Una Palabra Inmortal

Mi madre era una mujer noble, firme, trabajadora y bondadosa, pero de un carácter muy fuerte, tal como eran la mayoría de las mujeres de aquella época. Fue testigo cercano de toda mi vida de joven, y sufrió a mi lado en todas las ocasiones que me tocó sufrir, que no fueron pocas. Me entendió, cuando sin saber ya hacia donde buscar ayuda, miré hacia el cielo y desde el cielo bajó la orden precisa y contundente: ven a mí. Yo respondí con un ambiguo “Dios, si es cierto que existes, ayúdame a encontrarte”. El resto lo puedes imaginar. A ella no le agradó demasiado que yo “me cambiara de religión”, que era como ella lo veía, pero me lo respetó siempre. Luego de muchos años, y viendo que yo estaba bien y era feliz, dio por bueno mi cambio, pero ella siguió con su catolicismo genético. Cuando enfermó, (Nunca nadie supo decirme de qué y por qué causa), se sintió angustiada. Le hablé del Señor y le dejé para que lo leyera, lo primero que se me ocurrió, un salmo. Ella lo tomó como espada diaria y, cuando se sintió morir, me pidió que orara por ella. Por primera vez. Lo hice.

Le pregunté si se atrevía a entregarle por fe su vida a Jesucristo y considerarlo como Señor de su vida. Me dijo que sí, de sus ojos cayeron algunas lágrimas, esbozó una sonrisa serena…y se fue. Creo que con mi Padre celestial. Lo creo. En mi mano quedó un viejo papel arrugado y apenas legible donde, en su parte superior, se podía leer: Salmo 91. No te puedo decir cuantas veces lo he leído porque no he llevado registro, pero fueron muchas. Nunca con ánimo de enseñanza, porque ese Salmo había pasado a ser algo entre mi madre y yo, algo personal, privado, muy mío. Sin embargo, si el Espíritu Santo un día decide sacarte de un recuerdo melancólico y llevarte a un lugar más masivo, deberá ser porque lo que tú tienes para dar a partir de algo que es más que conocido, es justamente lo que alguien necesita hoy para dejar de sufrir y comenzar a vivir en una forma de gozo que solamente en el mundo espiritual existe.

Salmo 91: 1-16 = El que habita al abrigo del Altísimo Morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré. Él te librará del lazo del cazador, De la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro; Escudo y adarga es su verdad. No temerás el terror nocturno, Ni saeta que vuele de día, Ni pestilencia que ande en oscuridad, Ni mortandad que en medio del día destruya. Caerán a tu lado mil, Y diez mil a tu diestra; Mas a ti no llegará. Ciertamente con tus ojos mirarás Y verás la recompensa de los impíos. Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, Al Altísimo por tu habitación, No te sobrevendrá mal, Ni plaga tocará tu morada. Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, Que te guarden en todos tus caminos.  En las manos te llevarán, Para que tu pie no tropiece en piedra.  Sobre el león y el áspid pisarás; Hollarás al cachorro del león y al dragón.  Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre. Me invocará, y yo le responderé; Con él estaré yo en la angustia; Lo libraré y le glorificaré. Lo saciaré de larga vida, Y le mostraré mi salvación.

Este salmo no tiene título, motivo por el que se desconoce el autor. Debido a que comparte algunos de los temas del Salmo 90, algunos piensan que Moisés fue el autor. Pero, debido también a que comparte algunos de los temas y frases de los Salmos 27 y 31, algunos piensan que el autor fue David. Parte de su lenguaje, de fortalezas y escudos, nos recuerda a David, pero otras frases hacen eco del Cántico de Moisés en Deuteronomio 32, al igual que en el Salmo 90; pero de hecho es anónimo y atemporal, quizás es un tanto más accesible por eso. A mí, en lo personal, siempre me ha agradado leerlo para hoy, como si hubiera sido escrito esta mañana. Dicen los que saben que en toda la colección no hay un salmo más alentador, su tono es elevado y sostenido en todo momento, la fe está en su mejor momento y habla noblemente. Otros sostienen que es una de las obras más excelentes de este tipo que jamás haya aparecido. Es imposible imaginar algo más sólido, más hermoso, más profundo o más ornamentado.

Comienza diciendo: El que habita al abrigo del Altísimo Morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré. ¿Qué cosa es el abrigo de Dios para nosotros? Nadie puede saberlo con exactitud, pero David dice en el Salmo 27 algo que podemos tomar como base: Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; Me ocultará en lo reservado de su morada; Sobre una roca me pondrá en alto. ¿Recuerdas quién es el tabernáculo de Dios? ¡Exacto! ¡Cristo! Y es así, nomás, porque en el Salmo 31:20, lo vuelve a declarar cuando expresa: En lo secreto de tu presencia los esconderás de la conspiración del hombre; Los pondrás en un tabernáculo a cubierto de contención de lenguas. Ya lo sabes. Cuando llegue el día del mal, (Todos lo han tenido, lo están teniendo o lo tendrán alguna vez) Cristo es la roca que te sostendrá en alto. Y si los anónimos que nunca dan la cara conspiran contra ti, también tendrás el mismo abrigo.

Suena casi poético lo de morar a la sombra del Omnipotente, pero es real. ¿Está hablando de protección, de consuelo, de cuidado? Sí, pero también de Dios como morada del hombre, no la inversa como nos habían enseñado. No es un pequeño diosito dentro tuyo y soportando todas tus barbaridades, eres tú dentro de la inmensidad de un Dios Majestuoso y haciendo buena letra para que nunca seas expulsado de allí como lo fue el primer hombre del Edén. Si estás en el abrigo de su tabernáculo santo, el Cristo, estarás seguro, pero si estás haciendo la tuya, la que se te antoje, o sea en Adán, nada impide que corras su misma suerte. Hay muchos seguidores de Jesucristo que parecen saber muy poco del abrigo del Altísimo o de lo que es morar bajo Su sombra. Muchos parecen considerar esto como algo solo para los místicos o los súper espirituales. Sin embargo, quien escribió esto, era un guerrero y un hombre muy familiarizado con las realidades de la vida. Es cierto que la vida del espíritu parece llegar más fácilmente a unos que a otros, pero hay un aspecto del abrigo del Altísimo que es para todo aquel que confía en él.

Dijo alguien que todo hijo de Dios mira hacia el santuario interior y el propiciatorio, pero no todos moran en el lugar santísimo; a veces corren hacia él y disfrutan de acercamientos ocasionales, pero no residen habitualmente en la presencia misteriosa. Y con respecto a morar bajo la sombra, esta es una expresión que implica una gran cercanía. Debemos caminar muy cerca de un compañero, si queremos que su sombra caiga sobre nosotros. Hay cuatro formas en que la Biblia se refiere a la sombra del Omnipotente. La primera está en Isaías 32:2: Y será aquel varón como escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión; como arroyos de aguas en tierra de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra calurosa. Decir sombra de gran peñasco es como decir de una Roca. Decir Roca…es como decir Cristo. La segunda, en Cantares 2:3: Como el manzano entre los árboles silvestres, Así es mi amado entre los jóvenes; Bajo la sombra del deseado me senté, Y su fruto fue dulce a mi paladar. Sombra de árbol deseado. Con raíces anudadas al agua de vida.

La tercera está en el Salmo 63:7: Porque has sido mi socorro, Y así en la sombra de tus alas me regocijaré. Está hablando de la sombra de las alas de Dios. La única forma de remontarse a las alturas más insospechadas. Y la última, en Isaías 49:2: Y puso mi boca como espada aguda, me cubrió con la sombra de su mano; y me puso por saeta bruñida, me guardó en su aljaba; Alas, ahora manos. ¿Dios tiene sombra o no? Sí, Dios proyecta su sombra a partir de la luz que emite desde sí mismo. ¿Fácil de entender? NI lo sueñes. ¿Fácil de aceptar y creer? NI lo sueñes. Fe es certeza de lo que esperas y convicción de lo que todavía no estás viendo. Y en estos dos primeros versos de este hermoso 91, hay un solo Dios presente, aunque con cuatro nombres incorporados. Elyon es el primero de ellos, y se traduce como Altísimo. Shaddai es el segundo, y nos habla de Omnipotente. Yahveh es el tercero, y da origen a nuestro más conocido Jehová y Elohay es el último, tiene que ver con clamar Mi Dios.

Le he dicho a mi Padre que es mi esperanza en muchas ocasiones, orando, en momentos críticos. Pero nunca se me ocurrió decirle castillo mío. Es lícito y legítimo. ¿Dónde vive el Rey? En su castillo. ¿Donde decimos nosotros que estamos para estar a salvo? EN Él. O sea, en su castillo. Excelente. Ahora te pregunto. Olvida lo de castillo, estás justificado como yo también lo fui. Pero, Alguna vez has dicho definitivamente: ‘¿Oh Señor, tú eres mi esperanza’? Huyendo de todos los demás, De aquellos que, incluso, reciben salario para estar protegiéndote. ¿Te has refugiado en Él de la tormenta de viento y de la tempestad, de la angustia del día y de la pestilencia de la noche, del hombre y del diablo? Debes reconocerlo. No es suficiente con pensarlo, dilo. Y si es en voz alta, mucho mejor, así se entera hasta el último demonio sordo que te oye. Mi Dios, en quien confiaré: Elohay. Esta estrecha relación con Dios y todos los beneficios que se derivan de ella son para aquellos que conocen a Yahveh como Dios, y que verdaderamente confían en Él. A medida que un creyente recibe Su protección, consuelo y cuidado, confía más en Dios y lo conoce cada vez más como Dios.

Los hombres son lo suficientemente aptos para proclamar sus dudas, y hasta para jactarse de ellas. De hecho, hay hoy en día un sector de los más audaces pretendientes a la cultura y al pensamiento, que se enorgullecen de arrojar sospechas, sobre todo; por lo tanto, se convierte en el deber de todos los verdaderos creyentes hablar y testificar con sereno valor de su propia confianza bien fundada en su Dios. Cuando dices MI Dios, estás diciendo algo diferente. Alguien se tomó el trabajo de rescatar algunos de su Biblia. Mira Rut 1:16: Pero Rut le contestó: No me pidas que te deje; ni me ruegues que te abandone. Adonde tú vayas iré, y donde tú vivas viviré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios. Notoriamente, esto es la confesión de una joven convertida. En Juan 20:28 encontramos otro: Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Aquí es un caso de creencia individual de un cristiano. En Mateo 27:46 encontramos el legendario gemido de Jesús: Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Búsqueda de consuelo.

Volvemos a nuestro salmo. Luego dice: Él te librará del lazo del cazador, De la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro; Escudo y adarga es su verdad. La pregunta, es: ¿Por qué comienza mencionando la protección del lazo del cazador? ¿Cuál es ese lazo y quien es el cazador? Pese a ser metáforas, creo que, con una leve meditación de la propia escritura, ya lo sabes. El lazo es la tentación y el cazador es el diablo. Creo que los primeros cinco versos del salmo 140 te dan una pista clara: Líbrame, oh Jehová, del hombre malo; Guárdame de hombres violentos, Los cuales maquinan males en el corazón, Cada día urden contiendas. Aguzaron su lengua como la serpiente; Veneno de áspid hay debajo de sus labios. Selah Selah Guárdame, oh Jehová, de manos del impío; Líbrame de hombres injuriosos, Que han pensado trastornar mis pasos. Me han escondido lazo y cuerdas los soberbios; Han tendido red junto a la senda; Me han puesto lazos. Y si necesitas confirmarlo, salmo 119:110: Me pusieron lazo los impíos, Pero yo no me desvié de tus mandamientos.

Sucede que, a pesar de todas nuestras soberbias presuntuosas, en definitiva, en lo espiritual, somos tontos y débiles como pobres pajaritos, y somos también muy propensos a ser atraídos a nuestra propia destrucción por enemigos astutos. Pero esa no puede ni debe ser una excusa, porque si vivimos cerca de Dios, él se asegurará de que no nos atrape ni el más hábil engañador. ¿Cómo es vivir cerca de Dios, quieres saber? Ya fue dicho: Es estar EN Cristo. Reitero: El diablo y sus agentes a menudo obran como lo hace el cazador. ¿Cuáles son las características del cazador? Que trabaja en secreto, que va cambiando sus métodos y sus trampas de manera periódica, que su método mayoritario de engaño es a partir de la seducción por placer o beneficio, y, finalmente, que, para cada caso puntual y específico, siempre va a utilizar una carnada apetecible desde el ángulo que sea. Y es interesante observar que, en este sector del salmo, se utiliza el singular tú en todas partes, que es una forma de decir que estas verdades son para cada persona individualmente. Son para ti si realmente confías o permaneces en Dios. Pregunto: ¿Nunca te han cazado? ¿No? ¡Gloria a Dios! ¿Sí? Lucha, pelea, corta ligaduras y sal de esa jaula espiritual.

En cuanto a las pestes, no puedo evitar que mi memoria me lleve de inmediato a muy poco tiempo atrás, cuando la enorme pandemia de Covid19. ¿Alguien tiene alguna duda que eso fue un golpe tremendo para la y las iglesias? Estadísticas negativas dicen que el 60 por ciento de los congregados no regresó a su iglesia. Ponle que hayan exagerado por hacernos daño y que sea al revés. Igualmente es una cifra altísima. Pestes. Sin embargo, en lo de fondo, Dios también protege a su pueblo en tiempos de peste y enfermedad. El salmista, inspirado por el Espíritu Santo, no pretendía que esto fuera una promesa absoluta de que todo creyente sería librado de todo lazo o peste. En cambio, la idea es que el salmista podía señalar muchas ocasiones en las que Dios hizo precisamente eso por su pueblo que confiaba en Él. Salvo la de los unigénitos, Israel padeció juntamente con Egipto por sus plagas. Pero sobrevivió. Con grandes pérdidas, como en el holocausto hitleriano, pero sobrevivió como pueblo.

Esto, de hecho, no significa que quienes confían en Dios nunca mueren de enfermedades infecciosas ni que nunca sufren por el complot de un enemigo, por supuesto. Significa que quienes confían en Dios habitualmente se libran de tales peligros. ¿Qué cristiano no puede testificar sobre alguna liberación? Tengo una historia antigua pero vigente que confirma esto. Lord Craven, un cristiano, era un noble que vivía en Londres cuando la plaga devastó la ciudad en el siglo XV. Para escapar de la pestilencia que se extendía, Craven decidió dejar la ciudad para ir a su casa de campo, como lo hicieron muchos de su posición social. Ordenó que prepararan su coche y su equipaje. Pero mientras caminaba por uno de los pasillos de su casa a punto de entrar en su carruaje, escuchó a uno de sus sirvientes decirle a otro: ‘Supongo por el hecho de que mi señor abandona Londres para evitar la plaga, que su Dios vive en el campo y no en la ciudad’. Fue un comentario sencillo y aparentemente inocente. Pero a Lord Craven le impactó tanto que canceló su viaje y dijo: ‘Mi Dios vive en todas partes y puede preservarme tanto en la ciudad como en el campo. Me quedaré donde estoy’. Así que se quedó en Londres. Ayudó a las víctimas de la peste y él mismo no contrajo la enfermedad. Los hijos de Dios no siempre son inmunes a la plaga física y la pestilencia; pero siempre están protegidos de las fuerzas espirituales destructivas mientras habitan en el abrigo del Altísimo.

En cuanto a la cobertura de sus plumas, obviamente es una metáfora. Una gran ave, un águila si quieres, abrigando a sus polluelos, (Todos nosotros), bajo sus alas. Quien quiera relacionarlo con una paloma y con el Espíritu Santo, no estará divagando y nadie se lo podrá censurar. Es más; en el salmo 61:4, David te diría que lo menciona cuando dice: Yo habitaré en tu tabernáculo (Cristo) para siempre; Estaré seguro bajo la cubierta de tus alas. (Espíritu). Es como unir el poder y la dulzura al mismo tiempo. Alguna vez, a propósito de esto, Martín Lutero dijo que es la fe la que te convierte en pollito y a Cristo en la gallina; para que te escondas, y esperes, y revolotees y te cubras bajo sus alas; porque hay salud en sus alas. Hay une tremenda certeza respecto a que Jesús hubiera salvado y protegido a Jerusalén y a sus habitantes, pero es notorio que la gente no estuvo dispuesta. En lugar de elegir habitar al abrigo del Altísimo, eligieron por la política y Barrabás y clamaron por la crucifixión de quien los había sanado y liberado.

Y nosotros leemos escudo y adarga es su verdad y lo damos por sentado, tal como si fuéramos expertos en armaduras antiguas. Hacemos lo que normalmente hacen los cristianos cuando no terminan de entender algo: pasan a lo siguiente y dejan eso pendiente para una próxima que casi nunca llega. Lo cierto es que un escudo era algo pequeño, redondo, mientras que la adarga era un escudo mucho más grande y rectangular. Pasa de una enorme ave a una sólida armadura. En realidad, la palabra hebrea en el original que se traduce como adarga, significa algo que se envuelve alrededor de una persona para su protección, algo así como un escudo o armadura o, directamente, una muralla convertida en fortaleza.

Prosigue: No temerás el terror nocturno, Ni saeta que vuele de día, Ni pestilencia que ande en oscuridad, Ni mortandad que en medio del día destruya. Temor. Quien no sepa que esa es el arma predilecta del enemigo, le faltan varias materias para aprobar su condición de creyente. ¿Y por qué terror nocturno? ¿No es la misma cosa el miedo ya sea de día como de noche? No. Y mi mejor ejemplo sobre eso, son los niños pequeños. ¿Por qué razón un niño de dos o tres años de edad, tiene temor a la oscuridad si nunca tuvo ningún problema con ella? ¿Por qué en muchos casos eso obliga a los padres a llevarlos a dormir con alguna luz encendida? Simple. Porque para un niño pequeño, con su espíritu todavía muy fresco en esta dimensión, habiendo llegado desde la otra, la oscuridad no es algo, sino alguien. Nosotros, en nuestra dimensión terrenal, no alcanzamos a percibir eso, pero ellos, todavía en contacto con su dimensión espiritual, si lo perciben. Y como se sienten pequeños y vulnerables, tienen temor.

Tener a Dios como refugio y escudo da fuerza y valor al pueblo de Dios. Cuando el pueblo de Dios está sumido en un profundo temor, es una indicación de que no tiene la confianza adecuada en Dios como protector y consolador. No tener miedo es en sí mismo una bendición indescriptible, ya que por cada sufrimiento que padecemos por una herida real, somos atormentados por mil dolores que surgen solo del miedo. Por esa razón es que, el miedo más horrible y sin solución humana, es el miedo al miedo. Mira, por experiencia puedo asegurarte que en la vida, el Señor puede permitir que les sucedan muchas cosas terribles a sus hijos (Sin ir demasiado lejos, tenemos el ejemplo de Job), o como le sucedió a su propio Hijo, nuestro Señor. Pero nosotros sabemos que ningún poder está fuera del control de Dios y que en el final, Él podrá contra cualquiera de ellos, por fuertes y feroces que parezcan. Y cuando habla de la saeta, naturalmente que lo hace en parangón con los daros del infierno, pero también como símbolo de la velocidad con la que llega el terror a una vida humana.

Caerán a tu lado mil, Y diez mil a tu diestra; Mas a ti no llegará. Ciertamente con tus ojos mirarás Y verás la recompensa de los impíos. Esta es una descripción de cómo la protección de Dios puede vencer cualquier probabilidad. La protección y el cuidado de Dios podrían estar tan específicamente enfocados que pueden preservar a uno de cada diez mil. Es imposible que le ocurra algún mal al amado del Señor; las calamidades más aplastantes sólo pueden acortar su viaje y apresurarlo hacia su recompensa. El mal para él no es mal, sino que solo es bien en una forma misteriosa. Las pérdidas lo enriquecen, la enfermedad es su medicina, el reproche es su honor, la muerte es su ganancia. No le puede suceder ningún mal en el sentido estricto de la palabra, porque todo es invalidado para siempre. ¿No decía Pablo que, para él, el vivir era Cristo y el morir ganancia? Solamente cuando el pueblo de Dios comience a verlo así, muchos temores con los que el enemigo nos manipula, dejarán de ser amenazas. La única muerte realmente terrible para un creyente, es la muerte espiritual. De hecho, es la única muerte de la que Dios habla. La física, sólo un paso vertiginoso de una dimensión a otra.

Hay una confirmación final sobre esto en el Salmo 37:4 cuando dice: Espera en Jehová, y guarda su camino, Y él te exaltará para heredar la tierra; Cuando sean destruidos los pecadores, lo verás. Tres pasos, tres verdades. Esperar en Dios, en tanto guardamos, respetamos, cumplimentamos su camino. Seremos exaltados y heredaremos esta tierra. Y veremos cómo esos pecadores que tan todopoderosos parecían ser, son destruidos. Lo veremos. Y se hará cierta una palabra que se encuentra en Malaquías 1:5, cuando sentencia: Y vuestros ojos lo verán, y diréis: Sea Jehová engrandecido más allá de los límites de Israel. De acuerdo. La fe se basa en creer sin ver, pero si Dios lo determina y es su deseo, nosotros podremos ver lo que se nos ha prometido. Antes, la destrucción de los pecadores. Ahora, nuestra victoria en los cielos y en la tierra.

En la prosecución de este examen del Salmo 91, contenedor de una palabra eterna, inmortal, quiero recordarte que la intencionalidad de estos trabajos, (Jamás los llamo estudios, porque un estudio sólo es para saber o conocer más) es propender a aportar a tu conocimiento, pero también a la implementación del sentido práctico de la palabra. En ese sentido, quiero compartirte ahora los versos que van desde el 9 al 13 incluido: Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, Al Altísimo por tu habitación, No te sobrevendrá mal, Ni plaga tocará tu morada. Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, Que te guarden en todos tus caminos.  En las manos te llevarán, Para que tu pie no tropiece en piedra.  Sobre el león y el áspid pisarás; Hollarás al cachorro del león y al dragón.  No siempre se entiende una expresión así: Porque he puesto a Dios por mi habitación. ¿Qué se hace en una habitación? De todo lo que se te pueda ocurrir, pero preponderantemente, se trabaja, se estudia, se alimenta y se descansa. Ahora imagina a Dios como una gigantesca habitación y tú ahí adentro, trabajando, estudiando, alimentándote y descansando. Pregunto: ¿No es eso lo que tu Biblia dice que debes hacer para estar EN Cristo?

Y vemos que aquí se repiten las promesas anteriores de seguridad y protección incluso en tiempos de plaga. Una vez más, esto no se considera una promesa absoluta para todos los creyentes en todas las circunstancias, porque el amado pueblo de Dios ha caído en mal o ha muerto en plaga. Es la feliz expectativa del salmista y una expresión general de la protección, el consuelo y el cuidado de Dios por su pueblo. No sería extraño ni antojadizo pensar que esto se refiere a alguien que realmente habita, y que no solo parece habitar y no solo se imagina que habita’ en Dios. Esta y otras promesas similares no deben entenderse absoluta y universalmente, como si ningún hombre verdaderamente bueno pudiera ser cortado por la plaga u otras calamidades comunes, lo cual es confirmado tanto por otros textos sencillos de las Escrituras como por una experiencia incuestionable. Porque puede ocurrirle a un santo compartir una calamidad común; como el maíz bueno y la mala hierba se cortan juntos, pero con un fin y un propósito diferentes. Dios no dice que no nos sobrevendrán aflicciones, sino que ningún mal.

Pues a sus ángeles mandará acerca de ti: Esto describe otra forma en que Dios puede enviar Su protección y cuidado a Su pueblo, es decir, por medio de Sus ángeles, ordenándoles que cuiden y lleven a Su pueblo. Los ángeles de Dios tendrán el encargo especial de acompañarte, defenderte y salvarte; y contra su poder, la influencia de los espíritus malignos no puede prevalecer. Estos, cuando sea necesario, desviarán tus pasos del camino del peligro; detendrán los peligros cuando se quieran interponer en tu camino. Y dice que mandará; te aclaro que mandar es una orden estricta, más que una simple orden; como cuando un señor quiere que un sirviente le resuelva un asunto con certeza y plenitud y le imputa un mandato, te aseguro que ese sirviente no va a menospreciar ese asunto. No le dice vagamente lo que tiene que hacer, sino que le prescribe su trabajo y lo manda a que lo haga. Así les dice el Señor a los ángeles.

Cuidado, no es un ángel de la guarda, como algunos sueñan con cariño, pues todos los ángeles están aquí aludidos han recibido la comisión de su Señor y el nuestro, de velar cuidadosamente por todos los intereses de los fieles. Es hermoso pensar que cada uno de nosotros, sus hijos, tenemos un ángel especial y singular preparado y listo a protegernos siempre, pero la realidad es otra que hay que explicar para que nadie se exceda en romanticismos no del todo bíblicos o ciertos. Cómo nos protegen los ángeles, es algo que no podemos decir. Si repelen demonios, contrarrestan complots espirituales o incluso rechazan las fuerzas físicas más sutiles de la enfermedad, no lo sabemos. Quizás algún día nos quedemos asombrados por los múltiples servicios que las bandas invisibles nos han prestado. Y si bien algunos creyentes han tenido visiones o experiencias notables, la realidad es que masivamente no lo sabemos. Pero que están y son ministradores a nuestro favor, eso sí está escrito y lo podemos creer con confianza.

Convendría recordar que es a DIOS, a quien estos ángeles pertenecen; ÉL les da un cargo – de ÉL reciben su comisión – ante ÉL son responsables de su encargo. De Dios debes esperarlos; y por su ayuda, solo él recibirá la alabanza. Se dice expresamente: Él mandará a sus ángeles; para mostrar que no se les debe orar ni alabar a ellos; sino solo DIOS, de quien son siervos. La promesa en los versículos 11-12 fue citada y torcida por Satanás en su tentación de Jesús en el desierto. Dice en Mateo 4:5-7: Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, En sus manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. Aunque te cueste creerlo, en este episodio tan conocido por todos, hay algo que no siempre se le ha prestado demasiada atención. Satanás, para tentarlo y obligar a Jesús a construir una crisis, le citó nada menos que este salmo, como supuesta promesa de protección si Jesús lo hacía.

De todos modos, la forma en que Satanás cita este texto, es la mejor prueba respecto a cómo tergiversa el infierno la genuina palabra de Dios. Ex profeso, el diablo omitió las palabras que te guarden en todos tus caminos. Probar a Dios de esta manera no era el camino de Jesús; no era el camino del Salvador. Dios nunca había prometido, ni dado, protección alguna de sus ángeles, en caminos pecaminosos y prohibidos. A este texto Satanás lo aplica incorrectamente, porque no lo usó para enseñar o animar, sino que pretendía engañar, haciendo de esta palabra una promesa que se cumpliría si Cristo descuidaba su deber; extendiendo la promesa de una providencia especial en cuanto a los peligros a los que los hombres se arrojan voluntariamente. De una manera extraña, estamos agradecidos por el intento de Satanás en Mateo 4, porque nos ayuda a comprender mejor el Salmo 91. Vemos que el salmo no da promesas absolutas para cada creyente en toda circunstancia, sino hermosas promesas de la protección, el consuelo y el cuidado de Dios, que son recibidas y aplicados específicamente en el creyente por el Espíritu Santo.

Hollarás al cachorro del león y al dragón: La protección de Dios a su pueblo se extiende más allá de la liberación general del daño; también habla de una concesión general de la victoria a su pueblo, incluso sobre oponentes tan fuertes como el cachorro del león y el dragón. Estas palabras representan a los siervos de Dios no sólo como sobrevivientes, sino como vencedores, que pisotean enemigos mortales. Hay otra conexión interesante con la tentación de Jesús en el desierto. “La confianza del Señor en su Padre también resultó en la derrota de Satanás, otra parte del salmo que el diablo omitió. Bueno, muy bien; ahora tengo una mala noticia para varios. Esto que hace Satanás durante la tentación de Jesús en el desierto, tiene absoluta equiparación con lo que hacen muchos hombres inescrupulosos que, con la única finalidad de aumentar sus prestigios o fortunas, toman un texto bíblico que dice algo singular y, sacándolo fuera de su contexto, lo utilizan para manipular voluntades. Supongo que tienes claro que esto no es ningún invento mío y lo has visto en mediana o lejana cercanía de donde resides.

Asimismo, en el contexto de este salmo vemos una promesa de protección divina para la salud, y eso lo hace más que interesante. Lo cierto es que lo que ese pasaje del salmo promete es una protección de las enfermedades como una bendición de vida redimida. La palabra plaga, que se traduce así del hebreo nehgah, se utiliza para algo infligido sobre un cuerpo y en una época se refería específicamente a las manchas de la lepra. Aquí se habla de una defensa permanente contra las enfermedades infligidas, pero a condición de que hagamos del Señor nuestro verdadero refugio y habitación. ¿Cómo podemos hacer esto? Dos palabras hebreas nos dan la respuesta. La palabra makhseh, traducida como Esperanza, quiere decir refugio, lugar de protección, guarida. Y deriva de la raíz khawsaw, que significa buscar protección, confiar en. Maween, traducido como Habitación, indica un retiro.

Viene de la raíz onah, que describe la seguridad que se experimenta en la intimidad de la vida, como en el matrimonio. De estas palabras clave sale un principio. Cuando hacemos de Dios nuestro refugio y habitación, al confiar en Él, llevarle nuestras preocupaciones, temores, necesidades; cuando buscamos su orientación, invirtiendo tiempo para renovarnos en su presencia, amándolo y caminando junto a Él cada día, entramos a un refugio lleno de promesas de salud. Esta verdad nos salvaguarda contra el hacer de la oración por la sanidad un recurso de emergencia, como sucede con algunos que acuden a ella sólo en caso de enfermedad. Busquemos el arrepentimiento y una renovada comunión con Dios y descubriremos su misericordia.

Los últimos tres versos de este salmo, los que van del 14 al 16, expresan: Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre. Me invocará, y yo le responderé; Con él estaré yo en la angustia; Lo libraré y le glorificaré. Lo saciaré de larga vida, Y le mostraré mi salvación.  Por cuanto en mí ha puesto su amor: Estos últimos tres versículos están escritos en primera persona mientras Dios habla promesa y bendición sobre Su pueblo. Habla específicamente sobre aquellos que han puesto su amor en Él. Se ha señalado maravillosamente que las últimas palabras de este salmo no son dichas por el pueblo de Dios, sino para el pueblo de Dios. Por cuanto en mí ha puesto su amor: Esto se usa en otros lugares en contextos de poner el corazón en alguien o en alguna iniciativa. Como compromiso del hombre con Dios, solo se usa aquí. Poner el amor en Dios significa hacerlo por elección. Uno no espera que llegue el sentimiento de amor, sino que simplemente elige pensar y actuar hacia Dios de manera que exprese y edifique el amor. Esto incluiría ciertos elementos que deberemos tener más que en cuenta.

Por ejemplo: Pasar tiempo con Dios. – ¿Qué es pasar tiempo con Dios? ¿Acaso orar ciertas oraciones armadas durante una hora o dos? No. Eso sigue siendo religión, aunque no tenga en su visibilidad nada de malo. Pasar tiempo con Dios es, indefectiblemente, mantener una conversación tal como si se tratara de nuestro mejor amigo. Contarle nuestras cosas, pedirle perdón por nuestros errores, incluidos pecados, y preguntarle todo aquello que necesitamos saber. Claro está que, para que esto último tenga validez suma, deberíamos tener muy en cuenta un elemento siguiente, que es el de Escuchar a Dios. ¿Tiene voz, Dios? ¿Alguien lo ha escuchado? Estas dos preguntas, estoy absolutamente seguro que debe tener no menos de veinte respuestas positivas por parte de algunos que me están escuchando. Pero también tengo certeza que la experiencia de uno de ellos, no se asemeja a ninguna de las otras y así sucesivamente con todos. Dios puede hablarte de muchas maneras y por medio de muchos elementos distintos. No tiene un método ni un idioma. ¿O seremos tan ignorantes para suponer que el idioma del cielo es el español? ¿Y nuestros hermanos de otras latitudes con otros idiomas, qué? Por eso, es necesario pasar al siguiente.

  • Y el siguiente es Leer lo que Dios nos ha escrito. ¿Cómo es eso? ¿Tenemos que entender y creer que todo lo que nuestras biblias dicen ha sido escrito por Dios? No. Todos sabemos que eso no es tan así como algunos pretenden verlo. Hay dos verdades que en apariencia parecen contradecirse, pero que en definitiva, son coherentes. La primera es que la Biblia, ES la Palabra de Dios escrita. La segunda, que a esa palabra hay que encontrarla con la guía del Espíritu Santo que es el encargado de revelarla. ¿Y desde donde la revela? Desde un compendio de letras que han sido escritas por hombres que, en algunos casos, hicieron prevalecer su carne por sobre la inspiración divina. Recuerda siempre que los hombres no son perfectos. Ninguno. Sólo Jesús de Nazaret lo fue. Por tanto, aquellos que escribieron los distintos libros de nuestra Biblia, así como los otros hombres que se ocuparon de traducirla de los originales, cometieron errores y muchos. Sólo el Espíritu Santo te los puede mostrar y revelar verdades sobre los errores. De ninguna manera una doctrina denominacional o de credo humano lograría hacer tal cosa. Entrega tu lectura al Espíritu Santo, espera en Él, créelo y tendrás claridad y luz.

Luego, debemos Hablar con Dios. a te lo mencioné antes al modo. Por cada “Señor te pido”, que no está prohibido ni mucho menos, deberíamos implementar un “Señor te doy”, todo complementado con uno o varios “Gracias Señor por…”. Si lo dejamos en lo primero, ya no será un diálogo, sino un monólogo. Y lo que enriquece, bendice y da herramientas para vencer, es el diálogo dimensional con nuestro Padre, en nombre del Hijo y con la guía de Su Espíritu. Así es como opera esta dimensión, es como se nos ha enseñado desde los profetas hasta hoy y, sin embargo, todavía hay una multitud de cristianos que o lo ignora o, aún sabiéndolo, lo omite. Allá cada uno, tiene libre albedrío para hacerlo como le plazca, pero después hágame el bendito favor de no cargarle las culpas a Dios por sus crisis y etc. ¿Tienes tiempo libre en algún momento del día? Complicado en estas épocas, pero si lo tienes, piensa en Dios en alguno de esos tiempos libres.

La otra más que valiosa e importante, es Adorar a Dios. Ya lo sé. Salvo que hayas tenido realmente un discipulado bíblico y genuino, esto que te menciono no podrás llevarlo mucho más allá de lo que semanalmente haces durante la reunión, culto o servicio de la que sea tu iglesia. Levantar tus manos, cerrar tus ojos como en medio de un éxtasis, mientras de fondo suena una música lenta, que brota de los instrumentos de la banda de alabanza y adoración de tu congregación. En el mejor de los casos, de excelente cultura y riqueza musical, con afiatados coros y mejores letras al tono. Durante todo ese lapso, que generalmente es el primero, para luego dar paso a la rítmica alabanza como preludio al mensaje o sermón del ministro o pastor. Eso, en grandes rasgos es, para ti, adorar a Dios. Lo siento mucho, pero tengo que decirte que no es así. Y no te culpo, porque yo mismo creí durante muchísimos años esto que termino de darte como ejemplo. Solamente cuando la luz del Espíritu Santo vino de verdad a mi vida pude ver la adoración tal cual es. En primer término, en espíritu y en verdad, de otro modo es herejía. Y, en segundo lugar, todo lo que podemos pensar, sentir, expresar y hacer para demostrarle a nuestro Padre que realmente lo adoramos, y que esa adoración va un poco más allá de tres canciones lentas un día a la semana.

Mandamiento no escrito: Hablar de Dios a otros. Durante mucho tiempo la iglesia cristiana tradicional se tomó como tarea básica salir a la calle a hablar de Dios a todo los que teóricamente no lo conocen. Lo hizo de una y mil formas distintas, utilizando una decena de metodologías, algunas de ellas, rozando lo pintoresco o sencillamente lo ridículo. Nadie puede ni dudar ni cuestionar la enorme y buena voluntad puesta de manifiesto en todos los que vociferaron en una plaza, repartieron tratados o los pasaron por debajo de las puertas de las viviendas y los que, Biblia en mano, se plantaban en alguna esquina y en un santiamén se bajaban santos y demonios fundamentándose en la ira de Dios. Sus intenciones fueron las mejores, pero olvidaron un detalle central: para hablar de algo o de alguien, debes conocerlo. Y, de ser posible, más que bien. No puedo hablar mal o bien de una marca de automóviles si jamás viajé ni siquiera de acompañante en alguno de ellos. Parece tonto el ejemplo, pero es contundente. Solamente aquel que conoce a Dios y sabe quien es él mismo en Dios, puede salir a la calle y presentarlo como lo que es: supremo Hacedor y Creador de todos los universos. No alcanza con tener información acerca de Dios, se lo debe conocer.

  • Nuestra cultura actual a menudo piensa en el amor como algo que le sucede a la gente, no como algo que uno elige. La frase por cuanto en mí ha puesto su amor nos recuerda que un aspecto significativo del amor es de hecho la elección, y esto describe en parte el amor que debemos darle a Dios. Yo también lo libraré: Las promesas y principios declarados anteriormente en este salmo se repiten nuevamente, pero esta vez desde la perspectiva de Dios mismo. Dios protegerá a Su amado y lo pondrá en alto – y lo hará por cuanto ha conocido mi nombre y tiene una relación real con Dios. Le pondré en alto: Lo pondré fuera del alcance de todos sus enemigos. Lo honraré y lo ennobleceré, por cuanto ha conocido mi nombre – porque me ha amado, honrado y servido, y me ha rendido el culto que me corresponde. Él me ha conocido como el Dios de infinita misericordia y amor. Hay bendiciones que algunos creyentes se pierden, simplemente porque siempre están preocupados y no confían en Dios como deberían. Aquí el salmista cita a Dios diciendo que las bendiciones son para aquellos que aman a Dios y reconocen su nombre, lo invocan y buscan satisfacción en lo que solo él puede proporcionar.

Dice: Me invocará, y yo le responderé: Dios promete responder la oración del que le ama y del que verdaderamente le conoce. Con él estaré: En las últimas líneas del salmo, Dios habla bendiciones personales y maravillosas sobre el que lo ama y lo conoce: La bendición de Su presencia: Con él estaré yo en la angustia. – La bendición de Su protección: Lo libraré. –  La bendición de Su promoción: Le glorificaré. –  La bendición de Su prosperidad: Lo saciaré de larga vida. –  La bendición de Su preservación: Y le mostraré mi salvación. Con él estaré: Entonces, ningún hombre necesita agregar soledad a la tristeza, pues puede tener a Dios sentado con él, como los amigos de Job, esperando consolarlo con verdadero consuelo. Con él estaré yo en la angustia: “Nuevamente Dios habla y actúa como una madre tierna hacia un niño enfermo. Cuando el niño está en perfecto estado de salud puede dejarlo en manos de la niñera; pero cuando está enfermo, ella misma lo atenderá; ella le dirá a la niñera: Puedes atender un tiempo a algún otro asunto, yo misma cuidaré al niño.

Me gustaría reiterar este salmo, pero acudiendo a la versión Nueva Traducción Viviente, más conocida por la NTV. Así dicen los dieciséis versos:

Los que viven al amparo del Altísimo encontrarán descanso a la sombra del Todopoderoso. Declaro lo siguiente acerca del Señor: Solo él es mi refugio, mi lugar seguro; él es mi Dios y en él confío. Te rescatará de toda trampa y te protegerá de enfermedades mortales. Con sus plumas te cubrirá y con sus alas te dará refugio. Sus fieles promesas son tu armadura y tu protección. No tengas miedo de los terrores de la noche ni de la flecha que se lanza en el día. No temas a la enfermedad que acecha en la oscuridad, ni a la catástrofe que estalla al mediodía. Aunque caigan mil a tu lado, aunque mueran diez mil a tu alrededor, esos males no te tocarán. Simplemente abre tus ojos y mira cómo los perversos reciben su merecido. Si haces al Señor tu refugio y al Altísimo tu resguardo, ningún mal te conquistará; ninguna plaga se acercará a tu hogar. Pues él ordenará a sus ángeles que te protejan por donde vayas. Te sostendrán con sus manos para que ni siquiera te lastimes el pie con una piedra. Pisotearás leones y cobras; ¡aplastarás feroces leones y serpientes bajo tus pies! El Señor dice: Rescataré a los que me aman; protegeré a los que confían en mi nombre. Cuando me llamen, yo les responderé; estaré con ellos en medio de las dificultades. Los rescataré y los honraré. Los recompensaré con una larga vida y les daré mi salvación.

Es imposible sintetizar la Palabra de Dios. Esa Palabra es lo que es y, cualquier pretensión de resumirla, fracasará ante la proverbial carencia de unción para realizarlo. Pero hay claves y puntos específicos que sí se pueden mencionar como básicos. Encontrará descanso a la sombra de Dios, aquel que vive su vida al amparo de ese Dios, no el que habla a raudales de él pero luego vive su vida como le da la gana. ES en ese tenor donde será protegido de toda enfermedad mortal, lo que equivale a decir que sencillamente, un día morirá, pero en sana vejez, con la serenidad y la paz de un ciclo cumplido. Ningún mal lo conquistará, pero solamente si hace al Señor su refugio y su resguardo. Si elige hacerlo con la ciencia o algún otro invento de hombre, nada podrá el cielo hacer a su favor. Y no estoy hablando de no utilizar la medicina, estoy hablando de convertirla en objeto de nuestra fe, en reemplazo del Señor. Y, finalmente, dice que Él los rescatará, pero sólo a los que lo aman y a los que confían en Él. O sea: no es para todos, es para los que realmente decidieron ser y vivir como hijos suyos por Cristo.

Con todo esto en mis manos, vuelvo al principio y quiero entender que, si en esos últimos cinco minutos de su presencia en esta tierra, el Espíritu Santo me regaló la Gracia de haber puesto en el espíritu y el alma de mi madre el suficiente entendimiento para ver y creer en todo esto, ella hoy está en el mismo lugar al que un día arribaremos con todos los que hoy creen aman, sirven y confían en el único Dios de todos los universos y en su Hijo, el Cristo, quien por medio de su sangre vertida en la cruz, nos compró para ingresarnos a la presencia del Padre.

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¡Cállate, Cállate, Cállate!

Hechos 7:57 = Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él.

Zacarías 7:11 = Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;

Si al título de este comentario le hubiera añadido la frase “¡Que me desesperas…!”, hubiera cometido un pequeño plagio a una versión ya registrada por uno de los personajes más queribles de una inolvidable y legendaria serie televisiva mexicana que entretuvo y regaló sonrisas a millones de niños y no tan niños de habla hispana durante muchos años.

Sin embargo, ese título representa, desde aquellos cielos abiertos de Esteban, sin omitir la etapa del cautiverio y llegando hasta aquí y hasta hoy, cabalmente la actitud, la reacción, el pensamiento y el sentir visible y palpable de miles de hombres y mujeres que están absolutamente convencidos que todo lo que aprendieron respecto al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo es tal cual se lo enseñaron y que ningún hereje o algo peor tiene el menor derecho a venir a esta altura de sus vidas a mostrarles que no era así la Verdad.

Como todo adulto de hoy, fui un niño ayer. Aunque en mi caso y por razones de calendario, debería decir que fui niño antes de ayer. Y ese niño, si mi memoria no me es infiel, en su momento cometió errores, equivocaciones y travesuras que merecieron una reprimenda de sus mayores. ¿Y cuál era la reacción de ese muchacho? La que estás imaginando: ponerse sus manos en los oídos y resistirse a escuchar la verdad que trataban de enseñarle.

Yo no voy a venir justamente a ofrecerte un cristianismo progresista y revolucionario a la manera de las izquierdas porque estaría incurriendo en un insólito contrasentido. Proponer que las cosas de Dios se ejecuten conforme a rudimentos de un sector ateo, por momentos volcado a ciertas formas de ocultismo, pro aborto y pro matrimonio homosexual, sería omitir lo que la propia Palabra de Dios dice claramente al respecto.

Pero por causa de ese atendible y respetable motivo, caer en un conservadurismo rígido a la manera de las derechas a veces opresoras y abusivas, que defenderá a capa y espada ese “Semper ídem” planificado desde estructuras clericales humanas por encima de las divinas, también contiene un inocultable contrasentido. Y hasta donde yo he podido observar, nada que parta de la base de contrasentidos tiene larga vida. Y mucho menos la Verdad.

A mí me hicieron creer de niño que todas las madrugadas de los días 6 de enero, pasaban tres reyes magos en increíbles camellos voladores o algo así, repartiendo regalos en cada par de zapatos dejados exprofeso. Algunos años después confirmé la primaria mentira conociendo que nadie regala nada así en estos tiempos y que además tampoco eran tres reyes, sino magos, como en esos tiempos se les llamaba a los profetas.

También me hicieron protagonista de otra de las “mentirillas blancas” como entonces se las llamaba, al hacerme creer que a los niños recién nacidos los traía en su pico una cigüeña simpática en vuelo directo desde París. Un increíble recurso escapista de una sociedad pacata y reprimida que de ninguna manera produjo como se suponía una generación decente y moralmente intachable.

Y fue en el marco de ese festival satánico plagado de “mentiras piadosas” en donde el infierno comenzó a ganar espacios y se fue adueñando de la honestidad, la integridad, la moral, la pureza y todos los otros valores que componían el mayor tesoro que el diseño de Dios le regaló al planeta en su Creación. ¿O alguien duda de la pureza de Adán al levantarse del suelo para aspirar su primera bocanada de oxígeno en el Edén?

Sin embargo, el broche de oro satánico que le proporcionó una inocultable victoria que todavía hoy le rinde sobrados frutos, fue convertir esa Fe sincera y simple que el hombre primario tenía en el Dios Todopoderoso, en una religión cargada de estructuras, mandatos humanos y crueldades varias. Y el golpe de gracia llegó cuando el adorador de Dios en espíritu y en verdad, pasó a adorar su religión, aunque en muchas cuestiones ella no coincidiera con lo dicho por ese mismo Dios al que aseguraba adorar.

Y es partiendo de esa base que nació este artículo, más periodístico que ministerial, si lo quieres ver así. Porque fue escrito de un modo total y absolutamente distinto al que fueron escritos los artículos anteriores. Fíjate que siempre recibí con cierta anticipación las formas puntuales y específicas que debía adoptar para escribirlos, así como el tema central o a qué área de las vidas debería dirigirse.

Esta vez no. ¡Cállate! ¡¡Cállate!! ¡¡¡Cállate!!!” surgió desde la mejor onda Espíritu Santo. Sin previo aviso, sin preparación sistemática o formal y sin un tema central o específico o un área de las vidas humanas a llegar. Esto fue el resultado y la consecuencia de un torbellino de ideas y conclusiones, destinadas más que todo a borrar de los corazones humanos la palabra Religión y reemplazarla por Fe y Convicción.

Al mismo tiempo, para llegar a eso, tuve que dejar a un lado toda falsa respetuosidad que me obligaba a aceptar lo incorrecto, pero tradicional y decidir salir al frente a marcar lo correcto, aunque eso me llevara a quedar como irrespetuoso o algo peor. Eso es indudable si tomamos a la iglesia como lo que verdaderamente es, el cuerpo de Cristo en la tierra, compuesto por hombres y mujeres que han creído en Él.

Es decir, a todos los que hemos sido salvos por Gracia, nos va a quedar un paso subsiguiente, que es quizás el más complejo, porque ya no es transitado por la misma Gracia del Señor, sino por una decisión personal nuestra que, inexorablemente, nos llevará a pagar un precio, así está escrito y profetizado. No es una idea moderna ni una prolongación especial del mandato divino: está escrito desde el principio.

Transcurrido nuestro tiempo de entrenamiento en la Iglesia, nuestra misión será ver, entrar y formar parte activa del Reino, de ese mismo Reino que predicó Jesús como evangelio único. Está claro que me refiero a iglesia, pero no como institución humana, sino como paso inicial de formación y capacitación para asuntos de mayor relieve espiritual. Yo aprendí que cuando los hombres decimos “iglesia” vemos una cosa muy distinta a cuando lo dice Dios.

Lo cierto es que, en futuras entregas subsiguientes, te encontrarás con una diversidad de temas y conceptos que en muchos casos reforzarán tus convicciones más profundas, pero que en otros tantos casos podrán conmover tus estructuras más íntimas al mostrarte nuevas facetas y revelaciones que por momentos pueden convertir en error lo que hasta hoy considerabas acierto. Tal vez, en el conjunto, esto podría haber sido un libro, pero aprendí en estos tiempos que, si aspiro a que una mayoría lea esto, deberé ser breve y práctico. Son muy pocos los que tienen tiempo suficiente para dedicarlo a la lectura extensa.

No quiero darte un adelanto de argumentos ni tampoco darte un índice temático al que puedas acudir para darte una idea previa. Prefiero que todo salga y te llegue a ti como me llegó a mí, casi a borbotones, como un caudal de agua viva que sale de una fuente perenne que nunca se acaba. Que cada palabra conocida signifique un broche que termine de asegurar tu conocimiento y que cada frase nueva y fresca tenga el poder divino de cambiarte para bien y madurez. Sólo te convoco aquí, semana tras semana, y podrás verlo y evaluarlo por ti mismo.

Y el deseo final que todo este conglomerado de palabras, frases, conceptos entremezclados con la Palabra de Dios genuina, signifique para tu vida un antes y un después, un terminar con épocas de rutinas pesadas, cargadas del letargo de lo previsible, y acceder a esta maravillosa aventura de final victorioso asegurado, pero de ruta y viaje desconocido que es incursionar por la jurisdicción del Reino de Dios.

Si eso se consiguiera, dentro de algún tiempo, podré saludarte y despedirme con la convicción de que me habrás hecho trizas mi título y lo habrás convertido, por sabiduría propia y unción del Espíritu Santo, en un hermoso y cálido contra-título que diga más o menos así: “¡Oigo, Leo, Acepto y Ejecuto!”

Será –estoy seguro- la primera vez en la historia de cualquier clase de literatura, que un autor se sentirá bendecido por haberse equivocado en titular como tituló su trabajo.

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¡Con Una Sola Palabra!

(Mateo 7: 6)= No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.

Hay una palabra que aplicamos mal con relación al evangelio: Discriminación. Porque si bien toda discriminación parece ser mala, (racial, social, de piel), Jesús nos está señalando aquí con mucha contundencia, que, al predicar el evangelio, inexorablemente deberemos discriminar. Porque predicar el evangelio a aquellos que en principio muestran una actitud abiertamente blasfema, no sólo es disminuirlo, sino también exponerse uno mismo al peligro. Los dos símiles que aquí se dan (Perros y cerdos), son indudablemente de origen judío y se refieren a invitar a paganos completamente indiferentes a unirse a prácticas de la religión hebrea. Si a esto no lo hemos cumplimentado debidamente, hasta ahora, ha sido sencillamente y solamente por causa de nuestra falsa humildad, esa que nos hace pensar que es despectivo llamar cerdos y perros a personas. Nos olvidamos que si Él fue quien lo hizo, su regio motivo habrá tenido y nosotros no podemos menos que tenerlo en cuenta.

El Proverbio 9: 7-8 expresa lo siguiente: El que corrige al escarnecedor, se acarrea afrenta; el que reprende al impío, se atrae mancha. No reprendas al escarnecedor para que no te aborrezca; corrige al sabio y te amará. ¿Has oído u alguna vez hablar de necedad? Muy bien; a esto es a lo que se refiere aquí. La necedad de oír una corrección de nuestra conducta que sabemos perfectamente que es lícita y legítima, y elegir desoírla sencillamente porque se nos ocurre no aceptar nada de nadie, en el convencimiento de que nadie puede decirnos lo que tenemos que hacer. Eso es soberbia. Y si se da en el ámbito espiritual, mucho peor.

Esto es parte de una sabiduría que deberá acompañar sistemática y matemáticamente al creyente durante todo su derrotero terreno. En el Libro de los Hechos, hay un relato que también tiene que ver con esto. Está en 13:44-45 y dice: El siguiente día de reposo se juntó casi toda la ciudad para oír la palabra de Dios. Pero viendo los judíos la muchedumbre, se llenaron de celos, y rebatían lo que Pablo decía, contradiciendo y blasfemando. Observa lo siguiente: cuando el evangelio genuino es dado a los perros o cerdos (paganos, religiosos fariseos), la reacción es exactamente la que aquí se trasluce. Por eso es el consejo de mi Dios No Conocido, es absolutamente clara, aunque se dé de narices con lo que nos han enseñado por años: No llevarle la Palabra de Dios a quien no quiere oírla.

(Mateo 7: 7) = Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.

Este texto tiene varios correlatos que convendrá revisar para tener la noción exacta y el panorama mucho más abierto y claro sobre su significación, ya que no son pocos los sitios en los que se ha interpretado con demasiado simplismo y, en lo profundo, sólo ha traído más decepción y frustración al pueblo. Marcos 11:24 lo pinta así: Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá. Una sola pregunta: ¿Qué quiere decir cuando dice todo? Pues precisa y exactamente eso: TODO. Aquí el texto está emparentado con la maldición de la higuera, y la lección positiva que se puede extraer de esa maldición es el poder de la oración con fe.

Un monte, en ese caso, es el símbolo de un obstáculo, impedimento o problema insalvable. La fe es la llave que libera los recursos del cielo para enfrentar cualquier situación. ¿Pero será así de simple, sin condicionamiento alguno? Aquí no lo muestra, pero parecería ser que en Juan 15:7 es otra cosa, ¿verdad? Allí leemos: Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. Aquí está el punto. TODO nos será concedido si orando lo pedimos, siempre y cuando: 1) Permanezcamos en Él y no en nuestras carnalidades humanas.  2) Permanezcamos en su Palabra y no en consejos prácticos de la sabiduría popular.

Porque un poco más adelante, en 16:23-24, según Juan Jesús dice: En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplidoAquí está la otra clave importante: ¿Cuántas veces te has arrodillado, y levantando tus ojos al cielo has clamado: ¡Dios! ¡Ayúdame! ¡Dame tal o cual cosa! Dios es bueno y seguramente ha respondido en más de una ocasión favorablemente a ese desesperado pedido. Sin embargo, tú no lo has hecho como Él lo ordenara, ya que no lo has hecho EN SU nombre.  Porque, ¿Sabes qué? El Suyo es el nombre delante del cual se dobla toda rodilla y se cumplimenta toda palabra. ¿Te parecerá todavía un simple formulismo? No te equivoques, no lo es. Porque mira como lo enfoca Santiago:

Santiago 4:3: Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. ¿Te das cuenta cómo se va reacomodando y al mismo tiempo acotando ese todo inicial que parecía una puerta abierta hacia cualquier tipo de pedido? Entiende esto: Dios jamás va a responder favorablemente a una oración que solicita algo que se encuentra fuera de su propósito y de su voluntad. Porque el hombre tendrá todo el libre albedrío que a ti se te ocurra para hacer lo que le venga en gana, pero de allí a que pretenda que Dios le ayude, está listo. Hacer que Dios envíe por oración algo que está en contra de sus leyes, es intentar manipular a Dios. Y eso, donde quiera que se haga y con los métodos con que se quiera realizar, es lisa y llanamente hechicería.  Juan, en su primera carta 3:22 confirma esto: …y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él.

Y por si no fuera suficiente, en esta misma carta, pero en 5:14 y 15, se lee: Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho. La palabra pedid que se utiliza en este versículo, es la palabra griega aiteo, y significa Ruego, Petición. Se dice que la palabra describe usualmente a alguien que le hace un pedido a otro que está ocupando una posición más elevada o alta, a semejanza de un individuo que pide alguna cosa a Dios, es decir, como un súbdito a su rey o el niño a uno de sus padres. También se compara con el pedido de un pordiosero a una persona con suficientes medios económicos. Asimismo, la palabra denota pedir algo con insistencia, sin pena. De ninguna manera “exigiéndole” algo a Dios como hemos visto muchas veces hacer, pero sí presentando una sólida demanda de bendiciones.

(8) Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.

Este texto reproduce, de alguna manera, lo que podemos leer en el libro del profeta Isaías, cuando en 29:12 y 13, vemos: Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis con todo vuestro corazón. La respuesta a la pregunta sobre si tú quieres, verdaderamente, encontrar a Dios, es: búscalo con todo tu corazón, no con fórmulas, métodos, ritos o cualquier otra actitud externa.

(9) ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra?

(10) ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente?

(11) Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿Cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? (Entiende por favor. “Buenas Cosas”, no “cosas interesantes”, “cosas de moda”, o “cosas que se nos antojan”. Sólo habrá que tener muy en cuenta cuales son las “buenas” cosas según la mente de Dios.

(12) Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos, porque esto es la ley y los profetas.

Los imperativos griegos que vamos a encontrar en el resto de este texto, (Pedid, buscad y llamad), están en tiempo presente, lo que sugiere una petición continua. La relación de padre a hijo evoca la humano-divina, y da pie para seguir elevando nuestras peticiones en una actitud de confianza filial. Además, como una expresión de la ley del amor, la nueva versión de Jesús de la “regla de oro” judía, resume todo lo que mi Dios No Conocido requiere de nosotros en relación con los demás. Haz con los hombres todo aquello que deseas que los hombres hagan contigo.

(13) Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; (14) porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.

A mí me produce mucha preocupación y pena, que por momentos hasta se convierte en angustia, que se hayan interpretado tan torcido algunos de los principios básicos del evangelio. Este, por ejemplo, cuando se nos enseña casi dando brincos que el evangelio es todo festejo, toda celebración, todo gozo de andar caminando por las nubes en el mejor de los cinco cielos y disfrutando con todo lo que significa vivir una vida de plenitud espiritual. No pongo en duda que eso es posible, que está a nuestra disposición y que es algo que en cualquier momento podremos disfrutar de verdad, pero también tengo que ser sobrio y preciso a la hora de entender la Escritura, y ver que la vida que vivieron mis antecesores de punta, comenzando desde el propio Jesús, no fue precisamente una vida de celebración, fiesta o alegría desatada. Digamos que, en muchos casos muy puntuales, esas vidas fueron precisamente lo opuesto. Si tomas la de Jesús partiendo de la base social con la que solemos medir la otra, podrás ver con nitidez lo que trato de decirte.

Lo que sí sobresale notoriamente de este texto, es lo que mi Dios No Conocido pone delante de nuestros ojos, y que nos tiene que servir para analizarnos profundamente en nuestras proverbiales debilidades y casi naturales falencias. La puerta estrecha de la que se está hablando aquí, es la que conduce a un estado de consagración y santidad, que determinan cambios notables. Aunque nadie te está diciendo que debas convertirte en un monje de clausura, ya que todos los grandes monasterios construidos para facilitar un aislamiento que trajera separación y santidad, en realidad lo único que llegaron a producir y en lamentable abundancia, fue alcoholismo, homosexualidad y pedofilia. Cuando al enemigo le das servido el sacrificio carnal no demandado, él te lo convierte al instante en pecado, y entonces terminas entrando por la puerta ancha, que es la más visible, la aparentemente más divertida y la que el mundo y una parte de la iglesia te ofrece a cada paso.

(15) Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.

Esto es total y absolutamente actual. Hay muchos “falsos” que pretenden ser guías cristianos, pero cuyo propósito real y es egoísta y destructivo. ¿Cómo probarlos? ¿Cómo estar seguros de no equivocarnos? Prosigue esta lectura. Es sabiduría completa. Hay una manera. Pero ahora preguntemos: ¿Son solamente falsos los profetas de este tiempo? En absoluto. El diablo ha metido imitaciones más o menos pasables en cada uno de los cinco ministerios. Por lo tanto, lo que aquí hallamos como “falso profeta”, es lícito no sólo para este ministerio, sino también para el apostólico, (Que no te quepan dudas que en este tiempo sobreabundan), para el profético, que es el del texto, y que se ve invadido por mucha gente con espíritus de adivinación.

 Para el pastoral, Con la cuestión de que, para liderar una iglesia, la organización religiosa y no la Biblia ha determinado que un hombre deba ser ordenado como pastor, cada día aparecen más asalariados ocupando esos espacios. Y, obviamente, también para el magisterial y el evangelístico. Y no son confrontados ni desenmascarados simplemente porque nadie o casi nadie se atreve a predicar o enseñar sobre el asalariado o sobre los falsos hermanos, pese a que ambas cosas son absolutamente bíblicas. Para el evangelístico, hay hombres que predican la salvación de Jesucristo, consiguen almas y luego se las apropian para su servicio personal.

 Y para el del maestro, enseñando doctrinas falsificadas por la sabiduría humana, esto es: ligadas a lo humanístico, a lo filosófico, a lo dogmático, lo teológico académico o a lo psicológico, con disfraz de palabra que Dios jamás pronunciara. Hay un texto que tiene relación con lo que aquí se expresa, que no sólo le otorga las bases, ya que pertenece al Antiguo Testamento, sino que además descubre que cierto pecado no tiene nacimiento en el seno del mundo pagano sino en la propia iglesia. Se trata del que está en el libro del profeta Jeremías 23:15-16 donde leemos: Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos contra aquellos profetas: he aquí que yo les hago comer ajenjos, y les daré a beber agua de hiel; porque de los profetas de Jerusalén salió la hipocresía sobre toda la tierra…

Basta. No digas más que el mundo hipócrita no honra a Dios, porque ahora ya sabes por boca de Dios mismo, que la hipocresía nació en la iglesia, y no en el mundo incrédulo, impío, pagano y pecador…Así ha dicho Jehová de los ejércitos: No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan; os alimentan con vanas esperanzas; (Esto en idioma actual, se llama: Voluntarismo) hablan visión de su propio corazón, no de la boca de Jehová. (Y a esto se le suele llamar: declaración victoriosa) Mateo, en su evangelio y en varias páginas más adelante, lo expresa de dos modos diferentes pero coherentes, que nos tienen que hacer reflexionar muy seriamente y pensar en el futuro.

Dice en 24:11: …Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos. Stop. Piensa. Sólo piensa. ¿En qué sitio del planeta se podría levantar un profeta? Acertaste. En el único lugar en que puede ocurrir ese hecho, es en la iglesia.) Agrega el verso 24: Porque se levantarán falsos cristos, (Mesías), y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuese posible, aún a los escogidos. (Piensa nuevamente: ¿En qué lugar podría levantarse alguien que, con mentiras y alguna que otra señal sobrenatural, podría engañar a los escogidos de Dios? Acertaste de nuevo. En la iglesia, ya que fuera de ella, nadie jamás creería ni una palabra por ungida que le pareciera ni una señal por milagrosa que fuera).

 Pedro lo explica desde otro ángulo, desde otra perspectiva, desde otro plano. Toma para ello la amplitud de esta palabra y la resume en una suerte de consejo práctico para creyentes. Para que sean, en efecto, creyentes y no sencillamente crédulos aptos para cualquier engaño. Dice en su primera carta 2:1-2: Desechando, pues, toda malicia, (Que es hablar de algo aparentemente inocente, pero con un contenido real mucho más osado o mal intencionado) todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación. (La única leche no adulterada es la que emana del pecho materno.)

 La madre espiritual es indefectiblemente La Iglesia, es decir: la asamblea constituida por los genuinos hijos de Dios. De ninguna manera esa madre puede ser reemplazada por: denominaciones, organizaciones, tesis teológicas o decisiones congregacionales. Los niños sólo crecen con la leche no adulterada. De otro modo son indefinidamente inmaduros. Y lo aclararé porque después siempre saldrá alguno a decir cualquier cosa. Cuando hablo de Madre, hablo de iglesia genuina, no de congre cualunque, de una Babilonia o, peor, de doña Maria…) Juan establece sus propios fundamentos alrededor de este asunto, que como puede verse, no es ni menor ni de poca monta.

En su primera carta 4:1, expresa textualmente: Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. (Esto nos deja en evidencia que los creyentes no pueden ser tan ingenuos como para aceptar indiscriminadamente los pronunciamientos de todos los profetas, los postulados de todos los apóstoles, las decisiones de todos los pastores, las enseñanzas de todos los maestros o los métodos de todos los evangelistas que pretenden ser de Dios, esto es, que hablan con autoridad e inspiración divinas. Ciertamente, detrás de cada ministro hay un espíritu, pero puede que sea un falso espíritu, descrito aquí como el espíritu del anticristo”, y “el espíritu del error”, no como “el Espíritu de Dios”, el cual es “el Espíritu de la Verdad”.

Por lo que, teniendo en cuenta que hay muchos maestros de cultos heréticos que afirman ser mensajeros de Dios, debemos probar los espíritus que los poseen para determinar su origen. En su carta a los Tesalonicenses, Pablo da las mismas instrucciones.) También desde la simbología profética del libro del Apocalipsis se toca este tema, aunque, reconozcamos, desde un ángulo más contundente en su conclusión. Conviene leer el texto de tres versos completo porque contienen, en su contexto, una serie de aspectos íntimamente ligados con lo estructural. Apocalipsis 16:12-14 dice: El sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Éufrates; y el agua de éste se secó, para que estuviese preparado el camino a los reyes del oriente.

Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, (Esta es la trinidad satánica: Satanás, su diablo y su ministro) tres espíritus inmundos a manera de ranas; pues son espíritus de demonios, que hacen señales… (¿Qué significan las señales? La palabra usada aquí es la palabra griega semeion, a la que podemos comparativamente colocar conjuntamente con: “semiología”, “semiótico”, “semáforo”. Es una señal, una marca, una prueba. Se utiliza para distinguir entre personas u objetos, para denotar una advertencia o admonición, como un presagio que pronostica acontecimientos futuros, para describir milagros y maravillas, que son alteraciones del orden natural, sea atribuido a la autoridad divina o a falsos maestros o demonios.

Recuerda: nuestra enorme “hambre” de milagros, puede llevarnos a aceptarlos hasta de los propios demonios. No todo lo sobrenatural proviene de Dios. Satanás también es sobrenatural.) Como cierre, muy bien podemos utilizar el texto donde Pablo advierte y exhorta sobre esto. Allí, en el capítulo 20 y desde el verso 25 al 31, el apóstol expresa: Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verás más mi rostro. Por tanto, yo os protesto en el día de hoy, que estoy limpio de la sangre de todos, porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios. Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la Iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.

Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos (Del seno de nuestras propias organizaciones, no desde el mundo exterior) se levantarán hombres que hablen cosas perversas (Torcidas) para arrastrar tras sí a los discípulos. Por tanto, velad, acordándoos que, por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno. Este texto, observa con suma atención, no está dirigido de ninguna manera a aquellos que no tienen responsabilidades ni incidencia en el seno de las congregaciones.

Está directamente apuntado a lo que llamamos “liderazgo”. Mejor dicho: al falso liderazgo, que es aquel que deja en evidencia estar más interesados en ellos mismos, en su estabilidad financiera, en su prestigio personal o denominacional, que en cuidar su rebaño. De los que tratan de que la gente los siga, en lugar de enseñarles que sigan a Cristo. De aquellos que buscan resultados rápidos que no requieran demasiados sacrificios. ¿Conoces tú a personas así? MI Dios No Conocido e dice: ten cuidado. Oye, acepta, cree y pon por obra lo que en definitiva es el  No creerle a toda palabra “ministerial”.

Dentro de lo que podríamos denominar como mandamientos que Jesús les dejó a la naciente iglesia, hay uno que se transformó en lo que nosotros llamaríamos un verdadero “clásico”. Porque encierra en su profundidad conceptual una fuerza propia que lo identifica con todos los demás y con todo el contexto global del evangelio. Y es a partir de él que se construyen pasajes y aspectos que nuestro Dios No Conocido siempre estuvo expresando y no siempre fue escuchado. El texto que sigue, contiene a ese principio básico que, por ser mal entendido, mal interpretado y mal evaluado, ha producido obviamente mala enseñanza y confusión dentro del pueblo de Dios.

(16) Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?

(17) Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.

(18) No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.

(19) Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.

(20) Así que, por sus frutos los conoceréis.

En primer término, creo que debo puntualizarte lo más importante que se resume en esta enseñanza: de ninguna manera habrá que considerar como buen o mal fruto, la cantidad de personas a las cuales tú les hayas predicado el evangelio o, en su peor expresión, la cantidad de personas nuevas que tú hayas llevado a la que sea tu congregación. Eso es de un facilismo y un simplismo tan bastardo que ha terminado por limitar nuestra calidad y estilo de vida de creyentes, a un simple número de miembros más o menos en cierta y determinada iglesia local de cualquier punto del planeta. Un dislate total. Una verdadera falta de respeto a la Palabra de Dios. Casi una herejía. El apóstol Santiago, en su carta, hace un recordatorio concreto y específico de este lineamiento, utilizando para ello las figuras de la vid y la higuera, con relación a su enseñanza advirtiendo sobre los peligros de nuestra lengua, ya que en el capítulo 3 y verso 12 podemos leer: Hermanos míos, ¿Puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y agua dulce.

Es menester que comprendamos que los frutos de la vida y el trabajo de un individuo son un mejor indicador de las motivaciones personales que las apariencias o las declaraciones. Porque, en primer término, nuestro comportamiento, implica directa y sencillamente cuál es nuestra verdadera relación con Jesús. No hablo de cómo te comportas tú durante los cultos en el templo de tu iglesia, hablo de tu conducta fuera de todo el ambiente evangélico, allí donde aparentemente, nadie te observa ni se entera de tus actos. Entonces, ¿Cuáles son esos frutos de los que se está hablando aquí? No alcanzarían mil estudios para mencionarlos. Pero me voy a quedar como ejemplo básico, con una parte del carácter de Jesús, otra parte de la conducta de Jesús y una parte final para el poder de Jesús.

