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Estilo de Vida de Reino

Las primeras letras de nuestras biblias nos dicen que Dios creó los cielos y la tierra. A ver; conforme a las enseñanzas que has recibido, ¿Qué supones tú que son esos cielos y esa tierra? Mira; las palabras de los originales son específicas en cuanto a lo que conocemos. Cielos, es shamáyin y tiene que ver con el firmamento, arriba, donde tal vez, (Así dice la interlineal, tal vez), alude al arco visible en el que se mueven las nubes, así como el al éter más alto donde giran los cuerpos celestes. Es una explicación que cierra desde cierta postura astronómica, pero… ¿Es una explicación?

En cuando a Tierra, la palabra es érets, y tiene que ver con tierra o partitivamente una tierra. Y cuando digo partitivamente, me estoy refiriendo a algo que puede partirse o dividirse. Muy bien. Es una explicación que, una vez más, desde lo conceptual y hasta geográfico, tiene sustancia suficiente como para aceptarla, pero… ¿Es una explicación? Yo tengo otra, mía y antojadiza, si quieres, pero que te la dejo para que la incorpores a la sarta de teorías y tesis desparramadas por allí. Primera pincelada del diseño de Dios. Cielos es el mundo celestial y espiritual, invisible pero paralelo al nuestro. Y Tierra es lo visible, palpable y apto para examinarse. En todo caso, espiritual y carnal.

Por lo pronto, si quieres que te fundamente levemente lo dicho, tengo la habitación de Dios según la Biblia. Es el Tercer Cielo. ¿Y dónde está geográficamente ese tercer cielo? Me gustaría que algún científico me lo ubique, así puedo ir de visita donde vive mi Dios, saludarlo y hasta beber algún refresco en su compañía. Bobadas. El tercer cielo es absoluta y eminentemente espiritual. No puedo verlo ni aquí ni en las estratósferas con estos ojos naturales que tengo. Si quiero ver o acceder a ese tercer cielo, deberé esperar dos cosas ciertas o seguras de las que hay pruebas.

O aguardo para ver si a Dios le da la gana de levantarme de esta tierra y llevarme a verlo, tal como hizo con Enoc, o sigo aguardando el día en que se acabe mi ciclo de vida aquí donde vivo y respiro ahora y me vaya al ámbito que tengo reservado desde el momento en que le dije que sí a Jesucristo y que no al pecado de incredulidad. El que no cree en la validez de la Creación como hecho divino, cree en la casualidad de un big bang o cosa por el estilo. Sólo un problema: las casualidades no existen, y de existir, jamás podrían llegar a hacer algo, para un lado o para el otro.

Asignarle alguna forma de poder a la casualidad, no tiene el menor sentido. Te doy un ejemplo. Arrojas al aire una moneda que de un lado tiene una cara y del otro un número. ¿Cara o número? Hay un cincuenta por ciento de posibilidades de un lado y el otro cincuenta del lado opuesto. La fuerza con que se arroje al aire, el viento leve o menos leve que sople en ese instante y la fuerza de gravedad que exista en ese momento, tienen incidencia en el vuelo y la caída de esa moneda. Pero no cae cara o número por casualidad, sino por causalidad. Por lo tanto, cuando alguien te dice que no creas tonterías, que el universo simplemente se formó, así como está por mera casualidad, puedes decirle a esa persona que es un ignorante.

 Que no es una palabra despectiva, ni ofensiva, ni injuriosa, sino que describe lo que esa persona tiene respecto a lo que lo rodea: ignorancia, falta de información o de conocimiento. Y por propia experiencia de vida y del trabajo que me tocó hacer en lo secular, puedo asegurarte que más de una de las cosas que la gente dice sin saber, es porque lo oyó en algún sitio que consideraba serio y responsable y, sin chequear nada ni averiguar nada, salió a repetir lo que escuchó como un papagayo amaestrado. Y no te rías de los mundanos por eso, en lo que conocemos como iglesia, también sucede. Y muy a menudo…

Para terminar con todas tus dudas o las que tengan algunos de tus amigos o familiares, te comparto algo que Dios hizo que no siempre tenemos en cuenta a la hora de hablar de Él. Nuestro Dios es, antes que nada, un gran diseñador. Un enorme diseñador, el más grande, el mejor, el único. Porque créeme que sólo un diseñador perfecto podría haber creado el universo que conocemos, no la casualidad, encima incomprobable, de una explosión que, de paso, nadie acierta a explicarte por qué se produjo. Yo siempre decía en tono de broma que, esa teoría de la explosión y todo acomodándose casualmente en la caída, a mí me sonaba como si eso hubiera sucedido en una vieja imprenta.

