Recuerdo cuando era un niño en edad de escolaridad primaria, (Transitando por el cuarto o quinto grado, más o menos), se usaba mucho jurar por algo que querías que tu compañero o compañera de clase se creyera, y entonces jurabas, para darle mayor credibilidad y validez a lo que querías decir. Como no sabíamos por qué jurar para darle mayor seriedad y solemnidad al juramento, lo hacíamos haciendo con nuestro dedo índice de la mano derecha, una especie de cruz contra nuestros labios y lo besábamos. Decir “te lo juro” y luego el chuick chuick, o smack smack, (Onomatopeyas de besos), de ese posar de labios en el dedo haciendo esa cruz sobre nuestra boca, era un juramento para creer. Nadie nos dijo ni nos enseñó que eso no era correcto. Nadie nos dijo que, al jurar por Dios, (Aún algo que no era del todo cierto), nos metíamos en un lío sin saberlo, porque estábamos jurando, precisamente, por aquel que no se mostraba feliz por eso. Mucho más adelante llegaría esa información, cuando para algunos ya era no demasiado temprano…
(Mateo 5: 33) = Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos.
Los fariseos elaboraron complicadas reglas sobre los juramentos, y sólo los que invocaban el nombre divino eran obligatorios. Jesús enseña que un juramento obliga independientemente de la fórmula que se utilice. Su uso es superfluo pues la palabra dada debe ser más que suficiente. Jurar, en todo caso, equivale a confesar que no siempre decimos la verdad. En Levíticos 19:12 leemos: Y no juraréis falsamente por mi nombre, profanando así el nombre de tu Dios. Yo Jehová. Otra, en cambio, es la óptica que se lee en Deuteronomio 23:21, cuando dice: Cuando haces voto a Jehová tu Dios, no tardes en pagarlo; porque ciertamente lo demandará Jehová tu Dios, pagando la ofrenda voluntaria que prometiste con tu boca.
(34) Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; (35) ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey.
(36) Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello.
(37) Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.
Es bastante curioso, que, en la mayoría de las naciones, los diferentes gobernantes de los distintos sistemas gubernamentales, inician sus funciones, precisamente, a partir de un juramento formal que, en una enorme mayoría autodenominada “cristiana”, se efectúa colocando una mano sobre una Biblia. En una ocasión le comentaba esto a un pastor, y le decía que no me asombraba tanto que eso sucediera aquí, en la Argentina, ya que el supuesto cristianismo de su gente pasaba más bien por una iglesia oficial que no brindaba enseñanza alguna a sus feligreses, pero que sí no dejaba de asombrarme que también se realizara en países de alto nivel de creyentes e, incluso, participando algunos de ellos en esos juramentos. Este pastor me dijo algo que supongo para él era una verdad insoslayable, pero que a mí no me llenó ni me convenció. Me dijo: “Ellos juran porque saben muy bien por lo que juran. Y luego cumplen”. La historia a mí me dice que no siempre ha sido así y que, en último caso, no tienen ninguna obligación de hacerlo. Mi Dios No Conocido es inflexible en eso, y me temo que su pueblo, en cualquiera de todas esas expresiones que dicen honrarlo, no siempre.
(Mateo 5: 38) = Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente.
La ley del talión, de esto es de lo que Jesús está hablando aquí, no pretendía de ninguna manera alentar la venganza personal, sino proteger al ofensor de un castigo más severo que el que merecía su ofensa. Jesús prohíbe la venganza al insistir sobre las actitudes positivas al enfrentar el mal que nos llegue en forma de un insulto personal, una acusación legal, y peticiones de préstamos y ayuda.
(39) Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra.
Aquella vieja manía, casi lindando con la herejía, de elaborar doctrinas a partir de un solo verso, se ha tomado de este para darnos a los creyentes una pálida imagen de personajes débiles, cobardes y pusilánimes. Y lo hicieron sin darse cuenta de sus propias incoherencias, ya que, si bien primero enseñaban literalmente este mandamiento, condenando a la gente a padecer las ocurrencias despóticas de cualquier bestia andante, luego aseguraban que en Cristo éramos más que vencedores, no observándose como, de esa imagen derrotada y perdida, podía salir algo parecido a una victoria. El Proverbio 24:29 da una pista al respecto cuando dice: No digas: como me hizo, así le haré; daré el pago al hombre según su obra.
Pablo, asimismo, en su carta a los Romanos 12:17 coincide con la antigua enseñanza y principio básico: No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Y el verso 19, agrega: No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. A los Corintios, en la primera carta 6:7: Así que, por cierto, es ya una falta en vosotros que tengáis pleitos entre vosotros mismos. ¿Por qué no sufrís más bien el agravio? ¿Por qué no sufrís más bien el ser defraudados?
