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Portadores de Fuego Sagrado

Hay algo sumamente claro: los religiosos siempre van a buscar una manera para que tú no disfrutes del gobierno de Dios en tu vida. Porque lo que significa ser un creyente, es el caminar con el gozo permanente de la salvación. Hay gente que parecería haber sido bautizada con una mezcla de vinagre y limón y que en lugar de aceptar el Reino de Dios, han aceptado las maldiciones. ¿No has visto gente así, que un día se convierten y de ahí para adelante parecería que todo le sale al revés? Que te echaron del trabajo, que tu mujer se fue con otro. Hasta que ya no pueden más y te dicen: “Nahh, mirá, mejor no voy más a la iglesia porque me parece que Dios no quiere saber nada conmigo”.

Lo que verdaderamente sucede, es que no se le ha enseñado a la gente el poder genuino y real que tenemos en Cristo Jesús, y lo que verdaderamente venimos a recibir cuando nos convertimos al Rey de reyes y Señor de señores. Que no es precisamente una credencial que dice Evangélico y miembro de tal o cual congregación. Es otra cosa mucho más potente que esa. Entonces, lo que creo y pienso, es que debemos retroceder en el tiempo y las distancias, y empezar a evaluar y reflexionar sobre un tema que no siempre hemos tratado con seriedad, como es el de saber con certeza para qué es que Dios nos llamó a militar en su Reino. Es decir: porque nos llamó de las tinieblas en las que estábamos y nos trajo a la Luz admirable de su Hijo Jesucristo. Creo que mejor que una explicación humana y racional, es mejor dejar que sea la propia Palabra de Dios la que hable.

(Mateo 10: 1) = Entonces llamando a sus doce discípulos, (¿A cuántos dice que llamó? A doce. Y créeme que no eran los doce mejores que encontró, ¿Eh? Te podría asegurar que todo lo contrario. Había de todo ahí, en ese pequeño grupo elegido. Y eso te demuestra que para encontrar y seguir a Jesús no necesitas ser un fuera de serie, conque seas obediente alcanza. Y además estar dispuesto a entregarlo todo con la sola y única finalidad de entrar en la dimensión del Reino de Dios y servirle) les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia. (¿Qué es lo que dice que les dio? Autoridad. ¿Y por qué Dios nos daría autoridad a nosotros? Aquí lo dice, para echar fuera los espíritus inmundos y sanar toda dolencia. Toda, externa, pero también interna. Del cuerpo, pero también del alma.)

(2) Los nombres de los doce apóstoles son estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano; (3) Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano, Jacobo hijo de Alfeo, Lebeo, por sobrenombre Tadeo, (4) Simón el cananista, y Judas Iscariote, el que también le entregó.

(5) A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, (6) sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel.

(7) Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado.

A ver; si analizas un poco todo esto, te darás cuenta que Jesús vino a predicar el Reino, pero al mismo tiempo excluyó gente, ¿No es así? Porque aquí es evidente que está excluyendo gente. ¿Y a quién excluye? a los samaritanos y a los gentiles. En otras palabras, nos está excluyendo a nosotros, a ti y a mí, salvo que seas hebreo y judío de fe. Él dice claramente que no vayan donde los samaritanos ni donde los gentiles, sino que primeramente vayan a la casa de Israel. El Jesús, el Cristo que está hablando aquí, es lo que yo llamaría el Cristo ortodoxo, que tenía que pasar las leyes y cumplirlas y venir a la sinagoga.

Y por eso, recuerden que nació en una casa donde se cumplían todas las leyes y donde eran claramente muy religiosos y ortodoxos. Por lo tanto, este Cristo ortodoxo, es excluyente. Cuando Jesús muere y resucita, deja automáticamente de ser excluyente. Es el Cristo que dice que se levantó al tercer día y que toda potestad le es dada en el cielo y en la tierra, así que en ese sentir, ustedes, (Les dice a sus discípulos) vayan y hagan discípulos a TODAS las naciones. Y decir esto lo pone en un Cristo que ya no es en absoluto excluyente. Y les ordena que vayan y les digan a los gentiles y a los samaritanos que Él ahora irá a un pueblo que no era pueblo, y a una gente que no tenía Dios y a un pueblo que no tenía fe, pero que ahora sí tiene pueblo y tiene fe, y era ese mismo Dios.

