La Gran Batalla Contra la Tradición

Otra característica muy importante que vemos en Moisés, en esta descripción ministerial que venimos desarrollando, es que de ninguna manera él se inventa el tabernáculo. Fíjate que en todos los pueblos más conocidos y pioneros, ellos supieron edificarles una morada a sus dioses, eso era de uso y costumbre en esas culturas y en esas épocas. Sin embargo, cada una de esas moradas y conforme a justamente sus culturas, eran edificadas de acuerdo a como ellos imaginaban a esos dioses en los que creían. Pero, el único Dios que hace el camino inverso, es nuestro Dios, es el Señor, cuando Él se acerca a Moisés y le dice: Ven, quiero mostrarte la casa que tú me vas a edificar.

O sea que Moisés, no era un artesano entrenado para hacer eso ni un místico lleno de dudosa imaginación. Ninguno de ellos tenía la habilidad de hacer semejante cosa si no veían el diseño original. Entonces, ese diseño fundacional que tiene el apóstol, no nace de su propia idea; él no sabe cómo edificar la casa. Dios mismo es quien le imparte la sabiduría fundacional. Sucede que para el siempre vigente raciocinio humanista, parece demasiado fantasioso decir que al Tabernáculo lo construyó Dios mismo y no un hombre llamado Moisés. Es mucho mejor aceptada socialmente, (Y aún dentro de la comunidad cristiana), la idea de que fuera Moisés quien lo hiciera.

Ahora bien: si juntas estas dos cosas, vas a ver algunos pormenores muy singulares. Dos en grado sumo: la justicia en primera medida, y la revelación del diseño en segunda. Cuando se juntan esas dos cosas, el resultado no puede ser nada más que valioso y de primer nivel. Cuando Moisés está haciendo edificar el tabernáculo, se van a dar cuenta que la gente es llamada de acuerdo a la habilidad y talento, y con el Espíritu Santo que ahí mismo descendía sobre ellos y los equipaba, de tal manera que los carpinteros y los orfebres, todos pudieron poner de su capacidad, pero todos tenían un patrón: el diseño que Moisés había traído.

Quiero consignar, asimismo, y al margen de lo de esta construcción, que en Moisés funcionaron los ministerios. Fue maestro porque enseñó, fue apóstol porque lideró y pudo traer el diseño. Además, también evangelista, porque le trajo las buenas nuevas de liberación al pueblo, fue pastor porque se ocupó de sostenerlos, de alimentarlos y darles todo lo que ellos necesitaban. Por eso es la máxima tipología de Cristo del Antiguo Testamento. Y lo curioso y llamativo es que, como apóstol, el cumplía con las reglas apostólicas pre-establecidas: tenía autoridad territorial. Por eso no pudo entrar a Canaán, porque él tenía autoridad en el desierto, pero no en Canaán. Allí Dios tuvo que levantar a otro apóstol emergente. Porque en Canaán ya no se necesitaba un apóstol maestro, sino un apóstol profeta. Y ese fue Josué.

Josué no era bueno edificando, pero era muy bueno en estrategias. Entonces hay una transmisión, una impartición. Los dos son apóstoles, los dos van a guiar al pueblo, pero nota cómo es que Moisés tiene que respetar sí o sí el territorio que Dios le asignó. Junto con la autoridad de construir, hay además otros temas relacionados al ministerio apostólico, tales como el derribar y tratar con el error, la herejía y la apostasía. Ellos son muy fuertes para confrontar lo que está equivocado. Te puedes dar cuenta de eso en los reformadores. En Lutero, en Calvino. Todos ellos fueron personas que fueron levantadas por Dios, para recuperar verdades que estaban olvidadas, dormidas, escondidas. Y todo esto en un tiempo en que la tradición gobernaba todo. Todo era tradición. La gente era analfabeta, no sabía leer, la Biblia estaba escrita en latín y muy poca gente sabía el latín. Sólo la gente adinerada, aquellos que estudiaban una profesión.

En la mayoría de los casos, los sacerdotes que iban a celebrar misa a los pueblos, eran tan analfabetos como los campesinos. No sabían nada de la Biblia ni de la liturgia. Entonces se ponían a improvisar historias, cuentos y todo lo que pudiera entretener y mantener en sus bancas a los feligreses. Cuando Lutero recupera la verdad de la salvación, esto es, recupera el ministerio del evangelismo como tal, inmediatamente empieza a funcionar como maestro. Y él va a hacer varias cosas, siendo la primera de ellas levantar un colegio. El levanta un colegio para todos los niños de la comunidad. Y así con muchas cosas más, tendientes a recuperar lo perdido, que era nada menos que la salvación. La gente pensaba que era salva por sacrificios, por hacer grandes esfuerzos. Por eso, cuando este hombre sale y dice que la salvación es por fe, el impacto es tremendo, porque él estaba diciendo algo que nadie reconocía.

Está más que claro que la iglesia tenía que salir de la ignorancia. Por eso los primeros apóstoles, eran personas con muchísima unción magisterial. Era enseñar, enseñar y enseñar. La voz de la enseñanza había estado callada tanto tiempo. Por eso esa etapa se llama la del Oscurantismo. La oscuridad era completa y casi tangible. Y en la medida en que ellos liberan al pueblo, la tecnología de Dios se desata. Y entonces inventan la imprenta. Y la imprenta permite que el primer libro impreso sea la Biblia en alemán. Porque el alemán era el idioma dominante en esa región. La gente recibe la Escritura en su propio idioma, y eso cambia la era del hombre y pueden salirse del oscurantismo.

Y todo por un hombre. Moisés. Después vendría otro hombre, Jesús. Y después, para otras épocas, otros hombres ungidos. ¿Y hoy? Quizás tú. No te sonrías con incredulidad. ¿Eres creyente? ¿Eres fiel, sincero, honesto y puro en lo que piensas, dices y haces? ¿Eres un hijo de Dios como todos los creyentes genuinos? ¿Crees en la llenura del Espíritu Santo? Entonces estás habilitado para ser tú, hoy, ese hombre. ¿Lo puedes creer? Créelo, porque ese es el punto de partida para que esta gran batalla contra las tradiciones inocuas y estériles, sean derrotadas, eliminadas, expulsadas y reemplazadas por el puro poder de Dios manifestado en sus hijos, tal como dice la Palabra que debe ser. Hoy es el día UNO. ¿Comenzarás o seguirás esperando que otros lo hagan por ti? Cuidado; una cosa es humildad y otra muy distinta, comodidad.

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El Año de la Buena Voluntad

La gran pregunta que ahora surgirá en forma masiva al leer o escuchar esto, es: ¿Pero y quién les va a enseñar a esa gente todos esos valores que hemos venido detallando? ¡¡¡La iglesia!!! ¡Para eso fue plantada la iglesia en las naciones, no para hacer alianzas promiscuas y corruptas por conveniencia privada! Esa es la tarea del ministerio apostólico, tarea de reconstrucción, de restauración, de revitalización. ¿Fácil? ¡Qué va a ser fácil! ¿Cuándo fue fácil y en qué remoto lugar del mundo, erradicar la corrupción en cualquiera de sus expresiones, así sea de expresión religiosa? Sin embargo, lo que resulta complicado en lo natural, para la iglesia genuina, dista mucho de ser un desafío casi deportivo. ¡La iglesia tiene el poder más grande de todo el universo! ¿Cómo va a ser un desafío, eso? ¡Debería ser simplemente un trámite! ¿Cómo dices? ¿Qué está lejos de ser ese trámite que digo? De acuerdo, lo acepto, pero en ese caso, entonces, abandonemos los discursos pulpísticos voluntaristas ganadores y reconozcamos que todavía no terminamos de creer en la calidad del poder de Aquel en quien decimos creer

(Isaías 61: 1) = El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; (2) a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados;(3) a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya. (Aquí, hasta ahora, hay cuatro ministerios que se han manifestado por sus acciones. Ahora va a aparecer el quinto ministerio).

(Verso 4) = Reedificarán las ruinas antiguas, y levantarán los asolamientos primeros, y restaurarán las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones. 

Esa es la unción apostólica. Estamos hablando de lugares devastados, lugares en el espíritu que han sido asolados por la religiosidad. Ciudades enteras que han sido destruidas, por falta de conocimiento, por falta de temor de Dios. Si tú lees de corrido desde el verso 1 al verso 4, vas a encontrar que están los cinco ministerios expresados. Está el evangelista, está el profeta, está el maestro, está el pastor. Y concluye con el apóstol, a los que llama: los restauradores de ciudades. ¿Y dónde me lleva este enfoque? A que prestemos debida atención a lo que realmente es el peso específico del ministerio apostólico: la reedificación. ¿Pero, con qué fundamento? No con fundamentos extraños, desde luego. En un lugar nuevo, donde se pueda aceptar que todo lo que se dijo no es cierto y que hay una nueva cultura que puede implantarse. Es complicado, porque cuando la gente aceptó la fe con una cultura que no es la correcta, el proceso de reprogramación humana, es mucho más complejo.

Hay un papel muy importante en el ministerio apostólico, ligado con la justicia. Se dice de ellos que pueden acercar la justicia de Dios a la iglesia y también a las naciones. Sin embargo, termino de decirte que ningún programa humano podrá darle solución a un problema humano. En ese sentido, cualquier ideología o diagrama político, está condenado a un frustrante fracaso. En principio, porque para encontrar la solución a un problema, es obligatorio estar por encima del problema. Y eso se convierte en crisis, porque el hombre nunca va a poder estar por encima de su propia humanidad. Por lo tanto, es de esperar que de ninguna manera él esté capacitado para solucionar sus propios problemas. El Señor amplifica en la Palabra esto, cuando vemos que Él envía la solución. Y esa solución viene en el paquete del Hijo. El Hijo es la solución de todo, pero el Hijo es la expresión visible del Reino de Dios. A todo eso lo compartimos, y a esta altura ya no representa ningún problema poder amalgamar todos estos conceptos.

Y dicen que acerca la justicia de Dios a la iglesia. Claro está que, decir esto, no nos puede ni alegrar ni tranquilizar para nada, porque nos está dejando en evidencia que la iglesia, hoy, no anda ni cerca de la justicia. Nadie te va acercar algo que ya está en el lugar determinado y correcto. Además, y siendo como debemos ser, claros, transparentes y honestos, todos sabemos perfectamente que la justicia no está tan cerca de la iglesia como todos quisiéramos que esté.  Y esto se ve por el hecho de que la iglesia tolera la mezcla. Es imposible que haya justicia si sigue habiendo mezcla. La mezcla pervierte la justicia. De allí que el ministerio apostólico genuino, se caracteriza por ser muy determinante con todo aquello que es mezcla. ¿Recuerdan? Hay una acción directa en contra de la mezcla, que es muy fuerte.

Y eso nace, esencialmente, de dos fuentes: del diseño fundacional que tiene el ministerio apostólico, que Dios le revela y de su apego por la justicia. Tomen como ejemplo a Moisés, como el apóstol del Antiguo Testamento. Van a ver que en él, hay una inclinación muy fuerte hacia la justicia. Aun antes que Dios lo llame. Él es una persona que no tolera la injusticia. Tanto es así que tiene que escapar de Egipto por esa causa. Luego lo vemos otra vez en la escena, defendiendo a la que luego sería su esposa, de un grupo de malandrines. Otra vez aparece Moisés defendiendo la justicia. En su tercera participación, él está ya confrontando al Faraón. Y esta vez ya no es con su propia justicia, sino con la justicia de Dios. Pero hay un hecho en la vida de Moisés, se nota que ha tenido un apego muy grande por la justicia.

Ahora bien; eso es algo que nosotros podemos desarrollar, por la formación que tuvimos en casa. La gente cultiva un apego a la justicia, por lo que aprendió en su casa. Por eso es tan importante el tema de la educación en la familia, no en la iglesia; en la familia. Y por eso es tan importante que los padres exhiban un claro sentido de la justicia delante de sus hijos, ya que ellos van a aprender esos principios por lo que ven y reciben, y no por bonitos discursos vacíos.

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Patrones de Conducta

La iglesia viene desde hace mucho tiempo con una cultura mezclada. Ha creído durante mucho tiempo, por ejemplo, que adoptando ciertos ritmos muy pegadizos y con bastante percusión de origen afro-americana, iba a elevar la calidad de la alabanza, pero no se dio cuenta que estuvo haciendo exactamente lo que le parecía bien a la gente, sin tomarse el trabajo de preguntarle al Señor si a Él también le parecía bien esa mezcla, o no. Yo conozco su respuesta, pero creo que una gran mayoría, todavía no se ha tomado el trabajo de ir a buscarla, nada más que eso; no se necesita ser ni especial ni maravilloso para conocerla. Percusión. Tam-tam. África. Vudú. Punto. Y absolutamente nada que ver con el cristianismo africano, obviamente; ellos conocen esto mucho mejor que nosotros. Han sabido romper con su folklore. Aquí en Argentina lamento decirte que todavía no lo entendimos.

¡Ay, hermano! ¿Pero eso no es demasiado discriminador? ¿No nos estamos alejando del mundo al que deseamos llegar para salvarlo? No. Lo que estoy haciendo es trazar una línea divisoria clara, exactamente en el lugar en donde Dios dice que hay que trazarla. Porque si la iglesia genuina no traza esa línea divisoria, los hombres religiosos van a hacerlo, y entonces mucho me temo que seguiremos entremezclados como estamos ahora. Nadie tiene muy en claro qué cosa es santa y que cosa es profana. Entonces, la pregunta que ahora viene a cuento, es la siguiente: ¿Para qué estaría hoy levantando apóstoles, el Señor? Mira, entre otras cosas, para que nos sienten a todos y nos digan algo así, como: “Hermanos, ¿Ustedes estaban hasta hoy haciendo negocios de tal y cual manera, verdad? Lamento comunicarles que no pueden continuar haciendo negocios así. Ya no pueden facturar en negro. Yo sé que se gana un gran dinero haciéndolo, pero nuestro Dios es un Dios que ama lo legal, y eso no lo es.”

Otra: ¿Dónde están los hermanos que son médicos? Vengan acá. Hasta hoy ustedes recetaban medicamentos por toneladas porque los laboratorios reconocen muy bien eso. Lamento decirles que a partir de hoy, sólo deberán extender recetas a quienes verdaderamente lo necesiten y en la cantidad que lo necesitan. Y que si los pacientes son creyentes, sólo les recetarán medicamentos si después de orar y esperar, no hay resultados a la vista. En suma, lo que carga el espíritu apostólico es esa capacidad de pesar la sustancia de las cosas. ¿De dónde nace esto? Recuerden que cuando decimos que ellos tienen una especial unción para los recursos fundacionales y de edificación, no es solamente en la iglesia. ¡Es válido para cualquier parte! ¿Qué hay detrás de estas comidas nuevas que han salido ahora? ¿Comida? ¿Y qué nos importa una comida más o menos? Nos importa, porque detrás de cada comida hay un espíritu, así que definitivamente, una comida es cultura.

