la iglesia. No tiene nada que ver con la Biblia. Adoración, aprende, es un estilo de vida. Adoración, en el tabernáculo, era servicio. Era trabajo. Porque el propósito de Dios al hacerte, fue que se estaba construyendo una casa a sí mismo. Es lo único que explica por qué, si estábamos en un lugar tan divino como Dios, tuvimos que venir aquí a batallar en este nivel. ¿No te suena casi ridículo?

Que si estábamos allá, y el motivo era volver allá, ¿Para qué nos puso aquí? ¿Cómo se explica que, si estábamos en Dios, ¿Él mismo nos saca de allá y nos pone acá, un pequeño infierno, para luego volver allá? Tiene mucho más sentido que haya preparado a un hombre para luego Él venir a morar en ese hombre. O sea: Dios se está construyendo una casa. Somos morada de Dios. Por eso dice que nos hizo para esto mismo, y que para garantizarlo nos dio, ¿Qué cosa? Las arras del Espíritu. Estamos presentes vestidos de un cuerpo natural, pero cuando seamos arrebatados, seremos hechos uno en otra dimensión.

Totalmente conscientes de otra dimensión. Arrebatados. O sea que hoy, nuestra conciencia de esa dimensión, es periódica. Hay momentos en que estamos conscientes del mundo del espíritu. Pero en el arrebatamiento estaremos tan conscientes del mundo del espíritu que podremos atravesar paredes. El cuerpo glorioso. Cristo nos mostró un avance en la transfiguración. Cuando vieron al que habitaba adentro, decidieron quedarse allí, ¿Recuerdas? Vieron a Moisés, vieron a Elías. Un avance, una muestra, un adelanto, deesa película que muy pronto habrá de llegar y proyectarse a todos nosotros.

La palabra original es járpazo, arrebatados. En las nubes. Nephos (Se pronuncia néfele). ¿Sabes como se traduce eso? “Tumulto de espíritus vivos”. ¿Has visto la carretera cuando el sol está bien caliente y da la sensación que allá en el horizonte se está cocinando algo? Eso es lo que ellos vieron que abrazó a Jesús. Bajo una nube blanca. ¿Qué lo abrazó? Los cautivos que Él había libertado cuando ascendió. Que resucitaron con Él y estuvieron andando en Jerusalén. Y se fueron.  Y allá se añadieron tu bisabuela, mi bisabuela, Noé, Abraham. Están todos en forma de espíritu pidiendo por sus cuerpos.

Pero Dios dice en Hebreos 11 y verso 39 que Él no los va a perfeccionar a ellos sin nosotros. Dice que el nephos recibió a Jesús. Y que el nephos lo viene a manifestar. Cuando Jesús y el nephos vienen a esta dimensión, es porque han aparecido los hijos en esta dimensión y entonces los dos seremos hechos uno en Él. Empezamos en Él, terminamos en Él. Mientras eso acontece, Dios corrige otras cosas. A eso todavía no sabemos cómo lo hace. Lo que sí sé es que estaremos en la tierra cuando Él termine. Para entonces, cielos nuevos y tierra nueva, porque la creación será libertada.

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Pese a Perros, Leones y Bueyes

Un día me fue dicho que debía anunciar el nombre de Jesucristo a todos mis hermanos. Cometí el mismo error que multitudes de creyentes fieles, pero inmaduros han cometido a lo largo de su vida de fe: pretender entender a Dios. El tiempo me enseñaría -con no pocos golpes-, que a Dios no hay que entenderlo cuando no vemos con claridad lo que quiere hacer; sólo hay que obedecerlo y creer que hará lo mejor. Por eso, durante mucho tiempo me y le preguntaba por qué debía anunciar el nombre de Jesús a quienes, supuestamente, lo conocían. La respuesta la tengo en este tiempo, donde todo lo que vemos se mueve, tambalea, gira, se invierte y cambia a velocidades supersónicas. Porque hay muchísima gente en nuestro ambiente espiritual que habla de Jesús, pero son muchos menos los que lo conocen.

Esa fue la respuesta y sigue siéndola hoy. Entonces me preguntas: ¿Por qué es necesario anunciar a Jesucristo? Te respondo: Es necesario anunciar a Jesucristo por numerosos y complementarios motivos. Es algo que nos ha ordenado: Dios Padre, el propio Jesucristo, y el Espíritu Santo, además del mismo Evangelio, la persona humana, el cristiano en general, lo que conocemos como la Iglesia, y la sociedad actual. La pregunta siguiente que surge, es: ¿Por qué quiere eso Dios Padre? Si leemos lo que Pablo le dice a Timoteo en su Primera Carta, capítulo 2 y versos 3 y 4, lo entenderemos: Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.

Punto primero: para que todos los hombres sean salvos y lleguen al conocimiento de la verdad, nosotros somos los únicos que podemos guiarlos a eso. ¿Quién lo haría, sino nosotros, como cuerpo de Cristo en la tierra? Por esa razón Dios envió a Jesucristo en calidad de Salvador de todo el que lo reconozca como Hijo de Dios, lo acepte como Salvador y lo convierta en Señor de su vida. Por esa misma causa, Dios Padre también envió a su Espíritu, gracias al cual podemos creer e invocar Su Nombre. Porque sólo podemos llamar a Cristo Señor, por la guía del Espíritu Santo. Por esa razón el mundo secular, salvo por burla o broma, jamás llama Señor a Jesús.

Ahora bien. Sabemos estos puntos esenciales, pero hasta aquí sigue siendo teoría. En lo práctico, todavía falta recorrer bastante sendero para arribar a sitios seguros. Porque, veamos: ¿En qué modo Dios quiere hacer conocer su hijo a todos los hombres? No sé si se puede hablar de modos, sistemas o formas, porque ya sabemos más que largamente que Dios no las tiene, que es Soberano e imprevisible. Pero hay algo que sí debemos conocer. Dios ha escrito en el corazón del hombre el deseo de conocerlo y amarlo, y no cesa de atraer a cada persona hacia Él, por medio de Su Hijo Jesucristo en el Espíritu Santo. Al mismo tiempo confía a los hombres, convocados por Él en Su Pueblo, la misión de hacer conocer a Su Hijo y de comunicar la salvación realizada por Él. ¿Verdad que vamos entendiendo?

Fue escrito hace mucho tiempo por Juan, en el décimo capítulo de su evangelio, y en el verso 10, donde leemos a Jesús decir esto: El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Todavía es mucha, por falta de enseñanza genuina, la gente que confunde esto que dice al principio, con aquello de que cuando Jesús retorne en su Segunda Venida, lo hará como ladrón en la noche. Nada que ver. Aquí habla de otro ladrón, de uno que, justamente por no mencionarse y no enseñarse demasiado sobre él, pasa desapercibido justamente en una iglesia que fue puesta en la tierra para recuperar para Dios un Reino que ahora precisamente está usurpado por este ladrón que viene a robar, matar y destruir todo lo que pueda y le permitan.

Sin embargo, es la segunda parte de esta expresión la que nos llena de paz y tranquilidad. Porque si Él vino para que tengamos vida y para que esa vida sea en abundancia, no veo ni entiendo el motivo por el cual no deberíamos esperarlo, confiar en que así será y experimentarlo. La única incógnita que nos queda en nuestra mente estructurada, lineal y casi humanista, es: ¿Cómo realiza Jesús esta misión? Obviamente, no tiene una manera, sino muchas. Una de ellas, es que Él anuncia a todos la “Buena Nueva”, que es lo que en líneas generales significa decir Evangelio. Eso, independientemente de ofrecer su vida, muriendo en la Cruz. En Mateo 26:27-28 se habla de esto cuando en el marco de aquella Cena, se lee: Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. 

Está más que claro, ¿Verdad? No es casual que antes de volver al Padre, Jesús les dejara instrucciones bien precisas a sus discípulos de ese momento, que es lo mismo que decir que nos las dejó a nosotros, sus discípulos de este siglo veintiuno. En Mateo 28:18-19 lo leemos: Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; ¿Qué lo hizo y hace tan especial? Que se presentó siempre como diferente a todos los otros, como único. ¿fue único? Sí, lo es. Porque Él es el Único Hijo de Dios, consustancial a Dios su Padre: Por eso en Juan 10:30 se lee: Yo y el Padre uno somos. ¿Se entiende? Porque nosotros también somos hijos del Dios Altísimo, pero no en las que fueron y son sus condiciones, esto es obvio y sabido.

Por eso, Él, y sólo Él nos hace conocer a Dios Padre de manera plena, perfecta y definitiva. Bien lo relata Juan en 14:9 de su evangelio, cuando repitiendo palabras de Jesús, escribe: Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿Cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? La gran pregunta contemporánea que existe, entonces, es: ¿Has visto a Cristo? Y no estoy hablando de visión natural, sino espiritual. ¿Lo has visto? Si la respuesta es afirmativa, quédate tranquilo, porque también has visto al Padre. Y eso no es todo, porque también nos ha regalado, con Su muerte y Su Resurrección, la verdadera y plena salvación. Hechos 4:12 lo confirma: Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.

A alguien le preguntaron qué era la fe, si podía definirla. Sólo respondió: “La fe no es algo que tienes para una prueba. La fe es algo que te mantiene en pie cuando no tienes pruebas”. Dar gracias a Dios porque, te haya sucedido lo que fuera y todavía estás aquí, respirando. Eso es la fe. Y este es su gran punto. Que no se trata de controlar a las personas. Tampoco de imponérsela a nadie. Se trata de como las personas tratan de darle sentido a los momentos más difíciles de sus vidas. Puedes llamarlo algo irracional, pero todos saben que hay algo en ella. La fe no es algo a lo que la gente se aferra por desesperación, es lo que evita que se derrumben. Tampoco se trata de probarle algo a los demás, sino de lo que las personas han vivido. La esperanza no se puede probar de manera científica, sólo existe, y muchos, aquí, lo saben.  Sin importar cuan divididos parezcamos estar entre nosotros. Sin importar cuanto siga gritando el mundo secular que la fe está obsoleta, algo es real. Aún hay personas buscando significado, algo más allá de lo tangible, algo que no conocen, que dudan, pero que saben que existe.

Entonces cabe la pregunta ante la duda de muchos en algún momento de sus vidas. ¿Jesucristo, puede llegar a quitarle algo al hombre, en algún momento y por alguna razón? No. De ninguna manera. Jesucristo no le quita nada al hombre, todo lo contrario, Él Le regala una nueva vida divina en calidad de hijos de Dios; lleva a cumplimiento, después de haberlo purificado, cuánto hay de verdadero, bueno y bello, en cada persona y en cada manera de adorar a Dios; realiza plenamente las auténticas aspiraciones del hombre; abre nuevos horizontes a ese hombre, le muestra el camino y le brinda la gracia para poder realizarlos; y, finalmente, jamás disminuye, sino que exalta la libertad humana y la orienta hacia su cumplimiento, en el encuentro gozoso con Dios y en el amor gratuito y atento al bien de todos los hombres.  EL ESPÍRITU SANTO derramado en nosotros como un don de Dios Padre, por medio de Jesucristo muerto y resucitado, nos impulsa a ser, justamente, sus anunciadores.

Juan 17:3 lo expresa así: Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Con su luz y su gracia, la humanidad puede, en Cristo, encontrar, con insospechada e inimaginable plenitud, todo lo que busca a tientas y hasta a oscuras acerca de Dios, acerca del hombre y de su destino, de la vida y de la muerte, en suma, de la verdad. Por esa razón es que el evangelio de Jesucristo es anunciado a todos. ¿Por qué? En primer término, y nada menos, porque es capaz de entusiasmar vivamente a la persona de cualquier edad, cultura y lengua. Penetrar toda forma de vida que a priori no la excluye. Y esto porque la Palabra de Cristo no está ligada exclusiva e indisolublemente a ninguna raza o nación, a ningún género particular de costumbres, a ningún modo de ser, antiguo o moderno El Evangelio es para todas las culturas, y todas las culturas pueden ser fermentadas por el Evangelio: como la semilla que cae en tierra, y donde es posible germina y fructifica; o bien, como la levadura que fermenta la masa, o la sal que da sabor a la comida, o el rocío y la lluvia que le permite crecer a la vegetación

Es decir que el Evangelio de Cristo renueva continuamente la vida y la cultura del hombre caído; combate y elimina los errores y males que brotan de la seducción, siempre amenazadora, del pecado. Continuamente purifica y eleva las costumbres de los pueblos. Con las riquezas de lo alto fecunda, consolida, completa y restaura en Cristo, como desde dentro, las bellezas y cualidades espirituales de cada pueblo o edad. También tiene que ver con una realidad palpable y cotidiana, que es la persona humana. Porque es capaz de otorgarle y posibilitarle un diálogo con su Creador, y porque por esa causa tiene el derecho y el deber de: escuchar la Verdad, de la manera más auténtica, íntegra y completa que sea posible: la “Buena Nueva” de Dios que se revela y se otorga en Cristo. De este modo la persona realiza en plenitud su propia vocación; anunciar la Verdad, para compartir con los demás la propia fe: es propio del hombre el deseo y el empeño concreto de hacer participar a los demás de los propios bienes, que recibió como don y que aprecia; Y por último, vivir en plenitud la propia vida: Ya que como dice Mateo 4:4, No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

De acuerdo. Absolutamente de acuerdo. No puede ser de otro modo, pero…     ¿Por qué causa una persona tiene necesidad del anuncio de Cristo? Respuestas habría miles, pero te rescato tres: Porque Cristo libera al hombre del pecado y lo convierte en Hijo de Dios; porque revela a ese mismo hombre su propia, integral y original identidad y porque tiene una extraordinaria fuerza de atracción y de convencimiento también para el ser humano de este tiempo. Por eso, es necesario anunciar a todos, de modo sereno y positivo, la Verdad, que como todos sabemos ES Cristo, (Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida, dijo), en su integridad, en su armonía, y también en su belleza, porque la tiene y es lo que tanto fascina al hombre de hoy. De este modo será posible para la persona humana conocer y acoger aquel esplendor de la verdad que es Cristo mismo. Añadirle más, sería juga con las palabras humanas de modo innecesario.

Todo creyente, como tal, tiene el derecho y el deber de anunciar a Jesucristo. ¿Tiene algún fundamento sólido ese derecho o deber? Lo tiene. Primero, dentro de su libertad de elegir conforme a una voluntad que Dios le hizo libre, en qué va a creer y en qué no va a creer. Es una exigencia profunda de la vida de Dios en él. Esta necesidad de anunciar a todos el Evangelio, nace en el creyente de la exigencia de compartir con los demás, todo aquello que desde lo original, específico y único, él recibió de parte de Dios, es decir, la fe. Se funda, asimismo, en el mandato de Cristo que Marcos relata muy bien en 16:15-16 de su evangelio: Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.  El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Recuerda que bautizar, es una palabra que significa sumergir, y que si bien Juan lo mecanizó a partir del agua, en lo espiritual implica sumergirse EN Él. En suma, esto es estar EN Cristo.

El anuncio de Cristo es indispensable para que los demás puedan conocer y recibir a Cristo para obtener la salvación. Sé perfectamente que a esto lo ha hecho mucha gente que luego, se ha sentido frustrada porque no ha visto resultados positivos. Sin embargo, se olvidaron de un detalle fundamental. La propia palabra dice que era Dios el que añadía a los que iban a ser salvos. Nosotros debemos ser obedientes y predicarle el evangelio a toda criatura, pero teniendo en cuenta que sólo lo recibirán aquellos a quienes el Espíritu Santo les haya dado convicción de pecado. Para los demás, habrá sido como oír llover. Porque para creer en Él, es necesario sentir hablar de Él, que alguien te lo diga. Pero la decisión final siempre será tuya. Dios te hizo con una voluntad y jamás te la va a manipular ni obligar a lo que no quieras, así eso te cueste la vida eterna con Él. Pablo lo dice a los Romanos en 10:14: ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?

Muy bien; creo que te queda más que claro que quien debe anunciar a Cristo es la iglesia, ¿Verdad?  Porque la iglesia, tal como es y no como la convirtieron en lo que ellos quisieron que fuera, existe no para anunciarse a sí misma, ni para anunciar una nueva y extraña religión, o para anunciar a un pastor exitoso, sino para anunciar y comunicar a Cristo. El primer y principal empeño de la Iglesia en su tradición bimilenaria ha sido y es la transmisión del Evangelio. No tiene otra función ni misión. Porque ekklesia, palabra de la cual derivamos hoy a iglesia, significa asamblea. Es una asamblea que representa a un rey y transmite todo aquello que ese rey desea que se conozca. Es derecho y deber de la Iglesia, de toda la Iglesia, anunciar todo el Evangelio a todo el hombre y a todos los hombres, en el modo más fiel posible, evitando reduccionismos o ambigüedades, y reservando a este anuncio el primer lugar dentro de todas sus actividades y preocupaciones. Cualquier otra cosa, es religión y no funciona, todos hemos visto y sabemos que, espiritualmente, no funciona. Y eso sin mencionar lo más grave: corrupción. Eso no es Dios.

Los mismos discípulos de Jesús, en los comienzos de la vida de lo que luego se denominaría iglesia, (Hasta allí lo era sólo la sinagoga), le dieron total y absoluta prioridad al anuncio de Cristo como único y suficiente Salvador. Lo leemos en Hechos 6:2-4 cuando expresa: Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas. Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra. Después de los Apóstoles, muchos otros hicieron propias las palabras de Pablo cuando dice en 1 Corintios 9:16: Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio! ¡Es una obligación y un honor la predicación del Evangelio!

Toda actividad de la Iglesia (incluida la actividad asistencial en todos los órdenes necesarios, la promoción de la paz, debe ser inseparable del empeño de ayudar a todos a encontrar a Cristo en la fe. Esta norma de conducta ha sido válida durante toda la historia del evangelio y continuará siéndolo siempre. Son innumerables las iniciativas que surgieron a lo largo de la historia para difundir el Evangelio y caracterizan profundamente toda la vida del Pueblo de Dios: esas conducen al encuentro con Cristo. Pero el rol más valioso e importante, siempre, lo ha cumplido, cumple y seguirá cumpliendo el Espíritu Santo. La acción evangelizadora de la Iglesia no puede venir nunca a menos, porque nunca faltará la presencia del Señor con la fuerza del Espíritu Santo, según su promesa que recoge y relata Mateo 28:19-20: Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

La Iglesia, anunciando a Cristo Verdad y salvación del hombre, va al encuentro de la necesidad de cuantos buscan sinceramente esta Verdad y salvación, estableciendo con ellos un diálogo motivado, finalizado y centrado en el amor a la Verdad. Cada uno es llamado a la santidad, a eso lo sabemos. Ahora la santidad , que significa estar separado para), consiste en seguir las huellas de Jesús que vino a anunciar la salvación y confió tal misión de anunciador a cada cristiano y a toda la Iglesia. La sociedad actual, tal como la conocemos e independientemente del lugar de residencia de cada uno de nosotros, tiene necesidad imperiosa del anuncio del evangelio. ¿Cómo se manifiesta esta necesidad? El actual contexto cultural, caracterizado sea de un difuso relativismo como de un fácil pragmatismo, exige más que nunca el valiente anuncio de la Verdad que salva al hombre y a la sociedad que lo cobija. El orden ético social tiene necesidad de ser iluminado con el anuncio de Cristo. Ese orden ético incide más que cualquier otro valor material sobre las direcciones y soluciones que se deben dar a los problemas de la vida individual y asociada, en el interno de la comunidad nacional y en las relaciones entre ellas.

El anuncio del Evangelio ayuda a comprender el patrimonio histórico-cultural de muchos pueblos y naciones. De hecho, los principios del Evangelio son parte constitutiva de tal patrimonio: la historia, la cultura, la civilización de muchas generaciones, a lo largo de los siglos, están impregnados de cristianismo e íntimamente enlazados al camino de la Iglesia genuina, más allá de la participación activa de otras manifestaciones no siempre correctas. Lo testimonian no sólo las innumerables obras de arte, que embellecen diversos lugares del mundo, sino también las tradiciones, los usos, las costumbres, que caracterizan el pensar y el obrar de los diversos pueblos. Dios no es un anciano malo y cruel que habita en un lugar lejano esperando que te equivoques para descargar toda su ira sobre ti y hacerte añicos. Dios ES amor y, como tal, ejerce ese amor en todas las formas invisibles y visibles. En esta última se anota el arte, cuando ese arte tiene intención de suma y no de resta.

El mundo de hoy, mientras facilita la comunicación, duda de la capacidad de la persona para conocer la Verdad, o hasta niega la existencia de una única Verdad y sin embargo, al mismo tiempo, manifiesta en varios modos una necesidad de Absoluto, una sed insaciable de verdad y de certeza. El anuncio viene al encuentro de tales exigencias y está en grado de dar a ellas la plena satisfacción. Aunque la rechacen.  El anuncio del Evangelio, no lleva al empobrecimiento o desaparición de todo lo que cada hombre, pueblo, nación y cultura reconocen y realizan en la historia como bien, verdad y belleza. Es más, el Evangelio induce a asimilar, desarrollar y vivir todos estos valores con magnanimidad y alegría, y a completarlos con la misteriosa y sublime luz de la Revelación. Por éstos y otros motivos, todavía es absolutamente necesario anunciar a Jesucristo que murió y resucitó por todos.

Permítanme cerrar con aquel glorioso salmo que, sin exagerar, dramatizar ni ocultar nada, le dio una dirección única a mi vida. Que yo luego la haya seguido fielmente o, en su defecto, me haya equivocado y haya intentado otras vertientes surgidas de mi inútil sabiduría humana, no opaca una verdad que hoy, ha servido para llevarte este trabajo de afiatamiento y consolidación de una palabra recibida hace muchos años, puesta en marcha de inmediato, quizás diluida con el correr de los tiempos, y puesta otra vez como punta de lanza hoy por mandato divino, exactamente igual a como comenzó.

Salmo 22: 19-22 = Mas tú, Jehová, no te alejes; Fortaleza mía, apresúrate a socorrerme. Libra de la espada mi alma, Del poder del perro mi vida.  Sálvame de la boca del león, Y líbrame de los cuernos de los búfalos. Anunciaré tu nombre a mis hermanos; En medio de la congregación te alabaré. Como puedes ver, anunciar el nombre de Jesucristo a mis hermanos, no es una tarea ni tranquila ni sencilla. Tiene tanta oposición que es necesario pedirle al Dios Padre que haga por ti todo eso que dice en los primeros versos. Para que te quede más claro, te lo reitero según la versión Nueva Traducción Viviente, que lo expresa así a los mismos versos: ¡Oh Señor, no te quedes lejos! Tú eres mi fuerza; ¡ven pronto en mi auxilio! Sálvame de la espada; libra mi preciosa vida de estos perros. Arrebátame de las fauces del león y de los cuernos de estos bueyes salvajes. Anunciaré tu nombre a mis hermanos; entre tu pueblo reunido te alabaré.

Sólo un comentario anexo final. Si tienes dudas respecto a quienes son los que te atacan a espada cuando anuncias Su nombre, presta mucha atención a la actividad solapada de los perros, leones y bueyes porfiados y crueles que la religión a veces te envía para obstaculizar tu misión. A Jesús no lo colgaron los romanos, lo colgaron sus paisanos religiosos. Que no se repita, sea declarado, decretado, activado y puesto en marcha en el nombre de Jesucristo de Nazaret. Amén.

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10 – Fe

Hechos 3: 16 = Y por la fe en su nombre, a este, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es por él ha dado a este esta completa sanidad en presencia de todos vosotros. Es un texto este que no siempre se ha entendido con claridad, por eso aquí más que nunca viene muy bien la claridad conque lo encara la NVI: Por la fe en el nombre de Jesús, este hombre fue sanado, y ustedes saben que él antes era un lisiado. La fe en el nombre de Jesús lo ha sanado delante de sus propios ojos.

La palabra “fe” ha sido utilizada, gastada, defendida, atacada y, muchas veces, malinterpretada. Para algunos es un refugio emocional; para otros, una ilusión; para otros más, una herramienta de control social. Sin embargo, cuando uno se aproxima a la fe desde una mirada profunda, honesta y anclada en el mensaje del Reino de Dios presentado en la Biblia, aparece algo distinto: no una evasión de la realidad, sino una forma radical de habitarla.

La fe, en su sentido más esencial, no es negar lo que vemos, sino interpretar lo que vemos a la luz de una verdad mayor. No es cerrar los ojos, sino abrirlos más. En términos simples, es una confianza activa en que la realidad no se agota en lo inmediato. Esto ya marca una diferencia clave: la fe no es pasividad. No es quedarse esperando que todo cambie mágicamente. Es, más bien, una disposición interna que transforma la manera en que actuamos en el mundo.

Desde el punto de vista bíblico, la fe nunca fue presentada como una idea abstracta o filosófica desconectada de la vida cotidiana. Por el contrario, siempre estuvo vinculada a decisiones concretas. Personas comunes que, en contextos complejos, eligieron confiar en algo que no podían controlar completamente. Y aquí aparece el primer aspecto profundo: la fe no elimina la incertidumbre, pero cambia la forma en que nos movemos dentro de ella.

En el plano social, vivimos en una época donde la incertidumbre es casi una constante estructural. Crisis económicas, tensiones políticas, cambios tecnológicos vertiginosos, vínculos frágiles. Todo parece moverse demasiado rápido. En ese contexto, la fe puede parecer un lujo o una ingenuidad. Sin embargo, es precisamente en ese terreno donde adquiere relevancia. Porque la fe no compite con la razón ni con la evidencia; compite con el miedo paralizante.

Una persona con fe no es alguien que no duda, sino alguien que decide no quedar atrapado en la duda. Esto es importante: la fe no elimina el pensamiento crítico. De hecho, lo necesita. Una fe que no puede dialogar con la realidad termina siendo frágil. Pero una fe que se construye desde la reflexión, la experiencia y la coherencia interna, se vuelve una fuerza arrolladora y transformadora.

Ahora bien, cuando hablamos del evangelio del Reino de Dios, estamos hablando de una propuesta que trasciende lo individual. No se trata solo de “mi fe” como algo privado, sino de una visión del mundo. El Reino de Dios, tal como se presenta en los evangelios, no es un lugar geográfico, sino una forma de organización de la vida donde valores como la justicia, la compasión, la verdad y la dignidad humana ocupan el centro.

Desde esa perspectiva, la fe se convierte en un motor ético. No es solo creer “en algo”, sino vivir “de cierta manera”. Y aquí aparece una tensión interesante: muchas veces se ha asociado la fe con la desconexión de los problemas sociales, como si creer implicara desentenderse. Pero el mensaje original apunta en dirección opuesta. La fe auténtica empuja a involucrarse más, no menos.

Por ejemplo, una fe coherente no puede ser indiferente ante la injusticia. No porque exista una obligación religiosa, sino porque la fe, bien entendida, afina la sensibilidad hacia el otro. Hace que el dolor ajeno deje de ser un dato y pase a ser una preocupación real. En ese sentido, la fe no es neutral: toma partido por la vida, por la dignidad, por la restauración.

Ahora, siendo no ya objetivos, porque eso no existe en el hombre, pero si todo lo imparcial que se pueda, habrá que decir que también es cierto que la fe ha sido utilizada de formas problemáticas a lo largo de la historia. Ha servido para justificar abusos, manipular conciencias y sostener estructuras de poder. Negar eso sería poco honesto. Pero aquí es clave distinguir entre el uso humano de la fe y su esencia. El hecho de que algo pueda ser mal utilizado no invalida su valor original. Un martillo puede construir una casa o romper una ventana; pero el problema no es el martillo. 

En términos prácticos, ¿Cómo se vive la fe hoy sin caer en extremos? Hay algunos recursos simples, pero profundos:

Primero, la honestidad interna. La fe no necesita perfección, necesita verdad. Es preferible una fe que reconoce sus dudas a una que finge certezas. La autenticidad es el terreno donde la fe crece de manera saludable.

Segundo, la coherencia. No se trata de ser impecable, sino de intentar que lo que uno cree tenga algún reflejo en cómo vive. Pequeñas decisiones cotidianas: cómo tratamos a otros, cómo manejamos el enojo, cómo respondemos a la frustración. Ahí se juega mucho más de la fe que en grandes declaraciones.

Tercero, el silencio. En una cultura saturada de ruido, detenerse a pensar, a observar, a escuchar, es casi revolucionario. La fe necesita espacios de pausa para profundizar. No todo se resuelve hablando más; a veces se aclara escuchando mejor.

Cuarto, la comunidad. Aunque la fe tiene una dimensión personal, no fue pensada para vivirse en aislamiento. Compartir con otros, dialogar, incluso disentir, enriquece la comprensión. Nadie agota la verdad por sí solo.

Y quinto, el sentido del humor, para mí infaltable en la vida humana. Sí, aunque suene raro. Una fe demasiado solemne suele volverse rígida. El humor sano permite relativizar el ego, descomprimir tensiones y recordar que no somos el centro del universo. A veces, una sonrisa tiene más poder espiritual que un discurso largo. 

Hablando de humor, hay una paradoja interesante: muchas personas quieren tener fe, pero sin perder el control. Es como querer tirarse a una pileta sin mojarse. La fe implica cierto grado de entrega, de aceptar que no todo depende de uno. Y eso incomoda. Porque vivimos en una cultura que valora el control, la previsibilidad, la autosuficiencia. La fe, en cambio, introduce una variable distinta: la confianza.

Pero atención: confiar no es dejar de actuar. Es actuar sin la garantía absoluta de que todo saldrá como esperamos. Es sembrar sin ver todavía la cosecha. Y esto conecta con otro aspecto clave: la fe tiene una dimensión temporal. Muchas de sus respuestas no son inmediatas. Requiere paciencia, algo que hoy escasea bastante.

Desde un enfoque más profundo, la fe también toca la identidad. En qué o en quién confiamos define, en parte, quiénes somos. Si nuestra confianza está puesta únicamente en lo material, nuestra estabilidad dependerá de variables externas. Si está puesta en algo más trascendente, aparece una base distinta, menos vulnerable a los cambios.

Esto no significa negar la importancia de lo concreto: el trabajo, la economía, la salud. Todo eso importa, y mucho. Pero la fe introduce una perspectiva donde esas cosas no son lo único que define el valor de la vida. Y eso, en contextos difíciles, puede marcar una diferencia enorme.

En términos sociales, una comunidad con fe madura tiende a generar entornos más solidarios. No porque sean perfectos, sino porque hay una narrativa compartida que prioriza ciertos valores. Esto no es automático ni garantizado, pero es una posibilidad real. La fe, bien encauzada, puede ser un factor de cohesión y no de división.

Ahora bien, es importante evitar un error común: pensar que la fe es solo para momentos de crisis. Es cierto que en situaciones límite muchas personas se acercan a ella, pero reducirla a eso es empobrecerla. La fe también tiene que ver con la vida cotidiana, con lo simple, con lo aparentemente pequeño. De hecho, es ahí donde más se pone a prueba.

Porque es relativamente fácil hablar de fe en abstracto. Lo difícil es sostenerla cuando las cosas no salen como esperábamos, cuando hay frustración, cuando hay cansancio. Ahí es donde la fe deja de ser un concepto y se vuelve una práctica.

Y en ese punto, conviene aclarar algo: la fe no garantiza una vida sin problemas. Esa idea, aunque atractiva, no es realista. Lo que sí ofrece es una manera distinta de atravesarlos. No elimina el dolor, pero puede darle sentido. No evita los conflictos, pero puede aportar herramientas para enfrentarlos.

En el mensaje del Reino de Dios, la fe está profundamente ligada a la esperanza. No una esperanza ingenua, sino una expectativa activa de que el bien tiene la última palabra, aunque no siempre sea visible de inmediato. Esta esperanza no es evasiva; es, en muchos casos, lo que permite seguir adelante cuando todo invita a rendirse.

Para cerrar, la fe, entendida desde esta perspectiva, no es un adorno espiritual ni un requisito institucional. Es una fuerza interior que, cuando se cultiva con honestidad y coherencia, puede transformar tanto la vida personal como el entorno social. No es perfecta, no es automática, no es cómoda. Pero es profundamente humana, aunque de trascendencia divina.

Y quizás ahí está su mayor valor: en un mundo lleno de incertidumbre, la fe no promete certezas absolutas, pero sí ofrece una dirección. No responde todas las preguntas, pero ayuda a formular mejores preguntas. No elimina la complejidad de la vida, pero permite habitarla con mayor profundidad.

Al final del día, la fe no se demuestra con discursos, sino con vida. Con decisiones pequeñas, con gestos concretos, con la forma en que elegimos tratar a otros y a nosotros mismos. Y aunque no siempre sea visible, su impacto puede ser mucho más grande de lo que imaginamos.

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Herencia, Legado y Huella

Hoy, cuando comienzo a superar las etapas de los años, y como lo escribiría un poeta melancólico, mientras contemplo la luz del atardecer filtrarse por la ventana, siento la necesidad de poner en palabras aquello que, durante toda una vida de caminar con Dios, he aprendido sobre lo que dejamos atrás. Quizás mis fuerzas ya no son las de antes, pero mi espíritu arde con una claridad que sólo la edad y la Gracia pueden otorgar. Y nota que escribo edad con minúscula, porque es mía, pero Gracia con mayúscula, porque es Suya.

Si me has acompañado en este espacio durante todo este tiempo, ya sabes que he dedicado mis últimos años esencialmente a trabajar en las reflexiones sobre el Reino de los Cielos, que acompaño junto a este trabajo que hoy te entrego. Esto nació como un simple acto de obediencia y también de amor: el deseo profundo de ofrecer algo valioso para quienes vendrán después de mí. Porque de eso se trata nuestra vida, aunque a veces nuestro egoísmo lo obstaculice: preparar sendero apto.

Y precisamente en este tiempo tan singular de mi peregrinar terrenal, he comprendido que la vida de un ser humano puede resumirse en tres tipos de marcas indelebles: la herencia, el legado y la huella. Aunque a veces usamos esas palabras como sinónimos, no lo son. Desde una mirada espiritual cristiana, no condicionada por estructuras confesionales, sino guiada por la Palabra y por el Espíritu, he aprendido que cada una de esas palabras, expresa dimensiones distintas de lo que dejamos en este mundo.

Y hoy quiero compartir esta comprensión, porque creo que lo que verdaderamente transforma generaciones no es lo que se recibe en las manos, sino lo que se aloja en el corazón. No lo que se cuenta desde la numerología aritmética llevada a lo material, sino lo que anida en un espíritu quizás huérfano, que deambula por distintos sitios supuestamente favorables, pero sin desarrollarse, sin crecer y, esencialmente, sin algo que mi biblia destaca a fuego; madurar.                                                            

Cuando era más joven, pensaba que dejar una herencia implicaba asegurar bienes materiales: una casa, algún ahorro, tal vez un terreno o un vehículo. Con el tiempo entendí que la herencia es aquello que pasa de una generación a otra por obligación legal o por tradición familiar. Es algo concreto, que puede verse, tocarse, dividirse, incluso discutirse y, en muchísimos casos, lamentablemente hasta ser motivo de diferencias agresivas que harían avergonzar al más osado.

Pero mucho cuidado con algo puntual: la herencia no es mala. De hecho, en la Escritura se habla de ella muchas veces como una bendición. Los patriarcas transmitían propiedades, tierras y nombres. Pero la herencia, por más necesaria que sea, es la forma más frágil de permanencia. Todo lo material se desgasta, se pierde, se vende, se olvida. Nada de ello puede atravesar el tiempo por sí solo. Es muy difícil que tú recuerdes a alguien que ya no está por las posesiones que tenía.

En mi caminar espiritual he visto familias enteras, numerosas o incluso muy reducidas, dividirse por herencias y, a otras, perder innecesariamente la paz persiguiendo bienes que, en el fondo, todos sabemos que no llenan el alma, aunque engrosen cuentas bancarias o simplemente billeteras, bolsillos. Por eso he aprendido que la herencia es sólo el nivel más básico de lo que dejamos. No define quiénes fuimos, sólo qué cosas tuvimos. No creo que nadie llegue a recordarte demasiado por eso.

También con los años descubrí que, más importante que dejar bienes, es dejar un legado. Porque un legado no se deposita en una cuenta bancaria, sino en la memoria de quienes nos rodean. Para los que puedan no estar demasiado familiarizados con el término, un legado es un conjunto de enseñanzas, valores, convicciones y aprendizajes que alguien atesora durante toda su vida terrenal. No se firma ante un escribano; se escribe con nuestras decisiones de cada día.

Un legado puede ser, por ejemplo, una forma de ver la vida, o una cierta disciplina espiritual, o sencillamente una ética de trabajo, o tal vez una manera de conducirse con integridad. Puede ser también un determinado oficio, un especial conocimiento, o una ferviente pasión que sembramos en otros. Yo, en lo personal, he intentado construir mi legado a través de mi servicio, de mi estudio de la Palabra, de mis audios, escritos y enseñanzas.

Pero el legado, aunque sea mucho más profundo que la herencia, sigue viviendo principalmente en la mente de cada uno de los que lo recibe. O sea que depende de la memoria humana, y ya sabemos que la memoria es tan frágil como una pequeña ave que sobrevuela nuestra historia. Las enseñanzas pueden reinterpretarse, olvidarse o transformarse con el paso de las generaciones. El legado es valioso, pero no siempre suficiente para tocar el espíritu.

La huella, en cambio, es algo distinto. No se deja en las manos como sucede con la herencia, ni tampoco en la mente como ocurre con el legado. La huella se deja en el espíritu en primera instancia, luego en el alma y hasta alojarse en el cuerpo. Es la marca espiritual que imprimimos en otros mediante nuestra manera de amar, de obedecer a Dios, de caminar en la luz, de perseverar en la fe, incluso en la adversidad. No es un sello de excepción ni una luz en el horizonte, es apenas un GPS espiritual.

Porque lo cierto y puntual es que la huella no puede medirse, no se borra con el tiempo, no depende tampoco de la memoria humana. La huella es aquello que el Espíritu de Dios utiliza para tocar a otros a través de nuestra vida, sin que nosotros debamos hacer mucho más que vivir nuestras vidas conforme al diseño divino. Es el testimonio silencioso que permanece cuando ya no estamos. Por decirlo de modo literario, la huella es la vida misma, convertida en mensaje.

A esta edad, a la que gracias a Dios he llegado, comprendo que la huella es lo único verdaderamente eterno que podemos dejar. Cuando nuestro cuerpo descienda al polvo y nuestros humildes bienes materiales pasen a otras manos, cuando nuestros escritos y audios quizá se desgasten por los tiempos y hasta por las modas urbanas, lo único que seguirá obrando es la huella espiritual que Dios haya querido sembrar a través de nosotros.

Hay un modelo visible, aunque invisible a nuestros ojos naturales para seguir e imitar. Jesús no dejó una herencia material. Ni siquiera dejó textos escritos de su puño y letra. Pero dejó una huella espiritual tan profunda que transformó toda la historia del mundo. Su huella fue una vida de amor perfecto y de obediencia absoluta al Padre. Esa huella sigue viva hoy, moviendo corazones. Así fue que entendí que lo que perdura no es lo que se entrega, sino lo que se encarna.

A mis años, puedo afirmar que muchos de nosotros gastamos gran parte de nuestras vidas preocupados, a veces hasta el grado del exceso de ambición o sencillamente avaricia, por dejar herencias y legados, pero nos olvidamos, o sencillamente no consideramos, tener en cuenta lo más importante: la huella espiritual. Porque la herencia se recibe. El legado se aprende. Pero la huella se vive. La herencia beneficia el cuerpo. El legado alimenta la mente. La huella ilumina el espíritu.

Todos sabemos, por poca o mucha experiencia de vida que tengamos, que lo material y lo intelectual tienen límites visibles y palpables; pero la huella espiritual no. Porque casi de modo increíble ella se propaga de persona en persona. A veces, sin siquiera depender de palabras, porque brota del carácter transformado, de la fe vivida con autenticidad. Las huellas espirituales son como ríos subterráneos que, sin hacer ruido, abastecen de agua a generaciones enteras.

Cuando un hombre vive según los principios del Reino de los Cielos, esos mismos principios que he procurado plasmar en esto que hoy te entrego, su vida misma se convierte en semilla. Quizás no vea sus frutos, porque el hombre no es dueño de sus tiempos y mucho menos de su futuro, pero Dios sí los verá. Porque, en definitiva, la huella espiritual es obra de Él, no del inflado ego humano. El día que el hombre genérico entienda eso, ese día comenzará una nueva era en lo espiritual.

Escribo estas palabras sabiendo que mi tiempo en este mundo ya no puede ser tan largo como solía serlo cuando andaba por los treinta o los cuarenta años de edad. Pero no lo digo con tristeza, de ninguna manera. Lo digo con la paz de quien sabe algo que lamentablemente una enorme mayoría no llega a conocer: que su vida tuvo propósito, incluso hasta en los silencios, o en las caídas y principalmente en las dudas. Cada paso acertado o erróneo, fue parte del camino que el Señor trazó para mí.

Nadie en esta tierra sabe qué ocurrirá con sus bienes, menores o mayores, cuando abandone esta tierra. En mi caso serán sencillamente los bienes de un hombre que trabajó toda su vida, nada más. Nadie se enriquecerá con ellos. Pero como conozco a mi familia, eso no me preocupa en absoluto. Tampoco sé cuánto de mi legado espiritual e intelectual sobrevivirá. Pero lo que realmente anhelo es que mi huella, ese rastro de fe imperfecta pero sincera, pueda animar a otros a buscar el Reino de los Cielos con todo su corazón.

Si mis palabras, mis oraciones, mis errores reconocidos y mis pequeños actos de amor inspiran a alguien a acercarse más a Dios, entonces mi vida habrá tenido sentido. No busco ser recordado; busco que Cristo sea reconocido. De algo estoy absolutamente en certeza: la huella que dejo no es mía, es Suya. Yo sólo he sido un instrumento. A veces útil y moldeable, en otras ocasiones duro de cerviz y complicado de utilizar para algo valioso. Y no es falsa humildad, es confesión de parte.

En los textos subsiguientes, que he preparado con esfuerzo y esperanza, no quise transmitir conocimiento, sino espíritu. No es un tratado académico; viniendo de mi autoría, no puede serlo; es un testimonio. Es el fruto de años de escucha, de búsqueda y de encuentros íntimos con el Señor. De gratificaciones dulces y hermosas al comprobar el cambio rotundo en la vida supuestamente perdida de alguien y de los otros momentos, rumiando errores. subestimación, agravios, discriminaciones.

Mi deseo es que, al leer o escuchar todo esto, las generaciones futuras no sólo aprendan algo nuevo, sino que sientan algo nuevo: un llamado, una inquietud, un despertamiento del espíritu y del alma. Que cada palabra actúe como un pequeño faro hacia la verdad del Reino, que no es de ninguna manera una teoría teológica, sino auténtica y genuina Vida. Abundante en lo espiritual hoy, Eterna en un futuro próximo. Dos factores que, aunque parezca raro, muchos ignoran o, sencillamente, no tienen en cuenta. O, lo peor de todo, evaden.

Si esto que hoy lees, logra encender al menos una chispa de fe en el corazón de alguien, entonces habré dejado la huella que más anhelo. A mis más de ochenta años puedo decirlo sin reserva: La herencia es algo bueno, legal y conveniente. El legado es valioso, necesario y apto para proseguir. Pero la huella espiritual es sagrada. Porque te traslada, te eleva y te lleva casi sin pedirte permiso, porque tiene muy en cuenta que un día, cara a cara con Jesús, ya se lo otorgaste.

No temas si tus bienes son pocos. Así son los míos y eso me tiene sin cuidado, lejos de quitarme el sueño ni a mí ni a mis descendientes, gracias a Dios.  Tampoco te angusties si tus conocimientos parecen humildes. Yo he sobrevivido en este ambiente plagados de “luminarias estelares” con perseverancia y, esencialmente, con garra, lucha, deseos de crecer y servir para madurar a los santos. Lo que verdaderamente transforma el mundo es la vida vivida en obediencia y amor al Señor.

Por eso te invito, a ti que lees esto, a dejar una huella que no lleve tu nombre, sino el Nombre que está por sobre todo nombre, el del Señor. Una huella que no apunte a tus logros personales o privados, sino a Su Gracia. Para que cada palabra, cada decisión y cada gesto de tu vida signifique y pueda resultar en un pequeño reflejo de lo que verdaderamente es el Reino de los Cielos. Algo de lo que sólo sabemos por lo dicho, pero que todavía estamos en deuda con el conocimiento directo. Para llegar a eso es todo esto.

Y así, cuando tu tiempo de reflexión, de evaluación y de auditoría espiritual también llegue, porque eso inexorablemente en algún momento te llega, podrás descansar con la certeza de que tu paso por esta tierra no fue en vano. Que tu existencia fue semilla. Que dejaste una huella eterna en los corazones. Esa es mi oración. Y también mi objetivo desde aquí hasta que mi Padre diga que el ciclo en esta colonia Suya ha concluido y que es tiempo de retornar a la Patria Celestial de donde un día tocó salir.

1.- ¿Cómo es un Día de Trabajo…

 …de este lado del monitor, del micrófono, del teclado, de todo lo que un ministerio como este representa? Simple. Tan sencillo como tu día o el de cualquiera que, por la gracia de Dios, hoy tenga un trabajo que ame realizar y que le imprima todo lo que hay en su ser interior. Sólo una identidad a modo de reiterada identificación: tiene que ser un trabajo que te agrade, que ames y que quieras hacerlo todos los días de tus días. Porque si ministerialmente no amas lo que haces o te cuesta enorme esfuerzo realizarlo, entonces no fuiste llamado a eso.

No te deprimas, no te frustres; sólo dile al Espíritu Santo que te muestre qué es lo que viniste a hacer a esta tierra. Nadie que diga ser hijo de Dios está aquí para respirar, comer, trabajar, dormir y entretenerse en algo. Hemos sido creados con un propósito y ese propósito debe manifestarse en el marco de tu existencia. Pero pide guía y revelación. Porque justamente es cuando estás metido en la más profusa de las sombras, que aparece en tu vida esa luz que no te deja dudas y te empuja a salir y vencer.

Vivimos en una era en que la información tal vez abunda, pero el entendimiento pleno y concreto, es escaso. Fíjate que en un mundo tan conectado como este, todavía persisten muchas formas de ignorancia. Algunas de ellas, tal vez heredadas, otras, probablemente impuestas, aunque la mayoría, para mi gusto, simplemente cultivadas por la inercia del desconocimiento. Un día, y al instante siguiente de no estar estudiando nada ni pensando en nada puntual, de esa nada misma, que en realidad siempre es “alguien”, sale todo esto.

Un esto que nace desde la necesidad casi imperativa de llevarle al pueblo de Dios auténtico, una palabra clave que le permita reacomodarse en sus vidas y reacomodar también su relación con el Señor. Y si dije pueblo de Dios “auténtico”, es porque no te descubro ningún secreto si te digo que hay un enorme caudal de gente viviendo externamente como pueblo de Dios que, en su sentir íntimo, todavía no lo es. En parte por esa ignorancia de la que hablaba recién, pero en parte también por la ingenuidad cómoda de decidir depender de otras personas en lo que han sido llamados a hacer de manera personal.

Si te digo como lo he visto casi desde siempre a todo esto, es como si mi trabajo se tratara de andar por la vida con una especie de paleta cazamoscas, dándole de bofetadas santas en mejillas santas a todos los que, ya sea por alguna forma de ignorancia o por comodidad y pereza, están espiritualmente dormidos. Y no es maldad ni crueldad, es hidalguía. Porque a mí en lo personal no me molesta en absoluto que alguien duerma todo lo que se le ocurra dormir. No soy “anti-sueño”. Pero si me preocupa y mucho que alguien se tire a dormir alegremente debajo de un árbol o una pared a punto de derrumbarse.

Aun sabiendo que es muy probable que cuando lo sacuda para despertarlo, me mire con ojos fieros y deseos de estrangularme por haberle interrumpido tal vez algún hermoso sueño, pero supongo que lo tomará muy distinto cuando le muestre que ese árbol o esa pared debajo del cual se había echado a dormir aprovechando el frescor de sus sombra, ha estado siendo aserrado o demolido del otro lado y, ahora, como factor consecuente, está a punto de caer sobre este lado, exactamente encima de donde este feliz bello durmiente colocó su esqueleto andante.

Esto, en grandes y profusos rasgos, es una especie de parábola o metáfora relacionada con tantos y tantos cristianos que duermen su ignorancia sin caer en cuenta que el sistema religioso al cual han adherido, está a punto de derrumbarse. ¿Entonces esto puede tomarse como un llamado a salirse de esos lugares? ¡No! ¡En absoluto! El hombre que pretenda dictar lo que otros hombres deben o no deben hacer con su espiritualidad, está en liso y llano pecado de manipulación, que es hechicería. No sé ni puedo saber porque no me corresponde hacerlo, qué es lo que hará el Padre con todos los cristianos del mundo.

No sé cuál será la estrategia que utilice porque siendo el Rey de reyes que es, su decisión deberá ser acatada sin cuestionamientos. Lo que sí sé, porque ha sido escrito, y yo lo creo fielmente, es que lo que haya de hacerse, si se sigue el diseño o modelo Jesús, no será con grandes multitudes, sino con algo de menor volumen. Eso tiene un nombre que no he inventado yo, sino que ya está escrito desde hace siglos en nuestras biblias: Remanente. Esta palabra significa una serie de cosas que luego constituyen un todo. En la síntesis global, un remanente sería lo que queda o sobra de algo.

Personalmente no me agrada demasiado verlo así, como una sobra de algo, pero si examino con cuidado los senderos por los cuales tránsito a diario, más la propia experiencia de lo vivido durante años, tal vez tenga que aceptarlo como acepción válida. En lo más común y cotidiano, podría añadirte que es la parte menor que permanece después de haberse consumido o retirado la parte mayor. Un ejemplo muy doméstico, aunque un tanto rústico, sería decir que quedó un remanente de comida después de la fiesta. En este caso entraría aquello de sobrantes, o sobras.

De todos modos, en lo que tiene que ver con nuestra vida espiritual, decir remanente es hablar de algo muy diferente. En muchos casos puede aludir a un grupo pequeño que haya permanecido fiel en un determinado lugar luego de una profunda crisis. Si me permites llevarlo a un hoy muy caro a nuestros anhelos espirituales, sería casi correcto decir que el pueblo cristiano cree fielmente en Jesucristo, su salvación por fe y en una vida eterna en lugares celestiales, pero que sólo un remanente cree y difunde el Reino de Dios de un modo similar al que lo hacían Juan el Bautista primero y el propio Jesús posteriormente.

De allí que uno de los ingredientes principales que motivaron este trabajo que hoy te estoy entregando, fue el de establecer el modo no sé si ideal, pero si factible de llevarle luz a un pueblo hermano en tinieblas. Hace mucho tiempo escuché un proverbio que decía que es “Mejor encender una vela que maldecir la oscuridad.” Y allí mismo supe que, con todas las reservas del caso, y desde la más humilde de las estaturas que puedas encontrar, yo había nacido para eso. Fue la gloria de Dios sobre mi vida, porque me sentí y me siento, conjuntamente con tantos otros en igual situación, un privilegiado del cielo.

 No tienes idea de la cantidad de seres humanos que nunca se enteraron ni se enterarán del motivo por el cual nacieron. De allí en más, comencé a escribir todas estas cosas sueltas, sin otro ánimo que sacarlas de mi adentro. En parte, desde la centralidad misma de mi estructura espiritual, humana y mental. En otra parte, de lo que muchos hombres y mujeres han dejado escrito o dicho para que la posteridad los supere y trasciendan los tiempos. Jamás osaría cometer el pecado de llevar a juicio a alguien que decida repetir textualmente algo que yo he publicado en mis redes o mi Web.

Tengo certeza total que, si lo que decimos los hombres que estamos ocupando espacios con ministerios como éste, llega a conmover el espíritu de alguien o sencillamente a sacudir y bendecir su vida, habrá sido por la obra del Espíritu Santo, que sigue siendo quien añade a este Camino a los que van a ser salvos. Eso y decir que entre nosotros no existe ni puede existir el famoso Copy Right, o sea, en español, el Derecho de Autor, es lo mismo. Sólo un detalle que siempre comparto a modo de advertencia. Si vas a repetir algo que yo dije o escribí, primero deberás aceptarlo como verdad, luego creerlo y, finalmente ponerlo por obra. De no ser así, espera. El infierno también tiene sus reglas.

Sé que nuestras leyes terrenales no avalan mayormente esta posición, y lo entiendo como aceptable en todo lo que tiene que ver con la literatura secular. Pero en lo espiritual, no, de ninguna manera. Si tu ministerio es mandato del Señor, Él suplirá todas tus necesidades, tal fue y sigue siendo su promesa. No necesitas hacer comercio ni manipulación alguna para obtener sostén económico. Mi vida es el mejor testigo de eso: jamás pedí absolutamente nada a nadie. En mis redes no encontrarás jamás un número de cuenta o algo similar para “dar ofrendas de amor”.

Quienes lo han hecho es porque fueron movidos por el Espíritu para hacerlo, nunca obligados a ello por algo o alguien. ¿Y sabes qué? En casi treinta años de ministerio, mi Padre siempre suplió mis necesidades. Que tiene que ver con el sostén técnico e informático de lo que utilizo. Nada que ver con edificios monumentales, aviones privados ni automóviles de última generación. Creo que cuando un hijo de Dios lleva a cabo alguna forma de ostentación, está dándole una bofetada ofensiva al santo rostro del Padre. Y no porque el Padre no los quiera bendecir, sino porque se lo está mostrando a cristianos que, en una de esas, ni siquiera tienen para comer. 

A partir de todo este andamiaje, la aventura de escribir, es como una escalada a un monte empinado y de complicado acceso. Sólo celebrarás cuando hagas cúspide. Y para eso, no puedes prometer respuestas fáciles, sino mínimas preguntas necesarias. Más adelante profundizaremos en forma de encuentros que tengamos y será un paso hacia adelante para diluir una ignorancia reconocida, colocarle un marco para comprenderla y una conclusión a modo de despertar. Porque es de eso que vamos a hablar desde todos los ángulos que nos sean posibles y el Espíritu desee incursionar.

A esto también lo veremos en el final, que no necesariamente pretenda cerrar todo esto, sino que increíblemente lo abra a otros panoramas ignorados. La gramática nos enseña que cuando colocamos un punto y seguido, es porque seguiremos hablando del mismo tema. Pero luego nos añade que cuando lo que ponemos es un punto y aparte, es porque cambiaremos de tema. Eso no existe aquí. El tema es uno solo. Y el máximo protagonista de todo eres tú, quien quiera que seas. Te agradezco estar aquí con tu mente abierta y tu espíritu despierto. No pretendo convertirte en sabio, apenas en algo menos ignorante. No es poca cosa, eso.

No será la única vez que leas esto, porque lo que ahora transcribiré, fue lo que me impactó mucho y fuerte y me llevó a buscar donde fuera y como fuera más de la mitad de lo que hoy te estoy compartiendo. Jesús, hablándole a sus paisanos, según lo relata Juan 8:31-32 = Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

No sé cuántas veces habrás leído esto. Yo, muchísimas, te lo aseguro. Pero créeme que no hace tanto tiempo que recién pude entender que, lo que realmente nos hace libres, pero libres de verdad, no es la verdad propiamente dicha, sino el conocimiento de esa Verdad. ¿Sabes por qué la escribí con la “V” mayúscula? Porque esa Verdad, al igual que el Camino y la Vida, es Cristo. Y conocerlo, no es atosigarte de información acerca de Él, sino tener toda la intimidad que sea posible entre el Hijo unigénito del Dios Padre y sus hijos arribados EN Él. Eso es lo que te hará libre de toda libertad, no de cuestiones parciales.

Sucede que vivimos tiempos en los que la fe se menciona con frecuencia en muchas conversaciones o diálogos, pero al mismo tiempo y por rara paradoja, se comprende con dificultad. Se habla desde una posición espiritual en donde el nombre de Dios es conocido, pero Su rostro muchas veces permanece oculto tras las sombras de la confusión, la tradición mal entendida, o el simple desconocimiento. Este trabajo, si el Señor nos da su respaldo para lograrlo, está apuntado precisamente a eso. Y muy especialmente para referirme a dos hechos que son visibles y notables: la ausencia de conocimiento del Reino de los Cielos y lo que parece ser la declinación y futura extinción de lo que conocemos como religión organizada.

La idea principal y central de todo este andamiaje puesto a tu disposición, es disipar ignorancias con la misma dimensión y medida con la que fueron sembradas. Porque allí donde hay ignorancia, no puede haber plenitud de vida. Y porque el mismo Señor Jesucristo nos prometió lo dicho en el texto de Juan que compartimos. Estas enseñanzas, obviamente, no pretenden sustituir el misterio, ni agotar el poder del Espíritu Santo, pero sí quieren hacer su parte: iluminar la mente y el corazón con la Palabra, con la razón, y con la fe.

El objetivo central quizás suene fuerte o duro, pero es una verdad a gritos que será de bendición recordarla: dilucidar, aclarar o simplemente desenmascarar errores comunes sobre la fe cristiana, distribuido por años, en muchas ocasiones, desde sus propias iglesias. Reconocer las limitaciones del conocimiento humano y abrazar la sabiduría que viene de lo alto. Fortalecer nuestra vida espiritual mediante una comprensión más clara de las verdades del evangelio y, esencialmente, avanzar en humildad, dejando atrás ignorancias que nos estancan o, lo peor, nos dividen.

La idea es que cada letra aborde una ignorancia concreta. Algunas podrían ser doctrinales, otras humanas y otras directamente espirituales. No deberemos descartar las emocionales ni las relacionadas con tradiciones o costumbres, depende el lugar y la cultura de esa zona. Oseas dijo que el pueblo perece por falta de conocimiento. Y además de vincularse con la intimidad con el Señor que nos falta, también tiene relación con ese conocimiento formal que todos deberíamos poseer. Si no se tiene, quedamos absolutamente vulnerables a cualquier forma de engaño.

De hecho, el conocimiento que te salva no es el meramente informativo. Ni se te ocurra pensar o creerte que te vas a ir al cielo por toda una eternidad sólo porque memorizaste el nombre de los jerarcas del Sanedrín, de los doce discípulos de Jesús o de las distintas zonas geográficas por donde anduvieron. Vas a irte al cielo desde otra dimensión tomada por decisión. Pero, sin embargo, no podrás ni deberás despreciar ninguna clase de sabiduría ungida por el Espíritu, que es la que está enraizada en el amor y la guía de la cruz.

¿Qué harás con esto? ¿No lo sabes, todavía? Te sugiero algo. Léelo con humildad. Si tienes preguntas por dudas, hazlas con sinceridad. Aprende a partir de toda la fe de la que seas portador. Y; finalmente, si en la conclusión de todo esto, cuando llegues al final, sientes que te ha bendecido, enriquecido y liberado de antiguas ignorancias llamadas ataduras, comparte todo lo aprendido con amor. ¿Destinatarios? Los que el Espíritu Santo te traiga con interés para ello. No arrojes perlas a los cerdos, pero tampoco te guardes para ti solo el alimento.