¡Pero hermano! ¡Él era el Hijo de Dios! ¡¡Basta!! ¡No seas religioso misticista! Jesús era Dios, – en efecto -, pero encarnado en un hombre, un hombre como tú o como yo, o como tú, mujer en Cristo, porque aquí no se trata de género humano sino de globalidad genérica. Y como hombre, tenía las mismas obligaciones y derechos que tenemos nosotros, como auténticos hijos de Dios por aceptación de Él, según lo expresa sabiamente Juan. Pero también tenía el mismo hígado, los mismos riñones, el mismo estómago, las mismas arterias y, esencialmente, las mismas hormonas. ¿Soy claro? ¿Entonces? Entonces Él nos está diciendo que sí se puede, que cuando decimos que Él era una cosa y nosotros otra muy distinta, solamente estamos dándole toda la gloria a Satanás, ya que le decimos que está haciendo lo suyo muy bien y que nos tiene derrotados y sin salida.

Nos está diciendo que tú no puedes ser una clase de persona en el templo de tu iglesia y otra diametralmente opuesta durante la semana, en tu casa, con tu familia o en tu trabajo o la escuela. Tú eres un hijo de Dios en todo momento de todos sus momentos. Hasta cuando estás teniendo relaciones sexuales con tu esposa tú no dejas de ser un hijo de Dios, ¿Lo entiendes? ¿Cómo dices? ¿Qué te parece inoportuno mezclar el sexo con las cosas santas? ¿Y qué crees tú que es la sexualidad? ¿Algo sucio, puesto como por obligación en nuestros cuerpos? No mi amigo; sucio es lo que el diablo ha logrado pervirtiéndolo, y después metiéndote en la cabeza a ti y a muchos religiosos más lo que vemos y oímos.

Porque Dios lo hizo limpio, lo hizo sano y lo hizo bueno en gran manera. “Claro…para la procreación…” Por favor; no creas más esa mentira romana. Si el sexo fuera solamente para procrear y no para disfrutarlo, dentro del matrimonio, como bueno en gran manera: ¿Me puedes explicar por qué el Dios Todopoderoso, Creador, Majestuoso y Justo por sobre toda Justicia, hizo a la mujer con un solo día fértil, con un solo día en el que ovula y está apta para la fecundación? ¿Me dirás entonces que eso significa que un matrimonio sólo debería tener relaciones sexuales una vez al mes, sólo en ese día? ¡Por favor…!  ¿Se equivocó Dios y armó todo este lío? No. Dios no se equivocó y este no es ningún lío. Sólo hay que evaluarlo y adoptarlo conforme a como Él lo pensó y no como a nuestras carnalidades pecaminosas les parece.

Fruto bueno es también la calidad de tu conducta pública. No estoy hablando de cómo te llevas con tu pastor o con tus hermanos, estoy hablando de cómo es tu relación cotidiana con tus compañeros de trabajo, con tus vecinos de barrio o zona de residencia, con tus compañeros de estudios o con quien quiera que tome contacto contigo. No son pocos los que parecen absolutamente confiables en sus congregaciones, hasta el punto de ser elegidos ministros de finanzas, y luego nos enteramos que tienen un récord de fraudes y estafas en el ámbito comercial o empresarial en el que se mueven. Frutos. Y finalmente, poder ser canales manifiestos del poder de Dios. Porque Dios protege su gloria, y a pesar de muchas imitaciones satánicas que andan dando vueltas por allí, ten la certeza de que Dios jamás daría a alguien que no le honra, la posibilidad de ser portador de una parte, aunque sea pequeña de su gloria. Por lo tanto, esto es parte de lo que mi Dios No Conocido te dice a este respecto en este día: Muestra fruto bueno para glorificar al árbol del cual provenimos.

 (21) No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

(22) Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿No profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?

(23) Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.

Jesús, si tú te fijas con cuidado, está alertándonos en contra del autoengaño. Contra una mera profesión verbal de fe, pero sin obediencia a la voluntad de Dios. La duda que me queda, es: ¿Es que acaso hay cristianos así? Si que los hay. Y no te imaginas cuantos, lamentablemente. Y lo peor del caso, es que es muy posible que una persona que se engaña a sí misma, pueda estar ejerciendo un ministerio espectacular, usando la indudable autoridad de las escrituras y el imbatible nombre de Jesús, sin caminar por la senda de un discipulado obediente. Sé que me vas a decir que esto es mucho menos probable que exista, pero te equivocas. Y no es ninguna novedad para Pablo, por ejemplo, que hace mucho tiempo que escribió que temía que habiendo sido heraldo para los demás, él mismo fuera eliminado.

Si tienes memoria recordarás el intento, (En este caso fracasado), que hicieron aquellos judíos, exorcistas ambulantes, que intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: …Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo… La autoridad de invocar el nombre del Señor Jesús, ha sido concedida únicamente a los creyentes. El nombre de Jesús, de ninguna manera puede utilizarse como una cosa mágica para lograr buenos o malos resultados. No existe ninguna garantía de poder cuando se pronuncia por capricho, particularmente en una situación en que se realiza alguna actividad religiosa formal. Sin embargo, cuando se invoca con fe en el poder del Espíritu Santo, puede esperarse que se manifieste su potencia y su gloria. Inherente al nombre de Jesús no está solamente su autoridad, sino la plenitud de su naturaleza y carácter. Así, cualquier oración ofrecida, o ministerio iniciado en el nombre de Jesús, debe estar de acuerdo con su ser y propósitos.

En la carta a los Romanos, a propósito de estos conceptos declamatorios, Pablo escribe en 2:13: …porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados… Es decir que, el repetir varias veces el nombre de Jesús, no nos asegura absolutamente nada. Hay gente que, al orar, cada tres palabras dicen “señor”, pero no es como reconocimiento a la autoridad y al poder de su nombre, son una simple manía verbal adquirida por el evangélico ejercicio de orar en público. Además, lo que Pablo da a entender debidamente aquí, es que tanto los judíos como los gentiles están bajo el juicio de Dios. Pero se diferencian unos de los otros en que los judíos poseen la Ley, mientras los gentiles no, aunque por naturaleza cumplen con algunas cosas estipuladas por la ley.

Mi Dios No Conocido ha dado a todas las personas desde la creación del género humano, el instinto moral, aunque el continuo reincidir en el pecado o una cultura que lo tolera, puede distorsionarlo. El caso es que esta gente será juzgada de acuerdo con la revelación que haya recibido. La norma para el juicio de los judíos será la Ley escrita; en el caso de los paganos, lo será la ley no escrita de la conciencia y la naturaleza. La salvación es la que induce al servicio. Es engañoso creer que el interés de Dios en que la gente asista a la iglesia es meramente que escuchen la Palabra, en lugar de experimentar una transformación de sus vidas que luego se traduzca en sus ministerios. Yo tengo certeza que Él determina que lo que debemos hacer sí o sí, es: más que repetir el nombre de Jesús, creer en su poder.

(24) = Cualquiera, pues, que oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.

(25) Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.

(26) Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; (27) y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.

(28) Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; (29) porque le enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.

Esta parábola de los constructores prudentes e insensatos, sirve como conclusión al mal llamado Sermón del Monte, e ilustra la absoluta necesidad de cumplir la voluntad de Dios; esto es, con lo que Dios nos ha dicho que hagamos. El texto da un ejemplo de construcción directamente emparentado con un símbolo claro y preciso en la figura de Jesucristo. Él es la Roca, así lo dice la Palabra, y solamente una vida fundamentada en Él puede soportar cualquier inclemencia que no es precisamente climática, sino relacionada con alguna crisis.

Sólo una duda: ¿Qué con la Arena? ¿Por qué el modelo de la Arena, pese a que en otro texto se habla de la Tierra? Porque en el caso de la Tierra, lo que nos está diciendo, es que no podemos fundamentar nuestra casa, que es nuestra vida, en nuestra carnalidad, eso es el polvo de la Tierra. Mientras que la Arena, que químicamente es una mezcla de pequeñas partículas de roca mezcladas con Tierra, implican la manía de tantos supuestos cristianos que intentan vivir una vida espiritual tomando una pequeña porción de Cristo y mezclándola con su carnalidad. No funciona. Porque Jesús, que estructuralmente no era nadie, tenía una autoridad que emanaba de su vida misma, no de los cargos eclesiásticos que tuviera. Por eso es que se maravillaban de su doctrina y no les parecía en absoluto similar a los clásicos religiosos de la época llamados escribas. Mi Dios No Conocido sigue diciendo y sostiene que: si nuestro fundamento no es Cristo, lo nuestro no es cristianismo.

(Mateo 8: 1) = Cuando Jesús bajó de la ladera de la montaña, lo siguieron grandes multitudes.

(2) Un hombre que tenía lepra se le acercó y se arrodilló delante de él. –Señor, si quieres, puedes limpiarme –le dijo.

(3) Jesús extendió la mano y tocó al hombre. –Sí quiero –le dijo–. ¡Queda limpio! Y al instante quedó sano de la lepra.

(4) Mira, no se lo digas a nadie –le dijo Jesús–; sólo ve, preséntate al sacerdote, y lleva la ofrenda que ordenó Moisés, para que sirva de testimonio.

Este es el modelo-Jesús. Este es el único modelo válido a imitar cuando queremos ministrar evangelio puro. Jesús caminaba y la gente lo seguía porque esperaba de él grandes cosas que ni siquiera imaginaba. Jesús jamás promocionó o hizo promocionar su tarea. Lo más parecido a eso fue lo que le dijo a los discípulos de Juan el Bautista, pero fue para que se cumpliese lo que estaba escrito en el Antiguo Pacto y no para hacer alarde de sus poderes. El leproso aquí es el protagonista central de un milagro de sanidad, pero también es un símbolo. Porque es como si le estuviera diciendo: Señor…soy tremendo pecador, pero si quieres, puedes limpiarme de mi pecado.

 A lo que él sin dudar le responde: Si, quiero, sé limpio. ¿Exagero demasiado si te digo que eso fue exactamente lo que Jesús ha hecho con cada uno de nosotros? ¿Y cuánto tiempo dice que tardó en sanarse? Un instante. Eso es lo mismo que tarda el Señor en aceptar tu confesión de pecado, asumir tu arrepentimiento, ejercer su perdón y proceder a tu restauración y limpieza total. Ese es mi Dios No Conocido. El que no niega su sanidad a nadie que se la pida con humildad y arrepentimiento. Y el que, además, no sale a publicitar ese milagro como eje central que garantice mucho público en la campaña que viene.

(5) Al entrar Jesús en Capernaum, se le acercó un centurión pidiendo ayuda.

(6) Señor, mi siervo está postrado en casa con parálisis, y sufre terriblemente.

Observa el detalle. Un centurión no era un militar cualquiera, era un alto rango y persona de valía e importancia suma. Eso hacía que una gran mayoría de ellos, mirara casi por sobre su hombro a las personas, ya que el grado de poder y cierta omnipotencia que el imperio les otorgaba, los hacía sentirse poco menos que dueños de la vida y la muerte de todos los que dependieran de su vigilancia y guardia. Un hombre de estas características, se encuentra con un joven no mal vestido, pero tampoco con imagen de poderoso, y lo que discierne en Él, lo lleva a llamarlo nada menos que Señor. El señorío que el centurión vio en Jesús, estaba muy por encima de armas y organizaciones bélicas, tenía que ver con un poder que estaba por fuera y por encima de todo poder conocido.

(7) Iré a sanarlo –respondió Jesús.

(8) Señor, no merezco que entres bajo mi techo. Pero basta con que digas una sola palabra, y mi siervo quedará sano.

(9) Porque yo mismo soy un hombre sujeto a órdenes superiores, y además tengo soldados bajo mi autoridad. Le digo a uno: ‘Ve’, y va, y al otro: ‘Ven’, y viene. Le digo a mi siervo: ‘Haz esto’, y lo hace.

(10) Al oír esto, Jesús se asombró y dijo a quienes lo seguían: –Les aseguro que no he encontrado en Israel a nadie que tenga tanta fe.

(11) Les digo que muchos vendrán del oriente y del occidente, y participarán en el banquete con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos.

(12) Pero a los súbditos del reino se les echará afuera, a la oscuridad, donde habrá llanto y rechinar de dientes.

(13) Luego Jesús le dijo al centurión: –¡Ve! Todo se hará tal como creíste. Y en esa misma hora aquel siervo quedó sanó.

Aquí queda claro un principio que luego será una constante en todo el ritmo del evangelio. No interesa el tiempo que lleves practicándolo, formando parte de sus mejores estructuras o, incluso, proclamándolo, enseñándolo, predicándolo. Tú eres parte activa de los que ya estaban incorporados, pero eso no te garantiza nada. Un día vendrá gente de los cuatro puntos cardinales del país, del mundo, entrarán al evangelio con la potencia con que ingresan todos los novatos y, al poco tiempo, yo te aseguro que, si no te esmeras, ellos levantarán altura como las águilas y tú te quedarás especulando lo que tantos veteranos especulan: cuanto permiso te puede dar Dios para coquetear con el mundo. Ni lo sueñes. Aquí Jesús lo explica con toda claridad.

(14) Cuando Jesús entró en casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre.

(15) Le tocó la mano y la fiebre se le quitó; luego ella se levantó y comenzó a servirle.

(16) Al atardecer, le llevaron muchos endemoniados, y con una sola palabra expulsó a los espíritus, y sanó a todos los enfermos.

(17) Esto sucedió para que se cumpliera lo dicho por el profeta Isaías: ‘Él tomó sobre sí nuestras enfermedades y cargó con nuestras dolencias.

Este relato, que no por breve no resulta muy explicativo, nos muestra que Jesús prácticamente fue a pasar el día a la casa de Pedro. De lo que rescatamos algunos pormenores que luego no serán ampliados. Pedro era casado, tenía una esposa y muy probablemente también hijos, además de esta suegra que vivía con él en su casa. La Biblia no hace mención a todo esto en lo sucesivo. Algunos historiadores han determinado en base a sus investigaciones, que la esposa de Pedro acompañaba al grupo de Jesús predicando el evangelio junto con ellos, cosa que no puedo conformar ni corroborar, aunque no tengo por qué no creer que así haya sido.

 Lo cierto es que lo que aquí siempre se consignó, fue la sanidad de la suegra de Pedro, pero casi no se hace mención de la liberación con una sola palabra, de todos esos endemoniados y de lo que serían, más adelante, nuestras propias dolencias. Además, también nos deja la información no menor respecto a que la fiebre no siempre es un síntoma de una infección, sino que en casos puede ser ocasionada por demonios. Esto hace que mi Dios No Conocido me haga saber que para sanar o liberar, no necesitamos horas de batalla, sino que, con la potencia del Espíritu Santo en nuestras vidas, con una sola palabra es suficiente.

(18) = Viéndose Jesús rodeado de mucha gente, mandó pasar al otro lado.

(19) Y vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.

(20) Jesús le dijo: Las zorras tienen guarida, y las aves del cielo nidos; más el Hijo del Hombre no tiene donde recostar su cabeza.

(21) Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre.

(22) Jesús le dijo: Sígueme, deja que los muertos entierren a sus muertos.

Lo primero que habrá que tener en cuenta aquí, es que quien se acerca ofreciéndose para seguirle, es un escriba, esto es: un religioso. Un hombre acostumbrado a obedecer a líderes preestablecidos sin más costo que el de su obsecuencia. Jesús, en dos palabras, le deja en clara evidencia que su óptica para las cosas de Dios, tiene un derrotero totalmente diferente al de los sacerdotes, fariseos, conductores de la única iglesia organizada de ese tiempo. La otra cosa para tener en cuenta es que, como toda persona acostumbrada a sacar ventajas de los estamentos considerados importantes, este escriba llegó a la presencia de Jesús váyase a saber mediante qué estratagema, ya que en el primer verso se nos dice que, al verse rodeado de mucha gente, (Quizás demasiada para el gusto por el perfil bajo que tenía Jesús) Él mandó pasar al otro lado. Y es a ese otro lado, no se sabe ni se dice mediante qué estrategia, que llega este religioso a ofrecer sus servicios.

Lo que Mateo está haciendo aquí, es relatar dos severas enseñanzas que ilustran la verdadera exigencia del también verdadero y genuino discipulado, que no es como muchos han pretendido enseñarnos, una simple cuestión de sujeción pastoral. Ese principio, en todo caso, era el que traía en sus alforjas el escriba, pero Jesús le dejó bien en claro que la cosa iba mucho más allá. Porque es notorio que Jesús no tiene en cuenta en absoluto el fervor momentáneo, que casi siempre es mero producto de alguna clase de impacto emocional. ¿Nunca te ocurrió que, en el marco de una buena reunión, con el fervor altamente desatado, el pastor hace un llamado, – por ejemplo -, para ir a trabajar con los enfermos de patologías riesgosas, en un hospital, y tú levantas la mano sin pensarlo dos veces y luego, cuando ya todo está consumado, empiezas a sentir que se te fue la mano con tu amor al servicio, y que en realidad no estabas preparado para realizar eso?

Lo de los muertos, mientras tanto, tiene que ver con una de las excusas más frecuentes en los hombres que de alguna manera intentan sacarle el cuerpo al servicio: sus obligaciones familiares. Por un lado, Jesús le está diciendo a este hombre con toda claridad que así tuviera que asistir al sepelio de su padre, ese no sería obstáculo para dejar de cumplir con la voluntad de Dios. Pero con la profundidad que siempre manifiesta el evangelio en todo su contexto, está en paralelo la otra visión, la que habla de que es menester que los creyentes se ocupen de las cosas espiritualmente vivas, y posterguen a un segundo plano todo aquello que provenga del sitio donde viven los espiritualmente muertos. En algo es más que claro mi Dios No Conocido: La hermandad genuina no es una cuestión de afectos o membresías, es un tema de unidad en espíritu.

(23) Y entrando él en la barca, sus discípulos le siguieron.

(24) Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía.

(25) Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos!

(26) El les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza.

(27) Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?

¿Qué hombre es este que tiene esta tremenda página web que tanto impacto ha producido en nosotros?, y si… Lo he escuchado a eso, ¿Sabes? Me ha tocado leerlo en más de un correo, también. He podido incluso escucharlo en alguna conversación telefónica, ¿Sabes qué? El mismo espíritu. El mismo espíritu que Jesús reprendió allí, recién despertado de su tranquilo sueño por ese grupo de hombres que lo único importante que pensaban, era en seguirlo, porque con él se estaba bien y se tenía cierto prestigio por extensión. Así es que…

Hermanitos y hermanitas mías de mi corazón, los amo. ¡Ustedes no tienen una idea de cómo los amo y todo lo que hago para darles de lo mejor que pueda! Pero… ¿Puedo pedirles un favor? No me miren a mí¡¡¡Miren a Cristoooo!!! Es un espíritu, no es la gente. Es el mismo Satanás, que tanto puede lograr que alguien que te escucha un día salga a decir que eres una voz diabólica, como al principio algunos decían de mí, o que, pasado el tiempo, los mismos salgan a decir con toda tranquilidad que eres el Moisés de este tiempo, sacando a su pueblo de la cautividad religiosa. Compro esto último, pero para que sea para la gloria de Dios, jamás para la mía personal.

(28) Cuando llegó a la otra orilla, a la tierra de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, feroces en gran manera, tanto que nadie podía pasar por aquel camino.

(29) Y clamaron diciendo: ¿Qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo?

(30)  Estaba paciendo lejos de ellos un hato de muchos cerdos.

(31) Y los demonios le rogaron diciendo: Si nos echas fuera, permítenos ir a aquel hato de cerdos.

(32) El les dijo: Id. Y ellos salieron, y se fueron a aquel hato de cerdos; y he aquí, todo el hato de cerdos se precipitó en el mar por un despeñadero, y perecieron en las aguas.

(33) Y los que los apacentaban huyeron, y viniendo a la ciudad, contaron todas las cosas, y lo que había pasado con los endemoniados.

(34) Y toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando le vieron, le rogaron que se fuera de sus contornos.

Aquí hay un detalle muy importante para todos esos hombres y mujeres que gustan tanto de andar en los terrenos de la guerra espiritual. Yo sé que eso es necesario incluso dentro de la iglesia, lo sé y he sido testigo de algún ministerio impresionante en mi país en esa área, pero también sé que hay muchos que lo cultivan y lo estudian porque creen que eso les da más valor, más importancia dentro de la iglesia o más “chapa”, como decimos en mi patria cuando alguien quiere obtener credenciales de persona VIP. Lo que aquí se te está mostrando con claridad, que no existe tal cosa como cristianos saliendo a cazar demonios al amanecer. Los cristianos no buscan a los endemoniados para liberarlos, son estos los que se acercan a nosotros buscando ayuda.

Esa actitud, es la que te deja bien en claro que sienten que están poseídos o perturbados, y saben que nosotros podemos darle ayuda y salida, que es muy distinto a que, aun sabiendo que están tomados por espíritus pervertidos, no solo se acostumbran a convivir con ellos, sino que incluso llegan a necesitarlos. Eso ya es grave y los deja afuera de cualquier solución. Nadie puede ser obligado a hacer lo que no quiere hacer, porque hacerlo, sería manipulación. Y tú ya sabes que cualquier forma de manipulación, es Hechicería. Y no puedes liberar a nadie de ningún demonio a partir de un acto de hechicería. Está más que claro, dice que vinieron a su encuentro dos endemoniados. O sea que ya lo sabes: Jesús nunca fue a los cementerios a buscar demonios. Nuestro Dios No Conocido, en este punto, es claro cuando nos dice: Hijos; nunca hagan buscando servirme, algo que yo no hice ni les mandé que hagan.

El primero y el último. Reflexiona muy seriamente en esto que has leído. Viene a tu ciudad, pueblo o aldea, un hombre que se encuentra con un par de endemoniados y los libera, permite que los demonios se metan en un montón de alegres cerditos y estos se hacen pomada contra las rocas, allá abajo, porque les agarra un ataque de locura y se suicidan. Está bien, los cerdos eran el patrimonio económico más importantes que tenían los gadarenos para su subsistencia diaria, pero… ¿Eso tenía que justificar la reacción de la mayor parte de la gente que, en lugar de ponerse feliz por la recuperación de esos dos jóvenes endemoniados o enfermos, y por lo tanto perdidos, eligen expulsar de su región al que los liberó porque se metió con sus intereses particulares?

Obvio que no lo justifica, sin embargo, hoy sigue siendo más que vigente. ¿O no has escuchado que en algunos lugares “santos” a nuestra Web se la denuncia como doctrina satánica y se alerta a la gente para que no la escuche ni la lea, porque seguramente si lo hace eso los llevará al infierno? Creo que una vez más, la única defensa que podamos adoptar, será la que es posible. Primero, recordar que a Jesús mismo lo llamaron Belzebú, cosa que ya nos debería dejar más que tranquilos, y segundo, que nuestro Dios No Conocido sigue proponiéndonos que, ante cualquier duda, miremos los frutos y sigamos la guía del Espíritu Santo. Él no se equivoca.

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Mensaje al Nuevo Tiempo

Carta a los Hebreos, capítulo 7, comenzando desde el primer verso: Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo, (2) a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz; (3) sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre. (4) Considerad, pues, cuán grande era este, a quien aun Abraham el patriarca dio diezmos del botín.

Lo primero que debemos observar de este texto, es cuan grande es este hombre llamado Melquisedec, que aparece quinientos treinta años antes de la ley, y sin embargo determina en los lomos de Abraham darle los diezmos de todo el botín que había obtenido. De esa manera invierte en su propia destrucción, ya que él no es solamente pre-levítico, apareciendo quinientos treinta años antes de la ley, sino que también es post-levítico, operando en un sacerdocio que no comienza hasta dos mil años después. Es evidente que Abraham operaba en algo interno, y de convicción también interna, haciéndolo según el orden de Melquisedec. De hecho, sabemos que la ley no es eterna, sino algo temporal, un paréntesis, dentro del plan original de Dios.

Nunca fue plan de Dios que existieran sacerdotes carismáticos. Él, lo que quería, era que hubiera sacerdotes gubernamentales. Un reino de sacerdotes. Esto tiene que ver con lo que encontramos en Éxodo 19, donde el plan original cuando salen de la tierra de Egipto, Dios los reúne y comienza a hablarles. En el verso 4 dice: Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí. (5) Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, Nota que aquí comienza con los requisitos. Número uno, si oyeres mi voz. Número dos, si guardas mi pacto. Son las dos condiciones que Él le puso a Israel. Toda profecía es condicional. Toda profecía es condicional. Hay gente que anda por allí sentada esperando que se cumpla una profecía.

Pero resulta ser, reitero, que toda profecía es condicional. Cuando la voz de Dios se topa con la voluntad del hombre, el hombre tiene que alinearse sí o sí con la voz de Dios o, en caso contrario, anula la profecía. Es muy cierto que tú tienes una cierta cantidad de libre albedrío y, por esa razón, Dios jamás va a obligarte a hacer nada. De todos modos, la profecía mesiánica ocurre con o sin tu ayuda. Pero cuando la profecía tiene que ver con una generación, con una familia, con una iglesia, con una gente, o contigo individualmente, siempre es condicional, aunque esa condición a simple vista no se esté viendo. Siempre habrá un si haces esto, yo hago aquello, dentro de lo que Dios dice.

Por eso dice el verso 5: Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. (6) Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel. Y no es casual ni circunstancial, esa profecía se cumple en Pedro, donde dice vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa. Son las tres cosas que le prometió a Israel. Israel abortó la promesa porque, en principio, no oyó la voz d Dios. Le dijo a Moisés que no querían oír su voz. ¡Sube tú al monte y habla con Él! Y luego ven tú y habla con nosotros. Rompieron el primer requisito.

Luego les dijo que guardaran su pacto. Más adelante vamos a ver que Moisés quiebra las tablas del pacto, mostrando externamente lo que el pueblo ya había hecho internamente. En síntesis: no oyeron su voz y tampoco guardaron su pacto. Entonces ¿Qué pasó? Pasó que la profecía se trasladó. ¿Dónde? A todos ustedes que hoy me están escuchando. Una generación que sí tiene que ser un reino de sacerdotes. Melquisedec es un orden que tiene dos oficinas dentro de si: reyes y sacerdotes. A diferencia del orden Levítico, donde eras rey o eras sacerdote. Nunca ambos oficios en un solo hombre. Pero viendo a Melquisedec, que ostentando su rango, se permite en una simple aparición, afectar a dos mil años de generaciones, operando en un sacerdocio gubernamental o en un gobierno sacerdotal.

Y todo eso, con los dos oficios dentro de sí mismo. Hay que recordar que de esta misma manera operaban los patriarcas. Eran mediadores entre los hombres, pero al mismo tiempo eran padres de la nación. Tenían gobierno. Es algo que se impone de manera absoluta volver a traerle a la iglesia genuina, simplemente porque este es el tiempo en que eso es totalmente necesario. No olvidemos que la eternidad, por ejemplo, más allá de ser algo que prevalece para siempre, también es la habilidad de vivir más allá de las limitaciones que el tiempo provee. Puedes vivir dentro del tiempo y ser relativo al tiempo, y sin embargo pese a eso, estar conectados a la eternidad.

O sea: los recursos, la revelación, tu habilidad, tu mentalidad, provienen de un ámbito que está mucho más allá del perímetro que está cubierto por algo que se llama muerte. Porque la muerte, tengo que advertirte, es algo más que tu cuerpo cese de estar vivo. Muerte, también, es todo lo que te mata día a día. Muerte, también es de depresión, de opresión y de presión, así como de enfermedad, limitación, cautiverio, limitación mental. Todo lo que nos limita de expresar u optimizar nuestro potencial dado por Dios. Todo eso, aunque a primera vista no se vea y hasta pase desapercibido, también es parte de la muerte. Dice Romanos que por un hombre entró el pecado al mundo y, por ese mismo hombre, todos mueren.

Estás viviendo en una especie de manto, donde imaginando algo que no es así pero que todos piensan que sí lo es, imaginando que el cielo está arriba, y la tierra está abajo. Y no me estoy refiriendo a la atmósfera, sino a la dimensión de la morada de Dios, entre esa morada de Dios y la morada del hombre, hay un velo. Que se llama Muerte. Es el velo que no te deja vivir en la otra dimensión. Sin embargo, es imperativo recordar que Cristo atravesó ese velo por todos nosotros. Eso fue para que tú, estando de este lado del velo, puedas tener acceso a esa dimensión y puedas vencer otra dimensión. Eso se llama sacerdocio eterno. Que no tiene nada que ver con ese sacerdocio temporal y limitado que conocemos.

Eso tiene que ver con la muerte y como tienes poder para vivir más allá del velo de la muerte. Mira lo que te dice Hebreos 2: 14-15 al respecto. Toma nota y no te lo olvides nunca: Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. Presta mucha atención que lo que cautiva al hombre, es el temor de la muerte. Por eso es que, si no le temes a la muerte, no hay ni habrá nada en la tierra que te limite. Y entonces ya no estarías cautivo de nada.

Si el pueblo de Dios entendiera de una vez y para siempre que en Dios no hay muerte, nadie más estaría cautivo de ese temor y del enemigo. Porque conviene aclarar que, el enemigo lo que utiliza y bastante bien, es la ilusión. El mundo fantástico. Es lo mismo que si estuvieras transitando por un desierto, muerto de calor y descompuesto de sed, y de pronto creyeras que estás viendo un mar de aguas cristalinas y frescas. Ilusión. Y muchos, por temor a que eso sea real, puede llegar a vivir en cautiverio toda la vida. Dicho EN Cristo, la muerte no existe. El hombre es eterno. Si el hombre cree eso, nada lo puede parar en la tierra. ¿Qué demonio va a detener a un hombre que ya está muerto?

El que sufre cuando tú te mueres, es tu vecino. Dios no sufre, ni tú tampoco. Lo único que dejas es ese caparazón que usas aquí abajo. Estar fuera del cuerpo es estar presente con Él, ¿Recuerdas?  Él nunca te perdió y tú nunca sentiste dejar de ser tú. No dejas de existir. De acuerdo a muchas experiencias confiables, la realidad es que te sientes más libre. Porque al no estar más atado a un cuerpo, tienes mayor libertad de expresión. El que sufre es el vecino. Y si ese vecino vio la luz y entiende para donde te vas, tampoco sufre. El tema es cuando te mueres sin estar con Dios, allí si tienes un problema. Porque el infierno, más allá de todo lo que podamos saber o imaginar, en realidad es una eternidad sin Dios.

Y a eso, creo que nadie lo ha experimentado. Porque aun cuando éramos pecadores, Dios estaba allí. Yo mismo tengo por lo menos tres o cuatro testimonios de mi vida para asegurarte que Dios a mí me cuidó en tiempos donde yo estaba lisa y llanamente entregado a la vereda de enfrente. Él conocía mi corazón mejor que yo mismo. Pero, el infierno es un lugar en donde Dios no existe. Es un tormento eterno. Y a eso no lo conocemos, todavía. Y más te vale que nunca lo conozcas. El que está allí desea morir y no puede morir porque ya murió. A eso se le llama muerte, al deseo de poder morir y no lograrlo. Eres eterno, entiéndelo. Salvo o no salvo, igualmente eres eterno, así hemos sido creados, diga lo que diga la ciencia y sus eruditos.

Puedes decírselo a quien quieras y no vas a mentirle. El hombre es eterno. O te plantas delante de un incrédulo o escéptico y le dices con total y absoluta confianza, seguridad y autoridad: Yo soy eterno. Y lo que dice Hebreos, justamente, es eso: que por temor a la muerte, estuviste cautivo todo el tiempo que estuviste en tu cuerpo. El orden de Melquisedec es un orden que nos trae a una dimensión en la que, estando en el cuerpo, no estamos limitados por él. Es el sacerdocio que Dios siempre quiso tener. Que no es el mismo que el que tuvo que introducir y permitir porque no quisieron oír su voz. Ese fue temporal. La iglesia todavía hoy opera como si no quisiera oír su voz.

Que ritos, tradiciones, divisiones entre laicos y ministros, debatiendo sobre modos y formas, sobre rangos y credenciales como si jamás hubieran leído sus biblias donde dice que somos un reino de reyes y sacerdotes, y todos, todos, todos ministros competentes. Y si llegan a ser sacerdotes, no son gubernamentales. Dios mío que se haga tu voluntad, aleluya mi alma te alaba. Eso suena religiosamente bien, pero no tiene gobierno alguno. Esa, en todo caso, es una buena oración civil. Pero nunca una oración de un guerrero militante. El problema es que, en tiempos de guerra, las oraciones civiles te mantienen cautivo. ¡No te entristezcas! Sólo permítete cambiar y entrar en una nueva dimensión espiritual. No apoyes gobiernos humanos. ¡Sé gobierno!

Este es un sacerdocio que deja más que en evidencia su lealtad, que aunque era relativo a todos los tiempos, su lealtad no era al tiempo, sino a la eternidad. De manera que fue relativo a todos los tiempos, no importa cuanto cambiaran las cosas en cada tiempo. Él siempre se mantuvo relativo en todos los tiempos. Relativo en el pentecostés, relativo en el mover carismático, relativo en el mover de la fe, relativo en el mover de la prosperidad, relativo en el tiempo de reino, relativo en el tiempo apostólico, pero fiel a ninguno de ellos. Yo no soy fiel al moer profético, yo no soy fiel al mover apostólico o a la palabra de reino. Yo soy fiel y leal a la eternidad y a la perspectiva eterna de Dios.

Si mañana Dios habla de algo que es superior a lo apostólico, seré fiel a eso. El orden de Melquisedec está por encima del apostolado de la iglesia. El menor en ese orden, es mayor que el mayor apóstol de la iglesia.  Esto no es algo que sea para líderes, esto es algo que la mentalidad que tiene, asimila la iglesia en el tiempo que estamos viviendo. Tú ya sabes que eternidad es la palabra eion, que tiene que ver con ei, que significa ser relativo a, y ion que significa lo último de la edad o la eternidad. Es un sacerdocio continuo, un sacerdocio que transfiere, transporta y sostiene la responsabilidad ministerial. Que no tiene destrucción o fin. Es eterno en ese sentir. La posteridad de este sacerdocio, continúa.

Fíjate que, habiendo cambio de sacerdocio, se imponía que también hubiese un cambio de ley. Era imposible cambiar el sacerdocio y operar sobre los mismos principios. Cuando el levítico operaba como sacerdote, su vida era dominada por la ley de Moisés. Qué comían, qué no comían, a qué hora se levantaban, quien trabajaba, quien no trabajaba, dónde vivía cada tribu, si al este o al oeste del tabernáculo, o al norte, al sur, donde vivían relativos a la ley. Qué tenían relativo a la ley. Quien, y como se vestía, también era relativo a la ley. Toda la vida de Israel estaba gobernada por los principios de la ley. Y, obviamente, existía un sacerdocio que era relativo a la ley que los gobernaba.

Entonces ahora, tras un cambio de sacerdocio, tras la orden de Melquisedec, entonces cómo vives, como vistes o como comes, quien eres, qué dices, cuáles son tus prioridades, también cambian por los principios del orden de Melquisedec y no del orden levítico. Tenemos que asumir ese cambio. Cuando hablamos de reforma, recuerda que quien está siendo reformado eres tú. No tu pastor. Todos estamos siendo reformados. Vivimos siendo relativos al tiempo y eternos a la misma vez. Como vemos en Juan 3:13, en que Cristo le dice al hermano Nicodemo: Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo. ¿Cómo es posible estar hablando con Nicodemo y estar en el cielo? Y, es fácil. Con los pies sobre la tierra y la mente en lo divino.

El cielo es una dimensión de donde extraemos nuestros principios de vida. Es la Jerusalén de arriba, pero que mora abajo. No es un cubo que está en el cielo. La mayoría de la iglesia está tan confundida en eso, que no tienen destino. Sólo existen, no viven. Están esperando hace años que suceda algo que nunca va a suceder. Sólo existen. Entran y salen del templo como en el tiempo de Zacarías y la presencia de Dios no estaba. No había Dios, pero ellos entraban y salían del templo como si Dios estuviera allí. Llevando incienso, pero no había arca. No había presencia. El arca es mucho más que la caja de Dios. El arca representa el gobierno de Dios. Una iglesia sin arca, es una iglesia sin gobierno. De esas, hay miles en este planeta.

Sin gobierno. Y decir gobierno no significa ser autoritario. Gobierno es algo que emana de tu persona y que demanda sumisión. Sin palabras, y mucho menos con manipulaciones humanas, emocionales, sociales o materiales. Gobierno es un entendimiento, es una sustancia que afecta el comportamiento de otra gente. Que debe existir en el sacerdocio de este tiempo. Lleno de amor, si, pero gubernamental. Es el amor del Padre en la iglesia. No el de la madre. La iglesia se ha comportado como novia, pero lo que estamos construyendo, es un varón, no una novia. Se llama el varón perfecto, no la novia. El género de la iglesia está cambiando. De femenino, donde todo es te amo y te amo, tanto que de pronto hasta amas al diablo. Todo emocional, como es normalmente con una mujer sin cobertura. Parece machista lo que digo, pero no le hace, es bíblico.

Si. eres mujer, te pido que digas amén a esto, aunque se te partan los labios. Pero es normal, fuimos creados así. Sin embargo, aunque todas las estructuras modernas digan otra cosa, lo que Dios sigue deseando crear en la iglesia, es un varón perfecto. Que no es algo sin errores, es algo maduro. Eso es perfección; madurez. Pero un hijo, no una hija. Adhiero a la inclusión y a la equiparación de todos los roles diferenciados por género, pero no puedo ni debo dejar de decir la verdad, aunque parezca una verdad en desuso. No le hace. Sigue siendo verdad. Somos novia en la intimidad y sólo en la intimidad. Pero, también debo reconocer que, si fuéramos a ser novia en la intimidad, tendría que decirte que tampoco hemos sabido ser novia.

Porque lo que tenemos es una relación de atrio exterior, y de cortejar a Dios. Y no tenemos intimidad de compromiso. Lo máximo que hacemos es visitar a Dios el domingo y ver si nos regala un mimo que nos haga erizar los cabellos. Pero eso no dice que sepamos vivir en esa habitación interna, detrás del velo con Dios siete días a la semana. Eso te deja en evidencia que novia, tampoco hemos sabido ser. Y no por falta de tiempo, entiende. Tuvimos a favor todo el mover carismático que lleva como mil años en la iglesia. Y todavía hay gente que cuestiona si Espíritu Santo sí o no, si lenguas sí o no, si milagros sí o no. Pero a la hora de cantar en público, a más de uno se le aflojan las medias de la emoción. Y no te lo estoy diciendo a ti, se lo estoy marcando a la iglesia en general.

La iglesia está cambiando. Así que hay un cambio de ley, hay un cambio de sacerdocio. Y que Abraham fue justificado no por obras externas, sino por una convicción interna. Y allí es donde llegamos a percibir las condiciones o la atmósfera en donde aparece este sacerdote. Y estamos tratando de conseguir esa atmósfera, para que nosotros podamos interpretar o discernir los tiempos en que estamos viviendo. Escucha esto. Escucha bien y medítalo. Cuando Dios empieza a hablar de ciertos temas en la Biblia, es porque está por materializarlos. Todos estos son sellos que estaban ocultos y sellados hasta hace pocos días. Nadie sabía quien era Melquisedec. No apareció con credenciales de la sinagoga. Como tampoco las tenemos hoy tú, yo y todos los osados que os atrevemos a ir más allá de una letra escrita sin revelación.

Lo que todos podemos decir es que era rey de Salem, pero fíjate que hasta ahora, en lo que llevamos de este trabajo, yo ni te he mencionado que era rey de Salem. Y encima nos quieren hacer creer que fue sólo una teofanía. De ninguna manera. Estamos entrando por a palabra llamada Melquisedec y la estamos usando como una ventana y lo estamos madurando en la cibernética bíblica y lo estamos descubriendo como una dinámica operativa de un sacerdocio que incluye gobierno. O sea: un sacerdocio que sacrifica gubernamentalmente y un gobierno que gobierna por sacrificio personal. Y de ninguna manera una manipulación autoritaria y necia. Un gobierno que lidera por sacrificio personal y un sacerdocio que ministra con gobierno en su vida.

No un sacerdocio almático y un autoritario ignorante que actúa como gobierno. Son, reitero, dos oficinas de distinto oficio operando en un solo hombre, produciendo una combinación que crea una nueva especie que ha sido dada en llamar como Real Sacerdocio. La palabra dice que estamos siendo visitados para ser. Ese es tu destino. UN tipo de persona en la tierra, que tiene las combinaciones operativas que mucha gente normal no tiene. Que gente limitada por el tiempo, no tiene. Que gente que piensa en enfermedades, no tiene. Que gene que está con temor a la muerte, no tiene. Esta gente es libre dentro del sistema babilónico. No le puede ni cambiar el nombre, como Daniel. Viviendo con Satanás y no le pudieron cambiar el nombre.

Eso es lo que queremos. Gente dentro del cuartel general de Satanás que, cuando alguien necesite hablarle, le pida permiso. Nada de esto es ciencia ficción, ¡Se puede! Es tiempo de una iglesia gubernamental, de oraciones gubernamentales y de guerra gubernamental. La era de ir a un templo a que te acaricien el alma, ya pasó, Hoy es otra cosa. Hoy es otra forma de hacer iglesia. Hoy es otra guerra. Es reino contra reino, no hombre contra demonio. La etapa individualista está terminándose. Es con todo el cuerpo o no es. Ninguna guerra es ganada por un dedo o por un pie. La gana el cuerpo completo o es guerra perdida.

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Siempre Será Por Nuestros Frutos

Recuerdo cuando era un niño en edad de escolaridad primaria, (Transitando por el cuarto o quinto grado, más o menos), se usaba mucho jurar por algo que querías que tu compañero o compañera de clase se creyera, y entonces jurabas, para darle mayor credibilidad y validez a lo que querías decir. Como no sabíamos por qué jurar para darle mayor seriedad y solemnidad al juramento, lo hacíamos haciendo con nuestro dedo índice de la mano derecha, una especie de cruz contra nuestros labios y lo besábamos. Decir “te lo juro” y luego el chuick chuick, o smack smack, (Onomatopeyas de besos), de ese posar de labios en el dedo haciendo esa cruz sobre nuestra boca, era un juramento para creer. Nadie nos dijo ni nos enseñó que eso no era correcto. Nadie nos dijo que, al jurar por Dios, (Aún algo que no era del todo cierto), nos metíamos en un lío sin saberlo, porque estábamos jurando, precisamente, por aquel que no se mostraba feliz por eso. Mucho más adelante llegaría esa información, cuando para algunos ya era no demasiado temprano…

(Mateo 5: 33) = Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos.

Los fariseos elaboraron complicadas reglas sobre los juramentos, y sólo los que invocaban el nombre divino eran obligatorios. Jesús enseña que un juramento obliga independientemente de la fórmula que se utilice. Su uso es superfluo pues la palabra dada debe ser más que suficiente. Jurar, en todo caso, equivale a confesar que no siempre decimos la verdad. En Levíticos 19:12 leemos: Y no juraréis falsamente por mi nombre, profanando así el nombre de tu Dios. Yo Jehová. Otra, en cambio, es la óptica que se lee en Deuteronomio 23:21, cuando dice: Cuando haces voto a Jehová tu Dios, no tardes en pagarlo; porque ciertamente lo demandará Jehová tu Dios, pagando la ofrenda voluntaria que prometiste con tu boca.

(34) Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; (35) ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey.

(36) Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello.

(37) Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.

Es bastante curioso, que, en la mayoría de las naciones, los diferentes gobernantes de los distintos sistemas gubernamentales, inician sus funciones, precisamente, a partir de un juramento formal que, en una enorme mayoría autodenominada “cristiana”, se efectúa colocando una mano sobre una Biblia. En una ocasión le comentaba esto a un pastor, y le decía que no me asombraba tanto que eso sucediera aquí, en la Argentina, ya que el supuesto cristianismo de su gente pasaba más bien por una iglesia oficial que no brindaba enseñanza alguna a sus feligreses, pero que sí no dejaba de asombrarme que también se realizara en países de alto nivel de creyentes e, incluso, participando algunos de ellos en esos juramentos. Este pastor me dijo algo que supongo para él era una verdad insoslayable, pero que a mí no me llenó ni me convenció. Me dijo: Ellos juran porque saben muy bien por lo que juran. Y luego cumplen”. La historia a mí me dice que no siempre ha sido así y que, en último caso, no tienen ninguna obligación de hacerlo. Mi Dios No Conocido es inflexible en eso, y me temo que su pueblo, en cualquiera de todas esas expresiones que dicen honrarlo, no siempre.

(Mateo 5: 38) = Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente.

La ley del talión, de esto es de lo que Jesús está hablando aquí, no pretendía de ninguna manera alentar la venganza personal, sino proteger al ofensor de un castigo más severo que el que merecía su ofensa. Jesús prohíbe la venganza al insistir sobre las actitudes positivas al enfrentar el mal que nos llegue en forma de un insulto personal, una acusación legal, y peticiones de préstamos y ayuda.

(39) Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra.

Aquella vieja manía, casi lindando con la herejía, de elaborar doctrinas a partir de un solo verso, se ha tomado de este para darnos a los creyentes una pálida imagen de personajes débiles, cobardes y pusilánimes. Y lo hicieron sin darse cuenta de sus propias incoherencias, ya que, si bien primero enseñaban literalmente este mandamiento, condenando a la gente a padecer las ocurrencias despóticas de cualquier bestia andante, luego aseguraban que en Cristo éramos más que vencedores, no observándose como, de esa imagen derrotada y perdida, podía salir algo parecido a una victoria. El Proverbio 24:29 da una pista al respecto cuando dice: No digas: como me hizo, así le haré; daré el pago al hombre según su obra.

Pablo, asimismo, en su carta a los Romanos 12:17 coincide con la antigua enseñanza y principio básico: No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Y el verso 19, agrega: No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. A los Corintios, en la primera carta 6:7: Así que, por cierto, es ya una falta en vosotros que tengáis pleitos entre vosotros mismos. ¿Por qué no sufrís más bien el agravio? ¿Por qué no sufrís más bien el ser defraudados?

Esto implica una realidad: todo creyente debería estar libre de actitudes mezquinas, al punto de elegir soportar antes que cometer un agravio. Una pérdida moral es mayor que cualquier ganancia material. Y también Pedro alude al asunto cuando, en su primera carta 3:9, señala que: …no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredasen bendición. Quiero recordarle que, entre otras acepciones, la palabra “bendecir” significa bien decir, decir algo bien de otro u otros, que es lo contrario a hablar mal, que es “mal-decir”.

(40) Y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; (41) y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos.

(42) Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.

Cuando en el verso 41 dice que cualquiera que lo obligue a llevar una carga, esa palabra, obligue, es la palabra griega angareuo, y es un verbo derivado de la lengua persa, que describe a un mensajero que posee autoridad para impeler a la gente al servicio público. La palabra poseía el mismo significado en tiempos del Nuevo Testamento, cuando denotaba el privilegio de los oficiales y soldados romanos de obligar a una persona y a los miembros de su familia, a prestar un servicio, usualmente sin aviso previo, con sus caballos y equipos. Como podemos ver, la connotación de esta obligación tiene mucho más que ver con una carga pública establecida que con un acto de autoritarismo inconsistente. De todos modos, el contexto general de este pasaje, nos deja indeleble que nuestro Dios No Conocido sigue diciendo al que quiera oírle que es imperativo para un miembro de Su Reino, No reaccionar mal ante la ofensa, ni conducirse con ánimos de venganza.

(43) Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo.

(44) Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen.

El correcto significado de la palabra enemigo no se limita a cualquiera que no nos gusta. El mandamiento a amar a nuestros enemigos significa mucho más que simplemente cambiar nuestros sentimientos acerca de la gente con la cual no nos llevamos bien. Más bien, enemigo, (En griego la palabra echthros) significa adversario, y se refiere a aquellos cuyas acciones y palabras manifiestan odio hacia ti; el familiar o el allegado que ya no quiere hablarte, el compañero de trabajo que quiere que te despidan porque no te soporta, o porque simplemente desea quedarse con tu posición. Se nos manda a amar a quienes nos tienen animosidad. Jesús no deja lugar para la especulación en este pasaje, sino que nos manda a amar a los que nos aborrecen, nos desprecian y nos persiguen. Semejante amor es posible únicamente a través del poder de Jesucristo, quien amó de esa manera, y quien busca ahora vías a través de las cuales demostrar su amor a quienes lo odian asediando a discípulos como tú. Y en la continuación de este texto, Él lo explica debidamente:

(45) Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.

(46) Porque si amáis a los que os aman, ¿Qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos?

(47) Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿Qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles?

(48) Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

Aquí hay algo que es concreto y específico. Tú deberás amar porque así lo has decidido, no por causa de determinadas circunstancias. Deberás dejar que los malos tratos de otros te recuerden a ti que puedes vencer sus maldades por medio del amor. De un amor muy específico que se enseñorea en aquellos que resultan no-amables, porque amar a los dignos de ser amados, es tan sencillo que hasta los más insensibles pueden hacerlo. ¿Sabes qué? Estuve a punto de retirarle el saludo a mi amado Dios No Conocido, cuando me sacudió con eso de amar a los que no “sentimos” de amar. ¡Él sabe que no es fácil, eso! Yo soy un ser que siempre se ha ufanado ante quien quisiera oírlo, que tengo amor para dar, guardar y coleccionar, y sin embargo…hay algunos, que… ¡Piedad, Padre! Haré lo posible…seré obediente…no te enojes…Amaré sí o sí, sin esperar lo que venga a cambio… De no poder lograrlo, debería comprarme un boleto para volver a Egipto…

            (Mateo 6: 1)=Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos.

(2) Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa…

3) Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, (4) para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará en público.

¡Que notable! Jesús utiliza esta palabra, hipócritas con un añadido que no es casual: dice que en las sinagogas. ¿Por qué? ¿No habría hipócritas en cualquier otro sitio? Sí que los había, pero Jesús sabe muy bien que, tal cual está escrito en Jeremías, la hipocresía nació en la iglesia y a partir de sus líderes, que entonces eran “los profetas”. Esta palabra, hipócrita, tú ya lo sabes porque lo he enseñado en mis trabajos de audio y escritos, es la palabra griega hupokrites, y habla que, en los días bíblicos, los actores del teatro griego se cubrían el rostro con una máscara, la cual incluía un dispositivo para amplificar sus voces. Como los dramas se ejecutaban a través de preguntas y respuestas, la palabra que describe el diálogo era hipokrinomai, que es replicar o contestar. Hupokrites es el que desempeña un papel en el drama, lee el guion o libreto, o el que monta un acto teatral. El hipócrita esconde sus verdaderos motivos debajo del disfraz que oculta su verdadera faz.

Entonces, al contrario de los hipócritas, los cristianos no deberían hacer alardes de sus dádivas. La recompensa de esos simuladores es presente y humana, en comparación con la recompensa divina de los que dan sin ostentación. Porque quiero que te quede más que claro, aunque no te lo hayan enseñado nunca, muy pocas veces o, lo peor, que te hayan querido convencer de lo contrario. Aquí dice y lo has leído conmigo, que si haces eso que mi Dios No Conocido te pide, Él te lo recompensará. “-¡Es que yo no quiero recompensa, hermano! ¡Con ir a Su Presencia es suficiente! -“Eso será para ti, Él dijo que te recompensará y, hasta donde yo sé, el dueño del lugar en el que vas a ir a Su Presencia, es Él. Así que Él hará lo que le dé la gana, ¿Estamos bien?

Pero aquí debemos aclarar algo. Este texto no está hablando de ofrendas ni mucho menos de diezmos. Porque esto último es un dinero de Dios que, cuando lo llevas a tu alfolí (Que es el sitio en el cual guardas tu alimento, en este caso espiritual), no haces nada más que devolverle lo que le pertenece. Y porque la ofrenda es algo que tú siembras en el Reino por encima de lo otro. Pero Limosna es todo aquello que se les da a los necesitados, y que, en muchos casos, es bien cierto, sirve y se utiliza para que alguna organización tome prestigio. ¿Y cómo lo hace? Exactamente contrariando lo que Jesús emite como mandamiento aquí: contándole a todo el mundo que está haciendo beneficencia. ¿Nunca lo has visto a esto?

Cuidado: Jesús no censuró en aquel momento la oración pública, como tampoco se la podría censurar a nadie, hoy. Lo que Él sí condenó, de alguna manera, fue la oración pretenciosa y ostentosa destinada, únicamente, a captar la atención de los demás, y no tanto para que llegue al trono de la gracia. Es muy normal en nuestra naturaleza carnal que, cuando estamos realmente en problemas, nos arrojemos de cabeza donde sea y clamemos algo así como: “¡Oh Dios! ¡Mira lo que me está pasando! ¡Haz algo por favor! ¡¡Ayúdame!!”, o alguna otra por el estilo.

Pero fíjate que si ese mismo día, un tiempo después, vas al templo y allí el pastor te invita a pasar al frente a orar como apertura de la reunión, es probable que arranques más o menos así: Bendito y loado Señor de las alturas inmaculadas…Vengo a tu santísima y majestuosa presencia para rendirte adoración por…” Es en ese momento, normalmente, cuando Dios se rasca la nuca, nos mira y dice algo así como: Pero hijo… ¿Qué está pasando? ¿Por qué me hablas así? ¡Si tú no hablas conmigo en ese idioma raro!!!” Es más que claro el pensamiento de mi Dios No Conocido: Cuando decidas orar en público, será para tu Dios en público, pero nunca para el público en nombre de Dios, ¿Está claro?

(Mateo 6: 5) = Y cuando ores, no seas como los hipócritas (Tú ya sabes quienes y como eran) porque ellos aman el orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres: de cierto os digo que ya tienen su recompensa. (Esto es lo que terminamos de explicar anteriormente)

(6) Más tú, cuando ores, (Entiende esto: dice cuando ores; no dice Si en una de esas tienes ganas de orar; lo que equivale a decir que debemos orar, que no es una opción que tomaremos si lo sentimosentra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. La palabra ores que se utiliza aquí es la palabra proseuchomai. Este es un vocablo aglutinante. El sustantivo euche es una oración a Dios que también implica hacer un voto; se añade el verbo euchomai, el cual denota una invocación, una petición o ruego. Al agregarle pros, que es en la dirección de, (Dios) proseuchomai viene a ser el término que más frecuentemente se emplea para oración.

(7) Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos.

Cuando dice “vanas repeticiones”, no se refiere a una petición que se reitera, sino al balbuceo desprovisto de sentido, y las largas oraciones que confunden la piedad con la verbosidad vacía. Jesús enseña a orar en forma concentrada, reconociendo la necesidad de que Dios reine sobre todas las facetas de la vida y la sociedad. Y que hay todavía en una gran parte del pueblo de Dios una confusión muy similar a la que aquí se explicita, es más que evidente. En el primer libro de los Reyes, 18:26 se nos habla de la victoria de Elías en el monte Carmelo, y en alusión al pueblo pagano, dice este verso: Y ellos tomaron el buey que les fue dado y lo prepararon, e invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: ¡Baal, respóndenos! Pero no había voz, ni quien respondiese; entre tanto, ellos andaban saltando cerca del altar que habían hecho.

Esto deja bien en evidencia que, si tú no estás orando conforme al propósito y la voluntad de Dios, podrás creer o suponer que le oras a Dios, pero Él no oye esta oración y, por lo consiguiente, aunque pases horas y hasta días haciéndolo, no vas a mover de ninguna manera su accionar con ello. El verso 29, un poco más adelante, lo reafirma cuando cuenta: Pasó el mediodía, y ellos siguieron gritando frenéticamente hasta la hora de ofrecerse el sacrificio, pero no hubo ninguna voz, ni quien respondiese ni escuchase.

(8) No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.

(9) Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.

Aquí, Jesús, ofrece una muestra de su íntima relación personal con el Padre. Relación que, por otra parte, debería ser la misma que tendríamos que tener nosotros, en lugar de verlo como algo muy lejano y a veces despreocupado por nuestros padecimientos o necesidades, ya que en Romanos 8:15, Pablo lo confirma cuando dice: Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! Por eso es que dice en su oración-modelo: Padre Nuestro. Mientras que la expresión posterior de santificado sea, tiene que ver con el establecer el principio de orar como una forma de adoración.

(10) Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

Quien ora pide el establecimiento del gobierno de Dios en las vidas y situaciones reales, no sólo por la consumación en la era venidera. Porque mayoritariamente y conforme a el núcleo global doctrinario en nuestras congregaciones, se nos ha enseñado que el Reino es aquel lugar al que vamos a ir cuando el Señor disponga que partamos a su presencia. Es más, hasta se lo ha graficado humorísticamente en cien dibujos con la imagen de un hombrecillo, con un enorme camisón blanco que le llega hasta los pies, de pie o sentado en una nube, ejecutando un instrumento que se puede emparentar con la antigua lira romana, aunque vulgarmente se le llame “el arpa”, con la que no tiene más parentesco que su construcción encordada, y a eso se le ha llamado “el reino”.

Si el Reino es una nube que sólo sirve para tocar suaves melodías con un instrumento a cuerdas, ¡Bien aburrido es el Dios que tenemos y grandes deseos de mucha gente dinámica es irse al infierno, al cual se lo vende como mucho más entretenido! Ironías al margen, ¿Te das cuenta como la iglesia, desde sus principales fuentes de enseñanza, se ha tragado una grosera mentira del diablo? Lo cierto es que esta oración es total y perfectamente coherente con el evangelio que Jesús predicara siempre, aunque no con el que nosotros predicamos hoy. Porque si andamos anunciándole a la gente que el evangelio es aceptar a Cristo para no irse al infierno e irse al cielo, y así quedarnos serenos y tranquilos esperando el día de nuestra partida con la total y más absoluta confianza que iremos a su presencia y no a ninguna otra parte, indudablemente estamos diciendo sólo UNA parte de la verdad.

Y todos sabemos muy bien que cuando se dice una parte de una verdad, la parte que queda sin decir, es equivalente a una mentira. Por eso la gente se bloquea, no intenta hacer demasiado fuera de lo que le ordenen sus pastores locales, porque total, – piensa -, ya soy salvo y sólo me queda, como máxima expectativa, aguardar el gran día del último suspiro para irme, al fin, a estar con Él, y dejar atrás este verdadero infierno terrenal que ya no se soporta. Y lo peor es que a eso, el mismo hombre le llama: el arrebatamiento de la iglesia victoriosa, sin mancha y sin arruga. Incoherencia total. El evangelio de Jesús, siempre fue El reino de los cielos se ha acercado, y esto sí que tiene coherencia con este Venga tu reino. ¿Para qué? Para trabajar dentro de él y por su extensión. Porque hemos sido salvos por Gracia para, y no `por. Y – tal como le tocó a Jesús -, también nosotros deberemos pagar un precio para servir.

(11) El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.

Fíjate que, en contra de toda la onda “espiritualoide”, que de ninguna manera es andar en el Espíritu, Jesús recomienda aquí la oración por las necesidades materiales, las cuales están vitalmente relacionadas con los intereses del Reino. Ya esto fue anticipado en el Proverbio 30:8 cuando dice: Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí; no me des pobreza ni riquezas; mantenme del pan necesario.

(12) Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.

La oración que implora perdón se legitima por la disposición a perdonar las ofensas de otros. Se podrían elaborar no menos de diez estudios con este tema. Se podría, incluso, extender este mismo al punto de dedicarle todo un capítulo, pero voy a quedarme con una expresión concreta, simple y contundente, como generalmente es la verdad: Si mi Dios No Conocido jamás te ha cobrado un centavo por su perdón para con todas tus barbaridades mayúsculas, ni te atrevas tú a cobrárselo a aquel o aquellos que te hayan ofendido en cualquiera de sus circunstancias. No hay excusa posible. Por más que alguien me diga: “¡Pero hermano! ¡Usted dice eso porque no sabe lo que me hicieron!” MI respuesta siempre será: ¿Qué crees tú que podría decirte Dios con relación a tus incredulidades, pecados y demás anexos?

(13) Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

La petición final implora el poder de Dios para vencer el mal, de manera que quien lo invoque no caiga ni sea vencido por la tentación del maligno. El Padrenuestro, es un modelo de oración que contiene siete grandes tópicos, cada uno de los cuales representa una necesidad humana básica. Los he compartido en algún estudio de mi Web, pero creo igualmente que bien vale la pena reiterarlo:

1)= La Necesidad paternal: Padre NuestroCuando ores, todas tus necesidades son atendidas por la benevolencia incomparable de un Padre ciento por ciento amoroso, que no se parece en nada al mejor padre carnal que tú hayas podido tener. Y mucho menos al peor, como en muchos casos sucede, y que lleva a la persona al máximo grado de rencor, resentimiento y, por ende, incredulidad. Recuerda esto que parece un juego de palabras, pero no lo es: Dios es lo que es, y no lo que tú piensas que es.

2)= La Presencia de Dios: Santificado sea tu Nombre. Tú puedes entrar a su presencia mediante la alabanza, por ejemplo, y llamarle “Padre” por causa de la sangre expiatoria de Cristo. No tienes ni la menor idea de cuanta es la gente que se autodenomina “cristiana” que se resiste a llamar “Padre” a Dios, por causa de los espíritus religiosos que han operado dentro de las iglesias.

3)= Las Prioridades de Dios: Venga tu reino. Tú debes declarar ya mismo que las prioridades del Reino de Dios, tienen que ser establecidas en ti mismo, en tus seres queridos, en tu congregación local y en tu nación. No es un tema menor, este. Millones de cristianos no tienen la bendición que buscan porque no están dándole a Dios ninguna prioridad en sus vidas. ¿Prioridad uno? Dejar que ese Reino venga a ti, no salir a buscarlo donde no está.

4)= La Provisión de Dios: Dánoslo hoy. Jesús, el que suple nuestras necesidades, nos dijo que oráramos diariamente, pidiéndole que provea todo lo que nos haga falta. Son muchos todavía los “ultra-religiosos” que suponen que no debemos molestar a Dios por tonterías, sino por cosas importantes. Primero: Él mismo dijo que esto era importante. Segundo: ¿Qué padre común les exigiría a sus hijos que no lo molesten pidiéndole comida?

5)= El Perdón de Dios: Y perdónanosTú necesitas el perdón de Dios y también te hace falta perdonar a los demás. Diariamente camina decidido a amar y perdonar. Y un detalle que, por experiencia de lo visto y oído, no es menor: no le cobres nada a nadie por perdonarlo, sea lo que sea que te hayan hecho. Dios no te cobró nada a ti por perdonarte, y en algunos casos era muy grosso lo que había, lo sabes.

6)= Poder sobre Satanás: Y no nos metas…líbranos del malPide al Señor un muro de protección alrededor tuyo y de tus seres queridos. Vístete con su armadura. Y ni siquiera pierdas tu tiempo discutiendo si se debe enseñar o no Guerra Espiritual en las iglesias. Padre, Hijo y Espíritu Santo ya han dicho que sí. Y punto.

7)= Sociedad Divina: Porque tuyo es el reino. Glorifica a Dios que te hizo participante de su Reino, de su poder y de su gloria.

El Padrenuestro, en suma, es la oración que te enseña como orar, y no una letanía cabalística que se debe repetir y, conforme a la cantidad de veces que se lo hagas, será la bendición y el milagro que Dios operará en tu vida. He visto muchas barbaridades doctrinales en nuestras congregaciones, pero ninguna como esta que no nos pertenece, pero que tiene cautivos en la esclavitud de la ignorancia a tantos y tantos que, creyendo salvarse, se pierden irremediablemente. ¿Quieres saber para qué dejo esto mi Dios No Conocido en tu Biblia? Para decirte algo así como: Oren sobre esta base, aquí les dejo el bosquejo.

(Verso 16) Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.

(17) Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, (18) para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

Cuando ayunen, te dice. Eso significa que debes ayunar, es parte de tu consolidación, madurez y crecimiento en el evangelio. De otro modo, en lugar de esto, te diría que en caso que ayunes, pero no. Es cuando, es decir; el día que te decidas a realizarlo. Y que no lo harás para impresionar a Dios y mucho menos con la esperanza de moverlo de su trono a hacer algo que no estaba en sus planes, no. Cuando tú ayunes, será para demostrarte a ti mismo que tu carne no es más poderosa que tu espíritu y que puedes someterla sin que por ello pierdas nada. Sin embargo, el énfasis de esta palabra, es la humildad y el bajo perfil para ejercitar el ayuno. El verso 18 te está mostrando que ese ayuno es para ser entregado como ofrenda de obediencia al Padre y no para lucimiento o reconocimiento terrenal.

(Verso 19) = No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; (20) sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. (21) Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Siempre se ha enseñado este texto con relación a las ambiciones, la codicia y el amor por el materialismo del mundo incrédulo, secular e impío. Y es correcto enseñar eso porque realmente es así, pero déjame decirte que esos sectores no son los únicos en caer en eso ni tampoco son exclusivos al respecto. Muy por el contrario, en algunos de nuestros ambientes también se han observado esta clase de ambiciones. Se suelen disfrazar de actitudes muy honestas estas, tales como ahorro, buena administración, austeridad, etc.

Sin embargo, no pasa de ser mera avaricia en el recurso más antiguo de la humanidad sin Dios: guardar para tener, que es lo opuesto a lo que Dios mismo le enseñó a su pueblo cuando le daba el maravilloso maná para su sustento diario, pero sin permitirle atesorarlo porque se les descomponía y entraba en putrefacción. Así es la vida del creyente. Mi Dios No Conocido sigue diciéndole a quien quiera oírle, que más allá de como anden las cosas allá afuera, si tú que eres un hijo del Dios Altísimo resuelves darle algo a quien lo necesita, allá en los cielos habrás abierto una cuenta a tu nombre de la cual, mañana mismo, podrás empezar a gastar, ya que su fondo es amplio y nunca se termina.

(22) La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; (23) pero si tú ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿Cuántas no serán las mismas tinieblas?

Una muy buena pregunta para hacerte sobre este texto, como para que reflexiones un rato largo, sería: ¿Qué ven mayoritariamente tus ojos en el día o la noche? En la respuesta que encuentres, estará tu propia respuesta. O la luz del día alumbrando todo tu ser sin secretos ni cosas escondidas, o la tiniebla densa de la cual la propia tiniebla llegaría a asustarse. ¿Qué te está diciendo mi Dios No Conocido aquí? Que tu primera mirada, a lo que sea, es automática, cultural, social, natural, animal si quieres verlo así. El problema grave viene con la segunda mirada y las sucesivas, porque a esas miradas sí las diriges tú, con todo tu entendimiento, y será en función de lo que ellas te produzcan que resplandecerás como el sol del día o te apagarás como la oscuridad del atardecer que preanuncia la penumbra.

(24) Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.

Quise comprobar si donde leemos riquezas se refiere a lo que nosotros, hoy, definimos con esa palabra, o si se trataba de un término que en esos tiempos tenía otra significación. No, es riqueza tal como la conocemos. Y tiene un contrasentido que no es bíblico, obviamente, sino nuestro, de los hombres. Porque, por un lado, me aparecen los cultores de la pobreza, aquellos que me aseguran que para poder conocer de verdad a Dios y ser fiel a su propósito, debes ser pobre, porque leyeron que es muy difícil hacer entrar a un rico en el Reino de los Cielos.

 Pero, por otro lado, nos llegan predicadores de todas partes del planeta, con un mensaje de prosperidad que nos asegura que Dios no quiere que sus hijos sean pobres y que de ninguna manera tener mucho dinero o ser ricos sea sinónimo de mundanalidad o algo peor. ¿Cómo lo entendemos? Lo entendemos como siempre estuvo escrito, que no siempre es como lo entendimos, lo enseñamos y lo predicamos. Lo que se condena aquí no es la riqueza, ni las riquezas, sino la dedicación prioritaria a ellas, por encima de nuestra dedicación a nuestro Dios. Idolatría, si quieres llamarlo por su nombre. Poner cualquier cosa por delante de Dios en tu vida. Cuando es el dinero o las riquezas, es culto a Mammon. Eso es lo que Jesús dice que no podemos hacer, servir al Dios de todo poder y a Mammon en un mismo nivel.

(25) Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? (Si esto no es un práctico anti-consumismo popular, no sé de lo que estoy hablando. ¿Cuánto interesa el comer y el vestir al hombre, muy por encima de otros intereses menos carnales?)

(26) Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?

Es evidente que esto fue escrito para que tomemos un modelo a seguir. ¿Viene Dios en persona o envía ángeles a alimentar a las aves? No, sólo ha creado pequeños insectos que son ese alimento. Solo se necesita que ellas salgan cada día a buscarlo y lo encontrarán, Dios los puso allí, para ellas. Nosotros lo mismo. No vendrá Dios en persona ni ángeles a su servicio a alimentarnos, pero nuestro alimento estará siempre allí, en la calle, sólo deberemos cada día salir a buscarlo. Así de simple.

(27) ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?

Desde que tengo uso de razón, el estereotipo del hombre ganador, guapo y conquistador de corazones femeninos, es un hombre alto, de buen porte, pero eminentemente alto. Los que no damos ese standard, debíamos esmerarnos en aceitar otros talentos si es que queríamos llamar la atención. Eso pensaba yo de joven. Y soñaba con ser más alto, y mirar bien desde arriba lo que ahora me tocaba mirar desde el mismo nivel o, lo peor, desde más abajo. No conocía al Señor, todavía, entonces mi ídolo era mi estatura. Ser más alto.