Esto implica una realidad: todo creyente debería estar libre de actitudes mezquinas, al punto de elegir soportar antes que cometer un agravio. Una pérdida moral es mayor que cualquier ganancia material. Y también Pedro alude al asunto cuando, en su primera carta 3:9, señala que: …no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredasen bendición. Quiero recordarle que, entre otras acepciones, la palabra “bendecir” significa bien decir, decir algo bien de otro u otros, que es lo contrario a hablar mal, que es “mal-decir”.
(40) Y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; (41) y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos.
(42) Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.
Cuando en el verso 41 dice que cualquiera que lo obligue a llevar una carga, esa palabra, obligue, es la palabra griega angareuo, y es un verbo derivado de la lengua persa, que describe a un mensajero que posee autoridad para impeler a la gente al servicio público. La palabra poseía el mismo significado en tiempos del Nuevo Testamento, cuando denotaba el privilegio de los oficiales y soldados romanos de obligar a una persona y a los miembros de su familia, a prestar un servicio, usualmente sin aviso previo, con sus caballos y equipos. Como podemos ver, la connotación de esta obligación tiene mucho más que ver con una carga pública establecida que con un acto de autoritarismo inconsistente. De todos modos, el contexto general de este pasaje, nos deja indeleble que nuestro Dios No Conocido sigue diciendo al que quiera oírle que es imperativo para un miembro de Su Reino, No reaccionar mal ante la ofensa, ni conducirse con ánimos de venganza.
(43) Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo.
(44) Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen.
El correcto significado de la palabra enemigo no se limita a cualquiera que no nos gusta. El mandamiento a amar a nuestros enemigos significa mucho más que simplemente cambiar nuestros sentimientos acerca de la gente con la cual no nos llevamos bien. Más bien, enemigo, (En griego la palabra echthros) significa adversario, y se refiere a aquellos cuyas acciones y palabras manifiestan odio hacia ti; el familiar o el allegado que ya no quiere hablarte, el compañero de trabajo que quiere que te despidan porque no te soporta, o porque simplemente desea quedarse con tu posición. Se nos manda a amar a quienes nos tienen animosidad. Jesús no deja lugar para la especulación en este pasaje, sino que nos manda a amar a los que nos aborrecen, nos desprecian y nos persiguen. Semejante amor es posible únicamente a través del poder de Jesucristo, quien amó de esa manera, y quien busca ahora vías a través de las cuales demostrar su amor a quienes lo odian asediando a discípulos como tú. Y en la continuación de este texto, Él lo explica debidamente:
(45) Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.
(46) Porque si amáis a los que os aman, ¿Qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos?
(47) Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿Qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles?
(48) Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.
Aquí hay algo que es concreto y específico. Tú deberás amar porque así lo has decidido, no por causa de determinadas circunstancias. Deberás dejar que los malos tratos de otros te recuerden a ti que puedes vencer sus maldades por medio del amor. De un amor muy específico que se enseñorea en aquellos que resultan no-amables, porque amar a los dignos de ser amados, es tan sencillo que hasta los más insensibles pueden hacerlo. ¿Sabes qué? Estuve a punto de retirarle el saludo a mi amado Dios No Conocido, cuando me sacudió con eso de amar a los que no “sentimos” de amar. ¡Él sabe que no es fácil, eso! Yo soy un ser que siempre se ha ufanado ante quien quisiera oírlo, que tengo amor para dar, guardar y coleccionar, y sin embargo…hay algunos, que… ¡Piedad, Padre! Haré lo posible…seré obediente…no te enojes…Amaré sí o sí, sin esperar lo que venga a cambio… De no poder lograrlo, debería comprarme un boleto para volver a Egipto…
(Mateo 6: 1)=Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos.
(2) Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa…
3) Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, (4) para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará en público.
¡Que notable! Jesús utiliza esta palabra, hipócritas con un añadido que no es casual: dice que en las sinagogas. ¿Por qué? ¿No habría hipócritas en cualquier otro sitio? Sí que los había, pero Jesús sabe muy bien que, tal cual está escrito en Jeremías, la hipocresía nació en la iglesia y a partir de sus líderes, que entonces eran “los profetas”. Esta palabra, hipócrita, tú ya lo sabes porque lo he enseñado en mis trabajos de audio y escritos, es la palabra griega hupokrites, y habla que, en los días bíblicos, los actores del teatro griego se cubrían el rostro con una máscara, la cual incluía un dispositivo para amplificar sus voces. Como los dramas se ejecutaban a través de preguntas y respuestas, la palabra que describe el diálogo era hipokrinomai, que es replicar o contestar. Hupokrites es el que desempeña un papel en el drama, lee el guion o libreto, o el que monta un acto teatral. El hipócrita esconde sus verdaderos motivos debajo del disfraz que oculta su verdadera faz.
