Todo Espacio Vacío, se Cubre

Cuando todo a tu alrededor ande mal, lo único que te va a mantener vivo y en victoria, son los principios de Dios que has recibido. Puedes pensar con esa mentalidad pragmática que tanto abunda en las congre y tener gozo momentáneo. Pero este es eterno, aquí se te va acabar la gasolina. ¿Por qué lo digo? Vamos a ver algo de esto en 1 Samuel 22. Aquí vemos a Samuel cuando sale, y lo más importante es que cuando Samuel sale, ya estaba ungido por Dios, al igual que ya nosotros somos reyes y sacerdotes. Él era rey, y nosotros también lo somos. Ya sé, la mayoría no parecemos reyes sino más bien mendigos, pero somos reyes, no tengas dudas. Ya hemos visto alguna vez en la carta a los Hebreos que, a pesar que todo está puesto bajo sus pies, aun no lo vemos todo sujeto. Allí también David en la cueva de Adulam era rey, pero no lo estaba viendo manifestado. Estaba en una situación muy parecida a la que la iglesia está hoy. Y como ya hemos establecido que él es sombra de lo que la iglesia es, en la preparación del ministerio de David, vemos la preparación de la iglesia. David es tipología de la iglesia.

Entonces, se nos dice permanentemente aquí que todo está bajo los pies de Cristo, pero el problema es que nosotros no lo vemos así. Aquí vemos a David ungido como rey y huyendo de Saúl. Y en el capítulo 22, en el versículo 1 al 3, dice:  Yéndose luego David de allí, huyó a la cueva de Adulam; y cuando sus hermanos y toda la casa de su padre lo supieron, vinieron allí a él. Y se juntaron con él todos los afligidos, y todo el que estaba endeudados, y todos los que se hallaban en amargura de espíritu, y fue hecho jefe de ellos; y tuvo consigo como cuatrocientos hombres. Y se fue David de allí a Mizpa de Moab, y dijo al rey de Moab: Yo te ruego que mi padre y mi madre estén con vosotros, hasta que sepa lo que Dios hará de mí. Noten el principio de cómo Dios sacude. Aquí David se encuentra en la cueva de Adulam. Eso significa refugio, fue confirmado en las canciones, Torre Fuerte. Refugio.

Tú estás pasando, tal vez, por una época de refugio, por una época en la cueva de Adulam, una época en la que vas a ser sacudido. Noten el grupo de personas que le llegan a David. A mí siempre me gusta decir o h hablar del tremendo ejército que levanta David. Te los enumero por orden de impacto. Los amargados de corazón, que en idioma psicología es los deprimidos.  Los afligidos, que directamente tiene que ver con un imponente espíritu de tristeza gobernando sus vidas y los endeudados, que no necesitas acudir a ningún libro de guerra espiritual para saber que se encuentran bajo el yugo opresor de un alto espíritu de miseria. ¡Tremendo ejército! Cuatrocientos afligidos, amargados y endeudados. Cuatrocientos tristes, deprimidos y carenciados, según el idioma actual. Teóricamente, reyes, pero posicionalmente, bajo el yugo del enemigo. Muy parecido a la iglesia. Cantamos que somos reyes de la tierra, que tenemos toda la autoridad y que todo está bajo nuestros pies. ¡Aleluya!

Pero después te indagamos un poquito más a fondo y salta que no tienes trabajo, que andas a pie porque no te alcanza ni para una bicicleta, que necesitas un par de monedas para comprar la leche para tus hijos pequeños… A ver, ¿A ti te parece que estoy criticando por maldad y sin bases o más bien estoy revelando realidades visibles? El mundo, cuando te oye hablar, testificar o incluso predicar, piensa que debes estar tremendo, pero… ¿Sabe esa gente dónde tú vives? La alabanza nunca tiene compromiso. Esa es una enorme verdad. La alabanza sólo crea preguntas. ¿Pero tienen respuestas esas preguntas? Si; La adoración las responde. Porque la adoración es un estilo de vida. Adoración es mucho, pero muchísimo más que cerrar tus ojos y levantar tus manos mientras suena una música lenta, distinta a la rítmica que te envolvió la alabanza. La Adoración es lo máximo, acaso el silencio total, cuando sientes que sabes y sabes que ya no tienes con qué adorar con más fuerza al Señor.

En esa cueva que, dicho sea de paso, significa refugio, Dios trae un grupo. Él dijo: no me voy a mover de aquí, guarda a mis padres, mientras que recibo palabra de Dios. La iglesia no va a terminar su restauración, hasta que encuentre la estrategia de Dios. Es por eso que sus trompetas están tronando a través de las voces proféticas en la tierra, trayendo dirección y estrategia. Lamentablemente, muchos tienen oídos sordos a lo que Dios está diciendo a través de las trompetas que ya están sonando. Las trompetas no son literales, las trompetas son los oráculos de Dios, que están declarando su palabra en el norte, sur, este y oeste, y muchos no se han preparado para la batalla porque no conocen el sonido cierto de la trompeta que viene dirigida de este mundo. Sólo hay un pequeño problema: como esas trompetas no tienen un nombre registrado como importante en el ambiente, entonces no son oídas.

Muchos olvidan que Dios suele levantar lo necio y lo débil para avergonzar a los sabios. Es indudable: algo nuevo siempre tendrá que venir por intermedio de alguien nuevo. Vino nuevo no entra en odres viejos. Nunca. En el refugio, Dios quiere que te identifiques con Cristo. ¡Tienes que estar anclado en Cristo! En la roca, no en la arena. ¿Recuerdan al hijo pródigo? Salió, perdió toda su herencia, regresó y fue restaurado al ciento por ciento. Todo fue restaurado, menos la herencia. Si no estás anclado en Cristo, puedes perder tu herencia. Anclado con Cristo. No con tu ministerio, ni con tu habilidad, ni con el líder, ni con la canción, no con el piano, no con la alabanza. ¡Con Cristo! Anclados en el Rey de reyes y Señor de señores. Escúchame. Si tú eres un prestigioso líder de alabanza y un día por esa puerta entra uno que canta y dirige mejor que tú, ¿Te haces a un costado y lo dejas cantar y dirigir todo a él? ¿Anclados en Cristo o en un ministerio?

Pregunto otra vez: ¿Descenderás de la plataforma para dejarle lugar al nuevo y con el rostro irradiando felicidad te pondrás a cantar con toda la gente desde un asiento más de los muchos que hay en tu iglesia? Si hoy aparece alguien que indiscutiblemente sabe mucho más que yo y enseña diez veces mejor que yo, ¿Voy a hacerme a un costado y darle todo el ministerio a él o a ella para que lo continúe? ¡Anclados en Cristo! ¿Se puede entender lo que significa? Dios quería que David estuviera anclado con Él, porque el líder no tiene que saberlo todo, sólo tiene que tener seguridad en sí mismo. Entonces es así como sabe y puede canalizar la fuerza que le llega. Él no lo hace, él la distribuye. Tú puedes ser un buen líder y no saber predicar. Pero si sabes elegir a quienes invitas a predicar, con eso lo cubres. Y tampoco es garantía que un buen predicador sea un líder efectivo. Sabrá a quien acompañar y respaldar para cubrir eso.

El que está seguro de sí, no teme a que otro sea mejor. Pero nunca podrías estar seguro de ti, si no estás anclado en Cristo. Allí es donde viene el espíritu de rechazo. Si no estás venciendo al espíritu de rechazo, el rechazo te vencerá a ti. La iglesia, hoy, todavía está llena de pena y de rechazo. ¿Y sabes lo que usa el enemigo para traer rechazo? Tu marido, tu esposa, el pastor, el sistema, ¡Cualquier cosa! Si tú no te amas a ti mismo, Satanás se va a encargar de que te sientas rechazado. Tú no puedes amar a tu prójimo en una medida con la que aún no te amas a ti mismo. Aquellos que viven sus vidas tratando de pisarle la cabeza al que tienen cerca, sea quien sea, lo hacen para que cuando esa gente está sometida, ellos puedan sentirse más alto. Cristo dijo que, si tú no me buscas a mí en las escrituras, es porque no tienes el amor del Padre en ti, por eso buscas gloria de los hombres.

Pero yo no recibo gloria de los hombres, porque yo sólo hago lo que el Padre me dice. ¿Qué está diciendo? Que él estaba totalmente satisfecho en el testimonio del Padre, no necesitaba el testimonio de nadie más. Pero ustedes, dice Él, ustedes no tienen el amor del Padre en ustedes. No era que no conocían a Dios, sino que no estaban anclados en el amor, no estaban completos en ese amor, no estaban satisfechos con la opinión del Padre. Ya Dios te dijo: ¡Eres linaje escogido! ¡Eres piedra viva! ¡Eres nación santa! ¡Eres la roca que va a ganar la tierra! ¿Qué más quieres? Es que yo quiero que el pastor me reconozca… ¿Sabes lo que hace Dios? No te reconoce Él tampoco, hasta que se te quiten las ganas de ser reconocido. Dios está sacudiendo la iglesia. Si estás en pobreza, ánclate en Jehová Jireh. Si estás en fracaso, ánclate en Nissi y tendrás victoria. Si andas enfermo, llama al Gran Sanador. No al pastor, ¡Al sanador!

He visto a gente poniendo los codos con dureza para poder llegar hasta donde está el predicador invitado y poder tocarlo. ¡Idólatras! Si pusieran el mismo esmero y esfuerzo para tocar a Dios, ya estarían sanos. Si te sientes rechazado, necesitas a Jehová shama, esa es su presencia, para que no te sientas solo. Y así con todos los nombres y razones de Dios que seguramente ya conoces. Tú necesitas anclarte en Cristo, no en la religión. En Cristo, no en la iglesia. En Cristo, no en la plataforma. ¡En Cristo! Dios quiere que tú seas uno con Él y Él uno contigo. Si todo lo demás fuera removido, Cristo no se cae. ¡Cristo es la roca! Hoy Cristo se ha convertido en un mensaje. Si entonces aceptamos y manifestamos que somos la iglesia y que Dios está destrozando todo lo que yo acabo de decir, entonces haz una evaluación y ahí sabrás que es lo que tienes que meter en la lavadora. Si tú no lo metes, Dios lo va a meter y tú tendrás que mirarlo desde afuera y desde lejos.

¡Es que…! ¿Sabe que pasa, Néstor? ¡Yo estoy esperando una puerta! ¿Ah, ¿Sí? Déjame decirte que Dios está esperando por ti…Dios no es lento como muchas veces has pensado, el lento eres tú. Aquel ejército angustiado se convirtió en un ejército ambidiestro, capaz de pelear con ambas manos. Hay gente que vive todos los días iguales. Eso es raro y es malo. En cada régimen de unción, hay un nivel nuevo de amistades. Si tus amistades han sido las mismas en los últimos tres años, eso significa que andas en la misma unción. Si tú solo conoces a esos mismos de siempre, es porque jamás cruzaste a la otra etapa donde hay otros. Y no es que uno no quiera conocerlos, es que el camino siempre es hacia adelante. Y si ellos no lo comparten y deciden no subir contigo, entonces se quedan muy lejos. Ya no se verán todos los días, sólo de vez en cuando. Y no es que hayamos perdido el amor por ellos, sino que se ha aumentado el amor por Cristo.

No te ancles en el mismo círculo de tus amistades de siempre, y tampoco te sientes en la misma butaca, silla o banco cada vez que vas a tu iglesia. Siéntate al lado de uno que no conoces y deja que la unción te traiga convicción. Además, vas a contribuir a que el pastor se sienta intrigado y hasta interesado al verte en otra zona del templo. Ya se había acostumbrado a verte siempre en el mismo sitio, tanto que cuando no te veía, ya te daba por ausente. Sorpréndelo. Sorpréndete. Cambia. Sólo crece lo que es capaz de cambiar. Hebreos capítulo 5. Mira el verso 13: Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; A ver, ¿Qué tiene que ver la leche con la palabra de Dios? Algo a tener siempre muy en cuenta: el libro, es espiritual. Leche significa que es una palabra de niños, de esas que todavía andan por ahí adormeciendo cristianos.

El que sólo se alimenta de leche, es inexperto en la expresión de la palabra, es lo que dice en el original. No puede manifestar lo que este Reino tiene, porque se la pasa comiendo golosinas. Y luego dice: pero el alimento sólido (Y nuevamente hablando de la Palabra y no de la carne) es para los que han alcanzado madurez, (Noten que la madurez se alcanza, no es algo que llega con el tiempo. Y no te asombres, tú tienes la misma Biblia que yo.) para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.  Esta palabra, concretamente, dice lo siguiente. Voy a parafrasear el mismo verso. La palabra madura o sólida, profunda, o la revelación presente, o la estrategia de Dios, o este libro que está aquí, cuando es visto a través de inspiración espiritual, es sólo para los que han alcanzado la madurez. Esto es, que los maduros son aquellos que, por el uso de la palabra madura, han ejercitado sus sentidos, para poder discernir entre el bien y el mal.

El maduro, entonces, es el que ha usado el libro para ejercitar los sentidos, y no su espíritu. El maduro, por su parte, no es ese que salta como un canguro ante una alabanza movida, tumba las sillas ante una ministración con el Espíritu Santo y temblequea como un pollito mojado cuando reprenden demonios, porque eso es carne. El maduro. tampoco es el que pierde la peluca porque sacude como un loco su cabeza porque dice que el Espíritu Santo lo posee, porque eso también es carne…y algo más que viene desde las tinieblas a ayudarlo. A nadie le van a caber dudas que lo está poseyendo un espíritu, pero muchos la tendrán en cuanto a si es el Santo u otro de la vereda de enfrente. La palabra madura es para las personas que han alcanzado madurez, porque han usado el libro para ejercitar los sentidos. El tacto, el olfato, el gusto, la vista y el oído. Percepción externa, no interna.

O sea que, la persona madura, es la que saca lo teórico, lo elabora y lo trae a un mundo práctico. Es aquel que saca lo profundo y ejercita discernimiento en este mundo. Eso hacen los que han ejercitado sus sentidos para discernir. La palabra discernimiento significa Disputar, Discriminar, Ejecutar, Rendir Juicio Lo mismo que el diablo le dice a la iglesia que no puede hacer. Ejecutar sentencia entre lo que está bien y lo que está mal en el mundo natural. La única entidad que tiene dominio para discernir el bien y el mal, es la Palabra. Es una espada de dos filos, que discierne pensamientos, principios, filosofías, y los intentos del corazón. La Palabra discierne las filosofías y las acciones. Nuestras armas son poderosas en Dios, para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y principios, y llevando cautivo todo pensamiento y todo principio mundano, a la obediencia a Jesucristo.

El maduro lo hace. Es espiritual y afecta lo natural. Si maduras, si disciernes, si tratas de buscar cómo funciona hoy, Dios te habla. ¡No seas religioso! La Biblia, te cuento, no es un libro de ayer, ¡Es EL libro de hoy! La Palabra dice en Isaías 60, Hay tinieblas. Es verdad, pero se va a ver una luz por sobre toda esa tiniebla, y las naciones van a venir a tu resplandor. ¡Sí! ¡Esa es la iglesia! ¡Aleluya! Entiendo tu gozo, pero te recuerdo algo muy importante: ¡Tú eres la iglesia! Y los reyes vendrán a tu luz. ¿Sabes lo que significa eso? Que van a venir a buscar de ti, soluciones. Hermano, ¿Qué opina usted de la situación social y política en Latinoamérica? – Ehhh…no sé mucho, no he visto CNN en estos días. – Hermano, ¿Qué piensa usted de los homosexuales? – ¿Me espera un momento?, llamo a mi pastor y le pregunto. – Hermana…como mujer de Dios, ¿Cómo ve usted el tema del aborto? – ¡Ah! Ahorita le pregunto a mi marido, él es el que predica… ¡¡¡¡¡Maduraaaa!!!!! La palabra fuerte, es aquella que usa el que alcanza madurez. Y el que alcanza madurez, es aquel que usa la Palabra. Para sacarlo de un mundo teórico y discernirlo y llevarlo a un mundo práctico.

Nuestra misión es traer soluciones y alternativas. Al mundo no se le predica capítulo y versículo. A la iglesia, sí. Al mundo se le traen soluciones prácticas o te quedas callado la boca. A ellos no les interesa capítulos y versículos. Sí les interesa como sobreponerse a una crisis económica, social o política. De entrada, no les digas Cristo, no les digas capítulos ni versículos, simplemente tráeles una solución. Después seguramente te habrán de escuchar todo lo que se te ocurra sobre Cristo, capítulos y versículos. Pero no antes. Soluciones inspiradas por principios. Y los principios son leyes que no tienen capítulo y versículo. El principio del Reino es hacer el bien. Sembrar para cosechar. Si siembras amor, cosecharás amor. Si siembras tu dinero sin avaricias, cosecharás más dinero del sembrado. Y sin andar gritando que eres de Cristo ni recitando capítulos y versículos a quienes no tienen ganas de oír eso. Ya habrá tiempo cuando ellos vengan a ti a buscar más soluciones.

(Eclesiastés 8: 10) = Asimismo he visto a los inicuos sepultados con honra; (No está hablando por hablar. ¿Cuántos han visto que a muchos inicuos se los sepulta con gran honra? Es casi normal que un impío, incrédulo y pecador tenga unos funerales mucho más impactantes y multitudinarios que los cristianos) más los que frecuentaban el lugar santo fueron luego puestos en olvido en la ciudad donde habían actuado con rectitud. (O sea: te pasaste toda tu vida actuando con rectitud y el día que te moriste fueron cuatro a tu velatorio. Mientras, en la otra cuadra, se murió un estafador y reconocido delincuente que, como tenía altos intereses en común con ciertas personalidades, a sus funerales están asistiendo miles de personas.)  Esto también es vanidad.

(11) Por cuanto no se ejecuta luego sentencia sobre la mala obra, el corazón de los hijos de los hombres está en ellos dispuesto para hacer el mal. Por cuanto no se discierne rápidamente el juicio sobre la mala conducta en la tierra, es por eso que en el corazón de los hombres hay disposición de hacer el mal. Por cuanto la iglesia no ejecuta rápido sentencia sobre lo que está bien y lo que está mal, es por eso que el pecado sigue creciendo. Por cuanto la iglesia estuvo ausente en medio del debate de la oración en la escuela, es por eso que ocultismo, curanderismo, esoterismo y el Orientalismo ahora reinan en la escuela. Por cuanto la iglesia no ejecutó sentencia rápidamente sobre espíritus humanistas, es por eso que, dentro de la iglesia, hoy hay pragmatismo. Porque la iglesia no avanza a discernir lo que está correcto, la incorrección ya casi forma parte de la cultura de las naciones. Como supuestamente eso no era trabajo de la iglesia, sino del gobierno terrenal que existiera en cada lugar, es por eso que la iglesia ahora vive apretujada y casi escondida en un rincón.

Por cuanto Satanás tocó las playas, la iglesia salió de las playas. Satanás tocó la música y la danza, y la iglesia salió de la música y la danza. Satanás tocó los jornales, entonces la iglesia dijo: “Eso no es para mí”. Satanás entró a la televisión, y la iglesia dijo: la televisión es mala, caja satánica. Satanás entró a internet, y la iglesia dijo: eso no es del agrado de Dios, hay pornografía. Y así hemos transitado todo este tiempo retirándonos de todos los espacios donde el enemigo logró hacerse fuerte. En lugar de disputarle esos sitios palmo a palmo y a bayoneta calada si hubiera sido necesario, no; nos apretujamos todos en retirada y ocultos para que no nos confundan y se burlen. ¡Basta! Ha llegado el momento y el tiempo en que se levante un ejército capaz de desalojar al enemigo de todos los lugares que nos pertenecen, recuperar el Reino usurpado y ponerlo a los pies del único propietario genuino, Jesucristo, Rey de Reyes, Señor de Señores.

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Iluminando el Don de Lenguas

Cuando diga por qué quiero estudiar progresivamente el Segundo capítulo del Libro de los Hechos, seguramente algunos pondrán su rostro duro en desacuerdo, pero tal vez otros, que han leído sus Biblias con ayuda y participación del Espíritu Santo, coincidan y estén en unidad con mi sentir. Quiero estudiar este capítulo, me lleve el tiempo que me lleve, porque a mi entender es el que marca el verdadero comienzo del Nuevo Pacto, o Nuevo Testamento.  Esto va en contraposición con lo que determinaron aquellos monjes que canonizaron la Biblia y decidieron que ese Nuevo Pacto comenzara en el evangelio de Mateo. Sólo un problema: Si el viejo pacto era a partir de la sangre del cordero inmolado en sacrificio, en la etapa Abraham, el nuevo tiene que comenzar también con la sangre inmolada del Cordero puesto por Dios mismo, Jesús, su propio Hijo Unigénito. Y eso, si no he visto mal, recién sucede al final de los evangelios, en la cruz. Toda la vida de Jesús, hasta que llega a la cruz, les guste o no, lo crean o no, lo acepten o no, sigue perteneciendo al Antiguo Testamento.

(Hechos 2: 1) = Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos

Pentecostés, la palabra griega que lo identifica es pentekostos, que literalmente significa Cincuenta, y tiene que ver con un festival judío anual que también era conocido como la “Fiesta de las Semanas”, o la “Fiesta de las Primicias”, una celebración que te3nía que ver con los primeros frutos de la cosecha. La Ley exigía que los varones judíos fueran tres veces al año a Jerusalén para celebrar las fiestas más importantes, conforme a lo que leemos en Deuteronomio 16:16-17: Tres veces cada año aparecerá todo varón tuyo delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere: en la fiesta solemne de los panes sin levadura, y en la fiesta solemne de las semanas, y en la fiesta solemne de los tabernáculos. Y ninguno se presentará delante de Jehová con las manos vacías; cada uno con la ofrenda de su mano, conforme a la bendición que Jehová tu Dios te hubiere dado.

La Pascua en primavera, cincuenta semanas y un día más tarde, y los Tabernáculos, al final de la cosecha en el otoño. Los que iban a convertirse al cristianismo en ese día de Pentecostés, eran indudablemente los primeros frutos de una vasta cosecha de millones de almas. Sin embargo, lo que realmente marca un antes y un después en la historia de la fe, es lo que se lee al final del verso. Dice aquí que ellos estaban todos juntos y unánimes. Y no es un hecho casual ni decidido o preparado exclusivamente para este evento, sino la prosecución de algo que ellos ya practicaban, porque en el capítulo anterior, concretamente en 1:14, leemos que Todos estos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos. Esto me demuestra a mi y también a ti, que lo de unánimes juntos no era una acción casual o momentánea en aquel tiempo de lo que podríamos denominar como iglesia primitiva.

Cuando leemos unánimes juntos, la palabra griega que se traduce así es homothumadon, y literalmente significa: estar de acuerdo, de mutuo consentimiento, mantener la unidad de grupo, ser todos de una sola mente y compartir un solo propósito. Los discípulos tenían unanimidad intelectual, armonía emocional y una sola voluntad en la iglesia recientemente fundada. En cada uno de los casos en que se usa esta palabra griega, indica armonía, la cual conduce a la acción. Como puedes ver con claridad, esto no se trató nunca de estar unánimes juntos sólo porque se juntaron casi casualmente todos en un mismo lugar y con similar motivo. Lo que va a venir a continuación, no es un simple suceso acaecido simplemente porque a Dios le dio la gana de activarlo mediante Su Espíritu. Es un mecanismo divino que se activa bajo un disparador efectivo e infalible: unidad genuina. No simulada ni dibujada: real. Porque sigue siendo cierto que ningún reino, casa, familia o matrimonio dividido, prevalece.

(Verso 2) = Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; (3) y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.

De repente. Nadie lo preanunció, ni lo promocionó, ni lo activó, ni lo profetizó. Fue de repente, de improviso, inesperadamente. Todo esto último se puede traducir de la palabra que en el original leemos como de repente. En esas condiciones y no atraído, o incentivado, o activado por la voz de algún predicador estrella, dice que vino del cielo, del ouranos, de un lugar en el ámbito del Espíritu sindicado como morada de Dios, un estruendo. ¿Similar a? Un trueno, una explosión, un estrépito. Y añade, como pista más que válida, que ese estruendo era como el de un viento recio. No era un viento recio, era como un viento recio. La pregunta que surge, entonces, es: independientemente de lo que queramos interpretar desde lo literal, ¿Qué cosa era eso que sonaba y se veía como un viento recio? En el original no dice viento. La palabra griega de la que tradujeron viento, es pnoé, y significa concretamente respiración, resoplido, aliento, y obviamente viento, que indudablemente fue la que los traductores eligieron para que sonara más…terrenal.

Al tema es que soplo, aliento, e incluso algo similar al viento, indefectiblemente hay que verlo como Espíritu. En su conversación con Nicodemo, cuando Jesús le está explicando el significado de nacer de nuevo, le dice algo que Juan en su evangelio lo reproduce en el capítulo 3 y verso 8: El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. Dice que el viento sopla de donde quiere y que nadie sabe de donde viene ni para donde va. Cualquier similitud con la dinámica del Espíritu Santo no es mera coincidencia, es exacta similitud. Cualquier buen meteorólogo es capaz de predecir frío, calor, lluvia o tormentas, pero siempre guiándose por distintas señales entre las que sobresalen la calidad y cantidad de los vientos. Lo único que la meteorología no previene ni preanuncia, es la dirección que tendrán los vientos en los próximos diez minutos. Vienen de donde quieren y se van donde se les ocurre. Eso se llama Soberanía y Omnipotencia. ¿Te resultan familiares esas dos condiciones?

El caso es que ese viento recio, (Es el único texto bíblico que contiene estas dos palabras), dice que llenó toda la casa donde estaban sentados. Esto nos confirma contundentemente que no se está hablando de un viento literal o algo que se le asemeje en cuanto a clima. Si es capaz de llenar toda una casa, es algo probablemente invisible que se mueve en el ámbito espiritual. El único ejemplo práctico aceptable es el de un salón, o templo, o casa grande, con mucha gente sentada y esperando un algo que nadie sabe qué es ni como se siente, pero que de pronto llega e inunda todo. ¿Con qué lo inunda? El final del texto lo dice. Con lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. ¿Qué cosa es una lengua de fuego? De hecho, una metáfora, una manera de transmitir una visión imposible de definir. Una llama de fuego, cuando es grande, asciende y se mece con un formato que muy bien puede graficarse como una lengua, aunque no lo sea. Aquí tampoco, porque otra vez aclara que esas lenguas eran como de fuego, no simplemente de fuego.

(Verso 4) = Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.

A ver si entendemos la escena. Un grupo numeroso de personas sentadas en un lugar esperando un algo que no podían predecir que era, pero que estoy seguro que cada uno sabía que sabía que iba a suceder. Y de pronto, viene ese estruendo como de viento recio y esas lenguas, similares al fuego, se depositan sobre la cabeza de cada uno de ellos. Ya lo había predicho Juan el Bautista, cuando dijo que el que venía tras él, bautizaba en Espíritu y fuego. A ver; tu mente racional y repleta de un respetable sentido de la lógica, ¿Puede imaginarse algo así? Algunas películas bien intencionadas han tratado de hacerlo, pero el resultado lamentablemente fue tomado por los espectadores con risas o, lo peor, con burlas y descreimiento. ¿Motivo? Técnicamente nadie puede mostrar lenguas como de fuego sobre las cabezas de centenares de personas y pretender que eso, por mejor que les salga, resulte creíble. No es su culpa. A la carne, a la mente y al alma no regenerada, cualquier manifestación del Espíritu le resultará siempre increíble. Aunque esa Biblia que lees todos los días te cuente que una zarza ardiente era la señal de la presencia del Dios vivo.

En la realidad no fue así. Los que allí se encontraban, también tenían su cuota de carnalidad incrédula, aunque estuvieran espiritualmente en unidad para ir a buscar algo que se les había prometido nada menos que de la boca del propio Jesús, Hijo de Dios encarnado en hombre para los más fervientes creyentes. Sin embargo, no fue más que esas lenguas o lo que fueran se posaran sobre sus cabezas, que aún sin tocarlas, les produjo un impacto que no tengo dudas, si me dejo llevar por experiencias personales y de gente confiable, tiene que haberles hecho sentir algo muy similar a lo que tú o yo sentiríamos si recibiéramos una descarga eléctrica de bajo voltaje. Tan bajo como para no ocasionar daño, tan alto como para sacudirnos, estremecernos y, seamos honestos, darnos un buen susto, hasta saber qué estaba ocurriendo. Aquí, lo que ocurrió, fue que, en un instante, fueron TODOS llenos del Espíritu Santo.

No sé por qué, pero cuando leo que todos fueron llenos del Espíritu Santo, mi espíritu memorioso me retrotrae de inmediato al primer verso, donde me dice que estaban todos, unánimes juntos. ¿Simple coincidencia o efecto indispensable? Garantía, sólo eso. Cuando hay unidad en el espíritu, hay manifestaciones visibles, Esta lo fue. Recuerda que en el Antiguo Testamento sólo habían recibido al Espíritu Santo aquellos que eran objeto de un llamado especial de Dios o sencillamente ungidos por Él. Bajo el Nuevo Pacto, en cambio, a todos nosotros se nos ofrece la promesa que el Padre formula y que Lucas relata en su evangelio 24:49, cuando Jesús dice: He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto. 

La presencia súper activa del Espíritu Santo se muestra en toda su plenitud en la vida de cada creyente que prosigue con el ministerio de Cristo y, nuevo nacimiento mediante, pasa a formar parte activa de Su Cuerpo en la tierra, lo que equivale a considerarlo como miembro del Reino de los Cielos. No puedes ponerlo en duda: el poder de Dios genuino, viene sólo a través del Espíritu Santo. Es imposible y altamente peligroso tratar de reemplazarlo con la sabiduría humana y carnal. Cada uno de nosotros debe anhelar, buscar y llegado el momento recibir ese bautismo en Espíritu Santo y fuego, porque será de la única manera en que realmente podamos alinearnos con el Señor y su propósito. Cuando lo recibas, no vaciles en buscar su guía y su dirección en cada paso que vayas a dar, sea espiritual o terrenal. Si es el único capaz de guiarte a toda verdad, reemplazarlo por un hombre, por iluminado que parezca, simplemente es idolatría.

Luego dice que, como resultado de esta llenura, bautismo o plenitud, todos ellos comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. Y aquí llegamos a un punto de inflexión para nada menor ni superficial. Esto, sólo esto que terminas de escuchar, ha producido en la iglesia más división que el mismísimo Satanás con todos sus demonios. De hecho, ellos aprovecharán cada puerta abierta que encuentren, a partir de pecado, celos, contiendas y todo lo que puede existir en los grupos humanos que no están en unidad, pero en este caso no alcanza con reprenderlos, porque los debates doctrinarios que se observan en las distintas denominaciones, obedecen mucho más a las ambiciones personales que meten en las mentes los espíritus humanos que a la actividad de los demonios. A un demonio tienes toda la autoridad para echarlo fuera tu, en el nombre de Jesús. Pero a un espíritu humano, que es carnalidad pura, sólo pueden combatirla los ángeles de Dios. Pídele que te los envíe, si los necesitas.

Ellos se impactaron porque tengo la certeza de que no terminaron nunca de escuchar con atención y mucho menos entender lo que Jesús les dijo. Si lo hubieran registrado con mayor efectividad, hubieran entendido que lo que les estaba sucediendo ya estaba preanunciado cuando Él les dijo lo que Lucas relata en 24:49 de su evangelio: He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto. Aquí estaban recibiendo poder. Hoy mismo, cualquiera de nosotros que lo anhele, lo acepte, lo crea y lo reciba, tendrá exactamente lo mismo. Lo que sucede es que como ocurre muy a menudo dentro de los ambientes religiosos, sus miembros se empecinan en enfrenarse y dividirse por minucias y eso los lleva a dejar de lado lo que es realmente importante. Como por ejemplo, el asunto de las lenguas.

La palabra griega de la que se traduce esto, es glossa. Y de inmediato salió un iluminado intelectual que instauró en los sectores más conservadores algo llamado glosolalia, que según ellos significaba decir o pronunciar palabras sin orden ni sentido. Y en esos ambientes, las lenguas sumaron desprecio y hasta burlas. Yo me congregué quince años en una denominación que no creía en el don de lenguas como algo actual y que prohibía en sus templos ejercerlas bajo el argumento de que si no había quien las interpretara había que callar en la iglesia. De acuerdo, esto último es bíblico, porque así está escrito, pero siempre recuerdo el rostro mitad sorprendido y mitad fastidiado del pastor cuando se me ocurrió preguntarle cómo podríamos saber si alguien tenía don de interpretación de lenguas si seguíamos prohibiendo hablarlas. Si hubieran investigado que glossa en realidad significa lenguaje, idioma no adquirido naturalmente, entonces creo que el tema hubiera sido bien otro.

El caso es que aquí, ellos recibieron otras lenguas. Y esto, como luego va a quedar en evidencia con el comentario de distintos asistentes a ese evento de diversas etnias e idiomas, lo que recibieron en un instante los capacitó para hablar en idiomas de personas que estaban presentes y que jamás habían aprendido desde lo intelectual. Esto también logró que en otros sitios conservadores, pero menos rígidos, se aceptaran las lenguas en el templo, pero siempre y cuando se tratara de idiomas conocidos o al menos bíblicos, como el arameo, el griego o hebreo antiguo. Eso, decidido como método de represión para el don, dejaría a un lado ese balbuceo tan clásico y conocido que no es parte de ningún idioma terrenal. ¿Lenguas angelicales?, solían preguntar los religiosos más legalistas. ¿De donde sacaron esa barbaridad? De Pablo a los Corintios, en su Primera carta y capítulo 13 y verso 1: Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Lenguas humanas y angélicas. Hay dos clases diferentes. Nada para discutir.

Conclusión imparcial y eminentemente bíblica, sin entrar en debate con el frío conservadurismo humanista y racional ni con el pentecostalismo súper místico y fantasioso, que son los dos extremos de un evangelio que, como podrás suponer, no es ni una cosa ni la otra. Un extremismo es simplemente la sobre exageración de una verdad, pero no la verdad propiamente dicha. Y no te lleva jamás a un objetivo de victoria, de paz, de armonía y amor divino. Tengo don de lenguas, pero no me ufano de eso porque no es ningún mérito personal, sólo la dosis de fe suficiente en su momento como para recibirlo, aún militando en un sitio que se oponía a ello. Tampoco lo veo como “la prueba” de haber recibido el bautismo, llenura o plenitud del Espíritu Santo, que tanto daño y fea discriminación h a causado en algunos sectores. Conocí a un hermoso creyente lleno del Espíritu, un muchacho que irradiaba paz y hasta una increíble luz en su persona. Cada palabra suya era una bendición que te conmovía porque te dabas cuenta que no era suya, sino transmitida por el Señor por su intermedio.

¿Y sabes qué? En su congregación había sido marginado por causa de no tener don de lenguas. Eso les había hecho declarar públicamente a sus líderes que él todavía no había recibido el bautismo del Espíritu Santo, ya que, al no tener lenguas, que según ellos eran la prueba de ese evento sobrenatural, quedaba al margen de toda actividad. Ignorancia total. Y a eso súmale si quieres un grado de crueldad y carencia de amor realmente llamativa para gene que se autodenomina como pastores o similares. Lo puedo probar. Hechos 4:31, dice: Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios. Este que se relata aquí es un suceso similar al de Hechos 2 en Pentecostés, sólo que, en lugar de recibir lenguas con el shock espiritual, recibieron mandato de predicar la palabra con denuedo.

¿Sabes el significado más amplio de Denuedo? No es simplemente esfuerzo o ímpetu, como se nos enseñara. Denuedo también significa Sin Contaminación. ¿Qué me dices? Si predicar la Palabra de Dios sin contaminaciones humanistas, científicas, intelectuales o esotéricas, es señal de la plenitud del Espíritu Santo en el predicador, mucho me temo que habría que dejar a un costado del camino a muchos que se encuentran en posiciones muy superiores a la que tenía ese pobre joven marginado que te mencioné anteriormente. Y ni hablar de los que usando su poder eclesiástico abusan de personas en todas las formas imaginables e inimaginables, defraudan a sus subordinados obligándolos a servirlos como si fueran reyes estelares y robándoles su dinero con argumentos sobre los diezmos y ofrendas que están muy por fuera y por encima de lo escrito en nuestras Biblias. Pero que oran en lenguas que son una maravilla y creen que por esa causa están un escalón por encima de todos los demás.

Cuando Pablo delinea nueve de los dones del Espíritu en 1 Corintios 12: 8-10, el último en su lista es “la interpretación de lenguas”. En su instrucción sobre cómo llegarán los creyentes a cualquier eklessia o asamblea en particular, dice que mientras que uno puede venir con un himno, otro con una palabra de instrucción, otro con una revelación de Dios, otro con una lengua, uno también puede venir con “Una interpretación. Pablo imagina que, en cualquier reunión del pueblo de Dios, más de “dos o como máximo tres” pueden hablar en lenguas, “cada uno a su vez”, es decir, no simultáneamente sino uno después del otro. Una vez que han concluido, insiste en que alguien interpreta. Aunque el apóstol no lo dice explícitamente, nadie debería hablar en lenguas si no hay quien las interprete, pero eso no significa negarlas o prohibirlas.

Pablo no nos dice cuándo se debe pronunciar la oración, pero, así como aclara lo que se debe hacer cuando es en público, no hay obstáculo alguno para ejercitarla en privado. Yo aprendí que las lenguas son un recurso muy importante para orar cuando no sabemos cómo hacerlo. Pedimos ayuda al Espíritu Santo y Él intercede por nosotros con gemidos indecibles. Nunca debemos confundir este don espiritual con la capacidad de una persona para interpretar la revelación divina a gran escala. La persona con este don no necesariamente será extraordinariamente capaz o hábil en la interpretación de textos bíblicos.  Este regalo es la habilidad facultada por el Espíritu para interpretar lo que se habla en lenguas. No hay indicación en las Escrituras de que alguien que tenga este carisma pueda interpretar sueños, visiones u otros fenómenos reveladores.

Definiría el don de la interpretación como  la capacidad facultada por el Espíritu para comprender y comunicar una expresión pública ininteligible de lenguas para el beneficio espiritual de la congregación como un todo . Dudo en usar la palabra “traducir” para describir este regalo, dado el hecho de que este término puede llevar a la gente a concluir que siempre habrá una traducción uno a uno o palabra por palabra del enunciado de las lenguas en la lengua vernácula de la gente. Pero hay un espectro desde la traducción literal en un extremo hasta la suma general en el otro extremo, siempre que se ejerce el don de la interpretación. Interpretar un enunciado en lenguas puede tomar cualquiera de varias formas.

En suma: ¿Tienes don de lenguas? Úsalo en tu casa, cuando tienes que orar por algo o por alguien y con tu mente no sabes cómo orar. Pide ayuda al Espíritu Santo y luego suelta tu lengua. Él declarará, decretará, ordenará, clamará o dirá lo que sea estrictamente necesario. Cuando te reúnes con otros creyentes en algún lugar, sólo suelta tu lengua si hay alguien que las interprete. Un grupo de cincuenta o cien personas, todos orando en lenguas al mismo tiempo y si nadie que interprete, lo único que consigue es un desorden que, en casos, impide que se adore, que se alabe, que se predique la Palabra y que se sanen enfermos o se liberen endemoniados. ¿No tienes don de lenguas? Da gracias a Dios por eso y ejercita el otro don que seguramente tienes. La iglesia se bendice y se edifica con TODOS los dones, no con uno en especial.