Cuando leí este verso supe que por algún motivo mi Padre me había formado así, por lo que desde allí empecé a dar gracias por mi estatura. Y nunca más me preocupé por ella. Eso se llama madurar. O entender que ninguno de nosotros, por más que nos esforcemos, podremos añadir, que digo un codo, ni un miserable centímetro a nuestra estatura. La que sí podemos aumentar, en cambio, dice mi Dios No Conocido, es nuestra estatura espiritual, porque esa es la que a Dios le interesa. Lo otro, es mera carne, físico, estética, visión externa. No es importante, está destinada a corromperse y volverse polvo de la tierra, como era.

(28) Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; (29) pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos.

(30) Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?

(31) No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?

(32) Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.

(33) Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

(34)  Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

Si hay un pasaje en la Biblia que es un canto muy afinado en contra de la ansiedad, ese es este. Y además también contra todo ese verdadero endiosamiento y culto a la estética, que sí es importante, el cristiano debe cuidarla convenientemente, también, pero no prioritaria como se nos ha querido hacer pensar. La vida es más importante que el alimento, y el cuerpo más que la vestimenta. De eso no puedes tener ninguna duda, es así. Además, lo de no poder añadir a nuestra estatura un codo, no es casual. Todos deseamos tener una imagen adecuada para asemejarnos a los Adonis de los cuentos de hadas, mientras que debemos conformarnos con ser seres normales, corrientes, casi vulgares, que solo pueden trascender mediante resortes más profundos que no tienen nada que ver con lo visible, con lo externo.

Sin embargo, para mí, es clave el verso 32, porque cuando viene hablando del alimento, de las preocupaciones cotidianas que el hombre y la mujer pueden tener en esta vida, se nos dice con total autoridad de credibilidad cierta, que el Padre celestial sabe que tenemos necesidad de todas estas cosas, Y esta palabra, necesidad, no es casual ni corriente, ya que cuando se habla del poder de Dios y de la respuesta a nuestras oraciones, se nos asegura que Él suplirá todas nuestras necesidades, lo cual es un complemento precisamente a lo que se dice aquí y un verdadero reaseguro de confianza. ¿La llave para que eso sea real? La tienes en el último verso, que pese a ser un clásico de nuestras Biblias, y bosquejo de cientos y cientos de predicaciones, todavía parece permanecer en la nebulosa del olvido. Buscar primeramente el Reino es básico, y recibir como consecuencia de eso todas nuestras peticiones, una consecuencia natural.

De hecho, los principios básicos que rigen las vidas de las personas, tienen que ver con la voluntad y el propósito de Dios. Y no estoy hablando de las vidas de los cristianos, estoy hablando de la vida de toda la humanidad. En mi país circula una suerte de refrán, de adagio o pensamiento popular, que asegura, cuando a alguien no le va bien en sus actividades en el marco del sitio donde ha nacido y se ha criado, que dice: “Nadie es profeta en su tierra”. Te puedo asegurar que el noventa por ciento de quienes lo mencionan, lo repiten y lo creen fielmente, no tienen ni la menor idea que esa frase viene de la mismísima Biblia. Es muy probable que, si lo supieran, tal vez lo desecharían, porque la Biblia en el marco de la gente considerada culta e inteligente, no tiene crédito. La diferencia es que una gran mayoría piensa que esto es un problema de orden intelectual, pero los hechos nos dejan en clara evidencia que se trata de un asunto netamente espiritual. Muy bien: con la justicia, su esencia, su estudio y sus fundamentos concretos, ocurre exactamente lo mismo. Sólo un problema: no se puede articular la justicia conforme a la mente de Dios por parte de hombres que han elegido vivir fuera de Dios.  

(Mateo 7: 1) = No juzguéis, para que no seáis juzgados.

Esto no se trata, como en más de una ocasión se ha enseñado casi con demasiado simplismo, de una prohibición de Jesús para con nosotros. Va mucho más allá. Tiene que ver con nuestra posición ante las cosas de la vida y hasta con la vida misma. Por eso es que en Marcos 4:24, Jesús les diceMirad lo que oís; porque con la medida con que medís, os será medido, y aún se os añadirá a vosotros los que oísEsto es así; A nosotros nos parece erróneamente que algo está pésimo y así lo decimos. Conjuntamente con nosotros, gente incrédula ve lo mismo y dice lo mismo. Para ellos, la justicia si bien no será benévola, no tendrá esa carga que para nosotros sí tendrá: agregarle el mismo concepto con que nosotros nos manejamos. ¡No quieran imaginarse si fue un concepto de exageración sin otra intención que la de causar daño!

Así lo interpreta Pablo y así se lo enseña a los Romanos, cuando en 2:1 les dice: Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quien quiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo. Y por si a los creyentes de Roma les hubiera quedado alguna duda, a este principio lo reitera más o menos similar en el capítulo 14:10 cuando expresa: Pero tú, ¿Por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿Por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Un pequeño detalle para que tengas bien en cuenta: no dice que “todos ustedes, los cristianos, comparecerán ante el tribunal de Cristo”; dice que todos lo harán. Sean cristianos o no, sean creyentes o incrédulos. No importa si tú crees o no crees en Dios, del juicio de Dios no escaparás. Hay un juicio para salvación y otro para perdición. Los creyentes, en todo caso, hemos optado por el primero. Y para que no quedara sin entendimiento la iglesia en Corinto, a ellos también en su primera carta 4:3 les habla de lo mismo señalando: Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por tribunal humano; y ni aún yo me juzgo a mí mismo.

(Mateo 7: 2)= Porque con el juicio con que juzgáis (Esto es: con la misma intención, con la misma motivación) seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.

(3) ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?

Esto tiene mucho que ver con los defectos, con los errores o con las equivocaciones. Aún con cuestiones de fondo tales como el divorcio. Porque una cosa es sentarse en los cómodos sillones de la oficina pastoral a ayudarle a él a juzgar un caso de divorcio, con el hombre y la mujer sentados al medio en dos sillas que mucho más parecen dos banquillos de acusados, y otra cosa muy distinta, un día, sin culpas y sin haberlo buscado, tú eres quien te encuentras en esas sillas y otros en los cómodos sillones, dándole letra al mismo pastor para que los discipline duramente, los exonere y hasta los expulse de la congregación. Por eso, cuando me enfrento a un problema de divorcio, no puedo menos que sentir compasión y misericordia. Porque recuerdo a un enorme siervo de Dios que había pasado por una experiencia bastante dura y no puedo menos que creer que mi Dios No Conocido lo avalaba cuando él reflexionaba sobre esto diciendo: Dios quiera que nunca te suceda a ti…

(4) ¿O como dirás a tu hermano: ¿Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo?

(5) ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.

Vayamos por partes. Cristo no prohíbe la crítica, ni tampoco la expresión de opiniones. Tampoco lo hace con algún tipo de condenación por nuestra parte para con lo que pudiera estar mal hecho. Lo que sí prohíbe, en todo caso; o mejor dicho, advierte sobre su inconveniencia, es para con la censura implacable que pasa por alto las faltas propias, mientras se asume el papel de supremo juez de los pecados de los demás. Yo te sugiero que cuando estés ante un pecado ajeno, aunque no conozcas al pecador, ponle ficticiamente el nombre de un familiar cercano de ti, vas a ver como modificas tu alta severidad disciplinaria. Es imperioso corregir nuestras propias faltas y resolver nuestros propios problemas antes de intentar corregir las faltas de otros. Debemos dejar que cualquier actitud de juzgar a otros nos señale la necesidad de examinarnos a nosotros mismos por cosas que nos molestan de los demás. Siempre recuerdo un viejo decálogo del empleado fiel, colocado debajo de los escritorios de cientos de empleados.

Y recuerdo dos: Si el empleado tiene sus ojos cerrados y la cabeza apoyada sobre sus brazos sobre su escritorio, el empleado duerme”. “Si el jefe tiene sus ojos cerrados y su cabeza apoyada sobre sus brazos sobre el escritorio, el jefe medita sobre soluciones laborales más productivas”.

Uno de los mayores énfasis en las enseñanzas de Jesús es como construir y mantener correctas relaciones con Dios y con la humanidad. El Señor ve estas relaciones, no como algo sin importancia o superficial, sino como la esencia de la cual está hecha la vida. Conocer a Dios es nuestra máxima prioridad, pero el procurarlo no debe reemplazar o disminuir nuestras relaciones interpersonales con los demás. Por el contrario, nuestra interacción personal con Dios debe hacer surgir entre nosotros las cualidades de carácter que edifican y sostienen todas relaciones con los demás. Mi Dios No Conocido te está diciendo que si no estás en condiciones de evaluar y analizar tus propias conductas, muy lejos estarás de tener derecho alguno para hacerlo con otros. 

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¿Qué Haré, Señor?

Hola. ¿Cómo estás? Esto que voy a compartirte hoy, no se parece en nada a todo lo que he publicado anteriormente. No es un estudio, tampoco una predicación y mucho menos una enseñanza directa. Supongo que en el final algo de todo eso va a quedarte, pero en el transcurso lo vas a notar distinto, más cerca de una confesión de parte esperando un relevo de pruebas, como se dice en jurisprudencia.

Alguien dijo alguna vez con bastante humor, que cuando un hombre llega a una edad apta para comenzar a escribir sus memorias, es cuando generalmente empieza a olvidarse de la mitad de las cosas que teóricamente debería escribir. Gracias a Dios, en cuanto a memoria, en mi caso no es así. Pero sí estoy en esa edad donde, por imperio de todas las circunstancias interiores y exteriores, te sientes obligado a efectuar un profundo examen, onda evaluación, de lo vivido y ver si, tal como la Palabra de Dios te lo demanda, has cumplimentado con la misión encomendada o, si, por el contrario, todavía estás en deuda y tienes algunas asignaturas pendientes. Es tiempo de poner todas las cosas sobre una mesa, desparramarlas y observarlas con cuidado, teniendo la precaución de no ser ni benevolente o permisivo contigo mismo, ni tampoco súper exigente y hasta auto destructivo. Equilibrio.

Tengo muchos años de creyente, de hijo de Dios, pero exactamente treinta y cuatro dedicado a la enseñanza. Comenzando por “pininos”, que es como vulgarmente se le llama aquí a los conocimientos elementales sobre el tema que sea. Conceptos muy primarios en la escuela dominical de la que en ese tiempo era nuestra congregación, prosiguiendo con programas de radio matizando periodismo con pequeños estudios y, finalmente, comenzando con nuestro ya legendario Tiempo de Victoria, a partir de estudios escritos en primer término, y convertidos a audios posteriormente, todo eso, así, hasta hoy. Compartí estudios de un promedio de noventa minutos de duración por muchos años. Descendí a una hora por motivos radiales y a cuarenta y cinco minutos cuando descubrí que a muchos hermanos les costaba mantener su atención por más tiempo.

Creo que la buena llegada que hemos tenido ministerialmente, se produjo por dos factores esenciales. El primero, por hablar siempre de lo que Dios me ordenaba hablar y no de lo que a mí me parecía bonito o, como le veía hacer a muchos ministros importantes y de prestigio, hablar de lo que las personas querían oír, y no necesariamente de lo que necesitaban o el Señor quería entregarles. Estudié mañana, tarde y noche, hasta cualquier hora, si estaba detrás del escudriñado de una revelación todavía oscura. Profundicé hasta donde me dieron mis limitaciones y, con todos los elementos en la mano, lo convertí en una conversación con palabras simples, idioma sencillo de entender y hasta con repeticiones que, aunque fastidiaran a los más aplicados, siempre beneficiaban a los más lentos.

He contado con una franja de creyentes que me han acompañado durante muchos años con reacciones distintas. Algunos, con la conducta eclesiástica tradicional de convertirme en líder y casi propietario de sus opiniones y creencias. Estos fueron los que me aplaudieron, felicitaron, adularon y hasta mimaron con amor, respeto y credibilidad. Otra franja que sólo me acompañó con sus biblias en sus manos, no sé si para protegerse de la posibilidad de algún error o, por razones que desconozco, esperando verme cometer alguna equivocación fea, para respaldar su inconsciente idea de engaño, o de falso maestro. Y una tercera franja que, a pesar de escuchar y leer todo lo producido, me detestaba, por no decir odiaba, y realmente quería que me fuera mal y que terminara dándole la razón a los personeros de la religión, cosa que siempre he combatido por dirección divina.

Pero todo bajo un común denominador. No hubo día ni momento en que no tuviera dirección para encarar un tema específico, que siempre iba apuntado al espíritu y no al alma, y el consiguiente elemento bíblico de contexto para comprobar y probar todo lo que estaba diciendo. Obviamente, me equivoque muchas veces, aunque mayoritariamente por el deseo de dar lo mejor, nunca por cuestiones personales o intereses sectoriales. Compartí con dos de las denominaciones más grandes del pueblo evangélico y siempre comportándome con una conducta periodística de antaño, esto es: al medio, sin tomar partido por una o por otra y, en todo caso, haciendo sanas autocríticas sobre lo que se podían entender como exageraciones egocéntricas de una u otra, cosa que todos veían y muy pocos o ninguno se atrevía a decir en voz alta.

Es decir que, si bien no fui un adalid en nada, ni tampoco un profético pionero levantado para producir hecatombes espirituales, siempre tuve a mi favor una comunicación lisa y llana con mis receptores y, por consiguiente, la tranquilidad de ser bien entendido. Lo que todo eso produjera en cada vida, ya era algo que no me pertenecía no me correspondía a mí evaluar, calificar o determinar. Hubo gente a la que mi trabajo, estoy seguro, lo sacó de su ostracismo religioso y lo llevó a ser lo que siempre había pensado que era y que todavía no se materializaba en lo práctico.

Hubo otra gente a la que, por errores míos o incapacidades suyas, nuestro trabajo le produjo, primero confusión, luego rechazo y, finalmente, decisiones de fondo que quizás, en algunos casos puntuales, puedan haber ocasionado daños. Cualquier figura con poca o mediana presencia pública, corre ese riesgo. Ni te cuento con aquellos que son, por las razones que sea, figuras de renombre o prestigio. Todo lo que piensen, digan o hagan, tendrá inexorablemente a gente imitándolos y haciendo las mismas cosas, aunque ni siquiera las entiendan. Eso ocurre en el ambiente cristiano exactamente como en todos los otros que forman parte de la sociedad en la que vivimos.

Pero ha sido muy grato durante muchos años, tener conciencia plena de haber contribuido al crecimiento o la maduración de personas que han aprendido conceptos a partir de nuestros trabajos y, al ponerlos por obra, han visto cambios importantes en sus vidas de fe. Soy consciente que también hubo otra gente que me escuchó durante años como forma de entretenimiento espiritual, que aprobó la mayor parte de nuestros trabajos, pero que nunca pudo, supo o quiso poner por obra ninguno de ellos y, obviamente, continuaron siendo cristianos casi nominales, de los cuales lo único rescatable que puede observar la comunidad no creyente en sus vidas, es asistir a una iglesia cada domingo, vestirse de un modo determinado, llevar siempre una Biblia bajo su brazo y hablar con un idioma evangélico que muy pocos entienden y del cual, una gran mayoría cruel e indiferente se burla.

Pero elegí siempre quedarme con lo más gratificante, que es saber que, a muchos creyentes fieles, sinceros y aplicados, les ha llegado el mensaje de nuestro trabajo. Nunca se me olvidó que, ocho años antes de hablar en público de las cosas de Dios, cuando sólo asistía a sentarme en un banco de una iglesia evangélica, un pastor americano que lideraba un coro musical de la ciudad de Sacramento, ´que estaba de visita y, naturalmente no me conocía, al orar por mí, me profetizó que mi voz iba a ser escuchada en todas las naciones. A pesar de lo increíble de sus palabras y la imposibilidad técnica y práctica de viajar, de igual modo lo creí, dije “amén” con absoluta confianza y me olvidé olímpicamente del tema. Hasta que un día, casi sin proponérmelo, me di cuenta que la profecía estaba cumplida.

Hoy, a tantos años de todo eso, que siempre ha sido casi mi estilo de vida, me enfrento a algo que hasta aquí no me había preocupado ni ocupado: un cambio casi violento en los tiempos y, por consecuencia natural, también en las intercomunicaciones humanas. Por cada conversación persona a persona, existen no menos de cincuenta contactos efectuados vía teléfonos, pero no en llamadas de diálogo directo, sino en mensajes escritos o de audio. La gente de mi generación con dinámica suficiente, supo adaptarse a estas nuevas formas, me incluyo, aunque añorando las anteriores, más cálidas y afectivas, y aquí también me incluyo. Y si bien el Espíritu Santo tiene el suficiente poder e inteligencia como para utilizar cualquier medio para tocar corazones, hay un cambio más que notorio en las formas conque el evangelio es proclamado o hecho llegar a los oídos ignorantes.

Y que conste que no estoy hablando de metodologías de evangelismo a inconversos. Me estoy refiriendo a la comunicación de las verdades divinas, conjuntamente con el estudio de la palabra de Dios y de todo lo que Él quiera revelarnos, a personas que conocemos a Cristo y decidimos, o al menos pensamos haberlo hecho, convertirlo en Señor de nuestras vidas. ¿Te asombra si te digo, con absoluta honestidad, que cada día que transcurre, ese mensaje que durante años llegó a multitudes, hoy le llega a muchísima menos gente dispuesta a escucharlo? Tengo una cuenta en Spotify, que he intentado utilizar para llegar a franjas más complicadas o difíciles. He descubierto, a partir de sus controles internos, que, a una franja joven de 0 a 17 años, le es factible escucharme en audios que no van más allá de los cuatro minutos de duración.

Que otra franja de audiencia que va desde los 18 a los 30 años de edad, les resulta más potable adherirse a trabajos que oscilan entre los siete u ocho minutos de duración. Entre 30 y 45 años, por las razones que sea, aunque no puedo saber todavía cuales, les interesa cuando esos audios duran unos veinte minutos máximo. Y que sólo por encima de los 60 años de edad, todavía consumen los tradicionales de 45 minutos. A esto lo tengo claro, lo comprendo como cambio casi violento en nuestras costumbres sociales y, al mismo tiempo, como imperio de algo que en toda sociedad que se precie de moderna, casi es un común denominador: la prisa, lindando con el vértigo que, para mi gusto, está liderado emocionalmente por una palabra que a los creyentes nos resulta más que preocupante: ansiedad.

Esto es parte de este cambio. De trabajar con toda la serenidad del mundo, estudiando cada palabra de cada versículo, encontrando perlas cultivadas hasta en los silencios, tomándome todo el tiempo necesario para desarrollar algo que te permitiera crecer de un momento al otro, a entrar en una vorágine de ansiedad y prisa para que todo lo que se comienza ahora se termine ayer, si es posible, hay un largo sendero que no siempre estás en condiciones de transitar. No soy ningún experto en comunicación social, pero tengo alguna experiencia en eso y conozco, (O al menos creía conocer hasta hoy), las formas de compartir y entregar lo aprendido, para de ese modo alimentar lo hambriento sin cansar y resultando ameno y llevadero oírme. Muy bien: debo reconocer que, al margen de aquellos que me acompañan desde siempre, lo que va llegando nuevo, no tiene ese mismo perfil, no se banca nada que lo obligue a pensar más de cinco minutos seguidos y, si puede elegir, (En un templo todavía no se puede hacer, pero en una página Web, si), se conforma con un poco de música y algunas frases con pensamientos que le sirvan para salir del paso en el problema que tiene hoy. Un devocional, le llaman. Algunos pícaros se han atrevido a rotularlos como “horóscopos cristianos”

Lo cierto es que hago lo que me gusta, lo que sé hacer y lo que me hace muy feliz compartirlo, pero… ¿Estoy en el camino correcto en este tiempo o, sin darme cuenta, me conecté con un reloj que atrasa? ¿Qué necesita el creyente en este 2025? ¿Seguir aumentando su conocimiento bíblico? ¿Introducirse durante todo el tiempo que sea necesario, en un mar de capítulos y versículos que le permita conocer algo nuevo sobre Cristo? ¿Profundizar en una palabra que millones citan a diario y muy pocos conocen en real profundidad? ¿O llegó el tiempo de esos últimos tiempos, donde lo único que un hijo de Dios necesita es que alguien le recuerde que el Dios de todo poder está de su lado? ¿Qué es un hijo de Dios auténtico? ¿Alguien con estudios teológicos del más alto nivel, o alguien apenas formado intelectualmente, pero operando con poder de Dios en su vida y revelación del Espíritu para cada paso a transitar? ¿Qué tiempo es este?

Entonces me veo en la obligación de retroceder en mi popio tiempo y buscar en la dirección recibida en los inicios, una ruta que me permita comprobar si estoy en el camino correcto según Dios, o en otro adecuado según los hombres. Cuando en mis comienzos tuve la duda sobre si enseñar, que era lo que me agradaba a mí, o salir a evangelizar, que era aparentemente lo que Dios nos demandaba, le pedí al Padre que me lo confirmara. De la nada me surgió el Salmo 22:22, que obviamente jamás había leído anteriormente. Y leí: Anunciaré tu nombre a mis hermanos; En medio de la congregación te alabaré. No lo creí. Me pareció que no era algo de Él, sino algo mío, porque era lo que más me agradaba. Entonces puse un vellón y pedí confirmación de la confirmación. Simplemente oí “Hebreos 2”, sin más detalles. Y comencé a leerlo, pensando que seguía siendo cosa de mi mente. No me decía nada. Hasta que llegué al verso 12: diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre, En medio de la congregación te alabaré. ¡Incrédulo! ¡Perdóname Señor! Eso haré toda mi vida: anunciar Tu Nombre a Mis Hermanos. Es lo que hice, hago y suponía seguir haciendo.

Hasta hoy. Algo en mi interior me viene advirtiendo que ya hay cambios sustanciales en marcha y que se avecinan muchos más. Y no estoy hablando del mundo secular, obviamente. A ese mundo, ya no me caben dudas que le irá yendo cada día peor, porque así está escrito. Lo que sí me interesa, y no sólo para mí, sino para todo el caudal humano creyente con el que hemos estado compartiendo todo esto, es qué debemos hacer los que de alguna manera y no por propia elección, quedamos ubicados medianamente con un punto de referencia para otros. ¿Seguir enseñando lo mismo, con los tiempos de costumbre, y sin prestar atención en absoluto a lo que sucede a nuestro alrededor? ¿O quizás buscar el modo, la forma o la manera de adaptarnos a esos cambios y tratar de entregar lo máximo que se pueda en las condiciones factibles? Pese a estar en edad de adulto mayor, siempre pude adaptarme a los cambios, esencialmente los técnicos, sin desentonar demasiado. Pero lo de este tiempo tiene otro aroma, otro color, otro sonido.

Cuando comencé a publicar material en “X”, que todavía se llamaba Twitter, hubo muchos hermanos que movían sus cabezas con dudas, porque me advertían que era una red social que se utilizaba para denostar a gente con la que había oposición y hasta para agredir de palabra o con injurias a todo el que no estuviera de acuerdo. Me aconsejaban que no me metiera allí, que era una pena que me contaminara con toda la porquería que se publicaba. Yo sentí del Señor responder que, si bien ya sabía todo eso, yo no pensaba adaptarme a las formas tradicionales de Twitter, sino procurar que eso se adaptara a lo nuestro. No sé si lo conseguí, pero llegando a los cinco años de estar en esa red, nunca tuve el menor inconveniente y siempre estuve acompañado de hermanos en Cristo que comulgan con el estilo que hemos implementado. Con estos sectores no hubo ni hay demasiados problemas. El punto neurálgico del asunto, está en la base central del ministerio, que es lo que tiene que ver con los estudios más preparados, extensos y profundos.

¿Qué me demanda esta época? ¿Proseguir con trabajos apuntados al crecimiento del espíritu, o modificar la estructura para dedicarme a enriquecer las almas de los receptores, a fin de que puedan dar solución a sus problemas más acuciantes? Es un ministerio magisterial, de eso no tengo ninguna duda. Pero tampoco la tengo con relación a las necesidades básicas que lo que conocemos como la iglesia en su conjunto, presenta en estos tiempos. ¿Debo seguir enseñando que el cristiano no ha sido levantado por Dios para participar de gobiernos humanos? ¿O debo acompañar a los que eligen formar parte de partidos políticos, presentarse a elecciones y buscar el voto popular de la mayor parte de los miembros de las iglesias cristianas? Hay una palabra en Zacarías 3:7, que de alguna manera nos da una pista: Así dice Jehová de los ejércitos: Si anduviereis por mis caminos, y si guardares mi ordenanza, también tú gobernarás mi casa, también guardarás mis atrios, y entre estos que aquí están te daré lugar. Listo. La iglesia no fue creada para adherirse a gobiernos humanos. La iglesia ES gobierno. Pero desde sus rodillas…

Muy bien. Hasta aquí mi catarsis ministerial. Tómala o déjala. Créela o ignórala. Adhiérete u oponte. Me da lo mismo. Si bien trabajo para los creyentes, no aspiro a que todos ellos coincidan con mi mirada de las cosas. Pero ahora me resta un lapso y lo quiero apuntar a ustedes. No a ustedes que esperan cada semana algo nuevo para incorporar a sus conocimientos. A creer lo que se enseña y, esencialmente, a ponerlo por obra todos los días. Hasta en las más pequeñas cosas. ¿Cuántos serán? No lo sé, no llevo controles tiránicos sobre quienes me acompañan a diario en esto. Lo que sí pienso, es que no son mayoría. Si me dejo guiar por lo que hemos visto decenas o centenares de veces en las iglesias tradicionales, la mayoría la compone todo ese caudal humano que, siendo cristiano por decisión, tal como marcan los libros, luego viven una vida que de ninguna manera se diferencia en nada con la de cualquier hombre de mundo secular. Con una sola diferencia. Una vez por semana, se visten de manera especial, ponen una Biblia bajo su brazo y van a convivir una o dos horas con otra gente que, muy probablemente, en su vida privada está viviendo del mismo modo.

¿Cuánto tiempo llevas escuchándome o leyendo mis trabajos? ¿Diez? ¿Quince? ¿Veinte años? Gracias. Gracias por tu fidelidad, por tu respeto y por tu consideración al estar siempre allí, esperando cada producto y devorándotelo ni bien se publica. Sólo una duda: ¿Qué has hecho con todo eso? ¿Te ha servido de algo en tu vida personal, familiar, laboral, matrimonial o simplemente espiritual? ¿Sí? ¡Gloria a Dios! Pero entonces eres de los que mencioné primero. ¿No? ¿Y entonces por qué sigues oyéndome? Estaba leyendo, en un diario digital de mi país, una nota sobre una corrupción de alto vuelo, con gente de mucho dinero involucrada y no resuelta por la justicia, por “falta de pruebas”. Convivo con esto y no me asombra. Pero un comentario hecho por una persona de ideología absolutamente opuesta a nuestra fe, me dejó pensando. Esta persona escribió: “La guita (Término lunfardo, nuestro, que significa dinero) siempre termina rompiendo todo. Nunca fui un tipo (Persona) religioso, pero tal vez tienen razón, y el espacio vacío que quedó al desaparecer la religión de la vida diaria lo llenaron la codicia y el materialismo. Qué mundo de excremento heredamos / construimos. Cuánto hay para dinamitar.” No coincido en lo último, obvio, pero me llamó poderosamente la atención lo anterior, aun llamándolo “religión”, que es como se nos reconoce.

Hay un mundo que necesita a Jesucristo. Hay un grupo de muchísima gente que lo conoce o dice conocerlo y ser parte de su cuerpo en la tierra. Pero se lo guarda en su mochila para que lo acompañe donde vaya, cuidándose muy bien de presentárselo a otros, si es que eso le complica su vida tranquila y sin riesgos. Pregunto y, al mismo tiempo, me pregunto a mí mismo: ¿Eso es ser cristiano? Por eso mi aversión por el término. Amo a Dios Padre, al Hijo Cristo y al Espíritu Santo, pero me produce vergüenza ajena cuando la sociedad en la que vivo habla de “los cristianos”. Hay una pequeña diferencia con aquellos griegos que, burlándose de los seguidores de Jesús, los bautizaron así. Ellos mentían, porque aquella gente había dejado todo, incluso sus vidas, para seguir a alguien que no les prometía oro, ni riquezas, ni posiciones sociales de alto nivel, ni poder terrenal. Que, muy por el contrario, les hablaba de tomar una cruz, cargarla sobre nuestros hombros y seguirlo a cualquier costo. Pero los actuales, no. Transitan sendas más de apatía o indiferencia que de guerra, entrega genuina y batallas arduas.

Entonces no me queda otra salida que mirar hacia atrás. Recordar que fui llamado a anunciar Su Nombre a mis hermanos. No a saturarlos con capítulos y versículos que hablan de todas las cosas maravillosas que podemos hacer con solo creer, sino a compartirles realidades que son palpables y que, en honor a la verdad, todavía están muy lejanas de esas maravillas que sólo resultan aceptables si quien ocupa el púlpito tiene un nombre y un apellido con alto marketing. No quiero ser ni pesimista ni negativo. Declaro, decreto y activo Victoria, porque con esa palabra fui llamado a servir. Pero no debo ni puedo callar lo que hoy es una verdad a gritos. El llamado pueblo de Dios, o pueblo santo, anda en sus propias sendas, que, en casos, están más o menos cercanas de la Verdad única que es Cristo, pero que, en la mayoría de las ocasiones, se ubican casi en la acera de enfrente, aunque ellos lo ignoren.

Anunciaré Su Nombre a mis hermanos. Ya hemos dicho que la totalidad de este Salmo se refiere a la cruz. Él no murió derrotado; porque cuando se acercó al mismo final dijo: Anunciaré tu nombre a mis hermanos. Fue como si se hubiera referido al Evangelio que sería proclamado. Podemos recordar a Pedro en medio del Sanedrín, compuesto de fariseos y saduceos, diciéndoles: no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos. Aquí podemos ver la similitud con las palabras Anunciaré tu nombre a mis hermanos. MI última y gran duda magisterial, es: ¿Por qué anunciarle eso a mis hermanos, cuando se supone que ellos ya lo saben? ¿Por qué no dice a los incrédulos? Porque el Señor nos ama, es misericordioso y lleno de amor. Pero también es un Dios justo. Y conoce nuestros corazones. Él sabe cómo somos, y no se engaña por como nos mostramos.

No sé como debo continuar. No sé si es tiempo de extensos estudios que aportan conocimiento, pero no siempre vida abundante. No sé si continuar apostando a que todos quienes me oyen están viajando en la misma súper nave que nos lleva donde creemos ir. Pero, por las dudas, por si alguno se hubiera quedado en el aeropuerto, déjame decirte que, entre ser un enorme maestro de altísimo conocimiento, al que da placer escuchar, o un simple hombre desesperado para que no te pierdas por exceso de confianza, falta de guerra y ausencia de armadura, me quedo con esto último. De hecho, aunque te aburra, debería limitarme a anunciar Su Nombre a todos mis hermanos. A TODOS.

Así es que, como ha sido durante estos últimos años en una serie de cosas, voy a dejarle la palabra y la decisión a mi amado Espíritu Santo. Cuando Él hable, si no estoy distraído o disperso, seguramente tendré oídos para oír y firmeza para obedecer. Y lo que salga de eso, será lo que haré. Y ya no tendré que preguntárselo más. Con una sola vez que me lo diga, será suficiente.

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Un Pacto a las Naciones

Un día, Dios comienza a hablarle a Abram respecto a lo que Él está dispuesto a hacer con él y su descendencia. Y le detalla una serie de hechos vividos, otros que se están desarrollando para, finalmente, decirle algo que, si viniera de una persona del común, no nos llamaría la atención para nada, ya que es muy frecuente que la gente diga cosas así. Pero resulta ser que lo que te voy a repetir textual, no lo dice alguien del común, lo dice Dios mismo. Primero según la versión tradicional Reina Valera. Capítulo 15, verso 15: Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez.

 He oído, al menos, una decena de interpretaciones respecto a que significa eso de tu vendrás a tus padres. He oído a creyentes genuinos y a cristianos nominales, y te puedo asegurar que no están viendo la misma cosa. Yo entendí, creo que por influencia del Espíritu Santo, que está hablándole de cuando le llegue el momento de morir y vuelva a encontrarse con sus padres. Y a ese pensamiento me lo confirma la versión Biblia Textual, que como tú sabes, fue traducida directamente del original al español, sin pasar por el inglés como la tradicional. Y ella dice: Y tú te reunirás con tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez…

Parte de ese enorme misterio que es la muerte física, queda develado en cuanto a algo puntual que se nos muestra. Muchas veces he oído a gente decir que, a la hora de morir, tus antepasados vienen a buscarte y te llevan con ellos a la eternidad. No es descabellado, coincide con muchos puntos bíblicos y casi que es alentador pensarlo de ese modo. Sin embargo, lo que dice aquí, si bien no te modifica el objetivo o destino final, sí te altera un poco la ruta. Porque en todas las versiones que he consultado, lo que está escrito es que tú serás el que vayas a reunirte con tus ancestros, no que ellos vengan hacia ti a buscarte.

 Porque cuando dice que te reunirás, si bien no te está definiendo el cómo, tampoco te lo está omitiendo. Y hay algo en los originales que, de alguna manera, entiendo, le pone un punto de examen simple a todo esto. La palabra que se traduce como tú vendrás o tú te reunirás, es la palabra Bo, que en la traducción más simple significa Irás. ¿Y qué quiere decir eso? Que cuando des tu último suspiro aquí en la tierra, te vas a ir derechito a reunirte con tus antepasados ¿Será así? ¡Ah, no sé! Pregúntale a Dios, si tienes dudas; Él fue quien se lo dijo a Abram.

En el capítulo 16, aparece en la vida de Abram, su problemática familiar. En primer término, por la supuesta o aparente imposibilidad de su mujer Sarai, que no podía darle hijos. Y lo dije así por lo que más adelante vamos a ver. Y, en segundo lugar, porque esto le trajo un tema paralelo con la que era su sierva egipcia, de nombre Agar. Te confieso que esta historia ha dado, sigue dando y supongo que dará mucha tela para cortar, como normalmente se suele decir cuando se trata de asuntos que no terminan de estar claros, y muy de sobremanera si se trata en ambientes muy religiosos. Porque, de acuerdo. Saraí amaba a Abram y deseaba darle hijos, descendencia, pero aparentemente no podía.

Entonces ¿Qué feliz idea se supone que tuvo? Darle a su marido a su sierva, la egipcia Agar, para que ella se encargara de la prosecución de la especie con él. De acuerdo, era algo que en la época no era una novedad. Ocurría, y mucho más a menudo de lo que podemos imaginar. No sé qué calidad de esposo sería don Abram, pero si mi Biblia no se queda corta, no se tomó demasiado tiempo en aceptar el convite y lanzarse a la aventura romántica con la sierva. Creo que tal vez Sarai se apresuró y no estuvo espiritualmente del todo bien, pero creo que no mucho mejor estuvo Abram, que no se hizo rogar demasiado para cumplir con el pedido de su esposa.

De hecho, cuando el objetivo principal comenzó a tomar forma y Agar concibió de su relación con Abram, ella tuvo la lógica y natural reacción que cualquier esclava hubiera tenido en similares condiciones: despreciar a su ama y señora, sentirse en superioridad y en mejor posición con respecto a ella. Saraí sintió el impacto y desplegó su queja y su lamento con Abram. Y éste, olvidándose que eran tan responsable de todo eso como la propia esclava, determinó que si Saraí sentía necesidad de desligarse de su esclava y su embarazo, que lo hiciera.

 Ante toda esta presión Agar decidió huir, pero cuando estaba de camino se le apareció un ángel que le impuso la orden divina de retornar con sus amos y parir ese hijo al que, de principio, debía ponerle el nombre de Ismael y que, según la misma aparición, estaría destinado por Dios a ser la base de una gran nación. No es descabellado decir hoy que la nación árabe, en su esencia, proviene de Ismael, hijo de Abram con su esclava Agar.  Según el relato y sin detenernos en evaluar en qué cantidad de días y de qué duración se conformaban los años por aquel entonces, se nos dice que era Abram de ochenta y seis años de edad cuando Agar dio a luz a Ismael.

Trece años después, ya en el capítulo 17 y con Abram de noventa y nueve de edad, Dios lo visita para establecer un pacto con él. Lo primero que hace, es cambiarle su nombre. A partir de este pacto dejará de llamarse Abram, que significa Padre de Muchos, para llamarse Abraham, que se traduce como Padre de Muchas Naciones. Y luego de una serie de consideraciones entre formales y culturales, le establece como señal de ese pacto, la circuncisión. El corte y la remoción del prepucio de cada varón entre los descendientes del pacto de Abraham, los marcaría como aquellos que pertenecían al pacto.

 La circuncisión indicaba a la simiente de Abraham que había una contaminación de la carne en el hombre que debía ser quitada para siempre, o el hombre permanecería impuro y fuera del pacto con Dios. Dios escogió esta señal por muchas razones importantes. En primer lugar, porque no era desconocida, ya que era una práctica ritual de varios pueblos de la época. Por razones higiénicas, especialmente en el mundo antiguo. De esto incluso hasta hay evidencia médica. Pero, lo más importante, para dejar en evidencia que no debían poner su confianza en la carne. Y nada menos que tomando como base al órgano de la procreación. De esa línea y con esa mecánica, se desplegaría una cultura genética dentro de la cual nacería nada menos que el Mesías.

Ya en el Nuevo Testamento, Pablo conectó las ideas de la circuncisión y el bautismo cristiano. Su idea era que en Jesús estamos espiritualmente circuncidados, y que somos también enterrados con Jesús en el bautismo. Pablo no dijo que el bautismo fuera la señal del pacto que los cristianos reciben y bajo la cual viven, es decir del nuevo pacto. Pero, incluso, si esta conexión es hecha, es importante notar que uno nació genéticamente en el pacto descripto aquí. O sea que no somos genéticamente nacidos en el nuevo pacto, sino que es por la Gracia de Dios a través de la fe que eso se produce.

En la carta a los Colosenses, capítulo segundo y versos 11 y 12, Pablo dice: En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos. Este pacto sigue siendo válido y legítimo para el pueblo judío, pero no le garantiza eternidad alguna si no pasa por la cruz de Cristo. Así quedó plasmado en la cruz del Calvario. Así lo identifica el Espíritu Santo cuando unge lo que viene del cielo y no del pacto de hombre.

Allí mismo es donde Dios establece que el ya llamado Abraham tendrá un hijo con la que ahora se llama Sara, su mujer, y que llamarán su nombre Isaac. Su otro hijo, el concebido con Agar, llamado Ismael, también tendrá destino de una gran nación, pero Dios le da la garantía total de que el pacto sagrado de Él, será con Isaac. El pacto se cumplió al nacer Isaac, ya que conjuntamente con él, fueron circuncidados todos los varones de la casa de Abraham, con él mismo incluido.

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Aunque Gigantes Encuentre Allá

Hebreos 7: 1-7 = Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo, a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz; sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre. Considerad, pues, cuán grande era este, a quien aun Abraham el patriarca dio diezmos del botín. Ciertamente los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es decir, de sus hermanos, aunque estos también hayan salido de los lomos de Abraham. Pero aquel cuya genealogía no es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas. Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor. Tremendo este hombre, Melquisedec. Aparece quinientos treinta años antes de la ley. Le da a Abraham los diezmos de todo, sin cuestionar si era de la ley o de la gracia, e introduce algo que no comienza hasta dos mil años después de la ley. Un hombre que aparece una sola vez en la Biblia, y afecta a más de dos mil años de generaciones.

Considerad, pues, cuán grande era este, La palabra original, que es pelikas, tiene que ver con sustancia, con integridad ministerial. Tiene que ver con calidad moral. Tiene que ver con transparencia. Tanto que, como ya dije, aún Abraham, el tremendo patriarca, no duda en darle los diezmos del botín. Versos 8-10 = Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de que vive. Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos; porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro. El menor sigue siendo bendecido por el mayor, pero la iglesia, atribulada por un sinfín de fraudes y engaños, no está en condiciones emocionales ni espirituales para poder reconocer al mayor que ocasionalmente los bendice. Tiene terror de ser engañada y tiene total y absoluta comprensión sobre ese pensamiento. Pero, igualmente no es conforme ni al propósito ni a la voluntad de Dios, así está escrito. Y fíjate; el de Melquisedec es un sacerdocio tan grande que todos los que reciben los diezmos, deciden darle sus diezmos a él.

Verso 11 = Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿qué necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón? Nota claramente que el asunto por el cual tiene que haber reforma, es por el asunto de perfeccionar. O sea: si el primer orden hubiese estado en condiciones de perfeccionar, entonces no hubiese sido necesario una reforma. La razón por la cual queremos que haya una reforma, es porque necesitamos que haya un sacerdocio que sí perfeccione. Esto indica que sí es posible ser perfeccionado a través de un sacerdocio. Si la perfección fuera posible a través de un sacerdocio levítico, ¿Qué necesidad habría de que se levantase otro sacerdocio? Según el orden de Melquisedec y que no fuera llamado según el orden de Aarón. ¿Sabes cual es hoy el orden de Aarón? Sacerdote el abuelo, el padre, el hijo y el nieto. ¿Es que todos tienen un llamado de Dios? No, todos forman parte de la familia dueña de esa iglesia. Verso 12 = Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley;

Acuérdate que el sacerdocio vivía por el reglamento de la ley. Ellos implementaban la ley, pero sus vidas eran afectadas por la ley que implementaban. O sea: el sacerdocio, era relativo a la ley. Pero cuando Dios levanta otro sacerdocio, como lo viene haciendo desde hace un tiempo, es imperativo que también haya otra ley. Otro sistema de gobierno, al cual el sacerdocio sea relativo. El problema es que muchos cambian títulos. Muchos quieren ser parte del Nuevo Orden, pero no han cambiado las leyes sobre las cuales operan sus ministerios. Cambiando el sacerdocio, tienen que cambiar la ley. Porque el sacerdocio y la ley tienen que ser relativos. Vete a la Primera carta de Pedro. Vamos a leer algo allí. Capítulo 2, verso 9: Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; La palabra anunciéis es la palabra decretar, proclamar.

El orden de Melquisedec, que es un ser, es la combinación de dos oficios en un mismo hombre. Es un ser multidimensional. Tiene el poder del dualismo. Tiene más de un oficio. Más de una faceta. Es rey de justicia y de paz. Es rey, pero es sacerdote. Está en la tierra, pero conectado con el cielo. Es eterno, para siempre, continuamente. Pero relativo a todos los tiempos terrenales. Relativo a lo temporal, pero leal a lo eterno. Esto es un principio. Cuando tú no eres leal a lo eterno, tiendes a ser leal a lo temporal. Lo cual forma campamentos en la tierra y, cuando hay cambios, tú te conviertes en el objeto de reforma. Porque eres tan leal al tiempo, que cuando el tiempo cambia, tú te conviertes en un obstinado que no quiere cambiar. Porque tienes lealtad con cosas temporales y no con las cosas eternas. La lealtad es con Dios y su perspectiva eterna, y no con tu pastor, tu denominación, tu doctrina, tu mensaje y tampoco con tu ministerio. Relativo a lo temporal, pero conectado en lealtad con lo eterno.

Dios me usa hoy, pero si mañana no toca que me use a mí, me sentaré a escuchar o leer lo que los enviados me digan. Porque eso sería mantenerme relativo al tiempo. Porque no se trata de nuestro ministerio, sino de ser mayordomos de Su ministerio. Lo que pasa es que hay mucha gente bipolar. Predican una cosa, pero viven otra. Melquisedec no era bipolar y no andaba confundido. Él estaba del lado eterno. Hay gente que quiere mostrar que anda en lo eterno y se pone híper espiritual y tiembla, ríe a carcajadas, se tira al suelo, usa ropa rara o hace morisquetas más raras todavía. Eso no es ser eterno ni espiritual, eso es ser parecido a uno de esos muertos vivos de las películas de terror. Sobre todo, si cuando dejas el lugar público a la vista de los demás, vives una vida que no tiene nada que ver con lo que Dios dijo que tendría que ser nuestra vida. Todos sabemos que hay gente en la iglesia que tiene dos naturalezas. Por un lado asumen que están restaurados, pero por el otro siguen siendo una pelota de fútbol religiosa.

Este hombre del que estamos hablando, vivía en una dimensión sin estar confundido con la otra dimensión. Era práctico en la tierra y leal en el mundo eterno. Y eso es lo que Dios quiere conseguir con nosotros. Que seamos agentes terrenales, pero con una mentalidad divina. Prevaleciendo en el mundo natural, veinticuatro horas al día. Dios quiere recrear estabilidad en la tierra. Está buscando gente que esté dispuesta a morir en la cruz y renacer en Cristo luego. El esoterismo sostiene que el hombre es un dios. Nosotros enseñamos que ese hombre debe morir en su carne para que Dios pueda vivir en él. No es lo mismo, hay una enorme diferencia. Sólo que hay un precio, y el precio es muerte. Dios quiere recrear estabilidad dentro de su gente. Acuérdate que nuestro sacerdocio, tiene que ser una copia del sacerdocio de Melquisedec. El orden de Melquisedec es el del sacerdote del Nuevo Testamento. Melquisedec entró en un ámbito ministerial temporal que afectó a eternidades. Extiende su influencia hacia más de dos mil años hacia adelante, en una sola aparición.

¿A cuantos les gustaría aparecer una sola vez en un lugar y que dentro de dos mil años todavía nadie se haya olvidado de ti? No tienen ni mamá, ni papá, no saben de donde vienen. Ni donde se graduaron. Porque los que realmente hicieron algo, vinieron de los montes, de los campos, de la nada. Ninguno como producto de un imponente seminario o régimen universitario. Y no es rechazo a todo esto por resentimientos íntimos, es una verdad que cualquier Biblia te muestra al toque. Los hombres más grandes de la Biblia, vinieron de la nada. Ni Jesús, nuestro Señor, nuestro Cristo, fue a la escuela. Él sólo aceptó un sacerdocio. Y este hombre del que estamos hablando, también aceptó un sacerdocio, pero en este caso mucho tiempo antes que la gente supiera lo que era un sacerdocio. ¿Cuánto tiempo piensas que habrá estado con Abraham? El necesario para lo que la Biblia nos cuenta y recibir su diezmo de todo. Abraham supo que ese hombre era más grande que él. ¡Lo que nos cuesta a cualquiera de nosotros poder aceptar que alguien es más grande que nosotros!

Vivió en el tiempo de los patriarcas, pero ministró conforme a como ministró Cristo. Era una copia profética de Cristo. Era pre levítico y post levítico. Pero no operaba con los levitas. Es más; este hombre se encuentra con Abraham en el capítulo 14 y nota que en el capítulo 15, a Abraham se le acredita la justicia. Ya que antes de que Abraham entrara en ese pacto con Dios, que lo hace el padre, ya Melquisedec era. Antes que los patriarcas fueran, ya Melquisedec era. Busca Génesis 15, donde Dios bendice a Abraham y hace ese pacto con él. En Génesis 14 ya lo había visto a Melquisedec. Antes que se convirtiera en el padre, ya Melquisedec le había llevado el botín. Tremendo hombre. Consideren a esta persona, que, con sólo pararse frente a alguien, hizo que ese alguien no pudiera ni hablar. Su presencia, con sólo su presencia. La autoridad genuina, no necesita volumen. Autoridad hace al más pequeño en el más grande. ¿Lo entendiste? Mientras más desapareces, más autoridad tienes.

Y tú desapareces cuando eres el más humilde. Y eres el más humilde, cuando haces lo que Dios te dice aunque te cueste la vida. Tu vida es tu reputación. Tu vida es la amistad del círculo religioso. Tu vida es lo mismo que tuvo que pagar Cristo, que no tuvo ningún tipo de pacto con el círculo religioso de su vida. Esas fueron sus aflicciones. Su aflicción no fue la cruz, ese fue su motivo. Su aflicción fue que no pudo asociarse con ningún ministro de su tiempo, porque no lo entendían. Murió fuera de la religión, fuera del campamento, fuera del mover de la fe, fuera del mover profético, fuera de todas las iglesias pentecostales, bautistas, luteranas, calvinistas o lo que sea, y fuera de las denominaciones, de las asambleas y fuera de todos estos nombres que no son más que campamentos de gente leal a tiempos temporales y no leales a la perspectiva eterna de Dios. Supongo que cada vez se pone más claro esto, ¿Verdad?

O sea, entonces, que ser sacerdocio real, es tu herencia. Es la herencia del Nuevo Testamento. La Palabra dice que estamos siendo edificados para ser. Estamos en ese proceso. En el momento en que tú entras en una posición de realeza, tu alabanza, dice Pedro, se convierte en decreto. Dice que eres real sacerdocio, para anunciar en el momento que entras en algo llamado real sacerdocio, la adoración carismática termina en tu vida. En el momento que entras en la posición de real sacerdocio, tu adoración cambia. Ya no está asociada con el orden de ritualismo de la iglesia, donde se cantan tres canciones de alabanza y una de adoración, o tres de adoración y dos de alabanza, o media hora de alabanza y quince minutos de adoración, no sé como será en tu lugar de residencia. Pero créeme, el ritualismo se acaba cuando entras en esa posición. Cuando entras en real sacerdocio, se proclama, se anuncia, es decir que entras en un orden gubernamental de alabanza, no carismático y amoroso.

Los reyes proclaman, no sugieren. Tu oráculo, se convierte en uno que demanda respuesta. Demanda que se conteste. Demanda que algo acontezca en el mundo del espíritu, cuando lo desatas. Cuando entras en aquello que se llama real sacerdocio, hay demonios que te tienen que respetar lo que tú dices. Si es tuyo. NO te estoy diciendo que no sirva cantar canciones de autores reconocidos o ungidos, te estoy diciendo que el diablo la respeta cuando es tuya. Porque cuando es de un autor famoso, al que respeta es a ese autor, no a ti. Cuando se convierte en tuyo. Cuando la palabra sólo es un vehículo para expresar tu sentir. Cuando la adoración es algo que emana de tu corazón, las palabras que usas, son el recipiente que lo carga. La adoración es algo que sale de tu corazón. Puede ser hasta silenciosa, porque ya no hay método de expresión. Pero, cuidado, el silencio es la forma más alta de adoración, cuando ya no te queda ninguna otra para expresarlo. Es cuando ya dijiste todo lo que se puede decir, y cierras tus ojos y le dices: Padre. Lee mi corazón, porque ya no sé como expresarlo.

El concepto de real sacerdocio, no es un título. Esto está por encima de los cinco ministerios. Imagínate a un apóstol entrando en ese oficio. No importa la posición que tengas, esto te escala a otro nivel. Grado superior. Grado hacia arriba. Mira Apocalipsis capítulo 1 verso 6: y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; Nota que en el contexto del Nuevo Testamento, Dios sólo reconoce el sacerdocio, cuando está unido con realeza. Y esto no es futuro, esto es el tiempo de la iglesia. Nos hizo reyes y sacerdotes. Mira el capítulo 5. Mira el verso 8: Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos; (9) y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios,  ¿Quién está cantando? La iglesia de todo linaje y lengua y pueblo y nación; (10) y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos (¿En una nube? ¡No!) sobre la tierra. 

Noa h a hecho reyes y sacerdotes. Quiero decirte que Dios no reconoce ministerio, sin la combinación de estas dos funciones. Ahora imagínate los ministerios que hay por allí. Cristo, en el Nuevo Testamento considera que el sacerdocio, tiene que tener realeza. Ahora, los reyes son de Judá. Los sacerdotes son de Leví. Estamos hablando de una combinación de estas dos tribus. ¿Sí o no? Por eso el fariseo se preguntaba ¿cómo este hombre puede funcionar como sacerdote y no es un levita? Es más, lo dijeron. Vete a Hebreos 8:1: Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo (Esto es algo de lo que viene hablando, justo después que termina de hablar de Melquisedec) es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó (Esto es: tomó una posición) a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, (2) ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre. (Es el sacerdote de la iglesia, el nuevo templo que está levantando el Señor. La Nueva Jerusalén. La morada de Dios.)

(3) Porque todo sumo sacerdote está constituido para presentar ofrendas y sacrificios; por lo cual es necesario que también este tenga algo que ofrecer. (4) Así que, si estuviese sobre la tierra, (¿Recuerdas que Cristo dijo estoy en la tierra, pero no estoy? Él dijo el que descendió es el que también subió y está en el cielo) ni siquiera sería sacerdote, habiendo aún sacerdotes que presentan las ofrendas según la ley; Él estuvo en la tierra, pero no era de la tierra, porque estaba siendo leal a una dimensión llamada cielo. O sea que el sacerdote que Dios quiere que tú tengas, no es terrenal. Tú no puedes operar en este sacerdocio del que te estoy hablando, con una mentalidad terrenal. Con el “no puedo”, el “ay bendito”, el “mira lo que me pasó” o el “ora por mí”. Con esa cuestión no entra en esto. Con esa guerra espiritual personal. Esos son espirituales carnales. Es que me duele esto, me duele aquello, mi mamá esto, mi mamá lo otro. O que el hijo, el padre, el hermano, todo eso es carnal. Espiritual eres cuando estás avanzando el Reino de Dios en el reino de las tinieblas. Fuera de eso, es carnal, es perteneciente a lo tuyo.

Cristo, respecto a eso, dijo que los muertos entierren a los muertos. Mira lo que dice: (4) Así que, si estuviese sobre la tierra, ni siquiera sería sacerdote, habiendo aún sacerdotes que presentan las ofrendas según la ley; ¡Pero Cristo no presentaba ninguna! Cristo operó en esa forma antes de morir. Quiero que entiendas que el Nuevo Testamento empieza después que Cristo muere, no en Mateo 1. Porque sin sangre no hay pacto. Olvídate de quien dividió la Biblia, no me interesa. Sin sangre, no hay pacto. Nuevo Testamento es Nuevo Pacto. Es lo mismo. Antes del Nuevo Testamento Cristo aparece haciendo caso omiso a la ley levítica. Operando en otro sacerdocio. El levita no trabajaba los sábados, Cristo si. Ellos leían el rollo de Isaías y hablaban una hora de cualquier cosa. Él lo leyó y dijo “hoy se cumple esta escritura”. Casi se lo comieron crudo con papas. “¡No, hijo, no! ¡Déjame enseñarte” ¡Eso no se cumple hoy!” Este es el sacerdocio que Él intenta que tenga la iglesia. No como el levítico, que sabe sus ritos, sus tres alabanzas, sus cuatro coritos, su levanta la ofrenda, sus testimonios y sus especiales.

Y no te olvides la Santa Cena el último día del mes. Él no funciona como el sacerdocio levítico. Dice, (5) os cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, No que son de otra parte, son de otra dimensión. Figura y sombra de las cosas ¿Qué? Celestiales. Verso 23, capítulo 9: Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos. ¿Qué es lo que dice que fue purificada con mejores sacrificios? Las cosas celestiales. ¿Pero quienes fueron purificados por ese sacrificio? Los que sirven a lo que es figura y sombra. Entonces, ¿De quien son las cosas celestiales? De los que sirven a lo que es figura y sombra. Y nosotros decimos que no, que Cristo fue al cielo y que regó el cielo con sangre. Se llevó la sangre y la echó allá en el propiciatorio que está en el templo de la Nueva Jerusalén, con las calles de oro. Sin dudas, todavía quedan varios demonios mascota en la iglesia. Son esos que llevan tanto tiempo contigo que tú ya le agarraste afecto y te crees que una mascota a tu cuidado. ¡¡Es un demonio!!

Verso 5, capítulo 8: los cuales sirven a lo que es figura y sombra (Son sombra, son tipología. Sólo son figura de algo que es más importante que ello) de las cosas celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte. ¿Qué fue lo que le enseñó a Moisés, entonces? Las cosas celestiales. ¿Quiénes son las cosas celestiales? Nosotros. ¿Quién es el modelo? Cristo. Tú fuiste escogido desde antes de la fundación del mundo. Ahora porque te diste cuenta, pero ya fuiste escogido. Tú has respondido, pero esto es desde antes. Dios no trabaja por sorpresa, ya Él terminó el plan. Ahora está buscando quien haga que se manifieste. El modelo mostrado a Moisés, no es otra cosa que la iglesia terminada. EN Cristo. La que ya está escrita en Apocalipsis como la Nueva Jerusalén. Con fundamentos apostólicos, de piedras grandes y fundamentales, como lo es in ir mucho más lejos esta palabra.

Es todo un ensamble balanceado, que tiene que ver con los 144 mil, que tiene que ver con la plenitud del número escogido por Dios para la iglesia. Las calles son de oro, tu fe será tratada como el oro. La perla es la puerta de entrada, es el único animal que, para obtener la perla, tiene que morir. Cristo, la puerta. Él dijo Yo Soy la puerta. Él es la perla, pero para tomar la perla Él tuvo que morir. Es el animal que, para tomar el fruto, tiene que morir. Él permanece en la puerta. ¡Es Cristo! ¡No es una perla en el cielo! ¿Cuántos entraron por la puerta? Ya llegó a la Nueva Jerusalén, ¡Aleluya! Somos la Nueva Jerusalén. Somos la iglesia de los primogénitos. Somos el Monte Sion. Somos la compañía de millares de ángeles. Somos el árbol plantado junto a ríos. Somos el ejército de Dios. Somos la novia. Somos la manifestación del Hijo de Dios. Somos el varón perfecto. Somos mujer, somos hombre, somos árbol, somos ejército. Somos edificio, somos casa, somos morada, somos rama, pámpanos, renuevos. Todos son adjetivos que nos indican como debemos operar en la tierra.

Verso 6 = Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. (7) Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo. Y volvemos al mismo verso. En el capítulo 7 y verso 11, leímos: Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿qué necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón? Capítulo 8, verso 7: Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo Noten, entonces, que la razón por la que hay reforma, es porque aquello en que se estaba operando, se ha mostrado ya con defecto. Aquello que nos daba respuesta a nuestras necesidades, ya ha dejado de darlo. Aquello que satisfacía la sed de la humanidad, ya no satisface. No es que sea malo. Es que todo lo que empieza con Dios, le llega un momento en que hay un cambio y deja de satisfacer y Dios trae una reforma.

Dios usa ciertos corredores para ciertos tramos de una carrera. A medida que esos corredores se van cansando, se van alternando por sus relevos. Cuando Cristo llegó a Jerusalén, los fariseos estaban sacrificando, tranquilos, felices, despreocupados. Y mataban sus corderos y todo lindo, sin problemas. Pero, el día que Cristo fue a la cruz, era el día de la Pascua. Era el día que sacrificaban el cordero. Mientras él estaba colgando de la cruz, el sacerdote seguía imperturbable con sus mismos ritos. ¿No aparece el Señor? ¿Qué habrá pasado? Se mudó. Estaba en el otro cordero. O sea que llega un momento en que, todo lo que tú estabas haciendo que te funcionaba de maravillas, de pronto te deja de funcionar. Simplemente porque Dios se mudó. Te des cuenta tú o no, Él se va. Y si no decides irte con Él, ahí te quedas solo con tus ritos. Y si no eres sensible y hacías las cosas por costumbre, menos te vas a dar cuenta. Hay mucha gente todavía que está acostumbrada a decir que se siente la presencia de Dios, cuando en realidad no se siente nada. De manera que, cuando realmente se siente, ni cuenta se dieron.

Hubo una época en mi país, en mi ciudad fundamentalmente, que en todas las reuniones cristianas la gente se caía al piso. Aseguraban, tocadas por el Espíritu Santo. No lo niego, me sucedió y, desde ese momento, verdaderamente fui otra persona distinta en todo lo relacionado con el Señor, como que allí mismo comenzó a tomar forma este ministerio. Y como yo, también muchos otros vivieron experiencias similares que cambiaron sus vidas para siempre. Pero déjame decirte que, por cada uno que caía al suelo verdaderamente tocado por el Espíritu, había no menos de diez que hacían payasadas sin sentir ni vivir nada. Y en lo único que cambiaban, era que se levantaban del suelo con la ropa más sucia que antes de caerse. Yo estuve diciendo eso durante mucho tiempo y, te aseguro, no fue bien recibido para nada por el liderazgo en general. No le hace, era una verdad que nadie podía ignorar. Satanás no es creador, así que jamás vas a ver algo nuevo que jamás se haya visto antes y pensar que viene del infierno. Pero debemos reconocer que sí es muy buen imitador, por lo que en más de un caso ha bastardeado cosas que habían nacido en Dios y logró tergiversarlas para pecado.

Sacerdote, es el agente de Dios para reconciliación. El rey, es la autoridad gubernamental de Dios. Dios quiere unir estos dos oficios. La autoridad gubernamental, con la reconciliación de Dios. El sacerdote era el que traía la expiación del hombre. El mediador para unir al hombre con Dios. El rey, era el brazo derecho del Señor. Uno, es un intercesor. El otro, es un gobierno que tiene dominio. Queremos que estos operen unidos. Un intercesor gubernamental. O un gobierno de intercesión. En un solo hombre. No que haya gobierno de intercesores e intercesores gubernamentales, sino que todos seamos intercesores gubernamentales y gente con dominio sacrificial. ¿Qué es dominio sacrificial? Dominio es porque nos auto gobernamos de tal forma, hasta el punto del sacrificio personal. Y en la forma en que nosotros menguamos, Él se hace más grande en nosotros produciendo su gobierno, y no el nuestro. Cuando yo hablo de autoridad, hablo de algo reconocido en el mundo del espíritu, muy pocas veces reconocido en el mundo de la iglesia.

Estoy hablando de las cosas que cambian la eternidad, no de las cosas que impresionan a la muchedumbre. Un gobierno, bajo la orden de una ley que es sacrificial. Mientras más sacrificial, más gobierno. Pero, siendo gobierno, un reconciliador. No teniendo señorío. Alguien que puede ser padre de miles y dueño de ninguno. Ese es el principio de las redes, que todavía la gente no lo entiende. Hay un paralelo de iglesias y de ministerios. Que se han unido porque han oído que hay redes. Pero en muchos casos se han comprobado los mismos problemas que tiene el mundo: niños teniendo a niños. Inmadurez. Nadie está en condiciones de ser padre si antes no ha sabido ser hijo. Mira el capítulo 5 de Hebreos. Estamos hablando todavía del orden de Melquisedec, no te confundas. Verso 1: Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere, para que presente ofrendas y sacrificios por los pecados;

Nota que los hombres que Dios escoge como líderes, los escoge entre los hombres, no entre una deidad. Los líderes son hombres, no dioses terrenales. (2) para que se muestre paciente con los ignorantes y extraviados, puesto que él también está rodeado de debilidad; Un líder, y hablo de alguien levantado por Dios, está rodeado de la misma debilidad que tú y de todos los que deba liderar. Eso sí; tiene una guerra mayor que la tuya, porque tiene más palabra que tú. Esto te deja en evidencia que, las chances de que un ministro peque, por allí son más grandes que las que tú peques. El problema más grave que tiene la iglesia, es que no sabe separar al ministro de la oficina que ocupa. El ministro ocupa una oficina en el espíritu. Y él llena ese espacio que le ha sido dado por Dios en beneficio de la iglesia. Es un oficio dado a la iglesia, para que la iglesia lo reconozca y lo respete, que no tiene nada que ver con que lo adule y lo sirva en sujeción estricta como si fuera un jeque árabe.

Pero es el oficio el que se respeta, mucho más allá del hombre que lo ejerce. Claro está que hay una conducta, hay unos patrones, que la Biblia exige que tenga un ministro. Es decir que un ministro tiene que tener cierto grado de madurez, aunque siga estando rodeado de la misma debilidad que tienes tu. Pero el oficio es el que le da unción para operar en el oficio, no para vivir su vida. Porque a su vida la tiene que vivir del fruto del Espíritu, igual que tú. De su carácter. Por eso es que el enemigo ataca ministros, para que haya fallas en su carácter, para que tú te decepciones y termines no sometiéndote al orden divino. Y cuando tú no sabes separar al hombre de la unción, siempre toca la unción. Nota que David, aunque Saúl fue un payaso, no lo tocó. Porque Saúl, aunque fue escogido por los hombres, Dios lo secundó y lo mandó a ungir y se acabó. Y una vez que Dios lo da, no hay nada más que añadir. No importa de donde salió la necesidad, lo cierto es que Dios lo instituyó. Y Dios ya le había quitado el trono, y se lo había dado a David. Pero él todavía estaba ocupándolo en obstinación. Y aún así, David no lo tocó.

Hubo un tiempo que le lo tomó a Saul caer, que fue el mismo tiempo que se tomó David para fortalecerse. Entonces dice que el ministro está rodeado de la misma debilidad que el hombre. Fíjate que hay gente que reconoce este mensaje a través de mí, pero no lo reconoce a través de otro. Eso tiene cierto punto de verdad, pero también lo tiene de engaño. El que lo aprendió de mí no lo va a entregar de la misma manera, pero también puede pasar que haya una persona que no te agrade y entonces no le recibes nada. Ahora imagínate si un solo hombre tuviera que ministrar a todos porque es el único al que admiran y aman. Un día ese hombre no está más y ninguno de los ministrados termina su misión en esta tierra. De la única manera que todo esto se va a expandir, es si todos nos sometemos al orden divino. Eso, para que la gracia siga entrando en cada iglesia. No para un hombre, porque a cualquier hombre que tenga un mensaje, ir a un lado u otro le da lo mismo. Verso 3: y por causa de ella debe ofrecer por los pecados, tanto por sí mismo como también por el pueblo. 

Recuerda que está hablando de Cristo. Escucha, verso 4: nadie toma para si, esta honra, sino el que es llamado por Dios como lo fue Aarón. A ver; para que tú sepas si eres llamado por Dios, tienes que ver si tu llamado fue parecido a los patrones de Aarón. Y si no fue parecido a los patrones de Aarón, entonces no eres llamado. Lo dice claramente: Y nadie toma para sí esta posición, sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón. ¡Y si no es igual a como lo fue Aarón, no es! Entonces alguien dice: ¡Ah! ¡Pero esos son los levíticos, nosotros somos del orden de Melquisedec! (5) Así tampoco Cristo (¿Cómo? ¿Cristo es menor que Melquisedec?) se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, (Y ahora te dirá lo que pasó con Aarón) sino el que le dijo: Tú eres mi Hijo, Yo te he engendrado hoy. TE fijas; Dios nombró a Aarón y a sus hijos. Y le dijo que los mantos de Aarón ungirían a sus hijos. Y a todo lo que le dijo a Aarón que hiciera, tenía al hijo presente. Para que hubiese continuidad. Una tipología de para siempre Melquisedec.

Cristo tampoco dijo Yo soy el pastor de pastores, sino que tuvo que esperar que alguien lo reconociera como hijo. Pregunto: ¿Quién te reconoce como tal? Si no tienes un nombre, eres ilegítimo. Necesitamos un padre genuino, porque esa cobertura que nos dicen que tenemos, y que en realidad no tenemos, no viene de parte de un padre, sino de alguien que, en muchos casos, ni siquiera hemos visto personalmente. ¿O no? Tú no puedes ser padre de nadie, ni tener ministerio, sin primero ser hijo. Que te quede claro. ¿Se te fue la mente pensando en tal o cual persona que te producen esa sensación de que jamás se han arrodillado ante nadie y ante nada? Justamente de esos estamos hablando. No yo, sino Él a través de Su Palabra. El orden de Melquisedec, sigue los patrones de Aarón, sólo que en una escala superior. Hasta Cristo que es del orden de Melquisedec, no asume la posición hasta que alguien le diga: Este es mi Hijo, yo lo reconozco, respétenlo. Sucede que algunos hombres forzaron sus formas al tratar de combinar estos dos oficios.

Estoy hablando del de sacerdocio con realeza. ¿Se acuerdan de Uzías? Uzías y Saúl perdieron ambos el reino. Sin embargo, otros hombres entraron en esa orden, como David. Que usó un efod, y era rey. ¿Cómo se le ocurre ponerse algo sacerdotal, e medio de un tiempo levítico, cuando él es rey? ¿Estaba loco? Bueno, todo lo que hizo David, sonaba a locura, ¿No te parece? Es evidente, por esa razón, lo siguiente. Cada vez que en la Biblia aparece una combinación de estos dos oficios, es porque Dios está militando una guerra hostil, en contra del sistema establecido en el tiempo. O sea: cuando había una guerra hostil de parte de Dios contra el sistema establecido, alguien entraba en este orden. Para que la reforma fuera efectiva, cuando Dios tenía una guerra hostil contra el sistema establecido, o sea, reforma. Una posición hostil en contra de toda manifestación religiosa que ya no satisface. Cada vez que eso ocurre en la Biblia, vas a ver que alguien asumió en ambos oficios. O sea que la reforma, sólo puede ser hecha a través de hombres en esta orden.

No se trata de cualquier payaso predicando reforma. Hay mucha gente hoy día predicando reforma cuando ellos mismos necesitan reforma. Dios tenía una presente ejecución, tenía un propósito en el Reino, el cual ya no podía operar a través del sistema existente, entonces producía unan reforma, a través de gente que operaba en estos dos oficios a la vez. Mientras que, al mismo tiempo, introducía algo nuevo en la tierra. Reforma. Vete a Deuteronomio 17. Estamos mirando las dinámicas de los reyes y entonces ahora vamos a mirar las dinámicas de los sacerdotes, para ver que es lo que Dios está uniendo. El problema mayor con nosotros, es que muchos no sabemos quienes somos, y eso es peligroso. Estamos redescubriendo quienes somos. Tenemos que entrar en esta dimensión. Y no es una revelación espectacular, sino una sustancia en la que tu vida se convierte en eso. Es como si te implantaran la médula espiritual en el cuerpo y te cambiara todo tu sistema nervioso y funcionaras de una manera distinta.