Desde la posición de instrumento de autoría, oro para que estas especies de caricias para un corazón que recién hoy está despierto, de ninguna manera me muestre como alguien superior. Que, por lo contrario, coloque mi nombre o mi figura, en el mismo sitial en la que alguna vez estuvieron los más grandes: desde el servicio, la humildad sincera y el absoluto bajo perfil. No será mi interés jamás aparecer como sabio ante tus ojos, sino como disponible para todo servicio ante los hijos de mi Padre celestial, es decir, mis hermanos. Que el Espíritu Santo nos guíe a ambos a hacer realidad algo: Cada ignorancia vencida, es una victoria para el Reino.

2.- No Sé si Tú, que Vives…

 …en cualquier parte del mundo que no sea mi país, sabes que la capital de la República Argentina, es la ciudad de Buenos Aires. Pero tengo la necesidad de aclararte que Argentina NO ES sólo Buenos Aires, es mucho más que eso. Argentina tiene un territorio que está entre los ocho más grandes del mundo. Desde la pintoresca ciudad ultra sureña de Ushuaia, en la provincia de Tierra del Fuego, en nuestro hermoso extremo sur, hasta la híper norteña La Quiaca, en la provincia de Jujuy, en el cálido extremo norte del país, hay más de cinco mil kilómetros de recorrido.

Y los habitantes, tanto los de esos extremos como los que se encuentran en las estaciones intermedias entre uno y otro, también son argentinos que, en muchos casos, se diferencian bastante entre sí. Veinticuatro son las provincias que componen la República, y si bien el idioma natural es el español, (Lo cual es un decir, ya que en la realidad es un conglomerado de palabras muy singulares que conforman un argentinismo que no tiene nada que ver con lo que se habla en Madrid, por dar un ejemplo), en cada una de esas provincias hay modismos, palabras, tonadas y hasta dialectos de procedencia indígena, que las hacen distintas y autónomas.

Pero esa autonomía solamente se evidencia en eso. Porque en todo lo demás, y dando razón a un viejo adagio nacional que dice que Dios está en todas partes, pero sólo atiende en Buenos Aires, esa es la realidad. Mi Argentina está muy lejos de ser un país federal o una confederación de provincias unidas como lo fue en su nacimiento. Es absolutamente unitaria en todos sus rudimentos y la capital es la que dicta todos los condimentos que luego el resto tiene que adoptar sí o sí si es que no desea verse marginado.

Para muestra, es suficiente un botón, solía decir mi abuela materna. Ella quería dejar en evidencia que, si se observaba con cuidado un mínimo botón de una prenda, se podía evaluar la calidad y hasta la fortaleza y belleza de esa prenda. El botón en este caso, es el fútbol, bien llamado deporte nacional por excelencia. Salvo excepciones muy centralizadas en ciudades como Rosario, Córdoba, Santa Fe y La Plata, un porcentaje amplio del país simpatiza con el River Plate, mientras que la otra porción lo hace por el Boca Juniors. La discusión sobre quiénes son los más y los menos, es legendaria. Creo que no es necesario que te aclare que ambos clubes pertenecen a la ciudad de Buenos Aires.

¿Cómo podría ser posible que un jujeño, (Gentilicio del habitante de la norteña provincia de Jujuy), que habita en medio de un desierto árido, cuidando cabras u otras especies del lugar, que jamás visitó ni conoce la ciudad de Buenos Aires, podría ser hincha (Argentinismo de Simpatizante) de Boca? ¿Cómo entender lo mismo para un habitante de la sureña Tierra del Fuego, tal vez cuidando ovejas, y que como el norteño, se halla a casi tres mil kilómetros de Buenos Aires, a la que tampoco visitó ni tal vez visite jamás en su vida, podría ser hincha de River?

La única respuesta posible, probable y al mismo tiempo genuina, es: por la influencia de los medios de comunicación de Buenos Aires con llegada a todo el país. Si bien en cada provincia y, esencialmente, en cada ciudad grande o mediana de cada provincia, hoy hay grandes medios radiales y televisivos, (Los de contenido gráfico van desapareciendo progresivamente) la información mayoritaria que el país consume es la que emana de los grandes medios de comunicación nacionales.

Así les llaman porque llegan a todo el país. Pero lo cierto es que, en la realidad, son medios de la ciudad de Buenos Aires, que llenan sus espacios con información política, social y deportiva de Buenos Aires y con muy poca y a veces inexistente mención de noticias provenientes del “interior” del país. ¿Interior? Sí, así es como los medios de comunicación de Buenos Aires, (Se les dice “porteños”, aunque es incorrecto porque Buenos Aires no es la única ciudad argentina que posee un puerto), califican a cualquier sitio del país que no sea la ciudad de Buenos Aires.

 Alguien dijo alguna vez con mucha ironía no exenta de crítica y humor, que, si la gente de Buenos Aires considera al resto del país como “del interior”, no se sabe muy bien de qué “exterior” vendrían a ser ellos, entonces. Obviamente, fue una pregunta abstracta que jamás tuvo ni tendrá respuesta convincente. O sí, si la examinamos desde concepciones ideológicas o políticas respecto a su relación con el resto del planeta.  

Lo cierto es que, tal como te dije, hay millones de hinchas de River y Boca, (Los dos más grandes del país) y en menor medida de Racing, Independiente y San Lorenzo, distribuidos en miles de kilómetros, que nunca podrán llegar a saber por qué razón aman esos colores futboleros si los que los lucen están tan lejos de sus modestísimas viviendas. Y si bien yo resido en una ciudad de aproximadamente dos millones de habitantes que de ninguna manera sigue esa rutina, estoy en condiciones de asegurarte que debe ser una de las muy pocas sino la única.

Aquí son Newell’s Old Boys y Rosario Central los dueños de la pasión rosarina y queda muy poco espacio para las remeras riverplatenses o boquenses. En eso, como también en algunas otras cuestiones que no producen precisamente orgullo, Rosario es una ciudad muy especial. Pero mi padre, por ejemplo, es un caso típico de lo otro que te contaba. El nació y vivió hasta adulto en una pequeña población del sur de la provincia de Santa Fe, cuyo nombre es Rueda.

No por las que usan los vehículos, sino por ser el apellido del propietario de los campos donde se levantaron las pocas casas que todavía hoy conforman ese pueblo, que, en este tiempo, si los cálculos no me traicionan, debe andar por los setecientos u ochocientos habitantes. Allí nací yo, también, pero en mi caso fue diferente porque me fui del pueblito cuando era muy pequeño. En cambio, mi padre creció en el pequeño Rueda.

De adulto conoció a mi madre, también nativa de ese lugar, (En realidad se debe haber atrevido a hablarle, porque como conocer, en una población tan pequeña, seguramente se conocían todos), con el tiempo se pusieron de novios y, como correspondía en esos tiempos, (1930 al 1940), contrajeron matrimonio. Ante los hombres, nada más, porque mi padre tenía mucha aversión para con la Iglesia Católica y accedió a toda la pompa clásica de la época, menos la concerniente a vestidos blancos, iglesia, sacerdote y etc.

Por causa de ello y de ellos, aquí me tienes todavía escribiendo divagaciones cuando el tiempo me lo permite. Dios me dio esta vida, pero ellos se encargaron de fabricar el envase. Pero, lo que quería contarte, es que mi padre, cuando andaba por los quince o dieciséis años de edad, (Año 1932 o 33), empezó a ir a la cancha de fútbol del Club Rueda, el único que había en el pueblo, a despuntar una de sus pasiones, practicar fútbol, que es la palabra española en su fonética, que deriva del football de origen británico. Jugar a la pelota, así se le decía en referencia a lo que en español básico se denomina como balón.

 Obviamente, estaba muy lejos de ser un Maradona o un Messi, pero para el material humano que había en el pueblo, se las compuso para integrar el primer equipo del lugar que participaba en torneos lugareños. Su casaca era a bastones verticales. Dos anchos de color rojo y blanco, y una línea más delgada intermedia, también vertical, de color negro. Esa era SU camiseta y por ella dejaba lo mejor de su físico y esfuerzo en cada juego. Era SU club y lo amaba. Un día, llegó a sus manos una revista deportiva de la ciudad de Buenos Aires, de gran tirada en todo el país, llamada “El Gráfico”.

En su tapa, en su portada, la foto en color (Que se utilizaba sólo en las portadas, ya que todas las páginas internas todavía eran en blanco y negro), un jugador de fútbol luciendo una casaca similar a la que él usaba en su club de Rueda. Ignorante de todo lo que había fuera de su pueblo, se impactó por la coincidencia y quiso saber de qué club era esa camiseta que aparentemente tanta fama tenía como para estar en la tapa de una revista como esa.

Le dijeron que era la camiseta del club River Plate, de Buenos Aires. Hoy ese club tiene una casaca de distinto diseño, generalmente y como clásica y tradicional, es blanca con una banda roja diagonal cruzada. Pero la antigua y primaria, era la que mi padre vio en esa revista. De allí en más, aunque luego abandonó el pueblo en búsqueda de mejores horizontes para su familia, fue hincha fanático, (Al punto de amargarse y mucho cuando perdía), del River Plate de Buenos Aires.

Si eso no es manipulación emocional, social y hasta humana, no sé de qué te hablo. Y también ignorancia de su parte, en este caso, del área deportiva del país del cual se decía que era habitante con los mismos derechos y obligaciones que los que residían en otros lugares. Debería señalar que mi padre era un hombre que, dentro de sus limitadas capacidades intelectuales, era lo suficientemente inteligente como para subsistir en una época en la que era bastante complicado desde lo social y material.

Sin embargo, en muchas cuestiones, incluyendo esta deportiva, era ignorante. Y no es peyorativo lo que digo. Simplemente desconocía verdades sobre muchos temas. Eso era, es y seguirá siendo ignorancia. En toda su vida posterior de la que fui testigo hasta sus últimos tiempos, creo que fue de paseo a Buenos Aires dos o tres veces y, como no podía ser de otro modo, fue a ver a su River Plate, ya que hacía coincidir esos viajes con juegos que se disputaban en esos fines de semana.

3.- Y No es El Único Caso…

 …pero te lo conté como testigo de lo que miles o millones de hombres y mujeres recibieron en distintas partes del país. El señor que hoy me vende la carne vacuna que consumo, es un hombre de unos cuarenta años de edad. Es nativo de la provincia de Corrientes, al norte del país y es fanático del mismo club de Buenos Aires.  Le pregunté la razón y me dijo que su padre, (Imagínate la edad) era muy fanático de River y se lo había transmitido.

Ese hombre, el padre, jamás salió de su provincia y nunca vio un juego de su amado club. Era hincha porque las únicas emisoras de radio que se podían escuchar allá en el campo, en su provincia, eran las de Buenos Aires, y transmitían los juegos de River y Boca, nada más. Así que te hacías simpatizante de uno o del otro. Invasión cultural porteña hacia el interior. Ignorancia entremezclada con emociones. Casualmente los dos ejemplos son del mismo equipo, pero es válido también para el otro, que no sé si no tiene mayor cantidad de simpatizantes en todo el territorio.

 Te estarás preguntando por qué, en un trabajo que aspira a ser serio y profundo, me descolgué con estos relatos casi prehistóricos y de alguna manera pintorescos que pueden sonar hasta frívolos. Simple. Porque fue la mejor manera que encontré de mostrarte lo que es una manipulación cultural a distancia, ejercitada por los llamados medios de comunicación que, salvando honrosas excepciones que las hay, porque las conocí, mayoritariamente son elementos al servicio de intereses grupales.

Los mismos que por diversos motivos les conviene que la gente del común, que es la mayoría, piense, crea, sienta y razone conforme a los rudimentos que ellos le ponen a disposición. Esto sucedió y sucede en mi Argentina, pero no tengo dudas que no es el único lugar del mundo en donde ocurre. El hombre de la ciudad de Buenos Aires vive a un ritmo que, para cualquier habitante del resto del país, sería factor de derrumbe en el corto plazo.

Imagínate; para llegar a su trabajo, en muchos casos, debe abordar dos o tres autobuses y luego el metro. (Aquí a eso se le llama Colectivo y Subterráneo) Opera y funciona a toda velocidad y el stress es parte de su día. Ahora imagínate a un hombre de la misma edad, pero viviendo en una pequeña ciudad o población de alguna de las veinticuatro provincias. Si no tiene algún negocio en su propia casa, su trabajo seguramente no quedará mucho más lejos que a cuatro o cinco calles. (Aquí las llamamos Cuadras). La pregunta que surge, entonces, es: ¿Es posible que tenga un ritmo de vida similar al apodado “porteño”? No.

Y está bien que así sea, es lo lógico. Lo que de ninguna manera es tan lógico es que, por imperio de la suma de intereses materiales, sociales, políticos e ideológicos, la prensa capitalina siga firme en su trabajo psicológico de presionar para que todos los que vivimos en otros sectores del país, tengamos las mismas ideas, pensamientos, gustos, desagrados y hasta simpatías políticas y deportivas que tienen los habitantes de la capital del país. Y lo más llamativo y preocupante, es que todavía lo están logrando. Por eso Argentina es lo que tú ya tienes abundantes noticias que es.

Ahora lleva todo esto que te relaté, al ámbito espiritual. Hay una iglesia estructural que te dice que es la dueña del evangelio. Hoy todavía se llama Iglesia Evangélica. Hasta hace algunos años, no demasiados, se llamaba Iglesia Católica. Tienen a su favor, ambas, haberles hablado de un Dios en el cielo a mucha gente que, de no haber sido por ellos, jamás lo hubieran escuchado nombrar. Tienen en su contra, haber permitido que el diablo les torciera el cerebro y los indujera a pensar que son los dueños de la salvación y la perdición eterna, y que, si no acudimos a ellos, estamos al horno, dicho de modo literal y figurativo.

Amados amigos, hermanos, no es así, de ninguna manera es así. Yo era un niño de no más de seis años de edad cuando un sacerdote católico me dijo que si el próximo domingo no asistía a misa, me iba a ir al infierno. Puedes imaginarte con muy poco esfuerzo cuál habrá sido mi rostro cuando regresé a casa luego de esa clase de catecismo propia de la preparación para lo que se denominaba como “primera comunión”. Padres y abuelos me tranquilizaron y, de alguna manera, respaldaron al sacerdote, porque me dijeron que, si él no decía eso, a misa no iba nadie y que entonces, Dios se enojaba muchísimo.

No hace tanto tiempo que escuché con mis mismos oídos, aunque ya más adultos, a un circunspecto pastor evangélico decir exactamente lo mismo con respecto al culto del domingo por la tarde. En lo personal no me afectó, pero pude observar que a muchos de los que lo oyeron, sí que los preocupó y mucho. Los más cercanos al pastor se encargaron de tranquilizar a la gente explicándoles que si él no decía eso, la gente era muy vaga y perezosa y prefería quedarse a mirar fútbol por televisión que ir a la reunión, al servicio, al culto.

Lo mismo, aunque con distinta prenda. Uno con una larga sotana negra y el otro con un moderno atuendo de muy buena tienda de shopping. Lo que estoy tratando de mostrarte es que tanto la Iglesia Católica primero, como la Evangélica después, actuaron como lo hace nuestra ciudad capital de Buenos Aires. Manipulando emocional o religiosamente a la gente y presionándola para que piense como ellos piensan.

De ninguna manera aquel sacerdote ni aquel pastor se detuvieron un instante a reflexionar sobre el motivo verdadero por el cual esa gente eludía ir a la misa y a al servicio del domingo. ¿Ninguno se puso a pensar si lo que se les estaba entregando, tanto desde aquel altar plagado de imágenes, como desde este púlpito con una hermosa Biblia, no sólo no alimentaba espiritualmente a nadie, sino que tampoco lograba encender en sus espíritus esa llama espiritual que tú y yo conocemos?  

Entonces, y aquí viene la bomba de una mínima pero impactante revelación, los cristianos que por años hemos estado sujetos y sumisos a los mandamientos de las estructuras, tanto las eclesiásticas como las capitalinas, nos vimos en la obligación implícita de convertirnos en hinchas fanáticos de River o de Boca, porque otra cosa no había. Que es como decir que nos indujeron y manipularon a hacernos pensar que solamente se podía ser salvo si pertenecías a la Iglesia Católica primero, o a la Evangélica después.

Pregunto: ¿Nadie se preocupó por buscar en su Biblia si eso que le decían en realidad era verdad?  A ver; pongamos las cosas en su debido sitio. Ningún soldado gana ninguna guerra peleando solo. Podrá a lo sumo tener algún acto heroico que ayude a su ejército a obtener una victoria, pero en soledad no irá mucho más allá. El pueblo de Dios es un ejército, y como tal funcionará aceitadamente en equipo, o no funcionará.

Y lo hará conducido firmemente por sargentos, capitanes y coroneles, pero todos siguiendo las instrucciones que el máximo General dispone para cada acción bélica. Ese General es Cristo, y todos los demás sus subordinados. Por tanto, seguir pensando que congregarse es ir a sentarte a un salón a cantar cuatro canciones, dar una ofrenda y escuchar un sermón, es estar, -reitero-, más que al horno. Congregarse es estar como parte de un ejército que se mueve en unidad por una orden que baja del General y es respetada y cumplida por cada subordinado.

Instalarse en el lugar que sea para escuchar las nuevas directivas y estrategias que el General ha dispuesto para la nada sencilla tarea de recuperar un Reino usurpado. Ser hinchas de Boca o de River no te hace victorioso. Cada torneo que ellos ganen, sólo tendrá incidencia en esta tierra, pero en el cielo no habrá noticias de eso. Cuando el cielo pronuncia la palabra iglesia, no está hablando del River y Boca Católico o Evangélico, está hablando de una asamblea, nada menos, de un cuerpo de representantes de Dios en la tierra, desde el primero hasta el último.

De gente que decidió entregar su vida a Cristo para que Cristo se glorifique en ella. De gente que crucificó su carne con Cristo en la cruz, cosa que de ninguna manera podría permitir que se pelee con otros cristianos porque son de otra denominación o de otro credo. Y lo que es la frutilla del postre: está hablando de Reino, una palabra que hoy por hoy, para muchos cristianos buenos y fieles, todavía sigue siendo una incógnita a resolver. ¿De qué estamos hablando cuando hablamos de esto? Estamos hablando de Ignorancias Antiguas que, por rara paradoja, tiene las mismas iniciales que Inteligencia Artificial.  

Pero, lamentablemente, no de esas ignorancias que inspiran a aprender cosas nuevas, sino de la otra, de la que está convencida que no hay nada más allá de lo que les enseñaron. Ya lo vimos cuando hablábamos de los filósofos. Una cosa es ser ignorante, pero con la humildad de asumirlo y buscar conocer, crecer, madurar y saber más cada día, y otra cosa muy distinta es ser ignorante y rodearse de un muro de arrogancia, soberbia, desprecio y estupidez humana en todas las líneas. ¿Primera ignorancia derrotada? La de pensar que la salvación está en una estructura o en un templo. La salvación está en Cristo, donde quiera que lo adores. 

4.- Dije Alguna Vez…

 …y desde ya, de esto pasó mucho tiempo, que mi mandato más fiel y claro, fue el que recibí a través de la lectura de un pasaje del Salmo 22. Concretamente, el verso 22 de ese salmo, luego confirmado, a mi escepticismo y cierta incredulidad, con el verso 12 de Hebreos 2, decía contundentemente, como para que no me quedaran dudas:  Anunciaré tu nombre a mis hermanos; En medio de la congregación te alabaré.  Por tanto, una cosa me ha quedado más que clara: he sido enviado a anunciar Su Nombre a mis hermanos.

No al mundo incrédulo, como les toca a los llamados al evangelismo, aunque por supuesto, nadie le prohíbe ni impide a ningún incrédulo, ateo o lo que sea, escucharme. Tampoco impedirá a los jeques de la religión armar entretenidos debates, en los que jamás entré, entro, ni entraré; a mis hermanos, dice allí, que es como decir, a los que son realmente hijos de mí mismo Padre. Porque tenemos una costumbre, lindando con cierta tradición, de llamar hermano a todo lo que se mueve o respira dentro de nuestro mismo templo. Obvio que eso no me margina de, si se dan las condiciones, hablarle de Cristo al más incrédulo de los incrédulos. Pero a eso sí que sólo lo haré con dirección precisa y puntual del Espíritu Santo.

Y eso, con todo lo que hemos visto, sabemos que es ignorancia pura, aunque en este caso, bien intencionada y hasta ingenua. Porque hay demonios de todos los colores y formatos que se te ocurran, que les encanta que los llamemos hermanos. Se sienten tan a gusto en esas congregaciones, que se quedan a vivir en ellas indefinidamente y, con el correr del tiempo, cuando algún ungido los descubre, el zafarrancho que se arma es monumental, al punto de producir divisiones y rupturas de todos los tonos y en todos los niveles.

Si alguien se hubiera ocupado, más que preocupado, por buscar en sus biblias recursos de la palabra de Dios tendientes a esclarecer todos estos errores, hubieran descubierto rápidamente que, si está escrito que el trigo y la cizaña, (Que es una semilla que se le parece, pero que es tóxica y puede enfermarte), habitan juntos, no tendrían que hacer a un lado sus capacidades de discernir para detectar a los falsos entremezclados y disimulados entre los genuinos. Ese sería, entiendo, un primer paso.

El siguiente, comenzar a trabajar en función del mandato que se haya recibido. En lo personal, el mío fue exactamente ese: anunciar Su Nombre a mis hermanos. En el marco de ese panorama comienza la senda de cumplir fielmente con el mandato. Así es que, la pregunta básica que se impone por sencilla ignorancia, es: ¿Qué nombre es el que debo anunciar? Obvio que, si es para mis hermanos, el Nombre en el cual hemos sido salvos. Jesús de Nazaret. Más conocido con el amor y afecto que sentimos por Él, como Jesucristo.

Que es nada menos que el mismo que murió en la cruz por nuestros pecados. O, dicho ya en idioma un poco más teológico, Jesús el Cristo, que vendría a ser una traducción muy simple de lo que sería Jesús, el unigénito de Dios, el Mesías, que es como decir el Ungido de Dios. Y en el momento de poner en marcha este proceso de anunciar Su Nombre con una periodicidad mayor a la que traía, me encuentro con un ingrediente supuesta y aparentemente moderno: Mi Jesús, para muchos hermanos genuinos, ha pasado a ser Jeshúa.

¡Pero es que así es como lo llaman los judíos! Eso escuché decir y, en mi ignorancia y cierta prisa, me sumé velozmente a ese pensamiento. ¡Es que hay una invasión de movimientos judaizantes! Esa fue la otra versión que escuché y a la que también le di lugar porque, en verdad, eso era lo que en muchos ámbitos estaba sucediendo. ¿Y entonces? Entonces decidí hacer lo que se me ordena hacer en la palabra de manera permanente: escudriñar las escrituras y, conforme a mi antigua formación, investigar todo hasta lo más recóndito, pero sin llegar a tomar posición hasta tener total claridad.

Es que forma parte de mi forma de vida diaria, tener conciencia de que quiero saber que estoy haciendo lo correcto. Sin embargo, aquí hay una historia y yo no soy quién para evitarla. Y esa historia, justamente, me muestra que judíos y cristianos no han alcanzado nunca a llevarse bien. Se dice con todo criterio que los unos provienen de los otros, pero es como si existiera una silenciosa batalla que tendría como premio, llevarse la mayor cantidad de adeptos y el consiguiente respeto de un mundo que, hoy por hoy, a fueros de ser sinceros, ya no respeta a ninguno de los dos.

Por ejemplo y sin irnos muy lejos, la palabra Iglesia, como todos sabemos, le cae muy mal al judío tradicional. ¿Por qué? Porque la relaciona con lo que, como pueblo, le ha tocado vivir con el catolicismo romano en la antigüedad, muy especialmente en la etapa de la inquisición. Ese, fíjate, ha sido uno de los motivos principales por los que el pueblo protestante, concretamente el evangélico, prefiere referirse a congregaciones en lugar de iglesias. Y mucho cuidado que esto es historia, no teología.

Se podría añadir que los términos hebreo, judío e Israel, son intercambiables, pero esto no es necesariamente correcto. En todo caso, es culturalmente intercambiable. Pero la verdad nos muestra que cada uno es algo distinto al otro. No estoy en la política internacional y tampoco me interesa estar. Pero puedo decirte que amo a Israel porque desde allí venimos. Somos algo así como un Israel espiritual. Pero no tengo nada que ver con el físico y mucho menos con el político, que es algo que es exclusivamente patrimonio de ellos como sociedad.

Lo que pretendo decir, concretamente, es que siento un profundo respeto por el pueblo judío, hebreo, israelita, pero eso no me hace sionista. Puedes conocer y respetar a Argentina, quizás por ser la tierra natal de Lionel Messi, por ejemplo, pero eso no te hace ni peronista ni antiperonista. Creo que vale como ejemplo, si es que conoces algo de nuestros entuertos domésticos. Es que hay algo que no siempre entendimos. Bíblicamente, el primer hebreo es Abraham. Porque la palabra original para hebreo, es Ibri, que fonéticamente suena algo así como debri.

Hebreo significa que cruza el río”. Lo mismo sucede con Israel. El primer Israel fue Jacob, que como todos saben, cambió su nombre luego de batallar con el propio Jehová. Y el primer judío, es alguien que provino de la tribu de Judá, casi que no necesito ampliarlo. Es decir que comenzamos con Abraham, luego la historia sigue con Isaac y con Jacob, ya que de eso siempre se habla como LA base. Pero ¿Y qué sucede con Ismael? Todos sabemos hoy que desde su descendencia nace el pueblo árabe, ¿Verdad?

¡Que rara paradoja! Porque Ismael, al ser hijo de Abraham, genéticamente era hebreo. ¿O no? Suena más que fuerte, sin dudas. ¿Cómo va a ser hebreo Ismael si de alguna manera es fundador de los que hoy los combaten a muerte en diversos frentes? De acuerdo. Mientras Isaac era hijo del espíritu, Ismael fue hijo de la carne, eso tal vez explica el rencor y hasta el odio. Pero tengo certeza que el asunto no termina allí. Creo que otra vez la política invade lo espiritual y todo se desmorona.

Tú puedes amar Argentina, pero eso no significa que ames a quien fuera presidente ayer, o a quien lo sea hoy, o quien lo será mañana. Eso es asunto nada más que nuestro. Eso es, exactamente, lo que nos ocurre a muchos cristianos con Israel. Y recuerda que estoy peleando una batalla contra la ignorancia, no operando en favor de tal o cual. Porque, de todos modos, tú sigues amando Argentina y yo sigo amando a Israel. Pero nadie pudo, ni parece que pueda, todavía, evitar que nazca un fiero odio.

 ¿Nadie va a entender que donde nace el odio hay demonios trabajando duro para conseguirlo? Sí, no son pocos los que lo entienden a la perfección, pero igualmente cuesta mucho, muchísimo que aquellos que han sido heridos y hasta muertos por ese odio, entiendan los vericuetos de la historia y la participación satánica en la división de los creyentes, sean cuales fueren. Obviamente que esto es mucho más amplio y profundo, pero no es el tema central de este trabajo, que es el de destruir ignorancias antiguas, darle una tierna caricia a un corazón que está despertando, dejar una herencia, un legado o una huella y convertir todo en conocimiento presente.

Pero cuidado, no con verborrágicas exposiciones discursivas, sino basados en hechos concretos, visibles y reales. Que como podrás suponer y comprobar, no tienen nada que ver con lo que difunden los distintos medios de comunicación del mundo que, como todos sabemos, o al menos deberíamos saberlo, siempre van a operar en dirección a los intereses que financiera o ideológicamente los sostienen. Un periodista de vocación, puede llegar a trabajar gratis para difundir algo importante. Pero los medios que los contratan, nunca. De hecho, los Ceos de esas empresas jamás fueron periodistas, sino empresarios. 

5.- Fui Periodista…

 …en una época en donde todavía los que amábamos esa profesión, podíamos ejercerla con cierta libertad. Hoy ya no. No existe tal cosa como un periodismo independiente. Todos dependen de distintos sectores que, nos guste o no, son los que ponen el dinero para sostener las empresas. Y nadie quiere quedarse desempleado. Y ni hablar de la mentira del periodismo objetivo. Eso no existe. El hombre siempre es subjetivo. Como mucho podrá esforzarse por ser medianamente imparcial.

 Esa es mi rutina, aunque soy consciente que no siempre lo logro. ¿Sabes por qué Jacob cambió su nombre por el de Israel? Porque dice la Biblia que fue alguien que peleó con Dios y venció. En realidad, significa que perseveró contra todo. Y estaba escrito que quien venciera en eso, obtendría un premio. Apocalipsis 2:7, dice que El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios

En el verso 11, añade que no sufrirá daño de la segunda muerte. En el 17, que se le dará a comer del maná escondido. En el 26, que se le dará autoridad sobre las naciones. En 3:5, será vestido de vestiduras blancas. En el 12, lo hará columna del templo. En el 21, ¡Que se siente con Él en su trono! Y, en 21:7, El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Entonces, ¿Quién es Israel? El que persevera y gana. No los perdedores, no los cómodos, no los holgazanes.

 Y tú, sin haber nacido en Israel, si eres creyente del Dios de Abraham, Isaac y Jacob, que es Israel, eres injertado por el propio Dios a lo que sería el árbol de Israel. Ni lo dudes. Eres el Israel espiritual. Claro está que eso no te da ningún derecho a reemplazar al Israel genético, pero te iguala. ¿Hay promesas hoy para el pueblo judío? Sí, claro que las hay, y son muy claras. Tan claras como las promesas que hay para el Israel espiritual. ¿Entonces eres de la familia de Dios? Sí.

Porque al creer en el Dios de Abraham, Isaac e Israel, (No me gusta decir Jacob, porque Jacob significa traicionero), pregunto: ¿Quién es tu Padre? Dios, me dices. Entonces, ¿A qué familia perteneces? A la de Abraham, Isaac ¿Y? ¡Israel!  Isra-El. Recuerda que todo lo que termina con El, es de Dios. Dani-el, el juicio de Dios, Isma-el, el que escucha a Dios, y el más conocido de todos, Emanu-el, Dios con nosotros. Entonces, si tú eres hijo de Dios, y por lo tanto eres adoptado a la casa de Dios, tú deberás seguir todas las reglas de la casa que te ha adoptado, esto es: la de Dios.

 ¿Qué libro seguimos? El de Dios. Si tú vienes a vivir a mi casa y yo te adopto como familia, ¿Qué comida vas a comer? ¡La que comemos nosotros! La misma. ¿Y entonces por qué hay tanta división entre judíos y cristianos? ¡No debería haber ninguna! Si uno es el Israel genético y el otro es el Israel espiritual. ¿A quién escogió Dios? Escucha: cuando tú tienes un hijo, tú no escoges a ese hijo. ¡Tu hijo nació! Pero al adoptado sí lo escogiste. ¿Estás entendiendo, ahora? A esto, desde hoy, ya no lo ignoras; lo sabes.

Esto te cambia la mentalidad, conjuntamente con la de todo el pueblo al que llaman gentiles, que definitivamente no son gentiles. Ya no eres gentil, eres Israel. Y no eres ni hebreo ni judío, ¡Eres el Israel de Dios! Has vencido. Tienes el premio. Ahora bien; al ser adoptado como hijo, ¿Reemplazas al otro hijo? ¡No! De ninguna manera es uno u otro, o tú o yo. O sea que no es “o”, es “y”. Tú tienes una promesa. Pregúntate: ¿Qué hubiera pasado, si el pueblo judío, el pueblo de Israel físico, el pueblo escogido de Dios, hubiera aceptado al Mesías?

 Nosotros no hubiéramos tenido el conocimiento del Hijo de Dios como Salvador, porque se hubiera quedado sólo en Israel. Ahora bien; si Dios es el Dios de todos, y escogió a un pueblo pequeño y además desobediente y hasta necio, ¿Será improcedente preguntarle por qué lo hizo? Israel es un pueblo de aproximadamente 13 millones de personas, pero a eso hay que sumarle todos los que, como bien sabemos, andan desparramados por el planeta, además de los que llaman cripto-judíos, que son todos aquellos que nacieron como judíos, pero luego se convirtieron en cristianos por imposición de la inquisición.

 ¿Y por qué los escogió a ellos si eran desobedientes y hasta necios? Pablo, que era cristiano, pero venía de los judíos, les da esa respuesta a los Corintios, en su Primera Carta, en el primer capítulo y verso 27: sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; Es como decirles que los escogió a ellos para que ni se les pasara por la cabeza que ese era su plan, sino el plan de Dios. Isaías 6:8-10 lo dice:

Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí. Y dijo: Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved, por cierto, mas no comprendáis. Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad.

  Eso, aunque todavía haya millones que no lo entienden, significa que Dios hizo lo debido para que ese pueblo rechazara la salvación de su Cristo, y de ese modo Él pudiera cumplir la misión principal que era la de salvar a todo el mundo. Ese es el más grandioso plan de salvación conocido. Dios no sólo sacrificó a su Hijo en favor de toda la humanidad, también sacrificó al que era su pueblo. De allí que, tanto el católico romano como incluso muchos cristianos no católicos, odiaron y persiguieron a los judíos por haber matado a Cristo.

Escúchame, por favor. Si Jesús no hubiera muerto, no hubiera resucitado. Y si no hubiera resucitado, no hubiera existido salvación. El plan perfecto era que tenía que ser rechazado, muerto, sepultado, ir al infierno por tres días y resucitar allí para darnos vida eterna. Ese fue el plan. Y no había plan “B”. ¿Correcto? Entonces; ¿A quién escogió como pueblo elegido? A los más desobedientes, imperfectos y pequeños. No los eligió por buenos, sino por pequeños, necios, desobedientes y cuanta falta de virtud quieras añadirle.

 Única forma de que fuera Dios el glorificado, y no esos hombres. Pero lo cierto es que Jesús, el Nombre que deberá ser anunciado porque está por sobre todo nombre, era judío. Fue llevado por sus padres, a los doce años a la sinagoga, a esa especie de ceremonia de iniciación que ellos ejecutaban cuando los niños varones cumplían sus doce. Hoy, y esto es muy interesante, esa misma ceremonia los judíos la realizan a los trece años, por la simple razón de que no quieren tener nada que ver con Jesús.

 Porque para ellos Jesús es una palabra nefasta, ya que en su nombre decapitaron, mataron, quemaron y asesinaron a millones de personas. Y todo en el nombre de Jesús. De hecho, no fue Jesús de ninguna manera quien hizo esto, pero sí hombres que decían ser seguidores suyos, que jamás entendieron que la salvación vino por los judíos. Ojo que todavía hay cada “seguidores” que…bueh. A esto lo dice claramente Juan, hay que leerlo con atención. Por otra parte, hay algo en las tres religiones formales, que coinciden casi de modo increíble.

 Tanto los judíos de verdadera fe, como los católicos pensantes y buscando ser espirituales y los evangélicos sinceros, no sólo desconfían de sus rabinos, sacerdotes y pastores, sino que, en muchos casos, los tienen directamente por mentirosos, aunque se cuiden muy bien de decirlo en voz alta. Dicen muchos judíos serios y responsables, que la religión judía de este tiempo, no la del tiempo de Jesús, sino esta de hoy, es una religión inventada que no está correcta.

Hay mucha vigencia de las llamadas leyes orales, que no son leyes de Dios, sino unas inventadas por los rabinos. Curiosamente, las mayores críticas de muchos católicos para con su iglesia, es la misma. Y ni hablar de la cantidad de cristianos que descreen de más de la mitad de las predicaciones de sus propios liderazgos. Eso me dice a mí y te dice a ti que, pese a todo el marketing que se ha armado en derredor de los principales jerarcas de dichas religiones, la palabra de Dios genuina todavía sigue siendo guía para mucha gente que realmente ama a Dios y detesta ser engañada. Pero, claro, si no eres de River o de Boca, no sabes nada…

Es muy particular la existencia de los llamados judíos mesiánicos. Hay muchos, pero son muchos más que los que se conocen, porque lo esconden. Porque siguen prisioneros de lo que les enseñaron de pequeños, en razón de que, si llegas a creer que Jesús es el Mesías, automáticamente dejas de ser judío. Y no es así. Pero cuidado, porque a esto también lo creen muchos cristianos. Sin embargo, para muchos judíos que desean creer en nuestro Mesías, es toda una revelación impactante el día que se enteran de que el nombre que está por sobre todo nombre.

Que en realidad es el de Jeshúa, mientras que el de su madre, comúnmente conocida en ambientes cristianos como María, en realidad es Miriam. El evangelio de Mateo fue escrito para los judíos que deseaban creer y aceptar a Jesús como Mesías. El mejor modo de guiar a un judío tradicional a nuestra fe, es decirle que no se les guarda ningún rencor por haber matado a Jesús, que es de lo que se los acusa en el cristianismo tradicional. 

6.- Por el Contrario, es Una Bendición…

 …que así haya sido, ya que esa fue la única manera de acceder a la salvación. El mayor problema que existe es que Jesús causa mucho ruido. Uno de los más grandes teólogos e iniciadores del protestantismo, fue Martín Lutero. De hecho, como cristiano o creyente en Jesús, Martín Lutero fue un gran teólogo, o un gran reformador, sin duda. Si ellos no lo hubieran hecho, él y Calvino, no tendríamos hoy las Biblias en nuestro idioma.

Sin embargo, de todos modos, los dos eran bastante antisemitas, porque en el fondo de sus corazones, pese a todo, no habían dejado de sentirse católicos romanos. Tú tomas un cristiano y te dice que cree y ama a Jesús porque Jesús le ha dado la vida. Pero luego te encuentras con un judío y te dice que no puede creer y mucho menos amar a Jesús porque en su nombre le mataron parte de su familia. ¡Fíjate el horrible mal que pueden producir los falsos!

Y mucho más terrible ha sido el llamado movimiento judaizante, supongo que, promulgado por sectores políticos ideológicos muy fuertes en Israel, que lo único que ha logrado es dividirnos aún más. Ni siquiera son judíos genuinos los que encabezan esos movimientos. Puedes amar a Israel como pueblo elegido por Dios y, en lo espiritual, como símbolo de nuestra fe. Pero eso no te obliga a avalar crímenes ni excesos de poder que se hagan supuestamente en defensa de esa tierra.

 Una tierra que, si bien es verdad absoluta que está amenazada de manera permanente, también lo es que debería contar con el respaldo de la defensa del Dios en el que creen. Pero eso, claro está y es más que obvio, si es verdad que realmente lo creen. De la única manera que habrá paz entre Israel y Palestina, es si ambos deciden creer en Jesús. De otro modo, lo disfracen como lo disfracen, no habrá paz. De los dos lados hay líderes religiosos que engañan a su gente y las empujan a la muerte y la destrucción. Y que conste en actas, que dije religiosos, no creyentes.

 Eso no es Dios, como quiera que le llames. Es tan simple que estremece. Si tú eres un cristiano que sólo lees y crees el Nuevo Testamento, pero no aceptas leer ni creer en el Antiguo, es como si ves solamente el final de una película, sin saber cómo fue su principio. Podrás entretenerte y hasta disfrutar ese final, pero el contexto total, el argumento total de esa película, nunca se te va a mostrar y lo ignorarás para siempre. No podrás nunca evaluarla con objetividad. Ahora, si tú eres un judío que solo acepta leer la Torá y descree del Nuevo Testamento, repites la misma historia, pero a la inversa.

Comienzas a ver la película, te emocionas y te encanta lo que es ella, pero lamentablemente te quedas sin ver el final porque decides irte antes del final de la sala. ¿A eso le podrán llamar inteligencia? Que lo llamen, yo no lo veo así. más bien lo veo como ignorancia, y muy antigua. Porque podemos disentir en muchas cosas prácticas, esto es con las formas, las metodologías, las palabras utilizadas y todo lo que tenga que ver con rituales. Pero con las bases centrales de la palabra de Dios, nunca. Si disentimos en eso, algo no funciona.

Muy bien. Hasta aquí, la información histórica que he investigado, y que seguramente te habrá mostrado algunos elementos que, estoy seguro, ya habías observado, pero que para no meterte en camisa de once varas preferiste no preguntar ni cuestionar a nadie ni a nada. Con eso en mente, quiero cerrar este punto de todo esto, con el epicentro de lo que significa para mí este trabajo. Quiero referirme al nombre Jesús. Quiero recalar en la historia para dejar eso en claro, sin fanatismos de ignorancia de uno u otro lado.

 El evangelio y Dios mismo son demasiado grandes como para que pequeños hombrecillos de pies pegados al piso pretendamos presuntuosamente adueñarnos de él. El idioma que se hablaba en la época que estaba Jesús, era el griego, ¿Estamos de acuerdo? Entonces, su verdadero nombre es Jeshúa. Te guste o no te guste, te quede cómodo o incómodo, así se llamaba nuestro Jesús: Jeshúa. Así lo llamaba su mamá, la famosa Miriam.

 Imagínala en su casa, cuando él era pequeño, pidiéndole que hiciera esto o aquello, siempre llamándolo Jeshúa, no Jesús. Cuando el evangelio pasa al griego, traducen Jeshúa en Iesu. Y le dicen Iesu, ¿Por qué? En primer lugar, porque los griegos no usan la “sh”. Y luego, porque los judíos tienen un acrónimo, que es una palabra formada por las iniciales, y a veces por más letras, de otras palabras. Mediante ese acrónimo, los judíos opositores le dicen a Jesús, Ieshu. Y ese nombre, Ieshu, significa que su nombre sea borrado de la eternidad”.

 Es un acrónimo bien feo. Que su nombre sea borrado. Que sea desechado. Y entonces oyes que los rabinos no le dicen Jeshúa, le dicen Ieshu. Por ser el nombre por el cual sufrieron demasiadas lastimaduras, luchas y muchas revueltas. Míralo desde esta óptica. Lo que ocurre, es que ellos pensaban que era un falso Mesías. Y fíjate que el mismo Gamaliel profetizó que si era quien decía ser, su nombre jamás iba a ser olvidado. ¡Y Gamaliel era fariseo!

 Así es que, de Ieshu, que significa que su nombre sea borrado, viene el griego Iesu, y de ese Iesu, viene el español Jesús. Entonces, la pregunta que se impone, es: ¿Podemos seguir llamándolo Jesús? ¡Pero claro que sí! ¿Acaso puedes pensar que Él no conoce las intenciones de tu corazón y que no sabe que lo dices con amor, con fidelidad, con respeto y hasta con unción? Ahora; Jesús, ¿Viene o no de un acrónimo que significa que su nombre sea borrado?

Históricamente, la respuesta es sí. Pero no hay ningún drama con esto. ¡No podemos fabricar de un hecho histórico, que es cierto, una doctrina de discriminación o, lo peor, de sectarismo! Yo he escuchado a judíos mesiánicos predicar y llamarlo Jesús o Jeshúa por igual. Lo único que te hacen saber, aseguran ellos, es que, si bien cuando nombras a Jesús queda claro que es el nombre sobre todo nombre, en el ámbito espiritual, pero cuando nombras Jeshúa se siente algo en el aire que es diferente.

Eso dicen ellos y no soy quién para enfatizarlo ni soslayarlo. Reitero: el que quiera seguir llamándolo Jesús que lo haga sin culpas ni dudas. Él te ama y, lo llames como lo llames, Él sabe que tu corazón es conforme al suyo. Y eso es lo que vale. Pero, histórica y puntualmente, su verdadero nombre era Jeshúa. ¿Sabes qué? Es el momento ideal para, cuando esta noche te pongas a orar dando gracias por el día vivido y entregando el de mañana, aprovecha para pedirle al Espíritu Santo que te guíe a no caer en banalidades sectoriales y hasta sectarias y a dirigirte a Él como a Él le agrada que lo hagas.

 No interesa cómo lo hayas hecho hasta hoy. Y mucho menos si eso te ha funcionado y más que bien. Lo que sí importa, es seguir aprendiendo, confirmando y reafirmando lo que está correcto y, llegado el caso, si el Espíritu Santo así te lo hace saber, cambiar lo que haya que cambiar, por más que sea algo que hace cincuenta años que lo vienes haciendo de otro modo. Porque de otro modo, tus proverbiales y comprensibles Ignorancias Antiguas, (Me encanta denominarlo así, porque le da las mismas iniciales que la Inteligencia Artificial), pasarán a convertirse en terquedades modernas.

 Y ningún terco entra al Reino… Y, atención con esto. No te lo está diciendo un jovencito impertinente que todavía no aprendió a atarse los cordones de las zapatillas. Te lo está diciendo alguien que, dentro del sistema tradicional eclesiástico en el que crecimos y todavía vivimos, tiene años suficientes como para ser nominado como anciano. Cuidado. No te estoy hablando de modas, ni de cambios de costumbres y mucho menos de tradiciones.

Es muy claro el Señor cuando nos habla de no vivir por tradiciones, sino por Su Palabra. Eso me deja al margen de aquel River y Boca. Esto no sale de un católico, ni de un evangélico ni de un judío. Esto sale de un hijo de Dios por Cristo. Te estoy hablando de estar alerta, vigilante y aguardando que, desde la eternidad celestial, la voz del amado Espíritu Santo de Dios, te de una dirección que sea la correcta para tu vida.

El nombre que está por sobre todo nombre, y ante el cual se dobla toda rodilla en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra, que es como decir el infierno, es el nombre al cual le debemos nuestra condición de hijos de Dios, parte integrante y activa de Su Reino y en viaje sideral en el espíritu hacia una Vida Eterna prometida y seguramente cumplimentada cuando llegue el momento de cada uno de los que hoy está compartiendo todo esto.  

Como yo lo llame en mi vida privada, es un asunto entre Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo conmigo, con Néstor. Seguramente que lo que haga lo haré con su guía, o no haré nada. Pero no te lo diré, porque no acepto que nadie me imite a mí, sino que al que debe imitar es a Cristo. Si tú haces lo mismo que yo, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo tendrán morada y comunión contigo y, en cada ocasión que sea necesario, harás prevalecer el poder y la gloria del nombre que está por sobre todo nombre.

Listo. Hoy, desde esta óptica, ha sido anunciado su nombre, tal como es mi mandato. Y si has dejado de ser ignorante de algo o en algo, dale toda la gloria a Dios, que hoy pudo usarme pese a no ser más que un humilde vaso de barro. En mi opinión, creo haberte sacado de los hombros una carga antigua que te confrontaba respecto al trato a tener con los judíos. Allá ellos, si en su ignorancia todavía sienten rencores antiguos. Tú eres un hijo de Dios, y así como no estás obligados a aceptarles cualquier desaguisado, así también albergas la misma calidad de misericordia de quién eres imagen y semejanza. 

7.- En la Década de los Años 50 al 60…

 …en Argentina se vivió el máximo pico de una música popular llamada Tango que, de alguna manera, llegó a ser representación oficial de todo el país, aunque, como en todo lo demás, y tal lo hablábamos anteriormente, realmente fuera representación de la Capital de la República, Buenos Aires. En ese tenor, conjuntamente con el tango, sonaban otros ritmos que se incorporaron al gusto mayoritario de la gente. Entre ellos, el vals. Y uno de ellos, justamente, el que tenía un título muy sugestivo, «Desde el Alma», comenzaba con esta letra:

Alma, si tanto te han herido, / ¿por qué te niegas al olvido? / ¿Por qué prefieres llorar lo que has perdido, / buscar lo que has querido, /llamar lo que murió? / Vives inútilmente triste / y sé que nunca mereciste /pagar con penas / la culpa de ser buena, / tan buena como fuiste por amor. Romántico, tanto que se convirtió en el tema elegido para que los recién casados bailaran en sus fiestas de bodas. Pero me quiero quedar con el conocimiento que los autores de la letra, Homero Manzi y Víctor Piuma Vélez, dejaron en evidencia sobre el funcionamiento del alma humana.

Hace muchos años, publiqué en mi web una enseñanza profunda, muy poco convencional y decididamente crítica, sobre la diferencia entre el espíritu, el alma y el cuerpo en el ser humano, haciendo hincapié en la relevancia del alma y en cómo su poder ha sido mal comprendido, manipulado o incluso suprimido tanto dentro como fuera de la Iglesia. En tiempos donde la lectura ha mermado por carencia de tiempo o de posibilidades de concentración, creo necesario compartir una síntesis de aquel trabajo tan valioso, en momentos en que se ha vuelto estrictamente necesario. Por ignorancia, esencialmente. Y antigua, también.

La diferencia entre el espíritu, el alma y el cuerpo es conocida por la mayor parte de los creyentes. El espíritu humano, es el que nos conecta con Dios, a partir de lo que llamaríamos conciencia divina. El alma nos da la auto conciencia, que es como decir la identidad, la voluntad y las emociones. El cuerpo, en tanto, nos conecta con el mundo físico a través de los cinco sentidos. Salvo las excepciones determinadas por patologías inherentes a cada uno de esos cinco sentidos, la vista, el olfato, el gusto, el tacto y el oído son los elementos básicos para la vida normal de cualquier ser humano.

El problema mayor que afronta la iglesia de este siglo veintiuno, es la tremenda confusión en la que muchos de sus miembros han caído. No son pocos, puedo asegurarte, los cristianos que no terminan de distinguir entre lo que es el alma y el espíritu. Eso, obviamente, ha permitido y sigue facultando diversos engaños espirituales, falsificaciones de la figura del Espíritu Santo y distintas manifestaciones sobrenaturales que, en realidad, provienen del alma o, incluso, como sucede en la mayoría de los casos, de fuerzas malignas que siempre están atentas para aprovechar estas ignorancias. Mira este texto:

Apocalipsis 18: 2-3 = Y clamó con voz potente, diciendo: Ha caído, ha caído la gran Babilonia, y se ha hecho habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible. Porque todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación; y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites. 

Versos 11 al 13 = Y los mercaderes de la tierra lloran y hacen lamentación sobre ella, porque ninguno compra más sus mercaderías; mercadería de oro, de plata, de piedras preciosas, de perlas, de lino fino, de púrpura, de seda, de escarlata, de toda madera olorosa, de todo objeto de marfil, de todo objeto de madera preciosa, de cobre, de hierro y de mármol; y canela, especias aromáticas, incienso, mirra, olíbano, vino, aceite, flor de harina, trigo, bestias, ovejas, caballos y carros, y esclavos, almas de hombres.

Lo que aquí la visión de Juan nos muestra es que las almas de los hombres han llegado a ser mercancía comprada o vendida al mejor postor. De hecho, esto tiene parentesco directo con lo que en muchas congregaciones se realiza hoy, donde se comercia con las almas de sus miembros ignorando el verdadero propósito espiritual. Ante la proverbial pregunta de cómo salirse de todo este andamiaje satánico, bien vale reproducirte el verso 4 de este mismo capítulo 18 e este libro, que dice: Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas; 

Sabemos, porque así ha sido escrito, que Adán fue creado con capacidades extraordinarias, tanto en lo intelectual, como en lo espiritual y físico. Basten dos ejemplos para confirmarlo. Se le ordenó darle nombre a cada uno de los animales creados y así lo hizo. Obviamente, no eran dos o tres, eran miles y miles. Luego, él podría recordarlos a uno por uno sin errores. Memoria sobrenatural. Se le ordeno labrar la tierra del Edén, a él solo. Si el Edén estaba conformado por esos cuatro ríos mencionados, el Edén no era un pequeño parque ni una placita de pueblo, eran miles de hectáreas. Lo hizo.

Enorme capacidad física y mental. Todo esto estaba en su alma. Al producirse su caída, toda esta capacidad quedó congelada, confinada. Pero ese poder no desapareció, sino que quedó latente en toda la humanidad posterior. Aquí es donde caemos necesariamente en la realidad de lo que el alma humana significa. Porque, indefectiblemente, esa alma humana contiene un poder tremendo que proviene de Adán. Un poder que, si bien es de corte original, sin embargo, no es necesariamente divino, pero si “sobrenaturalmente natural”.

¿Qué hace Satanás al respecto? Busca liberar ese poder para respaldar sus fines, utilizando imitaciones espirituales y emociones muy intensas, desviando de ese modo a los creyentes y llevándolos a depender de todas estas sensaciones anímicas y corporales, abandonando de manera automática lo espiritual, que es la base de lo que Dios nos dejó para manejarnos en esta tierra con la guía de su Espíritu Santo. Tremendo. La advertencia es más que clara.

Muchas de las manifestaciones aparentemente espirituales que se experimentan en las modernas congregaciones evangélicas, podrían tranquilamente provenir del alma, mediante el manejo consciente o inconsciente de las emociones, la sugestión y aún de ciertas manipulaciones que todos hemos podido observar. A veces, con la sana intención de motivar a creer más y mejor, pero no en dependencia a la guía del Espíritu Santo.

Esto, obviamente, eleva al carácter de urgencia utilizar el discernimiento que nos ha sido entregado, para determinar el verdadero origen del poder manifestado. Por eso es que casi de manera permanente, en la mayoría de nuestros ambientes cristianos, se llama a todos los creyentes a no vivir conforme a sus emociones, a sus razonamientos intelectuales, (De sobremanera si se trata de sitios conformados por profesionales) o voluntad propia.

Se les enseña o advierte de procurar vivir conforme al espíritu, en permanente comunión, (Que es comunicación directa) con Dios y recuperando el diseño original que tenía Adán antes de la caída. La gran pregunta que surge de inmediato y que me ha tocado escuchar y responder muy a menudo, es: ¿Es factible fácilmente eso? La respuesta, es que no, que no es fácil ni sencillo porque forma parte de una guerra espiritual, pero que es posible, ya que de otro modo Dios no nos hubiera ordenado hacerlo.

 Todo esto es un llamado a reevaluar profundamente la teología cristiana tradicional sobre la naturaleza humana. Plantear que en el alma reside un poder inmenso que, si no está sometido al espíritu y el espíritu no está sometido al Espíritu de Dios, puede ser sin dudas una terrible fuente de engaño espiritual, especialmente en estos tiempos finales. La restauración del hombre pasa por entender esta dinámica y caminar en el espíritu, no en la carne ni en lo meramente almático.

¿Te cabe alguna duda que esto, que de ninguna manera es moderno, que ya fue pensado y escrito hace muchísimos años es, exacta y puntualmente lo que hoy se vive en la mayor parte de lo que denominamos como iglesias cristianas? Lo cierto y evidente es que existe un poder latente en el alma humana, heredado desde Adán, que quedó confinado tras la caída. Muchas religiones y prácticas espirituales (Por ejemplo, el budismo, hinduismo, taoísmo, algunas técnicas de la psicología, parapsicología, etc.) buscan liberar este poder a través de medios ascéticos o mentales.

 Sin embargo, este poder no proviene de Dios, y su activación puede llevar a manifestaciones sobrenaturales engañosas que son instrumentos de Satanás. El tema central de todas las religiones del mundo, (Y es mi deber de honestidad incluir algunas estructuras evangélicas sencillamente sectarias), buscan subyugar el cuerpo para liberar el alma y su poder. Reitero: no es exclusivo del cristianismo, pero en ciertos y puntuales casos, lo incluye.

Lo que ocurre, hay que decirlo con franqueza, es que las multitudes se impactan cuando ven manifestaciones de poder genuinas y no armadas tipo comedia dramática. Porque, -también a esto hay que decirlo-, el poder que esas multitudes ven, es real, pero ignoran que es engañoso. Las manifestaciones tales como milagros, sanidades, predicciones, pueden ser reales, no lo dudo, pero no provienen del Espíritu Santo, como se nos dice, sino de almas humanas influenciadas por espíritus malignos, eso que conocemos vulgarmente como demonios.

 Son muchos los cristianos, (Me resisto a decir creyentes), que confunden estos poderes con dones espirituales genuinos. La falta de discernimiento permite el engaño y, la infiltración de prácticas ocultistas, además de psíquicas en las iglesias teóricamente cristianas. La ciencia, a través de la psicología, propone estudiar la psique, que es el alma, pero su enfoque es natural, no espiritual, y pueden tranquilamente abrir la puerta al uso indebido del alma. 

8.- Y ni Hablar de Terrenos Espinosos…

 …como el de la propia parapsicología. Lo cierto es que Jesús, desde su vida misma, y no tanto en lo que dijo, no vino a potenciar el alma caída, sino a reemplazarla con vida espiritual nueva a través del Espíritu Santo. Mateo 10:28 es, de alguna manera, una muestra de eso cuando dice: Y no temáis a los que matan el cuerpo, más el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.

Jesús vivía hablando del Espíritu. Si aquí es capaz de separar al alma del cuerpo físico, entonces el respaldo a esta enseñanza es notorio y válido. Si te detienes a observar con absoluto criterio bíblico y despojado de toda antinomia que puedas guardar, vas a comprobar que una enorme mayoría de congregaciones evangélicas, hoy, están operando con directa vinculación con el alma y no con el espíritu. Los temas que se hablan, mayoritariamente tienen que ver con las distintas necesidades que cada hombre o mujer puedan estar padeciendo.

Cosa que no estaría mal, sino fuera que desde hace ya mucho tiempo ha reemplazado a lo que la iglesia del Señor debería ser: una propagadora del evangelio del Reino y de sus bases escriturales para vivirlo. Esto, pone a todas esas congregaciones en estado de vulnerabilidad al engaño y, por tal motivo, sencillamente se han apartado del diseño divino. A todas luces, quien quiera que se esmere un poco podrá ver cómo Satanás se las ha ingeniado para promover el uso de este poder con la simple idea de suplantar el evangelio. ¿Qué crees que viene? Nadie lo sabe, pero yo te digo lo que yo pienso: Un Remanente.

Para eso, estos personajes te presentan una falsa espiritualidad por fuera de la cruz, sin tener en cuenta a la sangre y, esencialmente, sin dependencia al Espíritu Santo. ¿Y sabes qué? Hasta ahora les está dando buenos resultados. Si instalo una carpa donde alguien va a enseñar el significado del evangelio del Reino, y a su lado otra donde un solo hombre orará y tal vez en algunos casos sanará a los enfermos, es muy probable que la primera esté casi vacía y la segunda sobrecargada de gente. De hecho, la sanidad tiene algunos vericuetos que veremos con mayor amplitud en estudios siguientes.

 Y, como puedes suponer, no estoy hablando de gente incrédula, esto dicho desde una óptica eclesiástica, aunque en el fondo, tengo mis dudas que no lo sean, aunque ocupen bancos en un templo. Creo que no te descubro nada nuevo si te digo que estamos en una guerra espiritual entre la fuerza del alma, también denominada psiquis, y la del espíritu, al que ahora conocemos como pneuma. La única defensa es una unión real y vivencial con Cristo, no un conocimiento superficial como dejan en evidencia poseer una innumerable cantidad de cristianos.

 Es indudable que debemos hacer un urgente llamado al discernimiento, a renunciar al uso del poder del alma y a vivir guiados por el Espíritu Santo. Solamente así la iglesia genuina podrá resistir la gran apostasía que ya se ha puesto en marcha y el engaño que prepara el camino para la manifestación del anticristo. Lo quieras creer o no, lo hayas podido ver o no, ya comenzamos a caminar en esa dirección equivocada. Y no hablo de ti o de mí, que muy probablemente estamos viendo la realidad de la verdad, me estoy refiriendo a Babilonia, que hoy por hoy tiene más miembros que la iglesia genuina.