Entonces, al contrario de los hipócritas, los cristianos no deberían hacer alardes de sus dádivas. La recompensa de esos simuladores es presente y humana, en comparación con la recompensa divina de los que dan sin ostentación. Porque quiero que te quede más que claro, aunque no te lo hayan enseñado nunca, muy pocas veces o, lo peor, que te hayan querido convencer de lo contrario. Aquí dice y lo has leído conmigo, que si haces eso que mi Dios No Conocido te pide, Él te lo recompensará. “-¡Es que yo no quiero recompensa, hermano! ¡Con ir a Su Presencia es suficiente! -“Eso será para ti, Él dijo que te recompensará y, hasta donde yo sé, el dueño del lugar en el que vas a ir a Su Presencia, es Él. Así que Él hará lo que le dé la gana, ¿Estamos bien?
Pero aquí debemos aclarar algo. Este texto no está hablando de ofrendas ni mucho menos de diezmos. Porque esto último es un dinero de Dios que, cuando lo llevas a tu alfolí (Que es el sitio en el cual guardas tu alimento, en este caso espiritual), no haces nada más que devolverle lo que le pertenece. Y porque la ofrenda es algo que tú siembras en el Reino por encima de lo otro. Pero Limosna es todo aquello que se les da a los necesitados, y que, en muchos casos, es bien cierto, sirve y se utiliza para que alguna organización tome prestigio. ¿Y cómo lo hace? Exactamente contrariando lo que Jesús emite como mandamiento aquí: contándole a todo el mundo que está haciendo beneficencia. ¿Nunca lo has visto a esto?
Cuidado: Jesús no censuró en aquel momento la oración pública, como tampoco se la podría censurar a nadie, hoy. Lo que Él sí condenó, de alguna manera, fue la oración pretenciosa y ostentosa destinada, únicamente, a captar la atención de los demás, y no tanto para que llegue al trono de la gracia. Es muy normal en nuestra naturaleza carnal que, cuando estamos realmente en problemas, nos arrojemos de cabeza donde sea y clamemos algo así como: “¡Oh Dios! ¡Mira lo que me está pasando! ¡Haz algo por favor! ¡¡Ayúdame!!”, o alguna otra por el estilo.
Pero fíjate que si ese mismo día, un tiempo después, vas al templo y allí el pastor te invita a pasar al frente a orar como apertura de la reunión, es probable que arranques más o menos así: “Bendito y loado Señor de las alturas inmaculadas…Vengo a tu santísima y majestuosa presencia para rendirte adoración por…” Es en ese momento, normalmente, cuando Dios se rasca la nuca, nos mira y dice algo así como: Pero hijo… ¿Qué está pasando? ¿Por qué me hablas así? ¡Si tú no hablas conmigo en ese idioma raro!!!” Es más que claro el pensamiento de mi Dios No Conocido: Cuando decidas orar en público, será para tu Dios en público, pero nunca para el público en nombre de Dios, ¿Está claro?
(Mateo 6: 5) = Y cuando ores, no seas como los hipócritas (Tú ya sabes quienes y como eran) porque ellos aman el orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres: de cierto os digo que ya tienen su recompensa. (Esto es lo que terminamos de explicar anteriormente)
(6) Más tú, cuando ores, (Entiende esto: dice cuando ores; no dice Si en una de esas tienes ganas de orar; lo que equivale a decir que debemos orar, que no es una opción que tomaremos si lo sentimos) entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. La palabra ores que se utiliza aquí es la palabra proseuchomai. Este es un vocablo aglutinante. El sustantivo euche es una oración a Dios que también implica hacer un voto; se añade el verbo euchomai, el cual denota una invocación, una petición o ruego. Al agregarle pros, que es en la dirección de, (Dios) proseuchomai viene a ser el término que más frecuentemente se emplea para oración.
(7) Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos.
Cuando dice “vanas repeticiones”, no se refiere a una petición que se reitera, sino al balbuceo desprovisto de sentido, y las largas oraciones que confunden la piedad con la verbosidad vacía. Jesús enseña a orar en forma concentrada, reconociendo la necesidad de que Dios reine sobre todas las facetas de la vida y la sociedad. Y que hay todavía en una gran parte del pueblo de Dios una confusión muy similar a la que aquí se explicita, es más que evidente. En el primer libro de los Reyes, 18:26 se nos habla de la victoria de Elías en el monte Carmelo, y en alusión al pueblo pagano, dice este verso: Y ellos tomaron el buey que les fue dado y lo prepararon, e invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: ¡Baal, respóndenos! Pero no había voz, ni quien respondiese; entre tanto, ellos andaban saltando cerca del altar que habían hecho.