Reforma no es cambiar los muebles, los bancos, el piano y los bafles de un templo. Reforma es cambiar la médula espiritual de la iglesia. Si un ministro cambia, su mensaje va a cambiar, también. Yo no me estoy refiriendo a que alguien se emocione porque la revelación está tremenda. Con toda honestidad, debo confesarte que con el transcurrir de los tiempos me he cansado bastante ya de que la gente me diga que ese estudio o mensaje estuvo tremendo, y que cinco años después sigan siendo los mismos, con los mismos problemas. A lo que me estoy refiriendo es a algo que pase en tu vida que sea reconocido en el mundo divino. Que sea el cielo el que diga que este es otro hombre. Que cuando tú levantes tus manos, digan que esas son manos santas. No los hombres, Dios. O sea: separadas para el propósito de Dios. Que seamos como Moisés, que cuando entremos en la tienda Dios diga: con permiso, me están llamando. Que cuando lancemos un decreto los demonios digan: mejor vámonos.

Cuando yo hablo de gobierno, no me refiero a un dictador, sino al orden o a la habilidad de ejercer dominio y orden, en medio de cualquier cosa, incidente o actividad que busque neutralizar el avance del Reino. Mientras que al mismo tiempo demuestra efectividad en su administración y mayordomía del avance de los propósitos de Dios en la tierra. Es imposible tener gobierno y no saber qué es lo que Dios está haciendo. Así que la persona que no sabe lo que Dios está haciendo, no tiene nada que ver con nosotros. Porque gobierno está relacionado con avanzar los propósitos de Dios en la tierra y neutralizar todo avance hostil contra el propósito de Dios. Gobierno. Autoridad. Una persona que se planta y habla y el infierno se paraliza en atención a lo que pueda decir. Gobierno. Una persona con ese carácter, entra a un lugar y lo llena, aunque no tenga ni voz ni mando allí. Un buen custodio de los propósitos de Dios. Escucha: puedes tener el título y la jerarquía que se te ocurra, pero si desconoces lo que Dios está haciendo hoy, no veo la manera de que tengas gobierno.

Deuteronomio 17:14 = Cuando hayas entrado en la tierra que Jehová tu Dios te da, y tomes posesión de ella y la habites, y digas: Pondré un rey sobre mí, como todas las naciones que están en mis alrededores; (15) ciertamente pondrás por rey sobre ti al que Jehová tu Dios escogiere; de entre tus hermanos pondrás rey sobre ti; no podrás poner sobre ti a hombre extranjero, que no sea tu hermano. (16) Pero él no aumentará para sí caballos, ni hará volver al pueblo a Egipto con el fin de aumentar caballos; porque Jehová os ha dicho: No volváis nunca por este camino. (17) Ni tomará para sí muchas mujeres, para que su corazón no se desvíe; ni plata ni oro amontonará para sí en abundancia. (18) Y cuando se siente sobre el trono de su reino, entonces escribirá para sí en un libro una copia de esta ley, del original que está al cuidado de los sacerdotes levitas; (19) y lo tendrá consigo, y leerá en él todos los días de su vida, para que aprenda a temer a Jehová su Dios, para guardar todas las palabras de esta ley y estos estatutos, para ponerlos por obra; (20)  para que no se eleve su corazón sobre sus hermanos, ni se aparte del mandamiento a diestra ni a siniestra; a fin de que prolongue sus días en su reino, él y sus hijos, en medio de Israel.

Se pueden extraer algunos principios de esto, para ver qué es lo que Dios quiere que opere en nosotros al mismo tiempo, del ministerio del rey y el del sacerdote. En principio, tenemos que aprender a funcionar conforme a lo que Dios elige. Lo que quiero decir es que debemos reconocer al que Dios elige. O sea: funcionar desde la posición del que Dios escoge. Lo primero que se aprende, en este sacerdocio, es que no tiene nada que ver con donde tú te gradúas. A pesar de que las dinámicas del orden de Melquisedec le pertenecen sólo a la iglesia, cuando hablamos de liderazgo en la iglesia, el que elige es Dios. ¿Recuerdas a aquella mujer que fue a pedirle a Jesús que cuando estuviera en su Reino, colocara a uno de sus hijos a su derecha y al otro a su izquierda? ¿Recuerdas lo que le respondió Jesús? 1 – Tú no sabes lo que estás pidiendo. Muchos de nosotros vemos autoridad a través de los ojos engañadores del mundo. Y no entendemos lo que estamos pidiendo cuando pedimos autoridad. Lo primero que le dijo es que no sabía lo que estaba pidiendo, porque si lo supiera, no lo pediría.

Nota que todos los grandes hombres de Dios, no eran hombres que estuvieran buscando posición. Ninguno de aquellos que Dios usó grandemente, buscaba ser usado. Todos fueron interrumpidos en sus vidas ocupadas por Dios. Nunca llamó a un vago ni a un desempleado. No existe un solo ministro que haya sido llamado por Dios que haya estado desempleado. Y lo digo por un solo punto importante: hoy en día, ser ministro es equivalente a no trabajar. O también gente que cree que porque son ministros no tienen que trabajar. 2 – ¿Puedes tú beber esta copa, y ser bautizada por el bautismo del que yo he sido bautizado? O sea: ¿Puedes tú pagar el precio? El precio es muerte. El bautismo de Cristo fue muerte. ¿Sabes lo que estás pidiendo? El bautismo es muerte, ese es el precio por autoridad. Mientras menos de ti haya, más autoridad tienes Si al mensaje tú lo consideras autoritario, es porque la persona que lo está dando, ha sido menguado ante Dios. 3 – Eso que tú pides, está reservado sólo para el Padre. Elegir.

El primer paso para operar como reyes en la tierra, es entender que a los reyes los escoge Dios. No es basado en democracia. No es basado en tu graduación. Es que yo soy doctor en teología. Y yo soy master en divinidades. Nunca supe que ratos era eso. ¿Serán maestros de Dios que le enseñan a Él lo que no sabe? Uf. Sólo pregunto: Si Dios es LA divinidad y tú dices ser master, maestro, ¿Entonces quien eres tú? ¿Algo por encima de Dios? huaa. O sino: señor apóstol, excelentísimo reverendo tal y cual. No es por democracia. Si ese pastor fue encontrado en pecado, no puedes reunir a la junta de cabezones para elegir otro pastor. ¡No es por democracia! Tú no eliges a nadie, Dios es quien elige. Si no ha sido elegido por Dios, en el mundo del espíritu  no existe, aunque en la tierra esté lleno de credenciales y títulos. Hay iglesias que se enorgullecen en proclamar que han sido la primera en estar en una ciudad. Pero hace cincuenta años que están allí y jamás pasaron de doscientos miembros. ¿No tendrían que haber tomado la ciudad completa en todo ese tiempo? Cualquier semejanza con una realidad que conoces, es pura coincidencia.

Dice que no puede haber ningún extranjero en el orden de Dios de Melquisedec. Dice que el que elija, tiene que ser de entre tus hermanos. O sea que tiene que estar familiarizado con lo que Dios está haciendo en tu medio. Allí, hermano, no significa que fuera israelita. Podría ser de otra tribu que supiera lo que Dios estaba haciendo. Eso, de alguna manera, destruye el hecho de que yo, argentino, vaya a vivir a tu país, que no es el mío y del cual conozco muy poco, y me unjan apóstol u obispo de esa nación. Ningún extranjero puede ser rey en tu medio. ¿Por qué nací en Argentina? No lo sé, sólo Dios lo sabe. Pero no ha sido para que vaya a reinar a otro país. Allí ya tiene que haber otro elegido para eso. La persona que ocupa estas posiciones, no puede ser ignorante de lo que Dios está haciendo en la tierra, y mucho menos en tu medio. Traer un pastor de una congregación a otra, no es el orden de Dios. Especialmente si no sabe para donde va la iglesia. Y no estoy hablando de alguien que ocupa una posición en tu iglesia, sino de alguien que tiene una posición en el espíritu.

Somos linaje escogido. ¡Tienes derecho a lo que te estoy diciendo! Para liderar el cuerpo, tienes que ser escogido por Dios. Ningún extranjero puede ser colocado como rey. No puede ser que haya hombres que dicen ser de Dios, que estén enviando currículums a las iglesias donde sabe que sus pastores estén en problemas. Por eso no creo en las escuelas de pastores. Alguien se gradúa y se sienta a esperar que otro se caiga para ir a reemplazarlo. ¿Eso es Dios? Dice que el que sea rey, no puede multiplicarse para sí mismo. Caballos, casas, esposas, oro. Escucha. ¡Pero en aquel tiempo tenían más de una mujer! ¡¡Pero era en aquel tiempo!! El problema no era con abundancia de casas. El problema no era con la abundancia del dinero. Mira lo que dice la escritura. (17) Ni tomará para sí muchas mujeres, para que su corazón no se desvíe; El gran tema es si tus posesiones desvían tu corazón. Algunos dicen que no son ostentosos, que sólo quieren que no les falte en pan en su mesa. ¡Egoísta! Que te sobre un pedazo para el vecino que no lo tiene.

Esa palabra que dice que tu corazón no se desvíe, significa que no se descentralice. O sea que el objetivo de tu ministerio, comience a descentralizarse. Que lo que se esté haciendo, ya no se está haciendo por la misma causa que se comenzó. Cualquier cosa que cause de que tu corazón se salga del centro del propósito, no es bueno. Una posición de un estilo de vida progresivo. Dice el verso (16) Pero él no aumentará para sí caballos, ni hará volver al pueblo a Egipto. No puede ser un ministro, que, por su obstinación de no seguir con Dios, termine llevando a la iglesia al lugar de donde provino. Egipto no tiene que ver con el mundo, solamente. Egipto, en Génesis, era el Edén de Israel, porque fue allí donde se le proveyó lo mejor de la tierra de Gozén. Egipto, en este verso, significa el lugar de donde provienes. Cuando entras en un nuevo mover y por cualquier causa no quieres seguir en eso, eso es volver a Egipto. Deuteronomio 11:10 = La tierra a la cual entras para tomarla no es como la tierra de Egipto de donde habéis salido, donde sembrabas tu semilla, y regabas con tu pie, como huerto de hortaliza.

Mi iglesia. Mi ministerio. Mi culto de adoración. ¡Yo soy líder de alabanza! ¡Este es mi ministerio! ¡Estas son mis hortalizas! Dios nos sacó hace tiempo del síndrome de mi ministerio, mi púlpito. El dice que a la tierra que nos va a llevar no es como aquella, donde todo lo hacías tú mismo. Y sembrabas tas pequeñas cosas y las regabas con tu pequeña latita de agua. Estoy sembrando para prosperar. No, la Biblia dice que tus siembras en un lado y cosechas en otro lado. Así dice, que tú siembras y otros recogen lo que tú sembraste. Y que Él te ha enviado a cosechar lo que tú no sembraste. (11) La tierra a la cual pasáis para tomarla es tierra de montes y de vegas, que bebe las aguas de la lluvia del cielo; (12) tierra de la cual Jehová tu Dios cuida; siempre están sobre ella los ojos de Jehová tu Dios, desde el principio del año hasta el fin. O sea que en esta tú no las riegas, las riega Dios.

Una vida progresiva, que no los lleve a Egipto. En el momento en que debes seguir a Dios, tienes todo el potencial para volver atrás. Porque es más fácil volver a lo reconocido que ir al mundo de lo desconocido. Pero en el momento en que tú no tienes dirección, casi automáticamente vuelves atrás. Si quieres experimentar algo que nunca has experimentado, tendrás que hacer algo que nunca has hecho. Y en toda ventaja hay riesgos. Por eso mi canción lema que durante muchos años de radio me acompañó, dice en su letra que Dios no me trajo hasta aquí para volver atrás, nos trajo aquí a poseer la tierra que Él nos dio. Aunque gigantes encuentre allá, yo nunca temeré.

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El Primer Hebreo…

Hay un texto que dice: Y dijo Dios: Esta es la señal del pacto que yo establezco entre mí y vosotros y todo ser viviente que está con vosotros, por siglos perpetuos: Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mí y la tierra. Ahora deja que la meteorología enseñe que lo que llamamos Arco Iris, esa colorida señal, sólo es el producto de un reflejo solar en las nubes, luego de terminar de llover o un extenso temporal. Desde lo físico y material, es cierto que así son las cosas, pero que la realidad de ese enorme arco y su significado, es el que Dios mismo les está comunicando a los hombres en este texto. Cada vez que llueva y luego aparezca ese hermoso arco, mientras nosotros disfrutamos de una belleza más de esta naturaleza nuestra, Dios se estará acordando de este pacto y por este recuerdo seguiremos estando a cubierto.

 No es poca cosa lo que digo. Y respecto a la sangre, hay algunos elementos que la catapultan más allá de una simple efusión de fluido. Fue el signo de misericordia de Israel en la primera pascua, selló el pacto de Dios con Israel, santificó el altar, apartó a los sacerdotes, hizo expiación por el pueblo, selló la nueva alianza, nos justifica, trae redención, trae paz con Dios, nos limpia, nos da entrada al Lugar Santo, nos santifica y nos permite vencer a Satanás. Finalmente, la maldición hacia su hijo Canaán, fue porque éste lo vio desnudo, cosa que lo llevó a burlarse y sobrepasar su autoridad. Esto, por fuera de algunas otras tesis relacionadas con asuntos mucho más escabrosos, de los cuales no hay prueba alguna.

El capítulo 10, mientras tanto, da un exhaustivo panorama de la descendencia de Noé. De todos los nombres que allí aparecen, el que más se destaca es el de Nimrod, del que dice la Biblia que fue quien llegó a ser nada menos que el primer poderoso de la tierra. Fue el primer poderoso en la tierra, pero no en el buen sentido. Él gobernó sobre Babel, que fue la primera rebelión organizada de los seres humanos en contra de Dios. El propio nombre de Nimrod significa “vamos a rebelarnos”. De él se dice:  Así como Nimrod, vigoroso cazador delante de Jehová: El contexto muestra que esto no es un elogio a Nimrod. La idea es que Nimrod era una ofensa ante el rostro de Dios. Esto no está hablando acerca de la capacidad de Nimrod para cazar animales salvajes. Él no era un cazador de animales. Él era un cazador de hombres, un guerrero.

 Fue a través de su capacidad para luchar y matar y gobernar despiadadamente, que su reino de las ciudades-estado del valle del Éufrates fue consolidado. Alguien, citando una leyenda judía, dijo: El gran éxito que asistió a todas las gestiones de Nimrod produjo un efecto siniestro. Los hombres ya no confiaban en Dios, sino en su propia destreza y habilidad, una actitud que Nimrod trató de imponer al mundo entero. Por lo tanto, es posible que Nimrod, habiendo adquirido poder, lo usara con tiranía y opresión, y por rapiña y violencia fundara el dominio que fue el primero en distinguirse con el nombre de un reino sobre la faz de la tierra. Muchos reinos se han creado de la misma manera, en diferentes edades y naciones desde ese tiempo hasta la actualidad. De los Nimrods de la tierra, ¡Dios, libre al mundo!

El siguiente capítulo 11, comienza diciéndonos algo que no siempre tenemos en cuenta o recordamos a la hora de estudiar. Dice el verso 1: Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras. Esto es clave. Mucho más que por enseñanza, teología o riqueza histórica, por fe. Porque si crees, a esto puedes entenderlo, pero si no crees, te resultará muy difícil. Qué quiero decir. Quiero decir que si crees que la raza humana nace a partir de un hombre al que llamamos Adán, esto de una sola lengua y mismas palabras, no sólo tiene sentido, sino que es altamente apto para creerlo tal cual lo expresa aquí. La palabra hebrea usada para lengua, aquí, es safá y se traduce fielmente como lenguaje.

¿Esto significa que al principio en la creación de Dios sólo se hablaba un lenguaje? Sí, esto es lo que significa. ¿Y entonces de dónde sacamos todas las toneladas de idiomas, dialectos y jergas que hoy por hoy todavía habla la humanidad conjunta? Si seguimos estudiando esto, seguramente nos vamos a encontrar con la respuesta. No quiero adelantarte nada para que tú mismo la encuentres conmigo. La mayor virtud de la enseñanza, está en guiar al alumno a encontrar respuestas por sí mismo, estudiando lo que haya que estudiar, no dándole las respuestas sin que haga el menor esfuerzo. Así nos acostumbraron, pero no es lo correcto.

Y luego vendrá una clara y grosera desobediencia del hombre a un mandato divino. ¿Recuerdas lo que Dios le dice a Noé y a su familia luego de concluido el diluvio? En Génesis 9:1 lo tienes tan claro como lo tuvieron ellos: Bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra. Este último llenad la tierra que vemos, no es una frase poética, abarcativa o global, dicha como una especie de frutilla del postre al juicio. Esto es un claro y preciso mandamiento. Llenar la tierra significa lisa y llanamente, poblarla de seres humanos de un extremo al otro, sin espacios vacíos y, tal como también fue explícito, sin aglutinamientos concentrados en un mismo sitio, esto es, ciudades.

¿Obedeció el hombre? No. Aquí en el capítulo 11 vemos que un grupo de ellos decidieron otra cosa, cuando en el verso 4 dicen: Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra. Primera desobediencia, edificar una ciudad. Dios creó un planeta donde, región por región, sus tierras o sus aguas contienen todo lo que el hombre necesitaría para poder vivir, subsistir e, incluso, ganar dinero con ello. Pero debía desparramarse a campo libre, no amontonarse en enjambres de hierro, mampostería y cemento.

Pero, y atención con esto; no sólo se trataba de edificar una ciudad contrariando el mandato de Dios, sino incluso añadirle la construcción de una torre, que, al decir de ellos mismos, debería tener una altura que le permitiera llegar al cielo. ¿Exageración de voluntarismo? Si, pero también tipología de necesidad de poder. Esto fue una determinación directamente en contra de Dios mismo, de eso tengo certeza. Porque la construcción de esa torre, la intencionalidad que tenía, era la de utilizarla para protegerse de un posible nuevo diluvio.

Es decir que estos hombres, en abierta desobediencia a Dios, manipulados en sus mentes por Satanás y sus legiones de demonios, lo que deseaban era vivir sus vidas como les diera la gana, aún en contra de los mandamientos más elementales del Padre celestial, y tener un elemento que les permitiera evadir de un juicio, en el caso que Dios decidiera llevarlo a cabo. Tú debes estar pensando en la calidad de idiotez que tenía esta gente, para suponer que podían burlar al Dios de todo poder en algo tan rudimentario. No te creas que fueron los únicos. Hoy hay mucha gente que se dice cristiana, que construye sus propias babeles con la idea de evitar el juicio que, están seguros, vendrá en su contra por causa de sus notorios, groseros y abundantes pecados.

Viendo todo este mover dice que Dios descendió a ver la obra de los hombres. ¿Descendió? ¿De donde se supone que descendió? De nivel, no de altura geográfica. Tuvo que descender de su nivel de ámbito sobrenatural y divino, para poder quedar en la chatura terrenal del humano. Vio la torre, se dio cuenta que ellos no iban a retroceder un milímetro en sus decisiones y entonces los sacudió fuerte y feo. De allí que en el verso 7, está la respuesta que me quedó pendiente. Dice: Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero. ¿Qué podríamos entender con confundir su lengua? Nada.

A nosotros, en el terreno lineal e intelectual, no nos es posible entender esto que, evidentemente, tiene un origen sobrenatural. Porque lo cierto es que, de tener un mismo lenguaje y entenderse todos con todos, vinieran de donde vinieran, de un momento al otro se encontraron hablando con giros idiomáticos distintos y desconocidos, por lo que ya les resultó imposible comunicarse a los fines de ver como seguir con esa obra de construcción. Dios concluyó su juicio sumario esparciéndolos por toda la tierra, que es como decir por todo el mundo, por lo cual debieron abandonar la construcción de la torre y sus aspiraciones imperiales. Por eso es Babel, que significa Confusión.

De las genealogías subsiguientes, se destaca la de Taré, que, entre otros descendientes, engendró a Abram y a Nacor. Y dicen los versos 29 y 30:  Y tomaron Abram y Nacor para sí mujeres; el nombre de la mujer de Abram era Sarai, y el nombre de la mujer de Nacor, Milca, hija de Harán, padre de Milca y de Isca. Mas Sarai era estéril, y no tenía hijo. Y a partir de allí, creo, comienza la historia central de nuestra fe. Ya en el capítulo 12, Dios le dice al por entonces todavía, Abram, que se vaya de su tierra, de la cercanía de sus parientes, de la propia casa de su padre y se dirija a una tierra que habrá de mostrarle.

 Porque allí será, le profetiza, donde lo convertirá en una gran nación. Que engrandecerá su nombre, bendiciendo a todos los que lo bendigan y maldiciendo a todos los que lo maldigan. Y que serán benditas en él todas las familias de la tierra. ¿Todas? Sí, todas, tal como lo estás leyendo. No me digas que más de uno de nosotros quisiera haber recibido o estar recibiendo de parte de Dios tamaño honor y plan futuro, ¿Verdad? Sí, pero también fe, perseverancia y todo lo que un hombre necesita para poder sobreponerse a todos los obstáculos que Satanás puede poner en su camino procurando que no lo transite y haga la voluntad de Dios.

Diálogo ficticio, pero que muy bien pudo ser real. Se produce cuando un viejo amigo y conocido de Abram lo ve salir con todos sus bártulos y, con asombro y curiosidad lo saluda y le pregunta: “¡Eh! ¡Abram! ¿¿Qué te ocurre? ¿Para donde te vas? – Me voy a la tierra prometida por Dios para que allí funde una gran nación… – ¡Ah! ¿Y donde queda esa tierra? – ¿La verdad? ¡No tengo ni la menor idea! Pero Dios me dijo que vaya para allá, ¡Y para allá estoy yendo!” Sonríete, si quieres, pero piensa por un momento y coincidirás conmigo por qué, este hombre, con el correr de los tiempos, llegó a ser llamado Padre de la Fe.

Sin embargo, y tanto como para que quede en evidencia que, como decimos por aquí, al más veloz se le puede escapar la tortuga, al pasar por Egipto tiene esa aventura con un Faraón por causa de mentir diciendo que su mujer, la hermosa Sarai, era su hermana y de esa forma evitar que el Faraón lo mandara a matar para quedarse con ella. Una mentira para salvar la vida. Es pecado, de cabo a rabo, pero…pregunto… ¿Fue una mentira a la que ninguno de nosotros hubiera sucumbido? ¿Podríamos decir, en este instante, que somos más íntegros que el mismísimo Abram y que de ninguna manera haríamos lo que él hizo? Dilo tú, si quieres, yo no confío en mis “fortalezas” carnales…

Lo cierto es que Abram se favoreció materialmente y mucho a partir de esa mentira. Recibió ovejas, vacas, asnos, siervos, criadas, asnas y camellos de parte de un Faraón encantadísimo con esa mujer tan hermosa. Hasta que cayó en desgracia con una serie de feroces plagas y Dios le hizo saber de alguna manera que esa mujer no era la hermana de ese hombre, sino su mujer, y que por ese motivo Dios lo sacudía de ese modo. Entonces Faraón lo llamó, lo levantó por los aires por esa mentira y los expulsó de sus dominios. Es notorio que Dios estaba con Abram, pese a todo, ya que lo protegió de una respuesta de Faraón mucho más violenta y hasta sangrienta.

 Además, lo quieras o no, de esa aventura es de donde Abram sale altamente enriquecido materialmente. Dice que era riquísimo en ganado, plata y oro. Créeme que, en esa época, mucho más que esto, un hombre no podía pedir. Si no pertenecía a la nobleza y no había nacido en cuna de oro en lo familiar, llegar a este nivel de riqueza era prácticamente un milagro. Milagro que Dios permitió, ya que ni la pésima conducta de Abram modificó un milímetro su plan. Aquí ya se le había sumado su sobrino Lot, que también tenía posesiones y nada despreciables y con el cual ya estaba compartiendo terreno en el sitio donde había sido enviado.

Sin embargo, quedó prontamente en evidencia que esa tierra, con todo lo generosa que parecía ser, quedaba reducida y escasa para albergar las posesiones que estos dos hombres habían conseguido. Y muy pronto, por ese motivo, empleados de uno y del otro empezaron a tener problemas, riñas y altercados, cosa que llevó a Abram, a la sazón propietario por derecho divino de ese sitio, plantearle a su sobrino la necesidad de separarse. Concretamente, le dijo que prefería que no hubiera altercado entre ellos, “porque eran hermanos”. ¿Hermanos? ¿Es que ya se utilizaba en esa época tratar así a quien creía en el mismo Dios?

No. No es a eso a lo que se refiere esto. Y mucho menos a una cuestión filial, ya que Abram y Lot eran, todos lo sabemos, tío y sobrino. La palabra usada en el original hebreo, allí, es la palabra akj, y se interpreta como amigo, compañero, pariente, parte o prójimo. Amistad. No obstante, las rencillas socavaron en parte esa relación, por lo que Abram le pidió a Lot que se apartara de él. Que, si Lot iba a su izquierda, él, Abram. Iría a su derecha, cosa de no encontrarse. Si había existido una alianza, esa alianza había quedado derogada. Abram acampó en Canaán y Lot se estableció en Sodoma. Otra historia para contar…

No tardó demasiado Abram en retirarse de ese lugar, ya que Dios mismo lo mandó a Mamre, que está en Hebrón. Y así transcurrieron sus días, hasta que unos reyes expansionistas y ambiciosos decidieron atacar a Sodoma y Gomorra, por lo que sus reyes intentaron defenderla. No lo lograron, fueron derrotados y debieron huir. Los invasores entraron, tomaron todas las riquezas de Sodoma y Gomorra, también sus provisiones, y se fueron. Pero antes de eso, tomaron prisionero a Lot, conjuntamente con todos sus bienes, y se lo llevaron.

 Uno de los criados de Lot logró escapar y viajó hasta donde moraba Abram para avisarle que su sobrino estaba prisionero. Abram no lo dudó ni un instante. Armó a sus criados y se fue en procura de recuperar a Lot y devolverle la libertad. Luego de una batalla lo consiguió y lo trajo de retorno. Sin embargo, volvieron a separarse, ya que algo quedó más que en claro: parentesco, sí; conciencia de familia y entrega al máximo y total para pelear por la libertad de un sobrino, sí. Pero alianza, no. Cada uno por su lado. Sin embargo, en el camino de retorno, sucedió un episodio que se convertiría en histórico. Fue cuando se encontró Abram con Melquisedec.

En los versos 18 al 20 del capítulo 14, se lee lo siguiente: Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo. Quiero hacer un paréntesis aquí para hablar de esto, porque no es un tema menor ni está de complemento. En principio, no hay una idea precisa de donde viene Melquisedec o cómo llegó a estar en Canaán. Y mucho menos como llegó a ser un adorador y un sacerdote del Dios verdadero. Y tampoco sabemos cómo supo Abram que él estaba allí. Lo único que sabemos es lo que aquí está relatado: estaba allí y punto.

No obstante, quiero compartirte algunos detalles más sobre este personaje, por un motivo que te diré al final. El nombre Melquisedec, significa Rey de Justicia. Él es el rey de Salem, y Salem es la original Jerusalén y Melquisedec, entonces, es el sacerdote del Dios Altísimo. Lo que lo hace único, es que es rey y sacerdote, ambas cosas, casi un preanuncio de lo que tú y yo somos hoy.   De hecho, la historia nos enseña lo peligroso que ha sido combinar la religión con la autoridad civil. No es casual que Dios haya prohibido a los reyes que fueran sacerdotes y a los sacerdotes que fueran reyes. Cuando Uzías quiso hacer el trabajo de sacerdote, Dios lo aquejó con lepra. Pero en Melquisedec, indudablemente hay una excepción.

Y dice que sacó pan y vino. Esto es, que Melquisedec le sirvió a Abram pan y vino. Quizás él lo sirvió incluso como una manera de proyectar lo que sería el sacrificio que nos redimió. Así como el pan y el vino de la Pascua y de la cena del Señor, hoy por hoy, miran hacia nuestro sacrificio redentor, Cristo Jesús. Melquisedec, como sacerdote, hace dos cosas: bendice a Abram y bendice a Dios. Demuestra así que un sacerdote tiene que estar conectado con ambos, con Dios y con el hombre, y que debe ministrarlos a ambos. Aunque parezca a primera vista una figura oscura, Melquisedec se presenta como una persona muy importante en el Antiguo Testamento.

No nos olvidemos que el sacrificio de Cristo fue según el orden de Melquisedec. ¿Cuál orden? Sin padre, sin madre, sin genealogía. No teniendo principio de días ni fin de vida. Siendo hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote a perpetuidad. Muchos creen que Melquisedec fue una apariencia de Jesús antes que éste naciera en Belén. Pero lo más importante y raro, es que dice que Abraham le dio los diezmos de todo. Una décima parte de todos sus bienes, no de sus ingresos. Al motivo búscalo tú, a mí me es suficiente con saber que así fue y que por ello fueron benditas todas las naciones. Es muy mediocre y barata la discusión entre el valor del poder de Dios y el de un dólar.

No puedo negar que, a partir del diezmo y la ofrenda, se han llevado a cabo verdaderas estafas dentro del pueblo de Dios. Hombres sin escrúpulos no han vacilado en cometer los más diversos tipos de fraudes y manipulaciones, sin otra finalidad que la de enriquecerse ellos, a costas de la lealtad, la confianza y la sinceridad de muchos hijos fieles, pero también ingenuos. El hijo de Dios no puede ser avaro ni amante del dinero, pero tampoco es un ser que anda dilapidando a cualquiera lo que Dios le ha brindado. Personalmente, jamás pedí un centavo a nadie, ni tampoco puse en mis páginas o redes algún número de cuenta para donaciones o contribuciones.

Mi único pecado de cometer mercadería en la iglesia, fue al principio de mi trabajo en radio, donde copiando lo que hacían otros más experimentados, vendía por dinero los casetes grabados con mis enseñanzas. Un día el Señor me dijo ¡Stop! Y no me quedó ni la menor duda que era realmente ¡Stop!. Pese a ello, jamás puse un centavo de mi salario de jubilación para sostener todo esto. Dios lo hizo como se le antojó y moviendo a quien él se le ocurrió mover. No cometo avaricia con lo que suelen darme de gracia, sino que también de gracia lo doy yo cuando el Señor me muestra hacerlo.

Luego, y ya en Génesis 15, Dios en visión le dijo a Abram que no tuviera temor alguno, que en todo caso Él mismo sería su escudo y su galardón. Creo que no necesitas que te explique lo que es un escudo, un elemento que te protege de todo ataque externo, y tampoco lo que es un galardón, una recompensa de alguien por algo. Allí fue donde Abram aprovechó para recordarle a Dios que no era mucho lo que podía recibirle, ya que no tenía hijo. Que su heredero sería un esclavo nacido en su casa. Dios fue rápido y contundente en su respuesta. Primero le dijo que ese esclavo no sería quien lo heredaría, y luego que eso estaría reservado nada menos que para un hijo suyo.

 ¿Hijo suyo? ¿Con una esposa estéril? No importa, Dios lo sacó al campo, lo hizo mirar el cielo negro tachonado de estrellas y le profetizó que como ese caudal de estrellas que estaba viendo, sería su descendencia. No puedo saber ni imaginarme lo que hubieras hecho tú en el lugar de Abram, pero si puedo tener una idea de lo que yo hubiera hecho. Que no hubiera sido precisamente darle gracias por el asunto y darlo por cumplido. Si hoy, con todo lo aprendido, recibido   y entregado, todavía hay lapsos confusos o grises, ni hablar de un tiempo y una etapa donde nada estaba claro y donde todo estaba mezclado con todo.

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La Falla No Es del Diseño

Es muy curioso la reacción de cada uno respecto al primer crimen que registra la Biblia. Escuché a mucha gente decir que lo hubiera fusilado a Caín, a otros que lo hubiera encerrado en una de esas antiguas mazmorras hasta que se volviera viejo y así, conceptos de justicia por el estilo y conforme a lo que los hombres entienden como tal. Sin embargo, cuando llegamos al verso 15 del cuarto capítulo del libro de Génesis, nos encontramos con una actitud divina que, en primer momento, nos deja sin palabras. Y luego, cuando podemos reaccionar, buscamos las mil y unas formas de justificar o entender lo que de hecho, no podemos entender por una simple razón: el amor de Dios tiene un nivel y una altura que ninguno de nosotros puede no sólo entender, sino incluso aceptar.

Porque en ese pasaje, leemos: Y le respondió Jehová: Ciertamente cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado. Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara. A ver: ¿Qué parte del concepto de Justicia que tiene nuestro Dios no entendiste? Caín era un asesino que ni siquiera quería saber nada con el Dios que había creado nada menos que a sus padres. En cualquier país de primer mundo, condena a perpetuidad o, incluso, pena de muerte si la hubiera. Dios le pone una señal para que nadie que se lo encuentre, lo mate. Y además dice que quien lo hiciera, sería castigado siete veces. Siete es el número de lo completo y significa: todas las veces que fueran necesarias.

Luego Caín tuvo un hijo al que llamó Enoc, y en su honor, le construyó una ciudad a la que le puso su nombre, Enoc. ¿Sabes qué? Otra de Caín. Dios siempre sugirió, aunque sin ordenarlo, que sus hijos vivieran en las superficies libres, en los campos. Deseaba que su creación humana viviera en cercano contacto con una naturaleza que Él había creado justamente para que ese hombre la disfrutara. Caín decidió construir una ciudad. Yo pregunto: ¿Dónde suceden los actos más horribles que los seres humanos puedan cometer contra otros seres humanos en lo que sea? ¿Es en el campo o en las ciudades? Creo que ya tienes una respuesta para un interrogante que tal vez hayas tenido por años.

El hombre se aglutina, se hacina y se corrompe en una ciudad, que lo quieras o no, es sustentada en todas las áreas por lo que producen los campos. ¿Hace falta añadirle algo más? Sí, ya lo sé, podrás mencionarme todos los avances de la ciencia o la tecnología, que no salieron de los campos sino de las ciudades, ¿Verdad? De acuerdo, pero te pregunto: ¿Tú crees que, si instalas una construcción acorde con las necesidades, no se podrían implementar todos esos avances desde un lugar que no fuera una ciudad? Y no te lo digo por algo personal. Vivo hoy en una ciudad bastante grande, aunque nací en un pequeño poblado rural de mi país de seiscientos habitantes.

De esa descendencia, fueron naciendo distintos individuos que, de alguna manera, fueron el punto de partida para diversas actividades. Jabal, que fue el padre de los que habitan en tiendas y crían ganado. Ganadería. Luego apareció Jubal, que fue padre de todos los que tocan arpa y flauta. Arte. En este caso, musical. Y finalmente Tubal-caín, artífice de toda obra de bronce y de hierro. Orfebrería, artesanía. En ese estado general. Eva concibe nuevamente y es madre del hijo que vendría en reemplazo afectivo del desaparecido Abel: Set, cuyo nombre se traduce algo así como Sustituto. Pero lo impactante en este capítulo se encuentra en el último versículo, el 26, donde se habla de la descendencia de Set.

Dice: Y a Set también le nació un hijo, y llamó su nombre Enós. Entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre de Jehová. Veamos: no soy un historiador erudito en calcular fechas de hechos básicos, pero no me cuesta nada, igual que supongo no te costará a ti, darme cuenta que pasó mucho tiempo desde la creación de Adán y Eva hasta que llega esto que leemos en el último párrafo: Entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre de Jehová. ¿Y hasta allí qué cosa invocaban? No lo sé, pero el nombre de Jehová como Dios supremo del universo, comenzó a ser invocado por la gente desde este momento. Yoma nota y regístralo, no es un tema menor.

El capítulo siguiente, generalmente ha sido uno de los menos leídos por la globalidad lectora de la Biblia. Sólo lo hemos hecho aquellos que, por una u otra razón, acudimos a él para extraer cosas que nos fueran útiles para la enseñanza. Sin embargo, hablar de la genealogía de Adán, no es poca cosa. Tanto que, en el segundo verso, nos encontramos con algunas cosas que muy pocos han entendido o, incluso, ni siquiera les han prestado mayor atención. Lee: Varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adán, el día en que fueron creados. Lo primero es lo primero: Varón y hembra los creó. Punto. Nada más para añadirle. ¿Algún tercer sexo alternativo? No. ¿Alguna ambigüedad entre uno y el otro? No. ¿Alguna forma de bisexualidad que le permitiera a cada uno elegir que camino tomar? No.

El varón con un pene y la hembra con una vagina. Uno encajando en el otro, tanto para placer físico como para prosecución de la especie. Punto. No soy un vejestorio enfermo de senilidad ni de legalismo para ponerme a discutir modas y costumbres. Sólo sé que, si mi Padre celestial hubiera decidido y deseado crear un sexo alternativo para evitarle a todos los que hoy se sienten marginados o a contramano con la sociedad, ese sufrimiento, no tengo ninguna duda que lo hubiera hecho. ¿O hay algo imposible para Dios? Pero no lo hizo. Dijo varón y hembra, los bendijo, que significa que habló bien de eso, y allí se terminó la conversación. Tómalo o déjalo, eres libre de elegir y decidir, pero no me lo intentes modificar, porque eso ya entra en otra categoría.

Y luego viene la segunda perla en la misma grase. Porque dice que llamó el nombre DE ELLOS Adán, el día en que fueron creados. No fue tiempo después de crearlos, no fue luego de meditarlo, no fue luego de consultarlo con algún ángel. Fue de inmediato, el día en que fueron creados. ¿Y qué fue lo que hizo? Llamarlos por el nombre de Adán, A ELLOS. ¿A los dos? Sí, de eso no hay dudas. El término que se traduce como A ellos, es shem, y significa marca o memorial de individualidad. Ampliando, de la derivación de sum, vemos que también quiere decir poner, y en la posterior ampliación a shamáyim, vemos que se lo entiende como ser elevado.

 La Nueva Versión Internacional, traduce esto como que los llamó seres humanos. Se utiliza la misma palabra em hebreo para Adán y seres humanos. A la raza humana, -los seres humanos-, Dios le dio el nombre de humano desde el principio. No es sexista ni tiene relación con el género llamar a la raza humana por el título general de seres humanos, porque Dios así lo hizo. Y Dios no es ni masculino ni femenino, Dios es Espíritu y los espíritus no tienen sexo ni género. ¡Pero Néstor! ¡Es que lo llamamos Padre! Sí, porque Jesús así lo hizo, pero nadie se hubiera asombrado ni escandalizado si se hubiera tomado a Dios como Papá-Mamá. Que no significa doble sexualidad, sino doble función, que no es lo mismo.

Y Luego se Despacha con toda la genealogía de Adán. De acuerdo, no es algo justamente muy entretenido para leer y, la gran mayoría, si no lo pasa por alto y sigue con otra cosa, tal vez por culpa lo lee completo, pero sin registrarlo demasiado. Es un error. En las genealogías hay tesoros escondidos que valen realmente la pena encontrar. No es la esencia de este trabajo, ya que esto que te digo merece un tratamiento especial y un estudio exclusivo. Así que sólo voy a mencionar los nombres que parten desde Adán en adelante. Enós, hijo de Set, Cainán, Mahalaleel, Jared y Enoc. Aquí pongo un pequeño freno para recordarte que este es el Enoc al que Dios se llevó sin que pasara por muerte.

Pero antes de eso, engendró a Matusalén. Y aquí prosigo: Lamec, Noé y sus muy conocidos hijos Sem, Cam y Jafet. Hasta aquí llega esa genealogía primaria. Porque luego se nos cuenta que, a los hombres, que se habían multiplicado grandemente, les nacieron hijas. Y que los hijos de Dios vieron que esas hijas de los hombres eran hermosas y las tomaron como mujeres para sí. Alguna vez alguien me predicó que esos “hijos de Dios” de los que se habla, eran ángeles. Me gustaría seguir escudriñando lo que resta de Génesis para ver si eso realmente era así. Aprendí a no quedarme con lo que alguien me enseña sin probarlo con mi Biblia. Aspiro y recomiendo que cada uno de ustedes haga lo mismo con esto y todo lo que ministerialmente entrego.

El verso 3, dice: Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años. Es indudable; Dios se enojó por esto de que los hijos de Dios tomaron como mujeres a las hijas de los hombres. Tanto que ahí mismo le quita toda posibilidad de eternidad terrenal a ese hombre y le otorga, casi como límite, ciento veinte años. Aquí también conviene recapacitar si podemos interpretarlo como años de trescientos sesenta y cinco días o de otra cantidad conforme a la época. No lo sé, pero lo que sí sé es que ciento veinte de esos años después, se produjo el diluvio del que sólo se salvó Noé y su familia.

 Y creo que la prueba de que lo que nos dijo aquel predicador no estaba demasiado lejos de la verdad, nos la trae el verso 4: Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos. Estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre. ¿Gigantes? ¿Y por qué había gigantes? Por la descendencia natural de la unión entre esos hijos de Dios y las hijas de los hombres. Había gente de tamaño inusual en la tierra, tanto antes como después del diluvio, y también mucho después. Pero estos fueron los únicos anteriores al diluvio, y eran así debido al elemento demoníaco de su ascendencia. ¿Demoníacos? ¡Si dice que eran hijos de Dios!

A ver; la frase hijos de Dios, claramente se refiere a las criaturas angelicales, porque esto ya fue dicho en otro sitio del Antiguo Testamento. Probémoslo. Job 1:6: Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás. Satanás también es hijo de Dios, sin dudas, aunque nos cueste creerlo con nuestra mente intelectual. Job repite esto casi calcado en 2:1 Aconteció que otro día vinieron los hijos de Dios para presentarse delante de Jehová, y Satanás vino también entre ellos presentándose delante de Jehová. Si lo quieres más nuevo, en la carta de Judas, verso 6, se nos habla de los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada.

Y en el verso siguiente, amplía para decirnos que ellos pecaron habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza. Es bastante evidente, entonces, que aquí en Génesis 6, como en Sodoma y Gomorra, había una unión sexual antinatural. Es inútil especular sobre la naturaleza de esta unión. Si se produjo por algo como posesión demoniaca, o si los ángeles tienen el poder de asumir la forma de los hombres, no es revelado. Pero debemos entender que el ocultismo está lleno de asociaciones sexuales con el demonio y, hoy día, son aquellos que persiguen activamente estas asociaciones. En suma: aquel concepto respecto a la asexualidad de los ángeles, quedaría en un recipiente de error, como tantos que se nos indujo a cometer. No habla de ángeles de Dios, pero habla de demonios, que son ángeles caídos. La esencia de uno y otro es la misma, sólo se modifica su conducta.

En Judas 6 también se ve claramente lo que Dios hizo con estos ángeles malos. Ellos están reservados en cadenas de eternas, bajo tinieblas para el juicio del gran día. Al no mantener su lugar, ahora permanecen encadenados. Su pecaminosa búsqueda de la libertad los ha puesto en la esclavitud. Primera de Pedro 3:19-20 nos dice que Jesús fue a estos espíritus desobedientes en su prisión y proclamó su victoria en la cruz sobre ellos. La objeción ofrecida a la anterior interpretación se encuentra en Mateo 22:30, donde Jesús les dijo a los ángeles que ni se casarán ni se darán en casamiento. Pero cuidado y atención con esto. Jesús nunca dijo que los ángeles eran asexuados y, además, estaba hablando acerca de los ángeles fieles (los ángeles de Dios en el cielo), no de los rebeldes.

El libro de 1 Enoc, un libro en el que algunos descreen y otros lo tienen como caballito de batalla para todo, y que según nos enseñaron no es escritura inspirada, contiene algunos comentarios exactos: Y aconteció que los hijos de los hombres se habían multiplicado y en esos días les nacieron hijas atractivas y hermosas. Y los ángeles, los hijos del cielo, las vieron y las desearon, y se dijeron el uno al otro: “Ven, vamos a escoger esposas de entre los hijos de los hombres y engendrar hijos con ellas” […]. [Ellos] tomaron para sí mismos esposas y cada una escogió para sí una y comenzaron a ir a ellos y se contaminaron con ellos y les enseñaron hechizos y encantamientos y ellas quedaron embarazadas y engendraron grandes gigantes. Y hubo mucha impiedad y cometieron fornicación, se descarriaron y se corrompieron en todas las formas.

Entre el verso 5 y el 7, se muestra el enojo y desagrado de Dios y su decisión inmutable de sancionar de manera contundente a un hombre que le estaba fallando más que feo. Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, (¿Igual que hoy?) y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.  (Si, igual que hoy) Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. (¡Wow! ¿Alguien leyó esto con atención?) Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho.

(¿Quién te asegura que un día Dios no vuelva a pensar del mismo modo? Mi Biblia. Ella dice muchas cosas, pero con relación a esto, no dice nada que permita pensarlo) Y allí aparece la figura de Noé, del que se dice que halló Gracia delante de Dios. ¿Motivos? No se mencionan. Porque si la Gracia es un favor de parte de Dios hacia seres que de ninguna manera se merecen nada, no podríamos encontrar detalles que nos aseguren estar dentro de esa Gracia. ¿Qué tenía Noé que no tenían otros hombres de su época? No lo sabemos con precisión, pero si podemos compartir algunos puntos esenciales que ayuden a estar dentro de esa Gracia. No para ganarla, porque a la Gracia no se la gana, pero si para ser alguien a quien Dios podría mirar.

Hallar gracia ante los ojos de Dios es un anhelo común para los creyentes. Significa recibir el favor divino y ser aceptado por Dios a pesar de nuestras imperfecciones y pecados. Aquí hay algunos pasos prácticos que puedes seguir para encontrar gracia delante de Dios: En primer lugar, debes desarrollar una relación personal con Dios a través de la oración y el estudio de la Biblia, una intimidad cierta y despojada de toda religiosidad y ritualismo hueco. La comunicación constante con Dios nos acerca a Su corazón y nos permite experimentar Su Gracia. En segundo término, arrepiéntete y confiesa tus pecados. Reconoce tus errores sin buscar culpar a terceros y busca el perdón de Dios.

La confesión sincera nos acerca a Su Gracia. En tercer punto, pide perdón y enmienda. No solo confieses tus pecados, sino también busca cambiar tus acciones. La Gracia de Dios nos ayuda a crecer y transformarnos. Y, finalmente, busca la guía y el apoyo de creyentes. Compartir con otros creyentes, recibir enseñanza, exhortación y aliento, fortalece nuestra fe y nos acerca a la Gracia de Dios. Si es tu deseo asistir a un templo para ello, hazlo, pero créeme que no pasa por allí, sino con estar con gente en un mismo espíritu. Recuerda que la clave para encontrar gracia ante los ojos de Dios es la obediencia a través de la fe en Jesús y el obedecer Sus mandamientos.

Y nos dice que luego la tierra se corrompió y se llenó de violencia. Y como para que no queden dudas, te aclara que Dios vio que toda carne había corrompido su camino y decidió eliminarla, pero antes llama a Noé y le encarga que construya el arca. A esa historia la conoces tan bien que no voy a repetirla. Sólo me voy a limitar a recordarte que este viejito llamado Noé, comenzó a construir una nave en un lugar donde no había agua navegable ni había llovido por años. ¿Qué le hubieras dicho si lo veías martillando su embarcación? ¿Lo hubieras llamado un justo de Dios obedeciendo, o un viejo loco delirando? ¿Le hubieras ayudado a calafatearla o lo hubieras denunciado al psiquiátrico de la zona?

Volviendo al tema de la violencia. Pienso y pregunto; donde quieras que tú vivas y me estés leyendo, ¿No estás viendo en tu alrededor un aumento creciente de la violencia? Mira; hablando con gente que estudia sobre comportamientos humanos, ellos sostienen, -desde la ciencia-, que la violencia se manifiesta cuando las personas se vuelven agresivas, casi sin motivos visibles. Y que las personas tienen esa conducta por causa de que tienen miedo. Miedo trae agresividad, agresividad trae violencia. Perfecto. Una pinturita la psicología para el diagnóstico, pero… ¿Alguien se puso a pensar qué es lo que produce miedo en la gente? Sí. ¡Acertaste! Uno o varios demonios que te atormentan enviados por quien es justamente el dueño del imperio del miedo y la muerte. ¿Necesitas que te dé su nombre? No me gusta promocionar a nadie que no lo merezca, y mucho menos a él.

Y allí mismo, entonces, Dios personalmente le dice a Noé que se fabrique el buque que salvará su vida y la de toda representación de la vida del planeta. Redondeando, ciento cuarenta metros de longitud, veintitrés metros de ancho y catorce de alto debía tener esa nave. Con un a ventana en la parte superior, de modo que sólo le permitiera a Noé mirar hacia el cielo y no hacia la tierra, ya que Dios no quería que él pudiera ver con sus ojos el juicio. Sólo se salvaron del diluvio los peces. Todo lo demás con vida, a excepción de lo que entró en el arca, fue extinguido. La gran duda de los teólogos, fue: ¿Sólo fue en esa zona el diluvio o abarcó todo el planeta?

No hay registro concreto y exacto en la Biblia, pero por algunos conceptos vertidos, casi resultaría implícito que cubrió a todo el planeta. Difícil de creer, ¿Verdad? Sí; tan difícil como creer en un Dios invisible, en un Cristo resucitado y un Espíritu Santo en forma de paloma sin ser paloma, sólo viento, tú lo decides. Y te va nada menos que tu Vida Eterna en ello. Y Dios le dice a Noé que establecerá un pacto al estilo de un salvoconducto para él, su mujer, sus hijos y las esposas de sus hijos, esto es: salvo él y toda su casa, independientemente de si el resto de su familia se merecía ser salva. Sólo por la vigencia de una promesa. La misma que rige para ti y tu casa, hoy, pleno siglo veintiuno. Pero, no de modo automático; sólo si tu casa acepta a Cristo y lo hace Señor de sus vidas.

Y tengo un párrafo especial dedicado a los animales que ingresaron a esa arca y salvaron sus vidas y preservaron sus especies. El 19 y 20 muestran a Dios instruyendo a Noé al respecto: Y de todo lo que vive, de toda carne, dos de cada especie meterás en el arca, para que tengan vida contigo; macho y hembra serán. De las aves según su especie, y de las bestias según su especie, de todo reptil de la tierra según su especie, dos de cada especie entrarán contigo, para que tengan vida. Dos por especie. Siete parejas de los considerados limpios, una de los impuros. Macho y hembra de cada especie. ¿Ningún sexo alternativo? Ninguno. ¿Prosecución de la especie asegurada? Un macho y una hembra de cada uno y punto. No hubo, no hay ni habrá nada más. Allá cada hombre o mujer con sus decisiones y sus conceptos carnales.

 Dios fue, es y será muy claro al respecto. Ahora bien: ¿Todos los animales que entraron al arca y se salvaron, vivían en esa zona? No. Te doy un ejemplo. Pingüinos y osos polares, ¿Cómo llegaron allí? Caminando. ¿Cuánto tiempo antes debieron salir para llegar a término y salvarse? Años. Uno, dos, tres, no lo sabemos. Sólo es suficiente con aceptar que algo los sacó de su habitar natural y se los llevó a un lugar que ni siquiera conocían. Imagínalo como quieras, créelo como te alcance tu fe, pero lo cierto es que así fue. Y si quieres sonreírte, imagínate la carita de Noé cuando vio llegar a esa pareja de pingüinos bamboleándose con todo su plumaje invernal en las ardientes arenas de esa región. No es para cualquiera ser creyente, ¿No te parece?

Y nosotros, alegremente, decimos que llovió cuarenta días y cuarenta noches, y lo tomamos como algo impactante, pero casi natural. ¿Quieres que saquemos una cuenta rápida? El diluvio, tal como su nombre lo dice, no fue una llovizna tenue ni un chubasco mediano. Fue lluvia en serio, nutrida, fuerte y persistente. Cuarenta días. A ver: ¿Cuánta agua podría haber caído en una hora? Ponle cien milímetros. Multiplicado por veinticuatro horas, de un día y su noche, dos mil cuatrocientos milímetros por día. Multiplicado por cuarenta días, noventa y seis mil milímetros. Llevado a centímetros y luego a metros, casi cien metros de altura se elevaron las aguas.

 Convengamos que hoy, en algunas de nuestras más grandes ciudades, algunos de esos edificios gigantescos hubieran quedado libres en sus cúspides, pero en esa época no los había, así que inexorablemente, todo quedó tapado por las aguas. De hecho, este cálculo es sumamente raquítico. El volumen fue mucho mayor porque quedaron sepultadas todas las grandes montañas, y hay muchas que superan los tres mil metros. Además, todos estos cálculos los estamos haciendo en base a días con una cantidad de horas como las que hoy disponemos, sabiendo que en esa época esto no era así, pero lo escribí igual porque quise que tu imaginación te permitiera entender en parte la magnitud de ese evento. Ciento cincuenta de esos días, estuvieron las aguas allí. A valores de hoy, cinco meses.

Y dice que Dios se acordó de Noé y de todos los animales que había en el arca, y decidió enviar un viento que determinó que las aguas se retiraran. Perdón… ¿Dice que “se acordó”, Dios de Noé, el arca y los animales? ¿Me está diciendo que Dios se había olvidado de ellos? No es tan así. La palabra traducida como se acordó, es zakár, y entre otras acepciones, hace referencia a machos cabríos, lo que a mí me está diciendo que, de alguna manera, la reacción de Dios no fue de recuperar su memoria y acordarse de que por ahí flotando a la deriva andaba un arca con una familia humana y un montón de animales, sino que el juicio y sacrificio de ofrenda había llegado a su fin.

Este es el inicio del capítulo 8 y da comienzo a el reseteo de un planeta llamado tierra con un nuevo concepto de vida a futuro. Una vida que comenzaría en el momento en que Dios mismo le ordena a Noé salir del arca él, su mujer y toda su familia. Luego haría lo propio con los animales. A esta última escena, ¿Puedes imaginarla? Como buen creativo que he sido, mi imaginación siempre fue lo suficientemente activa como para idear escenarios y episodios, pero te confieso que a esta escena no me la puedo imaginar. Una fila interminable de animales de todos los tamaños, especies y condiciones, saliendo lentamente de esa nave encallada en la cima del monte Ararat. Porque los camellos se quedaron por ahí cerca a vivir sus vidas normales, pero… ¿Y mis amigos los pingüinos? ¿Cuánto tiempo tuvieron que bambolearse hasta llegar a sus congeladas habitaciones? Fe y punto. Sin análisis intelectuales, por favor.

Lo cierto es que en el final del 8, vemos como Noé arma un altar y ofrece una ofrenda en holocausto a Jehová. Y se nos cuenta que: Y percibió Jehová olor grato; y dijo Jehová en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud; ni volveré más a destruir todo ser viviente, como he hecho. Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche. Toma nota con cuidado, así no cometes ningún error a futuro respecto a decisiones endilgadas a un Dios que aquí creo que es muy concreto y claro.

Dice que no volverá a maldecir la tierra por causa del hombre, que es como reconocer que ese hombre, por mejor intencionado que sea, no podrá evitar sucumbir en ciertos casos por causa de la debilidad de su carne. Y dice que tampoco destruirá todo ser viviente como lo hizo allí, y que mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera, esto es, la siembra y la cosecha y los climas y las cuatro estaciones al respecto. Importante, porque todavía andan por esas calles de Dios, algunos predicadores de la hecatombe, gente que parecería disfrutar de plantar la idea de una hecatombe final donde Dios, supuestamente cansado de todas nuestras barbaridades, hace explotar el planeta, (Dicen que esta vez con fuego) y nos pulveriza a todos. La relación con una catástrofe nuclear es apenas una simple coincidencia a la que resultaría imposible no acudir si creemos eso. Allá cada uno.

Y es bastante curioso el recomienzo que se hace en los primeros versos del capítulo 9. Porque una vez abandonada el arca, Dios bendice a Noé y sus hijos, y les ordena fructificar y multiplicarse. Pero es el verso 2 el que tira un concepto que vamos a coincidir que el hombre hizo a un costado y dejó de practicarlo conforme a ese mandamiento post diluvio. El temor y el miedo de vosotros estarán sobre todo animal de la tierra, y sobre toda ave de los cielos, en todo lo que se mueva sobre la tierra, y en todos los peces del mar; en vuestra mano son entregados. Entendamos bien, por favor. No les dice que de allí en más ellos tendrán que tener miedo de todos los animales, aves y etc., como algunos interpretaron y enseñaron.

Si así fuera, eso de entregarles los animales en sus manos sería contradictorio. ¿Cómo voy a tener en mis manos y bajo mi autoridad, algo a lo que le tengo miedo? Es a la inversa. Los animales van a temerle al hombre. Y eso es así, sin dudas. Por más que algunos de los bravos, como tigres, leones, lobos y otros que han matado gente, eso ha sucedido porque ellos se sintieron acorralados y, por miedo, atacaron. De otro modo, si se sienten seguros, los animales no atacan al hombre, al menos en su enorme mayoría. El único mamífero que mata por interés, odio o incluso divertimento, es el hombre. Los animales lo hacen por defensa o para alimentarse. Es para repensar el calificativo de animales, ¿No te parece?

Y después viene el mandato sobre la alimentación del ser humano, dicho de un modo que contradice algunas opiniones de gente con hábitos alimenticios sanos, pero en algunos casos sobredimensionados. Porque Dios les dice: Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento: así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo. Todo lo que se mueve y vive. Pedro, mata y come, ¿Recuerdas? Mi interpretación, de la cual seguramente no me verás elaborar ninguna doctrina, me dice que todo lo que hay en el planeta es apto para que nos alimentemos. Si es una zona donde existe vegetación y se puede sembrar y cosechar, lo ideal para nuestra salud, sería la ingesta de estas legumbres y plantas verdes que se mencionan al final.

De hecho, reitero, nuestra dentadura es la de un herbívoro, no la de un carnívoro. Pero en el caso de habitar zonas áridas y sin acceso a vegetales, entonces matar para comer no es ni pecado ni contradictorio a las leyes divinas. Pero, y mucha atención con esto, porque he conocido cristianos que tenían algunas prácticas supuestamente deportivas de muy dudosa catadura: matar para comer, no por deporte. La caza deportiva, incluso para cortar cabezas y decorar salas fastuosas con ellas como símbolo de la valentía y la puntería de alguien que se enfrenta con un arma moderna a un pobre bicho que sólo tiene sus dientes y sus pezuñas para defenderse, habla por sí misma de la mediocridad de esas personas. De hecho, Dios prohíbe y rechaza alimentarse con carne sin cocinar y con su sangre.

Y luego dice algo como al pasar, pero que sin embargo no es un tema menor en este mundo plagado de corrupción y delincuencia. Dice que El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre. Si lo quieres interpretar conforme a la famosa ley de Talión, ojo por ojo y diente por diente, puedes hacerlo porque, tal como veremos más adelante, tal vez quepa esa interpretación. Yo, sin embargo, y dejándome llevar más por la guía del Espíritu Santo, prefiero entender que la consecuencia de un homicidio intencional, no estoy hablando de algo circunstancial, de defensa, o similares, será una muerte espiritual ineludible e inevitable.

 Dios es justo, y la Justicia divina es la única que le podemos poner la jota mayúscula. La justicia humana, por mejor intencionada que sea, siempre tiene recovecos donde se pueden cometer errores, y algunos muy graves y hasta irreparables. Un viejo juez me dijo una vez cuando pretendí reconocerle su trabajo de impartir justicia, que él era consciente de estar impartiendo leyes, pero que personalmente, oraba permanentemente para que esas leyes que impartía fueran justas. Y esto sin entrar en el terreno de la corrupción, que también existe y mucho en las áreas de la jurisprudencia mundial. No tengo cifras ni datos internacionales, pero tengo modelos locales que me bastan y me sobran para decir lo que digo.

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Tiempo de Obedecer

Este trabajo va dedicado, especialmente, a todos los creyentes en Jesucristo que hayan cumplido o superado los sesenta años de vida. De sesenta años para arriba, los que sea que tengan. De todos modos, no es descartable para los más jóvenes, por una razón fundamental. Cada joven, tenga la edad que tenga, seguramente tendrá o padres o abuelos de esa edad, y quizás les agrade, como hijos de Dios obedientes, poder tener con ellos una comunicación fluida, un entendimiento preciso sobre sus problemas y, esencialmente, una puerta abierta para poder amarlos más y mejor y, al mismo tiempo, poder ser comprendidos y amados también por ellos. Parece muy pesimista lo que escribe Salomón, pero a medida que leemos, podremos ver que muchas de esas palabras, no son tan ajenas a nuestras vidas de adultos mayores.

Eclesiastés 12: 1 = Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento; (2)  antes que se oscurezca el sol, y la luz, y la luna y las estrellas, y vuelvan las nubes tras la lluvia; (3) cuando temblarán los guardas de la casa, y se encorvarán los hombres fuertes, y cesarán las muelas porque han disminuido, y se oscurecerán los que miran por las ventanas; (4)  y las puertas de afuera se cerrarán, por lo bajo del ruido de la muela; cuando se levantará a la voz del ave, y todas las hijas del canto serán abatidas; (5)  cuando también temerán de lo que es alto, y habrá terrores en el camino; y florecerá el almendro, y la langosta será una carga, y se perderá el apetito; porque el hombre va a su morada eterna, y los endechadores andarán alrededor por las calles; (6) antes que la cadena de plata se quiebre, y se rompa el cuenco de oro, y el cántaro se quiebre junto a la fuente, y la rueda sea rota sobre el pozo; (7) y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio.

Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, Es lo primero que dice. Te está advirtiendo que no puedes permitir que el vértigo y las emociones desatadas que operan en la juventud de los seres humanos, te obstaculicen recordar a quien sigue siendo tu Creador. Recuerda que tus padres engendraron tu cuerpo, pero la vida sigue proviniendo del Espíritu de Dios soplado en tu nariz en el instante de la gestación. No me preguntes cómo sé esto, porque no hay ni creo que haya un médico que me lo confirme, pero yo sé que es así. Lo creo. No te obligo ni te impongo que lo creas, es tu libertad y tu derecho. Yo lo sé, lo creo, y por eso lo digo. Pero esto fue escrito porque hay un elemento que, durante los años de nuestra juventud, es infaltable y con mucho peso: el sentimiento de omnipotencia e inmortalidad. No hay un joven que piense que un día va a morir. Y mucho menos, aunque parezca incoherente, que un día envejecerá. Por eso es tanta la gente joven mundana que se burla de los ancianos y los menosprecia. Pese a sus sólidas formaciones intelectuales, aun no cayeron en cuenta que, de la única manera que no serán ancianos un día, será muriéndose antes.

Antes que vengan los días malos, dice luego. ¿Días malos? ¿Y por qué razón Salomón dice que serán días malos los que se vivan cuando llegues a la vejez? Porque, indudablemente, no se está refiriendo a los ancianos que conocen al Señor, sino a los que conforman el mayor número de seres humanos del planeta. Y creo que no se equivoca ni medio milímetro cuando pone en labios de incrédulos, paganos, impíos y pecadores, la calificación de “días malos” a los de la ancianidad manifiesta, porque luego escribe: y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento; Echa una mirada a tu alrededor, al mundo que te rodea y en el cual estás habitando. Sal por un momento de tu ambiente de fe y de tu iglesia y observa: ¿Cuántos ancianos de entre sesenta y ochenta años promedio conoces, que se muestren felices y disfrutando de sus vidas? No sé en tu caso, pero en lo que yo he visto, una gran mayoría oscila entre malhumorados, agrios, amargados, depresivos, odiosos, rencorosos, iracundos, libidinosos, murmuradores y, esencialmente, desagradecidos con sus hijos, nietos y familia. ¿Motivos? Sentirse viejos, nada más.

Hay otras versiones bíblicas que señalan en este texto, como días que ya no son agradables y también como tiempos sin placeres. De hecho, el cuidado con los alimentos que se consumen y lo que se bebe, desde lo alimenticio, son tiempos distintos. Si le sumas el natural decrecimiento de tu vida sexual, le añades otro ingrediente depresivo. Pero, ¿Es que en eso radica la vida humana? ¿Nada más que en comer bien, beber lo que se nos ocurra y la cantidad que se nos antoje y tener sexo cuando nos parezca bonito? ¿A eso le llamaremos VIDA? Y sí, me temo que, en el plano secular, aun con las máximas formaciones intelectuales y de toda índole, si, a eso le llaman vivir y, si es posible añadirle algo: vivir bien, como debe vivir una persona, te aseguran. Con toda honestidad, a mí no me parece que Dios haya invertido su poder y su tiempo para entregarnos una creación como la que disponemos, solamente para que estas pequeñas moléculas de dos patas y supuesto cerebro útil que somos los tremendos humanos, se lo evaluemos como un lugar para comer, beber y tener sexo libre. ¡Por favor!

Antes que se oscurezca el sol, y la luz, y la luna y las estrellas, y vuelvan las nubes tras la lluvia. ¿Todavía te caben dudas que se está refiriendo a gene en el ocaso de sus vidas? Esto no tiene nada que ver con los días finales de Apocalipsis, te lo aseguro. Aquí te habla de gente a la cual sus ojos se les van oscureciendo con el paso de los años y, por tal motivo, comienzan a vislumbrar un sol sin brillo, una luna que no resplandecer y, lo peor, esas horribles nubes negras que te irán cubriendo inexorablemente tu vida. Peor no podría ser el panorama, ¿Verdad? Mira como sigue: cuando temblarán los guardas de la casa, y se encorvarán los hombres fuertes, y cesarán las muelas porque han disminuido, y se oscurecerán los que miran por las ventanas. Habla de tus piernas, guardianas de tu casa, las que con el correr de los años, salvo en casos excepcionales de deportistas consumados, comienzan a temblar y a ofrecer menor seguridad para el traslado. Los hombres son fuertes como lo son sus hombros, que son los que soportan las más pesadas cargas. Esos hombros comenzaran a encorvarse, lo has visto.

Donde dice que cesarán las muelas, no te está hablando en idioma odontológico, sino agrícola. En los originales, este “muelas” tiene que ver con molinos trituradores de cereales. Sin embargo, hay una sutil comunicación entre ambas cosas, porque también en ciertas edades las muelas van dejando de triturar los alimentos para dar paso a elementos diluidos o con menor resistencia. ¿Por qué elijo verlo así? Porque lo que dice luego, indefectiblemente tiene que ver con otro de los sentidos humanos, la vista. Son nuestros ojos los que miran por las ventanas. Y aquí se te dice que, llegado el tiempo y momento, esos ojos comienzan a oscurecerse por un proceso natural de declinación en su calidad visual. Si bien media humanidad de toda edad usa gafas, es normal que, a partir de ciertas edades cronológicas, los porcentajes sean más elevados. Mientras tres de cada diez hombres de cuarenta años usan anteojos, por sobre los sesenta años, esa estadística aumenta a siete de cada diez. Si a eso le sumas cierto tipo de dolencias del área, como las denominadas “cataratas”, ciertas cirugías correctivas comienzan a ser abundantes con la finalidad de proporcionar una mejor calidad de vida.

Y las puertas de afuera se cerrarán, por lo bajo del ruido de la muela; cuando se levantará a la voz del ave, y todas las hijas del canto serán abatidas. El mensaje claro es que tenemos que acordarnos del Señor antes que esa invisible puerta que da a las grandes oportunidades de la vida, se cierre casi de modo definitivo. Salvo el propietario o el Ceo de una enorme empresa, la gente con edad avanzada, es dejada de lado en el mundo de los negocios. O, en ciertos casos, por propia incapacidad intelectual puede sucederle. No servirá de mucho levantarse temprano, casi con el trinar de las aves madrugadoras, porque llegará un tiempo en donde esos trinos le serán apenas perceptibles. Es como decirle al hombre que se va volviendo anciano que, antes que le sobrevenga el temor a caerse en la calle, que sus cabellos se pinten de blanco y que sus pies en lugar del paso firme se conviertan en un leve arrastre por menor energía, tendrá que tener ese hombre o esa mujer muy presente la existencia del Dios que lo creó. Y llega a darle a entender que lo haga mucho antes que comience a pensar en la muerte como algo que está dejando de ocurrirle a oros. Obvio que el consejo no es para el anciano creyente, sino para el incrédulo, pero si me dejas arriesgar, yo se lo repetiría a todos por igual, por las dudas. Y me incluyo porque ya estoy en ese rango.

Cuando también temerán de lo que es alto, y habrá terrores en el camino; y florecerá el almendro, y la langosta será una carga, y se perderá el apetito; porque el hombre va a su morada eterna, y los endechadores andarán alrededor por las calles; Es palabra clave en medicina, para evaluar la condición de un paciente con riesgo de muerte, comprobar si se alimenta normalmente. La persona mayor, cuando está de buena salud, generalmente es de buen comer y, si no se lo prohíbe alguna patología muy determinada o alguna familia muy protectora, también de buen beber. Así es que, cuando ese hombre o esa mujer enfermos, comienzan a rechazar los alimentos y no demuestran tener apetito, la señal es inequívoca y mala; muy probablemente ha comenzado su caminar hacia la morada eterna. Y una vez que dio ese paso dimensional, misterioso y gracias a Dios desconocido, lo único que quedará serán esos endechadores, que son los que derramarán lágrimas en sus funerales y sobre sus sepulcros. Sin embargo, esa gente que llora, aunque es comprensible, no terminan de entender que, si quien partió era un hijo de Dios, no ha hecho más que retornar a su casa.

