Es Complemento, No Competencia

Los profetas tratan más con la visión, que es como decir el lugar en donde debemos estar. Pero el profeta no se ocupa de la, o las formas existentes para llegar allá. Es el maestro el especialista en enseñarnos cómo llegamos allá. De nuevo: el profeta viene y te dice que en dos años, deberemos estar allá. Cuando tú le preguntas cómo lo hacemos, te responde: No sé, Dios lo sabe. Yo, lo único que sé es que es así porque Dios me lo ha dicho. Ahí es cuando aparece el maestro y pregunta: ¿Dónde debemos estar? Allá. Muy bien. Y a partir de allí ese maestro se pone a trabajar para encontrar, rápidamente, la forma de armar un plan para llegar allá en el lapso de dos años. Y esa es la razón por la cual, el infierno, ha realizado un especial trabajo en cambiar la fuente de información que el maestro tiene.

Porque, ciertamente, el profeta no es bueno para guiar. ¿Sabes qué hace el profeta? Se calza su mochila y se va. ¿Y sabes cómo es su manera de guiar? ¡Sal corriendo y persíguelo! Él va a llegar allá, donde hay que ir, y jamás va a fijarse si alguno venía atrás. El pastor es el que va guiando, empujando y ordenando el andar de las ovejas procurando que nadie se quede. Pero el especialista en la ruta, es el maestro. Él tiene el GPS espiritual. Cuando estos dos ministerios, el de profeta y el de maestro, cooperan el uno con el otro, se forma un equipo que es altísimamente poderoso. Tienen una impresionante capacidad ministerial de complemento. En soledad, cada uno, por el contrario, se les genera algunos problemas muy singulares.

Cuando un profeta o un maestro están solos, no solamente son inofensivos, sino que incluso hasta se pueden tornar destructivos. ¿Por qué? Sin la influencia de los profetas, los maestros suelen ser tan prácticos que, el pueblo puede, por ellos, tener una buena doctrina, pero sin el fuego ni la visión que siempre hacen falta para progresar. Hay cierto carácter de cinismo que se va generando con los años en el maestro, cuando no tiene profetas cerca. Porque es muy práctico. Y esa, créeme, fue una de las razones por las que se fueron anulando los dones dentro de la teología. ¡Ah! ¡Hoy he visto un ángel! – ¿Ah, sí? ¿Y qué significa eso? – ¡Ah, no lo sé! – ¿Y entonces para qué lo dices? ¡Déjalo para ti solo! Porque lo importante no es que tú veas un ángel o dos, lo importante es que tú seas un buen papá.

Ahora; todas estas expresiones muy prácticas y hasta efectivas, con el correr de los tiempos, fueron cortando esa espontaneidad que es típica del ministerio profético. Claro está que por el otro lado, el error fue que ante cada circunstancia, el proceso se realizaba dentro de los conocimientos que se poseían, sin detenerse a pensar ni por un instante, que absolutamente nadie puede suponer que se lo sabe todo. Y quiero aportar una sentencia que, por venir de quien viene, deberías tener en cuenta. Depender solamente de lo que se conoce, nos convierte con el tiempo en una persona cínicamente práctica. Claro está que, así como en iglesias donde lo magisterial y teológico domina a lo espiritual, el espíritu griego se infiltra y llega un momento en que la frialdad provoca congelamientos y neumonías espirituales mortales.

¿Y en las otras, donde todo el mover es profético? Allí las cosas parecen ser mucho más espirituales, por lo que puedes ver a la gente en general, desde los líderes hasta el último de los ujieres, prácticamente levitando en el tercer cielo. Pero claro, al mismo tiempo, hay una mayoría de padres que no tienen ni la menor idea respecto a qué hacer para tener con qué pagarles el colegio a los niños. Esta dualidad es como si examináramos un automóvil. Mientras que su volante representa al maestro, su transmisión representa al profeta. Es más que obvio que se necesitan las dos cosas. ¿Dónde crees que llegarías en un auto que tiene tracción para moverse pero no tiene volante para dirigirlo? A colisionar con lo primer que se cruce. ¿Y dónde se supone que llegarás con uno que tiene un volante que anda perfecto, pero no tiene tracción y no se mueve?  ¿Te das cuenta que necesitamos ambas cosas para funcionar?

Porque si un profeta se deja llevar por su ministerio a pleno, llega un momento en que todo parece volar por los aires, pero la realidad nos muestra que no estamos yendo hacia ningún lado, y que en lugar de ser espirituales, como suponíamos, en verdad apenas estamos resultando místicos. Y créeme que hay una gran diferencia entre ser espirituales y ser místicos, ¿Entiendes? El espiritual, por ejemplo, tiene una lógica espiritual y sabe perfectamente por qué hace eso, mientras que el místico, no. ¿Ejemplo de misticismo? He sabido de personas que llegan a tomar entre tres y cuatro veces por día la Santa Cena. Navegan en las turbias aguas del absurdo.

Además, sin la influencia de un maestro, un profeta puede activar a todo el mundo, pero sin saber lo que hay que hacer. El corazón y el alma del ministerio del maestro, es el amor a la verdad. ¿Y de dónde nace este amor? Del mismo modo que decíamos que el amor a Dios está por encima del amor a las ovejas, vale la pena aclarar esto también. Este amor es la motivación que lo hace escudriñar las Escrituras, que son la base de toda verdad. Un maestro genuino puede cometer cualquier error porque es un ser humano falible; pero enseñar algo que sabe que no es verdad, si es genuino, jamás. Aunque le cueste su expulsión de la sinagoga de turno. Porque su compromiso es con la verdad, no con el líder.

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Las Bases del Conocimiento

Creo que a esta altura ya te diste cuenta que un ministerio, no es algo que tú te pones o te sacas conforme al momento. El ministerio es algo que te acompaña siempre, desde que saliste del vientre de tu mamá hasta que saludas y te metes en un ataúd. Y durante todo el día, estés donde estés y hagas lo que hagas. Es tan inseparable como la piel. Incluso en lo secular el maestro actúa como maestro, si es que alguien no parece entender algo que él ya sabe. Y, generalmente no sólo se preocupa por saber lo respectivo a su trabajo específico, sino que se toma el tiempo para conocer el de sus compañeros, también. Y no tiene nada que ver ni con Dios ni con la Biblia, sino conque su amor por eso lo lleva a desear que toda la gente haga lo que tiene que hacer, correctamente.

Además, el maestro es una persona que enseña permanentemente y sobre todo lo que conoce más que los demás. No necesita ni pizarra ni bolígrafo ni celular ni computadora, enseñar es su vida. Y si te pasa una receta de cocina y tú te pones a copiarla, te va a corregir hasta la ortografía de la receta. Puede llegar a resultar un tanto pesado para la gente común, ¿Para la gente normal? Pasemos a lo que es su don más importante, aunque todos lo sean por igual. En este caso es el fundamental que adorna y respalda su ministerio: la palabra de conocimiento. Es el don que más usa. Y créeme que es un recurso extraordinario. Este don pertenece a la famosa y conocida lista del Espíritu Santo, ¿Recuerdas? Es también ubicado o agrupado como don de habla.

En cuanto lo que más recurre durante su tarea, es a la precisión. La diferencia está en que, mientras el don viene del Espíritu, el recurso es una disciplina. Prueba a tu gente con un trabajo de investigación sobre lo que sea, y luego diles que te hagan un informe. Los informes más detallados, puntillosos, meticulosos y al milímetro en detalles, pertenecerán a los que tienen el don de maestros. Por eso, estoy convencido que es uno de los ministerios más fáciles de reconocer en la gente. Y aunque parezca increíble, no es tan fácil encontrar maestros de oficio, de ministerio, dentro de las congregaciones. La mayor parte del liderazgo establecido y tradicional, no sabe encontrar ni valorar a estas personas. Referente a la carga por la iglesia que tiene el maestro, esta tiene que ver ineludiblemente con el crecimiento. Obviamente que no me refiero al crecimiento numérico ni financiero. Hablo de crecimiento en conocimiento. Su versículo favorito, es el pueblo perece por falta de conocimiento, aunque luego va a explicarte que no se trata de teología, sino de intimidad. Lo sé porque lo repito dos o tres veces cada día. Con diferentes personas, claro…

Al igual que con el ministerio del pastor, no tenemos ningún ejemplo en el Nuevo Testamento de alguien que fuera solamente maestro. De allí que, al igual que el pastor, maestro es siempre una función, jamás un título. Fíjate que cuando le dijeron “maestro bueno”, a Jesús no le gustó. Lo que sucede, es que se toma al Libro de los Hechos como base sustancial ministerial, pero resulta ser que cuando Lucas escribe ese libro, no pretende de ninguna manera contar toda la historia de la iglesia. Él sigue un hilo muy delgado, que abarca la vida de Pedro, un poco, y la vida de Pablo, otro tanto. No pretende en modo alguno hacer una enciclopedia de la historia de la iglesia. Nunca lo quiso hacer y no hay esa intención en la Biblia. Y cuando no existen referencias, muchos se preguntan el por qué. Pasa que en ese tiempo esa iglesia no escribía sus historias porque ellos estaban convencidos que Jesús iba a retornar muy pronto, casi ya mismo, y por lo tanto no valía la pena, -según ese pensamiento- registrar historia alguna. ¿Quién la iba a leer?

Y ahí está la diferencia entre 1 Tesalonicenses y 2 Tesalonicenses. Cuando Pablo mismo, en 1 Tesalonicenses, parecería estar diciendo: “¡Ya nos vamos! ¡Ya nos vamos!”, mientras que en la segunda carta al mismo destinatario, cambia totalmente su postura y aconseja no dejar de hacer todas las cosas que se deben hacer para subsistir, porque nadie sabe ni el día ni la hora de ese retorno. De hecho, ellos no sabían qué cosa significaba ese Vengo en breve de Jesús. Por ese motivo, no había ninguna razón para escribir un libro de historia. Me pregunto si en este tiempo alguien podrá definir qué significa esa expresión de Jesús y a cuándo se refiere. De allí que lo que digo, que no hay nadie a quien se le llame maestro luego de Hechos 2, es muy cierto, pero tan cierto como que evidentemente hubieron muchos. En el Libro de los Hechos, capítulo 13 y verso 1, hay un texto bien bonito e ilustrativo.

 (Hechos 13: 1) = Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba Níger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo. 

No sabemos si aquí se nos está diciendo que estas personas, eran profetas y maestros, todo junto en uno solo, los dos ministerios en uno, o bien está diciendo que algunos eran profetas y otros eran maestros, con ministerios separados. Fíjate que nos deja la misma duda que nos deja Efesios 4:11, cuando habla de pastores y maestros. No sabemos, en ninguno de los dos casos, si es alguien que tiene las dos cosas, o son dos personas distintas. La palabra “Y”, en griego es kai, y no nos ayuda mucho porque involucra las dos cosas. Con, esto y esto, adición. Pluralidad, singularidad. ¿Entonces, en qué me ayuda el verso? En que es evidente que se reconocía el oficio magisterial. De allí que coincidimos en que este ministerio, es un ministerio de equipamiento y capacitación.

¿Y qué cosa significaría eso? Que dentro de la cantidad de ministerios que podemos tener, están los ministerios de alcance, por ejemplo, el ministerio evangelístico, que es el brazo largo y de alcance. El ministerio apostólico también es un ministerio de alcance, territorial en este caso. El evangelístico, en cambio, va por personas, mientras que el apostólico va por regiones. El ministerio del maestro, en cambio, no es un ministerio de alcance. Cuidado, esto no quiere decir que un maestro no pueda evangelizar. Puede hacerlo, pero va a ser largo. Pero está bien, porque eso nos permite entender cuando ellos hacen énfasis en el equipamiento. Está dirigido hacia adentro de la iglesia. Cuando yo dudaba de mí ministerio oré, y el Señor me llevó al Salmo 22:22: Anunciaré tu nombre a mis hermanos; En medio de la congregación te alabaré. A mis hermanos, no a los mundanos. Listo.

¿Listo? No, listo nada; tuve dudas, entonces puse un innecesario vellón y volví a orar esperando palabra. El Señor, con justicia, debería haberse quedado en silencio, pero: ¿Cuántos saben que nuestro Dios es infinitamente misericordioso y tiene tremenda paciencia hasta con los incrédulos como fui yo? Él simplemente me mandó a Hebreos capítulo 2, sin especificar nada más. ¿Un capítulo completo? En realidad, no; porque el corazón me dio un brinco cuando llegué al verso 11 y 12: Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos, diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre, En medio de la congregación te alabaré. ¡Ahora sí, incrédulo! ¿Necesitas algo más para salir a enseñar a tus hermanos? Punto.

Porque por lógica simple, no tiene demasiado caso ponerte a equipar a los que están fuera de la iglesia. No tiene sentido. Obviamente que el equipamiento es dentro de la iglesia. Es la acción más usada en el ministerio de Jesús. Se lo llama Raboni, Rabí, más veces que con otro título. Los maestros tienden a ser muy prácticos. Es lógico. Por lo tanto, si en algo son breves, es cuando dan consejos. Yo me niego a dar consejos, apenas algunas sugerencias como para que la persona que me consulta, luego, decida por sí mismo lo que hará o no hará con mis sugerencias. Nadie, -a mi juicio-, está ni autorizado ni capacitado para decirle a otro con valor de orden a cumplir, como debe o no debe vivir aspectos de su vida personal. Aquello de que en la multitud de consejos está la sabiduría, tiene que ver más con el consejo de planos espirituales que con los asuntos del alma humana.

A veces me han escrito un correo contándome que cuando en su iglesia se ponen a saltar y a danzar, a él o a ella, eso, la ponen muy mal. ¿Sabes qué he respondido? De acuerdo, entonces no lo hagas. Déjalos danzar todo lo que se les dé la gana, pero tú quédate a un costado o sencillamente vete fuera del templo. Nadie podrá obligarte a hacer lo que no quieres hacer. Nadie puede manipular tu vida. Mientras tanto, ponte a orar y pídele al Espíritu Santo que te muestre la guía a toda verdad respecto a ese asunto. Allí tendrás la respuesta de si el equivocado eres tú o los otros. Punto. Porque nadie ha dicho que quien va a una iglesia deba ir con los zapatos bien preparados porque danzar será su trabajo principal. Pero tampoco nadie ha dicho que quien va a una iglesia y ve danzar a los demás, deba salir a reprender demonios bailarines, como alguna vez le oí a alguien…

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El Chef Siempre Tiene la Receta

Ahora quiero referirme a lo que más cerca tengo, el Ministerio del Maestro. Tiene una característica específica y puntual en el caso de ser un maestro genuino, y no uno formado a golpes de necesidad y urgencia por dudosas escuelas teológicas. Esa característica es El Amor por la Verdad. Amo la verdad, jamás podría enseñar algo que una denominación me obligara a enseñar, pero que yo sé, que sé, que sé, que no es una verdad bíblica. (Eso fue lo que hice, por eso estoy donde estoy y no de donde salí.) Y de eso hay mucho. Como hay muchos que tienen el don de enseñar, pero no necesariamente tienen el ministerio de la enseñanza. Y la enorme distancia y diferencia que existe entre ambos, aunque a muchos les pueda parecer que son la misma cosa, es que el que no tiene el ministerio, sino el don, sale a enseñar con alegría, pero no tiene el compromiso con la verdad que tiene el ministro magisterial. De allí que, mientras los que tienen el don de la enseñanza, son utilizados grandemente y con excelencia, muchas veces, en los lugares donde se le da preeminencia a la doctrina denominacional que corresponda, por encima de la verdad bíblica, a veces al ministro se lo posterga, se lo obstaculiza o, sencillamente, se lo desactiva.

