Mi madre era una mujer noble, firme, trabajadora y bondadosa, pero de un carácter muy fuerte, tal como eran la mayoría de las mujeres de aquella época. Fue testigo cercano de toda mi vida de joven, y sufrió a mi lado en todas las ocasiones que me tocó sufrir, que no fueron pocas. Me entendió, cuando sin saber ya hacia donde buscar ayuda, miré hacia el cielo y desde el cielo bajó la orden precisa y contundente: ven a mí. Yo respondí con un ambiguo “Dios, si es cierto que existes, ayúdame a encontrarte”. El resto lo puedes imaginar. A ella no le agradó demasiado que yo “me cambiara de religión”, que era como ella lo veía, pero me lo respetó siempre. Luego de muchos años, y viendo que yo estaba bien y era feliz, dio por bueno mi cambio, pero ella siguió con su catolicismo genético. Cuando enfermó, (Nunca nadie supo decirme de qué y por qué causa), se sintió angustiada. Le hablé del Señor y le dejé para que lo leyera, lo primero que se me ocurrió, un salmo. Ella lo tomó como espada diaria y, cuando se sintió morir, me pidió que orara por ella. Por primera vez. Lo hice.
Le pregunté si se atrevía a entregarle por fe su vida a Jesucristo y considerarlo como Señor de su vida. Me dijo que sí, de sus ojos cayeron algunas lágrimas, esbozó una sonrisa serena…y se fue. Creo que con mi Padre celestial. Lo creo. En mi mano quedó un viejo papel arrugado y apenas legible donde, en su parte superior, se podía leer: Salmo 91. No te puedo decir cuantas veces lo he leído porque no he llevado registro, pero fueron muchas. Nunca con ánimo de enseñanza, porque ese Salmo había pasado a ser algo entre mi madre y yo, algo personal, privado, muy mío. Sin embargo, si el Espíritu Santo un día decide sacarte de un recuerdo melancólico y llevarte a un lugar más masivo, deberá ser porque lo que tú tienes para dar a partir de algo que es más que conocido, es justamente lo que alguien necesita hoy para dejar de sufrir y comenzar a vivir en una forma de gozo que solamente en el mundo espiritual existe.
Salmo 91: 1-16 = El que habita al abrigo del Altísimo Morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré. Él te librará del lazo del cazador, De la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro; Escudo y adarga es su verdad. No temerás el terror nocturno, Ni saeta que vuele de día, Ni pestilencia que ande en oscuridad, Ni mortandad que en medio del día destruya. Caerán a tu lado mil, Y diez mil a tu diestra; Mas a ti no llegará. Ciertamente con tus ojos mirarás Y verás la recompensa de los impíos. Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, Al Altísimo por tu habitación, No te sobrevendrá mal, Ni plaga tocará tu morada. Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, Que te guarden en todos tus caminos. En las manos te llevarán, Para que tu pie no tropiece en piedra. Sobre el león y el áspid pisarás; Hollarás al cachorro del león y al dragón. Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre. Me invocará, y yo le responderé; Con él estaré yo en la angustia; Lo libraré y le glorificaré. Lo saciaré de larga vida, Y le mostraré mi salvación.
Este salmo no tiene título, motivo por el que se desconoce el autor. Debido a que comparte algunos de los temas del Salmo 90, algunos piensan que Moisés fue el autor. Pero, debido también a que comparte algunos de los temas y frases de los Salmos 27 y 31, algunos piensan que el autor fue David. Parte de su lenguaje, de fortalezas y escudos, nos recuerda a David, pero otras frases hacen eco del Cántico de Moisés en Deuteronomio 32, al igual que en el Salmo 90; pero de hecho es anónimo y atemporal, quizás es un tanto más accesible por eso. A mí, en lo personal, siempre me ha agradado leerlo para hoy, como si hubiera sido escrito esta mañana. Dicen los que saben que en toda la colección no hay un salmo más alentador, su tono es elevado y sostenido en todo momento, la fe está en su mejor momento y habla noblemente. Otros sostienen que es una de las obras más excelentes de este tipo que jamás haya aparecido. Es imposible imaginar algo más sólido, más hermoso, más profundo o más ornamentado.
Comienza diciendo: El que habita al abrigo del Altísimo Morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré. ¿Qué cosa es el abrigo de Dios para nosotros? Nadie puede saberlo con exactitud, pero David dice en el Salmo 27 algo que podemos tomar como base: Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; Me ocultará en lo reservado de su morada; Sobre una roca me pondrá en alto. ¿Recuerdas quién es el tabernáculo de Dios? ¡Exacto! ¡Cristo! Y es así, nomás, porque en el Salmo 31:20, lo vuelve a declarar cuando expresa: En lo secreto de tu presencia los esconderás de la conspiración del hombre; Los pondrás en un tabernáculo a cubierto de contención de lenguas. Ya lo sabes. Cuando llegue el día del mal, (Todos lo han tenido, lo están teniendo o lo tendrán alguna vez) Cristo es la roca que te sostendrá en alto. Y si los anónimos que nunca dan la cara conspiran contra ti, también tendrás el mismo abrigo.