Y la ropa también es cultura. Y lo que lees, también lo es. Y la música es cultura. Entonces, lo que hacemos es quebrar esas estructuras de caminar, domo dice el viejo dicho, “Caminar como Vicente” ¿Y cómo camina Vicente? Para el lado que va la gente. Ahora, serás una persona que empezará a caminar, por fin, como viendo al invisible. Ese es el patrón de conducta que sí o sí está asociado al Reino de Dios. Por eso es importante el trabajo apostólico. Son grandes maestros, pero su enfoque siempre es fundacional. ¿De dónde vino esto? Parecen tonterías, pero créeme, todo aquello que hoy hacemos por ignorancia, mañana va a terminar encadenándonos. Ojo: aun lo que es bueno. Un evangelista de los modernos, por ejemplo, no va a dudar de poner un grupo de música pesada o heavy en una plaza si eso le trae gente. Un apóstol genuino, nunca te va a aceptar eso. Por esa razón, no puede extrañarle a nadie que sea uno de los ministerios que más enemigos cosecha.

Porque resulta ser que, pese a todo lo dicho y dejado en evidencia, la gente en su mayoría va a defender la cultura asumida. Y el argumento teológico más utilizado, será: ¿Y qué tiene de malo? Yo no creo en ningún sistema político en el cual Dios no sea el centro. Tampoco creo en el capitalismo. El que piense que la iglesia debe estar enrolada con el capitalismo por la simple razón que es la obvia oposición a la izquierda socialista, promotora del aborto o el matrimonio homosexual, se equivoca de medio a medio. Todo sistema que el hombre crea, es injusto. Todo sistema, no se escapa ni uno por bonito que parezca desde lejos. ¡Pero, hermano! ¿Y qué propone usted, algo así como una teocracia? De ninguna manera. Yo, lo único que creo fiel y fervientemente, es que Dios busca gente con principios. Gente con ética genuina y con altísimo sentido de Justicia para guiar una nación, sin que necesariamente sea cristiano.

A mí no me parece que un país, cualquiera sea él, esté necesitando un presidente o un primer ministro cristiano. Yo creo que alcanza y basta con que sea un hombre justo. Un funcionario que tenga ética, que tenga moral genuina, no declamada ni promocionada desde los medios de comunicación afines. Y no afines por ideología o justicia, sino por la mera pauta publicitaria obligatoria, mínimamente. Yo creo en esa clase de gobiernos, los que por lo menos están en condiciones de mostrar al menos una de las características de Dios. Su justicia, su perdón, su paz, su misericordia. Es más que obvio que todos, absolutamente todos los sistemas políticos humanos, van a fallar. La verdad cruda es que no sabemos gobernarnos solos. Si no dependemos de Dios, estamos huérfanos y a la deriva. ¡Así está el mundo, hoy!

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¿A Quién Debe Parecerse la Iglesia?

Lo que ocurre es que por años y años, la iglesia ha hecho un verdadero culto superior del activismo. ¿Y sabes lo que dice la Palabra?, que nosotros somos fuertes, si meditamos en Él. Y meditar, hasta donde yo sé, es escuchar quieta y atentamente. Y que no te quepan dudas, la gente, al menos en su gran mayoría, ama más a la iglesia que a Dios. Pero, a ver: ¿Es una ofensa hacer algo en homenaje a la iglesia? No. Lo que sí puede ser una ofensa, es hacer una fiesta en una casa, sin pedirle permiso o preguntarle si está de acuerdo al dueño de la casa.

Así lo hacemos permanentemente como iglesia. Lo hacemos todo en la que decimos que es su casa, pero no le pedimos permiso. Decimos que todo lo que hacemos es para Él, pero ni siquiera le preguntamos si le gusta o no lo que estamos haciendo. Decimos que dependemos de Él, pero normalmente ya tenemos nuestros propios planes. De allí que no es ni aventurado ni mucho menos malintencionado decir que hoy no se depende de la voluntad de Dios, sino de las costumbres y las tradiciones. Pregunto: ¿Hay un novio que esté feliz de casarse con una novia que piensa así? No lo sé, todos nosotros seguimos pensando que sí…

Hay gente que ha sido echada de una iglesia, sólo porque se atrevió a ir y decirle al pastor que Dios le había hablado y le había dicho algo opuesto a lo que el pastor pensaba. ¿Sabes qué? El mayor enfrentamiento, hoy, que tienen los auténticos creyentes de Reino, es contra una cultura enraizada en la iglesia. Una cultura que habla y sigue hablando de Dios, pero que lo ha sacado de sus agendas diarias hace mucho tiempo. Ese es el cambio más violento: ¿Vamos a seguir haciendo lo que ya sabemos que no está bien?

Aquí hay uno que decidió no hacerlo, y ni por asomo presumo de ser el único, Dios me libre de serlo. Una iglesia, por exitosa que sea, jamás puede parecerse a su líder; tiene que parecerse al Señor.  ¡Es que yo ahora ya no pertenezco más a una denominación! ¡Me salí de ella hace tiempo! ¡Ahora formo parte de una red apostólica! Mira: si te saliste de un sistema antiguo, para caer en otro un poco más moderno, me temo la cosa no ha cambiado demasiado, sigue siendo sistema por sistema. No es ese el tema. El tema es que nosotros dependamos, de una vez por todas, del Espíritu Santo conforme a lo que Él nos está diciendo.

Para que quede claro, de lo que estamos hablando es de ser sensibles a la voz del Espíritu. Porque Él tiene soberanía como para hablarnos de la manera que sea, en el momento que sea y mediante la manera que sea. Está en nuestra sensibilidad y discernimiento saber cuándo es Él y cuando es nuestra carne o el enemigo. Lo cierto es que es tarea apostólica salir a la palestra a decir que las cosas que se venían haciendo así y así, ya no se hacen más de esa manera y que ahora se tienen que hacer así y asá.

 Sin ir demasiado lejos, y sé que esto va a ser de identificación por no pocos, precisamente. ¿En cuántos lugares se sigue celebrando, una vez al año y vaya uno a saber partiendo de qué argumento, El Día del Pastor? Y con fiesta, homenaje a toda la familia pastoral, obsequios, música dedicada y etc. ¿Día del Pastor? Perdón por mi pregunta tontuela, pero: ¿De dónde sacaron eso? Y digo más: ¿Cuáles son, entonces, los días del Evangelista, del Profeta, del Apóstol y del Maestro? ¡Ah, no! ¡Ellos no tienen su día! ¿Ah, no, eh? ¿Y pueden decirme por qué motivo? Ya, basta; mejor no me lo digas.

Y eso no es todo: las personas que todavía insisten con celebrar estos días dedicados de homenaje, son las que luego, fuera de la iglesia, celebran los quince años de sus hijas exactamente como los celebra el ambiente mundano. Y arman las ceremonias de casamiento con los mismos rudimentos que vemos en las iglesias del catolicismo romano. Y hasta organizan las despedidas de soltero con las mismas atracciones anexas que acostumbra el mundo.

Mira: el que acepta seguir cumpliendo con las tradiciones del sistema del mundo, termina siendo esclavo de ellas al punto de no poder tomar contacto con el Reino. Es mucho más simple de lo que lo hemos hecho. Conoceréis la verdad, y la verdad os hará… ¡Libres! Eso es todo. Yo no termino de entender hasta qué punto nosotros, somos capaces de proyectar un verdadero cambio, si por un lado decimos una cosa, pero por el otro vivimos casi de acuerdo con lo opuesto a lo que dijimos. Reitero algo dicho hasta el cansancio: no tenemos un bonito mensaje; ¡Somos o no somos el mensaje viviente! Y no se trata de legalismos o gustos personales, se trata simplemente de integridad.

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¿Es que Dios Tiene una Lógica?

Alguien que tiene dones administrativos, que son bíblicos y otorgados por el Espíritu Santo, puede organizar un grupo eclesiástico y llevarlo con cierta excelencia. ¿Pero puede un administrador, ser nominado como apóstol? No, no ha sido apostello, no ha sido enviado a eso. Sí puede, en cambio, un apóstol, acceder a esos dones de administración y enriquecer o solidificar su trabajo. Lo que ocurre es que la lógica, la lógica en muchas ocasiones es enemiga de la revelación. ¿Para qué voy a hacer esto de ese modo, si puedo hacerlo más fácil así? Eso es lógica. La revelación por ahí te manda hacer algo por el camino más complicado que la lógica jamás aceptaría. Lógica, este concepto griego que nos fuera introducido a través de la educación, no siempre expresa lo que está en la mente de Dios. La lógica jamás hubiera dado las siete vueltas a Jericó…

Te doy otro ejemplo, el del etíope que está volviendo de Jerusalén. No tiene sentido ni lógica enviar a una persona miles de kilómetros para encontrar a un hombre. Más bien oremos para que ese hombre pueda llegarse hasta la iglesia más cercana a su domicilio. O sea: oremos para que el etíope llegue hasta una congregación local. Oremos para que se acerque a los apóstoles. Sin embargo, ¿Cuál fue la lógica de Dios? No, no es el hombre el que se tiene que acercar a la iglesia, es la iglesia la que tiene que ir a buscar a ese hombre. Allí es donde Felipe, entonces, tomado por el Espíritu, va a buscar a un hombre. ¡Oh! ¡Qué mala administración de los recursos humanos! Sí, claro, pésima. Pero el Espíritu lo quería hacer así. O sea que entonces, no siempre la lógica expresa la sabiduría de Dios.

La unción apostólica le inspira a la iglesia a acercarse al Señor, a contemplarle y a ser transformado según Su imagen, no a simplemente crecer dentro de un sistema. Si ustedes leen las cartas de Pablo, van a darse cuenta que él tiene constantemente dos énfasis. Uno, él es enemigo de la ignorancia, y constantemente él está trayendo información. Pero, ¿Qué tipo de información? Él no quiere que ignoremos cuál es la voluntad de Dios. La información que viene, constantemente, por Pablo, es qué hay en la mente de Dios para su iglesia. La principal carga y tarea de un apóstol, es la de que todos nosotros nos podamos alinear con la imagen. Y una de las principales causas por las cuales aún no nos hemos alineado con la imagen, es por ignorancia.

Entonces ellos sacan de nosotros los velos de ignorancia, y es como que te permite abrir decididamente tus ojos a una visión clara. Cuando tú confrontas el Nuevo Testamento, te vas a dar cuenta que todos estos hpmbres, que la gran mayoría de ellos eran de origen hebreo, si bien conocían las Escrituras, tenían otro tipo de ignorancias. ¿Qué tipo de ignorancias? Conocían la ley, pero no conocían la voluntad específica de Dios para un tiempo. Y de hecho, Jesús mismo los censuró. Les decía a ellos: ustedes, fariseos insensatos, un hombre sale al campo y sabe discernir los tiempos que llegan, y ustedes no. Me han visto llegar y no se han dado cuenta lo que ha pasado.

Entonces resulta ser que, todo lo que sabían de Dios, no les servía para poder saber lo que Dios, en un momento específico, estaba haciendo. Había un nivel de ignorancia. Otro tema de ignorancia, muy fuerte en ellos, era la cultura. La cultura que ellos mantenían, como pueblo hebreo, quizás los había apartado del resto, que en todo caso sí era un objetivo de Dios, que ellos no se mezclen, pero por el otro lado, no entendieron que, cuando vino el Espíritu Santo, Dios ya no veía a la gente no creyente como gente inalcanzable. O sea: Él quería acercarse a los que no eran judíos, pero por su cultura, sus discípulos no. Dios tuvo que hacer todo un proceso en ellos para que cayeran sus paradigmas, y que ellos pudieran acercarse a los gentiles, sin condenación. Es famoso el encuentro de Pedro, ahí en Jope, cuando tiene la visión en la casa de Simón, para poder ir luego a la casa de Cornelio. ¿Y qué es lo que se ve allí? Un nivel visible de ignorancia.

¿Ignorancia en qué sentido? En la voluntad de Dios, en lo que Dios quería en un momento. Lo que en este tiempo tú sabes de Dios, por lo que has aprendido en los últimos veinte años, puede ser tu ignorancia mañana, con respecto a lo nuevo que Dios desee darte. O sea: todo lo que yo sé de Dios, siempre tiene que estar sujeto a ser revisado por el Espíritu Santo. Yo no pienso mover las cosas hasta que Él no las cambie. Pero debo estar dispuesto a cambiarlas. Pablo, por un lado, es enemigo de la ignorancia. En segundo lugar, una carga que podemos ver constantemente en él, es el constante anhelo que él tiene de que nosotros veamos a Dios como Él realmente es. Y esto, nace de un hecho puntual y concreto: la ley desfiguró a Dios. Es bastante feo decir eso, pero es cierto. La ley desfiguró a Dios.

Desfiguró tanto a Dios, que en un momento dado era más importante la ofrenda que Dios. Que en un momento de la historia, trescientos años antes de Cristo, por allí, el Padre dice: ¿Saben qué? Ya no quiero que me traigan ofrendas, se acabó. Él mismo, que había instaurado el sistema sacrificial, como una forma de trabajar con las faltas y pecados del hombre, los holocaustos y todo eso, en un momento determinado, dice: ¡Ya me harté! ¡Basta! Porque todo lo que hacemos sin revelación, al pasar el tiempo, termina ofendiendo a Dios. Aunque lo que hayamos hecho, sea para Él. Por ejemplo: todos sabemos que trabajar duro para que gente muy pobre pueda llevarse un plato de comida a la boca, es bueno y agrada a Dios. Pero mucho más lo agradará si la mercadería que se utiliza para elaborar esas comidas, es de primera calidad y no sobras que nadie quiere.

Por eso, Pablo es muy duro con aquellas personas que hacen las cosas de Dios, pero sin considerar el corazón de Dios. Van a ver ustedes que Pablo es muy misericordioso con los no creyentes, aún con los más pecadores; pero con los religiosos, ni la menor ventaja. Él, es sumamente estricto, muy duro. Él es muy condenatorio. Ese, mi querido amigo, es el espíritu de Reforma. Ya en los tiempos de Pablo, en la época en que él vive, la iglesia estaba sufriendo el manoseo del conocimiento humano. Se empezaron a querer conjeturar o teorizar cosas. Ningún hombre de Dios genuino necesita del consejo de la gente cuando acaba de escuchar al Señor. La gente se aferra de ese versículo que dice que en la multitud de consejos está la sabiduría, y no se da cuenta que lo está diciendo un hombre que tuvo más de mil mujeres. Nadie necesita mil consejeros cuando tiene morando en su interior al Espíritu Santo. ¡Vaya impacto! ¿No crees? Mastícalo, trágalo, digiérelo y luego me dices qué te parece.

El peso del consejo, o el espíritu de consejo, sí es uno de los siete espíritus de Dios. El espíritu de consejo, es parte de los cinco ministerios. Cada uno de esos cinco ministerios, tiene acceso a ese espíritu de consejo. Pero, a veces es apabullado por la presión de la iglesia. Veamos este ejemplo que escuché. Un ministro que lidera una gran congregación, decide no hacer absolutamente nada sin orden expresa del Espíritu Santo. Pero, resulta ser que se aproxima el aniversario de la iglesia, y los diferentes sectores que lo ayudan, empiezan a presionarlo con “hacer algo”, porque siempre se hizo algo para esta fecha. Cierto es, la gente prefiere hacer algo por tradición o costumbre, a no hacer nada por orden del Espíritu Santo. Lo que vemos como iglesia, es el resultado de esa costumbre.

