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La Gran Usurpación Ignorada

La Biblia hace una distinción muy fuerte entre el Reino de Dios como realidad viva, transformadora y gobernada por Dios, y una religión vacía, externa o meramente tradicional. Lo que voy a compartirte es la causa, o por lo menos una de ellas, tal vez la más notoria de esa diferencia y del por qué hemos llegado a ella. Hay textos bíblicos que siempre hemos leído y que nos lo muestran con claridad, pero por la misma razón que ahora voy a comentarte, pocos o muy pocos han llegado a tener una revelación clara y contundente del significado de cada uno de ellos.

Imagínate por un momento, que el mayor tesoro de la humanidad hubiera sido robado hace más de dos mil años y que, desde entonces, generaciones enteras hemos vivido en pobreza espiritual sin siquiera saber que fuimos despojados. Imagínate que este robo no fue ejecutado por bandidos en las sombras, sino por instituciones muy respetadas y en plena luz del día. Y todo acompañado y respaldado por el aplauso de multitudes ignorantes de lo que realmente estaba ocurriendo.

Cuidado, esta no es una fantasía. Según las investigaciones revolucionarias de algunos genuinos hombres de Dios, esto fue lo que ocurrió con el concepto más poderoso que Jesús trajo a la tierra: El Reino de Dios. Como venimos alertando y desenmascarando algunas cosas, no podemos limitarnos a determinar diferencias sustanciales entre Reino y religión. Hay algo mucho más siniestro detrás de todo esto, una suerte de conspiración sistemática que ha operado durante dos milenios, despojando a la humanidad de su herencia más preciada y reemplazándola con una imitación que mantiene a las personas espiritualmente empobrecidas, mientras enriquece a las instituciones.

Romanos 14: 17 = Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.  El Reino, queda más que claro aquí por boca de Pablo, no es ritual ni práctica externa, sino vida interior producida por el Espíritu. La religión sin sustancia, en tanto, se centra en formas estéticas, relacionadas con las modas urbanas y con una conexión inevitable con todo lo que la humanidad secular ha incorporado como bueno. El Reino, muchos ya lo sabemos muy bien, se manifiesta en transformación real.

Jesús nunca vino a traer una religión y mucho menos una que se llamara cristianismo. Ha quedado en evidencia que lo que hoy llamamos cristianismo, en realidad es el resultado de una operación de encubrimiento considerada como la más sofisticada de la historia. No fue un accidente, no fue una evolución natural. Fue un secuestro deliberado, planificado y ejecutado casi con precisión militar, por aquellos que tenían más que perder si el verdadero Reino se establecía en la tierra. Tal como Jesús proponía.

¿Estás listo para descubrir cómo te robaron tu herencia real sin que te dieras cuenta? Para entender la magnitud de la operación, primero debemos comprender qué fue exactamente lo que se robó. Cuando Jesús hablaba del Reino de los Cielos o Reino de Dios, no estaba introduciendo un concepto religioso, sino un sistema gubernamental literal. Cada parábola, cada enseñanza, cada demostración de poder de Jesús, estaba diseñada para mostrar cómo opera un Reino celestial en territorio terrestre.

Mateo 15: 8–9 = Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Aquí Jesús denuncia una religión con palabras correctas pero corazones ausentes. Te lo repito y observa a tu alrededor: palabras muy correctas y hasta bonitas, pero corazones ausentes, almas indiferentes, espíritus alejados del Santo genuino y guía a toda verdad. El Reino, muchos lo sabemos más que bien, exige rendición auténtica, no solo discurso religioso.

Jesús nunca usó terminología religiosa. El siempre hablaba como un Rey, anunciando la expansión de su territorio. Usaba palabras como Ciudadano, Embajador, Territorio, Autoridad, Gobierno. La religión convirtió estas realidades gubernamentales en conceptos místicos para quitarles potencia espiritual a las personas. En el diseño original del Reino, los seguidores de Jesús no eran feligreses o miembros de iglesia. Eran ciudadanos de una nación celestial con derechos, responsabilidades y autoridad delegada para representar los intereses del Rey en este territorio terrestre.