Esto deja bien en evidencia que, si tú no estás orando conforme al propósito y la voluntad de Dios, podrás creer o suponer que le oras a Dios, pero Él no oye esta oración y, por lo consiguiente, aunque pases horas y hasta días haciéndolo, no vas a mover de ninguna manera su accionar con ello. El verso 29, un poco más adelante, lo reafirma cuando cuenta: Pasó el mediodía, y ellos siguieron gritando frenéticamente hasta la hora de ofrecerse el sacrificio, pero no hubo ninguna voz, ni quien respondiese ni escuchase.
(8) No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.
(9) Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.
Aquí, Jesús, ofrece una muestra de su íntima relación personal con el Padre. Relación que, por otra parte, debería ser la misma que tendríamos que tener nosotros, en lugar de verlo como algo muy lejano y a veces despreocupado por nuestros padecimientos o necesidades, ya que en Romanos 8:15, Pablo lo confirma cuando dice: Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! Por eso es que dice en su oración-modelo: Padre Nuestro. Mientras que la expresión posterior de santificado sea, tiene que ver con el establecer el principio de orar como una forma de adoración.
(10) Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.
Quien ora pide el establecimiento del gobierno de Dios en las vidas y situaciones reales, no sólo por la consumación en la era venidera. Porque mayoritariamente y conforme a el núcleo global doctrinario en nuestras congregaciones, se nos ha enseñado que el Reino es aquel lugar al que vamos a ir cuando el Señor disponga que partamos a su presencia. Es más, hasta se lo ha graficado humorísticamente en cien dibujos con la imagen de un hombrecillo, con un enorme camisón blanco que le llega hasta los pies, de pie o sentado en una nube, ejecutando un instrumento que se puede emparentar con la antigua lira romana, aunque vulgarmente se le llame “el arpa”, con la que no tiene más parentesco que su construcción encordada, y a eso se le ha llamado “el reino”.
Si el Reino es una nube que sólo sirve para tocar suaves melodías con un instrumento a cuerdas, ¡Bien aburrido es el Dios que tenemos y grandes deseos de mucha gente dinámica es irse al infierno, al cual se lo vende como mucho más entretenido! Ironías al margen, ¿Te das cuenta como la iglesia, desde sus principales fuentes de enseñanza, se ha tragado una grosera mentira del diablo? Lo cierto es que esta oración es total y perfectamente coherente con el evangelio que Jesús predicara siempre, aunque no con el que nosotros predicamos hoy. Porque si andamos anunciándole a la gente que el evangelio es aceptar a Cristo para no irse al infierno e irse al cielo, y así quedarnos serenos y tranquilos esperando el día de nuestra partida con la total y más absoluta confianza que iremos a su presencia y no a ninguna otra parte, indudablemente estamos diciendo sólo UNA parte de la verdad.
Y todos sabemos muy bien que cuando se dice una parte de una verdad, la parte que queda sin decir, es equivalente a una mentira. Por eso la gente se bloquea, no intenta hacer demasiado fuera de lo que le ordenen sus pastores locales, porque total, – piensa -, ya soy salvo y sólo me queda, como máxima expectativa, aguardar el gran día del último suspiro para irme, al fin, a estar con Él, y dejar atrás este verdadero infierno terrenal que ya no se soporta. Y lo peor es que a eso, el mismo hombre le llama: el arrebatamiento de la iglesia victoriosa, sin mancha y sin arruga. Incoherencia total. El evangelio de Jesús, siempre fue El reino de los cielos se ha acercado, y esto sí que tiene coherencia con este Venga tu reino. ¿Para qué? Para trabajar dentro de él y por su extensión. Porque hemos sido salvos por Gracia para, y no `por. Y – tal como le tocó a Jesús -, también nosotros deberemos pagar un precio para servir.
(11) El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.
Fíjate que, en contra de toda la onda “espiritualoide”, que de ninguna manera es andar en el Espíritu, Jesús recomienda aquí la oración por las necesidades materiales, las cuales están vitalmente relacionadas con los intereses del Reino. Ya esto fue anticipado en el Proverbio 30:8 cuando dice: Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí; no me des pobreza ni riquezas; mantenme del pan necesario.
(12) Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.
La oración que implora perdón se legitima por la disposición a perdonar las ofensas de otros. Se podrían elaborar no menos de diez estudios con este tema. Se podría, incluso, extender este mismo al punto de dedicarle todo un capítulo, pero voy a quedarme con una expresión concreta, simple y contundente, como generalmente es la verdad: Si mi Dios No Conocido jamás te ha cobrado un centavo por su perdón para con todas tus barbaridades mayúsculas, ni te atrevas tú a cobrárselo a aquel o aquellos que te hayan ofendido en cualquiera de sus circunstancias. No hay excusa posible. Por más que alguien me diga: “¡Pero hermano! ¡Usted dice eso porque no sabe lo que me hicieron!” MI respuesta siempre será: ¿Qué crees tú que podría decirte Dios con relación a tus incredulidades, pecados y demás anexos?
