Este trabajo de hoy nos permite arribar justamente a la mitad del texto total de la carta de Pablo a los Efesios, que como creo haberte dicho en el primer estudio, forma parte conjuntamente con Mateo 5, de la palabra que hoy Dios está activando en las vidas de sus hijos. Mateo 5 nos dijo que a pesar de que se nos dijo y se nos enseñó tal o cual cosa a través de todos estos tiempos transitados, este de hoy es un tiempo donde todo esto está en absoluta evaluación con el Espíritu Santo como guía a toda verdad, y produciendo como fruto y resultado revelaciones que ayudan a darle forma a todo aquello que hasta hoy, se encontraba escondido en el misterio de una negrura de espíritu que sólo podía ser sacudida por la luz del Espíritu y la revelación de todo lo que el cuerpo de Cristo en la tierra debe saber hoy. Voy a leer completo el texto final del capítulo 3 de esta carta, en los versos que van desde el 14 hasta el 21, y luego vamos a estudiarlos a la luz de nuestras biblias y todo el caudal que el Señor quiera aportarnos.
Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.
Lo dicho. Toda familia toma nombre del que tiene el nombre que está por sore todo nombre. A esto lo hemos leído, dicho, enseñado, escuchado y predicado centenares de veces. Lo que no siempre hemos podido asumir, es que no todo el que leyó, dijo, enseñó, escuchó o predicó sobre esto, sabe realmente por qué esto es así como se lee, se enseña, se escucha y se predica. ¿Por qué el de Jesús es el nombre que está por sobre todo nombre? ¿Cuál es la razón? Muchas, indudablemente, pero en principio te dejo una pregunta: ¿Qué nombre puede traer consuelo, esperanza y salvación a nuestras vidas? Jesús es el nombre sobre todo nombre, el único que puede llenarnos de paz y amor incondicional. Conocer a Jesús es experimentar su gracia y misericordia, permitiéndonos vivir una vida plena y en comunión con Dios. Descubrir el poder transformador del nombre de Jesús y cómo puede cambiar nuestra vida para siempre, es la aventura más maravillosa que se pueda vivir.
Decimos que el nombre de Jesús es el más elevado de la Biblia. En su contexto, el nombre de Jesús es el más elevado y poderoso. En Filipenses 2:9-11 se nos dice que Dios le ha dado a Jesús un nombre que está sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre. Este pasaje resalta la supremacía y exaltación del nombre de Jesús en toda la creación. Además, en Hechos 4:12 se declara que no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres por el cual podamos ser salvos más que el nombre de Jesús. Esta afirmación enfatiza la singularidad y poder redentor del nombre de Jesús en la obra de la salvación. Por lo tanto, en la Biblia, el nombre de Jesús es reconocido como el más elevado, poderoso y salvador, capaz de traer redención, sanidad y liberación a todos aquellos que creen en Él.
Jesús mismo enseñó en Juan 14:13-14 que todo lo que pidamos en su nombre, lo hará para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Esto nos muestra que invocar el nombre de Jesús en oración es un acto de fe que abre puertas y desata bendiciones en nuestras vidas. El nombre de Jesús tiene autoridad y poder para obrar milagros y transformar situaciones imposibles. Además, el nombre de Jesús está lleno de significado y promesas para los creyentes. En Hechos 4:12 se declara que no hay otro nombre dado a los hombres mediante el cual podamos ser salvos, resaltando la centralidad de Jesús en el plan de redención de Dios para la humanidad. Confiar en el nombre de Jesús como Salvador y Señor es la base de la fe cristiana, pues en Él encontramos perdón, sanidad, liberación y vida eterna. En resumen, el nombre de Jesús es más que una etiqueta o un título, es la expresión del amor, la gracia y el poder de Dios manifestados en la persona de Cristo. Invocar su nombre con fe y reverencia nos conecta con su presencia y nos permite experimentar su poder transformador en nuestras vidas.
La Biblia revela múltiples aspectos del nombre de Jesús a lo largo de sus páginas, mostrándonos quién es Él y cuál es su misión en el plan divino de salvación. Desde el Antiguo Testamento, profetas como Isaías anunciaron la venida de un Mesías que sería llamado Emmanuel, es decir, Dios con nosotros. En el Nuevo Testamento, el evangelio de Mateo nos presenta el cumplimiento de esta profecía al nombrar a Jesús como el cumplimiento de todas las promesas mesiánicas del Antiguo Testamento. En Mateo 1:21, un ángel revela a José que María dará a luz un hijo al que llamarán Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados. A lo largo de los evangelios, Jesús mismo se presenta como el Buen Pastor, el Pan de Vida, la Luz del Mundo, el Camino, la Verdad y la Vida, revelando así su identidad divina y su papel como mediador entre Dios y la humanidad. Cada uno de estos títulos y nombres nos ayuda a comprender la naturaleza y el propósito de Jesús en su ministerio terrenal. En conclusión, la revelación del nombre de Jesús en la Biblia nos muestra su carácter, su poder y su amor incondicional hacia nosotros. Conocer y entender los nombres y títulos que se le atribuyen nos acerca a una relación más íntima con Él, permitiéndonos experimentar su gracia y su salvación de manera personal y transformadora.
