Un día, Dios comienza a hablarle a Abram respecto a lo que Él está dispuesto a hacer con él y su descendencia. Y le detalla una serie de hechos vividos, otros que se están desarrollando para, finalmente, decirle algo que, si viniera de una persona del común, no nos llamaría la atención para nada, ya que es muy frecuente que la gente diga cosas así. Pero resulta ser que lo que te voy a repetir textual, no lo dice alguien del común, lo dice Dios mismo. Primero según la versión tradicional Reina Valera. Capítulo 15, verso 15: Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez.
He oído, al menos, una decena de interpretaciones respecto a que significa eso de tu vendrás a tus padres. He oído a creyentes genuinos y a cristianos nominales, y te puedo asegurar que no están viendo la misma cosa. Yo entendí, creo que por influencia del Espíritu Santo, que está hablándole de cuando le llegue el momento de morir y vuelva a encontrarse con sus padres. Y a ese pensamiento me lo confirma la versión Biblia Textual, que como tú sabes, fue traducida directamente del original al español, sin pasar por el inglés como la tradicional. Y ella dice: Y tú te reunirás con tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez…
Parte de ese enorme misterio que es la muerte física, queda develado en cuanto a algo puntual que se nos muestra. Muchas veces he oído a gente decir que, a la hora de morir, tus antepasados vienen a buscarte y te llevan con ellos a la eternidad. No es descabellado, coincide con muchos puntos bíblicos y casi que es alentador pensarlo de ese modo. Sin embargo, lo que dice aquí, si bien no te modifica el objetivo o destino final, sí te altera un poco la ruta. Porque en todas las versiones que he consultado, lo que está escrito es que tú serás el que vayas a reunirte con tus ancestros, no que ellos vengan hacia ti a buscarte.
Porque cuando dice que te reunirás, si bien no te está definiendo el cómo, tampoco te lo está omitiendo. Y hay algo en los originales que, de alguna manera, entiendo, le pone un punto de examen simple a todo esto. La palabra que se traduce como tú vendrás o tú te reunirás, es la palabra Bo, que en la traducción más simple significa Irás. ¿Y qué quiere decir eso? Que cuando des tu último suspiro aquí en la tierra, te vas a ir derechito a reunirte con tus antepasados ¿Será así? ¡Ah, no sé! Pregúntale a Dios, si tienes dudas; Él fue quien se lo dijo a Abram.
En el capítulo 16, aparece en la vida de Abram, su problemática familiar. En primer término, por la supuesta o aparente imposibilidad de su mujer Sarai, que no podía darle hijos. Y lo dije así por lo que más adelante vamos a ver. Y, en segundo lugar, porque esto le trajo un tema paralelo con la que era su sierva egipcia, de nombre Agar. Te confieso que esta historia ha dado, sigue dando y supongo que dará mucha tela para cortar, como normalmente se suele decir cuando se trata de asuntos que no terminan de estar claros, y muy de sobremanera si se trata en ambientes muy religiosos. Porque, de acuerdo. Saraí amaba a Abram y deseaba darle hijos, descendencia, pero aparentemente no podía.
Entonces ¿Qué feliz idea se supone que tuvo? Darle a su marido a su sierva, la egipcia Agar, para que ella se encargara de la prosecución de la especie con él. De acuerdo, era algo que en la época no era una novedad. Ocurría, y mucho más a menudo de lo que podemos imaginar. No sé qué calidad de esposo sería don Abram, pero si mi Biblia no se queda corta, no se tomó demasiado tiempo en aceptar el convite y lanzarse a la aventura romántica con la sierva. Creo que tal vez Sarai se apresuró y no estuvo espiritualmente del todo bien, pero creo que no mucho mejor estuvo Abram, que no se hizo rogar demasiado para cumplir con el pedido de su esposa.
De hecho, cuando el objetivo principal comenzó a tomar forma y Agar concibió de su relación con Abram, ella tuvo la lógica y natural reacción que cualquier esclava hubiera tenido en similares condiciones: despreciar a su ama y señora, sentirse en superioridad y en mejor posición con respecto a ella. Saraí sintió el impacto y desplegó su queja y su lamento con Abram. Y éste, olvidándose que eran tan responsable de todo eso como la propia esclava, determinó que si Saraí sentía necesidad de desligarse de su esclava y su embarazo, que lo hiciera.
