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El Enorme Valor de la Firmeza

(Gálatas 5: 1) = Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.

Creo que cualquiera de nosotros podemos saber que, cualquier hombre o mujer auto denominado como cristiano, cuando hay una liberación, lo primero que piensa e incluso lo dice, es por qué puede sucederle algo tan feo como es vomitar cosas extrañas, reptar por el piso como una serpiente o desprender baba de colores raros, una persona que después de todo estaba asistiendo a una iglesia.

Lo que ocurre, es que cuando nosotros confesamos a Jesús como nuestro Salvador y tomamos la decisión de convertirlo en Señor de nuestras vidas, lo que estamos haciendo no es simplemente una oración, una especie de abracadabra moderno que nos deja afuera de todo problema. Si esa oración es genuina, lo que hace es sacarnos de una condición de vida y hacernos entrar en otra.

Muchos de nosotros, cuando venimos al Señor, sea cual sea el motivo o la razón que nos trajo, venimos con el deseo de que al hacer esa oración, todas nuestras cosas cambien, todos nuestros problemas se arreglen y se solucionen, que todas las preguntas que teníamos tengan allí mismo una respuesta. Sin embargo, en muchas ocasiones, después de un determinado tiempo, una gran mayoría vuelve a la misma condición que tenía antes. Sólo con la diferencia de que ahora lee una Biblia ya asiste a una iglesia todos los domingos.

Las distintas congregaciones, aún las más maduras y bien encaminadas, han luchado mucho con los espíritus de ruina y de miseria, porque a su gente les ha costado aprender que cuando Dios nos da algo, nuestro comportamiento no puede ser igual al que teníamos en nuestra etapa mundana, que guardábamos celosamente lo que nos llegaba porque no sabíamos si al día siguiente tendríamos siquiera para comer. O sea que vivíamos una vida sin fe.

Allí es donde empieza la verdadera batalla de aquellos que desean que esa gente madure, crezca en el Señor y sea capaz de oponerse a las peores estrategias del enemigo. ¿Cómo lograr que esa gente entienda que dar sin pedir nada, es una enorme bendición que desata poder del cielo que se convierte en cuidado y protección para que puedas estar al día con todas tus necesidades. ¿Alguien puede suponer que a Dios le resulta agradable que no puedas pagar la renta a fin de mes, o que no haya pan en tu mesa, o que tus niños lloren de hambre o de frío?

Bueno, a los que alguna vez debieron meterse en esta pelea, presumo que ya el Señor les envió a su Espíritu Santo a advertirle que eso que su gente estaba viviendo, es un espíritu, no una conducta emocional. Y cuando decimos espíritus, literalmente estamos hablando de demonios, un adjetivo que todavía hoy despierta miedo y burla por igual, no sólo en el mundo incrédulo, sino también en la iglesia.

¿Sabes qué? Si tú recurres al griego, descubrirás que la palabra que da origen a la traducción de Demonio, significa algo así como “Distribuidor de fortuna”. Ese sería el demonio que llega a tu vida y te roba el dinero o las posesión es que Dios te ha dado y las retiene. Por eso dice Dios que Él quitará el dinero a los impíos y lo colocará en las manos de los justos, que precisamente son sus hijos, porque justo significa obediente.

Y es precisamente en obediencia, que quiero hablar de un espíritu muy singular que no tengo dudas, tiene que haber perturbado sino algo más fuerte, la vida de algunos o muchos de ustedes. Su nombre es Amalec. Seguramente habrás oído enseñanzas respecto a él. Su particularidad más notoria, es que se trata de un espíritu que no mata. Lo que sí hace, es robar el propósito de Dios en tu vida. Los hijos de Dios comienzan a cumplir el propósito de Dios para sus vidas, el día que reconocen a Jesucristo como Salvador y Señor de sus vidas.

Porque allí miran hacia atrás y se dan cuenta que esa vida que vivieron no les sirvió de mucho, y deciden con total convicción tomar el camino que Dios tenga para ellos, cualquiera sea y les cueste lo que les cueste. Ahí es donde comienza a cumplirse en sus vidas el propósito divino. Hemos sido creados, todos, con un propósito divino. Aunque te cueste creerlo por tu baja autoestima, tú fuiste creado para cumplir un alto propósito divino. Lo único que pudo torcer durante muchos años ese propósito, fue el pecado.