(13) Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.
La petición final implora el poder de Dios para vencer el mal, de manera que quien lo invoque no caiga ni sea vencido por la tentación del maligno. El Padrenuestro, es un modelo de oración que contiene siete grandes tópicos, cada uno de los cuales representa una necesidad humana básica. Los he compartido en algún estudio de mi Web, pero creo igualmente que bien vale la pena reiterarlo:
1)= La Necesidad paternal: Padre Nuestro. Cuando ores, todas tus necesidades son atendidas por la benevolencia incomparable de un Padre ciento por ciento amoroso, que no se parece en nada al mejor padre carnal que tú hayas podido tener. Y mucho menos al peor, como en muchos casos sucede, y que lleva a la persona al máximo grado de rencor, resentimiento y, por ende, incredulidad. Recuerda esto que parece un juego de palabras, pero no lo es: Dios es lo que es, y no lo que tú piensas que es.
2)= La Presencia de Dios: Santificado sea tu Nombre. Tú puedes entrar a su presencia mediante la alabanza, por ejemplo, y llamarle “Padre” por causa de la sangre expiatoria de Cristo. No tienes ni la menor idea de cuanta es la gente que se autodenomina “cristiana” que se resiste a llamar “Padre” a Dios, por causa de los espíritus religiosos que han operado dentro de las iglesias.
3)= Las Prioridades de Dios: Venga tu reino. Tú debes declarar ya mismo que las prioridades del Reino de Dios, tienen que ser establecidas en ti mismo, en tus seres queridos, en tu congregación local y en tu nación. No es un tema menor, este. Millones de cristianos no tienen la bendición que buscan porque no están dándole a Dios ninguna prioridad en sus vidas. ¿Prioridad uno? Dejar que ese Reino venga a ti, no salir a buscarlo donde no está.
4)= La Provisión de Dios: Dánoslo hoy. Jesús, el que suple nuestras necesidades, nos dijo que oráramos diariamente, pidiéndole que provea todo lo que nos haga falta. Son muchos todavía los “ultra-religiosos” que suponen que no debemos molestar a Dios por tonterías, sino por cosas importantes. Primero: Él mismo dijo que esto era importante. Segundo: ¿Qué padre común les exigiría a sus hijos que no lo molesten pidiéndole comida?
5)= El Perdón de Dios: Y perdónanos. Tú necesitas el perdón de Dios y también te hace falta perdonar a los demás. Diariamente camina decidido a amar y perdonar. Y un detalle que, por experiencia de lo visto y oído, no es menor: no le cobres nada a nadie por perdonarlo, sea lo que sea que te hayan hecho. Dios no te cobró nada a ti por perdonarte, y en algunos casos era muy grosso lo que había, lo sabes.
6)= Poder sobre Satanás: Y no nos metas…líbranos del mal. Pide al Señor un muro de protección alrededor tuyo y de tus seres queridos. Vístete con su armadura. Y ni siquiera pierdas tu tiempo discutiendo si se debe enseñar o no Guerra Espiritual en las iglesias. Padre, Hijo y Espíritu Santo ya han dicho que sí. Y punto.
7)= Sociedad Divina: Porque tuyo es el reino. Glorifica a Dios que te hizo participante de su Reino, de su poder y de su gloria.
El Padrenuestro, en suma, es la oración que te enseña como orar, y no una letanía cabalística que se debe repetir y, conforme a la cantidad de veces que se lo hagas, será la bendición y el milagro que Dios operará en tu vida. He visto muchas barbaridades doctrinales en nuestras congregaciones, pero ninguna como esta que no nos pertenece, pero que tiene cautivos en la esclavitud de la ignorancia a tantos y tantos que, creyendo salvarse, se pierden irremediablemente. ¿Quieres saber para qué dejo esto mi Dios No Conocido en tu Biblia? Para decirte algo así como: Oren sobre esta base, aquí les dejo el bosquejo.
(Verso 16) Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.
(17) Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, (18) para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.
Cuando ayunen, te dice. Eso significa que debes ayunar, es parte de tu consolidación, madurez y crecimiento en el evangelio. De otro modo, en lugar de esto, te diría que en caso que ayunes, pero no. Es cuando, es decir; el día que te decidas a realizarlo. Y que no lo harás para impresionar a Dios y mucho menos con la esperanza de moverlo de su trono a hacer algo que no estaba en sus planes, no. Cuando tú ayunes, será para demostrarte a ti mismo que tu carne no es más poderosa que tu espíritu y que puedes someterla sin que por ello pierdas nada. Sin embargo, el énfasis de esta palabra, es la humildad y el bajo perfil para ejercitar el ayuno. El verso 18 te está mostrando que ese ayuno es para ser entregado como ofrenda de obediencia al Padre y no para lucimiento o reconocimiento terrenal.