Una de esas donde había letras de plomo para ordenar en las tablas para imprimir. Y que hubiera habido una gran explosión y, al caer todas las letras de plomo que por la onda expansiva volaron por los aires, al ir cayendo se hubieran ordenado casualmente y hubieran formado un diccionario perfecto. Una barbaridad, lo mires por donde lo mires. Y aunque te suene ridículo, los prestigiosos científicos que supimos conseguir, llegaron a adherir a esta teoría sólo para tener algo que les sirviera para seguir negando al Dios Todopoderoso, Creador de todos los universos existentes, con todas sus galaxias.

Mira este detalle de lo que es el universo total creado por Dios. Te los numero para mejor comprensión y toma de dimensión de lo que realmente estamos hablando. 1) El universo en su totalidad tiene una fuerza gravitacional perfecta. Si fuese más fuerte, las estrellas estarían demasiado calientes y se quemarían demasiado rápido, y además estarían demasiado desniveladas como para sostener la vida. Si fuese más débil, las estrellas estarían demasiado frías, la fusión nuclear nunca encendería y no habría ni calor ni luz.

2) El universo tiene una velocidad de la luz justo a la medida perfecta. Si fuese mayor, las estrellas enviarían demasiada luz. Si fuese menor, las estrellas no enviarían suficiente luz.

3) El universo tiene una distancia promedio perfecta entre las estrellas. Si fuese mayor, la densidad del elemento pesado sería muy poca como para que los planetas rocosos se formaran, y sólo habría planetas gaseosos. Si fuese menor, las órbitas planetarias se desestabilizarían debido al tirón gravitacional de otras estrellas.

4) El universo tiene una polaridad perfecta de la molécula de agua. Si fuese mayor, el calor de la fusión y la vaporización serían demasiado grandes como para que la vida existiera. Si fuese menor, el calor de la fusión y vaporización sería demasiado pequeño como para que hubiese vida, el agua líquida sería un solvente demasiado inferior como para que la vida química procediera, el hielo no flotaría y esto causaría un congelamiento fuera de control. Por todo esto y nada más que esto, resulta imposible que un universo así se hubiera creado sin que un enorme diseñador lo hubiera delineado con anterioridad.

De hecho, está probado en la misma Palabra que Dios creó todo lo que creó, de la nada, esto es: sin utilizar ninguna clase o forma de material o elemento ya existentes. La palabra usada para crear, aquí, es la palabra bara. Y su significado es exactamente ese: crear de la nada. Curiosamente, cuando el mundo secular y algunos supuestos cristianos se burlan de los que oran en lenguas, peyorativamente los llaman “los bara bara”…

Luego vas a leer algo que, aunque no quieras, te capta la atención sí o sí. Porque te dice que una vez que Dios creó los cielos y la tierra, esta tierra estaba desordenada y vacía. Créeme que he oído a lo largo de mi vida eclesiástica, todas las teorías que se te puedan ocurrir al respecto. Que la tierra estaba linda, pero que vino Satanás y se la desordenó. Que no, que en realidad lo que pasó es que entre el versículo uno y el dos pasaron miles de años, por eso la tierra se desordenó y un sinfín de tesis más o menos por el estilo. Yo lo leí y te puedo asegurar que no tenía ni la más pálida idea del por qué eso que estaba leyendo se había producido.

