Estudios » Blog

Déjalo …

Todos nosotros sabemos que, donde quiera que nos hayamos convertido y reunido, ante el menor atisbo de entrar en un problema, quien sea que estuviera a cargo, nos lanzaba el clásico: ¡Pero no, hermano, así no se hace! ¡Dios es un Dios de orden! Ya sé, me vas a decir que eso no está escrito así de textual en ningún lugar en la Biblia, pero no le hace; implícitamente, queda en evidencia que, efectivamente, el nuestro ES un Dios de orden. Y si todavía eres como era yo cuando era novato, un cincuenta por ciento ignorante y el otro cincuenta poco iluminado, será bueno que volvamos a examinar qué cosa es ser un Dios de orden. Entre la veintena de acepciones que el diccionario de la lengua española tiene para esta palabra ORDEN, me quedo con las tres primeras: 1 – Colocación de las cosas en el lugar que les corresponde. 2 – Forma coordinada y regular de funcionar o desarrollarse algo. 3 – Método que se sigue para hacer algo.

Eso me sonó y me sigue sonando coherente. Dios creó todo colocando cada cosa en el lugar correspondiente, lo podemos ver a cada paso y también lo hizo de manera coordinada y con una metodología especial y única para cada evento. Buen momento para una buena sentencia: Espontaneidad no es sinónimo de Improvisación.  La palabra Estructura, por su parte, no tiene el mismo significado que orden. Son bastante parecidas, eso es verdad, pero no significan la misma cosa. Una estructura es la distribución y el orden de las partes importantes y también un sistema de elementos relacionados e interdependientes entre sí. Salta a la vista, entonces, que una estructura siempre será el resultado o la consecuencia de la implementación de un orden.

Con una enorme predisposición al servicio y una gigantesca buena voluntad cargada de fidelidad, los hijos de Dios fuimos creando ciertas estructuras tendientes a poder manifestar el orden de Dios. La idea jamás fue mala ni negativa, pero su consecuencia sí. El pueblo de Dios terminó adorando la estructura creada por ellos mismos, con la finalidad de adorar mejor a Dios. ¿Se te ocurre alguna incoherencia mayor a esta? Por eso es que me gusta hablar de Cero Estructura. Y no porque yo no las tenga, sino porque decidí hace mucho tiempo que jamás voy a darles prioridad y mucho menos a adorarlas. Y no es necesario que te aclare que no me es fácil. Por edad, por formación, por cultura y por educación. Pero en Cristo todo es posible. Sin embargo, cuando digo mi frase preferida, no puedo evitar sentir que le hago honor a aquel viejo refrán popular que dice que: el hombre es dueño de todos sus silencios, pero esclavo de sus propias palabras.

Porque, aunque tú coincidas conmigo en este pensamiento, te identifiques con él y veas con agrado que yo diga y haga eso de dejar que fluya y fluya, en mi ser íntimo yo sé que podré lograrlo sólo con el auxilio del Espíritu Santo, ya que de otro modo siempre me caeré inevitablemente en alguna de las miles y miles de estructuras con las que los hombres hemos revestido nuestras vidas. Está en nuestra naturaleza adámica. Y eso, hasta donde yo sé, no lo deja fluir con libertad. Ya te lo dije, si mi intención primaria es escribir algo llevado por el imprevisible viento del Espíritu, comenzar con esta especie de introducción al tema, ya es una estructura que por años ha acompañado a la literatura. ¿Hay manera de hacerlo de modo distinto? Dentro de la técnica literaria humana, podría decirte que no es lo usual.

Dentro de la literatura divina, déjame probarte que sí se puede, que el Espíritu Santo tiene poder, talento y sabiduría creativa como para entregarte algo por fuera de esos cánones griegos. Y no me preocupa ser esclavo de mis palabras. Prefiero eso a estar obligado a escribir silencios…De todos modos, si deseo llevar adelante en la práctica lo que ya tengo en mi espíritu, tendré que orar, ¿Sabes? ¡Vaya descubrimiento! ¿Verdad? Seguramente lo pensaste al leerme, pero déjame explicarte algo. Lo que quise decir es que tendré que orar aquí y ahora, algo que no suelo hacer normalmente, para poder involucrarme con y en esa oración. Pero también para involucrarte a ti que eres mi destinatario genérico, tu ser espiritual, más allá de si eres mujer u hombre.

Porque cuando esa oración lance un decreto o una declaración profética, aunque no llegues a murmurar ni siquiera ese legendario “amén”, latiguillo casi obligatorio de iglesitas convencionales y tradicionales, tu participación espiritual será equivalente a ese “amén” simplemente por identificación y compañía, aunque por ser un simple hombre de pueblo, me quedo con la palabra Complicidad. ¿Te parece correcto? Tomo tu silencio como un sí y amén, así que ahí vamos.

 Señor, ayúdame Papá. Quiero compartirles a todos los lectores u oyentes, sean amigos, hermanos en la fe o simplemente curiosos, exactamente lo que tú estás diciendo hoy. No lo que has dicho ayer ni antes de ayer, que, si bien fue muy bueno y maravilloso, fue para ayer y para antes de ayer. Hoy es un nuevo día y lo que salga de mi boca, en el nombre de Jesús, será tu palabra y no la mía. Y eso será lo que se traslade a mis dedos y de allí al teclado. Tomamos lo que venga como tu palabra de guía y dirección para los próximos tiempos. Sea publicado, decretado y activado desde este mismo momento en el nombre de Jesús. Amén.

Comentarios o consultas a tiempodevictoria@yahoo.com.ar

agosto 4, 2023 Néstor Martínez