El Primer verso del segundo capítulo de Génesis, nos dice que fueron acabados los cielos y la tierra, y añade algo que no a pocos les ha quitado el sueño: el ejército de ellos. La palabra en el original, habla de eso, de ejército, de tropa, de gente preparada para la guerra. ¿Y de qué me está hablando si todavía ni siquiera había creado a un solo hombre? De ángeles, de eso está hablando. Ese es el primario ejército del Dios viviente. Poderosos ángeles preparados para cualquier forma y nivel de batallas terrenales o espirituales, ellos se manejan perfectamente en ambas dimensiones.
Y luego dice que descansó Dios en el día séptimo. Y ese término traducido como reposo, es el vocablo shabát, que significa justamente eso: desistir del esfuerzo, un equivalente a descansar. De esta palabra, mucho tiempo después, alguien nominó a uno de los días de la semana como Sábado. Que de ninguna manera es ese séptimo día y tampoco el de un reposo obligatorio. Cada uno inventa las doctrinas que quiera y se las hace respetar a quien lo desee, pero nada de eso es estricta verdad, sino una de las decenas de interpretaciones que tiene la Palabra auténtica.
¿Reposar? Si, siempre, cuando el Espíritu Santo te abra las puertas para ello, no porque una religión te determine un día. ¿El domingo es el día del Señor? Otro invento; porque en todo caso, día del Señor, para un creyente genuino, son todos. Y si es médico y toca trabajar de guardia un domingo, salvará vidas y sanará dolencias ese día, porque esa también es voluntad de Dios. Además, se nos habla de que Dios reposó el séptimo día, ya que la Creación le llevó los seis anteriores. Perdón… ¿De qué clase de días me están hablando? Porque estos de veinticuatro horas que vivimos hoy, me temo que aparecieron mucho después del Edén.
Y ni hablar si reflotamos aquello de que para Dios un día es como mil años y mil años como un día. Teorías pretendidamente históricas hay centenares. Algunas muy pintorescas, como la que te asegura que en un principio la tierra giraba tan rápido sobre sí misma que un día no tenía más de diez horas. A esto no lo dice, pero supongo que, si ya había gente, a esa velocidad andarían como los jóvenes que salen de madrugadas de las discotecas, tambaleando por causa del mareo. Lo más creíble que se encuentra, es que haya sido invento de los antiguos egipcios, no sería extraño que así fuera. Todo lo demás, imposiciones religiosas sin más sustento que lo escrito en sus doctrinas privadas.
Sí sabemos con cierta precisión que en un principio no existían las lluvias, tal como ahora las conocemos. Dice que la humedad necesaria para regar la tierra seca se lograba a partir de una especie de vapor que subía desde la tierra misma. Y en el 7 del segundo capítulo está el versículo clave para toda la humanidad. Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente. Todo esto, naturalmente, casi xplicado a nivel de entendimiento primario y sin mayores veleidades intelectuales. Todo ese andamiaje casi académico y definitivamente pesado y hasta aburrido, va a aparecer mucho tiempo después.
Dios toma tierra, que en esa zona era arcilla rojiza, la mezcla con un alto porcentaje de agua, construye con ello una especie de muñeco inanimado que, solamente cuando recibe en su nariz el soplo pneuma de su espíritu humano, se llena de aliento de vida y, recién desde ese instante, ese hombre comienza a ser un ser viviente. O alma viviente, como dicen otros textos afines. El hombre creado es, inicialmente, carne y alma. Recibe un espíritu que solamente le posibilitará conectarse con su Creador, si permite que ese espíritu sea llenado con el Espíritu divino del Padre. No es difícil entenderlo, mucho más complicado por causa de nuestro intelecto, es aceptarlo y posteriormente, creerlo.