Cuando Dios te creó, dentro de ti ya venía el don, ya venía el talento, ya venía el llamado y ya venía todo eso que Él quería hacer contigo. Ahí es entonces, donde el enemigo de nuestras almas coloca ese espíritu familiar que viene instalándose en tu familia de generación en generación. Y se queda ahí, parado, esperando que tú vengas a la vida, para empezar a perseguirte y robarte tu propósito, ese mismo que Dios puso dentro de ti.

Ese propósito que ya está  dentro de tu espíritu humano. No es que tú lo vas a tener cuando llegaste a una iglesia, no. Ya eso estaba adentro. Él le dice a Jeremías: Antes que nacieses, te conocí. Antes que nacieses, te santifiqué. Te di por profeta a las naciones. O sea: ya tenía un llamado. Eso quiere decir que desde que lo estaban gestando y luego formando en el vientre de su madre, él ya era un profeta.

O sea que cuando nosotros venimos al Señor, Dios nos pide algo; mantente firme. Y esa es la clave. La clave del creyente es mantenerse firme, le venga lo que le venga en contra. Golpeado, sacudido, desparramado, pero firme allí donde Cristo te plantó. Si tú lo haces, tú vas rumbo a la victoria. Fíjate: uno de los ingredientes de la unción, es el olivo. Y no te asombres, pero el aceite de oliva es tipología de firmeza.

Sucede algo que alguien lo expresó con mucha claridad, dijo: en los diciembres del mundo, cuando llega la Navidad, hay mucha gente que se baja de la cruz y se sube a una botella. ¡Pero es que estoy celebrando el nacimiento del Señor! Te dicen. Y eso es legal, es cierto, es legítimo. Obvio, pero en muchos lugares del planeta, por decisión política, la prostitución también es legal y por lo tanto nadie mete presas a las prostitutas, es un trabajo legal. ¿Y tú, una hija de Dios, porque es legal en tu país, habrás de ejercer la prostitución? Por primera vez te lo diré: carne. Amalec.

Hay una ley en todo el universo que está por encima de todas las leyes que el hombre emita y legalice en la tierra. Si tú eres parte del Creador de esa ley del universo, ninguna ley humana te moverá. Lo que pasa, es que es mucha la gente que pone en riesgo su eternidad por un minuto de placer en su carne. Esa carnalidad prepotente y demandante, es la que está motivada e influida por ese feo espíritu.

En lo histórico, Amalec era el nieto de Esaú. La tercera generación de Esaú. Esaú fue el que perdió su primogenitura al venderla por un plato de lentejas. Y eso también fue carne. En un minuto sucedió todo. Esaú llegó cansado y se encontró con Jacob, que era bastante astuto. Más adelante, cuando Esaú se da cuenta lo que perdió, le da rabia y se enoja contra Jacob y aúlla que Jacob le robó la primogenitura. Pero lo cierto es que Jacob sólo fue el vehículo por el cual él mismo decidió resignarla.

Escucha: Jacob no se la robó, sólo hizo un buen negocio. Una cosa es que alguien te robe algo como sucede con los robos callejeros en mi ciudad. Vas caminando, se detiene una moto a tu lado, se baja un muchacho y te roba en dos minutos todo lo que tienes, eso es robar. Pero aquí no hubo robo. Esaú llegó con hambre y Jacob, muy vivo, le ofreció cambiarle un plato de sopa de lentejas por su primogenitura. Y Esaú con tal de darle satisfacción a su estómago, accedió. No es ninguna novedad. Sucede a cada momento en el mundo secular y también en una parte de lo que llamamos iglesia. Y no solamente por un plato de lentejas…

Y dicen que este hombre, Esaú, se llena de rencor, y ese rencor pasa de generación en generación, y llega hasta la tercera generación, que es justamente Amalec. Y bajo ese prisma, Amalec empieza a perseguir a los hijos de Dios. Fue Amalec el que les contaminó la mente a los israelitas cuando llegaron a ver la tierra prometida. Fue Amalec el que les dijo que no, que de ninguna manera ellos iban a poder con esta guerra. Miren los otros que son todos grandotes y ustedes debiluchos, no podrán contra ellos.

Y ellos le creyeron. ¿Por qué? Porque Amalec ataca la mente. Por eso a los hijos de Dios nos cuesta. Porque mientras no destruyamos la fuerza de nuestra carne y caigamos en debilidad, allí quedaremos a expensas de ese espíritu. Amalec solo ataca a los que están débiles. Por eso ataca a los que recién entran en el Camino, pero también a los que ya estaban desde hace tiempo y por algún motivo están cansados y un poco decepcionados o frustrados. No creo que necesites que amplíe esto último, debes haberlo visto alguna vez cerca de ti…espero que no en ti mismo o ti misma.