Suena casi poético lo de morar a la sombra del Omnipotente, pero es real. ¿Está hablando de protección, de consuelo, de cuidado? Sí, pero también de Dios como morada del hombre, no la inversa como nos habían enseñado. No es un pequeño diosito dentro tuyo y soportando todas tus barbaridades, eres tú dentro de la inmensidad de un Dios Majestuoso y haciendo buena letra para que nunca seas expulsado de allí como lo fue el primer hombre del Edén. Si estás en el abrigo de su tabernáculo santo, el Cristo, estarás seguro, pero si estás haciendo la tuya, la que se te antoje, o sea en Adán, nada impide que corras su misma suerte. Hay muchos seguidores de Jesucristo que parecen saber muy poco del abrigo del Altísimo o de lo que es morar bajo Su sombra. Muchos parecen considerar esto como algo solo para los místicos o los súper espirituales. Sin embargo, quien escribió esto, era un guerrero y un hombre muy familiarizado con las realidades de la vida. Es cierto que la vida del espíritu parece llegar más fácilmente a unos que a otros, pero hay un aspecto del abrigo del Altísimo que es para todo aquel que confía en él.
Dijo alguien que todo hijo de Dios mira hacia el santuario interior y el propiciatorio, pero no todos moran en el lugar santísimo; a veces corren hacia él y disfrutan de acercamientos ocasionales, pero no residen habitualmente en la presencia misteriosa. Y con respecto a morar bajo la sombra, esta es una expresión que implica una gran cercanía. Debemos caminar muy cerca de un compañero, si queremos que su sombra caiga sobre nosotros. Hay cuatro formas en que la Biblia se refiere a la sombra del Omnipotente. La primera está en Isaías 32:2: Y será aquel varón como escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión; como arroyos de aguas en tierra de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra calurosa. Decir sombra de gran peñasco es como decir de una Roca. Decir Roca…es como decir Cristo. La segunda, en Cantares 2:3: Como el manzano entre los árboles silvestres, Así es mi amado entre los jóvenes; Bajo la sombra del deseado me senté, Y su fruto fue dulce a mi paladar. Sombra de árbol deseado. Con raíces anudadas al agua de vida.
La tercera está en el Salmo 63:7: Porque has sido mi socorro, Y así en la sombra de tus alas me regocijaré. Está hablando de la sombra de las alas de Dios. La única forma de remontarse a las alturas más insospechadas. Y la última, en Isaías 49:2: Y puso mi boca como espada aguda, me cubrió con la sombra de su mano; y me puso por saeta bruñida, me guardó en su aljaba; Alas, ahora manos. ¿Dios tiene sombra o no? Sí, Dios proyecta su sombra a partir de la luz que emite desde sí mismo. ¿Fácil de entender? NI lo sueñes. ¿Fácil de aceptar y creer? NI lo sueñes. Fe es certeza de lo que esperas y convicción de lo que todavía no estás viendo. Y en estos dos primeros versos de este hermoso 91, hay un solo Dios presente, aunque con cuatro nombres incorporados. Elyon es el primero de ellos, y se traduce como Altísimo. Shaddai es el segundo, y nos habla de Omnipotente. Yahveh es el tercero, y da origen a nuestro más conocido Jehová y Elohay es el último, tiene que ver con clamar Mi Dios.
Le he dicho a mi Padre que es mi esperanza en muchas ocasiones, orando, en momentos críticos. Pero nunca se me ocurrió decirle castillo mío. Es lícito y legítimo. ¿Dónde vive el Rey? En su castillo. ¿Donde decimos nosotros que estamos para estar a salvo? EN Él. O sea, en su castillo. Excelente. Ahora te pregunto. Olvida lo de castillo, estás justificado como yo también lo fui. Pero, Alguna vez has dicho definitivamente: ‘¿Oh Señor, tú eres mi esperanza’? Huyendo de todos los demás, De aquellos que, incluso, reciben salario para estar protegiéndote. ¿Te has refugiado en Él de la tormenta de viento y de la tempestad, de la angustia del día y de la pestilencia de la noche, del hombre y del diablo? Debes reconocerlo. No es suficiente con pensarlo, dilo. Y si es en voz alta, mucho mejor, así se entera hasta el último demonio sordo que te oye. Mi Dios, en quien confiaré: Elohay. Esta estrecha relación con Dios y todos los beneficios que se derivan de ella son para aquellos que conocen a Yahveh como Dios, y que verdaderamente confían en Él. A medida que un creyente recibe Su protección, consuelo y cuidado, confía más en Dios y lo conoce cada vez más como Dios.
Los hombres son lo suficientemente aptos para proclamar sus dudas, y hasta para jactarse de ellas. De hecho, hay hoy en día un sector de los más audaces pretendientes a la cultura y al pensamiento, que se enorgullecen de arrojar sospechas, sobre todo; por lo tanto, se convierte en el deber de todos los verdaderos creyentes hablar y testificar con sereno valor de su propia confianza bien fundada en su Dios. Cuando dices MI Dios, estás diciendo algo diferente. Alguien se tomó el trabajo de rescatar algunos de su Biblia. Mira Rut 1:16: Pero Rut le contestó: No me pidas que te deje; ni me ruegues que te abandone. Adonde tú vayas iré, y donde tú vivas viviré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios. Notoriamente, esto es la confesión de una joven convertida. En Juan 20:28 encontramos otro: Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Aquí es un caso de creencia individual de un cristiano. En Mateo 27:46 encontramos el legendario gemido de Jesús: Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Búsqueda de consuelo.