Es decir que este Cristo que vemos aquí, es un Cristo que está excluyendo, pero también está dándoles autoridad a ellos, para revelar el Reino. Porque el Reino de Dios no aparece de la nada como en una película de OVNIS, el Reino de Dios tiene que ser revelado. El mayor problema que tenemos, es que justamente, no tenemos el Reino establecido, porque lo que hemos establecido es religión, y nuestro trabajo, como el de tantos y tantos otros en este tiempo, es el de ayudar a derribar estructuras religiosas en el nombre de Jesús. Y eso no tiene que enojarte, porque mientras más se mueran las viejas estructuras en tu vida, más cerca estarás del Reino. De hecho, nunca verás a un fariseo entrando en el Reino, porque el fariseo está tan estructurado, que si las cosas no caen en su estructura, no es de Dios. Así es que por eso no puede entrar en el Reino, por mejor buena voluntad que ponga y máximo sea su esfuerzo.

Lo que sucede es que la gente cree que Cristo va a venir pronto. No te engañes ni engañes a otros. Cuando yo me convertí, allá por mis 30 años de edad, en el primer banco que me senté de la primera iglesia a la que asistí, escuché que desde el púlpito se decía que Cristo venía ya, que no valía la pena ni siquiera tener novia o casarse, porque Cristo venía ya. De eso hace más de treinta y tantos años, y todavía Cristo no vino. ¿Mintieron? ¿Me mintieron? No, no entendieron, simplemente eso; no entendieron.

La gente cree que Cristo va a venir porque hay guerra, que Jesús va a venir porque los terremotos son terribles, que Él va a venir porque los tsunamis están matando gente, o porque hay guerras cruentas sin sentido en naciones, creen que Cristo va a venir ya mismo porque la maldad ya no se aguanta más, porque los niños hoy se masturban de muy pequeños y entendemos por qué, o que Jesús va a venir porque los niños hoy hasta matan a sus maestros en la escuela. Sin embargo no es así. La noticia que tengo para darte, es que la Biblia no dice eso. La Palabra del Señor dice que este Evangelio del Reino, tiene que ser predicado hasta lo último de la tierra para que venga el fin.

Es decir que lo que quiero explicarte, es que los que detienen hasta el momento que Jesús venga, somos nosotros, tú y yo, por limitarnos, cuando no hay severas restricciones de pandemia, a calentar un banco una vez por semana o sencillamente sentarnos a escuchar o ver una predicación por video o audio, y no sanar la tierra como es nuestro mandato. Porque la Biblia dice que tiene que llegar el día en que los reinos del mundo y sus coronas, sean quitados a sus actuales poseedores y sean entregados al señorío de Cristo. Porque la Palabra de Dios dice que será predicado el Evangelio del Reino. No cualquier evangelio, el del Reino. Porque evangelio significa “buenas noticias” y no será esto lo que te cambie la vida, porque saber una buena noticia no te cambia. Lo que sí te cambiará es vivir esa noticia. Y el evangelio del Reino es evangelio que se vive, no que se promociona.

Alguien dio como hermoso ejemplo un hecho ficticio, que tú recibas la noticia de que has sido favorecido con un viaje a Francia, con todo pago, a visitar la Torre Eiffel y almorzar y cenar en los mejores lugares de la capital francesa. Pero te dicen luego que el viaje es para mañana a primera hora y tu no tienes ni papeles, ni pasaporte, nada en orden. O sea que tu recibes la Buena Noticia, pero no puedes hacer nada con ella. Y luego dijo que así andamos los cristianos, con la Buena Noticia del evangelio en la boca, pero sin poder hacerla efectiva en nada. Hablas de paz y te come la ansiedad, hablas de gozo y tu boca es un rictus de amargura permanente. Y para esta clase de gente todo es pecado, todo. Si no estás sentado dentro del templo de la iglesia, estás perdido. Es como que algunos cristianos dicen haberse convertido a Cristo y tener su poder, pero creen fielmente que todo le pertenece a Satanás. Terminan siendo sus mejores agentes promotores.

