“Conversaciones sin Bosquejos” nace de algo muy simple: la necesidad de hablar de la vida como realmente es, sin adornos innecesarios, sin fórmulas rígidas, sin fraseología religiosa tan abundante en nuestros ambientes, sin la presión de decir siempre lo “correcto”. Es una invitación a sentarnos, como hermanos, a compartir lo que pasa por dentro y por fuera, tomando como base la buena noticia del Reino, pero sin convertirla en un discurso armado, sino en una experiencia viva que se cruza con lo cotidiano.
Porque, si somos honestos, la vida diaria no viene con un bosquejo con capítulos y versículos. Nadie se levanta, tampoco, sabiendo exactamente cómo va a reaccionar ante una discusión, una mala noticia, una tentación, un cansancio profundo o una alegría inesperada. Vamos aprendiendo en el camino, a veces acertando, a veces tropezando, muchas veces preguntándonos si lo estamos haciendo bien. Y en medio de todo eso, aparece la fe, no como un manual técnico, sino como una compañía.
De eso se trata esta propuesta: de conversar sin la presión de tener todas las respuestas, que es a lo que la mayor parte de los llamados “líderes cristianos” han acostumbrado a sus receptores. De poder decir, si cabe, “no entiendo”, “me cuesta”, “hoy no tengo fuerzas”, sin sentir que estamos fallando. Porque el evangelio del Reino no comienza en la perfección del hombre, sino en la cercanía de Dios con el hombre real, el que duda, el que se cansa, el que se equivoca.
En estas conversaciones, la idea no es enseñar «desde arriba,» desde esa aura de omnipotencia que a tantos hombres ha obnubilado, sino caminando al lado. No se trata de dar sermones, sino de compartir experiencias. A veces será hablar de trabajo, de cómo nos pesa la rutina o de cómo nos cuesta ser justos cuando el entorno empuja a lo contrario. Otras veces será sobre la familia, sobre los vínculos que amamos pero que también nos desafían. Y muchas veces será simplemente poner en palabras lo que sentimos, aunque no sepamos bien cómo ordenarlo.
Hay algo profundamente liberador en esto de hablar sin estructura rígida. Cuando no hay un bosquejo que cumplir, aparece la sinceridad. Y con la sinceridad, aparece la verdad. No la verdad abstracta, sino esa que se encarna en lo cotidiano: en cómo tratamos a alguien que nos irrita, en cómo respondemos al cansancio, en cómo manejamos nuestras expectativas, en cómo sostenemos la esperanza cuando las cosas no salen como queríamos.
Porque el Reino no es una idea lejana ni un concepto reservado para momentos especiales. Se hace visible en lo pequeño. En una decisión silenciosa de hacer el bien cuando nadie mira. En elegir la paciencia cuando lo más fácil sería reaccionar mal. En perdonar cuando duele. En pedir perdón cuando cuesta. En seguir confiando cuando todo alrededor parece incierto.
“Conversaciones sin Bosquejos” quiere ser ese espacio donde podamos reconocer que estamos en proceso. Que no somos versiones terminadas de nada, sino personas en camino. Y que ese camino no lo hacemos solos. Hay algo profundamente humano y profundamente espiritual en el hecho de compartir la vida con otros que también creen, también luchan, también esperan.
A veces pensamos que para hablar de Dios tenemos que usar un lenguaje especial, como si lo cotidiano no fuera suficiente. Pero la verdad es que lo más profundo suele aparecer en lo más simple. Una charla en la mesa, un mate argentino, o un café, o un té compartido, una caminata sin apuro, una conversación que empieza con cualquier tema y termina tocando algo esencial. Ahí también se revela el Reino, sin necesidad de formalidades rimbombantes o peroratas excéntricas.
Y es que el mensaje del Reino no es una carga que se suma a nuestras vidas, sino una luz que las atraviesa. No nos saca de la realidad, como muchos creen verlo, sino que nos enseña a verla de otra manera. Nos invita a descubrir que existe un sentido, donde antes veíamos sólo rutina, un claro propósito, donde antes veíamos apenas una obligación, y esencialmente la gracia donde antes solo había esfuerzo.
En estas conversaciones, también habrá lugar para las contradicciones. Porque las hay. Creemos en el amor, pero a veces reaccionamos con dureza. Queremos confiar, pero nos gana la ansiedad. Sabemos lo que es correcto, pero no siempre lo hacemos. Y lejos de ocultar eso, queremos ponerlo sobre la mesa. No para justificarlo, sino para mirarlo con honestidad y dejar que Dios trabaje en medio de eso.
No se trata de romantizar la lucha, pero sí de reconocer que forma parte del camino. Y que incluso ahí, en medio de nuestras tensiones internas, hay oportunidad de crecimiento. Porque el Reino no avanza en nosotros por una imposición rígida, solemne y estructurada, sino por una transformación simple y a la vista de todo el planeta. Y la transformación, si es genuina, lleva tiempo, procesos, caídas y levantadas.
También queremos hablar de la alegría. Porque no todo es lucha, guerra, ritos y consignas. Hay momentos de gratitud, de paz, de gozo sencillo que merecen ser reconocidos. Esos instantes en los que sentimos que todo, por un momento, está en su lugar. Y aunque sean breves, nos recuerdan que hay algo más grande sosteniendo todo.
En “Conversaciones sin Bosquejos” no hay apuro, prisa ni ansiedades. No hay exigencia de llegar rápido a conclusiones encumbradas en sofisticaciones incomprensibles. A veces una buena pregunta vale más que una respuesta rápida. A veces el silencio compartido dice más que muchas palabras. A veces simplemente escuchar al otro ya es una forma de amar.
Queremos recuperar el valor de la cercanía. De mirarnos a los ojos (Aunque sea en palabras), de reconocer al otro como alguien que también está en búsqueda. Porque cuando nos encontramos desde ese lugar, deja de haber distancia entre “el que sabe” y “el que no sabe”. Todos estamos aprendiendo. Todos estamos siendo formados.
Y en medio de eso, el evangelio del Reino deja de ser un discurso de plataformas para convertirse en una experiencia de calle. No algo que repetimos, sino algo que vivimos. Algo que se filtra en nuestras decisiones, en nuestras relaciones, en nuestra manera de ver el mundo. ¿Cómo sugerirle a alguien que busque primero el Reino si luego no le podemos explicar cómo hará para vivir en él?
Quizás uno de los mayores desafíos hoy es vivir la fe sin caer en extremos: ni en una rigidez que ahoga, ni en una superficialidad que vacía. Estas conversaciones buscan un punto más humano, más real, donde la fe pueda respirarse sin dejar de ser profunda, donde la verdad no pierda su fuerza, pero tampoco pierda su ternura. ¿Es que una verdad, aunque duela, puede contener ternura? Sí, si se la entrega como aporte a un proceso de maduración sí, ¡Claro que la puede contener!
Porque sí, hay verdad. Pero esa verdad no necesita ser impuesta con dureza. Puede ser compartida con humildad, con paciencia, con amor. Como quien ofrece agua a otro en medio del camino, no como quien exige que el otro beba aunque en ese momento no tenga sed o tenga el estómago revuelto. ¿Alguna vez has tenido mucha sed y has encontrado un hermoso vaso de agua fresca? Así debes sentirte.
También habrá espacio para hablar de lo que nos duele como comunidad. De las veces que no estuvimos a la altura, de las heridas que cargamos, de las decepciones que algunos han vivido. No para quedarnos en eso, no para regodear morbos, sino para sanarlo. Porque no se puede construir algo genuino ignorando lo que nos ha marcado.
Al mismo tiempo, queremos recordar lo esencial: que el centro no somos nosotros, ni nuestras fallas, ni nuestras virtudes. El centro es Dios acercándose al hombre, invitándolo a una vida nueva, a una manera distinta de existir. Y esa invitación sigue vigente, hoy, en medio de todo lo que vivimos.
“Conversaciones sin Bosquejos” es, en el fondo, una práctica de honestidad y esperanza. Honestidad para reconocer dónde estamos. Esperanza para creer que no estamos destinados a quedarnos ahí. Que hay crecimiento, que hay transformación, que hay vida.
No buscamos cerrar temas, sino abrirlos. No buscamos tener la última palabra, sino sostener el diálogo. La última palabra no la tiene ni la tendrá nunca hombre alguno, sólo el Padre. Porque creemos que, en ese intercambio, en esa escucha mutua, algo se mueve. Algo se ordena. Algo se ilumina. Y quizás, sin darnos cuenta, en medio de una charla simple, estemos tocando algo eterno. Algo que no depende de nuestra elocuencia, sino de la presencia de Dios en medio de lo cotidiano.
Así queremos empezar: sin guiones, sin estructuras rígidas, sin pretensiones de perfección. De ida y de retorno y de una orilla a la otra, como se navega en ríos tumultuosos. Solo con el deseo sincero de compartir la vida a la luz del Reino. De caminar juntos. De hablar como hermanos. Porque a veces, lo más profundo no nace de un discurso preparado, sino de una conversación verdadera. Y ahí, justamente ahí, es donde empieza todo.
Con Este Trabajo…
…que hoy te entrego, se inaugura un nuevo período ministerial. Absolutamente apartado de toda esa solemnidad y acartonamiento con el que fuimos entrenados, aunque sin apartarnos de la enseñanza, porque a eso hemos sido enviados, y que te llevará a encontrarte con un contenido diferente a lo tradicional. Será casi una conversación de amigos o entre hermanos en Cristo, un diálogo de personas que, si bien tienen su espíritu en la dimensión cielo, todavía están obligadas a mantener sus pies sobre esta tierra, con todos los dilemas que ella presenta. Toma asiento y léeme como si te escribiera a ti de manera individual y personal, ¿Sí?
Durante toda mi vida he sido organizado, disciplinado, riguroso con todo lo que hago y en muchos casos hasta un poco estructurado, si puedo y debo confesarlo. Reitero; fui entrenado así para la tarea profesional que desempeñé por muchos años, por gente que hacía del decir y el escribir, casi un apostolado. Así es que, una información sin suficientes datos, u otra carente de precisiones, o una tercera adoleciendo claridad, eran errores considerados mortales y dignos de una renuncia al medio al que se estuviera sirviendo.
Por esa razón me produce una sonrisa que me regalo a mí mismo, esta historia legendaria de seriedad laboral informativa secular, en un tiempo como el actual, en donde el sálvese quien pueda, y hazlo todo como mejor te guste y te convenga, más la morisqueta ácida de la mentira abundante en grado sumo, forman parte permanente de eso que en otra época se hacía llamar así: apostolado.
Conocí hombres que en su momento fueron, a partir de sus trabajos gráficos, esencialmente, merecedores de una lectura casi obligatoria. Porque eran conocidos y muy respetados. Por sus receptores, pero mucho más por nosotros, los que caminábamos o tratábamos de caminar en sus mismos senderos. Altísimo respeto y admiración, pero de ninguna manera fama, esa misma fama mediática e inconsistente que hoy sobreabunda hasta en la mayor huequedad.
Una fama construida en base a la tontera, que convierte a un comunicador social, que en estos tiempos son llamados simplemente periodistas, prácticamente en parte de una farandulesca caterva de hombres y mujeres que hacen de sus vidas personales y hasta íntimas, un caldo de consumo para una población educada para el morbo, algo que no exige pensar demasiado. Tratar de ser serio y aplomado, hoy, es el equivalente a firmarse un certificado de auto despido por carencia de rating, audiencias o seguidores.
En nuestros ambientes se habla mucho de “la gente”. Se refieren, claro está, a la llamada “gente del mundo”, que es nuestra manera tan evangélica y tradicional de definir y rotular a todos los que no se congregan en una iglesia cristiana. ¿Has prestado sutil atención a lo que termino de decir? Dije que, para una enorme franja porcentual de cristianos, la gente del mundo es toda esa que anda paseando por cualquier parte, menos por dentro de un templo o salón cristiano.
Pregunto: ¿Es así? ¿Seguro que es así? ¿No serán mundanos, impíos, paganos y pecadores todos aquellos que no creen, no les importa, ni tienen la menor intención de creer en nuestro Dios, en su Hijo y en el Espíritu Santo? Sí, ¿Verdad? ¿Y a ti quien te dijo que toda esa gente mundana solamente está fuera de esos templos? ¿Estás seguro que no hay ninguno que se siente a tu lado un domingo por la tarde a oír un sermón? ¿Y como miembro activo, no como visita?
Y si hago referencia casi de manera elíptica a la gente, es porque esa gente es, supuestamente, la destinataria de la mayor parte de las cosas que a diario hacemos. Los músicos dicen tocar para la gente, los periodistas aseguran armar sus discursos o relatos en función de lo que quiere o necesita la gente y, en el terreno de las ideologías o sencillamente la política terrenal y regional, también sus hombres aseguran pensar, decir y hacer todo lo que piensan, dicen y hacen en función de las necesidades de esa misma gente.
Falso. Mayoritaria y tristemente falso. Nobleza obliga a reconocer que sí, que hay un porcentaje que hace todo lo que hace por las razones o causas que dice que lo hace, pero es tan bajo ese porcentaje que, en la realidad cotidiana de lo que sea, no pesa. Jamás participé en política, pero por el que fuera mi trabajo secular, me tocó estar relativamente cerca de políticos de distinto nivel, si es que deseo medirlos en lo nacional, provincial, regional, local.
Lo único que vi cambiar en ellos, es el nivel intelectual y conceptual con el que se conducían. Es obvio, (O al menos debería serlo), que un candidato a presidente de cualquier nación, debe o debería contar con una formación y una capacidad que no es patrimonio visible, al menos, de aquellos que se postulan para candidaturas locales, ya sea en una comuna, municipalidad, alcaldía o sus cuerpos legislativos. Sin embargo, hay algo que los une: sus egos personales, sus ambiciones políticas y, necesariamente, sus inocultos intereses materiales o económicos.
¿Por qué estoy hablando de esto y no de la tremenda revelación de un sorprendente versículo bíblico? Porque estoy pensando en la mayoría de mis hermanos en Cristo, y no en la minoría. Esa minoría, ya lo sé, ha dejado atrás sus intereses propios, personales, familiares o sectoriales, y solamente tiene su mente, su alma, su corazón y esencialmente su espíritu, alineado con Cristo. No necesita de otra cosa para subsistir en paz y con gozo. Pero la gran mayoría, no. La gran mayoría todavía vive con su pensamiento en Cristo, sí, pero con sus pies sobre esta tierra. Y con todo el resto de su estructura, al tono.
Y porque es estrictamente necesaria toda esta introducción para luego poder hablar con absoluta libertad de todo lo inmenso que poseemos y de todo lo también inmenso que nos falta poseer. Pero, esencialmente, porque tengo absoluta certeza que, tanto en lo político como en lo espiritual, aunque a simple vista no se asemejen nada, en lo profundo parten desde una misma base: tanto la política con sus ideologías tan diversas y adversas, como la distancia entre la fe auténtica y la religión barata, tienen sus bases en la gente, en esta misma gente de la que en su globalidad estamos hablando.
Y no pienso hacer ningún análisis académico, por ejemplo, de lo que es la democracia y mucho menos sobre la manera de hacer política que conlleva este sistema. Lo único que quisiera decir, como hijo del Dios Altísimo y creyente genuino que creo ser, es que la bondad de ese sistema, es que cada fuerza política o ideológica que pretenda acceder al gobierno de una nación por esa vía tiene que establecer un compendio de actitudes, principios y conceptos básicos, claros y precisos.
Debe, por ejemplo y como punto de partida, elaborar una campaña previa a las elecciones, repleta de propuestas, planes y actos posibles de gobierno si es que llegan a ser vencedores. Y que luego de la elección, si las ganan, cumplan al menos con el ochenta por ciento de esas propuestas. Y que, si no son electos y se convierten automáticamente en oposición, hagan todo lo posible por ayudar a cumplimentar las propuestas de los que resultaron vencedores. Sonríe con compasión si quieres, tienes mi permiso.
Todo eso Hasta el Tiempo…
…en que llegue un nuevo acto electoral y tengan otra oportunidad. Eso no les impedirá criticar y dejar en evidencia lo que sean errores groseros de los gobernantes, que de ninguna manera significa ocuparse de nimiedades con el único afán de disminuir la popularidad del gobierno con fines electorales futuros. La antigua muletilla democrática de que el que vence gobierna y el que pierde ayuda, no es simplemente un lindo cúmulo de palabras, es una necesidad.
Obviamente, en lo personal sé perfectamente que todo esto que he dicho, en la realidad cotidiana y práctica de cualquiera de nuestras naciones, tiene nivel y calibre de una verdadera utopía, pero me sirve escribirlo para dejar más que en evidencia que de democracia hay muy poco y de intereses individuales y autoritarismos monárquicos muchísimo más. Si queremos seguir engañándonos y, al mismo tiempo, colaborando en engañar a otros si es que participamos activamente, es un problema de cada uno. Y habrá mucho más para añadir en este tema.
Dios ha sido claro y en sus primarios diez mandamientos está la única verdad que se equipara con nuestra Verdad: No mentirás. Me pregunto si será posible participar en política terrenal sin mentir, algo que está no sólo asumido como “necesario”, sino articulado como elemento básico para no sufrir humillantes y descalificadoras derrotas. Estar en política y no mentir en lo absoluto, es sencillamente imposible. Por eso me estruja el corazón y el espíritu el ver a tantos y tantos bien intencionados hermanos incursionar en ese terreno con la ingenua aspiración de sanearlo. No funciona así. La gran mayoría, se sometió a la misma corrupción ambiente. Los sanos y puros, debieron apartarse.
Hay algo que sabemos, que es visible y que está delante de nuestra mirada día a día. Los hombres tienen reyes. Aunque las monarquías no sean mayoría, todavía existen y tienen cierto peso en países de los considerados como grandes. Aquí cabe una comparación que quizás suene a absurda, pero que no lo es. Los animales también necesitan y tienen reyes. El león, por ejemplo, como se nos ha dicho. El resto de la creación, no necesita ni tiene reyes. Los vegetales, los minerales, por ejemplo, no los tienen. ¿Y sabes qué? Son los únicos elementos de la creación que, en lugar de haber sido creados para recibir, lo han sido para dar. ¿No es interesante verlo así?
Me atrevería, en un acto de casi inconsciente osadía, pensar que es por ese motivo que la palabra de Dios sólo habla de árboles de justicia o de rocas inconmovibles. Con los humanos y los animales, no tiene esa misma expresión. No es un detalle menor. Porque Cristo es nuestra Roca firme, lo sabemos. Pero lo que no siempre entendimos es que, cuando aquel ciego sanado dijo que veía a los hombres como árboles, no es que todavía su vista le fallaba. Era que, junto con su visión natural, la mano de Jesús también le dio acceso a la espiritual.
En cuanto a la comparación del hombre y la roca, es un tema mucho más sencillo. Cuando Jesús murió en la cruz, en el instante en que entregó su espíritu al Padre, el velo del templo se rasgó, que es como decir que la incredulidad religiosa tuvo una grieta por donde convertirse en fe genuina. La tierra tembló, que es la evidencia de que la carnalidad humana se estremeció por completo al comprobar su vulnerabilidad. Y las rocas se partieron, lo cual no es algo negativo como siempre se pensó. Cuando una roca enorme se parte, es porque se convierte en varios trozos pequeños de su misma sustancia.
¿A qué viene todo esto? A lo que veníamos hablando, respecto a la relación entre nuestro Señor y las distintas naciones. No sé cuál es en la que tú resides, pero lo que sí sé, es que sea cual fuere, no está por fuera de la mirada atenta del Padre, del Hijo y del Espíritu. Fíjate que, cuando Dios dice que bendice a las naciones, o que, por el contrario, les trae juicio, ¿A qué naciones supones que se refiere? Generalmente, aquí es donde me suelen dar dos o tres nombres de naciones para cada caso ¿Sabes qué? No es así. Porque cuando Dios dijo eso, todavía no estaban marcadas estas fronteras.
Nosotros observamos los mapas, hoy, con todo el adelanto tecnológico digital, puesto al servicio de esa acción, y podemos ver a los distintos continentes con sus trazados, sus fronteras, sus ciudades o poblaciones. Entonces, aquí en este punto del planeta nos resulta sumamente sencillo decir que esto es Argentina, que allí casi pegadito está Uruguay, por el otro lado, y como una extensa franja, tenemos a Chile y luego, más arriba, aparecerán Bolivia, Paraguay y, así sucesivamente, hasta completar la América del Sur, la Central y la del Norte.
Sí, pero en la antigüedad estas líneas divisorias no existían, fue el hombre el que las trazó. Dios sigue viendo una masa informe y completa. Las únicas fronteras que reconoce, son la cultural o idiomática, pero terrestre, no. Y, de paso, ya que estamos hablando de esto, te digo que, con el asunto de las razas y los colores de piel, sucede exactamente lo mismo. ¿Te tragaste la sutil mentira mitad comercial, mitad racial, de que los héroes del evangelio eran todos blancos, rubios y de ojos claros?
¿De verdad te creíste eso y no te tomaste ni siquiera un par de minutos para pensar que por los lugares en donde sucedieron la mayoría de los hechos de la historia del evangelio, tanto la de Jesús como las de casi todos sus discípulos que luego prosiguieron con el ministerio, el tema ese debe haber sido absolutamente distinto, y si no opuesto, al publicado? ¡Que manía tonta la de confundir visión espiritual con la imagen de un actor de Hollywood encarnando a cualquiera de esos hombres!
Dios nos creó con la sana y justa intención de que fuéramos un pueblo unido. Ya en el libro tan poco difundido y hasta leído de Esdras, en el tercer capítulo te encuentras con un episodio en el que se relata que el pueblo de Israel, en Jerusalén, decidió juntarse para un fin determinado, como un solo hombre. ¿Sabes lo que eso significa? Que se reunieron a tejer futuras estrategias donde cada uno tendría un rol valioso e importante. No se reunieron para negociar recompensas o botines de guerra.
Tampoco se juntaron como jerarcas de distintos grupos a tomar un café o un refresco y hablar de tonteras, para luego irse y seguir tan separados como siempre y compitiendo por doctrina o miembros de sus congregaciones. Unidad, según Cristo, es otra cosa. Hay una imponente verdad que muy poca gente ha descubierto o, en el mejor de los casos, ha recibido revelación. Y es por esa razón, que casi no se menciona. Todos caminamos por caminos espirituales en esta vida. Todos. Absoluta, total y definitivamente, todos.
Tanto los que conocen a Dios, como los que no lo conocen. Tanto los creyentes como los ateos. Todos. Solamente les cambia su final. Pero en el recorrido terrenal, todos somos el resultado de un mover espiritual. La diferencia radica en si lo conocemos y ponemos por obra, o si lo ignoramos y somos sacudidos como hojas al viento por cada situación. Fuimos creados para creer y ser espirituales. Que acertemos o equivoquemos el camino, es la única diferencia.
Cuesta Mucho en Esta Sintonía…
…hacer referencia a Satanás y sus demonios. A ellos les ha salido muy bien esa obra de teatro viviente que han sabido montar alrededor de una historieta con un hombre todo vestido de rojo, con un par de cuernos en su frente y un tridente amenazante con el que supuestamente nos ensartará para llevarnos al infierno. Piensa un momento. Somos seres creados con una mente con la santa intención de que la utilicemos. ¿Tu supones que alguien medianamente pensante puede creerse esa historieta de diablitos casi simpáticos?
Cuando llegas a descubrir la realidad de ese reino de las tinieblas, no te alcanzan las horas para buscar todos los elementos necesarios para situarte lo más lejos posible de él. Allí es cuando entiendes que la palabra pecado, no puede formar parte de tu vocabulario de vida. Después aparecen los distintos shows mezclados con gente con enseñanzas bíblicas y factibles. Tres franjas notorias existen dentro del mundo cristiano respecto a este tema.
En primer lugar, los muy escasos que caminan la tierra enseñando como cubrirse, batallar, echar fuera y vencer ante demonios. Luego están los otros, los fantoches que se ríen de todos los demonios y gastan bromas en contra del propio Satanás. Esto no es bíblico, Jesús jamás lo hizo. Derrotó a cada exponente del infierno que se le cruzó en el camino, pero jamás se burló de ellos. Y, en último término, los pusilánimes y temerosos que parecerían haber sido contratados por el reino de las tinieblas para promocionar sus supuestos “tremendos poderes”.
En el medio, un montón de gente que no lee, que no ora y que no sé si cree, disfrazada de cristianos prestos a tomar como ciertas cualquiera de estas escenas. La gente, y no me refiero al mundo secular, obviamente, está hambrienta de señales, milagros y maravillas. Una gran mayoría sólo los ha leído en sus biblias. Otra gran proporción, sólo sabe de ellos por lo que le cuentan desde los púlpitos distintos personajes llegados de otras tierras y que no les dejan la menor posibilidad de comprobar si lo que testifican es verdad.
Y una proporción más, la menor, que de una u otra manera ha recibido alguna forma de milagro en su vida y, por esa misma razón, anhela fervientemente que eso se repita. El mayor inconveniente, es que un milagro es, literalmente, una alteración del orden natural de las cosas. Y para ciertas mentes cautivadas por la bacteria del intelectualismo, esperar una alteración de esa clase, es causal de burla o calificación de fantasioso, místico o algo peor.
De todos modos, debemos pensar con sentido práctico. Si es Dios quien hace un milagro, tiene que ser porque ese evento favorece algo que tiene que ver con su Reino. Los milagros no son el “hobby” de un Dios aburrido. Pero, ánimo. No somos los únicos. Según relata Marcos, en el octavo capítulo de su evangelio, hubo unos fariseos que vinieron presurosos a Jesús a pedirle que hiciera alguna señal que tuviera como origen el cielo.
Dice que lo hicieron para tentarlo, pero a mí lo que me impactó de ese pasaje fue leer que, por esa causa, a partir de ese pedido formulado por gente que se ufanaba de ser la propietaria de Dios mismo, por poco, fue que el espíritu de Jesús gimió con una mezcla de tristeza e impotencia. Y simplemente les dijo, textualmente: ¿Por qué pide señal esta generación? De cierto os digo que no se dará señal a esta generación.
¿A qué generación se refiere? Parecería ser que a la que conforman esos hombres, pero… ¿Estás bien seguro que es así o, por el contrario, es una expresión que emana de una eternidad y tiene concepto de eternidad? Eternidad no fue ni será. ES. Hoy, ahora. La gran pregunta que me hago a mí mismo y la extiendo a todos ustedes, es: ¿Creemos en los milagros? ¿Sí? Entonces, si creemos en los milagros, cuando ocurre uno ¿De quién se entiende que será la gloria? De nuestro Señor ¿Verdad?
El error más grave que ha cometido la iglesia, al menos en su conjunto mayoritario, ha sido el de darle esa gloria al ministro a través del cual Dios hizo ese milagro. Recuerdo que una noche, en la que sería mi última congregación, de neto corte conservador, fui invitado, porque era conocido por mi tarea en la radio, a pasar al frente y orar por los que lo necesitaran y pasaran a ese lugar a recibirlo. Los ministros principales tenían largas filas, pero conmigo había sólo dos personas. Un matrimonio.
Oré por la hermana por un tema puntual y, para mi sorpresa y la de una mayoría, ella se fue al piso. Iglesia conservadora, eso allí jamás sucedía. ¿Qué crees que pasó? Que la mayor parte de los que hacían fila para recibir oración de los otros ministros, se desplazaron y vinieron a mí. ¿A quién le daban la gloria de eso que habían visto? ¡Oh! Es todo un tema el de los milagros, créeme. Nosotros, como parte de la iglesia del Señor, con nuestra mejor disposición, tratamos de obviar las cosas raras que hemos visto en gran cantidad y quedarnos con lo que tiene visos de seriedad y certeza.
Pero, aunque pongamos nuestro mejor esfuerzo, nos cuesta mucho que el mundo secular nos entienda, asuma lo que le decimos como cierto y no se burle, tal como ha ocurrido en una mayoría de casos. Lo que sucede es que la gente de afuera no sabe a qué atenerse, porque depende de la denominación que sea el evangélico con el que dialogue, la idea del milagro será bien distinta. Habrá conservadores que le dirán que los milagros fueron cosa de aquellos tiempos y que hoy ya no existen.
Los progresistas que están en lo opuesto, le dirán que hay milagros de Dios a cada paso, todos los días y en todas las áreas, que no se necesita más que pedirlos y Dios los obrará. Creo firmemente, y de esto hay sobrada prueba bíblica, que los milagros son factibles y posibles en este tiempo, pero también tengo absoluta certeza que sólo los veremos cuando la razón de cada uno de ellos, sólo sea de interés sumo para el Reino de Dios y no para entretener cristianos aburridos.
Dios ES amor, nos ama y tiene inmensa misericordia por cada uno de nosotros, pero sólo alterará el orden natural de las cosas creados por Él mismo y a nuestro favor en algo determinado, cuando ese algo sea también de necesidad para Su Reino. La multiplicación de los peces y los panes y la resurrección de Lázaro, por mencionar dos de los más impactantes de Jesús, fueron para que toda esa gente se conmoviera y aceptara a Jesús como a Su Hijo.
Con Esto en Mente…
…la pregunta que salta de inmediato, es: Pero, ¿Y las llamadas campañas de milagros que vemos asiduamente por allí? Ah, no lo sé, pregúntale a los que las arman, ellos sabrán darte una respuesta sólida si es que la tienen. Esto no es nuevo, tiene un correlato que está tan a la vista que nadie podría hacerse el desentendido y decir que jamás lo ha visto. Y no es nuevo. ¿Tenemos una mínima idea del tenor de las conversaciones que se sostenían en aquellas sinagogas fariseas en la época en que comenzó a ministrar Jesús?
Está bien, había hombres como Nicodemo y en cierta forma también Gamaliel, que no sólo veían con buenos ojos lo que mostraba y decía Jesús, sino que llegaron al punto de intentar dialogarlo con Él. Pero la mayoría, les vendía a los miembros de la sinagoga un discurso duro en defensa de la auténtica ley escrita en la Torá, mientras lo que realmente pretendían era conservar sus status, privilegios, honras y respetos por parte del pueblo.
Ahora pon tu mirada más misericordiosa, pero, al mismo tiempo, más aguda y dime cuanta diferencia encuentras con algunas cosas actuales. Además, y a esto por poco o por mucho todos lo sabemos muy bien, nosotros tejemos y entretejemos análisis y juicios de valor respecto a personas y hechos de esas personas a partir de conceptos que fueron dispersados primariamente por gente muy bien intencionada y hasta espiritualmente fiel a lo que creían, pero, en definitiva, gente que no estaba siendo guiada por el Espíritu Santo.
Hablamos del Canon bíblico como si fuera una verdad sin atenuantes. ¿Alguien se ha tomado el trabajo de indagar un poco respecto a qué cosa es el Canon? Mi diccionario RAE me dice que, en el punto 1, que es una regla o precepto previamente fijado por la costumbre o los usos sociales. O sea que, lo que me está enseñando esta acepción, es que decir Canon es como decir regla, estatuto, ordenamiento o tradición acorde con lo que la masa social del lugar en donde se aplique, posea. ¡Ey! ¿Me dices que yo debo respetar eso? ¿Y por qué razón lo haría?
El 2, me cuenta que Canon es un modelo de características perfectas, en especial el clásico griego de proporciones para el cuerpo humano. Esto vendría a ser algo así como un canon griego de belleza. Lisa y llanamente, un Adonis o una Venus, son un Canon de belleza digna de admiración. El 3 me habla de algo que todos o casi todos, depende el país o región donde viva, seguramente habrá oído y hasta sufrido, porque Canon, aquí, es el impuesto que se paga por algún servicio, generalmente oficial.
En mi país y puntualmente en mi ciudad, Canon sería lo que yo pago mensualmente bajo el rótulo de TGI, Tasa General de Inmuebles, que es lo que la intendencia, comuna o alcaldía, me cobra por sus servicios de alumbrado público, limpieza y barrido de calles y recolección de residuos. El 4 es, tal vez, el menos conocido. Se trata de la composición de contrapunto, en la que sucesivamente van entrando las voces, que repiten o imitan cada una, el canto de la que le antecede.
Me da como ejemplo ilustrativo, el Canon de Pacheibel. El Canon y giga en re mayor para tres violines y bajo continuo (en alemán: Kanon und Gigue in D-Dur für drei Violinen und Basso Continuo) también conocido simplemente como Canon, es la obra más conocida del compositor alemán de música barroca Johann Pachelbel. Pachelbel compuso esta obra alrededor de 1680, siendo originalmente una obra de música de cámara para tres violines y bajo continuo; posteriormente se han realizado arreglos para una gran variedad de instrumentos y conjuntos.
Originalmente, una giga en la misma tonalidad (Re mayor) sigue al Canon, pero esta última danza se ejecuta o graba con mucha menos frecuencia. El Canon es muy conocido por la progresión armónica de los instrumentos de cuerda, que lo han convertido en una de las piezas más reutilizadas en la música académica contemporánea y en el rock. La penúltima acepción es, tal vez, la que más interés despertará en nosotros, ávidos lectores de nuestras Biblias como alimento espiritual sólito que estamos obligados por nuestra nueva naturaleza a consumir.
La 5, dice: Decisión o regla establecida en concilio por la iglesia católica sobre el dogma o la disciplina eclesiástica. Es la que abre la puerta para la sexta y última, que directamente dice que cuando decimos Canon, nos estamos refiriendo al derecho canónico, que son las reglas que construyen el funcionamiento de, precisamente, la iglesia Católica Apostólica Romana. ¿A qué llegamos? A comprobar y probar, que el famoso Canon de nuestras biblias, que nos habla de la cierta y determinada suma de libros que la componen, fue armado por monjes católicos conforme a sus entendimientos.
Nadie va a hablar de mala voluntad, de intereses espurios ni nada que resulte una ofensa innecesaria y hasta injusta en casos, para esos hombres y sus seguidores a través de la historia. Está más que claro y evidente que ellos inscribieron y escribieron todo lo que se dibujó en sus mentes. Y todo con la que puede ser indudablemente sana intención de establecer conceptos que pudieran de verdad ayudar a las personas a conocer y a creer en el Dios de la Biblia.
Sólo un problema que no es precisamente menor: ninguno de esos monjes encargados de las selecciones y traducciones de esos rollos, lo hizo con la guía del Espíritu Santo. Dios operaba a partir de ciertos y determinados hombres, pero de ninguna manera en la consecución de estructuras eclesiásticas tal como hoy las conocemos. La mejor evidencia está en sus decisiones. Libros incluidos en el Canon, otros excluidos bajo razones que, en casos, suenan hasta inentendibles.
Uno de los tantos libros denominados como apócrifos, que ellos determinaron que no formaran parte del Canon, es el de los Dichos de Tomás. Quiero aclarar que decir libro apócrifo, es como decir libro escondido, eso significa. ¿Escondido de qué, por qué o para qué? Porque era demasiado profundo y muy pocos lo entenderían o, sencillamente, porque alguien consideró que no era el momento de difundirlo. ¿Te das cuenta de qué factores dependemos, a veces, para acceder a mayor conocimiento? Simple y sencillamente del pensamiento personal de ciertos hombres que, reitero, bien intencionados y todo, no podían ser autoridades en esto por la simple razón de no estar realmente guiados por el Espíritu Santo.
Mira este dicho de Tomás que nos permite pensar distinto con relación a otras escrituras. Logion 3: Jesús ha dicho: Si los que os guían os dicen: ‘he aquí que el Reino está en el cielo’, entonces los pájaros del cielo os aventajarán; si os dicen que está en el mar, entonces os aventajarán los peces. El Reino está dentro y fuera de vosotros. Cuando os conozcáis a vosotros mismos, entonces seréis conocidos y sabréis que sois los Hijos del Padre viviente; más si no llegáis a conoceros, entonces estaréis en la pobreza, seréis la pobreza. Perdón, pero ¿Me disculpan si me quedo con este antes que con algunos que sí fueron aprobados? ¡Qué historia la nuestra! ¿Verdad?
Pero el que me dejó pensando largo rato, es el siguiente: Logion 13: Jesús ha dicho a sus discípulos: Comparadme, decidme a quién me parezco. Simón Pedro le dijo: Te pareces a un ángel justo. Mateo le dijo: Te pareces a un filósofo sabio. Tomás le dijo: Maestro, mi boca no aceptará en absoluto que te diga a quién te pareces. Jesús dijo: No soy tu maestro; te has embriagado en la fuente hirviente que yo he medido. Lo cogió, se retiró (con él) y le dijo tres palabras. Luego, cuando Tomás hubo vuelto con sus compañeros, estos le preguntaron: ¿Qué te ha dicho Jesús? Tomás les dijo: Si os digo una de las palabras que él me ha dicho, tomaréis piedras y las lanzaréis contra mí; un fuego saldría entonces de las piedras y os abrasaría.
No sé lo que significa para ti leer esto, pero para mí es como una bocanada de aire fresco que ingresa por los mismos sentidos con el que lo han hecho otros libros de los considerados ungidos. Y esto es apenas una porción. Puedes bajártelo de internet, porque es allí donde lo encontré. No digo ni diré jamás que esto que escribe Tomás deba o pueda reemplazar a los que conocemos. Lo que sí me atrevo a expresar, es que tranquilamente pudo haber formado parte del grupo aceptado y publicado sin ningún problema.
El famoso Canon, un invento de un sector del cristianismo que, quieras o no, nosotros incorporamos como ley. De allí proviene una palabra muy sectorial: Canonizar. Si la Biblia está Canonizada, la Biblia es considerada Santa. Por eso leemos en algunas publicadas, en su tapa, que dice Santa Biblia. Pero tengo un problema: la santidad no son letras, es VIDA. Ese rótulo sirvió para que la depositaran entre almohadones en un púlpito.
Que no es nada censurable, de hecho. En todo caso, lo que sí podría ser censurable es que no se tomaran el trabajo de leerla y enseñarla. Otro tanto se produjo con el orden en que los diferentes libros fueron incorporados a nuestras Biblias. De hecho, no se lo hizo conforme al orden cronológico en que fueron conocidos, sino que se elaboró otro según el criterio de quienes lo construyeron.
No es algo que esté ni bien ni mal, no es eso lo que pretendo decir por una sencilla razón: no tengo ni mandato ni autoridad para hacerlo. Peo sí me parece oportuno y hasta interesante compartirte ese listado, esa nómina de esos libros que ya conoces, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, pero con sus fechas de aparición y el orden en el cual lo hicieron.
Cronología de la Biblia Antiguo Testamento
- Job – Fecha desconocida
- Génesis – A.c. 1445-1405
- Éxodo – A.c. 1445-1405
- Levítico – A.c. 1445-1405
- Números – A.c. 1445-1405
- Deuteronomio – A.c. 1445-1405
- Salmos – A.c. 1410-450
- Josué – A.c. 1405-1385
- Jueces – A.c. 1043
- Rut – A.c. 1030-1010
- Cantar de Cantares – A.c. 971-965
- Proverbios – A.c. 971-686
- Eclesiastés – A.c. 940-931
- 1 Samuel – A.c. 931-722
- 2 Samuel – A.c. 931-722
- Abdías – A.c. 850-840
- Joel – A.c. 835-796
- Jonás – A.c. 775
- Amos – A.c. 750
- Oseas – A.c. 750-710
- Miqueas – A.c. 735-710
- Isaías – A.c. 700-681
- Nahum – A.c. 650
- Sofonías – A.c. 635-625
- Habacuc – A.c. 615-605
- Ezequiel – A.c. 590-570
- Lamentaciones – A.c. 586
- Jeremías – A.c. 586-570
- 1 Reyes – A.c. 561-538
- 2 Reyes – A.c. 561-538
- Daniel – A.c. 536-530
- Hageo – A.c. 520
- Zacarías – A.c. 480-470
- Esdras – A.c. 457-444
- 1 Crónicas – A.c. 430
- 2 Crónicas – A.c. 450-430
- Ester – A.c. 450-331
- Malaquías – A.c. 433-424
- Nehemías – A.c. 424-400
Cronología de la Biblia Nuevo Testamento
- Santiago – 44-49 d. C.
- Gálatas – 49-50 d. C.
- Mateo – 50-60 d. C.
- Marcos – 50-60 d. C.
- 1 Tesalonicenses – 51 d. C.
- 2 Tesalonicenses – 51-52 d. C.
- 1 Corintios – 55 d. C.
- 2 Corintios – 55-56 d. C.
- Romanos – 56 d. C.
- Lucas – 60-61 d. C.
- Efesios – 60-62 d. C.
- Filipenses – 60-62 d. C.
- Filemón – 60-62 d. C.
- Colosenses – 60-62 d. C.
- Hechos – 62 d. C.
- 1 Timoteo – 62-64 d. C.
- Tito – 62-64 d. C.
- 1 Pedro – 64-65 d. C.
- 2 Timoteo – 66-67 d. C.
- 2 Pedro – 67-68 d. C.
- Hebreos – 67-69 d. C.
- Judas – 68-70 d. C.
- Juan – 80-90 d. C.
- 1 Juan – 90-95 d. C.
- 2 Juan – 90-95 d. C.
- 3 Juan – 90-95 d. C.
- Apocalipsis – 94-96 d. C.
Este es, en grandes rasgos, el cúmulo de lo que podríamos llamar “alimento espiritual”. Porque, palabras más o palabras menos, en todo este monumental contexto, está la genuina palabra de Dios derramada, para que cada uno de sus hijos pueda beberla, comerla, nutrirse, crecer y compartirla. El hombre lo ha hecho o no, conforme a sus propias ideas y actitudes egocéntricas. Pero que este es el pan de vida, sin ninguna duda que lo es. En el cuarto capítulo del evangelio de Lucas, podemos leer al propio Jesús diciéndolo. No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
¿Entonces eso implica que andemos por las calles repitiendo versículo tras versículo, esperando que eso haga mella en el espíritu humano perdido de quienes nos escuchan? No. Ya sabemos que eso, salvo raras excepciones comandadas desde el propio cielo, no ha funcionado. Sólo ha sido útil para traer gente a los templos, cosa que no siempre ha significado arrepentimiento, conversión, perdón, redención y salvación.
Pedro Dice, en Una de sus Cartas…
…que busquemos, como niños, la leche no adulterada. Leche, aquí, es el equivalente a alimento. Un alimento que se consume en gran cantidad en la etapa infantil de crecimiento. Mayoritariamente, la leche materna. De eso se está hablando. Pregunto: Si la leche es el equivalente a la palabra de Dios, ¿Cuál es la Palabra no adulterada? Sin ninguna duda, la que desciende del Espíritu Santo, directa a tu espíritu. Todo lo demás, sea por interpretaciones sectoriales o por traducciones deficientes, tiene algo para revisar, modificar, redimensionar o revitalizar.
Nos sucede a todos los que pretendemos ser estudiosos de las escrituras. Si nos dejamos llevar por nuestra propia sabiduría terrenal, teológica y hermenéutica, daremos giros y giros, a veces alrededor de una verdad, sin llegar a verla. Si nos abandonamos a los dictados del Espíritu Santo, entonces lo poco que veamos, será lo más próximo a la Verdad. Y si tienes en cuenta que decir La Verdad es decir Cristo, el resto ya no interesa demasiado.
Y no nos vayamos demasiado lejos. Tienes el tema puntual e la vida extraterrestre, por ejemplo. Hoy leía un periódico digital en el que me encontré con esta noticia: “Un equipo de astrónomos de la Universidad de Cambridge anunció recientemente la detección de gases sulfurosos en la atmósfera del exoplaneta K2-18b, lo que podría indicar la presencia de vida. Sin embargo, un análisis independiente realizado por Jake Taylor, de la Universidad de Oxford, pone en duda la validez de estos hallazgos.
Taylor utilizó una prueba estadística básica para identificar indicios de moléculas de gas en la atmósfera de K2-18b y encontró que los datos parecían consistentes con una «línea plana», lo que sugiere que la señal es demasiado débil para extraer conclusiones definitivas, según publicó el sitio especializado Space.com. La búsqueda de vida extraterrestre es un tema complejo y controvertido, y este debate demuestra el proceso científico en marcha.
Como dijo Eddie Schwieterman, profesor adjunto de astrobiología en la Universidad de California, Riverside, «si el resultado final de esta historia es que el público sea más cauto respecto a futuras afirmaciones de detección de vida, eso no es algo terrible». A grandes rasgos, parece algo sumamente serio y bien intencionado, pero conforme a nuestra visión bíblica de la vida, el punto comienza a perder sustento a partir de una simple palabra llena de contundencia.
Al hombre de esta tierra, Dios le dijo que lo había creado a Su imagen y Su semejanza. Existe una posibilidad de que haya hecho y dicho lo mismo con otra creación en otra galaxia, pero eso es apenas una tibia conjetura. Hasta hoy, la verdad nos muestra que, independientemente de lo técnico o científico, ninguna vida puede ser considerada superior a la nuestra. Somos imagen y semejanza del Dios creador de todos los universos, nada menos.
A mí también en su momento me atrapó toda esa onda de platillos voladores y seres extraterrestres. Fue casi como una moda impartida a través de la radio, la televisión y el cine, cuando todavía no operaban como hoy las redes sociales. Así y todo, sin embargo, nunca permití que todo eso me sacara de una óptica mucho más terrenal y hasta práctica, de pensar en tanto habitante de esta tierra que todavía estuviera por allí, escondido y absolutamente virgen de progreso en desiertos, selvas u otros lugares similares.
Siempre sostuve, a partir de la zona del planeta donde mi Padre decidió que yo naciera y viviera, que, en ciertos lugares de Latinoamérica, los pueblos originarios y aborígenes, tienen muy mala prensa. Algunos tal vez puedan haber hecho méritos para ello, pero otros, que no pueden ser tan escasos, conservan un grado de pureza, de transparencia y de bondad, que nos lleva a pensar que son los que mantuvieron el diseño original.
Un diseño que, nazcas donde nazcas, llevas en tu ADN espiritual desde el mismísimo soplo de aliento de vida en tu diminuta nariz, tenga el color de piel que tenga esa nariz. Soy un convencido que los seres humanos, en su conjunto, vivimos en un permanente estado emocional. De hecho, que nos costaría enormemente imaginarnos cómo sería nuestra vida sin alegrías, sin tristezas, sin enojos o sin miedos. Las emociones son parte crítica de nuestra experiencia e influyen en nuestras conductas.