Volvemos a nuestro salmo. Luego dice: Él te librará del lazo del cazador, De la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro; Escudo y adarga es su verdad. La pregunta, es: ¿Por qué comienza mencionando la protección del lazo del cazador? ¿Cuál es ese lazo y quien es el cazador? Pese a ser metáforas, creo que, con una leve meditación de la propia escritura, ya lo sabes. El lazo es la tentación y el cazador es el diablo. Creo que los primeros cinco versos del salmo 140 te dan una pista clara: Líbrame, oh Jehová, del hombre malo; Guárdame de hombres violentos, Los cuales maquinan males en el corazón, Cada día urden contiendas. Aguzaron su lengua como la serpiente; Veneno de áspid hay debajo de sus labios. Selah Selah Guárdame, oh Jehová, de manos del impío; Líbrame de hombres injuriosos, Que han pensado trastornar mis pasos. Me han escondido lazo y cuerdas los soberbios; Han tendido red junto a la senda; Me han puesto lazos. Y si necesitas confirmarlo, salmo 119:110: Me pusieron lazo los impíos, Pero yo no me desvié de tus mandamientos.
Sucede que, a pesar de todas nuestras soberbias presuntuosas, en definitiva, en lo espiritual, somos tontos y débiles como pobres pajaritos, y somos también muy propensos a ser atraídos a nuestra propia destrucción por enemigos astutos. Pero esa no puede ni debe ser una excusa, porque si vivimos cerca de Dios, él se asegurará de que no nos atrape ni el más hábil engañador. ¿Cómo es vivir cerca de Dios, quieres saber? Ya fue dicho: Es estar EN Cristo. Reitero: El diablo y sus agentes a menudo obran como lo hace el cazador. ¿Cuáles son las características del cazador? Que trabaja en secreto, que va cambiando sus métodos y sus trampas de manera periódica, que su método mayoritario de engaño es a partir de la seducción por placer o beneficio, y, finalmente, que, para cada caso puntual y específico, siempre va a utilizar una carnada apetecible desde el ángulo que sea. Y es interesante observar que, en este sector del salmo, se utiliza el singular tú en todas partes, que es una forma de decir que estas verdades son para cada persona individualmente. Son para ti si realmente confías o permaneces en Dios. Pregunto: ¿Nunca te han cazado? ¿No? ¡Gloria a Dios! ¿Sí? Lucha, pelea, corta ligaduras y sal de esa jaula espiritual.
En cuanto a las pestes, no puedo evitar que mi memoria me lleve de inmediato a muy poco tiempo atrás, cuando la enorme pandemia de Covid19. ¿Alguien tiene alguna duda que eso fue un golpe tremendo para la y las iglesias? Estadísticas negativas dicen que el 60 por ciento de los congregados no regresó a su iglesia. Ponle que hayan exagerado por hacernos daño y que sea al revés. Igualmente es una cifra altísima. Pestes. Sin embargo, en lo de fondo, Dios también protege a su pueblo en tiempos de peste y enfermedad. El salmista, inspirado por el Espíritu Santo, no pretendía que esto fuera una promesa absoluta de que todo creyente sería librado de todo lazo o peste. En cambio, la idea es que el salmista podía señalar muchas ocasiones en las que Dios hizo precisamente eso por su pueblo que confiaba en Él. Salvo la de los unigénitos, Israel padeció juntamente con Egipto por sus plagas. Pero sobrevivió. Con grandes pérdidas, como en el holocausto hitleriano, pero sobrevivió como pueblo.
Esto, de hecho, no significa que quienes confían en Dios nunca mueren de enfermedades infecciosas ni que nunca sufren por el complot de un enemigo, por supuesto. Significa que quienes confían en Dios habitualmente se libran de tales peligros. ¿Qué cristiano no puede testificar sobre alguna liberación? Tengo una historia antigua pero vigente que confirma esto. Lord Craven, un cristiano, era un noble que vivía en Londres cuando la plaga devastó la ciudad en el siglo XV. Para escapar de la pestilencia que se extendía, Craven decidió dejar la ciudad para ir a su casa de campo, como lo hicieron muchos de su posición social. Ordenó que prepararan su coche y su equipaje. Pero mientras caminaba por uno de los pasillos de su casa a punto de entrar en su carruaje, escuchó a uno de sus sirvientes decirle a otro: ‘Supongo por el hecho de que mi señor abandona Londres para evitar la plaga, que su Dios vive en el campo y no en la ciudad’. Fue un comentario sencillo y aparentemente inocente. Pero a Lord Craven le impactó tanto que canceló su viaje y dijo: ‘Mi Dios vive en todas partes y puede preservarme tanto en la ciudad como en el campo. Me quedaré donde estoy’. Así que se quedó en Londres. Ayudó a las víctimas de la peste y él mismo no contrajo la enfermedad. Los hijos de Dios no siempre son inmunes a la plaga física y la pestilencia; pero siempre están protegidos de las fuerzas espirituales destructivas mientras habitan en el abrigo del Altísimo.
En cuanto a la cobertura de sus plumas, obviamente es una metáfora. Una gran ave, un águila si quieres, abrigando a sus polluelos, (Todos nosotros), bajo sus alas. Quien quiera relacionarlo con una paloma y con el Espíritu Santo, no estará divagando y nadie se lo podrá censurar. Es más; en el salmo 61:4, David te diría que lo menciona cuando dice: Yo habitaré en tu tabernáculo (Cristo) para siempre; Estaré seguro bajo la cubierta de tus alas. (Espíritu). Es como unir el poder y la dulzura al mismo tiempo. Alguna vez, a propósito de esto, Martín Lutero dijo que es la fe la que te convierte en pollito y a Cristo en la gallina; para que te escondas, y esperes, y revolotees y te cubras bajo sus alas; porque hay salud en sus alas. Hay une tremenda certeza respecto a que Jesús hubiera salvado y protegido a Jerusalén y a sus habitantes, pero es notorio que la gente no estuvo dispuesta. En lugar de elegir habitar al abrigo del Altísimo, eligieron por la política y Barrabás y clamaron por la crucifixión de quien los había sanado y liberado.