El verso 15 tiene otra perla que no siempre se ha visto sobresalir. Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Veamos; este hombre que Dios pone en el Edén, todavía está santo de toda santidad. No ha caído ni en tentación, ni en desobediencia, ni en pecado. Por lo tanto, todavía no está sentenciado por esa palabra que lo condenará, entre otras cosas, a ganarse el pan con el sudor de su rostro, esto es: trabajando duro. ¿Trabajando qué cosa, mayoritariamente, en esos tiempos? Trabajando la tierra, labrándola para que ella le suministre lo que necesita para subsistir.
Muy bien. Pero si esto es así, entonces, ¿Puedes decirme la razón, causa o motivo por el cual Dios dice de ese hombre allí colocado, que lo pone allí para que guarde, cuide, vigile y lo labre? ¿Cómo que lo tiene que labrar? ¿No fue eso un trabajo que le llegó después de la caída, y como castigo a su desobediencia? ¿Cómo entendemos esta supuesta contradicción por parte de Dios al decirle que disfrute de todo sin esfuerzo y luego le dice que tiene que trabajar de agricultor? La respuesta, una vez más, pasa por los errores que aquellos monjes cometieron a la hora de interpretar los textos de esos rollos. No te estoy diciendo que tengas que desconfiar de todos los textos bíblicos por causa de estos hombres; te advierto que si no funcionas con discernimiento espiritual y revelación, probablemente te quedas ignorando muchas cosas.
Los monjes no trabajaban físicamente. Ellos recibían sustento suficiente de la gente a la cual atendían, pero no desconocían los sacrificios y esfuerzos que cada uno de esos aportantes debía realizar para ganarse su pan. Por eso, cuando leyeron en los originales la palabra abád, del primer significado que se agarraron fue el de labrar, olvidándose de lo que anteriormente te mencioné. Si profundizas en la traducción de este término, te encuentras con otros tres significados, tales como Adorar, Honrar y Ministrar.
¿No te parece que, si reemplazas el término labrar por alguno de estos, ese texto te queda mucho más espiritual que el anterior? Diría algo así como: Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo adorase, lo honrase, lo ministrase y lo guardase. Veamos. ¿Adoró el primer hombre a Dios? En un principio, es evidente que sí, pero luego lo fue dejando de lado por otras cosas. ¿Honró ese lugar divino con su conducta? Al principio, si, pero luego sencillamente se olvidó del punto y entró en lo opuesto. ¿Ministró ese lugar con su sabiduría espiritual? Algo en el inicio, aunque luego evidentemente se lo dejó servido en bandeja a la serpiente antigua…
Como puedes ver, no es ningún trabajo entender lo que realmente nos dicen estos textos, que no siempre coinciden con lo que a la religión de cada tiempo, lugar y cultura le convenía que dijeran. Porque, debo decirte, nadie o casi nadie entiende por qué, si Dios deseaba un hombre bueno y sin pecado, le dejó cerca ese árbol del bien y del mal con el que podía tentarse y caer, tal lo que luego le sucedería. ¿Quieres mi respuesta? Por ese mismo motivo. ¿Cómo podría alguien ser buena persona, sin tentaciones ni pecados, si no hay en las cercanías algo que pueda tentarlo y llevarlo a caer? ¿Cómo sabes que un libro es bueno? Porque alguna vez intentaste leerte uno malo. ¿Cómo sabes lo que es el frío? Porque antes padeciste el calor. ¿Como sabes lo que es la luz? Porque antes estuviste en tinieblas y no veías nada.
Un comentario que alguna vez leí al respecto, decía textualmente: La presencia de este árbol —la presencia de una opción para Adán— fue algo bueno, porque para Adán ser una criatura de libre albedrío tenía que haber una opción, alguna oportunidad de rebelarse contra Dios. Si nunca hay un mandato o nunca hay algo prohibido, no puede haber una elección. Dios quiere que nuestro amor y obediencia a Él sean un amor y una obediencia elegidos. Por esta causa es que dentro del abanico de doctrinas cristianas o pseudo cristianas, hay algunas que no creen en el libre albedrío, sino en el orden de cumplimiento de ciertos estatutos y ordenanzas.
