Las dos palabras del título presentan, a la hora de los análisis, propiedades distintas, pero consecuencias similares. Una cosa es la libertad vista desde la óptica secular y otra muy distinta desde la divina. Una cosa es la esclavitud desde el plano del mundo natural y otra muy distinta desde el ámbito del espíritu. Sin embargo, tanto libertad como esclavitud recorren las distintas páginas de nuestras biblias y nos deparan frescas revelaciones, en la medida que las busquemos bajo el simple acto de escudriñarlas. Pablo les habla a los Romanos de ambas cosas y les deja una serie de conceptos que bien vale la pena determinar. Por eso el título no apunta a una pregunta que nos lleve a reflexionar, sino a una sentencia que debemos respaldar con nuestros actos.
Romanos 8: 14 = Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios. (15) Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! Es adecuado que los hijos de Dios sean guiados por el Espíritu de Dios. Sin embargo, no debemos pensar que ser guiados por el Espíritu es una condición previa para ser un hijo de Dios. En lugar de eso, nos hacemos hijos primero y luego el Espíritu de Dios nos guía. ¿Y como nos hacemos hijos? Entrando en el ámbito del unigénito de Dios Padre, Cristo. Cuando nuestra entrega es fiel y sincera, pasamos a estar EN Cristo, y eso nos convierte, automáticamente, en hijos de Dios. Él tiene un solo hijo, y si nosotros estamos EN Él, formamos parte de inmediato de su familia real.
Hay mucha confusión con respecto a esta calidad de hijos. Hay mucha gente que cree cosas que les enseñaron personas carentes de compromiso serio con el evangelio genuino. Fíjate que Pablo nunca dijo: “Todos los que van a la iglesia, estos son hijos de Dios”. Él no dijo: “Todos los que leen sus Biblias, estos son hijos de Dios”. Él no dijo: “Todos los que son patriotas de su país, estos son hijos de Dios”. No dijo: “Todos los que participan en la comunión, estos son hijos de Dios”. En este texto, la prueba para ver si somos hijos es si somos guiados por el Espíritu de Dios. La pregunta que surge, una vez más, es: ¿Cómo nos guía el Espíritu Santo? Tengo tres clases de respuesta que nos pueden resultar útiles: 1 – Somos guiados con dirección. 2 – Somos guiados al acercarnos. – 3 – Somos guiados por un gobierno de autoridad.
“No dice: ‘Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios’. No, el diablo es un conductor, y cuando penetra en la mente de los hombres o, incluso, hasta en los cerdos, los conduce furiosamente. Recuerda cómo todo el hato corrió violentamente hacia el mar y se ahogaron. Cuando veas a un hombre fanático y salvaje, cualquier espíritu que haya en él no es el Espíritu de Cristo. La otra pregunta al tono que también surge, es: ¿A dónde nos guía el Espíritu Santo? Aquí las respuestas llegan a la media docena. 1- Nos guía al arrepentimiento. 2 – Nos guía a pensar poco en nosotros y mucho en Jesús. 3 – Nos guía a la verdad. 4 – Nos guía al amor. 5 – Nos guía a la santidad. 6 – Nos guía a ser útiles.
El vivir como un hijo de Dios significa una relación íntima, de gozo, con Dios, no como la esclavitud y temor mostrados por la ley. Un hijo de Dios puede tener una relación tan cercana con Dios que puede clamar: ¡Abba, Padre! (Que significa algo así como decirle cariñosamente ¡Papi!). ¿Ese es el trato de Cristo con su Padre? Puede, ¿Quién lo dudaría? Es fácil para nosotros ver a Jesús relacionándose con el Padre con esta confianza bienaventurada, pero podemos pensar que no somos dignos de hacerlo nosotros. Sin embargo, recuerda que estamos EN Cristo: tenemos el privilegio de relacionarnos con el Padre de la misma manera que lo hace Cristo Jesús.
(16) El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. En pocas palabras, Pablo dice que aquellos que son hijos de Dios, nacidos de nuevo por el Espíritu de Dios, conocen su estatus porque el Espíritu Santo testifica a nuestro espíritu que así es. Esto no quiere decir que no haya quienes piensen o asuman erróneamente que son hijos de Dios aparte del testimonio del Espíritu. También hay cristianos cuyas mentes están tan nubladas por ataques espirituales que comienzan a creer la mentira de que, después de todo, no son hijos de Dios. Sin embargo, el testimonio del Espíritu todavía está allí. No debemos de preguntarnos si en verdad somos cristianos o no. Los hijos de Dios saben quiénes son. La ley judía decía que de la boca de dos o tres testigos todo debía de ser establecido Hay dos testigos de nuestra salvación: nuestro propio testimonio y el testimonio del Espíritu Santo.