El nombre de Jesús ha tenido un impacto significativo en la historia y la cultura occidental, siendo reconocido como un símbolo de esperanza, redención y amor. Desde los primeros siglos del cristianismo, el nombre de Jesús ha sido predicado y proclamado como el único medio de salvación para la humanidad, llevando a la expansión del evangelio por todo el mundo conocido. En la Edad Media, artistas, escritores y teólogos se inspiraron en la figura de Jesús para crear obras de arte, literatura y música que expresaban su devoción y admiración por Él. Grandes obras como «La Última Cena» de Leonardo da Vinci o «El Mesías» de Handel reflejan la influencia del nombre de Jesús en el arte y la cultura europea. En la actualidad, el nombre de Jesús sigue siendo objeto de culto y adoración para millones de personas en todo el mundo, trascendiendo barreras de idioma, cultura y nacionalidad. Su mensaje de amor, perdón y reconciliación sigue siendo relevante y transformador para aquellos que buscan significado y propósito en sus vidas. Para concluir, el impacto del nombre de Jesús en la historia y la cultura es innegable, mostrando su capacidad para unir a personas de diferentes orígenes y creencias en torno a un mensaje de esperanza y redención. Su nombre sigue siendo una fuente de inspiración y consuelo para aquellos que buscan la verdad y la plenitud en medio de un mundo lleno de incertidumbre y dolor.
Como creyentes, tenemos la responsabilidad de honrar y exaltar el nombre de Jesús en todo momento y lugar, reconociendo su señorío y su poder sobre todas las cosas. En Filipenses 2:10 se nos insta a que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra, demostrando así nuestra sumisión y adoración a Él como Señor de nuestras vidas. Honrar el nombre de Jesús implica morir a la carne y estar EN Él, vivir de acuerdo con sus enseñanzas y ejemplo, reflejando su amor y su gracia en nuestras relaciones y acciones diarias. Como embajadores de Cristo en este mundo, nuestra vida debe ser un testimonio vivo de su poder transformador y redentor, mostrando al mundo la belleza y el significado de seguir a Jesús. En definitiva, honrar y exaltar el nombre de Jesús es mucho más que repetir palabras vacías o realizar rituales religiosos. Se trata de vivir una vida que refleje su amor y su verdad, compartiendo con otros el regalo incomparable de la salvación que encontramos en Él. Que nuestro testimonio y nuestra adoración sean un reflejo fiel del amor y la gracia que hemos recibido en el nombre sobre todo nombre: Jesús.
Como dato anexo, puedo añadirte que el significado de que Jesús es nombre sobre todo nombre en la Biblia es que Él es supremo y tiene autoridad por encima de cualquier otro nombre o título, demostrando su divinidad y poder como el Hijo de Dios. Jesús, asimismo, se considera el nombre más poderoso en la fe cristiana porque representa la salvación y el perdón de pecados a través de su sacrificio en la cruz, según la enseñanza de la Biblia. La importancia de reconocer a Jesús como el nombre sobre todo nombre en la vida de un creyente radica en que es a través de Él que se obtiene la salvación y la vida eterna según la Biblia. Jesús es el único camino para llegar a Dios y tener una relación íntima con Él. Reconocer a Jesús como el nombre sobre todo nombre implica someterse a su autoridad, seguir sus enseñanzas y vivir de acuerdo a sus mandamientos para recibir bendiciones y la gracia de Dios. Siempre recuerdo que el enorme evangelista argentino Carlos Anacondia, cuando debía reprender demonios en alguien afectado, lo hacía en el nombre de Jesús de Nazaret. Decía con humor que eso era para que ningún demonio simulara no haber entendido de quien se trataba. Nombre sobre todo nombre.
Además, y en referencia al orden familiar aquí mencionado, hablando en términos humanos, nosotros ligamos la identidad de un esposo, esposa y niños a su apellido familiar. Esto, sin embargo, los identifica superficialmente, porque la identidad familiar tiene una raíz más profunda. Familia, fíjate, es una palabra que está arraigada en Dios. Dios es Padre, el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Dios es, en sí mismo, una familia divina. Eso a su vez se expresa en la manera en como Dios se relaciona con la gente. La Biblia revela este aspecto de la naturaleza de Dios en un rico y variado uso de imágenes de la familia. Dios es tu Padre, nuestro Padre. Dios es el esposo para su pueblo. Dios es como una madre que cría a sus hijos. Cristo es el esposo de la iglesia. Cuando un hombre y una mujer se unen en matrimonio, Dios les otorga este nombre que en esencia le pertenece. El nombre de Familia. El esposo, la esposa y los hijos, viven a la altura del verdadero significado de esta palabra, cuando reflejan la naturaleza y la vida de la familia divina en la familia humana.