El que tiene el ministerio del maestro, jamás aceptaría eso. Él tiene un estricto e irreductible compromiso con la verdad y necesita estar plenamente convencido que lo que está enseñando es puntualmente eso, la verdad. Muchas veces nosotros tenemos la tendencia de juzgar a un determinado trabajo, pero no la motivación que está detrás de ese trabajo. Y las iglesias, convengamos que a la hora de armar grupos de enseñanza, echan mano a lo que se supone que podrán ser buenos maestros, por ejemplo, tomando maestros de la escuela secular que se congreguen allí. ¿Y sabes qué? El maestro del Señor, no es un pedagogo, es un difusor de las verdades que Dios quiere que sus hijos conozcan. Alguien que tiene el carácter para enseñar la verdad, amarla y transmitirla.

Y esto, muestra una característica muy interesante del que yo llamaría maestro de oficio: el primero en poner en práctica lo que está enseñando, es él mismo. Ese es un rasgo muy distintivo del maestro. Tan fuerte es su compromiso con la verdad, que muchas veces, no se anima a enseñar algo que sabe que es lo correcto, porque todavía no lo puede vivir. Así de fuerte es su compromiso. Mientras, la especialidad que tiene el Ministerio Magisterial, es el entendimiento de diseños. Tiene una habilidad para poder comprender la dinámica con la que funcionan las cosas. Ocurre algo imprevisto y, mientras las personas en lo global acercan posibles soluciones o mecanismos, el maestro se queda en silencio y parece estudiar el problema para ver si le encuentra el diseño. Y no está figurando ni actuando, ¡Él es así en todo!

No somos buenos en lo más mínimo para hacer las cosas rápido. Te lo advierto: si deseas que algo salga rápido, vertiginoso, entregárselo a un maestro, no me parece que sea una decisión inteligente. Porque es muy difícil que un maestro encare algo si no lo ha entendido bien.  Si se pone a cocinar algo, puede desatar una hecatombe de ansiedad en los comensales, porque parecería ser que la comida no va a estar lista jamás. Sin embargo, que no te extrañe que, aun no siendo un cocinero ni mucho menos, si un maestro cocina, esa comida sale perfecta. Porque con anterioridad, se tomó el trabajo de estudiarse todos los detalles. Jamás viajo a un lugar sin pasar antes por el “maps”. Cuando salgo, me conozco hasta los arbolitos plantados allí. Eso causa mucha gracia en mi familia, porque la mayoría elegiría salir y “ver qué pasa” después. Yo acepto que la normalidad de las personas, eso sería lo que harían, y está muy bien; pero yo jamás ando perdido por allí preguntando qué ruta o que calle debo tomar para llegar a un lugar determinado. Yo ya lo sé, si no, no salgo.

Este entendimiento de diseños, es muy valioso cuando se trata de la iglesia. Porque todo lo que nosotros vivimos como personas naturales, como seres espirituales, nuestro caminar antes de Cristo, nuestro caminar en Cristo, responde a diseños. Entonces, los maestros no sólo ayudan a hacer un diagnóstico muy preciso respecto a por qué le pasa algo a alguien, sino que también tienen una mecánica para poder prever que esto no se repita. El rasgo más notorio que tiene el maestro, llama mucho la atención, ya que es el aprendizaje constante. No es maestro de verdad, si no está permanentemente aprendiendo. Constantemente el maestro está aprendiendo. Lee, escucha, ora, recibe, tiene revelación, tiene conocimiento, tiene ciencia, saca de aquí, extrae de allá, pero no lo utiliza para armar campañas, conferencias ni congresos para demostración y lucimiento. Lo utiliza simplemente para enseñar a todo aquel que no sabe lo que él sí ya sabe. Yo declaro, confieso y lo digo permanentemente: esto no es mío, esto es de otro ministro, a esto lo saqué de aquí y de allá y, en un momento dado, cuando toca, esto me ha sido revelado a mí. Y, -reitero-, no me avergüenza tomar de otros y compartirlo, porque yo no uso eso para mí beneficio, sino para el tuyo, eso está más que claro.

Sin embargo, a lo mejor no son los maestros los mejores invitados a una cena de simple diversión o pasatiempo. Porque él tiene una dinámica en su ADN y es la recibir y transmitir, así que todo, absolutamente todo lo que escuche, pasará por un tamiz de estudio, ordenamiento y preparación de libreto, por si acaso debe repetirlo ante otros. Tiene un lado bueno, jamás te va a decir que está todo bien si no entendió absolutamente todo lo que le has pedido, ordenado, solicitado o enseñado. Amor a la verdad. Todo esto, le otorga al maestro genuino, un carácter que no siempre le brinda multitud de amigos: es confrontador. Soy consciente de que un maestro no busca ser confrontador, lo sé por mí mismo, pero parecería ser que es inevitable que no termine siéndolo. Porque por el proceso de amar la verdad, entender el diseño y el aprendizaje constante, el maestro siempre exige que todos sean precisos con él, como él lo es con todos.

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Apacienta Mis Ovejas

 

(Juan 21: 15) = Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿Me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos. (16) Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. (17) Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas. 

¿Prestaste atención a esta lectura? ¿La leíste bien en tu Biblia? ¿Sí? Entonces, dime: ¿Dónde está el engaño? Que el amor del pastor, no debe ser a las ovejas, debe ser al Señor. Y es ahí donde el pastor es engañado. ¿Cómo vas a ser pastor si no amas a las ovejas? Eso es lo que te dice no sólo la multitud, sino también los profesores de los seminarios. ¿Sabes? Aquí lo que leímos, no dice que ames a las ovejas, dice que ames al Señor. Porque, mira; cuando Pedro le responde que sí, que lo ama a Jesús, Él le responde en las tres ocasiones más o menos de manera similar: apacienta mis corderos, pastorea mis ovejas y apacienta mis ovejas. Es decir que, lo que faculta al pastor es el amar al Señor, y como consecuencia de ese amor al Señor, no a las ovejas, recién allí se le avala y habilita para pastorearlas. Parece una verdad de Perogrullo, pero no lo es: ¿Sabes la cantidad de veces que he tratado de hablar del Señor con un pastor, y él me ha respondido hablando de sus ovejas? Engaño.

Y allí es donde el diablo le pone la zancadilla y lo hace caer en la trampa al pastor. Porque de allí en más, ese pastor empieza a cuestionarse su escaso amor a sus ovejas, el qué pensarán ellas de él y todo eso que ha llevado, y sigue llevando, a lo que algunos humoristas del evangelio han dado en llamar, la aparición de las igle-burger, esto es: iglesias a pedido del consumidor. Y ese suele ser un motivo de quiebre entre un pastor y un profeta, porque el profeta se rasca la nuca, sabe perfectamente que el pastor es un fiel y sincero hombre de Dios, pero no puede entender por qué, todavía, está permitiendo o tolerando el pecado. No le da al profeta para entender que no está tolerando ni permitiendo el pecado, sólo le está dando a ese pecador una oportunidad más para sanarlo y restaurarlo.

¡Pero pastor! ¡Ya cayó diez veces en un año en lo mismo! ¡Tiene que ser cortado para que no contamine a los demás! – Pero no, siervo…démosle una oportunidad más, ¿Sí? No. El pastor está equivocado, porque verdaderamente deberían cortar a esa oveja, porque no es oveja. En todo caso está disfrazada con una piel de oveja, pero no lo es. Es decir que el engaño le hace cometer al pastor el más frecuente de los errores pastorales: hacerle pensar que la constante aceptación de los errores de las ovejas, es un sinónimo de su amor por ellas.  Cuando verdaderamente existe una unción pastoral, eso atraerá el amor de Dios para con la gente. La gente, cuando está con un pastor que tiene legitimidad sobrada y es absolutamente genuino, se levanta en amor y, si amaba a Dios antes de ello, ahora lo amará mucho más, todavía. La unción pastoral genuina, es una fuente de amor. Por eso es esta unción, la pastoral, la que mejor ministra la sanidad interior. Asimismo, aporta liderazgo a los creyentes, les ayuda a tomar decisiones, los respalda en sus proyectos.

En otro orden, más allá de la unción y como consecuencia directa de esta, se encuentra la autoridad. Y la autoridad pastoral genuina, desata edificación en la vida de los creyentes, la gente avanza. Y volviendo a la metáfora de las ovejas, que es la que da origen incluso al ministerio, Jesús dijo que el buen pastor, conoce a las ovejas. Las conoce de cerca, las conoce por su nombre. Eso implica una relación directa entre pastor y oveja, no es ni puede ser jamás alguien intocable.  No solo conoce al hombre o a la mujer de ese matrimonio, sino que conoce también a sus hijos, sabe sus nombres, sabe los problemas que tienen. Por eso es que resulta absolutamente imposible para un pastor pastorear una congregación de quinientas personas él solo. ¡Es imposible!

Y eso sin dejar de lado un rasgo casi central en la vida pastoral: la paternidad. Y fíjate que un ministro, cuando sabe perfectamente que lo es, suele tener mucho respeto por otro ministro. No quiere ser en absoluto invasivo. Sin embargo, cuando tiene una visita en su congregación, puede sonar casi hasta manipulador, ya que incide en todo o casi todo lo que la visita dirá.  Aseguran los que estudian a fondo estas características, que eso se trata solamente de cuidado paternal para con las ovejas, y temor a que estas se confundan. Puede ser, yo todavía tengo algunas dudas. Y las tengo por lo siguiente: yo, personalmente, no tengo ningún problema para sujetarme a un ministerio, cualquiera sea este.

Si toca que sea un apóstol, o un evangelista, otro maestro, un pastor o un profeta. Llego donde se encuentran y ya: me sujeto a todo lo que digan o hagan. Sin embargo, a lo que no me podré sujetar nunca, es a alguien que no tenga para nada definido qué clase de ministerio tiene, hace, pretende o imagina. ¿Y sabes qué? Está repleto de esto último. Y te digo por qué no me sujetaría a esto. Porque al no tener un ministerio definido, esta persona nunca desarrolló su habilidad, nunca ejerció una autoridad competente plena. De allí que entonces, no va a poder saber dónde poner límites, no va a poder desatar en la gente lo que ellos necesitan. ¿Y sabes por qué? Porque ni él mismo sabe lo que tiene, así que no podría saber jamás lo que tiene otro. Entonces, volvemos atrás y vemos que, cuando esa clase de persona se acerca a la visita y le señala todo lo que conviene que diga o que no diga, no está en realidad velando por la seguridad de las ovejas, está ejerciendo un alto espíritu de control. Muy abundante en los lugares en los que me ha tocado estar.

Y ahí entramos a una recomendación que Jesús dio con meridiana claridad. Él dijo que un ciego no puede guiar a otro ciego, Y no hablo de la persona en sí, en este caso. Puede que sea alguien de gran fe, pero de por sí, la fe no me va a dirigir a tomar decisiones correctas ni a hacer las cosas bien.  Entiende esto. La iglesia está en un proceso clarísimo de transición hacia una reforma, ¿Verdad? Esto está fuera de toda discusión y es el punto de partida para cualquier cosa que se diga aquí. Sin embargo, nadie, y mucho menos nosotros, podría empujar a Dios en ese proceso. ¡Es Dios quien tiene que mecanizarlo y lo hará en su tiempo, no en el nuestro! Además, Dios dejó cinco ministerios básicos, esto es, un equipo de personas. Entonces, ¡Necesitamos el equipo! No permitir que el equipo se forme, no es ni puede ser una estrategia pastoral, directamente es una maniobra satánica a partir del engaño de gente sincera y honesta, pero ingenua.

Fíjate que se habla de unidad, pero no hay unidad en el pueblo de Dios. Y esta vez no me refiero a sus líderes, que a partir de sus tremendos intereses personales, tanto materiales como de prestigios o simples egocentrismos, prácticamente la han tornado empresa imposible, sino de la gente, de las ovejas más comunes. Algo tiene base biológica. A medida que la oveja de un rebaño no se cruza con ovejas de otros rebaños, se va aislando y, por consecuencia, deteriorando. La endogamia, destruye la genética. Endogamia, te recuerdo: es la fecundación entre individuos de la misma especie. Práctica u obligación de contraer matrimonio personas de ascendencia común o naturales de una misma zona. Ahí es donde se ve el verdadero y genuino oficio de pastor. Porque un pastor de oficio, de ministerio pleno, no tiene ningún problema que sus ovejas se mezclen con ovejas de otros rebaños. De hecho, esto es altamente saludable.

Pero, claro, todos sabemos que existen muchos pastores que evitan esta clase de mezclas, tanto las más duraderas como las eventuales, como realizar congresos con profetas, apóstoles, etc. Cuando una persona evita estas mezclas, lo hace influenciado por el temor. Y ese temor, obviamente tiene una razón. Y la razón central es que él mismo, no tiene un ministerio de oficio. Una unción muy singular que es patrimonio casi exclusivo del verdadero pastor, es la de tener la habilidad de encontrar los dones escondidos que tiene la gente. Es de suma ayuda para que cada uno pueda fluir en cada uno de los dones que haya recibido. Ministra todo el tiempo enseñanza práctica. A un pastor-pastor, le interesa bien poco que la gente vea ángeles de a millares cantando a coro. A él le interesa mucho más que cada uno tenga una hermosa familia, que sus hijos crezcan sanos, en obediencia y que sus finanzas se desarrollen. Obviamente, esto no tiene discusión en cuanto a su conveniencia, pero… ¡La iglesia espera algo más de sus miembros!

Decía alguien que el pastor es el típico maratonista, porque quizás no sea muy bueno para competencias de velocidad, (Ese, en todo caso, es el profeta), pero en los cuarenta y dos kilómetros que dura una maratón ahí lo tienes, lento, firme, perseverante y sin cansarse. Al atardecer de una competencia que se largó al mediodía, quizás está llegando a la meta. Pero siempre llega. Finalmente, habrá que decir que el ministerio pastoral, es un ministerio que apunta mucho a la prevención. Su corazón está muy ligado y comprometido a evitar que pase esto. Y esto, puede ser un problema, una contingencia, una tentación masiva en los jóvenes. Todo, en función de una buena calidad de vida. Sin embargo, y toca reiterarlo, es un error clave enquistar al pastor por encima de los otros ministerios. Nunca fue diseñado así. Fíjate, este es un ministerio con unción magisterial, aunque llegado el momento y la necesidad, pueda fluir en cualquiera de las otras cuatro unciones. Sin embargo, para el trabajo de la iglesia conjunta, yo tengo clara cuál es mi ubicación: prepararla para funcionar sin necesidad de incorporar “porristas cristianos”, que son los que te obligan a estudiar, cantar y predicar.

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Un Modelo Inexistente

Hace algunas semanas que venimos hablando del ministerio pastoral. Es tiempo de ir cerrando estas evaluaciones. Ahora, escucha esto: en el Nuevo Testamento, no vemos que se le llame pastor a ningún individuo. Parece obvio, que esto siempre tuvo que haber sido un trabajo en equipo, lo cual no significa que los ancianos y pastores deban poseer la misma autoridad ni liderazgo. De hecho, el patrón de liderazgo del Nuevo Testamento suele ser que normalmente alguien dirija un equipo, como Pedro, y más tarde como Santiago en Jerusalén. Aun así, en cada caso sigue habiendo un equipo de ancianos y apóstoles. No vemos ni un solo ejemplo en todo el Nuevo Testamento, de una iglesia que esté liderada por una sola persona. No existe ese modelo. Y mucho menos que lo que diga esa persona resulte inapelable “por orden divina”. Siempre se habla de un equipo. Cuando uno entiende lo que es atender al rebaño, simplemente por un tema de humildad, uno se da cuenta que no lo puede hacer todo una sola persona. Es imposible. No se puede, no es posible. Se requiere más colaboradores.

