¿Quiénes Somos?

Quienes somos. En cualquier página más o menos seria (Y las que contienen aspectos de la Palabra de Dios deberán serlo) en esta sección se detallan, puntillosamente, todos aquellos elementos que hacen a la confianza y la credibilidad para con sus responsables. Currículum, referencias, avales de gente u organizaciones de prestigio, títulos, cargos, posiciones y todo lo que confiere a un ministerio cierta solvencia que invite a dejarnos ministrar con la certeza de que no se correrán riesgos de herejía, blasfemia o alguna forma de pecado similares.

Existen tres clases de órdenes sacerdotales que si bien emanan de la historia del evangelio, son absolutamente vigentes y válidas para este tiempo. Todas son lo suficientemente visibles como para que nadie se pueda confundir. Orden de Leví, orden de Aarón y orden de Melquisedec. Usted ya habrá comprobado cuales son las más abundantes y cuales las más escasas.

El orden de Leví, concentra en sus cultores, la flor y nata del profesionalismo cristiano. Gente con una formación intelectual de alto nivel, con títulos quizás universitarios, doctorados en teología, seminarios bíblicos por centenares, master en divinidades y todo un caudal que lo hace, al sacerdote moderno según el orden de Leví, un ministro confiable, capacitado estructuralmente y apto para ministrar al pueblo sin posibilidades de errores de interpretación ni misticismos trasnochados. Lo negativo de este orden, es la mayoritaria carencia de Vida Abundante que se experimenta en sus congregaciones, cosa que el pueblo discierne y padece. Este es el orden más proliferante dentro de nuestras congregaciones, al menos, las rotuladas como “conservadoras” u ortodoxas.

El orden de Aarón (Sacerdote el padre, el hijo, el nieto) habla de una consecución por línea familiar, a la manera de un clan religioso. Un pastor abre una obra que, en principio, atiende únicamente él con su esposa. (Quizás colaborarán padres y suegros, pero nadie más) En la medida que pasan los años, los hijos e hijas de la pareja pastoral, irán tomando posiciones. Serán líderes de jóvenes, directores de alabanza o responsables de campamentos y otras similares. En los finales de estos ministerios, es muy normal ver al ya maduro pastor y su esposa al frente de la obra, pero descargando responsabilidades y tareas en hijos, hijas, yernos, nueras y hasta nietos, que ocupan por directo escalafón, las posiciones de vanguardia en la iglesia. Lo negativo de este orden, es que si Dios no ha llamado, por ejemplo, a un hijo del pastor para ese ministerio, él lo va a cumplir por imposición o “sugerencia” familiar, pero muy lejos estará de tener ese corazón de pastor necesario para bendecir. Este orden, si bien no es demasiado frecuente, se encuentra en muchos lugares. Quizás cualquiera que lee, haya visto alguno. O se esté congregando en uno así.

Y, finalmente, el orden de Melquisedec, es aquel que no tiene absolutamente nada para mostrar más que un llamado del Señor que se manifiesta en los frutos y resultados espirituales. No tiene genealogía, no tiene familia prestigiosa, no tiene títulos, honores, avales, currículum ni especialidades intelectuales en teología ni filosofía. Sólo se deja guiar por el Espíritu Santo en concordancia con la Palabra, que debería ser lo real, pero que todavía y a favor de una gran cantidad de aventureros brotados de todas partes, ha cosechado un lamentable concepto. Este orden es casi inexistente, porque cuando aparece en alguna parte, siempre habrá personeros de los dos mencionados anteriormente, que mediante la manipulación y la fuerza, y a favor de los rudimentos del mundo, tratarán de abortarlos.

Quienes somos desea usted saber. Bien; somos gente que trabaja para el reino de Dios según el orden de Melquisedec, que pese a todo lo dicho, no podemos omitir que es el orden dentro del cual fue elevado al Sumo Sacerdocio, nuestro máximo referente: Cristo. El nombre y apellido abajo firmante, es el nombre de las responsabilidades. Uno tiene que haber. Pero lo que emana de este sitio, es producido en las oficinas del Espíritu Santo de Dios, por lo tanto los derechos de autor, tan en boga en nuestros autores cristianos, le pertenece a Él exclusivamente, ya que todos nosotros, todos, somos apenas instrumentos más o menos aptos para ponerle voz o letra.

Si después de todo esto usted ha orado y el Señor le ha dicho que examine todo y extracte lo bueno, le invito en el amor de Cristo y en el poder de su sangre preciosa, a entrar a este sitio y procurar alimento sólido que pueda equilibrar su balanza espiritual en un tiempo donde un evangelio “Diet” o “Light” parecerían haberse entronizado en nuestras congregaciones. Que cada palabra que lea, que cada concepto que apruebe en coincidencia y hasta en cada discrepancia que pudiera existir, reciba igualmente una bendición superior del Padre celestial que redundará en el único objetivo de esta página: que toda la gloria, que toda la honra y que toda la alabanza sean para el Señor de Señores y Rey de Reyes: Jesucristo de Nazaret, única respuesta para la incredulidad impía.

La garantía de tranquilidad debe tomarla en el sentido que no estamos formando ni pensamos formar grupo alguno o denominación alguna o iglesia alguna. Esto es un servicio para el pueblo que viene desde el pueblo, para dar por cierto y cumplido aquello de ministrarnos unos a otros. Y no le costará absolutamente nada de su bolsillo aprovecharlo. Dios siempre provee sustenta como Él quiere y no como los hombres suponen, todo aquello que tiene su sello. Lo saludo con la paz de nuestro Señor.