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El Origen de La Autoridad

Creo que a la gran mayoría de los ministros que pretenden servir fielmente al Señor lo más ajustadamente que puedan con su Palabra, les cuesta demasiado trabajo y tiempo de investigación, poder derivar a alguien con problemas espirituales de cierto nivel, digamos, pesado, a un lugar en donde puedan, de manera personal, darle salida y solución al mismo. En lo personal me sucede muy a menudo con gente que me escribe desde muy lejos, dejándome en evidencia que están padeciendo perturbación, opresión y en algunos casos hasta tormentos por parte de demonios, sin que en sus congregaciones locales acierten con la solución definitiva del asunto.

Entonces me escriben, cosa que yo siempre agradezco con gozo y gratificación, porque me demuestra que tengo cierta credibilidad en sus vidas y entienden que yo podría ser el paso previo a su sanidad total en ese problema. Sin embargo, mi deber en esos casos, es buscar un lugar físico al cual estas personas puedan acudir en búsqueda de ayuda, con la conciencia clara de que serán no solamente atendidos con deferencia y dedicación, sino también con la sabiduría, el conocimiento y el poder de Dios que se necesita para ser más que vencedor en una guerra abierta contra los personeros del infierno.

Sin embargo, es precisamente allí en donde me doy de narices con una falencia que vengo observando desde hace muchos años, y que todavía no puedo dar por zanjada ni mucho menos solucionada: hay muy pocos lugares en el mundo entero, donde un hombre o una mujer perturbados por demonios puedan acudir en búsqueda de ayuda. Porque todos sabemos que, si bien la oración intercesora de poder es muy beneficiosa y fuerte a la hora de la confrontación, no desconocemos que, para una gran mayoría de estos problemas, es necesario imperativamente estar cara a cara con la persona, que es como decir: cara a cara con los demonios.

Y eso nos lleva a lo que de alguna manera inspira esta clase de trabajos informativos como el que voy a encarar aquí: la carencia casi total y global por parte de la iglesia cristiana, primeramente de un conocimiento por lo menos elemental de las armas que el infierno utiliza en contra de los creyentes, y en segundo término, el desarrollo claro de la calidad y cantidad de nuestras propias armas, con las que seguramente seríamos más que vencedores, siempre que las utilizáramos con lo que indudablemente está faltando en esos lugares: fe y certeza, que sirven para pelear una guerra sin la cual, jamás gozaremos de paz. Porque cuando hablamos de paz, todos sabemos que no existe tal cosa si antes no se ha pasado por una guerra.

Cuando Jesús nos enseña que su paz nos deja y su paz nos da, y no como el mundo la da, sino como es patrimonio divino, lo que nos está diciendo es que, así como Él debió pelear su batalla con todos los elementos a disposición, a nosotros no nos será más leve, ya que el infierno insistirá en la destrucción del evangelio hasta el último día de su existencia, aun sabiendo que ya están derrotados y apelando a lo único que les queda, dilatar su final. Eso, es lo que nos impulsa a examinar primeramente qué clase de poder poseemos en realidad, que uso le debemos dar y bajo qué condiciones para, finalmente, ir paso a paso delineando todas aquellas áreas en las que la mismísima palabra de Dios nos proporciona las armas a tener en cuenta y usar llegado el momento de la necesidad concreta.

(Marcos 4: 36) = Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas. 

(37) Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. 

(38) Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? 

(39) Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. 

(40) Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?

(41) Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aún el viento y el mar le obedecen?

Lo primero que vemos aquí es una actitud que Jesús siempre mostró durante su ministerio. Él no rechazaba el contacto directo con la gente en general, (Aunque convengamos que, salvo en casos excepcionales, no era Él el que los buscaba, sino ellos los que venían a él), pero en el momento en que decidía enseñar algo más profundo o de mayor relieve, procedía a despedir a todos los que indudablemente venían, como se dice normalmente, por los peces y los panes, y ahí sí, buscaba y se quedaba con los que debía discipular para el futuro. Esto nos deja un principio todavía muy vigente: iglesia no es multitud, es remanente apto.

Después vemos que una tremenda tormenta se desata en el mar. No podemos suponer que eso haya ocurrido en las cercanías de la costa, ya que todos sabemos que las mayores tempestades siempre son más violentas, como aquí se muestra, cuando las embarcaciones se internan mar adentro. Y en medio de todo ese fragor de viento, truenos, relámpagos y olas embravecidas, un hombre durmiendo plácidamente en la popa (Parte trasera) de esa embarcación que distaba mucho de ser un transatlántico inmutable a esos vaivenes como los que hoy surcan los mares. ¿Cómo podía dormir en esas condiciones? Paz interior, tranquilidad de saber qué sabes lo suficiente para resolver; en suma: Conciencia de Autoridad. Él sabía que podía, contra lo que fuera.

Acto seguido es cuando Jesús, con una enorme serenidad y absoluta firmeza, se levanta, reprende al viento y le ordena al mar: Calla, enmudece. Y de inmediato dice que cesa la tempestad. Yo personalmente, he imitado esto alguna vez. ¿Y sabes qué? ¡Funciona! Sólo te cuesta el valor de creerlo. Además, te deja una enseñanza paralela y anexa. Si Jesús reprendió la tempestad y la tempestad obedeció, ¿De dónde provenía esa fuerza ingobernable, de la propia naturaleza creada por Dios o de una sobre exageración de sus fuerzas instauradas por demonios? No lo sé, es muy difícil la pregunta. Lo único que sé es que Él la Reprendió y ella obedeció, tú saca tus propias conclusiones.

¿Qué hubiera ocurrido en cualquiera de nuestros lugares de reunión ante el conocimiento visual o testimonial de algo parecido? Seguramente se hubieran levantado miles de gargantas enrojecidas para aullar, ya no gritar, aleluyas y gloria a Dios por eso, ¿No te parece? Allí no pasó nada de eso. Se quedaron con la mandíbula en el piso de la cubierta de la barca y apenas se les ocurrió murmurar: Pero ¿Quién será este hombre que tanto el viento como el mar le obedecen? Perdón por si se te estaba olvidando: ¡Eran los llamados discípulos de Jesús los que se hacían esa pregunta! Está más que claro: ellos lo seguían, lo respetaban, le obedecían y le acompañaban a lo que fuera, pero lo cierto es que no tenían todavía ni la menor idea sobre quién era realmente Él.

Y te digo algo más, a ti que sé que te agrada y mucho que desmenucemos estos textos hasta que no quede nada, (Al menos desde nuestra vista humana) para extraerle. Si observas con suma atención, te darás cuenta la enorme diferencia y contraste que se da entre la reacción de Jesús y la de sus discípulos. ¡Ellos se pusieron a temblar ante la magnitud y la fiereza de la tormenta! ¡Del mismo modo en que hoy lo harían niños muy pequeñitos, ya que cuando crecen saben de qué se trata, la seguridad de los lugares que habitan, (Al menos los que la tienen), y lejos de temerles, las disfrutan! Claro está que lo que ellos tenían, era impotencia total. ¿Qué podían hacer ante los elementos desatados de la naturaleza?

Jesús actuó absolutamente de otro modo. Él simplemente se puso de pie con firmeza, (Pese a lo que debe haber sido mucho más que un simple bamboleo acuático), y enfrentó el problema con palabras llenas de esa hermosa y altísima palabra llamada Autoridad, poniéndole fin al aparente peligro. Y fíjate que en ningún momento vemos que Jesús incline su rostro, cierre sus ojos, junte sus manos como se lo ve en las estampitas, y haga una oración al Padre pidiéndole que calme la tormenta. ¿No sería eso lo que una gran mayoría de cristianos hubiera hecho como máximo atrevimiento ante lo que por dentro consideran inamovible? ¿Acaso Jesús era un vanidoso que suponía que no necesitaba de su Padre celestial para tener victoria allí? No y sí. No en lo concerniente a la vanidad, Él no la tenía y de eso hay pruebas en todos los evangelios. Y sí, por una simple razón: Él sabía que el Padre le había delegado autoridad para enfrentar, él mismo, las dificultades que se le presentaran. Mira como lo explica Juan a esto.

(Juan 5: 19) =  Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente. 

(Verso 30) =  No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre. 

Es probable que haya muy pocos de ustedes que están leyendo o escuchando esto, que tengan rango de ministros. Sin embargo, quiero dirigirme a los que lo tienen o planean, piensan, imaginan o ansían tenerlo. Tomen debida nota del comportamiento de Jesús a partir de estos dos simples versículos recogidos entre tantos que testifican lo mismo. En ambos, queda más que en evidencia que Jesús, aun siendo el Hijo, no se iba a permitir hacer absolutamente nada que el Padre no le ordenara o le habilitara para hacer. Y tampoco decirlo, si llegara el caso. Porque Él asegura, (Y habrá que creerle) que no estaba dispuesto a hacer ni decir nada que su Padre no estuviera haciendo o diciendo. Te pregunto: Entiendes ahora, al fin, ¿Cuál era el tremendo y enorme secreto de Jesús, que le posibilitó hacer todo lo que Él vino a hacer? Dependencia total del Padre. Ya lo sabes: Obediencia y Dependencia, engendran Autoridad. ¿Te dejó reflexionando? Te doy otro ejemplo.

(Lucas 4: 38) =  Entonces Jesús se levantó y salió de la sinagoga, y entró en casa de Simón. La suegra de Simón tenía una gran fiebre; y le rogaron por ella. 

(39) E inclinándose hacia ella, reprendió a la fiebre; y la fiebre la dejó, y levantándose ella al instante, les servía.

Segunda ocasión que, en unos minutos, repetimos una palabra que en algunos de nuestros ambientes, todavía resulta casi fantástica o sinónimo de fanatismo. Reprender. ¿Entiendes la sutil pero enorme diferencia entre decir: ¡Se sana!, a reprender esa fiebre? Ya lo sé, has visto a Jesús hacer las dos cosas y, ya sea por precauciones lógicas y convencionales o por respeto para con la doctrina denominacional que hayas recibido, aun tomándote el atrevimiento de creer en la sanidad divina por oración, seguramente optaste por la fórmula que te pareció menos fantasiosa: ¡Se sana! ¡Sé sano! Y, en nuestro caso, con el añadido de: ¡En el nombre de Jesús!

Permíteme decirte que no estamos hablando de la misma cuestión. Porque es evidente que una cosa es una enfermedad, una patología, de la cual, es verdad, alguien puede sanarse mediante la oración de fe, y otra cosa es una actividad demoníaca, que muy lejos de solucionarse con una simple oración, sólo tiene victoria reprendiendo a ese demonio en actividad y echándolo fuera de donde se está moviendo. Y, aunque te pueda parecer irónico y hasta lindando con lo ridículo, a partir de este texto, en muchos lugares que se auto rotulan como cristianos fervientes, inventaron la enseñanza de que la fiebre no es una enfermedad o una señal de aviso que el cuerpo envía para alertar sobre infecciones u otras patologías similares, sino un demonio al cual hay que reprender.

Déjame decirte que Dios ama al obediente y al ejecutivo, pero te pido por favor que, antes de obedecer una supuesta orden o salir a ejecutar algo con demasiada urgencia o prisa, te tomes el trabajo de detenerte un segundo en este pasaje y darte cuenta que, de ninguna manera aquí se sienta un precedente absoluto en cuanto a un síntoma. Aquí, lo que se detalla con claridad es que, en este caso y en esta circunstancia, este estado febril que padecía esta mujer, era producido por un demonio. Por eso él lo reprende, lo echa fuera de ella y ella recupera su salud de inmediato. Sólo me queda una duda, como para empezar a fastidiarte, ¿Te atreverías a hacer lo mismo, si así te fuera marcado por el Espíritu Santo, con la suegra de un importante miembro de la iglesia que te tiene como pastor? No me respondas, sólo piénsalo. Otro ejemplo.

(Marcos 5: 21) = Pasando otra vez Jesús en una barca a la otra orilla, se reunió alrededor de él una gran multitud; y él estaba junto al mar. 

(22) Y vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vio, se postró a sus pies, (23) y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá. 

Aunque no lo termines de creer, me ha tocado ver alguna situación muy parecida. Aquí, Jesús está en medio de una gran multitud. Se acerca a él uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo, quien se postra a sus pies y le ruega que lo acompañe a su casa para poner sus manos sobre su hija de doce años que está agonizando. ¿Te imaginas algo así en este tiempo? Mira; cuando se trata de asuntos críticos casi de vida o muerte, nadie examina demasiado dónde va a pedir ayuda. La desesperación ante lo aparentemente irreversible es mucho más fuerte y, en contra de lo que alguien pueda suponer, la gente que acude a un ministro con experiencias de sanidad comprobables en búsqueda de ayuda, puede ser la misma gente que, si se ofrece la ocasión, acuda a un curandero o un sanador del ámbito esotérico. Los panes y los peces fue una antigua historia que hoy, lamentablemente, tiene reiteración muy a menudo. Y aquí, ¿Cómo termina el episodio?

(Verso 35) = Mientras él aún hablaba, vinieron de casa del principal de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro? 

(36) Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, dijo al principal de la sinagoga: No temas, cree solamente.

(37) Y no permitió que le siguiese nadie sino Pedro, Jacobo, y Juan hermano de Jacobo.
5:38 Y vino a casa del principal de la sinagoga, y vio el alboroto y a los que lloraban y lamentaban mucho. 

(39) Y entrando, les dijo: ¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino duerme. 

(40) Y se burlaban de él. Mas él, echando fuera a todos, tomó al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con él, y entró donde estaba la niña. 

(41) Y tomando la mano de la niña, le dijo: Talita cumi; que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate. 

(42) Y luego la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años. Y se espantaron grandemente. 

(43) Pero él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que se le diese de comer.

La respuesta que Jesús le da al principal, es la misma que todavía hoy le da a cada uno de esos cristianos muy sinceros y fieles, que andan asustados con las inclemencias de la sociedad en la que viven. No temas, cree solamente. El verso 40 dice que se burlaban de él. ¿Te das cuenta? Aquí tienes la respuesta más clara y puntual, además de bíblica, cuando tu hijo que va contigo a la iglesia viene de la escuela y te dice que sus compañeros se burlan de él porque es cristiano. Cuando la niña se levanta y empieza a caminar, como todos pensaban que había muerto, dice que se espantaron. ¡Claro! A la distancia en el tiempo, tú dices hoy con el periódico del lunes en tus manos: ¿Cómo se van a espantar? ¿Acaso no lo habían llevado para eso? De acuerdo, ríete de ellos, si quieres. Me gustaría verte siendo testigo directo de una resurrección, hoy, a ver qué carita pones. Y, finalmente, le dijo a toda esa gente que todavía estaba maravillada e impactada, exactamente lo opuesto a lo que cualquier ministro de este tiempo les diría: vayan, recuerden lo que han visto, pero no se lo cuenten a nadie. Jesús trabajaba para mostrar la Gloria del Padre como testimonio, no para promocionar su ministerio, ¿Está claro? Un ejemplo final sobre este punto.

(Marcos 1: 21) =  Y entraron en Capernaum; y los días de reposo, entrando en la sinagoga, enseñaba. (22) Y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.

(23) Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, que dio voces, (24) diciendo: ¡Ah! ¿Qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios. 

(25) Pero Jesús le reprendió, diciendo: ¡Cállate, y sal de él! 

(26) Y el espíritu inmundo, sacudiéndole con violencia, y clamando a gran voz, salió de él. 

(27) Y todos se asombraron, de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen? 

¿Creo que te ha quedado suficientemente claro que lo que hubo en ese lugar fue una manifestación de demonios que no pudieron soportar la presencia de la santidad de Jesús allí, verdad? Y fíjate que él no le pidió al Padre que liberara a ese hombre, sino que directamente, consciente de su autoridad, se encaró cara a cara con ese demonio e hizo lo que cualquier cristiano con sus vestiduras blancas delante de Dios, hoy, podría hacer: lo expulsó de esa vida. El poder es de Dios. La ejecutividad de ese poder es tuya. El canal de fluidez de ese poder, es tu estado puro delante del Padre y también del infierno. Si no estás en pureza, ¡Ni se te ocurra!

Creo que no necesitas más ejemplos bíblicos puntuales para entender lo que quizás ya sabías, pero que a lo mejor no se te había expuesto con tanta claridad, que Jesús tenía toda la autoridad del Cielo para hacer las cosas que hacía. Que, dicho sea de paso, vendría a ser la misma autoridad que tú deberías tener hoy. Él declara haberla recibida cuando, en mateo 28:18-20, dice: Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén. Te voy a repetir esta Su promesa varias veces en este trabajo, recíbela: Estoy contigo, todos los días, hasta el fin de los tiempos.

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¿Qué Clase de Dios Tienes?

Voy a decirte algo que podrá sonar como una frase más, pero que no te quepan dudas que no lo es. Cada uno de nosotros somos y tenemos lo que hemos creído. No tenemos nada más, ni nada menos. Como dicen los filósofos, cada cabeza es un mundo. Cada uno de nosotros tiene una conciencia y una forma de percibir las cosas, y una forma de creer las cosas. Una misma palabra significa muchas cosas diferentes en medio de un cúmulo de personas. Cada uno de nosotros conceptualiza y cree, y forma ideas de forma diferente. Y vamos creándonos un mundo de aquello que hemos creído. Ojo, no necesariamente de lo que decimos que creemos. Porque todos podemos decir que creemos en el poder de Dios. Ustedes que me escuchan dicen que creen en el poder de Dios, pero, ¿Realmente es así? ¿De verdad todos creemos que todo lo que dice la Biblia es cierto?

Casi todos decimos con la mente y totalmente convencidos que todo es cierto, pero en el fondo, la gente no lo cree. Cada uno tiene su propio mundo. Algunos pueden concebir a Jesús en una grandeza extraordinaria y hacer cosas extraordinarias para Dios, y otros tienen un Cristo tan pequeño que no les alcanza ni para sanar un resfriado. Es el mismo Jesús. Es el mismo nombre. Es el mismo concepto del Hijo de Dios, pero uno lo percibe de una manera y otro de otra. Y en el fondo lo que tenemos, es lo que hemos creído. No lo que leemos de la Biblia, sino cómo hemos creído lo que leemos de la Biblia. Todos creemos en el absoluto poder de Dios. Todos creemos que un hijo de Dios puede caminar sobre las aguas. La Biblia dice que un hijo de Dios puede caminar sobre las aguas. ¡Pedro caminó sobre las aguas! Y nosotros decimos ¡Amén! Dios dice que podemos caminar sobre las aguas. Ajá… ¿Cuántos de nosotros hemos caminado sobre las aguas?

Jesús vino a traernos un Reino extraordinario. De posibilidades y caminos extraordinarios. Y nos resulta muy fácil leer, por ejemplo, que Felipe fue arrebatado nadie se atreve a decir cómo, y fue llevado a Etiopía a encontrarse con ese etíope. Y el milagro no solamente fue el de ser trasladado en el espíritu, sino también el de aprender el idioma del etíope para poder comunicarse con él. Porque Felipe hablaba hebreo. Y así pudo hablarle y ese hombre creyó, y creyó de una manera diferente. Porque su mente nunca obstaculizó las cosas sobrenaturales. Tenemos lo que cada uno creemos. Decimos la palabra “Dios” y te aseguro que esa palabra significa cosas muy diferentes para unos y para otros. Tenemos conceptos en la Biblia que los hemos creído por generaciones y los vamos repitiendo y pasando, repitiendo y pasando. Y ninguno de nosotros se tomó el trabajo un día de pararse y ver si era verdad o no lo que nos habían dicho y ahora repetíamos.

Y esto va creando una conciencia y una forma de pensamiento, en el cual dejamos de depender de Dios para pasar a depender del hombre. Y hemos creído y creado conceptos y formas que hemos trasladado de generación en generación. ¿Cuántos creen que en el tiempo de Nimrod había una sola lengua sobre la tierra? ¿Cuántos han leído que había una sola lengua en la tierra? En los institutos bíblicos de mayor prestigio se enseña que había una sola lengua sobre la tierra. Y no falta algún atrevido que sugiere que esa lengua era el hebreo. A ver si esto es cierto. Génesis 10: 1: Estas son las generaciones de los hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet, a quienes nacieron hijos después del diluvio. Verso 5: De estos se poblaron las costas, cada cual según su lengua, conforme a sus familias en sus naciones. ¡Según sus lenguas! No había una sola, Cada cual tenía su lengua. ¿Y por qué hemos creído y enseñado durante años algo que no es lo que dice la Biblia? Porque lo que creemos no siempre es como es, sino como a nosotros nos parece que es.

Lo cierto e irrebatible es que a las lenguas nosotros las recibimos por el Espíritu. Nosotros hablamos por el Espíritu, no por la memoria. Yo, en este momento estoy hablando, y no tengo que hacer ningún esfuerzo mental para saber dónde va el verbo, el sujeto, el predicado o el complemento. No estoy ni siquiera pensando en eso, simplemente estoy fluyendo. Y desde el único lugar de donde se puede fluir, que es desde el Espíritu Santo. El Espíritu fluye, la mente piensa. La mente organiza, medita, estructura, pero el Espíritu fluye. El lenguaje es dado por el Espíritu. Tenemos en el pasaje del Sinar, que fueron confundidas las lenguas, y que, en un abrir y cerrar de ojos, todas esas personas recibieron una lengua del cielo que, por rara paradoja, les impidió tener una comunicación que los llevara a cometer planes ideados por el infierno y el reino de las tinieblas.

Cuando viene el día de Pentecostés, Dios empezó a soltar las lenguas. Primero las de fuego que se posaron sobre ellos, y luego las lenguas de las naciones en todos los asistentes. Cuando vemos la palabra “naciones” en el Antiguo y el Nuevo Testamento, no se refiere a todas las naciones del mundo. Esas naciones que se juntaron en Israel, eran las naciones judías. Después de la dispersión, cuando salieron de Babilonia, no todo el mundo regresó a reconstruir Jerusalén con Josué, Zorobabel, Esdras o Nehemías. Sólo lo hizo un pequeño remanente. El resto de los judíos fueron esparcidos y se establecieron por lo general en Siria, en Asia Menor y la parte sur de Europa. Y cuando venían a celebrar el Pentecostés, venían las naciones judías que estaban en las diferentes naciones. Por eso los judíos decían que los oían hablar en su propia lengua. No había argentinos, mexicanos, chilenos o españoles, allí. Ellos no tenían por qué ir a celebrar el Pentecostés, eran los judíos los que lo hacían.

Entonces fue en ese momento en que vino el Espíritu Santo y empezaron a hablar las lenguas de las naciones. Porque lo que Dios había hecho para impedir la comunicación de los planes satánicos, iba a ser algo sumamente fácil para que el Reino de Dios se expandiese. Y para que el Reino de Dios se expandiese hace veintiún siglos, no había escuelas de lenguas. Y menos entre rudos pescadores. Pero les había dicho Dios que recibirían poder para ir a predicar el evangelio a toda lengua y a toda nación, así que algo debería suceder para que el asunto del idioma no fuera un obstáculo. ¿Alguien será capaz de dudar que el poder de Dios no alcance para darle a cada uno distintas lenguas que le permitan comunicarse con todos en todo lugar? Es más: cuando Dios crea los idiomas, a cada uno le otorga un espíritu. Eso obliga y determina que, si tú quieres hablar una determinada lengua, lo primero que debes hacer es amar a ese pueblo y tratar de conocer todo lo que se pueda sobre él. Como piensa, como siente, etc.

Cuando tú viajas a un lugar con un idioma distinto al tuyo, tú entras a un espacio donde hay un espíritu que determina una cultura. Esa lengua tiene una forma de pensar. Tiene una conciencia que es igual en todos los que la hablan. Un argentino no piensa igual que un alemán, que un francés o incluso que alguien que también habla español, pero pertenece a otra cultura diferente. El alemán o el japonés, por ejemplo, son sumamente ordenados y organizados. El argentino es, en muchas cosas, algo así como tomar un arma y hacer un disparo al aire y esperar que venga la bala de retorno. Los asiáticos, esencialmente, tienen muy arraigada una cultura de honra. Un japonés honra a sus padres de un modo que los latinos están muy lejos de imitar. Aquí hablamos de honra, pero estamos muy lejos de ejercerla en la vía de los hechos concretos. No honramos a los padres, no honramos a las autoridades del Estado, no se honra al matrimonio ni tampoco a maestros, médicos, policías. Y si se habla de corrupción, ninguno de estos estamentos se queda afuera.

De allí que una misma palabra puede significar algo muy importante y valioso para una cultura y algo extraño y hasta pintoresco para otra. Lo que estoy diciendo es que cada uno de nosotros tiene un concepto de la honra que es diferente al del otro. Y si a eso lo llevamos a la honra a Dios, entonces las cosas se nos complican bastante. Los que hablamos el idioma español tenemos ese problema. Por su conformación, el propio idioma nos lleva a tener conceptos de muchas cosas que son casi opuestos al de otras culturas con otros idiomas. Y te doy un ejemplo. El griego, que es un idioma íntimamente relacionado con el español, es un idioma de conceptos. De allí sale el concepto de la belleza, de la amabilidad, del amor. Son conceptos intangibles. El hebreo, por ejemplo, no piensa en conceptos. Piensa, práctica y objetivamente, en las funciones de las palabras. Nosotros, fíjate, decimos: “el pecado”. La palabra pecado es un concepto greco-romano. Y como todo concepto, en el español hay que definirlo, encontrarle el punto donde está presente o no.

Si lo defino en hebreo, en cambio, es simplemente errar el blanco. Y míralo, errar el blanco es un asunto en el que todo el mundo puede relacionarse. Es una imagen clara. Hay un blanco, yo hago un disparo de lo que sea y erro al blanco. ¿Qué digo? ¡Pequé! ¡Clarísimo! El hebreo, entonces, está hecho de formas visuales, de como la gente, prácticamente, vivía su cultura. El griego tiene conceptos intangibles y, dentro de esa intangibilidad, pretendemos entender a Dios. Va a ser muy distinto el concepto de un hebreo al de un griego.

 

Conozco a mucha gente que suele decir que los cristianos tenemos que aprender sí o sí el idioma hebreo, porque es el idioma en que habla Dios. ¡No! ¡Dios no habla en hebreo! Dios, si quiere, habla todos los idiomas, pero el hebreo no es el lenguaje del cielo. ¿Cómo lo sé? Porque Juan, en Apocalipsis, dice que todos adoraban a Dios en toda lengua de toda nación. Si era en toda lengua de toda nación, es obvio que no adoraban en hebreo. Y de hecho, el lenguaje de Dios no es hebreo, ni griego, ni arameo. Fíjate. Si el lenguaje del cielo fuera el hebreo, Jesús hubiera hablado el hebreo, pero Él hablaba en arameo. Escucha: nuestra forma de pensar, está determinada por el lenguaje o el idioma que hablamos. Y si yo hablo un lenguaje con base greco-romana, mi concepción de Dios va a ser greco-romana. Ejemplo: la palabra “Dios”, en griego, es la palabra theos. De allí se deriva en el español la palabra Dios. Pero hay algo que no muchos saben, y es que la palabra theos está muy relacionada con Zeus.

Porque los griegos, cuando pensaban en Dios, no pensaban en un Dios abstracto. Pensaban en un dios que habitaba arriba del Olimpo y que enviaba unos tremendos rayos y se llamaba Zeus. Entonces, cuando ellos decían theos, se referían a Zeus. Ahora, cuando nosotros, acá de este lado del continente decimos ”Dios”, no estamos invocando a Zeus, de eso estoy seguro. Nuestro Dios es Jehová de los ejércitos, Jesucristo y el Espíritu Santo, nadie lo duda. Y cuando digamos “Te adoro, Dios”, el que te va a responder es nuestro Dios, no Zeus. Pero, el concepto de la palabra va a moldear mi mente. Los griegos miraban a los dioses a imagen y semejanza del hombre, (Porque Zeus tenía una forma de hombre). Los idiomas tienen un espíritu, y ese espíritu tiene una cosmovisión, y esa cosmovisión tiene una forma de concebir las cosas. Entonces, cuando decimos “Dios”, inmediatamente la mente se va limitando a crear un Dios a imagen y semejanza del hombre. Y esto tiene que ver con nuestro idioma.

En todo ese ámbito constituido por la cultura del idioma español, nuestros conceptos están ligados a esas palabras y al origen de esas palabras. Por eso Dios no se identifica con ningún idioma. Por eso el idioma del cielo es diferente a cualquiera idioma. Lo que ocurre es que nosotros, en nuestra forma de hablar o de concebir, vamos tomando a la Palabra divina y la vamos metiendo dentro de un molde, en el caso de nuestra cultura española, es un molde greco-romano. Y al final, lo que tengo y en lo que creo, es un Dios a imagen y semejanza del hombre. Y por esa razón, el cristiano va a crearse una imagen de sí mismo, conforme a su cultura. No piensa lo mismo un alemán, un sueco, un japones de sí mismo, que un argentino, un mexicano, un español. Tienes el caso del americano de USA. Ellos se sienten que son los máximos exponentes del mundo, que nada tienen por debajo. Y nosotros, los latinoamericanos, nos encargamos con nuestras culturas de confirmarles esa idea.

Lo que sucede es que el latino, como ha sido esclavizado, conquistado, tiene una cultura opresiva. Tiene una cultura de “vaya a saber si puedo”. “No sé si sabré hacer eso, vengo de un pueblo aborigen” Escucha: todos esos conceptos mentales que formaron una imagen de ti mismo tienen que ver con tu cultura, en la cual tu idioma está íntimamente ligado. Y esta imagen tiene mucho que ver con todo lo que se ha hablado de nosotros. Que de ninguna manera ha sido bueno ni positivo, ya lo sabes. Y eso nos ha hecho crear una cultura interna de limitaciones. Y ahora presta atención a lo que voy a decirte. La imagen que tú te formas de ti mismo o ti misma, es el cristal de los lentes con los cuales vas a mirar a Dios. Si tengo una imagen limitada de mi mismo, jamás podré tener la imagen de un Dios ilimitado. Si pienso y creo que es más lo que no puedo hacer que lo que sí puedo, eso mismo será lo que creeré y pensaré de Dios.

Lo que estoy intentando decirte es que, una estructura pensante del no puedo, inmediatamente se traslada a un Dios que tampoco puede. Porque el concepto griego de Dios, es que es a imagen y semejanza de quien yo soy. Y la gran verdad dicha por la Palabra, es que nosotros somos imagen y semejanza de Dios, esto es, un espíritu como Él. Y no que Él sea una imagen y semejanza de nosotros, en carne y alma. Y a esto súmale la inmensa cantidad de padres que abandonan a sus hijos y se desentienden de ellos. ¿Cómo supones que esos niños, cuando sean adultos, verán a Dios como Padre? ¿Habrá fe en la tierra?

 

Dice la Escritura, que nosotros somos benditos por Dios antes que el mundo fuese, con toda bendición celestial. A Jeremías le dice que a él lo llamó por nombre y que lo llamó por profeta a las naciones antes que el mundo fuera formado. Es decir que a ti que hoy me estás escuchando donde quiera que sea en este ancho, largo y alto mundo, también Dios te está diciendo que te conoció desde antes que el mundo. ¡Eso es para todos, no para algunos! La diferencia es si lo crees o no, si lo aceptas o no, si lo activas o no. Y que a todos nos dio un nombre, que de ninguna manera es el mismo que nos dieron nuestros padres terrenales. Será valioso que te mires, porque lo que tú verdaderamente eres, según Dios, es la antítesis de lo que hoy tú crees que eres aquí en la tierra. Te estoy diciendo que quien tú realmente eres no es lo que te dijo tu cultura, ni tu idioma, ni tu color de piel. Lo que tú realmente eres, es lo que Dios estableció para ti desde antes de la fundación del mundo.

Hay una diferencia más que notoria entre los animales y nosotros. A ellos los creó simplemente diciendo: ¡Produzcan las aguas los peces! ¡Produzca la tierra las bestias! A nosotros no nos creó así, lo hizo a cada uno con un nombre celestial. Y además, nos creó con el amor del Padre más maravilloso. Te concibió dentro de Él mismo, y saliste de Él en forma de un espíritu glorioso. ¿Cómo dice Jesús? “La gloria que tu me diste antes que el mundo fuese, yo se las he dado”. Pregunto: ¿En qué momento nos dio la gloria? ¡Antes que el mundo fuese! ¡Antes que ni siquiera pensara Dios en como conformar la tierra, tú ya existías y Cristo te había impartido su gloria! No me digas nada. En tu mente construida por disciplinas greco-romanas, esto no cabe ni puede caber. Tendrás que nacer de nuevo para verlo y para entrar.

El problema mayor comienza cuando naces, y tus padres en lugar de darle aire al diseño divino que hay en ti, te someten a la cultura del lugar, la del idioma y sus tradiciones. ¿Ves visiones y quieres contárselas? Te callan con una palmada y te acusan de niño tonto. Y si caes en un hogar cristiano, te meten en una iglesia donde te consideran un estorbo hasta que eres mayor. Por generaciones, los niños en las iglesias han sido ese grupito que meten por allá lejos, en una habitación, para que no molesten a los ungidos adultos. Pretenciosos hombres y mujeres que separan a sus hijos de las reuniones de poder con la excusa de que quieren recibir la unción y ellos molestan. ¡Mas te quisieras tú, adulto, tener la unción de un niño cuyo espíritu hace muy poco tiempo descendió de estar con el Señor a la tierra! Te crees superior a ellos porque manejas una serie de palabras conceptuales de la cultura greco-romana carentes de poder genuino y unción del Espíritu.

Hoy Dios nos está diciendo que es el tiempo de romper con todas esas estructuras culturales que nos frenan y nos imposibilitan cumplir con nuestra misión. Es el tiempo de entender que Dios no piensa las cosas a la manera latina. Tampoco piensa a la manera gringa, americana o europea. Sólo es limitado en cada lugar del mundo a partir de la cultura de ese lugar y esencialmente por el idioma. Hay naciones muy importantes que en su vocabulario no tienen palabras como espíritu o iniquidad. ¿Cómo haremos para hablarles o liberarlos de cada caso si no podemos explicárselo por causa de las limitaciones idiomáticas? También el español tiene limitantes. Y son tan fuertes que Dios realmente tiene grandes obstáculos para llegar a nosotros con lo que verdaderamente debería llegar. Definitivamente, Dios no habla español, no le alcanza. Obviamente que se comunica con nosotros en español, pero Él no habla español como idioma propio.

A ver: lo que quiero decirte, es que el cielo tiene un idioma, que no es el español, obviamente. El lenguaje del cielo es el lenguaje de lo profético. El cielo habla a través de señales, símbolos, visiones o sueños. Dios nos revela todos sus misterios escondidos, en el lenguaje que Dios habla. Y este lenguaje, son perlas del cielo que Él nos entrega para que recordemos quienes éramos antes de la fundación del mundo. Cuando Jesús hablaba, Él decía que a sus discípulos les era dado conocer los misterios del Reino. Eso significa que los verdaderos discípulos siempre van a entender los misterios del Reino. Pero que los otros, no. Eso significa que entre los que escuchan a Jesús, hay dos tipos de gente. Están sus discípulos, y están los otros. Eso te está diciendo que hay mucha gente que desde el cielo ha sido nombrada como “los otros”. Porque su corazón se engrosó y no entienden los misterios del Reino. Si eres de los que necesitan que te den todo digerido, muy probablemente seas de los otros.

Dios te ha querido hablar muchas veces, pero tú ni siquiera te has tomado el trabajo de escucharlo, porque tu comodidad y grosura de corazón te llevan a preferir que te entreguen todo masticado y digerido. Y entonces Él ya no te puede hablar, porque tú sólo estás programado para recibir lo que sale desde una plataforma. No es ninguna novedad que necesitas romper esa estructura y ese velo que cubre tu corazón. Y la religiosidad de la iglesia que está en la tierra está fundamentada en la cultura y el idioma del lugar. De las culturas indígenas antiguas, de las doctrinas del catolicismo romano, que conforman esas estructuras invisibles que hoy por hoy todavía están bien vivas y fuertes en la tierra. Son estructuras que poco a poco se apoderan de nosotros. Y aunque nos llenamos de biblia y de conceptos, cada vez estamos más lejos del Reino. Y por si eso no fuera suficiente, definitivamente nos volvemos siervos de un sistema. Es el sistema en el que el hombre nos tiene que decir cómo hacer las cosas, porque si no, no funcionamos. Este es el síntoma de la religión más peligroso que mata a los hijos de Dios como gente fuerte y más que vencedora.

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¿Quién Ha Visto un Ángel?

(Hechos 1: 1-3) = En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido; a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios.

Lee con atención este pasaje. ¿De qué les hablaba Jesús a sus discípulos cuando se les presentó después de pasar por la cruz, morir y resucitar? Hay doce parábolas, que han dado en llamarse “las parábolas del Reino”. Que el Reino de Dios es semejante a un buscador de buenas perlas, que el Reino de Dios es como un buen padre de familia, que el Reino de Dios es como unos pescadores. ¿Recuerdas todas estas parábolas, si? Ahora bien: reúne a cinco pastores o cinco predicadores de los que más andan por allí ocupando púlpitos y plataformas y diles que vamos a hablar de la parábola de la perla de gran precio. Que el Reino de Dios es semejante a un mercader de buenas perlas, que habiendo encontrado una de gran valor, va y vende todo lo que tiene para comprar esta.

Y ahora va la pregunta: ¿Qué es el Reino de Dios? ¿La Perla? ¿El Mercader? ¿Lo que vende? Te aseguro que esos cinco predicadores no se van a poner de acuerdo. Uno dice: no, el Reino es la perla misma, la de gran precio. Y el otro dice: ¡No, no, no! ¡El Reino es el mercader! ¡Ay, Jesús! ¿Por qué no lo dijiste más claro? Nos han quedado ese tipo de huecos. Entonces Jesús, después de resucitar, se queda cuarenta días. No pudo quedarse cuarenta y uno. ¿Por qué? Los tiempos. Cuando Él se encarna, se sujeta al cronos. Cuando Él vuelve al Padre, se sujeta al Kairós. Y en el cronos, cuarenta es el máximo límite en el que Dios completa un siclo. Cuarenta años, cuarenta días, cuarenta meses. No estoy inventando nada, busca el cuarenta en tu concordancia y vas a ver de lo que estoy hablando.

¿Y de qué les habló a sus discípulos en esos cuarenta días? ¡Del Reino de Dios! Verso 12: Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios. Hechos 19: 8: Y entrando Pablo a la sinagoga, les habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del Reino de Dios. Muy bien. Tú eres un líder indiscutido. Eres pastor o como sea se llame eso en tu ambiente. ¿Quieres saber si estás haciendo lo correcto? De las cincuenta y dos prédicas del año pasado, una por domingo, ¿En cuantas hablaste del Reino de Dios? No importa qué tan difícil sea llevar adelante tu ministerio. Lo sé porque a mí tampoco me es fácil hacerlo con el que el Señor puso en mis manos. Pero lo que sí sé, es que como quiera que todo haya sido hasta hoy, de aquí en más, nuestro tema es el Reino.