Hasta que se me ocurrió “casualmente” ir al original. Y allí me encontré con que la palabra que Reina Valera traduce como desordenada, es la palabra tojú, que viene de una raíz que no se usa y que significa “dejar desolado”. Eso te habla de desolación, que es como decir desierto, o despoblado, sin vida. Para mí es suficiente. Dios creó los cielos y la tierra, y antes de crear todo lo que hoy vemos en esos cielos y en esa tierra, incluido el hombre, es más que obvio que todo lo creado apareciera desolado, despoblado y sin vida. La población y con ella la vida, sería lo que Dios crearía a continuación. Simple, ¿Verdad? Mientras no tenga una revelación puntual y específica del Espíritu Santo, esta es la que juega. Al menos para mí.

Si queremos comprender lo que sigue, tendremos que tener en mente la teoría de las dos aguas. Aguas de arriba y aguas de abajo. Esto se extrae del verso 6, donde dice que Dios separó las aguas de las aguas para crear la expansión. Las aguas de arriba, tienen un rostro, una faz, que es por sobre la cual se mueve el Espíritu de Dios, mientras que las aguas de abajo, provienen de un abismo, que es un pozo, y que también tiene rostro, faz, y que es por donde está instalada la tiniebla. La primera pregunta que me surge, es: ¿Qué hacía el Espíritu de Dios moviéndose sobre esas aguas? No tengo otra respuesta, que: protegerlas.

Era como si una enorme ave extendiera sus alas y protegiera con ellas a sus polluelos. Y esto me lleva a la pregunta siguiente: ¿Qué hacían las tinieblas sobre la faz de ese abismo? Establecer resistencia para con el plan de Dios. ¿De dónde saco esto? De saber que Satanás fue arrojado a la tierra. Dice Isaías 14:12: ¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Y añade Ezequiel 28:16: A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector. No hay demasiado para agregar; tómalo o déjalo. La resistencia satánica previa no dio resultado alguno. Dios hizo lo que debía hacer y punto.

Después, Dios creó la luz. ¿La luz? ¿Qué luz? Nadie lo dice, pero no es esta luz que hoy vemos tú y yo cuando salimos a la calle, ya sea por la mañana de sol abierto o por las noches de luna llena. Porque a esa luz, que es la que se nos presenta como visible y denomina como lumbreras, recién la creó en el verso 14 de ese primer capítulo de Génesis. Yo, a la luz que me estoy refiriendo, es a la que crea en el tercer verso. ¿Te fijaste como la crea? Es la única expresión de su Creación que se forma con una palabra clave: Sea. Sea la luz. ¿Y por qué es clave? Porque Sea, es un término que está emparentado con el verbo Ser.

Y, casualmente, la primera persona de ese verbo, conjugado con el clásico yo, tú, él, es YO. ¿Qué nos quedará, entonces? Nada menos que Yo Soy. ¿Vas viéndolo con más claridad? Esa luz, creada en el primer día, es nada menos que Su propia esencia. Dios es luz, ¿Verdad? Y ninguna tiniebla hay en Él, ¿Verdad? ¿Y por qué sucede eso? Porque cuando Él dijo Sea la Luz, esa luz fue y disipó cualquier avance de tiniebla. Por lógica ilógica del evangelio, uno de los portadores de esa luz, hoy, eres tú. Hombre o mujer, da lo mismo. Tú. Mi duda y pregunta, es: ¿La estás usando? ¿Eres capaz de correr a las tinieblas ambientes o a las que pretenden invadir tu vida?

El verso 12 te trae otra perla. Una perla de esas que cuando las descubres, te deslumbran con sus reflejos, pero que, si no las descubres, te pasan desapercibidas, tal vez, por años. Te lo cito textualmente para que, quizás, el Espíritu Santo te permita verla antes que yo te la presente. Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno. Esto termina con la respuesta a una antigua broma de las zonas rurales o de campo y, además, también liquida una antigua tesis pseudo científica.

La broma campesina en cuestión, era: ¿Qué se hizo primero, el huevo o la gallina? Es muy cierto que una gallina nace de lo que previamente era un huevo empollado, pero… ¿De dónde pudo haber salido ese huevo? Ni lo dudes: lo primero que fue creado, fue la gallina. Del mismo modo que todo el reino vegetal. Fue creado el árbol que produjo la semilla que dio origen a otro árbol. Fue creado el hombre que produjo el esperma y el óvulo que dio origen a otro hombre. Liquidada la teoría de la evolución. El mono sigue siendo mono, tal como fue creado, y el hombre, hombre. Sin parentesco el uno con el otro, con excepción de algunos de rostro bien feo, pero esa es otra historia…

El 20 y 21 es más que curioso, porque te cuenta algo que no siempre hemos tenido en cuenta. Reproduzco: Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos. Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno. Ninguno de nosotros, por bruto que seamos, podemos ignorar que, si creemos en la Creación según nuestro Dios el Creador, debemos tener en cuenta ciertos principios.