Una vez más, te recuerdo que esas capacidades extraordinarias que le fueron dadas a Adán, no se perdieron tras la caída, sino que quedaron latentes y aprisionadas en su carne. Este poder psíquico, si me dejas llamarlo así, porque psiquis es alma, te recuerdo, ha sido ocasionalmente manifestado a lo largo de la historia, incluso por gente no creyente, y ha sido objeto de estudio por esa dudosa ciencia denominada parapsicología. Es obvio que Satanás, absolutamente consciente de ese poder en el alma humana, desea fervientemente controlarlo para sus propios fines.

Piensa en magias, hechicerías y brujerías varias y dime si no lo ha estado logrando. La caída del hombre fue su intento inicial de lograrlo, pero ese poder quedó inactivo bajo el dominio de la carne, frustrando su plan. Desde entonces, Satanás ha estado trabajando para liberar ese poder latente, especialmente al final de los tiempos, usándolo para engañar, confundir milagros, y oponerse al plan de Dios. Convengamos en que el Espíritu Santo obra a través del espíritu regenerado del hombre, tras el nuevo nacimiento en Cristo.

Satanás, en cambio, obra a través del alma no regenerada o del poder psíquico, que aún pertenece a la vieja creación. Es vital discernir entre lo espiritual y lo psíquico, pues muchos fenómenos religiosos aparentemente «milagrosos» pueden proceder del alma y no del Espíritu Santo. Las oraciones psíquicas (Enviadas no a Dios, sino a otras personas) pueden tener efectos reales, pero no son de Dios, y se asemejan más a hechicería o manipulación.

Muchos cristianos bien intencionados, pero ignorantes de todo esto, podrían estar usando este poder sin saberlo, influenciando, oprimiendo o dañando a otros creyendo que están “ministrando”. Ejemplos incluyen: orar con un deseo egoísta, predicar usando técnicas emocionales repetidas, o hacer campañas evangelísticas buscando resultados numéricos como métrica de éxito. ¿Habrás visto algo así en tus cercanías, últimamente? ¿Sugerencias prácticas? No le pidas oración a quien no conoces. No ores por quien no conoces si no tienes dirección clara del Espíritu para hacerlo. No impongas tus manos con ligereza, fue dicho.

El verdadero poder del Espíritu Santo, entiéndeme, regenera al creyente, re – genera, esto es: vuelve a generar algo que estaba degenerado. Todo a partir del nuevo nacimiento sin el cual no puede haber regeneración. Además, habita en el espíritu del hombre para producir fruto espiritual y viene sobre él para darle el poder del testimonio, de ninguna manera para manipularlo. Este poder, quiero que lo sepas, es incontrolable, mientras que el poder del alma sí puede ser manipulado, que es lo que lo hace espiritualmente peligroso si se lo confunde con lo espiritual.

 Por todo lo expuesto, existe una línea muy sutil, pero al mismo tiempo crucial entre el uso del alma y el uso del espíritu. El alma caída puede ser fuente de milagros, señales y emociones falsas, que desvían al creyente de la obra verdadera de Dios.  El mensaje llama a los creyentes a examinarse con honestidad, discernir con claridad y no ser engañados por lo “espectacular”, lo “emocional” o lo “milagroso” si no procede del Espíritu de Dios. Cuidado: no sea que por buscar lo espectacular te pierdas lo divino.

Quien haya pasado por alguna experiencia personal de sentirse espiritualmente débil, ha entendido que el verdadero poder espiritual no se siente ni se basa en emociones. Obedecer a Dios sin sentir nada especial, es más importante que buscar sensaciones o poderes invisibles. Conocí a muchos “hermanos” que, en el final de cada culto, servicio o reunión, las evaluaban conforme a lo que les hubiera hecho sentir.

 No sé si te puede servir mi testimonio, pero puedo asegurarte que cuando más me ha tocado recibir del Señor, ha sido cuando menos he sentido en lo corporal o emocional. Asimismo, he conocido gente que en un culto experimentaba ataques de risa, temblores, caídas al suelo donde permanecían largo tiempo en éxtasis que, en la semana siguiente, estaban exactamente igual que en la anterior a todo eso. Dios nos creó con emociones, pero nos ordenó no vivir conforme a ellas, sino a su Espíritu.

 Y, precisamente, es a partir de eso que muchos predicadores utilizan recursos psicológicos o emocionales, tales como gritos, cánticos o historias conmovedoras, para manipular a sus oyentes. Tengo una experiencia personal que quiero compartirte. Cuando me ha tocado dar una tremenda revelación que el Espíritu Santo me trajo en el momento en que estaba hablando en público, generalmente no ha sucedido nada en lo visible.

Aquellos que tuvieron oídos espirituales para oír y la recibieron, apenas quedaron en silencio, conmovidos por lo que estaban viendo por primera vez. Cuando he utilizado algún recurso de oratoria, tal como hacer énfasis en determinadas palabras, generalmente he recibido aplausos y aclamaciones de mis receptores. Muy bonito, pero mi calidad de vocero de Dios estuvo en lo primero, mientras que en lo segundo sólo se movió mi carnalidad al ritmo de mi alma con influencia adámica.

 De ninguna manera se deberá confundir el poder del Espíritu Santo con el poder del alma o el poder psíquico. Porque esto es muy similar al poder de la sugestión o, lo peor, al del hipnotismo. Me conmueve mucho más una multitud en silencio, abrumada por el peso de la gloria de Dios descendiendo sobre ellos, que otra que grita, aclama y se convierte en un desorden tal como el que podría suceder en las gradas del estadio de Boca o River, ante una anotación, un “gol”, del equipo local.

Eso es emocionalismo. No es censurable, Dios nos creó con eso. Pero eso no es sinónimo de presencia de Dios en un lugar, que se entienda. Y esto de ninguna manera niega que existan milagros verdaderos, pero sí se cuestiona el origen de muchos fenómenos que se presentan como divinos. Todos sabemos que hay prácticas dentro de ciertas iglesias que, aunque generen resultados tales como sanidad, emociones fuertes o incluso lenguas, no provienen de Dios sino del poder humano mal canalizado.

 Para que te queden claras las enormes diferencias entre una auténtica fe cristiana y ciertas prácticas psicológicas. Meditar largo rato, pero sin referencia bíblica, así como buscar sentirse bien o experimentar fenómenos corporales, no garantiza de ninguna manera una verdadera experiencia con Dios. Y ni hablar de obedecer algún mandato de “no pensar en nada o dejar tu mente en blanco”. ¡Ni se te ocurra hacerlo! Estarás invitando cordialmente a una legión de demonios para que entre en tu mente y te destruya.

Un cristianismo auténtico se basa en la fe, en la Palabra de Dios y en una vida interior dada por el Espíritu Santo. De ninguna manera en sentimientos o manifestaciones externas. Y mucho menos en la calidad o no del templo al que asistas cada semana. ¡Por favor! ¡No me confundas ser creyente con ser miembro de una religión cristiana!  Es que, si se cae en estos usos tan singulares de orden psíquico, el cristianismo tradicional que conocemos no se diferenciará en nada con otras religiones que lo practican, tales como el Islam, el hinduismo o diversas sectas tales como la llamada Ciencia Cristiana.

Estas similitudes alertan sobre la posibilidad de que algunos cristianos estén operando bajo fuerzas que no vienen de Dios, aunque ellos crean lo contrario. Lo que sucede es que hay tantos cristianos necesitados de milagros y sensaciones que aceptan cualquier experiencia espiritual sin discernir su fuente. Se insiste en que el verdadero sentir de un creyente radica en perder el ego y unirse a Dios, no en buscar experiencias o señales externas.

El mensaje central de todo esto es una llamada de carácter urgente al discernimiento espiritual, advirtiendo que no todo lo que parece milagroso o poderoso viene de Dios. Se enfatiza la necesidad de vivir por fe, obediencia y comunión con Dios, y no dejarse llevar por emociones o manifestaciones superficiales. Los puntos considerados como claves en todo este trabajo son: Ataques espirituales y opresión psíquica. Muchos creyentes experimentan opresión espiritual durante reuniones, oraciones o lecturas bíblicas.

Esta opresión, según el texto estudiado, proviene de Satanás y no debe confundirse con la presencia de Dios. Luego viene el discernimiento entre lo espiritual y lo psíquico. Existe la necesidad de diferenciar entre el poder que proviene del Espíritu Santo y el que proviene del alma humana, especialmente en ambientes religiosos donde se manipula la emoción o la multitud para generar una experiencia supuestamente espiritual. A eso se le suman los milagros y señales falsas.

Hay suficiente en nuestra Biblia respecto a advertencias sobre prodigios mentirosos realizados por el anticristo y sus agentes. Estos milagros son reales, pero su origen es satánico y buscan engañar. Contar con una multitud no es sinónimo de tener victoria espiritual. Hay grandísimas congregaciones en donde no sucede absolutamente nada desde lo espiritual y, por contrapartida, vemos que tanto el propio Jesús como luego también Pablo, trabajaban con grupos muy reducidos en momentos claves.

De todos modos, me parece muy atinado compartirte algunos ejemplos prácticos de lo que es el poder psíquico disfrazado de espiritual. En primer término, en lo que tiene que ver con el evangelismo personal. Es muy frecuente que, cuando se usan estos rudimentos, alguien pueda directamente leer los pensamientos de otra persona o usar intuiciones naturales en lugar de depender del Espíritu Santo de Dios. Otro tanto ocurre en las llamadas reuniones de avivamiento. 

9.- Allí Solemos Encontrar Ambientes…

 …cargados de emoción colectiva, que suelen confundirse muy fácilmente con poder del Espíritu Santo. Se suma a todo esto algunos cánticos y músicas especiales. Hay que convenir que el excesivo uso de la música para inducir el fervor emocional, produce resultados aparentemente muy bulliciosos, pero absolutamente carentes de un verdadero impacto espiritual. Los frutos de toda esa gente nos permite reconocerlos.

No hay que perder de vista a los estudios bíblicos basados en interpretaciones de la palabra sustentadas en el intelecto o, en otros casos, en diversas necesidades humanas, pero sin fruto alguno de carácter espiritual. Y finalmente, también es clave la alegría forzada. Un ejemplo, la conocida risa santa. Son manifestaciones emocionales sobre enfatizadas y exageradas que, muy fácilmente, se confunden con la obra del Espíritu Santo. El Señor nos llama a la sobriedad y al discernimiento espiritual.

Los creyentes deben buscar equilibrio en su crecimiento: conocer la Biblia, avanzar espiritualmente, evangelizar y confiar en Dios con fe viva. No se condena lo sobrenatural, sino su falsificación a través del alma humana manipulada por Satanás. En resumen, lo que se condena y se sugiere tener mucha precaución, es ese anhelo de vivir sobrenaturalmente, cuando sabemos más que largamente que eso está en el plan divino solamente cuando es necesario, tal como lo vivió el propio Jesús.

Todo esto es una advertencia contra el engaño espiritual moderno, que mezcla emociones, manipulaciones humanas y aparentes milagros, sin verdadera obra del Espíritu Santo. Llama a los cristianos a vivir en dependencia de Dios y discernimiento espiritual profundo. Te deja en evidencia pequeñas desviaciones que luego traerán grandes consecuencias. Comienza citando una metáfora: dos líneas apenas separadas al principio, pueden estar a kilómetros de distancia si se prolongan.

Esto ilustra como un error pequeño en el inicio espiritual puede terminar en un gran desvío con el tiempo. Sería muy extraño que no hayas visto algo así en tu vida de creyente. De hecho, el problema no es la emoción, sino el enfoque equivocado del corazón al buscar sensaciones y no al Espíritu Santo en sí mismo. Muchos han confundido liberación emocional del alma con una obra del Espíritu. Y no lo fue. Hay además muy serias advertencias para con distintos sueños o visiones.

Está probado que muchas de estas experiencias no vienen de Dios, sino de una mente debilitada y una voluntad pasiva. Se diferencia entre una visión espiritual, que las hay y existen, con una creada por la imaginación o el alma. Conozco matrimonios entre cristianos formalizados en base a estas últimas formas. Fracasaron rotundamente hasta el grado de divorcio. Habría que preguntar, tanto a un hombre como especialmente a una mujer, por serlo, cuando dicen “ver” a Jesús, ¿Qué rostro están viendo?

En lo personal, he tenido respuestas que, si no representaran el riesgo que tienen, habrían sonado hasta graciosas. Recuerden que el alma puede estar viva, tener emociones y también fortaleza, pero no puede dar vida. El Espíritu, en cambio, sí que transmite y vivifica la vida verdadera de Dios. Muchas son las obras de la iglesia que están basadas en el alma. Emocionan, conmueven, pero no transforman. El quebrantamiento de espíritu, tan necesario para nacer de nuevo, no tiene nada que ver con una fuerte emoción del alma, aunque externamente se parezcan.

 En cuanto a las técnicas evangélicas para sus reuniones, algunas suelen estar llenas de estrategias humanas. Atmósfera emotiva, coritos, historias conmovedoras, de esas que hacen llorar a los más sensibles, o sea: manipulación emocional apta para asumir e involucrarse con todo lo que se les dé. Pero atención, estos métodos producen efectos pasajeros, pero de ninguna manera generan vida espiritual verdadera. Es como una especie de morfina espiritual, alivia temporalmente, pero no sana.

 Porque la verdadera vida espiritual nace de la resurrección de Cristo, no sólo de su nacimiento. La regeneración es recibir la vida que no muere, o sea, la vida que vence a la muerte. Vendría a ser algo así como un roble que rompe un sepulcro de mármol, porque tiene vida. Recuerda que Jesús dijo que quien aborrece su vida, (Que es como decir su alma), la guardará para vida eterna. Usar nuestras propias habilidades humanas, nuestros talentos o nuestras emociones, no sólo que no aporta nada de bendición, sino que en casos puede llegar a bloquear la acción de Dios.

 Para que haya fruto espiritual, acuérdate, el grano de trigo, que es justamente el alma, debe caer y morir. El que dice que es obrero de Dios debe renunciar a su propia fuerza y depender completamente del Espíritu. Es mucho más valioso morir al Yo, que usar elocuencia, carisma o conocimiento humanos como herramientas espirituales. Sólo se consigue hacer gente religiosa. Todo este antiguo trabajo es una fuerte advertencia contra el engaño espiritual que proviene de operar desde el alma en lugar del espíritu.

Exhorta a buscar a Dios con un corazón puro, sin buscar experiencias emocionales, discernir el origen de los fenómenos espirituales, morir a uno mismo para que el Espíritu Santo pueda obrar y rechazar cualquier método humano y depender totalmente de Dios. El poder debe ser obtenido en base a la resurrección. Resurrección es vivir más allá de la muerte. Lo que necesitamos no es de mayor poder sino de muerte más profunda.

Necesitamos resistir a todo poder natural. Aquel que no pierde su vida del alma, no conoce nada de poder. Sin embargo, aquel que pasó por esa forma de muerte, se halla en poder de la vida. Cualquiera que pierde su vida del alma, a semejanza del grano de trigo que cae en tierra y muere, crecerá en la vida de Dios y producirá mucho fruto. Creo que muchas personas son tan ricas y fuertes que no dan oportunidad para que Dios obre. Frecuentemente recuerdo las palabras desamparado y desesperanzado”.

 Debo decirle a Dios: “Todo lo que tengo eres Tú; yo mismo nada tengo. Fuera de Ti estoy verdaderamente desamparado y desesperanzado”. Debemos tener una actitud de dependencia para con el Señor, como si no pudiésemos inhalar y exhalar sin Él. Cualquier cosa que tenemos viene de Él. ¡Cómo se deleita Dios viéndonos llegar a Él desamparados y desesperanzados! Y no porque Dios sea cruel y necesite eso para regodearse, sino porque se derrite de ternura y amor cuando nos ve desvalidos.

Hace pocos días un hermano me preguntó: “¿Cuál es la condición para que obre el Espíritu Santo?” A lo que le respondí: “El Espíritu Santo nunca se enreda en ayudar el poder del alma. El Espíritu Santo necesita llevarnos primero al lugar donde no podemos hacer nada por nosotros mismos”. Aprendamos a rehusar todo aquello que viene de nuestros egos naturales. Sea milagroso o común, debemos rehusar todo aquello que no viene de Dios. Él entonces demostrará Su poder para realizar aquello que pretendió hacer.

Habrás oído y visto, al igual que yo, decenas de reuniones multitudinarias donde se hace énfasis en el poder del Espíritu Santo manifestado allí. Mientras, se le rinden honores, aplausos, glorias y aleluyas al predicador que ha desatado todo eso. Lamento decepcionarte. Allí no está, ni estuvo, ni muy probablemente estará presente el Espíritu Santo de Dios, sino un poder que se resume en todo esto que hemos estado compartiendo. De haber estado presente el Espíritu, ese predicador jamás hubiera permitido que se lo aclame o se le rinda homenajes.

 Porque el Espíritu Santo se manifiesta, solamente, para glorificar a Cristo, y no a hombre alguno. ¡Es que yo los dejo que me adulen porque ellos lo necesitan!, me han argumentado. Puede ser, pero se olvidan de algo clave: si somos ministros estamos aquí para obedecer la voluntad de Dios, no las emociones de las personas. El Ejemplo del Señor: Juan 5:19: Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente. El Hijo no puede hacer nada por Sí mismo. En otras palabras, de todas las cosas que el Señor realizó, ninguna de ellas Él hizo por Sí mismo.

 Esta era la actitud continua del Señor. Él nada hacía por Su propio poder o según Su propia idea. Él rehusaba cualquier cosa que pudiera venir de Él mismo. Sin embargo, ¿Existía algo errado con Su alma? ¿Su poder del alma no era bastante utilizable? Siendo que Él no tenía el menor indicio de pecado, para Él no sería pecaminoso, entonces, usar Su poder del alma. Aun así, Él afirma que el Hijo nada puede hacer por Sí mismo. Si un Señor tan santo y perfecto como Él se rehúsa a usar Su propio poder, ¿Qué otra cosa en cuanto a nosotros?

 El Señor es tan perfecto, y aun así en toda Su vida Él demostró ser desamparado y desesperanzado en Sí mismo, dependiendo sólo de Dios Padre. Él vino al mundo para hacer la voluntad del Padre en todas las cosas. Nosotros, que somos apenas una partícula de polvo, en verdad no somos nada. Debemos poner a un lado la fuerza psíquica y rehusar cualquier cosa que venga del poder del alma, antes que podamos trabajar con fuerza espiritual y producir mucho fruto. Que Dios nos bendiga en todo eso y nos muestre el camino a seguir con claridad.

Muy bien; ahora seguramente has quedado desparramado por la validez y contundencia de esta enseñanza. Eres libre de tomarla, aceptarla, creerla y ponerla por obra, o de dejarla a un costado y ser, uno más, de los que consideran decir estas cosas, como una herejía. No es mi intención alterar tu doctrina ni mucho menos, crear alguna nueva. Lo que sí quiero, es que tengas suficiente serenidad de discernimiento para cumplir con el consejo paulino: examinarlo todo y rescatar lo bueno.

Eso es válido para este trabajo. Sólo una cosa puedo añadirle después que lo leas: Ahora ya lo sabes. Ahora ya no puedes hacerte el distraído/a y decir que lo ignorabas. He contribuido modestamente con mi parte para sacarte de una de las tantas ignorancias que cada uno de nosotros tiene en su vida de fe. Que te sirva y te sea útil para, al menos, no caer en fieros engaños que seguramente jamás te iban a llevar a ninguna victoria espiritual, aunque te sirvieran para entretenerte un buen rato y suponer que habías disfrutado de la gloria de Dios. Ahora vamos por otra cercana a esta. 

10.- La Actividad más Mal Entendida…

 …en la iglesia, es la oración. Queremos comprender el propósito, el poder de la oración. Y concentrarnos en el principio de la súplica. Para comprender la oración, es necesario comprender el Reino. Si tomas el concepto de la oración fuera del contexto del Reino, el resultado será una actividad religiosa. Pero resulta ser que la oración no es una actividad religiosa. Y te lo puedo probar.

Comencemos con algunas afirmaciones que quiero que recuerdes. La oración es el concepto del Reino más mal entendido. La mayoría de las personas que oran, no saben cómo orar. Supongo que tú eras parte de ese grupo. No te avergüences, yo también lo era. En segundo lugar, la oración es la actividad del Reino más importante en la tierra. Por rara paradoja, es la peor comprendida.

Porque la oración es la responsabilidad número uno de un embajador. Te lo voy a explicar. Alguien dio alguna vez una declaración notable. Lo hizo con un grado de comprensión por la oración que muy pocos habían notado. Cuando entiendes eso, tu vida entera va a cambiar. Esto es lo que fue dicho: “Parece que, sin Dios, el hombre no puede. Y sin el hombre, Dios no hará”.

¿Qué se habrá querido decir con eso? Es una declaración fundamental. Parece que, sin Dios, el hombre no puede, y sin el hombre, Dios no hace. Lo que quiere decir, es lo siguiente. Parece que, en la tierra, el hombre no puede hacer nada sin Dios. Pero también hay otra realidad, y es que Dios no hará nada en la tierra sin el hombre. El principio es que tiene que haber una sociedad entre el cielo y la tierra. Si no la hay o se demora, el infierno te gana la carrera. Al menos por un tiempo.

Eso es para que las cosas sucedan en la tierra. En consecuencia, lo que sucede en la tierra depende de ti. Esto es literalmente verdad. Para entender la oración, hay una definición muy simple. Alguien escribió alguna vez una frase muy simple que le llevó gran parte de su vida acuñar. “La oración es la licencia terrenal para una intervención celestial.” ¿Qué significa esto?

La oración no es una opción para el creyente. La oración es una necesidad. Quiero repetir que la oración no es una actividad religiosa, es una actividad legal. Sin embargo, no puedes comprender esto, si no entiendes el concepto de Reino. Esto podría llegar a llamarse “El poder del ser humano”. La criatura más poderosa en la tierra, eres tú, el ser humano. ¿Cómo es eso?

En primer lugar, Dios dio la autoridad legal sobre la tierra, solamente a los seres humanos. La autoridad legal, ¿Pertenece a los seres humanos? ¿Qué es un ser humano? Lo que voy a explicarte, tal vez signifique un enorme descubrimiento para tu vida, si lo ignorabas. En principio, debo recordarte que no tienes un espíritu, sino que eres un espíritu. Puedes decírtelo a ti mismo, ahora: ¡Soy un espíritu!

Esto es fundamental. No es que lo tengas, eres un espíritu que vive en un cuerpo de tierra. Dios formó tu cuerpo del polvo de la tierra. Por lo tanto, está compuesto en alto porcentaje por tierra y agua, para solidificarla. Si fuera sólo tierra, al primer viento desaparece. Por eso, cuando dejas tu cuerpo, éste se devuelve al polvo. Ahora, que tu tierra sea oscura o clara; amarilla, roja o marrón no hace ninguna diferencia, no es más que tierra. Nunca midas tu valor por el color de tu tierra.

Un ser humano es un ser espiritual en un cuerpo de tierra. Se puede explicar cómo es que funciona esto. La palabra tierra, es la palabra humus, Es una sustancia orgánica oscura y rica en nutrientes que se forma en el suelo a partir de la descomposición de restos vegetales y animales (como hojas, ramas, raíces, insectos, etc.). Es el resultado final de la descomposición biológica realizada por microorganismos.

Entonces, el humus es tierra, el hombre es diferente. El hombre es un ser espiritual. La palabra hebrea para hombre es la palabra Ish. En Génesis 1:26, cuando Dios dice Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, la palabra utilizada allí es Ish. Hagamos ish. Ese es el ser espiritual. Por lo tanto, tú eres un espíritu. El hombre es un espíritu. Su cuerpo es de humus, de tierra.

Luego, Dios tomó al hombre y lo puso en la tierra. En el humus. De esa manera te convertiste en un hombre de humus– Humus man, en inglés. No se escriben dos palabras, son dos palabras unidas. El hombre humus, o humus man. La sílaba del medio fue omitida. Y así humus man, se convirtió en human en inglés. Humano en español. Y allí te salta la pregunta: ¿Qué es un ser humano?

El ser humano es un misterio. Es un ser espiritual en un cuerpo de tierra. Cuando usas el término humano, no es un término simple. Es una combinación entre un espíritu y un cuerpo de tierra. Todo esto es decisivo para la oración. Así es que, cuando Dios creó la raza humana, puso al ser espiritual en un cuerpo de tierra. Después, ordenó al ser humano que dominara sobre la tierra. Que ellos dominen sobre la tierra. (Gen.1:26)

¿Quiénes son ellos? Los seres humanos. ¿Y qué es un ser humano? Un espíritu en un cuerpo de tierra. Esto es fundamental. El único ser que tiene derechos legales dados por Dios para operar y dominar sobre la tierra, es un espíritu que está en un cuerpo de tierra. La palabra de Dios no cambia. Aquí está el misterio. Todo espíritu sin cuerpo de tierra, es ilegal en la tierra. Esa es la razón por la cual no entiendes bien la Biblia.

Si no captas este último concepto, la Biblia no tendrá sentido para ti, incluyendo la encarnación de Jesucristo. Porque Encarnación viene de la palabra carnal, que significa tierra. Encarnación indica que un espíritu y una tierra se convirtieron en un ser humano. Todo espíritu que no tiene cuerpo de tierra, es ilegal en la tierra. Ahora sabes por qué los demonios están en situación irregular sobre la tierra.

El arma más poderosa que posees, no es tu espíritu. El arma más poderosa que posees en la tierra, es tu cuerpo. Es por esta razón por la que cuando pierdes tu cuerpo, tú también te vuelves un indocumentado y tienes que irte. A eso lo llamamos la muerte. Los espíritus nunca mueren. Tú nunca morirás. Es tu cuerpo el que muere. Cuando lo pierdes, tienes que partir.  Ya no estás en el cuerpo y te vas.

En consecuencia, el arma más poderosa que tienes en la tierra, es el cuerpo. Porque es lo que te mantiene en situación legal en la tierra. Por eso es que los demonios intentan entrar en tu cuerpo. Ellos tratan de volverse legales. De ese modo, la posesión demoníaca es simplemente un espíritu demoníaco que intenta usar tu cuerpo para volverse legal y poder operar en la tierra.

Por eso puedes expulsarlos, porque no tienen ninguna autoridad legal. Como tú tienes un cuerpo, tú puedes echar fuera los demonios por causa de tu autoridad. Dios mismo eligió hacerse clandestino en la tierra. Trato de explicarte esto para que sepas como es que funciona. Dios ordenó que ellos dominen sobre la tierra. ¿Quiénes son esos ellos? ¿Qué dijo Dios?

Dijo que ellos dominen, no que nosotros dominemos. Él no se incluyó a sí mismo. Dios no tenía un cuerpo de tierra. Él te lo dio a ti. Luego creó una ley. La ley decía: que ellos dominen sobre la tierra. Cuando Dios habla, cada palabra se convierte en una ley. El mismo Dios jamás violará su propia ley. Si lo hiciera, ya no podrías confiar en Él. Dios necesita a los seres humanos en la tierra a fin de no violar su propia ley.

Por lo tanto, nada en la tierra puede suceder sin la cooperación de un ser humano. Así de poderosos son los hijos de Dios en la tierra. El mismo Dios no puede interferir en este planeta sin la licencia, el permiso que Él te dio. Sé que esto parece increíble. Esa es la razón por la cual tus oraciones no son contestadas. Has orado durante mucho tiempo y sin embargo sigues estando en la pobreza, enfermo y sin poder pagar tus cuentas. Has confesado versículos que no se han cumplido porque estás esperando que Dios lo haga.

11.- Respira Profundamente y Entiende…

 …que tienes esa importancia. Hay una serie de principios que tienen relación con la oración. Quizás sean más que los que te comparto, o tú mismo con ayuda del Espíritu Santo encuentres más, pero yo voy a compartirte seis. Toma nota de esto porque tiene calidad e importancia suma. Reitero. Dios no hará nada en la tierra sin pedir la licencia al hombre y esa licencia se llama oración. Seis principios. 

Número Uno: la autoridad legal para dominar en la tierra, fue dada a los seres humanos. Ese es un principio. Número Dos: Dios no se incluyó a sí mismo en la estructura de la autoridad legal en la tierra. Él declaró: que ellos dominen. Se retiró de la ecuación y por esa razón hay una palabra central que es Soberanía. Ustedes, seres humanos, son soberanos en la tierra, no Dios.

No porque Dios sea débil. No se trata de que Dios sea o no Soberano. Se trata de que Dios siempre respeta su propia palabra. Número Tres: El hombre se convirtió en el administrador legal del mundo terrenal. Ustedes que me están leyendo, son los regentes legales en la tierra. ¿Qué es el hombre? Un ser humano, un espíritu en un cuerpo de tierra.

Número Cuatro: Sólo los espíritus en un cuerpo físico están en situación legal en la tierra. Número Cinco: Todo espíritu sin cuerpo de tierra, es ilegal en la tierra. Esto incluye al mismo Dios. Sé que es difícil de concebir, Dios siempre respeta su palabra. Número Seis: Toda influencia sobrenatural en la tierra sólo es legal a través de un hombre de humus. Un ser humano.

Déjame ahora hacerte una pregunta de algo que probablemente nunca has pensado. Cuando Eva estaba a punto de tomar el fruto, ¿Por qué Dios no la detuvo? ¿Alguna vez has pensado en esto? Dios podría habernos ahorrado un montón de problemas, si sólo hubiera impedido que esa mujer delgada tomara ese fruto absurdo. Podría haber salvado a toda la raza humana. Examina esto con esta lógica.

Él escuchó su conversación con el diablo, lo estaba viendo todo. Él siempre ve todo. La pregunta que planteo, es: ¿Por qué no intervino? Esa es una pregunta crucial. Me dirás que un Dios Todopoderoso, Omnipotente como Él, ¿No podía impedir que una mujer frágil tomara ese fruto? Pues bien, ahora conoces la razón. Si Dios hubiera intervenido y hubiera interferido en esa operación, habría violado su palabra.

Entonces nos habría sido imposible confiar en Él después de eso. Ahora expliquemos a Satanás, por un momento. En primer término, es un ser espiritual, por lo que es un extranjero en situación irregular en nuestro territorio. ¿Qué hace? Quiere hacer negocios en la tierra. Pero para lograrlo necesita un cuerpo. Entonces se acerca a la serpiente y negocia con ella. La serpiente, cien por ciento tierra.

“Préstame tu cuerpo por unos minutos”, le dice. “Para que yo esté temporalmente en situación legal en la tierra y pueda tratar con esta mujer”. La Biblia declara que el Señor maldijo a la serpiente, porque permitió que el diablo entrara en su cuerpo. La serpiente, antes de esto, caminaba erguida sobre sus patas. Pero Dios la maldijo y le anunció que se arrastraría en el polvo el resto de su vida.

Lo que quiero decir es que Satanás necesitaba un cuerpo de tierra. El hace negocios con esa mujer a través de ese cuerpo de tierra. Y toda la raza humana está a punto de caer. Dios, en cambio, no puede involucrarse. No porque sea débil o no sea poderoso, omnipotente, omnisciente, omnipresente, Jehová de los ejércitos, sino porque es estrictamente fiel a su palabra.

Podría decirse que la caída del hombre fue a causa de su fidelidad. Creo que eso es demasiado profundo. El diablo lo sabía perfectamente. Recuerda que Satanás vivió con Dios y lo conoce muy bien. Lucifer sabe muy bien que Dios siempre respetará su palabra. Por eso Satanás se alegró cuando Dios ordenó que ellos dominen, ya que sabía que Él no intervendría.

¿Qué sucedió? La raza humana entera se derrumbó. Declaramos nuestra independencia del Reino de los Cielos y nos convertimos en una colonia sin reino. Perdimos a nuestro Padre, a nuestro gobierno. La Biblia revela que, incluso el Espíritu Santo tuvo que irse. ¿Recuerdas ese versículo? Mi Espíritu no contenderá para siempre con el hombre. Génesis, capítulo 6, versículo 3.

¿Por qué? Por la razón de que el Espíritu Santo es un espíritu. Él también necesitaba un cuerpo. Tuvo que marcharse. Si estudias el Antiguo Testamento, en ningún momento está escrito que el Espíritu Santo viviera dentro de un ser humano. ¿Por qué? ¡Porque era ilegal! Cuando los profetas profetizaban, por ejemplo, nunca poseían al Espíritu Santo. La Biblia explica que él venía sobre ellos, los hacía profetizar y luego se iba.

¿Por qué? Porque no podía habitar en ellos, dado que el cuerpo estaba contaminado. No podía quedarse en la tierra. Aquí estamos, en el capítulo 3 de Génesis. Todo se había derrumbado. Dios ya no podía entrar. Sólo que Satanás se olvidó que Dios aun podía hablar. En Génesis capítulo 3, versículo 15, Dios comienza a hablarle a Satanás. No a Adán.

Le dice al diablo, y te lo parafraseo, “Satanás; lo que hiciste es muy astuto, sabes que yo no puedo entrar. Tienes razón, no puedo venir en calidad de espíritu porque violaría mi propia ley. Sin embargo, te hago una promesa, diablo: te prometo que voy a usar a la misma mujer que tú usaste para arruinarlo todo, para que me dé un cuerpo. Voy a entrar en él legalmente y voy a aplastarte la cabeza.”

Esa fue la promesa. Ahora ya sabes por qué Dios tuvo que convertirse en hombre. Todo el Antiguo Testamento no es más que la repetición de la promesa de Dios. Vengo, estoy llegando. De eso se trata. Cuando llegamos al profeta Isaías, encontramos algunos detalles. Él revela. Veo más que una simple venida. La joven quedará embarazada, dará a luz un hijo, y le pondrá, -escucha bien- el nombre Emanuel.

Em, que significa En, dentro. Man, que significa hombre, humano. El, de Elohim. Dios dentro del cuerpo de un hombre. Dios con nosotros, se traduce habitualmente. En Isaías capítulo 9 y versículo 6, está escrito: Porque un niño nos es nacido. No dice el hijo, porque el hijo nunca nace. Un niño nos es nacido. No me confundan al niño con el hijo. María no fue la madre del Hijo, fue la madre del niño. ¿Entiendes? Y lo enfatizo por algunas cosas que tú ya te imaginas.

El niño es el cuerpo, porque un niño nos es nacido. El Hijo no nacerá. Porque Dios declara: Yo voy a dar ese Hijo, lo pondré dentro del niño. El niño será el cuerpo de tierra. El Hijo es Elohim, Jehová. El niño hará legal al Hijo. Cuatro mil años más tarde, está escrito, cuando se cumplió el tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer. Gálatas 4:4. El ángel le anunció a María: quedarás embarazada y darás a luz un hijo.

Y le pondrás por nombre. Las palabras del ángel son muy precisas: llamarás al niño, Jesús. Lucas, capítulo 1, verso 31. Jeshúa, que significa Salvador. Pero le darás un nombre a ese niño, no al Hijo, porque el Hijo ya tiene uno. Él es Cristo. Jesús legalizó a Cristo. Jesús era cien por ciento hombre. Cristo es cien por ciento Dios. Satanás ya no sabía qué hacer. Dios había entrado en la raza humana legalmente.

Ahora podía operar sin violar su propia ley. Ese es el significado de la encarnación. Y esa es también la razón por la cual Dios no pudo intervenir cuando Eva estaba a punto de tomar el fruto. Él estaba protegiendo su integridad. Esa es también la razón por la cual Dios te necesita a ti para hacer cualquier cosa en la tierra. Por la sencilla razón de que tienes un cuerpo. Lee una y otra vez tu Biblia, pero con esta comprensión.

Eso creo que hará que cambie delante de tus ojos. Comprenderás que para todo lo que Dios hizo, siempre necesitaba de un ser humano apto y dispuesto para cooperar con Él. El ser humano tenía la autoridad legal, ¿Sabes por qué? En el caso de Sodoma y Gomorra, Dios no podía simplemente juzgarlos. Él es Dios. Él es Soberano. Todopoderoso. Pero estaba en la ilegalidad.

Entonces fue a ver a un hombre llamado Abraham, y le dijo: “Abraham, mira; tengo un problema con Sodoma y Gomorra, quiero juzgarlos. Sólo que no puedo hacerlo, de lo contrario sería ilegal. Necesito que tú me des el permiso para juzgarlos.” Cuando Abraham entendió esto, respondió: Espera un momento, Señor. ¿Me estás diciendo que necesitas de mí para juzgar esta ciudad? Empecemos con una negociación.

Abraham hizo una demanda. Si tengo influencia, dijo, hagamos un trato. Si encontramos cincuenta hombres justos, no los tocaré. ¿Y cuarenta? Tú mandas. ¿Treinta? Dios replica: sigue negociando. ¿Veinte? Dios le recuerda: tú decides, yo tengo el poder, tú la autoridad. Abraham pregunta: Si encontrara un solo hombre justo en esta ciudad, ¿No la destruirías? Dios certifica: te lo garantizo, no puedo tocarla a menos que tú me des el permiso.

12.- Abraham Responde…

 Vuelvo enseguida. Y va a Sodoma, allí encuentra a su sobrino e implora: Lot, ¡Salgamos de aquí! Estoy a punto de darle permiso a Dios para destruir todo esto. Todos ustedes que me escuchan o me leen pueden decir sin mentir ni exagerar: tengo toda la autoridad, porque es el ser humano el que le da permiso a Dios para interferir en los asuntos de la tierra. Cuando Lot salió el ángel preguntó si podía hacerlo ya mismo. 

Abraham afirmó: Adelante, hermano, ya estoy fuera. Dios replicó y dijo: Muchas gracias. Y quemó la ciudad. Si pasas las páginas de tu Biblia, encontrarás a otro hombre. Dios dice: He oído los gritos de los israelitas a quienes los egipcios hacen sufrir. Quiero bajar a liberarlos. Sin embargo, no puedo hacerlo, ya que soy un Espíritu. Necesito a un ser humano que me de permiso.

Dios va hacia Moisés y le anuncia: Quiero hacer algo. Sin embargo, no puedo ir sin tu permiso. Quiero liberar a los israelitas. ¿Quieres aliarte conmigo? Moisés comenzó a argumentar ya que, igual a ti, él venía de lo más sencillo de la calle. Comienza a decirle a Dios que no es nadie para ser elevado a tamaño nivel. Dios le responde: ¡Cállate, muchacho! Tengo que usar a alguien. Puedo usar a cualquiera, sólo necesito a un ser humano para hacerlo.

Creo que ninguno de nosotros ha tomado concreta conciencia de nuestro poder. ¿Por qué Dios no fue solo a liberarlos? Porque eso era ilegal. ¿Te has preguntado por qué Dios te tolera? Tienes el poder y la autoridad, esa es la razón por la cual todavía Dios trabaja contigo. A pesar de todas tus tonterías. Entonces le ruega a Moisés que se alíe con Él rápidamente.

Moisés, finalmente, responde en Éxodo, capítulo 4: De acuerdo, Señor. Hagámoslo. Dios respondió: Muchas gracias, vamos. Si sigues la historia atentamente, Dios no hizo nada sin que Moisés lo anunciara. ¿Has leído como se abrió el mar? Están allí, en el desierto. El ejército de Faraón llega detrás de ellos. Tienen el Mar Rojo, los juncos delante de ellos. Un millón de personas está a punto de morir.

Moisés arenga al pueblo pidiéndoles que no tengan miedo y les promete que antes del atardecer, todos esos egipcios que están viendo que vienen a matarlos, morirán. Después de eso, Moisés corrió detrás del arbusto y le preguntó a Dios: ¿Oíste lo que les dije? ¡Está en la Biblia! Dios le afirmó: He oído exactamente todo lo que les dijiste. Ahora ve y haz todo lo que les anunciaste.

En otras palabras, es como decirte que tú eres el ser humano y Él es Dios. Si tú les dices que los mate, Dios los matará. Entonces Moisés se para sobre una roca con un pedazo de madera como vara. Dios no puede abrir el agua sin el permiso de un ser humano. Le da la orden a Moisés. ¡Levanta tu vara!  Moisés responde y Dios continúa y le dice que le diga a las aguas que se abran.

Dios agradece y sopla hacia el Mar para abrirlo. La gente cruzó el Mar en tierra seca. Lee tu Biblia con mucha atención. Allí nos relata que, cuando estaban todos del otro lado, el agua todavía estaba abierta y Faraón los perseguía para matarlos. Moisés exclamó: ¿Por qué no se cierran las aguas? Dios le replicó: No puedo cerrarlas sin tu permiso. ¡Está en la Biblia! Se dice que Moisés se dio la vuelta, levantó su vara y ordenó: Ciérrate.

Dios le agradeció otra vez y ¡Paf!, todos aniquilados. Él te necesita, siempre. Aquí están las leyes de la oración. La primera es que la autoridad legal en la tierra, está en manos del hombre humus. Sí, la tienes, Él te la dio. La segunda, es que Dios nunca violará la ley de su palabra. La tercera es que nada sucederá ni puede suceder en la tierra, sin la cooperación del hombre, de bueno y de malo. Por eso Dios necesita que ores.

Cuando dejas de orar, los cielos se detienen. Jesús suplicó diciendo que siempre hay que orar, porque si te detienes, los cielos se detienen. Aquí tengo un versículo que muy pocos han entendido. Si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir cualquier cosa, les será concedida por mi Padre que está en los cielos. Mateo 18:19.

Si ustedes dejan de orar a Dios, Dios dejará de actuar en la tierra. Por eso deben orar sin cesar. ¿Qué es la oración? Darle a Dios permiso para interferir en los asuntos de la tierra. Cuarta ley: Dios no puede interferir en la tierra sin la cooperación de un ser humano. Quinta ley: El hombre tiene el poder de licencia sobre la tierra. Tú tienes la autoridad, Dios tiene el poder.

Tendrás una tarea para cuando dejes de escucharme. Es la de leer Juan capítulo 5. Léanlo todas las veces que puedan. En este capítulo, Jesús explica todo este escenario. ¿Recuerdan que los fariseos y los escribas se acercaron a Jesús, porque acababa de hacer tantos milagros? Sanó a los enfermos, resucitó a los muertos, expulsó a los demonios, purificó a los leprosos y resucitó a una niña. No hizo más que milagros durante todo el día.

Trabajó muy duro, Él, y ellos estaban realmente conmocionados. Y le preguntaron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas? Marcos 11:28. ¿Qué palabra usaron? Autoridad. No, poder; autoridad. Jesús responde: El Hijo no hace más que lo que ve hacer al Padre. Juan 5:19. ¿Quién es Jesús? Un ser humano con Dios dentro. Por lo tanto, es legal. Él revela: yo no hago más que lo que veo hacer a mi Padre.

Él actúa, yo actúo. Él piensa algo, yo lo manifiesto. Aún no han visto nada. El tiempo se acerca, cuando verán al Hijo del Hombre en toda su gloria. El Hijo del hombre, es una declaración capital. Jesús usó dos términos para describirse: Hijo de Dios e Hijo del hombre. Son dos términos diferentes. Hijo de Dios, significa que es el lado divino de su persona. Hijo del hombre, su lado terrenal.

El lado terrenal, hace que el lado divino sea legal. Ahora le preguntan sobre la autoridad. La autoridad es del lado humano. Les dijo: La razón por la que puedo hacer milagros, no es el hecho de que soy el Hijo de Dios. ¿Por qué? Porque el Hijo de Dios, es clandestino. Él anunció. Hago estos milagros porque soy el Hijo del hombre. Tengo un cuerpo, tengo la autoridad para hacerlo. Tengo la licencia para hacerlo.

Es hora de que alabes a nuestro Dios por la autoridad que tiene tu cuerpo. Jesús legalizó a Cristo. Caminó sobre la tierra durante treinta y tres años y seis meses. Era legal. Dios era legal ya que tenía un cuerpo. Sin embargo, sabía que debía abandonar ese cuerpo. Cristo sabía que debía liberar a Jesús. Jesús llevó a Cristo a la cruz. Jesús fue quien murió, no Cristo.

Antes de morir, Jesús habló con Cristo y le imploró que no lo abandonara. Prometiste que, si daba mi vida, volverías a buscarme, le dijo. Podemos oír a Cristo decirle a Jesús: Volveré a buscarte en tres días. Porque, aunque vayas a morir, mi trabajo aún no está terminado. Todavía necesito que me mantengas en la legalidad, ya que debo volver para crear la iglesia.

La Biblia certifica que fue Jesús quien murió, no Cristo. Cristo abandonó el cuerpo de Jesús. Bajó al infierno, al Gehena, al Seol, a las profundidades del infierno. Camina hacia el diablo, lo agarra por el cinturón, le arranca las tres llaves colgadas de ese cinturón: la muerte, el infierno y el sepulcro. Le dice al diablo que volverá más tarde para ajustar cuentas con él. Sólo vine por las llaves, concluye. Lo que te hace peligroso es tu cuerpo.

¿Algunos se han preguntado alguna vez, por qué Dios no quiere que pierdan su cuerpo? Él necesita tu cuerpo. ¿Por qué Dios concedió la curación? No para ustedes, sino para Él mismo. ¿Por qué Dios lo resucitaría de entre los muertos y curaría sus huesos y músculos? ¿Por qué Dios quitaría el cáncer de sus intestinos y sanaría su hígado? No es para ustedes, y esto explica por qué muchos enfermos no son sanados.

Quieren ser sanados para ellos mismos. Cuando tengan problemas, levanten sus manos y pídanle a Dios que los sane, pero por Él, para Él, porque Él necesita sus cuerpos. Por esa razón oran por sanidad. No se trata de ustedes, se trata de Dios. Él los necesita. Por eso, Él ordenó orar siempre. Si dejan de orar, cierran los cielos. Él dijo: todo lo que aten o desaten en la tierra, será atado o desatado en el cielo.

Si has leído con atención esto, hoy, ya sabes que has recuperado tu poder, eres esencial para Dios. Eres su arma secreta. Su hacha de guerra. Su autoridad en la tierra. Eres el arma secreta de Dios. Oren sin cesar. Hagan todo tipo de oraciones y súplicas. Él necesita que oren. Libérense en el nombre de Jesús. Porque tu cuerpo en esta tierra, es importante. Tan importante como es el Espíritu que mora en tu espíritu.

13.- Para Poder Compartirte Esto…

 …que sigue con el grado de autoridad espiritual que se necesita para que quien lo recibe tenga la convicción absoluta que es verdad revelada o divina, necesito primero que sepas algo de mi historia personal como hijo de Dios. Acepté al Señor esa noche llena de estrellas, tal como ya te lo he contado, y comencé a reunirme con un pequeño grupo de jóvenes, del que formaba parte el que me habló del Señor y me acompañó a tomar mi decisión. 

Si bien me sentía bien con ellos, ya que en ningún momento me discriminaron por mi calidad de novato, como si solía suceder en las congregaciones evangélicas convencionales, yo igualmente notaba algunas diferencias que me colocaban en un plano de inferioridad. El conocimiento bíblico, sus estilos de vida, un algo que de algunos se irradiaba sin ser visible y, naturalmente, el don de lenguas, que no todos, pero si algunos de ellos poseían.

Lejos de sentir envidia, como sí suele suceder en grupos más grandes, yo quería tener todo eso para poder manifestarlo y ser parte de lo que sabía que tenía que ser parte, aunque nadie me lo hubiera explicado todavía. Luchaba contra todas las tentaciones que un joven de treinta años puede tener y fumaba. No mucho, pero fumaba. El periodismo, el café y el cigarrillo, en mi país, constituían un combo que se podía observar en todas las redacciones o estudios de radio de mi tierra. Era casi un ícono de la profesión.

Pero, una noche los jóvenes me invitaron a ir al templo donde ellos eran miembros. Querían que yo sintiera lo que ellos sentían allí y no tuve inconvenientes en aceptar. El pastor, un hombre mayor, pero dueño de una bondad y una unción como pocas veces pude ver en otros consiervos suyos, esa noche predicó sobre los dones del Espíritu Santo, aclarando que, para poseerlos, era necesario primeramente ser llenos del Espíritu, plenos. Y que, si no lo sentíamos así, que debíamos pedirlo y Dios nos lo concedería.

Podrás imaginarte que, en mi primera experiencia eclesiástica evangélica, yo estaba con mis sentimientos entremezclados. Temor, desconfianza, culpa por lo que, según algunos de mi familia opinaban, era un “cambio de religión” y todo lo que alguien que haya pisado por primera vez a una iglesia evangélica puede saber por propia experiencia. Sin embargo, ni bien el pastor comenzó a hablar del Espíritu Santo, todo mi ser se sintonizó con él y cada palabra tenía la sensación que era exclusiva para mí.

Sobre el final del mensaje, el pastor pidió que todos los que quisieran ser llenos del Espíritu Santo no tenían que hacer nada más que pedírselo al Señor, creyéndolo, y el Señor se lo enviaría. Yo obedecí sin dudar esa demanda. No recuerdo en absoluto si llegué a hacer algo parecido a una oración que todavía no sabía cómo hacer, salvo lo que le escuchaba a mis amigos y nuevos hermanos. Lo que sí sé, es que debo haberlo pedido con fe genuina, porque al instante y por primera vez desde mi conversión, caí de rodillas sin poder ni querer evitarlo.

Mi experiencia personal, que la comparto como experiencia personal, no como teología doctrinal, fue de pronto sentir un enorme calor en todo el cuerpo, ver que mis piernas se volvían débiles, aunque no para arrojarme al piso, sino para doblar mis rodillas. Y que cuando quedé en esa posición, empecé a hablarle a Dios a una velocidad que no era mi estilo, generalmente pausado y tranquilo, que era como lo hacía profesionalmente. Lo que yo creía que era un cúmulo de palabras atropelladas sin sentido, en realidad eran lenguas. Eso me informaron luego mis amigos.

Yo me daba cuenta que lo que decía tenía un sentido y me daba la certeza total y absoluta que el Señor me escuchaba y me entendía lo que le hablaba, aunque casi en el final de ese momento tan singular y raro, pude observar que estaba hablando en un idioma que no era el mío y que no podía entender en absoluto desde lo auditivo natural. Yo había recibido la llenura, el bautismo o como se le quiera llamar por parte del Espíritu Santo y, lo que estaba viviendo, era una consecuencia probatoria de eso.

De algo tengo certeza total: en ningún momento pensé en vivir eso y, mucho menos, en imitar esas lenguas. Jamás fue mi estilo la imitación y no iba a comenzar justo en una iglesia, puedes imaginarte. Así que, con este elemento mío y personal en tu conocimiento, creo que puedo comenzar a compartirte algunos principios que, si tienes la bendición de poder aceptarlos y creerlos, podrían conseguir que suceda en ti, al menos, algo similar a lo que sucedió conmigo.

Porque la pregunta que normalmente formula alguien que recién ha llegado a la fe, o en todo caso, alguien a quien no le han enseñado ninguna de estas cosas, es: ¿Y qué ocurre después de esa experiencia, como quieras que la llames? En mi caso personal, me cambió la vida en ciento ochenta grados. Un ochenta o noventa por ciento de mis flaquezas vulnerables desaparecieron de forma inmediata, y entre el diez o veinte por ciento que me quedó, el cigarrillo fue el único. Varios meses debí pelear para, finalmente, sacarlo para siempre de mi vida.

De todos modos, la sanidad que recibes del cielo cuando el Espíritu de Dios hace morada en tu vida, es notoria en cuanto a que el amor de Dios comienza a fluir de ti y hasta llega a tocar a las personas cercanas. Esto se puede manifestar de diferentes maneras. Una de ellas, ya te lo adelanté, es el hablar en lenguas, pero no es la única, aunque algunas doctrinas muy singulares hayan llegado a establecerlo así. Conocí congregaciones donde se marginaba a los que no tenían don de lenguas.

 ¿Fundamento? ¡Que no tenían al Espíritu Santo morando en su espíritu! Ah, ¿Sí? ¿Y quién inventó esa barbaridad? No lo sé, pero sí me imagino por quien o quienes estaban influidos. Sacaron a más gente de las iglesias que todos los demás demonios juntos. Dios tenga misericordia de ellos. De todos modos, quiero aclararte que sí, que las lenguas son parte de esa instancia sobrenatural y que es no sólo valioso sino muy importante recibir ese don.

En primer lugar, porque son esenciales para tu edificación personal y para comunicarte con el Señor de una manera casi familiar. Las lenguas también son útiles y necesarias para interceder y, especialmente, para orar por todo aquello que todavía no entiendes. De hecho, son importantes y muy por encima de todo ese bullicio que en más de un caso suele ser hasta simulado en distintos lugares. Si no lo tienes, mi sugerencia es la misma que aquel pastor dijo aquella noche: ansíalo, pídelo y créelo. Dios hará el resto.

A los que tienen dudas, reservas o sencillamente no quieren dar ese paso, nadie puede plantarles en sus mentes el temor a perder la salvación, nada que ver con eso. De todos modos, está escrito que, en el día final de la resurrección, todos comenzaremos a hablar en lenguas, sencillamente porque ese es el idioma de ese país llamado cielo, al cual pertenecemos y con el Rey que sabemos que tiene.

Pero, atención con esto que voy a decirte: las lenguas son para ahora, no para el cielo. Porque es ahora que debemos alabar al Señor y edificarnos en Él, tal como lo dice Pablo en 1 Corintios 14, hay varias maneras en que el Espíritu Santo se manifiesta. Algunas tienen que ver directamente con lo que vamos a compartir hoy. Y la razón es simple. Es mucha la gente, que se dice cristiana, obviamente, que desconoce todo o casi todo respecto a estos dones ni cuando los están experimentando.

A veces, el Señor ya te ha dado un don y tú te quedas tieso preguntándote que pasa, sin saber que lo que has recibido es un don de Dios destinado a bendecir el cuerpo de Cristo en la tierra. De hecho, al actuar así, estás perdiendo una hermosa oportunidad de servir al Reino. No a la iglesia, no al pastor, al Reino, porque de allí es que viene todo, no de las estructuras de tu denominación o de tu congregación. No está nunca demás saber esto, te evitará muchos y horribles errores.

Dios no se enoja si no lo usas, pero, que no lo hagas, discúlpame, sigue siendo ignorancia. Por eso Él espera que escuches y aprendas, para que seas activo y valioso en este cuerpo de Cristo y, al mismo tiempo, estés disponible para bendecir a otros. Y quisiera comenzar esto colocando casi en una primera línea lo que a ojos vista parece ser una batalla permanente: el Espíritu Santo versus las emociones. Ya hemos hablado de las emociones, pero nunca está de más reiterar conceptos y conocimiento.

14.- En Principio, Debo Reconocer…

 …que hay mucha gente que en cualquier lugar de reunión que se encuentre, de pronto se emociona muy fuerte y llama a eso el Espíritu Santo. Es un riesgo muy fácil de vivir y ser víctima de error. Porque el Espíritu Santo, no es de ninguna manera una emoción. Él no es en absoluto emocional, aunque, en honor a la verdad, hay muchas posibilidades que sí influya en tus emociones. Así es que, cuando estés emocionado, no le eches la culpa al Espíritu Santo. 

Mejor échales la culpa a tus propias emociones. Lo que sí es el Espíritu Santo, es poder. Y cuando el poder es liberado, algo debe ser influenciado. Nuestras emociones son, por lógica, lo primero que es afectado cuando el poder del Espíritu Santo actúa en nosotros. Cuando hay gozo, libertad, nuestras emociones reaccionan. Pero muchas personas, al no saber cómo liberar este poder, terminan comportándose de manera desordenada.

Corren, gritan, desparraman bancos y cuanto elemento se les cruce en su camino, sin pensar en lo que hacen o sienten. Otros incluso llegan a golpear a la gente en sus cabezas. Todas estas cosas, obvio, no edifican a nadie. De ninguna manera alguien me bendice o beneficia si me golpea en la cabeza diciéndome que es el Espíritu Santo. Tampoco beneficias a ningún grupo si te pones a gritar cuando alguien está diciendo algo valioso de parte de Dios.

No es provechoso si organizas tu pequeño espectáculo personal en medio de una reunión convocada para otra cosa. Lo único que logras es distraer y sacar del estado realmente espiritual a los que intentan adorar en espíritu y en verdad. Sin embargo, aunque no lo creas, son muchos los que atribuyen todos estos desórdenes al Espíritu Santo. La Biblia dice que el Espíritu Santo es un Espíritu de orden y decoro. Encontrarás eso en las escrituras si sabes buscarlo.

Él es de primera categoría y hace todas las cosas con decencia, con clase. Y no hace nada para crear confusión. Él no es el autor del desorden. Todo lo que hace, es ordenado, sobrio y decente. De ese mismo modo intentamos hacer los que entendimos que gozo y unción no son sinónimos de zafarranchos. Si realmente te dejas guiar por la palabra de Dios, nunca podrás caer en esa clase de cosas. Las emociones no deben reemplazar al Espíritu Santo.

Sin embargo, cierto es que el Espíritu Santo influye en nuestras emociones, pero al mismo tiempo nos brinda suficiente dominio propio para controlarlas. La escritura dice que el espíritu del profeta está sujeto al profeta, ¿Verdad? Esto significa que el Espíritu Santo puede actuar en ti, pero tú mantienes el control, siempre. Puedes cerrar la boca hasta el momento de hablar. Puedes quedarte sentado, aunque sientas ganas de correr.

La Biblia también dice que, si quieres profetizar y alguien ya está hablando, debes callar hasta que haya terminado. El que crea que el Espíritu Santo viene y lo posee, lo está viendo a la inversa. Eres tú el que lo posee a Él si es que lo quieres. Digo esto porque hay muchos que dicen que cometieron esas tonterías porque no pudieron evitarlo. Sin embargo, en el mejor de los casos, están equivocados. En el peor, mienten para cubrir sus locuras. Claro, hay una tercera opción: que sea un espíritu, si, pero no el Santo.

La obediencia vale más que los sacrificios. Dios prefiere tu obediencia a tu adoración. Algunos prefieren hacer muchas cosas para Dios, pero no le obedecen. Son aquellos que están tan activos para Dios que no se hacen un tiempo para conocerlo. El Espíritu Santo está en nosotros, y debemos obedecerle a Él, no a nuestras emociones. Jesús dijo que él es el Consolador. Y un Consolador no rompe sillas o bancos, no interrumpe a nadie ni crea confusión. Un Consolador, calma.

También mencionamos que cuando el Espíritu Santo actúa, debe ser liberado. Haciendo una mala comparación, es como la dinamita. Hechos 1:8 = pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. Aquí cuando dice “poder”, usa la palabra dunamis, que significa un poder explosivo. Una capacidad sobrenatural similar a la dinamita.

Y cuando la dinamita explota, algo se mueve. La iglesia es una fuerza dinámica en la tierra. La historia nos muestra que la iglesia siempre ha sido una iglesia de acción. En la Biblia, lo que los discípulos predicaban, lo practicaban, y esto es exactamente lo que Jesús había querido para su iglesia, siendo él el mayor ejemplo. Una de las primeras expresiones del Espíritu Santo, son las lenguas. No es la única, pero suele ser la primera, porque la lengua es el órgano más disponible para Dios.