Ni siquiera es la cruz. Suena medio feo dicho así, ¿No? No le hace, ¡Es así! Porque ya entendimos que el papel de la cruz es darnos la entrada. ¿De qué le sirve a una persona solamente ser salva? Es muy fácil, se queda cantando hasta que le llegue su día. ¡Jerusalén! ¡Jerusalén! ¡Que bonita eres con tu calle de oro! Y el pobre hermano se muere por llegar y ver eso. Que vaya alguien a decirle que él es esa Jerusalén, no una ciudad en un lugar remoto. Que con quien Cristo se va a casar es con él, no con la santa ciudad. O sea que cuando se describe esa santa ciudad, se está hablando de la iglesia, ¡Por favor!

Cuando entendemos que el alma de Adán queda libre del lazo del pecado, el gran papel que nosotros tenemos, ahora, es empezar a hacer que el ser espiritual que es el mismo, pero está en un lugar distinto, por decirlo de un modo práctico, empiece a transmitir todos los rasgos que él tiene, hacia su alma. Y si el alma de este hombre puede empezar a manifestar eso para afuera, nosotros vamos a tener a una persona, que aún en su nivel corporal, almático y espiritual, sea llena de esa gloria que se trasladará a todos nosotros. Hay casos comprobados de ciertos misioneros que, estando en África expuestos a todas las pestes habidas y por haber, jamás se contagiaron. ¿Vacunas? Si, una sola: la gloria de Dios trasladada de su espíritu a su alma y de su alma a su cuerpo. Eso es posible, no una fantasía mística.

Por años estuvimos viendo por la televisión y con gran trabajo publicitario, diversas campañas donde los estadios o campos de fútbol se llenaban de cristianos enfermos. Y no lo digo por mala intención, lo digo porque es verdad. El porcentaje de gente no creyente que asistía a esas campañas de milagros, no era superior a un doce o quince por ciento. La gran mayoría de los que iban a buscar sanidad o liberación, eran supuestamente cristianos miembros de distintas iglesias. Lo que procuraban era cambiar la acción de pharmakeia por un toque de sanidad del Espíritu Santo. ¿Y por qué no sucedía si esa sanidad estaba en nuestro espíritu? Porque no se implementaba el modo de transferir eso a nuestro cuerpo.

¿Sabes cual es el mayor problema? Que tu alma no sabe unificar todo esto en un solo resultado. Ese es el trabajo del liderazgo eclesiástico hoy y para los próximos cinco años: entrenar, capacitar y enseñar a la gente a ser sensibles a su espíritu. Para que todo lo que su espíritu viva, tras pasar por su alma, llegue a su cuerpo. Fíjate, Adán es el centro de la creación de Dios, ¿Verdad? Ahora escucha esto: cuando el alma de Adán es capturada, automáticamente, Satanás captura a toda la creación. Toda. ¿Y qué hace con el huerto del Edén, por ejemplo? El huerto que estaba en la tierra, ¿Recuerdas? Huerto, espíritu. Edén, alma. Tierra, cuerpo. Cuando Satanás logra pervertir eso, Dios separa ese lugar de la creación visible. Al huerto ya no se lo va a poder encontrar más

Por más que te digan que está por ahí cerca de Irán o Irak, no lo busques, no lo vas a encontrar. ¿Sabes por qué? Porque lo espiritual se separó. Así como el alma de Adán quedó capturada y el alma y el cuerpo se separaron, así también la creación se separó. Hay un texto que te va a servir de ayuda, de apoyo, de respaldo. Efesios 1:10: de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. ¿Qué hizo Cristo? Reunió las cosas que estaban en los cielos, en la tierra. ¿Dónde? En Él. ¿De qué está hablando? Si tú lees el verso anterior, verás que dice: dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir…

La pregunta, es: ¿Qué era lo que Dios se había propuesto? Re-unir en Cristo, lo que se esparció. ¿Lo estás entendiendo, ahora? Primer Adán, alma viviente. Segundo Adán, espíritu vivificante. ¿Qué hizo él? ¡Reunió! ¿Qué? Lo que se esparció a consecuencia del pecado de Adán. Todo lo que se esparció, Cristo lo reunió en Él. Entonces, cuando Cristo camina, los cielos y la tierra están en Él. Y vimos su gloria, gloria como la del unigénito del Padre. Su gloria, está uniendo lo celestial y lo terrenal. No solamente como manifestación del Dios trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, sino que en Él también están los cielos y la tierra. Unidos en Él. ¡Es que…Néstor…yo no puedo entender eso! No te preocupes, yo tampoco. Pero así fue.

Si tú solamente haces un trabajo a nivel natural, solamente vas a obtener resultados naturales, carnales. Pero si tú empiezas a hacer un trabajo en el espíritu del hombre, vas a tener resultados espirituales. Un claro ejemplo es la alabanza. Se puede hacer de ella algo natural, técnico, brillante en ejecución y de excelencia en lo musical. O si no, se puede hacer algo emocional, que juegue con los sentimientos de la gente. O, finalmente, algo que nos conecte con lo espiritual. Entonces, cuando en este tiempo cada día habemos más hombres y mujeres de Dios que proponen movernos más en una dimensión espiritual, no significa que nos hayamos convertido en súper místicos ni mucho menos. Sólo proponemos vivir tal cual como Dios imaginó que debíamos vivir. ¡Estamos diseñados para ser espirituales!

Lo que ocurre es que la gran mayoría de nosotros vive en un entorno tan natural, que toda nuestra vivencia la explicamos a partir de lo que nuestra mente entiende. Pero, ¿Sabes que dice del Espíritu? Que Él intercede con gemidos indecibles. Indecibles es, literalmente, no reproducibles. La gran pregunta, es: ¿En qué momento mi espíritu puede empezar a fluir así? Un ejemplo, que alguien se ponga a tocar una melodía que no tiene letra compuesta. Cántala para el Señor con lo que tu espíritu reciba. Ahí te vas a dar cuenta de donde cantas, si de tu mente o de tu espíritu.

¿Qué dice Juan 4, lo recuerdas? Mi Padre busca adoradores EN espíritu y EN verdad. ¿Y qué significa adorar en espíritu? Significa que es el espíritu el que toma el control de esa adoración o de esa alabanza y, lo que fluye, ni siquiera pasa por el tamiz o el filtro de la mente. Y lo mismo sucede con la enseñanza, con la predicación. Porque una cosa es que yo me siente a enseñarte con una tonelada de papeles con notas y apuntes, y otra es que solamente tenga un par de palabras recordatorias y el resto tenga que esperar a ver qué es lo que me dice el Espíritu Santo que debo decir o no decir. Por eso, un ministerio como este, ya no es regido por alguien que se mueve con diez diccionarios o treinta concordancias, sino de alguien que tenga la habilidad de entender la ciencia de Dios y darla a conocer a la iglesia. Gente con autoridad profética para establecer diseños del cielo en nosotros.

Hay dos palabras que son de alguna manera claves en todo este mover en dirección al Reino. Visible e Invisible. Las dos son reales, te agrade o no, lo creas o no. Estamos rodeados de una sociedad materialista, entonces hay mucho énfasis en lo visible. Pero resulta ser, que lo más importante es invisible. Y si quieres un ejemplo contundente de esto, te lo doy ya mismo, el oxígeno. ¿Puedes verlo? No, pero si te falta, te mueres en pocos minutos. Lo cierto es que de todo lo que se puede observar, alcanza para darnos cuenta que Dios no se limitó a una creación material, sino que, de hecho, lo más importante que Él creó, fue inmaterial. De eso se trata, entonces, de unir cielos y tierra. Jesús nos dio las llaves para movernos en esa dimensión.

Lo único que necesitamos para poder hacer realidad efectiva eso, es que se corra el velo que todos nosotros tenemos, por causa de toda la formación que todos recibimos desde muy niños. Estamos acostumbrados a ver las cosas a partir de causa y efecto y tenemos una mentalidad que recurre a paradigmas limitados por la materialidad. Dios creó dos creaciones, distintas pero relacionadas. Mejor debería decir dimensiones, en lugar de creaciones. Esas dos dimensiones, la material, palpable y visible y la espiritual, inmaterial e invisible, trabajan armónicamente todo el tiempo. Jesús interactuó con ellas de una manera extraordinaria. Vamos a partir de la base de que Dios determinó principios básicos para poder moverse en esas dos dimensiones.

Un principio esencial y central para poder moverse en la esfera espiritual, es que quien lo haga tiene que ser un ser también espiritual. Es lo mismo que cuando queremos ingresar en un país que no es el nuestro. Necesitamos mínimo un pasaporte o, en algunos casos, una visa, una autorización de ese país para nuestro ingreso. Para un ingreso físico, necesitamos un cuerpo físico. Bueno; el pasaporte o visa que todos necesitamos para ingresar al mundo espiritual, es ser un ser espiritual. Por eso Pablo habla de cuerpos terrenales y cuerpos celestiales. O sea que Dios puso una línea fronteriza entre estas dos realidades. Para movernos en un mundo material, necesitamos un cuerpo material. Para movernos en un mundo espiritual, necesitamos un cuerpo espiritual. ¿Es correcto esto? Sí. ¿Y entonces qué pasa con el diablo?

El diablo ¿Es un ser material o un ser espiritual? Es un ser espiritual. ¿Y entonces por qué nos complica tanto la vida en el plano material? Lo primero que debemos entender es que, todo lo creado por Dios, se rige por leyes y normativas. Y el diablo no comete ninguna infracción que las leyes no lo permitan. El tema es que él, usando las leyes creadas, puede encontrar, como si fuera un abogado, la figura jurídica que le permita hacer algo. Primero: no vamos a ver al diablo actuando individualmente, eso está claro. ¿Ves a alguien con un espíritu de alcoholismo? No, lo que yo veo es a un alcohólico. ¡El diablo me robó mi auto!, me dicen. ¿Qué? Nunca vi al diablo manejando un auto. ¿Sabes qué? Satanás no tiene un cuerpo material para hacer nada de eso, a no ser que alguien se lo preste.

Por eso es que él tiene legalidad, porque hay gente dispuesta a prestarle su cuerpo para que él pueda operar dentro de la legalidad. Por eso es que no vemos a ese espíritu de alcoholismo, porque vemos a un alcohólico. Ahora bien; ¿Qué dice la palabra? Que Dios es espíritu. ¡Entonces él no puede entrar en la esfera terrenal! Claro que no, no sería legal. Dios no tiene cuerpo. A menos que alguien se lo preste o directamente se lo entregue. Mira lo que dice Hebreos 10:5: Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; Mas me preparaste cuerpo. ¡Jesús está hablando! Y dice que al Padre ya no le satisfizo sacrificio ni ofrenda y que por eso le preparó un cuerpo. ¿Por qué dice eso, Cristo? Respuesta más que sencilla: ¡Porque no lo tenía!

Y para poder entrar a la historia del hombre, él requería un cuerpo físico. Eso te muestra cómo Dios, el Creador, se sujeta a sus leyes. Cristo recibe cuerpo y puede interactuar en nuestra historia. Entonces dice que cuando vino el cumplimiento del tiempo Dios envió a su Hijo. ¿Qué está diciendo? Que Él respetó la normativa, recibió naturaleza humana de una mujer llamada María, y nació. Este principio es fundamental. ¿Por qué? Porque nos muestra como funciona la dinámica de la Creación, la relación entre lo espiritual y lo natural. Moisés tuvo que ver un tabernáculo en los cielos para luego poder construir uno igual en la tierra. Y Jesús entró a ese tabernáculo, pero no al que construyó Moisés, terrenal, literal, sino al que estaba en los cielos.

Ahora; a través de las siete celebraciones judías, de las siete fiestas que había, ellos, los hebreos, representaban el mundo espiritual. Ellos tenían, a través de esas fiestas, los recursos para plasmar lo espiritual en el terreno natural. Hay muchísimas cosas que dice la ley que no las entendemos, pero que en Dios tenían un propósito. Lo que sucede es que nosotros, los occidentales, tenemos dos problemas. Uno es el materialismo que nos rodea desde niños, y otro es la mentalidad con la que nacemos los occidentales. Te guste o no, la Biblia tiene elementos de mentalidad oriental. Por ejemplo, a la hora de poner un nombre. Para un oriental, sea de donde sea, poner un nombre es algo muy especial, porque el nombre debe expresar principios.

Hubo alguien que se llamaba Abram, que significa padre enaltecido. Cuando Dios lo llama, le cambia el nombre por Abraham, padre de multitudes. ¿Por qué el cambio? ¿Por qué Simón tuvo que ser Pedro o Saulo tuvo que ser Pablo? Porque el nombre expresa identidad y propósito. No sé qué pueda expresar tu nombre, pero quizás es distinto a Saulo, que significaba enaltecido, a Pablo, que quería decir Pequeño. Simón, vara mecida por el viento, a piedra, roca. Es distinto. Entonces, el sentido del nombre adquiere valor si tú eres oriental. Hay culturas en África que no le ponen nombres a sus hijos hasta que no cumplen los dos años de edad. Porque lo hacen cuando ya ven determinados rasgos en ellos.

Lo cierto es que estos dos elementos, nos preocupan un poco a la hora de entender la palabra. Dios no le dio nada a Israel que no tenga un sentido espiritual. Y eso tiene que ver con lo vengo diciéndote. Todo, pero todo, todo, es espiritual en Dios. De hecho, para entender esto en plenitud, necesitamos imaginar cómo estableció Dios el proceso creativo de su hijo. En primer lugar, Adán no aparece circunstancialmente, él es parte de un proceso de una dinámica extraordinariamente organizada por parte de Dios. Él no fue sorprendido. ¿Puedes entender si te digo que el pecado de Adán no sorprendió a Dios? Fíjate lo que dice la palabra: el cordero que fue sacrificado antes de la fundación del mundo.

¿Pero Adán no pecó después? Sí, pecó después. ¿Y cómo el cordero fue sacrificado antes? Porque el tiempo es algo creado. Porque Dios no tiene esto al azar, Él lo tiene en su mano. Dios crea al hombre para que ellos, básicamente ejerzan tres propósitos. Número uno, gobierno. Dios crea al hombre para que él gobierne. Eso es enseñorearse, gobernar. Que literalmente significa pisar. Cuando Jesús agarra a los discípulos y les dice que les da autoridad para hollar serpientes y escorpiones, Él está volviendo a la imagen de Génesis 1:26. Enseñoréate. ¿De qué? De todo lo creado. O sea que, la primera cosa es Gobierno. La segunda cosa es Fertilidad. Porque Él le dice: multiplícate, llena la tierra. Es como decirle que ocupe cada espacio que tenga.

Génesis 2:8: Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado. Esto me recuerda a Génesis 1:1: En el principio creó Dios los cielos y la tierra. ¿Sabes por qué Dios dice “los cielos” y no el cielo, como lo llamamos nosotros? No te lo diré ahora, pero te aviso que no es un asunto lingüístico, sino que está expresando un tremendo principio. Los cielos, y LA tierra. Y en la tierra eligió un lugar llamado Edén. Y en el Edén escogió un lugar llamado Huerto. Son tres lugares distintos: tierra, Edén y huerto. Y pone al hombre ¿Dónde? En el huerto. El huerto era el corazón del Edén y el Edén era el corazón de la tierra. No dudes de la diferencia que te muestro, ¡Está escrita! Mira el verso 10: Y salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro brazos.

¿Ahora sí te quedó claro que no es lo mismo Huerto que Edén? Entonces Dios lo pone a Adán en el huerto. Y dice la palabra que era para que lo labrase y lo cuidase. Y ahí es donde entra la tercera cosa. La primera era Gobierno, la segunda Fertilidad y la tercera es Expansión. Entiéndeme. Expansión no tiene nada que ver conque tu iglesia hoy es de cien y mañana de doscientos. Eso, en todo caso, es un tipo de expansión, pero en un plano muy limitado. La expansión que Dios nos quiere dar, es multidimensional. Y esta expansión es algo muy singular, porque dice que lo puso en el huerto para que lo labrase y lo cuidase, y la palabra usada allí es xamar, que en su traducción significa vigía.

Sácate de la cabeza que Dios lo puso a Adán en el huerto para que fuera jardinero. Ese dibujito con Adán con un rastrillo y una regadera es una mentira destinada a divertir a los niños. La palabra dice que cada día brotaba una humedad que regaba todo y que todo fluía por sí mismo. ¿Para qué iba a poner a un hombre a trabajar con pala, azada y rastrillo si todo funcionaba solo? ¿Y entonces? Es el huerto de Dios. El hombre fue creado para descansar, no para trabajar. ¿Cómo lo pruebo? El hombre fue formado en el sexto día, ¿Verdad? O sea que su primer día de vida, fue el día de reposo. La tarea de él era vigilar, no ser agricultor. ¿Recuerdas lo que pasó cuando él dejó de vigilar? La serpiente se metió. La serpiente estaba en la tierra, de la tierra pasó al Edén, del Edén pasó al huerto. En síntesis, lo que Dios le encarga a Adán, es vigilar y cuidar de que la serpiente no se meta en el huerto.

Y vas a darte cuenta que la serpiente espera que Adán no esté con Eva para acercarse. La gran pregunta, es: ¿Qué estaba haciendo él en ese momento en particular? Ya, déjalo. Lo cierto es que Dios arma todo de primera calidad para que Adán pudiera ejercer tranquilamente en esas tres áreas que había recibido. Gobierno, Fertilidad, Expansión. Entonces llegamos al punto clave, que es que Satanás quiere lo que Adán es. Porque él es bien distinto a todo lo creado. ¿Por qué? Porque le es soplado en su nariz aliento de vida, o sea: espíritu. ¿Qué espíritu le es soplado a Adán? El de Dios. Por eso pasa a ser su semejanza e imagen. Es un espíritu al que le han dado un alma y mientras ande por aquí habita un cuerpo. Igual a ti.

Es poco lo que se habla del alma, como no sea para censurarla por sus errores. Nadie te dice que el alma fue lo más extraordinario que recibió el hombre, ya que es la única que puede entender al cuerpo y también al espíritu. Pero el cuerpo no entiende al espíritu ni el espíritu entiende al cuerpo. Hablan distintos idiomas. Pablo lo dice con claridad: ¡Lo que quiero hacer no lo hago y justo hago lo que no quiero hacer! Cuando el cuerpo dice que está enfermo, el alma le cuenta al espíritu eso, y el espíritu le dice que él tiene el poder de sanar. Así es como funciona. Si te lo crees, obvio, de otro modo ni lo sueñes. Por eso el hombre es una maquinaria extraordinaria. ¡Dios hasta allí no había creado nada parecido! ¿Un ejemplo? Miguel. Es un ángel extraordinario. En algunos lugares se lo llama arcángel. ¡Es formidable, inmenso, glorioso! Pero es sólo espíritu…

Y ahí está Adán, la cosa rara creada. Que como tiene las dos naturalezas avaladas, la natural y la espiritual, tiene legítimo derecho a incursionar en las dos. En los dos reinos, si quieres llamarlo así. Además, no hay dudas que el huerto era un lugar extraordinario. No te olvides que más adelante vas a leer que dice que Dios bajó como cada tarde al huerto, y le dijo a Adán ¿Dónde estás? ¿Y por qué bajaba Dios hasta ese lugar? Porque era un lugar muy hermoso por todo lo físico plantado, pero también lo era desde lo espiritual. Estaba el árbol de la vida, allí. ¿Puedes imaginarte eso? Era un pequeño espacio donde se codeaban todo lo creado conjuntamente con ángeles y Adán. La clave de Adán no era ni el cuerpo ni el espíritu, era el alma. Por eso es que a Adán se lo llama Alma Viviente.

Ahora imagínate con qué envidia y al mismo tiempo intriga y malicia miraba Satanás a esa alma que le permitía ingresar al mundo natural y espiritual por igual. Hay un principio espiritual que Pablo lo dice: tú. Te sujetas a quien obedeces. En el momento en que Adán cede al engaño del diablo, él se sujeta a. Y automáticamente, queda bajo el control de. Cuando Adán peca y cae, sin embargo, no pierde la capacidad de interactuar con el mundo espiritual. Recuerda que tuvo una conversación con Dios mismo, después de caer. Y eso se mantiene a través de varias generaciones. Jacob fue un ejemplo de esto. Se sorprende al ver a un ángel. ¡Lo agarra a golpes al ángel! Le hace lo que en lucha se denomina como una llave. Eso significa la palabra Lucha em hebreo, llave. Y el ángel también le hace otra y lo descoyunta.

Otro caso es el de Enoc, se iba todas las tardes a tomar mates con Dios. (Un Enoc argentino era ese) Hasta que un día Dios le dice: ¿Oye, ¿Para que vas y vienes todos los días? ¡Mejor te quedas acá y listo! O Abraham. ¡Abraham era un pagano! Era caldeo y su trabajo era de comerciante. Se convierte en el primer hebreo. La palabra hebreo significa “del más allá”. ¡Estaban acostumbrados a incursionar en las dos dimensiones! Pedro. Preso y encadenado. ¿Se sorprendió o se desmayó del susto cuando un ángel vino y lo liberó? ¡No! Lo siguió atravesando puertas y paredes como la cosa más natural del mundo. Y a la joven que le abre la puerta le sorprende mucho más reconocer que es Pedro, liberado, que suponer que es un ángel.

¿Cuándo será la última vez que tu hayas visto un ángel? Porque la gente de la cual estamos hablando que vieron y se pelearon con ángeles, era gente tan caída como nosotros, ¿Entiendes? Ni siquiera habían recibido el bautismo del Espíritu Santo. Sólo tenían la capacidad para interactuar con los dos reinos. Y de la manera que se las rebuscó para salir siempre ganador ante su pariente, llevándose las ovejas que le daba y multiplicándolas conforme a las leyes de la genética. Mi pregunta es: ¿Qué hubiera hecho Jacob con el Espíritu Santo, de haberlo tenido a disposición? Él en su momento se la jugó. No esperó que le abrieran la puerta, la encaró y la tumbó.

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Oración de Reino

“Señor y Padre nuestro, te damos gracias…” dime la verdad, ¿A cuantos has escuchado comenzar su oración con estas mismas palabras? O peor, ¿Cuántas veces la has comenzado tú, así? Pregunta: ¿Es malo o negativo empezar a orar de ese modo? ¡No! De hecho, no lo es, todo lo contrario. Lo que sí es digno de análisis es el modo, la metodología, la fórmula, casi el recitado con el que empezarás a hablar con el Padre celestial. Una vez, vaya y pase. Dos, puede ser, pero… ¿Empezar a orar siempre así? Hasta tu niño más pequeño es capaz de imitarte. ¿Qué te estoy queriendo decir? Que hay otra manera de orar. Que el diseño y el ámbito del Reino, requieren otra cosa.

Quiero enseñar esto, a partir del capítulo 18 del evangelio de Lucas. Quiero que entiendas que la revelación siempre se obtiene a través de milicia. Es imposible revelar algo nuevo y no militar para establecerlo. Para establecer una verdad, hace falta repetición y milicia. Las verdades siempre son introducidas de manera negativa. Cuando alguien decreta una verdad que es desconocida, la persona que la recibe, inmediatamente es ofendida por esa verdad. Porque la verdad siempre ofende tiniebla e ignorancia. Estamos viviendo en una hora donde muchos se están ofendiendo. Sin embargo, la palabra dice que el que camina en amor, no se ofende. ¿Cuántos de ustedes ya se dieron cuenta que los estoy preparando para una bomba espiritual?

¿Cuántos de ustedes quisieran que su ciudad, población o aldea de residencia sea para Cristo? Entonces aprende esto: cambios de destino, no vienen con vidas casuales. Todas las personas irracionales, cambian el curso corriente. ¿Te tratan de raro o de rara? No te preocupes. Sólo los raros cambian el mundo. Los normales apenas logran acompañar lo que les venga. Porque las personas racionales, terminan conformándose al espíritu presente. Eso te lo dice cualquier psicólogo, ni siquiera tiene que ser nacido de nuevo. En otras palabras, la vida casual o pasiva, no consigue nada en el ámbito del espíritu y mucho menos en este planeta. Pero Dios va a hacer algo en este planeta. Con o sin nosotros. Yo estoy aquí con una oración de contenido apostólico, gimiendo por el espíritu. Diciendo: levanta tu cabeza, levanta tu espíritu, levanta tu autoridad, no solamente en esferas espirituales, sino también en las terrenales. Eso es Reino.

Entiende: la palabra lleva consigo, no la capacidad de razonarla. La palabra carga consigo, no la responsabilidad de pensar en ella. La palabra de Dios siempre lleva consigo la capacidad de acción. La palabra debe producir acción. Todavía hay mucho cristiano singular que se asusta cuando escucha la palabra revelación. Aprende esto: Dios revela en proporción directa con la necesidad. Dios revela en proporción y en identidad con la necesidad presente. O sea: mientras no hace falta una verdad, Dios no la revela. En el momento en que la situación amerita una revelación fresca, Dios le quita el velo a la palabra y te da la estrategia para el momento. Hay muchas personas a las que les gusta la gloria de ayer. Sin embargo, la palabra dice que la de hoy será mejor.

Lucas 18: 1: También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar, Grábatelo en tu mente y en tu corazón: orar siempre y no desmayar. Hay personas que oran, pero están desmayadas. Y hay otras que cambian y empiezan a orar por el desmayo. No disciernen la voz espiritual. Dios es espíritu.  Hay mucho clamor, pero en la esfera del espíritu hay muchas voces. Y tenemos que identificar qué voces estamos decretando en la esfera del espíritu. Hay personas que claman a Dios por dolor. Estás orando por tu país, porque te duele la situación. Otros claman a Dios porque no creen que pueda haber ningún tipo de victoria, entonces claman a Dios, a ver si Él los puede ayudar.

Pero esos no son los clamores que van a salvar a la Argentina. Ora y no desmayes. Las oraciones que son vacías de fe, no van a ninguna parte en el espíritu. La fe, siempre es seguida por acción. Verso 2: diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. (3) Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. (4) Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, (5) sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que, viniendo de continuo, (Toma nota de esto: de continuo) me agote la paciencia.

(6) Y dijo el Señor: Oíd (No leas la Biblia como si fuera el periódico del día. Si Dios te dice “Oíd”, es porque lo que va a decir es altísimamente importante) lo que dijo el juez injusto (7) ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? (¡Oid! ¿Será que Dios no puede librar a mi Argentina del adversario?) ¿Se tardará en responderles? (¡Señor! ¿Hasta cuando? ¡¡Oíd!! ¿Por qué no me respondes, Padre? ¡¡Oíd!!) (8) Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra? ¡Oíd! ¿Será que alguien tiene fe en este planeta? ¡Pero Él está en el cielo! ¿Será que Dios es lento o que, efectivamente, no hay fe? El juez injusto libró a la viuda del adversario. ¿Será que Dios que es justo, creador y todo amor, no podrá también librar a los suyos? ¿Los que claman, día y noche, de continuo para restaurar la tierra?

El problema más grave que tenemos, es que nadie oye. Hay mucho papagayo en la iglesia. Pero Dios te dice: ¡Oíd! ¿Será, entonces, que quede alguien en la tierra que tenga suficiente fe cuando Él regrese? Me parece a mí o proféticamente, Cristo está dando a entender que, si esto sigue, así como esta hoy, ¿cuándo Él regrese no va a encontrar nada? La viuda era perseverante, le resultaba molesta, le era incómoda. Y cuando ella decía: “hazme justicia”, no era una cosa casual, era algo de fondo. Tanto que Dios decidió que tenía que hacer algo allí. Yo lo veo así. Una viuda, más o menos entre 55 y 60 años, de estatura menuda, flaca, paradita ante un juez grandote, como de 1.90, que se la quedaba ignorándola. Perverso, como todavía hoy también los hay por allí. E igualmente ella se le planta y lo confronta fuerte a que le haga justicia.

La palabra en griego, es kopos. Pegar de continuo debajo del ojo, te lo abre. Lo cierto es que esta mujer no estaba hablando casualmente, estaba sencillamente importunando al juez. Tanto que el juez, harto de ella, prácticamente les gritó a sus ayudantes que le dieran lo que ella quisiera. Yo me pregunto, partiendo de esta base bíblica ciento por ciento, y espiritualmente probada ciento por ciento, cuantos se atreverían a importunar a las justicias terrenales de turno igual que esta viuda, para que en sus países haya justicia de verdad y no esa imitación grosera, grotesca y miserable que desde hace muchos años le falta el respeto a la gente de bien, se llame como se llame, viva donde viva y piense y crea en lo que piense y crea.

Pregunto: ¿Será que Dios, si encuentra a su pueblo haciendo lo mismo, sin ningún interés personal ni material, no hará lo mismo? ¡Señor! ¡Ten misericordia! ¡Levanta un buen presidente, gobernador, alcalde! No es responsabilidad de Dios levantar a ninguno de esos funcionarios. La palabra de Dios, en otra parte, dice: El Reino de Dios, no viene con observación. Eso significa que no viene a través de los espectadores. Te puedes sentar allí todo el tiempo que quieras, que no viene el Reino. El Reino, basileia, es la autoridad y el poder de Dios. Es su influencia, es su pueblo. Incluye su trono, el cielo y la tierra. Es la esfera del dominio de Dios. La palabra dice: su dominio no viene por observación.

Su dominio no viene a través de espectadores. Su dominio no viene a través de los religiosos, tampoco. Mucho menos a través de los domingueros. El poder de Dios no llega casualmente. El poder de Dios no llega con pasividad. El poder de Dios no llega discutiendo doctrinas. El poder de Dios no viene discerniendo teología. El poder de Dios tampoco llega con especulaciones escatológicas. El Reino de Dios viene por violencia, y los violentos lo arrebatan. Es imposible introducir la excelencia de un Reino dentro de otro, sin que haya confrontación. Me pregunto dónde quedan esos hermanitos tan raros, delicados y finos que he visto en tantas congregaciones con el argumento de que un cristiano tiene que ser pacífico y más que bueno. No discuto eso, pero una cosa es ser pacífico y otra ser pasivo. Una cosa es ser bueno y otra cosa…bueh…tú me entiendes.

No es pavada tirarse al río y nadar cuesta arriba, cuando toda la corriente del mundo viene cuesta abajo, que es donde está el infierno, con algunos cristianos dormidos de compañía. Sentaditos esperando en Dios, no sucede eso. Porque da la casualidad que Cristo anda sentado. Pero Levítico dice que un sacerdocio que se sienta, es un sacerdocio que terminó. La ley dice que el sacerdote no se podía sentar hasta que terminara. Entonces, es obvio que Cristo terminó, y está esperando. Que sus enemigos sean puestos por estrado bajo sus pies. Pregunto: ¿Con quien te parece que está hablando? ¿Quién te parece a ti que será el encargado de poner a esos enemigos bajo los pies de Cristo? ¿Con quien será que Él está hablando?

¡Oíd! ¡Argentina necesita la manifestación de Dios! Tú añádele el nombre de tu país, si crees lo mismo. ¿Será que Dios podrá liberar a Argentina? ¿Encontrará fe en Argentina cuando regrese? ¿Habrá todavía quienes crean de manera genuina en mi país? Hay dos reinos en la tierra: Reino de Dios, reino de Satanás. ¡Es que a mí me enseñaron que el reino no es ahora, que es después? Escucha. Satanás no tiene el trono en la tierra, ni Dios tampoco. Pero satanás tiene el cuerpo de anticristo y Dios tiene el cuerpo de Cristo. Ellos tienen miembros que manifiestan la influencia del sistema de Satanás, y nosotros tenemos un cuerpo que supuestamente debería manifestar la influencia de Dios. Sólo que el anticristo, está avanzando más que la iglesia. ¿Sabes por qué? Porque el nuestro, nos dicen que no está ahora, sino que está mañana.

Dios quiere levantar una iglesia que manifieste la influencia, que manifieste el poder, que manifieste el fruto de conocerlo. Somos sus embajadores, somos sus hijos. El Reino de Dios es justicia, es paz y es gozo. No mañana, HOY. Cuando salimos a nuestra ciudad, no vemos justicia, no vemos paz, ni tampoco el gozo. ¡Es que eso es en el corazón! Bueno, si tú lo quieres solamente en el corazón y después vivir entre rejas… ¡Es que los cultos son gloriosos! Lo que ocurre dentro de las cuatro paredes de un templo, no modifica nada en una ciudad, en un país. A veces ni siquiera lo modifica en el grupo que se reúne allí. Hoy estamos en presencia de lo que yo llamaría un avivamiento satánico. Drogas, ocultismo, alcohol, violencia, femicidios, pedofilia, satanismo, abortos, pornografía, humanismo, perversión, sectarismo, liberalismo, homosexualidad, egoísmo, religiosidad, todo manifestado a través del cuerpo del anticristo.

Creemos que es hora de entender el propósito de Dios en nuestra existencia. Si Dios hubiera querido salvarte y llevarte al cielo, lo hubiera hecho todo de una vez. Entonces, el cielo es mañana, pero hoy, Argentina me y te necesita. Ponle el nombre del país que tengas en tu corazón. Pablo oraba apostólicamente por la iglesia de Éfeso y decía: ¡Señor! ¡Ábreles los ojos! Pregunto: ¿Cuándo oramos así, nosotros? ¡Si siempre estamos orando por nuestros problemas personales! Cero entendimiento. Cero empatía. ¿Cero amor? Como estamos tan preocupados por el yo, yo y yo, no nos queda tiempo para él, ellos y los otros. Lo que es prioritario, es lo mío. MI iglesia. Mi ministerio. MI mensaje. Yo sé que esto que digo no es ni será nunca popular, pero Jesús no vino a buscar lo popular, vino a rescatar lo que se había perdido.

Pablo oraba por el espíritu de sabiduría, ¿Recuerdas? No me da vergüenza decirlo, ¡yo ni sabía que la sabiduría era un espíritu! Para que entendiéramos cuál era su herencia en los santos. No se trata de qué es lo que me conviene a mí, sino de lo que Dios está esperando de nosotros. ¡Señor! ¿Cómo puedo manifestar la fe para obtener? No. La fe es para alinear tu palabra con el propósito de Dios. Ahí funciona. Nuestras palabras no van a manipular a Dios, Pablo no oraba por problemas personales. Él tenía una preocupación más profunda, él quería que la iglesia de Éfeso, una iglesia que tenía los cinco ministerios operando, una iglesia que caminaba en poder, pudiera entender lo que era la herencia de Dios en la iglesia. Que su entendimiento fuera iluminado. Que hubiera algo más arriba que lo de abajo donde estábamos.

¿Quién tendrá fe en la tierra? Hemos sido engañados, pensando que el mundo no quiere escuchar lo que la iglesia tiene para decir. ¡Mentiras! ¡El mundo está cansado de la religión! ¡El mundo está cansado de doctrinas! ¡El mundo está cansado de fraseología religiosa! ¡El mundo no quiere oír hipocresía! ¡El mundo no quiere nada de eso! Lo que quiere es solución. Sabemos que el hombre maduro es el que se traga la Biblia y la convierte en soluciones prácticas. No el que se la aprende de memoria. A mí no me da vergüenza reconocer que algunos libros no acierto a recordar donde es que están. Es entre Génesis y Apocalipsis, es lo único que estoy seguro. Si eso te destruye mi imagen, lo siento mucho. No me interesa. Yo vine a otra cosa, no a cautivarte a ti.

La solución es oír. Es un libro de principios que trae la solución al dilema y la problemática. Vamos a clamar que Sudamérica, Argentina, Rosario y todas las regiones de tu tierra sean liberadas de potestades satánicas. No mañana, HOY. El problema es que no hay unción sin entendimiento. Dios no bendice ignorancia. Y el caso es que ninguno de nosotros tendrá unción en las áreas en las que seamos ignorantes. Es como ponerte a predicar algo que no sabes. No vas a estar ungido si no sabes lo que estás diciendo. Dios no bendice ignorancia. Entonces, ¿Qué es lo que ocurre? Como hemos tenido ignorancia, hemos excusado la condición de nuestra ciudad, identificándola con las señales del tiempo. ¡Es que son los últimos días! ¿Y qué? ¿Es que se va a poner malo? Sí, pero también se supone que hay una luz más grande que la tiniebla.

¿Qué ves en esta hora? ¿No ves solución? ¿Solo sientes gozo cuando te metes en el templo? ¿Necesitas que un montón de gente te acompañe a entrar en adoración? ¿No sabes entrar en adoración solo? ¿Cómo vas a ayudar a alguien, si no sabes entrar a la presencia solo? ¿Qué tienes que ofrecer? ¡Es que yo ofrezco a Cristo! ¿Ah, sí? ¡Mira qué cosa! ¡La Biblia no nos manda a ofrecer a Cristo! La Biblia nos manda a mostrar el testimonio de Cristo. Estos son simples proverbios que estamos escribiendo. La ignorancia rebaja el estandarte para conseguir aceptación. Vamos a decirlo de una manera más sencilla: Cuando no sabemos o no entendemos algo, rebajamos el nivel de aceptación para ser aceptados. Más sencillo: vamos a la escuela y la curva del examen es de 100 a 95 A. Pero como nadie llega a 95, bajamos la curva para que todo el mundo pueda tener A. Sólo que la A que estamos obteniendo, en realidad apenas es una F.

Entonces, cuando no tenemos solución a la problemática, rebajamos la tolerancia. Así que hoy estamos tolerando lo que, si mi abuelita resucitara, le daría un infarto y se volvería a morir. Porque hoy se toleran cosas que veinte años atrás ni siquiera se planteaban. Porque Satanás es sabio, él no perdió su sabiduría, sólo la corrompió. Entonces él condiciona a la nación y a la iglesia a ir aceptando el asunto como algo normal. De manera que muchas de las cosas que hoy se estiman como normales, son totalmente contrarias a los más básicos principios bíblicos. Y no hablo desde el legalismo, me conoces lo suficiente como para saberlo. Sólo creo que está preparando a la iglesia para recibir al anticristo. Poco a poco. El tema es que, como se ha hecho tanta historieta con esto, depende como venga vestido, nadie lo reconocerá.

Escuche lo siguiente. Proverbios 10:30 dice: El justo no será removido jamás, pero los impíos no habitarán la tierra. Proverbios 11: 31: Ciertamente el justo será recompensado en la tierra. Verso 30 del mismo capítulo: El fruto del justo, es el árbol de vida. Proverbios 14:34: La justicia engrandece la nación, y la benevolencia del rey es para con el servidor entendido. Mas él se enoja, con el que lo avergüenza. En español bien barato: los presidentes de la tierra sólo se enojan con los que los exponen y avergüenzan. Con los sabios no se enojan. Y no hay una cláusula que dice “cristianos sí” o “cristianos no”. Sólo los sabios. Sin embargo, ¿De donde viene la sabiduría? Proverbios 29: 2, dice: Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra. Más cuando domina el impío, el pueblo gime. ¿Qué vamos a hacer con estas escrituras?