Cuenta la historia, en 1 Samuel que David se fue a la guerra, y que cuando regresó, él se había llevado a las mujeres, a los jóvenes y a los niños. ¿Sabes por qué? Porque proféticamente estamos hablando de los que recién están comenzando, de los que se cansaron en el camino y de los faltos de experiencia. Y viene el enemigo y los agarra. Porque hay algo: nosotros hablamos mucho de niveles, pero lo que tenemos que buscar en la Biblia, es madurez espiritual.

A ti no te va a salvar ningún nivel, a ti te va a salvar tu madurez. La madurez te va a mantener recto y firme y ahí es donde empiezas a entender los planes de Dios para tu vida. Cuando todos nosotros entendamos eso y podamos entender que esto es más que una experiencia espiritual, que tiene que ser realmente nuestro estilo de vida, allí es donde todo esto va a cambiar. Y allí vas a entender que tienes un propósito de poder, de autoridad, de servicio, de fe, de victoria.

El espíritu de Amalec te rodea y, si puede, te detiene. Es carne, es pura carne. Vas a encontrar a mucha gente que te llena de excusas más que tontas del por qué anda fuera del Camino. Escucha. te hirieron, te lastimaron, pero no es eso lo principal, lo esencial es tu carne. ¡Es tu carne la que te saca del Camino, no el legalismo o los pastores! Eso apenas te puede sacar de un templo. Es tu carne, tu falta de intimidad con Dios, tu falta de firmeza la que te sacó del evangelio genuino.

Hay gente que es liberada de sus demonios en una gran campaña y, dos meses después, en otra campaña, ahí están otra vez, pasando al frente para ser liberados, pero esta vez tienen ocho demonios más que en la anterior. ¿Recuerdas por qué sucede esto? Porque cuando sacas al espíritu inmundo y no aceptas ser liberado, le das permiso a otros siete espíritus peores para que ingresen a tu vida. Y ahí estás…con ocho, contando el que ya tenías.

Y fíjate que el número ocho, proféticamente representa abundancia. Entonces, lo que quiere decir Dios cuando dice que se le vienen siete más, lo que está queriendo decir en Su Palabra, es que esa casa se llena de demonios. ¿Sabes por qué mucha gente no es prosperada como quisiera? Por la falta de firmeza. Las relaciones. Fíjate que cuando Gedeón está peleando, dice que se juntan Madián,  Amalec, y los hijos de oriente. Extranjeros, carne y robadores de fortunas.

Cuidado: Dios te provee. Tú te comportas como debes comportarte con las bendiciones de Dios y Él te provee. Pero como tú andas en la carne, lo que hace ese demonio es, ni bien recibes la bendición, empiezan a pasarte cosas raras. Se te daña el lavarropas, la lavadora, se te daña el auto, el carro y diez cosas más. Cuidado: Dios si te bendijo y te dio como para que te sobrara, pero como hay un derecho legal para el infierno por causa de tu carnalidad, toda la bendición que te llegó, se te esfuma en esos gastos “imprevistos.”

Lo que sucede es que todavía tenemos una enorme proporción de cultura y mentalidad griega en la iglesia del Señor. Entonces la lógica prevalece contra la fe, y es muy poca la gente que puede entender y aceptar que es dando mucho como recibes mucho. La mayoría sigue los rudimentos del mundo, que es el tener todo lo que se pueda tratando de no dar nada, sino venderlo todo y ganar algo cada vez que lo haces.

Esa misma gente tampoco entiende lo que Juan el Bautista dijo que debía hacer y luego no hizo, y que fue lo que le costó su cabeza: menguar para crecer. La gente no puede entender porque no le entra en esa cultura racionalista, que es negándonos a nosotros mismos como llegamos a ser victoriosos en Dios. Cuando tú entiendes eso y te das cuenta que no llegas al evangelio para andar dando problemas a los demás, sino a bendecir con lo que tienes y eres, permitiendo que Dios use tu vida.

Cuando tú entiendas que tus celos y tus peleas, lo único que hacen es llamar a todos esos demonios que van a detener tu caminar. Cuando tú entiendas que esa pelea que se forma en el hogar antes de salir para alguna reunión espiritual está incentivada por la sutileza mental de ese demonio que se solaza en la carne. Recién cuando tú logras entender todo eso, es cuando puedes empezar a pensar en ser un hombre o una mujer victoriosos.

