Palabra del Día

23/08/2017
1 Corintios 7: 12-13 = Y a los demás, yo digo, no el Señor: si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone.
En función y razón de este texto, en muchas congregaciones que conocí, se imponía al creyente de circunstancias, (Sea el hombre o la mujer), que no abandonara bajo ningún concepto a su cónyuge no creyente. Es decir que se cumplía con una parte de la palabra, pero no con toda ella. Porque aquí dice con toda claridad que si el cónyuge no creyente consiente vivir con el creyente, éste debe vivir con él. ¿Y qué ocurre cuando el no creyente no consiente vivir con el creyente y, además, no le permite ir a la iglesia o le produce agresiones cuando lo hace? ¿Allí se aceptaría que esa persona creyente no viva más con el no creyente? Y si así ocurriera, ¿Se pondría en vigencia la otra parte de lo dicho por Pablo, que el creyente debería quedarse solo? ¿Y cómo se vería eso si la creyente fuera una mujer sin posibilidades materiales de subsistencia, la iglesia que determinó eso le brindaría ayuda y mantención? Todo muy confuso para una palabra que jamás se escribió para confusión. Los hombres y sus torcidas interpretaciones lo hicieron.
23 August, 2017 Néstor Martínez
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