¿Habrá fe en la tierra? Tu país tiene solución. Eres tú. Dios se expresa a través de su cuerpo. Escucha bien esto: el cuerpo sólo existe para manifestar el deseo de la cabeza. Tu cuerpo hace lo que tu cabeza dice. A veces. Cristo es la cabeza, el cuerpo eres tú. Cuando el cuerpo no se alinea con la cabeza, caos entra en la tierra. Cuando Eva no respetó a Adán, caos entró en el planeta. Cuando la iglesia no se alinea con la cabeza, caos hay en el planeta. Ahora presta atención y mira: ¿Qué hay fuera de las ventanas de la iglesia, caos o paz? Si la iglesia estuviera en su lugar, el planeta no estaría así. La Biblia dice que cuando la justicia domina, las naciones se alegran.

Mateo 5: 13 = Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. (14)  Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. (15)  Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. (16) Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. ¿Para que los hombres vean qué? ¿Tu buena conducta? ¿Tu conocimiento bíblico? ¿Tu disciplina religiosa? ¡Tus buenas obras! Y luego glorifica a Dios, porque así es como corresponde. Santiago dijo: Tú enséñame la fe, yo te enseñaré la obra.

Las obras son las manifestaciones externas del fruto de tu unión con Dios. No tiene nada que ver con los frutos del Espíritu. Amar, benignidad. Esos son frutos, no obras. Pero… ¿Habrá fe en la tierra? Te hago una pregunta: ¿Quiénes son los que se están muriendo de plagas, la iglesia o los impíos? ¿Quiénes son los que se están muriendo a causa de su estilo de vida, la iglesia o los impíos? ¿Quiénes son los que mueren a diario por causa del espíritu de violencia, la iglesia o los impíos? ¿Quiénes son los que están destruyendo vidas por causa del aborto, la iglesia o los impíos? Entonces, ¿Cómo es que tú sientes que te estás haciendo más fuerte y que están desapareciendo frente a tus narices? Enciendes la tele y la tele te dice que ahora mismo murieron diez mil más. ¿Resumen? Ya la puedes apagar, porque la paga del pecado, ¿Es..?

Dios no es mentiroso, el impío va para abajo y el creyente va para arriba. ¿A qué le temes? ¡Es que es muy peligroso! Están siendo muchos menos, cada vez más débiles. Pero como todavía caminamos por lo que vemos y no por lo que conocemos, vivimos atados, escondidos y cohibidos. Un día el diablo se metió en la playa y la iglesia dijo: ¡La playa? ¡¡Nahhhh!! ¡La playa es pecado! El diablo se metió en la radio y la iglesia dijo: ¡Ah! ¡El cajón del diablo! El diablo se metió en la televisión y la iglesia dijo: ¡¡¡Ahhhh!!! ¡¡Apaga eso!! El diablo se metió en los parques…¡No vayas a ese lugar, eso es mundano! ¿Están viendo a algunos de nosotros por allí? No. Y eso es, precisamente lo que ocurre: el mundo no está viendo a la iglesia. Sólo sabe que existe allá entre las cuatro paredes de un templo, salón o lo que sirva para juntar gente a cantar, orar y escuchar una predicación. ¿Eso sería ser más que vencedor?

El diablo se metió en la escuela y hoy muchos no se atreven a llevar sus biblias a ellas por miedo a que los expulsen. El diablo se metió en la iglesia y ahora la gente no sabe a qué iglesia ir. El diablo se mete en tu casa y, si no tienes cuidado, te lleva quien te trajo. Si un grupo pervertido llega a un lugar y encuentra a gente que, aunque no sea religiosa, está tranquila y no haciendo nada malo, inmediatamente se retira de allí. Porque la tiniebla no soporta la luz, necesita más tiniebla para sobrevivir y para que sus obras no sean reveladas. Por eso tú vas a discotecas o clubes nocturnos y hay más oscuridad que luz. Eso no es casualidad, ¡Eso es Biblia manifestada! La luz siempre desplaza a las tinieblas. Es imposible encender la luz y que se quede oscuro.

El salmo dice: ¡Pídeme! Y te daré por herencia las naciones. La palabra Pídeme, es la palabra kopos, la misma que usó la viuda. Pídeme por tu nación. Pídeme por tu provincia o estado. Pídeme por tu ciudad, pueblo o aldea. Clamar aquí no es llorisquear o gimotear pidiéndole a Dios por tu país e incluso que levante a alguien que sea un buen presidente y haga todo lo que se necesita. ¿Sabes qué? Dios está allí arriba y se desespera al oírte porque dice: ¡No entienden! ¡No me entienden! Les doy todas las armas, les muestro cual es el enemigo, les enseño como combatirlo y derrotarlo y siguen y siguen pidiéndome que sea yo el que lo haga. ¡Soy Espíritu! ¡Necesito un cuerpo para derrotarlos! Y tengo un cuerpo, pero todavía no aprendió a obedecer a la cabeza. Todavía andan con sus ideas propias, intereses propios y los cursos de teología académica esperando que con eso el diablo se asuste y se vaya. ¡Basta! El diablo es el dueño del imperio del miedo, así que él no lo experimenta. ¡Tú eres el que le has creído y lo tienes! Rechaza ese miedo en el nombre de Jesús, ordénale que suelte a tu país y tendrá que irse. Si Cristo lo hizo, tú también, porque cosas mayores haremos, porque el Espíritu del Padre está sobre nosotros. Hoy. AHORA.

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Ataviada Para la Boda

La importancia del valor ha sido trasladada del creyente al Señor. Ha sido trasladada de nuestra herencia a su propósito. Esa importancia ha sido trasladada desde el punto de nuestro derecho a su esperanza, y de nuestra autoridad a su señorío. La importancia del valor siendo trasladada de recibir a dar. De nuestra bendición a su siega. De la alabanza a la adoración. Y de nuestra necesidad, a su deseo. Es impresionante ver cómo esto se ha convertido en el énfasis del mensaje profético-apostólico del momento. Hay un traslado de poder, de valor e importancia jamás visto. Por años se ministró la autoestima del creyente, porque estábamos así de pequeñitos. Queríamos saber qué beneficios había en ser cristianos, y cuál es la herencia del creyente y de los santos; cuál es la esperanza de Dios en los santos.

Todo esto ha sido muy bonito, y nadie se atrevería a subestimarlo. Pero creo que, si entendemos bien lo que está diciendo el Señor, veremos qué hay una especie de transición de importancia. De nosotros a Él. De nuestra agenda, a la suya. De nuestra bendición a su propósito. De ministrarnos a nosotros a ministrarlo a Él. De ir a ciertos lugares a recibir, a ir a esos mismos lugares a dar. Claro, esto es un poco incómodo, sobre todo cuando ya estábamos formateados, programados a esa tecnología. Por eso era normal venir a esos lugares a recibir, a buscar una bendición. Veníamos a levantar nuestras manos para sentir cómo Él nos bendecía. Y ahora nos encontramos con que todo está cambiando, que vamos a una postura que demanda de nosotros salir del área de control.

Ir más allá del enfoque familiar. Ir más allá del énfasis receptivo. Entrar a una dimensión donde, por primera vez en la historia de la iglesia, alguien está preocupado porque el Señor obtenga lo que Él quiere. Que Él reciba su regreso en su cosecha. Él sembró, y espera un retorno. Fíjate; cuando Dios te trata como Padre, te bendice. Pero cuando te trata como rey, espera un retorno. Y creo que estamos viviendo en el tiempo de la siega. Si fuera un predicador tradicional preguntaría cuántos dicen amén. No te esfuerces, no es Babilonia. Varios nombres en forma de analogía, son utilizados en la Biblia para darnos claridad acerca del funcionamiento correcto de la iglesia en la tierra. La iglesia usa analogías. Recuerda que Dios es Espíritu, pero usa ejemplos físicos para poder darnos una idea de qué es lo que Él quiere que nosotros hagamos.

Por ejemplo, en la palabra somos llamados ramas, pámpanos, árboles, pan, cuerpo, mujer, hombre, ejército, casa, templo. Somos llamados hijos, niños, la novia, el cuerpo, la iglesia, y muchos más. Y no son cosas distintas estos nombres, sino adjetivos de la iglesia que nos identifican en las distintas facetas de funcionamiento específico. Como árboles somos firmes y bien plantados. Como ramas tenemos frutos y producimos. Como novia se nos requiere intimidad con el novio. Como ejército, Él quiere que seamos militantes, penetrantes, que tengamos estrategias. Como nación exige que tengamos gobierno, estructura. Como hijos somos herederos; Él quiere que podamos obtener la soberana vocación. En fin, todos son adjetivos que nos demandan, o nos enseñan, o nos traen claridad respecto a cómo debe funcionar la iglesia.

Lamentablemente, la iglesia se aprendió varios adjetivos y se quedó encajada en dos o tres. Durante muchos años, la iglesia sólo quería ser novia y adorar a Dios; no hacía otra cosa. ¿Te imaginas tú una luna de miel eterna? No contestes. ¿Te imaginas tú a un matrimonio que no interaccione en sus responsabilidades el uno con el otro? ¿Qué vivan solamente del amor, como quieren vivir muchos jóvenes? ¿O tal vez un matrimonio donde el marido visita a su esposa solamente los días domingos, para tener una experiencia con ella? La boda y el matrimonio requieren y demanda de una participación activa de ambos cónyuges los siete días a la semana, veinticuatro horas al día. Pero compartiendo las responsabilidades, y creo que es para allá donde precisamente estamos yendo ahora con el Señor.

Varios nombres y analogías se han usado para darnos ese entendimiento. Para entender cómo funciona la iglesia en la tierra. El tabernáculo, las piezas del tabernáculo. El templo, está hecho con piedras. Por eso nos dice que somos piedras vivas, edificadas. Todo es sombra y analogía, tipología, de cómo debe funcionar la iglesia. Si estudiamos el templo, aprendemos la estructura de la iglesia. No hay que buscar Apocalipsis para ver cuándo viene el Señor. Sabemos cuándo llegó David, así que también sabemos cuándo llega el Señor. Y tenemos todos estos elementos encerrados como principios de tópicos espirituales, dentro de los caracteres del Antiguo Testamento, y aun así hasta en el Nuevo. Toda la Biblia es una parábola.

Lo que sucede es que nosotros tenemos conceptos que a veces nos vienen por herencia o por asociación. Hay mucha gente que dice que el Nuevo Testamento comienza en Mateo. Y para los efectos legales, sí comienza. Pero la verdad es que no hay Nuevo Testamento hasta que no hay derramamiento de sangre. Y eso ocurre cuando terminan los evangelios, no al principio. Estamos tan acostumbrados a repetir como el papagayo que ya ni siquiera nos fijamos a ver si eso que decimos es cierto. Adoramos el altar y creemos que es una cosa sagrada, cuando en el Nuevo Testamento no hay ninguna ilustración de ningún altar. No hay una iglesia en el Nuevo Testamento que tuviese altar. Porque el altar es el corazón del hombre. Para eso vino Cristo, para eliminar el rito y tener una relación contigo. Eso no quiere decir que ahora vayas a tu iglesia y arranques el altar. Deja todo así, se usa por cuestiones prácticas. Pero deja ya de creer que se es más santo por estar allí.

Ahora bien; de todos los análisis que la Biblia usa, de todas las analogías, de todos los ejemplos, el más significativo, o el que más luz nos da acerca de la iglesia, es la novia. Pablo la menciona en Efesios capítulo 5, y en Jeremías hay una descripción de la novia en detalle. En Apocalipsis también la vemos en detalle. En el Libro de Cantares vemos a la novia en detalle. La vemos en Ezequiel, una vez más, en el templo a la novia. De los principios que encierran estas analogías, y dentro de lo que es la novia, aprendemos muchísimo de cómo es la iglesia que Dios está buscando. Estamos hablando de la iglesia que Dios quiere venir a buscar, la iglesia que Dios está esperando que se manifieste. Estamos hablando de la manifestación de los hijos de Dios, por la cual toda la creación gime a una, aguardando por ellos.

Hay mucha gente que sostiene que la iglesia ya está restaurada. De acuerdo, no estoy aquí para debatir, pero: si eso es así como aseguran, entonces; ¿Por qué la creación sigue gimiendo? Tenemos que estudiar, entonces, la mentalidad de la novia gloriosa, para entender la mentalidad de la iglesia que Cristo viene a buscar. Obviamente, y antes que te disperses, quiero aclararte que cuando hablo de la novia estoy hablando de ti, no de una institución administrativa. Recuerda que la novia, la esposa y el Espíritu dicen: “Ven”. Y esa declaración es expresada por la madurez o la condición de la iglesia, y no por tu boca. No es que la iglesia dice en un cántico “ven Señor”, o que ora diciendo “venga Señor”. Es que tu condición y tu mentalidad demandan que Él venga.

Es que tu constitución física o espiritual, está lista para interactuar con el novio. Eso es lo que quiere decir “ven”. Porque decir “ven” por decir, todos quisiéramos que Él venga, pero no alcanza con un sencillo deseo. No estamos hablando de buenos deseos, estamos hablando de estar listos para ello. El niño menor de edad, antes de poder acceder a su licencia, desea conducir, pero no está listo para ello. No se trata de deseos, se trata de estar constituidos para eso. El Espíritu siempre está listo, la que no siempre está lista es la novia. Recuerden que Él no viene por una novia mocosa, sino por una novia gloriosa. Así que no te distraigas por los diferentes eventos mundiales. Alguien se preocupa cada vez que algo ocurre en las Naciones Unidas; creen que Cristo te va a sorprender.

Mientras haya mocosos, no viene. Mateo dice que van a haber rumores de guerra, van a haber todas estas cosas, peo que aún el fin no será. Dice que cuando el evangelio del Reino llegue a los confines de la tierra, recién entonces el fin vendrá. Claro, tú puedes decirme que el evangelio ya se ha predicado en todas las naciones. Y es cierto, pero el que se predicó es el evangelio de nacer de nuevo, no el del Reino. Hay una diferencia. Al evangelio del Reino son muy pocas personas las que lo entienden, todavía. Y eso que es el único mensaje que existe. El de nacer de nuevo es uno que la iglesia hizo. No sé exactamente de donde lo sacó, aunque supongo que fue de ese incidente de Jesús con Nicodemo, en aquella medianoche. Pero entendamos que ese viejo le hizo una pregunta a Jesús, Jesús se la contestó y de allí sacamos todo un evangelio.

Pero todo lo que Cristo predicó, tenía que ver con el evangelio del Reino. O sea que hay dos formas de ver el mismo asunto. El mensaje acerca de Cristo, o el mensaje que Cristo predicó. La iglesia adoptó el mensaje acerca de Cristo, y no el que Él predicó. Y el que Él predicó es el que tiene que llegar a los confines de la tierra. Y en eso andamos. Restaurando el mensaje, restaurando estructuras, restaurando mentalidades, trayendo reforma, incomodando a la gente cómoda, para que el río comience a fluir de verdad. (Efesios 5: 22) = Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; (23) porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.

Veamos: si la cabeza de la mujer no está vestida con la ropa de la cabeza de Cristo, entonces de ninguna manera es igual. No es cabeza. Sí es cabeza, cuando es cabeza como Cristo es cabeza. Si tu liderazgo es como el de Cristo, entonces sí eres líder. Un líder crea seguidores. Hay gente que está repleta de títulos, pero nadie la sigue. (24) Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. (25) Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, (26) para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, (27) para presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.

O sea que el resultado final, es una iglesia gloriosa. Allí, en gloriosa, la palabra es doxta, y significa espléndida, vestida de honor, respeto, reputación y con fuerte peso social. Fíjate que todo esto se ha enfatizado con el matrimonio humano. No lo vamos a subestimar porque eso es bueno y supongo que también necesario, pero el verso 32 se encarga de poner las cosas en su lugar cuando dice que grande es este misterio, pero que Él no está hablando de tu matrimonio, sino de Cristo y la iglesia. Es decir que usó algo literal, alfo natural y físico, para expresar algo espiritual. Toda la palabra es una parábola. Es la forma en que Dios habla. Te tiene que dar ejemplos físicos que tú entiendas, para ver si te puedes enterar de lo que Él está buscando.

Mucha gente reduce a Dios al principio, o al ejemplo. Eso es como si yo fuera a hablar con una hormiguita; por más que yo me acerque con cuidado, la asusto con semejante cuerpo, comparado con el de ella. Ahora bien; el que yo entonces me convierta en hormiga para poder hablar con esa hormiga en el lenguaje de las hormigas,  no me reduce al tamaño de una hormiga. Nosotros tenemos un trono dibujado en el cielo, en una casa, no sé dónde, donde Dios viene y se sienta. ¿Qué trono le puedes hacer tú a Dios, si el cielo es su trono y la tierra es su estrado? ¿En qué silla lo vas a sentar? Él te habla de tronos para expresar su firmeza, su fidelidad, su autoridad, su reino, para que tú confíes que Él es inamovible. Pero eso no quiere decir que esté sentado en una silla. Es que el concepto que tenemos, reduce a Dios a los ejemplos. Pero Dios es más grande que el Libro.

Vamos ahora a Génesis 24. Como si fuera una leyenda. Con símbolos claros que quiero presentarte antes para que luego entiendas. Abraham representa al Padre. El criado más viejo de la casa representa al Espíritu Santo o a la voz profética. Ese siervo, -dice en otro lugar, no aquí-, se llamaba Eliazab. La novia que este siervo viejo sale a buscar, representa a la iglesia. Isaac, el hijo de Abraham el Padre, representa a Cristo. Y la historia, tú la conoces, es que Abraham envía a su siervo a buscar una novia para su hijo Isaac. Es como decir que Dios envía a su Espíritu Santo a buscar una iglesia para Cristo. (Génesis 24: 1) = Era Abraham ya viejo, y bien avanzado en años; y Jehová había bendecido a Abraham en todo.

(2) Y dijo Abraham a un criado suyo, el más viejo de su casa, que era el que gobernaba en todo lo que tenía; pon ahora tu mano debajo de mi muslo, (3) y te juramentaré por Jehová, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que no tomarás para mi hijo mujer de las hijas de los cananeos, entre los cuales yo habito; (4) sino que irás a mi tierra y a mi parentela, y tomarás mujer para mi hijo Isaac. (5) El criado le respondió: quizás la mujer no querrá venir en pos de mí a esta tierra. ¿Volveré, pues, tu hijo a la tierra de dónde saliste? (6) Y Abraham le dijo: guárdate que no vuelvas a mi hijo allá.

(7) Jehová, Dios de los cielos, que me tomó de la casa de mi padre y de la tierra de mi parentela, y me habló y me juró, diciendo: a tu descendencia daré esta tierra; él enviará su ángel delante de ti, y tú traerás de allá mujer para mi hijo. (8) Y si la mujer no quisiere venir en pos de ti, serás libre de este mi juramento; solamente que no vuelvas allá a mi hijo. Aquí estamos viendo, entonces, la historia en la que Dios envía al Espíritu Santo a buscar una novia para Su Hijo. Y dentro de esos versos yo veo algunos principios que describen la mentalidad de la novia que Dios está buscando. Al primero, lo encontramos en el verso 3. Y te juramentaré por Jehová, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que no tomarás para mi hijo mujer de las hijas de los cananeos. Principio Primero: Dios no quiere una iglesia cananea.

Los cananeos eran una nación, pero en este caso específico, más que una nación, ser cananeo era una mentalidad. Dios no quiere una novia con mentalidad cananea. Ahora bien; ¿Qué es un cananeo? ¿O, mejor dicho: qué es una mentalidad cananea? El cananeo es una invasión que yo veo en la iglesia contemporánea de hoy. Mentalidad cananea. Los cananeos eran, en primer lugar, mercaderes. Dios está diciendo que no quiere una iglesia mercader. O sea: cuando salgas Espíritu Santo a buscar una novia, no me traigas a nadie con una mentalidad de mercader. Los mercaderes tenían sus propios principios. Las reglas del juego eran las siguientes. Eran gente que vendían y vivían de lo que vendían. Y para vender lo que necesitaban vender, operaban en competencia, celos, envidias y contiendas.

Una vez más: no quiero una iglesia cananea. No quiero una iglesia con contienda. No quiero unan iglesia que se pasa de envidia en envidia. No quiero una iglesia que tiene que competir para conseguir lo que necesita. No quiero esta clase de mentalidad en mi iglesia. Lo que está diciéndote es que la iglesia del siglo veintiuno tiene que carecer de mentalidad cananea; no va a haber gente de competencia, no va a haber gente con celos ni envidias. Esa  gente que se peleaba y se iba porque no los dejaban cantar o hacer la obrita de teatro. Pero esto va más allá de todo eso. Los mercaderes luchaban por la clientela. Si veían un cliente allá, ellos peleaban para que el cliente viniera. En mi ciudad eso ocurre con las playas para estacionar los automóviles. Colocan muchachos en la calle con una bandera que te hace señas para que entres en su playa no te vayas a la otra vecina. Así también han andado muchas iglesias que conocí.

Lo ha dicho el Señor: no quiero una iglesia cananea. Ese es el primer principio que Abraham le dejó muy en claro a su siervo: no me traigas para nada a ningún cabezón cananeo, ni siquiera a uno solo. Los cananeos, entonces, hacía lo que fuese necesario para tener un cliente. Escucha en el espíritu lo que te está diciendo el Señor. Era gente donde el cliente siempre tenía la razón. Porque la idea era vender, cueste lo que cueste. No quiero iglesias con esa mentalidad, donde se predique lo que a la gente le gusta para que la gente no se vaya. No quiero gente que retenga y se guarde el consejo de Dios, para que no se ofenda y se vaya el señor míster diezmo número uno. No quiero cananeos. Dios está diciendo: hijos, escuchen: antes que esto termine, va a haber una iglesia gloriosa.

Una iglesia gloriosa que se levantará y triunfará con o sin nosotros. ¿Cuántos le estarán dando gloria a Dios, en este mismo momento, por no estar formando parte de los que se lo pierden? Iglesias que hacen las cosas para quedar bien con sus miembros. ¿Negros? ¡No tengo nada contra los negros, no soy racista ni lo seré, pero mejor no acepto negros como miembros porque hay dos o tres familias que…! ¿Enfermos de SIDA? Está muy buena la idea de incorporarlos y contenerlos, pero mejor en un culto especial para ellos, no en el general; ¿Sí? Son iglesias que procuran hacer un paquete atractivo para que el cliente nunca se ofenda. ¿No te gusta esta clase de mensajes? No te preocupes, ya mismo te preparo otro que seguramente te gustará mucho porque se adaptará a tu manera de sentir.

Lo primero que Él dijo, fue: no quiero una casa de mercaderes. Fíjate que Cristo dijo lo mismo, que habían convertido una casa de oración en una cueva de ladrones. Y les entró a latigazos a todo el mundo. El Jesusito bueno de las manitas juntas y cara de angustia que nos vendieron las estampitas. Mucha gente se cree que nadie está hablando jamás con ellos cuando se dicen estas cosas, porque tienen señales en sus iglesias. Vete a 1 Corintios 3. ¿Sabías que Ismael, pese a no ser el hijo de la promesa, también tenía dones? Lo reitero porque es importante: Dios le dones a Ismael, pese a que no era el hijo de la herencia. Eso me muestra a mí y también a ti que es posible tener dones y ministrar con gran éxito y no ser parte de la herencia. ¡Huau! Sí, huau. Porque Ismael no hereda, sólo Isaac.

1 Corintios 3. Aquí tenemos a la iglesia de Corinto. Una iglesia que fluía tanto en los dones ministeriales, que Pablo se vio obligado a traer ciertas regulaciones, porque ya se estaba viviendo en desorden por la palabra de conocimiento, la palabra de sabiduría, y había un mover del Espíritu tremendo. Tanto que se tuvo que escribir un capítulo para darle un poquito de control, un poquito de disciplina a esa fluidez de Dios en la iglesia. Una iglesia poderosísima, grande en número y llena del fluir del Espíritu Santo. Sin embargo, Pablo mismo, hablando con ella en el capítulo 3, es claro.  (1 Corintios 3: 1) = De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo.

O sea que no hay ninguna duda: es posible fluir en todos los maravillosos dones del Espíritu Santo y ser un inmaduro. Claro, esto que digo te choca porque a nosotros se nos ha enseñado y programado el concepto de que mientras más dones fluyen de ti, más maduro eres. Te digo más: se han otorgado posiciones, cargos y jerarquías en la iglesia a partir de la fluidez de los dones espirituales de la gente. Nuestra gente depende de que alguien vaya a bendecirlos. ¿Qué dice Dios? cuando salgas a buscar mi novia, no me traigas ni a un cananeo. Cada vez se pone más estrecho el camino, es como un abrevadero. Y duele, porque a veces vemos a los seres queridos sufrir por cosas así.

Por eso es que Cristo dijo que si no te atrevías a decirle que no en algunas cosas a papá o a mamá, no eras digno de Él. Si el Espíritu Santo te mostró el camino, síguelo. Y si papá y mamá no lo han visto, pues dales un beso a cada uno, dile que los amas mucho y luego pasa de vez en cuando a visitarlos. ¿Lo dijo o no lo dijo? Lo dijo, pero nunca lo hemos predicado porque no se necesitaba hacerlo. Pero ahora parece que ha llegado el tiempo donde esa expresión de Jesús tiene coherencia y verdad palpable. Ese tiempo ha llegado. Dice que no quiere una mentalidad de dependencia, no quiere una mentalidad de servidumbre; que siempre estás dependiendo de qué otra persona te libere, te ministre, te ore y que alguien te venga a ayudar porque si algo sale mal no podré cubrir los gastos. Si haces algo para Dios y no puedes cubrir los gastos, quédate tranquilo: Dios no te envió a hacerlo. Suyos son los gastos.

En todo avance hay un riesgo. Nunca hay ventaja sin riesgo. Es imposible caminar por fe hasta que no das un paso más allá de tu control. Hay mucha gente que dice vivir por fe, pero que nunca han dado un paso más allá de su sabiduría, conocimiento y control. Si en lo que tú estás involucrado no es más grande que ti, tú no estás caminando en fe. Era una gente que no tenía mentalidad de realeza. Él no quiere una novia cananea. Otra cosa que tenían era que eran inmorales y eran idólatras. Entonces tú me dices en este mismo momento: ¡Y bueno, yo ya no estoy allí porque hace rato que dejé de adorar estatuas! No te confundas. Un idólatra es una persona que pone algo antes que Dios. Hay gente que con su obstinación decretan a Dios que son idólatras.

Por ejemplo: cuando la verdad es revelada, no produce los mismos resultados en todos. Hay personas que me oyen y beben de esta palabra como si fuera agua fresca. Pero hay otras (Seguramente invitadas a escucharme), que un minuto después de yo comenzar, ya cierran sus corazones con preconceptos que traen de sus enseñanzas antiguas. Y aunque lo que digo quede en clara evidencia bíblica ellos dirán que no, que no van a modificar absolutamente nada porque así  lo hicieron siempre y ningún desconocido cualquiera va a venir a cambiarlo. Porque así he nacido y así me moriré. Bien; eso es obstinación. Idólatra de tus propias ideas. Porque estás exaltando tus ideas por encima de la revelación de la verdad. Eso es lo que trata la palabra cuando nos habla de llevar y derribar todo pensamiento y toda altivez que se exalta contra el conocimiento de Cristo. Él dice: no quiero una iglesia con una mentalidad cananea. No quiero una iglesia con una mentalidad de mendigo. No quiero una iglesia que sea idólatra.

Pero los cananeos, también tenían manos de engaño. O sea: hacían trueques, pero por medio de engaños. Hacían cualquier cosa para vender el producto. Eso significa lisa y llanamente hipocresía y falsedad. Gente con una imagen carente de sustancia. ¿Cuántos saben que hay iglesias que se ven muy luminosas y brillantes desde afuera, pero que cuando hablas con uno de sus miembros, te das cuenta en el acto que están carentes de sustancia?  Dios dice: no me traigas cananeos. Siervo: cuando salgas a buscar la novia para mi hijo, júrame que no me vas a traer una con una mentalidad menos íntegra que lo que debe ser.

No quiero una novia con una mentalidad que no tenga realeza. O sea: que viva y camine su vida en dependencia. Dios está usando a una gente interdependiente. Dios está buscando una gente madura. Está buscando una gente que, cuando reconoce que no tiene la medida de madurez necesaria, se somete para conseguirla. (Sofonías 1: 11) = Aullad, habitantes de Mactes, porque todo el pueblo mercader es destruido; destruidos son todos los que traían dinero. Dios está buscando una gente que está fluyendo con lo que Él está haciendo. Estamos, literalmente labrando la iglesia del siglo veintiuno. Los cananeos, por causa de la maldición, eran gente sin destino y vacíos de dirección.

En una época estaba casi de moda preanunciar el fin del mundo y la segunda venida de Jesús para un determinado día, de un determinado mes de un determinado año. ¡Hasta libros se escribieron y se vendieron al respecto! Hoy ya no sirven para nada, porque las fechas ya pasaron y se vencieron. Esa fue gente que escribió sobre un destino que desconocían. Cananeos. Lo que sucede, y esto es muy importante que lo entiendan claramente todos los que aspiran a posiciones de liderazgo en algo, es que cuando tú no sabes para dónde vas, cualquier camino te guía. Lo triste del asunto es que nunca sabes cuando llegas, porque no sabes para dónde vas.

De manera que cuando llegas a una parada o a un nuevo mover, te estancas en ese mover porque te parece que ya llegaste. Entonces cuando llega un desconocido que por internet te dice que te levantes porque hay más, te enojas, porque creías que ya habías llegado. El problema es que no sabemos para dónde vamos. Dios dice: no me traigas gente sin destino. No me traigas gente que no entienda perspectiva eterna. Queremos una iglesia que entienda la perspectiva eterna de Dios. Que comencemos a entrar en lo que sea necesario, para activarnos, actualizarnos, y tener entendimiento pleno de lo que Dios está haciendo. Vivir en relación al día presente.

Ellos eran vagabundos, errantes. Sólo estaban esperando ser eliminados un día. No tenían nación, no tenían destino, eran mendigos, estaban en el desierto, errando y vagando. Escucha: vagar es peor que andar perdido. Porque el que está perdido está buscando la salida, pero el que está vagando gira en círculos sin ir a ninguna parte, y ya se acostumbró; y ya no busca salir. Vagar, en la Biblia, siempre es maldición. Toda persona que vagó, en la Biblia, vagó por causa de una maldición. Ser errante es una maldición. Caín fue maldito, por eso vagó y fue errante. Israel siguió vagando en el desierto por desobediente. Canaán, malditos; también errantes y vagando.

No quiero una novia que no tenga propósito. No quiero una novia que no tenga destino. Y esto no es para que te sientas pequeño. Esto es para que te pongas las pilas y empieces a entrar en la dimensión que corresponde al tercer milenio. Tú mismo has leído, con tus propios ojos, que Abraham le dijo a ese criado  antiguo y de confianza: “No me traigas una novia de los cananeos”. ¿Lo dijo o no lo dijo? Recuerda que los tiempos finales son reconocidos por una expresión, en el Antiguo Testamento, que se lee como: “En aquel día”, o “En los postreros tiempos”. Donde tú quieras que veas “En los postreros tiempos”, recuerda que están hablando de tus tiempos. ¿Cuántos saben que estamos en los postreros tiempos?

(Zacarías 14: 19) = Esta será la pena del pecado de Egipto, y del pecado de todas las naciones que no subieren para celebrar la fiesta de los tabernáculos. (¿Cuántos saben que estamos entrando en esa era espiritual, donde se está consumando la fiesta de los tabernáculos en la iglesia de Dios?) (20) En aquel día (¿Qué día? Este día, el de la fiesta de los tabernáculos) estará grabado sobre las campanillas de los caballos: santidad a Jehová; y las ollas de la casa de Jehová (Las ollas son los utensilios, los siervos, la gente) serán como tazones del altar. (21) Y toda olla en Jerusalén y Judá será consagrada a Jehová de los ejércitos; y todos los que se sacrificaren vendrán y tomarán de ellas, y cocerán en ellas; y no habrá en aquel día más mercader en la casa de Jehová de los ejércitos.

Puedes decir conmigo si quieres: no queremos mercaderes. Y más vale que no los queramos, porque no habrá mercaderes en la iglesia gloriosa. No queremos contiendas, no queremos celos, ni peleas por el micrófono, ni peleas por los testimonios, ni peleas por ministerios, ni peleas por títulos, ni competencia. No queremos mercaderes. (Génesis 24: 5) = El criado le respondió: quizás la mujer no querrá venir en pos de mí a esta tierra. ¿Volveré, pues, tu hijo a la tierra de dónde saliste? (6) Y Abraham le dijo: guárdate de que no vuelvas a mi hijo allá. (7) Jehová, Dios de los cielos, que me tomó de la casa de mi padre y de la tierra de mi parentela, y me habló y me juró, diciendo: a tu descendencia daré esta tierra; él enviará su ángel delante de ti, y tú tendrás de allá mujer para mi hijo. (O sea que, aunque parezca que es alguien que no quiere, va a venir una iglesia gloriosa).

Sin embargo, el principio que quiero extraer ahora, está en el verso 8. Y si la mujer no quisiere venir en pos de ti, serás libre de este mi juramento; solamente que no vuelvas allá a mi hijo. El principio a la vista, aquí, es que tienes que venir por voluntad propia. Si no quieres venir, te quedas. Dios no quiere gente obligada, tampoco. ¿Cuántos lo estarán viendo bien claro? Habíamos dicho: no quiero una iglesia con la mentalidad de un cananeo, pero tampoco quiero unan iglesia que se crea que tiene que hacer lo que está haciendo porque lo tiene que hacer. Tiene que ser voluntario.

Tiene que ser gente activa por voluntad propia. Tiene que ser gente enamorada de Dios. Gente apasionada por lo que Dios está haciendo. Esa es la novia que Dios está buscando. Y le dice: “Mira; si no quiere venir, pues entonces no la traigas.” Fuerte el Señor, ¿Eh? Fíjate; en este siglo veintiuno el Señor está definiendo su iglesia, y todo lo que no es iglesia se está manifestando. Observa que la novia aquí es descalificada por falta de voluntad o predisposición. Si no tiene disposición, es descalificada. La palabra “disposición” significa desear, búsqueda ansiosa, ausencia de resistencia. Ceder al señorío y al mover de Dios. Ausencia de desafío y cero rebelión. Y recuerda que la rebelión también puede ser silenciosa.

No quiero cananeos, y tampoco quiero una iglesia que se resiste a moverse con Dios. Lo que intento decirte es que hay gente que está, pero no está. Que está, pero no participa. Que no activa su fe en cada ministración. Que no fluye con el mover presente. (Salmo 110: 1) = Jehová dijo a mi Señor: siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. (O sea que Cristo no viene para ninguna parte hasta que los enemigos no estén destruidos) (12) Jehová enviará desde Sión (Sión es la iglesia. Es decir que Dios va a enviar algo desde la iglesia) la vara de tu poder; domina en medio de tus enemigos. (Lo que Dios envía desde la iglesia es para dominar en medio de los enemigos) (13) Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder, (Vemos que aquellos que traen la liberación en medio de los enemigos, es cuando el pueblo se ofrece voluntariamente en el día del poder de Dios. El día del poder de Dios, es el día de hoy. Es el día de la autoridad del creyente.)

Tiene que ser una iglesia activa, una iglesia voluntaria. Y ser un voluntario no significa que después hagas lo que se te ocurra. Ser voluntario implica entrar a un lugar y someterse a lo que en ese lugar se decida hacer. Porque al inscribirte como voluntario, tú has declarado que quieres estar allí. Vuelve ahora a Génesis 24. Fíjate que cuando sale a buscar, dice allí que el siervo se llevó diez camellos. Diez camellos. Y luego dice en el verso 11 que hizo arrodillar a los camellos fuera de la ciudad. Qué casualidad, allí también se estacionó Cristo; fuera de la ciudad, cuando fue a buscar la novia. Y dice que se estacionó con los camellos a la hora de la tarde, cuando salen las doncellas por agua. Parafraseándolo, él siervo dijo: “Mira, esto es lo que voy a hacer: para yo saber cuál es la verdadera novia del Señor, yo voy a decirle a una de las doncellas que venga a beber agua, “dame de beber”.

Y si ella me contestare: “Bebe tú, y tus camellos también”, entonces yo sabré que el Señor me ha prosperado”. Es decir que está buscando ciertas características en la novia. Está buscando a una que no sólo le sirva a él, sino también a lo que él trae. (Verso 14) = Sea, pues, que la doncella a quien yo dijere: baja tu cántaro, te ruego, para que yo beba, y ella respondiere: bebe, y también daré de beber a tus camellos; que sea ésta la que tú has destinado para tu siervo Isaac; y en esto conoceré que habrás hecho misericordia con mi señor.

(Verso 16) = Y la doncella era de aspecto muy hermoso (La iglesia tiene que ser hermosa), virgen, (Esto significa que no está casada con movimientos de hombres. No se ha involucrado en asociaciones terrenales. Es virgen. No está interactuando con cosas de hombres, sólo con el propósito de Dios. No está casada con organizaciones humanas) a la que varón no había conocido; la cual descendió a la fuente, y llenó su cántaro, y se volvía. Nacimiento divino. Hay cosas que nacen por la voluntad del hombre, y hay cosas que nacen por la voluntad de Dios. No me traigas una novia que nace por voluntad de hombre. Fíjate cómo se va definiendo en los últimos días, todo lo que ha sido tremenda preocupación para todo nosotros durante toda nuestra cristiandad, y ahora se está haciendo cada vez más claro.

(Verso 18) = Ella respondió: bebe, señor mío; y se dio prisa a bajar su cántaro sobre su mano, y le dio a beber. Noten ahí la calidad de ser voluntaria. No solamente le dijo “bebe”, sino que inmediatamente bajó el cántaro para ella darle de beber. Ahora, escucha: no había llaves de agua, no había canillas, grifos. Era un pozo. Se extraía el agua de ahí con un recipiente dentro de una canasta que había que bajar al pozo y luego izar y sacar. ¡Eso era pesadísimo! Imagínate haciendo ese trabajo a una doncella virgen, estimemos a una jovencita de unos quince o diecisiete años, de estructura física muy frágil, haciendo el tremendo esfuerzo de extraer ese recipiente con agua del pozo, para darle de beber al criado.

Y fíjate que el criado, en lugar de ofrecerse para ayudar a la doncella, cosa que por simple caballerosidad cualquiera de nosotros hubiera hecho, se sienta a esperar que ella le sirva el agua, que es como decir ver como la doncella le sirve al Espíritu Santo. Pero lo que impresiona, es que ella se apuró, se dio prisa. Cuando el Espíritu le dijo: “tengo sed”, ella dijo: “¡Sí, señor! Y se dio prisa para darle de beber. Tiene que ser voluntario. Tiene que ser una gente que se determina por sí sola. Gente que no necesita que el vecino lo convenza. No necesita que el mensajero le de cuarenta latigazos para que responda. Gente que no necesita porristas cristianos que lo incentiven para alabar o adorar.

La antigua y tradicional separación entre los líderes y los laicos se está cerrando, y se está activando la iglesia. Los milagros más grandes los va a hacer la iglesia, donde nadie va a poder decir: “Fui yo”, sino que toda la gloria se la va a llevar Dios. (Verso 19) = Y cuando acabó de darle de beber, dijo: también para tus camellos sacaré agua, hasta que acaben de beber. ¿Hasta que acaben de beber? ¡Diez camellos había ahí! ¿Estaba loca esa mujer? Hay una estadística comprobada respecto al agua que se bebe un camello. No recuerdo ahora la cantidad precisa, ¡Pero son centenares de litros! ¿Ella solita iba a sacar agua de ese pozo para saciar a diez camellos? Eso se llama disposición.