Todavía deben existir por allí, apretadas entre las páginas de un viejo libro o cuaderno, o carpeta escolar antigua, alguna lámina de aquellas en las que se veía a un hombrecito semidesnudo dando un mordisco a una jugosa manzana. Así pintó la enseñanza oficial y antigua el pecado de desobediencia. Otros, un tanto más avanzados y con un criterio más liberal, creyeron ver en esa manzana, a un símbolo de la sexualidad. Algo así como que comer de esa manzana, era equivalente a fornicar, y como ese pecado se contabilizaría. En lo más mínimo.
Obviamente que fornicar seguiría siendo pecado, pero lo que el hombre hizo al comer de ese fruto, que nadie dijo que fuera una manzana, fue desobedecer la voz de Dios que le había advertido que no lo hiciera porque le iba a costar nada menos que la vida. Y como podrás imaginarte, no esa vida física que tanto cuidamos, sino la otra, la que como es invisible no tiene demasiada presencia y muy pocos atinan a preservar como corresponde, que es la vida espiritual. Esa vida perdió Adán. De ese ámbito se cayó al otro terrenal y mortal. No se cayó del planeta Tierra a Plutón, se cayó de un nivel de santidad y pureza a otro oscuro de degradación y corrupción.
Quizás por ese mismo motivo, fue que Dios determinó que no era bueno que ese hombre estuviera solo. De hecho, estaba rodeado de minerales, vegetales y animales de todas las formas, razas y condiciones. A él le dio libertad Dios Padre para que les pusiera un nombre a cada uno, que es el que todavía tienen. Pero, al mismo tiempo, no había en todo el marco de esa creación, un ser que pudiera servir de compañía, o soporte o contención para ese hombre. Allí es cuando Dios dispone crearle lo que Él denomina como una ayuda idónea.
Le da un toque de alguna forma de anestesia, que hace dormir a Adán y, en ese sueño, de su costado, extrae la materia prima para crear una criatura que luego llamará hembra. O mujer. Siendo el hombre, conforme al diseño, cabeza y centro inteligente de la Creación, hablar de una ayuda idónea es, si se lo quiere interpretar así, como una especie de bastón, de soporte, de contención. Pero te aseguro que no era esa la intención de Dios. Una de las traducciones de idónea, que en realidad en el original es adecuada, y cuya palabra es négued, es alianza. De allí se extrae lo que el Espíritu Santo me hizo decir en una ocasión al respecto. Ayuda idónea es nada menos que: lo mejor que Dios encontró para él.
Me queda compartirte el plano espiritual de la creación de la mujer. Es, notoriamente, tipología de la iglesia. Porque todos hablamos de una mujer salida de una costilla de Adán, pero la realidad nos muestra que de ninguna manera se habla de costilla, sino de costado. No hay un elemento capaz de llevarnos a probar qué cosa sacó Dios de ese costado de Adán que dio origen a la conformación de su ayuda idónea. Alguien puede decirme que indudablemente fue un hueso, ya que Adán luego va a decir que ella es hueso de sus huesos, lo cual lo estaría demostrando.
Pero lo puse en potencial porque la realidad de la interpretación del original, a mí me muestra que, en todo caso, a lo que Adán se refiere, es a lo que étsem, el vocablo usado, significa: sustancia. Lo que Adán te está diciendo que esa mujer ahora es un ser de su misma sustancia. ¿Y eso que tiene que ver con nuestra actualidad? Simple: Entender que, del costado de Cristo, fue extraída la sustancia de la cual se conformó la iglesia, que es su cuerpo en la dimensión terrenal. Por esa razón, cuando Jesús está en la cruz, en lugar de clavarle una lanza en el corazón para terminar de matarlo, se la clavan en su costado. Lo que el enemigo deseaba, era impedir el nacimiento de la iglesia. No lo logró. Gloria a Dios por una victoria, aún en el máximo ambiente natural de derrota.