¿La salvación se pierde o no se pierde? ¿Si no tienes don de lenguas, no tienes el Espíritu Santo? ¿El milenio es antes o después? ¿Los ángeles tienen espalda o no? Tonterías. Cientos de tonterías como estas han acaparado la atención, la dedicación y hasta la fiereza combativa de miles y miles de cristianos hasta hoy. Mientras tanto, allá afuera, Satanás y sus demonios se llevan gente a montones al infierno. Y es gente a la que nunca nadie le habló de Cristo. ¡Y esa era nuestra tarea, no pelearnos entre nosotros! Eso tiene un nombre: Amalec, la carne.

Tienes que mantenerte firme, porque a eso no lo hace el Espíritu Santo, esa es una decisión que tú tomas. No sirve que alguien con chapa te imponga la mano. Tampoco lo hace una oración. Sólo eres tú misma o tú mismo cuando decides mantenerte firme. Es cuando comienzas a pensar que de allí donde estás, nadie te saca, nadie te tumba. Es mucha la gente que ha decido no servir a Dios para no meterse en problemas. ¡Eso también es carne!

Tu carne te hace pensar que si sigues a Cristo, vas a llorar mucho. Puede ser, no lo discuto, a mí me ha pasado, pero… ¿No has llorado nunca por un desengaño amoroso o una traición a tus sentimientos? ¿No has llorado viendo una novela o una película emotiva, o escuchando una canción que te trajo recuerdos? ¿No has llorado incluso porque perdió tu equipo favorito con el rival al que más odio le tienes? Y si has podido llorar por todas esas tonterías, ¿Por qué vas a resistirte a llorar, si así te tocara, por servir al Rey de reyes y Señor de señores? El que dio su vida por ti en la cruz del calvario?

Hazme un favor si no quieres seguir siendo víctima de ese demonio que se engolosina con tu carne pura. Entabla una verdadera relación con Dios. Una relación como tiene que ser. Con amor, con pasión, con ganas de todo, con fuerza y vigor para destruir todo lo que se te oponga, y no esa cosa tibia y sin gusto a nada que ha sido la que has tenido hasta hoy, ¿Quieres? No te enojes, Dios me mandó justo a mí, hoy, para que te lo diga. Y como soy lo suficientemente bocón como para no saber callarme, ahí está, ya te lo dije. ¡Ten intimidad con el Padre! Eso es conocerlo.

La misma carnalidad trae el temor. ¿Será que podré hacer eso? ¿Será que me saldrá bien? Porque ese es un espíritu que trabaja así, en la mente. Él no te va a matar, pero dice la Biblia que te hace caminar en sus caminos. Él no mató ni a los niños ni a las mujeres que atacó donde estaba David. Pero ellos caminaron por sus caminos. Y de tanto caminar por la misma zona, entras en una rutina espiritual. Y ahí es donde empiezas a menguar, a menguar y a menguar.

La única manera de matar al demonio que financia la carnalidad, es enamorándote de Dios. No basta con creer en Él, no basta con adorarlo o servirlo, tienes que amarlo. Escucha: si tú no te las arreglas para matar a Amalec, Amalec te va a matar a ti. A Saúl le dijeron: ¡Ve y acaba con Amalec! Los niños, las ovejas, ¡No dejen nada! Se tentó Saúl con las vacas y las ovejas gordas y se las llevó para sacrificarlas. Saúl quería quedar bien con Dios a los ojos de la gente. Igual que muchos de nosotros, ministros de Dios, que elegimos servirlo para en realidad lucirnos. No temas si no eres de esos, Dios lo sabe.

Sigue siendo la carne, lo sabes, pero aquí en los caminos del Señor, algunos de esos privilegios de lucimientos y esplendores, tienen un precio. Nadie en el Reino puede subir directo de la nada al todo. El Reino es un proceso que va de proceso en proceso, de cambio en cambio y de crecimiento en crecimiento. Eso es, de alguna manera, estar caminando de gloria en gloria. Eso, hasta que Él te lleve exactamente hasta el lugar en donde Él quiere que estés.

Lo que tú no puedes, y ninguno de nosotros podemos, es agarrar a la iglesia por el lugar que se te ocurra, para lucirte a ti mismo. Porque la iglesia está plantada para mostrar a alguien poderoso, a alguien maravilloso que se llama Jesús de Nazaret, que fue quien pagó el precio perfecto, total y sobreabundante.  Los privilegios no son para eso. Los privilegios no son para pelearte con otro a ver quién tiene más fuerza. No son para ver quién es más importante que el otro. Son para servir más y mejor al Reino.

