Trabajando en la Reconciliación

Para poder entender, aceptar y también poder poner por obra esta parte de la enseñanza, lo primero que tendremos que saber es que cosa significa Reconciliación. Tal como la palabra lo dice, es restaurar algo que antes funcionaba y ahora no.

La iglesia primitiva estaba en conciliación, esto es: todos en un mismo sentir. Luego, los hombres se sintieron capaces de “mejorar” lo que Dios había dejado escrito y, de ese modo,  armaron diferentes estructuras que, mientras mejor aceitadas se encontraban, más lejos se iban del propósito y la voluntad de Dios.

Muy bien; este es el tiempo de volver a conciliar los espíritus. Es uno de los trabajos inherentes a este nuevo orden de Melquisedec imperante por decreto divino en los sacerdocios humanos que operan en la genuina iglesia del Señor.

Volver a conciliar, entiende, es Re-conciliar. Y para que ello suceda, alguien tiene que tender las líneas por donde unos y otros se volverán de sus pasos y se unirán. A esas líneas, no hay otro modo para denominarlas que puentes.

 (Hebreos 5: 1)= Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere, para que presente ofrendas y sacrificios por los pecados.

Este es un punto importante para tener en cuenta: los hombres que Dios levanta como ministros, los levanta de entre otros hombres, no de entre entes de deidad. Por lo tanto, entiende y asume, los ministros son hombres.

Si son hombres que ha levantado realmente Dios, son ministros. Si, por el contrario, son hombres colocados en esos lugares por los intereses o las conveniencias humanas, son asalariados. Los primeros son ministros, los segundos, generalmente aspiran a ser “mini-astros”.

Ahora bien; dice en este texto que hemos leído que son los adecuados para presentar ofrendas y sacrificios por los pecados. Pero ellos, los ministros, ¿Están al margen de esos pecados? En modo alguno. Será bueno conocer la etimología correcta de lo que es y no es pecado.

¿Y QUE COSA ES EL PECADO?

Son muy diversos los términos utilizados tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento para significar Pecado. También se pueden leer expresiones tales como Iniquidad, Maldad y otras, que al mismo tiempo cuentan con varios matices de significado.

Es sumamente importante tener en cuenta la definición bíblica de Pecado, en griego ANOMIA, que es desorden en el sentido de rechazo del principio mismo de la Ley o de la voluntad de Dios, iniquidad.

Es algo desafortunada la traducción que la mayor parte de las versiones castellanas hacen de este pasaje. Sólo la Nueva Versión Internacional traduce al Pecado como la verdadera ilegalidad, aunque sería mejor traducir “alegalidad”.

En efecto, el pecado no es la mera infracción de la Ley, según este pasaje, sino el rechazo de la voluntad de Dios, el vivir a espaldas de Dios, la disposición mental que lleva al pecador a hacer la propia voluntad en oposición a la de Dios.

De ahí la distinción que se hace entre pecado y transgresión, siendo esto último la infracción de un mandamiento conocido. Desde Adán a Moisés, los hombres no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, pero sí que pecaban, y murieron por ello.

A Adán se le había dado un mandamiento concreto, el cual desobedeció; pero de Adán a Moisés no fue dada ninguna ley en concreto, y por ello no había transgresión; sin embargo, sí había pecado en el sentido propio del término, tal y como se ha definido, y fue el pecado lo que provocó el diluvio.

La misma distinción es la que está involucrada en Romanos 4:15 Porque la ley produce ira, pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión. Puede haber pecado, no obstante, y se declara que los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán. (Romanos 2: 12)

Los principales términos utilizados para la traducción de pecado, en el marco del Nuevo Testamento, son HAMARTIA, HAMARTEMA y HAMARTANO, que significa una desviación de un curso recto, algo así como errar el blanco o equivocarlo.

Transgresión, por su parte, es una terminología que se instala en los originales griegos como PARABASIS, PARABATES y PARABAINO, y en contrario de lo que leíamos respecto a pecado, en este caso es cruzar o esquivar un límite.