(17) Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. Debido a que estamos EN Cristo, tenemos el privilegio de relacionarnos con el Padre de la manera que lo hace Jesús. Mejor dicho, todavía. El que se relaciona con el Padre es Jesús, y nosotros conjuntamente con Él porque vivimos EN Él. Por lo tanto, somos herederos de Dios y coherederos con Cristo. El ser un hijo de Dios también significa tener una herencia. En Lucas 18 el hombre principal le preguntó a Jesús: “¿Qué haré para heredar?” Pero el hombre principal no entendió porque la herencia no es cuestión de hacer, es cuestión de ser, de ser parte de la familia correcta. Debido a que estamos en Cristo, también somos llamados a compartir Su padecimiento. Los hijos de Dios no están inmunes al sufrimiento o a la aflicción. De hecho, el compartir los padecimientos presentes es una condición para nuestra futura glorificación. En lo que a Dios concierne, todo es parte del mismo paquete de filiación, sin importar cuánto quiera nuestra carne tener la herencia y la gloria sin el sufrimiento.
(18) Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Pablo no era ajeno ni ciego a las aflicciones de la existencia humana; él experimentó más que la mayoría de nosotros hoy. Sin embargo, aún consideraba que la gloria futura sobrepasaba a las aflicciones presentes. Sin una esperanza celestial, Pablo consideraba a la vida cristiana como necia y trágica. Pero a la luz de la eternidad, es la decisión más sabia que alguien puede hacer. Esta gloria venidera no solamente será revelada a nosotros, sino que, en realidad, será manifestada en nosotros. Dios ha puesto esta gloria en el creyente desde ahora mismo. Cuando estemos en el cielo, la gloria simplemente será manifestada. “La gloria será manifestada, no creada. La implicación es que ya existe, pero no es aparente.
(19) Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. (20) Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; (21) porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. (22) Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; Pablo considera que la creación misma está esperando ansiosamente la manifestación de los hijos de Dios; debido a que la creación fue sujetada a vanidad debido al pecado del hombre, y se beneficiará de la redención definitiva del hombre.
Isaías 11:6-9, describe esta redención de la creación en ese día: Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja. Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar. Solo Dios pudo sujetar a la creación en esperanza. Esto no fue obra del hombre ni de Satanás. Esto no solo beneficia a los hijos de Dios, sino a toda la creación. Hasta ese día, la creación gime a una, y a una está con dolores de parto. Ciertos grupos con una mentalidad “súper cristiana” han tomado la idea de la manifestación de los hijos de Dios para decir que toda la creación está esperando por su grupo particular de cristianos súper espirituales para ser manifestados de una manera poderosa e increíble. Esto es una fantasía puramente egoísta. La creación no está llevando dolores de muerte . . . sino dolores de parto.
(23) y no solo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo. (24) Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? (25) Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos. Esto significa que probamos esa gloria por venir. ¿Se nos puede culpar si anhelamos el cumplimiento de lo que hemos recibido en las primicias? Estamos esperando nuestra adopción. A pesar de que ya hay un sentido en el cual ya somos adoptados, también hay un sentido en el cual esperamos la consumación de esa adopción que sucederá en la redención de nuestro cuerpo
Dios no ignora a nuestros cuerpos físicos en Su plan de redención. Su plan para estos cuerpos es la resurrección, cuando esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. 1 Corintios 15:53 dice: Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Con paciencia lo aguardamos: El cumplimiento de nuestra redención es algo que todavía está distante, pero la esperamos con fe y paciencia, confiando que Dios es fiel a Su palabra y que la gloria prometida será una realidad. Alguien escribió que la paciencia es la actitud del soldado el cual en medio de la batalla no desmaya pero pelea con firmeza sin importar las dificultades.
(26) Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. (27) Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos. Cuando somos débiles, y no sabemos exactamente lo que hemos de orar, Dios mismo (Por medio del Espíritu Santo, dice que con gemidos indecibles, esto es, con palabras que no se entienden si no es por revelación o interpretación) nos ayuda haciendo intercesión por nosotros. Esta ayuda del Espíritu puede incluir orar con el don espiritual de las lenguas, pero ciertamente no es limitada a orar en una lengua extraña. La idea es simplemente el comunicar algo que nosotros no somos aptos para expresar. Estos gemidos dentro de nosotros no se pueden articular sin la obra intercesora del Espíritu Santo. Este, por supuesto, es el propósito del don de lenguas: permitirnos comunicarnos con Dios de una manera que no es limitada a nuestro propio conocimiento o habilidad de articular nuestro corazón ante Dios. El propósito de las lenguas no es probar que estamos “llenos del Espíritu” o que somos especialmente espirituales. La ayuda del Espíritu Santo en la intercesión es perfecta porque Él escudriña los corazones de aquellos que Él ayuda y puede guiar nuestras oraciones conforme a la voluntad de Dios.