(Verso 21) = Y el hombre estaba maravillado de ella, callando, para saber si Jehová había prosperado su viaje, o no. (En todo este tiempo, el siervo, sentado, miraba lo que ella hacía esperando la confirmación de si esa era la novia o no. ¡Pero no la ayudó ni en un mísero baldecillo!) Sólo está sentado, observando, si esta es la novia que él luego irá a entregar para Isaac. O Cristo. Y eso es lo que hace hoy el Espíritu Santo. Observar. ¿Cuántos tienen pacto en su carne? La palabra dice que no te atrevas a acercarte al templo con las manos vacías. (Deuteronomio 16:16) Oye: si no tienes nada, trae un problema, pero trae algo.

(22) Y cuando los camellos acabaron de beber, le dio el hombre un pendiente de oro que pesaba medio siclo, y dos brazaletes que pesaban diez. Es decir que después que terminaron de beber los camellos, le dio el hombre un regalo. Ahí viene el primer regalo de parte de Dios, después que les dio de beber a los diez camellos. Diez es el número de tribulación, de tentación y de toda transición. (Verso 25) = Y añadió: también hay en nuestra casa paja y mucho forraje, y lugar para posar. (Paja y forraje. La iglesia tiene que tener lugar para el Espíritu Santo. La iglesia tiene que tener lugar en su casa para que el Espíritu Santo pueda posar)

(26) El hombre entonces se inclinó, y adoró a Jehová. (Eso fue como decir: ya está, esta es la novia. Y así fue) (Verso 55) = Entonces respondieron su hermano y su madre (Los de Rebeca, la novia elegida), espere la doncella con nosotros a lo menos diez días, y después irá. (Hay muchos que quieren dispersar hacia adelante la tarea de la iglesia. ¡Oh, sí, pero lo haremos el mes que viene!) (56) Y él les dijo: no me detengáis, (Nunca detengas al Espíritu Santo) ya que Jehová ha prosperado mi camino; despachadme para que me vaya a mi señor.

(57) Ellos respondieron entonces: llamemos a la doncella y preguntémosle. (58) Y llamaron a Rebeca, y le dijeron: ¿Irás tú con este varón? Y ella respondió: Sí, iré. (La iglesia decide si sigue a la cabeza de la iglesia o a la cabeza de la organización humana). (59) Entonces dejaron ir a Rebeca su hermana, y su nodriza, y el criado de Abraham y a sus hombres. (60) Y bendijeron a Rebeca, (O sea: a la iglesia, a la novia elegida; no a una falsa, imitadora e impía) y le dijeron: hermana nuestra, sé madre de millares de millares, y posean tus descendientes la puerta de sus enemigos.

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¿Cómo Logro Tener Fe?

Siempre quedo pensativo por la pregunta que Jesús hace en Lucas 18:8: …No obstante, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra? ¿A que se refería el Señor con esto? Mientras observo la iglesia de Jesucristo hoy en día, pienso que ninguna otra generación ha estado tan centrada en la fe como la nuestra.

Todo el mundo parece estar hablando de la fe. Antes y después de la pandemia, proliferaron los sermones sobre el tema. Libros sobre el tema llenan los estantes de las librerías cristianas. Multitudes de cristianos en masa asistieron a reuniones para ser levantados y entusiasmados por un mensaje acerca de la fe.

En la actualidad, y más allá de los impedimentos que todavía quedan, existen predicadores de fe, maestros de fe, movimientos de fe, hasta iglesias de fe. Claramente, si existe un tipo de especialización de temas tomando lugar hoy en la iglesia, es sobre el asunto de la fe.

No obstante, tristemente, lo que la mayoría de las personas consideran como fe en la actualidad no es fe en absoluto. En efecto, Dios rechazará mucho de lo que es llamado y practicado como fe. Simplemente no lo aceptara. ¿Por que? Es una fe corrompida.

En la actualidad, muchos predicadores totalmente humanizan el tópico de la fe. Ellos describen la fe como si tan solo existiera para ganancia personal o para llenar necesidades propias. He escuchado a algunos pastores decir, “La fe no es acerca de pedirle a Dios lo que necesitas. Es acerca de pedirle lo que sueñas. Si lo puedes soñar, lo puedes tener.”

La fe que estos hombres predican esta atada a la tierra, arraigada en este mundo, materialista. Anima a los creyentes a orar, Señor, bendíceme, prospérame, dame. No consideran las necesidades de un mundo perdido. No puedo enfatizarlo lo suficiente: esta clase de fe no es la que Dios esta deseando de nosotros. No puedo hablar acerca de ganancia sin santidad.

Existe una doctrina de fe particularmente peligrosa que todavía esta siendo defendida hoy en día. Esta afirma que los creyentes más santos son aquellos que han “trabajado su fe” para obtener una vida cómoda para sí mismos. Según esta doctrina, las personas que debemos emular son aquellas que conducen los autos más grandes y caros, y son dueños de las casas más grandes y lujosas.

Esto es una herejía absoluta. Si fuera así, entonces los creyentes más santos serían aquellos que estafaron a los demás en sus finanzas. Significaría que nuestra concentración diaria seria buscar cada oportunidad para ganancia propia. Eso simplemente no es el evangelio de Jesucristo.

…No obstante, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra? (Lucas 18:8).

Sin embargo, mi enfoque no es acerca de predicadores de prosperidad ni doctrinas de ganancia personal. Es acerca de aquellos que verdaderamente aman a Jesús, y quieren vivir por fe en una forma que le agrada a él. El mensaje a tales creyentes es este: toda fe verdadera nace de intimidad con Cristo. En efecto, si tu fe no sale de esa intimidad, no es fe a su vista.

Mientras leemos Hebreos 11, encontramos un denominador común en las vidas de las personas mencionadas. Cada uno tenía una característica particular que denota la clase de fe que Dios ama. ¿Cuál era este elemento? Su fe nació de una intimidad profunda con el Señor.

El hecho es, que es imposible tener una fe que agrada a Dios sin compartir intimidad con él. ¿Que quiero decir con intimidad? Estoy hablando de una cercanía al Señor que sale de añorarlo. Esta clase de intimidad es un vínculo personal, una comunión. Viene cuando deseamos al Señor más que cualquier otra cosa en esta vida.

Miremos tan solo cuatro ejemplos de siervos llenos de fe que caminaron cerca de Dios, como fueron mencionados en Hebreos 11:1. Nuestro primer ejemplo es Abel. Las Escrituras declaran, Por la fe Abel ofreció a Dios un mejor sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó el testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y por la fe, estando muerto, todavía habla. (Hebreos 11:4).

Segundo, Abel tuvo que construir un altar al Señor, en el lugar donde hacia sus sacrificios. Y el no ofrecía tan solo corderos sin mancha para el sacrificio, sino que también la grosura de esos corderos. Las Escrituras nos dicen, También Abel, por su parte, trajo de los primogénitos de sus ovejas y de la grosura de los mismos. (Gen. 4:4).

¿Que significa la grosura aquí? Le libro de Levítico dice lo siguiente de la grosura, Es una comida, una ofrenda presentada por fuego de aroma grato. Toda la grasa pertenece al Señor. (Lev. 3:16). En resumen, la grosura en comida para Dios.

Veras, la grosura era la parte del sacrificio que hacia ascender un aroma dulce. Esta parte del animal se encendía rápidamente y era consumido, trayendo un aroma dulce. El Señor dijo acerca de la grosura, Éste será un estatuto perpetuo para los descendientes de ustedes, dondequiera que habiten: No se comerán la grasa ni la sangre. (3:17). La grosura es del Señor.

Aquí la grosura es como un tipo de oración o comunión que es aceptable a Dios. Representa nuestro ministerio al Señor en la habitación secreta de oración. Y el Señor mismo dice que tal adoración íntima sube a él como un aroma de dulce sabor.

La primera cita acerca de este tipo de adoración en la Biblia es por Abel. Abel permitió que el sacrificio y la grosura fueran consumidos en el altar del Señor. Eso significa que él esperó en la presencia de Dios hasta que su sacrificio subió al cielo.

Por esta razón Abel aparece en la lista de la sala de la fe en Hebreos 11. Él es el tipo de siervo que estaba en comunión con el Señor, ofreciéndole a él lo mejor que tenia. Como Hebreos declara, el ejemplo de Abel vive hoy como testimonio de una fe viviente y verdadera: …estando muerto, todavía habla. (Hebreos 11:4).

¿Cómo obtuvo Abel esa calidad de fe? Piensa en las asombrosas conversaciones que este joven escucho entre sus padres, Adán y Eva. La pareja obviamente hablaba de sus primeros días en el jardín con el Señor. Sin duda, ellos mencionaron sus tiempos de comunión maravillosa con Dios, caminando y hablando con él durante el atardecer.

Imagínate lo que pasaría por la mente de Abel mientras él escuchaba estas historias. Probablemente, pensó, “Que maravilloso debió ser. Mi padre y mi madre tuvieron una relación viva con el Creador mismo.”

Mientras Abel consideraba esto, quizás tomó una decisión en su corazón: determino que no viviría de la historia de sus padres. No se podía conformar con una mera tradición pasada a él. Él necesitaba tener su propio toque de Dios.

Podría ser que Abel se dijo a sí mismo: “No quiero escuchar mas acerca de experiencias pasadas con el Señor. Quiero conocerlo ahora por mí mismo, hoy. Quiero una relación con él, tener compañerismo y comunión con él.”

Esta es la misma clase de “grosura” que debemos ofrecerle a Dios hoy. Como Abel, debemos darle lo mejor de nuestro tiempo, en nuestra habitación secreta de oración. Y debemos pasar suficiente tiempo allí, en su presencia, permitiéndole que consuma nuestras ofrendas de adoración y compañerismo íntimo.

Ahora, compara la ofrenda de Abel con la de su hermano, Caín. Caín le llevó fruta al Señor, una ofrenda que no requería un altar. No hubo grosura, ni aceite, nada para ser consumido. Como resultado, no hubo aroma dulce que subiera al cielo.

En otras palabras, no hubo intimidad, ningún intercambio personal entre Caín y el Señor. Ves, Caín llevó un sacrificio que no requería que el se quedara en la presencia de Dios, buscando su compañerismo. Por esta razón las escrituras dicen que la ofrenda de Abel fue, “más excelente” que la de Caín.

Ahora bien, no te equivoques: Dios honró el sacrificio que Caín le llevo. Pero el Señor mira el corazón, y él sabia que Caín no añoraba estar en su presencia. Eso estaba claro por el sacrificio que Caín escogió para ofrecerle.

En mi opinión, Caín representa a muchos cristianos en la actualidad. Tales creyentes van a la iglesia cada semana, cuando se puede, adorando a Dios y pidiéndole que les bendiga y prospere. Pero ellos no tienen deseos por intimidad con el Señor. Y muchos ni siquiera dejarían de hacer algo que les gusta para tenerla.

Ellos quieren que su Padre celestial les conteste sus oraciones, pero no desean una relación con él. Ellos no buscan su rostro, ansían su cercanía, ni añoran su comunión. Como Caín, ellos simplemente no tienen deseos de quedarse en su presencia. Por contraste, el siervo intimo y fiel busca el toque de Dios en su vida.

  1. Enoc también disfruto de un compañerismo cercano con el Señor. En efecto, su comunión con Dios fue tan intima, que el Señor lo trasladó a la gloria con el mucho antes que su vida hubiera terminado en la tierra. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. (Hebreos 11:5).

¿Por que el Señor escogió trasladar a Enoc? Las palabras de apertura de este verso nos dicen claramente porque: fue a causa de su fe. Además, la frase de cierre nos dice que la fe de Enoc agradó a Dios. La palabra raíz griega para agradar aquí significa plenamente unidos, completamente de agradable, en unidad total. En resumen, Enoc tuvo la comunión más cercana posible con el Señor que cualquier ser humano pudo disfrutar. Y este compañerismo íntimo era agradable a Dios.

La Biblia nos dice que Enoc comenzó a caminar con el Señor después que engendro a su hijo, Matusalén. Enoc tenía sesenta y cinco años en ese tiempo. El entonces pasó los próximos 300 anos compartiendo con Dios íntimamente. Hebreos aclara que Enoc estaba tan en contacto con el Padre, tan cerca de él durante horas de comunión, que Dios decidió llevarlo a casa con él. El Señor le dijo a Enoc, en esencia, “No puedo mas contigo en la carne. Para aumentar mi intimidad contigo, tengo que traerte a mi lado.” Así que Dios se lo llevo volando a la gloria.

Según las Escrituras, fue la intimidad de Enoc que tanto agrado a Dios. A nuestro conocimiento, este hombre nunca obró un milagro, nunca desarrollo una teología profunda, y nunca hizo grandes obras dignas de ser mencionadas en las Escrituras. En su lugar, leemos esta simple descripción de la vida de este fiel hombre: “Enoc caminó con Dios.” Enoc tuvo comunión intima con el Padre. Y su vida es aun otro testimonio de lo que significa caminar verdaderamente en fe. Pregunta casi periodística: ¿Por qué Enoc tuvo menos prensa o promo que los otros? Pregúntale al Padre en tu intimidad, Él te lo dirá.

  1. Nuestro próximo ejemplo de un caminar de fe cercano con Dios es Noé. Hebreos nos dice, Por la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. (Hebreos 11:7).

Mientras leemos la historia de este hombre en Génesis, descubrimos que Más Noé halló gracia ante los ojos del Señor. (Gen. 6:8). El próximo verso nos dice como él encontró gracia: …Noé andaba con Dios (6:9). Claramente, Noe conocía la voz de Dios. Cada vez que el Señor le hablaba, él obedecía. Una y otra vez leemos, Entonces Dios dijo a Noé… y …Noé hizo conforme a todo lo que el Señor le había mandado.

Trata de imaginarte el tiempo que Noé habrá pasado a solas con Dios. Después de todo, él tenía que recibir instrucciones detalladas del Señor acerca de cómo construir el arca. Sin embargo, la intimidad de Noé con Dios fue mas allá de la dirección que recibió. Las Escrituras dicen que el Señor compartió su corazón con Noé, mostrándole la maldad en los corazones humanos. Y él le reveló sus planes a Noé para el futuro de la humanidad.

  1. Abrahán también compartió un compañerismo íntimo con el Señor. Considera la forma en que Dios mismo describió su relación con este hombre: …Abrahán, mi amigo (Is. 41:8). De igual manera, el Nuevo Testamento nos dice, Creyó Abraham a Dios… …y fue llamado amigo de Dios. (Stgo. 2:23).

Que increíble elogio, ser llamado el amigo de Dios. Muchos cristianos han cantado el himno muy conocido, “Que amigo tengo en Jesús.” Estos pasajes bíblicos hacen llegar esa verdad con poder. Tener al Creador del universo llamar a un hombre su amigo parece algo que va mas allá de la comprensión humana. Sin embargo, esto sucedió con Abraham. Es una señal de la gran intimidad de este hombre con Dios.

La palabra hebrea que Isaías usa para amigo aquí significa afecto y cercanía. Y en griego, las palabras de Santiago para amigo significan un asociado querido y cercano. Ambas insinúan una intimidad profunda y compartida. Mientras más cerca estamos de Cristo, más grande nuestro deseo de vivir totalmente en su presencia. Además, comenzamos a ver más claramente que Jesús es nuestro único y verdadero fundamento.

La Biblia nos dice de Abraham, porque esperaba la ciudad que tiene cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. (Hebreos 11:10). Para Abrahán, nada en esta vida era permanente. Las Escrituras dicen que el mundo era “un lugar extraño” para él. No era un lugar donde echar raíces.

Sin embargo, Abraham no era un místico. El no era un ascético con aires de santidad y vivía en una neblina espiritual. Este hombre vivió una vida sencilla, profundamente involucrado en los asuntos del mundo. Después de todo, él era dueño de miles de cabezas de ganado. Y él tenía suficientes sirvientes como para formar una pequeña milicia. Abraham tuvo que ser un hombre muy ocupado, dirigiendo a sus sirvientes y comprando y vendiendo ganado, ovejas y cabras.

Todavía, de alguna manera, a pesar de sus muchos asuntos de negocios y responsabilidades, Abrahám encontró tiempo para tener intimidad con el Señor. Y porque él caminaba bien cerca con Dios, estaba cada vez más insatisfecho con este mundo. Abraham era rico, prospero, con suficientes cosas buenas para mantenerlo ocupado. Sin embargo, nada en esta vida podía distraerlo de anhelar por la ciudad celestial que estaba adelante. Cada día, él anhelaba más y más estar cerca de ese mejor lugar.

La ciudad celestial por la cual Abraham sentía anhelo no era un lugar literal. Más bien, era estar en casa con el Padre. Verás, la palabra hebrea para esta frase, “ciudad celestial” es pater. Sale de la palabra raíz que significa Padre. Así que la ciudad celestial que Abraham buscaba era, literalmente, un lugar con el Padre.

¿Que significa esto para nosotros hoy en día? Significa que movernos hacia esa ciudad celestial no es tan solo acerca de lograr el cielo alguno día en el futuro. Es acerca de anhelar experimentar diariamente la presencia del Padre ahora mismo. La carta a los Hebreos nos dice que los cuatro hombres que mencione – Abel, Enoc, Noé y Abraham – murieron en fe (ver Hebreos 11). Cada hombre estaba separado del espíritu del tiempo en que vivían. Y cada uno estaba buscando una ciudad diferente. El mundo simplemente no era su hogar.

Sin embargo, esto no significaba que ellos estaban esperando hasta llegar al cielo para disfrutar de cercanía con el Padre. Al contrario, como peregrinos pasando por esta vida, ellos continuamente buscaban la presencia de Dios. Nada en este mundo podía detenerlos de seguir adelante, buscando un caminar más profundo y cercano con el Padre.

Hebreos 11 habla de muchos otros quienes su caminar de fe agrado al Señor. Por fe, estos siervos obraron grandes milagros e hicieron muchas cosas asombrosas. Y mientras examinamos sus vidas, vemos que ellos también compartieron un denominador común: ellos abandonaron este mundo y sus placeres para caminar más cerca con Dios.

¿Puedes hacer esta misma declaración? ¿Tu corazón anhela un caminar más cercano con el Señor? ¿Existe una creciente insatisfacción en ti con las cosas de este mundo? O, ¿esta tu corazón atado a las cosas temporales? Marcos 4 relata una historia con Jesús y sus discípulos en un barco, sacudidos por una tormenta en el mar. Al entrar en la escena, Jesús ha calmado las olas con una sola orden. Ahora el se vuelve a sus discípulos y les pregunta, ¿Cómo no tenéis fe? (Marcos 4:40).

Quizás pienses que esto suena severo. Era humano tener temor en una tormenta como esa. Pero Jesús no los reprendía por esa razón. Mas bien, el les estaba diciendo, “Después de todo este tiempo conmigo, aun no saben quien soy. ¿Cómo es posible que caminen conmigo por tanto tiempo, y que no me conozcan íntimamente?” En realidad, los discípulos estaban pasmados por el extraordinario milagro que Jesús acababa de hacer. Las Escrituras dicen, Ellos estaban espantados y se decían unos a otros: –¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen? (4:41).

¿Puedes imaginártelo? Los mismos discípulos de Jesús no le conocían. Él había llamado personalmente a cada uno de estos hombres para que le siguiera. Y ellos habían ministrado a su lado, a multitudes de gentes. Ellos habían hecho milagros de sanidad, y habían alimentado una concentración grande de gente hambrienta. Pero aun eran extraños acerca de quien realmente era su Maestro.

Trágicamente, lo mismo es cierto hoy. Multitudes de cristianos han viajado en el barco con Jesús, han ministrado a su lado, y han alcanzado multitudes en su nombre. Pero realmente no conocen a su Maestro. No han pasado un tiempo de intimidad con él. Nunca se han sentado calladamente en su presencia, abriendo su corazón a él, esperando y escuchando para comprender lo que él quiere decirles.

Vemos otra escena acerca de la fe de los discípulos en Lucas 17. Los discípulos fueron a Jesús, pidiendo, ¡Auméntanos la fe! (Lucas 17:5).

Muchos cristianos hacen la misma pregunta en la actualidad: “¿Cómo puedo aumentar mi fe?” Pero no buscan al Señor por sí mismos por su respuesta. Al contrario, se apresuran a ir a seminarios que afirman enseñarles a los creyentes como aumentar su fe. O, compran un montón de libros que ofrecen diez pasos rápidos para aumentar la fe. O, viajan cientos de millas para escuchar conferencias acerca de la fe por evangelistas y maestros prominentes.

Te puedo decir sin lugar a dudas, que nunca aumentaras tu fe de esta manera. Si quieres que tu fe aumente, tienes que hacer lo mismo que Jesús les dijo a sus discípulos en este pasaje. ¿Cómo contestó él a su pedido por fe? …vístete adecuadamente, y sírveme hasta que haya comido y bebido;… (17:8).

Jesús estaba diciendo, en esencia, “Ponte tu vestidura de paciencia. Entonces ven a mi mesa y come conmigo. Quiero que me alimentes allí. Tú felizmente trabajas para mí todo el día. Ahora quiero que tengas comunión conmigo. Siéntate conmigo, abre tu corazón, y aprende de mí. Hay tantas cosas que deseo hablar a tu vida.”

No te conformes con más explicaciones teológicas de la fe. No busques más pasos para obtenerla. Vete a solas con Jesús, y permite que el comparta su corazón contigo. La fe verdadera nace en la habitación secreta de oración intima. Así que, ve a Jesús y aprende de él. Sí pasas tiempo de calidad en su presencia, seguro que la fe vendrá. Él hará nacer la fe en tu alma como nunca la conociste. Créemelo, cuando escuches su voz queda, la fe explotara dentro de ti.

Ese lugar, esa ciudad, esta en Cristo por fe. El descanso que nuestros padres anhelaban se encuentra en él. Hoy hemos recibido la promesa que ellos tan solo podía ver y abrazar de lejos por fe.  Jesús dijo, Vuestro padre Abraham se regocijó esperando ver mi día; y lo vio y se alegró. (Juan 8:56). Abraham vio el día cuando Cristo vendría a la tierra y construiría el cimiento que él imaginó. Y el patriarca se regocijo al saber que un pueblo bendecido viviría en ese día. Él sabía que ellos disfrutarían acceso ininterrumpido a una conversación celestial y comunión con Dios.

Hoy, sin embargo, muchos cristianos están perdiendo esta promesa por completo. En su lugar, viven en un tumulto innecesario. Se apresuran de aquí para allá, tratando de trabajar una fe que “dé resultados.” Están constantemente atrapados en un correr de actividades, haciendo cosas para Dios que al final son simplemente gravosas o cargas. Ellos nunca están en descanso pleno en Cristo. ¿Por qué? Ellos simplemente no se encierran con el Señor, para pasar un tiempo callado a solas con él.

Si estas enamorado de alguien, queremos estar en la presencia de esa persona. Ambos quieren compartir de sí mismos con el otro, abriendo sus corazones y siendo íntimos. Lo mismo es cierto de nuestra relación con Jesús. Si le amamos, debemos estar pensando constantemente, “Quiero estar contigo mi Señor. Quiero disfrutar su presencia. Así que me voy a acercar a él, y voy a esperar en su presencia hasta que sepa que él esta satisfecho. Me quedare hasta que le escuche decir, “Vete ahora, y regocíjate en mi amor.”

Si pudiéramos prestar la debida atención espiritual, podríamos oír la voz queda y quieta del Señor susurrar algo después de nuestros tiempos de oración con él. Él dice, “Hijo, por favor no te vayas todavía. Quédate conmigo. Son tan pocos los que tienen comunión conmigo, tan pocos los que me aman, tan pocos los que se quedan a escuchar mi corazón. Y yo tengo tanto que compartir.” Es casi un clamor, una suplica que escucharíamos en su voz.

Entonces el Señor nos diría, “Déjame mostrarte donde encuentro tu fe, Hijo. Es cuando vienes a mí. Es tu esperar por mí, ministrarme, hasta que escuchas y conoces mi corazón.” “Tu fe esta en tu deseo creciente de venir a mi presencia. Es en tu expectativa a nuestro próximo tiempo junto. Es en ese sentido que has desarrollado, que estar a solas conmigo es el gozo de tu vida.”

“Ya no es pesado para ti acercarte a mí, ya no es una labor difícil. Ahora ansias ese tiempo todo el día. Tu sabes que cuando tus labores han terminado, vas a venir a mi, para alimentarme y tener comunión conmigo.” Esto es fe verdadera.

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Tiempo de Tabernáculos

Yo creo que en la Biblia hay un mensaje para cada tiempo, espacio y lugar, sólo hay que hallarlo. Y no se lo encuentra con buscadores informáticos del tipo Google o Wikipedia, sino con la revelación del Espíritu Santo. No hay otro modo en que el creyente pueda operar y funcionar. Cualquier otra forma, es religión. En el tabernáculo, por ejemplo, hay un mensaje muy claro, muy profundo y bastante conciso para nosotros. Ha sido tratado y hasta desmenuzado por más de un hombre de Dios con reconocido prestigio, así que no voy a pretender descubrir nada nuevo. A menos que el Santo Espíritu diga otra cosa, claro. Porque he creído encontrar que existe un punto, un sitio, un engranaje que no siempre se ha estudiado con frecuencia, y que es lo que hoy tengo mandato de compartir. Si ya tus ojos espirituales lo habían visto, te servirá para confirmar. Si no lo habías visto, para descubrirlo.

Tiene que ver con la construcción del tabernáculo, que es como decir que tiene que ver con Cristo, (Que también es un tabernáculo visible) y con nosotros mismos, verdaderos y potenciales tabernáculos de Dios, según la misma escritura lo detalla. Una vez más, y lo aclaro, aunque creo que ya me conoces lo suficiente como para imaginarlo, no voy a hablar de historia hebrea ni de geopolítica antigua. Voy a tratar de traer depósitos espirituales que te sirvan para alimentar tu madurez y tu crecimiento en el Señor. El libro de Nehemías se refiere al aspecto práctico y cotidiano de nuestra fe en Dios. Esdras había dirigido un avivamiento espiritual, mientras Nehemías era el Santiago del Antiguo Testamento que retaba a la gente a mostrar su fe a través de las obras, o sea, de su comportamiento diario. Un adelantado del Reino, te diría.

La segunda sección de este libro, que comienza en el capítulo 8, está dirigida a la gente dentro de la ciudad. El pacto fue renovado, y los enemigos de adentro fueron denunciados y contenidos rigurosamente. Para guiar a su pueblo, Dios escogió a un hombre de corazón recto y clara visión, lo colocó en el lugar preciso en el momento preciso, lo dotó de su Espíritu y lo envió a realizar prodigios. Y entre las instrucciones que brinda, está la más famosa y conocida de todas: Salid al monte, y traed ramas de olivo, de olivo silvestre, de arrayán, de palmeras y de todo árbol frondoso, para hacer tabernáculos, como está escrito. La fiesta de los tabernáculos, también llamada Fiesta de las cabañas, fue restituida. Era una festividad igual a la que celebrara en su momento Josué, y aun el pueblo judío la celebra todavía en cada otoño en todo el mundo. Bien; ahora presta mucha atención. La construcción de los tabernáculos, tiene un fundamento concreto y, si se quiere, material, en cinco elementos básicos. Que no es de ninguna manera casual que sean cinco, ya que cinco es el número de la Gracia.

A esto no lo digo porque a mí se me haya ocurrido hoy, alegremente, como una forma de enriquecer un estudio. Tiene que ver con los cinco elementos, también básicos, con que se nutre nuestro evangelio: Padre, Hijo, Espíritu Santo, Crucifixión y Redención. Que también tienen directa relación con otros cinco estamentos con los que Dios mismo hará funcionar a su pueblo, ese que hoy nosotros llamamos iglesia, aunque hayamos desvirtuado su esencia primaria: Apóstoles, Profetas, Evangelistas, Pastores, Maestros. Con todo esto en mente, no dudamos que detrás de estos elementos materiales utilizados para la construcción del tabernáculo, literales y concretos, hay encerrados cinco principios que tienen que ver de manera directa y no elíptica con esa construcción.

Y como la palabra Construcción tiene parentesco directo con Edificación, y mi tarea como ministro del Señor en esta área, es procurar la edificación del Cuerpo, y no hablo de congregaciones evangélicas, sino de Cuerpo de Dios en la tierra, entiendo necesario y más que interesante compartir todo lo que mi Señor produzca con relación a esos cinco elementos. Antes de comenzar con ese detalle, deberemos coincidir en que tabernáculo, hoy, en pleno siglo veintiuno, es sinónimo de mentalidad. O tipología de ella. Entonces, lo que ahora vamos a ver y a estudiar, son los materiales con los que vas a construir tu propio tabernáculo, es decir: tu propia mentalidad. Olivo, Olivo Silvestre, Arrayán, Palmeras y Árboles Frondosos. ¿Lo hago por orden? No sin estructuras. El orden es secundario, lo que vale e interesa altamente, es su contenido. Porque en el contenido de cada caso, podrás encontrar y encontrarte quizás a ti mismo.

PALMERAS (Salmo 92: 12) = El justo florecerá como la palmera; (Vemos aquí que la palmera tiene que ver con la justicia. La palabra justo, tiene que ver con estar correcto. Estar correcto es hacer cada cosa conforme a lo que todos esperan de los hijos de Dios para poder reconocerlo) crecerá como el cedro en el Líbano. (13) Están plantados en la casa de Jehová, (Esto tiene que ver con firmeza, plantados. Bien parados sobre sus pies, sin dubitaciones. Estar firmes tiene que ver también con gente que no es errante, que no anda de aquí para allá. Están bien plantados. De allí sale esta expresión que usamos a menudo para describir a gente sólida. en los atrios de nuestro Dios florecerán(Es, asimismo, gente fructífera, no es gente improductiva.) (14) Aun en la vejez fructificarán; están vigorosos y verdes.  La palabra “vigoroso” significa “fértil”. Es decir: viejo, pero fértil. Y verde, significa “nuevo y próspero”. Cuidado hermano varón: viejo verde, no ¿Estamos? Eso es otra cosa, ya lo sabes.

Esto quiere decir que puedes tener tus buenos años, y que ni siquiera te quede ya una buena presencia estética como para exhibirte en el frente, pero todavía tienes caudales de buena palabra relativa a este tiempo para anunciar que Jehová mi fortaleza, es recto, y que en él no hay injusticia. La palabra palmera, en el hebreo, es la palabra tamar, y significa “erecto”. Tiene que ver con perpendicularidad delante de Dios. Tiene que ver con una mentalidad que florece. Tiene que ver con estar recto y correcto delante de Dios. Estamos hablando de integridad, de rectitud. Esta es la mentalidad, la estamos construyendo. El primer ingrediente, entonces, es Perpendicularidad delante de Dios, Integridad, Rectitud, Estar plantado, Ser una Persona Productiva, que florece. No ser una persona que es carga para los demás, que siempre viene buscando algo y que jamás trae algo para compartir. Se necesitan personas que entiendan los tiempos.

Hay algo muy singular en esta palmera. No es como las que hemos visto en las playas caribeñas, (¡Y en mi ciudad, donde hay muchísimas que fueron traídas de otros lugares, plantadas y crecieron normalmente!) Porque estas, cuando hay viento, (Y en el caribe siempre hay huracanes), se tuercen, se inclinan y, finalmente, crecen torcidas. Esta palmera de la que estamos hablando específicamente ahora, no es así. Los vientos no la inclinan. Esta palmera sólo se da en el desierto. Por cuestiones de tiempo no te las voy a leer, pero anota estas escrituras que tienen que ver con esto: Cantares 7:7-8; Apocalipsis 7:9-17. Allí dice que Dios está en medio de este tipo de palmeras, porque esta mentalidad atrae la presencia de Dios. Jeremías 10:5, mientras tanto, habla de ser erecto, esto es: recto. Esta palmera vive en el desierto, que es el lugar espiritual de la prueba, donde ya no hay más verde por ninguna parte, donde tú te crees que si no terminas de ver algo, te vas a terminar de morir. Y de repente, ahí está la palmera.

MIRTOS Este es el segundo elemento: el Mirto, también conocido, naturalmente, como Arrayán. Tú puedes hacer, si lo deseas, un estudio mucho más amplio de todo esto, yo sencillamente he tomado algunas escrituras sobre muchísimas más que existen. (Zacarías 1: 8) = Vi de noche, y he aquí un varón que cabalgaba sobre un caballo alazán, el cual estaba entre los mirtos, (entre los arrayanes), que había en la hondura; y detrás de él había caballos alazanes, overos y blancos. (9) Entonces dije: ¿Qué son estos, señor mío? Y me dijo el ángel que hablaba conmigo: yo te enseñaré lo que son estos. (10) Y aquel varón que estaba entre los mirtos respondió y dijo(Nota que, de entre la mentalidad de mirto, sale una voz) estos son los que Jehová ha enviado a recorrer la tierra(La mentalidad apostólica, viene con esa rama. De la rama de mirtos, sale la palabra apostólica o de reforma. Salen a recorrer la tierra. Mira lo que dice).(11) Y ellos hablaron a aquel ángel de Jehová que estaba entre los mirtos, y dijeron: hemos recorrido la tierra, y he aquí toda la tierra está reposada y quieta.

Después de la palabra que sale de los mirtos, la tierra llega a reposar. Esa palabra, reposo y quietud, significa “orden divino”. Esto quiere decir que el plan de Dios se termina, después que la iglesia se ha reformado. Tú, simple miembro de una iglesia cualquiera, pequeña quizás, puedes decir: “Yo nací con un destino de reforma, vivo en el cambio de tiempos, seré parte de la palabra apostólica, soy enviado”. Tienes que tener una mentalidad de ser enviado. Cuando estás en medio de tu trabajo y hay un problema, allí te tienes que acordar que tú eres apostólico y que Dios te ha enviado allí, a ese lugar, no a otro. Y tú eres la solución al problema. A ti te han enviado allí, no a otro aparentemente más importante. El libro de Ester es muy interesante. El nombre original de Ester, es Adasa, que precisamente significa Mirto. Todo el libro de Ester, es un libro de reforma. Ester sólo nace para terminar con el espíritu religioso llamado Aman. Y para quedarse con todo lo que el espíritu religioso pervirtió y para honrar el ministerio profético de Mardoqueo. Necesitamos palmeras y mirtos, una mentalidad de reforma, una mentalidad de que yo entiendo que la solución del problema soy yo. Somos enviados a ser sal de la tierra, no a huir de los problemas de la tierra. La sal cambia todo lo que toca.

LA RAMA DE OLIVO No me estoy refiriendo al olivo silvestre, claro está, sino al olivo. Zayim es la palabra que lo define. Está relacionada con el aceite, pero es diferente al olivo silvestre. Esta planta era cultivada en grupo. Nunca la encontrabas sola. Habla de matar el espíritu de independencia. Nadie habita solo. Habla de compromiso con la vida corporal de la iglesia. Habla de compromiso con relaciones. Cuando te comprometes con relaciones, tú tienes que comprender que tu vida va a ser cruzada con la vida de otras personas para ser corregidos. Si tú no me puedes corregir o yo no te puedo corregir, no estamos en unidad verdadera. Cuando tú andas ofendiéndote porque se te corrige o se te dice que no a algo, eres inmaduro. En este tiempo es necesario tener una mentalidad de rama de olivo. Comprometido con la iglesia corporal, comprometido con la visión local. Esto, dando por cierto que esa visión local tiene relación con una visión de Reino y no de parcela personal. Pero hay algo muy particular que tiene esta planta: es fructífera aun cuando ya es muy vieja. Normalmente, en cualquier planta, conforme van pasando los años y se va poniendo vieja, el fruto comienza a dañarse y a ser cada vez de peor calidad, pero esta es a la inversa.

OLIVO SILVESTRE La palabra que origina este término, es la palabra ets. Significa: firmeza, hacer firme, o sanar, o hacer cabal. Era algo que tenía una clara cualidad medicinal. Hay algunas escrituras que hablan precisamente y yo voy a rescatar esta: (Salmo 128: 3) = Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa; tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa. Lo que puedo añadirte a la información anterior, es que era un ungüento que se extraía de este árbol silvestre, y ellos lo aplicaban, -atención con esto-, ¡Para sanar el alma! Nos habla de ser cabal en este tiempo, algo así como de ser completo. No lo dudo ni lo dudes: necesitamos este tipo de bálsamo mental. No es el tiempo de andar psicológicamente quebrantados. “¡Es que usted no sabe, hermano, el daño que me hicieron! ¿Por qué no me quisieron comprar aquella hermosa muñeca?”. – ¿Qué muñeca, hermana? – “¡Esa que a mí me gustaba y que mi mamá y mi papá nunca me compraron, aunque yo sé que tenían el dinero suficiente para hacerlo! ¡Usted no tiene idea del dolor que siento!” Ajá, y dígame, hermana: ¿Cuándo sucedió eso? – “¡Cuando yo tenía cinco años!” – ¡Ah! ¿Y cuántos tiene ahora? – “¿Ahora? Ehhh. Cincuenta y uno, ¿Por qué?” – ¡¡¡¡¡Sánate!!!! ¡Recibe la sanidad que ya te dio el Señor! – “Pero es que ahora mi mamá se murió, y…” – ¡La mía también se murió! – “¡Es que mi papá jamás me hizo un cariño, y…!” – ¡El mío tampoco!

Es tiempo de entender que somos producto de nuestras propias decisiones y no necesariamente de los actos torcidos o erróneos de los demás. Es tiempo de dejar de cargarle las culpas al pasado por nuestras carencias de futuro. ¡Sé sano! ¡Es una orden! Cualquier mujer que se encuentra ahora escuchando esto, en este momento, y que haya sido molestada, que haya sido violada, que haya sido maltratada verbal, física o sexualmente, que ponga mucha atención. No voy a enfatizar ni a menospreciar el poder que el enemigo pueda manifestar, pero en el nombre de Jesús, entiendo que hay suficiente poder en la sangre de la cruz para que tú seas sana, ¡Ahora! No es tiempo de andar enfermos de rechazo. ¿Quieres ser amado? ¿Necesitas ser amado? Amate. ¡Pero es que a mí nadie me quiere! – No importa, quiérete a ti mismo. – ¡Pero es que ni siquiera le gusto a nadie! – ¡Gústate! ¡Eres acepto en el Amado, dice la palabra! ¿Lo crees? ¡Entonces anímate, y recíbelo! Palmeras. Mirtos. Olivos. Olivos silvestres y, ahora, ramas frondosas. Estamos construyendo el tabernáculo.