De hecho, tu lengua también suele ser tu mayor problema en la vida. Por eso, es lo primero que Dios quiere tocar. Santiago dice que la lengua puede destruir todo tu cuerpo y también a quienes te rodean. Muchos de nosotros ya lo hemos experimentado. Por eso, cuando eres lleno del Espíritu Santo, lo primero que suele darte son palabras que tú puedes pronunciar con tu boca. Hablar en lenguas no es algo que el Espíritu Santo hace por ti, sino que tú lo haces luego que Él depositó palabras en tu espíritu.

En las escrituras, cada vez que la gente hablaba en lenguas, dice que ellos hablaban según el Espíritu les daba que hablasen. El día de Pentecostés, el Espíritu les daba la inspiración, pero ellos ponían las palabras en sus bocas. Muchos se sientan y esperan que su lengua se mueva sola. Pero nada sucede en la lengua, todo sucede en el espíritu, en el interior. Y esto también requiere confianza. Si crees que Dios no miente, entonces cuando le pides algo, Él te lo concede.

Pide ser lleno del Espíritu Santo, cree que lo serás y, cuando aparezcan palabras incomprensibles en tu mente, suéltalas y verás como se convierten en un torbellino que circula más rápido que tu mente. Si Dios te llegara a fallar, tú lo sabrías al instante. Pero no tienes que preocuparte, Dios nunca te fallará. Algunos no lo hacen porque no confían en la palabra de Dios. Entonces se ponen a esperar, pasivamente, y por esa razón es que todavía no hablan en lenguas.

Tienes que actuar por fe, exactamente igual que para la salvación. Por experiencia propia y compartida de otras personas, cuando comienzas a hablar en lenguas, apenas son una o dos palabras, dichas casi con temor. Pero a medida que te relajas y dejas fluir lo que viene de tu interior, esas pocas palabras se convierten en un río tumultuoso que fluye con un caudal inimaginable. Lo que frena todo esto, a veces, es que algunos tienen temor de que, en lugar de recibir al Espíritu Santo, reciban a un demonio.

Jesús habló de esto. Dijo: Ustedes saben dar buenas cosas a sus hijos. Cuando les piden pan, no les dan una piedra. Cuando les piden pescado, no les dan una serpiente. Luego añadió. ¿Cuánto más el Padre dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan? La palabra serpiente, en este pasaje, es la misma palabra usada en otros lugares, cuando Jesús habla de los demonios. En Lucas, dice: Les he dado potestad de hollar serpientes y escorpiones y sobre toda la potencia del enemigo.

En la cultura griega, la serpiente es una imagen de los demonios. Jesús, a menudo llamaba al diablo una serpiente, un escorpión o un espíritu maligno. Así que cuando Jesús dice que el Padre no da serpientes a quienes le piden pescado, te está queriendo decir: ¿Crees que Dios te daría un demonio si le pides el Espíritu Santo? Nunca. Dios no tiene demonios para dar. Si pides el Espíritu Santo, lo crees y lo amas, Él te dará el Espíritu Santo. Es el único que tiene, y es santo.

Lo único que deberías tener en cuenta a la hora de formular ese pedido, es el estar conforme a la voluntad de Dios. Si estás pecando y lo sabes, pero no quieres abandonarlo, entonces no pidas al Espíritu Santo, porque Dios no te lo enviará hasta que en tu ser interior no haya una morada digna de ser habitada por Él. En ese caso y si no te has arrepentido, podrías estar pidiéndolo para usufructuar con su poder o simplemente para lucirte.

Allí sí eres candidato a albergar un demonio, porque no notarás la diferencia. Esto ocurre mucho dentro de las iglesias cristianas, porque, así como hay hombres y mujeres de Dios que quieren servir con fidelidad, también hay cizaña que quiere abusar en lo que puedan de los hijos del Padre. Pero Dios, no. Dios da buenos dones. Todo don perfecto viene de arriba, y no me refiero a alturas geográficas, sino dimensionales.

Veamos ahora lo que Pablo tiene para decir en 1 Corintios 12: 1 = No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales. Observa bien y aprende a leer tu Biblia con inteligencia divina. Pablo los trata de hermanos, eso quiere decir que estaba dirigiéndose a cristianos. Pero luego les dice que ignoran acerca de los dones, lo cuales los haría ignorantes. No son culpables porque nadie se los había enseñado, pero eso me dice a mí y a ti, que tranquilamente se puede ser cristiano y también ser ignorante. 

15.- Ahora Ponte en el Lugar de Pablo…

 …Les está diciendo hermanos, pero también que son ignorantes. ¿Cómo crees que reaccionarían, hoy, esos hermanos que tan bien conoces y que, lo sabes, son ignorantes en muchas cosas de fondo, todavía? Sobre esas reacciones podemos dialogar un rato largo, tengo cierta experiencia en el tema. Seguramente alguien se dirigiría a ti y te diría: ¡Oye! ¡Tengo cincuenta años de venir a la iglesia! ¡No puedes enseñarme nada! ¡Y lo dicen con seriedad, convencidos de tener toda la razón!

Pablo no tenía miedo de decir la verdad. Él decía: son mis hermanos, pero son ignorantes. Hoy salen lustrados vejestorios a decirte que eres demasiado joven para enseñarles sobre Jesús a ellos, que hace años están en la iglesia. De todos modos, hay una realidad: sólo puedes llevar a otros al mismo lugar al que tú has ido. Si no estás allí, no puedes traer a nadie por simple verborragia. Si retienes esta verdad harás buen camino, porque te darás cuenta que siempre tienes que avanzar. 

Son muchos, muchísimos los cristianos que no pueden avanzar mucho más de donde están parados sus líderes, por la sencilla razón que sus líderes no van hacia ninguna parte. Hay mucho liderazgo evangélico que no se ha tomado el tiempo ni el esfuerzo de sondear las profundidades de Dios. ¿Qué podrían darles a otros si no tienen nada para ellos? Como resultado, los creyentes dan vueltas semana tras semana y, lo más grave y triste, ¡Se aburren en los templos!

Pablo les decía: no quiero que seáis ignorantes. Y no me miren torcido, está claro que sé un poco más que ustedes. No era un mérito de Pablo, eso; era el resultado de un esfuerzo y una entrega total. Sin embargo, no son pocos los que prefieren seguir a un líder que no ha aprendido nada, simplemente porque lo aman. Se quedan con él durante cincuenta años, y nunca saben nada más que lo que él sabe. Y, a veces, lo que sabe es muy limitado. O directamente erróneo. Ha sucedido, todos lo sabemos. Y sigue pasando.

Y luego se extrañan de no crecer, de no madurar, de no prosperar en nada de lo que hacen. Sin embargo, no se trata de competencia, sólo es una cuestión de supervivencia. La Biblia dice: Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor. Dios nunca te preguntará durante cuánto tiempo has estado en tal o cual iglesia. Te preguntará cuanto te pareces a Jesús o cuanto de Su palabra habita en ti. Eso es lo que cuenta. Competir para ver quien tiene la iglesia más bonita no te lleva nada más que a la vanidad hueca.

No se trata de glorificar hombres; es la palabra de Dios y a Jesucristo a quien hay que exaltar. Pablo dice de nuevo: No quiero que seáis ignorantes, hermanos, acerca de los dones espirituales. Estos creyentes ignoraban estas cosas, algo que lamentablemente todavía sigue vigente en muchas de las asambleas de la iglesia evangélica, según sus doctrinas caseras. Tengo una buena noticia: Dios está remediando eso.

Él añade, verso 2: sabéis que cuando erais gentiles se os extraviaba y se os llevaba tras los ídolos mudos, según erais conducidos. (3) Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios, llama a Jesús anatema. Y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo. Este versículo quiere decir simplemente esto: nadie puede declarar sinceramente que Jesús es Señor, si el Espíritu Santo no habita en él.

Lo que quiero decir es que muchas personas religiosas pueden levantarse y decir cosas hermosas, pero esas palabras no siempre vienen del Espíritu Santo. No son más que palabras vacías. Discursos sin valor. Las instituciones religiosas están llenas de hipócritas. Un hipócrita es alguien que dice: Jesús es mi Señor, pero su vida es un desastre. La Biblia dice que nadie puede proclamar esto, a menos que el Espíritu Santo lo declare en él.

Porque es el Espíritu Santo quien hace Señor a Jesús en nuestras vidas. Y dice el verso 4: Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. La palabra diversidad significa simplemente diferente. El Espíritu Santo nos llena, luego libera todo esto en dones, y estos dones son variados. O sea que es muy cierto que tenemos una gran variedad de dones, pero no menos cierto es que por esa razón tenemos una unidad de propósito.

Glorificar a Dios y edificar el cuerpo. Ese es el propósito, más allá de las formas, circunstancias o hasta doctrinas diversas. De hecho, no importa cómo se manifieste el Espíritu Santo. Él sólo tiene un pensamiento: glorificar a Jesús. No es para que te jactes, diciendo: hablo en lenguas, soy mejor que tú. Lo he oído y visto a esto, nadie me lo contó. Escucha, aprende, recuerda y entiende: el propósito de un don, sea cual sea, siempre es el mismo: glorificar a Jesús.

Miremos el verso 6: Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. Que se te grabe bien esto, es el mismo Dios. Esto significa que todos los dones del Espíritu, son obra de Dios. Y que Él actúa en cada uno. Pero siempre hay alguno que dice; “Hermano; ¿Por qué yo no profetizo o actúo como los demás? ¿Por qué yo no recibo del Señor como ellos?” Sin embargo, como quiera que seas, el Señor actúa en ti, por eso está escrito el primer verso de este capítulo.

Ignorancia. Puede ser que no sepas, aún, que él está obrando. Estamos aquí para ayudarte a tomar conciencia del Espíritu, para que seas sensible y reconozcas cuando Dios actúa en ti. A veces, hay que caminar simplemente con una fe bruta, por evidenciarla de alguna manera. Porque esa forma de fe, es una buena fe. En el verso 5 sobresale la palabra Operación. Asimismo, también tenemos la palabra Administración, que significa distribuir. El Espíritu Santo distribuye los dones, y son variados.

Pero en el verso siguiente, Operación quiere decir que, cuando Él distribuye estos dones, se pueden manifestar de manera diferente en cada persona. Si hay un grupo de diez personas, Dios pueda dar diez dones diferentes a cada uno de ellos, pero se van a manifestar de manera distinta en cada uno. Dios puede darle el don de profecía a tres personas. Pero una puede cantarla, otra puede darla en lenguas y la tercera en el idioma del lugar donde se encuentren. Y una cuarta, quizás sólo con su vida diaria.

Es la misma profecía, pero administrada de manera diferente. Así que no busques nunca hacer las cosas como otra persona. Actúa según la manera en que el Señor te ha formado. Y deja que Él se exprese naturalmente a través de ti. Algunos toman fuerza y adoptan una voz profética. ¡Así dice el Señor! Cuando saben que no es su verdadera voz, es inútil jugar un papel. A veces, el Señor te da solamente un versículo. Todo lo demás, corre por cuenta de tu trabajo, dedicación y esfuerzo.

No hay necesidad de hacerse el espiritual. El Espíritu Santo es tan natural, que se vuelve sobrenatural. Él actúa de modo diferente a través de cada uno, así que no busques imitar a nadie. Sé simplemente tú mismo en el Espíritu. Verso 7: Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. Yo lo sintetizaría así: para provecho común. Esto significa que es para beneficio de toda la iglesia. No hablo de congregación local, hablo de iglesia.

Algo es real: todo lo que Dios hace, es para provecho de todo su pueblo, de todo el que de manera genuina es de Él y no de un templo o una denominación que a veces vive o sobrevive sin Él. Sus manifestaciones y sus dones están destinados a bendecir a todos. Pablo continúa, luego, enumerando los nueve dones. Pero quedémonos un instante en esta idea de provecho. Todo don manifestado por el Espíritu Santo, no es para ti mismo, sino para la edificación de los demás.

¿Alguna vez has oído a alguien decir: “Soy el profeta Fulano de Tal”? Eso es orgullo. La Biblia dice que el don que has recibido no es para ti, sino para los demás. Si he recibido el don de la enseñanza, como parecería ser, de algo estoy más que seguro: no es para mí. Porque no voy a sentarme a enseñarme a mí mismo. Lo mismo con el don de sanidad. Si lo tienes, no es para ti. Porque no necesitas sanarte a ti mismo. Ese don es para alguien más que está enfermo.

Todo lo que el Espíritu manifiesta, es para beneficio de los demás. Algunos suponen que, porque un día dan una buena profecía, se están volviendo más espirituales. No. Si piensas así, necesitas ayuda. Estas en peligro, porque lo que recibiste, no era para ti, sino para los demás. Y es aquí donde aparece otro problema que hemos visto mucho. Las personas que, un día, reciben una manifestación del Espíritu Santo, tienen tendencia a creerse superiores a los demás a partir de eso.

Hermana, hermano, si el Señor en su enorme misericordia decide usarte, dale gracias y alábalo. Punto. Jesús dijo: no permitan que nadie los llame maestro o rabí. Él sabía lo que decía. Gracias a Dios los pocos que comenzaron a comunicarse conmigo llamándome maestro o pastor, al sugerirles que si me decían Néstor eso sonaría a música en mis oídos, entendieron y así lo hicieron. La adulación, en cualquiera de sus manifestaciones, seducción incluida, es peligrosísima. Pero si sabes quién eres y dónde estás, vences.

16.- No Podemos Andar por los Templos…

 …o las calles haciéndonos pasar por lo que no somos, porque en todo caso, si algo tenemos, es porque Él nos eligió a nosotros y no nosotros a Él. El hombre carnal ama los títulos, credenciales y posiciones. Todo eso es hojarasca en las dimensiones del Reino. Ya hay un Rey. Punto. Hijos, sólo si aceptan ser súbditos de ese Rey. Justos, santos. Todos somos santos. ¿De dónde viene todo esto? 

Lee tu Biblia, en todas partes de las escrituras encuentras a los santos. Envío esta carta a los santos de Éfeso, los santos de Galacia, los santos de Roma. Ojo: aquellos, no las estatuas que estás viendo en Roma hoy.  ¿Por qué todos esos eran santos? Porque el significado es el mismo. La palabra santo significa simplemente santificado, ser uno. Todos somos santificados por la sangre de Jesús. No te dejes llevar por aquellos que exaltan a las personas. Lo que tienes, es para los demás, así que debes darlo de gracia. De hecho, eso no significa que te dejes abusar mansamente por los delincuentes disfrazados de carenciados.  Discierne.

Esto nos lleva a otro principio importante. Si un don es dado para la edificación de todos, entonces cada uno aquí tiene algo qué aportar. Cada uno tiene algo para darme y yo, al mismo tiempo, algo para darle a él o ella. Al decir eso me vino a la mente la palabra talentos. A veces, los dones del Espíritu Santo operan en ti cuando todavía no has llegado. El Señor sabe que vas en camino y se adelanta para que cuando llegues ya tengas algo de experiencia. Lo sé por historia propia de vida. 

Hay gente, allí, del otro lado, que seguramente piensa que mis oraciones son importantes y llegan al trono de la gracia. Y tal vez sea así, pero no de manera distinta a lo que pueden ser tus oraciones. Quizás sólo te falte la fe para que así sea. Dios te ama tanto como me ama a mí, no somos diferentes. Y sus dones pueden actuar en ti como actúan en mí. Lo que debemos saber es cómo desarrollarlos. Como ponerlos en acción para tú y yo trabajar juntos, aunque no lleguemos a conocernos nunca personalmente ni formemos ninguna estructura con nombres rimbombantes. Alguien dijo que si quieres frenar algo que un par de personas vienen haciendo bien, forma una comisión. Algo exagerado, tal vez, pero no muy lejos de la verdad.

Versos 8-10 = Porque a este es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Ahora ya sabes. No te vanaglories. Todos estos dones operan en cada uno según el mismo Espíritu los distribuye según Su voluntad.

Las escrituras dicen: no te vanaglories. Si le impones las manos a alguien y es sanado, no te jactes. Tú no has sanado a nadie por ti mismo. La Biblia dice que es el mismo espíritu el que opera. Él es el que hizo el trabajo. No soy de esos que anda por la vida buscando sanar gente, pero tengo algunas experiencias que, les aseguro, nunca busqué, simplemente sucedieron. Una mañana salía de la emisora de radio donde tenía el programa y me encontré con un hermano de la que entonces era nuestra congregación.

Raúl era compañero mío en la escuela bíblica para adultos que compartíamos los domingos por la mañana. Lo saludé y me dijo que iba al médico porque no soportaba más el tremendo dolor de espalda que tenía. Yo también tenía prisa, así que sin siquiera pensarlo le puse mi mano en su espalda, allí, delante de no menos de doscientas personas caminando, y le ordené al dolor que lo dejara. Nos dimos un abrazo y cada uno siguió su camino. Por la noche iba a llamarlo por teléfono para ver cómo estaba y se me olvidó.

Recién lo vi el domingo siguiente. Le pregunté qué le había dicho el médico y me respondió que finalmente había decidido no asistir a consultarlo. Me dijo que el dolor se le pasó en el acto después de orar, así que cambio sus planes y se fue a hacer otras diligencias. Ni él pensó que yo era especial por haberlo sanado ni yo lo pensé como mérito mío. Los dos, ya en ese tiempo teníamos más que claro como funcionaban esas cosas. Si era del Espíritu sanar, se sanaba y punto.

La otra anécdota, fue con la misma zona del cuerpo, pero en José, el padre de un alumno de nuestra clase que venía por primera vez a la iglesia, (Era creyente pero no se estaba congregando) porque su hijo le había hablado bien de nuestras clases. Al final de la misma fui a saludarlo y, en la pequeña conversación, me dijo que estaba muy atacado de lumbalgia, que había venido haciendo un esfuerzo. Tuve la misma reacción que con Raúl y el mismo resultado. Se transformaron en sólidos alumnos de allí en más.

¿Hubo otras sanidades? No. Esas dos, nada más. Orar oré por muchas personas, pero el Espíritu Santo envió su fuego sanador sólo por esas dos. Pese a eso, sé que tengo el don, pero también sé que ese don tendrá resultados de victoria cuando al Rey de reyes le parezca oportuno sanar. Si por cualquier causa que yo no tengo por qué conocer, mi Padre determina no sanar a alguien, mi única respuesta a eso, lo entienda o no lo entienda, será amén y gloria a Dios.

Hay tres categorías de dones. Tres dones dicen algo, son los dones de palabra, de expresión. Tres dones hacen algo, son los dones de acción, dones de poder. Tres dones revelan algo, son los dones de revelación. Así Dios cubre todos los aspectos de las necesidades humanas. La primera fase se encuentra en el verso 10. Dones de expresión. Profecía, Diversos géneros de lenguas, Interpretación de lenguas. Estos hablan, estos se expresan.

Dones de acción. La fe, el don de fe, el hacer milagros, los dones de sanidades. Esto también significa que Dios distribuye distintos tipos de sanidad. Esto último, hay que decirlo, no solamente incluye dolencias físicas. Una sanidad puede ser necesaria en cualquier área de un ser humano. Física, de su alma o de su espíritu. Y no me refiero a profesionales de estas áreas, estoy hablando de Dios, que siempre es quien sana.

Algo es notorio y claro. Los dones de sanidades están en plural, porque Dios tiene varios tipos de sanidad para dar. También hay que entender que la sanidad actúa de dos maneras. El Señor deposita sobre mí un don de sanidad y yo pongo mis manos sobre un enfermo, pero este don no se queda en mí. Pasa a la persona enferma, porque es ella la que lo necesita, no yo. Por eso se habla de don de sanidad. No es el que ora quien se queda con el don.

De hecho, hay una gran diferencia entre los dones y los frutos. Luego tenemos los dones de revelación. En el verso 8 encontramos: palabra de sabiduría, palabra de ciencia, palabra de conocimiento y discernimiento de espíritus. Estos son dones de revelación. Podría decirse que estos dones están numerados por orden de importancia. Primero, los dones de revelación. Palabra de sabiduría y palabra de ciencia. Tienen que entenderse en este orden.

¿Por qué? Porque es más importante conocer los caminos de Dios que, simplemente, ver sus obras. La Biblia dice que Dios dio a conocer sus caminos a Moisés y sus obras a los hijos de Israel. Moisés conocía los caminos de Dios, pero el pueblo sólo veía sus obras. Abraham también conocía los caminos de Dios, mientras que el pueblo veía únicamente sus obras. Ahora, las sanidades que vemos, son las obras de Dios. Sólo duran un tiempo. Alguien puede ser sanado hoy y volver a lesionarse mañana.

Las obras de Dios son temporales en ese sentido. Lázaro, por ejemplo. Fue resucitado, pero más adelante murió de nuevo. La diferencia es que murió dos veces. Fue un milagro extraordinario, pero temporal. Por eso Jesús decía que no lo siguieran por lo que pudieran recibir, sino por lo que Él era. Los dones de revelación, son dones de relación. Consisten en caminar en armonía con Dios hasta el punto en que Él puede susurrarte sus pensamientos.

Por eso estos dones están enumerados primero. Dios te revela lo que quiere y luego te da los dones de poder para cumplir su plan. Estos dones de revelación te muestran lo que Dios piensa, lo que siente y lo que quiere hacer. Son dones de un nivel elevado, pero esto no hace que la persona que los manifiesta sea importante. Es el don en sí mismo lo importante. Luego vienen los dones de poder, estos son los dones que actúan.

La fe, los milagros y las sanidades. Se enumeran en segundo lugar porque, una vez que Dios te revela algo, también te da el poder para cumplirlo. Finalmente, en último lugar, vienen los dones de expresión. Las lenguas, su interpretación y las profecías. Hay denominaciones enteras que han puesto a las lenguas en primer lugar, hasta el punto de cometer la barbaridad de asegurarte que, si no hablas en lenguas, no eres salvo. He visto a gente espiritualmente destruida por esa teoría que ni siquiera me atrevo a llamar doctrina. 

17.- Es Un Privilegio el Poder…

 …ayudar a otros, pero no aplastarlos como si fueran cucarachas. Cada uno de nosotros debería querer edificar a los demás. Estos dones, en tanto, están allí para el bien de todos, y no para que algunos se vuelvan famosos o engreídos. Algunas personas no buscan la gloria, pero Dios las hace conocidas porque las usa. Otros, en cambio, quieren hacerse famosos por sí mismos. Y uno de los ejemplos más prácticos que tenemos, es el de Simón.

Él vio a Pedro y a los demás apóstoles imponer las manos a la gente y les dijo: denme ese poder y les pagaré millones. Él quería ser famoso. Pedro, por su parte, no hizo nada para ser conocido. Simplemente decía: este hombre fue sanado por Jesús, no por mí. Cuando la gente quería adorar a los discípulos, estos respondían: levántense, somos hombres como ustedes. Es Jesús, a quienes ustedes crucificaron quien sanó a este hombre. ¿Y por qué les cuesta tanto a tantos creerme cuando digo lo mismo?

Esa era la actitud que tenían. No se sentían diferentes que los demás. Así que, nunca se dejen impresionar por lo que Dios puede hacer a través de cualquiera de los ministros que conoces que más te agradan. Escúchame, léeme, aprende y enseña lo aprendido y vivido. Luego mira mis trabajos y di: Él no es mejor que yo. Néstor no es mejor que yo. Su voz y sus producciones pueden inundar las redes, pero Él es un hombre como yo, con las mismas luchas y victorias y derrotas que yo.

Hay algo que quiero aclarar. Los dones del Espíritu Santo, son diferentes a los frutos del Espíritu Santo. Pregunto: ¿Quién de ustedes ha tenido alguna vez en su casa un árbol de Navidad? Casi todo el mundo, lo sé. ¿Recuerdan las decoraciones que se le cuelgan a ese árbol? Quedan suspendidas como si fueran frutas. Originalmente, esto representaba simbólicamente, frutas. Es un ritual pagano que ha perdurado y se ha mezclado con la tradición cristiana.

No hay nada de malo en tener un árbol de esos en casa. Sobre todo, por la alegría de los niños. Lo importante es no adorarlo. Las decoraciones representan frutos, pero no crecen en el árbol. Sólo se cuelgan allí. Esos son dones. Y debajo del árbol, ¿Qué se pone? Regalos. Mientras que un verdadero árbol frutal produce su fruto naturalmente. No necesitas colgar una banana de un bananero ni una manzana de un manzano. El árbol produce sus propios frutos.

He allí la diferencia. Los dones del Espíritu son maravillosos, pero los frutos del Espíritu son más importantes. Porque los dones son dados, mientras que los frutos tienen que ser cultivados. Muchos cristianos se parecen a árboles de Navidad. No tienen frutos, pero quieren que Dios les cuelgue cosas. ¡Señor! ¡Dame más amor! ¡Señor! ¡Dame paciencia! ¡Señor! ¡Dame dominio propio! Y Dios les responde que no, que no puede darles lo que ya tienen.

Puedes pedirle un don a Dios, no hay problema, pero no puedes pedir un fruto. ¿Alguna vez has visto a un naranjo esforzarse para producir una naranja? No. El fruto sale naturalmente. Si eres salvo, el fruto del Espíritu está en ti. Gálatas 5:22-23 = Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Noten que el fruto está escrito en singular, no en plural.

Esto significa que todas estas cualidades forman un solo fruto. Si tienes a Jesús y al Espíritu Santo, ya tienes todo esto en ti. Todo esto, a veces cuesta un poco caro, pero créeme que vale la pena de ida y de vuelta. La verdadera presencia del Espíritu Santo en una vida es la potencia de tus frutos. Tu vida debe ser controlada por lo que es beneficioso. No debemos gimotear nunca cuando nos enfrentamos a desafíos. Nos ponemos de pie, miramos a los ojos al diablo y decimos: Hagas lo que hagas, soy más que vencedor.

Desde el momento mismo en que alguien oyó o leyó un texto en el que Dios decía “¡Mía es la venganza!, ese alguien creyó que, si una persona lo perjudicaba, Dios lo iba a achicharrar para respaldarlo. Otros, que leyeron sobre castigos divinos llegaron a convencerse, y para colmo enseñarles a otros, que, ante el menor error, ese Dios tremendo que tenemos iba a descender de su trono y te iba a dar garrotazos en la cabeza. Los menos, son los que leyeron sobre las disciplinas que Dios ejecuta y los motivos que tiene para ello. Tú eliges con lo que te quedas; mi deber es ayudarte a salir de ciertas ignorancias que, aunque antiguas, todavía operan en tu cerebro, en ese del que hablábamos recién.

18.- Quiero Creer que Todos Nosotros…

 …de una u otra manera, ya sea con el apoyo de teólogos, o sin más guía que la del Espíritu Santo, alguna vez hemos leído el famoso capítulo 11 de la carta a los Hebreos. Un capítulo completo que ha sido rotulado como el capítulo de la fe. Un texto que no por conocido deja de estar en cierto misterio y oscuridad en algunos de sus conceptos. Como lo es, por ejemplo, el de su primer verso, el que resume y sintetiza de alguna manera qué cosa es la fe. 

Certeza de lo que se espera, convicción de lo que no se ve, nos dice. Para los defensores del literalismo bíblico y la racionalidad para con sus textos, una verdadera fiesta. Certeza, es seguridad de algo que estás esperando y absoluta convicción de lo que todavía no estás viendo. Fe. Es imposible razonar eso. Abel, Enoc, Noé, Abraham, Isaac, Jacob, Sara, Esaú, José, Moisés, la ramera Rahab, Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y todos los profetas, desfilan por ese texto que deshila, contagia e inspira fe en todas sus letras.

Cada uno de ellos con su historia de fe, pero también de valentía, de batalla, de hechos. Sin embargo, a mí siempre me impactó y lo sigue haciendo, que entre esos hombres adalides de la fe, se encuentre Enoc. Fue el único humano que, se nos relata, no conoció la muerte, ya que Dios decidió traspasarlo de esta dimensión terrenal a la suya, la espiritual, sin pasar por degradación de su cuerpo. Porque mi primer pensamiento cuando leí esto, fue: ¿Y qué cosa tremenda hizo este hombre para merecer tamaño premio?

Nada. No hizo absolutamente nada que la Biblia relate como hecho crucial. Sólo tuvo alta fe y alta intimidad con Dios. Nada más. O nada menos. Algo no estamos entendiendo bien, me parece, ¿No es así? El caso es que, con todo esto en mente, me puse a leer una vez más el capítulo siguiente al 11. El 12 de Hebreos del que muy pocos hablan o predican. Porque en una primera lectura, les suena como a algo que es muy sabido y que no parecería necesario reiterar.

Sin embargo…la Palabra de Dios siempre tiene o tendrá algo para enseñarnos. Aunque tengamos doctorados o master en teología, siempre seremos ignorantes de lo que el Espíritu está revelando hoy y ahora. Porque si así no fuera, la Biblia diría que debemos andar en la carne y seguir la guía de la teología. Pero me temo que no dice eso, sino que andemos en el espíritu y sigamos la guía del Espíritu Santo. ¿Y quieres que te diga algo que quizás suene como loco o incoherente, pero que en realidad es así? Hay un caudal enorme de cristianos que rechazan esto último por considerarlo demasiado…místico. ¡Oh! 

Hebreos 12. Mira el primer verso. Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, No sé tú, pero yo puedo quedarme a vivir en este texto parcial con todo lo que su contenido encierra. Porque de entrada me dice teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, y en principio, a fueros de ser sincero, no sé de qué testigos me está hablando.

 Porque si el autor está refiriéndose a estos antiguos campeones de la fe del capítulo anterior, como entusiasmados espectadores desde el cielo para con nuestros devenires en Cristo, creo que estamos ante un misterio mucho más grande que la fe misma. Comencemos por aclarar que la palabra griega que se traducía como nube, indicaba necesariamente un grupo grande, y no sería incoherente interpretar que también debería incluir a todos los hombres y mujeres que, viviendo en el espíritu, cimentaron una fe sólida y sin mancha.

De todos modos, si nos detenemos un momento en lo que Pablo escribe a los Efesios en el capítulo 3 y versos 10 y 11 de su carta, vemos que expresa: para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor Y eso a mí me indica que también estamos bajo observación muy atenta de los ángeles.

 Pero que, al mismo tiempo, también el mundo secular no se pierde detalle de lo que es nuestra forma y calidad de fe, y cuanto tiene que ver eso con nuestra conducta diaria. Esos también podrían ser parte de esa grande nube de testigos, del mismo modo que, en un enorme estadio de fútbol, miles y miles de espectadores presencian un cotejo entre los equipos de su simpatía. Los peritos sociológicos han hecho miles de estudios relacionados con esto, pero jamás llegaron a una conclusión seria o creíble.

Esta interpretación, que dejaría ver a esos héroes de la fe del pasado siendo privilegiados espectadores de las inclemencias que cada uno de nosotros vive para ejercitar la fe, hoy, ha determinado que no pocos lleguen a suponer que la gente, en el cielo, luego de su muerte física, puede observar tranquilamente todo lo que sucede en la tierra. Es más que obvio que este pasaje podría llegar a sugerir algo así, pero también es notorio que no alcanza de ninguna manera para dar por probado que eso sea posible.

¿Por qué digo esto último? No es ninguna revelación ni novedad, es muy simple de entender. Si el cielo es ese lugar donde todos los creyentes pensamos que se está siempre feliz y sin preocupaciones de ninguna clase, hay que pensar que es muy difícil que algunas personas pudieran ser felices en ese cielo si pasan su tiempo observando las crisis y tribulaciones que nosotros experimentamos en la tierra. Porque cuando digo nosotros, obviamente me estoy refiriendo a los familiares que dejaron aquí abajo en sus partidas.

 Otros eruditos consideran que estos testigos de los que aquí se habla, no son testigos respecto a cómo nos conducimos en nuestras vidas de fe, sino que son testigos, pero a modo de testimonio. Ese testimonio debería recalar hondo en cada uno de nosotros y darnos la inspiración, la instrucción y la hoja de ruta para una vida de fe auténtica y perseverancia en ella. Lo que intento decir es que tienen un espíritu de mártires, que es la antigua palabra griega que se traducía como testigos.

Y, tanto los griegos como los latinos, a menudo usan el término nube para expresar un gran número de personas o cosas. Yo respeto todas y cada una de estas opiniones de los más afamados teólogos, pero tengo certeza interna que todo está muy por encima de lo que imaginamos. Sólo un detalle: esa palabra traducida como nube, es la misma que luego veremos cuando se nos dice que el Señor retornará en una nube… Luego dice Despojémonos de todo peso y del pecado.

 Creo que no invento nada si te digo que cualquier forma de pecado será un duro obstáculo para que avancemos, eso creo que a nadie se le escapa. Sin embargo, existen otras cosas que no son precisamente pecado, y que aquí se las describe como todo peso, sino simples estorbos que pueden impedir que sigamos compitiendo con potencia en la carrera que Dios tiene para nosotros. Porque nuestras decisiones no siempre son entre lo que es correcto o incorrecto, sino más bien entre lo que puede estorbarnos o no.

 De allí que cabe la pregunta que debo dejarte para tu reflexión: ¿Existe hoy algún peso en tu vida del cual necesites despojarte? Si solucionas eso, puedes pasar a lo que sigue. Porque dice que es por el pecado que nos asedia. Y fíjate que la palabra asedia, es la traducción de una palabra griega antigua muy difícil de pronunciar: eupeirstaton, que puede ser traducida nada menos que de cuatro maneras diferentes. Fácil de Evitar, Admirado, Asediar o Peligroso. 

19.- El Consejo, Entonces, es Que…

 …nos despojemos de todos estos vericuetos de un mismo color, el pecado. De hecho, algunos pecados podrían ser fácilmente evitados, pero no lo son. Otros, son admirados, pero en realidad deberían ser evadidos. Algunos pecados es verdad que nos asedian, y son especialmente dañinos en todo. Y, finalmente, hay pecados que son mucho más peligrosos que otros. Conclusión: Si estos pecados que nos asedian fueran el resultado de una posesión demoníaca, ¿No sería este el mejor momento para que el Espíritu Santo tratara el tema? 

De todos modos, y esto no es algo menor, nunca se nos da una razón contundente por la cual podamos culpar a los demonios de nuestro pecado. El llamado, en todo caso, es simplemente para que, en el poder del Espíritu Santo, nos despojemos de todo peso y del pecado que nos asedia. Así de claro, simple y preciso. No es un curso de demonología, es un llamado a cuidarse de nuestra carnalidad. Como si alguien se asomara entre las nubes y te dijera: ¡Después no salgas a decir que nadie te avisó!

Y, por último, en ese primer renglón tan fructífero, se nos dice que corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante. Y esto no es un simple palabrerío para llenar un hueco literario, esto es clave. Porque si algo necesitamos para terminar victoriosamente lo que hemos comenzado en Cristo Jesús, ese algo es justamente, paciencia. A ver, que nos quede bien claro para conocer una faceta más de nuestro amado Pablo.

 Él está con nosotros justo en el punto de partida de esta carrera que nosotros somos los que debemos correr. Sin embargo, con su tremendo corazón a cielo abierto, fíjate que no te dice que corras tu carrera con paciencia, sino que dice corramos. Eso habla no sólo de apoyo y respaldo, sino de empatía espiritual, algo que hoy es tremendamente difícil de encontrar. Sabemos que, con distintos matices, Dios ha puesto ante cada uno de nosotros una carrera que inexorablemente debemos correr.

Eso va a requerir no solamente esfuerzo, sino también compromiso. Ser pasivo jamás te hará ganador de nada. Dios quiere que compitas con lo mejor que tengas y que llegues a la meta si es posible, como más que vencedor. Te lo dije antes y ahora voy a confirmártelo. La paciencia es necesaria para correr esa carrera. Paciencia traduce la palabra del griego antiguo hupomone, Este término no habla de esa paciencia que se sienta y acepta las cosas, sino de la que, con serenidad y certeza, domina las cosas.

 Es una determinación, que no te empuja a apresurarte en algo, sino no retrasarte y avanzar firmemente, negándote a ser desviado. De hecho, en ese capítulo 20 del libro de Hechos, Pablo se ve a sí mismo como a un corredor que tiene una carrera por terminar. Y no sólo eso, sino que es evidente que nada ni nadie podría impedir que él la termine con gozo. Pablo habla de mi carrera, lo que nos lleva a entender que mientras él tenía su propia carrera por disputar, nosotros tenemos la nuestra.

Verso 2 = puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Esto me dice a mí y te dice a ti que nos es posible correr esa carrera y tener éxito, siempre y cuando nuestros ojos estén puestos en Jesús y no en otras cosas tentadoras que el mundo secular nos ofrece. (3)  Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.

Esto te enseña que aun en las peores dificultades, considerando a Jesús, puedes ser animado en lugar de caer en desánimo, sabiendo que estamos siguiendo sus pasos. Así lo definió Pablo en Romanos 8:17 cuando dice: Si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. ¿Alguna vez te detuviste a pensar en el grado y nivel de hostilidad que recibió Jesús por parte de los pecadores? Cuando iba a la sinagoga, como judío que era, ¡Había gente que quería matarlo!

De hecho, los líderes de allí siempre intentaron atraparlo y avergonzarlo. Además, mintieron acerca de Él, diciendo que era un borracho y un glotón. Por si esto fuera poco, fue traicionado por uno de sus propios discípulos. Muchos se burlaron de Él y, cuando pudieron, lo golpearon. Y para completar su panorama de Hijo de Dios en la tierra, su propia gente, esa a la que Él había sanado, liberado y hasta dado de comer, en el momento de la opción, decidió quedarse con un delincuente y gritó a Pilatos que lo crucificara. Cuando lleguemos a los textos finales de este trabajo, tendrás pruebas más que sobradas de que todo esto hoy no sólo se está repitiendo, sino aumentando más y más cada día.

Dijo alguna vez Charles Spurgeon: “Si en la escuela dominical una clase parece ingobernable; si no se puede enseñar a los niños; si las niñas parecen tan alegres; si en la pequeña estación del pueblo los oyentes parecen tan aburridos, tan distraídos, tan descuidados y tan olvidadizos; si en cualquier otra esfera del trabajo no pareces ser apreciado, pero rechazado, no importa. Estas no son nada comparadas con las contradicciones que el Salvador soportó y, sin embargo, nunca se desvió y, por lo tanto, no te desvíes” 

 Creo que ninguno de nosotros, personas bien intencionadas y con deseos de ser útiles para el Reino y trabajar en las cosas del Señor, ha logrado percibir y entender la calidad del ministerio que Jesús tuvo en esta tierra. Siempre nos referimos a él como el ideal en lo impactante, pero sin tener en cuenta todo esto que te detallo. (4) Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado; (5) y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él; (6) Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo.

 Un gran motivo para el desánimo entre estos judíos ya cristianos era que ellos no entendían o no veían la razón por la cual Dios estaba permitiendo que se les presentaran tiempos difíciles. Tal como sigue sucediendo hoy mismo en cualquiera de los ambientes cristianos, parecían haber olvidado los principios acerca de la disciplina del Señor. Lo sabemos, porque seguramente alguien nos lo predicó o enseñó alguna vez, pero igualmente somos muy duros para aceptarlo porque, aun en contra de lo aquí escrito, seguimos teniendo en nuestras mentes esa imagen de un Dios frágil, permisivo y hasta tonto al cual se lo puede burlar fácilmente.

Muchas de las dificultades en la vida cristiana pueden remontarse a estas tres palabras: habéis ya olvidado. Tal vez sea un principio que recordamos en la mente, pero que hemos olvidado en el corazón, y debemos recordarlo nuevamente. En tiempos de prueba o estrés, muchos cristianos olvidan algunos conceptos básicos. Se preguntan si Dios todavía tiene el control o si todavía los ama. Debemos admitir que Dios sí permite todo lo que sucede; así que Él debe al menos aprobarlo pasivamente, porque definitivamente tiene el poder de detener las cosas malas que suceden.

 Por supuesto, Dios nunca puede ser el autor de la maldad. Pero sí permite que otros elijan el mal, y puede usar esa mala decisión que otro hace para lograr sus buenos propósitos, aunque solo sea para demostrar Su justicia y rectitud en contraste con el mal. Lo confirma Salomón cuando en su proverbio 3:11-12 expresa: No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, Ni te fatigues de su corrección; Porque Jehová al que ama castiga, Como el padre al hijo a quien quiere.

 Esto nos dice que la disciplina de Dios nunca debe tomarse como una señal de rechazo, sino como una que nos trata como sus hijos. Sólo un cristiano demasiado orgulloso (Que los hay) afirmaría que nunca tiene necesidad de la disciplina de Dios. Oye; nadie está por encima de este tipo de entrenamiento.  Cuando viene la disciplina, es una ofensa para Dios cuando la despreciamos. La disciplina es su amorosa herramienta de corrección y debemos recibirla con gratitud.

 Este es el entrenamiento que necesitamos para correr la carrera que debemos correr con paciencia A menudo hemos escuchado a un padre decir: “Hijo, si lloras por eso, tendrás algo por lo que llorar pronto”. Entonces, es absolutamente lícito que, si murmuramos por poco, Dios nos dará algo que nos hará llorar. Si gemimos por nada, Él nos dará algo que nos hará gemir. La disciplina no debe ser tomada como la única razón por la que Dios permite tiempos difíciles, pero si es una razón importante. 

20.- Por Ejemplo, Sabemos que Dios…

 …permite tiempos difíciles para que podamos, más adelante, ser de apoyo para alguien más, así como Dios nos confortó a nosotros en momentos de crisis. 2 Corintios 1:3-7 lo respalda: Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.

Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación. Pero si somos atribulados, es para vuestra consolación y salvación; o si somos consolados, es para vuestra consolación y salvación, la cual se opera en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros también padecemos. Y nuestra esperanza respecto de vosotros es firme, pues sabemos que así como sois compañeros en las aflicciones, también lo sois en la consolación.

 Es por eso que Santiago nos recomienda que hagamos una oración por sabiduría en el contexto de soportar las pruebas. Necesitamos saber cómo reaccionar de diferentes formas cuando Dios hace diferentes cosas. Así lo dice Santiago 1:2-5 : Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.

Atención con esto: no siempre que tenemos problemas será como parte de una disciplina divina. Es muy probable que en algunos casos puntuales sea parte de un ataque satánico, así como que, en otros momentos, se deba a imperfecciones o errores de nuestra carnalidad. Versos 7- 10 = Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.

Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Y aquellos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero este para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. Deberíamos ser más sumisos y respetuosos con la corrección de nuestro Padre celestial que con la corrección de nuestro padre terrenal.

Por lo tanto, nunca debemos despreciar a Dios por su disciplina, aunque sea desagradable por un momento. Cuando nos resentimos, nos consideramos virtualmente iguales a Dios en vez de vernos como Sus hijos. Puede ser humillante y causar amargura ser disciplinado por un igual, pero no es igual ser disciplinado por alguien que es legítimamente nuestro superior. El resentimiento contra la disciplina muestra cómo vemos a Dios y cómo nos vemos a nosotros.

Los padres humanos, incluso con la mejor intención, sólo pueden disciplinar imperfectamente porque carecen de un conocimiento perfecto. El Dios que todo lo sabe puede disciplinarnos perfectamente, con resultados mejores y más duraderos que los que pueda lograr incluso el mejor padre terrenal. La fe ve que en su peor dolor no hay nada penal; no hay ni una gota de la ira de Dios en él; todo es enviado con amor. Verso 11 = Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.

Las pruebas son pruebas y la disciplina es disciplina. Si no nos duele o nos pesan, entonces no sirven su propósito. A menudo queremos pruebas que no son pruebas y disciplina que no es disciplina. La tierra no parece moverse ni parece ser redonda; el sol parece ser más grande al atardecer, y así sucesivamente. Ahora bien, si hasta en las cosas naturales lo que parece ser no es la verdad, y la apariencia es muy a menudo falsa, podemos estar seguros de que, aunque la aflicción parece ser una cosa, en realidad no es lo que parecer ser.  

Si la aflicción pareciera ser gozosa, ¿Sería disciplina en absoluto? Te pregunto, ¿No sería ridículo si un padre disciplinara a un niño y el niño bajara las escaleras riendo y sonriendo y regocijándose por la disciplina? ¿Jubiloso? En lugar de ser útil en absoluto, ¿no sería completamente inútil?  ¿Qué bien podría haber hecho un castigo si no se hubiera sentido? ¡Seguramente ningún beneficio!) Luego habla del fruto apacible de justicia: Este fruto debe ser evidente en la vida del cristiano.

 La razón por la que muchos viven una vida de crisis tras crisis es porque se ciegan a la disciplina de Dios o porque la resisten. No han sido ejercitados, por lo que el fruto apacible de justicia no es evidente. Ejercitados, en el idioma griego antiguo es una palabra del mundo del atletismo. Así como el atleta es ejercitado por algo de agonía, también lo somos nosotros como “atletas espirituales” de Dios. Dios tiene un propósito para ejercitarte a ti.

Piensa en David después de haber sido atacado por un león cuando solo era un joven que apacentaba ovejas. Él se pudo haber desesperado y preguntado: “¿Por qué permitió Dios que me sucediera algo tan terrible? ¡Apenas escapé! Pero si tan solo David pudiera ver más adelante, vería que Dios tenía un gigante llamado Goliat al que estaba destinado a enfrentarse y que la batalla con el león lo preparó con anticipación. Dios siempre tiene un propósito. Podemos confiar en Él.

 La corrección de Dios es inteligente, pero debemos mirar más allá del proceso hacia el resultado. El resultado no llega inmediatamente, sino después. Muchos creyentes son afligidos porque no sienten de inmediato que se han beneficiado de sus aflicciones. Bueno, no esperes ver manzanas o ciruelas en un árbol que has plantado hace una semana. Solo los niños pequeños ponen sus semillas en el jardín de flores y esperan verlas crecer y convertirse en plantas en una hora.

 Notamos que, en esta sección sobre la disciplina, el autor no mencionó a Jesús como ejemplo. Esto es porque Jesús nunca tuvo que ser disciplinado por su Padre. Jesús sufrió, pero no porque fue disciplinado. Versos 12-13 = Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado. Casi como un entrenador o un oficial militar, el autor les dice a sus compañeros seguidores de Jesús que se animen y se mantengan activos.

Les había dado muchas razones para ser fortalecidos en el Señor y deshacerse del desánimo, había llegado el tiempo de hacerlo. Las imágenes aquí (Manos y rodillas levantadas, pies “hacia adelante”) hablan de la disposición para trabajar y moverse por Jesús y su reino. Esta disposición es la primera en irse cuando uno se rinde ante el desánimo. Llevo treinta años desandando este ministerio, de los cuales los últimos veinticinco han sido los que hemos podido compartir a través de las distintas expresiones de las redes que hemos ido incorporando.

 ¿Y sabes qué? Si una mañana, (¡Una mañana, tan solo!) me levantara sin deseos de sentarme frente al monitor a escribir, a estudiar, a grabar o sencillamente a meditar sobre lo que ha sido o lo que vaya a ser, ese día marcaría el final de toda esta historia. Trabajar para el Reino no puede ser una carga, tiene que ser un privilegio. Si me encuentro con un ministro que se queja amargamente de todo lo negativo que le produce el administrar todo eso, lo primero que le preguntaré es si está seguro de haber sido llamado a hacer eso.

Versos 14-17 = Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que, brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados; no sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura. Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas. Esto significa que arreglarse tanto con los hombres no siempre funciona. Por eso dice: seguid la paz con todos.

Como con Dios (Y la santidad). El desánimo nos hace descuidados y despreocupados por la santidad y las relaciones personales. En cuanto a la santidad, se nos dice que sin la cual nadie verá al Señor. La falta de santidad es un obstáculo crítico para una relación íntima con Dios. Los cristianos impíos son la plaga de la iglesia. Son verdaderas manchas que lamentablemente salpican a los genuinos. Como piedras escondidas, son el terror de los navegantes.

Es difícil mantenerse alejado de ellos: y no se sabe qué accidentes pueden causar. Al mismo tiempo, Esta santidad es cosa de crecimiento. Puede estar en el alma como un grano de mostaza, no desarrollado; puede estar en el corazón como un deseo, en lugar de algo que se haya realizado plenamente, un gemido, un jadeo, un anhelo, un esfuerzo. Fueron descriptos cuatro tipos de personas que tratan de vivir sin santidad. Y quiero presentártelos para que no ignores su procedencia.

El fariseo: Confiado en ceremonias externas en vez de verdadera santidad. El moralista: No siente necesidad de santidad porque su vida es muy buena. El experimentador: Toda su vida cristiana se vive hacia adentro, nunca mirando hacia la conducta externa, sino solo hacia los sentimientos. El opinólogo: Su vida cristiana se trata de creer en las doctrinas correctas y no se preocupa por la forma en que la vive. Debemos vivir correctamente con respecto a la gracia de Dios.

Esto significa buscar diligentemente el cuidarnos tanto a nosotros mismos como a los demás de regresar al legalismo, ya sea en una forma externa o en una actitud interna que nos impida alcanzar la gracia de Dios, que, brotando alguna raíz de amargura, nos estorbe. Una raíz de amargura es una raíz que da fruto amargo… Así que es posible que una semilla de amargura sea sembrada en una comunidad y, aunque no haya fruto inmediato aparente, con el tiempo aparece. 

21.- La Amargura Corrompe a Muchos…

 …arraigada en un sentido de dolor personal, y muchos se aferran a esa amargura con una increíble terquedad. Lo que deben hacer es recordar la gracia que Dios les extendió y empezar a extender esa gracia a otros: amando a los que no lo merecen. Alguien alguna vez escribió que la frase deje de alcanzar la gracia de Dios también puede traducirse como quedarse atrás de la gracia de Dios.

La idea es que la gracia de Dios sigue adelante, más allá del dolor y el sufrir del pasado. Nosotros también debemos seguir adelante. En cuanto a la palabra profano: Proviene de las palabras latinas pro-fanum. Fuera de cada templo (‘Fanum) había un área de tierra abierta a todos, donde la gente se reunía, un lugar abierto sin cercos. En contraste con esto estaba el recinto sagrado del templo. Esaú no tuvo un recinto sagrado en su vida, y en este sentido era un hombre puramente secular.

Como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura: Muchos cristianos hoy en día venden su derecho a la intimidad con Dios tan barata como Esaú vendió su primogenitura. Ustedes recuerdan la historia. La pueden leer en Génesis 25 y 27. Y no hubo oportunidad para el arrepentimiento: No es cuestión de perdón. El perdón de Dios siempre existe para el arrepentido. Esaú pudo haber regresado a Dios. Pero no pudo deshacer su acción.

Luego cuando Esaú buscó la bendición, fue desechado por su padre Isaac. La primogenitura de Esaú no fue restaurada solo porque deseó recuperarla. Nunca podría ser recuperada porque la menospreció. Versos 18-21 = Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad, al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más, porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo; y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando; 

Esto que dice aquí en el principio, ya fue explicado en el libro del Éxodo, capítulo 19 y verso 10, que te muestra cómo fue cuando Israel llegó al monte Sinaí. La montaña estaba cercada; no se podía pasar bajo pena de muerte. Se les ordenaba lavar sus ropas y abstenerse de tener relaciones sexuales. Hubo truenos, relámpagos y una densa nube. Hubo un sonido de trompeta, que llamaba a la nación a encontrarse con Dios. Había más humo, como un horno, y terremotos.

 Entonces la trompeta hacía un sonido prolongado hasta que Moisés habló y Dios mismo respondió. Dios habló a Israel desde Sinaí, pero les advertía de todas las formas posibles que se mantuvieran lejos. La reacción de Israel fue comprensible; ellos estaban aterrorizados. Ellos querían que la experiencia terminara, no que continuara. Aun Moisés estaba asustado: Moisés dijo: Estoy espantado y temblando. Todo este temor no logró promover la santidad entre el pueblo de Israel.

No logró cambiar el corazón de Israel. 40 días después, adoraron a un becerro de oro diciendo que había sido él quien los sacó de Egipto. Versos 22-24 = sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.

 Estamos en un lugar diferente. Nuestra relación con Dios no se basa en la experiencia de Israel en el monte Sinaí. Nosotros llegamos al otro monte de Dios: Sion, el nombre de la colina donde se encuentra Jerusalén. La ley llegó al Sinaí; la cruz estaba en Sion. No había ciudad en el monte Sinaí; estaba en el desierto. Sinaí está asociada con Egipto; Sion se asocia con lo celestial. Varios ángeles entregaron la ley a Moisés en el monte Sinaí; pero el monte de Sion tiene la compañía de muchos millares de ángeles.

Lo que Dios dio en el monte Sinaí fue principalmente para Israel; lo que Dios dio en el monte de Sion es para todos y cubre a todos los redimidos. El monte de Sion no elimina a Dios como el Juez de todos, para nada. Más bien, la obra que hizo Jesús en el monte Sion satisface la justicia de Dios, resultando en los espíritus de los justos hechos perfectos. El monte Sinaí se trataba de un antiguo pacto basado en ganar y merecer. El monte de Sion se basa en un nuevo pacto con Jesús el Mediador basado en creer y recibir.

 La sangre… de Abel no se refiere a la sangre que derramó cuando fue martirizado. Más bien habla de la sangre del sacrificio que hizo, el primer sacrificio del hombre para Dios registrado en la Biblia. La sangre de Jesús habla mejor que la sangre de los sacrificios animales, la sangre de Abel. Sin embargo, es cierto que la sangre de Jesús el Mesías habla mejor que la sangre de Abel el mártir. La sangre de Abel proclamó: la justicia debe ser satisfecha, trae venganza. La sangre de Jesús proclamó: la justicia ha sido satisfecha, trae misericordia.

 La lección es clara. No deberíamos venir al monte Sion como si fuéramos al monte Sinaí. Así que ya no dudes, anímate y se valiente al acercarte a Dios. Considera los contrastes entre el monte Sinaí y el monte de Sion. El monte Sinaí fue marcado por el miedo y el terror. El monte de Sion es un lugar de amor y perdón. El monte Sinaí está en el desierto. El monte de Sion es la ciudad del Dios viviente. El monte Sinaí habló de cosas terrenales. El monte de Sion habla de cosas celestiales.

En el monte Sinaí, sólo a Moisés le era permitido acercarse a Dios. En el monte de Sion, una compañía de muchos millares, una congregación, es invitada a acercarse. El monte Sinaí fue caracterizado por hombres culpables con miedo. El monte de Sion cuenta con justos hechos perfectos. En el monte Sinaí, Moisés era el mediador. En el monte de Sion, Jesús es el mediador. El monte Sinaí trajo el Antiguo Pacto, el cual era ratificado con sangre de animales.

El monte de Sion trae un Nuevo Pacto, el cual es ratificado con la sangre del precioso Hijo de Dios. En el monte Sinaí se trataba de exclusión, manteniendo a la gente alejada de la montaña. En el monte de Sion se trata de invitación. En el monte Sinaí todo es sobre la ley. En el monte de Sion todo es sobre la gracia. Por supuesto, la idea de la superioridad del Nuevo Pacto se repite. Muestra que estos cristianos judíos ni siquiera deberían considerar regresar y preferir la religión del monte Sinaí sobre la relación del monte de Sion.

Versos 25-26 = Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos. La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo. 

22.- Como fue Descripto en los Versículos…

 …anteriores, Dios tiene ante nosotros la bondad y la gloria del monte de Sion: la obra perfecta y completa de Jesús y el Nuevo Pacto a través de Él. Si rechazamos esto de Dios, no podemos ignorar las consecuencias. Hubo consecuencias por rebelarse en el monte Sinaí. Hay y debería haber consecuencias aún mayores por resistir la obra superior de Dios en Sion. Dios conmovió la tierra con su voz en el monte Sinaí. El Nuevo Pacto conmueve aún.

Es fácil, y peligroso, pensar que Dios era un Dios malo y severo en el Antiguo Testamento y de alguna manera se hizo bueno en el Nuevo Testamento. Esto es muy engañoso, porque hay más misericordia en el Antiguo Testamento de lo que muchos imaginan. Al igual, hay más juicio en el Nuevo Testamento de lo que muchos imaginan. Cuando todo es conmovido, la pregunta será: ¿Dónde estás parado? ¿Estás sobre algo seguro? ¿Estás protegido?

Verso 27 = Y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles. Dios promete conmover las cosas nuevamente para quitar (Eso sería la remoción) la dependencia en lo material, como en las cosas materiales, el materialismo. Lo que intento decirte es que Dios conmueve las cosas para probarlas, y luego para remover las que no pueden soportar la prueba.

 La gran pregunta que muchos al conocer esto se han formulado, es: ¿Con nosotros estaría haciendo lo mismo? No hay una respuesta contundente, sólo Él lo sabe. Pero si nos detenemos a leer lo que hemos visto respecto a la disciplina de los hijos amados, yo arriesgaría pensamiento a decirte que sí, que en los casos que Él lo estime como necesario, si es para salvar la vida espiritual de uno de sus hijos o sencillamente entrenarlo para algo fuerte y grande que deba hacer para extensión del Reino.

 ¿Ves a eso como algo cruel o desconsiderado? Yo no. Es como cuando la mamá águila empuja a sus pequeños polluelos para que se caigan del nido. La primera vez los aguanta con su cuerpo, y la segunda y la tercera. Para la cuarta, ya probaron sus alas y se dieron cuenta que son capaces de volar solos. ¿Se entiende lo que digo? Versos 28-29 = Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor.

 El Reino inconmovible. ¿Podemos con nuestras mentes finitas y llenas de programaciones griegas por intelecto, llegar a imaginarnos lo que significa ser parte de un Reino al que nada de este mundo ni de ningún otro puede conmoverlo? Eso, nada menos, es lo que se nos dice que hemos recibido. Cuidado: no te dice que vas a recibirlo un día de estos, si te comportas bien y diezmas y ofrendas, no. Dice que ya lo has recibido, aunque en tu bolsillo derecho llevas un veterinario para que te cuide al cocodrilo que tienes en el izquierdo.

O sea que en contraste con la inestabilidad del mundo que nos rodea, el Reino de Jesús es inconmovible, y lo estamos recibiendo. Tengo una buena noticia: Esta es nuestra estabilidad en un mundo tan inestable. Aún no tenemos este Reino por completo; Sin embargo, lo estamos recibiendo. Dicho en términos gramaticales: Estamos recibiendo constante y perpetuamente (original griego) un Reino que es incapaz de ser movible. Más adelante seré mucho más claro, preciso y conciso con lo del Reino. En el final no te quedarán dudas, ese es el objetivo.

Muy bien: ¿Y cuáles se supone que son las maneras en las que ya hemos recibido el Reino? Lo hemos recibido como promesa; una promesa de un hombre de confianza es igual de segura como tener la cosa en sí. Lo tenemos como principio y vemos los principios del Reino de Dios obrando en el mundo. Lo hemos recibido en poder, y vemos el poder milagroso y transformador de Dios obrando en el mundo de hoy. Hemos recibido parte de la provisión y protección del Reino, porque nuestro Rey nos provee y protege.

Lo hemos recibido en comunidad, porque cuando nos reunimos con hermanos en un mismo sentir, somos una comunidad del Reino. El Reino nunca será movible. Así que debemos aprovechar la aprobación inmerecida de Dios en Jesús, ayudándonos a servir a Dios agradándole con temor y reverencia. Alguien lo ilustró con estas palabras: ¡Gloria a Dios, nuestro Reino es inconmovible! Ni siquiera la dinamita puede tocar nuestro dominio: ningún poder del mundo, y ningún poder en el infierno, puede sacudir el Reino que el Señor ha dado a sus santos.