Yo creo que, aunque nuestra conducta operativa diaria sea como nos manda la palabra, sencillamente en espíritu, no podremos ni desearemos desconocer o evadir esa conjunción. A ver; si Dios tuvo en algún momento una reacción de ira, todo lo santa que quieras, pero ira al fin; si Jesús lloró cuando supo de la muerte de su amigo Lázaro y si el Espíritu Santo es capaz de contristarse cuando lo omites o ignoras, entonces no creo ser osado ni blasfemo si te digo que estoy en certeza que la deidad en forma trina en la que creemos y amamos, también tiene sus propias emociones.
La diferencia, en todo caso, estará en andar en el espíritu, viviendo conforme al diseño, y no en la carne, viviendo de nuestras emociones almáticas. Eso nos hace civilizados o incivilizados. Y no hay que ir a ninguna selva para hallarlos. En esta especie de mentalidad lineal en la que vivimos, nosotros siempre necesitamos un principio y necesitamos un fin. Un comienzo, un desarrollo y un final. Tu necesitas saber dónde comienza este texto y donde termina. Una causa, un efecto. Por eso lo estoy escribiendo así, tan aparentemente desprolijo. Aunque a ello yo le llame desestructurado.
No hemos entendido, todavía, que somos seres dimensionales. Y ES Biblia de lo que te estoy hablando, no divagaciones personales de hombre aburrido. Por eso encaré este trabajo de la manera en que lo estás examinando. Absolutamente apartado de todas las estructuras literarias tradicionales que todos hemos conocido y disfrutado. Decir libro, por ejemplo, siempre fue decir Prefacio escrito por un invitado famoso o conocido. Prólogo para adelantar algo. Introducción, para contar todo lo que vas a decir de manera sintética.
Luego Desarrollo, con capítulos distribuidos por tema y Epílogo, donde vuelves a hablar de lo que escribiste, como si quien lo leyó no se hubiera enterado. De acuerdo, eso está bueno y todos estamos acostumbrados. Pero si un día, el Espíritu Santo te ordena que te sientes ante un teclado y entables una simbólica conversación con quienes sean tus lectores, seguramente lo harás sin respetar ninguno de estos parámetros. ¿Sí? ¡Qué bueno! Yo también.
Cuando Compartes un Café…
…o un refresco con un hermano, no hablas con prefacios, introducciones, desarrollos ni epílogos. Además, para que alguien te lea, lo único que necesitas es escribir sobre un buen tema y tener amenidad para hacerlo. Eso, en el plano secular, funciona. Pero, aquí entre nosotros, los auto denominados como hermanos en Cristo, las pautas son otras. Similares, tal vez, pero no las mismas. Conociendo mis antecedentes profesionales, alguien me preguntaba hace algunos días, respecto a cuál creía yo que era el gran secreto para lograr una buena comunicación de masas.
La pregunta era, palabras más, palabras menos, que entendía yo que se debía hacer para que las masas lectoras o receptoras, adhirieran o se involucraran con nuestras opiniones. Te doy un ejemplo para una respuesta secular. Si alguien está convencido que los camellos vuelan, no les creerá a los millones de periodistas o medios informativos que le digan que no vuelan. Cuando salga alguien, ¡Uno solo!, a decir que vio volar a un camello, a ese sí le creerá.
Y, de allí en más, lo que ese medio o persona diga, será para esta persona, “palabra santa”. ¿He sido lo suficientemente claro o es necesaria una ampliación? Se cree en aquello que se ha decidido creer. Dentro del pueblo de Dios, la cosa cambia de color. Aquí yo no necesito de técnicas ni estrategias comunicacionales para conseguir tu atención o incluso seguimiento a toda mi producción. Pero, cuidado; no censuro a quien lo haga, porque cada uno, no sólo ha sido creado como un ser libre, por Dios Padre, por lo que puede hacer con su vida lo que mejor le parezca o convenga, sino que también puede comunicarse como mejor se le ocurra y echando mano a todos los métodos conocidos y por conocerse.
En todo caso, si en algo no está conforme al diseño divino, el Supremo jefe de ese diseño, se lo hará saber con todo detalle. Suena muy preciso el Espíritu de Dios cuando te exhorta o corrige en algo. Pero si me preguntas a mí, yo creo que a este punto lo tengo más que claro. Mientras no me aparte de lo que se me revela desde la oficina cielo, sé que lo que haga será bien recibido y de gran bendición. Si un día se me escapa la tortuga y decido escribir lo que a mí me parece bueno, entonces…sólo me leerá mi familia.
Y eso, siempre y cuando no tengan algo mejor que hacer, no sé si soy claro. Lo que ocurre es como buenos seres humanos muy racionales que somos, todo lo que no encaja con nuestros parámetros acostumbrados, nos produce en principio recelo, luego desconfianza y, finalmente, rechazo. Eso, en lo concerniente al hombre común de la calle. De hecho, un creyente debería pensar distinto o tener otra mirada sobre estas mismas cosas.
Pero habrás prestado atención a que puse “debería”, así en potencial, porque tengo más que claro que no siempre lo vive así. Somos tan primarios en todo esto que, en muchos momentos de mi vida, me costó un enorme esfuerzo intelectual aceptar que Dios no habla necesariamente en idioma español, aunque yo pueda oírle y obedecerle mediante esa vía comunicacional. No tenemos ni la menor idea de lo que significa tal cosa como un idioma celestial.
De inmediato se nos cruza por la mente el asunto de las lenguas, que, dicho sea de paso, ha sido uno de los más voluminosos factores de división entre el pueblo evangélico tradicional. Pero no tiene nada que ver con eso, es otra cosa. Otra cosa que no puedo ni tengo conocimiento suficiente como para delinear para que tú las conozcas. Yo sé que existen, pero no puedo encontrar la palabra adecuada para describirlas. Te doy un ejemplo que podrá parecerte un tanto infantil cuando lo leas, pero que creo que es el que mejor encaja en esto que estamos tratando de escudriñar.
Aquel día infinito cuando aquella mujer llamada por Adán: Varona, pero que nosotros conocemos y ubicamos como Eva, escuchó la voz de esa serpiente, no se sorprendió ni se impactó. Para esa primera pareja humana, evidentemente, era absolutamente normal y corriente oír hablar a los animales. De hecho, el que les hablaba era el espíritu de Satanás, pero estaba utilizando a una víbora para hacerlo. ¿Cómo no sorprendió esto a Eva, al punto que le creyó?
Porque todavía no estaban definidos los idiomas en la tierra y toda la creación divina se expresaba en una misma lengua, la celestial. Como es ese idioma no me preguntes, porque es obvio que no lo sé ni puedo saberlo, al menos mientras viva con mis pies apoyados en esta tierra. Pero tengo certeza que ese idioma existe y que será el único con el cual nos podremos comunicar todos los que lleguemos un día a compartir cielo con los que se fueron hace siglos, con los propios hombres pioneros de nuestra fe y con todos los que lleguen después que nosotros.
El inglés, el español, el alemán, el francés, el chino y cuanta lengua humana se te ocurra, existen aquí porque las distintas regiones y culturas así lo necesitaron. Pero “allá”, y me gusta denominarlo así, allá no tendremos ese problema. Hablaremos todos un único y mismo idioma, que será el mismo con el que el Padre, el Hijo y el Espíritu entablarán diálogos con nosotros y que ni siquiera tengo certeza que sea a través de nuestras cuerdas vocales, sino del mismo modo en que en ciertos casos puntuales, ha sido aquí en la tierra: merced a nuestra mente, a nuestro espíritu humano, a nuestra propia alma, inclusive.
Pero que lo entenderemos todo y todos seremos entendidos, no tengo ninguna duda. ¿Recuerdas que Pablo dice que ahora vemos como por espejo, pero que en el final veremos cara a cara? ¿Cómo es ver por espejo? De manera invertida. Todo el revés. Lo que vemos bueno, es malo y viceversa. Tremendo golpe al intelectualismo y humanismo infiltrado en la iglesia. Porque, no sé si habrás observado, (Independientemente de cómo sea esto en tu país de residencia, hablo por lo que veo aquí), que una gran parte de lo que llamamos la iglesia, se conduce con elementos y rudimentos que están mucho más emparentados con el intelecto que con el espíritu.
Entonces, y valga el antiguo y casi absurdo ejemplo, para ese mundo es lo más natural y corriente ver en un campo a una vaca que muge mientras pasta tranquilamente, mientras un hermoso pájaro vuela y sobrevuela a su alrededor. Eso es natural según ese mundo y a nadie le llama demasiado la atención. Ahora; si de pronto el que vemos mugiendo y pastando en un campo es a un pájaro y la que pasa volando a su alrededor es una vaca, el orden natural ha sido alterado y eso recibiría el nombre de milagro.
Todos nosotros estaremos más que de acuerdo que eso es así, ¿Verdad? Nadie ha visto pastar pájaros y volar vacas por estas tierras, y presumo que tampoco en las tuyas. Muy bien. Sin embargo, hay un análisis que no hemos hecho. ¿Y si existe una dimensión donde cualquier hombre o animal es capaz de vivir y hacer cosas que de ninguna manera podrían denominarse como naturales? Pregunto: ¿No es nuestro Dios más que capaz de producir cosas así con su creación?
Si Vemos a una Persona Levitar…
…suspendida en el aire, decimos que es un acto de ocultismo satánico. Y muy probablemente lo sea, es cierto, pero sólo en su exposición para ganar fama y dinero. Porque hasta donde yo sé, Satanás no es un ser creativo, apenas es un imitador más o menos eficiente. Esto me dice a mí que, si una persona puede levitar, es porque Dios ha determinado que, llegado el caso y la necesidad, puede hacerlo. El diablo no inventó nada. Espejo.
Pero, cuidado. No podemos, por todas estas razones, caer en exageraciones más místicas humanoides que dignas de una fe auténtica. Es muy cierto que Dios estableció para su creación de lo físico y terrenal, una serie de leyes inamovibles e indestructibles. Por ejemplo, y por darte una de ellas que nadie puede excluir de sus vidas, es la ley de gravedad. Si un hombre salta de un piso 75 de un monumental edificio gritando “¡Soy libre!”, pese a que es verdad que Dios lo creó así, de todos modos, al instante enfrentará la ley de la gravedad y se terminará haciendo picadillo contra el suelo.
Igualmente, la sociedad, tendrá que considerar la ley de Dios, más allá que la crea o no, o la considere lógica o no. ¿Se entendió? “¡Yo no creo en Dios porque solamente estoy dispuesto a creer en lo que veo! Y como a Dios no lo veo, para mí no existe.” Correcto. Inapelable. Sólo un problema. A las bacterias que enferman tu cuerpo, tampoco las ves. Y si sigues esa lógica, tampoco creerás en su existencia. No le hace. Te matarán igual, creas o no creas.
Es que hay una enorme distancia y una visible diferencia entre lo que es la Fe y lo que es una creencia. En principio, y la Biblia es mi testigo, la Fe es algo que tienes o no tienes si Dios te la brinda o no, conforme a lo que pidas. Mi Biblia dice que, si pido Fe, el Padre me la concederá. Lo que no me dice, es en qué envase me la hará llegar. Son muy pocos los afortunados que se han encontrado pasando de la apatía total a la fe auténtica sin que nada especial les suceda. Eso sí es un milagro.
Porque, generalmente, la fe que has pedido te llega cuando Dios permite que atravieses un desierto que te impone sí o sí esa fe como único salvoconducto de salida. Una creencia, mientras, es algo que el hombre construye, arma, elabora o diagrama según su leal saber y entender. No tenemos ni la más mínima idea de la cantidad de cosas raras, pintorescas y hasta groseras en las que mucha gente de apariencia externa supuestamente normal, ha decidido creer.
Tengo que reconocer, y pido me disculpen mis amigos que profesan esa fe, que el catolicismo romano ha contribuido en muchas ocasiones a fomentar e incentivar algunas de esas dudosas creencias. Sin embargo, la gente del común, esos hombres y mujeres con las que alternas cada día en tu barrio, como vecinos, en tu trabajo, como compañeros o colegas, o en el colegio donde asistes, siguen llamando a esa actitud nuestra, como religión.
Hasta no hace mucho tiempo, era una de las preguntas que se te formulaban en cualquier trabajo al cual quisieras acceder. ¿Religión? – Ninguna – Ah, ¿Ateo, entonces? – No, creyente en Dios – ¡Pero entonces si eres religioso! – ¡No! ¡Soy creyente, no religioso! – ¿Pero no es la misma cosa? – No, no tiene absolutamente nada que ver. – Explícamelo. Dame un argumento sólido – De acuerdo, tengo uno solo: Dios no es religioso. Es Dios. Y yo soy uno de sus hijos.
Recuerdo que cuando leí al marxismo rotular a la religión como “el opio de los pueblos”, me enojé y mucho. Tuve que vivir varias décadas hasta que, sin simpatizar en absoluto con esa ideología, debo aceptar su expresión. LA RELIGION es y sigue siendo eso que ellos dicen, pero NUNCA JAMÁS LA FE GENUINA. Porque una fe auténtica, fruto del amor y la misericordia de nuestro Dios y del sacrificio de Jesús en la cruz, jamás entraría en cuestionamientos casi ridículos en cuanto a milagros ejecutados, justamente, por el propio Jesús durante su ministerio terrenal.
En el noveno capítulo del evangelio de Juan, el discípulo relata que ellos mismos, cuando Jesús sanó al ciego de nacimiento, le preguntaron si eso le había sucedido a ese hombre por causa de algún fiero pecado cometido por él mismo o, en su defecto, por sus padres. Algo así como una copia un tanto burda de lo que hoy seguimos llamando iniquidad. La respuesta que les dio el Señor fue tan contundente que nadie más se atrevió a cuestionar nada más.
Les dijo que no era que ese hombre hubiera pecado, ni tampoco sus padres. Era que Dios lo había permitido en su tiempo para que en ese día crucial en el que recuperó su vista, las obras de Dios se manifestaran en él. Un tanto duro de entender y aceptar, ¿Verdad? Si te digo que todavía hoy, pleno siglo veintiuno, todavía hay muchos “hermanos” que piensan igual que aquellos discípulos, ¿Me lo crees? Los hay. ¿Nadie les pudo explicar a sus duras entendederas que Dios puede glorificarse en una ceguera física para dar visión espiritual?
Es que mayoritariamente nos han enseñado que, con asistir a una campaña evangelística, levantar nuestra mano en el momento de la invitación del evangelista a aceptar a Cristo como Salvador personal de nuestras vidas y convertirlo en nuestro Señor, era suficiente. Pasar luego al frente y desatarnos en un llanto lastimero, recibir oración de algunos de los ayudantes del ministro y luego solicitar ser admitido como miembro en una iglesia era lo único que nos faltaba para considerarnos no solamente cristianos, sino salvos para toda la eternidad.
¿Cuántos siguen convencidos que esto es realmente así? ¿No leyeron en sus Biblias que en un momento se nos dice que tenemos la mente de Cristo? Yo me pregunté siempre, y me sigo preguntando, cuantos han entendido lo que eso significa. ¿Sabes qué? Que tienes la mente de quien creó nada menos que el universo y todas las cosas, eso significa. Y que, por esa causa, estarías rematadamente loco si pensaras que algo producido por el mundo secular o por un demonio, puede afectar o perturbar lo que esa mente disponga o decida.
No es tan Difícil Entender Esto…
…Y si la gente se deja engañar y por momentos está a un milímetro de caer en el ridículo con respecto a los extraterrestres y todo eso que se les quiere hacer creer, ni te cuento lo que algunas organizaciones de pomposos títulos y abundante marketing proponen como lectura de “información seria y responsable” respecto a nuestra civilización. Mira lo que encontré en uno de los diarios digitales de mayor consumo en mi país.
Bajo el título de “Los científicos recalcularon cuanto tiempo le queda al universo y el hallazgo los sorprendió”, hay una noticia que pretende ser informativa y dice: “El destino del Universo volvió a ser objeto de debate científico tras una publicación que altera de forma drástica los cálculos sobre su desaparición definitiva de todo lo que conocemos. Una investigación llevada adelante por tres científicos de los Países Bajos sostiene que el proceso de desintegración del cosmos ocurrirá mucho antes de lo que se creía.
El equipo, conformado por el experto en agujeros negros Heino Falcke, el físico cuántico Michael Wondrak y el matemático Walter van Suijlekom, los tres de la Universidad Radboud de Nimega, calculó que los últimos remanentes estelares desaparecerán en una medida científica estimada en 10⁷⁸ años. Ese número es el número 1 seguido de 78 ceros y representa un período de tiempo inconmensurablemente vasto, mucho más allá de la propia edad actual del universo conocido.
Los resultados fueron publicados en la revista Journal of Cosmology and Astroparticle Physics y representan una continuidad de un artículo anterior que el mismo trío de científicos difundió en 2023. Tras esa publicación, surgieron numerosas preguntas en torno a la duración del fenómeno. La nueva investigación aborda ese interrogante y lo resuelve con un giro sustancial: el universo se desarma más rápido de lo que se había proyectado.
La clave está en una reinterpretación de un concepto formulado en 1975 por el físico británico Stephen Hawking. Aquella teoría desafiaba una de las bases de la relatividad general al afirmar que los agujeros negros pueden perder masa y energía en forma de radiación. Los autores centraron su análisis en las estrellas enanas blancas, que representan la etapa final de vida de la mayoría de las estrellas del universo.
Estas estructuras extremadamente estables y frías estaban consideradas, hasta ahora, como los vestigios más duraderos del cosmos. Sin embargo, con el nuevo enfoque, su desintegración se anticipa de forma radical. Mientras que estudios anteriores estimaban su vida en 10.1110 años, los nuevos cálculos la sitúan en 10.78 años.” De hecho, esto no pasaría de ser una noticia más de las tantas que en este estilo se publican para alarmar o para inquietar a la gente del común que no tiene ni la más pálida idea de lo que se le está hablando.
Porque, ¿Sabes lo que significa esa cifra final de 10.78 años? Nada menos que el número diez, y luego la consecución de setenta y ocho ceros. Ni siquiera se podría pronunciar. ¿Te das cuenta en qué anda algún sector denominado “científico”, que incluso se permite, cuando nos descubre, tratarnos de fantasiosos, místicos, ignorantes y supersticiosos? Alguien dijo alguna vez y con muchísimo nivel de verdad, que cuando se esgrime la legendaria teoría del Big-Bang, esa que nos cuenta que el universo se formó como tal, como producto de una monumental explosión que, al disiparse, formó nuestro sistema solar tal como lo conocemos, eso puede compararse con algo mucho más doméstico.
Dijo que esta teoría es un equivalente a lo que podría ser una gran explosión producida en una imprenta, de las antiguas, donde existen miles y miles de letras de plomo que permiten imprimir. Y que, como resultado de esa supuesta explosión, al caer, todas esas letras de plomo terminen formando un gran diccionario. ¿Te suena descabellado? De hecho, parecería serlo, pero si te pones a pensar, no mucho menos que la gran teoría científica.
A la que, curiosamente, le faltó determinar qué cosa o quién produjo esa explosión que difunden como cierta. Ni hablar de Dios, ¿No? Por favor…A veces, la ignorancia de los hombres, unida a sus vanidades presuntuosas, sumadas a un espíritu de ceguera espiritual que los invade, permite que estas barbaridades salgan a la luz pública. Pero no nos extralimitemos con nuestras descalificaciones, ya que, si lo vemos con una mirada bíblica, quizás nos encontremos con alguna asignatura pendiente de nuestra parte.
¿Por qué digo esto? Porque está escrito y es real, que nosotros somos luz del mundo, ¿Verdad? Y que, como tales, no estamos para escondernos debajo de un almud para que nadie se dé cuenta de nuestra existencia, sino que por todo lo contrario, estamos aquí para llevar esa luz a los millones y millones que todavía habitan un mundo de tiniebla espiritual. Pero aquí es donde debemos recordar una hermosa analogía que siempre nos conviene tener en mente.
Para que la luz refleje en el agua como si fuera un espejo, esa agua tiene que estar quieta. La luz jamás podrá reflejarse con nitidez en un cúmulo de aguas torrentosas, tumultuosas, embravecidas o demasiado sucias. Eso nos habla de paz. Porque la paz, como el Espíritu Santo la da, que no tiene parentesco alguno con lo que es la burda imitación de paz que el mundo pretende dar desde los placeres sensuales, el dinero o la medicina, es la única que determinará que esas aguas, que son muchedumbres, estén quietas y serenas.
Y allí es donde reflejaremos la gloria de Dios, no hay otro modo. Y si no terminas de aceptar esto como válido, haz memoria respecto a lo que en tu entorno se habrá estimado como avivamiento. Somos testigos y conscientes que, cada vez que ha habido un avivamiento en algún lugar del planeta, indefectiblemente se ha exaltado a un hombre, se llamara como se llamara. Generalmente se ha dicho que ese es el hombre que trajo tal o cual mover.
Lo habrás leído, incluso, en diversos trabajos efectuados por gente muy proba, respecto a la historia de la iglesia. Yo me pregunto y te pregunto: ¿Es que nadie ha entendido que a ese mover, cualquiera haya sido y donde quiera que se haya producido, realmente lo trajo Dios mismo, y que, si utilizó a ese hombre o a esa mujer, sólo fue porque esa mujer o ese hombre fueron obedientes e hicieron lo que Dios les ordenó sin cuestionarle nada, ni añadirle nada de su propia sabiduría?
Porque si así no hubiera sido, que no te quepan dudas, Dios hubiera utilizado a otra persona, de eso puedes estar seguro. Somos todos útiles y necesarios, pero ninguno imprescindible. Y esto, que no siempre se ha entendido correctamente, tiene que ver con cada uno de nosotros. En una gran proporción, seguimos pensando y dibujando a un Dios de masas, cuando en realidad nuestras biblias nos muestras acabadamente a un Dios que opera en lo individual, con cada uno por igual y con dedicación personal y hasta privada.
¡Ese es nuestro Dios! Nada que ver con ese anciano malhumorado que Satanás dibujó para que nosotros en nuestra etapa de niñez espiritual nos lo creyéramos y nos dejáramos invadir por el miedo. Todavía, el pueblo santo, tiene un alto porcentaje de ignorancia e historieta y uno menor de verdadero conocimiento. Y con Jesús el Cristo sucede exactamente lo mismo. Nos quedamos con la imagen de ese pobre hombrecito sufriente, sangrante, colgado de una cruz y con rostro de quien me mandó a meterme en esto, cuando la realidad genuina nos dice que todo fue parte de un plan preconcebido en las alturas y ejecutado con obediencia y sumisión en esta llanura.
Para Nosotros en el Conjunto…
…hoy, todo se limita a leer unos cuantos textos y luego, si hay con quien, dedicarnos a establecer tesis o teorías de interpretación variada sobre ellos. Nos olvidamos olímpicamente de acudir al Espíritu Santo y sólo parecemos tenerlo en cuenta a la hora de decir que todo es en el nombre del Padre, el Hijo, el Espíritu Santo, amén. Eso no es fe ni militancia genuina, eso es religiosidad hueca. Pregunto: ¿Alguien indagó la razón por la cual Jesús no dejó nada escrito de su puño y letra?
Algunas piezas televisivas o cinematográficas muestran a un Jesús hablando y a uno o dos de sus discípulos tomando nota de sus palabras. Si pensamos en Juan y en Mateo, en parte habrá sido así, pero también hay que consignar que la mayoría de los restantes discípulos tampoco dejó ningún testimonio escrito al respecto. ¡Y fueron los que acompañaron codo a codo a Jesús en todas sus andanzas ¿Por qué? Hay una sola respuesta viable y posible: porque ninguno de ellos tenía dirección divina para hacerlo.
Ni siquiera Jesús. Él no vino a escribir, Él vino a hablar, a mostrar, a vivir una vida en santidad y, finalmente, a morir en una cruz derramando su sangre inocente como el cordero de la Pascua en beneficio de la purificación, perdón y redención de nuestros pecados. Los testimonios gráficos vendrían después y en grado sumo. Pedro, Santiago esgrimieron sus plumas para rescatar palabras de salvación. Pablo llegaría más tarde para darle un cierre y una conclusión literaria a ese plan perfecto.
De ese nivel derivamos todos los que de alguna manera estamos haciendo cosas parecidas. Y no porque seamos santos, perfectos e inmaculados, sino simplemente porque hemos podido ser lo suficientemente humildes para darnos cuenta que todo lo que hablamos, cuando bendice, es porque ha salido de Su boca y por ser obedientes para plasmarlo en letras. Lo vil y lo necio es lo que Dios levanta, ¿Lo recuerdas? No es que lo haga siempre así, Él no tiene métodos ni rutinas, pero no debemos asombrarnos cuando lo sigue haciendo.
Muchos podemos ser testimonio viviente de eso. Cuesta horrores a una humanidad educada para la perfección externa y estética aceptar sus limitaciones. Una enorme proporción de hombres y mujeres esconden sus carencias y falencias detrás de una burda máscara de arrogancia. Lo cierto es que, -Y a esto se lo puede confirmar con especialistas-, también un gran porcentaje de seres acuden a terapias de ayuda por distintos motivos, entre los cuales sobresale necesariamente su auto estima.
Es sabido que no es poca la gente que tiene que mirar muy bien donde pone sus pies cuando camina, porque corre el riesgo de pisar su propia auto estima al andar. ¿Nadie ha entendido que desde esa base es, puntualmente, donde Dios puede levantar a alguien para algo de inmenso contenido? Resulta bastante complejo imaginar a un Dios levantando para un gran trabajo a un hombre o a una mujer repletos de arrogancia, vanidades y orgullos. Siempre lo hará más intensamente con alguien humilde. Que luego continúe así o no, ya es otra historia que también habrá que contar.
Pero sólo puede ser humilde alguien que, si bien es consciente de que tiene valores, no tiene ningún interés en hacerlos notar en público. Hombres tímidos que terminaron siendo ministros locuaces y versátiles en las cosas de Dios. Incluso a personas con enormes dificultades en su hablar, como se dice que era Moisés, con visible tartamudez, que en el momento en que decidieron confiar en el Padre, comenzaron a hablar normalmente y nunca más sufrieron de ese mal.
Nosotros, a esas cosas, solemos denominarlas como contrasentidos de la vida, pero la realidad espiritual nos muestra claramente que, todo lo que al hombre le parece bueno en su propia opinión, no siempre lo es. Ejemplo: ¿Nunca te preguntaste por qué razón las personas de cabello oscuro tienen tendencia a teñirse de rubio, mientras que los de cabellos rubios son muy pocos los que los pintan de oscuro? Simple. Porque por ese adoctrinamiento social y racial que en mayoría occidental hemos recibido, ser rubio se nos presenta como de mayor nivel que ser moreno.
Ah, sí, ¿Eh? ¿Y Jesús? ¿Era rubio o moreno? No interesa en absoluto. Era Dios Hombre. Nada menos. ¿Todo lo demás, importa? ¡Por favor! Estamos repletos de muletillas evangélicas y escasos de palabra genuina. Y no lo digo porque me levanté de mal humor, o porque el paso de los años me ha vuelto agrio y amargado. Te doy un ejemplo. “Un pastor tiene que oler a ovejas”, te dicen. Entiendo perfectamente el concepto. Te están queriendo dejar en evidencia que un pastor no es un ceo de una empresa llamada iglesia, ni tampoco un monarca de una corte llamada ministerio.
Este dicho cristiano te consigna que es pastor el que se reúne con la gente, no el que atiende todos sus negocios detrás de un lustroso escritorio que tiene una Biblia como brillante decoración. Sin embargo, tamaña frase tiene un elemento que la convierte en no del todo correcta. Estoy fielmente convencido y en certeza total, que un pastor si desea serlo de acuerdo con lo que el Señor plasmó para ese ministerio y no en lo que algunos hombres lo convirtieron, más que oler a ovejas, a lo que tiene que tener aroma, es a Cristo.
Que quienes se le acercan, vean, huelan, palpen y oigan a Cristo en él. De hecho, no es algo sencillo y que te salga de una, cómo te sale una sonrisa o una buena frase. Por poco o por mucho que nos hayan predicado y predicado bien, a esa expresión de parecernos a Cristo o tener aroma a Él, la debemos haber oído decenas de veces. Y comportándonos como buenos cristianos tradicionales, cuando no entendimos algo damos vuelta la página y pasamos al versículo siguiente.
No es así. No es una mala señal de ninguna manera, cuando no sabes algo hacer lo más lógico en cualquier tema: preguntarle a alguien que debería saber más que nosotros. El punto siguiente es que no siempre esas respuestas tienen sabiduría divina. A veces, sólo credenciales terrenales. Pero entiendo que oler a Cristo, es posible sólo cuando has llegado a conocerlo. Porque nos confundimos rápidamente entre Cristo y Jesús.
Fueron lo mismo, de acuerdo, pero hay una diferencia: Jesús fue Dios encarnado en un hombre. Cristo es el Hijo y al mismo tiempo, Dios mismo. Y para conocerlo, sólo es necesario tener mucha intimidad con Él. Estoy seguro que al menos un sesenta o setenta por ciento de los que leen esto, han tenido en algún momento de sus vidas, un episodio donde se dieron cuenta notablemente que Dios los había salvado de algo. Quizás enviando un ángel o de alguna otra manera, pero de origen sobrenatural, seguro. Me incluyo.
Entonces suena incomprensible como, casi ese mismo porcentaje, presente inconvenientes para relacionarse con el Señor de manera íntima, a solas, sin formar parte de ninguna ceremonia o reunión grupal que los motive. Son aquellos que, al buscar en oración íntima y personal a Cristo, de pronto se sienten tontos y hasta dementes porque se ven a sí mismos hablando con algo o alguien invisible y de un instante al otro, se les desmorona su fe y frenan su contacto espiritual.
¿Sabes qué? Esa es la operación táctica que mejor les sale a los demonios. Desde la historia misma del Evangelio, la mejor artimaña del diablo ha sido y sigue siendo hacernos creer que él no existe. Y el día que pensamos que Satanás es un invento de la religión y que en realidad no existe, es el mismo día en que nuestra mente define a nuestro Dios de la misma manera. Tan sutil y convincente que no son pocos los que han caído, caen y seguirán cayendo en esta misma trampa. Esa es la razón por la cual esa intimidad es tan difícil de encontrar en nuestro pueblo.
Y que Conste que Sólo…
…te estoy relatando algunos pormenores de nuestras batallas espirituales e internas. Ni hablar de lo que el mundo secular puede llegar a hacernos si le damos alguna posibilidad. Pero no hay que alarmarse ni pensar que esto es un tema actual. Ya en el Libro de los Hechos, ese que conocemos como el que relata los hechos de los apóstoles, cuando en realidad debería conocerse como el de los hechos del Espíritu Santo, en su capítulo catorce, se relata un episodio en el que los judíos que no creían, dicen que se excitaron y corrompieron los ánimos de los gentiles en contra de los hermanos.
Salvando las distancias, a eso mismo, hoy, lo podemos encontrar a partir de ciertos y determinados artículos que los medios de comunicación publican con un ánimo visible de predisponer a la gente en contra de los creyentes y llevarlos a toda forma de burlas, descalificaciones y calumnias. Para la sociedad en general de mi país, decir pastor, es referirse a alguien que le roba los diezmos a la pobre gente crédula. Así se nos vende por la prensa. Y no son pocos los que lo creen.
Reconozco que existen casos así, de hecho, pero eso no habilita a una generalización que sólo tiene y puede tener origen satánico. Y como habrá calado hondo en la gente toda esa diatriba, que aun los que son mis hermanos en Cristo genuinos, cuando se dirigen a mí, lo hacen como si yo fuera una especie de Ceo de una enorme empresa llamada Tiempo de Victoria, con decenas de empleados a mi servicio y un movimiento de dinero por diezmos y ofrendas digno de considerarse como una fortuna.
¿Me permites sonreír? Tiempo de Victoria es un esfuerzo diario conjunto de mi familia y yo. Yo pongo la firma y la responsabilidad, pero ellos trabajan a mi lado en todo. Y no tengo ni empleados ni fastuosos diezmos y ofrendas. Jamás le he pedido un centavo a nadie y en ninguna de mis redes vas a encontrarte con algún número de cuenta para donaciones o aportes. Sólo he recibido y recibo ofrenda de aquellos que han sentido muy vivamente de parte del Espíritu Santo hacerlo.
Y lo que ingresa, es exactamente lo que necesito para cubrir los gastos que todo esto conlleva. Tratarme de ladrón a mí, es injuriarme. Y cuando se injuria a un hijo del Señor ungido por Él, la respuesta puede ser muy fuerte y grave. Pero ese no es mi problema, ese es asunto de mi Padre y Él es quien pelea esta batalla por mí. ¡Gloria a su Nombre! No obstante, hay que asumir que como se ha llevado la difusión del evangelio y su enseñanza hasta hoy, todavía deja un poco que desear respecto a su eficiencia e, incluso, hasta su legitimidad.
En el mejor de los casos, hombres y mujeres muy bien intencionados y con tremendos deseos de llevar gente a los pies de Cristo, no han vacilado ni vacilan en adoptar estrategias o metodologías que llegan a incluir mentiras, con la finalidad de captar más adeptos. No tengo ninguna duda de que muchos de nosotros, cuando nos convertimos, cometimos casi todos el mismo error. Impulsados desde adentro hacia afuera por ese aire nuevo limpio, fresco y transparente, salimos vertiginosamente, casi a escape, literalmente a “comernos” a todos los incrédulos que se cruzaran en nuestro camino.
¿Y sabes qué? Si nos hubiésemos tomado una pausa, y hubiéramos permitido que todo se acomode en lo interno de nuestro propio ser, el resultado hubiera sido mucho mejor. Yo entregué mi vida a Cristo una noche, en el patio de la que por ese entonces era mi casa, y debajo solamente de un cielo negro estrellado. Al día siguiente tuve que viajar a una ciudad vecina en un bus. Recuerdo que entablé conversación con una mujer que viajaba sentada a mi lado, le hablé del Señor, le conté mi todavía incipiente testimonio y, antes que ella descendiera en la población a la que viajaba, antes de la que yo iba, hizo conmigo una especie de oración de conversión y se bajó envuelta en lágrimas.
Nunca más la vi ni supe absolutamente nada de su vida, pero estoy seguro que Dios me usó para reacomodar su vida casi en lo que debe haber sido todo un récord santo. Todo un evangelista con menos de veinte horas de convertido. Pero esa es una de las excepciones que existe en esto. Dios me usó y él puso en mi boca las palabras que ella necesitaba. Entonces fue positivo y de bendición. Pero a esa, que la cuento como ganada, es para evitar hablar de la gran cantidad de perdidas que tuve, por hablar por mi cuenta y con mis propias palabras, en casos donde el Señor no me había enviado ni habilitado a hacerlo.
¿Sabes qué es lo que no hemos terminado de entender? Que, si no estamos verdaderamente conectados con Cristo en todo, es imposible presentarlo a quienes no lo conocen. Y te lo voy a fundamentar con un ejemplo que tal vez te parezca impropio, pero que lo utilizo porque tengo mucho respeto por la relación seria y sobria entre una mujer y un hombre prestos a formar unidad matrimonial. Nada que ver con promiscuidades ni sexología barata.
Escucha. Cuando un hombre y una mujer se aman, (Y hablo de amor, no de una mera atracción física a la que se la pueda denominar así), generalmente entre otras demostraciones físicas, se besan. Y más allá de la pasión natural y su también natural sexualidad latente, hay en ese beso una intención casi inconsciente de absorber, cada uno, el espíritu del otro. Cualquiera de ustedes que lo haya vivido en algún momento de su vida, sabe que lo que digo es así.
¿Y sabes qué? Si quieres de verdad ser uno EN Cristo, esta conexión a lograr con Él, tiene que ser la misma. Para lograrlo, en primer término, debemos determinar con la máxima precisión de la que seamos capaces, qué tiempo es este que nos toca vivir y transitar. Yo, en lo personal, y lo comparto como simple expresión de algo propio, creo que este es un tiempo de ver, principalmente de discernir, de afinar el oído espiritual. Que la antigua expresión de Jesús de que el que tiene oídos para oír que oiga lo que el Espíritu dice, no sea necesaria para recordárnoslo.
Es más que evidente que el cielo está hablando. Y que no hace oír su voz celestial con gritos ni manifestaciones bulliciosas, sino con algo que es mucho más importante y valioso: precisión. Y hacer oír su voz con precisión no tiene parentesco alguno con la desesperación, sino en todo lo contrario: la serenidad, la firmeza. Sólo habrá unos pocos privilegiados que sabrán que tiempo es este, y serán los que tengan oídos para oír lo que el Espíritu está diciendo.
No parece demasiado complicado lo que digo, lo hemos escuchado al menos cincuenta veces. Muy bien: es tiempo de hacerlo pasar de un algo que se oye a un algo que se ejecuta. Por esa razón es que podemos ver a Pablo rogándoles a los que lo seguían, nada menos que lo imiten. ¿Puede cualquiera de ustedes que hoy leen esto, llegar a comprender la tremenda responsabilidad que se pone en juego al decirle a alguien que nos imite?
Es más; ¿Debería creer, yo, que hoy hay mucha gente capaz y eficiente al grado sumo que esté en condiciones de decir algo así? Y fíjate que no se los pide como quien pide un refresco, ¡Se los ruega! Pero que se entienda bien. Pablo no les dice que aprendan a predicar como predica él y ni siquiera que imiten su voz, sus modos o su postura espiritual. El ruego por imitación tiene que ver con su posición, con sus status hacia la vida.
Él quiere que ellos piensen como piensa él, con relación a que, de allí, de esa posición espiritual a la que ha accedido, no lo mueve nadie hasta que la gloria de Dios caiga y llene todo el lugar donde se encuentre. ¿Crees que es posible algo así? Lo es, pero tiene sus vaivenes y sus riesgos. A mí me tocó padecer algunas inclemencias de las tinieblas por eso. Y teniendo en cuenta que lo único que dije públicamente, fue “mírame vivir”. Muchos hermanos lo hicieron, pero también unos cuantos demonios, que se acercaron velozmente a confrontarme con eso.
Por eso es que siempre reitero casi hasta el cansancio a quien esté dispuesto a escucharme y reflexionar, que debemos tener sumo cuidado con lo que decimos. Nuestras palabras atan, pero no solamente para el bien, sino también para la inversa. ¿O no dice la palabra de Dios que todo lo que digamos con nuestra boca, creyendo, nos será hecho? ¿Acaso dice que eso es para todo lo bueno? No. Dice simplemente todo.
Entonces, permíteme que te diga que, si un día dices, creyendo, que alguien te va a robar, no sería para nada extraño que antes de terminar esa semana, en efecto, alguien venga y te robe. ¿Pero no se nos dice que Dios vela por nosotros a través de sus ángeles? Sí, pero eso no nos habilita a declarar derrota, que es tentar a Dios. Los más jóvenes suelen ser los más proclives a descreer de estas cosas, pero es normal que eso suceda.
De hecho, muchos jóvenes han dejado en este tiempo de pedir consejo a sus mayores. Y tienen razón en parte, porque la mayoría de esa gente bien adulta, dan consejos sencillamente inaplicables en estos tiempos humanos. Créeme que sólo Cristo puede encarrilar conductas y costumbres, pero eso llegaría por aceptación y obediencia de esos jóvenes, no por imposición de un adulto mayor.
De Todos Modos…
…esto tendría no sé si una solución, pero sí al menos una salida rápida, si los creyentes todos tuviéramos mucho más clara nuestra relación con el Señor que la que podamos tener con nuestros líderes humanos. Soy ministro desde hace muchos años, y alguna vez pasé por una experiencia sin mayores espectacularidades, sencilla y casi normal dentro de nuestros ambientes. La mayoría de nosotros, y no sé si no debería atreverme y decirte directamente que todos, hemos experimentado el encontrarnos con alguien que nos estaba aguardando casi con extrema ansiedad.
Con cita previa, sin cita, con aviso o sin él. Y que cuando nos enfrenta, nos dice que nos estaba esperando ansioso porque Dios le dijo que teníamos una palabra para su vida. ¿Qué harías tú si fueras ese ministro? Mientras estuve en la mediocridad espiritual y religiosa de crecimiento, no pude negarme a eso y, luego de orar, algo debo haberle dicho. Cuando la luz vino a mi vida, al menos en esa área, tuve que poner duro el corazón y explicarle que eso que él o ella estaba haciendo, no sólo no me enaltecía como ministro, sino que me declinaba.
Porque no había sido capaz de enseñarle que, si hubiera tenido un encuentro personal con Cristo, no hubiera necesitado venir a buscarme a mí para tener una palabra, sino que la hubiera tenido como producto de su intimidad. Existe una alarmante inmadurez en el pueblo de Dios. Y, en lugar de criticarlo a esto, lo que todos los ministros y ministerios por igual debemos hacer, es enfrentar esta situación y procurar con todas las armas a nuestro alcance, modificarla.
Porque si todos los ministros y ministerios han sido puestos y dados para perfeccionar a los santos, es más que evidente que a esa tarea no la hemos cumplido bien. Porque perfeccionar, te advierto, no es justamente construir a personas sin errores, perfectas. Perfeccionar, conforme a lo escrito en el original griego, es justamente madurar, factor que no estamos observando, no al menos en la densidad y la calidad que debería verse.
Y te doy un ejemplo más que sencillo. ¿Cuántos de ustedes han escuchado enseñanzas que les aseguran que el Espíritu Santo ha sido dado por Dios Padre para darte a ti todo lo que le pidas? Eso es falso, mira cómo te lo digo. Es falso. Nunca te olvides que el Espíritu Santo es Dios mismo, y que como justamente es Santo, lo que te está diciendo es que Dios lo separó, lo apartó para Él, no para satisfacer tus caprichos de niño consentido.
Alguien me dijo en una ocasión: “¡Ayúdeme, por favor! ¡Quiero conocer a Dios!” Mi respuesta no fue una clase didáctica de cómo conocer a Dios en diez pasos, simplemente me salió del fondo de mi espíritu decirle que fuera hasta su casa, que se metiera en su cuarto, que se arrodillara en una total y absoluta intimidad con ese Dios que decía no conocer y que no se volviera a poner de pie hasta que tuviera una evidencia más que clara de que ese Dios estaba a su lado.
Me escuchó con mucha atención, pero a medida que yo iba hablando, su rostro iba mutando de cierta alegría a un claro fastidio. De hecho, no hizo nada de lo que le sugerí y, como podrás imaginarte, no volvió a consultarme para nada. Con el tiempo y a partir de lo que esa persona estuvo hablando con otros ministros y líderes, llegué a una conclusión que anteriormente no había visto. Él no quería dar ningún paso de voluntad y esfuerzo para conocer a Dios, quería que yo se lo transfiriera.
A una proverbial inmadurez, en este caso puntual, puedes añadirle ignorancia total. Nadie hará eso nunca. Porque nadie “tiene” a Dios en su ser interior. Dios nos tiene a nosotros en el suyo. O no, si es que no nos mostramos interesados. ¿Has prestado atención que una gran mayoría de nuestra gente está convencida que, desde el momento de su conversión, como lo invitaron a recibir a Cristo en su corazón, de allí en más tienen un pequeño “cristito” en algún lugar entre la columna vertebral y los pulmones?
A ver, razona un momento y no me tomes por un anciano agrio y aguafiestas que quiere quitarte esa linda idea casi romántica de ese hombrecito viviendo entre tu corazón y tus costillas. ¿Has oído hablar de un mundo espiritual? ¿O de una dimensión del espíritu que nuestros ojos naturales no pueden ver? ¿O directamente de un Reino del Espíritu? ¿Y de un Dios Todopoderoso, Majestuoso, Omnipotente, omnisciente y multidimensional? Sí, ¿Verdad?
¿Y vas a seguir creyendo esa barbaridad ilógica de un diosito minúsculo viviendo dentro de ti? ¿No es más sencillo entender, aceptar y asumir que somos nosotros los que vivimos dentro de ese Cristo enorme que salvó a una humanidad entera en una cruz? Puedo probarlo: Cristo no vive EN Néstor, es Néstor el que vive EN Cristo o, si así no fuera, está viviendo en cualquier cosa. ¡Por favor! ¡Dejemos esas cosas para personas del mundo incrédulo, tan afectas a creerse cualquier porquería que les venden por la tele o las redes, y tan reacias a creer en lo que sus propios ojos le están mostrando!
¿O no es verdad que los cielos cuentan la gloria de Dios y que el firmamento lo hace con la obra de sus manos? Cuando decimos que el hombre incrédulo está espiritualmente ciego y sordo, además de vivir influido por demonios, créeme que no estamos exagerando nada. No es altanería, no es arrogancia, no es rencor ni resentimiento, sencillamente es verdad. Ese hombre o esa mujer “mundana”, ha decidido no creer en Dios porque el hacerlo le suena como tonto, como infantiloide o ingenuo, por utilizar expresiones aptas para un escrito que también es leído por menores.
Sin embargo, esa tremenda inteligencia y capacidad intelectual que no le permite creer estas tonterías nuestras, si lo habilita a hacerlo con paraísos ideológicos, invasiones extraterrestres y teorías que rozan lo absurdo y ridículo como la del Big-Bang de la que ya hablamos. Allí es donde algunos cristianos muy “superados”, le dictan cátedra de la palabra escrita y le desarrollan todo lo que han aprendido en años de seminarios, institutos, escuelas bíblicas y universidades.
Esperan ver a esos mundanos quedar al borde del desmayo por todo el arsenal de capítulos, versículos, interpretaciones y manifestaciones que les desgranan, pero suelen sufrir de abruptas caídas de mandíbulas al comprobar que Juan 3:16 impacta y emociona solamente a los que creen, mientras que, para el resto del mundo, sólo son palabras sin demasiado relieve ni nada de qué asombrarse. Ceguera espiritual no es un invento mío, existe y es proverbial en el mundo pagano y pecador, pero también suele aterrizar de vez en cuando en algunas de las pistas de aterrizaje de nuestras congregaciones.
Porque hay mucha, pero mucha gente que aprende lo elemental y luego lo mune de cierta rimbombancia, especulando con la ignorancia ajena. Sin ir demasiado lejos, nosotros vivimos diciendo y repitiendo que es menester regirnos por la palabra escrita, ¿Verdad? ¿Alguien podría decir que eso es incorrecto? ¡No! ¡Claro que no lo es y está muy bien que se lo enseñe! Pero sería interesante detenernos un momento para examinar nuestra propia historia con relación al Evangelio y pensar.