ARBOL FRONDOSO Quiero que prestes especial atención: no se trata de una rama determinada de un árbol determinado. Significa cualquier rama de cualquier árbol que tenga muchas hojas. Y habla de la diversidad y de la utilidad en el cuerpo de Cristo. Escucha bien, porque esto te cambiará la perspectiva de tu vida y, si se lo permites, también te cambiará la vida. Lo que viniste a hacer para el Reino de Dios en este planeta, el motivo esencial por el cual naciste y por el cual te convertiste, salvo que por tu propia decisión lo abandones o lo rechaces, deberá ser hecho por ti y no por ningún otro. Nadie habrá de tomar tu lugar. ¿Sabes qué es lo que elimina este principio? Elimina un espíritu que es más que abundante en la iglesia en este tiempo: el espíritu de competencia. Ese que nos divide, disuelve, disiente y destruye desde hace años, gracias a la cultura y formación griega que hemos dejado ingresar en el pueblo de Dios. ¡Pero no, hermano! ¡Somos un cuerpo! – Sí, un cuerpo donde el dedo meñique de la mano, en lugar de rascarla cuando pica, lastime hasta hacer sangrar a la oreja porque, en su intimidad, mucha gente le ha dicho que ser meñique es muy poco para él y que indudablemente debería ser ordenado oreja.

(Salmo 1: 1)= Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; (2) sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. (3) Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, …que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae, (Es un árbol frondoso, su hoja no cae. Es verde todo el año. Dice que este tipo de mentalidad, da su fruto a su tiempo. Predica madurez en tiempos de madurez. Predica sanidad en tiempos de sanidad. El que busca en lo subterráneo y encuentra, es una persona relativa al tiempo de Dios, no a las clásicas y legendarias rutinas eclesiásticas, que dicho sea de paso, son cada vez más improductivas. Hoja de árbol frondoso. Es la misma hoja que encontramos en Apocalipsis 22, que es sanidad para todas las naciones.

¿Sabes una cosa? Ese tabernáculo personal, esa tienda de la que estamos hablando, literal y simbólicamente, tenía un agujero arriba. Un agujero que solamente podía cubrir Dios y tu propia mentalidad. ¿Entiendes lo que quiero decir? Quiero decir que, en tiempos de tabernáculos, tienes que tener una mentalidad superior al tiempo anterior. No importa que tan bueno haya sido tu tiempo anterior, este es otro tiempo y, lo que aprendiste, pusiste en práctica, bendijo y hasta te dio prestigio en aquel tiempo, hoy se ha quedado en una promoción que, a la hora de los resultados concretos, que son los verdaderos frutos, sólo conduce a quienes asisten a la frustración, la decepción, el desaliento y la apatía. ¿Has visto algo de eso en estos días en algunos lugares, o yo lo estoy soñando? O sea que lo que te está diciendo es clave, definitivamente clave: si no posees de una vez por todas esa mentalidad, no caerá lluvia de bendición, unción y poder sobre ti. Y si esa lluvia no cae en el tiempo y en el sitio que debe caer, no podrás madurar de manera alguna, porque para madurar, reverdecer, fortificarte, necesitas imperiosamente la lluvia.

Y, finalmente, si no hay madurez en el final del ciclo, no hay cosecha. ¿Entiendes? Hay dos diferencias notorias en la iglesia contemporánea y es mucha la gente que, sin saberlo en una de esas, comienza a darse cuenta de que algo no está funcionando como debe. Cuando la palabra que se predica viene de donde debe venir y no de la sabiduría humana, por mucha, por buena o ilustre que sea esa sabiduría humana, tiene una particularidad inapelable: no te deja ninguna vía de escape. Tú no puedes escuchar un mensaje que viene del cielo, (Como yo creo humildemente que viene este), y salir de donde estás ahora del mismo modo en que estabas antes de escucharlo. O te volaste en la dispersión y no entendiste nada, o escuchaste con atención y tuviste temor de aceptarlo. También sucede, en la otra vereda, que escuchaste con total atención lo que alguien encumbrado dijo, entendiste los fundamentos de lo dicho, pero lo dicho no era de Dios y solamente te dejó alguna información pero ninguna conmoción en tu espíritu. Aquel que no quiera, no pueda o no sepa elevar su condición mental para los tiempos de los tabernáculos, sobre él no sobrevendrá lluvia. Va a observar que está lloviendo. Incluso va a ver como muchos se mojan, se refrescan y aprovechan esa lluvia, pero él ni siquiera se mojará.

No te quepa ninguna duda que esto es posible. Y no porque se me haya ocurrido a mí o a algún otro supuesto iluminado, sencillamente es posible porque es bíblico. ¿Recuerdas al paralítico aquel que veía cómo todos participaban y se beneficiaban de las aguas que se movían, mientras él era el único que no podía ingresar en absoluto? Así será en los últimos tiempos. Es posible que haya muchos que vean perfectamente el mover de Dios y que, al mismo tiempo y por distintas causas, no puedan formar parte de ese mover. (Zacarías 14: 18)  si la familia de Egipto no subiere y no viniere (Quiero que notes que esto es para todo el mundo: salvos o no salvos; religiosos o no religiosos) sobre ellos tampoco habrá lluvia; (Pero además no haber lluvia, mira ahora como sigue: dice que sobre ellos…) vendrá la plaga con que Jehová herirá a las naciones que no subieren a celebrar la fiesta de los tabernáculos(Nota que le está hablando a la iglesia y a otra gente más, que también son parte del Reino, pero no de la iglesia).

(19) Esta será la pena del pecado en Egipto, y del pecado de todas las naciones que no subieren para celebrar la fiesta de los tabernáculos. (20) En aquel día (¿Qué día? El día de los tabernáculos) estará grabado sobre la campanilla de los caballos: santidad a Jehová; y las ollas de la casa de Jehová serán como los tazones del altar. ¿Te imaginas? Las campanillas de los caballos iban por debajo, en las patas, sonando. Se llenaban de tierra, los caballos las pateaban, eran algo de lo más común y ordinario que había. Todo caballo la tenía. Y las ollas. Necesarias, claro, pero vulgares, insignificantes. Dirá santidad a Jehová. Un título que sólo le pertenece al Sumo Sacerdote. Está diciendo que todos los niveles de vida más comunes de la tierra, en el día de los tabernáculos, serían elevados al nivel de un Sumo Sacerdote. Cuando apliques esta mentalidad a tu vida, tu vida será elevada. (21) Y toda olla en Jerusalén y Judá será consagrada a Jehová de los ejércitos; y todos los que sacrificaren vendrán y tomarán de ellas, y cocerán en ellas; (Es decir: todos serán útiles) y no habrá en aquel día más mercadería en la iglesia.

En el día de los tabernáculos cesarán de titilar las rutilantes estrellas del evangelio. La única estrella será la iglesia. ¡Pero es que hay iglesias que…! Basta. Dije La Iglesia. No dije grupo, sector ni cizaña camuflada, ni Babilonia, ni paralelo. Iglesia, remanente de Dios. Sol de Justicia. Cristo. Y se hará verdad la palabra: será un pueblo de reyes y sacerdotes, no un grupo de morenitos de segunda o tercera categoría clamando por alguna igualdad de derechos con religiones oficiales, idólatras o paganas. Ejerciendo el gobierno en la tierra, no buscando subsidios de gobiernos terrenales. Plantando el Reino de Dios con autoridad espiritual y divina, no adoptando para los templos rutinas humanistas y seculares para resultarles más simpáticos a la sociedad. Y, finalmente, nadie más lucrará con las cosas de Dios.

Vivir del evangelio sí, porque el obrero es digno de su salario. Pero una cosa es un salario divino por una tarea divina y, otra muy distinta, un suculento rédito materialista y humano por una tarea materialista, política y humana, además de ocultista. Palmeras, Mirtos o Arrayanes, Olivo, Olivo Silvestre y Árboles Frondosos. Es hora de comenzar a construir tu propio tabernáculo. Deja ya de habitar en los ajenos. Eres un ministro competente, aunque todavía insistan en que no puedes porque no fuiste a los seminarios de los hombres. Dios lo dijo, yo lo creo. Y no sólo lo creo, sino que lo activo, lo potencio, lo pongo en marcha y también lo pongo por obra, y declaro que nadie osará tocar al ungido del señor cuando este, verdaderamente, esté haciendo lo que Dios quiere hacer y lo que Dios lo ha enviado a hacer.

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La Separación

(Génesis 1: 2) = Pero la tierra llegó a estar desolada y vacía, y había tinieblas sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se cernía sobre la faz de las aguas.

En la versión tradicional se nos dice lo que por años nos ha costado trabajo entender y hasta aceptar, que la tierra estaba desordenada y vacía. Se han enseñado muchas teorías respecto a este desorden y vacuidad, porque es más que evidente que, conociendo a nuestro Dios, resultaría definitivamente imposible que Él pudiera crear algo que al instante esté desordenado y vacío. No es su estilo. Algunos traducen la idea en este versículo como: la tierra se volvió desordenada y vacía. Lo que ellos piensan es que la tierra, originalmente, no fue creada desordenada y vacía, sino que se volvió desordenada y vacía a través de la obra destructiva de Satanás. Sin embargo, este no es el sentido gramatical pleno del hebreo antiguo. Aquellos que siguen esta idea se dirigen a Isaías 45:18: Porque así dijo Jehová, que creó los cielos; él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano, para que fuese habitada la creó: Yo soy Jehová, y no hay otro. La idea es que Dios dice aquí que Él no creó el mundo en vano (la palabra hebrea aquí es la misma palabra que vacía en Génesis 1:1).

Y dice que Las tinieblas estaban sobre la faz del abismo: Esto puede describir un sentido de resistencia al Espíritu Santo en la tierra. Algunos especulan que esto era debido a que Satanás fue arrojado a la tierra y se resistió al plan de Dios, aunque su resistencia fue en vano. No tengo revelación precisa al respecto, pero una cosa sí tengo muy clara: el abismo, que según la propia Palabra nos muestra que es el vocablo tejóm en los originales, es como una masa de agua que sube, específicamente de lo profundo. Tal vez del mar principal o de la provisión de agua subterránea. Pero lo más llamativo y extraño de esto, es que dice que las tinieblas, que es como decir el infierno mismo, estaban sobre la faz del abismo. Esto me dice a mí y a ti que el abismo no es algo abstracto, sin forma o imagen precisa. Si tiene rostro, porque eso es faz, tiene presencia, tiene vida y es dinámico y activo, no simplemente un pozo oscuro como se nos ha hecho pensar.

Basados en estas ideas, algunos han promovido lo que ha sido llamado” Teoría de la brecha”. Que es la que trajo la idea de que hubo una larga e indefinida brecha cronológica entre Génesis 1:1 y 1:2. La mayoría de las personas que siguen la “Teoría de la brecha” la usan para explicar los registros fósiles, y asignan los fósiles antiguos y extintos a esta brecha indefinida. Cualquier mérito que tenga dicha teoría, no puede explicar la extinción y fosilización de animales de antaño. La Biblia explica claramente que la muerte llegó por medio de Adán, y ya que los fósiles son el resultado de la muerte, no podrían haber sucedido antes del tiempo de Adán. Me quedo con algo que encontré investigando los originales, y es que, donde nosotros leemos Desordenada, la palabra griega que ha sido traducida así, es tóju, cuyo significado concreto es desolación (de superficie), desierto; cosa que no vale; adverbio en vano. Si bien no descubrimos el chocolate con esto, volviéndolo a leer usando Desolación o Desierto en lugar de Desordenada, algo toma un poco más de color y coherencia con el resto.

Lo cierto es que hay una enorme diferencia entre estar desolada a estar desordenada, como dice, reitero, en las versiones clásica tradicional y también en la NVI. Porque desolación implica soledad, y esa es la traducción de tóju, que entre sus significados también incluye Ausencia, mientras que desorden implica algo muy distinto y, si me dejas arriesgar opinión, aunque más no sea humanoide, impropio de Dios. Dicen los autores de la edición Biblia Textual, que pocos pasajes de la escritura dejan como éste un margen disciplinario tan estrecho entre traducción e interpretación. Aquí, el trasvase la tierra estaba desolada y vacía se ha preferido a desordenada y vacía porque expresa mejor la perfección que caracteriza al Dios de toda la Biblia. No me gustan ni las hipótesis ni las especulaciones humanas dentro de la interpretación de los textos bíblicos, pero en este caso y por simple discernimiento, adhiero.

Ellos se preguntan y yo también en esto, adhiero: ¿Podría acaso Elohim crear algo desordenado o caótico? Obviamente que no. Claro está que tampoco crearía cosas desoladas, pero esta propuesta de traducción se basa en el supuesto de que lo que aquí expresa el texto es la forma primigenia del Universo y el estado inhabitable en que se hallaba la tierra, similar al de otros planetas del sistema. Sólo entendiéndolo así podemos afirmar que, mediante subsecuentes acciones creadoras, Dios de alguna manera vistió una tierra que originariamente había creado desolada. A no ser que se interprete que cuando habla de tierra, habla de carne, de hombre, y que éste está vacío y desordenado o desolado, hasta que la Luz de Cristo llega a su vida. Esto último no es incoherente y hace sentido en lo espiritual, porque si fuimos escogidos antes de la fundación del mundo, es porque como humanos llegamos antes que eso sucediera.

En este orden de ideas, me parece muy oportuno y esclarecedor recurrir a lo que dice el libro de Isaías 45:18 y que resulta particularmente interesante según se lea: Así dice YHVH, que creó los cielos: Él es Ha-’Elohim, que formó la tierra, la hizo y la estableció; No la creó para que estuviera desolada, La formó para que fuera habitada. Yo, YHVH, y no hay ningún otro. Este es el verso en su totalidad. YHVH no la creó un caos han entendido otros traductores, o…YHVH no la creó para ser un caos, si la quieres más completa. Porque si Dios, en manera alguna creó a la tierra como un caos informe, entonces el verbo haytah que aparece allí, debe traducirse como llegó a ser, tal como lo hemos leído aquí.

Esto no sólo explicaría la perfección inicial de la Creación, sino que definiría el espacio temporal entre Génesis 1:1 y 1:2, ubicando la rebelión angélica y justificando razonablemente las distintas eras del fanerozoico, que es una división de la escala temporal geológica que se extiende desde millones de años hasta nuestros días actuales. Particularmente yo adhiero a esta teoría que escuché por primera vez de labios de un profeta del Señor que trajo una palabra de impacto no sólo a mi vida sino a las de los miles que estábamos oyéndolo, y que hoy incomprensiblemente siguen viviendo en la misma rutina religiosa en la que en ese momento estaban, como si aquello jamás hubiese pasado por sus oídos naturales y espirituales. Yo creo que la traducción de pero la tierra llegó a ser un caos y un vacío, es una alternativa más que plausible.

Finalmente, cuando dice que el Espíritu de Dios se cernía sobre la faz de las aguas, el término hebreo que se usa para decir eso, es merajéfet, que se traduce más o menos cercanamente a revolotea. Es un verbo que se relaciona con el movimiento de las alas de un ave sustentándose sobre un mismo sitio, ejerciendo esa ave una forma de sostenerse en el aire muy particular y con similitud de lo que hacen los helicópteros. Hay una escritura donde estos conceptos se reiteran, entiendo, bajo la misma óptica y con el mismo objetivo. (Jeremías 4: 23) = Miré la tierra, y he aquí estaba desordenada y vacía, y los cielos, y no había luz en ellos. Es decir que, si aceptamos que Dios no creó ningún caos y que tampoco produjo tinieblas porque Él ES luz, entonces muy bien podemos dar como correcta el tiempo en que se conoce el evento, con lo que ese texto antes mencionado puede leerse, en paráfrasis individual y propia, y sin pretensión de doctrina ni mucho menos:

2 – La tierra, que en un diseño tremendo de Dios fue creada perfecta, luego llegó a desordenarse y convertirse en un caos por causa de los ángeles caídos, que trajeron enormes tinieblas físicas y espirituales, sobre las cuales pese a todo seguía revoloteando el Espíritu del Señor velando por lo suyo.

(Génesis 1: 3) = Entonces dijo Elohim: Haya luz. Y hubo luz.

Sea la luz: El primer paso desde el caos hasta el orden es traer la luz. Esto es, también, la manera en que Dios obra en nuestra vida. Pablo habla acerca de la luz que viene a través del Evangelio: Pero si nuestro Evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del Evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús. Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo» (2 Corintios 4:3-6)

Y dijo Dios: Dios no tuvo que formar la luz con sus manos. Fue suficiente con que Dios pronunciara las palabras: «Sea la luz», y se hizo la luz. El verbo que se utiliza en la Biblia Textual es Haber. Entre las acepciones que el diccionario nos entrega, están dos que nos interesan especialmente: existir, estar. Existir es el verbo utilizado por la versión NVI, pero no por la clásica a la cual me referiré luego. Porque el usado en esta, tiene que ver con resplandor, al menos como Pablo lo cita en 2 Corintios 4:6, donde leemos que Dios dijo: resplandezca luz en las tinieblas. Pero claro está que no solamente dijo eso, sino que luego añadió lo que, a mi entender, es lo más importante de todo: es el que resplandeció en nuestros corazones para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz del Mesías. Esto nos está diciendo con total claridad que esta clase de luz de la que se nos habla en el tercer verso del Génesis, no tiene absolutamente nada que ver con iluminación física, sino con una luz interior que será capaz de revelarnos la esencia misma de Jesucristo.

Y aquí sí que debo darle la derecha a la versión clásica, ya que es en la única donde dice que Dios dijo: Sea la luz. Y cuando hablamos de Sea, hablamos del verbo Ser. Y me gustaría que lo conjugaras ya mismo para que vieras que, en la primera persona, te va a saltar algo muy conocido: Yo Soy. En mi muy humilde entendimiento, es como que el Espíritu Santo me dice que es en este verso, luego del desorden y el caos producidos por los ángeles caídos, donde Dios se revela a sí mismo, mediante una luz que solamente podrá morar en el interior de aquellos que estén en comunión con su Santo Espíritu. Que no es casual que sirva, esencialmente, para encontrar la palabra que determine diseños y conceptos superiores a cualquier enseñanza teológica. Los versos 6 y 9 del Salmo 33 lo corroboran cuando expresan: Por la palabra de YHVH fueron hechos los cielos, y todas sus constelaciones por el aliento de su boca. / Porque Él dijo y se hizo, Él ordenó y se cumplió.

Debido a que Dios creó las cosas a través de la palabra, algunos han dicho que nosotros podemos trabajar con el mismo principio, creando las cosas por hablarles con fe. Esto está basado en un malentendido de Hebreos 11:3 Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios), que es tomado como si Dios mismo hubiera usado fe para crear el mundo. En vez de eso, dice que entendemos que Dios creó el mundo. También algunos tienen un entendimiento equivocado de Marcos 11:22 y dicen que significa, literalmente, ten la fe de Dios, como si deberíamos de tener la fe que Dios tiene. Pero las palabras: Respondiendo Jesús les dijo: Tened fe en Dios, no pueden significar eso, porque la fe, como nos dice Hebreos 11:1, es […] la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. ¿Qué espera Dios? ¿Qué no ve? Un ser todopoderoso y omnisciente seguramente no necesita fe. Él es el objeto de la fe, así como la fuente de la fe (Efesios 2:8).

Y hubo luz: Génesis nos dice que la luz, el día, y la noche, existían desde antes que el sol y la luna fueran creados en el cuarto día (Génesis 1:14-19). Esto nos muestra que la luz es más que la sustancia física; también tiene un aspecto sobrenatural. En el nuevo cielo y la nueva tierra, no habrá luz de ningún sol o luna. Dios mismo será la luz (Apocalipsis 22:5). La oscuridad que Dios puso sobre los egipcios (Éxodo 10:21) tenía una cualidad tangible, mucho más de lo que solemos pensar que está asociado con la oscuridad: podía sentirse. Esto demuestra cierto elemento sobrenatural, que puede ser relacionado con la luz y la oscuridad. Lo que se encuentra aquí, entonces, está muy lejos de ser iluminación física, o ese resplandor que nadie sabe de dónde provenía con que fuimos enseñados la mayoría de nosotros en nuestras escuelitas dominicales o bíblicas. Esto habla de otra clase de luz que nada tiene que ver con las que producen las dos lumbreras creadas mucho más adelante.

(Génesis 1: 4) = Y vio Elohim que la luz era buena, y Elohim hizo separación entre la luz y la oscuridad.

Lo importante, aquí, si vamos a respaldar nuestro pensamiento anterior, es saber de qué clase de oscuridad estamos hablando. Física, natural, no es, seguramente, porque a esa oscuridad la va a solucionar posteriormente creando el sol y la luna, para el día y la noche. Aquí se habla de luz y de oscuridad, (En la versión tradicional dice tinieblas), y dice que fue Dios quien dispuso separarlas. Esto implicaría que la luz que produce entendimiento sólo será posible si se está en Cristo, ya que fuera de Él hay tinieblas, oscuridad, y es imposible allí entender el mensaje del evangelio. ¿Entiendes ahora por qué tanta gente importante, valiosa, inteligente e intelectualmente muy bien capacitada no puede entender lo elemental que ese humilde creyente casi analfabeto ha visto con toda claridad?

Esta palabra que se usa aquí como separación, es la misma que se usa en el libro de Números 16:9, donde se habla de la rebelión de Coré contra Moisés. En ese marco es donde Moisés dice: ¿Es poco para vosotros que el Dios de Israel os haya separado de la asamblea de Israel para aproximaros a Él para servir en la obra del Tabernáculo de YHVH, y manteneros al frente de la asamblea para ministrarles? Asimismo, este pasaje sirve también para exponer algo que no siempre ha sido dicho con claridad, quizás por ese temor un poco exagerado en lo reverencial de adjudicar a Dios algo que parece no ser bueno. No se tiene en cuenta que el diablo no es creador, así que indefectiblemente todo lo creado, proviene de Dios, aunque no así el modo en que luego, esa creación será utilizada. Isaías 45:7 nos da una pista más que clara al respecto, cuando dice: Yo formo la luz y creo las tinieblas; hago la paz y creo la adversidad. Yo, YHVH, hago todas estas cosas.

Dios es el creador de todas las cosas, tanto aquellas que con el correr de los tiempos consideramos como buenas, así como las otras que, por incidencia del enemigo, son ahora consideradas malas. Pero entiende bien lo que leímos. Dios no crea las tinieblas, Dios forma la luz. Las tinieblas son la consecuencia de vivir por fuera de la luz. Dios no creó nunca cosas malas, pero de una creación suya salió Lucifer y todo tomó la forma que conocemos. En síntesis: nadie puede analizar la oscuridad, porque la oscuridad sólo es ausencia de luz. Nadie puede estudiar el frío helado, porque el frío sólo es ausencia de calor. Y por la misma razón y elemental esencia, nadie tampoco puede estudiar el mal, porque el mal es sólo ausencia de Dios.

Dios consideró que era bueno que hubiera entendimiento espiritual mediante Su luz, pero consideró que debía mantenerse separado de lo que no aceptara someterse a Él.

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Libertad

¿Quién no se ha dado cuenta, lo reconozca o no, lo diga o no, que la iglesia del Señor anda hoy tratando de nadar en un muy agitado mar de confusiones? Se predica tanto en una dirección y otra que muchos, a favor de un cierto grado de comodidad y haraganería nuestra, es como que no tienen la certeza, pese al tiempo que llevan en el evangelio, si están andando o no, por el camino correcto. Súmale a esto la falta de oración y conocimiento de la Palabra y te vas a encontrar con una amplia, (Demasiado amplia, te diría), franja de creyentes derrotados, apáticos, rutinarios y alejados de ser todo lo más que vencedores en Cristo Jesús que asegura la Escritura. Te diré que la primera llave maestra que abre el acceso al conocimiento de la Verdad, que es lo que verdaderamente nos hace libres, radica en una pequeña preposición. ¿Recuerdas algo de la gramática de tu colegio? Preposición: Parte invariable de la oración cuyo oficio es denotar el régimen o relación que entre sí tienen dos palabras o términos a los que sirve de nexo:

Porque cuando recibimos la Gracia de la Salvación por medio de la Conversión, todos o casi todos supimos de qué cosa nos habíamos salvado, pero lo que no siempre llegamos a tener muy en claro es para que nos habíamos salvado. Durante una larga generación hemos estado manteniendo la letra de la verdad, mientras que, al mismo tiempo, nos hemos estado alejando de su espíritu, esto es: del espíritu de esa verdad. Porque nos hemos preocupado más en el de que nos hemos salvado que dé el para qué hemos recibido esa salvación. Está más que claro que hemos sido salvados de nuestros pecados pasados. Con esos pecados, queda también bien en claro, ya no tenemos más nada que ver. Tienen que ser olvidados porque Él los ha olvidado. En cuanto a lo de qué hemos sido salvados, es de la ira venidera. Esa ira sigue existiendo, pero ya no tiene nada que ver con nosotros.

Es decir que, cuando pensamos en el de que nos salvamos, solamente estamos pensando en lo negativo y absorbernos en ello, es vivir negativamente. Y muchos creyentes viven permanentemente en ese estado. Dentro del camino de la fe es todo un arte saber olvidar. Si no lo logramos, estaremos condenados a no dejar de ser niños en Cristo. Si no podemos confiar en que Dios se haya ocupado adecuadamente de nuestras basuras pasadas, entonces es mejor darnos por vencidos y terminar con todo. Cincuenta años, lamentándonos de nuestros viejos pecados, no nos van a librar de ellos. Si Dios nos perdonó y nos limpió, el asunto está concluido. Leemos en la Biblia, aunque en lo humano no podamos imaginarlo ni entenderlo, que los que están en el cielo no descansan ni de día ni de noche en su adoración al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: todos recibiendo la permanente adoración de sus hijos.

Ahora bien: si nosotros decimos y aseguramos (Y en muchos casos aún hasta lo cantamos), que vamos caminando hacia ese lugar, ¿Por qué no empezamos, entonces, desde ahora mismo, a adorar en la tierra en la misma forma que vamos a adorar en el cielo? Y ahora la pregunta más filosa, más áspera o ríspida: ¿Tú sabes lo que verdaderamente es Adoración? ¿De verdad lo sabes o te limitas, como una enorme mayoría, a relacionarlo con esa música lenta que llega a continuación de la rítmica a la que conocemos como Alabanza? Escucha: la música está incluida en la Alabanza y la Adoración, pero no es excluyente. Estamos viviendo en un tiempo cuando los hombres buscan una cristiandad sin la cruz, y la bendición del Reino sin obligación de respetar las reglas del Rey. Dicho en otras palabras: hay muchísimos dispuestos a ser y a considerarse cristianos, pero que se resisten o evitan pagar el precio espiritual que eso demanda. Son los mismos que evidencian adorar al Rey de reyes, pero no aceptan sujetarse a su autoridad y señorío.

¿Cuántas veces oíste decir a alguien: “Ah, sí, esta iglesia no es mala, pero está muy atada a las leyes; es muy legalista”? Dentro del inocultable despertamiento experimentado en la iglesia de mi país a fines del siglo pasado, hubo una natural puja entre renovados, renovadores, ortodoxos y ultraconservadores, yo, muchas veces lo dije y todavía lo sostengo: Sigo pensando con total convicción y certeza que, vivir la fe de un modo legalista a ultranza, minimizando u omitiendo la Gracia, jamás nos podrá llevar a ningún lado, porque elegimos vivir bajo maldición en lugar de recibir la bendición. Pero no menos cierto es que no podemos permitir ni aceptar que ese árbol nos impida ver el bosque.

¿Qué quiero decir? Lo que está sucediendo, ni más ni menos. Así como es inaceptable que muchos, con una Biblia debajo de su brazo, ejecuten sentencia de muerte sin la menor misericordia para con hermanos que han tropezado o han caído, así también tendré que decirte que, avalados por una misericordia que aparentemente daría para todo, muchas congregaciones se han vuelto altamente permisivas y tolerantes con el mismísimo pecado. Cuidado. Nunca te olvides que Satanás, cuando ya no puede frenarnos, trata de acelerarnos. En suma: es tan grave esa especie de ahorcamiento espiritual al que muchos han sido sometidos en tantas y tantas congregaciones, – Hasta el punto de terminar arrojándolos fuera, a veces, hasta del evangelio -, como la total y absoluta pasividad despreocupada y alegre para con aquello que Dios, hoy, al igual que siempre, sigue aborreciendo infinitamente: el pecado. Dicho con total claridad: LIBERTAD NO ES LIBERTINAJE

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Cinco

Seguramente me has oído muchas veces decir que la iglesia está plantada para moverse con cinco ministerios, y no con uno prevaleciendo sobre los demás. Lo he enseñado hasta el hartazgo, pero siento que debo reiterarlo porque todavía hay mucha estructura inamovible e indestructible en la iglesia. Déjame aportarte hoy Palabra para fundamentar eso que digo, y que no quede como la divagación de uno de los tantos cristianos resentidos que andan por esta vida criticando a los demás y no produciendo nada ellos mismos. (Hechos 15: 6) = Y se reunieron los apóstoles y los ancianos para conocer de este asunto. Estamos hablando, aquí, del Concilio de la iglesia más grande de aquel tiempo, la iglesia de Jerusalén, cuando Pablo tenía una disputa con unas doctrinas muy raras que habían sido enseñadas en algún lugar, y él traía consigo al individuo que estaba enseñando ese tipo de doctrina, para ver qué decidía el liderazgo de su iglesia. La iglesia de Jerusalén. El verso 7, dice:

Y después de mucha discusión, Pedro se levantó (Aquí estamos viendo que Pedro también tiene una función en la iglesia de Jerusalén. Fíjate cómo está entrelazado el cuerpo de Cristo. ¡Es un solo cuerpo! Ya lo vimos en otro lado, pero ahora está aquí, en Jerusalén.) y les dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen. (Verso 14) = Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre. (Simón también tenía parte en el asunto. Estamos viendo cómo se movía el liderazgo de apóstoles y profetas) El verso 13, uno más atrás, dice:  Y cuando ellos callaron, Jacobo respondió diciendo: Varones hermanos, oídme. Jacobo aparentemente presidía el Concilio completo. Un apóstol. La iglesia de Jerusalén.) Como se va a hacer eso, no sé, pero mira el verso 19:  Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, Listo. Él decretó y se acabó. Jacobo.

Verso 22: Entonces pareció bien a los apóstoles y a los ancianos, con toda la iglesia, elegir de entre ellos varones y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé: a Judas que tenía por sobrenombre Barsabás, y a Silas, varones principales entre los hermanos; O sea: lo que antes había dicho Jacobo. El pastoreo de la iglesia preminente de Jerusalén, tenía pluralidad de obispado. No se trata de esgrimir credenciales o posiciones, se trata de aunar Espíritu Santo y moverse en la dirección que Dios ordena. Mira Marcos 6:34: Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas. (¿Comenzó a hacer qué cosa? A enseñarles. Aquí vemos que el pastor en realidad es un maestro. ¿Quién pastoreó en esta ocasión? La unción del Maestro, no la del Pastor.

1 Corintios 12:28: Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas. ¿Cómo puede Pablo cometer la irreverencia insujeta de omitir al pastor? ¿Por qué no puso pastores? Porque la palabra pastor es una función que puede ser llevada a cabo por estos tres. Obviamente, estoy hablando de cosas que por ahí se llevan quinientos años en poder acomodarlas. Ojo: son ciertas y son bíblicas, y Cristo no vendrá hasta que no lo hagamos. La revelación profética va a traer tanto entendimiento a la iglesia, que lo que no hicimos en doscientos años, por ahí lo hacemos en una década. ¿Habrá oposición? ¡Claro que habrá oposición! ¡Ah! ¿El mundo incrédulo? ¡Ni lo sueñes! A ellos esto les preocupa muy poco y nada. La oposición vendrá de adentro, y creo que ya has discernido desde donde…

Hechos capítulo 13: 1: Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: (¡Otra vez se olvidó del pastor!) Bernabé, Simón el que se llamaba Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo. (2) Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. (3) Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron. Me parece que tiene que haber estado la cabeza de la iglesia haciendo esto. No puede venir un ministro invitado a ponerle la mano en la cabeza a alguien. Lo que quiero dejar en evidencia es que, en esta iglesia, el liderazgo era de profetas y maestros. Y antes de terminar con esto, déjame decirte que ningún líder puede ser líder si no sabe adorar a Dios. O si no estudia la Palabra. No interesa que la lea y hasta la predique, interesa que la estudie, la conozca, la entienda, la crea y, esencialmente, ¡LA VIVA! Después ponle el nombre que quieras. Con el Número de la Gracia: CINCO EXPRESIONES DE UNA CABEZA

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Cuadernos Reales 1

Signos de Espíritu Religioso

 

Entre los años 2006 y 2018, mi Señor determinó, me ayudó y me dio letra para escribir ocho trabajos en formato libro. De allí en adelante, todos los intentos que hice, fueron en mi carne, sin mandato divino. Y concluyeron como debían concluir: en la nada. Aprendí. Si quieres ser un ministro del Señor y con rango en la enseñanza, deberás grabarte algo en tu espíritu, en tu corazón y en tu mente: aprende. Siempre, venga de donde venga. No esperes al gran hombre de Dios para recibir revelación. A veces, Dios podrá utilizar al cristiano que trabaja para el municipio y le toca barrer la calle delante de tu casa. No existen grandes hombres de Dios. Si es de Dios, no es grande, es pequeño.

Los que ya somos adultos mayores, (Un hermoso eufemismo que evita decir ancianos), vemos la velocidad que están tomando los tiempos a nuestro alrededor y nos asombramos. En nuestras etapas de juventud, todas las cosas ocurrían de modo más pausado, ceremonioso y casi siempre con previo aviso. Por poco o por mucho, cada uno de nosotros tenía cierta idea de lo que venía o podía venir. Y lo dejaba pasar o se preparaba para recibirlo, era una decisión personal. Hoy, esos tiempos ya no transcurren a la velocidad que tenían entonces, hoy directamente todo es vertiginoso y lleno de torbellinos. El único aviso previo parece ser que debes vivir con tus ojos bien abiertos para no ser sorprendido. Todo lo demás, te llega casi antes que caigas en cuenta que te ha llegado.

La gente ya no lee. La era digital ha llenado todos los espacios disponibles y, cuando hace mucho tiempo era frecuente y habitual ver gente con un periódico bajo su brazo o un libro en sus manos, hoy todo eso ha desaparecido en el olvido, dejando lugar sólo para su teléfono móvil. Con ese maravilloso y casi mágico aparato, puedes hacer todo lo que necesitas hacer. Por ese motivo es que, a esta, es mucha la gente que ha decidido rotularla como la era de la comunicación. Si es una opinión tecnológica, coincido. Pero sólo en lo tecnológico. Tengo certeza que la humanidad, en realidad está menos comunicada que nunca entre sí, aunque viva quince de las veinticuatro horas del día con un teléfono en sus manos.

Dios es sabio. Él ya lo vio mucho tiempo antes que todos nosotros. Si la mayoría de las personas ya no invierten su tiempo en las lecturas extensas, ¿Para qué va a seguir enviando a hijos suyos a tomarse el nada liviano trabajo de escribirlos? Un mensaje extenso y hasta profundo en tu WhatsApp es muy difícil que contenga más de doscientos caracteres. Una página del formato Word, alrededor de cinco mil. Un libro de cien páginas, quinientos mil. La gente adulta tiene la misma ausencia de tiempo que todos para dedicarlo a la lectura, pero tiene una clara diferencia con la más joven: se lo fabrica a ese tiempo. Los más jóvenes no sienten interés por hacerlo. Ellos siguen la premisa de aquel antiguo pensador llamado Gracián, que supo decir alguna vez que: lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Por tanto, si te toca ser un buen ministro del Señor en este tiempo, aunque en lo personal no modifiques las cosas más sustanciales, como leer tu Biblia a diario, si deberás alterar todas aquellas que te permiten seguir llegando al espíritu, el corazón y la mente de otros, de la mejor manera. Si sólo uno sobre cien se aguanta oír, hoy, un audio de noventa minutos de duración, cuando hace diez años lo hacían setenta, tú obligación no es enojarte, echar fuera demonios o reprender a los que no invierten su tiempo en eso. Tu obligación es implementar estrategia divina y grabarlos apretadamente en un lapso que te permita enseñar lo mismo, sin extenderte en palabrerío innecesario. Mi experiencia gráfica en Twitter, (Perdón…en “X”), y auditiva en Spotify, me lo confirma. Se puede.

Por lo tanto, y en razón de esa vertiginosidad de los tiempos que te mencionaba, y porque nadie sabe cuanto de ese tiempo queda para que se cumpla lo que está escrito que habrá de cumplirse, la directiva es ahora hacer a un lado aquellos libros que nadie quiere leer y remitirse a sintéticos folletos. Casi una imitación de aquellos antiguos elementos de aprendizaje que se utilizaban en los colegios: los cuadernos. Eran para escribir lo necesario, lo simple y contundente como método de aprendizaje. Y si esos cuadernos van a albergar, cuando así se sienta en el Espíritu, todo lo que el Reino de los Cielos tiene para decirte, esos cuadernos nacen de la esencia de un Rey. De un Rey de reyes y Señor de señores. Por eso serán cuadernos de la nobleza, de una sangre espiritualmente azul. Serán sencillamente Cuadernos Reales.

Todos nosotros tenemos mandato de Dios a partir de lo escrito en la Biblia, de ir y predicarle el evangelio del Reino a toda criatura. Que más tarde los hombres hayan agarrado ese mandato y hayan hecho con él lo que les dieron sus reverendas ganas, allá ellos. Ya habrá quien los juzgue. Ni tú ni yo estamos aquí para eso. Estamos, reitero, para predicar el único evangelio conocido a partir de la escritura, el del Reino. El que proclamó Juan el Bautista, el que refrendó ministerialmente un tal Jesús de Nazaret. ¿Almas? ¿Adeptos? ¿Miembros? No. Discípulos. ¿Y qué cosa es un discípulo? Alguien que aprende algo de un maestro, lo pone por obra en su vida y luego va y lo repite con otros. ¿Salvación? Sí, pero sólo como puerta de ingreso a lo realmente importante: ser parte activa del Reino y heredarlo como hijo santo.

Todos aprendimos que debemos aceptar a Jesucristo como Salvador de nuestras vidas, creer que Él pagó por nuestros pecados en la cruz y convertirlo en Señor de toda nuestra existencia. Eso nos hace salvos. No nos cuesta nada, sólo el acto guerrero de la decisión. La salvación es por Gracia. Eso significa Gratis. El gran tema es que hacemos luego con esa salvación. Nos han enseñado por años que con ella bajo el brazo entramos en una congregación cristiana, somos aceptados como hermanos y allí nos acomodamos en un banco o una butaca que seguramente será casi considerada como propiedad nuestra hasta el día en que alguien ore en nuestro funeral. Miles han hecho esto a través de nuestra historia. ¿Fueron salvos? Fueron salvos, sin dudas, pero no cumplieron el paso siguiente y se perdieron la mejor recompensa. ¿El paso siguiente? Sí, el de entrar y militar en el Reino de Dios y heredarlo Él y su casa.