A mí particularmente me impresiona cómo Jesús, el pastor de nuestras almas, el buen pastor, hace una oración con sus discípulos. De hecho, les pide que oren, para que el Señor envíe segadores, obreros a la mies. ¿Por qué? Porque él mismo, solo, no puede hacerlo. Él vino para algo específico y los discípulos van a ser enviados, pero aún ellos no pueden hacerlo todo. No hay ningún individuo que pueda hacer todo lo que se requiere para pastorear el rebaño de Dios. Aquellos quienes están bajo una sola persona que lo intente ser todo para todos, terminan inevitablemente siendo ovejas descuidadas. Ahora reflexiona por espacio de un segundo, no mucho más: ¿Estás viendo ovejas descuidadas a tu alrededor? Listo, ya tienes tu respuesta. Ese sistema podrá ser de prestigio y beneficio para unos pocos, pero es negativo para la mayoría. Y lo más grave, está en oposición al propósito de Dios.

Es imposible, no nos da, no nos alcanza, y a medida que envejecemos, peor. No se puede. Necesitamos un equipo. No se puede entender este ministerio sin la comprensión de una metáfora que el mismo Señor nos dio: pastor de las ovejas. De hecho, ante la carencia de explicación bíblica respecto a este ministerio, un pastor haría muy bien de tomar esta metáfora y hacerla suya. Un pastor es pastor si tiene ovejas para cuidar. No existe ni existirá tal cosa como un señor con título de pastor que no esté al cuidado de un rebaño de ovejas. De todos modos, si lo está haciendo, la metáfora será útil para entender de una vez por todas, todo lo que este ministerio está facultado y hasta obligado a hacer. Un buen pastor, al igual que el Señor, no es simplemente alguien a quien se le ha contratado para hacer un trabajo, sino que es alguien que ama a las ovejas tanto que daría su vida por ellas.

Y, de hecho, Jesús distinguió a los asalariados. Y no dijo maestros asalariados, dijo pastores asalariados, como un elemento peligroso, porque ellos no ponen sus vidas por las ovejas. El pastor quiere que sus ovejas tengan los mejores pastos, la mejor agua, y está atento para asegurarse que ellas estén bien protegidas. Y si quieren ver lo que es una imitación, vamos a ver algo en el evangelio de Juan, capítulo 21. ¿Sabes? El corazón del hombre es muy engañoso. Nuestro corazón es tramposo, jamás juega limpio. Obviamente, se necesita que se explique a qué nos referimos. Uno de los rasgos distintivos más fuertes del ministerio pastoral, es el amor. He visto muchos choques entre pastores y profetas, cuando deben enfrentarse con un problema bien doméstico de las iglesias locales, como es por ejemplo el pecado de alguien.

Ahí sale el pastor a hacer todo lo desesperadamente posible por ayudar a restaurar a la, o a las personas involucradas, mientras que si hay un profeta activo, su inevitable postura será la de cortar de la congregación a esa persona y punto. Debo decirte que los dos argumentos son válidos. Sin embargo, uno de ellos tiene más razón que el otro. Normalmente, lo que el pastor usa para argumentar que esta persona debe ser restaurada, es el amor. Pero el punto, es este: un eje motor dentro del ministerio pastoral, aunque debo consignar que, por su postura transversal, es o debería ser afín a los cinco ministerios, es el amor. Estoy diciendo que el amor es transversal porque, a menos que algo lo pueda obstaculizar, los cinco ministerios se mueven o deben moverse en amor.

Sin embargo, cuando se habla del amor se relaciona con el ministerio pastoral porque este, quizás, es el ministerio más afectuoso, más cálido, más paternal, más cercano a la gente. Y a eso lo podemos ver con claridad en cualquier lugar en donde los cinco ministerios estén presentes y representados por personas. Al pastor seguramente habrá quien vaya y lo abrace, mientras que el resto lo rodeará. Al profeta, sabes, más bien lo van a saludar de lejos. Sin embargo, aquí hay una imitación muy sutil, que hace que el diablo engañe al pastor en este tema: en lo que para el pastor, es verdadero amor. El diablo le tiende una trampa.

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Los Verdaderos Guardianes

Pablo un día está hablando, y está diciendo que se tenga un cuidado especial sobre todo el rebaño. Él dice que el Espíritu Santo los ha puesto como obispos. Y fíjate que esa recomendación gira en torno a la ficha técnica, en el cuidado. Pablo sabía que cuando él ya no esté presente, iban a aparecer otras personas que iban a querer destruir la iglesia.  Es impresionante cómo una persona, puede constituirse en un guardián del proceso de Dios. Lo que quiero mostrarte es que nadie pudo tocar la iglesia mientras tanto Pablo estuvo de pie. ¿Sabes cuándo comienzan los problemas plenos y graves en la iglesia? Cuando el último apóstol, Juan, muere. Cuando Juan muere, se levantan muchas cosas.

Ahí es donde te das cuenta de la cualidad y la calidad de ese manto que tenía Pablo. ¡Era tremendo! Para muchos, y me incluyo, Pablo fue el David del Nuevo Testamento. Es el que más lejos llega. Tú ya sabes que bajo el gobierno de David, es donde Israel logra su mayor extensión territorial, le pone límites a todos los enemigos, levanta un templo para el Señor, organiza toda la liturgia, organiza todo lo que eran las celebraciones, él hace que la gente venga a celebrar a Jerusalén tres veces al año. Tú no sé si sabes que en aquellos tiempos, ya había delincuencia notable. Y era mucha la gente que deseando venir a celebrar a Jerusalén, no podía hacerlo porque vivía retirado y hacer el viaje redundaba muchas veces en que algunos de los muchos ladrones que esperaban en los caminos les robaran todo. David creó un sistema de lo que hoy se llamaría seguridad ciudadana, y eso hizo que no sólo esa gente pudiera venir sin problemas, sino que incluso luego se permitiera el lujo de salir a pasear a cualquier hora y por cualquier lugar.

Por eso digo que Pablo es como un David del Nuevo Testamento. Edifica el templo, tenía un diseño muy claro del templo de Dios, y él era eso. De hecho, resulta muy poco posible referirse a un solo ministerio sin mencionar a otros. Sobre todo cuando aquel del que estamos hablando, bíblicamente no tiene demasiada base. Y sobre todo cuando ese ministerio que no tiene suficiente base bíblica, hoy es el que domina la iglesia. Las razones de esto, en realidad, no existen. Es como si en una puja de poderes, los pastores hubieran hecho más fuerza y mejor. No le hace, esto tiene que ver con el ámbito espiritual, no con el sistema eclesiástico o religioso. En estos últimos, el pastor tiene incidencia y trascendencia. En el otro, en el espiritual, sólo si ha sido llamado para ello, de otro modo, no existe. De hecho, ha llegado el tiempo donde los que son genuinos, deberán dar el paso que los falsos aún no han dado.

Por eso te cuento que, una de las características de los ministerios apostólicos, de los que son apóstoles, es que son ellos los que sostienen la seguridad de una región. O sea: el diablo no puede tomar control de esa región en tanto esa persona esté allí. ¿De dónde sacamos eso? De que los apóstoles, en esencia, son territoriales. ¿Y si se diera el caso en que el diablo sí tome control de una región? Hay que re-evaluar ese apóstol, su presencia no tiene la autoridad correcta. ¿Recuerdan uno de los títulos que sus guardias le otorgan a David? Le dicen: Rey, tú eres la lámpara de Dios. Eso le dijeron sus generales cuando casi lo matan en una guerra. Le pidieron que no fuera más a combatir, le dijeron que a él no le podía pasar nada porque…era la lámpara de Dios. ¡Qué tremendo! ¡Qué tremendo sería hoy, que la presencia de sólo un hombre, impidiera la labor satánica en una región!

Esa es la mayor autoridad apostólica. Nada que ver con tener mil iglesias bajo tu cobertura. La mayor autoridad es que el diablo no pueda tocar tu ciudad ni la región a la que has sido enviado. Enviado, apostellos. No es enviado a dónde le parezca mejor, es enviado donde Dios decide. ¡Así es como sí funciona!  Estoy de acuerdo en que en estos tiempos, y por imposición de intereses personales y sectoriales, cualquier líder de cierto predicamento ha sido erigido como apóstol, pero no menos cierto es que algunas denominaciones siguen enseñando que los apóstoles ya dejaron de ser y que hoy no tienen razón de existir. Allí es donde Satanás se ha levantado tranquilo y sin impedimentos para destruir todo lo que tenga color y olor a Dios. ¿Será que no es eso lo que ven tus ojos, habites donde habites en este tiempo? Ahora, antes de seguir con esto, reflexiona un momento y ponte en oración por tu país, sea cual fuere. ¿Lo has podido ver? ¿Sí? ¡Muy bien! ¡Ahora ya sabes cuántos apóstoles hay en tu patria! O no hay, depende…

Aquí está hablando Pablo, y noten sus palabras. Dice: Sé que cuando me vaya, vendrán otros. Ahora; ¿A quiénes les pide que cuiden el rebaño? A los obispos, no a los apóstoles. Y no digo pastores como he oído enseñar, porque la mayor parte de las versiones confiables de la Biblia dicen “obispos”, mientras que “pastores” sólo una versión de la que alguien se tomó para defender ese ministerio conforme a como hoy se lleva adelante. Lo lamento, sigue siendo indefendible. Lo cierto es que los apóstoles cuidan territorios, no rebaños. Y los obispos, ancianos o pastores, si tú quieres, cuidan rebaños, no territorios. ¿No es lo mismo? Aparentemente, no, aunque en el final los resultados de esa división de responsabilidades coincidan en una: porque quien cuida un territorio, finalmente está cuidando también un rebaño que habita ese territorio. A la inversa no es así, porque quien está cuidando un rebaño, de ninguna manera tendrá ni tiempo ni perspectiva para cuidar un territorio.

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La Unipersonalidad no es Buena

Tal como lo dice el título de hoy, la unipersonalidad no es buena y, además, tiene directa coincidencia y relación, este recurso recurrente, con el don principal. Porque si mi don es el de la reconciliación, para que haya reconciliación, constantemente estoy sanando de algo, a alguien o a algo.  Ahora, claro; cuando se empieza a entender esto, es cuando nos empezamos a preguntar cómo es que se puede aceptar un ministerio pastoral sin sanidad. Entonces tú vas a ver una congregación, y vas a ver ovejas todas heridas, sin capacidad para sanarse a sí mismas, y que tampoco tienen la capacidad de sanar a otros.

 ¿Esa podría ser una iglesia pastoral? Ni por asomo. Y eso te lleva a otra conclusión no menos triste: la gran mayoría no son ni siquiera iglesias pastorales. Ni siquiera llegaron a ser pastorales en todo el sentido de la palabra. Y en muchos casos, (Y esto es más triste, todavía), la causa radica en que los pastores de esas congregaciones, ni siquiera son pastores levantados por el Señor como tales. En el mejor de los casos, buenos hombres o mujeres con buenas intenciones. No le hace, no alcanza con eso. Aunque la junta de las juntas reunidas de viejos cabezones de la denominación, jure y perjure que sí.

Hay en algunos lugares, pequeños modelos de iglesias pastorales. En grandes naciones, por ejemplo. Y si nos apartamos de las motivaciones centrales de sus formas de trabajo, podemos extraer algo que resulte positivo. Entra una persona destruida a esa clase de congregaciones, y le realizan un trabajo tan personalizado y un seguimiento tan estricto, que al tiempo sale de allí un evangelista con todas las de la ley. Claro está que no van mucho más allá de convertir en un ser destruido en un evangelista, porque financieramente eso es lo que les interesa.

Entonces es aquí donde podemos disimular esto para rescatar lo anterior: ¡Salvaron a una persona de autodestruirse! ¿Será poca cosa, eso? No, no lo es. Sin embargo, yo he aprendido en esto a tener muy en cuenta la motivación o las motivaciones que impulsan las acciones. Porque eso es lo que Dios observa con mayor atención, no el supuesto «éxito” social o religioso del intento. ¡Excelente lo que haces! Y ahí sale Dios y te dice: “Para mí está muy lejos de ser excelente, porque él lo hace por conveniencias propias y no por amor”. Listo. Se acabó la discusión. Como siempre, Dios tiene razón.

¿Qué significa esto? Que si una iglesia está bajo la autoridad de un ministro pastor, pleno, genuino, esa iglesia de por sí ya logró su techo y es tremendamente efectiva. De hecho, no es eso lo que en mayoría se observa. Muy por el contrario, la mayor parte de las iglesias funcionan con ministros que también muestran poseer sus propios intereses personales, pero procuran llevarlos adelante sin perder su tiempo en cuidar o proteger de verdad a alguien.

 ¡Es muy pobre, eso! Lo que quiero significar con esto es que ni yo ni nadie que ame al evangelio, puede estar en desacuerdo con una congregación liderada por un pastor que solamente funciona con recursos e influencias pastorales. De acuerdo, no conocen nada más, ni pueden llegar mucho más lejos, pero en ese único ministerio que profesan, funcionan de manera excelente. Y eso, créeme, en este tiempo, ya es algo para celebrar.

Ahora bien; ¿Cuál es la carga que tiene por la iglesia el ministerio pastoral? La restauración. Esta, en grandes rasgos, es lo que podríamos denominar, imitando rotulaciones de otra gente, como la ficha técnica del ministerio pastoral. Claro está que se llega a la elaboración de esta ficha, después de un extenso análisis.  Comencemos por el principio más elemental de todos los que conocemos. ¿Qué es un pastor, realmente? Un pastor es alguien que cuida un rebaño. La palabra griega para pastor, ya lo dije antes, es poimen, cuya definición es pastor, alguien que cuida de los rebaños o de las manadas.

Pero, y mucho cuidado con esto, no me estoy refiriendo simplemente a alguien que les da de comer, sino que es alguien que las cuida, les saca los parásitos, las lleva a buenos pastos, les corta la lana, las atiende cuando se accidentan, las busca cuando se pierden, las ayuda a tener sus crías, las defiende de los depredadores. ¿Hace falta más? Todo eso está encerrado en la palabra pastor. Poimen. Que representa una función, jamás un título ni una jerarquía. No existe ese invento tan humano de auto-titularse como pastor y no contar con un rebaño para cuidar. Y cuidar, como dice aquí, es proteger.

 Pero proteger de verdad, no limitarse a decir: ¡Que Dios te acompañe, hermano! Y estos cuidados, que nosotros vemos tan naturales en el pastor, era más o menos lo que hacían los ancianos. Lo vemos así en el Libro de los Hechos, en la iglesia del Nuevo Testamento. Son algunos, no son todos, obviamente. ¿Entonces podemos decir que los ancianos cuidan y pastorean a las ovejas? Sí, claro que sí, es correcto. Dice en el Libro de los Hechos, capítulo 20. Pablo está hablando:

(Hechos 20: 28) = Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, (Hay una versión que aquí, dice pastores, en lugar de obispos. Confieso: no he visto yo a esa versión, se la he escuchado mencionar a otro ministro. Y no tengo por qué dudarlo. Si no fuera así o hubiera algún error, consciente o inconsciente, es asunto de ese ministro, no mío.) para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. 

(29) Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. 

(30) Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos. 

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Una Cuestión de Gobiernos

Hay una confusión en los últimos tiempos respecto al significado del verdadero consejo divino. No se trata de alguien que le dice a alguien lo que entiende que debe hacer para solucionar su problema, pero que después le deja en libertad para que lo decida por sí mismo y haga lo que mejor le parece. No, ese no es el consejo del cual se está hablando aquí. El consejo divino es decirle a alguien que si quiere vivir, tiene que caminar por la derecha, que si se inclina a la izquierda no vivirá. Y punto. ¿Le quedará a esa persona alguna duda que ese consejo vino del cielo? ¿Pero a eso no está en condiciones de hacerlo un profeta, también? Sí, pero no por un espíritu de consejo, sino por un espíritu de revelación. ¿Y cuál es la diferencia entre un espíritu de consejo y uno de revelación? Que uno viene al alma, y el otro va al espíritu. Pero el espíritu no necesita consejo, necesita revelación. Pero el alma sí necesita consejo. Porque, el espíritu es plenamente obediente, mientras que el alma te lo cuestiona todo.