¿Sobre qué bases caminaron los primeros? De acuerdo, lo hemos oído y hasta enseñado: sobre la Torá, porque todavía no existía el Nuevo Pacto. Pero eso era, en todo caso, lo concerniente a la ley, pero y ¿Y qué de su relación con Dios? Solamente sobre una base de fe, únicamente sobre eso. ¿Por qué lo digo? Simple y a la vista de todo el mundo. Abraham no tenía ningún rollo de nada para leer y aprender. Eso vino luego. Pero resulta ser que todo comenzó con él y en él.
¿Es correcto lo que digo? Ahora examínalo y examínate: ¿Lo habías visto así? Yo te confieso que no, que hasta hace algunos años no lo había visto así y todo para mí comenzaba y terminaba en un rollo o en un libro llamado Biblia. Pero, es evidente que a Dios le plació hacerlo de otro modo. Y estaría genial poder conocerlo y dominarlo a ese modo. Antes que me mires con ojos religiosos, déjame compartirte algo que no siempre se ha dicho y que no todos conocen.
En el Pentecostés, aquel shock de impacto espiritual derramado sobre gente, el Espíritu Santo se derramó a sí mismo sobre un grupo de hombres, ¿Verdad? ¿Alguien te dijo que de ese caudal humano sobre el cual fue derramado el Espíritu, había por lo menos un sesenta por ciento que no sabía leer ni escribir? Así era, según datos bastante precisos de la época. Entonces, la pregunta que salta por sí sola, es: ¿Cómo pudieron saber la Verdad?
La respuesta es tan simple que, en algunas estructuras que todos conocemos, podría hasta producir rubor: porque cada uno la recibió en revelación. A eso, luego, lo iban a compartir con los otros. Y, a su vez, estos, lo divulgaron a regiones que ignoraban todo. Lo que intento mostrarte es que, cuando decimos palabra de Dios, nosotros de inmediato lo asociamos con nuestra Biblia. Y es correcto, porque hoy es así sin ninguna duda. Pero cuando todo comenzó, creo que caminaba por andariveles un tanto diferentes a los actuales.
Ocurre que en la Actualidad…
…y por muchas y variadas razones, no nos diferenciamos demasiado con aquel pueblo judío de los inicios. Ellos habían recibido la Torá por parte de Dios mismo, con una serie de leyes que debían respetar y cumplir. Pero por su propia cuenta y seguramente con el ánimo de mejorar las cosas y hacerlas más eficientes y puras, ellos crearon la Mishná, que es el libro de las tradiciones. Que también jugaba un rol muy importante en sus vidas, pero que nada tenía que ver con la Torá que Dios les había dado.
Hoy tenemos nuestras Biblias con aquella palabra antigua de Dios Padre, más el añadido del Nuevo Testamento con las palabras y la obra de Jesús, el Cristo. Sumado a ello, el Pentecostés con el impacto del Espíritu Santo brindado como guía a toda verdad. No necesitamos nada más. Sin embargo, nosotros también tenemos nuestros propios libros de tradiciones que, en algunas iglesias, se respeta al punto de sobrepasar lo que está escrito en la Biblia, tal como sus antecesores lo hacían con su Torá.
¿Quieres un ejemplo casi doméstico y de apariencia inofensiva? Los cumpleaños. En nuestras congregaciones se celebran los cumpleaños de cada uno de los miembros, pero mucho más y con mayor relieve y hasta pompa, cuando esa fecha le pertenece al líder principal o a alguien de su familia más cercana. Nadie podrá decir que esto está mal o que no corresponde, pero sí podemos asegurar que no se puede llevar esta clase de celebración al nivel de algo bíblico.
Porque en nuestras biblias encontramos toda clase de sucesos sociales muy importantes que aquellos grandes del evangelio en sus inicios celebraban y a todo volumen. Nacimientos, bautismos, bodas y también velatorios y sepelios. Sin embargo, curiosamente, hay una celebración muy frecuente en nuestras iglesias que no está en ningún texto de la Biblia, y esos son los cumpleaños. La palabra es un tema sin discusiones ni cuestionamientos, pero las tradiciones, es otro asunto que nada tiene que ver con el Señor en muchas ocasiones.
Por eso es tanto lo que se habla de nuestra mente carnal. Habita en nuestra alma y se guía esencialmente por su propia sabiduría. A eso se le llama intelecto y, como podrás haber observado a lo largo de tu vida, es un elemento que está muy bien visto en el ámbito secular. No obstante, ya sea por enseñanzas o por lo que nuestra misma Biblia nos dice como palabra de Dios, nosotros tenemos una mente espiritual, no carnal.
¿Cómo puedo saber esto? Simple, porque la propia palabra de Dios te dice en más de un pasaje que tienes la mente de Cristo, ¿Verdad? Supongo que lo habrás leído. Te pregunto: ¿Lo creíste? Si me respondes que no, tendré que sugerirte que comiences todo desde cero, otra vez, como si nada hubiera pasado en tu vida. Pero si me dices que sí, que lo crees, entonces te invito a que prestes mucha atención a un detalle que no es menor.
La palabra nos dice que tenemos la mente de Cristo. No dice la mente de Jesús, que después de todo era un humano, dice de Cristo. Y eso, si lo puedes ver, es definitivamente sensacional. Por eso me duele mucho en mi alma, en mi corazón y en mi espíritu, encontrarme con tanta gente que me dice que no lee más su biblia porque no la entiende demasiado, y que por ese motivo prefiere que otros más estudiosos la lean y le cuenten esas cosas que entendieron.
A primera vista, no parecería haber nada de negativo o de malo en esto, pero si te detienes a examinarlo con cuidado, verás que sí, que lo hay. Yo creo que es sumamente importante que, a la hora de leer tu biblia, la leas por ti mismo, sin acudir a nadie. El error que se ha cometido y que a mi entender tiene calibre de grave, es haber permitido que otros lo hagan en tu lugar. Porque cada uno interpretó lo que leía conforme a la doctrina que le había sido enseñada, y no siempre como el Espíritu Santo se lo deseaba revelar.
Ese es el punto y el paso que nos falta, como conjunto para acceder definitivamente a un grado de madurez que destierre toda mediocridad y frivolidad, tan abundante en estos tiempos. Es algo útil y muy profundo. Porque, aunque supongamos lo contrario, yo puedo asegurarte que la gente que ha leído, está leyendo o leerá la Biblia, es mucha más que la que generalmente pensamos. Claro; qué entienden o dejan de entender, ya es harina de otro costal y tema para otra conversación, pero que por diversas razones la leen, la leen.
¿Y con eso ya está, ya pueden considerarse evangelizados y por consecuencia, salvos? Ni por asomo. Si el Espíritu Santo no hace la obra complementaria, es inútil de toda inutilidad lo que el hombre, por su cuenta y riesgo, o los hombres, por cubrir con eficiencia una determinada actividad, hagan. Y te doy un ejemplo que, en una de esas, sirve para enseñarte algo más. Tú has leído en tu Biblia que dice que conocerás la verdad y la verdad te hará libre, ¿Sí? Eso es absolutamente correcto.
Pero es tan correcto como que en ningún lugar se nos dice que debemos buscar a esa verdad. ¿Sabes por qué? Porque la Verdad nos buscará y, llegado el momento, nos encontrará a nosotros. Lo único que nosotros debemos hacer, ya está escrito. Velar. Que es el sinónimo de esperar, aguardar. Y luego recibir. De todos modos, y conforme a lo que se ha podido observar dentro de nuestros ambientes, hay una confluencia de diversos factores que, de alguna manera, obstaculizan un mejor resultado para todas nuestras necesidades, tanto las espirituales, como emocionales, como de organización.
Un rápido test individual constituido de tres preguntas, creo que es bastante apto para sacar conclusiones muy aproximadas a las realidades existentes. Las tres preguntas, son: 1.- ¿Confiamos lo suficiente en Cristo? Salvando las naturales, pero no abundantes excepciones, podría asegurarte que no. Por esa razón es que nos estresamos, nos ultra preocupamos y hasta nos desesperamos. 2.- ¿Creemos en el Dios de todo poder? Como creer, se podría decir que sí, que creemos, pero tengo mis dudas si es en un Dios que todo lo puede.
Por esa causa es que caemos en diversas ansiedades. 3.- ¿Aceptamos que tenemos un Dios sanador? Si vemos la mayoría de nuestras congregaciones, te diría que no del todo. Por eso la gente se enferma. La única solución y salida inmediata a todo esto, es: confiar, creer y aceptar. ¡Funciona! Lo que ha ocurrido en muchas ocasiones, es que se han desplegado diversas tesis, argumentos, fundamentos y teorías, que han llegado a convertir al sagrado y puro evangelio de la cruz, en un compendio de rudimentos teológicos incapaces de llevarlo al objetivo trazado en las oficinas celestiales.
Y si quieres una muestra de todo eso, la puedes tener con relación a tres palabras que se han utilizado y siguen utilizándose en gran cantidad sobre nuestras formas de creer. Esas tres palabras son Ortodoxia, Herejía y Apócrifo. Cristianos autodenominados como ortodoxos, despotricando y fastidiándose de sobremanera con la actitud de otros a los cuales rotulan como herejes. Y todo porque, según sus fundamentos doctrinarios, ellos se aferran y sostienen teorías y posturas que emanan de libros apócrifos.
Ya hablamos del famoso Canon, de donde sale y su significado sustancial. Pero bien vale ir en búsqueda del examen de estas tres palabras para ver si, en realidad, dicen lo que esa gente pretende que digan. En primer lugar, podemos ver que la palabra Ortodoxia, viene de una raíz que significa tener una opinión de las cosas de manera recta, derecha y casi inamovible. Que no tendría nada de malo en sí misma, ya que, en algunos pormenores de nuestras vidas, disponer de algo de eso, resultaría más positivo que negativo.
Sólo un problema: aquí estamos hablando del evangelio del Reino. Y sobre eso, lamento advertirte que no hay opinión humana que pueda competir con algo creado desde lo divino. Lo inverso a este pensamiento, es la Herejía, que es una palabra que significa hacer algo con error y, esencialmente, en oposición a la Ortodoxia. ¿Entiendes la tontería de confrontar y enfrentarse o dividirse como pueblo santo por esa causa? La palabra Apócrifo, te lo dije antes, significa directamente Libro Escondido.
No malo, no necesariamente esotérico, aunque los hay, pero no todos. Simplemente un libro que puede ser demasiado profundo y no se entiende o, lo más claro y diáfano, un libro que todavía no está en su tiempo de revelación. ¿Te das cuenta ahora las barbaridades mayúsculas por las cuales estamos divididos? Quien me diga que no ha sido un sutil ataque satánico, deberá pensarlo dos veces. ¿Por qué nos afectó? Por falta de conocimiento. O intimidad con Cristo, si lo quieres pasado en limpio.
Y es Muy Curioso…
…porque en esta tarea que el Señor nos ha confiado, una de las alternativas que se da muy a menudo, es la consulta de personas que, por verte hablando, enseñando y mostrando algunas cosas del evangelio, suponen que te las sabes a todas. Entonces no sólo te toman como referente, sino como palabra imposible de poner en duda. Ese es un error. Los ministros somos hombres que, en el mejor de los casos, podemos mostrar un solo elemento positivo, obediencia.
Y una actitud acorde con ella, humildad. Después, todo lo demás, lo hace Dios mismo. Nosotros, sólo canales más o menos limpios para permitir que Él fluya. Alguien me preguntaba hace unos días atrás, como podía saber si realmente amaba a Dios como realmente debería amarlo. No me salió darle ninguna diatriba biblista ni tampoco un compendio de capítulos y versículos. El Espíritu me guio a decirle sencillamente que, si algún éxito ministerial terrenal le inflaba su ego de modo que lo llevaba a decir en voz alta “Dios me dijo”, cuando en verdad Él no le había dicho nada, entonces la conclusión sería que todavía no ama a Dios como debe amarlo.
Jamás sabré por qué respondí eso, pero tal vez le sea útil a alguien, hoy. Es que, indudablemente, existe tal cosa como una conversión y un nuevo nacimiento. Hay casos en donde ambas cosas se han dado en el mismo momento, pero en una gran mayoría, ha sido progresivo. Ha comenzado por lo primero y, con el correr del tiempo, se ha producido lo segundo. Esto ha sido y sigue siendo uno de los grandes misterios que conlleva el evangelio.
Porque todos nosotros hablamos alegremente de esa diferencia, pero no siempre explicamos con cierta claridad de qué se trata. ¿Qué diferencia hay entre ser salvo y nacer de nuevo? La respuesta es más que simple: ser salvo, lo sabemos, es algo gratuito, un favor que Dios nos hace sólo porque se lo pedimos, sin mérito nuestro. Arrepentimiento, basta. Eso se llama Gracia. Aceptar a Cristo como Salvador y Señor, es gratis y está a disposición de todo el que lo decida.
Nacer de nuevo, en tanto, es entrar directamente al Reino por una decisión madura y firme. Sabiendo que eso deja de ser gratis y tiene un precio que debemos pagar. La diferencia, es la cantidad, forma y moneda con la que se lo pague. Y es momento de pedir humildemente disculpas a todos aquellos que sientan que su inteligencia ha sido ofendida con el detalle de algo que los creyentes en total deberían conocer perfectamente.
Pero créeme que decidí incluirlo en esta conversación de amigos y hermanos, porque sé perfectamente que todavía hay muchos, demasiados, te podría decir, que no sólo ignoran lo concerniente a los rudimentos básicos de la salvación, sino que además no tienen ni el más mínimo conocimiento ni información de lo que es y significa un nuevo nacimiento. Y son cristianos, no miembros de religiones orientales o de otra índole. Nadie deberá hacer mérito alguno para ser salvo.
Con el arrepentimiento genuino (Que significa reconocer que se pecó y tomar la decisión de no volverlo a hacer, o sea, cambiar la mentalidad que se traía), alcanza y es suficiente. Pero el Reino es otra cosa, y si no se nace de nuevo en Cristo Jesús, es directamente imposible militar en él. En el Reino, la carnalidad no puede existir y, para que eso suceda, indefectiblemente se debe morir a esa carne y renacer en espíritu y en Verdad, que es Cristo.
Hay un factor en el que todos coincidimos por igual, se nos haya enseñado lo que se nos haya enseñado. Y a esto lo digo porque por experiencia, puedo asegurarte que dentro de las congregaciones, no siempre se enseñan las mismas cosas y, en el colmo de los colmos, tampoco no siempre se enseña lo que la Biblia dice. A veces se prioriza la tradición denominacional por encima de ella. Lo cierto es que el hombre nace en pecado, y si no cambia, indefectiblemente será corrupto, egoísta y mentiroso.
Está en su esencia natural todo eso. Y el mejor ejemplo lo encontramos en los niños. Incluso los más pequeños, comienzan a mentir y a ser egoístas sin que nadie se los enseñe. Su yo, aunque minúsculo todavía, ya se entroniza en ellos y los impele a mentir para salvarse de alguna reprimenda y a ser egoístas no deseando compartir nada de lo que poseen, aunque sea mucho y no terminen de utilizarlo todo. Sólo cuando ese hombre acepta definitiva y sinceramente pasar por la cruz de Cristo, le cueste lo que le cueste, es cuando recién se convierte en íntegro, honesto, sincero y confiable.
Me pregunto y te pregunto: ¿Nadie está viendo o ha visto eso? ¿De verdad no lo han visto? Eso se llama ceguera y no es una enfermedad, es una maniobra satánica con éxito. Cuando se habla de esto último, hay hermanos que se cuelgan de inmediato y les interesa y mucho lo que se diga. Siempre hay algo para aprender o para incorporar en esa guerra y aprenderlo nunca estará de más, al contrario. Porque, veamos; si eras un creyente de los que podría considerarse como promedio, y ante una determinada tragedia derrumbada sobre tu vida, compruebas que tu fe se ve mermada por esa situación y, en casos, hasta percibes que experimentas algo muy similar al enojo para con tu Dios, estás en un problema.
Nadie te ha hablado jamás del reino de las tinieblas y no puedes entender que ese episodio tremendo que estás viviendo es producto de un directo ataque satánico. Si logras tener la luz suficiente para ver y asumir que dando gracias al Señor por todo eso que está sucediendo y que te hace sufrir, y naciendo a un nuevo hombre en Cristo, la salida es más que factible, es una realidad tangible que podrás probar y comprobar por ti mismo.
Sólo necesitas aceptarlo, creerlo y, luego, munirte de todas las armas que dispones y pelear hasta la última gota de sangre. ¡Ey! ¿Me estás escuchando o no, lo que te estoy advirtiendo? ¡No simules una sordera que no tienes! ¡Escúchame! Si lo haces, te aseguro que el mismo Espíritu Santo que opera y me unge a mí, operará y te ungirá a ti con conocimiento y poder. Pruébame. ¿Te pareció raro que te diga esto? ¡Es que no es mío, se lo copié a la sabiduría! Eso que terminas de leer, es lo que dice la sabiduría. Búscala.
Está a tu disposición si sólo haces el mínimo esfuerzo de voluntad de buscarla. No vendrá a tocar tu puerta, porque ella solamente se glorifica en aquellos que la buscan, no en gente importante a la que deba ir por decreto. Me pregunto por qué razón habrá todavía tanta gente ignorante, dicho esto no como descalificativo, sino como descripción para con personas a las que no les interesa buscar conocer y saber más.
Pídele a Dios que te de sabiduría, pero no te quedes sentado mirando televisión o jugando en las redes sociales esperando que te llegue. Es como el alimento para las aves. Hay un gusanito para cada pájaro, pero tiene que salir todos los días a buscarlo. Así es con la sabiduría divina. A la humana la adquieres en colegios y universidades, pero es elemental y sólo te sirve para sobrevivir en esta tierra. La otra, la divina, es la llave para tener victoria total en las dimensiones más profundas.
Es esa clase y calidad de sabiduría que te hace sobrevolar por encima de las cuestiones corrientes, con una óptica espiritual muy distinta a lo que se ve en la medianía. Y te doy un ejemplo bien concreto relacionado con un tema al cual no es ajeno absolutamente nadie, viva donde viva. En mi país, Argentina, y muy especialmente en la ciudad santafesina de Rosario, que es donde vivo, hay lo que yo llamaría un supuesto combate contra el narcotráfico. Reitero, esto se planificó y se ejecutó como se lo ha hecho en muchos otros países.
Las sospechas de contaminación no han respetado jerarquías ni credenciales. Murmuraciones que afectan a políticos, jueces, policías y hasta periodistas han llegado a acusarlos de formar parte de las bandas. Hasta allí lo habitual, gubernamental, lógico. Ahora yo, como creyente, pregunto: ¿No se están olvidando de algo fundamental, como es el consumo? Sin consumo, no hay negocio. Sin negocio, no hay bandas ni corrupción. Entonces me dicen: ¡Ah, sí! ¡Que gracia! ¿Y cómo eliminamos el consumo? Mi única respuesta es un nombre: con Cristo. Me consta como testigo que con Él no hay adicción que resista.
Cuando una Persona…
…consume drogas, vive la mayor parte de su vida, buscando quien se la venda. El hecho de pensar, e incluso transmitir ese mensaje a la sociedad, que si no hay traficantes no circulará más droga, no sólo tiene el carácter ilusorio, sino que incluso lleva a pensar que esa clase de mensaje forma parte de una monumental farsa. Reitero una vez más porque me ha tocado ser testigo cercano al menos en un caso puntual: Cristo es la única solución para esa o cualquier otra adicción.
Esto no descalifica ni subestima cualquiera de los otros mecanismos que muchos gobiernos han implementado, pero el poder liberador que se desprende cuando un adicto literalmente cae rendido a los pies de Cristo, es tremendo y por encima de síndromes de abstinencia y todo ese caudal que existe en los otros métodos. Ahora bien; la gran pregunta que ya tiene respuesta evidente, es: ¿Por qué los gobiernos no apelan a este poder que ha sido probado como eficiente?
Habría que consultarlo cara a cara con cada gobernante y ver si solamente es una expresión casi “normal” de incredulidad o, si, por el contrario, hay que imaginar algo de mayor volumen. Es indudable que asuntos que para nosotros los creyentes son casi de moneda corriente, para una gran cantidad de personas, significan poco menos que un misterio desdoblado entre posibilidades de algo que se desconoce, conjuntamente con fantasías de mentes enfermas e ignorantes.
Lo cierto es que hay condiciones muy singulares y puntuales para acceder al temor de Dios. Haz una pequeña encuesta entre tus hermanos más cercanos y podrás ver que sólo es una proporción minoritaria la que tiene clara esa condición. Los otros creen en el mismo Dios, lo respetan y hasta le rinden culto con fidelidad, pero desconocen lo que es realmente el conocimiento divino. Aceptar su palabra sin cuestionar ni un punto ni una coma.
Guardar sus mandamientos en la totalidad, no sólo aquellos que nos resultan más simpáticos. Tener un oído atento a todo lo que oye, porque nunca sabes que trompeta utilizará el Señor para nutrirte. Inclinar tu corazón, que vendría a ser escuchar respetuosamente a alguien que está por debajo de tu nivel, invocar prudencia, alzar tu voz y buscar tesoros escondidos. Todo esto, en la suma, constituye globalmente lo que conocemos como temor de Dios.
Nada que ver con el miedo satánico, pero nada que ver. Y luego vendrá el uso que se le pueda dar a ese conocimiento y a esa palabra revelada y asimilada. Puedo asegurarte algo con total certeza. Cuando se levantan hombres íntegros que piensan la palabra de Dios y que, conforme a ello, tienen las suficientes agallas como para decirlo con todas las letras, sin copiar lo que hace una gran mayoría, que es callar lo que puede molestar a sus superiores, algo sucede.
Puedo garantizarte que cuando aparece alguien así, la humanidad toda tiembla. El mundo tiembla, el país donde esa persona vive, que puede llegar a ser tu propio país, también va a temblar. Porque hay una realidad innata que no siempre se ha mostrado y que, ignorarla, ha determinado que aparecieran voces extrañas que lo único que lograron fue introducir mayor confusión a la que ya existía. Si permitimos que solamente los filósofos piensen, me temo que como iglesia no tendremos destino.
No me gustan varias de las cosas que el mundo secular produce y procuro siempre no engancharme con ellas. Pero eso no me convierte en un necio que subestima y degrada a gente con mentes brillantes capaces de hacer modificar un pensamiento a una o miles de personas con sólo permitirle que les hable. Tenemos una mirada más que corta en cuanto a muchas de las cosas que conforman nuestro entorno. Pero lo peor del caso, es que aun con esa mirada escasa, a la hora de hablar, lo hacemos dándole aire a nuestro ego y elaborando discursos que expresan un cúmulo de palabras que, en su conjunto, la mayoría de las veces termina no diciendo nada.
Y te doy un ejemplo tan claro que asusta y obliga a pensar. ¿Qué es lo que sabes respecto al tiempo? Entonces ponemos rostro de científico de película de Disney y damos una cátedra sobre planeta, rotación, traslación, etc. Casi nunca nos enfrentamos con alguien que haya profundizado un poco más, por eso nos alcanza. Porque mira: La Tierra gira sobre sí misma, y eso equivale a un día. Al mismo tiempo, gira como cuerpo total alrededor del sol, y eso equivale a un año, ¿Verdad?
A la suma de todo eso, le llamamos tiempo y lo convertimos prácticamente en un segundo dios. Pregunto: ¿Y si salimos al espacio exterior y viajamos fuera de este nuestro sistema solar? Allí descubriremos que nuestro tiempo ya no existe, simplemente porque en esas condiciones no tendremos como medirlo. ¿Te das cuenta la molécula que somos en comparación con el Creador de todo? Eso es eternidad. Y cuando intentamos relacionar una incomprensible eternidad con el mero acto cotidiano de ganar dinero para nuestra subsistencia, nos damos de narices con algunos conceptos que no siempre hemos alcanzado a definir correctamente.
Porque, pregunto: ¿Cómo buscan los hombres mayoritariamente? ¿Qué no harán o se abstendrán de hacer para hacerse ricos si es que pueden? Los puedes ver a diario en todas las pinturas cotidianas de tu vida. ¿Y qué te produce todo eso? ¿Te preocupa? ¿Te ocupa? ¿Te fastidia? ¿Te lleva a una inconsciente imitación? Yo creo que tú, al igual que yo y todos los que decimos ser esto que somos, deberíamos buscar como prioridad uno la salvación de nuestra alma.
Y lo deberíamos hacer con el mismo fervor que el codicioso busca la riqueza. Y tendrás que avergonzarte si no terminas de ser sincero cuando encuentras las verdaderas riquezas y evaluar el contenido real que tenían esas riquezas que se pierden. Siempre hay tiempo para dejar plasmado un texto grande, mediano o pequeño, que diga que el alma humana es demasiado grande para llenarla solamente con cosas materiales, incluido el dinero.
Porque si bien es cierto que el dinero fue creado por los hombres, no menos verdadero es que a Dios no le pasó desapercibida su creación. Jesús dijo que debíamos darle al César lo que del César era, dinero, y a Dios lo que era de Dios, adoración. Pero no negó, no desestimó, no soslayó ni despreció a esas monedas reales. Si puso a un administrador en su grupo, (Judas Iscariote) para que le administrara esa bolsa donde iban a parar las ofrendas, y si Judas robaba sin que nadie se percatara que lo hacía, es porque en esa bolsa había suficiente caudal como para que no se notara el robo.
Si lees a Pablo escribiéndole a los Colosenses, en el capítulo 1 y verso 16, verás que todas las cosas fueron creadas por Cristo y para Cristo. Esto también. Entonces, además de todo esto que hemos mencionado, tú puedes decir ahora, donde quiera que residas, que harás lo mismo con tu tierra, con tu nación, tu país, tu patria. Yo digo: ¿Para que fue creada Argentina? Para Cristo. Y no puedo evitar cerrarlo con algo mucho más amplio y abarcativo. ¿Para que fuimos creados todos nosotros? Para Cristo.
TODOS. ¿Me aceptas una sugerencia que tiene que ver con lo que permanentemente tenemos tendencia a buscar todos? Nunca hagas más de lo que Dios te ha pedido que hagas. Él no va a desmayarse de la emoción por lo que puedas hacer tú, más bien creo que, todo lo contrario. Cuidado y mucha atención: tampoco hagas menos de lo que se te ha dicho que hagas, porque los perezosos y los vagos del evangelio no suelen pasarla bien, eso ha sido y sigue siendo notorio. La sugerencia es que te limites o te dediques con precisión, atención y hasta cierta meticulosidad sobria, a hacer lo que Dios te ha mandado que hagas.
Dos veces pude ser ordenado pastor en dos congregaciones medianamente importantes, pero en ambas ocasiones lo rechacé por un sólo motivo: tenía más que claro que no era ese el mandato del Señor para mi vida. Y no me equivoque. Hoy no podría de ninguna manera estar hablando las verdades internas que hablo, si formara parte de ese sistema con el cual no tengo la mejor relación. Me han criticado con la premisa de que es muy fácil criticar a la iglesia desde afuera, pero que estando en ella es otra cosa. Es absoluta verdad, eso. Sobre todo, si, como en una enorme cantidad de casos, estás controlado por ese sistema religioso al que desearías dejar en evidencia.
La iglesia, Conforme…
…a lo que dijo Juan, es una gran multitud de personas de todas las naciones de la tierra. Coincido y es correcto por donde se lo mire, pero cuidado y atención con esto: jamás dijo que sean todos los que se congregan en los diversos templos del planeta. Y te digo más: ni siquiera ha dicho que iglesia sea sinónimo de gente que asiste a un templo. Porque iglesia es asamblea, y asamblea es gente, personas, nunca un lugar.
Porque la iglesia del Señor, y estoy hablando de la genuina, no de Babilonia, está constituida por personas y no por edificios. Y está constituida por todos aquellos que, siendo de diferentes razas y nacionalidades, han creído y confiado en la sangre de Cristo para su redención. Otra cosa, por bonita que se vea desde afuera, no es iglesia, es como te dije: Babilonia. ¿Quieres saber cómo detectarlas si no te alcanza el discernimiento?
Prueba en tu congregación, sacar de la pantalla la letra de la canción que se está cantando y verás que nadie canta más. Te van a mirar con cara de ¿Y ahora qué hago? La respuesta correcta, es: haz lo que haya en tu espíritu. Él sabe lo que debes decir y cantar. Si lo hacen, es iglesia. Si no lo hacen…Porque después nos encontramos con las diferencias y distancias existentes entre las conducciones conservadoras y las progresistas.
Esto, que es tan antiguo como los mismos cultos, tiene algunas particularidades que no siempre han sido observadas con detenimiento. Tiene algunas definiciones para examinar. El conservador, por ejemplo, sueña con el pasado. El progresista, mientras tanto, sueña con el futuro. Sin embargo, yo estoy enteramente convencido y en certeza de que el hijo de Dios, debe vivir el presente sin soñar, porque así es como está escrito. Porque el argumento es muy simple: el pasado ya se olvidó de ti y el futuro todavía no te conoce.
Ahora tienes las llaves. Puedes abrir tu vida. ¿Te doy un ejemplo? No hay hombre ni mujer en la tierra que tenga suficiente autoridad como para decidir quién va al cielo y quien va al infierno a la hora de morir. Pero algo es seguro: nadie ganará el cielo o se incinerará en el infierno por causa de profesar una doctrina acertada o equivocada. Dios está midiendo y evaluando otras cosas. Tu corazón, por ejemplo. Mientras más sea conforme al suyo, más cerca estarás de Él siempre. Está escrito.
Y si no terminas de entenderlo, piensa en esto: ¿Por qué los ateos se pasan toda una vida procurando demostrarles a los creyentes que su Dios no existe? La respuesta es tan simple que acongoja. Porque, aunque no lo sepan, tienen en su espíritu el semen divino y en sus mentes su fruto. No creen en lo que HOY ven como ese Dios que le presentan ¿Por qué crees que será? Yo, personalmente, creo que porque no lo están viendo en nuestras vidas.
Y te doy un ejemplo. Hace unos días escuché una frase que encaja en muchas naciones del mundo. “La política es el camino por el que hombres o mujeres sin principios ni escrúpulos, se adueñan de la vida y el futuro de hombres o mujeres sin memoria” Perdón ¿Me permitirá el autor reemplazar a “memoria” por Cristo? Hay demasiada gente esperando que Cristo venga ya y no ocupándose de evitar que muchos de sus más cercanos se vayan al infierno.
El regreso de Cristo no sólo estará acompañado de grandes eventos, sino por señales como estas: un mundo dividido, una fe debilitada, una generación distraída, muchos tropezando y el amor enfriándose. Falsos voceros levantándose. No son profecías futuras, son hechos presentes. Y a eso hay que sumarle una singular degradación global como sociedad. Da la sensación que la vida humana solamente es considerada útil con personas entre los 25 y 50 años de edad.
Menores o mayores que eso, no son escuchados ni tampoco tenidos en cuenta para casi nada. Tampoco son valorados en sus virtudes, salvo escasas excepciones. Son sencillamente marginados. Ahora pregunto: ¿Ese es el diseño de Dios para este mundo? No. Pero ¿Sabes qué? Ni siquiera nosotros, sus hijos, lo tenemos en cuenta. Ocurre que el verdadero cambio es el que sucede cuando se reconfigura la manera de percibir, la manera de pensar o de actuar.
Cuando se produce un quiebre interno que genera una nueva manera de estar en el mundo. Así es como funciona el arrepentimiento espiritual genuino. Escúchame; no se trata de reformar un viejo hábito, se trata de alinearnos de una vez por todas con el propósito. ¿Crees que puede tardar mucho en darse todo eso? Sin irnos demasiado lejos en nuestro examen, podemos concluir que Pablo escribió que catorce años atrás, conoció a un hombre que fue arrebatado al tercer cielo.
No lo dice, pero sabemos que ese hombre fue él mismo. Pero jamás se tomó el trabajo de explicarlo, sólo le alcanzó su sabiduría para relatarlo. ¿O será que eso no puede explicarse? ¿Qué sucedería hoy mismo, pleno siglo veintiuno con todas las figuras del ambiente cristiano que conoces, si en un momento determinado, a alguno de ellos les ocurre lo le ocurrió a Pablo? ¿Te parece que se comportarán de la misma manera? Esa es la diferencia entre ser y parecer. Pablo ERA.
Lo que ocurre, es que, en las transiciones espirituales, el que no se arrepiente, se queda en lo viejo. Por eso es que todavía tenemos tanta gente militando en las antigüedades. La Biblia, no es un archivo muerto, es un mapa vivo. Desde aquellos antiguos profetas del Antiguo Testamento hasta Jesús, pasando antes por Juan, el mensaje siempre fue el mismo: ARREPENTIOS… La gran diferencia que existe entre religión y relación, es abismal.
Habría que hacer un censo eclesiástico para poder comprobar cuanto tenemos de lo uno y cuanto de lo otro. Te puedo adelantar que, si todavía andamos en la discusión interna de si se ora en lenguas o no se ora en lenguas, la conclusión que podemos sacar de todo esto, es bastante pobre. Y atención con esto: no soy uno de esos “lengüeros” que pretende y hasta exige que todo el mundo ande montado sobre el «bara bara,» lo sabes.
Pero tengo el suficiente conocimiento y entendimiento como para probar y comprobar que, la gran ventaja de orar en lenguas, a menos que tú mismo la interpretes, es que no sabes lo que estás orando. Eso, debo advertirte, crea una atmósfera muy especial e interesante, porque lo que dices no pasa por tu mente, cosa que sí ocurre cuando oras del modo tradicional. Por ungido que estés de esta manera siempre lo que dices pasará por tu mente.
Y ya sabemos que nuestras mentes, por poco o por mucho, están debidamente programadas por la cultura griega infiltrada en la iglesia y no siempre es de ayuda, precisamente. Algunos de nosotros podemos pensar que sabemos mucho, pero… ¿Podemos explicar cómo fue que lo que hizo un hombre en una cruz, vino a ser parte de algo que cambió toda mi vida? Sólo sé que nada sé, decía el filósofo. A veces me dan deseos de imitarlo. Pero prosigo fiel a la meta.
En primer lugar, porque es la única que realmente vale la pena. En segundo término, porque si quieres un futuro promisorio, no hay otra manera de arribar a él. Mientras tanto, podrás leer la palabra, interpretar tesoros escondidos cuando el Espíritu Santo te los revele o, en su defecto, tener charlas como estas, desprovistas de todo protocolo religioso y llenas de contenidos que seguramente enriquecerán muchas vidas. ¿Sabes por qué? Porque no salieron de mí, sino de Él.
Yo, apenas fui el canal por el que su palabra pudo fluir. Si digo que el pecado de murmuración es uno de los más abundantes en nuestros ambientes supuesta o genuinamente cristianos, no creo exagerar nada. Hay otros, es verdad, porque la imperfección y la carnalidad humanas no reconoce fronteras, ni siquiera las que instala un templo, unos cuantos bancos, un púlpito y una “congre” reunida. Pero el del chisme y la murmuración, lleva cómodamente la delantera.
En parte, porque el espíritu de crítica está instalado en la carne humana y, todos los adanes reunidos en una iglesia, no pueden ser la excepción. Y otro tanto, porque a veces dan muy buen resultado para socavar el piso a alguien a quien se aspira o directamente se desea reemplazar. Si has tenido la enorme providencia de ser alguien muy bendecido en lo material y, por esa razón has amasado una verdadera fortuna y te juntas con gente muy poderosa, seguramente que no faltará alguien, tanto de adentro como de afuera de la iglesia, que salga a decir por allí que eres un peligroso cristiano fascista.
Ahora bien; si por el contrario, tu mayor bendición radica en estar, ya sea acompañando o directamente conviviendo con la gente pobre, carenciada y necesitada de todo, entonces las mismas lenguas muy probablemente saldrán a crucificarte diciendo que eres un peligroso cristiano marxista. Pregunto: ¿Y qué deberíamos hacer, entonces, con un tal Jesús, que como nuestras biblias nos cuentan, estuvo sin problemas en las dos posiciones? Doble contra sencillo que después del shock al enterarse, lo más factible es que no ocurra nada. Así somos. Después pretendemos que el mundo nos acepte o nos ame.
Eso, Entiendo, Tiene Mucho que Ver…
…con lo que nosotros mismos estimamos, suponemos y hasta opinamos respecto a la fe. ¡Como si a Dios le interesara nuestra opinión! Él ya opinó, lo hizo escribir en un libro y ahora espera que tú y yo lo creamos, lo aceptemos, lo asumamos, lo obedezcamos y lo vivamos, nada menos. Pero, cuidado, porque hay gente buena que cree que la fe es una simple cuestión de respetar lo que está escrito en ese libro. Nadie discute su validez y hasta su condición de sagrado, pero debo advertirte que no es tan así.
Porque si así hubiera sido diseñado por el Padre, Jesús durante su ministerio, -ya te dije-, nos hubiera dejado muchísimas cosas escritas. Pero fíjate que no, que Él no dejó absolutamente nada escrito de su puño y letra. Él se limitó a vivir una vida y mostrarla a quienes quisieran verla, como testimonio dinámico de esa fe. Por lo tanto, eso es fe. SER. Y genuino, no simulador. Porque en todo caso es lo mismo que llevó a Jesús a ser lo que todavía es para todos nosotros. El nombre sobre todo nombre.
A esto lo hemos repetido muchas veces y lo hemos creído sin cuestionar nada, pero decirte que lo hemos entendido o hemos podido vislumbrar el motivo por el cual ese nombre es lo que es, eso es otra cosa. Para sintetizártelo, lo primero que te voy a decir, es que Dios por espacio de todos los tiempos, siempre ha venido haciendo lo mismo. A ver si me entiendes con el espíritu. Con Noé, construyéndole un arca. Porque, a ver, ¿Quién es el arca? Cristo.
Con Moisés, construyó un tabernáculo. La misma pregunta, la misma respuesta. ¿Quién es el tabernáculo? Cristo. Y con Salomón, construyendo un templo. ¿Quién es el templo? Cristo. Siempre lo mismo. Siempre el Hijo. Siempre Cristo. Pregunto: ¿Es tan difícil de entender? ¿Es tan complicado de creer? Si eso no es guerra… Esto me recordaba algo que alguna vez le leí a Montaigne: “Hay tanta diferencia entre nosotros y nosotros mismos como entre nosotros y los demás”. Eso fue lo que dijo.
Y entonces me lleva a consignar que la identidad individual es un concepto problemático. Y ni hablar de la colectiva, que es simplemente una fantasía. Porque nosotros no somos uno, somos una multitud. Esa es la definición de la iglesia estructural. Que no se emparenta con algunos episodios que me ha tocado presenciar y que me han hecho reflexionar mucho más que el mejor de los sermones evangélicos. Fui testigo, por ejemplo, en una ocasión, de una breve y muy rara conversación.
Un hombre le preguntó a un amigo mío, que es creyente, si tenía que empezar a preocuparse por la llegada del fin del mundo. Mi amigo le respondió que no, que, si no se había preocupado nunca por conocer el principio de ese mundo, no encontraba justificación para que le interesara el final. A veces, las grandes verdades no salen de las grandes bocas. Definitivamente, en muchos casos se enseña cualquier cosa.
He sido maestro durante muchos años, y deberé confesar que, en mis inicios, lo que conocía era por enseñanzas recibidas en estamentos denominacionales. Debo haber enseñado barbaridades como producto de mi ignorancia en primer lugar, y de mi todavía carencia de intimidad con el Señor. Me salvó en gran parte, que, por mi profesión, siempre me agradó investigar mucho y no decir nada hasta no haberlo chequeado tres o cuatro veces como mínimo.
De todos modos, no fui en absoluto la excepción a mucha enseñanza errónea que todavía se brinda. Como la que les dice a quienes escuchan que el Reino de los Cielos está en el cielo. Jesús ha dicho que “si los que os guían os dicen que he aquí, el Reino está en el cielo, entonces los pájaros del cielo os aventajarán. Si os dicen que está en el mar, entonces serán los peces los que os aventajen. Lo cierto es que el Reino está dentro y fuera de vosotros”.
¿De dónde saqué esto? De uno de los libros considerados “apócrifos”. Saca tus propias conclusiones. Pero, de todos modos, piensa. Si Jesús nos mandó en calidad de orden y no de sugerencia, escudriñar las escrituras, por algún sabio motivo tiene que ser. Escudriñar, tú lo sabes, significa examinar, indagar, investigar y averiguar algo con cuidado y atención, ¿Verdad? Entonces no es improbable que, al hacerlo, encontremos errores en aquellos que diagramaron el canon tradicional de nuestras biblias.
Pregunto: ¿No será también por esa razón que Jesús nos dejó ese mandamiento? A veces, entender el mayor trabajo que implica, es salirse de nuestra zona de comodidad. No siempre las cosas se desarrollan en los ambientes intrincados. En algunos casos, todo es maravillosamente más sencillo de lo que suponemos. Contaba un cantor de mi pueblo que, cuando dejó a su familia para venirse a la ciudad, su madre le dijo que le haría el segundo y último regalo de su vida.
Que el primero, como madre, había sido el de darle la vida. Y el segundo, ahora, darle la libertad total para que la viva. ¿Te das cuenta? A veces, cierta forma de simpleza tiene un enorme sabor a Dios. Y eso me llevó a recordar que alguien dijo: cuando vean al que no ha sido engendrado de mujer, póstrense sobre sus rostros y adórenle, porque este es vuestro Padre. Claro está que, para nosotros, es lo más natural, lógico y casi obligatorio en la vida que alguien nazca de una mujer. ¡Hasta Jesús lo fue! ¿Verdad?
Sin embargo, ahora piensa: ¿Dios Padre también? No. Esto forma parte de ese enorme misterio que ninguna mente carnal pudo, puede ni podrá develar jamás. Sólo por el espíritu, es posible. Es exactamente lo mismo que cuando Jesús dijo que Él ha traído un fuego sobre el mundo, y que será ese fuego el que lo preservará hasta que lo incendie.
¿Y sabes qué? Cuatro o cinco cabezones de esos que nunca faltan en los ambientes cristianos, crearon sobre esto una doctrina que enseña que el fin del mundo vendrá por fuego. Dime: ¿No entendieron que Jesús profetizaba sobre la obra del Espíritu Santo? ¿Era tan difícil de verlo? Cuando dice que el dios de este siglo cegó entendimientos, no está hablando de ninguna novela de ciencia ficción, créeme. Te doy una palabra que es muy probable que no la hayas leído ni escuchado nunca.
Dice: “Cuando os conozcáis a vosotros mismos, entonces seréis conocidos y sabréis que sois los hijos del Padre viviente. Más si no llegáis a conoceros, entonces estaréis en la pobreza, seréis la pobreza”. ¿Qué te parece? ¿Te suena erróneo, equivocado o no apto para figurar entre nuestras palabras predilectas? Mira a tu alrededor, lo que estás viendo y no tan lejos, ¿No tiene esas características? Esto fue dicho por Jesús, pero no lo conocíamos porque sólo está escrito en “Los Dichos de Tomás”, un libro considerado apócrifo por los sabihondos que tradujeron la escritura.
Perdón, yo sólo veo verdad. Jesús ha dicho que conozcamos lo que está delante de nuestro rostro y, como consecuencia de eso, lo que está oculto nos será revelado. Porque nada hay oculto que no pueda ser manifestado. Una rutina simple, casi infantil, pero ignorada por muchos que dicen ser sus seguidores. Lo que ocurre, en una enorme proporción de casos, es que el hombre no toma conciencia de su estado anterior a conocer a Cristo, es notorio.
Pero también es lógico, ya que está ciego espiritualmente y no puede verlo. Pero, ¿Y después? Cuando ya dio ese paso y entregó su vida al Señor, ¿No es tiempo de abrir los ojos y comenzar a vivir de otro modo? Según el hombre piensa, el hombre es, ¿Recuerdas eso? Tal cual. Mira; levantarte, desayunar, ir a tu trabajo, regresar, cenar con tu familia, ver televisión un rato y luego dormir. Ese es el final de un día tipo para más de medio planeta, a sea hombre o mujer, ya sea incrédulo o creyente.
Pregunto: ¿Realmente creerás que para eso se te ha dado ese fino mecanismo llamado cuerpo y esa tremenda bendición llamada Vida? Si me apuras debería decirte que es más práctico el dudoso humor que alguien evidencia cuando dice que es un hombre libre, que no tiene que ocuparse de los pobres porque de ellos se ocupa la iglesia. Y tampoco de los ricos, porque de ellos se ocupan los gobiernos. Dice ser un hombre libre que no busca tener más, que sólo elige tener menos para tenerse más a sí mismo. De acuerdo, no es bíblico ni hay ni siquiera un versículo que diga algo así, pero… ¿No es para pensarlo un momento?
Hay Algo que no Terminamos…
…de entender. El género humano en su conjunto, (Y hablo del que está fuera de Cristo, naturalmente), está atado a corrupción. Son gente muerta que llama a la muerte. Por esa razón es que no son útiles para nada. Y cuando digo para nada, estoy queriendo decir exactamente eso, para nada. Si los creyentes no sabemos dónde estamos plantados, no podemos asumir la responsabilidad que nos cabe a futuro, que como queda en evidencia, es mucha. O toda, podría decir.
Hay congregaciones enteras que todavía creen que todo se está alineando y que el fin no irá mucho más allá del año 2030. Por esa razón han decidido no casarse ni tener hijos. No alcanzan a entender que se están muriendo a una vida de Reino, que Cristo ya ganó para nosotros. Y todo por la influencia nefasta de esa doctrina satánica que el enemigo se las ingenió para arraigar a fuego en mucha de la llamada iglesia. Que la época puede confundirlos, es verdad, pero que no les funciona el menor discernimiento y tampoco el verdadero conocimiento, es más verdad que lo otro.
El mundo es lo que es, pero todavía no es el fin. La gente se inclina más por lo destructivo que por lo constructivo, y así es muy difícil operar en línea con el diseño divino. Por ejemplo, hay sitios en donde una persona que percibe 500 dólares mensuales de salario, se indigna porque otros reciben 4.000. Pero, curiosamente, en lugar de batallar y reclamar para que le mejoren su salario, elige operar para que se lo bajen a los que ganan más. ¿Alguien en su sano juicio puede entender eso? ¿Quién puede cambiarlo?