Luego sigue Efesios: para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; Para mi gusto, ser fortalecidos con poder equivale de alguna manera a dejar o permitir que el Espíritu Santo obre en el creyente, cosa que lamentablemente no se alcanza a vislumbrar en todos los grupos autodenominados cristianos. Pablo se lo explica así a los Colosenses: Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad; A los Romanos, les dice algo mucho más escueto, pero apuntado a ese hombre interior del que tanto hablamos y que tan poco conocemos: Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¿Solamente al carnal de Pablo le ocurrirá esto?
Para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, En principio, no te está diciendo que un Cristo pequeñito habita dentro de nuestros corazones. Te enseña que en un Cristo enorme, tú estás adentro si le crees, y entonces por consecuencia, lo autorizas a habitar en las más profundas decisiones de tu alma, que es el corazón hebreo. Por eso es que en Juan, vemos cuando Jesús le responde una pregunta a Judas y le dice: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. Si Cristo fuera un ser diminuto que habita en tu corazón, tú estarías CON Cristo en tu corazón. Pero si estás EN Cristo, la dimensión es otra. Una vez más es atinado recordar lo que Pablo les dice a los Colosenses: si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro. Fundados, es decir, con altos fundamentos y firmes, esto es: sin que ningún viento exterior te mueva. Sólo así podrás permanecer primero, y difundir, proclamar predicar el verdadero evangelio, después.
Seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, Haz una pausa y medita. ¿Qué conocemos nosotros con relación a las dimensiones que conforman la creación de Dios? Ancho, largo, profundidad y altura. ¿Qué sabemos de eso? Con absoluta humildad, yo en lo personal creo que nada, o si me quiero levantar la autoestima, algo muy pequeño y somero. No soy el primero ni el único, ya en Job lo vemos en labios de un personaje llamado Zofar naamatita, cuando le dice a Job: ¿Descubrirás tú los secretos de Dios? ¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso? Es más alta que los cielos; ¿qué harás? Es más profunda que el Seol; ¿cómo la conocerás? Su dimensión es más extensa que la tierra, Y más ancha que el mar. A veces, cuando tengo ocasión de ver u oír a alguien con poder o riquezas, hablar del modo en que lo hace, dejar traslucir la enorme vanidad y soberbia con las que se cree omnipotente y lo comparo con esto que termino de leerte, la única sensación que me deja es la de una profunda tristeza, algo de impotencia por no poder cambiarlo con mis fuerzas y, esencialmente, una gran compasión. Pobre humano ignorante.
Y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Que excede a todo conocimiento… No me alcanza mi pobre mente humana para imaginarme lo que eso significa, realmente. Lo que está a nuestro mismo nivel, es sencillo verlo. Incluso lo que está en profundidades inferiores, sean terrestres o marítimas, hay una estimación cierta. Pero en lo que milita en las alturas, imposible. Conocer el amor de Cristo es la esencia más completa de lo que llamamos plenitud. Toda la plenitud de Dios, por ejemplo, nos habla de más de una experiencia o aspecto de su verdad o de su poder. En realidad apunta a una profunda espiritualidad, que participa de forma balanceada de todas las bendiciones, recursos y sabiduría de Dios. Por esta razón es que Pablo se encuentra en la obligación de explicárselo a los Colosenses de manera concreta, cuando les dice: Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad.
Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, ¿Prestaste suma atención a algo muy valioso que te dice aquí? Te dice que al que llama Aquel, por Cristo, es poderoso para hacer cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos. ¡Por favor! ¿Te das cuenta de lo que significa esto? Lo he vivido en ciertas situaciones personales, doy fe. Lo adjudiqué a una mera circunstancia, porque aún no había terminado de entender esto. Pero doy fe que es así. Por eso es que Pablo, cuando le escribe a los Romanos, intenta dejarles en claro que nada puede hacer ningún hombre por sì mismo, si no está el Espíritu Santo presente para revelar todo aquello que estuvo escondido y que conformaba el gran misterio por venir. Les dice algo así como: Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, pero que ha sido manifestado ahora, y que, por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe, al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para siempre.