Y eso, fíjate, fue lo que hizo el pecado; le quitó al alma la capacidad de gobernar. Convirtió a alguien en un muñeco maleable. Entonces hoy tienes a una persona adulta que no puede dejar de ver pornografía, o concurrir a prostíbulos, o beber alcohol hasta la borrachera, o consumir drogas. Eso es lo más patético que hay. ¿Por qué? Porque se está viendo con claridad como el pecado manipula la vida de una persona que ni siquiera está en condiciones de controlar sus esfínteres. ¿Y cuál sería la función correcta del espíritu de consejo? Insinuarle al alma cuál es la dirección correcta para que vuelva a recuperar el gobierno de sí misma. En cambio la revelación, no; eso es otra cosa. Sabes que tienes que modificar algo, pero ni siquiera sabes la razón. Fuera del alma no hay razón. Lo que trabaja el espíritu de consejo es, justamente, la autonomía que el alma debe tener para funcionar bien. Lo que trabaja el espíritu de revelación, es la fe. ¿Notan la diferencia, verdad? Para que tengas una idea respecto a lo que es el espíritu de consejo, es lo que tienen las madres respecto a las personas que conocen sus hijos.

Ahora bien; el don más eficiente que tiene el ministerio del pastor, es la palabra de reconciliación. El verdadero ministerio pastoral, genuino, llega a ser obsesivo con que la gente se reconcilie. Se reconcilie con Dios, se reconcilie con su familia, se reconcilie con su pasado, se reconcilie con sus hijos. En la comparación que venimos haciendo con el ministerio profético, éste te dirá que tienes que cortar con eso y a otra cosa. ¡Oye! ¡Si tu mamá no saca de ese altar a esa virgen, tú no le pises la casa hasta que no lo haga! Eso dirá un profeta, pero el pastor seguramente procurará conciliar. Y qué tremendo resulta ver cómo, cuándo por cualquier causa, justificada o no, dos pastores se pelean, están atacando de manera directa el don especial que tiene el otro. Lo voy a decir así: cuando un pastor le retira el saludo a otro pastor, él mismo se está produciendo un daño importante y terrible, porque está perdiendo autoridad sobre el don de la reconciliación. ¿Sabes cuántos pastores están enemistados entre sí, por causas que no tienen nada de espiritual?

Dicha sea la verdad con todas sus letras. No sé cuántos de ustedes saben de dos profetas que estén enemistados o sencillamente peleados entre sí, yo no conozco a ninguno. Pero sí sé, y supongo que algunos de ustedes también sabrán, de pastores que están tremendamente enemistados y peleados al punto de no soportarse en nada. Y es lo mismo para los demás ministerios. Sólo los pastores. ¿No es llamativo? ¿No parece el resultado de una bonita estrategia satánica? Quédate tranquilo, lo es. Porque no resulta demasiado complicado darse cuenta que el diablo ataca aquello que es, precisamente, lo que le da cierta fuerza al ministerio pastoral, que es su capacidad de ser reconciliador. Cuando se organiza un trabajo evangelístico, por ejemplo, y cada iglesia envía evangelistas para armar un equipo de trabajo conjunto, no hay problemas, pero cuando la visita de un ministro importante reclama la unidad en equipo de los pastores, ¡Ahí sí que hay problemas y muchos!

Y allí es donde cada pastor, como quiera que haya sido erigido, tiene que tener muy presente esto. Cada disputa que tiene un pastor y que no puede reconciliarla, le hace perder un trozo de la tela de ese manto de unción del cual hablábamos anteriormente. ¿Usted me quiere decir que cada vez que se pelea con alguien, un pastor pierde un pedazo de su unción ministerial? No te lo quiero decir, ¡Te lo estoy diciendo como verdad plena! ¿Y cuál sería el recurso recurrente? ¿A qué se estaría volviendo de manera automática, para cargar sus baterías? El recurso que más utiliza el pastor, es la sanidad. Por eso no es extraño que, cuando Jesús habló del buen pastor, y de la oveja que se va, siempre está asociado a ir y sanar. La toma en sus brazos y la sana. Y fíjate que, de las parábolas que Jesús relata, hay varias que tienen que ver con sanidad. ¿Un ejemplo? La del samaritano. Está hablando como pastor, justamente. Pero, reitero para que no se te olvide. Estoy hablando del pastor bíblico, no del que vemos a diario. A veces coinciden entre sí, a veces, no. La cuenta que te mostrará el estado real de la iglesia, es la que te dirá cuántos de un lado y cuántos del otro hay.

Sería muy feliz si tuviera la total certeza de pensar que en este nuevo año que comienza, podamos como iglesia volver al diseño original que el Señor tiene para todos nosotros. Que no es el de andar cuestionándonos entre nosotros, sino batallando contra el enemigo común que todos tenemos y que lamentablemente no todos ven. Hay extremos entre los cristianos. Hay lugares en donde Satanás casi es la figura principal de todo su andar y otros en los que sencillamente no existe. Estoy convencido que militar en el equilibrio justo y sano sería lo correcto y lo más efectivo. Si puedo desgranar un pedido de principio de año, que sea ese. ¿Amén?

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Los Fundamentos del Amor

En el anterior, estuvimos haciendo mención al ministerio pastoral, y creo necesario aclarar y poner blanco sobre negro algunas cosas para poder entender definitivamente de qué es que estamos hablando. La palabra pastor, viene de la palabra griega, en el Nuevo Testamento, que es poimen. ¿Qué significa? Uno que apacienta, que protege, que cuida, que atiende, que alimenta a un rebaño de ovejas. Un pastor es el que está al frente de un rebaño de ovejas, pero que las deja en libertad cuando retornan al redil. Te recuerdo: un rebaño es un grupo de ovejas en libertad de movimientos, buscando los mejores pastos. Un redil es un corral, una especie de prisión en donde la oveja está obligada y destinada a pasar la noche. El tema de mayor importancia para la iglesia, entonces, es conocer si la calificación de ovejas que se les otorga a los cristianos, tiene que ver con un rebaño más o menos libre, o con un redil acotado y estrecho.

Con relación al ministerio pastoral tal como lo conocemos, aunque difiera de su estructura inicial que se comparte en el pasaje de Efesios 4:11, su característica principal independientemente de la cualidad o calidad del hombre que lo ejerza, es su capacidad de renuncia. En una palabra: un pastor que desee cumplimentar su ministerio de la manera más aproximada a cómo fuera ideado y creado desde el cielo, deberá estar preparado para renunciar a casi todo. ¿Motivos? El amor a las ovejas. Dice la Biblia que el pastor da su vida por las ovejas. Y cuidado, no dice sus ovejas, dice Las ovejas, lo que significa que un pastor generalmente está apacentando ovejas de otra persona. Es más, como profesión literal, el pastor casi en su gran mayoría cuidaba ovejas que pertenecían a otra persona. El dueño de las ovejas las dejaba a su cargo, pero no eran suyas.

No es posible y no se puede aceptar, por ejemplo, a un pastor que no tenga espíritu de renuncia. No es parte del manto de la unción ministerial. La especialidad del ministerio pastoral, es el entendimiento del alma. Entiende profundamente el alma del hombre, o de la mujer, es indistinto. Porque también lo hace con los niños y los ancianos. ¿Por qué? Porque él tiene la capacidad de sanarlos, de aconsejarlos, de guiarlos, y no puedes hacer eso si no eres un graduado en el entendimiento del alma. De hecho, la gente llega a la iglesia como almas. No son seres espirituales funcionales, son almas. Sienten, pueden, no pueden, quieren, piensan, recuerdan, en suma: ¡Todo es alma! Cuando comparemos esto con el ministerio profético, van a comprobar por qué son dos idiomas completamente distintos. Porque el profeta no trabaja en el alma, sino en el plano del espíritu. Por eso es que nunca se entienden.

La especialidad que tiene este ministro, entonces, es el profundo conocimiento del alma humana. Eso le permite a él cocinar el alimento necesario para trabajar con el alma. Entonces, cuando escuchamos a un pastor predicar, pero a un pastor realmente levantado por el Señor para pastor, predicar, no podemos esperar grandes revelaciones en el espíritu, pero siempre la gente va a salir con su alma confortada, animados, desafiados, queriendo perdonar, queriendo resolver su vida, queriendo enfrentar su vida con nuevas fuerzas, porque es un mensaje que siempre va a ser un bálsamo, para que sus almas puedan ser usadas por Dios. Esa es la idea del ministerio pastoral. Y ese es el motivo mayor por el que, en estos tiempos, las iglesias en su inmensa mayoría, son ministradoras de almas, y de allí no pasan. ¿Y el espíritu? Bien, gracias; pero huérfano de sustento. ¿Motivos? El error por ignorancia o ambición humana: suponer que un ministerio puede ejercer autoridad sobre los cuatro restantes. Eso no es bíblico ni es correcto. Los resultados están a la vista. Y no son peores porque Dios es bueno.

Si hay un rasgo lineal que de alguna manera domina este ministerio, es el del espíritu de consejo. Por eso suena como algo absurdo que se reúnan pastores en un seminario sobre consejería. ¿Cómo enseñarán ciertos pastores a otros pastores algo que naturalmente ya tendría que estar en su genética ministerial? Hay muchos pastores que sostienen que si uno de ellos necesita asistir a un curso para saber cómo aconsejar, genéticamente, no es pastor. Porque dicen que es una acción del espíritu. Si ustedes leen en el libro de Isaías, cuando se habla de Jesús, dice espíritu de consejo. ¿Recuerdas respecto a los siete espíritus de Dios? El espíritu de consejo, es uno de los siete espíritus de Dios. Sin embargo, esto también debe ser tomado con sumo cuidado y hasta con delicadas pinzas, porque no vemos en todo el transcurso de los evangelios, a Jesús haciendo consejería. Siempre lo vemos dando palabra, pero no consejos personales.

Nadie, entonces, podría conseguir con un título lo que no le ha dado el Espíritu. Y a eso lo saben muy bien aquellos que, con sólo mirar a los ojos a alguien, tienen más que en claro lo que deben decirle, les agrade a ellos o no. Sabiendo, obviamente, que lo que se les está diciendo es la absoluta verdad y que, si realmente desean solucionar sus cosas, tendrán que obedecer. Porque lo que sale de esa boca no es una recomendación conforme a una sabiduría humana, sino un viento fresco de un espíritu de consejo. De todos modos, se ha sobre-enfatizado tanto esta característica, que se ha pasado de largo en cuanto a las permisividades. ¿Puede un pastor aconsejar respecto a una decisión personal o de familia de una persona? Si recibe palabra de Dios clara y contundente, sí que puede. ¿Debe un pastor recomendar a un joven o a una jovencita, con cuál de los hermanos o hermanas de la iglesia puede ponerse de novio? ¡Ni por asomo! Eso no es consejería, puede llegar a ser manipulación. Consciente o inconsciente, da lo mismo para el fondo del tema. Y lo más grave es que, técnicamente, se llama Hechicería.

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Un Examen Polémico

Quiero que tengas presente que aquel texto que nos habla de cómo el Espíritu Santo nos da los distintos dones, muy especialmente nos puntualiza que eso es individual, nos dice que a cada uno, ¿Verdad? A cada uno se le ha concedido la Gracia. O sea: todos tenemos la Gracia, ¿De acuerdo? Y si te quedaste en silencio cuando te pregunté si estabas de acuerdo, no te preocupes, tú también la tienes. Pero mira lo que dice de los ministerios. Y los dio a algunos. Escúchame, ¿Ya no es a cada uno, entonces? No. Cuando habla de los ministerios, ya no es a cada uno, es a algunos. A unos, (Que es como decir a algunos) constituyó apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros. Reitero, esto ya no es a cada uno, es a unos, o a algunos. Entonces ya no es posible que todos sean apóstoles, tal como parecería ser la onda, ¿No crees? Lo dice Pablo y yo lo creo. No todos pueden ser profetas, ni evangelistas, ni pastores, ni maestros. Unos y otros. Algunos.

Este pasaje que termino de leer, (Efesios 4:11) es el corazón de lo que generalmente llamamos Los Cinco Ministerios, mientras que algunos lo denominan como El Ministerio Quíntuple. Primero, porque es uno de los pocos pasajes en donde aparecen mencionados los cinco. Segundo, porque está expresado el origen y la función de los mismos, porque luego dice: A fin de. ¿Se vuelven a mencionar estos ministerios en otros lugares? Sí, pero no exactamente los mismos. Y se los menciona como que la gente ya los entendía. Por lo tanto, este capítulo 4 de Efesios, podríamos considerarlo como el más magisterial, o más claro, respecto al tema de los ministerios. ¿Está claro hasta aquí? Muy bien, entonces empecemos a ver el primero de los ministerios a examinar, el Ministerio Pastoral.

Resulta que en el Nuevo Testamento, no hay una sola persona a la que se le llame pastor. Ni una sola. Estoy hablando, obviamente, del Libro de los Hechos, para adelante. Recuerda que dijimos que encarábamos esto desde Hechos 2 hacia adelante. ¿Y por qué no hacerlo desde los evangelios? Simple: porque Jesús no habló tanto de la iglesia en los evangelios; habló del Reino. Pero sí la historia de la iglesia, abierta y expresamente dedicada, aparece a partir de Hechos 2. Entonces, cuando digo que no aparece ni una sola vez alguien al que se le llame pastor en el Nuevo Testamento, estoy hablando desde Hechos 2 en adelante, y hasta Apocalipsis. Sin embargo, sí por lo menos a veinte personas se las llama apóstoles, a unas cuatro o cinco personas se las llama profetas, a una sola persona se la llama evangelista, Felipe.

Y este versículo, el versículo 11, viene a ser el único en el que se menciona al ministerio del pastor como ministerio. Y claro, esto nos lleva a una pregunta importante: ¿Cómo pudo, este ministerio, mencionado una sola vez y sin definiciones mayores, sin un solo ejemplo en el Nuevo Testamento, llegar a ser el ministerio dominante en la iglesia? ¿Cómo sucedió? Y a esta altura tengo que aclarar, por si hiciera falta, que de ninguna manera estamos atacando al ministerio pastoral. Soy muy respetuoso de cómo están las cosas y no pienso armar ninguna revolución, ni «golpe de estado» en contra de eso. Pero alguien tiene que enseñar esto tal como es y sin eufemismos ni oscurantismos dudosos. La pregunta sigue siendo la misma: ¿Por qué pasó eso? Porque se creó un sistema religioso con el argumento de adorar mejor a Dios, y se terminó adorando al sistema, ¿Está claro?

Y no sólo eso, porque todavía hay más situaciones. El ejemplo más claro de pastor que tenemos, me lleva a tener que recorrer nuestra línea de estudio, Hechos 2, y poder ver a Jesús como pastor. Sólo allí podríamos tener cierto material para enseñar algo sobre el ministerio pastoral. Porque Jesús, a sí mismo se denomina como El Buen Pastor. O sea que lo que quiero decirte, es que nadie podría enseñarte demasiado respeto al ministerio pastoral, si no se hace uso de los evangelios. Además, siempre queda la posibilidad de que si Jesús se auto-denomina a sí mismo como El Buen Pastor, es porque por fuera de él, no habrá demasiados que sean buenos, ¿No te parece?