Estaba leyendo hace unos días algo de historia relacionada con la fe en América, y de pronto me saltó ante mis ojos una frase de Martin Luther King, que decía: “Lo preocupante no es la perversidad de los malos, sino la indiferencia de los buenos”. De inmediato, me vino a la mente otra frase muy argentina y doméstica: “A quien le quepa el sayo, que se lo ponga”. A propósito de esto, recuerdo que hace muchos años, cuando todavía hacía mi programa de radio, se comunicó una mujer que dijo ser prostituta y querer cambiar de vida sostenida por Cristo.
Lo único que la preocupaba, era saber si Dios iba a poder perdonarla por todo el caudal de pecado que había cometido y del cual quería arrepentirse, salir y ser redimida. Hicimos lo que se pudo hasta donde se pudo. Recibirla, escuchar su confesión, orar por su vida y entregarla luego a la iglesia para que terminara la obra y la llevara a un discipulado de bendición. No pudo ser. Varias hermanas adultas muy serias y celosas de las formas, se encargaron de ahuyentarla. Nunca más volví a saber nada de ella.
Eso me recordó un episodio del que fui testigo en una gasolinera, (Aquí les llamamos estaciones de servicio). Un hermano de la iglesia se puso a predicarle al empleado diciéndole que debía aceptar a Cristo, venir a la iglesia y pasar de ese modo a ser un hombre distinto. El empleado lo miró y le respondió: Perdón, ¿Para parecerme a usted? No, muchas gracias, pero paso. Hay una forma de pensamiento en el hombre del mundo que no va a ser modificada por metodologías también humanas.
O lo cambia el Espíritu Santo y lo da vuelta al revés o no lo cambia nadie. Es que esa forma de pensamiento secular, está basada en la muerte y en el temor. Y de allí es muy difícil moverlos con palabrerío religioso. Sin embargo, eso es justamente lo que Jesús vino a vencer y a destruir. Por eso es que ninguna doctrina sustentada en el temor a la muerte puede provenir del Dios de amor y vida en el cual creemos y amamos.
Si pretendes cambiar la vida de alguien, pídele al Espíritu Santo que lo toque. Si lo hace, tu labor de evangelista será un trámite. Si no lo toca, puedes hablarle toda una vida sin que se mueva de donde está. Jesús vino a establecer su Reino, por eso el espíritu de la profecía es redentivo. Y nos tiene que conducir a qué cosa es la resurrección. Que es el haber vencido justamente al temor y a la muerte. Y, de paso, lo más abundante: el temor a la muerte. Eso es la resurrección.
Cualquier otra cosa que se profetice, es falsa. Porque, créeme, es más que importante saber dónde estamos plantados en esta vid de Dios. Y cuales nuestras perspectivas espirituales inmediatas. ¿Estamos avanzando o sólo apenas nos estamos moviendo? Porque hay algo que tengo que dejarte en claro: movimiento, no necesariamente es avance. A veces, en la mayoría de los casos me atrevería a asegurar, sólo es actividad, pero girando en un mismo lugar, sin avanzar ni un centímetro.
El estar ocupado en una congregación, por ejemplo, no siempre es sinónimo de avanzar. El avance, para que sepas, se nota. Porque tiene señales evidentes. Por eso hay dos visiones en la iglesia. Una, dice que es la esposa del Cordero. La otra, que es la novia. Pero aquí tengo un problema. Si eres novia, no tienes derecho a intimidad. Sólo serás una sola carne y cuerpo de tu esposo, si eres esposa. Está escrito, no es invento mío. Estúdialo, por favor.
Recuerda siempre que un ministerio es importante en el cielo, cuando apunta a las generaciones siguientes. Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob. Ahora hazte una pregunta que quizás nunca se te había ocurrido: ¿Qué hubiera ocurrido si Isaac, por ejemplo, hubiera decidido no asumir su rol? Simple. Dios hubiera comenzado todo otra vez desde cero, en este caso con Jacob, no ya con Abraham. Así es como funciona su diseño. Ah, y eso justamente es lo que nos está demandando hoy.
Porque yo, como creyente veterano y respetuoso, puedo justamente respetar la doctrina que enseña que sólo se entra al Reino en el día de nuestra muerte, no antes, aunque la propia palabra de Dios esté diciendo exactamente lo contrario. Lo que no puedo permitir es que nadie pretenda robarme ese ingreso al Reino HOY, que es lo que Cristo justamente vino a brindarle a su pueblo. No te pido que cambies tu doctrina de un momento para el otro, sólo te sugiero que lo pongas en reflexión y, esencialmente, en oración.
El Espíritu Santo, si se lo permites, te guiará una vez más a toda verdad. Dios mismo nos ha enseñado, y lo sigue haciendo, que para que la sociedad futura no sea dependiente de ciertos elementos pecaminosos, como podría ser el narcotráfico, es necesario que hoy, en este tiempo, ahora, no haya una sociedad de huérfanos. Porque si existe algo comprobable al punto extremo que protege a los hijos de la droga, ese algo es cultivar sincera y honestamente la honra por sus padres.
Está comprobado fehacientemente por estudios muy serios y despojados de todo marketing comercial, que la honra los guarda de toda adicción. Porque toda a-dicción, que es falta de dicción, de comunicación, la honra la hace posible. Y eso previene y sana. Por eso creo que es tiempo de activar los movimientos misioneros con una óptica diferente. Basta ya de ir a cualquier punto del planeta a procurar que esos pueblos se parezcan a nosotros.
Es tiempo de ir a ministrarlos para que se activen los dones que Dios mismo puso en ellos desde antes del principio de los tiempos. De todos modos, no es de mi interés en lo más mínimo, desacreditar nada de lo que multitudes de cristianos han acreditado. Pero resulta ser que, -y lo diré una vez más, aunque cause desagrado a muchos-, el sistema de interpretación bíblica denominado como hermenéutica, está hecho indudablemente sobre una base griega. Jesús jamás interpretó nada de lo que dijo con ese idioma como sustento.
Revelación es otra cosa y de ninguna manera se la puede estudiar así sea en los institutos o seminarios del más alto relieve. A Dios le agrada la gente que se preocupa en estudiar y saber más de todo, pero si se le antoja darle una tremenda revelación a un analfabeto, se la dará. Bastará con que esta persona sea fiel. Hay dos detalles básicos que evitan el engaño, por si te interesa saberlo. Estar medianamente informado de lo sustancial y conocer suficiente historia de lo principal. Eso evitará que alguien venga y te quiera introducir información falsa. La iglesia, como tal, ha sido víctima muchas veces y en todos los tiempos de esto. Todavía lo estamos sufriendo en algunos puntos.
Lo que También Sucede…
…es que se nos han dado enseñanzas, sino falsas, al menos incompletas. Un caso visible es aquello de que pase lo que pase, no debemos preocuparnos porque Dios está en control de todo. A ver si nos ponemos de acuerdo. No sé de dónde sacaron eso, pero lo que sí sé es que la Biblia no dice eso. Dice, sí, que Dios gobierna, pero no que controla. ¿Estamos en claro? Nosotros somos Su imagen y semejanza, ¿Verdad? Entonces déjame advertirte que, si no sabemos cómo es que Dios gobierna, tampoco sabremos cómo gobernar nuestras propias vidas, tanto a nivel familiar como social.
Sin ir demasiado lejos, el tema infierno. Sabemos que el diablo está vencido. De la misma manera que el mundo secular también lo está. Sin embargo, eso no significa que estén inactivos. El reino de las tinieblas, ¡Está activo! De otro modo no tendríamos el caudal de problemas que tenemos. Cuando yo declaro que está vencido, es correcto, pero si yo no entiendo su accionar, tampoco puedo prevalecer. Toma tu Biblia y lee. Te encuentras de pronto con Mateo 24 y, por poco o por mucho conocimiento que hayas adquirido, te das cuenta que es un capítulo clave.
Depende cómo lo interpretes y lo pongas por obra, habrá de ser tu vida de fe y, especialmente de conocimiento. Pero tienes que partir desde una base sólida coherente y no desde la que alegremente se les haya ocurrido a algunos viejos cabezones determinar. Si eres de los que crees que el de Mateo es un libro del Nuevo Testamento, lo vas a ver y entender de un modo. Pero si entiendes que pertenece al Antiguo, lo veras de otro, casi opuesto. ¿Te instalé la duda? Fíjate: ¿En qué momento llega el Nuevo Pacto? Estudia, allí tienes la respuesta.
La sabiduría humana tiene sus limitaciones. Fíjate que Apocalipsis, según mi diccionario de la RAE, significa “Fin del mundo” o “Destrucción”, o “Hecatombe”. Tremendo. Ignorancia pura por usar máximo nivel intelectual para algo espiritual. Apocalipsis, (En realidad Apokaluptus), significa Revelación. Cuidado; no “revelaciones”, sino revelación. Es ni más ni menos que la revelación de Jesucristo, con todo lo que eso representa. Es el único libro que dice que es bienaventurado el que lo lee. Y es el único libro que la iglesia religiosa le prohíbe leer a los más nuevos porque aseguran que no lo van a entender. ¿Estás entendiendo lo que te digo?
Creo, que en el final de cada año vivido, debemos detenernos y reflexionar muy seriamente respecto a cuanto hemos aprendido, cuanto hemos avanzado y cuanta dirección genuina y divina hemos encontrado. No es algo opcional ni una cordial sugerencia. Es algo obligatorio, ya que de otro modo nos estaremos moviendo por información, que no es despreciable ni poca cosa, pero de ninguna manera por revelación, que es la única manera potable de moverse para los hijos genuinos de Dios.
Porque por información, debo advertirte, nadie jamás podrá cambiar nada. Por tanto, si algo deberías buscar sí o sí, es revelación. Pídela, búscala, espérala y vendrá a tu vida. De más está aclararte que, cuando tú aprendes algo que hasta hoy no sabías, y eso que aprendes no produce ningún cambio sustancial en tu vida, sólo has accedido a información. Pero, cuando lo que recibes es revelación, eso transforma tu vida para siempre, ¿Entiendes?
¿Con qué fundamentos digo esto? Con uno muy especial: mi vida. Yo viví eso. No lo leí en ningún libro, lo viví en mi ser integral. Y por causa de eso es que hoy puedo estar aquí, ¿Soy claro? De todos modos, yo creo que hoy conviene, más que nunca, decidirse a estudiar a fondo las escrituras. Porque creo que es notorio y visible que hay una enorme confusión en el seno mayoritario de la iglesia, y es en forma de pregunta: ¿Jesucristo es Rey o sólo nuestro Salvador personal?
A ti, que quizás tienes o has tenido una formación muy sobria en manos de maestros genuinos, esta pregunta podrá parecerte una tontera innecesaria. Pero, créeme, existen más de una doctrina sumamente ambigua en cuanto a esto. Creo que te dejaré una tarea. Yo te acompaño, si quieres, pero desde ya voy a ser contundente en esta definición: la verdad, ES UNA. No existen diversas verdades. El Espíritu Santo, que es guía a toda verdad, ES UNO. Por eso es que aquí es donde debemos tener presente que la palabra dice que los últimos días serán como los días de Noé.
Dios estaba advirtiendo destrucción a una tierra corrupta y nadie parecería querer oírle. Hoy, la tierra está otra vez bajo enorme corrupción y los hombres siguen sordos, aferrados a sus credos sectoriales o doctrinas denominacionales. ¡Hola! ¡Me oyes? ¡Holaa! He dicho en muchas ocasiones de estos tiempos, que la pandemia de Covid que transitamos, convirtió a muchos hogares en iglesias. Y que fue allí, justamente, donde descubrieron que no todos esos hogares estaban sanos como para constituirse en iglesias o, dicho en términos bíblicos, asambleas de representantes de Dios en la tierra.
Algo te queda a la vista. Si no hay hogares sanos, jamás habrá iglesias sanas. ¿Por qué? Porque la iglesia nació en las casas, no en un templo. Salvos tú y tu casa, se dijo. Y eso hablaba de sanidad. Por ese motivo es que, precisamente, el enemigo pone su mira de ataque en la familia, que es la casa. Sabe que, destruyéndola, destruye toda posibilidad de cuerpo de Cristo en la tierra. Fíjate que cuando te conviertes, viene alguien y te dice qué cosa y en qué cosas debes creer, ¿Verdad?
Cuidado; eso puede ser correcto o incorrecto, el tiempo lo dirá. Pero resulta ser que Dios sabe eso, y por esa razón es que nos manda a escudriñar las escrituras. No para que seamos grandes teólogos y firmemos biblias al cholulaje cristiano que nos las entrega, sino sencillamente para no errar el blanco. Sin irnos demasiado lejos, ni saltar por las ramas de la divagación extravagante, te pregunto como ejemplo de todo eso: ¿Cuántas naciones hay en la tierra?
Mira, te puedes pasar días y días buscando una respuesta más o menos sólida. Naciones antiguas y conocidas, naciones nuevas de las que jamás habías oído hablar y, como punto básico, naciones de las que todavía no te has enterado que existen. No te gastes más, te cuento que, según Dios, las naciones son ciento veinte. ¿Por qué digo esto? Simple, porque esa fue la cantidad de personas que recibieron el impacto del Pentecostés.
Obvio que la pregunta inicial, ahora nos trae la otra: ¿Cuáles son esas naciones? Tengo una respuesta de altísimo nivel de enseñanza: no lo sé. No lo sabemos. Porque nosotros pensamos y hablamos en función de las fronteras que conocemos. Pero tengo que aclararte otra vez que, a esas fronteras, las puso el hombre, no Dios. Dios sabe hoy cuales son las naciones que Él tiene en cuenta y, nos agrade o no, lo entendamos o no, se mueve en razón de eso.
Eso es casi igual al tan famoso tema del rapto, nombre otorgado por carencia de conocimiento a lo que una porción de nuestras biblias, (Y no varias, una) te muestra con el rótulo de arrebatamiento. Para tu información, si todavía comulgas con alguna denominación de esas que cree y sustenta al rapto, que esa teología no tiene inicio en los albores del cristianismo, sino que fue construida, armada y puesta en marcha por apenas cinco personas, de las cuales sus nombres están a disposición de quienes los investiguen en las profundidades de internet vía buscadores de los más conocidos.
Y que esos hombres decidieron armar esa teología, basándose en la visión que tuvo una jovencita de sólo quince años de edad. Rapto. A ver. ¿Nadie se preguntó por qué iba a producirse algo así, que era una proverbial huida de la tierra, por parte de una asamblea divina puesta para derrotar a un enemigo y no para escabullirse de él? No. Nadie se tomó el trabajo de pensarlo ni cuestionarlo. Si esos cinco cabezones decidieron que había que creer eso, ¿Quién sería yo para decir lo contrario?
Simple: un hijo de Dios que cumple con el mandamiento de escudriñar las escrituras. Es que hay una realidad no alentadora, incluso en cuestiones en las que no debería ocurrir. Si le pides, por ejemplo, a cien personas que dicen ser cristianas, que te definan en pocas y precisas palabras que cosa es la gloria de Dios, vas a encontrarte con que muy difícilmente la gran mayoría de ellos pueda lograrlo. ¿Sabes por qué? Porque, independientemente de que no hayan tenido mayor información o enseñanza al respecto, la dura y triste realidad es que jamás la han experimentado.
Por eso no pueden hablar de esa desconocida gloria. Y, justamente por esa razón, allí mismo es donde comienzan a aparecer los reemplazos humanos para esa gloria divina. Cuidado que tampoco tienen muy en claro que la palabra Evangelio significa buenas noticias o buenas nuevas. Si un día te comunican que te aumentaron el salario, que vas a ser padre, o que te regalan unas vacaciones, fíjate que habrás recibido tres evangelios distintos. Porque ese es el significado: buenas noticias, buen mensaje o buenas nuevas. Ahora te pregunto: ¿Tú crees que eso es lo que hoy predica la mayoría?
Y ni Hablemos en lo que Respecta…
…a conocimiento teóricamente teológico. Allí hay un estado masivo de confusión, producido por la inclusión de enseñanzas sustentadas en doctrinas denominacionales de dudosa validez que, con el correr de los tiempos, cuesta horrores sacar de las mentes de las personas y aportan más confusión todavía. Ejemplo 1: cuando en Mateo 24 Jesús les dice a sus discípulos que no pasará esa generación antes que sucedan todas esas cosas que les ha dicho, lo que está diciendo es literal.
¿Por qué? Porque si hubiera sido como durante tanto tiempo se nos enseñó, Jesús en ese momento les hubiera estado mintiendo a sus discípulos. Esa es una. La otra, es que muchos son los cristianos que creen que la única forma de estar con Cristo, es irte al cielo en un arrebato o con la muerte. 1 Tesalonicenses dice eso. Amén. Pero 1 Tesalonicenses 5:10, luego, dice que vivamos o durmamos, siempre estamos con Él. Y entonces, ¿Cómo es?
Estúdialo, es tu tarea si amas crecer. Pero te advierto que ni la Biblia ni Pablo se contradicen. Aprende y luego pon por obra lo aprendido. Tenemos una óptica muy singular para ver ciertas cosas de un modo y, otras similares, de modo diferente. Por ejemplo: hoy, si no sabes música, no puedes ejecutar ningún instrumento de manera profesional. Eso es correcto y adecuado, pero, me queda una duda: ¿Alguien recuerda que los primeros músicos tocaban a puro oído, y que los símbolos musicales fueron inventados después y se comenzaron a utilizar mucho después?
Ese es un ejemplo de algo bien nuestro. Hoy, si no lees versículos específicos, no puedes predicar sin correr el riesgo que te digan hereje o algo parecido. Y supongo que está bien desde la óptica de no decir tonterías que nada tienen que ver con la palabra de Dios. Pero, ahora pregunto: ¿Alguien recuerda qué cosa era la que leía Jesús antes de comenzar sus predicaciones? ¡Por favor! Estamos hablando de fe, no de mitos. La verdad absoluta, solamente es Dios.
Todos nosotros, en tanto, caminamos en esa verdad conforme a cómo sea nuestra relación con Él. Cuando nos alejamos un poco, entramos en opiniones personales, y eso de ninguna manera puede ser considerado como absoluto, y muy pocas veces, como verdad. Porque el vocero repite lo que ha oído, no lo inventa. Vocero, te recuerdo, es la traducción de profeta. Sin ir demasiado lejos, fíjate que Jesús no predicaba el evangelio de la salvación, ese que predicamos nosotros por amplia mayoría hoy.
Él predicaba el evangelio del Reino. ¿Y cuáles eran las diferencias entre el uno y el otro? Que con el primero, el que gana eres tú, mientras que, con el segundo, tú eres el que se somete. Otra: el de salvación, te da vida eterna, mientras que el del Reino, te empodera, te convierte en un santificado influencer de la vida abundante. Todas estas cosas forman parte de un andamiaje mitad informativo y mitad espiritual que no siempre abunda en nuestros ambientes.
Todavía es mucha la gente que ha oído criticar a los discípulos de Jesús por no haber entendido en su tiempo quién era Él realmente. Les han endilgado un par de calificativos que seguramente habrás escuchado: ¡Brutos! ¡Torpes! Es lo mínimo que le han dicho. Yo me tomo el atrevimiento de decirle a esta gente que rotula así a esos muchachos: ¡Ignorantes! ¿No entienden que ellos todavía no tenían al Espíritu Santo guiándolos a toda verdad como hoy tenemos, o deberíamos tener todos nosotros?
¡Era Jesús en carne el que estaba con ellos! ¿Cómo podrían recibir revelación? Sin ir muy lejos, hay un texto que te habla de “El Día de Jehová”, como el final de todas las cosas. Y no son pocos, (Tal vez debería jugarme y decir que son muchos, demasiados), los que están estáticos y esperando que llegue ese día de veinticuatro horas donde evidentemente todo se habrá de derrumbar. ¿Nadie te enseñó, y luego te lo recordó, que para Dios un día es como mil años y mil años como un día?
¿Y qué supones que significa eso? Que mientras nosotros vivimos un tiempo atados a un pedazo de tierra flotando en el universo, Él desde Su eternidad, vive en un tiempo divino que con nuestra mente finita jamás podríamos llegar a entender. Es una batalla y tú eres un soldado. Recordaba que alguien dijo alguna vez que eran bienaventurados los cantantes, porque cada cantor, aseguraban, era un soldado menos. Y añadía que los uniformes, (Hablando de formalidades estructurales); no valen nada.
Y a modo de ironía se preguntaba: ¿Qué es un general desnudo? Lo cierto es que los verdaderos valientes, no le temen a nada. Solamente les tienen un poco de recelo lindando con el temor, a los tontos. ¿Sabes por qué? ¡Porque son muchos! Y en ciertos casos, hasta conforman una enorme mayoría. Y nadie les dirá que tienen absolutamente la razón, pero lo cierto es que, si tienen mayoría, a veces con eso les alcanza para ostentar el poder.
Veamos. Si tu cometes un robo menor, vas preso dos o tres meses. Cuando sales de prisión, has cumplido tu condena y has pagado tu deuda con la sociedad. Sin embargo, es muy difícil que alguien te dé un trabajo, por causa de tus antecedentes. Para esa sociedad, eres libre, pero lo que no eres, es justo. Dios no hizo, no hace, ni hará jamás eso. Cuando vas a sus pies, arrepentido y presto a cumplir tu condena por causa de su sentencia, Él te perdona y, de inmediato, pasa al segundo nivel, que es olvidarse de tu pecado.
Y una vez redimido, tú te quedas como si jamás lo hubieras cometido. Para que quede claro. Dios es un Dios JUSTO, ¿Verdad? Entonces dime por qué razón todavía seguir creyendo que un día destruirá todo haciéndola pagar a UNA generación (La que esté con vida en ese día); los desatinos cometidos por todas las generaciones anteriores. ¿Eso es Justicia? No es UN DIA, es UN TIEMPO. Piénsalo. Recuerdo alguna vez haber sido testigo de un hecho que me dejó pensando mucho tiempo.
Fue cuando dos jóvenes de mi pueblo, conocidos por sus ínfulas soberbias producto de ser hijos, cada uno, de personas poderosas y acaudaladas, pasaron junto a un anciano de campo, vestido con prendas rurales. Se burlaron de él con palabras obscenas y luego, ante la pasividad serena del viejo, lo insultaron con todos los improperios groseros que se te ocurran. Él no les respondió nada. En un momento dado, y ante la algarabía de insultos que proseguía, se puso de pie lentamente, tomó un pequeño látigo que traía consigo para azuzar a su cabalgadura, y manejándolo con alta destreza, les propinó una tunda tal que los dejó desparramados a los dos por el piso.
Fue eso, nada más, pero a mí me fue suficiente para aprender que la mayor recopilación de insultos de alto peso, son apenas el arma preferida de los cobardes arrogantes que, cuando llega el momento de demostrar su valentía, se derriten en su propia pequeñez y mediocridad. Mi padre era un hombre poco letrado y de pocas palabras, pero que nunca utilizaba un lenguaje grosero, Si se tenía que pelear con alguien, no lo dudaba, porque tenía la cultura del gaucho argentino, pero sin propinar ni un solo insulto a su adversario.
No era muy dado a dar consejos paternales, pero con el vocabulario fue muy claro siempre conmigo. Con el ejemplo. No en todo, es verdad, pero si en eso, en lo concreto. Los padres cristianos deberían tomar en cuenta esto para trasladarlo a sus hijos. Algo así como: “Hijo, no digas palabras groseras, afean tu boca delante de Dios”. Nada más. Pero, a los hijos les cabe otra sugerencia diferente. Algo así como: “Amados padres, no las diré, pero por favor, denme el ejemplo”.
Las malas palabras no existen, Dios las hizo buenas a todas. Los hombres, luego, las convirtieron en -como se dijo antes- armas dignas de cobardes. De hecho, las malas palabras, también conocidas como groserías, palabrotas o insultos, son una parte natural del lenguaje humano. Y desde lo conceptual, hay distintos puntos de vista al respecto. Dicen los que han profundizado científicamente en esto, que esas palabras ayudan a liberar emociones intensas tales como la frustración, el enojo o, incluso, el dolor físico. Un modo de hacer catarsis. Allá cada uno en su dimensión, pero nosotros, nosotros tenemos una sola fuente y no podemos hacer fluir agua dulce y amarga por ella. Es una o es la otra.
Lo que vemos a diario, es que, en ciertos contextos, como ser entre amigos cercanos, usar ese lenguaje fuerte puede fortalecer vínculos y crear un sentido de camaradería, siempre que todos estén cómodos con ello. Sin embargo, en otros contextos, tales como el trabajo, la escuela o con personas mayores, usar ese tipo de palabras puede considerarse como vulgar o directamente irrespetuoso. En síntesis, las malas palabras no son «buenas» ni «malas» por sí solas; su impacto depende de cómo, cuándo, con quién y por qué se usan. Tener conciencia del contexto y del efecto que pueden tener en los demás es clave para usarlas (o evitarlas) con inteligencia.
Además, Aún con el Mayor…
…de los esfuerzos de imaginación, nos resulta imposible ver a un Jesús hablando con ese lenguaje. Algo debe significar eso. Y no estoy siendo fariseo, sólo criterioso. Y cuando digo fariseo, utilizo el término en el mismo sentido que lo usa la mayor parte de la cristiandad en su conjunto. Como símbolo o sinónimo de legalismo, de inflexibilidad en los juicios, en rigurosidad en las expresiones y, en casos, en cierta crueldad manifiesta.
Sin embargo, cuando nos adentramos en la historia genuina, nos encontramos con que esa gente, los llamados fariseos, eran personas que gozaban de mucho respeto en su marco social. Y que, además, eran hombres que hacían tremendos esfuerzos para arribar a un grado de perfección que era lo que ellos estimaban como indispensable para formar parte del pueblo santo. El único problema que tenían, y que de ninguna manera era patrimonio exclusivo de ellos, era su ceguera espiritual.
No es que no querían ceder a Jesús o deseaban eliminarlo por maldad, ¡No lo veían como lo que era! El Mesías esperado, el Hijo de Dios encarnado en un hombre. Yo pregunto y me pregunto si seremos muchos, o pocos los que hoy podemos verlo con certeza de esa manera. No lo sé, cada uno creo que establece una mirada conforme, justamente, a lo que observa en sus cercanías. Pero que hay un grado proverbial de inmadurez espiritual en una gran parte del pueblo, lo hay.
Eso puede observarse ante diálogos muy frecuentes que se dan cada día. Uno de ellos, por ejemplo, sería: ¿Eres cristiano? – ¡Si! – ¡Gloria a Dios! ¿Y a qué iglesia vas? – A ninguna. – ¿Cómo que a ninguna? ¿Eres cristiano y no asistes a ninguna iglesia? – No, porque yo soy iglesia. – ¡Ah, bueno, si, entiendo! Entonces te pregunto: ¿A qué templo vas? – A ninguno. Yo soy templo del Espíritu Santo. – ¡Pero hermano! ¡Si no asistes a ninguna congregación, dudo mucho que puedas ser salvo!
– ¿Ah, no? Y entonces Juan, en Patmos, ¿Se perdió? ¿No fue salvo, finalmente? – Bueno, pero es un solo caso, aislado. Él estaba solo allí, no podía congregarse. – De acuerdo, entonces se dedicó a orar, a buscar a Dios en su intimidad, a dialogar con Él, a escuchar lo que el Espíritu Santo le dictaba y, como resultado de todo eso hecho en soledad, escribió un libro que hoy bendice a toda la humanidad. ¿Será que todo fue una pura casualidad? ¡Por favor!
En tiempos en donde no son pocos los que, llevados por diversos criterios y comprobaciones técnicas, hablan de la posibilidad de una Tercera Guerra Mundial, creo que convendría recordar y recordarles a todas esas voces negativas y pesimistas, algo que a nadie se le puede escapar. Suponiendo que una tercera guerra se cumpliera y desarrollara tal como se lo menciona, ¿Cuál creemos que sería la imagen de una Cuarta? Indudablemente, nuevamente con palos y piedras, como las primarias guerras de la antigüedad.
¿Me estás entendiendo? Lo que intento mostrarte es que la vanidad y el egocentrismo humano, que en los espacios de poder no sólo abunda, sino que directamente sobreabunda, no están asumiendo ni probablemente asuman nunca que el poder nuclear que hoy se posee, es igual a la destrucción de todo y de todos. Me gustaría mucho saber qué mirada tiene la iglesia sobre esto. ¿Política? ¿Espiritual? ¿Natural? ¿Religiosa?
Es indudable que, a la vista de todas estas cosas más que visibles, lo que se impone en cada creyente fiel es la oración. Muy bien, pero tomándonos de una realidad palpable y no de una figuración corriente y casi histórica, ¿Qué cosa es la oración? Creo que habría no menos de diez respuestas aptas y sólidas para entregarte, pero me quedaré con una que todavía gira en los alrededores de una gran mayoría de creyentes. La oración es un misterio incomprensible. ¿Un misterio? ¿Por qué digo esto?
Porque hay varios problemas envueltos en la oración que, a todas luces, resultan inexplicables. Y como son muy pocos y altamente escasos los cristianos que saben cómo conducir esos problemas, por consecuencia también serán muy pocos los que con su oración llegan a los oídos de Dios como deberían llegar. Y no es lo único. Creo que hay una asignatura pendiente desde hace mucho tiempo, aunque esto no agrade a ciertos y determinados oídos: la carencia de liderazgos genuinos, más allá de los oportunistas de siempre.
¿Recuerdas la historia de cuando las aguas del Mar Rojo se abrieron y el pueblo de Israel pudo huir de Egipto cruzando por allí? ¿Recuerdas que luego de haber pasado el último israelita, las aguas volvieron a cerrarse y ahogaron a todos los egipcios que venían persiguiéndolos con sus carros? ¿Recuerdas que tu Biblia te cuenta que el Faraón fue casi el primero en morir en ese episodio? Escucha: ese Faraón era casi de la familia con Moisés, habían crecido juntos en la corte egipcia.
Pero endureció su corazón y prefirió morir a darles permiso a los ex esclavos a irse de su tierra. Pero hay un detalle que no es menor. Él no se quedó en la orilla a ver cómo funcionaba la persecución, mientras sus soldados avanzaban y se ahogaban. Él murió porque, tal como era esencia en esos tiempos, el líder de lo que fuera iba al frente, mostrando el camino. Obvio que no me simpatiza Faraón, pero sólo por esa acción, debo respetarlo. Hoy los líderes dirigen las guerras desde sus oficinas con aire acondicionado. ¿No es una falsedad hipócrita a lo que implica ser un referente o conductor?
La gran pregunta que nos queda en el aire luego de examinar este tipo de cosas, es: si Dios es omnisciente y omnipresente, y como tal, sabe perfectamente y hasta muchísimo tiempo antes que suceda, lo que nos ocurre a qué cosa es lo que necesitamos, ¿Por qué se nos manda a orar para tenerlo? ¿No nos lo podría dar por sí mismo? Parecen preguntas tan lógicas y racionales que, no tengo dudas, se las deben haber formulado para sí mismos o no, muchos cristianos sólidos y fieles.
Muy bien; la respuesta es NO. Dios no hace ni hará jamás algo así. ¿Por qué? Porque Él no hizo, no hace ni hará nunca nada en soledad. Entiende que no nos creó para que un día vayamos al cielo con Él o al infierno con Satanás. Él nos creó para trabajar en unidad con nosotros en todo lo necesario para este planeta. Es decir que, cuando oramos, no le estamos diciendo algo que Él no sepa, sólo le dejamos en evidencia que lo estamos apoyando en su acción inmediata. Eso, claro está, si lo que oramos coincide con su voluntad y propósito.
Alguien me dijo hace muy pocos días que, si bien en todas estas cosas pensaba de la misma manera que lo hacía yo, las llamadas redes sociales a las que era muy afecto terminaban por confundirlo, porque en muchos casos decían exactamente lo contrario con una seguridad manifiesta que lo hacía dudar de lo otro. No puedo desconocer que eso, en una enorme proporción de casos, es estricta verdad. Hoy, en este sistema de vida social que parecería hemos adoptado en mayoría, la opinión de las redes pesa y pesa mucho.
Se están utilizando con fines electorales y no hay dudas que han dado excelentes resultados a quienes la adoptaron para eso. Sin embargo, hay algo que definitivamente los creyentes debemos aprender, y es que las mayorías, en lo que sea, no siempre tienen la razón. Sólo tienen mayoría y, en muchos y determinados casos puntuales, mayorías compradas y pagadas a muy buen precio. Ser creyente no implica ser crédulo. Ser pacífico no significa ser pasivo. Ser puro y transparente no significa ser estúpido. ¿Fui claro?
En lo Personal…
…todos los que me acompañan en esto lo saben perfectamente, utilizo esas redes sociales en la medida de las necesidades de comunicación del ministerio. Tanto en la red “X”, (Antes Twitter), como en Spotify y YouTube, tengo presencia cotidiana y comprobable. Eso sí, siempre con mi nombre y apellido en calidad de firmante responsable. Es decir: lo que vulgarmente se dice “dando la cara” en cada cosa que digo, tanto en lo relativo al estudio de las escrituras como a la realidad de su aplicación en la vida diaria.
Sólo me permito una actitud que de ninguna manera puede ser tomada como una falta de respeto o algo parecido. Por el simple hecho de poner toda mi persona detrás de una enseñanza u opinión, no acepto ni mucho menos respondo a nadie que me escriba y quiera tomar contacto conmigo utilizando seudónimo. Yo sé que es lo que se usa y que hasta forma parte del costumbrismo actual, pero igualmente lo considero una injusticia, y como tal, válida para hacer valer mi derecho a una no respuesta.
A veces lo suelo comparar con la oración dirigida al cielo y su respuesta o no respuesta. De hecho, orar no es un juego religioso que se compone de arrojar palabras al aire aguardando que retornen con alguna forma de magia hacia nuestras vidas. La oración, (Aunque lo sabemos muy bien, no siempre lo recordamos), es una acción divina y ciento por ciento sobrenatural que se ejecuta entre Dios y el hombre en mutua colaboración. Pero, entonces; ¿Es que el hombre puede colaborar con Dios?
Lo digo de otro modo: ¿Es que Dios necesita de la colaboración del hombre? Aunque no encaje con lo que durante mucho tiempo puedan haberte enseñado, la respuesta a ambas preguntas, es afirmativa. Porque algo es muy simple y, de tan simple, no siempre lo vemos o lo tenemos en cuenta. Si oramos, Dios hace su voluntad. Pero si no oramos, entonces Dios suspende todo lo que tenía para hacer por simple carencia de nuestra colaboración aquí en la tierra, donde evidentemente hemos sido colocados para eso, comenzando nada menos que con Adán.
Lo que nos sucede a casi todos los creyentes, por mejor intencionados que seamos y por más fidelidad que tengamos para con el Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, es que hay una serie de elementos de nuestra relación con Dios que no siempre conocemos. Pensamos que por hacer tres o cuatro cosas bien en la tierra, (Aunque en gran mayoría sólo suelen ser cosas religiosas), nuestro patrimonio de aceptación aumentará en el cielo, y no es tan así como lo suponemos.
Es muy cierto que todas las acciones del cielo están gobernadas por nuestras acciones en la tierra. Eso, que parece algo muy valioso a nuestro favor, sin embargo, tiene una contra visible: todos los movimientos que pretenda llevar adelante el cielo, para lo que sea, estarán limitados por la abundancia o escasez de nuestros movimientos en la tierra. De eso se trata aquello de atar y desatar, ¿Recuerdas? Todo lo que atáremos aquí, será atado allá y viceversa, eso está muy bueno. Pero la contraparte se impone: todo lo que no atemos por la razón que sea aquí en la tierra, tampoco podrá ser atado en los cielos. ¿Entiendes lo que representa eso como responsabilidad?
¿Sabes qué? El tema de la oración ha sido, durante muchos años, reducido a un sitial secundario a través de las mismas autoridades supuestamente designadas para enseñarlo como valor superlativo. Pero lo minimizaron, cuando en realidad yo creo ver si es que no exagero mi visión, que la oración es la base central del evangelio del Reino y de la propia y mismísima voluntad de Dios. Yo me pregunto, hoy, y luego de haber sido testigo presencial y auditivo de centenares o millares de oraciones de cristianos de diversas latitudes, algo que tal vez tú mismo te hayas estado preguntando.
¿Cuántas de nuestras oraciones, hoy, ahora, expresan verdaderamente la voluntad de Dios y no la centralidad manifiesta de nuestro Ego? No sé cuál podrá ser tu respuesta, porque no sé cómo lo has medido en el lugar donde resides, pero lo que es de mi lado, en mi patria de residencia y en los sectores donde he podido incursionar, puedo asegurarte que hay un porcentaje mayor en la segunda opción que en la primera.
Si todo esto no tiene que ver con alguna forma de idolatría, no sé de qué te estoy hablando. Es curioso, pero la enseñanza tradicional nos ha impuesto que, decir idolatría, es hablar necesariamente de santos y vírgenes del catolicismo romano, y créeme que no es así. Hay otras formas y objetivos de idolatría. Y te doy un ejemplo. Un día, y en un determinado tiempo de la historia, el gran Moisés se murió, tal como cada hombre o mujer están destinados en el final de sus ciclos de vida.
¿Alguien sabe dónde fue enterrado? No. Pero no fue el único, ya que una cosa muy similar sucedió con David, del cual nadie conoce donde se encuentra su tumba. ¿Casualidad? No. ¿Motivos? Dios no permitió que esa información se conociera. ¿Razones? Una sola. Fue la mejor jugada, en ambos casos, para evitar que un pueblo convirtiera a esas tumbas en centros de idolatría. ¿Te cabe alguna duda que eso podría haber sucedido?
Lo mismo sucede con la oración en favor de alguien que está siendo de piedra de tropiezo para la extensión del evangelio del Reino. ¿Recuerdas cuando Samuel quería orar por Saúl lo que Dios le dijo? Simplemente le dijo que no orara más por Saúl, que Él ya lo había desechado. De hecho, entonces, es un error ayudar a quien Dios desecha. Esto, inexorablemente nos lleva a otra duda en forma de pregunta: ¿Así de cruel será Dios? No. Dios no es cruel en absoluto, no te confundas.
Lo que sí es Dios, es Justo. Te doy un ejemplo sencillo y didáctico contigo de protagonista. Imagínate en pleno diluvio en lugar de Noé o alguno de su familia. Te pregunto: ¿Hubieras abierto las puertas para permitirle entrar a toda esa gente que se estaba ahogando allá afuera? ¡Que tremenda duda! ¿Verdad? Sin embargo, no la hay por una sola y sencilla razón: En el juicio de Dios, el hombre no participa. Así de simple.
Pero me quedé enganchado con el tema de la oración. ¿Has leído que lo que atas o desatas en la tierra, será atado o desatado en el cielo? ¿Si? ¿Y qué piensas de eso? ¿Lo crees tal cual está escrito? ¿Nunca te preguntaste por qué razón Dios deberá esperar que la tierra ate algo para recién allí Él poder atarlo en el cielo? Y voy más allá, todavía: ¿Es verdad que lo que no se ata en la tierra no puede atarse en el cielo?
Si quieres soy más puntilloso o creativo. Si existiera alguna forma de retraso en atar algo en la tierra, ¿Ese retraso se convertiría en la misma actitud del cielo? Es muy curioso y llamativo todo esto, porque no existe, -al menos hasta donde yo sé-, una respuesta “racional” a ninguna de estas preguntas. Claro está que aquí es donde me toca recordar una vez más y hacerlo público, que, de racional, la fe auténtica y genuina no tuvo, no tiene ni tendrá jamás nada.
Según el Diseño Divino…
… del cual una enorme y llamativa mayoría conoce muy poco o nada, existe un principio básico que nos lleva a auto formularnos una pregunta: ¿Cuántas oraciones crees o supones, hoy día, expresan verdaderamente la voluntad de Dios y no la de ciertos y determinados hombres o nombres? Dicho de otra manera: ¿En qué medida nos olvidamos completamente de nosotros mismos y buscamos solamente la voluntad del Señor?
Y no me introduzcas relatos o muletillas religiosas que ya las conozco a todas. Te digo más: ¿Cuántos trabajan en unidad con Dios para orar? Hacerlo no sería, como algunos suponen, perder nuestra libertad o identidad, todo lo contrario. Hacer eso sería entrar en lo que la conducta humana rotula como humildad y posteriormente obediencia, pero que, en idioma bíblico y espiritual, es nada más ni nada menos que ser Justos.
Es lo mismo, y vuelvo atrás, que respecto al modelo del arca de Noé que te di anteriormente. Puedo darte otro del mismo tono. La construcción de la Torre de Babel. Tú sabes cuál era la intención de esos hombres y cuál fue la justa respuesta de Dios. Ahora imagínate en esa situación. Viene alguien y te cuenta que se acaba de derrumbar esa hermosa torre que se estaba construyendo en Babel. ¿Cómo reaccionarías? Dirías, por ejemplo: ¡Vamos, hermanos! ¡Llevémosle ladrillos a esa pobre gente que se ha quedado sin nada, para que puedan reconstruir lo que perdieron!
¿Eso harías? ¿Y quién te dijo que hicieras eso? Dios no creo, ya sabes lo que Él pensaba al respecto. ¿Y entonces? ¡Es que es nuestro deber como creyentes ayudar al necesitado! No. Ni lo sueñes. Nuestro máximo deber como creyentes, como hijos de Dios, que es como me gusta auto denominarme, es obedecer a Dios. Y en ese tema, creo que Dios ya había hablado y bastante claro.
No puedes pretender dominar cuestiones que no te incumben por el simple hecho que tienes una determinada formación, capacidad o sencillamente una credencial. Hay cosas que están por fuera y por lejos de tu influencia, sólo debes aceptarlo, asumirlo y proceder en consecuencia. Has sido agraciado con un cuerpo que te sirve para relacionarte con todo el mundo humano que te rodea, pero no tienes sobre ese cuerpo mayor dominio que cuestiones elementales. Por ejemplo, si ese cuerpo tuyo se enferma, tú no puedes enseñarle a sanarse.
Tu cuerpo, aunque hoy probablemente todavía ni lo entiendas ni lo asumas, ya trae ese programa en su disco duro. Lo único que debes operar tú, es la clave de ingreso. ¿Quieres saber cuál es? El sueño. Todo cuerpo enfermo necesita dormir correctamente para comenzar a sanar, al menos de todo aquello que exista posibilidad cierta de sanidad. ¿No terminas de creerlo como cierto? Pregunto: ¿Quién le enseñó a cicatrizar a tu rodilla lastimada? Tú no lo hiciste, ¿Y entonces quién? ¿Entiendes ahora de lo que hablo cuando te digo que necesitas cero egos?
Lo que ocurre es que, cuando traemos nuestra voluntad y nuestro pensamiento a Dios, la voluntad y el pensamiento de Dios, comienza a reproducirse en nosotros. No me preguntes cómo es que sucede eso, pero lo cierto es que, de allí en más, esos pensamientos y esa voluntad divinas, pasan a convertirse en nuestros propios pensamientos y voluntad. Cuando finalmente y luego de inmensas luchas contra nuestra propia carnalidad, con nuestro ego del alma y con todas las baterías de demonios influyendo en nuestras vidas, poder orar en ese estado de unidad con el cielo, es nada menos que completar un verdadero combo de altísima autoridad. Autoridad, te recuerdo, no es ponerte a gritar como un desaforado que eres quien está al mando, ni tampoco hacer valer una credencial de plástico otorgada por una junta de viejos cabezones. Autoridad es decir exactamente hoy lo que Dios está diciendo hoy.
Finalmente, déjame decirte que no hay ni existe una real o genuina metodología correcta a la hora de orar. No me interesa la cantidad de libros, videos y audios que se hayan difundido dando supuestamente los pasos correctos y oportunos que garanticen una oración perfecta y agradable a Dios. Eso no existe. Ora siempre para que se haga la voluntad de Dios en la tierra. Eso no se te puede olvidar ni escapar nunca. Porque, no sé si has llegado a entenderlo, la voluntad de Dios, termina siendo siempre gobernada por los hombres.
Antes que lo entiendas de manera despatarrada y salgas a la calle a hacer cualquiera, te aclaro: al contenido de la voluntad de Dios, lo decide únicamente Él. En eso, nosotros no participamos. Ningún ser humano participa. Pero la ejecución de esa voluntad en la tierra, a eso sí lo tenemos depositado en nuestras rodillas. O sea que, la puesta en marcha y actividad de la voluntad de Dios aquí en la tierra, ahora, es algo que se ejecuta partiendo desde nuestra oración.
Hace unos minutos, hablando de la carencia absoluta de control y dominio sobre tu propio cuerpo, te daba el ejemplo de la rodilla lastimada que no necesita que nadie le diga cómo debe sanarse y cicatrizar, ¿Recuerdas? ¿Estás de acuerdo con esa visión de las cosas? ¿Sí? Entonces hazme el favor de explicarme por qué causa, razón o motivo, aceptamos con tanta candidez lindando con la idiotez, que “científicamente”, (Al menos eso nos hacen creer), se nos diga que nuestra alma necesita “ayuda” para sanar si es que se encuentra enferma
. ¡Ay, hombre! Tienes una actitud de crédulo y, al mismo tiempo, rechazas ser creyente. Creer en Jesucristo para ti es una tontería sin base racional, una simple muestra de superstición o fantasía, pero cuando se habla de sanar tu alma, (Eso la ciencia lo llama psiquis), entonces recurres a una ayuda que nadie podrá garantizarte que te produzca buenos resultados, tal como mayoritariamente sí puede suceder con la sanidad corporal mediante medicamento.
Son esas cosas que tenemos los creyentes que, en contrario de lo que siempre hemos supuesto, (Por discurso apuntado a esa idea), no trae gente a la iglesia, sino que directamente la espanta. Míralo así: ¿Se contradice Dios? ¡No! ¿Se contradice la Biblia, que es Su Palabra? ¡No! Entonces ahora explícame por qué tanto discurso eclesiástico institucional si lo hace. ¿Alguien puede pensar que la gente va a venir a entregarse a un lugar donde un día le dicen una cosa y al día siguiente otra opuesta?
Lo cierto es que Dios habla, pero cuando habla de Verdad, está hablando de Su Hijo, el Cristo. Él es la Verdad, el Camino y la Vida. Es exactamente lo mismo que cuando habla de Vida o de Salvación. De todo eso, está escrito, la escritura está dando testimonio. Sin embargo, cuesta horrores que esa palabra encuentre espacio en el hombre. ¿Es que le estará faltando el amor de Dios en sí mismo? Perdónenme, pero creo que sí.
