7 – Seguridad

 

 

Efesios 3: 10-12 = para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor, en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él; Sólo en Cristo tenemos seguridad. NTV añade:  El propósito de Dios con todo esto fue utilizar a la iglesia para mostrar la amplia variedad de su sabiduría a todos los gobernantes y autoridades invisibles que están en los lugares celestiales. Ese era su plan eterno, que él llevó a cabo por medio de Cristo Jesús nuestro Señor. Gracias a Cristo y a nuestra fe en él, podemos entrar en la presencia de Dios con toda libertad y confianza.

La palabra “seguridad” suele evocar imágenes inmediatas: cerraduras firmes, cámaras vigilantes, estadísticas, leyes, protocolos. Pensamos en proteger lo que tenemos, en evitar riesgos, en blindarnos frente a un mundo que percibimos incierto. Sin embargo, cuando la vida se mira con cierta profundidad —no solo desde la urgencia sino desde el sentido— la seguridad deja de ser únicamente un asunto externo y comienza a revelar su dimensión más íntima: aquello en lo que confiamos cuando todo lo demás tiembla.

Desde una mirada bíblica, pero no encorsetada en lo religioso sino abierta a la experiencia humana, la seguridad no es una ilusión de control sino una relación de confianza. La Escritura no niega los peligros —los reconoce con una honestidad sorprendente—, pero propone algo que va más allá de evitarlos: aprender a habitar el mundo con una certeza interior que no depende completamente de las circunstancias. Es, si se quiere, una seguridad que no se compra ni se instala, sino que se cultiva.

En términos sociales, vivimos una época que multiplica mecanismos de protección, pero también ansiedades. Cuanto más intentamos controlar, más evidente se vuelve lo incontrolable. Es una paradoja moderna: tenemos más herramientas que nunca, pero menos tranquilidad que antes. No es casual. Cuando la seguridad se apoya exclusivamente en factores externos —economía, estabilidad política, tecnología— queda inevitablemente expuesta a sus vaivenes. Y como esos vaivenes son constantes, la sensación de inseguridad también lo es. 

Aquí es donde el mensaje del Reino de Dios introduce una perspectiva distinta, profundamente contracultural y, al mismo tiempo, sorprendentemente práctica. No propone negar la realidad ni abandonar la responsabilidad social; no invita a una pasividad ingenua. Por el contrario, impulsa una forma de vivir donde la seguridad comienza en el interior y se proyecta hacia afuera en acciones concretas, justas y solidarias. ¿Puedes entenderlo? ¿No? Entonces sólo créelo, porque desde allí comienza el camino. Si no crees, el Reino para ti no existe y sólo es fantasía. ¿Comprendido?

Jesús no prometió ausencia de problemas. Eso ya sería motivo suficiente para tomar en serio su mensaje, porque evita el autoengaño. Lo que sí propuso fue una manera distinta de atravesarlos. Cuando habla del Reino, no se refiere a un territorio geográfico ni a una estructura política, sino a una dinámica viva: a una jurisdicción activa, a una dimensión comprobable, es Dios actuando en lo cotidiano, en lo pequeño, en lo humano. Y ahí, en esa dinámica, la seguridad adquiere otro sentido.

Es la seguridad de saberse acompañado, incluso cuando las respuestas no llegan de inmediato. Es la certeza de que la vida no es un accidente sin dirección, sino un proceso con propósito. Es la confianza en que el bien, aunque a veces parezca frágil, tiene una fuerza persistente. 

Ahora bien, esto no es poesía abstracta. Tiene implicancias concretas. Por ejemplo, en lo personal: una persona que encuentra su seguridad en lo esencial no necesita construir su identidad sobre la aprobación constante de los demás. Puede equivocarse sin destruirse, aprender sin paralizarse, cambiar sin perderse. Eso ya es una forma de libertad.

En lo social, esa seguridad interior se traduce en actitudes que generan entornos más sanos. Alguien que no vive dominado por el miedo es menos propenso a reaccionar con violencia o desconfianza automática. Puede escuchar, dialogar, construir. No porque sea ingenuo, sino porque no necesita defenderse de todo y de todos todo el tiempo.

Y aquí aparece un punto clave: la seguridad bíblica no es aislamiento, es vínculo. No se trata de levantar muros más altos, sino de construir relaciones más firmes. Esto no elimina la necesidad de estructuras de seguridad en la sociedad —leyes, instituciones, prevención—, pero las reubica en su lugar justo. No son la fuente última de tranquilidad, sino herramientas que funcionan mejor cuando están sostenidas por valores más profundos.

El evangelio del Reino invita a una ética de la confianza activa. No es “dejar todo en manos de Dios” en el sentido de desentenderse, sino participar conscientemente en la construcción del bien, sabiendo que no estamos solos en ese proceso. Es una colaboración, no una delegación. La delegación, en todo caso, es de una autoridad emanada desde el trono de ese Reino. 

Y sí, también hay algo de humor en todo esto, porque muchas veces nos comportamos como si cargar con todo el peso del mundo fuera una obligación personal. Nos estresamos intentando controlar lo incontrolable, como quien quiere atajar el viento con una red de pescar. La fe, en su sentido más genuino, no elimina la responsabilidad, pero sí aligera esa carga absurda de pretender ser omnipotentes. En términos simples: no somos Dios, y eso, lejos de ser una mala noticia, es un gran descanso.

Ahora bien, ¿Cómo se traduce esta visión en prácticas concretas? Porque sin práctica, toda idea —por más profunda que sea— se diluye.

Primero, cultivar espacios de silencio y reflexión. No como evasión, sino como entrenamiento interior. La seguridad profunda no se construye en el ruido constante. Requiere momentos de pausa donde uno pueda ordenar pensamientos, reconocer emociones y reenfocar la mirada. Esto no necesita rituales complicados; basta con la decisión de detenerse unos minutos al día con honestidad.

Segundo, ejercitar la gratitud. Puede parecer simple, incluso ingenuo, pero tiene un impacto real. La gratitud reconfigura la percepción. No niega los problemas, pero evita que ocupen todo el panorama. Una persona agradecida no vive en una burbuja; simplemente no pierde de vista lo que sí funciona, lo que sí está, lo que sí sostiene. 

Tercero, practicar la coherencia. La seguridad interior se fortalece cuando lo que pensamos, decimos y hacemos empieza a alinearse. La incoherencia genera inestabilidad interna, una especie de “ruido” que desgasta. No se trata de perfección, sino de dirección: ir acercando cada vez más la vida real a los valores que decimos sostener.

Cuarto, construir comunidad. La idea de autosuficiencia total es atractiva en teoría, pero insostenible en la práctica. Necesitamos a otros. Y no solo para recibir, sino también para dar. La seguridad compartida —esa red de apoyo mutuo— es una de las expresiones más concretas del Reino en lo cotidiano.

Quinto, aprender a soltar. Esto es probablemente lo más difícil. Soltar no es abandonar, es reconocer límites. Hay situaciones que no dependen de nosotros, por más que insistamos. La fe madura distingue entre lo que puede transformar y lo que necesita confiar. Esa distinción ahorra mucha ansiedad.

Desde un enfoque de lo más objetivo que como seres humanos podamos, incluso fuera del marco espiritual, estas prácticas tienen correlatos en estudios psicológicos y sociales: reducción del estrés, mejora en la toma de decisiones, fortalecimiento de vínculos, mayor resiliencia. Es interesante cómo lo espiritual y lo práctico se encuentran en el mismo punto. No son caminos opuestos.

Volviendo al concepto central, la seguridad no es ausencia de incertidumbre, sino capacidad de habitarla sin desmoronarse. Y eso cambia todo. Porque la incertidumbre no va a desaparecer —forma parte de la vida—, pero la forma en que la enfrentamos sí puede transformarse.

El mensaje del Reino, vivido con autenticidad, propone justamente eso: una transformación desde adentro hacia afuera. No promete un mundo sin problemas, pero sí una manera distinta de estar en él. Una seguridad que no depende exclusivamente de factores externos, sino que se sostiene en una relación viva con Dios y se expresa en acciones concretas hacia los demás.

En tiempos donde la palabra “seguridad” suele asociarse al miedo, esta perspectiva ofrece un matiz necesario: la verdadera seguridad no se construye desde la amenaza, sino desde la confianza. No se alimenta del encierro, sino del sentido. No se sostiene en la ilusión de control total, sino en la certeza de que, aun en medio de lo incierto, hay un fundamento firme.

Y tal vez, en medio de tantas alarmas, notificaciones y titulares urgentes, esa sea la noticia más revolucionaria de todas: que la seguridad más profunda no se instala desde afuera, sino que se despierta desde adentro. Y que, cuando eso sucede, no solo cambia la forma en que vivimos, sino también la forma en que convivimos.

Porque una persona segura en lo esencial no necesita imponerse, ni temer constantemente, ni desconfiar por defecto. Puede caminar con firmeza, pero también con humildad. Puede actuar con responsabilidad, pero sin desesperación. Puede construir, incluso en contextos difíciles.

En definitiva, la seguridad, entendida desde el evangelio del Reino, deja de ser un refugio rígido para convertirse en una base dinámica. No es un lugar donde esconderse, sino una plataforma desde la cual vivir con propósito, con libertad y con una confianza que, lejos de ser ingenua, es profundamente consciente.

Y sí, en un mundo que a veces parece girar demasiado rápido, tener ese tipo de seguridad es casi un acto de rebeldía… pero de la buena. Porque es en contra de un sistema humano, y no contra un diseño divino.

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¡Cuidado Donde Pones Tus Manos!

En el marco de una serie de consejos y mandatos que Pablo le da a conocer a su discípulo Timoteo, hay uno que, si lo examinas con cuidado, se convierte en una clave de victoria o derrota a futuro. Está escrito en el capítulo 5 de la Primera carta de Pablo a Timoteo y en el verso 22. Dice: No impongas con ligereza las manos a ninguno, ni participes en pecados ajenos. Consérvate puro. Aquí el apóstol Pablo de Tarso le da esta instrucción a Timoteo en el contexto de la ordenación o reconocimiento de líderes en la iglesia, eso es verdad, pero tan verdad como que también tiene un contexto espiritual muy poco enseñado.

Porque el tema de la imposición de manos no concluye en esto ni allí, va mucho más allá y conviene verlo en todos sus elementos. Porque, créeme, cuando conozcas algunos de estos pormenores, lo pensarás muy bien antes de hacerlo. Esta es una advertencia muy seria. El hombre que estaba frente al predicador tenía sus ojos cerrados, por su rostro corrían lágrimas y sus manos estaban alzadas esperando recibir la oración, esperando ese toque que traía la corriente eléctrica del cielo.

A la vista superficial, todo parecía perfecto y santo. Había una música que sonaba suavemente creando esa atmósfera en donde los milagros suelen ocurrir. Fue en ese momento donde ese predicador lo escuchó. Y no fue una voz audible para los oídos naturales, fue ese trueno silencioso, esa alarma ensordecedora dentro de su espíritu que ella conocía mejor que su propio nombre. Dice que el Espíritu Santo le gritó una sola orden tan imperativa que dice que sintió frío en la médula de sus huesos.

¡No lo toques! ¡Aléjate! Dice este hombre que si hubiera bajado su mano ese día, si hubiera cedido a la presión que ejercía la multitud que esperaba ver caer a ese hombre bajo el poder, si hubiera ignorado esa advertencia roja parpadeando en su alma, algo terrible habría sucedido. No sólo habría perdido la unción ese día, sino que hubiera compartido un pecado oculto tan oscuro, tan denso que podría haberle costado su vida misma.

La gente piensa que el ministerio es un juego, que imponer las manos es un ritual bonito para terminar un servicio de domingo. No tienen idea de que están jugando con uranio espiritual, ese que se usa para crear armas nucleares. No tienen idea de que, al tocar a alguien, abren una compuerta invisible de doble vía. Tú impartes lo que tienes, sí, pero, ¿Te has detenido a pensar qué es lo que ellos te imparten a ti? La Biblia no nos da sugerencias suaves.

Cuando Pablo le escribió a Timoteo, no le estaba dando un consejo administrativo para organizar la iglesia. Eso es lo que mayoritariamente se quiso entender y así se enseñó, pero lo cierto era que le estaba dando una advertencia de supervivencia espiritual. Lee de nuevo el texto de 1 Timoteo 5:22: No impongas con ligereza las manos a ninguno, ni participes en pecados ajenos. Consérvate puro. ¿Lo has leído? ¿Verdaderamente lo has leído?

Fíjate que dice: ni participes en pecados ajenos. Consérvate puro. Hay una conexión aterradora entre tus manos y la condición espiritual de la persona que tocas. Es algo que muy poca gente se atreve a contar por temor a asustar a las personas de las iglesias. Habrá que explicar, incluso, por qué muchos predicadores sienten que mueren mil muertes antes de subir a esas plataformas en las que luego harán oír sus voces.

Y por qué tú, en tu vida diaria, podrías estar atrayendo maldiciones, enfermedades y tormentos mentales, simplemente por no entender la ley espiritual de la transferencia. Lo que estás a punto de escuchar, creo que va a cambiar para siempre la forma en que oras por los demás. Y te advierto que, una vez que sepas esto, ya no vas a poder alegar ignorancia ante el trono de Dios. Hay gente que ha vivido lo suficiente como para ver la gloria de Dios descender y hacer caminar a los paralíticos.

Pero también vivieron lo suficiente para ver caer a los hombres de Dios fulminados, secos y vacíos, porque pusieron sus manos donde Dios había dicho ¡No!. El misterio de la imposición de manos es mucho más profundo que un simple contacto físico. Es una fusión de espíritus, es un canal abierto. Y si no estás preparado, ese canal puede ahogarte. Vamos a adentrarnos en las profundidades de las escrituras. No en la superficie, donde todos nadan, sino en lo profundo, donde la presión es fuerte y la verdad es absoluta.

Muchos de ustedes han sentido algo extraño después de orar por alguien, ¿Verdad? Una fatiga repentina que no es normal. Un dolor de cabeza agudo que aparece de la nada después de consolar a ese amigo o amiga que está en rebelión. O quizás, una repentina oleada de pensamientos impuros que jamás habías tenido. Justo después de abrazar y bendecir a alguien que vive en pecado oculto. No son coincidencias, son consecuencias.

La Biblia es un libro de leyes espirituales, tan reales como la ley de la gravedad. Si saltas del último piso de un edificio, la gravedad no te preguntará si eres una buena persona o si tenías buenas intenciones; simplemente caerás.  De la misma manera, la ley del contacto espiritual funciona independientemente de lo mucho que ames a Jesús.

Uza es un personaje bíblico que tenía buenas intenciones. Uza amaba el arca. En 2 Samuel 6, vemos que el arca del pacto se tambaleaba. Los bueyes tropezaron. Uza, con el instinto natural de proteger lo sagrado, extendió su mano para sostener el arca. Su intención era noble. Su corazón, quizás, quería servir. Pero en el momento en que su piel tocó la gloria para la cual no estaba consagrado ni autorizado, cayó muerto al instante. David, se enojó, David tuvo miedo. ¿Por qué? Porque Dios no tolera la mezcla.

No puedes tocar lo santo con manos comunes, y no puedes mezclar tu espíritu con lo que no ha sido lavado, sin sufrir las consecuencias. Hoy vivimos en una generación de “manos rápidas”. Vemos a alguien llorando en el altar y corremos a ponerle la mano en la cabeza. Vemos a alguien enfermo, y sin esperar la dirección del Espíritu Santo, nos lanzamos a tocarlo. Creemos que el “poder” está en nosotros. Qué arrogancia. Yo no tengo ningún poder. Si en algún momento ese poder fluye de mí es porque Él ha estimado conveniente usarme como canal. Pero eso es cuando Él lo determina.

Pero ninguno de nosotros tiene nada. Sin el Espíritu Santo, cualquiera de nosotros es uno más de los tantos que andan dando vueltas por allí. Pero cuando Él viene, cuando esa presencia desciende, cualquiera de nuestras manos deja de ser nuestras y se convierten en extensiones de su voluntad. Y Él es celoso, Él no permitirá que su unción fluya por un conducto que se conecta descuidadamente con la oscuridad.

Hablemos de lo que Pablo realmente quiso decir con No impongas con ligereza las manos. La palabra griega, aquí implica precipitación, actuar sin un examen previo, sin discernimiento. En el contexto histórico, se refería a la ordenación de líderes, si. Pero el principio espiritual es eterno y universal. Imponer las manos es señal de identificación. Es decir: yo me hago uno contigo, yo respaldo lo que hay en ti. Y yo abro mi espíritu para compartir lo que tú llevas.

Imaginen por un momento que ustedes tienen un vaso de agua pura, cristalina, sacada del manantial más limpio de las montañas. Esa es tu alma lavada por la sangre de Cristo, buscando santidad. Ahora, imagina que ves un vaso lleno de agua turbia, lodo, veneno y aceite quemado. Esa es una persona que, aunque pueda parecer estar buscando ayuda, en su interior alberga rebelión, odio no perdonado, ocultismo o pecados sexuales no confesados. Si tú tomas una tubería y conectas ambos vasos, ¿Qué sucede? ¿Acaso toda el agua sucia se vuelve limpia instantáneamente?

No. Por ley física, el agua sucia contaminará el agua limpia hasta que ambas estén turbias. Esto es lo que sucede en el reino invisible. Cuando pones tus manos sobre alguien que está bajo la influencia de espíritus inmundos y tú no estás cubierto, no has orado, o peor aún, Dios no te mandó a hacerlo, estás invitando a esos espíritus a que prueben tu propia casa. He visto ministros jóvenes llenos de fuego, perder su pasión en cuestión de meses.

Empiezan a tener luchas con depresiones que no eran suyas. Empiezan a tener batallas con la lujuria que nunca antes tuvieron. Y cuando rastreas el origen, siempre encuentras el momento: impusieron manos sobre alguien con “ligereza”. Se hicieron copartícipes de pecados ajenos. Ha sucedido con gente aparentemente necesitada de un milagro que, en lo secreto, sólo venía a probarse a si misma y a ver si el poder de ese Dios en el que no creían hacía algo a su favor. Imponer las manos sobre alguien así, produce un choque fuerte, donde la parte divina puede ser seriamente afectada.

Es gente que viene a desafiar al Espíritu Santo, y el Espíritu Santo jamás será desafiado por la carne. La Biblia dice que el que tocaba un cadáver, quedaba inmundo por siete días. ¿Por qué Dios sería tan estricto con la higiene física? Porque estaba enseñando una verdad espiritual. La muerte se pega. La muerte espiritual es contagiosa. Hay personas que son “cadáveres espirituales” andantes; caminan en delitos y pecados, aman su pecado, no tienen intención de dejarlo, pero quieren el alivio de la oración.

Quieren la bendición sin el arrepentimiento. Y tú, en tu impulso emocional, corres y les impones las manos. ¡Peligro! ¡Estás tocando la muerte! Y esa muerte buscará adherirse a tu vida de oración, a tus finanzas, a tu paz mental. Pero hay algo más profundo aquí, algo que te hará temblar si logras comprenderlo. La advertencia de Pablo termina con tres palabras que son el escudo de todo cristiano: Consérvate puro. ¿Y como vas a conservarte puro si vas por la vida mezclando tu unción con cada espíritu que se cruce en tu camino?

La pureza no es sólo no pecar; la pureza es proteger la atmósfera que el Espíritu Santo ha creado en ti. Tienes que cuidar tu atmósfera más que tu dinero, más que tu salud, más que tu reputación. Porque si el Espíritu Santo se entristece y se levanta de ti, tú estás muerto. No tienes nada más. Hay una historia en el Antiguo Testamento, que ilustra esto con una claridad aterradora. Es la de Eliseo y su criado, Giezi. Eliseo era un hombre que entendía los límites espirituales.

Cuando Naamán, el sirio, fue sanado de lepra, Eliseo no aceptó dinero. Sabía que la gracia no se vende. Pero Giezi, movido por la codicia, corrió tras Naamán y tomó prendas y plata. ¿Y qué le dijo Eliseo cuando regresó? ¿No estaba allí mi corazón, cuando el hombre volvió de su carro a recibirte? Eliseo estaba en el espíritu y luego dictó la sentencia: por tanto, la lepra de Naamán se te pegará a ti y a tu descendencia para siempre. Hubo una transferencia.

Giezi tomó los bienes materiales de Naamán, pero con ellos tomó su enfermedad espiritual y física. Se hizo partícipe del pecado y de la maldición. ¿Cuántas veces has tomado la lepra de alguien más, porque te involucraste emocionalmente donde Dios no te llamó? A veces, queremos ser los salvadores. Queremos ser nosotros los que hacemos el milagro. Y en ese deseo del Ego, cruzamos la línea de protección. No pongas las manos sobre nadie con ligereza.

Esta frase debería estar grabada en la entrada de cada iglesia, templo o salón donde se diga adorar y servir a Dios, en la portada de cada Biblia. Déjame hacerte una pregunta muy seria y quiero que seas honesto contigo mismo. Allí donde estás sentado o acostado escuchando esto. Quiero que mires hacia adentro, a ese lugar secreto de tu corazón. ¿Alguna vez has sentido, justo en el momento de ir a abrazar u orar por alguien, un freno inexplicable, una sensación de rechazo o pesadez en tu estómago, y lo ignoraste por educación?

¿Y qué pasó después? ¿Te sentiste drenado, enfermo o confundido? Piensa en esto. Jesús imponía manos, sí, pero Jesúis era el Hijo de Dios sin pecado. Y, aun así, notaba cuando la virtud salía de Él. Recuerda a la mujer del flujo de sangre. Ella lo tocó. Jesús no la tocó a ella primero. Ella tocó el borde de su manto con fe, y Él dijo: alguien me ha tocado, porque percibo que ha salido poder de mí. Si Jesús, en su cuerpo glorioso y sin pecado, sentía el drenaje de poder, ¿Cuánto más nosotros?

Pero hay una diferencia crucial: la mujer tocó con fe para recibir vida. Pero cuando tú impones manos sobre un rebelde, estás tocando para recibir muerte. Hay una ciencia divina en esto. Isaac Newton descubrió leyes físicas, pero el Espíritu Santo ha establecido leyes espirituales mucho antes de la fundación del mundo. Hay una ley del acuerdo. Dice: ¿Andarán dos juntos si no estuvieren de acuerdo? Cuando pones tus manos sobre alguien, estás estableciendo un acuerdo visible e invisible.

Estás diciendo “amén” a su espíritu. ¿Tienes una vaga idea de la cantidad de adivinos, curanderos, ocultistas y cuanto satanista se te ocurra, acuden a reuniones cristianas en búsqueda de captar a alguien desprevenido que les imponga sus manos con la finalidad de apropiarse de su unción? Tienes que ser consciente con temor santo a poner tus manos donde Dios no haya puesto su sello, antes. ¿Estás entendiendo, ahora, la gravedad de todo esto? No es un rito. Es una guerra.

Y en la guerra, no tocas al enemigo ni te quitas la armadura para abrazar a un espía, a menos que quieras ser destruido. Pero esto se pone aun más misterioso. No sólo se trata de demonios o pecado, se trata de la madurez. Pablo le dice a Timoteo, no con ligereza. A veces la persona es buena, es un hermano en la fe, pero es un bebé espiritual. Si tú le das una carga de alto voltaje a un bebé, lo matas. Si impones manos para impartir autoridad o un don a alguien que no tiene el carácter para sostenerlo, no lo estás bendiciendo, lo estás destruyendo.

Estás poniendo una turbina de avión en una bicicleta. La bicicleta se desintegrará a la primera aceleración. Se han visto a hombres recibir unciones y posiciones por imposición de manos antes de tiempo, y cinco años después están divorciados, en escándalos financieros o totalmente apartados de la fe. ¿Fue culpa de Dios? No. Fue culpa de unas manos que se impusieron con ligereza, acelerando un proceso que necesitaba tiempo.

Hay un peso de gloria. La palabra hebrea para gloria, es kabod, que significa peso. La gloria pesa. La unción pesa. Y si pones ese peso sobre alguien que no ha construido los músculos espirituales suficientes  a través de la prueba y la obediencia, lo vas a aplastar. Nuestra responsabilidad compartida, es discernir. Unos como ministros, otros como ministrados. ¿Está esta persona lista para lo que voy a impartir o estoy actuando por emociones?

La emoción es el enemigo de la unción. La emoción es carne. La unción es Espíritu. La emoción dice: tócalo, pobrecito. El Espíritu dice: espera, déjame tratar con su corazón primero. Quiero que mires tus manos ahora mismo. Esas manos han sido lavadas por la sangre del Cordero, espero. Son instrumentos. En Marcos 16 dice: Sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán. Es una promesa, pero la promesa tiene una premisa; Estas señales seguirán a los que creen.

Y creer implica conocer y obedecer las leyes de Dios. ¿Qué sucede cuando desobedeces esta advertencia? ¿Qué sucede cuando participas de pecados ajenos? Comienzas a sentir una sequía inexplicable. Lees la Biblia, y parece un libro cerrado. Oras, y sientes que tus palabras rebotan en el techo. Pierdes el gozo, te irritas con facilidad. Son síntomas de contaminación espiritual. Has dejado entrar algo que no te pertenece. Has cargado con la mochila de otro.

Gálatas 6:2, dice: Sobrellevad los unos las cargas de los otros. Pero tres versículos más adelante, dice: Porque cada uno llevará su propia carga. Entonces, ¿Se contradice la Biblia? ¡Jamás! Hay cargas que debemos ayudar a llevar: el dolor, la necesidad, el sufrimiento. Pero hay una carga, que es la responsabilidad individual de la santidad y el arrepentimiento. Esa carga no la puedes tocar. No puedes arrepentirte por otro. No puedes creer por otro. Y si intentas hacerlo imponiéndoles tus manos para pasarles tu fe, terminarás perdiendo la tuya.

El misterio de la iniquidad está operando en el mundo, hoy, con una fuerza que no veíamos desde hace cincuenta años. La brujería, se ha disfrazado de espiritualidad moderna. La rebelión, se ha disfrazado de libertad. Y en medio de este campo minado, el cristiano camina descuidadamente, tocando todo, abrazando todo, validando todo. Y el Espíritu Santo está en una esquina, contristado, esperando que alguien tenga el discernimiento de detenerse y preguntar: Señor, ¿Es esto tuyo?

Tus manos son puertas, ciérralas al mal. Ábrelas sólo cuando el Rey de Gloria te de la llave. Hemos llegado al punto en donde el bisturí del Espíritu Santo debe ir profundo. Ya sabes el peligro, ya sabes el peso de la advertencia de Pablo: no participes en pecados ajenos. ¿Pero qué sucede si ya lo hiciste? ¿Qué sucede si en tu ignorancia o en tu afán de ayudar, pusiste tus manos sobre alguien que estaba atado a las tinieblas y ahora sientes que esas cadenas ahora te están apretando a ti?

No entres en pánico, el miedo es la herramienta favorita del diablo. Pero la fe es la herramienta de Dios. Hay una salida, y es tan poderosa, que hará temblar cualquier contaminación que se haya adherido a tu manto. Hablemos de la ley de la separación. En 2 Corintios 6:17, el Señor nos da una ordenanza militar. Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré, Escucha bien esa última frase: Yo os recibiré.

Hay una condición para ser recibido en la intimidad profunda del Lugar Santísimo: dejar de tocar lo inmundo. Y tocar, no es sólo físico; es un acuerdo del alma. ¿Te has preguntado alguna vez por qué Moisés tuvo que quitarse el calzado ante la zarza ardiente? Dios le había dicho: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar en donde estás, tierra santa es. Moisés no podía traer el polvo de Egipto, la suciedad del desierto, el caminar de su vida pasada, a la presencia directa de la santidad de Dios.

Tenía que haber una separación entre su caminar y la gloria. De la misma manera, tus manos deben ser despojadas de toda conexión pasada antes que puedan ser usadas para impartir vida. Si sientes que has absorbido algo que no es tuyo, esa ansiedad repentina, esa duda corrosiva, esa frialdad espiritual, necesitas hacer una oración de corte espiritual. No es una oración suave. Es una declaración legal en el mundo espiritual.

Tienes que decir: Espíritu de Dios, renuncio a cualquier pacto de alma, consciente o inconsciente que hice al imponer mis manos precipitadamente. Corto el flujo de iniquidad. Me lavo con la sangre de Jesús. La sangre no sólo perdona pecados, la sangre rompe transmisiones. La sangre es el único aislante perfecto en el universo. Cuando la sangre de Cristo está sobre tus manos, puedes tocar al leproso y no infectarte, porque la sangre consume la enfermedad antes que toque tu piel.

Pero sin esa cobertura consciente, estás desnudo en la batalla. Hay un ejemplo bíblico fascinante que casi nadie analiza con profundidad sobre la transferencia del espíritu. Está en Números 11. Moisés estaba agotado. La carga del pueblo era demasiada. Y Dios le dijo, versos 16 y 17: Entonces Jehová dijo a Moisés: Reúneme setenta varones de los ancianos de Israel, que tú sabes que son ancianos del pueblo y sus principales; y tráelos a la puerta del tabernáculo de reunión, y esperen allí contigo. Y yo descenderé y hablaré allí contigo, y tomaré del espíritu que está en ti, y pondré en ellos; y llevarán contigo la carga del pueblo, y no la llevarás tú solo.

Nota lo que Dios no hizo. Dios no le dio un espíritu nuevo e independiente a cada uno de los setenta. Dios tomó del espíritu que estaba en Moisés. Hubo una transferencia. Si Moisés hubiera estado amargado, setenta hombres se hubieran amargado. Si Moisés hubiera estado en rebelión, setenta hombres hubieran entrado en rebelión. La fuente determina el flujo. Por eso hay momentos donde siento una tremenda responsabilidad, sabiendo que el espíritu que cada día esté en mí puede fluir hacia ustedes por el simple hecho de escucharme y creerme. Ese es mi costo laboral. No es menor.

Y aquí es donde entra la historia de Simón el mago en Hechos 8, una de las advertencias más terroríficas del Nuevo Testamento. Simón vio que, por la imposición de las manos de los apóstoles, se daba el Espíritu Santo. Vio el poder. Vio los milagros. Y su reacción fue ofrecer dinero; dadme también a mí este poder, dijo. Pedro, lleno de una furia santa, le respondió: tu dinero perezca contigo, no tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios.

Veo que en hiel de amargura y en prisión de maldad estás. Escudriña esto: Simón quería el método sin tener la rectitud de corazón. Quería la mecánica del milagro sin la moral del maestro. Y Pedro discernió que, si permitía que Simón impusiera manos, esa hiel de amargura envenenaría a la iglesia naciente. La imposición de manos, es el acto final de una vida rendida, no el truco de un mago para ganar influencia.,

Hoy en día, vemos tantas escuelas de profetas, tantos seminarios donde enseñan a la gente a imponer manos y activar dones, como si estuvieran encendiendo un microondas. ¡Qué peligro! ¡Qué insensatez! No puedes activar lo que Dios no ha ungido. Y no puedes impartir lo que no has pagado el precio de obtener en el secreto. La unción cuesta, cuesta todo. Cuesta tu vida, tu ego, tus planes. La persona que vemos en ti, murió hace mucho tiempo. Si el Espíritu Santo no la llena, no tendrá nada para dar.

Quiero que entiendas que tus manos tienen memoria espiritual. Tus manos han tocado cosas impuras en el pasado. Tus manos han acariciado el pecado. Tus manos han robado, han golpeado o han servido al ídolo del yo. Antes que te atrevas a ponerlas sobre la cabeza de un hijo de Dios, esas manos deben pasar por el fuego del altar. En Isaías 6, el profeta gritó: ¡Ay de mí! Que soy muerto, hombre de labios inmundos. ¿Y qué hizo el ángel? Voló con un carbón encendido del altar y tocó su boca.

El fuego purificó el instrumento. ¿Estás dispuesto a dejar que el fuego de Dios queme la ligereza de tus manos hoy? ¿Estás dispuesto a decirle al Señor nunca más tocaré a alguien para ser visto, nunca más tocaré para manipular, nunca más tocaré sin tu orden? Quiero que hagas algo profético ahora mismo, donde sea que estés. Mírate las palmas de las manos. Imagina que son libros abiertos ante Dios. Hay historias escritas en ellas que necesitan ser borradas.

Este es el momento de tu liberación. Es necesario que allí donde estés efectúes una declaración de fe, que rompa con cualquier ciclo de transferencia negativa. Puedes decir: Señor, lava mis manos con tu fuego. Rompo toda ligadura de alma que no proviene de ti. Hoy consagro mis manos sólo para tu gloria. Si quieres y tienes con qué, lo mejor sería escribirlo en alguna parte, porque al escribirlo estarás estableciendo un decreto.

Estás cerrando las puertas traseras que dejaste abiertas al imponer manos con ligereza. El cielo está registrando tu declaración y tu decreto como un acta de consagración. Y luego, si quieres, vete a ministrar a quien debas ministrar. Pero nunca lo hagas esperando imponer manos para que ocurran milagros, dale prioridad a la adoración y, cuando la presencia de Jesús sea casi palpable por lo real, entonces los milagros sucederán sin necesidad de que uses tus manos. Con el poder del Espíritu Santo será suficiente.

La imposición de manos es necesaria, sí, y también es bíblica. Pero es un punto de contacto para cuando la fe necesita ayuda. Pero el nivel superior, el nivel al que deberías acceder, es donde la sombra de Pedro sanaba a los enfermos, ¿Recuerdas? Pedro no tenía que tocarlos, su sola presencia saturada de Dios, desplazaba a los demonios. Eso es lo que quisiera que seas, no un imponedor o imponedora de manos serial, sino que seas un portador o portadora de la gloria.

Que cuando entres a una habitación, los demonios tiemblen, y no por lo que haces con tus manos, sino por quien camina contigo. Pablo le dijo a Timoteo, Consérvate puro. Esa es tu mayor protección. La pureza es un campo de fuerza. Satanás no puede tocar lo que es puramente de Dios. Cuando te mantienes puro, cuando cuidas tus ojos, tus oídos y tu corazón, tus manos se convierten en extensiones del trono. Y cuando Dios te diga: “toca”, entonces fluirá un río de vida cristalina que resucitará muertos.

Mientras tanto no te llegue esa voz, mantén tus manos alzadas, adorando. Es mejor tener las manos ocupadas en adorar a Dios que llenas de ministerio contaminándote con pecado ajeno. Recuerda esto todos los días de tu vida, sea quien seas y hagas lo que hagas y tengas el prestigio que tengas. La unción no es un juguete, es el poder de la resurrección. Trátala con el temor santo que merece. Y nunca, nunca, pongas tus manos sobre nadie repentinamente, a menos que estés dispuesto a compartir eternidad con lo que estás tocando.

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¡Ahora Le Toca a Satanás!

Lucas 18: 1-8 = También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar, diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que, viniendo de continuo, me agote la paciencia. Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?

Nuestra oración tiene estos tres aspectos: 1) Nosotros mismos. 2) El Dios a quien oramos. Y 3) Nuestro enemigo, Satanás. Toda oración verdadera se relaciona con estos tres aspectos. Cuando nos reunimos para orar, naturalmente oramos por nuestro propio beneficio. Tenemos necesidades, deseos y esperanzas, y por lo tanto oramos por todo eso. Oramos para lograr nuestras peticiones. No obstante, en la verdadera oración no debemos pedir simplemente las cosas que se refieren a nuestro bienestar, debemos también orar por la gloria de Dios y por el reinado celestial en la tierra.

Aunque el obtener las respuestas a las oraciones, nosotros los que oramos somos los beneficiarios inmediatos, la realidad espiritual muestra también que el Señor alcanza gloria y que su voluntad se realiza. La respuesta a la oración da mucha gloria a Dios, pues revela la inigualable grandeza de su amor y de su poder al cumplir las peticiones de sus hijos. También indica que su voluntad se realiza, porque el Señor no contesta la oración que no está de acuerdo con su voluntad. Nosotros pedimos y Dios es aquel a quien pedimos. En la oración lograda se benefician ambos, el que pide y el que otorga la petición.

El que pide obtiene el deseo de su corazón y Dios logra que su voluntad se cumpla. No necesitamos insistir en este punto, puesto que todos los hijos de Dios que tienen algo de experiencia en la oración, saben la relación que existe entre estos dos aspectos de la oración. Pero lo que ahora nos gustaría recordar a los creyentes es el hecho de que si en la oración sólo ponemos atención a estos dos aspectos de Dios y el hombre, nuestra oración todavía es imperfecta. Aunque sea muy efectiva, en el éxito todavía hay derrota, pues aún no hemos llegado a dominar el verdadero significado de la oración.

Sin duda que todos los creyentes espirituales conocen la relación absoluta entre la oración, y la gloria y la voluntad de Dios. La oración no es solo para nuestro propio provecho. Con todo, este conocimiento es incompleto; hemos de tomar en cuenta el tercer aspecto que cuando oramos al Señor, lo que nosotros pedimos y loque Dios promete, perjudicará sin duda alguna al enemigo. Sabemos que Dios rige el universo. Sin embargo, Satanás es llamado “El príncipe de este mundo”. Puesto que el mundo entero está bajo el maligno, se nos dice.

Así pues, vemos que en este mundo hay dos fuerzas diametralmente opuestas, buscando ambas la ventaja. Cierto que Dios tiene la última victoria; sin embargo en este nuestro tiempo antes del reino de los mil años, Satanás sigue usurpando poder en este mundo para oponerse a la obra, a la voluntad y al interés de Dios. Los que somos hijos de Dios pertenecemos a Dios. Si bajo su protección ganamos algo, es claro que significa que su enemigo sufre una pérdida. La medida en que nosotros ganamos, corresponde exactamente a la medida de la voluntad de Dios que se realiza, es a su vez la pérdida que Satanás sufre.

Puesto que nosotros pertenecemos a Dios, Satanás intenta hacernos fracasar, afligirnos o suprimirnos y, por supuesto, no permitir que ganemos ningún terreno. Esta es su intención, aunque su intención no se cumpla debido a que nosotros nos podemos acercar al trono de la gracia acogiéndonos a la preciosa sangre de Jesús, pidiendo la protección de Dios. Cuando Dios oye nuestra oración, el plan de Satanás es definitivamente derrotado. Al contestar nuestra oración, Dios impide la perversa voluntad de Satanás, y por consecuencia, éste no puede infligirnos el mal que tenía proyectado.

Lo que nosotros ganamos en la oración corresponde a la pérdida de Satanás. Así que nuestra ganancia y la gloria de Dios, están en proporción directa a la pérdida de Satanás. Uno gana y el otro pierde; uno pierde y el otro gana. En vista de esto, en nuestra oración debemos considerar no sólo nuestro beneficio y la gloria y la voluntad de Dios, sino también tener en cuenta el tercer aspecto, el que se refiere a Satanás, el enemigo. La oración que no considere los tres aspectos, es superficial, de poco valor, y no podrá lograr muchas cosas.

No hay necesidad de que hablemos de las oraciones superficiales, hechas sin sentido y sin corazón, pues no tienen efecto sobre ninguno de los tres aspectos de la oración. En el caso de un cristiano carnal, sus oraciones, aunque sean razonables, tienen en cuenta únicamente un aspecto, el de su propio beneficio. El motivo de su oración es lograr lo que él desea. Sólo tiene en cuenta su propia necesidad y anhelo. Con tal que el Señor conteste su petición y le conceda el deseo de su corazón, se da por satisfecho. No reconoce que existe la voluntad de Dios ni tiene en cuenta la gloria de Dios.

Y por supuesto, no tiene ni la más remota idea del aspecto que se refiere a hacer que Satanás sufra una pérdida. Pero no todos los creyentes son carnales. Damos gracias a Dios y lo alabamos por los muchos de sus hijos que son espirituales. Cuando éstos oran, su propósito no es tan egoísta que se den por satisfechos sólo con que el Señor conteste su oración, supliendo la necesidad personal que tienen. También ponen mucha atención a la gloria y a la voluntad de Dios. Ellos esperan que el Señor conteste sus oraciones, no porque quieran solamente lograr algo para ellos mismos, sino porque también Dios se glorifica contestando a sus oraciones.

Al orar, no insisten en lograr lo que piden, porque solamente tienen en cuenta la voluntad de Dios. Por lo que a la vo0luntad divina se refiere, no se trata de si el Señor se complace en conceder sus peticiones, sino en si la contestación a las oraciones estará en conflicto o no con la voluntad de Dios y sus planes de gobernar el mundo. Tienen en cuenta no solamente el asunto por el que oran, sino también la relación de este asunto con la perspectiva más amplia de la obra de Dios. Así es que sus oraciones cubren los dos aspectos que se refieren a Dios y al hombre.

Sin embargo, muy pocos cristianos consideran en sus oraciones el tercer aspecto, el de Satanás. La finalidad de la verdadera oración no considera solamente el provecho personal (Muchas veces ni siquiera se piensa en este aspecto), sino que mira como más importante la gloria de Dios y la derrota del enemigo. Ellos no consideran que su beneficio sea de primera importancia. Piensan que su oración ha sido muy valiosa, si por medio de ella Satanás ha sido derrotado y Dios ha sido glorificado. Lo que ellos buscan en su oración es la derrota del enemigo.

Sus miradas no se limitan a lo que los rodea de inmediato, sino que consideran la perspectiva de la obra y la voluntad de Dios en todo el mundo. Con todo, permíteme añadir que con esto no se sugiere que ellos sólo tienen en cuenta los aspectos que se refieren a Dios y a Satanás, y olvidan completamente el aspecto personal de la oración. De hecho, cuando la voluntad de Dios se cumple y Satanás sufre una pérdida, sin duda alguna que ellos reciben provecho. Por lo tanto, el progreso espiritual de un santo puede apreciarse por el énfasis que se nota en su oración.

Lucas 18:1-8 = También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar, diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia. Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?

En esta parábola, Jesús toca los tres aspectos de la oración de los cuales hemos hablado. Se mencionan tres personas: 1) El Juez. 2) La Viuda. Y 3) El adversario. El juez, (De manera negativa), representa a Dios, la viuda representa a la iglesia de hoy o a un fiel cristiano, mientras que el adversario tiene el puesto de nuestro enemigo el diablo. Cuando explicamos esta parábola, con frecuencia ponemos la atención solamente en la relación entre el juez y la viuda. Notamos como este juez, que ni teme a Dios ni tiene respeto a los hombres, finalmente hace justicia a la viuda porque venía a él constantemente; y sacamos la conclusión: puesto que nuestro Dios no es como ese juez malvado, ¿NO nos hará Él justicia rápidamente si oramos?

Y esto es casi todo lo que explicamos de esta parábola.  Este juez es la única autoridad de una determinada ciudad. Allí él gobierna por completo. En cierto sentido esto es una representación del poder y de la autoridad de Dios. Aunque en el momento presente Satanás dirija temporalmente el mundo, no es más que un usurpador que se ha metido por la fuerza. Cuando el Señor murió en la cruz, arrojó fuera al príncipe de este mundo. Con su muerte, Jesús, despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la Cruz, eso le dice Pablo a los Colosenses en 2:15 de su carta.

Aunque el mundo todavía está sometido al maligno, es una situación totalmente ilegal. Y Dios ha señalado el día en que su Hijo volverá a tomar el Reino y será rey de este mundo durante mil años, y después, eternamente. Antes de la llegada de este tiempo Dios permite solamente que Satanás esté activo, aun cuando el Señor mantiene las riendas del gobierno de este mundo. Satanás podrá dominar sobre todo lo que le pertenece al mismo satanás, podrá hasta llegar a perseguir a los que pertenecen a Dios; sin embargo, todo esto sucede solamente durante un plazo determinado.

E incluso en este corto plazo, Satanás está completamente limitado por Dios. Podrá hostigar a los santos, pero solamente dentro de ciertos límites. Aparte de lo que Dios le permita, el enemigo no tiene ninguna autoridad en absoluto. Esto lo podemos apreciar claramente en la historia de Job. De la misma manera que este juez domina en una ciudad entera, así Dios domina en el mundo entero. Y del mismo modo que es completamente ilegal que los que están bajo la autoridad de un juez hostiguen a otros y se conviertan en sus adversarios, así es algo extraordinario, hasta monstruoso, que Satanás que está bajo la autoridad de Dios, persiga a los santos.

Se nos dice el carácter de este juez por sus propias palabras: NI temo a Dios, ni tengo respeto a hombre. Verdaderamente debe ser una persona inmoral, pues no tiene consideración ni a Dios ni a hombre. Sin embargo, debido a las incesantes visitas de la viuda que Viena a pedir justicia, se molesta y se aburre tanto con sus quejas, que por fin hace justicia. El Señor usa a este juez como una comparación negativa, para subrayar la bondad de Dios; pues Dios no es como el juez malvado de la parábola; al contrario, Dios es nuestro Padre amoroso que nos protege; como desea Dios darnos lo mejor, y además no está desligado de nosotros como está el juez de la viuda.

Así, pues, si un juez como el de la parábola está dispuesto a hacer justicia a la viuda por razón de sus súplicas incesantes, Cuánto más, Dios que es la suma virtud, la suma bondad que nos ama y está tan íntimamente unido a nosotros, ¿Hará justicia a sus hijos que claman a Él incesantemente? Si un juez inmoral hace justicia a una mujer por causa de su continuo clamor, ¿No obrará Dios a favor de sus propios hijos? La razón por la que la viuda obtiene el consentimiento del juez para hacerle justicia, la encontramos en sus incesantes súplicas.

Espontáneamente el juez no le habría hecho justicia a la viuda pues era inmoral y malvado. Sin embargo, nosotros habremos de reconocer que la respuesta a nuestra oración a Dios, no sólo viene por nuestras incesantes oraciones, (Que de por sí deberían ser suficiente para obtener lo que pedimos), sino también por la bondad de Dios. Por esto, el Señor concluye la parábola preguntando: ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos? Estas cuatro palabras “Acaso Dios no hará”, implican una comparación.

Si la viuda depende solamente de su súplica incesante como el medio de conseguir lo que pide, ¿No recibiremos nosotros lo que pedimos por razón de nuestra constante oración a Dios y por razón de su bondad? Esta viuda no tiene a nadie en quien confiar. La misma palabra “viuda” declara sutilmente su soledad. El esposo de quien ella dependía para poder vivir, ha muerto. Ella es ahora una viuda. Verdaderamente ella sirve muy bien de ejemplo de lo que los creyentes somos en el mundo. Nuestro Señor ya ha ascendido al cielo; por lo tanto, hablando simplemente desde un punto de vista físico, los cristianos están tan desamparados como una viuda.

Lo que Mateo enseña en el capítulo 5 revela nuestra penosa condición de cristianos. Hemos de ser los más mansos de todos, no ofrecer resistencia de ninguna clase; y por lo tanto, en todas partes sufrimos persecución y humillación. El Señor y sus apóstoles nunca instruyeron a los creyentes que buscaran en este mundo poder y altos puestos; en su lugar nos enseñan a ser modestos y humildes, y a aceptar el desprecio y la persecución de este mundo rehusando reclamar lo que concede la ley y el derecho. Esta es la posición de los creyentes y el camino que el mismo señor nos ha marcado.

Si el Hijo de Dios debió morir en la cruz sin resistir ni protestara, ¿Acaso podrán sus discípulas esperar del mundo un mejor trato? En vista de todo esto, la viuda es verdaderamente un buen ejemplo de nosotros los cristianos de esta época. Así como la viuda tiene su adversario, también nosotros los cristianos tenemos el nuestro. Y nuestro adversario es Satanás. Hasta el significado de la palabra “Satanás” es “adversario”, que quiere decir enemigo. Por lo tanto, debemos reconocer claramente quien es nuestro enemigo.

Entonces sabremos cómo hemos de acercarnos a nuestro juez que es nuestro Dios, y acusar a nuestro enemigo. Si queremos examinar la razón primaria de la enemistad existente entre nosotros y el diablo, hallaremos que detrás de ella hay una larga historia. Para decirlo resumidamente, esta enemistad comenzó en el huerto del Edén. Después de la caída del hombre, Dios dijo: Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar. Eso dice Génesis 3:15.

Cierto que el diablo nos hiere a nosotros los humanos, pero es que Dios ha puesto enemistad en nuestros corazones tanto como en el corazón de Satanás. Del mismo modo que el adversario trató injustamente a la viuda, así de mal nos trata hoy el diablo a los creyentes. ¿Quién sabe lo mucho que hemos sufrido en sus manos? Por supuesto que cuando el diablo nos persigue, nunca se manifiesta ni actúa directamente. Él hace todo su trabajo por medio de personas o de cosas. Él no quiere aparecer abiertamente. Al contrario, él instiga a la gente del mundo para que obre por él, mientras que él mismo lo dirige todo en secreto.

Así como en su primera intervención se disfrazó con la forma de una serpiente, pues igualmente, cada vez que hoy actúa, lo hace encubierto. Por razón de sus engaños, los hijos de Dios se equivocan muchas veces y no reconocen al enemigo real. Algunas veces él debilita el cuerpo de los creyentes causándoles enfermedades y dolores. Así lo dice en Hechos 10:38: cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo este anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

Y con todo, los creyentes quizás miren su estado como consecuencia de la fatiga o de la falta de higiene, sin darse cuenta que el diablo está obrando detrás del escenario. Sólo con que consideremos este punto, veremos qué enormes suelen ser los sufrimientos de los cristianos en manos de Satanás. Algunas veces el enemigo incita a la gente de este mundo a perseguir a los creyentes y entonces éstos son atacados por su propia comunidad, amigos y familiares. Sin embargo, ellos piensan que esto se debe al odio de la gente hacia el Señor; y no se dan cuenta que en realidad es el diablo el instigador de estos ataques.

Algunas veces el diablo se vale de las circunstancias y coloca a los creyentes en dificultades y peligros. Con frecuencia hace que surjan malentendidos entre los cristianos, con el fin de separar hasta a los amigos más queridos, causando así muchas angustias y lágrimas. Algunas veces el enemigo priva a los creyentes de los bienes materiales, y los reduce a la necesidad e incluso a la miseria. Otras veces oprime sus espíritus y les hace sentirse deprimidos, desasosegados y desorientados. O los ataca en la voluntad haciéndolos incapaces de elegir libremente y poniéndolos en tal situación que no saben qué hacer.

O mete en el corazón de los creyentes un miedo irracional. O Satanás amontona cosas sobre ellos para agotarlos, o les hace perder el sueño para hacerlos sentir exhaustos. O les pone en la mente pensamientos sucios y confusos para debilitar su resistencia, o hasta se disfraza de ángel de luz para engañar y desviar a los creyentes del buen camino. Es imposible acabar la lista de todas las obras que el diablo hace. En resumen, el enemigo hará cualquier cosa que cause que los creyentes sufran en su espíritu o en su cuerpo, que caigan en pecado, o que incurran en pérdidas y perjuicios. Desgraciadamente, muchos de los hijos de Dios no se dan cuenta de la obra de Satanás cuando están sufriendo en sus manos.

Lo que está sucediendo lo atribuyen a causas naturales, accidentales o humanas, y no disciernen cómo en muchos sucesos naturales se esconde lo satánico sobrenatural, como en muchos episodios accidentales, se oculta un plan diabólico, y cómo en muchos tratos humanos se mezclan las malignas maniobras del enemigo. Ahora la tarea más importante para nosotros es la de identificar al enemigo. Debemos saber con certeza quién es nuestro adversario, quien es el que nos causa tanto sufrimiento. Con mucha frecuencia pensamos que nuestros sufrimientos son causados por los hombres.

Pero la Biblia nos dice que no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, que es como decir nada menos que de este sistema, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. ¿O no dice eso? Por esto, cada vez que sufrimos a manos de un hombre, necesitamos recordar que detrás de la carne y la sangre, Satanás y sus poderes de las tinieblas pueden muy bien estar dirigiéndolo todo. Debemos tener la necesaria visión espiritual para discernir la obra de Dios de las maniobras de Satanás que están detrás de todo.

Debemos distinguir lo que es natural de lo que es sobrenatural. Debemos estar tan eje3rcitados en las cosas interiores, de manera que tengamos conocimiento de las realidades espirituales, para que ninguna de las obras ocultas de Satanás pueda escapar a nuestra observación. Si este fuera el caso, ¿No reconoceríamos que lo que usualmente consideramos hechos naturales o accidentales pueden envolver la obra del enemigo oculto tras la escena? Veríamos enseguida que Satanás está realmente tratando de frustrarnos a cada paso y de oprimirnos en todas las cosas.

Qué lástima que hayamos sufrido tanto por culpa suya en el pasado, sin saber que era él el que nos hacía sufrir. Hoy, parte de nuestro trabajo más urgente, es el crearnos un corazón lleno de aborrecimiento hacia Satanás por su crueldad. No hemos de temeré que nuestra enemistad hacia Satanás se haga demasiado honda. Antes de que exista la posibilidad de que podamos vencer, debemos mantener en nuestro corazón una actitud hostil hacia él, decididos a no dejarnos oprimir por él. Tenemos que comprender que lo que hemos sufrido en las manos de Satanás es un perjuicio real que debe ser vengado.

Él no tiene derecho a atormentarnos, y sin embargo aún lo hace. Esto es verdaderamente una injusticia, un agravio que no puede quedar sin venganza. Después que esa viuda ha sufrido mucho, viene al juez pidiendo justicia. Esto es algo que debemos aprender a hacer. Nosotros no acudimos a jueces de la tierra implorándoles que intervengan a nuestro favor. (Nosotros, si somos creyentes genuinos no hacemos eso. El resto, aún los religiosos, sí suelen hacerlo).

Nosotros pedimos a nuestro juez que no es otro que nuestro Padre Dios en el cielo. Las armas de nuestra milicia no son carnales. Por lo tanto, no emplearemos ningún medio terreno o carnal contra los instrumentos de carne y sangre utilizados por Satanás. Muy al contrario, en vez de mostrar impaciencia, ira o siguiera hostilidad contra ellos, debemos compadecernos de ellos porque no son más que instrumentos de Satanás. Veamos que, en el combate espiritual, las armas de la carne son completamente inútiles. No solamente inútiles, sino que, con toda certeza, el que las usa, será vencido por Satanás.

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6 – Dependencia

Gálatas 5: 1 = Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. Esto es lo que se lee en la versión tradicional Reina Valera. En un lenguaje más sencillo, la Nueva Traducción Viviente lo muestra así: Por lo tanto, Cristo en verdad nos ha liberado. Ahora asegúrense de permanecer libres y no se esclavicen de nuevo a la ley. El sinónimo que pertenece al diseño, aquí, es dependencia.

En una cultura que exalta la autosuficiencia, depender suena a debilidad, a carencia, incluso a fracaso personal. Sin embargo, cuando se observa con detenimiento —y con una mirada que no niega lo espiritual, la dependencia no es una anomalía: es una condición constitutiva del ser humano. Respiramos aire que no producimos, vivimos en redes sociales que no controlamos por completo y pensamos ideas que heredamos en parte de otros. La cuestión, entonces, no es si dependemos, sino de qué o de quién dependemos.

Desde una perspectiva bíblica —no en clave institucional ni dogmática, sino existencial— la dependencia encuentra su sentido más pleno en la relación con Dios. El evangelio del Reino no propone una anulación de la libertad humana, sino una reorientación de la confianza. La independencia absoluta es una ilusión; la dependencia bien dirigida es una forma de sabiduría.

En los textos bíblicos aparece una tensión constante entre dos tipos de dependencia: una que esclaviza y otra que libera. La primera se expresa en la idolatría, no solo en el sentido antiguo de estatuas, sino en todo aquello que ocupa el centro del corazón: poder, dinero, sexo, aprobación social, incluso la propia imagen. Estas dependencias prometen seguridad, pero exigen un precio cada vez mayor. Funcionan como contratos invisibles: ofrecen identidad a cambio de sumisión. La segunda, en cambio, es la dependencia de Dios, que no anula la dignidad humana, sino que la afirma. Es una relación en la que la fuente no se agota y el vínculo no degrada.

Resulta interesante que en la narrativa bíblica, los momentos de mayor transformación personal suelen coincidir con el reconocimiento de la propia necesidad. No es la autosuficiencia la que abre puertas, sino la honestidad. “Necesito ayuda” es una frase profundamente espiritual, aunque suene simple. En ella se rompe la ficción del control total y se habilita la posibilidad de una intervención distinta, más profunda.

En términos sociales, la palabra dependencia ha sido manipulada tanto para justificar dominaciones como para promover emancipaciones. Por un lado, hay estructuras que fomentan dependencias perjudiciales: economías que atrapan, sistemas que condicionan, discursos que infantilizan a las personas. Por otro lado, también existe un rechazo ideológico a cualquier forma de dependencia, como si la libertad consistiera en no necesitar a nadie. Ambos extremos resultan problemáticos. El primero porque deshumaniza; el segundo porque desconoce la naturaleza relacional del ser humano.

Una lectura equilibrada reconoce que la dependencia puede ser saludable cuando está orientada hacia fuentes que promueven vida, justicia y verdad. Aquí es donde el evangelio del Reino introduce una lógica diferente: no se trata de dominar ni de ser dominado, sino de vivir en una relación de confianza con Dios que transforma la manera de vincularse con los demás.

Esta dependencia espiritual no implica pasividad. No es una invitación a quedarse esperando que todo suceda sin participación. Al contrario, es un llamado a actuar desde un fundamento distinto. Es como cambiar el punto de apoyo: en lugar de sostener la vida únicamente sobre las propias fuerzas —que son limitadas— se aprende a apoyarse en algo mayor. Esto no elimina la responsabilidad personal, pero sí reduce la ansiedad de tener que controlar todo.

Aquí aparece un matiz importante: depender de Dios no significa evadir la realidad, sino enfrentarla con una perspectiva más amplia. Es fácil caer en caricaturas: pensar que la fe es una especie de anestesia emocional o una excusa para la inacción. Sin embargo, una lectura honesta del mensaje del Reino muestra lo contrario. La dependencia de Dios impulsa a la justicia, a la compasión, al compromiso social. No es un refugio para escapar del mundo, sino una fuerza para transformarlo.

En la práctica, ¿Cómo se vive esta dependencia? No se trata de fórmulas mágicas ni de rituales vacíos. Se trata de hábitos concretos que reorientan la vida. Algunos de ellos pueden parecer sencillos, pero tienen una profundidad notable: 

Primero, la oración entendida no como repetición mecánica, sino como diálogo real. Hablar con Dios implica también escuchar. Y escuchar requiere silencio, algo cada vez más escaso en un mundo saturado de estímulos. Un consejo práctico: reservar unos minutos al día para desconectarse de todo lo demás y simplemente estar en presencia de Dios. Sin agenda, sin exigencias, sin performance, sin teléfonos. Solo estar.

Segundo, la lectura reflexiva de las Escrituras. No como un ejercicio académico ni como un intento de acumular información, sino como una búsqueda de sentido. La Biblia, leída con honestidad, confronta, consuela y orienta. No siempre ofrece respuestas inmediatas, pero sí abre preguntas que transforman.

Tercero, la comunidad. Aunque la fe es personal, no es individualista. La dependencia de Dios se fortalece en vínculos con otros que buscan lo mismo. Esto no implica uniformidad ni ausencia de conflicto, sino la posibilidad de caminar juntos, corregirse, sostenerse mutuamente.

Cuarto, la práctica de la gratitud. Reconocer lo recibido es una forma concreta de dependencia consciente. No se trata de negar las dificultades, sino de no quedar atrapado en ellas. La gratitud reconfigura la percepción y evita que la vida se reduzca a lo que falta.

Quinto, el servicio. Paradójicamente, al depender de Dios, se desarrolla una mayor capacidad de darse a los demás. Esto rompe con la lógica de acumulación y abre una dimensión de generosidad que tiene impacto social real.

Ahora bien, hablar de dependencia también exige abordar las falsas dependencias que muchas veces se disfrazan de soluciones. En el plano contemporáneo, estas pueden tomar formas variadas: adicciones, hiperconectividad digital, validación constante en redes sociales, consumo compulsivo. Todas ellas comparten un patrón: ofrecen alivio inmediato, pero generan dependencia progresiva.

Un ejemplo cotidiano: la necesidad de revisar el celular constantemente. Puede parecer trivial, pero revela algo más profundo. Hay una búsqueda de conexión, de reconocimiento, de distracción frente al vacío o la ansiedad. El problema no es el dispositivo en sí, sino la dependencia que se construye alrededor de él. Aquí el humor ayuda: si uno siente que el celular vibra incluso cuando no lo hace, quizás no sea un milagro espiritual, sino una señal de que algo necesita reordenarse.

La propuesta del evangelio del Reino no es demonizar estas realidades, sino ofrecer una alternativa más profunda. En lugar de depender de estímulos externos para sostener el ánimo, se propone una relación con Dios que genera estabilidad interior. No es una solución instantánea, pero sí una transformación progresiva.

Es importante también reconocer que la dependencia de Dios no elimina las dificultades. La vida sigue siendo compleja, los conflictos no desaparecen mágicamente y las preguntas siguen existiendo. La diferencia está en la manera de atravesarlos. Hay una confianza que no se basa en la ausencia de problemas, sino en la presencia de Dios en medio de ellos.

Desde un punto de vista ideológico, esta perspectiva evita tanto el determinismo como el voluntarismo extremo. No todo está predeterminado ni todo depende exclusivamente del esfuerzo humano. Hay una interacción dinámica entre la acción divina y la respuesta humana. Esta visión permite sostener la responsabilidad sin caer en la desesperación.

En el plano social, una comprensión sana de la dependencia puede contribuir a relaciones más justas. Si todos dependemos, entonces nadie puede erigirse como completamente autosuficiente. Esto cuestiona estructuras de poder que se sostienen en la ilusión de superioridad. Al mismo tiempo, evita la victimización permanente, ya que reconoce la capacidad de respuesta de cada persona.

El evangelio del Reino presenta una imagen de Dios que no oprime ni manipula, sino que invita. La dependencia hacia Él no es forzada, sino elegida. Y en esa elección se juega gran parte de la experiencia humana. No es una elección que se hace una sola vez, sino que se renueva constantemente, en decisiones pequeñas y cotidianas.

Quizás uno de los mayores desafíos es desaprender ciertas ideas sobre la dependencia. Durante mucho tiempo se la ha asociado exclusivamente con debilidad. Pero en realidad, reconocer la propia necesidad es un acto de valentía. Es más fácil fingir autosuficiencia que admitir vulnerabilidad. Sin embargo, es en esa vulnerabilidad donde se abre la posibilidad de una relación más auténtica con Dios.

Hay una paradoja interesante: cuanto más consciente es una persona de su dependencia de Dios, más libre se vuelve frente a otras dependencias. No necesita tanto la aprobación ajena, no se define exclusivamente por sus logros, no se derrumba ante el fracaso. Su identidad no está en constante negociación.

Esto no significa que se vuelva indiferente o desconectada, sino que su centro está en otro lugar. Y desde ese centro puede relacionarse de manera más saludable con el mundo.

Para cerrar —aunque el tema siempre queda abierto— vale la pena plantear una pregunta sencilla pero profunda: ¿De qué dependo hoy? No como un ejercicio de culpa, sino de honestidad. La respuesta puede ser incómoda, pero también liberadora. El balón está en tú campo, tú lo mueves.

La dependencia no es el problema. El problema es cuando se deposita en lugares que no pueden sostenerla. El evangelio del Reino propone una alternativa: una dependencia que no esclaviza, sino que da vida. No es un camino fácil ni automático, pero sí uno que vale la pena recorrer.

Y si en algún momento el proceso parece complicado, conviene recordar algo con un toque de humor y verdad: incluso para aprender a depender bien, dependemos de ayuda. Y eso, lejos de ser una contradicción, es parte de la gracia.

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5 – Corrupción

 

Romanos 8: 21 = porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Es notorio que si es la creación la que se encuentra bajo esa esclavitud, el hecho determinante de ser hijos de Dios la derrumba. La versión NTV, como siempre, nos muestra una conclusión más simple en su entendimiento del tema. Dice: la creación espera el día en que será liberada de la muerte y la descomposición, y se unirá a la gloria de los hijos de Dios. Descomposición, una palabra más elegante y menos repugnante que putrefacción, que es lo que realmente significa.

La palabra corrupción suele evocar imágenes inmediatas: políticos deshonestos, empresas que manipulan reglas, sistemas que se tuercen para favorecer a unos pocos. Pero si uno se detiene un momento y mira más profundo, la corrupción no es solamente un fenómeno institucional ni un problema exclusivo de “los de arriba”. Es, en esencia, una distorsión del orden original de las cosas: una grieta que comienza en lo invisible —en el corazón humano— y luego se expande hacia lo social, lo económico y lo cultural.

Desde una perspectiva bíblica, pero sin caer en discursos religiosos rígidos, la corrupción puede entenderse como la desviación del propósito. En el relato de la creación, todo fue diseñado con armonía, con intención, con un equilibrio que reflejaba el carácter de Dios: justicia, verdad, bondad. La corrupción aparece cuando ese diseño se altera, cuando lo que debía servir a la vida comienza a servirse a sí mismo. Es como un engranaje que deja de cumplir su función y, en lugar de colaborar con el sistema, empieza a dañarlo desde adentro.

Lo interesante —y a la vez incómodo— es que la Biblia no presenta la corrupción como un problema externo que se soluciona simplemente cambiando leyes o reemplazando líderes. Más bien, la ubica en una dimensión más íntima. Jesús, en los evangelios, señala que lo que contamina al ser humano no es lo que viene de afuera, sino lo que sale del corazón: intenciones torcidas, egoísmo, codicia. Dicho de otro modo, la corrupción no empieza en el palacio de gobierno; empieza en decisiones pequeñas, cotidianas, muchas veces invisibles. Y luego, claro, por imperio de la democracia, puede terminar tranquilamente en el palacio de gobierno, claro que si. 

Esto no significa que las estructuras no importen. Al contrario, los sistemas pueden amplificar o limitar la corrupción. Pero pensar que todo se resuelve “cambiando a los de arriba” es una simplificación peligrosa. Es como querer arreglar una humedad pintando la pared sin revisar la cañería: el problema reaparece, porque la raíz sigue intacta. Un funcionario de un país muy pobre se pasaba los días haciendo discursos en los que se ufanaba de que en su gobierno no había corrupción. Hasta que un día, un periodista, cansado del discurso simplista le respondió: No es que aquí no hay corrupción, lo que no hay es dinero para robarse…

Ahora bien, hablar de corrupción desde una fe firme en el evangelio del Reino de Dios implica algo más que señalar errores. Implica también proponer una alternativa. El Reino de Dios, tal como lo enseñó Jesús, no es un sistema político ni una ideología, sino una forma de vida donde los valores se invierten: el mayor sirve, el que tiene comparte, el que lidera lo hace con humildad. En ese contexto, la corrupción no tiene espacio porque pierde su combustible principal: el ego desordenado.

Pero seamos honestos: esto suena muy bien en teoría. En la práctica, todos, en mayor o menor medida, lidiamos con la tentación de torcer un poco las cosas a nuestro favor. El clásico “no pasa nada”,es solo una vez”, “todos lo hacen”. Y ahí aparece el humor involuntario de la condición humana: criticamos la corrupción estructural mientras justificamos nuestras pequeñas trampas cotidianas. Nos indignamos por grandes escándalos, pero a veces nos cuesta devolver un vuelto de más. 

Lejos de condenar, esta observación invita a una toma de conciencia. Porque si la corrupción tiene una raíz espiritual, entonces la transformación también debe serlo. No se trata de volverse perfecto de un día para otro, sino de cultivar una integridad progresiva. En términos prácticos, esto implica cosas simples pero poderosas: decir la verdad, aunque incomode, cumplir compromisos, aunque nadie esté mirando, tratar a los demás con justicia incluso cuando no hay consecuencias inmediatas.

Un recurso útil es hacerse preguntas incómodas pero honestas: ¿Estoy actuando con transparencia? ¿Estoy aprovechándome de alguna situación? ¿Estoy siendo coherente entre lo que digo y lo que hago? Estas preguntas no buscan generar culpa paralizante, sino despertar una conciencia activa. Porque la corrupción prospera en la inconsciencia, en la automatización de conductas que nunca se revisan.

Desde lo social, la corrupción también tiene un componente colectivo. No es solo la suma de actos individuales, sino una cultura que, en ciertos contextos, normaliza la trampa. Cuando la deshonestidad se vuelve la regla y no la excepción, el que quiere actuar correctamente parece ingenuo o incluso perjudicado. Aquí es donde el mensaje del Reino de Dios adquiere una dimensión contracultural: propone vivir de otra manera, aunque no sea la más fácil ni la más popular.

Y esto requiere valentía. Porque ir contra de la corriente nunca fue cómodo. Sin embargo, también genera un efecto contagio. La integridad, aunque silenciosa, tiene un poder transformador. Una persona que actúa con rectitud puede influir en su entorno más de lo que imagina. Es como una pequeña luz en un cuarto oscuro: no elimina toda la oscuridad de golpe, pero cambia la percepción del espacio.

Hay también un aspecto esperanzador que no se puede ignorar. La Biblia no solo diagnostica la corrupción; también ofrece redención. Habla de un Dios que no abandona al ser humano en su condición, sino que propone un camino de restauración. Esto no es un escape de la realidad, sino una invitación a participar activamente en su transformación. El evangelio del Reino no es un mensaje pasivo; es una convocatoria a vivir de manera distinta aquí y ahora.

En términos prácticos, esto puede traducirse en hábitos concretos: administrar los recursos con responsabilidad, rechazar atajos injustos, promover la equidad en los espacios donde uno tiene influencia, por pequeños que sean. No todos van a cambiar el mundo desde grandes plataformas, pero todos pueden aportar desde su lugar. Y, aunque suene simple, muchas veces lo revolucionario está en lo cotidiano.

Ahora; es menester ser muy prudente y tener cuidado con los pasos a dar. Porque si uno se lo toma demasiado en serio, al extremo de constituirlo una obsesión, corre el riesgo de volverse rígido o moralista. La realidad es que todos estamos en proceso. Nadie tiene un historial perfecto. La diferencia está en la dirección: si uno elige justificar la corrupción o confrontarla, aunque sea de a poco.

También es importante evitar caer en extremos ideológicos. La corrupción no es patrimonio de una corriente política ni de un sector social específico. Aparece donde hay poder sin control, deseo sin límite y conciencia adormecida. Por eso, un enfoque, sino objetivo, al menos pleno en imparcialidad, reconoce que el problema es transversal y que las soluciones requieren una mirada amplia, que incluya tanto reformas estructurales como transformaciones personales.

Desde una fe firme pero no religiosa en el sentido institucional, el énfasis está en la relación con Dios como fuente de renovación interior. No se trata de cumplir rituales, sino de permitir que esa conexión moldee el carácter. Porque, en definitiva, la corrupción se combate no solo con normas, sino con una identidad transformada. Una persona que entiende su valor y propósito es menos propensa a buscar ventajas a cualquier costo.

En el plano humano, esto se traduce en algo muy concreto: dignidad. Cuando uno reconoce su propia dignidad y la del otro, se vuelve más difícil justificar actos corruptos. La corrupción, en el fondo, deshumaniza: convierte a las personas en medios para un fin. El Reino de Dios, en cambio, las reconoce como fines en sí mismas.

Para cerrar, vale la pena recordar que la corrupción, aunque profunda y extendida, no es invencible. No porque el ser humano sea naturalmente bueno en todo momento, sino porque existe la posibilidad de cambio. Y ese cambio empieza en lo pequeño, en decisiones diarias que parecen insignificantes pero que, acumuladas, generan una cultura distinta.

Tal vez no podamos erradicar la corrupción de un día para otro, pero sí podemos reducir su espacio en nuestra propia vida. Y eso, lejos de ser poco, es el punto de partida más realista y más poderoso. Porque cada acto de integridad es una afirmación de que otra forma de vivir es posible. Y en un mundo donde la desconfianza crece, esa afirmación no solo es necesaria: es profundamente esperanzadora. Alguien podría preguntarme, ahora: Néstor… ¿Estás pretendiendo cambiar el mundo tú solo? No, estoy procurando ayudar a cambiar el corazón del hombre. Luego, ese hombre se encargará de poner de lo suyo para cambiar el mundo. Algo un tanto parecido a lo que hizo un tal Jesús de Nazaret, ¿Verdad?

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4 – Lealtad

Jeremías 42: 5 = Y ellos dijeron a Jeremías: Jehová sea entre nosotros testigo de la verdad y de la lealtad, si no hiciéremos conforme a todo aquello para lo cual Jehová tu Dios te enviare a nosotros. Queda claro por si se te había olvidado. Dios será siempre testigo de tu lealtad, con él o con quien debas en la tierra. La Nueva Traducción Viviente lo dice así: Ellos dijeron a Jeremías: —¡Que el Señor tu Dios sea fiel testigo contra nosotros si rehusamos obedecer todo lo que él nos diga que hagamos! Aquí está fielmente relacionada con la obediencia.

La lealtad es una palabra breve, pero con un peso existencial enorme. No es una emoción pasajera ni una virtud decorativa: es una decisión sostenida en el tiempo. En un mundo donde lo inmediato, lo útil y lo descartable parecen regir muchas relaciones, la lealtad aparece casi como una resistencia silenciosa. No hace ruido, no busca aplausos, pero sostiene lo que de otro modo se derrumbaría: vínculos, compromisos, identidades y, en el plano espiritual, la relación entre el ser humano y Dios. 

Desde una mirada bíblica, la lealtad no es solo fidelidad externa; es coherencia interna. No se trata de cumplir por obligación, sino de permanecer por convicción. Hay una diferencia profunda entre quien “aguanta” y quien “permanece”. El primero resiste porque no le queda otra; el segundo elige quedarse porque ha encontrado sentido. En ese punto, la lealtad se vuelve una forma de amor en acción.

En las Escrituras, la lealtad aparece muchas veces entrelazada con la idea de pacto. Y un pacto no es un contrato comercial donde se calculan beneficios: es un compromiso donde la palabra tiene valor incluso cuando las circunstancias cambian. La lealtad, entonces, no depende del clima emocional ni de la conveniencia del momento. Es más parecida a una raíz que a una hoja: no se ve tanto, pero sostiene todo.

Llevando esto a la vida cotidiana, la lealtad se pone a prueba en cosas muy simples. No hace falta una gran crisis para medirla. Se manifiesta en cómo hablamos de alguien cuando no está presente, en si cumplimos lo que prometemos, aunque nadie nos controle, en si somos capaces de sostener a otros cuando ya no nos resultan “útiles”. En un entorno social donde muchas veces se valora más la rapidez que la profundidad, ser leal puede parecer una desventaja. Pero en realidad es una forma de sabiduría: lo que es sólido tarda más en construirse.

Ahora bien, ser leal no significa ser ingenuo. No implica tolerar abusos ni justificar lo injustificable. Aquí aparece un punto clave: la lealtad bíblica no es ciega, es consciente. Está alineada con la verdad. De hecho, una de las formas más genuinas de lealtad es decir la verdad con amor, incluso cuando incomoda. Porque la lealtad no busca quedar bien, sino hacer bien. 

En el evangelio del Reino de Dios, la lealtad adquiere un matiz todavía más profundo. No es solo una virtud humana, sino una respuesta a la fidelidad divina. Dios es presentado como alguien constante, firme, que no abandona su propósito a pesar de las fallas humanas. Esa fidelidad no es fría ni distante: es cercana, paciente, activa. Y frente a eso, la lealtad del creyente no es un esfuerzo aislado, sino una respuesta agradecida.

Hay algo profundamente transformador en entender que la lealtad no nace del miedo a perder algo, sino del reconocimiento de un valor. Cuando alguien descubre el valor del Reino de Dios, la lealtad deja de ser una carga y se convierte en una consecuencia natural. No porque todo sea fácil, sino porque hay una convicción que sostiene.

Socialmente, la lealtad tiene un impacto enorme. En tiempos donde la desconfianza puede volverse norma, una persona leal genera un espacio distinto. No es perfecta, pero es confiable. Y eso, aunque suene simple, es revolucionario. La confianza es uno de los bienes más escasos en muchas sociedades actuales. Y la lealtad es su principal fuente.

En lo ideológico, es importante mantener un equilibrio. La lealtad no debe confundirse con fanatismo. El fanatismo anula el pensamiento crítico; la lealtad lo integra. Una persona leal puede cuestionar, reflexionar, crecer. No necesita negar la realidad para sostener su compromiso. De hecho, una lealtad madura se fortalece cuando atraviesa preguntas difíciles.

Un detalle interesante es que la lealtad también se aprende. No es solo una cualidad innata. Se cultiva. Y como todo cultivo, requiere tiempo, paciencia y práctica. No se trata de hacer grandes declaraciones, sino de pequeñas decisiones repetidas. Cumplir un compromiso, llegar a tiempo, escuchar de verdad, no abandonar ante la primera dificultad. Son cosas simples, pero acumulativas.

Y sí, también hay lugar para el humor en todo esto. Porque la lealtad no es solemnidad permanente. A veces, ser leal implica quedarse en una conversación incómoda, acompañar a alguien en un mal día o incluso reírse juntos cuando nada sale como se esperaba. La lealtad sabe que la vida no es perfecta, y por eso no exige perfección para permanecer.

Un recurso práctico para desarrollar lealtad es revisar las propias palabras. ¿Prometo más de lo que puedo cumplir? ¿Digo “sí” por compromiso y luego me arrepiento? Ajustar el lenguaje es un primer paso. Otro recurso es identificar qué valores realmente sostienen la vida de uno. La lealtad no puede sostener todo; necesita un eje. En el marco del evangelio del Reino de Dios, ese eje es claro: amar a Dios y al prójimo. Todo lo demás se ordena alrededor de eso.

También es útil practicar la lealtad en lo pequeño. No hace falta esperar grandes desafíos. Ser constante en lo cotidiano entrena el carácter para momentos más complejos. Es como un músculo: si no se usa, se debilita. Si se ejercita, responde mejor cuando se lo necesita.

Hay una imagen muy poderosa en la idea de la lealtad: la de alguien que permanece cuando otros se van. No por terquedad, sino por convicción. En una cultura que muchas veces valora la novedad constante, la permanencia puede parecer aburrida. Pero en realidad es profundamente creativa. Porque sostener algo en el tiempo implica reinventarse, adaptarse, crecer sin perder la esencia.

En el plano espiritual, la lealtad también implica confianza. No siempre se entienden los procesos, no siempre las respuestas son inmediatas. Pero hay una decisión de seguir creyendo. No desde la negación de la realidad, sino desde la certeza de que hay un propósito mayor. Esa confianza no es ingenua; es una forma de ver más allá de lo inmediato.

Y aquí aparece un punto central: la lealtad no es perfecta. Hay caídas, errores, momentos de duda. Pero lo que la define no es la ausencia de fallas, sino la disposición a volver. A retomar. A seguir. En ese sentido, la lealtad tiene algo de resiliencia: no se quiebra ante la primera dificultad, sino que aprende a recomponerse. 

En lo humano, todos valoran la lealtad… hasta que cuesta. Porque mientras es fácil, nadie la cuestiona. Pero cuando implica renunciar a algo, cuando exige paciencia, cuando no hay reconocimiento inmediato, ahí se revela si es real o solo una idea bonita.

Por eso, la lealtad está profundamente conectada con la identidad. No es solo algo que se hace, es algo que se es. Una persona leal no actúa así ocasionalmente: lo integra a su forma de vivir. Y eso genera una coherencia que, aunque no siempre sea visible, se percibe.

En el mensaje del Reino de Dios, la lealtad encuentra su máxima expresión en la encarnación de la palabra: no es solo discurso, es vida. No se trata de repetir conceptos, sino de vivirlos. Y ahí está el verdadero desafío: hacer que la lealtad deje de ser una idea abstracta y se vuelva una práctica cotidiana.

En términos simples, la lealtad es elegir permanecer cuando sería más fácil irse, decir la verdad cuando sería más cómodo callar, sostener cuando sería más liviano soltar. No siempre es la opción más rápida ni la más cómoda, pero sí la más significativa.

Y, como cierre, una idea que resume todo: la lealtad no garantiza una vida sin conflictos, pero sí una vida con sentido. Porque en un mundo cambiante, donde muchas cosas van y vienen, la lealtad se convierte en un ancla. No para quedarse quieto, sino para no perder el rumbo.

Quizás no sea la virtud más visible, ni la más celebrada en redes sociales, pero es una de las más necesarias. Y cuando se vive desde una fe firme en el evangelio del Reino de Dios, deja de ser solo una cualidad humana para convertirse en un reflejo de algo mucho más grande: una fidelidad que no se agota, que no se rinde y que sigue creyendo, incluso cuando todo invita a lo contrario.

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Camino Nuevo. Camino Vivo

Es importante entender que el escritor de lo que llamamos carta a los Hebreos, que no son pocos los se la adjudican a Pablo, (Personalmente yo pienso que si no fue Pablo el que la escribió, al menos fue quien la dictó) la confecciona treinta años después de la ascensión de Cristo. Era creencia en aquel entonces, que el término Hoy, con letra mayúscula, se refería al tiempo en que ellos vagaron en el desierto. De treinta y ocho años, más los dos años que habían salido. Son cuarenta años, determinó un período de tiempo llamado Hoy. Por eso Dios, varias veces a través de los profetas, dice: si Hoy escuchas su voz, no endurezcáis tu corazón. Si Hoy, o sea el tiempo que tienes para entrar y oyes la voz de Dios, entra y no te quedes afuera.

Cuando el escritor de Hebreos escribe esta carta, faltan diez años para que este término, Hoy, se cumpla. Entonces está escribiendo con sentido de urgencia. No firma la carta, porque la está escribiendo a una iglesia que está establecida, pero que está operando en un sistema que ya es obsoleto. Y como todos ustedes se pueden imaginar, hablar en contra de un sistema ya establecido es para buscarte un grave problema. Y él no firma la carta porque le está hablando a una iglesia que, a pesar de que estaban ya en el tiempo de la Gracia, ellos seguían operando según los ritos del Antiguo Testamento. Con eso en mente vamos a entender que, cuando él escribe la carta, está tratando de mostrar en su escrito, una transición.

O sea que él te va a mostrar dentro de sus escritos, cosas a las que no estabas acostumbrado a ver. Y por medio de sus escritos, yo quiero extraer algunos principios que nos van a ayudar a pasar al otro lado. Hebreos, capítulo 9, habla de lo mismo. Verso 1 = Ahora bien, aun el primer pacto tenía ordenanzas de culto y un santuario terrenal. (2)  Porque el tabernáculo estaba dispuesto así: en la primera parte, llamada el Lugar Santo, estaban el candelabro, la mesa y los panes de la proposición. (3)  Tras el segundo velo estaba la parte del tabernáculo llamada el Lugar Santísimo, (4) el cual tenía un incensario de oro y el arca del pacto cubierta de oro por todas partes, oro (Dice de oro. En el Antiguo Testamento no dice de oro)

en la que estaba una urna de oro que contenía el maná, la vara de Aarón que reverdeció, y las tablas del pacto; (5) y sobre ella los querubines de gloria que cubrían el propiciatorio; de las cuales cosas no se puede ahora hablar en detalleObserva que el escritor posee mucha más revelación que la que se siente con libertad de compartir. (6) Y así dispuestas estas cosas, en la primera parte del tabernáculo entran los sacerdotes continuamente para cumplir los oficios del culto; (7) pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo; (8) dando el Espíritu Santo a entender con esto (Nota que todo esto es tipología, analogía. Es un ejemplo, es una metáfora.

Dios nos quiere mostrar algo que es más importante que el rito en si. Quiere proyectar algo que va más allá de las vidas que tuvieron que manifestarse para lograr el ejemplo. El ejemplo no es lo importante, aunque en su función singular si tuviera su importancia. Pero cuando miramos atrás a la historia de la iglesia, lo importante no es quien lo hizo o como lo hizo, cuantos pasos dio, cuantas gotas de sangre se rociaron. Lo importante es lo que significa. Es un símbolo. Es una metáfora. Creo que muchos teólogos se enredan en esa parte. Y nos ponemos a colocar el trono en el templo, las piezas en el templo, y dibujamos el templo final, y discutimos en donde van a estar las piezas y cuantas pulgadas, y todo el mundo tiene su teoría.

Cuando lo importante no es el ejemplo, sino los principios que se deben aplicar a nuestra vida cotidiana.  dando el Espíritu Santo a entender con esto que aún no se había manifestado el camino al Lugar Santísimo, entre tanto que la primera parte del tabernáculo estuviese en pie. Es decir que, mientras un tipo de operación está en pie, el segundo no opera. Mientras la primera parte de algo está en pie, la segunda no puede funcionar. Recuerden que nosotros somos el tabernáculo de Dios y que no estamos hablando de tiendas hechas de metal o de tela de campaña. Somos el tabernáculo de Dios, y mientras la primera parte en nosotros esté en pie, la segunda no opera libremente.

Mientras el primer sistema de acercamiento a Dios funcione en nosotros, el segundo no opera bien. ¿Entienden bien esto, evangélicos legalistas? Mientras nosotros todavía tengamos elementos fundamentales del pacto que ya es obsoleto operando en nuestras vidas, los elementos primordiales del pacto que ahora está en operación en nuestras vidas, no está operando bien. Es uno o el otro.  No es una mezcla. Mientras la primera parte esté en pie, la segunda no funciona. Estoy comparando la transición de la reforma de Cristo, con la reforma que hoy comienza a vivir la iglesia. Loa cambios en la iglesia deberán ser tales, que los principios operativos de aquello que está cambiando, todavía operan en ti. Entonces, los principios operativos de aquello que Dios está trayendo como innovación, no puede operar en ti. O es uno, o es el otro.

Y estoy usando los ejemplos, porque los principios trascienden el tiempo, son universales. Incluso, hasta se pueden aplicar a la transición de una empresa, de una industria, de un emprendimiento menor o mayor. Es como la transición de adolescente a adulto. Mientras el estilo de vida del adolescente prevalezca en ti, jamás llegas a ser un adulto. Los principios trascienden. Mientras busques la misma clase de amistades que buscabas cuando eras soltero, tu vida de casado no podrá comenzar. dando el Espíritu Santo a entender con esto que aún no se había manifestado el camino al Lugar Santísimo, entre tanto que la primera parte del tabernáculo estuviese en pie. No se puede introducir lo segundo, sin que antes concluya lo primero.

(9) Lo cual es símbolo para el tiempo presente, según el cual se presentan ofrendas y sacrificios que no pueden hacer perfecto, (Esto dice que ningún rito te puede hacer perfecto) en cuanto a la conciencia, al que practica ese culto, (¿Por qué?) (10)  ya que consiste solo de comidas y bebidas, de diversas abluciones, y ordenanzas acerca de la carne, impuestas hasta el tiempo de reformar las cosas. Esto era en aquel tiempo. Que cosa es esto mismo hoy, no lo sé. Puede ser desde una ceremonia especial para gente de influencia o, incluso, hasta las formas de la Santa Cena. No lo sé, tú elige cuales son las cosas externas que todavía hacemos y que no perfeccionan a nadie.

Aquí estamos viendo que el escritor de Hebreos escribe ciertas cosas que no cuadran o no terminan de cerrar respecto al sistema que estaba establecido. Y todos nosotros creo que hemos entendido, hemos podido estudiar algo sobre el tabernáculo de Moisés, el templo de Salomón, que nos permite saber más o menos como estaba diseñado. Por ejemplo, sabemos que el tabernáculo comenzaba con un atrio. Tenía un atrio exterior, en el cual había un altar de bronce. Se ponía el animal y se sacrificaba, todos los días. Había que hacerlo todos los días. Y luego de sacrificar al animal, antes de pasar a lo que aquí llaman la primera parte, estaba el lavacro, y se lavaban allí.

Luego venía el llamado Lugar Santo. Allí estaban los panes de la proposición, el candelabro, la menorah, como mejor te guste llamarla. Es esa lampara con seis bombillas que recogen su aceite de la caña. La caña sería Cristo y nosotros sus brazos. Porque él es la vid y nosotros los pámpanos. Y porque nuestra luz depende de Él, de la sustancia que Él nos transfiere. Eso dice que lo que corre a través de Él, luego fluye a través de nosotros. Ese es el candelero. La palabra dice que la iglesia es el candelero. Ya hemos estudiado eso. Y también estaba allí el altar de incienso. Sabemos que eso son los sacrificios, las oraciones de los santos, las canciones, etc. Y luego estaba el velo, una cosa que ni una yunta de bueyes podían rasgar, no podían quebrarlo, no lo podían mover.

Por eso algunos creen, y esto no es biblia, es creencia, que los sacerdotes eran transportados al otro lugar. O es así o algo hizo por debajo de las cortinas, porque a aquello no lo movía nadie. O sea que si Dios estaba de buenas, no iba a pasar nada. Y fíjate que debe haber sido así nomás, porque no hay ningún archivo que nos hable de algún sacerdote muerto mientras estaba metido en el asunto ese de la expiación de pecados. Aunque sabemos que podía morir, nunca vimos un texto que nos muestre que alguien murió. ¿Cuántos saben que Dios es bueno? ¡Y qué misericordia nos tiene! Porque yo estoy seguro que partiendo de mí mismo y siguiendo con ustedes, debemos haber metido la pata por lo menos dos o tres veces. Dios es bueno.

Y eso que del otro lado estaba Dios, si lo sabes encontrar. Estaba el arca, y dentro del arca esas piezas que Dios había colocado: el maná, la vara de Aarón, etc. Pero aquí comienza a expresar que la iglesia cambió. La iglesia está operando, los sacerdotes están haciendo eso. Están entrando, están sacrificando su vaca y su becerro y su cuestión. Y están yendo allí al lavabo, se están lavando y están haciendo todo lo que están acostumbrados a hacer. Ahora imagínate tú. En este 2025, tú llegas a la iglesia, con tu becerro al hombro. Y cuando llegas descubres con espanto que no hay atrio. ¡Oh1 ¿Y ahora? ¿Dónde sacrifico este asunto? ¡Yo que traía un testimonio! Pero no hay atrio. ¡Y yo que traía un canto especial!

Tienes que entender que todos estos sacerdotes se habían graduado en todos estos menesteres y en master en divinidades en la escuela bíblica del Monte Horeb. Ellos sabían como se hace iglesia. Ellos lo tenían memorizado. ¡Lo hacían todos los días!  Eran expertos. Eran líderes del mover de Dios. Y entran a la iglesia de hoy y se quedan mirando. ¿Y? ¿Qué onda? ¿Y el altar? No hay ninguno. ¿Cómo se te ocurre cambiar eso? ¡Si Dios lo puso! Claro, pero ahora, ¡Dios lo quitó! Hay gente que todavía no ha entendido que Dios puede quitar cuando se le antoje lo que Él mismo ha puesto. Y que creen que la iglesia continúa igual. Vienen preparados con sus sacrificios diarios. Y de repente, dice: ¡Bueno! Si no hay altar es porque tal vez el pastor se lo olvidó.

Deja lo que traía allí y arranca hacia el lavacro. Pero al momento descubre que ¡Tampoco hay lavacro! ¿Qué ha pasado aquí? ¿No hay ministración de fe y de prosperidad? ¡Yo vine aquí a ser bendecido!  Entra en el lugar santo y de pronto dice: ¿Y el altar? ¿Dónde está el altar? Sí, claro, están los coros, las danzas, las orquestas esas que hay desde hace mucho tiempo y a las que insistimos en llamarlas ministerio de alabanza, cuando la alabanza es un mandamiento individual no un ministerio multi personal. Todas esas cosas que hacemos, frente al altar del incienso. Pero, ¡No hay altar! ¡Ahora sí que nos metimos en un rollo! ¿Y qué hago yo con el saxofón y el trombón grandote, ese que compré? Está la ministración de las oraciones de los santos, pero… ¿Qué hago con el mapeo de ciudades? No hay altar, Está al otro lado.

Las cosas están cambiando. Y desde hace mucho tiempo. Mucho más del que te has enterado, seguro. O sea que, si un ministro que está acostumbrado a tener iglesia viene de pronto a una de las actuales, dice que toda esa gente está en herejía. ¡Hay muchísimos que hablan de herejía! Pero lo cierto es que la iglesia está cambiando. Para que un sacerdote, en el tiempo presente, pueda operar en el paradigma de la carta a los Hebreos, tiene que abandonar la mentalidad de la Torá. Anota eso. Para que un sacerdote, en el paradigma de la transición de Hebreos, pueda operar correctamente, tiene que abandonar la mentalidad de la Torá. Recuerda que el tabernáculo, somos nosotros. Los cambios externos han ocurrido, porque algo está sucediendo dentro.

La Torá. En aquel tiempo, nadie podía ministrar sino estaba pendiente a la Torá. Hoy, todavía nosotros no podremos ministrar si todavía nos quedan elementos tradicionales en nuestras mentes. A eso le estamos llamando Torá. Que para nosotros son la tradición de los ancianos, que ya ni siquiera es palabra. Hemos elevado al mismo nivel. Ahora; dentro del contexto de la carta a los Hebreos, hay varios cambios, muchos. Podríamos pasarnos una semana hablando solamente de eso. Estoy explicando qué significa cada uno de esos cambios. Por ejemplo, el altar está dentro del Lugar Santísimo. En todo el Antiguo Testamento, el altar está de este lado, no del de adentro. ¿Qué hace el altar allí, entonces? La visión profética nos muestra que ha habido un cambio y, ahora, el altar está dentro, donde está el arca.

En el tiempo de Zacarías, cuando estaba el templo de Herodes, Cristo ya había nacido. Zacarías, siendo sumo sacerdote entra, y lo que lleva en su mano es incienso, no lleva sangre. Porque lo que había era un altar de incienso, no un lugar en donde echar la sangre. Recuerda que en el tiempo de Zorobabel, vino la reforma del templo. Y como no había suficiente oro, porque Babilonia había derretido todo el oro que había llevado, reconstruyen todo, pero no pueden hacer el arca porque no tienen lo suficiente, de acuerdo con el original. Entonces, no había arca y pusieron el incensario en su lugar. Entonces, la carta a los Hebreos te pone las dos cosas juntas y te dice que ahora estamos cambiando de una sesión a otra. Fíjate: el arca es Cristo, y la caja era la sombra de Cristo.

El arca real es Cristo, la plenitud de aquel que todo lo llena. El arca lo representaba. No puedes tener la sombra y la realidad al mismo tiempo. Pongo una luz y coloco mi mano. Allí se proyecta la sombra de mi mano en la pared, pero cuando llega la realidad, la sombra desaparece. Y ese es el problema de la iglesia, que la realidad llegó y todavía nosotros queremos operar en la sombra. Preferimos tener la Santa Cena que partir el pan. Oye, entiéndeme en el Espíritu, porque si no te me vas a enojar enseguida y me tratarás de hereje, insujeto y alguna otra lindura parecida más. No te estoy diciendo que la intercambies, sino que la cumplas. Hay una calidad mucho más grande en cumplirla que en celebrarla.

Colosenses nos dice que son días festivos y unas nuevas hasta Cristo. Y que de Cristo en adelante, tiene que venir la plenitud de todos los tiempos. Entonces, vamos a seleccionar algunas de estas cosas que han cambiado y vamos a ver qué significan para nosotros. N.º 1.- No existe el atrio exterior, ni ninguno de sus muebles. En la iglesia del siglo veintiuno, no hay lugar para sacrificios carnales. No existen. Se acabaron los sacrificios carnales. Hebreos 10 nos dice, en el verso 11, que ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando, ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios. Eso se acabó. Veníamos y hacíamos lo mismo, nos memorizábamos los ritos. Sabíamos abrir un culto y cerrar un culto, y recoger una ofrenda, y preparar un pueblo para dar una ofrenda. Pero todos los sacrificios carnales, se acabaron. La biblia se vive de adentro para afuera. Y por revelación, no por herencia ni asociación.

Singularidad de expresión, nada de clones. Esto se hacía repetidamente, los mismos sacrificios a diario. Cada vez que se reunían, eso se hacía. Me decía una vez un hombre que había sido alcohólico y se convirtió, que cuando todavía andaba en el mundo, borracho y perdido, solía sentarse cerca de donde había una iglesia. Y se fastidiaba porque jamás oía algo nuevo, siempre los mismos cánticos, aplausos, vítores y nada más. Luego veía salir a la gente y volver a sus rutinas diarias como si jamás hubieran estado allí. Y dice que se preguntaba cómo podía ser que pensaran que estaban bien cuando eran tres gatos que todos los domingos iban a allí a hacer lo mismo. ¿Cómo alguien podría ser feliz con esa aburrida rutina? Menos mal que estaba borracho. Si hubiera estado sobrio el Espíritu le habría mostrado más cosas…

Muchas veces, los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados. Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez y para siempre… ¿Cuántas veces? Una vez. Para siempre, un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios. Aquí vemos que se acaba la monotonía con el sacrificio de Jesús. Él perfeccionó a todos con un sacrificio, mientras que muchos sacrificios no perfeccionaron a nadie. Dice Hebreos 10:13 y 14: de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados. O sea que tú estás operando desde la posición de perfección. Es pasado, pluscuanperfecto, es pretérito. Pasado. Hizo perfecto para siempre a los santificados.