Obviamente, de Hechos para adelante, no hay herramientas. Ahora bien; para distendernos un poco, vamos a partir de una deducción. Nadie está muy seguro que sea la mejor, pero equivocada, aparentemente, no está. Creo que tiene coherencia. Es muy posible que lo que en este tiempo conocemos sobre el ministerio pastoral, se pueda asociar con el trabajo que hacían los ancianos en la iglesia. Entonces, como no tenemos mucha tela para cortar del ministerio pastoral, esa tela en parte aparece, cuando se habla de los ancianos. ¿Pero es posible verlo así? Yo creo que sí, que es posible, porque si existiera como tal el ministerio pastoral, él tendría que ser parte del equipo de ancianos. Entonces, lo que los ancianos están facultados de hacer, también lo podría hacer el pastor. ¿Entonces estaría más correcta esa denominación que titula a sus líderes como ancianos, en lugar de hacerlo como pastores? Sí y no, porque en la vía de los hechos concretos, supongo que se comportan del mismo modo. Y lo discutible y polémico, aquí, es el comportamiento, no el título. Hay más, seguramente que si, pero por hoy alcanza para la reflexión y el cambio, si fuera necesario.

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Un Derramamiento Global

El Libro de los Hechos en su capítulo segundo, tiene dos características: es el inicio de nuestra historia. El Espíritu Santo entre nosotros. Y por consiguiente y como consecuencia de esto, es la finalización de todo el tiempo de espera. Todos los profetas del Antiguo Pacto, en algún momento de su ministerio, dijeron esto: en los postreros días. ¿Lo vieron, no? Muy bien, ahora: ¿Sabes cuándo empiezan los postreros días? Justamente, en Hechos 2.  Por ejemplo, Joel dijo: en los postreros días, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne. ¿Y cuándo pasó eso? En Hechos 2. Hechos 2, entonces, nos guste o no, coincida con la doctrina de nuestra denominación o no, es nuestro epicentro espiritual, para marcar los tiempos del antes y el después. Y por una finalidad absolutamente pedagógica y técnica, podemos analizar a los cinco ministerios, precisamente a partir de Hechos 2. De otro modo, por mejor buena voluntad que tengamos, se vuelve complicado.

Cuando dice que Jesús descendió y luego ascendió y dio dones, la explicación que encuentro, es una explicación muy polémica, muy compleja. Ciertamente, algo había que hacer en las regiones bajas de la tierra, por lo cual Jesús tuvo que ir. Sabemos que él descendió, en las cartas de Pedro dice que él les fue a predicar a los espíritus que habían sido encarcelados. También sabemos que él, como hombre, de alguna manera tenía que morir, y como todo hombre estaba vendido al pecado, tenía que descender hasta lo más profundo. La explicación hasta la que llegamos, tratando de armar una especie de criterio de comprensión de este pasaje, nos llevó a revisar todo el proceso de formación y de creación que hubo en la tierra. Por eso es que no es sencillo. Y esta fue una conclusión al respecto. No la única, quizás, sí la que veremos aquí. Obvio que si de esto Hollywood te hiciera una película, seguramente te la llena de monstruos. ¿Y sabes qué? A lo mejor no andaría tan alejado de lo que debe haber sido la realidad…

Cuando hubo la caída de Lucero con sus ángeles, esto es, cuando cae la tercera parte de los ángeles a la tierra, ellos roban los ministerios y se los llevan como un trofeo. Entonces no había manera de poder establecer de manera permanente en los hombres, ese ministerio. Ahí empiezan a armonizar muchas cosas, porque en el Antiguo Testamento no tenemos ministros en el sentido absoluto, esto es, gente que funcione en el ministerio las veinticuatro horas. No hay. ¿No sería extraño que Lucero haya hecho eso con los ángeles? No, de ninguna manera es extraño. Él es ladrón, porque la palabra lo llama ladrón, y sabemos que los que cayeron, no fueron pocos. Ahora bien; ¿Qué pretendía Satanás? Hay un tema interesante que es necesario compartir, independientemente de lo que produzca en quien lee o escucha.

Suponte que un ministerio, es un manto. ¿Sabes lo que es un manto, verdad? Bueno; el ministerio es un manto, y todo el que es envuelto por ese manto, está capacitado para desarrollar ese ministerio. Esto significa que si el manto es un manto profético, aquel que esté envuelto por ese manto, puede funcionar como profeta competente. Ahora resulta ser que estos mantos, estaban sobre los ángeles antes de caer. Lucero tenía algunos de estos mantos, porque si no, no podía ejercer. Entonces vemos a Lucero, y hay muchas características de él escritas en Jeremías, en Isaías, en Zacarías, muchas, Jesús mismo habló mucho. Y todos esos mantos lo acreditaban para desarrollar todas esas características.

Por ejemplo, a Lucero se le llama El Querubín Protector, que significa después de todos los dilemas de traducción, algo así como alguien que envuelve desde arriba. Claro está que hasta el día de hoy, nadie sabe a quién estaba protegiendo Lucero. Porque no sé si entendiste que estamos hablando de un momento en que el hombre todavía no había aparecido en el gran escenario. ¿A quién cubría? Se ha revisado con mucho cuidado, incluso examinando puntillosamente la traducción o las traducciones, para ver si no nos llevaron a algún error, porque yo y muchos más hemos aprendido que nada de lo que está escrito en la Biblia está aleatoriamente o porque sí. Todo lo escrito tiene un significado y tiene que ver con algo que Dios considera importante que nosotros sepamos. ¡Tiene que haber una razón!

Entonces Lucero se rebela, los ángeles se rebelan, y ellos no sueltan el manto. Literalmente, ellos se bajan con esos mantos de la presencia de Dios. Y se los llevan al depósito donde están. Entonces, si Dios quería trabajar con el hombre o con la mujer, pero no había ese manto, lo único que le tocaba era darle temporalmente una habilidad para poder ministrar. Porque no había un derecho para que esa persona pudiera retener esa investidura. Había sido descalificada por el pecado. Entonces Jesús hace algo muy sencillo, baja a lo profundo, retira ese manto y se lo coloca a la iglesia. Y la iglesia, entonces, automáticamente, puede ejercer todos los dones, todas las funciones, que aún los ángeles podían hacer antes. No me digas nada; ¡De esto seguramente nadie te había hablado en tu vida! No te preocupes ni te deprimas; a mi tampoco.

Por eso no nos puede parecer raro que Felipe esté en un lugar y de pronto aparezca en otro. El que hace a sus ministros llama de fuego, dice la palabra. Entonces, Jesús tiene que venir a resolver algo en el hombre, para que él pueda sostener de manera permanente el ministerio del manto. Como el problema para que no haya esa permanencia era el pecado, ¿Qué hace Jesús? Resuelve el problema del pecado. Entonces allí es donde el hombre queda acreditado de poder sostener el ministerio de manera indefinida. Por eso dice que los dones son irrevocables. Pero, claro; el Señor no te va a retirar del ministerio, pero sí te va a retirar la autoridad si no lo ejercitas tal como es su diseño y eliges hacerlo para con el tuyo. Porque eso sigue siendo pecado, y el pecado siempre va a anular sino las bendiciones, al menos sí los frutos de esas bendiciones.

Pero, reitero algo que es muy importante: los dones siguen siendo irrevocables, de eso nadie tuvo, tiene ni tendrá dudas. Sin embargo, algo que hay que añadir aquí para que no quede descolgado de información. Los dones siguen siendo irrevocables, pero la autoridad sí que es revocable. Lo único que se puede asegurar, entonces, es que Pablo no está jugando de ninguna manera con términos raros. Él está describiendo algo muy poderoso. Cuando dice que ascendiendo llevó cautiva la cautividad, ahí habla de la muerte. Por lo tanto y como temporaria conclusión, puedo decirte que cuando los dones y la autoridad van de la mano, el ministerio es espiritual. Y todos los que viven con el Espíritu Santo en su ser interior, lo saben y lo valoran. Pero cuando la autoridad es revocada por corrupción, aunque los dones se manifiesten, su fin es camino de muerte.

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Dones, Ministerios, Operaciones

El don de enseñanza viene del Espíritu Santo, el ministerio de enseñanza viene de Cristo. Si ustedes examinan las diferencias entre los dones, los ministerios y las operaciones, eso aparece en Corintios, Efesios, Romanos, se van a dar cuenta que allí está el don de enseñar. El don de enseñar o el don de profetizar, que también está. Dice que a unos fue dado el don de enseñar, y a otros el de profetizar. Eso significa que el Espíritu Santo puede hacer que una persona enseñe o una persona profetice. Pero no los hace ministros. Hay una diferencia entre el don de enseñar y el ser maestro. Hay una diferencia entre el don de profetizar y ser profeta. ¿Cuál es la diferencia? El don viene del Espíritu Santo, el ministerio viene de Cristo.

Claro, lo que a primera vista de lo que se lee y no termina de entenderse, es la razón por la cual Jesús tuvo que descender, y que como consecuencia de eso, o a continuación de eso, él pueda liberar, pueda soltar los ministerios. La gran duda es si una cosa tenía que ver con la otra. La primera impresión de algunos fue de causa y efecto, o sea, que él tuvo que bajar para que luego se soltaran los ministerios, pero había otros que sostenían que los ministerios ya estaban presentes antes de esto. Desde el punto de vista técnico, mediante el cual hasta podríamos decir que Moisés fue un apóstol porque fue enviado, equipado y cumplió una tarea apostólica, o mediante el cual, asimismo, podríamos llamar a David profeta, catalogación que encajaría perfectamente. Pero si nos circunscribimos al Nuevo Testamento por una simple finalidad de estudio, resultaría que el Señor, podríamos hablar de que establece los ministerios, sólo a partir de Hechos 2.

Y de que, antes de eso, lo que se ve es una acción del Espíritu Santo que está en él, obrando a través de la fe de la gente. Entonces, cuando los discípulos, por ejemplo, van a sanar o a liberar, cuando Jesús los comisiona, técnicamente es la gracia de Cristo, es Cristo obrando en ellos, no son ellos. Por eso se entendería cuando Jesús les dice que tienen que ser revestidos. Todavía no estaban revestidos. Jesús se iba a ir, y cuando se fuera, se iba a llevar lo que obraba en los discípulos. Para explicar esto con más detalle, podría dar un ejemplo más gráfico. Cuando la iglesia donde tú te congregas, invitó a un evangelista de gran prestigio y unción, lo más seguro es que cuando su visita concluya, más de la mitad de la iglesia se imagine y sueñe con ser evangelista. ¿Por qué? Porque el que tiene el ministerio, suelta fe ministerial para ese ministerio. Es algo así como derramar de su unción de manera tal que la gente que es cubierta con ese manto, se siente motivada.

Claro está que, cuando ese hombre ungido como evangelista se va, cuando termina su trabajo y retorna a su lugar de residencia, ese simbólico y no tan simbólico manto de su unción, se va con él. No lo deja en la iglesia que visitó, se lo lleva. ¿Y qué crees que pasa? Que esa motivación evangelística que tantos hermanos demostraron tener, comienza a mermar, a mermar y a mermar, hasta pasado un determinado tiempo, extinguirse de ese lugar como si nunca hubiera estado. ¿Y sabes cuales quedan? Los tres o cuatro que, como ya los líderes locales sabían, tenían una motivación evangelística interna, no incentivada por terceros. Porque el don, es a eso a lo que me estaba refiriendo, es como una especie de prótesis que funciona solamente un tiempo. Por eso dice que el Espíritu Santo da como quiere, que en este caso puntual es como decir que lo da por un momento muy breve. Lo mismo pasaría si en lugar de ser un evangelista, como el ejemplo citado, el que viene a predicar es un profeta de oficio. Cuando se va el profeta, media iglesia anda dando palabra a la otra media. Es una especie de empatía ministerial divina por unción. Y pasa con los cinco ministerios. Lo sé, porque la mayoría de los que acompañan este ministerio, quieren ser maestros. ¡Gloria a Dios por ellos! Pero, no todos lo serán. Quizás algunos, los que sean enviados.

Ahora bien: la acción permanente del ministerio, sólo se da a partir de Hechos 2. Inclusive, cuando hablamos del Antiguo Testamento, van a darse cuenta que hay un fenómeno bien interesante en todos los profetas del Antiguo Testamento. En casi todos sus libros, (Jeremías, Isaías, etc.) empiezan diciendo algo así como: Y vino sobre mí palabra de Jehová, y me dijo: di a mi pueblo. Terminaba la palabra del Señor, ¿Y qué crees que pasaba? La palabra del Señor se iba. Entonces, si somos técnicamente correctos, ni siquiera nos animaríamos a llamar profetas a los profetas del Antiguo Testamento, porque no profetizaban todo el tiempo, porque no había un ejercicio absoluto del ministerio, sino más que era una acción del Espíritu Santo de Dios, que obraba en un intervalo de tiempo y que luego se iba. ¿Pero, está seguro de eso, hermano? No; por eso dije que esto es si estamos “técnicamente” correctos. Sólo un problema: esto no es técnico, es espiritual.

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Cambios en Su Naturaleza

Nosotros, en muchas ocasiones, cometemos el error de comparar los mensajes de Pedro y de Juan con los de Pablo, y no percibimos un detalle que no es menor: mientras Pedro y Juan hablan de lo que vieron y oyeron hacer y decir a Jesús, Pablo se aboca a examinarlo por lo que tiene en su conocimiento, ya que él no alternó de manera directa con él. Entonces, y en medio de ese examen, le escribe a los Efesios una carta en la que en algún momento les dice:

(Efesios 4: 8) Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, (¿Quién está diciendo Pablo que subió a lo alto? Jesús.) llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres. (¿Quién hizo todo esto? También Jesús. Y luego, Pablo dice algo que, si fuéramos a escribirlo nosotros, hoy, seguramente lo encerraríamos entre paréntesis)

(9) Y eso de que subió, ¿Qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? (Esto te confirma algo que siempre se ha dicho pero que no todos terminan de creer: Jesús desciende a las partes más bajas de la tierra, a sus profundidades, cuando él muere.)

(10) El que descendió, (Otra vez, Jesús, es obvio), es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo. 

Reitero: ¿Cuándo hizo eso? En el libro de los Hechos, capítulo 1, vemos que él ascendió. Estuvo cuarenta días con sus discípulos, después de resucitado, y luego ascendió. Y dice que el que descendió, es el mismo que ascendió. Y esto es interesante, porque a mí, quizás a ti y a muchos más, nos parece que no es el mismo, porque el que descendió, fue un hombre que pasó por el proceso de la muerte, pero que el que asciende, es alguien que ya no puede morir. Quiero decir que el que desciende, es alguien que no tiene toda la medida de Gloria que tiene Dios. Jesús mismo dijo, cuando está orando esa noche en el huerto, glorifícame, con la gloria que tuve antes de la fundación del mundo contigo, Padre. Entonces, el que desciende, en realidad no es el mismo que asciende, porque cuando asciende, él recupera mucha de la Gloria que él se había despojado. Por ahí está el pasaje que dice que Jesús se despojó a sí mismo haciéndose hombre, haciéndose siervo, siendo obediente hasta la muerte.

Entonces, déjame decirte que no entiendo lo que Pablo me está diciendo aquí. Yo me inclino por pensar que él está diciendo de una forma muy general que es el mismo, porque a todas luces salta ¡Que no es el mismo! Ha habido un tremendo y dramático cambio de naturaleza en Él. Tú eres libre de pensar y creer como pienses o se te ocurra de hacerlo, pero yo particularmente, creo que hay un gran cambio entre el Jesús que muere y el Jesús que resucita. Pero Pablo aquí dice que es el mismo, así que yo creo que no está queriendo hablar de su naturaleza, sino de que es el que conocimos, que no es otra persona en identidad humana. Es como decir que es el mismo que vimos, que el que resucitó no es un fantasma. Yo me quedo con algunas preguntas guardadas. Cuando Juan está en Patmos, él escucha al Señor, se da la vuelta y lo mira, y ¡Zácate! Cae al piso. Y dice que cae como muerto. ¿Por qué? Porque él pensaba encontrar al hombre menudo, moreno, que había sido su amigo, pero fue sólo verlo tal cual es HOY y caer como muerto. ¿Alguien cree que si hoy ve a Jesús, verá a ese hombre sufriente que la religión muestra siempre colgado en una cruz para deleite de los demonios? Ni lo sueñes.