Y luego, en lo que la religión tradicional siempre interpretó como la certificación del matrimonio, llega el punto del verso 24, donde leemos: Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Por tanto, dice. ¿Por tanto qué? Por tanto, el hombre y la mujer son de una misma sustancia espiritual, un día habrán de dejar a sus padres y sus madres, para unirse y conformar en esa unidad una sola carne. Dios no usa la palabra matrimonio, a eso lo incorpora el hombre mucho más adelante para darle algo a esa unión que Dios si exige: legalidad. Pero eso a los fines de conducta y comportamiento terrenal.
Porque en lo espiritual, lo que a Dios le interesa y prioriza, es el pacto que ese hombre y esa mujer hagan delante suyo, (Y no me refiero ni a pompas, ni a ceremonias solemnes, sino a pacto, compromiso definitivo), y los habilite a hacerse una sola carne en una unión que, por fuera de este pacto, sería considerada como fornicación y pecado. De eso habla cuando dice se unirá. De alianza, de pacto, de ligadura. Una ligadura de carne que, cuando alguien se convierte de adulto, deberá cortar y romper en oración en cuanto a las que pudo haber contraído con otras personas antes de conocer a Jesucristo y aceptarlo como Señor de su vida.
Si no se ejecuta ese corte, muy probablemente podría seguir ligado a una persona anterior, aunque haya dejado de verla, frecuentarla y tener intimidad con ella o él. Y que conste, que abiertamente estamos hablando de una relación clara y concreta de monogamia. Muchos quieren creer que la monogamia, una familia formada por un padre y una madre, fue inventada en la década de 1950 por los íconos de la televisión americana Ozzie y Harriet; pero Adán y Eva son la familia original. Esta es la familia ideal de Dios. No es la poligamia. No es el concubinato.
No es el cuidado de los amantes. No es el adulterio. No es la convivencia homosexual. No es la promiscuidad. Este es el ideal de Dios para la familia e, incluso, cuando no estamos a la altura, todavía es importante que se establezca como el ideal de Dios. Por tanto, nadie va a juzgar a nadie por lo que haya hecho con su vida antes de ser creyente, pero cuando lo sea, el Espíritu Santo mismo lo urgirá a legalizar su relación del modo que sea de uso y costumbre dentro de la cultura que se encuentre. Para eso fue instituido el matrimonio.
¿Vale la pena que aclare algo que ya está implícito respecto a las condiciones de una relación hombre-mujer? No parecería necesario, pero la experiencia me dice que, aun dentro de las estructuras cristianas, tal vez por imperio de dudosas imposiciones nacidas de intereses de hombres antes que intención divina, creo que vale la pena dar algunas pistas. Pablo, por ejemplo, deja bien en claro que la unión sexual implica el ser una sola carne, incluso, cuando no tenemos la intención, como cuando un hombre tiene relaciones sexuales con una prostituta. Marido y mujer, conforme a las leyes de nuestra cultura occidental, se convierten en una sola carne bajo la bendición de Dios.
En el sexo fuera del matrimonio, las parejas se convierten en una sola carne bajo la maldición de Dios. Las consecuencias y resultados, naturalmente que son distintos. En este sentido, no hay tal cosa como sexo casual. Todas las relaciones sexuales por lo menos inician el vínculo de una sola carne. El vínculo, o será algo hermoso o será algo grotesco. Creo que no descubro nada nuevo ni soy original para nada si digo que el amor comprometido es responsable, demostrado por el compromiso del matrimonio y una búsqueda de la verdadera intimidad. El hecho de que el sexo tenga lugar en el matrimonio, no quiere decir que está realmente cumpliendo con el propósito de Dios de una relación de una sola carne. Es la consumación de un pacto que durará hasta el fin de los tiempos de cada uno de los protagonistas.