(15) Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho: (16)  Este es el pacto que haré con ellos Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré, Y no en los sacrificios o los ritos. No sé por qué causa, al leer esto recordé un antiguo refrán que se usaba muchos años atrás: “si amas algo, suéltalo. Si queda contigo, tuyo es. Si no regresa, nunca lo fue”. Lo que sucede es que en cierto tiempo, los ministros comenzaron a sentir temor de perder a la gente. Y entonces empezaron a colocarle barras que ellos mismos se inventaron. Justificándolas con la palabra, para mantener a toda esa gente en el lugar en que ellos querían y necesitaban tenerlos. Pero, la verdad fue que, en el momento en que les soltaron esas barreras, la gente se les fue igual. La realidad es que jamás estuvieron dentro.

Dios, lo que quiere, es poner su ley dentro, para que tú operes gobernado por el Espíritu Santo de Dios. La palabra misma te dice que el Reino de Dios es Espíritu. Si el Señor no está dentro tuyo, por más reglas que yo te ponga, el Reino de Dios jamás operará en tu vida. Esos ministerios pueden llegar a verse muy interesantes con tanta gente en esa casa, pero la realidad luego te va a mostrar que ninguno de ellos pertenece a esa casa. Dice que no hay lugar para sacrificio. Vamos a usar una escritura que utiliza mucho el dispensacionalista. Daniel, capítulo 9. Estamos buscando que no hay lugar para sacrificios carnales. Daniel 9:26, muy usado por el dispensacionalismo.  Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones. (27) Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador.

Isaías 54:16 dice que Dios dijo que Él levantó al desolador para destruir. Ese es Satanás, obvio. Pero aquí dice que, en medio de esa semana, él va a cambiar o a dar por terminados los sacrificios. ¿Cuánto se dieron por terminados? Vimos en Hebreos que dice que cuando Cristo vino, cuando Jesús vino y anuló el acta. Anuló ese acta de principios y los clavó en la cruz. Y puso la ley ¿Dónde? En sus corazones. Y desde allí hasta hoy, los reformadores con el mismo clamor que el escritor de la carta a los Hebreos estamos clamando a la gente que el sistema es otro. Nosotros tenemos más o menos el mismo sistema, aunque un poco más sofisticado. Las bases fundamentales sobre las cuales giran los principios fundamentales sobre los cuales operamos, son los mismos.

Y la palabra nos dice en Hebreos 7, que cambiado el sacerdocio, necesario es que se cambie también la ley. ¿Recuerdas? Pero la ley no son los diez mandamientos. La ley te dice con quien casarte, cuando levantarte, cuando mover la tienda, cuando no mover la tienda. La ley gobernaba tu estilo de vida. O sea que, una vez que cambian los tiempos, y es necesario cambiar un sacerdocio, porque el previo sacerdocio ahora se muestra ineficaz. No porque sea ignorante, aunque lo pueda incluir, no porque no lo hicieran bien, aunque puede darse el caso, sino porque el tiempo sigue cambiando, los tiempos siguen avanzando y, lo que Dios iba a hacer a través de ellos, ya lo hizo. Entonces, te vuelves ineficaz, te ves obligado a cambiar a otro sacerdocio.

Pero cambiado el sacerdocio, cuando es de necesidad, hay que cambiar también la ley operativa. De hecho, nosotros hemos cambiado el sacerdocio, pero seguimos operando en los mismos principios. No cambia la iglesia. Puede cambiar lo externo de un culto, pero no la iglesia. Porque la iglesia eres tú, soy yo. Y si no cambiamos nosotros, no hay cambio genuino. Si tus prioridades, tus costumbres o tu escala de valores no ha cambiado, el cambio no es real, sólo es de discurso. Podemos añadirle toda la coreografía que se te ocurra, pero en su sentido íntimo, siente y piensa igual. La iglesia, como tal, no ha sido tocada. Podemos tener clínicas, congresos, conferencias, y millones de dólares para respaldarlo, pero la iglesia sigue igual, sufriendo de todos los problemas que sufría antes de la restauración.

Reforma. Fue dicho hace muchísimos años y nunca se cumplió. Pero es una asignatura pendiente. O sea que lo que Cristo trajo, invalida lo otro. Lo segundo pega cuando lo otro es inválido. Mientras todavía estemos pensando que funciona o que está bueno, lo segundo no opera. Otra escritura, Jeremías. Mira el verso 21: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Añadid vuestros holocaustos sobre vuestros sacrificios, y comed la carne. (22)  Porque no hablé yo con vuestros padres, ni nada les mandé acerca de holocaustos y de víctimas el día que los saqué de la tierra de Egipto. Pregunto: ¿O Dios se volvió loco y no sabe lo que está diciendo, o Él no leyó el libro de Levítico? Dice que no ha dicho nada en cuanto a Holocaustos y sacrificios. Él nunca le dijo al pueblo que hiciera nada de eso.

No sé cómo viene el tema aquí, porque todos sabemos que tenemos libros llenos de ordenanzas que nos dicen hasta cómo tenemos que cortar la grasa.  Verso 23: Mas esto les mandé, diciendo: Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios, y vosotros me seréis por pueblo; y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien. (24) Y no oyeron ni inclinaron su oído; antes caminaron en sus propios consejos, en la dureza de su corazón malvado, y fueron hacia atrás y no hacia adelante. Fíjate que esta gente, nunca vivió el espíritu de la ley. Vivieron la ley, pero no el espíritu de la ley. Hicieron e sacrificio, pero no lo que el sacrificio señalaba. Querían agradar a Dios, pero en lugar de agradarle con sus vidas, hacían un sacrificio para agradarle. Todavía hay mucha gente en muchos lugares que hoy todavía sigue haciendo lo mismo. Y no estoy hablando de ni de bueyes, ni corderos, ni palomas, obvio.

Queremos agradar a Dios trayendo algo con las manos, en lugar de hacerlo con lo que somos. No entendieron que lo importante, en la iglesia, es lo que somos, no lo que hacemos. Es muy probable que, si aquella gente se hubiera portado bien, tal vez no hubieran necesitado expiación. O sea que, de última, en lugar de elegir portarse bien, se portaban mal sin culpa, penando en que luego con el sacrificio se acomodaba todo. ¡Yo nunca les dije que hicieran eso! Dice Dios. ¡Lo que quería, era que me obedecieran! Vivieron lo externo, y no estaban comprometidos con lo interno. Si quieres un modelo actual de esta misma mentalidad, allí tienes a la Santa Cena. Gente que va a un templo de vez en cuando para poder auto convencerse que es cristiana, pero que no te falla el día que se sirve la Sana Cena, porque supone que eso lo redime de toda desobediencia.

Hay algo que jamás van a entender. Dios no es movido por sacrificios. A Él no le interesan los sacrificios, ¡Son carnales! Todo sacrificio es un esfuerzo carnal, externo. El mismo ayuno, si quieres, es un esfuerzo carnal. Tienes que ejercitar toda tu voluntad para someter tu carne y así poder ayunar. Es un esfuerzo de tu alma y de tu carne para hacerlo. Es un esfuerzo tuyo. Lo que agrada y conmueve a Dios es la actitud de tu obediencia, y no el rito exterior que lo demuestra. Peligrosísimo es decir esto, porque si hay gente inmadura se cree con derecho y libertad para largarse a pecar. ¡A Pablo le hicieron esa pregunta! ¿Qué, pues, podemos pecar? Y él dijo que de ninguna manera. Porque si habéis muerto para el pecado, como vas a pecar. Atención: estamos hablando con gente muerta al pecado, ¿Se entiende?

No es una opción. Si no estás muerto al pecado, no has nacido de nuevo. Por eso es impresionante ese verso de Jeremías. Dios no dice nada en cuanto a sacrificios. ¿Estará loco? No, no está loco. Lo dice para ver si puedes entender lo que está buscando de ti. Dios nos habla con símbolos, nos habla con parábolas. Nos habla con imágenes proféticas. Nos habla de un huerto en Génesis, pero lo escribe Moisés. Moisés ni siquiera estaba allí. Tiene que darle una historia de esas a Moisés para que él pueda mostrarnos qué pasó. ¡Pero él no estaba allí! Él jamás pudo decirte que eso fue así como te lo escribió. Moisés no pudo decir que estaba seguro que eso fue como te lo cuenta, simplemente porque no puede decir que él lo vio, que está seguro, que estaba allí. Porque no estaba allí. Lo que te tiene que quedar claro es que no hay lugar para sacrificios carnales.

O sea que, al actualizarte en lo que Dios está haciendo hoy, no hay espacio para la demostración de sacrificios carnales. No hay atrio, no hay altar. Así que mejor amarra tu becerro ahí afuera, hasta que se pueda. Número dos. El altar de incienso, está reposicionado. Mira Éxodo 40. El verso 5 dice: y pondrás el altar de oro para el incienso delante del arca del testimonio, y pondrás la cortina delante a la entrada del tabernáculo. Verso 26: Puso también el altar de oro en el tabernáculo de reunión, delante del velo, ¿Dónde estaban? Delante del velo. Pero en Hebreos vimos que no estaba delante del velo, sino que dice: tras el velo, en la segunda parte, estaba el arca y el altar de oro. Nota que Dios mandó que lo pusieran delante, y en el mismo canon de escritura, Él lo mete atrás. Nota como Dios,4 si quiere, puede mover tranquilamente lo que antes ha establecido.

Aunque Dios lo dijo, Dios lo movió. Dios es el mismo hoy, mañana y siempre. Su naturaleza es así, pero la forma en que hace las cosas, no. El es amor siempre, pero no hace las cosas del mismo modo siempre. El altar de incienso, ¿Qué significa? ¡Bueno! Pero el Salmo 141 dice que tiene que ver con nuestras oraciones y nuestros sacrificios espirituales. No carnales, espirituales. El altar de incienso, en la escritura, siempre tiene que ver con nuestro sacrificio de alabanza, con lo espiritual, con lo interno que le ofrecemos a Dios, no por una actividad en el templo. Cuando vino el mover profético a la iglesia, lo primero que se nos ocurrió fue manifestado con danzas o estandartes, pero apenas logramos manifestar hacia afuera lo que, en verdad, se nos había manifestado adentro. Era sólo una manifestación externa.

Recuerda que, cuando el velo es rasgado en el Nuevo Testamento, no hay arca al otro lado del velo. O sea que lo que el velo produce, no es entrada o acceso a Dios, porque Él no estaba allí. La caja representaba a Dios, pero Dios no estaba allí, porque la caja no estaba. Rasgar el velo, entonces, no fue necesario para acceder a Dios, porque Dios iba a acceder de otra forma. Pero sí hubo que rasgar el velo porque se abrió otra dimensión a nosotros. Entonces, el altar de incienso representa las oraciones, sacrificios y no actividad, sino como tú manejas tu vida. Como tú respondes a la vida. Ese es tu incienso. Vida es el resumen de actitudes que tú manifiestas según reaccionas a cada circunstancia que se te presenta. Esa es tu vida. Y según vas reaccionando a través del tiempo, vas llenando tu copa de incienso.

Eso es sacrificio de alabanza. Si te crees que cantar a Dios es alabar, estás muy equivocado. Porque lo que nosotros hemos hecho, es intercambiar el sacrificio espiritual por una canción. Cuando se supone que la canción apenas es un vehículo que exprese la adoración de nuestro ser. Y en la mayoría de las veces que cantamos, si no fluye la adoración, entonces no es ungida. Por eso necesitamos a alguien que nos castigue con un látigo y nos anime a cantar. Si hay algo que emana de tu vida, no necesitas que te demos nada para que lo desates.  Hemos intercambiado adoración por canciones. Esto no me deja lo que se dice muy bien ubicado dentro de las bandas de música de las iglesias, pero no le hace. Sigue siendo verdad, le duela a quien le duela.

Lo que sí debemos ver es cómo, las canciones que elegimos son propicias para desatar la mentalidad que Dios ha puesto en nosotros para que se desate aquello que entendemos. Y cuando se desata aquello que tú verdaderamente entiendes, eso es el genuino sacrificio de alabanza. O sea: la suma de toda tu vida, está en esos incensarios. ¿Recuerdan cuando Coré quiso venir a reemplazar a Aarón y a Moisés? Ellos no se opusieron, pero le dijeron que trajera el incensario. Sólo un problema, el incensario de él era del atrio. El de Aarón es de adentro. El de Aarón era de oro y el de él era de bronce. No estaban hechos de lo mismo. O sea que no tenía una dimensión gubernamental. Pero sí tenía la posición.

El sacerdote tenía que hacer tres cosas diariamente. 1 – Sacrificios diarios. 2 – Encender el candelero todos los días. 3 – Encender el incienso y mantenerlo encendido. Nota que en Hebreos 9 y verso 4, el incensario ahora es de oro. La palabra nos dice que no podemos usar incienso extraño. Tiene que ser de la mezcla que Dios dijo que tenía que ser. No puede haber nada extraño. Es decir que no puede haber ningún material foráneo. Ninguna copia de lo real. Una actividad que no es precisa. Esto quiere decir que el contenido de tu vida no tiene que ser una copia, tiene que ser real. Hay mucha gente que procura ser otra persona toda su vida y se terminan engañando ellos mismos. Viven en un matrimonio así y la mujer nunca los llega a conocer. ¿Por qué?

Porque no se gustan ellos mismos y entonces se cubren con otras personalidades. Eso pasa mucho, demasiado te diría en la iglesia. Lo hacemos para ser aceptados en ciertos círculos. ¿Sabes lo que es el carácter? Carácter, o sea Ágape, es aquello que resta cuando Dios te extirpa todo aquello que tú usas para ser identificado y aceptado. Lo que sobra en la cama, ese es tu carácter. Si eras muy bonita, tenías hermosas curvas y cantabas bonito y por eso la gente te seguía, cuando Dios te quita las tres cosas, lo que sobra eres tú. Nosotros somos espíritus, así es que, si la casa es bonita, eso no significa nada. Un simple accidente puede cambiarte toda la fachada de la casa.

Y si la fachada cambia y tu ya no eres tan amable, es porque nunca lo has sido. Porque de la abundancia del corazón, habla la boca. Y según el hombre piensa, el hombre es. Son principios que nadie puede violar. De hecho, lo que te estoy diciendo, lo hace más gente de la que tú crees. Mucha gente vive una vida que no es la de ellos. Lo dicho: no puede haber ningún material extraño. Que cuando Dios calcule toda la suma de tu vida, todo eso sea real. Que el incienso no sea extraño. Vamos a ver la escritura, Éxodo 30. Estamos buscando qué es lo que se ha reposicionado en esta vida durante la reforma. Éxodo 30:1 = Harás asimismo un altar para quemar el incienso; de madera de acacia lo harás. (2) Su longitud será de un codo, y su anchura de un codo; será cuadrado, y su altura de dos codos; y sus cuernos serán parte del mismo. Tenía dos codos de altura, eso es importante, regístralo.

(3) Y lo cubrirás de oro puro, su cubierta, sus paredes en derredor y sus cuernos; y le harás en derredor una cornisa de oro. (4)  Le harás también dos anillos de oro debajo de su cornisa, a sus dos esquinas a ambos lados suyos, para meter las varas con que será llevado. (5) Harás las varas de madera de acacia, y las cubrirás de oro. (6) Y lo pondrás delante del velo que está junto al arca del testimonio, delante del propiciatorio que está sobre el testimonio, donde me encontraré contigo. (7) Y Aarón quemará incienso aromático sobre él; cada mañana cuando aliste las lámparas lo quemará. (8) Y cuando Aarón encienda las lámparas al anochecer, quemará el incienso; rito perpetuo delante de Jehová por vuestras generaciones. (9) No ofreceréis sobre él incienso extraño, ni holocausto, ni ofrenda; ni tampoco derramaréis sobre él libación. (10) Y sobre sus cuernos hará Aarón expiación una vez en el año con la sangre del sacrificio por el pecado para expiación; una vez en el año hará expiación sobre él por vuestras generaciones; será muy santo a Jehová.

Lo primero que vemos allí es que no puede haber un incienso extraño, tu vida tiene que ser real. Tú jamás serás más ungido que cuando seas tú mismo. La palabra nos dice que al incienso no se le podía echar ni miel ni levadura. La miel atrae espíritus raros. Gente que es medio etérea, súper mistificados. Que atrae cosas raras todo el tiempo. En cuanto a la levadura, Cristo nos advierte respecto a la levadura de los fariseos, que son las actitudes de la carne, la mentalidad religiosa. Eso no se le puede echar al incienso. Nota que una vida no puede tener estos elementos. No puede tener levadura y ser incienso correcto. Recuerda que el incienso es tu sacrificio a Dios. Lo que se está derramando en Apocalipsis, es el resumen de tu vida. Ese resumen, no puede ser extraño. Y para no ser extraño, no puede tener levadura.

En suma: no puedes tener actitudes de la carne ni atraer espíritus raros. Hay gente que, si tiene en su instalación eléctrica un cable pelado, se pone a echar fuera al demonio de cable. Porque creen y aseguran que hay un demonio adentro de ese cable. No entiende que lo que tiene que hacer es comprar un cable de mejor calidad para que no se le desgarre. Hay gente un poco extraña en la iglesia, y es por eso que el mundo no quiere venir. Hay algunos que si se descuidan son casi casi espiritistas. El altar era el trozo de mueble más alto que existía en el tabernáculo, tienes dos codos de altura. O sea que la ofrenda más alta que le puedes ofrecer a Dios, es la respuesta que tú le das a la vida. Como encaras cada situación. Con que actitud atraviesas cada circunstancia.

Y todo eso por encima de tus ofrendas, por encima de tus diezmos. Por encima de limpiar el templo. Por encima de todas las actividades carnales que venimos a hacer como muestra de gratitud. La ofrenda más alta del templo, es el resultado de tu vida. Reforma. ¿Qué estaríamos pretendiendo hacer? ¡Cambiar la iglesia, no el culto! Si cambia la gente, el culto cambia solito. La reforma es la reforma de la forma en que todavía estamos operando. No se trata de pintar la casa, sino de cambiar el fundamento sobre el que la casa funciona. O sea, entonces, que no hay sacrificio más alto que actuar correctamente en cada circunstancia tuya. Y no importa lo que pase. Obviamente, es mucho más fácil predicarlo que vivirlo.

Dice que está hecho de madera de acacia. La madera de acacia es durísima, no se deteriora. Tiene una durabilidad que algunos arriesgan a decir que es definitiva. Eso habla de dos cosas:  la naturaleza incorruptible que tenemos en nuestro ser, pero también de la habilidad de tener perseverancia. Estamos hechos de madera de acacia, no de esa cosa que se deteriora todos los años. Estamos hablando del altar de incienso y qué significa en nuestra vida. A esa madera la recubrían con oro. Santiago dice que es nuestra fe tratada siete veces como el horno de los tres hebreos que entraron, cuando no quisieron adorar la estatua del rey. Nuestra fe será tratada siete veces. Ese es el oro, no la calle de oro.

Recuerda que tu herencia es incorruptible, pero el oro sí lo es. Así que no estés pensando en oro. Le ponían las varas esas que les permitían cargar todo el aparato. Cuando llegaron allí, le quitaron las varas. O sea que la idea es que permanezcas. No queremos una visitación. No queremos sentirnos bien de ratito en ratito. Queremos permanecer con cierto standard. Es permanencia. Cuando te quitan los palos esos, no te vas a mover más. Queremos llegar a ciertos niveles. Ahora bien; cuando hanía que moverlo, le ponían otra vez los palos. La escritura dice que arriba del altar había como un labio, que le llaman corona. Y era para que la semilla del incienso, no se desbordara cuando caminaba.

Porque la idea era que quemara perpetuamente, no se podía apagar. O sea que eso que tenía llamado corona, era para proteger que el incienso no cayera. O sea que, aun cuando en tu vida estás experimentando un tiempo de transición, tus virtudes y tu aroma, o las virtudes y el aroma de tus sacrificios, tienen que permanecer. Aun cuando estamos incómodos, porque estamos transicionando. No se puede caer el incienso. Cuando se mueve el altar, no hay excusa para decir que estamos incómodos. Porque normalmente allí quema bonito porque está puesto, pero mira que este es más alto que yo, y este camina más rápido que yo, y este es más lento que yo y se está virando. No hay excusas. No se puede caer.

Aun cuando Dios nos mueve, que eso es incomodísimo. ¿Cuántos de ustedes se han movido? Mira Éxodo 30:34 = Dijo además Jehová a Moisés: Toma especias aromáticas, estacte y uña aromática y gálbano aromático e incienso puro; de todo en igual peso, (35) y harás de ello el incienso, un perfume según el arte del perfumador, bien mezclado, puro y santo. (36) Y molerás parte de él en polvo fino, y lo pondrás delante del testimonio en el tabernáculo de reunión, donde yo me mostraré a ti. Os será cosa santísima. (37) Como este incienso que harás, no os haréis otro según su composición; te será cosa sagrada para Jehová. (38) Cualquiera que hiciere otro como este para olerlo, será cortado de entre su pueblo.

Lo primero que quiero que veas aquí, es que está hecho de acuerdo al arte del perfumador. Esto no es que dame tres de pan, uno de manteca y no, no, no. Un buen perfume de los nuestros contiene cinco libras de flores. De pétalos. O sea que no es el millón de personas que tocas, es el proceso que te lleva llegar. Desde el campesino que está en el monte sembrando flores a granel y orando a Dios para que llueva y todo se desarrolle conforme a como fue creado, hasta el que la viene a cosechar, para luego machucar, aplastar esa cosa, para solo ver dos gotas casa cinco libras. ¡Y después salen algunos cabezones a quejarse porque eso es caro!  Lo que quiero decirte, es que esto está hecho conforme al arte del perfumador.

El primer elemento que tiene en su sacrificio Dios, es estacte. Allí está, en el verso 34, estacte. La palabra es nataph, y significa caer como lluvia o profetizar. Es la imagen profética que usa el Antiguo Testamento, para dejarnos saber cómo el profeta recibe la palabra. De repente, ¡Bum! Sabes de que sabes que sabes lo que ahora sabes. Cayó, no hay otra forma de descifrarlo. No es que yo estaba pensando en el asunto y lo analicé, y, ¡No! ¡De esos ya hay muchos! Pero el verdadero profeta, de repente interrumpe su pensamiento con algo que es superior a él. Cayó una gota y diste todo. Y te cuesta toda una vida explicarlo y nunca llegas a expresarlo bien.

Es lo mismo que como llega la revelación. Una revelación cambió mi vida. Llevo más de treinta años y me doy cuenta que todavía no me lo están entendiendo bien, tal como fue. Estacte. Tiene que ver con profetizar. Es como gotas que emanan entre espíritus. No puedes construir una vida aromática a Dios, sin tener esta dimensión en ella. Tienes que tener una dimensión profética. Para tener algo aromático delante de Dios, tienes que tener un elemento profético en tu vida. No todo el mundo es profeta, pero si tú quieres que el resumen o el conjunto de tu vida sea aromático a Dios como un sacrificio vivo, tienes que tener una dimensión profética en tu vida. Y la debes tener, seguramente. De otro modo no estarías allí y ahora.

Profético es la habilidad de ver la hostilidad que viene en el camino y construir lo que sea necesario para que no destruya el propósito de Dios. No es profetizarte una bendición de que vas a tener un ministerio ni nada de eso. Es profecía. Estamos hablando de ser proféticos, de saber cuando invertir y cuando no invertir. Con quien casarte y con quien no. Cuantos hijos tener. Ser profético. Una vida con una dimensión profética en ella. No gente que tropieza con las circunstancias porque no sabe para donde va. Una vida que diseña tu futuro, y no que tropieza con las circunstancias diarias. Que sabe más o menos para donde va y lo está construyendo. Puede haber errores, pero llega. Tienes que tener estacte porque con estacte se llega.

El segundo ingrediente que tenía era uña aromática. Esta uña aromática, es una sustancia amarilla en una planta. Que para llegar a ella u obtenerla, había que quebrar la planta. Habla de un espíritu quebrantado. Habla del poder de quebrantamiento. No hay un sacrificio vivo a Dios sin este poder en tu vida. Mira Isaías 57 un momento. Mira el verso 15: Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados. Quebrantados y humildes. Nota que el quebrantamiento no es humildad. El quebrantado y humilde de espíritu. El poder de quebrantamiento es muy importante en tu vida. Es un sacrificio a Dios.

Salmo 51, verso 17. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios. Estamos hablando del poder de quebrantamiento. Esta es una condición de tu hombre interior. Es algo que comprende los recursos que tiene disponibles. Una persona que entiende sus deficiencias, pero también comprende o está consciente de los recursos que le son disponibles a él. Y aun así depende de Dios para llevarlo a la maximización del lugar ordenado para él en su vida. O sea: pudiendo hacerlo solo, entendiendo lo que tiene, los recursos que trae, elige que Dios lo libere. La persona que puede evaluar y ver sus bienes y sus faltas. Considerar que puede, y aun humillarse y ser liberado. Una vida vivida desde una posición de dependencia de Dios.

No me refiero a vivir sin dinero o a no tener trabajo. A estas cosas hay que explicarlas, porque todavía hay mucha iglesia justificando desórdenes por no entender de qué estamos hablando. Que quede claro: en la iglesia, el que no trabaja que no coma. Punto. Eso es lo que dice la Biblia, no un hombre simple y anónimo. A veces hemos mantenido holgazanes por ser más misericordiosos que Dios. Al primer hermano que te encuentres, dile con mucho amor: ¡A trabajar! Volviendo a lo que hemos leído en Éxodo. Aquí tenemos el gálbano. Era una medicina que se usaba como expectorante, para el que tenía asma o cosas así en aquel tiempo. Al que padecía problemas respiratorios y le faltaba el aire. Gente que no prevalecía. Gente sin soplo en el espíritu. Gente que sale corriendo a toda velocidad por un ratito, y que después se te estaciona durante años.

Porque una vida que es aromática a Dios, es una vida de continuidad. No es un ratito que sí y otro ratito que no. ¿Cuántos me entienden? Eso también es reforma. Constancia. Mantén lo que tienes, ocupaos en lo que regreso, dice la palabra. Tienes que vivir en el poder de perseverancia. Perseverar no es aguantar lo que te tiren desde el infierno. Tampoco es mantenerte firme, pero sin moverte hacia adelante. Tampoco es que te quedes aguantando una tunda de golpes para luego decir que perseveraste. ¡No! ¡No perseveraste! ¡Te dieron una paliza que no es lo mismo!  Perseverar es caminar hacia adelante sin detenerte más que lo necesario a eliminar los obstáculos. Es como la paciencia. Es la palabra hupomone. Y no es una alfombra donde tú te limpias los pies. Paciencia, es la actitud mental que no se doblega ante ninguna circunstancia hasta que la mano de Dios obre lo que prometió hacer en él.

Es una actitud que te lleva al cumplimiento de lo profetizado. Paciencia. Sé paciente con las circunstancias. Por eso, esta palabra, prevalecer, es una palabra agresiva, no es pasiva. Significa militar en contra de todo lo que busque atar, o desviar, o mantener fijo el propósito de Dios. Este es el gálbano que tiene que estar en tu vida. Después te habla del incienso puro. La palabra es blancura. Tiene que ver con santidad. Nota los ingredientes. Quebrantado de espíritu, precisión profética, una milicia constante en contra de toda hostilidad que se te presente y dimensiones de santidad en tu vida. Estas cuatro cosas tienen que estar mezcladas por el arte del perfumador. El perfumador es Cristo. Todas estas cosas tienen que operar en tu vida, para tú poder decir que estás ofreciendo incienso. Antes, cantarlo en el rito, estaba bien, pero ahora para donde vamos, la canción no es. Porque ahora la canción sin esto, no vale nada.

En nuestro día, el rito sería cantar la canción. Igual que aquel con su becerro en el hombro. Para nosotros sería traer tres cantos rápidos y dos lentos, antes de cada mensaje, para preparar el camino. Y si lo eliminas, se te enojan un montón de líderes y posiciones que ya tienes allí establecidas. Entonces, se está intercambiando por una vida que ofrece estas dimensiones. Un espíritu quebrantado, precisión profética y milicia constante contra toda hostilidad que viene a interponerse al destino y dimensiones de santidad. ¿Qué expresa tu vida mientras atravesamos Babilonia? La suma de eso se pone en un incensario y es lo que se instala en la tierra como standard. Ahora bien; todo esto, necesita fuego divino para encenderse. El incienso se enciende con fuego del altar. Fuego divino. Es decir que es el perfumador el1 Pedro 3:1 “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas” Esto no avala esclavitud, abuso, violaciones, violencia, prepotencia o maldad. Conste en todo hogar que trabaja esta área en tu vida. Y lo hace por medio de situaciones, circunstancias, referentes, amigos, esposo, esposa, hijos, familia, lo que funcione.

Te mudas para cambiar el ambiente y allá va para eso lo divino y te lo enciende igual. Cuando él poda tus extras y cambia tu curso para ver si te enojas. Cuando quebrante tus sueños y coloca otros diferentes, el aroma es creado por quebrantamiento, precisión profética, milicia en contra la hostilidad babilónica, dimensiones de santidad. Activado por el fuego de Dios. Y tienes que quemar. Y no se puede caer en tiempo de transición. Es lo más alto que puedes ofrecer y no te puedes quedar sin aire. Tienes que perseverar. Esto se desata. Y cuando esto se desata, ahora no son todas las canciones las que pueden arropar nuestra adoración. Por eso hay que elegir ciertas canciones, que van en paralelo con lo que se está desatando. Ahora bien; todo esto que he explicado, se reposicionó. No está en el lado primero, donde está la actividad eclesiástica, está del otro lado del velo.

O sea que todo esto, el fundamento, la plataforma, el área de operación, no es el lugar en donde la iglesia tenía su activismo. Es en el lugar en donde Dios mora. O sea que todo esto, ahora, tiene que ser con una actitud gubernamental. Está del otro lado del velo. Todos tus sacrificios tienen que tener una dimensión gubernamental, o una postura espiritual gubernamental, donde está el trono de Dios. En vez de una falsa humildad o de un temor que no es de Dios. Hay oraciones gubernamentales y hay oraciones temerosas. Hay posturas cristianas que aparentan ser de humildad, pero que en realidad son falta de atrevimiento o algo parecido. Pero hay otra que es plena confianza en medio de incertidumbre. Que es todo gobierno, es todo Dios. Donde hay precisión. Donde hay exactitud. Donde tú caminas y sabes para donde vas. En la iglesia estamos tan acostumbrados a ser humildes que, cuando alguien sabe para donde va, lo llaman pedante, orgulloso o arrogante.

Es como decirle a esa persona que no se sienta águila, que mejor se quede gallinita, como todos. No puedes saber para donde vas, porque si lo sabes y lo expresas, eres un orgulloso y quien te crees que eres. Pero, la generación del siglo veintiuno tiene que ser justamente eso, saber para donde vas y decirlo, porque es la única manera que vamos a terminar. Si no sabes para donde vas, cualquier camino te lleva. Lo triste es que nunca sabes cuando llegas, porque como no sabes para donde vas, no sabes si llegas o no. Queremos llegar. Hay algo que se llama el fin. El Fin. Cuando venga el fin. Eso es lo que dice 1 Corintios 15. Estamos recibiendo mensajes de como vencer la muerte, que es la última enemiga. Inmortalidad. Por eso dice que hay una generación que no muere. ¿Por qué no habrías de ser tú? ¡Hay una generación que no muere! La que esté viva cuando Él venga, no muere.

Por eso fue dicho que se rasgó el velo. Mateo. A mí me parece que hoy es como si tuviéramos cien millones de dólares en el banco, dejados para nosotros por herencia. Y hemos vivido una vida de necesidades y carencias sin saber canjear el dinero, porque no entendemos lo que aconteció en la cruz. Y te voy a decir algo que no sé si anteriormente se lo has oído a alguien. Por orden funcional, es decir; si estudiamos como funcionaban, como operaban, sería el término más preciso, los primeros apóstoles que anduvieron con Cristo, o sea que estoy hablando de los que anduvieron con Él literalmente en la tierra, durante su ministerio terrenal, podremos ver que ellos hicieron tres cosas: Proclamaron, Testificaron, y el Espíritu Santo confirmaba lo que ellos decían con señales. Sabemos que fuero apóstoles porque fueron Enviaos, Apostellos. Y en esa dimensión de apostellos, todos los ministros son apostellos. Si son llamados por Dios, obvio.

Porque todos somos apostellos por Dios. ¡Pero funcionaron como evangelistas! Proclamaron, testificaron y habían señales y prodigios. Eso hasta Pablo, que vino desde otra orden apostólica. Que no solamente que eran enviados, sino que eran apóstoles. Y por eso hoy vemos la misma guerra en el mundo del espíritu, entre los líderes apostólicos que Dios está levantando y los que se consideraban apóstoles y ya estaban establecidos. Porque hay apóstoles posicionales, y apóstoles de Efesios 4. El apóstol de Efesios 4, tiene un mensaje, no una posición. Una revelación que explica algo. Es un maestro con revelación profunda. Que puede operar en cualquiera de los cinco ministerios.

No es lo mismo con un apóstol posicional, que puede tener 25 iglesias a su cargo porque sabe administrarlas, pero lo que predica es el evangelio completo, es un mensajero de Dios. No es que sea menos ni más, estoy tratando de establecer la diferencia. Los primeros apostellos, fueron enviados por Dios. En Mateo 10 que Dios cambia la palabra y se comienza a llamarlos apóstoles. Pero, el orden de Pablo, es diferente. Pablo no comenzó a proclamar la cruz. Comenzó a explicar qué aconteció en la cruz. Les predicaba a iglesias ya fundadas, y les decía que las quería establecer. La predicaba a Roma, que su fe se había expandido por toda la tierra, pero le oraba a Dios para que le diera una apertura para poder venir a confirmarlos. La palabra es establecerse, para que no te caigas con la fama que traes.

O sea que, puedes ser muy famoso, pero no estar bien fundado. Porque tal vez entendiste una salvación, pero no terminaste de entender qué fu lo que se consumó en ella. Entonces, todo lo que Dios nos ha dejado, son todas esas bendiciones de Efesios 1:3, que dice que las tenemos en lugares espirituales, pero no sabemos canjearlas. Porque según el hombre piensa, así es él. Entonces es Pablo el que comienza a decir que la iglesia no es la que se va a construir, sino que eres tú. La casa de Dios eres tú. Y comienza a explicar lo que había allá. Y lo mismo está pasando ahora. Se predicó a Jesús. Cristo salva, Cristo sana. Arrepiéntete. Entra al Reino de Dios. Gloria a Dios y, se nos llenó la casa de gente. ¡Que bueno! Ahora s cuando comenzamos a explicar que tienen de comer de mi carne y mi sangre. Y ahí se queda la gente, porque no entiende que está hablando del hombre interior.

¡El no era un caníbal! El mismo Pedro encontraba muy difícil entender a Pablo, a veces. Pero nosotros, hoy, estamos interpretando lo que Pablo quiso decir. Y por causa del tiempo, sólo por causa del tiempo, porque la Palabra dice que vemos a través de un espejo y que según el día se acerca entendemos más, sólo por causa del tiempo sabemos más que Pablo. Por eso es que yo quiero reedificar la cruz. Porque creo que Dios nos dejó una millonada, pero que nosotros por falta de información y entendimiento, vivimos con esa millonada en el banco y con una moneda en el bolsillo para poder comer a diario. ¿Cómo podemos conciliar, o sea, pasar de esta columna a esta columna lo que él hizo?

Si yo te preguntara cuando fuiste salvo, cuando te tocó la sangre. Seguramente vamos a decir un montón de fraseologías religiosas tales como: “Por fe”. Eso es cierto, pero no me explicaste nada. Usted tiene que creer. De acuerdo, lo creo. ¿Pero cuando te tocó la sangre? ¡Es que la sangre se secó en el suelo! ¿Cómo lo que hace un hombre en una cruz, viene a ser parte de algo que cambia toda mi vida? Si un médico te preguntara eso con sinceridad de ser salvo, ¿Qué le dirías? ¿Sabes tú explicar la cruz? ¿Cómo le vas a decir que tiene que creer? Lo que yo creo, es que Dios nos está dando un tiempo en donde vamos entendiendo más y más. Y digo eso, porque en Mateo 27 hay una llave muy especial.

Mateo 27:46: Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Aquí estamos viendo que Cristo, en la cruz, dice que alguien se está separando de él. Alguien lo desampara. (47) Algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: A Elías llama este. (48) Y al instante, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la empapó de vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber. (49) Pero los otros decían: Deja, veamos si viene Elías a librarle. (50) Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. (51) Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; (Repítelo conmigo: de arriba, abajo. Primero arriba, después abajo) y la tierra tembló, y las rocas se partieron; (52) y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; (53) y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos.

Quiero que entiendas, que esto es todo un mensaje. Hebreos 10 nos explica que el velo es su carne. Y estas eran las cosas que ellos llamaban sacrificio espiritual. No canciones. Sería hermoso ir a un lugar, cantar tres canciones y sentirte de maravillas. Hebreos 10 nos dice que el velo es su carne, pero cuando nos explica eso, nos da algunos detalles que abren otro panorama. Hebreos 10:19-22 = Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. 

Hay dos cositas que tenemos que ver. La primera, es que nos dice que el camino es nuevo. La palabra griega del original, se traduce como recientemente abierto o formado en frescura. Cuando hace muchos años, nos dimos cuenta que podíamos salirnos de la liturgia solemne y batir palmas, cantar y danzar con gozo, dijimos ¡Que bueno! Ahora podemos hacer todo lo que el sacerdote hacía una vez al año, nosotros todos los días que queramos. ¡Era un camino nuevo! Es diferente, no existía antes. No es más de lo mismo. Es algo diferente. Es algo nuevo, una operación totalmente diferente. Y después dice que el camino no solamente es nuevo, sino que también es vivo. Y ahí la palabra es zoa, que tiene que ver con vida. Es poderoso, imparte vida, más allá de la iglesia. Es otra dimensión.

Lo que creo, es que Dios está sacando a la iglesia de la iglesia. Para poder hacer esto, primero tenemos que ser iglesia. Sino se pierde todo el mundo. Número uno: no hay lugar para sacrificios carnales. No hay atrio ni altar donde quemarlos. No es un rito. La gente se asusta cuando no sabe lo que va a pasar. Lo que se puede vislumbrar para lo que viene de este siglo veintiuno, no tiene nada que ver con las tradicionales y clásicas reuniones que hemos conocido y participado. Los tiempos han cambiado Te levantas a la mañana, no porque tienes que salir a pagar algunas cuentas, sino porque eres un embajador del Señor y tu trabajo es uno de los medios que Dios te dio, para ejercitar esa misión que te encargó. Si te levantas sólo porque tienes un empleo, vas a tener una vida medio miserable.

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La Gran Usurpación Ignorada

La Biblia hace una distinción muy fuerte entre el Reino de Dios como realidad viva, transformadora y gobernada por Dios, y una religión vacía, externa o meramente tradicional. Lo que voy a compartirte es la causa, o por lo menos una de ellas, tal vez la más notoria de esa diferencia y del por qué hemos llegado a ella. Hay textos bíblicos que siempre hemos leído y que nos lo muestran con claridad, pero por la misma razón que ahora voy a comentarte, pocos o muy pocos han llegado a tener una revelación clara y contundente del significado de cada uno de ellos.

Imagínate por un momento, que el mayor tesoro de la humanidad hubiera sido robado hace más de dos mil años y que, desde entonces, generaciones enteras hemos vivido en pobreza espiritual sin siquiera saber que fuimos despojados. Imagínate que este robo no fue ejecutado por bandidos en las sombras, sino por instituciones muy respetadas y en plena luz del día. Y todo acompañado y respaldado por el aplauso de multitudes ignorantes de lo que realmente estaba ocurriendo.

Cuidado, esta no es una fantasía. Según las investigaciones revolucionarias de algunos genuinos hombres de Dios, esto fue lo que ocurrió con el concepto más poderoso que Jesús trajo a la tierra: El Reino de Dios. Como venimos alertando y desenmascarando algunas cosas, no podemos limitarnos a determinar diferencias sustanciales entre Reino y religión. Hay algo mucho más siniestro detrás de todo esto, una suerte de conspiración sistemática que ha operado durante dos milenios, despojando a la humanidad de su herencia más preciada y reemplazándola con una imitación que mantiene a las personas espiritualmente empobrecidas, mientras enriquece a las instituciones.

Romanos 14: 17 = Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.  El Reino, queda más que claro aquí por boca de Pablo, no es ritual ni práctica externa, sino vida interior producida por el Espíritu. La religión sin sustancia, en tanto, se centra en formas estéticas, relacionadas con las modas urbanas y con una conexión inevitable con todo lo que la humanidad secular ha incorporado como bueno. El Reino, muchos ya lo sabemos muy bien, se manifiesta en transformación real.

Jesús nunca vino a traer una religión y mucho menos una que se llamara cristianismo. Ha quedado en evidencia que lo que hoy llamamos cristianismo, en realidad es el resultado de una operación de encubrimiento considerada como la más sofisticada de la historia. No fue un accidente, no fue una evolución natural. Fue un secuestro deliberado, planificado y ejecutado casi con precisión militar, por aquellos que tenían más que perder si el verdadero Reino se establecía en la tierra. Tal como Jesús proponía.

¿Estás listo para descubrir cómo te robaron tu herencia real sin que te dieras cuenta? Para entender la magnitud de la operación, primero debemos comprender qué fue exactamente lo que se robó. Cuando Jesús hablaba del Reino de los Cielos o Reino de Dios, no estaba introduciendo un concepto religioso, sino un sistema gubernamental literal. Cada parábola, cada enseñanza, cada demostración de poder de Jesús, estaba diseñada para mostrar cómo opera un Reino celestial en territorio terrestre.

Mateo 15: 8–9 = Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Aquí Jesús denuncia una religión con palabras correctas pero corazones ausentes. Te lo repito y observa a tu alrededor: palabras muy correctas y hasta bonitas, pero corazones ausentes, almas indiferentes, espíritus alejados del Santo genuino y guía a toda verdad. El Reino, muchos lo sabemos más que bien, exige rendición auténtica, no solo discurso religioso.

Jesús nunca usó terminología religiosa. El siempre hablaba como un Rey, anunciando la expansión de su territorio. Usaba palabras como Ciudadano, Embajador, Territorio, Autoridad, Gobierno. La religión convirtió estas realidades gubernamentales en conceptos místicos para quitarles potencia espiritual a las personas. En el diseño original del Reino, los seguidores de Jesús no eran feligreses o miembros de iglesia. Eran ciudadanos de una nación celestial con derechos, responsabilidades y autoridad delegada para representar los intereses del Rey en este territorio terrestre.

Cada cristiano, y lo llamo así porque encaja con el conocimiento mayoritario, pero no me gusta, era un embajador con inmunidad diplomática y acceso directo a los recursos del Reino. Los primeros discípulos operaban con esta mentalidad de Reino. Ellos no construían templos donde la gente fuera a recibir bendiciones. Ellos establecían embajadas del Reino donde los ciudadanos celestiales se equipaban para transformar territorios completos. El Reino original no se enfocaba en salvar almas para el cielo.

Su misión era traer el cielo a la tierra, transformando sistemas políticos, económicos, educativos y sociales hasta que reflejaran los valores y principios del gobierno divino. Donde quiera que se establecía una embajada del Reino auténtico, las naciones se transformaban. La pobreza desaparecía, la corrupción se eliminaba y la justicia se establecía. El Reino no era una experiencia de domingo por la mañana o por la tarde, era un gobierno alternativo que operaba las veinticuatro siete. Pablo creo que se los explica con meridiana claridad a los Corintios.

1 Corintios 4: 20 = Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder. La religión insípida habla mucho, demasiado, loooza porque yo mismo hice eso durante gran parte de mi vida de creyente. Hasta que un día a mi Padre celestial le agradó enviarme a su Espíritu Santo a que abriera mis ojos espirituales lo necesario y suficiente como para ver y entender definitivamente que el Reino de los cielos opera, libera, transforma. Y a eso no lo consigue ninguna religión, por sobria y solemne que parezca a nuestros ojos y oídos naturales.

Cada ciudadano del Reino de aquellos tiempos primarios, recibía autoridad delegada directa del Rey para operar en Su nombre. No necesitaban intermediarios humanos, jerarquías religiosas o rituales especiales para acceder al poder del Reino. La conexión era directa, personal e inmediata. Esta autoridad no era teórica, era práctica, verificable y producía resultados tangibles, enfermos sanados, sistemas corruptos expuestos, naciones transformadas, recursos multiplicados, justicia establecida.

Ahora bien; para entender cómo fue posible esta devastación sistemática, debemos examinar el momento exacto del secuestro del Reino. No fue un proceso gradual, sino una operación estratégica ejecutada en momentos clave de la historia. El primer gran secuestro ocurrió cuando el emperador Constantino decidió que el cristianismo podía serle muy útil para controlar su imperio. Pero había un problema. El Reino auténtico no podía ser controlado por gobiernos humanos por una sencilla razón: es EL gobierno.

Entonces, necesitaban una versión domesticada. La solución fue brillante y a la vez, diabólica: convertir el Reino en religión. En lugar de ciudadanos con autoridad delegada, crear feligreses dependientes. En lugar de embajadas que transformaran territorios, construir templos donde la gente fuera a adorar. En lugar de gobierno alternativo, crear una organización que colaborara con los poderes existentes. Y que conste, para evitar ser tomado por un operador político actual. Estoy hablando de Constantio, de historia antigua. De allí en más y durante toda una generación, el concepto de Reino fue reemplazado por el concepto de iglesia.

Los ciudadanos se convirtieron en miembros. Los embajadores se volvieron sacerdotes. La autoridad delegada se transformó en rituales religiosos. Una vez establecida la estructura institucional, el siguiente paso fue concentrar toda la autoridad en una jerarquía humana. El acceso directo al rey que cada ciudadano tenía originalmente, fue declarado peligroso y necesario de mediación. Crearon un sistema donde las personas necesitaban intermediarios humanos para todo. Jesús mismo fue muy claro cuando lo dio a entender a quienes todavía se dejaban llevar por sus visiones externas y naturales.

Mateo 7: 21–23 = No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Confesión verbal es igual a obediencia real, de eso está hablando. El Reino se evidencia en sumisión a la voluntad del Rey, no en títulos, dones o lenguaje cristiano. Las palabras sumisión y sujeción fueron tomadas por la religión, pero direccionándolas hacia sus hombres y sus jerarquías, cuando desde el diseño divino se había establecido claramente que no debía ser así. El hombre fue creado para señorear y dominar todo, excepto a otros hombres iguales a él.

Entonces ellos, las organizaciones religiosas, crearon un sistema aparentemente apto para interpretar las Escrituras, para acceder a Dios, para recibir perdón, para operar en poder espiritual. Sin embargo, esto era, exactamente, lo opuesto al Reino original, donde cada ciudadano tenía acceso directo e inmediato. El golpe final fue convertir las operaciones prácticas del Reino en misterios religiosos que sólo los especialistas podían entender. Lo que originalmente era tan simple que un niño podía operar en autoridad del Reino, se volvió tan complicado que requería años de educación teológica. Hoy todavía sigue así en lo global, en lo masivo.

Es decir que la simplicidad del Reino fue deliberadamente complicada para crear dependencia. La oración directa, algo casi automático en aquellos primeros hombres de Dios, se volvió liturgia compleja, incluso acompañada de gestualidades y rutinas de neto corte solemne rozando lo actoral La autoridad personal se transformó en rituales sacerdotales que una enorme mayoría no podía entender como parte de su fe. La transformación territorial se redujo a ceremonias religiosas mayoritariamente respetadas en ignorancia. El gobierno del Reino se domesticó en actividades de iglesia.

Pero veamos ahora el aspecto más siniestro que contiene esta operación. Lo más brillante de esa conspiración, porque muy bien podemos denominarla así, fue crear un sistema que indudablemente se protege a sí mismo ante cualquier intención de restaurar el Reino original. Entonces convirtieron sus innovaciones religiosas en tradiciones sagradas. Cualquier intento de restaurar el Reino original, era y todavía es automáticamente etiquetado como peligroso, herético o rebelde contra la autoridad. La conspiración fue tan efectiva que las propias víctimas se convirtieron en los defensores más feroces del sistema que los mantiene esclavizados. Generaciones enteras han sido condicionadas a creer que cuestionar la religión institucional es cuestionar a Dios mismo.

El sistema educativo religioso fue diseñado para perpetuar la confusión entre Reino y religión. Los seminarios, aun los más prestigiosos, enseñaron y siguen enseñando historia de la iglesia, pero no historia del Reino. Teología religiosa, no gobierno del Reino. Administración eclesiástica, no autoridad delegada del Reino. Entrenan pastores y ministros para mantener feligreses, no embajadores para transformar territorios. Gradúan administradores de organizaciones religiosas, no representantes de un gobierno celestial.

2 Timoteo 3: 5 = Que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita. Esto describe con precisión una cristiandad sin poder, sin fruto, sin transformación. El Reino auténtico tiene eficacia, cambia vidas, rompe cadenas. Una de las cadenas más proliferantes y visibles, es el miedo. Miedo a que si dices algo de un ministro que a todas luces todo el planeta sabe que es corrupto y usa la religión en beneficio propio, exista un Dios que lo defienda y te achicharre por exponerlo, es el miedo más fuerte de todos y evita, entre otras cosas, que se digan verdades conocidas por años y por todos.

Pero, quizás el aspecto más siniestro de la conspiración, fue el de crear un sistema económico que hizo y hace que las personas dependan, financieramente, de mantener esa confusión. Millones de empleos, industrias enteras, imperios económicos completos dependen de que las personas nunca descubran la diferencia entre Reino y religión. Es un negocio de millones de dólares. Y todos sabemos lo que cuesta encararse contra el reino de Mammón. Cuando tienes ciudadanos del Reino operando en la autoridad delegada, no necesitas complejas organizaciones religiosas

Cuando las personas entienden que son embajadores, no construyen catedrales para que adoren. Hay una diferencia sintetizada que suena fuerte y de pronto hasta puede doler y mucho a gente inocente y sincera, pro es una verdad y las verdades no se callan porque eso equivale a disimular mentiras. Mientras la religión es un negocio, el Reino es un gobierno. Esa es la diferencia y no creo que existan muchos creyentes sinceros que no lo hayan percibido, aunque se lo callen por los motivos que sean.

El mecanismo de control más sofisticado que se instauró fue el de convertir el poder del Reino en culpa religiosa. Porque en el Reino original, los ciudadanos operaban en autoridad porque era su derecho y responsabilidad. Pero en el sistema religioso, las personas se sienten culpables por querer autoridad, porque se les enseña que eso es orgullo espiritual. Y que la autoridad solamente es patrimonio de aquellos hombres que han sido “ordenados”, (No sé quién inventó este término) por las autoridades superiores, (Tampoco sé como llegaron allí) de la denominación, grupo u organización que sea. Pablo lo dijo con claridad.

1 Corintios 14: 29-30 = Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen. Y si algo le fuere revelado a otro que estuviere sentado, calle el primero. Yo no sé cuantas veces ustedes habrán leído este pasaje. Tampoco sé cuantas veces alguien les habrá enseñado o predicado sobre él. Yo lo debo haber leído no menos de doscientas veces, y te puedo asegurar que no hace demasiado tiempo que caí en cuenta que, si eso hoy no se cumple, no es para mantener el orden, como se nos enseñara, sino porque al hacerlo, se estaría dando ingreso a una palabra genuina que viene del cielo que puede llegar a destrozar la hojarasca que se está entregando abajo.

Lo cierto es que esta inversión psicológica mantiene a las personas voluntariamente empobrecidas. Porque, entre otras cosas, les enseñaron que la pobreza espiritual es humildad, que la dependencia de intermediarios es fe, y que la pasividad territorial es santidad. Convirtieron cada virtud del Reino en un vicio religioso. Y aquí llegamos a la parte más controversial de todo esto. Porque no sólo se ha determinado como fue esa conspiración, sino quienes fueron los perpetradores y quienes siguen ejecutándola hoy.

No fue casualidad que el secuestro del Reino coincidiera con la necesidad de los imperios humanos de controlar poblaciones masivas. Un Reino auténtico es ingobernable por sistemas humanos porque reconoce sólo la autoridad divina. Pero una religión puede ser una herramienta perfecta de control social. Quedó documentado que líderes políticos y religiosos conspiraron deliberadamente para crear una versión del cristianismo que fortaleciera sus posiciones de poder en un lugar de establecer el gobierno alternativo del Reino.

La conspiración no terminó en la historia antigua. Instituciones religiosas modernas continúan perpetrando y perpetuando activamente la confusión porque su supervivencia económica e influencia social dependen de mantener a las personas ignorantes sobre el Reino auténtico. Cuando pastores predican que su trabajo es pastorear ovejas en lugar de equipar embajadores, están perpetuando la conspiración. Cuando denominaciones se enfocan en mantener miembros en lugar de liberar ciudadanos del Reino, están colaborando con el secuestro.

La tragedia más grande de esta conspiración es que millones de personas sinceras, sin saberlo, están protegiendo con uñas y dientes al sistema que les está robando su herencia. Estas personas, educadas en la confusión, atacan ferozmente cualquier intento de restaurar el Reino original, porque han sido condicionadas a creer que la religión es el cristianismo. Es como si se repitiera el viejo Síndrome de Estocolmo, aunque en este caso totalmente espiritual.

Las víctimas se enamoran de sus captores y atacan a cualquiera que intente liberarlas. Hay elementos muy concretos que se benefician social y económicamente si se mantiene la confusión. Hay, evidentemente, una élite religiosa que vive en lujo mientras predica pobreza, que acumula poder mientras enseña sumisión, que construye imperios mientras predica humildad. No es coincidencia que aquellos que más se oponen a la restauración del Reino auténtico, son precisamente aquellos que más han prosperado bajo el sistema religioso falso.

Soy un ministro del Señor y tengo, conforme a su promesa, todas mis necesidades cubiertas. Pero eso no tiene nada que ver con mansiones ostentosas, automóviles impactantes o, lo más reciente, aviones privados para mayor y mejor capacidad de movimiento, aseguran. ¿Soy un resentido que está en contra de todo eso? No, hay muchos siervos del Señor en mi misma condición. Pero lo que no puedo evitar es que, mientras esos ministros viven vidas de lujos y ostentaciones casi ofensivas. Infinidad de hermanos fieles comen todos los días, con sus familias, sólo por la misericordia de Dios. Y esto de ninguna manera es ideología de capitalismo o anticapitalismo, esto es amor de Dios brotando por heridas de personas.

Sin embargo, hay un aspecto esperanzador en todo esto. A pesar de la magnitud de la conspiración, esto no va a terminar en desesperanza. Y esto radica en que la restauración del Reino no sólo es posible, sino proféticamente inevitable. Hay señales muy puntuales que nos muestran que esta antigua conspiración está comenzando a colapsar. Hay un hambre generalizada por algo más que la religión tradicional. Lo dije hace muy poco tiempo hablando de ese remanente que está despertando. Exposición masiva de corrupción general en instituciones religiosas, levantamiento de maestros que distinguen claramente Reino de religión, movimientos espontáneos hacia la simplicidad y la autoridad directa.

Manifestaciones sobrenaturales que obvian estructuras religiosas. Cuando las personas comienzan a operar en la autoridad directa del Reino, las estructuras intermedias religiosas se vuelven obviamente innecesarias. Por eso, hay que añadir a todo esto que existe una estrategia específica tendiente a esa restauración. En primer lugar, educación masiva. Hay que enseñar a las personas las diferencias entre Reino y religión hasta que la confusión se vuelva imposible.

En segundo lugar, mostrar los resultados superiores desde el Reino auténtico, versus la religión institucional. Tercero, establecimiento de embajadas. Crear centros de entrenamiento para ciudadanos del Reino, no congregaciones religiosas. Cuarto, transformación territorial. Aplicar principios del Reino para transformar a comunidades completas. Quinto, multiplicación exponencial. Entrenar embajadores que establezcan más embajadas.

Lucas 17: 20–21 = El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros. El Reino no es un espectáculo previamente armado  ni una pomposa estructura visible, sino presencia activa de Dios gobernando vidas. A esto lo podemos corroborar muchos de nosotros cuando tomamos conocimiento de testimonios reales, aunque apartados de todo festival ofensivo de prensa internacional. La religión vacía, en tanto, busca señales externas; pero el Reino se encarna en personas, no en instituciones. Dios bendice hombres y mujeres, no organizaciones. No hay registro bíblico de eso.

Las estructuras religiosas que perpetúan la conspiración eventualmente colapsarán bajo el peso de su propia irrelevancia. Cuando suficientes personas operen el Reino auténtico, la demanda por servicios religiosos simplemente desaparecerá. No tendrás que destruir la religión institucional. Simplemente se volverá obsoleta cuando las personas experimenten la realidad del Reino. De allí que haya pasos específicos que las personas pueden y deben dar para liberarse de ese sistema conspirador que los tiene esclavizados.

Primero: renunciar a la calidad de miembro y adoptar la identidad de ciudadano. Y estoy hablando de mentalidad, no de literalidad. Abandonar un templo y seguir atado a sus rituales, es lo mismo que quedarse en él. Cesar de buscar intermediarios humanos y establecer relación directa con el Rey, esto es clave. Dejar de ir a la iglesia y comenzar a ser embajada. Abandonar los rituales religiosos y abrazar autoridad práctica del Reino. Transformar territorio personal como evidencia de ciudadanía del Reino. Cada hogar debería ser una embajada del Reino y no un satélite de una organización religiosa.

Esto significa entrenar a familias completas para operar en autoridad delegada, transformar sus comunidades y producir ciudadanos del Reino. Está demostrado que cuando una buena cantidad de ciudadanos del Reino operan en un área geográfica, territorios completos se transforman automáticamente. Sistemas corruptos son expuestos, recursos se multiplican, justicia se establece, prosperidad genuina emerge. Es la única forma de batalla que tenemos autorizada desde la superioridad divina. Cualquier otra que se quiera incorporar, es sólo copia de un recurso humano que sólo da buenos resultados en lo humano. Las naciones enteras deberán redescubrir los principios del Reino, como alternativa superior a sistemas políticos humanos corruptos. No como religión de estado, sino como principios de operación del Reino en territorios nacionales.

Llegamos ahora a las conclusiones finales de todas estas revelaciones perturbadoras. Tengo en cuenta que hoy has enfrentado una de las revelaciones más perturbadoras en el marco de todas estas batallas épicas que estamos librando. Has descubierto que fuiste víctima del secuestro más sofisticado de la historia. Durante dos mil años, una conspiración sistemática te ha robado tu herencia como ciudadano del Reino y te ha ofrecido, a cambio, una imitación religiosa que te mantiene espiritualmente empobrecido, mientras esas instituciones se enriquecen. El coraje que has demostrado al escucharme y no descartarme, y enfrentar esta verdad perturbadora es extraordinario. La mayoría de las personas, cuando descubren que han sido engañadas durante toda su vida, reaccionan con negación o lo más abundante: atacan al mensajero.

Pero tú has tenido la valentía de considerar la evidencia, examinar los hechos y reconocer que todo lo que aquí se ha expuesto no es mera teoría, sino una documentación histórica de una operación de encubrimiento masiva. Este desenmascaramiento se suma, devastadoramente, a las batallas que ya hemos ganado. Ahora comprendes que Jesús nunca vino a fundar una religión, sino el motivo real por el cual se creó esa religión, para reemplazar y ocultar al Reino autentico. Ahora entiendes que no sólo existen versículos bíblicos que la religión mantiene ocultos, sino el motivo real del por qué los mantienen ocultos, porque exponen la conspiración. La guerra entre Reino y religión no es una diferencia de opiniones teológicas. Es una batalla entre un sistema que te empodera como ciudadano con autoridad delegada, versus un sistema que te mantiene dependiente como feligrés, necesitado de intermediarios.

Es la diferencia entre recuperar la herencia robada o continuar viviendo como refugiado espiritual en tu propio territorio. Declara tu independencia del sistema conspirador. Hoy mismo, deja de verte como miembro de iglesia y comienza a verte como ciudadano del Reino con autoridad delegada. No necesitas permiso de ninguna institución religiosa para operar en el poder que te corresponde por derecho de nacimiento espiritual.

Identifica las áreas específicas donde has sido mantenido dependiente del sistema religioso y establece conexión directa con el Rey. Ya sabes que tienes acceso directo a recursos del Reino sin pasar por intermediarios humanos. A partir de ello, podrás comenzar a transformar tu territorio personal como evidencia de tu ciudadanía. Convierte tu hogar en una embajada del Reino, donde otros puedan descubrir la diferencia entre una religión que los mantiene cautivos y el Reino que los libera. ¿Quieres respaldo bíblico a todo esto? Aquí lo tienes.

Gálatas 5: 1 = Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. Este versículo afirma que Cristo nos liberó, no para volver a vivir bajo sistemas que esclavizan (incluida una religiosidad legalista). Colosenses 2: 20–23 = Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos… conforme a mandamientos y doctrinas de hombres? Pablo confronta directamente la dependencia de reglas externas que aparentan espiritualidad, pero no transforman el corazón. 2 Corintios 3: 17 = Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. La verdadera libertad no proviene de ritos o estructuras religiosas, sino de la vida del Espíritu en nosotros.

Cada embajada auténtica del Reino se convierte en un verdadero centro de formación territorial que expone, automáticamente, la irrelevancia de las estructuras religiosas conspiradoras. Conecta esta recuperación con todas las revelaciones que hemos desenmascarado. Cada verdad expuesta entre Reino y religión es parte de una misión tendiente a recuperar lo que nos fue robado hace dos mil años. En todo el mundo, millones de personas están despertando al hecho de que han sido víctimas de la operación de encubrimiento mas exitosa de la historia. La conspiración que durante dos mil años mantuvo a la humanidad ignorante sobre su herencia real, está empezando a colapsar ante el peso de su propia irrelevancia. Cuando las personas descubren que pueden operar directamente en autoridad del Reino, las estructuras intermedias religiosas se vuelven obviamente innecesarias.

El reino no necesita ser defendido, sólo necesita ser demostrado. Cuando las personas vean la diferencia entre la pobreza espiritual de la religión y la abundancia del Reino auténtico, la elección se vuelve obvia. Tu generación está presenciando el desenmascaramiento final de la conspiración más sofisticada de la historia. Eres parte de la generación que recuperará lo que fue robado, que restaurará lo que fue secuestrado, que establecerá lo que fue reemplazado. Pero esta guerra épica que estamos librando, está lejos de terminar. El desenmascaramiento de la conspiración histórica es solo el principio de revelaciones aun más devastadoras. ¿Crees que descubrir el secuestro de dos mil años es lo más perturbador que conocerás? Espera enfrentar los siete errores específicos que destruyeron al cristianismo. Dede ellos y su análisis se desprende la razón y el motivo por el cual un Reino poderoso fue convertido de improviso en una religión casi impotente. Eso será lo próximo.

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Juicio Por Espejo

En mis primeras épocas de creyente congregacional, me devoraba cada una de las predicaciones que escuchaba. Hoy me doy cuenta que no eran demasiado profundas, pero para mi condición de recién llegado al evangelio, me parecían tremendas. Sin embargo, había un tema que, cuando lo predicaban, me ponía los pelos de punta: El Juicio de Dios. El juicio diario e inmediato sobre determinadas conductas y, obviamente, el legendario y ultra promocionado Juicio Final.

De manera contraproducente, lo que me producía oír eso era miedo. Un miedo, -hoy lo entiendo-, inspirado por ciertas expresiones que, más que advertencias necesarias y valiosas, directamente entraban en la categoría de amenazas. De allí en más y por muchísimo tiempo, decir simplemente la palabra Juicio, me erizaba la piel y me inquietaba. ¿Sabes cuál era la causa principal? Que nadie me había enseñado, -y tampoco se lo hace a menudo hoy-, qué cosa es un juicio y qué cosa es, entonces, un juicio de Dios.

Sin entrar en tecnicismos aburridos y académicos, creo que te será suficiente saber que decir juicio es, necesariamente, decir “separación de lo verdadero, de lo falso”. El segundo capítulo de la carta de Pablo a los romanos, creo que tiene un pasaje que esclarece y mucho su significado. Sin embargo, antes de examinarlo y revelar sus misterios escondidos, es necesario dar una pintura, una ilustración de lo que es el capítulo anterior, el primero, porque es como consecuencia de lo que aquí se dice, que luego Pablo establece ese examen del juicio divino.

Los primeros quince versos de ese primer capítulo son de saludos y consideraciones. Pero luego, a partir del 16 y hasta el 32, no es de ninguna manera una unidad aislada, sino el portón de entrada a todo el resto de la carta. En estos versículos, Pablo presenta de manera condensada los dos grandes ejes que sostendrán todo su argumento: La revelación de la justicia salvadora de Dios en el evangelio y La revelación de la ira de Dios contra la impiedad humana.

Ambas revelaciones son paralelas, simultáneas y necesarias. No se puede entender la una sin la otra. El evangelio no es “buena noticia” en abstracto; lo es porque existe una mala noticia real, objetiva y universal: la culpabilidad del hombre delante de Dios. Este texto, por tanto, cumple una función pedagógica decisiva: preparar el terreno para el juicio de Dios que Pablo desarrollará luego. Antes de hablar del juicio explícito, Pablo demuestra que el mundo ya está bajo juicio, que la ira de Dios ya se revela, y que el ser humano se encuentra sin excusa.

Él comienza con una afirmación programática: No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación… Aquí el apóstol no define el evangelio primariamente como mensaje, doctrina o ética, sino como dýnamis, poder eficaz de Dios. Esto es clave para entender el contraste posterior: el mismo Dios que se revela con poder para salvar, se revela también con poder para juzgar. El evangelio no es un intento humano de alcanzar a Dios, sino una intervención divina en la historia. Y este poder tiene un propósito concreto: salvación. La salvación presupone peligro; la liberación presupone esclavitud; la justificación presupone culpa.

Desde el inicio, Pablo está preparando el lector para reconocer que la condición humana es desesperada sin la acción soberana de Dios. El evangelio es para todo aquel que cree, pero con un orden histórico: al judío primeramente, y también al griego. Esto no es un detalle étnico menor. Pablo está anunciando que nadie queda fuera del alcance del evangelio, pero también que nadie queda fuera del alcance del juicio. El mismo orden se reflejará más adelante: tanto judíos como gentiles serán declarados culpables. El privilegio no elimina la responsabilidad; al contrario, la incrementa.

La justicia de Dios no es solo un atributo abstracto, sino una realidad revelada en el evangelio. Esta justicia se recibe por fe, se vive por fe y conduce a una vida de fe. La cita de Habacuc (“el justo por la fe vivirá”) conecta la experiencia individual con el plan redentor histórico de Dios. Pero aquí surge una tensión fundamental: ¿Qué ocurre con quienes no viven por fe? La respuesta comienza en el versículo 18. Porque la ira de Dios se revela desde el cielo…

La ira de Dios no es una reacción impulsiva, emocional o descontrolada. Es una respuesta santa, justa y constante frente al pecado. Así como la justicia de Dios se revela en el evangelio, la ira de Dios se revela en la historia. Es crucial notar el tiempo verbal: “se revela” (presente). No se trata solo de un juicio futuro; es una realidad actual. El juicio final será la consumación de algo que ya está en marcha. La ira de Dios se dirige contra: La impiedad: la ruptura vertical, la negación de Dios. La injusticia: la corrupción horizontal, la distorsión de la vida humana. Ambas están unidas. No existe verdadera injusticia social sin impiedad teológica. Cuando Dios es desplazado del centro, la humanidad se desintegra moralmente.

Detienen con injusticia la verdad. Esta frase es central. El problema humano no es la ignorancia, sino la supresión activa de la verdad. El verbo implica resistencia, sofocación, encarcelamiento. El hombre no es víctima pasiva de la oscuridad; es cómplice activo de ella. Lo que de Dios se conoce les es manifiesto… Pablo afirma con contundencia que Dios no se ha ocultado. La creación es un testimonio constante de su poder eterno y su deidad. No se trata de un conocimiento salvador, pero sí de un conocimiento suficiente para generar responsabilidad.

El ser humano sí conoce, pero no quiere reconocer. El conocimiento de Dios no conduce automáticamente a la adoración, porque el pecado distorsiona la voluntad. Por eso, la conclusión es devastadora: De modo que no tienen excusa. Esta frase es fundamental para el tema del juicio. El juicio de Dios no será arbitrario; será perfectamente justo, porque el hombre será juzgado a la luz de lo que conoció y rechazó. El problema no es la falta de información, sino la falta de gratitud y adoración. El corazón humano se resiste a reconocer la soberanía de Dios porque hacerlo implica rendición. La ingratitud es aquí un pecado teológico profundo: niega que la vida sea un don.

Al rechazar a Dios, el razonamiento humano se vuelve fútil. La mente se oscurece, no por falta de inteligencia, sino por soberbia moral. Profesando ser sabios, se hicieron necios. Esta ironía atraviesa toda la historia humana: cuanto más se excluye a Dios, más se absolutiza la propia razón… y más se cae en la necedad. El intercambio es triple: La gloria de Dios → imágenes. El Creador → la criatura. Lo incorruptible → lo corruptible. La idolatría no eleva al hombre; lo degrada. Al adorar lo creado, el ser humano se rebaja al nivel de aquello que adora.

Aquí aparece una de las expresiones más solemnes del pasaje: Por lo cual también Dios los entregó. El juicio de Dios, en este contexto, no es un castigo externo inmediato, sino un retiro de contención. Dios permite que el pecado siga su curso hasta sus últimas consecuencias. Esto es profundamente serio: el peor juicio no es que Dios castigue, sino que deje al hombre a merced de sus deseos. El pecado nunca es solo espiritual. La idolatría desemboca en la deshonra del cuerpo. El cuerpo, creado para la gloria de Dios, se convierte en instrumento de degradación.

Pablo menciona prácticas sexuales contra el diseño creacional. No lo hace como obsesión moralista, sino como síntoma visible de un desorden más profundo: el rechazo del Creador. El énfasis no está en señalar un pecado aislado, sino en mostrar cómo el pecado afecta todas las dimensiones de la vida humana. El rechazo de Dios culmina en una mente incapaz de discernir lo que conviene. Aquí el juicio afecta la capacidad moral misma. El ser humano pierde el norte ético.

La lista de pecados que sigue es extensa y abarca: Pecados personales. Pecados relacionales. Pecados sociales. Pecados familiares. Esto muestra que el pecado no es un problema privado. Tiene consecuencias comunitarias. Una sociedad que rechaza a Dios se vuelve violenta, injusta y cruel. No se trata de “los peores pecados”, sino de la normalización del mal. Este versículo es uno de los más graves de toda la Escritura: Habiendo entendido el juicio de Dios…

El ser humano sabe que existe juicio. La conciencia da testimonio. Pero, aun así: Practican el mal. Aprueban a quienes lo practican. Aquí se alcanza el punto máximo de culpabilidad: el pecado se institucionaliza, se celebra y se defiende. Esto prepara directamente el camino para Romanos 2, donde Pablo mostrará que quienes juzgan a otros hacen lo mismo, y que nadie escapará al juicio justo de Dios. Romanos 1 no busca cerrar el caso, sino abrirlo. Pablo ha demostrado que: Dios se ha revelado. El hombre ha rechazado esa revelación. La ira de Dios ya está operando. El ser humano es inexcusable.

Con esto, el lector queda en una posición incómoda pero necesaria: consciente de su culpa, necesitado de gracia, y expuesto al juicio. Solo desde aquí el evangelio puede ser comprendido en toda su profundidad. El juicio de Dios no es un añadido posterior; es el telón de fondo que hace que la justicia revelada en Cristo sea gloriosamente necesaria. Dicho todo esto, paso a leerte, de manera pausada y comentada, los dieciséis versículos dedicados al juicio de Dios en la tierra.

Romanos 2: 1 = Por lo cual, O sea, por todo lo dicho anteriormente eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; Quien quiera que seas. Me queda claro. Dentro del ambiente eclesiástico, puede ser el pastor principal, el ujier más anónimo, la hermana mayor que limpia el templo luego del servicio, o diáconos, músicos, etc. En el plano secular, incluye a los jueces pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo. Conocí el caso de un pastor que le negaba compartir la santa cena a una joven hermana, porque estaba de novia con un hombre creyente, pero divorciado. Y todo esto en el mismo tiempo en el que él, tenía una aventura extramatrimonial con la secretaria de la iglesia. ¡Oh!

Verso 2 = Mas sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas Las que te detalla en el primer capítulo es según verdad. Lo cual te está diciendo a ti y también a mí que, por fuera de Dios, hay juicios que no son según verdad, sino a partir de falsedades que en muchos casos logran injustas victorias judiciales

Verso 3 = ¿Y piensas esto, oh hombre, Te aclaro que aquí se refiere a hombre como Adama, esto es, ¿especie, humanidad, no género sexual? Dice hombre, no dice varón tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, ¿que tú escaparás del juicio de Dios? ¿Sabes que sí? Al menos desde mi experiencia personal y por haberme desempeñado en tareas seculares que me permitían observar diferentes conductas y comportamientos humanos, sí, hay muchísima gente que ni siquiera tiene en cuenta esa posibilidad de ese juicio. Y cuidado, porque en esto te estoy incluyendo a muchos supuestamente cristianos que congregan en alguna de los miles de congregaciones cristianas.

Verso 4 = ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, Benignidad es comprensión, indulgencia, afabilidad paciencia y longanimidad, ¿ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? Longanimidad es grandeza, clemencia, generosidad. No nos apresuremos a emitir juicios de valores, o sea opiniones inmediatas. ¿Hay posibilidades que, en una sociedad como la nuestra, que educa con valores materialistas y consumistas, existan mayorías dispuestas a creer en la existencia de un ser poseedor de todas estas cualidades? No. Sin respaldo del Espíritu Santo con su guía a toda verdad, eso es prácticamente imposible. Ah, y se me olvidaba. ¿Cuánto tiempo hace que no escuchas a alguien predicar arrepentimiento? Raro, es el evangelio del Reino que predicó Jesús.

Verso 5 = Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, Te recuerdo que Pablo les está hablando a personas supuestamente cristianas en Roma atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, Esto significa que toda ira no solucionada ni redimida por el perdón que contraigas en esta tierra, hoy, será atesorada en tu espíritu para el día en el que Dios hará ese llamado Juicio Final, que no será otra cosa que, tomando como base tu verdadero sentir, sin simulaciones ni hipocresías religiosas, decir algo así como “este es mío y aquel no es mío”, el equivalente a separar lo verdadero de lo falso. Eso es juicio.

Verso 6 = el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: Ha quedado dicho que la fe sin obras es fe muerta, pero también que solamente con obras nadie accederá a ningún sitial de valor espiritual. Por otra parte, también está más que claro que cuando existe fe auténtica, genuina y real, las obras de producen como natural consecuencia de ello. Así que cuando aquí dice “conforme a sus obras”, lo que te está diciendo realmente es conforme a tu autenticidad espiritual.

Verso 7 = vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, De hecho, se refiere a los que buscan esa gloria y esa honra para dedicársela al Señor y no para ellos mismos en lo terrenal. Como bien se aclara aquí, eso sólo es posible cuando se hacen buenas cosas, que son las únicas que el Espíritu Santo guía a hacer. Para todos estos espíritus nobles y miembros del Reino, una vida eterna que, indudablemente, queda implícito que para los otros no existe.

Verso 8 = pero ira y enojo ¿Alguien en esta tierra podrá imaginarse lo que significa que Dios tenga ira y enojo? a los que son contenciosos. Contenciosos son aquellos que pretenden cuestionar y hasta censurar a Dios por sus decisiones y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia; Si la Verdad, lo sabemos, es Cristo, obviamente que la injusticia se divide en dos fracciones. En primer lugar, nuestra carnalidad y, en segundo término, aquel que, aprovechando nuestra carnalidad, envía a sus laderos a influenciarnos para el mal y la desobediencia.

Verso 9 = tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego, Sobre todo ser humano que hace lo malo. ¿Se entiende bien? Sobre TODO ser humano, sin distinción de NINGUNA naturaleza. Desde el delincuente común que vive del robo o el delito, pasando por el rico o famoso que produce otro tipo de maldades y concluyendo con líderes o liderados de la religión que viven a expensas de gente a la cual engañan con sus falsas espiritualidades, de todos esos, habla. Por eso dice que es para el judío y para el griego. Nosotros, como cultura heredada de los colonizadores europeos, vivimos en lo humano bajo rudimentos de la enseñanza griega.

Verso 10 = pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego; Es prácticamente todo lo contrario del anterior, aunque con dos elementos fundamentales a tener muy en cuenta. Para que el judío tenga acceso a toda esa gloria, honra y paz, se necesita que, a su amada Torá, le añada el resto del evangelio. Y que elimine de su vida a la Mishná, que es el libro de las tradiciones que no provienen de Dios. Y para el griego, que reemplace la filosofía platónica, socrática o aristotélica que rige su vida, con la Palabra de Dios inserta en la Biblia. Entre otras cosas podrá recibir revelación y entendimiento para dejar de depender de su mente intelectual y la lógica en su vida.

Verso 11 = porque no hay acepción de personas para con Dios. Veamos. Si consultas un buen diccionario de la RAE, te dirá como única acotación que acepción es cada uno de los significados que puede adquirir una palabra o frase según el contexto. Investigando un poco más profundamente, nos encontramos con un significado de la palabra que no tiene absolutamente nada que ver con lo expuesto en este diccionario. Para Dios, acepción es tener presente que Dios no juzga según lo externo, sino según el corazón. Nadie tiene ventaja delante de Él por ser rico, pobre, religioso, líder, conocido o desconocido. Todos los seres humanos están en igualdad espiritual ante Dios. Su justicia, su amor y su juicio son imparciales y rectos.

Verso 12 = Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados; Creo que está claro, pero igualmente vale una ampliación porque, entiendo, esto es casi la base central del significado de la palabra Juicio. Si pecas desconociendo las consecuencias, las cosas serán de un modo que no me es permitido expresar. Pero si pecas conociendo esas consecuencias, entonces el mismo hecho o evento será considerado de otro modo. Es, a todas luces, separar aquello que es genuino, verdadero y fiel, de lo otro, lo que es simulado, actuado y falso. ¿Por qué? En el próximo te lo dice.

Verso 13 = porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados. Punto y aparte. Como decía mi abuela, a otra cosa mariposa. La gran pregunta que en este momento debes estar formulándote tal vez a ti mismo, es: ¿Qué encontramos en mayor cantidad en los ambientes cristianos, hoy? ¿Oidores de la palabra, de esos que baten todos los récords de predicaciones presenciales, en video, o en audio, o gente que con lo único que escuchó o entendió de la palabra de Dios ha podido y sabido construir casi un ministerio de impacto? Yo tengo mi propia respuesta producto de mi propia observación a partir de mi propia experiencia de vida de creyente, pero me la reservo. Tú deberás hacerlo mismo con la tuya, que te sea útil para aportar calidad a tu vida de fe, nada más.

Verso 14 = Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, estos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, El texto revela que Dios sembró su ley en la conciencia humana, aun fuera del marco religioso. Espiritualmente, afirma que nadie está excluido del llamado divino a obrar el bien. Bíblicamente, desmonta la falsa seguridad de quien cree que la ley escrita salva por sí sola. La obediencia auténtica nace del corazón transformado, no solo del conocimiento externo. Así, Dios se muestra justo: juzga por la luz recibida y por la respuesta interior a esa verdad.

Versos 15 y 16 = mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio.  Dios no solo habla desde afuera, también susurra por dentro. La ley escrita en el corazón es esa voz que sabe lo que está bien, aun sin palabras. La conciencia es testigo fiel: no se calla cuando actuamos mal ni cuando elegimos el bien. Nuestros razonamientos nos acusan o nos defienden antes que cualquier juez humano. Nada queda oculto, ni siquiera las intenciones que nadie más ve. Jesucristo revelará los secretos, no para humillar, sino para mostrar la verdad completa. Ese juicio no será arbitrario, sino conforme al evangelio: justicia unida a gracia. Dios nos juzga desde lo profundo, donde nacen las decisiones. Por eso la fe no es solo rito, es coherencia interior. Escuchar el corazón iluminado por Cristo es ya caminar hacia la vida.

Arranquemos con algo honesto: a todos nos gusta un poco jugar a jueces. En el tráfico, en redes sociales, en la familia, en la iglesia… ¡Somos expertos en detectar errores ajenos con lupa HD… pero bastante miopes con los propios! Pablo empieza Romanos 2 sin anestesia: Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas… Traducción argenta libre al siglo XXI: “Antes de señalar con el dedo… mirate la mano entera.”

Hoy vamos a ver qué es realmente el juicio de Dios, por qué no es lo que solemos imaginar, y cómo vivir hoy mismo a la luz de esa verdad, sin miedo… pero tampoco en piloto automático. Pablo dice algo incómodo pero liberador: cuando juzgamos a otros por lo mismo que hacemos, no nos ponemos del lado de Dios… nos ponemos bajo la misma sentencia. El problema no es discernir el bien y el mal. El problema es creer que señalar nos exime.

Es como decir: “Señor, yo no soy perfecto, pero al menos no soy como ese”. Y Pablo responde: “El juicio de Dios es según verdad, no según comparación.” Dios no evalúa con el promedio del grupo.
No usa el “al menos no hice tanto”. Él mira el corazón, la intención, la coherencia. Primer punto práctico: Esta semana, cada vez que te sorprendas juzgando a alguien, hacé una pausa y preguntá:
“¿Qué me está mostrando esto de mí?” El juicio de Dios empieza como espejo… no como martillo.

Este es uno de los versos más hermosos del pasaje: “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?” Dios no retrasa el juicio porque sea distraído. No es que “todavía no se dio cuenta”. Dios es paciente a propósito. La bondad de Dios no dice: “Dale, seguí igual, no pasa nada”. Dice: “Volvé. Todavía hay tiempo. Yo te espero.”

El problema es cuando confundimos paciencia con aprobación. Cuando decimos:
“Si Dios no me frenó, debe estar todo bien”. No. La paciencia de Dios es una puerta abierta, no una alfombra para barrer la conciencia. Segundo punto práctico: Hoy mismo, identificá una cosa que venís postergando delante de Dios. No diez. Una. Y háblala con Él sin excusas, sin maquillaje espiritual. Arrepentirse no es autoflagelarse. Es alinearse con la verdad.

Pablo es clarísimo: “Dios pagará a cada uno conforme a sus obras… porque no hay acepción de personas para con Judíos, griegos, religiosos, no religiosos, los que saben mucha Biblia y los que nunca abrieron una… Dios no se impresiona con el CV espiritual. Ni con el apellido, ni con el cargo, ni con la tradición. No alcanza con oír la ley, dice Pablo. Los justificados son los hacedores. Incluso los que no tienen la ley escrita tienen la conciencia… y esa vocecita interna que acusa o defiende.

Tercer punto práctico: Pregúntate ¿Qué tanto de lo que sé… realmente vivo? No se trata de saber más. Se trata de obedecer mejor. Un poco de verdad puesta en práctica vale más que toneladas de conocimiento archivado. El texto termina diciendo que Dios juzgará “los secretos de los hombres por Jesucristo”. Eso asusta… hasta que lo entendemos bien. El juicio de Dios no es un show público de humillación. Es la revelación total de la verdad.

Todo lo que fue escondido, todo lo que fue justificado, todo lo que fue negado… Ahí no habrá excusas,
pero tampoco malentendidos. Para el que persevera en el bien, hay gloria, honra y paz. Para el que resiste la verdad, hay tribulación… porque vivir contra la verdad es imposible. Cuarto punto práctico: Viví hoy como si no necesitaras esconder nada mañana. La integridad no es perfección, es coherencia honesta delante de Dios.

El juicio de Dios no es solo un evento futuro. Es una invitación presente. No es Dios buscando castigarte, es Dios insistiendo en salvarte sin mentiras. El justo juicio de Dios: nos baja del pedestal, nos devuelve al arrepentimiento, nos llama a vivir lo que creemos, y nos recuerda que la verdad, al final, siempre libera. Así que hoy no salimos con miedo, salimos con responsabilidad y esperanza. Menos juicio ajeno.
Más verdad propia. Más obediencia sencilla. Y una confianza profunda en un Dios justo… y radicalmente bueno. Amén.

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3 – Guerra

Mateo 24: 6 = Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Mi pregunta casi tonta, hoy, es: ¿Estamos oyendo de guerras y de rumores de más guerras, hoy? Mira la versión Nueva Traducción Viviente, que siempre añado por su lenguaje más simple: Oirán de guerras y de amenazas de guerras, pero no se dejen llevar por el pánico. Es verdad, esas cosas deben suceder, pero el fin no vendrá inmediatamente después. ¿Has leído bien? Todavía no es el fin. Todavía, significa que más adelante, quien sabe…

La palabra guerra pesa. Tiene una densidad emocional y moral que atraviesa generaciones. Cuando alguien la pronuncia, no solo describe un enfrentamiento armado entre naciones; también convoca imágenes de ruinas, despedidas, miedo, propaganda, sacrificio y dolor. Sin embargo, también revela algo profundo sobre la condición humana. La guerra es, al mismo tiempo, un fenómeno político, social, psicológico y espiritual. Y para quien mira el mundo desde la fe en el evangelio del Reino de Dios, la guerra se convierte en un espejo incómodo donde la humanidad observa sus propias fracturas.

La Biblia no ignora la guerra. De hecho, la atraviesa de principio a fin. Pero lo interesante es que el relato bíblico no glorifica el conflicto humano como destino inevitable, sino que lo expone como síntoma de una humanidad desordenada interiormente. Las guerras externas suelen comenzar mucho antes de que suene el primer disparo, caiga la primera bomba o vuele el primer misil o dron: nacen en el corazón humano.

El antiguo texto de Santiago 4:1 plantea una pregunta directa y sorprendentemente moderna: ¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?”. Y responde con una observación psicológica y espiritual muy precisa: nacen de las pasiones que combaten dentro de las personas. Antes de que existan ejércitos, hay ego, miedo, ambición, resentimiento y deseo de poder.

Desde esta perspectiva, la guerra no es solo geopolítica. Es también antropología. Nos habla de quiénes somos cuando dejamos que el miedo gobierne nuestras decisiones.

A lo largo de la historia, las guerras han sido justificadas con discursos nobles: seguridad nacional, defensa de valores, liberación de pueblos, expansión de la civilización. Sin embargo, detrás de esas narrativas solemos encontrar factores más simples: control de recursos, dominio territorial, orgullo nacional o supervivencia política. La historia humana tiene momentos heroicos, sí, pero también una larga lista de decisiones impulsadas por la inseguridad colectiva. 

Aquí es donde el evangelio del Reino de Dios introduce una perspectiva profundamente disruptiva. Cuando Jesús habló del Reino, no describió una estructura militar ni un imperio político. Habló de algo que comienza dentro del ser humano y se expande hacia la sociedad. Un Reino que no se sostiene por la espada sino por la transformación del corazón.

Esto no significa ingenuidad frente al mal. La Biblia reconoce que el mundo está lleno de injusticia real. Pero propone una lógica diferente para enfrentarla. Jesús resumió esa lógica en una frase que ha desconcertado a filósofos, militares y gobernantes durante siglos: Bienaventurados los pacificadores.

No dijo bienaventurados los vencedores. Tampoco dijo bienaventurados los que tienen más armas. Dijo pacificadores.

El pacificador no es un ingenuo que ignora los conflictos. Es alguien que entiende que el verdadero campo de batalla de la humanidad es el interior del ser humano. Donde se gana o se pierde la guerra entre el ego y la compasión, entre el miedo y la confianza, entre el deseo de dominar y la capacidad de servir.

Desde un punto de vista social, la guerra también revela cómo funcionan las estructuras colectivas. Las sociedades tienden a polarizarse cuando aparece una amenaza. Surgen discursos simplificados: nosotros contra ellos. Este mecanismo es muy antiguo; el cerebro humano busca seguridad en la pertenencia grupal. Pero esa simplificación puede deshumanizar al otro.

Cuando un adversario deja de ser persona y se convierte en “enemigo”, la violencia se vuelve más fácil de justificar. Nosotros somos los buenos y ellos son los malos. De todos los bandos en puja se oye la misma expresión. ¿Y quien tiene la razón y la verdad? La Palabra de Dios lo dice; escudriña.

El evangelio desafía justamente esa deshumanización. Jesús enseñó algo radical para su época —y todavía lo es hoy—: amar incluso al enemigo. No porque el enemigo tenga razón, sino porque la humanidad del otro no desaparece, aunque exista conflicto.

Este principio no resuelve todos los dilemas políticos o militares, pero establece una brújula moral. La dignidad humana no depende del bando.

En términos históricos, muchas guerras terminaron demostrando lo absurdo de la violencia prolongada. Después de años de destrucción, los pueblos vuelven a sentarse en una mesa a negociar. Lo curioso es que ese diálogo podría haber ocurrido antes. Pero el orgullo colectivo suele necesitar primero el lenguaje brutal de las pérdidas para aceptar el valor de la conversación.

Aquí aparece una ironía triste de la historia: la humanidad suele descubrir el valor de la paz después de haber destruido demasiadas cosas.

Sin embargo, hablar de paz no significa ignorar la realidad del conflicto. El conflicto es inevitable porque los seres humanos somos diferentes. Tenemos intereses, culturas, visiones del mundo distintas. El problema no es el conflicto en sí, sino cómo lo gestionamos.

La guerra es la versión más destructiva de la mala gestión del conflicto. Por eso, una sociedad madura necesita desarrollar habilidades que la Biblia, curiosamente, ya recomendaba hace miles de años: sabiduría, dominio propio, humildad, justicia y misericordia.

La sabiduría permite ver más allá de la emoción inmediata. El dominio propio evita que el miedo dicte las decisiones. La humildad abre la posibilidad de reconocer errores. La justicia protege a los vulnerables. Y la misericordia recuerda que nadie es completamente inocente ni completamente culpable. Si estas cualidades faltan, la guerra se vuelve más probable.

Pero hay otro aspecto menos visible de la guerra: la guerra interior. Muchas personas viven batallas silenciosas todos los días. Conflictos emocionales, resentimientos, luchas con la culpa, miedo al futuro, rivalidades familiares o sociales. Estas pequeñas guerras personales no aparecen en los titulares, pero influyen profundamente en cómo las sociedades se comportan.

Una persona dominada por el resentimiento difícilmente construya paz a su alrededor. Por eso el mensaje del Reino de Dios comienza en el interior. No propone primero cambiar el sistema político mundial —algo que suena bien, pero es extremadamente complejo— sino transformar la conciencia humana.

Cuando una persona aprende a perdonar, reduce una guerra. Cuando una persona decide escuchar antes de reaccionar, desactiva una batalla potencial. Cuando alguien opta por la justicia en lugar del abuso, evita futuros conflictos. Son pequeñas decisiones, pero multiplicadas por millones de personas cambian el clima moral de una sociedad.

A veces imaginamos la paz como algo grandioso que debe firmarse en tratados internacionales. Pero también se construye en gestos cotidianos: cómo hablamos, cómo discutimos, cómo tratamos al diferente.

Y aquí entra un poco de humor saludable, porque la guerra también tiene un lado absurdamente humano. Muchos conflictos comienzan por algo que, visto desde cierta distancia, resulta casi ridículo: orgullo herido, malentendidos, competencia infantil entre líderes que deberían comportarse como adultos responsables.

Si los egos humanos fueran un poco más pequeños, probablemente los presupuestos militares también lo serían. 

Por supuesto, el mundo real es complejo. Existen agresiones reales, injusticias graves y situaciones donde defender a los vulnerables puede implicar fuerza legítima. La Biblia misma reconoce la existencia de autoridades que deben proteger el orden social. Pero incluso en esos casos, la violencia nunca aparece como ideal, sino como una consecuencia lamentable de un mundo imperfecto.

El horizonte del evangelio sigue siendo la reconciliación. Los profetas bíblicos imaginaron un futuro donde las espadas serían transformadas en herramientas de cultivo. La imagen es profundamente simbólica: instrumentos de muerte convertidos en instrumentos de vida. No es solo una metáfora agrícola; es una visión de civilización.

La energía que hoy se invierte en destruir podría invertirse en construir. En términos prácticos, cada generación enfrenta la misma pregunta: ¿Qué hacemos con nuestra capacidad de conflicto? Porque esa energía existe. El ser humano tiene impulsos competitivos, deseos de poder, necesidad de reconocimiento. La cuestión no es eliminarlos —algo casi imposible— sino orientarlos hacia propósitos creativos.

Las sociedades saludables canalizan la competencia hacia la innovación, el deporte, la ciencia, el arte, la cooperación económica. Cuando esas salidas constructivas fallan, la agresividad colectiva puede buscar otras formas de expresión, y la guerra se convierte en una de ellas.

Por eso la paz no es solo ausencia de guerra. Es la presencia activa de justicia, oportunidades, educación, diálogo y esperanza. Donde estas condiciones existen, los conflictos tienen menos probabilidades de escalar hacia la violencia.

El evangelio del Reino de Dios añade otro elemento esencial: la esperanza. No una esperanza ingenua que ignora el mal, sino una confianza profunda en que la historia humana no está condenada al caos permanente.

Jesús habló de un Reino que crece como una semilla. Pequeña, casi invisible al principio, pero con una capacidad sorprendente de expandirse. Esa imagen sugiere que los cambios verdaderos suelen comenzar de manera silenciosa.

Las grandes transformaciones humanas rara vez nacen de explosiones de violencia. Más bien emergen de procesos largos donde la conciencia colectiva se va elevando poco a poco.

Por eso, incluso en un mundo donde las guerras siguen ocurriendo, el mensaje del Reino invita a no resignarse al cinismo. La historia también registra avances morales: el reconocimiento de derechos humanos, la disminución de ciertas formas de violencia, la cooperación internacional en múltiples áreas.

La humanidad no avanza en línea recta, pero tampoco está completamente estancada. Desde una mirada espiritual, la guerra nos recuerda algo fundamental: el ser humano posee un enorme potencial tanto para destruir como para sanar. Ambas posibilidades conviven en la misma especie. El evangelio del Reino apuesta por la segunda.

No obliga, no impone, pero invita. Propone un camino donde la fuerza más poderosa no es la violencia sino el amor activo, la justicia consciente y la reconciliación posible.

Puede parecer demasiado y hasta ridículamente idealista, pero curiosamente muchas de las figuras históricas que lograron cambios duraderos caminaron en esa dirección: líderes que entendieron que la verdadera victoria no consiste en aplastar al adversario, sino en transformar las condiciones que generan el conflicto.

En última instancia, la guerra plantea una pregunta espiritual muy simple y muy profunda: ¿Qué tipo de humanidad queremos ser?

Si la historia continúa dominada por el miedo, la competencia destructiva y el orgullo colectivo, la guerra seguirá apareciendo como una sombra recurrente. Pero si la humanidad aprende a cultivar sabiduría, justicia y compasión, el horizonte puede cambiar.

La fe en el Reino de Dios no es escapismo. Es una apuesta ética y espiritual por un futuro donde la dignidad humana tenga más peso que la ambición de poder.

Mientras ese Reino sigue creciendo —a veces de manera invisible— cada persona tiene la oportunidad de tomar una pequeña decisión diaria: alimentar la guerra o construir la paz.

Y aunque pueda parecer modesto, la historia suele comenzar justamente así: con decisiones pequeñas que, sumadas, terminan cambiando el rumbo del mundo. Antiguamente las guerras eran una cuestión de honor militar. Ejércitos de un lado y del otro batallaban con hidalguía por una victoria.

Hoy, las guerras prácticamente no eliminan soldados o guerreros, sino civiles. Y eso, aun con el máximo y mayor argumento, fue, es y seguirá siendo pecado ante los ojos de un Dios que, como quiera que sea llamado por las naciones en conflicto, es el mismo en cuanto a una palabra monumental: justicia.

Un Dios en el que, curiosamente, todos los integrantes de los mayores conflictos, dicen creer, amar y respetar. Un Dios que si en sus mandamientos dejó escrito No matarás, de ninguna manera aceptaría que tú, en el nombre lo que se te ocurra encontrar, le añadas “a menos que” a ese mandamiento.

De hecho, no podemos pretender que el ateo o adepto de otras formas de religión tengan en cuenta esto. Si Caín, (¡Estoy hablando del hijo de Adán!), no lo respetó y fue capaz de asesinar a su hermano, qué menos harán hombres que hoy están en su misma línea de rebeldía, incredulidad o desobediencia. Sólo un detalle: Dios jamás envió a nadie a tomarse venganza en contra de Caín. Aunque nos cueste entenderlo y aceptarlo, ordenó exactamente lo contrario.

Soy un ser humano corriente. Si bien ejercí una profesión ligada a la comunicación, la cultura en la cual nací, me crie y aprendí, me puede inducir a sentir simpatías o antipatías específicas. Pero mi condición de hijo de Dios por Jesucristo me obliga, sí o sí, a crucificar ese yo cultural y a limitarme a expresar en un tema tan delicado como este, lo que mi Padre celestial por medio de Jesús, el hijo encarnado, hubiera dicho en su tiempo respecto a lo mismo.