Definitivamente, el problema es la religión, porque la religión, entre otras cosas buenas, también te escondió el Reino. Porque en el momento en que la religión aparece, el Reino no puede ser revelado ni descubierto. Así es con las personas que se criaron en un medio ambiente en donde le predicaban que la pobreza es sinónimo de humildad, y que mientras más pobre era, más humilde era. Y te sacaron ocho o diez versículos fuera del contexto y pretendían con ellos justificar esta teología de la pobreza, que tan mal nos fue implantada, ya que todavía anda por ahí haciendo daño. Como habrá calado de hondo esa enseñanza malévola que todavía en muchos lugares se les sigue llamando “gente humilde” a gente que no tiene dinero o trabajo. Esa es gente pobre, carenciada, pero no necesariamente humilde. La humildad pasa por otro lado. Hay gente bien pobre que tiene un orgullo altísimo de su condición. Y cuando lo mezclan con sus rencores y resentimientos, suelen dar a luz a delincuentes de todas las calañas. Cuidado: del lado opuesto, el de arriba, con toda gente blanca, rubia y de ojos claros, también hay delincuentes de todas las calañas, nada es determinante.

Yo aprendí algo por encima de todo lo que aprendí en este camino, y es a refrendar un antiguo dicho que existía en mi pueblo idólatra y pecador, pero sabio en algunas cosas. Ese dicho decía que cuando alguien que vive a la costa de un río o del mar tiene hambre, no le regales un pescado, enséñale a pescar y que se alimente a sí mismo, “Que es como a Dios le gusta”, decían. Y no se equivocaban nada en su cultura escasa, porque tal como ellos lo decían, tal es el diseño divino. Jesús no les dio alimento a los pobres, Él solamente lo hizo como catering singular un par de veces que la hora de comer lo agarró enseñando en el monte, en el campo. Hacer lo contrario a lo que Él hizo no es propio de gente de Reino, es propio de gente afectada por un espíritu diabólico que se llama miseria, avaricia, represión. Si vas a entrar en la jurisdicción del Reino, tendrás que cambiar tu mentalidad. Tú no puedes venir a decirme que porque naciste pobre, morirás pobre. Porque si eres parte de este Reino y te tocó nacer pobre, nuestro Rey te convertirá en rico, y si naciste ignorante, a este Rey le sobra conocimiento y entendimiento para darte hasta que sobreabunde.

A mí me produce mucho asombro que cuando hablamos del Reino de los Cielos, o del Reino de Dios, la mayoría de la gente que nos escucha, si estamos presenciales, casi de manera automática mira hacia arriba, hacia lo que supone que son los cielos, donde se encuentra Dios y su Reino. Sin embargo, esa misma gente se está olvidando dos cosas: primero, que la oración modelo que Jesús nos dejó, el Padrenuestro, en una de sus partes dice: “Venga a nosotros Tu Reino”, lo que significa que no somos nosotros los que debemos ir a buscar al Reino, sino que es el Reino el que nos viene a buscar a nosotros. En todo caso, lo que nosotros debemos hacer, tal cual hicimos con Jesucristo, es aceptarlo e incorporarnos a Él. La herencia que tendremos como hijos de Dios, es la tierra, no las nubes, no ese cielo. Porque en el trono están solamente Dios Padre, el Hijo y el Espíritu. Ni Satanás ha podido penetrar ese trono. Y la Palabra dice que lo que Él hace en su trono, se establece aquí en la tierra, con nosotros. Por eso también la misma oración nos enseña que debemos pedir que su voluntad se cumpla en el cielo como en la tierra, del mismo modo.

Por eso es que, cuando decimos que todos los días y quizás más de una vez al día debemos auto liberarnos de toda opresión, de todo ataque satánico y de toda influencia de espíritus diabólicos, mucha gente nos mira con desconfianza, porque piensa que Dios no es sordo, y que con una sola vez que lo hagamos, ya será más que suficiente para quedar limpios para siempre. No te creas que es tan así, mira este ejemplo. Toma tu cuerpo: ¿Piensas que bañándote una vez en la vida, una vez al año o una vez al mes, estarás limpio? No, debes bañarte todos los días si quieres oler a limpio y no a mugre. Lo mismo pasa con tu alma. ¿Crees que el Espíritu Santo no tiene que trabajar a diario para limpiarla de las impurezas que recibe en su contacto estrecho con el mundo secular e incrédulo? Y ahora piensa: ¿Por qué vas a creer que tu espíritu humano no va a necesitar exactamente lo mismo, si Dios ha demostrado que opera y ministra en las tres áreas al mismo tiempo?