Porque cuando hablamos de oír la palabra de Dios, ¡Nada menos!, casi estamos hablando de lo que consideramos como un milagro. Y no estamos alejados en absoluto de la verdad, aunque teológicamente se nos pueda cuesti9onar y hasta pretender corregir. Y te lo explico. Ningún ser humano, hasta donde yo he sabido, en su estado natural, puede oír la palabra de Dios, eso es más que evidente y comprobado. ¿Motivos? Porque la Palabra es Cristo.
Y hasta donde podemos conocer, Cristo está en un ámbito eterno, no terrenal en este tiempo. Y desde ese ámbito en el que Cristo está hoy aquí y ahora, el hombre fue destituido desde hace muchísimo tiempo, desde la caída de Adán. Por lo tanto, de ninguna manera ese hombre podrá tener acceso a la palabra de Dios, aunque sea para su vida, sin que medie un milagro, que como todos sabemos, es la alteración en algo del orden natural de las cosas. Recuérdalo siempre.
Y Recuerda También Que…
…cuando se enseña algo nuevo, seguramente habrá muchos qué pensarán en ese instante que no han entendido nada y que lo único que sienten es confusión. Porque lo nuevo, que está fundamentado sin errores, les hace picadillo una teología que habían cultivado por años, y todos sabemos lo que nos cuesta retornar a cero en muchas cosas y comenzar todo de nuevo. Escucha, no es malo sentirse así, no eres ni soy el único a quien le ha ocurrido.
Y te diría, con cierta autoridad, que es todo lo contrario, porque que no te quepan dudas que, cuando te llega algo de ese nivel, es Dios mismo el que te está dando un leve empellón para que te introduzcas en el nivel siguiente. Sólo que te va a dejar a tu leal saber y entender, una responsabilidad para nada menor, que es la de permanecer y perseverar en esto nuevo. Tú solamente debes asegurarte que todo lo aprendido es ciento por ciento bíblico y, todo lo que venga luego como consecuencia de ello, estará supervisado por Él. Él lo hará.
Y tengo una prueba contundente partiendo de mi propia tarea. Si un día digo algo sobre la base de un determinado versículo, pero utilizo otras palabras y no leo el texto en cuestión, es muy probable que haya mucha gente de la nuestra que no sólo no me entienda, sino que incluso hasta podría llegar a pensar que no tiene del todo claro si lo que digo es verdad o no. En ese caso, si al darme cuenta de esto vuelvo atrás y leo textualmente el versículo que tomé como base, entonces sí van a entenderme y hasta podrán llegar a felicitarme y todo.
¿Eso es bueno? En apariencia y conforme a como se nos ha enseñado a operar, podría decirte que sí. Pero si me dejas reflexionarlo un momento más, no tengo dudas que llegaré a la conclusión de que, así como sucedió al final, es como opera y funciona nuestra mente carnal. Y allí tengo que detenerme, porque no puedo evitar recordar que Dios aborrece todas las obras de la carne, así parezcan buenas, santas y apropiadas. De eso, ¿No tenemos dudas ni nada para preguntar y acceder a conocimiento superior?
Que se entienda; esto es evangelio, no es filosofía. La filosofía es una disciplina que se ocupa de una serie de problemas teóricos y prácticos a través de la crítica, la reflexión, la interpretación textual y el ejercicio de la razón en todas sus formas. Filo-sofía, o amor a la sabiduría, si lo quieres traducido, no es algo nuevo. Gusta de hacer preguntas profundas. Recuerdo haber sido testigo en mi etapa periodística, de una que propuso un conocido profesional del área: ¿Qué es la vida?, decía.
De hecho, la ciencia no podía explicarlo ni dar una respuesta seria. Lo estudian de ida y de retorno, al derecho y al revés, pero definitivamente no lo entienden. Nadie sabe explicarle a nadie qué cosa es la vida. Y entonces quedará como un impacto de esa filosofía descubriendo una asignatura humana pendiente. De acuerdo, pero se olvidaron de algo muy importante, aunque secularmente devaluado: acudir a lo espiritual. De haberlo hecho, hubieran accedido a una respuesta válida a la pregunta: porque la vida es un milagro, eso es. Y los milagros se viven, se disfrutan o se padecen, pero no se explican. No al menos desde lo racional y lógico griego.
Esto tiene que ver, necesariamente, con lo que cada uno de nosotros interprete con relación el evangelio. Algo tan contundente y concreto como es el evangelio tiene, sin embargo, no menos de una decena de interpretaciones distintas. Si le preguntas a un teólogo al respecto, muy probablemente te dará una explicación tan intrincada y repleta de frases hechas, modismos, muletillas y sentencias que, lo más probable, es que nadie entienda nada. Yo, como podrás imaginarte, no puedo ni quiero arrogarme autoridad alguna para dar una definición con aspiraciones de verdad semi absoluta, pero sí te puedo asegurar que todo es mucho más simple de lo que se muestra.
Recuerdo que un día apareció en la que fuera nuestra última congregación evangélica, un hombre ciego. Lejos de estar o sentirse disminuido, al ser invitado a dar su testimonio, contó que, en su vida de hombre con su vista normal, había cometido toda clase de pecados. Y lo concluyó con una frase que, para mi gusto, es una síntesis perfecta de lo que es el evangelio. Él dijo: “Antes, cuando tenía mi visión normal, estaba ciego. Pero hoy, cuando mis ojos naturales se apagaron y estoy en lo natural ciego, es cuando en realidad puedo ver todo lo que es mi Dios para mí”
Esa es la reacción cabal y genuina de alguien que debió abandonar su posicionamiento humanista y mental respecto a cosas que de humanas y mentales no tienen nada, y pasar a lo único que realmente tiene valor dentro del Reino de Dios: lo que Su Espíritu Santo diga, revele y ordene. Un día, el hombre pecó y comió del árbol del conocimiento del bien y del mal, cosa que se le había prohibido por su propia seguridad y bienestar.
¿Cuál fue la consecuencia de esa desobediencia egocéntrica accediendo a un conocimiento del bien y del mal que no era para nuestro consumo? La consecuencia fue que el mundo, hoy, está lleno de gente buena y de gente mala, pero ambos en la realidad, absolutamente muertos en lo espiritual. Todos los días podemos observar a gente absolutamente carnal, haciendo cosas buenas y a veces muy buenas según la óptica secular. Pero eso que hacen de ninguna manera les da acceso a la Vida, así con mayúsculas. Apenas les alcanza para sobrevivir a este mundo que habitan.
Es que entre un creyente genuino y verdadero y un religioso simulador y hasta hipócrita, hay una enorme distancia y diferencia. Sólo se trata de prestar mínima atención y no dejarse influir por actitudes externas. El religioso, por ejemplo, siente algo que él puede llegar a llamar amor. Pero convengamos en que eso es algo que puede sentir por otra persona, por su auto, por muchísimas cosas materiales o no materiales. A eso le llama amor porque así, -reitero, es como lo siente.
Sin embargo, el creyente genuino, ES amor. Sencillamente, al ser hijo de un Dios que, como todos sabemos, ES amor, no tiene otra salida que asemejarse a Él. Entonces no siente amor, ES amor. Porque Dios no siente amor; su sustancia no lo necesita. ES amor y eso se manifiesta en cada acto, en cada paso, en cada hecho. No necesita expresiones externas emocionales, es suficiente conque sus bendiciones lo muestren a cada momento.
Y eso, créeme, confunde a mucha gente. Y estoy hablando de gente con formación intelectual de alto nivel, con capacidades técnicas o científicas de alto volumen. No lo entienden, no pueden entenderlo. La ceguera espiritual no es un asunto que pueda estudiarse en ninguna universidad, lo mismo que la revelación profética. O la tienes o no la tienes, y no hay nada más. Siempre recuerdo la anécdota de ese hombre que era absolutamente incrédulo, escéptico y hasta agresivo para con los que decían profesar la fe.
Un día, desesperado ante el diagnóstico de una terrible enfermedad que le estaba minando el cuerpo, exclamó: “¡Dios! ¡Necesito un milagro tuyo para salvar mi vida! ¿Podrías olvidarte de todo lo que te ofendí y hacerlo?” – Dios le respondió en el acto. “De acuerdo, puedo hacerlo, pero…tengo una duda que tal vez me ayudes a develar: ¿Qué harás con tu vida, luego, que justifique que yo altere el orden de la naturaleza que yo mismo diseñé, para dártelo? No se nos dice qué fue lo que ese hombre le respondió, pero si se nos muestra que, a veces, pedimos o hacemos cosas que deben ser pensadas y repensadas.
No te olvides que la gente del común, donde también militan muchos cristianos, discute y hasta se pelean duro, agrediéndose, en la defensa de los distintos líderes políticos de su país o de su región. Es evidente que las pasiones por lo natural les impide contar con ese tan precioso fruto del Espíritu que es el discernimiento. Porque si lo tuvieran, podrían comprobar que nada de eso que defienden hasta el punto de arriesgar sus vidas, realmente merece la pena.
Que sólo Cristo es la Verdad absoluta, y que casi nadie o muy pocos acuden a Él por esa ceguera espiritual de la que tampoco nadie habla. En mi país, sin ir más lejos, hay una discusión respecto al uso y abuso de las palabras groseras, de las malas palabras o insultos. El presidente actual las utiliza permanentemente y, mientras algunos de sus rivales eligen no imitarlo, otros le responden con el mismo tono para no mostrarse débiles. Pregunto: ¿Nadie les dijo a unos y a otros que de la abundancia del corazón habla la boca? Aparentemente, no. Y eso no es responsabilidad de los gobiernos ni de las oposiciones políticas, esa debería ser tarea de la iglesia. ¿O no?
Entonces cabe la reflexión y su consecuente pregunta: ¿Estamos como iglesia, como auténtico cuerpo de Cristo en la tierra, a la altura de los requerimientos de estos tiempos tan complejos? Humildemente, creo que no. Y si bien podemos responsabilizar a los distintos liderazgos, cosa que nos dejaría un tanto más tranquilos, debemos ser lo suficientemente honestos como para no evadir nuestras propias responsabilidades.
Es Muy Cierto que el Comportamiento…
…la conducta y el testimonio que se ha observado en muchos líderes evangélicos en los últimos tiempos, de ninguna manera puede declinar el amor, la fe y el seguimiento a Cristo. Ningún hombre, y mucho menos una religión como quiera que se llame, pueden arrogarse ser los dueños del evangelio. Ya pretendió hacerlo durante muchos años el Catolicismo Romano, pero se fue apagando a la vista de sus testimonios. ¿Alguien va a golpearme por mentiroso o hereje si digo que hoy está comenzando a suceder lo mismo con la iglesia Evangélica tradicional?
Armar una estructura para adorar y servir mejor a Dios, con las mejores intenciones y con los mejores hombres y mujeres a su servicio, no es ni malo ni negativo, todo lo contrario. Pero terminar adorando y sirviendo a esa estructura, como quiera que se llame, en lugar de hacerlo con el Dios que supuestamente le dio origen, es un error tan grave que, en el momento menos pensado, pasa a estar al servicio de Satanás, cuando su gente supone lo contrario. Terrible.
Porque el mal no siempre está en el error evidente, sino en el sustituir a Dios con ideas muy nobles, abnegadas, llenas de esfuerzo y trabajo, pero absolutamente carnales. El alma humana es muy proclive a confundir compasión con permisividad, justicia con orgullo o venganza, celo con ira carnal y autoridad con control. Sólo el Espíritu Santo puede separar todo eso que el alma está mezclando. Sólo un problema: ¿Cuántos son los cristianos de este tiempo que se dejan guiar casi ciegamente por el Espíritu Santo, a toda verdad, sin caer en trampas humanas que pretenden reemplazarlo?
El punto está en el alma. No son ni pocos ni desconocidos los hombres de Dios que se han referido al significado real del alma en la vida del hombre, pero no siempre hemos estado, como creyentes, dispuestos a aceptar y asumir eso y procurar modificarlo. Sin embargo, y a la luz de hechos que toda experiencia ha registrado y sigue registrando, puedo asegurarte que son pocas las cosas que desgastan tanto al creyente como el poseer un alma inestable.
Todos sabemos más que bien, porque en eso sí se ha hecho mucho hincapié, que el pecado visible debilita y mucho. Pero lo que se nos ha olvidado de advertir es que, un alma llena de vericuetos de inestabilidad, puede debilitar mucho más que un pecado de los más frecuentes. Tampoco te derriba la prueba más dura, sino un cúmulo de emociones desordenadas. Muchas veces, esa presión silenciosa, diaria, prolongada, nos desgasta al punto de derrumbarnos, antes de que caigamos en cuenta que todo eso es un sutil trabajo que el enemigo produce en nuestras emociones hasta el punto de agotarlas.
Muchos fracasos de creyentes fieles y bien intencionados no se deben a la falta de fe, sino a su propia inestabilidad emocional. Satanás no necesita derribar tu doctrina para derribarte a ti en tu ánimo y en tu fe. Si le das entrada y posibilidades de desestabilizar tus emociones, te tendrá a amarrado a sus ocurrencias y aprisionado en tus propias debilidades. Tampoco necesita producir enormes hecatombes para destruir tu llamado y llevarte a vivir constantemente en desánimo o depresión.
Por el contrario, si te ataca con algo muy fuerte, lo más probable es que tu fe íntima se subleve y salgas de ese ataque altamente fortalecido, que es exactamente lo contrario a lo que él apunta. Entonces, con suma y precisa sutileza, va a buscar desestabilizarte emocionalmente en todos aquellos puntos, obviamente emocionales, donde él y tú saben que eres vulnerable. Creo que es tiempo de tenerlo en cuenta y, en lo posible, salirle al cruce con anticipación en oración y ayuno, con la finalidad de quitarle toda posibilidad de éxito o victoria.
Así que, mi amado amigo o amiga, hermano o hermana en Cristo, creo que hoy es un muy buen momento para que te detengas y hagas algo que no siempre resulta tan sencillo como decirlo: mirar hacia dentro de ti. Pero, y atención con esto; de ninguna manera para condenarte ni mucho menos para autoflagelarte. Te estoy sugiriendo que mires hacia tu interior para buscar ese discernimiento que tanto necesitas para ver las cosas con total claridad y permitir que la luz del evangelio penetre en tu vida y deje expuesto cada rincón de tu vida que todavía no esté en condiciones de darle gloria al Señor. La gran pregunta que soy enviado a formularte, pero que yo debo hacerme a mí mismo, como absolutamente uno más entre los muchos, es: ¿Estás viviendo bajo el gobierno del Espíritu o bajo la presión de tus emociones? ¿Te has dejado arrastrar por alguna clase de impulso que luego lamentas? Piénsalo. Ponlo en oración. Actúa.
No hagas méritos para enrolarte en la antigua discusión que alguna vez hasta ha servido para la predicación del evangelio por parte de evangelistas ingeniosos y observadores de las realidades cotidianas. Son aquellos que solían dar como ejemplo contundente un diálogo ficticio, pero con muchas posibilidades de ser cierto, que decía. “Si me demuestras que Dios existe, creeré”, dijo el ateo. “Si tú me demuestras que Dios NO existe, me haré ateo”, le replicó el creyente.
¿Estás entendiendo el contenido casi absurdo de una discusión sin bases? Eso me hizo recordar el famoso “Dios ha muerto”, expresado por Nietzsche, a lo que el no menos prestigioso Martín Lutero supo replicar: “Nietzsche ha muerto”, añadiendo como frutilla de un postre impactante: “Busquen los cadáveres”. Son indudablemente dos dimensiones tan irreconciliables sin Cristo, tan opuestas en todo que, en muchos casos, no sólo resultará absurdo procurar alinearlas, sino directamente una locura. Salvo que ese día el Espíritu Santo decida otra cosa, ¿Soy claro?
Sin embargo, y a la hora de establecer conceptos honestos y totalmente apartados de todo interés sectorial, hay que convenir que lo que mayoritariamente hoy conocemos como la iglesia, tiene mucho que ver en estas actitudes no del todo claras. ¿Por qué lo digo? Porque lo que yo llamo Babilonia, y si tu me acompañas en esto desde hace mucho tiempo ya me lo habrás escuchado muchas veces, y que es la iglesia falsa y paralela con la genuina, opera diariamente no para madurar a sus santos, tal como es el dictamen divino ministerial, sino para ser aceptada y, de ser factible, hasta incorporada a los rudimentos del mundo secular.
No busca cambiarlos y ser modelo testimonial para que muchos perdidos cambien sus vidas, sino la inversa. Babilonia le toma al mundo secular todas aquellas estrategias de distinto nivel que le han producido éxito y las incorpora, tomándose el mínimo trabajo de disfrazarla con prendas religiosas: La iglesia genuina, a través de sus hombres y mujeres sin compromisos sectoriales, no dudan en decirlo y mostrarlo a quien los escuche. Por eso son perseguidos, atacados, injuriados y hasta agredidos.
Algunos Fastidios Experimentados…
…por cristianos ante diversos comentarios de contenido ideológico o político, me dan la razón en cuanto a la calidad y cantidad de influencia que el conglomerado mayoritario llamado iglesia recibe desde el mundo en esos temas. He dicho y enseñado hasta el cansancio, que independientemente de los gustos o disgustos que cada hombre o mujer puedan sentir por ciertos y determinados sectores políticos o ideológicos, hay algo que como hijos de Dios no hemos terminado de entender.
Las ideologías, cualquiera sean ellas, trabajan en las mentes de las personas con pinturas de la realidad que indudablemente viven y, seguidamente, con las posturas y acciones que ellas pondrían en marcha si se les da la oportunidad. Muchos cristianos honestos, pero demasiado ingenuos, caen en esas trampas. Ni por un instante se permiten evaluar con criterio lo que se les dice y verlo en las distintas realidades existentes a lo largo y ancho del planeta. ¿Existe un país donde su gente sea verdaderamente feliz con todos sus problemas solucionados? No. Lo que sí existen, son divergencias entre reconocidos sectores que, en muchos casos, hasta llegan a la violencia física. ¿Nadie ve eso?
Tengo un ejemplo muy cercano que no puedo ni quiero dejar de compartir. A través de toda su historia, comenzando por el propio Israel, el pueblo de Dios ha sido cautivo y hasta esclavizado por distintos imperios. Sin embargo, y pese a contar con posibilidades ciertas y tentaciones diversas, lo que nunca ha sido este pueblo santo, es parte de alguno de esos imperios. La tarea y la actividad en casos nefasta del dios de este sistema, (De eso se habla en la escritura cuando se dice Siglo), de alguna manera nos muestra la respuesta.
Lo que está escrito porque ha sido profetizado, no es el triunfo o la victoria final de ese sistema perverso en el que anidan la política y las ideologías, sino su caída. Y en esa caída, la sana advertencia de no encontrarse demasiado cerca en ese momento, ya que por más honesto y fiel que se haya sido, el sistema y su perversión podrá arrastrar en su caída aún a los elegidos. Nuestra ideología es Cristo. Nuestro gobierno personal y corporal es Cristo y, cualquier cosa que esté por fuera de Él, seguirá siendo pecado. La iglesia genuina sigue siendo gobierno, pero desde sus rodillas, no desde los entripados humanos.
Lo que intento advertir, aunque sé que peleo en contra de estamentos mentales muy arraigados y fuertes, es que, en este tiempo, Satanás ha encontrado una nueva manera de dividirnos: las ideologías. Conozco cristianos que simpatizan con las izquierdas, otros con las derechas, otros con el centro y otros con grupos ultra de uno u otro costado. O sea: vamos todos a la misma congregación, pero el día de las elecciones, unos van para allá, otros vienen para acá y otros más para otros estamentos ideológicos.
De acuerdo, gozamos de absoluta libertad para tomar decisiones, pero… ¿A nadie se le habrá ocurrido por un instante, al menos, enfocar todas estas visiones ideológicas o políticas partiendo de lo escrito en nuestras Biblias? ¿Nadie entenderá que, con estas divisiones quedamos, como masa uniforme que en lo espiritual deberíamos ser, partidos por la mitad y disgregados? ¿Unidad? ¡Ni lo sueñes! En mi país hay cristianos que hasta se han retirado el saludo por causas políticas.
¿No entendieron que es primero Cristo y luego, pero muy luego, todo lo demás? Todos sabemos que Satanás es especialista en crearle divisiones a la iglesia. Y mapeamos ciudades, reprendemos demonios y todo lo que hace a la guerra espiritual. Un día unos se meten en política, mientras otros dicen que eso no es de Dios. Eso también es División. ¿Y cuantos saben que un pueblo dividido no prevalece? ¿No podrán, utilizando la palabra de Dios como sustento, encontrar un punto donde coincidan en lo central?
Yo recuerdo aquellas grandes divisiones de hace tres o cuatro décadas, cuando decir que se era cristiano, era sinónimo de decir que se era católico romano. Luego apareció la iglesia evangélica llevándose puesto a todos los que deambulaban por la vida sin fe y sin esperanza. Los cautivó con su respeto por la palabra genuina de Dios y con todo lo que desde los púlpitos se desplegaba como estado moral y conceptual. Entonces, con el correr de los tiempos, nos guste reconocerlo o no, decir que se era cristiano, era sinónimo de decir que se era evangélico. Y si me apuras un poco, te diría que todavía lo es.
Pregunto: ¿Nadie pudo ver un poco más allá de la punta de su nariz que se estaba cometiendo el mismo error que anteriormente le censurábamos al catolicismo? Recibimos cosas positivas en el inicio de nuestras vidas de fe, pero luego el tiempo nos obligó a modificarlas para nuestra maduración y crecimiento. Así entendimos que llevar una cruz colgada de una cadena en nuestro cuello era, para Dios Padre, como si alguien llevara colgada una réplica de la pistola que te mató a un hijo.
Por eso es que cada día con mayor asiduidad, recurrimos a la sanidad interior, o sanidad del alma, como algunos la rotulan. Me pregunto con total y absoluta sinceridad si eso es realmente necesario para el creyente. La realidad me responde que sí, que es necesaria porque cada día son más los cristianos que acuden a ella para buscar soluciones a sus dilemas íntimos. De todos modos, en la respuesta espiritual debo advertirte que no, que es negativa. Y no porque a mí se me antoje o porque a alguien se le ocurra prohibirla. Es negativa y hasta falta de coherencia espiritual porque estaríamos buscando sanar un alma que, si es la de un convertido genuino, ya debería hace un buen rato estar muerta en la cruz de Cristo. ¿O no fuimos conjuntamente crucificados con Él?
En estos días, tanto en mi país de residencia como en muchos otros sitios mayor o menormente importantes en los planos internacionales, estoy oyendo con demasiada continuidad una palabra que estimo, pero que, repetida como formulismo ideológico o político, llega a fastidiarme: Libertad. Se dice y se NOS dice, por los distintos medios que las distintas áreas tienen para comunicar cosas a la gente, que tener libertad es el equivalente a no tener límites.
Discrepo, creo que lisa y llanamente pensar así, si es que es verdad que hay personas que piensan eso, es un error. Porque entiendo que todo, absolutamente todo depende de quien pone esos límites y bajo qué fundamentos, ¿Entiendes? Tengo total y absoluta certeza, aunque suene algo anticuado y fuera de temporada, que tener ciertos límites te crea bienestar, seguridad y certezas. Y estimo, a la vista de todo esto, que en todo caso esa es la diferencia muy delgada entre una auténtica libertad y un mediocre libertinaje.
Por otra parte, también tengo una semi certeza que todas esas elucubraciones sobre fundamentos o palabras de tanto calibre, son un mínimo producto de pensamientos que emanan de lo que globalmente llamamos como Babilonia, y que muy lejos de ser una iglesia determinada, como se nos ha intentado hacernos creer, en realidad es una mentalidad que, día tras día, va creciendo en todo el mundo abarcando todas sus áreas claves. No se trata sólo de un aspecto religioso o ritualista, se trata de un panel de cuestiones que van desde lo político o ideológico, pasando por lo económico y terminando, sí, en lo religioso.
Supongo que, a estas alturas de nuestras vidas, seguramente habrás escuchado enseñar a cierta gente que, si te involucras y te metes a pelear duro en contra de la mentalidad babilónica que poco a poco hoy va casi copando el planeta, tanto en lo político o ideológico, como en lo económico literal o virtual y también en lo religioso o espiritualista, terminas venciendo. ¿Sabes que eso es posible, verdaderamente? Sí, pero sólo con un detalle que no es menor: porque Cristo ya juzgó y venció a Babilonia en su origen espiritual. A nosotros sólo nos resta ejecutar esa victoria en lo real y visible.
¿Y en qué se supone que anda la tan mentada Babilonia en este tiempo? ¿En qué gasta o invierte sus horas, sus días, sus capitales de diversa índole? En principio, reclutando cristianos e incorporándolos a la política de sus países de residencia. ¿Con qué argumento los están convenciendo que eso es, verdaderamente, algo que Dios desea que hagamos? Con el objetivo de introducirse en estructuras absolutamente corruptas a ojos vistas desde cualquier lugar y sanearlas, convertirlas en otra clase de estructuras con otra forma de vida.
¿Alguien que se diga hijo de Dios y creyente de su misericordia, poder y justicia, osaría ponerse en contra de un argumento así? Sólo que un alto nivel de discernimiento te diga lo contrario, porque de otro modo, con miradas naturales, es imposible. ¿Y el resultado de esos reclutamientos? Está a la vista natural de quien quiera tomarse el trabajo de observar a sus lados y ver con lo que está conviviendo, donde quiera que resida y viva. Política cada día más corrupta y, lo peor de todo, cristianos sinceros y fieles, pero fieramente involucrados y hasta destruidos en sus reputaciones por causa de considerárselos cómplices necesarios en esos actos ilegales.
Lo que Sucede, es Que…
…muy poca es la gente que ha visto o ha caído en cuenta que Babilonia, lejos de ser una simple iglesita de pueblo corrupta y falsa, es una tremenda mentalidad globalizada que se ha convertido, paulatinamente, en lo que la Biblia denomina como La Bestia, ¿Recuerdas eso? Porque a todas luces, si lees tu Biblia como debes leerla, entendiéndola y no soportándola, como si fuera el periódico del día, habrás caído en la cuenta que decir Bestia no es hablar de una cierta calidad de hombre o directamente de un animal.
Jamás en la Biblia esa palabra fue pronunciada y dejada escrita para verla de ese modo. La Bestia siempre tiene que ver con una palabra que hoy, quieras o no, ya podemos ir prodigándole a Babilonia: imperio. Una bestia bíblica siempre es sinónimo de imperio. Ahora bien; sabiendo todo esto como se sobreentiende que debes saberlo, puedes tomar el libro de Apocalipsis y recapitular todas las enseñanzas que has recibido y, si te atreves y logras entender la calidad y cualidad de tiempos en los que hoy vivimos, cambiar aquella vieja y errónea enseñanza por esta nueva y verdadera.
Eso te dejará una pregunta que todavía no tiene respuesta, pero que puede verse venir por una vía amplia y genuina: ¿Sobre qué forma o clase de Bestia será el Juicio santo? Podemos hacer funcionar nuestra imaginación, pero no irnos más allá con conjeturas. Es algo demasiado serio como para concertarlo hipotéticamente. Y te doy un ejemplo casi doméstico de lo que soy en el plano ministerial como simple hombre de carne y hueso.
Vivo en Argentina, obviamente soy de nacionalidad argentino. No puedo decirte con claridad cuál es la opinión mayoritaria de la sociedad internacional con respecto a mi país y esencialmente a los habitantes de mi país, o sea nosotros mismos. En todo caso, y con la máxima imparcialidad que me sea posible, puedo darte mi opinión. Como creyente en Cristo que soy, lo primero que debo tener más que en claro, es que ni puedo mentir ni tampoco utilizar eufemismos para ocultar o modificar cosas.
Tendré que ser claro, conciso y preciso como para que a nadie le queden dudas de mi opinión, me traiga las consecuencias que me traiga. A esto lo traigo de mi antigua profesión secular, pero lo confirmo y reafirmo como hijo del Dios Altísimo, hoy. Creo que el sesenta por ciento de los argentinos, tienen bastante de tontos que, curiosa y llamativamente, se creen muy inteligentes. Cuando descubren que no eran todo lo inteligentes que suponían y que sí caminaban por la cornisa de la tontería, entonces adoptan la estrategia de culpar de eso al cuarenta por ciento restante.
Si te costó trabajo entender esto sin caerte en ninguna maraña de confusiones, puedo comprenderte. Desde que tengo uso de razón, (Otro día podremos hablar de cómo la he usado a esa razón), que el mundo en su conjunto cultural nos entienda a los argentos, puedo asegurarte que tiene nivel de milagro. Puedo añadirte a lo anterior, que a las bellezas que les adjudiqué a la mayoría de mis paisanos, podría añadirle algo que de alguna manera los identifica: su individualismo.
Pretender que un argentino trabaje en equipo, también podría ingresar en la categoría de señales y maravillas sobrenaturales. No es de extrañar, por eso, que, con esas facultades tan desarrolladas, hayan salido de nuestras particularidades, deportistas de la talla de Diego Armando Maradona y Lionel Messi. Integrados a equipos, sí, pero individualmente en el sumun de la excelencia. Por eso es que nunca me asombra o me termina de asombrar la cantidad y calidad de frases sueltas que suelo escuchar de boca de mis compatriotas en cuanto lugar se preste para filosofar en voz alta.
Hubo una frase en estos días que me dejó pensando en primer lugar y llevándome a orar posteriormente por eso. Alguien dijo con voz de certeza y seguridad que: “Caminando solos, se avanza más rápido, pero caminando acompañado se llega más lejos”. Posiblemente, por las características de nuestro ministerio, estaría haciendo más juego con lo primero que con lo segundo, pero, sin embargo, el simple hecho de contar con la compañía de todos ustedes, allí del otro lado, me garantiza totalmente lo segundo.
MI duda final, es: ¿Y tú? ¿Solo, sola, o acompañado o acompañada? Porque a todo esto, nos agrade reconocerlo o no, luego se lo añadimos a todo lo que ese grupo invisible pero real que se llama iglesia, va a incorporar o desestimar. Y que, al mismo tiempo, cada uno de nosotros transitará su camino de fe procurando no equivocarse lo suficiente como para aterrizar en Babilonia, ni tampoco irnos de mambo sobre enfatizando las cosas y terminar jugando para el equipo de Deportivo Incrédulos.
El cómo acertar o no acertar, ha sido y sigue siendo motivo y factor de discusión y cuestionamientos, pero sus resultados o la falta de ellos, habrá de redundar notoriamente en lo que como quiera que sea, es el futuro de la iglesia genuina que observamos. La iglesia genuina, está nominada como piedra viva, ¿Verdad? Y lo es porque proviene de una Roca que es Cristo mismo. Babilonia, (De origen Babel), en cambio, no fue creada sobre esa piedra, sino sobre ladrillos.
Una piedra pertenece a la Creación misma. Fue piedra y apareció un día como tal. En cambio, a un ladrillo se lo hace en un molde y jamás se podrá salirse de él, como quiera que sea ese molde. Eso es la religión, hoy. Gente que, aunque se mate haciendo denodados esfuerzos por salirse de sus moldes, no puede lograrlo. Por algo dice la palabra que somos plantío de Jehová. Que somos árboles cuyas raíces se expanden libres para madurar y crecer.
La religión, en cambio, nos convierte en bonsáis, con limitaciones de crecimiento por causa de que solamente se nos riega una vez a la semana, no siempre con agua sin contaminaciones y, como si todo eso fuera poco, se nos enclaustra en una maceta llamada templo. Por eso no me llevo bien con las religiones, cualquiera sean ellas. Son cosas que sus adeptos tienen la obligación de hacer, sin detenerse un minuto para ver si realmente son eso que dicen ser.
El nombre genuino de Dios, es Yo Soy el que Soy, ¿Recuerdas? ¿De qué verbo estamos hablando, entonces? De la conjugación en primera persona del verbo Ser. Ese es el punto, todo lo demás, discurso. “Chamuyo”, como se dice en el idioma lunfardo porteño de Argentina. Comenzando por lo más valioso de todo: saber en qué o en quien se cree, para saber que eres, o que quieres ser. Porque si no conoces eso con claridad, jamás llegarás a ninguno de los lugares que suponías debías llegar.
Fíjate esta realidad. Tomemos una religión conocida como ejemplo válido, el budismo. Nadie podrá decir que tiene pocos adeptos o miembros. Me atrevo a hablar de millones. Pero resulta ser que Buda un día se murió, pero todos aquellos libros que hablan de él, sostienen hasta hoy su religión. Lo mismo sucedió con Mahoma y el islam. Mahoma también se murió, pero sus creyentes legendarios tienen el Corán que les marca y puntualiza como seguir su religión.
Y los mormones con José Smith. Claro; nosotros también tenemos un libro llamado Biblia que nos recuerda a nuestro Dios, igual que ellos, pero podemos disfrutar de una diferencia abismal, que es saber que ¡Cristo Vive! Además, se debe prestar mucha atención a las formas de la escritura, sobre todo a las que tienen que ver con postulados del Antiguo Testamento. No será la primera que se cometen errores interpretativos que, en lugar de facultar la paz en el mundo, el amor entre los hombres y la misericordia del Padre, ocasionan perjuicios exactamente del lado opuesto.
No te olvides que, cuando lees en la Escritura que Dios bendice a lo que llama “la Israel de Dios”, no se está refiriendo de ninguna manera a lo que hoy vemos como Israel nación, sino a todos los judíos y gentiles por igual que, con la máxima sinceridad y decisión voluntaria, han creído en Jesucristo como Hijo unigénito muerto en la cruz y resucitado en la redención. ¿Entiendes esto? A partir de un deficiente entendimiento de esto, a través de todas las áreas intervinientes, se han cometido muchos errores y, algunos, todavía siguen más que vigentes.
Eso no es definitivo ni definitorio, ya que somos humanos, muy falibles y el error forma parte más que activa de nuestras vidas. Pero si hoy cometí un error, en lo que sea, y a partir de ese error ofendí o lastimé a alguien, debo pedirle perdón de inmediato. Pero que se entienda bien y sin ningún artilugio verbal. Dije pedir perdón, que de ninguna manera es sinónimo de pedir disculpas, aunque suene parecido. Te explico. Perdón significa que me arrepiento del mal que hice y decido no volverlo a hacer Disculparme, en cambio, y tal como fonéticamente suena, significa que me liberen de la culpa de ese error. Atención con esto: Dios te perdona, no te disculpa.
Y Esto Cobra Especial Relevancia…
…en asuntos que, de pronto, hasta pueden ocupar las primeras planas de la información mundial. Porque a menudo caemos en errores de tipo conceptual, que si permitimos se agranden, con el correr de los tiempos pueden convertirse en anclas pesadas para el establecimiento del Reino de Dios en las vidas de los hombres que lo deseen. Y te doy un ejemplo. Cuando se nos dice que en el final de los tiempos “todo Israel será salvo”, es más que importante dejar bien en claro que no se está refiriendo a las personas que hoy habitan esa tierra en permanente conflicto, aunque en ciertos casos puntuales puedan ser incluidas.
Ese Israel lo conforman aquellos a quienes Dios ve como su Israel. Estos son, -reitero, judíos y gentiles que creen en Jesucristo. Es un tema de fe y dimensión, no de documento de identidad y geografía. Porque, -te lo reitero una vez más, así sea hasta el cansancio-, la validez de nuestra fe transita mucho más por conductas y comportamientos individuales que por espectacularidades en conjunto. No le quito méritos a todo lo que un grupo de creyentes pueda organizar y llevar a cabo con la finalidad suprema de impactar a gente no creyente y traerla a los pies de Cristo.
Ojo; no estoy diciendo a una congregación evangélica, aunque en muchos casos la incluya, estoy diciendo a los pies de Cristo. Pero lo que vale, indudablemente, es tu conducta, desde lo más pesado a lo más liviano. ¿Un ejemplo? El vocabulario. Soy creyente desde hace muchos años, y como tal no me gusta el uso de palabras groseras formando parte de un diálogo o un monólogo. Tengo en claro que, si bien no existen las malas palabras, lo que sí abunda, son hombres que convierten a ciertas y determinadas palabras y conversaciones en verdaderas cloacas.
Eso a mí no me representa de ninguna manera. De mi fuente oral no puede fluir agua dulce y agua amarga. O es la una o es la otra. Aquí en mi país comportarse de ese modo no deja de ser un esfuerzo considerable. Es muy habitual intercambiar insultos a manera de broma y algunas palabras de grueso calibre como parte de conversaciones normales. De hecho, contamos con funcionarios públicos, y no de menor nivel, precisamente, que han hecho de todo ese caudal de palabrotas casi un modo de vida cotidiano.
Y cuando hablo de funcionarios, hablo del Estado. Yo, si bien vivo en Argentina, trato de separar correctamente lo que es el pueblo argentino con el Estado gubernamental argentino. Porque el pueblo es el destinatario del amor de Dios, mientras que el Estado es un invento de hombres para reemplazar a las antiguas monarquías. Después de todo, Dios no habita en Estados, sino que habita sobre toda la tierra. Tampoco en organizaciones, sino en organismos vivos. Y hablo de una tierra que, dicho sea de paso, aunque no es un tema menor, está equipada desde la creación misma, con todo lo que necesita el hombre para subsistir sin problemas.
Pregúntame ahora porqué razón, siendo esto así, en esta tierra todavía hay tantos, pero tantos, pero tantos lugares donde tanta gente directamente pasa hambre hasta el punto de morirse por eso. Es el hombre, Dios lo había diseñado muy distinto. Y hasta con las riquezas supo qué hacer. Fíjate que el oro y la plata, que tanto valor tienen, se extraen del suelo, de las paredes o de las rocas en las minas en las montañas. Sin embargo, lo que no todos conocen o saben es que ninguno de estos dos minerales son originarios de esta tierra.
Ambos llegaron desde otro sitio. Están en la tierra o en la roca, pero no han sido producidos por estas. ¿Asteroides? ¿Meteoritos? Puede ser. O no… Como en todo lo que ignoramos, no es ni mal intencionado ni fuera de lugar dejar abierta la duda, la incógnita. Un día tendremos una información válida de la que podamos decir que es la genuina. Hasta hoy, sólo conjeturas de todos los colores y sonidos. Es curioso, pero no encontramos ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento pistas medianamente sólidas que respalden o desestimen lo que digo.
Creo que el error, durante muchos años por parte de la iglesia en sus enseñanzas, ha sido expresar que el Nuevo Testamento es una prolongación del Antiguo. Ese es un error. No sé cuán grave, pero error al fin e innecesario de continuar como enseñanza sistemática y convencional. Porque Dios mismo dijo que el Nuevo Pacto no se parecería en nada al Antiguo, ¿Recuerdas? Porque tienen una diferencia que, a ojos vista, es notable.
Que mientras el Antiguo Pacto era externo, el Nuevo Testamento es interno. La gran pregunta que surgirá luego de saber esto, es: ¿Se vive eso, HOY? No lo sé. Ni tampoco soy juez para juzgar la vida espiritual de otros. Lo único que sí sé, es que el Señor nos colocó aquí para algo puntual y específico, y que sea por las razones que sea, nada de lo que se nos envió a hacer ha podido ser hecho. Más que por falencias de las personas por sí mismas, por la cantidad y calidad del engaño al cual hayamos estado sometidos.
Cuando llego a este punto, no puedo dejar de recordar un antiquísimo pensamiento de Mark Twain, que dice que: “Es más fácil engañar a la gente, que convencerlos de que han sido engañados”. De acuerdo, es un pensamiento secular, ateo, no es ni siquiera religioso y mucho menos bíblico, así que lo puedes utilizar donde piensas que cabe. Pero no me digas lo que pensaste cuando lo leíste, aunque me lo puedo imaginar. Lo que ocurre es que son muy pocos los hijos de Dios que logran caer en cuenta que han sido engañados en algo y revierten sus situaciones terrenales.
La enorme mayoría, tal como lo asegura esta sentencia de este autor, eligen quedarse con lo que recibieron como engaño y, para peor, defenderlo a capa y espada como si fuera la verdad más sólida del planeta. No es un tema menor. Y va mucho más allá de un simple comportamiento humano. Es de corte espiritual y de consecuencia sobrenatural. Jesús dijo, y todos lo hemos leído, que Él mismo iba a edificar la iglesia, y que las puertas del Hades, que es el mismísimo infierno, jamás prevalecerían contra ella. Pero hoy vemos que sí está prevaleciendo. Entonces digo: ¿Dejamos que Jesús la edificara o lo hicimos nosotros?
Una Vez Más, Retornamos a la…
…consecuencia del hacer por sobre el ser. Es una mentalidad negativa que se nos ha infiltrado peligrosamente en el cerebro a partir de enseñanzas recibidas en algunas escuelas seculares o, lo peor, en algunas de supuesta condición cristiana. Lo que sucede es que, cuando hablamos de Babilonia, la mayoría cree que nos referimos a la iglesia paralela. Sí, eso es verdad y así lo hemos enseñado, pero no es lo único que la identifica.
Babilonia es: una sola política, una sola economía, una sola religión. Mira a tu alrededor, donde sea que vivas y podrás verla medianamente en acción. Y no es un asunto de influencia marxista o capitalista, va mucho más allá de eso, hasta te podría decir que está por encima de esas nimiedades terrícolas. Babilonia no tiene ideología, tiene ambición de poder y pelea con las armas que sea, por izquierda o por derecha, para obtenerlo. Hades, de ida y vuelta.
Pero no toda la responsabilidad le cabe al infierno con todos sus personajes al servicio. Hay mucho de razones del lado de ciertos cristianos para que todas estas cosas sigan sucediendo. Ignorancia en primer lugar, apatía y desinterés, seguidamente y hasta cierta resistencia a lo sobrenatural, en un intento fallido e imposible de llevar la fe a terrenos racionales. Certeza de lo que se espera y convicción de lo que no se ve, es imposible de racionalizar.
El creyente maduro, actúa y se mueve bajo otras perspectivas. Si ante una revelación nos volvemos inconmovibles, imperturbables, esa es la característica del hijo maduro. No es perturbado por las circunstancias. Puede vivir así esa palabra que le asegura que “el justo no temerá de las malas noticias porque su corazón está confiado en Jehová.” Y todo esto, cuando se asoma a la luz pública, se nota. Pese a la carencia monumental de discernimiento que hoy por hoy tiene la iglesia en su enorme mayoría, cuando aparece alguien con indudable autoridad divina, no puedes menos que descubrirlo.
Qué harás o no harás con él o ella, luego, es otro asunto, pero que sabes que sabes que sabes que lo que dice y hace viene de Dios, lo sabes. Eso es igual que cuando vas a cualquier país y te encuentras con nativos y residentes extranjeros. Hay una diferencia notable y no puedes tardar demasiado en encontrarla. La forma en que hablas, te vistes, tus gestos, tu entretenimiento, tu ciudadanía y tus amigos, todo eso habla claramente de tu hogar natal.
Si en algún momento se asemeja a los nativos, ya deja de ser extranjero. El creyente es un extranjero, el incrédulo es un nativo. Creo que tú me entiendes. Porque luego, en determinados ambientes necesitados de prensa permanente, aparecen los impactantes nuevos “convertidos”. No hace mucho tiempo, escuché a una actriz muy conocida en mi país, declarar que, en medio de una tremenda crisis, se aferró a la fe y eso la salvó.
Lo primero que me salió pensar y casi decir en un murmullo, fue ¡Gloria a Dios!, pero luego algunos pensamientos aclaratorios me llegaron casi en tropel. En principio, descubrí a poco andar que no había sido la primera ni la última vez que, supuestamente o no, había vivido algo así, y eso la proyectó a niveles de promoción de sus cosas en altísimo nivel. Luego, cuando todo el aparato televisivo y de comunicación la fue dejando y se dedicó a otras cosas, nadie habló más de esta mujer y de su tremenda o maravillosa experiencia.
Conozco los medios y sé que cuando se abandona una determinada noticia o suceso, es porque el mismo ya no presenta argumentos o temarios que resulten de interés mayoritario para la gente, mayoritariamente siempre hambrienta de morbo. Entonces me ocupe personalmente de indagar un poco más sobre la actualidad de esa persona. Allí me encontré con una novedad no demasiado halagüeña. Esa mujer estaba viviendo una vida como si jamás hubiera tenido ese encuentro con Cristo que ella había publicitado hacía no más de tres meses. Engaño.
Por favor; que alguien se le acerque y le haga saber que Dios no puede ser burlado, pero que lo haga antes que sea tarde. ¿Amén? No exagero nada si te digo que la madurez es un paso esencial en nuestro camino a la jurisdicción del Reino. Porque somos hijos, pero además también herederos. Y el hijo heredero, y no porque a mí se me ocurra decirlo, sino porque Dios mismo lo dice, es el hijo de la madurez, no el de la gestación.
Porque el hijo de la gestación, si lo observamos con el mayor esmero y cuidado, en nada difiere con el esclavo, ¿Puedes entenderlo? Entonces, la pregunta que cabe aquí es franca y directa, como para que nadie la evada: ¿Habrá cosas en las que hemos estado esclavos? Y no estoy hablando de aquel pasado incrédulo, impío, pagano y pecador, de ese no hay ninguna duda. Estoy hablando de la actualidad, del hoy y del ahora.
Si la respuesta es la duda, ahí va la otra pregunta: ¿Qué son esas cosas que nos esclavizan? Te diré una sola, como ejemplo, para que se erice la piel: las tutorías eclesiásticas. Dime con toda franqueza y honestidad, tú que llevas muchos años de iglesia, ¿Por qué supones que nos aseguran los líderes que para vivir como Dios manda, necesitamos un tutor que nos vigile o, lo más común de ver a nuestro alrededor, nos controle?
Estuve muchos años, conjuntamente con mi trabajo de periodista, haciendo algunas cosas en publicidad. ¿Y sabes qué? Necesitar una tutoría espiritual se vende como demanda del protagonista, cuando la realidad nos muestra que es interés básico de quien vaya a ejercer esa tarea. Vamos a un hecho puntual que puedes comprobar donde quieras que lo indagues, siempre y cuando arribes al sitio adecuado, que vendría a ser un sitio genuino.
La iglesia real, verdadera, genuina y EN Cristo, no permite ni permitirá que el Hades o el infierno prevalezca. De eso puedes estar más que seguro. Lo único que necesita para que eso sea una realidad, es que esa iglesia esté formada por hijos. Y mucho cuidado con esta palabra, porque todavía resulta muy sencillo adjudicarla a gente que ni por las tapas tiene esa calidad. Digo que la iglesia victoriosa tiene que estar formada por hijos, porque ni los niños, ni los esclavos, ni los inmaduros, ni los que necesitan que alguien les diga cómo hacer las cosas, van a gobernar, porque no tienen ni tendrán ninguna autoridad.