Antes que la cadena de plata se quiebre, y se rompa el cuenco de oro, y el cántaro se quiebre junto a la fuente, y la rueda sea rota sobre el pozo;  y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio. De acuerdo. Viene hablando en dirección a los de más edad, a los que teóricamente, (Porque en realidad nunca nadie lo sabe), son los que más cerca están del retorno a la casa celestial. Pero, ¿Qué es lo que retorna, el alma o el espíritu? Aquí Salomón lo deja muy claro, como para que nadie dude. El espíritu. Ese espíritu humano que, si mal no recuerdo, fue soplado por el mismo Dios en la nariz de un casi invisible feto comenzando a gestarse en el vientre materno. De hecho, sin ese soplo, sólo hubiéramos tenido un muñeco de carne y hueso inanimado. Pero la VIDA, proviene de Dios, Él la otorga y, cuando esta llega a su final, ese espíritu vuelve a la casa celestial de donde salió. Pero, ¿Y entonces? ¿Para qué murió Jesús? ¿No era para que al entregarnos a Él tengamos vida eterna en el cielo? ¿Y como puede suceder eso si ya está decretado que, al morirse el hombre, su espíritu vuelve a Dios que fue quien lo dio, sea salvo o no? Obvio, te estás olvidando del elemento que es salvo o se pierde, que es EL ALMA.

Porque tú, por mejor cristiano que seas, diariamente eres un alma viviente. Ese espíritu que te fue soplado y te dio vida, sólo tendrá participación si lo dejas llenarse del Espíritu de Dios, de otro modo, estará sujeto a los dictados de un alma que, a falta de divinidad rectora, se someterá indefectiblemente a los dictados del cuerpo. Hay algunas escrituras que mencionan al alma viviente, pero me quedo con lo que Pablo les escribe en su Primera Carta a los Corintios, capítulo 15 y verso 45: Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. ¿Entiendes ahora por qué razón, toda esa gente que en apariencia lo tiene todo, en muchos casos termina drogándose o bebiendo alcohol por toneladas, para evadir ese enorme hueco que tienen en sus vidas? Porque ese hueco es la falta de un espíritu vivificante. Y para que el espíritu humano que te fue soplado te insufle vida, paz y gozo, deberás tenerlo habitado por el Espíritu Santo de Dios. Y eso solamente sucede si te entregas a Cristo.

Te lo sintetizo así:  Alma, se refiere a la totalidad de la persona, incluyendo la mente, las emociones, la voluntad y la conciencia. Es la esencia inmaterial que nos define como individuos y está relacionada con la identidad personal y las emociones. El espíritu, así con minúscula, porque es el humano y no el Santo, es el aspecto de la humanidad que conecta con lo divino y lo trascendental. Se considera un mediador entre el cuerpo y el alma, y es visto como la fuerza que permite la conexión con Dios. En resumen, el alma es lo que somos en nuestra esencia, mientras que el espíritu es la parte que nos conecta con lo divino. ¿Tienen que estar de modo permanente unidos a ese cuerpo? No necesariamente. Por ejemplo: cuando duermes, lo que duerme es tu cuerpo; ni tu alma ni tu espíritu duermen. Incluso, en algunos casos muy puntuales, tu espíritu podría salirse de tu cuerpo e ir a dimensiones divinas para luego regresar. El alma, no. El alma, aunque no duerma, se queda contigo, porque si te abandona por un instante, tú estarás clínicamente muerto.

Hay un texto que por mucho tiempo ha permanecido en estudio y observación por la teología tradicional, a la que no le agrada demasiado hablar de visiones y hechos sobrenaturales. El que está en la Segunda Carta a los Corintios, capítulo 12 y versos 1 al 5, mira: Ciertamente no me conviene gloriarme; pero vendré a las visiones y a las revelaciones del Señor. Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar. De tal hombre me gloriaré; pero de mí mismo en nada me gloriaré, sino en mis debilidades.  Que los teólogos hablen de un hombre desconocido y anónimo que vivió eso. A mí, déjame con la certeza que quien vivió esa maravillosa y estremecedora experiencia, fue el propio Pablo. Creo que luego, más adelante en su ministerio, habrá pruebas más que sobradas que esto sucedió.

En cuanto al alma, están todas esas historias que nos han contado de personas que estuvieron clínicamente “muertas” durante un tiempo y vieron cosas que luego, cuando las relatan, generalmente nadie o casi nadie les cree. Tengo un testimonio muy cercano. Es el único y pertenece a una mujer que era esposa de un primo de mi esposa. Esto sucedió hace muchos años, ella vivía en una propiedad vecina a la que habitábamos nosotros. Por razones de trabajo yo tenía muy poco contacto con ellos, pero nos teníamos afecto y, en suma, éramos familia. Un día, esta mujer, madre de dos hijas de 7 y 4 años de edad, enfermó bastante mal de una patología cardíaca y debió ser intervenida quirúrgicamente de urgencia. Durante la operación, el cirujano dice que se les quedó sin pulso ni actividad cardíaca durante un minuto, pero luego se recuperó y finalmente sobrevivió. Ella era católica romana convencional, pero no creía en nada con seriedad. Sabía que nosotros éramos cristianos, (En ese tiempo todavía asistíamos a una congregación evangélica), pero jamás había aceptado hablar de Dios y nada de eso. La respetábamos y listo, nada más.

Pero cuando retornó de su paso por el hospital, quiso hablar con nosotros en privado. Nos contó con mucha emoción y lágrimas en sus ojos que, durante su operación, ella se sintió elevarse por encima de la camilla del quirófano y se vio a sí misma acostada allí y a los médicos trabajando en su pecho. Luego, casi de inmediato, se encontró ante un enorme portón de rejas doradas y, del otro lado, a su padre, fallecido hacía muchos años. Él buscaba en un tablero dorado en la pared y le decía que no podía abrirle la puerta porque no estaba “su” llave en el tablero. Ella, no sabe como, pero “supo” que eso era la muerte, y le pidió a un Dios en el todavía no creía, que no la dejara morir, que por lo menos le otorgara diez años más de vida, para poder terminar de criar a sus hijas. Lo inmediato que recuerda, es haber despertado en la sala de recuperación. A los únicos que les contó todo esto, fue a los médicos, que obviamente se sonrieron con escepticismo, sin creerle demasiado y adjudicando todo a una “alucinación” producto de la anestesia.

Lo que los dejó sin respuesta, fue cuando ella les dijo que cuando se vio a si misma en la camilla del quirófano, a su espalda había un médico al cual le sobresalía una barba negra por debajo del barbijo de protección. Los médicos sabían que ella se refería al anestesista, que efectivamente era un hombre con profusa barba negra, pero lo increíble del asunto, era que ella no lo había visto antes ni tampoco después de la cirugía. Ese hombre llegó cuando ella ya dormía, controló todo desde su espalda y, ni bien concluyó la operación, se retiró del quirófano dejando el resto del tema a su ayudante. Le hablamos del Señor, le dijimos que, si bien era algo absolutamente desconocido para nosotros, no teníamos ninguna duda que eso le había sucedido. Que había estado en la entrada del cielo, pero que todavía no era su tiempo porque Dios quería darle la oportunidad de aceptarlo y, llegado el momento, irse con Él. Aceptó a Cristo allí mismo y fue una creyente muy firme y genuina de allí en más.

El final de esta historia que parece de ficción, pero no lo es, fue que cuando se cumplieron esos diez años que ella había pedido, volvió a enfermar y, esta vez sí, partió con el Señor sin sufrimientos ni penas, casi con una sonrisa en sus labios. El espíritu humano puede abandonar temporariamente el cuerpo, no le hace a su vida. El alma, no. El alma está encerrada en ese cuerpo hasta el último suspiro. Allí se verá, acorde a lo que esa vida haya decidido, en qué dimensión espiritual transitará su eternidad. Ahora lo sabes, hermano o hermana anciana. No importa como esté tu vida física hoy en esta tierra, lo que debe importar es cómo está tu vida espiritual delante del Dios Todopoderoso. Esto no ha sido una simple predicación de aliento para ayudar a una mejor calidad de vida a los más mayores. Esto ha sido una directiva de mi Padre para llevar a todos los que me acompañan en edades bien adultas, un elemento que les permita oxigenar sus espíritus y colaborar para que en lo que el Señor disponga que nos queda de vida terrenal, ser activos y útiles para la extensión de Su Reino.

Como cierre, te comparto el resumen de los deberes del hombre que Salomón deja escrito aquí, en este capítulo de Eclesiastés. Dice el verso 8: Vanidad de vanidades, dijo el Predicador, todo es vanidad. (9) Y cuanto más sabio fue el Predicador, tanto más enseñó sabiduría al pueblo; e hizo escuchar, e hizo escudriñar, y compuso muchos proverbios. (10) Procuró el Predicador hallar palabras agradables, y escribir rectamente palabras de verdad. (11) Las palabras de los sabios son como aguijones; y como clavos hincados son las de los maestros de las congregaciones, dadas por un Pastor. (12) Ahora, hijo mío, a más de esto, sé amonestado. No hay fin de hacer muchos libros; y el mucho estudio es fatiga de la carne. (13) El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. (14) Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.

Tengo absoluta certeza que, todavía hoy, pleno siglo veintiuno, tanto fuera como dentro de la iglesia, mayoritariamente, todo sigue siendo vanidad. Existe, la hay, la vemos y es perjudicial para todos nosotros obrar con exceso de permisividad y terminar siendo cómplices o protagonistas directos de esa vanidad. Por contrapartida, vuelve a consignar que las palabras de los sabios, son como aguijones para las personas. ¿Habla de sabios humanos? No, habla de sabiduría divina, algo que todavía no se estudia en ningún seminario teológico del mundo. Algo que solamente se recibe si al Espíritu Santo le place darla. Pero fíjate que te dice que, cuando alguien habla con sabiduría divina, sus palabras son como aguijones, y que cuando un maestro del Señor genuino enseña lo que Dios le ordena enseñar, sus enseñanzas con como clavos que se hincan en las estructuras tradicionales de la iglesia.

Y concluye con algo que, cuando lo leí, supe que el tiempo de escribir grandes libros, estaba concluido, que, con lo ya dicho, era más que suficiente para ayudar a salir al ruedo y pelear la buena batalla, tengas la edad que tengas. A Dios no le interesa lo que dice tu documento, a Dios le interesa lo que dice tu corazón. Y con respecto a estudiar, también recibí lo escrito. ¿Adónde queremos llegar aumentando conocimiento bíblico más y más? ¿No es tiempo de salir a demostrarle al mundo que somos hijos de un Dios poderoso, y no de uno tímido y pusilánime que no se atreve a desafiar los mayores poderes terrenales? Y, finalmente, la tranquilidad de lo que leemos en el final: Dios traerá TODA obra a juicio, juntamente con TODA cosa ENCUBIERTA, sea buena o sea mala.

Eclesiastés. Si me preguntas por qué volví a leer este libro después de tantos años, no lo sé. Pero estoy seguro que Dios sí lo sabe, como cuando me llevó a leerlo, hace ya más de cuarenta años, encontrando en los primeros ocho versos del capítulo 3, nada menos que el estandarte de todo el resto de mi vida. Decía Eclesiastés 3:1 = Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. (2) Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; (3) tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; (4)  tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; (5) tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; (6) tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; (7)  tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; (8) tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.

Recuerdo que me quedé en silencio y pensativo. No sabía qué me quería decir el Señor con todo esto. Yo ya sabía más o menos bien, que estas cosas eran y serían así. Lo que no me esperaba, era oír su voz con la nitidez que la oí cuando me dijo: “A esto ya lo sabes. Ahora ve adelante en lo que te resta de vida con un tiempo que todavía no conoces. Un tiempo que deberás enseñarles a tus hermanos a buscar y lograr. Un Tiempo de Victoria. ¿Te das cuenta? Así nació el nombre de este ministerio. No fue una ronda de ideas, no fue la locura de un joven todavía muy ignorante. Fue la providencia y la gracia de escuchar una voz que venía del cielo y, única decisión personal valorable, obedecerla. Como la he obedecido hoy al compartirte esto, hermano anciano, hermana anciana. Joven o jovencita con padres, madres, abuelos o abuelas ancianas. Que haya servido para aliento, capacitación, crecimiento y unción poderosa para, efectivamente, salir a buscar hacer efectiva esa victoria que ya fue lograda en la cruz.

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¿Qué es Ser Bienaventurado?

(Mateo 5: 1) = Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos.

(2) Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo: (3) Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

(4) Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.

(5) Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.

(6) Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

(7) Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

(8) Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.

(9) Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

(10) Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

(11) Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.

(12) Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.

Leía este pasaje y pensaba: ¡Que calidad tenemos para rotular con un elemento aglutinador algo que viene nada menos que de Dios y convertirlo por poco en un producto a promocionar! ¿Verdad? “El Sermón del Monte”, lo llamamos o sino: “Las Bienaventuranzas”. Así llamamos pomposa y religiosamente a esto. Pregunto, digo: ¿Alguien se detuvo a pensar y a meditar sobre lo que realmente se esconde detrás de cada una de estas expresiones? Sí, ya lo sé, te las deben haber predicado decenas de veces y, en todas, seguramente habrás encontrado palabra divina alumbrando tu entendimiento y el derrotero de tu alma, pero… Al Dios No Conocido, ese que nadie te muestra porque no termina de gustar, ¿Lo encontraste aquí? Si me acompañas, saldremos a buscarlo. Eso sí; si lo llegamos a encontrar en más de una ocasión, por favor, ni te ofendas ni te asombres.

Mira el verso 1: Viendo la multitud, subió al monte; Tú me conoces; soy un ministro del Señor, pero no soy de esos que les encanta pararse por allá arriba, bien alto, hacerse enfocar por tremendos reflectores y permitirle a toda esa gente que los ama y va a verlos, no sólo que lo miren, sino también que lo admiren, pobrecillos, se lo merecen, con todo lo que habrán tenido que caminar para llegar hasta allí. Sin embargo, cuando aquí vemos que Jesús se dio cuenta que toda esa gente que estaba allí había venido a verlo a Él, en lugar de ir a saludarlos y permitirles que se dieran el gusto de estrechar su mano, darles un abrazo y por qué no, hasta que alguna hermanita de esas que nunca faltan le plantara un sonoro beso en la mejilla. Santo, es verdad, pero beso al fin, él no hizo eso. Se escabulló por un lateral, los rodeó por un lado y se les fue al monte. Ese es mi Dios No Conocido. El no necesita que yo lo admire, Él sólo desea que yo lo adore en espíritu y en verdad…

Luego dirá que son bienaventurados los pobres en espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos. En principio, debo consignarle que la palabra Bienaventurados que se lee en todo este contexto, es la palabra griega makarios, y se origina en la raíz mak, que indica algo grande o de larga duración. Se trata de un adjetivo que denota felicidad, alguien muy bendecido, digno de ser congratulado. Toma nota de esto porque luego será muy importante. Es una palabra de gracia que expresa un regocijo y una satisfacción especiales, concedidos a la persona que experimenta la salvación.

De allí que podamos parecer hipócritas al mundo incrédulo cuando, ante alguna pregunta concreta, aseguramos estar “bendecidos” mientras nuestro rostro y actitudes dejan en evidencia que de ninguna manera tenemos regocijo alguno. ¿Quieres saber algo? El mundo tiene razón, en ese caso, somos hipócritas, simuladores y mentirosos, y que fingimos algo que no es verdad. Ahí es, entonces, donde tú me dices: ¡Pero hermano! ¿Cómo sentir regocijo con todos los problemas que tengo? Sí, es cierto, veo perfectamente tus problemas y te entiendo. Pero la palabra quiere decir que tú sientes regocijo por tu salvación, no porque todas tus cosas andan de maravillas. ¿Entiendes?

Así que será necesario ver qué cosa es un pobre en espíritu, para saber con mayor precisión quienes son esos bienaventurados o bendecidos. Estas son algunas características de alguien que es pobre en espíritu: Siempre es humilde ante sus propios ojos. No se exalta a sí mismo; no es orgulloso a pesar de que puede ser considerado insignificante por otros, él ve todo como la voluntad de Dios y se goza que se le permita compartir los sufrimientos de Cristo. Se vuelve natural para él seguir el camino del Cordero; la humillación se convierte en su alimento, la exaltación en su recompensa. Ama hacer todo su trabajo en lo oculto y no recibe honor de los hombres. Ama ocupar el último lugar, no porque desee ser más estimado, sino porque piensa que ese es precisamente el lugar que le corresponde. Es reservado en su conducta, no es agresivo ni exigente. Ama renunciar a sus ventajas para el beneficio de los demás.

No busca ser alguien grande, tanto en lo terrenal como en un nivel espiritual; su único deseo es hacer la voluntad de Dios de minuto a minuto. No busca ganar influencia con las personas, sin embargo, su anhelo es que las personas puedan estar bajo la influencia de Dios. El tiempo es precioso para él; no tiene nada que perder; sin embargo, él está en calma y nunca es llevado a hacer nada a prisa. Se santifica a sí mismo para que otros, con su ejemplo, puedan santificarse en la verdad. Se niega a sí mismo para que su vida no sea, de ninguna forma, una ofensa para los otros. Está satisfecho con la cruz que Dios le da a cargar, y no se queja cuando otros lo molestan. No retrocede en los sufrimientos de Cristo, por lo que después de que él mismo haya sido probado, puede ayudar a otros. Es feliz dondequiera que Dios lo pone, ya sea entre las multitudes bulliciosas o en un lugar solitario, porque se encuentra con Dios en cada lugar al hacer su voluntad.

Da un gran valor al hecho que donde sea que está o ha estado, los otros encontrarán solo la verdad en él. Su amor lo constriñe a contribuir al bien de los demás. Su vida evoluciona como la vida de un servidor, y está más que dispuesto a soportar las cargas de los demás. Nunca sueña con cosas grandes, sino que presta atención a las cosas pequeñas. Ningún trabajo es insignificante, y nadie es demasiado pequeño para ser servido. No discrimina y es servidor de todos. Por lo tanto, él va tan voluntariamente a donde prevalece la tristeza, o donde la alegría se desborda. Vive su vida para darla como un sacrificio. Está dispuesto a pisar las espinas solo para poder consolar a los demás en sus sufrimientos.

 Su oído está abierto a la voz de Dios, no solo para su autosatisfacción, sino para hacer lo que ha escuchado. Los que tienen estas características son esos pobres en espíritu que, según mi Dios No Conocido, son los propietarios del Reino de los Cielos. ¿Estás en carrera? Es obvio, que de pobreza espiritual en cuanto a carencia de conexión con el Espíritu Santo no mencionaré porque, si fueras tú uno así, entonces yo no estaré hablando contigo. Primero, deberás conectar con el Santo Espíritu de Dios y luego sí, hablaremos de lo que quieras.

Luego dice Bienaventurados los que lloran. Aquí, confieso, tuve mi primer problema serio con mi Dios No Conocido, ese que comenzó a manifestarse en mi vida mediante lo que el Espíritu Santo me mostraba, independientemente de lo que muchos hombres y mujeres bien intencionados, fieles y sinceros, pero incompletos en su formación espiritual, me habían dado como verdad absoluta. En primer lugar, una cultura de iglesia patriarcal, tirando a machista. Tanto como para hacer juego lo que mi abuelo paterno metía en mi cabecita de niño inocente, y que mi propio padre martillara por años después, ya en mi etapa escolar o incluso adolescente: los hombres no lloran, eso es cosa de mujeres.

Yo me pregunto si no habrá sido esa programación mental la que determinó que la iglesia estuviera superpoblada de mujeres, y que los pocos hombres asistentes se limitaran a tareas administrativas para nada o muy poco espirituales. Los hombres no lloran. Tengo un problema. Mi Dios No Conocido, me termina de decir que los que lloran, sin especificar si son hombres o mujeres, son bienaventurados. ¿A quién le creo? A mi Dios, obviamente. Ah, y también al verso más breve que tiene mi Biblia, que sólo dice: Jesús lloró….

La que sigue es muy parecida: Bienaventurados los mansos. ¿Qué cosa es un manso? Se lo utiliza mucho con relación a distintos animales, pero lo cierto es que un manso es alguien de naturaleza apacible y tranquila: que no es bravo: Sosegado, tranquilo. Eso es un manso. ¿Hace juego con el prototipo de hombre que es candidato al éxito en nuestra sociedad secular? Para nada. Pero absolutamente para nada, todo lo contrario. Dentro de la iglesia misma, a la hora de levantar a alguien para alguna posición relacionada con autoridad o con mando, se lo hace con hombres o mujeres que tengan características totalmente opuestas a estas. No le hace; mi Dios No Conocido me asegura que los mansos heredarán la tierra, y ocurre que yo soy uno de los que desea fervientemente heredarla. +

La que sigue, parece más perteneciente a un manifiesto social o de lucha de clases: Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia. Tú ya lo sabes, no me gusta la política, la he conocido de cerca por la que fuera mi profesión secular y nunca me gustó. Mucha mentira, mucha hipocresía, mucha falsedad, mucho acomodo, arreglo, cohecho y todos los ingredientes que quieras añadirle. Mete a un cristiano en ese ambiente y, a menos que sea un ultra guerrero, en poco tiempo andará chapaleando en el barro de la corrupción o similares, o se tendrá que ir, es muy difícil evadirlo.

Sin embargo, la misma sociedad que representa nuestro indefectible entorno, nos ha llevado a pensar y hasta creer, que, si no es mediante la política o sus anexos sociales, es imposible cumplimentar con aquellos que tienen hambre y sed de justicia. De hecho, luego te encuentras con los estamentos de la justicia terrenal, sus propios intereses, cierta conciencia de castas y alto concepto de clases y tendrás un combo que podrá ejercitar leyes, pero de ninguna manera esas leyes serán ciento por ciento justas, lo más probable es que lo sean en un porcentaje minoritario.

No es infrecuente, se trate del país que se trate, que se haga estricta justicia con los delitos de hombres y mujeres de clase media y media baja o más carenciada, que con aquellos que se enrolan en las clases altas o poderosas. ¿Realmente es siempre así? No siempre, gracias a Dios, pero cuando lo es, alguien pagará las consecuencias. ¿Entonces cómo se supone que esa parte de la sociedad buscará que esa justicia se lleve a cabo de una manera que a su juicio sea más equitativa? Conformando grupos y unidades que reclamarán ante las autoridades con respeto o sin respeto, conforme a lo que se presente.

Esos mismos grupos se convertirán en fuerzas de choque, lo que indefectiblemente dará lugar a la represión y a una expresión más de conflicto social manifiesto con todas las secuelas que eso deja en una comunidad. Entonces, cuando social, humana y hasta políticamente hablamos de gente con hambre y sed de justicia, la prensa que recibe esa clase de gente, siempre será negativa, conflictiva y hasta delictiva. ¿Cómo hago entonces para encajar la idea de mi Dios No Conocido que me dice que los que tienen hambre y sed de justicia son bienaventurados y bendecidos, y no rotulados como delincuentes, subversivos u otros merecimientos quizás correctos, pero a contramano con lo que nos llega del Cielo?

El siguiente me muestra que son Bienaventurados los misericordiosos. ¡Qué hermoso y agradable es recibir misericordia cuando la merecemos! ¿No te parece? Que siendo una persona honesta recta, de pronto cometes un error sin darte cuenta y luego, con la acción producida no te alcanzan las horas para arrepentirte y tratar de resarcir o compensar a la o las personas a las que puedas haber perjudicado con tu error cualquiera haya sido este, y cuando ya estás entrando en una zona de desesperación y angustia, aparece la o las personas damnificadas y te hacen saber que no sucederá nada, que han comprendido que fue un error, que no habrá acusación ni juicio alguno y que quedas absolutamente liberado de toda responsabilidad.

No tengo ninguna duda y estoy en certeza que tú tampoco la tienes si pienso: ¡Qué alivio te proporciona esa misericordia ajena que bendice en este momento tu vida atribulada por ese error! ¿Verdad? De acuerdo, pero si te agrada experimentar eso, será menester entonces poner por obra este versículo y acceder a esa misericordia ajena, mediante la puesta en vigencia de la tuya propia para todos aquellos casos en los que puedas haber sido perjudicado u ofendido por algún acto de terceros. A esto lo han enseñado y bien, sólo falta que los creyentes lo asuman como bueno, recalen en este texto y lo hagan realidad.

Y así llega la que sigue: Bienaventurados los de limpio corazón. En principio, te cuento que la palabra griega que se traduce como limpio, es una palabra que en realidad implica pureza. Son bendecidos los que tienen un corazón puro, entonces, eso es lo que dice. Hoy en día la sociedad está muy preocupada por lo puro; compramos agua embotellada cuando hace algunos años tomábamos del grifo, llave o canilla. Nos preocupa el aire puro, la comida saludable y lo natural, pero Dios en realidad no hace énfasis en eso. Claro que es importante cuidar de tu salud, pero no te preocupes tanto por lo que entra a tu cuerpo, sino por lo que sale de tu interior. Lo que Dios quiere de ti y de mí es pureza de corazón: donde nadie más que tú y Dios pueden ver. No puedo ver a Dios manifestarse en mi vida con un corazón sucio, necesito un corazón limpio. ¿Qué significa tener un corazón puro? Un corazón puro es aquél que no tiene mezcla de deseos buenos y malos, sino uno que busca y anhela mantenerse limpio, uno que hace lo que dice. ¡Todos tenemos la necesidad de ser limpiados! El tema es por donde empiezo.

En principio, no olvides que Dios puede ver todo. Parece que muchas veces lo olvidamos, pero Él puede ver tu corazón y el mío tal cual es y está. Hay una frase que Jesús repite tres veces: Tu Padre que ve en lo secreto. Una de las cosas que te va a ayudar es reconocer que Dios puede ver todo en lo más profundo de tu corazón: lo bueno, lo malo y lo peor. No puedes esconderle nada a Dios. No puedes pretender que eres bueno y que estás bien cuando no lo estás. No puedes pretender que no hay deseos y pensamientos incorrectos. ¡No hay secretos para Él!

Dios sabe todo lo que estás haciendo, lo que has hecho y aun lo que harás en el futuro. Si no somos honestos y no cortamos con esas cosas en nuestra vida, Dios se asegurará de sacarlas a la luz para que sean tratadas. No, Dios no quiere sacar tus trapitos al sol, sino que quiere darte oportunidades para que te detengas. Dice la Palabra que el Señor dará también juntamente con la tentación la salida. Es necesario que pongas un alto a esas cosas y te arrepientas para que sean tratadas a tiempo y que no te afecten más.

No podemos pretender que estamos bien si todavía cargamos con cosas que no son correctas delante de Dios. Todos tenemos que darle cuentas a Dios. Hay jóvenes que dicen: “¡Yo vivo solo: ya me salí de casa de mis papás, ya estoy grande, yo tomo mis propias decisiones y a nadie le rindo cuentas!”. Sin embargo, esto no es verdad. Todos rendiremos cuentas a Dios. No hablo exclusivamente del día del juicio, sino diariamente. Todos los días debemos de darle cuentas a Dios. Si Dios puede ver todo y puede ver mi corazón mejor de lo que yo mismo puedo, entonces tengo que dejar de pretender que “todo lo puedo”, que soy una súper persona o que soy un súper santo sin la ayuda de Dios.

La verdad que es liberador saber que Dios conoce absolutamente todo de ti y, a pesar de todo, te ama. ¿No te emociona eso? Así como eres, Él te ama. A veces uno lucha contra esta realidad y pensamos que tenemos que hacer cosas para agradar a Dios, pero Él te dice: “Así te amo y soy Yo quien te va a transformar”. Él no solo te ama, sino que lo demostró entregando a Cristo para morir por ti y por mí, de modo que tuviéramos la oportunidad de ser perdonados y limpiados. ¿Quién puede hacer su corazón puro? ¡Nadie! Solo el Espíritu Santo purifica el corazón dispuesto.

También debes recordar que Dios conoce tus motivaciones. Debemos hacer una evaluación honesta delante de Dios para que nos revele nuestra verdadera motivación. Así como dijo David: Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce los pensamientos que me inquietan. Señálame cualquier cosa en mí que te ofenda y guíame por el camino de la vida eterna. En este pasaje no se nos dice que Dios no conociera el corazón de David, sino que él estaba mostrando una actitud de humildad, una actitud correcta. Nunca tendremos un corazón perfecto mientras estemos en la tierra, pero sí podemos tener una actitud correcta para así ser lavados y transformados por el Espíritu Santo. Dios quiere que tengamos el deseo de tener un corazón conforme al Suyo.

Tenemos que traer nuestras motivaciones delante de Dios y no justificarnos. Debemos dejar de decir que “si no fuera por esto, por aquello o por este o por aquél…”. Cada quién es responsable por las cosas de su corazón y debemos tomar la decisión de ser limpios y transformados para no volver a caer. Las recompensas de Dios están basadas en lo que hacemos y en nuestras motivaciones. Jesús nos dijo que quien hace las cosas para ser visto ya tiene su recompensa en haber sido visto, pero quien hace las cosas con una motivación correcta recibe su recompensa de Dios. La pregunta para ti el día de hoy es: “¿Por qué haces lo que haces? ¿Por qué sirves en un ministerio? ¿Cuál es tu motivación? En todo lo que hacemos decidimos agradar a alguien; ya sea a uno mismo, a Dios o a los demás.

Finalmente, un corazón limpio establece prioridades correctas. Dios desea el primer lugar en mi vida: Dios es todo o no es nada. Te dejo unas rápidas preguntas de prueba para saber si Dios ocupa el primer lugar en tu vida: a) ¿En qué inviertes tu tiempo, tus talentos y tu dinero?  ¿En qué inviertes tus recursos y tu tiempo? Observa la semana que acaba de pasar; no me refiero a las horas de trabajo, sino a tu tiempo libre sobre el cual tú decides. ¿En qué lo ocupaste? En cuanto al dinero, sabemos que hay cosas qué pagar, pero hablo acerca del dinero sobre el que tú decides; ¿Qué haces con él? Así como el dinero que ofrendas, si es que ofrendas, no es en base a lo que te sobra, sino a lo que has sido prosperado, lo mismo es con el tiempo.

 ¡No esperes a que se te vaya la conexión de internet para ponerte a leer la Biblia! b) ¿Cuáles son tus preocupaciones? Jesús habla de cinco preocupaciones que son reales y muy comunes. La primera es el dinero, la segunda es la comida, la tercera es la apariencia física, la cuarta cosa es la belleza y por último Jesús habla acerca del futuro. Todas estas son cosas de las que tenemos que ocuparnos y que son importantes. Dios no nos pide que las dejemos de atender, sólo que no nos preocupemos por ellas. c) ¿Cuáles son tus ambiciones? Está bien tener sueños y anhelos, pero el Señor dice que hay algo que debe apasionarnos más: Buscar el Reino de Dios. Más que cualquier otra cosa en este mundo, debemos ambicionar ser un instrumento para establecer el Reino de Dios.

Hay una frase que me gusta: De la abundancia del corazón hablarán tus redes sociales”. Tú puedes ver lo que piensa y escribe una persona publica y saber a qué le da prioridad en su vida. Estas preguntas sirven para ver si tu corazón está bien enfocado. Todos queremos recompensas, bendiciones y ser bienaventurados, pero todo esto es solo para aquellos de limpio corazón. Lo más hermoso de todo es que, si tenemos un corazón limpio, veremos a Dios. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio y renueva un espíritu fiel dentro de mí Dice el Salmo 51:10. Este es un mensaje para nosotros de que nadie está lejos del amor de Dios. ¿Cuál es tu motivación para tener un corazón limpio?: ver a Dios en tu vida.

Y aquí nos encontramos con este: Bienaventurados los pacificadores. Lo primero que yo pensé al leer esto, fue que debía investigar bien la palabra Pacificadores, porque es indudable que aquellos creyentes que no son todo lo guerreros y rústicos que se necesitan para enfrentar las diferentes guerras en las que el pueblo de Dios está inmerso, no tienen buena prensa dentro de las iglesias. Así es que cuando encontramos a un hermano o hermana que tiene un carácter fuerte, que no se deja llevar por delante por nada ni por nadie, que confronta a la primera de cambio con quien sea, incluido el propio ministro principal de la congregación, decimos para nuestros adentros: “¡Ahí está! ¡Ese o esa es un guerrero o guerrera del Señor!” Depende.

 Eso si lo miramos desde la óptica del Dios que conocemos. Está bien y es necesario, no lo pongo en duda. Pero mi Dios No Conocido, me dice aquí que serán los pacificadores los que serán llamados hijos de Dios, nada menos. Y esa palabra, Pacificadores, es la palabra eirenopoiós, y significa literalmente pacificatorio, es decir (subjetivo) pacifico, pacificador, paz, lo cual me dice a mí que los que recibirán según la Palabra ese gran galardón son aquellos que se muestran tranquilos, pacíficos, (Que no significa pasivos), contemporizadores, serenos y con enorme bondad para encarar cualquier tema.

Y aquí llegamos al segundo ingreso al Reino, a partir de esto: Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia. La primera vez que yo leí esto, sinceramente creí que la Biblia se había vuelto loca o que yo había entrado a formar parte de un grupo sectario y satánico, porque entendí que eran bienaventurados aquellos a los que la justicia, la policía, la ley, en definitiva, perseguía por algún delito. Para mi tranquilidad, apareció alguien que me sacó de la ignorancia de asno y me proyecto a un conocimiento mínimo de este punto.

De hecho, convengamos en que todos los seres humanos hemos sido perseguidos por alguna razón en algún momento de la vida; sin embargo, esto no significa que todas las persecuciones sean por causa de practicar la justicia. Hay varias experiencias propias y ajenas que dan sobrado testimonio de eso. Así que deberemos empezar por el principio, saber qué cosa es, para el evangelio, practicar la justicia. Practicar la justicia, entiendo, consiste en obrar conforme a la Palabra de Dios en todos los asuntos de la vida diaria, con el único propósito de mostrar a Dios como el hacedor de todo lo justo y el dueño de nuestra vida. El que practica la justicia bíblica no se atribuye así mismo lo bueno que hace.

Algunos practican una justicia externa; conocemos personas que moralmente son correctas: son fieles a su cónyuge, son correctos en su trabajo y negocios, obedientes a los padres; no se meten en problemas con otros y hasta se esfuerzan por ayudar al prójimo. Muchos de estos llegan incluso a sentirse mártires porque realizan algunas acciones que consideran los ponen en un nivel importante a los ojos de Dios: en su corazón dicen como el fariseo: ... Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmo de todo lo que gano.

Otro ejemplo de justicia externa concebida por el hombre, es el joven rico: no adulteraba, no mataba, no robaba, no era mentiroso, honraba a sus padres, pero cuando Jesús le pidió dejar sus riquezas y entregarlas a los pobres y que tendría tesoro en el Cielo, el joven rico se entristeció. El contexto nos muestra que despreció la salvación que Jesús le ofreció, por la posesión de sus riquezas. Este era «un justo» injusto. Muchas de las persecuciones a cristianos no son necesariamente por hacer lo que el hombre cree justo o injusto. Algunos dicen: me están persiguiendo porque soy cristiano, mis vecinos no me quieren, hablan mal de mí, se burlan de mí, etc.

 Pero cuando se analiza la situación, la persecución no es porque el sujeto sea cristiano, sino porque está viviendo indecorosamente o desordenadamente; accede a trabajos que deshonran a Dios, no paga sus deudas, se entromete en los asuntos de otros; tiene costumbres que afectan a otros, da consejos basados en la carne, etc. Es lógico que quien así vive sufra persecución. Los que practican la justicia Divina padecen persecución. Esto es lo que enseña Pablo. La naturaleza del cristiano es alumbrar en un mundo lleno de tinieblas. Los hombres que están en las tinieblas se sienten heridos con la luz, así que es normal que la rechacen, que la aborrezcan y que no vengan a la luz para que sus obras no sean reprendidas.

Todos los otros son como la serpiente que, al ver la luz, se lanza encima de la antorcha o linterna para inyectarle su veneno. Ser honestos, no acceder a las cosas que nos obliga el mundo porque son contrarias a la Palabra de Dios, rechazar insinuaciones deshonestas, mentir, decir ¡No! a lo que los hombres del mundo quieren que diga ¡Sí!, esto produce mucho enojo a los que no son cristianos y siempre querrán hacer algo contra nosotros para demostrar su inconformismo. Pero ese enojo se asemeja mucho al que se esgrime en las luchas de clases. Los ricos odian a los pobres porque no soportarían serlo. Pero los pobres odian a los ricos porque saben que jamás lo serán. Clasismo sin Dios.

 Un ejemplo de esta situación es lo ocurrido a José, cuando no quiso acceder a las insinuaciones adulteras de la mujer de Potifar y terminó en la cárcel. No nos debemos extrañar que estas situaciones acontezcan, tampoco nos debemos desanimar ni amedrentar delante de nuestros perseguidores. Si haciendo lo bueno sufrimos y lo soportamos, esto ciertamente es aprobado delante de Dios y para esto fuimos llamados. Hacer lo que es justo es lo normal en la vida del cristiano, como lo normal en el incrédulo es hacer lo injusto. También es normal que el justo sea perseguido, como es normal que el injusto persiga. No todas las persecuciones ocurren por obrar justamente, algunas son por vivir indecorosamente. ¿Qué tipo de persecuciones sufres tú por andar en la luz? Mi Dios No Conocido te lo está preguntando, Él dice que serás perseguido por estar en Él. Lo que digan otras voces, te tiene que tener sin cuidado.

Como corolario está la conclusión a todos estos padecimientos: compararlos con los que vivieron los antiguos profetas. Hechos 7:52, al respecto, dice: ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo, de quien vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores. Análisis simple: ¿Quiénes persiguen y “matan” (En sentido figurado, claro) a los auténticos portadores de la auténtica Palabra? Los miembros de la iglesia. Pablo, en 1 Tesalonicenses 2:15 también habla de esto cuando señala: los cuales mataron al Señor Jesús y a sus propios profetas, y a nosotros nos expulsaron; y no agradan a Dios, y se oponen a todos los hombres. Confirmación: no sólo eliminan a los genuinos, sino que además los expulsan como a herejes. ¿Nunca lo has visto por allí? Y, finalmente, también Santiago lo argumenta cuando consigna que: Hermanos míos, tomad como ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas que hablaron en el nombre del Señor. Una vez más, mi Dios No Conocido sale a advertirme que, si salgo al mundo religioso portando su palabra genuina, alguien intentará crucificarme. Gracias Papá, ya lo sabía…

(13) Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.

Cuando yo leí esto, de inmediato pensé en todo lo que nosotros, en nuestra cocina, hacemos utilizando la sal. Y como se la extraña cuando por razones médicas, (Hipertensión o alguna otra patología cardíaca) se la debe eliminar de la dieta. Sin embargo, no es de esta sal de la que se está hablando aquí, sino de lo que nosotros como creyentes fieles y firmes, podemos hacer para y con este mundo en el que habitamos. Y descubrí que hay una perfecta sintonía entre lo que son las diez máximas propiedades de la sal y nuestro andar por esta tierra.

1 – Aporta los Minerales que necesitas. Esto significa que fortalece al cuerpo, lo solidifica, lo nutre de elementos que lo hacen sólido y firme. 2- Fortalece tu sistema inmunológico. Esto se entiende que produce anticuerpos espirituales que permiten resistir sin contaminación alguna cualquier infiltración satánica. 3- Mejora tu digestión. Determina que cuando recibes palabra de alimento, no se pierde en el olvido o la omisión, sino que recala hondo en tu espíritu y rinde fruto al ciento por uno. 4- Ayuda a los músculos.  Produce una fuerza notable que permite avanzar aún en contra de los peores obstáculos. 5- Contribuye a tu salud cardiovascular. Si tomamos por base que para la cultura hebrea decir corazón era decir alma, la sal determina una mayor fortaleza y salud de tu alma. 6- Cuida tu piel. Esto tiene que ver con lo estético, es decir, con lo testimonial. La sal permite que alguien que la posee, tenga efectos de esplendor para los ojos extraños. 7- Ayuda al cerebro. Si el cerebro está alojado en la cabeza, lo que significa esto es que le otorga fortaleza y autoridad a las conducciones del cuerpo. 8- Tiene efectos relajantes y desinflamatorios. Es casi como decir que te otorga una paz que no es como el mundo la da. 9- Fortalece los huesos. Las bases argumentales y doctrinarias de nuestra fe se ven fortalecidas y munidas de autoridad. 10- Previene el envejecimiento. Lo único y primero que se me ocurre al leer esto, es ¡Siempre verde! Que es el sueño de todo guerrero veterano de Jesucristo.

 (14) = Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.

(15) Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.

(16) Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

En principio, cabe destacar que el contexto general de todas las bienaventuranzas, describen el carácter esencial de los ciudadanos del Reino, mientras que las metáforas sobre la sal y la luz, indican la que tiene que ser una influencia más que clara y notoria sobre la sociedad secular a medida que esta se pone en contacto con nosotros. Si la gente no saborea en nosotros un gusto distinto y no siente que cuando llegamos se termina lo oscuro y oculto, creo que no estamos todavía donde se nos requiere que estemos. Tenemos que entender primero, y reconocer posteriormente, que nuestras vidas pueden tener, ante los demás, tanto un efecto negativo como positivo. Pablo les dice a los filipenses que tienen que ser irreprensibles y sencillos, además de gente sin mancha ante una generación maligna y perversa, resplandeciendo en ella. Yo me pregunto si habremos prestado debida atención a esto. Lo digo porque, mayoritariamente, en lugar de establecerse como modelo del mundo secular, el pueblo de Dios ha elegido adaptarse a las modalidades del mundo para no parecer tan “raros”.

Es lógico en cuanto a la aceptabilidad e integración, pero: ¿Es la voluntad de Dios? Protestamos porque nuestros gobiernos humanos no son el modelo que tienen la obligación de ser. Criticamos ácida y duramente, (Y reconozcamos que con total y absoluta justicia) a muchos de nuestros ministros o líderes que en modo alguno son modelo para sus congregaciones, pero no nos detenemos a pensar lo básico que es lo que aquí se nos enseña: ser modelo nosotros mismos, en primer término. A eso es que se refiere cuando dice que una luz no se coloca debajo de un almud ni se esconde por ninguna parte. Una luz es para que alumbre y traiga claridad al marco de oscuridad que inunda la tierra. Y no habla de oscuridad física y material, obviamente, sino de la espiritual. Y ni se te ocurra suponer que estamos criticando la oscuridad espiritual del mundo impío, ateo y pecador, ¿Eh? Dice mi Dios No Conocido que La Biblia no ha sido escrita para el mundo, sino para la iglesia. Esto es obvio.

(17) = No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.

(18) Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.

(19) De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; más cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.

(20) Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Aquí es el momento de dejar algo muy en claro: en primer término, no podemos ni admitir ni defender a aquellos que eligen vivir bajo la ley porque, la Biblia lo dice, están bajo maldición. Son los que solemos denominar como legalistas, que existen y pululan en todas las iglesias, que tú conoces muy bien y que, seguramente, más de un problema o inconveniente habrás tenido, alguna vez, con alguno de ellos. Eso, por una parte. Pero por la otra, esto no es línea abierta o carta libre para que despreciemos y hasta nos burlemos de la ley. No te olvides que el Antiguo Testamento, – dice la Biblia -, es sombra de lo que habría de venir, esto es, el Nuevo Testamento.

Y que Jesús, – En este pasaje lo dice con claridad –, sin ser de manera alguna un odioso legalista, vino a cumplir con esa ley y no a abrogarla. Nuestra confusión radica en que, en efecto, no debemos vivir bajo la ley porque esta es la era de la Gracia, pero de ninguna manera podemos minimizarla o caricaturizarla porque proviene nada menos que del mismísimo Dios Todopoderoso. Pablo lo consigna específicamente en Romanos 3:31 cuando dice: ¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley. La “jota” mientras tanto, se refiere tanto a la “jota” griega como a la hebrea (Yod). Eran las letras más pequeñas en sus respectivos alfabetos. Una “tilde”, en tanto, era una pequeña marca utilizada para distinguir algunas letras hebreas.

Y cuando habla de esos mandamientos, no nos amenaza con fuegos ni torturas chinas, sencillamente nos dice que quien los respete y además los enseñe, será llamado “grande” en el Reino, en tanto que quienes no lo hagan, serán considerados “pequeños”. Mira: no me preocupa ni me interesa en lo más mínimo tu doctrina denominacional ni tu teología personal. Lo único que tengo para decirte, es lo que has leído. El que tiene oídos, oiga lo que el Espíritu le dice a la iglesia. Santiago alude a esto cuando dice en 2:10 que Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos, que es un hermoso texto para alentar a quienes la han omitido y desalentar, al mismo tiempo, a los que pretenden justificarse mediante ella. Aquí es donde queda establecido el Dios No Conocido, puede ser cualquier cosa para ti, como quieras imaginarlo, pero jamás será legalista.

(21) = Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio.

(22) Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego.

En el verso 21, es obvio que hace alusión a los primeros Diez que ya hemos estudiado anteriormente. En el 22, mientras, alude a que el sexto mandamiento antiguo no sólo prohíbe el acto de matar, sino que se aplica también al pensamiento y a la palabra, a la cólera injusta y a los insultos destructivos. Lo primero es más que obvio que no será hallado en ninguna de nuestras congregaciones, pero lo segundo ya no es tan seguro. La palabra utilizada aquí como necio, es una expresión de tono coloquial de disgusto por la manera de pensar de alguien, similar a tonto o a estúpido. Fatuo, mientras tanto, expresa cierto desprecio por el carácter de alguien. Los dos insinúan que esa persona merece ir al infierno. El concilio del cual se habla aquí designaba al principio la sinagoga, pero al escribirse este evangelio de Mateo, puede que se refiriera a un cuerpo investigativo de la iglesia.

El infierno de fuego, que literalmente es llamado Gehena, que es la traducción griega del nombre hebreo Valle de Hinom. El valle era una hondonada al sur de Jerusalén donde se quemaban los desperdicios. Era como un símbolo de fuego y el juicio del propio Hades. Ahora bien; el sentido concreto de este texto tiene que ver con esa manía nuestra de tranquilizar nuestras conciencias con actitudes externas, mientras hacemos como que no nos damos cuenta que, en efecto, Dios ve con total y absoluta claridad en nuestros corazones y de ninguna manera puede ser burlado. Entonces, cotidianamente, si una persona no ha matado, no ha asesinado literalmente a nadie, está dentro del beneplácito divino.

No prestamos atención a lo que se nos dice aquí y que deja al descubierto que, esas eternas y permanentes rencillas que suelen producirse dentro de nuestras congregaciones, (mayoritariamente por la distribución de cargos o funciones eclesiásticas o sencillamente por disputar los favores del pastor), están observadas por nuestro Dios No Conocido, con la misma vara con que se miden a los criminales. ¿Parece exagerado? ¡Quéjate al Departamento de Reclamos del Cielo, ya que es desde allí de donde ha salido esta disposición! 

(Verso 23) = Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, (24) deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.

(25) Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel.

(26) De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.

Es mucho lo que se ha escrito, hablado, enseñado y predicado respecto a diezmos y ofrendas, y en todos los casos, cada cosa que se ha dicho, ha sido factor de consenso, disenso y controversia. A nadie le caben dudas que es un asunto complejo y difícil de tratar sin confrontar con algún sector o enemistarse con algún otro. De todos modos, esto que leemos aquí y que si yo no tengo mala información todavía sigue vigente, es poco menos que ignorado en la mayor parte de nuestros ambientes cristianos. Es muy cierto que ya no existen altares porque ya no existe necesidad de sacrificios, pero no menos cierto es que todavía a los sectores del frente de un templo o salón de reunión siguen recibiendo ese nombre, quizás por razones de reverencia o algo similar.

Cuando cualquiera de nosotros lleva su ofrenda o su diezmo a ese alfolí, (Suponiendo que lo sea, esto es: lugar en donde está el alimento espiritual que recibimos), no siempre cumplimentamos con esta condición que nuestro Dios No Conocido nos está mostrando: reconciliarnos con todos aquellos hermanos con los que estuviéramos distanciados y ponernos de acuerdo con cualquier adversario, antes de dejar esa ofrenda. Los motivos y las causas, son más que visibles; Dios no quiere que seas echado a la cárcel, ese sí sería un feo testimonio para el pueblo santo. Y quiero reiterar algo para que me entiendas. Cuando digo “hermano”, hablo de estar enemistado con alguien que es, con seguridad, hijo de nuestro mismo Padre. El resto, amigos, compañeros de ruta, gente conocida, casual, etc.

(Mateo 5: 27) = Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio.

(28) Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.

(29) Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.

(30) Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.

Una vez más, Jesús utiliza la base de uno de los mandamientos antiguos, para establecer un nuevo principio. Complementario del otro, quizás, pero nuevo en su interpretación, tanto literal como tipológica. Porque el Antiguo Pacto condenaba, específicamente, al adulterio físico, lineal, literal. La lapidación era el castigo al cual se exponía la pareja que llegaba a consumar ese delito. Se comprobaba el acto sexual de una mujer o un hombre con el esposo o la esposa de otro, siendo que también mantenía la misma clase de relación con el cónyuge legal, y allí mismo se producía el juicio sumario, la sentencia y la ejecución. Eso era y sigue siendo: Adulterio. Pero por los pensamientos individuales no se condenaba a nadie. Jesús sabía esto y tenía muy claro que muchos de los que actuaban como jueces implacables en un acto de adulterio, en ese mismo instante, estaban adulterando en su corazón simplemente por estar deseando a la mujer de otro. Hipocresía…

Sin embargo, esto tiene aún mayor profundidad cuando encara el tema de los miembros productores de pecado. Da como modelo al ojo y a la mano, en ambos casos derechos. ¿Por qué? ¿Qué significa eso, más allá de que algún sector lo haya tomado literalmente y haya producido verdaderas barbaridades en la iglesia? Habla del cuerpo espiritual. Cristo habla de su propio cuerpo. Y alude al pecado que puede entronizarse dentro de ese cuerpo. Y avisa que tal cuestión va a contaminar, ensuciar y hasta pulverizar al resto, por lo tanto, recomienda desprenderse de ese cáncer. Porque una cosa es la misericordia, la restauración con su perdón y redención para el pecador, y otra muy diferente la permisividad, la pasividad que termina inexorablemente en complicidad. ¿Y por qué ojos y manos como ejemplo? Por la visión y la ejecutividad espiritual. El ojo muestra el objetivo espiritual y la mano simboliza la autoridad que lo ejecuta.

¿Y por qué ambos son derechos? Porque protocolarmente, (Y un Reino utiliza el protocolo) es el sitio de mayor importancia y nivel. ¿Qué significa esto? Que la tropa, esa que en algunas ocasiones he oído rotular como “ovejas rasas”, y que significa, estimo, referirse a la gente del común, forma parte de esta advertencia, pero el ministro, el liderazgo, mucho más. Nuestro Dios No Conocido es claro en esto de la misma manera que antes lo fue: Debemos siempre actuar como un cuerpo y no como miembros individuales o separados. Y no me estoy refiriendo a Cuerpo en el sentido de grupo conformado u organizado bajo nombres, títulos o decretos, me estoy refiriendo a un Cuerpo aceitado que, justamente como lo dice esta palabra utilizada, funciona bajo el aceite de la unción del Espíritu Santo, que es el único que puede posibilitar que más de un ser humano piensen en una misma dirección, con una misma idea y en un mismo sentir.

(Mateo 5: 31) = También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio.

(32) Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio.

En primer término, podemos ver que los fariseos interpretaban las enseñanzas de Moisés sobre el divorcio en el sentido de que un hombre podía repudiar (Que significa divorciar) a su mujer virtualmente por cualquier motivo. El texto que se lee en Deuteronomio 24:1 dice: Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, y se la entregará en su mano, y la despedirá de su casa. En efecto, convengamos que, para una sociedad patriarcal y machista como aquella, interpretar torcidamente este principio, era cosa sumamente sencilla.

No obstante, y fuera de que Jesús en este texto de Mateo se opone terminantemente a este abuso masculino, restringe con total y absoluta claridad, hasta el día de hoy, al divorcio, a los que son por causa de fornicación, que, en el caso específico del matrimonio, no es otra cosa que adulterio. Esta expresión, asimismo, define de manera implícita cualquier desviación de las claramente establecidas por las normas bíblicas para la actividad sexual (Por ejemplo: homosexualidad, adulterio, promiscuidad, violencia física o emocional, fornicación y prostitución).

Por lo tanto, sería muy interesante que en muchas congregaciones cristianas que actúan como discriminadoras para los divorciados, se tenga muy en cuenta el motivo de cada divorcio. Porque es más que obvio que en el caso específico del adulterio por parte de alguno de los cónyuges, y pese a que Dios, efectivamente, aborrece el divorcio, deja claramente establecidas las pautas para efectivizarlo entendiendo que, ante un caso rotundo de infidelidad, será muy complicado sino imposible volver a establecer una alianza basada, preponderantemente, en la confianza mutua.

Porque una vez convendrá aclarar que aborrecer significa que no está de acuerdo, que no le agrada, que no lo contempla como solución, pero que, llegado el caso y siendo de extrema necesidad, no lo prohíbe. Sólo expresa que lo aborrece. Además, y en relación con aquellos grupos cristianos que admiten el divorcio, pero no el nuevo matrimonio, Jesús deja claramente en evidencia al decir que el que se casa con la repudiada comete adulterio, que el cónyuge que atraviesa un divorcio, inexorablemente y mayoritariamente volverá a rehacer su vida en pareja. Nuestro Dios No Conocido ha sido muy claro en esto. La que no siempre ha sido tan clara es su Asamblea, su Eklesia, Su Iglesia. ¿O es que todavía habrá gente orando para que se muera gente para poder quedar libres? Terrible. Tremendo. Satánico…

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¿Existe un Matrimonio Cristiano?

Claro; tú lees el título y de inmediato piensas que yo no creo en el matrimonio cristiano. No. No es esa la intencionalidad de este título. Lo publiqué así porque lanzarlo con lo que realmente quise decir, me hubiera resultado demasiado extenso para un título de un trabajo, que tiene que ser sintético y, en pocas palabras, resumir la idea central del mismo. Debí haber titulado en forma de pregunta, lo siguiente: ¿Cuántos de ustedes que me escuchan, han conocido matrimonios genuinamente cristianos y en qué porcentaje con respecto al resto de los matrimonios? Yo hice mi propia evaluación y tengo más que claro el resultado, pero no voy a darlo a conocer porque es algo que nace de alguna manera de una opinión. Y ya sabemos muy bien que, cuando un hombre opina, hay mucho de subjetivo en esa opinión, en ese juicio de valor, ya que no existe lo objetivo para la mente humana. Y si se trata de una opinión relacionada con el evangelio, cada uno es muy libre de tenerla, pero jamás de publicarla para ahorrar confusión o tendenciosidad. Además, Dios ya opinó. Por tanto, será conveniente que leamos nuestras biblias y saquemos nuestras propias conclusiones conforme a lo que el Espíritu Santo le muestre o revele a cada uno.

Efesios 5: 21-27 = Someteos unos a otros en el temor de Dios. Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.

El mandamiento es claro: someternos los unos a los otros. Yo a ti, tú a mí, conforme a como se den las circunstancias. ¿Lo vivimos así? No, lo hemos modificado por un: someteos todos a algunos. ¿Qué es someterse? MI diccionario de español dice que es sujetar a dominio o autoridad a una o más personas. ¿Y en lo espiritual? Someternos a una autoridad sujeta y sometida a autoridad. Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, sin comentarios, sin dudarlos y con todo nuestro ser. Pero cuando se trata de hombre, sólo si ese hombre está sujeto a autoridad superior. Si el Espíritu Santo te da una tarea donde necesitas el apoyo de alguien con mis dones o talentos, Él va a poner en mi espíritu la necesidad de ir a buscarte y someterme a tus indicaciones. Si una joven es abordada por un muchacho que va a la iglesia, y el muchacho le dice que el Señor le dijo que ella debía ser su esposa, supongo que la joven podrá enviarlo a comer papas fritas a la Antártida, en tanto el Espíritu Santo no se lo diga a ella también. ¿Entiendes lo que quiero decir? Si te sometes a autoridad sujeta a autoridad, eres siervo útil. Si te sometes a jerarquía de hombres, eres esclavo.

Las casadas estén sujetas a sus propios maridos. ¿Sabes cuantas rencillas, (Algunas casi violentas) produjo el deficiente entendimiento de esto que dice Pablo? Y eso, sin contar las distintas consejerías donde, tanto líderes como liderados que no tenían protagonismo en el asunto, ponían un estandarte que hablaba maravillas de lo que debía ser un matrimonio cristiano. Mira, en realidad se habla y se habla mucho acerca de que los matrimonios cristianos son diferentes, pero, pregunto: ¿Qué es lo que en realidad hace que un matrimonio seda cristiano y otro no? No es algo que alguien, aunque sea cristiano y esté unido en matrimonio con un cónyuge también cristiano, pueda responder de inmediato y con una síntesis clara y precisa. ¿Sabes por qué? Porque a un matrimonio lo constituyen dos personas, que son distintas y que, en el mejor de los casos, se esfuerzan por adaptar las formas y personalidades de uno a las del otro, para así establecer una sólida sociedad conyugal. Multiplica esto por millones de matrimonios constituidos por millones de cristianos.

Si tengo que dar una pintura de esto, debería comenzar reconociendo que el matrimonio ha adquirido muy mala reputación en los últimos años. Blanco de un número aparentemente infinito de bromas, el matrimonio es una fuente inagotable de comentarios sociales, de políticas de género y debates gubernamentales. En una gran cantidad de países, (Incluido el mío), el matrimonio ha caído en tiempos particularmente difíciles. Cada vez menos personas optan por casarse. De hecho, menos de la mitad de los hogares actuales están formados por parejas casadas. El porcentaje de personas que nunca se han casado es cada vez mayor, a la vez que el número de parejas que viven juntas sin casarse se incrementa de forma exponencial. Mientras tanto, y por lógica y casi natural consecuencia, más y más niños nacen de madres solteras. Hay naciones importantes que se muestran como modelo al resto del mundo que, sin embargo, tienen la tasa más alta de divorcios entre los países occidentales y la mayor incidencia de familias con un sólo progenitor que cualquier otra nación. No se puede negar que el panorama de la familia ha cambiado radicalmente por los últimos cincuenta años.

Estos datos plantean preguntas sobre el valor y el significado del matrimonio en la cultura contemporánea. Teniendo en cuenta los cambios en la tecnología de la reproducción, los cambios en las actitudes culturales acerca de la moralidad sexual y el aparente fracaso del matrimonio como una relación ideal, ¿El matrimonio ha llegado a ser irrelevante? Aunque pueda parecerlo, un estudio realizado por dos sociólogos de renombre descubrió que el noventa y cinco por ciento de los jóvenes tiene la sana intención de casarse algún día. Desde las novelas románticas hasta los “reality shows” (programas de la vida real) en la televisión y las películas, perpetúan fácilmente expectativas irreales y falsas interpretaciones sobre el amor, el matrimonio y el romance. Como resultado, tanto quienes buscan un compañero de matrimonio como quienes tratan de permanecer en una relación matrimonial luchan contra malas interpretaciones de la definición de esa relación. Entonces, la pregunta que surge, es: ¿Puede la fe cristiana marcar una diferencia en la comprensión y la búsqueda de un matrimonio significativo?

Aunque el matrimonio no es el dominio distintivo de la iglesia cristiana, la Biblia y pensadores cristianos con influencia tienen bastante que decir sobre el asunto. Entonces, ¿Qué hace a un matrimonio un matrimonio cristiano? Es evidente que el simple hecho de ser religioso o profesar la fe cristiana no es un remedio ni garantiza un matrimonio duradero y feliz. Tampoco ir semanalmente a encerrarse en un templo por espacio de una o dos horas. Para responder a nuestras preguntas, debemos contemplar los elementos esenciales del matrimonio cristiano y ver en qué se diferencian de otros enfoques de la relación matrimonial.En el primer siglo, algunos escritores cristianos comentaron sobre la relación entre su fe y el matrimonio. Uno de ellos, Pablo, escribió estas palabras que terminó de leer: En estos versículos, Pablo compara la relación entre marido y mujer con la relación entre Jesús y la iglesia. Esto tiene implicaciones muy importantes para la naturaleza del matrimonio cristiano. Los cristianos se acercan al matrimonio como una alianza, una relación basada en las promesas y los compromisos, no sólo en sentimientos, aunque el amor, ciertamente, está involucrado.

El concepto de matrimonio como una alianza tiene sus raíces en la fe hebrea y los primeros cristianos también conservaron la creencia. La alianza de Dios con Israel se fundó con su promesa de ser fiel a Israel. También el pueblo hebreo prometió fidelidad a Dios y la Biblia no oculta que lucharon—y a menudo fallaron—por mantener esa promesa. Como Dios con los israelitas, Jesús estableció lo que llamó una “nueva alianza” con sus seguidores. Hablar del matrimonio como una alianza, es decir que la pareja se hace promesas mutuas sobre la forma en que elige vivir en el futuro, no sólo declaraciones de cómo se siente en el presente. El esfuerzo de vivir en esas promesas, permaneciendo fieles a su alianza, dará forma a su carácter a través de los años. El matrimonio cristiano esta también distintivamente basado en agapē, palabra griega que se usa en las enseñanzas de Jesús y los primeros escritos cristianos para describir el tipo de amor que Dios manifiesta a los seres humanos. Agapē no tiene nada que ver con los conceptos de fantasía del amor romántico sobre los que se fundan tantos mitos sobre el matrimonio en la cultura estadounidense. Habla mucho más de carácter que de sentimientos.

A pesar de lo placentero que esos sentimientos puedan ser al principio de una relación, rara vez tienen la capacidad de resistencia para soportar una vida de altibajos -como los de “en lo próspero o en lo adverso” del matrimonio. Agapē es un concepto totalmente diferente, tan importante que Pablo dedicó toda una sección de su primera carta a los Corintios para definirlo. Es posible que hayan escuchado una frase muy conocida de esta sección: “El amor es paciente, es bondadoso”. Pablo luego pasa a describir el agapē como una manera sacrificada de amar otros. Este tipo de amor incondicional, o un esfuerzo activo para vivir este tipo de amor todos los días, definen a un matrimonio verdaderamente cristiano, tal como caracteriza a una vida auténticamente cristiana. Agapē es encontrada en la elección activa que uno hace acerca de cómo comportarse hacia otra persona, no en un sentimiento condicional que se tiene hacia alguien.19 Agapē se basa en las decisiones deliberadas del amante, no en las respuestas de la persona amada.

Tal vez la característica más distintiva del matrimonio cristiano -que hace que los otros dos sean posibles- es que esta intencionalmente centrada en Jesucristo. Cada cónyuge trabaja continuamente para conocer, amar y obedecer a Jesús y seguir su ejemplo. De esta manera, el marido y la mujer aprenden a expresar agapē y se mantienen fieles a su alianza. A medida que practican la fe cristiana en conjunto, se mueven uno hacia el otro, creciendo juntos en amor y unidad. Pero, ¿Qué pasa con los matrimonios en que sólo uno de los cónyuges es seguidor de Jesús? ¿Podría ser un matrimonio así un “matrimonio cristiano”? Pablo escribe realmente acerca de un caso de este tipo en 1 Corintios 7:12-16; él le suplica al creyente a seguir casado con su cónyuge no creyente debido a la influencia que tiene el creyente en su pareja e hijos. Una persona que trata de seguir a Jesucristo, que aprende a vivir de agapē y mantiene las promesas de la alianza lleva la presencia de Cristo al matrimonio.

Cristiano o no, el matrimonio es difícil de mantener para cualquier pareja durante toda la vida. Las pruebas de la vida, la presión de ganarse la vida, la crianza de los hijos, de resistir a las tentaciones de la infidelidad o el egoísmo, pueden tensar cualquier matrimonio. Pero el matrimonio cristiano ofrece esperanza. La esperanza de que un esposo y una esposa, mediante la elección deliberada de aprender a amar con fidelidad y sacrificio como hizo Jesús, pueden mantener sus promesas de la alianza durante toda la vida. Esto, a grandes rasgos, es lo que se podría entender como matrimonio cristiano. De hecho, donde hay casos en los que por alguna causa justificada una pareja, o uno de ellos, no puede casarse legalmente porque algo que no puede controlar se lo impide, el pacto que se realice delante de Dios, (Y no estoy hablando de ceremonias o rituales, estoy hablando de pacto, de compromiso de palabra empeñada), será más que suficiente para considerarlo como tal. De última, la Palabra dice que se unirá el hombre a su mujer. El matrimonio se implantó luego para darle legalidad a esa unión. Pero delante de Dios, lo que interesa, es el pacto. Hay matrimonios cristianos que legalmente tienen todo en orden, pero el pacto está roto. Y Pablo sigue:

Verso 28 = Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Hombre: ¿Amas tu cuerpo? ¿Lo cuidas, no lo agredes, lo respetas en sus necesidades? Eso mismo se te pide para con tu mujer. Ella es una persona, igual a ti, sólo de otro sexo. Ella tiene un cuerpo, similar al tuyo, sólo con la diferencia genital. Cuídalo, no lo agredas, respétalo en sus necesidades. Parecería innecesario decir esto, pero la experiencia me dice que no lo es. (29-30) Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Ahora míralo desde la óptica nuestra. Cristo es un cuerpo, la iglesia es la expresión de ese cuerpo en la tierra. Si Cristo te respeta a ti sin imponerte nada que no quieras hacer, así también deberás ser tú con tu esposa.

31 = Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Este “dejará” a su padre y a su madre, en algunos lugares ha dado espacio para malas interpretaciones. Porque de ninguna manera esto significa que un hijo deje de amar, honrar y velar por sus padres cuando se une a una mujer, sino simplemente que tenga en cuenta que está formando una nueva familia de la cual, él es el máximo responsable. Si aspira a tener una mujer sujeta a él, tiene que ser auténticamente cabeza del hogar como Cristo es cabeza de la iglesia, nada menos. La pareja que va a consolidar su convivencia, debe contar mínimamente con un trabajo que garantice su subsistencia. Y en cuanto le sea posible, un lugar para habitar solos. No es conveniente que una pareja se una en convivencia y sus padres deban sostenerlos económicamente y alojarlos en su propia casa. Ambas cosas podrían contemplarse como hecho circunstancial, fortuito y temporario por alguna contingencia, pero no de manera indefinida y por simple apatía, comodidad o haraganería. Eso no honra a los padres, los abusa.

Después dice que se unirá a su mujer. No dice que se casará, pero tampoco que se unirá en concubinato. Cuidado con estas interpretaciones traída de los cabellos para justificar lo injustificable. La palabra unirá, en los originales, es la palabra griega proskoláo, y tiene que ver con pegar, figuradamente con permanecer, unir, adherir. A ver; nosotros, en nuestro alto y sano interés de hacer todas las cosas bien y por dentro de la legalidad y sin esbozar ni una minúscula partícula de apología al pecado, cuando citamos este texto solemos añadirle, por nuestra santa cuenta, se unirá en matrimonio a su mujer y etc.etc. Está bien, es lo que corresponde de acuerdo con nuestras leyes e, incluso, lo que cualquier congregación mínimamente va a exigirles a cualquiera de sus miembros que deseen unirse, pero…¡No es bíblico eso! El matrimonio va a aparecer más adelante como una forma de darle base y sustento legal a una unión entre un hombre y una mujer. Pero, como dije anteriormente, a Dios lo que le interesa es el pacto que esa pareja haga entre sí, con Él como juez. No le interesan ni los documentos que firmen ante un juez terrenal, ni lo que digan o hagan ante un ministro o sacerdote, también terrenales. Tres cuartas partes del planeta se une con cualquiera de estas ceremonias y eso no garantiza a nadie que se conviertan en un matrimonio cristiano.

Y concluye señalando que los dos serán una sola carne. Es indudable que, aunque para todo lo que tiene que ver con la relación de pareja, los cristianos hacemos más hincapié en el amor, la confianza, el carácter y todo cuanto tenga que ver con lo relacional, la gran verdad es que hacemos y decimos eso por santo pudor de hablar las cosas con la máxima claridad posible. Porque lo que Pablo dice aquí, y tengo certeza que por inspiración divina, es que cuando un hombre y una mujer se unen, se funden en una sola carne. Y eso, me temo que o tiene nada que ver con lo sentimental, espiritual o social. Eso tiene que ver con la sexualidad. En lo referente a la unidad de la carne, hay un solo modo de producirla y es por penetración. No hay absolutamente nada de malo en esto, todo lo contrario, a la sexualidad la creó Dios y fue de las cosas que dijo que era buena en gran manera. Y tiene que serlo, nomás, por de otro modo no tendríamos los tremendos problemas que tenemos por causa del sexo cuando es tomado de manera promiscua. Nada de lo que Dios creó puede ser malo. El hombre, influido por el infierno, puede tergiversarlo desde su origen y convertirlo en pecaminoso.

Porque, veamos. Tú te casas con la mujer que amas y, desde el día de tu boda, tú te haces una sola carne con ella. ¿Qué implica espiritualmente eso? Que en esa relación, más allá de lo placentera que pueda resultar y que sea el vehículo para que luego ambos sean padres, hay un intercambio de fluidos, bacterias, y moléculas de ADN. Eso, indefectiblemente, lleva a que tú y ella, reciban en sus vidas, tanto espirituales, como emocionales y físicas, elementos de la otra persona que pueden ser inofensivos o contaminantes. Eso se llama, en idioma de guerra espiritual, una ligadura de carne. Y no afecta tu vida en lo más mínimo porque, a partir de la noche de tu boda y por todo el resto del tiempo que convivan en matrimonio y hasta que la muerte los separe, espiritualmente no tendrás problemas porque lo que recibes de ella, tu amada esposa, y viceversa. El problema, y que no es menor, precisamente, se presenta cuando existe en una pareja pecado de fornicación o de adulterio. Porque esa ligadura de carne no respeta documentos ni ceremonias. Un hombre y una mujer tienen relaciones sexuales y, sin ninguna duda, se unen en una sola carne.