Y nosotros leemos escudo y adarga es su verdad y lo damos por sentado, tal como si fuéramos expertos en armaduras antiguas. Hacemos lo que normalmente hacen los cristianos cuando no terminan de entender algo: pasan a lo siguiente y dejan eso pendiente para una próxima que casi nunca llega. Lo cierto es que un escudo era algo pequeño, redondo, mientras que la adarga era un escudo mucho más grande y rectangular. Pasa de una enorme ave a una sólida armadura. En realidad, la palabra hebrea en el original que se traduce como adarga, significa algo que se envuelve alrededor de una persona para su protección, algo así como un escudo o armadura o, directamente, una muralla convertida en fortaleza.
Prosigue: No temerás el terror nocturno, Ni saeta que vuele de día, Ni pestilencia que ande en oscuridad, Ni mortandad que en medio del día destruya. Temor. Quien no sepa que esa es el arma predilecta del enemigo, le faltan varias materias para aprobar su condición de creyente. ¿Y por qué terror nocturno? ¿No es la misma cosa el miedo ya sea de día como de noche? No. Y mi mejor ejemplo sobre eso, son los niños pequeños. ¿Por qué razón un niño de dos o tres años de edad, tiene temor a la oscuridad si nunca tuvo ningún problema con ella? ¿Por qué en muchos casos eso obliga a los padres a llevarlos a dormir con alguna luz encendida? Simple. Porque para un niño pequeño, con su espíritu todavía muy fresco en esta dimensión, habiendo llegado desde la otra, la oscuridad no es algo, sino alguien. Nosotros, en nuestra dimensión terrenal, no alcanzamos a percibir eso, pero ellos, todavía en contacto con su dimensión espiritual, si lo perciben. Y como se sienten pequeños y vulnerables, tienen temor.
Tener a Dios como refugio y escudo da fuerza y valor al pueblo de Dios. Cuando el pueblo de Dios está sumido en un profundo temor, es una indicación de que no tiene la confianza adecuada en Dios como protector y consolador. No tener miedo es en sí mismo una bendición indescriptible, ya que por cada sufrimiento que padecemos por una herida real, somos atormentados por mil dolores que surgen solo del miedo. Por esa razón es que, el miedo más horrible y sin solución humana, es el miedo al miedo. Mira, por experiencia puedo asegurarte que en la vida, el Señor puede permitir que les sucedan muchas cosas terribles a sus hijos (Sin ir demasiado lejos, tenemos el ejemplo de Job), o como le sucedió a su propio Hijo, nuestro Señor. Pero nosotros sabemos que ningún poder está fuera del control de Dios y que en el final, Él podrá contra cualquiera de ellos, por fuertes y feroces que parezcan. Y cuando habla de la saeta, naturalmente que lo hace en parangón con los daros del infierno, pero también como símbolo de la velocidad con la que llega el terror a una vida humana.
Caerán a tu lado mil, Y diez mil a tu diestra; Mas a ti no llegará. Ciertamente con tus ojos mirarás Y verás la recompensa de los impíos. Esta es una descripción de cómo la protección de Dios puede vencer cualquier probabilidad. La protección y el cuidado de Dios podrían estar tan específicamente enfocados que pueden preservar a uno de cada diez mil. Es imposible que le ocurra algún mal al amado del Señor; las calamidades más aplastantes sólo pueden acortar su viaje y apresurarlo hacia su recompensa. El mal para él no es mal, sino que solo es bien en una forma misteriosa. Las pérdidas lo enriquecen, la enfermedad es su medicina, el reproche es su honor, la muerte es su ganancia. No le puede suceder ningún mal en el sentido estricto de la palabra, porque todo es invalidado para siempre. ¿No decía Pablo que, para él, el vivir era Cristo y el morir ganancia? Solamente cuando el pueblo de Dios comience a verlo así, muchos temores con los que el enemigo nos manipula, dejarán de ser amenazas. La única muerte realmente terrible para un creyente, es la muerte espiritual. De hecho, es la única muerte de la que Dios habla. La física, sólo un paso vertiginoso de una dimensión a otra.
Hay una confirmación final sobre esto en el Salmo 37:4 cuando dice: Espera en Jehová, y guarda su camino, Y él te exaltará para heredar la tierra; Cuando sean destruidos los pecadores, lo verás. Tres pasos, tres verdades. Esperar en Dios, en tanto guardamos, respetamos, cumplimentamos su camino. Seremos exaltados y heredaremos esta tierra. Y veremos cómo esos pecadores que tan todopoderosos parecían ser, son destruidos. Lo veremos. Y se hará cierta una palabra que se encuentra en Malaquías 1:5, cuando sentencia: Y vuestros ojos lo verán, y diréis: Sea Jehová engrandecido más allá de los límites de Israel. De acuerdo. La fe se basa en creer sin ver, pero si Dios lo determina y es su deseo, nosotros podremos ver lo que se nos ha prometido. Antes, la destrucción de los pecadores. Ahora, nuestra victoria en los cielos y en la tierra.