Se supone que la misión de la iglesia, que es asamblea, es complacer al corazón del Padre, no al de la gente. Y ni quieras negarte, porque el infierno mismo se desata en tu contra en modo-planeta-tierra. Y todo porque un hombre dijo que no iba a hacer nada hasta que Dios no lo diga. ¡Qué peso tiene la cultura! Porque de última, somos gente que de la boca para afuera decimos que vamos a hacer lo que Dios nos diga, pero que en el fondo, ya hemos decidido lo que queremos y lo que no queremos hacer. Lo he visto centenares de veces. Lo hemos visto centenares de veces. Es mucho más fácil decir: “Señor, bendice lo que vamos a hacer”, que decir: “Señor, ¿Qué quieres tú que hagamos?” Porque, créeme, ¡Es muy difícil no hacer nada! ¡Claro! ¡No somos unos vagos! De hecho que no son vagos, pero: ¿No deben esperar en silencio que Dios hable, y mientras tanto no hacer nada? Ah, sí, veremos…

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Madurar no es Una Opción

Leyendo todas estas cosas que venimos publicando, puede salir alguien a decir que, después de todo, si son todos apóstoles, todos tienen la misma autoridad, ¿Verdad? Pues no es así, de ninguna manera. No hay dos personas que tengan la misma autoridad en toda la tierra, no las hay. Y por el otro lado, está todo aquello por lo cual tú has sido diligente.  Por eso es tan bueno que se cierren ciclos y que se terminen procesos. Cuando tú terminas un proceso, ganas autoridad. Ojo, no te estoy diciendo que ganes más consideración de parte de Dios, no. Dios no te quiere por tus obras. Estoy diciendo que ganas mayor autoridad ante lo que es la iglesia en su conjunto genuino. Aunque la imitación paupérrima que existe, te segregue.

De ahí que sea tan importante establecer una cultura que nos incentive y acostumbre a no dejar las cosas a medias. Que cada uno que tenga un llamado de parte de Dios se meta a hacer lo que le han ordenado hacer, y que termine las cosas. Y eso me lleva a algo que, de tan frecuente y habitual, casi se nos ha convertido en un símbolo. Pero que es un símbolo tan negativo que no podemos permitir que siga desarrollándose. Tanto europeos como americanos del norte, consideran al pueblo latinoamericano, como gente poco confiable. Porque, -dicen ellos-, si bien somos muy inteligentes y habilidosos, no tienen ninguna garantía que de pronto y de un momento para el otro, nos cansemos y los abandonemos.

Por eso les cuesta tanto a los latinos conseguir buenos trabajos en Europa o donde quieran irse a residir. ¿Está mal que nos metan a todos dentro de una misma bolsa y generalicen de ese modo? ¡Claro que está mal! Pero convengamos en que hemos hecho, como pueblo, muchísimos méritos para que ellos piensen así de todos nosotros. La autoridad es una señal de madurez en todos los ministerios. ¿Quieres ver a un padre sin autoridad? Toma un momento cualquiera y haz la pregunta: ¿Dónde está tu hijo, ahora? Respuesta: No sé, debería estar aquí, pero no sé dónde puede estar. ¿Sabes que se nota en esa respuesta? Falta de autoridad. Claro, seguramente lo llamará por celular y el joven le dirá dónde está, pero eso es algo menor, ¿No debía saberlo antes? Y no es control, es amor expresado a través del interés, del cuidado y la protección.

Los apóstoles son los peritos constructores del templo del Señor. Expertos, quiere decir peritos, aquí. El templo del Señor que aquí es la iglesia. Al contemplar su gloria y la majestad uno recibe el entendimiento, el enfoque y la resolución que son esenciales para tener verdadera autoridad apostólica. Partimos del hecho que los apóstoles tienen un diseño de edificación. O sea: ellos saben cómo se edifica la casa. Y no estoy hablando de mampostería, ni acero ni estructuras metálicas, queda claro. ¿Qué quiero decir con esto? Que el apóstol usa de la visión para poder ver algo terminado, donde todavía recién se está comenzando.

Pero, hay algo interesante en forma de pregunta: ¿De dónde nace la revelación del diseño terminado de la iglesia? Del corazón del Padre. ¿Cómo quieres tu casa? No hay ni literatura, ni sermones, ni estudios, ni enseñanzas respecto a ello. ¡Sólo está en el corazón del Padre! Y allí hay que irlo a buscar. Y allí es donde aparece el apóstol, que normalmente, es una persona que sabe entender el corazón de Dios. Mira la casa, y tiene una mente que lo predispone a ver qué toda ella sea funcional. Si tú pones un profeta para hacer eso, lo resuelve abriendo un hueco en la pared donde no hay puerta y listo, se acabó el problema. Pero el apóstol tiene una visión más integral de lo que es la casa. Porque un apóstol siempre piensa en casa, mientras que un profeta sólo piensa en puerta. ¿Verdad que esto no tiene absolutamente nada que ver con mucho de lo que anda por allí utilizando esas jerarquías?

El apóstol, mejor dicho la unción apostólica, desata en la gente la necesidad de que todos edifiquemos. La carga apostólica, queda resumida en Gálatas 4:19: Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros. Esa es la carga apostólica. ¿Cuál es la obsesión de los apóstoles? Que Cristo se forme en su iglesia. En muy pocas palabras, esto es lo que nosotros llamamos: El Ministerio. El apóstol tiene carga por El Ministerio, no por Los Ministerios. Cristo formándose en la iglesia. Hay que diferenciar el ministerio apostólico de las actividades que se concentran en lo que son más bien dones administrativos. El conseguir que las iglesias formen parte de una organización, o el enseñar acerca del gobierno de las iglesias, son cosas que pueden hacer personas que no tengan ninguno de los dones de capacitación que aquí se han enumerado. Y eso, a corto o mediano plazo, puede ser negativo o directamente destructivo para la iglesia como cuerpo.

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El Gran Tema de Los Medicamentos

Como resabio de lo que hablábamos en el anterior respecto a la autoridad, bien vale aclarar que hay otro tipo de autoridad, que es la que viene por la tarea natural que se desarrolla. Si tú eres médico, o docente, o abogado, u otra experiencia en el proceso, tu función se enriquece y eso se ve en sus resultados. Imagínate que debemos elaborar un decreto sobre un tema puntual. ¿Todos estamos en condiciones de redactarlo? Por supuesto, todos conocemos el tema. Pero si se lo damos a ese profeta que además es abogado, te puedo asegurar que va a quedar impecable. Espiritual, lineal y legalmente impecable.

De allí es que, entonces, cuando elaboramos un estudio o un trabajo en ese sentido en esta Web, es muy probable que el nivel de revelación o de riqueza espiritual sea menor a la que puede recibir otro hombre o mujer de Dios en el mismo sentido. Porque; ¿Sabes qué le otorga mayor autoridad, a veces? Que fue redactado por alguien que, en sus talentos naturales, engrosado luego por una sólida experiencia laboral y profesional, recibió el de poder expresar escribiendo exactamente lo que piensa y conoce, cosa que no todos pueden lograr. Unción + Oficio = Autoridad. Obvio. Antes que nadie se espante, aclaro: no es ningún mérito mío. Yo me enteré de bastante adulto respecto a algunos de esos talentos convertidos en dones.

De allí la importancia de capacitarnos de manera permanente. Porque, seguramente, a lo largo de tu carrera en el evangelio, y a manera de ejemplo ministerial, tú podrás encontrar profetas y profetas, maestros y maestros, pastores y pastores, apóstoles y apóstoles, evangelistas y evangelistas. Pero; ¿Dónde está la diferencia? Todos recibieron la misma autoridad espiritual, pero hay una autoridad natural que le añade el aderezo a la comida. Pero, hay algo que deberemos dejar muy en claro para que nadie se confunda nunca más, y se muestre con arrogancia o soberbia, que es mucho peor que la indiferencia o la incredulidad.

 Si tú tienes un talento, convertido a don ungido por el poder de Dios y lo estás utilizando para tu servicio al Reino, glorificamos a Dios por ello. Pero ten en cuenta siempre que la que necesita de ese talento tuyo es la iglesia en su conjunto, y no Dios. Tú no puedes ayudar a Dios, apenas puedes ayudar a la iglesia. Y tanto como para equilibrar esto y que no suene a soberbia intelectual, puedo concluir recordando que el pastor que ofició en mi bautismo en aguas hace ya muchísimos años, y que era un tremendo hombre de Dios refulgente en santidad y bondad, era casi analfabeto. ¿Necesitas más?

Y al decir que tiene el apóstol un espíritu pionero, lo que quiero significar es que en la mayoría de los casos que encaran en lugares o situaciones desconocidas, no tienen referentes. Si tú eres médico y Dios te levanta como apóstol, te vas a dar cuenta que es muy difícil encontrar a un médico apóstol. O, si lo prefieres, un apóstol que haya estudiado Medicina. Ahora veamos, ¿En qué puede enriquecer eso a la iglesia? En principio, en un punto que necesitamos ampliar y enseñar correctamente a todos los que todavía no lo conocen, Pharmakeia. No vas a comparar la idea de pharmakeia que pueda darte un apóstol que es médico, a la que podamos tener cualquiera de nosotros, que generalmente andamos encaramados en el péndulo oscilando entre la desinformación o la información incorrecta.

¡No tomo más esta pastilla! ¡Bueno, si la tomo una sola vez más! No la tomo, ¡Oh! Mejor sí la tomo, etc. Y luego el naturismo disfrazado de cristianismo. ¡Hierbas! ¡Sólo hierbas! Eso es homeopatía. ¡Pero es que yo no tomo drogas, no es pharmakeia! Sí, lo es. Porque pharmakeia no es el consumo o no consumo de medicamentos, es el lugar en donde pones tu fe. Lo que alguien que haya estudiado puede hacer, no es reconciliar a la iglesia con la medicina, sino darte elementos que te permitan un mayor conocimiento biológico de ti mismo. Dios conoce cómo funcionan nuestros cuerpos, ¡Él nos hizo! Además, Dios es coherente y hace lo que debe hacer con quien debe hacerlo.

A los discípulos de Jesús que eran pescadores, los hizo pescadores de hombres. Al que era maestro de todos los maestros y fariseo entre los fariseos, lo hizo el referente máximo de doctrina. De alguna manera, Pablo tenía una autoridad mayor para la iglesia por la finalidad de la iglesia, no delante de Dios. Porque delante de Dios, te informo por si te olvidaste, todos somos iguales. Sin embargo, el pueblo de Dios tenía un común denominador en esos tiempos: esclavitud. Pese a ello, hay que recordar que Moisés tenía una formación de príncipe. De alguna manera, entonces, Dios demanda un mayor equipamiento para que cada uno de nosotros pueda, llegado el momento, ejercer un mayor peso de autoridad.

De todos modos, y para darlo a modo de cierre parcial de este trabajo de hoy, quiero compartirte algo que escuché hace muchísimo tiempo, cuando todavía ni soñaba con abandonar el cómodo banco donde estaba sentado escuchando lo que yo suponía que era la Palabra de Dios en forma de sermón. Y lo que quiero decirte, es algo que de alguna manera le da una inyección de fe y confianza a los más simples, pero al mismo tiempo fastidia, molesta y hasta enoja fieramente a los que se han doctorado en teología o similares: Dios no viene a levantar a los capacitados; Dios capacita a los que va a levantar.

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¿Existe La Infalibilidad?

Ahora bien; ¿Por qué se sugiere en tantos trabajos que un padre debería ser más tolerante? Simple, porque entiende a los hijos. El profeta parecería olvidarse de cuando todavía no lo era. Y se enoja con la jovencita que no puede terminar con una relación pecaminosa que la ensucia y perjudica. Y no hace memoria que cuando era joven, a él le pasó una cosa totalmente similar. Y si no hubiera sido por Dios que le sacó a esa mujer, todavía andaba en problemas. 

Pero, el apóstol tiene un grado de autoridad que no necesariamente se expresa en su hablar, sino en su influencia. Hay un antiguo dicho que dice: “Cuando te imitan, tú gobiernas”. El profeta irá y te preguntará si estás con él o no, y te exigirá que te decidas ahí mismo. El apóstol muy difícilmente te diga algo así. El apóstol gana terreno en las mentes y los corazones, por influencia. Y es cuando en un momento dado, y sin saber cómo, cuándo o por qué, te das cuenta que ya no quieres separarte de esa persona.

Y, reitero, te termina ganando la voluntad por influencia, no por imposición. Porque si te imponen que hagas algo, quizás lo hagas, pero no será con el corazón. En cambio sí es por influencia, sí lo harás a gusto y a puro corazón. Eso, porque estimo que hay que terminar de una buena vez con los papados evangélicos. ¿Papados? ¿De qué está hablando, Néstor? De una palabra que los Papas Católicos Romanos han usado mucho: infalibilidad.

Eso se produce cuando el Papa dice algo y nadie puede discutirlo, te aseguran que diga lo que diga igualmente siempre tiene razón porque el Papa nunca se equivoca. ¿Si utilizas tu sentido común esto te podrá parecer hasta ridículo, verdad? Sí, y de hecho muchos lo han criticado…cuando se habla de ese sector del cristianismo. Bueno; déjame decirte que en algunas denominaciones evangélicas que conozco, los que tienen la jerarquía de apóstoles, e incluso muchos de sus más insignificantes pastorcitos, gozan de la misma infalibilidad que el Papa.

¡Bueno! –me dicen- ¡Pero es la autoridad y hay que obedecerla! Un momento, estamos hablando de autoridad, no de dominio. La autoridad no es dominio. Ningún ministro está para dominar a la iglesia, está para caminar con ella en función y razón de aquello para lo que haya sido enviado, porque es para eso y no para otra cosa que trae la autoridad del cielo. El ministerio apostólico es básicamente un compuesto de todos los demás ministerios. Los apóstoles principales de la Escritura eran todos también grandes maestros, pastores, profetas y evangelistas. No obstante, esto no significa que alguien que muestre tendencia a ser todas estas cosas, sea efectivamente un apóstol.

El ministerio apostólico se establece especialmente sobre la autoridad, no sólo en la función. Ahí está el rol de la autoridad como algo muy importante, Mucha de esta autoridad tiene que ver con un balance que existe entre los talentos con los que tú has nacido, el equipamiento que Dios te ha dado y entre el llamado y el ministerio como tal. Esta combinación, de por sí es muy poderosa. Un ejemplo: cuando leemos los evangelios sinópticos, Mateo, Marcos, Lucas, vas a darte cuenta que ellos relatan incidentes comunes, una especie de biografía de Jesús. ¿Qué quiero decir con esto? Que hay un incidente que lo relata Mateo y también lo relata Lucas, o un incidente que lo relata Marcos y también lo relata Mateo. Se repiten los incidentes.

La óptica varía, entre un evangelio y otro, en el autor. Porque de acuerdo con la especialidad de ellos, es que hacían su observación. Si tú estás en África y comes carne vacuna, te sabrá más o menos sabrosa. Pero un día llegas a Australia, y la carne vacuna que comes allí, al lado de la africana, te parece maravillosa. Sin embargo, el día que vienes a Argentina y comes nuestra carne, allí te quedas preguntándote qué comiste anteriormente con el nombre de carne.