Finalmente, y en respuesta a todos los cristianos o pseudo cristianos que justifican las guerras con el argumento de que en los tiempos antiguos el propio Jehová estaba de acuerdo con ellas, digo: Eso es absolutamente cierto, sin dudas y nuestras Biblias así lo atestiguan. Sólo un problema: en aquellas guerras, los reyes montaban en sus caballos, se colocaban sus armaduras, tomaban su espada y su lanza y salían al frente de todo sus ejércitos. Su vida en primer lugar, luego la de sus súbditos. Hoy creo que no es igual, «los reyes» están en una oficina con aire acondicionado o calefacción y son, ni siquiera sus soldados, sino sus residentes inocentes los que mueren por la acción de elementos sofisticados diagramados para matar. ¿Eso puede ser Dios?

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2 – Perseverancia

Lucas 8: 15 = Mas la que cayó en buena tierra, estos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia. Es decir que, si quieres o pretendes dar fruto conforme al diseño divino, la perseverancia es básica y clave. Dice la NTV al respecto: Y las semillas que cayeron en la buena tierra representan a las personas sinceras, de buen corazón, que oyen la palabra de Dios, se aferran a ella y con paciencia producen una cosecha enorme. Esta versión reemplaza nuestra palabra por Paciencia, que es casi un sinónimo. En todo caso y para ser más preciso, el paso previo a la otra.

La perseverancia es una de esas palabras que, aunque suenan firmes y antiguas, siguen latiendo con una vigencia sorprendente en la vida cotidiana. No es un concepto abstracto reservado para discursos solemnes, ni tampoco una virtud exclusiva de ciertos héroes espirituales; es, más bien, una práctica silenciosa, diaria y muchas veces invisible. La perseverancia se cocina en lo pequeño: en levantarse cuando uno no quiere, en sostener una convicción cuando no hay aplausos, en seguir creyendo cuando los resultados todavía no aparecen.

Desde una mirada bíblica —pero también profundamente humana— la perseverancia no se presenta como una obstinación ciega, sino como una fidelidad inteligente. Porque no se trata de insistir en cualquier camino, sino de permanecer en aquello que es verdadero, justo y vivificante. En ese sentido, la perseverancia no es terquedad: es dirección con sentido. Es saber por qué se camina, aunque no siempre se vea claramente hacia dónde lleva el sendero.

En los relatos del Evangelio, la perseverancia aparece encarnada en gestos simples pero radicales. Personas que vuelven a intentar, que esperan, que confían aun contra toda evidencia. No lo hacen porque ignoren la realidad, sino porque la leen con una profundidad distinta. Donde otros ven final, ellos perciben proceso. Donde otros ven fracaso, ellos descubren aprendizaje. Esa mirada no es ingenua: es fruto de una confianza cultivada.

Socialmente, vivimos en una época que promueve lo inmediato. Todo parece diseñado para obtener resultados rápidos: mensajes instantáneos, respuestas veloces, soluciones exprés. En ese contexto, la perseverancia puede parecer fuera de moda, casi un lujo innecesario. Sin embargo, es precisamente en este escenario donde se vuelve más necesaria. Porque lo que vale la pena —los vínculos, el crecimiento personal, la transformación social— rara vez ocurre de un día para otro.

La perseverancia, entonces, se vuelve una forma de resistencia. No una resistencia agresiva, sino una firmeza tranquila. Es la capacidad de no abandonar aquello que se sabe bueno, aun cuando no sea lo más fácil ni lo más rentable en el corto plazo. En términos sociales, es lo que sostiene proyectos comunitarios, lo que permite reconstruir vínculos dañados, lo que da continuidad a procesos educativos, laborales y personales.

Ahora bien, hablar de perseverancia desde una fe viva implica reconocer que no todo depende del esfuerzo humano. Aquí aparece una tensión interesante: por un lado, la responsabilidad personal de continuar; por otro, la confianza en que hay una fuerza mayor que sostiene el camino. Esta combinación evita dos extremos: el agotamiento por autosuficiencia y la pasividad disfrazada de espiritualidad

En términos prácticos, perseverar no significa hacerlo todo solo. Significa aprender a sostenerse en una fuente más profunda. Es como remar: uno mueve los brazos, sí, pero también se deja llevar por la corriente adecuada. Si uno rema contra la corriente equivocada, se cansa más y avanza menos. La perseverancia sabia incluye discernimiento.

Un aspecto clave es el sentido. Nadie persevera mucho tiempo en algo que no entiende o que no le encuentra propósito. Por eso, una pregunta fundamental es: ¿Para qué sigo? No en un sentido utilitario, sino existencial. Cuando el propósito es claro, la constancia se vuelve más natural. No fácil, pero sí más coherente.

También hay que decirlo: perseverar cansa. Y reconocerlo no es falta de fe, es honestidad. Incluso los relatos más inspiradores muestran momentos de duda, cansancio y deseo de abandonar. Lo interesante es que esos momentos no son el final de la historia, sino parte del proceso. La perseverancia no elimina el cansancio; lo atraviesa. 

Aquí entra en juego el humor, ese recurso tan humano y tan necesario. Una perseverancia sin una pizca de humor corre el riesgo de volverse rígida, pesada, incluso insoportable. Saber reírse de uno mismo, de los tropiezos, de los planes que no salieron como se esperaba, aligera el camino. No trivializa la dificultad, pero la hace más llevadera. A veces, perseverar también es aprender a decir: “Bueno, hoy no salió, pero mañana lo intento otra vez… con un poco más de café, té o mate argentino”.

En la vida cotidiana, la perseverancia se entrena. No aparece mágicamente en momentos críticos si no se ha cultivado en lo simple. Algunos recursos prácticos pueden ayudar:

Primero, dividir los objetivos. No pensar solo en la meta final, sino en pasos concretos y alcanzables. Esto evita la frustración y permite celebrar pequeños avances.

Segundo, generar hábitos. La perseverancia no siempre se siente; muchas veces se ejecuta. Tener rutinas ayuda a sostener acciones incluso cuando la motivación fluctúa. Orar todos los días sería un hábito más que valioso y necesario.

Tercero, rodearse de comunidad. Nadie persevera completamente solo. Compartir procesos, pedir ayuda, acompañar y dejarse acompañar fortalece el camino. Pedirle al Espíritu Santo que te muestre con quienes sí y con quienes no.

Cuarto, revisar el rumbo. Perseverar no es seguir sin pensar. Es importante detenerse cada tanto, evaluar, ajustar. La fidelidad no está reñida con la inteligencia. Y la verdadera inteligencia no está reñida con la fe.

Quinto, cultivar la interioridad. Espacios de silencio, reflexión, oración o contemplación permiten reconectar con el sentido profundo de lo que se hace. Sin esta dimensión, la perseverancia puede volverse mecánica. Con el Señor, a solas, es una auténtica intimidad que, en público, siempre se distorsiona.

Desde una perspectiva del Reino de Dios —entendido no como una estructura religiosa, sino como una realidad viva de justicia, amor y verdad en acción— la perseverancia adquiere un matiz particular. No se trata solo de resistir por resistir, sino de sostener aquello que construye vida. Es una perseverancia orientada al bien común, a la dignidad humana, a la esperanza activa. Y enfrenta, mayoritariamente, no a sectores ateos o mundanos, sino a religiosos y supuestamente eclesiásticos.

Esto tiene implicancias sociales concretas. Perseverar en la justicia, por ejemplo, implica no rendirse ante la desigualdad. Perseverar en el amor implica seguir apostando por vínculos sanos incluso después de decepciones. Perseverar en la verdad implica no acomodarse a lo que conviene si eso traiciona lo que es correcto.

Ahora bien, hay un riesgo: confundir perseverancia con rigidez ideológica. Aquí es importante mantener una mirada sino objetiva, al menos todo lo imparcial que sea posible. Perseverar en valores no significa cerrarse al diálogo ni negar la complejidad del mundo. Al contrario, implica sostener principios mientras se escucha, se aprende y se ajusta la comprensión. La firmeza no está en negar la realidad, sino en no perder el eje en medio de ella.

En este sentido, la perseverancia se parece más a un árbol que a una piedra. La piedra es dura, pero no crece ni se adapta. El árbol, en cambio, tiene raíces firmes, pero también flexibilidad. Resiste el viento no porque sea rígido, sino porque puede moverse sin quebrarse. Esa es una imagen potente para pensar esta virtud.

Otro punto importante es distinguir entre perseverar con insistir en lo que daña. No todo merece ser sostenido. Hay relaciones, hábitos o caminos que necesitan ser dejados atrás. La perseverancia verdadera no es apego ciego, sino fidelidad a lo que genera vida. A veces, perseverar implica soltar.

En clave espiritual, esto se traduce en una confianza profunda: que el bien tiene un peso real, aunque no siempre sea visible de inmediato. Que lo sembrado con amor, verdad y justicia no se pierde, aunque tarde en dar fruto. Esta confianza no es una garantía de resultados inmediatos, pero sí una base sólida para seguir caminando.

La perseverancia, entonces, no es solo una virtud individual; es una forma de habitar el mundo. Es una manera de relacionarse con el tiempo, con los otros y con uno mismo. Es elegir no abandonar lo esencial, incluso cuando lo accesorio grita más fuerte.

Y sí, a veces la perseverancia se parece bastante a hacer fila en un banco un lunes a la mañana: larga, lenta y con pocas garantías de que avance rápido. Pero incluso ahí, hay una oportunidad de ejercitar la paciencia, de observar, de respirar, de no perder el buen humor. Porque perseverar no es vivir en tensión constante; es aprender a sostener el paso con humanidad.

En definitiva, la perseverancia es una alianza entre la decisión y la confianza. Decisión de seguir, de insistir en lo que vale, de no rendirse ante la dificultad. Y confianza en que ese camino, aunque no siempre sea el más fácil, es el que conduce a una vida más plena, más verdadera, más acorde a ese Reino que no se impone por fuerza, sino que crece en lo cotidiano, casi en silencio, pero con una potencia transformadora innegable.

Y quizás ahí esté su mayor belleza: en que no necesita espectáculo. La perseverancia no suele hacer ruido. Pero deja huellas profundas.

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Conversaciones Sin Bosquejos

“Conversaciones sin Bosquejos” nace de algo muy simple: la necesidad de hablar de la vida como realmente es, sin adornos innecesarios, sin fórmulas rígidas, sin fraseología religiosa tan abundante en nuestros ambientes, sin la presión de decir siempre lo “correcto”. Es una invitación a sentarnos, como hermanos, a compartir lo que pasa por dentro y por fuera, tomando como base la buena noticia del Reino, pero sin convertirla en un discurso armado, sino en una experiencia viva que se cruza con lo cotidiano.

Porque, si somos honestos, la vida diaria no viene con un bosquejo con capítulos y versículos. Nadie se levanta, tampoco, sabiendo exactamente cómo va a reaccionar ante una discusión, una mala noticia, una tentación, un cansancio profundo o una alegría inesperada. Vamos aprendiendo en el camino, a veces acertando, a veces tropezando, muchas veces preguntándonos si lo estamos haciendo bien. Y en medio de todo eso, aparece la fe, no como un manual técnico, sino como una compañía.

De eso se trata esta propuesta: de conversar sin la presión de tener todas las respuestas, que es a lo que la mayor parte de los llamados “líderes cristianos” han acostumbrado a sus receptores. De poder decir, si cabe, “no entiendo”, “me cuesta”, “hoy no tengo fuerzas”, sin sentir que estamos fallando. Porque el evangelio del Reino no comienza en la perfección del hombre, sino en la cercanía de Dios con el hombre real, el que duda, el que se cansa, el que se equivoca.

En estas conversaciones, la idea no es enseñar «desde arriba,» desde esa aura de omnipotencia que a tantos hombres ha obnubilado, sino caminando al lado. No se trata de dar sermones, sino de compartir experiencias. A veces será hablar de trabajo, de cómo nos pesa la rutina o de cómo nos cuesta ser justos cuando el entorno empuja a lo contrario. Otras veces será sobre la familia, sobre los vínculos que amamos pero que también nos desafían. Y muchas veces será simplemente poner en palabras lo que sentimos, aunque no sepamos bien cómo ordenarlo.

Hay algo profundamente liberador en esto de hablar sin estructura rígida. Cuando no hay un bosquejo que cumplir, aparece la sinceridad. Y con la sinceridad, aparece la verdad. No la verdad abstracta, sino esa que se encarna en lo cotidiano: en cómo tratamos a alguien que nos irrita, en cómo respondemos al cansancio, en cómo manejamos nuestras expectativas, en cómo sostenemos la esperanza cuando las cosas no salen como queríamos.

Porque el Reino no es una idea lejana ni un concepto reservado para momentos especiales. Se hace visible en lo pequeño. En una decisión silenciosa de hacer el bien cuando nadie mira. En elegir la paciencia cuando lo más fácil sería reaccionar mal. En perdonar cuando duele. En pedir perdón cuando cuesta. En seguir confiando cuando todo alrededor parece incierto.

“Conversaciones sin Bosquejos” quiere ser ese espacio donde podamos reconocer que estamos en proceso. Que no somos versiones terminadas de nada, sino personas en camino. Y que ese camino no lo hacemos solos. Hay algo profundamente humano y profundamente espiritual en el hecho de compartir la vida con otros que también creen, también luchan, también esperan.

A veces pensamos que para hablar de Dios tenemos que usar un lenguaje especial, como si lo cotidiano no fuera suficiente. Pero la verdad es que lo más profundo suele aparecer en lo más simple. Una charla en la mesa, un mate argentino, o un café, o un té compartido, una caminata sin apuro, una conversación que empieza con cualquier tema y termina tocando algo esencial. Ahí también se revela el Reino, sin necesidad de formalidades rimbombantes o peroratas excéntricas.

Y es que el mensaje del Reino no es una carga que se suma a nuestras vidas, sino una luz que las atraviesa. No nos saca de la realidad, como muchos creen verlo, sino que nos enseña a verla de otra manera. Nos invita a descubrir que existe un sentido, donde antes veíamos sólo rutina, un claro propósito, donde antes veíamos apenas una obligación, y esencialmente la gracia donde antes solo había esfuerzo.

En estas conversaciones, también habrá lugar para las contradicciones. Porque las hay. Creemos en el amor, pero a veces reaccionamos con dureza. Queremos confiar, pero nos gana la ansiedad. Sabemos lo que es correcto, pero no siempre lo hacemos. Y lejos de ocultar eso, queremos ponerlo sobre la mesa. No para justificarlo, sino para mirarlo con honestidad y dejar que Dios trabaje en medio de eso.

No se trata de romantizar la lucha, pero sí de reconocer que forma parte del camino. Y que incluso ahí, en medio de nuestras tensiones internas, hay oportunidad de crecimiento. Porque el Reino no avanza en nosotros por una imposición rígida, solemne y estructurada, sino por una transformación simple y a la vista de todo el planeta. Y la transformación, si es genuina, lleva tiempo, procesos, caídas y levantadas.

También queremos hablar de la alegría. Porque no todo es lucha, guerra, ritos y consignas. Hay momentos de gratitud, de paz, de gozo sencillo que merecen ser reconocidos. Esos instantes en los que sentimos que todo, por un momento, está en su lugar. Y aunque sean breves, nos recuerdan que hay algo más grande sosteniendo todo.

En “Conversaciones sin Bosquejos” no hay apuro, prisa ni ansiedades. No hay exigencia de llegar rápido a conclusiones encumbradas en sofisticaciones incomprensibles. A veces una buena pregunta vale más que una respuesta rápida. A veces el silencio compartido dice más que muchas palabras. A veces simplemente escuchar al otro ya es una forma de amar.

Queremos recuperar el valor de la cercanía. De mirarnos a los ojos (Aunque sea en palabras), de reconocer al otro como alguien que también está en búsqueda. Porque cuando nos encontramos desde ese lugar, deja de haber distancia entre “el que sabe” y “el que no sabe”. Todos estamos aprendiendo. Todos estamos siendo formados.

Y en medio de eso, el evangelio del Reino deja de ser un discurso de plataformas para convertirse en una experiencia de calle. No algo que repetimos, sino algo que vivimos. Algo que se filtra en nuestras decisiones, en nuestras relaciones, en nuestra manera de ver el mundo. ¿Cómo sugerirle a alguien que busque primero el Reino si luego no le podemos explicar cómo hará para vivir en él?

Quizás uno de los mayores desafíos hoy es vivir la fe sin caer en extremos: ni en una rigidez que ahoga, ni en una superficialidad que vacía. Estas conversaciones buscan un punto más humano, más real, donde la fe pueda respirarse sin dejar de ser profunda, donde la verdad no pierda su fuerza, pero tampoco pierda su ternura. ¿Es que una verdad, aunque duela, puede contener ternura? Sí, si se la entrega como aporte a un proceso de maduración sí, ¡Claro que la puede contener!

Porque sí, hay verdad. Pero esa verdad no necesita ser impuesta con dureza. Puede ser compartida con humildad, con paciencia, con amor. Como quien ofrece agua a otro en medio del camino, no como quien exige que el otro beba aunque en ese momento no tenga sed o tenga el estómago revuelto. ¿Alguna vez has tenido mucha sed y has encontrado un hermoso vaso de agua fresca? Así debes sentirte.

También habrá espacio para hablar de lo que nos duele como comunidad. De las veces que no estuvimos a la altura, de las heridas que cargamos, de las decepciones que algunos han vivido. No para quedarnos en eso, no para regodear morbos, sino para sanarlo. Porque no se puede construir algo genuino ignorando lo que nos ha marcado.

Al mismo tiempo, queremos recordar lo esencial: que el centro no somos nosotros, ni nuestras fallas, ni nuestras virtudes. El centro es Dios acercándose al hombre, invitándolo a una vida nueva, a una manera distinta de existir. Y esa invitación sigue vigente, hoy, en medio de todo lo que vivimos.

“Conversaciones sin Bosquejos” es, en el fondo, una práctica de honestidad y esperanza. Honestidad para reconocer dónde estamos. Esperanza para creer que no estamos destinados a quedarnos ahí. Que hay crecimiento, que hay transformación, que hay vida.

No buscamos cerrar temas, sino abrirlos. No buscamos tener la última palabra, sino sostener el diálogo. La última palabra no la tiene ni la tendrá nunca hombre alguno, sólo el Padre. Porque creemos que, en ese intercambio, en esa escucha mutua, algo se mueve. Algo se ordena. Algo se ilumina. Y quizás, sin darnos cuenta, en medio de una charla simple, estemos tocando algo eterno. Algo que no depende de nuestra elocuencia, sino de la presencia de Dios en medio de lo cotidiano.

Así queremos empezar: sin guiones, sin estructuras rígidas, sin pretensiones de perfección. De ida y de retorno y de una orilla a la otra, como se navega en ríos tumultuosos. Solo con el deseo sincero de compartir la vida a la luz del Reino. De caminar juntos. De hablar como hermanos. Porque a veces, lo más profundo no nace de un discurso preparado, sino de una conversación verdadera. Y ahí, justamente ahí, es donde empieza todo. 

Con Este Trabajo…

 …que hoy te entrego, se inaugura un nuevo período ministerial. Absolutamente apartado de toda esa solemnidad y acartonamiento con el que fuimos entrenados, aunque sin apartarnos de la enseñanza, porque a eso hemos sido enviados, y que te llevará a encontrarte con un contenido diferente a lo tradicional. Será casi una conversación de amigos o entre hermanos en Cristo, un diálogo de personas que, si bien tienen su espíritu en la dimensión cielo, todavía están obligadas a mantener sus pies sobre esta tierra, con todos los dilemas que ella presenta. Toma asiento y léeme como si te escribiera a ti de manera individual y personal, ¿Sí? 

Durante toda mi vida he sido organizado, disciplinado, riguroso con todo lo que hago y en muchos casos hasta un poco estructurado, si puedo y debo confesarlo. Reitero; fui entrenado así para la tarea profesional que desempeñé por muchos años, por gente que hacía del decir y el escribir, casi un apostolado. Así es que, una información sin suficientes datos, u otra carente de precisiones, o una tercera adoleciendo claridad, eran errores considerados mortales y dignos de una renuncia al medio al que se estuviera sirviendo.

Por esa razón me produce una sonrisa que me regalo a mí mismo, esta historia legendaria de seriedad laboral informativa secular, en un tiempo como el actual, en donde el sálvese quien pueda, y hazlo todo como mejor te guste y te convenga, más la morisqueta ácida de la mentira abundante en grado sumo, forman parte permanente de eso que en otra época se hacía llamar así: apostolado.

Conocí hombres que en su momento fueron, a partir de sus trabajos gráficos, esencialmente, merecedores de una lectura casi obligatoria. Porque eran conocidos y muy respetados. Por sus receptores, pero mucho más por nosotros, los que caminábamos o tratábamos de caminar en sus mismos senderos. Altísimo respeto y admiración, pero de ninguna manera fama, esa misma fama mediática e inconsistente que hoy sobreabunda hasta en la mayor huequedad.

 Una fama construida en base a la tontera, que convierte a un comunicador social, que en estos tiempos son llamados simplemente periodistas, prácticamente en parte de una farandulesca caterva de hombres y mujeres que hacen de sus vidas personales y hasta íntimas, un caldo de consumo para una población educada para el morbo, algo que no exige pensar demasiado. Tratar de ser serio y aplomado, hoy, es el equivalente a firmarse un certificado de auto despido por carencia de rating, audiencias o seguidores.

En nuestros ambientes se habla mucho de “la gente”. Se refieren, claro está, a la llamada “gente del mundo”, que es nuestra manera tan evangélica y tradicional de definir y rotular a todos los que no se congregan en una iglesia cristiana. ¿Has prestado sutil atención a lo que termino de decir? Dije que, para una enorme franja porcentual de cristianos, la gente del mundo es toda esa que anda paseando por cualquier parte, menos por dentro de un templo o salón cristiano.

Pregunto: ¿Es así? ¿Seguro que es así? ¿No serán mundanos, impíos, paganos y pecadores todos aquellos que no creen, no les importa, ni tienen la menor intención de creer en nuestro Dios, en su Hijo y en el Espíritu Santo? Sí, ¿Verdad? ¿Y a ti quien te dijo que toda esa gente mundana solamente está fuera de esos templos? ¿Estás seguro que no hay ninguno que se siente a tu lado un domingo por la tarde a oír un sermón? ¿Y como miembro activo, no como visita?

Y si hago referencia casi de manera elíptica a la gente, es porque esa gente es, supuestamente, la destinataria de la mayor parte de las cosas que a diario hacemos. Los músicos dicen tocar para la gente, los periodistas aseguran armar sus discursos o relatos en función de lo que quiere o necesita la gente y, en el terreno de las ideologías o sencillamente la política terrenal y regional, también sus hombres aseguran pensar, decir y hacer todo lo que piensan, dicen y hacen en función de las necesidades de esa misma gente.

Falso. Mayoritaria y tristemente falso. Nobleza obliga a reconocer que sí, que hay un porcentaje que hace todo lo que hace por las razones o causas que dice que lo hace, pero es tan bajo ese porcentaje que, en la realidad cotidiana de lo que sea, no pesa. Jamás participé en política, pero por el que fuera mi trabajo secular, me tocó estar relativamente cerca de políticos de distinto nivel, si es que deseo medirlos en lo nacional, provincial, regional, local.

Lo único que vi cambiar en ellos, es el nivel intelectual y conceptual con el que se conducían. Es obvio, (O al menos debería serlo), que un candidato a presidente de cualquier nación, debe o debería contar con una formación y una capacidad que no es patrimonio visible, al menos, de aquellos que se postulan para candidaturas locales, ya sea en una comuna, municipalidad, alcaldía o sus cuerpos legislativos. Sin embargo, hay algo que los une: sus egos personales, sus ambiciones políticas y, necesariamente, sus inocultos intereses materiales o económicos.

¿Por qué estoy hablando de esto y no de la tremenda revelación de un sorprendente versículo bíblico? Porque estoy pensando en la mayoría de mis hermanos en Cristo, y no en la minoría. Esa minoría, ya lo sé, ha dejado atrás sus intereses propios, personales, familiares o sectoriales, y solamente tiene su mente, su alma, su corazón y esencialmente su espíritu, alineado con Cristo. No necesita de otra cosa para subsistir en paz y con gozo. Pero la gran mayoría, no. La gran mayoría todavía vive con su pensamiento en Cristo, sí, pero con sus pies sobre esta tierra. Y con todo el resto de su estructura, al tono.

Y porque es estrictamente necesaria toda esta introducción para luego poder hablar con absoluta libertad de todo lo inmenso que poseemos y de todo lo también inmenso que nos falta poseer. Pero, esencialmente, porque tengo absoluta certeza que, tanto en lo político como en lo espiritual, aunque a simple vista no se asemejen nada, en lo profundo parten desde una misma base: tanto la política con sus ideologías tan diversas y adversas, como la distancia entre la fe auténtica y la religión barata, tienen sus bases en la gente, en esta misma gente de la que en su globalidad estamos hablando.

Y no pienso hacer ningún análisis académico, por ejemplo, de lo que es la democracia y mucho menos sobre la manera de hacer política que conlleva este sistema. Lo único que quisiera decir, como hijo del Dios Altísimo y creyente genuino que creo ser, es que la bondad de ese sistema, es que cada fuerza política o ideológica que pretenda acceder al gobierno de una nación por esa vía tiene que establecer un compendio de actitudes, principios y conceptos básicos, claros y precisos.

Debe, por ejemplo y como punto de partida, elaborar una campaña previa a las elecciones, repleta de propuestas, planes y actos posibles de gobierno si es que llegan a ser vencedores. Y que luego de la elección, si las ganan, cumplan al menos con el ochenta por ciento de esas propuestas. Y que, si no son electos y se convierten automáticamente en oposición, hagan todo lo posible por ayudar a cumplimentar las propuestas de los que resultaron vencedores. Sonríe con compasión si quieres, tienes mi permiso.

Todo eso Hasta el Tiempo…  

…en que llegue un nuevo acto electoral y tengan otra oportunidad. Eso no les impedirá criticar y dejar en evidencia lo que sean errores groseros de los gobernantes, que de ninguna manera significa ocuparse de nimiedades con el único afán de disminuir la popularidad del gobierno con fines electorales futuros. La antigua muletilla democrática de que el que vence gobierna y el que pierde ayuda, no es simplemente un lindo cúmulo de palabras, es una necesidad

 Obviamente, en lo personal sé perfectamente que todo esto que he dicho, en la realidad cotidiana y práctica de cualquiera de nuestras naciones, tiene nivel y calibre de una verdadera utopía, pero me sirve escribirlo para dejar más que en evidencia que de democracia hay muy poco y de intereses individuales y autoritarismos monárquicos muchísimo más. Si queremos seguir engañándonos y, al mismo tiempo, colaborando en engañar a otros si es que participamos activamente, es un problema de cada uno. Y habrá mucho más para añadir en este tema.

Dios ha sido claro y en sus primarios diez mandamientos está la única verdad que se equipara con nuestra Verdad: No mentirás. Me pregunto si será posible participar en política terrenal sin mentir, algo que está no sólo asumido como “necesario”, sino articulado como elemento básico para no sufrir humillantes y descalificadoras derrotas. Estar en política y no mentir en lo absoluto, es sencillamente imposible. Por eso me estruja el corazón y el espíritu el ver a tantos y tantos bien intencionados hermanos incursionar en ese terreno con la ingenua aspiración de sanearlo. No funciona así. La gran mayoría, se sometió a la misma corrupción ambiente. Los sanos y puros, debieron apartarse.

Hay algo que sabemos, que es visible y que está delante de nuestra mirada día a día. Los hombres tienen reyes. Aunque las monarquías no sean mayoría, todavía existen y tienen cierto peso en países de los considerados como grandes. Aquí cabe una comparación que quizás suene a absurda, pero que no lo es. Los animales también necesitan y tienen reyes. El león, por ejemplo, como se nos ha dicho. El resto de la creación, no necesita ni tiene reyes. Los vegetales, los minerales, por ejemplo, no los tienen. ¿Y sabes qué? Son los únicos elementos de la creación que, en lugar de haber sido creados para recibir, lo han sido para dar. ¿No es interesante verlo así?

Me atrevería, en un acto de casi inconsciente osadía, pensar que es por ese motivo que la palabra de Dios sólo habla de árboles de justicia o de rocas inconmovibles. Con los humanos y los animales, no tiene esa misma expresión. No es un detalle menor. Porque Cristo es nuestra Roca firme, lo sabemos. Pero lo que no siempre entendimos es que, cuando aquel ciego sanado dijo que veía a los hombres como árboles, no es que todavía su vista le fallaba. Era que, junto con su visión natural, la mano de Jesús también le dio acceso a la espiritual.

En cuanto a la comparación del hombre y la roca, es un tema mucho más sencillo. Cuando Jesús murió en la cruz, en el instante en que entregó su espíritu al Padre, el velo del templo se rasgó, que es como decir que la incredulidad religiosa tuvo una grieta por donde convertirse en fe genuina. La tierra tembló, que es la evidencia de que la carnalidad humana se estremeció por completo al comprobar su vulnerabilidad. Y las rocas se partieron, lo cual no es algo negativo como siempre se pensó. Cuando una roca enorme se parte, es porque se convierte en varios trozos pequeños de su misma sustancia.

¿A qué viene todo esto? A lo que veníamos hablando, respecto a la relación entre nuestro Señor y las distintas naciones. No sé cuál es en la que tú resides, pero lo que sí sé, es que sea cual fuere, no está por fuera de la mirada atenta del Padre, del Hijo y del Espíritu. Fíjate que, cuando Dios dice que bendice a las naciones, o que, por el contrario, les trae juicio, ¿A qué naciones supones que se refiere? Generalmente, aquí es donde me suelen dar dos o tres nombres de naciones para cada caso ¿Sabes qué? No es así. Porque cuando Dios dijo eso, todavía no estaban marcadas estas fronteras.

Nosotros observamos los mapas, hoy, con todo el adelanto tecnológico digital, puesto al servicio de esa acción, y podemos ver a los distintos continentes con sus trazados, sus fronteras, sus ciudades o poblaciones. Entonces, aquí en este punto del planeta nos resulta sumamente sencillo decir que esto es Argentina, que allí casi pegadito está Uruguay, por el otro lado, y como una extensa franja, tenemos a Chile y luego, más arriba, aparecerán Bolivia, Paraguay y, así sucesivamente, hasta completar la América del Sur, la Central y la del Norte.

Sí, pero en la antigüedad estas líneas divisorias no existían, fue el hombre el que las trazó. Dios sigue viendo una masa informe y completa. Las únicas fronteras que reconoce, son la cultural o idiomática, pero terrestre, no. Y, de paso, ya que estamos hablando de esto, te digo que, con el asunto de las razas y los colores de piel, sucede exactamente lo mismo. ¿Te tragaste la sutil mentira mitad comercial, mitad racial, de que los héroes del evangelio eran todos blancos, rubios y de ojos claros?

¿De verdad te creíste eso y no te tomaste ni siquiera un par de minutos para pensar que por los lugares en donde sucedieron la mayoría de los hechos de la historia del evangelio, tanto la de Jesús como las de casi todos sus discípulos que luego prosiguieron con el ministerio, el tema ese debe haber sido absolutamente distinto, y si no opuesto, al publicado? ¡Que manía tonta la de confundir visión espiritual con la imagen de un actor de Hollywood encarnando a cualquiera de esos hombres!

 Dios nos creó con la sana y justa intención de que fuéramos un pueblo unido. Ya en el libro tan poco difundido y hasta leído de Esdras, en el tercer capítulo te encuentras con un episodio en el que se relata que el pueblo de Israel, en Jerusalén, decidió juntarse para un fin determinado, como un solo hombre. ¿Sabes lo que eso significa? Que se reunieron a tejer futuras estrategias donde cada uno tendría un rol valioso e importante. No se reunieron para negociar recompensas o botines de guerra.

Tampoco se juntaron como jerarcas de distintos grupos a tomar un café o un refresco y hablar de tonteras, para luego irse y seguir tan separados como siempre y compitiendo por doctrina o miembros de sus congregaciones. Unidad, según Cristo, es otra cosa. Hay una imponente verdad que muy poca gente ha descubierto o, en el mejor de los casos, ha recibido revelación. Y es por esa razón, que casi no se menciona. Todos caminamos por caminos espirituales en esta vida. Todos. Absoluta, total y definitivamente, todos.

 Tanto los que conocen a Dios, como los que no lo conocen. Tanto los creyentes como los ateos. Todos. Solamente les cambia su final. Pero en el recorrido terrenal, todos somos el resultado de un mover espiritual. La diferencia radica en si lo conocemos y ponemos por obra, o si lo ignoramos y somos sacudidos como hojas al viento por cada situación. Fuimos creados para creer y ser espirituales. Que acertemos o equivoquemos el camino, es la única diferencia.

Cuesta Mucho en Esta Sintonía…

 …hacer referencia a Satanás y sus demonios. A ellos les ha salido muy bien esa obra de teatro viviente que han sabido montar alrededor de una historieta con un hombre todo vestido de rojo, con un par de cuernos en su frente y un tridente amenazante con el que supuestamente nos ensartará para llevarnos al infierno. Piensa un momento. Somos seres creados con una mente con la santa intención de que la utilicemos. ¿Tu supones que alguien medianamente pensante puede creerse esa historieta de diablitos casi simpáticos?

Cuando llegas a descubrir la realidad de ese reino de las tinieblas, no te alcanzan las horas para buscar todos los elementos necesarios para situarte lo más lejos posible de él. Allí es cuando entiendes que la palabra pecado, no puede formar parte de tu vocabulario de vida. Después aparecen los distintos shows mezclados con gente con enseñanzas bíblicas y factibles. Tres franjas notorias existen dentro del mundo cristiano respecto a este tema.

En primer lugar, los muy escasos que caminan la tierra enseñando como cubrirse, batallar, echar fuera y vencer ante demonios. Luego están los otros, los fantoches que se ríen de todos los demonios y gastan bromas en contra del propio Satanás. Esto no es bíblico, Jesús jamás lo hizo. Derrotó a cada exponente del infierno que se le cruzó en el camino, pero jamás se burló de ellos. Y, en último término, los pusilánimes y temerosos que parecerían haber sido contratados por el reino de las tinieblas para promocionar sus supuestos “tremendos poderes”.

En el medio, un montón de gente que no lee, que no ora y que no sé si cree, disfrazada de cristianos prestos a tomar como ciertas cualquiera de estas escenas. La gente, y no me refiero al mundo secular, obviamente, está hambrienta de señales, milagros y maravillas. Una gran mayoría sólo los ha leído en sus biblias. Otra gran proporción, sólo sabe de ellos por lo que le cuentan desde los púlpitos distintos personajes llegados de otras tierras y que no les dejan la menor posibilidad de comprobar si lo que testifican es verdad.

Y una proporción más, la menor, que de una u otra manera ha recibido alguna forma de milagro en su vida y, por esa misma razón, anhela fervientemente que eso se repita. El mayor inconveniente, es que un milagro es, literalmente, una alteración del orden natural de las cosas. Y para ciertas mentes cautivadas por la bacteria del intelectualismo, esperar una alteración de esa clase, es causal de burla o calificación de fantasioso, místico o algo peor.

De todos modos, debemos pensar con sentido práctico. Si es Dios quien hace un milagro, tiene que ser porque ese evento favorece algo que tiene que ver con su Reino. Los milagros no son el “hobby” de un Dios aburrido. Pero, ánimo. No somos los únicos. Según relata Marcos, en el octavo capítulo de su evangelio, hubo unos fariseos que vinieron presurosos a Jesús a pedirle que hiciera alguna señal que tuviera como origen el cielo.

Dice que lo hicieron para tentarlo, pero a mí lo que me impactó de ese pasaje fue leer que, por esa causa, a partir de ese pedido formulado por gente que se ufanaba de ser la propietaria de Dios mismo, por poco, fue que el espíritu de Jesús gimió con una mezcla de tristeza e impotencia. Y simplemente les dijo, textualmente: ¿Por qué pide señal esta generación? De cierto os digo que no se dará señal a esta generación. 

¿A qué generación se refiere? Parecería ser que a la que conforman esos hombres, pero… ¿Estás bien seguro que es así o, por el contrario, es una expresión que emana de una eternidad y tiene concepto de eternidad? Eternidad no fue ni será. ES. Hoy, ahora. La gran pregunta que me hago a mí mismo y la extiendo a todos ustedes, es: ¿Creemos en los milagros? ¿Sí? Entonces, si creemos en los milagros, cuando ocurre uno ¿De quién se entiende que será la gloria? De nuestro Señor ¿Verdad?

El error más grave que ha cometido la iglesia, al menos en su conjunto mayoritario, ha sido el de darle esa gloria al ministro a través del cual Dios hizo ese milagro. Recuerdo que una noche, en la que sería mi última congregación, de neto corte conservador, fui invitado, porque era conocido por mi tarea en la radio, a pasar al frente y orar por los que lo necesitaran y pasaran a ese lugar a recibirlo. Los ministros principales tenían largas filas, pero conmigo había sólo dos personas. Un matrimonio.

Oré por la hermana por un tema puntual y, para mi sorpresa y la de una mayoría, ella se fue al piso. Iglesia conservadora, eso allí jamás sucedía. ¿Qué crees que pasó? Que la mayor parte de los que hacían fila para recibir oración de los otros ministros, se desplazaron y vinieron a mí. ¿A quién le daban la gloria de eso que habían visto? ¡Oh! Es todo un tema el de los milagros, créeme. Nosotros, como parte de la iglesia del Señor, con nuestra mejor disposición, tratamos de obviar las cosas raras que hemos visto en gran cantidad y quedarnos con lo que tiene visos de seriedad y certeza.

Pero, aunque pongamos nuestro mejor esfuerzo, nos cuesta mucho que el mundo secular nos entienda, asuma lo que le decimos como cierto y no se burle, tal como ha ocurrido en una mayoría de casos. Lo que sucede es que la gente de afuera no sabe a qué atenerse, porque depende de la denominación que sea el evangélico con el que dialogue, la idea del milagro será bien distinta. Habrá conservadores que le dirán que los milagros fueron cosa de aquellos tiempos y que hoy ya no existen.

Los progresistas que están en lo opuesto, le dirán que hay milagros de Dios a cada paso, todos los días y en todas las áreas, que no se necesita más que pedirlos y Dios los obrará. Creo firmemente, y de esto hay sobrada prueba bíblica, que los milagros son factibles y posibles en este tiempo, pero también tengo absoluta certeza que sólo los veremos cuando la razón de cada uno de ellos, sólo sea de interés sumo para el Reino de Dios y no para entretener cristianos aburridos. 

Dios ES amor, nos ama y tiene inmensa misericordia por cada uno de nosotros, pero sólo alterará el orden natural de las cosas creados por Él mismo y a nuestro favor en algo determinado, cuando ese algo sea también de necesidad para Su Reino. La multiplicación de los peces y los panes y la resurrección de Lázaro, por mencionar dos de los más impactantes de Jesús, fueron para que toda esa gente se conmoviera y aceptara a Jesús como a Su Hijo. 

Con Esto en Mente…

 …la pregunta que salta de inmediato, es: Pero, ¿Y las llamadas campañas de milagros que vemos asiduamente por allí? Ah, no lo sé, pregúntale a los que las arman, ellos sabrán darte una respuesta sólida si es que la tienen. Esto no es nuevo, tiene un correlato que está tan a la vista que nadie podría hacerse el desentendido y decir que jamás lo ha visto. Y no es nuevo. ¿Tenemos una mínima idea del tenor de las conversaciones que se sostenían en aquellas sinagogas fariseas en la época en que comenzó a ministrar Jesús?

 Está bien, había hombres como Nicodemo y en cierta forma también Gamaliel, que no sólo veían con buenos ojos lo que mostraba y decía Jesús, sino que llegaron al punto de intentar dialogarlo con Él. Pero la mayoría, les vendía a los miembros de la sinagoga un discurso duro en defensa de la auténtica ley escrita en la Torá, mientras lo que realmente pretendían era conservar sus status, privilegios, honras y respetos por parte del pueblo.

Ahora pon tu mirada más misericordiosa, pero, al mismo tiempo, más aguda y dime cuanta diferencia encuentras con algunas cosas actuales. Además, y a esto por poco o por mucho todos lo sabemos muy bien, nosotros tejemos y entretejemos análisis y juicios de valor respecto a personas y hechos de esas personas a partir de conceptos que fueron dispersados primariamente por gente muy bien intencionada y hasta espiritualmente fiel a lo que creían, pero, en definitiva, gente que no estaba siendo guiada por el Espíritu Santo.                                                                                                                                                 

Hablamos del Canon bíblico como si fuera una verdad sin atenuantes. ¿Alguien se ha tomado el trabajo de indagar un poco respecto a qué cosa es el Canon? Mi diccionario RAE me dice que, en el punto 1, que es una regla o precepto previamente fijado por la costumbre o los usos sociales. O sea que, lo que me está enseñando esta acepción, es que decir Canon es como decir regla, estatuto, ordenamiento o tradición acorde con lo que la masa social del lugar en donde se aplique, posea. ¡Ey! ¿Me dices que yo debo respetar eso? ¿Y por qué razón lo haría?

El 2, me cuenta que Canon es un modelo de características perfectas, en especial el clásico griego de proporciones para el cuerpo humano. Esto vendría a ser algo así como un canon griego de belleza. Lisa y llanamente, un Adonis o una Venus, son un Canon de belleza digna de admiración. El 3 me habla de algo que todos o casi todos, depende el país o región donde viva, seguramente habrá oído y hasta sufrido, porque Canon, aquí, es el impuesto que se paga por algún servicio, generalmente oficial.

En mi país y puntualmente en mi ciudad, Canon sería lo que yo pago mensualmente bajo el rótulo de TGI, Tasa General de Inmuebles, que es lo que la intendencia, comuna o alcaldía, me cobra por sus servicios de alumbrado público, limpieza y barrido de calles y recolección de residuos.  El 4 es, tal vez, el menos conocido. Se trata de la composición de contrapunto, en la que sucesivamente van entrando las voces, que repiten o imitan cada una, el canto de la que le antecede.

Me da como ejemplo ilustrativo, el Canon de Pacheibel. El Canon y giga en re mayor para tres violines y bajo continuo (en alemánKanon und Gigue in D-Dur für drei Violinen und Basso Continuo) también conocido simplemente como Canon, es la obra más conocida del compositor alemán de música barroca Johann Pachelbel. Pachelbel compuso esta obra alrededor de 1680, siendo originalmente una obra de música de cámara para tres violines y bajo continuo; posteriormente se han realizado arreglos para una gran variedad de instrumentos y conjuntos.

Originalmente, una giga en la misma tonalidad (Re mayor) sigue al Canon, pero esta última danza se ejecuta o graba con mucha menos frecuencia. El Canon es muy conocido por la progresión armónica de los instrumentos de cuerda, que lo han convertido en una de las piezas más reutilizadas en la música académica contemporánea y en el rock. La penúltima acepción es, tal vez, la que más interés despertará en nosotros, ávidos lectores de nuestras Biblias como alimento espiritual sólito que estamos obligados por nuestra nueva naturaleza a consumir.

La 5, dice: Decisión o regla establecida en concilio por la iglesia católica sobre el dogma o la disciplina eclesiástica. Es la que abre la puerta para la sexta y última, que directamente dice que cuando decimos Canon, nos estamos refiriendo al derecho canónico, que son las reglas que construyen el funcionamiento de, precisamente, la iglesia Católica Apostólica Romana. ¿A qué llegamos? A comprobar y probar, que el famoso Canon de nuestras biblias, que nos habla de la cierta y determinada suma de libros que la componen, fue armado por monjes católicos conforme a sus entendimientos.

Nadie va a hablar de mala voluntad, de intereses espurios ni nada que resulte una ofensa innecesaria y hasta injusta en casos, para esos hombres y sus seguidores a través de la historia. Está más que claro y evidente que ellos inscribieron y escribieron todo lo que se dibujó en sus mentes. Y todo con la que puede ser indudablemente sana intención de establecer conceptos que pudieran de verdad ayudar a las personas a conocer y a creer en el Dios de la Biblia.

Sólo un problema que no es precisamente menor: ninguno de esos monjes encargados de las selecciones y traducciones de esos rollos, lo hizo con la guía del Espíritu Santo. Dios operaba a partir de ciertos y determinados hombres, pero de ninguna manera en la consecución de estructuras eclesiásticas tal como hoy las conocemos. La mejor evidencia está en sus decisiones. Libros incluidos en el Canon, otros excluidos bajo razones que, en casos, suenan hasta inentendibles.

 Uno de los tantos libros denominados como apócrifos, que ellos determinaron que no formaran parte del Canon, es el de los Dichos de Tomás. Quiero aclarar que decir libro apócrifo, es como decir libro escondido, eso significa. ¿Escondido de qué, por qué o para qué? Porque era demasiado profundo y muy pocos lo entenderían o, sencillamente, porque alguien consideró que no era el momento de difundirlo. ¿Te das cuenta de qué factores dependemos, a veces, para acceder a mayor conocimiento? Simple y sencillamente del pensamiento personal de ciertos hombres que, reitero, bien intencionados y todo, no podían ser autoridades en esto por la simple razón de no estar realmente guiados por el Espíritu Santo.

Mira este dicho de Tomás que nos permite pensar distinto con relación a otras escrituras. Logion 3: Jesús ha dicho: Si los que os guían os dicen: ‘he aquí que el Reino está en el cielo’, entonces los pájaros del cielo os aventajarán; si os dicen que está en el mar, entonces os aventajarán los peces. El Reino está dentro y fuera de vosotros. Cuando os conozcáis a vosotros mismos, entonces seréis conocidos y sabréis que sois los Hijos del Padre viviente; más si no llegáis a conoceros, entonces estaréis en la pobreza, seréis la pobreza. Perdón, pero ¿Me disculpan si me quedo con este antes que con algunos que sí fueron aprobados? ¡Qué historia la nuestra! ¿Verdad?

 Pero el que me dejó pensando largo rato, es el siguiente: Logion 13: Jesús ha dicho a sus discípulos: Comparadme, decidme a quién me parezco. Simón Pedro le dijo: Te pareces a un ángel justo. Mateo le dijo: Te pareces a un filósofo sabio. Tomás le dijo: Maestro, mi boca no aceptará en absoluto que te diga a quién te pareces. Jesús dijo: No soy tu maestro; te has embriagado en la fuente hirviente que yo he medido. Lo cogió, se retiró (con él) y le dijo tres palabras. Luego, cuando Tomás hubo vuelto con sus compañeros, estos le preguntaron: ¿Qué te ha dicho Jesús? Tomás les dijo: Si os digo una de las palabras que él me ha dicho, tomaréis piedras y las lanzaréis contra mí; un fuego saldría entonces de las piedras y os abrasaría.

No sé lo que significa para ti leer esto, pero para mí es como una bocanada de aire fresco que ingresa por los mismos sentidos con el que lo han hecho otros libros de los considerados ungidos. Y esto es apenas una porción. Puedes bajártelo de internet, porque es allí donde lo encontré. No digo ni diré jamás que esto que escribe Tomás deba o pueda reemplazar a los que conocemos. Lo que sí me atrevo a expresar, es que tranquilamente pudo haber formado parte del grupo aceptado y publicado sin ningún problema.

El famoso Canon, un invento de un sector del cristianismo que, quieras o no, nosotros incorporamos como ley. De allí proviene una palabra muy sectorial: Canonizar. Si la Biblia está Canonizada, la Biblia es considerada Santa. Por eso leemos en algunas publicadas, en su tapa, que dice Santa Biblia. Pero tengo un problema: la santidad no son letras, es VIDA. Ese rótulo sirvió para que la depositaran entre almohadones en un púlpito.

Que no es nada censurable, de hecho. En todo caso, lo que sí podría ser censurable es que no se tomaran el trabajo de leerla y enseñarla. Otro tanto se produjo con el orden en que los diferentes libros fueron incorporados a nuestras Biblias. De hecho, no se lo hizo conforme al orden cronológico en que fueron conocidos, sino que se elaboró otro según el criterio de quienes lo construyeron.

No es algo que esté ni bien ni mal, no es eso lo que pretendo decir por una sencilla razón: no tengo ni mandato ni autoridad para hacerlo. Peo sí me parece oportuno y hasta interesante compartirte ese listado, esa nómina de esos libros que ya conoces, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, pero con sus fechas de aparición y el orden en el cual lo hicieron.

Cronología de la Biblia Antiguo Testamento

  1. Job – Fecha desconocida
  2. Génesis – A.c. 1445-1405
  3. Éxodo – A.c. 1445-1405
  4. Levítico – A.c. 1445-1405
  5. Números – A.c. 1445-1405
  6. Deuteronomio – A.c. 1445-1405
  7. Salmos – A.c. 1410-450
  8. Josué – A.c. 1405-1385
  9. Jueces – A.c. 1043
  10. Rut – A.c. 1030-1010
  11. Cantar de Cantares – A.c. 971-965
  12. Proverbios – A.c. 971-686
  13. Eclesiastés – A.c. 940-931
  14. 1 Samuel – A.c. 931-722
  15. 2 Samuel – A.c. 931-722
  16. Abdías – A.c. 850-840
  17. Joel – A.c. 835-796
  18. Jonás – A.c. 775
  19. Amos – A.c. 750
  20. Oseas – A.c. 750-710
  21. Miqueas – A.c. 735-710
  22. Isaías – A.c. 700-681
  23. Nahum – A.c. 650
  24. Sofonías – A.c. 635-625
  25. Habacuc – A.c. 615-605
  26. Ezequiel – A.c. 590-570
  27. Lamentaciones – A.c. 586
  28. Jeremías – A.c. 586-570
  29. 1 Reyes – A.c. 561-538
  30. 2 Reyes – A.c. 561-538
  31. Daniel – A.c. 536-530
  32. Hageo – A.c. 520
  33. Zacarías – A.c. 480-470
  34. Esdras – A.c. 457-444
  35. 1 Crónicas – A.c. 430
  36. 2 Crónicas – A.c. 450-430
  37. Ester – A.c. 450-331
  38. Malaquías – A.c. 433-424
  39. Nehemías – A.c. 424-400

Cronología de la Biblia Nuevo Testamento

  1. Santiago – 44-49 d. C.
  2. Gálatas – 49-50 d. C.
  3. Mateo – 50-60 d. C.
  4. Marcos – 50-60 d. C.
  5. 1 Tesalonicenses – 51 d. C.
  6. 2 Tesalonicenses – 51-52 d. C.
  7. 1 Corintios – 55 d. C.
  8. 2 Corintios – 55-56 d. C.
  9. Romanos – 56 d. C.
  10. Lucas – 60-61 d. C.
  11. Efesios – 60-62 d. C.
  12. Filipenses – 60-62 d. C.
  13. Filemón – 60-62 d. C.
  14. Colosenses – 60-62 d. C.
  15. Hechos – 62 d. C.
  16. 1 Timoteo – 62-64 d. C.
  17. Tito – 62-64 d. C.
  18. 1 Pedro – 64-65 d. C.
  19. 2 Timoteo – 66-67 d. C.
  20. 2 Pedro – 67-68 d. C.
  21. Hebreos – 67-69 d. C.
  22. Judas – 68-70 d. C.
  23. Juan – 80-90 d. C.
  24. 1 Juan – 90-95 d. C.
  25. 2 Juan – 90-95 d. C.
  26. 3 Juan – 90-95 d. C.
  27. Apocalipsis – 94-96 d. C.

Este es, en grandes rasgos, el cúmulo de lo que podríamos llamar “alimento espiritual”. Porque, palabras más o palabras menos, en todo este monumental contexto, está la genuina palabra de Dios derramada, para que cada uno de sus hijos pueda beberla, comerla, nutrirse, crecer y compartirla. El hombre lo ha hecho o no, conforme a sus propias ideas y actitudes egocéntricas. Pero que este es el pan de vida, sin ninguna duda que lo es. En el cuarto capítulo del evangelio de Lucas, podemos leer al propio Jesús diciéndolo. No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

¿Entonces eso implica que andemos por las calles repitiendo versículo tras versículo, esperando que eso haga mella en el espíritu humano perdido de quienes nos escuchan? No. Ya sabemos que eso, salvo raras excepciones comandadas desde el propio cielo, no ha funcionado. Sólo ha sido útil para traer gente a los templos, cosa que no siempre ha significado arrepentimiento, conversión, perdón, redención y salvación.

Pedro Dice, en Una de sus Cartas…

 …que busquemos, como niños, la leche no adulterada. Leche, aquí, es el equivalente a alimento. Un alimento que se consume en gran cantidad en la etapa infantil de crecimiento. Mayoritariamente, la leche materna. De eso se está hablando. Pregunto: Si la leche es el equivalente a la palabra de Dios, ¿Cuál es la Palabra no adulterada? Sin ninguna duda, la que desciende del Espíritu Santo, directa a tu espíritu. Todo lo demás, sea por interpretaciones sectoriales o por traducciones deficientes, tiene algo para revisar, modificar, redimensionar o revitalizar.

 Nos sucede a todos los que pretendemos ser estudiosos de las escrituras. Si nos dejamos llevar por nuestra propia sabiduría terrenal, teológica y hermenéutica, daremos giros y giros, a veces alrededor de una verdad, sin llegar a verla. Si nos abandonamos a los dictados del Espíritu Santo, entonces lo poco que veamos, será lo más próximo a la Verdad. Y si tienes en cuenta que decir La Verdad es decir Cristo, el resto ya no interesa demasiado.

Y no nos vayamos demasiado lejos. Tienes el tema puntual e la vida extraterrestre, por ejemplo. Hoy leía un periódico digital en el que me encontré con esta noticia: “Un equipo de astrónomos de la Universidad de Cambridge anunció recientemente la detección de gases sulfurosos en la atmósfera del exoplaneta K2-18b, lo que podría indicar la presencia de vida. Sin embargo, un análisis independiente realizado por Jake Taylor, de la Universidad de Oxford, pone en duda la validez de estos hallazgos.

Taylor utilizó una prueba estadística básica para identificar indicios de moléculas de gas en la atmósfera de K2-18b y encontró que los datos parecían consistentes con una «línea plana», lo que sugiere que la señal es demasiado débil para extraer conclusiones definitivas, según publicó el sitio especializado Space.com. La búsqueda de vida extraterrestre es un tema complejo y controvertido, y este debate demuestra el proceso científico en marcha.

Como dijo Eddie Schwieterman, profesor adjunto de astrobiología en la Universidad de California, Riverside, «si el resultado final de esta historia es que el público sea más cauto respecto a futuras afirmaciones de detección de vida, eso no es algo terrible». A grandes rasgos, parece algo sumamente serio y bien intencionado, pero conforme a nuestra visión bíblica de la vida, el punto comienza a perder sustento a partir de una simple palabra llena de contundencia.

Al hombre de esta tierra, Dios le dijo que lo había creado a Su imagen y Su semejanza. Existe una posibilidad de que haya hecho y dicho lo mismo con otra creación en otra galaxia, pero eso es apenas una tibia conjetura. Hasta hoy, la verdad nos muestra que, independientemente de lo técnico o científico, ninguna vida puede ser considerada superior a la nuestra. Somos imagen y semejanza del Dios creador de todos los universos, nada menos.

A mí también en su momento me atrapó toda esa onda de platillos voladores y seres extraterrestres. Fue casi como una moda impartida a través de la radio, la televisión y el cine, cuando todavía no operaban como hoy las redes sociales. Así y todo, sin embargo, nunca permití que todo eso me sacara de una óptica mucho más terrenal y hasta práctica, de pensar en tanto habitante de esta tierra que todavía estuviera por allí, escondido y absolutamente virgen de progreso en desiertos, selvas u otros lugares similares.

Siempre sostuve, a partir de la zona del planeta donde mi Padre decidió que yo naciera y viviera, que, en ciertos lugares de Latinoamérica, los pueblos originarios y aborígenes, tienen muy mala prensa. Algunos tal vez puedan haber hecho méritos para ello, pero otros, que no pueden ser tan escasos, conservan un grado de pureza, de transparencia y de bondad, que nos lleva a pensar que son los que mantuvieron el diseño original.

Un diseño que, nazcas donde nazcas, llevas en tu ADN espiritual desde el mismísimo soplo de aliento de vida en tu diminuta nariz, tenga el color de piel que tenga esa nariz. Soy un convencido que los seres humanos, en su conjunto, vivimos en un permanente estado emocional. De hecho, que nos costaría enormemente imaginarnos cómo sería nuestra vida sin alegrías, sin tristezas, sin enojos o sin miedos. Las emociones son parte crítica de nuestra experiencia e influyen en nuestras conductas.

Yo creo que, aunque nuestra conducta operativa diaria sea como nos manda la palabra, sencillamente en espíritu, no podremos ni desearemos desconocer o evadir esa conjunción. A ver; si Dios tuvo en algún momento una reacción de ira, todo lo santa que quieras, pero ira al fin; si Jesús lloró cuando supo de la muerte de su amigo Lázaro y si el Espíritu Santo es capaz de contristarse cuando lo omites o ignoras, entonces no creo ser osado ni blasfemo si te digo que estoy en certeza que la deidad en forma trina en la que creemos y amamos, también tiene sus propias emociones.

 La diferencia, en todo caso, estará en andar en el espíritu, viviendo conforme al diseño, y no en la carne, viviendo de nuestras emociones almáticas. Eso nos hace civilizados o incivilizados. Y no hay que ir a ninguna selva para hallarlos. En esta especie de mentalidad lineal en la que vivimos, nosotros siempre necesitamos un principio y necesitamos un fin. Un comienzo, un desarrollo y un final.  Tu necesitas saber dónde comienza este texto y donde termina. Una causa, un efecto. Por eso lo estoy escribiendo así, tan aparentemente desprolijo. Aunque a ello yo le llame desestructurado.

No hemos entendido, todavía, que somos seres dimensionales. Y ES Biblia de lo que te estoy hablando, no divagaciones personales de hombre aburrido. Por eso encaré este trabajo de la manera en que lo estás examinando. Absolutamente apartado de todas las estructuras literarias tradicionales que todos hemos conocido y disfrutado. Decir libro, por ejemplo, siempre fue decir Prefacio escrito por un invitado famoso o conocido. Prólogo para adelantar algo. Introducción, para contar todo lo que vas a decir de manera sintética.

Luego Desarrollo, con capítulos distribuidos por tema y Epílogo, donde vuelves a hablar de lo que escribiste, como si quien lo leyó no se hubiera enterado. De acuerdo, eso está bueno y todos estamos acostumbrados. Pero si un día, el Espíritu Santo te ordena que te sientes ante un teclado y entables una simbólica conversación con quienes sean tus lectores, seguramente lo harás sin respetar ninguno de estos parámetros. ¿Sí? ¡Qué bueno! Yo también. 

Cuando Compartes un Café…

 …o un refresco con un hermano, no hablas con prefacios, introducciones, desarrollos ni epílogos. Además, para que alguien te lea, lo único que necesitas es escribir sobre un buen tema y tener amenidad para hacerlo. Eso, en el plano secular, funciona. Pero, aquí entre nosotros, los auto denominados como hermanos en Cristo, las pautas son otras. Similares, tal vez, pero no las mismas. Conociendo mis antecedentes profesionales, alguien me preguntaba hace algunos días, respecto a cuál creía yo que era el gran secreto para lograr una buena comunicación de masas.

La pregunta era, palabras más, palabras menos, que entendía yo que se debía hacer para que las masas lectoras o receptoras, adhirieran o se involucraran con nuestras opiniones. Te doy un ejemplo para una respuesta secular. Si alguien está convencido que los camellos vuelan, no les creerá a los millones de periodistas o medios informativos que le digan que no vuelan. Cuando salga alguien, ¡Uno solo!, a decir que vio volar a un camello, a ese sí le creerá.

Y, de allí en más, lo que ese medio o persona diga, será para esta persona, “palabra santa”. ¿He sido lo suficientemente claro o es necesaria una ampliación? Se cree en aquello que se ha decidido creer. Dentro del pueblo de Dios, la cosa cambia de color. Aquí yo no necesito de técnicas ni estrategias comunicacionales para conseguir tu atención o incluso seguimiento a toda mi producción. Pero, cuidado; no censuro a quien lo haga, porque cada uno, no sólo ha sido creado como un ser libre, por Dios Padre, por lo que puede hacer con su vida lo que mejor le parezca o convenga, sino que también puede comunicarse como mejor se le ocurra y echando mano a todos los métodos conocidos y por conocerse.

 En todo caso, si en algo no está conforme al diseño divino, el Supremo jefe de ese diseño, se lo hará saber con todo detalle. Suena muy preciso el Espíritu de Dios cuando te exhorta o corrige en algo. Pero si me preguntas a mí, yo creo que a este punto lo tengo más que claro. Mientras no me aparte de lo que se me revela desde la oficina cielo, sé que lo que haga será bien recibido y de gran bendición. Si un día se me escapa la tortuga y decido escribir lo que a mí me parece bueno, entonces…sólo me leerá mi familia. 

Y eso, siempre y cuando no tengan algo mejor que hacer, no sé si soy claro. Lo que ocurre es como buenos seres humanos muy racionales que somos, todo lo que no encaja con nuestros parámetros acostumbrados, nos produce en principio recelo, luego desconfianza y, finalmente, rechazo. Eso, en lo concerniente al hombre común de la calle. De hecho, un creyente debería pensar distinto o tener otra mirada sobre estas mismas cosas.

Pero habrás prestado atención a que puse “debería”, así en potencial, porque tengo más que claro que no siempre lo vive así. Somos tan primarios en todo esto que, en muchos momentos de mi vida, me costó un enorme esfuerzo intelectual aceptar que Dios no habla necesariamente en idioma español, aunque yo pueda oírle y obedecerle mediante esa vía comunicacional. No tenemos ni la menor idea de lo que significa tal cosa como un idioma celestial.

De inmediato se nos cruza por la mente el asunto de las lenguas, que, dicho sea de paso, ha sido uno de los más voluminosos factores de división entre el pueblo evangélico tradicional. Pero no tiene nada que ver con eso, es otra cosa. Otra cosa que no puedo ni tengo conocimiento suficiente como para delinear para que tú las conozcas. Yo sé que existen, pero no puedo encontrar la palabra adecuada para describirlas. Te doy un ejemplo que podrá parecerte un tanto infantil cuando lo leas, pero que creo que es el que mejor encaja en esto que estamos tratando de escudriñar.

 Aquel día infinito cuando aquella mujer llamada por Adán: Varona, pero que nosotros conocemos y ubicamos como Eva, escuchó la voz de esa serpiente, no se sorprendió ni se impactó. Para esa primera pareja humana, evidentemente, era absolutamente normal y corriente oír hablar a los animales. De hecho, el que les hablaba era el espíritu de Satanás, pero estaba utilizando a una víbora para hacerlo. ¿Cómo no sorprendió esto a Eva, al punto que le creyó?

Porque todavía no estaban definidos los idiomas en la tierra y toda la creación divina se expresaba en una misma lengua, la celestial. Como es ese idioma no me preguntes, porque es obvio que no lo sé ni puedo saberlo, al menos mientras viva con mis pies apoyados en esta tierra. Pero tengo certeza que ese idioma existe y que será el único con el cual nos podremos comunicar todos los que lleguemos un día a compartir cielo con los que se fueron hace siglos, con los propios hombres pioneros de nuestra fe y con todos los que lleguen después que nosotros.

El inglés, el español, el alemán, el francés, el chino y cuanta lengua humana se te ocurra, existen aquí porque las distintas regiones y culturas así lo necesitaron. Pero “allá”, y me gusta denominarlo así, allá no tendremos ese problema. Hablaremos todos un único y mismo idioma, que será el mismo con el que el Padre, el Hijo y el Espíritu entablarán diálogos con nosotros y que ni siquiera tengo certeza que sea a través de nuestras cuerdas vocales, sino del mismo modo en que en ciertos casos puntuales, ha sido aquí en la tierra: merced a nuestra mente, a nuestro espíritu humano, a nuestra propia alma, inclusive.

 Pero que lo entenderemos todo y todos seremos entendidos, no tengo ninguna duda. ¿Recuerdas que Pablo dice que ahora vemos como por espejo, pero que en el final veremos cara a cara? ¿Cómo es ver por espejo? De manera invertida. Todo el revés. Lo que vemos bueno, es malo y viceversa. Tremendo golpe al intelectualismo y humanismo infiltrado en la iglesia. Porque, no sé si habrás observado, (Independientemente de cómo sea esto en tu país de residencia, hablo por lo que veo aquí), que una gran parte de lo que llamamos la iglesia, se conduce con elementos y rudimentos que están mucho más emparentados con el intelecto que con el espíritu.

Entonces, y valga el antiguo y casi absurdo ejemplo, para ese mundo es lo más natural y corriente ver en un campo a una vaca que muge mientras pasta tranquilamente, mientras un hermoso pájaro vuela y sobrevuela a su alrededor. Eso es natural según ese mundo y a nadie le llama demasiado la atención. Ahora; si de pronto el que vemos mugiendo y pastando en un campo es a un pájaro y la que pasa volando a su alrededor es una vaca, el orden natural ha sido alterado y eso recibiría el nombre de milagro.

Todos nosotros estaremos más que de acuerdo que eso es así, ¿Verdad? Nadie ha visto pastar pájaros y volar vacas por estas tierras, y presumo que tampoco en las tuyas. Muy bien. Sin embargo, hay un análisis que no hemos hecho. ¿Y si existe una dimensión donde cualquier hombre o animal es capaz de vivir y hacer cosas que de ninguna manera podrían denominarse como naturales? Pregunto: ¿No es nuestro Dios más que capaz de producir cosas así con su creación?

Si Vemos a una Persona Levitar…

 …suspendida en el aire, decimos que es un acto de ocultismo satánico. Y muy probablemente lo sea, es cierto, pero sólo en su exposición para ganar fama y dinero. Porque hasta donde yo sé, Satanás no es un ser creativo, apenas es un imitador más o menos eficiente. Esto me dice a mí que, si una persona puede levitar, es porque Dios ha determinado que, llegado el caso y la necesidad, puede hacerlo. El diablo no inventó nada. Espejo.

Pero, cuidado. No podemos, por todas estas razones, caer en exageraciones más místicas humanoides que dignas de una fe auténtica. Es muy cierto que Dios estableció para su creación de lo físico y terrenal, una serie de leyes inamovibles e indestructibles. Por ejemplo, y por darte una de ellas que nadie puede excluir de sus vidas, es la ley de gravedad. Si un hombre salta de un piso 75 de un monumental edificio gritando “¡Soy libre!”, pese a que es verdad que Dios lo creó así, de todos modos, al instante enfrentará la ley de la gravedad y se terminará haciendo picadillo contra el suelo.

Igualmente, la sociedad, tendrá que considerar la ley de Dios, más allá que la crea o no, o la considere lógica o no. ¿Se entendió? “¡Yo no creo en Dios porque solamente estoy dispuesto a creer en lo que veo! Y como a Dios no lo veo, para mí no existe.” Correcto. Inapelable. Sólo un problema. A las bacterias que enferman tu cuerpo, tampoco las ves. Y si sigues esa lógica, tampoco creerás en su existencia. No le hace. Te matarán igual, creas o no creas.

Es que hay una enorme distancia y una visible diferencia entre lo que es la Fe y lo que es una creencia. En principio, y la Biblia es mi testigo, la Fe es algo que tienes o no tienes si Dios te la brinda o no, conforme a lo que pidas. Mi Biblia dice que, si pido Fe, el Padre me la concederá. Lo que no me dice, es en qué envase me la hará llegar. Son muy pocos los afortunados que se han encontrado pasando de la apatía total a la fe auténtica sin que nada especial les suceda. Eso sí es un milagro.

 Porque, generalmente, la fe que has pedido te llega cuando Dios permite que atravieses un desierto que te impone sí o sí esa fe como único salvoconducto de salida. Una creencia, mientras, es algo que el hombre construye, arma, elabora o diagrama según su leal saber y entender. No tenemos ni la más mínima idea de la cantidad de cosas raras, pintorescas y hasta groseras en las que mucha gente de apariencia externa supuestamente normal, ha decidido creer.

Tengo que reconocer, y pido me disculpen mis amigos que profesan esa fe, que el catolicismo romano ha contribuido en muchas ocasiones a fomentar e incentivar algunas de esas dudosas creencias. Sin embargo, la gente del común, esos hombres y mujeres con las que alternas cada día en tu barrio, como vecinos, en tu trabajo, como compañeros o colegas, o en el colegio donde asistes, siguen llamando a esa actitud nuestra, como religión.

Hasta no hace mucho tiempo, era una de las preguntas que se te formulaban en cualquier trabajo al cual quisieras acceder. ¿Religión? – Ninguna – Ah, ¿Ateo, entonces? – No, creyente en Dios – ¡Pero entonces si eres religioso! – ¡No! ¡Soy creyente, no religioso!  – ¿Pero no es la misma cosa? – No, no tiene absolutamente nada que ver. – Explícamelo. Dame un argumento sólido – De acuerdo, tengo uno solo: Dios no es religioso. Es Dios. Y yo soy uno de sus hijos.

Recuerdo que cuando leí al marxismo rotular a la religión como “el opio de los pueblos”, me enojé y mucho. Tuve que vivir varias décadas hasta que, sin simpatizar en absoluto con esa ideología, debo aceptar su expresión. LA RELIGION es y sigue siendo eso que ellos dicen, pero NUNCA JAMÁS LA FE GENUINA. Porque una fe auténtica, fruto del amor y la misericordia de nuestro Dios y del sacrificio de Jesús en la cruz, jamás entraría en cuestionamientos casi ridículos en cuanto a milagros ejecutados, justamente, por el propio Jesús durante su ministerio terrenal.

En el noveno capítulo del evangelio de Juan, el discípulo relata que ellos mismos, cuando Jesús sanó al ciego de nacimiento, le preguntaron si eso le había sucedido a ese hombre por causa de algún fiero pecado cometido por él mismo o, en su defecto, por sus padres. Algo así como una copia un tanto burda de lo que hoy seguimos llamando iniquidad. La respuesta que les dio el Señor fue tan contundente que nadie más se atrevió a cuestionar nada más.

 Les dijo que no era que ese hombre hubiera pecado, ni tampoco sus padres. Era que Dios lo había permitido en su tiempo para que en ese día crucial en el que recuperó su vista, las obras de Dios se manifestaran en él. Un tanto duro de entender y aceptar, ¿Verdad? Si te digo que todavía hoy, pleno siglo veintiuno, todavía hay muchos “hermanos” que piensan igual que aquellos discípulos, ¿Me lo crees? Los hay. ¿Nadie les pudo explicar a sus duras entendederas que Dios puede glorificarse en una ceguera física para dar visión espiritual?

 Es que mayoritariamente nos han enseñado que, con asistir a una campaña evangelística, levantar nuestra mano en el momento de la invitación del evangelista a aceptar a Cristo como Salvador personal de nuestras vidas y convertirlo en nuestro Señor, era suficiente. Pasar luego al frente y desatarnos en un llanto lastimero, recibir oración de algunos de los ayudantes del ministro y luego solicitar ser admitido como miembro en una iglesia era lo único que nos faltaba para considerarnos no solamente cristianos, sino salvos para toda la eternidad.

¿Cuántos siguen convencidos que esto es realmente así? ¿No leyeron en sus Biblias que en un momento se nos dice que tenemos la mente de Cristo? Yo me pregunté siempre, y me sigo preguntando, cuantos han entendido lo que eso significa. ¿Sabes qué? Que tienes la mente de quien creó nada menos que el universo y todas las cosas, eso significa. Y que, por esa causa, estarías rematadamente loco si pensaras que algo producido por el mundo secular o por un demonio, puede afectar o perturbar lo que esa mente disponga o decida. 

No es tan Difícil Entender Esto…

…Y si la gente se deja engañar y por momentos está a un milímetro de caer en el ridículo con respecto a los extraterrestres y todo eso que se les quiere hacer creer, ni te cuento lo que algunas organizaciones de pomposos títulos y abundante marketing proponen como lectura de “información seria y responsable” respecto a nuestra civilización. Mira lo que encontré en uno de los diarios digitales de mayor consumo en mi país.

Bajo el título de “Los científicos recalcularon cuanto tiempo le queda al universo y el hallazgo los sorprendió”, hay una noticia que pretende ser informativa y dice: “El destino del Universo volvió a ser objeto de debate científico tras una publicación que altera de forma drástica los cálculos sobre su desaparición definitiva de todo lo que conocemos. Una investigación llevada adelante por tres científicos de los Países Bajos sostiene que el proceso de desintegración del cosmos ocurrirá mucho antes de lo que se creía.

El equipo, conformado por el experto en agujeros negros Heino Falcke, el físico cuántico Michael Wondrak y el matemático Walter van Suijlekom, los tres de la Universidad Radboud de Nimega, calculó que los últimos remanentes estelares desaparecerán en una medida científica estimada en 10⁷⁸ años. Ese número es el número 1 seguido de 78 ceros y representa un período de tiempo inconmensurablemente vasto, mucho más allá de la propia edad actual del universo conocido.

Los resultados fueron publicados en la revista Journal of Cosmology and Astroparticle Physics y representan una continuidad de un artículo anterior que el mismo trío de científicos difundió en 2023. Tras esa publicación, surgieron numerosas preguntas en torno a la duración del fenómeno. La nueva investigación aborda ese interrogante y lo resuelve con un giro sustancial: el universo se desarma más rápido de lo que se había proyectado.

La clave está en una reinterpretación de un concepto formulado en 1975 por el físico británico Stephen Hawking. Aquella teoría desafiaba una de las bases de la relatividad general al afirmar que los agujeros negros pueden perder masa y energía en forma de radiación. Los autores centraron su análisis en las estrellas enanas blancas, que representan la etapa final de vida de la mayoría de las estrellas del universo.

Estas estructuras extremadamente estables y frías estaban consideradas, hasta ahora, como los vestigios más duraderos del cosmos. Sin embargo, con el nuevo enfoque, su desintegración se anticipa de forma radical. Mientras que estudios anteriores estimaban su vida en 10.1110 años, los nuevos cálculos la sitúan en 10.78 años.” De hecho, esto no pasaría de ser una noticia más de las tantas que en este estilo se publican para alarmar o para inquietar a la gente del común que no tiene ni la más pálida idea de lo que se le está hablando.  

Porque, ¿Sabes lo que significa esa cifra final de 10.78 años? Nada menos que el número diez, y luego la consecución de setenta y ocho ceros. Ni siquiera se podría pronunciar. ¿Te das cuenta en qué anda algún sector denominado “científico”, que incluso se permite, cuando nos descubre, tratarnos de fantasiosos, místicos, ignorantes y supersticiosos? Alguien dijo alguna vez y con muchísimo nivel de verdad, que cuando se esgrime la legendaria teoría del Big-Bang, esa que nos cuenta que el universo se formó como tal, como producto de una monumental explosión que, al disiparse, formó nuestro sistema solar tal como lo conocemos, eso puede compararse con algo mucho más doméstico.

 Dijo que esta teoría es un equivalente a lo que podría ser una gran explosión producida en una imprenta, de las antiguas, donde existen miles y miles de letras de plomo que permiten imprimir. Y que, como resultado de esa supuesta explosión, al caer, todas esas letras de plomo terminen formando un gran diccionario. ¿Te suena descabellado? De hecho, parecería serlo, pero si te pones a pensar, no mucho menos que la gran teoría científica.

 A la que, curiosamente, le faltó determinar qué cosa o quién produjo esa explosión que difunden como cierta. Ni hablar de Dios, ¿No? Por favor…A veces, la ignorancia de los hombres, unida a sus vanidades presuntuosas, sumadas a un espíritu de ceguera espiritual que los invade, permite que estas barbaridades salgan a la luz pública. Pero no nos extralimitemos con nuestras descalificaciones, ya que, si lo vemos con una mirada bíblica, quizás nos encontremos con alguna asignatura pendiente de nuestra parte.

 ¿Por qué digo esto? Porque está escrito y es real, que nosotros somos luz del mundo, ¿Verdad? Y que, como tales, no estamos para escondernos debajo de un almud para que nadie se dé cuenta de nuestra existencia, sino que por todo lo contrario, estamos aquí para llevar esa luz a los millones y millones que todavía habitan un mundo de tiniebla espiritual. Pero aquí es donde debemos recordar una hermosa analogía que siempre nos conviene tener en mente.

Para que la luz refleje en el agua como si fuera un espejo, esa agua tiene que estar quieta. La luz jamás podrá reflejarse con nitidez en un cúmulo de aguas torrentosas, tumultuosas, embravecidas o demasiado sucias. Eso nos habla de paz. Porque la paz, como el Espíritu Santo la da, que no tiene parentesco alguno con lo que es la burda imitación de paz que el mundo pretende dar desde los placeres sensuales, el dinero o la medicina, es la única que determinará que esas aguas, que son muchedumbres, estén quietas y serenas.

Y allí es donde reflejaremos la gloria de Dios, no hay otro modo. Y si no terminas de aceptar esto como válido, haz memoria respecto a lo que en tu entorno se habrá estimado como avivamiento. Somos testigos y conscientes que, cada vez que ha habido un avivamiento en algún lugar del planeta, indefectiblemente se ha exaltado a un hombre, se llamara como se llamara. Generalmente se ha dicho que ese es el hombre que trajo tal o cual mover.

Lo habrás leído, incluso, en diversos trabajos efectuados por gente muy proba, respecto a la historia de la iglesia. Yo me pregunto y te pregunto: ¿Es que nadie ha entendido que a ese mover, cualquiera haya sido y donde quiera que se haya producido, realmente lo trajo Dios mismo, y que, si utilizó a ese hombre o a esa mujer, sólo fue porque esa mujer o ese hombre fueron obedientes e hicieron lo que Dios les ordenó sin cuestionarle nada, ni añadirle nada de su propia sabiduría?

 Porque si así no hubiera sido, que no te quepan dudas, Dios hubiera utilizado a otra persona, de eso puedes estar seguro. Somos todos útiles y necesarios, pero ninguno imprescindible. Y esto, que no siempre se ha entendido correctamente, tiene que ver con cada uno de nosotros. En una gran proporción, seguimos pensando y dibujando a un Dios de masas, cuando en realidad nuestras biblias nos muestras acabadamente a un Dios que opera en lo individual, con cada uno por igual y con dedicación personal y hasta privada.

¡Ese es nuestro Dios! Nada que ver con ese anciano malhumorado que Satanás dibujó para que nosotros en nuestra etapa de niñez espiritual nos lo creyéramos y nos dejáramos invadir por el miedo. Todavía, el pueblo santo, tiene un alto porcentaje de ignorancia e historieta y uno menor de verdadero conocimiento. Y con Jesús el Cristo sucede exactamente lo mismo. Nos quedamos con la imagen de ese pobre hombrecito sufriente, sangrante, colgado de una cruz y con rostro de quien me mandó a meterme en esto, cuando la realidad genuina nos dice que todo fue parte de un plan preconcebido en las alturas y ejecutado con obediencia y sumisión en esta llanura.

Para Nosotros en el Conjunto…

 …hoy, todo se limita a leer unos cuantos textos y luego, si hay con quien, dedicarnos a establecer tesis o teorías de interpretación variada sobre ellos. Nos olvidamos olímpicamente de acudir al Espíritu Santo y sólo parecemos tenerlo en cuenta a la hora de decir que todo es en el nombre del Padre, el Hijo, el Espíritu Santo, amén. Eso no es fe ni militancia genuina, eso es religiosidad hueca. Pregunto: ¿Alguien indagó la razón por la cual Jesús no dejó nada escrito de su puño y letra?

 Algunas piezas televisivas o cinematográficas muestran a un Jesús hablando y a uno o dos de sus discípulos tomando nota de sus palabras. Si pensamos en Juan y en Mateo, en parte habrá sido así, pero también hay que consignar que la mayoría de los restantes discípulos tampoco dejó ningún testimonio escrito al respecto. ¡Y fueron los que acompañaron codo a codo a Jesús en todas sus andanzas ¿Por qué? Hay una sola respuesta viable y posible: porque ninguno de ellos tenía dirección divina para hacerlo.

 Ni siquiera Jesús. Él no vino a escribir, Él vino a hablar, a mostrar, a vivir una vida en santidad y, finalmente, a morir en una cruz derramando su sangre inocente como el cordero de la Pascua en beneficio de la purificación, perdón y redención de nuestros pecados. Los testimonios gráficos vendrían después y en grado sumo. Pedro, Santiago esgrimieron sus plumas para rescatar palabras de salvación. Pablo llegaría más tarde para darle un cierre y una conclusión literaria a ese plan perfecto.

De ese nivel derivamos todos los que de alguna manera estamos haciendo cosas parecidas. Y no porque seamos santos, perfectos e inmaculados, sino simplemente porque hemos podido ser lo suficientemente humildes para darnos cuenta que todo lo que hablamos, cuando bendice, es porque ha salido de Su boca y por ser obedientes para plasmarlo en letras. Lo vil y lo necio es lo que Dios levanta, ¿Lo recuerdas? No es que lo haga siempre así, Él no tiene métodos ni rutinas, pero no debemos asombrarnos cuando lo sigue haciendo.

Muchos podemos ser testimonio viviente de eso. Cuesta horrores a una humanidad educada para la perfección externa y estética aceptar sus limitaciones. Una enorme proporción de hombres y mujeres esconden sus carencias y falencias detrás de una burda máscara de arrogancia. Lo cierto es que, -Y a esto se lo puede confirmar con especialistas-, también un gran porcentaje de seres acuden a terapias de ayuda por distintos motivos, entre los cuales sobresale necesariamente su auto estima.

Es sabido que no es poca la gente que tiene que mirar muy bien donde pone sus pies cuando camina, porque corre el riesgo de pisar su propia auto estima al andar. ¿Nadie ha entendido que desde esa base es, puntualmente, donde Dios puede levantar a alguien para algo de inmenso contenido? Resulta bastante complejo imaginar a un Dios levantando para un gran trabajo a un hombre o a una mujer repletos de arrogancia, vanidades y orgullos. Siempre lo hará más intensamente con alguien humilde. Que luego continúe así o no, ya es otra historia que también habrá que contar.

Pero sólo puede ser humilde alguien que, si bien es consciente de que tiene valores, no tiene ningún interés en hacerlos notar en público. Hombres tímidos que terminaron siendo ministros locuaces y versátiles en las cosas de Dios. Incluso a personas con enormes dificultades en su hablar, como se dice que era Moisés, con visible tartamudez, que en el momento en que decidieron confiar en el Padre, comenzaron a hablar normalmente y nunca más sufrieron de ese mal.

Nosotros, a esas cosas, solemos denominarlas como contrasentidos de la vida, pero la realidad espiritual nos muestra claramente que, todo lo que al hombre le parece bueno en su propia opinión, no siempre lo es. Ejemplo: ¿Nunca te preguntaste por qué razón las personas de cabello oscuro tienen tendencia a teñirse de rubio, mientras que los de cabellos rubios son muy pocos los que los pintan de oscuro? Simple. Porque por ese adoctrinamiento social y racial que en mayoría occidental hemos recibido, ser rubio se nos presenta como de mayor nivel que ser moreno.

Ah, sí, ¿Eh? ¿Y Jesús? ¿Era rubio o moreno? No interesa en absoluto. Era Dios Hombre. Nada menos. ¿Todo lo demás, importa? ¡Por favor! Estamos repletos de muletillas evangélicas y escasos de palabra genuina. Y no lo digo porque me levanté de mal humor, o porque el paso de los años me ha vuelto agrio y amargado. Te doy un ejemplo. “Un pastor tiene que oler a ovejas”, te dicen. Entiendo perfectamente el concepto. Te están queriendo dejar en evidencia que un pastor no es un ceo de una empresa llamada iglesia, ni tampoco un monarca de una corte llamada ministerio.

Este dicho cristiano te consigna que es pastor el que se reúne con la gente, no el que atiende todos sus negocios detrás de un lustroso escritorio que tiene una Biblia como brillante decoración. Sin embargo, tamaña frase tiene un elemento que la convierte en no del todo correcta. Estoy fielmente convencido y en certeza total, que un pastor si desea serlo de acuerdo con lo que el Señor plasmó para ese ministerio y no en lo que algunos hombres lo convirtieron, más que oler a ovejas, a lo que tiene que tener aroma, es a Cristo.

Que quienes se le acercan, vean, huelan, palpen y oigan a Cristo en él. De hecho, no es algo sencillo y que te salga de una, cómo te sale una sonrisa o una buena frase. Por poco o por mucho que nos hayan predicado y predicado bien, a esa expresión de parecernos a Cristo o tener aroma a Él, la debemos haber oído decenas de veces. Y comportándonos como buenos cristianos tradicionales, cuando no entendimos algo damos vuelta la página y pasamos al versículo siguiente.

No es así. No es una mala señal de ninguna manera, cuando no sabes algo hacer lo más lógico en cualquier tema: preguntarle a alguien que debería saber más que nosotros. El punto siguiente es que no siempre esas respuestas tienen sabiduría divina. A veces, sólo credenciales terrenales. Pero entiendo que oler a Cristo, es posible sólo cuando has llegado a conocerlo. Porque nos confundimos rápidamente entre Cristo y Jesús.

Fueron lo mismo, de acuerdo, pero hay una diferencia: Jesús fue Dios encarnado en un hombre. Cristo es el Hijo y al mismo tiempo, Dios mismo. Y para conocerlo, sólo es necesario tener mucha intimidad con Él. Estoy seguro que al menos un sesenta o setenta por ciento de los que leen esto, han tenido en algún momento de sus vidas, un episodio donde se dieron cuenta notablemente que Dios los había salvado de algo. Quizás enviando un ángel o de alguna otra manera, pero de origen sobrenatural, seguro. Me incluyo.

Entonces suena incomprensible como, casi ese mismo porcentaje, presente inconvenientes para relacionarse con el Señor de manera íntima, a solas, sin formar parte de ninguna ceremonia o reunión grupal que los motive. Son aquellos que, al buscar en oración íntima y personal a Cristo, de pronto se sienten tontos y hasta dementes porque se ven a sí mismos hablando con algo o alguien invisible y de un instante al otro, se les desmorona su fe y frenan su contacto espiritual.

¿Sabes qué? Esa es la operación táctica que mejor les sale a los demonios. Desde la historia misma del Evangelio, la mejor artimaña del diablo ha sido y sigue siendo hacernos creer que él no existe. Y el día que pensamos que Satanás es un invento de la religión y que en realidad no existe, es el mismo día en que nuestra mente define a nuestro Dios de la misma manera. Tan sutil y convincente que no son pocos los que han caído, caen y seguirán cayendo en esta misma trampa. Esa es la razón por la cual esa intimidad es tan difícil de encontrar en nuestro pueblo.

Y que Conste que Sólo…

 …te estoy relatando algunos pormenores de nuestras batallas espirituales e internas. Ni hablar de lo que el mundo secular puede llegar a hacernos si le damos alguna posibilidad. Pero no hay que alarmarse ni pensar que esto es un tema actual. Ya en el Libro de los Hechos, ese que conocemos como el que relata los hechos de los apóstoles, cuando en realidad debería conocerse como el de los hechos del Espíritu Santo, en su capítulo catorce, se relata un episodio en el que los judíos que no creían, dicen que se excitaron y corrompieron los ánimos de los gentiles en contra de los hermanos.

 Salvando las distancias, a eso mismo, hoy, lo podemos encontrar a partir de ciertos y determinados artículos que los medios de comunicación publican con un ánimo visible de predisponer a la gente en contra de los creyentes y llevarlos a toda forma de burlas, descalificaciones y calumnias. Para la sociedad en general de mi país, decir pastor, es referirse a alguien que le roba los diezmos a la pobre gente crédula. Así se nos vende por la prensa. Y no son pocos los que lo creen.

Reconozco que existen casos así, de hecho, pero eso no habilita a una generalización que sólo tiene y puede tener origen satánico. Y como habrá calado hondo en la gente toda esa diatriba, que aun los que son mis hermanos en Cristo genuinos, cuando se dirigen a mí, lo hacen como si yo fuera una especie de Ceo de una enorme empresa llamada Tiempo de Victoria, con decenas de empleados a mi servicio y un movimiento de dinero por diezmos y ofrendas digno de considerarse como una fortuna.

¿Me permites sonreír? Tiempo de Victoria es un esfuerzo diario conjunto de mi familia y yo. Yo pongo la firma y la responsabilidad, pero ellos trabajan a mi lado en todo. Y no tengo ni empleados ni fastuosos diezmos y ofrendas. Jamás le he pedido un centavo a nadie y en ninguna de mis redes vas a encontrarte con algún número de cuenta para donaciones o aportes. Sólo he recibido y recibo ofrenda de aquellos que han sentido muy vivamente de parte del Espíritu Santo hacerlo.

 Y lo que ingresa, es exactamente lo que necesito para cubrir los gastos que todo esto conlleva. Tratarme de ladrón a mí, es injuriarme. Y cuando se injuria a un hijo del Señor ungido por Él, la respuesta puede ser muy fuerte y grave. Pero ese no es mi problema, ese es asunto de mi Padre y Él es quien pelea esta batalla por mí. ¡Gloria a su Nombre! No obstante, hay que asumir que como se ha llevado la difusión del evangelio y su enseñanza hasta hoy, todavía deja un poco que desear respecto a su eficiencia e, incluso, hasta su legitimidad.

En el mejor de los casos, hombres y mujeres muy bien intencionados y con tremendos deseos de llevar gente a los pies de Cristo, no han vacilado ni vacilan en adoptar estrategias o metodologías que llegan a incluir mentiras, con la finalidad de captar más adeptos. No tengo ninguna duda de que muchos de nosotros, cuando nos convertimos, cometimos casi todos el mismo error. Impulsados desde adentro hacia afuera por ese aire nuevo limpio, fresco y transparente, salimos vertiginosamente, casi a escape, literalmente a “comernos” a todos los incrédulos que se cruzaran en nuestro camino.

 ¿Y sabes qué? Si nos hubiésemos tomado una pausa, y hubiéramos permitido que todo se acomode en lo interno de nuestro propio ser, el resultado hubiera sido mucho mejor.  Yo entregué mi vida a Cristo una noche, en el patio de la que por ese entonces era mi casa, y debajo solamente de un cielo negro estrellado. Al día siguiente tuve que viajar a una ciudad vecina en un bus. Recuerdo que entablé conversación con una mujer que viajaba sentada a mi lado, le hablé del Señor, le conté mi todavía incipiente testimonio y, antes que ella descendiera en la población a la que viajaba, antes de la que yo iba, hizo conmigo una especie de oración de conversión y se bajó envuelta en lágrimas.

 Nunca más la vi ni supe absolutamente nada de su vida, pero estoy seguro que Dios me usó para reacomodar su vida casi en lo que debe haber sido todo un récord santo. Todo un evangelista con menos de veinte horas de convertido. Pero esa es una de las excepciones que existe en esto. Dios me usó y él puso en mi boca las palabras que ella necesitaba. Entonces fue positivo y de bendición. Pero a esa, que la cuento como ganada, es para evitar hablar de la gran cantidad de perdidas que tuve, por hablar por mi cuenta y con mis propias palabras, en casos donde el Señor no me había enviado ni habilitado a hacerlo.

¿Sabes qué es lo que no hemos terminado de entender? Que, si no estamos verdaderamente conectados con Cristo en todo, es imposible presentarlo a quienes no lo conocen. Y te lo voy a fundamentar con un ejemplo que tal vez te parezca impropio, pero que lo utilizo porque tengo mucho respeto por la relación seria y sobria entre una mujer y un hombre prestos a formar unidad matrimonial. Nada que ver con promiscuidades ni sexología barata.

Escucha. Cuando un hombre y una mujer se aman, (Y hablo de amor, no de una mera atracción física a la que se la pueda denominar así), generalmente entre otras demostraciones físicas, se besan. Y más allá de la pasión natural y su también natural sexualidad latente, hay en ese beso una intención casi inconsciente de absorber, cada uno, el espíritu del otro. Cualquiera de ustedes que lo haya vivido en algún momento de su vida, sabe que lo que digo es así.

¿Y sabes qué? Si quieres de verdad ser uno EN Cristo, esta conexión a lograr con Él, tiene que ser la misma. Para lograrlo, en primer término, debemos determinar con la máxima precisión de la que seamos capaces, qué tiempo es este que nos toca vivir y transitar. Yo, en lo personal, y lo comparto como simple expresión de algo propio, creo que este es un tiempo de ver, principalmente de discernir, de afinar el oído espiritual. Que la antigua expresión de Jesús de que el que tiene oídos para oír que oiga lo que el Espíritu dice, no sea necesaria para recordárnoslo.

Es más que evidente que el cielo está hablando. Y que no hace oír su voz celestial con gritos ni manifestaciones bulliciosas, sino con algo que es mucho más importante y valioso: precisión. Y hacer oír su voz con precisión no tiene parentesco alguno con la desesperación, sino en todo lo contrario: la serenidad, la firmeza. Sólo habrá unos pocos privilegiados que sabrán que tiempo es este, y serán los que tengan oídos para oír lo que el Espíritu está diciendo.

 No parece demasiado complicado lo que digo, lo hemos escuchado al menos cincuenta veces. Muy bien: es tiempo de hacerlo pasar de un algo que se oye a un algo que se ejecuta. Por esa razón es que podemos ver a Pablo rogándoles a los que lo seguían, nada menos que lo imiten. ¿Puede cualquiera de ustedes que hoy leen esto, llegar a comprender la tremenda responsabilidad que se pone en juego al decirle a alguien que nos imite?

Es más; ¿Debería creer, yo, que hoy hay mucha gente capaz y eficiente al grado sumo que esté en condiciones de decir algo así? Y fíjate que no se los pide como quien pide un refresco, ¡Se los ruega! Pero que se entienda bien. Pablo no les dice que aprendan a predicar como predica él y ni siquiera que imiten su voz, sus modos o su postura espiritual. El ruego por imitación tiene que ver con su posición, con sus status hacia la vida.

Él quiere que ellos piensen como piensa él, con relación a que, de allí, de esa posición espiritual a la que ha accedido, no lo mueve nadie hasta que la gloria de Dios caiga y llene todo el lugar donde se encuentre. ¿Crees que es posible algo así? Lo es, pero tiene sus vaivenes y sus riesgos. A mí me tocó padecer algunas inclemencias de las tinieblas por eso. Y teniendo en cuenta que lo único que dije públicamente, fue “mírame vivir”. Muchos hermanos lo hicieron, pero también unos cuantos demonios, que se acercaron velozmente a confrontarme con eso.

 Por eso es que siempre reitero casi hasta el cansancio a quien esté dispuesto a escucharme y reflexionar, que debemos tener sumo cuidado con lo que decimos. Nuestras palabras atan, pero no solamente para el bien, sino también para la inversa. ¿O no dice la palabra de Dios que todo lo que digamos con nuestra boca, creyendo, nos será hecho? ¿Acaso dice que eso es para todo lo bueno? No. Dice simplemente todo.

Entonces, permíteme que te diga que, si un día dices, creyendo, que alguien te va a robar, no sería para nada extraño que antes de terminar esa semana, en efecto, alguien venga y te robe. ¿Pero no se nos dice que Dios vela por nosotros a través de sus ángeles? Sí, pero eso no nos habilita a declarar derrota, que es tentar a Dios. Los más jóvenes suelen ser los más proclives a descreer de estas cosas, pero es normal que eso suceda.

De hecho, muchos jóvenes han dejado en este tiempo de pedir consejo a sus mayores. Y tienen razón en parte, porque la mayoría de esa gente bien adulta, dan consejos sencillamente inaplicables en estos tiempos humanos. Créeme que sólo Cristo puede encarrilar conductas y costumbres, pero eso llegaría por aceptación y obediencia de esos jóvenes, no por imposición de un adulto mayor. 

De Todos Modos…

 …esto tendría no sé si una solución, pero sí al menos una salida rápida, si los creyentes todos tuviéramos mucho más clara nuestra relación con el Señor que la que podamos tener con nuestros líderes humanos. Soy ministro desde hace muchos años, y alguna vez pasé por una experiencia sin mayores espectacularidades, sencilla y casi normal dentro de nuestros ambientes. La mayoría de nosotros, y no sé si no debería atreverme y decirte directamente que todos, hemos experimentado el encontrarnos con alguien que nos estaba aguardando casi con extrema ansiedad.

Con cita previa, sin cita, con aviso o sin él. Y que cuando nos enfrenta, nos dice que nos estaba esperando ansioso porque Dios le dijo que teníamos una palabra para su vida. ¿Qué harías tú si fueras ese ministro? Mientras estuve en la mediocridad espiritual y religiosa de crecimiento, no pude negarme a eso y, luego de orar, algo debo haberle dicho. Cuando la luz vino a mi vida, al menos en esa área, tuve que poner duro el corazón y explicarle que eso que él o ella estaba haciendo, no sólo no me enaltecía como ministro, sino que me declinaba.

Porque no había sido capaz de enseñarle que, si hubiera tenido un encuentro personal con Cristo, no hubiera necesitado venir a buscarme a mí para tener una palabra, sino que la hubiera tenido como producto de su intimidad. Existe una alarmante inmadurez en el pueblo de Dios. Y, en lugar de criticarlo a esto, lo que todos los ministros y ministerios por igual debemos hacer, es enfrentar esta situación y procurar con todas las armas a nuestro alcance, modificarla.

Porque si todos los ministros y ministerios han sido puestos y dados para perfeccionar a los santos, es más que evidente que a esa tarea no la hemos cumplido bien. Porque perfeccionar, te advierto, no es justamente construir a personas sin errores, perfectas. Perfeccionar, conforme a lo escrito en el original griego, es justamente madurar, factor que no estamos observando, no al menos en la densidad y la calidad que debería verse.