Entonces, reitero, no sé hasta qué punto podemos decir que es el mismo. El que descendió, dice que es el mismo que también subió por encima de todos los cielos. ¿De todos los cielos? ¿Cómo que de todos los cielos? Sí. Eso, entonces, significa que hay varios cielos, ¿Verdad? Es evidente que sí. Y dice que lo hizo para poder llenarlo todo. Y mientras tanto, la mayoría de nosotros nos quedamos con una expresión casi bobalicona mirando eso azul que está por sobre nuestras cabezas, con la idea fi a y casi inamovible que ese es EL cielo de Dios. Pregunto: ¿Alguna vez obedecermos el mandamiento fino y casi exquisito que nos ordena escudriñar las escrituras?

(11) Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, 

 (12) a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, 

Aquí me quedo. A fin de perfeccionar, dice aquí, aunque en realidad la traducción viene de una palabra que se ajustaría mucho más a madurar o capacitar que a perfeccionar, sobre todo como se usa el término perfección en occidente. Los cinco ministerios que aquí aparecen, se llaman Los Ministerios de la Ascensión, o Los Ministerios de Cristo. También se habla de ellos como de Los Dones Ministeriales. Todos estos nombres, son correctos. Imagínate por qué se llaman Los Dones de la Ascensión. Porque vienen cuando Cristo asciende. Pero también se llaman Los Dones de Cristo, ¿Por qué? Vas a darte cuenta, si eres capaz de hacer un estudio minucioso entre los dones, los ministerios y las operaciones, que el Espíritu Santo puede hacer que una persona enseñe. Pero no hace que una persona sea maestra. O sea que así como podemos encontrar el don de enseñanza, también podemos hallar el ministerio de la enseñanza. Porque una cosa es que yo decida enseñar y otra muy distinta, que mi Padre me envíe a hacerlo. Lo primero sólo me daría un trabajo, un oficio, en tanto que lo segundo, ni más ni menos que un Apostolado.

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Aquellos Que Huelen a Ovejas

Es tiempo de comenzar a examinar las bases sustanciales de los cinco ministerios más conocidos y difundidos, partiendo de los que se mencionan en Efesios 4. Son los que dan origen al llamado Ministerio Quíntuple y se supone o se entiende que conforman el andamiaje sobre el cual la iglesia en su conjunto debería transitar de manera fluida y sin contratiempos. No veo, en principio, ningún error por parte de Dios al crearlos, aunque sí pueden verse luego, diferentes matices plagados de errores por parte de los hombres que supuestamente hayan sido llamados y levantados para cumplimentarlos.

Por eso es que quiero ahora, cuando de alguna manera en muchos lugares se goza de cierta tranquilidad en cuanto al Covid, referirme  al más conocido de todos los ministerios que vemos en la Biblia y, en este caso, reproducidos en lo que conocemos como iglesia: el Ministerio Pastoral. Y como es un ministerio del cual casi todos nos sentimos demasiado cerca, creo que no les resultará difícil a ninguno de ustedes, antes que hablemos nada, anotar en un papel cinco características que más recuerdan o tienen presente sobre el Ministerio Pastoral. 

Y voy a decirles algo que les va a sonar irónico, pero aspiro a que no será lo único. El Ministerio Pastoral, es el ministerio del cual hay menor cantidad de información. Y eso, a pesar que es al mismo tiempo, el ministerio con el cual estamos más familiarizados. ¿Cómo hago para entender ese contrasentido? Es el ministerio del que menos encontramos en la palabra y el que más conocido nos resulta. ¿Qué pasó? Sin extenderme mucho más allá en esto, confieso que creo fielmente que lo que pasó tiene que ver estrictamente con los intereses y el egocentrismo humano.

Pasó, en principio, que no solamente en esto, sino en muchísimas cosas más, la iglesia parecería en ocasiones estar directamente en contramano con lo que Dios piensa. Porque en casos, en la iglesia se le otorga alta importancia a cosas que Dios prácticamente ignora y, por el contrario, cosas que para Dios son tremendas y vitales, en la iglesia ni siquiera parecen registrarlas. A mí, personalmente, me da la sensación clara que en alguna parte de toda esta historia, es como que nos perdimos.

Y elijo decir nos perdimos porque insisto en hablar en forma corporal. Pero sé que debería haber dicho: se perdieron. Y no sé con certeza quiénes fueron los que se perdieron y cuáles fueron las causas o los motivos que determinaron que eso les ocurriera. Pero, lo cierto es que seríamos más que hipócritas si cerráramos nuestros ojos a esa realidad y prefiriéramos no hablar del tema. Cuando una planta tiene espinas, lo mejor es tomar el tallo, aún a riesgo de lastimarse.

Quiero decir algo que quizás luego, y por imperio de las tradiciones y las costumbres, puede quedar en el olvido, pero que no por ello deja de ser cierto: todos los ministerios son importantes. Todos. Por esa causa estoy convencido que en Dios, es imposible salir a decir que un ministerio es más importante que otro. No acepto eso. No me importa lo que se use, la costumbre ni la tradición, no lo acepto.

Obviamente que, por no aceptarlo es que estoy aquí entregándote esto, y no acompañando al pastor a tomar el té con la hermana que cumple noventa años. Porque, de hecho, decir que un ministerio es superior a otro, al margen de no decir lo mismo que Dios ha dicho, nos empieza a armar una especie de categorización en la cabeza. Y lo peor es que eso no se va a quedar ahí, sino que a partir de esa categorización, por lógica consecuencia, dentro de la iglesia, se le va a dar mayor importancia a unas personas que a otras. Y allí exactamente es en donde entramos en directa colisión con el pensamiento de Dios.

Por consiguiente, me pregunto qué hacemos con tanta gente que cuando llega un apóstol, por ejemplo, tira su casa por la ventana para atenderlo a cuerpo de rey, mientras que si el que llega es un evangelista o un maestro, la atención y la dedicación indefectiblemente no será la misma. ¿Podemos juzgar o evaluar a alguien conforme al ministerio que ejerce? Para mi gusto, no; no podemos. Lo que no significa que no se esté haciendo y en gran cantidad.

Claro está que, por todo lo aprendido y del modo en que lo hemos aprendido, es muy probable que a lo largo de una enseñanza extensa, yo mismo y sin proponérmelo, desde luego, transmita esa idea de que un ministerio es más importante que otro. No me lo creas si así te llega, simplemente porque no es así. ¿Y sabes por qué no es así? Respuesta simple: Porque Dios mismo dijo que no era así. Y no hay nadie por encima de Dios para decir otra cosa y que esa otra cosa sea válida.

Hay una sola excepción y la muestra Pablo, cuando en un determinado pasaje , él de alguna manera cita algunos ministerios, colocándolos en un orden que podría presumirse como de categorización. Cuidado; no está explicitado que así sea, dije que podría presumirse, nada más. De todos modos, vamos a ser buenos con nosotros mismos y vamos a suponer que fue así. Esa fue la única. Después no hay otra cosa en la Biblia que nos permita pensar en categorías o jerarquías. Estos cinco ministerios, los que llamamos ministerios del Hijo, están en muchos lugares, pero decimos que son del Hijo por un pasaje que está en la carta a los Efesios.

(Efesios 4: 7) = Pero a cada uno (Repítelo conmigo: a cada uno. Y eso te incluye también a ti, ¿Amén? A cada uno) de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. 

Esto es muy profundo. Deberíamos leer varias versiones para ajustarnos. Está hablando de la gracia y aquí hay toda una dinámica girando para que algunos teólogos digan que aquí se está hablando de las gracias, que son los ministerios, mientras que otros dicen que no, que está hablando de la gracia de la salvación. Otros se inclinan a que es una acción de Dios, que es dador, en fin; es mucho más profundo esto que lo que se ve entre líneas,

Y fíjate que aparece dos veces la palabra Gracia, porque primero dice que a cada uno de nosotros se nos dio la gracia, y luego habla del don de Cristo, que también es gracia. Porque don es regalo. Y presta atención porque un solo versículo ya nos obliga a sumergirnos más profundo, aunque todavía queden unos cuantos que se resisten a creer que el evangelio es más profundo que lo elemental que conocen. Esto, apenas una síntesis. Es mucho más extenso, más profundo y más complicado si es que deseamos desterrar el error para siempre y encaminarnos ministerialmente como Dios dijo, y no como a nosotros se nos ocurre que es mejor. 

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En Los Umbrales de la Adoración Profética

Aquí es donde entra un tema que podríamos llamar como la mente de Dios. Y habrá que decirlo con sumo cuidado, esperando que ustedes lo reciban en la plena confianza, pero sin intentar entenderlo. Creo que por un proceso de administración de Dios Él, en algún momento, y por alguna muy buena razón o causa, decide no sanar completamente a alguna persona, porque así la puede cuidar mejor. Entonces, convengamos en que no es la salud un indicador de que todo está bien. El indicador que nosotros esperamos, es que la gente vea que esto es importante. De allí que los padres de niños que asisten a iglesias proféticas, están en un problema casi social: ¿Permitirán que sus hijos sean vacunados? No tengo una respuesta ahora, pero, pregunto: ¿La iglesia, como tal, debería tener alguna palabra al respecto o no? ¡Claro que sí! ¡Debería tenerla!

Ahora claro: ¿Cómo vas a responder a eso sin tener una mente apostólica? No podrás, vas a caer en el monocromatismo. Porque hay solamente dos respuestas a esa pregunta: o es o es no. No hay nada más. Porque en el tema salud, el Espíritu Santo actúa como una barrera elástica de contención, nunca como un guarda-rail de acero. En el primero, te acomodas, te vuelves a tu senda y te encauzas. En el segundo, si le pegas bien fuerte, te matas. Y seguidamente nos llegan las victorias en las decisiones. ¿Tiene que ver con el discipulado, esto? Sí. ¿Y cómo podría yo, entonces, saber si esta decisión que voy a tomar sobre este asunto, es la correcta? Vamos por partes: un solo ministerio actuando en la iglesia, no puede responder esto.

Míralo así, desde lo espiritual, netamente. Un pastor podrá ver las cualidades que tiene una persona, pero no puede discernir su futuro. El profeta, en cambio, podría intuir su futuro. Porque parte de su unción es prever lo que viene. De allí que cuando un consejo sale de un pastor y un profeta, en conjunto, el consejo es más completo. El siguiente punto es saber o poder reconocer los tiempos. Esto, indudablemente, está asociado a saber tomar decisiones. Y una característica evidente de una buena decisión, es que sea oportuna. Si es una buena decisión, pero tardía, en el fondo será una mala decisión.

El punto siguiente es desarrollar el carácter de adorador. Esto, en cada persona. Y cuidado que esta no es una alternativa, no es una opción. Una persona que no es una adoradora, es una persona que no califica para las cosas de Dios. Y no estoy hablando del que canta, la palabra dice adorador. Lo que sucede es que realmente no hay una cultura de adoración en la iglesia. Hay una cultura musical y de cánticos. Y esto también está relacionado con el desarrollo del guerrero, que en este caso, vendría a ser: el intercesor. La idea central es que cada creyente sea un guerrero. Que sepa pelear sus luchas, sus propias batallas. No pueden pedirme a mí ni a nadie a distancia que les pelee una batalla por ellos. Es hasta absurdo. Tres mil visitas diarias. Mil quinientos están bien, otros mil quinientos con problemas. ¿Mil quinientas batallas una sola persona? Imposible. Eso se pretende en la mayoría de las iglesias. Eso mismo, claro está, han incentivado algunos líderes.

Dios espera que nos ayudemos entre todos. ¿Nos estamos ayudando? ¡No! ¡En la mayor parte de los casos, (Y hablo de la iglesia estructural), nos estamos estorbando porque competimos! El pueblo cristiano tiene que ser una comunidad, de otro modo es apenas un calificativo hueco de día domingo. Y eso hasta que termina el culto. Allí es: adiós, que te vaya muy bien, y si comes, comes y si no comes joróbate y hasta el domingo que viene. ¡Ese es el modelo siglo veintiuno del pueblo cristiano! ¿Es ese el diseño de Dios? No me parece. No me cierra. Y cuando algo no te cierra, podrá tu mente estar afiebrada de mundanalidad o circunstancias, pero si algo espiritualmente no termina de cerrarte, no viene de Dios, Lo que viene de Dios, siempre cierra y encaja perfecto, como la piedra del ángulo.

Lo otro que se debe desarrollar es el sacerdocio familiar. Que cada persona que mañana va a formar una familia, tenga la responsabilidad de su casa. Hay muchos padres que piensan que porque llevan a sus hijos a la iglesia, los pastores los van a salvar. ¡Eso es un absurdo! Puede que una congregación les ayude a conocer un poco más del Señor, pero o traen su figura central desde la casa o no irán a ninguna parte.

El desarrollo del servicio personal, individual La diferencia entre esto y la colaboración, es que la persona cuando colabora, se suma a algo que se está haciendo. Pero cuando se habla de servicio, uno es capaz de hacer algo que nadie está haciendo. O sea: no dependo de los otros para hacer algo. Normalmente, los servidores son personas solas, porque siempre están con tiempo para mirar más allá. Tiene algo de profeta su servicio. Lo concreto es que todo ministerio, o todos los ministerios, si quieres tomar el plural, dependen pura y exclusivamente del nivel de mentalidad de cada hombre y de cada mujer que lo piense llevar adelante. No se gana nada capacitando a gente que jamás va a poder hacer nada porque no está dispuesta a cambiar lo más sustancial de sus errores cotidianos.

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El Espinoso Asunto de la Salud Física

¿Espinoso asunto? ¿Por qué? Porque en la dimensión del Espíritu, vas a darte cuenta que hay una relación directa entre lo espiritual y lo natural. ¿Qué quiero decir con esto? Que no vas a tener nunca a alguien lleno del Espíritu, viviendo mal. Jesús lo dijo bien claro: no sale agua dulce de una fuente amarga. Entonces, cuando la persona comienza a trabajar sus emociones, no puede ni debe tolerarse pensamientos que incluya a personas que ya están comprometidas. Allí sí es cierta aquella vieja premisa de: soldado que huye sirve para otra guerra. Aquí sí. Yo realicé un trabajo en mis producciones especiales que trata de demostrarte que no es así. Y no lo es en aquel punto que tocamos allí, pero en este, tengo que asumir que sí. Es necesario que una persona asuma tomar toda la responsabilidad por lo que se permite sentir. Esa es tu oración cotidiana, sea quien seas, tengas la edad y la condición civil y social que tengas. Yo soy responsable por lo que siento. ¿Te das cuenta que después de declarar en voz alta esto, nunca más vas a poder excusarte diciendo que robaste, defraudaste o simulaste sin darte cuenta?

¿Y cómo se llama esto? Se llama disciplina, se llama amor a Dios, se llama obediencia, se llama pacto, se llama compromiso, se llama muchas cosas, aunque en esencia es simplemente carácter. ¿Y entonces por qué estamos hablando de cambiar la mentalidad y no de cambiar el carácter? Porque hasta el día de hoy, nadie ha podido separar esas dos cosas con claridad. Donde está la mentalidad, está el carácter, donde está el carácter está la mentalidad. Entonces, para no meterme en los vericuetos de carácter y toda la terminología psicológica, prefiero hablar de mentalidad, porque ahí está asociada la mente y el corazón.