(Verso 19) = No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; (20) sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. (21) Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
Siempre se ha enseñado este texto con relación a las ambiciones, la codicia y el amor por el materialismo del mundo incrédulo, secular e impío. Y es correcto enseñar eso porque realmente es así, pero déjame decirte que esos sectores no son los únicos en caer en eso ni tampoco son exclusivos al respecto. Muy por el contrario, en algunos de nuestros ambientes también se han observado esta clase de ambiciones. Se suelen disfrazar de actitudes muy honestas estas, tales como ahorro, buena administración, austeridad, etc.
Sin embargo, no pasa de ser mera avaricia en el recurso más antiguo de la humanidad sin Dios: guardar para tener, que es lo opuesto a lo que Dios mismo le enseñó a su pueblo cuando le daba el maravilloso maná para su sustento diario, pero sin permitirle atesorarlo porque se les descomponía y entraba en putrefacción. Así es la vida del creyente. Mi Dios No Conocido sigue diciéndole a quien quiera oírle, que más allá de como anden las cosas allá afuera, si tú que eres un hijo del Dios Altísimo resuelves darle algo a quien lo necesita, allá en los cielos habrás abierto una cuenta a tu nombre de la cual, mañana mismo, podrás empezar a gastar, ya que su fondo es amplio y nunca se termina.
(22) La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; (23) pero si tú ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿Cuántas no serán las mismas tinieblas?
Una muy buena pregunta para hacerte sobre este texto, como para que reflexiones un rato largo, sería: ¿Qué ven mayoritariamente tus ojos en el día o la noche? En la respuesta que encuentres, estará tu propia respuesta. O la luz del día alumbrando todo tu ser sin secretos ni cosas escondidas, o la tiniebla densa de la cual la propia tiniebla llegaría a asustarse. ¿Qué te está diciendo mi Dios No Conocido aquí? Que tu primera mirada, a lo que sea, es automática, cultural, social, natural, animal si quieres verlo así. El problema grave viene con la segunda mirada y las sucesivas, porque a esas miradas sí las diriges tú, con todo tu entendimiento, y será en función de lo que ellas te produzcan que resplandecerás como el sol del día o te apagarás como la oscuridad del atardecer que preanuncia la penumbra.
(24) Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.
Quise comprobar si donde leemos riquezas se refiere a lo que nosotros, hoy, definimos con esa palabra, o si se trataba de un término que en esos tiempos tenía otra significación. No, es riqueza tal como la conocemos. Y tiene un contrasentido que no es bíblico, obviamente, sino nuestro, de los hombres. Porque, por un lado, me aparecen los cultores de la pobreza, aquellos que me aseguran que para poder conocer de verdad a Dios y ser fiel a su propósito, debes ser pobre, porque leyeron que es muy difícil hacer entrar a un rico en el Reino de los Cielos.
Pero, por otro lado, nos llegan predicadores de todas partes del planeta, con un mensaje de prosperidad que nos asegura que Dios no quiere que sus hijos sean pobres y que de ninguna manera tener mucho dinero o ser ricos sea sinónimo de mundanalidad o algo peor. ¿Cómo lo entendemos? Lo entendemos como siempre estuvo escrito, que no siempre es como lo entendimos, lo enseñamos y lo predicamos. Lo que se condena aquí no es la riqueza, ni las riquezas, sino la dedicación prioritaria a ellas, por encima de nuestra dedicación a nuestro Dios. Idolatría, si quieres llamarlo por su nombre. Poner cualquier cosa por delante de Dios en tu vida. Cuando es el dinero o las riquezas, es culto a Mammon. Eso es lo que Jesús dice que no podemos hacer, servir al Dios de todo poder y a Mammon en un mismo nivel.
(25) Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? (Si esto no es un práctico anti-consumismo popular, no sé de lo que estoy hablando. ¿Cuánto interesa el comer y el vestir al hombre, muy por encima de otros intereses menos carnales?)
(26) Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?
Es evidente que esto fue escrito para que tomemos un modelo a seguir. ¿Viene Dios en persona o envía ángeles a alimentar a las aves? No, sólo ha creado pequeños insectos que son ese alimento. Solo se necesita que ellas salgan cada día a buscarlo y lo encontrarán, Dios los puso allí, para ellas. Nosotros lo mismo. No vendrá Dios en persona ni ángeles a su servicio a alimentarnos, pero nuestro alimento estará siempre allí, en la calle, sólo deberemos cada día salir a buscarlo. Así de simple.