Con Jesús como nuestro monarca no tememos ninguna revolución ni anarquía: pues el Señor ha establecido este reino sobre una roca, y no puede ser movido ni removido. Sirvamos a Dios agradándole: Estas palabras describen cómo se puede hacer esto. Nuestro servicio agradable comienza con nuestro ser receptores. Nuestro servicio agradable es ofrecido por la obra de la gracia de Dios en nosotros. Nuestro servicio agradable está marcado por la reverencia.

Nuestro servicio agradable está marcado por un sentido profundo de santidad divina. Porque nuestro Dios es fuego consumidor. Muchos sostienen erróneamente la idea que “demasiada” gracia nos da permiso y provoca falta de respeto hacia Dios. En realidad, la gracia nos da temor y reverencia. Tal vez aquellos que piensan que la gracia les da permiso para pecar en realidad no viven en gracia. Puesto que Dios es de hecho un fuego consumidor, lo mejor es que nos acerquemos a Él en sus términos. Estos son los términos de la aprobación inmerecida en Jesús.

Él consumirá todo lo que esté fuera de este ámbito. Elías sabía que Dios era fuego consumidor; Consumió el sacrifico en el altar del monte Carmelo. Salomón sabía que Dios era fuego consumidor; Consumió el sacrificio en el altar en la dedicación del templo. El hecho de que Dios es fuego consumidor es un consuelo para el creyente. Se dan cuenta de que el Padre derramó Su fuego consumidor de juicio sobre el Hijo en nuestro lugar. Cuando lo hizo, consumió por completo la culpa del pecado en todos los que creen. La pena del pecado fue consumida en Jesús en la cruz.

Ya lo tienes. Ahora ya lo sabes y has dejado para siempre tu ignorancia respecto a esto, tal como me tocó dejarla a mí hace un tiempo atrás. Y porque tengo más edad que tú, mi ignorancia era más antigua que la tuya. Dios es fuego consumidor y, por causa de su esencia, no dudará en tomar venganza cuando la situación así lo amerite, de propinar duro castigo cuando alguna otra incidencia así lo demande y, casi como metodología de buena crianza, establecer rígidas disciplinas sobre cada uno de nosotros, cuando Él estime que las necesitamos para darle toda la gloria y la honra que se merece. ¿Necesitas más? ¿Tu ego lo soporta? 

23.- Hace Más de Veinte Años…

 …que vengo hablando del Reino. Y todavía hay mucha, pero muchísima gente de la que me escucha o lee, que no ha entendido lo que es el Reino y lo que significa. Yo podría hacer la más fácil y decir que eso es culpa de toda esa gente, por no escudriñar y decidir seguir siendo ignorante, pero la verdad es otra. Somos una generación nacida en un sistema de gobierno llamado Democracia. Con todos los claros y oscuros que cada democracia tiene en cada país, pero democracia al fin. Lo poco que conocemos sobre reinos, tiene que ver con los pocos que todavía existen, aunque sólo figurativamente.

Porque sus reyes son reyes, pero no gobiernan. Generalmente en estos países que te menciono, hay democracias que operan bajo el sistema de legislaturas. Con Primeros ministros que son los que gobiernan, y con los reyes que sólo están para consultas protocolares e ir a fiestas y celebraciones. Nuestro Reino no es eso, y cuando te de las pautas que lo sostienen, por momentos se te van a caer las medias del impacto. Y algunas cosas no te van a gustar, como no me gustaron a mí al principio, cuando conocí esta verdad. Pero es mi deber transferirte lo que he aprendido, aceptado, creído y puesto por obra. Es mi oración que al final de todo esto, al menos, tú vayas y hagas lo mismo.

Escucha. Jamás le hablo a mis receptores de manera tan directa. Lo hago, pero siempre con cierta moderación, en parte por el respeto que cada uno se merece y también por mantener ciertas formas de comunicación. Pero hoy, aquí y ahora, tengo mandato y dirección de hacerlo de modo más directo, frontal y hasta duro, si cabe. Pero es para decirte, en primera instancia, que no me sorprende que justamente hoy y justamente tú, estés allí dispuesto o dispuesta a leerme, aunque la onda venga extensa. Con una paz y una expectativa distinta a las de otras veces. 

¿Sabes por qué no me sorprende? Porque lo que estoy a punto de enseñarte, según lo estoy viendo yo en lo personal y sin ninguna obligación de que nadie más lo vea así, es el mensaje más importante que existe sobre la tierra. Pero cuidado con algo que no siempre se enseña o se dice, que también es el más peligroso. ¿Por qué? Porque es el único mensaje al que Satanás le teme y le teme de verdad. Cuando él oye que alguien lo enseña, se hace presente en persona para procurar borrarlo de la mente de quien lo reciba. Toma toda tu autoridad en Cristo, ahora, y no se lo permitas. Tu oración tiene poder.

Pero, claro, a todo esto, supongo que deberemos probarlo.  Así que acompáñame con tu biblia abierta a Mateo capítulo 13. Quiero explicar por qué esto está pasando ahora. En este capítulo, Jesús cuenta una historia, acerca de un agricultor, un sembrador. Mucha gente ha predicado sobre esta historia. Y lamentablemente debo decirte que, en muchos casos, lo que han predicado no ha sido verdad. No, al menos, la verdad completa. ¿Cómo se supone que yo sé esto? Porque yo mismo decía las mismas cosas que esos que te estoy mencionando, decían. Era lo que había aprendido. No los censuro, pero yo busqué verdades y las encontré, así que para evitar errores, yo quiero que tú leas lo que Jesús realmente dijo de esta historia.

Él cuenta la historia de un sembrador que sembraba semillas. Y todos ustedes conocen de esta historia. Así que ni siquiera la voy a transcribir. De todos modos, lo que sí quiero es que leas una parte de lo que acaba de suceder aquí. Son muchos los que han usado de esta parábola, resaltando la importancia del perdón. Y no son pocos los que usan este pasaje para incentivar una mayor ofrenda. Porque dicen que, si siembras dinero, cosecharás dinero. Prosperidad le llaman. ¡Y eso no es verdad! ¡Eso no es lo que Jesús dijo aquí! ¿De qué trata, entonces, esta parábola? Hay muchas parábolas que Jesús no explicó.

Pero en esta, no hace falta preguntarse qué es lo que Él quiso decir. Es una de las pocas parábolas que Él sí explicó. Observa el verso 10. Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? Y Él explica por qué. Alguna vez me llegará la orden de explicar lo que Él explicó, porque me llevaría una enorme cantidad de tiempo y espacio hacerlo. Pero vayamos al verso 16. Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. (17) Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron. 

¡Wow! ¿Sabes lo que les acaba de decir? Que lo que te estoy enseñando, la mayoría no lo entendió. Amós no lo entendió. Isaías no lo entendió. Jeremías no lo entendió. Ezequiel no lo entendió. Pero ustedes, hoy, sí lo están entendiendo. ¿De qué estaba hablando, Él? Él está a punto de explicar la parábola. Verso 18. Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador: O sea que a esto no hay que adivinarlo, hay que entenderlo. Te lo explicaré. Así que, leamos. Verso 19. Él dice: esto es lo que significa esta parábola. Cuando alguno oye la palabra del reino Subraya eso, por favor. Porque tú puedes oír muchos mensajes; fe, sanidad, bautismo, unción, poder, prosperidad, de todo eso que es en enorme mayoría de lo que se predica en los templos.

Pero esto no tiene nada que ver con todo eso, esto es diferente. El Reino. Cuando alguno oye el mensaje, del Reino, y a la palabra del Reino no la entiende, viene el malo. Cuando estás a punto de predicar el Reino. Cuando se toca este tema, Satanás no envía demonios. Jesús dijo: Él viene en persona. Cuando alguien oye el mensaje del Reino, el mismo Satanás viene. Muchos predicadores vendrán y predicarán buenos mensajes. De unción, prosperidad, poder, sanidad, milagros. Pero Él dice que cuando empiezas a predicar el Reino, Satanás no envía demonios para interferir, viene él mismo, en persona.

¿Y por qué viene? y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. ¡Viene para arrebatarlo! Para volverte incrédulo. Para destruir el momento ungido que estás viviendo. Para apagarte la luz del entendimiento. Por eso es que no me sorprende que hoy estés casualmente allí, leyéndome. Porque seguramente Satanás también hoy anda por allí, rodeándote y procurando que no entiendas nada. ¿Por qué? Porque el mensaje del Reino es el único que predicó Jesús. Jesús nunca predicó sanidad. ¡Sanaba a la gente! Nunca predicó resurrección. ¡Resucitaba a la gente! Nunca predicó liberación. ¡Liberaba a la gente! ¡Sólo predicó el Reino!

Así que ahora quiero que tomes tu biblia, porque vamos a hablar del Reino, del poder y de la gloria. Es un paso tendiente a establecer el Reino, el poder y la gloria de Dios en la tierra. Porque eso es exactamente de lo que trata el Reino. Es el establecimiento de la gloria y el gobierno del Reino de Dios en la tierra. La pregunta que cabe, es: ¿Por qué necesita la tierra el Reino de Dios? En principio, porque el más grande problema en la tierra es el mundo. Es una declaración bien importante, esta. El mundo entero se está desmoronando. Las economías están colapsando. El mundo, con todo su aparente esplendor, en realidad se está desintegrando.

Las economías se están desmoronando. ¿Por qué? Porque el mundo está colapsando. Dios creó la tierra, con un mundo. Y ahora escúchame con cuidado. Porque si no logras entender esto, nunca entenderás a Dios. Dios hizo una tierra, y sobre esa tierra, puso un mundo. Y hoy tenemos dos mundos, en una sola tierra. Dios creó una tierra, con un mundo. Pero hoy, tenemos una tierra con dos mundos. Si no comprendes esto, nunca entenderás la biblia. ¿Qué es mundo? ¿Cuál es la diferencia entre el mundo y la tierra? La palabra tierra, en la biblia, es una palabra hebrea en la que tierra, significa polvo de la tierra.

Tierra física. La palabra mundo, es diferente. Así que el mundo y la tierra, son diferentes. La tierra, es el planeta físico. El polvo, los montes, los árboles, los ríos, las plantas, los animales. Esa es la tierra. Es el planeta físico. Es la mayor tierra. Pero el mundo es diferente. La palabra mundo, en la Biblia, es la palabra kosmos. Así que al leer tú la Biblia debes ser muy cuidadoso. Cuando tú lees estas dos palabras: Mundo y Tierra. Hay una diferencia. ¿Qué significa la palabra Kosmos? 1.- Significa poderes de autoridades. 2.- sistemas que controlan. 3.- Sistemas de control. 4.- Pilares o columnas de influencia.

24.- Ahora te Doy la Más Importante…

 …porque es de la que de alguna manera, depende la vida de la gente. Mundo en la tierra, Kosmos en la tierra, significa influencia de gobierno. Así que la palabra Mundo, Kosmos, significa, Sistema de gobierno. La tierra, entonces, es el planeta. Pero el mundo, entonces, es el sistema que produce influencia en el planeta. No hay nada malo con la tierra. ¡La tierra es inocente! La tierra es perfecta. ¿Qué anda mal con la tierra? El mundo. No hay miseria en la tierra. ¿Dónde está la miseria, entonces? En los sistemas del hombre. No hay criminalidad en la tierra. Las plantas jamás atacarán a los animales. Los árboles, jamás atacarán a los océanos. 

Entonces, ¿De dónde viene el crimen? De los sistemas del hombre. El mundo. Dios creó a la tierra para ser regida por el cielo. Nunca fue la intención de Dios que la tierra fuese regida o gobernada por la tierra. Dios creó la tierra para ser regida por el Reino de los Cielos. Dios quiso regir o gobernar lo visto, desde lo no visto. Él quiso regir lo natural, desde lo no natural. Su plan fue dominar lo visible, desde lo invisible. El Reino de Dios, es invisible. Y es más real que la tierra. ¿Por qué? Porque la tierra fue creada por el Cielo. Y la tierra necesita, el mundo del Cielo.

El Cielo necesita que la tierra funcione. Sin el Cielo, la tierra no tiene propósito. Y el primer país que existió, no fue sobre la tierra. Escucha con cuidado. El primer país que haya existido, fue un país llamado El Cielo. El Cielo es un país. Es invisible. Es sobrenatural. Pero es más real que la tierra. Y el país del cielo, produjo la tierra. Por eso es que el cielo es más real que la tierra. ¿Por qué creó los cielos a la tierra? ¿Por qué el Reino de Dios creó la tierra? Tengo la respuesta. La tierra fue creada para ser una colonia del cielo. El Reino de los Cielos, es el primer Reino que haya existido.

Pero el Reino de los Cielos, es invisible. Es espiritual. La tierra es física. Lo visible es temporal. Más lo invisible, es eterno. Lo visible fue creado por lo invisible. Lo visible fue creado y fue diseñado para ser regido por lo invisible. Lo natural fue creado para ser gobernado por lo sobrenatural. El cielo fue creado para gobernar la tierra. Esto es básico, fundamental. Nunca fue la intención de Dios que la tierra estuviese sola. Nunca fue intención de Dios que la tierra fuese gobernada por un gobierno terrenal. ¿Por qué creó Dios la Tierra? Busca en tu Biblia, en Isaías capítulo 45 y mira el verso 18. Allí nos dice Dios por qué creó la tierra.

Dice: Porque así dijo Jehová, que creó los cielos; él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano, para que fuese habitada la creó: Yo soy Jehová, y no hay otro. Él no creó la tierra para que estuviese vacía. Él la formó para que estuviese habitada. ¿De qué estamos hablando? ¡Estamos hablando de gobierno! Dios dijo: Yo hice los cielos; ese es mi territorio. Ese es mi país. Ahí es donde vivo. Es invisible, es sobrenatural, es perfecto, es poderoso, todo está en orden. No hay crimen, no hay depresión, no hay pecado, no hay enfermedad, no hay dolencia, no hay temor, no hay guerra. ¡Cielo! Es donde vivo.

Los cielos. El cielo es mi país, así que yo soy el Rey del Cielo. Así que el Cielo es el Reino de Dios. Y Dios decidió: Voy a crear un planeta, y lo formaré. No para que esté vacío. La Tierra, es el único planeta, dice Dios, que sería habitado. Así que el hombre, que anda enviando cohetes y naves espaciales por todo el espacio, están buscando vida. Viajan a la Luna, a Marte, a Venus, a Júpiter buscando vida. Y siempre regresan con el mismo reporte: no hay señales de vida. ¿Por qué? Porque están invirtiendo millones de dólares tratando de probar que es Dios el que está equivocado.

La Tierra, dijo Dios, será habitada. ¿Por qué? La Tierra será mi colonia. Hoy vivimos bajo gobiernos democráticos y estamos acostumbrados a ellos. Pero tengo que advertirte que las democracias no colonizan. Ninguna democracia coloniza. Sólo los Reinos colonizan. Y el primer Reino que existió, es el Reino de los Cielos. Y el Rey del Cielo, dijo: quiero colonizar. Así que creó un planeta llamado La Tierra. Luego dijo: habitaré este planeta. Cuando quieres colonizar un país o un territorio, tienes que enviar allí a tus conciudadanos.

Por esa razón es que, años atrás, hubo un reino, en Europa, llamado España. Un reino poderoso. El entonces Rey Fernando, monarca de España, dijo: Quiero colonizar. Quiero extender mi reino. Y lo mismo, en alguna medida, aunque en distintas lenguas, dijeron los reyes de Gran Bretaña, de Portugal y de Francia. La gran pregunta que surge a partir de esto, entonces, es: ¿Por qué colonizan los reyes? Porque la gloria del rey es territorial. Mientras más territorio tenga un rey, más gloria tiene. Por eso es que todos los reinos, se expanden. Colonizan.

Así que los portugueses, un día, llegaron a ese hermoso territorio de lo que hoy día es Brasil. El reino de España, vino a diversos lugares de Sudamérica, entre los cuales estaba este territorio nuestro, llamado Argentina, que es el último antes de caerte en la Antártida polar. Además de Colombia, México y varios lugares más. El reino británico, en cambio, vino a lo que hoy son los Estados Unidos. Así que mi Argentina, es un resultado de la colonización. Ahora, la otra pregunta: ¿Cómo colonizaron? Miren; nunca se coloniza con las personas que ya viven en ese territorio. A Argentina no la fundaron argentinos, la fundaron españoles. Envías ciudadanos de tu propio reino para vivir en el territorio a colonizar. Así que Dios dijo: ¡Quiero colonizar la tierra! ¡Necesito ciudadanos de mi Reino, allí! Que sean iguales a mí.

Pero tuvo un problema. El problema de Dios fue que no había ninguno como Él en el Cielo para enviar a colonizar la tierra. Había ángeles, Serafines, Querubines, pero ninguno como Él. Y Dios dijo: para que yo pueda colonizar al planeta Tierra, necesito ciudadanos tales como yo. La vida ya había sido creada. Génesis capítulo 1. En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Ahora Dios necesita ciudadanos. ¿Por qué? Quiere colonizar. No tiene ciudadanos. Así que Dios dice, en Génesis capítulo 1, verso 26: El planeta está listo, hay vida en el planeta, hay plantas, animales, oxígeno, todo está listo, ¡Pero ahora necesito ciudadanos!

¡Quiero que mi Reino se expanda! Verso 26. Entonces dijo Dios. hagamos al hombre a nuestra imagen y conforme a nuestra semejanza. Tal como nosotros. ¿Por qué? ¿Para qué? Para que señoree en la tierra. ¿Por qué creó Dios al hombre? No lo creó para que viva un tiempito, se tome un par de cervezas, se muera y se vaya al cielo. A los religiosos les fascina ir al cielo. ¡Aman irse al cielo! Pero la gente de Reino, ama sojuzgar la tierra. Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza. Ningún ángel, en la Biblia, tiene la imagen de Dios ni tampoco su semejanza. Nosotros, ¡Ustedes que me están leyendo ahora! Son las únicas criaturas en existencia que tienen la imagen y la semejanza de Dios. 

Ustedes son igualitos a su Padre, Dios. Tú no viniste de la tierra. Tú fuiste enviado a la tierra. Tal como aquel rey de España envió a miles de ciudadanos españoles a Sudamérica. Y ellos sojuzgaron, que es como decir que dominaron a Sudamérica. Así Dios te envía a ti a la tierra, a dominar la tierra. Porque tú existías antes de la tierra. La Biblia dice que tú estabas en Él, antes que empezara la tierra. Tú estabas en Él. Tú estabas dentro de Dios. Él estaba embarazado con la raza humana, antes que Él hiciera la Tierra. Tú existías antes que la Tierra. Porque la Tierra fue hecha para ti. Salmo 90. Versos 1 y 2, dice: Señor, tú nos has sido refugio De generación en generación. Antes que naciesen los montes Y formases la tierra y el mundo, Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.

Ahora escúchame con mucho cuidado. Dios te produjo a ti, antes de haber creado la Tierra. Y creó la Tierra, para que tú la tengas. Para que Él pudiera colonizar la tierra. Con sus propios hijos, sus propios ciudadanos. Todos habitantes del Reino de los Cielos. ¿Por qué es esto importante? Porque tú y yo hemos estado buscando extraterrestres. Y el problema es que tienes a varios cerca de ti allí donde estás. ¡Porque tú no eres de la Tierra! Tu viniste a la tierra, desde el cielo. Tú estabas dentro de Dios y Dios te puso en la tierra para colonizarla, para dominarla. Para los cielos. 

25.- Escucha, Por Favor…

 …¿Cuál es el propósito de la colonización? Sencillo. Transferir tu cultura. Tu gobierno. Tu idioma. Tu comida. Tu forma de vestir. Tu estilo de vida. Todo eso a un territorio lejano. Colonización. Dios dijo: quiero colonizar la tierra con el Reino de los Cielos. Así que tendré unos cuantos hijos. Los llamaré hombres. Como especie, no como género. Y los pondré en el planeta. Eres un extraterrestre. No eres de aquí. Fuiste enviado acá. Para hacer que la tierra sea exactamente como es el Cielo. Permíteme ahora darte diez componentes de lo que es un Reino. Anótalos, porque esta es tu tarea. La mía la estoy cumpliendo ahora.

Así es como tú traes el gobierno de Dios a tu país. 1.- Todos los reinos tienen territorio. 2.- Lenguaje. 3.- Leyes. 4.- Símbolos. 5.- Constitución. 6.- Códigos morales. 7.- Valores compartidos. 8.- Costumbres. 9.- Normas sociales. 10.- Cultura. Cada país consiste en estas diez cosas. De manera que, si tú quieres definir un país, primero debes reconocerlo como un territorio. El cielo tiene territorio. Se llama el cielo. El cielo tiene un idioma, se llama lenguas. Si tengo el don de lenguas, salvo que haya alguien con el don de interpretación, no me puedes entender. ¿Por qué? Porque es el lenguaje nativo.

Cuando el hombre cayó, perdió su idioma. Perdió su tierra. Perdió sus leyes, su constitución, perdió sus valores, sus códigos morales. Perdió todos sus valores sociales. Perdió su cultura. El Reino de Dios no es una religión. Es un país. Tiene un rey, tiene territorio, tiene leyes, tiene una constitución, tiene una cultura. Dónde el Reino colonice, se habla el mismo idioma, se come la misma comida, de la misma cultura. Por eso a quien lo cree, lo acepta y se lo pide, Dios le da el don de lenguas. ¡Forma parte de la colonización, eso! Pero no todos lo creen, no todos lo aceptan y muy pocos lo piden. Ese es el hombre por fuera del Reino.

Y esto es lo mismo que nos sucede aquí en Sudamérica o incluso en Norteamérica. No necesitas decirme de dónde eres. Cuando te oiga hablar y escuche en qué idioma lo haces, sabré de qué reino eres consecuencia. Mis antepasados, puedes darte cuenta por mi apellido, vinieron de España. Yo nací hace muchos años en Argentina, igual que mis padres y abuelos, pero hablo el idioma de aquellos parientes lejanos que vinieron de lo que aquí solíamos llamar “La Madre Patria”, España. Soy un producto de aquella colonización. Así que Jesús dijo: Id por todo el mundo, predicad el evangelio del Reino y todo aquel que creyere, será salvo. Hablarán nuevas lenguas.

¿Y por qué nuevas lenguas? Porque cuando vuelves al Reino de los Cielos, recibes al Espíritu Santo, y Él te devuelve tu idioma original. Por eso es que, al hablar yo en lenguas, no necesitas preguntarme de donde soy. Cuando hablas en lenguas, tú dejas expuesto el país de donde eres. Si ahora me pusiera a hablar en lenguas, salvo que exista alguien que tenga el don de interpretarlas, ninguno de ustedes sabría lo que estoy diciendo. ¿Sabes por qué? Porque ustedes (Y yo también, obvio) hablamos normalmente en un idioma foráneo llamado español, o el que sea de acuerdo al país donde resides.

Pero si tomo como base al español, debo decir que es un idioma nuevo para el cielo. Porque tu idioma original, son las lenguas. Por eso Pablo dijo: le doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos ustedes. Porque cuando hablo en lenguas, mi mente queda sin fruto. Pero le hablo directo a Dios. Y el me entiende al toque, mucho antes que yo mismo sepa de qué estoy hablando. Y ahora déjame ir diciendo esto. La expresión más poderosa de un país, es su cultura. ¿Y qué es cultura? Jesús dijo: cuando oren, no oren para ir al cielo. La religión dice que cuando oren, oren para irse al cielo. Jesús dijo: cuando oréis, no oréis para ir al cielo.

Es por eso que, a veces, tus oraciones no tienen respuesta. ¡Señor! ¡Ya no aguanto más todo lo que está pasando aquí! ¡Por favor! ¡Sácame de aquí y llévame contigo al cielo! ¿Te suena conocida esa oración? Es la oración de todos los religiosos. Hinduismo, budismo, islam y cristianismo. ¡Esa no es la oración de Jesús! Los discípulos se acercaron a Jesús. Ellos eran religiosos. Dijeron: Maestro, enséñanos a orar. Y enséñanos por qué hay que orar. ¿Por qué cosas debemos orar? Jesús dijo: Está bien, les enseñaré. He aquí como deben orar.

Padre nuestro. ¿Padre? Nuestro padre. Primero dijo: nunca vengas a orar nada más que por ti mismo. ¿Sabes cómo ora la mayoría? ¡Padre MIO! ¡Tengo problemas! YO necesito MI sanidad y que ME arregles todos MIS desaguisados. ¡No ores así! Dijo Él. Padre Nuestro. Cuando entres a orar, trae a toda la comunidad que conoces contigo. Lo otro es tan incorrecto como los movimientos carismáticos o de la prosperidad. Oran por bendiciones privadas. Oran por prosperidad personal. En el Reino, no oras por ti mismo. Oras para que todos prosperen. Que todos crean, que todos sean bendecidos. Cuando oréis, orad así: Padre Nuestro.

Padre. Es una palabra hebrea que se pronuncia Abba. ¿Sabes lo que significa? Fuente. ¿Y quieres algo más impactante, todavía? Abba no es una persona, es una función. Dios es tu fuente. Padre Nuestro. Que estás en los cielos. No en la tierra. Él está en su país. Él está en nuestro país de origen. Santo es tu nombre. Venga a nos tu Reino. Hágase tu voluntad. Venga a nos (A nosotros) tu Reino. Él dice: oren, no para irse al cielo ustedes, sino para que venga su Reino y se haga su voluntad. ¿Dónde? En la tierra, así como se hace en los cielos. Él dijo: oren, para que lo que está sucediendo en los cielos, comience a suceder aquí también en la tierra.

Venga a nos tu Reino. Venga a nos tus leyes. Venga a nos tu idioma. Venga a nos tu constitución. Venga a nos tus valores morales. Venga a nos tus normas sociales. Venga a nos tu cultura. En la tierra, así como es en el cielo. En el cielo no hay enfermedad, no hay dolencia, no hay pecado, no hay hogares rotos, no hay depresión, no hay crisis económica, no hay miseria, no hay temor. A la tierra. Por eso es que Jesús nunca predicó sanidad. Por eso es que Jesús nunca predicó prosperidad. Por esta razón es que Jesús nunca predicó liberación. ¡Él simplemente sanó, prosperó y liberó!

Si. tú tienes hambre y yo te doy una manzana, tú te la comes, pero dentro de un rato vuelves a tener hambre. Pero si yo te doy un manzano, o sea: una planta llena de manzanas, eso es otra cosa. Pedirle a Dios sanidad, es pedirle UNA manzana. Pedirle a Dios que venga a nosotros su cultura, es salud. Pedirle a Dios dinero, es una manzana. Pedirle a Dios que venga la cultura del cielo, es riqueza. Jesús nunca sanó y luego predicó el Reino. Primero predicó el Reino, y luego sanó. Eso significa Poder. Si el Reino de Dios ha vuelto a la tierra, entonces la cultura del Reino volvió a la tierra, y en esa cultura, no hay enfermedad. Eso significa que un milagro, es una sencilla evidencia de que la cultura está presente.

Ya fue dicho y enseñado: Dios creó una especie llamada Hombre. La palabra hombre, en ese verso, es plural. Eso significa que Dios no estaba haciendo una sola persona, estaba creando toda una especie. Hombre. Y decidió crearla a Su imagen. Y la palabra imagen, no significa verse igual, sino que significa tener el mismo carácter. Características. La misma naturaleza. Eso quiere decir que todo lo que Dios posee, esta criatura creada lo poseerá. Dios tomó partes de Él mismo para crearlo. Eso significa que lo que hay en Dios, está en nosotros. Misma naturaleza, características. Y luego dijo que sería a Su semejanza. Y semejanza no quiere decir que nos parecemos a Dios. La palabra del original da a entender que funcionará como Dios.

Así que tenemos la naturaleza de Dios, el carácter de Dios, sus características y funcionamos al igual que Dios. ¿Por qué? Porque de Dios salimos. ¿Cómo funciona Dios? Él funciona por fe. ¿Y qué es fe? Fe es creer algo que no estás viendo, hasta que lo veas manifestarse. Tú fuiste diseñado para vivir por fe. Cuando tú no funcionas en fe, funcionas en temor. Y la biblia dice que en Dios no hay ningún temor. Así que, al temer, estas luchando en contra de tu propia naturaleza. Luego dijo Dios: ¿Para qué he creado esta especie llamada Hombre? Y esta es la gran pregunta. ¿Por qué Dios te creó a ti? No tienes que preguntarte el por qué. Él nos dice por qué. 

26.- Aquí es Donde la Religión…

 …te juega una mala pasada. Porque si le preguntas a un religioso por qué cree que fue creado, te va a responder lo que medio mundo religioso suele responder: “¡Para adorar a Dios!” ¡Eso no es lo que Dios dice! Suena bonito, pero no es verdad. ¿Por qué Dios te creó a ti? Leamos lo que dice: Y señoree, (O sea que tenga dominio) sobre los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. ¡Aquí te está diciendo por qué te creó! ¡Para tener dominio, multiplicación, procreación, autoridad y gobierno sobre la tierra!

Entonces, si tú quieres saber por qué y para qué existes, vas a tener que descubrir qué cosa es dominio. Si tú no sabes qué es dominio, no vas a poder saber por qué fuiste creado. Ahí te lo explico. En el Antiguo Testamento y en este verso, te daré la palabra original usada por Dios. Señorear, en hebreo, es Rada. O sea que lo que Dios dijo, es que el hombre tenga rada. ¿Y qué es rada? Te la daré en español. La palabra rada, es en español, la palabra Reino. Que tengan Reino, eso dijo. Que también significa, Gobierno Soberano.

Y te diré algo. El gobierno de Argentina, no es un gobierno soberano. Porque sólo un Reino tiene un gobierno soberano. ¿Dónde está la diferencia? En que una democracia, es un gobierno del pueblo, eso significa el término griego demos-cracia. Pero en un reino, no hay democracia alguna. Es el gobierno del rey. Eso quiere decir que en democracia, el pueblo es soberano. El pueblo hace las leyes. Pero en un reino, el rey es soberano. Y el rey hace las leyes. Muy diferente. Así que Dios dice que el hombre tenga rada, Reino, gobierno soberano sobre la tierra.

Ahora míralo desde esta óptica. Dios te hizo a ti, un rey. Pero, atención, porque un rey no puede ser rey sin territorio. No se puede ser un rey de la nada. Dios es llamado el Rey del Cielo, ¿Verdad? O sea que el cielo es un lugar real, de realeza. Es un territorio, es invisible, es sobrenatural, pero es real. Y Él es el Rey del Cielo, por eso es que el suyo es llamado el Reino de los Cielos. Luego, Dios tuvo hijos. Y los llamó Hombre. Y seguramente tienes alguno allí cerca para saludar como parte de tu familia real. Tengo un principio de Reino para darte. Bien importante.

Cuando leo la Biblia, trato de leerla desde la óptica de un Reino, no desde una democracia. Jesús no es un presidente ni tampoco un primer ministro. Jesús, Jesucristo, ¡Es Rey! Y Jesús no tiene democracia. Jesús tiene un Reino. Y un Reino no es una religión, es un país. Así que cuando leo la Biblia, veo que la Biblia trata acerca de un Rey. Y de un Reino. Y de una familia real. No de una democracia. No tratamos a Jesús como a un presidente. A Jesús no hay que votarlo para que acceda a gobierno y autoridad. Un Rey nace como rey.

Y algo tan importante como esto. Cuando un rey tiene hijos, se les llama príncipes o princesas. ¿Sabes por qué un rey llama príncipe o princesa a un hijo o hija? Príncipe, en hebreo, significa primero. Así que cuando un rey tiene un hijo, es llamado Primero. Suena medio extraño, ¿Verdad? ¿Y qué quiere decir esto? Que es primero o primera en línea para el trono. El primero en la línea para asumir el trono. ¿Y cuándo un príncipe llega a ser rey? Al momento en que el rey muere. Ahora tenemos un problema. Dios es rey, y tiene hijos que son príncipes. Pero no pueden llegar a ser reyes si Dios no se muere. ¡¡Y Dios no se morirá nunca porque es eterno!

Entonces nos encontramos con otro principio. He aquí como es que operan los reinos. Si un rey quiere que su hijo llegue a ser rey mientras él está con vida, tiene una sola manera: tiene que remover al hijo de su territorio y ponerlo en un territorio distante. Y al estar en el territorio distante, puede llegar a ser rey sobre ese territorio distante. Entonces ahora, el rey se encuentra con que, siendo todavía rey en su territorio, en otro territorio también tendrá un hijo que sea rey. Mientras ese hijo se mantenga alejado del territorio del rey, puede ser rey.

Y entonces Dios, que es un Dios tan bueno, dice que quiere que sus hijos sean reyes tal como lo es Él. Pero como el cielo es su territorio, tiene que sacarlos de allí. ¡Fuera del cielo! Así que ahora ha creado un planeta llamado Tierra y allí los enviará, para que sean reyes de esa tierra. Y así Dios no sólo será el rey del cielo, sino también será el Rey de reyes y Señor de señores. Él en los cielos, nosotros sus hijos reinando en la tierra. Esta es la razón por la cual Dios se llama a sí mismo Rey de reyes y Señor de señores. Y que ellos señoreen, rada, dominio, Reino. Gobierno sobre la tierra, no el cielo.

Sólo un problema. Esto pasa. Alguien dio un ejemplo muy claro respecto a esto. El rey de Portugal no permitía que ninguno de sus hijos fuera rey porque él todavía estaba con vida. Pero ellos querían ser reyes. Entonces envió a uno de sus hijos a Sudamérica, concretamente a lo que hoy es Brasil. Y allí fue rey. Y su padre, allá en Portugal, era llamado rey de reyes. El único problema que tenía ese hijo suyo era que, cuando volvía a Portugal de paseo, ni bien llegaba allí, volvía a ser príncipe, porque el Rey allí era su padre. Eso quiere decir que en Sudamérica ese joven tenía poder, autoridad, control, era rey. Pero cuando viajaba a Portugal abandonaba todo eso y estaba sometido a su padre, el único rey válido en ese lugar.

Dios dijo: que señoreen, que tengan dominio, poder, autoridad, gobierno, sobre la tierra. Así que, cuando vayas al cielo, no tienes poder. Hay dos títulos que Dios te da. Reyes y príncipes en la tierra. Eso está en Apocalipsis. ¿Y eso qué quiere decir? Que, si estás en la tierra, eres un rey, pero si estás en el cielo, eres un príncipe. ¿Qué prefieres, sumisión o poder? Jesús dijo: Padre, no te pido que los saques del mundo, sino que los guardes del mal. Muchos cristianos, hoy, aquí y ahora, están orando al revés. Están tan abrumados por todo lo malo que ven en derredor que piden a Dios que se los lleve de aquí.

Mi pregunta, es: ¿Cuál de estas dos oraciones será respondida por el Padre, la de Jesús o la de esos cristianos? Basta. Déjate de hacer planes para irte de esta tierra, mejor haz esos planes para cambiar esta tierra. El Reino de Dios es la entrada del gobierno de Dios en la tierra. Así que su plan fue extender el cielo a la tierra. Colonizar a la tierra con el cielo. Llenar la tierra con la gloria del cielo. Eso dice el salmo 115:16: Los cielos son los cielos de Jehová; Y ha dado la tierra a los hijos de los hombres. Dios dijo: el cielo es mi territorio. La tierra, es territorio de los hombres.

¿Cuándo vino el Reino de Dios a la tierra? Jesús nos dice cuando vino. Mateo 25.:34: Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. No es una mansión. No es ropa de primeras marcas. No son autos de última generación. ¿Qué dice Jesús que has heredado desde la fundación del mundo? ¡El Reino! Y nota esto; no usó la palabra tierra. Usó la palabra mundo. Sistema. Cuando Dios puso a Adán en el jardín, el Reino estaba allí. Luego, en el tercer capítulo de Génesis, lo perdimos. ¿Cómo?

Con una declaración de Independencia. La colonia, declaró su independencia del Reino. Adán le dijo a Dios: “Quiero ser independiente”. Y eso es, exactamente, lo que todas las colonias hicieron en Sudamérica. 9 de julio de 1816, Argentina declara su independencia del reino de España. Hasta hubo enfrentamientos armados, guerras por esa causa. ¿Sabes tú como se le llama a eso en idioma real? Rebelión. ¿Sabes tú lo que significa esta palabra, rebelión, en el hebreo? Pecado. Dios, entonces dijo: Adán, has pecado contra mí. Pecado. Rebelión. La pregunta, entonces, es: ¿Qué es lo que está al revés? ¿Es el amor a la independencia en la tierra o a la dependencia en el Reino?

Cuando la colonia hace su declaración de independencia del Reino, se le llama rebelión. Eso es lo que le hizo lo que hoy es Argentina, a España en 1816. Cuando se independizó, entonces creó su propio gobierno. Reitero para que se entienda: cuando tú resuelves independizarte del Reino, creas tu propio gobierno. Adán le dijo a Dios: “Ya no te quiero más para gobernar sobre mí”. Pecado. Así que, de allí en más, la tierra desarrolló un nuevo sistema de gobierno. Creado por el hombre. Y el primer acto del nuevo gobierno, fue violencia doméstica.

El esposo atacó a su esposa. Y la culpó a ella por lo que él había hecho.  Y eso mismo sigue sucediendo hoy en muchísimos lugares, incluida mi Argentina. Cuando un hombre comete adulterio, culpa a la esposa. Cuando un hombre no puede pagar las cuentas, culpa a la esposa. Cuando un hombre no puede proveer para sus hijos, culpa a la esposa. Adán; violencia doméstica. El segundo acto de aquel nuevo gobierno, crimen de hermano contra hermano. Nuevo gobierno; un hermano asesino a su propio hermano. Caín a Abel. ¿En cuantos lugares de Latinoamérica se están matando entre hermanos por causa de supuestas ideologías que, en realidad, todos sabemos, esconden otros intereses?

Cuando el hombre se gobierna a sí mismo, se destruye a sí mismo. Así que Dios dijo: todos ustedes se han ido como ovejas. Cada uno por su propio camino. Independencia. Hay camino que al hombre le parece derecho en su propia opinión, pero su fin es camino de muerte. Su fin es destrucción. Eso porque, al pecar Adán y romper su relación con el cielo, Dios hizo una promesa. En el capítulo 3 de Génesis, Dios no entró en pánico. Tenía un plan. Dios le dijo a Adán: ¿Dónde estás tú? ¿Qué pasó? ¿Por qué te independizaste del cielo? Y Adán dijo: ¡Esta mujer que me diste, fue la causante de todo!

Y la mujer dijo: ¡El diablo! ¡La serpiente! Ahí fue cuando la serpiente miró para un costado y no encontró a nadie más a quien culpar. Y luego Dios hizo una promesa. Dios le habló al diablo. Y le dijo: Satanás; te hago una promesa. La misma mujer que tú usaste para destruir mi colonia, yo la usaré para mi gloria. Entraré al vientre de ella y vendré al planeta tierra, legalmente y te pisotearé la cabeza, legalmente. Y voy a retomar la autoridad y el gobierno, y se lo voy a devolver a los hijos. Cuatro mil años después, llegó un ángel a una mujer y le dijo: María, necesito prestado tu vientre.

Necesito que incubes un cuerpo para mí. Isaías dice: Porque un hijo nos es dado, un niño nos es nacido. El niño, es el cuerpo, el hijo es el Espíritu. El niño es Jesús, pero el Hijo es el Mesías. El niño es el humano, pero el hijo es Cristo. Isaías 9:6 Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. No dice que viene como una religión. Tampoco que viene como UN gobierno, sino que dice que viene EL gobierno.

¿Por qué es tan importante esto último? Porque Dios siempre tiene un solo gobierno. El que perdió Adán. Y cuando el Mesías llega, trae con Él el gobierno que Adán perdió. Y concluye el verso 7: Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto. De lo dilatado de su gobierno, no habrá fin. Y Él reinará, sobre el trono de David y, sobre su Reino, sosteniéndolo con justicia. ¡Es la promesa! ¡Justicia!

27.- Cuatro Mil Años Después…

 …aquí viene Jesús. Su primo, Juan el Bautista, que le dice: He aquí el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo, no de la tierra. Del sistema. No le dice LOS pecados, le dice EL pecado. ¿Cuál pecado? Rebelión. Él viene para destruir la rebelión y volver a unir el cielo con la tierra. Mateo 3:1-2: En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. Mateo 4:17; Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. 

Jesús dijo: han esperado durante cuatro mil años. Antes de venir, yo envié profetas, jueces, patriarcas, y ninguno pudo hacer el trabajo. Así que he descendido a la tierra por mí mismo. Y he venido para restaurar mi colonia hacia el Reino de los Cielos. Porque la colonia ha sido salvada. El gobierno está otra vez en la tierra. Por eso es la gran pregunta que nos resta: ¿Qué fue lo que Jesús vino a restaurar? ¿Por qué Él siempre habló de Reino y no de religión? De hecho, eso te tiene que dejar como alguien que vino aquí para gobernar, no para sobrevivir. Estás aquí nada menos que como un embajador del cielo.

Han llegado a decirme que predicar sobre el Reino, hoy, es estar a la moda, porque es lo que se usa en la iglesia. ¿Ah, sí? ¿Quién inventó esa barbaridad? Hace veintitrés años que, de una u otra manera, con menor o mayor volumen de conocimiento, estoy predicando sobre el Reino porque eso fue exactamente lo que hizo Jesús durante su ministerio en la tierra. Y si voy a imitar a alguien que admiro y amo, no será a ningún hombre por brillante que sea, será a Jesús. Y eso es lo que trato de hacer cada día, es mi trabajo, es mi visión y es mi misión. Que se entienda, no se entienda, agrade o no agrade, es problema de otros, no mío. Yo tengo claro lo que debo decir y vivir.

¿Y sabes qué? A mí nadie me predicó el Reino cuando me convertí. Me hablaban de la fe, de la sanidad, de la familia, del amor y de todo eso que la religión tiene altas credenciales para hablar, incluido liberación, ya cuando eres un poco más maduro. Pero del Reino, nadie. No te digo poco o escaso: te digo NADIE. Por mi antigua profesión pude entrevistar a famosos teólogos y ellos me confesaron que no existía seminario ni universidad teológica que enseñara sobre el Reino. Increíble. Tanto como que tampoco hay ninguna enseñanza sistemática respecto a la revelación del Espíritu Santo. ¡No puede haberla! Hasta que un día, allá por los años noventa, apareció alguien hablando del Reino. Fue novedad, impacto y guía.

Y fue revelación. Revelación es darte cuenta un día que estás en este planeta como embajador del Reino de los Cielos. Si soy embajador, solamente respondo ante mi autoridad territorial. Un rey es alguien que tiene dominio sobre un territorio. Hay que aclarar, aunque no creo que haya alguien que no lo sepa, que un Reino no tiene nada que ver con una democracia. Es más; un reino es algo opuesto a una democracia. Un reino no es una república. Y Jesús vino predicando un reino, no una república ni una democracia. En una democracia, con tu voto, eliges a tu líder. En un reino, es el líder quien elige a sus ciudadanos.

En una democracia, su constitución, (Todos los países la tienen), es el resultado de los pensamientos del pueblo. En un reino, en cambio, es la palabra del rey la que se convierte en su constitución. En una democracia, el pueblo crea la ley, por eso pueden cambiarla. En un reino, la palabra del rey define la ley, y nadie puede cambiarla. En un reino, la autoridad no está en un gabinete ministerial, está en una persona. En democracia, un referéndum puede cambiar una ley. En un reino, el rey define la ley y nadie puede cambiarlo. Por eso Dios dice en mi biblia que su palabra permanece para siempre. Puedes consensuar o disentir con todo esto. Lo que no puedes es modificarlo. Sólo el Rey lo puede hacer. Y hasta hoy, no lo ha hecho.

Hoy vemos que la religión, matices más o menos, se ha convertido en una democracia. No es esto lo que Jesús quería. De hecho, el cristianismo se ha convertido desde hace mucho tiempo en una religión. Y es más que claro y notorio, desde los propios hechos, que eso jamás estuvo pensado así. Cuando un rey dice algo, ese algo no puede ser cambiado. Si Jesús dijo que la fornicación es un pecado, tú como iglesia no puedes votar para cambiar ese decreto, no tienes autoridad alguna para hacerlo. La palabra de Dios dice que la homosexualidad es abominación. No puedes juntar a setenta líderes y votar en contra de eso. Será democrático, pero no es propio de Reino. ¿Puedes entenderlo así, a primera instancia, o necesitarás un enorme tiempo de reflexión para entenderlo, que fue lo que me sucedió a mí?

El que cambia las leyes del Reino es un cristianismo convertido en una institución religiosa. Y hasta se pueden dar el lujo de aclarar que lo hacen porque Dios no está actualizado y lo que dice en su Palabra ya quedó anticuado. Que no está al tanto de todos los cambios que están ocurriendo en la sociedad. Es como decir que, porque en nuestra sociedad tenemos problemas culturales, o problemas emocionales, u hormonales, entonces lo correcto es actualizar nuestras biblias, ya que como están escritas, desentonan con todos los cambios modernos. Y es como si un grupo de teólogos se reunieran con Dios y le dijeran que no están de acuerdo con lo que Él dijo hace dos mil años y van a proceder a modificarlo. Lo hemos sometido a votación y una mayoría decidió el cambio. Es lo que nos exige nuestra gente y a ellos nos debemos.

Dale, de acuerdo, no tengo dudas que como quiera que lo mires, esos teólogos están diciéndole a Dios una verdad, pero eso no es un Reino, eso es una absoluta manipulación ejercida por hombres que han hecho de ella, su metodología cotidiana de operaciones. Así que no tenemos que enojarnos ni atacar o injuriar a liderazgos que construyen iglesias de las más distintas modalidades. Ellas funcionan dentro de una religión llamada cristianismo, pero no tienen absolutamente nada que ver con el Reino de los Cielos. El problema más grande de los hijos de Dios en la tierra, hoy, es como se ha perdido y bastardeado el concepto de Reino.

Fíjate que toda civilización y todo reino que surgió desde la caída de Adán, nunca tuvo el prototipo del Reino de los Cielos en su interior. Todo gobierno, desde la caída de Adán, nunca tuvo el programa que Dios había planeado para el hombre. Y te doy un ejemplo. Cada vez que los Asirios, los Babilonios, los griegos o los Caldeos y todos los demás reinos que siguieron tras la caída de Adán, invadían un territorio, sometían a la gente, luego los desarraigaban y se los llevaban a sus países para convertirlos en esclavos. Ese era el estilo de guerra y el estilo de los reinos humanos. Todos los reinos hicieron esto, con excepción del Imperio Romano.

El Imperio Romano fue el primer reino que, cuando sometía a un pueblo, nunca se llevaba a la gente de su país. Los dejaban en sus tierras, pero enviaban a un gobernador desde Roma a ese lugar, para que trabajara logrando que ese país fuera como Roma. Pilatos era eso. Por eso fue que el Imperio Romano se convirtió en el imperio más exitoso de la historia. Porque su sistema de gobierno era una imitación al del Reino de Dios. Mantenían su sede en Italia, en Roma, y enviaban a sus gobernadores a todos los territorios, para hacer que esos territorios fueran como Roma. Y lo consiguieron. Entrabas a ciertos territorios dominados por los romanos, y era como si entraras en Roma. España, Inglaterra, fueron reinos que procedieron de la misma manera. Imitaciones humanas de algo divino.

Entonces nos encontramos con la escritura que dice que, en la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo. De hecho, la plenitud del tiempo, no significa un tiempo en un reloj, significa establecer. Todo está colocado en su lugar. Así que lo que Dios vio, fue un prototipo del Reino de los Cielos en la tierra, donde tienes a un rey gobernando en la tierra a través de gobernadores, no elevando al pueblo. El Imperio Romano se construyó sobre ese concepto. Lo que fuera que se manifestaba en Roma, debía manifestarse en cada lugar donde ellos gobernaban. Y así gobernaron el mundo entero por doscientos años. Era un sistema perverso, pero les funcionó porque era una imitación del sistema de Dios.

La intención de Dios no era realmente venir a la tierra. Su intención era que lo que sucediera en el cielo, sucediera en la tierra. Él quería colonizar la tierra como el cielo a través de sus hijos. Es decir que, lo que sea que sea el reino que coloniza, esa colonia se convierte en un calco del reino padre. Cuando le preguntaron a Jesús como debíamos orar, Él respondió: oren así: Padre nuestro que NO estás en la tierra, santo es tu nombre. Venga tu reino y hágase tu voluntad en la tierra, así como se hace en el cielo. Un reino no es una religión, un reino es la influencia de un rey sobre un territorio, interactuando con su voluntad, su intención, su propósito.

Por eso es que hoy hay tanta impotencia en la iglesia. En muchos casos, por el simple hecho de ser miembros de una religión cristiana, nos volvemos soberbios. ¿Recuerdas a quien puso como modelo de fe, Jesús, cuando estuvo en la tierra? No fue a un israelita, precisamente. Era un hombre que representaba a un reino, un romano. Porque un reino no es una religión. Este centurión que Jesús conoció, tenía un problema. Y vino a Jesús, no porque fuera un hombre religioso. Vino a Cristo, porque sabía que era un hombre de Reino.

Por eso le dijo que no era necesario que fuera a su casa, porque en los reinos, de la misma manera que su Pilato tenía el pulgar de César, podía dar la vida o podía quitarla, porque cuando representas a un reino, la autoridad de ese rey se distribuye a través de sus siervos. Así es que no necesitas ir a la sede central para que las cosas se hagan. Conque digas la palabra, conque des la orden, mi siervo estará sano. Eso dijo el centurión que impactó a Jesús, que lo colocó como modelo de una fe que sus paisanos todavía no evidenciaban poseer.

Para ser sanado o liberado, no necesitas ir al Cielo a entrevistarte con Dios. Eres un embajador del cielo en la tierra. Y un embajador no es una persona religiosa. El de embajador es un nombramiento político. Todos ustedes que me leen hoy, son embajadores de Cristo. La Biblia, que es la constitución del Reino de los Cielos, dice eso, que somos embajadores de Cristo. Eso significa que hemos sido nombrados por el gobierno del cielo, para representar al Reino de los Cielos en la tierra.

Un embajador no es una persona, un embajador es la encarnación de un país. El no lleva consigo a un país, el ES el país. Y esto es muy importante conocerlo, porque te ayuda a ver cuan grande es tu poder. Si eres un legislador o un ministro de un país, no eres tan grande. Un embajador es más grande que tú. Yo elegiría ser embajador, si se me permitiera. Porque cuando nombras a un embajador, conviertes a esa persona en un país andante. Tomas control total de sus vidas. Un embajador no paga ninguna factura. En el momento en el que un gobierno te nombra embajador, se hace responsable de tu comida, ropa, transporte, autos, casas y hasta la matrícula del colegio de tus hijos.

Dicho de otro modo, tu vida se convierte en propiedad del gobierno. ¿Recuerdas cuando Jesús dijo por qué nos preocupábamos por lo que íbamos a comer o a vestir? De eso hablaba. La última. Si soy un ciudadano de un país y alguien me da una bofetada, eso se considera como una agresión o un insulto. Pero si soy embajador de ese país y alguien me da una bofetada, eso se entiende como un incidente internacional. ¿Te das cuenta lo que es ser un embajador del Reino de los Cielos en la tierra? Eso soy. Eso eres. Eso somos. ¿Has podido entenderlo? ¿Fui lo suficientemente claro como para mostrarte que estamos queriendo enseñar cuando decimos que esto es el Reino? Ahora debo mostrarte lo que es un Rey.

28.- No Me Gusta Del Todo…

 …la palabra éxito, porque está sumamente bastardeada por la cultura secular que hay allí afuera de nuestros límites espirituales. Sin embargo, no encuentro a otra que defina con más claridad, según nuestras costumbres, de lo que podría significar un trabajo ministerial de impacto: éxito. Eso. ¿Y sabes qué? Cualquier forma de éxito dentro de lo que es nuestro camino o ambiente de fe, tiene una clave. Y a eso es a lo que voy, a referirme en este trabajo que comienza ahora. La clave del éxito dentro del Reino.

Jesús habló acerca de las llaves del Reino. Y una de las claves principales para vivir en el Reino, es someterse a la autoridad. La llave más importante del Reino, es entender a someterse a la autoridad. La palabra autoridad trae un temor en los oídos de la mayoría de la gente. Pero tú no puedes vivir en un Reino, a menos que entiendas el principio de la autoridad. Y lo más importante que a la iglesia le falta hoy en día, es la sumisión a la autoridad. Por eso es que la iglesia es tan débil y hay tanto pecado en ella.

Eso es porque la mayor parte de su gente no entiende autoridad. Para vivir en un Reino, tú tienes primero que entender cómo es que los reinos funcionan. Veamos: ¿Cuál es el mensaje de la Biblia? Después de muchísimo tiempo de leerlo y estudiarlo, podríamos llegar a la conclusión de que este maravilloso libro se trata de siete cosas. 1.- El Rey. Se trata acerca de un Rey. Esto quizás te suene sencillo, pero la realidad es que es muy importante para nosotros, porque vivimos en una democracia. Y nosotros cometemos el error de imponer nuestro pensamiento democrático sobre la Biblia. 

Así que aun la palabra Rey, es muy peligrosa. Porque vivimos en una democracia, y la democracia está opuesta al Reino. Es por eso que, para una gran mayoría de nosotros, ni siquiera tiene demasiado sentido serio la palabra rey. El problema que tenemos es que la Biblia se trata del problema de un Rey. Un rey no es un presidente. No es un gobernante. No es un alcalde. No es un legislador. Los reyes son únicos y la Biblia es acerca de un Rey. Y muy pocos de nosotros sabemos lo que es un rey.

 Por ejemplo: un rey no necesita que nadie le dé su voto para entrar en poder. Un rey nace como rey. Así es que, cuando Jesús nació en la carne, ustedes se acuerdan que los ángeles dijeron que en esa hora había nacido un rey, un salvador. Y recuerdo que Pilatos le preguntó a Jesús: ¿Eres tú un rey? Y Jesús le contestó: Para esta razón yo nací. Así que no eres tú el que hace a Jesús un Rey, Jesús nació como y para ser Rey. Y un rey, donde quiera que sea, está en el lado opuesto a un presidente.

En la democracia, un presidente funciona a partir de una consulta. Por eso es que tiene el Senado y el Congreso. Además de su gabinete. Y hay muchos poderes dentro de una democracia. Pero en un reino, el rey es la autoridad total. Él no tiene ni necesita ninguna consulta. Él no le pide consejo a nadie. Por eso es que la Biblia dice: ¿Quién puede aconsejar al Señor? Dios no necesita tu opinión, ni tus sugerencias, ni tus consejos. Cuando un rey habla, su palabra se convierte en ley.

Un presidente, por sí mismo, no puede hacer leyes. Cuando un presidente habla, nadie tiene la obligación de obedecer. Ningún presidente está habilitado para hacer un decreto. Puede redactarlo, pero deberá ser aprobado por el otro poder, el Legislativo. Así que tú no puedes tratar a Jesús como un presidente. ¡Él es un Rey! Cuando Él habla, lo que Él dice, viene a ser ley. Por eso es que los reyes no hablan mucho. Estoy tratando que entiendas lo que es el Reino. Así que cuando un rey habla, eso es una ley. Para hacer una ley en tu país, tienes que ir por la Corte Suprema, el Congreso o el Senado.

Pero en un reino, el rey habla y eso es ley. Por eso es que Jesús dijo: escuchaste que fue dicho, pero yo les digo ahora. ¿Y por qué esto es tan importante? Si el rey dice que la fornicación es un pecado, ninguno de nosotros puede debatir eso. Me parece que a esta altura puede haber alguno que no le agrada demasiado que yo enseñe sobre el Reino, ¿Verdad? Si un rey dice que el adulterio es pecado, nadie discute eso. Ninguno de nosotros puede votar en contra o a favor de eso. ¡Es ley!

Si un rey dice que el homosexualismo es abominación, ninguna sociedad que diga estar bajo la influencia de ese Rey puede discutir eso. Por eso es que en muchos sitios se odia a los reyes y, por contrapartida, se ama a los presidentes. Sobre todo, porque con un presidente puedes estar en desacuerdo, mientras que con un rey no puedes, eres sancionado. En la democracia, tú cooperas, pero en el reino tú no cooperas, tú obedeces. Por eso es que nos gusta tanto la religión. En la religión, cooperamos.

 En un lugar del mundo, setenta obispos reunidos como parte de una enorme estructura religiosa, votó como obispo principal a un hombre homosexual. Se supone que le habrán dicho a Dios que los disculpara, pero que habían decidido votar en contra de sus propias leyes. Eso es religión. ¡En la religión, tú puedes sacar a Dios afuera de tus decisiones! Hay una realidad que es al mismo tiempo una inocultable verdad: el cristiano promedio, no está viviendo en el Reino. ¿Por qué? Porque debaten. Ellos discuten. Ellos votan por la palabra de Dios.

¿Tú sabes por qué la gente odia a Jesús? Porque Él demanda obediencia completa. Porque Él es un Rey. La Biblia se trata de un Rey. La Biblia se trata acerca de un Reino. Un Reino no es una religión. Es un país, o una patria. Si un día el Espíritu Santo te trae luz a tu entendimiento y logras entender los principios básicos que hacen a un Reino algo incomparable, recién entonces la Biblia tomará un sentido claro y nítido ante tus ojos. La Biblia no es democracia, la Biblia es un Reino.

Por eso es que hay muchos de nosotros tratando de enseñar cómo son los reinos. Repito algo fundamental: un Reino no es una religión. Y algo que es clave y que no muchos saben: la iglesia no es el Reino. Jesús mencionó la palabra eklesía una sola vez. Pero mencionó al Reino todos los días. ¿Tú sabes, realmente, lo que es la iglesia? Te lo puedo explicar. La palabra eklesía, fue inventada por los griegos, no por Jesús. Fue inventada por Aristóteles, Platón, Sócrates, los filósofos.

Estos tres filósofos son muy importantes, porque ellos inventaron la idea de la democracia. La democracia es una idea griega. No viene de la Biblia. Y el Imperio Romano adoptó la filosofía griega. Y los romanos gobernaban el mundo entero. Con filosofía griega. La filosofía griega dice que controles la gente utilizando, para ello, a un ciudadano principal. Esta es la idea griega. Lo llaman demócrata. Tú pones a un jefe principal para que te gobierne.

Es, repito, una idea griega. Así es que, tal como lo podemos ver con poco esfuerzo, toda América y gran parte del mundo están controladas por ideas griegas. Por eso es que hay un espíritu del anticristo en la democracia. Los dos nunca pueden ponerse de acuerdo. Griegos, Jesús. Los griegos desarrollaron la idea de un rey escogiendo un senado. Ese senado era un grupo de gente que el rey ponía en posición. Y él les daba sus ideas, y ellos tomaban esas ideas del rey y las convertían en una legislación

. Ese grupo de gente, eran llamados la eklesía por los griegos. Los romanos, luego, adoptaron eso. Así que César era el rey y dispuso y puso a un grupo de gente diferente. Y los llamó El Senado. Si tú estudias la historia de Roma, vas a ver que el grupo de gente más poderosa que había, era la del grupo del senado. Porque ellos eran puestos allí por el Emperador Romano. El rey. Jesús llega y entra y nace dentro del Imperio Romano, así que hay dos reyes en un mismo lugar.