¿Qué quiero decir con esto? Que es inevitable la comparación, como una herramienta de conocimiento. Lucas, era médico, mientras que Mateo, era cobrador de impuestos, es decir, algo así como lo que hoy sería un funcionario público. Ahora; cuando vieron entrar a un hombre que no podía mover su mano, la lectura de Mateo, ese día, fue: Y entró en la sinagoga un hombre con la mano seca. Pero Lucas, con un concepto más profesional, dice: Entró en la sinagoga un hombre con la mano paralizada.

¿Qué estaba queriendo decir? Su lectura de este problema, de la mano de este hombre, es más precisa en el médico, que en Mateo. La autoridad de la que estoy hablando, en el ministerio apostólico, en esencia, es una autoridad espiritual, o sea: uno no se la ganó, vino de parte de Dios con la función. Ir, obedecer el mandato, es lo que activa en quien lo hace, esa autoridad. Ya ha sido dicho y probado y comprobado: Obediencia produce Autoridad. 

¿Y entonces cuándo es que una persona pierde su autoridad? Cuando no obedece y no va donde su Gran Comandante le ordena que vaya. ¿Por qué el Señor les dijo: vayan y sanen y liberen? Porque quería que fueran. Pero ellos eran cómodos y respondieron: Eh, Señor… ¿No me puedo quedar y liberar por aquí? No, no funciona así. La autoridad espiritual, siempre es una comisión. Dos principios que ya vimos anteriormente: Principio de Comisión, Principio de Autoridad. Obviamente, esto da para mucho más. Habrá mucho más.

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Con un Espíritu Pionero

El apóstol, primordialmente, es un constructor, un edificador. La característica dominante de su unción, es la visión. Es mucha la gente que dice que esa es la característica de los profetas, pero no terminan de entender que el profeta, más que visión, tiene audición. El profeta es agudo en sus oídos, no tanto en su vista. Esto, obviamente, también significa que así como son tremendamente eficaces para escuchar el consejo de Dios, así también tienen suficiente falta de visión como para no llegar a ver sus propios errores. La especialidad del ministerio, en tanto, es el entendimiento de fundamentos. Tú no llegas a reconocer a un apóstol por la cantidad de iglesias que tiene por debajo de su autoridad, sino por la profundidad de su enseñanza.

Un apóstol siempre te llevará a lo medular. Es gente que entra hasta el hueso. ¿Se entiende eso? Te llega bien adentro, al tuétano, a lo interno. Nunca van a encontrarse con un apóstol light. ¿Por qué? Porque ellos tienen un alto entendimiento de los fundamentos. ¿Y cuál es su rasgo dominante? Su espíritu pionero. Eso significa que ellos pueden hoy mismo estar haciendo cosas que nadie más ha hecho, porque es gente muy comprometida con la visión de Dios. Ser pionero es tener un equipamiento especial que hace que una persona vaya en una dirección a la que nadie está yendo.

¿Y cuál es el don esencial de un apóstol? La palabra de sabiduría. Muy de acuerdo con su especialidad. Los fundamentos se abren, el entendimiento del fundamento se abre, precisamente porque la persona tiene acceso a este don: palabra de sabiduría. ¿Y qué en cuanto al recurso más recurrente? Respuesta simple: autoridad. Es un ministerio de gran autoridad. Todos los ministerios tienen autoridad, de eso nadie tiene dudas. Pero tampoco la tienen respecto a que el del apóstol es, indudablemente, el ministerio de mayor autoridad. No existe tal cosa como un apóstol subordinándose a un pastor de iglesia. ¿Hará falta que lo repita en este tratado pionero, o habrá sido suficiente para que todo el que tenga oído para oír, haya oído?

¿Y cuál es su carga por la iglesia? Paternidad. Y esto tiene que ver puntualmente con los otros ministerios. Tienes el caso de los profetas, ellos son obsesivos en cuanto a la exactitud, a la precisión. Y eso ayuda mucho, porque los apóstoles, de hecho, lo son. Una de las formas normales de ver funcionar un apóstol, es corrigiendo. Es gente que corrige, constantemente. Y puede corregir, porque conoce el diseño original. Porque si no conoces el diseño, es más que obvio que no podrías corregir nada. Ahí es donde entra el tema de la exactitud. Ellos son obsesionados de que las cosas se hagan cómo deben hacerse. Pero ese es un rasgo que lo comparte con los profetas. Los profetas también tienen esa característica. Son gente muy exacta.

Y allí es donde dejamos de lado la carga de la exactitud para el profeta, y tomamos para el apóstol, como carga de la iglesia, algo que el profeta no tiene: paternidad. Es muy difícil que un profeta sea paternal. ¡Pero los pastores sí son paternales! Sí, pero desde otra óptica. Tú no puedes ser papá de una oveja, tienes que tener la misma genética para serlo. Son dos especies distintas. Escucha: para poder conducir a alguien, tú tienes que ser superior a esa persona. Si un pastor debe conducir a ovejas que no saben dónde van, ese pastor no puede ser uno con esas ovejas, tiene que estar fuera de ellas. Por eso es que un pastor, en este nivel, no puede tener paternidad.

Pero en el tema del apostolado, sí; porque él no está con ovejas, está con ministros. Sin embargo, hay algo que debemos puntualizar. Cuando se habla de autoridad, de ninguna manera se está hablando de abuso. De hecho, el profeta parecería que tiene más autoridad. Su manera de hablar recurriendo permanentemente a los absolutos, es lo que se la otorga. Los apóstoles, por el contrario, tienen un nivel de resistencia y de tolerancia mayor a la que tienen los profetas. Y lo tienen porque son más paternales, más padres. En cambio el profeta, si sigo con las comparaciones, vendría a ser el hermano mayor.

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Restauración de Todas las Cosas

Estimado ministro, ¿Cuánto hace que estás en el ministerio? Cuarenta años. ¿Y has podido hacer madurar a tu congregación? La verdad, que no como lo hubiera deseado. Ah, sí; ¿Y qué te hace pensar que sí podrás hacerlo en los próximos cinco años, si es que no cambias nada de lo que has venido haciendo en estos últimos cuarenta?  

Diálogo ficticio. Y no tan ficticio. Puede suceder en cualquier lugar del mundo hoy mismo, ahora mismo. Entonces, donde se genera el primer punto de quiebre esencial, no es tanto en el objetivo. Al objetivo lo entendemos todos y creo que existe un acuerdo global en ello. Dios necesita una iglesia madura. El punto esencial, principal y clave de todo eso, es definir cómo es que logramos ese objetivo. Y es aquí donde la iglesia tradicional, que se ha llenado de las costumbres de las naciones y ha anulado el ministerio completo, no tiene respuesta. No hay una sola respuesta seria.

Siguen con sus ideas intactas, las traen desde los últimos doscientos años, y la verdad sea dicha, nadie ve que estemos mejor que hace doscientos años. Aquí es donde, entonces, caemos en el síndrome de los fariseos, ese que decía que ni entraban ni dejaban entrar. Ni abrimos la puerta ni tampoco pasamos. ¡Es que yo no estoy de acuerdo con profetas y apóstoles! De acuerdo, ¿Y qué propones, entonces? ¡Ah, no lo sé, pero no estoy de acuerdo! Eso es Infantilismo. Y allí salen a decir que debemos crear nuevos mecanismos. Es mucho más fácil inventar términos nuevos que hacer cosas nuevas. Pastor asociado, pastor sénior, líderes y qué se yo cuántas más, en lugar de utilizar la nomenclatura que el Reino nos ha dejado. En síntesis: se prefiere inventar cosas raras, en lugar de utilizar el diseño que Dios mismo nos dejó.

En esto hay que tener mucho cuidado con lo que se dice, pero más que todo, con lo que se hace o no se hace. No conozco a demasiada gente que se esté moviendo con fuerza hacia adelante conforme a los diseños de Dios. Sí conozco a bastante gente que critica lo que estos están haciendo. Sin embargo, hasta hoy he podido comprobar que, la gente más crítica, es la que menos avanza. Entonces, hermano, no me digas qué debo o no debo hacer, dime qué hago para conseguir lo que Dios dijo que debíamos conseguir. Lo genuino, entonces, parte de lo leído en Hechos 3:21: hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas. ¿Y por qué se supone que deberíamos restaurar todas las cosas que antes fueron creadas y luego se tergiversaron o modificaron? Porque es la única manera de comenzar de una vez por todas a llevar a la iglesia a un grado de madurez estrictamente necesario para obtener victoria genuina, y no declamada.

Y para eso, el paso inicial deberá ser retrotraer las cosas a la época en que las personas buscaban a Dios. Hoy, eso está reemplazado por personas que buscan a personas que dicen representar a ese Dios. Y eso conlleva fracasos, fraudes, abusos. Sobre todo a nivel de familia. Está en juego un problema de generaciones. ¿Cuál es nuestra máxima pretensión, entonces? Que se restaure el modelo que Dios dejó, nada más que eso. Y no estoy hablando de restaurar el sacerdocio Aarónico, porque eso fue juzgado y terminó. Tampoco estoy hablando de que volvamos a levantar levitas, porque los levitas terminaron bajo maldición. Además, no tiene sentido hablar de eso en este tiempo, ya no hay levitas en el Nuevo Pacto. Tiene que ver con recuperar el diseño que Jesús dejó para la que iba a ser su iglesia, y que fuera activada en el Libro de Hechos.

El Libro, observa esto, no se llama Hechos de los Profetas, ni de los Maestros, ni de los Evangelistas ni de los Pastores, se llama Libro de los Hechos de los Apóstoles, aunque espiritualmente, para mi gusto tendría que haberse llamado Hechos del Espíritu Santo o, si quieres globalizarlo sin definiciones, Hechos de los Enviados. Y, atención con esto, como no ha aparecido nada que lo supere, tengo que advertirte que estamos viviendo ese libro hasta el día de hoy. Por eso, en esto que es un delineamiento del ministerio Apostólico, quiero recordarte que estamos hablando de una parte de un todo. Y será necesario ver a este ministerio desde la óptica de Dios mismo, y no desde la óptica pastoral a la cual estamos acostumbrados por cultura religiosa tradicional.

Cuando alguien no ha cambiado su cultura, y pongo como ejemplo a la gente de mi país, Argentina, un líder valioso e importante que ha crecido con la cultura del tango, y nunca pudo despegarse mental y espiritualmente de ella, seguramente que en su iglesia va a usar al tango como elemento de alabanza. ¿Y es un error? ¡Claro que lo es! Porque está escrito que no alabarás a Dios conforme a la cultura de las naciones, a las costumbres de los pueblos, dice. Y eso, mal que les pese a muchos que creen estar por encima de todo el mundo en materia musical, incluye al clásico, que en la mayor parte de sus partituras, ha sido compuesto por pecadores, espiritistas y ocultistas. Y que además también implica una cultura, la europea. Y resulta ser que un día va un apóstol a esa iglesia y le dice a ese pastor que le gusta el tango, que ahora es apóstol. ¡Genial! Sí, genial, pero ahora tenemos a un apóstol que le gusta el tango.

Es un problema, pero no el mayor. El mayor problema es que, como ese hombre jamás cambió su cultura pastoral, ya no nacional,  él va a tratar de vivir un ministerio nuevo a partir de una cultura vieja. Entonces, si antes era un pastor que se dividía, ahora es un apóstol que se divide. Si antes era un pastor que era manipulador, ahora es un apóstol manipulador. Con esto quiero decirte que un ministerio no cambia el carácter de una persona. Entonces, aquí surge una recomendación que cualquiera de ustedes le daría a quien quiera que encuentren o conozcan. La diferencia no está en que alguien decida ser cristiano, sino en que empiece a tener una nueva estructura de hábitos, una nueva forma de pensamiento, en suma: una vida nueva. Así que si alguien hoy viene y te dice que eres un apóstol, lo primero que deberás averiguar es cuál es la cultura de un apóstol.

Es exactamente lo mismo cuando dejas de ser una persona del común y te conviertes a Jesucristo. ¿Vas a seguir viviendo como venías viviendo o vas a ir abandonando todas aquellas cosas que no condicen con tu nueva cultura de fe? Indudablemente, cambiarás tu cultura. Yo lo hice. Pero lo tuve que hacer dos veces, porque cuando comencé a oficiar de ministro en la enseñanza, nuevamente tuve que modificar muchas de mis costumbres. Y allí tuve un nuevo cambio cultural, acorde con lo que ahora representaba. “Hay cosas que a ti ya no te son permitidas”, me dijo un muy respetado referente, alguna vez. Así es. Y te aseguro que todavía me quedan materias pendientes.

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Enviados Hasta lo Último de la Tierra

Vamos ahora al Ministerio Apostólico. Es interesante que, después que Pedro comparte la primera gran prédica que abre la puerta de la iglesia para las naciones, nos encontramos con que en el capítulo 3 del Libro de los Hechos, hay un incidente notable y de sumo interés. En este capítulo se relata un episodio en el cual un hombre minusválido de nacimiento, estaba sentado en la puerta del templo. En ese templo, durante el día, en algunos horarios, se realizaban reuniones masivas. En este momento están hablando de la hora novena con respecto a la primera reunión.

(Hechos 3: 1) = Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración. 

(2) Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo. 

Veamos: Pedro y Juan están yendo al templo. ¿Por qué iban al templo, todavía, estos dos que habían sido discípulos de Jesús? Es evidente que ellos todavía no tenían una comprensión perfecta respecto a cuál era su lugar. Digámoslo con cuidado: Dios va a usar esta subida al templo como algo muy profético y revelador, sin dudas, pero Dios no les dijo que se quedaran yendo al templo. Es evidente que eso venía siendo así desde siempre, por eso ellos siguieron con una tradición que, en su momento, hasta Jesús cumplimentó, ya que estuvo en el templo enseñando. Sin embargo, luego eso comenzó a modificarse lentamente. Primero, pasó de templo a ser también en las casas. Templo y casas. Y luego, finalmente, se fue dejando de lado el templo y quedaron solamente las casas. O sea que hay una migración que en algunos pocos capítulos, se completa. En este capítulo, ellos están yendo al templo, ven a este cojo, e inmediatamente, en el versículo 6 sale la tremenda declaración de Pedro.

(Verso 6) = Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. 

(Verso 9) = Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios. 

(10) Y le reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta del templo, la Hermosa; y se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido. 

En principio, lo que vemos es que este hombre, era un mendigo profesional, por así denominarlo. Quiero decir que no se trataba de alguien que por una necesidad eventual, del día, había ido a ese lugar para ver si recibía algo que se la cubriera. No, ese hombre tenía a la mendicidad, como medio de vida cotidiano y casi –como dije- profesional. Y que la iglesia está empezando a caminar y está empezando a influir. Aquí Pedro está usando un don muy típico del evangelista, que es el dar una señal, hacer un milagro sanando al hombre, pero fíjate que no se queda en la sanidad.

(11) Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón

Qué interesante, porque si recuerdas bien, Salomón tiene como elemento principal en el marco global de la Biblia, su sabiduría. Y más interesante resulta aún, es recordar que cada una de las doce puertas de Jerusalén, tenían un nombre en particular. De hecho, algunos nombres cambiaron. En la época de David tenían un nombre y en la época de Jesús tenían otro nombre. Pero, estas doce puertas expresan doce funciones de la iglesia. Y en este caso, los apóstoles son conducidos a la puerta que expresa la sabiduría. El pórtico de Salomón. No es casual. Y allí Pedro empieza a predicar, salen sus dones de maestro. Mira:

(Verso 19) = Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, (20) y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; (21) a quien dé cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo. 