Hay una importante distinción que hacer entre pecado y pecador, distinción que debe hacerse desde la primera entrada del pecado como principio. Los pecados de alguien son los verdaderamente cometidos por este alguien, y la base del juicio, siendo además demostración de que el hombre es esclavo del pecado.

Un cristiano es alguien cuya conciencia ha sido purificada para siempre por el o un sacrificio por los pecados, el Espíritu de Dios lo ha hecho consciente del valor de aquella una ofrenda, y por ello sus pecados, habiendo sido llevados por Cristo en la cruz, nunca volverán a ser puestos a su cuenta por parte de Dios, si peca, Dios tratará con él en santa gracia, sobre el terreno de la propiciación de Cristo, de manera que sea conducido a confesar el pecado o pecados y tener el gozo del perdón.

Pecado, como principio que involucra la alienación de todas las cosas en cuanto a Dios desde la caída del hombre, y visto especialmente en la naturaleza pecaminosa del hombre, ha quedado judicialmente quitado delante de Dios en la cruz de Cristo.

Dios ha condenado el pecado en la carne en el sacrificio de Cristo, y en consecuencia el Espíritu es dado al creyente. El Señor Jesús es proclamado como “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, (No “los pecados”, como algunos enseñan).

Él purificará los cielos y la tierra de pecado, y como resultado habrá nuevos cielos y nueva tierra, en los que morará la justicia. Aunque Cristo gustó la muerte por todos, no se le presenta como llevando “los pecados” de todos: su muerte, por lo que respecta a “los pecados”, queda precisada con las palabras “de muchos”, “nuestros pecados”, etc.

El origen del pecado no estuvo en el hombre, sino en el diablo. Sí fue introducido en el mundo por el hombre, entrando también la muerte como su pena. El “pecado original” es un término teólogo que puede ser usado para describir el hecho de que todos los seres humanos han heredado una naturaleza pecaminosa de Adán, que cayó en pecado por su transgresión.

La universalidad del pecado es evidente. Ya de principio, el hombre posee una naturaleza heredada que lo inclina al pecado. Todo nuestro ser está contaminado por el mal; nuestros pensamientos, acciones, palabras, sentimientos, voluntad, no existe un solo ser humano que sea justo ante Dios, con la sola excepción de Aquel que apareció para quitar el pecado. Aquel que nunca hizo pecado ni se halló engaño en su boca.

La condenación del pecado es inevitable y terrible. Según la Ley, la paga del pecado es la muerte. Esta muerte y juicio se extienden a todos los hombres, por cuanto todos han pecado. El hombre está muerto en sus delitos y pecados.

Le es necesario nacer de nuevo para entrar en comunión con Dios, pues las iniquidades del hombre hacen separación entre él y Dios. Dios juzgará pronto a todos los pecadores y todas sus acciones, incluso las más secretas.

Jesús fue hecho pecado por nosotros. Una expresión así nos rebasa, significa que Cristo no sólo tomó sobre sí en la cruz todos los pecados del mundo, como nuestro sustituto, sino que además vino a ser, a los ojos de Dios, como la expresión misma del pecado ante Dios, hecho maldición por nosotros.

El perdón de los pecados ha quedado ya adquirido por Cristo para aquel que acepte Su persona y sacrificio en el Calvario. El Cordero de Dios ha quitado el pecado del; Él abolió el pecado por Su único sacrificio; Su sangre nos purifica de todo pecado.

 La Cena es la señal del pacto para remisión de pecados. Todo aquel que cree en Cristo, recibe por Su nombre la remisión de los pecados. Siendo que Dios nos ha dado Su Hijo, Dios no nos trata ya más según nuestros pecados; los pecados, rojos como la grana, vienen a ser blancos como la nieve; los ha echado tras de Sí, y los ha deshecho como una nube; los ha arrojado al fondo del mar. Los ha olvidado. Ya no existen más delante de Él. La misericordia de Dios demanda toda nuestra alabanza.

 La convicción de pecado es una de las mayores gracias que el Señor nos puede conceder. En efecto, se trata de la llave que da acceso a todas las demás. Esta convicción sólo puede ser producida por Su Espíritu. Para ser justificado, el hombre debe ante todo ser consciente de su necesidad.