(28) Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. (29) Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. (30) Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, a estos también glorificó. La soberanía y la capacidad de Dios para manejar cada aspecto de nuestras vidas es demostrada por el hecho de que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, aunque debemos de enfrentarnos a las aflicciones del tiempo presente. Dios puede hacer que incluso esas aflicciones obren para nuestro bien y para el suyo. Dios es capaz de obrar todas las cosas, no solo algunas cosas. Él obra cada una para bien. Esta promesa es para aquellos que aman a Dios dentro del marco del entendimiento bíblico del amor, y Dios maneja los asuntos de nuestra vida porque somos llamados conforme a su propósito. La cadena eterna de la obra de Dios se ve en la conexión entre los que antes conoció, predestinó, llamó, justificó, y glorificó. Dios no comenzó una obra en los romanos simplemente para abandonarlos en medio de su aflicción presente.
Pablo está diciendo que Dios es el autor de nuestra salvación, y eso desde el principio hasta el fin. No debemos pensar que Dios puede tomar acción solamente cuando le damos permiso. Por supuesto que creo en la predestinación, ya que está claramente enseñada en las Escrituras. La doctrina puede asumirse, aún si la palabra no hubiera sido utilizada explícitamente. Es una verdad emocionante que no me molesta para nada porque no es para lo individual, son para lo grupal. La iglesia genuina no religiosa es la predestinada. Y tú también, si eres parte de ella. El hecho de que Él nos eligió y comenzó la buena obra en nosotros prueba que Él continuará de hacerla. No nos traería hasta aquí solo para dejarnos. Sin embargo, nuestra participación en este plan eterno es esencial, reflejada en su meta: que podamos ser conformes a la imagen de su Hijo; y este es un proceso que Dios hace con nuestra cooperación, no algo que Él simplemente nos “hace. Que él sea el primogénito entre muchos hermanos: Esta es la razón del plan de Dios. Dios nos incorpora EN su Hijo a Su familia con el propósito de hacernos como Cristo Jesús, similares a Él en la perfección de Su humanidad.
(31) ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? Si todo lo que tuviéramos fueran los primeros capítulos del libro de Romanos, algunos podrían creer que Dios estaba contra nosotros. Ahora que Pablo ha mostrado todo lo que Dios hizo para salvar al hombre de Su ira y equiparlo para tener victoria sobre el pecado y la muerte, ¿quién puede dudar que Dios es por nosotros? Nuestros corazones débiles, propensos al legalismo y la incredulidad, reciben estas palabras con gran dificultad: Dios es por nosotros . . . Ellos le han fallado; pero Él es por ellos. Ellos son ignorantes; pero Él es por ellos. Ellos aún no han dado mucho fruto; pero Él es por ellos. Casi todos los hombres dicen o piensan que Dios es por ellos, los terroristas comenten crímenes horribles pensando que Dios es por ellos. Sin embargo, el Espíritu Santo guarda esta declaración con un “si”, para que podamos saber que solo porque un hombre piense que Dios está con él no significa que así sea. Dios es solamente por nosotros si estamos reconciliados a Él por medio de Cristo Jesús. Del mismo modo, a pesar del sufrimiento que enfrentan los cristianos, si Dios es por ellos, ¿Qué importa si otros están en contra de ellos? Una persona más Dios hacen una mayoría invencible. En verdad podemos ser engañados al pensar que Dios es por nosotros cuando no lo es (Como lo hacen los religiosos y aquellos como ellos). Pero no se puede negar que para aquellos que están en Jesucristo, ¡Dios es por ellos!
(32) El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? Si el Padre ya dio Su regalo más grande, ¿cómo podemos pensar que no nos dará los regalos más pequeños?
(33) ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. (34)¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. (35) ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? (36) Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. (37) Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. (38) Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, (39) ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
Estamos seguros de cualquier cargo contra nosotros. Si somos declarados “no culpable” por el juez supremo, ¿Quién puede presentar un cargo adicional? También estamos seguros de toda condenación. Si Jesús es nuestro defensor, promoviendo nuestro beneficio, ¿Quién puede condenarnos? No importa cuáles sean nuestras circunstancias, ningunas aflicciones del tiempo presente pueden separarnos del amor de Dios. Esto nos hace más que vencedores. Cuando habla de desnudez, este término el día de hoy sugiere indecencia en desfile. En aquel entonces significaba la falta de ropa simplemente porque alguien no tenía los medios o la manera de conseguirla. Cuando habla de espada, esta palabra implica ejecución. Es el único objeto de la lista que Pablo aún no había experimentado personalmente.