Aquí es donde nos encontramos con la victoria en la salud. Es imperativo que el creyente aprenda, de alguna manera y mediante alguna forma, a cuidar su cuerpo. Porque dice la palabra que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, y no es coherente que por seguir los dictados del sistema perverso en el cual vivimos, los creyentes descuiden ese templo y lo dejen derrumbarse. Quiero decir algo que no sé si todos saben. La salud es un área de guerra espiritual tremenda. Es un área de guerra. En este tiempo hay una batalla muy fuerte en esa atmósfera. ¿No te parece que así como se enseña que la iniquidad es tal o cual cosa, se debería enseñar cómo borrar las señales de la iniquidad que vienen a través de las enfermedades?

De allí que todo ministerio profético que tenga peso, o que se está proyectando en una dimensión de Reino, va a darse cuenta que necesariamente tendrá que tocar todo este tipo de temas. Es algo que no se puede evitar. Antes que ninguna otra cosa y como para que nadie se confunda y confunda a otros, hay que aclarar que el Reino es mucho más que guerra, guerra y guerra, o que adoración, adoración y adoración. Hay algo que es muy claro, y de tan claro, resulta casi ofensivo. La iglesia no quiere hablar de la salud ni de la sanidad física. Hay libros que son verdaderas confrontaciones para quienes los leen, porque desnudan todo el andamiaje satánico que rodea a los laboratorios de medicamentos. El problema subyace en que los creyentes que leen esos libros y los dan como válidos, después no saben qué hacer con lo que se les dice allí. ¡La iglesia no habla y mucho menos enseña sobre esto! ¡¡¡Nada!!! ¿Motivos? Yo no quisiera ofender a nadie, pero no son pocos los que aseguran que sólo se trata de incredulidad.

Desde las plataformas del Reino se habla mucho sobre el sistema de la religión, y está bueno que así sea porque se evita que tanta gente caiga prisionera de ritos, ordenanzas y estatutos insostenibles. Pero no se habla para nada de la salud, y la salud se lleva para “el otro lado” a tantos cristianos como la religión. Y tampoco se habla del entretenimiento cristiano, que desperdicia vidas con banalidades por encima de todo lo otro. Y cuando hablo de entretenimiento, me estoy refiriendo a todas las cosas que tú y yo hemos visto hacer en los templos, sin otra finalidad que la de cubrir un tiempo determinado para que el culto o reunión tenga una duración seria y no concluya, por poco, antes de comenzar. Entretener es todo eso que a ti te fastidia, pero que por respeto o sujeción mal entendida, te aguantas sin protestar y, mucho menos, sin confrontar a los encargados del entretenimiento religioso.

De hecho, todo lo que crece, cambia. Y todo lo que cambia, confunde y se desconoce. Toma un libro de matemáticas de tu hijo menor y fíjate si entiendes algo de lo que hoy ellos están dando en clase. Yo no soy precisamente un modelo en las matemáticas como para servir de ejemplo en esto, pero sí en lo que se da como Humanidades. Estuve en eso, dediqué gran parte de mi vida laboral a eso. Y sin embargo, en muchos de sus argumentos modernos, eso que yo manejaba y dominaba, hoy casi es chino básico. Y yo no hablo chino, obvio…Y respecto a la salud, las iglesias son  de alguna manera un modelo que puede servir de ejemplo. Hace algunos años, estaba muy mal mirado por la gente que el ministro se tomara un vaso de vino. Hoy, el vino ya no tiene importancia porque todos saben que ese ministro no se emborrachará, pero sí es muy mal visto que el mismo ministro tome medicamentos. En iglesias proféticas, eso es vital. Clave, central. Sin embargo: ¿Qué es mucho, y qué es poco? Gran duda existencial.

No es que nos regodeemos hablando de la antigüedad, tal como parecería ser el común denominador de la gente mayor; pero hace cincuenta años, por dar una cifra, ningún ministro de ninguna iglesia tocaba ni de paso el tema de la enfermedad y su consecuente espiritual: la sanidad física. No se hablaba del tema. Ni bien ni mal; ¡No se hablaba! Hoy día sí se habla y se encuentran puntos muy problemáticos que han sido mal enseñados o, directamente, no enseñados. En iglesias tradicionales se oraba por la salud de alguien y se ponía en las manos de Dios la sabiduría del médico que lo atendía. Hoy, en iglesias proféticas, la onda es más que clara: ¡No médicos! Fanatismo, dicen algunos. Fe, lo llama mi Biblia. Decisión, se me ocurre añadir, como elemento de unificación y no división. ¿Y yo que debo hacer, entonces? Seguramente esta será tu pregunta silenciosa. Respuesta: ¿Tienes al Espíritu Santo morando en tu ser interior? Entonces… lo que tengas garantía íntima para hacer, no lo que queda bien o se supone que debes hacer. Por mucho menos, ha partido mucha gente antes de tiempo.

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Mentalidades Monocromáticas Vigentes

Mi madre aceptó al Señor minutos antes de su muerte. Y no me dio tiempo para enseñarle nada, mucho menos para cambiarle su mentalidad que por años estuvo culturalmente prisionera de lo que siempre fue la religión oficial de mi país. ¿Y voy a dudar de su salvación por eso? Es como si dudáramos de la salvación del ladrón arrepentido porque no pudo bautizarse. Hay mandamientos que pueden y deben respetarse, de acuerdo, pero la ley del amor es mucho más grande que cualquier mandamiento. Por eso siempre vamos a pensar con cierto criterio coherente, que Dios no va a tratarnos a todos de la misma manera. Hay algunos que llegaron muy tarde al Señor, pero no tan tarde como para no salvarse. Dios tiene cuidado de las personas muy por encima de lo que nosotros podemos imaginarnos. Hay gente a la cual quisiéramos llevar a la salvación y no podemos. O no nos atrevemos. Y ni siquiera podemos imaginarlos convertidos. Sin embargo, Dios sabe cómo hacer ciertas cosas que nosotros no sabemos.

Las personas que no van a poder cambiar su mentalidad por culturas muy fuertes, por ejemplo, o porque vienen con vidas muy destruidas y se tarda tanto en recomponerlos, deben ser atendidas de la misma manera y con la misma abnegación y entrega que a las otras. En este caso, lo mejor que podemos hacer es equiparlos de la mejor manera para lo que les queda de vida. Hay personas que vienen a la vida con un rol que, luego de ser cumplido, retornan a la casa del Padre, cosa que por allí les parece tremenda e injusta a los que quedan en esta tierra, pero que en los ámbitos espirituales es totalmente justa y sujeta al diseño divino. ¿Quieres un caso testigo? José. José, el padre carnal de Jesús.

José vino a esta tierra casi con exclusividad para cuidar y proteger a María y al Jesús niño. Pasó las suyas para casarse con María y luego de casado para andar a lomo de asno para huir y salvar al niño de la persecución de Herodes. Una vez que cumplió su tarea, se fue. José murió cuando Jesús era muy joven, todavía. ¿Cómo sé esto? Hay historiadores que lo mencionan, pero la mejor prueba es que, cuando Jesús comienza su ministerio, a la edad de treinta años, la que aparece de vez en cuando compartiendo y observando, es María. Pero José jamás se menciona dentro del tiempo ministerial de Jesús. De hecho, la última mención de José, al menos implícita, es cuando Jesús tiene doce años y se les pierde en el templo.

Entonces, ninguno de nosotros puede saber para qué ha sido llamado cada uno, jóvenes, adultos y adultos mayores, como ahora se les dice, usando el eufemismo, a los ancianos. Yo no sé por qué tu madre es como es, vivió lo que vivió o no vivió lo que no vivió. Pero sí sé que una de las cosas más importantes que hizo tu mamá, fue traerte al mundo a ti. De hecho, en la mentalidad monocromática que tenemos, parecería ser que la gente sólo vale si se convierte. Perdóname, pero ese es un pensamiento altamente sectario. La primera cosa buena que hicieron tus padres, fue traerte a este mundo. ¡Pero hermano! ¡Es que ellos no conocen al Señor! Puede ser, pero Dios los usó a ellos para que tú estés hoy, en este día, invirtiendo tu tiempo en esto.

Creo que cuando la ley se convierte en algo tan obtuso, que no permite adaptarse al corazón del hombre, ya no sirve. Porque, veamos: ¿Qué es más importante para el Señor, el rito o el corazón? Y no estoy diluyendo ningún mandamiento, lo que es santo, es santo, y lo que es profano, es profano. De todos modos, los resultados del discipulado son inmensamente mensurables. De hecho, no existe un modelo de discipulado del que se pueda decir: ¡Aleluya! ¡Este es! El mayor problema en esto es que no existen indicadores que determinen cuándo una persona está lista y cuándo todavía le falta un golpe de horno.

La duda, entonces, es: ¿Hay resultados concretos del discipulado que puedan determinarse? Sí, los hay. Uno de ellos, mejorar las relaciones con las personas. Hebreos 12:14 tiene, de alguna manera, la llave bíblica de eso: Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. O sea, a través del discipulado, van a aprender a llevarse bien. Ahora pregunto: ¿Muestran paz entre ellos, todos los cristianos que conoces? Y la otra: ¿Están todos ellos en santidad, esto es, en consagración plena al Señor? No me respondas, sólo piensa.

En segundo lugar, victoria sobre las finanzas. 3 Juan 1: 2: Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma. Gran parte de los problemas financieros que tienen las personas, y estoy hablando de escasez, de endeudamiento, obedecen a mala administración, e ignorancia de las leyes espirituales. Fíjate que en esto, está comprobado fehacientemente que sólo un uno por ciento es culpa del diablo. En el resto, ya leíste el verso. Si tú tienes hoy problemas financieros, es porque tu alma algún problema tiene. Y ese es el problema que debes resolver primero. Luego vendrá el otro.

Convengamos algo: la gente, cuando llega al Señor, sea como sea, llega estéril, árida, gris, cerúlea, cadavérica, casi. Es nuestra obligación como iglesia, y no estoy hablando de lo institucional sino de lo global, de lo humano, de lo corporal, convertirla en fértil, verde, aromática, llena de vida. En tercer lugar, viene la victoria sobre las emociones. O en las emociones. Tito 2:12, dice: enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, Normalmente la gente viene al Señor con muchísimas heridas en el corazón. Cosas que les pasaron, cosas que les hicieron, cosas.

Entonces, la pregunta que haré y que aunque parezca descolgada tú y yo sabemos que no lo es, es: ¿Qué pasará con ese líder que un buen día se escapa con la hermanita de la alabanza como si fueran dos fugitivos de la justicia? Independientemente de lo que tú pienses al respecto, es notorio que hay un tema en sus emociones y sus sentimientos que jamás trabajaron. ¡Eran tus hermanos! Y ahora son dos fugitivos de la justicia. ¿De la justicia de Dios? ¡No! ¡Dios los conoce y tiene muy claro lo que ellos padecen! Es la justicia de los hombres la que los persigue. Y lo peor, casi en el nivel de venganza. Entonces, ¿Esto sería una defensa para con esos hermanitos fornicarios o adúlteros? ¡Ni lo sueñes! Sólo procura ser justicia genuina, algo que el hombre conoce muy poco, porque se deja influir por la suya propia.

Claro está, y convengamos,  en que estos hermanitos jamás pudieron filtrar sus sentimientos. Qué podían permitirse sentir y qué no podían permitirse sentir. Cuando una persona rompe sus compromisos, ya sean estos matrimoniales o previos al matrimonio, lo que está mostrando es que no es una persona confiable para nadie. Y cuidado, porque no es un tema que tenga que ver necesariamente con una mujer. Si tú eres creyente fiel y tal como lo diseña el Señor, y tienes una empresa que necesita alianzas y sociedades, jamás podrías asociarte con alguien que haya pasado por un adulterio, sea hombre o mujer y tenga el dinero que tenga para aportar. Si no pudo ser fiel con la mujer o con el hombre con el cual dormía todas las noches, ¿Quién te asegura a ti que lo será con el dinero o las situaciones que tú pongas bajo su responsabilidad?

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La Renovación del Entendimiento

Creo fielmente que algo tiene que modificarse en nuestra cultura. Y no me estoy refiriendo a la cultura argentina, ni a la colombiana, ni a la mexicana ni a ninguna de las representadas en este espacio. Lo que estoy queriendo decir es que yo no puedo pretender vivir el evangelio que está escrito en mi Biblia, con la mente que tengo. Con toda honestidad, tendrás que asumir que en cualquier momento te quiebras. Por otra parte, estoy convencido que mientras no afectemos la mente de esta generación, no podremos saber si nuestra presencia como iglesia ha sido positiva o no. Dicho de otro modo, si tú tienes una congregación local instalada en un lugar de la ciudad desde hace veinte años y no ha podido cambiar absolutamente nada de lo que la rodea, me temo que en ese lugar se está hablando de cualquier cosa, menos del evangelio de Jesucristo.

(Efesios 4: 23) = y renovaos en el espíritu de vuestra menteHay otra versión que lo dice así: Esto pues, digo, y atestiguo en el Señor: que ya no caminéis, según también las gentes caminan en vanidad de su inteligencia.

(Romanos12: 2) = No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. 

Se nota, por lo que dice en este último pasaje, que no hay manera de conocer la voluntad de Dios para la vida de alguien, sino involucra un cambio de mentalidad. Entonces, lo que llamamos discipulado tiene, como primer objetivo, cambiar la mentalidad de la gente. De hecho, nadie podrá estar seguro de si se puede cambiar la mentalidad a toda la gente. Claro está que, si tu metes a doscientas personas en un mismo salón para recibir discipulado, algún tiempo largo después, vas a darte cuenta que los que lograron cambiar su mentalidad, fueron no más de treinta. ¿Y qué pasó con los otros ciento setenta? No pudieron hacerlo. ¿Fallamos, entonces? No, porque en ese caso, Dios también habría fallado cuando sacó al pueblo de Israel de Egipto.

Porque lo que Dios quería, era que todo ese pueblo que salía de Egipto, (Aseguran que como un millón de personas), llegara y entrara a la Tierra Prometida de Canaán. Sin embargo no fue así. Solamente entraron los jóvenes menores de veinte años, más dos personas mayores, nada más. El resto se quedó en el desierto. ¿Tenemos que suponer que Dios sacó a ese pueblo al desierto para que se muriera allí? ¡No! ¡Dios lo sacó para llevarlo a la Tierra Prometida! ¿Y por qué no pudieron entrar, ellos? Porque nunca cambiaron su manera de pensar. Entonces podemos ver que, el punto débil de este asunto, es el hombre. Si a Dios hubo de fallarle eso, es posible que a ti, a mí y a cualquiera que pretenda discipular, también le falle. No será posible que toda la gente que ingresa a mi Web cambie su mente. Habrá un porcentaje que sí, gloria a Dios; pero habrá otro porcentaje que no, gloria a Dios.

Eso de ninguna manera nos tiene que hacer sentir mal. Fíjate que tenemos treinta y nueve libros en el Antiguo Testamento que están dando testimonio de que no todos son todos. La idea es que todos pasen, pero si algunos no pasaran, para ellos hay una segunda opción. No es un plan “B”, es una segunda opción que podemos llamar equipamiento de Vida. Teniendo en cuenta, obviamente, que la vida no es algo, es alguien. Es Cristo mismo nuestra vida. Ese es el equipamiento de Dios en nosotros. ¿Eso es equipamiento de vida? No lo sé, mira:

(Lucas 11: 52) = ¡Ay de vosotros, intérpretes de la ley! porque habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y a los que entraban se lo impedisteis. (Durante el despertar espiritual que hubo en mi país en los años 90, fueron muchos los que, tocados por la unción del Espíritu Santo, deseaban darle un golpe de timón a la iglesia esgrimiendo alto poder de Dios. ¿Sabes contra quienes chocaron? Contra la mayoría de los líderes que, por no haber aceptado ese mover como proveniente del Espíritu de Dios, no lo habían recibido, y por lo tanto consideraban a todo lo que sentían y movían personas de menor rango, como “fantasías” que debían ser neutralizadas. Lo fueron. Y salvo algunos “sobrevivientes”, lograron frenarlo. De eso mismo es, puntualmente, que habla este texto).