Y te doy un ejemplo más que sencillo. ¿Cuántos de ustedes han escuchado enseñanzas que les aseguran que el Espíritu Santo ha sido dado por Dios Padre para darte a ti todo lo que le pidas? Eso es falso, mira cómo te lo digo. Es falso. Nunca te olvides que el Espíritu Santo es Dios mismo, y que como justamente es Santo, lo que te está diciendo es que Dios lo separó, lo apartó para Él, no para satisfacer tus caprichos de niño consentido.

Alguien me dijo en una ocasión: “¡Ayúdeme, por favor! ¡Quiero conocer a Dios!” Mi respuesta no fue una clase didáctica de cómo conocer a Dios en diez pasos, simplemente me salió del fondo de mi espíritu decirle que fuera hasta su casa, que se metiera en su cuarto, que se arrodillara en una total y absoluta intimidad con ese Dios que decía no conocer y que no se volviera a poner de pie hasta que tuviera una evidencia más que clara de que ese Dios estaba a su lado.

Me escuchó con mucha atención, pero a medida que yo iba hablando, su rostro iba mutando de cierta alegría a un claro fastidio. De hecho, no hizo nada de lo que le sugerí y, como podrás imaginarte, no volvió a consultarme para nada. Con el tiempo y a partir de lo que esa persona estuvo hablando con otros ministros y líderes, llegué a una conclusión que anteriormente no había visto. Él no quería dar ningún paso de voluntad y esfuerzo para conocer a Dios, quería que yo se lo transfiriera.

 A una proverbial inmadurez, en este caso puntual, puedes añadirle ignorancia total. Nadie hará eso nunca. Porque nadie “tiene” a Dios en su ser interior. Dios nos tiene a nosotros en el suyo. O no, si es que no nos mostramos interesados. ¿Has prestado atención que una gran mayoría de nuestra gente está convencida que, desde el momento de su conversión, como lo invitaron a recibir a Cristo en su corazón, de allí en más tienen un pequeño “cristito” en algún lugar entre la columna vertebral y los pulmones?

A ver, razona un momento y no me tomes por un anciano agrio y aguafiestas que quiere quitarte esa linda idea casi romántica de ese hombrecito viviendo entre tu corazón y tus costillas. ¿Has oído hablar de un mundo espiritual? ¿O de una dimensión del espíritu que nuestros ojos naturales no pueden ver? ¿O directamente de un Reino del Espíritu? ¿Y de un Dios Todopoderoso, Majestuoso, Omnipotente, omnisciente y multidimensional? Sí, ¿Verdad?

¿Y vas a seguir creyendo esa barbaridad ilógica de un diosito minúsculo viviendo dentro de ti? ¿No es más sencillo entender, aceptar y asumir que somos nosotros los que vivimos dentro de ese Cristo enorme que salvó a una humanidad entera en una cruz? Puedo probarlo: Cristo no vive EN Néstor, es Néstor el que vive EN Cristo o, si así no fuera, está viviendo en cualquier cosa. ¡Por favor! ¡Dejemos esas cosas para personas del mundo incrédulo, tan afectas a creerse cualquier porquería que les venden por la tele o las redes, y tan reacias a creer en lo que sus propios ojos le están mostrando!

¿O no es verdad que los cielos cuentan la gloria de Dios y que el firmamento lo hace con la obra de sus manos? Cuando decimos que el hombre incrédulo está espiritualmente ciego y sordo, además de vivir influido por demonios, créeme que no estamos exagerando nada. No es altanería, no es arrogancia, no es rencor ni resentimiento, sencillamente es verdad. Ese hombre o esa mujer “mundana”, ha decidido no creer en Dios porque el hacerlo le suena como tonto, como infantiloide o ingenuo, por utilizar expresiones aptas para un escrito que también es leído por menores.

Sin embargo, esa tremenda inteligencia y capacidad intelectual que no le permite creer estas tonterías nuestras, si lo habilita a hacerlo con paraísos ideológicos, invasiones extraterrestres y teorías que rozan lo absurdo y ridículo como la del Big-Bang de la que ya hablamos. Allí es donde algunos cristianos muy “superados”, le dictan cátedra de la palabra escrita y le desarrollan todo lo que han aprendido en años de seminarios, institutos, escuelas bíblicas y universidades.

Esperan ver a esos mundanos quedar al borde del desmayo por todo el arsenal de capítulos, versículos, interpretaciones y manifestaciones que les desgranan, pero suelen sufrir de abruptas caídas de mandíbulas al comprobar que Juan 3:16 impacta y emociona solamente a los que creen, mientras que, para el resto del mundo, sólo son palabras sin demasiado relieve ni nada de qué asombrarse. Ceguera espiritual no es un invento mío, existe y es proverbial en el mundo pagano y pecador, pero también suele aterrizar de vez en cuando en algunas de las pistas de aterrizaje de nuestras congregaciones.

Porque hay mucha, pero mucha gente que aprende lo elemental y luego lo mune de cierta rimbombancia, especulando con la ignorancia ajena.  Sin ir demasiado lejos, nosotros vivimos diciendo y repitiendo que es menester regirnos por la palabra escrita, ¿Verdad? ¿Alguien podría decir que eso es incorrecto? ¡No! ¡Claro que no lo es y está muy bien que se lo enseñe! Pero sería interesante detenernos un momento para examinar nuestra propia historia con relación al Evangelio y pensar.

 ¿Sobre qué bases caminaron los primeros? De acuerdo, lo hemos oído y hasta enseñado: sobre la Torá, porque todavía no existía el Nuevo Pacto. Pero eso era, en todo caso, lo concerniente a la ley, pero y ¿Y qué de su relación con Dios? Solamente sobre una base de fe, únicamente sobre eso. ¿Por qué lo digo? Simple y a la vista de todo el mundo. Abraham no tenía ningún rollo de nada para leer y aprender. Eso vino luego. Pero resulta ser que todo comenzó con él y en él.

 ¿Es correcto lo que digo? Ahora examínalo y examínate: ¿Lo habías visto así? Yo te confieso que no, que hasta hace algunos años no lo había visto así y todo para mí comenzaba y terminaba en un rollo o en un libro llamado Biblia. Pero, es evidente que a Dios le plació hacerlo de otro modo. Y estaría genial poder conocerlo y dominarlo a ese modo.  Antes que me mires con ojos religiosos, déjame compartirte algo que no siempre se ha dicho y que no todos conocen.

 En el Pentecostés, aquel shock de impacto espiritual derramado sobre gente, el Espíritu Santo se derramó a sí mismo sobre un grupo de hombres, ¿Verdad? ¿Alguien te dijo que de ese caudal humano sobre el cual fue derramado el Espíritu, había por lo menos un sesenta por ciento que no sabía leer ni escribir? Así era, según datos bastante precisos de la época. Entonces, la pregunta que salta por sí sola, es: ¿Cómo pudieron saber la Verdad?

La respuesta es tan simple que, en algunas estructuras que todos conocemos, podría hasta producir rubor: porque cada uno la recibió en revelación. A eso, luego, lo iban a compartir con los otros. Y, a su vez, estos, lo divulgaron a regiones que ignoraban todo. Lo que intento mostrarte es que, cuando decimos palabra de Dios, nosotros de inmediato lo asociamos con nuestra Biblia. Y es correcto, porque hoy es así sin ninguna duda. Pero cuando todo comenzó, creo que caminaba por andariveles un tanto diferentes a los actuales.

Ocurre que en la Actualidad…

 …y por muchas y variadas razones, no nos diferenciamos demasiado con aquel pueblo judío de los inicios. Ellos habían recibido la Torá por parte de Dios mismo, con una serie de leyes que debían respetar y cumplir. Pero por su propia cuenta y seguramente con el ánimo de mejorar las cosas y hacerlas más eficientes y puras, ellos crearon la Mishná, que es el libro de las tradiciones. Que también jugaba un rol muy importante en sus vidas, pero que nada tenía que ver con la Torá que Dios les había dado.

Hoy tenemos nuestras Biblias con aquella palabra antigua de Dios Padre, más el añadido del Nuevo Testamento con las palabras y la obra de Jesús, el Cristo. Sumado a ello, el Pentecostés con el impacto del Espíritu Santo brindado como guía a toda verdad. No necesitamos nada más. Sin embargo, nosotros también tenemos nuestros propios libros de tradiciones que, en algunas iglesias, se respeta al punto de sobrepasar lo que está escrito en la Biblia, tal como sus antecesores lo hacían con su Torá.

 ¿Quieres un ejemplo casi doméstico y de apariencia inofensiva? Los cumpleaños. En nuestras congregaciones se celebran los cumpleaños de cada uno de los miembros, pero mucho más y con mayor relieve y hasta pompa, cuando esa fecha le pertenece al líder principal o a alguien de su familia más cercana. Nadie podrá decir que esto está mal o que no corresponde, pero sí podemos asegurar que no se puede llevar esta clase de celebración al nivel de algo bíblico.

 Porque en nuestras biblias encontramos toda clase de sucesos sociales muy importantes que aquellos grandes del evangelio en sus inicios celebraban y a todo volumen. Nacimientos, bautismos, bodas y también velatorios y sepelios. Sin embargo, curiosamente, hay una celebración muy frecuente en nuestras iglesias que no está en ningún texto de la Biblia, y esos son los cumpleaños. La palabra es un tema sin discusiones ni cuestionamientos, pero las tradiciones, es otro asunto que nada tiene que ver con el Señor en muchas ocasiones.

Por eso es tanto lo que se habla de nuestra mente carnal. Habita en nuestra alma y se guía esencialmente por su propia sabiduría. A eso se le llama intelecto y, como podrás haber observado a lo largo de tu vida, es un elemento que está muy bien visto en el ámbito secular. No obstante, ya sea por enseñanzas o por lo que nuestra misma Biblia nos dice como palabra de Dios, nosotros tenemos una mente espiritual, no carnal.

¿Cómo puedo saber esto? Simple, porque la propia palabra de Dios te dice en más de un pasaje que tienes la mente de Cristo, ¿Verdad? Supongo que lo habrás leído. Te pregunto: ¿Lo creíste? Si me respondes que no, tendré que sugerirte que comiences todo desde cero, otra vez, como si nada hubiera pasado en tu vida. Pero si me dices que sí, que lo crees, entonces te invito a que prestes mucha atención a un detalle que no es menor.

La palabra nos dice que tenemos la mente de Cristo. No dice la mente de Jesús, que después de todo era un humano, dice de Cristo. Y eso, si lo puedes ver, es definitivamente sensacional. Por eso me duele mucho en mi alma, en mi corazón y en mi espíritu, encontrarme con tanta gente que me dice que no lee más su biblia porque no la entiende demasiado, y que por ese motivo prefiere que otros más estudiosos la lean y le cuenten esas cosas que entendieron.

A primera vista, no parecería haber nada de negativo o de malo en esto, pero si te detienes a examinarlo con cuidado, verás que sí, que lo hay. Yo creo que es sumamente importante que, a la hora de leer tu biblia, la leas por ti mismo, sin acudir a nadie. El error que se ha cometido y que a mi entender tiene calibre de grave, es haber permitido que otros lo hagan en tu lugar. Porque cada uno interpretó lo que leía conforme a la doctrina que le había sido enseñada, y no siempre como el Espíritu Santo se lo deseaba revelar.

Ese es el punto y el paso que nos falta, como conjunto para acceder definitivamente a un grado de madurez que destierre toda mediocridad y frivolidad, tan abundante en estos tiempos. Es algo útil y muy profundo. Porque, aunque supongamos lo contrario, yo puedo asegurarte que la gente que ha leído, está leyendo o leerá la Biblia, es mucha más que la que generalmente pensamos. Claro; qué entienden o dejan de entender, ya es harina de otro costal y tema para otra conversación, pero que por diversas razones la leen, la leen.

¿Y con eso ya está, ya pueden considerarse evangelizados y por consecuencia, salvos? Ni por asomo. Si el Espíritu Santo no hace la obra complementaria, es inútil de toda inutilidad lo que el hombre, por su cuenta y riesgo, o los hombres, por cubrir con eficiencia una determinada actividad, hagan. Y te doy un ejemplo que, en una de esas, sirve para enseñarte algo más. Tú has leído en tu Biblia que dice que conocerás la verdad y la verdad te hará libre, ¿Sí? Eso es absolutamente correcto.

 Pero es tan correcto como que en ningún lugar se nos dice que debemos buscar a esa verdad. ¿Sabes por qué? Porque la Verdad nos buscará y, llegado el momento, nos encontrará a nosotros. Lo único que nosotros debemos hacer, ya está escrito. Velar. Que es el sinónimo de esperar, aguardar. Y luego recibir.  De todos modos, y conforme a lo que se ha podido observar dentro de nuestros ambientes, hay una confluencia de diversos factores que, de alguna manera, obstaculizan un mejor resultado para todas nuestras necesidades, tanto las espirituales, como emocionales, como de organización.

 Un rápido test individual constituido de tres preguntas, creo que es bastante apto para sacar conclusiones muy aproximadas a las realidades existentes. Las tres preguntas, son: 1.- ¿Confiamos lo suficiente en Cristo? Salvando las naturales, pero no abundantes excepciones, podría asegurarte que no. Por esa razón es que nos estresamos, nos ultra preocupamos y hasta nos desesperamos. 2.- ¿Creemos en el Dios de todo poder? Como creer, se podría decir que sí, que creemos, pero tengo mis dudas si es en un Dios que todo lo puede.

 Por esa causa es que caemos en diversas ansiedades. 3.- ¿Aceptamos que tenemos un Dios sanador? Si vemos la mayoría de nuestras congregaciones, te diría que no del todo. Por eso la gente se enferma. La única solución y salida inmediata a todo esto, es: confiar, creer y aceptar. ¡Funciona!  Lo que ha ocurrido en muchas ocasiones, es que se han desplegado diversas tesis, argumentos, fundamentos y teorías, que han llegado a convertir al sagrado y puro evangelio de la cruz, en un compendio de rudimentos teológicos incapaces de llevarlo al objetivo trazado en las oficinas celestiales.

Y si quieres una muestra de todo eso, la puedes tener con relación a tres palabras que se han utilizado y siguen utilizándose en gran cantidad sobre nuestras formas de creer. Esas tres palabras son Ortodoxia, Herejía y Apócrifo. Cristianos autodenominados como ortodoxos, despotricando y fastidiándose de sobremanera con la actitud de otros a los cuales rotulan como herejes. Y todo porque, según sus fundamentos doctrinarios, ellos se aferran y sostienen teorías y posturas que emanan de libros apócrifos.

Ya hablamos del famoso Canon, de donde sale y su significado sustancial. Pero bien vale ir en búsqueda del examen de estas tres palabras para ver si, en realidad, dicen lo que esa gente pretende que digan. En primer lugar, podemos ver que la palabra Ortodoxia, viene de una raíz que significa tener una opinión de las cosas de manera recta, derecha y casi inamovible. Que no tendría nada de malo en sí misma, ya que, en algunos pormenores de nuestras vidas, disponer de algo de eso, resultaría más positivo que negativo.

 Sólo un problema: aquí estamos hablando del evangelio del Reino. Y sobre eso, lamento advertirte que no hay opinión humana que pueda competir con algo creado desde lo divino. Lo inverso a este pensamiento, es la Herejía, que es una palabra que significa hacer algo con error y, esencialmente, en oposición a la Ortodoxia. ¿Entiendes la tontería de confrontar y enfrentarse o dividirse como pueblo santo por esa causa? La palabra Apócrifo, te lo dije antes, significa directamente Libro Escondido.

No malo, no necesariamente esotérico, aunque los hay, pero no todos. Simplemente un libro que puede ser demasiado profundo y no se entiende o, lo más claro y diáfano, un libro que todavía no está en su tiempo de revelación. ¿Te das cuenta ahora las barbaridades mayúsculas por las cuales estamos divididos? Quien me diga que no ha sido un sutil ataque satánico, deberá pensarlo dos veces. ¿Por qué nos afectó? Por falta de conocimiento. O intimidad con Cristo, si lo quieres pasado en limpio.

Y es Muy Curioso…

 …porque en esta tarea que el Señor nos ha confiado, una de las alternativas que se da muy a menudo, es la consulta de personas que, por verte hablando, enseñando y mostrando algunas cosas del evangelio, suponen que te las sabes a todas. Entonces no sólo te toman como referente, sino como palabra imposible de poner en duda. Ese es un error. Los ministros somos hombres que, en el mejor de los casos, podemos mostrar un solo elemento positivo, obediencia.

Y una actitud acorde con ella, humildad. Después, todo lo demás, lo hace Dios mismo. Nosotros, sólo canales más o menos limpios para permitir que Él fluya. Alguien me preguntaba hace unos días atrás, como podía saber si realmente amaba a Dios como realmente debería amarlo. No me salió darle ninguna diatriba biblista ni tampoco un compendio de capítulos y versículos. El Espíritu me guio a decirle sencillamente que, si algún éxito ministerial terrenal le inflaba su ego de modo que lo llevaba a decir en voz alta “Dios me dijo”, cuando en verdad Él no le había dicho nada, entonces la conclusión sería que todavía no ama a Dios como debe amarlo.

Jamás sabré por qué respondí eso, pero tal vez le sea útil a alguien, hoy. Es que, indudablemente, existe tal cosa como una conversión y un nuevo nacimiento. Hay casos en donde ambas cosas se han dado en el mismo momento, pero en una gran mayoría, ha sido progresivo. Ha comenzado por lo primero y, con el correr del tiempo, se ha producido lo segundo. Esto ha sido y sigue siendo uno de los grandes misterios que conlleva el evangelio.

Porque todos nosotros hablamos alegremente de esa diferencia, pero no siempre explicamos con cierta claridad de qué se trata. ¿Qué diferencia hay entre ser salvo y nacer de nuevo? La respuesta es más que simple: ser salvo, lo sabemos, es algo gratuito, un favor que Dios nos hace sólo porque se lo pedimos, sin mérito nuestro. Arrepentimiento, basta. Eso se llama Gracia. Aceptar a Cristo como Salvador y Señor, es gratis y está a disposición de todo el que lo decida.

Nacer de nuevo, en tanto, es entrar directamente al Reino por una decisión madura y firme. Sabiendo que eso deja de ser gratis y tiene un precio que debemos pagar. La diferencia, es la cantidad, forma y moneda con la que se lo pague. Y es momento de pedir humildemente disculpas a todos aquellos que sientan que su inteligencia ha sido ofendida con el detalle de algo que los creyentes en total deberían conocer perfectamente.

Pero créeme que decidí incluirlo en esta conversación de amigos y hermanos, porque sé perfectamente que todavía hay muchos, demasiados, te podría decir, que no sólo ignoran lo concerniente a los rudimentos básicos de la salvación, sino que además no tienen ni el más mínimo conocimiento ni información de lo que es y significa un nuevo nacimiento. Y son cristianos, no miembros de religiones orientales o de otra índole. Nadie deberá hacer mérito alguno para ser salvo.

Con el arrepentimiento genuino (Que significa reconocer que se pecó y tomar la decisión de no volverlo a hacer, o sea, cambiar la mentalidad que se traía), alcanza y es suficiente. Pero el Reino es otra cosa, y si no se nace de nuevo en Cristo Jesús, es directamente imposible militar en él. En el Reino, la carnalidad no puede existir y, para que eso suceda, indefectiblemente se debe morir a esa carne y renacer en espíritu y en Verdad, que es Cristo.

Hay un factor en el que todos coincidimos por igual, se nos haya enseñado lo que se nos haya enseñado. Y a esto lo digo porque por experiencia, puedo asegurarte que dentro de las congregaciones, no siempre se enseñan las mismas cosas y, en el colmo de los colmos, tampoco no siempre se enseña lo que la Biblia dice. A veces se prioriza la tradición denominacional por encima de ella. Lo cierto es que el hombre nace en pecado, y si no cambia, indefectiblemente será corrupto, egoísta y mentiroso.

 Está en su esencia natural todo eso. Y el mejor ejemplo lo encontramos en los niños. Incluso los más pequeños, comienzan a mentir y a ser egoístas sin que nadie se los enseñe. Su yo, aunque minúsculo todavía, ya se entroniza en ellos y los impele a mentir para salvarse de alguna reprimenda y a ser egoístas no deseando compartir nada de lo que poseen, aunque sea mucho y no terminen de utilizarlo todo. Sólo cuando ese hombre acepta definitiva y sinceramente pasar por la cruz de Cristo, le cueste lo que le cueste, es cuando recién se convierte en íntegro, honesto, sincero y confiable.

Me pregunto y te pregunto: ¿Nadie está viendo o ha visto eso? ¿De verdad no lo han visto? Eso se llama ceguera y no es una enfermedad, es una maniobra satánica con éxito. Cuando se habla de esto último, hay hermanos que se cuelgan de inmediato y les interesa y mucho lo que se diga. Siempre hay algo para aprender o para incorporar en esa guerra y aprenderlo nunca estará de más, al contrario. Porque, veamos; si eras un creyente de los que podría considerarse como promedio, y ante una determinada tragedia derrumbada sobre tu vida, compruebas que tu fe se ve mermada por esa situación y, en casos, hasta percibes que experimentas algo muy similar al enojo para con tu Dios, estás en un problema.

Nadie te ha hablado jamás del reino de las tinieblas y no puedes entender que ese episodio tremendo que estás viviendo es producto de un directo ataque satánico. Si logras tener la luz suficiente para ver y asumir que dando gracias al Señor por todo eso que está sucediendo y que te hace sufrir, y naciendo a un nuevo hombre en Cristo, la salida es más que factible, es una realidad tangible que podrás probar y comprobar por ti mismo.

Sólo necesitas aceptarlo, creerlo y, luego, munirte de todas las armas que dispones y pelear hasta la última gota de sangre.  ¡Ey! ¿Me estás escuchando o no, lo que te estoy advirtiendo? ¡No simules una sordera que no tienes! ¡Escúchame! Si lo haces, te aseguro que el mismo Espíritu Santo que opera y me unge a mí, operará y te ungirá a ti con conocimiento y poder. Pruébame. ¿Te pareció raro que te diga esto? ¡Es que no es mío, se lo copié a la sabiduría! Eso que terminas de leer, es lo que dice la sabiduría. Búscala.

 Está a tu disposición si sólo haces el mínimo esfuerzo de voluntad de buscarla. No vendrá a tocar tu puerta, porque ella solamente se glorifica en aquellos que la buscan, no en gente importante a la que deba ir por decreto. Me pregunto por qué razón habrá todavía tanta gente ignorante, dicho esto no como descalificativo, sino como descripción para con personas a las que no les interesa buscar conocer y saber más.

Pídele a Dios que te de sabiduría, pero no te quedes sentado mirando televisión o jugando en las redes sociales esperando que te llegue. Es como el alimento para las aves. Hay un gusanito para cada pájaro, pero tiene que salir todos los días a buscarlo. Así es con la sabiduría divina. A la humana la adquieres en colegios y universidades, pero es elemental y sólo te sirve para sobrevivir en esta tierra. La otra, la divina, es la llave para tener victoria total en las dimensiones más profundas.

Es esa clase y calidad de sabiduría que te hace sobrevolar por encima de las cuestiones corrientes, con una óptica espiritual muy distinta a lo que se ve en la medianía. Y te doy un ejemplo bien concreto relacionado con un tema al cual no es ajeno absolutamente nadie, viva donde viva. En mi país, Argentina, y muy especialmente en la ciudad santafesina de Rosario, que es donde vivo, hay lo que yo llamaría un supuesto combate contra el narcotráfico. Reitero, esto se planificó y se ejecutó como se lo ha hecho en muchos otros países.

Las sospechas de contaminación no han respetado jerarquías ni credenciales. Murmuraciones que afectan a políticos, jueces, policías y hasta periodistas han llegado a acusarlos de formar parte de las bandas. Hasta allí lo habitual, gubernamental, lógico. Ahora yo, como creyente, pregunto: ¿No se están olvidando de algo fundamental, como es el consumo? Sin consumo, no hay negocio. Sin negocio, no hay bandas ni corrupción. Entonces me dicen: ¡Ah, sí! ¡Que gracia! ¿Y cómo eliminamos el consumo? Mi única respuesta es un nombre: con Cristo. Me consta como testigo que con Él no hay adicción que resista.

Cuando una Persona…

 …consume drogas, vive la mayor parte de su vida, buscando quien se la venda. El hecho de pensar, e incluso transmitir ese mensaje a la sociedad, que si no hay traficantes no circulará más droga, no sólo tiene el carácter ilusorio, sino que incluso lleva a pensar que esa clase de mensaje forma parte de una monumental farsa. Reitero una vez más porque me ha tocado ser testigo cercano al menos en un caso puntual: Cristo es la única solución para esa o cualquier otra adicción.

Esto no descalifica ni subestima cualquiera de los otros mecanismos que muchos gobiernos han implementado, pero el poder liberador que se desprende cuando un adicto literalmente cae rendido a los pies de Cristo, es tremendo y por encima de síndromes de abstinencia y todo ese caudal que existe en los otros métodos. Ahora bien; la gran pregunta que ya tiene respuesta evidente, es: ¿Por qué los gobiernos no apelan a este poder que ha sido probado como eficiente?

 Habría que consultarlo cara a cara con cada gobernante y ver si solamente es una expresión casi “normal” de incredulidad o, si, por el contrario, hay que imaginar algo de mayor volumen. Es indudable que asuntos que para nosotros los creyentes son casi de moneda corriente, para una gran cantidad de personas, significan poco menos que un misterio desdoblado entre posibilidades de algo que se desconoce, conjuntamente con fantasías de mentes enfermas e ignorantes.

Lo cierto es que hay condiciones muy singulares y puntuales para acceder al temor de Dios. Haz una pequeña encuesta entre tus hermanos más cercanos y podrás ver que sólo es una proporción minoritaria la que tiene clara esa condición. Los otros creen en el mismo Dios, lo respetan y hasta le rinden culto con fidelidad, pero desconocen lo que es realmente el conocimiento divino. Aceptar su palabra sin cuestionar ni un punto ni una coma.

Guardar sus mandamientos en la totalidad, no sólo aquellos que nos resultan más simpáticos. Tener un oído atento a todo lo que oye, porque nunca sabes que trompeta utilizará el Señor para nutrirte. Inclinar tu corazón, que vendría a ser escuchar respetuosamente a alguien que está por debajo de tu nivel, invocar prudencia, alzar tu voz y buscar tesoros escondidos. Todo esto, en la suma, constituye globalmente lo que conocemos como temor de Dios.

 Nada que ver con el miedo satánico, pero nada que ver. Y luego vendrá el uso que se le pueda dar a ese conocimiento y a esa palabra revelada y asimilada. Puedo asegurarte algo con total certeza. Cuando se levantan hombres íntegros que piensan la palabra de Dios y que, conforme a ello, tienen las suficientes agallas como para decirlo con todas las letras, sin copiar lo que hace una gran mayoría, que es callar lo que puede molestar a sus superiores, algo sucede.

Puedo garantizarte que cuando aparece alguien así, la humanidad toda tiembla. El mundo tiembla, el país donde esa persona vive, que puede llegar a ser tu propio país, también va a temblar. Porque hay una realidad innata que no siempre se ha mostrado y que, ignorarla, ha determinado que aparecieran voces extrañas que lo único que lograron fue introducir mayor confusión a la que ya existía. Si permitimos que solamente los filósofos piensen, me temo que como iglesia no tendremos destino.

No me gustan varias de las cosas que el mundo secular produce y procuro siempre no engancharme con ellas. Pero eso no me convierte en un necio que subestima y degrada a gente con mentes brillantes capaces de hacer modificar un pensamiento a una o miles de personas con sólo permitirle que les hable. Tenemos una mirada más que corta en cuanto a muchas de las cosas que conforman nuestro entorno. Pero lo peor del caso, es que aun con esa mirada escasa, a la hora de hablar, lo hacemos dándole aire a nuestro ego y elaborando discursos que expresan un cúmulo de palabras que, en su conjunto, la mayoría de las veces termina no diciendo nada.

Y te doy un ejemplo tan claro que asusta y obliga a pensar. ¿Qué es lo que sabes respecto al tiempo? Entonces ponemos rostro de científico de película de Disney y damos una cátedra sobre planeta, rotación, traslación, etc. Casi nunca nos enfrentamos con alguien que haya profundizado un poco más, por eso nos alcanza. Porque mira: La Tierra gira sobre sí misma, y eso equivale a un día. Al mismo tiempo, gira como cuerpo total alrededor del sol, y eso equivale a un año, ¿Verdad?

A la suma de todo eso, le llamamos tiempo y lo convertimos prácticamente en un segundo dios. Pregunto: ¿Y si salimos al espacio exterior y viajamos fuera de este nuestro sistema solar? Allí descubriremos que nuestro tiempo ya no existe, simplemente porque en esas condiciones no tendremos como medirlo. ¿Te das cuenta la molécula que somos en comparación con el Creador de todo? Eso es eternidad. Y cuando intentamos relacionar una incomprensible eternidad con el mero acto cotidiano de ganar dinero para nuestra subsistencia, nos damos de narices con algunos conceptos que no siempre hemos alcanzado a definir correctamente.

Porque, pregunto: ¿Cómo buscan los hombres mayoritariamente? ¿Qué no harán o se abstendrán de hacer para hacerse ricos si es que pueden? Los puedes ver a diario en todas las pinturas cotidianas de tu vida. ¿Y qué te produce todo eso? ¿Te preocupa? ¿Te ocupa? ¿Te fastidia? ¿Te lleva a una inconsciente imitación? Yo creo que tú, al igual que yo y todos los que decimos ser esto que somos, deberíamos buscar como prioridad uno la salvación de nuestra alma.

Y lo deberíamos hacer con el mismo fervor que el codicioso busca la riqueza. Y tendrás que avergonzarte si no terminas de ser sincero cuando encuentras las verdaderas riquezas y evaluar el contenido real que tenían esas riquezas que se pierden. Siempre hay tiempo para dejar plasmado un texto grande, mediano o pequeño, que diga que el alma humana es demasiado grande para llenarla solamente con cosas materiales, incluido el dinero.

Porque si bien es cierto que el dinero fue creado por los hombres, no menos verdadero es que a Dios no le pasó desapercibida su creación. Jesús dijo que debíamos darle al César lo que del César era, dinero, y a Dios lo que era de Dios, adoración. Pero no negó, no desestimó, no soslayó ni despreció a esas monedas reales. Si puso a un administrador en su grupo, (Judas Iscariote) para que le administrara esa bolsa donde iban a parar las ofrendas, y si Judas robaba sin que nadie se percatara que lo hacía, es porque en esa bolsa había suficiente caudal como para que no se notara el robo.

Si lees a Pablo escribiéndole a los Colosenses, en el capítulo 1 y verso 16, verás que todas las cosas fueron creadas por Cristo y para Cristo. Esto también. Entonces, además de todo esto que hemos mencionado, tú puedes decir ahora, donde quiera que residas, que harás lo mismo con tu tierra, con tu nación, tu país, tu patria. Yo digo: ¿Para que fue creada Argentina? Para Cristo. Y no puedo evitar cerrarlo con algo mucho más amplio y abarcativo. ¿Para que fuimos creados todos nosotros? Para Cristo.

TODOS. ¿Me aceptas una sugerencia que tiene que ver con lo que permanentemente tenemos tendencia a buscar todos? Nunca hagas más de lo que Dios te ha pedido que hagas. Él no va a desmayarse de la emoción por lo que puedas hacer tú, más bien creo que, todo lo contrario. Cuidado y mucha atención: tampoco hagas menos de lo que se te ha dicho que hagas, porque los perezosos y los vagos del evangelio no suelen pasarla bien, eso ha sido y sigue siendo notorio. La sugerencia es que te limites o te dediques con precisión, atención y hasta cierta meticulosidad sobria, a hacer lo que Dios te ha mandado que hagas.

Dos veces pude ser ordenado pastor en dos congregaciones medianamente importantes, pero en ambas ocasiones lo rechacé por un sólo motivo: tenía más que claro que no era ese el mandato del Señor para mi vida. Y no me equivoque. Hoy no podría de ninguna manera estar hablando las verdades internas que hablo, si formara parte de ese sistema con el cual no tengo la mejor relación. Me han criticado con la premisa de que es muy fácil criticar a la iglesia desde afuera, pero que estando en ella es otra cosa. Es absoluta verdad, eso. Sobre todo, si, como en una enorme cantidad de casos, estás controlado por ese sistema religioso al que desearías dejar en evidencia.

La iglesia, Conforme…

 …a lo que dijo Juan, es una gran multitud de personas de todas las naciones de la tierra. Coincido y es correcto por donde se lo mire, pero cuidado y atención con esto: jamás dijo que sean todos los que se congregan en los diversos templos del planeta. Y te digo más: ni siquiera ha dicho que iglesia sea sinónimo de gente que asiste a un templo. Porque iglesia es asamblea, y asamblea es gente, personas, nunca un lugar.

Porque la iglesia del Señor, y estoy hablando de la genuina, no de Babilonia, está constituida por personas y no por edificios. Y está constituida por todos aquellos que, siendo de diferentes razas y nacionalidades, han creído y confiado en la sangre de Cristo para su redención. Otra cosa, por bonita que se vea desde afuera, no es iglesia, es como te dije: Babilonia. ¿Quieres saber cómo detectarlas si no te alcanza el discernimiento?

Prueba en tu congregación, sacar de la pantalla la letra de la canción que se está cantando y verás que nadie canta más. Te van a mirar con cara de ¿Y ahora qué hago? La respuesta correcta, es: haz lo que haya en tu espíritu. Él sabe lo que debes decir y cantar. Si lo hacen, es iglesia. Si no lo hacen…Porque después nos encontramos con las diferencias y distancias existentes entre las conducciones conservadoras y las progresistas.

Esto, que es tan antiguo como los mismos cultos, tiene algunas particularidades que no siempre han sido observadas con detenimiento. Tiene algunas definiciones para examinar. El conservador, por ejemplo, sueña con el pasado. El progresista, mientras tanto, sueña con el futuro. Sin embargo, yo estoy enteramente convencido y en certeza de que el hijo de Dios, debe vivir el presente sin soñar, porque así es como está escrito. Porque el argumento es muy simple: el pasado ya se olvidó de ti y el futuro todavía no te conoce.

Ahora tienes las llaves. Puedes abrir tu vida. ¿Te doy un ejemplo? No hay hombre ni mujer en la tierra que tenga suficiente autoridad como para decidir quién va al cielo y quien va al infierno a la hora de morir. Pero algo es seguro: nadie ganará el cielo o se incinerará en el infierno por causa de profesar una doctrina acertada o equivocada. Dios está midiendo y evaluando otras cosas. Tu corazón, por ejemplo. Mientras más sea conforme al suyo, más cerca estarás de Él siempre. Está escrito.

 Y si no terminas de entenderlo, piensa en esto: ¿Por qué los ateos se pasan toda una vida procurando demostrarles a los creyentes que su Dios no existe? La respuesta es tan simple que acongoja. Porque, aunque no lo sepan, tienen en su espíritu el semen divino y en sus mentes su fruto. No creen en lo que HOY ven como ese Dios que le presentan ¿Por qué crees que será? Yo, personalmente, creo que porque no lo están viendo en nuestras vidas.

Y te doy un ejemplo. Hace unos días escuché una frase que encaja en muchas naciones del mundo. “La política es el camino por el que hombres o mujeres sin principios ni escrúpulos, se adueñan de la vida y el futuro de hombres o mujeres sin memoria” Perdón ¿Me permitirá el autor reemplazar a “memoria” por Cristo? Hay demasiada gente esperando que Cristo venga ya y no ocupándose de evitar que muchos de sus más cercanos se vayan al infierno.

El regreso de Cristo no sólo estará acompañado de grandes eventos, sino por señales como estas: un mundo dividido, una fe debilitada, una generación distraída, muchos tropezando y el amor enfriándose. Falsos voceros levantándose. No son profecías futuras, son hechos presentes. Y a eso hay que sumarle una singular degradación global como sociedad. Da la sensación que la vida humana solamente es considerada útil con personas entre los 25 y 50 años de edad.

Menores o mayores que eso, no son escuchados ni tampoco tenidos en cuenta para casi nada. Tampoco son valorados en sus virtudes, salvo escasas excepciones. Son sencillamente marginados. Ahora pregunto: ¿Ese es el diseño de Dios para este mundo? No. Pero ¿Sabes qué? Ni siquiera nosotros, sus hijos, lo tenemos en cuenta. Ocurre que el verdadero cambio es el que sucede cuando se reconfigura la manera de percibir, la manera de pensar o de actuar.

Cuando se produce un quiebre interno que genera una nueva manera de estar en el mundo. Así es como funciona el arrepentimiento espiritual genuino. Escúchame; no se trata de reformar un viejo hábito, se trata de alinearnos de una vez por todas con el propósito. ¿Crees que puede tardar mucho en darse todo eso? Sin irnos demasiado lejos en nuestro examen, podemos concluir que Pablo escribió que catorce años atrás, conoció a un hombre que fue arrebatado al tercer cielo.

No lo dice, pero sabemos que ese hombre fue él mismo. Pero jamás se tomó el trabajo de explicarlo, sólo le alcanzó su sabiduría para relatarlo. ¿O será que eso no puede explicarse? ¿Qué sucedería hoy mismo, pleno siglo veintiuno con todas las figuras del ambiente cristiano que conoces, si en un momento determinado, a alguno de ellos les ocurre lo le ocurrió a Pablo? ¿Te parece que se comportarán de la misma manera? Esa es la diferencia entre ser y parecer. Pablo ERA.

Lo que ocurre, es que, en las transiciones espirituales, el que no se arrepiente, se queda en lo viejo. Por eso es que todavía tenemos tanta gente militando en las antigüedades. La Biblia, no es un archivo muerto, es un mapa vivo. Desde aquellos antiguos profetas del Antiguo Testamento hasta Jesús, pasando antes por Juan, el mensaje siempre fue el mismo: ARREPENTIOS… La gran diferencia que existe entre religión y relación, es abismal.

Habría que hacer un censo eclesiástico para poder comprobar cuanto tenemos de lo uno y cuanto de lo otro. Te puedo adelantar que, si todavía andamos en la discusión interna de si se ora en lenguas o no se ora en lenguas, la conclusión que podemos sacar de todo esto, es bastante pobre. Y atención con esto: no soy uno de esos “lengüeros” que pretende y hasta exige que todo el mundo ande montado sobre el «bara bara,» lo sabes.

 Pero tengo el suficiente conocimiento y entendimiento como para probar y comprobar que, la gran ventaja de orar en lenguas, a menos que tú mismo la interpretes, es que no sabes lo que estás orando. Eso, debo advertirte, crea una atmósfera muy especial e interesante, porque lo que dices no pasa por tu mente, cosa que sí ocurre cuando oras del modo tradicional. Por ungido que estés de esta manera siempre lo que dices pasará por tu mente.

Y ya sabemos que nuestras mentes, por poco o por mucho, están debidamente programadas por la cultura griega infiltrada en la iglesia y no siempre es de ayuda, precisamente. Algunos de nosotros podemos pensar que sabemos mucho, pero… ¿Podemos explicar cómo fue que lo que hizo un hombre en una cruz, vino a ser parte de algo que cambió toda mi vida? Sólo sé que nada sé, decía el filósofo. A veces me dan deseos de imitarlo. Pero prosigo fiel a la meta.

 En primer lugar, porque es la única que realmente vale la pena. En segundo término, porque si quieres un futuro promisorio, no hay otra manera de arribar a él. Mientras tanto, podrás leer la palabra, interpretar tesoros escondidos cuando el Espíritu Santo te los revele o, en su defecto, tener charlas como estas, desprovistas de todo protocolo religioso y llenas de contenidos que seguramente enriquecerán muchas vidas. ¿Sabes por qué? Porque no salieron de mí, sino de Él.

Yo, apenas fui el canal por el que su palabra pudo fluir. Si digo que el pecado de murmuración es uno de los más abundantes en nuestros ambientes supuesta o genuinamente cristianos, no creo exagerar nada. Hay otros, es verdad, porque la imperfección y la carnalidad humanas no reconoce fronteras, ni siquiera las que instala un templo, unos cuantos bancos, un púlpito y una “congre” reunida. Pero el del chisme y la murmuración, lleva cómodamente la delantera.

En parte, porque el espíritu de crítica está instalado en la carne humana y, todos los adanes reunidos en una iglesia, no pueden ser la excepción. Y otro tanto, porque a veces dan muy buen resultado para socavar el piso a alguien a quien se aspira o directamente se desea reemplazar. Si has tenido la enorme providencia de ser alguien muy bendecido en lo material y, por esa razón has amasado una verdadera fortuna y te juntas con gente muy poderosa, seguramente que no faltará alguien, tanto de adentro como de afuera de la iglesia, que salga a decir por allí que eres un peligroso cristiano fascista.

Ahora bien; si por el contrario, tu mayor bendición radica en estar, ya sea acompañando o directamente conviviendo con la gente pobre, carenciada y necesitada de todo, entonces las mismas lenguas muy probablemente saldrán a crucificarte diciendo que eres un peligroso cristiano marxista. Pregunto: ¿Y qué deberíamos hacer, entonces, con un tal Jesús, que como nuestras biblias nos cuentan, estuvo sin problemas en las dos posiciones? Doble contra sencillo que después del shock al enterarse, lo más factible es que no ocurra nada. Así somos. Después pretendemos que el mundo nos acepte o nos ame.

Eso, Entiendo, Tiene Mucho que Ver…

 …con lo que nosotros mismos estimamos, suponemos y hasta opinamos respecto a la fe. ¡Como si a Dios le interesara nuestra opinión! Él ya opinó, lo hizo escribir en un libro y ahora espera que tú y yo lo creamos, lo aceptemos, lo asumamos, lo obedezcamos y lo vivamos, nada menos. Pero, cuidado, porque hay gente buena que cree que la fe es una simple cuestión de respetar lo que está escrito en ese libro. Nadie discute su validez y hasta su condición de sagrado, pero debo advertirte que no es tan así.

Porque si así hubiera sido diseñado por el Padre, Jesús durante su ministerio, -ya te dije-, nos hubiera dejado muchísimas cosas escritas. Pero fíjate que no, que Él no dejó absolutamente nada escrito de su puño y letra. Él se limitó a vivir una vida y mostrarla a quienes quisieran verla, como testimonio dinámico de esa fe. Por lo tanto, eso es fe. SER. Y genuino, no simulador. Porque en todo caso es lo mismo que llevó a Jesús a ser lo que todavía es para todos nosotros. El nombre sobre todo nombre.

A esto lo hemos repetido muchas veces y lo hemos creído sin cuestionar nada, pero decirte que lo hemos entendido o hemos podido vislumbrar el motivo por el cual ese nombre es lo que es, eso es otra cosa. Para sintetizártelo, lo primero que te voy a decir, es que Dios por espacio de todos los tiempos, siempre ha venido haciendo lo mismo. A ver si me entiendes con el espíritu. Con Noé, construyéndole un arca. Porque, a ver, ¿Quién es el arca? Cristo.

Con Moisés, construyó un tabernáculo. La misma pregunta, la misma respuesta. ¿Quién es el tabernáculo? Cristo. Y con Salomón, construyendo un templo. ¿Quién es el templo? Cristo. Siempre lo mismo. Siempre el Hijo. Siempre Cristo. Pregunto: ¿Es tan difícil de entender? ¿Es tan complicado de creer? Si eso no es guerra… Esto me recordaba algo que alguna vez le leí a Montaigne: “Hay tanta diferencia entre nosotros y nosotros mismos como entre nosotros y los demás”. Eso fue lo que dijo.

 Y entonces me lleva a consignar que la identidad individual es un concepto problemático. Y ni hablar de la colectiva, que es simplemente una fantasía. Porque nosotros no somos uno, somos una multitud. Esa es la definición de la iglesia estructural. Que no se emparenta con algunos episodios que me ha tocado presenciar y que me han hecho reflexionar mucho más que el mejor de los sermones evangélicos. Fui testigo, por ejemplo, en una ocasión, de una breve y muy rara conversación.

Un hombre le preguntó a un amigo mío, que es creyente, si tenía que empezar a preocuparse por la llegada del fin del mundo. Mi amigo le respondió que no, que, si no se había preocupado nunca por conocer el principio de ese mundo, no encontraba justificación para que le interesara el final. A veces, las grandes verdades no salen de las grandes bocas. Definitivamente, en muchos casos se enseña cualquier cosa.

He sido maestro durante muchos años, y deberé confesar que, en mis inicios, lo que conocía era por enseñanzas recibidas en estamentos denominacionales. Debo haber enseñado barbaridades como producto de mi ignorancia en primer lugar, y de mi todavía carencia de intimidad con el Señor. Me salvó en gran parte, que, por mi profesión, siempre me agradó investigar mucho y no decir nada hasta no haberlo chequeado tres o cuatro veces como mínimo.

De todos modos, no fui en absoluto la excepción a mucha enseñanza errónea que todavía se brinda. Como la que les dice a quienes escuchan que el Reino de los Cielos está en el cielo. Jesús ha dicho que si los que os guían os dicen que he aquí, el Reino está en el cielo, entonces los pájaros del cielo os aventajarán. Si os dicen que está en el mar, entonces serán los peces los que os aventajen. Lo cierto es que el Reino está dentro y fuera de vosotros”. 

¿De dónde saqué esto? De uno de los libros considerados “apócrifos”. Saca tus propias conclusiones. Pero, de todos modos, piensa. Si Jesús nos mandó en calidad de orden y no de sugerencia, escudriñar las escrituras, por algún sabio motivo tiene que ser. Escudriñar, tú lo sabes, significa examinar, indagar, investigar y averiguar algo con cuidado y atención, ¿Verdad? Entonces no es improbable que, al hacerlo, encontremos errores en aquellos que diagramaron el canon tradicional de nuestras biblias.

Pregunto: ¿No será también por esa razón que Jesús nos dejó ese mandamiento? A veces, entender el mayor trabajo que implica, es salirse de nuestra zona de comodidad. No siempre las cosas se desarrollan en los ambientes intrincados. En algunos casos, todo es maravillosamente más sencillo de lo que suponemos. Contaba un cantor de mi pueblo que, cuando dejó a su familia para venirse a la ciudad, su madre le dijo que le haría el segundo y último regalo de su vida.

Que el primero, como madre, había sido el de darle la vida. Y el segundo, ahora, darle la libertad total para que la viva. ¿Te das cuenta? A veces, cierta forma de simpleza tiene un enorme sabor a Dios.  Y eso me llevó a recordar que alguien dijo: cuando vean al que no ha sido engendrado de mujer, póstrense sobre sus rostros y adórenle, porque este es vuestro Padre. Claro está que, para nosotros, es lo más natural, lógico y casi obligatorio en la vida que alguien nazca de una mujer. ¡Hasta Jesús lo fue! ¿Verdad?

 Sin embargo, ahora piensa: ¿Dios Padre también? No. Esto forma parte de ese enorme misterio que ninguna mente carnal pudo, puede ni podrá develar jamás. Sólo por el espíritu, es posible. Es exactamente lo mismo que cuando Jesús dijo que Él ha traído un fuego sobre el mundo, y que será ese fuego el que lo preservará hasta que lo incendie.

¿Y sabes qué? Cuatro o cinco cabezones de esos que nunca faltan en los ambientes cristianos, crearon sobre esto una doctrina que enseña que el fin del mundo vendrá por fuego. Dime: ¿No entendieron que Jesús profetizaba sobre la obra del Espíritu Santo? ¿Era tan difícil de verlo? Cuando dice que el dios de este siglo cegó entendimientos, no está hablando de ninguna novela de ciencia ficción, créeme. Te doy una palabra que es muy probable que no la hayas leído ni escuchado nunca.

Dice: Cuando os conozcáis a vosotros mismos, entonces seréis conocidos y sabréis que sois los hijos del Padre viviente. Más si no llegáis a conoceros, entonces estaréis en la pobreza, seréis la pobreza”. ¿Qué te parece? ¿Te suena erróneo, equivocado o no apto para figurar entre nuestras palabras predilectas? Mira a tu alrededor, lo que estás viendo y no tan lejos, ¿No tiene esas características? Esto fue dicho por Jesús, pero no lo conocíamos porque sólo está escrito en “Los Dichos de Tomás”, un libro considerado apócrifo por los sabihondos que tradujeron la escritura.

Perdón, yo sólo veo verdad.  Jesús ha dicho que conozcamos lo que está delante de nuestro rostro y, como consecuencia de eso, lo que está oculto nos será revelado. Porque nada hay oculto que no pueda ser manifestado. Una rutina simple, casi infantil, pero ignorada por muchos que dicen ser sus seguidores. Lo que ocurre, en una enorme proporción de casos, es que el hombre no toma conciencia de su estado anterior a conocer a Cristo, es notorio.

Pero también es lógico, ya que está ciego espiritualmente y no puede verlo. Pero, ¿Y después? Cuando ya dio ese paso y entregó su vida al Señor, ¿No es tiempo de abrir los ojos y comenzar a vivir de otro modo? Según el hombre piensa, el hombre es, ¿Recuerdas eso? Tal cual. Mira; levantarte, desayunar, ir a tu trabajo, regresar, cenar con tu familia, ver televisión un rato y luego dormir. Ese es el final de un día tipo para más de medio planeta, a sea hombre o mujer, ya sea incrédulo o creyente.

 Pregunto: ¿Realmente creerás que para eso se te ha dado ese fino mecanismo llamado cuerpo y esa tremenda bendición llamada Vida? Si me apuras debería decirte que es más práctico el dudoso humor que alguien evidencia cuando dice que es un hombre libre, que no tiene que ocuparse de los pobres porque de ellos se ocupa la iglesia. Y tampoco de los ricos, porque de ellos se ocupan los gobiernos. Dice ser un hombre libre que no busca tener más, que sólo elige tener menos para tenerse más a sí mismo. De acuerdo, no es bíblico ni hay ni siquiera un versículo que diga algo así, pero… ¿No es para pensarlo un momento?

Hay Algo que no Terminamos…

 …de entender. El género humano en su conjunto, (Y hablo del que está fuera de Cristo, naturalmente), está atado a corrupción. Son gente muerta que llama a la muerte. Por esa razón es que no son útiles para nada. Y cuando digo para nada, estoy queriendo decir exactamente eso, para nada. Si los creyentes no sabemos dónde estamos plantados, no podemos asumir la responsabilidad que nos cabe a futuro, que como queda en evidencia, es mucha. O toda, podría decir. 

 Hay congregaciones enteras que todavía creen que todo se está alineando y que el fin no irá mucho más allá del año 2030. Por esa razón han decidido no casarse ni tener hijos. No alcanzan a entender que se están muriendo a una vida de Reino, que Cristo ya ganó para nosotros. Y todo por la influencia nefasta de esa doctrina satánica que el enemigo se las ingenió para arraigar a fuego en mucha de la llamada iglesia. Que la época puede confundirlos, es verdad, pero que no les funciona el menor discernimiento y tampoco el verdadero conocimiento, es más verdad que lo otro.

El mundo es lo que es, pero todavía no es el fin. La gente se inclina más por lo destructivo que por lo constructivo, y así es muy difícil operar en línea con el diseño divino. Por ejemplo, hay sitios en donde una persona que percibe 500 dólares mensuales de salario, se indigna porque otros reciben 4.000. Pero, curiosamente, en lugar de batallar y reclamar para que le mejoren su salario, elige operar para que se lo bajen a los que ganan más. ¿Alguien en su sano juicio puede entender eso? ¿Quién puede cambiarlo?

 Estaba leyendo hace unos días algo de historia relacionada con la fe en América, y de pronto me saltó ante mis ojos una frase de Martin Luther King, que decía: “Lo preocupante no es la perversidad de los malos, sino la indiferencia de los buenos”. De inmediato, me vino a la mente otra frase muy argentina y doméstica: “A quien le quepa el sayo, que se lo ponga”. A propósito de esto, recuerdo que hace muchos años, cuando todavía hacía mi programa de radio, se comunicó una mujer que dijo ser prostituta y querer cambiar de vida sostenida por Cristo.

 Lo único que la preocupaba, era saber si Dios iba a poder perdonarla por todo el caudal de pecado que había cometido y del cual quería arrepentirse, salir y ser redimida. Hicimos lo que se pudo hasta donde se pudo. Recibirla, escuchar su confesión, orar por su vida y entregarla luego a la iglesia para que terminara la obra y la llevara a un discipulado de bendición. No pudo ser. Varias hermanas adultas muy serias y celosas de las formas, se encargaron de ahuyentarla. Nunca más volví a saber nada de ella.

Eso me recordó un episodio del que fui testigo en una gasolinera, (Aquí les llamamos estaciones de servicio). Un hermano de la iglesia se puso a predicarle al empleado diciéndole que debía aceptar a Cristo, venir a la iglesia y pasar de ese modo a ser un hombre distinto. El empleado lo miró y le respondió: Perdón, ¿Para parecerme a usted? No, muchas gracias, pero paso. Hay una forma de pensamiento en el hombre del mundo que no va a ser modificada por metodologías también humanas.

O lo cambia el Espíritu Santo y lo da vuelta al revés o no lo cambia nadie. Es que esa forma de pensamiento secular, está basada en la muerte y en el temor. Y de allí es muy difícil moverlos con palabrerío religioso. Sin embargo, eso es justamente lo que Jesús vino a vencer y a destruir. Por eso es que ninguna doctrina sustentada en el temor a la muerte puede provenir del Dios de amor y vida en el cual creemos y amamos.

 Si pretendes cambiar la vida de alguien, pídele al Espíritu Santo que lo toque. Si lo hace, tu labor de evangelista será un trámite. Si no lo toca, puedes hablarle toda una vida sin que se mueva de donde está. Jesús vino a establecer su Reino, por eso el espíritu de la profecía es redentivo. Y nos tiene que conducir a qué cosa es la resurrección. Que es el haber vencido justamente al temor y a la muerte. Y, de paso, lo más abundante: el temor a la muerte. Eso es la resurrección.

Cualquier otra cosa que se profetice, es falsa. Porque, créeme, es más que importante saber dónde estamos plantados en esta vid de Dios. Y cuales nuestras perspectivas espirituales inmediatas. ¿Estamos avanzando o sólo apenas nos estamos moviendo? Porque hay algo que tengo que dejarte en claro: movimiento, no necesariamente es avance. A veces, en la mayoría de los casos me atrevería a asegurar, sólo es actividad, pero girando en un mismo lugar, sin avanzar ni un centímetro.

El estar ocupado en una congregación, por ejemplo, no siempre es sinónimo de avanzar. El avance, para que sepas, se nota. Porque tiene señales evidentes. Por eso hay dos visiones en la iglesia. Una, dice que es la esposa del Cordero. La otra, que es la novia. Pero aquí tengo un problema. Si eres novia, no tienes derecho a intimidad. Sólo serás una sola carne y cuerpo de tu esposo, si eres esposa. Está escrito, no es invento mío. Estúdialo, por favor.

Recuerda siempre que un ministerio es importante en el cielo, cuando apunta a las generaciones siguientes. Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob. Ahora hazte una pregunta que quizás nunca se te había ocurrido: ¿Qué hubiera ocurrido si Isaac, por ejemplo, hubiera decidido no asumir su rol? Simple. Dios hubiera comenzado todo otra vez desde cero, en este caso con Jacob, no ya con Abraham. Así es como funciona su diseño. Ah, y eso justamente es lo que nos está demandando hoy.

Porque yo, como creyente veterano y respetuoso, puedo justamente respetar la doctrina que enseña que sólo se entra al Reino en el día de nuestra muerte, no antes, aunque la propia palabra de Dios esté diciendo exactamente lo contrario. Lo que no puedo permitir es que nadie pretenda robarme ese ingreso al Reino HOY, que es lo que Cristo justamente vino a brindarle a su pueblo. No te pido que cambies tu doctrina de un momento para el otro, sólo te sugiero que lo pongas en reflexión y, esencialmente, en oración.

El Espíritu Santo, si se lo permites, te guiará una vez más a toda verdad. Dios mismo nos ha enseñado, y lo sigue haciendo, que para que la sociedad futura no sea dependiente de ciertos elementos pecaminosos, como podría ser el narcotráfico, es necesario que hoy, en este tiempo, ahora, no haya una sociedad de huérfanos. Porque si existe algo comprobable al punto extremo que protege a los hijos de la droga, ese algo es cultivar sincera y honestamente la honra por sus padres.

 Está comprobado fehacientemente por estudios muy serios y despojados de todo marketing comercial, que la honra los guarda de toda adicción. Porque toda a-dicción, que es falta de dicción, de comunicación, la honra la hace posible. Y eso previene y sana. Por eso creo que es tiempo de activar los movimientos misioneros con una óptica diferente. Basta ya de ir a cualquier punto del planeta a procurar que esos pueblos se parezcan a nosotros.

Es tiempo de ir a ministrarlos para que se activen los dones que Dios mismo puso en ellos desde antes del principio de los tiempos.  De todos modos, no es de mi interés en lo más mínimo, desacreditar nada de lo que multitudes de cristianos han acreditado. Pero resulta ser que, -y lo diré una vez más, aunque cause desagrado a muchos-, el sistema de interpretación bíblica denominado como hermenéutica, está hecho indudablemente sobre una base griega. Jesús jamás interpretó nada de lo que dijo con ese idioma como sustento.

Revelación es otra cosa y de ninguna manera se la puede estudiar así sea en los institutos o seminarios del más alto relieve. A Dios le agrada la gente que se preocupa en estudiar y saber más de todo, pero si se le antoja darle una tremenda revelación a un analfabeto, se la dará. Bastará con que esta persona sea fiel. Hay dos detalles básicos que evitan el engaño, por si te interesa saberlo. Estar medianamente informado de lo sustancial y conocer suficiente historia de lo principal. Eso evitará que alguien venga y te quiera introducir información falsa. La iglesia, como tal, ha sido víctima muchas veces y en todos los tiempos de esto. Todavía lo estamos sufriendo en algunos puntos.

Lo que También Sucede…

 …es que se nos han dado enseñanzas, sino falsas, al menos incompletas. Un caso visible es aquello de que pase lo que pase, no debemos preocuparnos porque Dios está en control de todo. A ver si nos ponemos de acuerdo. No sé de dónde sacaron eso, pero lo que sí sé es que la Biblia no dice eso. Dice, sí, que Dios gobierna, pero no que controla. ¿Estamos en claro? Nosotros somos Su imagen y semejanza, ¿Verdad? Entonces déjame advertirte que, si no sabemos cómo es que Dios gobierna, tampoco sabremos cómo gobernar nuestras propias vidas, tanto a nivel familiar como social.

 Sin ir demasiado lejos, el tema infierno. Sabemos que el diablo está vencido. De la misma manera que el mundo secular también lo está. Sin embargo, eso no significa que estén inactivos. El reino de las tinieblas, ¡Está activo! De otro modo no tendríamos el caudal de problemas que tenemos. Cuando yo declaro que está vencido, es correcto, pero si yo no entiendo su accionar, tampoco puedo prevalecer. Toma tu Biblia y lee. Te encuentras de pronto con Mateo 24 y, por poco o por mucho conocimiento que hayas adquirido, te das cuenta que es un capítulo clave.

 Depende cómo lo interpretes y lo pongas por obra, habrá de ser tu vida de fe y, especialmente de conocimiento. Pero tienes que partir desde una base sólida coherente y no desde la que alegremente se les haya ocurrido a algunos viejos cabezones determinar. Si eres de los que crees que el de Mateo es un libro del Nuevo Testamento, lo vas a ver y entender de un modo. Pero si entiendes que pertenece al Antiguo, lo veras de otro, casi opuesto. ¿Te instalé la duda? Fíjate: ¿En qué momento llega el Nuevo Pacto? Estudia, allí tienes la respuesta.

La sabiduría humana tiene sus limitaciones. Fíjate que Apocalipsis, según mi diccionario de la RAE, significa “Fin del mundo” o “Destrucción”, o “Hecatombe”. Tremendo. Ignorancia pura por usar máximo nivel intelectual para algo espiritual. Apocalipsis, (En realidad Apokaluptus), significa Revelación. Cuidado; no “revelaciones”, sino revelación. Es ni más ni menos que la revelación de Jesucristo, con todo lo que eso representa. Es el único libro que dice que es bienaventurado el que lo lee. Y es el único libro que la iglesia religiosa le prohíbe leer a los más nuevos porque aseguran que no lo van a entender. ¿Estás entendiendo lo que te digo? 

 Creo, que en el final de cada año vivido, debemos detenernos y reflexionar muy seriamente respecto a cuanto hemos aprendido, cuanto hemos avanzado y cuanta dirección genuina y divina hemos encontrado. No es algo opcional ni una cordial sugerencia. Es algo obligatorio, ya que de otro modo nos estaremos moviendo por información, que no es despreciable ni poca cosa, pero de ninguna manera por revelación, que es la única manera potable de moverse para los hijos genuinos de Dios.

Porque por información, debo advertirte, nadie jamás podrá cambiar nada. Por tanto, si algo deberías buscar sí o sí, es revelación. Pídela, búscala, espérala y vendrá a tu vida. De más está aclararte que, cuando tú aprendes algo que hasta hoy no sabías, y eso que aprendes no produce ningún cambio sustancial en tu vida, sólo has accedido a información. Pero, cuando lo que recibes es revelación, eso transforma tu vida para siempre, ¿Entiendes?

¿Con qué fundamentos digo esto? Con uno muy especial: mi vida. Yo viví eso. No lo leí en ningún libro, lo viví en mi ser integral. Y por causa de eso es que hoy puedo estar aquí, ¿Soy claro?  De todos modos, yo creo que hoy conviene, más que nunca, decidirse a estudiar a fondo las escrituras. Porque creo que es notorio y visible que hay una enorme confusión en el seno mayoritario de la iglesia, y es en forma de pregunta: ¿Jesucristo es Rey o sólo nuestro Salvador personal?

A ti, que quizás tienes o has tenido una formación muy sobria en manos de maestros genuinos, esta pregunta podrá parecerte una tontera innecesaria. Pero, créeme, existen más de una doctrina sumamente ambigua en cuanto a esto. Creo que te dejaré una tarea. Yo te acompaño, si quieres, pero desde ya voy a ser contundente en esta definición: la verdad, ES UNA. No existen diversas verdades. El Espíritu Santo, que es guía a toda verdad, ES UNO. Por eso es que aquí es donde debemos tener presente que la palabra dice que los últimos días serán como los días de Noé.

 Dios estaba advirtiendo destrucción a una tierra corrupta y nadie parecería querer oírle. Hoy, la tierra está otra vez bajo enorme corrupción y los hombres siguen sordos, aferrados a sus credos sectoriales o doctrinas denominacionales. ¡Hola! ¡Me oyes? ¡Holaa! He dicho en muchas ocasiones de estos tiempos, que la pandemia de Covid que transitamos, convirtió a muchos hogares en iglesias. Y que fue allí, justamente, donde descubrieron que no todos esos hogares estaban sanos como para constituirse en iglesias o, dicho en términos bíblicos, asambleas de representantes de Dios en la tierra.

Algo te queda a la vista. Si no hay hogares sanos, jamás habrá iglesias sanas. ¿Por qué? Porque la iglesia nació en las casas, no en un templo. Salvos tú y tu casa, se dijo. Y eso hablaba de sanidad. Por ese motivo es que, precisamente, el enemigo pone su mira de ataque en la familia, que es la casa. Sabe que, destruyéndola, destruye toda posibilidad de cuerpo de Cristo en la tierra. Fíjate que cuando te conviertes, viene alguien y te dice qué cosa y en qué cosas debes creer, ¿Verdad?

Cuidado; eso puede ser correcto o incorrecto, el tiempo lo dirá. Pero resulta ser que Dios sabe eso, y por esa razón es que nos manda a escudriñar las escrituras. No para que seamos grandes teólogos y firmemos biblias al cholulaje cristiano que nos las entrega, sino sencillamente para no errar el blanco. Sin irnos demasiado lejos, ni saltar por las ramas de la divagación extravagante, te pregunto como ejemplo de todo eso: ¿Cuántas naciones hay en la tierra?

Mira, te puedes pasar días y días buscando una respuesta más o menos sólida. Naciones antiguas y conocidas, naciones nuevas de las que jamás habías oído hablar y, como punto básico, naciones de las que todavía no te has enterado que existen. No te gastes más, te cuento que, según Dios, las naciones son ciento veinte. ¿Por qué digo esto? Simple, porque esa fue la cantidad de personas que recibieron el impacto del Pentecostés.

Obvio que la pregunta inicial, ahora nos trae la otra: ¿Cuáles son esas naciones? Tengo una respuesta de altísimo nivel de enseñanza: no lo sé. No lo sabemos. Porque nosotros pensamos y hablamos en función de las fronteras que conocemos. Pero tengo que aclararte otra vez que, a esas fronteras, las puso el hombre, no Dios. Dios sabe hoy cuales son las naciones que Él tiene en cuenta y, nos agrade o no, lo entendamos o no, se mueve en razón de eso.

 Eso es casi igual al tan famoso tema del rapto, nombre otorgado por carencia de conocimiento a lo que una porción de nuestras biblias, (Y no varias, una) te muestra con el rótulo de arrebatamiento. Para tu información, si todavía comulgas con alguna denominación de esas que cree y sustenta al rapto, que esa teología no tiene inicio en los albores del cristianismo, sino que fue construida, armada y puesta en marcha por apenas cinco personas, de las cuales sus nombres están a disposición de quienes los investiguen en las profundidades de internet vía buscadores de los más conocidos.

 Y que esos hombres decidieron armar esa teología, basándose en la visión que tuvo una jovencita de sólo quince años de edad. Rapto. A ver. ¿Nadie se preguntó por qué iba a producirse algo así, que era una proverbial huida de la tierra, por parte de una asamblea divina puesta para derrotar a un enemigo y no para escabullirse de él? No. Nadie se tomó el trabajo de pensarlo ni cuestionarlo. Si esos cinco cabezones decidieron que había que creer eso, ¿Quién sería yo para decir lo contrario?

Simple: un hijo de Dios que cumple con el mandamiento de escudriñar las escrituras. Es que hay una realidad no alentadora, incluso en cuestiones en las que no debería ocurrir. Si le pides, por ejemplo, a cien personas que dicen ser cristianas, que te definan en pocas y precisas palabras que cosa es la gloria de Dios, vas a encontrarte con que muy difícilmente la gran mayoría de ellos pueda lograrlo. ¿Sabes por qué? Porque, independientemente de que no hayan tenido mayor información o enseñanza al respecto, la dura y triste realidad es que jamás la han experimentado.

 Por eso no pueden hablar de esa desconocida gloria. Y, justamente por esa razón, allí mismo es donde comienzan a aparecer los reemplazos humanos para esa gloria divina. Cuidado que tampoco tienen muy en claro que la palabra Evangelio significa buenas noticias o buenas nuevas. Si un día te comunican que te aumentaron el salario, que vas a ser padre, o que te regalan unas vacaciones, fíjate que habrás recibido tres evangelios distintos. Porque ese es el significado: buenas noticias, buen mensaje o buenas nuevas. Ahora te pregunto: ¿Tú crees que eso es lo que hoy predica la mayoría? 

Y ni Hablemos en lo que Respecta…

 …a conocimiento teóricamente teológico. Allí hay un estado masivo de confusión, producido por la inclusión de enseñanzas sustentadas en doctrinas denominacionales de dudosa validez que, con el correr de los tiempos, cuesta horrores sacar de las mentes de las personas y aportan más confusión todavía. Ejemplo 1: cuando en Mateo 24 Jesús les dice a sus discípulos que no pasará esa generación antes que sucedan todas esas cosas que les ha dicho, lo que está diciendo es literal.

¿Por qué? Porque si hubiera sido como durante tanto tiempo se nos enseñó, Jesús en ese momento les hubiera estado mintiendo a sus discípulos. Esa es una. La otra, es que muchos son los cristianos que creen que la única forma de estar con Cristo, es irte al cielo en un arrebato o con la muerte. 1 Tesalonicenses dice eso. Amén. Pero 1 Tesalonicenses 5:10, luego, dice que vivamos o durmamos, siempre estamos con Él. Y entonces, ¿Cómo es?

Estúdialo, es tu tarea si amas crecer. Pero te advierto que ni la Biblia ni Pablo se contradicen. Aprende y luego pon por obra lo aprendido. Tenemos una óptica muy singular para ver ciertas cosas de un modo y, otras similares, de modo diferente. Por ejemplo: hoy, si no sabes música, no puedes ejecutar ningún instrumento de manera profesional. Eso es correcto y adecuado, pero, me queda una duda: ¿Alguien recuerda que los primeros músicos tocaban a puro oído, y que los símbolos musicales fueron inventados después y se comenzaron a utilizar mucho después?

 Ese es un ejemplo de algo bien nuestro. Hoy, si no lees versículos específicos, no puedes predicar sin correr el riesgo que te digan hereje o algo parecido. Y supongo que está bien desde la óptica de no decir tonterías que nada tienen que ver con la palabra de Dios. Pero, ahora pregunto: ¿Alguien recuerda qué cosa era la que leía Jesús antes de comenzar sus predicaciones? ¡Por favor! Estamos hablando de fe, no de mitos. La verdad absoluta, solamente es Dios.

Todos nosotros, en tanto, caminamos en esa verdad conforme a cómo sea nuestra relación con Él. Cuando nos alejamos un poco, entramos en opiniones personales, y eso de ninguna manera puede ser considerado como absoluto, y muy pocas veces, como verdad. Porque el vocero repite lo que ha oído, no lo inventa. Vocero, te recuerdo, es la traducción de profeta. Sin ir demasiado lejos, fíjate que Jesús no predicaba el evangelio de la salvación, ese que predicamos nosotros por amplia mayoría hoy.

 Él predicaba el evangelio del Reino. ¿Y cuáles eran las diferencias entre el uno y el otro? Que con el primero, el que gana eres tú, mientras que, con el segundo, tú eres el que se somete. Otra: el de salvación, te da vida eterna, mientras que el del Reino, te empodera, te convierte en un santificado influencer de la vida abundante. Todas estas cosas forman parte de un andamiaje mitad informativo y mitad espiritual que no siempre abunda en nuestros ambientes.

Todavía es mucha la gente que ha oído criticar a los discípulos de Jesús por no haber entendido en su tiempo quién era Él realmente. Les han endilgado un par de calificativos que seguramente habrás escuchado: ¡Brutos! ¡Torpes! Es lo mínimo que le han dicho. Yo me tomo el atrevimiento de decirle a esta gente que rotula así a esos muchachos: ¡Ignorantes! ¿No entienden que ellos todavía no tenían al Espíritu Santo guiándolos a toda verdad como hoy tenemos, o deberíamos tener todos nosotros?

 ¡Era Jesús en carne el que estaba con ellos! ¿Cómo podrían recibir revelación? Sin ir muy lejos, hay un texto que te habla de “El Día de Jehová”, como el final de todas las cosas. Y no son pocos, (Tal vez debería jugarme y decir que son muchos, demasiados), los que están estáticos y esperando que llegue ese día de veinticuatro horas donde evidentemente todo se habrá de derrumbar. ¿Nadie te enseñó, y luego te lo recordó, que para Dios un día es como mil años y mil años como un día?

¿Y qué supones que significa eso? Que mientras nosotros vivimos un tiempo atados a un pedazo de tierra flotando en el universo, Él desde Su eternidad, vive en un tiempo divino que con nuestra mente finita jamás podríamos llegar a entender. Es una batalla y tú eres un soldado. Recordaba que alguien dijo alguna vez que eran bienaventurados los cantantes, porque cada cantor, aseguraban, era un soldado menos. Y añadía que los uniformes, (Hablando de formalidades estructurales); no valen nada.

Y a modo de ironía se preguntaba: ¿Qué es un general desnudo? Lo cierto es que los verdaderos valientes, no le temen a nada. Solamente les tienen un poco de recelo lindando con el temor, a los tontos. ¿Sabes por qué? ¡Porque son muchos! Y en ciertos casos, hasta conforman una enorme mayoría. Y nadie les dirá que tienen absolutamente la razón, pero lo cierto es que, si tienen mayoría, a veces con eso les alcanza para ostentar el poder.

 Veamos. Si tu cometes un robo menor, vas preso dos o tres meses. Cuando sales de prisión, has cumplido tu condena y has pagado tu deuda con la sociedad. Sin embargo, es muy difícil que alguien te dé un trabajo, por causa de tus antecedentes. Para esa sociedad, eres libre, pero lo que no eres, es justo. Dios no hizo, no hace, ni hará jamás eso. Cuando vas a sus pies, arrepentido y presto a cumplir tu condena por causa de su sentencia, Él te perdona y, de inmediato, pasa al segundo nivel, que es olvidarse de tu pecado.

Y una vez redimido, tú te quedas como si jamás lo hubieras cometido. Para que quede claro. Dios es un Dios JUSTO, ¿Verdad? Entonces dime por qué razón todavía seguir creyendo que un día destruirá todo haciéndola pagar a UNA generación (La que esté con vida en ese día); los desatinos cometidos por todas las generaciones anteriores. ¿Eso es Justicia? No es UN DIA, es UN TIEMPO. Piénsalo. Recuerdo alguna vez haber sido testigo de un hecho que me dejó pensando mucho tiempo.

Fue cuando dos jóvenes de mi pueblo, conocidos por sus ínfulas soberbias producto de ser hijos, cada uno, de personas poderosas y acaudaladas, pasaron junto a un anciano de campo, vestido con prendas rurales. Se burlaron de él con palabras obscenas y luego, ante la pasividad serena del viejo, lo insultaron con todos los improperios groseros que se te ocurran. Él no les respondió nada. En un momento dado, y ante la algarabía de insultos que proseguía, se puso de pie lentamente, tomó un pequeño látigo que traía consigo para azuzar a su cabalgadura, y manejándolo con alta destreza, les propinó una tunda tal que los dejó desparramados a los dos por el piso.

Fue eso, nada más, pero a mí me fue suficiente para aprender que la mayor recopilación de insultos de alto peso, son apenas el arma preferida de los cobardes arrogantes que, cuando llega el momento de demostrar su valentía, se derriten en su propia pequeñez y mediocridad. Mi padre era un hombre poco letrado y de pocas palabras, pero que nunca utilizaba un lenguaje grosero, Si se tenía que pelear con alguien, no lo dudaba, porque tenía la cultura del gaucho argentino, pero sin propinar ni un solo insulto a su adversario.

No era muy dado a dar consejos paternales, pero con el vocabulario fue muy claro siempre conmigo. Con el ejemplo. No en todo, es verdad, pero si en eso, en lo concreto. Los padres cristianos deberían tomar en cuenta esto para trasladarlo a sus hijos. Algo así como: “Hijo, no digas palabras groseras, afean tu boca delante de Dios”. Nada más. Pero, a los hijos les cabe otra sugerencia diferente. Algo así como: “Amados padres, no las diré, pero por favor, denme el ejemplo”.

Las malas palabras no existen, Dios las hizo buenas a todas. Los hombres, luego, las convirtieron en -como se dijo antes- armas dignas de cobardes. De hecho, las malas palabras, también conocidas como groserías, palabrotas o insultos, son una parte natural del lenguaje humano. Y desde lo conceptual, hay distintos puntos de vista al respecto. Dicen los que han profundizado científicamente en esto, que esas palabras ayudan a liberar emociones intensas tales como la frustración, el enojo o, incluso, el dolor físico. Un modo de hacer catarsis. Allá cada uno en su dimensión, pero nosotros, nosotros tenemos una sola fuente y no podemos hacer fluir agua dulce y amarga por ella. Es una o es la otra. 

Lo que vemos a diario, es que, en ciertos contextos, como ser entre amigos cercanos, usar ese lenguaje fuerte puede fortalecer vínculos y crear un sentido de camaradería, siempre que todos estén cómodos con ello. Sin embargo, en otros contextos, tales como el trabajo, la escuela o con personas mayores, usar ese tipo de palabras puede considerarse como vulgar o directamente irrespetuoso. En síntesis, las malas palabras no son «buenas» ni «malas» por sí solas; su impacto depende de cómo, cuándo, con quién y por qué se usan. Tener conciencia del contexto y del efecto que pueden tener en los demás es clave para usarlas (o evitarlas) con inteligencia.

Además, Aún con el Mayor…

 …de los esfuerzos de imaginación, nos resulta imposible ver a un Jesús hablando con ese lenguaje. Algo debe significar eso. Y no estoy siendo fariseo, sólo criterioso. Y cuando digo fariseo, utilizo el término en el mismo sentido que lo usa la mayor parte de la cristiandad en su conjunto. Como símbolo o sinónimo de legalismo, de inflexibilidad en los juicios, en rigurosidad en las expresiones y, en casos, en cierta crueldad manifiesta.

Sin embargo, cuando nos adentramos en la historia genuina, nos encontramos con que esa gente, los llamados fariseos, eran personas que gozaban de mucho respeto en su marco social. Y que, además, eran hombres que hacían tremendos esfuerzos para arribar a un grado de perfección que era lo que ellos estimaban como indispensable para formar parte del pueblo santo. El único problema que tenían, y que de ninguna manera era patrimonio exclusivo de ellos, era su ceguera espiritual.

No es que no querían ceder a Jesús o deseaban eliminarlo por maldad, ¡No lo veían como lo que era! El Mesías esperado, el Hijo de Dios encarnado en un hombre. Yo pregunto y me pregunto si seremos muchos, o pocos los que hoy podemos verlo con certeza de esa manera. No lo sé, cada uno creo que establece una mirada conforme, justamente, a lo que observa en sus cercanías. Pero que hay un grado proverbial de inmadurez espiritual en una gran parte del pueblo, lo hay.

Eso puede observarse ante diálogos muy frecuentes que se dan cada día. Uno de ellos, por ejemplo, sería: ¿Eres cristiano? – ¡Si! – ¡Gloria a Dios! ¿Y a qué iglesia vas? – A ninguna. – ¿Cómo que a ninguna? ¿Eres cristiano y no asistes a ninguna iglesia? – No, porque yo soy iglesia. – ¡Ah, bueno, si, entiendo! Entonces te pregunto: ¿A qué templo vas? – A ninguno. Yo soy templo del Espíritu Santo. – ¡Pero hermano! ¡Si no asistes a ninguna congregación, dudo mucho que puedas ser salvo!

– ¿Ah, no? Y entonces Juan, en Patmos, ¿Se perdió? ¿No fue salvo, finalmente? – Bueno, pero es un solo caso, aislado. Él estaba solo allí, no podía congregarse. – De acuerdo, entonces se dedicó a orar, a buscar a Dios en su intimidad, a dialogar con Él, a escuchar lo que el Espíritu Santo le dictaba y, como resultado de todo eso hecho en soledad, escribió un libro que hoy bendice a toda la humanidad. ¿Será que todo fue una pura casualidad? ¡Por favor!

En tiempos en donde no son pocos los que, llevados por diversos criterios y comprobaciones técnicas, hablan de la posibilidad de una Tercera Guerra Mundial, creo que convendría recordar y recordarles a todas esas voces negativas y pesimistas, algo que a nadie se le puede escapar. Suponiendo que una tercera guerra se cumpliera y desarrollara tal como se lo menciona, ¿Cuál creemos que sería la imagen de una Cuarta? Indudablemente, nuevamente con palos y piedras, como las primarias guerras de la antigüedad.

¿Me estás entendiendo? Lo que intento mostrarte es que la vanidad y el egocentrismo humano, que en los espacios de poder no sólo abunda, sino que directamente sobreabunda, no están asumiendo ni probablemente asuman nunca que el poder nuclear que hoy se posee, es igual a la destrucción de todo y de todos. Me gustaría mucho saber qué mirada tiene la iglesia sobre esto. ¿Política? ¿Espiritual? ¿Natural? ¿Religiosa?

Es indudable que, a la vista de todas estas cosas más que visibles, lo que se impone en cada creyente fiel es la oración. Muy bien, pero tomándonos de una realidad palpable y no de una figuración corriente y casi histórica, ¿Qué cosa es la oración? Creo que habría no menos de diez respuestas aptas y sólidas para entregarte, pero me quedaré con una que todavía gira en los alrededores de una gran mayoría de creyentes. La oración es un misterio incomprensible. ¿Un misterio? ¿Por qué digo esto?

Porque hay varios problemas envueltos en la oración que, a todas luces, resultan inexplicables. Y como son muy pocos y altamente escasos los cristianos que saben cómo conducir esos problemas, por consecuencia también serán muy pocos los que con su oración llegan a los oídos de Dios como deberían llegar. Y no es lo único. Creo que hay una asignatura pendiente desde hace mucho tiempo, aunque esto no agrade a ciertos y determinados oídos: la carencia de liderazgos genuinos, más allá de los oportunistas de siempre.

¿Recuerdas la historia de cuando las aguas del Mar Rojo se abrieron y el pueblo de Israel pudo huir de Egipto cruzando por allí? ¿Recuerdas que luego de haber pasado el último israelita, las aguas volvieron a cerrarse y ahogaron a todos los egipcios que venían persiguiéndolos con sus carros? ¿Recuerdas que tu Biblia te cuenta que el Faraón fue casi el primero en morir en ese episodio? Escucha: ese Faraón era casi de la familia con Moisés, habían crecido juntos en la corte egipcia.

Pero endureció su corazón y prefirió morir a darles permiso a los ex esclavos a irse de su tierra. Pero hay un detalle que no es menor. Él no se quedó en la orilla a ver cómo funcionaba la persecución, mientras sus soldados avanzaban y se ahogaban. Él murió porque, tal como era esencia en esos tiempos, el líder de lo que fuera iba al frente, mostrando el camino. Obvio que no me simpatiza Faraón, pero sólo por esa acción, debo respetarlo. Hoy los líderes dirigen las guerras desde sus oficinas con aire acondicionado. ¿No es una falsedad hipócrita a lo que implica ser un referente o conductor?

La gran pregunta que nos queda en el aire luego de examinar este tipo de cosas, es: si Dios es omnisciente y omnipresente, y como tal, sabe perfectamente y hasta muchísimo tiempo antes que suceda, lo que nos ocurre a qué cosa es lo que necesitamos, ¿Por qué se nos manda a orar para tenerlo? ¿No nos lo podría dar por sí mismo? Parecen preguntas tan lógicas y racionales que, no tengo dudas, se las deben haber formulado para sí mismos o no, muchos cristianos sólidos y fieles.

 Muy bien; la respuesta es NO. Dios no hace ni hará jamás algo así. ¿Por qué? Porque Él no hizo, no hace ni hará nunca nada en soledad. Entiende que no nos creó para que un día vayamos al cielo con Él o al infierno con Satanás. Él nos creó para trabajar en unidad con nosotros en todo lo necesario para este planeta. Es decir que, cuando oramos, no le estamos diciendo algo que Él no sepa, sólo le dejamos en evidencia que lo estamos apoyando en su acción inmediata. Eso, claro está, si lo que oramos coincide con su voluntad y propósito.

Alguien me dijo hace muy pocos días que, si bien en todas estas cosas pensaba de la misma manera que lo hacía yo, las llamadas redes sociales a las que era muy afecto terminaban por confundirlo, porque en muchos casos decían exactamente lo contrario con una seguridad manifiesta que lo hacía dudar de lo otro. No puedo desconocer que eso, en una enorme proporción de casos, es estricta verdad. Hoy, en este sistema de vida social que parecería hemos adoptado en mayoría, la opinión de las redes pesa y pesa mucho.

Se están utilizando con fines electorales y no hay dudas que han dado excelentes resultados a quienes la adoptaron para eso. Sin embargo, hay algo que definitivamente los creyentes debemos aprender, y es que las mayorías, en lo que sea, no siempre tienen la razón. Sólo tienen mayoría y, en muchos y determinados casos puntuales, mayorías compradas y pagadas a muy buen precio. Ser creyente no implica ser crédulo. Ser pacífico no significa ser pasivo. Ser puro y transparente no significa ser estúpido. ¿Fui claro?

En lo Personal… 

 …todos los que me acompañan en esto lo saben perfectamente, utilizo esas redes sociales en la medida de las necesidades de comunicación del ministerio. Tanto en la red “X”, (Antes Twitter), como en Spotify y YouTube, tengo presencia cotidiana y comprobable. Eso sí, siempre con mi nombre y apellido en calidad de firmante responsable. Es decir: lo que vulgarmente se dice “dando la cara” en cada cosa que digo, tanto en lo relativo al estudio de las escrituras como a la realidad de su aplicación en la vida diaria.

Sólo me permito una actitud que de ninguna manera puede ser tomada como una falta de respeto o algo parecido. Por el simple hecho de poner toda mi persona detrás de una enseñanza u opinión, no acepto ni mucho menos respondo a nadie que me escriba y quiera tomar contacto conmigo utilizando seudónimo. Yo sé que es lo que se usa y que hasta forma parte del costumbrismo actual, pero igualmente lo considero una injusticia, y como tal, válida para hacer valer mi derecho a una no respuesta.

A veces lo suelo comparar con la oración dirigida al cielo y su respuesta o no respuesta. De hecho, orar no es un juego religioso que se compone de arrojar palabras al aire aguardando que retornen con alguna forma de magia hacia nuestras vidas. La oración, (Aunque lo sabemos muy bien, no siempre lo recordamos), es una acción divina y ciento por ciento sobrenatural que se ejecuta entre Dios y el hombre en mutua colaboración.  Pero, entonces; ¿Es que el hombre puede colaborar con Dios?

Lo digo de otro modo: ¿Es que Dios necesita de la colaboración del hombre? Aunque no encaje con lo que durante mucho tiempo puedan haberte enseñado, la respuesta a ambas preguntas, es afirmativa. Porque algo es muy simple y, de tan simple, no siempre lo vemos o lo tenemos en cuenta. Si oramos, Dios hace su voluntad. Pero si no oramos, entonces Dios suspende todo lo que tenía para hacer por simple carencia de nuestra colaboración aquí en la tierra, donde evidentemente hemos sido colocados para eso, comenzando nada menos que con Adán.

Lo que nos sucede a casi todos los creyentes, por mejor intencionados que seamos y por más fidelidad que tengamos para con el Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, es que hay una serie de elementos de nuestra relación con Dios que no siempre conocemos. Pensamos que por hacer tres o cuatro cosas bien en la tierra, (Aunque en gran mayoría sólo suelen ser cosas religiosas), nuestro patrimonio de aceptación aumentará en el cielo, y no es tan así como lo suponemos.

Es muy cierto que todas las acciones del cielo están gobernadas por nuestras acciones en la tierra. Eso, que parece algo muy valioso a nuestro favor, sin embargo, tiene una contra visible: todos los movimientos que pretenda llevar adelante el cielo, para lo que sea, estarán limitados por la abundancia o escasez de nuestros movimientos en la tierra. De eso se trata aquello de atar y desatar, ¿Recuerdas? Todo lo que atáremos aquí, será atado allá y viceversa, eso está muy bueno. Pero la contraparte se impone: todo lo que no atemos por la razón que sea aquí en la tierra, tampoco podrá ser atado en los cielos. ¿Entiendes lo que representa eso como responsabilidad?

¿Sabes qué? El tema de la oración ha sido, durante muchos años, reducido a un sitial secundario a través de las mismas autoridades supuestamente designadas para enseñarlo como valor superlativo. Pero lo minimizaron, cuando en realidad yo creo ver si es que no exagero mi visión, que la oración es la base central del evangelio del Reino y de la propia y mismísima voluntad de Dios. Yo me pregunto, hoy, y luego de haber sido testigo presencial y auditivo de centenares o millares de oraciones de cristianos de diversas latitudes, algo que tal vez tú mismo te hayas estado preguntando.

¿Cuántas de nuestras oraciones, hoy, ahora, expresan verdaderamente la voluntad de Dios y no la centralidad manifiesta de nuestro Ego? No sé cuál podrá ser tu respuesta, porque no sé cómo lo has medido en el lugar donde resides, pero lo que es de mi lado, en mi patria de residencia y en los sectores donde he podido incursionar, puedo asegurarte que hay un porcentaje mayor en la segunda opción que en la primera.

Si todo esto no tiene que ver con alguna forma de idolatría, no sé de qué te estoy hablando. Es curioso, pero la enseñanza tradicional nos ha impuesto que, decir idolatría, es hablar necesariamente de santos y vírgenes del catolicismo romano, y créeme que no es así. Hay otras formas y objetivos de idolatría. Y te doy un ejemplo. Un día, y en un determinado tiempo de la historia, el gran Moisés se murió, tal como cada hombre o mujer están destinados en el final de sus ciclos de vida.

 ¿Alguien sabe dónde fue enterrado? No. Pero no fue el único, ya que una cosa muy similar sucedió con David, del cual nadie conoce donde se encuentra su tumba. ¿Casualidad? No. ¿Motivos? Dios no permitió que esa información se conociera. ¿Razones? Una sola. Fue la mejor jugada, en ambos casos, para evitar que un pueblo convirtiera a esas tumbas en centros de idolatría. ¿Te cabe alguna duda que eso podría haber sucedido?

Lo mismo sucede con la oración en favor de alguien que está siendo de piedra de tropiezo para la extensión del evangelio del Reino. ¿Recuerdas cuando Samuel quería orar por Saúl lo que Dios le dijo? Simplemente le dijo que no orara más por Saúl, que Él ya lo había desechado. De hecho, entonces, es un error ayudar a quien Dios desecha. Esto, inexorablemente nos lleva a otra duda en forma de pregunta: ¿Así de cruel será Dios? No. Dios no es cruel en absoluto, no te confundas.

 Lo que sí es Dios, es Justo. Te doy un ejemplo sencillo y didáctico contigo de protagonista. Imagínate en pleno diluvio en lugar de Noé o alguno de su familia. Te pregunto: ¿Hubieras abierto las puertas para permitirle entrar a toda esa gente que se estaba ahogando allá afuera? ¡Que tremenda duda! ¿Verdad? Sin embargo, no la hay por una sola y sencilla razón: En el juicio de Dios, el hombre no participa. Así de simple.

Pero me quedé enganchado con el tema de la oración. ¿Has leído que lo que atas o desatas en la tierra, será atado o desatado en el cielo? ¿Si? ¿Y qué piensas de eso? ¿Lo crees tal cual está escrito? ¿Nunca te preguntaste por qué razón Dios deberá esperar que la tierra ate algo para recién allí Él poder atarlo en el cielo? Y voy más allá, todavía: ¿Es verdad que lo que no se ata en la tierra no puede atarse en el cielo?

Si quieres soy más puntilloso o creativo. Si existiera alguna forma de retraso en atar algo en la tierra, ¿Ese retraso se convertiría en la misma actitud del cielo? Es muy curioso y llamativo todo esto, porque no existe, -al menos hasta donde yo sé-, una respuesta “racional” a ninguna de estas preguntas. Claro está que aquí es donde me toca recordar una vez más y hacerlo público, que, de racional, la fe auténtica y genuina no tuvo, no tiene ni tendrá jamás nada.

Según el Diseño Divino…

 … del cual una enorme y llamativa mayoría conoce muy poco o nada, existe un principio básico que nos lleva a auto formularnos una pregunta: ¿Cuántas oraciones crees o supones, hoy día, expresan verdaderamente la voluntad de Dios y no la de ciertos y determinados hombres o nombres? Dicho de otra manera: ¿En qué medida nos olvidamos completamente de nosotros mismos y buscamos solamente la voluntad del Señor?

 Y no me introduzcas relatos o muletillas religiosas que ya las conozco a todas. Te digo más: ¿Cuántos trabajan en unidad con Dios para orar? Hacerlo no sería, como algunos suponen, perder nuestra libertad o identidad, todo lo contrario. Hacer eso sería entrar en lo que la conducta humana rotula como humildad y posteriormente obediencia, pero que, en idioma bíblico y espiritual, es nada más ni nada menos que ser Justos.

Es lo mismo, y vuelvo atrás, que respecto al modelo del arca de Noé que te di anteriormente. Puedo darte otro del mismo tono. La construcción de la Torre de Babel. Tú sabes cuál era la intención de esos hombres y cuál fue la justa respuesta de Dios. Ahora imagínate en esa situación. Viene alguien y te cuenta que se acaba de derrumbar esa hermosa torre que se estaba construyendo en Babel. ¿Cómo reaccionarías? Dirías, por ejemplo: ¡Vamos, hermanos! ¡Llevémosle ladrillos a esa pobre gente que se ha quedado sin nada, para que puedan reconstruir lo que perdieron!

¿Eso harías? ¿Y quién te dijo que hicieras eso? Dios no creo, ya sabes lo que Él pensaba al respecto. ¿Y entonces? ¡Es que es nuestro deber como creyentes ayudar al necesitado! No. Ni lo sueñes. Nuestro máximo deber como creyentes, como hijos de Dios, que es como me gusta auto denominarme, es obedecer a Dios. Y en ese tema, creo que Dios ya había hablado y bastante claro.

No puedes pretender dominar cuestiones que no te incumben por el simple hecho que tienes una determinada formación, capacidad o sencillamente una credencial. Hay cosas que están por fuera y por lejos de tu influencia, sólo debes aceptarlo, asumirlo y proceder en consecuencia. Has sido agraciado con un cuerpo que te sirve para relacionarte con todo el mundo humano que te rodea, pero no tienes sobre ese cuerpo mayor dominio que cuestiones elementales. Por ejemplo, si ese cuerpo tuyo se enferma, tú no puedes enseñarle a sanarse.

Tu cuerpo, aunque hoy probablemente todavía ni lo entiendas ni lo asumas, ya trae ese programa en su disco duro. Lo único que debes operar tú, es la clave de ingreso. ¿Quieres saber cuál es? El sueño. Todo cuerpo enfermo necesita dormir correctamente para comenzar a sanar, al menos de todo aquello que exista posibilidad cierta de sanidad. ¿No terminas de creerlo como cierto? Pregunto: ¿Quién le enseñó a cicatrizar a tu rodilla lastimada? Tú no lo hiciste, ¿Y entonces quién? ¿Entiendes ahora de lo que hablo cuando te digo que necesitas cero egos?

Lo que ocurre es que, cuando traemos nuestra voluntad y nuestro pensamiento a Dios, la voluntad y el pensamiento de Dios, comienza a reproducirse en nosotros. No me preguntes cómo es que sucede eso, pero lo cierto es que, de allí en más, esos pensamientos y esa voluntad divinas, pasan a convertirse en nuestros propios pensamientos y voluntad. Cuando finalmente y luego de inmensas luchas contra nuestra propia carnalidad, con nuestro ego del alma y con todas las baterías de demonios influyendo en nuestras vidas, poder orar en ese estado de unidad con el cielo, es nada menos que completar un verdadero combo de altísima autoridad. Autoridad, te recuerdo, no es ponerte a gritar como un desaforado que eres quien está al mando, ni tampoco hacer valer una credencial de plástico otorgada por una junta de viejos cabezones. Autoridad es decir exactamente hoy lo que Dios está diciendo hoy.

Finalmente, déjame decirte que no hay ni existe una real o genuina metodología correcta a la hora de orar. No me interesa la cantidad de libros, videos y audios que se hayan difundido dando supuestamente los pasos correctos y oportunos que garanticen una oración perfecta y agradable a Dios. Eso no existe. Ora siempre para que se haga la voluntad de Dios en la tierra. Eso no se te puede olvidar ni escapar nunca. Porque, no sé si has llegado a entenderlo, la voluntad de Dios, termina siendo siempre gobernada por los hombres.

Antes que lo entiendas de manera despatarrada y salgas a la calle a hacer cualquiera, te aclaro: al contenido de la voluntad de Dios, lo decide únicamente Él. En eso, nosotros no participamos. Ningún ser humano participa. Pero la ejecución de esa voluntad en la tierra, a eso sí lo tenemos depositado en nuestras rodillas. O sea que, la puesta en marcha y actividad de la voluntad de Dios aquí en la tierra, ahora, es algo que se ejecuta partiendo desde nuestra oración.

Hace unos minutos, hablando de la carencia absoluta de control y dominio sobre tu propio cuerpo, te daba el ejemplo de la rodilla lastimada que no necesita que nadie le diga cómo debe sanarse y cicatrizar, ¿Recuerdas? ¿Estás de acuerdo con esa visión de las cosas? ¿Sí? Entonces hazme el favor de explicarme por qué causa, razón o motivo, aceptamos con tanta candidez lindando con la idiotez, que “científicamente”, (Al menos eso nos hacen creer), se nos diga que nuestra alma necesita “ayuda” para sanar si es que se encuentra enferma

. ¡Ay, hombre! Tienes una actitud de crédulo y, al mismo tiempo, rechazas ser creyente. Creer en Jesucristo para ti es una tontería sin base racional, una simple muestra de superstición o fantasía, pero cuando se habla de sanar tu alma, (Eso la ciencia lo llama psiquis), entonces recurres a una ayuda que nadie podrá garantizarte que te produzca buenos resultados, tal como mayoritariamente sí puede suceder con la sanidad corporal mediante medicamento.

Son esas cosas que tenemos los creyentes que, en contrario de lo que siempre hemos supuesto, (Por discurso apuntado a esa idea), no trae gente a la iglesia, sino que directamente la espanta. Míralo así: ¿Se contradice Dios? ¡No! ¿Se contradice la Biblia, que es Su Palabra? ¡No! Entonces ahora explícame por qué tanto discurso eclesiástico institucional si lo hace. ¿Alguien puede pensar que la gente va a venir a entregarse a un lugar donde un día le dicen una cosa y al día siguiente otra opuesta?