 Si pretendemos no tener pecado, mentimos; si confesamos nuestros pecados, el Señor es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Las personas no arrepentidas debieran prestar oído a la solemne advertencia de la palabra de Dios: Sabed que vuestro pecado os alcanzará.

BLANCOS PREFERIDOS

 (Hebreos 5: 2)=  Para que se muestre paciente con los ignorantes y extraviados, puesto que él también está rodeado de debilidad.

Hay algo que vengo diciendo desde hace muchos años granjeándome la notoria antipatía de los pastores, sus consejos y asociaciones móviles. Ese algo ha sido y es que los ministros, estamos rodeados de la misma debilidad de aquellos a quienes ministramos.

Sin embargo, esa debilidad será más notoria porque tendremos una guerra mayor que quienes no ministran, sencillamente porque Dios nos ha regalado más palabra que los demás. Esto quiere decir que, las chances de que un ministro peque, serán siempre mucho más grandes a que peque alguien del grupo masificado.

¡Pero hermano! ¿Y entonces de que nos quejamos? ¿Por qué decimos que esto es Babilonia, la iglesia falsa y paralela, si lo que mayormente vemos son los evidentes pecados de esos ministros que usted dice que seguramente van a ser más tentados que nosotros?

Particularmente, yo no me quejo. Y si lo hago, no es seguramente de la clase, calidad o cantidad de pecado de los ministros actuales, sino de la perversidad del sistema religioso que es al cual yo denomino como Babilonia. No es lucha contra carne y sangre, recuerda…

El problema que en forma mayoritaria afronta la iglesia en este tiempo es que no sabe ni ha aprendido a separar al ministro de la posición espiritual que ocupa. Y no es poca cosa ni se termina en una simple cuestión de apreciaciones.

Un ministro ocupa una posición en el espíritu; hay un perímetro, un alcance, que ese ministro llena en el espíritu que le es dado por Dios a la iglesia. Ese oficio es dado a la iglesia, para que la iglesia lo reconozca y lo respete. Pero es el oficio lo que se respeta.

Claro está que hay una conducta, unos patrones te diría, que la Biblia exige que tenga un ministro. En principio, tiene que tener un grado proverbial de madurez. Pero eso no es óbice para que siga teniendo las mismas debilidades que tú tienes.

Sin embargo, como el oficio que desarrolla le da unción para operar en él, lo consigue precisamente en eso: para operar en la iglesia, pero no para vivir su vida. A su vida la tiene que vivir del fruto del Espíritu santo, igual que tú. Esto es: de su carácter.

El apóstol Pablo, al exponer en su carta a los Gálatas la temática de la libertad del cristiano, y la naturaleza de su nueva vida, utiliza la expresión de: “fruto del Espíritu” así, en singular, en contraposición a lo que él llama “obras de la carne”.

Para Pablo el fruto del Espíritu es, aplicando así el principio de que el árbol bueno produce siempre buen fruto. El Espíritu Santo es la fuerza personal en el cristiano que activa su nueva vida por la que puede producir el fruto multiforme: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza.

Este fruto pone de manifiesto la abundancia de la savia que pone el Espíritu de Dios en la vida regenerada. La fe, que arraiga firmemente la nueva planta en el terreno abonado y sembrado por la Palabra, permite que la vida la anime.

Ahora bien; el enemigo indefectiblemente va a venir a atacar ministros, para que haya fallas en su carácter, para que tú te enojes y de ese modo te resistas a someterle al orden divino. Porque cuando tú no sabes separar al hombre de la unción, siempre te pierdes la unción.

Nota que David, aunque Saúl fue un tanto payaso, no lo tocó. Porque Saúl, aunque fue escogido por los hombres, Dios lo secundó y lo mandó a ungir y se acabó. Fue porque el hombre lo pidió, pero que conste que Dios no lo quería dar.

Pero una vez que Dios lo dio, lo dio y punto. Y Dios ya le había quitado el trono y se lo había dado a David y él seguía ocupándolo en obstinación. Ni aún así David no lo tocó. David podría haber dicho: usted se me va de acá, ahora el pastor soy yo. Pero no lo hizo.