(Mateo 16: 19) = Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. (Es más que valioso e importante saber la cualidad de tu palabra, de lo que sale de tu boca. ¿Atas para victoria? Habrá victoria. ¿Atas para duda y derrota? Habrá duda y derrota. ¿Por qué? Porque todo lo que digas con tu boca, creyendo, te será hecho. ¿Simple, verdad?)

(Lucas 8: 10) = Y él dijo: A vosotros os es dado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan. (El que suponga que esto tiene que ver con cristianos y ateos, se está equivocando feo. Esto tiene que ver con creyentes y religiosos. Porque cuando Dios da a conocer sus misterios por medio de una revelación de Su Espíritu Santo, los únicos que accederán a esas revelaciones, serán los creyentes. Para los religiosos, sólo será algo que oirán y verán, pero no entenderán).

Escucha esto: de la gente que estaba con Jesús ese precioso y tremendo día cuando comen los peces y los panes, esos que llenaron su barriga de tal modo que sobraron canastos enteros y nadie les prestaba atención. De todos esos, ¿Cuántos crees tú que entendieron lo que Jesús estaba hablando? A mí, si tengo que decirte la verdad pura, se me cae y se me nota el pesimismo, me dan ganas de decir que nadie lo entendió.  Pero voy a asumir que hubo un grupo de doce hombres a los cuales Él se toma el trabajo de explicarles las parábolas, que son sus discípulos, Asumamos que ellos, los doce, sí le entendieron. A lo mejor algunos más, Marta, Lázaro, qué sé yo. Pocos, en relación, de todos modos. Sin embargo, algo es realidad: ¡Todos comieron! Lo pongo así: aunque no todos entendieron, todos disfrutaron.

Lo que te estoy queriendo mostrar, y al mismo tiempo enseñar como principio válido, es que no tuvieron que entender para poder comerse el pescado y el pan. O sea que vemos que Jesús les permite comer a todos, entiendan o no. Pero, entonces, ¿Jesús no es selectivo? Sí, lo es; pero lo que no hace es cerrar la puerta. Elige con quien quiere estar, pero no cierra la puerta. Si eran cinco mil personas las que había allí, ¿Cuántas pudieron ver lo que estaba sucediendo allí? ¿Cuántos pudieron ver que los peces y los panes fueron provistos por un niño? Muy pocos, quizás los que estaban bien adelante, los que estaban más cerca, los que escucharon la oración, los que vieron reproducirse todo. Pero ¿Y los otros? ¿Los que estaban alejados y tal vez hasta entretenidos hablando entre ellos? Por haberme movido en el ámbito de la comunicación masiva, siempre me pregunté: ¿Cómo hizo Jesús para hablar y ser escuchado por cinco mil personas sin un micrófono o amplificador? Cuéntamela como quieras, pero así fue y no hay explicación…lógica…

Para mí, ellos vieron aparecer canastas y canastas de pan y de peces y hasta se deben haber preguntado quiénes habrían pagado todo eso. Yo tengo mis dudas si se llegó a difundir totalmente cómo fue que apareció todo eso. Sin embargo, lo hayan sabido o no lo hayan sabido, ¡Todos comieron! Hoy, más quisiera yo estar en una iglesia donde todos coman, aunque luego no todos entiendan. Y cuando hablo de los que no entienden, que se sepa bien que no estoy ni discriminando por intelecto o estudios de teología, ni tampoco juzgando. Creo que todo pasa por lo eminentemente espiritual. Porque los que no entendieron ni están entendiendo, no son personas que no quieren entender porque no les da la gana. Más bien son gente que por alguna razón que no hemos visto, ¡No pueden entender lo que otros sí entienden! Ciegos. Sordos. Pero con ojos naturales que ven y oídos que oyen perfecto.`

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La Generación de Una Cultura

Ahora veamos: ¿Por qué Jesús no tocó todos los temas que hoy conocemos con sus discípulos? Porque todo el ministerio de Jesús giró en torno a un punto central: desarrollar la fe en los discípulos. La fe necesaria para que, cuando viniera el Espíritu Santo, fuera el Espíritu Santo el que hiciera todo lo demás. Por eso es que no les dio diseños de edificación. Les habló de tres elementos básicos: el amor a Dios y a la gente, la justicia y la fe. Y esas tres cosas, nacen del corazón. ¡Y Jesús les cambió el corazón! Pero cuidado, no tocó su mente. Por eso es que ellos no entendieron ni que iba a morir, ni que iba a resucitar, es decir: ¡No entendieron nada! ¿Y sabes qué? A Jesús no le afectó que ellos no le entendieran. Él ya sabía que no lo entendían. Él mismo cuando explicaba algo, decía: ¡Yo sé que me escuchan, pero no me entienden! Pero cuando venga el Espíritu, Él los hará conocer todas las cosas. ¡Ay, pueblo mío ¿Cuándo vamos a creer el evangelio completo?

Sí, claro, todo esto está muy bonito, pero el Espíritu no podía venir si no había una plataforma de fe. Cuando el Espíritu viene se mete hasta las coyunturas, y ese es el que empieza a manifestar los cambios. Por eso es que soy tan cáustico con los cientos de modelos que andan girando por las iglesias, por allí. Porque creo que en algún momento la gente se desconecta del Espíritu Santo y se abraza al modelo. Es como cuando decidieron crear estructuras para adorar mejor a Dios. Terminaron adorando la estructura que ellos mismos habían creado. Y eso, te guste o no te guste, se sigue llamando: Idolatría.

Sin embargo, y aún en contraposición con lo que acabo de decir, entiendo y reconozco que algún modelo deberíamos adoptar, al menos para saber para dónde vamos. Porque que existan miles de iglesias no es algo que haga feliz a Dios. A Dios lo hará feliz saber que hay gente que se conecta con su destino y es capaz de establecer su propósito en el lugar en el que le tocó nacer. Todo esto, va generando una cultura. Si tú reúnes a un grupo de varias congregaciones, y se formulan entre sí preguntas que tienen que ver con la calidad, cantidad y cualidad de la ministración que han recibido o están recibiendo, se van a dar cuenta que la gran mayoría, no tiene ni la menor idea de lo que se le está hablando.

Ejemplo: ya sabes que no tengo absolutamente nada con el don de lenguas, de hecho yo lo tengo, gracias a Dios. Pero no entiendo ni admito que domingo tras domingo haya congregaciones enteras que se reúnen sin otra finalidad que hablar en lenguas, todos a la vez, sin nadie que interprete y que con eso se sientan felices y cumplidos. ¿Para qué lo hicieron? ¿Cuál fue el fruto, el resultado? Y todo esto es principalmente porque Dios está cambiando nuestra cultura. Y eso es bueno. Pero claro, estamos enfrentados a otro tipo de desafíos. La persona que ha sido sanada, está esperando también que su vida sea diferente. ¿Y qué pasa cuando no es diferente? Me parece que algo deberemos haber hecho mal. En algún momento se nos escapó la tortuga.

Ya lo sabemos, pero bien vale la pena repetirlo. Lograr o llegar a lograr la identidad o la imagen del hijo de Dios que es cada creyente, pasa por un proceso. Ese proceso comienza con la conversión. Y la frase que mejor expresa lo que significa Conversión, es entrar al Reino. Y este entrar al Reino involucra necesariamente el arrepentimiento, el alineamiento y el nuevo nacimiento. En una segunda etapa, la persona que de verdad nació de lo alto, empieza un proceso de sanidad a fondo, cuyo objetivo de máxima, es limpieza; limpieza en profundidad. ¿Por qué? Porque la gente viene quebrada, porque sus pensamientos no están alineados con Dios, así que se deberá desarrollar algún tipo de estrategia.

Y tiene que haber una ministración, necesariamente, que no tiene que enfocarse solamente en una liberación, sino también de ser necesario, en una restauración. Y allí es donde llegamos a la tercera etapa que se podrá mostrar seguidamente. Voy a darte la palabra central de esta etapa: discipulado. Creo que cuando digo discipulado, la mayor parte de los que me leen allí del otro lado, tienen  alguna idea, al menos vaga, de lo que es. Entendemos como discipulado, al proceso por el cual una persona se conecta con su destino. Con lo que Dios tiene para ella. Si tú dices que discipulado es formar el carácter de Cristo, es correcto. Si en cambio dices que es equipar a una persona para la obra del ministerio, también es correcto. Todo es depende desde dónde estés mirando al discipulado.

Ahora bien; entonces ¿Por qué no pongo esa definición? Porque estoy rompiendo una estructura. Esa visión monocromática, que sólo puedo servir al Señor en una congregación local. Ya se van a dar cuenta, muchos de ustedes, que hay mucha gente que tiene un llamado para trabajar con los ministerios, pero no dentro de una congregación, sino fuera de ella. Entonces, cuando se habla de discipular, como el conjunto de herramientas que preparan un ministro, la mayoría de la gente asocia a eso a un servidor de la congregación, un servidor interno. Por eso es que estamos hablando de destino. Todos tenemos un destino en Dios. De hecho, no todo destino de estos mira para adentro de la iglesia. Para una enorme cantidad de gente, su destino mira para afuera.

Entonces, el discipulado es la herramienta, es el recurso de Dios a través del cual la iglesia ayuda a una persona para que se conecte con su llamado. ¿Cómo se produce esto? El objetivo inicial, de los varios que va a tener el discipulado, es un cambio de mentalidad. Es menester que en esta etapa, la persona se predisponga a dejar de pensar como pensaba, y empiece a pensar tal como piensa el cielo. De hecho, es un proceso que involucra tiempo, esfuerzo y también una estrategia. Ejemplo: cuando decimos que enviamos a un niño al colegio para que aprenda y se eduque, quizás sea verdad, pero no solamente se espera que aprenda a leer, escribir, sumar y restar, sino que en realidad esperamos que se esté capacitando para la vida.

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A la Hora de las Ciencias

No tengo absolutamente nada en contra de las llamadas ciencias de la mente, o sea la psicología o la psiquiatría. De hecho, he compartido muy buenos momentos con unos y otros profesionales de estas disciplinas y hasta he podido trabajar codo a codo con algunos de ellos que habían abrazado la fe cristiana y se congregaban en el mismo sitio en el que en ese tiempo lo hacía yo. Lo que estoy intentando decir y al mismo tiempo aclarar, es que la llamada sanidad interior, que superficialmente ha sido evaluada como una terapia, tiene vinculación directa con la liberación, y a esto no lo puede hacer ningún profesional de nada. O lo hace un hombre o una mujer de Dios, o no lo hace nadie.

De todos modos, lo importante de esta disciplina, que algunos insisten en catalogar como relativamente nueva dentro de la historia de la iglesia, pero que sin embargo no lo es tanto, es que la gente no sólo puede abrir su corazón y hablar de todo lo que la abruma, sino que de alguna manera y desde algún lugar de su estructura, es feliz haciéndolo. Entonces veamos: ¿Por qué va la gente a sanidad interior? Porque le pasa algo que no puede solucionar. ¿Y se da cuenta lo que le pasa? Sí, lo que le pasa siempre está dentro de su conocimiento. Lo que generalmente no sabe es por qué razón le pasa lo que le pasa.

Y es por eso que muchas profesiones han alcanzado niveles extraordinarios de aceptación y recurrencia. ¿O no hay miles y miles de personas que pagan una buena suma por una hora, que en realidad son cuarenta y cinco minutos, que alguien le destina simplemente para oír todo lo que tenga ganas y necesidad de decir? Y que, mayoritariamente, esas terapias resuelven algunos pequeños conflictos visibles, pero se chocan contra un techo de granito para con los problemas de fondo.

Tienes que perdonar, le sugieren. ¡Ah, sí, ya lo sé, pero no puedo! Tendrás que poder. Y además tienes que olvidar, le añaden. ¡Y eso es lo que quiero desde que me pasó eso, pero tampoco lo consigo! Es curioso y hasta ridículo que la gente pague y pague muy buenas sumas, para que alguien le diga lo que ya sabe, le dé soluciones que ya conoce pero no puede ejercitar y, finalmente, que le diga que lo mejor será que deje por un tiempo la terapia, ponga en orden sus ideas y luego regrese. Los vericuetos de la mente son insondables, al menos para otro hombre con las mismas coordenadas.

Mucho de lo que tiene que ver con la sanidad de una persona, está relacionado con el proceso que Dios sigue en una vida. Ejemplo: una persona que pasa por liberación y es liberada de un demonio de los grosos, que luego pasa por sanidad interior y es sanada de sus problemas más potentes, es una persona que se recompone y comienza, casi como respuesta lógica, a ejercer un ministerio de alcance. Sin embargo, ocurre que cuando empieza a conocer más de Dios y a meterse dentro del pensamiento de Dios, se da cuenta que hay un área puntual, específica y concreta en su vida que jamás fue tratada ni sanada.

La gran pregunta que se hacen muchos líderes y ministros, aquí, es: ¿Y por qué no salió a la luz eso cuando fue liberada o sanada interiormente? Porque nadie hubiera sabido qué hacer con ese asunto. Es como cuando se ministra un niño con un problema de rechazo y se descubre que su papá es masón. ¿Podrá un niño pequeño entender cómo romper la masonería en su vida? ¡No! Aquí es donde normalmente no es poca la gente que pregunta: ¿Pero no era que cuando te conviertes todos tus problemas son solucionados? Enseñar eso es un error. Cuando te conviertes, el problema que tienes solucionado, es tu destino de eternidad. Todo lo demás, llevará su tiempo desarraigarlo.

Lo cierto es que la única forma de salir de esto es mediante aquel elemento que está presente a lo largo y a lo ancho del evangelio: la fe. Te vas a dar cuenta que la fe puede crecer o puede menguar. Se sobreentiende que alguien que se convierte, crece, madura y se pone a ministrar, va adquiriendo mayor cantidad y calidad de fe. Y cuanta más fe tenga, mayor será la posibilidad de descubrir, tratar y sanar el problema mayor. De todos modos, la sanidad interior es algo que se promociona mucho y, con seriedad y conocimiento espiritual del tema, se realiza muy poco. La mayor parte de las congregaciones andan de curso en curso y de clínica en clínica, pero la realidad es que todo no va más allá de la promoción, la celebración y los invitados de nivel. Luego, cuando quieren encarar obras importantes, no les da la cantidad de hermanos aptos por causa de que la gran mayoría todavía está herida por cuestiones de su infancia.

Y esto tiene que ver con algo que decíamos antes. Nuestra obligación, la que verdaderamente agrada a Dios, es la de capacitar a la gente para que sea la gente la que edifique el cuerpo. Hoy eso no está ocurriendo. Y yo pienso exactamente igual que tú respecto al individualismo y egocentrismo que hay en los pastores y los líderes, pero tengo que reconocer que, si en cada congregación les sacas los pastores y los líderes, la iglesia se paraliza y nadie más hace nada. ¿Por qué? Porque la gente no sabe edificar el cuerpo. ¿Será quizás porque nadie se los enseñó? Tal vez, pero tampoco nadie hizo demasiada fuerza para aprenderlo, reconozcamos. Así como el mundo secular encara la mayor parte de sus asuntos con cierta liviandad, alta exposición y no poca frivolidad, cuando alguien se convierte, conserva por mucho tiempo su programación anterior y, como no podría ser de otro modo, también toma al evangelio con las mismas pautas. El resultado es lo que hoy vemos como iglesia. Puede ser que algunas hayan podido borrar sus manchas, pero arrugas tienen todas las que quieras.

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