Ante toda esta presión Agar decidió huir, pero cuando estaba de camino se le apareció un ángel que le impuso la orden divina de retornar con sus amos y parir ese hijo al que, de principio, debía ponerle el nombre de Ismael y que, según la misma aparición, estaría destinado por Dios a ser la base de una gran nación. No es descabellado decir hoy que la nación árabe, en su esencia, proviene de Ismael, hijo de Abram con su esclava Agar. Según el relato y sin detenernos en evaluar en qué cantidad de días y de qué duración se conformaban los años por aquel entonces, se nos dice que era Abram de ochenta y seis años de edad cuando Agar dio a luz a Ismael.
Trece años después, ya en el capítulo 17 y con Abram de noventa y nueve de edad, Dios lo visita para establecer un pacto con él. Lo primero que hace, es cambiarle su nombre. A partir de este pacto dejará de llamarse Abram, que significa Padre de Muchos, para llamarse Abraham, que se traduce como Padre de Muchas Naciones. Y luego de una serie de consideraciones entre formales y culturales, le establece como señal de ese pacto, la circuncisión. El corte y la remoción del prepucio de cada varón entre los descendientes del pacto de Abraham, los marcaría como aquellos que pertenecían al pacto.
La circuncisión indicaba a la simiente de Abraham que había una contaminación de la carne en el hombre que debía ser quitada para siempre, o el hombre permanecería impuro y fuera del pacto con Dios. Dios escogió esta señal por muchas razones importantes. En primer lugar, porque no era desconocida, ya que era una práctica ritual de varios pueblos de la época. Por razones higiénicas, especialmente en el mundo antiguo. De esto incluso hasta hay evidencia médica. Pero, lo más importante, para dejar en evidencia que no debían poner su confianza en la carne. Y nada menos que tomando como base al órgano de la procreación. De esa línea y con esa mecánica, se desplegaría una cultura genética dentro de la cual nacería nada menos que el Mesías.
Ya en el Nuevo Testamento, Pablo conectó las ideas de la circuncisión y el bautismo cristiano. Su idea era que en Jesús estamos espiritualmente circuncidados, y que somos también enterrados con Jesús en el bautismo. Pablo no dijo que el bautismo fuera la señal del pacto que los cristianos reciben y bajo la cual viven, es decir del nuevo pacto. Pero, incluso, si esta conexión es hecha, es importante notar que uno nació genéticamente en el pacto descripto aquí. O sea que no somos genéticamente nacidos en el nuevo pacto, sino que es por la Gracia de Dios a través de la fe que eso se produce.
En la carta a los Colosenses, capítulo segundo y versos 11 y 12, Pablo dice: En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos. Este pacto sigue siendo válido y legítimo para el pueblo judío, pero no le garantiza eternidad alguna si no pasa por la cruz de Cristo. Así quedó plasmado en la cruz del Calvario. Así lo identifica el Espíritu Santo cuando unge lo que viene del cielo y no del pacto de hombre.
Allí mismo es donde Dios establece que el ya llamado Abraham tendrá un hijo con la que ahora se llama Sara, su mujer, y que llamarán su nombre Isaac. Su otro hijo, el concebido con Agar, llamado Ismael, también tendrá destino de una gran nación, pero Dios le da la garantía total de que el pacto sagrado de Él, será con Isaac. El pacto se cumplió al nacer Isaac, ya que conjuntamente con él, fueron circuncidados todos los varones de la casa de Abraham, con él mismo incluido.
Hola a todos…
Así lo entendí yo también hace tiempo….
Pero yo tengo otra forma de ver lo que usted dice va él allí…
Yo sé, que ellos los han dado el paso,están aquí con nosotros , me agarro a lo que dice Jesús en Lucas 17,20-21 el Reinio está entre nosotros ,
nosotros vamos a ellos entramos en el Reino, no sé si me explico bien? ahora estamos aquí y cuando llegue el día entramos en su Reino, pero ciertamente ellos están aquí con nosotros aunque no lo veamos ….
«El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: ‘Helo aquí’ o ‘Helo allí’, porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros.»
Jesús deja claro que el Reino no es algo lejano ni futuro, sino que ya está aquí, aunque no siempre lo percibimos. Es lo mismo con la vida después de esta vida: no es que vayamos a un lugar lejano, sino que simplemente pasamos a otra realidad que ya existe, solo que en este momento.
Es como si viviéramos en un mundo con múltiples capas o dimensiones, y al morir, lo único que cambia es nuestra capacidad de ver y estar plenamente en esa otra dimensión que ya está aquí.
Saludos.