Todo lo que eres hoy sobre esta tierra, así seas muy importante, no es porque te afanes, no es porque ores mucho o ayunes, es por su misericordia. Cuando tú entiendes todas estas cosas, tú estás madurando y ahí recién empiezas a ser útil. Antes eras una carga inflada en su carne. Mira lo que le pasó a Saúl por causa de su carne. Se infatuó, se infló y terminó suicidándose.

¿Quieres que la iglesia sane y crezca? Mata a Amalec, la carnalidad en forma de demonio. ¿Quieres vencer todos los obstáculos y ser más que vencedor? Mata a Amalec. ¿Y donde lo encuentro? Lo tienes metido en tu carne. El carnal, ve con los ojos naturales. La gente espiritual ve por el espíritu y el carnal ve con el ojo natural. Por eso es que el espiritual ve algo que el otro no ve. Por eso es que ninguno de nosotros tiene nada que ver con los hijos del oriente, los extranjeros.

Se alimentan la carne entre sí mismos. Tengan la jerarquía que tengan, si están en la carne, ven las cosas conforme a como las ve el mundo secular. ¿Quieres crecer? Busca a alguien capaz de ver las cosas como Dios las ve, con sus ojos espirituales. De otro modo, serás otro cristiano carnal para la estadística. ¿Pero se salvan o no se salvan? ¡Ah, no lo sé, no estamos discutiendo eso! Estamos hablando de servir al Reino o no. Y en la carne, más vale que no puedes servir a nadie.

¿Recuerdas las enseñanzas que has recibido respecto a no crear un yugo desigual? Espero que no hayas sido de los o las que lloró un amor imposible por causa de eso. Escucha. No solamente estamos hablando de relaciones de pareja, estamos hablando de cualquier forma de relación. Si la persona que tienes de amiga o lo que sea, no ve las cosas con los mismos ojos que tú las ves, es yugo desigual, porque no pueden hablar de nada ni tienen nada en común. ¿Te suena elitista o selectivo? Lo siento, quéjate al Señor, Él lo dijo.

Soy un ministro del Señor y administro un ministerio que Él confió en mis manos y que es reducido en lo que tiene que ver con personas. No tengo empleados ni gente a sueldo. Pero conformo un pequeño equipo de trabajo con personas cercanas. Escucha, si algunas de esas personas no está en mí mismo sentir y hablando mi mismo idioma espiritual, lo lamento tremendamente, pero no puedo tenerlo cerca. Va a terminar por contaminarme, aunque suene ofensivo.

Carne. Personas chismosas, fastidiosas, celosas, carnales, sin oración, sin ayuno, ayunan para contender, obstaculizadoras, amargadas, ¿Qué deberíamos decirles? Que no podemos estar con ellos, que nos impiden entrar a la tierra prometida. Amalec y su gente se plantaban en el Neguev, que era la puerta hacia la tierra prometida. Eso se llama guerra, y guerra sin cuartel.

Cuando vas a guerrear, lo más importante es que sepas usar tus armas. Cuando es la sangre de Cristo, cuando reprendo, cuando saco la espada. Es mucha la gente, lamentablemente, que está seducida por pelear contra los demonios, pero los rascas un poquito y te das cuenta que ni siquiera sabe cómo se pelea contra ellos. Y no es experiencia ni credenciales, es conocimiento. Y conocimiento es intimidad. El Espíritu Santo tiene toda la sabiduría e información, búscalo en tu cuarto.

Y respecto a Satanás y sus demonios, es mucha la prensa adversa que hay para hablar de eso. Te miran como si estuvieras rematadamente loco cuando decís la palabra “demonio”. Pregunto¿ Qué biblia leyeron? Porque en la mía esa palabra está varias veces, y en boca de gente de peso en el evangelio. ¿Adhieres a algunas de esas doctrinas que acostumbran a pegarle páginas nuevas a la Biblia y a cortarles otras que no les gustan o no coinciden con sus postulados?

Allá tú, solo te diré algo. El infierno es tan real como el cielo. Los ángeles tan reales como los demonios. El mal es tan real como el bien. Y te diré algo para que termines de espantarte, si quieres me abandonas después, pero ahora escúchame: así como tienes un ángel que te acompaña a todas partes (Ángel de la Guarda, lo suelen llamar), así también tienes un demonio asignado para que te jorobe la vida todo lo más que pueda. No le des lugar, no le des el gusto. Si quiere destruirte, que presente batalla en serio, y se las tendrá que ver con un hijo o una hija de Dios con toda su armadura colocada.