Lo cierto es que Dios habla, pero cuando habla de Verdad, está hablando de Su Hijo, el Cristo. Él es la Verdad, el Camino y la Vida. Es exactamente lo mismo que cuando habla de Vida o de Salvación. De todo eso, está escrito, la escritura está dando testimonio. Sin embargo, cuesta horrores que esa palabra encuentre espacio en el hombre. ¿Es que le estará faltando el amor de Dios en sí mismo? Perdónenme, pero creo que sí.

Porque cuando hablamos de oír la palabra de Dios, ¡Nada menos!, casi estamos hablando de lo que consideramos como un milagro. Y no estamos alejados en absoluto de la verdad, aunque teológicamente se nos pueda cuesti9onar y hasta pretender corregir. Y te lo explico. Ningún ser humano, hasta donde yo he sabido, en su estado natural, puede oír la palabra de Dios, eso es más que evidente y comprobado. ¿Motivos? Porque la Palabra es Cristo.

 Y hasta donde podemos conocer, Cristo está en un ámbito eterno, no terrenal en este tiempo. Y desde ese ámbito en el que Cristo está hoy aquí y ahora, el hombre fue destituido desde hace muchísimo tiempo, desde la caída de Adán. Por lo tanto, de ninguna manera ese hombre podrá tener acceso a la palabra de Dios, aunque sea para su vida, sin que medie un milagro, que como todos sabemos, es la alteración en algo del orden natural de las cosas. Recuérdalo siempre.

Y Recuerda También Que… 

 …cuando se enseña algo nuevo, seguramente habrá muchos qué pensarán en ese instante que no han entendido nada y que lo único que sienten es confusión. Porque lo nuevo, que está fundamentado sin errores, les hace picadillo una teología que habían cultivado por años, y todos sabemos lo que nos cuesta retornar a cero en muchas cosas y comenzar todo de nuevo. Escucha, no es malo sentirse así, no eres ni soy el único a quien le ha ocurrido.

 Y te diría, con cierta autoridad, que es todo lo contrario, porque que no te quepan dudas que, cuando te llega algo de ese nivel, es Dios mismo el que te está dando un leve empellón para que te introduzcas en el nivel siguiente. Sólo que te va a dejar a tu leal saber y entender, una responsabilidad para nada menor, que es la de permanecer y perseverar en esto nuevo. Tú solamente debes asegurarte que todo lo aprendido es ciento por ciento bíblico y, todo lo que venga luego como consecuencia de ello, estará supervisado por Él. Él lo hará.

Y tengo una prueba contundente partiendo de mi propia tarea. Si un día digo algo sobre la base de un determinado versículo, pero utilizo otras palabras y no leo el texto en cuestión, es muy probable que haya mucha gente de la nuestra que no sólo no me entienda, sino que incluso hasta podría llegar a pensar que no tiene del todo claro si lo que digo es verdad o no. En ese caso, si al darme cuenta de esto vuelvo atrás y leo textualmente el versículo que tomé como base, entonces sí van a entenderme y hasta podrán llegar a felicitarme y todo.

¿Eso es bueno? En apariencia y conforme a como se nos ha enseñado a operar, podría decirte que sí. Pero si me dejas reflexionarlo un momento más, no tengo dudas que llegaré a la conclusión de que, así como sucedió al final, es como opera y funciona nuestra mente carnal. Y allí tengo que detenerme, porque no puedo evitar recordar que Dios aborrece todas las obras de la carne, así parezcan buenas, santas y apropiadas. De eso, ¿No tenemos dudas ni nada para preguntar y acceder a conocimiento superior?

Que se entienda; esto es evangelio, no es filosofía. La filosofía es una disciplina que se ocupa de una serie de problemas teóricos y prácticos a través de la crítica, la reflexión, la interpretación textual y el ejercicio de la razón en todas sus formas. Filo-sofía, o amor a la sabiduría, si lo quieres traducido, no es algo nuevo. Gusta de hacer preguntas profundas. Recuerdo haber sido testigo en mi etapa periodística, de una que propuso un conocido profesional del área: ¿Qué es la vida?, decía.

De hecho, la ciencia no podía explicarlo ni dar una respuesta seria. Lo estudian de ida y de retorno, al derecho y al revés, pero definitivamente no lo entienden. Nadie sabe explicarle a nadie qué cosa es la vida. Y entonces quedará como un impacto de esa filosofía descubriendo una asignatura humana pendiente. De acuerdo, pero se olvidaron de algo muy importante, aunque secularmente devaluado: acudir a lo espiritual. De haberlo hecho, hubieran accedido a una respuesta válida a la pregunta: porque la vida es un milagro, eso es. Y los milagros se viven, se disfrutan o se padecen, pero no se explican. No al menos desde lo racional y lógico griego.

Esto tiene que ver, necesariamente, con lo que cada uno de nosotros interprete con relación el evangelio. Algo tan contundente y concreto como es el evangelio tiene, sin embargo, no menos de una decena de interpretaciones distintas. Si le preguntas a un teólogo al respecto, muy probablemente te dará una explicación tan intrincada y repleta de frases hechas, modismos, muletillas y sentencias que, lo más probable, es que nadie entienda nada. Yo, como podrás imaginarte, no puedo ni quiero arrogarme autoridad alguna para dar una definición con aspiraciones de verdad semi absoluta, pero sí te puedo asegurar que todo es mucho más simple de lo que se muestra.

Recuerdo que un día apareció en la que fuera nuestra última congregación evangélica, un hombre ciego. Lejos de estar o sentirse disminuido, al ser invitado a dar su testimonio, contó que, en su vida de hombre con su vista normal, había cometido toda clase de pecados. Y lo concluyó con una frase que, para mi gusto, es una síntesis perfecta de lo que es el evangelio. Él dijo: “Antes, cuando tenía mi visión normal, estaba ciego. Pero hoy, cuando mis ojos naturales se apagaron y estoy en lo natural ciego, es cuando en realidad puedo ver todo lo que es mi Dios para mí”

Esa es la reacción cabal y genuina de alguien que debió abandonar su posicionamiento humanista y mental respecto a cosas que de humanas y mentales no tienen nada, y pasar a lo único que realmente tiene valor dentro del Reino de Dios: lo que Su Espíritu Santo diga, revele y ordene. Un día, el hombre pecó y comió del árbol del conocimiento del bien y del mal, cosa que se le había prohibido por su propia seguridad y bienestar.

¿Cuál fue la consecuencia de esa desobediencia egocéntrica accediendo a un conocimiento del bien y del mal que no era para nuestro consumo? La consecuencia fue que el mundo, hoy, está lleno de gente buena y de gente mala, pero ambos en la realidad, absolutamente muertos en lo espiritual. Todos los días podemos observar a gente absolutamente carnal, haciendo cosas buenas y a veces muy buenas según la óptica secular. Pero eso que hacen de ninguna manera les da acceso a la Vida, así con mayúsculas. Apenas les alcanza para sobrevivir a este mundo que habitan.

Es que entre un creyente genuino y verdadero y un religioso simulador y hasta hipócrita, hay una enorme distancia y diferencia. Sólo se trata de prestar mínima atención y no dejarse influir por actitudes externas. El religioso, por ejemplo, siente algo que él puede llegar a llamar amor. Pero convengamos en que eso es algo que puede sentir por otra persona, por su auto, por muchísimas cosas materiales o no materiales. A eso le llama amor porque así, -reitero, es como lo siente.

Sin embargo, el creyente genuino, ES amor. Sencillamente, al ser hijo de un Dios que, como todos sabemos, ES amor, no tiene otra salida que asemejarse a Él. Entonces no siente amor, ES amor. Porque Dios no siente amor; su sustancia no lo necesita. ES amor y eso se manifiesta en cada acto, en cada paso, en cada hecho. No necesita expresiones externas emocionales, es suficiente conque sus bendiciones lo muestren a cada momento.

Y eso, créeme, confunde a mucha gente. Y estoy hablando de gente con formación intelectual de alto nivel, con capacidades técnicas o científicas de alto volumen. No lo entienden, no pueden entenderlo. La ceguera espiritual no es un asunto que pueda estudiarse en ninguna universidad, lo mismo que la revelación profética. O la tienes o no la tienes, y no hay nada más. Siempre recuerdo la anécdota de ese hombre que era absolutamente incrédulo, escéptico y hasta agresivo para con los que decían profesar la fe.

Un día, desesperado ante el diagnóstico de una terrible enfermedad que le estaba minando el cuerpo, exclamó: “¡Dios! ¡Necesito un milagro tuyo para salvar mi vida! ¿Podrías olvidarte de todo lo que te ofendí y hacerlo?” – Dios le respondió en el acto. “De acuerdo, puedo hacerlo, pero…tengo una duda que tal vez me ayudes a develar: ¿Qué harás con tu vida, luego, que justifique que yo altere el orden de la naturaleza que yo mismo diseñé, para dártelo? No se nos dice qué fue lo que ese hombre le respondió, pero si se nos muestra que, a veces, pedimos o hacemos cosas que deben ser pensadas y repensadas.

No te olvides que la gente del común, donde también militan muchos cristianos, discute y hasta se pelean duro, agrediéndose, en la defensa de los distintos líderes políticos de su país o de su región. Es evidente que las pasiones por lo natural les impide contar con ese tan precioso fruto del Espíritu que es el discernimiento. Porque si lo tuvieran, podrían comprobar que nada de eso que defienden hasta el punto de arriesgar sus vidas, realmente merece la pena.

Que sólo Cristo es la Verdad absoluta, y que casi nadie o muy pocos acuden a Él por esa ceguera espiritual de la que tampoco nadie habla. En mi país, sin ir más lejos, hay una discusión respecto al uso y abuso de las palabras groseras, de las malas palabras o insultos. El presidente actual las utiliza permanentemente y, mientras algunos de sus rivales eligen no imitarlo, otros le responden con el mismo tono para no mostrarse débiles. Pregunto: ¿Nadie les dijo a unos y a otros que de la abundancia del corazón habla la boca? Aparentemente, no. Y eso no es responsabilidad de los gobiernos ni de las oposiciones políticas, esa debería ser tarea de la iglesia. ¿O no?

Entonces cabe la reflexión y su consecuente pregunta: ¿Estamos como iglesia, como auténtico cuerpo de Cristo en la tierra, a la altura de los requerimientos de estos tiempos tan complejos? Humildemente, creo que no. Y si bien podemos responsabilizar a los distintos liderazgos, cosa que nos dejaría un tanto más tranquilos, debemos ser lo suficientemente honestos como para no evadir nuestras propias responsabilidades.

Es Muy Cierto que el Comportamiento…

 …la conducta y el testimonio que se ha observado en muchos líderes evangélicos en los últimos tiempos, de ninguna manera puede declinar el amor, la fe y el seguimiento a Cristo. Ningún hombre, y mucho menos una religión como quiera que se llame, pueden arrogarse ser los dueños del evangelio. Ya pretendió hacerlo durante muchos años el Catolicismo Romano, pero se fue apagando a la vista de sus testimonios. ¿Alguien va a golpearme por mentiroso o hereje si digo que hoy está comenzando a suceder lo mismo con la iglesia Evangélica tradicional?

Armar una estructura para adorar y servir mejor a Dios, con las mejores intenciones y con los mejores hombres y mujeres a su servicio, no es ni malo ni negativo, todo lo contrario. Pero terminar adorando y sirviendo a esa estructura, como quiera que se llame, en lugar de hacerlo con el Dios que supuestamente le dio origen, es un error tan grave que, en el momento menos pensado, pasa a estar al servicio de Satanás, cuando su gente supone lo contrario. Terrible.

 Porque el mal no siempre está en el error evidente, sino en el sustituir a Dios con ideas muy nobles, abnegadas, llenas de esfuerzo y trabajo, pero absolutamente carnales. El alma humana es muy proclive a confundir compasión con permisividad, justicia con orgullo o venganza, celo con ira carnal y autoridad con control. Sólo el Espíritu Santo puede separar todo eso que el alma está mezclando. Sólo un problema: ¿Cuántos son los cristianos de este tiempo que se dejan guiar casi ciegamente por el Espíritu Santo, a toda verdad, sin caer en trampas humanas que pretenden reemplazarlo?

El punto está en el alma. No son ni pocos ni desconocidos los hombres de Dios que se han referido al significado real del alma en la vida del hombre, pero no siempre hemos estado, como creyentes, dispuestos a aceptar y asumir eso y procurar modificarlo. Sin embargo, y a la luz de hechos que toda experiencia ha registrado y sigue registrando, puedo asegurarte que son pocas las cosas que desgastan tanto al creyente como el poseer un alma inestable.

Todos sabemos más que bien, porque en eso sí se ha hecho mucho hincapié, que el pecado visible debilita y mucho. Pero lo que se nos ha olvidado de advertir es que, un alma llena de vericuetos de inestabilidad, puede debilitar mucho más que un pecado de los más frecuentes. Tampoco te derriba la prueba más dura, sino un cúmulo de emociones desordenadas. Muchas veces, esa presión silenciosa, diaria, prolongada, nos desgasta al punto de derrumbarnos, antes de que caigamos en cuenta que todo eso es un sutil trabajo que el enemigo produce en nuestras emociones hasta el punto de agotarlas.

Muchos fracasos de creyentes fieles y bien intencionados no se deben a la falta de fe, sino a su propia inestabilidad emocional. Satanás no necesita derribar tu doctrina para derribarte a ti en tu ánimo y en tu fe. Si le das entrada y posibilidades de desestabilizar tus emociones, te tendrá a amarrado a sus ocurrencias y aprisionado en tus propias debilidades. Tampoco necesita producir enormes hecatombes para destruir tu llamado y llevarte a vivir constantemente en desánimo o depresión.

 Por el contrario, si te ataca con algo muy fuerte, lo más probable es que tu fe íntima se subleve y salgas de ese ataque altamente fortalecido, que es exactamente lo contrario a lo que él apunta. Entonces, con suma y precisa sutileza, va a buscar desestabilizarte emocionalmente en todos aquellos puntos, obviamente emocionales, donde él y tú saben que eres vulnerable. Creo que es tiempo de tenerlo en cuenta y, en lo posible, salirle al cruce con anticipación en oración y ayuno, con la finalidad de quitarle toda posibilidad de éxito o victoria.

Así que, mi amado amigo o amiga, hermano o hermana en Cristo, creo que hoy es un muy buen momento para que te detengas y hagas algo que no siempre resulta tan sencillo como decirlo: mirar hacia dentro de ti. Pero, y atención con esto; de ninguna manera para condenarte ni mucho menos para autoflagelarte. Te estoy sugiriendo que mires hacia tu interior para buscar ese discernimiento que tanto necesitas para ver las cosas con total claridad y permitir que la luz del evangelio penetre en tu vida y deje expuesto cada rincón de tu vida que todavía no esté en condiciones de darle gloria al Señor. La gran pregunta que soy enviado a formularte, pero que yo debo hacerme a mí mismo, como absolutamente uno más entre los muchos, es: ¿Estás viviendo bajo el gobierno del Espíritu o bajo la presión de tus emociones? ¿Te has dejado arrastrar por alguna clase de impulso que luego lamentas? Piénsalo. Ponlo en oración. Actúa.

No hagas méritos para enrolarte en la antigua discusión que alguna vez hasta ha servido para la predicación del evangelio por parte de evangelistas ingeniosos y observadores de las realidades cotidianas. Son aquellos que solían dar como ejemplo contundente un diálogo ficticio, pero con muchas posibilidades de ser cierto, que decía. “Si me demuestras que Dios existe, creeré”, dijo el ateo. “Si tú me demuestras que Dios NO existe, me haré ateo”, le replicó el creyente.

¿Estás entendiendo el contenido casi absurdo de una discusión sin bases? Eso me hizo recordar el famoso “Dios ha muerto”, expresado por Nietzsche, a lo que el no menos prestigioso Martín Lutero supo replicar: “Nietzsche ha muerto”, añadiendo como frutilla de un postre impactante: “Busquen los cadáveres”. Son indudablemente dos dimensiones tan irreconciliables sin Cristo, tan opuestas en todo que, en muchos casos, no sólo resultará absurdo procurar alinearlas, sino directamente una locura. Salvo que ese día el Espíritu Santo decida otra cosa, ¿Soy claro?

Sin embargo, y a la hora de establecer conceptos honestos y totalmente apartados de todo interés sectorial, hay que convenir que lo que mayoritariamente hoy conocemos como la iglesia, tiene mucho que ver en estas actitudes no del todo claras. ¿Por qué lo digo? Porque lo que yo llamo Babilonia, y si tu me acompañas en esto desde hace mucho tiempo ya me lo habrás escuchado muchas veces, y que es la iglesia falsa y paralela con la genuina, opera diariamente no para madurar a sus santos, tal como es el dictamen divino ministerial, sino para ser aceptada y, de ser factible, hasta incorporada a los rudimentos del mundo secular.

No busca cambiarlos y ser modelo testimonial para que muchos perdidos cambien sus vidas, sino la inversa. Babilonia le toma al mundo secular todas aquellas estrategias de distinto nivel que le han producido éxito y las incorpora, tomándose el mínimo trabajo de disfrazarla con prendas religiosas: La iglesia genuina, a través de sus hombres y mujeres sin compromisos sectoriales, no dudan en decirlo y mostrarlo a quien los escuche. Por eso son perseguidos, atacados, injuriados y hasta agredidos.

Algunos Fastidios Experimentados… 

 …por cristianos ante diversos comentarios de contenido ideológico o político, me dan la razón en cuanto a la calidad y cantidad de influencia que el conglomerado mayoritario llamado iglesia recibe desde el mundo en esos temas. He dicho y enseñado hasta el cansancio, que independientemente de los gustos o disgustos que cada hombre o mujer puedan sentir por ciertos y determinados sectores políticos o ideológicos, hay algo que como hijos de Dios no hemos terminado de entender.

Las ideologías, cualquiera sean ellas, trabajan en las mentes de las personas con pinturas de la realidad que indudablemente viven y, seguidamente, con las posturas y acciones que ellas pondrían en marcha si se les da la oportunidad. Muchos cristianos honestos, pero demasiado ingenuos, caen en esas trampas. Ni por un instante se permiten evaluar con criterio lo que se les dice y verlo en las distintas realidades existentes a lo largo y ancho del planeta. ¿Existe un país donde su gente sea verdaderamente feliz con todos sus problemas solucionados? No. Lo que sí existen, son divergencias entre reconocidos sectores que, en muchos casos, hasta llegan a la violencia física. ¿Nadie ve eso?

Tengo un ejemplo muy cercano que no puedo ni quiero dejar de compartir. A través de toda su historia, comenzando por el propio Israel, el pueblo de Dios ha sido cautivo y hasta esclavizado por distintos imperios. Sin embargo, y pese a contar con posibilidades ciertas y tentaciones diversas, lo que nunca ha sido este pueblo santo, es parte de alguno de esos imperios. La tarea y la actividad en casos nefasta del dios de este sistema, (De eso se habla en la escritura cuando se dice Siglo), de alguna manera nos muestra la respuesta.

Lo que está escrito porque ha sido profetizado, no es el triunfo o la victoria final de ese sistema perverso en el que anidan la política y las ideologías, sino su caída. Y en esa caída, la sana advertencia de no encontrarse demasiado cerca en ese momento, ya que por más honesto y fiel que se haya sido, el sistema y su perversión podrá arrastrar en su caída aún a los elegidos. Nuestra ideología es Cristo. Nuestro gobierno personal y corporal es Cristo y, cualquier cosa que esté por fuera de Él, seguirá siendo pecado. La iglesia genuina sigue siendo gobierno, pero desde sus rodillas, no desde los entripados humanos.

Lo que intento advertir, aunque sé que peleo en contra de estamentos mentales muy arraigados y fuertes, es que, en este tiempo, Satanás ha encontrado una nueva manera de dividirnos: las ideologías. Conozco cristianos que simpatizan con las izquierdas, otros con las derechas, otros con el centro y otros con grupos ultra de uno u otro costado. O sea: vamos todos a la misma congregación, pero el día de las elecciones, unos van para allá, otros vienen para acá y otros más para otros estamentos ideológicos.

 De acuerdo, gozamos de absoluta libertad para tomar decisiones, pero… ¿A nadie se le habrá ocurrido por un instante, al menos, enfocar todas estas visiones ideológicas o políticas partiendo de lo escrito en nuestras Biblias? ¿Nadie entenderá que, con estas divisiones quedamos, como masa uniforme que en lo espiritual deberíamos ser, partidos por la mitad y disgregados? ¿Unidad? ¡Ni lo sueñes! En mi país hay cristianos que hasta se han retirado el saludo por causas políticas.

 ¿No entendieron que es primero Cristo y luego, pero muy luego, todo lo demás? Todos sabemos que Satanás es especialista en crearle divisiones a la iglesia. Y mapeamos ciudades, reprendemos demonios y todo lo que hace a la guerra espiritual. Un día unos se meten en política, mientras otros dicen que eso no es de Dios. Eso también es División. ¿Y cuantos saben que un pueblo dividido no prevalece? ¿No podrán, utilizando la palabra de Dios como sustento, encontrar un punto donde coincidan en lo central?

Yo recuerdo aquellas grandes divisiones de hace tres o cuatro décadas, cuando decir que se era cristiano, era sinónimo de decir que se era católico romano. Luego apareció la iglesia evangélica llevándose puesto a todos los que deambulaban por la vida sin fe y sin esperanza. Los cautivó con su respeto por la palabra genuina de Dios y con todo lo que desde los púlpitos se desplegaba como estado moral y conceptual. Entonces, con el correr de los tiempos, nos guste reconocerlo o no, decir que se era cristiano, era sinónimo de decir que se era evangélico. Y si me apuras un poco, te diría que todavía lo es.

Pregunto: ¿Nadie pudo ver un poco más allá de la punta de su nariz que se estaba cometiendo el mismo error que anteriormente le censurábamos al catolicismo? Recibimos cosas positivas en el inicio de nuestras vidas de fe, pero luego el tiempo nos obligó a modificarlas para nuestra maduración y crecimiento. Así entendimos que llevar una cruz colgada de una cadena en nuestro cuello era, para Dios Padre, como si alguien llevara colgada una réplica de la pistola que te mató a un hijo.

Por eso es que cada día con mayor asiduidad, recurrimos a la sanidad interior, o sanidad del alma, como algunos la rotulan. Me pregunto con total y absoluta sinceridad si eso es realmente necesario para el creyente. La realidad me responde que sí, que es necesaria porque cada día son más los cristianos que acuden a ella para buscar soluciones a sus dilemas íntimos. De todos modos, en la respuesta espiritual debo advertirte que no, que es negativa. Y no porque a mí se me antoje o porque a alguien se le ocurra prohibirla. Es negativa y hasta falta de coherencia espiritual porque estaríamos buscando sanar un alma que, si es la de un convertido genuino, ya debería hace un buen rato estar muerta en la cruz de Cristo. ¿O no fuimos conjuntamente crucificados con Él?

En estos días, tanto en mi país de residencia como en muchos otros sitios mayor o menormente importantes en los planos internacionales, estoy oyendo con demasiada continuidad una palabra que estimo, pero que, repetida como formulismo ideológico o político, llega a fastidiarme: Libertad.  Se dice y se NOS dice, por los distintos medios que las distintas áreas tienen para comunicar cosas a la gente, que tener libertad es el equivalente a no tener límites.

Discrepo, creo que lisa y llanamente pensar así, si es que es verdad que hay personas que piensan eso, es un error. Porque entiendo que todo, absolutamente todo depende de quien pone esos límites y bajo qué fundamentos, ¿Entiendes? Tengo total y absoluta certeza, aunque suene algo anticuado y fuera de temporada, que tener ciertos límites te crea bienestar, seguridad y certezas. Y estimo, a la vista de todo esto, que en todo caso esa es la diferencia muy delgada entre una auténtica libertad y un mediocre libertinaje.

Por otra parte, también tengo una semi certeza que todas esas elucubraciones sobre fundamentos o palabras de tanto calibre, son un mínimo producto de pensamientos que emanan de lo que globalmente llamamos como Babilonia, y que muy lejos de ser una iglesia determinada, como se nos ha intentado hacernos creer, en realidad es una mentalidad que, día tras día, va creciendo en todo el mundo abarcando todas sus áreas claves. No se trata sólo de un aspecto religioso o ritualista, se trata de un panel de cuestiones que van desde lo político o ideológico, pasando por lo económico y terminando, sí, en lo religioso.

Supongo que, a estas alturas de nuestras vidas, seguramente habrás escuchado enseñar a cierta gente que, si te involucras y te metes a pelear duro en contra de la mentalidad babilónica que poco a poco hoy va casi copando el planeta, tanto en lo político o ideológico, como en lo económico literal o virtual y también en lo religioso o espiritualista, terminas venciendo. ¿Sabes que eso es posible, verdaderamente? Sí, pero sólo con un detalle que no es menor: porque Cristo ya juzgó y venció a Babilonia en su origen espiritual. A nosotros sólo nos resta ejecutar esa victoria en lo real y visible.

¿Y en qué se supone que anda la tan mentada Babilonia en este tiempo? ¿En qué gasta o invierte sus horas, sus días, sus capitales de diversa índole? En principio, reclutando cristianos e incorporándolos a la política de sus países de residencia. ¿Con qué argumento los están convenciendo que eso es, verdaderamente, algo que Dios desea que hagamos? Con el objetivo de introducirse en estructuras absolutamente corruptas a ojos vistas desde cualquier lugar y sanearlas, convertirlas en otra clase de estructuras con otra forma de vida.

¿Alguien que se diga hijo de Dios y creyente de su misericordia, poder y justicia, osaría ponerse en contra de un argumento así? Sólo que un alto nivel de discernimiento te diga lo contrario, porque de otro modo, con miradas naturales, es imposible. ¿Y el resultado de esos reclutamientos? Está a la vista natural de quien quiera tomarse el trabajo de observar a sus lados y ver con lo que está conviviendo, donde quiera que resida y viva. Política cada día más corrupta y, lo peor de todo, cristianos sinceros y fieles, pero fieramente involucrados y hasta destruidos en sus reputaciones por causa de considerárselos cómplices necesarios en esos actos ilegales.

Lo que Sucede, es Que…

 …muy poca es la gente que ha visto o ha caído en cuenta que Babilonia, lejos de ser una simple iglesita de pueblo corrupta y falsa, es una tremenda mentalidad globalizada que se ha convertido, paulatinamente, en lo que la Biblia denomina como La Bestia, ¿Recuerdas eso? Porque a todas luces, si lees tu Biblia como debes leerla, entendiéndola y no soportándola, como si fuera el periódico del día, habrás caído en la cuenta que decir Bestia no es hablar de una cierta calidad de hombre o directamente de un animal.

Jamás en la Biblia esa palabra fue pronunciada y dejada escrita para verla de ese modo.  La Bestia siempre tiene que ver con una palabra que hoy, quieras o no, ya podemos ir prodigándole a Babilonia: imperio. Una bestia bíblica siempre es sinónimo de imperio. Ahora bien; sabiendo todo esto como se sobreentiende que debes saberlo, puedes tomar el libro de Apocalipsis y recapitular todas las enseñanzas que has recibido y, si te atreves y logras entender la calidad y cualidad de tiempos en los que hoy vivimos, cambiar aquella vieja y errónea enseñanza por esta nueva y verdadera.

 Eso te dejará una pregunta que todavía no tiene respuesta, pero que puede verse venir por una vía amplia y genuina: ¿Sobre qué forma o clase de Bestia será el Juicio santo? Podemos hacer funcionar nuestra imaginación, pero no irnos más allá con conjeturas. Es algo demasiado serio como para concertarlo hipotéticamente. Y te doy un ejemplo casi doméstico de lo que soy en el plano ministerial como simple hombre de carne y hueso.

Vivo en Argentina, obviamente soy de nacionalidad argentino. No puedo decirte con claridad cuál es la opinión mayoritaria de la sociedad internacional con respecto a mi país y esencialmente a los habitantes de mi país, o sea nosotros mismos. En todo caso, y con la máxima imparcialidad que me sea posible, puedo darte mi opinión. Como creyente en Cristo que soy, lo primero que debo tener más que en claro, es que ni puedo mentir ni tampoco utilizar eufemismos para ocultar o modificar cosas.

Tendré que ser claro, conciso y preciso como para que a nadie le queden dudas de mi opinión, me traiga las consecuencias que me traiga. A esto lo traigo de mi antigua profesión secular, pero lo confirmo y reafirmo como hijo del Dios Altísimo, hoy. Creo que el sesenta por ciento de los argentinos, tienen bastante de tontos que, curiosa y llamativamente, se creen muy inteligentes. Cuando descubren que no eran todo lo inteligentes que suponían y que sí caminaban por la cornisa de la tontería, entonces adoptan la estrategia de culpar de eso al cuarenta por ciento restante.

 Si te costó trabajo entender esto sin caerte en ninguna maraña de confusiones, puedo comprenderte. Desde que tengo uso de razón, (Otro día podremos hablar de cómo la he usado a esa razón), que el mundo en su conjunto cultural nos entienda a los argentos, puedo asegurarte que tiene nivel de milagro. Puedo añadirte a lo anterior, que a las bellezas que les adjudiqué a la mayoría de mis paisanos, podría añadirle algo que de alguna manera los identifica: su individualismo.

Pretender que un argentino trabaje en equipo, también podría ingresar en la categoría de señales y maravillas sobrenaturales. No es de extrañar, por eso, que, con esas facultades tan desarrolladas, hayan salido de nuestras particularidades, deportistas de la talla de Diego Armando Maradona y Lionel Messi. Integrados a equipos, sí, pero individualmente en el sumun de la excelencia. Por eso es que nunca me asombra o me termina de asombrar la cantidad y calidad de frases sueltas que suelo escuchar de boca de mis compatriotas en cuanto lugar se preste para filosofar en voz alta.

 Hubo una frase en estos días que me dejó pensando en primer lugar y llevándome a orar posteriormente por eso. Alguien dijo con voz de certeza y seguridad que: Caminando solos, se avanza más rápido, pero caminando acompañado se llega más lejos”. Posiblemente, por las características de nuestro ministerio, estaría haciendo más juego con lo primero que con lo segundo, pero, sin embargo, el simple hecho de contar con la compañía de todos ustedes, allí del otro lado, me garantiza totalmente lo segundo.

MI duda final, es: ¿Y tú? ¿Solo, sola, o acompañado o acompañada? Porque a todo esto, nos agrade reconocerlo o no, luego se lo añadimos a todo lo que ese grupo invisible pero real que se llama iglesia, va a incorporar o desestimar. Y que, al mismo tiempo, cada uno de nosotros transitará su camino de fe procurando no equivocarse lo suficiente como para aterrizar en Babilonia, ni tampoco irnos de mambo sobre enfatizando las cosas y terminar jugando para el equipo de Deportivo Incrédulos.

El cómo acertar o no acertar, ha sido y sigue siendo motivo y factor de discusión y cuestionamientos, pero sus resultados o la falta de ellos, habrá de redundar notoriamente en lo que como quiera que sea, es el futuro de la iglesia genuina que observamos. La iglesia genuina, está nominada como piedra viva, ¿Verdad? Y lo es porque proviene de una Roca que es Cristo mismo. Babilonia, (De origen Babel), en cambio, no fue creada sobre esa piedra, sino sobre ladrillos.

Una piedra pertenece a la Creación misma. Fue piedra y apareció un día como tal. En cambio, a un ladrillo se lo hace en un molde y jamás se podrá salirse de él, como quiera que sea ese molde. Eso es la religión, hoy. Gente que, aunque se mate haciendo denodados esfuerzos por salirse de sus moldes, no puede lograrlo. Por algo dice la palabra que somos plantío de Jehová. Que somos árboles cuyas raíces se expanden libres para madurar y crecer.

La religión, en cambio, nos convierte en bonsáis, con limitaciones de crecimiento por causa de que solamente se nos riega una vez a la semana, no siempre con agua sin contaminaciones y, como si todo eso fuera poco, se nos enclaustra en una maceta llamada templo. Por eso no me llevo bien con las religiones, cualquiera sean ellas. Son cosas que sus adeptos tienen la obligación de hacer, sin detenerse un minuto para ver si realmente son eso que dicen ser.

 El nombre genuino de Dios, es Yo Soy el que Soy, ¿Recuerdas? ¿De qué verbo estamos hablando, entonces? De la conjugación en primera persona del verbo Ser. Ese es el punto, todo lo demás, discurso. “Chamuyo”, como se dice en el idioma lunfardo porteño de Argentina. Comenzando por lo más valioso de todo: saber en qué o en quien se cree, para saber que eres, o que quieres ser. Porque si no conoces eso con claridad, jamás llegarás a ninguno de los lugares que suponías debías llegar.

Fíjate esta realidad. Tomemos una religión conocida como ejemplo válido, el budismo. Nadie podrá decir que tiene pocos adeptos o miembros. Me atrevo a hablar de millones. Pero resulta ser que Buda un día se murió, pero todos aquellos libros que hablan de él, sostienen hasta hoy su religión. Lo mismo sucedió con Mahoma y el islam. Mahoma también se murió, pero sus creyentes legendarios tienen el Corán que les marca y puntualiza como seguir su religión.

Y los mormones con José Smith. Claro; nosotros también tenemos un libro llamado Biblia que nos recuerda a nuestro Dios, igual que ellos, pero podemos disfrutar de una diferencia abismal, que es saber que ¡Cristo Vive! Además, se debe prestar mucha atención a las formas de la escritura, sobre todo a las que tienen que ver con postulados del Antiguo Testamento. No será la primera que se cometen errores interpretativos que, en lugar de facultar la paz en el mundo, el amor entre los hombres y la misericordia del Padre, ocasionan perjuicios exactamente del lado opuesto.

 No te olvides que, cuando lees en la Escritura que Dios bendice a lo que llama “la Israel de Dios”, no se está refiriendo de ninguna manera a lo que hoy vemos como Israel nación, sino a todos los judíos y gentiles por igual que, con la máxima sinceridad y decisión voluntaria, han creído en Jesucristo como Hijo unigénito muerto en la cruz y resucitado en la redención. ¿Entiendes esto? A partir de un deficiente entendimiento de esto, a través de todas las áreas intervinientes, se han cometido muchos errores y, algunos, todavía siguen más que vigentes.

Eso no es definitivo ni definitorio, ya que somos humanos, muy falibles y el error forma parte más que activa de nuestras vidas. Pero si hoy cometí un error, en lo que sea, y a partir de ese error ofendí o lastimé a alguien, debo pedirle perdón de inmediato. Pero que se entienda bien y sin ningún artilugio verbal. Dije pedir perdón, que de ninguna manera es sinónimo de pedir disculpas, aunque suene parecido. Te explico. Perdón significa que me arrepiento del mal que hice y decido no volverlo a hacer Disculparme, en cambio, y tal como fonéticamente suena, significa que me liberen de la culpa de ese error. Atención con esto: Dios te perdona, no te disculpa.

Y Esto Cobra Especial Relevancia…

 …en asuntos que, de pronto, hasta pueden ocupar las primeras planas de la información mundial. Porque a menudo caemos en errores de tipo conceptual, que si permitimos se agranden, con el correr de los tiempos pueden convertirse en anclas pesadas para el establecimiento del Reino de Dios en las vidas de los hombres que lo deseen. Y te doy un ejemplo. Cuando se nos dice que en el final de los tiempos “todo Israel será salvo”, es más que importante dejar bien en claro que no se está refiriendo a las personas que hoy habitan esa tierra en permanente conflicto, aunque en ciertos casos puntuales puedan ser incluidas.

Ese Israel lo conforman aquellos a quienes Dios ve como su Israel. Estos son, -reitero, judíos y gentiles que creen en Jesucristo. Es un tema de fe y dimensión, no de documento de identidad y geografía. Porque, -te lo reitero una vez más, así sea hasta el cansancio-, la validez de nuestra fe transita mucho más por conductas y comportamientos individuales que por espectacularidades en conjunto. No le quito méritos a todo lo que un grupo de creyentes pueda organizar y llevar a cabo con la finalidad suprema de impactar a gente no creyente y traerla a los pies de Cristo.

 Ojo; no estoy diciendo a una congregación evangélica, aunque en muchos casos la incluya, estoy diciendo a los pies de Cristo. Pero lo que vale, indudablemente, es tu conducta, desde lo más pesado a lo más liviano. ¿Un ejemplo? El vocabulario. Soy creyente desde hace muchos años, y como tal no me gusta el uso de palabras groseras formando parte de un diálogo o un monólogo. Tengo en claro que, si bien no existen las malas palabras, lo que sí abunda, son hombres que convierten a ciertas y determinadas palabras y conversaciones en verdaderas cloacas.

Eso a mí no me representa de ninguna manera. De mi fuente oral no puede fluir agua dulce y agua amarga. O es la una o es la otra. Aquí en mi país comportarse de ese modo no deja de ser un esfuerzo considerable. Es muy habitual intercambiar insultos a manera de broma y algunas palabras de grueso calibre como parte de conversaciones normales. De hecho, contamos con funcionarios públicos, y no de menor nivel, precisamente, que han hecho de todo ese caudal de palabrotas casi un modo de vida cotidiano.

Y cuando hablo de funcionarios, hablo del Estado. Yo, si bien vivo en Argentina, trato de separar correctamente lo que es el pueblo argentino con el Estado gubernamental argentino. Porque el pueblo es el destinatario del amor de Dios, mientras que el Estado es un invento de hombres para reemplazar a las antiguas monarquías. Después de todo, Dios no habita en Estados, sino que habita sobre toda la tierra. Tampoco en organizaciones, sino en organismos vivos.  Y hablo de una tierra que, dicho sea de paso, aunque no es un tema menor, está equipada desde la creación misma, con todo lo que necesita el hombre para subsistir sin problemas.

Pregúntame ahora porqué razón, siendo esto así, en esta tierra todavía hay tantos, pero tantos, pero tantos lugares donde tanta gente directamente pasa hambre hasta el punto de morirse por eso. Es el hombre, Dios lo había diseñado muy distinto. Y hasta con las riquezas supo qué hacer. Fíjate que el oro y la plata, que tanto valor tienen, se extraen del suelo, de las paredes o de las rocas en las minas en las montañas. Sin embargo, lo que no todos conocen o saben es que ninguno de estos dos minerales son originarios de esta tierra.

Ambos llegaron desde otro sitio. Están en la tierra o en la roca, pero no han sido producidos por estas. ¿Asteroides? ¿Meteoritos? Puede ser. O no… Como en todo lo que ignoramos, no es ni mal intencionado ni fuera de lugar dejar abierta la duda, la incógnita. Un día tendremos una información válida de la que podamos decir que es la genuina. Hasta hoy, sólo conjeturas de todos los colores y sonidos. Es curioso, pero no encontramos ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento pistas medianamente sólidas que respalden o desestimen lo que digo.

Creo que el error, durante muchos años por parte de la iglesia en sus enseñanzas, ha sido expresar que el Nuevo Testamento es una prolongación del Antiguo. Ese es un error. No sé cuán grave, pero error al fin e innecesario de continuar como enseñanza sistemática y convencional. Porque Dios mismo dijo que el Nuevo Pacto no se parecería en nada al Antiguo, ¿Recuerdas? Porque tienen una diferencia que, a ojos vista, es notable.

 Que mientras el Antiguo Pacto era externo, el Nuevo Testamento es interno. La gran pregunta que surgirá luego de saber esto, es: ¿Se vive eso, HOY? No lo sé. Ni tampoco soy juez para juzgar la vida espiritual de otros. Lo único que sí sé, es que el Señor nos colocó aquí para algo puntual y específico, y que sea por las razones que sea, nada de lo que se nos envió a hacer ha podido ser hecho. Más que por falencias de las personas por sí mismas, por la cantidad y calidad del engaño al cual hayamos estado sometidos.

Cuando llego a este punto, no puedo dejar de recordar un antiquísimo pensamiento de Mark Twain, que dice que: “Es más fácil engañar a la gente, que convencerlos de que han sido engañados”. De acuerdo, es un pensamiento secular, ateo, no es ni siquiera religioso y mucho menos bíblico, así que lo puedes utilizar donde piensas que cabe. Pero no me digas lo que pensaste cuando lo leíste, aunque me lo puedo imaginar. Lo que ocurre es que son muy pocos los hijos de Dios que logran caer en cuenta que han sido engañados en algo y revierten sus situaciones terrenales.

 La enorme mayoría, tal como lo asegura esta sentencia de este autor, eligen quedarse con lo que recibieron como engaño y, para peor, defenderlo a capa y espada como si fuera la verdad más sólida del planeta. No es un tema menor. Y va mucho más allá de un simple comportamiento humano. Es de corte espiritual y de consecuencia sobrenatural. Jesús dijo, y todos lo hemos leído, que Él mismo iba a edificar la iglesia, y que las puertas del Hades, que es el mismísimo infierno, jamás prevalecerían contra ella. Pero hoy vemos que sí está prevaleciendo. Entonces digo: ¿Dejamos que Jesús la edificara o lo hicimos nosotros?

Una Vez Más, Retornamos a la…

 …consecuencia del hacer por sobre el ser. Es una mentalidad negativa que se nos ha infiltrado peligrosamente en el cerebro a partir de enseñanzas recibidas en algunas escuelas seculares o, lo peor, en algunas de supuesta condición cristiana. Lo que sucede es que, cuando hablamos de Babilonia, la mayoría cree que nos referimos a la iglesia paralela. Sí, eso es verdad y así lo hemos enseñado, pero no es lo único que la identifica.

Babilonia es: una sola política, una sola economía, una sola religión. Mira a tu alrededor, donde sea que vivas y podrás verla medianamente en acción. Y no es un asunto de influencia marxista o capitalista, va mucho más allá de eso, hasta te podría decir que está por encima de esas nimiedades terrícolas. Babilonia no tiene ideología, tiene ambición de poder y pelea con las armas que sea, por izquierda o por derecha, para obtenerlo. Hades, de ida y vuelta.

Pero no toda la responsabilidad le cabe al infierno con todos sus personajes al servicio. Hay mucho de razones del lado de ciertos cristianos para que todas estas cosas sigan sucediendo. Ignorancia en primer lugar, apatía y desinterés, seguidamente y hasta cierta resistencia a lo sobrenatural, en un intento fallido e imposible de llevar la fe a terrenos racionales. Certeza de lo que se espera y convicción de lo que no se ve, es imposible de racionalizar.

 El creyente maduro, actúa y se mueve bajo otras perspectivas. Si ante una revelación nos volvemos inconmovibles, imperturbables, esa es la característica del hijo maduro. No es perturbado por las circunstancias. Puede vivir así esa palabra que le asegura que “el justo no temerá de las malas noticias porque su corazón está confiado en Jehová.” Y todo esto, cuando se asoma a la luz pública, se nota. Pese a la carencia monumental de discernimiento que hoy por hoy tiene la iglesia en su enorme mayoría, cuando aparece alguien con indudable autoridad divina, no puedes menos que descubrirlo.

Qué harás o no harás con él o ella, luego, es otro asunto, pero que sabes que sabes que sabes que lo que dice y hace viene de Dios, lo sabes. Eso es igual que cuando vas a cualquier país y te encuentras con nativos y residentes extranjeros. Hay una diferencia notable y no puedes tardar demasiado en encontrarla. La forma en que hablas, te vistes, tus gestos, tu entretenimiento, tu ciudadanía y tus amigos, todo eso habla claramente de tu hogar natal.

Si en algún momento se asemeja a los nativos, ya deja de ser extranjero. El creyente es un extranjero, el incrédulo es un nativo. Creo que tú me entiendes. Porque luego, en determinados ambientes necesitados de prensa permanente, aparecen los impactantes nuevos “convertidos”. No hace mucho tiempo, escuché a una actriz muy conocida en mi país, declarar que, en medio de una tremenda crisis, se aferró a la fe y eso la salvó.

Lo primero que me salió pensar y casi decir en un murmullo, fue ¡Gloria a Dios!, pero luego algunos pensamientos aclaratorios me llegaron casi en tropel. En principio, descubrí a poco andar que no había sido la primera ni la última vez que, supuestamente o no, había vivido algo así, y eso la proyectó a niveles de promoción de sus cosas en altísimo nivel.  Luego, cuando todo el aparato televisivo y de comunicación la fue dejando y se dedicó a otras cosas, nadie habló más de esta mujer y de su tremenda o maravillosa experiencia.

Conozco los medios y sé que cuando se abandona una determinada noticia o suceso, es porque el mismo ya no presenta argumentos o temarios que resulten de interés mayoritario para la gente, mayoritariamente siempre hambrienta de morbo. Entonces me ocupe personalmente de indagar un poco más sobre la actualidad de esa persona. Allí me encontré con una novedad no demasiado halagüeña. Esa mujer estaba viviendo una vida como si jamás hubiera tenido ese encuentro con Cristo que ella había publicitado hacía no más de tres meses. Engaño.

Por favor; que alguien se le acerque y le haga saber que Dios no puede ser burlado, pero que lo haga antes que sea tarde. ¿Amén?  No exagero nada si te digo que la madurez es un paso esencial en nuestro camino a la jurisdicción del Reino. Porque somos hijos, pero además también herederos. Y el hijo heredero, y no porque a mí se me ocurra decirlo, sino porque Dios mismo lo dice, es el hijo de la madurez, no el de la gestación.

Porque el hijo de la gestación, si lo observamos con el mayor esmero y cuidado, en nada difiere con el esclavo, ¿Puedes entenderlo? Entonces, la pregunta que cabe aquí es franca y directa, como para que nadie la evada: ¿Habrá cosas en las que hemos estado esclavos? Y no estoy hablando de aquel pasado incrédulo, impío, pagano y pecador, de ese no hay ninguna duda. Estoy hablando de la actualidad, del hoy y del ahora.  

Si la respuesta es la duda, ahí va la otra pregunta: ¿Qué son esas cosas que nos esclavizan? Te diré una sola, como ejemplo, para que se erice la piel: las tutorías eclesiásticas. Dime con toda franqueza y honestidad, tú que llevas muchos años de iglesia, ¿Por qué supones que nos aseguran los líderes que para vivir como Dios manda, necesitamos un tutor que nos vigile o, lo más común de ver a nuestro alrededor, nos controle?

Estuve muchos años, conjuntamente con mi trabajo de periodista, haciendo algunas cosas en publicidad. ¿Y sabes qué? Necesitar una tutoría espiritual se vende como demanda del protagonista, cuando la realidad nos muestra que es interés básico de quien vaya a ejercer esa tarea. Vamos a un hecho puntual que puedes comprobar donde quieras que lo indagues, siempre y cuando arribes al sitio adecuado, que vendría a ser un sitio genuino.

La iglesia real, verdadera, genuina y EN Cristo, no permite ni permitirá que el Hades o el infierno prevalezca. De eso puedes estar más que seguro. Lo único que necesita para que eso sea una realidad, es que esa iglesia esté formada por hijos. Y mucho cuidado con esta palabra, porque todavía resulta muy sencillo adjudicarla a gente que ni por las tapas tiene esa calidad. Digo que la iglesia victoriosa tiene que estar formada por hijos, porque ni los niños, ni los esclavos, ni los inmaduros, ni los que necesitan que alguien les diga cómo hacer las cosas, van a gobernar, porque no tienen ni tendrán ninguna autoridad.

 Solamente los hijos la tienen. Alguien me dijo, una noche, que estando de visita en una congregación, dije esto mismo en medio de una predicación, que no terminaba de estar convencido que eso que yo había dicho fuera cierto. Que él, (Era un hombre); era muy amigo y cercano al pastor de esa congregación y no veía como, alguien que no estaba en su mismo nivel, pudiera acceder a niveles de poder y autoridad en ese sitio que fuera superior a la que él había conseguido.

Como podrás imaginarte, ni siquiera perdí un minuto de mi tiempo intentando explicarle a ese buen hombre que una cosa era el poder terrenal que el pastor tenía en ese lugar, y él compartía, y otra cosa muy diferente el poder de Dios, cuando a Dios mismo se le ocurría hacerlo evidente, generalmente para desparramar a gente engreída, inmadura y corrompida como ellos. No hay caso. Es imposible que en planos supuestamente espirituales, pero en la realidad demasiado secularizados, puedan entenderse algunas alternativas que sólo tienen que ver con nuestras posiciones más concretas.

 Una de ellas, es la santidad. A ti, hijo de Dios genuino que hoy me estás leyendo decir todo esto, te pregunto: ¿Cuándo aprenderás que el mundo secular rechaza la santidad esencialmente porque no puede lograrla jamás con sus métodos y que, por esa razón, te induce a vivir como viven ellos? Y la otra pregunta que me surge de inmediato como consecuencia de la anterior y que todavía resuena en mi mente, es: ¿Hasta cuándo lo que llamamos iglesia, aquí, hoy, seguirá procurando ganarse la simpatía de ese mundo aceptando vivir como ellos?

Si se me permite, puedo asegurarte que ese es un comportamiento absolutamente infantil. Pero no infantil en cuanto a pureza, porque en ese caso sería totalmente bíblico, sino por ingenuidad y, créase o no, por un alto contenido de egocentrismo. En lo personal y particular, cuando me toca hablar con niños de edad mediana, (Entre 7 o 10 años de edad), suelo saludarlos diciéndoles: ¡Hola campeón!

 Eso, es motivacional, porque ellos me responden casi felices de sentirse así, como un señor adulto como yo los llama: campeones, aunque ni siquiera busquen, en su ingenuidad infantil, saber de qué cosa están siendo campeones. Pero a un adulto maduro no puedes decirle lo mismo, eso está más que claro. Entonces la conclusión es tan simple que espanta ver los resultados: La iglesia no motiva, la iglesia instruye. Eso es ser Asamblea Divina, ¿Amén? 

Aunque no Podemos ni Debemos…

 …ser puntillosos respecto a nuestras formas de ver y considerar nuestra fe, no podemos menos que sentir asombro por la incontable cantidad de enseñanzas torcidas que todavía cultivamos como si fueran la gran verdad de todas las verdades. ¿Recuerdas cuando Jesús dijo que Él era “La Luz del Mundo”? Eso no fue porque sí ni una expresión arrojada como al azar. En la Creación de todo, Dios Padre había dicho que “A la Luz la llamaré Día”, ¿Recuerdas esto?

Eso me deja una respuesta a una pregunta de muchos años sin devolución: ¡Cristo es el Día! Entonces, y aquí va el punto central, cuando hablamos de “El Día del Señor”, eso no tiene nada que ver con un sábado ni con un domingo. Eso tiene que ver absolutamente con un Cristo resucitado. Si los hombres siguen jugando a inventar doctrinas, allá ellos. Pero que esas doctrinas sean introducidas y vendidas como absolutas dentro de la iglesia del Señor, es ignorancia pura…o algo peor.

No me fastidian los errores de nuestra gente. En primer lugar, porque nadie me puso como juez de nadie, apenas y por pura misericordia divina, como referente de enseñanza de algo y, en segundo término, porque el error está incorporado a nuestra carnalidad, es muy difícil que encontremos a personas sin errores. La perfección vista desde ese ángulo, no existe. La perfección bíblica, todos lo sabemos, es sinónimo de madurez, no de perfección.

Y con respecto a las tutorías o dependencias, analiza: ¿Alguna vez alguien le habló a tu mano, a tu nariz o a tu pierna? No. Cuando alguien te habla, le habla a tu cabeza, que es la única capaz de oír. Escucha y aprende. La cabeza es Cristo, y a Él es a quien Dios le habla. Allí es donde te preguntas: ¿Pero entonces a mí no me habla? Sí, pero sólo si estás EN Cristo. Y cuando digo EN Cristo me refiero a eso, a estar dentro de su inmensidad espiritual, no como casi de paso, con algo de información sobre Él. Eso no te garantiza nada en lo espiritual, aunque para lo eclesiástico te sobre. Esto es tremendo cuando lo entiendes.

Y a eso lo puedes observar con mayor nitidez cuando emprendes alguna forma de aventura en el nombre del Señor. Construyes un ministerio con el manual o el mapa que viene de lo divino y allí estás, pensando cómo piensa un empresario terrícola, que mientras más gente te siga o te acompañe, mayor será tu éxito, más robusta tu cuenta bancaria y más contento contigo estará Dios. ¿Sabes qué? No es así.  Si tu éxito ministerial se contabilizara por la cantidad de gente que se reúne a tu alrededor, entonces el ministerio de Jesús fracasó.

Porque cuando fue a la cruz, sólo tenía a su lado un pequeño grupo de mujeres, mientras varios de sus discípulos estaban huyendo por temor. El “éxito”, para Dios, es otra cosa. Y te lo tengo que reiterar una vez más y seguramente no será la última: Es estar EN Cristo. Por eso es que me cuesta bastante poder explicarle a mucha gente buena, sincera, fiel y creyente a full que permanentemente me pregunta donde tenemos nuestra iglesia, la del ministerio Tiempo de Victoria.

O como extenderla de alguna manea a sus países, regiones o ciudades. Me cuesta un poco darles una respuesta porque es que no, que no es así como funcionamos. Sé que una gran mayoría si opera de ese modo, pero no nosotros. La realidad es que mi iglesia es Cristo, y yo tengo la obligación de mostrarte como es o tiene que ser el ser uno EN Él. Y no estoy diciendo CON Él, estoy diciendo EN Él. Si tú lo entiendes y lo crees, donde quieras que se te ocurra ir un día domingo, eres de Él. Pero no mío ni de ningún otro ministro;, DE ÉL.

 La gran duda en forma de pregunta que surge luego de entender esto, es: ¿Quién es responsable de todo esto que está obstaculizando y frenando a la iglesia genuina en la tierra? Lo lamento, no tengo una respuesta que te tranquilice. ¿Sabes por qué? Porque en realidad no interesa demasiado cuál o dónde sea tu lugar de residencia. No importa donde vives, eso quiero decir. Porque la pregunta siempre será la misma y ahora serás tú quien debería responderla.

 ¿Quién es inocente y quien es culpable allí, en ese lugar donde estás viviendo? No sé qué estás pensando en este exacto momento, pero puedo garantizarte que, en el examen espiritual de tu respuesta, está el exacto sitio dimensional sobre el que estás ubicada si eres mujer, o ubicado, si eres varón. Piénsalo bien, porque para eso estás en este mundo. ¿Lo sabías? Ahora lo sabes. Cuando logré entender esto, toda mi perspectiva ministerial tuvo que girar en ciento ochenta grados.

Porque tal como venía, que de alguna manera era una imitación a como operaban la mayor parte de los ministerios cristianos, empezó a sonarme errónea, por decir una palabra suave que, en muchos casos, todos lo hemos visto, se pronunciaba con otras palabras menos elegantes. Porque, veamos: ¿Cuál vendría a ser, según tu modesto pero valioso entender, el mayor éxito ministerial existente? La respuesta que te da el marketing tradicional es simple: ser escuchado, o visto, y además seguido, por la mayor cantidad de personas, ¿No es así?

No, no es así, porque según el Señor, el éxito del que fuera Su ministerio, fue el de ser escuchado por todos aquellos que el Espíritu de Dios traía a sus pies. Entonces, vamos de nuevo: Tú, que tienes un llamado, ¿Qué crees? ¿Cuál eliges? En tu respuesta está tu futuro, nadie lo hará en tu lugar.  Porque, en todo caso, esa es y seguirá siendo la enorme diferencia entre un hijo de Dios y un humano esclavo de los sistemas terrenales.

Al aceptar y creer en Cristo, cada uno de nosotros aceptó adoptar como conducta de vida la transparencia, la integridad y la rectitud que acompaña nuestra escuela íntima. Por el contrario, si tomas a los más pervertidos del mundo, vas a encontrar que ellos eligieron su perversión, cualquiera haya sido ella. Allí es donde aparece algo que siempre hemos visto y que nunca o muy pocas veces hemos podo declarar en voz alta:

¿Por qué toda esa gente puede, con la más absoluta libertad total y hasta financiada, salir por las calles a proclamar sus perversiones de mil modos distintos, mientras que cuando uno, ¡Sí, uno! de nosotros pretende hacer algo similar con Cristo produce un fastidio y una reacción de tal calibre que por poco te cuesta bien caro hacerlo? Esto tiene que ver, en principio y en gran manera, con lo dicho: somos parte activa de dos mundos distintos.

De dos kosmos, estoy queriendo decir, que es como decir, de dos sistemas. El sistema de las tinieblas, que es el que supervisa el mundo secular que conocemos, y el sistema de Dios, que es el que deberíamos mostrar primero en nuestras vidas, y luego difundir a quien quiera verlo u oírlo, nosotros, los que nos llamamos a nosotros mismos como hijos de Dios por Jesucristo. Creo que, en parte, el gran secreto escondido está en la misma Creación.

Estúdiala a conciencia y te llevarás algunas sorpresas, te aseguro. Por ejemplo: Que esos seis días activos y uno de reposo, fue para la creación espiritual que existe, pero que en lo físico y natural que vemos, todo fue formado en un solo día. Y lo otro, que es gravitante, es que Dios creó al hombre, cuya palabra, Adam, no significa varón o ser de sexo masculino, sino Humanidad, Especie.

Por lo tanto, es más que evidente que todos los problemas que en estos días estamos viviendo, no son responsabilidad de Dios, sino consecuencia de lo que hay dentro de las llamadas iglesias cristianas. ¿De verdad tú te has creído que todo lo que se mueve y respira dentro de un templo cristiano es hermano? Yo hace un buen rato que dejé de pensar eso., Un día me di cuenta que con la mayor de las ingenuidades podía correr el riesgo de estar llamando hermano a un morrocotudo demonio.

 No, gracias, paso. Y sino fíjate que no son pocos los creyentes de buena fe que se preguntan por qué razón sus iglesias han sido invadidas por gente que no solo no es cristiana, sino que, incluso, una vez que se metieron, desde adentro empiezan a incentivar todo lo contrario con supuestas doctrinas modernas. Hay una respuesta muy triste para esa pregunta: por la carencia casi total de discernimiento espiritual en el pueblo, por eso.

Si Quieres Hacer tu Propia Investigación…

 …comienza por los frutos orales. ¿Qué vendrían a ser los frutos orales? Los que les oyes decir a quienes dicen ser cristianos de fe. ¿Cómo hablan? ¿Cómo se expresan en una época en donde el vocabulario, al menos en el español mezclado que hablamos por aquí, ha dado un vuelco notable? Puedo contarte que, en mi país, hoy por hoy está en marcha una especie de discusión, si es que así podemos rotularla, en cuanto al uso y el abuso de palabras con un grado de grosería incluido.

Es absolutamente habitual y casi considerado normal entre la gente joven, pero no tanto en ambientes más adultos o, incluso, de corte religioso. Hay funcionarios de alto nivel que las utilizan de manera permanente y, los que políticamente son sus opositores, se quedan pensando cómo responder a eso. Algunos eligen imitarlos y otros darle cátedra de decencia verbal. Lo que ninguno sabe, es evidente, que de la abundancia del corazón siguen hablando todas las bocas. Ya fue dicho, lo sé, pero nunca está de más repetirlo todas las veces que sean necesarias.

Ese es un fruto oral inapelable. Creo que todo pasa por un cierto grado, en mayor o menor medida, depende lugar, ámbito, persona, de ignorancia respecto a las cosas de Dios y, esencialmente, de las bases sustanciales del diseño divino. Vamos a ver un ejemplo práctico y sencillo de retener. ¿Algún creyente curioso se preguntó seriamente, alguna vez, cuál fue la razón o el objetivo por el que Dios decidió crear la Tierra como planeta del sistema solar que conocemos?

Tengo una respuesta que no sé si te va a gustar, depende cual sea tu pensamiento terrenal en cuanto a ideologías mundanas. Para que fuera una colonia del cielo, para eso la creó. Dios Padre jamás se planteó la posibilidad de abandonar a la Tierra a su suerte y desentenderse de sus problemas. ¿Te lo digo con mayor claridad para que no se borre nunca? Dios nunca diseñó al planeta Tierra para que fuera gobernado por un gobierno terrenal.

Yo sé que este modo de ver todo lo nuestro te puede resultar, en el mejor de los casos, novedoso e interesante, y en el peor, si recibiste una de esas doctrinas férreas que parecen extraídas de molduras egipcias, seguramente ofuscamiento y oposición. No te preocupes, es lo más natural y hasta lógico del mundo, si es que te atreves a utilizar esa terminología griega en un evangelio de origen hebreo. La pregunta formal y práctica, es: ¿A qué crees que enviaron España, Portugal y Gran Bretaña ciudadanos suyos a lo que era Sudamérica? A colonizarla.

Eran reinos y buscaban expandirse. Ahora reflexiona. ¿A qué crees que fuimos enviados desde el Reino de los Cielos a este planeta llamado Tierra? A colonizarlo. Estamos aquí pero no somos de aquí, ¿Verdad? ¿Pudiste creer eso? Listo, entonces ya sabes de lo que te estoy hablando. Mira; haz una comprobación simple y podrás ser testigo presencial de la guerra espiritual en la que estamos inmersos todos los que hemos creído en Cristo.

Observa en una esquina cualquiera como de pronto aparecen cultores de religiones orientalistas o directamente gestores del ocultismo y esoterismo en sus diferentes escalas y se ponen a difundir lo suyo durante el tiempo que se les ocurra y nadie los va a molestar. Pretende hacer lo mismo hablando de Jesucristo y vas a ver como en pocos minutos aparece alguien a tratar de sacarte de allí. Y ni hablar si predicas el evangelio del Reino. Allí directamente hasta puedes ser agredido.

  Tengo gente que mira lo que hago y dice: Parece que ahora Néstor ha cambiado y está predicando sobre lo que está de moda, el Reino. Ah, ¿Sí? ¿Moda? ¿Qué biblia leyeron? ¿No se enteraron que el del Reino fue el único evangelio que predicó Jesús? Moda fue predicar sanidad, prosperidad, liberación. Moda o religión… Lo que tengo que evaluar es en qué moneda pago el precio, pero que debo pagarlo sí o sí, no tengo dudas.

Lo que sucede es que hay tanta oferta rara que por allí se confunde con lo genuino.  El error grave de muchos hombres y mujeres de Dios, es confiar en que la tierra y su mundo, un día “entiendan” a Dios y comiencen a creer en Él. Eso es imposible. A Dios no se lo entiende, a Dios sólo se le cree. Y sin verlo. ¿Suena raro? También les sonaba raro lo de Jesús…A ver; quiero ser claro, concreto y alejado de todo discurso espiritualoide que pretenda arriar aguas para molinos secos.

Como hombre de Dios que creo ser, tengo la obligación de difundir lo que yo creo que es la Verdad; Cristo. Obviamente que soy humano y puedo cometer errores, pero no tengo la malicia de ciertos poderes humanos que usan los medios para transferirle a la gente una verdad que es la que les conviene, como única. Aquí podrás ver cosas que te agradarán y quizás otras que no sepas como mirarlas, pero lo que te aseguro que jamás vas a ver, es esos ciertos juegos de intereses que ya nos hemos acostumbrado a percibir detrás de figuras que dicen ser representantes distinguidos del Reino de los Cielos.

De hecho, cuando tengo que responder algunas de las decenas de preguntas que las personas que acompañan nuestro trabajo me suelen formular, trato de no colocarme ninguna capa de rey en reposo con la que muchos suelen vestirse o disfrazarse para impactar a sus seguidores. Yo jamás pienso en tener seguidores, permanentemente está en mi mente contar con gente que acompañe y respalde todo esto, porque eso tiene color a unidad, mientras que lo otro sigue estando más cerca de la idolatría que de la fe sensata.

 Por mi calidad de ex periodista y porque quizás resulto creíble a muchos hermanos que viven en otros lugares del mundo, me suelen preguntar cómo está mi país, Argentina. Mi respuesta, es: como la estructura de la iglesia, así está. Locura, corrupción, insania, ineptitud. La palabra dice que el diablo está vencido y yo lo creo, pero lamentablemente todavía lo estoy viendo y haciendo bastante daño cada día. Como ejemplo de todo lo que estamos viviendo como humanidad, puedo darte uno que por sus características he llegado a conocer de cerca.

Toma un periódico digital cualquiera, de esos que permiten que sus lectores añadan sus comentarios al pie de cada artículo. Si lo lees con atención, que es como debe leerse la prensa escrita para evitar que te confundas o seas víctima de lavados cerebrales, podrás ver que el añadido de esos comentarios, en su gran mayoría, aparecen en los artículos trágicos, oscuros o negativos. Muy difícilmente una nota positiva o de algo ponderable los tenga.

Es como que a la gente le resulta más fácil decir algo de lo malo que de lo bueno. ¿Sabes qué? Eso es carnalidad, nada menos. Y, por último, inmerso en una tarea que, entre otras coyunturas, muestra la de procurar corregir y enmendar lo que pueda estar equivocado, se presentan algunas aristas no siempre conocidas que determinan movimientos extras. Y te doy un ejemplo más. Cuando desconozco la forma en que el comportamiento humano puede ser corregido desde lo espiritual, es cuando tengo una obligación básica: acudir al “manual del fabricante”.

Allí están todas las características, virtudes, errores y fundamentos con los cuales deberás lidiar. ¿Existe un manual del fabricante de este aparato genial llamado ser humano? Sí, se llama Biblia. En la medida que te introduzcas en él, irás descubriendo secretos y de ese modo aportando detalles que mejorarán por mucho el andar de lo fabricado.  Creo fielmente que una de las cosas que un creyente tiene que tener más que en claro en su vida, es saber dónde está plantado. Inevitablemente tiene que auto formularse una pregunta clave:

¿Estoy avanzando, verdaderamente, con todo lo que implica el verbo avanzar, o sólo me estoy moviendo? Los más curiosos que hemos podido indagar un poco más allá de lo convencional, sabemos que decir movimiento, no necesariamente implica referirse a avance. Porque moverse, a veces no va mucho más allá de tener ciertas actividades que, aunque suenen muy sobrias e importantes, en muchos casos lo único que consiguen es dar giros en un mismo lugar.

Todos Aquellos Que Supongan…

 …que estar ocupados en cosas del Señor significa estar avanzando, puede que estén confundidos y no se hayan percatado de ello. El avance, cuando es tal, tiene señales que son indudables. Y te doy un ejemplo sencillo que, al mismo tiempo, es sumamente proliferante si sabes verlo. Un ministerio, esa palabra con la que sueña más de la mitad del pueblo creyente, sin darse cuenta que no se trata de un título para ciertos elegidos, sino de la función para cada uno de los convertidos, tiene aristas muy singulares que se deben respetar.

En principio, tiene que estar enfocado en las siguientes generaciones. Algo así como repetir en el tiempo y en las consecuencias las historias entrelazadas de Abraham, Isaac y Jacob. Tres generaciones mínimo. Padres, hijos, nietos. Hoy, los que caminamos por ciertas edades muy adultas, tenemos nuestras esperanzas a futuro depositadas en nuestros nietos. Con los hijos ya se superó el mandamiento, con los hijos de los hijos, viene otra historia que será responsabilidad de ellos.

¿Nunca te preguntaste que hubiera sucedido con la historia de todo el evangelio en su conjunto, si por ejemplo Isaac se hubiera negado a responder y luego a aceptar el llamado de Dios?  No me gusta hablar sobre hipótesis porque suena a fantasía de imaginaciones volubles, pero lo que sí te puedo garantizar es que, si eso hubiera sucedido, Dios tendría que haber comenzado todo de nuevo, desde cero, desde la nada misma. Eso sí, ya no lo hubiera hecho a partir de Abraham ni de Isaac, sino directamente desde Jacob.

Eso se llamó, se llama y se seguirá llamando eternamente, Diseño Divino. Dios es eterno, no tiene prisa porque a Él el tiempo no le fastidia. No usa reloj ni mira la hora en el teléfono. Es sencillamente imposible que con tu mente que un día nació, que hoy vive y un día morirá, puedas entender eternidad, pero al menos hazte un favor: Créelo. Hay un diseño y, si ese diseño puede operar pese a todos los obstáculos que le pone en su camino la idiosincrasia secular, ese diseño funciona y a las mil maravillas, te lo aseguro.

Porque, veamos, ¿Cuál es uno de los puntos bravos de nuestros tiempos? La droga, los estupefacientes y su negocio ultra rentable denominado narcotráfico. Más allá de las palabras ciertas o simuladas de los gobiernos que pretenden, -aseguran-, combatirlo, ¿Alguien se detuvo un instante a ver en qué se sustenta? De haberlo hecho, se hubieran dado cuenta que, primordialmente, el consumo de narcóticos necesita para entronizarse, una sociedad de huérfanos.

Porque lo que protege a una familia que tiene hijos, para que no caigan en el consumo de drogas, es que sepan, puedan y quieran honrar a sus padres. La honra guarda al hijo de ese peligro. Y eso fue, es y seguirá siendo Diseño Divino, mal que les pese a los ateos, gnósticos o incrédulos. No tengo autoridad ni derecho a expresar qué se debe hacer o no hacer desde lo institucional, simplemente porque no formo parte de ninguna institución humana.

Pero si puedo arrojar a los aires de la observación una sugerencia que estimo muy válida a futuro, tanto cercano como más lejano. Creo sinceramente que es tiempo de activar los movimientos misioneros desde una óptica muy distinta a la que se ha utilizado hasta nuestros días presentes. Basta de ir a procurar que los pueblos evangelizados se parezcan a nosotros. Creo fielmente que es tiempo de ir a ministrarlos para que se activen los dones que Dios mismo puso en ellos desde antes del principio de los tiempos.

 Un misionero nuestro no puede insistir en que un convertido noruego tome mate argentino mientras lee y estudia la Biblia. Que lea y estudie la Escritura, obviamente, pero que beba lo que le dé su regalada gana acorde a su cultura; salvo alcohol, obvio. De última, si hay una cultura a transmitir a un creyente nuevo, es la cultura del Reino de Dios, no la de la tierra de donde es originario el misionero. Lo primero será puro Espíritu, lo segundo pura carne.

 ¿Sabes qué te responden masivamente muchos hermanos cuando les dices esto? ¡Ah, bueno! ¡Pero no te preocupes! ¡Dios sigue estando en control de todo! A ver… ¿Control? Si, es verdad, se nos ha enseñado que pase lo que pase, suceda lo que suceda, Dios siempre está en control de todo, y yo mismo lo he repetido como papagayo muchas veces, pero… ¿Sabes algo muy singular? ¡Tú Biblia no dice eso! Lo que sí dice, si es que has leído bien, es que Dios GOBIERNA, pero de ninguna manera que controla.

Ehhh…perdón… ¿Pero no es lo mismo? ¡¡No!! ¡No es lo mismo! Si pensamos que Dios controla, seremos seres apáticos, perezosos y hasta holgazanes, ¡Total Dios viene y hace! Y si no sabemos cómo es que Dios gobierna, entonces tampoco sabremos como gobernar nuestras propias vidas, familias y sociedades. Ahora déjame que te pregunte con absoluta honestidad: ¿Qué crees que está sucediendo en tu medio ambiente si tienes en cuenta lo que hemos dicho?

Justo. Es exactamente lo mismo que sucede aquí, en Argentina, como supongo también lo es en el resto del planeta llamado cristiano. Entonces es cuando de pronto se nos aterriza en el cerebro martillando amorosamente nuestro entendimiento, la que sin dudas vendrá a ser la gran pregunta de todos los tiempos. ¿Nos pueden estar pasando cosas que nunca fueron la voluntad de Dios que nos pasaran? Sí, sin ninguna duda que sí.

 Pero, claro, nosotros hemos crecido en el aprendizaje y el conocimiento de un evangelio en el marco de una idea de que todo, absolutamente todo lo que nos pasó, nos pasa y nos pasará, necesariamente deberá ser aprobado por Dios.  Cuidado. No te estoy diciendo que eso jamás sea así, te estoy advirtiendo que no siempre podría ser así. Si tienes dudas, lo mejor que puedo sugerirte que hagas, más para tu propio bien que para el de ningún otro, es que leas el evangelio completo, y no fraccionado por similitudes o diferencias con doctrinas denominacionales evangélicas.

 A mí me ha sucedido esto último, y supongo que no debo haber sido el único. Eso es lo mismo que toda esa supuesta información que aseguramos tener respecto a lo que llamamos guerra espiritual.  Lugares en donde se ha estudiado hasta el grupo sanguíneo de cada demonio, si es que los tienen, lugares en donde se habla de ellos lo justo y lo necesario y lugares, también supuestamente cristianos, donde ni siquiera se los menciona por miedo a que vengan y nos hagan un desastre.

Eso somos como pueblo. Porque la realidad nos muestra que, si bien sabemos que el diablo está vencido, lo mismo que el mundo, que también ya está derrotado, podemos comprobar que eso no significa que estén inactivos. ¡Están más que activos! Diablo y mundo. De otro modo no tendríamos todos esos problemas que tenemos. Yo puedo declarar que él está vencido, pero si yo no entiendo cuál es su acción, no prevalezco. Y si no prevalezco, estoy siendo derrotado.

Y esa sensación, es una bofetada en el santo rostro de Dios. No nos envió aquí a ser demolidos por cuatro demonios inmundos. Pero así es como somos y será muy complicado que alguien logre cambiarnos en los próximos años. Y no sólo en la iglesia, en lo espiritual, sino que todo eso se traslada a nuestras formas de vida, incluida la política de cada país. Votamos a alguien para que sea nuestro presidente y le exigimos que cumpla su función pensando en los beneficios del país en todo su conjunto.

Y eso es correcto y esencial, pero nos olvidamos de un detalle: cuando lo votamos, no lo hicimos pensando en el país, sino en nuestras propias conveniencias personales. Jamás votaríamos a alguien que, sabemos, hará algo que nos perjudique en lo privado. ¿Y eso es conciencia cívica? Eso tiene otro nombre. Además, ¿Has visto alguna vez a un empresario fotografiando o enviándole la prensa a uno de sus empleados que está trabajando para él? Yo no.

 ¿Y entonces por qué nosotros, dueños legales del país donde vivimos, hacemos eso con nuestros empleados funcionarios cuando salen a la calle? En mi época argenta tanguera, a eso le llamábamos “cholulismo”, que sería algo parecido a obsecuencia. Y no es serio. Y si en el conjunto no podemos ser serios, tampoco podremos aspirar a tener un país que lo sea. Además, está todo eso a lo que vulgarmente solemos denominar como “lavado de cerebros”. Que puede formar parte de ciertas y determinadas ideologías, no lo cuestiono, pero que indudablemente en este tiempo tan singular del siglo veintiuno que estamos viviendo, no se reduce sólo a esas áreas, sino que es de consumo masivo, aunque, por razones obvias, una enorme mayoría no alcance a detectarlo o, lo que sería ideal, discernirlo.

Y te Doy un Ejemplo Doméstico…

 …pero contundente. Si te muestro una carpeta de color azul, pidiéndote como favor a ti y a todos los que están contigo, que declaren que es de color verde, seguramente lo harán por respeto a mi pedido. Pero cuando ingrese a nuestro círculo alguien que nunca estuvo aquí y los escuche, si luego se le pregunta de qué color es esa carpeta, ¿A qué no sabes que responderá? Que es verde, simplemente porque en su razonamiento, “si eso es lo que todos dicen, así debe ser”. Eso se llama “lavado de cerebro”, y créeme que no sólo existe, sino que es más que abundante, incluso en nuestros ambientes.

Por eso es que caemos en el antiguo pero vigente relato de las mayorías y minorías con las que el mundo secular ha pretendido y sigue pretendiendo conducir los destinos de cada sitio del planeta. Nadie se atreve a decir que eso es solo lo que dije, un relato. Y que una enorme “mayoría” se lo crea y lo promocione, es la consecuencia natural de una muy antigua palabra bíblica que está más vigente que nunca: ignorancia. Porque, a ver: ¿Las mayorías nunca se equivocan, como muchos siguen pensando? No. Comencemos por saber algo que muy difícilmente alguien ose explicarte, y es que las mayorías, generalmente, sólo piensan y hacen lo que ciertas selectas y muy inteligentes minorías que todos tenemos más que identificadas, las inducen a pensar y hacer.

 El resultado de todo eso, es el mundo que hoy tenemos y padecemos. Tenemos o padecemos tiene que ver con el área de la sociedad en la que te haya tocado nacer y vivir o sobrevivir.  Se ha dicho muchas veces que las mayorías no necesariamente tienen la razón, sino solamente mayoría. Y eso es absoluta e indiscutible verdad. Tan verdad que, lo sabemos, la pobreza y a veces miseria, en el mundo, no es precisamente minoría. Y esto, que a todas luces es un total contrasentido con lo dicho anteriormente, puede comprobarse de manera sencilla y fehaciente.

 ¿Tengo que entender y además creer que una mayoría de gente pobre tiene la razón de todas las cosas, mientras una reducida minoría de gente adinerada y poderosa está equivocada? No sería para nada extraño que, desde lo espiritual, así fuera. Pero me temo que cuando se dijo eso no se pensaba en lo espiritual, sino en lo conceptual, en el poder humano. De hecho, si observamos a esas supuestas mayorías cada vez más crecientes, podremos observar que no sólo no gobierna a nada ni a nadie, sino que incluso tampoco es apta para tomar decisiones. ¿Y entonces? ¿Será que esa mayoría ha perdido la razón o, lo más factible, que ha sido permanentemente engañada?

No tengo dudas. El engaño ha formado, forma, y seguirá formando parte de la acción más repetitiva por parte de los más poderosos para con los que no pueden ni saben defenderse. Y esto está muy lejos de ser una proclama con inclinación ideológica, porque aquellas ideologías que basan sus campañas con supuestas luchas en favor de los más débiles, cuando acceden al poder, los siguen explotando exactamente igual que sus antecesores a los que aseguraban combatir.

Alguien a quien respeté mucho como hombre de prensa intachable en su honestidad me dijo algo, hace muchos años, que me quedó grabado por su simpleza: La diferencia entre la derecha y la izquierda, se fundamenta en que, mientras una muestra a la explotación del hombre por el hombre, la otra deja traslucir la explotación del hombre por el Estado. Con todos los ingredientes para un sector o para el otro que desees añadirle, no me puedes negar de ninguna manera que en lo global y abarcativo, es así nomás.

Impecable. Además, ¿Nadie se preocupó nunca por indagar más a fondo cómo y de qué fuentes nacen la izquierda y la derecha? Escudríñalo. Te aseguro que cuando lo hagas y tengas la respuesta, se te van a caer las medias de la sorpresa. No te adelanto más nada, haz la tarea. Información seria sobre esto en la Web hay mucha. Pero no es algo de lo que debamos sorprendernos demasiado, tampoco. Divide y reinarás no fue un pensamiento mío al levantarme de una calurosa siesta de verano en mi Argentina de enero. Lo dijo alguien con más esencia y presencia histórica y no se equivocó absolutamente en nada.

Porque además de lo ideológico llevado a lo político, también lo religioso tuvo lo suyo. Católicos versus judíos, católicos versus protestantes. Sólo un detalle que siempre llamó mi atención y hoy puedo comentar. Como cristiano, ¿Debo estar en contra del uso de pulseras, dijes o cadenas en el cuello con objetos? Si no representan culto o idolatría a algo o alguien, no veo el motivo. ¿Y una cruz colgada al cuello? Si se adora el objeto, podemos denominarlo como idolatría, pero si es sólo por detalle estético, quizás no, ¿Verdad?

Claro. Mi única duda, es: ¿Cómo se sentiría un padre cualquiera, si a un hijo suyo lo hubieran asesinado usando un cuchillo, si ve a alguien llevando como elemento de exposición estética, una cadena en su cuello con un pequeño cuchillo como adorno central? Ya lo sé, la idea no es la misma, pero el problema es que mientras las ideas caminan por dentro de las personas y resultan invisibles al exterior, los gestos externos tienen llegada e interpretación rápida por casi todos al unísono. Los creyentes de todos los tiempos se identifican con un elemento que es el de la revelación espiritual incomprensible.

Ninguno de nosotros podría explicar, por abundante que sea nuestro conocimiento y aceitada y fluida nuestra verborragia, como fue que, si un día pensábamos una cosa al instante siguiente, sin tener ni la menor idea de dónde y cómo, se hizo una luz en nuestro entendimiento y, a esa misma cosa, pasamos a verla no sólo distinta, sino en una gran parte de los casos, de manera inversa. La revelación es intelectualmente inexplicable, por eso no se enseña en los seminarios.

Es lo mismo que el Reino. Aprendes sobre sanidad, liberación, oración, apologética, exégesis y todo lo necesario para pararte en un púlpito, pero nadie te podrá enseñar revelación ni Reino. Y, oh sorpresa, son juntos, la base del evangelio. Jesús, por ejemplo, habló mucho acerca de las llaves del Reino. Y también de que una de las claves principales para vivir victoriosamente en el Reino, es someterse a la autoridad. Él dejó más que en claro que la llave más importante del Reino, es aprender a someterse a la autoridad.

Porque la palabra autoridad, necesariamente, casi siempre trae un temor en los oídos de la mayoría de la gente. Cuidado con esto, porque es un temor que, si has seguido más o menos de cerca el desarrollo de la iglesia en tu patria, donde quiera que vivas, ya sabrás que ese temor se sustenta en la infinidad de casos comprobados en donde alguien se abusó a veces hasta violentamente de una autoridad que, sin ser divina, era supuestamente delegada.

 La realidad mostró siempre que todo eso fue, es y sigue siendo carne pura, ya que una verdadera autoridad divina jamás será cuestionada ni ignorada. El creyente auténtico sabe que someterse a una autoridad sujeta a Autoridad, no es ningún esfuerzo, es un privilegio. La otra autoridad, de la que todos por igual disponemos, es la Biblia. Un libro que ha sido leído y estudiado por todas o casi todas las esferas no solamente sociales, sino también intelectuales del planeta.

Supongo que cada uno hizo su propia interpretación y, con esa inocente presuntuosidad de la que siempre hace gala el hombre, muy probablemente hasta hubo quienes se dieron el gusto de inaugurar nuevas doctrinas con sus propias interpretaciones. No te preocupes demasiado, desde que la Palabra de Dios es lo que es, su variable humana ha sido esa. Por eso estamos donde y como estamos. De todos modos, cuando alguien te pregunta de qué habla la Biblia, tienes una sola respuesta: la Biblia habla de un Rey.

Esto quizás te suene sencillo, pero es muy importante para nosotros, porque vivimos en una democracia. El error más frecuente que hemos cometido, ha sido el de imponer nuestro pensamiento democrático por sobre la Biblia. Un rey no es un presidente, ni un gobernante, ni un alcalde, ni un congresista. Los reyes son únicos y nuestra Biblia habla acerca de un Rey. Y el tema es que muy pocos de los que nacimos y habitamos estas tierras americanas sabemos lo que es un Rey.

Y los que podríamos estar conociendo algo más sobre ellos, no es porque los hayamos tenido como autoridades personales, sino porque hemos leído y aprendido historia, y muy especialmente historia antigua. De todos modos, algo puedo decirte con absoluta certeza en comparación con un ambiente democrático. Un rey no necesita que tú lo votes para acceder al poder absoluto, que es el poder conforme lo entienden y lo practican los reyes. Un Rey nace y muere como Rey.

 Lo único que podría necesitar llegado el caso, es un territorio apto para que pueda ejercer su reinado. Dios Padre ya lo tiene, se llama Cielo. Tú y yo todavía somos príncipes en ejercicio, pero podemos ser reyes cuando determinemos ese territorio sobre el cual reinar. ¿O no fue escrito que el nuestro es un Reino de reyes y sacerdotes, y todos ministros competentes? Que no se cumpla, es otra cosa, y no significa que eso no sea así. Pero que existen notorias diferencias entre democracias y monarquías, existen sin ninguna duda.

Podría pasarme un día entero detallándote esas diferencias, pero apenas voy a mencionarte dos puntos específicos en los cuales deberíamos prestar más atención. En una democracia, por ejemplo, tú eres independiente y, si quieres, si te parece bien, si estás de acuerdo, cooperas con tu gobierno. En un Reino, en cambio, tú no cooperas, tú sólo obedeces. Por eso es que a una enorme mayoría le seduce más la religión que la fe genuina, porque en la religión somos seres independientes que, si queremos, cooperamos. O no. Y el otro ejemplo radica en un título bíblico que poseemos.

Ya Sabes que La Biblia…

 …te llama Embajador, ¿Recuerdas? Un embajador no es una persona religiosa, es uno que representa a un país o a un Rey. Así que tú que hoy me estás leyendo, te estás enterando que tenías un puesto político. Un embajador es el rostro del país que representa. La gran pregunta que salta como resorte nuevo, es: ¿Lo eres? Lo que sucede es que nuestra embajada está muy lejos de ser una más de los miles que constituyen las diplomacias internacionales. Somos embajadores de la grandeza de Dios, y eso no se puede medir con ninguna regla humana.

La grandeza de Dios trasciende todo lo que se te ocurra que puede trascender: es nada menos que origen de la vida, es asimismo sabiduría infinita y por sobre todas las cosas, es amor que sostiene el universo. ¿Puedes imaginarte una calidad y cualidad de amor así? Además, en su poder hay orden; en su misericordia, consuelo; y en su presencia, sentido para cada ser. Jesucristo es Rey, pero no sólo por ejercer su poder, sino que además también es un rey que guía, y por si eso no fuera suficiente es un Salvador que libera y un Maestro que transforma.

No existe ni existirá jamás en esta tierra hombre alguno que pretenda reunir siquiera una parte de todas esas condiciones. Sólo habitando EN Él es factible imitar sus obras. Pero como siempre todo tiene que ver con todo, la iglesia convencional, la denominada evangélica, que ha sido a lo largo de esta historia la que supo captar más miembros para su muy particular modo de entender el protestantismo, también ha sufrido desgaste con todas estas alternativas.

 De hecho, poco a poco, a partir del freno sí o sí que recibiera desde los poderes gubernamentales durante la pandemia, comenzó a declinar y a sufrir ciertos vaciamientos de los cuales no pueden culpar a nadie más que a ellos mismos, y me refiero a sus propias jerarquías rectoras y sus muy originales maneras de gobernar espacios. Es indudable que, desde hace mucho tiempo, ya, existe un silencio casi sepulcral en el corazón de muchos creyentes de los estimados o considerados como sólidos.

Un silencio que, al unísono y de un modo casi incomprensible, está gritando preguntas que nadie se atreve a formular en voz alta. De todas las preguntas que formulan, hay una que sobresale y todos, propios y extraños, la estamos viendo ocurrir donde quiera sea el lugar que residimos: ¿Por qué aquellos que más buscan a Dios, parecen alejarse de los lugares en los que, se supone, deberían encontrarlo? Respuestas coherentes tengo muchas.

 Pero, de ninguna manera es mi interés proporcionarles comida masticada y digerida a tantos voraces ladrones prestos a tomar por asalto todos aquellos bastiones que, hasta hace muy poco tiempo, eran patrimonio viviente de los que se veían a sí mismos como creyentes confiables, maduros y no religiosos. Y creo que en esta última palabra radica todo el problema. Cuando la fe genuina, sana, ardiente y real en el Dios Todopoderoso, Creador de todo el universo, pretende avanzar en medio del ejido social, constituye estructuras.

Teóricamente, se construyen para adorar mejor y con más comodidad y efecto a ese Dios en el cual creemos. Cuando los tiempos transcurren y los hombres comienzan a comportarse como hombres y no como santos, entonces se termina adorando la estructura y omitiendo hacerlo con el Dios que supuestamente avaló la estructura. Hay algo que es imposible ocultar porque la Biblia lo describe con absoluta claridad: Jesús, durante su ministerio terrenal, pasó la mayor parte de su tiempo fuera de las sinagogas.

 Caminó por las colinas de Galilea, enseñó junto al mar, compartió pan en hogares humildes, No se peleó con los pecadores declarados, sino con los líderes religiosos de su época. Todo aquel que hoy pretenda llevar adelante un ministerio cristiano de cualquier calibre, y decida ser imitador de Jesús en cuanto a su relación con los liderazgos de la religión, está condenado a la crítica ácida, a la calumnia sucia y hasta a la agresividad disfrazada de “justicia”.

La religión sigue siendo religión y, en ella, así como no hubo en la época de Jesús la posibilidad de convertirla en fe auténtica, tampoco la hay hoy. La realidad incómoda de estos tiempos, es esta. Muchos cristianos sinceros se alejan de las estructuras, precisamente porque han encontrado algo más auténtico. Han descubierto que la relación con el Eterno no requiere intermediarios humanos sino del único mediador, Cristo Jesús.

Es decir, utilizando un concepto que puede sonar a nuevo, pero que sin embargo es sumamente antiguo si lees con pulcritud tu Biblia, lo que se ha encontrado en mucho pueblo santo, es la posibilidad de entablar una relación que aniquile definitivamente a la religión.  Religión es creencia humana apuntada a. Relación es ida y vuelta entre el hombre y Cristo. Creo que cuando comienzas a tomar conciencia de todas estas verdades acumuladas por años en un libro que una gran mayoría tilda de “religioso”, como es la Biblia, tu panorama a futuro cambia radicalmente.

 Empiezas a entender las razones por las cuales mucha de la gente considerada como muy inteligente y preparada, no termina de incorporar conocimiento sobre elementos que, a ti, con sólo leer tu Biblia, te resultan no sólo familiares, sino parte activa de tu vida. Comprendes ahora, por darte un ejemplo bien concreto, por qué durante dos mil años, la ciencia no pudo ver todo lo que físicamente y en la naturaleza, Dios había diseñado.

¿Sabes por qué? Porque para ver un diseño divino, primeramente, necesitas creer que existe un diseñador. Ese es el punto clave. Y no hay ni puede haber medias tintas ni chocolate tibio, es incredulidad o es Fe. Aunque a muchos todavía les convenga suponer que lo hay, la realidad nos muestra que no existe un terreno neutro o intermedio entre ambas cosas. El que conmigo no recoge, desparrama, fue dicho, y sería casi hasta irreverente suponer que podamos añadirle algo a eso.

Entonces tú dices o escribes todas estas cosas y, mucha de la gente que te lee o te escucha, y no me refiero a incrédulos que jamás tocaron una Biblia, obviamente, se embala con la lectura salvadora y adopta a su Biblia poco menos que como si fuera un osito de peluche, de esos que cierta cultura popular determinó que trae “buena suerte”. Hacer un devocional es una cosa, abrir tu Biblia cada día en cualquier lugar, esperando que Dios te hable por medio de ella con lo primero que leas, tiene otro nombre y es muy peligroso.

Porque, ¿Qué tal si en esa especie de bibliomancia que deseas efectuar, un día caes en Mateo 27:5 y lees el pasaje que dice ENTONCES FUE Y SE AHORCÓ ¿Qué harás? ¿Buscar confirmación? ¿Y si la encuentras en 2 Crónicas 18:21, donde se lee: ¿ANDA Y HAZLO ASI? ¿Qué harás?  ¡Hermano! ¿Qué tal si oras y lees tu biblia como debes, en su contexto? No es un horóscopo, es la Palabra de Dios. ¡Cuidado! Pero no te pongas mal ni te sientas en falta o como una minúscula partícula indigna de llamarte cristiana.

Hay mucha gente que supuestamente vive de leer y comentar Biblia que tampoco terminan de leerla a conciencia. Si tú lees tu Biblia ligeramente y te equivocas en una interpretación, muy probablemente el costo de ese error será pagado a full por tú mismo y por la que sea tu familia o tu entorno cercano, con el que seguramente lo habrás compartido. Si quien lo hace es un predicador o un maestro, ¡Yo mismo!, entonces el costo será bastante más alto.

Sin irnos demasiado lejos ni por las ramas, a muchos predicadores les agrada hacer hincapié en ese “salvo tú y tu casa” que tantas veces hemos leído, pero en el error de presentarlo como un hecho consumado, sin arrepentimiento ni perdón previo, solo porque está siendo salvo alguien de la casa. Perdón, pero si fuera así, la crucifixión y la muerte de Jesús, hubieran sido innecesarias. ¿Lo habías pensado? ¿Lo habías visto? ¡Somos tan infantiles a veces en cosas en las que debemos ser serios y adultos!

Salvos tú y tu casa, pero por favor, preséntales el evangelio del Reino con la primera palabra que lo caracteriza: arrepiéntete. Sin arrepentimiento no puede operar el perdón y, si no opera el perdón, es imposible la redención. Más claro es imposible presentarlo. De otra manera, lo que estaremos financiando es la incorporación de nuevos miembros de nuestras iglesias, pero no siempre de nuevos discípulos genuinos de Jesucristo.

Soy Residente de Un Hermoso…

 …país de Sudamérica, ya lo sabes, pero también testigo de miles de corrupciones que mucha gente que debería ser honesta e intachable termina adoptando como conducta “normal”. Sucede en todas las áreas, pero en la política es considerado clave, porque desde allí salen los gobernantes y responsables de llevar a un hermoso país por el mejor de los caminos. ¿Qué podríamos hacer para darnos una mínima garantía de que así sea? 

Como hijo de Dios por Jesucristo y pensando en el bienestar general futuro para nuestras familias, propongo que en cada país democrático que haya elecciones, solamente se admita como candidatos a aquellos que arrojen resultado negativo en el examen toxicológico, más vulgarmente llamado test anti drogas, aunque no las está evitando, sino detectando. Por prevención cívica, nada más, de ninguna manera equivale a sospechas y mucho menos a acusaciones sin pruebas.

Prevenir, a veces es sanar. ¡Arrepiéntete! Parezco de otro planeta, muy poca gente hoy predica arrepentimiento. Me sigo preguntando qué clase de Biblia tienen. Soy consciente del cambio de los tiempos y todo lo que eso le trae al evangelio, pero no deja de ser cierto que por más cambios que lleguen, los fundamentos básicos son inamovibles. O al menos deberían serlo. Pero el avance de los tiempos mucho me temo que nos está aportando una cuota de ignorancia espiritual que preocupa.

De pronto te encuentras con alguien que parece maduro y atinado y te suelta: ¡Ah, no, hermano! ¡Desde que me convertí, ya no escucho música mundana, ahora sólo oigo música cristiana! De acuerdo, me parece excelente. Pero fui y soy músico también, así que algo entiendo de eso. Y como resulta que soy creyente, también algo discierno. Y con todo eso en mano, te digo: no todo lo que suena musicalmente a cristiano es ungido. Necesitas muy buen discernimiento para no ser engañado

Obvio que no estoy hablando de letras, eso sería muy sencillo, me estoy refiriendo a la música que acompaña a esas letras. Pero es muy complicado que te escuchen y ni quieras saber lo que cuesta que te crean en esas cosas. Es tan fuerte y elaborada la estrategia promocional y el marketing santo relacionado con la música cristiana que, salir a decir algo distinto, o al menos a aportar una advertencia que sea útil para no equivocarse, no sólo tiene sus riesgos, sino también en muchos casos, sus consecuencias.

Es parte del precio a pagar para seguir adelante con todo esto. Fíjate que no todo comienza o termina en la música, que hay áreas mucho más delicadas que también pueden ser conmovidas por una palabra rhema. Te doy un ejemplo: En mi país es legal el matrimonio de personas del mismo sexo y también es admitido el aborto. Si salgo y digo que ambas cosas son abominación y pecado para Dios, me agreden y me tratan de arcaico y discriminador. Y yo sólo estoy repitiendo lo que mi Padre dijo.

No lo estoy prohibiendo, no tengo poder para ello. Y además no se trata de prohibir, eso es infantilismo espiritual, se trata de creer, obedecer y ser íntegros y fieles. Y de paso, ya que estamos en pleno camino de maduración y conocimiento, ir tomando conciencia de muchas de las cosas que nos rodean que, por ser cotidianas, tradicionales y parte de esa manía costumbrista que tenemos los pueblos americanos, no siempre terminamos de incorporar o de entender.

Y te doy un ejemplo tan familiar y diario en muchos de nosotros que puede llegar a asombrarte. A ti, que gustas de buscar perlas cultivadas en la escritura, te pregunto: ¿Nunca se te ocurrió estudiar la palabra “Ay”? Te adelanto que es la peor palabra hebrea, ya que significa “Maldito hasta el infierno” Vuelvo a preguntarte: ¿Estás entendiendo ahora lo que realmente les dijo Jesús a los fariseos? ¡¡¡¡¡Ay de vosotros!!! Y no se termina allí, es justamente por eso que, cuando te lastimas o te golpeas, tu reacción carnal inmediata es decir ¡Ay! ¿Qué te parece?

Lo que a mí me parece, y no creo ser el único, obviamente, es que todavía hay mucho cristianismo girando en círculos, como el antiguo pueblo israelita, sin atreverse o decidirse a meterse en el contenido pleno del evangelio, el Reino. Es tan poco lo que se conoce y tanto lo que representa que, dedicarle nuestro tiempo, más que una obligación o un deber, resultaría una bendición incalculable. El problema radica que cuando Adán pecó, el hombre perdió esa conexión directa con el Reino, y el “gobernador”, que es el Espíritu Santo, obviamente, se retiró.