En la prosecución de este examen del Salmo 91, contenedor de una palabra eterna, inmortal, quiero recordarte que la intencionalidad de estos trabajos, (Jamás los llamo estudios, porque un estudio sólo es para saber o conocer más) es propender a aportar a tu conocimiento, pero también a la implementación del sentido práctico de la palabra. En ese sentido, quiero compartirte ahora los versos que van desde el 9 al 13 incluido: Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, Al Altísimo por tu habitación, No te sobrevendrá mal, Ni plaga tocará tu morada. Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, Que te guarden en todos tus caminos. En las manos te llevarán, Para que tu pie no tropiece en piedra. Sobre el león y el áspid pisarás; Hollarás al cachorro del león y al dragón. No siempre se entiende una expresión así: Porque he puesto a Dios por mi habitación. ¿Qué se hace en una habitación? De todo lo que se te pueda ocurrir, pero preponderantemente, se trabaja, se estudia, se alimenta y se descansa. Ahora imagina a Dios como una gigantesca habitación y tú ahí adentro, trabajando, estudiando, alimentándote y descansando. Pregunto: ¿No es eso lo que tu Biblia dice que debes hacer para estar EN Cristo?
Y vemos que aquí se repiten las promesas anteriores de seguridad y protección incluso en tiempos de plaga. Una vez más, esto no se considera una promesa absoluta para todos los creyentes en todas las circunstancias, porque el amado pueblo de Dios ha caído en mal o ha muerto en plaga. Es la feliz expectativa del salmista y una expresión general de la protección, el consuelo y el cuidado de Dios por su pueblo. No sería extraño ni antojadizo pensar que esto se refiere a alguien que realmente habita, y que no solo parece habitar y no solo se imagina que habita’ en Dios. Esta y otras promesas similares no deben entenderse absoluta y universalmente, como si ningún hombre verdaderamente bueno pudiera ser cortado por la plaga u otras calamidades comunes, lo cual es confirmado tanto por otros textos sencillos de las Escrituras como por una experiencia incuestionable. Porque puede ocurrirle a un santo compartir una calamidad común; como el maíz bueno y la mala hierba se cortan juntos, pero con un fin y un propósito diferentes. Dios no dice que no nos sobrevendrán aflicciones, sino que ningún mal.
Pues a sus ángeles mandará acerca de ti: Esto describe otra forma en que Dios puede enviar Su protección y cuidado a Su pueblo, es decir, por medio de Sus ángeles, ordenándoles que cuiden y lleven a Su pueblo. Los ángeles de Dios tendrán el encargo especial de acompañarte, defenderte y salvarte; y contra su poder, la influencia de los espíritus malignos no puede prevalecer. Estos, cuando sea necesario, desviarán tus pasos del camino del peligro; detendrán los peligros cuando se quieran interponer en tu camino. Y dice que mandará; te aclaro que mandar es una orden estricta, más que una simple orden; como cuando un señor quiere que un sirviente le resuelva un asunto con certeza y plenitud y le imputa un mandato, te aseguro que ese sirviente no va a menospreciar ese asunto. No le dice vagamente lo que tiene que hacer, sino que le prescribe su trabajo y lo manda a que lo haga. Así les dice el Señor a los ángeles.
Cuidado, no es un ángel de la guarda, como algunos sueñan con cariño, pues todos los ángeles están aquí aludidos han recibido la comisión de su Señor y el nuestro, de velar cuidadosamente por todos los intereses de los fieles. Es hermoso pensar que cada uno de nosotros, sus hijos, tenemos un ángel especial y singular preparado y listo a protegernos siempre, pero la realidad es otra que hay que explicar para que nadie se exceda en romanticismos no del todo bíblicos o ciertos. Cómo nos protegen los ángeles, es algo que no podemos decir. Si repelen demonios, contrarrestan complots espirituales o incluso rechazan las fuerzas físicas más sutiles de la enfermedad, no lo sabemos. Quizás algún día nos quedemos asombrados por los múltiples servicios que las bandas invisibles nos han prestado. Y si bien algunos creyentes han tenido visiones o experiencias notables, la realidad es que masivamente no lo sabemos. Pero que están y son ministradores a nuestro favor, eso sí está escrito y lo podemos creer con confianza.
Convendría recordar que es a DIOS, a quien estos ángeles pertenecen; ÉL les da un cargo – de ÉL reciben su comisión – ante ÉL son responsables de su encargo. De Dios debes esperarlos; y por su ayuda, solo él recibirá la alabanza. Se dice expresamente: Él mandará a sus ángeles; para mostrar que no se les debe orar ni alabar a ellos; sino solo DIOS, de quien son siervos. La promesa en los versículos 11-12 fue citada y torcida por Satanás en su tentación de Jesús en el desierto. Dice en Mateo 4:5-7: Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, En sus manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. Aunque te cueste creerlo, en este episodio tan conocido por todos, hay algo que no siempre se le ha prestado demasiada atención. Satanás, para tentarlo y obligar a Jesús a construir una crisis, le citó nada menos que este salmo, como supuesta promesa de protección si Jesús lo hacía.