Más que vencedores: ¿Cómo es el cristiano más que vencedor? 1 – Él vence con un poder mayor, el poder de Jesús. 2 – Él vence con un motivo mayor, la gloria de Jesús. 3 – Él vence con una victoria mayor, sin perder nada aún en la batalla. 4 – Él vence con un amor más mayor, conquistando enemigos con amor y convirtiendo a los enemigos con paciencia. Ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro: Nada que aparente ser bueno o nada que aparente ser malo nos podrá separar del amor de Dios.
Y en el cierre de todo esto, quiero compartirte algo muy importante surgido simplemente de tomarse el trabajo de obedecer el mandamiento de escudriñar las Escrituras. Porque ellas, con toda claridad, describen a los inconversos, que nosotros llamamos también incrédulos, como sigue. Te doy los calificaivos y el texto donde eso está escrito. No lo leeré porque no me dan los tiempos, pero tú puedes hacerlo como confirmación y respaldo a todo esto. Dice que son Hijos del diablo (Mateo 13.37–39; Juan 8.44; 1 Juan 3.3–10). Que están en el reino de Satanás (Colosenses 1.12–14). Y también atados por el diablo (Hechos 26.18).
Añade que están cegados por Satanás de manera que no pueden recibir por sí mismos el evangelio (2 Corintios 4.3–4; para comprender su origen véase 2 Corintios 3.14–15). Están, asimismo, en poder del maligno (1 Juan 5.19), en sus garras y bajo su dominio, dormidos en los brazos de Satanás. ¡Tremendo! Son concretamente propiedad del diablo (Mateo 12.22–29). Y lo que sigue, creo, es el epicentro de todo lo que en este tiempo vive la humanidad en su conjunto. Porque añade que se hallan esclavizados a un sistema mundial controlado por Satanás (Juan 12.31; 14.30; 16.11; 1 Juan 5.19). Entregados al príncipe de la potestad del aire: Su vida es activada por el poder sobrenatural del mal. Listo. Esto es lo escrito.
Ala luz de estas declaraciones escriturales, sacamos la siguiente conclusión cuádruple en cuanto a la situación de los redimidos y de la guerra a la que nos enfrentaremos para traerlos a la fe en Cristo: 1. Los incrédulos están espiritualmente perdidos sin la fe en el Señor Jesucristo. Están potencialmente endemoniados en un grado u otro. No afirmo que los demonios han sido capaces de invadir la vida de todos los inconversos. Pienso que en la mayoría de los casos querrían hacerlo si pudieran, pero no pueden. Aquí encaja lo que hemos dicho acerca de los seres humanos como portadores de la imagen de Dios y, por lo tanto, capaces de impedir la entrada a los espíritus malos. Lo que sí afirmo es que, ya que están espiritualmente perdidos y pertenecen a Satanás, podrían llegar a estar endemoniados. Debemos estar alerta en cuanto a la posible vinculación de los demonios a la vida de los no cristianos, aunque no manifiesten las disfunciones de la personalidad normalmente asociadas con la demonización.
Esta dimensión, en el testimonio cristiano , surge de la resistencia al reino de las tinieblas a cada paso que damos para ganar almas para Cristo y traerlos bajo el gobierno de Dios. Por lo tanto, debemos comprender el mundo espiritual como nos enseñan las Escrituras. No hemos de ignorar las maquinaciones de Satanás, ni contra los creyentes ni contra los incrédulos. Debemos aprender a desafiar, mediante la oración, la Palabra hablada y una fe firme, a los principados y las potestades que imperan sobre los seres humanos individuales, las sociedades y las regiones del mundo. Ministrar eficazmente a las personas influenciadas por demonios exige que creamos que el campo sobrenatural del mal ya ha sido derrotado. Satanás y sus demonios han sido destronados de su posición de autoridad en los lugares celestiales gracias a la actividad redentora de Cristo. El tema clave siempre es la autoridad.
Ahora lo principal. A toda esta gente, la cual probablemente nos produce un rechazo por razones obvias, es a la que Dios amó y por causa de ellos, dio a su Hijo unigénito para que muriera en esa cruz por todos sus pecados. ¿Creeremos en un Dios eclesiástico o en uno que ES AMOR