Desde entonces, el hombre ha intentado gobernar la Tierra con su propio ingenio, pero esa decisión clave, lo que en realidad ha traído, es caos, guerras, pobreza y corrupción. ¿Conclusión? Necesitamos Su Espíritu. En la orfandad espiritual es donde el enemigo encuentra su terreno más fértil. En un reino, de cualquier naturaleza geográfica, cuando una colonia es establecida, es decir; cuando ese reino incorpora un nuevo territorio, este tiene que ser gobernado por ese mismo reino, o sea, por un gobernador que represente al rey y que esté en condiciones de asegurarle que ese territorio va a adoptar sí o sí la cultura, el idioma, las costumbres y también leyes del reino original.

En el caso puntual de esta tierra como colonia del Reino de los Cielos, el Gobernador natural es El Espíritu Santo. Por lo tanto, todo creyente hijo de Dios por Jesucristo que acepte ser pleno con el Espíritu Santo y pase a moverse sólo teniéndolo a él como guía a toda verdad, estará capacitado para secundarlo en esa tarea de gobierno. Para que se entienda con claridad. Siempre dijimos que la iglesia, aquí en la tierra, ES gobierno. Sólo me faltó añadir, por si alguien lo ignorara, que eso sólo es factible por el Espíritu Santo.

De otro modo, ni lo sueñes. Es decir que, en lo práctico y conceptual, lo que estoy procurando mostrarte es que tu cuerpo, ese que tanto cuidas o desatiendes, no lo sé, es la verdadera mansión donde habita el Gobernador del Reino. ¿Más claro? Tu cuerpo es la sede del Espíritu Santo. Por lo tanto, debes mantenerlo limpio, santo, sin contaminación alguna en ningún área de tu ser. Recuerda que cuando Adán desobedeció, esa mansión, por lógica consecuencia, se volvió impura, y entonces el Espíritu Santo tuvo que retirarse, no le quedaba otra alternativa posible.

Como consecuencia y resultado de todo esto, fue allí que nacieron los gobiernos terrenales. La idea, información u opinión que cada habitante del planeta pueda tener de esos gobiernos, cualquiera sea la región de la que se hable, es una muestra nítida de lo sucedido. Los que militan con esas personas, en su enorme mayoría, no lo hace por amor a sus países o a sus ideologías, sino por protección de sus propios intereses personales. Esto también es una verdad notoria.

Ese no era el diseño original. Voy a decirte algo que a mi entender es clave para un mejor entendimiento de todas estas cosas. En el evangelio hay una realidad que no podemos soslayar y es que, como quiera que se intente, nadie puede mejorar la verdad. Hay una verdad que surge nítida de la propia palabra de Dios. Procurar mejorar todo eso, es no sólo una tarea inútil, sino directamente blasfema. ¿A quién se le podría ocurrir que algo que Dios dijo pueda haber quedado, por ejemplo, desactualizado por el paso del tiempo?

Sí, ya sé, no me respondas nada. Se lo has oído predicar a alguien eso, estoy seguro. Yo también. En fin, cada hombre es responsable de sus silencios y esclavo de sus propias palabras. Fíjate que, cuando Jesús volvió del desierto, no vino a predicar una democracia, tampoco predicó una república y mucho menos una religión. Él simplemente anunció la entrada de un Reino. Hoy, todavía hay mucha, pero mucha, ¿Eh? gente que no terminó de entenderlo.

Lo cierto es que Jesús vino a implantar un gobierno de un Reino que se había perdido, por causa de la desobediencia de Adán. En realidad, si lo comparas con lo actual, lo que Adán hizo fue luchar contra su propia nación, algo que hoy se podría denominar como una guerra civil. Luchó contra su Rey. Voy a establecer una comparación en términos históricos, que seguramente pueda molestar a más de uno. Lo voy a entender porque desde lo nacional y lo patriótico, si quieres llamarlo así, he sido educado por la misma escuela que lo ha hecho con todos mis paisanos sudamericanos.

Pero eso no quita que lo que diré, no sea estricta verdad. Dios quiso establecer una colonia del país del Cielo en la Tierra. Nombró Gobernador a su Espíritu Santo y, a favor de un diseño que contemplaba el desarrollo de su creación humana, intentó colocar a un hombre al frente de su Reino en la Tierra: Adán. ¿Sabes que hizo Adán? Declaró su independencia del Reino de los Cielos y determinó el comienzo de un gobierno de hombres para con hombres.

¿Puede ser mala la independencia, entonces? No lo sé, tú me lo dirás. Yo te he dibujado el caso tal como fue. ¿Cómo comenzaba cada proclamación del evangelio del Reino que tanto Juan el Bautista primero y el propio Jesús después, predicaban? Comenzaba con una palabra simple y para nada teológica: arrepentíos. Dicho en español actual: arrepiéntete. Dicho en argentino barrial, arrepentite. ¿Sabes por qué fue que Jesús predicó arrepentimiento?

 Seguramente, si Recibiste la Misma…

 …enseñanza o formación que yo recibí en su tiempo, me dirás que por causa del pecado. Sí, eso es verdad, pero fíjate que más que por todo eso, que no es poco, pero que no es el todo, él lo hizo porque arrepentirse es definitivamente cambiar de mentalidad. Te lo digo con unos centímetros más de profundidad, que es como rinde fruto al ciento por uno. Lo que Jesús estaba diciendo, primordialmente, es que había que salirse de una mentalidad formada dentro de un territorio por fuera de Dios y convertirlo en una mentalidad de Reino.

No cuestiono ni pongo ninguna forma de duda sobre la enseñanza clásica y tradicional respecto al pecado, pero ¿Verdad que visto desde esta óptica termina de cerrarte todo con mayor claridad? Y lo más puntual y contundente de todo lo expuesto, es que absolutamente nada de esto se lo puede ver o entender como religión. ¿Quieres que te de una hermosa novedad que quizás ignorabas? A Dios no le interesa una religión. Para Él no significa nada que alguien religioso diga que lo ama sin amarlo y ni siquiera conocerlo.

A Dios tampoco le interesan tus rituales, tengan el contenido y la procedencia que se te ocurra y aunque estén basados y sustentados en rituales antiguos. ¿Sabes por qué? Porque si hay algo que a Dios no le interesa que tú conserves y sigas practicando con aburrida rutina, son tus tradiciones. Nada de lo que hayas estado haciendo, supuestamente en honra u homenaje a Dios, si se encuadra en algo de lo dicho, a Dios le tiene sin cuidado.

Él sólo tiene un interés básico y central, y es que el Gobierno de su Reino regrese a la tierra. Por eso dejó escribir: Buscad primeramente el Reino de Dios y su Justicia. Porque eso ES gobierno. Que, por supuesto, no tiene nada que ver con afiliarse o adherirse a ciertas comunidades políticas locales con el cuento chino (Con perdón de los amigos chinos), de “sanear la política”. La política humana, según mi Biblia, nunca va a sanar, dice que va a caer.

Procura no caerte con ella. De todos modos, si estás plantada o plantado espiritualmente donde creo que debes estarlo no tienes que temerle a nada ni a nadie. Dios no te ha dado un espíritu de temor, te ha dado un espíritu de poder, de amor y de dominio propio. Da gracias a Dios, entonces, por tu manera de pensar. Porque definitivamente no puedes vivir en este país llamado Cielo en la Tierra, a menos que tengas una transformación mental por medio del Espíritu Santo.

 Esa es la gran clave y, al mismo tiempo, la gran asignatura pendiente que todavía queda incólume en gran parte del pueblo cristiano. No te olvides nunca que la persona más importante en la tierra, es al mismo tiempo, la más incomprendida en esta misma tierra. Esa persona es el Espíritu Santo. Porque la persona más importante en la tierra, es una que no puedes ver con tus ojos. Y es el Espíritu Santo, porque el Espíritu Santo es la única evidencia de la presencia del cielo.

 ¡No es un recurso teológico de supervivencia, como he oído decir por allí! Mira esto; Cuando los judíos buscaron a Jesús para hacerlo su rey, Él les dijo: “Mi Reino no es de este mundo, ¿Recuerdas? En el original lo dice de otro modo: “Mi reino no es de este mundo, AHORA Ese “ahora” era Su tiempo. Pero hay otro AHORA, y ese es el que corresponde al HOY. Enséñalo. Porque es definitivamente indudable: el juicio debe comenzar por nuestra casa.

Porque: ¿Cómo vamos a juzgar al mundo si operamos en el mismo espíritu que opera el mundo? Él va a recoger DE ENTRE SU REINO a todo lo que parece, pero que no es. A toda forma de religión que niega el poder y la autoridad. ¿Tú crees ser parte del Reino de los Cielos instaurado en esta tierra? ¡¡Amén!! Entonces, a partir de ahora, cuídate. Examínate y no permitas que nadie te engañe. No te olvides que los primeros que Dios sacará de Su Reino son a todos aquellos que simulan ser suyos y en realidad negocian con el enemigo.

Es tan grande esta verdad, que asusta. Pero ¡Animo! Él ya ha vencido al mundo y al infierno. Sólo cree y serás parte de esa victoria.  Si existe algo que he podido comprobar en estos tiempos, y te estoy hablando de los últimos tres años, más o menos, es que el éxito -si es que me permites rotularlo así- de un ministerio que predica el evangelio único que predicó Jesús, esto es el evangelio del Reino, es absolutamente a la inversa del que predica lo habitual, conocido y mayoritariamente difundido que ejecuta la religión.

Porque en lugar de ir aumentándote la cantidad de seguidores, como normalmente sucede con esas páginas y ministerios, a ti comienzan a decrecerte. Incluso, a borrarse algunos de los que tenías y a incorporarse muchos menos que a ellos. ¿Sabes cuál es la causa principal de todo eso? Que cuando alguien que fue formado en la religión, como fuimos formados la mayoría de nosotros, escucha algo distinto a lo que le enseñaron por años, aunque le suene correcto, cierto y hasta ciento por ciento bíblico, igualmente huye.

Entonces, los que te quedan, son solamente los genuinos.  Ojo, porque en las congregaciones evangélicas, en este tiempo, sucede más o menos lo mismo. En los escasos sitios en donde el líder ve con claridad lo que deberíamos haber visto todos hace muchos años y quiere cambiar su mensaje, generalmente es rechazado por sus propios miembros, cuestionado por los más antiguos y hasta dejado cesante si estaba por salario.

Recuerdo cuando veo estas cosas a un célebre pensador de los llamados “duros”, que supo decir alguna vez que “El 90 por ciento del mundo son imbéciles que, por envidia, atacan, estorban e impiden trabajar a ese diez por ciento que es inteligente y creativo y capaz de cambiar las cosas”. De acuerdo, lo dijo un mundano y nosotros, creyentes íntegros, puros y misericordiosos, no deberíamos coincidir con esas palabras, pero…en fin…

Pese a todo, todavía seguimos siendo demasiado religiosos. Hablamos del Reino, creemos en el evangelio del Reino como el único a predicar, pero en nuestro ser interior, todavía seguimos pensando qué no decir las mismas cosas que dice el mundo secular, aun cuando las que dice no sean verdades, no nos hace quedar bien delante de la gente. Ilusos. ¿Y la cantidad de cosas que se siguen haciendo dentro de las congregaciones tomando modelo de lo que se hace fuera?

 Y para colmo, todo hecho “en el nombre de Jesús”, como si esa sola mención pudiera santificarlas. Y luego, también en el nombre que está por sobre todo nombre, decidimos tomar participación activa para alguna línea política local y peleamos por un voto con las mismas dudosas armas que pelea la política tradicional, generalmente corrupta y deshonesta. La excusa es que se hace para “sanear lo que se ha corrompido”.

¿Sí? ¡Cuánto daría yo en lo personal para que así fuera y poder comprobarlo para glorificar a Cristo y a esos hombres que testifican en su nombre! Hasta ahora no he podido hacerlo. Cristiano que se metió en política para sanearla de sus corrupciones, ha terminado corrompiéndose junto a ella. No es algo que sea tan sencillo de cambiar, que nadie se engañe. Si el artesano que te vende cinco pulseras, al verte distraído te entrega cuatro y te factura las cinco, para mucha gente es un achispado comerciante que seguramente hará fortuna.

 ¿Te imaginas si esa persona un día es votada y accede a una función de alto poder? ¿A quién vas a culpar si te roba? No es ideología, es corrupción adámica. ¿La solución es Cristo o nada? Si. No hay otra, mal que les pese a muchos. Porque luego van a venir los pasos subsiguientes, que son los que tienen que ver con justicia, jueces, fiscales, abogados defensores, sentencias o absoluciones, y seguramente te enfrentarás con otros modelos de corrupción que, como son muy difíciles de probar y exponerlos es exponerte a una demanda tú mismo, se callan y se ocultan dentro de un oscuro marco social donde cada hombre o mujer parecen, de verdad, tener su precio marcado en su frente.

También esto es complicado y no tan sencillo de remediar. Porque, veamos, si eres cristiano y eres juez, y debes juzgar a alguien que robó un kilo de pan, seguramente lo juzgas como es tu obligación, ¿Verdad? Y si en lugar de pan, esa persona se robó cien millones de dólares y te ofrece la mitad para que no lo mandes preso, ¿Qué harás? No opines. No me prediques. No me hagas discursos eclesiásticos, sólo piensa un momento. ¿Justicia?

La Única Justicia…

 …con una jota mayúscula como exclusividad única, es la que hizo, hace y hará definitivamente nuestro Padre celestial. Claro está que la cosa se pone un tanto turbia cuando en ese acto de justicia alguien sale con la consabida y difundida alternativa de cielo o infierno. Y, a partir de allí, la exacerbada imaginación de algunos o la inexistente de otros, juegan un rol determinante para que cierta y determinada gente decida creer lo uno o lo otro, o ambas cosas, o directamente ninguna.

Lo cierto es que mi Biblia, la Palabra de Dios, me habla de la existencia del Cielo y del infierno. Todos hemos leído ambas cosas. Pero lo que no me dice, es COMO es ese Cielo y COMO es ese infierno. Lo que sabemos de ellos, son sólo interpretaciones; serias y sinceras, pero no revelación. Si así fuera, no habría dudas; y sin embargo, todos sabemos que las hay. Y subsisten en medio de diversas teorías que, por provenir de hombres, aunque sean probos y respetados, siguen siendo de procedencia terrenal y no celestial.

 Para algunos, lo que la Biblia dice, tanto del cielo como del infierno, es literal y contundente. Para otros, tan respetables como los anteriores, todo eso es estrictamente simbólico y hay que entenderlo desde ese prisma. Para otros, es un contrasentido que dos hombres, creados ambos a imagen y semejanza de Dios mismo, en el final de sus vidas terrenales, tengan distinto futuro conforme a sus comportamientos. Uno a disfrutar de la armonía y la belleza de un cielo inimaginable y el otro a arder por toda una eternidad en un fuego abrasador.

Para otros más, eso mismo es estricta justicia. Y lo cierto es que una franja intermedia que no es menor, se queda con parte de lo uno y lo otro y, en definitiva, esperando que alguien explique lo que en esta tierra nadie explica. Por ejemplo, la naturaleza del hombre terrenal en su más pura esencia social y comunitaria. Porque, veamos, si el mundo tiene una inmensa mayoría de gente pobre, porque estadísticamente eso es estricta verdad, ¿Por qué son los ricos y poderosos los dueños del poder en todo lugar?

La respuesta es tan simple y concreta que, en definitiva, no puede menos que doler y fuerte.  Porque el dinero lo compra todo aquí en la tierra. Y si un pobre llega a tener dinero, se vuelve rico, compra poder y lo ejerce. Y cuando comienza a hacer eso, se convierte en otra persona. Eso es el hombre en Adán. La pregunta que suele surgir de inmediato al decir esto, es: ¿Pero entonces la mayoría del planeta está viviendo sus vidas conforme a la genética de Adán?

Sí, porque lo contrario, lo opuesto, sería hacerlo EN Cristo, que es el segundo Adán, el último, y esto todavía es minoría, aunque cuando ingresamos a una iglesia nos parezca lo contrario. Algo es muy sabido, difundido, proclamado, enseñado y predicado hasta el hartazgo: somos imagen y semejanza de Dios. Y si Dios ES Espíritu, que lo es, nosotros por natural consecuencia de su propia palabra, también somos espíritu. Ahora bien: para residir y ser habitante regular de esta tierra, tenemos que ocupar, sí o si, una caja descartable de tierra y agua, que se llama cuerpo.

Esa es la justa y proverbial razón y causa de que, cuando tu cuerpo muere en el final de tu ciclo activo, tu espíritu vuelve a Dios, que según dice su propia palabra, fue el que lo dio. ¿Cuándo lo dio? Cuando lo sopló en tu casi invisible nariz en el vientre de tu madre terrenal, la que conjuntamente con tu padre de sangre, te dieron no la vida, sino ese cuerpo de carne y hueso para que Dios mismo hiciera el resto. Pero el espíritu al morir tu cuerpo tiene que volver a Dios por una simple razón: sin cuerpo de tierra y agua, perdió legalidad aquí y ya no puede quedarse.

 Esa es la razón fundamental por la que Dios determinó descender a esta tierra y encarnar en un ser humano llamado Jesús. No fue sólo por la cruz y por tu salvación, aunque todo esto forme parte de su estadía terrenal, fue porque era el único modo legal que Dios poseía, de hacer algo en nuestro favor sin transgredir sus propias leyes. Por esa misma razón, ya ha sido enseñado esto, Satanás tuvo que encarnar en el cuerpo de una serpiente para poder hablarle y engañar a Eva en el huerto.

Satanás también es un espíritu, al igual que todos sus demonios, que jamás podrían hacer nada en tu contra, si no ocupan un cuerpo de carne y hueso, de cualquier nivel, aunque si es humano mucho mejor. Pero sólo puede hacerlo si su propietario se lo permite con pecado o cualquier otra actitud que le permita su ingreso. ¿Entiendes ahora en donde estamos parados cada día?  Dice tu Biblia, si es que la lees a diario, que en los últimos tiempos un espíritu de confusión se entronizará en eso que hoy llamamos La Iglesia.

A esto no hay un solo cristiano lector de Biblia que lo ignore, porque ha sido dicho hasta el cansancio por cuanto predicador de cualquier nivel ha aparecido detrás de un púlpito. Pero la gran pregunta que muchos se hicieron en muchas ocasiones y que no pocos se siguen formulando hoy, es: ¿Deberemos seguir esperando para ver esto cumplirse o, como todo parecería mostrarse, ya hemos comenzado a ingresar en este tiempo?

Creo que cada uno de ustedes tiene su propia y muy respetable visión de todas las cosas unidas en un contexto sólido y despojado de doctrina humana y mucho más de misticismo barato y mediocre. Esa visión, a los que son capaces de pensar con seriedad, les dice que esos tiempos han comenzado a desarrollarse desde hace bastante tiempo, aunque recién ahora una gran cantidad de hombres y mujeres estén comenzando a percibirlo.

Lo que sucede, y sobre todo en los que más Biblia consumen, es que, si bien creen absolutamente todo lo que leen como proveniente del Dios del cielo, cuando esa lectura amenaza con convertirse en realidades palpables, se rodean de cierta desconfianza. Que no es del todo errónea, si tenemos en cuenta la infinidad de casos de engaños y estafas a cristianos ingenuos, pero que resulta negativa a la hora de dar crédito a asuntos que van más allá de nuestro entendimiento, incluso del psicológico profesional.

 Te doy un ejemplo cierto que tiene como sustento mi palabra, porque fui testigo. Conozco un caso cercano de una mujer hoy con varios años de edad, que quedó embarazada de soltera y tuvo una hija mujer a sus 16 años. Esa hija, a sus propios 16 años, también quedó embarazada de soltera y dio a luz, a su vez, a su propia hija que, a los 16 años, quedó embarazada siendo soltera. ¿Seguiremos creyendo en las casualidades?

No hay demonios debajo del plato de sopa que estás bebiendo, de acuerdo, pero en muchos otros órdenes, sí los hay, y bien activos. ¿Entendido? Puedo hablar de demonios con la mínima autoridad de haberlos observado, confrontado y enfrentado y, al mismo tiempo, morirme de risa cuando veo a gente que ha decidido hacer de esos demonios, el centro de sus doctrinas semanales. ¿Nadie entiende que no es ni una ni la otra? No, muy pocos lo entienden.

 La mayoría se siente cómoda y segura etiquetándote para acá o para allá e ignorando que, en la vida, -incluso en la espiritual-, existe algo denominado como sentido común, criterio o conducta. Veo a veces exámenes o análisis que hacen con mi trabajo ministerial y es casi gracioso ver las piruetas y morisquetas que efectúan porque no encuentran el modo de rotularme como “miembro de blanco o de negro”. Lo único que sé y puedo decir con absoluta libertad y honestidad, es que por espacio de veinte años enseñé estudios profundos, con mucha biblia y buenas revelaciones.

 Hace cinco años el Espíritu Santo me dijo: “Basta. Ahora diles cómo poner por obra todo lo aprendido y como salir de la religión evangélica tradicional y ser parte activa del Reino.”  ¡Paf! Para algunos, esta onomatopeya es válida, porque fue como si le hubiera propinado un hermoso puñetazo en el centro de la mandíbula, de esos que cuando los recibes te dibujan miles de estrellitas de colores girando en tu alrededor y que, cuanto te levantas del suelo donde la piña te mandó, tienes que preguntarle a alguien cercano quién eres, qué fue lo que te pasó y qué estabas haciendo allí.

Igual que un boxeador que se pone de pie luego de un K.O. En algún momento, de joven, hice boxeo, sé de lo que hablo. Así es como queda la mayor parte del pueblo religioso cuando alguien se atreve a mostrarle y decirle en voz alta algo que todos ellos ya habían percibido con sus propios ojos y entendimientos, pero que vaya uno a saber por qué raros motivos, se lo guardaron calladitos la boca, no sea que alguien se lo contara a sus pastores. Religiosos sumisos y obedientes de días domingos y hombres bravísimos de Reino durante el resto de la semana. De esos tengo una buena cantidad. Los bendigo en el nombre de Jesús. Y que el Señor se apiade con alta misericordia de ellos.

Son Los Que a Menudo…

 …tratan de hacerme “pisar el palito” (Lunfardismo argentino que significa “hacer que me equivoque”) de alguna trampa con preguntas de doble intencionalidad, como es la de conocer mi posición respecto a lo que se ha dado en llamar como Teología de la Prosperidad. Esa que te enseña que el día domingo tú le tiras un billete de cien dólares a los pies del predicador que te está hablando de eso para que, durante el resto de la semana, el Señor te los devuelva multiplicados por cien de un modo que nadie te va a explicar.

Si lo crees y no te funciona, has perdido cien dólares y sólo te quedará la confianza de que algún día se cumplirá. Si no lo crees, pero igualmente pusiste ese dinero y no te funciona, en este caso puntual te jorobarás por ser un tonto que todavía está adoctrinado de que todo, absolutamente todo lo que un hombre te dice desde un púlpito, viene de Dios. Si me dices en que libro, capítulo y versículo de tu Biblia has leído eso, reconoceré mi error por pensar, hasta este momento, que te engañaron como a un pajarito indefenso.

Esto último, que sólo parecería formar parte de un compendio de personas sencillas de manipular, sin embargo, tiene la factibilidad de un peligro mucho mayor. No sé si alguna vez leíste algo, o alguien te lo mencionó, o viste por algún medio de comunicación un asunto que se conoce como la conformación futura de un Nuevo Orden Mundial. De hecho, cada uno de los que hizo mención, la hace, o la estará haciendo en un futuro, le pondrá a este supuesto organismo en formación el rostro principal de alguna potencia.

En todo caso, de aquella que le resulte más atractiva o simpática, según su propia idea de las cosas. En lo que sí hay unanimidad de coincidencias es en la estructura de ese supuesto Orden. Una sola ideología, una sola economía, una sola religión, una sola cultura. La única pregunta que estoy autorizado para formularte, es: ¿Estamos viendo algo así cada uno de nosotros en sus lugares de residencia? Cuidado. Si así fuera, no es Dios, es HOMBRE. Está profetizado.

Oración de guerra es el arma a utilizar. Mucha atención y mucho cuidado cuando alguien, o alguien en representación o en nombre de otro alguien, te ofrece muchas cosas valiosas a cambio casi de nada. Mi abuela siempre repetía, en casos de duda, un refrán de contenido y procedencia católica, que dice. Cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía”. Y un ejemplo, tal como vengo repitiendo casi hasta el hartazgo, es con el tema de la prosperidad santa.

 ¿Dios prospera? ¡Claro que prospera! Pero, medirlo sólo en dinero, es casi ofensivo. La prosperidad material, ya sabemos muy bien que no es el evangelio de Cristo, es directamente manipulación emocional y espiritual. Y aquí es donde se pone más oscuro todo, porque cuando la prosperidad se convierte en doctrina, la ofrenda se convierte en transacción. Dios deja de ser Padre y se convierte en cajero automático. No juegues a ser pobre y miserable, porque eso no agrada a Dios.

Pero tampoco juegues a hacer pactos dudosos para ser rico y poderoso, porque eso tampoco proviene de las oficinas del Cielo.  Primero confesión. Y no a hombre vestido con túnica, con chomba de colores si está modernizado, o con saco y corbata si es un tradicionalista más conservador. Confesión a un Dios que, aunque invisible a tus ojos naturales, no sólo te oye siempre, sino que además te está viendo en cada paso bueno, regular o torcido que estés dando.

Lo segundo, el perdón. Cualquiera de nosotros, por santo de toda santidad que sea, a la hora de recibir una ofensa, se traga una bocanada de aire amargo. Que sólo parecería endulzarse con la posibilidad de un desquite, de una venganza al tono. Sin embargo, si somos lo que decimos que somos, nuestra obligación es perdonar esa ofensa, así como nuestro Padre nos ha perdonado las nuestras. ¿Cómo lo hizo nuestro Padre? OLVIDÁNDOSE de esa transgresión y poniendo el ojo en el futuro limpio de ella.

Nosotros no siempre perdonamos de esa misma manera. La mayoría de las veces, hasta pasamos alguna forma de factura de resarcimiento. No es así. Y, finalmente, viene la limpieza. Que no es nada fuera de lo común ni de calibre milagroso, sólo es la consecuencia natural y obvia de algo que estaba sucio, que al confesarse se mostró apto para ser lavado, limpiado y purificado y que, con el perdón obtenido, ahora luce limpio y casi inmaculado, como si jamás hubiera recibido mancha alguna.

Así son algunas vidas hoy, que he conocido ayer, y que cambiaron rotundamente luego de estos tres pasos pertenecientes al orden divino. Algo es más que claro: no puedes saltarte el dolor casi humillante de la confesión, la paciencia cargada de interrogantes del perdón y esperar la limpieza sentado cómodamente en el sillón más cómodo de tu casa viento televisión. No puedes ignorar el arrepentimiento y reclamar la Gracia, no funciona así.

Porque la Gracia no es una licencia para pecar. La Gracia es el poder de Dios para dejar de pecar. La palabra fuera de uso hoy en la iglesia es la única que cabe aquí: ¡Arrepiéntete!  Parece inexorable. Cada vez que alguien ha lanzado esa proclama universal desde cualquier lugar de comunicación, la reacción mayoritaria ha sido idéntica a la que percibía Jesús cuando Él era quien lo expresaba en voz alta. Asentimiento, aceptación, serenidad, pero, indefectiblemente, un dejarlo para más tarde, mientras ahora seguimos con lo que veníamos trayendo, haciendo o viviendo.

De acuerdo, Eclesiastés dice que hay un tiempo para nacer y un tiempo para morir, así que no cuesta demasiado trabajo a nuestra mente siempre preparada para la excusa, tomárselo para arrepentirse. De hecho, hay que consignar que no nos gusta demasiado leer eso que dice Salomón. Sin embargo, a pesar de no terminar de verlo con claridad, nos estamos perdiendo la enseñanza. Porque esta dice que entre un tiempo y el otro, del de nacer y de morir estoy hablando, hay un trabajo que vinimos a hacer y más vale que lo hagamos bien.

 ¿Lo entiendes? ¿Sí? Entonces arrepiéntete ya mismo, sin perder ni una milésima de segundo. Porque sabes que existe un tiempo de comienzo y otro de final de ciclo, pero lo que no sabes es cuánto durará ese lapso intermedio. Y nadie podrá negarnos que el mundo visible, hoy, vive en un permanente y sumamente agitado estado de incertidumbre. La causa principal, entre otras paralelas y anexas, es el experimentar permanentes cambios.

 Nadie va a poder ignorar, desconocer y mucho menos cuestionar que la cantidad y calidad de cambios que se están produciendo en estos tiempos, es inédito y hasta incontrolable para una gran mayoría. Eso significa que, sin importar quién eres, esto es, si eres millonario y poderoso, miembro de una clase media de trabajo tradicional o pobre de toda pobreza, cada cambio que aparece en tu radar de vida, te produce un shock, un impacto y una serie de consecuencias anexas.

Comienzan a inundarte diversas cantidades y calidades de miedo, aumenta considerablemente tu estado interior de inseguridad personal y/o familiar, esto puede llevarte a un nivel sumo de desesperación, de impotencia, de tristeza y, como corolario de todo eso, de depresión. La gran pregunta que le surge a muchos cristianos fieles y sinceros cuando se ven en estas situaciones, es: ¿Por qué me pasa esto si yo creo y confío en mi Señor?

La respuesta es simple, pero ciento por ciento humana. Porque a los seres humanos en su conjunto, y en muchos casos a ciertos cristianos no del todo incorporados a los rudimentos de una fe genuina, no les gusta ninguna forma de cambio. Un poco por amor a sus rutinas habituales a las que están adaptados y acostumbrados, y otro poco por una sencilla cuestión de control. Todo lo que se escapa a nuestro control, incomoda, fastidia, enoja y hasta enfurece. Sólo un problema. El cambio es absolutamente normal en el Reino de Dios. Porque el Reino nunca cambia, es verdad, pero dentro del Reino, sí que las cosas cambian, y a cada momento. El poder manejar las crisis que producen esos cambios, es lo que va a determinar tu éxito o no.

Ten en Cuenta Esto…

 …En lo concerniente a la palabra de Dios, debo decirte con absoluta verdad y honestidad, que no necesitamos que ningún hombre nos enseñe nada. Supuestamente, y como resultado de una entrega genuina y de una conversión interna y no solamente externa, tiene que haber una unción morando y habitando en cada uno de nosotros que es la que nos enseñará todo lo que todavía ignoramos. ¿Has leído en tu Biblia que dice que el Espíritu Santo es quien te guía a toda verdad?

Y si Él mora en ti, ¿A quién se le ocurre que necesites a un ser humano para lograrlo? Sólo deberás discernir qué y a quien escuchas. Porque, así como hay hombres vanidosos que hablan de lo que ellos creen que es bueno, hay hombres obedientes que permiten al Espíritu Santo que los use y les ponga en sus bocas lo que Él determina que se diga. Ese es el Espíritu de Verdad, que es como decir el Espíritu de Cristo. Yo, hoy, aquí, estoy hablando, pero el que enseña, es Él y solamente Él.

Claro, yo te digo esto, pero resulta ser que en el fin de semana, tal vez, tú miras a tu alrededor y lo que ves está un poco lejano de lo que terminamos de compartir. ¡Ánimo! No te preocupes, no te desesperes, no te enojes, es algo absolutamente normal dentro de lo que en estos tiempos son las estructuras humanas disfrazadas de iglesias. Porque, así como las hay genuinas y excelentes, ungidas y con palabra entera brotando de la boca de Dios, así también las hay falsas e imitadoras.

Son esas babilonias con sus predicaciones vestidas de entretenimiento, donde se entiende que la revelación es algo personal y que en muchos casos puede hasta permitirse reemplazar la autoridad de la escritura. Me ha tocado ver y quizás también a ti, a muchos ministros que, con las mejores intenciones o no, están enseñando doctrinas que, obviamente, jamás salieron de la boca de Dios. No tienes que atacarlos, injuriarlos ni agredirlos, sólo haz lo que tu Biblia dice respecto a ellos: evítalos.

Porque, te lo voy a explicar con mayor claridad para que lo entiendas para siempre y no vuelvas a cometer viejos errores que lo único que lograron fue retrasar tu crecimiento. Cuando tu revelación personal, esa que le aseguras a todo el que quiera oírte que sólo te es enviada a ti por el Espíritu, se convierte casi de manera automática en autoridad doctrinal para tu vida en primer término y para la de alguna comunidad si es que estás al frente de una, entonces mucho me temo que ya no necesitas la Biblia.

Porque ya no necesitas escudriñar las escrituras para nada. Lo único que necesitas, o crees necesitar, es escuchar a ese hombre que habla desde el púlpito. Miles, sino millones están haciendo algo así con sus vidas. Tiemblo de sólo pensar que algo así estuviera ocurriendo con este ministerio. Porque todo eso que te advertí, mi estimado amigo o amiga, hermano o hermana, es exactamente lo que sucedía en la Edad Media, tiempo antes de la reforma. Hace un tiempo me hicieron un reportaje y me preguntaron cuál era el trabajo más difícil de un ministro. Respondí que el de luchar para que la gente no se me adhiera a mí, sino a Cristo. 

No tengo nada con el pasado ni reniego de él, ya que ese pasado ha sido la plataforma que me trajo hasta aquí. Pero no me propongas retornar porque no lo haré. Dios no me trajo hasta aquí para volver atrás, decían las primeras estrofas de la que fuera ni canción emblema durante muchos años de radio. Sólo voy hacia adelante. Porque es adelante donde está el objetivo de llegada, la meta de esta tan singular carrera, la tierra prometida si es que me dejas llamarla así.

Somos seres únicos creados de modo singular y no plural, para llevar a cabo misiones específicas en favor del Reino que a cada uno de nosotros nos han sido adjudicadas. Y voy a decirte algo que seguramente te hará pensar, primero, y luego reflexionar muy seriamente y con alto impacto respecto a tu verdadero origen. ¿Alguna vez has pensado que cuando le estrechas la mano a un hermano en Cristo, en realidad estás tocando algo absolutamente original?

Yo creo que si cada uno de nosotros supiera con exactitud quién es ese otro, conforme al pensamiento de las oficinas celestiales, muy probablemente nos pelearíamos para ver quien invita a comer a quien, quien agasaja primero a quien y quien rinde homenaje primero a quien. Pero, pese a que esto es más que evidente, incluso desde la propia ciencia biológica, todavía hay mucho cristiano o pseudo cristiano que, o no lo ha terminado de entender, o no se ha decidido a creerlo, lo que sería mucho más grave.

 Está probado, no hay un ser humano exactamente igual a otro. Podrán existir verdaderos clones visuales, esto es, gente muy parecida físicamente, pero igual, lo que se dice igual en todos los estamentos de sus estructuras humanas, no. O sea que tú, como quiera que seas, eres único, o única. Millones mejores que tú, millones peores, ninguno igual. Y eso nos lleva a un error frecuente que la sociedad secular, y mucho pueblo cristiano, cometen permanentemente.

Porque muchos predican que al final todos serán salvos, porque Dios es demasiado amoroso para enviar a alguien al infierno. Y que el infierno es sólo temporal o simbólico. Pero resulta ser que Jesús habló más del infierno que del cielo. Y si todos van al cielo, ¿Para que murió Jesús? Jesús jamás tuvo en su cabeza la idea marketinera de promocionar reuniones o campañas de milagros, de sanidades o de liberación.

Él simplemente hizo milagros cuando estos eran necesarios para establecer la fe de esas personas, sanó enfermos y liberó endemoniados por la misma razón. Pero jamás lo hizo como prioridad atractiva o espectacular. Él predicaba el evangelio del Reino, único que predicó de manera clara y contundente y, como consecuencia de ello, luego se producía todo lo demás. Y siempre, al igual que lo había hecho su primo Juan el Bautista, comenzaba instando al arrepentimiento.

¡Arrepentíos!, expresaba. Porque ese era y es el orden. Arrepentíos, va primero, y creed va después. No al revés. El arrepentimiento no es sólo sentir pena por tus pecados. La palabra griega es metanoia, que significa cambio de mente, cambio de dirección, transformación total. Es darle la espalda al pecado y correr hacia Dios con fe. Es Arre-pentirse, un retorno al punto más alto en el que te encontrabas antes de caer. Hoy, todo eso ha quedado relegado por predicaciones con sentido práctico y eminentemente material.

Predicar prosperidad no es ni malo ni pecaminoso, que conste. Pero convertir eso en absoluta prioridad y como consecuencia de ello luego vendrá todo lo demás, sí que lo es, porque es una absoluta deformación de lo dicho por el propio Jesús, cuando nos ordenó que primeramente buscáramos el Reino de Dios y su Justicia, para que luego todo lo demás, todo lo demás, todo lo demás, nos fuera añadido. Dios no dijo en ningún momento ni a nadie que tú no puedas tener riquezas, si así se dan las cosas en tu vida.

Lo que sí dijo, es que no puedes servirlas. El problema no es la prosperidad. El problema es cuando ella se convierte en tu único evangelio, cuando el dinero se convierte en señal de bendición, cuando tu fe se mide por el tamaño de tu cuenta bancaria.  Todavía hoy se predica sobre esto de un modo inverso, y respaldándose en un texto bíblico que todos conocemos largamente. Cuando alguien escucha hablar de prosperidad en la iglesia y pone rostro de duda o desconfianza, el predicador saca su Biblia y te manda al toque el segundo verso del único capítulo de la Tercera carta de Juan.

 Allí dice: Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma. Y seguidamente te confrontan con un: ¿Ves hermano? ¡Dios desea que seas prosperado y aborrece que seas pobre! Suena bonito, pero no es la verdad completa, sino una interpretación muy singular de ella. Porque si tú vienes en contexto completo en esa carta, podrás ver y entender claramente que lo que dice 3 Juan 2 es un saludo personal de Juan a un tal Gayo, pero de ninguna manera una promesa universal de riqueza material para todo el pueblo creyente.

 Y no es casual que muchos se hayan tomado de este texto para predicar el famoso evangelio de la prosperidad. Ni la pobreza es maldición ni la riqueza es aprobación, que quede más que claro.  Creo que, si lo miramos con cierta prolijidad, es algo bastante parecido a lo que ocurre con el pecado y la Gracia. Todos conocemos ese pasaje que nos dice que cuando abunda el pecado, lo que sobreabunda es la Gracia, el favor, la comprensión y la misericordia de Dios para perdonarte, pero siempre y cuando te arrepientas de haber pecado.

De Ninguna Manera…

 …como algunos han creído entender, la Gracia es una especie de salvoconducto divino para pecar sin culpa. La Gracia, en todo caso, te libera del pecado, pero de ninguna manera te da permiso para pecar. Cuando eliminas el arrepentimiento, eliminas la convicción del Espíritu Santo, la conciencia del pecado y la necesidad de santidad. Y creas creyentes que piensan que están salvos, cuando en realidad nunca fueron transformados.

Falsos voceros de Dios, que es como decir falsos profetas, son los que generalmente han sembrado esta doctrina de error. Los falsos profetas, y a esto se lo debe tener muy presente en todo momento, no vienen con carteles que dicen “Soy falso”, vienen disfrazados. Vienen con apariencia de piedad, que es alta espiritualidad. Vienen con señales y prodigios, que ya los más maduros saben muy bien que no siempre provienen del Dios del que pensamos que provienen.

Son falsos, y como todo lo falso es una imitación barata y mediocre de algo original de calidad y alto nivel, puedes imaginarte perfectamente de donde salieron. Pero por dentro, a corto o mediano plazo queda en clara evidencia de que son lobos y su objetivo no es alimentarte, es devorarte. Falsedad. Un pastor del Señor, está puesto para alimentar, proteger y madurar ovejas. Un falso pastor, está puesto por el infierno para devorarlas, destruirlas o simplemente manipularlas a su conveniencia.

 Tiempo de discernir o caer, no hay terrenos intermedios. Lo que ocurre con mayor intensidad es que, sea cual fuere nuestra residencia y sea cual sea nuestra cultura nacional o regional, es más que evidente que vivimos en una era en donde la gente elige escuchar lo que le agrada, no lo que necesita. Sucede en la vida secular, con las toneladas de frivolidad desplegadas en todos los medios de comunicación, incluidas las redes, como método sumamente eficaz para evadir crisis, y también en los ambientes eclesiásticos.

Porque en ellos no son siempre bien mirados aquellos que se presentan con mensajes de confrontación, arrepentimiento y pecado. Se eligen en mayoría los voluntaristas, voceros de supuestos avivamientos y toda forma de entretenimiento “santo”. Lo que ocurre, es que la verdad siempre incomoda, mientras que la mentira siempre entretiene. Donde la doctrina suena aburrida, mientras que las fábulas se muestran virales, apasionantes, captadoras. De hecho, tú y yo no tenemos ninguna obligación de ninguna naturaleza para ser parte de esa multitud.

 Y ya que estamos usando esa palabra, multitud, déjame que te diga que es un término al que, para mi gusto, tenemos muy sobrevaluado. ¿Por qué? Porque más de la mitad del planeta está convencida que cuando algo mueve o interesa a multitudes, ese algo es exitoso o famoso. No te lo voy a cuestionar en el ámbito secular, porque ya sabes que el mundo incrédulo se mueve y se muere por esas fantochadas pintorescas. ¡Pero nosotros, como hijos de Dios, no!

¿Cómo dices? ¿Qué hay muchos ministros que miden el éxito de sus ministerios en base a la cantidad de seguidores que tienen en sus cuentas o redes sociales? Sí, lo sé, pero eso no me cambia la opinión ni la palabra que utilicé para describirlo, fantochadas pintorescas. ¿Sabes qué? En lugar de medir su éxito por la cantidad de oyentes, Jesús se enfocó en formar el corazón de unos pocos para transformar al mundo entero. 

El Libro de los Hechos, también nos muestra que la iglesia primitiva crecía, pero que no se trataba de números vacíos, sino de entendimiento. Y mucho cuidado con esto, no te lo está diciendo alguien a quien no lo escucha o lee nadie, todo lo contrario. Pero he tenido siempre y sigo teniendo más que claro hoy, que una iglesia, un templo, un lugar de reunión cristiana puede estar llena de gente, al punto de poder decir que hay una multitud en su interior.

Pero siempre recuerdo a aquel viejo pastor de campo que supo decir una noche que una iglesia llena de gente, a veces, puede estar vacía de discípulos. Porque el crecimiento que realmente importa, no se mide con estadísticas numerológicas, sino en transformación de vida. Una comunidad pequeña, muy reducida incluso, puede ser mucho más rica espiritualmente que un auditorio masivo, siempre y cuando su gente camine en obediencia, amor y verdad.

Y eso sólo se logra con palabra genuina, ungida y poderosa para transformar vidas, no con luces psicodélicas, ambientes difusos o melodramas actorales disfrazados de predicaciones. Vivimos en una era en donde la gente quiere escuchar solamente lo que le agrada y no siempre lo que necesita escuchar. Además, está dispuesta a creer ciegamente en todo lo que coincida con lo que anteriormente creía. Modificar una mentalidad es más complicado que modificar una computadora.

 Hay un problema y no es menor, que incluso involucra al pueblo de Dios. Repetimos como papagayos adiestrados que el conocimiento de la verdad nos hace libres, pero cuando nos dicen una verdad, nos incomoda. Y aunque parezca inconcebible dicho así, sin anestesias llamadas eufemismos, en tren de elegir, de pronto hasta podemos elegir que nos digan una mentira, ya que nos resulta más agradable al oído y más entretenida.

 En nuestros legendarios ambientes, tenemos el caso más puntual de las doctrinas. Todos sabemos que en nuestras biblias hay una doctrina sólida, pero igualmente elegimos y decidimos elaborar otras con ciertos cambios convenientes a nuestras carnalidades. Entonces es cuando esa doctrina sólida, suena a las mayorías como muy aburrida, mientras que las pintorescas fábulas que muchas mentes creativas implementan para reemplazarla, suenan más apasionantes.

Captan no sólo la atención, sino también la adhesión de las mayorías y, como consecuencia y resultado de esas conductas, esas fábulas, que en mayoría son inventadas, falsas y religiosas, se viralizan en las redes logando que no pocos las vean como verdades insustituibles. Ese es el comportamiento no de una o dos personas supuestamente cristianas, sino de una inmensa mayoría multitudinaria. De hecho, tú no tienes por qué formar parte de esas multitudes.

¿Quieres un modelo confiable y seguro? Jesús durante su ministerio. ¿Lo seguían multitudes? Sí, lo seguían multitudes, pero en su gran mayoría toda esa gente lo hacía esperando en cualquier momento verse sanada de alguna dolencia, libre de alguna enfermedad importante, liberada de algún demonio opresor o, simplemente, asistir a una resurrección u otra clase de milagro espectacular. Casi un calco en lo que hoy podemos ver en ciertas y determinadas campañas de milagros y otras minucias al tono.

Pero, lo indudable es que, si esas multitudes lo hubieran seguido por causa de lo que Él estaba predicando, el corazón de miles y miles hubiera cambiado y ni por asomo hubieran elegido darle vida a Barrabás y enviarlo a la cruz a Él. Jesús nunca midió su éxito ministerial conforme a la cantidad de sus oyentes. Dicho de modo moderno, Jesús no controlaba la cantidad de sus seguidores ni los likes dados a sus discursos.

Él, en lugar de darle curso a todo esto, conforme a lo que humana y carnalmente tiene que haberlo tentado, eligió enfocarse en formar el corazón firme, fuerte y sólido de unos pocos, para luego enviarlos a transformar el mundo entero. El Libro de los Hechos, fíjate, también nos muestra que lo que conocemos como la iglesia primitiva, crecía. Eso está escrito y es inapelable, pero el tema central es en qué se sustentaba ese crecimiento.

En principio, es más que evidente y salta a la vista del propio relato bíblico, no se trataba de números vacíos, sino de entendimiento, como ya te dije. Hay hombres que han traído una enorme revelación sobre algo hasta allí desconocido y fueron escuchados por más de diez mil personas. Sin embargo, el entendimiento de esa revelación y la prolongación de esa enseñanza, nunca fue más allá de un uno o a los sumo dos por ciento de ese caudal humano. Soy una prueba viviente de eso, lo he contado.

Por eso es que se puede asegurar con alto grado de veracidad y sin dejarse llevar por resentimientos o resquemores internos, que una iglesia puede estar, efectivamente y como ha sido sentenciado, llena, repleta de personas, pero, al mismo tiempo, absolutamente vacía de discípulos. Te cuento que la palabra discípulo significa estudiante, o sea gente con deseos y hambre de aprender, conocer, manifestar. El crecimiento en esas áreas que verdaderamente importa, en contra de lo que mayoritariamente observamos, no puede medirse de ninguna manera por estadísticas.

Y mucho menos si esas estadísticas son de asistencias más o menos masivas a conferencias, congresos o similares . Se debe medir inexorablemente por la manifestaciones visible, clara y real de vidas transformadas. A veces, una comunidad pequeña puede ser mucho más rica en esto que un tremendo auditorio multitudinario. Pero para que eso sea posible, esa gente tiene que caminar en obediencia, en amor y esencialmente en verdad. Y decir verdad, a quien quiera oírlo, es decir Cristo.

Por Eso Se Nos Ordena…

 … (No “sugiere o aconseja”, ORDENA, escudriñar las escrituras. Porque es menester vivir en un estado íntimo de libertad genuina si es que se desea madurar espiritualmente. Y para que eso sea factible, el conocimiento de las escrituras y sus interpretaciones, ya sea por el vehículo teológico tradicional o, por la metodología divina de la revelación, es imperativo. De allí que sea un error muy grosero, pero demasiado arraigado en nuestros ambientes, el de pensar y creer que el líder, ministro o pastor de una congregación, sea el único experto espiritual disponible.

 Esto es, la única voz autorizada en todo lo que respecta a Dios. Esto, no sólo coloca sobre ese hombre, (Suponiendo que él no lo promueva), una carga imposible de sobrellevar, sino que además debilita a toda esa congregación por causa de su desobediencia. Porque el texto no dice que debamos asistir a oír a uno que escudriñó las escrituras, dice que nosotros debemos hacerlo diariamente. Lo que ocurre es que los creyentes, no me equivoco en nada si digo que, en gran mayoría, ya no buscan a Dios directamente, en oración ni en su palabra, sino que esperan que aparezca otro u otros que lo hagan en lugar de ellos.

De allí que un ministro, un pastor o un líder, bien intencionado y tal vez con un corazón que rebosa amor por toda esa gente, sin proponérselo en una gran parte de las veces o manipulándolo en su beneficio personal en otras, se transforma en una suerte de interprete oficial de Dios. ¿Tienes una vaga idea de lo que esta dudosa pretensión conlleva? Por mucho menos hubo juicios graves en la historia. 

Y cuando eso sucede, y todos sabemos por propia experiencia o la de cercanos hermanos, amigos o conocidos que verdaderamente eso está pasando en el seno de lo que llamamos la iglesia, ésta no tiene manera de recibir alimento sólido y espiritualmente nutritivo y termina acostumbrándose a alimentarse de migajas. ¿Sabes qué? No es así, no tiene por qué ser así, aunque eso es exactamente lo que está sucediendo en muchos sitios cristianos.

 A ver; ¿Con que se supone que toda esa gente se está engañando a sí misma cuando tolera y hasta respalda cosas como esta? Se está engañando con la idea de que esa práctica le otorga en lo personal, dos valores no demasiado abundantes: comodidad y seguridad. ¿Quién les dijo eso? Ciertos predicadores, que han salido por esas plataformas del planeta con el discurso supuestamente cristiano de que Dios quiere que estés en esta vida cómodo y seguro.

Y eso, palabras más, palabras menos, les suena a muchos como música celestial, obviamente. Sólo un problema y que no es menor: eso no es lo que dice la Biblia. Porque si la lees a conciencia, como debe consultarse la palabra de Dios, y no como una especie de horóscopo santo, o con la misma superficialidad con la que lees el periódico del día, vas a comprobar que Dios nunca promete a nadie comodidad para aquellos que deciden servirle.

Lee Mateo 16:24, ¿Tú crees que Jesús estaba diciendo eso? Creo, con total y absoluta honestidad y sinceridad, que el problema más grave que afronta lo que conocemos como la iglesia en general, es su falta de madurez. Durante muchos años, gente sometida a discursos voluntaristas y en muchos casos hasta apartados del contexto bíblico, han sido adoctrinados en que para acceder a la madurez que tanto se necesita como pueblo santo, es obligatorio aceptar todo lo que se le enseña, predica y dice en sus congregaciones.

No soy rebelde ni estoy en contra de nadie, pero si se me permite una reacción bíblica, elijo la de examinarlo todo y retener lo bueno. En esa expresión de Pablo está implícito que, si escuchas algo que espiritualmente no estimas como bueno y te das cuenta que no emana de la palabra de Dios, debes descartarlo sin dudar, aunque haya salido de boca del mismísimo pastor principal. Si eres creyente fiel, genuino y no religioso, tu rol es mantener un corazón sensible y una fe fundamentada en Su Palabra.

 De ninguna manera tu condición de miembro o parte de un determinado grupo auto considerado como cuerpo de Cristo te obliga a respetar tradiciones o expectativas humanas egoístas como parte de tu supuesta sujeción a autoridad. Porque si esa autoridad, a su vez, no está sujeta a la autoridad máxima que tiene todo esto, que es Cristo mismo y su palabra escrita en la Biblia, tú estás eximido de brindar apoyo u obediencia a eso, para no caer en esclavitud a hombre. 

 Y sí; en estos tiempos de tanta confusión y constante movimiento por causa de los avances tecnológicos incorporados a nuestro ambiente, resulta imperativo hacerte partícipe de una advertencia en la que tu propia condición de vida espiritual está en juego. Si piensas casi a nivel de sueño personal ministrar a multitudes, gloria a Dios por tu sentir y tu vocación o llamado. Pero tendrás que saber desde el arranque mismo de tu tarea, como quiera que hayas organizado eso, que un ministerio no se trata meramente de números en las redes sociales o butacas ocupadas en grandes centros de convenciones.

Tampoco de mostrarte como el hombre que tiene todas las respuestas para todas las dudas, ni tampoco el que trabaja arduo en beneficio de la comodidad de otros. Un verdadero ministerio, tiene que tener en su cenit, extremo piramidal o cumbre, a un ministro que pueda reflejar a Cristo, aunque eso le implique sacrificio personal, dura confrontación con los fariseos de este tiempo y, esencialmente, una capacidad extrema de renuncia a todo lo que carnalmente resulta atractivo.

Tengo la obligación de ser fiel a la palabra de Dios como absoluta prioridad, y luego a mi propia condición de hombre íntegro y sin compromisos sectoriales o individuales que me impidan decir las verdades que todos vemos y pocos se atreven a describir en voz alta. Así es que, aunque a muchos buenos y sinceros hermanos en Cristo, que el único error que han cometido es el de quedarse a vivir en un pasado que no siempre fue genuino pueda no agradarles, y hasta resultarles incómodo en sumo grado, reitero que hay cosas que deben decirse sí o sí.

 Porque los silencios son sin ninguna duda más peligrosos e infames que las complicidades extremas. Esto es lo que se denominaría como “ampliar las voces”, que en definitiva es una absoluta obligación por parte de los hijos de Dios y de ninguna manera de soldados de un ejército mercenario, de esos que siguen recibiendo prebendas para exterminar opositores. Hay algo que es primordial y que nadie acierta a entender debidamente.

 Si no hay lágrimas en los púlpitos, no podrá haber transformaciones en los bancos, ¿Se entiende? Y créeme que lo que digo no es ninguna exageración, todo lo contrario, es un simple, verdadero y concreto alerta. Porque cuando por la razón que sea, un púlpito entra en oferta y finalmente se vende, el mensaje que de allí en más descienda de ese púlpito, pierde absolutamente su poder.

Y allí, entonces, es cuando la gente, ese enorme caudal humano que gira hace años en derredor de los templos, se queda con una religión vacía, que no sólo no le alimenta nada, no le enseña nada, no le aporta nada, no le soluciona nada y ni siquiera le mejora su ánimo, sino que encima de todo eso, indudablemente no lo puede salvar, liberar y mucho menos confrontar, que de alguna manera es el epicentro del evangelio del Reino predicado por Juan el Bautista primero y luego por Jesús.

Y todo esto es, esencialmente, porque el rol del ministro, líder o pastor de un lugar, no cumple sus funciones tal como fueron diseñadas. Según Cristo, de ninguna manera esa persona tiene que cargar con todo el peso de una congregación. Como ya fue dicho, no puede, ni debe, ni es el único iluminado del lugar, el único que recibe, construye y entrega palabra.

El rol del pastor, como poimano que es, es el de capacitar a la iglesia para que cada miembro pueda ejercer su don y, como consecuencia natural de esto, crezca en madurez, en conocimiento y en poder divino. Si la intención es frenarlos, entonces ya estamos hablando de asalariado, no de pastor. Porque cuando un ministro cae en la trampa de creerse el gran experto, híper ungido e iluminado, finalmente va a terminar agotado, aislado y con un ministerio decididamente superficial, hueco y vacío de alimento genuino.

 Por todo eso y por mucho más que ni siquiera voy a mencionar por respeto a los genuinos, es que hay miles que asisten a iglesias en la semana y luego siguen viviendo sus vidas como si Dios no existiera. De acuerdo, son adultos y absolutamente responsables de cada paso, de cada acto, de cada conducta que esgrimen, pero también hay elementos que colaboran y mucho para que todavía haya demasiada gente así.

Gente que lo que recibe no es justamente pan de vida, sino una mera proclama. Emotiva, altisonante, con una puesta en escena que en casos roza lo espectacular, pero sólo proclama tibia. No hay fuego santo, solamente hay show. De alta categoría y digno de los mejores espectáculos de Hollywood o Las Vegas, pero show al fin, y en lugares denominados santos. Pero lo más grave y notorio es que en todos esos casos, no hay palabra viva, sino un muy simple y a veces hasta mediocre discurso emocional.

Lo Que no Todos Llegan…

 …a comprender es que toda esa gente que una o dos veces a la semana se reúne en un templo o salón que oficia de iglesia, tiene una vida personal que no siempre está en tono brillante. Alguien dijo alguna vez y con mucho tino, que existen tres aspectos en los que puede convertirse tu casa, tu vivienda. Puede ser un hogar, que es lo ansiado, lo indicado y lo adecuado. O puede ser un escenario, donde cada miembro de la familia parecería cubrir un rol artístico conveniente.

Y, en tercer y último término, puede ser una tumba, donde todo huele mal, donde nada parece tener vida y donde todo se va deteriorando de manera inevitable. Conforme a lo que sea esa vivienda donde tú que hoy me lees estás viviendo, será tu vida futura. Un hombre humilde, íntegro, un egocéntrico narcisista o un muerto en vida. ¿Tú eliges eso? No siempre, pero conforme a lo que recibas, es como te alimentas y, conforme al nutrimento que tengas, tendrás hogar, escenario o tumba. Discúlpame si te estoy golpeando duro con esto, pero no hay tiempo. No podemos esperar que un día decidas ver lo que hoy no estás viendo. ¡Ora fuerte!

 Creo que, como buen humano, se me pegó un poco el absolutismo de opinión con el que generalmente nos conducimos. Nunca voy a terminar de entender el porqué de esa manía ancestral de ser absolutistas en nuestras opiniones sobre el tema que sea. El mejor ejemplo que nos surge de eso, son el funcionamiento global de las llamadas “redes sociales”, que de redes tienen todo y de sociales muy poco.  Aquí los polos son más que opuestos y, como tales, absolutistas.

 Hay gente que vive pendiente de las redes, cualquiera sea en las que participan o consultan para todo. De hecho, con el tiempo eso termina siendo altamente negativo. Pero resulta ser que también hay gente que directamente las odia, las defenestra y hasta se permite catalogarlas como satánicas. Durante muchos años tuve el trabajo nada sencillo de colocarme en medio de las cosas y tratar de hallar claros y oscuros de ambos lados.

No me fue sencillo lograrlo y mucho menos que los sectores en cuestión lo entendieran y aprobaran. Aquello de examinarlo todo y rescatar lo bueno, es evidente que para muchos cristianos sólo son pequeñas letras en sus biblias. Y eso, mal que nos pese, forma parte de ese enorme conglomerado humano inserto en salones o templos que globalmente llamamos iglesia. Sabemos de antemano que no todos los que dicen ser parte de esa iglesia son parte del evangelio. ¡Y ni hablar del evangelio del Reino!

 Hay mucha visita, es natural y hasta bueno, pero también hay mucha infiltración carnal, oportunista y satánica. Esa es parte de nuestra guerra. ¿Alguna vez te has preguntado por qué hay personas que oran día y noche, pero su vida parece no avanzar? ¿Por qué tantos hijos de Dios hablan del Reino, pero viven como si fueran súbditos de la escasez? Es porque el mayor enemigo del propósito no es el pecado, sino la ignorancia.

Y cuando los hijos de Dios ignoran elementos clave para sus vidas, esas vidas jamás logran reflejar esa gloria que supuestamente ellos dicen representar. Una cosa es hablar de Jesucristo, tener en tu memoria cada uno de sus pasos y sus actos durante su ministerio terrenal y luego transmitirlo en base a enseñanzas o predicaciones. Y otra cosa muy distinta es vivir una vida EN Cristo y tener suficiente intimidad con Él como para llegar a pensar con su misma mente.

 De otra manera, cuando fuiste creado por diseño para acceder a las mayores riquezas espirituales de la vida, terminarás sumido en la peor y más degradante de las pobrezas. Porque la pobreza no es simplemente ausencia de dinero. Te diría que esa es la imagen más mediocre de pobreza. Decir pobreza es, necesariamente, decir ausencia de visión. Y si no fíjate en la calidad y cualidad de las oraciones mayoritarias.

Mientras muchos oran pidiendo que el cielo descienda a la tierra, Dios está esperando que la mente del Reino despierte en todos ellos. Es una batalla feroz que se libra cada día, de manera silenciosa e intrigante, es algo que se gestiona en tu ser más íntimo y profundo, una guerra declarada y siniestra entre una mente de Reino y una mente de esclavitud. Tenemos un enemigo y todos sabemos de quién y de qué se trata. Cada una de nuestras biblias, sean de la versión que sean, son muy claras al respecto.

Si me preguntas por qué hay tantos cristianos supuestamente bíblicos que no terminan de creer en la existencia de ese enemigo, no tengo una respuesta coherente para darte. No lo sé. O mejor dicho sí lo sé, pero es tan poco creíble para esas mentes intelectuales como lo otro. A Satanás y sus demonios, la mejor estrategia que les sale redonda y perfecta, es esa: hacernos creer que no existen. Y a lomos de esas incredulidades, ellos se adueñan de tus pensamientos.

El enemigo no necesita quitarte tus recursos si logra controlar tus pensamientos. Porque si controla tu mente, controla tu futuro. Por eso, desde el principio, Satanás no atacó las manos de Eva, sino que atacó su mente. Le habló a su lógica, a su interpretación, a su identidad. Lee bien y entiende lo que te diré. Tú has sido hecho a Su imagen y a Su semejanza, creo que a eso lo sabes más que bien, aunque me permito tener mis dudas si realmente lo estás creyendo como deberías.

Y no lo digo por peleador, sino por la experiencia de conocer a muchos hermanos en Cristo, fieles, sinceros y trabajadores a full para las cosas del Señor que, sin embargo, en esta área tienen una pequeña o no tan pequeña asignatura pendiente. Son los creyentes en ese Dios lejano, en las alturas, y casi apartado e indiferente a todo lo que sucede en la tierra. Gloria a Dios por ti si no eres uno de esos, pero si lo fueras, déjame decirte que lo lamento mucho; no es así y punto.

Eres imagen y semejanza Suya, y eso significa que tu mente tiene la misma estructura espiritual que la de tu Creador. Puedes concebir lo invisible y materializarlo con fe y acción. Pero para eso, debes liberar tu mente de las cadenas de la religión, de la culpa y del miedo. No puedo evitar cuando me meto en estas profundidades muy poco transitadas, viajar a mis épocas de niño, cuando en la escuela o en la calle con mis amigos, circulaba aquella adivinanza dosificada con humor que nos proponía adivinar que cosa había nacido primero, si el huevo o la gallina.

 Nos reíamos aparatosamente por la propuesta, sin darnos cuenta que la que nos hacíamos con tono de broma, era una pregunta cargada de eternidad. Y que, aunque nosotros todavía no lo pudiéramos entender y mucho menos descifrarlo, estaba muy lejos de toda teoría humana. Si en ese momento hubiéramos tenido un mínimo de conocimiento de una Biblia que por esos tiempos sólo tenían autorización para leer e interpretar ciertos hombres vestidos con largas túnicas negras, la respuesta hubiera sido de tanta velocidad y sencillez que nadie hubiera osado reírse.

Dios creó todos los animales de la tierra, así que la respuesta es más que obvia.  Lo que estoy tratando de expresar es que, de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, hay varias toneladas de personas hablando. Hay otra enorme cantidad que ha estudiado muchísimo sobre todo lo concerniente al Evangelio y puede darte sólidas conferencias con una teología admirable.

Sin embargo, en ese conglomerado humano que pasas sus días, sus horas y todos sus tiempos hablando de las cosas de Dios, de Jesús y de las maravillas del Espíritu Santo, hay otro conglomerado, que no es menor, que sencillamente no cree en nada de lo que dice. Lo dice por muchas razones, incluidas las de conveniencia material, pero no lo cree. Es más; hasta dudan de la existencia de ese Dios del que viven hablando.

Ahora bien; tu, ¿Lees tu Biblia? Entonces ya sabrás que en ella no hay nada respecto a la existencia de Dios. Estamos hablando de cientos y miles de palabras de revelación que nunca intentan probar que hay un Dios. La Biblia asume la existencia de Dios, como un hecho evidente. No necesita pruebas. ¿Y por qué razón hay tanto pseudo cristiano que sí parece necesitarlas? Simple, porque no han nacido de nuevo. Pero… ¿Esa es una doctrina evangélica?

 Si, no lo puedo negar, en algunas denominaciones que conozco, lo es, pero desde la óptica bíblica correcta, no, no puede serlo. El nuevo nacimiento es efectivamente algo que sucede en una persona cuando acepta a Cristo, pero no una doctrina. Sólo fue mencionada por Jesús en una medianoche a un fariseo que había recibido un toque del Espíritu y había comenzado a ver lo que sus colegas no veían. Es la llave que permite ver y entrar al Reino, pero no una doctrina.

No existe tal cosa como un Evangelio del Nuevo Nacimiento. El único Evangelio a predicar, lo sabemos, es el del Reino. Y eso siempre y cuando quien lo predica tenga en claro qué cosa es el Reino, no sea que lo veamos en medio de un culto mirando el techo cuando habla de ese Reino. Cuando a Jesús le preguntaron al respecto, Él dijo: Ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros. O sea que les dijo claramente algo así: ¡Eh! ¡Muchachos! ¡El Reino de Dios está dentro de ustedes! ¡Dejen de mirar para arriba! No está en un templo ni en una estructura humana. Está dentro.

Y No Solamente Está…

 …dentro de cada uno de los auténticos y genuinos hijos de Dios, sino que los nutre con una delegación gubernamental emanada directamente de ese trono divino. Si cada uno de esos hijos reales ejercita ese gobierno delegado en su área de influencia, es indudable que el planeta sería otro casi al instante de comenzar a ejecutarlo. Y si tienes dudas respecto a esto que digo, toma como base o ejemplo los gobiernos terrenales seculares que conoces, donde quiera que residas.

 ¿Ejercitan justicia genuina esos gobiernos? ¿Son amados y respetados por las personas, independientemente de sus filiaciones ideológicas o sus diferencias políticas? Si gobernar un país con estricta justicia en lo social y humano fuera tan fácil, el mundo no estaría en las condiciones que hoy está. Gobernar es entrar en guerra con poderes invisibles, pero fuertes. Una guerra que sólo se gana con rodilla, obediencia, autoridad y poder divino.

 Pero anda a contárselo a toda esa gente enferma de ambición y egocentrismo. De allí que, en cada ocasión que me toca volver sobre estos temas, no puedo evitar recordar un viejo pensamiento de un hombre llamado Edmund Burke. Él dijo en una oportunidad que “Lo único que se necesita para que el mal triunfe, es que la gente buena no haga nada”. Completamente de acuerdo, porque así es como ha operado, opera y seguramente seguirá operando si nada le cambia su mentalidad, ese mundo secular, pagano, impío y pecador al que todos aludimos casi inconscientemente cuando decimos simplemente “el mundo” …

Pero, si nos ponemos a reflexionar con autoridad y al mismo tiempo con integridad honesta de reconocer lo propio, no podemos menos que aterrizar en un pensamiento que nadie debería descartar: ¿Qué es lo único que se necesita para que Satanás siga triunfando? Piénsalo. Ora y, si es necesario, cambia. Porque ningún demonio podrá usurpar un corazón que no esté distraído, disperso o, lo peor, inundado de cierta incredulidad.

Y así, mi amigo, no se gana ninguna guerra. Y eso dentro de nuestros ambientes, supuestamente cristianos y compuestos por hijos de Dios por Jesucristo. ¿Te imaginas el festival de horrores que esos mismos demonios llegan a hacerse con gente a la que jamás les hablaron del evangelio o, si les hablaron, sencillamente no lo creyó y eligió seguir viviendo según “su propia voluntad”, sin  darse cuenta que en la realidad no están decidiendo nada por sí mismos, sino por influencias mentales de espíritus malignos metidos en sus cuerpos?

Observa a tu alrededor, donde quiera que residas y cualquiera sea tu país, gobierno, o ideología política reinante, ¿Estás viendo una sociedad sana que busca cosas hermosas para disfrutar? No. Lo que vemos en lamentable mayoría, son sociedades enfermas. Y cuando una sociedad se enferma, los malos y corruptos son mayoría. A partir de allí, usando “sanas recetas democráticas”, obviamente sustentadas en las mayorías, se pretende arreglar el mundo.

Listo. Legendario plan satánico en pleno auge, al menos hasta el día del Juicio final. Y sin caer en extremos legalistas o escandalosos sucesos “mundanos”, toma como ejemplo un rápido análisis de lo que hoy se denomina como Therians. Este es un fenómeno que ha comenzado a manifestarse en las distintas sociedades del mundo, y muy especialmente dentro de un núcleo conformado por gente joven con mucho tiempo a su disposición, ya sea por carencia de obligaciones o simplemente pereza.

Al principio, estas personas, que dicen auto percibirse animales, fueron tomados con algo de humor. Se decía, en parte en serio y en parte en broma, que aquellos que se auto perciben lobos, por ejemplo, nunca pusieron sus pies (¿O debería decir patas?) sobre el frío helado de las nieves donde algunos de ellos habitan, así como tampoco en esos bosques donde otras clases de sus razas pasan sus días. O sea que ¿Serían lobos sólo porque aúllan como ellos?

 Si, pero convengamos en que esto suena bastante a actuaciones histriónicas o formas de llamar la atención para quienes no la reciben de sus entornos.  Los que se auto perciben gatos, por ejemplo, se comentaba de manera risueña que jamás se los ha visto vivir o caminar por las noches por los techos de las viviendas y mucho menos salir a escape a perseguir ratones para luego, una vez cazados, comérselos crudos.

Nadie discute que, con sus máscaras y sus maneras, pueden ser lo que dicen ser, de acuerdo, pero también queda en evidencia que no han dejado ni dejarán de ser lo que ellos dicen que dejaron de ser. Esto, que suena casi a destraba lenguas, es un engaño y de los fuertes. Porque, veamos. Nadie podría dudar, viéndolos, que verdaderamente se auto perciben como esos animales que muestran ser, pero lo que nadie se atreve a enfrentar y confrontar es la causa de ese comportamiento.

Teorías han aparecido muchas y todas muy respetables, pero realidades, hasta donde podemos verlo desde lo espiritual, una sola: Es la misma condición del hombre que se auto percibe mujer o viceversa. Supongo que sabes de lo que estoy hablando, ¿Verdad? Causas, sólo una desde lo espiritual: “algo” o “alguien” dentro de la mente de esas personas las convencen de ser lo que en realidad nunca han sido ni serán. ¿Queda claro?

 Estos son tiempos de cambios casi violentos en lo referente a la sociedad, tanto en sus conductas como en su modernización tecnológica y moral. Lo espiritual, de hecho, no puede de ninguna manera evadir todo esto, así que es imperativo que más que nunca nos abracemos al evangelio del Reino, único predicado por Jesús y apto para hoy. Y no es casual, que, a partir de ello, tenga justamente una pregunta para formularte. Yo ya me la formulé y obtuve mi respuesta, ahora es tu turno.

¿No habíamos aprendido, tanto en los seminarios como en cualquiera de los respetables institutos bíblicos en los que hayamos recalado, que el Antiguo Testamento solamente era “sombra” de lo que habría de venir? Y lo que habría de venir, ¿No sería, acaso, un nuevo pacto que luego recibiría el título oficial eclesiástico de Nuevo Testamento? ¿Y no es bajo este marco que nos encontramos con Jesús proclamando el Evangelio del Reino de los Cielos, o Reino de Dios? Obviamente que sí, ¿Verdad?

¿Y entonces por qué causa, razón o motivo en muchos lugares de prestigio, y a través de voces de mucho prestigio, se sigue predicando aquella “sombra”, en lugar de acudir a esta luz que se nos ha hecho en el espíritu? Tomarlo como base, punto de partida o arranque convencional, si, de acuerdo, pero como argumento definitivo echando mano a tipologías dictadas por el Espíritu Santo, en pequeñas cantidades y fábulas pergeñadas en nuestras mentes inteligentes y creativas en mayor cantidad, con la finalidad de llevar a pensar a audiencias llenas de ignorancia espiritual que estamos hablando de cosas muy profundas.

Los libros del Pentateuco, conforman la antigua Torá que nos habla de la Creación y las leyes ensambladas para ponerla en operaciones. Luego están los libros de los profetas, que una u otra circunstancia, te anuncian la venida de un Mesías que ya vino. ¿Y vamos a seguir acudiendo a esto cuando el Evangelio del Reino y sus consecuencias espirituales positivas queda a un lado y sin anunciar?              Hay algo que surge de la misma escritura con una claridad asombrosa, mucho más asombrosa que la insistencia en no temerla en cuenta por varios y diversos sectores que se empeñan en seguir auto denominándose como cristianos.

El Diseño Divino Nos Muestra…

 …que en tanto que María daba a luz un niño, Dios estaba dando a luz un Hijo. Ambas asimetrías al mismo tiempo, pero en diferentes dimensiones. María produjo el cuerpo, pero Dios brindó el Espíritu. Es como si dijéramos que María construyó y produjo la casa, pero Dios en persona fue quien le puso allí el residente. Dicho en otras palabras, María es la madre de Jesús, de eso no hay ninguna duda y nada para añadir o quitar.

 Pero lo que de ninguna manera puede decirse sin sonrojarse por la mentira a sabiendas, es que María es madre de Cristo o, lo peor, madre de Dios mismo. Para muchos apenas una simple recordación doctrinal firme y ciento por ciento bíblica, para otros, un recordatorio de que, cualquier tipo de adoración dirigida hacia ella, es lisa y llanamente pecado, lo crea quien lo crea y enoje a quien enoje. No lo digo yo, lo dice la palabra con tanta claridad que parece tontería seguir hablando de ello.

De acuerdo, me dirás que eso sólo tiene que ver con un conocido y definido sector, pero créeme que durante muchos años caló tan hondo que no son pocos, los que dicen ser cristianos verdaderos, que sienten que si no cumplen con aquellos legendarios rituales le estarán faltando el respeto a esa honorable, pero no divina o diosa mujer. Supongo que la oración lo cambiaría todo, pero sucede que el creyente promedio no está orando el tiempo que le ha sido ordenado para hacerlo.

 ¿Motivos? Muy sencillos y no tanto, le han hecho pensar primero y creer directamente después, que eso, el orar, es únicamente patrimonio de un reducido grupo de personas denominadas como “intercesoras”. Lamento no tener una buena noticia para ti si eras uno de los que creía fielmente en eso. No existe tal cosa. Cada creyente, y entiéndelo bien, cada creyente, tiene ingreso directo al trono de la gracia mediante su oración y cada uno de nosotros tiene la tarea de habilitar a Dios para determinadas cosas a través justamente de nuestra oración.

Es personal e individual, de ninguna manera grupal.  Además, desde la creación misma, Dios nos ordenó sojuzgar, señorear en esta tierra. Eso tiene un nombre, dominio. El hombre puede vivir sin Dios, pero no puede vivir sin dominar algo. El error, que ha costado sufrimientos y vidas a través de la historia, es que decide dominar a otros hombres en su beneficio personal e individual, cuando nunca fue diseñado para eso.

Si observas con cuidado el Génesis, verás que la orden de dominio es sobre todo lo existente, pero nunca dice que sobre otros seres humanos también. El hombre es un espíritu, como el Dios que lo crea, pero habitando en un cuerpo al que llamamos humano, por la simple razón de que está constituido por humus, que es tierra. Adam significa eso, tierra. Hombre, humus. De allí proviene nuestra palabra “humano”.

Y a ese ser humano fue al que Dios le ordenó dominarla y sojuzgarla, pero jamás lo autorizó a hacerlo con otros seres humanos como él. Es tiempo de asumir nuestras responsabilidades y dejar de culpar a otros por nuestros errores. Por otra parte, cuando decimos Iglesia, no tenemos demasiado en cuenta que esta palabra, que en los originales se lee como eklesia, significa asamblea de representantes de un gobierno. De ninguna manera iglesia es un término religioso o espiritual, sencillamente es un término político.

 La historia y los hechos nos están dejando eso en clara evidencia. Nabucodonosor, allá en la remota Babilonia de los jardines colgantes, tenía una iglesia. Asiria también la tenía. Escucha bien esto que te digo ahora: ¡Satanás tiene una iglesia! Porque si esto es una asamblea representativa de un gobierno, que en nuestro caso puntual sería un Rey, el Rey de reyes y Señor de señores, nuestra obligación y tarea principal sería la de estar repitiendo y transmitiendo lo que ese Rey nos ordena que digamos.

 Entonces ahora viene la pregunta crucial y clave: ¿Estamos haciendo eso, nosotros? ¿O sólo nos estamos limitando a construir pequeños mensajes que satisfagan las necesidades emocionales o individuales de las personas a quienes se los brindamos? Si hacemos lo primero, somos iglesia. Si hacemos lo último, somos club religioso.

Es por esa razón que, cuando actualmente alguien me sugiere que, por ejemplo, arme mis audios más breves en su duración, con el argumento de que serán mejor recibidos por la gente más joven, poco afecta a estar mucho tiempo oyendo algo, respondo: en primer lugar, agradeciendo esa sugerencia porque la entiendo muy bien intencionada y con ánimo de colaboración y aporte para una mejor llegada de la palabra de Dios a todos.

 En segundo término, coincido en que la gente más joven, (Y en estos tiempos también varios no tan jóvenes); no tienen tiempo suficiente ni deseos de pasarse un tiempo demasiado extenso escuchando algo, aunque les parezca bueno. Pero hay un punto, que tiene base científica y genuina, y no es ocurrencia mía, que no me permite hacerlo. Esos estudios han probado y comprobado que el consumo de videos o audios breves, conducen a mermar gradualmente la capacidad de concentración en las personas.

Sería muy similar al uso indiscriminado de una muy buena herramienta de trabajo como es la IA, iniciales de la denominada Inteligencia Artificial, pero que, usada de manera permanente y para todo, al poco tiempo se convertiría en una fábrica de zombis no pensantes. Examínalo con tus medios y luego toma tus decisiones propias.  Y esto nos coloca directamente con dos ojos clavados en las conductas esenciales de personas esenciales.

Reflexiona sobre lo siguiente y luego emite tu propia conclusión. ¿Cuántos de ustedes, simplemente viendo las noticias de todo el mundo, han caído en cuenta que mientras el avance tecnológico y científico mundial, es cada vez más prometedor y valioso, muchos de sus principales líderes o gobernantes continúan rayando con sus acciones concretas, directamente en la prehistoria de la ferocidad y la impiedad?

 Impulsan políticas repletas de censuras, prohibiciones o directamente extorsiones, mientras emiten discursos que, en casos, son verdaderas piezas de la época medieval. Nos inducen a pensar que las personas mal vestidas, sucias y hasta malolientes nos producen rechazo, recelo y sospecha. Se puede coincidir en que en muchas ocasiones ciertos y determinados delitos tienen a esta clase de personas como autores, pero no siempre.

Porque en otros casos, que no son pocos precisamente, las bien vestidas, con ropas de marca, perfumadas y de excelente aspecto, que suelen gozar de toda nuestra confianza, suelen participar en finos robos, fraudes, abusos y violaciones que, estadísticamente, nos muestran otra cosa. ¿Sabes cómo se llama ese pensamiento? Religión. Porque está fundamentado en lo externo ignorando lo interno. Pero, convengamos en que no es precisamente eso lo que se nos enseña en nuestros ambientes más específicos.

Todavía en muchísimos templos de prestigiosas iglesias es mucho más y mejor bienvenido alguien vestido con finas prendas que alguien con ropa modesta. Y ni hablar de la herencia romana y griega que todavía define a rubios, blancos y de piel tersa como enviados de los dioses para gobernar y a los morenos, rústicos y de cabellos oscuros como enviados de los mismos dioses a ser esclavos de los otros.

 Sería más que interesante que se recurriera a estadísticas serias y nos informáramos sobre la apariencia externa de los peores engendros que ha dado la humanidad terrestre. Nos llevaríamos varias sorpresas. Además, está lo directamente espiritual. Si mucho de lo que hoy estás leyendo en tu Biblia se contrapone con lo que por años te han enseñado, no te quejes conmigo, quéjate con el libro. Porque es una transición desde la conciencia religiosa a la mentalidad de Reino, y eso no lleva ni un día ni dos lograrlo.

 A veces, lleva años. Y es por esa razón, entre otras, que la mayoría de esos ejidos sociales detestan pertenecer a las clases sociales más bajas y carenciadas. Si bien no todos aspiran a enrolarse en las más altas y poderosas porque saben que es muy complicado lograrlo, apuntan a pertenecer a lo que se ha dado en llamar “clase media”, que si bien suena a justo y hasta lleno de dignidad en todos los terrenos, la verdad visible nos muestra algo muy distinto.

Y es que, en una enorme mayoría de casos, se trata de personas que, teniendo ingresos económicos limitados, pretenden vivir de modo ostentoso simplemente para ser aceptados por los sectores pudientes que, como en la gran mayoría mundial, son los poseedores del poder casi total. Tengo una respuesta para esa actitud que no me pertenece, pero que cabe perfectamente.

Hace mucho tiempo, un hombre estudioso de la vida, se atrevió a decir una enorme verdad. “Los componentes de la denominada “Clase media”, son una especie de porteros de un exclusivo club al cual nunca los van a dejar entrar”. Duele. Y esencialmente porque hay mucho cristiano allí. Pero lamentablemente es una verdad total.

Un Cierre que Sigue Latiendo…

Y así, casi sin darnos cuenta, llegamos a este momento. No porque se haya acabado algo, sino porque lo vivido necesita reposar un poco en el corazón, como cuando uno termina de compartir una comida sencilla pero llena de afecto. No hubo esquemas rígidos ni palabras rebuscadas, solo esa forma tan nuestra de ir y venir entre historias, preguntas, silencios y risas. Lo que empezamos como simples conversaciones terminó siendo algo más profundo: un espacio donde el Reino se volvió cotidiano.

Porque, si lo pensamos bien, eso es lo que siempre intentamos hacer: descubrir cómo esa buena noticia se cuela en lo diario. No en discursos largos ni en ideas perfectas, sino en la vida misma. En el mate, té o café compartido, en la preocupación por llegar a fin de mes con el salario, en la paciencia que se nos agota y vuelve a nacer, en los vínculos que nos sostienen y también en los que nos desafían.

Hablamos muchas veces de lo que significa vivir el Reino, y quizás al principio sonaba grande, casi lejano. Medio solemne y hasta un poco aparatoso, si me apuras. Pero después lo fuimos aterrizando. Nos dimos cuenta de que el Reino no empieza cuando todo está resuelto, sino justo ahí donde estamos. Como esa semilla que no hace ruido al crecer, pero un día te das cuenta de que ya es un árbol.

¿Te acuerdas cuando decíamos que a veces uno espera señales claras, algo extraordinario? Y, sin embargo, terminábamos reconociendo que lo extraordinario suele vestirse de simple. Como cuando alguien decide perdonar, aunque le cueste. O cuando otro elige escuchar en vez de responder rápido. O cuando uno mismo, en medio del cansancio, hace un pequeño bien sin que nadie lo vea. Ahí hay Reino, aunque no tenga cartel.

Y es curioso, porque en estas charlas nunca buscamos tener todas las respuestas. Más bien nos dimos permiso para no saber, para preguntar, para equivocarnos incluso. Y en ese espacio tan humano, algo fue tomando forma: una fe más viva, menos rígida, más parecida a una caminata que a un manual. ¿De verdad tú crees que Jesús era distinto, más lejano o acartonado cuando hablaba?

Si tuviéramos que ponerle una imagen a todo esto, quizás sería la de dos amigos caminando al atardecer. No van apurados, no necesitan demostrar nada. Van hablando de lo que pasó en el día, de lo que duele, de lo que ilusiona. A veces hay silencios largos, pero no incomodan. Porque saben que no están solos. Así fueron estas conversaciones. Por allí bien prolijas y orgánicas, por allí más desordenadas y hasta con un aire de improvisación.

También hubo momentos en los que tocamos cosas más difíciles. No todo fue liviano, y eso también estuvo bien. Hablamos de frustraciones, de esos días en que parece que nada encaja. De cuando la fe se siente más como una pregunta que como una certeza. Y, sin embargo, en vez de alejarnos, eso nos acercó más. Porque entendimos que el Reino no excluye esas partes, sino que las abraza.

Como ese artesano que no descarta la madera con nudos, sino que los integra en su obra, así también lo que vivimos —con sus luces y sombras— fue parte del proceso. No había que esconder lo imperfecto, porque justamente ahí se hacía visible algo más grande.

Otra imagen que nos acompañó fue la del pan. Algo tan simple, tan cotidiano. Pero piénsalo: el pan necesita tiempo, mezcla, espera, calor. No aparece de un momento a otro. Así también lo que compartimos. Cada conversación fue como amasar un poco más esa masa común. A veces con ganas, otras veces con esfuerzo, pero siempre con la esperanza de que algo bueno estaba creciendo.

Y lo lindo es que ese pan no era solo para nosotros. Cada vez que alguien se iba por un tiempo de estas charlas, se llevaba algo. Porque nadie lee tanto en su totalidad. Los tiempos no alcanzan, hay prioridades muy importantes. Pero, de todos modos, siempre quedó algo. Tal vez una idea, tal vez una paz distinta, tal vez una pregunta nueva. Y eso, de alguna forma, seguía multiplicándose en otros espacios, en otras relaciones, en otros momentos.

Porque el Reino tiene eso: no se encierra, se expande. No se guarda, se comparte. Quizás una de las cosas más valiosas fue redescubrir que no hace falta ser perfectos para vivirlo. Que no hay que esperar a “estar bien” para empezar. Que, en medio de nuestras contradicciones, seguimos siendo parte de algo más grande. Y eso libera.

Es como cuando un niño aprende a caminar. Se cae, se levanta, vuelve a intentar. Nadie espera que lo haga perfecto desde el primer día. Hay una paciencia amorosa que lo acompaña. Así también nosotros, en este camino, vamos aprendiendo paso a paso.

Y en ese aprendizaje, hubo algo que se repitió muchas veces: la importancia de lo pequeño. Lo pequeño como lugar de encuentro, como semilla de transformación. No lo espectacular, sino lo constante. No lo que se ve desde lejos, sino lo que se sostiene en lo cotidiano.

Una llamada a tiempo. Un gesto de ternura. Una palabra que alienta. Una decisión que cuesta pero que construye. Ahí fuimos descubriendo que el Reino no es una teoría, sino una forma de vivir. También nos dimos cuenta de que no caminamos solos. Aunque cada uno tenga su historia, sus luchas, sus preguntas, hay algo que nos une. Una presencia que no siempre sabemos explicar, pero que sentimos. Que aparece en el momento justo, que consuela, que impulsa, que incomoda a veces, pero siempre con amor.

Esa presencia fue el hilo invisible de todas nuestras conversaciones. Si alguien nos hubiera escuchado desde afuera, tal vez no habría encontrado nada extraordinario. Dos personas simbólicas hablando, intercambiando ideas, compartiendo experiencias. Pero nosotros sabemos que ahí había algo más. Porque cuando se habla desde lo profundo, cuando hay apertura, cuando hay búsqueda sincera, algo se mueve. Y eso es lo que nos llevamos.

No un cierre definitivo, sino una pausa. Como cuando uno termina un capítulo y sabe que la historia sigue. Porque todo lo que vivimos no queda acá. Se va con nosotros, se mete en nuestras decisiones, en nuestras relaciones, en nuestra forma de mirar el mundo.

Quizás, si tuviéramos que resumirlo en una última imagen, podríamos pensar en una luz encendida. No una luz fuerte que encandila, sino una luz cálida, constante. De esas que no llaman la atención, pero que hacen la diferencia. Que permiten ver, que acompañan, que generan un ambiente distinto. Así queremos seguir.

No con grandes discursos, sino con esa luz sencilla. No buscando destacar, sino siendo fieles en lo que nos toca. No esperando condiciones ideales, sino viviendo el Reino en lo que hay. Y si alguna vez volvemos a cruzarnos en otra conversación, en otro momento, seguro no será desde cero. Porque algo ya se sembró. Algo ya creció. Algo ya nos transformó.

Gracias por este camino compartido. Por la honestidad, por la paciencia, por la apertura. Por animarte a hablar sin bosquejos, sin máscaras, sin la necesidad de tener todo resuelto. Porque al final, eso fue lo más valioso: ser hermanos en el camino. No perfectos, pero sí disponibles. No sabiendo todo, pero sí dispuestos a seguir aprendiendo. Y así, con esa simpleza, con esa profundidad, nos despedimos… o mejor dicho, seguimos andando.

PD: Esto pudo y casi que debió ser un libro, pero nadie podría escribir uno con este desparpajo estructural. ¿Un libro sin tapa, prefacio, prólogo capítulos y epílogo? ¿Quién lo compraría? Nadie. Y está bien, porque nadie tiene que pagar por lo que ha sido recibido de gracia. Entre nosotros hay otras formas más divinas de subsistencia. Si le copiamos al mundo la suya, entonces no podemos escribir sobre nada sin que la vergüenza nos nuble la vista. Gracias por leerme y tal vez leerte a ti mismo/a. Sí te fue de aporte, compártelo con alguien que amas.

PD2: Si esto te inspiró para escribir algo extenso y lleno de conversaciones tuyas, házmelo llegar a mi correo personal: tiempodevictoria@gmail.com y, si tiene sustancia de alimento, será publicado con tu nombre y apellido, (No seudónimo, por favor).

Néstor

2026

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1 – Justicia

Mateo 5: 6 = Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Me pregunto en esta hora y te pregunto a ti también, donde quiera que residas: ¿Estás saciado respecto a la justicia que impera en tu lugar de residencia? No me respondas, sólo cree. La Nueva Traducción Viviente dice casi lo mismo, pero en un idioma casi de la calle, del que oyes a cada paso:  Dios bendice a los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Punto. No es necesario repetir la pregunta inicial.

La palabra justicia es una de esas pocas que, aun cuando parecen simples, contienen en su interior una profundidad casi inagotable. Se la pronuncia en los tribunales, en las protestas, en muchas conversaciones familiares y también en la intimidad de la conciencia. Pero más allá de su uso cotidiano, la justicia tiene un espesor espiritual que atraviesa la historia humana y encuentra en el mensaje del Reino de Dios una dimensión que no siempre se comprende del todo. No es solo una idea legal, ni un sistema de premios y castigos: es una forma de vivir, de mirar al otro, de ordenarse por dentro y de actuar hacia afuera.

Desde una perspectiva bíblica, la justicia no se limita a dar a cada uno lo que le corresponde según una norma. Va mucho más allá: implica restaurar lo que está dañado, levantar lo o el que se haya caído, y actuar con rectitud incluso cuando nadie está mirando. En ese sentido, la justicia no es fría ni mecánica; es profundamente humana, porque nace del corazón. Y aquí aparece una primera tensión interesante: todos pedimos justicia, pero no siempre estamos dispuestos a practicarla cuando nos toca perder algo.

El mensaje del Reino de Dios propone una justicia que no se basa en la venganza ni en el cálculo, sino en la transformación interior. No se trata de negar la necesidad de leyes o de estructuras sociales —que son indispensables—, sino de reconocer que ninguna de esas estructuras puede sostenerse sin personas que vivan con integridad. Una sociedad puede tener el mejor sistema jurídico, pero si sus ciudadanos actúan con egoísmo, corrupción o indiferencia, la justicia se vuelve una palabra decorativa. Si hoy miro a mi alrededor ya sea en mis cercanías o lejanías, lo que veo es tal cual.

Hay algo profundamente revelador en observar cómo la Biblia presenta la justicia junto con la misericordia. No son opuestas; se complementan. La justicia sin misericordia puede volverse cruel. La misericordia sin justicia puede volverse permisiva. El equilibrio entre ambas es lo que genera una vida sana. Es como cocinar: ponerle demasiada sal arruina el plato, pero sin sal tampoco tiene sabor a nada. La justicia es necesaria, pero necesita ser sazonada con compasión.

En el plano social, la justicia suele discutirse en términos de derechos, de equidad y de distribución. Y está bien. Es necesario hablar de desigualdades, de oportunidades, de acceso a recursos. Sin embargo, hay una dimensión que a veces se deja de lado: la responsabilidad personal. No se puede construir una sociedad justa solamente señalando lo que otros hacen mal. La justicia también empieza en decisiones pequeñas: decir la verdad cuando sería más fácil mentir, cumplir compromisos, no aprovecharse de la debilidad ajena.

Aquí es donde la fe en el evangelio del Reino aporta una perspectiva distinta. No se trata de imponer creencias ni de convertir la justicia en un discurso de tono religioso, sino de reconocer que hay principios espirituales que pueden enriquecer profundamente la vida social. Uno de ellos es que cada persona tiene valor intrínseco. No por lo que produce, no por su posición, no por su apariencia, sino por su condición de ser humano. Cuando esto se toma en serio, la justicia deja de ser una idea abstracta y se vuelve una práctica concreta: tratar al otro con dignidad.

También hay que decirlo con claridad: la justicia no siempre es cómoda. A veces incomoda, confronta y obliga a revisar privilegios o actitudes. Es más fácil hablar de justicia cuando somos víctimas que cuando somos responsables. Pero el verdadero crecimiento ocurre cuando uno se anima a mirarse con honestidad. En ese sentido, la justicia tiene algo de espejo: muestra lo que hay, no lo que nos gustaría que hubiera.

Ahora bien, si la justicia fuera solo exigencia, sería agotadora. Nadie podría sostenerla. Por eso el mensaje del Reino introduce un elemento clave: la gracia. No como excusa para hacer cualquier cosa, sino como oportunidad para empezar de nuevo. La justicia divina no ignora el error, pero tampoco lo convierte en una condena permanente. Hay posibilidad de cambio, de aprendizaje, de restauración. Y eso, en términos humanos, es profundamente esperanzador.

En la vida cotidiana, la justicia puede practicarse de maneras muy concretas. No hace falta esperar grandes escenarios. Por ejemplo, en el trabajo: ser justo puede significar no atribuirse méritos que corresponden a otros, o no perjudicar a alguien por conveniencia. En la familia: escuchar antes de juzgar, no aplicar “doble vara”, reconocer errores propios. En la convivencia social: respetar normas, cuidar lo común, no buscar siempre el beneficio personal a costa del colectivo.

Un recurso práctico interesante es hacerse una pregunta sencilla pero potente: “¿Esto que estoy por hacer es justo para todos los involucrados?”. Puede parecer básico, pero muchas decisiones cambiarían si se aplicaran con sinceridad. Otra herramienta es desarrollar empatía activa: intentar ponerse en el lugar del otro no como ejercicio teórico, sino real. A veces, lo que parece justo desde un punto de vista deja de serlo cuando se considera el contexto completo.

Y aunque suene raro y hasta parezca absurdo, también hace falta un poco de humor en todo esto. Porque si uno se toma la justicia como una carga pesada, termina volviéndose rígido. La vida está llena de situaciones imperfectas, malentendidos y errores. Aprender a reírse de uno mismo —sin caer en la burla hacia otros— ayuda a mantener el equilibrio. Después de todo, nadie, aquí en la tierra, es perfectamente justo todo el tiempo. Y reconocerlo es, paradójicamente, un acto de justicia.

Hay un aspecto más profundo aún: la justicia interior. No basta con actuar correctamente hacia afuera si por dentro hay resentimiento, orgullo o indiferencia. La coherencia entre lo interno y lo externo es clave. Esto no significa alcanzar una perfección imposible, sino vivir en un proceso constante de alineación. En términos espirituales, es permitir que los valores del Reino transformen la manera de pensar, sentir y actuar. 

En contextos sociales complejos, como los que atraviesa gran parte del mundo, la justicia suele convertirse en bandera de distintos sectores. Y está bien que así sea. Pero hay un riesgo: que se convierta en una herramienta ideológica más que en un valor genuino. Cuando la justicia se usa para justificar intereses propios o para deslegitimar al otro sin diálogo, pierde su esencia. La verdadera justicia no necesita gritar más fuerte; necesita ser más coherente.

Ser creyente en el evangelio del Reino en este contexto implica un desafío interesante: vivir la justicia sin caer en fanatismos ni imposiciones. Es posible sostener convicciones firmes y, al mismo tiempo, dialogar con respeto, escuchar otras perspectivas y reconocer que nadie tiene una comprensión absoluta de todo. La justicia, en este sentido, también es humildad.

Al final del día, la justicia no se trata solo de grandes sistemas ni de discursos elevados. Se trata de personas. De decisiones concretas. De pequeños actos que, sumados, pueden generar cambios significativos. No es instantánea ni perfecta, pero es posible. Y cuando se vive desde una fe genuina en el Reino de Dios, deja de ser una obligación externa para convertirse en una expresión natural de una vida transformada.

Quizás la mejor manera de entender la justicia es verla como un camino más que como un destino. Un camino que se recorre paso a paso, con errores y aciertos, con momentos de claridad y otros de duda. Pero siempre con la convicción de que vale la pena. Porque en un mundo donde muchas veces predomina la desigualdad, la injusticia y la indiferencia, cada acto justo —por pequeño que sea— tiene un valor inmenso.

Y si en algún momento parece que la justicia no alcanza, que todo sigue igual o que los esfuerzos son insuficientes, conviene recordar algo simple: la justicia no siempre produce resultados inmediatos, pero sí deja huella. En las personas, en las relaciones, en la sociedad. Es como sembrar: no se ve el fruto al instante, pero con el tiempo, algo crece.

En definitiva, la justicia, entendida desde una mirada espiritual y humana a la vez, es una invitación constante. A vivir con integridad, a tratar al otro con dignidad, a construir una sociedad más equitativa y a mantener una coherencia interna que dé sentido a todo lo demás. No es fácil, pero es profundamente necesario. Y, en última instancia, es una de las expresiones más claras de lo que significa vivir de acuerdo al corazón del Reino de Dios. Lo mismo sucede con otras palabras muy importantes que iremos examinando bajo esta misma luz.