Por ejemplo, que todo animal que navega en cualquier profundidad de las aguas, tanto en superficie como en lo más remoto submarino de arroyos, ríos y mares, fue creado desde las aguas mismas. Toda la variedad de peces y cuanto bicho pulule por esas aguas, fue creado a partir de ellas, pero… ¿Las aves también? Si las aves vuelan por los aires, ¿No hubiera sido lógico conforme a la rutina de la creación, que fuera el aire el que las creara? No. Aquí dice que fueron las aguas, por alguna razón que en lo personal no sé ni puedo explicar, pero así fue. Y no fue algo evolutivo y progresivo, fue de un golpe.

De un momento al otro, de la nada, el mar y los aires se poblaron de criaturas según su especie. Se complementa con lo del verso 24: Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así. Aquí aparecen los llamados mamíferos, pero también ofidios y otras especies eminentemente terrestres. Desde la tierra misma. Como el hombre. Entonces tú sonríes con cierta displicencia y misericordia y piensas: ¿Es que este buen hombre realmente cree en la metáfora esa de un hombre creado de tierra? Sí; este buen hombre, que vendría a ser yo, creo en eso.

 Y no solamente porque mi Dios lo dijo y yo a mi Dios le creo todo, sino porque la ciencia misma lo confirma. Haz un análisis de tierra y otro en paralelo de un trocito de carne humana, y te vas a caer de espaldas cuando veas que tienen las mismas propiedades químicas. El hombre es un reflejo del planeta que habita. Setenta por ciento de agua, treinta por ciento de tierra o carne, como quieras llamarla. Entonces allí aparece el hombre. Primeramente, como idea primaria y sustancial, más adelante, como hecho concreto, material y físico. Dios dice en el verso 26: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.

 Les pregunto a los evolucionistas: cuando Dios creó al mono, chimpancé u orangután, como quieras definirlo, ¿También dice que lo hará conforme a su imagen y semejanza? Está implícito en la creación de los seres vivientes que son producidos por la tierra que vimos recién, que no. El hombre es imagen de Dios en Jesús el Cristo, no hay otra imagen visible de ese Dios. En síntesis: Dios pone al hombre en el planeta y le ordena que señoree sobre todo lo creado. ¿Tú piensas que lo hace sin tener en cuenta si ese hombre podrá señorear o no? No. Lo hace porque sabe perfectamente que ese hombre cuenta con todo el poder y el respaldo del cielo para hacerlo.

 Entonces dime por qué razón, hoy, y con relación al reino vegetal, el hombre no sólo no señorea sobre él, sino que incluso en muchas de sus hierbas es esclavo de ese reino. Si esto no es guerra, no sé qué tendrás por guerra tú. Y cuando dice semejanza, está hablando de algo muy simple que todos sabemos: somos espíritus, igual que Dios es Espíritu. El suyo lo escribo con mayúscula porque es Santo. El nuestro va con minúsculas porque es humano y no tiene santidad a menos que se fusione con Jesús el Cristo.

 Y luego viene lo más contundente que tiene relación directa con lo que hoy conocemos como identidad de género: Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Varón y hembra. Nada más. ¡Pero Señor! ¡Yo creo en ti y te amo! ¡Pero nací con un cuerpo de hombre, pero me siento mujer! ¿Qué hago? Dios nunca te va a aconsejar que defiendas tu identidad de género conforme a lo que tu carne te demande. O a tus sentimientos que vienen de tu alma, o a tus emociones. Dios te dirá que te mires a un espejo y veas como te construyó y para qué te construyó así.