Es indudable que con todos estos elementos disponibles para los hijos de Dios, la proyección nos tiene que llevar inexorablemente a ser partícipes activos de la plenitud de Cristo. Y cuando hablo de plenitud, me estoy refiriendo a lo que se traduce del vocablo griego pleroma, que significa algo así como número completo, o complemento total, o medida plena, copiosidad y, obviamente, plenitud. Es de alguna manera, todo aquello que ha sido completado. La palabra, no obstante, describe a un barco con su tripulación y cargamento completos, y una ciudad sin casas vacías. Pleroma enfatiza fuertemente la plenitud y lo completo. Así se puede leer desde la frialdad académica de lo teológico, pero créeme que experimentarlo, asciende muy por encima de todo lo que, desde lo humano, nosotros podamos añadirle. Sólo baste hacernos cada uno una pregunta a nosotros mismos y darnos, también nosotros mismos y sin participación de terceros, la respuesta correcta. ¿Cuántas veces en nuestras vidas terrenales hemos podido sentir viva esa palabra, plenitud? En tu respuesta personal, está la cualidad y calidad de tu futuro.
A él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén. Última frase para completar este tercer capítulo, exactamente la mitad de una carta tremenda que dice mucho más de lo que hasta hoy, nosotros creíamos que había dicho. Cuando lees algo que has leído decenas de veces sin entender nada y se te hace la luz en tu espíritu y entiendes todo como si nunca lo hubieras leído, eso tiene un nombre: revelación. La causa y razón para esa revelación, es un tema que se dilucida entre el Espíritu Santo y quien la ha recibido. Pero te puedo asegurar que no ha sido para entretenerse con espectáculos sobrenaturales y, mucho menos, para que un hombre terrenal y carnal se luzca haciendo uso y abuso de ella. Dice que la gloria de la iglesia será por todas las edades. No habla de edades de personas, sino de ciclos. ¿Recuerdas la Edad de Piedra y las que luego la sucedieron? De eso habla. Por eso es que luego lo concluye con la declaración de que también será por los siglos de los siglos. Y a esto tómalo de las dos maneras, ya que ambas hacen cohesión. Por todos los tiempos transcurridos y los que todavía quedan por vivirse en esta tierra, y por todos los sistemas inventados por el hombre con la vanidosa presuntuosidad de reemplazar el de diseño divino.
Pablo tenía más que claro todo esto, pero no así aquellos a quienes él había o estaba ministrando. De allí que en sus cartas tenga la necesidad de explicarlo todo o casi todo, que sería una especie de imitación a lo que hoy vemos en la mayoría de los templos cristianos, donde sus líderes, si están en fidelidad y desean que sus liderados maduren y crezcan, también deben repetir semana tras semana, culto tras culto, en sus predicaciones, casi las mismas cosas que Pablo también reiteró hasta el cansancio en sus epístolas. A los Romanos, por ejemplo, les dijo: ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.
Me has escuchado o leído en muchas ocasiones censurar con dureza a ciertas estructuras cristianas y, por consecuencia directa, a sus liderazgos. Eso de ninguna manera ha significado ni significa que mi opinión sea que no debe existir ni estructura ni líderes. Organizarse para servir y adorar mejor al Señor, es edificante y necesario. Que alguien tome la autoridad de oficiar como referente o conductor de un rebaño, también. De hecho, ninguna de estas cosas autorizan a ningún ser humano a convertirse en el propietario de la vida de otro ser humano, eso es lo censurable y, lamentablemente, como todos sabemos, abundante. Pero eso no ha sido obstáculo, ni lo es, para que hombres genuinos de Dios se pongan sobre sus hombros la carga de todo un caudal humano y los lleve a buen puerto sacrificando su propia vida personal para lograrlo.
Lo único que Dios Padre espera, con la potestad del Hijo como cabeza principal, que su asamblea de representantes en la tierra, denominada eklessia, y más conocida como iglesia, es que funcione en todo lo que se operó en el Nuevo Testamento, pero sin perder d vista de ninguna manera y bajo ningún argumento, que la cabeza de todo es Cristo, y que todo aquello que no esté de acuerdo con lo que Él es, con lo que Él dice y con lo que Él enseña, por mejor intencionado que sea, y por mejor o más brillante sea el éxito humano conseguido, está por fuera de la voluntad de Dios, ingresa directamente en el área de la desobediencia y, como consecuencia de ello, quedar pasibles de juicio. Definitivamente, si tenemos un Nombre que es Sobre todo Nombre a nuestro favor, no se ve la razón o el argumento por el cual tantos hombres que dicen ser cristianos lo han dejado de lado para pasar a ser ellos mismos una cabeza falsa y pecaminosa. Me hubiera agradado decirlo de un modo más suave y elegante, pero desde que la luz del Reino aterrizó en mi espíritu, he optado por no usar ni sinónimos, ni eufemismos ni simulaciones, sino simplemente llamar a las cosas por su nombre e ir siempre de frente con la Verdad. Porque la Verdad es el Camino que lleva a la Vida.