Cada cristiano, y lo llamo así porque encaja con el conocimiento mayoritario, pero no me gusta, era un embajador con inmunidad diplomática y acceso directo a los recursos del Reino. Los primeros discípulos operaban con esta mentalidad de Reino. Ellos no construían templos donde la gente fuera a recibir bendiciones. Ellos establecían embajadas del Reino donde los ciudadanos celestiales se equipaban para transformar territorios completos. El Reino original no se enfocaba en salvar almas para el cielo.

Su misión era traer el cielo a la tierra, transformando sistemas políticos, económicos, educativos y sociales hasta que reflejaran los valores y principios del gobierno divino. Donde quiera que se establecía una embajada del Reino auténtico, las naciones se transformaban. La pobreza desaparecía, la corrupción se eliminaba y la justicia se establecía. El Reino no era una experiencia de domingo por la mañana o por la tarde, era un gobierno alternativo que operaba las veinticuatro siete. Pablo creo que se los explica con meridiana claridad a los Corintios.

1 Corintios 4: 20 = Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder. La religión insípida habla mucho, demasiado, loooza porque yo mismo hice eso durante gran parte de mi vida de creyente. Hasta que un día a mi Padre celestial le agradó enviarme a su Espíritu Santo a que abriera mis ojos espirituales lo necesario y suficiente como para ver y entender definitivamente que el Reino de los cielos opera, libera, transforma. Y a eso no lo consigue ninguna religión, por sobria y solemne que parezca a nuestros ojos y oídos naturales.

Cada ciudadano del Reino de aquellos tiempos primarios, recibía autoridad delegada directa del Rey para operar en Su nombre. No necesitaban intermediarios humanos, jerarquías religiosas o rituales especiales para acceder al poder del Reino. La conexión era directa, personal e inmediata. Esta autoridad no era teórica, era práctica, verificable y producía resultados tangibles, enfermos sanados, sistemas corruptos expuestos, naciones transformadas, recursos multiplicados, justicia establecida.

Ahora bien; para entender cómo fue posible esta devastación sistemática, debemos examinar el momento exacto del secuestro del Reino. No fue un proceso gradual, sino una operación estratégica ejecutada en momentos clave de la historia. El primer gran secuestro ocurrió cuando el emperador Constantino decidió que el cristianismo podía serle muy útil para controlar su imperio. Pero había un problema. El Reino auténtico no podía ser controlado por gobiernos humanos por una sencilla razón: es EL gobierno.

Entonces, necesitaban una versión domesticada. La solución fue brillante y a la vez, diabólica: convertir el Reino en religión. En lugar de ciudadanos con autoridad delegada, crear feligreses dependientes. En lugar de embajadas que transformaran territorios, construir templos donde la gente fuera a adorar. En lugar de gobierno alternativo, crear una organización que colaborara con los poderes existentes. Y que conste, para evitar ser tomado por un operador político actual. Estoy hablando de Constantio, de historia antigua. De allí en más y durante toda una generación, el concepto de Reino fue reemplazado por el concepto de iglesia.

Los ciudadanos se convirtieron en miembros. Los embajadores se volvieron sacerdotes. La autoridad delegada se transformó en rituales religiosos. Una vez establecida la estructura institucional, el siguiente paso fue concentrar toda la autoridad en una jerarquía humana. El acceso directo al rey que cada ciudadano tenía originalmente, fue declarado peligroso y necesario de mediación. Crearon un sistema donde las personas necesitaban intermediarios humanos para todo. Jesús mismo fue muy claro cuando lo dio a entender a quienes todavía se dejaban llevar por sus visiones externas y naturales.

Mateo 7: 21–23 = No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Confesión verbal es igual a obediencia real, de eso está hablando. El Reino se evidencia en sumisión a la voluntad del Rey, no en títulos, dones o lenguaje cristiano. Las palabras sumisión y sujeción fueron tomadas por la religión, pero direccionándolas hacia sus hombres y sus jerarquías, cuando desde el diseño divino se había establecido claramente que no debía ser así. El hombre fue creado para señorear y dominar todo, excepto a otros hombres iguales a él.