¡Es que a mí me enseñaron que el Reino…! Basta. A todos nos han enseñado, sobre el Reino, más o menos unas quinientas interpretaciones distintas. Según la denominación, ahí tienes el Reino. Sólo un problema: la Biblia es una sola. La Palabra de Dios es una sola. Los que son miles o millones son los hombres que pretenden estar por encima de ella con sus opiniones. No le hace. Jamás pudieron lograrlo ni lo harán. ¡Pero confunden a la gente! Sí, la confunden. Y no sólo eso, sino que en muchos casos son obstáculos para que alguna de esa gente se pierda ricas recompensas espirituales. Porque quizás es gente a la que el Espíritu Santo les habla y ellos le oyen, pero no pueden obedecerle, porque se deben en sujeción al liderazgo humano. Y así es como se pierden toda la maravilla que trae consigo el Reino de Dios y se quedan en la mediocridad y la medianía en la que hoy por hoy camina el grueso de lo que llamamos iglesia.

Pero no es mi intención volver a explicarte lo que es el Reino. Lee tu Biblia y lo vas a ver tan claramente como lo he visto yo. No soy mejor ni superior a ti. Si yo pude entenderlo, tú también puedes. Está en toda la escritura. Y no es un lugar geográfico, no es una doctrina, no es un cierto o determinado grupo de personas. Es, en líneas generales, un estilo de vida. Un modo de mostrarse ante lo que llaman Sociedad, de un modo que mínimamente les produce curiosidad. Van a criticarte, van a burlarse, van a tratar de que tú cambies y seas espiritualmente mediocre y en algunos casos moralmente mugriento como ellos. Todo lo que tú puedas soportar eso, a la mejor manera de Jesús, te convertirá en más que vencedor. Y si no llegas a conseguirlo, al menos disfrutarás mucho en el intento. Y tu Padre Celestial, viéndote jugarte por Él, también. Eso sería lo más cercano que se me ocurre a aquello de acumular tesoros en los cielos.

Entonces la duda en forma de pregunta se te empieza a encarnar como encarnan las convicciones, desde adentro hacia afuera. Sólo lo que nace desde adentro es convicción. Adoptar lo que nos llega desde afuera, así sea lo mejor, no es convicción, es convencimiento. Suena parecido, pero no lo es. Una convicción la tienes desde que despiertas a eso, hasta que te mueres. Un convencimiento de algo te dura desde que lo aceptas, hasta que aparece otro más entretenido o divertido. Esa duda en forma de pregunta, es: ¿Cómo tiene que vivir un hombre o una mujer de Reino? ¿Eso tiene que ver con su aspecto físico externo? ¿Está relacionado con su manera de vestir, de hablar, de conducirse en el marco social? Ni tanto ni tan poco. Como ejemplo antiguo, pero todavía válido, te digo que ser hombre de Reino no es andar con una sonrisa de bondad que parece pintada todo el tiempo, y mucho menos llevando una Biblia hasta cuando vas a ver a tu hijo jugar a la pelota. El Reino te enseña que la Biblia no se luce ni se promociona; la Biblia se vive.

Tengo absoluta certeza, aunque lo que diré me granjee la antipatía de una alta cantidad de personas afines a ciertas estructuras, que la militancia correcta en el Reino se choca casi con violencia contra el clásico, tradicional y antiguo estereotipo del cristiano evangélico promedio. Indumentaria de bajo costo, muy poco gusto por la mezcla de colores y alta capacidad para caminar por la vida por el borde del precipicio del ridículo. Una moral aparentemente irreprochable, o de hierro, pero que a corto plazo y con una cercanía intimista, se convierte rápidamente en una moralina estupidizante de consignas, frases y muletillas que dicen mucho y no representan nada. Nadie les podrá discutir jamás a los evangélicos por lo que creen, por lo que hacen con sus iglesias o por lo que saben del contenido de sus Biblias. Sólo se los va a cuestionar, y mucho, por lo que son, que, en muchísimos casos, no tiene absolutamente nada que ver con lo que dicen ser.

¿Y qué es lo que dicen ser? En algunos casos puntuales, poco menos que los salvadores del mundo. Puedo asegurarte que muchos de sus líderes presumen hasta públicamente de eso. Ellos, al menos en gran proporción, nunca digo todos, conforman su propio estereotipo. Ropa elegante, de marca y costosa. Preparación visual externa que habla a gritos de asesorías de imagen. Vocabulario cuidado y con modulaciones estudiadas en lo que se conoce como oratoria seductora de masas. Inflexiones repetidas, variaciones en los tonos y toda la gama de producción artística puesta al servicio, -dicen ellos- del Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Jamás cometería la osadía, ni la maldad, ni el riesgo de cuestionar eso, sólo Dios lo sabe. Pero si puedo expresarte que, por experiencias personales directas, en una gran cantidad de casos, sus máximas preocupaciones e intereses pasan por su prestigio personal y por el crecimiento numérico de sus iglesias. Para lo demás, seguramente siempre habrá gente trabajadora disponible. Lo he escuchado así, textual.

Eso, indefectiblemente, relega al creyente a un espacio reducido, limitado y casi asfixiado por toda la parafernalia interna que la mayoría de grupos religiosos posee. Allí se marcan las pautas respecto a cómo se debe hablar y, esencialmente, de qué temas se puede o no se puede hablar. La gran pregunta, entonces, que surge de inmediato, es: ¿El hombre de Reino, debe estar sujeto a todo eso? No soy quién para determinarlo. Nadie me dio autorización para decirles a otros lo que deben o no deben hacer con sus vidas. Pero hay puntos que, por lo oscurecidos que están por las distintas opiniones consideradas de peso, no siempre terminan siendo de bendición. Uno de ellos es, indudablemente, la de la elección de los temas de conversación, no sólo entre los hermanos en la fe, sino en las de estos con la gente del mundo secular. Estos ponen sus ojos con mira telescópica en tus actos, palabras y conductas, porque nadie podrá desmentir que se gozan cuando alguno de los nuestros cae en desgracia. Lo triste es cuando algunos de nosotros también se goza con lo mismo…

Mira; yo provengo de una familia argentina insertada, en aquel tiempo, en la clase social denominada como carenciada. (Otro hermoso eufemismo que elude decir pobre). Mis padres fueron, en el mejor de sus éxitos, obreros textiles, así es que crecí en una casa donde si bien no faltaba lo esencial, para todo lo demás no nos daba el cuero. Jamás me quejé ni sentí ser víctima de un mundo injusto por eso. Dios sabe por qué me hizo nacer allí y así. Porque ustedes saben que, si bien mis padres, con sus espermas y óvulos formaron este muñeco inanimado de carne y hueso, yo pude vivir y estar aquí, hoy, con ustedes, porque el Espíritu Santo sopló en mi nariz aliento de vida. Eso me dice a mí y te advierte a ti, que jamás hubieras nacido en otra etnia, en otra cultura, en otra geografía, en otra nación y en otra condición social que en la que naciste, por una sencilla razón: a Dios le interesó que tú vieras la luz de este mundo exactamente allí, donde ahora estás leyéndome. Porque será de allí, o desde allí de donde nacerá tu misión divina.

A medida que pasan los años, los recuerdos de la infancia se van borrando en las personas. Es lo normal. El cerebro es un disco duro que en un momento determinado dispone incorporar lo nuevo e importante y borrar, al unísono, lo que sólo es sentimental y no justifica ocupar espacio. Sin embargo, veo casi como si fuera hoy, cuando mi abuelo materno reunía a sus cuatro hijas mujeres, (Mi madre la mayor), conjuntamente con sus respectivos maridos e hijos, sus nietos, (Yo el mayor), un domingo al mes, al mediodía, a comerse los deliciosos ravioles que mi abuela amasaba exclusivamente para ese simposio familiar. Mi abuelo, un descendiente de italiano de muy pocas palabras, se sentaba en la cabecera principal, (En la opuesta iba mi abuela), y solamente decía casi en un murmullo mezclado con rezongo antes de servir la comida: “Aquí no se habla de política, de fútbol ni de religión.”

Eso, en esta mi Argentina, todavía hoy, se podría considerar como un mandato de alta sabiduría. El abuelo, con un conocimiento y una formación muy rudimentaria, se las ingeniaba para darse cuenta que, si permitía en su mesa discutir cualquiera de esos tres temas, el almuerzo de familia podía convertirse en una hoguera con gente incinerada. Consiguió algo muy valioso que hoy no son demasiados los que la logran: que hubiera paz. Él no lo sabía, y a esa altura, yo tampoco, pero Dios es Dios de paz, aunque muchos elijan considerarlo literalmente como varón de guerra. La única guerra que Dios permite, es la que se dirime con el reino de las tinieblas. Y no lo tiene a Él como soldado combatiente, sino a cada uno de sus hijos. Pero entiende esto: Dios puede permitir una guerra, pero sólo para acceder a una paz que lo honre y le de gloria. Por intereses o ideologías, no son guerras santas, aunque las disfracen así.

Ahora bien; A esta altura de mi vida de ser humano, pero también de hijo de Dios, pienso que si deseo ser un hombre de Reino que muestre un estilo de vida que sea capaz de conmover a un mundo que no parece conmoverse por nada, definitivamente no puedo ni debo seguir al pie de la letra aquel sabio y viejo consejo que mi abuelo le daba a su familia. Creo firmemente que un genuino hombre de Dios, fiel a su Reino y a los dictados de su Espíritu Santo, no puede caer en la religiosidad manifiesta de evitar hablar de temas que contengan ácidos problemas. No hay tabúes para el evangelio genuino. El hijo de Dios tiene que sentirse y ser auténticamente libre en Cristo como para hablar sin ninguna atadura de ninguna clase del tema que sea necesario. Y si debo ser más claro, todavía, aunque como buen argentino me gusta el fútbol, lo he jugado, lo he relatado y comentado, como hijo del Altísimo lo considero un tema tan menor, que no amerita ni discusiones ni diferencias. Pero de los dos restantes tengo una óptica distinta.

De todos modos, no podría seguir adelante con esos dos, sin antes reunir a los tres en algo en lo que sí coinciden y mucho: son fabricantes de idolatrías. En el fútbol es más que visible. Soy del país que gestó a Diego Maradona y a Lionel Messi, sé de lo que hablo. Maradona usaba una camiseta con el número 10, pero muchísimos en lugar de nominarlo como “el diez”, elegían llamarlo “El Dios”. ¿Sigo o es suficiente? Te dejo a Messi para la próxima. La política también fabrica ídolos. En mi país, con mucha más celeridad y facilidad que en otros, pero quienes son elevados a ese nivel, luego descubrimos que se comportan como ídolos, no como políticos. Y mucha es la gente que disfruta eso. Y en la religión, (No estoy hablando de la fe, de la convicción, sino de la religión estructural), también se erigen ídolos. Hombres o mujeres que por alguna determinada causa cierta o más o menos cierta, un grupo de menor o mayor volumen lo califica como santo de toda santidad y lo eleva casi para sentarse en el mismo trono donde se supone que se sienta nuestro Dios Padre.

¿Qué dice nuestra Biblia de la idolatría? Que es tan pecaminosa como la rebelión y la obstinación. ¿Habías prestado atención a la calidad de pecado que tiene esto último, la obstinación? Ahora ya lo sabes. No la minimices, no la disimules, no seas su cómplice. La obstinación no es una conducta psicológica, es un pecado manifiesto. La idolatría también es portadora necesaria de abominaciones mayores. Y en Ezequiel Dios les dice a los que andan tras el deseo de sus idolatrías, que les traerá sus propios caminos sobre sus cabezas. Nada menos. Pablo, en sus cartas, no es menos implacable con ella. Dice que en Atenas se enardecía viendo a esa ciudad entregada a sus idolatrías. Por eso les recomienda a los corintios que huyan de ella. A los colosenses les recuerda que es un pecado de absoluta raigambre terrenal. Pedro en sus cartas dice lo mismo y nos llama la atención. ¿La idolatría, entonces, no es un demonio? No en lo directo. Uno o varios demonios aprovechan a su favor las puertas abiertas que la carnalidad humana les deja a través de sus idolatrías, ya sean políticas, religiosas o deportivas.

Vuelvo al punto. ¿Quiero e intento demostrar que un hijo de Dios auténtico, un hombre o mujer de Reino genuinos, puede hablar del tema que se le ocurra delante de quien sea? Si tienes alguna duda de eso, pregúntale a un tal Jesús de Nazaret. ¿Habló con los pobres de toda pobreza que iban a escucharlo? Si. ¿Habló con la clase media y alta que se reunía en casa de los publicanos? Si. ¿Habló con el poder humano real y geográfico de su tiempo, o sea, la realeza? Si. ¿Habló con la religión estructural y organizada que existía durante su ministerio, esto es, con sus máximos líderes? Si. Jesús habló con todos y, para todos, tuvo una palabra distinta. Una palabra de fe, de motivación, de esperanza. ¿Hizo política? No. ¿Despreció a la política? No, sólo dijo que dieran al César lo que era del César y a Dios lo que era de Dios. Válido para el área de las finanzas, que es una de las más complejas de todo poder político. ¿Hizo religión? No, Sólo les dijo que se arrepintieran y pidieran perdón al Padre por sus pecados y estos les serían borrados. Sólo eso. ¡Y nada menos que eso!

Ahora, veamos: ¿Qué se supone que somos tú y yo, por igual, en el consenso terrenal en el que habitamos? Hijos de Dios por fe. ¿Iguales a Jesús? En lo conceptual, sí. En lo espiritual obviamente que aún no, pero ahí andamos, en la pelea diaria por serlo. ¿Coincides? ¿Eres uno de los que camina por la vida con Cristo como estandarte? No te estoy preguntando si andas desparramando citas bíblicas, versículos y folletos cristianos por todo tu barrio, te pregunto si vives una vida capaz de ser de testimonio para los muchos que arruinan la suya a diario. Si tu respuesta es afirmativa, o al menos lo es en el sentido de estar buscando vivir así y ser eso, entonces puedo decirte con total autoridad y certeza, de parte del Señor de señores y Rey de reyes, que puedes hablar con quien se te ocurra, de los temas que se te antojen y dar palabra de Dios consecuente con cada uno de esos temas. ¿Tú crees que hay palabra de Dios apta para incorporar a la política, a la religión o al deporte?

Pablo enseña, en otras palabras, pero que se leen algo así: Si Cristo no resucitó, los cristianos somos los hombres más estúpidos de la tierra. Y tiene razón. Si Cristo no resucitó, no hay salida para los ciegos, paralíticos y esquizofrénicos de este mundo, por más revoluciones sociales que se propugnen. El marxismo, pienso yo, encuentra su límite más terrible en el pasado. No hay salida trascendente para los que ya murieron. Para el cristianismo no hay más que una sola vida, pero que tiene tres instancias: la histórica, que podemos llamar vida uterina, luego viene el parto que es la muerte, para acceder finalmente a la vida plenamente creadora: la vida eterna, que supone entrar a compartir la existencia tremendamente fecunda y gozosa de Dios. Es entrar, por decir así, a crear desde Dios, nuevos mundos. Y precisamente, por ser totalmente creadora, la existencia se vuelve totalmente dichosa. Un creyente genuino, por esta y varias razones más, no puede simpatizar con la izquierda. ¿Está claro? Todavía no. Lo estará cuando te aclare que todo esto no hace, necesariamente a ese creyente, un simpatizante de la derecha. Ahora sí está bien claro, ¿Verdad?

Vivo en un país que hace cuarenta años recuperó funcionamiento democrático y, como tal, nos lleva a tener que votar, cada dos y cuatro años, para elegir nuestras autoridades, tanto las locales, provinciales o nacionales. Jamás voté a un hombre por sus aparentes condiciones, ni a una fuerza política por comunión con sus postulados. Siempre hice lo que tenía paz para hacer luego de entregar ese acto en oración, y con la intención de optar por el mal menor. Creo que no le descubro nada a nadie que piense con un cerebro puro y desprovisto de lavados mediáticos o manipuladores, cuando digo esto. Igualmente, siempre ese poder humano quedó en deuda con el Señor y también conmigo. De hecho, jamás le daría mi voto a quien me adelanta que propondrá matrimonios igualitarios, que es el eufemismo utilizado para darle legalidad a la unión de dos personas del mismo sexo. Tampoco lo haría con los que, asegurando que una mujer es dueña de su cuerpo, habilitarla legalmente para abortar el nacimiento de un ser humano no deseado. Esto, obvio, me coloca del lado clásico donde milita siempre la iglesia cristiana.

Sin embargo, en mi caso personal, hay otra decisión que no siempre es la de todos: jamás, tampoco, votaría a quienes, expoliando con impuestos, ajustes y otras maniobras fiscales y financieras, lisa y llanamente le quitan dinero del bolsillo a la clase media y a los más pobres y carenciados, para trasladarlo en bloque de verdaderas fortunas, a los sectores más pudientes y ricos. Si mi Dios es Justo yo, uno de sus hijos, no puedo dejar de serlo. Eso, en muchos países de Latinoamérica, es una posibilidad cierta y, muchos de los que tenemos canas en nuestros cabellos, lo hemos visto y padecido en infinidad de casos. No critico ni cuestiono en absoluto a todos los cristianos que participan activamente en política, son candidatos a cargos públicos, construyen partidos políticos propios o, incluso, respaldan masivamente a hombres o mujeres a la presidencia de sus naciones a partir de la directiva que se baja como línea de acción desde los púlpitos a las bancas o las gradas de los templos.

Amo la libertad y se las concedo a todos mis hermanos en Cristo para eso. Sin embargo, la frialdad de los hechos concretos y las estadísticas que todos conocemos, me dicen que casi siempre esas aventuras han terminado mal, y en muchos casos, mucho peor que las aventuras políticas de los incrédulos. Tengo que ser absolutamente claro con la base de la Palabra de Dios en mi mente para decirlo con todas las letras. Los cristianos no tienen que hacer malabares con la información y actos de prestidigitación con las trayectorias de los políticos que se presentan como candidatos en sus países. Los creyentes genuinos, hijos del Dios Altísimo y parte activa de Su Reino, tienen que hacer exactamente lo que fueron enviados a hacer desde el principio: discípulos para Cristo. Si todos hiciéramos eso, el Espíritu Santo se encargaría de ir llenando nuestros diferentes países con hombres y mujeres puros, íntegros, honestos y emprendedores. Elegir a uno o a algunos de ellos, luego, para ejercer una función mayor, sería apenas un paso formal. Y los resultados, los que darían toda la gloria a Dios y la honra a quien es el único que la merece.

Jesús en ningún momento evidenció que hubiera venido a esta tierra a modificar la sociedad de su tiempo. A derrocar al imperio romano dominante y poner en su lugar a su gente. ¿Tú te crees que, de haberlo deseado, y de haber sido ese el propósito, le hubiera costado demasiado trabajo conseguirlo? El Padre no le permitió hacer nada de eso. El Padre lo envió a cambiar el corazón del hombre, y Él hizo y sigue haciendo exactamente eso, porque es lo único que convierte a un hombre de corazón fiero en otro de corazón conforme al divino. Aquí es donde tú te rascas la nuca y te preguntas: ¿Pero este hombre me está diciendo que meterse en cualquier cuestión social es una pérdida de tiempo, con relación al objetivo verdadero? No, este hombre no te está diciendo que te sientes en un trono santo blanco y mires hacia abajo, al planeta por encima de tu hombro, como si fuera algo repugnante que no te pertenece. Este hombre está tratando de decirte que nuestra guerra nunca será contra sangre y carne, sino contra principados y potestades. Y a eso se lo pelea en las regiones celestes, no en las legislaturas, las casas de gobierno o simplemente en una urna electoral.

Podemos hablar de política sin pudores ni temores. Incluso hasta podemos hablar de las clásicas y tradicionales ideologías que conocemos y, como bien lo dijo Pablo, de todas ellas examinarlo todo y rescatar lo bueno. Los grupos que tienen como estandarte a la justicia social, por darte un ejemplo, tienen tanta verdad en sus postulados como los que salen a pelearles la calle llevando las banderas de orden, trabajo y libertad. Jesús no estuvo enrolado a ninguna, pero bíblicamente está más que claro que profesó las dos. No fue un empresario que abusó y explotó a sus obreros, pero tampoco un holgazán mantenido con el dinero que otros ganaron con sus trabajos. Hasta que salió de tour con sus discípulos, Jesús era el hijo de José y nadie pone en duda que tiene que haber trabajado duro con la madera para ayudar a su padre y así ganar su sustento. Cuando se puso en marcha por orden divina por aquellas áridas tierras, entonces allí comenzó su etapa ministerial.

Y como todo ministerio, el suyo se sostenía a partir de lo que la gente depositaba en esa bolsa de la cual era administrador un tal Judas, que, de acuerdo a lo que leemos en la escritura, solía meterle la mano de tanto en tanto, y quedarse con lo que no era suyo, cosa que, hasta su traición y entrega, nadie había descubierto. Escucha: si Judas se hubiera robado una de las dos monedas que había en la bolsa, todo el mundo se hubiera enterado. Si Judas se hubiera robado lo que estaba allí para comprar comida, también. Pero si Judas robaba algo de lo mucho que allí había, entonces es muy probable que su delito pasara desapercibido. Todavía nadie había inventado la auditoría eclesiástica. Eso vino mucho tiempo después, a partir del trabajo de algunos muchachos admiradores del Iscariote y sus piruetas financieras.

Algo hay que reconocer. Así como la conducta intachable, el amor inconmensurable y la autoridad suprema de Jesús, todavía hoy se sostienen en el tiempo, así también la malignidad tenebrosa, la simulación hipócrita, y la calidad de ladronzuelo barato de Judas, todavía golpea las puertas de muchas oficinas administrativas de iglesias cristianas. Y en eso juega mucho lo que todavía denominamos como política interna, eclesiástica o denominacional. He oído a prominentes hombres hablar de eso con un dejo de orgullo indisimulado. He visto, a partir de esas tan discutibles políticas, hacer a un lado a genuinos hombres santos porque no son proclives a sus intereses y abrir camino a verdaderos aventureros de púlpito, que ni bien acceden a una posición de cierto poder, llevan adelante políticas que han servido y siguen sirviendo para que mucha gente sana y honesta abandone los templos, y a veces el Camino, de manera definitiva.

Por esa causa es que, si bien tengo muy en claro que un hombre de Reino puede hablar de política local, nacional o internacional, así como de una u otra ideología, lo que no puede hacer, según mi modo de verlo, es involucrarse en nada de eso. Porque la militancia en el Reino de Dios está activa para cosas mucho más grandes que la de ejercer poder humano en un territorio. Sabemos que es Dios quien pone los sitiales de poder en las naciones, por eso es que su Palabra nos pide sujeción a nuestras autoridades. Pero también sabemos que son los hombres los que con sus estrategias, triquiñuelas y trampas eligen a esos hombres y los colocan en sus posiciones. Y eso, entre otras cosas, produce desobediencia, porque ni tú, ni yo, ni ninguno de los hijos genuinos del Señor aceptará sujetarse a gobernantes corruptos, promiscuos que, con sus leyes, impulsen a los pueblos al pecado. Eso no es Dios, eso es diablo puro. Gracias, paso.

Hablar de religión es otra cosa. En primer término, porque cualquier hombre o mujer, que jamás se hayan preocupado ni ocupado en informarse más o menos correctamente, sobre asuntos relacionados con el evangelio, podrá mencionar a Dios, sólo o con Jesucristo, o santos y vírgenes, o como se le ocurra, pero hasta él mismo aceptará que hacer eso es hablar de algo religioso. De hecho, en Argentina hay una ley de cultos que promueve absoluta libertad para el desarrollo y la práctica de cualquier religión conocida o por conocerse. Dentro de una mayoría Católica Romana, el resto de los credos pueden oficiar sus reuniones sin que nadie los moleste. Protestantes, Evangélicos, Testigos de Jehová, Mormones, Budistas, Hinduistas, Musulmanes y todas las variaciones que se te ocurran, tienen sus lugares de culto y nadie los obstaculiza. Eso alcanza hasta sectas notoriamente satánicas. Pero si te pones a hablar de Jesucristo sin ninguna apoyatura de alguna de esas religiones autorizadas, puedes tener problemas. Es decir que lo que se avala, es una religión, no una fe, una convicción, o un ministerio.

Entonces, para un hijo de Dios y parte apreciada de Su Reino, hablar de religión no es la consecuencia obvia de una reunión de amigos, cervezas o vino de por medio, y luego una retahíla de palabras, palabritas y palabrotas, destinadas a las cosas rotuladas como religiosas, según la óptica que cada uno de esos amigos tenga de ello. Para un hombre o una mujer de Reino, hablar de religión es, lisa y llanamente, plantar una sabia advertencia para todo el planeta en ignorancia, sobre la abismal distancia que existe entre ser un hijo de Dios por fe, formar parte activa espiritual y física de Su Reino, con la asistencia a determinados cultos de determinadas fracciones estructuradas como religiones. Las pocas veces que he sido confrontado y hasta agredido verbalmente por mi fe, he respondido dos cosas. La primera de ellas, que rechazo absolutamente que se me catalogue como un hombre religioso. Y la segunda, una aclaración que no muchos conocen: Dios no es religioso. Es Dios.

He contado en más de una ocasión la palmada en la mejilla que me propinó algo que vi y oí en una vieja película titulada “Dios Mío”, una especie de sátira bien intencionada que trataba de una decisión de Dios de descender a la tierra y presentarse ante las personas como un anciano bueno y alegre. En una de las escenas, este anciano está conduciendo un taxi. El auto es abordado por un joven muy desesperado por un tema que ya no recuerdo. Tanto es el nerviosismo de ese muchacho que el conductor, (O sea Dios), mientras lo traslada donde le pidió, le dice algunas cosas muy íntimas de su vida y lo deja pasmado. Cuando el joven le pregunta como sabe todo eso de él, el anciano taxista le dice: “porque yo soy Dios, y para mí nada hay oculto en esta tierra”. Al joven lo único que se le ocurre decir, es: “¿Y por qué hablas conmigo, si yo ni siquiera soy religioso?” A lo que el taxista-Dios le responde lo que me impactó tremendamente ese día: lo mira por el espejo retrovisor con una sonrisa pícara y le dice: “¡Yo tampoco soy religioso!” …..

Podríamos estar horas intercambiando conocimiento respecto al significado de la palabra religión. La mayoría de los diccionarios de la lengua española nos dicen que se trata del conjunto de dogmas, normas y prácticas relacionadas con una divinidad o doctrina. No es mala la definición, pero para mi gusto no sólo incompleta, sino también carente de lo más importante. La religión es el esfuerzo que el hombre hace para acercarse a lo que sea que cree como su dios. No sé tú, pero yo he visto las cosas más barrocas, excéntricas y pintorescas formando parte de esas rutinas. No las discuto ni las censuro. Soy respetuoso de las libertades ajenas, así es que si a ti se te ocurre o te parece bien creer que los sapos que por las noches se comen los insectos de tu jardín, luego se convierten en dioses dignos de tu adoración, allá tú y tus batracios, pero lo cierto es que estas a un paso de volverte rematadamente loco. Tan locos como los que se postran delante de figuras de madera, yeso o metal y esperan de ellas milagros convenientes para sus vidas.

Esas son creencias, que, como tales, nacen en el corazón del hombre y procuran elevarse hacia las alturas donde se supone que habitan las deidades. La fe, es otra cosa. Porque es un don de Dios, así que la fe jamás va a nacer desde tu corazón, sino que tomará tu vida entera cuando le otorgues el permiso para que entre en tu espíritu y desde allí sujete tu alma y sus desaguisados y tu cuerpo y sus desastres. Fe es aceptar que Jesucristo es el Hijo del Dios viviente, que murió en la cruz por tus pecados, que al arrepentirte de ellos puede entrar a morar en ti y cambiarte desde adentro hacia afuera. Que Su Espíritu Santo es lo único y el único que puede guiarte realmente a toda verdad y que, todo lo que se oponga, obstaculice o fastidie esta relación, proviene del reino de las tinieblas, donde moran Satanás y sus demonios, a los que tienes absoluta autoridad en Cristo para echarlos fuera para siempre de tu vida. Eso es fe y vida en el Señor, militante de Su Reino.

Sintetizando, si es que se puede, el término Religión, debería especificar al esfuerzo hecho por el hombre para agradar a Dios, a partir de las obras que haga o pretenda hacer en Su honor y nombre. Es muy fácil confundir el ser religioso con tener una relación con Dios. Si prestas atención al detalle de lo que te digo y sacas de tu mente la idea de estar haciendo algo en contra de la voluntad de Dios, piensa que todas las religiones que conocemos, se convierten de una u otra manera, en un intento casi desesperado por parte del hombre de llegar a Dios y agradarle. Confunden lo que Pablo les dijo a los Corintios en su Segunda carta, 13:14 La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén. y lo reemplazan con el espíritu religioso, (Que les impone un estilo de vida o actitud), que suele ser indefectiblemente la posición por defecto de la naturaleza humana pecaminosa.

El gran punto, entonces, es: ¿Cómo hago para saber si tú eres un creyente genuino o un religioso? No hay moldes ni estereotipos, pero hay algo que yo llamaría signos vitales de un espíritu religioso. El primero, juzgar a otras personas por su apariencia. En el capítulo 16 del Primer libro de Samuel, hay algo que textualmente se lee así: Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón. ¿Te doy un ejemplo tosco pero genuino? Es mucho más sencillo para el portero de un templo, prohibirle el ingreso a un muchacho con muchos tatuajes, o a una joven con faldas muy cortas o escote muy pronunciado, que impedir el ingreso de un señor muy bien vestido, pero satanista de oficio. ¿Se entiende lo que quiero decir? Creo en el buen gusto y la sobriedad del hombre de Reino, pero me sustento en que el único que conoce su corazón, es Dios.

El segundo signo que te muestra a ese espíritu religioso, es el de gente que intenta ganarse el amor y la salvación de Dios. Entonces elabora con precisión y paciencia de asiático, una serie de acciones, actitudes, reglas, estatutos y obras que producen en la gente un impacto visual o de color religioso que los lleva a convertirse en una especie de modelos que el resto deberá imitar o seguir en sus rutinas. Todo esto ha sido y sigue siendo en muchos sitios una especie de salvoconducto mediante el cual una persona será admitida de inmediato o nunca en tal o cual grupo cristiano o pseudo cristiano. Está en abierta oposición a lo que Pablo le escribiera a los Efesios cuando les dijo Por gracia eran salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Es muy difícil que encuentres a un auténtico hombre de Reino que pretenda gloriarse en sí mismo. Pero es muy frecuente, demasiado lamentablemente, el caudal de hombres y mujeres de la religión que sí lo buscan con tremendo ahínco y con absoluta carencia de escrúpulos.

En tercer lugar, nos encontramos con los que intentan cumplir con la santidad exterior sin ninguna transformación interna. Lo dice con meridiana claridad el Salmo 51: He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. Es más que evidente; las escrituras nos enseñan que Dios está mucho más preocupado por la limpieza del hombre interior que por nuestra conformidad externa a las reglas y regulaciones nacidas también de concilios de hombres. Supongo que tú yo hemos visto sobradamente a esos que solamente parecen tener una forma de espiritualidad, que no incluye la transformación interna y que, por si eso no fuera suficiente, niegan su poder. Sobre ellos Pablo ilustra a Timoteo cuando le dice que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a estos evita. No dice que los toleres, que les hables, que los comprendas o que los ames. Dice que los evites…

Para que no le quepan dudas a nadie, puedo asegurarte que Jesús reprendió fuertemente a todos los que se afanaban en limpiarse y limpiarlo todo de manera externa, sin permitirse ni permitirle a nadie que Dios tratara con sus corazones. Y les dice que el que crea ser mayor que los demás, se convierta en siervo de ellos. Y que no le presten ni la menor atención a todos esos que son buenos para atar pesadas cargas difíciles de llevar sobre los hombros de los hombres, mientras todos pueden ver que ellos ni con un dedo son capaces de moverlas. Todavía recuerdo lo que me dijo en una ocasión un muchacho muy joven, que partió con el Señor también demasiado joven. Ante un fiero ataque contra él y su familia por parte de los legalistas de su propia congregación, sin enojarse ni entristecerse, sólo me miró y me dijo: “Son así…perdonémoslos. Aunque detrás de un gran legalista, siempre hay un gran corrupto”. ¿Sabes qué? Jamás haría escuela con esto, pero déjame decirte que sí, que, conforme a mi propia experiencia, en muchísimos casos es así, nomás. No le permiten a Dios que los cambie por dentro. Sólo se entregan y le entregan el afuera. Y muchos se engañan, porque lo de afuera a veces se ve bonito. Pero por dentro huele mal.

Cuarto signo; criticar ácidamente a la gente que lo único que hace es estar en intimidad con Dios. Si me acompañas desde hace algunos años, ya sabrás que, pese a haber trabajado de algo que solía hacer de la crítica un emblema, como es el periodismo, en lo concerniente a lo ministerial en el evangelio, jamás me habrás oído o  leído criticar a alguien con su nombre y apellido, tal como en muchas ocasiones algunos otros hicieron con varios y también conmigo. Yo me permití censurar y emitir juicio de valor, esto es, opinión, en la misma dirección que lo hizo Jesús, con el sistema religioso, pero siempre dando espacio para que lo sano y lo puro entrara sin necesidad de insistirlo. Jamás hice nombres o apellidos que merecieran crítica. Sólo me faltó repetir lo de sepulcros blanqueados, pero nada más. Jesús jamás mencionó a Anás o a Caifás. Él sólo decía fariseos… ¡Hipócritas! Pero el religioso tiene otra onda y, todo aquello que no se adapta a sus directivas o supuestas leyes, es maldecido, vituperado e injuriado públicamente. Puedes verlo todavía hoy, a eso.

La quinta esencia del religioso, es que sus relaciones más cercanas se basan únicamente en las actividades del ministerio. Esto te está dejando en evidencia que no solamente son superficiales en su relación con el Señor, sino también con todos los demás. Son capaces de conectarse con otros solamente a partir de actividades compartidas, pero son incapaces de hacerlo de corazón a corazón porque, estiman, si se abren dejarán ver mucha de la mugre que ellos saben tienen por dentro. Eso nos lleva al sexto signo, que tiene como protagonistas a los que se ven empujados a cumplir con sus deberes cristianos, pero sin sentir ni la pasión ni el hambre por Dios. Para un religioso, que es como decir alguien que actúa, vive y se mueve guiado por ese feo espíritu, no existe la pasión por Dios. Todo gira en derredor de una estructura llamada iglesia, que, a pesar de haber sido creada para adorar mejor a Dios, terminó siendo ella el factor de adoración mayoritaria.

Por eso es clave el séptimo signo. Porque nos muestra a la gente que desea posición y honor en la iglesia más que el honor de Dios. Los que tienen un espíritu religioso morando en la bisagra de sus vidas, le van a dar mayor identidad siempre a quienes son parte directiva o de liderazgo de una iglesia, que a aquel o aquellos que aseguren traerle un mensaje directo de Dios. Se sienten atraídos por tener reconocimiento, títulos y credenciales plastificadas en el mundo de la iglesia, antes que ninguna otra cosa. Son capaces hasta de obtener esos títulos o cargos por la vía del fraude o el engaño, justificándose que lo hacen para servir mejor a Dios. Falacia absoluta; sólo se sirven a sí mismos. La vida espiritual, para ellos, es intrascendente, porque no es algo que puedan negociar. Sólo aceptarían ser portadores de señales y milagros, pero no para honrar a quien se los otorgue, sino para ensalzarse a sí mismos.

Por eso existe el octavo signo, que es el que nos muestra gente que está arraigada en un estilo de vida del cristianismo y no en Cristo. Mientras que el creyente maduro, genuino y miembro del Reino de Dios, reciben su identidad principal en el hecho simple pero contundente de considerarse y ser hijos de Dios, las personas religiosas adquieren su propia identidad a partir de las cosas que tratan de hacer por Dios y su iglesia. ¿Qué eres? Me preguntaron hace casi cincuenta años atrás. “Un cristiano evangélico”, dije. Treinta años después, me hicieron la misma pregunta, y ahí respondí que era un bautista, y mi amigo allí presente, un pentecostal. Hoy, si me formulan la misma pregunta, no vacilaré en responder que soy un hijo de Dios, parte de su Reino y embajador de ese Reino en la tierra por todo el tiempo que dure mi estadía corporal en ella. Muchas veces, conversando con quien fuera el pastor de la iglesia donde asistía en ese tiempo, mientras yo hablaba y hablaba de las cosas del Señor, él me respondía hablando de las cosas de “su” iglesia.

El espíritu de religión impulsa a estudiar y a capacitarse al máximo. Sus adoradores saben todo sobre la historia, la vida y los hechos de Jesús, pero no tienen ni la menor idea ni intención de vivir una vida conforme a la vida de Jesús. Ese es el noveno signo: Saben sobre la verdad de Jesús, pero no el camino de Jesús. Estas personas hacen grandes cosas acerca de las doctrinas que se acumulan en sus mentes y los llenan de conocimiento teológico. Pero cometen el error de pensar que, el tener una buena doctrina, eso los hace cristianos muy maduros. Diversos hechos puntuales que seguramente tú también debes haber vivido están mostrando que la realidad es exactamente a la inversa. El hecho de que podamos conocer acerca de Dios, no significa que nos comuniquemos con Dios o que tengamos intimidad con Él. A estas personas hay que repetirles una y otra vez que, cuando Oseas dice que el pueblo perece por falta de conocimiento, no está hablando de teología ni de universidades, está hablando de intimidad.

Finalmente, el décimo y último signo vital de un espíritu religioso, (De los que hemos examinado, aunque es obvio que existen muchos más), tiene que ver con gente que aparenta tener proyecto y amar la justicia, pero que por dentro están llenos de ira y resentimiento. Y no estoy inventando esto, créeme. La agresividad y la maldad que me ha tocado ver dentro algunas congregaciones, no las he visto en el peor ambiente mundano. Porque esas personas se conocen toda la jerga y las muletillas cristianas, saben cómo actuar y hasta proyectarse a sí mismos de modo que cautiven o llamen la atención de otros, si es que poseen atractivos que lo hacen factible. Sin embargo, ellos gustan de usar todo eso que llaman carisma, para ganar influencia en los círculos internos de la iglesia. Son personalidades ficticias, ya que llegado el momento no saben ni pueden lidiar con el dolor normal de la convivencia humana o con las decepciones que suele traer la vida a las personas.

Esto, indefectiblemente da lugar a una dualidad que aparece en sus conductas y que los hace mostrarse amables y muy espirituales por fuera, pero llenos de ira, rencores ocultos y resentimientos permanentes por dentro. Todo eso produce un combo que, lo primero que les adosa a esas personas, es una alta dosis de envidia. Digo: ¿Nadie les dijo que Dios mira nuestros corazones y no nuestras ropas externas? No obstante, soy de la idea por convicción de tener mucho cuidado con el tratamiento de estos temas, porque conforme a lo que me ha tocado ver y también vivir, cualquiera de nosotros está pasible a encajar en algunos de estos diez signos que te compartí. La buena noticia, es: Dios está llamando a cada uno de nosotros a ir más profundo en Él y a experimentar su amor infinito.