 Y que pelees con todas tus fuerzas contra cualquier fuerza de las tinieblas que te presiona para que te conduzcas como lo que no eres. ¿Se puede? ¡Claro que se puede! Solo tienes que creerlo. Lo he visto con mis propios ojos en gente a la cual me tocó ministrar. De la droga se sale sin síndrome de abstinencia por el poder de Jesucristo de Nazaret. De la homosexualidad, también, no lo dudes. El hombre siempre es lo que quiere ser. Tal el hombre piensa, el hombre es. Su única responsabilidad, es alinear ese pensamiento con el pensamiento de Dios.

Y Dios, hoy, pleno siglo veintiuno, sigue pensando tal cual como pensó su diseño cuando creó todo lo que nos rodea, incluidos nosotros mismos. Hebreos 4:15 dice: Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Jesús es ese sacerdote. Y dice que fue tentado en todo. ¿Sabes lo que significa eso? EN TODO. Esto que estamos hablando, incluido. Y todo lo que te imaginas, también. Tranquilo, no seas religioso, sólo sé creyente.

En los versos 29 y 30, están los principios básicos sobre nuestra alimentación. Allí Dios dice: Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así. Clarísimo.

Tú lees todo esto, le sumas la comprobación de nuestra dentadura de herbívoros, no de carnívoros, y piensas: fuimos creados para alimentarnos de vegetales. La carne es una desviación y por esa causa luego seremos víctimas del colesterol y todas esas enfermedades producto de mala alimentación. Sin embargo, con el correr de los años, del estudio prolijo y del esperar siempre la guía infalible del Espíritu Santo, quien quiera hacer las cosas bien y correctas, siempre recibirá algo que le abra su entendimiento por encima de lo que pueda parecer lo primer que se ha aprendido. Lee con atención lo que se relata en el capítulo 10 del Libro de los Hechos, desde los versos 9 al 15.

Al día siguiente, mientras ellos iban por el camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea para orar, cerca de la hora sexta. Y tuvo gran hambre, y quiso comer; pero mientras le preparaban algo, le sobrevino un éxtasis; y vio el cielo abierto, y que descendía algo semejante a un gran lienzo, que atado de las cuatro puntas era bajado a la tierra; en el cual había de todos los cuadrúpedos terrestres y reptiles y aves del cielo. Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come. Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás. Volvió la voz a él la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común. Pregunto: ¿No es esto una habilitación de Dios, ante una coyuntura especial, de matar animales comestibles y alimentarse con ellos? ¿Se lo hubieras reprochado a Pedro? Mira lo que él mismo les relata a quienes lo consultaron al respecto. Esto está en el capítulo siguiente de Hechos, el 11 y en los versos 1 al 9.

 Oyeron los apóstoles y los hermanos que estaban en Judea, que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios. Y cuando Pedro subió a Jerusalén, disputaban con él los que eran de la circuncisión, diciendo: ¿Por qué has entrado en casa de hombres incircuncisos, y has comido con ellos? Entonces comenzó Pedro a contarles por orden lo sucedido, diciendo: Estaba yo en la ciudad de Jope orando, y vi en éxtasis una visión; algo semejante a un gran lienzo que descendía, que por las cuatro puntas era bajado del cielo y venía hasta mí. Cuando fijé en él los ojos, consideré y vi cuadrúpedos terrestres, y fieras, y reptiles, y aves del cielo. Y oí una voz que me decía: Levántate, Pedro, mata y come. Y dije: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda entró jamás en mi boca. Entonces la voz me respondió del cielo por segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común.

 ¿Esto quiere decir que el cristiano no es vegetariano, o vegano y puede comer carne? Esto quiere decir que el creyente genuino es libre en Cristo, y puede alimentarse de lo que pueda conforme al lugar, las circunstancias y los elementos de los que disponga. Toda la Creación fue hecha para que el hombre la disfrute y la sojuzgue. Repito: el cristiano no es ni vegano, ni vegetariano, ni carnívoro, es libre en Cristo Jesús. Sólo un detalle: Nada debe dominarlo. Eso sería idolatría. Y. además, le fue dada una mente para que la utilice en la investigación de la procedencia de su alimento. Hasta qué punto este es natural y en qué momento es infiltrado por la química nociva. Esto, esto también es Estilo de Vida de Reino.

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enero 31, 2025 Néstor Martínez