En este mismo momento quizás, allí, donde estás leyendo esto porque no sabías qué otra cosa hacer, tú estás viviendo un tremendo drama. De enfermedad, de angustia por algún problema grave de familia, de escasez o de pobreza o de cualquier otra necesidad apremiante. Y tú, en el mejor de los casos, recurriste a la evasión de una red social de contenido cristiano, no por deseos de saber más sobre la Biblia, o para recibir una enseñanza o tomar contacto con un mensaje teóricamente bien estructurado, sino porque piensas –con esa enorme sencillez de creyente fiel y simple-, que Dios quizás tenga una palabra que pueda caber en tu alma hoy y ahora, que te proporcione una pequeña brisa de paz o de consuelo y que te aliente, en suma, para poder seguir adelante, algo que en este instante casi se te antoja como algo lógicamente imposible. ¡Ánimo! Las cosas de Dios, si algo precisamente no tienen, es lógica humana.
¿Por qué me tiene que suceder esto a mí? Esa es una pregunta que nadie va a responderte jamás satisfactoriamente. Te pueden aconsejar y te pueden alentar con todo el amor y con toda la sabiduría del mundo, pero es como que no te basta, como que no te es suficiente. Tu corazón sigue temblando de dolor, de angustia y, nada de lo que siempre te ha sido útil para con los demás, parece venirte bien a ti mismo, para tu vida. Una cosa es el problema que vive el otro y otra cosa, muy diferente, el que te toca vivir a ti en tu propia epidermis. Desearía en este breve párrafo que Dios me permitiera fluir con la unción del pastor que no soy. Que brote de lo que diga una gracia pastoral de amor, de confianza y de poder que realmente ministren tu vida. Y no es casual que venga a mi memoria, ahora algo que está en la carta del apóstol Santiago, dejando de lado, claro está, porque no viene al caso, la especulación de si este hombre era o no hermano carnal de Jesús.
Lo cierto es que él no se vanaglorió de su relación personal con Jesús ni tampoco se identificó a sí mismo como un líder religioso. Dice que su mayor honor fue ser un siervo de Dios. Y si bien él escribió su carta con otra dirección, su mensaje se introduce profundamente en la médula de cada uno de los cristianos del mundo, dispersos precisamente en ese mundo gentil, incrédulo y ateo, para arrimar una dosis de fe, de esperanza y de sosiego que en tantos momentos del día debemos absorber para superar todas las cosas que nos tocan vivir. (Santiago 1: 2) = Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas. Fíjate que el mandato que suena incoherente, aquí, es regocijarse; poco menos que ponerse a cantar, saltar y bailar cuando tu fe sea sometida a prueba. Pero saliendo un tanto de lo estructural, podemos ver en este verso una palabra que indudablemente es clave: CUANDO.
Porque no te dice que es SI te encuentras en diversas pruebas, algo que determinaría alguna posibilidad de que eso no sucediera; dice CUANDO, lo que te está avisando que, te agrade o no, lo entiendas o no, lo aceptes o no, al largo, mediano o corto plazo, alguna prueba (Nadie puede saber si fuerte, muy fuerte, liviana o muy liviana) te va a aparecer. Hay tres escrituras que confirman esto y la última, abre paso a una segunda fase que te lleva a una mejor comprensión y, por consiguiente, te alienta y te capacita para el paso siguiente. (Mateo 5: 12) = Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros. (Esto te está diciendo que una de las posibilidades de sufrir pruebas, radica en cuando el Señor deposita en ti la gracia de alguno de los ministerios del Reino. Se es salvo por gracia y misericordia, sin mérito ni precio alguno de tu parte. Pero se sirve al Reino con rigor y con inclemencias)
(Hebreos 10: 34) = Porque de los presos también os compadecisteis, y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos. (Aquí se evidencia que las pruebas sobrevienen sobre el grueso de los creyentes, sobre todos y cada uno de los que un día asumieron el compromiso trascendente de seguir y servir a Cristo.) (1 Pedro 1: 6) = En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas. (Es muy leve la mención, pero suficiente como para entender definitivamente que, si Dios considera NECESARIO para tu crecimiento, purificación o entrenamiento, permitir determinadas pruebas sobre tu vida, sin dudas que lo hará. No porque te odie, sino porque te ama. Si no logras entender esto, lo lamento mucho, sólo créelo)
La única duda que a cualquier persona puede caberle en estas circunstancias, es: ¿Por qué puede ser necesario? O, mejor dicho: ¿Para qué? Santiago tiene la respuesta. (Santiago 1: 3) = Sabiendo que la prueba de vuestra fe, produce paciencia. (Aquí lo tienes. La paciencia, y aún en contra de lo que algunas ciencias y otras pseudo ciencias aseguren, no se compra, no se recibe mágicamente, ni se hereda. La paciencia se produce, se arma como una poderosa estructura de hierro. La paciencia, en suma, es el fruto que nace como resultado de una prueba. O de varias. Y es un certificado de victoria. Así que ¡Gózate!