Lo grave del caso, (Y no es una ocurrencia mía, sino que los más ungidos en guerra lo saben tanto o mucho mejor que yo), es que mientras no se haga una oración de corte y se abandone el pecado, esa ligadura no se corta y perjudica de muchas maneras cualquier relación posterior. Nadie va a juzgar a nadie por la vida que tenía antes de ser creyente. Al convertirte, es verdad que las cosas viejas pasaron y he aquí todas fueron hechas nuevas, pero a las ligaduras de carne que se hayan tenido antes de la conversión, hay que cortarlas en oración o seguirán vigentes. Todas las horribles promiscuidades llenas de repugnancia e inmundicia que conoces, son fruto mayoritariamente de ligaduras de carne no cortadas. Con sus nombres y apellidos, así sean centenares. Con las situaciones y momentos, si no se tienen o se han olvidado esos nombres. Pero deben ser cortadas, porque la contaminación recibida sexualmente, puede incluso ser transferida a la descendencia por cuatro generaciones. No tiene nada que ver que ya no se esté en fornicación ni adulterio. Si se lo ha estado, hay que cortar esas ligaduras de carne en oración, ya mismo. De otro modo, Satanás y sus demonios tienen una puerta abierta para entrar en tu vida, (En tu sexualidad, mayoritariamente) y hacerte imposible tu vida.

Verso 32 = Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.

 

Sería fácil pensar que el pasaje de Génesis 2:24 (también citado por Jesús en Mateo 19:5) solo habla del matrimonio. Pablo quiere que sepamos que también habla de la relación de Cristo y de la iglesia. Esto es cierto con respecto al patrón del primer hombre y la primera mujer. “La mujer fue creada al principio como resultado de una operación que Dios realizó sobre el hombre. ¿Cómo surge la iglesia? Como resultado de una operación que Dios realizó en el Segundo Hombre, Su unigénito y amado Hijo en la colina del Calvario. Un sueño profundo cayó sobre Adán. Un sueño profundo cayó sobre el Hijo de Dios, entregó el espíritu, expiró, y allí en esa operación fue sacada la iglesia. Así como la mujer fue sacada de Adán, así la iglesia es sacada de Cristo. La mujer fue sacada del costado de Adán; y es del costado sangrante y herido del Señor de donde viene la iglesia. También es cierto con respecto al patrón del matrimonio en general. Nos muestra que Jesús quiere más que una relación externa y superficial. Nos muestra que Jesús quiere que seamos uno con Él. Nos muestra que hay un sentido en el que Jesús está incompleto sin nosotros. Adán estaba incompleto sin Eva; podemos decir que Eva compensa la “plenitud” de Adán y compensa lo que le faltaba. Y eso es exactamente lo que la iglesia hace por Jesús; Efesios 1:23 dice de la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo. Muestra la conexión común de unidad en las dos relaciones. Unidad, observen, pues esa es la esencia del vínculo matrimonial. Somos uno con Cristo, quien se hizo uno con su pueblo.

Verso 33 = Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido. Pablo realmente enseñó sobre dos cosas a la vez. Él enseña sobre el matrimonio, pero también enseña sobre el patrón de Dios para el matrimonio – la relación entre Jesús y su pueblo. Entonces, en Efesios 5:31 y 32, se ha enfocado en la relación entre Jesús y Su pueblo y se está entusiasmando mucho al respecto. Entonces Pablo pareció recordar que su tema original era el matrimonio, por eso usó la frase por lo demás. Esta fue la forma en que Pablo dijo: “Sé que me salí un poco del tema. Así que volvamos a la cuestión del matrimonio y se los resumiré. Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido. Esto significa que todos estamos incluidos. Podemos decir esto sobre toda la enseñanza sobre el matrimonio.

Si el mensaje de Pablo en este gran pasaje pudiera resumirse en dos principios que deben gobernar nuestro pensamiento y nuestras acciones como personas casadas, esos dos son: Marido: Entiende que tú y tu esposa son uno, son una unidad. Esposa: Entiende que su unidad tiene una cabeza – tu marido. Las casadas se apresuran a aceptar y comprender el principio del marido, y quieren que ese sea el principio rector del matrimonio. Los maridos aceptan y comprenden rápidamente el principio de la esposa, y quieren que ese sea el principio rector del matrimonio. Pero debemos dejar que nuestro principio nos gobierne. Cuando tienes un esposo que piensa: “Soy uno con mi esposa, y debo pensar y actuar de esa manera”, y una esposa que piensa: Mi esposo es la cabeza de nuestra unidad, y necesito respetarlo como cabeza, entonces tendrás un matrimonio bíblico saludable. Lo supremo siempre es considerar a nuestro Señor Jesucristo. Si un esposo y una esposa lo están considerando juntos, no deben preocuparse por la relación que tienen el uno con el otro. Pero con algo central y básico: sujeción a autoridad sujeta a autoridad. Si esto es así, es un privilegio, no un esfuerzo. Si no es así, es esclavitud. Y ningún creyente EN Cristo está aquí para ser esclavo de nadie.

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Nombre Sobre Todo Nombre

Este trabajo de hoy nos permite arribar justamente a la mitad del texto total de la carta de Pablo a los Efesios, que como creo haberte dicho en el primer estudio, forma parte conjuntamente con Mateo 5, de la palabra que hoy Dios está activando en las vidas de sus hijos. Mateo 5 nos dijo que a pesar de que se nos dijo y se nos enseñó tal o cual cosa a través de todos estos tiempos transitados, este de hoy es un tiempo donde todo esto está en absoluta evaluación con el Espíritu Santo como guía a toda verdad, y produciendo como fruto y resultado revelaciones que ayudan a darle forma a todo aquello que hasta hoy, se encontraba escondido en el misterio de una negrura de espíritu que sólo podía ser sacudida por la luz del Espíritu y la revelación de todo lo que el cuerpo de Cristo en la tierra debe saber hoy. Voy a leer completo el texto final del capítulo 3 de esta carta, en los versos que van desde el 14 hasta el 21, y luego vamos a estudiarlos a la luz de nuestras biblias y todo el caudal que el Señor quiera aportarnos.

Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.

Lo dicho. Toda familia toma nombre del que tiene el nombre que está por sore todo nombre. A esto lo hemos leído, dicho, enseñado, escuchado y predicado centenares de veces. Lo que no siempre hemos podido asumir, es que no todo el que leyó, dijo, enseñó, escuchó o predicó sobre esto, sabe realmente por qué esto es así como se lee, se enseña, se escucha y se predica. ¿Por qué el de Jesús es el nombre que está por sobre todo nombre? ¿Cuál es la razón? Muchas, indudablemente, pero en principio te dejo una pregunta: ¿Qué nombre puede traer consuelo, esperanza y salvación a nuestras vidas? Jesús es el nombre sobre todo nombre, el único que puede llenarnos de paz y amor incondicional. Conocer a Jesús es experimentar su gracia y misericordia, permitiéndonos vivir una vida plena y en comunión con Dios. Descubrir el poder transformador del nombre de Jesús y cómo puede cambiar nuestra vida para siempre, es la aventura más maravillosa que se pueda vivir.

Decimos que el nombre de Jesús es el más elevado de la Biblia. En su contexto, el nombre de Jesús es el más elevado y poderoso. En Filipenses 2:9-11 se nos dice que Dios le ha dado a Jesús un nombre que está sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre. Este pasaje resalta la supremacía y exaltación del nombre de Jesús en toda la creación. Además, en Hechos 4:12 se declara que no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres por el cual podamos ser salvos más que el nombre de Jesús. Esta afirmación enfatiza la singularidad y poder redentor del nombre de Jesús en la obra de la salvación. Por lo tanto, en la Biblia, el nombre de Jesús es reconocido como el más elevado, poderoso y salvador, capaz de traer redención, sanidad y liberación a todos aquellos que creen en Él.

Jesús mismo enseñó en Juan 14:13-14 que todo lo que pidamos en su nombre, lo hará para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Esto nos muestra que invocar el nombre de Jesús en oración es un acto de fe que abre puertas y desata bendiciones en nuestras vidas. El nombre de Jesús tiene autoridad y poder para obrar milagros y transformar situaciones imposibles. Además, el nombre de Jesús está lleno de significado y promesas para los creyentes. En Hechos 4:12 se declara que no hay otro nombre dado a los hombres mediante el cual podamos ser salvos, resaltando la centralidad de Jesús en el plan de redención de Dios para la humanidad. Confiar en el nombre de Jesús como Salvador y Señor es la base de la fe cristiana, pues en Él encontramos perdón, sanidad, liberación y vida eterna. En resumen, el nombre de Jesús es más que una etiqueta o un título, es la expresión del amor, la gracia y el poder de Dios manifestados en la persona de Cristo. Invocar su nombre con fe y reverencia nos conecta con su presencia y nos permite experimentar su poder transformador en nuestras vidas.

La Biblia revela múltiples aspectos del nombre de Jesús a lo largo de sus páginas, mostrándonos quién es Él y cuál es su misión en el plan divino de salvación. Desde el Antiguo Testamento, profetas como Isaías anunciaron la venida de un Mesías que sería llamado Emmanuel, es decir, Dios con nosotros. En el Nuevo Testamento, el evangelio de Mateo nos presenta el cumplimiento de esta profecía al nombrar a Jesús como el cumplimiento de todas las promesas mesiánicas del Antiguo Testamento. En Mateo 1:21, un ángel revela a José que María dará a luz un hijo al que llamarán Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados. A lo largo de los evangelios, Jesús mismo se presenta como el Buen Pastor, el Pan de Vida, la Luz del Mundo, el Camino, la Verdad y la Vida, revelando así su identidad divina y su papel como mediador entre Dios y la humanidad. Cada uno de estos títulos y nombres nos ayuda a comprender la naturaleza y el propósito de Jesús en su ministerio terrenal. En conclusión, la revelación del nombre de Jesús en la Biblia nos muestra su carácter, su poder y su amor incondicional hacia nosotros. Conocer y entender los nombres y títulos que se le atribuyen nos acerca a una relación más íntima con Él, permitiéndonos experimentar su gracia y su salvación de manera personal y transformadora.

El nombre de Jesús ha tenido un impacto significativo en la historia y la cultura occidental, siendo reconocido como un símbolo de esperanza, redención y amor. Desde los primeros siglos del cristianismo, el nombre de Jesús ha sido predicado y proclamado como el único medio de salvación para la humanidad, llevando a la expansión del evangelio por todo el mundo conocido. En la Edad Media, artistas, escritores y teólogos se inspiraron en la figura de Jesús para crear obras de arte, literatura y música que expresaban su devoción y admiración por Él. Grandes obras como «La Última Cena» de Leonardo da Vinci o «El Mesías» de Handel reflejan la influencia del nombre de Jesús en el arte y la cultura europea. En la actualidad, el nombre de Jesús sigue siendo objeto de culto y adoración para millones de personas en todo el mundo, trascendiendo barreras de idioma, cultura y nacionalidad. Su mensaje de amor, perdón y reconciliación sigue siendo relevante y transformador para aquellos que buscan significado y propósito en sus vidas. Para concluir, el impacto del nombre de Jesús en la historia y la cultura es innegable, mostrando su capacidad para unir a personas de diferentes orígenes y creencias en torno a un mensaje de esperanza y redención. Su nombre sigue siendo una fuente de inspiración y consuelo para aquellos que buscan la verdad y la plenitud en medio de un mundo lleno de incertidumbre y dolor.

Como creyentes, tenemos la responsabilidad de honrar y exaltar el nombre de Jesús en todo momento y lugar, reconociendo su señorío y su poder sobre todas las cosas. En Filipenses 2:10 se nos insta a que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra, demostrando así nuestra sumisión y adoración a Él como Señor de nuestras vidas. Honrar el nombre de Jesús implica morir a la carne y estar EN Él, vivir de acuerdo con sus enseñanzas y ejemplo, reflejando su amor y su gracia en nuestras relaciones y acciones diarias. Como embajadores de Cristo en este mundo, nuestra vida debe ser un testimonio vivo de su poder transformador y redentor, mostrando al mundo la belleza y el significado de seguir a Jesús. En definitiva, honrar y exaltar el nombre de Jesús es mucho más que repetir palabras vacías o realizar rituales religiosos. Se trata de vivir una vida que refleje su amor y su verdad, compartiendo con otros el regalo incomparable de la salvación que encontramos en Él. Que nuestro testimonio y nuestra adoración sean un reflejo fiel del amor y la gracia que hemos recibido en el nombre sobre todo nombre: Jesús.

Como dato anexo, puedo añadirte que el significado de que Jesús es nombre sobre todo nombre en la Biblia es que Él es supremo y tiene autoridad por encima de cualquier otro nombre o título, demostrando su divinidad y poder como el Hijo de Dios. Jesús, asimismo, se considera el nombre más poderoso en la fe cristiana porque representa la salvación y el perdón de pecados a través de su sacrificio en la cruz, según la enseñanza de la Biblia. La importancia de reconocer a Jesús como el nombre sobre todo nombre en la vida de un creyente radica en que es a través de Él que se obtiene la salvación y la vida eterna según la Biblia. Jesús es el único camino para llegar a Dios y tener una relación íntima con Él. Reconocer a Jesús como el nombre sobre todo nombre implica someterse a su autoridad, seguir sus enseñanzas y vivir de acuerdo a sus mandamientos para recibir bendiciones y la gracia de Dios. Siempre recuerdo que el enorme evangelista argentino Carlos Anacondia, cuando debía reprender demonios en alguien afectado, lo hacía en el nombre de Jesús de Nazaret. Decía con humor que eso era para que ningún demonio simulara no haber entendido de quien se trataba. Nombre sobre todo nombre.

Además, y en referencia al orden familiar aquí mencionado, hablando en términos humanos, nosotros ligamos la identidad de un esposo, esposa y niños a su apellido familiar. Esto, sin embargo, los identifica superficialmente, porque la identidad familiar tiene una raíz más profunda. Familia, fíjate, es una palabra que está arraigada en Dios. Dios es Padre, el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Dios es, en sí mismo, una familia divina. Eso a su vez se expresa en la manera en como Dios se relaciona con la gente. La Biblia revela este aspecto de la naturaleza de Dios en un rico y variado uso de imágenes de la familia. Dios es tu Padre, nuestro Padre. Dios es el esposo para su pueblo. Dios es como una madre que cría a sus hijos. Cristo es el esposo de la iglesia. Cuando un hombre y una mujer se unen en matrimonio, Dios les otorga este nombre que en esencia le pertenece. El nombre de Familia. El esposo, la esposa y los hijos, viven a la altura del verdadero significado de esta palabra, cuando reflejan la naturaleza y la vida de la familia divina en la familia humana.

Luego sigue Efesios: para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; Para mi gusto, ser fortalecidos con poder equivale de alguna manera a dejar o permitir que el Espíritu Santo obre en el creyente, cosa que lamentablemente no se alcanza a vislumbrar en todos los grupos autodenominados cristianos. Pablo se lo explica así a los Colosenses: Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad; A los Romanos, les dice algo mucho más escueto, pero apuntado a ese hombre interior del que tanto hablamos y que tan poco conocemos: Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¿Solamente al carnal de Pablo le ocurrirá esto?

Para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, En principio, no te está diciendo que un Cristo pequeñito habita dentro de nuestros corazones. Te enseña que en un Cristo enorme, tú estás adentro si le crees, y entonces por consecuencia, lo autorizas a habitar en las más profundas decisiones de tu alma, que es el corazón hebreo. Por eso es que en Juan, vemos cuando Jesús le responde una pregunta a Judas y le dice: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. Si Cristo fuera un ser diminuto que habita en tu corazón, tú estarías CON Cristo en tu corazón. Pero si estás EN Cristo, la dimensión es otra. Una vez más es atinado recordar lo que Pablo les dice a los Colosenses: si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro. Fundados, es decir, con altos fundamentos y firmes, esto es: sin que ningún viento exterior te mueva. Sólo así podrás permanecer primero, y difundir, proclamar  predicar el verdadero evangelio, después.

Seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, Haz una pausa y medita. ¿Qué conocemos nosotros con relación a las dimensiones que conforman la creación de Dios? Ancho, largo, profundidad y altura. ¿Qué sabemos de eso? Con absoluta humildad, yo en lo personal creo que nada, o si me quiero levantar la autoestima, algo muy pequeño y somero. No soy el primero ni el único, ya en Job lo vemos en labios de un personaje llamado Zofar naamatita, cuando le dice a Job: ¿Descubrirás tú los secretos de Dios? ¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso? Es más alta que los cielos; ¿qué harás? Es más profunda que el Seol; ¿cómo la conocerás? Su dimensión es más extensa que la tierra, Y más ancha que el mar. A veces, cuando tengo ocasión de ver u oír a alguien con poder o riquezas, hablar del modo en que lo hace, dejar traslucir la enorme vanidad y soberbia con las que se cree omnipotente y lo comparo con esto que termino de leerte, la única sensación que me deja es la de una profunda tristeza, algo de impotencia por no poder cambiarlo con mis fuerzas y, esencialmente, una gran compasión. Pobre humano ignorante.

Y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Que excede a todo conocimiento… No me alcanza mi pobre mente humana para imaginarme lo que eso significa, realmente. Lo que está a nuestro mismo nivel, es sencillo verlo. Incluso lo que está en profundidades inferiores, sean terrestres o marítimas, hay una estimación cierta. Pero en lo que milita en las alturas, imposible. Conocer el amor de Cristo es la esencia más completa de lo que llamamos plenitud. Toda la plenitud de Dios, por ejemplo, nos habla de más de una experiencia o aspecto de su verdad o de su poder. En realidad apunta a una profunda espiritualidad, que participa de forma balanceada de todas las bendiciones, recursos y sabiduría de Dios. Por esta razón es que Pablo se encuentra en la obligación de explicárselo a los Colosenses de manera concreta, cuando les dice: Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad.

Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, ¿Prestaste suma atención a algo muy valioso que te dice aquí? Te dice que al que llama Aquel, por Cristo, es poderoso para hacer cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos. ¡Por favor! ¿Te das cuenta de lo que significa esto? Lo he vivido en ciertas situaciones personales, doy fe. Lo adjudiqué a una mera circunstancia, porque aún no había terminado de entender esto. Pero doy fe que es así. Por eso es que Pablo, cuando le escribe a los Romanos, intenta dejarles en claro que nada puede hacer ningún hombre por sì mismo, si no está el Espíritu Santo presente para revelar todo aquello que estuvo escondido y que conformaba el gran misterio por venir. Les dice algo así como: Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, pero que ha sido manifestado ahora, y que, por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe, al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para siempre.

Es indudable que con todos estos elementos disponibles para los hijos de Dios, la proyección nos tiene que llevar inexorablemente a ser partícipes activos de la plenitud de Cristo. Y cuando hablo de plenitud, me estoy refiriendo a lo que se traduce del vocablo griego pleroma, que significa algo así como número completo, o complemento total, o medida plena, copiosidad y, obviamente, plenitud. Es de alguna manera, todo aquello que ha sido completado. La palabra, no obstante, describe a un barco con su tripulación y cargamento completos, y una ciudad sin casas vacías. Pleroma enfatiza fuertemente la plenitud y lo completo. Así se puede leer desde la frialdad académica de lo teológico, pero créeme que experimentarlo, asciende muy por encima de todo lo que, desde lo humano, nosotros podamos añadirle. Sólo baste hacernos cada uno una pregunta a nosotros mismos y darnos, también nosotros mismos y sin participación de terceros, la respuesta correcta. ¿Cuántas veces en nuestras vidas terrenales hemos podido sentir viva esa palabra, plenitud? En tu respuesta personal, está la cualidad y calidad de tu futuro.

A él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén. Última frase para completar este tercer capítulo, exactamente la mitad de una carta tremenda que dice mucho más de lo que hasta hoy, nosotros creíamos que había dicho. Cuando lees algo que has leído decenas de veces sin entender nada y se te hace la luz en tu espíritu y entiendes todo como si nunca lo hubieras leído, eso tiene un nombre: revelación. La causa y razón para esa revelación, es un tema que se dilucida entre el Espíritu Santo y quien la ha recibido. Pero te puedo asegurar que no ha sido para entretenerse con espectáculos sobrenaturales y, mucho menos, para que un hombre terrenal y carnal se luzca haciendo uso y abuso de ella. Dice que la gloria de la iglesia será por todas las edades. No habla de edades de personas, sino de ciclos. ¿Recuerdas la Edad de Piedra y las que luego la sucedieron? De eso habla. Por eso es que luego lo concluye con la declaración de que también será por los siglos de los siglos. Y a esto tómalo de las dos maneras, ya que ambas hacen cohesión. Por todos los tiempos transcurridos y los que todavía quedan por vivirse en esta tierra, y por todos los sistemas inventados por el hombre con la vanidosa presuntuosidad de reemplazar el de diseño divino.

Pablo tenía más que claro todo esto, pero no así aquellos a quienes él había o estaba ministrando. De allí que en sus cartas tenga la necesidad de explicarlo todo o casi todo, que sería una especie de imitación a lo que hoy vemos en la mayoría de los templos cristianos, donde sus líderes, si están en fidelidad y desean que sus liderados maduren y crezcan, también deben repetir semana tras semana, culto tras culto, en sus predicaciones, casi las mismas cosas que Pablo también reiteró hasta el cansancio en sus epístolas. A los Romanos, por ejemplo, les dijo:  ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado?  Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.

Me has escuchado o leído en muchas ocasiones censurar con dureza a ciertas estructuras cristianas y, por consecuencia directa, a sus liderazgos. Eso de ninguna manera ha significado ni significa que mi opinión sea que no debe existir ni estructura ni líderes. Organizarse para servir y adorar mejor al Señor, es edificante y necesario. Que alguien tome la autoridad de oficiar como referente o conductor de un rebaño, también. De hecho, ninguna de estas cosas autorizan a ningún ser humano a convertirse en el propietario de la vida de otro ser humano, eso es lo censurable y, lamentablemente, como todos sabemos, abundante. Pero eso no ha sido obstáculo, ni lo es, para que hombres genuinos de Dios se pongan sobre sus hombros la carga de todo un caudal humano y los lleve a buen puerto sacrificando su propia vida personal para lograrlo.

Lo único que Dios Padre espera, con la potestad del Hijo como cabeza principal, que su asamblea de representantes en la tierra, denominada eklessia, y más conocida como iglesia, es que funcione en todo lo que se operó en el Nuevo Testamento, pero sin perder d vista de ninguna manera y bajo ningún argumento, que la cabeza de todo es Cristo, y que todo aquello que no esté de acuerdo con lo que Él es, con lo que Él dice y con lo que Él enseña, por mejor intencionado que sea, y por mejor o más brillante sea el éxito humano conseguido, está por fuera de la voluntad de Dios, ingresa directamente en el área de la desobediencia y, como consecuencia de ello, quedar pasibles de juicio. Definitivamente, si tenemos un Nombre que es Sobre todo Nombre a nuestro favor, no se ve la razón o el argumento por el cual tantos hombres que dicen ser cristianos lo han dejado de lado para pasar a ser ellos mismos una cabeza falsa y pecaminosa. Me hubiera agradado decirlo de un modo más suave y elegante, pero desde que la luz del Reino aterrizó en mi espíritu, he optado por no usar ni sinónimos, ni eufemismos ni simulaciones, sino simplemente llamar a las cosas por su nombre e ir siempre de frente con la Verdad. Porque la Verdad es el Camino que lleva a la Vida.

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La Creación no es Un Cuento

No me agradan demasiado las introducciones. Desde que supe que forman parte del estilo filosófico y aristotélico griego, no quiero caer en la misma trampa antigua de confundir mensaje divino con retórica intelectual humana. Basten, entonces, estas breves líneas para informarte que voy a incursionar en los dos primeros capítulos del libro del Génesis, para dejar en evidencia algo que durante mucho tiempo giró en mi espíritu y mi mente, y que por palabras de terceros llegó en modo de confirmación concreta y contundente. El primer capítulo nos habla de la Creación en el mundo invisible de lo espiritual y el segundo, de la formación física y visible en la tierra, de todo lo anteriormente creado en el ámbito invisible. Espero encontrarnos en el final y poder decir que algo nuevo e importante nos ha sido revelado.

¿Cuántos han leído el Génesis? Si no lo han hecho, háganlo. Es bueno leer por nosotros mismos la palabra. Que otro te la lea no significa que eso te bendiga. La bendición llega con nuestro paso previo de búsqueda, no de comodidad de butaca de templo. Podemos leerlo con nuestra mente natural. Dios hizo el mundo, luego los mares, luego la tierra se separó de las aguas. Dios hizo a las aves y a los peces del mar, a todos los animales y, por último, Dios hizo al hombre. En seis días. ¿Verdad que es así? Sin embargo, no es lo que dice la Palabra. Y vamos a ver si lo podemos demostrar. Dios creó primero todas las cosas en el mundo espiritual. Porque dice que todo fue creado de lo invisible a lo visible. No fue creado de la nada a lo visible. Fue creado de lo invisible, de algo que existía en lo invisible, y de eso invisible a los ojos naturales, a nosotros, hizo Dios todas las cosas creadas. Por esa razón es que, en la oración clásica, decimos “venga a nosotros tu Reino”. Porque el Reino de Dios es invisible al ojo natural.

Génesis 1: 1 = En el principio creó Dios los cielos y la tierra.

¿De qué principio está hablando? Mayoritariamente, y sin escudriñar ni investigar nada, muy tradicional en el ambiente cristiano, esto se ha tomado como inicio, comienzo, punto de partida de todo lo que conocemos. Error. ¿Por qué? Porque un Dios eterno jamás podría tener un inicio, un comienzo o un punto de partida en algo, ya que eso está contemplado a través del espejo del tiempo. Y en la eternidad, hasta donde yo sé, el tiempo cronos, tal como nosotros lo conocemos, no existe. ¿Y entonces? ¿Principio de qué? De nada. La palabra original hebrea utilizada es reshit y nos muestra que Principio es un sinónimo de modelo, de patrón, de molde, de bosquejo, de diseño. Si le cambiamos la palabra y decimos que en el diseño creó Dios, entonces algo comienza a tomar sentido mucho más coherente con la divinidad y su sustancia. En el marco de un diseño que ya tenía preestablecido, Dios creó los cielos y la tierra. Suena concreto y no deja lugar a ninguna duda ni cuestionamiento de infantilismos y todo eso que se nos restriega por el rostro cuando nos referimos al momento de la Creación.

Entonces, tenemos que, en respeto a ese diseño, creó Dios los cielos y la tierra. ¿Y cómo fue que los creó? ¿Alguna vez lo pensaste o al menos te lo imaginaste? Yo unas cuantas, pero nunca llegué a nada concreto. Si miro el original, la palabra que se traduce Creó, es la palabra bara’. Originalmente, este verbo encerraba la idea de tallar o suprimir. Es un concepto que todavía se expresa mediante la forma verbal que encontramos en el capítulo 17 del libro de Josué, y que habla de derribar árboles para preparar la tierra para labranza. Esto estaría sugiriendo que crear, es similar a esculpir. Por lo tanto, bara’ es la palabra apropiada para describir tanto el proceso de crear algo de la nada como de moldear lo ya existente para crear algo nuevo. Fíjate que Dios siempre es el sujeto del verbo bara’ en su forma común. El crear es, por lo tanto, un atributo divino. Y no puedo dejar de recordar que, cuando algunos cristianos han sigo objeto de burlas y bromas de mal gusto por su particularidad de hablar en lenguas, quienes se burlaban de ellos, (Incrédulos y también cristianos muy conservadores) no tuvieron mejor idea de llamarlos socarronamente “los bara bara” ¿Casualidad?

Juan nos da una pista respecto a este momento de la Creación. Mira lo que dice en el capítulo 1 y versos 1 y 2 de su evangelio:  En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Aquí, en lo concerniente al original griego, la palabra traducida como Principio, es arjé, de donde luego derivará nuestra más conocida arquitecto. Esto te da a entender que una vez más, está hablando de modelo, de diseño y no de inicio o comienzo. Y que, en el ámbito espiritual, no hay ninguna duda. Juan dice que en ese diseño, ya estaba el Verbo, que todos sabemos que es Cristo, la Palabra hecha divinidad. Y eso no estaba sucediendo en la tierra hasta tiempo después, cuando el Cristo se encarna en la figura de Jesús. Aquí el Verbo era CON Dios y, por si quedara alguna duda, se añade que ERA Dios. Y lo concluye consignando que, cuando Dios establece este diseño creativo en el plano espiritual, el Cristo formaba parte de ello.

Ahora presta mucha atención. Porque esta vez la traducción no se equivoca, aunque en la interlineal, se hable de cielo en singular. Porque la palabra que se traduce como cielos, así en plural, es la palabra shamáyim, cuya traducción más aplicada, es la de Ser Elevado. Y no está hablando de un ser como persona, sino de una elevación sobrenatural, desconocida y ciento por ciento cósmica. Si dice que Dios creó los cielos, es porque son muchos, varios, inconcebible desde lo racional, pero perfectamente posible desde lo sobrenatural y espiritual, que es el ámbito del cual estamos hablando. Y si quieres una prueba de eso, fíjate la palabra siguiente, que es tierra. No dice tierras, porque no son muchas, es una, la que hoy habitamos, la que Dios trajo desde el ámbito espiritual al natural. Pero los cielos sí son muchos, no ese manto celeste de día y negó de noche al que insistimos en llamar cielo. Firmamento, raquía, como gustes es eso, pero cielo es otra cosa. Y si esos cielos son incontables, mucho más todavía.

El salmista, cuando escribe el que en nuestra cuenta lleva el número 8, y en los versos 3 y 4, recibe revelación divina sobre lo creado. Por eso dice: Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, La luna y las estrellas que tú formaste, Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, Y el hijo del hombre, para que lo visites? David lo ha visto con total claridad, por eso dice tus cielos. Y compara esa majestuosidad inexplicable para ese hombre del cual Dios tiene memoria, sencillamente porque lo ama, no porque ese hombre se lo merezca. Finalmente, tres textos del libro de Isaías prácticamente consolidan esto: El primero, en 42:5: Así dice Jehová Dios, Creador de los cielos, y el que los despliega; el que extiende la tierra y sus productos; el que da aliento al pueblo que mora sobre ella, y espíritu a los que por ella andan: El segundo, en 44:24-25: Así dice Jehová, tu Redentor, que te formó desde el vientre: Yo Jehová, que lo hago todo, que extiendo solo los cielos, que extiendo la tierra por mí mismo; que deshago las señales de los adivinos, y enloquezco a los agoreros; que hago volver atrás a los sabios, y desvanezco su sabiduría. Y el último, en 45:18: Porque así dijo Jehová, que creó los cielos; él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano, para que fuese habitada la creó: Yo soy Jehová, y no hay otro.

Como epílogo de este primer verso, puedo decir que el punto de partida para estudiar en profundidad todo lo relativo al Reino de Dios, es justamente este versículo. Porque aquí encontramos y nos encontramos con el Soberano de todo el universo, cuyo reinado y gobierno se describen desde el principio. Su Reino, que es como decir su radio de acción respecto a su soberanía, es altamente trascendente. Lo que quiero decir es que no solamente incluye a todo el universo físico, sino que lo excede. Incomprensible para nosotros, seres de mente finita, es conocer que existió antes de toda creación, lo trasciende y, en virtud de haberlo creado, todo lo que existe está EN Él. Su reinado, o el poder mediante el cual gobierna, lo ejerce mediante su voluntad, su palabra y sus obras. Por su voluntad creadora Dios diseña y decide; mediante su palabra de existencia a la creación, y por sus obras, su Espíritu demuestra su ilimitado poder. Su gobierno, o autoridad para gobernar, radica en su preexistencia y su santidad. Él es antes de la creación. Como Creador, el gobierno de lo creado debe estar en sus manos. Toda autoridad, Reino y poder, fluyen de Dios.

Verso 2 = Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.

No sé tú, pero yo debo haber oído no menos de veinte interpretaciones y hasta sesudas opiniones distintas sobre este verso. Incluso hasta he escuchado a gente que se ha tomado el atrevimiento cargado de estupidez de cuestionar a Dios por haber creado un mundo desordenado, y pretender que pensemos que ese mundo hoy está como está por responsabilidad de ese Dios desordenado y no por los maravillosos hombres que lo gobiernan. Una barbaridad mayúscula sólo aptas no ya para ateos o gnósticos, sino para ignorantes de toda ignorancia. Lo cierto es que, en una creación netamente espiritual, no terrenal todavía, ese desorden significa la carencia de un orden que reinaría cuando se completara el mandato de Dios. Cuando dice que las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, se añade a una referencia adicional a la ausencia del orden y la belleza que aparecerían en todo su esplendor dentro de seis días. Las dos afirmaciones revelan que la creación constituyó un reflejo del proceso normal utilizado por Dios para introducir el orden en el caos.

El abismo, vale aclarar, era el océano que se encontraba bajo tierra, ese que se rompió en el pre diluvio que vivió Noé, su arca y su familia. Por su parte, el Espíritu de Dios moviéndose, nos habla con toda claridad del brazo ejecutivo de la creación, que se mantenía activo mientras Dios pronunciaba cada una de sus palabras. Y, finalmente, dice que ese Espíritu Santo se movía sobre la faz de las aguas. ¿De qué aguas? De las existentes. ¡Pero en ningún lugar se habla de la creación de las aguas! No, es verdad, y eso sigue constituyéndose en un misterio que sólo será revelado en tiempo y forma por ese mismo Espíritu. El agua ya estaba. El agua es el mayor porcentaje en la sangre y también en la constitución del hombre. Esto creo que explica en parte aquello de nacer del agua y el Espíritu, al que muchos han confundido con el bautismo por inmersión. De hecho, algo tiene que ver, ya que de otro modo Juan el Bautista no lo hubiera implementado, se entiende, bajo orden divina.

Hay dos escrituras que hablan de este momento. La primera, está en el libro de Jeremías, capítulo 4 y, verso 23, y dice: Miré a la tierra, y he aquí que estaba asolada y vacía; y a los cielos, y no había en ellos luz. Este, de quien Jeremías recibe la voz, es Dios mismo observando lo que acaba de crear. ¿Y qué esta viendo? Lo relatado en ese segundo verso del Génesis. Tierra asolada y vacía. Obvio, todavía no había puesto nada allí. Nada de lo que luego se convertiría en una maravillosa sinfonía de colores vegetales y rocosos. Pero concluye consignando algo muy importante para esa etapa de la creación. No había luz. Y todos sabemos que, donde no hay luz, por consecu7encia automática, hay oscuridad, tiniebla. Es esa misma tiniebla de la que se habla en Génesis. ¿Reino satánico? No. Todavía no. Eso vendrá después. Esta oscuridad es producto natural de la falta de luz. La mayoría de nosotros, que no habitamos en zonas desoladas, no sabemos lo que es realmente la oscuridad. La nuestra, siempre tiene algún resplandor de alguna luz lejana o de algún elemento artificial que la produce. Donde no existe nada de eso, oscuridad es negrura total, tétrica, tenebrosa y desesperante. Sólo comparable a la ceguera absoluta. La otra escritura es el Salmo 104:30: Envías tu Espíritu, son creados, Y renuevas la faz de la tierra. Esto se materializará tiempo después.

Verso 3 = Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. 

La palabra hebrea amar, que aquí se traduce como Dijo, tiene muchísimas acepciones. De todas ellas, teniendo en cuenta todo lo posterior, me quedo con decreto. Decir es decretar. Decretar en idioma divino, es que algo exista. Sólo porque así lo ordena el rey de todos los universos. Fíjate como será de cierto esto, que dice que Sea la luz. ¿Por qué no utiliza otra palabra? Porque ninguna otra palabra daría cuenta de ese decreto nacido en su propia esencia o sustancia. El dice sea, que tiene que ver con el verbo Ser. ¿Recuerdas cual es la primera persona singular de ese verbo Ser? Exacto. Soy. ¿Completo? Yo Soy. ¿Ahora si lo entiendes? Si me permites una paráfrasis nada convencional sobre este verso, puedo darte esta: A partir de este momento, Yo decreto que soy Luz. No es descabellado para nada si tenemos en cuenta que hay muchas escrituras que lo confirman al señalar que Dios ES luz. No dicen que tiene, o que emite, o que irradia luz. Dice que ES luz. Acostumbrados como estamos a vivir en un mundo donde se tiene muy en cuenta lo que se tiene o no se tiene, esto no es fácil de entender. Pero no debería costarnos tanto, ya que también está escrito, por Él mismo, que todos nosotros SOMOS luz del mundo.

De alguna manera, todo esto se ve corroborado por lo que leemos en el Salmo 33. En el verso 6, el salmista dice: Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, Y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca. Por la palabra fueron hechos los cielos. Esa misma palabra que hoy está escrita en tu Biblia. Y que todo su ejército fue hecho por el aliento de su boca. ¿Sabes lo que es ese aliento? La palabra es Pneuma, de donde nosotros sacamos la nuestra, neumático, para las ruedas del automóvil. ¿Cómo se traduce? Espíritu. Nada menos. Los ejércitos de Dios, tanto de ángeles como de seres vivientes, salieron de Su Espíritu. Ese que en el primer hombre fue soplado en su nariz. Y el verso 9 del mismo salmo concluye: Porque él dijo, y fue hecho; Él mandó, y existió. Pablo también alude a este momento, aunque al escribirle a los Corintios en su Segunda carta, se lo expresa, en el capítulo 4 y verso 6, de manera más espiritual cuando les dice: Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. ¿Te cabe alguna duda que, así como Dios ES luz, tú y yo, con sólo creer y confiar en Él también lo Somos?

Verso 4 = Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas.

Es imposible pensar que un Espíritu tiene ojos, pero lo cierto es que un Espíritu como es el que implica la sustancia de Dios, ve. De alguna manera y mediante algún dispositivo espiritual, puede ver, incluso con mayor precisión, nitidez y agudeza que lo que ven nuestros ojos naturales. Y cuando vio la luz que había creado, la consideró buena. Y como no podía ser de otro modo porque lo malo no existe en Dios, esa calidad que ostentaba esa luz, determinó que de inmediato se separara de las tinieblas que existían desde el momento de la creación. Se ha enseñado que aquí nacieron el día y la noche, por consecuencia de la luz y su ausencia nocturna, y porque así se lee en el verso siguiente, pero me temo que esto no tiene nada que ver con eso, que como todos sabemos, es el resultado de la actividad de las lumbreras que recién fueron creadas en el cuarto día. Esto tiene un contenido eminentemente espiritual. Si Dios ES luz y nosotros estamos profetizados para SER la luz del mundo, es ineludible pensar que las tinieblas representan a ese reino usurpado que, desde esa tiniebla espiritual, todavía hoy, en pleno siglo veintiuno, ostenta potestad sobre el mundo secular.

Isaías reitera este concepto, aunque tomado con sus pies en esta tierra, porque en el capítulo 45 de su libro y en los versos 5 al 7, el profeta consigna: Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste, para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo, que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo Jehová soy el que hago todo esto. De todos modos, esto que Isaías recibe de boca de Dios, establece algunos principios o conceptos que no podemos soslayar. Primero, Dios le aclara, por si fuera necesario para alguien, que el único Dios es Él y que no hay ningún otro dios por fuera de él. Esto le da un latigazo muy fuerte a ciertas religiones que todos conocemos. Y como para que no queden dudas, se sustenta a sí mismo como único Dios, recordándole al profeta que fue quien formó la luz y creó las tinieblas. Y esto tiene dos lecturas diferentes. Dios creó la luz. Dios ES luz. Pero en su ausencia, que es lo mismo que padecer ausencia de luz, se erigen las tinieblas. Un efecto colateral, si quieres llamarlo así. Y luego concluye diciendo algo que, seguramente, se te va a esclarecer más cuando ahora revisemos el verso siguiente.

Verso 5 = Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día.

Día y noche. Creación. Primer día. Hay que tener en cuenta que en esto tuvieron mucho que ver los componentes del pueblo hebreo. Y para ellos, cada nuevo día comenzaba con el crepúsculo. Esta forma de calcular el tiempo, junto con el recuento de los días y el descanso sabatino del séptimo día, muestra que el autor ve la creación como algo que ocurre en el transcurso de seis períodos consecutivos de veinticuatro horas, seguido de un séptimo período de descanso divino. Esto es lo que afirman una gran cantidad de comentaristas que se rigen más por la riqueza histórica que por hechos contundentes. De hecho, jamás un comentarista me relata algo como revelación, siempre por estudios plenos de raciocinio y lógica, que son dos elementos a los que jamás pondría bajo una lupa de duda o descreimiento, pero que con absoluta honestidad debería advertir que no tienen absolutamente nada que ver con lo espiritual, sino con la visión griega de una mente racional e intelectual.

Entonces, buscando ampliar un poco más la perspectiva de todo esto, acudo a los originales para ver si un día bíblico es sinónimo de un día mío o si una noche bíblica tiene parentesco con una noche personal. En un repaso un tanto más prolijo que el que normalmente solemos realizar, encuentro que la palabra Día, es traducción de la palabra yom, que en su más amplia traducción, implica una mezcla de calidez y vida. Noche, mientras tanto, es la palabra láyil, que en su recorrido semántico termina traduciéndose como adversidad. El día es vida, la noche adversidad. ¿Verdad que le cambia un poco el sentido a todo? Porque esto, reitero, me está hablando de la creación espiritual, no de la terrenal. De esa me habla el Salmo 74:16, cuando me dice: Tuyo es el día, tuya también es la noche; Tú estableciste la luna y el sol. De hecho, la luna y el sol, disparadores reales del día y la noche como tal, fueron creadas en el cuarto día, y aquí estamos hablando del primero.

Y aquí, casi por ley de gravedad consustancial, me caigo en la gran duda legendaria a este respecto. Cuando mi Biblia dice seis días con relación a la creación del ámbito espiritual, ¿Se está refiriendo a estos días de veinticuatro horas cada uno que utilizamos hoy para conducirnos en esta tierra? Independientemente de las burlas que los creyentes padecemos de la gente ilustrada del mundo secular, reconozcamos que hay poca evidencia científica que lo confirme. Eso, en la suposición de que en ese tiempo creativo ya se usara un día de veinticuatro horas. O que se usaran relojes cronos para medir horas, minutos y segundos, cosa poco probable. ¿Y entonces? ¿Se nos ha mentido en esto? ¿Nos dejó nuestro amado Dios una información que, a la hora de compartirla, nos acarrea burlas y denuestos por parte de la humanidad toda? No. Dios jamás haría eso. No tengo la respuesta concreta porque todavía no ha habido revelación puntual del Espíritu Santo sobre esto. Sólo tengo dos textos bíblicos que no puedo dejar de compartirte. Salmo 90:4 = Porque mil años delante de tus ojos Son como el día de ayer, que pasó, Y como una de las vigilias de la noche. 2 Pedro 3: 8 = Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. Listo. No tengo más respecto a esto. Elige lo que sientas dirección de elegir.

Desde el principio y, a partir de su propio diseño dinámico, Dios se ha revelado como autor de pactos. Jeremías, en su libro, se refirió a esa actividad de Dios en la creación al hablar del pacto con el día y la noche. En el capítulo 33 y versos 20 y 21, dice: Así ha dicho Jehová: Si pudiereis invalidar mi pacto con el día y mi pacto con la noche, de tal manera que no haya día ni noche a su tiempo, podrá también invalidarse mi pacto con mi siervo David, para que deje de tener hijo que reine sobre su trono, y mi pacto con los levitas y sacerdotes, mis ministros. Obviamente, la lectura de este pasaje te deja más que en claro que cuando Dios formula un pacto, ese pacto es indestructible, sea de lo que sea. ¿Somos imagen y semejanza? Si. Entonces un pacto realizado por nosotros ante Dios, tiene esas mismas características. El que formulamos al unirnos a otra persona en matrimonio, es uno de ellos. Así se destaca el inalterable carácter de la naturaleza divina y representa su relación con lo creado como una unión inmutable                                                                bajo el soberano gobierno de Dios.

Versos 6-8 = Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así. Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo. 

Esto confirma lo dicho anteriormente. En el momento en que Dios ejecuta su creación desde el ámbito espiritual a lo espiritual invisible, las aguas ya estaban allí. Y cuando crea la expansión, a la que llama cielos, éstos quedan en medio de esas dos cortinas de aguas. Lo que Dios ejecuta aquí, entonces, es una separación entre las aguas de arriba y las aguas de abajo, quedando en medio eso que se llama expansión y que, finalmente, Él termina llamando cielos. Esto se llevó la totalidad del día segundo. ¿Veinticuatro horas? ¿Veinticuatro meses? ¿Mil años? Nadie lo sabe con precisión. Lo que sí sabemos, es que fue así. Debemos continuamente soportar la burla y el “ninguneo” de la clase intelectual o científica del planeta, que no vacila en catalogar de ignorancia e imbecilidad por creer toda esta sarta de tonterías sin sustento concreto. Pero cuando se erigen en eruditos sabihondos de todo y dan una pomposa conferencia con el tema de la iniciación del planeta, te dan una sarta de tonterías sin sustento concreto que, en su infalibilidad cultural y científica, ellos han decidido creer. Cuéntame cual es la diferencia entre los unos y los otros. Una sola: estar EN Cristo o SIN Cristo.

Jeremías lo relata de este modo en 10:12-13 de su libro: El que hizo la tierra con su poder, el que puso en orden el mundo con su saber, y extendió los cielos con su sabiduría; a su voz se produce muchedumbre de aguas en el cielo, y hace subir las nubes de lo postrero de la tierra; hace los relámpagos con la lluvia, y saca el viento de sus depósitos. Este pasaje es tremendo, porque te da tres características de Dios que, si bien conocemos, dichas así nos conmueven por su majestuosidad. Poder, saber, que es conocimiento, inteligencia, y sabiduría, que es patrimonio propio que comparte con todo aquel que se lo pida. ¿No se nos dice que debemos tener la mente de Dios? Eso nos está dejando en evidencia que Dios tiene una mente. Que, obviamente, no opera como la nuestra, sino con estas tres virtudes que le son propias, pero que también nosotros podemos ejercer si es que lo creemos y lo decretamos en fe. Pero lo que más convocó mi atención, es cuando dice que a su voz se produce muchedumbre de aguas en el cielo. Esta palabra, que nosotros utilizamos tan a menudo para rotular manifestaciones humanas, en el Reino caracteriza todo lo que se convoca y produce la voz de Dios en el cielo.

Salomón no le va en saga cuando en su octavo proverbio, versos 28 al 30, consigna: Cuando afirmaba los cielos arriba, Cuando afirmaba las fuentes del abismo; Cuando ponía al mar su estatuto, Para que las aguas no traspasasen su mandamiento; Cuando establecía los fundamentos de la tierra, Con él estaba yo ordenándolo todo, Y era su delicia de día en día, Teniendo solaz delante de él en todo tiempo. Aquí encontramos otra faceta de nuestro Dios. Afirmando, es el término elegido por Salomón para determinar lo hecho con los cielos, arriba. No dice EL cielo, como nosotros, dice LOS cielos, como la propia Palabra. Luego, también lo presenta afirmando las fuentes del abismo, esto es, las aguas de abajo, Seguidamente lo muestra poniendo su estatuto para impedir que las aguas traspasen sus límites y estableciendo los fundamentos de la tierra. Todo en lo invisible, formando parte de una creación inicial de seis días de duración desconocida.

Y las tres escrituras subsiguientes hablan de distintas cosas, pero en las tres los cielos son mencionados de manera plural y no singular. Salmo 148: 4 = Alabadle, cielos de los cielos, Y las aguas que están sobre los cielos. Job 37:18 = ¿Extendiste tú con él los cielos, Firmes como un espejo fundido? Salmo 136: 5 = Al que hizo los cielos con entendimiento, Porque para siempre es su misericordia. En el primero, además de la alabanza, hay un detalle que reafirma lo dicho: Hay agua arriba de los cielos y aguas debajo de los cielos. En el segundo, habla de un espejo fundido. En realidad, se trata de un espejo de metal fundido, que eran los de uso en la época. Los espejos son muy antiguos, se supone que partieron de la base del reflejo de la figura en las aguas de un río o arroyo. Un espejo proyecta una figura, pero también la invierte. Por ese motivo los servicios de urgencia móviles, llevan su inscripción al revés, para que al observarlos por el espejo retrovisor, se puedan leer correctamente. Algo significa esto, sobre todo respecto a la idea de cielos, eternidad o mundo espiritual que poseemos.

Versos 9-10 = Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así. Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares. Y vio Dios que era bueno.

No me digas que no te suena más que fácil, ¿Verdad? A mí no me caben dudas que, para un Dios como el nuestro, todo este tremendo movimiento universal fue fácil en el sentido de su condición de Todopoderoso. En el ámbito espiritual, lo único que había era una esfera o bola de agua, que no tenemos registro bíblico de donde había salido, aunque no es difícil pensar que fue una creación anterior de Dios. Y que en un momento dado, Dios miró eso y simplemente dijo que se juntaran las aguas que estaban debajo de los cielos, no las de arriba, en un mismo y solo lugar. Y eso dejó al descubierto un terreno seco al cual Él llamó Tierra. ¿Es que estoy tratando de enseñarte que finalmente la tierra deriva del agua? Si te digo que sí, seguramente vas a pensar que me estoy volviendo rematadamente loco, así que te voy a leer un texto de la Segunda Carta de Pedro en el capítulo 3 y versos 5 al 7, mira: Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste,  por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua;  pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos. Listo. Si sigues pensando en locura, atrévete y dile a Pedro que está loco.

Job 26:10 dice que Puso límite a la superficie de las aguas, Hasta el fin de la luz y las tinieblas. Ya lo sé. Por más que te lo pregunte, ni tu mente ni tampoco la mía podrían imaginar de qué modo y con qué elementos racionales alguien podría ponerle límite a la superficie de las aguas y separar la luz de las tinieblas, ¿Verdad? Mejor no se lo preguntemos al Señor, porque él nos puede llegar a responder como leemos en Jeremías 5:22: ¿A mí no me temeréis? dice Jehová. ¿No os amedrentaréis ante mí, que puse arena por término al mar, por ordenación eterna la cual no quebrantará? Se levantarán tempestades, mas no prevalecerán; bramarán sus ondas, mas no lo pasarán. Es más que verdad, esto. Ciudades costeras. Vienen tempestades, huracanes, tifones, trombas, tsunamis y causan destrozos y estragos, pero cuando retorna la calma y la normalidad, las aguas se retiran y vuelven detrás de esos límites decretados por Dios. Por eso el autor del Salmo 33:7 expresa: Él junta como montón las aguas del mar; Él pone en depósitos los abismos.

Versos 11-13 = Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así. Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno. Y fue la tarde y la mañana el día tercero.

Dios sigue hablando y creando en el ámbito espiritual lo que luego será llevado a lo natural. Primero lo espiritual, después lo natural. Decreta por Su Palabra que se produzca la hierba verde con su consiguiente semilla para obtener fruto. Y árbol que también produzca semilla que luego entregue fruto del cual volverá a nacer otro árbol. Una planificación definitivamente espiritual, no física. ¿Por qué lo veo así? Ya te lo mostraré en un momento. Mientras tanto, puedo enseñarte que todo esto incursiona en el mundo del espíritu porque así lo recoge Lucas, cuando en 6:44 de su evangelio, dice de labios de Jesús: No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto. ¿O sea que tú tienes que creer que yo digo que esta parte de la creación es eminentemente espiritual y no terrenal o física, sólo por lo que dice Jesús en Lucas? No. Lo vas a ver con tus propios ojos, ahora mismo.

Versos 14-19 = Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años, y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así. E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas. Y las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra, y para señorear en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. Y fue la tarde y la mañana el día cuarto.

Pon mucha atención. En este cuarto día de esta creación espiritual, Dios primero dijo que haya lumbreras sobre la expansión de los cielos, esto es: sol, luna, estrellas. Dice luego que las hizo y finalmente que las puso allí para señorear, el sol durante lo que fuer el día y la luna y las estrellas por la noche. ¿Tú sabes que para que el reino vegetal funcione, tiene que recibir calor y rayos solares, baño nocturno de luna y lluvia? Muy bien. Vuelve atrás y mira los versos 11 al 13 que te leí recién. Hierba verde que da semilla y árbol que da semilla. Tercer día. Indefectiblemente todo eso en el ámbito espiritual, ya que en el natural y terrenal, para que una hierba sea verde y produzca buena semilla, y para que un árbol sea bueno y produzca semilla que dé fruto, necesitará imperativamente de la apoyatura biológica y ecológica del sol y la luna, las lumbreras. Pero si estas lumbreras fueron creadas recién en el cuarto día, aquella hierba verde y ese árbol con fruto, sólo podían estar en la dimensión espiritual. En la terrenal estarán más adelante y también de esto tendrás pruebas bíblicas suficientes.

Los salmos en su conjunto son un verdadero canto a esta parte de la creación espiritual de Dios. El 74 en el verso 16, dice: Tuyo es el día, tuya también es la noche; Tú estableciste la luna y el sol. Esto es casi en exclusividad para los que han enseñado que el día es de Dios y la noche de Satanás. Perdón. ¿Cuándo hizo méritos Satanás para apropiarse de la noche? La noche también es de Dios, y para señorear en su nombre en ella, puso a la lumbrera menor, la Luna. Y como esta luna marca las mareas y también los tiempos, el salmo 104 y verso 19 lo explica así: Hizo la luna para los tiempos; El sol conoce su ocaso. Y por si quedaran dudas respecto a la propiedad de Dios tanto del día como de la noche, el Salmo 136 y versos 8 y 9 lo detallan así: El sol para que señorease en el día, Porque para siempre es su misericordia. La luna y las estrellas para que señoreasen en la noche, Porque para siempre es su misericordia. Jeremías reafirma todo esto cuando en 31:35 de su libro, expresa: Así ha dicho Jehová, que da el sol para luz del día, las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche, que parte el mar, y braman sus ondas; Jehová de los ejércitos es su nombre:

Versos 20-23 = Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos. Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno. Y Dios los bendijo, diciendo: Fructificad y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares, y multiplíquense las aves en la tierra. Y fue la tarde y la mañana el día quinto.

Otra vez dice Dios. Y otra vez, asimismo, utiliza el verbo producir para con los seres vivientes y las aves. Ahora bien, observa con cuidado que tanto esos seres vivientes, a los que la lógica nos llevaría a determinar como peces y/o similares, en la creación espiritual son entregados para los ambientes acuáticos. Pero lo más intrigante del caso, es que también se dice y se produce eso con las aves. ¿Estamos hablando de todas las aves? Es probable que, en lo espiritual, sí, pero no en lo natural y terrenal, como más adelante lo veremos. Porque seguidamente, consigna que creó Dios, aunque luego aclara que fueron las aguas las que los produjeron a los grandes monstruos marinos. ¿Y cuales serían esos grandes monstruos marinos? Ballenas, delfines, orcas, tiburones, por tamaño, magnitud y ferocidad en algunos de ellos, podrían incluirse en ese catálogo, pero eso dándonos de narices con los límites que el mar le ha colocado al hombre. Ni los buzos, ni los submarinos, ni las campanas submarinas de investigación han logrado tocar fondo en todos los mares. La tremenda presión que las aguas ejercen en ciertas profundidades, ha hecho imposible que el hombre pueda investigar y probar o no probar la existencia de otros monstruos no conocidos.

Y como para certificar esto, el autor del Salmo 104, hablando de las formas en las que Dios ha bendecido y sigue bendiciendo a la creación, dice algo en los versos 25 y 26 que nos deja reflexionando.  He allí el grande y anchuroso mar, En donde se mueven seres innumerables, Seres pequeños y grandes. Allí andan las naves; Allí este leviatán que hiciste para que jugase en él. Perdón… ¿Leviatán? A ver. La palabra hebrea de donde se traduce esto, es liviatan, y no hay coincidencias en cuanto a qué animal o bestia se refiere. Monstruo marino, serpiente de mar, cocodrilo, dragón, nadie da pistas claras. Aquí en este salmo, se refiere a un bicho capaz de jugar en el agua, pero en otros sitios de la misma Biblia, como un animal que aterrorizaba a los marineros por su, magnitud y su ferocidad. Incluso, en los rudimentos de la guerra espiritual, se enseña que es un demonio en forma visible de serpiente, capaz de torturar a la gente con crueldad. Esto deriva de que su nombre significa “tortuoso”. Hay toda una leyenda a su alrededor. Gente que asegura haberlo visto emerger del mar y causar destrozos en embarcaciones, pero también gente que lo descarta somo simple cuento de brujas destinado a asustar a gente cobarde. Como sea, está desde el principio de la creación espiritual. Eso significa algo.

Versos 24-25 = Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así. E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno.

Ahora es la tierra, dentro del plano espiritual, la que producirá lo que Dios diga que debe producir. Bestias, serpientes, ganado y todo animal que se arrastra sobre la tierra. Cetáceos estarían incluidos, todos, en esta última descripción. El cómo lo hizo siempre será el misterio que llevaremos todos hasta el día final donde todo lo oculto nos será iluminado. Jeremías, en el capítulo 27 y verso 5 de su libro lo grafica así: Yo hice la tierra, el hombre y las bestias que están sobre la faz de la tierra, con mi gran poder y con mi brazo extendido, y la di a quien yo quise. De hecho, aquí el profeta no está refiriéndose a la creación en el espíritu, sino a la terrenal y visible. De todos modos, es envidiable la enorme creatividad de nuestro Dios y hasta cierto sentido del humor, porque: ¿Quién que no desee sonreír a su paso sería capaz de crear un ser como la jirafa, otro como el ornitorrinco y otro como el majestuoso pavo real? Y ni hablar de la rama de insectos. Desde los más diminutos hasta los más voluminosos, esto es un verdadero canto a la supervivencia y al pensamiento que determina una función específica en el equilibrio biológico para cada uno de ellos.

Versos 26-28 = Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. 

Si quieres una prueba contundente de que este capítulo de Génesis te está hablando de la creación en el ámbito espiritual y no en el natural o físico, aquí la tienes en el inicio de este pasaje. Dios utiliza el plural por que se incluye la divinidad trina, esto es: Padre, Hijo, Espíritu Santo. Y decreta que el hombre es creado a su imagen y conforme a su semejanza. Una imagen es una figura o representación de una persona o cosa. Mientras que una semejanza es la característica de lo que es semejante o parecido. Espiritualmente, somos imagen de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Un espíritu invisible en esta dimensión terrenal, pero visible en la espiritual. ¿Hay alguien que, con sus ojos físicos, naturales, haya visto a Dios Padre, o al Hijo o al Espíritu Santo? No. En el mejor de los casos, ya sea en sueños, en visión o algo similar del plano sobrenatural, puede haber siso trasladado a ese ámbito paralelo e invisible y allí haya visto lo que sea que haya visto como Dios Padre, Hijo o Espíritu. Pero absolutamente nada que ver con un anciano de cabellos largos y blancos sentado en un trono con rostro de “te como al horno con papas”, o un hombre de rostro lánguido, cabellos largos y barba con una corona de espinas y una túnica blanca, o una blanca paloma sobrevolando todo. Eso, es el evangelio según dibujantes de comics. Yo creo en otra cosa.

Creo, por ejemplo, que en el momento de esta creación espiritual, el hombre como ser humano dotado de espíritu y alma, recibió autoridad divina para señorear sobre todo el resto de lo creado, ya fuera reino animal, vegetal o geológico. Buen momento para preguntarnos qué fue lo que ese hombre hizo luego, cuando la segunda creación, la del ámbito terrenal le dio vida y libertad. Nada bueno, ya que por consecuencia de todo lo conocido, no sólo perdió esa autoridad conferida, sino que en muchos casos puntuales pasó a ser víctima de aquello sobre lo que supuestamente tenía autoridad. ¿Ejemplos? La vid, el alcohol, la borrachera. Hierbas medicinales, narcóticos, estupefacientes, adicción. Depredación por di versión de ciertos animales, determinaron que estos comenzaran a ver en el hombre a un enemigo y no a un líder. Por consecuencia, no son pocos los casos donde un determinado animal ha quitado la vida a un hombre. Y por esa razón, los denominamos como salvajes. ¿Quién comenzó con la crueldad y el salvajismo? ¿El felino que mata y devora a un hombre o un hombre con un arma de mira telescópica buscando colgar la cabeza de ese animal como trofeo?

Luego dice que nos creó varón y hembra. ¿Pero no fue que primero Adán y luego de su costado…? No. Eso fue cuando trasladó a la pareja humana desde lo espiritual a lo terrenal. Aquí nos creó juntos. Espiritualmente, varón y hembra son desde el principio. Y lo voy a reiterar una vez más sin intención de que nadie se fastidie ni piense que es una provocación a una discusión de asuntos modernos de última moda social y cultural. Nos creó varón y hembra, punto. El Dios creador de todos los universos y de toda la inmensidad majestuosa que conocemos, ¿Crees que no hubiera podido, de proponérselo, crear un tercer elemento intermedio entre varón y hembra para que ese tercer elemento eligiera uno de los otros dos para vivir su vida? Varón y hembra. Desde ese sexto día universal en adelante y para toda la eternidad. Y ya desde ese momento les da la potestad de fructificar y multiplicarse, así como toda la autoridad divina trasladada para con todo el resto de lo creado.

Eso inspiró al salmista para que en el Salmo 100 y verso 3, diga: Reconoced que Jehová es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado. Desde el espíritu, somos todos pueblo suyo, reitero; todos. Luego, cuando el hombre tenga libertad en su voluntad y libre albedrío para tomar decisiones, verá si desea seguir siendo ese pueblo suyo que trae en su ADN espiritual, o si lo cambia por otro reino que quizás le ofrece más posibilidades de dinero, placer y poder humano, aunque a costo de su vida en eternidad con Cristo. En ese sentido es que Lucas reproduce en el libro de los Hechos, capítulo 17 y versos 26, 28 y 29, lo que Pablo les dice a los atenienses: Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; (28-29) Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos. Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres.

Versos 29-31 = Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así. Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto.

En la creación puesta en marcha en estos seis días de nadie sabe qué duración en los ámbitos espirituales, indudablemente el agrado de Dios estaba relacionado con una alimentación vegetariana. Fíjate que les dice, para que tengan en cuenta cuando sean propietarios de un cuerpo y necesiten alimento sólido, que todo árbol que da fruto y en el cual hay semilla les serán para comer. Pero no sólo a ellos, sino que a los animales también les da la misma directiva. Y aunque luego, en la conclusión del diluvio, por allí por Génesis 9, Noé y su familia reciben la directiva de Dios de comer de todo lo que le pase cerca, incluido los animales, lo que vendría a significa la finalización de un vegetarianismo a ultranza, para pasar a un menú mucho más amplio acorde a lo que se consiguiera en cada zona. De todos modos, me quedo con la idea inicial en la creación espiritual, ya que como todos sabemos, el hombre posee una dentadura similar a la de los animales herbívoros, y no con esos agudos colmillos conque se sostienen los carnívoros. Claro está que, si lo llevamos al hoy, es para discutirlo un buen rato, ya que una cosa es matar un animal que se alimenta sanamente y otra muy distinta alimentarse con carne procesada y llena de productos químicos de preservación. No soy vegetariano ni vegano, pero me alimento con mucha precaución y cuidado. Mi cuerpo es templo del Espíritu Santo y yo debo administrarlo con lo mejor que encuentre.

Por ese motivo el autor del Salmo 104, escribe lo que leemos en los versos 14 y 15:  Él hace producir el heno para las bestias, Y la hierba para el servicio del hombre, Sacando el pan de la tierra, Y el vino que alegra el corazón del hombre, El aceite que hace brillar el rostro, Y el pan que sustenta la vida del hombre. ¡Qué hermosa definición de la creación gastronómica! Heno para el ganado, hierba para distintos tipos de comida, pan extraído del trigo, vino surgido de la uva y el aceite de la unción que produce un brillo sobrenatural. Eso, conjuntamente con el pan de vida. Lo reafirma el Salmo 136:5 cuando expresa: El que da alimento a todo ser viviente, Porque para siempre es su misericordia. Hombre presuntuoso de sus inventos terrenales, ¿Entiendes que comes todos los días, lo que sea, simplemente por causa de la misericordia de Dios? La inversa: ¿Asumes que si a Dios se le ocurre retirar esa misericordia, te suspende toda forma de alimentación y te mueres de hambre? Y, finalmente, el Salmo 145:15 consignando:  Los ojos de todos esperan en ti, Y tú les das su comida a su tiempo. Lo dicho: Él nos da nuestra comida a su tiempo. Ten presente esto cuando tengas un ataque de egocentrismo y pienses que no dependes de nadie y te las arreglas solo.

Génesis 2: 1-6 = Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación. Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos, y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba del campo antes que naciese; porque Jehová Dios aún no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para que labrase la tierra, sino que subía de la tierra un vapor, el cual regaba toda la faz de la tierra.

Si esta fuera una monumental obra teatral, habría que decir que aquí está cayendo el telón sobre el primer acto. El segundo habrá de traer la creación terrenal y, si la pieza tiene un tercero, será casi profético evaluar qué hará el hombre finalmente con ella. Luego de los seis días de creación del ámbito espiritual, Dios va a tomarse un merecido descanso en ese séptimo día. El Salmo 33:6 lo describe así: El Señor tan solo habló y los cielos fueron creados. Sopló la palabra, y nacieron todas las estrellas. La prueba de que, esta que aquí está concluyendo, fue una creación espiritual y no física, se lee en este pasaje, cuando dice que estos son los orígenes de los cielos y de la tierra, y cuando Dios creó toda planta y hierba antes que naciese, por la sencilla razón de que Dios todavía no había hecho llover sobre la tierra. De hecho, no lo había ejecutado porque todavía la tierra física como tal, no estaba. Recién iba a ponerse en marcha ahora invirtiendo cada punto físico con relación al espiritual. Ahora, si has sabio leer bien, habrás notado que donde dice que estos son los orígenes de los cielos y la tierra, en el final no dice en los seis días que fueron creados, dice el día que Dios hizo los cielos y la tierra. Dos cosas distintas. De lo invisible a lo visible.

Lo invisible en seis días, lo visible en uno solo. Y si no te queda claro, mira el primer verso de este segundo capítulo. Resumen de todo lo creado en lo invisible. Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellosPregunto, en los seis días, ¿Dónde fueron creados los ejércitos de los cielos? ¿Y cuál es el ejército de Dios? Los ángeles, los hijos de Dios y todas sus creaturas creadas. Y aquí cabe una mención a lo que nosotros llamamos animales. La Palabra no habla de animales, habla de seres vivientes, almas vivientes. De hecho, cuando lo creó al hombre, también lo creó un alma viviente. Tanto seres humanos como animales, somos eso, almas vivientes. Por eso el verso 4 dice: Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos, Está más que claro. El mundo espiritual fue creado en seis días, con uno de reposo, y el mundo natural fue creado en un día.

Génesis 1:4: Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos, Y dice el resto: y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba del campo antes que naciese; porque Jehová Dios aún no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para que labrase la tierra, sino que subía de la tierra un vapor, el cual regaba toda la faz de la tierra. O sea que Dios va a crear en un solo día todas las cosas. Ya creó las plantas, los animales, los ejércitos de los cielos. Y ahora, en la tierra, se ve un vapor. El hombre todavía no está, todavía no están las plantas. Hay solamente un vapor que sale de la tierra. En el primer capítulo, vimos como Dios creó todas las cosas y, lo último, creó al hombre, varón y hembra los hizo y los bendijo anticipadamente. Ahora, como podremos comprobar ya mismo, comenzó toda su creación física precisamente con lo que había sido lo último espiritual: el hombre.

Verso 7 = Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente. 

Ahora sí comienza la creación terrenal. Observa que, aunque parezca repetición de los versos 26 y 27 del primer capítulo, la realidad nos dice que no lo es. La creación fue en aquel, pero aquí esa creación ya presente en el ámbito espiritual, pasa a convertirse en un ser de carne y hueso que Dios forma partiendo del polvo de la tierra y, naturalmente, agua, ya que de otro modo ese polvo se hubiera volatizado. ¿Cómo pruebo esto que no está escrito en la Biblia? Simple, porque es continuación de la primera creación, por eso dice entonces. Y contándote que cualquier análisis que se haga de carne humana, te dirá que hay un setenta por ciento de agua en ella. Lo que Dios hace en este comienzo de traslado de su originaria creación espiritual a lo terrenal y físico, es lisa y llanamente un atractivo muñeco de barro, inanimado y sin vida. Y allí es donde su Espíritu sopla en la nariz de ese muñeco su propio aliento de vida, y recién allí ese muñeco cobra vida y pasa a ser un ser humano, o un alma viviente, como ha sido catalogado. Y fíjate como Dios crea al hombre antes que cualquiera otra cosa.

Verso 8 = Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado.

Aclaremos algo. En la creación física y terrenal, Dios forma primero al hombre, un ser mezcla de polvo de la tierra y agua, todavía inanimado. Y luego le sopla en su nariz, aliento de vida, esto es, se insufla a sí mismo dentro de ese hombre. Toda la humanidad nace siendo imagen y semejanza de Dios, tanto en su calidad de espíritu como en todas sus características y atributos. Luego, ese hombre decidirá si sigue viviendo así, EN Cristo, o si se pasa al otro reino y se pierde irremediablemente. Pero el hombre es formado, antes que nada, porque estará destinado a regir y señorear sobre todo lo otro que Dios pueda traer de lo invisible a lo visible. Primero el hombre, y luego todo lo creado. Somos los primogénitos, junto con Jesús. Luego hace las plantas y arma un huerto, donde va a poner al hombre que formó. Ese es el orden de las cosas físicas.