Y Luego, desde el verso 22, empieza a hablar de Moisés, que es el prototipo del apóstol en el Antiguo Testamento. Lo que tenemos en este pasaje, entonces, es una afirmación que es el eje de todo lo que hoy día es el proceso de reforma. ¿Cuál es el pasaje? Que en el verso 21 dice que el Señor va a ser enviado cuando todas las cosas sean restauradas. Por eso, es momento de advertir que el ministerio quíntuple, es una de las cosas que deberán ser restauradas. Si no la más importante, por lo menos una de las más importantes. Porque no es posible encontrar ni llevar a la iglesia a una estatura de madurez, sin la acción de todo el ministerio. Siempre hemos dicho, y hasta cantado, que Dios va a venir a buscar a una novia sin mancha ni arruga. Hemos enseñado que él no puede venir a casarse con una niña inmadura, viene a casarse con una mujer, con una dama formada. ¿Nadie ya piensa en eso? ¿Tanto se les ha olvidado esta palabra?

Hemos enseñado que en tanto que la iglesia es niña, que es como decir que el heredero es niño, aunque es por derecho legítimo dueño de todo, sin embargo en nada difiere del esclavo. En eso, todos estamos de acuerdo, incluso la gente más obcecada que no acepta los ministerios como tales y sostienen que solamente existe el ministerio pastoral. Todos sabemos perfectamente que, aunque no sepamos el cómo y el cuándo, sí tenemos certeza que el retorno de Cristo no podrá darse hasta que no exista una iglesia madura. Donde tenemos el mayor problema es en definir cómo es que vamos a hacerla madurar.  ¿Haciendo campañas? ¿Haciendo culto tras culto? ¿Conferencias? ¿Congresos? ¿Clínicas? Recuerdo que una vez le pregunté desde el púlpito al cual se me había invitado a una congregación, cuál era su objetivo conjunto durante los próximos cinco años. Ver sus rostros fue entender de inmediato, así que añadí el golpe de gracia: ¡No me digan –dije- que ese objetivo no va más allá de venir sin falta a cada culto! Sí, lo era.

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¿Quién Activará a Quién?

 

(Hechos 11: 28) = Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio. 

Agabo era un profeta de la iglesia del primer siglo. Él vio que venía una gran hambre a toda la región, cosa que después pasó. Del mismo profeta, se lee en el capítulo 21 y verso 10: Y permaneciendo nosotros allí algunos días, descendió de Judea un profeta llamado Agabo. ¿Recuerdas cuando Pablo está pasando por ese lugar? Y este profeta hace algo bien interesante. Él va a venir y le va a dar una palabra a Pablo. ¿Recuerdan ustedes su cinto? Él no tiene ningún problema en darle una palabra a Pablo o a quien sea por, justamente, esta autoridad que hay en él. Este ministerio es una excelente herramienta de apoyo a cualquiera de los otros ministerios, por su gran versatilidad. Si quieres ponerlos con los evangelistas, ellos serán de mucha ayuda para entender los tiempos y los lugares, lo que se opone al evangelio en ese lugar.

Si los pones con los maestros, son excelentes, porque lo que los maestros ven a través de las revelaciones de la palabra, los profetas lo entienden de inmediato. Y ellos activan a los maestros en una nueva manera de escuchar al Señor. Si quieres hacerlos trabajar con los pastores, son muy eficientes juntos en la sanidad interior, porque los profetas tienen la habilidad de ver lo que hay en el corazón de la gente. También son eficaces en la preparación de las sendas apostólicas. Y aquí quiero detenerme un momento porque entiendo que lo hemos vivido. Por poco o por mucho, cada uno de nosotros, los que componemos la iglesia del siglo veintiuno, lo hemos vivido. Antes de que se empiece a hablar de apóstoles, en el siglo veinte, cosa que más o menos aparece en los años setenta, no es que no había apóstoles antes, sin dudas los había. Sólo que por imperio de las circunstancias, fueron nominados como misioneros

Es decir que, con títulos aprobados o no, apóstoles ya existían. Sin embargo, en los años setenta, la palabra apóstoles empieza a incursionar cada vez más. El asunto es este: antes que Dios pueda activar y restaurar el ministerio apostólico en la iglesia actual, tuvo que restaurar el ministerio profético. Porque a diferencia de lo que la mayoría de la gente cree, son los profetas los que activan a los apóstoles, y no al revés. Y voy a dar dos ejemplos bien bíblicos para que se entienda bien lo que termino de decir. Es la de Juan el Bautista, y Jesús. Juan el Bautista es un profeta, Jesús viene como el apóstol de nuestra fe. ¿Y qué es lo que hace Juan el Bautista? Voz que clama en el desierto, preparad camino al Señor. Un rasgo típico del profeta, es que su ministerio despierta a los apóstoles dormidos. Él prepara la senda que luego los apóstoles van a caminar.

¿Y qué recurso utilizan, para esto? Escuchar al Señor. Ya les dije que lo que ellos más expresan como carga para la iglesia, es que la iglesia dependa del Señor. Primero con lentitud, pero luego con clara firmeza, diversos sectores que anteriormente estaban como dormidos o simplemente aburguesados, ahora empiezan a buscar de verdad relacionarse con el Señor en el cual aseguran creer. Claro que todo dependerá, luego, del sistema de mando que haya en cada lugar. Donde el mando se ejercita de un modo rígido lindando con lo autoritario, siempre será mucho más complicado. Siempre me ha impresionado la palabra que dice que donde está el Espíritu del Señor, hay libertad. Y luego dice: para ver el rostro de Dios a cara descubierta. Y eso me lleva inexorablemente a pensar: ¿Será por eso que hay tan poca libertad en el cuerpo de Cristo? El argumento más repetido respecto a la falta de libertad para ejercitar dones y ministerios, es la falta de confianza en ciertas personas. El punto está en que nosotros no debemos confiar jamás en la gente, debemos confiar ciegamente en el Espíritu Santo. Nuestro legendario error ha sido confiar en la gente.

El segundo ejemplo que quiero contarte es el de Pablo y Ananías. Dios llama a Pablo, pero él necesita que un profeta lo active. Cuando él cae al piso en la entrada a Damasco, él no es activado, él se queda ciego. Se desactiva, en todo caso. Él se convierte, la verdad es esa. Ahora: de momento que la Biblia dice: Y Dios le habló a Ananías, ¿Se supone que Ananías era, qué? ¡Profeta! ¡Él escuchó la voz de Dios! Dios le da instrucciones a Ananías. Y todavía él se atreve a discutírselas con el argumento de que él sabe que ese hombre es un gran perseguidor de los cristianos y tiene temor de ello. Pero Dios le dice que no tema, y que vaya, porque Él le va a enseñar a Saulo, (Ya ordenado como Pablo), cuánto tiene que sufrir para servirle. Y le dice que quiere que ponga sus manos sobre él. Y Ananías va y le dice al hermano Saulo, que el Señor lo ha enviado para que recupere la visión. Y dice que oró por él, y eso fue todo. Ahí desaparece de la escena Ananías. Y también desaparece Pablo, porque no se sabrá nada de él hasta tres años después.

La pregunta que cabe para nosotros, es: ¿Por qué lo convoca a Ananías? Porque se necesitaba un apóstol, un gran apóstol, yo diría que el apóstol de todos los apóstoles, cuyo nombre era Pablo, y que se necesitaba que fuera activado por un profeta. Entonces, definitivamente, no se puede tratar con menosprecio al ministerio profético. Lo que quiero decir es que ni un apóstol, ni un pastor, ni nadie pueden mirar con menosprecio a un profeta, porque hay y debe haber una relación muy estrecha entre ellos. Los profetas tienen una marcada unción para destruir la oposición satánica, por lo que son excelentes candidatos a abrir obras nuevas en lugares cerrados para el evangelio. Lo que quiero decir es que, allá donde nadie quiera ir, manden un profeta.

Los profetas motivan a la iglesia el buscar oír la palabra de Dios. Cuando desarrollan capacidades magisteriales, son eficaces en el establecimiento de plataformas culturales. Un profeta fluyendo como maestro es de contenido y resultado de altísima excelencia. Tienen la habilidad de quitar lo viejo para poner lo nuevo, estableciendo de ese modo una nueva plataforma cultural. Los profetas, asimismo, son adoradores consumados. Es gente que disfruta la adoración. Y yo sé que para muchos de los que acceden a esto, eso es el mejor argumento y prueba de que esa gente tiene, efectivamente, una unción diferente. A muchos cristianos sinceros, fieles y buenos, les pesa adorar.

Activan los dones de fe; esto desarrolla a la iglesia en milagros y sanidades diversas. Liberan dones y operaciones del Espíritu Santo, tienen mucha capacidad de hacerlo. Y no porque estén ellos, son transmisores. Ellos pueden ver que Dios está dando palabra de sabiduría y que nadie la está usando. Son excelentes instrumentos de aliento y fortaleza a los creyentes. Consuela, exhorta y libera a la iglesia. Un rasgo muy distintivo del ministerio profético, es el financiero. La prosperidad financiera es desatada por Dios a través de sus profetas. La palabra dice en Crónicas que, si creemos en sus profetas, seremos prosperados.

Son buenos motivadores para llevar a la iglesia a la guerra espiritual. Después que ha predicado un profeta, todos quieren salir corriendo a tumbar los altares de Baal. En ese proceso podrían llegar a perder algunos de sus soldados, pero te dirán que no te preocupes, que en toda guerra hay bajas. En las iglesias agotadas y sin fuerzas, son capaces de liberar el poder de la resurrección. Cuando digo iglesias agotadas, me refiero a iglesias que se quemaron, se agotaron, se partieron. Además, los profetas son personas que traen consigo la enseñanza al temor de Dios y a la reverencia ante Su Presencia. En esta ficha profética, se han cuidado muy bien de poner todo lo bueno. No hay elementos negativos. De hecho, cada ministerio los tiene. Y en este punto en particular, ellos se exponen demasiado. En el tema de querer corregir, estoy hablando. Punto final con el profeta.

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Huyendo de Ciudad en Ciudad

(Mateo 23: 34) = Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad; 

Fíjate que interesante. Utiliza aquí, tres nombres: profetas, sabios y escribas. Estos son tres tipos diferentes de enviados de parte de Dios, profetas, sabios y escribas. Los profetas son enviados con palabras y revelación del Señor. Los sabios tienen palabra de sabiduría que edifica el ministerio, y los escribas son escritores, esto es, maestros.  Un tema frecuente en los profetas, es que ellos pueden moverse muy bien en el escuchar al Señor, pero no llegan a desarrollar el espíritu de revelación, el espíritu de sabiduría, a uno es dada palabra de conocimiento, también llamada ciencia, a otro palabra de sabiduría, por el mismo Espíritu,

Cuando Dios le muestra un cuadro, una imagen a un profeta, ese profeta necesita depender del Señor para saber qué es lo que le está mostrando. Pero además necesita entenderlo, si es que luego desea transmitirlo. Hay un fenómeno muy frecuente. La gran mayoría de los profetas del Antiguo Testamento, podían ver al Señor. Y cuando digo ver, me refiero a oír, a percibir o recibir, pero no siempre podían entender. Hay un profeta en el Antiguo Testamento, que parecería ser el prototipo del profeta del Nuevo Testamento, y es Daniel. Daniel tiene una característica muy singular: es una persona que no solamente se queda en la actitud pasiva de recibir una revelación, sino que él inquiere, pregunta, investiga, hasta saber qué es lo que significa lo que el Señor le está mostrando.

No es ningún esfuerzo para un profeta, recibir. Dicen los que saben mucho de esto, que hasta en la ducha el profeta está recibiendo. En todo momento está recibiendo. Sin embargo, ¿Sabes qué es lo difícil para él? Entender. Cuando Daniel recibe las visiones, las fieras, los tiempos, no tiene problemas, pero cuando se dispone a investigar, cae y mal. Tiene fiebre, termina en cama, dice que queda varios días sin poder comer. ¿Dónde estaba la dificultad de Daniel? Literalmente, lo que Daniel hace, es romper la carcasa del profeta típico, que es sólo escuchar y repetir. Literalmente, él logra unir los tiempos hasta el tiempo futuro que no le correspondía, y él logra ser el único profeta de todo el Antiguo Testamento, que podía explicarte lo que había visto. ¿Y sabes cuál es la consecuencia de eso? Que Dios lo pone a regir naciones.

Él es una persona que va a terminar en cargos de autoridad pública. Y eso, por una sencilla razón: no solamente sabe lo que va a venir, porque Dios se lo dijo, sino que también sabe entender todo el proceso. Los otros profetas, y estoy hablando de Jeremías, estoy hablando de Isaías, estoy hablando de todos ellos, no tenían esa ventaja. Veo algo en especial en Daniel. Él no se limitó a ver una visión, sino que durante la misma, dice que preguntó a la figura que veía en visión, qué era lo que estaba viendo. Le preguntó a Dios qué era lo que le estaba mostrando. Y dijo: cuando el Señor me lo explicó, yo caí como muerto. ¿Qué podemos entender con esto? Hagamos el ejercicio. Que dependía de Daniel el querer conseguir también, la interpretación de lo que él estaba viendo.

(Jeremías 1: 10) =  Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar. 

Le está dando autoridad para hacer seis cosas. De esas seis cosas, cuatro tienen que ver con destruir lo anterior y sólo dos cosas con establecer lo nuevo. Por causa de su apego a la justicia, los profetas tienen autoridad para derribar reinos demoníacos con gran efectividad. Es eso lo que les da habilidad. No es que ellos son tremendos porque oran y la gente se cae. Es un tema de justicia. Están ungidos para destruir las obras del maligno, sin dudas. Su autoridad confronta lo carnal, lo  pecaminoso y lo demoníaco en la iglesia. Son personas muy duras con la carnalidad. Son muy confrontadores. Por eso es que la gente cree que ellos son personas sin misericordia, demasiado dura, muy radical y hasta cruelmente presuntuoso. Creen que se hace el perfecto. Lo juzgan mal.

¿Por qué? Por este apego que él tiene, justamente a la justicia. Por ello, saben soltar y traen pureza y santificación al pueblo del Señor. Son vasos útiles para santificar. Por los dones que manifiesta el ministerio, ellos expresan la revelación de la palabra y los propósitos de Dios. Decíamos que en el Antiguo Testamento, y sólo podemos rescatar a Daniel como un profeta que no solamente ve, sino también como con un profeta del Nuevo Testamento, ya que él explica las cosas. Eso lo vemos en Pablo. Por ejemplo, cuando su barco se hunde, ¿Recuerdas? Cuando él está viajando, ¿Qué es lo que él dice? ¡Tranquillos! ¡El Señor ya me mostró que esto iba a pasar! Pero no se preocupen, nadie va a morir. O sea que él tiene las herramientas para poder leer el suceso con tremenda claridad. No da ninguna posibilidad para que alguien suponga que el diablo quiere hundir el barco. Dios tiene un propósito con esto.

