Palabra del Día

26/05/2015
Judas 1: 22-23 = A algunos que dudan, convencedlos. A otros salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne.
Hace un tiempo atrás toqué un tema muy delicado dentro de nuestros ambientes que, pese a todo el amor, el respeto y la aceptación masiva que mis hermanos evidencian para con mis trabajos, en este caso en algunos sectores produjo un cierto revuelo. Fue cuando me tocó hablar de los riesgos de nuestra tolerancia. Allí explicaba que en nombre de un amor que es muy cierto que es la esencia central de nuestro Dios, hemos cometido excesos graves que nos han llevado, directamente, a convertirnos en silenciosos cómplices y co-partícipes de simples pecadores pervertidos que llegan a buscarnos como ayuda o respaldo. Y citaba casos muy específicos donde, obviamente, sobresalía el asunto de la homosexualidad. Y aquí terminas de leer algo que, te agrade o no, coincidas plenamente o no, avala lo que te digo. Nos dice que debemos tener misericordia con ciertas personas ensuciadas por el pecado, pero que al mismo tiempo debemos mantenernos alejados hasta de sus ropas contaminadas. Y si eso no se parece a esa palabra tan fea llamada discriminación, en verdad no sé de qué te estoy hablando.
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