De todos modos, la forma en que Satanás cita este texto, es la mejor prueba respecto a cómo tergiversa el infierno la genuina palabra de Dios. Ex profeso, el diablo omitió las palabras que te guarden en todos tus caminos. Probar a Dios de esta manera no era el camino de Jesús; no era el camino del Salvador. Dios nunca había prometido, ni dado, protección alguna de sus ángeles, en caminos pecaminosos y prohibidos. A este texto Satanás lo aplica incorrectamente, porque no lo usó para enseñar o animar, sino que pretendía engañar, haciendo de esta palabra una promesa que se cumpliría si Cristo descuidaba su deber; extendiendo la promesa de una providencia especial en cuanto a los peligros a los que los hombres se arrojan voluntariamente. De una manera extraña, estamos agradecidos por el intento de Satanás en Mateo 4, porque nos ayuda a comprender mejor el Salmo 91. Vemos que el salmo no da promesas absolutas para cada creyente en toda circunstancia, sino hermosas promesas de la protección, el consuelo y el cuidado de Dios, que son recibidas y aplicados específicamente en el creyente por el Espíritu Santo.
Hollarás al cachorro del león y al dragón: La protección de Dios a su pueblo se extiende más allá de la liberación general del daño; también habla de una concesión general de la victoria a su pueblo, incluso sobre oponentes tan fuertes como el cachorro del león y el dragón. Estas palabras representan a los siervos de Dios no sólo como sobrevivientes, sino como vencedores, que pisotean enemigos mortales. Hay otra conexión interesante con la tentación de Jesús en el desierto. “La confianza del Señor en su Padre también resultó en la derrota de Satanás, otra parte del salmo que el diablo omitió. Bueno, muy bien; ahora tengo una mala noticia para varios. Esto que hace Satanás durante la tentación de Jesús en el desierto, tiene absoluta equiparación con lo que hacen muchos hombres inescrupulosos que, con la única finalidad de aumentar sus prestigios o fortunas, toman un texto bíblico que dice algo singular y, sacándolo fuera de su contexto, lo utilizan para manipular voluntades. Supongo que tienes claro que esto no es ningún invento mío y lo has visto en mediana o lejana cercanía de donde resides.
Asimismo, en el contexto de este salmo vemos una promesa de protección divina para la salud, y eso lo hace más que interesante. Lo cierto es que lo que ese pasaje del salmo promete es una protección de las enfermedades como una bendición de vida redimida. La palabra plaga, que se traduce así del hebreo nehgah, se utiliza para algo infligido sobre un cuerpo y en una época se refería específicamente a las manchas de la lepra. Aquí se habla de una defensa permanente contra las enfermedades infligidas, pero a condición de que hagamos del Señor nuestro verdadero refugio y habitación. ¿Cómo podemos hacer esto? Dos palabras hebreas nos dan la respuesta. La palabra makhseh, traducida como Esperanza, quiere decir refugio, lugar de protección, guarida. Y deriva de la raíz khawsaw, que significa buscar protección, confiar en. Maween, traducido como Habitación, indica un retiro.
Viene de la raíz onah, que describe la seguridad que se experimenta en la intimidad de la vida, como en el matrimonio. De estas palabras clave sale un principio. Cuando hacemos de Dios nuestro refugio y habitación, al confiar en Él, llevarle nuestras preocupaciones, temores, necesidades; cuando buscamos su orientación, invirtiendo tiempo para renovarnos en su presencia, amándolo y caminando junto a Él cada día, entramos a un refugio lleno de promesas de salud. Esta verdad nos salvaguarda contra el hacer de la oración por la sanidad un recurso de emergencia, como sucede con algunos que acuden a ella sólo en caso de enfermedad. Busquemos el arrepentimiento y una renovada comunión con Dios y descubriremos su misericordia.
Los últimos tres versos de este salmo, los que van del 14 al 16, expresan: Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre. Me invocará, y yo le responderé; Con él estaré yo en la angustia; Lo libraré y le glorificaré. Lo saciaré de larga vida, Y le mostraré mi salvación. Por cuanto en mí ha puesto su amor: Estos últimos tres versículos están escritos en primera persona mientras Dios habla promesa y bendición sobre Su pueblo. Habla específicamente sobre aquellos que han puesto su amor en Él. Se ha señalado maravillosamente que las últimas palabras de este salmo no son dichas por el pueblo de Dios, sino para el pueblo de Dios. Por cuanto en mí ha puesto su amor: Esto se usa en otros lugares en contextos de poner el corazón en alguien o en alguna iniciativa. Como compromiso del hombre con Dios, solo se usa aquí. Poner el amor en Dios significa hacerlo por elección. Uno no espera que llegue el sentimiento de amor, sino que simplemente elige pensar y actuar hacia Dios de manera que exprese y edifique el amor. Esto incluiría ciertos elementos que deberemos tener más que en cuenta.
Por ejemplo: Pasar tiempo con Dios. – ¿Qué es pasar tiempo con Dios? ¿Acaso orar ciertas oraciones armadas durante una hora o dos? No. Eso sigue siendo religión, aunque no tenga en su visibilidad nada de malo. Pasar tiempo con Dios es, indefectiblemente, mantener una conversación tal como si se tratara de nuestro mejor amigo. Contarle nuestras cosas, pedirle perdón por nuestros errores, incluidos pecados, y preguntarle todo aquello que necesitamos saber. Claro está que, para que esto último tenga validez suma, deberíamos tener muy en cuenta un elemento siguiente, que es el de Escuchar a Dios. ¿Tiene voz, Dios? ¿Alguien lo ha escuchado? Estas dos preguntas, estoy absolutamente seguro que debe tener no menos de veinte respuestas positivas por parte de algunos que me están escuchando. Pero también tengo certeza que la experiencia de uno de ellos, no se asemeja a ninguna de las otras y así sucesivamente con todos. Dios puede hablarte de muchas maneras y por medio de muchos elementos distintos. No tiene un método ni un idioma. ¿O seremos tan ignorantes para suponer que el idioma del cielo es el español? ¿Y nuestros hermanos de otras latitudes con otros idiomas, qué? Por eso, es necesario pasar al siguiente.