(27) ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?
Desde que tengo uso de razón, el estereotipo del hombre ganador, guapo y conquistador de corazones femeninos, es un hombre alto, de buen porte, pero eminentemente alto. Los que no damos ese standard, debíamos esmerarnos en aceitar otros talentos si es que queríamos llamar la atención. Eso pensaba yo de joven. Y soñaba con ser más alto, y mirar bien desde arriba lo que ahora me tocaba mirar desde el mismo nivel o, lo peor, desde más abajo. No conocía al Señor, todavía, entonces mi ídolo era mi estatura. Ser más alto.
Cuando leí este verso supe que por algún motivo mi Padre me había formado así, por lo que desde allí empecé a dar gracias por mi estatura. Y nunca más me preocupé por ella. Eso se llama madurar. O entender que ninguno de nosotros, por más que nos esforcemos, podremos añadir, que digo un codo, ni un miserable centímetro a nuestra estatura. La que sí podemos aumentar, en cambio, dice mi Dios No Conocido, es nuestra estatura espiritual, porque esa es la que a Dios le interesa. Lo otro, es mera carne, físico, estética, visión externa. No es importante, está destinada a corromperse y volverse polvo de la tierra, como era.
(28) Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; (29) pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos.
(30) Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?
(31) No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?
(32) Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.
(33) Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
(34) Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.
Si hay un pasaje en la Biblia que es un canto muy afinado en contra de la ansiedad, ese es este. Y además también contra todo ese verdadero endiosamiento y culto a la estética, que sí es importante, el cristiano debe cuidarla convenientemente, también, pero no prioritaria como se nos ha querido hacer pensar. La vida es más importante que el alimento, y el cuerpo más que la vestimenta. De eso no puedes tener ninguna duda, es así. Además, lo de no poder añadir a nuestra estatura un codo, no es casual. Todos deseamos tener una imagen adecuada para asemejarnos a los Adonis de los cuentos de hadas, mientras que debemos conformarnos con ser seres normales, corrientes, casi vulgares, que solo pueden trascender mediante resortes más profundos que no tienen nada que ver con lo visible, con lo externo.
Sin embargo, para mí, es clave el verso 32, porque cuando viene hablando del alimento, de las preocupaciones cotidianas que el hombre y la mujer pueden tener en esta vida, se nos dice con total autoridad de credibilidad cierta, que el Padre celestial sabe que tenemos necesidad de todas estas cosas, Y esta palabra, necesidad, no es casual ni corriente, ya que cuando se habla del poder de Dios y de la respuesta a nuestras oraciones, se nos asegura que Él suplirá todas nuestras necesidades, lo cual es un complemento precisamente a lo que se dice aquí y un verdadero reaseguro de confianza. ¿La llave para que eso sea real? La tienes en el último verso, que pese a ser un clásico de nuestras Biblias, y bosquejo de cientos y cientos de predicaciones, todavía parece permanecer en la nebulosa del olvido. Buscar primeramente el Reino es básico, y recibir como consecuencia de eso todas nuestras peticiones, una consecuencia natural.
De hecho, los principios básicos que rigen las vidas de las personas, tienen que ver con la voluntad y el propósito de Dios. Y no estoy hablando de las vidas de los cristianos, estoy hablando de la vida de toda la humanidad. En mi país circula una suerte de refrán, de adagio o pensamiento popular, que asegura, cuando a alguien no le va bien en sus actividades en el marco del sitio donde ha nacido y se ha criado, que dice: “Nadie es profeta en su tierra”. Te puedo asegurar que el noventa por ciento de quienes lo mencionan, lo repiten y lo creen fielmente, no tienen ni la menor idea que esa frase viene de la mismísima Biblia. Es muy probable que, si lo supieran, tal vez lo desecharían, porque la Biblia en el marco de la gente considerada culta e inteligente, no tiene crédito. La diferencia es que una gran mayoría piensa que esto es un problema de orden intelectual, pero los hechos nos dejan en clara evidencia que se trata de un asunto netamente espiritual. Muy bien: con la justicia, su esencia, su estudio y sus fundamentos concretos, ocurre exactamente lo mismo. Sólo un problema: no se puede articular la justicia conforme a la mente de Dios por parte de hombres que han elegido vivir fuera de Dios.
(Mateo 7: 1) = No juzguéis, para que no seáis juzgados.