Y Él se mantenía diciéndole a la gente: ¡Yo también tengo un Reino! Y los que lo escuchaban le preguntaban de qué estaba hablando. ¡No tenemos otro rey que no sea el César! Pero Él les decía que también era un Rey. Y que tenía un Reino igualmente al de César. Cada rey, necesita un senado. Y el trabajo del senado es recibir la mentalidad del rey y traducirla en forma de leyes.  Así que Jesús estaba predicando: ¡El Reino de Dios está aquí! Y ellos decían ¿Dónde está?

 Y le hicieron una pregunta. Y Él les dijo a los discípulos: ¿Quién dicen los hombres que Yo Soy? Ellos le dijeron que algunos decían que Él era Elías. Eso es un profeta. Otros decían que era Juan el Bautista. Ese es otro profeta. Todos estaban mal. Porque un profeta no puede tener un reino, y además porque viene para hablar de parte del rey que lo envía, en este caso de parte de Dios. Y Jesús ES Dios. Así es que nunca te atrevas a poner a la par a Mahoma con Jesús. Mahoma es un profeta, Jesús es Dios.

 Así que fue a los discípulos y les preguntó: ¿Quién dicen ustedes que yo soy? Y Pedro, recibió un WhatsApp de Jesús. Y el gobierno del cielo le envió otro. Y Pedro dijo: ¡Tengo la contestación! ¡Yo sé quién eres tú! ¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente! Cristo. Anótalo. La palabra Cristo, significa Rey Ungido. Mesías. Mashaia. Rey Ungido. ¿Quién dicen los hombres que yo soy? ¡Tú eres el Cristo! ¡Tú eres el Rey Ungido! ¡Tú eres el Rey!

Y Él dijo: En esa declaración, que yo soy un Rey, voy a edificar mi eklesia. Le llamamos nosotros, Iglesia. Por eso es que Él dijo: Ustedes no me escogieron a mí, ¡Yo los escogí a ustedes! El trabajo de la eklesia, es recibir la mente del Rey. Y hacerla una legislación en el territorio completo. Así que la iglesia, es una agencia del Reino. La iglesia, es la administración del Reino. La iglesia es un cuerpo político, que representa al gobierno del cielo aquí, en la tierra.

 Por eso es que la Biblia te llama embajador. Un embajador no es una persona religiosa. Es uno que representa un país y un Rey. Así que tú que me estás escuchando hoy, te enteras ahora que tienes un puesto político. Por eso es que el diablo ha sido exitoso, porque ha podido reducirte a un grupo de gente religiosa. Y entonces te convenció que hay una separación entre la iglesia y el Estado cuando, de hecho, tú eres el Estado. Jesús le dijo a Pilatos que era un Rey. Y yo tengo mi eklesia. 

29.- Y Jesús Añadió que Las Puertas…

 …del Hades no prevalecerían contra su eklesia. Ni siquiera la muerte puede pararla. Por eso es que yo, desde este humilde rincón minúsculo, me atrevo a hablarles a los gobiernos. Y puedo hacerlo con naturalidad porque desde lo espiritual, Yo Soy Gobierno. Y para gobernar como Reino que somos, debemos permanecer dentro de los sistemas mundanos. Si eres cualquier tipo de profesional, esa es la voluntad de Dios para tu vida.

No para que vivas de manera opulenta con lo que le robas a los más débiles, sino para dar testimonio de lo que puede ser un profesional enviado del cielo. Mucha gente dice que ha decidido dejar su trabajo secular para servir mejor al Señor. Jesús nunca escogió un discípulo habiéndolo sacado de una organización religiosa. Todos eran hombres de negocios. Yo mismo pude haber tomado la posibilidad de ser un empresario de medios de comunicación y ganar buen dinero con ello, pero a mi Padre le plació que utilizara los talentos o dones recibidos para hacer esto que hoy hago.

Y Él corrió con todos los gastos para que yo no pase necesidades, aunque tampoco viva de vacaciones permanentes en el Caribe, ¿Estás entendiendo? Así que el Reino, es un país o una patria. El Reino es un gobierno. La Biblia tiene que ver con una familia real. Porque este libro se trata de un Rey que tiene hijos. Tú eres una o uno de esos hijos, y quizás alguien que está cerca de ti, ahora, también lo sea. Entonces, este documento llamado Biblia, se trata de ti.

El Reino de Dios, es el más único de toda la historia. ¿Por qué? Porque en cualquier reino, los que están por fuera del núcleo real, son llamados “súbditos”. Sub, quiere decir por abajo. En un reino, entonces, los ciudadanos se llaman súbditos. ¿Por qué? Porque no son familia del rey. No están relacionados con el rey. Pero en el Reino de Dios, todo ciudadano es un hijo de Dios y por lo tanto, es parte de la familia real y divina. Los hijos no mendigan, los hijos tienen derechos.

La Biblia se trata, incluso, como ya fue dicho, de colonización. La Biblia se trata de un Rey que expande su influencia y poder a un territorio distante. La Biblia se trata de un Reino invisible que extiende su reinado a un mundo visible. Si tú no estás entendiendo todo esto, no puedes entender la Biblia. Se trata del cielo colonizando la tierra. Cuando un reino coloniza un territorio, todo en este se convierte a lo que es ese reino. Su cultura, su comida, sus costumbres, su idioma.

La Biblia se trata del cielo colonizando la tierra. ¿Por qué? Porque Dios quería que la tierra fuera justamente como es Él. Los discípulos le hicieron a Jesús una pregunta: ¿Cómo debemos orar? Y Jesús les dijo que oraran de esta manera: Nuestra Fuente, que no está en la tierra. Nuestro gobierno, que no está en la tierra. Nuestro Padre, que no está en la tierra, que está en el país que es nuestro verdadero hogar. Santo es tu nombre, dijo. Que venga tu patria. Que tu voluntad sea hecha.

 ¿Dónde? Así en la tierra como se hace en el cielo. Interesante, porque la religión vive orando para irse al cielo, pero el Reino ora para que el cielo venga a la tierra. Eso es colonización. La gente religiosa, quiere irse de la tierra. La gente del Reino, quiere edificar en la tierra. A la gente religiosa le gusta el rapto. A la gente del Reino, le gusta la invasión. Jesús dijo: Padre, no los quites de este mundo. La gente religiosa ora pidiéndole a Jesús que venga rápido y se los lleve pronto. Pero Jesús ora al Padre pidiéndole que no se los lleve.

Deja de orar para irte en un rapto. La Biblia dice que te ocupes en tu salvación con temor y temblor. Ojo: no dice DE tu salvación, dice EN. ¿Soy claro? ¡Muévete! ¿Hasta cuándo? ¡Hasta que yo venga, dice Jesús! Mi pregunta diaria, es: ¿Cómo tiene que verse Argentina? Como se ve el cielo. ¿Y cómo se logra eso? Con el testimonio diario de cada uno de nosotros, los que caímos desde el cielo aquí, en esta tierra que luego aprendimos a amar como nuestra.

¿Tienes claro o no lo que Dios quiere de la tierra? ¡Exactamente! Lo mismo que sucede en el cielo. Así que lo mejor que puedes hacer de ahora en más, es estudiar el cielo. Te adelanto que en el cielo no hay enfermedad, no hay miseria, no hay divorcio, no hay depresión, no hay temor. ¡Que así sea en la tierra! Esa es la oración de Reino. ¿Crees que eso puede ser posible? Sí, ya te veo o me imagino tu rostro de duda. Sin embargo, piensa en esto: si lo que te he dicho no fuera posible, entonces Jesús dijo una mentira.

 Porque Él dijo: venga tu Reino, hágase tu voluntad, aquí en la tierra, así como se hace en el cielo. A ver; lo que no está en el cielo, no debería estar en tu casa. Busca en tu Biblia a Génesis capítulo 1. Este capítulo se trata de ti. Dios te creó a ti. Génesis capítulo 1, verso 26, se trata de ti. Dice: Entonces dijo Dios; hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza, y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.

Dios dijo. Hagamos al hombre. Y la palabra hombre, aquí, está en plural. No se trata de una persona, sino de una especie. En nuestra imagen. La palabra imagen, aquí, significa naturaleza, carácter, característica. O sea que lo que Dios dijo, fue: Hagamos una especie que tenga nuestra naturaleza. Que tenga nuestras características. Justo igual que Dios. La palabra semejanza, mientras tanto, significa “que funciona igual”. Así que esta especie, dijo Dios, debe tener nuestro carácter nuestra naturaleza, que funcione como nosotros.

Así que tú tienes la naturaleza de Dios. Naturaleza significa que tú eres, naturalmente, como Dios. ¿Qué significa eso? Que cuando tú no actúas como Dios, tú no eres natural. Por ejemplo: Dios es amor y tú saliste de Dios. Así que tú eres amor. Así que cuando odias, te destruyes a ti mismo. Porque eso no es natural. Por eso es que la amargura te destruye, no la otra persona. Porque no es natural que un hijo de Dios odie, eso te hace enfermo. Tú tienes lo que Dios tiene. Lo que está en Dios, está en ti.

Por eso eres un ser espiritual. Tu saliste de Dios. Y Dios no TIENE santidad, ¡Él ES santidad! Dios no tiene justicia, Dios ES Justicia. Dios no tiene amor, Dios ES amor. Tú tienes todas esas cualidades. Por eso la Biblia nunca te dice que hagas santidad. La Biblia dice: ¡¡Sé santo!! Como tu fuente, en el cielo, es santa. La Biblia nunca dice que tú no eres santo, o que no eres justo. Lo que la Biblia dice es que, si bien eres santo u justo, no estás actuando ni como santo ni como justo.

Porque no ser santo, significa que no tienes ningún tipo de santidad. La explicación sencilla que puedo encontrar es que no estás activo como santo, pero igualmente lo eres. Así es que, cuando tú estás viviendo en santidad, eso no impresiona a Dios. Porque, en todo caso, tú estás en tu estado natural. Que tengan dominio, dijo. Porque Dios te creó para tener dominio. ¿Qué significa dominio? Es la palabra hebrea radah. Dominio. Significa Reino. Significa gobierno. Significa poder soberano.

 La palabra dominio significa poder gobernar. Significa tener autoridad sobre algo. Tú fuiste creado para dominar. Los peces del mar, los pájaros del aire, animales del campo, las plantas de la tierra, las cosas que se arrastran sobre la tierra. Pero fíjate en esa lista; que no hay ningún humano. Tú no fuiste creado para dominar a ningún otro humano. Por eso es que Dios odia la opresión. Cuando tú oprimes a un hermano, estás oprimiendo a Dios.

 Deja que tengan dominio. La palabra dominio significa Reino. Y quiero compartirte uno de los secretos del Reino. Mateo 13:11: Él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; más a ellos no les es dado. Aquí lo que puedes comprobar, es que Jesús está diciendo que el Reino tiene misterios o secretos. Creo que necesitamos predicarle los secretos del Reino a la iglesia. El problema radica en que la mayoría de los líderes no conocen el Reino.

¿Y por qué razón es que estos líderes no conocen el Reino? Mateo capítulo 23. Voy a leerte uno de los versos más peligrosos de la Biblia. Especialmente para líderes religiosos. Mateo 23:13: Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando. Jesús dijo que el mayor obstáculo para el Reino de Dios, son los líderes religiosos.

¿Tu escuela bíblica, no enseña eso? Los seminarios no lo enseñan. La doctrina tradicional de tu iglesia tampoco lo enseña. La mayoría de los líderes y ministros que he conocido no lo enseñan. Y Él dice ¡Ay de vosotros! ¡Ay! Ay, es la peor palabra en el hebreo. Es una palabra de maldición. Jesús maldijo. Pero Él nunca maldijo a un pecador. Jesús nunca les dijo ¡Ay! A los pecadores. Está bien, Néstor. Lo que usted dice es correcto, tiene suficiente respaldo bíblico y de ninguna manera se podría considerar como herejía.

Pero tendrá que comprender que nuestra iglesia no puede enseñar eso, sobre el Reino. Tenemos una serie de ministerios muy valiosos e importantes y ya estamos muy bien organizados para que todo eso funcione, no podemos añadirle nada más. ¡Ay de vosotros! ¡No entran al Reino ni permiten que los que quieren entrar lo hagan! ¿No se dan cuenta que están destruyendo a mucha gente fiel y sincera? ¡Ay de ustedes, maestros! ¡Porque cierran el Reino y no dejan que la gente lo conozca y lo sepa! 

30.- ¿Nunca Se Te Ocurrió…

 …estudiar la palabra “¡Ay!”? Hazlo. Descubrirás que significa “maldito hasta el infierno”. ¿Ahora entiendes lo que Jesús les dijo a esos fariseos? ¡Váyanse al infierno! Eso les dijo. ¿Por qué? Porque no predican el Reino, no enseñan del Reino y aguantan a la gente que se queda fuera del Reino. Jesús dijo: Busca primeramente el Reino. Búscalo. Estúdialo. Persíguelo. Apréndelo. Has hecho de una doctrina algo más importante que su propio mensaje. 

Lucas 9:11 Y cuando la gente lo supo, le siguió; y él les recibió, y les hablaba del reino de Dios, y sanaba a los que necesitaban ser curados. Lucas 12:32: No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino. Mateo 13:33: Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado. ¿Qué es la levadura? Influencia. Impacto. Cambia sociedades.

Cambia tu trabajo. Impacta tu familia. Impacta la comunidad. Impacta el gobierno. La levadura no puede afectar nada, a menos que esté dentro. Tú no puedes cambiar aquello que evitas. Si evitas al mundo, nunca lo vas a cambiar. El Reino es como la levadura, tienes que meterte para impactarlo. Mira todo el mundo, mira el sistema. Levadura. La levadura nunca tiene temor a la masa. ¿Por qué? No importa cuán grande es la masa, la levadura se ríe. Tú eres mía, voy a leudarte.

 La levadura es muy pequeña. Insignificante. Pero la masa está en problemas. Porque la levadura impacta toda la masa. La levadura es interesante, trabaja muy silenciosamente. La levadura es muy tranquila. Nunca hace ruido. Jesús dijo que el Reino era como la levadura. Nunca saben que está allí, hasta que es muy tarde. Mateo 12:28: Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios.

Esto Jesús se los dice a los fariseos luego de haber liberado a un endemoniado y haber oído que lo acusaban de hacerlo mediante el poder satánico. Insólito. ¿Por qué Satanás se echaría fuera a sí mismo? Eso fue una declaración del Reino. Los reinos no entregan territorio. Porque el territorio es su gloria. Él dijo: ¡Mira! Este territorio, es mi territorio. Este niño es mío. Yo creé al hombre. Este es mi templo santo. Satanás está ilegal, aquí, no yo. Entonces tengo que echarlo fuera de mi territorio.

 Lee bien el verso 28. Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios. ¿Qué quiere decir esto? Que cuando tú ves un milagro, eso es una evidencia que la cultura del cielo está presente. Los milagros son la evidencia de que el Reino de los Cielos anda por aquí cerca. Los milagros son la evidencia de que la cultura del cielo ha llegado a la tierra. La cultura es natural. Entonces, el ser sanado, se supone que sea natural.

Es la cultura de Dios. En la cultura de Dios no hay enfermedad. Así es que, cuando su cultura llega, los demonios se tienen que ir. Las enfermedades se tienen que ir. La depresión se tiene que ir. El temor se tiene que ir. La pobreza se tiene que ir. ¿Por qué? Porque el Reino de los Cielos ha llegado. Se supone que tengas todas tus necesidades cubiertas. ¿Por qué? ¡Porque es tu cultura!  Vamos a Mateo capítulo 10, un verso muy peligroso, sobre todo para los líderes y ministros.

Verso 7. Instrucciones de Jesús. Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Yendo. Eso dice. Apóstoles, Profetas, Evangelistas, Pastores, Maestros, Misioneros, Hombres de negocios, Profesionales. ¡Yendo! ¡Predica este mensaje! ¡No tu mensaje! ¡No tu doctrina! Ni movimientos de fe, ni de prosperidad, ni de sanidad, ni de señales y milagros. Y tampoco nacer de nuevo. Jesús nunca predicó nacer de nuevo. Él mencionó el nacer de nuevo, una sola vez.

 Y nunca a una multitud. Se lo dijo a un anciano por ahí como por las dos de la madrugada. ¿Por qué? Porque ese no era su mensaje. Él dijo con toda claridad que todos nosotros, yendo, no esperando, yendo, prediquemos un solo evangelio, el que dice que el Reino de los Cielos se ha acercado. Ese. Le escuché contar algo a un ministro al que respeto muchísimo, que alguien lo saludó en una ocasión y le dijo: ¡Hola! ¿Tú eres el ministro que está predicando sobre el Reino?

Decía este ministro que primero se sorprendió con la pregunta, que luego se fastidió un poco y que, finalmente, le tomó un ataque de risa mientras le respondía al que le había hecho esa pregunta: ¡Sí! ¡Claro! Pero…perdón…¿Y tú que estás predicando sino predicas que el Reino de los Cielos se ha acercado? Lo entiendo. Me hubiera sucedido lo mismo. Tengo un grado de misericordia que no nace de un mérito mío personal, sino del Padre, que me permite recordar que, hasta no hace mucho tiempo atrás, yo pensaba igual que el que le hizo la pregunta a este buen hombre.

Por la gracia de Dios, hoy sé que no existe ningún otro evangelio que debamos predicar, que no sea el del Reino, porque ese es nuestro mandato por siempre y para siempre. Quiero ser claro, honesto, sincero y puntual, aunque suene duro. Si no estás predicando el evangelio del Reino, estás desobedeciendo un mandamiento de Jesús, que fue el que leímos hace un momento. Y si tu ministerio se está viniendo abajo, no crece, no impacta y hasta da la sensación de que se cae en cualquier momento para no volverse a levantar, examínate.

 No vaya a ser que, por una de esas grandes casualidades, sea por causa de esa desobediencia tuya en cuanto a no predicar lo que Jesús nos ordena predicar. Vamos empezando a cerrar esto. Mateo 16:19 Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. Entiende bien. No dice que te dará LA llave, UNA llave. Dice que te dará LAS llaves del Reino de los cielos.

Eso me muestra a mí y te muestra a ti, que no hay una sola llave para el Reino de los Cielos. Hay muchas llaves del Reino de los Cielos. El dilema es saber qué cosa son estas llaves. La respuesta es tan simple que te acuesta. Llaves son leyes, principios, conceptos. Todos los países funcionan con leyes. Él dijo: mi patria, tiene leyes. Si se rompen las leyes, hay penalidades. Si respetan y cumplen las leyes, hay beneficios. A ti te daré las llaves de tu patria, el cielo.

 Así que, lo que cierras en la tierra, será cerrado en el cielo. Te daré leyes, que cuando las desatas en la tierra, el cielo las va a soltar. Te voy a dar una influencia directa en la tierra, desde el cielo. Tú no tienes que ir al cielo a recibir las cosas. Te daré leyes, llaves, principios en la tierra, que traerán el cielo a la tierra. En tu casa, en tu barrio, en tus negocios. Te daré los secretos, las leyes, de cómo traer el cielo a la tierra. Él no estaba hablando acerca de demonios.

 Digo porque solemos usar este verso para atar o desatar demonios. Lee el capítulo completo, por favor. Nada del contexto te está hablando de demonios. No soy ningún ultra conservador, ni cerca, por eso creo en los demonios y en la guerra espiritual. Pero no me voy de mambo y meto demonios hasta debajo del plato de sopa que voy a beber.  De lo que Él está hablando, es acerca de acceso al cielo, este país, en la tierra. Y te daré las llaves, las leyes. Y te daré una ley antes de cerrar todo esto. Aprende: todos los reinos tienen tres símbolos.

 1.- La Corona. La corona representa poder. 2.- El Bastón. El bastón representa algo que el rey esgrime de manera permanente y que da evidencia de su poder. 3.- El Cetro. El cetro representa autoridad. Y esto es importante, porque Jesús dijo que era un Rey. Así que Él tiene una corona, eso representa su poder. El tiene este ornamento, ese bastón, y es su influencia. Y todo rey tiene un cetro, que evidencia su autoridad. Por eso es que la parte más importante del rey, es el cetro.

La mayoría de nosotros, vamos detrás del poder, la corona. Oramos, clamamos y nos desesperamos pidiendo al Señor que nos de poder. Amamos el poder. Entonces vamos y buscamos influencia. Queremos ser famosos, conocidos. Queremos ser grandes. Pero no buscamos autoridad. Oramos por poder y por influencia, pero no oramos por autoridad. ¿Sabes por qué? Porque la autoridad controla el poder. Por esa razón es que la gente muy poderosa siempre es muy peligrosa. 

31.- La Gente Con Influencia…

 …también es peligrosa. Porque no tienen autoridad, sólo tienen poder. Por eso, aunque me miren torcido, yo siempre digo que a mí no me impresiona la gente poderosa, con alta influencia o famosa. Porque todos, aunque no lo sepan, están sometidos a la que es mi única autoridad. Eso iguala todas las cosas. Queremos a los poderosos, a los influyentes, incluso hasta adoramos a los famosos, pero rechazamos a la autoridad de Dios. ¿Tú crees que es así por casualidad?

Génesis 49:10 dice que

0 no se apartará de Judá. Es curioso, pero Dios nunca menciona la corona ni la influencia. Él dijo que el cetro no se debe ir. Cuando Ester fue a ver al rey, a ella no le preocupaba la corona, ese es el poder. No le preocupaba la influencia. A ella lo que le preocupaba, era el cetro, la autoridad. Y la Biblia dice que, si alguien entra a la presencia de un rey, si no extiende su cetro hacia ti, serás muerto. No es el poder de Dios el que te destruye. Tampoco es la gloria de Dios la que lo hace.

 Ester sabía que si ella no recibía su cetro, estaba muerta. Vamos a leerlo, Ester 4:11, por favor: Todos los siervos del rey, y el pueblo de las provincias del rey, saben que cualquier hombre o mujer que entra en el patio interior para ver al rey, sin ser llamado, una sola ley hay respecto a él: ha de morir; salvo aquel a quien el rey extendiere el cetro de oro, el cual vivirá; y yo no he sido llamada para ver al rey estos treinta días.

Ahí está el problema. A los cristianos les gusta demasiado el poder de Dios, les gusta la unción. ¡Oh, Dios! ¡Dame poder! ¡Necesito de tu poder! El pedido incorrecto. ¡Oh, Señor! ¡Dame un cetro! ¿Cuál es la diferencia? El poder es habilidad, energías, fuerzas, fortaleza. Eso es poder. Autoridad es diferente. Autoridad es el derecho y el permiso para usar el poder.  Por eso es que mucha gente tiene poder, si, pero no tiene autoridad. El lugar más importante en el que puedes estar, es bajo autoridad. Suena raro, ¿Verdad? Te comprendo, por eso estamos como estamos.

 El lugar más seguro en el que tú puedes estar, es bajo autoridad. Obviamente, me refiero a autoridad delegada del cielo, no de la junta de viejos cabezones de la denominación. Eso tiene otro nombre y otros resultados. Amamos el poder, pero odiamos la sumisión. Es tanto lo que se nos ha defraudado que hoy no podemos llegar a confiar en ningún ser humano, por ungido que nos parezca. Pero lo único que te da cobertura para ejercer el poder divino, es estar bajo autoridad sujeta a autoridad. Porque de no ser así, es esclavitud a hombre.

Sin embargo, algo hay que aclarar. Dios diseñó todo lo que vemos, para que esté sometido a algo. Los peces, por ejemplo, fueron diseñados para someterse el agua. Las plantas fueron diseñadas para someterse al suelo. Así que la autoridad del pez, es el agua. El pez tiene mucho poder. El pez puede nadar todo lo que quiera. El árbol puede crecer todo lo alto que quiera. El mar tiene poder. Pero si sacas al pez fuera del agua, vas a ver que no tiene ningún poder.

Saca la planta del suelo y no tendrá poder. Porque la realidad nos muestra que nunca podemos crecer más que la autoridad. Los peces nunca pueden decir que están cansados del agua. Un árbol nunca puede decir que la tierra lo está aprisionando y no le permite crecer, o que está cansado de ese suelo y quiere salirse de él. Conclusión: tú no puedes salirte del diseño de Dios porque no vas a sobrevivir por fuera. En lo humano, nunca confundas el poder con la autoridad.

No todo poder tiene autoridad, y eso me consta personalmente. He conocido a mucha gente con mucho poder, pero sin un mínimo de autoridad. Huye de allí. Eso no es Dios. No permitas que te atraiga el poder, sino la autoridad. Puede haber alguien en la calle haciendo cosas sobrenaturales, milagros. ¿Vas a seguirlo por eso, solamente? Nunca persigas el poder a expensas de la autoridad. Pero, cuidado: autoridad no es estar dominando u oprimiendo a otra gente. O abusando de ella mediante sutiles manipulaciones de contenido satánico.

La verdadera autoridad, desata a la gente en el momento correcto. Quiero cerrar esto dándote pistas de lo que es una genuina autoridad. Pero déjame primeramente decirte qué cosa es lo que una verdadera autoridad no hace. La verdadera autoridad, no busca el beneficio de tu propio éxito. La verdadera autoridad no te usa a ti para promoverse él mismo. La verdadera autoridad lo único que espera de ti, es tu éxito. Y esto es muy importante, porque la iglesia está llena de parásitos que se hacen llamar autoridad.

32.- He Conocido Gente…

 …que dice ser autoridad, y andan por la vida recolectando iglesias. Sométete a mí, yo te daré cobertura. Tú sólo deberás enviarme 500 dólares cada mes. Eso es un parásito. Escucha: una verdadera autoridad, debe tener la habilidad de reprenderte, de corregirte, instruirte, y aun sentarte, que no hagas absolutamente nada mientras no seas confiable. Sólo que aquí está el problema. Si tú me envías todos esos dólares cada mes, ¿Cómo haría yo para reprenderte? 

Si tú estás pagando la mitad de mis gastos, ¿Cómo te voy a corregir? La verdadera autoridad, no demanda nada de ti, excepto tu éxito. Si tú quieres bendecir tu autoridad, esa es tu decisión. Pero de ninguna manera eso debe ser un requisito. El apóstol Pablo lo dijo: tienen muchos maestros, pero pocos padres. No es tarea de los hijos cuidar a los padres, (Sí honrarlos y asistirlos si lo necesitan),sino la de los padres cuidar a los hijos. Eso significa que sería tu cobertura la que debería estar enviándote los 500 dólares al mes a ti, no tú a ella. Por eso es que no pueden ser reprendidos. Porque ellos apoyan aquello. La autoridad verdadera no espera nada de ti, excepto tu éxito.

Por esa razón es que tremendos líderes en la iglesia, han caído. Y no pueden ser restaurados. ¿Por qué? ¡Porque no se someten a una autoridad! La verdadera autoridad, desea que tú logres más que lo que ellos han logrado. Eso te deja en evidencia clara que la verdadera autoridad, jamás tendrá celos de tu éxito. La verdadera autoridad, está dispuesta a disminuir para que tú puedas aumentar. Si en tu vida de fe hay una persona a la cual tú hoy te estás sometiendo, por favor, estúdiala. Y observa si ellos o él está llenando este criterio. El poder necesita autoridad para poder ser desatado. La sumisión a la autoridad, le da poder legítimo.

Quiero cerrar con una escritura del evangelio de Mateo, capítulo 8. Especialmente para líderes, ministros y pastores, por favor, lean esto. Es la historia de un pagano. De un ciudadano romano. El verso 5: Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, (6) y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. (7) Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. (8) Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. (9) Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a este: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.

 Yo también soy hombre bajo autoridad. ¿Qué quiere decir? Yo he estado observándote durante estos últimos tres meses. Y he descubierto algo, que tú eres como yo, un hombre bajo autoridad. ¿Qué le quiso decir? Le quiso decir; yo conozco tu secreto, y tu secreto no es tu poder, sino que estás bajo autoridad, y eso te proporciona ese poder. Cuando tú tienes autoridad, no tienes que moverte. Yo tengo soldados bajo mi autoridad, pero tú tienes palabra bajo tu autoridad.

Mi arma son mis soldados, pero tus armas son las palabras. Yo le digo a ese soldado ve allá, y ese soldado va donde lo mando. ¿Por qué? Porque cuando mis soldados escuchan mi voz, no me están escuchando a mí, están escuchando a César. ¡Eso es autoridad! Nada que ver con doctorados o master en teología, aunque se ser necesario los incluya. Los soldados no me obedecen a mí, sino a la autoridad bajo la cual yo estoy. Ese es tu secreto, Jesús, dijo el centurión. Tu autoridad es más importante que tu poder.

Solamente di la palabra y mi criado será sano. Y Jesús dijo, verso 10: Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe. ¿A ti te gustaría sorprender y hasta maravillar a Jesús? Si, ¿Verdad? ¿Y qué fue lo que sorprendió a Jesús? ¡El se lo dijo con absoluta sinceridad, de esa misma que tanta falta hace en nuestros ambientes! La verdad es que no he encontrado en todo Israel tamaña calidad de fe como la que tú tienes.

Eso le dijo. Jesús creó la fe con autoridad. Él estaba sorprendido. Este hombre entendió autoridad, dijo. Reino. Dominio. Autoridad.  Vamos con el broche de oro. Mateo 10:1 = Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia. A ver; los demonios no los estaban escuchando a ellos, estaban escuchándolo a Él.

Porque fíjate que en ningún momento dice que les dará poder para echarlos fuera, sino autoridad para hacerlo. En una época yo era supervisor en un sector de una empresa siderúrgica. Y tenía un familiar directo al cual un hijo mío había ayudado a ingresar en esa empresa, que era un obrero raso, como todos los que comenzaban a trabajar. Y había días que yo tenía que supervisar su trabajo y él respetarme como su supervisor. Luego, cuando regresábamos a casa, nos tratábamos como los parientes que éramos, pero en la empresa no.

Y no porque yo fuera quien era, sino porque representaba a los directores. Mi pariente no me obedecía a mí por mí, sino a quienes eran sus patrones y le ordenaban trabajos por mi intermedio. ¿Se entiende? Mateo 3:13 = Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. ¡Era su primo! Pero se sometió a su autoridad. A ver. Jesús vivía en un lugar pequeño, en la casa de sus padres. Y durante treinta años de su vida, hizo o no hizo lo que las autoridades del lugar disponían que se podría hacer o no hacer.

O sea que lo que estoy queriendo mostrarte es que Dios, durante todo ese tiempo, se sometió nada menos que a un montón de gente a la cual había creado. Y recién a los doce años se atrevió a decirle a su madre: Mujer, en los negocios de mi Padre debo estar. En otras palabras: ¡Mamá, yo sé a lo que fui llamado a hacer! ¡Yo fui ungido! ¡Yo soy un hombre de Dios! ¡Yo conozco mi propósito! Conozco mi vida, mi asignación, soy un hombre de destino.

 Pero el próximo verso de ese texto dice que se volvió a su casa y se sometió a sus padres. Cuando su reloj biológico le mostró que había cumplido sus treinta años, dijo que el momento de iniciar su ministerio había llegado. ¿Y por qué esperó hasta tener treinta años? Porque ningún hombre podía ser nombrado Rabí, si no tenía treinta años de edad cumplidos. Para ser más claro: nadie podía hablar en público de lo que fuera, si no era un rabino.

Y nadie podía ser un rabino si no tenía treinta años de edad cumplidos. Esto te está diciendo que Jesús comenzó su ministerio cuando supo que estaba cualificado y con suficiente autoridad divina como para hacerlo. Hoy, todavía, aparecen hombres o mujeres que se lanzan a hablar del evangelio sin estar cualificados y, por consiguiente, sin autoridad divina que los respalde para hacerlo. A los resultados de eso, todos los hemos podido ver.

¿Qué hubiera hecho cualquier hombre como nosotros con la directiva por parte de Dios de comenzar un ministerio? Imprimir tarjetas, folletos, letreros, comprar espacios en la televisión, en las emisoras radiales, comenzar un período de alto marketing mediante las redes sociales y todo eso que tantas veces hemos visto en tantos hombres y mujeres a punto de comenzar algo. Jesús no hizo nada de eso. Él, lo primero que decidió hacer, fue ir a ver a su primo Juan.

 ¿Por qué? Porque Juan, independientemente de ser su pariente, en ese momento era la autoridad más contundente de Dios en la tierra. Imagínate la reacción de Juan. Él sabía quién era Jesús y a qué había venido a la tierra. Su madre se lo había contado. ¡Se quería matar al verlo de rodillas ante él esperando ser bautizado por algo que el mismo Juan sabía que no necesitaba! Jesús nunca necesitó ser bautizado para perdón de pecados simplemente porque no los tenía. ¿Qué le respondió Jesús?

Deja, es necesario que cumplamos con toda justicia. La palabra justicia significa “la posición correcta”. Juan, dijo. Tú tienes el poder, pero yo tengo la autoridad. El problema más grave de la iglesia, hoy, es que tiene un montón de gente poderosa, pero que evita la autoridad. Ni bien Jesús se arrodilló, los cielos se abrieron. Si tú, hoy, no puedes arrodillarte ante nadie como autoridad, es probable que los cielos se mantengan cerrados. Y no estoy hablando de las nimiedades a veces infantiles que vemos en las congregaciones. 

33.- La Biblia Hace una Distinción…

 …muy fuerte entre el Reino de Dios como realidad viva, transformadora y gobernada por Dios, y una religión vacía, externa o meramente tradicional. Lo que voy a compartirte ahora es la causa, o por lo menos una de ellas, tal vez la más notoria de esa diferencia y del por qué hemos llegado a ella. Hay textos bíblicos que siempre hemos leído y que nos lo muestran con claridad, pero por la misma razón que ahora voy a comentarte, pocos o muy pocos han llegado a tener una revelación clara y contundente del significado de cada uno de ellos.

Imagínate por un momento, que el mayor tesoro de la humanidad hubiera sido robado hace más de dos mil años y que, desde entonces, generaciones enteras hemos vivido en pobreza espiritual sin siquiera saber que fuimos despojados. Imagínate que este robo no fue ejecutado por bandidos en las sombras, sino por instituciones muy respetadas y en plena luz del día. Y todo acompañado y respaldado por el aplauso de multitudes ignorantes de lo que realmente estaba ocurriendo.

Cuidado, esta no es una fantasía. Según las investigaciones revolucionarias de algunos genuinos hombres de Dios, esto fue lo que ocurrió con el concepto más poderoso que Jesús trajo a la tierra: El Reino de Dios. Como venimos alertando y desenmascarando algunas cosas, no podemos limitarnos a determinar diferencias sustanciales entre Reino y religión. Hay algo mucho más siniestro detrás de todo esto, una suerte de conspiración sistemática que ha operado durante dos milenios, despojando a la humanidad de su herencia más preciada y reemplazándola con una imitación que mantiene a las personas espiritualmente empobrecidas, mientras enriquece a instituciones no diseñadas por Dios.

Romanos 14: 17 = Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.  El Reino, queda más que claro aquí por boca de Pablo, no es ritual ni práctica externa, sino vida interior producida por el Espíritu. La religión sin sustancia, en tanto, se centra en formas estéticas, relacionadas con las modas urbanas y con una conexión inevitable con todo lo que la humanidad secular ha incorporado como bueno. El Reino, muchos ya lo sabemos muy bien, se manifiesta en transformación real.

Jesús nunca vino a traer una religión y mucho menos una que se llamara cristianismo. Ha quedado en evidencia que lo que hoy llamamos cristianismo, en realidad es el resultado de una operación de encubrimiento considerada como la más sofisticada de la historia. No fue un accidente, no fue una evolución natural. Fue un secuestro deliberado, planificado y ejecutado casi con precisión militar, por aquellos que tenían más que perder si el verdadero Reino se establecía en la tierra. Tal como Jesús proponía.

¿Estás listo para descubrir cómo te robaron tu herencia real sin que te dieras cuenta? Para entender la magnitud de la operación, primero debemos comprender qué fue exactamente lo que se robó. Cuando Jesús hablaba del Reino de los Cielos o Reino de Dios, no estaba introduciendo un concepto religioso, sino un sistema gubernamental literal. Cada parábola, cada enseñanza, cada demostración de poder de Jesús, estaba diseñada para mostrar cómo opera un Reino celestial en territorio terrestre.

Mateo 15: 8–9 = Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Aquí Jesús denuncia una religión con palabras correctas, pero corazones ausentes. Te lo repito y observa a tu alrededor: palabras muy correctas y hasta bonitas, pero corazones ausentes, almas indiferentes, espíritus alejados del Santo genuino y guía a toda verdad. El Reino, muchos lo sabemos más que bien, exige rendición auténtica, no solo discurso religioso.

Jesús nunca usó terminología religiosa. Él siempre hablaba como un Rey, anunciando la expansión de su territorio. Usaba palabras como Ciudadano, Embajador, Territorio, Autoridad, Gobierno. La religión convirtió estas realidades gubernamentales en conceptos místicos para quitarles potencia espiritual a las personas. En el diseño original del Reino, los seguidores de Jesús no eran feligreses o miembros de iglesia. Eran ciudadanos de una nación celestial con derechos, responsabilidades y autoridad delegada para representar los intereses del Rey en este territorio terrestre.

Cada cristiano, y lo llamo así porque encaja con el conocimiento mayoritario, pero no me gusta porque fue un calificativo despectivo inventado por los griegos, era un embajador con inmunidad diplomática y acceso directo a los recursos del Reino. Los primeros discípulos operaban con esta mentalidad de Reino. Ellos no construían templos donde la gente fuera a recibir bendiciones. Ellos establecían embajadas del Reino donde los ciudadanos celestiales se equipaban para transformar territorios completos. El Reino original no se enfocaba en salvar almas para el cielo.

 Su misión era traer el cielo a la tierra, transformando sistemas políticos, económicos, educativos y sociales hasta que reflejaran los valores y principios del gobierno divino. Donde quiera que se establecía una embajada del Reino auténtico, las naciones se transformaban. La pobreza desaparecía, la corrupción se eliminaba y la justicia se establecía. El Reino no era una experiencia de domingo por la mañana o por la tarde, era un gobierno alternativo que operaba las veinticuatro siete. Pablo creo que se los explica con meridiana claridad a los Corintios.

1 Corintios 4: 20 = Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder. La religión insípida habla mucho, demasiado, y lo sé más que bien, porque yo mismo hice eso durante gran parte de mi vida de creyente. Hasta que un día a mi Padre celestial le agradó enviarme a su Espíritu Santo a que abriera mis ojos espirituales lo necesario y suficiente como para ver y entender definitivamente que el Reino de los cielos opera, libera, transforma. Y a eso no lo consigue ninguna religión, por sobria y solemne que parezca a nuestros ojos y oídos naturales.

Cada ciudadano del Reino de aquellos tiempos primarios, recibía autoridad delegada directa del Rey para operar en Su nombre. No necesitaban intermediarios humanos, jerarquías religiosas o rituales especiales para acceder al poder del Reino. La conexión era directa, personal e inmediata. Esta autoridad no era teórica, era práctica, verificable y producía resultados tangibles, enfermos sanados, sistemas corruptos expuestos, naciones transformadas, recursos multiplicados, justicia establecida. 

34.- Ahora Bien; Para Entender…

 …cómo fue posible esta devastación sistemática, debemos examinar el momento exacto del secuestro del Reino. No fue un proceso gradual, sino una operación estratégica ejecutada en momentos clave de la historia. El primer gran secuestro ocurrió cuando el emperador Constantino decidió que el cristianismo podía serle muy útil para controlar su imperio. Pero había un problema. El Reino auténtico no podía ser controlado por gobiernos humanos por una sencilla razón: es EL gobierno.

Entonces, necesitaban una versión domesticada. La solución fue brillante y a la vez, diabólica: convertir el Reino en religión. En lugar de ciudadanos con autoridad delegada, crear feligreses dependientes. En lugar de embajadas que transformaran territorios, construir templos donde la gente fuera a adorar. En lugar de gobierno alternativo, crear una organización que colaborara con los poderes existentes. Y que conste, para evitar ser tomado por un operador político actual. Estoy hablando de Constantino, de historia antigua. De allí en más y durante toda una generación, el concepto de Reino fue reemplazado por el concepto de iglesia.

Los ciudadanos se convirtieron en miembros. Los embajadores se volvieron sacerdotes. La autoridad delegada se transformó en rituales religiosos. Una vez establecida la estructura institucional, el siguiente paso fue concentrar toda la autoridad en una jerarquía humana. El acceso directo al rey que cada ciudadano tenía originalmente, fue declarado peligroso y necesario de mediación. Crearon un sistema donde las personas necesitaban intermediarios humanos para todo. Jesús mismo fue muy claro cuando lo dio a entender a quienes todavía se dejaban llevar por sus visiones externas y naturales.

Mateo 7: 21–23 = No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Confesión verbal es igual a obediencia real, de eso está hablando. El Reino se evidencia en sumisión a la voluntad del Rey, no en títulos, dones o lenguaje cristiano. Las palabras sumisión y sujeción fueron tomadas por la religión, pero direccionándolas hacia sus hombres y sus jerarquías, cuando desde el diseño divino se había establecido claramente que no debía ser así. El hombre fue creado para señorear y dominar todo, excepto a otros hombres iguales a él.

Entonces ellos, las organizaciones religiosas, crearon un sistema aparentemente apto para interpretar las Escrituras, para acceder a Dios, para recibir perdón, para operar en poder espiritual. Sin embargo, esto era, exactamente, lo opuesto al Reino original, donde cada ciudadano tenía acceso directo e inmediato. El golpe final fue convertir las operaciones prácticas del Reino en misterios religiosos que sólo los especialistas podían entender. Lo que originalmente era tan simple que un niño podía operar en autoridad del Reino, se volvió tan complicado que requería años de educación teológica. Hoy todavía sigue así en lo global, en lo masivo.

Es decir que la simplicidad del Reino fue deliberadamente complicada para crear dependencia. La oración directa, algo casi automático en aquellos primeros hombres de Dios, se volvió liturgia compleja, incluso acompañada de gestualidades y rutinas de neto corte solemne rozando lo actoral La autoridad personal se transformó en rituales sacerdotales que una enorme mayoría no podía entender como parte de su fe. La transformación territorial se redujo a ceremonias religiosas mayoritariamente respetadas, pero en absoluta ignorancia. El gobierno del Reino se domesticó en actividades de iglesia.

Pero veamos ahora el aspecto más siniestro que contiene esta operación. Lo más brillante de esa conspiración, porque muy bien podemos denominarla así, fue crear un sistema que indudablemente se protegía a sí mismo ante cualquier intención de restaurar el Reino original. Entonces convirtieron sus innovaciones religiosas en tradiciones sagradas. Cualquier intento de restaurar el Reino original, era y todavía es automáticamente etiquetado como peligroso, herético o rebelde contra la autoridad. La conspiración fue tan efectiva que las propias víctimas se convirtieron en los defensores más feroces del sistema que los mantiene esclavizados. Generaciones enteras han sido condicionadas a creer que cuestionar la religión institucional es cuestionar a Dios mismo.

El sistema educativo religioso fue diseñado para perpetuar la confusión entre Reino y religión. Los seminarios, aun los más prestigiosos, enseñaron y siguen enseñando historia de la iglesia, pero no historia del Reino. Teología religiosa, no gobierno del Reino. Administración eclesiástica, no autoridad delegada del Reino. Entrenan pastores y ministros para mantener feligreses, no embajadores para transformar territorios. Gradúan administradores de organizaciones religiosas, no representantes de un gobierno celestial.

2 Timoteo 3: 5 = Que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita. Esto describe con precisión una cristiandad sin poder, sin fruto, sin transformación. El Reino auténtico tiene eficacia, cambia vidas, rompe cadenas. Una de las cadenas más proliferantes y visibles, es el miedo. Miedo a que si dices algo de un ministro que a todas luces todo el planeta sabe que es corrupto y usa la religión en beneficio propio, exista un Dios que lo defienda y te achicharre por exponerlo, es el miedo más fuerte de todos y evita, entre otras cosas, que se digan verdades conocidas por años y por todos.

Pero, quizás el aspecto más siniestro de la conspiración, fue el de crear un sistema económico que hizo y hace que las personas dependan, financieramente, de mantener esa confusión. Millones de empleos, industrias enteras, imperios económicos completos dependen de que las personas nunca descubran la diferencia entre Reino y religión. Es un negocio de millones de dólares. Y todos sabemos lo que cuesta encararse contra el reino de Mammón. Cuando tienes ciudadanos del Reino operando en la autoridad delegada, no necesitas complejas organizaciones religiosas.

Cuando las personas entienden que son embajadores, no construyen catedrales para que otros hagan como que adoran. Hay una diferencia sintetizada que suena fuerte y de pronto hasta puede doler y mucho a gente inocente y sincera, pero es una verdad y a las verdades no hay que callarlas, porque eso equivale a disimular mentiras. Mientras la religión mayoritariamente es un negocio, el Reino en su totalidad es un gobierno. Esa es la diferencia y no creo que existan muchos creyentes sinceros que no lo hayan percibido, aunque se lo callen por los motivos que sean.

 El mecanismo de control más sofisticado que se instauró fue el de convertir el poder del Reino en culpa religiosa. Porque en el Reino original, los ciudadanos operaban en autoridad porque era su derecho y responsabilidad. Pero en el sistema religioso, las personas se sienten culpables por querer autoridad, porque se les enseña que eso es orgullo espiritual. Y que la autoridad solamente es patrimonio de aquellos hombres que han sido “ordenados”, (No sé quién inventó este término) por las autoridades superiores, (Tampoco sé cómo fue que estos llegaron allí) de la denominación, grupo u organización que sea. Pablo lo dijo con claridad.

1 Corintios 14: 29-30 = Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen. Y si algo le fuere revelado a otro que estuviere sentado, calle el primero. Yo no sé cuántas veces ustedes habrán leído este pasaje. Tampoco sé cuántas veces alguien les habrá enseñado o predicado sobre él. Yo lo debo haber leído no menos de doscientas veces, y te puedo asegurar que no hace demasiado tiempo que caí en cuenta que, si eso hoy no se cumple, no es para mantener el orden, como se nos enseñara, sino porque al hacerlo, se estaría dando ingreso a una palabra genuina que viene del cielo que puede llegar a destrozar la hojarasca que se está entregando abajo.

Lo cierto es que esta inversión psicológica mantiene a las personas voluntariamente empobrecidas. Porque, entre otras cosas, les enseñaron que la pobreza espiritual es humildad, que la dependencia de intermediarios es fe, y que la pasividad territorial es santidad. Convirtieron cada virtud del Reino en un vicio religioso. Y aquí llegamos a la parte más controversial de todo esto. Porque no sólo se ha determinado como fue esa conspiración, sino quienes fueron los perpetradores y quienes siguen ejecutándola hoy.

No fue casualidad que el secuestro del Reino coincidiera con la necesidad de los imperios humanos de controlar poblaciones masivas. Un Reino auténtico es ingobernable por sistemas humanos porque reconoce sólo la autoridad divina. Pero una religión puede ser una herramienta perfecta de control social. Quedó documentado que líderes políticos y religiosos conspiraron deliberadamente para crear una versión del cristianismo que fortaleciera sus posiciones de poder en un lugar de establecer el gobierno alternativo del Reino. 

35.- La Conspiración No Terminó…

 …en la historia antigua. Instituciones religiosas modernas continúan perpetrando y perpetuando activamente la confusión porque su supervivencia económica e influencia social dependen de mantener a las personas ignorantes sobre el Reino auténtico. Cuando pastores predican que su trabajo es pastorear ovejas en lugar de equipar embajadores, están perpetuando la conspiración. Cuando denominaciones se enfocan en mantener miembros en lugar de liberar ciudadanos del Reino, están colaborando con el secuestro.

La tragedia más grande de esta conspiración es que millones de personas sinceras, sin saberlo, están protegiendo con uñas y dientes al sistema que les está robando su herencia. Estas personas, educadas en la confusión, atacan ferozmente cualquier intento de restaurar el Reino original, porque han sido condicionadas a creer que la religión es el cristianismo. Es como si se repitiera el viejo Síndrome de Estocolmo, aunque en este caso totalmente espiritual.

Las víctimas se enamoran de sus captores y atacan a cualquiera que intente liberarlas. Hay elementos muy concretos que se benefician social y económicamente si se mantiene la confusión. Hay, evidentemente, una élite religiosa que vive en lujo mientras predica pobreza, que acumula poder mientras enseña sumisión, que construye imperios mientras predica humildad. No es coincidencia que aquellos que más se oponen a la restauración del Reino auténtico, son precisamente aquellos que más han prosperado bajo el sistema religioso falso.

Soy un ministro del Señor y tengo, conforme a su promesa, todas mis necesidades cubiertas. Pero eso no tiene nada que ver con mansiones ostentosas, automóviles impactantes o, lo más reciente, aviones privados para mayor y mejor capacidad de movimiento, aseguran. ¿Soy un resentido que está en contra de todo eso? No, hay muchos siervos del Señor en mí misma condición. Pero lo que no puedo evitar es que, mientras esos ministros viven vidas de lujos y ostentaciones casi ofensivas. Infinidad de hermanos fieles comen todos los días, con sus familias, sólo por la misericordia de Dios.

Y esto de ninguna manera es ideología de capitalismo o anticapitalismo, esto es amor de Dios brotando por heridas de personas. Sin embargo, hay un aspecto esperanzador en todo esto. A pesar de la magnitud de la conspiración, esto no va a terminar en desesperanza. Y esto radica en que la restauración del Reino no sólo es posible, sino proféticamente inevitable. Hay señales muy puntuales que nos muestran que esta antigua conspiración está comenzando a colapsar. Hay un hambre generalizada por algo más que la religión tradicional.

Lo digo más adelante, hablando de ese remanente que está despertando. Exposición masiva de corrupción general en instituciones religiosas, levantamiento de maestros que distinguen claramente Reino de religión, movimientos espontáneos hacia la simplicidad y la autoridad directa. Manifestaciones sobrenaturales que obvian estructuras religiosas. Cuando las personas comienzan a operar en la autoridad directa del Reino, las estructuras intermedias religiosas se vuelven obviamente innecesarias. Por eso, hay que añadir a todo esto que existe una estrategia específica tendiente a esa restauración.

 En primer lugar, educación masiva. Hay que enseñar a las personas las diferencias entre Reino y religión hasta que la confusión se vuelva imposible. En segundo lugar, mostrar los resultados superiores desde el Reino auténtico, versus la religión institucional. Tercero, establecimiento de embajadas. Crear centros de entrenamiento para ciudadanos del Reino, no congregaciones religiosas. Cuarto, transformación territorial. Aplicar principios del Reino para transformar a comunidades completas. Quinto, multiplicación exponencial. Entrenar embajadores que establezcan más embajadas.

Lucas 17: 20–21 = El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros. El Reino no es un espectáculo previamente armado ni una pomposa estructura visible, sino presencia activa de Dios gobernando vidas. A esto lo podemos corroborar muchos de nosotros cuando tomamos conocimiento de testimonios reales, aunque apartados de todo festival ofensivo de prensa internacional. La religión vacía, en tanto, busca señales externas; pero el Reino se encarna en personas, no en instituciones. Dios bendice hombres y mujeres, o sea, organismos vivos, no organizaciones. No hay registro bíblico de eso.

Las estructuras religiosas que perpetúan la conspiración, eventualmente colapsarán bajo el peso de su propia irrelevancia. Cuando suficientes personas operen el Reino auténtico, la demanda por servicios religiosos simplemente desaparecerá. No tendrás que destruir la religión institucional. Simplemente se volverá obsoleta cuando las personas experimenten la realidad del Reino. De allí que haya pasos específicos que las personas pueden y deben dar para liberarse de ese sistema conspirador que los tiene esclavizados.

Primero: renunciar a la calidad de miembro y adoptar la identidad de ciudadano. Y estoy hablando de mentalidad, no de literalidad. Abandonar un templo y seguir atado a sus rituales, es lo mismo que quedarse en él. Cesar de buscar intermediarios humanos y establecer relación directa con el Rey, esto es clave. Dejar de ir a la iglesia y comenzar a ser embajada. Abandonar los rituales religiosos y abrazar autoridad práctica del Reino. Transformar territorio personal como evidencia de ciudadanía del Reino. Cada hogar debería ser una embajada del Reino y no un satélite de una organización religiosa.

Esto significa entrenar a familias completas para operar en autoridad delegada, transformar sus comunidades y producir ciudadanos del Reino. Está demostrado que cuando una buena cantidad de ciudadanos del Reino operan en un área geográfica, territorios completos se transforman automáticamente. Los sistemas corruptos son expuestos, los recursos se multiplican, la justicia se establece y la prosperidad genuina emerge. Es la única forma de batalla que tenemos autorizada desde la superioridad divina. Cualquier otra que se quiera incorporar, es sólo copia de un recurso humano que sólo da buenos resultados en lo humano.

Las naciones enteras deberán redescubrir los principios del Reino, como alternativa superior a sistemas políticos humanos corruptos. No como religión de estado, sino como principios de operación del Reino en territorios nacionales. Llegamos ahora a las conclusiones finales de todas estas revelaciones perturbadoras. Tengo en cuenta que hoy has enfrentado una de las revelaciones más perturbadoras en el marco de todas estas batallas épicas que estamos librando. Has descubierto que fuiste víctima del secuestro más sofisticado de la historia.

 Durante dos mil años, una conspiración sistemática te ha robado tu herencia como ciudadano del Reino y te ha ofrecido, a cambio, una imitación religiosa que te mantiene espiritualmente empobrecido, mientras esas instituciones se enriquecen. El coraje que has demostrado al leerme y no descartarme, y enfrentar esta verdad perturbadora es extraordinario. La mayoría de las personas, cuando descubren que han sido engañadas durante toda su vida, reaccionan con negación o lo más abundante: atacan al mensajero.

 Pero tú has tenido la valentía de considerar la evidencia, examinar los hechos y reconocer que todo lo que aquí se ha expuesto no es mera teoría, sino una documentación histórica de una operación de encubrimiento masiva. Este desenmascaramiento se suma, devastadoramente, a las batallas que ya hemos ganado. Ahora comprendes que Jesús nunca vino a fundar una religión, sino el motivo real por el cual se creó esa religión, para reemplazar y ocultar al Reino autentico. Ahora entiendes que no sólo existen versículos bíblicos que la religión mantiene ocultos, sino el motivo real del por qué los mantienen ocultos, porque exponen la conspiración. 

La guerra entre Reino y la religión no es una diferencia de opiniones teológicas. Es una batalla entre un sistema que te empodera como ciudadano con autoridad delegada, versus un sistema que te mantiene dependiente como feligrés, necesitado de intermediarios. Es la diferencia entre recuperar la herencia robada o continuar viviendo como refugiado espiritual en tu propio territorio. Declara tu independencia del sistema conspirador. Hoy mismo, deja de verte como miembro de iglesia y comienza a verte como ciudadano del Reino con autoridad delegada. No necesitas permiso de ninguna institución religiosa para operar en el poder que te corresponde por derecho de nacimiento espiritual.

Identifica las áreas específicas donde has sido mantenido dependiente del sistema religioso y establece conexión directa con el Rey. Ya sabes que tienes acceso directo a recursos del Reino sin pasar por intermediarios humanos. A partir de ello, podrás comenzar a transformar tu territorio personal como evidencia de tu ciudadanía. Convierte tu hogar en una embajada del Reino, donde otros puedan descubrir la diferencia entre una religión que los mantiene cautivos y el Reino que los libera. ¿Quieres respaldo bíblico a todo esto? Aquí lo tienes.

Gálatas 5: 1 = Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. Este versículo afirma que Cristo nos liberó, no para volver a vivir bajo sistemas que esclavizan (incluida una religiosidad legalista). Colosenses 2: 20–23 = Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos… conforme a mandamientos y doctrinas de hombres? Pablo confronta directamente la dependencia de reglas externas que aparentan espiritualidad, pero no transforman el corazón. 2 Corintios 3: 17 = Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. La verdadera libertad no proviene de ritos o estructuras religiosas, sino de la vida del Espíritu en nosotros.

Cada embajada auténtica del Reino se convierte en un verdadero centro de formación territorial que expone, automáticamente, la irrelevancia de las estructuras religiosas conspiradoras. Conecta esta recuperación con todas las revelaciones que hemos desenmascarado. Cada verdad expuesta entre Reino y religión es parte de una misión tendiente a recuperar lo que nos fue robado hace dos mil años. En todo el mundo, millones de personas están despertando al hecho de que han sido víctimas de la operación de encubrimiento más exitosa de la historia.

La conspiración que durante dos mil años mantuvo a la humanidad ignorante sobre su herencia real, está empezando a colapsar ante el peso de su propia irrelevancia. Cuando las personas descubren que pueden operar directamente en autoridad del Reino, las estructuras intermedias religiosas se vuelven obviamente innecesarias. El Reino no necesita ser defendido, sólo necesita ser demostrado. Cuando las personas vean la diferencia entre la pobreza espiritual de la religión y la abundancia del Reino auténtico, la elección se vuelve obvia. Tu generación está presenciando el desenmascaramiento final de la conspiración más sofisticada de la historia.

Eres parte de la generación que recuperará lo que fue robado, que restaurará lo que fue secuestrado, que establecerá lo que fue reemplazado. Pero esta guerra épica que estamos librando, está lejos de terminar. El desenmascaramiento de la conspiración histórica es solo el principio de revelaciones aún más devastadoras. ¿Crees que descubrir el secuestro de dos mil años es lo más perturbador que conocerás? Espera enfrentar los siete errores específicos que destruyeron al cristianismo. Desde ellos y su análisis se desprende la razón y el motivo por el cual un Reino poderoso fue convertido de improviso en una religión casi impotente. Eso será lo próximo. 

36.- Hay Una Parábola que Jesús…

 …contó siete veces en los evangelios. No dos ni tres, ¡Siete veces repitió la misma revelación sobre el Reino de Dios! Y aquí está lo asombroso: la iglesia tradicional la transformó en un cuento moral bonito para los niños de la Escuela Dominical. Pero alguien vio algo en esa revelación que cambió absolutamente su propia visión del cristianismo. Algo tan radical que, cuando lo entiendes, tu vida religiosa cómoda nunca vuelve a ser la misma.

¿Sabes cuál es esa parábola? En realidad, son varias, y es el descubrimiento que se ha hecho y vamos a compartir hoy. La realidad es que Jesús no contó una parábola siete veces. Lo que Él contó fueron siete variaciones del mismo principio transformador del Reino. Levadura o fermento, Semilla de Mostaza, Tesoro escondido, Perla de gran precio. Cada una revelando la misma verdad explosiva desde ángulos diferentes. Y la iglesia moderna las lee como historias separadas, entonces pierde el patrón y termina predicando religión dominical en lugar de Reino transformador.

Lo cierto es que la iglesia ha estado enseñando las parábolas de Jesús por espacio de dos mil años, pero ignorando completamente lo que Jesús realmente estaba revelando. O sea, el diseño original del Reino que, obviamente, amenaza a todo el sistema religioso establecido. Hoy te voy a mostrar esas parábolas con ojos completamente nuevos y vas a poder verlas tal como son y no como las deformaron. Y te advierto que lo que descubrirás te perturbará, porque te revelará por qué tu vida cristiana se siente como actividad religiosa en lugar de una asignación divina y transformadora del Reino.