- Y el siguiente es Leer lo que Dios nos ha escrito. ¿Cómo es eso? ¿Tenemos que entender y creer que todo lo que nuestras biblias dicen ha sido escrito por Dios? No. Todos sabemos que eso no es tan así como algunos pretenden verlo. Hay dos verdades que en apariencia parecen contradecirse, pero que en definitiva, son coherentes. La primera es que la Biblia, ES la Palabra de Dios escrita. La segunda, que a esa palabra hay que encontrarla con la guía del Espíritu Santo que es el encargado de revelarla. ¿Y desde donde la revela? Desde un compendio de letras que han sido escritas por hombres que, en algunos casos, hicieron prevalecer su carne por sobre la inspiración divina. Recuerda siempre que los hombres no son perfectos. Ninguno. Sólo Jesús de Nazaret lo fue. Por tanto, aquellos que escribieron los distintos libros de nuestra Biblia, así como los otros hombres que se ocuparon de traducirla de los originales, cometieron errores y muchos. Sólo el Espíritu Santo te los puede mostrar y revelar verdades sobre los errores. De ninguna manera una doctrina denominacional o de credo humano lograría hacer tal cosa. Entrega tu lectura al Espíritu Santo, espera en Él, créelo y tendrás claridad y luz.
Luego, debemos Hablar con Dios. a te lo mencioné antes al modo. Por cada “Señor te pido”, que no está prohibido ni mucho menos, deberíamos implementar un “Señor te doy”, todo complementado con uno o varios “Gracias Señor por…”. Si lo dejamos en lo primero, ya no será un diálogo, sino un monólogo. Y lo que enriquece, bendice y da herramientas para vencer, es el diálogo dimensional con nuestro Padre, en nombre del Hijo y con la guía de Su Espíritu. Así es como opera esta dimensión, es como se nos ha enseñado desde los profetas hasta hoy y, sin embargo, todavía hay una multitud de cristianos que o lo ignora o, aún sabiéndolo, lo omite. Allá cada uno, tiene libre albedrío para hacerlo como le plazca, pero después hágame el bendito favor de no cargarle las culpas a Dios por sus crisis y etc. ¿Tienes tiempo libre en algún momento del día? Complicado en estas épocas, pero si lo tienes, piensa en Dios en alguno de esos tiempos libres.
La otra más que valiosa e importante, es Adorar a Dios. Ya lo sé. Salvo que hayas tenido realmente un discipulado bíblico y genuino, esto que te menciono no podrás llevarlo mucho más allá de lo que semanalmente haces durante la reunión, culto o servicio de la que sea tu iglesia. Levantar tus manos, cerrar tus ojos como en medio de un éxtasis, mientras de fondo suena una música lenta, que brota de los instrumentos de la banda de alabanza y adoración de tu congregación. En el mejor de los casos, de excelente cultura y riqueza musical, con afiatados coros y mejores letras al tono. Durante todo ese lapso, que generalmente es el primero, para luego dar paso a la rítmica alabanza como preludio al mensaje o sermón del ministro o pastor. Eso, en grandes rasgos es, para ti, adorar a Dios. Lo siento mucho, pero tengo que decirte que no es así. Y no te culpo, porque yo mismo creí durante muchísimos años esto que termino de darte como ejemplo. Solamente cuando la luz del Espíritu Santo vino de verdad a mi vida pude ver la adoración tal cual es. En primer término, en espíritu y en verdad, de otro modo es herejía. Y, en segundo lugar, todo lo que podemos pensar, sentir, expresar y hacer para demostrarle a nuestro Padre que realmente lo adoramos, y que esa adoración va un poco más allá de tres canciones lentas un día a la semana.
Mandamiento no escrito: Hablar de Dios a otros. Durante mucho tiempo la iglesia cristiana tradicional se tomó como tarea básica salir a la calle a hablar de Dios a todo los que teóricamente no lo conocen. Lo hizo de una y mil formas distintas, utilizando una decena de metodologías, algunas de ellas, rozando lo pintoresco o sencillamente lo ridículo. Nadie puede ni dudar ni cuestionar la enorme y buena voluntad puesta de manifiesto en todos los que vociferaron en una plaza, repartieron tratados o los pasaron por debajo de las puertas de las viviendas y los que, Biblia en mano, se plantaban en alguna esquina y en un santiamén se bajaban santos y demonios fundamentándose en la ira de Dios. Sus intenciones fueron las mejores, pero olvidaron un detalle central: para hablar de algo o de alguien, debes conocerlo. Y, de ser posible, más que bien. No puedo hablar mal o bien de una marca de automóviles si jamás viajé ni siquiera de acompañante en alguno de ellos. Parece tonto el ejemplo, pero es contundente. Solamente aquel que conoce a Dios y sabe quien es él mismo en Dios, puede salir a la calle y presentarlo como lo que es: supremo Hacedor y Creador de todos los universos. No alcanza con tener información acerca de Dios, se lo debe conocer.
