Palabra del Día

25/08/2016
Lucas 1: 39-42 = A los pocos días María emprendió el viaje y se fue de prisa a un pueblo en la región montañosa de Judea. Al llegar, entró en casa de Zacarías y saludó a Elizabet. Tan pronto como Elizabet oyó el saludo de María, la criatura saltó en su vientre. Entonces Elizabet, llena del Espíritu Santo, exclamó: ¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el hijo que darás a luz!
Para poder tomar calibre de la significación de este suceso, habría que ubicarse con la imaginación en ese tiempo y en ese lugar. Nada de lo que está sucediendo está controlado por el hombre. Todo lo que ocurre está fuera del control humano y pertenece a los designios sobrenaturales de Dios que, por serlo, está por sobre la naturaleza misma haciendo con ella Su voluntad en todo. Y dice que Elizabet estaba llena del Espíritu Santo. Y nosotros hemos estado enseñando muchas veces que el Espíritu Santo recién vino a llenar a los hombres después de la muerte de Jesús, concretamente en el episodio del Pentecostés. ¡Que facilismo doctrinal hemos vivido! Aquí se nos demuestra que no podemos limitar a Dios, que en suma es también el Espíritu Santo. Que Él estuvo presente siempre, incluso en la creación de Génesis 1, y que llenar a los hombres ha sido y será su principal tarea.
25 August, 2016 Néstor Martínez
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