Entonces ellos, las organizaciones religiosas, crearon un sistema aparentemente apto para interpretar las Escrituras, para acceder a Dios, para recibir perdón, para operar en poder espiritual. Sin embargo, esto era, exactamente, lo opuesto al Reino original, donde cada ciudadano tenía acceso directo e inmediato. El golpe final fue convertir las operaciones prácticas del Reino en misterios religiosos que sólo los especialistas podían entender. Lo que originalmente era tan simple que un niño podía operar en autoridad del Reino, se volvió tan complicado que requería años de educación teológica. Hoy todavía sigue así en lo global, en lo masivo.

Es decir que la simplicidad del Reino fue deliberadamente complicada para crear dependencia. La oración directa, algo casi automático en aquellos primeros hombres de Dios, se volvió liturgia compleja, incluso acompañada de gestualidades y rutinas de neto corte solemne rozando lo actoral La autoridad personal se transformó en rituales sacerdotales que una enorme mayoría no podía entender como parte de su fe. La transformación territorial se redujo a ceremonias religiosas mayoritariamente respetadas en ignorancia. El gobierno del Reino se domesticó en actividades de iglesia.

Pero veamos ahora el aspecto más siniestro que contiene esta operación. Lo más brillante de esa conspiración, porque muy bien podemos denominarla así, fue crear un sistema que indudablemente se protege a sí mismo ante cualquier intención de restaurar el Reino original. Entonces convirtieron sus innovaciones religiosas en tradiciones sagradas. Cualquier intento de restaurar el Reino original, era y todavía es automáticamente etiquetado como peligroso, herético o rebelde contra la autoridad. La conspiración fue tan efectiva que las propias víctimas se convirtieron en los defensores más feroces del sistema que los mantiene esclavizados. Generaciones enteras han sido condicionadas a creer que cuestionar la religión institucional es cuestionar a Dios mismo.

El sistema educativo religioso fue diseñado para perpetuar la confusión entre Reino y religión. Los seminarios, aun los más prestigiosos, enseñaron y siguen enseñando historia de la iglesia, pero no historia del Reino. Teología religiosa, no gobierno del Reino. Administración eclesiástica, no autoridad delegada del Reino. Entrenan pastores y ministros para mantener feligreses, no embajadores para transformar territorios. Gradúan administradores de organizaciones religiosas, no representantes de un gobierno celestial.

2 Timoteo 3: 5 = Que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita. Esto describe con precisión una cristiandad sin poder, sin fruto, sin transformación. El Reino auténtico tiene eficacia, cambia vidas, rompe cadenas. Una de las cadenas más proliferantes y visibles, es el miedo. Miedo a que si dices algo de un ministro que a todas luces todo el planeta sabe que es corrupto y usa la religión en beneficio propio, exista un Dios que lo defienda y te achicharre por exponerlo, es el miedo más fuerte de todos y evita, entre otras cosas, que se digan verdades conocidas por años y por todos.

Pero, quizás el aspecto más siniestro de la conspiración, fue el de crear un sistema económico que hizo y hace que las personas dependan, financieramente, de mantener esa confusión. Millones de empleos, industrias enteras, imperios económicos completos dependen de que las personas nunca descubran la diferencia entre Reino y religión. Es un negocio de millones de dólares. Y todos sabemos lo que cuesta encararse contra el reino de Mammón. Cuando tienes ciudadanos del Reino operando en la autoridad delegada, no necesitas complejas organizaciones religiosas

Cuando las personas entienden que son embajadores, no construyen catedrales para que adoren. Hay una diferencia sintetizada que suena fuerte y de pronto hasta puede doler y mucho a gente inocente y sincera, pro es una verdad y las verdades no se callan porque eso equivale a disimular mentiras. Mientras la religión es un negocio, el Reino es un gobierno. Esa es la diferencia y no creo que existan muchos creyentes sinceros que no lo hayan percibido, aunque se lo callen por los motivos que sean.

El mecanismo de control más sofisticado que se instauró fue el de convertir el poder del Reino en culpa religiosa. Porque en el Reino original, los ciudadanos operaban en autoridad porque era su derecho y responsabilidad. Pero en el sistema religioso, las personas se sienten culpables por querer autoridad, porque se les enseña que eso es orgullo espiritual. Y que la autoridad solamente es patrimonio de aquellos hombres que han sido “ordenados”, (No sé quién inventó este término) por las autoridades superiores, (Tampoco sé como llegaron allí) de la denominación, grupo u organización que sea. Pablo lo dijo con claridad.

