Estudios » Blog

Grandes

Los grandes. ¡Qué grandes que fueron los grandes! ¿Verdad? Veamos. ¿Quiénes son los llamados grandes, en esta maravillosa historia del Evangelio? ¿Esos de los que nos contaron, nos relatan y enseñan día a día y nosotros mismos transmitimos a nuestros hijos? Jesús, a mi juicio, el único. Luego, si quieres, vienen muchos, porque todos aportaron algo a la riqueza de ese evangelio y a su poder manifestado. Sin embargo, si debo quedarme con alguien más allá de Jesús, me quedo con Moisés. No es casual, que para muchos estudiosos que tratan y procuran de no entrar en el mundo de la fantasía mística, Moisés es el símbolo, la tipología de Jesucristo en muchos sentidos y áreas. Cada uno que piense como quiera. Lo único cierto es la vida de cada uno y sus similitudes. Son dos grandes, pero con argumentos válidos, no mundanos.

 Porque desde la sabiduría del mundo salió una frase célebre que dice: “Ayer vi un hombre muerto, ¡Qué grande es un hombre muerto! Convengamos en que tiene un porcentaje de verdad. ¿No has visto que cuando muere alguien, nadie se atreve ya a criticarlo en nada de lo que haya hecho y adhiere a la teoría de que era excelente persona, aunque no lo fuera, y que seguramente ahora los está mirando a todos desde el cielo, aunque ninguno de los que dice esto pueda justificar o argumentar la razón por la cual un delincuente o algo peor habría ganado el derecho a ir al cielo? En fin, allá el mundo y sus fantasías trascendentales que nadie cuestiona, pero que nadie logra entender, tampoco.  Lo que quiero, ahora, es mostrarte algunos textos donde cada uno de ellos, tiene vinculación directa o indirecta con los requerimientos básicos para servir con eficiencia en el Reino de Dios y, especialmente, con aquello de saber ceder nuestro lugar a quien corresponda cuando corresponde.

(Números 12: 1-3) = María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer cusita que había tomado; porque él había tomado mujer cusita. Y dijeron: ¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros? Y lo oyó Jehová. Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra. Cuando dice mujer cusita, alude a quien debía haber sido la segunda mujer de Moisés, oriunda de Etiopía. No se trata de Séfora, la hija del madianita Jetro, que es la mujer que se menciona en el libro del Éxodo. La intención de estos versículos, evidentemente, es legitimar el derecho de María y Aarón, sus hermanos de sangre, a criticar a Moisés como lo hicieron anteriormente. Pero se añade que Moisés era un hombre manso, y por si fuera poco el adjetivo, se añade que lo era “más que todos los hombres que había sobre la tierra”.

A mí me gusta mucho tomar en cuenta ciertas expresiones que la Biblia contiene y que nosotros, demasiado acostumbrados a lecturas facilistas de la prensa y la literatura contemporánea, no siempre tenemos en cuenta: si la Biblia dice “más que todos los hombres de la tierra”, lo que quiere decirte es exactamente eso y no otra cosa: más que todos los hombres de la tierra. Fíjate ahora: (Éxodo 32: 19-20) = Y aconteció que cuando él llegó al campamento, y vio el becerro y las danzas, ardió la ira de Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y las quebró al pie del monte. Y tomó el becerro que habían hecho, y lo quemó en el fuego, y lo molió hasta reducirlo a polvo, que esparció sobre las aguas, y lo dio de beber a los hijos de Israel. Termino de decirte que Moisés, según la propia palabra bíblica, era el más manso de los hombres sobre la tierra. Y aquí te lo muestro ardiendo de enojo y reaccionando casi con violencia, tal como si fuéramos tú o yo los ofendidos por los dislates del pueblo.

Esto te deja una enseñanza muy clara que tiene que ver con algo que ya he dicho mil veces, que hace muy poco tiempo reiteré en este mismo trabajo y que ahora volveré a repetir para que no se te borre de tu memoria. Ser manso no significa ser menso, ¿Estamos? Y no pienses que lo repito para hacerme el gracioso o para ganarme la simpatía de mis hermanos mexicanos, lo hago para que muchos de esos tantos mensos que aún inundan nuestros ambientes, entiendan lo que realmente es la mansedumbre y no por eso dejen a un lado su condición de hombres hombres. Para comprender el significado espiritual de la actitud de Moisés, paso a explicarte que el rompimiento de las tablas, simbolizaba el rompimiento de las relaciones de ese pueblo con Dios. Tomar el polvo de oro, mientras tanto, debía servir para que el pueblo comprendiera que la imagen del becerro había sido totalmente destruida.

(Versos 25-28) = Y viendo Moisés que el pueblo estaba desenfrenado, porque Aarón lo había permitido, para vergüenza entre sus enemigos, (26) se puso Moisés a la puerta del campamento, y dijo: ¿Quién está por Jehová? Júntense conmigo. Y se juntaron con él todos los hijos de Leví. Y él les dijo: Así ha dicho Jehová, el Dios de Israel: Poned cada uno su espada sobre su muslo; pasad y volved de puerta a puerta por el campamento, y matad cada uno a su hermano, y a su amigo, y a su pariente. Y los hijos de Leví lo hicieron conforme al dicho de Moisés; y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres. Los pueblos hoy también están desenfrenados. Es decir: les falta en sus conciencias el freno del santo temor de Dios. No estamos hablando de represión, no estamos predicando el “no hagas porque Dios te castigará”, estamos hablando de santidad.

Pero hay algo más totalmente implícito en el texto. Que el desenfreno del pueblo de Dios solamente es posible cuando, sea por la causa que fuere, algunos de sus ministros lo permiten, lo facultan o hasta lo incentivan. Compara esta situación con una imaginaria en una congregación cristiana. Un hombre anónimo, sin cargo ni posición en la estructura, plantado en la salida del templo preguntando en alta voz: ¿Quién está por el Señor? ¡Júntense conmigo! ¿Qué crees que sucedería? Que algunos, entendiendo lo que sucede porque en sus corazones habita la santidad (que es consagración y separación, no represión de los sentidos), se juntarían con ese hombre, pero la gran mayoría se iría alegremente detrás del moderno Aarón, ya que si está allí es porque seguramente es más importante que este desconocido medio loco. Ser SIERVO, no es mostrarse como grande, sino como inmensamente pequeño, casi invisible.

Tengo Una Verdad: EL SIERVO SIRVE, NO ES SERVIDO…

Comentarios o consultas a tiempodevictoria@yahoo.com.ar

diciembre 14, 2024 Néstor Martínez