Parece mentira que todavía no nos hayamos dado cuenta que nos pasamos la mayor parte de nuestras vidas trabajando y haciendo sacrificios para atender lo mejor que se pueda a nuestros cuerpos, en lugar de ocuparnos de ese cuerpo de eternidad que será el que más tiempo peregrinará en las dimensiones de Dios. Por eso es que la Palabra nos recomienda que hagamos tesoros en el cielo y no en la tierra. Porque todo lo de la tierra está destinado a extinguirse y no vale la pena morir por eso. Pero lo que hay en los cielos no se extingue ni se extinguirá jamás simplemente porque es eterno. Y por si se te olvidó, Eternidad significa Siempre. Y Siempre es exactamente eso: siempre, que junto a Nunca, Todo y Nada, son conceptos eternos que el hombre no puede ni podrá hacer suyos porque no le pertenecen, no son palabras de esta dimensión visible, son palabras de una dimensión que por el momento es invisible para todos nosotros.

Creo que el error más grave que hemos cometido como iglesia, es pensar que el gobierno de Dios se establecerá definitivamente en nuestras vidas el día después que muramos. ¡No! ¡De ninguna manera es así! Yo sé que a una gran mayoría de ustedes se les ha enseñado que entrarán en el Reino de Dios el día que se mueran. ¡No es así! ¡Y tú por menos inteligente que seas, sabes que no es así, porque no es eso lo que tu Biblia y la mía dicen. Jesús les dijo a los de su tiempo que el Reino de los Cielos se había acercado. ¿Qué les estaba diciendo, que se iban a morir? ¡No! Les estaba diciendo que el Reino es otra cosa mucho más cercana, probable y apta para entrar ahí mismo, ahora mismo, allí donde estás, sin necesidad de pasar por ninguna funeraria. No al menos todavía hasta que el Padre no decida llamarte por considerar que ya has cumplido tu ciclo y tu misión en esta tierra.

Tú y yo somos parte de la iglesia. Pero no de esa congregación que no termina de convencerte ni de ese templo al que todavía le ves demasiados objetos que llaman sagrados cuando no son otra cosa que ídolos falsos. Iglesia es eklesia, asamblea de gobierno. Y necesita que nosotros sepamos eso. ¿Por qué lo digo? Porque fíjate que cuando tú sales por la mañana a trabajar, sabes dónde vas y a lo que vas. Vas a trabajar. Cuando el niño sale por la mañana rumbo a la escuela, sabe dónde va y qué es lo que deberá hacer allí, estudiar. Cuando están en día feriado o de vacaciones y salen y van a un parque, también saben a lo que van, a jugar. Si corres una maratón, sabes a lo que vas: a correr y si es posible, a ganar. Y si no al menos a llegar. Si vas a un Gym vas a entrenar y a transpirar para estar atlético o bajar kilos de más. Sales a hacer algo sabiendo lo que debes hacer y cómo debes hacerlo. Pero tú de ninguna manera puedes salir a las calles de tu país, cualquiera sea, y amoldarte al sistema que impera en esas calles. O sales a imponer el sistema del Reino, o te quedas llorisqueando y lamentándote de tu mala suerte en tu casa. Tú eres el Reino en esta tierra, aprende.

Ya sé que en este momento hay gente que me escucha y piensa: ¡Este hombre dice eso porque no vive aquí! Es cierto, no vivo allí como quiera que sea el infierno que allí existe, pero igualmente yo me rehúso a que un sistema mundano, cualquiera que sea, me chupe y me convierta en una cosa, cuando lo que Dios creó fue un ser humano. Rechazo esa vida sedentaria en la que el mayor esfuerzo que te proponen es irte a buscar el control remoto de tu televisor o tu teléfono celular donde quiera que lo hayas dejado. Lo que hoy priva en toda sociedad secular, sea de donde sea, es el culto a la comodidad y al ventajismo. Los que todavía deseamos hacer algo por nada, hacer un trabajo sin esperar resarcimiento alguno, no somos seres bien intencionados, somos estúpidos e idiotas que no sabemos plantarnos ante la sociedad con espíritu vencedor. Eso dicen de nosotros. Lamento comunicarles que de ninguna manera eso es lo mismo que piensa y dice mi Padre que está en los cielos.