Solamente los hijos la tienen. Alguien me dijo, una noche, que estando de visita en una congregación, dije esto mismo en medio de una predicación, que no terminaba de estar convencido que eso que yo había dicho fuera cierto. Que él, (Era un hombre); era muy amigo y cercano al pastor de esa congregación y no veía como, alguien que no estaba en su mismo nivel, pudiera acceder a niveles de poder y autoridad en ese sitio que fuera superior a la que él había conseguido.
Como podrás imaginarte, ni siquiera perdí un minuto de mi tiempo intentando explicarle a ese buen hombre que una cosa era el poder terrenal que el pastor tenía en ese lugar, y él compartía, y otra cosa muy diferente el poder de Dios, cuando a Dios mismo se le ocurría hacerlo evidente, generalmente para desparramar a gente engreída, inmadura y corrompida como ellos. No hay caso. Es imposible que en planos supuestamente espirituales, pero en la realidad demasiado secularizados, puedan entenderse algunas alternativas que sólo tienen que ver con nuestras posiciones más concretas.
Una de ellas, es la santidad. A ti, hijo de Dios genuino que hoy me estás leyendo decir todo esto, te pregunto: ¿Cuándo aprenderás que el mundo secular rechaza la santidad esencialmente porque no puede lograrla jamás con sus métodos y que, por esa razón, te induce a vivir como viven ellos? Y la otra pregunta que me surge de inmediato como consecuencia de la anterior y que todavía resuena en mi mente, es: ¿Hasta cuándo lo que llamamos iglesia, aquí, hoy, seguirá procurando ganarse la simpatía de ese mundo aceptando vivir como ellos?
Si se me permite, puedo asegurarte que ese es un comportamiento absolutamente infantil. Pero no infantil en cuanto a pureza, porque en ese caso sería totalmente bíblico, sino por ingenuidad y, créase o no, por un alto contenido de egocentrismo. En lo personal y particular, cuando me toca hablar con niños de edad mediana, (Entre 7 o 10 años de edad), suelo saludarlos diciéndoles: ¡Hola campeón!
Eso, es motivacional, porque ellos me responden casi felices de sentirse así, como un señor adulto como yo los llama: campeones, aunque ni siquiera busquen, en su ingenuidad infantil, saber de qué cosa están siendo campeones. Pero a un adulto maduro no puedes decirle lo mismo, eso está más que claro. Entonces la conclusión es tan simple que espanta ver los resultados: La iglesia no motiva, la iglesia instruye. Eso es ser Asamblea Divina, ¿Amén?
Aunque no Podemos ni Debemos…
…ser puntillosos respecto a nuestras formas de ver y considerar nuestra fe, no podemos menos que sentir asombro por la incontable cantidad de enseñanzas torcidas que todavía cultivamos como si fueran la gran verdad de todas las verdades. ¿Recuerdas cuando Jesús dijo que Él era “La Luz del Mundo”? Eso no fue porque sí ni una expresión arrojada como al azar. En la Creación de todo, Dios Padre había dicho que “A la Luz la llamaré Día”, ¿Recuerdas esto?
Eso me deja una respuesta a una pregunta de muchos años sin devolución: ¡Cristo es el Día! Entonces, y aquí va el punto central, cuando hablamos de “El Día del Señor”, eso no tiene nada que ver con un sábado ni con un domingo. Eso tiene que ver absolutamente con un Cristo resucitado. Si los hombres siguen jugando a inventar doctrinas, allá ellos. Pero que esas doctrinas sean introducidas y vendidas como absolutas dentro de la iglesia del Señor, es ignorancia pura…o algo peor.
No me fastidian los errores de nuestra gente. En primer lugar, porque nadie me puso como juez de nadie, apenas y por pura misericordia divina, como referente de enseñanza de algo y, en segundo término, porque el error está incorporado a nuestra carnalidad, es muy difícil que encontremos a personas sin errores. La perfección vista desde ese ángulo, no existe. La perfección bíblica, todos lo sabemos, es sinónimo de madurez, no de perfección.
Y con respecto a las tutorías o dependencias, analiza: ¿Alguna vez alguien le habló a tu mano, a tu nariz o a tu pierna? No. Cuando alguien te habla, le habla a tu cabeza, que es la única capaz de oír. Escucha y aprende. La cabeza es Cristo, y a Él es a quien Dios le habla. Allí es donde te preguntas: ¿Pero entonces a mí no me habla? Sí, pero sólo si estás EN Cristo. Y cuando digo EN Cristo me refiero a eso, a estar dentro de su inmensidad espiritual, no como casi de paso, con algo de información sobre Él. Eso no te garantiza nada en lo espiritual, aunque para lo eclesiástico te sobre. Esto es tremendo cuando lo entiendes.
Y a eso lo puedes observar con mayor nitidez cuando emprendes alguna forma de aventura en el nombre del Señor. Construyes un ministerio con el manual o el mapa que viene de lo divino y allí estás, pensando cómo piensa un empresario terrícola, que mientras más gente te siga o te acompañe, mayor será tu éxito, más robusta tu cuenta bancaria y más contento contigo estará Dios. ¿Sabes qué? No es así. Si tu éxito ministerial se contabilizara por la cantidad de gente que se reúne a tu alrededor, entonces el ministerio de Jesús fracasó.
Porque cuando fue a la cruz, sólo tenía a su lado un pequeño grupo de mujeres, mientras varios de sus discípulos estaban huyendo por temor. El “éxito”, para Dios, es otra cosa. Y te lo tengo que reiterar una vez más y seguramente no será la última: Es estar EN Cristo. Por eso es que me cuesta bastante poder explicarle a mucha gente buena, sincera, fiel y creyente a full que permanentemente me pregunta donde tenemos nuestra iglesia, la del ministerio Tiempo de Victoria.
O como extenderla de alguna manea a sus países, regiones o ciudades. Me cuesta un poco darles una respuesta porque es que no, que no es así como funcionamos. Sé que una gran mayoría si opera de ese modo, pero no nosotros. La realidad es que mi iglesia es Cristo, y yo tengo la obligación de mostrarte como es o tiene que ser el ser uno EN Él. Y no estoy diciendo CON Él, estoy diciendo EN Él. Si tú lo entiendes y lo crees, donde quieras que se te ocurra ir un día domingo, eres de Él. Pero no mío ni de ningún otro ministro;, DE ÉL.
La gran duda en forma de pregunta que surge luego de entender esto, es: ¿Quién es responsable de todo esto que está obstaculizando y frenando a la iglesia genuina en la tierra? Lo lamento, no tengo una respuesta que te tranquilice. ¿Sabes por qué? Porque en realidad no interesa demasiado cuál o dónde sea tu lugar de residencia. No importa donde vives, eso quiero decir. Porque la pregunta siempre será la misma y ahora serás tú quien debería responderla.
¿Quién es inocente y quien es culpable allí, en ese lugar donde estás viviendo? No sé qué estás pensando en este exacto momento, pero puedo garantizarte que, en el examen espiritual de tu respuesta, está el exacto sitio dimensional sobre el que estás ubicada si eres mujer, o ubicado, si eres varón. Piénsalo bien, porque para eso estás en este mundo. ¿Lo sabías? Ahora lo sabes. Cuando logré entender esto, toda mi perspectiva ministerial tuvo que girar en ciento ochenta grados.
Porque tal como venía, que de alguna manera era una imitación a como operaban la mayor parte de los ministerios cristianos, empezó a sonarme errónea, por decir una palabra suave que, en muchos casos, todos lo hemos visto, se pronunciaba con otras palabras menos elegantes. Porque, veamos: ¿Cuál vendría a ser, según tu modesto pero valioso entender, el mayor éxito ministerial existente? La respuesta que te da el marketing tradicional es simple: ser escuchado, o visto, y además seguido, por la mayor cantidad de personas, ¿No es así?
No, no es así, porque según el Señor, el éxito del que fuera Su ministerio, fue el de ser escuchado por todos aquellos que el Espíritu de Dios traía a sus pies. Entonces, vamos de nuevo: Tú, que tienes un llamado, ¿Qué crees? ¿Cuál eliges? En tu respuesta está tu futuro, nadie lo hará en tu lugar. Porque, en todo caso, esa es y seguirá siendo la enorme diferencia entre un hijo de Dios y un humano esclavo de los sistemas terrenales.
Al aceptar y creer en Cristo, cada uno de nosotros aceptó adoptar como conducta de vida la transparencia, la integridad y la rectitud que acompaña nuestra escuela íntima. Por el contrario, si tomas a los más pervertidos del mundo, vas a encontrar que ellos eligieron su perversión, cualquiera haya sido ella. Allí es donde aparece algo que siempre hemos visto y que nunca o muy pocas veces hemos podo declarar en voz alta:
¿Por qué toda esa gente puede, con la más absoluta libertad total y hasta financiada, salir por las calles a proclamar sus perversiones de mil modos distintos, mientras que cuando uno, ¡Sí, uno! de nosotros pretende hacer algo similar con Cristo produce un fastidio y una reacción de tal calibre que por poco te cuesta bien caro hacerlo? Esto tiene que ver, en principio y en gran manera, con lo dicho: somos parte activa de dos mundos distintos.
De dos kosmos, estoy queriendo decir, que es como decir, de dos sistemas. El sistema de las tinieblas, que es el que supervisa el mundo secular que conocemos, y el sistema de Dios, que es el que deberíamos mostrar primero en nuestras vidas, y luego difundir a quien quiera verlo u oírlo, nosotros, los que nos llamamos a nosotros mismos como hijos de Dios por Jesucristo. Creo que, en parte, el gran secreto escondido está en la misma Creación.
Estúdiala a conciencia y te llevarás algunas sorpresas, te aseguro. Por ejemplo: Que esos seis días activos y uno de reposo, fue para la creación espiritual que existe, pero que en lo físico y natural que vemos, todo fue formado en un solo día. Y lo otro, que es gravitante, es que Dios creó al hombre, cuya palabra, Adam, no significa varón o ser de sexo masculino, sino Humanidad, Especie.
Por lo tanto, es más que evidente que todos los problemas que en estos días estamos viviendo, no son responsabilidad de Dios, sino consecuencia de lo que hay dentro de las llamadas iglesias cristianas. ¿De verdad tú te has creído que todo lo que se mueve y respira dentro de un templo cristiano es hermano? Yo hace un buen rato que dejé de pensar eso., Un día me di cuenta que con la mayor de las ingenuidades podía correr el riesgo de estar llamando hermano a un morrocotudo demonio.
No, gracias, paso. Y sino fíjate que no son pocos los creyentes de buena fe que se preguntan por qué razón sus iglesias han sido invadidas por gente que no solo no es cristiana, sino que, incluso, una vez que se metieron, desde adentro empiezan a incentivar todo lo contrario con supuestas doctrinas modernas. Hay una respuesta muy triste para esa pregunta: por la carencia casi total de discernimiento espiritual en el pueblo, por eso.
Si Quieres Hacer tu Propia Investigación…
…comienza por los frutos orales. ¿Qué vendrían a ser los frutos orales? Los que les oyes decir a quienes dicen ser cristianos de fe. ¿Cómo hablan? ¿Cómo se expresan en una época en donde el vocabulario, al menos en el español mezclado que hablamos por aquí, ha dado un vuelco notable? Puedo contarte que, en mi país, hoy por hoy está en marcha una especie de discusión, si es que así podemos rotularla, en cuanto al uso y el abuso de palabras con un grado de grosería incluido.
Es absolutamente habitual y casi considerado normal entre la gente joven, pero no tanto en ambientes más adultos o, incluso, de corte religioso. Hay funcionarios de alto nivel que las utilizan de manera permanente y, los que políticamente son sus opositores, se quedan pensando cómo responder a eso. Algunos eligen imitarlos y otros darle cátedra de decencia verbal. Lo que ninguno sabe, es evidente, que de la abundancia del corazón siguen hablando todas las bocas. Ya fue dicho, lo sé, pero nunca está de más repetirlo todas las veces que sean necesarias.
Ese es un fruto oral inapelable. Creo que todo pasa por un cierto grado, en mayor o menor medida, depende lugar, ámbito, persona, de ignorancia respecto a las cosas de Dios y, esencialmente, de las bases sustanciales del diseño divino. Vamos a ver un ejemplo práctico y sencillo de retener. ¿Algún creyente curioso se preguntó seriamente, alguna vez, cuál fue la razón o el objetivo por el que Dios decidió crear la Tierra como planeta del sistema solar que conocemos?
Tengo una respuesta que no sé si te va a gustar, depende cual sea tu pensamiento terrenal en cuanto a ideologías mundanas. Para que fuera una colonia del cielo, para eso la creó. Dios Padre jamás se planteó la posibilidad de abandonar a la Tierra a su suerte y desentenderse de sus problemas. ¿Te lo digo con mayor claridad para que no se borre nunca? Dios nunca diseñó al planeta Tierra para que fuera gobernado por un gobierno terrenal.
Yo sé que este modo de ver todo lo nuestro te puede resultar, en el mejor de los casos, novedoso e interesante, y en el peor, si recibiste una de esas doctrinas férreas que parecen extraídas de molduras egipcias, seguramente ofuscamiento y oposición. No te preocupes, es lo más natural y hasta lógico del mundo, si es que te atreves a utilizar esa terminología griega en un evangelio de origen hebreo. La pregunta formal y práctica, es: ¿A qué crees que enviaron España, Portugal y Gran Bretaña ciudadanos suyos a lo que era Sudamérica? A colonizarla.
Eran reinos y buscaban expandirse. Ahora reflexiona. ¿A qué crees que fuimos enviados desde el Reino de los Cielos a este planeta llamado Tierra? A colonizarlo. Estamos aquí pero no somos de aquí, ¿Verdad? ¿Pudiste creer eso? Listo, entonces ya sabes de lo que te estoy hablando. Mira; haz una comprobación simple y podrás ser testigo presencial de la guerra espiritual en la que estamos inmersos todos los que hemos creído en Cristo.
Observa en una esquina cualquiera como de pronto aparecen cultores de religiones orientalistas o directamente gestores del ocultismo y esoterismo en sus diferentes escalas y se ponen a difundir lo suyo durante el tiempo que se les ocurra y nadie los va a molestar. Pretende hacer lo mismo hablando de Jesucristo y vas a ver como en pocos minutos aparece alguien a tratar de sacarte de allí. Y ni hablar si predicas el evangelio del Reino. Allí directamente hasta puedes ser agredido.
Tengo gente que mira lo que hago y dice: Parece que ahora Néstor ha cambiado y está predicando sobre lo que está de moda, el Reino. Ah, ¿Sí? ¿Moda? ¿Qué biblia leyeron? ¿No se enteraron que el del Reino fue el único evangelio que predicó Jesús? Moda fue predicar sanidad, prosperidad, liberación. Moda o religión… Lo que tengo que evaluar es en qué moneda pago el precio, pero que debo pagarlo sí o sí, no tengo dudas.
Lo que sucede es que hay tanta oferta rara que por allí se confunde con lo genuino. El error grave de muchos hombres y mujeres de Dios, es confiar en que la tierra y su mundo, un día “entiendan” a Dios y comiencen a creer en Él. Eso es imposible. A Dios no se lo entiende, a Dios sólo se le cree. Y sin verlo. ¿Suena raro? También les sonaba raro lo de Jesús…A ver; quiero ser claro, concreto y alejado de todo discurso espiritualoide que pretenda arriar aguas para molinos secos.
Como hombre de Dios que creo ser, tengo la obligación de difundir lo que yo creo que es la Verdad; Cristo. Obviamente que soy humano y puedo cometer errores, pero no tengo la malicia de ciertos poderes humanos que usan los medios para transferirle a la gente una verdad que es la que les conviene, como única. Aquí podrás ver cosas que te agradarán y quizás otras que no sepas como mirarlas, pero lo que te aseguro que jamás vas a ver, es esos ciertos juegos de intereses que ya nos hemos acostumbrado a percibir detrás de figuras que dicen ser representantes distinguidos del Reino de los Cielos.
De hecho, cuando tengo que responder algunas de las decenas de preguntas que las personas que acompañan nuestro trabajo me suelen formular, trato de no colocarme ninguna capa de rey en reposo con la que muchos suelen vestirse o disfrazarse para impactar a sus seguidores. Yo jamás pienso en tener seguidores, permanentemente está en mi mente contar con gente que acompañe y respalde todo esto, porque eso tiene color a unidad, mientras que lo otro sigue estando más cerca de la idolatría que de la fe sensata.
Por mi calidad de ex periodista y porque quizás resulto creíble a muchos hermanos que viven en otros lugares del mundo, me suelen preguntar cómo está mi país, Argentina. Mi respuesta, es: como la estructura de la iglesia, así está. Locura, corrupción, insania, ineptitud. La palabra dice que el diablo está vencido y yo lo creo, pero lamentablemente todavía lo estoy viendo y haciendo bastante daño cada día. Como ejemplo de todo lo que estamos viviendo como humanidad, puedo darte uno que por sus características he llegado a conocer de cerca.
Toma un periódico digital cualquiera, de esos que permiten que sus lectores añadan sus comentarios al pie de cada artículo. Si lo lees con atención, que es como debe leerse la prensa escrita para evitar que te confundas o seas víctima de lavados cerebrales, podrás ver que el añadido de esos comentarios, en su gran mayoría, aparecen en los artículos trágicos, oscuros o negativos. Muy difícilmente una nota positiva o de algo ponderable los tenga.
Es como que a la gente le resulta más fácil decir algo de lo malo que de lo bueno. ¿Sabes qué? Eso es carnalidad, nada menos. Y, por último, inmerso en una tarea que, entre otras coyunturas, muestra la de procurar corregir y enmendar lo que pueda estar equivocado, se presentan algunas aristas no siempre conocidas que determinan movimientos extras. Y te doy un ejemplo más. Cuando desconozco la forma en que el comportamiento humano puede ser corregido desde lo espiritual, es cuando tengo una obligación básica: acudir al “manual del fabricante”.
Allí están todas las características, virtudes, errores y fundamentos con los cuales deberás lidiar. ¿Existe un manual del fabricante de este aparato genial llamado ser humano? Sí, se llama Biblia. En la medida que te introduzcas en él, irás descubriendo secretos y de ese modo aportando detalles que mejorarán por mucho el andar de lo fabricado. Creo fielmente que una de las cosas que un creyente tiene que tener más que en claro en su vida, es saber dónde está plantado. Inevitablemente tiene que auto formularse una pregunta clave:
¿Estoy avanzando, verdaderamente, con todo lo que implica el verbo avanzar, o sólo me estoy moviendo? Los más curiosos que hemos podido indagar un poco más allá de lo convencional, sabemos que decir movimiento, no necesariamente implica referirse a avance. Porque moverse, a veces no va mucho más allá de tener ciertas actividades que, aunque suenen muy sobrias e importantes, en muchos casos lo único que consiguen es dar giros en un mismo lugar.
Todos Aquellos Que Supongan…
…que estar ocupados en cosas del Señor significa estar avanzando, puede que estén confundidos y no se hayan percatado de ello. El avance, cuando es tal, tiene señales que son indudables. Y te doy un ejemplo sencillo que, al mismo tiempo, es sumamente proliferante si sabes verlo. Un ministerio, esa palabra con la que sueña más de la mitad del pueblo creyente, sin darse cuenta que no se trata de un título para ciertos elegidos, sino de la función para cada uno de los convertidos, tiene aristas muy singulares que se deben respetar.
En principio, tiene que estar enfocado en las siguientes generaciones. Algo así como repetir en el tiempo y en las consecuencias las historias entrelazadas de Abraham, Isaac y Jacob. Tres generaciones mínimo. Padres, hijos, nietos. Hoy, los que caminamos por ciertas edades muy adultas, tenemos nuestras esperanzas a futuro depositadas en nuestros nietos. Con los hijos ya se superó el mandamiento, con los hijos de los hijos, viene otra historia que será responsabilidad de ellos.
¿Nunca te preguntaste que hubiera sucedido con la historia de todo el evangelio en su conjunto, si por ejemplo Isaac se hubiera negado a responder y luego a aceptar el llamado de Dios? No me gusta hablar sobre hipótesis porque suena a fantasía de imaginaciones volubles, pero lo que sí te puedo garantizar es que, si eso hubiera sucedido, Dios tendría que haber comenzado todo de nuevo, desde cero, desde la nada misma. Eso sí, ya no lo hubiera hecho a partir de Abraham ni de Isaac, sino directamente desde Jacob.
Eso se llamó, se llama y se seguirá llamando eternamente, Diseño Divino. Dios es eterno, no tiene prisa porque a Él el tiempo no le fastidia. No usa reloj ni mira la hora en el teléfono. Es sencillamente imposible que con tu mente que un día nació, que hoy vive y un día morirá, puedas entender eternidad, pero al menos hazte un favor: Créelo. Hay un diseño y, si ese diseño puede operar pese a todos los obstáculos que le pone en su camino la idiosincrasia secular, ese diseño funciona y a las mil maravillas, te lo aseguro.
Porque, veamos, ¿Cuál es uno de los puntos bravos de nuestros tiempos? La droga, los estupefacientes y su negocio ultra rentable denominado narcotráfico. Más allá de las palabras ciertas o simuladas de los gobiernos que pretenden, -aseguran-, combatirlo, ¿Alguien se detuvo un instante a ver en qué se sustenta? De haberlo hecho, se hubieran dado cuenta que, primordialmente, el consumo de narcóticos necesita para entronizarse, una sociedad de huérfanos.
Porque lo que protege a una familia que tiene hijos, para que no caigan en el consumo de drogas, es que sepan, puedan y quieran honrar a sus padres. La honra guarda al hijo de ese peligro. Y eso fue, es y seguirá siendo Diseño Divino, mal que les pese a los ateos, gnósticos o incrédulos. No tengo autoridad ni derecho a expresar qué se debe hacer o no hacer desde lo institucional, simplemente porque no formo parte de ninguna institución humana.
Pero si puedo arrojar a los aires de la observación una sugerencia que estimo muy válida a futuro, tanto cercano como más lejano. Creo sinceramente que es tiempo de activar los movimientos misioneros desde una óptica muy distinta a la que se ha utilizado hasta nuestros días presentes. Basta de ir a procurar que los pueblos evangelizados se parezcan a nosotros. Creo fielmente que es tiempo de ir a ministrarlos para que se activen los dones que Dios mismo puso en ellos desde antes del principio de los tiempos.
Un misionero nuestro no puede insistir en que un convertido noruego tome mate argentino mientras lee y estudia la Biblia. Que lea y estudie la Escritura, obviamente, pero que beba lo que le dé su regalada gana acorde a su cultura; salvo alcohol, obvio. De última, si hay una cultura a transmitir a un creyente nuevo, es la cultura del Reino de Dios, no la de la tierra de donde es originario el misionero. Lo primero será puro Espíritu, lo segundo pura carne.
¿Sabes qué te responden masivamente muchos hermanos cuando les dices esto? ¡Ah, bueno! ¡Pero no te preocupes! ¡Dios sigue estando en control de todo! A ver… ¿Control? Si, es verdad, se nos ha enseñado que pase lo que pase, suceda lo que suceda, Dios siempre está en control de todo, y yo mismo lo he repetido como papagayo muchas veces, pero… ¿Sabes algo muy singular? ¡Tú Biblia no dice eso! Lo que sí dice, si es que has leído bien, es que Dios GOBIERNA, pero de ninguna manera que controla.
Ehhh…perdón… ¿Pero no es lo mismo? ¡¡No!! ¡No es lo mismo! Si pensamos que Dios controla, seremos seres apáticos, perezosos y hasta holgazanes, ¡Total Dios viene y hace! Y si no sabemos cómo es que Dios gobierna, entonces tampoco sabremos como gobernar nuestras propias vidas, familias y sociedades. Ahora déjame que te pregunte con absoluta honestidad: ¿Qué crees que está sucediendo en tu medio ambiente si tienes en cuenta lo que hemos dicho?
Justo. Es exactamente lo mismo que sucede aquí, en Argentina, como supongo también lo es en el resto del planeta llamado cristiano. Entonces es cuando de pronto se nos aterriza en el cerebro martillando amorosamente nuestro entendimiento, la que sin dudas vendrá a ser la gran pregunta de todos los tiempos. ¿Nos pueden estar pasando cosas que nunca fueron la voluntad de Dios que nos pasaran? Sí, sin ninguna duda que sí.
Pero, claro, nosotros hemos crecido en el aprendizaje y el conocimiento de un evangelio en el marco de una idea de que todo, absolutamente todo lo que nos pasó, nos pasa y nos pasará, necesariamente deberá ser aprobado por Dios. Cuidado. No te estoy diciendo que eso jamás sea así, te estoy advirtiendo que no siempre podría ser así. Si tienes dudas, lo mejor que puedo sugerirte que hagas, más para tu propio bien que para el de ningún otro, es que leas el evangelio completo, y no fraccionado por similitudes o diferencias con doctrinas denominacionales evangélicas.
A mí me ha sucedido esto último, y supongo que no debo haber sido el único. Eso es lo mismo que toda esa supuesta información que aseguramos tener respecto a lo que llamamos guerra espiritual. Lugares en donde se ha estudiado hasta el grupo sanguíneo de cada demonio, si es que los tienen, lugares en donde se habla de ellos lo justo y lo necesario y lugares, también supuestamente cristianos, donde ni siquiera se los menciona por miedo a que vengan y nos hagan un desastre.
Eso somos como pueblo. Porque la realidad nos muestra que, si bien sabemos que el diablo está vencido, lo mismo que el mundo, que también ya está derrotado, podemos comprobar que eso no significa que estén inactivos. ¡Están más que activos! Diablo y mundo. De otro modo no tendríamos todos esos problemas que tenemos. Yo puedo declarar que él está vencido, pero si yo no entiendo cuál es su acción, no prevalezco. Y si no prevalezco, estoy siendo derrotado.
Y esa sensación, es una bofetada en el santo rostro de Dios. No nos envió aquí a ser demolidos por cuatro demonios inmundos. Pero así es como somos y será muy complicado que alguien logre cambiarnos en los próximos años. Y no sólo en la iglesia, en lo espiritual, sino que todo eso se traslada a nuestras formas de vida, incluida la política de cada país. Votamos a alguien para que sea nuestro presidente y le exigimos que cumpla su función pensando en los beneficios del país en todo su conjunto.
Y eso es correcto y esencial, pero nos olvidamos de un detalle: cuando lo votamos, no lo hicimos pensando en el país, sino en nuestras propias conveniencias personales. Jamás votaríamos a alguien que, sabemos, hará algo que nos perjudique en lo privado. ¿Y eso es conciencia cívica? Eso tiene otro nombre. Además, ¿Has visto alguna vez a un empresario fotografiando o enviándole la prensa a uno de sus empleados que está trabajando para él? Yo no.
¿Y entonces por qué nosotros, dueños legales del país donde vivimos, hacemos eso con nuestros empleados funcionarios cuando salen a la calle? En mi época argenta tanguera, a eso le llamábamos “cholulismo”, que sería algo parecido a obsecuencia. Y no es serio. Y si en el conjunto no podemos ser serios, tampoco podremos aspirar a tener un país que lo sea. Además, está todo eso a lo que vulgarmente solemos denominar como “lavado de cerebros”. Que puede formar parte de ciertas y determinadas ideologías, no lo cuestiono, pero que indudablemente en este tiempo tan singular del siglo veintiuno que estamos viviendo, no se reduce sólo a esas áreas, sino que es de consumo masivo, aunque, por razones obvias, una enorme mayoría no alcance a detectarlo o, lo que sería ideal, discernirlo.
Y te Doy un Ejemplo Doméstico…
…pero contundente. Si te muestro una carpeta de color azul, pidiéndote como favor a ti y a todos los que están contigo, que declaren que es de color verde, seguramente lo harán por respeto a mi pedido. Pero cuando ingrese a nuestro círculo alguien que nunca estuvo aquí y los escuche, si luego se le pregunta de qué color es esa carpeta, ¿A qué no sabes que responderá? Que es verde, simplemente porque en su razonamiento, “si eso es lo que todos dicen, así debe ser”. Eso se llama “lavado de cerebro”, y créeme que no sólo existe, sino que es más que abundante, incluso en nuestros ambientes.
Por eso es que caemos en el antiguo pero vigente relato de las mayorías y minorías con las que el mundo secular ha pretendido y sigue pretendiendo conducir los destinos de cada sitio del planeta. Nadie se atreve a decir que eso es solo lo que dije, un relato. Y que una enorme “mayoría” se lo crea y lo promocione, es la consecuencia natural de una muy antigua palabra bíblica que está más vigente que nunca: ignorancia. Porque, a ver: ¿Las mayorías nunca se equivocan, como muchos siguen pensando? No. Comencemos por saber algo que muy difícilmente alguien ose explicarte, y es que las mayorías, generalmente, sólo piensan y hacen lo que ciertas selectas y muy inteligentes minorías que todos tenemos más que identificadas, las inducen a pensar y hacer.
El resultado de todo eso, es el mundo que hoy tenemos y padecemos. Tenemos o padecemos tiene que ver con el área de la sociedad en la que te haya tocado nacer y vivir o sobrevivir. Se ha dicho muchas veces que las mayorías no necesariamente tienen la razón, sino solamente mayoría. Y eso es absoluta e indiscutible verdad. Tan verdad que, lo sabemos, la pobreza y a veces miseria, en el mundo, no es precisamente minoría. Y esto, que a todas luces es un total contrasentido con lo dicho anteriormente, puede comprobarse de manera sencilla y fehaciente.
¿Tengo que entender y además creer que una mayoría de gente pobre tiene la razón de todas las cosas, mientras una reducida minoría de gente adinerada y poderosa está equivocada? No sería para nada extraño que, desde lo espiritual, así fuera. Pero me temo que cuando se dijo eso no se pensaba en lo espiritual, sino en lo conceptual, en el poder humano. De hecho, si observamos a esas supuestas mayorías cada vez más crecientes, podremos observar que no sólo no gobierna a nada ni a nadie, sino que incluso tampoco es apta para tomar decisiones. ¿Y entonces? ¿Será que esa mayoría ha perdido la razón o, lo más factible, que ha sido permanentemente engañada?
No tengo dudas. El engaño ha formado, forma, y seguirá formando parte de la acción más repetitiva por parte de los más poderosos para con los que no pueden ni saben defenderse. Y esto está muy lejos de ser una proclama con inclinación ideológica, porque aquellas ideologías que basan sus campañas con supuestas luchas en favor de los más débiles, cuando acceden al poder, los siguen explotando exactamente igual que sus antecesores a los que aseguraban combatir.
Alguien a quien respeté mucho como hombre de prensa intachable en su honestidad me dijo algo, hace muchos años, que me quedó grabado por su simpleza: La diferencia entre la derecha y la izquierda, se fundamenta en que, mientras una muestra a la explotación del hombre por el hombre, la otra deja traslucir la explotación del hombre por el Estado. Con todos los ingredientes para un sector o para el otro que desees añadirle, no me puedes negar de ninguna manera que en lo global y abarcativo, es así nomás.
Impecable. Además, ¿Nadie se preocupó nunca por indagar más a fondo cómo y de qué fuentes nacen la izquierda y la derecha? Escudríñalo. Te aseguro que cuando lo hagas y tengas la respuesta, se te van a caer las medias de la sorpresa. No te adelanto más nada, haz la tarea. Información seria sobre esto en la Web hay mucha. Pero no es algo de lo que debamos sorprendernos demasiado, tampoco. Divide y reinarás no fue un pensamiento mío al levantarme de una calurosa siesta de verano en mi Argentina de enero. Lo dijo alguien con más esencia y presencia histórica y no se equivocó absolutamente en nada.
Porque además de lo ideológico llevado a lo político, también lo religioso tuvo lo suyo. Católicos versus judíos, católicos versus protestantes. Sólo un detalle que siempre llamó mi atención y hoy puedo comentar. Como cristiano, ¿Debo estar en contra del uso de pulseras, dijes o cadenas en el cuello con objetos? Si no representan culto o idolatría a algo o alguien, no veo el motivo. ¿Y una cruz colgada al cuello? Si se adora el objeto, podemos denominarlo como idolatría, pero si es sólo por detalle estético, quizás no, ¿Verdad?
Claro. Mi única duda, es: ¿Cómo se sentiría un padre cualquiera, si a un hijo suyo lo hubieran asesinado usando un cuchillo, si ve a alguien llevando como elemento de exposición estética, una cadena en su cuello con un pequeño cuchillo como adorno central? Ya lo sé, la idea no es la misma, pero el problema es que mientras las ideas caminan por dentro de las personas y resultan invisibles al exterior, los gestos externos tienen llegada e interpretación rápida por casi todos al unísono. Los creyentes de todos los tiempos se identifican con un elemento que es el de la revelación espiritual incomprensible.
Ninguno de nosotros podría explicar, por abundante que sea nuestro conocimiento y aceitada y fluida nuestra verborragia, como fue que, si un día pensábamos una cosa al instante siguiente, sin tener ni la menor idea de dónde y cómo, se hizo una luz en nuestro entendimiento y, a esa misma cosa, pasamos a verla no sólo distinta, sino en una gran parte de los casos, de manera inversa. La revelación es intelectualmente inexplicable, por eso no se enseña en los seminarios.
Es lo mismo que el Reino. Aprendes sobre sanidad, liberación, oración, apologética, exégesis y todo lo necesario para pararte en un púlpito, pero nadie te podrá enseñar revelación ni Reino. Y, oh sorpresa, son juntos, la base del evangelio. Jesús, por ejemplo, habló mucho acerca de las llaves del Reino. Y también de que una de las claves principales para vivir victoriosamente en el Reino, es someterse a la autoridad. Él dejó más que en claro que la llave más importante del Reino, es aprender a someterse a la autoridad.
Porque la palabra autoridad, necesariamente, casi siempre trae un temor en los oídos de la mayoría de la gente. Cuidado con esto, porque es un temor que, si has seguido más o menos de cerca el desarrollo de la iglesia en tu patria, donde quiera que vivas, ya sabrás que ese temor se sustenta en la infinidad de casos comprobados en donde alguien se abusó a veces hasta violentamente de una autoridad que, sin ser divina, era supuestamente delegada.
La realidad mostró siempre que todo eso fue, es y sigue siendo carne pura, ya que una verdadera autoridad divina jamás será cuestionada ni ignorada. El creyente auténtico sabe que someterse a una autoridad sujeta a Autoridad, no es ningún esfuerzo, es un privilegio. La otra autoridad, de la que todos por igual disponemos, es la Biblia. Un libro que ha sido leído y estudiado por todas o casi todas las esferas no solamente sociales, sino también intelectuales del planeta.
Supongo que cada uno hizo su propia interpretación y, con esa inocente presuntuosidad de la que siempre hace gala el hombre, muy probablemente hasta hubo quienes se dieron el gusto de inaugurar nuevas doctrinas con sus propias interpretaciones. No te preocupes demasiado, desde que la Palabra de Dios es lo que es, su variable humana ha sido esa. Por eso estamos donde y como estamos. De todos modos, cuando alguien te pregunta de qué habla la Biblia, tienes una sola respuesta: la Biblia habla de un Rey.
Esto quizás te suene sencillo, pero es muy importante para nosotros, porque vivimos en una democracia. El error más frecuente que hemos cometido, ha sido el de imponer nuestro pensamiento democrático por sobre la Biblia. Un rey no es un presidente, ni un gobernante, ni un alcalde, ni un congresista. Los reyes son únicos y nuestra Biblia habla acerca de un Rey. Y el tema es que muy pocos de los que nacimos y habitamos estas tierras americanas sabemos lo que es un Rey.
Y los que podríamos estar conociendo algo más sobre ellos, no es porque los hayamos tenido como autoridades personales, sino porque hemos leído y aprendido historia, y muy especialmente historia antigua. De todos modos, algo puedo decirte con absoluta certeza en comparación con un ambiente democrático. Un rey no necesita que tú lo votes para acceder al poder absoluto, que es el poder conforme lo entienden y lo practican los reyes. Un Rey nace y muere como Rey.
Lo único que podría necesitar llegado el caso, es un territorio apto para que pueda ejercer su reinado. Dios Padre ya lo tiene, se llama Cielo. Tú y yo todavía somos príncipes en ejercicio, pero podemos ser reyes cuando determinemos ese territorio sobre el cual reinar. ¿O no fue escrito que el nuestro es un Reino de reyes y sacerdotes, y todos ministros competentes? Que no se cumpla, es otra cosa, y no significa que eso no sea así. Pero que existen notorias diferencias entre democracias y monarquías, existen sin ninguna duda.
Podría pasarme un día entero detallándote esas diferencias, pero apenas voy a mencionarte dos puntos específicos en los cuales deberíamos prestar más atención. En una democracia, por ejemplo, tú eres independiente y, si quieres, si te parece bien, si estás de acuerdo, cooperas con tu gobierno. En un Reino, en cambio, tú no cooperas, tú sólo obedeces. Por eso es que a una enorme mayoría le seduce más la religión que la fe genuina, porque en la religión somos seres independientes que, si queremos, cooperamos. O no. Y el otro ejemplo radica en un título bíblico que poseemos.
Ya Sabes que La Biblia…
…te llama Embajador, ¿Recuerdas? Un embajador no es una persona religiosa, es uno que representa a un país o a un Rey. Así que tú que hoy me estás leyendo, te estás enterando que tenías un puesto político. Un embajador es el rostro del país que representa. La gran pregunta que salta como resorte nuevo, es: ¿Lo eres? Lo que sucede es que nuestra embajada está muy lejos de ser una más de los miles que constituyen las diplomacias internacionales. Somos embajadores de la grandeza de Dios, y eso no se puede medir con ninguna regla humana.
La grandeza de Dios trasciende todo lo que se te ocurra que puede trascender: es nada menos que origen de la vida, es asimismo sabiduría infinita y por sobre todas las cosas, es amor que sostiene el universo. ¿Puedes imaginarte una calidad y cualidad de amor así? Además, en su poder hay orden; en su misericordia, consuelo; y en su presencia, sentido para cada ser. Jesucristo es Rey, pero no sólo por ejercer su poder, sino que además también es un rey que guía, y por si eso no fuera suficiente es un Salvador que libera y un Maestro que transforma.
No existe ni existirá jamás en esta tierra hombre alguno que pretenda reunir siquiera una parte de todas esas condiciones. Sólo habitando EN Él es factible imitar sus obras. Pero como siempre todo tiene que ver con todo, la iglesia convencional, la denominada evangélica, que ha sido a lo largo de esta historia la que supo captar más miembros para su muy particular modo de entender el protestantismo, también ha sufrido desgaste con todas estas alternativas.
De hecho, poco a poco, a partir del freno sí o sí que recibiera desde los poderes gubernamentales durante la pandemia, comenzó a declinar y a sufrir ciertos vaciamientos de los cuales no pueden culpar a nadie más que a ellos mismos, y me refiero a sus propias jerarquías rectoras y sus muy originales maneras de gobernar espacios. Es indudable que, desde hace mucho tiempo, ya, existe un silencio casi sepulcral en el corazón de muchos creyentes de los estimados o considerados como sólidos.
Un silencio que, al unísono y de un modo casi incomprensible, está gritando preguntas que nadie se atreve a formular en voz alta. De todas las preguntas que formulan, hay una que sobresale y todos, propios y extraños, la estamos viendo ocurrir donde quiera sea el lugar que residimos: ¿Por qué aquellos que más buscan a Dios, parecen alejarse de los lugares en los que, se supone, deberían encontrarlo? Respuestas coherentes tengo muchas.
Pero, de ninguna manera es mi interés proporcionarles comida masticada y digerida a tantos voraces ladrones prestos a tomar por asalto todos aquellos bastiones que, hasta hace muy poco tiempo, eran patrimonio viviente de los que se veían a sí mismos como creyentes confiables, maduros y no religiosos. Y creo que en esta última palabra radica todo el problema. Cuando la fe genuina, sana, ardiente y real en el Dios Todopoderoso, Creador de todo el universo, pretende avanzar en medio del ejido social, constituye estructuras.
Teóricamente, se construyen para adorar mejor y con más comodidad y efecto a ese Dios en el cual creemos. Cuando los tiempos transcurren y los hombres comienzan a comportarse como hombres y no como santos, entonces se termina adorando la estructura y omitiendo hacerlo con el Dios que supuestamente avaló la estructura. Hay algo que es imposible ocultar porque la Biblia lo describe con absoluta claridad: Jesús, durante su ministerio terrenal, pasó la mayor parte de su tiempo fuera de las sinagogas.
Caminó por las colinas de Galilea, enseñó junto al mar, compartió pan en hogares humildes, No se peleó con los pecadores declarados, sino con los líderes religiosos de su época. Todo aquel que hoy pretenda llevar adelante un ministerio cristiano de cualquier calibre, y decida ser imitador de Jesús en cuanto a su relación con los liderazgos de la religión, está condenado a la crítica ácida, a la calumnia sucia y hasta a la agresividad disfrazada de “justicia”.
La religión sigue siendo religión y, en ella, así como no hubo en la época de Jesús la posibilidad de convertirla en fe auténtica, tampoco la hay hoy. La realidad incómoda de estos tiempos, es esta. Muchos cristianos sinceros se alejan de las estructuras, precisamente porque han encontrado algo más auténtico. Han descubierto que la relación con el Eterno no requiere intermediarios humanos sino del único mediador, Cristo Jesús.
Es decir, utilizando un concepto que puede sonar a nuevo, pero que sin embargo es sumamente antiguo si lees con pulcritud tu Biblia, lo que se ha encontrado en mucho pueblo santo, es la posibilidad de entablar una relación que aniquile definitivamente a la religión. Religión es creencia humana apuntada a. Relación es ida y vuelta entre el hombre y Cristo. Creo que cuando comienzas a tomar conciencia de todas estas verdades acumuladas por años en un libro que una gran mayoría tilda de “religioso”, como es la Biblia, tu panorama a futuro cambia radicalmente.
Empiezas a entender las razones por las cuales mucha de la gente considerada como muy inteligente y preparada, no termina de incorporar conocimiento sobre elementos que, a ti, con sólo leer tu Biblia, te resultan no sólo familiares, sino parte activa de tu vida. Comprendes ahora, por darte un ejemplo bien concreto, por qué durante dos mil años, la ciencia no pudo ver todo lo que físicamente y en la naturaleza, Dios había diseñado.
¿Sabes por qué? Porque para ver un diseño divino, primeramente, necesitas creer que existe un diseñador. Ese es el punto clave. Y no hay ni puede haber medias tintas ni chocolate tibio, es incredulidad o es Fe. Aunque a muchos todavía les convenga suponer que lo hay, la realidad nos muestra que no existe un terreno neutro o intermedio entre ambas cosas. El que conmigo no recoge, desparrama, fue dicho, y sería casi hasta irreverente suponer que podamos añadirle algo a eso.
Entonces tú dices o escribes todas estas cosas y, mucha de la gente que te lee o te escucha, y no me refiero a incrédulos que jamás tocaron una Biblia, obviamente, se embala con la lectura salvadora y adopta a su Biblia poco menos que como si fuera un osito de peluche, de esos que cierta cultura popular determinó que trae “buena suerte”. Hacer un devocional es una cosa, abrir tu Biblia cada día en cualquier lugar, esperando que Dios te hable por medio de ella con lo primero que leas, tiene otro nombre y es muy peligroso.
Porque, ¿Qué tal si en esa especie de bibliomancia que deseas efectuar, un día caes en Mateo 27:5 y lees el pasaje que dice ENTONCES FUE Y SE AHORCÓ ¿Qué harás? ¿Buscar confirmación? ¿Y si la encuentras en 2 Crónicas 18:21, donde se lee: ¿ANDA Y HAZLO ASI? ¿Qué harás? ¡Hermano! ¿Qué tal si oras y lees tu biblia como debes, en su contexto? No es un horóscopo, es la Palabra de Dios. ¡Cuidado! Pero no te pongas mal ni te sientas en falta o como una minúscula partícula indigna de llamarte cristiana.
Hay mucha gente que supuestamente vive de leer y comentar Biblia que tampoco terminan de leerla a conciencia. Si tú lees tu Biblia ligeramente y te equivocas en una interpretación, muy probablemente el costo de ese error será pagado a full por tú mismo y por la que sea tu familia o tu entorno cercano, con el que seguramente lo habrás compartido. Si quien lo hace es un predicador o un maestro, ¡Yo mismo!, entonces el costo será bastante más alto.
Sin irnos demasiado lejos ni por las ramas, a muchos predicadores les agrada hacer hincapié en ese “salvo tú y tu casa” que tantas veces hemos leído, pero en el error de presentarlo como un hecho consumado, sin arrepentimiento ni perdón previo, solo porque está siendo salvo alguien de la casa. Perdón, pero si fuera así, la crucifixión y la muerte de Jesús, hubieran sido innecesarias. ¿Lo habías pensado? ¿Lo habías visto? ¡Somos tan infantiles a veces en cosas en las que debemos ser serios y adultos!
Salvos tú y tu casa, pero por favor, preséntales el evangelio del Reino con la primera palabra que lo caracteriza: arrepiéntete. Sin arrepentimiento no puede operar el perdón y, si no opera el perdón, es imposible la redención. Más claro es imposible presentarlo. De otra manera, lo que estaremos financiando es la incorporación de nuevos miembros de nuestras iglesias, pero no siempre de nuevos discípulos genuinos de Jesucristo.
Soy Residente de Un Hermoso…
…país de Sudamérica, ya lo sabes, pero también testigo de miles de corrupciones que mucha gente que debería ser honesta e intachable termina adoptando como conducta “normal”. Sucede en todas las áreas, pero en la política es considerado clave, porque desde allí salen los gobernantes y responsables de llevar a un hermoso país por el mejor de los caminos. ¿Qué podríamos hacer para darnos una mínima garantía de que así sea?
Como hijo de Dios por Jesucristo y pensando en el bienestar general futuro para nuestras familias, propongo que en cada país democrático que haya elecciones, solamente se admita como candidatos a aquellos que arrojen resultado negativo en el examen toxicológico, más vulgarmente llamado test anti drogas, aunque no las está evitando, sino detectando. Por prevención cívica, nada más, de ninguna manera equivale a sospechas y mucho menos a acusaciones sin pruebas.