Si llegas a la iglesia fielmente, sirves en ministerios, lees tu biblia, pero en lo profundo sabes que algo no cuadra, no encaja, es como que te falta algo o te sobra algo; si sientes que hay más de Dios que lo que has experimentado en estructuras religiosas tradicionales, no estás loco, estás sintiendo exactamente lo que esas siete parábolas revelan. Hay un patrón que Jesús repitió siete veces y quiero mostrarte con claridad en los próximos minutos. Es el diseño del Reino que la religión enterró. Y cuando lo veas, tu propósito dormido despertará, porque estas parábolas no son sobre la moral, son sobre tu mandato divino, que es el de infiltrar sistemas para transformarlos desde adentro.

Suena como ilegal o delictivo, pero créeme que no lo es, todo lo contrario. Jesús hizo eso. Si quieres descubrir más verdades del Reino que la religión tradicional no enseña y liberar el potencial que Dios diseñó en ti, presta mucha atención a lo que viene. Lo primero, y muy importante para mucha gente que toma estas cosas con demasiada ligereza, es aclarar que Jesús no decía nada de lo que decía diariamente, al azar. Lo que Él hacía de manera permanente, puedes comprobarlo, era revelar sistemáticamente el diseño original del Reino de Dios, algo completamente opuesto a cómo funciona la religión que conocemos.

Mira estas siete parábolas que Jesús enseñó. La Levadura. También se conoce como El Fermento. Está en Mateo 13:33. Una mujer toma un poco de levadura y la esconde en tres medidas de harina hasta que toda la masa fermenta. Así es como lo relata: Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado.

La Semilla de Mostaza. Mateo 13: 31.32. La semilla más pequeña se convierte en el árbol más grande donde las aves hacen nidos. Dice textualmente: Otra parábola les refirió, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo; el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas.

El Tesoro Escondido. Mateo 13:44. Un hombre encuentra un tesoro, lo esconde, vende todo y compra el campo. El texto: Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.

La Perla de Gran Precio. Mateo 13:45-46. Un comerciante encuentra de valor supremo, vende todo y la compra. Dice así: También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.

La Red. Mateo 13:47-50. Una red atrapa todo tipo de peces, y después viene la separación. El pasaje expresa: Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el mar, recoge de toda clase de peces; y una vez llena, la sacan a la orilla; y sentados, recogen lo bueno en cestas, y lo malo echan fuera. Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.

El Grano de Trigo. Juan 12:24. El grano debe morir y ser enterrado para producir mucho fruto. Dice: De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.

La Semilla que Crece Sola. Marcos 4:26-29. Un hombre siembra y la semilla crece por sí misma, no sabe cómo. El texto completo consigna: Decía, además: Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo. Porque de suyo lleva fruto la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga; y cuando el fruto está maduro, en seguida se mete la hoz, porque la siega ha llegado.

Ahora, lo que la iglesia tradicional hizo con estas parábolas, fue convertirlas en lecciones morales. La levadura era sobre influencia cristiana, la mostaza era sobre fe pequeña que crece, el tesoro era sobre valorar el evangelio. Todo muy bonito y edificante, pero completamente superficial. Pero resulta ser que lo que lo que tenemos que ver es lo que generalmente hemos pasado por alto. Jesús repitió el mismo patrón siete veces, porque estaba revelando como opera el Reino en contraste total con la religión.

37.- Y Ese Patrón Tiene Cuatro…

 …características devastadoras que la religión tradicional no quiere que descubras. Primera característica, comienza pequeño e invisible. Levadura, mostaza, grano enterrado, nadie lo ve al principio. La religión, en cambio, construye catedrales visibles, ostentosas, impactantes, mientras el Reino planta semillas invisibles. ¿Sabes por qué esto es revolucionario? Porque destruye toda la mentalidad de ministerio grande y de iglesia numerosa como medida de Reino. El impacto de Reino se mide por transformación interna, no por asistencia dominical o imponencias ministeriales. 

Segunda característica, Es la que infiltra desde adentro. La levadura no se queda fuera de la masa, sino que entra y transforma desde el interior. Tu mandato en el Reino no es construir templos separados del mundo, sino infiltrar sistemas existentes. Familia, trabajo, política, economía, lo que se te muestre y transformarlos con principios del Reino. Imagina por un momento qué pasaría, si en lugar de esperar que la gente venga a la iglesia, los creyentes verdaderos del Reino infiltraran cada sector de la sociedad como levadura invisible pero irresistible. Eso es exactamente lo que Jesús repitió siete veces. Pero la religión prefiere mantenerte en el edificio dominical porque allí es más fácil controlarte.

Tercera característica, Una transformación total e irresistible. La levadura no leuda parte de la masa, lo hace con toda la masa. La mostaza no se queda pequeña, se convierte en el árbol más grande. El grano no produce un poquito, produce mucho fruto. Algo sumamente radical se desprende de todo esto. El Reino no viene de ninguna manera a coexistir con sistemas caídos. Viene a transformarlos completamente o, directamente a reemplazarlos. ¿Sabes por qué la iglesia no predica esto? Porque una transformación total representa una fuerte amenaza a una serie de estructuras muy cómodas y en ciertos casos muy rentables. Es más sencillo predicar ser una buena persona, que transformar toda una empresa entera con principios del Reino. Pero lo más importante, es que es factible lograrlo.

Cuarta característica. Requiere sacrificio total. Tesoro escondido y perla preciosa, ambos requieren vender todo para poseerlos. Solamente dar tu diez por ciento cada domingo no sirve, no alcanza. El Reino no es añadir actividad adicional a tu vida normal. El Reino es intercambio total, es cambiar tu agenda por la agenda de Dios. Tu carrera por tu mandato. Tu comodidad por tu destino. ¿Estás viendo el patrón original, ahora? Siete veces, el mismo principio. El Reino opera exactamente opuesto a la religión. Y, obviamente, ésta lo detesta, lo niega, lo oculta y hasta lo combate.

La religión se ve grande, visible y en muchos casos impresionante desde afuera. El Reino es pequeño y está escondido, pero transforma desde adentro. La religión te dice que te mantengas separado del mundo dentro de un edificio santo. El Reino infiltra el mundo como agente de transformación. La religión dice que hagas tu parte, que des tu porcentaje y que cumplas con tu horario. El Reino te pide que entregues todo y que transformes todo. De otro modo, evidentemente no has entendido nada.

¿Ahora entiendes por qué Jesús repitió esto siete veces y por qué la iglesia tradicional lo ignoró sistemáticamente? Aquí está la pregunta clave. Si Jesús repitió estas revelaciones del Reino siete veces, ¿Por qué la iglesia moderna casi nunca las enseña de esta manera? La respuesta te va a incomodar, pero necesitas escucharla. Se ha descubierto, estudiando la historia de la iglesia, trescientos años después de Cristo, que cuando el cristianismo se convirtió en religión oficial del Imperio Romano, el mensaje del Reino fue sistemáticamente reemplazado por un mensaje de religión institucional acomodada a los intereses del Imperio.

¿Por qué? Porque el Reino que Jesús predicó era y es peligroso para las estructuras de control. Déjame explicarte, con ejemplo concreto. Cuando Jesús predicó sobre la levadura, estaba diciendo que el Reino opera como agente invisible que infiltra y transforma sistemas desde adentro. Esto significa que un verdadero creyente del Reino no necesita permiso de la institución religiosa para cumplir su asignación. Él es el Reino, donde quiera que esté.

¿Estás viendo el problema? Si las personas descubren que ellas mismas son el Reino, que su trabajo secular es su púlpito, que su hogar es su templo, que su trabajo o su empresa es su campo misionero, ¿Para que necesitarían esas tremendas estructuras religiosas tradicionales? Hay que decirlo sin rodeos. La religión quiere que vengas al edificio los domingos, mientras que el Reino te envía al mundo los lunes. La religión te da actividades, mientras que el Reino te da asignación y mandatos.

La religión mide tu asistencia, pero el Reino mide tu transformación. Imagínate una iglesia tradicional donde el pastor diga: “Hermano, tu asignación del Reino no está aquí sirviendo en la limpieza del templo”. Dios te diseñó como ingeniero para cambiar la industria que sea con los principios de Reino. Ve allí e infíltrate en ese sistema como si fueras levadura. ¿Cuántos pastores estarán predicando eso? Hasta donde yo sé, muy pocos.

Porque es más fácil mantener ocupadas a las personas en actividades religiosas que empoderarlas para infiltrar y transformar sistemas seculares. Ahora mira la parábola de la semilla de mostaza con esta lente. Jesús dice que el Reino comienza como la semilla más pequeña, pero se convierte en árbol donde las aves hacen nidos. ¿Y por qué dijo aves? Porque en lenguaje profético del Antiguo Testamento, aves representan naciones.

El Reino crece hasta que las naciones encuentran refugio en él. ¿Eso suena como ser buena persona e ir al cielo? No, suena como transformación de naciones enteras. Pero la religión redujo el mensaje a salvación personal para escape futuro, porque transformación de naciones requiere creyentes del Reino que piensen como reyes, no como súbditos religiosos. Jesús no vino a fundar una religión, vino a restablecer el Reino, el gobierno de Dios en la tierra como en el cielo. ¡Él lo dijo y lo predicó! No estamos inventando ninguna doctrina ni movimiento nuevo, estamos sosteniendo el único evangelio predicado desde siempre.

Pero la religión institucional enterró ese mensaje porque un Reino empoderado amenaza feo a las jerarquías religiosas establecidas. Fíjate en la parábola del grano de trigo. Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo. Pero si muere, produce mucho fruto. La religión interpreta esto como ser humilde y sufrir en silencio. El Reino te enseña que la muerte del grano equivale a la muerte de tu agenda propia, a ese camino seguro que es ir a ese templo cada semana, pero también a expectativas familiares, para que tu propósito original diseñado por Dios produzca fruto multiplicado que transforme naciones.

¿Ves la diferencia devastadora? Religión es muérete a ti mismo igual a conviértete en nada. Reino, muere a ti mismo igual a tu diseño original que produce fruto exponencial. Al igual que otros hombres de Dios que hoy también enseñan esto, nací pobre en recursos, y recibí de mis padres la idea directiva de capacitarme lo suficiente como para conseguir un trabajo medianamente estable y sobrevivir. Algo de adentro, aun no siendo creyente todavía, me hizo rebelarme contra eso y buscar horizontes que supuestamente para mí estaban cerrados. Tuve que pelear duro y firme, pero logré mucho más de lo que se me había dado como futuro “normal”.

Cuando me convertí, busqué desesperadamente de parte de Dios una dirección más acorde a lo que había en mi ser interior. Eso me llevó a la religión, donde si bien aprendí algunos rudimentos bíblicos que ignoraba, también pasé años infructuosos sin pena ni gloria y prosiguiendo con necesidades de todos los colores. Cuando escuché a un tremendo hombre de Dios predicar por primera vez sobre el Reino, todo dentro de mí se dio vueltas patas para arriba y allí, recién allí, empecé a transitar por donde verdaderamente estaba llamado a transitar. Fui libre.

Me pregunto cuántos de ustedes que hoy me están leyendo, están viviendo la vida que sus padres le diseñaron, en lugar de estar haciéndolo con la que Dios les diseñó desde antes de la fundación del mundo y desde antes que estuvieran en el vientre de sus madres. De acuerdo, puedes estar en un trabajo medianamente seguro, pero si tu alma está espiritualmente muerta, no tienes vida, sólo respiras. Incluso hasta puedes tener un título universitario, muy respetable y recomendable, pero tu verdadero propósito está enterrado. Religión es lo que te felicita por tu conformismo. Reino es lo que te confronta con tu mandato.

Aquí está la verdad incómoda. La iglesia tradicional prefiere a las parábolas como lecciones morales bonitas, porque la moral es controlable. Pero el Reino transformador es incontrolable, porque empodera individuos para infiltrar sistemas y cambiarlos desde adentro sin pedir permiso a jerarquías religiosas. Por eso Jesús lo repitió siete veces. Y por eso la religión lo enterró por mil setecientos años. Hasta que algunos hombres, verdaderos pioneros de todo esto, lo desenterraron y aquí lo tienes.

Ahora viene la parte que cambiará tu forma de ver tu propia vida. Hay un patrón central que conecta estas siete parábolas. Él lo llamaba el principio del diseño original del Reino y, cuando lo entiendes, tu mentalidad religiosa, colapsa. Aquí está el patrón en tres palabras. Pequeño, Escondido, Irresistible. Déjame mostrarte como todo esto destruye todo lo que la religión te enseñó sobre el éxito cristiano. Es pequeño, porque el Reino comienza donde nadie lo ve. El que piense que el Reino viene con pompa, trompeta y espectáculo, no leyó la Biblia ni entendió a Jesús.

Levadura, es invisible en la masa. Mostaza, la semilla más pequeña. Tesoro, enterrado en el campo. Grano, muerto en tierra oscura. ¿Dónde está tu tesoro más grande, ahora mismo? No en lo que todos ven, sino en lo que nadie ve. Tus dones enterrados, tus ideas descartadas. Tus sueños, que consideraste demasiado pequeños como para importarle a alguien. ¿Sabes cuál es el mayor impacto de estas parábolas? Que Jesús valoraba lo pequeño que nadie celebra.

La religión celebra al predicador en la enorme plataforma, el ministerio grande y el milagro público. El Reino celebra al padre que ora por sus hijos en secreto, a la mujer que les enseña Biblia a las vecinas, el hombre que transforma su empresa con una integridad que nadie aplaude. Creo que, si buscamos subirnos a la plataforma para que todos nos vean y nos aplaudan, estamos perdiendo el Reino. Porque el Reino opera en lo pequeño, en lo oscuro en cuanto a exposición, en lo ignorado. Porque allí no hay egos compitiendo con el propósito de Dios.

¿Cuántas veces descartaste una idea porque te pareció que era algo demasiado pequeño como para cambiar algo? Ese pensamiento es religioso, no es Reino. En el Reino, pequeño es el diseño, no el defecto. Porque pequeño es donde Dios puede trabajar sin que tu ego le robe gloria. Es escondido, porque el Reino infiltra sin anunciarse. Aquí está lo revolucionario. En todas estas parábolas, el agente del Reino está escondido en la masa. Levadura, escondida en la masa. Pero leudando todo con el correr de los días.

Tesoro, escondido en el campo. Semilla, escondida en tierra. Perla, dentro de ostra cerrada. El Reino no necesita anunciarse, se demuestra por transformación, no por promoción. ¿Alguien puede creer, de verdad, que nuestro Dios necesita de un trabajo de marketing para que se lo conozca? Imagínate que eres un gerente en una empresa secular. La religión te dice: predica el evangelio verbalmente, pon versículos en tu escritorio, invita a tus compañeros a la iglesia, pero en tus negocios, no hagas cosas raras, sigue la ruta de las demás empresas exitosas.

Estrategia del Reino. Infiltra a esa empresa con excelencia tan irresistible, integridad tan rara, liderazgo tan transformador que el sistema entero cambia y, cuando te preguntan por qué eres diferente, ahí es donde respondes que vives conforme a los principios del Reino de Dios. ¿Estás viendo la diferencia? La religión anuncia primero y tal vez transforma después. El Reino transforma primero y responde preguntas después. El punto no está en predicar Reino para líderes y pastores, sino para empresarios y hombres de negocios, hambrientos de sinceridad, honestidad, lealtad e integridad. Cuando descubren que todo lo que les dices viene de la Biblia, les agarra un hambre feroz por devorársela. Eso es levadura, infiltración. Transformación desde adentro, irresistible. El Reino transforma totalmente.

38.- Ahora Viene lo Más Poderoso…

 …fíjate en el resultado de las parábolas. La levadura leuda toda la masa, no una parte, toda. La mostaza se convierte en el árbol más grande, no en uno mediano. El tesoro o la perla, vale todo lo que posees, no un porcentaje. El grano, produce mucho fruto, no poco. ¿Qué está diciendo Jesús? Que cuando el Reino opera correctamente, la transformación es total e irresistible. El Reino no viene a mejorar un poquito tu vida, viene a transformarla completamente. 

Tampoco viene a añadirse a tu agenda, viene a reemplazarla con la agenda de Dios. Esto ofende a la mentalidad religiosa que quiere a Dios como complemento. Un poquito de Dios los domingos y mi vida normal el resto de la semana. Pero mira las parábolas. El hombre que encontró el tesoro, vendió todo. El comerciante que halló la perla, vendió todo. No dice que dio su diezmo y ofrenda, dice que vendió todo. ¿Nunca te preguntaste por qué tu vida cristiana es tibia? La respuesta es tan simple que estorba si no se la dice: porque estás jugando a la religión y no viviendo el Reino.

Reino requiere todo, o no funciona. No puede ser levadura de medio tiempo. Cuando leudas masa para pan, no puedes poner un poquito de levadura y esperar un poquito de leudado. O se leuda toda la masa, o no funciona. No existe un pan medio leudado. Lo mismo es con tu vida. O el Reino te transforma todo, tu matrimonio, tu carrera, tus finanzas, tus relaciones, tus decisiones o estás jugando a la religión. El cementerio está lleno de potencial enterrado de personas que quisieron un poquito de Reino sin entrega total.  Murieron cómodos, es verdad, pero vacíos. Pequeño, escondido, irresistible. Ese es el diseño del Reino que Jesús repitió siete veces y que la religión no puede procesar porque requiere muerte total al control religioso.

Muy bien; ahora te tengo que preguntar casi obligadamente. Si entendiste con claridad el patrón de las siete parábolas, ¿Qué vas a hacer mañana? Porque aquí está el problema, puedes entender todo esto intelectualmente y seguir viviendo religiosamente. Es malo el conocimiento sin aplicación, así que será oportuno que tiremos algunas líneas al respecto. Lo primero que debes hacer, es identificar tu semilla pequeña que Dios plantó. Dios jamás te enviaría al mundo sin semilla. El problema es que la religión te enseñó a buscar un ministerio grande en lugar de descubrir tu semilla específica. Tu semilla es ese don que tienes, y que consideraste muy ordinario para importar. Esa habilidad que te sale natural mientras que otros luchan para tenerla. Esa carga en tu corazón por un problema específico que nadie más ve.

Ejemplo concreto. Tal vez tienes facilidad para organizar sistemas. La religión dice que eso no es un don espiritual. Pero el Reino dice que ese es tu diseño original para infiltrar empresas caóticas y transformarlas con orden divino. O tal vez tienes pasión por enseñarles a los niños. La religión te dirá que sirvas en la Escuela Dominical. El Reino te dice que infiltres el sistema educativo público como levadura que leuda y verás como toda una generación entera aprende y termina cambiando todo.

¿Ves cómo cambia todo cuando dejas de buscar ministerios religiosos y empiezas a descubrir asignación o mandato del Reino? La gran pregunta, es: ¿Por qué esperas un llamado al ministerio cuando Dios ya te diseñó con un propósito específico visible en tus dones naturales? Tu trabajo secular es tu ministerio, si lo haces con mentalidad de Reino. Hazte tu propio examen, honesto y fiel. ¿Qué es lo que haces mejor que otras personas con muy poco esfuerzo? Esa facilidad no es casualidad, es diseño. Ahí está tu semilla.

 Segunda aplicación: planta tu semilla en campo correcto, no en un templo. Aquí está el error fatal. La mayoría de los creyentes intentan servir a Dios trayendo su semilla al edificio religioso, cuando Jesús dijo que el tesoro está escondido en el campo. ¿Y que es el campo? ¿Lo recuerdas? ¡El mundo! Tu empresa, tu vecindario, tu familia, sistemas seculares que necesitan transformación. Si tienes don de liderazgo y estás sirviendo en el estacionamiento de la iglesia, estás desperdiciando tu asignación.

Dios te diseñó para infiltrar gobiernos, empresas, instituciones, no para acomodar butacas en un templo. Esto ofende, porque la religión valora el servicio en la iglesia por sobre cualquier forma de impacto en el mundo. Pero mira las parábolas, la levadura entra en la masa, la semilla se planta en el campo, el tesoro está escondido en territorio secular. ¿Un ejemplo concreto? José nunca pastoreó una iglesia en Egipto, sólo infiltró lo suyo en el palacio del faraón y eso transformó la nación entera salvándola de la hambruna.

Daniel no predicó en las esquinas de Babilonia, infiltró la administración del rey y cambió decretos que iban a destruir al pueblo de Dios. Eso es Reino, infiltración estratégica. Transformación desde posiciones de influencia. Una buena pregunta: ¿Dónde pasas más de cuarenta horas semanales? Ahí es tu campo de infiltración. No es trabajo secular que toleras hasta poder hacer ministerio real. Ese es tu ministerio.

Tercera aplicación. Acepta que una transformación requiere una muerte al camino seguro. Aquí viene la parte que duele. Si quieres que tu semilla produzca fruto multiplicado, tiene que morir primero. Y esa clase de muerte, duele. ¿En qué duele? Duele porque es muerte a la aprobación familiar, por ejemplo. Porque tal vez tu familia espera que seas médico, abogado o ingeniero, porque estima que eso es respetable. Pero Dios te diseñó como artista emprendedor y maestro. Si sigues el camino familiar, tendrás seguridad, pero tu semilla morirá sin tener fruto. 

39.- El Reino a Veces Requiere…

 …que dejes lugares de seguridad para apostarlo todo a tu mandato riesgoso. Eso es tal cual el comerciante que vendió todo por la perla. La otra gran pregunta que surge, es: ¿Por qué sigues martirizándote en ese trabajo que odias? Respuesta. Porque es un salario seguro. Claro, entiendo, pero tener seguridad sin propósito, es igual a vivir en una cárcel cómoda. Y cuando mueras, tu semilla muere contigo, enterrada en un cementerio como el libro que nunca escribiste, la empresa que nunca fundaste, y la generación que nunca impactaste.

Algo es imperativo, la muerte a la comodidad religiosa. Tal vez llevas años y años en la misma iglesia, siempre con las mismas rutinas, las mismas actividades. Totalmente cómodo y además, conocido, tranquilo, apático incluso. Pero Dios te está llamando a infiltrar nuevo territorio y eso requiere dejar la seguridad de tu banca familiar en el templo. ¿Qué crees que deberías vender, o dejar, o soltar, o arriesgar, para perseguir plenamente el propósito que Dios plantó en ti? Esa, si tienes alguna respuesta, es la prueba de si entendiste el Reino o no.

Cuarta aplicación. Confía en el proceso invisible de crecimiento. La última parábola, la semilla que crece sola, revela algo que alivia la presión religiosa. El hombre siembra la semilla y duerme, y la semilla crece sin que él lo sepa cómo lo hizo. Tu responsabilidad es plantar tu semilla en el campo correcto y regarla con fidelidad. El crecimiento es responsabilidad de Dios, no tuyo. Esto te libera de esa responsabilidad religiosa que te demanda tener resultados.

Si plantaste tu semilla, identificaste tu propósito y la pusiste en el campo correcto, ya sea tu empresa, familia o lo que sea. Y si además la estás regando con excelencia e integridad y sabiduría de Reino, confía en que el crecimiento vendrá, aunque no veas resultados inmediatos. La pregunta, ahora, es: ¿Estás plantando con mentalidad de Reino pequeño, escondido, fiel o con mentalidad religiosa, grande, visible? ¿Resultados inmediatos? Volvamos a la pregunta original: ¿Por qué Jesús repitió este mensaje del Reino siete veces en diferentes parábolas?

Hay una respuesta que lo resume todo. Porque Jesús sabía que la religión institucional iba a enterrar el mensaje del Reino. Entonces lo repitió en múltiples formas para que cuando alguien finalmente lo desenterrara, el patrón fuera inconfundible. Y tenía razón. Pasaron mil setecientos años de religión dominando el cristianismo, antes de que movimientos de Reino empezaran a resurgir. Pero ahora que ves el patrón, ahora que conectaste las siete variaciones de la misma verdad transformadora, no puedes volver a leer estas parábolas como cuentos morales bonitos para niños.

Has visto el diseño, y el diseño te confronta. Déjame mostrarte por qué el número siete importa bíblicamente y qué significa para tu vida específicamente. En la Escritura, el siete representa lo completo, la protección divina, la totalidad. Cuando Dios hace algo siete veces, está diciendo que eso es completo. Esto es todo lo que necesitas saber sobre este tema. Jesús dio siete variaciones de la revelación del Reino para cubrir todas las dimensiones de cómo opera.

Fermento, levadura, método de infiltración invisible. Mostaza, proceso de crecimiento exponencial. Tesoro, valor supremo que justifica sacrificio total. Perla, singularidad de lo que buscas, un propósito. Red, alcance universal del Reino atrapa todo tipo de presas. Grano, muerte necesaria para multiplicación. Semilla que crece sola, soberanía de Dios en crecimiento. ¿Te das cuenta ahora que no son parábolas repetitivas? Son facetas de un diamante perfecto, el diseño completo del Reino revelado desde todos los ángulos.

O sea que Jesús no repitió el mensaje porque fuera mal maestro. Lo repitió porque sabía que la mentalidad religiosa está tan arraigada que necesitas ver la verdad del Reino desde siete ángulos diferentes para que finalmente penetre tu resistencia a la transformación total. Ahora tienes una aplicación personal devastadora. Si entendiste las siete revelaciones, tienes una decisión binaria para tomar, no hay zona gris. Opción uno, volver a la religión cómoda.

Puedes olvidarte de esto que estás escuchando y volver a tu rutina religiosa dominical. Seguir haciendo cosas cristianas sin transformación real. Serás buen cristiano según estándares religiosos, pero tu semilla morirá contigo en el cementerio, junto con el libro no escrito, la empresa no fundada y la generación no impactada. Opción dos. Abrazar el Reino transformador. Puedes tomar la decisión que cambia todo, identificar tu semilla y el propósito específico que Dios plantó en ella.

Plantarla en tu campo, familia, comunidad donde tienes influencia. Aceptar la muerte al camino seguro y confiar en Dios para el crecimiento que transforma sistemas enteros. Esta opción asusta, porque requiere salir de estructuras religiosas cómodas hacia territorio desconocido, donde sólo tienes una semilla pequeña y una promesa de Dios. Pero mira lo que Jesús prometió en las siete parábolas. Tu levadura pequeña leudará toda la masa.

Tu semilla diminuta se convertirá en árbol gigante. Tu tesoro escondido vale más que todo lo demás. Tu grano muerto producirá mucho fruto. Tu semilla crecerá, aunque no sepas cómo. ¿Qué necesitas para creer esto? Fe en el diseño de Dios, no en tu capacidad. La religión dice que te capacites y luego Dios te usará. El Reino dice que Dios te capacitará antes de usarte. ¿Qué harías mañana, si creyeras que tu semilla pequeña puede transformar a un sistema entero?

Si tu respuesta es que no harías nada diferente, entonces no entendiste nada del Reino. En todo caso, sólo acumulaste un poco más de información religiosa. Pero si tu respuesta incluye algo de estas acciones concretas, podrás identificar tu semilla, pasión, cargas únicas e infiltrar lo que puedas con principios de Reino. Y hacerlo desde adentro y de forma absolutamente legal, aunque por fuera de toda actitud religiosa, algo será diferente. Y si también te atreves a soltarte de todo compromiso social, familiar o religioso que te lo impida, entonces captaste el mensaje y ya eres uno más en la lucha.

Y algo más que importante. Dios no creó duplicados. Él plantó en ti una semilla que solamente tú puedes germinar. El mundo está esperando desesperadamente el fruto que sólo tu semilla puede aportarle. No la entierres en cementerios de conformidad religiosa. Tu vida no es un accidente, es asignación y mandato. Tu trabajo no es secular, es campo de infiltración. Tu semilla no es pequeña, es diseño perfecto, para transformación específica. ¿Y como sigue esto? No lo sé, no tengo por qué saberlo. Sólo me limito a observar lo que veo en mis entornos… 

40.- Es Indudable Que Existe…

 …un silencio muy raro en el corazón de muchos creyentes. Un silencio que grita preguntas que nadie se atreve a formular en voz alta. ¿Por qué aquellos que más buscan a Dios, parecen alejarse cada vez más de los lugares en donde se supone que deberían encontrarlo? ¿Por qué los que arden con fe genuina, terminan apartándose de las estructuras que prometían acercarlos al Padre? Si alguna vez has sentido este conflicto interno, si has experimentado esa tensión entre tu hambre espiritual y la realidad de lo que encuentras entre cuatro paredes religiosas, entonces necesitas leer lo que está a punto de revelarse aquí.

La Escritura nos advierte, en 2 Corintios 11:14: Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Esto te deja muy en claro que hay un adversario (Eso significa el nombre Satanás), que sabe disfrazarse como mensajero de luz. O sea que no todo lo que resplandece con apariencia sagrada, proviene verdaderamente del trono celestial. Y que es precisamente aquí donde comienza el despertar de unos pocos a los que podríamos llamar de mil maneras distintas, pero que a mí se me ocurre rotular como Remanente, no sé si tan santo, pero si apartado de toda religiosidad inocua.

En suma; gente como tú o yo que vive hoy ese momento doloroso pero necesario, donde los ojos del espíritu se abren y comienzan a distinguir entre la tradición humana y la verdad divina. Hay un pasaje que raramente se predica desde los púlpitos modernos. En el evangelio según Juan 4:23 el Maestro de todos los maestros declara algo revolucionario: Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores les rendirán culto al Padre en Espíritu y en verdad. Porque ciertamente a los tales, el Padre busca que le adoren. Observa con atención estas palabras: no dice que los verdaderos adoradores se congregarán en un edificio específico. No menciona estructuras organizacionales ni jerarquías religiosas.

Habla de Espíritu, habla de la verdad, habla de una dimensión de adoración que trasciende completamente lo institucional. Este Remanente vendrían a ser aquellos a los que Pedro se refiere en 1 Pedro 2:9 cuando dice: Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; Gente que, en función y razón de esto, comienzan a experimentar un fenómeno inquietante. Mientras más profundizan en las escrituras, mientras más tiempo pasan en intimidad genuina con el Espíritu Santo, más evidente se vuelve la brecha entre lo que el Mesías enseñó y lo que la religiosidad contemporánea lleva a la práctica.

Y quiero ser concreto y preciso. Esta no es en absoluto una crítica nacida desde la amargura, el resentimiento o la rebeldía. Es un discernimiento espiritual que emerge cuando la palabra viva comienza a iluminar la sombra de lo meramente tradicional. Piensa en esto por un momento. El Cordero de Dios, durante su ministerio terrenal, pasó la mayor parte de su tiempo fuera de las sinagogas. Caminó por las colinas de Galilea, enseñó junto al mar, compartió el pan en hogares humildes, tocó a los marginados en las calles polvorientas. Sus confrontaciones más intensas no fueron con los pecadores declarados, sino con los líderes religiosos de su época.

Con los escribas, los fariseos, aquellos que ocupaban las primeras sillas en las sinagogas y se envolvían en largas túnicas de piedad aparente. ¿Por qué? Porque habían convertido la fe viva en un sistema de control, habían transformado la gracia en una carga, habían hecho del templo una cueva de mercaderes, cuando debía ser casa de oración para todas las naciones. La realidad incómoda, es esta. Muchos de este Remanente se alejan, precisamente porque han encontrado algo más auténtico. Han descubierto que la relación con el Padre no requiere intermediarios humanos más allá del único mediador, Cristo Jesús.

Esto es lo que afirma Pablo en 1 Timoteo 2:5,: Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, Y a partir de esto, ellos han experimentado el poder transformador de sentarse a solas con las escrituras, permitiendo que el mismo Espíritu que inspiró esas palabras las ilumine en sus corazones. Y en ese encuentro personal, algo irreversible sucede, la dependencia se transfiere de lo visible a lo invisible, de lo temporal a lo eterno, de la institución al Rey de Reyes. Escucha con el oído del espíritu esta verdad penetrante.

En 1 Juan 2:27, encontramos una promesa extraordinaria: Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe. Ahora bien; esto no significa que debamos despreciar a los maestros verdaderos, ni rechazar toda forma de instrucción que se nos ofrezca. Lo que sí significa, es que nuestra dependencia última no debe descansar sobre la sabiduría humana, sino sobre la revelación directa del Espíritu Santo que mora en nosotros.

El Remanente entiende esto no como una teoría, sino como una sólida experiencia vivida. Han probado y han visto que el Señor es bueno, tal como clama el salmista David en el salmo 34:8, donde dice: Gustad, y ved que es bueno Jehová; Dichoso el hombre que confía en élPero justamente aquí viene la parte que incomoda a muchos. Cuando un creyente genuino comienza a crecer en discernimiento espiritual, inevitablemente comenzará a notar ciertas cosas.

Notará como, en muchos lugares, la predicación se ha convertido en simple entretenimiento con barniz religioso. Notará como la adoración auténtica, ha sido reemplazada por espectáculos emocionales cuidadosamente orquestados. Notará como la doctrina sólida ha dado paso a mensajes motivacionales que cosquillean los oídos, pero no transforman corazones. Notará, con dolor en el alma, como la prosperidad material se predica más que la cruz o el mismísimo Reino

Notará, asimismo, cómo el éxito temporal se exalta más que la santidad y como la cantidad de asistentes a un templo o salón, importa más que la calidad de discípulos formados. Y entonces aquí está la gran encrucijada. ¿Qué hace un creyente fiel y genuino cuando reconoce estas realidades? Algunos las intentan reformar desde adentro, con esperanza y con paciencia. Otros, después de años de esfuerzo infructuoso, deciden que es hora de escuchar un llamado diferente. 

41.- No un Llamado a La Apostasía…

 …ni al aislamiento orgulloso, sino un llamado a regresar a lo esencial, a volver a las raíces de la fe apostólica, donde la comunión sucedía en los hogares, como describe el Libro de los Hechos 2:46. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, Cada día, no una vez por semana. Y un templo que no se parecía en nada a los actuales. Un sitio muy especial donde no había plataformas ni reflectores, sólo hermanos y hermanas compartiendo la vida bajo el señorío del resucitado.

 Déjame llevarte más profundo aún. En el evangelio según Mateo 27:51, ocurre algo de significado cósmico en el momento de la muerte de Jesús. Dice: Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. De arriba abajo, dice. No de abajo hacia arriba, como si fuera obra humana, sino descendiendo desde el cielo mismo. ¿Comprendes la magnitud de este símbolo? Durante siglos, ese velo había separado al pueblo del Lugar Santísimo, donde habitaba la presencia de Dios.  Sólo el Sumo Sacerdote podía entrar, una vez al año, con sangre de animales.

Pero, cuando el Cordero perfecto derramó su sangre, ese velo fue destruido para siempre. El acceso quedó abierto, sin guardias, sin requisitos religiosos, sin membresías ni credenciales eclesiásticas. Simplemente fe en la obra consumada del calvario. El Remanente del Siglo XXI del que venimos hablando, comprende esto en lo más profundo de su ser. Ellos entienden que ahora todos podemos acercarnos con confianza al trono de la gracia, como declara la carta a los Hebreos 4:16: Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. ¿Los ministros? ¿Los líderes? No parece decir eso. Parece decir: TODOS.

No necesitamos pasar por ningún sistema humano, no necesitamos obtener permiso de ninguna jerarquía terrenal. El camino está abierto, y este entendimiento, lejos de producir orgullo, genera una humildad tremenda. Porque reconocer que tenemos acceso directo al Padre, significa también asumir la responsabilidad completa de nuestra vida espiritual. No podemos culpar a ningún pastor si fallamos en lo más obvio o, incluso, hasta grosero. No podemos escondernos detrás de ninguna organización si nos desviamos. Estamos desnudos y expuestos ante aquel cuyos ojos son fuego consumidor.

Ahora bien, es importante aclarar algo fundamental para evitar malos entendidos. Alejarse de las estructuras religiosas problemáticas, no significa rechazar toda forma de comunión. No, de ninguna manera. El escritor de la carta los Hebreos nos exhorta, en 10:24 cuando expresa: Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; A ver; La fe cristiana nunca fue diseñada para vivirse en aislamiento total. Fuimos creados para la comunidad, para el cuerpo, pero hay una diferencia abismal entre la comunión genuina y la mera asistencia religiosa.

 La comunión verdadera puede ocurrir con dos o tres reunidos en una sala modesta, con corazones y biblias abiertas, buscando juntos como suele decirse a veces pomposamente, el rostro del Altísimo. Jesús mismo lo prometió en Mateo 18:20 cuando dijo: Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. ¿Tu biblia dice lo mismo que la mía? Reunidos en Su Nombre, no en el de un credo, un líder o una denominación. Y no es necesario aclararlo, pero es evidente que no especificó que debía ser en un edificio consagrado ni bajo la supervisión de una autoridad religiosa oficial. Sólo dijo ¡En su nombre!

Con su autoridad, para su gloria. El Remanente del cual estamos hablando, está redescubriendo esta verdad libertadora. Ellos, de alguna manera, están volviendo a sus hogares y transformándolos en santuarios. La mesa del comedor se convierte en altar de comunión. La sala se transforma en aulas donde se estudian las profundidades de la escritura. La cocina se vuelve lugar de servicio, donde se prepara alimento tanto físico como espiritual para bendecir a otros. Y en estos espacios sencillos, despojados de toda pretensión religiosa, el Espíritu Santo se mueve con una libertad y un poder que a veces supera lo que ocurre en servicios elaborados y costosos.

   Permíteme ahora compartirte algo que los teólogos reformados entendieron claramente hace siglos. La doctrina del sacerdocio universal de los creyentes, basada 1 Pedro 2:9, donde nuevamente leemos: Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; Esto significa que cada hijo o hija de Dios, regenerado por el Espíritu mediante la fe en Cristo, tiene autoridad espiritual. No una autoridad para dominar sobre otros, sino una autoridad para ministrar, para orar, para enseñar lo que han aprendido, para ejercer los dones que el Espíritu distribuye según su voluntad soberana.

No existe una clase clerical superior en el Nuevo Pacto, todos somos hermanos. Como Jesús enfatiza en Mateo 23:8: Pero vosotros no os dejéis llamar Rabí, porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. Sin embargo, el sistema religioso institucionalizado, a menudo contradice esto. Crea jerarquías, establece niveles de acceso a Dios, genera dependencia psicológica y espiritual, donde los laicos se sienten incompetentes para leer la biblia por sí mismos. Incapaces de orar sin un mediador humano, desautorizados para compartir el evangelio sin un título oficial.

Y cuando este Remanente comienza a cuestionar estas estructuras a la luz de las escrituras, frecuentemente son etiquetados como rebeldes, orgullosos o engañados.  Pero la historia demuestra que los verdaderos reformadores, aquellos que llamaron a la iglesia de regreso a la palabra, siempre fueron inicialmente rechazados por el establishment religioso de su tiempo. Considera la oración, ese diálogo sagrado entre el alma y su creador. En el evangelio según Mateo 6:6, el Señor enseña algo radical para su contexto cultural. Más tú, cuando ores, entra en tu aposento y, cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto. 

42.- Secreto, Intimidad…

 …sin audiencia humana, sin performance religiosa, sólo tú y Él. Los fariseos oraban en las esquinas, para ser vistos. El Remanente ora en lo oculto para ser transformados.  Y esta diferencia no es superficial, es fundamental, porque revela donde realmente está puesta la confianza, si en la aprobación de los hombres o en la comunión con Dios. La oración genuina no necesita vocabulario religioso sofisticado. David, el salmista conforme al corazón de Dios, derramaba su alma con palabras crudas y honestas, lágrimas, gritos, confesiones, preguntas, dudas expresadas con transparencia brutal.

Puedes leer los salmos 22 o el 88 si es que quieres ver qué tipo de oración agrada al Padre. No son palabras pulidas para impresionar, son el clamor visceral que confía lo suficiente como para ser completamente vulnerable. Ese Remanente del que venimos hablando está recuperando esta autenticidad en su vida de oración. Ya no necesitan que alguien ore por ellos como si no tuvieran acceso directo. Saben que tienen un Sumo Sacerdote que intercede continuamente, como afirma Hebreos 7:24-25, Mas este, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.

Y saben que el Espíritu mismo intercede por ellos con gemidos indecibles cuando ni siquiera encuentran las palabras. Según Romanos 8:26: Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Ahora bien; hablemos de algo que genera controversia, pero que debe ser abordado con honestidad escritural. La cuestión de la autoridad espiritual. ¿Quién tiene autoridad para enseñar? ¿Quién puede arrogarse interpretar las escrituras de manera correcta?

 Las estructuras institucionales, generalmente responden que están habilitados para hacerlo sólo aquellos con una educación formal, una ordenación oficial y un reconocimiento denominacional. Pero la escritura lo que cuenta, es una historia diferente. Los apóstoles originales eran pescadores, recaudadores de impuestos, zelotes, hombres sin preparación teológica formal. Esto se confirma en Hechos 4:13; Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús. Se maravillaban. Me pregunto cuántos, hoy, podrían maravillarse con alguno de nosotros.

¿Qué los hacía diferentes? Sólo un punto clave: habían estado con Jesús. Esa era su credencial. No un diploma, no una ordenación humana, simplemente el haber pasado tiempo precioso en la presencia del Señor. Y esto de modo literal, no simbólico, ni como parte de nuestra fraseología religiosa. El Remanente de este siglo está redescubriendo que la verdadera autoridad espiritual, fluye de la intimidad con Cristo y del conocimiento profundo de su palabra. Sí, los maestros dotados por el Espíritu son valiosos. Si, aquellos con entrenamiento teológico sólido, pueden ser de gran bendición. Nadie osaría poner en duda eso.

 Pero cuidado, el don de la enseñanza no es monopolio de una clase profesional. El Espíritu sopla donde quiere. Como le dijo Jesús a Nicodemo en Juan 3:8, El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. A lo largo de la historia del pueblo de Dios, Él ha levantado voces proféticas desde los lugares más inesperados. Pastores de ovejas, como David y Amós. Una reina como Ester. Un copero como Nehemías. Mujeres como Débora y Priscila. El Reino de Dios opera bajo principios que desafían constantemente las jerarquías y las expectativas humanas.

Déjame llevarte ahora a una verdad que tal vez sea la más liberadora de todas. El evangelio, la buena noticia de salvación por gracia mediante la fe, no necesita ser empaquetado en programas institucionales para ser efectivo. Rn Romanos 1:16, Pablo declara que el evangelio es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree. Poder de Dios, no poder de una institución, no poder de un sistema. Ni siquiera poder de un determinado y único credo.  Poder inherente en el mensaje mismo, cuando es proclamado con fe y en la unción del Espíritu.

Allí es donde el Remanente comprende que pueden ser portadores de este evangelio, donde quiera que vayan. Sin crear una nueva religión, ni un nuevo grupo selecto. Pueden hacerlo en sus trabajos, en sus vecindarios, en sus barrios, como decimos aquí, en conversaciones casuales con gente casual, porque siempre es aquello que el Espíritu dirige sobrenaturalmente. La evangelización más efectiva, históricamente, no ha ocurrido a través de campañas masivas organizadas desde arriba, sino a través de creyentes comunes, compartiendo su testimonio con otros en el contexto de relaciones auténticas.

La expansión explosiva de la fe en el primer siglo, ocurrió sin edificios dedicados, sin presupuestos multimillonarios, sin tecnología moderna. ¿Y qué era lo que tenían? ¡Tenían el poder del Espíritu Santo! Tenían un mensaje que transformaba vidas, tenían amor genuino los unos por los otros, que hacía que el mundo observador dijera: ¡Miren como se aman! Y ese amor no era actuado en servicios dominicales, era vivido diariamente en la comunidad. Que se entienda de una vez y para siempre. La iglesia nació para ser vista cotidianamente por el mundo incrédulo, no para encerrarse semanalmente entre cuatro paredes.

Ahora permíteme abordar algo delicado, pero crucial. Estoy refiriéndome a la cuestión de la generosidad y las ofrendas. ¿Cuántos que hoy constituyen ese Remanente del que estamos hablando, han sido manipulados por enseñanzas distorsionadas sobre la prosperidad? O con amenazas de maldición si no diezman, con promesas de retorno financiero garantizado si siembran una semilla de fe. Pero escucha la claridad de 2 Corintios 9:7: Cada uno dé como propuso en su corazón. No con tristeza ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre.

Propuso en su corazón, dice. No bajo coacción, no bajo manipulación emocional, no bajo amenaza espiritual, desde el corazón, guiado por el Espíritu, con gozo. El Remanente está aprendiendo que la verdadera generosidad, trasciende directamente el acto de depositar dinero en una ofrenda institucional. Es el plato de comida preparado para un vecino necesitado. Es el tiempo invertido escuchando a alguien en crisis. Es la hospitalidad que abre puertas y corazones. Es el dar sin esperar nada a cambio. Siguiendo el ejemplo del Señor que dijo en Mateo 10:8: De gracia recibisteis, dad de gracia.

43.- Y Cuando Esta Generosidad…

 …fluye naturalmente del amor de Cristo derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, según Romanos 5:5 no hay carga, sólo hay alegría. Pablo dice: y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. Esto es la alegría de participar en la obra redentora de Dios en el mundo. Ahora bien; llegamos a un punto que requiere sabiduría y equilibrio. No todo alejamiento de estructuras institucionales es saludable. ¿Por qué? 

Porque hay quienes se apartan impulsados por heridas no sanadas, por amarguras no resueltas, o por orgullos disfrazados de espiritualidad. Hay quienes rechazan toda forma de contenidos y leyes congregacionales y terminan en desvíos serios, porque rechazaron toda voz que pudiera corregirlos. Esto no es lo que estamos describiendo. Este Remanente del que te estoy hablando no se aleja hacia el aislamiento orgulloso ni hacia la autosuficiencia arrogante. Se aleja hacia una dependencia más profunda de Cristo y hacia formas de comunión más auténticas y escriturales.

Proverbios 18:1, advierte que quien se aísla busca su propio deseo y, contra todo consejo, se encoleriza, monta en santa ira. Puntualmente, dice: Su deseo busca el que se desvía, Y se entremete en todo negocio. La soledad espiritual elegida por rebeldía, es peligrosa, pero hay otro tipo de soledad. Es la del profeta en el desierto, la del apóstol exiliado en Patmos, la del reformador que debe pararse solo porque la verdad así lo exige. Esta soledad no es buscada por preferencia, sino aceptada por obediencia. Y, aún en esa soledad, nunca estamos verdaderamente solos.

Porque el Emanuel, Dios con nosotros, ha prometido que jamás nos dejará ni nos abandonará, como declara Hebreos 13:5. El Remanente también está redescubriendo el poder de las escrituras, sin filtros interpretativos controlados. Por siglos, la antigua iglesia institucional y tradicional mantuvo la biblia fuera del alcance de la gente común. Se decía que era peligroso que personas no educadas leyeran la palabra por sí mismas, que necesitaban que el clero les dijera qué significaba lo que estaban leyendo. Pero cuando la reforma protestante puso las escrituras en manos del pueblo, una explosión de fe genuina sacudió al mundo.

¿Por qué? Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, como dice en Hebreos 4:12. No necesita que la religión la haga relevante, ya lo es. Es más cortante que toda espada de dos filos y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Cuando un creyente se sienta regularmente con las escrituras, permitiendo que el Espíritu Santo ilumine su comprensión, algo transformador comienza a ocurrir. Eso, si no se entra en lo que podría verse como una nueva iglesia institucional y tradicional que, al igual que la antigua, se ve a sí misma como propietaria de Dios y de sus mandatos.

 Lo cierto es que, cuando comienzas a permitirle al Espíritu revelarte lo que tiene para ti, las escamas religiosas se te caen de los ojos, las tradiciones humanas se distinguen claramente de los mandamientos divinos, la voz del buen pastor se vuelve inconfundible en medio del ruido religioso y esta persona ya no puede ser fácilmente manipulada por enseñanzas que suenan piadosas pero que contradicen la revelación escrita. Como lo podemos ver en Hechos 17:11, Examina todo a la luz de las escrituras para ver si estas cosas son así. O sea que si yo me ofendo si tú buscas confirmar con tu biblia lo que te estoy diciendo, yo estoy en desobediencia, aunque me muestre como una enorme autoridad fuera de serie.

Permíteme ahora preguntarte algo directamente. ¿Alguna vez has experimentado ese momento en el que un versículo que habías leído cientos de veces de repente cobra vida y te habla con una claridad que atraviesa toda tu situación actual? Ese instante en el que sabes, con certeza absoluta, que el Espíritu Santo te está comunicando algo específicamente a través de la palabra. Seguramente que si te pudiera dar un espacio podrías escribir no menos de tres o cuatro cosas en donde el Espíritu te habló directamente de modo tal que no te quedaron dudas. Recuerda que estos testimonios edifican a toda una comunidad. Y recuerda también que servimos a un Dios vivo que todavía habla, y habla mucho y bien.

Volviendo a nuestro tema central, hay otra razón profunda por la cual este Remanente se aleja de ciertos espacios religiosos. Han comenzado a entender la naturaleza del Reino de Dios de manera diferente. El Señor enseñó que el Reino de Dios no viene con advertencia. En Lucas 17:20, dice: No dirán helo aquí o helo allí, porque he aquí el Reino de Dios está entre vosotros. Entre vosotros, no en edificios, no en organizaciones, no en sistemas, sino dentro de aquellos que han nacido de nuevo por el Espíritu. El Reino es una realidad espiritual invisible que se manifiesta visiblemente a través de vidas transformadas.

 Entre otras particularidades, el Remanente está compuesto por gente que está cansada de jugar a la iglesia. Cansada de la apariencia de piedad que niega su eficacia.  Como advierte Pablo en 2 Timoteo 3:5: anhelan sustancia, no sombra. Quieren la cruz con su llamado al sacrificio, no un evangelio diluido que promete nada más que comodidad. Desean el fuego purificador del Espíritu, no el calor emocional de experiencias manufacturadas. Y cuando no encuentran esto en las estructuras, buscan en otro lugar. O, mejor dicho, más que en otro lugar, que difícilmente lo hay, lo buscan de otra manera.

Regresan a lo esencial, a lo fundamental, a lo apostólico. Considera también cómo el Remanente está redescubriendo, asimismo, la suficiencia de Cristo. En Colosenses 2:10, Pablo declara que, en Él, estáis completos. Completos. No necesitados de sistemas humanos para alcanzar madurez espiritual. No dependientes de programas para crecer en santidad. Cristo es suficiente. Su obra es completa. Su provisión es total. Esta comprensión libera a los creyentes de la esclavitud sutil de pensar que necesitan estar conectados a una organización religiosa específica para para tener favor con Dios o para ser espiritualmente efectivos.

Pero mucho cuidado con entender esto de manera torcida, porque esto no significa rechazar toda forma de orden o estructura. Pablo mismo establece que todo se haga decentemente y en orden, como lo dice en 1 Corintios 14:40. Pero hay una gran diferencia entre el orden orgánico que facilita la edificación mutua y un sistema burocrático que sofoca al Espíritu. El Remanente está aprendiendo a discernir esta diferencia. Está creando o uniéndose a comunidades más pequeñas, más flexibles, más relacionales, donde el énfasis está en conocerse profundamente unos a otros y no en mantener a una institución funcionando. 

44.- Hay También Una Dimensión…

 …profética en este movimiento de alejamiento. A lo largo de la historia bíblica, Dios repetidamente ha llamado a un Remanente por fuera de sistemas religiosos corrompidos. Llamó a Abraham fuera de Ur de Caldea. Llamó a Israel fuera de Egipto. Los profetas constantemente llamaron al pueblo de regreso a la pureza de su pacto, cuando la religión se había vuelto vacía de contenido real. Juan el Bautista preparó el camino del Señor desde el desierto, por fuera del establishment religioso de Jerusalén.

 El Mesías mismo fue rechazado por el sistema religioso de su tiempo. Y la iglesia primitiva nació en hogares y catacumbas, no en catedrales. Entonces, cuando vemos a este Remanente contemporáneo alejándose de estructuras institucionales, podría ser que el Espíritu esté orquestando algo profético, podría ser un llamado al regreso a la simplicidad y pureza del primer amor. Efesios 2:4-5, contiene una advertencia que resuena poderosamente. Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de donde has caído y arrepiéntete.

El primer amor era apasionado, sin cálculos, totalmente entregado, ¿Verdad? ¿Cuánta de la actividad religiosa moderna está impulsada por ese primer amor, en contraposición con la obligación, la tradición o, incluso, el interés propio? Los hombres y mujeres de ese Remanente están haciendo preguntas difíciles. ¿Para qué existe esta estructura? ¿A quién sirve, realmente? ¿Está produciendo discípulos genuinos de Cristo o simplemente consumidores de servicios religiosos? ¿Se está predicando el evangelio del Reino o un evangelio reducido a técnicas para una vida mejor?

Y cuando las respuestas honestas a estas preguntas revelan desviación del patrón del Nuevo Testamento, este Remanente despierto enfrenta una decisión. ¿Permanecemos intentando reformar algo que tal vez el Espíritu ya no está respaldando? ¿O respondemos el llamado a salir, como en 2 Corintios 6:17? Salid en medio de ellos y apartaos, dice el Señor. Este versículo no es un llamado al sectarismo ni al legalismo farisaico, es un llamado a la santidad, a la separación del mundo y de la mundanalidad que puede infiltrarse, incluso, en contextos religiosos.

Y aquí está la paradoja hermosa. Los que se alejan de la religión organizada, a menudo se acercan más a Dios. Los que sueltan la seguridad de las estructuras humanas, descubren la suficiencia de la Gracia divina. Los que pierden su lugar en el sistema, encuentran su identidad en Cristo de maneras más profundas que nunca antes. Es importante también reconocer que este proceso de alejamiento, frecuentemente viene acompañado de dolor genuino. No es fácil dejar comunidades donde has invertido años. No es simple alejarte de relaciones significativas.

No es cómodo ni agradable ser malentendido, criticado o incluso demonizado por aquellos que no comprenden tu trayectoria espiritual. Muchos de estos miembros de ese Remanente atraviesan lo que podríamos llamar un desierto, un tiempo de soledad y prueba similar a la que el Señor experimentó después de su bautismo. Pero es precisamente en el desierto donde Dios, a menudo, hace su obra más profunda. Es allí donde quitamos las distracciones y escuchamos su voz con mayor claridad. Es allí donde nuestra fe es refinada como oro en el fuego.

 Según 1 Pedro 1:7, durante este tiempo de transición, aprendemos verdades fundamentales sobre la naturaleza de la fe. Aprendemos que la adoración no requiere música profesional ni tecnología de punta. Un corazón quebrantado cantando un himno a capella, puede ser más agradable al Padre que la producción más elaborada, si en ella falta la sinceridad. Aprendemos que la enseñanza más renovadora puede provenir de una conversación honesta sobre un pasaje de la escritura con un hermano alrededor de una mesa y no necesariamente de un sermón pulido desde un púlpito.

 Aprendemos que el ministerio más efectivo, a menudo, es el acto más silencioso de servicio que nadie ve, excepto aquel cuyos ojos lo ven todo. Hay también una dimensión de esto relacionada con la autoridad espiritual mal entendida. Mucha gente ha sido enseñada que deben someterse incuestionablemente a líderes religiosos citando Hebreos 13:17 cuyo texto dice: Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso.

Pero este versículo debe entenderse en el contexto completo del Nuevo Testamento. Porque los líderes descriptos en el Nuevo Pacto son siervos, no señores. El mismo Jesús lavó los pies de los discípulos y declaró en Mateo 20:26: Más entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros, será vuestro servidor.  La autoridad legítima en el Reino de Dios, se reconoce por su fruto, no por sus títulos. Se valida por el carácter semejante a Cristo, no por credenciales institucionales. Y cuando alguien en posición de liderazgo comienza a ejercer control manipulador, a demandar lealtad personal en lugar de fidelidad a Cristo, a enriquecerse del rebaño en lugar de alimentarlo, este Remanente reconoce estas señales como advertencias.

 No son rebeldes por alejarse de esa forma de liderazgo, son obedientes al mandato de probar los espíritus, como instruye 1 Juan 4:1. El Remanente también está redescubriendo la belleza de la sencillez en la práctica de su fe, en un mundo donde los servicios religiosos se han vuelto cada vez más elaborados, con producciones que rivalizan con conciertos seculares y mensajes diseñados para viralizar en redes sociales. Hay algo profundamente contracultural en reunirse simplemente para orar, leer la palabra juntos, compartir testimonios de la fidelidad de Dios y partir el pan en memoria del sacrificio del Cordero.

 Esta sencillez no es pobreza espiritual, es riqueza concentrada, es volver a lo que realmente importa. Considera las palabras del salmista en el salmo 42:1: Como el siervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Esta es la sed que caracteriza al Remanente que está despertando. No sed de entretenimiento religioso, no sed de experiencias emocionales pasajeras. Sed de Dios mismo. Y esta sed no se sacia con más programas, más actividades o más eventos, se sacia únicamente con su presencia. 

45.- Y su Presencia no Está…

 …limitada a ningún edificio ni controlada por ninguna organización humana. Está disponible para todo aquel que lo busca con todo su corazón. Ahora bien; hablemos sobre algo que frecuentemente genera confusión. Algunos me preguntarán: Pero Néstor, ¿Acaso la escritura no nos manda a no dejar de congregarnos como algunos tienen por costumbre? Si, eso es lo que dice, efectivamente, en Hebreos 10:25. Absolutamente sí, pero aquí está la clave: congregarse no es sinónimo de asistir a servicios institucionales. Congregarse significa reunirse, juntarse, tener comunión unos con otros.

Y esto puede ocurrir. De hecho, ya ha ocurrido a lo largo de toda la historia de la iglesia en contextos muy diversos.  En hogares, en campos abiertos, en prisiones, en catacumbas. Lo que importa no es el lugar ni la estructura, sino la realidad espiritual de creyentes reunidos en Cristo, edificándose mutuamente en amor. O sea que este Remanente no está abandonando la comunión, está abandonando la falsificación de la comunión. Está dejando atrás los espacios donde se los trataba como espectadores pasivos en lugar de hacerlo como lo que eran: sacerdotes activos.  

Están saliendo de entornos donde su valor se medía conforme a su contribución financiera o a su disponibilidad para servir en programas, no por su identidad como hijos amados de Dios. Y también están buscando o creando espacios donde puedan ser conocidos verdaderamente, no superficialmente. Donde puedan confesar sus luchas, sin temor a ser juzgados. Donde puedan crecer en santidad rodeados de hermanos que los aman lo suficiente como para hablar verdad en sus vidas. Hay una profundidad de comunión que sólo es posible en grupos más pequeños e íntimos.

 El Señor mismo modeló esto, no es un invento nuestro. Porque Él tenía las multitudes, si, pero su inversión principal no fue con toda esa muchedumbre, sino que fue en doce hombres. Y fíjate que, aún dentro de ese círculo, tenía aún otro círculo más íntimo de tres personas: Pedro, Santiago y Juan. No porque amara a algunos más que a otros, sino porque la intimidad genuina tiene límites prácticos. No puedes conocer profundamente a centenares de personas, pero puedes conocer profundamente a unos pocos. Y cuando esos pocos están unidos en Cristo, caminando juntos en fe, rindiendo cuentas unos a otros, llorando juntos, celebrando juntos, orando juntos, estudiando juntos, sirviendo juntos, esto es la iglesia en su expresión más pura y poderosa.