¿Sabes? La mayor parte de los profetas del Antiguo Pacto, no llegaban a ese espacio. ¿Por qué? ¿Cuál era la razón? Porque su corazón y su mente no habían sido purificados. Lo que Dios purificaba, era su boca. ¿Pero, qué era lo que Dios decía en el Antiguo Testamento? En los postreros días cambiaré tu mente y tu corazón y escribiré. Esa es la gran diferencia entre los dos tipos de profetas. Hay una inclinación marcada en el ministerio profético a confrontar estructuras babilónicas y a desarraigarlas. Esto, obviamente, va a desencadenar muchísimos problemas. Los profetas son enviados para entregar mensajes de Dios, no para dar buenos consejos. Un profeta genuino jamás te va a dar un consejo. Sólo te dará una palabra si es que la ha recibido, pero hay casos en que es preferible que no te la de.

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Sobre Toda Carne…

La justicia, es el sello del profeta. No es el poder que emana de su trabajo, no es que levante muertos. Su característica más dominante, es la Justicia. Su especialidad, mientras tanto, es el entendimiento de las leyes espirituales. Y eso les abre todo el panorama del mundo espiritual, su entendimiento que tienen del mundo espiritual.  ¿Y cuál es el rasgo dominante en ellos? El espíritu de valentía, son gente muy valiente. Créeme, no hay profeta miedoso. Si hay algo peligroso y nadie quiere ir, el que se va a levantar y ofrecer, seguramente es profeta. Él va. El don central que él tiene, es el equilibrio, muy equivalente con la justicia.

El recurso recurrente, es un corazón sano. Es tan raro encontrar un profeta, ya mayor, que haya tenido un buen matrimonio, que haya sido una mujer con un solo esposo toda su vida. Porque donde el diablo más le pega, es en el corazón. Está claro que todo eso es a favor de una falta grave de sabiduría por no saber cuidarlo. No podemos cargarle toda la culpa al diablo. Tal vez no haya sido correctamente pastoreada, o quizás por mirar tan lejos, no pudo ver lo cercano. Carga por la iglesia. ¿Qué es lo que el profeta demanda de la iglesia? Dependencia. Que la iglesia dependa del Espíritu Santo.  Ahora bien: el hecho de que en 1 Corintios14:31 diga que todos pueden profetizar, no convierte a cada uno de nosotros, necesariamente, en profeta. Puede que por allí estemos acostumbrados a profetizar, pero eso, -reitero-, no nos convierte en profetas.

(Hechos 2: 17) =  Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones, Y vuestros ancianos soñarán sueños; (18) Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. 

Nota que no dice que vuestros hijos y vuestras hijas serán profetas, dice que profetizarán. Y profetizar es una acción, es la acción de hablar por el Espíritu Santo. Es hablar por la dirección de Dios. Vuestros hijos van a hablar por la dirección de Dios. Vuestros hijos van a decir lo que el cielo está diciendo. Sí, pero eso no los hace profetas. ¿Qué hace un profeta, profeta? ¿Dónde está la diferencia? ¿Dónde está la diferencia entre el don y el ministerio? Es como en mi profesión de periodista gráfico. Cualquier persona está en condiciones de escribir algo valioso y que sea leído y reconocido por muchos. Pero no muchos son los que pueden hacerlo diariamente y contra un espacio determinado. Lo primero es el don, lo segundo el ministerio. En lo que dice a continuación: los profetas oyen a nivel estratégico. Es decir, no sólo oyen, sino que oyen a nivel estratégico. Es decir, reciben la revelación de la voluntad del Señor en ciertos asuntos. Esto puede referirse a individuos, iglesias, e incluso gobiernos, empresas u otras entidades a las cuales el Señor quiere hablar.

Esa es la gran diferencia entre el don profético y el ministerio profético. Ellos oyen en un nivel estratégico. Profundo, no sólo oyen. En la Escritura, vemos que los profetas reciben la revelación de diversas maneras. Estoy hablando tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, los dos parámetros proféticos. Puede tratarse a través de impresiones, sueños, visiones, palabras del Señor, visitaciones de ángeles, o aún estar inmóviles en el espíritu. No hay una manera de hacer una lista completa de todas las formas que Dios les habla a sus profetas. Ellos reciben revelación de Dios de una serie muy extensa de formas y maneras. Pese a que esto puede verse bonito, habrá que recordar que, como todo ministerio, el ministerio profético también tiene un límite. La Biblia dice: porque en parte vemos y en parte profetizamos.

¿Y qué significa esto? Significa que, por muy espectacular que haya sido nuestra revelación, es sólo una parte del todo. Para poder ver la imagen completa, debemos aprender a unir nuestra parte, con lo que los demás están viendo. Por esa razón este ministerio, casi siempre se refiere a personas, en plural. Explico: Dime que te ha mostrado a ti, a ti y luego a ti. Y luego te diré lo que me ha mostrado a mí. Recién entonces podremos unir todo y ver la figura completa. Pablo nos dice que en parte vemos. Entonces, bajo esa perspectiva, ¿Cuál sería el mayor riesgo de un profeta inexperto? Querer trabajar solo.

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El Dedo del Juicio

Muy bien; para comenzar hoy a hablar del Ministerio Profético, déjame decirte que de los cinco ministerios que ves en Efesios 4:11, este es el único que no se le cambió el nombre en toda la Biblia. Sin embargo, y a pesar de eso, vemos una enorme y considerable diferencia entre el ministerio del Antiguo Testamento y el ministerio del Nuevo Testamento. En principio, puedo decirte que el ministerio profético del Antiguo Testamento, no terminó bien. El último profeta del Antiguo Testamento, fue Juan el Bautista, y no terminó bien. La forma en que Juan termina, muestra cómo, de alguna manera, el ministerio profético del Antiguo Pacto termina. Termina sin visión. Fíjate que Juan envía a preguntar si Jesús era el que había de venir o tenían que esperar a otro.

¿Qué puede ser lo peor que le pase a un profeta? Perder la visión. Entonces, cuando Dios manda a Jesús, Jesús viene como un nuevo tipo, como un nuevo modelo de profeta. Es un profeta diferente. Es muy distinto. Jesús es el primer profeta del Nuevo Pacto. Cuando yo digo que el Antiguo Testamento termina, verdaderamente, en el evangelio de Juan, estoy siendo bastante realista. El Nuevo Testamento, en realidad, empieza en Hechos. Ojo: no es necesario que cambies nada de lo que piensas y haces, esto sólo es una comprensión nuestra de lo que estamos hablando.

Cuando Jesús viene, la gran diferencia entre el ministro del Antiguo y Nuevo Pacto, está en dónde reside el poder y la unción. En el Antiguo Testamento, el poder y la unción del profeta, residía en esa acción del Espíritu Santo, que venía cuando él quería, sobre él. En el Nuevo Testamento, la fuente del poder y de la unción está en la mente y el corazón del profeta. Y eso marca una diferencia completa, absoluta. El nivel de responsabilidad que tiene el profeta del Nuevo Pacto es mayor que el del Antiguo Pacto. Porque para la tarea del Antiguo Pacto, lo único que se requería, era obediencia. Pero para el Nuevo Pacto se requiere un nivel de pureza extraordinarios, porque la mente y el corazón, ahora, son la plataforma de donde nace toda la revelación.

Cuando se habla de profeta, en este tiempo, no se puede evitar observar que es mucha la gente que todavía tiene la idea de los profetas del Antiguo Testamento. Hemos estudiado tanto a los antiguos profetas, que aún pese todo lo que recibimos del Padre, todavía nuestros modelos proféticos son aquellos pioneros del Antiguo Testamento. ¿Cuál es la ficha técnica del profeta? Característica dominante, Justicia. Ese elemento es distintivo, es único, es infaltable en el profeta. No hay profeta si no hay justicia. Es una persona que tiene un compromiso con la justicia, asombroso. Te diría que prefiere morir, a ser injusto.

Ahora veamos: cuando decimos que la fuente del ministerio profético en el Nuevo Testamento, nace de la mente y el corazón, y decimos al mismo tiempo que la característica dominante es la Justicia, ¿Cómo puede ser que haya un profeta, en el Nuevo Testamento, injusto? Si hubiera alguien así, seguramente que su corazón no ha sido transformado. Por esa misma razón, ese no es profeta. Los profetas genuinos necesitan tener un cuidado especial de su mente y su corazón, constantemente. Porque el parámetro de justicia que ellos tienen, depende de su corazón, no de su mente. ¿Has visto esa pequeña balanza que en todo el mundo simboliza a la justicia? Bien; los profetas tienen esa balanza en sus corazones.

Pueden pelear encarnizadamente contra un hecho determinado que a su juicio es injusto. Y cuando alguien les pregunta el por qué, o cuáles son sus argumentos para batallar, ¡No lo saben! Pero lo sienten… ¿Y qué se supone que hará el diablo para destruir esa fuente? Trata de destruir sus vidas. ¿Y sabes qué? Satanás sabía cuál sería tu ministerio, antes que tú nacieras. Y habrá levantado una verdadera fortaleza para impedirlo, antes que tú tengas uso de razón.  Conozco más de un caso de profetas, cuyas vidas incluso anteriores a convertirse y mucho antes de imaginar un ministerio, fueron verdaderos calvarios que los convirtieron poco menos que en sobrevivientes. Pero Dios siempre los salvó. Allí aprenden que, lo que Satanás quiere dañar en un profeta durante su formación, es su balance de Justicia. Si la balanza de un profeta está inclinada a derecha o a izquierda, nunca podrá emitir decretos justos y equilibrados. Serán decretos emitidos desde la plataforma, no desde la balanza.

¿Y cuál es la razón de un corazón sano? Está nivelado. Así que allí es donde trabaja Satanás, así como trabaja para destruir la fe de los evangelistas desde que son niños. Un evangelista sin fe, no es evangelista. ¡No es nada! No te olvides que así como la fe viene por el oír, a esto lo sabemos, lo que no siempre sabemos es que la destrucción de la fe, también viene por el oír.  Y si no, fíjate el tema familiar. Nada peor para un evangelista que Satanás se aferre a la incredulidad de su propia familia. ¿Sabes? Es terrible para un hombre levantarse por la mañana y ponerse a desayunar con personas que viven con él, que son su familia, pero que no creen en lo mismo que él cree. ¿Y sabes más? Eso, en el momento de plantarse en una plataforma y proclamar que Cristo vive y vence, sale la voz del diablo que le dice; ¿Ah, sí? ¿Y qué tal tu familia?

Entonces, una iglesia que quiere ser apostólica, es una iglesia que tiene que saber cuidar a los ministros. La mayoría de los profetas que hoy en día son conocidos en el mundo, han tenido infancias y juventudes bien feas. ¿Se imaginan cómo van a ser los profetas que hoy tienen quince o veinte años, si los cuidamos convenientemente? ¿Se imaginan lo que podrán hacer usando corazones que nunca fueron dañados? ¡Valdría la pena ver eso! ¡Si tanto poder sale de gente que ha sido tan dañada! ¿Te imaginas lo que puede lograr alguien que creció en paz? Porque, tengo que recordártelo una vez más, por si se te había olvidado. Dios no necesita de cien o doscientos profetas para cambiar una nación, necesita a uno. ¡Sólo uno! Hoy se habla y mucho de re evangelizar lo evangelizado, pero si debemos volver a evangelizar a niños o adolescentes que ya estaban supuestamente convertidos, algo mal se ha hecho, ¿No lo crees?

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Con Espíritu de Misericordia

Volviendo a ese texto en el que Pablo le habla a Timoteo y le dice: haz tu obra de evangelista, ese texto ha llevado a cierto grado de confusión y error a muchos. Porque se entiende que ya que Pablo le indicó a  Timoteo que hiciera la obra de evangelista, se entendió que eso significa que todos hemos sido llamados a hacer eso. Y fíjate que esto también podría aplicarse al tema de los profetas. Lo que estamos tratando de proyectar en todos los ministerios, es el hecho de que el ministerio tiene dos facetas. Tiene la faceta de don, y tiene la faceta de ministerio. ¿Todos podemos acceder a ese don? Casi siempre sí, siempre y cuando el Espíritu Santo nos lo quiera dar, y nosotros estemos abiertos y dispuestos a recibir lo que el Espíritu Santo quiera darnos.

Porque el motor que está detrás no sólo de este, sino de todos los ministerios, es el hambre por Dios. De hecho, tenemos que tener la claridad para discernir qué es qué, de esto se trata. ¿Todos pueden hacer la obra de evangelista? ¡Sí! Yo creo que el único que no podría hacer esa obra, es el que no es convertido. Un rasgo muy marcado en el evangelista, es la obediencia. En pleno apogeo de un avivamiento en toda una ciudad, Felipe fue guiado a irse para predicarle el evangelio a un solo hombre en el desierto. Esto requería de una gran sensibilidad y obediencia al Espíritu. Algunos sostienen que un buen evangelista tiene algo de profeta, esa capacidad para escuchar al Señor. Yo creo que sí. Sin embargo, su oído no está abierto a la sabiduría de Dios revelada, sino a la voluntad del Padre por alcanzar a alguien.

Revisemos una vez más la ficha técnica del evangelista. Su característica más dominante, es la fe. Y de eso no tenemos la menor duda. El evangelista genuino es una persona que le va a creer a Dios, cualquier cosa. Su especialidad, es entender los tiempos correctos de Dios para hacer algo. Su rasgo dominante, es ese espíritu de misericordia. Es un rasgo que podemos ver en Cristo, apenas Él viene; tenía mucha misericordia por la gente. El don central que manifiesta, son las señales. El recurso recurrente, es la autoridad y la carga por la iglesia que él tiene, es la acción. Siempre está esperando que la iglesia actúe. Lo pongo así: cuando una iglesia no se mueve, tarde o temprano pierde a sus evangelistas.

De hecho, toda la iglesia del Señor en todas sus estructuras, está llamada a ganar almas. Tanto es así que, pese a todo lo que se haya dicho o enseñado, es coherente que como creyentes, tengamos una permanente intención de alcanzar a los perdidos. Eso, está fuera de toda discusión. Pero, obviamente, esto se llama voluntad general. La voluntad general de Dios para la iglesia, es que ganemos gente nueva. Sin embargo, conjuntamente con esta voluntad general, está la voluntad específica. La voluntad específica de Dios, es lo que Dios quiere para cada sitio en especial. Lugar, geografía, región, iglesia local, si quieres. Congregación. Entoncs, aparte de ganar almas nuevas, hay algo que Dios desea de parte de un grupo o persona establecida en un lugar puntual y específico.

Entonces, ¿Cuál se supone que es el máximo desafío que afronta la iglesia en su conjunto? Saber equilibrar las cosas entre la voluntad general y la voluntad específica. Ninguno de nosotros puede, por estar haciendo estricta y puntualmente lo que Dios le ha pedido, dejar de evangelizar. Ninguno de nosotros puede necesitar que Dios le diga que tiene que ganar gente. ¡Siempre debemos tener esa actitud! La gran revelación para tu vida, hoy es que, en ese equilibro en el cual te mueves, entre la voluntad general de Dios que te ordena hablar de Él a quienes no le conocen, y la voluntad específica que tienes para una tarea concreta y precisa que tú ya conoces, está la realidad de algo que quizás nunca se te ocurrió pensar: por ese motivo y para eso específico es que naciste en ese lugar y vives en esa región, ciudad, provincia, aldea o municipio.

