Cuando Dios extiende su mano hacia el hombre, esa mano puede estar de una de dos maneras: o abierta o cerrada. Si está abierta, la mano de Dios está trayendo revelación; si está cerrada, lo que trae es juicio. El juicio de Dios, (Que no es necesariamente hecatombe y mucho menos asesinatos en masa, sino separación de lo verdadero de lo falso, eso ese es el significado de Juicio), llega precisamente porque el primer punto no ha sido correcto. El hombre no obedeció a esa revelación y la mano de Dios se cerró. Por ese motivo es que luego, con el correr de los tiempos, una mano abierta siempre es un símbolo positivo de algo positivo, mientras que una mano cerrada implica agresividad, violencia y, en muchos casos, maldad declarada en forma visible. Mira a tu alrededor y dime si no es así…
En el siglo veintiuno, aquellos que pretendan servir en el Reino de Dios sin depender de consignas de templos ni doctrinas humanas, deberán ajustarse a las condiciones que el Reino pone para su admisión. Del mismo modo en que si se estuviera reclutando obreros a sueldo o soldados a salario. Y una de esas condiciones básicas con las que vamos a encontrarnos, tiene que ver con lo que se puede leer en los versos que van del versículo 6 hasta el 8 inclusive del primer capítulo del libro de Ezequiel. (Ezequiel 1: 6-8) = Cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas. Y los pies de ellos eran derechos, y la planta de sus pies como planta de pie de becerro; y centelleaban a manera de bronce muy bruñido. Debajo de sus alas, a sus cuatro lados, tenían manos de hombre; y sus caras y sus alas por los cuatro lados.
En primer término, antes de examinar algunas palabras o términos que podemos ignorar, sería prudente establecer algunas ampliaciones del texto merced a lo que publica una versión de la Biblia que, según se promociona, ha traducido su texto desde los originales al español, sin pasar previamente por el inglés, como sucede con las tradicionales conocidas. El verso 7, en lugar de “pies derechos”, dice…sus piernas eran rectas, y sus pies parecían pezuñas de ternero. Será bueno que tomes nota de una de las palabras que aquí figuran, ya que implica la base de esta condición. Los seres vivientes de los cuales se habla en este pasaje, tenían cuatro caras. Esta palabra está definiendo una manera de llamar al rostro, pero también alude a facetas. Este es un término utilizado de diversas maneras en la Biblia, pero especialmente para referirse, por alguna razón extraordinaria, a la cara del hombre y, metafóricamente, claro está, a la cara de Dios.
En otras ocasiones, es sinónimo de presencia personal y alude también a la vida psíquica, esto es: a la vida del alma, para que te suene menos científico y más bíblico. Todo esto con sus sentimientos y emociones. Por lo tanto, tiene que ver exclusivamente a determinados estados de ánimo por parte de alguien. La modestia y la reverencia se demostraban cubriéndose el rostro con un velo, tal cual se lo vemos hacer a Rebeca frente a Isaac. Poner el rostro contra alguien, mientras tanto, algo así como nariz contra nariz, siempre era un gesto de desagrado manifiesto. Inclinar el rostro a tierra, en lo que comúnmente denominamos como “postrarse”, era un inequívoco signo de humillación. Por esta razón es que el hombre inclina su rostro delante de la presencia del Dios Santo. El hecho de que el sacerdote oficiara en el templo o visitara el santuario se le llama: “aparecer ante el rostro de Dios”, mientras que otra expresión tal como: “Ver el rostro de Dios” tiene un sentido y significado puramente espiritual y no se trata nunca de apariciones concretas y visuales.
Dios, mientras tanto, muestra su rostro cuando presta ayuda. Los que miran el rostro de Dios mueren, a menos que obtengan una gracia muy especial y entren en una relación muy íntima con Dios, tal como ocurriera con Jacob y Moisés. Ahora bien: ¿Qué otra cosa importante estamos viendo en estos tan particulares seres? Que eran feos, indudablemente. ¿Imaginas? Una cosa espantosa de cuatro caras. Nadie ha visto algo así últimamente, ¿No crees? Además, pies de becerro. ¡Como si todo lo demás no fuera suficiente! Pero, así y todo, aunque su estética no los acompañara, aunque ningún canal de televisión cristiano estimara de buen gusto filmarlos, ellos tenían trato directo con Dios y Su presencia garantizada, a partir de un elemento muy notorio: TRANSPARENCIA.
Un buen diccionario de español, de esos que nunca deben faltar en una casa que pretenda escudriñar las cosas de Dios en esta parte del hemisferio, va a darte algunas precisiones muy singulares de lo que es una persona TRANSPARENTE. Te dirá, en principio, que es un término que viene del latín TRANS, que significa “a través” y PARENS-ENTIS, que quiere decir “que aparece”. En suma, algo transparente es algo que aparece a través de algo. Anótalo. La pregunta que cabe aquí y ahora, entonces, es: ¿Qué tiene que ver todo esto con cada uno de nosotros? Mucho. Muchísimo, me atrevería a asegurarte. En primer lugar, porque si los creyentes transparentes son aquellos que dejan pasar la luz que reciben sin filtrar nada, en cualquier grupo que militen, no serán bienvenidos. Es más; se los considerará “políticamente incorrectos” y serán marginados, neutralizados, excluidos.
Es lo que más abundó en nuestros ambientes por años. Fui testigo y víctima de todo eso. Cuando en dos emisoras de radio pertenecientes al consejo pastoral evangélico de mi ciudad, empecé a decir verdades que dolían porque mostraban el costado más oscuro de cierto liderazgo, de inmediato me sacaron. Usaron a gente buena que, incluso, coincidía conmigo para hacerlo. Ninguno de ellos puso su rostro y me lo dijo de frente. Era obvio, sabían que yo estaba en la verdad. Cero transparencias. Cero verdades. Todo interés personal y material. Murmuraron, conspiraron y me echaron. Pensaron que de ese modo me iban a silenciar. Si yo hubiera estado hablando por mi cuenta y por simple envidia o rebeldía, lo hubieran logrado, estoy seguro. Pero yo tenía mandato del cielo respecto a hablar de lo que hablaba. Entonces no lo lograron. Me sacaron una audiencia de miles en esas radios, pero me llevaron sin proponérselo a este lugar, donde esa audiencia hoy es de millones. El Reino de Dios y Su Justicia, siempre tiene Victoria. Transparencia.