Déjame llevarte ahora a algo que tal vez sea el corazón, la base, el fundamento central de todo este asunto. El Remanente que está despertando, está experimentando un cambio de paradigmas en su comprensión de lo que significa ser la iglesia. Durante siglos, el modelo dominante ha sido: la iglesia es un lugar al que vas. Pero el Nuevo Testamento revela algo diferente: la iglesia es lo que eres. Eres templo del Espíritu Santo, como declara 1 Corintios 6:19. Junto con otros creyentes, eres edificio de Dios, como afirma 1 Corintios 3:9. No vas a la iglesia, ERES la iglesia.

Y esta simple pero profunda corrección de entendimiento, lo cambia todo. Si eres la iglesia, entonces donde quiera que vas, la iglesia va contigo. Tu lugar de trabajo se convierte en campo misionero. Tu vecindario, el “rioba” como dice nuestro lunfardo que ama hablar al “vesre”, es decir al revés, eso se convierte en tu lugar clave. Tus conversaciones cotidianas se transforman en oportunidades para testificar. Tu hogar se convierte en centro de ministerio. Ya no estás esperando que la institución haga el trabajo del Reino. Tú eres el agente del Reino. Eres embajador de Cristo, como dice 2 Corintios 5:20.

Y esta embajada no requiere aprobación institucional. Fue comisionada directamente por el Rey de reyes, cuando dijo: toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id y haced discípulos en todas las naciones. Eso es lo que se lee en Mateo 28:18-19. O sea que este Remanente se está tomando muy en serio esta gran comisión. No están esperando que alguien organice un evento evangelístico. Están compartiendo el evangelio naturalmente en el flujo de sus vidas. No están esperando que la institución desarrolle un programa de discipulado. Están invirtiendo en las vidas de otros. Cuántos son, no lo sé. Pero sí me consta que son, y muchos.

Modelando, de alguna manera, lo que significa seguir a Cristo, tal como Pablo instruyó a Timoteo en 2 Timoteo 2:2: Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros. Ahora bien; es crucial enfatizar que este movimiento de alejamiento de estructuras institucionales, no es uniforme ni monolítico.  Algunos hombres y mujeres permanecen en iglesias institucionales y trabajan como si fueran levadura, desde adentro, siendo sal y luz, llamando a la reforma y al arrepentimiento cuando es necesario.

Otros encuentran iglesias más pequeñas que, aunque organizadas, mantienen su enfoque en lo esencial y no han caído en los excesos que caracterizan a muchas mega estructuras. Y otros más están planeando nuevas expresiones de comunidad cristiana que son más orgánicas, relacionales y descentralizadas. Lo que une a todos estos componentes de ese Remanente, no es su respuesta específica al sistema, sino su compromiso inquebrantable con Cristo y con su palabra. Están determinados a seguir al Cordero donde quiera que vaya, como describe Apocalipsis 14:4.

Y si esto significa nadar contra la corriente de la religiosidad popular; si significa ser malentendidos incluso por otros creyentes, si significa caminar un sendero más solitario y difícil, están dispuestos a pagar ese precio. Porque han probado algo auténtico y ya no pueden conformarse con imitaciones. Hay también un elemento escatológico en todo esto que no podemos ignorar. Las escrituras profetizan que en los últimos tiempos habrá apostasía, como advierte 2 Tesalonicenses 2:3. Habrá falsos maestros que introducirán herejías destructoras, según 2 Pedro 2:1. Habrá un tiempo en donde no soportarán la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias pasiones.

Como predice 2 Timoteo 4:3-4.  ¿Podría ser que estamos viendo el cumplimiento de estas profecías en nuestros días? El Remanente está observando como doctrinas extrañas se han infiltrado en lugares que antes eran sólidos. Como el evangelio de la prosperidad ha reemplazado el evangelio de la cruz en incontables púlpitos. Como la teología del dominio y el triunfalismo, han desplazado la teología del sufrimiento redentor y la perseverancia. Como el sincretismo con la cultura secular ha diluido la distintividad del llamado cristiano. 

46.- Y en Respuesta a Estas…

 …desviaciones, el espíritu está llamando a un Remanente a mantenerse firme en la fe una vez dada a los santos, como exhorta Judas 3. Este Remanente no se caracteriza por su visibilidad ni por su influencia institucional. De hecho, pueden ser completamente desconocidos en los círculos religiosos prominentes, pero son conocidos en el cielo. Sus nombres están escritos en el Libro de la Vida del Cordero y están cumpliendo el propósito para el cual fueron llamados. Ser testigos fieles en medio de una generación torcida y perversa, como describe Filipenses 2:15, entre la cual resplandecen como luminares en el mundo.

Permíteme también abordar el tema del sufrimiento, porque esto es parte integral de la experiencia de muchos miembros de ese Remanente mencionado, que se han alejado de estructuras religiosas. No sólo enfrentan la incomprensión y el rechazo de la comunidad religiosa que dejaron atrás, sino que también pueden experimentar un sentido de duelo por lo que perdieron, incluso si lo que dejaron no era saludable. Este duelo es legítimo. Es normal extrañar la familiaridad, la comodidad, el sentido de pertenencia, incluso cuando sabemos que dejarlo atrás fue lo correcto.

 Pero en medio de este sufrimiento, hay una promesa preciosa. En Mateo 5:10-11, el Señor dice: Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os insulten y os persigan y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa en los cielos es grande.  El sufrimiento por causa de la verdad, no es señal de que te has equivocado. A menudo es una confirmación de que estás en el camino correcto. Quienes constituyen ese Remanente también están redescubriendo algo que la iglesia primitiva sabía bien.

El verdadero poder espiritual no viene a través de estructuras humanas impresionantes, sino a través de la debilidad humana donde la fuerza de Dios se perfecciona. Pablo aprendió esta lección cuando el Señor le dijo, en 2 Corintios 12:9: Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Cuando soltamos nuestra dependencia a sistemas humanos. Cuando renunciamos a la seguridad de las estructuras institucionales. Cuando nos encontramos nada más que con nuestra fe desnuda en Cristo, es precisamente allí cuando su poder puede manifestarse más plenamente.

 Esto no es triunfalismo, esto es realismo bíblico. La historia de la redención está llena de momentos en donde Dios actuó poderosamente a través de los débiles, de los despreciados, de los que no tenían nada a su favor, excepto su promesa. Recuerda a Gedeón, con sólo trescientos hombres. David con una honda. Los discípulos, en el aposento alto, atemorizados y confundidos, hasta que el Espíritu descendió. No tengo ninguna duda: Dios se especializa en utilizar lo que el mundo y la religión consideran insignificante, para avergonzar a los sabios y a los poderosos, como declara 1 Corintios 1: 27-28.

 Este Remanente que está despertando, está aprendiendo a confiar en esta dinámica del Reino. Está descubriendo que no necesitan las plataformas, los presupuestos, las estructuras organizacionales masivas para hacer una diferencia eterna. Necesitan obediencia. Necesitan fe. Necesitan amor. Necesitan el poder del Espíritu Santo. Y estas cosas están disponibles para cualquiera que se humille ante el Padre y busque su rostro con sinceridad. El tamaño de tu congregación, el prestigio de tu credo o tu denominación, el reconocimiento de los líderes religiosos, nada de esto impresiona al Altísimo. Lo que Él busca es un corazón contrito y humillado. Tal como lo declara el salmista en el salmo 51:17.

Ahora hablemos sobre la libertad que viene con este alejamiento de sistemas religiosos opresivos. Es una libertad gloriosa, pero también aterradora al principio. Porque cuando ya no tienes un sistema que te diga exactamente en qué creer, en cómo comportarte, en que hacer, en cuando hacerlo, tienes que aprender a caminar en dependencia directa del Espíritu Santo. Y esto requiere madurez espiritual, requiere conocimiento profundo de las escrituras, requiere discernimiento afinado a través de la práctica constante. Como describe Hebreos 5:14: El alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.

 Esta libertad también viene con responsabilidad. Ya no puedes culpar al pastor si tu vida espiritual se estanca. Ya no puedes esconderte detrás de la institución si fallas en vivir el evangelio. Estás cara a cara con tu propia condición espiritual, sin los adornos religiosos para disfrazarla. Y esto puede ser brutalmente honesto, pero es precisamente esta honestidad brutal la que permite un crecimiento genuino. Porque sólo cuando reconocemos nuestra verdadera condición, podemos experimentar la gracia transformadora de Dios de manera profunda. Este Remanente está también recuperando un entendimiento más profundo de la santidad. 

47.- En Muchos Círculos Religiosos…

 …la santidad se ha reducido a comportamientos externos. No hagas esto, no digas aquello, no vayas allá. Pero, la santidad bíblica es mucho más profunda, es ser apartado para Dios. Es ser transformado de gloria en gloria por el Espíritu del Señor. Como describe 2 Corintios 3:18, es Cristo formándose en nosotros. Como anhelaba Pablo en Gálatas 4:19. Esta santidad no se logra siguiendo reglas religiosas externas, sino mediante la obra interna del Espíritu en un corazón rendido. Y aquí está la belleza de todo esto. Cuando la santidad es genuina, producida por el Espíritu, tiene un atractivo magnético.

La gente que vive cerca de ti, lo nota. Hay algo diferente. No es perfección, porque todos seguimos siendo obras en progreso, pero hay una autenticidad, una integridad, una paz que el mundo no puede dar ni quitar. Y esto abre puertas para conversaciones sobre la esperanza que hay en nosotros, tal como instruyó Pedro en 1 Pedro 3:15. Estad siempre preparados para presentar defensa ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros. El Remanente está descubriendo que este tipo de vida, atrae a otros que también están cansados de la religión vacía y hambrientos de realidad espiritual.

 Sin anuncios, sin campañas de marketing, sin estrategias de crecimiento eclesiástico, simplemente la vida de Cristo manifestada en vasos de barro y otros siendo atraídos a la luz que ven brillando.  Esto es evangelismo orgánico. Esto es expansión del Reino de la manera que siempre fue diseñada. También es importante hablar de la adoración en este contexto, la adoración verdadera, como Jesús le enseñó a la mujer samaritana. No se trata de ubicación geográfica ni de metodología específica. En espíritu y en verdad. Esto significa adoración que surge del espíritu regenerado del creyente, guiada por el Espíritu de Dios y fundamentada en la verdad revelada de las escrituras.

Esta adoración puede ocurrir en cualquier lugar y en cualquier momento. Puede ser el canto espontáneo de alabanza mientras conduces tu vehículo. Puede ser el llanto silencioso de gratitud en tu habitación. Puede ser el servicio humilde a un necesitado. Puede ser la obediencia costosa a un mandato divino. El Remanente está aprendiendo que la adoración es un estilo de vida, no un evento semanal. Como Pablo exhorta en Romanos 12:1: Os ruego, por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios que es vuestro culto racional. Tu vida entera se convierte en un acto de adoración cuando es vivida conscientemente para la gloria de Dios.

Y esta adoración continua, esta práctica de la presencia de Dios, transforma tu perspectiva, sobre todo. El trabajo secular se vuelve sagrado, las tareas mundanas se convierten en actos de devoción. Cada interacción es una oportunidad para honrar al Rey. Ahora bien; sé que algunos que están recibiendo todo esto, pueden estar sintiendo una mezcla de emociones, tal vez alivio en darse cuenta que no están solos en su experiencia. Tal vez confirmación de que lo que han estado sintiendo no es locura ni rebeldía, sino una obra del Espíritu. Pero tal vez también confusión sobre qué hacer prácticamente.

¿Cómo se ve esto en la vida diaria? Permíteme ofrecer algunas reflexiones prácticas, no como mandatos rígidos, sino como sugerencias nacidas de la experiencia de muchos que han caminado y hoy siguen caminando este sendero. Primero, profundiza radicalmente en las escrituras, haz de la palabra tu compañera diaria, tu consejera, tu correctora. Léela, estúdiala, medita en ella, memorízala, permite que sature tu mente y tu corazón. Esto te ancla cuando las tormentas vienen. Esto te guía cuando las decisiones son confusas. Como el salmista declara en el salmo 119:105: Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino.

Segundo: cultiva una vida de oración constante, no sólo en momentos dedicados, aunque eso puedan ser vitales, sino una conversación continua con el Padre a lo largo del día. Como lo dice Pablo en 1 Tesalonicenses 5:17, orad sin cesar. Esto significa vivir en una conciencia permanente de su presencia hablando con Él, sobre todo, y escuchando su voz suave en medio del ruido de la vida.

Tercero: busca comunión auténtica con otros creyentes que comparten tu hambre por realidad espiritual. Esto puede requerir intencionalidad. Tal vez necesites iniciar una reunión en tu hogar. Tal vez necesites invitar a algunos hermanos para estudiar la biblia juntos. Tal vez necesites ser vulnerable y compartir tu trayectoria con otros que hoy puedan estar sintiendo lo mismo. La comunión verdadera, a menudo requiere riesgo relacional, pero la recompensa vale la pena.

Cuarto: vive el evangelio prácticamente en tu esfera de influencia. No esperes oportunidades perfectas. Ama a tu vecino, sirve en tu comunidad, bendice a los que te rodean, sé sal y luz donde Dios te ha plantado. La credibilidad del evangelio en nuestro tiempo, no vendrá principalmente a través de argumentos apologéticos, sino a través de vidas transformadas que demuestran el poder de Cristo.

 Quinto: mantén un espíritu humilde y enseñable. Es fácil, al reconocer los problemas en los sistemas religiosos volverse orgulloso o crítico. Resiste esa tentación, recuerda que todos, de alguna manera, sin convertirlo en doctrina, somos pecadores salvos por gracia. Mantén tu corazón tierno hacia aquellos que todavía están en los lugares que dejaste. Ora por ellos, ámalos, sé paciente. El mismo Espíritu que te guio a ti puede guiarlos a ellos en su tiempo perfecto.

Sexto: acepta que este camino puede incluir temporadas de soledad. Habrá momentos en que te sientas como Elías bajo el enebro, pensando que eres el único que queda. Pero recuerda la respuesta de Dios; me he reservado siete mil varones que no han doblado la rodilla ante Baal, como aparece en 1 Reyes 19:18. No estás solo, hay un Remanente, aunque no siempre visible, pero que está despertando cada día con mayor fuerza y volumen.

 Séptimo: y quizás lo más importante: mantén tus ojos fijos en Jesús, el autor y consumador de la fe, como lo dice Hebreos 12:2. No en sistemas, no en líderes humanos, no en tu propia experiencia espiritual, En Él. Porque Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Cuando todo lo demás se sacude, Él permanece firme. Cuando todas las estructuras fallan, Él sostiene. Cuando toda voz humana confunde, su voz trae claridad. 

 48.- Al Llegar a Este Punto de Nuestra…

 …reflexión, es esencial reiterar algo fundamental. Este mensaje no es un llamado a la división ni al juicio hacia aquellos que permanecen felices y bien alimentados en estructuras institucionales saludables. Hay iglesias que, aunque organizadas, mantienen su fidelidad a Cristo y a su palabra. Hay ministros que pastorean con integridad, que sirven con humildad, que protegen al rebaño en lugar de explotarlo. Si estás en un lugar así, da gracias a Dios y sirve fielmente allí.

Pero si estás en un lugar en donde tu espíritu se ahoga y la verdad está comprometida, donde la religión ha reemplazado a la relación, donde las tradiciones humanas han anulado los mandamientos de Dios como Jesús advirtió en Marcos 7:13, entonces ten el valor de escuchar la voz del Espíritu, ten el valor de ser como Abraham, que salió sin saber adónde iba, confiando en la promesa de Dios, como lo vemos en Hebreos 11:8. Muchos somos los que lo hicimos y no estamos arrepentidos en absoluto.

Los miembros de este Remanente, del cual gracias a Dios formamos parte con mi familia, no somos mejores que otros creyentes, simplemente estamos respondiendo a un llamado específico en su tiempo y contexto. Estamos siendo reformadores en su propia medida, llamando de regreso a la simplicidad del evangelio en medio de la complejidad religiosa. Y la historia nos enseña que los reformadores siempre pagan un precio: enfrentan oposición, son malentendidos, a veces son perseguidos, pero también son usados por Dios para mantener viva la llama de la fe verdadera en tiempos de oscuridad espiritual.

 Entonces, si después de leer todo esto, te reconoces como uno de los componentes de ese Remanente que está despertando, si el Espíritu ha confirmado en tu corazón que este mensaje es para ti, permite que te anime con estas palabras: ¡No estás loco! ¡No estás loca! No estás en rebeldía, no estás equivocado ni equivocada, estás respondiendo al llamado del Buen Pastor, ese al que le que conoces su voz. Eso es promesa en Juan 10:4.

Estás siendo guiado a pastos más verdes y aguas de reposo, como profetiza el salmo 23. Y aunque el camino pueda ser solitario por temporadas, Él camina contigo. Aunque la jornada sea difícil, su Gracia es suficiente. El Padre está levantando en estos tiempos un pueblo que no será definido por afiliaciones denominacionales, ni por membresías institucionales, sino por su lealtad inquebrantable a Cristo y su palabra. Un pueblo que no busca su propia gloria, sino la gloria del Rey. Un pueblo dispuesto a perder su vida para encontrarla.

Como el propio Jesús enseña según lo relata Mateo 10:39. Un pueblo que entiende que el Reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia paz y gozo en el Espíritu Santo, según Romanos 14:17. Este pueblo, este Remanente, (Luego se verá si puede considerarse santo), está esparcido por todo el mundo, en diferentes culturas, hablando diferentes idiomas, viviendo en diferentes circunstancias, pero unidos por el mismo Espíritu, la misma fe, el mismo Señor.

Y aunque quizás nunca se conozcan personalmente en esta tierra, están conectados en el Reino invisible del Espíritu. Son la iglesia verdadera, la eklessia, que significa los llamados fuera, no de lugares geográficos, sino de sistemas mundanos y religiosos que oprimen en lugar de liberar. Y la promesa es esta: lo que Dios ha comenzado en ustedes, lo completará hasta el día de Cristo Jesús, como asegura Filipenses 1:6. El que los llamó es fiel, el que comenzó la buena obra la perfeccionará.

 No por fuerza ni por poder humano, sino por su Espíritu, como proclama Zacarías 4:6. Confía en ese proceso abraza la jornada y camina con valentía en la libertad conque Cristo nos hizo libres, sin someterte nuevamente a yugo de esclavitud, como se lee en Gálatas 5:1. Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.

Como te bendice 1 Pedro  5:10 cuando dice: Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén. Ahora ya lo sabes. No tienes que salirte de ninguna parte de la que no quieras salir, ni discutir ni pelearte con nadie con quien no quieras discutir. Sólo tienes que orar, entregar tu vida entera a Cristo y decir “amén” a todo lo que Su Espíritu Santo te mande y te demande. Eso es ser Hijo. Eso es vivir EN la libertad de Cristo y en Su profundidad y Justicia de Reino.

De alguna manera, la pintura eclesiástica que me he permitido bocetar, tiene que ver en mucho con un nombre que venimos agitando desde hace tres décadas: Babilonia. Que no se limita a una iglesia falsa, imitadora y paralela a la genuina, sino una mentalidad que unifica política, economía y religión en un conjunto corrupto y satánico. En palabras más simples y ciento por ciento bíblicas: Un Sistema. Que no puede ni debe ser combatido con armas ni violencia, sino con amor y, esencialmente, con oración que es poder divino.

Un sistema del que ahora voy a darte algunas pinturas antiguas, para cerrarte todo esto con el máximo panorama que puedas. No se trata de convertirnos en gente “anti sistemas”, porque eso tiene otro nombre y no se identifica en nada con nuestra fe y nuestra misión en esta tierra. Un sistema que no es nuevo y que debe ser primeramente conocido, luego evaluado a la luz de la palabra y, finalmente, si es necesario, resistido desde el único armamento que el pueblo de Dios, ese Remanente posee: sus Rodillas.

49.- En el Momento de Cerrar…

 …todo esto, se acercan algunos recuerdos. Hace muchos años, estando en la emisora de radio en la cual tenía un programa semanal donde compartía estudios como los que hoy todavía me escuchas, llegó a mis manos un papel. Era una época en donde todavía no pululaban ni los teléfonos ni mucho menos las hoy llamadas redes sociales, así es que, si deseabas escribir algo que trascendiera o se extendiera a mucha gente, (Lo que hoy llamamos “viralizar”), debías escribirlo en una hoja, hacer varias copias y repartirlas a cuánta persona pudieras. 

Quiero que tengas en cuenta que, cuando digo “muchos años”, estoy hablándote de no menos de cuarenta. Me agradaría mucho decirte que en esos tiempos el mundo era muy diferente a lo que estás viendo hoy, pero sería mentirte. Era distinto en lo técnico, en lo científico, en lo social y hasta en lo emocional, si quieres. Pero en lo espiritual, no había demasiadas distancias con lo que estás observando en tu entorno. Ese papel tenía origen cristiano, pero estaba escrito con un estilo casi popular, “de mundo”, si quieres. Pero tenía base bíblica. Te la comparto.

2 Corintios 4:3-4 = Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.

Mateo 28: 19-20 = Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

¿Qué estás viendo de similitud en estos dos textos? Una palabra que está en ambos: Siglo o Mundo. De hecho, en ninguna de las dos tiene que ver con ese período de cien años que hemos aprendido con ese nombre. No habla de eso, en ninguno de los dos. En ambos se refiere a lo que la genuina traducción de los originales nos muestra: Sistema. En el de Pablo, referido a Satanás, como pequeño dios de este sistema en el que vivimos. En labios de Jesús, como lo mismo, pero en referencia al día en que concluya.

Lo cierto es que el papel ese que me hicieron llegar, hablaba justamente de eso, del Sistema, y decía tantas, pero tantas de lo que en ese momento eran verdades, que no pude menos que impactarme. ¿Sabes qué? Todavía esas verdades están tan vigentes y activas, donde quiera que resida quien lo lee, que decidí cerrar este trabajo destinado a terminar con antiguas ignorancias, reflotando aquellos conceptos vertidos en ese papel del cual desconozco su autor, aunque no puedo menos que sentir admiración por su ingenio y revelación. 

50.- El Título, Era “Despierten”…

 …debajo del cual simplemente había una bienvenida al mundo terrenal para alguien que estaba a punto de nacer. Es decir que ese documento, porque así es como hoy lo considero, estaba dirigido a alguien que todavía no había nacido, pero que estaba en ese trámite. ¿Motivos? Presentarse, Y así lo expresaba: “Me presento, soy El Sistema. No soy el dueño del mundo, -añadía-, pero me he tomado el atrevimiento de manejarlo a mi antojo, simplemente porque tú me has regalado su poder, o me lo regalará.

Si tú no te haces cargo de ti mismo, yo me haré cargo de ti, pero a mi manera. Si tú no te reconoces o no te recuerdas, yo, el Sistema, te daré una identidad. Permíteme mostrarte algunas reglas antes que nazcas, para que te vayas entusiasmando, (Es que me encanta contar todo, no me resisto). Luego, al finalizar de leer esto, se borrarán de tu memoria y no recordarás nada. Claro que eso a veces puede fallar y recordarás algo a medida que crezcas.

En ese caso, nos tomaremos el atrevimiento de volverte un cadáver, o en caso de que se complique esa tarea, te publicitaremos a través de los medios como un demente paranoico. Quiero que entiendas que esto no es personal, así que sería muy interesante que no te ofendas, pero como podrás imaginarte, no pienso ni quiero dejar de ser el Líder.” Estas que te transcribí, fueron las consideraciones previas, la presentación formal de este personaje ficticio, (O no tanto) llamado El Sistema. Lo que sigue, son sus conceptos, obsérvalos con mucho cuidado y atención.

“1 – Una vez al año, al menos, te comprarás la nueva vestimenta de última moda y te creerás “original” y único por hacerlo.

2 – En algunos lugares te fumigaremos desde aviones enviados a tal efecto, con elementos que te mantendrán tonto y hasta enfermo.

3 – En otros lugares, modificaremos todos los vegetales y frutas para quitarles sus propiedades benéficas y volverlos tóxicos y venenosos al mediano o largo plazo.

4 – Votarás a nuestros candidatos presidenciales o a primeros ministros, según el lugar y creerás ciegamente en ellos y sus promesas. Y Nosotros nos reiremos de ti por eso, y por ver cómo hasta te peleas con tus hermanos por defender esa supuesta “causa”.

5 – Lucharás a muerte por un papel sin valor llamado dinero. (No te pueblo explicar lo cómico que nos resulta verlos pelearse y hasta asesinarse por eso).

6 – Llenaremos tu cabeza con información negativa, para que te mantengas atemorizado y paranoico. Te aclaramos que esto no es personal, entiéndenos, pero no podemos permitirte que seas feliz. Si lo fueras, se nos terminaría el negocio y el entretenimiento.

7 – Consumirás todo lo que te ofrezcamos sin cuestionar ni regatear nada.

8 – Bailarás a full la canción de moda, aunque esté cargada de mensajes subliminales satánicos que te denigrarán y se reirán de ti sin que lo notes.

9 – Impregnaremos tu cerebro con pornografía y sensualidad, para que tengas una idea distorsionada de la sexualidad. Hemos descubierto que la energía sexual es poderosísima y no podemos permitirte que seas consciente de ello y la utilices en algo contrario a nuestros planes.

10 – Desperdiciarás tu vida en cosas que crees valiosas sólo porque nosotros te lo hemos promocionado y dado como verdad absoluta y no verás jamás las cosas que tienen un valor real.

11 – Tendrás ídolos por todas partes. Los glorificarás y te olvidarás de ti mismo.

12 – Cada diez años tendrás una crisis económico-social en tu país, que te obligará a trabajar más horas por menos dinero. Será muy divertido ver cómo te las arreglas para llegar a fin de mes con eso, a partir de un juego que nosotros hemos inventado sólo para nuestra diversión.

13 – Creerás ciegamente en nuestro sistema educativo, aunque sea totalmente antinatural.

14 – Creerás ciegamente en nuestro sistema médico, aunque también sea totalmente antinatural.

15 – Defenderás “tu patria”, “tu” pedazo de territorio, aun a pesar de que cuando viajes en avión veas que las fronteras no existen y que somos nosotros las que las hemos inventado. Esto tampoco es personal, pero tienes que entender que sentimos cierto gusto por verlos pelear hasta matarse los unos a los otros.

16 – Creerás a muerte que tú eres el dueño de tu vida. Nosotros te diremos subliminalmente cómo argumentar en contra de quienes tratan de decirte que eres un esclavo. Y ni hablar de los que te presentan un supuesto “dios” inexistente.

17 – Creerás en la historia del mundo que yo te cuente y que, naturalmente, será la que más me convenga a mí, el sistema. Lo que jamás vamos a contarte, es que tú no eres nada más que nuestro juguete.

18 – Te insertaremos ideales que tú sentirás como naturales y desearás cumplirlos cada cierto tiempo. De hecho, si no puedes llegar a estas metas, te deprimirás.

19 – Creerás ciegamente que eres feliz con todo lo que te ofrecemos, porque te implantaremos una idea de la felicidad absolutamente incoherente. Ejemplo: ¿Es feliz un adicto?

20 – Te matarás, literalmente, con tu prójimo por las más ridículas interpretaciones del mundo y nunca, nunca, nunca, descubrirás quien soy yo. El Sistema. Si tu intuición y espíritu comienzan a acercarte a nuestro secreto, podremos ofrecerte unirte a nuestras filas, adornarte con fortunas y, si tú no pretendes nada de esto, simplemente “te suicidarás”. Te repito que esto no es personal, pero…

En los días sucesivos de leer y conocer esto, tú te olvidarás de todo lo que aquí has leído y volverás indefectiblemente a jugar mi juego. Muy divertido, ¿No te parece? Estas por nacer, no te olvides, en eso andabas cuando tomé contacto contigo. Allí veo al obstetra esperándote a que salgas del “túnel”. Esto quiere decir que tu madre está a punto de parirte. Tú vas a comenzar este juego planteado, a partir de una hermosa, sonora y dolorosa palmada en tus pequeños glúteos…”

51.- Hasta Aquí lo Que se Leía…

 …en ese papel que dejaron sobre mi mesa de trabajo hace…más de cuarenta años. Y que además de no conocer su autor, tampoco tengo precisión sobre el momento en que fue ideado y escrito, por quien o quienes y con qué motivación. Durante mucho tiempo me quedé pensando si realmente lo había hecho llegar alguna persona de carne y hueso. Nadie vio a nadie en un lugar en el que todos solíamos ver a todos. Lo que sí puedo asegurarte, a tantos años transcurridos, que lo conservé porque jamás perdió vigencia. Eso, más allá de si lo produjo alguna forma de ideología.

Y yo aprendí que las cosas que nunca pierden vigencia, son las que merecen ser incorporadas al sentido de eternidad. El Dios en el que creo y proclamo, es eterno. A su inspiración y guía pertenecen los dos textos que te reproduje al principio, el de Pablo a los Corintios y el de Jesús según Mateo. Pero, mal que me pese y nos pese, sabemos que nuestro Dios y sus ángeles, no son los únicos seres eternos con los que deberemos interactuar en esta vida. También están, en el mismo plano, Satanás y sus demonios.

Te invito, entonces, a volver a leer lo escrito y ver si, por una gran casualidad, ese ser invisible y hasta irreal que aquí se hace llamar Sistema, no tiene parentesco cercano con Satanás y sus demonios. ¿No dice Pablo que es el dios de todo eso? Suponte que sí, que lo es; ¿Qué se supone que deberíamos estar haciendo, con eso, hoy, nosotros, los hijos de Dios en Cristo y miembros de Su Reino? Mostrándolo, dejándoselo ver a tanta y tanta gente quizás buena y honesta que, por falta de otra palabra, sigue creyendo a muerte la de este sistema.

De todos modos, y a la manera de las antiguas películas que siempre tenían final feliz, yo quiero concluir esto trayendo a colación las palabras que Mateo recoge y difunde, y que tienen que ver con la derrota, la caída y la extinción de todo diablo o demonio que hoy todavía perturba y obstaculiza la instauración del Reino de Dios: He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. (Sistema) Amén. No tengo la presuntuosidad de hablar por ti, pero tengo certeza que no necesitas nada más.

A lo largo de todo este compendio que he compartido, has tomado conocimiento y hasta aprendizaje, de ciertas y determinadas coyunturas relacionadas con el Evangelio de las cuales, tal vez, hayas estado en ignorancia. Espero que todo te haya ilustrado, informado y, esencialmente, bendecido. Todas las áreas que tocamos han sido importantes e interesantes. Pero si me dejas elegir, me quedo con esta última.

Porque si sigues en esa antigua ignorancia y crees que Satanás no existe, y que sólo es una novela inventada para que nos comportemos mejor, entonces lamento decirte que, como hijo de Dios por Jesucristo, pese a todos tus esfuerzos, jamás serás más que vencedor en Cristo Jesús. Porque para vencer en una guerra, cualquiera sea ella, lo primero que debemos tener más que en claro, es que existe un enemigo contra el cual combatir.

 Y como estoy convencido que ya caíste en cuenta que estás en medio de una guerra, creí que era mi deber presentarte, como pintura final de este trabajo, al enemigo a vencer. El dios del Sistema. Que así sea. Supongo que, pese a mi mejor intención, todavía deben quedar algunas cosas sin develar, pero ese seguramente será tema de algún próximo trabajo, si es que mi Señor así me lo ordena. Este, concluye aquí. Te bendigo en el Señor Jesucristo y bendigo tu vida y la de todos los seres que amas, donde quiera que vivas y tengas por Padre a mí mismo Padre. ¡Salud, hermana o hermano! ¡Cristo Vive! 

52.- Cuando Una Obra Llega a su Final…

 …cuando las últimas líneas se escriben y el eco de las páginas parece buscar reposo, no significa que la historia se detenga. Muy por el contrario, es precisamente en ese instante cuando el propósito se revela con mayor claridad, como si cada palabra escrita hubiera estado aguardando pacientemente el momento de unirse a la siguiente para formar un testimonio vivo que continuará caminando más allá de su autor.

Este trabajo, Herencia, Legado y Huella, no nació para ser una conclusión, sino para abrir un camino. No pretende cargarse de solemnidad literaria, sino de responsabilidad espiritual. Y si algo he aprendido en los años que el Señor me ha concedido servirle, es que las palabras que nacen de una convicción profunda y del fuego del Espíritu no se quedan quietas; buscan destino, encuentran tierra, germinan en otros corazones.

Esto no es un cierre; es una entrega. Es mi forma de poner en tus manos, amigo o hermano lector, no solo las ideas y reflexiones que llenaron las páginas anteriores, sino un pedazo de mi propio caminar con Dios. Consciente de mis limitaciones y a la vez agradecido por Su gracia, lo dejo aquí como quien coloca una antorcha encendida en las manos de los que vienen detrás, confiado en que la luz que arde no por causa del hombre sino del Espíritu, seguirá alumbrando a quienes decidan continuar la senda trazada.

He escrito sobre el Reino de los Cielos, sobre el Remanente que se levanta silenciosamente, sobre aquellos que han comprendido que la verdadera adoración no necesita templos de piedra sino corazones quebrantados; he expuesto errores doctrinales que han sido torcidos para acomodar el pecado; he hablado sobre la identidad del Anticristo y sobre las sombras que se proyectan sobre este tiempo decisivo. Pero más que exponer ideas, he procurado sembrar discernimiento. Más que describir eventos, he querido dejar una huella espiritual que invite a despertar.

Hoy, al cerrar estas páginas, me permito reflexionar contigo sobre lo que significa haber caminado juntos a través de estos episodios, y sobre lo que representa esta herencia que no termina en mí, sino que apenas comienza a florecer en ti. Heredar no es recibir algo antiguo, sino recibir algo vivo. Es, en todo caso una primicia, un adelanto, una suerte de entrenamiento previo al día en que nuestra herencia conjunta como hijos de Dios contenga una validez superlativa imposible de describir en letras.

Cuando pensamos en la palabra herencia, con frecuencia la asociamos a un legado material, a bienes que se traspasan tras la partida de quien los poseía. Pero en el Reino de los Cielos la herencia funciona de manera distinta. Lo que se hereda no es algo que deja de tener vida, sino algo que comienza a respirar en otras manos. La herencia del Espíritu no es una estatua inmóvil sino un río en movimiento. Y quien lo recibe no lo guarda en un cofre: lo vive, lo experimenta, lo hace crecer.

Este trabajo es una herencia en ese sentido. No pretende ofrecerte un conjunto de doctrinas congeladas ni una visión rígida del mundo espiritual. Ofrece, más bien, la posibilidad de encender una llama donde antes había duda, tibieza o silencio; ofrece la oportunidad de ver con claridad aquello que estaba cubierto por la niebla de la tradición o de la comodidad; ofrece, finalmente, la oportunidad de que tú mismo te conviertas en portador de esta revelación.

Porque la herencia no se deposita en un archivo: se deposita en corazones dispuestos. Y si algo he pedido al Señor mientras escribía estas líneas fue que tú, quienquiera que seas, puedas recibir algo más que información, algo más que una reflexión teológica, algo más que un relato espiritual. Que recibas una porción de revelación viva. Que, al cerrar los textos, algo dentro de ti permanezca inquieto, encendido, transformado. Que en tu interior palpite un corazón que despierta a una dimensión hasta hoy desconocida.

El Legado, en tanto, es la responsabilidad de seguir avanzando El legado es distinto a la herencia. Mientras la herencia se recibe, el legado se prolonga. Podemos recibir una herencia y enterrarla; podemos heredarlo todo y no hacer nada con ello. Pero el legado implica movimiento, implica multiplicación, implica la firme decisión de continuar lo que otros comenzaron o de profundizar lo que apenas se insinuó. Contiene el elemento central para que todo eso sea posible: obediencia y humildad. 

53.- ¿Cuál es Entonces el Legado… 

 …que deseo dejarte? No es un sistema de ideas ni un molde al cual debas ajustarte. No es una estructura rígida ni un esquema cerrado. El legado que te entrego es una invitación profética: la invitación a ser parte del remanente. Ese remanente que no se define por su número, sino por su fidelidad. Ese remanente que, como en los días de Elías, Dios reserva para sí aun cuando la mayoría se haya doblegado ante la cultura, la tradición o la comodidad religiosa.

Ese remanente que entiende que el verdadero templo es el interior, donde el Espíritu Santo desea gobernar sin intermediarios humanos corruptos, sin liturgias vacías, sin espectáculos disfrazados de adoración. Ser parte del remanente es aceptar vivir para la verdad, aunque cueste; es caminar contracorriente, aunque el mundo entero vaya hacia otro rumbo; es amar a Dios por encima de los aplausos y por encima del rechazo; es discernir entre lo que parece espiritual y lo que realmente proviene del Espíritu. Ese es el legado que deseo depositar en tus manos: el llamado a ser auténticamente de Cristo, sin mezclas, sin dobleces, sin negociaciones.

Y la Huella, mientras tanto, es lo que permanece cuando nosotros ya no estemos. Muchos buscan dejar huella en la tierra, pero una huella humana desaparece con el tiempo. La lluvia la borra, el viento la arrastra, la historia la olvida. La huella del Espíritu, en cambio, no se desgasta porque no está tallada en piedra ni escrita en arena; está inscrita en vidas transformadas. Si este trabajo logra dejar una huella espiritual en ti, entonces su propósito se habrá cumplido.

Y ¿Qué significa que una huella espiritual haya sido marcada? Significa que algo en ti cambió, que tu mirada se volvió más clara, que tus prioridades se realinearon con el Reino, que tu espíritu quedó marcado por una verdad que no podrás ignorar. Significa que lo que aquí leíste ya no podrás des leerlo; que la semilla ya fue plantada; que ahora eres responsable de lo que sabes. Una huella espiritual permanece porque no depende del tiempo sino de la obediencia.

Mi oración es que esta huella te dirija hacia una vida de intimidad con Dios, lejos de los ruidos religiosos, lejos de las manipulaciones doctrinales, lejos de los templos levantados con intereses humanos. Que te lleve a entender que la mayor revelación ocurre en lo secreto, que el mayor poder se manifiesta en lo íntimo, que las respuestas más profundas no están en las multitudes sino en la presencia del Padre. Para seguir una huella ya marcada, lo primordial es lo que ya te dije: humildad.

El Remanente. Así sentí en el espíritu de definir a aquellos que dejan los templos, pero no abandonan a Dios. Uno de los temas fuertes de esto que hemos compartido, es el despertar de un remanente que abandona templos físicos no por rebeldía, no por comodidad, no por desprecio, sino por obediencia. Porque percibe la contaminación que se ha infiltrado en muchos altares; porque reconoce la manipulación del mensaje; porque ve la sustitución de la gloria por entretenimiento; porque comprende que en este tiempo final Dios está llamando a Sus hijos a volver a lo esencial.

Quien no entienda esta transición pensará que se trata de desertores; quien observe desde afuera creerá que se trata de rebeldes; quien carezca de discernimiento hablará de división. Pero quienes escuchan al Espíritu comprenden que se trata de una reconfiguración divina. Dios siempre preserva un remanente. Siempre ha tenido un grupo de fieles que deciden permanecer en Él cuando la estructura cae, cuando la religión se corrompe, cuando los líderes se desvían, cuando el mundo presiona, cuando la mayoría adopta lo fácil antes que lo verdadero.

¿Serás tú uno de ellos? Esto que hoy te entrego no responde esa pregunta: solo tú puedes hacerlo. Pero sí puedo decir que, si en algún momento mientras leías estas páginas algo dentro de ti ardió, si tu espíritu se estremeció, si sentiste que esto no era solo teoría sino confirmación, entonces ya sabes que perteneces a ese grupo pequeño y poderoso que Dios está levantando para estos tiempos. Ser hijo, no te olvides, es ser dependientes del Padre, pero de ninguna manera esclavo de hermanos. Ahora ten calma, porque no tienes que salir huyendo de ninguna parte. Sólo debes aguardar directivas para ver dónde y en qué serás usado. 

54.- Las Doctrinas Sin Vida…

 …son el veneno que se disfrazó de verdad. Uno de los peligros más grandes de la era actual es la doctrina adulterada. No necesariamente es falsa en su totalidad; ese no es el modo en que opera el enemigo. Lo que el adversario sabe hacer bien es introducir pequeñas distorsiones en verdades grandes; pequeñas concesiones en principios santos; pequeñas interpretaciones que, aunque suenan razonables, desvían el corazón del propósito.

Por eso hablé de las doctrinas torcidas que permiten el pecado, no porque la Gracia sea débil, sino porque ha sido mal utilizada para justificar la tibieza. La Gracia es poder para vencer, no permiso para pecar. La Gracia restaura, no acomoda. La Gracia transforma, no tolera lo que destruye la comunión con Dios. En este punto deseo reafirmar algo: no aceptes ninguna doctrina que haga más pequeño a Dios, más tolerable al pecado o más cómodo el camino.

La verdad de Cristo no se negocia; la doctrina del Reino no se adapta a la cultura ni se ajusta para evitar confrontaciones. La verdad no teme molestar; teme ser diluida. Si algo de lo que leíste te confrontó, bendito sea Dios. Si algo expuso áreas que debían ser corregidas, no permitas que esa revelación se enfríe. La doctrina verdadera no solo informa; transforma. Porque ser confrontativo, lejos de una falta de respeto o de cortesía, es la validez de alguien que elige despertar a un dormido, en lugar de esperar resucitar a un muerto.

No escribí sobre diablos y demonios para generar temor, sino para incentivar discernimiento. Porque el temor paraliza, pero el discernimiento despierta. Vivimos tiempos en los que las estructuras del mundo se alinean cada vez más con aquello que la Escritura anunció. Tiempos en los que la presión para renunciar a la verdad será cada vez más sutil. Tiempos en los que el sistema anticristo no se presentará como enemigo de Dios, sino como sustituto de Dios. Y es ahí donde radica el verdadero peligro: en la imitación.

El reino de las tinieblas siempre ha imitado elementos del Reino de Dios, pero sin esencia, sin vida, sin santidad. Y solo los que viven en intimidad con el Señor podrán discernir la diferencia. Este momento desea recordarte esto: no temas al futuro, pero tampoco lo ignores. No temas al Anticristo, pero tampoco lo subestimes. No temas al tiempo final, pero tampoco vivas como si no existiera. El discernimiento es la luz que el remanente necesita para no confundirse.

Indudablemente, al menos para mí, tú eres libre de adherir o no, Tiempo de Victoria es el llamado ministerial que sostiene esta obra. Fundamentalmente porque no es una institución más ni un nombre atractivo. Es la proclamación de una verdad: estamos viviendo un tiempo de definición donde quienes permanezcan en Cristo experimentarán victoria, no porque el mundo mejore, sino porque el Dios al que servimos sigue siendo Rey en medio de la oscuridad.

Tiempo de Victoria nació para despertar conciencias, para encender el fuego del Espíritu en aquellos que estaban dormidos en bancos de iglesias, para llamar a la santidad a quienes habían sido adormecidos por mensajes diluidos, para levantar un ejército que no se conforme con sobrevivir, sino que viva en la autoridad del Reino. Esto que he compartido hoy es parte de esa misión. Y esta reflexión final es un sello que reafirma el compromiso: continuaré hablando la verdad, continuaré exponiendo la luz, continuaré alertando, edificando, confrontando y consolando mientras el Señor me dé aliento. 

55.- La Pregunta Final…

 …que se me ocurre, (Ya te hice varias en el contexto) es: ¿Y qué de tu parte en esta historia? Porque ahora esto llega a su final, pero es indudable que la historia continúa. Y que, en esa historia, hay un capítulo que no puedo escribir yo: el tuyo. ¿Qué harás con esta herencia? ¿Permitirás que se convierta en legado? ¿Dejarás que marque una huella en ti? ¿Serás parte del remanente? ¿Vivirás en discernimiento? ¿Tomarás tu lugar en este tiempo decisivo?

Este epílogo quiere invitarte a tomar una decisión consciente: no vuelvas a dormir espiritualmente. No vuelvas a la comodidad. No vuelvas al silencio. No entregues tu oído a voces que no provienen del Espíritu. No permitas que la tibieza vuelva a tocar tu puerta. Lo que has recibido aquí es un llamado. Un llamado fuerte, claro, ineludible. Y ese llamado es para ti. No para otros. No para líderes. No para ministros. Para ti.

Si algo no he sido jamás, no lo soy ni lo seré nunca, es fatalista o, lo peor, profeta de los malos augurios. Sin embargo, hay algo que sí debemos ser, y es realistas y conscientes de todo lo que somos y del entorno que nos rodea. Si hay algo que me ha conmovido mientras escribía estas líneas finales es la conciencia de que un día mi voz se apagará, mi cuerpo descansará, mis pasos se detendrán. Pero la obra de Dios seguirá. El Reino seguirá avanzando. La verdad seguirá brillando.

Y quiera nuestro Dios, —es mi oración más íntima—. Que algo de lo que dejé en estas páginas pueda seguir caminando incluso cuando yo haya partido. Ojalá esta herencia se convierta en un legado vivo en tus manos. Ojalá esta huella provoque en ti nuevas huellas, nuevas voces, nuevos llamados, nuevos despertares. Adhiero a lo que alguna vez le oí a alguien que hoy ya no está, pero que sigue vigente:  Cuando ya no estemos, quedará el Espíritu. Cuando ya no estemos, quedará la Palabra. Cuando ya no estemos, quedará la verdad que jamás podrá ser silenciada. Y quedará también lo que el Espíritu haya marcado en ti a través de este trabajo.

Ninguno de mis trabajos anteriores, concluyó con lo que deberían concluir todas las cosas que hagamos, con una oración de agradecimiento, de decreto y de impulso profético. Hoy te dejo esta muy especialmente dedicada a ti:

Padre amado, en el nombre de Jesús, oro por cada persona que ha llegado hasta estas líneas. Oro para que esta herencia espiritual germine en un terreno fértil. Para que este legado continúe multiplicándose en cada generación que siga. Para que esta huella se convierta en señal viva de Tu presencia en medio de los que luchan, buscan, preguntan y perseveran. Te pido, Señor, que despiertes al remanente que estaba dormido; que ilumines al que estaba confundido; que fortalezcas al que estaba débil; que restaures al que estaba herido; que confrontes al que estaba tibio; que levantes al que estaba caído.

Que ninguno salga indiferente. Que ninguno vuelva a la oscuridad. Que ninguno pierda la visión del Reino. Que este Tiempo de Victoria sea para ellos más que un ministerio: que sea una experiencia con Tu gloria, una invitación a caminar en santidad, una confirmación de que los tiempos finales no son tiempos de derrota sino de manifestación de Tu poder. Amado Dios, recibe este trabajo como ofrenda. Recibe al lector como discípulo. Recibe esta huella como testimonio. Y recibe toda la gloria, porque nada de esto tendría sentido si no fuera por Ti. En Cristo Jesús, Amén:

Y así y aquí concluye esta obra……pero no tu jornada. Tú eres ahora depositaria o depositario de esta herencia. Tú eres responsable de este legado. Y tú eres portador o portadora de esta huella. Que el Espíritu te guíe. Que la verdad te sostenga. Que la santidad te cubra. Que el discernimiento te acompañe. Que la victoria te corone. Y que cuando tu propia historia llegue a su epílogo, puedas mirar hacia atrás y saber que también dejaste herencia, que también fuiste legado, que también marcaste huella.

Porque ese es el propósito final de todo lo que has leído: Que tu vida misma se convierta en un testimonio vivo del Reino de los Cielos.

Néstor

2026

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10 – Mundial

Cuando el Mundial de Fútbol comience en México, Canadá y Estados Unidos, el planeta volverá a detenerse durante unas semanas para contemplar un espectáculo que ninguna otra actividad humana, salvo quizás algunas celebraciones culturales o religiosas universales, consigue igualar en alcance emocional. Miles de millones de personas seguirán partidos, analizarán tácticas, discutirán alineaciones, celebrarán goles y sufrirán derrotas como si el resultado afectara directamente el curso de sus propias vidas. Y, de alguna manera, sí lo hace.

Desde la mirada de México, este Mundial representa una reafirmación histórica. Es el país que vuelve a recibir el torneo por tercera vez y que conoce como pocos la relación entre identidad nacional y fútbol. Para muchos mexicanos, el Mundial es una oportunidad de mostrar hospitalidad, pasión y una cultura que siempre encuentra maneras de celebrar incluso en medio de las dificultades. Hay orgullo, expectativa y también responsabilidad.

Desde Canadá, la perspectiva es diferente. El fútbol ha crecido enormemente en las últimas décadas, pero aún convive con otros deportes dominantes. Para los canadienses, el torneo simboliza integración, diversidad y una participación más visible en una conversación global de la que antes observaban más que protagonizaban. Es una oportunidad para demostrar que el fútbol ya no pertenece solamente a ciertas geografías tradicionales.

Desde los Estados Unidos, el Mundial aparece como una mezcla de negocio, espectáculo y competencia. Allí, donde el deporte profesional suele ser una industria gigantesca, el torneo será también una prueba de cómo el fútbol continúa ganando terreno en un mercado deportivo extremadamente competitivo. Habrá estadios impresionantes, tecnología avanzada y una organización diseñada para recibir multitudes sin precedentes. Aunque, -hay que decirlo- sus habitantes en gran mayoría, ni siquiera están enterados de la realización de esta competencia. 

Cada uno de estos países observa el mismo evento desde una ventana distinta. Sin embargo, todos participan de una realidad común: el Mundial es una celebración extraordinaria y, al mismo tiempo, un enorme despliegue de recursos, dinero, logística, marketing y consumo. Por eso algunos lo describen como un gran circo moderno y costoso. Y no están completamente equivocados. Hay algo circense en la manera en que las cámaras siguen cada gesto, en cómo un jugador puede convertirse en héroe universal por una noche y en villano una semana después. Hay algo circense en los contratos multimillonarios, en los patrocinios, en las ceremonias, en las campañas publicitarias y en la maquinaria económica que gira alrededor de noventa minutos de juego.

Pero sería un error quedarse solamente con esa lectura. Porque el circo existe desde hace siglos precisamente porque las personas necesitan asombro. Los césares lo incentivaban porque era una forma eficaz de mantener distraída y entretenida a la gente. El Mundial no es únicamente una industria. También es una narración colectiva. Es uno de los pocos espacios donde un niño de una aldea remota, un empresario de una gran ciudad y una familia reunida frente a un televisor comparten simultáneamente la misma emoción. En una época fragmentada por algoritmos, intereses y burbujas digitales, eso ya es algo extraordinario.

El fútbol posee una virtud que pocos fenómenos conservan: simplifica la realidad sin volverla superficial. Las reglas son simples. Hay una pelota. Dos arcos. Un tiempo limitado. Y un objetivo. La vida, aunque mucho más compleja, comparte ciertos principios parecidos. Todos tenemos un tiempo de juego. Todos enfrentamos adversarios, algunos externos y otros internos. Todos atravesamos momentos de ataque y momentos de defensa. Todos conocemos la alegría de una victoria inesperada y el sabor amargo de un resultado injusto.

Quizás por eso el Mundial atrae tanto. No se observan solamente a veintidós jugadores. Se observa a nuestras propis vidas, representadas en una versión condensada de la experiencia humana. Un equipo puede dominar durante ochenta y nueve minutos y perder en el noventa. Otro puede sufrir todo el partido y encontrar una oportunidad decisiva. ¿Cuántas veces sucede algo parecido fuera de la cancha? La perseverancia rara vez aparece en los titulares, pero suele definir los resultados más importantes.

El Mundial también expone una paradoja fascinante. Mientras el planeta celebra la competencia, los equipos exitosos son precisamente aquellos que mejor cooperan. La estrella más brillante no puede ganar sola. El goleador depende del pase. El pase depende de la recuperación. La recuperación depende de la cobertura. La cobertura depende del sacrificio de alguien que probablemente jamás aparezca en la portada de un diario. En un mundo que premia constantemente la visibilidad, el fútbol sigue recordando el valor de las contribuciones invisibles.

No es casualidad que muchos campeones hayan tenido grandes figuras, pero casi todos hayan tenido excelentes equipos. La vida cotidiana funciona de manera parecida. Detrás de cada logro visible existen personas que sostienen procesos silenciosos. Familias. Compañeros. Amigos. Mentores. Trabajadores anónimos. El Mundial permite contemplar esa realidad en alta definición. También revela nuestra tendencia a exagerar.

Un gol puede parecer el acontecimiento más importante del universo. Una derrota puede sentirse como una tragedia nacional. Sin embargo, pocas semanas después, la vida continúa. Los jugadores regresan a sus clubes. Los aficionados vuelven a sus trabajos. Las conversaciones cambian de tema. El mundo sigue girando. Esa temporalidad contiene una enseñanza elegante. Las victorias son valiosas, pero no eternas. Las derrotas duelen, pero tampoco son eternas.

Conviene disfrutar unas y aprender de las otras. Nada más. Nada menos. Existe además un aspecto profundamente humano en la diversidad que reúne un Mundial. Personas que hablan distintos idiomas celebran exactamente el mismo gol. Individuos con historias incompatibles comparten una tribuna. Países que apenas se conocen mutuamente descubren afinidades inesperadas. El torneo no elimina las diferencias. Las hace convivir. Y eso tiene un enorme valor.

En la vida diaria solemos relacionarnos con quienes piensan parecido. El Mundial rompe parcialmente esa comodidad. Nos recuerda que la condición humana es más amplia que nuestras preferencias particulares. Desde una mirada profunda sobre nuestra identidad como seres humanos, existe algo especialmente interesante en la forma en que el fútbol distribuye dignidad. La pelota no pregunta origen social. No consulta cuentas bancarias. No revisa apellidos. Una vez que rueda, exige talento, disciplina, creatividad y trabajo.

Por supuesto, las desigualdades siguen existiendo. Pero el juego conserva una dimensión meritocrática que explica gran parte de su atractivo universal. Cualquiera puede soñar. Y, de vez en cuando, alguien convierte ese sueño en realidad. Las sorpresas mundialistas son tan celebradas porque contradicen la lógica del poder permanente. Nos recuerdan que los gigantes pueden caer. Y que los pequeños pueden crecer. Quizás uno de los aspectos más saludables del torneo sea precisamente ese: mantener viva la posibilidad de lo inesperado.

Porque una sociedad sin esperanza termina jugando únicamente para empatar. Sin embargo, tampoco conviene idealizar el espectáculo. El Mundial moviliza inversiones enormes. Genera ganancias inmensas. Produce debates legítimos sobre prioridades económicas, infraestructura, sostenibilidad y distribución de recursos. Es razonable preguntarse cuánto cuesta. Es razonable analizar quién gana. Es razonable discutir quién paga. Las preguntas críticas forman parte de una ciudadanía madura. Pero incluso esas discusiones revelan algo interesante: el fútbol importa porque las personas importan.

Nadie debatiría tanto sobre un acontecimiento irrelevante. El tamaño de las controversias suele reflejar el tamaño de la influencia. Mientras tanto, dentro de la cancha ocurre algo mucho más simple. Un jugador controla un balón. Levanta la cabeza. Busca un compañero. Decide. Ejecuta. Falla o acierta. Y vuelve a empezar. Quizás allí reside una de las metáforas más útiles para la vida cotidiana. No controlamos todo el partido. Controlamos la siguiente jugada. No decidimos el clima. No elegimos el arbitraje. No manejamos todas las circunstancias. Pero sí podemos elegir cómo responder.

Los mejores equipos comprenden esta verdad. No desperdician energía protestando cada situación adversa. Se reorganizan. Se adaptan. Compiten. Hay una sabiduría práctica en esa actitud. El Mundial también nos enfrenta a una pregunta silenciosa: ¿Qué hacemos con la fama? Cada torneo fabrica nuevas celebridades. Algunas gestionan bien esa exposición. Otras no. La atención masiva funciona como un reflector. No crea el carácter. Lo revela.

Algo similar sucede fuera del deporte. El éxito amplifica lo que ya existe. Por eso los triunfos verdaderamente admirables suelen combinar excelencia y humildad. No porque la humildad sea una estrategia de imagen, sino porque permite mantener perspectiva. Después de todo, incluso el campeón termina regresando al vestuario. Y ese detalle resulta profundamente liberador. Ningún resultado define completamente a una persona. Ni para bien ni para mal.

Al final, cuando México aporte su pasión, Canadá su diversidad y Estados Unidos su capacidad organizativa, el Mundial ofrecerá mucho más que una competencia deportiva. Será un espejo. Un espejo gigantesco. Veremos en él nuestras ambiciones, nuestras rivalidades, nuestros entusiasmos y nuestras contradicciones. Celebraremos gestas improbables. Criticaremos excesos evidentes. Nos reiremos de pronósticos equivocados. Inventaremos teorías tácticas imposibles.

Y durante unas semanas compartiremos una conversación común con personas que jamás conoceremos. Tal vez esa sea la verdadera magia del torneo. No los estadios. No los contratos. No las ceremonias. Sino la capacidad de recordarnos que formamos parte de una misma humanidad jugando partidos distintos sobre una cancha compartida. Cuando el árbitro dé el pitazo inicial, comenzará una competencia por una copa. Pero también comenzará una oportunidad para observar cómo vivimos, cómo cooperamos, cómo competimos y cómo enfrentamos la incertidumbre.

Porque, en el fondo, todos tenemos un Mundial personal en desarrollo. Todos defendemos algo valioso. Todos perseguimos algún objetivo. Todos cometemos errores no forzados. Todos desperdiciamos ocasiones claras. Todos celebramos goles inesperados. Y todos, tarde o temprano, escuchamos el silbato que indica el final de una etapa y el comienzo de otra. La cuestión no es solamente quién levanta el trofeo. La cuestión es cómo jugamos el partido que nos toca. Y esa, como saben los mejores equipos, es una pregunta que se responde una jugada a la vez.

Todo esto, desde una imparcialidad, (La objetividad humana no existe), casi periodística genuina. En lo real y visible, el mundial atrae aplausos y críticas, casi con similar pasión. Están los que ven la posibilidad de hacer grandes negocios en torno a esto y están los que no pueden evitar comparar todo este grosero movimiento de millones de dólares con la carencia total lindando con la hambruna de muchos pueblos del planeta. ¿Y nosotros? ¿Sólo sentados mirando todo eso por televisión o moviendo algo para llevar presencia de Reino a un sitio aparentemente inadecuado?

Disfrutar de eventos deportivos no es pecado, es verdad, pero convertirlos en centros de idolatría mundana si lo es. ¿Cuándo será el tiempo en que gente de Reino se atreva a llevar Su Palabra a todos esos millones entremezclados en el entretenimiento? ¿Cuándo esa levadura leudará esa masa? Y no estoy hablando de folletos, gente vociferando capítulos y versículos o invitando a iglesias zonales. Estoy hablando de hombres y mujeres capaces de mostrar una forma de vida distinta a la de la mayoría que asiste a estos espectáculos. Promover Reino no es promover religión, es mostrar estilos de vida que produzcan asombro e impacto. Eso, eso también será Mundial. Será lo único que diga sobre este evento, cualquiera sea su resultado. He sido enviado a otra cosa que tú ya sabes, pero tampoco soy ciego como para negar realidades visibles.

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