Prevenir, a veces es sanar. ¡Arrepiéntete! Parezco de otro planeta, muy poca gente hoy predica arrepentimiento. Me sigo preguntando qué clase de Biblia tienen. Soy consciente del cambio de los tiempos y todo lo que eso le trae al evangelio, pero no deja de ser cierto que por más cambios que lleguen, los fundamentos básicos son inamovibles. O al menos deberían serlo. Pero el avance de los tiempos mucho me temo que nos está aportando una cuota de ignorancia espiritual que preocupa.
De pronto te encuentras con alguien que parece maduro y atinado y te suelta: ¡Ah, no, hermano! ¡Desde que me convertí, ya no escucho música mundana, ahora sólo oigo música cristiana! De acuerdo, me parece excelente. Pero fui y soy músico también, así que algo entiendo de eso. Y como resulta que soy creyente, también algo discierno. Y con todo eso en mano, te digo: no todo lo que suena musicalmente a cristiano es ungido. Necesitas muy buen discernimiento para no ser engañado
Obvio que no estoy hablando de letras, eso sería muy sencillo, me estoy refiriendo a la música que acompaña a esas letras. Pero es muy complicado que te escuchen y ni quieras saber lo que cuesta que te crean en esas cosas. Es tan fuerte y elaborada la estrategia promocional y el marketing santo relacionado con la música cristiana que, salir a decir algo distinto, o al menos a aportar una advertencia que sea útil para no equivocarse, no sólo tiene sus riesgos, sino también en muchos casos, sus consecuencias.
Es parte del precio a pagar para seguir adelante con todo esto. Fíjate que no todo comienza o termina en la música, que hay áreas mucho más delicadas que también pueden ser conmovidas por una palabra rhema. Te doy un ejemplo: En mi país es legal el matrimonio de personas del mismo sexo y también es admitido el aborto. Si salgo y digo que ambas cosas son abominación y pecado para Dios, me agreden y me tratan de arcaico y discriminador. Y yo sólo estoy repitiendo lo que mi Padre dijo.
No lo estoy prohibiendo, no tengo poder para ello. Y además no se trata de prohibir, eso es infantilismo espiritual, se trata de creer, obedecer y ser íntegros y fieles. Y de paso, ya que estamos en pleno camino de maduración y conocimiento, ir tomando conciencia de muchas de las cosas que nos rodean que, por ser cotidianas, tradicionales y parte de esa manía costumbrista que tenemos los pueblos americanos, no siempre terminamos de incorporar o de entender.
Y te doy un ejemplo tan familiar y diario en muchos de nosotros que puede llegar a asombrarte. A ti, que gustas de buscar perlas cultivadas en la escritura, te pregunto: ¿Nunca se te ocurrió estudiar la palabra “Ay”? Te adelanto que es la peor palabra hebrea, ya que significa “Maldito hasta el infierno” Vuelvo a preguntarte: ¿Estás entendiendo ahora lo que realmente les dijo Jesús a los fariseos? ¡¡¡¡¡Ay de vosotros!!! Y no se termina allí, es justamente por eso que, cuando te lastimas o te golpeas, tu reacción carnal inmediata es decir ¡Ay! ¿Qué te parece?
Lo que a mí me parece, y no creo ser el único, obviamente, es que todavía hay mucho cristianismo girando en círculos, como el antiguo pueblo israelita, sin atreverse o decidirse a meterse en el contenido pleno del evangelio, el Reino. Es tan poco lo que se conoce y tanto lo que representa que, dedicarle nuestro tiempo, más que una obligación o un deber, resultaría una bendición incalculable. El problema radica que cuando Adán pecó, el hombre perdió esa conexión directa con el Reino, y el “gobernador”, que es el Espíritu Santo, obviamente, se retiró.
Desde entonces, el hombre ha intentado gobernar la Tierra con su propio ingenio, pero esa decisión clave, lo que en realidad ha traído, es caos, guerras, pobreza y corrupción. ¿Conclusión? Necesitamos Su Espíritu. En la orfandad espiritual es donde el enemigo encuentra su terreno más fértil. En un reino, de cualquier naturaleza geográfica, cuando una colonia es establecida, es decir; cuando ese reino incorpora un nuevo territorio, este tiene que ser gobernado por ese mismo reino, o sea, por un gobernador que represente al rey y que esté en condiciones de asegurarle que ese territorio va a adoptar sí o sí la cultura, el idioma, las costumbres y también leyes del reino original.
En el caso puntual de esta tierra como colonia del Reino de los Cielos, el Gobernador natural es El Espíritu Santo. Por lo tanto, todo creyente hijo de Dios por Jesucristo que acepte ser pleno con el Espíritu Santo y pase a moverse sólo teniéndolo a él como guía a toda verdad, estará capacitado para secundarlo en esa tarea de gobierno. Para que se entienda con claridad. Siempre dijimos que la iglesia, aquí en la tierra, ES gobierno. Sólo me faltó añadir, por si alguien lo ignorara, que eso sólo es factible por el Espíritu Santo.
De otro modo, ni lo sueñes. Es decir que, en lo práctico y conceptual, lo que estoy procurando mostrarte es que tu cuerpo, ese que tanto cuidas o desatiendes, no lo sé, es la verdadera mansión donde habita el Gobernador del Reino. ¿Más claro? Tu cuerpo es la sede del Espíritu Santo. Por lo tanto, debes mantenerlo limpio, santo, sin contaminación alguna en ningún área de tu ser. Recuerda que cuando Adán desobedeció, esa mansión, por lógica consecuencia, se volvió impura, y entonces el Espíritu Santo tuvo que retirarse, no le quedaba otra alternativa posible.
Como consecuencia y resultado de todo esto, fue allí que nacieron los gobiernos terrenales. La idea, información u opinión que cada habitante del planeta pueda tener de esos gobiernos, cualquiera sea la región de la que se hable, es una muestra nítida de lo sucedido. Los que militan con esas personas, en su enorme mayoría, no lo hace por amor a sus países o a sus ideologías, sino por protección de sus propios intereses personales. Esto también es una verdad notoria.
Ese no era el diseño original. Voy a decirte algo que a mi entender es clave para un mejor entendimiento de todas estas cosas. En el evangelio hay una realidad que no podemos soslayar y es que, como quiera que se intente, nadie puede mejorar la verdad. Hay una verdad que surge nítida de la propia palabra de Dios. Procurar mejorar todo eso, es no sólo una tarea inútil, sino directamente blasfema. ¿A quién se le podría ocurrir que algo que Dios dijo pueda haber quedado, por ejemplo, desactualizado por el paso del tiempo?
Sí, ya sé, no me respondas nada. Se lo has oído predicar a alguien eso, estoy seguro. Yo también. En fin, cada hombre es responsable de sus silencios y esclavo de sus propias palabras. Fíjate que, cuando Jesús volvió del desierto, no vino a predicar una democracia, tampoco predicó una república y mucho menos una religión. Él simplemente anunció la entrada de un Reino. Hoy, todavía hay mucha, pero mucha, ¿Eh? gente que no terminó de entenderlo.
Lo cierto es que Jesús vino a implantar un gobierno de un Reino que se había perdido, por causa de la desobediencia de Adán. En realidad, si lo comparas con lo actual, lo que Adán hizo fue luchar contra su propia nación, algo que hoy se podría denominar como una guerra civil. Luchó contra su Rey. Voy a establecer una comparación en términos históricos, que seguramente pueda molestar a más de uno. Lo voy a entender porque desde lo nacional y lo patriótico, si quieres llamarlo así, he sido educado por la misma escuela que lo ha hecho con todos mis paisanos sudamericanos.
Pero eso no quita que lo que diré, no sea estricta verdad. Dios quiso establecer una colonia del país del Cielo en la Tierra. Nombró Gobernador a su Espíritu Santo y, a favor de un diseño que contemplaba el desarrollo de su creación humana, intentó colocar a un hombre al frente de su Reino en la Tierra: Adán. ¿Sabes que hizo Adán? Declaró su independencia del Reino de los Cielos y determinó el comienzo de un gobierno de hombres para con hombres.
¿Puede ser mala la independencia, entonces? No lo sé, tú me lo dirás. Yo te he dibujado el caso tal como fue. ¿Cómo comenzaba cada proclamación del evangelio del Reino que tanto Juan el Bautista primero y el propio Jesús después, predicaban? Comenzaba con una palabra simple y para nada teológica: arrepentíos. Dicho en español actual: arrepiéntete. Dicho en argentino barrial, arrepentite. ¿Sabes por qué fue que Jesús predicó arrepentimiento?
Seguramente, si Recibiste la Misma…
…enseñanza o formación que yo recibí en su tiempo, me dirás que por causa del pecado. Sí, eso es verdad, pero fíjate que más que por todo eso, que no es poco, pero que no es el todo, él lo hizo porque arrepentirse es definitivamente cambiar de mentalidad. Te lo digo con unos centímetros más de profundidad, que es como rinde fruto al ciento por uno. Lo que Jesús estaba diciendo, primordialmente, es que había que salirse de una mentalidad formada dentro de un territorio por fuera de Dios y convertirlo en una mentalidad de Reino.
No cuestiono ni pongo ninguna forma de duda sobre la enseñanza clásica y tradicional respecto al pecado, pero ¿Verdad que visto desde esta óptica termina de cerrarte todo con mayor claridad? Y lo más puntual y contundente de todo lo expuesto, es que absolutamente nada de esto se lo puede ver o entender como religión. ¿Quieres que te de una hermosa novedad que quizás ignorabas? A Dios no le interesa una religión. Para Él no significa nada que alguien religioso diga que lo ama sin amarlo y ni siquiera conocerlo.
A Dios tampoco le interesan tus rituales, tengan el contenido y la procedencia que se te ocurra y aunque estén basados y sustentados en rituales antiguos. ¿Sabes por qué? Porque si hay algo que a Dios no le interesa que tú conserves y sigas practicando con aburrida rutina, son tus tradiciones. Nada de lo que hayas estado haciendo, supuestamente en honra u homenaje a Dios, si se encuadra en algo de lo dicho, a Dios le tiene sin cuidado.
Él sólo tiene un interés básico y central, y es que el Gobierno de su Reino regrese a la tierra. Por eso dejó escribir: Buscad primeramente el Reino de Dios y su Justicia. Porque eso ES gobierno. Que, por supuesto, no tiene nada que ver con afiliarse o adherirse a ciertas comunidades políticas locales con el cuento chino (Con perdón de los amigos chinos), de “sanear la política”. La política humana, según mi Biblia, nunca va a sanar, dice que va a caer.
Procura no caerte con ella. De todos modos, si estás plantada o plantado espiritualmente donde creo que debes estarlo no tienes que temerle a nada ni a nadie. Dios no te ha dado un espíritu de temor, te ha dado un espíritu de poder, de amor y de dominio propio. Da gracias a Dios, entonces, por tu manera de pensar. Porque definitivamente no puedes vivir en este país llamado Cielo en la Tierra, a menos que tengas una transformación mental por medio del Espíritu Santo.
Esa es la gran clave y, al mismo tiempo, la gran asignatura pendiente que todavía queda incólume en gran parte del pueblo cristiano. No te olvides nunca que la persona más importante en la tierra, es al mismo tiempo, la más incomprendida en esta misma tierra. Esa persona es el Espíritu Santo. Porque la persona más importante en la tierra, es una que no puedes ver con tus ojos. Y es el Espíritu Santo, porque el Espíritu Santo es la única evidencia de la presencia del cielo.
¡No es un recurso teológico de supervivencia, como he oído decir por allí! Mira esto; Cuando los judíos buscaron a Jesús para hacerlo su rey, Él les dijo: “Mi Reino no es de este mundo”, ¿Recuerdas? En el original lo dice de otro modo: “Mi reino no es de este mundo, AHORA” Ese “ahora” era Su tiempo. Pero hay otro AHORA, y ese es el que corresponde al HOY. Enséñalo. Porque es definitivamente indudable: el juicio debe comenzar por nuestra casa.
Porque: ¿Cómo vamos a juzgar al mundo si operamos en el mismo espíritu que opera el mundo? Él va a recoger DE ENTRE SU REINO a todo lo que parece, pero que no es. A toda forma de religión que niega el poder y la autoridad. ¿Tú crees ser parte del Reino de los Cielos instaurado en esta tierra? ¡¡Amén!! Entonces, a partir de ahora, cuídate. Examínate y no permitas que nadie te engañe. No te olvides que los primeros que Dios sacará de Su Reino son a todos aquellos que simulan ser suyos y en realidad negocian con el enemigo.
Es tan grande esta verdad, que asusta. Pero ¡Animo! Él ya ha vencido al mundo y al infierno. Sólo cree y serás parte de esa victoria. Si existe algo que he podido comprobar en estos tiempos, y te estoy hablando de los últimos tres años, más o menos, es que el éxito -si es que me permites rotularlo así- de un ministerio que predica el evangelio único que predicó Jesús, esto es el evangelio del Reino, es absolutamente a la inversa del que predica lo habitual, conocido y mayoritariamente difundido que ejecuta la religión.
Porque en lugar de ir aumentándote la cantidad de seguidores, como normalmente sucede con esas páginas y ministerios, a ti comienzan a decrecerte. Incluso, a borrarse algunos de los que tenías y a incorporarse muchos menos que a ellos. ¿Sabes cuál es la causa principal de todo eso? Que cuando alguien que fue formado en la religión, como fuimos formados la mayoría de nosotros, escucha algo distinto a lo que le enseñaron por años, aunque le suene correcto, cierto y hasta ciento por ciento bíblico, igualmente huye.
Entonces, los que te quedan, son solamente los genuinos. Ojo, porque en las congregaciones evangélicas, en este tiempo, sucede más o menos lo mismo. En los escasos sitios en donde el líder ve con claridad lo que deberíamos haber visto todos hace muchos años y quiere cambiar su mensaje, generalmente es rechazado por sus propios miembros, cuestionado por los más antiguos y hasta dejado cesante si estaba por salario.
Recuerdo cuando veo estas cosas a un célebre pensador de los llamados “duros”, que supo decir alguna vez que “El 90 por ciento del mundo son imbéciles que, por envidia, atacan, estorban e impiden trabajar a ese diez por ciento que es inteligente y creativo y capaz de cambiar las cosas”. De acuerdo, lo dijo un mundano y nosotros, creyentes íntegros, puros y misericordiosos, no deberíamos coincidir con esas palabras, pero…en fin…
Pese a todo, todavía seguimos siendo demasiado religiosos. Hablamos del Reino, creemos en el evangelio del Reino como el único a predicar, pero en nuestro ser interior, todavía seguimos pensando qué no decir las mismas cosas que dice el mundo secular, aun cuando las que dice no sean verdades, no nos hace quedar bien delante de la gente. Ilusos. ¿Y la cantidad de cosas que se siguen haciendo dentro de las congregaciones tomando modelo de lo que se hace fuera?
Y para colmo, todo hecho “en el nombre de Jesús”, como si esa sola mención pudiera santificarlas. Y luego, también en el nombre que está por sobre todo nombre, decidimos tomar participación activa para alguna línea política local y peleamos por un voto con las mismas dudosas armas que pelea la política tradicional, generalmente corrupta y deshonesta. La excusa es que se hace para “sanear lo que se ha corrompido”.
¿Sí? ¡Cuánto daría yo en lo personal para que así fuera y poder comprobarlo para glorificar a Cristo y a esos hombres que testifican en su nombre! Hasta ahora no he podido hacerlo. Cristiano que se metió en política para sanearla de sus corrupciones, ha terminado corrompiéndose junto a ella. No es algo que sea tan sencillo de cambiar, que nadie se engañe. Si el artesano que te vende cinco pulseras, al verte distraído te entrega cuatro y te factura las cinco, para mucha gente es un achispado comerciante que seguramente hará fortuna.
¿Te imaginas si esa persona un día es votada y accede a una función de alto poder? ¿A quién vas a culpar si te roba? No es ideología, es corrupción adámica. ¿La solución es Cristo o nada? Si. No hay otra, mal que les pese a muchos. Porque luego van a venir los pasos subsiguientes, que son los que tienen que ver con justicia, jueces, fiscales, abogados defensores, sentencias o absoluciones, y seguramente te enfrentarás con otros modelos de corrupción que, como son muy difíciles de probar y exponerlos es exponerte a una demanda tú mismo, se callan y se ocultan dentro de un oscuro marco social donde cada hombre o mujer parecen, de verdad, tener su precio marcado en su frente.
También esto es complicado y no tan sencillo de remediar. Porque, veamos, si eres cristiano y eres juez, y debes juzgar a alguien que robó un kilo de pan, seguramente lo juzgas como es tu obligación, ¿Verdad? Y si en lugar de pan, esa persona se robó cien millones de dólares y te ofrece la mitad para que no lo mandes preso, ¿Qué harás? No opines. No me prediques. No me hagas discursos eclesiásticos, sólo piensa un momento. ¿Justicia?
La Única Justicia…
…con una jota mayúscula como exclusividad única, es la que hizo, hace y hará definitivamente nuestro Padre celestial. Claro está que la cosa se pone un tanto turbia cuando en ese acto de justicia alguien sale con la consabida y difundida alternativa de cielo o infierno. Y, a partir de allí, la exacerbada imaginación de algunos o la inexistente de otros, juegan un rol determinante para que cierta y determinada gente decida creer lo uno o lo otro, o ambas cosas, o directamente ninguna.
Lo cierto es que mi Biblia, la Palabra de Dios, me habla de la existencia del Cielo y del infierno. Todos hemos leído ambas cosas. Pero lo que no me dice, es COMO es ese Cielo y COMO es ese infierno. Lo que sabemos de ellos, son sólo interpretaciones; serias y sinceras, pero no revelación. Si así fuera, no habría dudas; y sin embargo, todos sabemos que las hay. Y subsisten en medio de diversas teorías que, por provenir de hombres, aunque sean probos y respetados, siguen siendo de procedencia terrenal y no celestial.
Para algunos, lo que la Biblia dice, tanto del cielo como del infierno, es literal y contundente. Para otros, tan respetables como los anteriores, todo eso es estrictamente simbólico y hay que entenderlo desde ese prisma. Para otros, es un contrasentido que dos hombres, creados ambos a imagen y semejanza de Dios mismo, en el final de sus vidas terrenales, tengan distinto futuro conforme a sus comportamientos. Uno a disfrutar de la armonía y la belleza de un cielo inimaginable y el otro a arder por toda una eternidad en un fuego abrasador.
Para otros más, eso mismo es estricta justicia. Y lo cierto es que una franja intermedia que no es menor, se queda con parte de lo uno y lo otro y, en definitiva, esperando que alguien explique lo que en esta tierra nadie explica. Por ejemplo, la naturaleza del hombre terrenal en su más pura esencia social y comunitaria. Porque, veamos, si el mundo tiene una inmensa mayoría de gente pobre, porque estadísticamente eso es estricta verdad, ¿Por qué son los ricos y poderosos los dueños del poder en todo lugar?
La respuesta es tan simple y concreta que, en definitiva, no puede menos que doler y fuerte. Porque el dinero lo compra todo aquí en la tierra. Y si un pobre llega a tener dinero, se vuelve rico, compra poder y lo ejerce. Y cuando comienza a hacer eso, se convierte en otra persona. Eso es el hombre en Adán. La pregunta que suele surgir de inmediato al decir esto, es: ¿Pero entonces la mayoría del planeta está viviendo sus vidas conforme a la genética de Adán?
Sí, porque lo contrario, lo opuesto, sería hacerlo EN Cristo, que es el segundo Adán, el último, y esto todavía es minoría, aunque cuando ingresamos a una iglesia nos parezca lo contrario. Algo es muy sabido, difundido, proclamado, enseñado y predicado hasta el hartazgo: somos imagen y semejanza de Dios. Y si Dios ES Espíritu, que lo es, nosotros por natural consecuencia de su propia palabra, también somos espíritu. Ahora bien: para residir y ser habitante regular de esta tierra, tenemos que ocupar, sí o si, una caja descartable de tierra y agua, que se llama cuerpo.
Esa es la justa y proverbial razón y causa de que, cuando tu cuerpo muere en el final de tu ciclo activo, tu espíritu vuelve a Dios, que según dice su propia palabra, fue el que lo dio. ¿Cuándo lo dio? Cuando lo sopló en tu casi invisible nariz en el vientre de tu madre terrenal, la que conjuntamente con tu padre de sangre, te dieron no la vida, sino ese cuerpo de carne y hueso para que Dios mismo hiciera el resto. Pero el espíritu al morir tu cuerpo tiene que volver a Dios por una simple razón: sin cuerpo de tierra y agua, perdió legalidad aquí y ya no puede quedarse.
Esa es la razón fundamental por la que Dios determinó descender a esta tierra y encarnar en un ser humano llamado Jesús. No fue sólo por la cruz y por tu salvación, aunque todo esto forme parte de su estadía terrenal, fue porque era el único modo legal que Dios poseía, de hacer algo en nuestro favor sin transgredir sus propias leyes. Por esa misma razón, ya ha sido enseñado esto, Satanás tuvo que encarnar en el cuerpo de una serpiente para poder hablarle y engañar a Eva en el huerto.
Satanás también es un espíritu, al igual que todos sus demonios, que jamás podrían hacer nada en tu contra, si no ocupan un cuerpo de carne y hueso, de cualquier nivel, aunque si es humano mucho mejor. Pero sólo puede hacerlo si su propietario se lo permite con pecado o cualquier otra actitud que le permita su ingreso. ¿Entiendes ahora en donde estamos parados cada día? Dice tu Biblia, si es que la lees a diario, que en los últimos tiempos un espíritu de confusión se entronizará en eso que hoy llamamos La Iglesia.
A esto no hay un solo cristiano lector de Biblia que lo ignore, porque ha sido dicho hasta el cansancio por cuanto predicador de cualquier nivel ha aparecido detrás de un púlpito. Pero la gran pregunta que muchos se hicieron en muchas ocasiones y que no pocos se siguen formulando hoy, es: ¿Deberemos seguir esperando para ver esto cumplirse o, como todo parecería mostrarse, ya hemos comenzado a ingresar en este tiempo?
Creo que cada uno de ustedes tiene su propia y muy respetable visión de todas las cosas unidas en un contexto sólido y despojado de doctrina humana y mucho más de misticismo barato y mediocre. Esa visión, a los que son capaces de pensar con seriedad, les dice que esos tiempos han comenzado a desarrollarse desde hace bastante tiempo, aunque recién ahora una gran cantidad de hombres y mujeres estén comenzando a percibirlo.
Lo que sucede, y sobre todo en los que más Biblia consumen, es que, si bien creen absolutamente todo lo que leen como proveniente del Dios del cielo, cuando esa lectura amenaza con convertirse en realidades palpables, se rodean de cierta desconfianza. Que no es del todo errónea, si tenemos en cuenta la infinidad de casos de engaños y estafas a cristianos ingenuos, pero que resulta negativa a la hora de dar crédito a asuntos que van más allá de nuestro entendimiento, incluso del psicológico profesional.
Te doy un ejemplo cierto que tiene como sustento mi palabra, porque fui testigo. Conozco un caso cercano de una mujer hoy con varios años de edad, que quedó embarazada de soltera y tuvo una hija mujer a sus 16 años. Esa hija, a sus propios 16 años, también quedó embarazada de soltera y dio a luz, a su vez, a su propia hija que, a los 16 años, quedó embarazada siendo soltera. ¿Seguiremos creyendo en las casualidades?
No hay demonios debajo del plato de sopa que estás bebiendo, de acuerdo, pero en muchos otros órdenes, sí los hay, y bien activos. ¿Entendido? Puedo hablar de demonios con la mínima autoridad de haberlos observado, confrontado y enfrentado y, al mismo tiempo, morirme de risa cuando veo a gente que ha decidido hacer de esos demonios, el centro de sus doctrinas semanales. ¿Nadie entiende que no es ni una ni la otra? No, muy pocos lo entienden.
La mayoría se siente cómoda y segura etiquetándote para acá o para allá e ignorando que, en la vida, -incluso en la espiritual-, existe algo denominado como sentido común, criterio o conducta. Veo a veces exámenes o análisis que hacen con mi trabajo ministerial y es casi gracioso ver las piruetas y morisquetas que efectúan porque no encuentran el modo de rotularme como “miembro de blanco o de negro”. Lo único que sé y puedo decir con absoluta libertad y honestidad, es que por espacio de veinte años enseñé estudios profundos, con mucha biblia y buenas revelaciones.
Hace cinco años el Espíritu Santo me dijo: “Basta. Ahora diles cómo poner por obra todo lo aprendido y como salir de la religión evangélica tradicional y ser parte activa del Reino.” ¡Paf! Para algunos, esta onomatopeya es válida, porque fue como si le hubiera propinado un hermoso puñetazo en el centro de la mandíbula, de esos que cuando los recibes te dibujan miles de estrellitas de colores girando en tu alrededor y que, cuanto te levantas del suelo donde la piña te mandó, tienes que preguntarle a alguien cercano quién eres, qué fue lo que te pasó y qué estabas haciendo allí.
Igual que un boxeador que se pone de pie luego de un K.O. En algún momento, de joven, hice boxeo, sé de lo que hablo. Así es como queda la mayor parte del pueblo religioso cuando alguien se atreve a mostrarle y decirle en voz alta algo que todos ellos ya habían percibido con sus propios ojos y entendimientos, pero que vaya uno a saber por qué raros motivos, se lo guardaron calladitos la boca, no sea que alguien se lo contara a sus pastores. Religiosos sumisos y obedientes de días domingos y hombres bravísimos de Reino durante el resto de la semana. De esos tengo una buena cantidad. Los bendigo en el nombre de Jesús. Y que el Señor se apiade con alta misericordia de ellos.
Son Los Que a Menudo…
…tratan de hacerme “pisar el palito” (Lunfardismo argentino que significa “hacer que me equivoque”) de alguna trampa con preguntas de doble intencionalidad, como es la de conocer mi posición respecto a lo que se ha dado en llamar como Teología de la Prosperidad. Esa que te enseña que el día domingo tú le tiras un billete de cien dólares a los pies del predicador que te está hablando de eso para que, durante el resto de la semana, el Señor te los devuelva multiplicados por cien de un modo que nadie te va a explicar.
Si lo crees y no te funciona, has perdido cien dólares y sólo te quedará la confianza de que algún día se cumplirá. Si no lo crees, pero igualmente pusiste ese dinero y no te funciona, en este caso puntual te jorobarás por ser un tonto que todavía está adoctrinado de que todo, absolutamente todo lo que un hombre te dice desde un púlpito, viene de Dios. Si me dices en que libro, capítulo y versículo de tu Biblia has leído eso, reconoceré mi error por pensar, hasta este momento, que te engañaron como a un pajarito indefenso.
Esto último, que sólo parecería formar parte de un compendio de personas sencillas de manipular, sin embargo, tiene la factibilidad de un peligro mucho mayor. No sé si alguna vez leíste algo, o alguien te lo mencionó, o viste por algún medio de comunicación un asunto que se conoce como la conformación futura de un Nuevo Orden Mundial. De hecho, cada uno de los que hizo mención, la hace, o la estará haciendo en un futuro, le pondrá a este supuesto organismo en formación el rostro principal de alguna potencia.
En todo caso, de aquella que le resulte más atractiva o simpática, según su propia idea de las cosas. En lo que sí hay unanimidad de coincidencias es en la estructura de ese supuesto Orden. Una sola ideología, una sola economía, una sola religión, una sola cultura. La única pregunta que estoy autorizado para formularte, es: ¿Estamos viendo algo así cada uno de nosotros en sus lugares de residencia? Cuidado. Si así fuera, no es Dios, es HOMBRE. Está profetizado.
Oración de guerra es el arma a utilizar. Mucha atención y mucho cuidado cuando alguien, o alguien en representación o en nombre de otro alguien, te ofrece muchas cosas valiosas a cambio casi de nada. Mi abuela siempre repetía, en casos de duda, un refrán de contenido y procedencia católica, que dice. “Cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía”. Y un ejemplo, tal como vengo repitiendo casi hasta el hartazgo, es con el tema de la prosperidad santa.
¿Dios prospera? ¡Claro que prospera! Pero, medirlo sólo en dinero, es casi ofensivo. La prosperidad material, ya sabemos muy bien que no es el evangelio de Cristo, es directamente manipulación emocional y espiritual. Y aquí es donde se pone más oscuro todo, porque cuando la prosperidad se convierte en doctrina, la ofrenda se convierte en transacción. Dios deja de ser Padre y se convierte en cajero automático. No juegues a ser pobre y miserable, porque eso no agrada a Dios.
Pero tampoco juegues a hacer pactos dudosos para ser rico y poderoso, porque eso tampoco proviene de las oficinas del Cielo. Primero confesión. Y no a hombre vestido con túnica, con chomba de colores si está modernizado, o con saco y corbata si es un tradicionalista más conservador. Confesión a un Dios que, aunque invisible a tus ojos naturales, no sólo te oye siempre, sino que además te está viendo en cada paso bueno, regular o torcido que estés dando.
Lo segundo, el perdón. Cualquiera de nosotros, por santo de toda santidad que sea, a la hora de recibir una ofensa, se traga una bocanada de aire amargo. Que sólo parecería endulzarse con la posibilidad de un desquite, de una venganza al tono. Sin embargo, si somos lo que decimos que somos, nuestra obligación es perdonar esa ofensa, así como nuestro Padre nos ha perdonado las nuestras. ¿Cómo lo hizo nuestro Padre? OLVIDÁNDOSE de esa transgresión y poniendo el ojo en el futuro limpio de ella.
Nosotros no siempre perdonamos de esa misma manera. La mayoría de las veces, hasta pasamos alguna forma de factura de resarcimiento. No es así. Y, finalmente, viene la limpieza. Que no es nada fuera de lo común ni de calibre milagroso, sólo es la consecuencia natural y obvia de algo que estaba sucio, que al confesarse se mostró apto para ser lavado, limpiado y purificado y que, con el perdón obtenido, ahora luce limpio y casi inmaculado, como si jamás hubiera recibido mancha alguna.
Así son algunas vidas hoy, que he conocido ayer, y que cambiaron rotundamente luego de estos tres pasos pertenecientes al orden divino. Algo es más que claro: no puedes saltarte el dolor casi humillante de la confesión, la paciencia cargada de interrogantes del perdón y esperar la limpieza sentado cómodamente en el sillón más cómodo de tu casa viento televisión. No puedes ignorar el arrepentimiento y reclamar la Gracia, no funciona así.
Porque la Gracia no es una licencia para pecar. La Gracia es el poder de Dios para dejar de pecar. La palabra fuera de uso hoy en la iglesia es la única que cabe aquí: ¡Arrepiéntete! Parece inexorable. Cada vez que alguien ha lanzado esa proclama universal desde cualquier lugar de comunicación, la reacción mayoritaria ha sido idéntica a la que percibía Jesús cuando Él era quien lo expresaba en voz alta. Asentimiento, aceptación, serenidad, pero, indefectiblemente, un dejarlo para más tarde, mientras ahora seguimos con lo que veníamos trayendo, haciendo o viviendo.
De acuerdo, Eclesiastés dice que hay un tiempo para nacer y un tiempo para morir, así que no cuesta demasiado trabajo a nuestra mente siempre preparada para la excusa, tomárselo para arrepentirse. De hecho, hay que consignar que no nos gusta demasiado leer eso que dice Salomón. Sin embargo, a pesar de no terminar de verlo con claridad, nos estamos perdiendo la enseñanza. Porque esta dice que entre un tiempo y el otro, del de nacer y de morir estoy hablando, hay un trabajo que vinimos a hacer y más vale que lo hagamos bien.
¿Lo entiendes? ¿Sí? Entonces arrepiéntete ya mismo, sin perder ni una milésima de segundo. Porque sabes que existe un tiempo de comienzo y otro de final de ciclo, pero lo que no sabes es cuánto durará ese lapso intermedio. Y nadie podrá negarnos que el mundo visible, hoy, vive en un permanente y sumamente agitado estado de incertidumbre. La causa principal, entre otras paralelas y anexas, es el experimentar permanentes cambios.
Nadie va a poder ignorar, desconocer y mucho menos cuestionar que la cantidad y calidad de cambios que se están produciendo en estos tiempos, es inédito y hasta incontrolable para una gran mayoría. Eso significa que, sin importar quién eres, esto es, si eres millonario y poderoso, miembro de una clase media de trabajo tradicional o pobre de toda pobreza, cada cambio que aparece en tu radar de vida, te produce un shock, un impacto y una serie de consecuencias anexas.
Comienzan a inundarte diversas cantidades y calidades de miedo, aumenta considerablemente tu estado interior de inseguridad personal y/o familiar, esto puede llevarte a un nivel sumo de desesperación, de impotencia, de tristeza y, como corolario de todo eso, de depresión. La gran pregunta que le surge a muchos cristianos fieles y sinceros cuando se ven en estas situaciones, es: ¿Por qué me pasa esto si yo creo y confío en mi Señor?
La respuesta es simple, pero ciento por ciento humana. Porque a los seres humanos en su conjunto, y en muchos casos a ciertos cristianos no del todo incorporados a los rudimentos de una fe genuina, no les gusta ninguna forma de cambio. Un poco por amor a sus rutinas habituales a las que están adaptados y acostumbrados, y otro poco por una sencilla cuestión de control. Todo lo que se escapa a nuestro control, incomoda, fastidia, enoja y hasta enfurece. Sólo un problema. El cambio es absolutamente normal en el Reino de Dios. Porque el Reino nunca cambia, es verdad, pero dentro del Reino, sí que las cosas cambian, y a cada momento. El poder manejar las crisis que producen esos cambios, es lo que va a determinar tu éxito o no.
Ten en Cuenta Esto…
…En lo concerniente a la palabra de Dios, debo decirte con absoluta verdad y honestidad, que no necesitamos que ningún hombre nos enseñe nada. Supuestamente, y como resultado de una entrega genuina y de una conversión interna y no solamente externa, tiene que haber una unción morando y habitando en cada uno de nosotros que es la que nos enseñará todo lo que todavía ignoramos. ¿Has leído en tu Biblia que dice que el Espíritu Santo es quien te guía a toda verdad?
Y si Él mora en ti, ¿A quién se le ocurre que necesites a un ser humano para lograrlo? Sólo deberás discernir qué y a quien escuchas. Porque, así como hay hombres vanidosos que hablan de lo que ellos creen que es bueno, hay hombres obedientes que permiten al Espíritu Santo que los use y les ponga en sus bocas lo que Él determina que se diga. Ese es el Espíritu de Verdad, que es como decir el Espíritu de Cristo. Yo, hoy, aquí, estoy hablando, pero el que enseña, es Él y solamente Él.
Claro, yo te digo esto, pero resulta ser que en el fin de semana, tal vez, tú miras a tu alrededor y lo que ves está un poco lejano de lo que terminamos de compartir. ¡Ánimo! No te preocupes, no te desesperes, no te enojes, es algo absolutamente normal dentro de lo que en estos tiempos son las estructuras humanas disfrazadas de iglesias. Porque, así como las hay genuinas y excelentes, ungidas y con palabra entera brotando de la boca de Dios, así también las hay falsas e imitadoras.
Son esas babilonias con sus predicaciones vestidas de entretenimiento, donde se entiende que la revelación es algo personal y que en muchos casos puede hasta permitirse reemplazar la autoridad de la escritura. Me ha tocado ver y quizás también a ti, a muchos ministros que, con las mejores intenciones o no, están enseñando doctrinas que, obviamente, jamás salieron de la boca de Dios. No tienes que atacarlos, injuriarlos ni agredirlos, sólo haz lo que tu Biblia dice respecto a ellos: evítalos.
Porque, te lo voy a explicar con mayor claridad para que lo entiendas para siempre y no vuelvas a cometer viejos errores que lo único que lograron fue retrasar tu crecimiento. Cuando tu revelación personal, esa que le aseguras a todo el que quiera oírte que sólo te es enviada a ti por el Espíritu, se convierte casi de manera automática en autoridad doctrinal para tu vida en primer término y para la de alguna comunidad si es que estás al frente de una, entonces mucho me temo que ya no necesitas la Biblia.
Porque ya no necesitas escudriñar las escrituras para nada. Lo único que necesitas, o crees necesitar, es escuchar a ese hombre que habla desde el púlpito. Miles, sino millones están haciendo algo así con sus vidas. Tiemblo de sólo pensar que algo así estuviera ocurriendo con este ministerio. Porque todo eso que te advertí, mi estimado amigo o amiga, hermano o hermana, es exactamente lo que sucedía en la Edad Media, tiempo antes de la reforma. Hace un tiempo me hicieron un reportaje y me preguntaron cuál era el trabajo más difícil de un ministro. Respondí que el de luchar para que la gente no se me adhiera a mí, sino a Cristo.
No tengo nada con el pasado ni reniego de él, ya que ese pasado ha sido la plataforma que me trajo hasta aquí. Pero no me propongas retornar porque no lo haré. “Dios no me trajo hasta aquí para volver atrás”, decían las primeras estrofas de la que fuera ni canción emblema durante muchos años de radio. Sólo voy hacia adelante. Porque es adelante donde está el objetivo de llegada, la meta de esta tan singular carrera, la tierra prometida si es que me dejas llamarla así.
Somos seres únicos creados de modo singular y no plural, para llevar a cabo misiones específicas en favor del Reino que a cada uno de nosotros nos han sido adjudicadas. Y voy a decirte algo que seguramente te hará pensar, primero, y luego reflexionar muy seriamente y con alto impacto respecto a tu verdadero origen. ¿Alguna vez has pensado que cuando le estrechas la mano a un hermano en Cristo, en realidad estás tocando algo absolutamente original?
Yo creo que si cada uno de nosotros supiera con exactitud quién es ese otro, conforme al pensamiento de las oficinas celestiales, muy probablemente nos pelearíamos para ver quien invita a comer a quien, quien agasaja primero a quien y quien rinde homenaje primero a quien. Pero, pese a que esto es más que evidente, incluso desde la propia ciencia biológica, todavía hay mucho cristiano o pseudo cristiano que, o no lo ha terminado de entender, o no se ha decidido a creerlo, lo que sería mucho más grave.
Está probado, no hay un ser humano exactamente igual a otro. Podrán existir verdaderos clones visuales, esto es, gente muy parecida físicamente, pero igual, lo que se dice igual en todos los estamentos de sus estructuras humanas, no. O sea que tú, como quiera que seas, eres único, o única. Millones mejores que tú, millones peores, ninguno igual. Y eso nos lleva a un error frecuente que la sociedad secular, y mucho pueblo cristiano, cometen permanentemente.
Porque muchos predican que al final todos serán salvos, porque Dios es demasiado amoroso para enviar a alguien al infierno. Y que el infierno es sólo temporal o simbólico. Pero resulta ser que Jesús habló más del infierno que del cielo. Y si todos van al cielo, ¿Para que murió Jesús? Jesús jamás tuvo en su cabeza la idea marketinera de promocionar reuniones o campañas de milagros, de sanidades o de liberación.
Él simplemente hizo milagros cuando estos eran necesarios para establecer la fe de esas personas, sanó enfermos y liberó endemoniados por la misma razón. Pero jamás lo hizo como prioridad atractiva o espectacular. Él predicaba el evangelio del Reino, único que predicó de manera clara y contundente y, como consecuencia de ello, luego se producía todo lo demás. Y siempre, al igual que lo había hecho su primo Juan el Bautista, comenzaba instando al arrepentimiento.
¡Arrepentíos!, expresaba. Porque ese era y es el orden. Arrepentíos, va primero, y creed va después. No al revés. El arrepentimiento no es sólo sentir pena por tus pecados. La palabra griega es metanoia, que significa cambio de mente, cambio de dirección, transformación total. Es darle la espalda al pecado y correr hacia Dios con fe. Es Arre-pentirse, un retorno al punto más alto en el que te encontrabas antes de caer. Hoy, todo eso ha quedado relegado por predicaciones con sentido práctico y eminentemente material.
Predicar prosperidad no es ni malo ni pecaminoso, que conste. Pero convertir eso en absoluta prioridad y como consecuencia de ello luego vendrá todo lo demás, sí que lo es, porque es una absoluta deformación de lo dicho por el propio Jesús, cuando nos ordenó que primeramente buscáramos el Reino de Dios y su Justicia, para que luego todo lo demás, todo lo demás, todo lo demás, nos fuera añadido. Dios no dijo en ningún momento ni a nadie que tú no puedas tener riquezas, si así se dan las cosas en tu vida.
Lo que sí dijo, es que no puedes servirlas. El problema no es la prosperidad. El problema es cuando ella se convierte en tu único evangelio, cuando el dinero se convierte en señal de bendición, cuando tu fe se mide por el tamaño de tu cuenta bancaria. Todavía hoy se predica sobre esto de un modo inverso, y respaldándose en un texto bíblico que todos conocemos largamente. Cuando alguien escucha hablar de prosperidad en la iglesia y pone rostro de duda o desconfianza, el predicador saca su Biblia y te manda al toque el segundo verso del único capítulo de la Tercera carta de Juan.
Allí dice: Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma. Y seguidamente te confrontan con un: ¿Ves hermano? ¡Dios desea que seas prosperado y aborrece que seas pobre! Suena bonito, pero no es la verdad completa, sino una interpretación muy singular de ella. Porque si tú vienes en contexto completo en esa carta, podrás ver y entender claramente que lo que dice 3 Juan 2 es un saludo personal de Juan a un tal Gayo, pero de ninguna manera una promesa universal de riqueza material para todo el pueblo creyente.
Y no es casual que muchos se hayan tomado de este texto para predicar el famoso evangelio de la prosperidad. Ni la pobreza es maldición ni la riqueza es aprobación, que quede más que claro. Creo que, si lo miramos con cierta prolijidad, es algo bastante parecido a lo que ocurre con el pecado y la Gracia. Todos conocemos ese pasaje que nos dice que cuando abunda el pecado, lo que sobreabunda es la Gracia, el favor, la comprensión y la misericordia de Dios para perdonarte, pero siempre y cuando te arrepientas de haber pecado.
De Ninguna Manera…
…como algunos han creído entender, la Gracia es una especie de salvoconducto divino para pecar sin culpa. La Gracia, en todo caso, te libera del pecado, pero de ninguna manera te da permiso para pecar. Cuando eliminas el arrepentimiento, eliminas la convicción del Espíritu Santo, la conciencia del pecado y la necesidad de santidad. Y creas creyentes que piensan que están salvos, cuando en realidad nunca fueron transformados.
Falsos voceros de Dios, que es como decir falsos profetas, son los que generalmente han sembrado esta doctrina de error. Los falsos profetas, y a esto se lo debe tener muy presente en todo momento, no vienen con carteles que dicen “Soy falso”, vienen disfrazados. Vienen con apariencia de piedad, que es alta espiritualidad. Vienen con señales y prodigios, que ya los más maduros saben muy bien que no siempre provienen del Dios del que pensamos que provienen.
Son falsos, y como todo lo falso es una imitación barata y mediocre de algo original de calidad y alto nivel, puedes imaginarte perfectamente de donde salieron. Pero por dentro, a corto o mediano plazo queda en clara evidencia de que son lobos y su objetivo no es alimentarte, es devorarte. Falsedad. Un pastor del Señor, está puesto para alimentar, proteger y madurar ovejas. Un falso pastor, está puesto por el infierno para devorarlas, destruirlas o simplemente manipularlas a su conveniencia.
Tiempo de discernir o caer, no hay terrenos intermedios. Lo que ocurre con mayor intensidad es que, sea cual fuere nuestra residencia y sea cual sea nuestra cultura nacional o regional, es más que evidente que vivimos en una era en donde la gente elige escuchar lo que le agrada, no lo que necesita. Sucede en la vida secular, con las toneladas de frivolidad desplegadas en todos los medios de comunicación, incluidas las redes, como método sumamente eficaz para evadir crisis, y también en los ambientes eclesiásticos.
Porque en ellos no son siempre bien mirados aquellos que se presentan con mensajes de confrontación, arrepentimiento y pecado. Se eligen en mayoría los voluntaristas, voceros de supuestos avivamientos y toda forma de entretenimiento “santo”. Lo que ocurre, es que la verdad siempre incomoda, mientras que la mentira siempre entretiene. Donde la doctrina suena aburrida, mientras que las fábulas se muestran virales, apasionantes, captadoras. De hecho, tú y yo no tenemos ninguna obligación de ninguna naturaleza para ser parte de esa multitud.
Y ya que estamos usando esa palabra, multitud, déjame que te diga que es un término al que, para mi gusto, tenemos muy sobrevaluado. ¿Por qué? Porque más de la mitad del planeta está convencida que cuando algo mueve o interesa a multitudes, ese algo es exitoso o famoso. No te lo voy a cuestionar en el ámbito secular, porque ya sabes que el mundo incrédulo se mueve y se muere por esas fantochadas pintorescas. ¡Pero nosotros, como hijos de Dios, no!
¿Cómo dices? ¿Qué hay muchos ministros que miden el éxito de sus ministerios en base a la cantidad de seguidores que tienen en sus cuentas o redes sociales? Sí, lo sé, pero eso no me cambia la opinión ni la palabra que utilicé para describirlo, fantochadas pintorescas. ¿Sabes qué? En lugar de medir su éxito por la cantidad de oyentes, Jesús se enfocó en formar el corazón de unos pocos para transformar al mundo entero.
El Libro de los Hechos, también nos muestra que la iglesia primitiva crecía, pero que no se trataba de números vacíos, sino de entendimiento. Y mucho cuidado con esto, no te lo está diciendo alguien a quien no lo escucha o lee nadie, todo lo contrario. Pero he tenido siempre y sigo teniendo más que claro hoy, que una iglesia, un templo, un lugar de reunión cristiana puede estar llena de gente, al punto de poder decir que hay una multitud en su interior.
Pero siempre recuerdo a aquel viejo pastor de campo que supo decir una noche que una iglesia llena de gente, a veces, puede estar vacía de discípulos. Porque el crecimiento que realmente importa, no se mide con estadísticas numerológicas, sino en transformación de vida. Una comunidad pequeña, muy reducida incluso, puede ser mucho más rica espiritualmente que un auditorio masivo, siempre y cuando su gente camine en obediencia, amor y verdad.