1 Corintios 14: 29-30 = Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen. Y si algo le fuere revelado a otro que estuviere sentado, calle el primero. Yo no sé cuantas veces ustedes habrán leído este pasaje. Tampoco sé cuantas veces alguien les habrá enseñado o predicado sobre él. Yo lo debo haber leído no menos de doscientas veces, y te puedo asegurar que no hace demasiado tiempo que caí en cuenta que, si eso hoy no se cumple, no es para mantener el orden, como se nos enseñara, sino porque al hacerlo, se estaría dando ingreso a una palabra genuina que viene del cielo que puede llegar a destrozar la hojarasca que se está entregando abajo.

Lo cierto es que esta inversión psicológica mantiene a las personas voluntariamente empobrecidas. Porque, entre otras cosas, les enseñaron que la pobreza espiritual es humildad, que la dependencia de intermediarios es fe, y que la pasividad territorial es santidad. Convirtieron cada virtud del Reino en un vicio religioso. Y aquí llegamos a la parte más controversial de todo esto. Porque no sólo se ha determinado como fue esa conspiración, sino quienes fueron los perpetradores y quienes siguen ejecutándola hoy.

No fue casualidad que el secuestro del Reino coincidiera con la necesidad de los imperios humanos de controlar poblaciones masivas. Un Reino auténtico es ingobernable por sistemas humanos porque reconoce sólo la autoridad divina. Pero una religión puede ser una herramienta perfecta de control social. Quedó documentado que líderes políticos y religiosos conspiraron deliberadamente para crear una versión del cristianismo que fortaleciera sus posiciones de poder en un lugar de establecer el gobierno alternativo del Reino.

La conspiración no terminó en la historia antigua. Instituciones religiosas modernas continúan perpetrando y perpetuando activamente la confusión porque su supervivencia económica e influencia social dependen de mantener a las personas ignorantes sobre el Reino auténtico. Cuando pastores predican que su trabajo es pastorear ovejas en lugar de equipar embajadores, están perpetuando la conspiración. Cuando denominaciones se enfocan en mantener miembros en lugar de liberar ciudadanos del Reino, están colaborando con el secuestro.

La tragedia más grande de esta conspiración es que millones de personas sinceras, sin saberlo, están protegiendo con uñas y dientes al sistema que les está robando su herencia. Estas personas, educadas en la confusión, atacan ferozmente cualquier intento de restaurar el Reino original, porque han sido condicionadas a creer que la religión es el cristianismo. Es como si se repitiera el viejo Síndrome de Estocolmo, aunque en este caso totalmente espiritual.

Las víctimas se enamoran de sus captores y atacan a cualquiera que intente liberarlas. Hay elementos muy concretos que se benefician social y económicamente si se mantiene la confusión. Hay, evidentemente, una élite religiosa que vive en lujo mientras predica pobreza, que acumula poder mientras enseña sumisión, que construye imperios mientras predica humildad. No es coincidencia que aquellos que más se oponen a la restauración del Reino auténtico, son precisamente aquellos que más han prosperado bajo el sistema religioso falso.

Soy un ministro del Señor y tengo, conforme a su promesa, todas mis necesidades cubiertas. Pero eso no tiene nada que ver con mansiones ostentosas, automóviles impactantes o, lo más reciente, aviones privados para mayor y mejor capacidad de movimiento, aseguran. ¿Soy un resentido que está en contra de todo eso? No, hay muchos siervos del Señor en mi misma condición. Pero lo que no puedo evitar es que, mientras esos ministros viven vidas de lujos y ostentaciones casi ofensivas. Infinidad de hermanos fieles comen todos los días, con sus familias, sólo por la misericordia de Dios. Y esto de ninguna manera es ideología de capitalismo o anticapitalismo, esto es amor de Dios brotando por heridas de personas.

Sin embargo, hay un aspecto esperanzador en todo esto. A pesar de la magnitud de la conspiración, esto no va a terminar en desesperanza. Y esto radica en que la restauración del Reino no sólo es posible, sino proféticamente inevitable. Hay señales muy puntuales que nos muestran que esta antigua conspiración está comenzando a colapsar. Hay un hambre generalizada por algo más que la religión tradicional. Lo dije hace muy poco tiempo hablando de ese remanente que está despertando. Exposición masiva de corrupción general en instituciones religiosas, levantamiento de maestros que distinguen claramente Reino de religión, movimientos espontáneos hacia la simplicidad y la autoridad directa.