Esto no se trata, como en más de una ocasión se ha enseñado casi con demasiado simplismo, de una prohibición de Jesús para con nosotros. Va mucho más allá. Tiene que ver con nuestra posición ante las cosas de la vida y hasta con la vida misma. Por eso es que en Marcos 4:24, Jesús les dice: Mirad lo que oís; porque con la medida con que medís, os será medido, y aún se os añadirá a vosotros los que oís. Esto es así; A nosotros nos parece erróneamente que algo está pésimo y así lo decimos. Conjuntamente con nosotros, gente incrédula ve lo mismo y dice lo mismo. Para ellos, la justicia si bien no será benévola, no tendrá esa carga que para nosotros sí tendrá: agregarle el mismo concepto con que nosotros nos manejamos. ¡No quieran imaginarse si fue un concepto de exageración sin otra intención que la de causar daño!
Así lo interpreta Pablo y así se lo enseña a los Romanos, cuando en 2:1 les dice: Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quien quiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo. Y por si a los creyentes de Roma les hubiera quedado alguna duda, a este principio lo reitera más o menos similar en el capítulo 14:10 cuando expresa: Pero tú, ¿Por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿Por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Un pequeño detalle para que tengas bien en cuenta: no dice que “todos ustedes, los cristianos, comparecerán ante el tribunal de Cristo”; dice que todos lo harán. Sean cristianos o no, sean creyentes o incrédulos. No importa si tú crees o no crees en Dios, del juicio de Dios no escaparás. Hay un juicio para salvación y otro para perdición. Los creyentes, en todo caso, hemos optado por el primero. Y para que no quedara sin entendimiento la iglesia en Corinto, a ellos también en su primera carta 4:3 les habla de lo mismo señalando: Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por tribunal humano; y ni aún yo me juzgo a mí mismo.
(Mateo 7: 2)= Porque con el juicio con que juzgáis (Esto es: con la misma intención, con la misma motivación) seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.
(3) ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?
Esto tiene mucho que ver con los defectos, con los errores o con las equivocaciones. Aún con cuestiones de fondo tales como el divorcio. Porque una cosa es sentarse en los cómodos sillones de la oficina pastoral a ayudarle a él a juzgar un caso de divorcio, con el hombre y la mujer sentados al medio en dos sillas que mucho más parecen dos banquillos de acusados, y otra cosa muy distinta, un día, sin culpas y sin haberlo buscado, tú eres quien te encuentras en esas sillas y otros en los cómodos sillones, dándole letra al mismo pastor para que los discipline duramente, los exonere y hasta los expulse de la congregación. Por eso, cuando me enfrento a un problema de divorcio, no puedo menos que sentir compasión y misericordia. Porque recuerdo a un enorme siervo de Dios que había pasado por una experiencia bastante dura y no puedo menos que creer que mi Dios No Conocido lo avalaba cuando él reflexionaba sobre esto diciendo: Dios quiera que nunca te suceda a ti…
(4) ¿O como dirás a tu hermano: ¿Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo?
(5) ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.
Vayamos por partes. Cristo no prohíbe la crítica, ni tampoco la expresión de opiniones. Tampoco lo hace con algún tipo de condenación por nuestra parte para con lo que pudiera estar mal hecho. Lo que sí prohíbe, en todo caso; o mejor dicho, advierte sobre su inconveniencia, es para con la censura implacable que pasa por alto las faltas propias, mientras se asume el papel de supremo juez de los pecados de los demás. Yo te sugiero que cuando estés ante un pecado ajeno, aunque no conozcas al pecador, ponle ficticiamente el nombre de un familiar cercano de ti, vas a ver como modificas tu alta severidad disciplinaria. Es imperioso corregir nuestras propias faltas y resolver nuestros propios problemas antes de intentar corregir las faltas de otros. Debemos dejar que cualquier actitud de juzgar a otros nos señale la necesidad de examinarnos a nosotros mismos por cosas que nos molestan de los demás. Siempre recuerdo un viejo decálogo del empleado fiel, colocado debajo de los escritorios de cientos de empleados.
Y recuerdo dos: “Si el empleado tiene sus ojos cerrados y la cabeza apoyada sobre sus brazos sobre su escritorio, el empleado duerme”. “Si el jefe tiene sus ojos cerrados y su cabeza apoyada sobre sus brazos sobre el escritorio, el jefe medita sobre soluciones laborales más productivas”.
Uno de los mayores énfasis en las enseñanzas de Jesús es como construir y mantener correctas relaciones con Dios y con la humanidad. El Señor ve estas relaciones, no como algo sin importancia o superficial, sino como la esencia de la cual está hecha la vida. Conocer a Dios es nuestra máxima prioridad, pero el procurarlo no debe reemplazar o disminuir nuestras relaciones interpersonales con los demás. Por el contrario, nuestra interacción personal con Dios debe hacer surgir entre nosotros las cualidades de carácter que edifican y sostienen todas relaciones con los demás. Mi Dios No Conocido te está diciendo que si no estás en condiciones de evaluar y analizar tus propias conductas, muy lejos estarás de tener derecho alguno para hacerlo con otros.