Y nunca olvidar que nosotros, los hombres, aun siendo hijos de Dios por Jesucristo, podemos ejercitar e implementar justicia con los claros y oscuros de errores o subjetividades. En todo caso, ante cualquier contingencia, el reconocimiento de esos errores, el arrepentimiento si cabe, el pedido de perdón y la humildad de actitud, nos llevará de la mano a la única palabra emanada del cielo que se debe escribir con letras mayúsculas: JUSTICIA.

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Tirar Todos Para un Mismo Lado

1 Corintios 1: 10 = Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis toda una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer.

Todos hemos vivido esto alguna vez. Un grupo que empezó con ilusión. Con ganas. Con proyectos compartidos. Y, sin darse cuenta, algo se fue rompiendo. No fue una pelea grande. No fue un conflicto claro. Fueron pequeñas cosas. Palabras dichas sin cuidado. Silencios que se hicieron largos. Opiniones que dejaron de escucharse. Y un día te das cuenta de que ya no se camina igual. Se está juntos… pero no unidos. Hoy quiero hablar de eso. De lo que nos separa. Y de lo que, si queremos, todavía puede volver a unirnos.

Alguien supo decir alguna vez que, en muchos casos, las diferencias se vuelven como verdaderos muros. Sin embargo, y con todos los elementos en las manos, hay que estimar que las diferencias no son el problema. Nunca lo fueron. Pensar distinto es natural. Sentir distinto es humano. Ver la vida desde otro lugar es inevitable. El problema empieza cuando dejamos de ver al otro como persona y empezamos a verlo como obstáculo. Cuando creemos que, para que yo esté bien, el otro tiene que estar equivocado. Ahí nace la división. No de las ideas, sino del orgullo.

Ahora bien, la pregunta que se impone aquí, es: ¿Cómo se supone que se rompen los grupos? En principio, habrá que consignar que ningún grupo se rompe de golpe. Se rompe despacio. Primero dejamos de preguntar. Después dejamos de escuchar. Y finalmente dejamos de confiar. Cada uno empieza a defender su lugar. Su opinión. Su forma de ver las cosas. Y sin darnos cuenta, ya no caminamos juntos. Caminamos en paralelo. Cerca… pero separados.

Porque, quiero recordártelo, estar en unidad en algo o con alguien, de ninguna manera es sinónimo de ser iguales en algo o con alguien. Hay algo importante que necesitamos entender. Unidad no es uniformidad. Unidad no es que todos pensemos igual. No es que todos digamos lo mismo. No es que nadie cuestione nada. Unidad es algo más profundo. Es decidir que la relación vale más que ganar una discusión. Es entender que puedo pensar distinto… sin dejar de respetarte.

Te comparto una imagen ficticia, pero de origen real, que te lo puede explicar con mayor claridad.  Imagina una orquesta. Cada músico toca un instrumento distinto. Sonidos distintos. Ritmos distintos. Si todos tocaran lo mismo, no habría música. Habría ruido. La armonía no nace de ser iguales. Nace de escucharse. Cuando alguien deja de escuchar, la música se rompe.

Entonces, la gran duda en forma de pregunta, es: ¿Cuál sería la raíz real del conflicto?  La mayoría de los conflictos no nacen por falta de ideas. Nacen por falta de humildad. Por querer tener razón.
Por no querer ceder. Por miedo a perder control. Nos cuesta decir: “Tal vez no lo estoy viendo todo.” Y cuando nadie está dispuesto a dar ese paso, el grupo se fragmenta.

Somos dos y no pensamos de la misma manera. ¿Qué debemos hacer? Lo ideal sería pensar CON el otro, no CONTRA el otro.  Hay una diferencia enorme entre pensar distinto y pensar en contra. Pensar con el otro es buscar entender. Pensar en contra es buscar vencer. Uno construye. El otro destruye. La verdadera madurez no está en imponer. Está en dialogar.

Sin embargo, lo que realmente importa es que, en el fondo, todos queremos lo mismo. Ser escuchados. Ser respetados. Sentir que pertenecemos. Cuando eso se pierde, ninguna idea alcanza para sostener un grupo. Las comunidades no se mantienen por acuerdos perfectos. Se mantienen por relaciones cuidadas.

¿Y como aplicamos todas estas cosas a nuestra vida?  Piensa en tu entorno. En tu familia.
En tu trabajo. En tus amistades. ¿Dónde se dejó de escuchar? ¿Dónde se empezó a hablar más fuerte en lugar de hablar mejor? Tal vez hoy no hace falta resolverlo todo. Tal vez solo hace falta un gesto. Escuchar sin interrumpir. Responder sin atacar. Mirar sin juzgar.

Reconstruir no es fácil. Requiere paciencia. Requiere humildad. Requiere renunciar a tener siempre la última palabra. Pero es el único camino que no deja heridas. Tal vez no podamos pensar siempre igual. Tal vez nunca lo hicimos. Pero siempre podemos elegir algo más importante. No rompernos por dentro.
No perder el respeto. No dejar de caminar juntos. Porque cuando todos tiramos para el mismo lado, aunque seamos distintos… algo profundo se ordena.

Hablar de unidad espiritual no es hablar de uniformidad, ni de pensar todos igual, ni mucho menos de usar el mismo vocabulario religioso o cantar las mismas canciones. La unidad espiritual es algo más profundo, más silencioso y, curiosamente, más poderoso. No se impone, no se fabrica y no se decreta en una reunión: se vive.

La Biblia no presenta la unidad como una estrategia organizacional, sino como una realidad espiritual que nace del corazón transformado. Jesús no oró para que todos fuéramos idénticos, sino para que fuéramos uno, “como el Padre y el Hijo son uno”. Eso ya nos dice algo importante: la unidad no anula la diversidad, la abraza.

En lo espiritual, la unidad no empieza cuando estamos de acuerdo, sino cuando decidimos amar aun cuando no lo estamos. Porque seamos sinceros: si la unidad dependiera de que todos pensemos igual, el cristianismo habría durado aproximadamente quince minutos… y con suerte.

Dios nunca tuvo un problema con la diversidad. De hecho, la creó. Hay días, noches, montañas, desiertos, personas tranquilas y personas que hablan antes de pensar (todos conocemos al menos una). El problema no es la diferencia, sino el orgullo que no sabe convivir con ella.

La Biblia usa una imagen brillante: el cuerpo. Un cuerpo con solo manos sería inútil, y uno lleno de ojos sería bastante inquietante. Cada parte es distinta, pero todas dependen de la misma vida. La unidad espiritual ocurre cuando dejamos de competir por protagonismo y empezamos a celebrar la función del otro. No se trata de quién predica mejor, ora más fuerte o canta más afinado. Se trata de quién ama más fielmente.

Curiosamente, la mayor amenaza para la unidad espiritual no es el error doctrinal, sino el ego inflado con versículos bíblicos. Nada rompe más la comunión que una verdad usada sin amor. La Biblia es clara: se puede tener razón y estar completamente fuera del espíritu de Cristo.

La unidad espiritual exige humildad, y la humildad es una de esas virtudes que desaparece justo cuando creemos que ya la tenemos. Requiere escuchar, ceder, pedir perdón y, en ocasiones, callar… lo cual, para algunos, es un milagro mayor que la multiplicación de los panes.

La verdadera unidad espiritual no necesita demasiadas explicaciones, porque se nota. Se nota cuando hay respeto, cuando hay gracia para el que falla, cuando nadie es descartable. Se nota cuando la comunidad se parece más a una mesa compartida que a un tribunal. Jesús no construyó su comunidad alrededor de personas perfectas, sino de personas dispuestas.

La unidad no consiste en que nadie se equivoque, sino en que nadie quede solo cuando se equivoca. En un mundo fragmentado, polarizado y agotado de peleas, la unidad espiritual es un testimonio contracultural. No grita, no se impone, pero atrae. Cuando personas distintas caminan juntas con amor genuino, el mensaje del Evangelio se vuelve visible.

La unidad no significa ausencia de conflictos, sino presencia de reconciliación. No significa que nunca haya tensiones, sino que el amor siempre tiene la última palabra. La unidad espiritual comienza con decisiones pequeñas: escuchar antes de responder, amar antes de juzgar, entender antes de corregir. Comienza cuando dejamos de preguntar “¿quién tiene razón?” y empezamos a preguntar “¿cómo reflejamos mejor a Cristo juntos?”.

Al final, la unidad no es un logro humano, sino una obra del Espíritu en corazones dispuestos. No es algo que se exige, sino algo que se cultiva. Y cuando se vive, transforma comunidades enteras en espacios de gracia, verdad y esperanza. Porque la unidad espiritual no nos hace iguales. Nos hace hermanos. Y eso, en un mundo dividido, ya es un milagro.

Ahora te voy a compartir diez versículos, seleccionados entre otros, que nos hablan de esta forma de unidad posible, factible y necesaria para el pueblo de Dios en sana convivencia. Son textos que, seguramente, tienes que haber leído decenas de veces, pero que quizás nunca lograste verlos del modo en que luego de acceder a lo dicho, podrás verlos hoy.

  1. Juan 17:21 = Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.

La unidad no significa que todos sean iguales, sino que aprendan a caminar juntos. Así como una familia puede tener opiniones distintas y aun así permanecer unida, la comunidad cristiana está llamada a cuidarse y respetarse mutuamente. La gran pregunta que deberías formularte, es:  ¿Estoy buscando más tener la razón o cuidar la relación con los demás? ¿Contribuyo a la unión o, sin darme cuenta, a la división? Porque, en definitiva:  ¿Qué cosas nos unen como comunidad? ¿Qué actitudes podrían ayudarnos a parecernos más a una familia que se apoya?

  1. Efesios 4:3 = Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;

La unidad requiere trabajo. No se mantiene sola. Se cuida con paciencia, diálogo y decisiones conscientes de actuar con calma y respeto, incluso cuando hay desacuerdos. Debes preguntarte si estás dispuesto a esforzarte por la paz, aun cuando implique ceder o escuchar más. ¿Tienes claro si algunas Situaciones te han generado tensión? ¿Cómo podrías enfrentarlas de una manera más pacífica?

  1. 1 Corintios 1:10 = Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer.

Las divisiones suelen surgir cuando cada persona se encierra en su punto de vista. La armonía aparece cuando se valora más el bien común que la opinión individual. Podrías formularte estas preguntas: ¿Escucho realmente a los demás o solo espero mi turno para hablar? ¿Cómo podemos mejorar nuestra forma de dialogar cuando no pensamos igual?

  1. Salmos 133:1 = ¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es Habitar los hermanos juntos en armonía!

La unidad no solo es correcta, también trae bienestar. Donde hay unión, hay confianza, apoyo y un ambiente sano para crecer juntos. ¿Cómo me siento cuando hay unidad a mi alrededor? ¿Qué puedo hacer para cuidarla? ¿Qué momentos de verdadera unidad hemos vivido juntos? ¿Qué los hizo especiales?

  1. Colosenses 3:14 = Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. Hay una versión que lo dice así: Por encima de todo, practiquen el amor, que mantiene todo unido.

El amor es la base que sostiene cualquier comunidad. No es solo emoción, sino acciones diarias: respeto, comprensión y ayuda mutua. ¿Mis palabras y acciones reflejan amor, incluso cuando estoy cansado o molesto? ¿Qué gestos concretos de amor podríamos practicar más entre nosotros?

  1. Romanos 12:5 = Así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. 

Cada persona es importante. Nadie sobra. La diversidad no debilita la unidad; la enriquece cuando se reconoce el valor de cada uno. ¿Valoro mi aporte y también el de los demás, aunque sea diferente al mío? ¿Qué talentos o fortalezas vemos en cada persona del grupo?

  1. Gálatas 3:28 = Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

Las diferencias sociales, culturales o personales no deben ser barreras. La unidad nace cuando todos son tratados con la misma dignidad y respeto. ¿Hay alguien a quien, consciente o inconscientemente, considero menos importante? ¿Cómo podemos ser un espacio donde todos se sientan incluidos y valorados?

  1. Filipenses 2:2 = Completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa.

Compartir un mismo sentir no es pensar igual, sino preocuparse por el bienestar del otro. La unidad crece cuando hay empatía. ¿Me importa realmente lo que el otro está viviendo? ¿Cómo podemos apoyarnos mejor en momentos difíciles?

  1. 1 Pedro 3:8 = Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables;

La unidad se construye con actitudes simples pero poderosas: comprender antes de juzgar, ayudar sin esperar algo a cambio y reconocer que nadie lo sabe todo. ¿Cuál de estas actitudes necesito fortalecer más?¿Qué cambios pequeños podrían mejorar nuestra convivencia?

  1. Hechos 4:32 = Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común. 

La unidad verdadera se nota en los hechos. Compartir tiempo, recursos y apoyo muestra que nadie está solo y que todos importan. ¿Estoy dispuesto a compartir lo que tengo para el bien de otros? ¿Qué necesidades existen entre nosotros y cómo podemos responder juntos?

La unidad es como ese pegamento invisible que mantiene todo en su lugar. No es solo un concepto bonito que aparece en discursos o en canciones patrióticas; es una herramienta práctica, un recurso cotidiano que puede cambiar la vida de cada uno de nosotros. Cuando hablamos de unidad, no hablamos de uniformidad ni de borrar diferencias. Al contrario, se trata de reconocerlas y de construir sobre ellas.

En lo social, la unidad nos recuerda que cada gesto cuenta. Un saludo amable, un apoyo sincero, una escucha atenta: son hilos que tejen redes de confianza y amistad. No necesitamos ser gigantes ni héroes para hacer que nuestra comunidad funcione mejor; basta con sumar pequeños actos que muestren que nos importamos entre todos.

En lo político, la unidad no significa que todos pensemos igual, sino que podemos coincidir en lo esencial: el bienestar común. Es como un equipo de fútbol: cada jugador tiene su estilo, pero todos corren hacia el mismo arco. Sin esa coordinación, los partidos se pierden, y lo mismo ocurre con cualquier proyecto colectivo.

En lo artístico, la unidad aparece cuando diferentes talentos se encuentran y crean algo más grande que la suma de sus partes. Una canción, una obra de teatro, una pintura colectiva: nada de esto surge del aislamiento. Cada idea, cada trazo, cada nota se enriquece con la presencia del otro, y la magia está en la colaboración.

En lo deportivo, la unidad se hace visible de manera casi tangible. Basta con mirar un equipo que se entiende con una mirada, que celebra las victorias y aprende de las derrotas juntos. Allí no importa quién mete el gol, sino que todos empujan en la misma dirección. Y fuera del estadio, ese mismo principio nos enseña que compartir metas y apoyarnos unos a otros hace cualquier desafío más llevadero.

En el ámbito familiar, la unidad es la base de todo hogar. No se trata de perfección ni de evitar conflictos; se trata de estar presentes, de escucharse, de sostenerse. Incluso los desacuerdos se vuelven menos dolorosos cuando hay un compromiso común de cuidado y respeto. Una familia unida no es la que siempre está de acuerdo, sino la que se mantiene unida pese a las diferencias.

La unidad también tiene humor. Sí, porque nada une más que reírse juntos de los errores, de los tropiezos, de las pequeñas ironías de la vida. Esa risa compartida es una chispa que ilumina cualquier vínculo y nos recuerda que, al final, estamos en el mismo barco, aunque cada uno tenga su remo.

Además, la unidad es práctica. No es un ideal abstracto; es una estrategia que funciona. Los proyectos avanzan más rápido, los conflictos se resuelven con menos desgaste, y la vida cotidiana se vuelve más llevadera cuando nos apoyamos mutuamente. Por eso, invertir en unidad es invertir en eficiencia y en felicidad.

Sin unidad, cada esfuerzo es aislado y limitado. Con unidad, incluso lo más pequeño puede generar grandes cambios. Una comunidad que se une, una familia que se sostiene, un equipo que se coordina, un grupo de artistas que colabora: todos multiplican su fuerza y su impacto.

Al final, la unidad no es un acto heroico ni un sacrificio doloroso. Es una elección diaria, simple y concreta: escuchar más, ayudar más, compartir más. Es un recordatorio de que todos tenemos un papel que jugar, y que juntos podemos alcanzar metas que solos serían inalcanzables.

Así que, en todos los terrenos de la vida, desde lo familiar hasta lo social, lo político, lo artístico y lo deportivo, la unidad no es solo conveniente: es necesaria. Y si además le ponemos un poco de humor y cariño, el viaje se hace más ligero, más agradable y mucho más humano.

Unidad no es perfección, es acción; no es homogeneidad, es colaboración; no es sacrificio, es inteligencia práctica. Y cuando logramos eso, descubrimos que el mundo funciona mejor, que las relaciones se fortalecen y que incluso los desafíos más grandes parecen más fáciles de enfrentar.

Así que valoremos la unidad, no como un concepto lejano, sino como una herramienta cotidiana, capaz de transformar nuestras vidas y las de quienes nos rodean. Porque unidos, todo es posible… y, de paso, nos reímos un poco más del caos que nos rodea.

Es como ver a un carro atascado en el barro sin poder moverse. Todo nos daría igual, si no fuera porque en ese carro está almacenada la comida para todos. ¿Qué cabe, entonces? Juntarnos, tomar las varas del carro atascado y, de una vez por todas, tirar todos para el mismo lado. Después si quieres lo analizamos, pero lo primero es lo primero.

La unidad en el Espíritu no es una opción, sino un llamado divino que nace del corazón de Dios. Desde el principio, el Señor se reveló como comunión perfecta, invitándonos a reflejar Su naturaleza. Jesús oró para que fuéramos uno, como Él y el Padre son uno, mostrando la profundidad de ese deseo. Esta unidad no se construye desde la carne, sino desde la obra viva del Espíritu Santo.

No es uniformidad de pensamiento, sino comunión en el amor y en la verdad. Cuando caminamos en el Espíritu, aprendemos a ver al otro como Dios lo ve. La división nace del orgullo, pero la unidad florece en la humildad. El Espíritu nos enseña a escuchar antes de juzgar y a amar antes de corregir. En la unidad espiritual, el cuerpo de Cristo encuentra fuerza y dirección. Separados nos debilitamos, pero juntos somos edificados como templo santo.

Dios no habita en la contienda, sino en los corazones que buscan la paz. La unidad es testimonio vivo para un mundo herido y fragmentado. Cuando el Espíritu gobierna, las diferencias dejan de ser muros y se vuelven puentes. Amar al hermano es una señal clara de que Dios permanece en nosotros. No podemos decir que amamos a Dios si despreciamos a quienes Él ama. La cruz nos iguala a todos y nos recuerda nuestra dependencia de la gracia.

En el Espíritu aprendemos a cargar las cargas unos de otros. La unidad requiere muerte al yo y rendición sincera a la voluntad divina. Dios nos llama a guardar la unidad, no a fabricarla con nuestras fuerzas. El Espíritu es el vínculo perfecto que nos mantiene unidos en Cristo. Allí donde hay unidad, Dios envía bendición y vida eterna. La iglesia unida refleja con mayor claridad la gloria de su Señor. La verdadera espiritualidad siempre produce reconciliación y comunión.

Caminar en el Espíritu es elegir el amor aun cuando cuesta. La unidad nos forma, nos corrige y nos madura en la fe. En ella aprendemos a perdonar como hemos sido perdonados. Dios se glorifica cuando Su pueblo vive en armonía espiritual. La unidad no elimina el dolor, pero lo transforma en esperanza compartida. En el Espíritu somos muchos miembros, pero un solo cuerpo. Vivir en esta unidad es obedecer a Dios y manifestar Su Reino en la tierra.

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Nuestro Enemigo Más Grande

Si mucho de lo que hoy estás leyendo en tu Biblia se contrapone con lo que por años te han enseñado, no te quejes conmigo, quéjate con el libro. Es una transición desde la conciencia religiosa a la mentalidad de Reino, y eso no lleva ni un día ni dos lograrlo, es un proceso y se toma su tiempo. Y que conste algo muy importante: si es complicado guiar a un pueblo a transicionar entre esos puntos, mucho más lo es si quien lo intenta, también está transicionando.

Es imperativo salirnos de esa vida casual y normal que llevábamos y entender que debemos pagar el precio para producir ese cambio. Es tiempo de terminar con esa hambre y sed antiguos sobre cosas emocionales, y destinar horas que antiguamente se dedicaban al descanso, a incursionar y escudriñar sobre las escrituras, pero ahora de verdad y no simulado, tal como cada uno de nosotros lo hemos tenido que hacer inmediatamente después de haber nacido de nuevo.

Es imperativo que entiendas que, la doctrina que has estado recibiendo hasta hoy, si bien puede haber sido buena en su esencia, evidentemente no ha sido suficiente como para sacar al diablo de tu ciudad. De hecho, no estamos hablando de una nueva doctrina o una nueva enseñanza, sino de la primaria que trajo Jesús mismo y que, por distintas razones que nadie ignora, ha sido oscurecida por el propio pueblo. Entiende: no es algo que alguien escribió ayer, es algo que siempre estuvo allí.

Es indispensable comenzar a leer nuestras Biblias en texto y contexto, abrazando el corazón de lo que Dios está diciendo, y no simple y meramente la letra. Hay gente que me dice que lo vio, pero que no termina de creerlo. ¿Y a mí que me dice? ¡Dígaselo a Él! Otros me dicen que lo pueden ver, pero que todavía no lo están entendiendo. Muy bien, sigan leyendo, entonces. El que crea que lee la Biblia una sola vez y ya se la sabe, se equivocó de libro.

Lo cierto es que, si hemos interpretado correctamente el evangelio de Dios, de ninguna manera lo podemos separar del Reino. Porque tal como fue dicho por Juan y luego por Jesús, el verdadero y único evangelio existente es el evangelio del Reino. A ver si nos entendemos y abandonamos la fraseología religiosa. Cuando digo evangelio del Reino, me estoy refiriendo a enseñarte y hablar rato largo de las buenas nuevas de ese Reino. Eso significa evangelio.

En principio, te voy a pinchar un enorme globo inflado durante años por la religión, y es el llamado fin del mundo, donde se nos ha dado a entender que, cansado de todas nuestras atrocidades, un día próximo Dios se aparecerá y arrasará con todo el planeta sin dejar ni una mísera hojita de cedrón en pie. ¿Sabes qué? ¡Esa es una barbaridad de marca mayor a poco la examinas desde la propia palabra! ¿Puede Dios decidir arrasar con un planeta que Él mismo creó y llamarle a eso, buenas nuevas?

Es necesario que entendamos todos, legalmente, lo que son justamente los términos legales de nuestra existencia. Si no tenemos términos legales operando en la tierra, jamás tendremos éxito tratando de restaurarla. Lo que ha de restaurarse es el Reino de Dios y, cuando el Reino de Dios fluya a perfección dentro de las tinieblas, eso creará un estandarte visible e indestructible. Ojo porque cuando hablamos de restaurar no estamos hablando de calles de oro sin pecadores en ellas. No. La palabra dice que las cosas se pondrán peores, ¿No es así?

Cuando el pueblo de Dios pueda mostrarse al mundo como solución a todos sus problemas, será cuando Dios le diga en voz alta: ¿Has visto a mi siervo Job? Pero mientras eso no suceda, ni se te ocurra pretender juzgar a los incrédulos. ¿Cómo vas a juzgar la lujuria del mundo si hay lujuria dentro de lo que llamamos iglesia? No podemos salir a decir que la política es sepulcro blanqueado e hipocresía, si sigue habiendo notoriamente política religiosa en los templos.

Parece repetitivo y hasta abrumadora esa repetición, pero creo que es tiempo en que el pueblo de Dios comience a pensar con esa mente que le ha sido dada y abandone esa automatización de ideas que la religión metió en sus cabezas. Dios nos creó a su imagen y semejanza, ¿Verdad? De acuerdo, ahora: ¿Cuántos de ustedes están en condiciones fundamentadas de decirme para que nos creó? ¿Cuál es la misión o tarea del hombre según el primario diseño divino?

Nosotros nos llenamos nuestra boca religiosa hablando de la iglesia, ¿Y sabes qué? ¡No tenemos claro para nada lo que ella representa o significa! La palabra original, que es eklesia, habla de asamblea o cuerpo de representantes de cierto pensamiento político o ideológico. ¡Iglesia no tiene nada que ver con religión! Nabucodonosor allá en Babilonia tenía una iglesia. Asiria tenía una iglesia. ¡El diablo tiene una iglesia! Es un cuerpo de representantes de la constitución del gobierno que lo envía.

1 Corintios 15: 24 = Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, (A eso viene, a entregarlo) cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. (25) Porque preciso es que él reine (O sea, está reinando y continúe reinando) hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Aquí nos da una característica de nuestro empleo, que es suprimir. La palabra suprimir es excluir, renovar o descartar, anular efectividad, desplazar, prohibir influencia, controlarlo.

O sea que tenemos que anular, desplazar, descartar y controlar todo dominio, toda autoridad, toda potencia. Tres dimensiones. Dominio, autoridad, potencia. Muy parecido a Efesios 6, principados, potestades, gobernadores, huestes de maldad. Estos afectan las tres áreas del cuerpo. Afectan sus costumbres, su estilo de vida. Los principados le dan la tonalidad a la ciudad. También afecta la filosofía y el alma de la ciudad, la educación.

Pero también afecta el cuerpo, las acciones de los hombres y lo que manifieste la ciudad. Recuerden que estos principados le dan tonalidad a las naciones y nuestra lucha no es contra carne ni sangre. Y que para cambiar las acciones del hombre, primero hay que cambiar las filosofías que rigen la vida del hombre. Es imposible vencer un principado sin atacar antes una filosofía. Porque un principado, entiende, es un poder tras un principio. Puedes orar hasta que la cara se te ponga verde, pero si no atacas el principio, el principado sigue teniendo un trono.

Toda ciudad tiene tres dimensiones, es igual al hombre. Tiene espíritu, la dimensión y ámbito espiritual, la tonalidad religiosa de la ciudad. Regiones celestes de la misma. La ciudad tiene alma, el asiento de la educación. Decisiones burocráticas, filosofías. Y tiene cuerpo. La infraestructura, el estilo hogareño y las acciones d los hombres dentro de la misma. De manera que para afectar o tomar una ciudad, tendríamos que obedecer a nuestro propósito, el cual es anular todo dominio, principio y potestad.

¿Pero dónde? En la esfera espiritual de la ciudad, en el alma de la ciudad y en el cuerpo de la ciudad. No vas a vencer sin atacar el hombre completo. Regiones celestes, sistemas religiosos, formas de religión que niegan el poder. ¡Es que no sé qué hacer, hermano! Es que no tienes coraje, porque sabes muy bien lo que tienes que hacer. Si tú sabes lo que tienes que hacer, pero te sientes como que no puedes tomar la decisión, entonces déjame decirte que tú estás controlado.

Tenemos que poseer las puertas de la ciudad y, al mismo tiempo, atacar tres generaciones. Jóvenes, adultos y niños. Si sólo afectamos un nivel, eso no sería avivamiento, sino apenas un simple despertar. Un avivamiento es un ataque divino a la sociedad y arrasa con la humanidad, tanto religiosa como secular. Si no podemos impartir el mismo celo en tres generaciones, de aquí a poco tiempo deberíamos tener que volver a comenzar.

Obviamente que, si somos egoístas y no podemos ver mucho más allá de cuatro o cinco años, y confiamos en que Cristo nos va a sacar a todos en una gran fuga, escape o rapto, entonces este mensaje no es para ti. Pero si hemos estado un poco equivocados en nuestra doctrina y a través de la palabra hemos visto que tenemos mucho que aprender, y sólo nos hemos equivocado por algunas horas, y le toque a tu hijo crecer en la ciudad, me pregunto dónde irás a vivir.

O bajo qué régimen gubernamental tendrás que existir. Cerrar la brecha entre las generaciones, preparar a la juventud espiritualmente lo sabemos hacer. Les decimos que no hagan, no toquen, no se pinten, no miren y no salgas con. Creemos que eso es espiritual, pero no lo es. Pero nos falta la educación y la preparación académica, para que sean los líderes sociales del mañana, si acaso Cristo tardare, estamos preparados.

Y físicamente, para sobregirar el ataque de la sociedad del mañana. Significa entonces, que los púlpitos de estos últimos diez años, tienen que producir mensajes con singularidad de objetividad. Tienen que estar llenos de propósito y dirección. O sea: ¡Tienes que tener algo qué decir! El pueblo se divide en tres rangos: guerreros, adoradores e implementadores. Hay un mensaje espiritual para cada uno y un resultado posterior a ese mensaje. Si no lo vemos es porque no está siendo entregado.

Creyentes convertidos en modelos donde la juventud secular tenga donde mirarse e imitar. Si eso no sucede, todo lo que digamos es pura sanata religiosa. La iglesia tiene que ser el modelo para una nación. Así que voy a preguntarte: ¿Cuántas personas conoces que desean parecerse a ti? Si existe una o más de una, estás caminando por el sendero adecuado. Si no conoces a ninguna, mucho me temo que sólo estás mostrando palabras, sermones, discursos y simulaciones.

A veces, ni siquiera tus hijos desean parecerse a ti. Y sin embargo, eso era lo que leemos en nuestras Biblias que ocurría en aquellos tiempos primarios. Los padres eran los modelos exactos para los hijos en crecimiento. Ahora bien; para que todo esto pueda ser una realidad palpable, tienes que saber la gran verdad de todas las verdades: quien es el enemigo real de tu ciudad. O sea: cual es la raíz contra la cual tú batallas. Por eso es tiempo de ir al principio y tomar puntos de referencia allí.

Génesis 1: 26 = Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. (27) Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. (28) Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. 

Dios nos hace a su semejanza. Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo. O sea que, en semejanza al Padre, tienes dominio, señorío, autoridad y poder creativo. En semejanza al Hijo, tienes capacidad de sujeción y de sumisión. Y como Espíritu, administrador y siervo del Reino de Dios. Estás hecho conforme a la deidad y Dios te ha dado todo lo necesario para poder cumplir con todo lo exigido. Luego comienza a impartir, en las cortes celestiales.

Tiene Adán y Eva, varón y varona, un solo espíritu, un solo género, y los bendice. E imparte en sus vidas, señorío, dominio, poder pionero. Porque para conquistar, tienes que tener espíritu pionero. Y lo imparte. Cuando Dios habla, no sugiere. Dios habla y su palabra crea. Cuando Él dice tened dominio, no te está exigiendo dominio, te acaba de dar dominio. Es parte de tu naturaleza querer conquistar. Es parte de tu naturaleza querer dominio. Es parte del núcleo del ser humano, querer controlar algo.

Dios lo puso allí, no Satanás. Y esto es muy importante, porque cuando llegas a la iglesia, lo primero que te hacen es tratar de sacarte todo eso. No hay cosa que produzca más rechazo que ver a un hombre fuerte y rudo en la calle, que cuando llega a la iglesia y se convierte, se transforma en una especie de mariposa escuálida asexual sin género visible. Bien lo dijo el profeta: nos tratamos con gentileza los unos a los otros. Pero a Satanás, si le pasas la mano acariciándolo, te la arranca.

Pone al hombre en el huerto y lo llama el Edén. Porque el Edén, literalmente significa “casa de Adam”. Que es como decir, “ser humano”. Humus. Tierra. Eso me dice a mí y te dice a ti que la tierra es la casa del hombre, no el cielo. Entonces el Edén se convierte en la maqueta o el prototipo, el ejemplo, la simiente. Dios no empieza por el principio, Dios empieza por el fin. Dios no experimenta, Él tiene una maqueta ya terminada. Ese es el Edén. Y pone al hombre en el Edén, que es como decir, en su casa.

Y le dice que lo cuide y lo guarde, que proteja ese ambiente. Pero sojuzga, sal de él y conquista, expándelo, llena la tierra. De manera que el Edén no puede ser todo el planeta, porque no habría nada qué sojuzgar. Había caos, y puso al hombre allí e incrustó en él un espíritu pionero, le dijo que proteja el jardín y que salga y conquiste, pise, posea y llene la tierra. Obvio, estoy hablando de propósito, no de doctrina. Esto está más allá del protestantismo. Yo no estoy protestando nada.

No sé como a nosotros se nos vendió las figuras de un hombrecito y una mujer, con minúsculos taparrabos, con una cara de asombro y una expresión de yo no sé lo que estoy haciendo aquí. Esa fue la foto que compramos. Eso fue lo que aprendimos, y estaba bien cuando éramos niños como cuerpo, pero resulta que ya no somos niños en el cuerpo. Dios nos está demandando madurez, que es tiempo de salir y cortar con ese antiguo cordón umbilical carnal.

Durante mucho tiempo esa leche fue mi alimento, pero hoy ya no me sacia. No sé por cuanto tiempo Adán y Eva estuvieron reinando, pero sí sabemos que estaban cubiertos de la gloria. Tenían visión, propósito y objetividad y estaban equipados para expedirse. Es probable que hayan estado un tiempo considerable antes de su caída. En contra de todo lo que hemos aprendido. Pero Dios, aunque no lo escribe, nos lo da a entender.

¿Se acuerdan cuando el hombre cae y Dios comienza a decir el resultado de la caída, tanto al hombre como a Satanás y como a la mujer en Génesis 3? Allí le dice a la mujer: multiplicaré en gran manera el dolor de tus preñeces. Escucha. Dios, siendo tan inteligente, esa maldición no tendría ninguna validez si la mujer nunca hubiera estado preñada antes. Porque ella no hubiera entendido lo que se le dijo. ¿Qué importancia puede tener para mí sufrir dolor en mis preñeces si nunca estuve preñada? No sé lo que es, nadie me ha dicho. Nunca he dado a luz.

¡Es que a mí me dijeron que Adán fue el primero, y que después vinieron Caín y todos los demás! No sé, mira Génesis 3:20: Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes. Ajá, y Caín no había nacido todavía. ¡Es que somos tan religiosos! ¡Perdónanos Señor, por leer el libro como si fuera un libro de historia! Aprende esto: Dios nunca te escribe todo, siempre te deja algo para que si buscas, encuentres. Por eso te manda escudriñar.

No es importante. No importa si eran uno o mil. Caen igual. Pero pierden el derecho a, pero no pierden el deseo de. Ahora no tienen permiso legal para conquistar, pero no pierden el deseo de conquistar, porque lo llevan por dentro. Esto es importante porque es el principio del humanismo. El hombre pierde el derecho y la autoridad, pero todo lo que es, sigue siendo. No te estoy enseñando algo de hace mil años, te estoy mostrando cual y quien es tu enemigo hoy.

Es como que perdió el título de propiedad, pero no el deseo de poseerla. Es como si eres un niño y le sacas el teléfono de última generación a tu papá y vas y lo cambias por un peluche. Tú llegas contento con tu peluche y tu papá está loco buscando el celular. Adán… ¿Y el dominio? – Ehh lo cambié. – ¿Cómo que lo cambiaste? – EH, sí, tengo una manzana… ¿Te imaginas a Dios devolviéndole la manzana a Satanás y reclamándole el dominio de la tierra?

Dios había delegado su autoridad en el planeta en un hombre, y ahora no podía entrar como espíritu ilegal a la tierra para producir otro. Ahora Dios está obligado a elaborar un plan majestuoso. Tiene que elaborar una réplica que sea capaz de recuperar el título de la propiedad perdida. Por medio de la desobediencia, el hombre le quita a Dios el poder de reinar sobre su vida. Ahora Dios tiene que tomar una simiente de otro lugar e introducirla en el planeta, para hacer lograr otro cambio legal con Satanás, porque Dios es justo.

El hombre en control de la tierra, sin Dios. Humanismo. No es nuevo esto, es antiquísimo. Es el trono del Ego, es el 666. Es el anticristo, o lo opuesto al orden de Cristo, reinando en el espíritu, en las decisiones y en las acciones del hombre. Y mientras nosotros estamos esperando al anticristo, él se está tragando viva a la tierra. Y está sentado en el trono dentro del templo de Dios. Es por eso que hay tanta rebelión en familias, matrimonios y negocios.

Es por eso que existe el legalismo en las iglesias, y juntas manipuladoras y líderes controladores. Y eso es tanto en los creyentes rasos como en las posiciones de mando. Es por eso también que hay división eclesiástica. Es por eso que hay guerra de doctrinas. Es por eso que existen tantas denominaciones nacidas a partir de una discusión por un punto doctrinal en disputa. Y no nacieron para glorificar a Dios, sino para decir ¡Yo tenía razón!

Esto no es controversia. Tampoco es una filiación religiosa ni persuasión doctrinal, Yo estoy hablando de Dios, su propósito y de un enemigo común. Es tiempo de volver al origen de nuestra existencia. Somos testigos de su resurrección. Él está vivo y reina hoy a través tuyo. Su reinado se extiende hasta donde tú lo extiendas. Somos sus manos, somos sus pies, somos su voz, somos sus ojos, somos su embajada. La imagen de Dios en la tierra, es su cuerpo.

Y la opinión de Dios ante las naciones, es su testimonio. Y si al mundo no le gusta la iglesia, es porque tú no le agradas al mundo. ¿Y entonces? ¿Contra quien estamos batallando? Génesis 3:1 dice: Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: (Paréntesis. No es importante saber si la culebra andaba parada de rabo. No es importante saber si la serpiente tenía dos patas. Es importante tratar de buscar aquello que no fue explicado. Pero hay algo que sí está escrito, fue un factor dado. La serpiente es un animal, no un espíritu). Conque Dios os ha dicho: ¿No comáis de todo árbol del huerto? 

La serpiente es un animal, no es un espíritu. Dice que era la más astuta, ¿De? Todos los animales del campo. Animal. Diablo no es un espíritu. Diablo es todo aquel que se deje influenciar por un espíritu maligno. Humano o animal. ¿Y sabes qué? Judas era diablo, y estaba con Jesús, era parte de los doce. ¿Y sabes qué? Hoy sigue habiendo mucho diablo en lo que se llama iglesia. Y no te hablo del mundo porque allí no es novedad su presencia.

Y entonces Dios dijo que tenia que corregir eso: Verso 14: Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Esta es la razón por la que Cristo tenía que venir. ¡Es por el propósito original en Génesis! No tenía nada que ver con reino judío, ¡El enemigo aquí era Satanás! ¡Y la promesa de traer un rey era para sustituir su reinado!

No uno nacional, literal y político. Aquí no hay Israel ninguno. El único que había acaba de caer. Y trae una palabra, una profecía de doble referencia. Algo que habla de un hoy literal, físico y proyecta un principio futurista y espiritual. Dios habla así en la Biblia. Tienes que aprender a separar cuando Él transforma su hablar. Y dice, verso 15: Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.

La palabra traducida como mujer, aquí, es la palabra varona. Y eso significa hombre, humanidad. ¿Y cuantos saben que hay una profunda enemistad entre los hombres y las serpientes? Establece una guerra eterna entre dos reinos. La simiente de Satanás, Lucifer, y la simiente de la mujer. Y si bien Jesús no nace por voluntad de hombre, María pone su vientre a disposición y lo convierte en simiente. Ella provee el niño, Dios nos da el Hijo.

Creer cualquier otra cosa judaizante, equivale a decir que Cristo no ganó. Sin embargo, la simiente de la mujer va a herir la cabeza de Satanás, su ordenamiento, su autoridad. No es una calavera, son las puertas de la ciudad. Y las puertas de la ciudad son el gobierno de un reino. Somos simiente de Abraham. En Cristo Jesús somos hijos de Dios, una extensión de la simiente. Por eso dice Apocalipsis que los hijos de la mujer que guarden testimonio, tienen guerra contra el antiguo Satanás, el dragón.

La palabra simiente, en el original hebreo, significa semilla, grano, linaje y semen. Es lo que produce hijos. O sea: una unidad con potencial procreativo. Lo que Dios hace, como obligación legal, es introducir en la tierra una simiente de otro lugar, de manera tal que el enemigo no se entere de quien es este que llega. La propia palabra nos dice que si Satanás hubiera sabido que Jesús era quien era, no lo hubiera hecho crucificar. Ninguno de los príncipes sabía.

Por eso es que a veces ni la iglesia alcanza a entender el Antiguo Testamento. No se dan cuenta que lo que tienen que entender es a Génesis, y entonces todo el resto comienza a hacer sentido. Caín mató a Abel, y Abel fue sustituido por Set, que significa simiente de otro lugar. En casos muy puntuales la tipología es auténtica y nada tiene que ver con fantasías místicas. Sara fue estéril, simiente de otro lugar. Rebecca fue estéril, simiente de otro lugar. Raquel fue estéril, simiente de otro lugar.

Eso produce doce tribus llamadas Israel. Pro el profeta dice que Israel trató de dar a luz pero que solo dio a luz viento. Fue estéril. La simiente viene de otro lugar. No vino por Leví, vino por Judá. María fue virgen, simiente de otro lugar. No por voluntad de hombre ni de carne nace la iglesia. Simiente incorruptible, simiente de otro lugar. Nacidos de arriba, no nacidos de abajo. Somos la simiente destinada a derrotar el gobierno de la simiente de Satanás.

Por eso no puedes ser ni argentino, ni mexicano, ni colombiano, ni español ni nada y decir que aquí se hace así. Porque tú no eres de aquí y, hasta que no dejes de ser de aquí, no vences. Yo no me parezco a casi ninguno de los predicadores argentinos, ¿Sabes por qué? ¡Porque no soy argentino! ¡Soy nacido de arriba! ¡Soy simiente de otro lugar! ¿Y la simiente de Satanás? ¡Qué problema! ¡Los espíritus no se procrean! ¿Quién es el enemigo, si el espíritu no tiene semen?

¿Cuál es la raíz que en verdad tenemos que derrotar? Tú, Señor, das victoria sobre principados y potestades. Todos los demás, son demonios. Yo no peleo con demonios, yo soy simiente de otro lugar. ¿Dónde está la simiente que fue destinada a pelear conmigo? La derrotamos a ella, y los demonios quedan sujetados. Caín construyó la primera ciudad de la Biblia, en contra de la voluntad de Dios. Hoy, una enorme mayoría elige vivir en grandes ciudades. Sin embargo, desde el aire, lo que más se observa es tierra sin habitantes.

Dios había dicho “llenad la tierra”. Caín dijo no, nos quedamos aquí. ¿Sabían ustedes que todas las religiones, al este de Mesopotamia, donde estaba el huerto, son religiones anticristianas? Caín salió y dijo: yo voy a adorar a Dios como me de la gana. Y de allí para allá, todo es anticristo. Todas las religiones de allí hacia el este, no son cristianas. La raíz, rebeldía. Cuando la ofrenda, como decía un predicador paisano mío, Dios quería un asado argentino y Caín le trajo una ensalada…

Y Dios le dice: ¡No me gusta la ensalada! ¡Yo quería un churrasco! Pero no lo castiga. Muy por el contrario, le dice que si bien hicieres, todos nos vamos a olvidar que esto sucedió, ¿Ok? Pero si no hicieres bien, el pecado está a la puerta, pero, así y todo: ¡Tienes dominio sobre el pecado! Una decisión es la que cancela todo. Cuando tú naces de nuevo, es porque decides nacer de nuevo. Dios le está ministrando gracia a Caín, pero éste hacía lo mismo que muchos de nosotros. Cuando termines, yo voy a hacer lo que pensaba hacer…

Acaba Dios de ministrarle gracia y sale y mata a su hermano. Y Dios le dice: ¿Qué has hecho? ¿Acaso no sabía Dios lo que había hecho? ¿Quién se acercó a quien? Caín se aceró a Dios o Dios a Caín? Dios se acerca, siempre. ¿Qué has hecho? ¿Sabes qué? Si Caín le hubiera dicho la verdad, Dios lo perdonaba. ¡Ese es mi Dios! Y también el tuyo. Creo que no terminamos nunca de entender la calidad de la misericordia divina. La comparamos con la humana y no nos cierra.

Y allí es donde Satanás comienza a operar en lo que, entiendo, es la estrategia más osada y peligrosa de todas: tratar de pervertir la simiente de Dios. Y en el capítulo 6 de Génesis, versos 1 al 4: Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas. Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años. Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos. Estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre. 

Toda la humanidad estaba pecando tras la simiente de Satanás. El mismo linaje de Set se pervirtió. Aquí tienes a los hijos de Dios, teniendo relaciones con las hijas de los hombres. Esto es un problema, porque hijo de Dios solamente hay uno en el Antiguo Testamento, y es Adán. Para ser hijo de Dios hay que nacer de arriba. Entonces hace una aclaración y una distinción y menciona a hijos de Dios casándose con hijas de hombres.

Esta relación perversa produce gigantes, y vale la pena mencionar que eran los gigantes los que mantuvieron al pueblo sin herencia. ¿Por qué yo sé que esto es así? Sólo había un hijo de Dios, Adán. El próximo iba a ser Cristo, el primogénito, y ahora es popular el término. Todo el que nace de arriba, es hijo de Dios. El resto, es hijo de hombres. Por eso Jesús decía: ¿Quién dicen los hombres que el hijo del hombre es? Porque tenía que llamarse la simiente de una mujer, varona o varón.

O sea que era Dios encarnado. No hay mención de ángeles femeninos en toda la Biblia. Y en los cinco lugares donde el término “hijo de Dios” es mencionado en el Antiguo Testamento, siempre se refiere a los ángeles. Ahora bien; estos ángeles, son ángeles caídos. Son pervertidos ya. Trabajando con Satanás, buscando eliminar la promesa de la simiente. Y para pervertir todo lo que era hijo que venía de parte de Dios, cohabitaron, se manifestaron con cuerpo, abandonaron su lugar, nunca volvieron a ser espíritu, se rebelaron a su dimensión, se quedaron en la tierra y tuvieron hijos con hijas de hombres.

Una perversión satánica. Hoy hay personas en el evangelio, extraídas del satanismo, que relatan haber tenido sexo con Satanás. Se puede probar y comprobar. 2 Pedro 2: 2. Hablando de falsos maestros, dice: Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme. Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio;

Aquí nos dice que llegó el tiempo en que Él los juzgó y los aprisionó. Judas nos declara un poco más. Verso 6: Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, (Esa palabra significa que no guardaron su función) sino que abandonaron su propia morada, (¡Se manifestaron! Y se quedaron ahí) los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día; (7) cómo, (Igualito que) como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquellos, (Ángeles) habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno.

Y vemos la osadía de Satanás tratando de reproducir un semen falso. Hoy, salvo crear vida, se puede hacer casi cualquier cosa con el engendrado de hijos. ¡Es una perversión al orden de Dios! Puede que suene anticuado, pero bíblicamente es exacto, quéjate con el libro y su autor. Entonces vemos que, si Satanás no se puede procrear, no tiene poder creativo, pero tiene que producir simiente, de la única manera que sí lo puede hacer, es tomando a uno que sí tiene poder de procreación, que tiene simiente y pervertirlo.

Logrando que la simiente de Dios se pervierta o carezca de propósito, que es como decir: rebelión. Tu enemigo es el misterio de la iniquidad. Rebelión es la simiente de Satanás y está entre medio de nuestras orejas. Ese es nuestro llamado: destruir ese gobierno que procura quedase con nuestras vidas. El gobierno de nuestras vidas corresponde al Rey de reyes y Señor de señores. Ese es el que tiene que ser Sumo Sacerdote de tu conciencia.

Satanás quiere pervertir tu sangre y engrandecer tu carne, La perversión de Satanás siempre produce carne grande. El Yo, El ego, humanismo, produce gigantes en la tierra. La glorificación de la carne es el centro del humanismo y el liberalismo en la tierra. Es el espíritu de iniquidad que ya opera entre nosotros. A Tesalónica se le dijo que ya estaba en acción. En 1 Juan 3:8 dice que quien practica pecado, es un diablo.

Si tú caes, se te perdona, pero si lo practicas, eres un diablo. En Apocalipsis dice que la serpiente antigua, el dragón, hace guerra con los que guardan el testimonio. Pero en Corintios dice que le vamos a entregar el Reino, la autoridad, el dominio de nuestra conciencia. ¡El Reino de Dios tiene que ser entregado a Dios! Otro ejemplo casi infantil es el de David. Goliat. Quisieron darle la armadura tradicional de la religión y no la quiso. Dijo: ¡Dame la roca! Y con esa roca batió al gigante.

¿Nunca te llamó la atención que siendo un gigante tan grandote, la roca le pegara justo en la cabeza y no en otro lugar? Tipología. La simiente de Dios va a herir la simiente de Satanás en la cabeza. Cinco rocas. Apóstoles, Profetas, Pastores, Evangelistas, Maestros. Con una sola será suficiente para aplastar la cabeza de Satanás donde quiera que éste pretenda operar. Cinco ministerios. Nada que ver con religión ritualista y tradicional.

Si él pudo, eso es todo lo que tú necesitas. Tirar la roca de la fe en contra del espíritu de rebelión. Ojo que una rebelión no necesariamente es que te pongas a arrojar sillas y patalear vociferando. La peor rebelión, a veces, es la silenciosa. Oír la verdad y no aceptarla. Oír la verdad y no enseñarla. Oír la verdad y no hacerla. Anticristo. Todo lo que se opone a Cristo, es anticristo. O estás en el propósito o estás en pecado. El que no recoge, desparrama.

Pecado. ¿Fornicarios? ¿Adúlteros? A ellos Jesús los amaba y procuraba restaurarlos si se arrepentían. Pero a los religiosos, ¡Víboras! ¡Ladrones! ¿Quieres saber qué es pecado? Saber que hacer y no hacerlo, es considerado rebelión. Es nuestro enemigo más grande. La simiente de Satanás sólo se procrea a través de la simiente de Dios. Puedes cerrarle la puerta a Satanás y darle el señorío a Dios.

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5 – El Número de la Bestia

A lo largo de este trabajo he tratado de centrar la comprensión espiritual de la abundante simbología relacionada con la bestia. Ha habido mucho debate sobre el significado del número que se da a representar a la bestia, y creo que Dios nos quiere hacer entender este número y no estar en duda. Que Dios desea que tengamos conocimiento se revela en la siguiente escritura:

Apocalipsis 13: 18 = Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, que calcule el número de la bestia, porque el número es el de un hombre, y su número es seiscientos sesenta y seis.

Juan declara que es posible entender este simbolismo. Esto no es una de esas cosas que Dios le dijo a Juan para sellar. En su lugar, se nos dice que los que tienen entendimiento pueden llegar al significado de este número. El número se refiere específicamente a un hombre, y el número de este hombre es 666. Muchos han intentado descifrar este enigma, y han utilizado diversos medios para hacerlo. Uno de los métodos más comunes en los días pasados y presentes es a través del estudio de Gematria.

En hebreo y griego, así como algunos otros idiomas, cada carácter alfabético tiene un valor numérico correspondiente. Sumando el valor de cada carácter alfabético en un nombre o título, se puede llegar a un valor numérico. De esta manera, muchos han demostrado que varias personas a lo largo de la historia, desde la antigua Nimrod hasta los Papas romanos pontífices de estos días, así como diversas figuras políticas mundiales, tienen nombres y títulos cuyo valor numérico correspondiente ha sido número 666.

No es mi intención de refutar cualquiera de estas asociaciones entre los individuos y el número 666. De hecho, creo que muchos de ellos son válidos y correctos. Sin embargo, sólo porque podemos decir que los Romanos Pontífices han dado como resultado este número, o que podamos vincularlo a alguna otra figura pasada o presente, no podemos declarar que esto es prueba suficiente de que son la bestia.

Estos individuos pueden haber manifestado la naturaleza de la bestia, al igual que multitudes de hombres y mujeres a través de las edades,  pueden haber sido incluso instrumentos clave de Satanás en su guerra contra los elegidos de Dios, pero en este trabajo queremos profundizar más en la mayor comprensión de este simbolismo y, con la ayuda de Dios y la unción que Él ha dado a sus escogidos, esperamos que lo haga.

Uno de los problemas que veo en declarar que los Papas, o algunas otras personas, son la persona a quien este número indica, es que la influencia de estos hombres sobre la humanidad no ha sido universal. Yo creo que Juan está hablando de lo que es una amenaza para todos los hombres, y que todos los santos tienen una oportunidad de vencer.

Ha habido épocas en que los papas sostuvieron tremendo poder sobre una gran parte del «mundo civilizado», pero incluso en su cenit no tenían poder sobre todos los hombres. Con el advenimiento de la Reforma el poder de los Papas comenzó a menguar, y aunque todavía tienen una gran influencia en el mundo de hoy, no son alguien, o algo, a lo cual todos los hombres deban vencer.

Ya hemos visto que desde el primer capítulo de la Biblia, tanto el hombre como la mujer tenían  mandato para someter y gobernar sobre todas las bestias. Ya que Adán y Eva estaban a la cabeza de la raza humana, este mandato es universal y se ha aplicado a todos los que han nacido de mujer. El dominar sobre las bestias es una orden universal, y ningún hombre, mujer o niño está exento de este mandato de Dios.

Por lo tanto, cuando leemos de la bestia, su imagen y el número de su nombre en el libro de Apocalipsis, y cuando leemos también que hay un grupo de vencedores que han logrado la victoria sobre estas cosas, lo que se está declarando es algo que es universal y en la que todos los santos han de entrar en la batalla y buscar la victoria.

La lucha contra la naturaleza de la bestia comenzó con Adán y Eva cuando fueron encontrados por la serpiente, la más astuta de todas las bestias, cuando aún estaba en el Jardín del Edén. Esta lucha ha continuado a lo largo de todas las edades del hombre. Debido a la universalidad de esta lucha, y en la luz del mandamiento de Dios para toda la humanidad de dominar y gobernar sobre las bestias, yo creo que los que están tratando de identificar a un hombre en particular como la bestia están en el camino equivocado. Tú puedes preguntar, «¿Acaso no leemos que el número de la bestia es el número de un hombre?»

Sí, lo hicimos. Pero debemos preguntarnos: «¿Qué hombre?» Las Escrituras nos dicen que sólo ha habido dos hombres que han vivido. Estos son el primer Adán y el segundo Adán, quien también es llamado el último Adán. El nombre Adán significa literalmente «hombre» y ocurre 552 veces en el Antiguo Testamento. En la mayoría de los casos, se traduce como «hombre», y sólo cuando se utiliza como nombre de una persona o un pueblo se lo representa como «Adán». La palabra correspondiente en el Nuevo Testamento es la palabra griega «anthropos» y nos encontramos con esta palabra que ocurre 561 veces.

Es en el siguiente pasaje de la Biblia leemos acerca de estos dos hombres: 1 Corintios 15: 45-49 = Así también está escrito: El primer HOMBRE, Adán, FUE HECHO ALMA VIVIENTE. El último Adán, espíritu que da vida. Sin embargo, el espiritual no es primero, sino el natural; luego el espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre es del cielo. Como es el terrenal, así son también los que son terrenales; y como es el celestial, así son también los que son celestiales. Y tal como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.

El apóstol escribiendo bajo la inspiración del Espíritu Santo, Pablo identifica el primer Adán como el primer hombre. Se identifica a Cristo como el postrer Adán, y él también lo llama «el segundo hombre». Pablo afirma además que, a pesar de todo, los que hemos traído la imagen del primer hombre, ahora estamos llamados a llevar la imagen del segundo hombre. Como ya hemos discutido en este artículo, no todos los hombres alcanzan a la imagen y semejanza de Dios en esta edad. Algunos se aferran obstinadamente a la imagen del terrenal.

Juan esta hablando de estos dos hombres, y los tiene a la vista cuando afirma que el número 666 es el número de un hombre. Esto hace que la determinación de cual  hombre está hablando  sea relativamente sencilla, pues en lugar de miles de millones de hombres para elegir, tenemos sólo dos. Es muy evidente por las Escrituras que la bestia y su número no puede referirse al segundo hombre, que es Cristo Jesús, porque Cristo completamente gobernó sobre la naturaleza de la bestia. Cristo siempre vivió para hacer la voluntad del Padre, y las Escrituras testifican además que Jesús era la expresión misma del Padre.

Esto nos deja sólo al primer hombre, Adán, a quien Pablo describe como de la tierra, terrenal. ¿Cómo funciona este número 666  a este primer Adán? Creo que podemos encontrar testimonios de esto en todas partes a lo largo de las Escrituras y de la naturaleza de la bestia, porque Dios es el arquitecto de ambos y Él ha puesto este sello sobre el hombre de carne. Sin embargo, me centraré en sólo un par de estos testimonios.

Comencemos con el primer capítulo de la Escritura. Leemos aquí que el primer hombre, Adán, fue creado en el sexto día del polvo de la tierra. Se acepta en general que el número seis es representativo del hombre, y en particular del hombre de carne. El número seis es un número muy interesante. Cuando multiplicamos el número seis por sí llegamos al número treinta y seis. Si sumamos la suma de todos los números de uno hasta treinta y seis nos encontramos con que la suma de estos números es 666.

En el versículo 28 de Génesis capítulo 1 leemos el mandamiento de Dios para el hombre y la mujer de «multiplicarse». Esta multiplicación se realiza a través de la unión del hombre y la mujer. Dado que tanto Adán y Eva eran de la tierra, terrenales, ellos sólo producen descendencia que también son de la tierra. Podían producir almas vivientes, pero su unión no podía producir espíritus. Por lo tanto, la multiplicación de Adán y Eva, el hombre de carne (6) multiplicado con mujer de carne (6), sólo puede producir más de lo mismo (36).

Si vamos a calcular el valor de su descendencia sumando a todos ellos se llega a 666. Debido a que Adán y Eva se inclinaron a la bestia,  todos sus hijos estaban sujetos a la naturaleza de la bestia. Ellos fueron marcados o grabados con esta naturaleza y sujetos a la vanidad y  la ira. Dios Tomaría la semilla divina y la uniría con la mujer para producir un hombre que era totalmente hombre y totalmente Dios.

Este hombre era el Cristo, el cual, siendo  la imagen de carne era sin pecado. Este segundo hombre no era terrenal (bestial), pero si celestial. Debemos experimentar un segundo nacimiento, un nacimiento espiritual que surge de la semilla de Cristo, para que podamos escapar de la esclavitud de la carne y vivir como creaciones celestiales. 1Pedro 1: 23 = Pues habéis nacido de nuevo, no de una simiente corruptible, sino de una que es incorruptible, es decir, mediante la palabra de Dios que vive y permanece. 

Volvamos al hombre de carne y su relación con el número 666. Dios es el autor de toda la creación y Él ha revelado Sus maravillosas verdades a través de la creación. Como la ciencia moderna ha avanzado, la verdadera ciencia sólo ha servido para confirmar el diseño maravilloso de Dios en la creación. Hoy en día, los científicos entienden que hay ciertos elementos que se encuentran en abundancia en todo el universo.

Un elemento que es esencial para toda la vida, y que se encuentra en todas las formas de vida orgánicas es el carbono. Ningún otro elemento está vinculado a la vida en la medida en que está ligado el carbono. Por lo tanto a menudo oímos las «formas de vida basadas en carbono.»  Las formas de vida que dependen de carbono son de la tierra, terrenal. Por lo tanto, no debería sorprendernos si encontramos en el elemento carbono un testigo de la bestia, y hasta el número de la bestia.

Todos los elementos se clasifican por el número de protones, electrones y neutrones que están presentes dentro de ellos. No hay dos elementos que sean iguales. Sólo en el elemento carbono  encontramos seis protones, seis electrones y seis neutrones. Por lo tanto, la vida de toda carne está marcado con el número 666. ¿Podría Dios haber grabado más profundo este sello sobre las formas de vida terrestres? Considere ahora las siguientes palabras del apóstol Pablo:

1 Corintios 15: 50-53 = Y esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios; ni lo que se corrompe hereda lo incorruptible. He aquí, os digo un misterio: no todos dormiremos, pero todos seremos transformados en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final; pues la trompeta sonará y los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.

La carne no puede heredar el Reino de Dios. Lo que se marca con el número 666 no puede heredar el Reino de Dios. Incluso después de que los hombres han nacido de nuevo del Espíritu todavía caminan en cuerpos de carne de pecado. Por lo tanto, estos cuerpos deben ser puestos afuera antes que los santos pueden entrar en la presencia de Dios. Todo lo que se refiere a la bestia debe ser inmolado.

¿No es una maravilla que a lo largo del Antiguo Testamento vemos ordenanzas establecidas y practicas por las cuales un animal tenía que ser sacrificado para que los hombres entraran en la presencia de Dios en el templo?  Estas cosas son un símbolo de la necesidad del hombre de matar a la bestia que habita en su cuerpo con el fin de entrar en la presencia de Dios.

Estas ordenanzas carnales del Antiguo Testamento fueron incapaces de liberar a los hombres de la esclavitud del pecado, y tenían que repetirse año tras año. Sólo en Cristo ha sido totalmente expiado el pecado una vez por todas, para que podamos ser liberados del pecado y hechos siervos de la justicia.

En este momento, los que han nacido de nuevo son una casa dividida. Hay guerra entre  la carne  contra el Espíritu y del Espíritu contra la carne, y estos dos se oponen entre sí. La carne no puede heredar el Reino de Dios y por lo tanto debe ser crucificada. Los que andan según el Espíritu, han crucificado la carne con sus pasiones y deseos, y un día van a dejar a un lado la carne de pecado y tomar sobre sí mismos cuerpos espirituales glorificados a la imagen de Cristo.

Es pues el 666, la carne, la naturaleza animal, que debe ser vencida, y todos los santos somos llamados a someterla y gobernar sobre ella. En nuestra carne no mora el bien, y debemos someter nuestros cuerpos y mantenerlos bajo sujeción al Espíritu. No es un Papa Romano o algún gobernante político al que los santos deben superar, a pesar de que existen hombres en abundancia que llevan el sello de la bestia, y que son enemigos de los santos de Dios.

La mayor, profunda y mejor comprensión universal  del número o identidad de la bestia es que apunta al primer hombre, Adán, y su naturaleza pecaminosa que se convirtió en la herencia de todos sus hijos. Este número es el número de un hombre, y todos los hombres hemos sido llamados a despojarnos del hombre viejo y revestirnos de Cristo. 

Romanos 6: 6 = sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con El , para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado; La lucha universal de la humanidad es despojarse del viejo hombre, el primer Adán, que está marcado con el número 666, y colocarse en el hombre nuevo, en el último Adán, que es el Señor Jesús el Mesías. Hemos tratado mucho con la naturaleza de la bestia hasta ahora en este libro, y hemos visto en las Escrituras que Dios ha dado mandato al hombre y la mujer para someter y gobernar sobre las bestias.

En otro tipo, ahora vemos que Dios representa esto como una lucha entre dos hombres, el primer Adán y el Último Adán. Uno de estos hombres es de la tierra, terrenal, y el otro de los hombres es del cielo. Todos los hombres se inclinarán a uno de ellos. Cuando leemos en el libro de Apocalipsis que algunos hombres tendrán la victoria sobre la bestia, su imagen y el número de su nombre, estamos leyendo lo mismo que el apóstol Pablo habló del contraste entre el viejo y el nuevo hombre. Pablo escribió más de esta lucha por los santos en Éfeso.

Efesios 4: 17-24 = Esto digo, pues, y afirmo juntamente con el Señor: que ya no andéis así como andan también los gentiles, en la vanidad de su mente, entenebrecidos en su entendimiento, excluidos de la vida de Dios por causa de la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su corazón; y ellos, habiendo llegado a ser insensibles, se entregaron a la sensualidad para cometer con avidez toda clase de impurezas. Pero vosotros no habéis aprendido a Cristo de esta manera, si en verdad lo oísteis y habéis sido enseñados en El, conforme a la verdad que hay en Jesús, que en cuanto a vuestra anterior manera de vivir, os despojéis del viejo hombre, que se corrompe según los deseos engañosos, y que seáis renovados en el espíritu de vuestra mente, y os vistáis del nuevo hombre, el cual, en la semejanza de Dios, ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad.

Pablo declara que el nuevo hombre ha sido creado a semejanza de Dios en justicia, santidad y verdad. Sabemos que estas palabras son descriptivas de Cristo, y que son descriptivos de todos los que son conformes a la imagen de Cristo. Debemos dejar a un lado el viejo hombre que lleva la marca de la bestia 666, que está viciada conforme a los deseos engañosos, y ser revestidos de Cristo. Sólo aquellos que someten y gobiernan sobre el viejo hombre con sus deseos bestiales se puede decir que han alcanzado la victoria sobre la bestia, su imagen y el número de su nombre. 

¿No es evidente que un hombre podría resistir la influencia de un Papa o un emperador, o de algún otro déspota malvado, y aun así dejarse gobernar por la naturaleza de la bestia dentro de sí mismos? Es el viejo hombre al  que todos los santos son llamados a poner a un lado y tener la victoria sobre él, con todas sus pasiones y malos deseos. Ninguno puede alcanzar a la imagen de Dios si no ha vencido la imagen del hombre bestial. Creo que esta es la comprensión más profunda del simbolismo del número 666 y el hombre a quien representa.

Ha habido muchos hombres y mujeres que se han dado a sí mismos al pecado y a la esclavitud de la carne, que han sido extraordinariamente marcados por la naturaleza bestia. Las Escrituras contienen historias de muchos de los que no han podido someter y gobernar sobre lo que Dios les mandó. En este trabajo me gustaría mirar a unos hombres que se destacan por ser expresiones de alguien que tenía el corazón de la bestia, al examinar en sus vidas podemos tener la comprensión de esta naturaleza inferior a la que todos los santos han sido llamados a gobernar.

Casi todos hemos leído sobre el número 666 que es la marca de la bestia, y fue mencionado específicamente que debido a que Adán y Eva se inclinaron a la bestia fueron sujetos a la naturaleza terrenal de la bestia, y por lo tanto todos sus descendientes han sido marcados por esta misma naturaleza caída y corrupta. Algunos de sus descendientes han hecho la guerra contra el pecado que estaba presente en sus miembros y han mirado hacia adelante a la redención que ahora ha sido revelado en Cristo Jesús, y ellos han obtenido un buen testimonio de que son justos delante de Dios. Sin embargo, otros no han peleado la buena batalla, y han permitido que el pecado tenga el dominio sobre ellos.

No es de extrañar que el primer hijo de Adán y Eva fue uno de los que se destacan como «hombres bestia», porque las trágicas consecuencias del pecado no podían permanecer ocultas largamente. Este primer hijo es una imagen de todos los que han nacido de la carne, o sea de los que no andan como vencedores por la sangre de Cristo, la palabra del testimonio de ellos, y que no aborrecen sus vidas carnales y anímicas. El primer hijo de Adán y Eva fue Caín, y leemos lo siguiente acerca de él.

Génesis 4: 1 = Y el hombre conoció a Eva, su mujer, y ella concibió y dio a luz a Caín, y dijo: He adquirido varón con la ayuda del SEÑOR.

La humanidad ha sido testigo de miles de millones de nacimientos desde Caín, pero consideremos por un momento  lo especial que era ellos presenciar el nacimiento del primer hijo de un hombre y una mujer. Debe haber sido un gran misterio, y una maravilla impresionante, como Adán y Eva fueron testigos de cómo el vientre de Eva comienza a hincharse y consideraban el primer movimiento de la vida en su interior. ¡Qué milagro fue comprender que a través de su unión otro ser saldría después a su propia imagen! Cuando nació el niño debieron haber examinado de cerca y observar lo bien que era una expresión en miniatura de un hombre. Eva ciertamente habló con asombro  cuando proclamó: «He adquirido varón de Jehová

En el último libro de la Biblia leemos de un hijo varón que se dio a luz, uno que ha de regir las naciones con vara de hierro. Este hijo varón se formó a la imagen de Dios, llevando su semejanza. Quizás Adán y Eva tenían altas esperanzas para Caín. Después de todo, la serpiente había dicho que si comían del fruto prohibido serían como Dios. Pueden haber esperado que su hijo también sería como Dios. Sin embargo, no fue así, porque Caín también se sometió a la naturaleza de la bestia, en lugar de someterla y gobernar sobre ella.

Génesis 4: 3-7 = Y aconteció que al transcurrir el tiempo, Caín trajo al SEÑOR una ofrenda del fruto de la tierra. También Abel, por su parte, trajo de los primogénitos de sus ovejas y de la grosura de los mismos. Y el SEÑOR miró con agrado a Abel y a su ofrenda, pero a Caín y su ofrenda no miró con agrado. Y Caín se enojó mucho y su semblante se demudó. Entonces el SEÑOR dijo a Caín: ¿Por qué estás enojado, y por qué se ha demudado tu semblante? Si haces bien, ¿no serás aceptado? Y si no haces bien, el pecado yace a la puerta y te codicia, pero tú debes dominarlo.

La naturaleza de la bestia es esencialmente egoísta y busca su propio bienestar al considerar poco el bienestar de los demás. Caín estaba celoso de su hermano Abel, porque Jehová mostró más consideración a su ofrenda que a la de él. La naturaleza de la bestia se estaba manifestando adentro. Algo que no se parecía a Dios estaba presente en el ser de Caín. Un mal que no se originó en Dios moraba en la carne de Caín, y Jehová advirtió a Caín que le era necesario dominarlo.

El lenguaje que utiliza Dios cuando le habla a Caín alude a la naturaleza bestia. Jehová declaró: «el pecado está a la puerta», y la imagen aquí es la de una bestia salvaje que está dispuesto a saltar sobre su víctima. Las palabras apropiadas serian como  de un león que está en cuclillas mientras espera a su presa, y verdaderamente había algo bestial que buscaba una oportunidad para superar Caín. Dios también habló a Caín, y le dijo: «Pero tu debes dominarlo Este mandamiento es un espejo de las palabras que había hablado con los padres de Caín antes de pecar.

Génesis 1: 28  = Y los bendijo Dios y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sojuzgadla; ejerced dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra.

Para dominar el pecado que trató de tener dominio sobre él, Caín tendría que someterlo y gobernar sobre él. Al igual que sus padres, sin embargo, Caín no pudo prestar atención a la orden de Dios y él también escuchó la voz de la bestia. Esta vez, sin embargo, la bestia no era externa al hombre, porque el  veneno de la serpiente había entrado en la carne de la humanidad y en la actualidad realiza su labor mortal desde el interior de su ser.

Génesis 4: 8 =  Y Caín dijo a su hermano Abel: vayamos al campo. Y aconteció que cuando estaban en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel y lo mató.

Al no haber podido dominar y gobernar sobre la bestia dentro de él, Caín actuó de una manera que era contraria a la naturaleza divina. Lejos de poner su vida por su hermano, Caín se levantó y lo mató. Las mismas palabras usadas aquí son una vez más imagen de lo que ocurre en el hombre de pecado cuando no somete y gobierna sobre la bestia. Se nos dice que «Caín se levantó. “La Carne de Caín se levantó y ganó el dominio sobre él. ¡Qué contraste con  el Hijo de Dios, que «pone» su vida por los demás!.Dios, una vez más se acercó a Caín para enfrentarlo con su maldad

Génesis 4: 9-15 = Entonces el SEÑOR dijo a Caín: ¿Dónde está tu hermano Abel? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guardián de mi hermano?  Y El le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra.  Ahora pues, maldito eres de la tierra, que ha abierto su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano.  Cuando cultives el suelo, no te dará más su vigor; vagabundo y errante serás en la tierra.  Y Caín dijo al SEÑOR: Mi castigo es demasiado grande para soportarlo.  He aquí, me has arrojado hoy de la faz de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré vagabundo y errante en la tierra; y sucederá que cualquiera que me halle me matará.  Entonces el SEÑOR le dijo: No será así; pues cualquiera que mate a Caín, siete veces sufrirá venganza. Y puso el SEÑOR una señal sobre Caín, para que cualquiera que lo hallase no lo matara.

¿No hay un gran paralelismo entre lo que se revela aquí en este hijo de Adán y Eva entregándose a la naturaleza de la bestia y recibiendo una marca por Dios, con lo que leemos en el Apocalipsis?

Apocalipsis 14: 9 =  Entonces los siguió otro ángel, el tercero, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe una marca en su frente o en su mano,

Dios proclamó juicio sobre Caín por su pecado. La ira de Dios fue derramada porque Caín se postró a sus impulsos bestiales. Entonces Dios puso señal en él. Muchos estudiantes de la Biblia han teorizado acerca de la forma de cómo esta marca  se colocó en Caín, sin embargo, en un sentido,  sin duda apunta a la marca que dice que reciben los que adoran a la bestia. Una vez más, desde el Génesis hasta el Apocalipsis vemos un tema constante de la lucha del hombre contra la naturaleza de la bestia.

Al recibir la marca de la bestia venimos a estar bajo el marco del juicio y la ira de Dios. Trágicamente, toda la tierra pronto se llenó de hombres y mujeres que se sometieron a la naturaleza bestia. La humanidad se dio a sí mismo continuamente para tal mal que Dios derramó su ira y destruyó toda la tierra con un diluvio. Yahveh encontró sólo un hombre en la tierra, que era justo, y este fue Noé. El resto fue entregado a la misma violencia que se levantó en Caín.

Génesis 6: 13 = Entonces Dios dijo a Noé: He decidido poner fin a toda carne, porque la tierra está llena de violencia por causa de ellos; y he aquí, voy a destruirlos juntamente con la tierra.

La tierra en la actualidad también está llena de violencia, y por eso sabemos que el día de la ira de Dios no está lejos. Los que quieren ser libres de la  ira venidera deben poner fuera toda violencia, toda maldad, y vestirse con el Señor Jesús el Mesías. Veamos ahora en otro hombre que también tuvo problemas con su hermano y que llevaba el sello inconfundible de la bestia.

Génesis 25; 21 = Y oró Isaac al SEÑOR en favor de su mujer, porque ella era estéril; y lo escuchó el SEÑOR, y Rebeca su mujer concibió….

Génesis 25: 24-26 = Y cuando se cumplieron los días de dar a luz, he aquí, había mellizos en su seno. Salió el primero rojizo, todo velludo como una pelliza, y lo llamaron Esaú. Y después salió su hermano, con su mano asida al talón de Esaú, y lo llamaron Jacob. Isaac tenía sesenta años cuando ella los dio a luz.

Esaú debe haber sido un espectáculo increíble para la vista. Casi todos los bebés salen con la piel muy suave, carente de toda abundancia de cabello. Sin embargo, de Esaú se nos dice que todo su cuerpo estaba cubierto como de vestidura peluda. Tenemos una descripción adicional de la vellosidad de Esaú en la Escritura. Cuando Jacob se sintió alentado por su madre para engañar a Isaac y así recibir la bendición del primogénito, Jacob sabía que, a pesar de que su padre estaba casi ciego, podría sentir  su piel y ser capaz de decir que no era Esaú.

Génesis 27: 11-16 = Y Jacob dijo a su madre Rebeca: He aquí, Esaú mi hermano es hombre velludo y yo soy lampiño. Quizá mi padre me palpe, y entonces seré para él un engañador y traeré sobre mí una maldición y no una bendición. Pero su madre le respondió: Caiga sobre mí tu maldición, hijo mío; solamente obedéceme, y ve y tráemelos. Y él fue, los tomó y los trajo a su madre; y su madre hizo un buen guisado, como a su padre le gustaba. Entonces Rebeca tomó las mejores vestiduras de Esaú, su hijo mayor, que tenía ella en la casa, y vistió a Jacob, su hijo menor; le puso las pieles de los cabritos sobre las manos y sobre la parte lampiña del cuello,

El cabello de Esaú era tan espeso que era similar al pelo de un cabrito. Incluso en sus manos y en su cuello estaba cubierto de pelo grueso y basto. Parece que hay un simbolismo aquí, porque en los evangelios leemos que Jesús compara al justo y el malo, y Él representa a los malvados como cabras. Las cabras son ciertamente criaturas muy bestiales. No hay nada que apeste tanto como un macho cabrío, y también son conocidas por su gran apetito sexual, de ahí la expresión «Randy como un macho cabrío.»

 A lo largo de la historia el hombre ha asociado cabras con apetitos excesivos de naturaleza baja, y se sabe que comen prácticamente cualquier cosa sin discriminación. Por lo tanto, vemos al dios Pan, mitad hombre mitad cabra, siendo atendido por las mujeres sensuales y una gran cantidad de vino. Además de confirmar este mismo tipo de espíritu que está presente en Esaú, leemos de sus esposas y cómo eran desagradables a sus padres.

Génesis 26: 34-35 = Cuando Esaú tenía cuarenta años, se casó con Judit, hija de Beeri hitita, y con Basemat, hija de Elón hitita; y ellas hicieron la vida insoportable para Isaac y Rebeca.

Así desagradable eran estas esposas de Esaú que Rebeca habló lo siguiente: Génesis 27: 46 =  Y Rebeca dijo a Isaac: Estoy cansada de vivir a causa de las hijas de Het; si Jacob toma mujer de las hijas de Het, como éstas, de las hijas de esta tierra, ¿para qué me servirá la vida?

Es evidente que Esaú no eligió a sus esposas sabiamente. No miró su carácter, pero debe haberlas elegido por su belleza exterior. En un caso tras otro Esaú demostró que era un esclavo de sus apetitos naturales. En ninguna parte es la esclavitud de la carne más aparente que cuando vendió su primogenitura por un plato de estofado. Este fue un acto tan bajo y detestable que Esaú es utilizado por los apóstoles como un ejemplo de alguien que encarna todo lo que es el mal.

Hebreos 12: 15-16 = Mirad bien de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz de amargura, brotando, cause dificultades y por ella muchos sean contaminados; de que no haya ninguna persona inmoral ni profana como Esaú, que vendió su primogenitura por una comida.

Esta foto de la vida de Esaú es todos los de la raza humana que viven para el placer temporal mientras desprecian las verdaderas riquezas de Dios. Esaú representa hombres y mujeres cuyos ojos están en las cosas de la tierra, y cuyo dios es el vientre. Curiosamente, Esaú incluso lo describen como olor de la tierra. De la misma manera, los que piensan en lo terrenal, y que viven para disfrutar de los placeres de la tierra, toman sobre sí el olor del mundo que aman tanto. Los santos de Dios somos amonestados a tener un enfoque muy diferente.

1 Juan 2: 15-17 = No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, la pasión de la carne, la pasión de los ojos y la arrogancia de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y también sus pasiones, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

Tanto Caín y Esaú respondieron con odio asesino cuando observaron a sus hermanos obtener el favor y  bendición, mientras que ellos no. Esaú juró matar a Jacob después de que su padre había muerto. Sin embargo, el favor de Dios, la bendición y la primogenitura, no se puede obtener a través de este tipo de acciones bestiales. Sólo por someter y gobernar sobre la naturaleza de la bestia puede el hombre encontrar el favor de Dios y recibir la primogenitura y la bendición que pertenecen a los hijos de Dios. Los que viven como hijos del diablo recibirán ira y el juicio junto con él.

Veamos ahora a un hombre que definitivamente  fue claramente en las Escrituras como un tipo de los que tienen corazón de bestia. Este es el gran rey Nabucodonosor, que reinó sobre el Imperio Babilónico desde 604 A.C hasta 561 A.C. Se habla de él en las Escrituras más que cualquier otro rey pagano, y reinó sobre el imperio cuyo nombre se ha convertido en sinónimo de confusión, mezcla y las obras del hombre.  En el libro de Apocalipsis encontramos que de Babilonia se habla como la representación de todo lo que es malo, bestial y mundano, y la voz de Dios está pidiendo a gritos a su pueblo a salir de Babilonia para que no participen de sus pecados y participan de sus plagas.

La antigua Babilonia se caracteriza por su esplendor. Ella se encuentra en lo que hoy es Irak, y hubo una vez un mar interior que estuvo cerca de su ubicación, pero ahora todo es desierto estéril. Una de las siete maravillas del mundo antiguo era los jardines colgantes de Babilonia. Babilonia era un lugar muy rico y lujoso, lleno de toda la riqueza y esplendor del mundo. Durante este imperio el rey Nabucodonosor gobernó durante 43 años. Fue este mismo rey que puso sitio a Jerusalén y que quemo  la ciudad y se llevó el tesoro del Templo.

El triunfo de Babilonia sobre el pueblo de Dios es un símbolo de los muchos hombres y mujeres que han sido llamados por Dios, pero que han sido tomados cautivos por el encanto del mundo. Estos han sido eliminados de un lugar de culto a Dios para ser llevados como esclavos a un lugar lejano que se centra en el tráfico de los bienes del mundo. Algunos que se han encontrado a sí mismos como esclavos en Babilonia han llorando por la destrucción del Templo, que es un símbolo de la humanidad que fue creada para ser un templo de Dios, y han llorado sobre la esclavitud y la servidumbre del pueblo de Dios.

Sin embargo, muchos más se han acomodado en Babilonia, e incluso cuando se les ha dado la oportunidad de salir, han optado por permanecer. Babilonia es una imagen de todas las cosas que atraen al hombre natural, y no debemos sorprendernos de que su mayor gobernante era un hombre bestia. Dios le dio un sueño a Nabucodonosor, revelando que él iba a ser entregado totalmente a la naturaleza de la bestia porque no quiso honrar y glorificar a Dios, pero prefirió glorificarse el mismo. Leemos acerca de la realización de este sueño en el libro de Daniel.

Daniel 4: 29-33 = Doce meses después, paseándose por la azotea del palacio real de Babilonia, el rey reflexionó, y dijo: «¿No es ésta la gran Babilonia que yo he edificado como residencia real con la fuerza de mi poder y para gloria de mi majestad?» Aún estaba la palabra en la boca del rey, cuando una voz vino del cielo: «Rey Nabucodonosor, a ti se te declara: El reino te ha sido quitado, y serás echado de entre los hombres, y tu morada estará con las bestias del campo; te darán hierba para comer como al ganado, y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo domina sobre el reino de los hombres, y que lo da a quien le place.» En aquel mismo instante se cumplió la palabra acerca de Nabucodonosor: fue echado de entre los hombres, comía hierba como el ganado y su cuerpo se empapó con el rocío del cielo hasta que sus cabellos crecieron como las plumas de las águilas y sus uñas como las de las aves.

El rey Nabucodonosor manifestó uno de los atributos más pronunciados de la naturaleza de la bestia, que es el orgullo. En lugar de caminar humildemente ante Dios y reconociendo que Dios era el que le concedió soberanía y concedió majestuosidad y esplendor, el rey Nabucodonosor descaradamente atribuyó todas estas cosas a su propio poder. Hay pocos hombres o  mujeres que alguna vez han poseído la autoridad y esplendor a la medida del rey Nabucodonosor, pero incluso en cosas menores hay una gran tentación a manifestar una actitud similar. Muchos hombres se han jactado de ser «hombres hechos a sí mismos.»

Muchos líderes empresariales se han jactado de su destreza en la construcción de una empresa de éxito, o de rescatar a una empresa titubeante y hacerla rentable. Muchos artesanos se jactan de su habilidad en la elaboración de alguna obra maestra, de escribir un best seller, o la autoría de alguna obra que es un éxito de crítica. Un actor puede estar orgulloso de sus logros en el escenario o en el cine.

En cada lugar de la vida los que alcanzan cierto grado de éxito se ven tentados a acreditarse a sí mismos. Los santos pueden admitir el error de tal orgullo, pero incluso en la iglesia esta jactancia u orgullo está presente. Iglesias compiten entre sí para construir los santuarios más grandes o más ornamentados. Se esfuerzan por demostrar la mayor parte del crecimiento, ya que cuentan con mucho dinero.

Algunos se jactan de tener la iglesia más antigua de la zona, o tener los más ilustres ministros predicando en sus púlpitos. Otros buscan al principio de su edificio el más alto campanario en la ciudad. Los ministros y asistentes luego caminan alrededor y se jactan de lo que han construido a través de su propio poder y fuerza. No es de extrañar que muchos de los que alguna vez han destacado como ejemplos orgullosos de logro espiritual de repente se han venido abajo por alguna lujuria desenfrenada por el sexo o el dinero? Dios todavía humilla a los soberbios, y se determinó que todos los hombres caminen en humildad y mansedumbre ante Él.

En cada uno de los tres hombres que hemos visto  hemos visto una manifestación diferente de la naturaleza de la bestia que llego a ser la ocasión para su caída. En Caín era su envidia y los celos. En Esaú fueron sus apetitos desenfrenados. En Nabucodonosor era su orgullo. En cada caso que la carne se levantó,  causo que Dios los trajera hasta lo bajo. No es casualidad que vemos a Nabucodonosor en el techo de su palacio cuando habla tales pensamientos orgullosos. Esaú y sus descendientes también se establecieron en lugares altos, incluso en el monte de Seir, que  en algunos lugares es llamado «el monte de Esaú».

La naturaleza de la bestia se agacha dentro de cada hombre a la espera de una oportunidad para levantarse y tomar el control. Sin embargo, aquellos que permiten que lo haga serán humillados, y aun como este rey poderoso una vez empezó a ir a cuatro patas y comer pasto como el ganado. Dios es capaz de hacer que los hombres sean reyes, sin embargo, cuando no se someten a Él o caminan humildemente delante de Él, Él les dará y los convertirá al corazón de la bestia.

Cuando miramos a la sociedad que nos rodea, vemos muchos hombres que han sido entregados  al corazón de la bestia. Cuando capturamos un animal salvaje a menudo los colocamos en una jaula para evitar que hiera a la gente. Así mismo los hombres ponen a esos hombres y mujeres que actúan bestialmente en celdas con barrotes de hierro. Las cárceles del mundo están llenas de violadores, asesinos, ladrones, malversadores, ladrones, secuestradores, pedófilos, mentirosos y todo tipo de hombres y mujeres violentas, sensuales y codiciosas.

Sin embargo, el simple hecho que fuera de estas prisiones viva mucha gente, no es ninguna prueba de que los hombres y las mujeres están sometiendo y gobernando a la bestia dentro de ellos. Quizás en Nabucodonosor más que cualquier otro hombre  vemos el fin de aquellos que no logran dominar y gobernar sobre las bestias dentro de ellos. Dios ha revelado a través de él una imagen increíble de un hombre que va de gloria real a la depravación bestial. Incluso el más alto puede ser llevado abajo, y todos los que no se humillan ante Dios serán humillados.

Como llamados de Dios, todos debemos reconocer que dentro de nosotros están las semillas de nuestra propia destrucción. Es por la gracia de Dios que no estamos vencidos por los apetitos furiosos de la carne caída y el pecado que habita en nuestros miembros. Que nadie piense más alto de sí que lo que debe, pues todos estamos propensos a la tentación, y tenemos nosotros la necesidad de ejercer dominio sobre nuestras pasiones carnales. Animémonos mutuamente en estas cosas. No condenemos a otros por sus fracasos, sino más bien busquémonos para restaurarnos a la imagen de Dios. 

Gálatas 6: 1-4 = Hermanos, aun si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales (que son sensibles y controlados por el Espiritu ), restauradlo en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Llevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo (El mesías). Porque si alguno se cree que es algo (demasiado importante para condescender a asumir la carga de otro), no siendo nada, (no siendo superior sino solo en su propia estima) se engaña a sí mismo. Pero que cada uno examine su propia obra, y entonces tendrá motivo para gloriarse solamente con respecto a sí mismo (por si solo), y no con respecto a otro. (Ó sea sin recurrir a otro).

La naturaleza de Dios es humilde y busca el bienestar de los demás. Observa cómo Cristo dejó su lugar de honor, la gloria y condescendió a rescatar al hombre de su esclavitud a la naturaleza de la bestia, y lo levanta para que la lleve la imagen de Dios.  Aun así, debemos tratar de levantar a los hombres y mujeres para dirigirlos a su alta vocación en Cristo para llevar la imagen y semejanza de Dios. Si encontramos a un hermano o hermana que actúa como una bestia, recordémosle que están llamados a llevar la imagen de lo divino.

Al mismo tiempo, debemos ser más exigentes y perspicaces  que los que voluntariamente se dan a la sensualidad, rechazando reconocer el carácter libertino de su comportamiento. Nuestro Señor advirtió a sus discípulos que no echan sus perlas de la verdad delante de los cerdos, ya que solo se darían la vuelta y los desgarrarían. Una vez que el Señor ha abierto nuestros ojos para ver la gran lucha entre la naturaleza bestia y la naturaleza divina, es asombroso aprender de los símbolos de este conflicto que están presentes en todas las partes a través de las páginas de la Escritura.

Desde el primer capítulo de Génesis, hasta el final de Apocalipsis encontramos los tipos y las sombras de la Biblia, el mensaje es simple y claro, todo el diseño de Dios revelado al hombre para que el hombre sea llevado a su imagen, y por otro lado el plan del adversario para que el hombre lleve su impronta a su propia semejanza. Estos tres hombres, Caín, Esaú y Nabucodonosor, destacan como ilustraciones del peligro que amenaza a todos los que no recurran a la gran gracia que está disponible a través de Jesús el Mesías. La distancia entre la imagen de Dios y la de la bestia es grande, y grande ha sido la caída de la humanidad. Sin embargo, Dios, en su misericordia, quiere levantarnos a las alturas hasta ahora desconocidas. Él quiere que todos los hombres sean partícipes de su propia naturaleza divina.

Como tú has leído este trabajo con el enfoque sobre el mandato de Dios para los hombres y mujeres de someter y gobernar sobre la naturaleza de la bestia, tú puedes haber considerado tu propia vida y las luchas que has conocido dentro de tu propio cuerpo como la lucha de la carne y el espíritu, y ve como han luchado uno contra el otro. La mayoría de la gente, incluido yo mismo, hemos tenido ciertas áreas en las cuales hemos luchado por años. Para una persona podría ser una independencia en el gasto de su dinero. Para otra, puede ser un problema con la lujuria. Sin embargo, otro puede luchar con la ira, y otro con un espíritu crítico. Tal vez tú has tenido problemas con tendencia a los chismes, o una actitud de rebeldía, o de celos, la codicia o la envidia.

En mi propia vida he visto la victoria en una serie de áreas, pero todavía hay algunas fortalezas para ser derribadas. Como has leído este trabajo, tal vez has pensado en algún área de tu vida en la cual has experimentado convicción una y otra vez, y has deseado la victoria, pero te has encontrado de nuevo volviendo a Dios varias veces para confesar tu transgresión y para pedir su perdón una vez más. Puedes incluso haber llegado a dudar de que la victoria sea una meta alcanzable, mientras que todavía estés vestido de esta carne pecaminosa.

Quiero animarte diciendo que la victoria completa es alcanzable. Todo impulso carnal puede ser conquistado, cada fortaleza puede ser derribada, y se puede alcanzar la conformidad a la imagen de Dios en tu vida. Aunque no puedes ver algún ejemplo de hombres o mujeres que hoy han llegado a este lugar de conformidad a la imagen de Dios, esta vida crucificada de entrega total a la voluntad de Dios, y aunque la mayoría de los ministros puede decirte que tal esperanza es un sueño vano, sea Dios veraz y todo hombre mentiroso.

Dios ha dicho que Él tendrá a hombres y mujeres a Su imagen, y Él va a lograr lo que se propuso hacer. Él terminará la obra que ha comenzado. Dios nunca pide a los hombres o las mujeres que hagan lo que es imposible. Cuando Él ordena obediencia Él dará la gracia suficiente para obedecer. Puesto que Dios ha mandado a los hombres y mujeres que sometan y gobiernen sobre las bestias, debemos convenir en que es posible obedecer a Dios.

 A través de Su Hijo, el Señor ha hecho un camino para todos los hombres y mujeres para alcanzar el supremo llamamiento de Dios. Lo que el hombre pecador no podía hacer debido a la debilidad de la carne, Dios envió a su Hijo para condenar el pecado en la carne.  Las Escrituras declaran que el poder del pecado se ha roto y los que han sido bautizados en Cristo Jesús han sido liberados del pecado. Los santos son ahora capaces de presentar sus miembros como esclavos a la justicia. Aquel a quien el Hijo ha puesto en libertad es de verdad hecho libre,

Satanás trabaja para mantener a los cristianos en la esclavitud a través del poder del engaño. Muchos han sido engañados con respecto a la voluntad de Dios para gobernar sobre la naturaleza adámica. No disciernen que la cruz de Cristo cambió las cosas de una manera muy fundamental. Pueden creer que ahora tienen el perdón de sus pecados, mientras no creer que tienen poder sobre el pecado. Las Escrituras testifican que los santos tienen ambas cosas.

Romanos 6: 5-7 = Porque si hemos sido unidos a El en la semejanza de su muerte, ciertamente lo seremos también en la semejanza de su resurrección, sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con El , para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado; porque el que ha muerto, ha sido libertado del pecado.

1Pedro 2: 24 = y El mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia, porque por sus heridas fuisteis sanados.

Romanos 6: 2 = ¡De ningún modo! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?

Romanos 6: 11-12 = Así también vosotros, consideraos muertos para el pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús. Por tanto, no reine el pecado en vuestro cuerpo mortal para que no obedezcáis sus lujurias;

Romanos 6: 14  = Porque el pecado no tendrá dominio sobre vosotros, pues no estáis bajo la ley sino bajo la gracia.

Romanos 6: 22 = Pero ahora, habiendo sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como resultado la vida eterna.

Colosenses 3: 3 = Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.

1 Juan 3: 9-10 =  Ninguno que es nacido (engendrado) de Dios (deliberadamente, a sabiendas, y habitualmente) practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él (El principio de la vida, el esperma divino, permanece de forma permanente en su interior); y no puede pecar, porque es nacido (engendrado) de Dios. En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo aquel que no practica la justicia (que no se conforma a la voluntad de Dios en su propósito, pensamiento y acción), no es de Dios; tampoco aquel que no ama a su hermano.

Con muchas palabras similares las Escrituras declaran que aquellos que han nacido de nuevo del Espíritu de Dios, y han sido unidos con Cristo en su muerte y resurrección, han sido liberados de la esclavitud del pecado. Ahora son capaces de ejercer dominio sobre la naturaleza bestia. El libro de Apocalipsis testifica que habrá una compañía de vencedores que han alcanzado la victoria sobre la bestia, su imagen y el número de su nombre. Tenemos que creer que esa victoria no sólo es posible, sino que es lo que Dios espera y demanda de Sus hijos. Si sus hijos son obedientes caminarán en esta victoria. Sólo los hijos de desobediencia fallarán para crucificar la carne y no lograran alcanzar la conformidad a la imagen de Cristo. 

No debemos pensar, sin embargo, que esta victoria es entregada a los santos en bandeja de plata. Cristo es la victoria del creyente, pero los santos lo deben seguir dondequiera que los conduce. Hay batallas que pelear, fortalezas que derribar, gigantes para matar, y  bestias salvajes que se someter. Considera las sombras que Dios ha provisto para los santos a través de los israelitas de la antigüedad que fueron dirigidos por Josué (un tipo de Jesús el Mesías) mientras iban a poseer la tierra de la promesa.

Dios les dijo que iba a darles pozos que no cavaron, viñedos que no sembraron, y casas que no construyeron. Se comprometió a llevarlos a una tierra que mana leche y miel. Él habló palabras de consuelo y seguridad para ellos, haciéndoles saber que si ellos lo seguían plenamente que ningún enemigo nunca podría hacerles frente.

Deuteronomio 11: 22-25 =  Porque si guardáis cuidadosamente todo este mandamiento que os ordeno para cumplirlo, amando al SEÑOR vuestro Dios, andando en todos sus caminos y allegándoos a El,  entonces el SEÑOR expulsará de delante de vosotros a todas estas naciones, y vosotros desposeeréis a naciones más grandes y más poderosas que vosotros. Todo lugar donde pise la planta de vuestro pie será vuestro; vuestras fronteras serán desde el desierto hasta el Líbano, y desde el río, el río Eufrates, hasta el mar occidental. Nadie os podrá hacer frente; el SEÑOR vuestro Dios infundirá, como El os ha dicho, espanto y temor de vosotros en toda la tierra que pise vuestro pie.

Dios no nos ha dado la historia de Israel y de sus batallas para que podamos ser entretenidos con historias de los pueblos y naciones de hace mucho tiempo. Las dio a nosotros para nuestra instrucción. Estas cosas son un símbolo de las batallas espirituales que los hijos de Dios encaran hoy. Nos debería consolar  saber que Dios ha dicho que ningún enemigo podrá estar delante de los que aman a Dios y guardan sus mandamientos.

Deberíamos envalentonarnos por la promesa de que cada lugar que toque la planta de nuestros pies la dará a nosotros. Cristo, nuestro capitán, no nos ha librado de algunos de nuestros enemigos, sino de todos nuestros enemigos. Él no nos libera de la ira mientras nos deja esclavizados a la lujuria. No nos sacó de la esclavitud de orgullo mientras nos deja esclavizados a la avaricia. Conquistó todo enemigo, y, si lo seguimos, él nos llevará a la victoria sobre todas las cosas a las que nos hemos estado uniendo.

Josué guio a los hijos hacia la tierra prometida, y comenzaron así, la destrucción de Jericó, y luego Hai, y luego muchos otros bastiones y fortalezas mientras desposeían a los habitantes de la tierra. Sin embargo, no hicieron un trabajo completo de eliminar a todos los enemigos de la tierra. Muchas veces he escuchado testimonios donde las personas han dado testimonio de Dios milagrosamente librarlos de alguna adicción o asedio del pecado, cuando llegaron por primera vez a Cristo. Y Algunos han sido liberados de inmediato de un hábito de beber que persistió durante muchos años. Algunos fueron liberados de las drogas, o de cigarrillos, o de la pornografía.