Manifestaciones sobrenaturales que obvian estructuras religiosas. Cuando las personas comienzan a operar en la autoridad directa del Reino, las estructuras intermedias religiosas se vuelven obviamente innecesarias. Por eso, hay que añadir a todo esto que existe una estrategia específica tendiente a esa restauración. En primer lugar, educación masiva. Hay que enseñar a las personas las diferencias entre Reino y religión hasta que la confusión se vuelva imposible.

En segundo lugar, mostrar los resultados superiores desde el Reino auténtico, versus la religión institucional. Tercero, establecimiento de embajadas. Crear centros de entrenamiento para ciudadanos del Reino, no congregaciones religiosas. Cuarto, transformación territorial. Aplicar principios del Reino para transformar a comunidades completas. Quinto, multiplicación exponencial. Entrenar embajadores que establezcan más embajadas.

Lucas 17: 20–21 = El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros. El Reino no es un espectáculo previamente armado  ni una pomposa estructura visible, sino presencia activa de Dios gobernando vidas. A esto lo podemos corroborar muchos de nosotros cuando tomamos conocimiento de testimonios reales, aunque apartados de todo festival ofensivo de prensa internacional. La religión vacía, en tanto, busca señales externas; pero el Reino se encarna en personas, no en instituciones. Dios bendice hombres y mujeres, no organizaciones. No hay registro bíblico de eso.

Las estructuras religiosas que perpetúan la conspiración eventualmente colapsarán bajo el peso de su propia irrelevancia. Cuando suficientes personas operen el Reino auténtico, la demanda por servicios religiosos simplemente desaparecerá. No tendrás que destruir la religión institucional. Simplemente se volverá obsoleta cuando las personas experimenten la realidad del Reino. De allí que haya pasos específicos que las personas pueden y deben dar para liberarse de ese sistema conspirador que los tiene esclavizados.

Primero: renunciar a la calidad de miembro y adoptar la identidad de ciudadano. Y estoy hablando de mentalidad, no de literalidad. Abandonar un templo y seguir atado a sus rituales, es lo mismo que quedarse en él. Cesar de buscar intermediarios humanos y establecer relación directa con el Rey, esto es clave. Dejar de ir a la iglesia y comenzar a ser embajada. Abandonar los rituales religiosos y abrazar autoridad práctica del Reino. Transformar territorio personal como evidencia de ciudadanía del Reino. Cada hogar debería ser una embajada del Reino y no un satélite de una organización religiosa.

Esto significa entrenar a familias completas para operar en autoridad delegada, transformar sus comunidades y producir ciudadanos del Reino. Está demostrado que cuando una buena cantidad de ciudadanos del Reino operan en un área geográfica, territorios completos se transforman automáticamente. Sistemas corruptos son expuestos, recursos se multiplican, justicia se establece, prosperidad genuina emerge. Es la única forma de batalla que tenemos autorizada desde la superioridad divina. Cualquier otra que se quiera incorporar, es sólo copia de un recurso humano que sólo da buenos resultados en lo humano. Las naciones enteras deberán redescubrir los principios del Reino, como alternativa superior a sistemas políticos humanos corruptos. No como religión de estado, sino como principios de operación del Reino en territorios nacionales.

Llegamos ahora a las conclusiones finales de todas estas revelaciones perturbadoras. Tengo en cuenta que hoy has enfrentado una de las revelaciones más perturbadoras en el marco de todas estas batallas épicas que estamos librando. Has descubierto que fuiste víctima del secuestro más sofisticado de la historia. Durante dos mil años, una conspiración sistemática te ha robado tu herencia como ciudadano del Reino y te ha ofrecido, a cambio, una imitación religiosa que te mantiene espiritualmente empobrecido, mientras esas instituciones se enriquecen. El coraje que has demostrado al escucharme y no descartarme, y enfrentar esta verdad perturbadora es extraordinario. La mayoría de las personas, cuando descubren que han sido engañadas durante toda su vida, reaccionan con negación o lo más abundante: atacan al mensajero.