Hombre, se traduce de la palabra ‘adam, que significa hombre o humanidad. ‘Adam se traduce en el Antiguo Testamento como Adán, el nombre propio, una veintena de veces, y como Hombre, en más de quinientas. Frecuentemente, cuando la Biblia se refiere a toda la raza humana, se usa la frase b’nay ‘Adam, esto es: los “hijos de los hombres”. La palabra hebrea ‘adam, en su sentido general, no tiene nada que ver con masculinidad, sino más bien con humanidad. Por ejemplo, en un caso específico citado en Números 31:35, cuyo texto es: En cuanto a personas, de mujeres que no habían conocido varón, eran por todas treinta y dos mil. la palabra ‘adam, aquí, es referida exclusivamente a la mujer. ‘Adam, probablemente se relaciona con el verbo ‘adom, el ser rojo que se refiere a la hermosura del ser humano. ‘Adamah, que es Tierra o Terreno, también podría derivarse de este verbo. De allí que en el verso 7 de Génesis 2, diga concretamente: Entonces jehová Dios formó ‘adam del polvo de ‘adamah. Pablo, en 1 Corintios 15:47, ve a Adán como hombre terrenal. ‘Adam es una de las cuatro principales palabras hebreas para Hombre, que se usan en la Biblia. Las otras tres son ‘enosh, ‘ish, y geber.

Y luego tenemos la verdadera expresión de la creación humana. Dice que los creó varón y hembra. Fuera de todo lo dicho anteriormente, estos versículos contienen una frase que es la piedra angular del entendimiento bíblico de la humanidad. La imagen de Dios se presenta principal y primordialmente en relación con un singular concepto social o comunitario de Dios, fíjate, presta atención. Entonces dijo Dios (Singular) Hagamos (Plural) al hombre a nuestra (Plural) imagen. Muchos estudiosos han creído ver en este juego de singular y plural, una alusión a la Trinidad o a un Dios en una comunidad de personas. Lo cierto es que Dios procede a crear al hombre a su imagen. En ese trascendental momento, la Escritura señala un aspecto particular de la naturaleza humana; es decir, aquello que corresponde al aspecto social o comunitario de la naturaleza divina. Dios crea al ser humano como hombre y mujer; no como un individuo solitario, sino como dos personas.

Sin embargo, si continuamos nuestra lectura, vamos a descubrir que los dos son, no obstante, uno. Unidos en una sola carne. La comunidad que refleja la imagen de Dios especial; la comunidad de una mujer y un hombre. Cuando Dios eligió crear a la humanidad a su imagen, creo la unión de pareja, lo que equivale a decir, una familia. La comunidad de la familia constituye un reflejo de la comunidad de la divinidad. Su identidad, vida y poder provienen de Dios. De hecho, al crear al ser humano, nuestro Dios Soberano del universo decidió delegar a la humanidad el señorío sobre la tierra. El poder y la autoridad humana para el ejercicio de este señorío se originan en el deseo divino de hacer a los seres humanos a su propia imagen y semejanza. O sea que la habilidad humana para regir la tierra descansará en su continua obediencia a la autoridad de Dios como Señor de la creación. Su poder para reinar en la vida dependerá de su fidelidad a la hora de obedecer la ley, divina.

El ser humano es distinto al resto de la creación. Los humanos son seres espirituales, no solamente cuerpo. Y además tienen un espíritu y un alma. Son seres morales, cuya inteligencia, percepción y determinación propias exceden las de cualquier otro ser creado. Estas propiedades que posee la humanidad, y su prominencia en el orden de la creación, implican el valor intrínseco, no sólo de la familia de la humanidad, sino también el valor individual de cada ser humano. La capacidad y la habilidad suponen una responsabilidad y una obligación. Nunca deberíamos conformarnos con vivir a un nivel más bajo que el que Dios ha provisto para nuestra existencia. Debemos procurar ser lo mejor que podamos y alcanzar los más altos niveles. Hacer menos nos constituiría en siervos infieles de la vida que se nos ha confiado.

El orden original del medio ambiente humano en la tierra se debe distinguir de lo que llegó a ser luego del impacto de la caída humana, la maldición y el diluvio. De ninguna manera podrá atribuirse a Dios la falta de armonía agrícola, zoológica, geológica y meteorológica a la cual fue sujetada la creación. La perfecta voluntad de Dios, como fundador y Rey de la creación. No se manifiesta en la presencia de la muerte, la discordia, la enfermedad, los desastres o simplemente el pecado humano. Nuestro mundo presente no refleja el orden del Reino que originalmente deseaba Dios para el disfrute del ser humano en la tierra, así como tampoco refleja el Reino de Dios como finalmente se experimentará. Al entender esto, debemos tener cuidado de no atribuirle a la voluntad de Dios aquellas características de nuestro mundo que tienen su origen en la ruina del orden original de Dios, a raíz de la caída de la humanidad.

Versos 9-14 = Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal. Y salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro brazos. El nombre del uno era Pisón; este es el que rodea toda la tierra de Havila, donde hay oro; y el oro de aquella tierra es bueno; hay allí también bedelio y ónice. El nombre del segundo río es Gihón; este es el que rodea toda la tierra de Cus. Y el nombre del tercer río es Hidekel; este es el que va al oriente de Asiria. Y el cuarto río es el Éufrates.

El huerto. En esta fértil reserva natural creada por Dios, se encontraban los dos árboles alrededor de los cuales iba a girar toda la historia humana de allí en adelante. Es indudable que estos dos árboles constituían parte de los medios naturales utilizados por Dios para comunicar realidades espirituales. El árbol de la vida, necesariamente, está asociado con la vida misma de Dios, ya que como luego veremos, incluye la inmortalidad. El árbol de la ciencia del bien y del mal, por su parte, representa la autonomía humana, esto es, el gobernarse a sí mismo y asumir una postura independiente ante Dios en todas las esferas de la vida. No sé de qué te estoy hablando sino te digo que hoy por hoy este árbol opera y funciona a full en una enorme cantidad de personas que constituyen esta humanidad creada. Personas que incursionan entre el bien y el mal como receta infalible para lograr la armonía, la paz y la felicidad.

Pablo, con su tremenda unción a cuestas y con todo lo que fue para la propagación del evangelio del Reino, sin embargo, en su vida personal todavía incursionaba en la mentalidad carnal heredada de Adán. Él mismo dijo en algún momento que se condenaba porque no podía hacer el bien que deseaba hacer y en cambio producía un mal que no deseaba.  Los hechos que ocurren a cada momento en distintas latitudes del planeta, te están mostrando que de ninguna manera es así. Elegir entre el bien y el mal, es patrimonio de la cultura adámica. Los hijos de Dios están EN Cristo y Cristo ES el bien y el mal no anida en Él ni en ninguno de los miembros de Su cuerpo. Respecto a los cuatro ríos que aquí se mencionan, hasta el día de hoy han sido identificados como actuales solamente dos: el Hidekel, que hoy es el Tigris y el Éufrates que conserva su nombre original.

Versos 15-17 = Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.

Lo primero que vemos aquí, es una expresión que, de alguna manera, estaría destruyendo toda una doctrina relacionada con el trabajo humano. Se ha enseñado en sitios de alto prestigio, que el hombre debe trabajar por causa de la caída de la pareja humana, y que, si así no hubiera sucedido, no hubiera tenido que realizar ningún esfuerzo físico laboral, sino simplemente disfrutar de todo lo que Dios había puesto según su deseo. Lo llamativo es que el término que se traduce como labrara, es la palabra abád, y si bien uno de sus significados es arar, lo que coincidiría con lo de la labranza, también se traduce como adorar y honrar. Si es verdad que el trabajo no es esa maldición que todos asumen por culpa de Adán y Eva, la labranza para no caer en el aburrimiento del ocio, es factible. Pero su el trabajo verdaderamente surgió cuando se le dijo a ese hombre que a partir de allí se ganaría su pan con el sudor de su frente, entonces este texto debió haber dicho que Dios puso al hombre en el huerto para que lo honrase y lo adorase por ello. La tragedia de la autonomía humanase evidencia en la advertencia divina: ciertamente morirás. La autonomía humana incluye la muerte, que se extiende al ser espiritual, moral, social, relacional y, en última instancia, el físico. De esto habla Deuteronomio 30:15 cuando dice: Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal;

Verso 18 = Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.

¿Dios se refirió a la soledad como presión innecesaria en ese hombre o, por el contrario, consideró que Adán no era capaz de alcanzar por sí solo todo lo que estaba llamado a hacer y ser? Al decir ayuda idónea para él, denota complementariedad. La ayuda es necesaria para el trabajo diario, la procreación y el apoyo y compañía mutua. Pablo les explica esto a los Corintios, en su primera carta y capítulo 11 y versos 8 y 9 cuando dice: Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón, y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón. La realidad palpable me dice a mí que en estos tiempos, donde hay todo un gran movimiento de restauración del rol de la mujer, tanto en la sociedad, en lo labora como, incluso, en lo familiar, hablar en términos bíblicos con frialdad, sigue dejando una sensación patriarcal de un machismo que indudablemente no le hace bien a nadie, y mucho menos al propio hombre. Hay un diseño divino que se debe respetar para que todo funcione, pero hay un ida y vuelta de responsabilidad que también hay que cumplimentar y, atención con esto, con complementación y no con competencia.

Verso 19 = Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre.

O sea: primero formó al hombre, después formó las plantas ¿Y de dónde va a formar todo esto? De la tierra. Presta atención a esto: en el primer capítulo de Génesis, Dios habla. Sean los animales, dice. Y lo son en el mundo espiritual. Ahora él los va a formar, es decir que les va a dar forma en la tierra, conforme a lo espiritual. Y es mucha la gente que todavía sigue pensando y enseñando que Dios solamente formó con su mano al hombre. ¡Y no es cierto! Aquí dice que Dios formó de la tierra a todo animal, de la misma manera que formó al hombre. Pero no solo dice que de la tierra formó a toda bestia del campo, sino que también desde allí mismo formó a toda ave de los cielos. ¡Un momento! ¡No las había formado de las aguas a las aves? Y termina diciendo que una vez formados animales y aves, se los trajo a Adán para que viese como las había de llamar a cada una. Absolutamente coherente. Si le había dicho que iba a señorear sobre toda la creación, a partir de esa autoridad tenía derecho a darle un nombre a cada uno. A mí en lo personal, esto no me asombra tanto, como sí me impacta pensar que luego Adán debía acordarse de todos los nombres que había dado a cada pieza de esa creación.

¿Te imaginas una mente así? Aquí Dios está dejando en evidencia que realmente le estaba dando el dominio de todas las cosas creadas. En Efesios Pablo dice que fuimos benditos por Dios antes que el mundo fuese. A ver, ejercicio práctico sencillo: ¿Cuándo nos bendijo Dios antes que el mundo fuese? En Génesis 1. A eso se los dijo cuando les dio el dominio y el señorío sobre todo lo creado en el ámbito espiritual. Ahora piensa en ti, quien quiera que seas y como quiera que sea tu vida hoy, tanto en lo social, como en lo laboral, como en lo emocional. Antes que vinieras al mundo, tú ya tenías dominio y señorío sobre todas las cosas que en este mundo hay. Porque nos bendigo Dios en los lugares celestiales antes que el mundo fuese. Ahora dime la causa o el motivo por el cual el hombre, en una enorme mayoría, no sólo no ejerce con claridad ese dominio sobre toda la creación, sino que, en algunos puntos muy específicos, es esclavo de ella. ¿O no sucede eso con el alcohol, el tabaco y las drogas?

Versos 20-23 = Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él. Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras este dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; esta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. 

¡Claro! Nosotros vemos una estilizada jirafa deambular por las llanuras o selvas africanas y decimos: ¡Pensar que se llama jirafa porque ese es el nombre que le puso Adán! Es verdad, pero…no creo que Adán le haya dado ese nombre en español, ¿No te parece? Ni en inglés, ni en francés, ni siquiera en hebreo, porque todavía no había idiomas en la tierra. ¿Y entonces? ¿Qué idioma utilizó Adán para rotular a los animales? Podrá haber especulaciones, hipótesis o conjeturas. Y algunas podrán ser más coherentes y atinadas que otras, pero la verdad plena todavía no la conoce nadie. Ni creo que la conozca aquí en la tierra. Tendrá que esperar a encontrarse con el Padre en el día final y preguntárselo. Eso, si es que su gloria te permite abrir la boca. De todos modos, aún con esa enorme sabiduría y capacidad, Adán no tenía todavía a ningún ser que significara ayuda idónea para él. ¿Sabes qué significa ayuda idónea? Lo mejor que Dios encuentra para ti. Y allí es formada Varona.

Ishshá, es la palabra traducida como Varona, que en realidad significa Mujer, a diferencia de nequebá, de Génesis 1:27, que se traduce Hembra. En cuanto a que esa mujer sale de una costilla de Adán, es una conclusión que, si bien no es descabellada, no siempre es la exactitud de lo dicho. Porque la palabra de donde se traduce costilla, es tselá, que, en su traducción más amplia, simplemente significa Costado. Y cuando decimos costado, no podemos dejar de pensar en el lugar en el que aquel soldado romano lanceó a Jesús, ya muerto en la cruz, y del que brotó sangre y agua. Esto es: VIDA. ¿Pero cómo podría ser que de ese lugar del cuerpo de Jesús salga vida, si él ya estaba muerto? Porque lo que brota es vida espiritual, no física. Lo que sale del costado de Jesús el Cristo, es la iglesia, su cuerpo en la tierra. De esto, nos lleva a entender entonces que lo que sale del costado de Adán, es una mujer, símbolo de iglesia en casi toda la Escritura. Ayuda idónea para Cristo. Sujeta al error y al pecado como aquella primera Varona. Pero matriz para la prolongación de toda la especie. Madre de todos los vivientes.

Versos 24-25 = Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.  Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban.

¿Cuántos han entendido que en cada bendición que Dios brinda al hombre, en la previa, siempre hay una separación? Aquí está bien graficado con este dejará, que leemos con relación a nuestros padres, para unirnos a una mujer y ser con ella una sola carne. ¿Esto es sinónimo de matrimonio? Desde la legalidad en la que vivimos, si. Para Dios, este es el resultado de un pacto realizado por ese hombre y esa mujer delante de Su presencia, prometiéndole estar juntos hasta que la muerte física los separe. Lo de estar en una sola carne, ¿Tiene que ver sólo con la relación sexual? No. Por supuesto que la incluye, ya que no es desconocido para nadie que, a la hora de limpiarnos de toda contaminación cuando aceptamos a Cristo, una de esas limpiezas es cortar en Su nombre y por Su sangre, con toda ligadura de alma producida por haber sido una sola carne en fornicación con otra u otras personas. Pero también incluye a los hijos que ese hombre y esa mujer puedan gestar. Ellos son una carne producto de la unidad de dos carnes. Y quiero resaltar esto: para Dios, lo que vale como pareja humana, es la unión en pacto ante Él que realizan esas personas. El matrimonio como tal, es un paso documental y legal que se realiza para darle legalidad a esa unión, conforme a las leyes y culturas vigentes en cada región o nación.

Fin. La idea central de este trabajo ha sido entregar documentadamente la prueba más concreta de lo que ha sido la creación en su versión más cercana a la verdad que hasta hoy poseemos. Seguramente habrá alguien enviado a corroborar esto de manera científica o estructural, con la finalidad de no permitir que se tome, como se ha hecho hasta hoy, casi como una historieta para niños, en la que resulta muy difícil creer a los adultos. Una cosa son los angelitos rubios volando con túnicas blancas y otra muy distinta un ángel tomando forma humana y sacando de un apuro a un ser humano. Una cosa es ese cielo azul inmaculado que ven nuestros ojos naturales y otra cosa muy distinta el lugar donde habita nuestro Dios. Una cosa es el Jesús de cabellos largos, barba, túnica y mirada lánguida y sufrida que conocemos por pinturas y otra muy distinta el Cristo refulgente y centelleante que nos muestra Apocalipsis. Nadie podrá, a partir de esto, crear doctrina ni armar grupo especial iluminado. Lo que sí haremos, es despojarnos de ese evangelio romántico destinado solamente a llevarte al cielo, y convertirlo en el genuino, que es el evangelio que te anuncia que el Reino de los Cielos se ha acercado y que está junto a ti, aunque todavía no puedas verlo ni entrar, a menos que nazcas nuevamente del agua y del Espíritu.

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¿Aprendimos Todo Bien?

Si quieres una historia que de alguna manera resuma la condición humana en general en todo su esplendor, la puedes encontrar en los versos 12 y 13 del tercer capítulo de Génesis. Dios confronta a la pareja humana por su desobediencia y los encara directamente preguntándoles quién les enseñó que estaban desnudos y si habían descubierto eso por haber comido del árbol que Él les había prohibido comer. La respuesta de ellos es -como decimos en estas tierras-, “para alquilar balcones”. Mira: Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí. Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí.

 ¿Cómo les llama la ciencia a aquellos que no se hacen cargo de ninguna barrabasada personal, sino que siempre le cargan las culpas a los demás? Psicópatas, eso dicen. Dicen que proceder así es un rasgo de esa patología. Por partida doble, entonces. Porque Adán le cargó la culpa a Eva y Eva a la serpiente. ¿Tengo que entender que la única psicológicamente sana fue la serpiente que no culpó a nadie? No, es broma. No lo hizo porque no encontró a quien, pero el invento de la psicopatía es propiedad del infierno, así que…

De hecho, todos podemos entender sin obstáculos que, si hay alguna culpa en toda esta historia, esa culpa es todita de Adán, no de Eva. Él la acusa injustamente porque se niega a aceptar su propia responsabilidad por su participación en el pecado de ella. Cuando Dios les prohibió comer de ese árbol, se los dijo a los dos, pero principalmente se lo dijo a Adán, que, según su diseño, era el responsable. Yo me pregunto, hombres que me leen, cuantos de nosotros habremos hecho algo parecido en tantas ocasiones. Y eso no es todo, porque al decirle que la mujer que le dio como compañera lo hizo pecar, indirectamente Adán culpa a Dios por el pecado cometido.

Es como si le dijera: “Ella es el problema y tú la pusiste aquí conmigo”. ¿Te estás dando cuenta del nivel espiritual y moral de ese hombre caído? Es el mismo que hoy, en muchas situaciones de distinto calibre, ese hombre o esa mujer eligen culpar a Dios por sus desgracias, en lugar de hacerse cargo por los desatinos que cada uno pueda haber cometido y que fueron los que lo llevaron a esa consecuencia. Al hombre del siglo veintiuno le falta bondad. Pero bondad real, como la que exhibió Jesús. No esa bondad boba que se deja estafar o engañar por todo el planeta. Bondad al estilo divino, que es una cosa muy distinta y que lamentablemente no todos los creyentes conocen.

Ellos cayeron del nivel en el que podían confraternizar con Dios cara a cara a un nivel espiritual donde ya ese Dios les resultaría invisible para siempre, al menos durante su estadía en este nivel terrenal. Ese fue su merecido castigo que todavía la humanidad sin Cristo entera, padece a diario. Lo vemos. También la serpiente fue castigada, Dios mismo lo dice en el 14 así: Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Una maldición de Dios no es un deseo malintencionado.

 Una maldición de Dios es un decreto que inexorablemente se cumplirá. Pregunto: ¿Es maldita la serpiente entre todas las demás bestias? No tengas dudas. La gente reparte sus simpatías por un animal u otro, pero gente que ame a las serpientes, (Salvo cultores de religiones orientalistas de raigambre satánico), pocos o ninguno. ¿Se mueve la serpiente sobre su pecho? Sí, cualquiera puede comprobarlo. ¿Se alimenta con polvo, que es tierra, todos los días de su vida? No. Come insectos y animales pequeños. ¿Y entonces? ¿Dios falló? No. El hombre es polvo de la tierra si no anda en el Espíritu. Y ella tiene derecho legal a comérselo si él anda en la carne… Dios no falla. ¡Vaya si no falla!

Y entre el 17 y el 19, hay una sentencia que nos tiene que servir para modificar algunos conceptos erróneos sostenidos por años. Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás. La pareja humana con pacto eterno de unidad, fidelidad, respeto y protección mutua, tiene un diseño original que no conviene romper para que no se resienta el objetivo común.

 El hombre es cabeza espiritual del hogar. Cabeza, sí, pero espiritual. No es ni un jeque árabe disfrutando su harem a voluntad, ni un déspota haciendo girar a toda una familia a su alrededor. Es autoridad desde lo espiritual porque, de ese modo, no sólo le da protección, cuidado y provisión a toda su casa, sino también cobertura desde lo espiritual contra todo lo que el infierno intente en su contra. Cuando habla, sus palabras tienen que tener una autoridad tal que a nadie se le ocurra siquiera pensar en cuestionarlo. Pero eso con referencia al hombre espiritualmente maduro. Si no lo es, mucho le convendrá establecer una sociedad basada en el amor con su mujer, donde ambos tengan esa autoridad y ese comando.

La mujer prestará mucha atención a lo que su hombre diga, porque tal vez en algunas de sus palabras haya palabras que provengan del cielo. Pero el hombre también tendrá la entereza y el respeto para oír lo que su mujer tenga para decir, porque como ayuda idónea singular, seguramente en algún momento lo que diga o haga será de bendición para todos. No obstante, si ese hombre dice o hace cosas que están en contra del mandato divino, cualquier mujer tendrá total y absoluta libertad para rebelarse y ponerse alineada con la voluntad de Dios, por encima de cualquier forma de cautiverio humano o supuestamente conyugal.

Tal como tiene que ser en la iglesia, la sujeción a autoridad sólo es válida cuando esa autoridad está sujeta a la máxima autoridad del universo. Pero, cuando es a la inversa, también el hombre debe y puede negarse a cualquier sugerencia de su mujer si esta no está encuadrada en el plan de Dios. El mejor ejemplo es lo que Dios mismo le dice a ese primer hombre aquí. Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer… Esto hubiera sido positivo si esa mujer le hubiera propuesto algo conforme al mandamiento divino, pero de momento que fue a la inversa, lo que Adán debió hacer era desobedecerla.

El tema central, Aquí, es que, mientras esta tierra, mayoritariamente conduzca sus derroteros mediante métodos conforme a la carnalidad caída de aquel Adán y aquella Eva, nada sucederá como para que exista la paz, la concordia, el amor y la felicidad sin temores. Eso es estar bajo maldición. Una maldición divina es un decreto real que solamente puede modificarse cuando el reinado cambia de manos. En todos aquellos en los que el dios de este siglo, (Que es sistema, no la suma de cien años), no tenga potestad porque han entregado sus vidas al verdadero Rey de reyes y Señor de señores, esa maldición estará sumamente acotada y presta a ser liberada de forma total y definitiva.

Pero en los que eligen vivir por sus propias sabidurías humanas y por fuera de toda “tontería espiritual”, esa maldición pesa y seguirá pesando hasta el último día de sus vidas. No interesa si algunos de estos hacen fortunas millonarias y llevan vidas fastuosas, ninguna de estas cosas ha logrado jamás, no está logrando y no lo hará nunca, eliminar ese enorme vacío íntimo que ninguna ciencia acierta a explicar. Porque es un vacío que sólo puede ser llenado con la presencia de Jesucristo. ¿Hay pruebas concretas de esto? Sí, las hay. Busca las estadísticas de cualquier nación y verás que el mayor índice de suicidios y de drogadicción no se encuentra en las clases sociales más bajas, sino en las más altas. 

Pero no se termina allí el asombro de leer Génesis con la protección del Espíritu Santo por encima de la de nuestra mente intelectual. Porque en el verso siguiente, el 15, Dios le dice a la serpiente: Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar. Lo primero que capta nuestra atención, es que este pasaje es directamente entre la serpiente, que es diablo y Satanás, y la mujer. Parecería ser como que Adán en este momento de la historia se quedó dormido o se fue a dar una vuelta para despabilarse y se lo perdió.

Sin embargo, no. No fue así, no por ese motivo. Y ahora lo vas a ver. Porque le dice que pondrá enemistad entre la mujer y la serpiente. A primera lectura, si amistad significa confianza y afecto desinteresado entre las personas, enemistad sería lo contrario, es decir, aversión u odio entre las personas. A mí, como seguramente a muchos de ustedes, hablar de odio viniendo de la boca de Dios, me hizo ruido, porque aprendí en seminarios, clínicas, congresos, cursos y cursillos de guerra espiritual que, decir Odio es hablar de Odín, un demonio que lo produce en las personas que le permiten su entrada, ya sea por pecado o por alguna otra razón.

Entonces acudí a los originales. Y allí encontré que esa palabra, traducida como enemistad, es la palabra eibá, que se traduce directamente como hostilidad. Y si sigo escudriñando la dialéctica para encontrar sus verdaderos significados y no caer en el facilismo de las hipótesis humanoides, encuentro que hostilidad significa oposición, enemistad y antipatía. Nada que ver con odio. Creo que esta última salió más de la cabeza de los monjes que tradujeron los antiguos escritos que de la guía del Espíritu Santo. Y mucho más coherente con una realidad que podemos ver a cada paso.

 ¿Cuál es la reacción de una mujer que se cruza con una serpiente de modo imprevisto y sorpresivo? Rechazo, temor, oposición, repugnancia como producto de una alta antipatía. Pero todo mucho más relacionado con una expresión defensiva que una ofensiva por odio. Yo no puedo odiar a un demonio. No puedo hacerlo porque si lo hago, automáticamente me estoy metiendo en su ámbito, en su mundo, en su juego. Si veo o discierno un demonio, quiero sacarlo de donde se encuentra. No tengo nada que me identifique con él, siento repugnancia y aversión y una tremenda antipatía. Esta es la historia entre la mujer y Satanás. ¿Termina allí?  

No. No termina allí. Porque luego te dice, – y aquí viene lo que te anticipé que te iba a mostrar -, que esa enemistad se manifestará entre la simiente de la mujer y la simiente de la serpiente o Satanás. ¿Cuántas veces leíste esto o te lo leyeron, enseñaron o predicaron? No lo sé, pero a mí te aseguro que no menos de cincuenta veces. Y hasta hoy, estaba tan en el quinto limbo como tal vez todavía estés tú. Porque, ¿Sabes lo que significa de acuerdo con nuestro diccionario, la palabra simiente? En primer lugar, semilla. Ok. Perfecto. Entendido. Pero, – y aquí está lo wow wow -, hay una segunda acepción para simiente, que es…semen. ¿Semen? ¡Pero si está hablando de la mujer, no del hombre!

 ¿El semen no es un patrimonio masculino? Si estamos hablando de ese fluido que emana en el momento del coito, si, pero mucho me temo que aquí la cosa pasa por otro lado. Y que, si bien la ciencia y los hombres determinaron darle ese nombre, tengo la sensación que Dios está mostrándonos otro ángulo de la misma historia y desde otra perspectiva. Si la batalla va a ser entre la simiente de una mujer contra la simiente de Satanás, creo que hay dos cosas que te quedan implícitas. La simiente de una vida está en la mujer y Satanás también puede engendrarla. Y si esto te suena fantástico o incluso como herejía o blasfemia, recuerda la historia de cuando las hijas de los hombres fueron embarazadas por ángeles caídos.

Que quede claro que esto no pretende modificar absolutamente nada de lo que la ciencia haya determinado respecto a la concepción, gestación y alumbramiento de una vida humana. Yo soy hombre y mi esperma, al unirse al óvulo de mi mujer, produce fecundación, gestación y parto. La calesita de los cromosomas “Y” o “X” determinan el sexo y punto. Todo bien, nadie pone en duda eso. Pero “eso”, tú y yo lo sabemos, tiene relación directa con lo que luego llamaremos la carne. Ese esperma y ese óvulo fecundan un ser inanimado que deja de serlo cuando desde el cielo le es soplado aliento de vida, esto es: espíritu humano.

 ¿Y entonces? ¿A qué se refiere Dios cuando habla de que será una lucha entre la simiente satánica contra la de la mujer? A la guerra espiritual. Lo que aquí se nos muestra es que, mientras somos los hombres los que aparentemente tenemos el control de la gestación de un ser humano, es la mujer la que gesta el nivel espiritual que luego tendrá ese ser. No obstante, la palabra profética nos asegura que todo poder satánico apenas logrará afectar el talón de un hijo de Dios, mientras que el poder del cielo que desciende en este, está capacitado para descabezar cualquier intento del infierno por apropiarse de lo que no le corresponde.

El Párrafo Final se centraliza en lo laboral. La idea primaria de Dios era que la pareja humana y su descendencia, disfrutaran de su creación sin más esfuerzo que el de procurarse alimento, abrigo y toda forma y clase de rudimentos espirituales tendientes a mejorar todo del máximo modo que se pudiera, teniendo en cuenta que antes de la caída, el hombre podía pensar con la mente de Dios mismo y que, además, algo que no era una cuestión menor: no moriría, sería eterno. La desobediencia y caída, modificó todo ese plan original. Aparecieron distintas formas de sufrimiento que anteriormente ni siquiera estaban cercanas como posibilidad.

Además de los tremendos dolores de parto para la mujer, para el hombre quedó el ganarse el pan con el sudor de su frente, que es como declarar que, si no trabajas duro, no podrás sostenerte por más creyente que seas. Al margen, claro está, de aquellos que por fuera de Dios y sin pensar ni por un instante en el terrible destino de eternidad que eligieron, pueden llegar a disfrutar en esta tierra de riquezas o placeres que los hacen pensar que les ganaron la batalla a los creyentes. El día final les mostrará el trágico y terrible error que cometieron, pero ya será tarde.

Para mi gusto, el verso 22 es el que determina el fin de una eternidad primaria y el comienzo de una finiquitad terrenal. Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre. Listo y punto. El hombre comió del árbol del conocimiento y, desde allí, eso que llamamos conciencia le marca y le muestra lo que es bueno y lo que es malo. Elija lo que elija, es responsable.

 Pero del árbol de la vida no comerá y no vivirá para siempre como carne y hueso. Lo hará en espíritu si hace de Jesucristo el Señor de su vida. Luego, ya en el capítulo 4, viene un verso que no siempre se ha entendido, o no siempre se ha incorporado al conocimiento general. Dice: Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón. Conoció Adán a su mujer. Claro, dicho y leído así, hasta suena casi humorístico, ¿Verdad?

Yo solía, durante mi estadía como maestro de una clase bíblica en una congregación, hacer bromas y sonreírnos entre todos con este texto. Porque lo teatralizaba un poco y les decía a los alumnos que Adán se había presentado ante Eva y le había dicho algo así como: “Hola doña Eva, mucho gusto, mi nombre es Adán, encantado de conocerla”. Obviamente, festejábamos casi infantilmente imaginarnos eso, pero todos sabíamos a qué se estaba refiriendo la Biblia cuando decía que Adán la conoció. Dicho en términos modernos, tuvo sexo con ella. Dicho en términos formales y protocolares, mantuvo relaciones sexuales. Dicho en términos espirituales, tuvo intimidad con Eva.

Fue todo un descubrimiento darme cuenta que en casi todo su contexto, cuando la Biblia habla de conocimiento, no está refiriéndose a enriquecimiento intelectual, sino a trato directo e íntimo con Dios. Cuando según Oseas el pueblo perece por falta de conocimiento, no significa que a ese pueblo se le debía haber dado seminarios, conferencias, clínicas o congresos de teología, sino que simplemente debía refugiarse en su lugar privado y estar a solas con Dios, única manera de saber quién es y qué quiere de cada uno de nosotros. Para eso tiene preparado su Espíritu Santo. De ese modo y no por ningún otro seremos guiados a toda verdad, no a lo que nos parece o nos suena bonito.

De todos modos, el haberse salido del paraguas protector de Dios, les trajo algunos inconvenientes a esa primera pareja humana. Tuvieron sus dos primeros hijos, Caín y Abel y entretejieron ellos una historia que seguramente conoces, ya que ha sido muy enseñada, difundida, predicada y proclamada, ya sea como simple información histórica, como también como tipología de hermandad carnal y hasta de futuro de razas, Caín termina asesinando a Abel por una mezcla de influencia satánica y celos sentimentales. Abel era mejor persona y, su relación con Dios mediante la ofrenda, era más justa, correcta y con todo lo que el diseño divino demandaba.

Ese crimen, que en apariencia iba a quedar impune porque nadie había visto a Caín en el acto de matar a Abel, sin embargo, toma un giro inesperado porque el propio Dios, en un momento dado, y luego de interrogar a Caín respecto a Abel y recibir una respuesta mitad indiferente y mitad soberbia, le responde diciendo lo que se lee en el verso 10: Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. Esto último, que parece una simple expresión casi poética, encierra un elemento que no siempre hemos visto con claridad: la sangre de un crimen puede clamar a Dios por justicia. Y si así sucede, ¿Qué piensas que hará Dios al respecto? Obviamente, Justicia.

Por eso es que, cuando hablamos de Reino y aludimos a que militar en el Reino de Dios es sinónimo de Gobierno, es justa y exactamente a algo así que me nos referimos. Vivas donde vivas, sea el más hermoso y excelente país que sea, seguramente existen áreas donde alguna forma de delito o corrupción está instalada. Y no vamos a tejer hipótesis ideológicas o políticas sobre esto, porque sería encarar el tema desde una óptica demasiado pobre, limitada y hasta mediocre. Es mucha, todavía y lamentablemente, la gente que se enoja, se pelea y hasta se mata por diferencias de pensamiento sobre algunas de estas cosas.

Porque, obviamente, no alcanzan a darse cuenta que solamente son destellos de algo que está muchísimo más arriba de todos ellos y que de ninguna manera amerita odios, rencores y crímenes. Pero si así hubiera sido en algún tiempo, o lo estuviera siendo ahora, donde quiera que tú vivas, el Reino de los Cielos tiene potestad y gobierno del mismo modo que en la altura celestial. Sólo es cuestión de dejar fluir el clamor de la sangre inocente desde la tierra, y ese clamor llegar a oídos de Dios que, tal como quedó dicho antes, no dudará ni un instante en producir Justicia. Visible aquí y ahora, o invisible y para el día final, esa ya no es cuestión nuestra, es asunto de Dios y punto.

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Hermano…¿Dónde Estás Tú?

El Primer verso del segundo capítulo de Génesis, nos dice que fueron acabados los cielos y la tierra, y añade algo que no a pocos les ha quitado el sueño: el ejército de ellos. La palabra en el original, habla de eso, de ejército, de tropa, de gente preparada para la guerra. ¿Y de qué me está hablando si todavía ni siquiera había creado a un solo hombre? De ángeles, de eso está hablando. Ese es el primario ejército del Dios viviente. Poderosos ángeles preparados para cualquier forma y nivel de batallas terrenales o espirituales, ellos se manejan perfectamente en ambas dimensiones.

 Y luego dice que descansó Dios en el día séptimo. Y ese término traducido como reposo, es el vocablo shabát, que significa justamente eso: desistir del esfuerzo, un equivalente a descansar. De esta palabra, mucho tiempo después, alguien nominó a uno de los días de la semana como Sábado. Que de ninguna manera es ese séptimo día y tampoco el de un reposo obligatorio. Cada uno inventa las doctrinas que quiera y se las hace respetar a quien lo desee, pero nada de eso es estricta verdad, sino una de las decenas de interpretaciones que tiene la Palabra auténtica.

¿Reposar? Si, siempre, cuando el Espíritu Santo te abra las puertas para ello, no porque una religión te determine un día. ¿El domingo es el día del Señor? Otro invento; porque en todo caso, día del Señor, para un creyente genuino, son todos. Y si es médico y toca trabajar de guardia un domingo, salvará vidas y sanará dolencias ese día, porque esa también es voluntad de Dios. Además, se nos habla de que Dios reposó el séptimo día, ya que la Creación le llevó los seis anteriores. Perdón… ¿De qué clase de días me están hablando? Porque estos de veinticuatro horas que vivimos hoy, me temo que aparecieron mucho después del Edén.

Y ni hablar si reflotamos aquello de que para Dios un día es como mil años y mil años como un día. Teorías pretendidamente históricas hay centenares. Algunas muy pintorescas, como la que te asegura que en un principio la tierra giraba tan rápido sobre sí misma que un día no tenía más de diez horas. A esto no lo dice, pero supongo que, si ya había gente, a esa velocidad andarían como los jóvenes que salen de madrugadas de las discotecas, tambaleando por causa del mareo. Lo más creíble que se encuentra, es que haya sido invento de los antiguos egipcios, no sería extraño que así fuera. Todo lo demás, imposiciones religiosas sin más sustento que lo escrito en sus doctrinas privadas.

Sí sabemos con cierta precisión que en un principio no existían las lluvias, tal como ahora las conocemos. Dice que la humedad necesaria para regar la tierra seca se lograba a partir de una especie de vapor que subía desde la tierra misma. Y en el 7 del segundo capítulo está el versículo clave para toda la humanidad. Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente. Todo esto, naturalmente, casi xplicado a nivel de entendimiento  primario y sin mayores veleidades intelectuales. Todo ese andamiaje casi académico y definitivamente pesado y hasta aburrido, va a aparecer mucho tiempo después.

 Dios toma tierra, que en esa zona era arcilla rojiza, la mezcla con un alto porcentaje de agua, construye con ello una especie de muñeco inanimado que, solamente cuando recibe en su nariz el soplo pneuma de su espíritu humano, se llena de aliento de vida y, recién desde ese instante, ese hombre comienza a ser un ser viviente. O alma viviente, como dicen otros textos afines. El hombre creado es, inicialmente, carne y alma. Recibe un espíritu que solamente le posibilitará conectarse con su Creador, si permite que ese espíritu sea llenado con el Espíritu divino del Padre. No es difícil entenderlo, mucho más complicado por causa de nuestro intelecto, es aceptarlo y posteriormente, creerlo.

El verso 15 tiene otra perla que no siempre se ha visto sobresalir. Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Veamos; este hombre que Dios pone en el Edén, todavía está santo de toda santidad. No ha caído ni en tentación, ni en desobediencia, ni en pecado. Por lo tanto, todavía no está sentenciado por esa palabra que lo condenará, entre otras cosas, a ganarse el pan con el sudor de su rostro, esto es: trabajando duro. ¿Trabajando qué cosa, mayoritariamente, en esos tiempos? Trabajando la tierra, labrándola para que ella le suministre lo que necesita para subsistir.

 Muy bien. Pero si esto es así, entonces, ¿Puedes decirme la razón, causa o motivo por el cual Dios dice de ese hombre allí colocado, que lo pone allí para que guarde, cuide, vigile y lo labre? ¿Cómo que lo tiene que labrar? ¿No fue eso un trabajo que le llegó después de la caída, y como castigo a su desobediencia? ¿Cómo entendemos esta supuesta contradicción por parte de Dios al decirle que disfrute de todo sin esfuerzo y luego le dice que tiene que trabajar de agricultor? La respuesta, una vez más, pasa por los errores que aquellos monjes cometieron a la hora de interpretar los textos de esos rollos. No te estoy diciendo que tengas que desconfiar de todos los textos bíblicos por causa de estos hombres; te advierto que si no funcionas con discernimiento espiritual y revelación, probablemente te quedas ignorando muchas cosas.

Los monjes no trabajaban físicamente. Ellos recibían sustento suficiente de la gente a la cual atendían, pero no desconocían los sacrificios y esfuerzos que cada uno de esos aportantes debía realizar para ganarse su pan. Por eso, cuando leyeron en los originales la palabra abád, del primer significado que se agarraron fue el de labrar, olvidándose de lo que anteriormente te mencioné. Si profundizas en la traducción de este término, te encuentras con otros tres significados, tales como Adorar, Honrar y Ministrar.

¿No te parece que, si reemplazas el término labrar por alguno de estos, ese texto te queda mucho más espiritual que el anterior? Diría algo así como: Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo adorase, lo honrase, lo ministrase y lo guardase. Veamos. ¿Adoró el primer hombre a Dios? En un principio, es evidente que sí, pero luego lo fue dejando de lado por otras cosas. ¿Honró ese lugar divino con su conducta? Al principio, si, pero luego sencillamente se olvidó del punto y entró en lo opuesto. ¿Ministró ese lugar con su sabiduría espiritual? Algo en el inicio, aunque luego evidentemente se lo dejó servido en bandeja a la serpiente antigua…

Como puedes ver, no es ningún trabajo entender lo que realmente nos dicen estos textos, que no siempre coinciden con lo que a la religión de cada tiempo, lugar y cultura le convenía que dijeran. Porque, debo decirte, nadie o casi nadie entiende por qué, si Dios deseaba un hombre bueno y sin pecado, le dejó cerca ese árbol del bien y del mal con el que podía tentarse y caer, tal lo que luego le sucedería. ¿Quieres mi respuesta? Por ese mismo motivo. ¿Cómo podría alguien ser buena persona, sin tentaciones ni pecados, si no hay en las cercanías algo que pueda tentarlo y llevarlo a caer? ¿Cómo sabes que un libro es bueno? Porque alguna vez intentaste leerte uno malo. ¿Cómo sabes lo que es el frío? Porque antes padeciste el calor. ¿Como sabes lo que es la luz? Porque antes estuviste en tinieblas y no veías nada.

Un comentario que alguna vez leí al respecto, decía textualmente: La presencia de este árbol —la presencia de una opción para Adán— fue algo bueno, porque para Adán ser una criatura de libre albedrío tenía que haber una opción, alguna oportunidad de rebelarse contra Dios. Si nunca hay un mandato o nunca hay algo prohibido, no puede haber una elección. Dios quiere que nuestro amor y obediencia a Él sean un amor y una obediencia elegidos. Por esta causa es que dentro del abanico de doctrinas cristianas o pseudo cristianas, hay algunas que no creen en el libre albedrío, sino en el orden de cumplimiento de ciertos estatutos y ordenanzas.

Todavía deben existir por allí, apretadas entre las páginas de un viejo libro o cuaderno, o carpeta escolar antigua, alguna lámina de aquellas en las que se veía a un hombrecito semidesnudo dando un mordisco a una jugosa manzana. Así pintó la enseñanza oficial y antigua el pecado de desobediencia. Otros, un tanto más avanzados y con un criterio más liberal, creyeron ver en esa manzana, a un símbolo de la sexualidad. Algo así como que comer de esa manzana, era equivalente a fornicar, y como ese pecado se contabilizaría. En lo más mínimo.

Obviamente que fornicar seguiría siendo pecado, pero lo que el hombre hizo al comer de ese fruto, que nadie dijo que fuera una manzana, fue desobedecer la voz de Dios que le había advertido que no lo hiciera porque le iba a costar nada menos que la vida. Y como podrás imaginarte, no esa vida física que tanto cuidamos, sino la otra, la que como es invisible no tiene demasiada presencia y muy pocos atinan a preservar como corresponde, que es la vida espiritual. Esa vida perdió Adán. De ese ámbito se cayó al otro terrenal y mortal. No se cayó del planeta Tierra a Plutón, se cayó de un nivel de santidad y pureza a otro oscuro de degradación y corrupción.

Quizás por ese mismo motivo, fue que Dios determinó que no era bueno que ese hombre estuviera solo. De hecho, estaba rodeado de minerales, vegetales y animales de todas las formas, razas y condiciones. A él le dio libertad Dios Padre para que les pusiera un nombre a cada uno, que es el que todavía tienen. Pero, al mismo tiempo, no había en todo el marco de esa creación, un ser que pudiera servir de compañía, o soporte o contención para ese hombre. Allí es cuando Dios dispone crearle lo que Él denomina como una ayuda idónea.

 Le da un toque de alguna forma de anestesia, que hace dormir a Adán y, en ese sueño, de su costado, extrae la materia prima para crear una criatura que luego llamará hembra. O mujer. Siendo el hombre, conforme al diseño, cabeza y centro inteligente de la Creación, hablar de una ayuda idónea es, si se lo quiere interpretar así, como una especie de bastón, de soporte, de contención. Pero te aseguro que no era esa la intención de Dios. Una de las traducciones de idónea, que en realidad en el original es adecuada, y cuya palabra es négued, es alianza. De allí se extrae lo que el Espíritu Santo me hizo decir en una ocasión al respecto. Ayuda idónea es nada menos que: lo mejor que Dios encontró para él.

Me queda compartirte el plano espiritual de la creación de la mujer. Es, notoriamente, tipología de la iglesia. Porque todos hablamos de una mujer salida de una costilla de Adán, pero la realidad nos muestra que de ninguna manera se habla de costilla, sino de costado. No hay un elemento capaz de llevarnos a probar qué cosa sacó Dios de ese costado de Adán que dio origen a la conformación de su ayuda idónea. Alguien puede decirme que indudablemente fue un hueso, ya que Adán luego va a decir que ella es hueso de sus huesos, lo cual lo estaría demostrando.

Pero lo puse en potencial porque la realidad de la interpretación del original, a mí me muestra que, en todo caso, a lo que Adán se refiere, es a lo que étsem, el vocablo usado, significa: sustancia. Lo que Adán te está diciendo que esa mujer ahora es un ser de su misma sustancia. ¿Y eso que tiene que ver con nuestra actualidad? Simple: Entender que, del costado de Cristo, fue extraída la sustancia de la cual se conformó la iglesia, que es su cuerpo en la dimensión terrenal. Por esa razón, cuando Jesús está en la cruz, en lugar de clavarle una lanza en el corazón para terminar de matarlo, se la clavan en su costado. Lo que el enemigo deseaba, era impedir el nacimiento de la iglesia. No lo logró. Gloria a Dios por una victoria, aún en el máximo ambiente natural de derrota.

Y luego, en lo que la religión tradicional siempre interpretó como la certificación del matrimonio, llega el punto del verso 24, donde leemos: Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Por tanto, dice. ¿Por tanto qué? Por tanto, el hombre y la mujer son de una misma sustancia espiritual, un día habrán de dejar a sus padres y sus madres, para unirse y conformar en esa unidad una sola carne. Dios no usa la palabra matrimonio, a eso lo incorpora el hombre mucho más adelante para darle algo a esa unión que Dios si exige: legalidad. Pero eso a los fines de conducta y comportamiento terrenal.

 Porque en lo espiritual, lo que a Dios le interesa y prioriza, es el pacto que ese hombre y esa mujer hagan delante suyo, (Y no me refiero ni a pompas, ni a ceremonias solemnes, sino a pacto, compromiso definitivo), y los habilite a hacerse una sola carne en una unión que, por fuera de este pacto, sería considerada como fornicación y pecado. De eso habla cuando dice se unirá. De alianza, de pacto, de ligadura. Una ligadura de carne que, cuando alguien se convierte de adulto, deberá cortar y romper en oración en cuanto a las que pudo haber contraído con otras personas antes de conocer a Jesucristo y aceptarlo como Señor de su vida.

 Si no se ejecuta ese corte, muy probablemente podría seguir ligado a una persona anterior, aunque haya dejado de verla, frecuentarla y tener intimidad con ella o él. Y que conste, que abiertamente estamos hablando de una relación clara y concreta de monogamia. Muchos quieren creer que la monogamia, una familia formada por un padre y una madre, fue inventada en la década de 1950 por los íconos de la televisión americana Ozzie y Harriet; pero Adán y Eva son la familia original. Esta es la familia ideal de Dios. No es la poligamia. No es el concubinato.

 No es el cuidado de los amantes. No es el adulterio. No es la convivencia homosexual. No es la promiscuidad. Este es el ideal de Dios para la familia e, incluso, cuando no estamos a la altura, todavía es importante que se establezca como el ideal de Dios. Por tanto, nadie va a juzgar a nadie por lo que haya hecho con su vida antes de ser creyente, pero cuando lo sea, el Espíritu Santo mismo lo urgirá a legalizar su relación del modo que sea de uso y costumbre dentro de la cultura que se encuentre. Para eso fue instituido el matrimonio.

¿Vale la pena que aclare algo que ya está implícito respecto a las condiciones de una relación hombre-mujer? No parecería necesario, pero la experiencia me dice que, aun dentro de las estructuras cristianas, tal vez por imperio de dudosas imposiciones nacidas de intereses de hombres antes que intención divina, creo que vale la pena dar algunas pistas. Pablo, por ejemplo, deja bien en claro que la unión sexual implica el ser una sola carne, incluso, cuando no tenemos la intención, como cuando un hombre tiene relaciones sexuales con una prostituta. Marido y mujer, conforme a las leyes de nuestra cultura occidental, se convierten en una sola carne bajo la bendición de Dios.

 En el sexo fuera del matrimonio, las parejas se convierten en una sola carne bajo la maldición de Dios. Las consecuencias y resultados, naturalmente que son distintos. En este sentido, no hay tal cosa como sexo casual. Todas las relaciones sexuales por lo menos inician el vínculo de una sola carne. El vínculo, o será algo hermoso o será algo grotesco.  Creo que no descubro nada nuevo ni soy original para nada si digo que el amor comprometido es responsable, demostrado por el compromiso del matrimonio y una búsqueda de la verdadera intimidad. El hecho de que el sexo tenga lugar en el matrimonio, no quiere decir que está realmente cumpliendo con el propósito de Dios de una relación de una sola carne. Es la consumación de un pacto que durará hasta el fin de los tiempos de cada uno de los protagonistas.

El Capítulo 3 Comienza recordándote que la serpiente era astuta. El texto de este primer verso, no identifica claramente a esa serpiente como Satanás, pero conviene recordar que, en el resto de la Biblia, sí se deja muy en claro que Satanás se aparece como una serpiente. Me asombra como, en muchas manifestaciones, tanto escritas, como orales o mediante videos, hay muchos cristianos que aconsejan a sus hermanos en la fe a ser astutos para no dejarse engañar y etc. Mira; te reproduzco las dos acepciones que la palabra Astucia tiene en el diccionario de la lengua española: Sagacidad, sutileza para engañar o evitar el engaño y lograr un objetivo. Ardid, treta, artimaña.

¿Leíste bien? Ahora, pon tu mano en tu corazón y dime: ¿De verdad tú crees que la Astucia es una actitud digna de un hijo de Dios? ¿No te parece que es una condición y característica del mismísimo Satanás, de la influencia de cualquiera de sus demonios y, por tanto, una representación neta del infierno? ¿Y me propones que imitemos eso? No es necesario. La manipulación emocional ya existe dentro de las iglesias y ha sido útil para que muchos líderes conserven su poder o, directamente accedan a él. Amenazas, inhibiciones, seducción, dominio, esclavitud. ¿Eso es bueno? No. Ahora ya lo sabes. Engañó a la primera pareja humana. Lo sigue haciendo con todo lo que se cruza en su camino y ambiciones.

¿Cuál es su mejor técnica? Partir desde una verdad, tergiversarla en el camino y concluir en una mentira. Debemos reconocer que le ha dado excelentes resultados hasta el día de hoy. Con Eva hizo así. Partió de una verdad cuando le dijo que Dios sabía que, si ella comía de ese árbol del conocimiento del bien y del mal, sus ojos espirituales serían abiertos y a partir de allí, tendrían plena conciencia respecto al bien y al mal. Lo que no les dijo fue que eso, exactamente eso, determinaría que se cayeran de ese ámbito espiritual privilegiado en el que Dios los había colocado en la Creación.

 Y entonces la mujer pecó y el hombre decidió acompañarla y también caer con ella en el mismo pecado. ¿Por qué? Por algo que todos sabemos, pero que nadie te dice desde el púlpito porque no es políticamente correcto. Pecamos porque el pecado es como ese árbol, bueno para comer y agradable a los ojos, además de codiciable a futuro. Si el pecado en su aspecto fuera algo maloliente u horrible, te aseguro que con Dios o sin Dios, no pecaría nadie. Pero el hombre sigue pecando, lo que me dice a mí que tiene que ser porque no se lo ve feo desde afuera. Por lo tanto, hay que tener mucho cuidado y entender que no es oro todo lo que reluce, ni todo lo negro es petróleo.

Por eso me sigue impactando la pregunta que Dios le hace al hombre en el verso 9. ¿Dónde estás tú?, le dice. A ver estimados teólogos y maestros bíblicos que seguramente conocen muy bien este pasaje. Les pregunto: ¿Alguno de ustedes supone que Dios hace esa pregunta porque desconocía su respuesta? ¿Alguien todavía ha decidido pensar y creer que Dios no sabía donde estaba él? A mí, esa pregunta siempre me sonó tan directa y hasta casi personal, que en eso radica el impacto que me produce. Un impacto que no es teatral ni provocado con fines espectaculares. Es un impacto interior, íntimo y personal. Un impacto que te lleva a definir quien y qué eres delante del Señor.

Es como si el Padre celestial, hoy mismo, con todo lo que a mí se me antoje argumentar a mi favor, me mirara profundamente a los ojos hasta hacer temblar mi corazón y me preguntara…Néstor… ¿Dónde estás? Seguramente, latino como soy, daría un salto, o brinco, como lo llaman en otros lugares, y le respondería: ¡Aquí, Señor! ¡Listo para servirte! Con una respuesta así, en cualquier congregación hubiera recibido una ovación de aprobación y hasta de admiración. Sin embargo…no siempre Dios piensa de nuestras cosas del modo en que nosotros pensamos en Sus cosas. Alguna vez leí algo que hoy viene a mi memoria, respecto a esta pregunta, y te lo comparto:

Ese ¿Dónde estás tú?, está muy lejos de ser el interrogatorio de un jefe o un patrón enojado. En realidad, es el grito del corazón de un padre angustiado. Es como si tu hija o tu hijo, en edad adolescente, se te estuviera empezando a ir de las manos yendo a caer en las de compañías peligrosas, delictivas, mafiosas o sencillamente adictos. Dios sabía perfectamente donde estaba la pareja humana, pero también tenía conciencia del abismo que se había abierto entre ellos y él al desobedecerle y pecar. Todavía hay mucha gente, y no me refiero a incrédulos, que no termina de darle correcta dimensión al pecado como suicidio espiritual.

Lo minimizan, lo superficializan, lo desestiman, lo consideran algo antiguo y fuera de moda o, simplemente, lo ignoran justificándolo con argumentos de dudosa procedencia. Se habla del pecado, en algunos lugares auto definidos como cristianos, como si fuera un algo que si lo cometes, papá te deja sin comer algo rico y te condena a comer una flaca sopa. ¡Por favor? Eso es trabajar para el enemigo. Por eso Dios les hace esta pregunta. Él todavía deseaba construir ese puente que les permitiera a esos dos seres temerosos y escondidos, volver a recalar en ese maravilloso Edén que el Padre les había obsequiado sin esfuerzos ni merecimientos.

Se sostiene que la pregunta estaba destinada a despertar la sensación de ese primer hombre de estar perdido, de conducirlo a confesar su pecado, así como a expresar el dolor de Dios por la condición perdida de su máxima creación, el hombre. También para mostrarle que, con él, el Padre comenzaría a buscar al hombre perdido y darle una nueva oportunidad. La pregunta también estuvo destinada a reflexionar seriamente sobre la responsabilidad que el hombre tiene delante de Dios, simplemente porque Dios lo puso allí para algo, mucho, pero infinitamente muchísimo más más allá de si ese hombre lo cree, lo acepta o lo incorpora como real en su vida.

Te lo digo en primera persona: no interesa si tu eres creyente o incrédulo. Dios te creó con un objetivo y una misión. La cumples, y serás parte activa y dinámica de Su Reino. No la cumples…ya lo sabes. Lo cierto es que esa pregunta de Dios, demandó, demanda y demandará siempre una respuesta. Ellos no pudieron rehusarse a responderle de la forma en que un criminal podría hacerlo cuando es interrogado. En nuestras jurisprudencias no se requiere que los hombres respondan preguntas que podrían incriminarlos, pero Dios sí; y en el gran día final, el impío será condenado en su propia confesión de culpa. ¿Sabes quien dijo esto último? Spurgeon. ¿Te suena ese apellido?

 El modo en el que Dios trata con su primera pareja de humanos, es un modelo de como Él trae al hombre perdido y a la humanidad caída desde siempre. Los trae pacientemente, esperando el leve viento o brisa del día o del atardecer. Los trae con cuidado, viniendo antes de las tinieblas nocturnas. En el caso específico de esta primera pareja, los trae dirigiéndose directamente a ellos. Y, finalmente, los trae con la verdad, que es lo único que llega a hacerlos libres simplemente porque anteriormente les muestra su condición perdida. No te olvides nunca que el texto no te dice que la verdad te hará libre; te dice que El Conocimiento de esa Verdad, que es Cristo, es lo que te liberará para siempre.

En qué envase te llega eso, es un asunto del Señor, porque con cada uno es distinto. Porque todos somos distintos y necesitamos que se nos ajusten ciertas y determinadas tuercas para funcionar como maquinaria divina y maravillosa que somos. Conmigo fue con algunos golpes y machucones que duraron bastante tiempo en cicatrizar. Con otros que conozco fue más leve y simple. Y con otros más que también he conocido, fue tan terrible la instancia previa que no se podría detallar sin que alguien retrocediera a la antigua imagen del Dios cruel. Es Dios, no hay ni discusión ni cuestionamiento. Lo sigues, te lleva a la victoria cueste lo que cueste. No lo sigues, no te asombres ni te lamentes por la derrota.

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Estilo de Vida de Reino

Las primeras letras de nuestras biblias nos dicen que Dios creó los cielos y la tierra. A ver; conforme a las enseñanzas que has recibido, ¿Qué supones tú que son esos cielos y esa tierra? Mira; las palabras de los originales son específicas en cuanto a lo que conocemos. Cielos, es shamáyin y tiene que ver con el firmamento, arriba, donde tal vez, (Así dice la interlineal, tal vez), alude al arco visible en el que se mueven las nubes, así como el al éter más alto donde giran los cuerpos celestes. Es una explicación que cierra desde cierta postura astronómica, pero… ¿Es una explicación?

En cuando a Tierra, la palabra es érets, y tiene que ver con tierra o partitivamente una tierra. Y cuando digo partitivamente, me estoy refiriendo a algo que puede partirse o dividirse. Muy bien. Es una explicación que, una vez más, desde lo conceptual y hasta geográfico, tiene sustancia suficiente como para aceptarla, pero… ¿Es una explicación? Yo tengo otra, mía y antojadiza, si quieres, pero que te la dejo para que la incorpores a la sarta de teorías y tesis desparramadas por allí. Primera pincelada del diseño de Dios. Cielos es el mundo celestial y espiritual, invisible pero paralelo al nuestro. Y Tierra es lo visible, palpable y apto para examinarse. En todo caso, espiritual y carnal.

Por lo pronto, si quieres que te fundamente levemente lo dicho, tengo la habitación de Dios según la Biblia. Es el Tercer Cielo. ¿Y dónde está geográficamente ese tercer cielo? Me gustaría que algún científico me lo ubique, así puedo ir de visita donde vive mi Dios, saludarlo y hasta beber algún refresco en su compañía. Bobadas. El tercer cielo es absoluta y eminentemente espiritual. No puedo verlo ni aquí ni en las estratósferas con estos ojos naturales que tengo. Si quiero ver o acceder a ese tercer cielo, deberé esperar dos cosas ciertas o seguras de las que hay pruebas.

O aguardo para ver si a Dios le da la gana de levantarme de esta tierra y llevarme a verlo, tal como hizo con Enoc, o sigo aguardando el día en que se acabe mi ciclo de vida aquí donde vivo y respiro ahora y me vaya al ámbito que tengo reservado desde el momento en que le dije que sí a Jesucristo y que no al pecado de incredulidad. El que no cree en la validez de la Creación como hecho divino, cree en la casualidad de un big bang o cosa por el estilo. Sólo un problema: las casualidades no existen, y de existir, jamás podrían llegar a hacer algo, para un lado o para el otro.

Asignarle alguna forma de poder a la casualidad, no tiene el menor sentido. Te doy un ejemplo. Arrojas al aire una moneda que de un lado tiene una cara y del otro un número. ¿Cara o número? Hay un cincuenta por ciento de posibilidades de un lado y el otro cincuenta del lado opuesto. La fuerza con que se arroje al aire, el viento leve o menos leve que sople en ese instante y la fuerza de gravedad que exista en ese momento, tienen incidencia en el vuelo y la caída de esa moneda. Pero no cae cara o número por casualidad, sino por causalidad. Por lo tanto, cuando alguien te dice que no creas tonterías, que el universo simplemente se formó, así como está por mera casualidad, puedes decirle a esa persona que es un ignorante.

 Que no es una palabra despectiva, ni ofensiva, ni injuriosa, sino que describe lo que esa persona tiene respecto a lo que lo rodea: ignorancia, falta de información o de conocimiento. Y por propia experiencia de vida y del trabajo que me tocó hacer en lo secular, puedo asegurarte que más de una de las cosas que la gente dice sin saber, es porque lo oyó en algún sitio que consideraba serio y responsable y, sin chequear nada ni averiguar nada, salió a repetir lo que escuchó como un papagayo amaestrado. Y no te rías de los mundanos por eso, en lo que conocemos como iglesia, también sucede. Y muy a menudo…

Para terminar con todas tus dudas o las que tengan algunos de tus amigos o familiares, te comparto algo que Dios hizo que no siempre tenemos en cuenta a la hora de hablar de Él. Nuestro Dios es, antes que nada, un gran diseñador. Un enorme diseñador, el más grande, el mejor, el único. Porque créeme que sólo un diseñador perfecto podría haber creado el universo que conocemos, no la casualidad, encima incomprobable, de una explosión que, de paso, nadie acierta a explicarte por qué se produjo. Yo siempre decía en tono de broma que, esa teoría de la explosión y todo acomodándose casualmente en la caída, a mí me sonaba como si eso hubiera sucedido en una vieja imprenta.

Una de esas donde había letras de plomo para ordenar en las tablas para imprimir. Y que hubiera habido una gran explosión y, al caer todas las letras de plomo que por la onda expansiva volaron por los aires, al ir cayendo se hubieran ordenado casualmente y hubieran formado un diccionario perfecto. Una barbaridad, lo mires por donde lo mires. Y aunque te suene ridículo, los prestigiosos científicos que supimos conseguir, llegaron a adherir a esta teoría sólo para tener algo que les sirviera para seguir negando al Dios Todopoderoso, Creador de todos los universos existentes, con todas sus galaxias.

Mira este detalle de lo que es el universo total creado por Dios. Te los numero para mejor comprensión y toma de dimensión de lo que realmente estamos hablando. 1) El universo en su totalidad tiene una fuerza gravitacional perfecta. Si fuese más fuerte, las estrellas estarían demasiado calientes y se quemarían demasiado rápido, y además estarían demasiado desniveladas como para sostener la vida. Si fuese más débil, las estrellas estarían demasiado frías, la fusión nuclear nunca encendería y no habría ni calor ni luz.

2) El universo tiene una velocidad de la luz justo a la medida perfecta. Si fuese mayor, las estrellas enviarían demasiada luz. Si fuese menor, las estrellas no enviarían suficiente luz.

3) El universo tiene una distancia promedio perfecta entre las estrellas. Si fuese mayor, la densidad del elemento pesado sería muy poca como para que los planetas rocosos se formaran, y sólo habría planetas gaseosos. Si fuese menor, las órbitas planetarias se desestabilizarían debido al tirón gravitacional de otras estrellas.

4) El universo tiene una polaridad perfecta de la molécula de agua. Si fuese mayor, el calor de la fusión y la vaporización serían demasiado grandes como para que la vida existiera. Si fuese menor, el calor de la fusión y vaporización sería demasiado pequeño como para que hubiese vida, el agua líquida sería un solvente demasiado inferior como para que la vida química procediera, el hielo no flotaría y esto causaría un congelamiento fuera de control. Por todo esto y nada más que esto, resulta imposible que un universo así se hubiera creado sin que un enorme diseñador lo hubiera delineado con anterioridad.

De hecho, está probado en la misma Palabra que Dios creó todo lo que creó, de la nada, esto es: sin utilizar ninguna clase o forma de material o elemento ya existentes. La palabra usada para crear, aquí, es la palabra bara. Y su significado es exactamente ese: crear de la nada. Curiosamente, cuando el mundo secular y algunos supuestos cristianos se burlan de los que oran en lenguas, peyorativamente los llaman “los bara bara”…

Luego vas a leer algo que, aunque no quieras, te capta la atención sí o sí. Porque te dice que una vez que Dios creó los cielos y la tierra, esta tierra estaba desordenada y vacía. Créeme que he oído a lo largo de mi vida eclesiástica, todas las teorías que se te puedan ocurrir al respecto. Que la tierra estaba linda, pero que vino Satanás y se la desordenó. Que no, que en realidad lo que pasó es que entre el versículo uno y el dos pasaron miles de años, por eso la tierra se desordenó y un sinfín de tesis más o menos por el estilo. Yo lo leí y te puedo asegurar que no tenía ni la más pálida idea del por qué eso que estaba leyendo se había producido.

Hasta que se me ocurrió “casualmente” ir al original. Y allí me encontré con que la palabra que Reina Valera traduce como desordenada, es la palabra tojú, que viene de una raíz que no se usa y que significa “dejar desolado”. Eso te habla de desolación, que es como decir desierto, o despoblado, sin vida. Para mí es suficiente. Dios creó los cielos y la tierra, y antes de crear todo lo que hoy vemos en esos cielos y en esa tierra, incluido el hombre, es más que obvio que todo lo creado apareciera desolado, despoblado y sin vida. La población y con ella la vida, sería lo que Dios crearía a continuación. Simple, ¿Verdad? Mientras no tenga una revelación puntual y específica del Espíritu Santo, esta es la que juega. Al menos para mí.

Si queremos comprender lo que sigue, tendremos que tener en mente la teoría de las dos aguas. Aguas de arriba y aguas de abajo. Esto se extrae del verso 6, donde dice que Dios separó las aguas de las aguas para crear la expansión. Las aguas de arriba, tienen un rostro, una faz, que es por sobre la cual se mueve el Espíritu de Dios, mientras que las aguas de abajo, provienen de un abismo, que es un pozo, y que también tiene rostro, faz, y que es por donde está instalada la tiniebla. La primera pregunta que me surge, es: ¿Qué hacía el Espíritu de Dios moviéndose sobre esas aguas? No tengo otra respuesta, que: protegerlas.

Era como si una enorme ave extendiera sus alas y protegiera con ellas a sus polluelos. Y esto me lleva a la pregunta siguiente: ¿Qué hacían las tinieblas sobre la faz de ese abismo? Establecer resistencia para con el plan de Dios. ¿De dónde saco esto? De saber que Satanás fue arrojado a la tierra. Dice Isaías 14:12: ¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Y añade Ezequiel 28:16: A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector. No hay demasiado para agregar; tómalo o déjalo. La resistencia satánica previa no dio resultado alguno. Dios hizo lo que debía hacer y punto.

Después, Dios creó la luz. ¿La luz? ¿Qué luz? Nadie lo dice, pero no es esta luz que hoy vemos tú y yo cuando salimos a la calle, ya sea por la mañana de sol abierto o por las noches de luna llena. Porque a esa luz, que es la que se nos presenta como visible y denomina como lumbreras, recién la creó en el verso 14 de ese primer capítulo de Génesis. Yo, a la luz que me estoy refiriendo, es a la que crea en el tercer verso. ¿Te fijaste como la crea? Es la única expresión de su Creación que se forma con una palabra clave: Sea. Sea la luz. ¿Y por qué es clave? Porque Sea, es un término que está emparentado con el verbo Ser.

Y, casualmente, la primera persona de ese verbo, conjugado con el clásico yo, tú, él, es YO. ¿Qué nos quedará, entonces? Nada menos que Yo Soy. ¿Vas viéndolo con más claridad? Esa luz, creada en el primer día, es nada menos que Su propia esencia. Dios es luz, ¿Verdad? Y ninguna tiniebla hay en Él, ¿Verdad? ¿Y por qué sucede eso? Porque cuando Él dijo Sea la Luz, esa luz fue y disipó cualquier avance de tiniebla. Por lógica ilógica del evangelio, uno de los portadores de esa luz, hoy, eres tú. Hombre o mujer, da lo mismo. Tú. Mi duda y pregunta, es: ¿La estás usando? ¿Eres capaz de correr a las tinieblas ambientes o a las que pretenden invadir tu vida?

El verso 12 te trae otra perla. Una perla de esas que cuando las descubres, te deslumbran con sus reflejos, pero que, si no las descubres, te pasan desapercibidas, tal vez, por años. Te lo cito textualmente para que, quizás, el Espíritu Santo te permita verla antes que yo te la presente. Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno. Esto termina con la respuesta a una antigua broma de las zonas rurales o de campo y, además, también liquida una antigua tesis pseudo científica.

La broma campesina en cuestión, era: ¿Qué se hizo primero, el huevo o la gallina? Es muy cierto que una gallina nace de lo que previamente era un huevo empollado, pero… ¿De dónde pudo haber salido ese huevo? Ni lo dudes: lo primero que fue creado, fue la gallina. Del mismo modo que todo el reino vegetal. Fue creado el árbol que produjo la semilla que dio origen a otro árbol. Fue creado el hombre que produjo el esperma y el óvulo que dio origen a otro hombre. Liquidada la teoría de la evolución. El mono sigue siendo mono, tal como fue creado, y el hombre, hombre. Sin parentesco el uno con el otro, con excepción de algunos de rostro bien feo, pero esa es otra historia…

El 20 y 21 es más que curioso, porque te cuenta algo que no siempre hemos tenido en cuenta. Reproduzco: Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos. Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno. Ninguno de nosotros, por bruto que seamos, podemos ignorar que, si creemos en la Creación según nuestro Dios el Creador, debemos tener en cuenta ciertos principios.