El Capítulo 3 Comienza recordándote que la serpiente era astuta. El texto de este primer verso, no identifica claramente a esa serpiente como Satanás, pero conviene recordar que, en el resto de la Biblia, sí se deja muy en claro que Satanás se aparece como una serpiente. Me asombra como, en muchas manifestaciones, tanto escritas, como orales o mediante videos, hay muchos cristianos que aconsejan a sus hermanos en la fe a ser astutos para no dejarse engañar y etc. Mira; te reproduzco las dos acepciones que la palabra Astucia tiene en el diccionario de la lengua española: Sagacidad, sutileza para engañar o evitar el engaño y lograr un objetivo. Ardid, treta, artimaña.
¿Leíste bien? Ahora, pon tu mano en tu corazón y dime: ¿De verdad tú crees que la Astucia es una actitud digna de un hijo de Dios? ¿No te parece que es una condición y característica del mismísimo Satanás, de la influencia de cualquiera de sus demonios y, por tanto, una representación neta del infierno? ¿Y me propones que imitemos eso? No es necesario. La manipulación emocional ya existe dentro de las iglesias y ha sido útil para que muchos líderes conserven su poder o, directamente accedan a él. Amenazas, inhibiciones, seducción, dominio, esclavitud. ¿Eso es bueno? No. Ahora ya lo sabes. Engañó a la primera pareja humana. Lo sigue haciendo con todo lo que se cruza en su camino y ambiciones.
¿Cuál es su mejor técnica? Partir desde una verdad, tergiversarla en el camino y concluir en una mentira. Debemos reconocer que le ha dado excelentes resultados hasta el día de hoy. Con Eva hizo así. Partió de una verdad cuando le dijo que Dios sabía que, si ella comía de ese árbol del conocimiento del bien y del mal, sus ojos espirituales serían abiertos y a partir de allí, tendrían plena conciencia respecto al bien y al mal. Lo que no les dijo fue que eso, exactamente eso, determinaría que se cayeran de ese ámbito espiritual privilegiado en el que Dios los había colocado en la Creación.
Y entonces la mujer pecó y el hombre decidió acompañarla y también caer con ella en el mismo pecado. ¿Por qué? Por algo que todos sabemos, pero que nadie te dice desde el púlpito porque no es políticamente correcto. Pecamos porque el pecado es como ese árbol, bueno para comer y agradable a los ojos, además de codiciable a futuro. Si el pecado en su aspecto fuera algo maloliente u horrible, te aseguro que con Dios o sin Dios, no pecaría nadie. Pero el hombre sigue pecando, lo que me dice a mí que tiene que ser porque no se lo ve feo desde afuera. Por lo tanto, hay que tener mucho cuidado y entender que no es oro todo lo que reluce, ni todo lo negro es petróleo.
Por eso me sigue impactando la pregunta que Dios le hace al hombre en el verso 9. ¿Dónde estás tú?, le dice. A ver estimados teólogos y maestros bíblicos que seguramente conocen muy bien este pasaje. Les pregunto: ¿Alguno de ustedes supone que Dios hace esa pregunta porque desconocía su respuesta? ¿Alguien todavía ha decidido pensar y creer que Dios no sabía donde estaba él? A mí, esa pregunta siempre me sonó tan directa y hasta casi personal, que en eso radica el impacto que me produce. Un impacto que no es teatral ni provocado con fines espectaculares. Es un impacto interior, íntimo y personal. Un impacto que te lleva a definir quien y qué eres delante del Señor.
Es como si el Padre celestial, hoy mismo, con todo lo que a mí se me antoje argumentar a mi favor, me mirara profundamente a los ojos hasta hacer temblar mi corazón y me preguntara…Néstor… ¿Dónde estás? Seguramente, latino como soy, daría un salto, o brinco, como lo llaman en otros lugares, y le respondería: ¡Aquí, Señor! ¡Listo para servirte! Con una respuesta así, en cualquier congregación hubiera recibido una ovación de aprobación y hasta de admiración. Sin embargo…no siempre Dios piensa de nuestras cosas del modo en que nosotros pensamos en Sus cosas. Alguna vez leí algo que hoy viene a mi memoria, respecto a esta pregunta, y te lo comparto:
Ese ¿Dónde estás tú?, está muy lejos de ser el interrogatorio de un jefe o un patrón enojado. En realidad, es el grito del corazón de un padre angustiado. Es como si tu hija o tu hijo, en edad adolescente, se te estuviera empezando a ir de las manos yendo a caer en las de compañías peligrosas, delictivas, mafiosas o sencillamente adictos. Dios sabía perfectamente donde estaba la pareja humana, pero también tenía conciencia del abismo que se había abierto entre ellos y él al desobedecerle y pecar. Todavía hay mucha gente, y no me refiero a incrédulos, que no termina de darle correcta dimensión al pecado como suicidio espiritual.