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Con Miradas Distintas

Un evangelista en un equipo de liderazgo, es no solamente recomendable, sino total y absolutamente necesario. ¿Quieres dos ministerios que difícilmente trabajan juntos? Maestros y evangelistas. De hecho, tampoco se llevan lo que se dice muy bien. ¿Causa? ¡Qué los campos de acción de uno y otro son totalmente distintos! Mientras el evangelista mira hacia afuera, el maestro mira hacia adentro.  La unción del evangelista es la que acerca la “naturalidad” y “normalidad” de las señales y prodigios a la iglesia, y es una de las que la mantiene abierta y receptiva a la operación del Espíritu. Ahora supongamos a un evangelista al frente de una iglesia como su pastor. ¿Cómo será? Él no va a cerrar jamás un culto sin una sanidad, sin alguien que se caiga al piso. Considerará a la reunión un fracaso si no ocurre algo de esto.

Su iglesia se mantiene siempre abierta a las operaciones sobrenaturales del Señor. Eso es típico en los evangelistas. Si el pastor es evangelista, tendrá una iglesia permanentemente con gente nueva. Aunque, lamentablemente, casi siempre será gente que no tiene profundidad. Y allí es donde se genera una crisis, porque ellos no logran crecer, no logran establecerse en diseños de conocimientos más profundos, más pesados. Y algo que a menudo sucede, es que son buenos lugares para que la gente entre a conocer al Señor, pero malos a la hora de ser esos mismos, discipulados. Tarde o temprano, esa gente va a moverse a otra iglesia.

Sueltan la habilidad de la oración y el ayuno. Para ellos, ese tema es pan comido. Imparten fe de milagros y alcance en el cuerpo de Cristo. Como su acción tiene que ver mucho con la fe, ellos siempre están impartiendo esto en la gente. Si tú pones a un evangelista como líder de célula o al frente de un grupo de casa de familia, probablemente crezca muy rápido, pero sufrirá en conjunto el anterior problema citado, no madurará. Son reconciliadores natos. Ellos no tienen ningún problema en trabajar con la iglesia que salga hacia adelante, sea la que sea de la denominación que sea. Buscan acciones constantes para restaurar a los caídos. Ahí se exponen, a veces, a situaciones complicadas. Han llevado gente a hospedarse en sus casas porque las iglesias no querían recibirlos, y algunas veces algunas de esas personas les robaron y huyeron.

En otro orden, tienen una unción especial y natural para la guerra espiritual territorial. ¿Qué significa esto? Que poseer una unción natural, es manejarse en muchas ocasiones, casi instintivamente. Ese, evidentemente, es un punto débil en ellos. Ellos detectan que la gente tiene que ser liberada por Dios para venir a Cristo y que hay una acción manifiesta de las tinieblas para retener a la gente. Y cuando ven esto lo encaran sin más ni más. Ahora veamos algo obvio: ¿Qué es lo que puede unir a la iglesia en todo su espectro ante la visita de un evangelista? Sin dudas, la cosecha. De allí que el evangelista es muy buen administrador y sumamente activo en la resolución de problemas. De hecho, lo que más mueve sus ministerios, es la acción. Es gente que siempre está avanzando.

El discernimiento de espíritus, en este caso no es una opción, tiene que estar presente en los evangelistas. Y fíjate que ocurre algo muy singular. Los que tienen el don de evangelismo, generalmente no tienen el don de discernimiento de espíritus, y ahí es donde el diablo los engaña. ¿Y cómo nos damos cuenta de quién tiene o no el don? Mira; el que tiene el don, tiene carga por evangelizar, pero no tiene el equipamiento completo. Sin embargo, por la capacidad pro activa que generalmente los evangelistas tienen, solucionan todos sus problemas.

Los dones de liderazgo y administración que poseen algunos evangelistas, involucran habilidades organizacionales que resultan en lograr metas espirituales. A menudo un evangelista tendrá ambos dones. ¿Pero es necesario ese don de liderazgo? Voy a opinar que sí, que he visto campañas organizadas por evangelistas con tremendo don de liderazgo para ordenarlo todo al dedillo. Los evangelistas tienen especial celo por los nuevos creyentes. Y es el momento de repasar otra idea distorsionada que la iglesia ha tomado como cierta. Y es que muchos ven al evangelista como que es alguien que viene con un camión recolectando inconversos que acaban de aceptar a Cristo, lo estaciona frente a la congregación y con una rampa especial los descarga a todos adentro y se los delega al pastor. ¿Sabes qué? ¡Ese no es evangelista!

¿Por qué lo digo? Porque un evangelista genuino, con unción divina, siempre, pero absolutamente siempre va a estar pendiente del crecimiento o la maduración de la gente a la que ayudó a venir a Jesús. ¡Ese es el ministerio evangelístico! Cualquier otra cosa similar pero no como esta que describo, es una imitación de feria que generalmente suele terminar mal para alguien. El evangelista genuino, no concluye su tarea cuando decenas, cientos o miles de persona pasan al frente y reciben a Cristo en sus corazones. Un verdadero evangelista se siente tremendamente responsable por todos los que ha ganado. Y hará lo posible para que continúen en el camino, sea lo que sea que lo rodee donde está al día siguiente de su conversión.

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Con Los Campos Listos

Tomando como base esas visitas e invitaciones, ¿Alguno de ustedes pudo conocer, alguna vez, a un evangelista que venía con una comprensión de tiempos? O sea: ¿Que se debía hacer eso en ese lugar porque ese era el tiempo por tal y por cuál razón? ¡No! La mayoría incluyó lugares que le quedaban de paso a partir de una visita a un sitio en el que sí había sido invitado con antelación. Mira; cuando un evangelista entra a un lugar antes del tiempo indicado, lo único que hace es quemar el campo. Por poco o por mucho que conozcas de agricultura, ¿Qué pasa si cualquiera de ustedes quiere cosechar algo antes del tiempo? Todos sabemos los sinnúmeros de factores contraproducentes para la salud que pueden producirse por el simple hecho de consumir algo verde, que le falta tiempo de maduración.

En lo evangelístico es igual. Es imposible tener una buena cosecha, si no se sabe entender respecto a  los tiempos en que Dios ha madurado o no a esa gente a evangelizar. Saber el cuándo, es vital para tener una cosecha de primer nivel. Duda: ¿Eso no se contrapone con esa palabra que nos envía a predicar en tiempo y fuera de tiempo? No, porque esa palabra se refiere a nuestra disposición para hacerlo, no a la organización. Y una cosa es el hablar persona a persona, y otra diagramar una campaña para miles. Cuando revisamos el ministerio de Jesús, nos damos cuenta que él no recorrió erráticamente las regiones por las cuales transitó, sino que se tomó el tiempo necesario para elaborar una ruta conforme a visiones o discernimiento singular. Él esperaba dirección clara antes de visitar un lugar. Entonces, ¿Cuál es la especialidad del evangelista? Ser entendido en los tiempos. Algo así como lo que dijo Jesús: Los campos están listos para la siega.

Lo más visible y dominante, lo que va a estar detrás de toda esta acción que tiene el evangelista, es el espíritu de misericordia. Es una persona sumamente sensible. Bajo esa óptica, un evangelista de oficio no va a ser solamente el que toma un megáfono y se va a la plaza. Va a ser esa persona que recolecta cosas en la semana para que en el fin de semana poder ir a regalárselas a la gente pobre. Va a ser el que arma un vestidor para dar ropa a la gente que no la tiene, va a ser parte de la gente que está mirando para ver cómo puede ayudar a los niños de la zona. O sea: no es una persona que identifica su ministerio con repartir folletos o en hablar. Es una persona que tiene una dinámica de vida en la cual, lo haga o no la iglesia, él lo va a hacer.

Él no depende de la iglesia para hacerlo. Si alguien me dice que no puede hacer nada porque en su iglesia no le dan permiso, permíteme que le diga que entonces es cualquier cosa, menos evangelista. ¿Tú crees que un verdadero hombre de Dios va a depender de si le dan permiso o no para hacer lo que tiene que hacer? ¡La vida de Dios no se puede encapsular en una doctrina denominacional, mi amigo! La vida de Dios no depende de las autoridades de la iglesia. ¡Y gloria a Dios que es así! Cuando una persona tiene un ministerio, no va a poder reprimir lo que el ministerio le impulsa a hacer. Yo tenía una clase de escuela dominical en una iglesia conservadora y jamás pude dar en la clase el programa oficial que la escuela me entregaba. ¡Era perder soberanamente el tiempo en teologías huecas y livianas! Eso me costó bastante, sobre todo en reputación interna. Y mucho más cuando en una mañana de domingo, en mi salón había casi doscientas personas y, luego, en el culto, apenas setenta. Mosca en la nariz…

Si alguien necesita que la iglesia le organice un par de campañas por año para ejercer su ministerio y luego se pasa el resto del tiempo sin hacer nada, podrá ser alguien con habilidades para evangelizar, pero de ninguna manera es un ministro de evangelismo. El evangelista vive en esto, se mueve en esto, trabaja en esto, está constantemente predicando el evangelio. Y, además, el evangelista puede tener todos los defectos que se te ocurran, pero ni por asomo puedes acusarlo de mojigato o cobarde. Te va a predicar el evangelio tal como su unción le demanda sin poner cuidado en las consecuencias que eso tengan para él. Y es lo mismo que lo haga aquí, en USA, en China o en un mismísimo país de mayoría musulmana. Y créeme que no estoy hablando tonterías al decir esto, precisamente.

Eso, conjuntamente con la misericordia que posee el evangelista, es lo que lo lleva en casos a orar por gente sin que nadie a su alrededor entienda porque lo hizo. Pero él lo sabe y es suficiente. ¿Y cuál es el epicentro de un evangelista? Hacer señales. Se mueven con una unción de señales muy fuerte. En mi país, el ministerio del evangelista Carlos Anacondia es la prueba concreta y palpable de esto que te digo. Todos los cristianos argentinos dan fe de lo que hablo, y muchos de otros países que lo han conocido, también. Y cuando hablo de señales, estoy hablando de sanidades, liberaciones y todo eso que tanto impacto produce. ¡Oh, sí! ¡Eso acompaña siempre a los evangelistas! Eso es lo que se dice siempre en la iglesia. Y tanto es así, que nadie lo duda, porque para eso fueron enviados los evangelistas por el Señor. ¿O no lo tuvo también el ministerio de Jesús? Alguien a mí alrededor me dijo una vez: evangelista que no sana, no es evangelista. ¿Tan así? Pregunté yo. Tan así, respondió él.

En cuanto al recurso máximo en este ministerio, es la autoridad. Tiene mucha autoridad. La gente, aun cuando se ve ruda, rústica y fuerte, se derrite y desploma ante la autoridad de un evangelista que les diga lo justo y preciso en el momento justo y preciso. Ellos les predican, aún, a esas personas a las que si tú las ves, te produce un poco de temor enfrentarlos o confrontarlos con el evangelio. ¿Y su carga por la iglesia? La acción. Viene del verbo hacer. ¡Ya! ¡Hagamos!

 (Hechos 21: 8) = Al otro día, saliendo Pablo y los que con él estábamos, fuimos a Cesarea; y entrando en casa de Felipe el evangelista, que era uno de los siete, posamos con él. 

¿Recuerdan ustedes cuando la iglesia levanta siete diáconos, donde conjuntamente con ellos es levantado Esteban? Este Felipe, era uno de los siete. Y fíjate que en el marco del Nuevo Testamento, vemos a más de veinte personas a las que se les llama apóstoles, sólo unos pocos que son llamados profetas y sólo a uno a quien se le llama evangelista: Felipe.

(2 Timoteo 4: 5) = Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio. 

Esto que lees aquí, nos lleva a reflexionar algo muy puntual. La palabra griega traducida en estos versículos como evangelista, significa literalmente buen mensajero, mensajero de bien, o mensajero de buenas nuevas. Y en este sentido, todos los apóstoles también eran evangelistas, ¿Se entiende? No obstante, hay que consignar que, en este caso, el evangelismo era solamente una de sus muchas obligaciones. Y una vez más, el ministerio del evangelismo siempre está acompañado de señales y milagros. Siempre. Jesús lo explicó así: Si no creen por mis palabras, crean por mis obras. Porque ese es el punto: las obras que acompañan al evangelista, están destinadas a que la gente crea. Y un rasgo distintivo del evangelista, es que no hace obras para que crean en él, sino para que la gente crea en Dios. Por eso es bastante raro cuando el evangelista se vuelve pomposo, se vuelve excéntrico, vanidoso, por los milagros y señales. Porque no es esa la idea. Dios no viene para hacer lucir al hombre, Dios viene para mostrarse a sí mismo.

Jesús ni siquiera decía quién era cuando sanaba a alguien. Asimismo, los evangelistas tienen una profunda autoridad para traer liberación a los cautivos. Porque ellos saben que, para liberar a los cautivos, se requiere autoridad en el nombre de Jesús, y se requiere arrebatar el botín con violencia. Por eso, ustedes no van a conocer a un solo evangelista, de ministerio, que no crea en la guerra espiritual. Sería poco menos que anti-natural. Los evangelistas, esencialmente, manifiestan la cruz de manera muy visible. ¿Recuerdas cuando Jesús dijo que sería levantado y nos atraería a Él? Lo que hace que la gente corra tras los evangelistas, no es el mensaje. Porque hay casos en donde el evangelista predica en un idioma, un traductor que lo traduce a otro idioma para que la audiencia de ese lugar pueda entender.

Si partiéramos del hecho de que es la voz la que tiene la autoridad, la voz que está invitando a esa gente y tendría la autoridad como para llevarlos a la cruz, sería la voz del traductor y no la del evangelista, porque ellos no entienden la voz del evangelista, habla otro idioma. Pero, a pesar de eso, multitudes de gentes corren hacia él. ¿Cómo puede ser eso? Muy simple, o no tanto. Porque ellos, los evangelistas, por el ministerio que Dios les ha dado, pueden exhibir la cruz. Y aunque la gente no entienda una sola palabra de lo que está diciendo, igualmente corren hacia él. Hacia la cruz. Este es un fenómeno muy interesante. A mí me ha tocado observar, en campañas de ministerios reconocidos, cómo la gente, antes que alguien diga la primera palabra, ya está quebrada, dispuesta a dar ese paso crucial. Sólo falta que alguien les diga: ¡Vengan! Están viendo la cruz, y la cruz es la que los invita.

Tienen un nivel de intimidad con el Espíritu Santo que les permite encontrar el lugar donde él, el Espíritu Santo, quiere obrar. (Juan 16: 8) = Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. Queda absolutamente claro: es el Espíritu Santo el que provoca esto, no el hombre en sí o por sí mismo. Él es quien decide el cuándo y el dónde. Un ministerio evangelístico serio, no es el que acepta la invitación de una comunidad para hacer evangelismo. El ministerio genuino es el que sabe dónde tiene que ir, lo inviten o no, le permitan la entrada, o no. Por lo dicho: entiende el cuándo y entiende el dónde. Dónde Dios quiere obrar. Obviamente, aunque Dios desea que pase en toda la tierra, no en todos los lugares se está dispuesto a creer. No todos los lugares están abiertos para que el Espíritu Santo los convenza de pecado, de justicia y de juicio.