Por ejemplo, que todo animal que navega en cualquier profundidad de las aguas, tanto en superficie como en lo más remoto submarino de arroyos, ríos y mares, fue creado desde las aguas mismas. Toda la variedad de peces y cuanto bicho pulule por esas aguas, fue creado a partir de ellas, pero… ¿Las aves también? Si las aves vuelan por los aires, ¿No hubiera sido lógico conforme a la rutina de la creación, que fuera el aire el que las creara? No. Aquí dice que fueron las aguas, por alguna razón que en lo personal no sé ni puedo explicar, pero así fue. Y no fue algo evolutivo y progresivo, fue de un golpe.

De un momento al otro, de la nada, el mar y los aires se poblaron de criaturas según su especie. Se complementa con lo del verso 24: Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así. Aquí aparecen los llamados mamíferos, pero también ofidios y otras especies eminentemente terrestres. Desde la tierra misma. Como el hombre. Entonces tú sonríes con cierta displicencia y misericordia y piensas: ¿Es que este buen hombre realmente cree en la metáfora esa de un hombre creado de tierra? Sí; este buen hombre, que vendría a ser yo, creo en eso.

 Y no solamente porque mi Dios lo dijo y yo a mi Dios le creo todo, sino porque la ciencia misma lo confirma. Haz un análisis de tierra y otro en paralelo de un trocito de carne humana, y te vas a caer de espaldas cuando veas que tienen las mismas propiedades químicas. El hombre es un reflejo del planeta que habita. Setenta por ciento de agua, treinta por ciento de tierra o carne, como quieras llamarla. Entonces allí aparece el hombre. Primeramente, como idea primaria y sustancial, más adelante, como hecho concreto, material y físico. Dios dice en el verso 26: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.

 Les pregunto a los evolucionistas: cuando Dios creó al mono, chimpancé u orangután, como quieras definirlo, ¿También dice que lo hará conforme a su imagen y semejanza? Está implícito en la creación de los seres vivientes que son producidos por la tierra que vimos recién, que no. El hombre es imagen de Dios en Jesús el Cristo, no hay otra imagen visible de ese Dios. En síntesis: Dios pone al hombre en el planeta y le ordena que señoree sobre todo lo creado. ¿Tú piensas que lo hace sin tener en cuenta si ese hombre podrá señorear o no? No. Lo hace porque sabe perfectamente que ese hombre cuenta con todo el poder y el respaldo del cielo para hacerlo.

 Entonces dime por qué razón, hoy, y con relación al reino vegetal, el hombre no sólo no señorea sobre él, sino que incluso en muchas de sus hierbas es esclavo de ese reino. Si esto no es guerra, no sé qué tendrás por guerra tú. Y cuando dice semejanza, está hablando de algo muy simple que todos sabemos: somos espíritus, igual que Dios es Espíritu. El suyo lo escribo con mayúscula porque es Santo. El nuestro va con minúsculas porque es humano y no tiene santidad a menos que se fusione con Jesús el Cristo.

 Y luego viene lo más contundente que tiene relación directa con lo que hoy conocemos como identidad de género: Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Varón y hembra. Nada más. ¡Pero Señor! ¡Yo creo en ti y te amo! ¡Pero nací con un cuerpo de hombre, pero me siento mujer! ¿Qué hago? Dios nunca te va a aconsejar que defiendas tu identidad de género conforme a lo que tu carne te demande. O a tus sentimientos que vienen de tu alma, o a tus emociones. Dios te dirá que te mires a un espejo y veas como te construyó y para qué te construyó así.

 Y que pelees con todas tus fuerzas contra cualquier fuerza de las tinieblas que te presiona para que te conduzcas como lo que no eres. ¿Se puede? ¡Claro que se puede! Solo tienes que creerlo. Lo he visto con mis propios ojos en gente a la cual me tocó ministrar. De la droga se sale sin síndrome de abstinencia por el poder de Jesucristo de Nazaret. De la homosexualidad, también, no lo dudes. El hombre siempre es lo que quiere ser. Tal el hombre piensa, el hombre es. Su única responsabilidad, es alinear ese pensamiento con el pensamiento de Dios.

Y Dios, hoy, pleno siglo veintiuno, sigue pensando tal cual como pensó su diseño cuando creó todo lo que nos rodea, incluidos nosotros mismos. Hebreos 4:15 dice: Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Jesús es ese sacerdote. Y dice que fue tentado en todo. ¿Sabes lo que significa eso? EN TODO. Esto que estamos hablando, incluido. Y todo lo que te imaginas, también. Tranquilo, no seas religioso, sólo sé creyente.

En los versos 29 y 30, están los principios básicos sobre nuestra alimentación. Allí Dios dice: Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así. Clarísimo.

Tú lees todo esto, le sumas la comprobación de nuestra dentadura de herbívoros, no de carnívoros, y piensas: fuimos creados para alimentarnos de vegetales. La carne es una desviación y por esa causa luego seremos víctimas del colesterol y todas esas enfermedades producto de mala alimentación. Sin embargo, con el correr de los años, del estudio prolijo y del esperar siempre la guía infalible del Espíritu Santo, quien quiera hacer las cosas bien y correctas, siempre recibirá algo que le abra su entendimiento por encima de lo que pueda parecer lo primer que se ha aprendido. Lee con atención lo que se relata en el capítulo 10 del Libro de los Hechos, desde los versos 9 al 15.

Al día siguiente, mientras ellos iban por el camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea para orar, cerca de la hora sexta. Y tuvo gran hambre, y quiso comer; pero mientras le preparaban algo, le sobrevino un éxtasis; y vio el cielo abierto, y que descendía algo semejante a un gran lienzo, que atado de las cuatro puntas era bajado a la tierra; en el cual había de todos los cuadrúpedos terrestres y reptiles y aves del cielo. Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come. Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás. Volvió la voz a él la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común. Pregunto: ¿No es esto una habilitación de Dios, ante una coyuntura especial, de matar animales comestibles y alimentarse con ellos? ¿Se lo hubieras reprochado a Pedro? Mira lo que él mismo les relata a quienes lo consultaron al respecto. Esto está en el capítulo siguiente de Hechos, el 11 y en los versos 1 al 9.

 Oyeron los apóstoles y los hermanos que estaban en Judea, que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios. Y cuando Pedro subió a Jerusalén, disputaban con él los que eran de la circuncisión, diciendo: ¿Por qué has entrado en casa de hombres incircuncisos, y has comido con ellos? Entonces comenzó Pedro a contarles por orden lo sucedido, diciendo: Estaba yo en la ciudad de Jope orando, y vi en éxtasis una visión; algo semejante a un gran lienzo que descendía, que por las cuatro puntas era bajado del cielo y venía hasta mí. Cuando fijé en él los ojos, consideré y vi cuadrúpedos terrestres, y fieras, y reptiles, y aves del cielo. Y oí una voz que me decía: Levántate, Pedro, mata y come. Y dije: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda entró jamás en mi boca. Entonces la voz me respondió del cielo por segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común.

 ¿Esto quiere decir que el cristiano no es vegetariano, o vegano y puede comer carne? Esto quiere decir que el creyente genuino es libre en Cristo, y puede alimentarse de lo que pueda conforme al lugar, las circunstancias y los elementos de los que disponga. Toda la Creación fue hecha para que el hombre la disfrute y la sojuzgue. Repito: el cristiano no es ni vegano, ni vegetariano, ni carnívoro, es libre en Cristo Jesús. Sólo un detalle: Nada debe dominarlo. Eso sería idolatría. Y. además, le fue dada una mente para que la utilice en la investigación de la procedencia de su alimento. Hasta qué punto este es natural y en qué momento es infiltrado por la química nociva. Esto, esto también es Estilo de Vida de Reino.

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Del Mundo Llamé a Mi Hijo…

Supongo que no vale la pena aclararte que de ninguna manera me propongo establecer una nueva doctrina ni tampoco desplegar conceptos que pretendan considerarse como transgresores ni apartados de los fundamentos básicos del evangelio de Jesucristo. Lo que sí deseo, y creo que he sido claro anteriormente, es prestarle debida atención a la existencia y presencia activa de ese Dios desconocido para los griegos a los que Pablo confrontó, sino también para ti, que quizás hayas recibido información sobre otra clase de dios que de ninguna manera tiene ni siquiera parentesco lejano con el que está en nuestras Biblias. Simplemente, y a partir de un solo evangelio, el de Mateo, conjuntamente con algunos paralelos necesarios, quiero demostrarte que, cuando la Biblia dice: Dios, en muchas ocasiones, anda caminando por senderos muy alejados de aquel Dios que te presentaron cuando niño, tus familiares, o de más adulto, incluso, en alguna de las llamadas “iglesias cristianas”.

(Mateo 1: 1) = Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.

(2) Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, y Jacob a Judá y a sus hermanos.

(3) Judá engendró de Tamar a Fares y a Zara, Fares a Esrom, y Esrom a Aram.

(4) Aram engendró a Aminadab, Aminadab a Naasón, y Naasón a Salmón.

(5) Salmón engendró de Rahab a Booz, Booz engendró de Rut a Obed, y Obed a Isaí.

(6) = Isaí engendró al rey David, y el rey David engendró a Salomón de la que fue mujer de Urías.

Estoy leyendo la genealogía de Jesús, ese supuestamente “aburridor” detalle cronológico que muchos suponen que está insertado en este evangelio casi de más, como sobrando. ¿Para qué nos resultaría interesante esta genealogía? ¿Qué cosa podríamos descubrir en ella? ¿Qué supuesta revelación nos estaría esperando en un detalle tan…técnico y académico como este? No te confundas. El Dios No Conocido, aparecerá donde menos te lo esperas. Y hasta te fastidiará un poco tu antigua teología, no lo dudes.

¿No capta tu atención el hecho de que en el verso 6, en lugar de decir que David engendró a Salomón de una mujer llamada Betsabé, dice que lo hizo…de la que fue mujer de Urías? Es obvio, tú conoces esa historia. Tú sabes que Betsabé se estaba bañando junto a un ventana que justamente daba hacia los jardines donde el rey David se paseaba en sus ratos de ocio, y que él al verla quedó prendado de ella, y que en calidad del rey que era la hizo traer a palacio, y sin pedirle ni siquiera opinión decidió acostarse con ella, y que por si todo eso fuera poco, mandó al frente de guerra más complicado a Urías, que era entonces su esposo, logrando que él fuera muerto en batalla y así él poder quedarse definitivamente con su mujer.

Pregunto: ¿Cómo llamaríamos eso, hoy, cualquiera de nosotros en cualquiera de nuestras iglesias? Adulterio. ¿Sabes qué dijo el Dios No Conocido que no siempre se nos ha predicado?: Mi siervo David tiene un corazón conforme al mío. Y permitió que, de esa descendencia, viniera al mundo nada menos que Jesús, quien luego sería portador único de Dios Padre encarnado en Él. Y de ninguna manera alguien se permitirá la osadía irrespetuosa de suponer que esto es un gesto permisivo que admite alguna forma de pecado como válido, dando posibilidades a quien hoy desee interpretarlo a su gusto y conveniencia, hacer cualquier cosa. Pensar eso, sería una falta de respeto a la inteligencia de mis lectores. Lo que sí tengo necesidad de consignar porque de eso se trata este trabajo, que a nuestro Dios No Conocido, Lo que más le interesa es lo que hay en tu corazón. La carne es débil y se equivoca, el corazón, si es conforme al Suyo, glorifica Su Nombre. ¿Pero no fue dicho que el corazón del hombre es engañoso? Sí, pero eso fue dicho antes que llegara Jesús a la cruz. Después de eso, incluso nuestros corazones fueron redimidos.

Te pregunto algo, pero por favor, pon tu mano en tu corazón para responderme: ¿Te impactó ver a esto así, tal como me impactó a mí cuando se me reveló con tamaña claridad? ¿Sí? Entonces prepárate, porque hay un pequeño apéndice, algo que en realidad se nos pasa absolutamente desapercibido y, obviamente, no conocí nunca un predicador que haya osado mencionarlo desde un púlpito. Quizás lo haya habido, no lo dudo, sólo digo que yo no conocí a ninguno. Fíjate el verso 5. ¿A quién engendra Salmón? A Booz. Pero hay un detalle que no está en las otras genealogías; el nombre de la madre de Booz. Rahab. ¿Recuerdas su historia con Josué y su rol en esa epopeya titánica? Exacto, Rahab la ramera. Es decir que Jesús no sólo desciende de un adulterio, sino que también tiene en su línea genealógica a una ramera en funciones, aunque luego se une a Salmón. ¿Qué pensarían esas venerables hermanas que todos los domingos se sientan en un rincón del templo a murmurar sus controles de legalismo con sus comadres? Religiosidad. Amplia, dura, soez.

(7) Salomón engendró a Roboam, Roboam a Abías, y Abías a Asa.

(8) Asa engendró a Josafat, Josafat a Joram, y Joram a Uzías.

(9) Uzías engendró a Jotam, Jotam a Acaz, y Acaz a Ezequías.

(10) Ezequías engendró a Manasés, Manasés a Amón, y Amón a Josías.

(11) Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, en el tiempo de la deportación a Babilonia.

(12) Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, y Salatiel a Zorobabel.

(13) Zorobabel engendró a Abiud, Abiud a Eliaquim, y Eliaquim a Azor.

(14) Azor engendró a Sadoc, Sadoc a Aquim, y Aquim a Eliud.

(15) Eliud engendró a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob;

(16)  y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo.

(17) De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce.

(Verso 18) = El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo.

Obviamente, hemos visto infinidad de películas donde se ve la anunciación del arcángel Gabriel a la virgen María y todos esos etcéteras, conque mucha religión en modo-Hollywood ha presentado a la concepción y el nacimiento de Jesús. Sólo que una vez más, tratando de no decir nada que al mundo incrédulo le haga sospechar que el nuestro es un Dios tan inmoral como son ellos, hemos optado por callar y hasta ocultar cosas que hoy yo tengo el mandato de mostrarte, para que sepas de una vez por todas ciertas aristas de la mente de Dios que nadie te había mostrado antes, estoy seguro. 

Lo cierto es que, independientemente de cómo eran las costumbres, las tradiciones y las leyes de aquellos tiempos, cuando José desposa a María, de alguna manera es como si hubieran contraído un compromiso previo al matrimonio propiamente dicho. Según este pasaje, eso no pudo realizarse, esto es: la consumación de ese matrimonio, por causa de estar la novia embarazada y con suficientes meses como para no poder cumplimentar con el acto conyugal. Esto convirtió a Jesús, al menos en lo concerniente a su concepción, en un hijo ilegítimo o bastardo, palabras casi soeces por tratarse de quien se trataba, pero inevitables desde la fría óptica de los hechos consumados.

Y aquí cabría aclarar o añadir que, entre los romanos, la suerte de los bastardos era más que desgraciada. En medio de un pueblo inmenso se hallaban en una absoluta soledad, sin parientes, sin relaciones, sin sociedad y sin familia. Las leyes de las doce tablas no admitían a los bastardos al derecho de sucesión. Las de Justiniano les rehusaban hasta los alimentos y solo el cristianismo moderó este rigor. El emperador Anastasio permitió a los padres legitimar los bastardos por la sola adopciónJustino y Justiniano abolieron esta legitimación, para no autorizar de este modo el concubinato. Como puedes apreciar y comprobar, el nacimiento del que sería Hijo de Dios encarnado, no fue precisamente un modelo de elegancia y finura, y no tengo dudas que hubiera resultado casi un escarnio si eso se hubiera producido dentro de cualquiera de nuestras mejores iglesias. A ese niño nadie le hubiera podido quitar ese estigma, aunque luego evidenciara ser el mejor de todos en todo. Ese también es nuestro Dios No Conocido.

(19) José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente.

A mí siempre me caminó una duda en forma de pregunta generalizada para tantos y tantos que semanalmente escuchamos hablar de las cosas de Dios como si ellos hubieran estado de secretarios privados la semana entera de la creación. La pregunta es para ti, hermano varón: ¿Qué hubieras hecho tú en lugar de José? ¡Claro! Ahí salta tu espíritu religioso y me dices: ¡Recibirla como estaba! Claro, eso con el diario del lunes, pero te cambio la pregunta. ¿Qué harías hoy, si tu novia, con la cual estás comprometido para casarte, con la que te has guardado de tener relaciones sexuales para no pecar, de pronto se te aparece con la novedad de que ha sido embarazada por el Espíritu Santo? Hermano…o me dices la verdad o te quedas en silencio… Frases hechas de la religión organizada ni te gastes en darme…Me queda una de mi Dios No Conocido: le agradan los hombres bien Hombres, pero detesta el machismo de vidriera.

(20) Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.

(21) Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.

(22) Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo:

(23) He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.

(24) Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer.

(25) Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS.

Es más que evidente que el término conoció que se utiliza aquí, no tiene nada que ver con la forma en que lo usamos nosotros, como conocimiento, cordialidad, presentación. Conocer, en la Biblia, es directamente un sinónimo, sino un reemplazo, de sexualidad. Cuando en la creación dice que Adán conoció a Eva, a renglón seguido dice que, por esa causa, Eva concibió. Más claro, imposible. Y lo que aquí te está diciendo, entonces, es que José no tuvo relaciones sexuales con su esposa María, hasta que ella dio a luz a Jesús. Eso, que parecería algo obvio y sin mayores relieves, se convierte en un puntal de la no virginidad eterna de María, como se nos ha vendido en ciertos sectores. María concibió y parió en virginidad, pero luego conoció a José su esposo, esto es: tuvo intimidad sexual con él, y como resultado también obvio, más hijos e hijas.

Eso está documentado también en la Escritura. Siempre me pregunté con qué intención y objetivo se quiso proyectar a María como siempre virgen. Tengo una sola respuesta: teñir de mugre al sexo, cuando fue Dios mismo el que lo creó tal como es. El hombre puede convertirlo en promiscuo y hasta pervertido, pero si lo práctica tal como fue creado, significa placer y todo lo que cualquier matrimonio vive y disfruta en este tiempo. Es tiempo de asesinar sin piedad unas cuantas vacas sagradas en ese sentido. Te lo advierto; mi Dios No Conocido: no rechaza ni prohíbe el sexo, lo recomienda. De hecho, bajo las reglas de su diseño, pero lo tiene como lícito y bueno en gran manera, no como algo sucio que debe vivirse en lo oculto.

(Mateo 2: 1) = Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, (2) diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.

(3) Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él.

Para la sociedad secular de ese tiempo, no había nada más grande, importante y digno de admiración, respeto y deseos de imitar que su rey, Herodes. Herodes “El Grande”. No era un calificativo que se le pudiera adjudicar a un cualquiera, sólo los elegidos podían atreverse a pensar y obrar en grande. ¿Te imaginas hoy, en cualquier fuerza política, aún de las más importantes que se muevan en tu país, a uno de sus políticos, tan solo uno, que se haga llamar “El Grande”? Imposible. No se atreverían. Herodes sí se atrevió. Era un grande, indudablemente.

Así que suponte ahora como le tiene que haber caído a su innato estado de vanidad y soberbia permanente, que vinieran tres desconocidos a decirle que iban a visitar al Rey de los Judíos. ¿Cómo iban a visitar a alguien que se atrevía a quitarle ese rango a él? ¡¡Herodes era el rey de los judíos!! ¡Nadie en su sano juicio se atrevería a discutirle esa posición! Por eso es que dice que el rey se turbó, que es casi un sinónimo de decir que sintió temor, un raro e incomprensible temor que ni él podía explicarse. Pero lo más curioso y llamativo del caso, es que asegura Mateo que a eso también lo experimentó toda la ciudad de Jerusalén. ¿Alguien podría darme un buen motivo racional que justificara eso?

(4) Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo.

(5) Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: (6) Y tú, Belén, de la tierra de Judá, No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; Porque de ti saldrá un guiador, Que apacentará a mi pueblo Israel.

(7) Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; (8) y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore.

(9) Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño.

(10) Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.

En principio, cuando aprendí medianamente a leer la Biblia, empecé a preguntarme quién y por qué razón inventó que estos tres individuos eran reyes. ¿Reyes? ¡Magos, dice! ¿Eran hombres que practicaban la magia, entonces? ¿Y qué podía tener que ver eso con Jesús? Entonces salen los sabelotodos del evangelio que te dicen que no, que en realidad eran profetas del oriente que llegaron por causa de una revelación divina, que… ¡Un momento! ¿Tú me estás diciendo que una revelación profética de Dios, se va a conducir mediante una estrella? Yo creo que estos hombres, alrededor de los cuales se ha armado una leyenda, incluso, pintó de moreno a uno de ellos, eran otra cosa.

 Cuando no hay registro serio alguno de sus rostros, y les otorgó tres nombres que tampoco han sido registrados en ninguna escritura seria. ¿Me preguntas que creo? ¿Quieres saberlo? Creo que eran algo así como astrólogos de Oriente, con ninguna vinculación espiritual con el Dios que traía a Jesús al mundo, que cumplieron un rol participativo casi simbólico y punto, luego desaparecieron de la historia como tantos y tantos no creyentes que también lo hicieron. Todo el mundo le pertenece a Dios, y a los que le aman, todas las cosas les ayudan a bien. Los incrédulos, cuando se sujetan al señorío de Cristo, también.

(11) = Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.

Más allá de la clásica escena de Navidad, donde se muestra al niño en una especie de inmaculada canasta con limpia paja y a sus padres de pie a su lado, mientras detrás dos o tres animalitos buenos le brindan el calor de su aliento, hay una realidad que no siempre se dice y que, en muchos sitios auto proclamados como cristianos, prácticamente se contraponen. El unigénito Hijo de Dios no estaba naciendo en cuna de oro ni flanqueado por un coro de ángeles adorándole. El unigénito Hijo de Dios estaba naciendo en un rincón de esa casa al que nadie se quería ni siquiera asomar.

Entre la mugre, la oscuridad y el fétido olor del producto de una serie de animales encerrados que no vacilaban en cumplir con todas sus necesidades fisiológicas junto al recién nacido. ¡Un fuerte aplauso para las miles de escenas de románticos pesebres dignos de las estampas de cierto cristianismo que hizo de este evento una epopeya épica en un tiempo en el que inexorablemente no pudo haber sido, pero que se lo enquistó como contraposición a ciertas festividades paganas con las que se deseaba competir! Pero déjenme decir que de ninguna manera esa escena podría incorporarse como real.

El Hijo de Dios vino al mundo entre gente pobre, en un ambiente de mugre y feos olores y entre la burla, el escarnio y la condena social por las características de su gestación. Si bien José y María no eran pobres en dinero, al no conseguir hospedaje confortable, debieron conformarse con ese lugar. Hoy el cristianismo tiene otras esencias y otros postulados, los cuales no son negativos ni tienen por qué ser censurados, pero que reclaman casi a gritos que se reconozca y se tenga muy en cuenta el primario origen, para que luego cuando los hechos así lo ameriten, nadie que diga ser cristiano se atreva siquiera a menoscabar y mucho menos discriminar a alguien por el color de su piel, por la higiene de su ropa o su cuerpo, y mucho menos por su estado financiero. Dios no es Dios de pobres, porque no tiene por qué serlo, ya que suyo es todo el oro y la plata del mundo, pero tampoco es un Dios patrimonio de gente adinerada, como durante mucho tiempo mucha iglesia se ha empeñado en presentar. En todo caso, nuestro Dios No Conocido, es un Dios Justo, una palabra que definitivamente parecería estar fuera de moda.

(12) Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

Me pregunto que nos pasó a los cristianos durante todos estos últimos años, que nos han terminado por convencer que los sueños son cosa del diablo o de la carne, y que es muy peligroso tratar de relacionarlos con Dios. ¿Ah, sí, ¿eh? ¿Por qué no se lo cuentan a estos hombres o al mismo José, cuando por esa vía le hicieron saber que el niño era hijo de Dios y que debía hacerse cargo? ¿Cuantos de nosotros nos haríamos cargo de estas cosas sin dudarlo? Ahora presta atención al detalle que no es menor. ¿Qué dijimos anteriormente que eran esos hombres?

Astrólogos, estudiosos de las estrellas, pero guiados a honrar y adorar al hijo de un Dios al que ellos indudablemente no conocían, pero que no vacilaban en obedecer porque les llegaba por vía sobrenatural, tanto en la convocatoria como en la orden de irse por otro camino. Y sus regalos no significa que hayan sido tres, eso no está escrito. Supongo que lo dieron por implícito al traer tres obsequios, pero no está probado ni comprobado. Igualmente, no le hace, no es importante, salvo para discutir un rato entre teólogos aburridos o desempleados.

(13) = Después que partieron ellos, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo.

(14) Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto, (15) y estuvo allá hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a mi Hijo.

(16)  Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los magos.

(17) Entonces se cumplió lo que fue dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: (18) Voz fue oída en Ramá, Grande lamentación, lloro y gemido; Raquel que llora a sus hijos, Y no quiso ser consolada, porque perecieron.

No voy a escribir sobre la matanza de los inocentes porque creo que ya se dijo todo y de todo. Y durante muchos años hasta se ha jugado de manera “divertida” con esta terrible tragedia que nadie podría imaginar produciéndose en nuestro tiempo. De hecho, nuestros gobernantes ya no les temen a los niños, pero muchos de ellos, a lo largo de la historia universal, no han vacilado a apelar los mismos métodos para sacarse de encima a probables competidores o rivales iguales o más crecidos en edad. De lo que sí quiero hablar, porque es nuestro tema central, es de una arista de nuestro Dios No Conocido que no siempre es predicada con claridad: hacia donde apunta su Amor con todas las fuerzas y potencia.

Fíjate en las últimas seis palabras del verso 14: De Egipto llamé a mi Hijo. ¿Qué significa esto? Que dice aquí que de Egipto llamó al Jesús niño para que retornara y cumpliera con su misión. De acuerdo, eso es en lo literal y cronológico. Pero no te olvides que luego, cuando recalamos en las tipologías que son utilizadas por el Espíritu Santo para revelarnos nuevas verdades, Egipto es la que representa al mundo secular, impío, pagano y pecador. Y tú, que hoy eres uno de los hijos del Dios todo poderoso, fuiste llamado estando allí, en ese mundo. De allí te rescató. Y aunque hayas nacido en un hogar de gente cristiana, tú ya sabes que Dios no tiene nietos, sólo tiene hijos. Por lo tanto, para poder formar parte de Su familia, lo que debes hacer es salir de tu mundo de incredulidad y pecado y venir a militar en el ámbito del espíritu.

Eso es el equivalente a nacer de nuevo. Eso es el equivalente a convertirse. Eso es el equivalente a haber salido del mundo, por causa del tremendo Amor de Dios a tu favor y pasar a pertenecer nada menos que a Su Reino, parte de una dimensión a la que sólo se accede recordando siempre aquel clásico de la palabra divina: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Hoy se predica en todo lugar santo que Dios ama a su iglesia, que está presente en ella, que se goza con sus canciones, con sus oraciones y con sus testimonios, y es verdad, es así, pero hay algo que no se dice tan a menudo como debería decirse, y es el sello, el distintivo, el estandarte de presentación de ese Dios No Conocido. Es al mundo pecador al que Dios ama, por Él se ha consolidado este evangelio. No por nosotros, los salvos. Nosotros ya somos, vamos por todos los que aún no lo son…

 (19) Pero después de muerto Herodes, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José en Egipto, (20) diciendo: Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a tierra de Israel, porque han muerto los que procuraban la muerte del niño.

(21) Entonces él se levantó, y tomó al niño y a su madre, y vino a tierra de Israel.

(22) Pero oyendo que Arquelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre, tuvo temor de ir allá; pero avisado por revelación en sueños, se fue a la región de Galilea, (23) y vino y habitó en la ciudad que se llama Nazaret, para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas, que habría de ser llamado nazareno.

No me gusta ser repetitivo, suele ser un claro síntoma de senilidad o envejecimiento y nadie tiene prisa por envejecer, pero debo reiterarme en algo al punto de rescatarlo como perla. ¡Qué maravilla vivía José el padre terrenal de Jesús! Su comunicación en sueños con el cielo era permanente. No se trataba que un día, casi por azar, soñaba algo que relacionaba con Dios. ¡Dios se comunicaba permanentemente con él por sueños! Estos dos, más el anterior con relación a la forma en que María concibió al niño, son la mejor prueba de que nuestro Dios No Conocido, es un Dios que habita en nuestros sueños. Sólo debemos entregárselos antes de irnos a la cama. De ese modo no habrá infiltración extraña ni presencia o información pervertida.

(Mateo 3: 1) = En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, (2) y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.

Si bien en esta versión leemos que vino, la más aproximada a la traducción de los originales dice que se presentó Juan el Bautista. Una presentación sin luces ni promociones estelares. En pleno desierto, que es como decir: en el lugar más árido y extraño. Y para decir nada menos que el Reino de los Cielos se había acercado, y que sólo era necesario y suficiente con arrepentirse para poder acceder a él. Me pregunto qué fue lo que habrá ocurrido con todos los que lo vieron desde afuera al Reino, y decidieron no entrar por no aceptar arrepentirse de sus pecados.

Esta versión dice que vino predicando, pero si escudriñamos mejor, podremos ver que pre-dicar, es de alguna manera anunciar la derrota final de los ángeles caídos, esto es: demonios, en una etapa del evangelio en donde no se hablaba del reino de las tinieblas. Yo creo que la Biblia textual está más cercana a la verdadera palabra usada, que no es la que la versión tradicional usa por consustanciarse más con nuestras costumbres. Juan no predicaba, Juan proclamaba, que no es lo mismo, porque no significa lo mismo. Predicar el evangelio y no hablar de guerra espiritual, es un contrasentido. Proclamarlo es otra historia.

(3) Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, Enderezad sus sendas.

En todos estos años, luchando en soledad, a veces con la sensación que los molinos de viento del Quijote eran una tontería comparada con ciertas guerras privadas y públicas, he sentido una enorme identificación con ese clamar en el desierto. Es como si gritaras una verdad y nadie la registrara, ni siquiera para cuestionártela. Es como si les mostraras que los muertos resucitan y se sonrieran incrédulos, como si tú los estuvieras engañando con fines oscuros. ¿Estamos preparando camino al Señor, realmente, o estamos fantaseando con cosas que solamente existen en nuestra imaginación? No te asustes, yo no pienso así, pero no tengo dudas que muchos de ustedes, en algún momento, sí. ¿Me equivoco? Así que ya lo sabes: se trata de enderezar las sendas. Con mucho cuidado de no torcerlas. No olvides que, en la Biblia, la palabra Torcido se traduce como Perverso

(4) Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y su comida era langostas y miel silvestre.

Quiero recordarte que Juan el Bautista era hijo de un sacerdote. ¿Te imaginas al hijo de un ministro de esos que hacen estallar las luces y las candilejas, vistiéndose así, casi con harapos, y comiendo porquerías en lugar de desayuno, almuerzo, merienda y cena como la gente normal? Bueno; ese, te recuerdo, será el que el Señor diga que no hubo uno mayor que él nacido de mujer. Raro, ¿No te parece? Algo debemos estar haciendo distinto, creo…

(5) Y salía a él Jerusalén, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán, (6) y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados.

Siempre me produjo curiosidad el tratar de saber el motivo, la razón, la causa o el por qué toda esa gente, aparentemente buena y en orden, se veían movidos a ir a ese río, confesar públicamente sus pecados y luego sumergirse en esas aguas como señal de perdón y lavamiento de sus pecados. No tengo otra respuesta que pensar en el Espíritu Santo en acción. De otro modo, imposible. Las sinagogas, para los que a ellas asistían, incursionaban en otros terrenos de la sociedad a la cual albergaban. Hoy, en muchos sitios supuestamente cristianos, sucede lo mismo. ¿Será tiempo en que el Espíritu Santo comience a moverse nuevamente? Esa es una buena pregunta para la cual tengo una respuesta: Ya se está moviendo…

(7) Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: ¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?

(8) Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento,

(9) y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras.

(10) Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego.

Si prestas atención, podrás ver que el ministerio de Juan el Bautista fue, efectivamente, un adelanto, una muestra, una primicia, un anticipo de lo que sería el de Jesús. Bondad, paz y amor por todas partes, pero con las estructuras religiosas, implacable. Al ver esto y, salvando las naturales y lógicas distancias, me pregunto por qué me preocupa tanto que mis guerras contra los mismos sistemas sigan en pie como si hubieran comenzado ayer. Es el signo de aquellos que elegimos ser esclavos de Jesucristo, pero libres totales del yugo de hombres. ¿Puedo cada día publicar quejas, ayes y lamentos personales por las batallas que esté librando? Ni lo sueñes. Dios nos creó varón y hembra, ¿Verdad?  Hoy, yo diría que deberíamos ser varones y hembras de Reino, ¿Coincides? Entonces déjame con mis guerras, es lo que me corresponde por ser un Varón de Reino. Sí tú eres otro, aquí te espero, súmate al Gran Ejército del Cielo.

(11) = Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.

A este versículo, así como lo lees, suelto, se lo ha utilizado para respaldar teorías, tesis, ponencias y doctrinas. Ha sido útil para justificar divisiones, separar cristianos y crear denominaciones. Ese es el hombre y su innata manía de encontrarle fallas a todo lo bueno y no ver ni por asomo las barbaridades vendidas como buenas. A un ciego Jesús lo sanó escupiendo en la tierra, haciendo barro y pasándoselo por los ojos. A otro simplemente con la palabra. ¿Cuál era la verdadera sanidad? Las dos, pero igualmente el hombre formó dos denominaciones: “Barristas y Anti-barristas”. Estupideces al cuadrado. ¿Todavía no entendieron que al dicho popular “divide y reinarás” no lo inventó el hombre? No te sonrías con incredulidad y reflexiona: ¿Cuál es el reino que nos guste o no, hoy está comandando en gran parte de la tierra, mientras los considerados buenos o justos, andan peleándose por tonterías? Eso se llama Astucia. ¿Te suena?

Lo cierto es que este verso, lo que te está mostrando, es una faceta de nuestro Dios No Conocido que no siempre se nos ha enseñado. Es suficiente con pedirle al Espíritu Santo que nos acerque su incomparable ayuda y, revelación mediante, veremos todo con más claridad que lo veíamos hasta hace un momento. El ministerio profético se sostiene firme accediendo a Vida Abundante, que es el agua, mientras que los miembros del Reino de los Cielos serán más que vencedores en Cristo Jesús, siendo portadores de unción poderosa y fuego, que es la que se recibe en ese bautismo en Espíritu Santo y Fuego. Eso es lo que se discierne de lo escrito.

Pero me queda el remanente de expresar algo que mi Dios dijo y que luego tuvo que soportar la imbecilidad humana de permitirse no sólo dudar de lo que Dios dijo, sino atreverse a pontificar que no era como Dios lo decía, sino al contrario. Dios dijo que antes fuimos bautizados con agua de vida, pero que ahora debíamos serlo con Espíritu Santo, (Para poder, unción y revelación) y Fuego, para purificación de nuestras almas y cuerpos. ¿Lo van a creer y a aceptar de una vez por todas, y a olvidarse de los cabezones que les enseñaron que eso era para tal o cual denominación, nada más? Espero que sí, me agradaría de sobremanera que a esto lo estuviera leyendo gente madura. No me interesa si muy ungida, regularmente ungida o poco ungida; tampoco si es gente bíblicamente muy instruida o poco instruida. Me interesa que sea gente madura. Porque ir en busca de la Estatura del Varón Perfecto, tú ya lo sabes, en realidad es ir en la búsqueda de un Varón Maduro. 

(13) Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él.

(14) Más Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿Y tú vienes a mí?

(15) Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó.

El problema de Juan, aquí, surgía de la aparente incongruencia de que alguien inferior bautizara a uno superior. Por eso Jesús, cuando le dice Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia, reafirma tanto las normas de Justicia de Dios, como de su propia decisión de ponerlas en práctica en su vida También aprueba el mensaje de Juan sobre el arrepentimiento y la confesión de pecados como requisito para entrar en el Reino de los Cielos. Hay que recordar que todavía Él no había ido a la cruz, donde con su sacrificio tornaría innecesaria esa confesión que Juan tomaba como requisito esencial para bautizarlos.

En este siglo veintiuno, y dentro del costumbrismo que la iglesia le ha suministrado a la predicación del evangelio, podemos observar que hay dos cosas que prácticamente se han dejado de enseñar: la confesión de pecados ante la majestuosa autoridad de Dios, y el consiguiente arrepentimiento como fórmula intacta para ingresar al Reino. En muchos sitios han elegido la aceptación como miembros activos de una congregación como hecho contundente para reconocer a alguien como salvo. Nadie lo discute, pero la verdad es que tú y yo sabemos que eso no es excluyente. Sin confesión de pecado ni arrepentimiento, no hay perdón y, sin perdón, no hay ni redención ni salvación. Así de simple. A eso es a lo que Jesús denomina del modo que se constituye en él.

Por lo tanto, eso es equivalente a decir que nuestro Dios No Conocido tiene altísimo respeto por su propia Justicia, que no es casualmente que la escribo con la “J” mayúscula, porque es la única calidad de justicia que merece ese énfasis. Y como tal, resuelve en Jesús y desde el inicio mismo de su ministerio, Cumplir con toda Justicia en cada requerimiento, aunque este sea innecesario, como era el bautismo en agua para Jesús, quien todos sabemos que no tenía que arrepentirse de ninguna clase de pecado, así como tal vez también lo sería hoy para nosotros, quien ya tendríamos el perdón de esos pecados saldado en el momento en que fuimos a buscar redención a la cruz.

(16) Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él.

(17) Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.

He escuchado predicar y enseñar que en el Antiguo Testamento no se habla de bautismo, sino de abluciones u otros lavamientos que pertenecían a la tradicional liturgia judía. Sin embargo, no es correcto decirlo de ese modo. En todo caso, no se habla de bautismo en todo el tiempo anterior a la aparición de Jesús. Porque convengamos en que, si Antiguo Testamento es Antiguo Pacto, ese Antiguo Pacto concluye cuando deja lugar al Nuevo Pacto, es decir, Nuevo Testamento. Y todos sabemos que el Nuevo Pacto gestado en la sangre de Jesús como expiación total, comienza precisamente en el momento en que él derrama esa sangre en la cruz, es decir, en las últimas páginas de este y de todos los otros evangelios. Hasta la cruz, estuvo rigiendo el Antiguo Testamento, por lo cual este bautismo de Juan, se produce en el marco de lo que todavía era el Viejo Pacto convenido con Abraham.

Y fíjate que es a continuación de este acto de simple obediencia social y tradicional que Jesús efectúa, porque siempre estuvo en su espíritu ser correcto y respetuoso de las leyes terrenales, salvo que estas estuvieran opuestas a la voluntad de su Padre, que era lo que le enfrentaba con los fariseos, lo que sucede este episodio que se relata aquí y que es todo un símbolo práctico y contundente de lo que debe ser nuestra vida cristiana. Se escucha la voz del Padre diciendo: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia, y la gran mayoría interpretó que eso fue una respuesta o una declaración tremenda motivada por el bautismo por inmersión, (Porque en los originales dice que fue sumergido en las aguas) que Jesús cumplimentó con Juan, pero déjame decirte que no, que no es así.

No fue eso lo que motivó esa declaración divina, sino la plenitud del Espíritu Santo que Jesús experimentó a continuación de ese hecho físico. Dice que el Espíritu, como paloma, (Nadie ha dicho jamás que el Espíritu Santo ES una paloma, sólo se ha dicho que tomó una forma visible similar, parecida, o de la estética de una paloma) se posó sobre él, que es equivalente a decir que lo tomó, que entró en su ser. Que es exactamente lo mismo que habrá sucedido contigo, o que pueda suceder hoy mismo: que ores pidiendo al Dios de todo poder que envíe su Espíritu Santo a llenarte, a darte plenitud, a bautizarte si es que eso sucede por primera vez y, una vez que lo haga, mientras la paz sublime que solamente te puede proporcionar el cielo entra en tu vida, podrás oír tú también esa misma voz amorosa, fuerte, de total autoridad aquí y en todos los universos, que te dice: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia. Mi Dios No Conocido, sigue tal su promesa bautizando con Espíritu Santo y Fuego, a todos los que lo acepten, lo crean y lo reciban por fe en sus vidas. Y no es doctrina de una denominación, es Palabra de Dios.

(Mateo 4: 1) = Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.

Entonces un día llega el hermanito Fulanito y te pide oración porque está pasando por una prueba terrible de la que no sabe cómo podrá salir sin sufrir lastimaduras o traumas graves. Y tú, que eres abnegado, sacrificado y noble, te arrojas de cabeza al río bravo, para defender y respaldar al hermanito Fulanito, y oras bajándote todos los demonios conocidos y por conocer, con sus respectivos nombres, entendiendo que esa prueba que está pasando el hermanito es producto de un tremendo ataque satánico que hay que desarticular echando fuera a todas esas potestades siniestras y liberando al hermanito de tamaña opresión. ¿Estaría mal, eso? ¡Pero de ninguna manera! ¿Cómo va a estar mal hacer guerra y de la buena, por un hermano amado en problemas?

Sólo que en ningún momento hemos acertado en pasar, aunque más no fuera de pura casualidad, por una lectura seria y a conciencia de este versículo. Porque si lo hubiéramos hecho, hubiéramos podido ver y luego entender, que cuando Jesús, nuestro co-heredero máximo y unigénito en Dios encarnado, tuvo que soportar ser tentado terriblemente por el diablo en esos cuarenta días en el desierto, ahí nos damos cuenta que no siempre la solución es reprender demonios. Él pudo resultar más que vencedor de esa prueba, solamente utilizando el arma de la Palabra. Escrito está…le decía el enemigo… Pero yo digo que hoy dice…respondía Él. Y así se cimentó su victoria. Pero eso no es lo más notable, porque de alguna manera era lo lógico, si nos dejamos llevar por el poder genuino de uno y del otro. Lo más notable, es lo que lees aquí cuando te dice que, a ese lugar de esa terrible prueba, fue llevado por el Espíritu.

Y hasta donde yo sé, cuando Espíritu lleva en nuestra Biblia la “E” mayúscula, si no hubo un error de traducción, (Que en este caso no lo hubo), me está hablando del Espíritu Santo, que hasta donde yo también aprendí, es como hablar de Dios mismo. Es decir que, nos guste o no, lo entendamos o no, cuando nos encontramos en el terrible desierto de la tremenda tentación y la prueba, es probable que estemos allí porque nuestro Dios No Conocido nos ha llevado para que podamos entrenarnos y salir Más que Vencedores en Cristo Jesús, así que te sugiero que antes de empezar a reprender inexistentes demonios, elijas hacerte fuerte en Su Palabra y vencer en esa prueba con las mismas armas que utilizó Jesús, unigénito de Dios, pero primogénito entre nosotros. Lo que significa que fue único para con Dios, pero uno más, (Aunque el primero) de entre nosotros.    

(2) Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.

Nosotros leemos esto con total naturalidad y pensamos: ¡Y bueno! ¡Era Jesús! ¡No era un cualquiera! ¡No era uno de nosotros! ¿Ah, no, ¿eh? ¿Y se puede saber cuál era la diferencia biológica entre Jesús y cualquiera de nosotros? Ninguna. ¡Pero hermano! ¡Él era el Hijo de Dios! ¡Dios mismo lo dice! Ah… ¿Y qué crees que está diciendo Dios de ti, hoy mismo? Está diciendo lo mismo que dijo de Él: que eres su hija o hijo amado y que en ti Él tiene complacencia. Eso dice. Entiende y asume: nuestro Dios No Conocido te dice que Jesús fue su hijo unigénito cuando nació, pero hoy se ha convertido en primogénito, ya que se han sumado muchos hijos e hijas, entre los cuales, (Espero y confío), estás tú…

(3) Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.

Pregunto: el tentador, obviamente Satanás, ¿No sabía que él era el Hijo de Dios? ¡Claro que lo sabía, por eso estaba allí, tentándole! Lo que quiso hacer, y con Jesús no lo consiguió, fue hacerlo dudar a él de ser ese hijo que creía ser. No lo logró con Jesús, pero… ¿No lo ha conseguido nunca contigo…? ¿De verdad que no?

(4) El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

Esto no significa que Jesús esté ordenando que no haya que comer. Lo que está señalando es que por encima de cualquier clase de alimento carnal o almático, está el alimento espiritual. Y lo único que alimenta y alimentará siempre tu espíritu, es la Palabra de Dios. No te alcanza con ver videos, escuchar audios o leer buenos artículos. Todo eso en todo caso, te suma; pero si no quieres morir de hambre espiritual, toma tu Biblia y sácala de su ostracismo.

(5) Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, (6) y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, En sus manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra.

Satanás es el gran mentiroso, lo sabemos, pero… ¿Está mintiendo aquí? No. Está diciendo la verdad. Si Jesús hubiera pedido ayuda a los ángeles, podría haber hecho lo que se le antojara y los ángeles hubieran estado con él y junto a él de manera permanente. Pero hacer eso que el diablo le sugiere, a Jesús, era de alguna manera darle autoridad y obedecerle. Por allí venía la trampa, aunque vestida con ropaje de verdad bíblica. Pasó cuando la pandemia del virus. Una cosa era confiar en que Dios cuidaría nuestras vidas, y otra muy distinta tentarlo saliendo a las calles a desafiar a la peste. Por eso es válida esta respuesta…

(7) Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.

(8) Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, (9) y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares.

Aquí se lo vuelve a cuestionar a Satanás por mentir, por decir algo que no puede hacer. Perdón… ¿Seguro que no puede hacer esto que está diciendo aquí? ¿No has visto la multitud de pactos de todo calibre y color que bandas musicales enteras, actores, deportistas o cualquier otra expresión pública ha formalizado con el infierno, con la intención de comprar éxito terrenal? Él es el dios de este siglo, que es como decir, de este sistema. ¡Y claro que puede regalarte todo eso que le dice a Jesús! El tema que no está en la conversación pero que también es, es el costo que eso te trae. Tu alma en principio, tu vida entera después.

(10) Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.

(11) El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.

(12) Cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, volvió a Galilea; (13) y dejando a Nazaret, vino y habitó en Capernaum, ciudad marítima, en la región de Zabulón y de Neftalí, (14) para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: (15) Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, Camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles; (16) El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; Y a los asentados en región de sombra de muerte, Luz les resplandeció.

(17)= Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.

(18) Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores.

(19) Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.

(20) Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron.

En principio, toma nota de este detalle: Jesús todavía no es nadie, ministerialmente hablando. Es Hijo de Dios, está ungido desde el vientre de María, pero todavía no ha hecho nada para el Reino. Cuando pasa por las aguas del bautismo con Juan, recibe la plenitud del Espíritu Santo, su llenura, su bautismo. Recién allí, fortalecido con esa unción, es que es llevado al desierto de la prueba. Pero solo cuando resulta más que vencedor de ella, es que regresa munido del poder de Dios en su vida, y aquí sí queda habilitado para comenzar su ministerio. Veamos: tú puedes, hoy, si quieres, predicar el evangelio del modo en que se te antoje, o del modo que se acostumbre o se estile en la que sea tu congregación, o bien como lo dictaminen los cabezones regentes de tu denominación.

 Dios es misericordioso y yo te aseguro que, lo prediques como lo prediques, Él lo usará para bien y mucha gente hallará salvación. Pero eso no quiere decir que tú no estés adulterando el producto básico, que en este caso es el evangelio. Por algo se nos dice por allí en algún lugar de la Escritura, que quien no lo predica conforme a como lo hizo Jesús, será llamado anatema. La pregunta que habrá de surgir, entonces, es: ¿Y cómo lo predicó Jesús? En el verso 17 tú tienes la letra precisa y específica. El evangelio que predicó Jesús consistía en tres aspectos básicos: En primer lugar, demandaba arrepentimiento, luego se imponía la confesión de pecados y de ese modo quedar en posición correcta y legal delante del Padre para acceder al perdón y redención. Luego establecía la presencia y la autoridad del Reino de los Cielos aquí y ahora, y finalmente determinaba que aquel que estaba predicando era, puntualmente, quien representaba a ese Reino y por lo tanto poseía su legítima y absoluta autoridad.

Cuando Jesús decía se ha acercado, estaba significando que ha llegado o está aquí y sugiere la inauguración del Reino de Dios que está en la espera de su consumación. Muy por encima de la salvación de las almas, del propietario de un paraíso terrenal o de todo lo que siempre se nos ha bien enseñado, nuestro Dios No Conocido es legítimamente quien te introduce en Su Reino. Y eso es para toda la eternidad.  En cuanto a Simón llamado Pedro y a su hermano Andrés, quiero recordarte que, según lo vemos en Juan 1:40-42, ellos ya habían tomado contacto con Jesús. Allí nos dice que: Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús. Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías, (que traducido es, el Cristo) Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (Que quiere decir, Pedro). 

Sin embargo, recién en el episodio que se relata aquí, en Mateo, es donde ellos reciben la orden de seguirlo, que en conclusión, es el mandato corriente y preciso de nuestro Dios No Conocido. Nada que ver con esfuerzos por parte del hombre por agradar a su Dios con obras vanas, y mucho menos suponer con arrogancia que Dios estará deslumbrado de nosotros y saldrá urgente a buscarnos. Él, a pesar de todos los tiempos transcurridos, seguirá simplemente mirándonos vivir y de pronto diciéndonos casi en un susurro: Venid en pos de Mí.

(21) Pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en la barca con Zebedeo su padre, que remendaban sus redes; y los llamó.

(22) Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron.

(23) Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

(24) Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó.

(25) Y le siguió mucha gente de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán.

Para entender el evangelio de Jesús, primeramente, habría que entender con ojos espirituales y no eclesiásticos tradicionales como fue el ministerio de Jesús. Observa que ahora nos relata en estos dos primeros versos, la manera en que Jacobo y Juan, hijos de un tal Zebedeo, se unen a él y no tomándose su tiempo para pensarlo, ordenar sus asuntos y venir a reunirse, sino dejando todo como está, casi sin avisar. ¡Estaban trabajando con las redes junto a su padre y no dudaron en dejar todo abandonado a su suerte y salir corriendo detrás de Jesús! Yo me pregunto cuántos de nosotros reaccionaríamos de la misma manera, hoy.

¿Abandonaríamos lo que fuese que hubiéramos estado haciendo, para irnos detrás de alguien que podía representarnos un núcleo importante de cosas, pero lo cierto es que literalmente no pasaba de ser una especie de loquito suelto que decía ser nada menos que el hijo de Dios? Lo dudo, créeme que lo dudo, por mayor fidelidad que tuviéramos. Y ni hablar del pasaje anterior, donde me referí al llamado a Pedro, del cual luego se habla todo lo que se habla con relación a ser pescadores de hombres y todo eso que mencionáramos. Sin embargo, me quedó sin decir algo que considero más que importante y valioso. Más adelante veremos que Jesús sana de una tremenda fiebre ardiente a la suegra de Pedro. Eso me dice a mí y te dice a ti que Pedro era casado, que tenía una esposa, y probablemente también hijos.

Es muy llamativo y curioso que la Biblia no diga absolutamente nada de eso, de la hipotética o supuesta familia de Pedro. Algunos historiadores sí lo mencionan, pero recurriendo a fuentes que quizás sean serias y confiables, pero que no podemos chequear con nuestro propio entendimiento. Se ha escrito que la esposa de Pedro acompañaba al grupo de discípulos y predicaba el evangelio conjuntamente con ellos, pero lo cierto es que bíblicamente, nada de esto puede comprobarse. Por lo tanto, y hasta que alguna revelación notable pueda decirme lo contrario, yo seguiré pensando que nuestro Dios No Conocido no acepta negativas a su llamado. Cuando Él te llama y te levanta (En mi caso personal fueron las dos cosas al mismo tiempo) sólo tienes dos respuestas posibles: si o sí.

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Las Cosas Por Su Nombre

Iré algo desde lo personal. Trabajé toda mi vida, desde los quince años de edad, como periodista. Pero de los de antes, de los que habían sido capacitados y formados para ubicarse en medio de todas las facciones en litigio, sin involucrase con ninguna y, a partir de su innata imparcialidad, informar a la gente con limpieza, transparencia y carencia de intereses propios, cuestiones que les permitieran sacar sus propias conclusiones. Te lo aviso: no existe tal barbaridad corrupta como hacer un periodismo militante. No hay tal cosa. En todo caso, lo que sí puede haber es algún jugoso premio para mentirle a la gente a favor de tal o cual sector, que es el que te dará ese premio a tu lealtad…

Y militancia, también. Siento profundo respeto por los militantes de los distintos sectores ideológicos conocidos. Con algunos puedo compartir algunas ideas más que con otros, de hecho, pero jamás los ataqué con críticas simplemente por pensar diferente. Si formo parte de un sistema democrático, aunque me sobre experiencia y sabiduría para encontrarle tremendos errores, mi obligación moral de hombre bien nacido, será comportarme tal como ese sistema lo predica y lo incentiva: pensando y permitiendo pensar. Argumentando a favor de mis ideas, naturalmente, pero no insultando o agrediendo a los que tienen otras opuestas a las mías. Eso no es democracia, eso sigue siendo autoritarismo. Y los emperadores dejaron de existir hace mucho tiempo. Ahora bien; con todos esos elementos en las manos, como periodista me llevaron a ser: desconfiado, descreído y escéptico. Desconfiado de quienes me aseguraban ser los mejores y los únicos. Descreído de todos los discursos y relatos a favor o en contra y escéptico de todos los que aseguraban tener la gran solución para llevarnos a un mundo mejor.

Claro está que, con todos esos elementos personales en las manos, ¿Me puedes explicar cómo llegué a ser un creyente genuino e hijo de Dios por nuevo nacimiento? Yo tengo la respuesta: eso fue un milagro. Sacar de mi mente todo ese nivel de incredulidad general y convertirlo en auténtica fe casi ciega en lo dicho por el que convertí en Señor de mi vida, tuvo que ser un milagro sobrenatural. Ninguna persona, desde el convencimiento, el discurso o la estrategia que fuera, hubiera podido lograrlo en mí. La noche en que mirando aquellas estrellas brillantes en el telón negro del firmamento le dije a Dios que, si era cierto que existía, me ayudara a encontrarlo, no se lo dije con dudas ni tratando de sacar alguna ventaja. Se lo dije creyendo absolutamente que Él me estaba escuchando y que algo, que todavía no podía saber qué sería, iba a hacer a mi favor y yo iba a poder salirme de esa situación asfixiante a la que una vida personal no del todo correcta me había llevado. ¿Podría argumentar que hubo terceros que tuvieron responsabilidad en esa asfixia? Si, pero eso sería proceder como el psicópata, que siempre cargará culpas a los demás de sus propios errores. Convertirte, es comenzar a hacerte cargo de tus decisiones. Nadie te obliga a ser ni a hacer nada. Siempre eres tú el que eliges ser o no ser, hacer o no hacer, lo que sea.

Entonces, la cuestión es que fui estrictamente salvo por Gracia. No me lo merecía en lo más mínimo. Si bien no había asesinado a nadie, ni tampoco estafado, ni violado a nadie, eso no me convertía en un santo lleno de virtudes. Fui un pibe, (Así llamábamos aquí a los jóvenes que pasaban de la adolescencia a la madurez), decente, bastante puro, obediente y trabajador. Pero al mismo tiempo, por vivir y convivir con todo lo que se vive y se convive en esta sociedad de la que formamos parte, también pequé bastante y de todos los colores que puedas imaginarte. Buena persona, sin dudas, como muchos, pero pecador de cabo a rabo, como todos los que viven, o vivían sin Dios. Lo que vino después más o menos lo sabes, porque lo he contado en otros trabajos anteriores, y no me gusta repetir demasiado algo dicho, porque ese es uno de los signos más visibles de la senilidad galopante que va llegando a una vida. Ojo: no me molesta en absoluto estar envejeciendo, todo lo contrario. ¿Sabes por qué? Porque lo único que evita envejecer sin fallo alguno, es morirse. Y si bien es un destino final que todos tenemos en nuestro futuro, a mí, como supongo a la mayoría de ustedes, no me da ni medio gramo de gana apurarme para que llegue. No le temo y lo acepto, pero no tengo ninguna prisa, no sé si soy claro.

Primeramente, creí en el Dios Católico Apostólico Romano. Luego creí en el Dios de la iglesia evangélica. Hoy estoy creyendo en el Dios de la Biblia. Y tengo certeza de estar creyendo en lo correcto, por dos motivos. Primero, porque esa Biblia contiene la Palabra de Dios en toda su intensidad, la misma Palabra utilizada para crear todo lo visible e invisible. Y, en segundo término, porque a esa misma Biblia no todos los sectores anteriormente mencionados la creen y respetan fielmente. Tanto la iglesia católica como la evangélica, respetan de la Biblia solamente lo que coincide con las doctrinas por ellos mismos construidas, enseñadas y hasta obligadas a respetar fielmente. Y si a eso le sumamos distintas áreas en cada uno de ambos credos, entonces ya entramos en un derrotero bastante sinuoso, donde subsiste mucho más lo que le hacemos decir a esa Biblia que lo que ella te está diciendo en verdad. No invento nada si te digo que he conocido personas que no vacilan en interpretar algún texto bíblico de manera tendenciosa para hacerlo coincidir con sus pensamientos. Llegaron al extremo de darles a David y Jonatan una entidad casi homosexual, con la simple intención de justificar esa forma de vida.

De hecho, lo más serio, si me permites verlo de ese modo, que la Biblia contiene, es que no te arrima ningún argumento detallado de la existencia de Dios. Lo que sí te dice, con esa tremenda y contundente simpleza que tienen las verdades absolutas que sólo existen en lo sobrenatural, es que si quieres ver a Dios puedes verlo en todo lo creado. Y eso nos impide algo a lo que el hombre, en su naturaleza caída y pecadora, es tan afecto: colocar todo bajo el microscopio de su sapiencia humana y luego adherirle un rótulo, una etiqueta que diga que eso es tal y cual cosa y no se habla más del asunto. Demasiado lineal y vacuo como para incorporarlo a un ámbito que, como el espiritual e invisible, es altamente profundo e inescrutable desde los cinco sentidos carnales. Podemos estudiar a Dios, nadie te lo va a prohibir, ni siquiera Él mismo. Pero lo que no podemos hacer en modo alguno es analizarlo, y mucho menos desde la lógica racional humana. Es contundente y determinante: sólo podemos saber y conocer de Dios, lo que Él esté dispuesto a revelarnos. 

Por eso, Cuando los Dibujantes te muestran a ese Dios anciano, de profusa barba y largos cabellos blancos, es más que obvio que no han recibido ninguna revelación, sino sólo el impulso interno y carnal de sus propias imaginaciones creativas, que pueden ser muy útiles y hasta positivas para todo el andamiaje publicitario o de ficción, pero jamás en lo concerniente al mundo espiritual. Si alguno de ellos hubiera tenido el mínimo contacto con el Espíritu Santo, hubiera entendido que Dios es eterno, y que hasta donde podemos saber, nada que posea el concepto de eternidad vive dentro del tiempo cronos que vivimos nosotros, los seres humanos que poblamos este planeta. Dios, simplemente ES. Ni un niño, ni un adolescente, ni un joven de físico cultivado en gym, ni un hombre de edad madura onda empresario y mucho menos un anciano. ¿Por qué? Porque no vive en este tiempo material, porque es Espíritu y los espíritus viven en un ámbito sin tiempo. ¿Entenderlo? No, con tu mente finita y carnal, es imposible que entiendas esto. ¿Sabes qué? Créelo, con eso te alcanzará. Al menos, hasta que recibas algo de revelación y luz.

¿Tan así? Eso me han preguntado muchas veces. ¿Es serio enseñar que se debe creer lo que no se ve, aunque no exista ningún elemento de prueba que ayude a creer? Para el concepto de nuestro mundo que analiza, examina y prueba y comprueba todo desde su propia sabiduría terrenal, no. No parece ser demasiado serio, pero ¿Sabes qué? Es tan serio como cuando Jesús le hizo recuperar la vista a un ciego escupiendo sobre la tierra y pasándole el resultado de esa acción por los ojos al hombre. ¿Es que el barro puede sanar una ceguera de nacimiento? Media iglesia que sí, la otra que no. Comienzo de una grieta ideológica, religiosa y política en marcha. Divisiones. Satanás chocho de la vida y de parranda corrida celebrando las idioteces humanas con disfraz eclesiástico. Barristas por un lado, anti barristas por el otro. La estupidez humana, a veces, no tiene límites. Aunque semanalmente se junten en un lugar a cantar coritos, levantar sus manos y cerrar sus ojos en un ensueño o éxtasis producto de sus emociones o, lo peor, simulado.

En el principio, creó Dios los cielos y la tierra, dice el primer verso del Génesis en la versión Reina Valera tradicional. Un voluminoso moreno puertorriqueño que trajo palabra ungida en los años noventa a mi país, cuando aquí todavía se enseñaba el evangelio según escuelita bíblica para niños, dijo que aquel que entendiera este primer verso de Génesis, estaba en condiciones de entender todo el libro. Y redoblando la apuesta ante ojos abiertos como un par de huevos fritos de todos nosotros y nuestra mandíbula caída por exceso de ignorancia, añadió que quien lograra entender Génesis, iba a comprobar cómo toda la Biblia le tomaba sentido. Tenía total y absoluta razón. Era mandato del Espíritu Santo que nos dijera eso justo en ese tiempo y momento, donde todavía aquí había una batalla global entre católicos y evangélicos y, yendo hacia dentro, bautistas versus pentecostales. Si existen o no existen los demonios, si se habla o no se habla en lenguas y un sinfín de tonterías religiosas por el estilo, ocupando el lugar de atención general, en lugar de darle prioridad a lo más importante: conocer a Cristo y ser un mismo espíritu con Él.

A mí no me cerraba eso de En el principio… ¿Cómo que en el principio? ¿De qué principio me está hablando, si en el concepto de eternidad no existe el tiempo tal como nosotros lo medimos con nuestros relojes o ahora con nuestros teléfonos móviles? ¿No existe Dios desde siempre de los siempres? Ya lo sé, no puedes entender eso, ¿Verdad? No te preocupes, yo tampoco, pero así funcionan nuestras mentes finitas destinadas a nacer, desarrollarse, crecer y morirse. ¿A quien se le ocurre, con esos elementos, entender a un ser que dice ser eterno? ¿Alguno de ustedes me puede explicar con pelos y señales qué cosa es la eternidad? ¡Sí, ya sé lo que dicen los buenos libros escritos sobre el tema! Pero no te estoy hablando de libros, te estoy hablando de sabiduría genuina, esa que te viene desde adentro y que no puedes saber de donde y por qué te viene. ¿Entonces te estoy diciendo que no hubo un día o momento en que Dios dijo ¡Zácate! y todo esto que vemos se formó? No lo sé, yo más bien creo que se fue formando de a poco, una cosa detrás de la otra. Pero no hubo un principio, hubo una prosecución de algo que en la eternidad ya estaba formado. Sólo debió reproducirlo en lo visible aquí y ahora.

¡Muy bien! ¡Genial! ¡Grande el maestrito Néstor! Ahora dime gran sabihondo humanoide por qué motivo ese versículo dice lo que dice. Por qué dice En el principio, si ya entendemos que no hubo ningún principio. La respuesta era tan simple que me dio vergüenza el día que se hizo la luz en mi entendimiento, de no haberla visto antes. Porque hubo un error de traducción en la versión tradicional que conocemos. Porque aquellos monjes decidieron entender que donde dice principio, está refiriéndose a comienzo, a inicio de todo. Y ahí nomás interpretaron eso y le mandaron lápiz, carbón, pluma, ya que teclado todavía no existía. Digo: ¿Nadie pensó que esa interpretación provenía de un montón de mentes que tomaban los manuscritos sagrados y antiguos con una preponderancia intelectual formada por las escuelas griegas? No. Eran monjes y, como tales, dueños de ese Dios y sus mandatos, como religión derivada del judaísmo. ¿Para qué se iban a tomar el trabajo monótono de indagar en los originales para ver si lo que estaban escribiendo era así? ¡Que a ese trabajo lo hiciera algún tonto! Okey, aquí tienes a uno de esos tontos. Obviamente no el único, hubo otros que también lo hicieron, gracias a Dios.

Fui a consultar a otras versiones y eran todas más o menos dependientes de la tradicional, que como todos sabemos, fue traducida al español previo paso anterior por el inglés. Es decir que mucho de lo que se lee en nuestras biblias, es producto de una doble traducción. Del hebreo o griego, conforme a si es del Antiguo o Nuevo Testamento, al inglés, y de allí al español. Muy meticuloso y prolijo, pero peligroso en cuanto a lo interpretativo. Porque en la versión Biblia Textual, que es la única que tengo noticias fue traducida directamente de los originales al español sin pasar previamente por el inglés, me encuentro con una novedad para nada menor: Allí no se lee En EL principio, sino En UN principio. Y allí se nos dan vueltas patas para arriba todas nuestras interpretaciones de craneotecos teológicos. Porque no es lo mismo usar EL, que cualquier literato menor sabe que un artículo determinado neutro que se antepone a un sustantivo masculino para indicar que el referente es conocido por el hablante y el oyente que UN. EL principio, es efectivamente el comienzo y todo lo que creímos y entendimos durante años.

Sin embargo, decir En UN principio, es otra cosa. Porque UN, que, si bien también es un artículo, en este caso es indeterminado, lo que te dice a ti y a mí que se utiliza para presentar o introducir sustantivos que designan personas o cosas desconocidas o no mencionadas anteriormente. Con lo que, haciendo un muy somero análisis literario normal, llegas a darte cuenta que decir en UN principio no te está hablando de comienzo, sino de modelo, de patrón, de croquis, de¡Diseño! Haz la prueba simple, doméstica y hasta casera. Lee ese verso con esta modificación. ¿Qué te dirá? Que En UN diseño de Dios fueron creados los cielos y la tierra. ¿Verdad que suena mucho más coherente que lo anterior? Porque nuestro Creador de todos los universos habidos y por haber, de todos los cielos conocidos y por conocerse y de todos los planetas entre los que se encuentra el nuestro, tenía un diseño divino a infalible para ejecutarlo. Y así fue como lo hizo. Eso es, de alguna manera, entender ese primer versículo y, tal como lo dijo aquel moreno, ahora podrás entender el resto del Génesis. Haz la prueba. Yo no soy un comentarista que te estudiará el Génesis, apenas soy alguien que da de lo que ha recibido por Gracia y revelación. Sólo eso.

¿Y qué cosa es el contenido básico o elemental de este libro adjudicado nada menos que a Moisés? En primer término, que te muestra el fundamento de las doctrinas del pecado, de la caída, de la redención y de la justificación. No es poca cosa, créeme. Pero no se queda con eso, sino que también te va a mostrar la promesa del Mesías, la personalidad y la persona del Dios en el que creemos y el Reino de ese Dios y sus jurisdicciones y fundamentos. Eso en un comienzo. Luego te deja vislumbrar el origen del universo que habitas, su orden y complejidad, la organización operativa de nuestro sistema solar, los elementos que componen nuestra atmósfera e hidrósfera, el de la vida, el del hombre e, incluso, el del mismísimo matrimonio, que es como dimos en denominar legalmente lo que para Dios sencillamente era una unión bajo pacto delante de Él. Asimismo, Génesis te muestra acabadamente el origen del bien y el mal y, como corolario, el lenguaje, el gobierno, la cultura, las naciones y la religión. ¿Y sabes qué? Debido a que la gente ha abandonado la Verdad que se lee en Génesis, es que la sociedad hoy navega en tal nivel de confusión.

¿Te doy un dato técnico, pero que de ninguna manera es menor? Tú, que estimas que lo que realmente vale de la lectura bíblica es el Nuevo Testamento, ya que el Antiguo, -te enseñaron-, sólo es una compilación de historia hebrea, te cuento que, en este libro del Nuevo Pacto, directa o indirectamente, literal o implícitos, hay no menos de doscientas citas del libro de Génesis. Eso me dice a mí y te dice a ti que, aunque hayan pasado los tiempos, Génesis es importante para el Reino de los Cielos, y a mi eso me basta. Y si te quedan dudas, también puedo contarte que Jesús declaró la importancia de creer lo que Moisés había escrito, y dijo lo que Juan 5:46-47 consigna: Porque si creyereis a Moisés, me creerías a mí, porque de mí escribió él. Pero si no creéis sus escritos, ¿Cómo creeréis mis palabras? En suma: ninguno de nosotros puede decir que cree en Jesús sino cree en el libro de Génesis escrito, a la sazón, por Moisés. Por algo Martín Lutero expresó que por muy simples que parezcan, las palabras de Génesis son juicios y hechos de la alta Majestad, poder y sabiduría de Dios.

El tema es que la Creación, con toda su dimensión y su tremenda mezcla de ciencia, sabiduría y cultura ha sido, es y seguirá siendo por mucho tiempo un verdadero misterio. Y por más que me esfuerce en escribir lindo y con contenido creíble a toda mente, no solo la de mis hermanos en la fe, no encuentro la manera. Es imposible escribir sobre nuestro Dios desde la óptica humana. O lo hago desde mi ubicación celestial en la que estoy sentado desde mi conversión o no lo hago. Ya lo intentaron algunos alumnos de una de las clases de Albert Einstein, que supongo que sabes quien fue. Ellos fueron y le dijeron que habían decidido creer y pensar que no había ningún Dios. Einstein, entonces, les preguntó que cuanto del conocimiento del mundo suponían que tenían ellos en conjunto. Los muchachos lo discutieron un rato y decidieron que era no más de un cinco por ciento. Einstein pensó que la estimación era demasiado generosa, pero lo dejó pasar para preguntarles: ¿Entonces podría ser posible que ese Dios exista en el noventa y cinco por ciento de lo que no conocen? Tremendo.

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