- Nuestra cultura actual a menudo piensa en el amor como algo que le sucede a la gente, no como algo que uno elige. La frase por cuanto en mí ha puesto su amor nos recuerda que un aspecto significativo del amor es de hecho la elección, y esto describe en parte el amor que debemos darle a Dios. Yo también lo libraré: Las promesas y principios declarados anteriormente en este salmo se repiten nuevamente, pero esta vez desde la perspectiva de Dios mismo. Dios protegerá a Su amado y lo pondrá en alto – y lo hará por cuanto ha conocido mi nombre y tiene una relación real con Dios. Le pondré en alto: Lo pondré fuera del alcance de todos sus enemigos. Lo honraré y lo ennobleceré, por cuanto ha conocido mi nombre – porque me ha amado, honrado y servido, y me ha rendido el culto que me corresponde. Él me ha conocido como el Dios de infinita misericordia y amor. Hay bendiciones que algunos creyentes se pierden, simplemente porque siempre están preocupados y no confían en Dios como deberían. Aquí el salmista cita a Dios diciendo que las bendiciones son para aquellos que aman a Dios y reconocen su nombre, lo invocan y buscan satisfacción en lo que solo él puede proporcionar.
Dice: Me invocará, y yo le responderé: Dios promete responder la oración del que le ama y del que verdaderamente le conoce. Con él estaré: En las últimas líneas del salmo, Dios habla bendiciones personales y maravillosas sobre el que lo ama y lo conoce: La bendición de Su presencia: Con él estaré yo en la angustia. – La bendición de Su protección: Lo libraré. – La bendición de Su promoción: Le glorificaré. – La bendición de Su prosperidad: Lo saciaré de larga vida. – La bendición de Su preservación: Y le mostraré mi salvación. Con él estaré: Entonces, ningún hombre necesita agregar soledad a la tristeza, pues puede tener a Dios sentado con él, como los amigos de Job, esperando consolarlo con verdadero consuelo. Con él estaré yo en la angustia: “Nuevamente Dios habla y actúa como una madre tierna hacia un niño enfermo. Cuando el niño está en perfecto estado de salud puede dejarlo en manos de la niñera; pero cuando está enfermo, ella misma lo atenderá; ella le dirá a la niñera: Puedes atender un tiempo a algún otro asunto, yo misma cuidaré al niño.
Me gustaría reiterar este salmo, pero acudiendo a la versión Nueva Traducción Viviente, más conocida por la NTV. Así dicen los dieciséis versos:
Los que viven al amparo del Altísimo encontrarán descanso a la sombra del Todopoderoso. Declaro lo siguiente acerca del Señor: Solo él es mi refugio, mi lugar seguro; él es mi Dios y en él confío. Te rescatará de toda trampa y te protegerá de enfermedades mortales. Con sus plumas te cubrirá y con sus alas te dará refugio. Sus fieles promesas son tu armadura y tu protección. No tengas miedo de los terrores de la noche ni de la flecha que se lanza en el día. No temas a la enfermedad que acecha en la oscuridad, ni a la catástrofe que estalla al mediodía. Aunque caigan mil a tu lado, aunque mueran diez mil a tu alrededor, esos males no te tocarán. Simplemente abre tus ojos y mira cómo los perversos reciben su merecido. Si haces al Señor tu refugio y al Altísimo tu resguardo, ningún mal te conquistará; ninguna plaga se acercará a tu hogar. Pues él ordenará a sus ángeles que te protejan por donde vayas. Te sostendrán con sus manos para que ni siquiera te lastimes el pie con una piedra. Pisotearás leones y cobras; ¡aplastarás feroces leones y serpientes bajo tus pies! El Señor dice: Rescataré a los que me aman; protegeré a los que confían en mi nombre. Cuando me llamen, yo les responderé; estaré con ellos en medio de las dificultades. Los rescataré y los honraré. Los recompensaré con una larga vida y les daré mi salvación.
Es imposible sintetizar la Palabra de Dios. Esa Palabra es lo que es y, cualquier pretensión de resumirla, fracasará ante la proverbial carencia de unción para realizarlo. Pero hay claves y puntos específicos que sí se pueden mencionar como básicos. Encontrará descanso a la sombra de Dios, aquel que vive su vida al amparo de ese Dios, no el que habla a raudales de él pero luego vive su vida como le da la gana. ES en ese tenor donde será protegido de toda enfermedad mortal, lo que equivale a decir que sencillamente, un día morirá, pero en sana vejez, con la serenidad y la paz de un ciclo cumplido. Ningún mal lo conquistará, pero solamente si hace al Señor su refugio y su resguardo. Si elige hacerlo con la ciencia o algún otro invento de hombre, nada podrá el cielo hacer a su favor. Y no estoy hablando de no utilizar la medicina, estoy hablando de convertirla en objeto de nuestra fe, en reemplazo del Señor. Y, finalmente, dice que Él los rescatará, pero sólo a los que lo aman y a los que confían en Él. O sea: no es para todos, es para los que realmente decidieron ser y vivir como hijos suyos por Cristo.
Con todo esto en mis manos, vuelvo al principio y quiero entender que, si en esos últimos cinco minutos de su presencia en esta tierra, el Espíritu Santo me regaló la Gracia de haber puesto en el espíritu y el alma de mi madre el suficiente entendimiento para ver y creer en todo esto, ella hoy está en el mismo lugar al que un día arribaremos con todos los que hoy creen aman, sirven y confían en el único Dios de todos los universos y en su Hijo, el Cristo, quien por medio de su sangre vertida en la cruz, nos compró para ingresarnos a la presencia del Padre.