Quiero compartirte ahora algunos pasajes bíblicos donde este punto es mencionado. En Hechos 25, se relata el episodio cuando Pablo es metido preso por los romanos. Cuando el rey Agripa y Berenice vinieron a Cesarea a saludar a Festo, éste les expuso la causa de Pablo, al que menciona como un hombre que ha sido hecho preso por Félix. Lo hicieron traer como parte de una costumbre romana que todavía se respetaba respecto a los presos, y descubrieron que no había ningún cargo contra él. Puntualmente, los versos 18 y 19 dicen así: Y estando presentes los acusadores, ningún cargo presentaron de los que yo sospechaba, sino que tenían contra él ciertas cuestiones acerca de su religión, y de un cierto Jesús, ya muerto, el que Pablo afirmaba estar vivo. ¿Estás entendiendo el principio básico del espíritu religioso? Metieron preso a un hombre por causa de su religión y porque dice que está vivo, alguien a quien ellos suponían que habían crucificado. ¿Quién tenía razón? Pablo. ¿Quiénes eran los religiosos, aquí? Ellos.

Y son justamente esos religiosos, los que, para justificar su incomprensible actitud, deciden darle la palabra al preso, pensando que cuando hable, sus propias expresiones cargadas de imaginaciones místicas, van a condenarlo. Sin embargo, lo que Pablo les da allí, es un mensaje del evangelio tan claro y conciso, que solamente estando preso ellos de ese maligno espíritu, les resultará imposible entenderlo. Mira lo que les dice en el 26: 4-8: Mi vida, pues, desde mi juventud, la cual desde el principio pasé en mi nación, en Jerusalén, la conocen todos los judíos; los cuales también saben que yo desde el principio, si quieren testificarlo, conforme a la más rigurosa secta de nuestra religión, viví fariseo. Y ahora, por la esperanza de la promesa que hizo Dios a nuestros padres soy llamado a juicio; promesa cuyo cumplimiento esperan que han de alcanzar nuestras doce tribus, sirviendo constantemente a Dios de día y de noche. Por esta esperanza, oh rey Agripa, soy acusado por los judíos. ¡Qué! ¿Se juzga entre vosotros cosa increíble que Dios resucite a los muertos? Clarísimo. Y por si se te quedó algo sin entender, llama a la judía secta y religión, pero aparta absolutamente la existencia de un Dios absolutamente diferente al que esa secta y esa religión estaban proclamando.

Sin embargo, si quieres una síntesis clara, concreta y contundente de lo que es la simple religión que conocemos, comparada con la fe auténtica, mira lo que dice Santiago, en su carta a las doce tribus de Israel. En el primer capítulo y en los últimos dos versos, el 26 y 27, Santiago les advierte: Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana. La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo. El creyente que hace del chisme y la murmuración su estilo de vida eclesiástico, y a partir de eso logra ascender en posiciones dentro de la estructura, es falso. El genuino, dice aquí Santiago, es el que visita a los huérfanos, esto es: a los que creen no tener un Padre que los ame, y a las viudas, que son aquellas iglesias que no tienen a Cristo como esposo ni como cabeza, sino a sus propias doctrinas denominacionales humanas. Y jamás contaminarse con nada de lo que el mundo ostenta como hermoso, así le parezca inofensivo. Satanás no era un bicho horrendo, era un ángel, el más hermoso de los creados, dice mi Biblia.

Ahora bien; ¿Cuál es la esencia fundamental de todo esto que hemos compartido? Creo que está más que a la vista. Ser, más allá de Hacer. Cristo, como cabeza genuina de todo, no un hombre, por eficiente que parezca. Si no es el Espíritu Santo el que guía la tropa, esa tropa está condenada. Y para evitar esa condenación, va a implementar reemplazos. De eso, ya hemos visto demasiado. Babilonia, la iglesia falsa y paralela a la genuina, es un reemplazo. Tiene que morar en cada uno de nosotros, el pensamiento hecho palabra en la voz de un Juan el Bautista, cuando dijo: Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe. Él lo dijo, creyéndolo, pero no lo cumplió. Quiso aislarse con su propio grupo, cuando no era esa su misión y esa desobediencia le costó la cabeza. Cuando tratamos de revertir esto que dijo Juan, nos limitamos a ser religiosos y Dios se desentenderá de nosotros. No nos va a disparar un misil nuclear, sólo va a retirar su cúpula protectora. A ese misil, hay millones de demonios preparados para dispararlo.

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Vasos

Cuando Dios extiende su mano hacia el hombre, esa mano puede estar de una de dos maneras: o abierta o cerrada. Si está abierta, la mano de Dios está trayendo revelación; si está cerrada, lo que trae es juicio. El juicio de Dios, (Que no es necesariamente hecatombe y mucho menos asesinatos en masa, sino separación de lo verdadero de lo falso, eso ese es el significado de Juicio), llega precisamente porque el primer punto no ha sido correcto. El hombre no obedeció a esa revelación y la mano de Dios se cerró. Por ese motivo es que luego, con el correr de los tiempos, una mano abierta siempre es un símbolo positivo de algo positivo, mientras que una mano cerrada implica agresividad, violencia y, en muchos casos, maldad declarada en forma visible. Mira a tu alrededor y dime si no es así…

En el siglo veintiuno, aquellos que pretendan servir en el Reino de Dios sin depender de consignas de templos ni doctrinas humanas, deberán ajustarse a las condiciones que el Reino pone para su admisión. Del mismo modo en que si se estuviera reclutando obreros a sueldo o soldados a salario. Y una de esas condiciones básicas con las que vamos a encontrarnos, tiene que ver con lo que se puede leer en los versos que van del versículo 6 hasta el 8 inclusive del primer capítulo del libro de Ezequiel. (Ezequiel 1: 6-8) = Cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas. Y los pies de ellos eran derechos, y la planta de sus pies como planta de pie de becerro; y centelleaban a manera de bronce muy bruñido. Debajo de sus alas, a sus cuatro lados, tenían manos de hombre; y sus caras y sus alas por los cuatro lados.

En primer término, antes de examinar algunas palabras o términos que podemos ignorar, sería prudente establecer algunas ampliaciones del texto merced a lo que publica una versión de la Biblia que, según se promociona, ha traducido su texto desde los originales al español, sin pasar previamente por el inglés, como sucede con las tradicionales conocidas. El verso 7, en lugar de “pies derechos”, dice…sus piernas eran rectas, y sus pies parecían pezuñas de ternero. Será bueno que tomes nota de una de las palabras que aquí figuran, ya que implica la base de esta condición. Los seres vivientes de los cuales se habla en este pasaje, tenían cuatro caras. Esta palabra está definiendo una manera de llamar al rostro, pero también alude a facetas. Este es un término utilizado de diversas maneras en la Biblia, pero especialmente para referirse, por alguna razón extraordinaria, a la cara del hombre y, metafóricamente, claro está, a la cara de Dios.

 En otras ocasiones, es sinónimo de presencia personal y alude también a la vida psíquica, esto es: a la vida del alma, para que te suene menos científico y más bíblico. Todo esto con sus sentimientos y emociones. Por lo tanto, tiene que ver exclusivamente a determinados estados de ánimo por parte de alguien. La modestia y la reverencia se demostraban cubriéndose el rostro con un velo, tal cual se lo vemos hacer a Rebeca frente a Isaac. Poner el rostro contra alguien, mientras tanto, algo así como nariz contra nariz, siempre era un gesto de desagrado manifiesto. Inclinar el rostro a tierra, en lo que comúnmente denominamos como “postrarse”, era un inequívoco signo de humillación. Por esta razón es que el hombre inclina su rostro delante de la presencia del Dios Santo. El hecho de que el sacerdote oficiara en el templo o visitara el santuario se le llama: “aparecer ante el rostro de Dios”, mientras que otra expresión tal como: “Ver el rostro de Dios” tiene un sentido y significado puramente espiritual y no se trata nunca de apariciones concretas y visuales.

Dios, mientras tanto, muestra su rostro cuando presta ayuda. Los que miran el rostro de Dios mueren, a menos que obtengan una gracia muy especial y entren en una relación muy íntima con Dios, tal como ocurriera con Jacob y Moisés. Ahora bien: ¿Qué otra cosa importante estamos viendo en estos tan particulares seres? Que eran feos, indudablemente. ¿Imaginas? Una cosa espantosa de cuatro caras. Nadie ha visto algo así últimamente, ¿No crees? Además, pies de becerro. ¡Como si todo lo demás no fuera suficiente! Pero, así y todo, aunque su estética no los acompañara, aunque ningún canal de televisión cristiano estimara de buen gusto filmarlos, ellos tenían trato directo con Dios y Su presencia garantizada, a partir de un elemento muy notorio: TRANSPARENCIA.

Un buen diccionario de español, de esos que nunca deben faltar en una casa que pretenda escudriñar las cosas de Dios en esta parte del hemisferio, va a darte algunas precisiones muy singulares de lo que es una persona TRANSPARENTE. Te dirá, en principio, que es un término que viene del latín TRANS, que significa “a través” y PARENS-ENTIS, que quiere decir “que aparece”. En suma, algo transparente es algo que aparece a través de algo. Anótalo. La pregunta que cabe aquí y ahora, entonces, es: ¿Qué tiene que ver todo esto con cada uno de nosotros? Mucho. Muchísimo, me atrevería a asegurarte. En primer lugar, porque si los creyentes transparentes son aquellos que dejan pasar la luz que reciben sin filtrar nada, en cualquier grupo que militen, no serán bienvenidos. Es más; se los considerará “políticamente incorrectos” y serán marginados, neutralizados, excluidos.

Es lo que más abundó en nuestros ambientes por años. Fui testigo y víctima de todo eso. Cuando en dos emisoras de radio pertenecientes al consejo pastoral evangélico de mi ciudad, empecé a decir verdades que dolían porque mostraban el costado más oscuro de cierto liderazgo, de inmediato me sacaron. Usaron a gente buena que, incluso, coincidía conmigo para hacerlo. Ninguno de ellos puso su rostro y me lo dijo de frente. Era obvio, sabían que yo estaba en la verdad. Cero transparencias. Cero verdades. Todo interés personal y material. Murmuraron, conspiraron y me echaron. Pensaron que de ese modo me iban a silenciar. Si yo hubiera estado hablando por mi cuenta y por simple envidia o rebeldía, lo hubieran logrado, estoy seguro. Pero yo tenía mandato del cielo respecto a hablar de lo que hablaba. Entonces no lo lograron. Me sacaron una audiencia de miles en esas radios, pero me llevaron sin proponérselo a este lugar, donde esa audiencia hoy es de millones. El Reino de Dios y Su Justicia, siempre tiene Victoria. Transparencia.

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Ataduras

Hay veces que alguien, en su afán por servir más y mejor, intenta hacerlo de todas las maneras que su propia inventiva le propone. Hay otras veces, en cambio, que se deja guiar por quien tiene que hacerlo y las cosas no sólo le salen mejor, sino que, además, le salen completas. Porque el Espíritu Santo, de improviso, puede hacernos ver que, si bien el propósito de Dios no se altera en lo más mínimo y la visión de una misión sigue intacta, vigente y obligada, será muy poco y muy pobre lo que se intente hacer en su nombre para inyectar madurez, revelación y conciencia de victoria, si una gran franja de los que son sus hijos, todavía están esclavos de Satanás dándole permiso, consciente o inconscientemente, para manejar sus mentes y sus vidas. De allí que debamos revisar, aquí, el significado real y concreto de lo que pueden ser Las Ataduras del Miedo.

Y lo hacemos por obediencia. Porque en esto, reitero, el único error verdaderamente grave del hombre, sería desobedecer. Todo lo demás es para la gloria y honor de Dios, que es el que manda. Tengo una primera pregunta, entonces: ¿Cómo podemos andar con Dios de manera aceitada y con grandes bendiciones, si a nuestras vidas, en algún sector o en muchos, las está controlando alguna especie de miedo? Imposible. Porque el miedo es un espíritu que, cuando se le da entrada por alguna puerta de pecado abierta, tiene un control poderosísimo. Tanto que por allí nos obliga a actuar con irresponsabilidad o nos impide vivir con responsabilidad. A esto no lo evade nadie; ni siquiera el más encumbrado de los ministros. Cambian los factores, pero el temor es el mismo: miedo al fracaso. No sé cómo será la sociedad de tu país de residencia, pero puedo asegurarte que en el mío, fracasar en algo es casi sinónimo de suicidio social.

 Alguien dijo, y lo suscribo, que el Miedo es la avenida por la cual Satanás puede fluir con tanta potencia como lo hace Dios en la avenida de la Fe. Tal cual. Se puede afirmar, asimismo, y como fruto de relevamientos muy simples, que el miedo es la razón número uno por la que los cristianos no hablan de su fe. La agorafobia, que es el temor a estar en público, es uno de los trastornos psicológicos más extendidos. Vivimos, y eso se ve claramente, en una sociedad plagada por el temor al fracaso, el de los problemas económicos, a las enfermedades, a la inseguridad pública, a las pestes, a la droga, al abandono, la soledad y a la muerte. Pero estamos, como iglesia, plantados en este mundo para darle luz, no para vivir en la tiniebla del miedo al diablo, miedo al hombre y, – en fin -, miedo al miedo. ¿Tú sabías que el mandamiento más frecuente de Jesús en los evangelios, es: “No temáis”?

Antes que el pueblo entrara a la tierra prometida, Dios les dice cuatro veces la misma expresión: Esfuérzate y sé valiente. Esto, se complementa con lo que Salomón escribe en Proverbios 28:1: Huye el impío sin que nadie lo persiga; más el justo está confiado como un león. De aquí sacamos un principio básico para empezar a desatar estas ataduras: La Valentía. Ser valiente es una característica de una vida llena del Espíritu Santo. Cuidado, Satanás tiene una muy pulida imitación a eso también, así que no es raro ver a gente que aparentemente tiene valentía, aunque en realidad esto sea inconsciencia, pero que la utiliza para delinquir y pecar en todas sus expresiones. Se impone el discernimiento, sin el cual nadie sabrá si lo que le llega viene de Dios, del diablo o de su carne. (Hechos 4: 31) = Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios.

Dentro de las significaciones que presenta la palabra Denuedo, está la que tiene que ver precisamente con lo anteriormente dicho: Valentía. La otra, y tú lo sabes porque lo he enseñado mucho, es tanto o más importante que esta: Sin Adulteraciones. La iglesia primitiva, convengamos, no oraba en absoluto para que la gente fuera sanada, para que profetizara, para que orara en lenguas o para que cayera tocada por el Espíritu Santo, todas cosas estas que provienen de Dios, que son tremendamente hermosas y que nadie discute. Esa iglesia, en cambio, oraba por valentía, pidiendo Valentía. Al Reino de Dios sólo lo pueden establecer las personas fieles y las personas valientes. Hay algo que nos tiene que quedar definitivamente en claro: Dios no se complace ni con los incrédulos ni con los cobardes.

Por lo tanto, y sin la menor pretensión de dar una clase de guerra espiritual, y sólo siendo obediente a ese sentir profundo tan conocido, te sugiero que cuando el miedo a lo que sea parezca dominarte, pídele disculpas a la psicología y a todos los teólogos serios que tienes cerca, pero si eres creyente, quédate con lo que tu Biblia y la mía dicen: que el miedo es un espíritu, un demonio para ser más claro, y que viene de parte del que ostenta ser el dueño del imperio de la muerte y del miedo, y ese no es nuestro Dios. Nuestro Dios es el que te regala el poder para que en SU nombre que está por sobre todo nombre, todo demonio por bravo que parezca, salga volando de donde un hijo de Dios lo eche fuera. Allí llegarás al final del camino teórico y los hechos concretos pasarán a ser los protagonistas principales. ¿Debo echar fuera un demonio cuando me perturba? Sin ninguna duda, debes hacerlo. Es mandamiento.

Al Miedo No se lo Sufre: SE LO VENCE

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¡Regocíjate!

En este mismo momento quizás, allí, donde estás leyendo esto porque no sabías qué otra cosa hacer, tú estás viviendo un tremendo drama. De enfermedad, de angustia por algún problema grave de familia, de escasez o de pobreza o de cualquier otra necesidad apremiante. Y tú, en el mejor de los casos, recurriste a la evasión de una red social de contenido cristiano, no por deseos de saber más sobre la Biblia, o para recibir una enseñanza o tomar contacto con un mensaje teóricamente bien estructurado, sino porque piensas –con esa enorme sencillez de creyente fiel y simple-, que Dios quizás tenga una palabra que pueda caber en tu alma hoy y ahora, que te proporcione una pequeña brisa de paz o de consuelo y que te aliente, en suma, para poder seguir adelante, algo que en este instante casi se te antoja como algo lógicamente imposible. ¡Ánimo! Las cosas de Dios, si algo precisamente no tienen, es lógica humana.                        

¿Por qué me tiene que suceder esto a mí? Esa es una pregunta que nadie va a responderte jamás satisfactoriamente. Te pueden aconsejar y te pueden alentar con todo el amor y con toda la sabiduría del mundo, pero es como que no te basta, como que no te es suficiente. Tu corazón sigue temblando de dolor, de angustia y, nada de lo que siempre te ha sido útil para con los demás, parece venirte bien a ti mismo, para tu vida. Una cosa es el problema que vive el otro y otra cosa, muy diferente, el que te toca vivir a ti en tu propia epidermis. Desearía en este breve párrafo que Dios me permitiera fluir con la unción del pastor que no soy. Que brote de lo que diga una gracia pastoral de amor, de confianza y de poder que realmente ministren tu vida. Y no es casual que venga a mi memoria, ahora algo que está en la carta del apóstol Santiago, dejando de lado, claro está, porque no viene al caso, la especulación de si este hombre era o no hermano carnal de Jesús.

Lo cierto es que él no se vanaglorió de su relación personal con Jesús ni tampoco se identificó a sí mismo como un líder religioso. Dice que su mayor honor fue ser un siervo de Dios. Y si bien él escribió su carta con otra dirección, su mensaje se introduce profundamente en la médula de cada uno de los cristianos del mundo, dispersos precisamente en ese mundo gentil, incrédulo y ateo, para arrimar una dosis de fe, de esperanza y de sosiego que en tantos momentos del día debemos absorber para superar todas las cosas que nos tocan vivir. (Santiago 1: 2) = Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas. Fíjate que el mandato que suena incoherente, aquí, es regocijarse; poco menos que ponerse a cantar, saltar y bailar cuando tu fe sea sometida a prueba. Pero saliendo un tanto de lo estructural, podemos ver en este verso una palabra que indudablemente es clave: CUANDO.

Porque no te dice que es SI te encuentras en diversas pruebas, algo que determinaría alguna posibilidad de que eso no sucediera; dice CUANDO, lo que te está avisando que, te agrade o no, lo entiendas o no, lo aceptes o no, al largo, mediano o corto plazo, alguna prueba (Nadie puede saber si fuerte, muy fuerte, liviana o muy liviana) te va a aparecer. Hay tres escrituras que confirman esto y la última, abre paso a una segunda fase que te lleva a una mejor comprensión y, por consiguiente, te alienta y te capacita para el paso siguiente. (Mateo 5: 12) = Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros. (Esto te está diciendo que una de las posibilidades de sufrir pruebas, radica en cuando el Señor deposita en ti la gracia de alguno de los ministerios del Reino. Se es salvo por gracia y misericordia, sin mérito ni precio alguno de tu parte. Pero se sirve al Reino con rigor y con inclemencias)

(Hebreos 10: 34) = Porque de los presos también os compadecisteis, y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos. (Aquí se evidencia que las pruebas sobrevienen sobre el grueso de los creyentes, sobre todos y cada uno de los que un día asumieron el compromiso trascendente de seguir y servir a Cristo.) (1 Pedro 1: 6) = En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas. (Es muy leve la mención, pero suficiente como para entender definitivamente que, si Dios considera NECESARIO para tu crecimiento, purificación o entrenamiento, permitir determinadas pruebas sobre tu vida, sin dudas que lo hará. No porque te odie, sino porque te ama. Si no logras entender esto, lo lamento mucho, sólo créelo)

La única duda que a cualquier persona puede caberle en estas circunstancias, es: ¿Por qué puede ser necesario? O, mejor dicho: ¿Para qué? Santiago tiene la respuesta. (Santiago 1: 3) = Sabiendo que la prueba de vuestra fe, produce paciencia. (Aquí lo tienes. La paciencia, y aún en contra de lo que algunas ciencias y otras pseudo ciencias aseguren, no se compra, no se recibe mágicamente, ni se hereda. La paciencia se produce, se arma como una poderosa estructura de hierro. La paciencia, en suma, es el fruto que nace como resultado de una prueba. O de varias. Y es un certificado de victoria. Así que ¡Gózate!

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Transparencia…

Cuando a los treinta y un años de mi vida tomé una decisión por Cristo y le entregué definitivamente mi existencia, tuve que ser inmediatamente discipulado en todo lo que tenía que ver con enseñanzas falsas, doctrinas erróneas y fetiches disfrazados de cosa religiosa que había recibido como verdad absoluta. Hoy me toca ver mucho error en todas aquellas enseñanzas, pero eso no impide ni impedirá que siga dando gracias al Señor por haber permitido aquella información que evitó males mayores. Entre todo eso, -recuerdo-, surgió el clásico recurso del sacerdocio católico romano, que siempre especificó a sus feligreses, (Tanto como para cubrir sus propias falencias o directamente pecados), que ellos debían hacer lo que ellos decían, pero olvidar, omitir o disimular lo que ellos hacían. La frase era: Haz lo que yo digo, no lo que yo hago…

Cuando yo me convertí, y luego de una crisis de aquellas que pueden llevarte a cualquier parte no buena, comencé a asistir a una iglesia, tal como mis mentores me aconsejaron. De más está decirte que, de acuerdo a como yo me sentía, estaba convencido que todos los que se congregaban en ese lugar, sentían lo mismo o aún más, por ser más experimentados. El día de mi bautismo en agua, -lo conté en mi último libro-, entré al bautisterio como uno más de los por lo menos veinte hombres y mujeres que dábamos el mismo paso ritual. Recuerdo que salí todo mojado del agua y un hermano me llevó a una habitación donde estaba mi ropa seca para cambiarme. ¿Cambiarme? Caí de rodillas, quebrantado emocional y espiritualmente y no pude parar de llorar por más de una hora.

Nadie me prestó la menor atención. Por un momento me sentí el más idiota de la creación, ya que era el único al que le estaba sucediendo eso. Los diecinueve hermanos restantes, también ya bautizados, llegaron, se cambiaron mientras hablaban alegremente entre ellos de cualquier cosa como si nada. Y yo lloraba, lloraba y lloraba. Hoy, a la distancia, entiendo que ese impacto emocional que recibí esa noche se debió a que me sentía muy indigno, muy sucio e inepto para ser recibido en lo que yo creía, era un refugio de gente santa, limpia, honesta y transparente. Gracias a Dios que me permitió pensar y creer eso en ese momento y tiempo. Si hubiera podido ver lo que hoy veo, es probable que no estaría hoy aquí hablando contigo.

Algunos años después, no pude evitar sonreírme pensando aquel llanto desenfrenado. ¿Ingenuidad? No: En todo caso, autenticidad. Yo había estado mal, me sentía mal y me veía más vil y necio que lo que seguramente Dios me veía. Pero aún no tenía ni idea de todo el recurso actoral que muchos cristianos adoptan y aprenden ni bien pisan una iglesia. Los años eclesiásticos fueron dejándome diferentes experiencias que en modo alguno coincidían con esa imagen de santidad que esa gente pretendía dar y que yo mismo había comprado y creído. Y puedo asegurarte que algunas de ellas, no me llevaron al pecado porque gracias a mi Señor estaba mejor plantado sobre mis pies espirituales que lo que yo mismo suponía.

Pastores opacos y de dudosa reputación. Recuerdo el caso de una joven que, por estar de novia (Ni en fornicación ni en adulterio, de novia genuinamente cristiana, sin sexo prematrimonial ni nada por el estilo) con un hombre divorciado, también cristiano, fue disciplinada cruda y hasta cruelmente por un venerable pastor. La reprendió en su comportamiento, (Para él era adulterio, aunque ese divorcio era inapelable e irreversible) y María Magdalena quedó como una señorita virgen y casta comparada con esa joven. Sus palabras golpeaban ese corazón como martillazos y, cada sentencia pronunciada con altisonancia, parecía empujar un centímetro más a la pobre niña hacia los fuegos eternos del infierno.

Obviamente, la mujer terminó yéndose de esa iglesia, y sólo por la misericordia de Dios no se fue también del camino del evangelio. Prosiguió con su relación y terminó contrayendo matrimonio con ese hombre. Tuvo hijos y con el tiempo ambos sirvieron al Señor con dedicación y fidelidad, siendo sus conductas irreprochables. Fueron muchos los que no terminaron jamás de aceptar eso. La que resultó no ser tan irreprochable, fue la conducta de aquel venerable pastor disciplinador. Se supo, (Porque Dios jamás deja que algo sucio quede oculto); que en el mismo tiempo y momento en que él disciplinaba a esa joven por algo que ni siquiera podía tacharse como pecado, él estaba en adulterio con su joven secretaria.

Todo terminó en un lógico escándalo, fue separado del pastorado, su esposa le pidió el divorcio y la hecatombe terminó con la congregación que se dividió en mil pedazos. Siempre me pregunté que estaría pensando ese hombre, cuando exhortaba y golpeaba emocionalmente a esa joven. ¿Realmente se podría auto convencer que Dios a él no le iba a pedir cuentas nunca, y que podía seguir juzgando y ejecutando sentencia alegremente con lo que él suponía que era pecado, cuando lo propio no lo consideraba del mismo modo? Me produjo un enorme impacto esa carencia total de transparencia y honestidad. Si quieres llámame tonto o ingenuo, pero en ese tiempo yo veía al pastor tal como de alguna manera se enseña que debemos verlo: como un santo varón que está más allá del bien y del mal.  Pido humildemente disculpas porque salpicaré a muchos, muchísimos hombres honestos, fieles y amorosos servidores del Reino, pero ese hombre que se hace llamar El Pastor, tal como nos lo presentan a quienes seremos sus pastoreados, no existió nunca, no existe, ni existirá tal como la estructura eclesiástica evangélica pretende mostrarlo. Sólo Jesús, otro no. Transparencia.

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Mensaje

En aquellos tiempos en que el predominio del ministerio pastoral sobre toda la iglesia era una asignatura pendiente que yo sentía tener para esclarecer y sacar de confusión a tantos y tantos creyentes, me encontré con que, si bien Pablo en su carta a los Efesios consigna a los ministerios básicos como cinco, y el pastor es solamente uno de ellos, de ninguna manera su cabeza de mando, prosiguiendo un escudriñado más profundo, pudimos dilucidar que lo peor que le podía suceder a cualquiera de estos cinco, es que estén revestidos de falsedad. Si bien está claro que el falso siempre es el hombre y no el ministerio, un hombre falso encaramado en la cima de cualquiera de estas cinco expresiones, puede ensuciarla y convertirla en un desastre.

Es muy frecuente y hasta normal en su apariencia externa, que cuando un determinado líder, con miles de seguidores, tiene la mala fortuna de caer en un grosero pecado que, como corresponde, se hace público de manera incomprensible, sus discípulos o adherentes, sienten un impacto tan fuerte en su fe y en sus convicciones que no es raro observar cómo abandonan la iglesia, el ministerio o incluso el Camino del Evangelio casi en masa. Un solo hombre, en su caída, es capaz de arrastrar a decenas, centenares, miles, ¿Millones tal vez? Lo dicho; un falso, un solo falso, puede destruir obras gigantescas con su falsedad.

Por eso me asombró de sobremanera, que cuando se habla de falsos, mi Biblia menciona solamente a tres de esos cinco. Falso profeta en su enorme mayoría y, casi como acompañando, falsos apóstoles y falsos maestros. No encontré en ningún sitio hablar de falsedad de pastores ni de evangelistas. Y, sin embargo, tú y yo, seguramente tenemos sobrada experiencia de la falsedad tanto de uno como de otro representante de esos dos ministerios. La duda en forma de pregunta sobresale y salta: ¿Por qué la Biblia no hace alusión de falsos pastores ni falsos evangelistas, y si lo hace de falsos profetas, mayoritariamente? La respuesta es tan simple que casi produce rubor esclarecerla.

Porque en los textos donde se habla de falsos profetas o de falso profeta, lo mismo en singular que en plural, la palabra griega que Reina Valera traduce así, examinada a fondo, más que profeta lo que está denunciando es un falso vocero, una palabra que, como tal, no figura en el contexto bíblico. Y no es un dato menor, fíjate. Porque si buscamos el significado de Profeta, nos encontramos con que el diccionario dice que es una persona que conjetura o predice hechos futuros por indicios o señales. Sin embargo, la palabra que se traduce como profeta, alude a alguien que habla y se expresa en pensamientos y declaraciones. Pasadas, presentes y futuras. Un vocero.

Me tocó cumplir con esa función en una etapa de mi vida profesional en lo secular. Fui jefe de Prensa de una institución pública y, como tal, en muchas de las decisiones que esa institución tomaba, fui el vocero que la dio a conocer. Pero eso hoy me deja una enseñanza clara y clave: ser vocero no indica necesariamente ser líder. Un vocero es alguien que comunica lo que su superior o superiores le ordenan comunicar. Y yo creo que es desde esa postura que el ambiente cristiano ha visto erigirse a tanto profeta.  Y es por eso, también, que cuando se habla de falsos hombres ocupando un rol espiritualmente de alto rango, se le dé preponderancia a falso profeta.

Porque en realidad, de lo que te está advirtiendo, es de falsos voceros, que muy bien pueden ser apóstoles y maestros, pero también pastores y evangelistas. Engaño. Falsos voceros. Porque un vocero, lineal y gramaticalmente, siempre es alguien que habla en nombre de alguien. Y si no estoy equivocado, cada uno de los cinco ministerios están aquí para hablar en nombre del Dios de todo poder. El pastor que ha sido levantado para apacentar, proteger y cuidar el rebaño y el evangelista que vino a presentar la salvación, no necesitan demasiado mensaje. Los que sí lo necesitan imperativamente son el apóstol, el profeta y el maestro, ya que los tres deben producir establecimiento, revelación y examen de la Palabra.

Todos en algún momento hemos escuchado hermosos sermones, que son maravillosas piezas oratorias tendientes a sostener la moral, la conducta y la idiosincrasia del creyente. También hemos oído impactantes predicaciones, que como su nombre lo indica, se trata de pre-dicar, que es preanunciar la derrota de los ángeles caídos, lo que normalmente se denomina como Guerra Espiritual. Y, finalmente, lo que menos prensa parece tener por la simpleza de su título, es lo correcto para el genuino hombre de Dios: Mensaje. Porque esa es la tarea de un Vocero, dar un mensaje de parte del Dios Altísimo, que tiene muy poco o nada que ver con las opiniones personales sobre la iglesia, que mayoritariamente hemos recibido.

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Dulzuras

Personalmente doy gracias a Dios por la vocación que tuve desde niño, cuando todavía no sabía ni pensaba que iba a ser creyente en Jesucristo. Yo quería ser periodista y locutor de radio. En esa época, todo un atrevido y osado. Pero ese era mi sueño, y buscar hacerlo realidad, me proyectaba como raro entre mis amigos y compañeros de colegio. Nadie quería ser eso. En el pequeño poblado donde yo vivía, ese sueño mío sonaba a una mezcla de locura con inconsciencia. Mis compañeros, en su gran mayoría, pensaban ser médicos, abogados, comerciantes o sencillamente obreros de alguna de las pequeñas industrias cercanas. Nadie sabía qué era concretamente lo que a mí me gustaba y por esa razón era mirado como raro, pintoresco o sencillamente loquito suelto.

Esa vocación que recibí no sé de dónde, porque nadie en mi familia era algo así, de hecho, a partir de mis abuelos hacia atrás, eran todos analfabetos, me ayudó mucho a cuidar mi lenguaje cuando trabajé en una fábrica metalúrgica. El hablar de mis compañeros, como todavía sigue sucediendo en ambientes ciento por ciento masculinos de esa franja social, era una verdadera cloaca, y hacerlo de otro modo, te daba una imagen fea, mitad afeminada y mitad algo peor. En mi caso pude zafar de la burla porque mi argumento era que me cuidaba porque iba a ser periodista y locutor y no podía correr el riesgo de decir una grosería por micrófono. Lo que no podía saber, es que mi Padre celestial me estaba posibilitando eso para protegerme.

De eso me enteré mucho tiempo después, cuando haciendo mis primeros pininos en la iglesia, me encontré con la carta de Santiago. Lo primero que leí, fue que, Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana. Dicho en palabras más simples, Santiago te dice que, si te crees muy espiritual, pero vives murmurando o levantando chismes sobre todos los que tienes cercanos, incluidos las personas que asisten a tu misma iglesia, tu fe o tu espiritualidad es un simulacro que sólo puede ser creído por ti mismo y por aquellos que no meditan ni piensan. Pero eso no fue todo, lo más grosso e impactante estaba por llegar. Y llegó cuando leí:

Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo. He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. Te aseguro que ese día me quedé petrificado, tieso y con mi mente puesta en estas palabras contundentes. Nací y crecí en un pequeño pueblo, luego me llevaron a una ciudad donde viví hasta adulto en una zona carenciada y de muy poca educación. Por eso, al leer esto no pude menos que pensar: ¡Qué enorme verdad!

Sin embargo, todo esto que estoy leyendo suena a viejo, a una antigüedad más protocolar que real, a una serie de palabras justas pero que lamentablemente no tendrían cabida en tiempos como los actuales, donde la manera de expresarse ha pasado a ser, en casos, directamente ofensiva, o si quieres una calificación menos antigua, te diría que ordinaria y lindando con lo innecesariamente grosero. Por experiencia propia, puedo asegurarte que se puede hablar con corrección, aunque tu medio ambiente esté a kilómetros de eso. Y no estoy refiriéndome a una finura excesiva, exagerada y casi ridícula, sino al culto de una palabra que es bíblica y patrimonio creyente al ciento por ciento: sobriedad. Sé perfectamente que si eres un joven creyente que no tiene problemas para conducirse en su ambiente, pero que queda demasiado expuesto a la burla cuando se encuentra en un medio ambiente mundano, todo esto te va a sonar bonito, pero irrealizable.

Déjame decirte que no, que se puede, que tú puedes por una simple razón que tiene que ver con tu fe. Si eres un hijo de Dios como supongo lo eres, podrás dejar que ellos hablen como se les ocurra, pero tú de ninguna manera vas a caer en la tentación de imitarlos. Justamente Santiago lo dejó escrito en el capítulo 3 y verso 11 de su carta cuando se pregunta: ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga? La fuente es tu boca, el agua son tus palabras, tus ideas. No es imposible. Debemos amar a nuestro prójimo, a todos. Pero tener amistad con el mundo, a veces es caer en enemistad con Dios. Tú eliges. Yo pude hacerlo sin ser creyente, Él me cuidó y aquí estoy hoy, con mis hijos y mis nietos oyendo de mi boca palabras de bendición, de información, de crecimiento, pero jamás de maldición o de perversión. Si yo pude, tú puedes. No he sido ni soy mejor que tú, así que adelante y que nadie te robe tu voluntad. Eso también forma parte de la categoría de miembro del Reino.

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Rebaño

Lo que el mundo secular conoce Religión Cristiana, (Al menos así la denominan), mayoritariamente, es lo que predomina en casi todo el mundo: el Catolicismo Romano en una voluminosa proporción y el llamado primariamente Protestantismo, al cual posteriormente va a adherir, formalidades más o menos, la iglesia Cristiana Evangélica, que en la sumatoria de todas sus denominaciones, grupos y sub grupos, es la que de alguna manera compite con la romana en cantidad y presencia. Los líderes de ambas fracciones tienen jerarquías y títulos preestablecidos que todo el planeta en mayor o menor medida, conoce. Si alguien habla de sacerdote o cura, ya el resto sabe a quiénes y a qué se refiere. Y si lo que menciona es pastor, anciano o siervo, también. Con mayores o menores diferencias, eso es todo. La única duda que nos queda a los que nos gusta escudriñar es: ¿Cómo se interpretó eso del liderazgo humano y bajo qué rutinas lo hicieron? Juan 10 trae algo de claridad.

Porque Juan cuenta que Jesús dijo que el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, (Así se le llama al corral donde se las encierra) sino que sube por otra parte, ese es un ladrón y salteador. Obviamente, que el que sí entra por la puerta, es el auténtico pastor. A éste es al que las ovejas le conocen la voz y lo siguen, eso también está escrito. Pero fíjate que esto significa que él va delante de ellas, no empujándolas como tantas veces hemos visto. De hecho, por obvias razones, no conocen la voz del falso, del extraño y jamás lo seguirán. La gente que oyó a Jesús decir eso, convengamos que no le entendió nada, así que Él decidió ser claro y concreto. Les dijo que EL era la Puerta, (En la Biblia, te recuerdo, Puerta siempre representa Autoridad) Y añadió que Él es el buen pastor, porque es el único que dará su vida por las ovejas.

Después Juan alude al asalariado, que tal como su nombre lo dice y da a entender, es el que ocupa un lugar por un salario, no por amor, ni vocación, ni llamado. Lo más puntual que dice de él, es que no les importa las ovejas. Y allí es donde pronuncia el texto que, de haberse interpretado correctamente, jamás hubiera dado lugar a errores.  También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor. Aquí queda muy claro que cuando él se refiere a redil, a corral, a lugar de encierro, está hablando del pueblo hebreo, pero cuando dice que tiene otras ovejas, allí tiene que ver con los gentiles, o sea que se refiere a la mayoría de todos nosotros. Y allí, llamativamente, no menciona redil, sino rebaño, que no es la misma cosa.

Porque un rebaño es un grupo, en este caso de simbólicas ovejas, que anda en total libertad buscando los mejores pastos para alimentarse. Esa es una tipología clarísima de la iglesia, de la iglesia genuina, no estoy hablando de Babilonia la ramera imitadora. Y dice que ese rebaño, (Él dice que es UNO, no miles divididos por doctrinas humanas) tendrá UN pastor, no millares. Y que ese pastor, lo reitera, es Él. Y añade que es sólo a Él que la oveja le conoce su voz y decide seguirlo. No habla de ninguna manera de un hombre, que en casos ni siquiera es levantado por Dios, sino por juntas también humanas a través de estrategias o promociones de contenido político interno. Eso es en grandes rasgos un asalariado. Un pastor hombre, que los hay porque así se lo reconoce en Efesios, es alguien que ama, apacienta y protege a esas ovejas, pero que de ninguna manera las somete o esclaviza.

En esto se fundamenta la reforma que las trompetas que sonaron durante la pandemia anunciaron y que muy pocos se dignaron a oír, muy preocupados en reinstaurar la estructura eclesiástica tal como estaba como forma precisa de no perder beneficios ni privilegios personales. Si la iglesia de Jesucristo realmente quiere hacer la voluntad de Dios, deberá depender de UN pastor, que es Cristo, cabeza indiscutida y moverse conforme a lo que el Espíritu Santo envíe como guía a toda verdad. Cualquier otra modalidad o metodología, será caer en más de lo mismo que hemos tenido hasta hoy. Y quien pueda decir que eso funcionó y que la sociedad respeta a esa iglesia y desea ser como ella, está hablando de otro planeta, porque en este todavía la novia gloriosa sin mancha ni arruga, no ha aparecido con la potencia que sólo el poder divino le otorga. En suma, este es un tiempo de grandes decisiones. Entre ellas, la que más nos compete, es establecer un genuino culto a la transparencia.

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