Escucha esto: es imposible que una persona nazca del Espíritu, si es que no es convencida de pecado, justicia y juicio. Una conversión genuina, es la consecuencia de que la persona ha sido expuesta al Espíritu Santo, y el Espíritu Santo ha provocado en la persona conciencia de pecado, de justicia y de juicio. Te dije que hablaríamos de nacer del agua y el espíritu, ¿No es cierto? Bueno, esto que acabas de oír, es nacer del espíritu. Por lo tanto, la predicación del evangelista es muy básica, muy sencilla. ¿Qué es lo que provoca? Convicción de pecado. No va a ser una persona que va a hablarle de la ciencia de Dios. Su mensaje, simplemente provoca convicción de pecados. ¡Nada menos! Además, su unción es la que mantiene a la iglesia, con fina sensibilidad por la gente todavía no alcanzada.

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El Largo Brazo de la Salvación

¿Qué sucede cuando un maestro se levanta como punta de lanza en una congregación? Es tremendo. Porque algo que la iglesia todavía no ha entendido, es que el conocimiento es un arma de guerra. Sucede en lugares con religiones basadas en mentiras que un maestro puede desarmar en segundos. Al comenzar a hablar, sin reprender, sin poner sus manos sobre nadie y sin siquiera orar, los demonios se manifiestan. Porque la enseñanza y el conocimiento, es un arma de guerra. La maduración que la iglesia necesita, ciertamente depende de dos cosas. Una de estas dos cosas, es el carácter. La persona más idónea en la organización de la iglesia para trabajar con el carácter, debería ser el pastor, porque él conoce a las ovejas. De ahí que no se concibe la verdad de que pueda haber un pastor que no sea también un maestro. En la parte práctica, sin embargo, tengo que decir que sí hay.

Eso me lleva a una conclusión bien interesante: la persona que es pastor pero que no es maestro, entraría a funcionar bajo una unción pastoral, pero no bajo un ministerio pastoral. Porque es muy difícil que un pastor de oficio, no tenga que enseñar. ¿Cómo podría establecer verdades en la gente? Por la misma razón, un maestro de oficio, que tiene un compromiso por la verdad, va a estar permanentemente preocupado por saber lo que la gente está haciendo con lo que él está enseñando. Y eso, inevitablemente lo va a llevar a él, a hacer un trabajo pastoral indirecto. De acuerdo, no es algo que él busque, pero hay que entender que él no está arrojando semillas al aire, simplemente. Está viendo dónde caen, está viendo qué hace con eso, la gente. ¿Y por qué? Por el amor que tiene. Pero no a la gente, sino a la verdad.

Es muy difícil soltar, desprender, separar, el ministerio pastoral de oficio, del ministerio magisterial de oficio. ¿Qué es lo más normal de encontrar? Que existe un pastor ministerial de oficio, con un don magisterial. ¿Y cuál sería el equivalente? Una persona con el ministerio del maestro, con un don pastoral. ¿Y estas dos semblanzas, funcionan bien? Funcionan bien. ¿Y cuál es la diferencia entre ambos? Casi mínima, porque en esencia va a salir una sola fuente de ambos ministros. Va a salir una misma cosa. Lo peligroso: tener un maestro como líder de la iglesia, que no tenga nada de pastor. Será una iglesia casi sin perspectiva de desarrollo. Apenas llegará a constituirse en una biblioteca espiritual con piernas.

Otro peligro. Ser pastor pero no ser maestro. No se le da sentido a lo que pasa. La gente es atendida, la gente es restaurada, pero la gente no logra articular lo que sabe en su propia vida, con un sentido de utilidad. Bajo esta imagen, si bien consideramos que Dios nunca quiso que los ministerios habitaran individualmente, sino colectivamente, él diseñó esta cooperación en los ministerios, cuando cualquiera de ellos se desenvuelve solo, van a darse cuenta ustedes que carecen de muchas cosas. Y cuando digo cualquiera de ellos, no dejo fuera al apostólico. Cualquiera de ellos, aún el apostólico. No abastece para todo lo que es una iglesia sana, una iglesia con propósito, una iglesia establecida en una plataforma de estabilidad. No se da, porque Dios los diseñó juntos. Por eso no es correcto referirse a LOS ministerios quíntuples, sino AL ministerio quíntuple. Es un solo racimo de esta vid con cinco uvas.

Muy bien: todas las recomendaciones que hemos hecho con respecto a los dos ministerios desarrollados hasta aquí, deberán aplicarse al que sigue: El Ministerio Evangelístico. Tiene que quedar más que claro que ni estamos priorizándolos a unos sobre otros, ni dándoles una jerarquía superior a uno sobre los demás, aunque miles y miles nos digan que se está haciendo así. Simplemente, la idea es hablar un poco de cada uno de ellos, como parte integral de lo que en suma, será un equipo, ese ejército que anteriormente te mencionaba antes de dedicarme al primero, única manera que veo para derrumbar al sistema religioso. Quiero, antes de compartirte algunas características del evangelista, considerar que creo que este es uno de los ministerios más amados. Habrás advertido que los dos de los que estuvimos hablando, tienen algunas connotaciones que determinan que por allí tengan roces con otros. El evangelista es amado y, prácticamente, no tiene oposición alguna dentro de las estructuras eclesiásticas. Su guerra, aparentemente, es con el afuera, con el mundo secular, con los impíos. Y con los demonios, obviamente.

Sin embargo, y pese a todo lo que termino de decirte, ahora debo añadir que es uno de los ministerios que más ha perdido su forma. Es uno de los ministerios más prostituidos, si es que me permites una expresión que no es para nada agradable, tanto que en estos tiempos, muy difícilmente podamos hallar ministerios evangelísticos genuinos. Porque la gran mayoría de ellos se han comercializado, se han vulgarizado. Además, han sido usados para revitalizar ese sentimiento que nos lleva a suponer que en verdad, estamos ganando las naciones, pero sin fruto ni consistencia a largo plazo. Asimismo, es un ministerio para con el cual todos creen sentirse con derecho a modelarlo. Por esa causa es muy difícil observar a dos ministerios evangelísticos que trabajen iguales. Porque todos se sienten con derecho y libertad de poner sus manos en ese ministerio y cambiar, poner y sacar como mejor les parece.

Tanto es así que, en la práctica, hoy día, y si bien es uno de los ministerios más amados, es uno de los que ha estado vigente muchísimo tiempo. Pero, pese a ello, hoy es uno de los menos eficaces. Porque, si tomamos dos perfiles del evangelismo, que son el evangelismo masivo y el evangelismo personal, cualquiera de ustedes puede darse cuenta que el que menos resultado ha dado es el evangelismo masivo. ¿Por qué causa? Básicamente, entiendo que por la consolidación de los creyentes. Esa es, a mi entender, la crítica constante. Porque es mucha la gente que critica y censura el hecho de que no se puede mantener, consolidar y sostener a los que se han ganado en una campaña, que hace perder de vista algo mucho más profundo que esto, y es que por ser tan diluido el mensaje evangelístico de las campañas masivas, nadie puede asegurar que como resultado, verdaderamente se haya ganado algo.

Yo estaba recordando, por ejemplo, que cuando Pedro predica, es una verdadera explosión de evangelismo masivo. Sin embargo, cuando estuvieron con Jesús, era más bien un evangelismo personal. Lo del Libro de los Hechos, a todas luces, evidencia ser evangelismo masivo, pero estuvo tan delineado, tan potente, que la gente que entró por esas puertas maravillosas, indudablemente se quedó. Y eso nos lleva a este análisis. Cuando el evangelismo está bien hecho, aunque luego no exista un buen proceso de consolidación, la gente que nace de nuevo, ¡Nace de nuevo! Cuando el evangelismo llega demasiado diluido, en cambio, la gente va a necesitar de muchísimas prótesis para poder sostenerse y perdurar. Y allí empiezan los cruces de culpabilidades. ¡Es que no los seguimos! ¡Es que no los atendimos! Mira, cuando alguien nace realmente de lo alto, va a buscar la vida por el camino que sea.

Claro que cuando la persona no nació genuinamente de nuevo, entonces sí necesita un seguimiento, una atención personalizada y, hasta una actitud de promoción. Lleva dos por el precio de uno, compre ahora y pague el mes que viene. Más o menos ese es el estilo. Y partiendo de esta clase de base, ahí sí te puedo decir, que el ministerio del evangelista, si no es el más devaluado de los cinco, está compitiendo cabeza a cabeza con algún otro para serlo. De allí que quiero mostrarte algunos rasgos que encontramos en la Palabra en referencia al ministerio evangelístico. Por ejemplo: una característica que prevalece en este ministerio, es la fe. Porque no nos engañemos, lo que hace evangelista a un evangelista, es el don de fe que tiene. A todas luces es lo que más utiliza para poder proyectar su trabajo ministerial.

Además, tiene una especialidad visible: el entendimiento de los tiempos. Él sabe perfectamente que no puede cosechar, a menos que el trigo esté maduro. Y esto nos toca a todos. Probablemente tengamos algunos huecos, todavía, como por ejemplo con el ministerio apostólico. Porque si venimos de una iglesia tradicional, es más que obvio que no hemos estado rodeado de apóstoles, precisamente. Pero díganme en qué iglesia no se ha hablado de evangelismo. En qué iglesia no hemos llevado a cabo actividades evangelísticas. ¿En qué región o ciudad del planeta no se han reunido los pastores del lugar a diagramar una compaña de varios días con la presencia de un evangelista? Esto es algo que lo hemos visto desde siempre.

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La Habilidad de Entenderlo

 

El trabajo principal del maestro, es impartir el amor a la verdad. No es enseñar, como muchos suponen, no es el conocimiento en sí mismo; es el amor a la verdad. ¿Qué provoca esto en la gente? Esto motiva a los santos genuinos a cavar sus propios pozos, lo cual es esencial para una fe sostenible. Porque cada uno deberá conocer la verdad por su propio esfuerzo. El verdadero maestro, (Porque también hay falsos, obviamente), imparte tal amor al conocimiento de los caminos de Dios, que aquellos que lo oigan serán atraídos ellos mismos hacia la Palabra. Quieren más, más y más de la Palabra, cada día. Además, es capaz de encontrar sentido a una palabra que normalmente no se puede ver. Y puede darte una explicación de un versículo por más de dos horas, diciéndote cosas que están allí y tú, que lo leíste diez veces, no lo habías visto.

¿Por qué pasa esto? Porque el maestro se mueve, permanentemente, bajo un espíritu de conocimiento divino. Entonces: está lo que lee, está lo que sabe y está lo que Dios le está revelando en ese momento. Son tres factores que provocan este mecanismo. Lo que lee, lo que ya conoce y lo que Dios le está revelando. Son esos tres factores los que generan la rueda de su movimiento. ¿Sabes cuál es la prueba más gratificante que tengo a diario en mi trabajo? Que alguien me cuente que estuvo escudriñando, que estuvo orando y que cree haber recibido una determinada revelación que me comparte. ¿Sabes qué? A veces, por prisa carnal o inexperiencia, tal revelación es sólo imaginación. Pero a veces, Dios es capaz de darle a un hijito casi recién nacido, una palabra que jamás le daría a un ministro de altísimo prestigio internacional. ¿Sabes por qué? Porque el hijito es inmaduro y puede equivocarse, pero es íntegro y fiel y no la va a contaminar en su beneficio.

(1 Corintios 12: 8) = Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu;

¿Qué diferencia hay entre palabra de sabiduría y palabra de ciencia o conocimiento? En principio, digamos que los dos son dones del Espíritu Santo; los dos son dones de revelación; los dos son dones del habla. ¿Qué diferencia hay? En el griego, por ejemplo, cuando se habla de palabra de sabiduría, dice logosofía. Y cuando se habla de palabra de ciencia o conocimiento, dice logo gnosis.  ¿No te está resolviendo el problema ni respondiendo la pregunta, verdad? No. Veamos: la palabra de conocimiento o ciencia, es la habilidad para entender las cosas que otros no conocen y no pueden comprender y compartir este conocimiento con ellos bajo la inspiración del Espíritu. O sea: es el conocimiento preciso de un asunto que está escondido humanamente.

Ya lo conté en uno de mis libros, pero aquí encaja perfectamente reiterarlo. Yo era muy nuevo, todavía, y fui invitado a predicar (Porque estaba en la radio y eso me hacía conocido), a una iglesia que era un apéndice de una mayor. En el pequeño salón, había veinte personas. Cuando empecé a orar en la previa, cerré mis ojos y, sobre el fondo negro de mis ojos cerrados, se me recortó muy nítida, en color dorado, el perfil de una virgen católica muy popular en mi país, la Virgen de Luján. Me quedé sin saber qué hacer, pero sentí el impulso de decir en voz alta que había alguien presente que tenía un pacto con esa virgen y que el Señor quería que lo rompiera ya mismo. Y que para hacerlo, se pusiera de pie. Sólo me atreví a abrir mis ojos cuando escuché un murmullo creciente que terminó en aullido de glorificación a Dios. Ahí estaba una jovencita, quebrantada y temblando. Yo fui el más sorprendido de todos, aunque nadie me lo quisiera creer.

Y fíjate que, así como te dije anteriormente que en muchas cosas el profeta y el maestro chocan y se sacan chispas por determinados espacios, en este don, tengo que decirte que en muchísimas ocasiones llegan a compartirlo y utilizarlo ambos en beneficio de alguien o de la iglesia conjunta. La palabra de conocimiento es un conocimiento preciso de un asunto que está escondido humanamente. El don de la palabra de ciencia o conocimiento, tiene que ver con la revelación. Y esto significa que es conocimiento revelado por Dios, no es conocimiento obtenido a través de educación o estudios.

Un ejemplo: Jesús les pregunta a sus discípulos: ¿Quién soy yo? Pedro le responde: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. ¿Qué dice Jesús? ¡Esto no te lo reveló ni carne ni sangre! Eso es palabra de conocimiento. Y entonces, ¿Cuál es la diferencia con una palabra de sabiduría? Si tú le preguntabas en ese momento a Pedro, por qué había dicho que Jesús era el Cristo, el Hijo del Dios viviente, él no te lo habría sabido explicar. Porque sólo recibió la palabra de conocimiento, pero no la entendió. Ahora, si él hubiera podido explicarla, además de darla, entonces se hubiera convertido en palabra de sabiduría.

La palabra de sabiduría es la habilidad de recibir la comprensión acerca de cómo puede aplicarse el conocimiento a las necesidades específicas. Dado los hechos sobre cualquier situación, una persona con este don encuentra la manera de desarrollar un proceso para traer una solución. La palabra de sabiduría puede ser una visión divina, puede ser una impresión en el espíritu, o puede ser algo recibido de alguna forma, sobre una persona o una situación, que no son obvias para una persona promedio, y se combina con una comprensión de qué hacer y qué no hacer. Es decir: cuando la suma de conocimiento se articula y conforma un gigantesco rompecabezas, o puzle armado, allí es donde comienza a gestarse la sabiduría.

Cuando un profeta comienza a enseñar la mente de Dios, normalmente está haciendo uso del don de sabiduría. Y la gente le entiende, de hecho. Porque si la gente no entendiera, esa sería la señal de que no está utilizando el don. Lo cierto es que el trabajo del maestro, hace que la iglesia madure más pronto. Él trae instrucción práctica y trae revelación del cielo para tomar decisiones correctas. Y en ese amor a la verdad, y tal como lo expresa Juan en el capítulo 8 y verso 32: Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres, hay un principio vigente y activo. La verdad, de por sí, tiene la capacidad de desarticular a las tinieblas. Porque el diablo es un estratega de mentiras.

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