Escuché a alguien contar que el pastor de su iglesia pidió voluntarios para atender el teléfono durante su programa radial y no levantó su mano nadie. Decía quien contaba esto que al domingo siguiente esta persona realizó la misma propuesta, pero añadiendo que se le abonarían doscientos dólares a cada uno de los que colaborara con eso. Más de media iglesia se ofreció. Eso dejó algo al descubierto, hay mucho creyente que no va a una iglesia a buscar de Dios, sino a ver si soluciona sus asuntos más inmediatos. Y ganar dinero suele ser un asunto que hace olvidar a todos los demás, incluidos los espirituales. No honran a Dios por su rostro santo, sino por sus manos poderosas. Quieren los peces y los panes, no el Reino que trae el Jesús contemporáneo. Estar y ser bendecidos en una época en que la enorme mayoría está conmovida y sacudida por la pandemia y sus efectos sanitarios, psicológicos y esencialmente económicos, es como vivir en una burbuja. Solo que esta no es una burbuja de jabón que estallará en cualquier momento, es una burbuja eterna y estable que Jesús trajo a la tierra y se llama Reino de los Cielos. ¡Yo quiero vivir por siempre en esa burbuja, porque es dentro de ella donde pasan cosas maravillosas y tremendas! Afuera todo sigue oscuro y sin esperanzas, como siempre.

Ahora bien, ¿Tú quieres ser uno o una de los que van a establecer el Reino de Dios en la tierra? ¿Si? Entonces vas a tener que comenzar por el principio, ¿Sabes cual es? Establecerlo primeramente en tu vida, en tu conducta, en tus actos, en todo lo que haces y no haces. Una vez que el Reino esté afirmado en tu vida, con sólo salir a las calles y decir en voz alta que el Reino de los Cielos se ha acercado, el que necesite verlo y disfrutarlo, vendrá a ti sin que lo llames ni pagues miles de dólares en promociones por redes o la televisión. ¡Tú tienes que ser la imagen palpable del Reino! El resto déjaselo al Señor. Pregunto: ¿Eres alguien que está cansado o cansada de esperar infructuosamente que su familia cambie? ¿Si? Cambia tú primero, entonces. Luego ellos lo harán sin que los obligues. Pero cambia de verdad, ¿Eh? No te estoy diciendo que empieces a ir a una iglesia a escuchar un sermón, te estoy demandando que cambies tu vida en todo. Eso es vivir Reino. Eso es predicar Reino. Eso es ser un Jesús moderno, aunque te cueste la cruz que probablemente los mismos fariseos aquellos que hoy tienen su réplica, tienen preparada para acallarte.

No esperes que el mundo cambie para cambiar tú. Tú eres el activador o la activadora de cambios. Tú eres la materia prima que Dios usará para traer los cambios. Tú eres la luz que alumbra la oscuridad. Tú eres el o la que transforma el lugar al que vas. Tú eres el o la que transforma todos los sitios en los que ingresas. Cuando tú llegas a un lugar, la luz de Cristo empieza a meterse allí junto contigo, las tinieblas comienzan a caer y a ser debilitadas. Tú te metes en una red social inventada para el pecado y tú la conviertes en canal eficiente para encontrar a Cristo. Allí es donde los demonios comienzan a huir y el infierno empieza a temblar. Lo correcto es que donde tu vayas establezcas el Reino de Dios y Su Justicia. Ya no puedes conformarte con ser correctamente religioso, no es esa de ninguna manera la iglesia que Dios plantó allí en tu tierra, donde vives, para que la cambies y la conviertas en apta para ser parte de su Reino eterno. Es a través de ti que Dios hará todo lo que debe hacer en la sociedad. No vendrá en un halo fantasmal, será por medio de ti y de hombres y mujeres que lleven en su interior tu mismo fuego.

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febrero 25, 2022 Néstor Martínez