Y eso sólo se logra con palabra genuina, ungida y poderosa para transformar vidas, no con luces psicodélicas, ambientes difusos o melodramas actorales disfrazados de predicaciones. Vivimos en una era en donde la gente quiere escuchar solamente lo que le agrada y no siempre lo que necesita escuchar. Además, está dispuesta a creer ciegamente en todo lo que coincida con lo que anteriormente creía. Modificar una mentalidad es más complicado que modificar una computadora.
Hay un problema y no es menor, que incluso involucra al pueblo de Dios. Repetimos como papagayos adiestrados que el conocimiento de la verdad nos hace libres, pero cuando nos dicen una verdad, nos incomoda. Y aunque parezca inconcebible dicho así, sin anestesias llamadas eufemismos, en tren de elegir, de pronto hasta podemos elegir que nos digan una mentira, ya que nos resulta más agradable al oído y más entretenida.
En nuestros legendarios ambientes, tenemos el caso más puntual de las doctrinas. Todos sabemos que en nuestras biblias hay una doctrina sólida, pero igualmente elegimos y decidimos elaborar otras con ciertos cambios convenientes a nuestras carnalidades. Entonces es cuando esa doctrina sólida, suena a las mayorías como muy aburrida, mientras que las pintorescas fábulas que muchas mentes creativas implementan para reemplazarla, suenan más apasionantes.
Captan no sólo la atención, sino también la adhesión de las mayorías y, como consecuencia y resultado de esas conductas, esas fábulas, que en mayoría son inventadas, falsas y religiosas, se viralizan en las redes logando que no pocos las vean como verdades insustituibles. Ese es el comportamiento no de una o dos personas supuestamente cristianas, sino de una inmensa mayoría multitudinaria. De hecho, tú no tienes por qué formar parte de esas multitudes.
¿Quieres un modelo confiable y seguro? Jesús durante su ministerio. ¿Lo seguían multitudes? Sí, lo seguían multitudes, pero en su gran mayoría toda esa gente lo hacía esperando en cualquier momento verse sanada de alguna dolencia, libre de alguna enfermedad importante, liberada de algún demonio opresor o, simplemente, asistir a una resurrección u otra clase de milagro espectacular. Casi un calco en lo que hoy podemos ver en ciertas y determinadas campañas de milagros y otras minucias al tono.
Pero, lo indudable es que, si esas multitudes lo hubieran seguido por causa de lo que Él estaba predicando, el corazón de miles y miles hubiera cambiado y ni por asomo hubieran elegido darle vida a Barrabás y enviarlo a la cruz a Él. Jesús nunca midió su éxito ministerial conforme a la cantidad de sus oyentes. Dicho de modo moderno, Jesús no controlaba la cantidad de sus seguidores ni los likes dados a sus discursos.
Él, en lugar de darle curso a todo esto, conforme a lo que humana y carnalmente tiene que haberlo tentado, eligió enfocarse en formar el corazón firme, fuerte y sólido de unos pocos, para luego enviarlos a transformar el mundo entero. El Libro de los Hechos, fíjate, también nos muestra que lo que conocemos como la iglesia primitiva, crecía. Eso está escrito y es inapelable, pero el tema central es en qué se sustentaba ese crecimiento.
En principio, es más que evidente y salta a la vista del propio relato bíblico, no se trataba de números vacíos, sino de entendimiento, como ya te dije. Hay hombres que han traído una enorme revelación sobre algo hasta allí desconocido y fueron escuchados por más de diez mil personas. Sin embargo, el entendimiento de esa revelación y la prolongación de esa enseñanza, nunca fue más allá de un uno o a los sumo dos por ciento de ese caudal humano. Soy una prueba viviente de eso, lo he contado.
Por eso es que se puede asegurar con alto grado de veracidad y sin dejarse llevar por resentimientos o resquemores internos, que una iglesia puede estar, efectivamente y como ha sido sentenciado, llena, repleta de personas, pero, al mismo tiempo, absolutamente vacía de discípulos. Te cuento que la palabra discípulo significa estudiante, o sea gente con deseos y hambre de aprender, conocer, manifestar. El crecimiento en esas áreas que verdaderamente importa, en contra de lo que mayoritariamente observamos, no puede medirse de ninguna manera por estadísticas.
Y mucho menos si esas estadísticas son de asistencias más o menos masivas a conferencias, congresos o similares . Se debe medir inexorablemente por la manifestaciones visible, clara y real de vidas transformadas. A veces, una comunidad pequeña puede ser mucho más rica en esto que un tremendo auditorio multitudinario. Pero para que eso sea posible, esa gente tiene que caminar en obediencia, en amor y esencialmente en verdad. Y decir verdad, a quien quiera oírlo, es decir Cristo.
Por Eso Se Nos Ordena…
… (No “sugiere o aconseja”, ORDENA, escudriñar las escrituras. Porque es menester vivir en un estado íntimo de libertad genuina si es que se desea madurar espiritualmente. Y para que eso sea factible, el conocimiento de las escrituras y sus interpretaciones, ya sea por el vehículo teológico tradicional o, por la metodología divina de la revelación, es imperativo. De allí que sea un error muy grosero, pero demasiado arraigado en nuestros ambientes, el de pensar y creer que el líder, ministro o pastor de una congregación, sea el único experto espiritual disponible.
Esto es, la única voz autorizada en todo lo que respecta a Dios. Esto, no sólo coloca sobre ese hombre, (Suponiendo que él no lo promueva), una carga imposible de sobrellevar, sino que además debilita a toda esa congregación por causa de su desobediencia. Porque el texto no dice que debamos asistir a oír a uno que escudriñó las escrituras, dice que nosotros debemos hacerlo diariamente. Lo que ocurre es que los creyentes, no me equivoco en nada si digo que, en gran mayoría, ya no buscan a Dios directamente, en oración ni en su palabra, sino que esperan que aparezca otro u otros que lo hagan en lugar de ellos.
De allí que un ministro, un pastor o un líder, bien intencionado y tal vez con un corazón que rebosa amor por toda esa gente, sin proponérselo en una gran parte de las veces o manipulándolo en su beneficio personal en otras, se transforma en una suerte de interprete oficial de Dios. ¿Tienes una vaga idea de lo que esta dudosa pretensión conlleva? Por mucho menos hubo juicios graves en la historia.
Y cuando eso sucede, y todos sabemos por propia experiencia o la de cercanos hermanos, amigos o conocidos que verdaderamente eso está pasando en el seno de lo que llamamos la iglesia, ésta no tiene manera de recibir alimento sólido y espiritualmente nutritivo y termina acostumbrándose a alimentarse de migajas. ¿Sabes qué? No es así, no tiene por qué ser así, aunque eso es exactamente lo que está sucediendo en muchos sitios cristianos.
A ver; ¿Con que se supone que toda esa gente se está engañando a sí misma cuando tolera y hasta respalda cosas como esta? Se está engañando con la idea de que esa práctica le otorga en lo personal, dos valores no demasiado abundantes: comodidad y seguridad. ¿Quién les dijo eso? Ciertos predicadores, que han salido por esas plataformas del planeta con el discurso supuestamente cristiano de que Dios quiere que estés en esta vida cómodo y seguro.
Y eso, palabras más, palabras menos, les suena a muchos como música celestial, obviamente. Sólo un problema y que no es menor: eso no es lo que dice la Biblia. Porque si la lees a conciencia, como debe consultarse la palabra de Dios, y no como una especie de horóscopo santo, o con la misma superficialidad con la que lees el periódico del día, vas a comprobar que Dios nunca promete a nadie comodidad para aquellos que deciden servirle.
Lee Mateo 16:24, ¿Tú crees que Jesús estaba diciendo eso? Creo, con total y absoluta honestidad y sinceridad, que el problema más grave que afronta lo que conocemos como la iglesia en general, es su falta de madurez. Durante muchos años, gente sometida a discursos voluntaristas y en muchos casos hasta apartados del contexto bíblico, han sido adoctrinados en que para acceder a la madurez que tanto se necesita como pueblo santo, es obligatorio aceptar todo lo que se le enseña, predica y dice en sus congregaciones.
No soy rebelde ni estoy en contra de nadie, pero si se me permite una reacción bíblica, elijo la de examinarlo todo y retener lo bueno. En esa expresión de Pablo está implícito que, si escuchas algo que espiritualmente no estimas como bueno y te das cuenta que no emana de la palabra de Dios, debes descartarlo sin dudar, aunque haya salido de boca del mismísimo pastor principal. Si eres creyente fiel, genuino y no religioso, tu rol es mantener un corazón sensible y una fe fundamentada en Su Palabra.
De ninguna manera tu condición de miembro o parte de un determinado grupo auto considerado como cuerpo de Cristo te obliga a respetar tradiciones o expectativas humanas egoístas como parte de tu supuesta sujeción a autoridad. Porque si esa autoridad, a su vez, no está sujeta a la autoridad máxima que tiene todo esto, que es Cristo mismo y su palabra escrita en la Biblia, tú estás eximido de brindar apoyo u obediencia a eso, para no caer en esclavitud a hombre.
Y sí; en estos tiempos de tanta confusión y constante movimiento por causa de los avances tecnológicos incorporados a nuestro ambiente, resulta imperativo hacerte partícipe de una advertencia en la que tu propia condición de vida espiritual está en juego. Si piensas casi a nivel de sueño personal ministrar a multitudes, gloria a Dios por tu sentir y tu vocación o llamado. Pero tendrás que saber desde el arranque mismo de tu tarea, como quiera que hayas organizado eso, que un ministerio no se trata meramente de números en las redes sociales o butacas ocupadas en grandes centros de convenciones.
Tampoco de mostrarte como el hombre que tiene todas las respuestas para todas las dudas, ni tampoco el que trabaja arduo en beneficio de la comodidad de otros. Un verdadero ministerio, tiene que tener en su cenit, extremo piramidal o cumbre, a un ministro que pueda reflejar a Cristo, aunque eso le implique sacrificio personal, dura confrontación con los fariseos de este tiempo y, esencialmente, una capacidad extrema de renuncia a todo lo que carnalmente resulta atractivo.
Tengo la obligación de ser fiel a la palabra de Dios como absoluta prioridad, y luego a mi propia condición de hombre íntegro y sin compromisos sectoriales o individuales que me impidan decir las verdades que todos vemos y pocos se atreven a describir en voz alta. Así es que, aunque a muchos buenos y sinceros hermanos en Cristo, que el único error que han cometido es el de quedarse a vivir en un pasado que no siempre fue genuino pueda no agradarles, y hasta resultarles incómodo en sumo grado, reitero que hay cosas que deben decirse sí o sí.
Porque los silencios son sin ninguna duda más peligrosos e infames que las complicidades extremas. Esto es lo que se denominaría como “ampliar las voces”, que en definitiva es una absoluta obligación por parte de los hijos de Dios y de ninguna manera de soldados de un ejército mercenario, de esos que siguen recibiendo prebendas para exterminar opositores. Hay algo que es primordial y que nadie acierta a entender debidamente.
Si no hay lágrimas en los púlpitos, no podrá haber transformaciones en los bancos, ¿Se entiende? Y créeme que lo que digo no es ninguna exageración, todo lo contrario, es un simple, verdadero y concreto alerta. Porque cuando por la razón que sea, un púlpito entra en oferta y finalmente se vende, el mensaje que de allí en más descienda de ese púlpito, pierde absolutamente su poder.
Y allí, entonces, es cuando la gente, ese enorme caudal humano que gira hace años en derredor de los templos, se queda con una religión vacía, que no sólo no le alimenta nada, no le enseña nada, no le aporta nada, no le soluciona nada y ni siquiera le mejora su ánimo, sino que encima de todo eso, indudablemente no lo puede salvar, liberar y mucho menos confrontar, que de alguna manera es el epicentro del evangelio del Reino predicado por Juan el Bautista primero y luego por Jesús.
Y todo esto es, esencialmente, porque el rol del ministro, líder o pastor de un lugar, no cumple sus funciones tal como fueron diseñadas. Según Cristo, de ninguna manera esa persona tiene que cargar con todo el peso de una congregación. Como ya fue dicho, no puede, ni debe, ni es el único iluminado del lugar, el único que recibe, construye y entrega palabra.
El rol del pastor, como poimano que es, es el de capacitar a la iglesia para que cada miembro pueda ejercer su don y, como consecuencia natural de esto, crezca en madurez, en conocimiento y en poder divino. Si la intención es frenarlos, entonces ya estamos hablando de asalariado, no de pastor. Porque cuando un ministro cae en la trampa de creerse el gran experto, híper ungido e iluminado, finalmente va a terminar agotado, aislado y con un ministerio decididamente superficial, hueco y vacío de alimento genuino.
Por todo eso y por mucho más que ni siquiera voy a mencionar por respeto a los genuinos, es que hay miles que asisten a iglesias en la semana y luego siguen viviendo sus vidas como si Dios no existiera. De acuerdo, son adultos y absolutamente responsables de cada paso, de cada acto, de cada conducta que esgrimen, pero también hay elementos que colaboran y mucho para que todavía haya demasiada gente así.
Gente que lo que recibe no es justamente pan de vida, sino una mera proclama. Emotiva, altisonante, con una puesta en escena que en casos roza lo espectacular, pero sólo proclama tibia. No hay fuego santo, solamente hay show. De alta categoría y digno de los mejores espectáculos de Hollywood o Las Vegas, pero show al fin, y en lugares denominados santos. Pero lo más grave y notorio es que en todos esos casos, no hay palabra viva, sino un muy simple y a veces hasta mediocre discurso emocional.
Lo Que no Todos Llegan…
…a comprender es que toda esa gente que una o dos veces a la semana se reúne en un templo o salón que oficia de iglesia, tiene una vida personal que no siempre está en tono brillante. Alguien dijo alguna vez y con mucho tino, que existen tres aspectos en los que puede convertirse tu casa, tu vivienda. Puede ser un hogar, que es lo ansiado, lo indicado y lo adecuado. O puede ser un escenario, donde cada miembro de la familia parecería cubrir un rol artístico conveniente.
Y, en tercer y último término, puede ser una tumba, donde todo huele mal, donde nada parece tener vida y donde todo se va deteriorando de manera inevitable. Conforme a lo que sea esa vivienda donde tú que hoy me lees estás viviendo, será tu vida futura. Un hombre humilde, íntegro, un egocéntrico narcisista o un muerto en vida. ¿Tú eliges eso? No siempre, pero conforme a lo que recibas, es como te alimentas y, conforme al nutrimento que tengas, tendrás hogar, escenario o tumba. Discúlpame si te estoy golpeando duro con esto, pero no hay tiempo. No podemos esperar que un día decidas ver lo que hoy no estás viendo. ¡Ora fuerte!
Creo que, como buen humano, se me pegó un poco el absolutismo de opinión con el que generalmente nos conducimos. Nunca voy a terminar de entender el porqué de esa manía ancestral de ser absolutistas en nuestras opiniones sobre el tema que sea. El mejor ejemplo que nos surge de eso, son el funcionamiento global de las llamadas “redes sociales”, que de redes tienen todo y de sociales muy poco. Aquí los polos son más que opuestos y, como tales, absolutistas.
Hay gente que vive pendiente de las redes, cualquiera sea en las que participan o consultan para todo. De hecho, con el tiempo eso termina siendo altamente negativo. Pero resulta ser que también hay gente que directamente las odia, las defenestra y hasta se permite catalogarlas como satánicas. Durante muchos años tuve el trabajo nada sencillo de colocarme en medio de las cosas y tratar de hallar claros y oscuros de ambos lados.
No me fue sencillo lograrlo y mucho menos que los sectores en cuestión lo entendieran y aprobaran. Aquello de examinarlo todo y rescatar lo bueno, es evidente que para muchos cristianos sólo son pequeñas letras en sus biblias. Y eso, mal que nos pese, forma parte de ese enorme conglomerado humano inserto en salones o templos que globalmente llamamos iglesia. Sabemos de antemano que no todos los que dicen ser parte de esa iglesia son parte del evangelio. ¡Y ni hablar del evangelio del Reino!
Hay mucha visita, es natural y hasta bueno, pero también hay mucha infiltración carnal, oportunista y satánica. Esa es parte de nuestra guerra. ¿Alguna vez te has preguntado por qué hay personas que oran día y noche, pero su vida parece no avanzar? ¿Por qué tantos hijos de Dios hablan del Reino, pero viven como si fueran súbditos de la escasez? Es porque el mayor enemigo del propósito no es el pecado, sino la ignorancia.
Y cuando los hijos de Dios ignoran elementos clave para sus vidas, esas vidas jamás logran reflejar esa gloria que supuestamente ellos dicen representar. Una cosa es hablar de Jesucristo, tener en tu memoria cada uno de sus pasos y sus actos durante su ministerio terrenal y luego transmitirlo en base a enseñanzas o predicaciones. Y otra cosa muy distinta es vivir una vida EN Cristo y tener suficiente intimidad con Él como para llegar a pensar con su misma mente.
De otra manera, cuando fuiste creado por diseño para acceder a las mayores riquezas espirituales de la vida, terminarás sumido en la peor y más degradante de las pobrezas. Porque la pobreza no es simplemente ausencia de dinero. Te diría que esa es la imagen más mediocre de pobreza. Decir pobreza es, necesariamente, decir ausencia de visión. Y si no fíjate en la calidad y cualidad de las oraciones mayoritarias.
Mientras muchos oran pidiendo que el cielo descienda a la tierra, Dios está esperando que la mente del Reino despierte en todos ellos. Es una batalla feroz que se libra cada día, de manera silenciosa e intrigante, es algo que se gestiona en tu ser más íntimo y profundo, una guerra declarada y siniestra entre una mente de Reino y una mente de esclavitud. Tenemos un enemigo y todos sabemos de quién y de qué se trata. Cada una de nuestras biblias, sean de la versión que sean, son muy claras al respecto.
Si me preguntas por qué hay tantos cristianos supuestamente bíblicos que no terminan de creer en la existencia de ese enemigo, no tengo una respuesta coherente para darte. No lo sé. O mejor dicho sí lo sé, pero es tan poco creíble para esas mentes intelectuales como lo otro. A Satanás y sus demonios, la mejor estrategia que les sale redonda y perfecta, es esa: hacernos creer que no existen. Y a lomos de esas incredulidades, ellos se adueñan de tus pensamientos.
El enemigo no necesita quitarte tus recursos si logra controlar tus pensamientos. Porque si controla tu mente, controla tu futuro. Por eso, desde el principio, Satanás no atacó las manos de Eva, sino que atacó su mente. Le habló a su lógica, a su interpretación, a su identidad. Lee bien y entiende lo que te diré. Tú has sido hecho a Su imagen y a Su semejanza, creo que a eso lo sabes más que bien, aunque me permito tener mis dudas si realmente lo estás creyendo como deberías.
Y no lo digo por peleador, sino por la experiencia de conocer a muchos hermanos en Cristo, fieles, sinceros y trabajadores a full para las cosas del Señor que, sin embargo, en esta área tienen una pequeña o no tan pequeña asignatura pendiente. Son los creyentes en ese Dios lejano, en las alturas, y casi apartado e indiferente a todo lo que sucede en la tierra. Gloria a Dios por ti si no eres uno de esos, pero si lo fueras, déjame decirte que lo lamento mucho; no es así y punto.
Eres imagen y semejanza Suya, y eso significa que tu mente tiene la misma estructura espiritual que la de tu Creador. Puedes concebir lo invisible y materializarlo con fe y acción. Pero para eso, debes liberar tu mente de las cadenas de la religión, de la culpa y del miedo. No puedo evitar cuando me meto en estas profundidades muy poco transitadas, viajar a mis épocas de niño, cuando en la escuela o en la calle con mis amigos, circulaba aquella adivinanza dosificada con humor que nos proponía adivinar que cosa había nacido primero, si el huevo o la gallina.
Nos reíamos aparatosamente por la propuesta, sin darnos cuenta que la que nos hacíamos con tono de broma, era una pregunta cargada de eternidad. Y que, aunque nosotros todavía no lo pudiéramos entender y mucho menos descifrarlo, estaba muy lejos de toda teoría humana. Si en ese momento hubiéramos tenido un mínimo de conocimiento de una Biblia que por esos tiempos sólo tenían autorización para leer e interpretar ciertos hombres vestidos con largas túnicas negras, la respuesta hubiera sido de tanta velocidad y sencillez que nadie hubiera osado reírse.
Dios creó todos los animales de la tierra, así que la respuesta es más que obvia. Lo que estoy tratando de expresar es que, de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, hay varias toneladas de personas hablando. Hay otra enorme cantidad que ha estudiado muchísimo sobre todo lo concerniente al Evangelio y puede darte sólidas conferencias con una teología admirable.
Sin embargo, en ese conglomerado humano que pasas sus días, sus horas y todos sus tiempos hablando de las cosas de Dios, de Jesús y de las maravillas del Espíritu Santo, hay otro conglomerado, que no es menor, que sencillamente no cree en nada de lo que dice. Lo dice por muchas razones, incluidas las de conveniencia material, pero no lo cree. Es más; hasta dudan de la existencia de ese Dios del que viven hablando.
Ahora bien; tu, ¿Lees tu Biblia? Entonces ya sabrás que en ella no hay nada respecto a la existencia de Dios. Estamos hablando de cientos y miles de palabras de revelación que nunca intentan probar que hay un Dios. La Biblia asume la existencia de Dios, como un hecho evidente. No necesita pruebas. ¿Y por qué razón hay tanto pseudo cristiano que sí parece necesitarlas? Simple, porque no han nacido de nuevo. Pero… ¿Esa es una doctrina evangélica?
Si, no lo puedo negar, en algunas denominaciones que conozco, lo es, pero desde la óptica bíblica correcta, no, no puede serlo. El nuevo nacimiento es efectivamente algo que sucede en una persona cuando acepta a Cristo, pero no una doctrina. Sólo fue mencionada por Jesús en una medianoche a un fariseo que había recibido un toque del Espíritu y había comenzado a ver lo que sus colegas no veían. Es la llave que permite ver y entrar al Reino, pero no una doctrina.
No existe tal cosa como un Evangelio del Nuevo Nacimiento. El único Evangelio a predicar, lo sabemos, es el del Reino. Y eso siempre y cuando quien lo predica tenga en claro qué cosa es el Reino, no sea que lo veamos en medio de un culto mirando el techo cuando habla de ese Reino. Cuando a Jesús le preguntaron al respecto, Él dijo: Ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros. O sea que les dijo claramente algo así: ¡Eh! ¡Muchachos! ¡El Reino de Dios está dentro de ustedes! ¡Dejen de mirar para arriba! No está en un templo ni en una estructura humana. Está dentro.
Y No Solamente Está…
…dentro de cada uno de los auténticos y genuinos hijos de Dios, sino que los nutre con una delegación gubernamental emanada directamente de ese trono divino. Si cada uno de esos hijos reales ejercita ese gobierno delegado en su área de influencia, es indudable que el planeta sería otro casi al instante de comenzar a ejecutarlo. Y si tienes dudas respecto a esto que digo, toma como base o ejemplo los gobiernos terrenales seculares que conoces, donde quiera que residas.
¿Ejercitan justicia genuina esos gobiernos? ¿Son amados y respetados por las personas, independientemente de sus filiaciones ideológicas o sus diferencias políticas? Si gobernar un país con estricta justicia en lo social y humano fuera tan fácil, el mundo no estaría en las condiciones que hoy está. Gobernar es entrar en guerra con poderes invisibles, pero fuertes. Una guerra que sólo se gana con rodilla, obediencia, autoridad y poder divino.
Pero anda a contárselo a toda esa gente enferma de ambición y egocentrismo. De allí que, en cada ocasión que me toca volver sobre estos temas, no puedo evitar recordar un viejo pensamiento de un hombre llamado Edmund Burke. Él dijo en una oportunidad que “Lo único que se necesita para que el mal triunfe, es que la gente buena no haga nada”. Completamente de acuerdo, porque así es como ha operado, opera y seguramente seguirá operando si nada le cambia su mentalidad, ese mundo secular, pagano, impío y pecador al que todos aludimos casi inconscientemente cuando decimos simplemente “el mundo” …
Pero, si nos ponemos a reflexionar con autoridad y al mismo tiempo con integridad honesta de reconocer lo propio, no podemos menos que aterrizar en un pensamiento que nadie debería descartar: ¿Qué es lo único que se necesita para que Satanás siga triunfando? Piénsalo. Ora y, si es necesario, cambia. Porque ningún demonio podrá usurpar un corazón que no esté distraído, disperso o, lo peor, inundado de cierta incredulidad.
Y así, mi amigo, no se gana ninguna guerra. Y eso dentro de nuestros ambientes, supuestamente cristianos y compuestos por hijos de Dios por Jesucristo. ¿Te imaginas el festival de horrores que esos mismos demonios llegan a hacerse con gente a la que jamás les hablaron del evangelio o, si les hablaron, sencillamente no lo creyó y eligió seguir viviendo según “su propia voluntad”, sin darse cuenta que en la realidad no están decidiendo nada por sí mismos, sino por influencias mentales de espíritus malignos metidos en sus cuerpos?
Observa a tu alrededor, donde quiera que residas y cualquiera sea tu país, gobierno, o ideología política reinante, ¿Estás viendo una sociedad sana que busca cosas hermosas para disfrutar? No. Lo que vemos en lamentable mayoría, son sociedades enfermas. Y cuando una sociedad se enferma, los malos y corruptos son mayoría. A partir de allí, usando “sanas recetas democráticas”, obviamente sustentadas en las mayorías, se pretende arreglar el mundo.
Listo. Legendario plan satánico en pleno auge, al menos hasta el día del Juicio final. Y sin caer en extremos legalistas o escandalosos sucesos “mundanos”, toma como ejemplo un rápido análisis de lo que hoy se denomina como Therians. Este es un fenómeno que ha comenzado a manifestarse en las distintas sociedades del mundo, y muy especialmente dentro de un núcleo conformado por gente joven con mucho tiempo a su disposición, ya sea por carencia de obligaciones o simplemente pereza.
Al principio, estas personas, que dicen auto percibirse animales, fueron tomados con algo de humor. Se decía, en parte en serio y en parte en broma, que aquellos que se auto perciben lobos, por ejemplo, nunca pusieron sus pies (¿O debería decir patas?) sobre el frío helado de las nieves donde algunos de ellos habitan, así como tampoco en esos bosques donde otras clases de sus razas pasan sus días. O sea que ¿Serían lobos sólo porque aúllan como ellos?
Si, pero convengamos en que esto suena bastante a actuaciones histriónicas o formas de llamar la atención para quienes no la reciben de sus entornos. Los que se auto perciben gatos, por ejemplo, se comentaba de manera risueña que jamás se los ha visto vivir o caminar por las noches por los techos de las viviendas y mucho menos salir a escape a perseguir ratones para luego, una vez cazados, comérselos crudos.
Nadie discute que, con sus máscaras y sus maneras, pueden ser lo que dicen ser, de acuerdo, pero también queda en evidencia que no han dejado ni dejarán de ser lo que ellos dicen que dejaron de ser. Esto, que suena casi a destraba lenguas, es un engaño y de los fuertes. Porque, veamos. Nadie podría dudar, viéndolos, que verdaderamente se auto perciben como esos animales que muestran ser, pero lo que nadie se atreve a enfrentar y confrontar es la causa de ese comportamiento.
Teorías han aparecido muchas y todas muy respetables, pero realidades, hasta donde podemos verlo desde lo espiritual, una sola: Es la misma condición del hombre que se auto percibe mujer o viceversa. Supongo que sabes de lo que estoy hablando, ¿Verdad? Causas, sólo una desde lo espiritual: “algo” o “alguien” dentro de la mente de esas personas las convencen de ser lo que en realidad nunca han sido ni serán. ¿Queda claro?
Estos son tiempos de cambios casi violentos en lo referente a la sociedad, tanto en sus conductas como en su modernización tecnológica y moral. Lo espiritual, de hecho, no puede de ninguna manera evadir todo esto, así que es imperativo que más que nunca nos abracemos al evangelio del Reino, único predicado por Jesús y apto para hoy. Y no es casual, que, a partir de ello, tenga justamente una pregunta para formularte. Yo ya me la formulé y obtuve mi respuesta, ahora es tu turno.
¿No habíamos aprendido, tanto en los seminarios como en cualquiera de los respetables institutos bíblicos en los que hayamos recalado, que el Antiguo Testamento solamente era “sombra” de lo que habría de venir? Y lo que habría de venir, ¿No sería, acaso, un nuevo pacto que luego recibiría el título oficial eclesiástico de Nuevo Testamento? ¿Y no es bajo este marco que nos encontramos con Jesús proclamando el Evangelio del Reino de los Cielos, o Reino de Dios? Obviamente que sí, ¿Verdad?
¿Y entonces por qué causa, razón o motivo en muchos lugares de prestigio, y a través de voces de mucho prestigio, se sigue predicando aquella “sombra”, en lugar de acudir a esta luz que se nos ha hecho en el espíritu? Tomarlo como base, punto de partida o arranque convencional, si, de acuerdo, pero como argumento definitivo echando mano a tipologías dictadas por el Espíritu Santo, en pequeñas cantidades y fábulas pergeñadas en nuestras mentes inteligentes y creativas en mayor cantidad, con la finalidad de llevar a pensar a audiencias llenas de ignorancia espiritual que estamos hablando de cosas muy profundas.
Los libros del Pentateuco, conforman la antigua Torá que nos habla de la Creación y las leyes ensambladas para ponerla en operaciones. Luego están los libros de los profetas, que una u otra circunstancia, te anuncian la venida de un Mesías que ya vino. ¿Y vamos a seguir acudiendo a esto cuando el Evangelio del Reino y sus consecuencias espirituales positivas queda a un lado y sin anunciar? Hay algo que surge de la misma escritura con una claridad asombrosa, mucho más asombrosa que la insistencia en no temerla en cuenta por varios y diversos sectores que se empeñan en seguir auto denominándose como cristianos.
El Diseño Divino Nos Muestra…
…que en tanto que María daba a luz un niño, Dios estaba dando a luz un Hijo. Ambas asimetrías al mismo tiempo, pero en diferentes dimensiones. María produjo el cuerpo, pero Dios brindó el Espíritu. Es como si dijéramos que María construyó y produjo la casa, pero Dios en persona fue quien le puso allí el residente. Dicho en otras palabras, María es la madre de Jesús, de eso no hay ninguna duda y nada para añadir o quitar.
Pero lo que de ninguna manera puede decirse sin sonrojarse por la mentira a sabiendas, es que María es madre de Cristo o, lo peor, madre de Dios mismo. Para muchos apenas una simple recordación doctrinal firme y ciento por ciento bíblica, para otros, un recordatorio de que, cualquier tipo de adoración dirigida hacia ella, es lisa y llanamente pecado, lo crea quien lo crea y enoje a quien enoje. No lo digo yo, lo dice la palabra con tanta claridad que parece tontería seguir hablando de ello.
De acuerdo, me dirás que eso sólo tiene que ver con un conocido y definido sector, pero créeme que durante muchos años caló tan hondo que no son pocos, los que dicen ser cristianos verdaderos, que sienten que si no cumplen con aquellos legendarios rituales le estarán faltando el respeto a esa honorable, pero no divina o diosa mujer. Supongo que la oración lo cambiaría todo, pero sucede que el creyente promedio no está orando el tiempo que le ha sido ordenado para hacerlo.
¿Motivos? Muy sencillos y no tanto, le han hecho pensar primero y creer directamente después, que eso, el orar, es únicamente patrimonio de un reducido grupo de personas denominadas como “intercesoras”. Lamento no tener una buena noticia para ti si eras uno de los que creía fielmente en eso. No existe tal cosa. Cada creyente, y entiéndelo bien, cada creyente, tiene ingreso directo al trono de la gracia mediante su oración y cada uno de nosotros tiene la tarea de habilitar a Dios para determinadas cosas a través justamente de nuestra oración.
Es personal e individual, de ninguna manera grupal. Además, desde la creación misma, Dios nos ordenó sojuzgar, señorear en esta tierra. Eso tiene un nombre, dominio. El hombre puede vivir sin Dios, pero no puede vivir sin dominar algo. El error, que ha costado sufrimientos y vidas a través de la historia, es que decide dominar a otros hombres en su beneficio personal e individual, cuando nunca fue diseñado para eso.
Si observas con cuidado el Génesis, verás que la orden de dominio es sobre todo lo existente, pero nunca dice que sobre otros seres humanos también. El hombre es un espíritu, como el Dios que lo crea, pero habitando en un cuerpo al que llamamos humano, por la simple razón de que está constituido por humus, que es tierra. Adam significa eso, tierra. Hombre, humus. De allí proviene nuestra palabra “humano”.
Y a ese ser humano fue al que Dios le ordenó dominarla y sojuzgarla, pero jamás lo autorizó a hacerlo con otros seres humanos como él. Es tiempo de asumir nuestras responsabilidades y dejar de culpar a otros por nuestros errores. Por otra parte, cuando decimos Iglesia, no tenemos demasiado en cuenta que esta palabra, que en los originales se lee como eklesia, significa asamblea de representantes de un gobierno. De ninguna manera iglesia es un término religioso o espiritual, sencillamente es un término político.
La historia y los hechos nos están dejando eso en clara evidencia. Nabucodonosor, allá en la remota Babilonia de los jardines colgantes, tenía una iglesia. Asiria también la tenía. Escucha bien esto que te digo ahora: ¡Satanás tiene una iglesia! Porque si esto es una asamblea representativa de un gobierno, que en nuestro caso puntual sería un Rey, el Rey de reyes y Señor de señores, nuestra obligación y tarea principal sería la de estar repitiendo y transmitiendo lo que ese Rey nos ordena que digamos.
Entonces ahora viene la pregunta crucial y clave: ¿Estamos haciendo eso, nosotros? ¿O sólo nos estamos limitando a construir pequeños mensajes que satisfagan las necesidades emocionales o individuales de las personas a quienes se los brindamos? Si hacemos lo primero, somos iglesia. Si hacemos lo último, somos club religioso.
Es por esa razón que, cuando actualmente alguien me sugiere que, por ejemplo, arme mis audios más breves en su duración, con el argumento de que serán mejor recibidos por la gente más joven, poco afecta a estar mucho tiempo oyendo algo, respondo: en primer lugar, agradeciendo esa sugerencia porque la entiendo muy bien intencionada y con ánimo de colaboración y aporte para una mejor llegada de la palabra de Dios a todos.
En segundo término, coincido en que la gente más joven, (Y en estos tiempos también varios no tan jóvenes); no tienen tiempo suficiente ni deseos de pasarse un tiempo demasiado extenso escuchando algo, aunque les parezca bueno. Pero hay un punto, que tiene base científica y genuina, y no es ocurrencia mía, que no me permite hacerlo. Esos estudios han probado y comprobado que el consumo de videos o audios breves, conducen a mermar gradualmente la capacidad de concentración en las personas.
Sería muy similar al uso indiscriminado de una muy buena herramienta de trabajo como es la IA, iniciales de la denominada Inteligencia Artificial, pero que, usada de manera permanente y para todo, al poco tiempo se convertiría en una fábrica de zombis no pensantes. Examínalo con tus medios y luego toma tus decisiones propias. Y esto nos coloca directamente con dos ojos clavados en las conductas esenciales de personas esenciales.
Reflexiona sobre lo siguiente y luego emite tu propia conclusión. ¿Cuántos de ustedes, simplemente viendo las noticias de todo el mundo, han caído en cuenta que mientras el avance tecnológico y científico mundial, es cada vez más prometedor y valioso, muchos de sus principales líderes o gobernantes continúan rayando con sus acciones concretas, directamente en la prehistoria de la ferocidad y la impiedad?
Impulsan políticas repletas de censuras, prohibiciones o directamente extorsiones, mientras emiten discursos que, en casos, son verdaderas piezas de la época medieval. Nos inducen a pensar que las personas mal vestidas, sucias y hasta malolientes nos producen rechazo, recelo y sospecha. Se puede coincidir en que en muchas ocasiones ciertos y determinados delitos tienen a esta clase de personas como autores, pero no siempre.
Porque en otros casos, que no son pocos precisamente, las bien vestidas, con ropas de marca, perfumadas y de excelente aspecto, que suelen gozar de toda nuestra confianza, suelen participar en finos robos, fraudes, abusos y violaciones que, estadísticamente, nos muestran otra cosa. ¿Sabes cómo se llama ese pensamiento? Religión. Porque está fundamentado en lo externo ignorando lo interno. Pero, convengamos en que no es precisamente eso lo que se nos enseña en nuestros ambientes más específicos.
Todavía en muchísimos templos de prestigiosas iglesias es mucho más y mejor bienvenido alguien vestido con finas prendas que alguien con ropa modesta. Y ni hablar de la herencia romana y griega que todavía define a rubios, blancos y de piel tersa como enviados de los dioses para gobernar y a los morenos, rústicos y de cabellos oscuros como enviados de los mismos dioses a ser esclavos de los otros.
Sería más que interesante que se recurriera a estadísticas serias y nos informáramos sobre la apariencia externa de los peores engendros que ha dado la humanidad terrestre. Nos llevaríamos varias sorpresas. Además, está lo directamente espiritual. Si mucho de lo que hoy estás leyendo en tu Biblia se contrapone con lo que por años te han enseñado, no te quejes conmigo, quéjate con el libro. Porque es una transición desde la conciencia religiosa a la mentalidad de Reino, y eso no lleva ni un día ni dos lograrlo.
A veces, lleva años. Y es por esa razón, entre otras, que la mayoría de esos ejidos sociales detestan pertenecer a las clases sociales más bajas y carenciadas. Si bien no todos aspiran a enrolarse en las más altas y poderosas porque saben que es muy complicado lograrlo, apuntan a pertenecer a lo que se ha dado en llamar “clase media”, que si bien suena a justo y hasta lleno de dignidad en todos los terrenos, la verdad visible nos muestra algo muy distinto.
Y es que, en una enorme mayoría de casos, se trata de personas que, teniendo ingresos económicos limitados, pretenden vivir de modo ostentoso simplemente para ser aceptados por los sectores pudientes que, como en la gran mayoría mundial, son los poseedores del poder casi total. Tengo una respuesta para esa actitud que no me pertenece, pero que cabe perfectamente.
Hace mucho tiempo, un hombre estudioso de la vida, se atrevió a decir una enorme verdad. “Los componentes de la denominada “Clase media”, son una especie de porteros de un exclusivo club al cual nunca los van a dejar entrar”. Duele. Y esencialmente porque hay mucho cristiano allí. Pero lamentablemente es una verdad total.
Un Cierre que Sigue Latiendo…
Y así, casi sin darnos cuenta, llegamos a este momento. No porque se haya acabado algo, sino porque lo vivido necesita reposar un poco en el corazón, como cuando uno termina de compartir una comida sencilla pero llena de afecto. No hubo esquemas rígidos ni palabras rebuscadas, solo esa forma tan nuestra de ir y venir entre historias, preguntas, silencios y risas. Lo que empezamos como simples conversaciones terminó siendo algo más profundo: un espacio donde el Reino se volvió cotidiano.
Porque, si lo pensamos bien, eso es lo que siempre intentamos hacer: descubrir cómo esa buena noticia se cuela en lo diario. No en discursos largos ni en ideas perfectas, sino en la vida misma. En el mate, té o café compartido, en la preocupación por llegar a fin de mes con el salario, en la paciencia que se nos agota y vuelve a nacer, en los vínculos que nos sostienen y también en los que nos desafían.
Hablamos muchas veces de lo que significa vivir el Reino, y quizás al principio sonaba grande, casi lejano. Medio solemne y hasta un poco aparatoso, si me apuras. Pero después lo fuimos aterrizando. Nos dimos cuenta de que el Reino no empieza cuando todo está resuelto, sino justo ahí donde estamos. Como esa semilla que no hace ruido al crecer, pero un día te das cuenta de que ya es un árbol.
¿Te acuerdas cuando decíamos que a veces uno espera señales claras, algo extraordinario? Y, sin embargo, terminábamos reconociendo que lo extraordinario suele vestirse de simple. Como cuando alguien decide perdonar, aunque le cueste. O cuando otro elige escuchar en vez de responder rápido. O cuando uno mismo, en medio del cansancio, hace un pequeño bien sin que nadie lo vea. Ahí hay Reino, aunque no tenga cartel.
Y es curioso, porque en estas charlas nunca buscamos tener todas las respuestas. Más bien nos dimos permiso para no saber, para preguntar, para equivocarnos incluso. Y en ese espacio tan humano, algo fue tomando forma: una fe más viva, menos rígida, más parecida a una caminata que a un manual. ¿De verdad tú crees que Jesús era distinto, más lejano o acartonado cuando hablaba?
Si tuviéramos que ponerle una imagen a todo esto, quizás sería la de dos amigos caminando al atardecer. No van apurados, no necesitan demostrar nada. Van hablando de lo que pasó en el día, de lo que duele, de lo que ilusiona. A veces hay silencios largos, pero no incomodan. Porque saben que no están solos. Así fueron estas conversaciones. Por allí bien prolijas y orgánicas, por allí más desordenadas y hasta con un aire de improvisación.
También hubo momentos en los que tocamos cosas más difíciles. No todo fue liviano, y eso también estuvo bien. Hablamos de frustraciones, de esos días en que parece que nada encaja. De cuando la fe se siente más como una pregunta que como una certeza. Y, sin embargo, en vez de alejarnos, eso nos acercó más. Porque entendimos que el Reino no excluye esas partes, sino que las abraza.
Como ese artesano que no descarta la madera con nudos, sino que los integra en su obra, así también lo que vivimos —con sus luces y sombras— fue parte del proceso. No había que esconder lo imperfecto, porque justamente ahí se hacía visible algo más grande.
Otra imagen que nos acompañó fue la del pan. Algo tan simple, tan cotidiano. Pero piénsalo: el pan necesita tiempo, mezcla, espera, calor. No aparece de un momento a otro. Así también lo que compartimos. Cada conversación fue como amasar un poco más esa masa común. A veces con ganas, otras veces con esfuerzo, pero siempre con la esperanza de que algo bueno estaba creciendo.
Y lo lindo es que ese pan no era solo para nosotros. Cada vez que alguien se iba por un tiempo de estas charlas, se llevaba algo. Porque nadie lee tanto en su totalidad. Los tiempos no alcanzan, hay prioridades muy importantes. Pero, de todos modos, siempre quedó algo. Tal vez una idea, tal vez una paz distinta, tal vez una pregunta nueva. Y eso, de alguna forma, seguía multiplicándose en otros espacios, en otras relaciones, en otros momentos.
Porque el Reino tiene eso: no se encierra, se expande. No se guarda, se comparte. Quizás una de las cosas más valiosas fue redescubrir que no hace falta ser perfectos para vivirlo. Que no hay que esperar a “estar bien” para empezar. Que, en medio de nuestras contradicciones, seguimos siendo parte de algo más grande. Y eso libera.
Es como cuando un niño aprende a caminar. Se cae, se levanta, vuelve a intentar. Nadie espera que lo haga perfecto desde el primer día. Hay una paciencia amorosa que lo acompaña. Así también nosotros, en este camino, vamos aprendiendo paso a paso.
Y en ese aprendizaje, hubo algo que se repitió muchas veces: la importancia de lo pequeño. Lo pequeño como lugar de encuentro, como semilla de transformación. No lo espectacular, sino lo constante. No lo que se ve desde lejos, sino lo que se sostiene en lo cotidiano.
Una llamada a tiempo. Un gesto de ternura. Una palabra que alienta. Una decisión que cuesta pero que construye. Ahí fuimos descubriendo que el Reino no es una teoría, sino una forma de vivir. También nos dimos cuenta de que no caminamos solos. Aunque cada uno tenga su historia, sus luchas, sus preguntas, hay algo que nos une. Una presencia que no siempre sabemos explicar, pero que sentimos. Que aparece en el momento justo, que consuela, que impulsa, que incomoda a veces, pero siempre con amor.
Esa presencia fue el hilo invisible de todas nuestras conversaciones. Si alguien nos hubiera escuchado desde afuera, tal vez no habría encontrado nada extraordinario. Dos personas simbólicas hablando, intercambiando ideas, compartiendo experiencias. Pero nosotros sabemos que ahí había algo más. Porque cuando se habla desde lo profundo, cuando hay apertura, cuando hay búsqueda sincera, algo se mueve. Y eso es lo que nos llevamos.
No un cierre definitivo, sino una pausa. Como cuando uno termina un capítulo y sabe que la historia sigue. Porque todo lo que vivimos no queda acá. Se va con nosotros, se mete en nuestras decisiones, en nuestras relaciones, en nuestra forma de mirar el mundo.
Quizás, si tuviéramos que resumirlo en una última imagen, podríamos pensar en una luz encendida. No una luz fuerte que encandila, sino una luz cálida, constante. De esas que no llaman la atención, pero que hacen la diferencia. Que permiten ver, que acompañan, que generan un ambiente distinto. Así queremos seguir.
No con grandes discursos, sino con esa luz sencilla. No buscando destacar, sino siendo fieles en lo que nos toca. No esperando condiciones ideales, sino viviendo el Reino en lo que hay. Y si alguna vez volvemos a cruzarnos en otra conversación, en otro momento, seguro no será desde cero. Porque algo ya se sembró. Algo ya creció. Algo ya nos transformó.
Gracias por este camino compartido. Por la honestidad, por la paciencia, por la apertura. Por animarte a hablar sin bosquejos, sin máscaras, sin la necesidad de tener todo resuelto. Porque al final, eso fue lo más valioso: ser hermanos en el camino. No perfectos, pero sí disponibles. No sabiendo todo, pero sí dispuestos a seguir aprendiendo. Y así, con esa simpleza, con esa profundidad, nos despedimos… o mejor dicho, seguimos andando.
PD: Esto pudo y casi que debió ser un libro, pero nadie podría escribir uno con este desparpajo estructural. ¿Un libro sin tapa, prefacio, prólogo capítulos y epílogo? ¿Quién lo compraría? Nadie. Y está bien, porque nadie tiene que pagar por lo que ha sido recibido de gracia. Entre nosotros hay otras formas más divinas de subsistencia. Si le copiamos al mundo la suya, entonces no podemos escribir sobre nada sin que la vergüenza nos nuble la vista. Gracias por leerme y tal vez leerte a ti mismo/a. Sí te fue de aporte, compártelo con alguien que amas.
PD2: Si esto te inspiró para escribir algo extenso y lleno de conversaciones tuyas, házmelo llegar a mi correo personal: tiempodevictoria@gmail.com y, si tiene sustancia de alimento, será publicado con tu nombre y apellido, (No seudónimo, por favor).
Néstor
2026
Leer Más