Pero tú has tenido la valentía de considerar la evidencia, examinar los hechos y reconocer que todo lo que aquí se ha expuesto no es mera teoría, sino una documentación histórica de una operación de encubrimiento masiva. Este desenmascaramiento se suma, devastadoramente, a las batallas que ya hemos ganado. Ahora comprendes que Jesús nunca vino a fundar una religión, sino el motivo real por el cual se creó esa religión, para reemplazar y ocultar al Reino autentico. Ahora entiendes que no sólo existen versículos bíblicos que la religión mantiene ocultos, sino el motivo real del por qué los mantienen ocultos, porque exponen la conspiración. La guerra entre Reino y religión no es una diferencia de opiniones teológicas. Es una batalla entre un sistema que te empodera como ciudadano con autoridad delegada, versus un sistema que te mantiene dependiente como feligrés, necesitado de intermediarios.

Es la diferencia entre recuperar la herencia robada o continuar viviendo como refugiado espiritual en tu propio territorio. Declara tu independencia del sistema conspirador. Hoy mismo, deja de verte como miembro de iglesia y comienza a verte como ciudadano del Reino con autoridad delegada. No necesitas permiso de ninguna institución religiosa para operar en el poder que te corresponde por derecho de nacimiento espiritual.

Identifica las áreas específicas donde has sido mantenido dependiente del sistema religioso y establece conexión directa con el Rey. Ya sabes que tienes acceso directo a recursos del Reino sin pasar por intermediarios humanos. A partir de ello, podrás comenzar a transformar tu territorio personal como evidencia de tu ciudadanía. Convierte tu hogar en una embajada del Reino, donde otros puedan descubrir la diferencia entre una religión que los mantiene cautivos y el Reino que los libera. ¿Quieres respaldo bíblico a todo esto? Aquí lo tienes.

Gálatas 5: 1 = Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. Este versículo afirma que Cristo nos liberó, no para volver a vivir bajo sistemas que esclavizan (incluida una religiosidad legalista). Colosenses 2: 20–23 = Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos… conforme a mandamientos y doctrinas de hombres? Pablo confronta directamente la dependencia de reglas externas que aparentan espiritualidad, pero no transforman el corazón. 2 Corintios 3: 17 = Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. La verdadera libertad no proviene de ritos o estructuras religiosas, sino de la vida del Espíritu en nosotros.

Cada embajada auténtica del Reino se convierte en un verdadero centro de formación territorial que expone, automáticamente, la irrelevancia de las estructuras religiosas conspiradoras. Conecta esta recuperación con todas las revelaciones que hemos desenmascarado. Cada verdad expuesta entre Reino y religión es parte de una misión tendiente a recuperar lo que nos fue robado hace dos mil años. En todo el mundo, millones de personas están despertando al hecho de que han sido víctimas de la operación de encubrimiento mas exitosa de la historia. La conspiración que durante dos mil años mantuvo a la humanidad ignorante sobre su herencia real, está empezando a colapsar ante el peso de su propia irrelevancia. Cuando las personas descubren que pueden operar directamente en autoridad del Reino, las estructuras intermedias religiosas se vuelven obviamente innecesarias.

El reino no necesita ser defendido, sólo necesita ser demostrado. Cuando las personas vean la diferencia entre la pobreza espiritual de la religión y la abundancia del Reino auténtico, la elección se vuelve obvia. Tu generación está presenciando el desenmascaramiento final de la conspiración más sofisticada de la historia. Eres parte de la generación que recuperará lo que fue robado, que restaurará lo que fue secuestrado, que establecerá lo que fue reemplazado. Pero esta guerra épica que estamos librando, está lejos de terminar. El desenmascaramiento de la conspiración histórica es solo el principio de revelaciones aun más devastadoras. ¿Crees que descubrir el secuestro de dos mil años es lo más perturbador que conocerás? Espera enfrentar los siete errores específicos que destruyeron al cristianismo. Dede ellos y su análisis se desprende la razón y el motivo por el cual un Reino poderoso fue convertido de improviso en una religión casi impotente. Eso será lo próximo.

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abril 19, 2026 Néstor Martínez