La carne. ¿Y qué me cuentas de la envidia? ¿Quieres algo con más sabor a carne fresca que eso? Entonces yo envidio al ministro Tal o Cual, y empiezo a hablar como habla él, a hacer las mismas bromas, a predicar los mismos mensajes, a realizar los mismos movimientos aunque por la diferencia de edad y de físico a mí me queden ridículos. ¿Sabes qué? Dios jamás bendecirá eso. Yo soy como soy y soy único e indivisible. No sé cuántos hombres mejores que yo habrá en el mundo, tampoco sé cuántos peores. Pero lo que sí sé, es que no hay ni habrá ninguno igual.

No envidies a nadie, en nada. Lo que tú tienes, te ha sido dado. Y lo que te ha sido dado a ti, no se le ha dado a nadie más. Úsalo tal como te lo dieron, y serás único o única y tendrás exclusividad. Imita a otro, y serás uno más del montón de imitadores que jamás pasaron ni pasarán a ninguna forma de historia. El imitador imita a la figura famosa. Cuando llegan las muertes, la de los dos, todo el mundo recordará al famoso, por algo lo era, pero nadie recordará al imitador. ¿Eso quieres? Allá tú, pero es demasiado mediocre para mi gusto.

Bueno, lamentablemente tengo que decirte que dentro del marco de la o las iglesias, sucede lo mismo. Hoy está un poco atenuado por las restricciones que trajo el Covid19, pero con anterioridad, créeme que daba pena ver como se envidiaban las unas a las otras. El que tenía una de 50 miembros, envidiaba al que tenía 300. Pero a su vez el de 300 envidiaba al que tenía 500 y éste a su vez al que tenía mil. ¿Sabes qué? Toda una vida procurando sacarle gente a la que tenía más para declinarla y al mismo tiempo hacer crecer la tuya. Y Satanás encantado de la vida llevándose a montones gente al infierno, toda gente a la que nadie le habló del Señor porque andaban ocupados envidiándose los unos a los otros. Carne.

¿Quieres por lo menos empezar a crucificarla? Deja el chisme, la mentira, el engaño, la lascivia, la apariencia, la hipocresía, que sepan quién eres, como quiera que seas. Muéstrate como tú eres. A Dios le encanta que tú te muestres tal como eres, y no como te quieren ver. A Dios me encanta moverse grandemente en esa gente que es lo que es. Porque que haya gente que te ama por lo que no eres, es muy triste. Y ni te cuento el derrumbe que hay en el corazón de alguien que puede ver a esa persona que admiraba tal cual es y que no coincide en nada con la nube rosa con la que se había envuelto. Dios no actúa sobre una apariencia.

Si quieres que Dios te use y te bendiga, sé genuino. No seas hipócrita. No vivas en una mentira. Dios jamás va a poder usarte sobre una mentira. Así te hayan profetizado maravillas, Dios no podrá bendecirte si tú estás viviendo en una mentira. Si tú no eres real, no eres genuino, todas sus promesas se quedan en espera. Y hay tremendas promesas que Dios ha lanzado sobre ti, y por ahí andan, girando, girando, girando, y no las puedes tomar y traerlas a tu vida porque estás viviendo en una apariencia. Mata esa carnalidad, abandona toda tu hipocresía y sé por una vez en tu vida, genuino, el que eres, la que eres, y ahí si Dios podrá bendecirte.

Deja de vivir en apariencia y lleva todo eso que carcome tu alma y tu espíritu a los pies del Señor, Él puede sanarte en un instante. De otro modo, el único frustrado y lastimado serás tú misma, tú mismo. He visto muy poca gente en mi vida que se presente como lo que es, auténtico, así no sea nada esplendoroso lo que muestra. A mí me atrapa la gente así, los que se atreven a ser ellos mismos sin aparentar nada. He visto demasiados rostros de bondadosa sonrisa de santidad, aunque por dentro estén llenos de podredumbre. Personalmente, prefiero y elijo ser real y transparente, aunque a veces sienta vergüenza de algo o por algo, o termine pareciendo ridículo por ir en contra de las multitudes del mundo, con muchos cristianos incluidos.

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febrero 25, 2022 Néstor Martínez