Muchos ni siquiera oraron por la liberación. Ellos simplemente creyeron en Cristo, confesando la fe en Él, y fueron bautizados. Su experiencia de salvación fue asistida con una poderosa liberación. Sin embargo, nunca he oído a cualquier persona testificar que fueron puestos en libertad de todas las cosas de esta manera. Dios puede conducir a algunos enemigos fuera de la tierra sin nosotros levantar un dedo, como también hizo con los israelitas, pero Él no va a desposeer a todos ellos de la misma manera.

Josué 24: 12 = «Entonces envié delante de vosotros avispas que expulsaron a los dos reyes de los amorreos de delante de vosotros, pero no fue por vuestra espada ni por vuestro arco.

Dios nos librará de algunos enemigos en nuestra carne, de tal manera milagrosa, y sobre otros,  nos da una rápida victoria mientras nosotros lo seguimos. Sin embargo, algunos enemigos son menos fácilmente vencidos. Dios tiene una razón para esto, y reveló su mente a los israelitas: 

Jueces 3: 1-4 = Y estas son las naciones que el SEÑOR dejó para probar con ellas a Israel, es decir, a los que no habían experimentado ninguna de las guerras de Canaán (esto fue sólo para que las generaciones de los hijos de Israel conocieran la guerra, aquellos que antes no la habían experimentado): los cinco príncipes de los filisteos, todos los cananeos, los sidonios y los heveos que habitaban en el monte Líbano, desde el monte de Baal-hermón hasta Lebo-hamat. Y eran para probar a Israel, para ver si obedecían los mandamientos que el SEÑOR había ordenado a sus padres por medio de Moisés.

Dios quiere que sus hijos sean librados de toda esclavitud de la carne. Él quiere que ellos gobiernan sobre todas las bestias de la tierra. La razón por la que Él no disipa todos los enemigos de la tierra en el momento que los santos nacen de nuevo en Cristo es para que Él pueda probarlos para ver si ellos le obedecerán. Él pone a prueba el amor de todos los cristianos de esta manera, porque Cristo dijo: Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Tenemos que aprender la guerra con el fin de que podamos demostrar nuestro amor por Cristo.

Si comprendemos este propósito de Dios,  nos llevará a ver nuestra tentación de pecado con una nueva luz. No vamos a la ligera a pecar si entendemos que la desobediencia es la evidencia de la falta de amor por Cristo. El apóstol Juan escribió lo siguiente:

1 Juan 5: 3 = Porque este es el amor de Dios: que guardemos sus mandamientos, y sus mandamientos no son gravosos.

1 Juan 4: 18 = En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor, porque el temor involucra castigo, y el que teme no es hecho perfecto en el amor.

Es el desobediente quien es castigado. Por lo tanto, Juan dice que aquellos que son perfectos en el amor no tienen miedo, para ser perfecto en el amor debemos ser perfectos en obediencia. La obediencia no debe temer ningún castigo. Comencemos a pensar en la obediencia a Dios en términos de amarlo. Si lo amamos vamos a crucificar la carne. Si lo amamos vamos a someter y gobernar sobre la naturaleza bestia. El Señor nos permite ser probados por la presencia del pecado en nuestra carne para que podamos demostrar nuestro amor por Él.

La manifestación más alta de la naturaleza divina es el amor. Si lo amamos y nos amamos unos a otros entonces hemos llegado a ser como Dios. Llevamos su imagen y su semejanza cuando caminamos en el amor. Si decimos que no somos capaces de caminar obediente en todas las cosas delante de Dios, en realidad estamos diciendo que no somos capaces de caminar en el amor perfecto. Sin embargo, Dios nos ha dado la gracia suficiente para caminar en el amor todo el tiempo. Nunca necesitamos elegir caminar aparte del amor.

La marca de los vencedores es el amor, mientras que la marca de la naturaleza de la bestia es el egoísmo. Aquellos que alcanzan la victoria sobre la bestia, su imagen y el número de su nombre son los que aman a Dios. Los que reciben la marca de la bestia son los que aman a sí mismo. ¿Qué marca vas a recibir tú?

PD: Desde Abril, reflexiones de actualidad con visión de Reino. Material de colección.

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4 – Los Vencedores

El libro de Apocalipsis contiene muchos contrastes. Es mucho lo que está oscuro y trágico, pero también hay una gran luz y  victoria. Mientras que un grupo de hombres son juzgados por Dios por recibir la marca de la bestia, otro grupo es recompensado por el logro de la victoria sobre la bestia, su imagen y el número de su nombre. El libro de Apocalipsis habla de los santos que son vencidos por la bestia, así como aquellos que son vencedores de la bestia, siendo marcados en la frente con el nombre del Padre y del Hijo. Me imagino que todos los que lean este libro aspiran a ser contados entre los vencedores. Grandes promesas se hablan a los vencedores. Estas promesas no pertenecen a todos los que nombran el nombre de Cristo. Muchos santos no han alcanzado estas cosas, y grandes números en esta hora están en peligro de perder las cosas que son imposibles de valorar. A los vencedores se promete lo siguiente:

Apocalipsis 2: 7 = El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios. (Verso 11)  El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El vencedor no sufrirá daño de la muerte segunda. (Verso 17)  El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al vencedor le daré del maná escondido y le daré una piedrecita blanca, y grabado en la piedrecita un nombre nuevo, el cual nadie conoce sino aquel que lo recibe.

Apocalipsis 2: 26-28 = Y al vencedor, al que guarda mis obras hasta el fin, LE DARE AUTORIDAD SOBRE LAS NACIONES; Y LAS REGIRA CON VARA DE HIERRO, COMO LOS VASOS DEL ALFARERO SON HECHOS PEDAZOS, como yo también he recibido autoridad de mi Padre;  (28)  y le daré el lucero de la mañana.

Apocalipsis 3: 5  = Así el vencedor será vestido de vestiduras blancas y no borraré su nombre del libro de la vida, y reconoceré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles. (Versos 12-13) Al vencedor le haré una columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, que desciende del cielo de mi Dios, y mi nombre nuevo.   ‘El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

(Versos 21-22) Al vencedor, le concederé sentarse conmigo en mi trono, como yo también vencí y me senté con mi Padre en su trono.  (22)  ‘El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

Apocalipsis 21: 1-7  = Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existe. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, preparada como una novia ataviada para su esposo. Entonces oí una gran voz que decía desde el trono: He aquí, el tabernáculo de Dios está entre los hombres, y El habitará entre ellos y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos. El enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado. Y el que está sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y añadió*: Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas. También me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tiene sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El vencedor heredará estas cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo.

Un gran engaño ha caído sobre la iglesia, porque un gran número de santos han recibido la mentira de que todo lo que se requiere para heredar todas las cosas que figuran como la herencia de los vencedores es que mantengan su confesión de Jesús el Mesías. Sin embargo, las Escrituras revelan que creer en Cristo, y confesarlo como Salvador y Señor, no es suficiente para recibir estas promesas. También se debe conformar a Cristo, ser sellados en sus frentes con los nombres del Padre y del Hijo.

Uno debe triunfar sobre la bestia, su imagen y el número de su nombre. El cristiano profesante debe manifestar el fruto de una vida transformada por apartarse del pecado y exhibir la justicia. Jesús era muy sencillo en revelar el hecho de que no era suficiente ser simplemente un confesor de Cristo, u ofrecer incluso hasta muchas buenas obras a Dios. Sólo hay una cosa que satisface la justicia de Dios, que es conocer Su voluntad y hacerla.

Mateo 7: 21-23 = No todo el que me dice: «Señor, Señor», entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: «Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?» Y entonces les declararé: «Jamás os conocí; APARTAOS DE MI, LOS QUE PRACTICAIS LA INIQUIDAD.»

Estas palabras de Cristo revelan que la mera confesión está muy lejos de la voluntad de Dios para los santos. Incluso haciendo obras buenas y milagrosas se quedan cortos, porque todavía se puede ser auto-dirigido en hacer tales cosas. Sólo  entrará en el Reino de los cielos, el que hace la voluntad del Padre.  ¿Y cuál es su voluntad? Que la humanidad debe asumir su imagen y su semejanza, someter y gobernar a las bestias. Este fue el primer mandamiento de Dios al hombre, y su voluntad en este asunto no ha cambiado.

El santo tiene que llegar a una perfecta resignación a la voluntad de Dios en cada área de su vida. Él debe perder la vida del alma para ganar la vida divina. Hay mucho lenguaje simbólico utilizado en Apocalipsis que habla de los vencedores. La mayoría de los maestros de la profecía se han centrado solamente en lo físico, o carnal, en el sentido de las palabras, y se han quedado cortos en mirar la comprensión espiritual que es lo más importante. A continuación se presenta un tal pasaje que se refiere a los vencedores en Cristo.

Apocalipsis 12: 11 = Ellos lo vencieron (al diablo) por medio de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio de ellos, y no amaron sus vidas, llegando hasta sufrir la muerte.

Muchos maestros de profecía hoy entienden este versículo como una  evidencia más de que un gran martirio se llevará a cabo en los últimos días, y que muchos cristianos serán asesinados por su fe. Sin embargo, no todos los vencedores mueren como mártires. El apóstol Juan quien escribió estas palabras no murió como mártir, pero sin duda se encuentran entre los vencedores. Hay algo más que una muerte natural en lo que se habla aquí, y Jesús  reveló a sus discípulos lo que es.

Mateo 1038-39 = Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.  El que ha hallado su vida, la perderá; y el que ha perdido su vida por mi causa, la hallará.

La pérdida de la vida de uno está claramente vinculado aquí para tomar la cruz. Tomar la cruz no está hablando de los forasteros que matan a los santos, sino que habla de los santos que ponen a la muerte su propia carne con todos sus deseos carnales. No todos los creyentes tienen, o tendrán, de frente la persecución desde afuera a tal grado en que sean asesinados por su testimonio, sin embargo, todos los santos son llamados a tomar la cruz y poner la carne a la muerte.

Gálatas 5: 24 = Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.

Acaso no está claro que cuando el Espíritu revela a Juan una imagen de un gran ramera que monta sobre una bestia, esta ramera no ha crucificado la carne? Es por esto que Juan escribió que la bestia finalmente gira sobre ella y la consume con fuego y come su carne.  La muerte que todos los vencedores deben morir no es el martirio físico, sino una muerte diaria a los deseos de la carne y la obstinación del alma del hombre. Jesús aporta una mayor comprensión de este asunto con las siguientes palabras:

Mateo 16: 24-28 =  Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Pues ¿qué provecho obtendrá un hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma? O ¿qué dará un hombre a cambio de su alma? Porque el Hijo del Hombre ha de venir en la gloria de su Padre con sus ángeles, y ENTONCES RECOMPENSARA A CADA UNO SEGUN SU CONDUCTA. En verdad os digo que hay algunos de los que están aquí que no probarán la muerte hasta que vean al Hijo del Hombre venir en su reino.

Me gustaría señalar un gran engaño que se ha producido en esta hora, porque yo nunca he oído una sola enseñanza de algún predicador o maestro de la profecía decir lo que voy a compartir a continuación: Ha habido muchas discusiones sobre lo que significa la última frase aquí. ¿Qué intención tenia Cristo cuando dijo: hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino? He oído muchas teorías, y todos ellos hablan de esto como una declaración positiva de que algunos no experimentarían una muerte natural antes de que vieran a Cristo revelado en gloria. Algunos han sugerido que esto se cumplió cuando Cristo se transfiguró en el monte, en presencia de Pedro, Santiago y Juan.

Permítanme sugerirles a ustedes otra interpretación que está en consonancia con el contexto del pasaje. Jesús había declarado que todos los que buscan salvar su vida natural, carnal y anímica la perderían, y sólo aquellos que murieran a su vida natural por tomar la cruz encontrarían la verdadera vida, la vida divina de Dios. Luego dice que algunos de aquellos a los que Él está hablando no gustarán la muerte hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su Reino. ¿De qué  muerte Él ha estado hablando?  ¿Ha estado hablando de la muerte física de los cuerpos de los hombres? ¡No! Él ha estado hablando de la muerte que se define como tomar la cruz. Jesús estaba declarando que entre aquellos que Él habló, algunos no gustarían esta muerte a la naturaleza del alma del hombre hasta que lo vieran venir en su Reino.

Estas no son palabras positivas las que está hablando. Son palabras de gran dolor y calamidad. Cristo estaba declarando que muchos hombres esperarían demasiado tiempo para experimentar la muerte a la que fueron llamados a abrazar.  Una muerte a la vida natural de Adán. Algunos no gustarían la muerte hasta que vieran al Hijo del Hombre viniendo en su reino. Es por esto que leemos una respuesta tan grave de la humanidad cuando se produce la señal de la venida de Cristo.

Mateo 24: 30-31 =  Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre; y entonces todas las tribus de la tierra harán duelo, y verán al HIJO DEL HOMBRE QUE VIENE SOBRE LAS NUBES DEL CIELO con poder y gran gloria. Y El enviará a sus ángeles con UNA GRAN TROMPETA y REUNIRAN a sus escogidos de los cuatro vientos, desde un extremo de los cielos hasta el otro.

¿Sabes quién se afligirá más? Serán aquellos que han sido confesores de Cristo, pero que han evitado la obra de la cruz en sus vidas. Estos se han evitado degustar  la muerte de su naturaleza caída, hasta que sea demasiado tarde. No serán contados entre los elegidos, los vencedores, y tendrán sus nombres borrados del libro de la vida del Cordero.  El libro del Cordero de la vida  ha registrado en él los nombres de todos aquellos que han abrazado la obra de la cruz, y que han permitido a Dios llevarlos a una conformidad a Cristo en esta vida, para que no tengan que experimentar la purga del Lago de fuego. Hermanos, escuchen las palabras de la Escritura: 

Salmo 69: 28 = Sean borrados del libro de la vida, y no sean inscritos con los justos.

Apocalipsis 3: 4-5 =  Pero tienes unos pocos en Sardis que no han manchado sus vestiduras, y andarán conmigo vestidos de blanco, porque son dignos. Así el vencedor será vestido de vestiduras blancas y no borraré su nombre del libro de la vida, y reconoceré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles.

Apocalipsis 20: 15 =  Y el que no se encontraba inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.

Apocalipsis 2: 10-11 =  No temas lo que estás por sufrir. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.  El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El vencedor no sufrirá daño de la muerte segunda.

Todos aquellos que son llamados  hijos de Dios tienen sus nombres escritos en el libro de la vida del Cordero. Sin embargo, muchos son llamados, y pocos escogidos. Muchos tendrán sus nombres borrados del libro de la vida, ya que se han negado a aceptar la cruz del discípulo y crucificar su carne con sus pasiones y deseos. Han mantenido el control sobre sus vidas y han vivido de acuerdo con su propia dirección y la iniciativa.

Ellos han buscado las cosas que perecerán en lugar de las que son eternas. Se invita a todos los cristianos a presentar sus cuerpos como sacrificio vivo sobre el altar de Dios ahora en esta era que su carne puede ser consumida y para que salga como el oro que ha sido probado en el fuego. Sin embargo, un gran número de santos han protegido su carne y han vivido para cumplir el deseo de sus almas. Ellos han amado sus vidas y van a perderla. Sólo aquellos que han odiado sus vidas la salvaran.

¿Puedes ver el lenguaje sencillo que Cristo está empleando? Él no está hablando acerca de una muerte física al cuerpo, sino un sometimiento y gobierno sobre todo lo que es de la carne y de la naturaleza bestia. Algunos santos esperan demasiado tiempo para someter y gobernar sobre lo que Dios les mandó. Cuando vean a Cristo que aparece será demasiado tarde. Algunos no gustarán la muerte hasta que aparezca Cristo, y la muerte que luego probarán será la segunda muerte que está reservado para todos aquellos que han evitado el trabajo de la cruz.

Para una explicación más detallada de la finalidad del Lago de Fuego, y el entendimiento de que muchos santos han de compartir un lugar con los incrédulos allí, ver el libro «Plan de las Edades de Dios.» El lago de fuego no es para la eternidad como la iglesia enseña hoy, pero esta «segunda muerte» debe llegar a su fin, porque el último enemigo que será destruido es la muerte. El lago de fuego pasará cuando se cumpla su propósito.]

Volvamos ahora a lo que está escrito de los vencedores. Juan registra que «menospreciaron sus vidas hasta la muerte.» ¿No es claro ahora que él no está hablando del martirio físico, sino de la obra de la cruz en su vida? Los vencedores son vencedores porque han alcanzado la victoria sobre su propio cuerpo y la naturaleza animal que reside en la carne. Que Juan está usando lenguaje simbólico para hablar de asuntos espirituales se revela aún más si nos fijamos en otra Escritura en relación con los vencedores.

Apocalipsis 20: 4 = También vi tronos, y se sentaron sobre ellos, y se les concedió autoridad para juzgar. Y vi las almas de los que habían sido decapitados por causa del testimonio de Jesús y de la palabra de Dios, y a los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, ni habían recibido la marca sobre su frente ni sobre su mano; y volvieron a la vida y reinaron con Cristo por mil años.

La palabra decapitado aquí viene de una palabra griega que no se produce en ninguna otra parte en las Escrituras. Denota que tiene la cabeza cortada con un hacha, que era un tipo bastante común de la pena capital en la época romana. Leemos en los evangelios donde Herodes decapitó a Juan Bautista de esta manera. Pero este no fue el único método empleado para los santos mártires. Muchos de los primeros santos de la época romana fueron crucificados. Algunos fueron apedreados hasta la muerte. Muchos fueron llevados a los foros y dado a las fieras como leones. Otros fueron quemados hasta la muerte como «velas romanas», y había muchas otras formas en que los santos han sufrido la muerte a manos de sus perseguidores. 

Tenemos que concluir que el Espíritu Santo no está tratando de transmitir con estas palabras que sólo los que están decapitados físicamente son contados entre los vencedores y se les entregará el honor de reinar con Cristo durante el período del Milenio del Reino de Dios. Más bien, las palabras usadas para describir esta decapitación están llenas de simbolismo y están destinados a ser entendidas en sentido figurado. En un trabajo anterior leímos que los vencedores son sellados en sus frentes con los nombres del Padre y del Hijo. Esto tipifica al que ha tenido a Cristo como su cabeza, y no son ellos su propia cabeza . Estos vencedores tienen la mente de Cristo, y ya no viven conforme a las concupiscencias y lujurias de los hombres, sino para la voluntad de Dios. En I Corintios Pablo emplea simbolismo de la cabeza que se relaciona con la autoridad y la sumisión. El escribe:

1 Corintios 11: 3 = Pero quiero que sepáis que la cabeza de todo hombre es Cristo, y la cabeza de la mujer es el hombre, y la cabeza de Cristo es Dios.

Si un hombre tiene a Cristo como su cabeza, entonces esto indica que un hombre no tiene cabeza propia. Deben figurativamente cortarle la cabeza a fin de tener a Cristo como su Cabeza. Un hombre debe morir a su propia voluntad, iniciativa y deseos que se encuentran en su cabeza, y él debe tomar la cabeza de Cristo como la suya. El hombre debe vivir por la voluntad de Cristo, no sólo llamarlo a Él Señor, pero vivir como si Él no fuera el Señor. Él debe tomar los deseos de Cristo como propios, sometiendo su cuerpo y manteniéndolo en sujeción cuando encuentre deseos que surgen que son contrarios a la voluntad de Cristo.

Ningún hombre puede tomar a Cristo como Cabeza y mantener su propia cabeza al mismo tiempo. Dios no desea monstruos de dos cabezas. Así que todos los que son vencedores deben perder sus propias cabezas. Este es el entendimiento espiritual de las palabras de Juan en el Apocalipsis.  Él no está indicando que la guillotina se pondrá de nuevo de moda en los últimos días, lo cual es una idea que muchos maestros han estado sugiriendo. Él está diciendo que los vencedores serán decapitados al recibir a Cristo como su cabeza en lugar de su propia cabeza. Estarán perfectamente resignados a la voluntad de Dios en sus vidas, no perseguirán su propia agenda y objetivos, pero vivirán para hacer la voluntad de Dios.

Muchas tonterías se enseñan como verdad en este día. Satanás está derramando un torrente de engaño para barrer a todos santos. Los libros muy populares de la serie «Dejados Atrás» están promoviendo muchas interpretaciones erróneas de las palabras de Daniel y Juan. Trágicamente, ellos están animando a muchos santos a centrarse en una batalla que vendrá de fuera de sus cuerpos, cuando la verdadera batalla se encuentra dentro. Los vencedores no lograran la victoria mediante la formación de algún grupo de oposición política para soportar a un gobernante malvado en el mundo, ni mediante el empleo de medios carnales para resistir su dominación. Tales especulaciones son peor que la locura, son mentiras condenables y engañosas, porque llevan a los santos lejos de la mente de Dios, y los vacunan contra la verdad. Los vencedores en Cristo alcanzarán victoria por medio de abrazar la cruz de Cristo. La sangre del Cordero, la palabra del testimonio de ellos, y no amando sus vidas carnales y anímicas les traerá la victoria. ¡El que tenga oídos para oír oiga lo que el Espíritu está hablando!

PD: Desde Abril, reflexiones de actualidad con visión de Reino. Material de colección.

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Espíritu Libre, Fe Domesticada

El tema del cual voy a hablar hoy, no exagero nada si te digo que es el más importante del mundo. Y tampoco exagero negativamente, si te añado que la iglesia convencional ha hablado muy poco de esto. Y el tema del cual vengo hablando hace mucho tiempo y hoy quiero ampliarme, es el único tema del cual predicó Jesús. Un tema del cual, si bien vengo enseñando de todas las maneras posibles y factibles, debo reconocer que todavía es mucha la gente creyente que no lo ha terminado de entender.

Aunque a muchos les suene repetitivo, estoy bajo obligación de hablar de esto. Y me pone muy feliz que entre todos los que tienen por costumbre o hábito escucharme, haya muchos apóstoles y pastores. Porque el mensaje, siempre es y será más importante que el título. Si hubiera que darle un título convencional, esto debería llamarse “Volviendo a Descubrir el Reino”. Y si no me escuchaste nunca hablar de esto, toma apuntes, porque cuando se oye algo por primera vez, apenas se logra memorizar no más e un treinta o treinta y cinco por ciento.

De paso te digo que, científicamente, está probado que, si tomas nota de lo que oyes, vas a recordarlo en un porcentaje promedio del sesenta o setenta por ciento. También se ha comprobado que, si tú oyes algo siete veces, vas a recordar de eso un noventa y ocho por ciento. Por eso es mi deber, guiado por el Espíritu Santo, de seguir hablando de esto todas las veces que sean necesarias para que tú lo entiendas. Que es nada menos que entender el mensaje original y el propósito de Jesucristo.

Y te dije que esto es volver a descubrir el Reino. ¿Y por qué uso la terminología de “volver” a descubrir el Reino? Porque el Reino ha sido perdido. Es el mensaje más antiguo en la historia. Es el primer mensaje de Dios. Fue presentado en el primer capítulo del primer libro de la Biblia. El Reino. ¡Pero se perdió! Y por los últimos mil novecientos años, la iglesia ha perdido el mensaje del Reino. Y como perdimos el mensaje del Reino, h emos inventado nuestro propio evangelio.

Quiero comenzar hablando de la religión, por un momento. Del poder de la religión. La fuente de conflicto más grande de toda la historia, es la religión. Más guerras han sido peleadas por causa de la religión que por otra cosa. Millones de personas han sido muertas en el nombre de Jesús. La historia de la religión cristiana, es una historia sangrienta. Y no estoy hablando de la sangre de Cristo. Estoy hablando de la sangre de millones de personas inocentes.

Los cuales fueron muertos por la espada y por fuego, en el nombre de Jesús. Las Cruzadas, mataron millones de personas en Europa en el nombre de Jesús. La Inquisición fue también en el nombre de Jesús. Miles fueron muertos en el nombre de Jesús. En la religión cristiana, millones de judíos han sido muertos. Y no por Hitler, sino por cristianos confirmados por los Papas, en el nombre de Jesús. Y la religión es el problema más grande hoy día.

El terrorismo en líneas generales es impulsado por la religión. El quemar iglesias en ciertos y determinados países que todos conocemos, son todos hechos motivados por la religión. Las guerras entre católicos y protestantes libradas en Europa fueron basadas en la religión. La fuente más grande de conflicto, en la historia, es la religión. ¿Y por qué es tan poderosa la religión? Porque la religión trata de sustituirse en lugar del Reino de Dios.

Esta es la razón por la que después, cuando se predica el Reino, la oposición más grande siempre va a ser la religión. Porque la religión es un sustituto para el Reino de Dios. El hombre está más dispuesto a morir por su religión que por cualquier otra cosa. La religión controla millones de personas, y ellos morirían por ella. Se pondrían bombas en los cuerpos y se explotarían. Religión. Budismo. Hinduismo, Islam, Sintoísmo, Cristianismo. ¡Esas son religiones!

Y siguen siendo la fuente más grande de conflicto en el siglo veintiuno. Jesús nunca trajo una religión a la tierra. Jesucristo no es un hombre religioso. Él nunca introdujo una religión. La religión nunca fue su idea. ¡Nosotros somos los que hemos reducido a Jesús a un líder religioso! Hemos edificado una religión alrededor de Jesucristo. Y es una tragedia, porque nos hemos reducido a ser igual que los otros. ¡Nos ponen en la misma caja que a las otras religiones!

La oposición más grande para con el mensaje y la visión de Jesús, no fueron los pecadores. ¡Jesús no tuvo oposición por parte de los pecadores! Eran sus amigos. Dice la Biblia que era amigo de pecadores, de publicanos, prostitutas, borrachos. ¡Eran sus amigos! ¡El nunca fue atacado por los pecadores! Su oposición más grande, fue la de la gente religiosa. ¿Por qué? Porque su mensaje amenazaba la seguridad de ellos. El vino a destruir la religión.

Él sabía que la religión era la atadura de la humanidad. Toda religión viene con diferentes nombres, pero es el mismo poder opresor. La fuerza más poderosa en la cultura del hombre, es la religión. La religión, quedó dicho, ha motivado más destrucción que cualquier otra fuente. ¿Qué es la religión? ¿De dónde viene? ¿Por qué está dentro de la cultura? Por siete mil años de historia ha quedado demostrado que cada región geográfica, cada cultura, cada raza, indefectiblemente ha producido una religión.

¿Por qué? Porque la religión es el intento carnal del hombre para buscar al Reino de Dios. Pero ninguna religión va a satisfacer el alma humana. Porque la religión misma es una búsqueda. Distintas en cada caso de las más conocidas, pero sin traerle paz al alma humana cualquiera de ellas. Porque el hombre busca y ese no puede ser su descubrimiento. La Biblia no se trata de religión. La Biblia se trata de tres cosas: Un Rey, un Reino y sus hijos.

La Biblia no se trata de religión. Se trata acerca de un Rey, su Reino y su familia real. La Biblia se trata de un negocio de familia. Se trata de un Rey, el cual es dueño de un negocio. Y su negocio es reinar. La Biblia se trata de un Reino colonizando la tierra. La Biblia es acerca de la restauración de una familia real. La Biblia no se trata de religión. Es acerca de un Rey, es acerca de un Reino, de una familia real. Si tú quieres saber qué perdió el hombre, estudia lo que Jesús trajo.

Si tú quieres saber qué perdió la humanidad, estudia lo que Jesús trajo a la tierra. Lo que Él trajo a la tierra, es lo que el hombre perdió. Y Jesús no trajo una religión. Así que hay una cosa que sabemos que el hombre nunca perdió. Tu problema no es la religión. Tú no necesitas religión. ¡Eso no es lo que perdiste! Jesús nunca trajo una religión a la tierra. Jesús nunca trajo rituales a la tierra. Te hablo con autoridad delegada y te digo que Jesús trajo a la tierra lo que necesitabas.

¿Y qué trajo Jesús a la tierra? ¿Cuál era su mensaje? Vamos a leer sus propias palabras. Mateo capítulo 4. Jesucristo tiene ya treinta años. Había sido probado en el desierto. ¡Sabías que un hombre no podía ser calificado a ser rabino hasta que o tuviera treinta años? Así que Él esperó para ser calificado, para ser escuchado. Eso es importante para ti. Te tienes que calificar para que otro te escuche, te acepte. No importa qué tan bueno sea tu mensaje. ¡Tienes que ser calificado para ser escuchado!

Así que tiene treinta años, pasó la prueba en el desierto, estaba lleno del Espíritu Santo sin medida, y comienza su misión terrenal. Son muchos los que saben que, para tener un negocio exitoso, lo primero que se debe hacer es identificar la misión. Él está por hacer su primera declaración pública. Él va a explicar cual es su misión. Puedes leerlo en tu Biblia. Mateo 4:17: Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.

Dice que comenzó a predicar. Predicar quiere decir proclamar, anunciar. ¿Qué predicaba? ¿Qué proclamaba? ¿Diosito? ¡Arrepentíos! ¡Porque el Reino de los cielos se ha acercado! Algunas traducciones dicen: Está a la mano…o Está cerca… Pero en el hebreo original, dice simplemente ¡Ha llegado! Dijo: ¡Arrepentíos! Las primeras palabras del ministerio público de Jesús. La primera palabra de su ministerio terrenal. Mira la primera palabra. ¡Arrepentíos!

La palabra arrepentíos, no quiere decir pasar al frente en una reunión religiosa. Venir y hablar de tu pasado, llorar por ello y sentirse mal. Eso no es arrepentimiento. La palabra arrepentimiento quiere decir cambio de mentalidad. Cambia la manera en la que habías sido condicionado a pensar. Lo primero que Jesús ataca en su ministerio, es tu mentalidad. Dice: ¡Cambia tu mente! ¡Cambia la manera en que te enseñaron a pensar! ¡Tu educación está equivocada!

Comienza con un insulto. Dice: todo lo que te han enseñado, en el judaísmo, en los herodianos, la filosofía griega, la filosofía romana, la filosofía pagana, todas las religiones, dice: ¡Cambia tu mentalidad! ¡Son males! ¿Por qué? ¡Porque el Reino de los cielos ha regresado a la tierra! Tus conceptos están equivocados. Tus ideas están mal. Lo primero que tienes que hacer para entender el Reino, es atacar a tus propios conceptos.

Cada uno de ustedes allí, tiene sus propios conceptos. De Dios, del cielo, de la tierra, del plan de Dios, del propósito de Dios, de la intención de Dios. Tu tienes sobre todo eso tus propias ideas. Él te dice: ¡Cámbialas! ¡Están mal! ¿Por qué? Porque el Reino de los cielos, ha llegado. Ese fue su anuncio público. Lucas capítulo 4. Mira el verso 43:  Pero él les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado.

Fíjate. Jesús nunca dijo: “yo debo predicar el evangelio” El no dijo eso. Porque si Él dijera: “voy a predicar el evangelio”, podría ser cualquier cosa. Porque evangelio quiere decir buenas nuevas. Cualquier cosa cabe allí. UN día vas a tu trabajo y tu jefe te dice que han resuelto aumentarte el sueldo. ¡Esa es una buena nueva! En otras palabras, eso es evangelio. Buenas noticias. Pero Jesús nunca nos dejó en dudas respecto a cuáles eran las buenas nuevas.

Esa buenas nuevas eran el anuncio del Reino de Dios retornando a la tierra. Jesús sólo tenía una buena noticia. El Reino de Dios. El Reino. Y mira lo que dice luego. Yo debo predicar eso. Es necesario que lo haga porque para eso es que he sido enviado. Lo que después la religión invente sobre mi existencia es un problema de ellos y de los que se lo crean. Yo vine a esto, a predicar el Reino de los cielos. ¿Queda claro?

Y no sólo eso, también les dijo que debía hacer lo mismo en otros lugares. Porque para eso fue enviado. Él dijo: “debo dar este mensaje, las mejores noticias que tengo. El Reino de Dios ha llegado a la tierra”. ¡Ese es el propósito por el cual vine! Él no vio al calvario ni a la cruz como su prioridad. Era importante, pero Él fue claro por la razón que vino: devolverle al hombre el Reino de los cielos. ¡Esas son las buenas nuevas! Tú puedes tener el Reino otra vez.

¿Qué predicaba Juan el Bautista? Busca Mateo capítulo 3. ¿Algunos de ustedes creen que Juan era un bautista? Juan no era un bautista. Juan no predicaba el bautismo. Esas no eran las buenas nuevas. Ese no era el mensaje. Juan no predicó el bautismo en agua. Él sí bautizaba, pero ese no era el mensaje. Juan era el primo de Jesús. Era seis meses mayor que Jesús. Y Jesús hizo a Juan poco menos que su pastor. ¿Por qué se sometió Jesús a Juan? Porque se convirtió en un discípulo de Juan.

¿Qué es un discípulo? La palabra discípulo, no es una palabra religiosa. Porque simplemente quiere decir, estudiante. Los griegos tenían estudiantes. Platón tenía estudiantes. Sócrates tenía discípulos. Aristóteles tenía discípulos. ¡Los fariseos tenían discípulos! Los saduceos tenían discípulos. Juan tenía discípulos. Todo el mundo tenía estudiantes. ¿Qué hacía que alguien fuera un estudiante? Someterse a la filosofía del maestro. Al maestro que enseñaba.

Un discípulo es un estudiante. El cual se une a cierto maestro. Porque quería los pensamientos de este maestro. Así que en los días de los griegos y los romanos, Jesús nació. Había muchas escuelas. Una escuela era, simplemente, un maestro que enseñaba, con estudiantes. Y se llamaba, “una escuela de pensamiento”. Así que Jesús podía ser parte de los fariseos, podía unirse a los saduceos, se podía unir a los herodianos, se podía unir a los griegos, se podía unir a los filósofos romanos, pero Jesús puso sus ojos en Juan.

Y le dijo que quería su filosofía, que creía en lo que estaba trayendo. ¿Cuáles eran los pensamientos de Juan? ¿Cuál era su filosofía? ¿Cuál era su mensaje? Léelo. Mateo 3:1-2: En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. Juan nunca predicó una religión. Por eso no podía ser parte de los fariseos. No podía unirse a los saduceos, no podía unirse a los herodianos, no podía unirse a los griegos ni a los romanos.

Juan vino con un mensaje que no era religioso. ¡Arrepentíos! Porque el Reino de los cielos ha regresado a la tierra. Y Jesús dijo: ¡Estos son mis pensamientos! Yo me someto a eso. Yo me voy a unir        se hombre. Y se sometió a Juan. Bautízame y hazme tu discípulo. ¡Yo soy estudiante! El Reino es lo que predicaba Juan. Mateo capítulo 5. Jesús dijo estas palabras del Reino. Siete billones de personas están en el planeta tierra ahora mismo.

Y Jesús ha analizado cada problema humano. Él ha analizado a todo humano, tenga el color de piel que tenga, la etnia que tenga y la raza de la cual sea producto. Y su conclusión ha sido que cada ser humano, ya sea de Europa, de África, de América o de Asia, sufre del mismo problema. Siete billones de personas sufren por un problema, dice. Vacío espiritual. Hay un vacío, son pobres espiritualmente. Mal nutridos espiritualmente. Siete billones de personas. Científicos, abogados, médicos, mecánicos, obreros, hombres, mujeres, todos sufren.

Sufren de pobreza espiritual, de vacío espiritual. Tienen ese vacío y tratan de llenarlo con dinero, con poder, con posición, con sexo promiscuo, con droga, con religión. Fama, gloria, entretenimiento, aún con predicar lo tratan de llenar. Pero miren lo que dice. Mateo capítulo 5, su primer sermón público, la primera declaración de su sermón, dice: ¡Bienaventurados los pobres en espíritu! Benditos son aquellos que son espiritualmente pobres.

La palabra bienaventurado, bendecido quiere decir contento. Él dice: si te das cuenta que eres pobre espiritualmente. Como político, como actor, como mecánico, como maestro, como profesor, como piloto, como doctor, como abogado, como mujer, como hombre, como estudiante. Si te das cuenta que eres pobre espiritualmente, puedes ponerte contento porque yo traje conmigo la solución. Para ustedes, los que están en bancarrota espiritual, ha llegado el Reino de los cielos.

Esa es la razón por la cual tú me estás escuchando hoy y no otro día.  Esta es la razón por la cual la religión nunca va a satisfacer. Incluyendo al cristianismo. Porque Jesús dijo: Contentos son aquellos que son pobres en espíritu. Porque a ellos les pertenece, no la religión, no la filosofía, no la política, no el poder, no los títulos, no la posición, sino el Reino de los cielos. Esa es la razón por la cual muchas personas religiosas van a casa de noche, después de una buena reunión en su iglesia, se acuestan de espaldas y apaga la luz. Miran el techo y nuevamente están solos.

Se sienten ahí, después de todo el grito, y la predicación, y los rituales, y las costumbres. Se sientan, miran el techo, solos en la noche. Y les escucho decir: ¿Es esto todo? Porque la religión nunca puede satisfacer al hombre. Porque el hombre no perdió una religión, ¡Lo que perdió fue un Reino!  Mateo capítulo 5, verso10. El mismo capítulo dice: Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Cuando tú comienzas a predicar el Reino, tú serás perseguido. ¡Por gente religiosa! Mateo capítulo 23. Allí dice que la oposición número uno para el Reino de los cielos, para el mensaje del Reino, ¡Es la gente religiosa! Vamos a leer sus propias palabras. Mateo 23:13: Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando.  

La palabra “ay” en hebreo, se traduce como “maldito hasta el infierno”. ¡Eso les dice! ¡Era la palabra más fuerte que se le podía decir a una persona en ese tiempo! ¡Y Él se la estaba diciendo a un importante líder religioso! ¿Así que andas con ese movimiento que habla del Reino? ¡Cuidado! Eso advierte la religión. ¡Está impidiendo que lo encuentren los que quieren buscarlo! ¿Por qué? Porque religión es un sustituto para el Reino de Dios.

¡Claro! La religión es un buen negocio. Mateo capítulo 24. Léelo. Todo el capítulo es una respuesta a una pregunta. Los discípulos le preguntan cuando será el fin del tiempo. ¿Cuándo vendrá el fin del mundo? Y aun nos hacemos esa pregunta, dos mil y tantos años después. Y Él contesta la pregunta, la responde, pero la mayoría de los ministros ignora su respuesta. ¡Los teólogos ignoran su respuesta! Las escuelas bíblicas ignoran su respuesta. Los obispos, apóstoles, profetas, pastores, evangelistas y maestros ignoran su respuesta.

Así que entonces inventan su propia respuesta. Léete todo el capítulo 24 de Mateo, esa es tu tarea. Él respondió a su pregunta de cuando sería el fin del tiempo. Primero, les dice cuando el fin NO vendrá. VA a haber muchos cristos. Buda, Mahoma, Hare Kirshna, país, gurúes. Muchas religiones con muchos cristos, esto es, supuestos ungidos. Se levantarán por todo el mundo. Y dice que después habrá guerras y muchos más rumores de guerra. Habrá pestes, SIDA, Covid, habrá terremotos, tsunamis. Pero que no se turbe vuestro corazón, porque el fin aun no ha llegado.

Cuando los aviones derrumbaron las torres en Estados Unidos, una enorme cantidad de predicadores salieron a decir que había comenzado el fin, que Cristo ya estaba viniendo. ¡Cállense! El fin no es el mensaje. Viniendo pronto no es tampoco el mensaje ni mucho menos el evangelio. Déjeme decirlo. Y si te parece que esto es demasiado atrevido porque no encaja con la mayoría de lo que has oído, te desafío a que me demuestres que estoy bíblicamente incorrecto.

Jesús nunca predicó prosperidad. Nunca predicó nuevo nacimiento. Sólo mencionó ser nacido de nuevo una sola vez, a un viejo en una madrugada oscura, pero nunca a la multitud. Porque ese no era el mensaje. Porque ser nacido de nuevo no es el evangelio. Esa no es la buena nueva. Eso es bueno y necesario, pero no es la base del evangelio. Tampoco lo es la fe. Jesús nunca predicó fe. Nunca predicó liberación ¡Lee tu Biblia!

Esto no se trata de religión, se trata del regreso de una cultura. Él dijo: cuando ESTE evangelio. Está especificando lo que tú debes predicar. Conozco a un doctor en teología que me aseguró que en todos sus años de estudio, no hubo una sola clase que hablara acerca del Reino. Así que si un predicador se apega a lo que aprendió profesionalmente, está predicando otra cosa. Y esa es la razón por le cual Él no viene. Todavía no viene y ¿Sabes por qué? ¡Porque tú todavía ni siquiera tienes el mensaje!

No hay otro mensaje. Me siento muy mal al decir esto, pero peor me siento sabiendo que tu religión no está funcionando. Estás invirtiendo tiempo y dinero en escucharme, y no mereces que solamente se te entretenga con palabras lindas, pero sin contenido genuino. Mereces que alguien te diga la verdad, si es que nadie te la ha dicho antes. Yo puedo grabarte hermosos audios de fe, pero eso no es el evangelio. Puede hablarte de la prosperidad, de liberación, del nuevo nacimiento, pero eso sigue sin ser el evangelio.

Y dijo Jesús: Y cuando ESTE evangelio sea predicado. La mayoría de los teólogos no conocen el Reino. En las universidades y seminarios te hablan de San Agustín, del credo católico, te enseñan hermenéutica y homilética y luego, cuando apruebas todas esas materias, te califican con un distinguido y te dicen que ahora estás capacitado para salir a predicar. ¿Ah, si? ¿Y a predicar qué? Por eso Él estaba tan enojado con los líderes religiosos. Los acusaba de que su religión le impedía a las personas encontrar el Reino.

Repito lo que dejé inconcluso antes. Él dijo: cuando este evangelio del Reino sea predicado a todo el mundo, entonces vendrá el fin. Lo lamento. El fin todavía no viene porque yo y miles más no hemos estado predicando ese evangelio, sino otro, una imitación diluida para que la gente no se ofenda y se nos vaya. ¿Te das cuenta ahora por qué todavía los musulmanes, budistas e hinduistas no son atraídos por el cristianismo? ¡Porque ellos se dan cuenta que ese cristianismo es otra religión! ¿Y para que cambiar? Ellos ya tienen una, tan hueca y vacía como esta.

Mateo 9:35: Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. ¡Ey! ¡Es el único mensaje que tenía! Sí, sanaba y liberaba, pero cuando hablaba, ese era su mensaje. Además, jamás vas a encontrar un texto que te diga que Jesús sanó a un enfermo, curó a un leproso o liberó un endemoniado y después predicó el evangelio.

Siempre dice que predicó el Reino, primero y entonces sanó al enfermo, levantó al muerto, echo fuera demonios. ¿Sabes por qué hizo eso así? Porque un Reino es un gobierno. Un Reino es la influencia de un Rey sobre un territorio, impactándolo con su voluntad, su propósito, su intención. Un Reino no es una religión, es un gobierno. Esa es la razón por la cual dijo: la Palabra, tu Biblia, nuestra constitución dice que tú eres un embajador. O sea que eres alguien del gobierno.

Y mucho cuidado porque cuando habla un embajador de un país, su gobierno entero lo respalda. ¿El gobierno de Dios está presente? Tengo que comprobarlo mostrando el impacto. Cuando un gobierno va y te pone una enfermedad, hay otro gobierno que llega y te la quita. Y dice el verso 36: Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. (37) Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. (38) Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.

El Señor de la mies es el dueño y pide que esos obreros sean enviados a Su mies. Es suya. Capítulo 10, verso 1: Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia. ¿Les dio qué cosa, dice? Autoridad. Verso 5: A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, ¿Por qué? ¿Era discriminación? No, Él sabía que los discípulos no amaban a los gentiles, por eso se los dijo. No puedes llevar el evangelio a personas que no puedes amar.

¿Soy claro? Te lo repetiré. Si no amas al pueblo, no te metas en ningún ministerio. Si no te gustamos los hispanos, no vengas sólo por la ofrenda. Si no te caen simpáticos los negros, ni se te ocurra ir de misionero a África. Sólo puedes ganar a aquellos que tú amas. Así que será muy bueno que vayas aprendiendo a amar a todos. Instrucciones. No nos envió a la que nos salga. Nos dio al Espíritu Santo para que nos guíe y apoye, pero también nos dejó instrucciones muy precisas.

Verso 7: Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Instrucciones claras, obediencias diversas y minoritarias. ¿Sabes qué? Él no confiaba en los discípulos. Concretamente les dice: Muchachos; cuando vayan, no prediquen lo que me han visto hacer. ¡No prediquen los milagros! Ese no es el mensaje. Ellos lo vieron caminar sobre las aguas. Lo vieron convertir el agua en vino. Lo vieron sanar enfermos, lo vieron echar fuera demonios. ¡Pero no prediques eso!

Ese no es el mensaje. Esa es la evidencia. Me pregunto cuántos de ustedes han estado predicando por espacio de veinte o treinta años lo que Él hizo y no el mensaje. Chicos…ellos no quieren saber lo que yo hice, quieren conocer lo que necesitan y perdieron. Una última escritura. Mateo 13. No sé si habías visto esto antes. Porque generalmente solo leemos lo que estamos buscando. Y no siempre buscamos el Reino. Por eso tenemos nuestro propio mensaje.

Mateo 13. Jesús dio una parábola acerca del sembrador. Y vienen los discípulos en el verso 10: Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?  Él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; más a ellos no les es dado. ¡El Reino tiene misterios! Verso 16: Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. ¿Sabes qué? ¡Tienes más revelación toda junta que la que tuvieron aquellos profetas! Porque ellos se lo pasaban diciendo: viene, viene, viene. Y tú, en cambio, puedes sonreír y decir ¡Ya está aquí!

Verso 17: Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron. Él les explicó esta parábola, con toda claridad. Lo dice, verso 18 y 19: Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador: Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino. Hay un solo evangelio que a Satanás lo pone muy nervioso y lo obliga a presentarse personalmente. El evangelio del Reino. En todo lo demás. Con dos o tres demonios obedientes alcanza. Pero con el Reino, no.

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Lo que Muy Pocos te Dicen

Algo es indudable pienses como pienses y creas en lo que creas: comienzas tu vida como una persona, un rozagante bebé inocente. Y desde el instante en que llegas al mundo, tu cultura, tu familia, tu entorno y tu sistema educativo, comienzan a moldear tu sistema de creencias. Y esto puede ser peligroso, porque si tu cultura y tu entorno no te enseñan la verdad, entonces terminarás creyendo una mentira. Incluso sobre ti mismo.

Y tú sistema de creencias se convierte en tu filosofía personal, a partir de la cual influyes en los demás. Por eso el fundamento de tu capacidad de conducción o punto de referencia pública, está determinado por tu sistema de creencia privado. Por eso te enseño cuidadosamente línea tras línea, para impulsarte a cuestionar tus ideas sobre ti mismo. Tal vez provienes de una historia marcada por la opresión, la del imperialismo y el colonialismo que nos impulsaron ideas falsas sobre nosotros.

Se te enseñó a sr doméstico, jardinero, trabajador agrícola, a servir y a cocinar para los demás, pero no se te enseñó a poseer una empresa, a construir una sociedad o a dirigir un país, a comprar un campo petrolero o a invertir en una mina de oro. A esto siempre lo hacen otras personas, porque tú fuiste condicionado a creer que no puedes y que ni siquiera deberías intentar ser dueño de una empresa grande y poderosa.

Entonces, aceptamos esta idea. Nuestra filosofía nos dice que no podemos poseer eso, fuimos formados para convertirnos en empleados, no en empleadores. En realidad, hemos sido tan adoctrinados por una filosofía falsa, que tenemos miedo de poseer cosas. Tenemos miedo de triunfar. Incluso la religión que se nos enseñó, ha reforzado nuestra falta de confianza en nosotros mismos. ¿Sabes lo que se te ha enseñado durante los últimos cien años a través de la religión?

Tu doctrina venía de otro país. Tu sistema de creencias fue importado por aquellos que poseían a tus ancestros, y nos enseñaron a cantar canciones, ¿Verdad? Algunas de ellas dejaban más que en claro que nosotros, los simples, usaríamos cosas maravillosas en el cielo, mientras tanto hoy aquí en la tierra, a esas cosas las estarían usando otros más poderosos. Nos agrade o no reconocerlo, ese es un pensamiento de esclavo, no de hombre libre.

¡Y era una canción supuestamente cristiana! Sin embargo, lo que le decías a la gente más poderosa era que mientras ellos disfrutaban de sus riquezas ahora, tú seguramente lo harías después, cuando estuvieras en el cielo. Mientras tanto aquí, le reconocías y aceptabas que eras pobre y punto. Es una filosofía que muchos en Latinoamérica hemos escuchado desde niños, y algo está mal con ella. Porque, en suma, lo que te enseñaba a fuego, era a tenerle miedo a la prosperidad.

Te daban a entender que, si llegabas a prosperar demasiado, podías llegar a olvidarte de Dios. Así es que, lo mejor que podías hacer, era aceptar permanecer pobre. No digo que no exista un grado de verdad en algo de esto, pero no en el todo, como si fuera un punto generalizado global. Todos sabemos cómo actúa el enemigo. Toma una verdad, la adorna con lindo palabrerío religioso y, de pronto, cuando menos te lo esperas, la tergiversa y la convierte en una tremenda mentira que te crees sin dudarlo.

Recuerda que tal como un hombre piensa en su corazón, así dirige. Entonces, el pastor que proviene de esta misma filosofía, le predica a su gente que se alejen de todas esas cosas que pueden corromper el alma y el espíritu. Nadie podría decir que es una mala predicación, todo lo contrario. Pero lo que sí podemos asegurar es que, cuando la conviertes en un elemento central y definido, te convierte en alguien que jamás se atreverá a ir un paso más allá de lo que le aconsejaron de niño que debía ir.

Yo recuerdo haber escuchado sugerencias tales como mantenernos alejado del dinero, del poder, de las influencias y limitarnos a aguardar a que Jesús regresara nuevamente y pusiera todo en orden como debía ser. Y eso es, en grandes rasgos, lo que una gran mayoría de todos nosotros hemos predicado por años. ¿Realmente le hemos enseñado a nuestros hermanos que no debían ser los que daban las órdenes, sino sólo los que las recibían? Si, Eso fue, en mayoría, lo que muchos de nosotros escuchamos y repetimos.

Hoy, sin caer en falsos facilismos de doctrinas de prosperidad traídas de los cabellos de los intereses personales, vengo a sugerirte que, si quieres dar pasos hacia adelante aquí y ahora, mientras camines por esta tierra, deberás modificar sí o sí aquel viejo sistema de creencias que te metieron en el cerebro infantil y que te quedó grabado a fuego hasta hoy, que ya eres más que adulto. Porque Dios dijo que puedes dar órdenes, tener poder, influencias y ser el que conduce el bus, no el que viaja de lástima en él.

Ahora volvamos a ese niño pequeño recién llegado al planeta. Me pregunto quien es. ¿Tú puedes decirme quién es? No, nadie lo sabe. Sólo un niño inocente. Recuerda esto: todo el mundo nace como una persona. Este niño pequeño venía de una familia rota. Su padre abusaba de él. Su padre era religioso, pero le pegaba, lo lastimaba. Y este niño creció con un sistema de creencias retorcido sobre Dios. Déjame mostrarte quien era realmente este niño pequeño.

Un niño pequeño que parece inocente por donde lo mires, pero que cuando llegó a ser hombre, se convirtió en un hombre que todavía llevaba a ese mismo niño en su interior. Su nombre era Adolf Hitler. Su filosofía era muy seria, porque creía en una idea que había heredado de los romanos. Y para que nos quede claro lo que digo y hacia donde voy, deberemos hablar justamente de los romanos. Simplemente porque la mayor parte de nuestros países latinoamericanos, están dirigidos por las mismas ideas que tenían los romanos.

Hitler creía que había nacido y había sido elegido por Dios para restaurar el Imperio Romano. Él creía profundamente en eso. Pensaba que había sido creado y enviado para traer de vuelta la gloria de Roma. Y por eso quería someter a toda Europa, porque Roma gobernó el mundo entero. Roma fue el imperio más poderoso y más influyente de la historia. El primer reino que colonizó el mundo entero. Ningún otro reino ha superado jamás a Roma. Roma fue el proceso de colonización más exitoso de la historia.

Roma dominaba a todo el mundo conocido de entonces. Y Hitler creía que había nacido para restaurar la gloria de Roma. Pero la gran pregunta que nos surge, al ver esto, es: ¿De dónde sacaron los romanos sus ideas? Esto es más que importante, especialmente cuando debemos hablar de conducción, de punto de referencia. Los romanos habían conquistado a los griegos, y fueron los griegos los que inventaron la filosofía del liderazgo que todavía gobierna a nuestro mundo hoy.

Escúchame. Jesús nació bajo el Imperio Romano, en una colonia romana, controlada por ideas griegas. Los griegos han sido los filósofos más influyentes de la historia moderna. Ellos son los que inventaron las ideas que aun gobiernan el mundo hoy. En realidad, el Imperio Romano adoptó la filosofía griega, cuando invadió Grecia. Los romanos eran tan poderosos que destruyeron el imperio griego. Pero no destruyeron las bibliotecas griegas.

Los romanos fueron inteligentes. Tomaron las bibliotecas griegas, adoptaron las ideas griegas y su filosofía de liderazgo. Así que los romanos se volvieron griegos en su manera de pensar. Pero auténticamente romanos en su poder militar. Y he aquí por qué es importante para ti donde quiera que vivas, especialmente si es en algún lugar de Latinoamérica, porque estás en países que fueron construidos con ideas romanas en base a aquellas ideas griegas.

Por esa razón es que muchos pueblos americanos todavía están en plena lucha con su mentalidad. De allí que será más que interesante que te hable de tu pasado y de tu futuro. Los griegos creían ciertas cosas sobre la humanidad y sobre el liderazgo. Los romanos las adoptaron. Los europeos las usaron y colonizaron todo lo que colonizaron con estas mismas ideas griegas. Cada proceso de colonización transportó las ideas griegas y sometió a los pueblos.

Entonces, ¿Qué creían los griegos? Los griegos creían que el liderazgo, era el producto de un don natural. ¿Qué querían decir con eso? Estoy seguro que muchos de ustedes conocen a esos filósofos griegos que cambiaron el curso de la historia. Platón, un pensador griego muy poderoso. Aristóteles, un filósofo griego muy influyente. Sócrates, un pensador griego muy importante. Estos hombres formularon ideas que todavía dirigen el mundo hoy.

Podemos decir sin temor a equivocarnos que el mundo vivo es dirigido por hombres muertos. Nuestros países, hoy, están gobernados por hombres muertos. ¿Cómo es eso? Porque dejaron atrás sus ideas, y las ideas sobreviven a los hombres. Las ideas son más poderosas que la muerte. Los filósofos griegos como Platón, Aristóteles y Sócrates inventaron ideas. Voy a citar una de esas ideas. Es una idea griega, la palabra democracia es griega.

La democracia viene de Grecia, no de la Biblia. Los griegos inventaron el concepto de política. La palabra política, es griega. Significa “ciudadano principal”. De ahí viene la palabra político, y según los griegos, un político es una persona a la que el pueblo confía su autoridad y a la que establece como ciudadano principal por encima de los demás. Esta es una idea griega: el poder del pueblo dado a un ciudadano principal llamado político.

Ahora escucha esto. Jesucristo nació bajo este sistema político. Los romanos adoptaron la idea de que el liderazgo era el producto de un don natural. ¿Qué quería decir esto? Los griegos creían que ciertas personas nacían dotadas de ciertas características distintivas, que las hacían superiores a las demás. Por ejemplo, los griegos creían que el liderazgo era el producto también de rasgos de nacimiento. Esto significa que pensaban que algunas personas nacían naturalmente para ser líderes, porque poseían rasgos físicos que las hacían superiores.

Los griegos creían que si nacías con una nariz fina, cabello rubio, ojos azules y labios delgados, automáticamente, eras un líder. A esto que digo lo puedes verificar en internet donde quiera que lo indagues. Está bien documentado. Creían que si nacías con piel clara, nariz recta, ojos azules y cabello amarillo, rubio, automáticamente eras un líder elegido por los dioses para gobernar. Si todo esto fuera cierto, no habría esperanzas de ninguna manera para aquellos que no dan ese perfil anatómico y físico.

¿Por qué digo esto? Porque los mismos griegos decían que, si nacías sin nariz fina, sin piel clara, sin ojos azules y sin cabellos rubios, era porque los dioses te habían enviado automáticamente para ser esclavo. Los griegos creían esto y los romanos adoptaron esta idea. Entonces, si no lucías así, no tenías ninguna esperanza para ser un líder. Tenías el color de piel, la nariz, el color de los ojos y del cabello incorrecto. Dime en qué ha cambiado eso, hoy.

Los griegos también creían que el liderazgo era producto de la providencia. Una palabra muy importante, la providencia. La providencia se refería a los dioses. Los griegos creían en muchos dioses y pensaban que si los dioses te elegían para ser un líder, automáticamente eras superior a los demás. Y si los dioses no te elegían, estabas automáticamente destinado a ser esclavo y seguidor por el resto de tu vida. En otras palabras, eran los dioses los que elegían a los líderes.

Piensa en esto. Si naciste con un color de piel que no es ciento por ciento blanca, ojos de un color oscuro, una nariz más grande que esas rectas aguileñas y cabello negro, entonces según ellos, los dioses te habían elegido para ser esclavo. Esto es lo que enseñaban, esto es lo que creían. Era su filosofía y los romanos la adoptaron como propia. Los griegos también creían que el liderazgo era el producto de una personalidad carismática.

La palabra carismática, viene de la palabra griega karismas. ¿Sabes lo que significa? Significa “los dones de los dioses”. Esto significa que los dioses habían dado dones particulares a ciertas personas, que eran seguras, extrovertidas, alegres, habladoras, comunicativas, expresivas, desbordantes de energía. Los griegos decían: “¿Ven? ¡Estos don los dones de los dioses! Pero si eras tranquilo, reservado, discreto, entonces los griegos decían: ¡Tú eres un esclavo!

Y es por eso que, cuando los romanos conquistaron a los griegos y adoptaron sus ideas, les decían a los esclavos: “Tienes que ser visto, pero nunca oído”. “Solo tienes que ser visto cuando se te necesite y nunca debes hablar”. Esas eran sus ideas sobre el liderazgo. Y, finalmente, creían que el liderazgo estaba reservado para un pequeño grupo de élite, predestinado a dirigir el mundo, mientras que el resto de la gente estaba destinada a seguirlos.

Quiero enseñarte algo muy serio. Los romanos adoptaron estas ideas y las hicieron su cultura. Los romanos conquistaron toda Europa, desde África hasta Escocia. Conquistaron todo el continente europeo e impusieron sus ideas. Así, cuando se encontraban con pueblos que no se parecían a ellos, sin cabello rubio, sin piel clara, sin nariz fina, sin ojos azules, los consideraban automáticamente sub humanos. Los romanos decían de sí mismos: “Somos superiores, elegidos por los dioses”

Se dieron el nombre de raza aria. Ahora permíteme darte la información más importante de hoy. El Imperio Romano gobernaba el mundo conocido, desde África hasta Gran Bretaña. Era el reino más poderoso en la tierra bajo Cesar. Creían que habían sido elegidos por los dioses para dirigir el mundo. Pensaban que los dioses los habían seleccionado, dotándolos de ciertos rasgos para dominar a los demás pueblos. Creían que eran superiores a todas las demás razas.

Estaba profundamente arraigado en la mentalidad romana. ¿Sabes cómo fue derrotada Roma? Nadie podía vencer a Roma. Era el imperio más poderoso de la historia, con el ejército más formidable jamás visto. Ningún país podía vencerla militarmente. Roma era tan poderosa que, cuando llegaba, todo el mundo se postraba. Por eso se decía: “Cuando estés en Roma, haz como los romanos” Donde quiera que iban, colonizaban el mundo.

Y es en este Imperio Romano donde nació Jesucristo. Nació en un imperio que creía que Él era automáticamente un esclavo y por eso trataban al pueblo judío, donde él vino, como a perros. Jesucristo nació en una colonia. Al igual que muchos de nosotros. Nació bajo el dominio de una potencia colonial llamada Roma, al igual que tú. Se le enseñó que había nacido para ser un ciudadano de segunda clase. Se le enseñó que había nacido para ser sometido.

Se le enseñó que si un soldado romano te pedía tu manto, debías dárselo. Se le enseñó que si un romano tenía frío, debías calentarlo. Se le enseñó que cuando una mujer romana entraba, debías levantarte e inclinarte. Se le enseñó que si un soldado te pedía que le llevaras su escudo durante una milla, debías hacerlo. Y si un soldado cansado te daba su lanza para que la llevaras, debías aceptarla. Se le enseñó que no era un líder, sino un esclavo.

Nació en una colonia, al igual que tú, al igual que yo. Escucha bien: aquí está el misterio de Jesucristo. Nació en esa cultura, pero nunca dejó que esa cultura naciera en él. Déjame explicarte. Cuando el Imperio Romano fue finalmente derrotado, no fue por un ejército. Fue destruido por lo que destruye a la mayoría de las naciones, la inmoralidad.

La historia nos enseña que el Imperio Romanos fue destruido por las pasiones de sus líderes. Su vida sexual los arruinó. Murieron desde adentro, carcomidos por la decadencia moral. De catorce césares, doce eran homosexuales. Pedófilos, también. Se acostaban con niños, no con mujeres. Estaban consumidos por su propia lujuria. Se volvieron tan inmorales, que comenzaron a celebrar matrimonios entre hombres. Esto se remonta a más de dos mil años.

Fueron destruidos por los deseos de la carne. Cuando un país comienza a adoptar la inmoralidad, su caída ya está en marcha. Cuando un país comienza a legalizar lo que Dios condena, no hay preocupación por ese país, ya está muriendo. No importa cuan poderoso sea su ejército o sus armas, si la moral se convierte en un cáncer, sus armas se vuelven inútiles. Roma murió en el dormitorio, y así el Imperio Romano se derrumbó.

Cuando Roma se derrumbó, se dividió en pequeños reinos. Una vez unidos, se convirtieron en varias naciones. Aquí hay algunos de esos reinos. Estaba el reino de Franco, que hoy llamamos Francia, el reino de España, que hoy conserva su nombre, el reino de Portugala, hoy Portugal y otro reino llamado Anglo Britania, hoy Gran Bretaña, a la que también llamamos Inglaterra o Reino Unido. Todos estos reinos heredaron la filosofía romana y decidieron expandirse como reinos.

Entonces los franceses, los españoles, los portugueses y los británicos enviaron sus barcos. Su mentalidad era romana, su forma de pensar, griega. Fueron a conquistar territorios. Invadieron islas, continentes, llegaron al Caribe, África, América Central, América del Sur y hasta las islas del Pacífico. Y trajeron consigo su filosofía. ¿Qué filosofía? La filosofía griega. ¿Y qué decía? Que ellos eran superiores y tú, parte de cualquiera de esos lugares colonizados, inferior.

Si tu cabello no es rubio, tus ojos claros y tu piel blanca, indudablemente los dioses te han entregado a mí para ser mi esclavo. Eso creían, pensaban y enseñaban. De todos modos, ¿Para qué perder tiempo en educar a un esclavo? ¿Para qué darle ropa decente o bonita? ¿Para qué o por qué darles propiedades, poder, dinero o un futuro? Esa era su filosofía. Y así comenzó la historia de la colonización. Es fácil vender a un esclavo, Después de todo, no fue elegido por los dioses.

Déjame decirte algo. Toda filosofía proviene de una ideología. Y toda ideología necesita una teología para justificarla. Dicho de otra manera, cada vez que existe una filosofía y una ideología, se necesita una religión para darle credibilidad. Por eso la religión fue utilizada para justificar la ideología de la superioridad. ¿Sabes lo que nos enseñaban cuando yo era niño? Que, si no fuera por ellos, nos habríamos muerto de hambre como aborígenes salvajes en nuestras tierras. Eso nos enseñaban.

Contaba un pastor de raza negra que, cuando era pequeño, en su tierra colonizada, solía preguntarle a su maestro blanco de dónde habían venido ellos, los negros. Y en lugar de contarles la verdad, que era que habían sido secuestrados de diversas zonas de África, les decían que ellos habían caído de cielo, que no tenían herencia, que eran ángeles caídos. Y le añadían Biblia, diciendo que ella dice que las bestias del campo llevarán el agua por nosotros. Bueno, ustedes son esas bestias. Absolutamente cierto lo que digo.

¿Sabes donde enseñaban eso? ¡En las escuelas dominicales de las iglesias! Filosofía. Y todavía están, en muchas partes del mundo, doscientos años después, convencidos que no son iguales a los demás. ¡Doscientos años de mala educación! Una educación falsa que les hizo creer que no eran capaces de pensar con profundidad. Doscientos años creyendo que algunos, con rasgos específicos, son más inteligentes, más brillantes y más capaces que nosotros, los de raza originaria.

Filosofía. Y así es como dijeron: ¡Tienes que callarte! ¡No puedes hablar demasiado! ¡Se te enseñó que no debías expresar tus ideas! Guarda tus pensamientos para ti. Conténtate con ser un buen servidor de lo que tus amos necesiten. No debes alzar la voz cuando ves algo malo. ¿Cómo te atreves? NO eres lo suficientemente inteligente para saber lo que está mal. Ese es el problema del liderazgo. Y aquí está el más grande.

Puesto que los dioses te eligieron para ser un simple seguidor, ¿Para qué perdería mi tiempo en formarte para dirigir? Si estudias todas las colonias en la historia, verás que los colonizadores nunca formaron líderes. Y lo increíble es que, cuando finalmente se van, íntimamente esperan que fracases. De hecho, por eso se van. Suelen decir que hay más de ustedes que de nosotros, así que nos iremos antes de que nos maten. Pero sabemos que no pueden dirigir, así que su país fracasará.

¡Esperan tu fracaso! Pero yo me pregunto: ¿Cómo puedes esperar que tena éxito, si nunca me formaste? Y cuando fracasas, dicen: ¿Ves? ¡Te lo dije! ¡No eres lo suficientemente inteligente como para tener éxito! Olvidan que mi fracaso, es la prueba de su fracaso. Por eso considero a todo esto sumamente importante, porque lo comparto para tratar de corregir nada menos que doscientos años de historia. El caso es que tú puedes dirigir lo que sea que debas dirigir, tienes con qué, no te creas sus mentiras.

Si estudias a los grandes líderes del mundo, verás que todos luchan con estos mismos problemas. Los pueblos que han sido oprimidos por más de cien años, terminan desarrollando los mismos problemas `sicológicos y sociales, independientemente de sus culturas y ubicaciones geográficas. Sin ir demasiado lejos, si sirve como ejemplo, fíjate a los hijos de Israel, en Egipto. Fueron oprimidos durante 430 años y, cuando finalmente salieron de Egipto, no pudieron sacar a Egipto de ellos.

Tan pronto como obtuvieron su independencia o, mejor dicho, su liberación bajo la dirección de Moisés, comenzaron a mostrar signos de trauma. Incluso Moisés tenía problemas psicológicos. Había nacido en Egipto. Y mira esto: cuando salieron de Egipto, aun no eran libres. Simplemente fueron liberados. Nunca confundas la liberación con la libertad. Hay muchísimas naciones pequeñas que han sido liberadas en los últimos años de sus colonizadores, pero todavía no son libres, están en el desierto.

¿Y por qué Dios te guía al desierto? Porque no quiere que entres en la tierra prometida con el espíritu de Egipto. Te mantiene en el desierto para cambiar tu mentalidad, para que comiences a pensar como un hombre libre. Nunca confundas independencia y libertad. La independencia es sólo una oportunidad para ser libre, no es la libertad. Los israelitas fueron liberados de Egipto, independientes de ellos, pero aun no estaban en la tierra prometida.

Tú tampoco estas todavía en esa tierra prometida que seguramente tienes como palabra profética, ¿Sabes por qué? Porque esa tierra exige indefectiblemente una mentalidad nueva. Gente que viajó en avión desde Israel a Egipto, cuenta que se impactó porque ese vuelo dura algo así como veinte minutos. ¿Veinte minutos de avión? Si, para la misma distancia que al pueblo de Israel le tomó… ¡Cuarenta años! Averiguando con guías especializados, logró saber que la distancia entre Egipto e Israel era de siete horas en auto y de cuarenta días a pie.

Leyendo nuestras Biblias, sabemos ahora que Dios no los condujo por el camino más directo porque tenían miedo en su espíritu. Así que los hizo pasar por un largo desvío para sacar a Egipto de su espíritu. ¿Y por qué tardaron cuarenta años para hacer un viaje de cuarenta días? Porque daban vueltas en círculos. Su mentalidad siempre los hacía retroceder. Decían: ¡Moises! ¡Volvamos a Egipto! ¡Al menos allí teníamos suficientes cebollas y ajos!

Querían volver a su antigua seguridad, al sistema en donde otros pensaban por ellos. Y Dios dijo: Ninguno de ustedes entrará en la tierra prometida, porque se niegan a cambiar su forma de pensar. Los hizo dar vueltas durante cuarenta años, el tiempo de una generación. Porque estaba gestando la próxima generación. Josué y Caleb nacieron en el desierto, no en Egipto. Ellos representaban una nueva mentalidad. Por eso digo que hay gente que no puede entrar en la nueva tierra prometida contemporánea.

Y no porque no sean capaces, sino porque quieren volver atrás. Y por eso la juventud es la esperanza de nuestra nación santa. Para los mayores como yo, les dejo una sugerencia: pídanle a Dios que les ayude a cambiar sus mentes. Conmigo lo hizo, con ustedes también lo hará, yo no soy ni diferente, ni distinto ni mejor. Soy uno más. Pídele que haga un milagro contigo y no en tu cuerpo, sino en tu mentalidad. Recuerda que fue Su Espíritu el que los excluyó de la tierra prometida.

Dios sanó sus cuerpos, pero no los llevó a la promesa. Los alimentó, su ropa no envejeció, pero nunca alcanzaron la tierra prometida. En otras palabras, Dios puede preservarte por mucho tiempo a pesar de lo que hay en ti. Pero si te niegas a cambiar tu mentalidad, te dejará morir en el desierto. Incluso Moisés no entró. ¿Qué tan cerca estás de tu tierra prometida? ¿Puedes verla? Gobiernos: por más que tengan las mejores ideas para sus pueblos, si no trabajan para cambiar la mentalidad de la gente, ellos seguirán atrapados en el desierto.

Creo que para ser un buen gobernante donde quiera que residas, debes desaprender lo que la historia de tu país te ha enseñado. Sé liberado de la mentalidad griega. Sé liberado de la ideología romana. Sé liberado del espíritu de colonización. Y cree que, por la gracia de Dios, puedes gobernar ese país en el que habitas desde siempre con eficacia. Sé liberado de la filosofía griega, porque todos nosotros hemos sido víctimas de ella. Eso es ser realmente libres, todo lo demás, es política barata y discurso hueco.

El liderazgo tradicional enseña que dirigir es controlar a los demás e imponerles tu voluntad. Pero eso no es un verdadero liderazgo. Porque es el liderazgo carnal y mundano el que enseña que dirigir es manejar a las personas. Ser superior a ellas, ser servido por ellas. Han dicho por allí que un liderazgo se mide por la cantidad de personas que te sirven, pero déjame decirte que, lamentablemente, eso no es liderazgo. Instrúyete, porque mientras tu mente no se liberada, no podrás entrar en la nueva tierra.

La tierra prometida es hermosa, pero en lo personal, tengo cierto temor por mi país. Tiene tanta riqueza que indudablemente necesita de muy buenos líderes para gestionarla. Necesitamos personas con una mentalidad nueva que sean capaces de desplazar las corrupciones ambientes y reemplazarlas por culturas de Reino, donde hasta el más mínimo anónimo resulte intachable en cuanto a su moral. Gente que no dañe a otra gente para satisfacer ambiciones personales.

La filosofía del liderazgo del hijo de Dios, es la opuesta a la de los romanos. He estado observando y he visto que en cada seguidor, se está escondiendo una especie de líder encarcelado. Creo honestamente que cada ser humano fue creado para dirigir y diseñado para dominar. Es más, tengo certeza que el potencial de liderazgo reside en cada ser humano. Creo que has nacido para dirigir, pero que debes convertirte en un líder eficiente a través de un proceso.

Creo que el verdadero liderazgo no consiste en hacer cosas, sino en manifestarte a ti mismo. Creo que el objetivo del verdadero liderazgo, no es mantener seguidores, sino producir otros líderes. Esa es una de mis tareas, despertar al líder dormido que hay dentro de ti. Mi filosofía libera a la gente, no la oprime. Quienes me conocen y me han conocido, saben perfectamente que es así, no estoy haciendo ningún discurso político, no lo necesito, no persigo nada que mi Padre no decida enviarme.

Mi filosofía me impulsa a creer en tu igualdad y no en tu inferioridad. ¿Y de dónde viene esta filosofía? La recibí de Aquel que creó a toda la humanidad. Aquí está el fundamento, Génesis 1:26: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza y que él domine sobre los peces, las aves, los animales, los árboles, sobre toda la tierra y sobre todo lo que se arrastra sobre el suelo. ¿Para qué te creó Dios? ¡Para que domines! No dijo que “algunos de ellos dominen”. Dijo que dominen TODOS.

O sea que eres un dominador por creación. Y si yo fuera tú, me pondría a repetir en voz alta: “¡Nací para dominar! Tantas veces fueran necesarias para que el pensamiento se incorpore a tu mente como verdad indestructible por causa de ninguna filosofía o enseñanza humana. Lo que intento decirte para que lo creas y lo pongas por obra, es que fuiste diseñado y creado para dominar. Por eso es importante el verso 27: Dios creo al hombre a su imagen y semejanza, varón y hembra los creó.

Dios los bendijo y les dijo: “¡Tengan la dominación!” Esto significa que el hombre y la mujer son iguales ante Dios. Ambos son dominadores. Tú esposa y tú son iguales, pero diferentes. Y quiero aclarar que la palabra dominación, es una palabra clave. Te revela por qué fuiste creado. La palabra dominión, dominación, proviene de la palabra hebrea radah, que significa gobernar, reinar, controlar, dominar, gestionar y dirigir. Dios te dio a luz para reinar sobre la tierra, para dirigir.

Y aquí está la conclusión. Si Dios te creó para dominar, es decir, gobernar, dirigir, eso quiere decir que puso en ti la capacidad para hacerlo. Dios puso en la semilla, la capacidad para convertirla en un árbol. Pero la semilla puede morir siendo semilla, si se encuentra en el entorno incorrecto. Durante más de 180 años, muchos de nuestros países latinoamericanos han estado en el entorno incorrecto. Fuimos alimentados con ideas griegas y por eso no logramos florecer. No para hacerte superior a nadie.

Permítemelo decirlo así: Dios dice que dominemos, lo que significa hombre y mujer. Cada ser humano es un líder encerrado dentro de sí mismo. Y aquí está el misterio. Todo lo que naciste para ser, está encerrado dentro de ti. Observa lo que Dios hizo. No sólo te dio el dominio, sino que especificó sobre qué debías dominar. Él dice: domina sobre los peces, las aves, los animales, las plantas y todo lo que se arrastra sobre el suelo.

Esto quiere decir que las únicas cosas que se supone debes dominar son los peces, las aves, los animales y la naturaleza. Ahora mira a toda esa gente que trabaja contigo. ¿Tienen aletas, escamas, plumas, raíces u hojas saliendo de sus zapatos? No. Entonces escucha bien. El único ser en la tierra que no tienes ningún derecho a dominar, es a otro ser humano. Por eso, para que la esclavitud funcionara, tuvieron que reducirte a menos que un humano. Te llamaron sub humano.

A cualquier persona, como quiera que ella sea, si se la categoriza como sub humana, es la única condición que les permite dominarla. Porque si se la considera como un ser humano, saben que no lo tienen permitido. Todo intento de controlar, dirigir o dominar a otro ser humano, es totalmente impío. De hecho, un pastor no tiene derecho a dominar a sus miembros, no le pertenecen. No tienes derecho a poseer ni a controlar a nadie en tu empresa.

Jesús vivía en una colonia dirigida por personas que oprimían y dominaban a otros humanos. Sus discípulos, sus estudiantes, intentaban cambiar su mentalidad, al igual que lo hacemos hoy. UN día, estaban sentados y Él los oyó discutir entre ellos. “¿Cuál de nosotros es el más grande?” Siempre buscando quien es el jefe que tiene la posición más alta. Les preguntó: ¿De qué discuten? Estaban avergonzados. Él dijo: se preguntan quien es el más grande entre ustedes.

Entonces, llamó a un niño pequeño, lo puso en medio de ellos y dijo: El más grande entre ustedes, debe ser como un niño. Un niño nunca busca el poder. Dos días después, mientras comían, dos de sus discípulos vinieron a verlo de nuevo y le dijeron a su madre: mamá, ve a preguntarle si podemos ser los dos ministros más poderosos cuando Él se convierta en rey. La madre fue a ver a Jesús y le dijo: Maestro, permite que mis dos hijos se sienten, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu reino.

Jesús se sorprendió y dijo: Mujer, primero, no sabes lo que pides. No se pide un puesto de liderazgo. Y segundo, no deberías querer ser como los demás, porque no podrías beber la copa que ellos beben. La palabra copa, significa precio. No podrías pagar el precio de su posición. Nunca tengas celos de alguien, porque no sabes lo que le costó llegar hasta allí. Estas posiciones no son mías para darlas, pertenecen a aquellos para los que mi Padre las ha preparado.

Esto significa que ni siquiera puedes orarle a Jesús para obtener un puesto. A los romanos y a los griegos les gusta dominar a los demás. La palabra “señor” significa propietario. Por eso dijo que a los líderes de este mundo, les gusta poseer a la gente como si fueran de su propiedad. Y algunos ministros que he conocido tienen este mismo espíritu. ¡Es que son MIS miembros! Te dicen. No. Pedro dijo: pastores…no dominen al rebaño de Dios.

Es la misma palabra que Jesús usó para los romanos. Los verdaderos líderes, no poseen a la gente. Los guían y acompañan para que se vuelvan grandes. Él dijo: No debe ser así entre ustedes, porque en mi Reino, sin quieres ser un gran líder, debes convertirte en el siervo de todos. Esto no significa ser inferior, significa servir tu don a tu pueblo. Ofrecer tu don a tu generación. Esto es exactamente lo que he tratado, trato y trataré en el futuro de hacer para con todos los que reciben mis trabajos.

Ese, en todo caso, es mi servicio. ¿Y el tuyo? ¿Cuál es tu don para ejercer liderazgo? Los grandes líderes no buscan seguidores, ni mucho menos mayores cantidades de likes en las redes. Buscan entregarse a su generación. Jesús concluyó su enseñanza, diciendo: De la misma manera, el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos. Cada área de influencia, eso incluye la educación, la sociedad, la política, todas las áreas. Yo digo: quiero que mi pueblo traiga mi naturaleza a cada disciplina. ¿Lo ves probable, hoy?

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3 – Casas de Idolatría

Hemos visto que la serpiente es la más completa representación de la naturaleza de la bestia, fue maldecida por sobre todas las bestias, y era la más astuta. Cuando Dios proclamó la maldición que caería sobre el hombre y a la serpiente por su transgresión, se declaró lo siguiente. Génesis 3: 15 = Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.

Hay un cumplimiento físico y un cumplimiento espiritual de muchas de las cosas registradas en las Escrituras, y esto es cierto de esta maldición. La humanidad en general odia y detesta a las serpientes.  Hay enemistad entre las serpientes y la humanidad.  Quizas muchos de los que hoy están leyendo esto, viven en lugares donde hay un gran número de serpientes venenosas. Entre las más frecuentes, generalmente, están la serpiente de cascabel y el mocasín de agua. No hay amor perdido entre la mayoría de los seres humanos del planeta y estas serpientes.

 Es muy común ver a estas serpientes muertas en la carretera durante los meses de calor cuando están afuera arrastrándose sobre las diferentes rutas. Es una pasión de muchos conductores atropellar intencionalmente a estas serpientes, e incluso pisar el freno y deslizarlo a través de ellas para asegurarse de que estén muertas. Algunos conductores incluso como acción de seguridad harán a esta acción varias veces para que no queden dudas de que la serpiente ha sido asesinada.

Esta enemistad hacia las serpientes es única entre el reino animal. Hay mucha vida salvaje en todo el mundo y que también a menudo cruzan carreteras. Existen señales de alerta los conductores que las tortugas están presentes en ciertas áreas, y he sido testigo que los conductores realizan todo tipo de maniobras para evitar golpear a un perro, un venado, un conejo, un castor, un mapache o un armadillo. He visto a la gente parada en el camino para ayudar a un halcón que había sido herido, y no son pocos los que han lastimado con el carro recientemente a un gran halcón, que quedo lastimado solamente a uno o dos pies de distancia de la parte delantera del coche.

La gente suele entristecerse bastante cuando se golpea a una de estas  magníficas aves, que son muy hermosas. Es obvio que, si hubiera sido una serpiente de cascabel en el camino,  nadie hubiera sentido la misma angustia por golpearla. Es interesante que incluso aquellos que no saben nada de Cristo, o del deseo de Dios para el hombre de llevar la imagen de lo divino, tiene una enemistad contra tales serpientes. Ellos saben intuitivamente que esta bestia es un enemigo del hombre. La forma en que una serpiente daña el hombre es muy significativa.

Las serpientes no despedazan a los hombres en pedazos como un león o un oso lo haría. Ellas no pisotean a los hombres como lo haría un elefante o un rinoceronte con sus fuerzas. En su lugar, ellas hacen daño mediante la inyección de veneno en el torrente sanguíneo del hombre. Este veneno comienza a afectar órganos vitales del hombre y en muchos casos puede causar la muerte. Con sus venenos, las serpientes matan a los hombres desde el interior. Esto habla de la forma en que Satanás mata a hombres y mujeres.  envenena el alma y hace su destrucción llenando a la humanidad con las cosas que resultan en la muerte espiritual.

Todos los hombres que han nacido de Adán han experimentado el veneno de la serpiente y la muerte está trabajando en sus miembros. Sólo hay una manera de salvarse de esta lesión fatal y esta salvación se encuentra en Jesucristo, el Hijo de Dios. Hay una historia muy simbólica que se registra para los santos en el libro de Números. Presenta una parábola vivida por personas reales, y hay un mensaje en él para los santos de hoy.

Números 21: 6-9 = Y Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel. Entonces el pueblo vino a Moisés y dijo: Hemos pecado por haber hablado contra Jehová, y contra ti; ruega a Jehová que quite de nosotros estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo. Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre un asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá. Y Moisés hizo una serpiente de bronce, y la puso sobre un asta; y cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de bronce, y vivía. 

Me imagino que antes de que Cristo fuera crucificado allí vivieron muchos hombres piadosos que deseaban fervientemente entender el significado de estas cosas que el Señor dijo a Moisés que hiciera. ¿Por qué hacer una serpiente de bronce y colocarla en un poste? ¿Cómo el mirar a esta serpiente traería sanidad a la humanidad? ¿Que fue simbolizado aquí? Jesús reveló a sus discípulos que la serpiente de bronce en el poste, de hecho, señaló a su propia crucifixión.

Juan 3: 14-15 = Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Los santos con impaciencia abrazan representaciones pintadas de Cristo como un cordero puro y sin mancha, pero hay algo dentro de ellos que hace que retrocedan al ver al Hijo de Dios representado como una serpiente. Sin embargo, Jesús declaró que esta serpiente se refirió a sí mismo. Moisés mismo retrocedió cuando Dios le reveló una imagen de Cristo como una serpiente.

Éxodo 4: 2-3 = Y Jehová dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara. Él le dijo: Échala en tierra. Y él la echó en tierra, y se hizo una culebra; y Moisés huía de ella. Tú puedes preguntar, «¿Cómo sabemos que la serpiente que se muestra aquí representa a Cristo?» la Vara de Moisés era un símbolo de Cristo. Esta vara era el poder de Dios para lograr la salvación para los israelitas. En muchos lugares de la Escritura vemos que la vara es un símbolo de Cristo.

Cuando David escribió el Salmo 23, escribió: Tu vara y tu cayado me infundirán aliento, fue Cristo quien fue representado como tanto la vara y el cayado. En Isaías leemos también. Isaías 11: 1 = Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. La vara en las manos de Moisés es una figura de Cristo, y que la vara se convirtiera en una serpiente es una confirmación adicional de esta imagen divina. 

Sin embargo, mientras Moisés huyó de la serpiente, también lo hacen la mayoría de los cristianos, huyen de la imagen de Cristo como una serpiente. Fue esta serpiente, sin embargo, la que se tragó las serpientes de los magos del Faraón. Y es la serpiente en el asta que trajo sanidad a todos los que estaban muriendo en medio de los israelitas cuando miraban a la serpiente.

¿Por qué el Hijo de Dios se representa como una vara que se transforma en una serpiente, o una serpiente colgada de un poste, que es un tipo de una vara? La vara es una imagen del poder de Yahvé. En muchos lugares de la Escritura leemos palabras como las siguientes: Isaías 11: 4 = sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío. 

La vara es un instrumento de poder. Se nos dice en otro lugar que Cristo gobernará las naciones con vara de hierro. Cristo es la vara de la boca de Jehová, porque él es llamado la Palabra de Dios, y una palabra sale de su boca.

Cristo demostró gran poder durante su ministerio, resucito a los muertos, sano a los enfermos, haciendo que los ciegos vean, calmando la tormenta con una palabra, y muchas otras exhibiciones increíbles de poder. Sin embargo, su mayor acto, y la que aplastó la cabeza de Satanás, fue cuando dio  su cuerpo para ser crucificado y cargó sobre sí todos los pecados del mundo.

2 Corintios 5: 21 = Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. Jesús se hizo pecado. Se convirtió como la serpiente.   Él nació en semejanza de carne de pecado (Romanos 8: 3), pero se hizo pecado para deshacer las obras del diablo y poner a los hombres libres de la maldición. Cristo estuvo en el lugar del hombre. Se convirtió en una maldición para que los hombres puedan ser liberados de la maldición.

Como esta escrito: Gálatas 3: 13 = Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero),  La serpiente en el poste y la vara que se convirtió en una serpiente, ambas señalaron a Cristo, que tomaría sobre sí el pecado del mundo. De esta manera el poder del enemigo se hizo añicos y los hombres podrían estar libres de la naturaleza de la bestia y convertirse en la imagen y semejanza de Dios.

Los que estaban infectados con el veneno de la serpiente, que es el pecado, han podido ser curados por mirar a Cristo, que se hizo pecado en su nombre. Un gran cambio se produjo en la cruz, porque Jesús tomó sobre sí todos los pecados del hombre, y en cambio dio al hombre su justicia. 

Lamentablemente, lo escrito en Números acerca de cuándo Moisés creo la serpiente de bronce y la coloco en un poste, no es lo último que oímos hablar de este asunto. Muchos años más tarde, cuando Israel se estableció en sus tierras y empezaron a revolcarse en el pecado, la maldad y la idolatría, un hombre piadoso llamado Ezequías comenzó a reinar. El limpió la tierra de ídolos, imágenes abominables y prácticas. Y dio a la gente de nuevo una devoción pura a Jehová. Leemos en medio de este trabajo de limpieza lo siguiente:

2 Reyes 18: 4 = Él quitó los lugares altos, y quebró las imágenes, y cortó los símbolos de Asera, e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces le quemaban incienso los hijos de Israel; y la llamó Nehustán. 

Nehustan significa «algo formado de cobre.» Las palabras «cobre» y «bronce» se utilizan indistintamente en las Escrituras. Estos metales no eran muy apreciados como lo eran el oro y la plata,  al contrario el cobre o bronce se consideraban  metales bajos. Hoy en día si alguien deseara comprar un crucifijo, una imagen de Cristo en la cruz,  lo más probable es que elijan un metal precioso como el oro u otros de moda.

Hoy en día es común encontrar crucifijos de oro o plata, pero cuando Dios instruyó a Moisés para construir la primera imagen de Cristo en la cruz como se muestra en la serpiente sobre el poste, le dijo a Moisés que utilizar el bronce o el cobre para hacer la serpiente. Esto fue para indicar la bajeza de lo que se estaba representando. Esta imagen representa el Hijo de Dios que se hace pecado, y no había ninguna razón para forjar una imagen así en oro, ya que iba a parecer como algo repugnante o detestable.

Se nos dice que Dios no puede mirar el pecado, porque Él es santo, y al mismo tiempo que su propio Hijo colgaba de la cruz el Padre se apartó de él. Por esta razón Cristo gritó: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? La oscuridad cubrió la tierra desde la hora sexta hasta la novena hora cuando Cristo llevó los pecados del mundo, y se convirtió en una cosa detestable.

El Hijo de oro puro de Dios se hizo como algo sin base y sin valor. Tales representaciones del Hijo de Dios en la forma de una serpiente hacen que los hombres que retrocedan y escapen lejos, pero es una medida de la inmensidad del amor de Dios que él fue tan lejos para redimir al hombre de su esclavitud al pecado y la esclavitud a la corrupción.

Romanos 8: 31-32 = ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?

Así como existe un gran simbolismo en lo que el Señor instruyó a Moisés acerca de  formar la serpiente de bronce en el poste, así hay simbolismo en lo que los israelitas hicieron más tarde, cuando idolatraron esta imagen y ofrecieron incienso delante de él. Lo Qué hicieron los israelitas fue un acto de la religión artificial hecha por el hombre. Yahvé no instruyo a los israelitas a adorar a la serpiente en el asta, ni les dijo que ofrecieran incienso delante de él. Le dijo a ellos sólo que miraran a ella, y este mandamiento fue con el propósito expreso de la curación de ellos del veneno que las serpientes les habían envenenado.

En un incidente similar el rey Saúl perdió el reino cuando hizo una ofrenda que no se le mandó dar. Fue en esta ocasión que Samuel pronunció las palabras que a menudo son citadas hoy: 1 Samuel 15: 22 = Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros.

Una gran lección para la iglesia de hoy se puede ver en que Dios instruye a Moisés para formar la serpiente de bronce en el poste para la sanidad de las personas, y  ellos convirtieron esto en su posterior adoración de Nehustan que era idolatría. Jehová envió a su Hijo para destruir las obras de Satanás, para poner fin a la muerte venenosa que estaba matando a toda la humanidad.

Jesús fue crucificado para expiar los pecados del hombre, y fue levantado de nuevo para que todos los hombres sean participantes de Su vida de resurrección y caminen en victoria sobre el pecado, Satanás y el mundo. Cristo vino a traer sanidad a todos los hombres. 

1 Pedro 2: 24 = quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.  Se trata de la curación que Jesús compró para la humanidad, es decir, que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia. El apóstol Pablo escribió que los santos no deben considerar la gracia de Dios como una oportunidad para continuar en el pecado. En los términos más enérgicos condenó este modo de pensar como una apropiación indebida bruta, una malversación gruesa del sacrificio de Jesús.

Los israelitas en días del rey Ezequías no venían a la serpiente de bronce en el poste para la curación. Venían sólo para adorar a la imagen. De la misma manera una multitud de santos hoy en día no están viniendo a Cristo para ser curados de la destrucción del pecado y de la influencia corruptora.

Ellos no desean verdaderamente ser libres de la esclavitud de la carne y la naturaleza de la bestia. Sólo vienen a adorar la imagen de Cristo. Ellos hacen su ofrenda de alabanza al mismo tiempo que desean  permanecer atados a la naturaleza pecaminosa. Ellos han tomado lo que Dios quería para la curación y la convirtieron en un mero objeto de idolatría.

Tan claramente cómo puedo comunicarme permítanme decirles, Dios declara: «Muchos santos que adoran  semana tras semana al Cristo crucificado, trayendo una ofrenda de alabanza delante de Él como incienso que asciende a los cielos, de verdad practican la idolatría, Dios les declararía:

Amós 5: 21-24 = Aborrecí, abominé vuestras solemnidades, y no me complaceré en vuestras asambleas. Y si me ofreciereis vuestros holocaustos y vuestras ofrendas, no los recibiré, ni miraré a las ofrendas de paz de vuestros animales engordados. Quita de mí la multitud de tus cantares, pues no escucharé las salmodias de tus instrumentos. Pero corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo.

Lo que Dios desea hoy de los santos es vidas marcadas por la justicia. Él anhela ver a sus hijos siendo conformados a la imagen de su Hijo primogénito. Quiere verlos caminar como vencedores, someter y gobernar sobre la naturaleza bestia. Él nos quiere  sanos. Hay un gran número de cristianos de hoy que no están caminando como vencedores, sin embargo, vienen semana tras semana a considerar a la imagen de un Cristo crucificado y ofrecer su incienso delante de esta imagen.

Vienen a sus lugares de culto o sitios de adoración, infectados con el veneno del pecado, y se van con la misma muerte que corre por sus venas. Su razonamiento es: «Yo soy sólo un pecador salvado por la gracia y si sigo en el pecado Dios me perdonará. Me gusta mi vida egoísta, y yo no soy diferente de cualquier otro. Traeré mi ofrenda a Dios y voy a confiar en que El me perdone y me lleve al cielo cuando muera. Y todo el tiempo que Dios dice,: No me gusta, odio y rechazo lo que ustedes están trayendo delante de mí. Déjame ver la justicia en ti. He proporcionado la curación para ustedes, sin embargo, continúan aferrándose a sus pecados.

Jeremías 48: 11 = Quieto estuvo Moab desde su juventud, y sobre su sedimento ha estado reposado, y no fue vaciado de vasija en vasija, ni nunca estuvo en cautiverio; por tanto, quedó su sabor en él, y su olor no se ha cambiado.

Santos, Te voy a enseñar la sutileza y la astucia de la serpiente hoy. Cada semana multitudes van a sus lugares de culto y hacen ofrendas de alabanza y de dinero a Cristo crucificado. Confiesan la luz que ellos han visto, pero permanecen sin cambios, inalterados. Aquellos que son testigos de estos adoradores devotos procedentes semana tras semana ante  sus imágenes de Cristo, ellos juzgan que esto es agradable al Padre. Después de todo, ellos confiesan a Cristo con sus bocas, y traen su incienso delante de él. Sin embargo, Cristo no vino a llamar a confesores o incluso adoradores. 

Él vino a hacer discípulos después de formar la imagen de Dios. Es de ningún valor adorar una imagen de Cristo, semana tras semana, si tú no estás siendo conformado a Su imagen. No es bueno llamarlo «Señor, Señor», si no haces las cosas que Él manda. La iglesia de hoy ofrece la salvación sin transformación, pero el Señor dice que la verdadera salvación es la transformación, y no hay salvación sin transformación. La palabra salvación es sinónimo de la palabra liberación. Para ser salvo del pecado hay que ser liberado del pecado.

Gálatas 6: 7-9 = No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.

1 Corintios 6: 9 = ¿O no sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os dejéis engañar:

Una y otra vez las Escrituras declaran «No se dejen engañar», pero los santos son engañados. Ellos razonan que es suficiente  confesar a Cristo y mantener el mismo olor y sabor como el mundo sin lavar. Ellos viven para sí y están llenos de codicia y buscan después las cosas de este mundo, mientras  llevan su sacrificio de alabanza a Dios semana tras semana. Si no vas a ser conformado a la imagen y semejanza de Dios, entonces tú te estás engañando a tí mismo en relación con la voluntad de Dios para ti.

 Tú estás en rebeldía y estás viviendo en la idolatría. Que Dios levante a muchos hombres y mujeres con el espíritu de Ezequías en esta hora que aplasten a los ídolos de la cristiandad. Que estos hombres y mujeres declararen «Cesen de adorar sus imágenes de Cristo y comienzan a ser semejante a Cristo. Deje que su imagen sea formada en vosotros. «Esta es la voluntad de Dios y nada más va a satisfacer su deseo.  La voz de Dios clama hoy por el profeta Jeremías:

Jeremías 7: 21-23 = Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Añadid vuestros holocaustos sobre vuestros sacrificios, y comed la carne. Porque no hablé yo con vuestros padres, ni nada les mandé acerca de holocaustos y de víctimas el día que los saqué de la tierra de Egipto. Mas esto les mandé, diciendo: Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios, y vosotros me seréis por pueblo; y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien. 

La iglesia ha repetido el error de Israel. Cuando Dios los llamó a la obediencia y la justicia, ella prefería culto y sacrificio en su lugar. La iglesia dice: «Vamos a continuar a vivir por esas cosas que perecen. Vamos a dedicarnos a la adquisición de casas, tierras y bienes materiales de todo tipo. Sigamos el placer, y protejamos nuestra carne del sufrimiento de la cruz. Pero esto que vamos a hacer, vamos a venerar la imagen de Cristo, y traeremos nuestra oferta de dinero y alabanza delante de él. Esto es suficiente”. ¡Que no te engañen! Tales actos religiosos hechos por el hombre no son suficientes ante Dios.

 Sólo se contentará cuando vea la imagen de su Hijo formado en las vidas de aquellos que han sido llamados y elegidos para este honor. La iglesia está llamando a la gente a adorar delante de una imagen de Cristo crucificado, pero no está llevando a la gente a una conformidad a Cristo y una muerte al yo, el pecado y la carne, y a huir de en medio de ella. Estas iglesias son casas de idolatría, y han construido su propio Nehustan ante el que invitan a los santos para presentar sus ofrendas. Estas iglesias son más que las rameras cabalgando sobre la bestia. Que los que tienen oídos para oír, oigan.

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