Lo minimizan, lo superficializan, lo desestiman, lo consideran algo antiguo y fuera de moda o, simplemente, lo ignoran justificándolo con argumentos de dudosa procedencia. Se habla del pecado, en algunos lugares auto definidos como cristianos, como si fuera un algo que si lo cometes, papá te deja sin comer algo rico y te condena a comer una flaca sopa. ¡Por favor? Eso es trabajar para el enemigo. Por eso Dios les hace esta pregunta. Él todavía deseaba construir ese puente que les permitiera a esos dos seres temerosos y escondidos, volver a recalar en ese maravilloso Edén que el Padre les había obsequiado sin esfuerzos ni merecimientos.
Se sostiene que la pregunta estaba destinada a despertar la sensación de ese primer hombre de estar perdido, de conducirlo a confesar su pecado, así como a expresar el dolor de Dios por la condición perdida de su máxima creación, el hombre. También para mostrarle que, con él, el Padre comenzaría a buscar al hombre perdido y darle una nueva oportunidad. La pregunta también estuvo destinada a reflexionar seriamente sobre la responsabilidad que el hombre tiene delante de Dios, simplemente porque Dios lo puso allí para algo, mucho, pero infinitamente muchísimo más más allá de si ese hombre lo cree, lo acepta o lo incorpora como real en su vida.
Te lo digo en primera persona: no interesa si tu eres creyente o incrédulo. Dios te creó con un objetivo y una misión. La cumples, y serás parte activa y dinámica de Su Reino. No la cumples…ya lo sabes. Lo cierto es que esa pregunta de Dios, demandó, demanda y demandará siempre una respuesta. Ellos no pudieron rehusarse a responderle de la forma en que un criminal podría hacerlo cuando es interrogado. En nuestras jurisprudencias no se requiere que los hombres respondan preguntas que podrían incriminarlos, pero Dios sí; y en el gran día final, el impío será condenado en su propia confesión de culpa. ¿Sabes quien dijo esto último? Spurgeon. ¿Te suena ese apellido?
El modo en el que Dios trata con su primera pareja de humanos, es un modelo de como Él trae al hombre perdido y a la humanidad caída desde siempre. Los trae pacientemente, esperando el leve viento o brisa del día o del atardecer. Los trae con cuidado, viniendo antes de las tinieblas nocturnas. En el caso específico de esta primera pareja, los trae dirigiéndose directamente a ellos. Y, finalmente, los trae con la verdad, que es lo único que llega a hacerlos libres simplemente porque anteriormente les muestra su condición perdida. No te olvides nunca que el texto no te dice que la verdad te hará libre; te dice que El Conocimiento de esa Verdad, que es Cristo, es lo que te liberará para siempre.
En qué envase te llega eso, es un asunto del Señor, porque con cada uno es distinto. Porque todos somos distintos y necesitamos que se nos ajusten ciertas y determinadas tuercas para funcionar como maquinaria divina y maravillosa que somos. Conmigo fue con algunos golpes y machucones que duraron bastante tiempo en cicatrizar. Con otros que conozco fue más leve y simple. Y con otros más que también he conocido, fue tan terrible la instancia previa que no se podría detallar sin que alguien retrocediera a la antigua imagen del Dios cruel. Es Dios, no hay ni discusión ni cuestionamiento. Lo sigues, te lleva a la victoria cueste lo que cueste. No lo sigues, no te asombres ni te lamentes por la derrota.