 (3) Y por causa de ella debe ofrecer por los pecados, tanto por si mismo como también por el pueblo.

(4) Y nadie tomará para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón.

Para que tú puedas saber si eres llamado por Dios, tienes que ver si tu llamado fue parecido a los patrones de Aarón. Porque si no fue parecido a los patrones de Aarón, entonces no has sido llamado, ¿Lo estás entendiendo?

Lo que te dice es que nadie toma esta posición si no fue llamado como fue llamado Aarón. Y si no fuiste llamado como fue llamado Aarón, no eres. Y uno dice: “¡Ahhh!… Eso será con los levíticos, pero nosotros somos del orden de Melquisedec…” ¿Ah, sí? Mira lo que sigue:

 (5) Así tampoco Cristo (¿Quieres más Melquisedec que Cristo?) se glorificó a sí mismo, (Y ahora te dice qué pasó con Aarón) haciéndose sumo sacerdote, sino el que le dijo: tú eres mi hijo, (Dios nombró Aarón a sus hijos y les dijo que los mantos de Aarón ungirían a sus hijos. Y a todo lo que le dijo a Aarón que hiciera, tenía al hijo presente para que hubiere continuidad.

Una tipología de para siempre Melquisedec. Cristo tampoco dijo: “Yo soy el pastor de pastores”, sino que tuvo que esperar que alguien lo reconociera como hijo. Pregunto: ¿Quién lo reconoce a usted como tal? Si no tiene un nombre, usted es ilegítimo.)

No hay absolutamente nada que hacerle: nadie puede ser padre de nadie, si primeramente no ha sido hijo. ¿Por qué es que digo esto? Por el simple motivo de que el orden de Melquisedec sigue los patrones de Aarón, sólo que en una escala superior.

Hasta el propio Cristo, que indudablemente es parte del orden de Melquisedec, no asume en absoluto la posición sin que alguien deba decirle anteriormente: ese es mi hijo, yo lo reconozco, respétenlo a Él. Esto es muy serio.

Fíjate que algunos hombres forzaron su forma de tratar de combinar a estos dos oficios. ¿Recuerdas a Uzías? ¿Y a Saúl? ¿Recuerdas lo que ocurrió con ellos cuando, siendo reyes, quisieron de forma prepotente ser también sacerdotes? Los dos perdieron el reino.

Sin embargo, tenemos el caso de otros hombres que sí pudieron entrar en esa orden; como David, que utilizó un efod sacerdotal y era rey. Pregunto: ¿Cómo se le pudo ocurrir ponerse un efod sacerdotal en medio de un tiempo levítico, cuando él era rey?

Es más que evidente, por esa misma razón, lo siguiente: cada vez que en la Biblia aparece una combinación de estos dos oficios, evidencia que Dios está librando una guerra bien hostil en contra del sistema establecido en el tiempo.

Es decir: cuando había una guerra hostil de parte de Dios contra el sistema establecido, alguien estaba en ese orden. Repito: cada vez que Dios dispone una reforma y empieza a militar con hostilidad manifiesta en contra de un sistema religioso que ya no produce nada, en la Biblia, alguien es levantado con estos dos oficios: rey y sacerdote, según el orden eterno de Melquisedec.

Es decir que la reforma, propiamente dicha, sólo puede ser hecha a través de hombres en esta orden. No por cualquiera que se le ocurra salir a predicar. Anda un montón de gente, por allí, predicando reforma cuando ellos mismos son los que necesitan desesperadamente reforma.

Reforma, entiéndelo de una buena vez y cuéntaselo a tu viejo pastor, no es arrojar el viejo púlpito de madera tallada y cambiarlo por uno muy coqueto de acrílico transparente para que el pastor pueda lucir completo su traje nuevo.

Tampoco es incorporar danzas o estandartes, comprar un teclado de primera marca de cinco mil dólares para reemplazar al viejo órgano o armonio. Reforma es cambiar la médula espiritual de la iglesia. Y la iglesia eres tú. Si tú cambias, el púlpito va a cambiar solito.

Cuando yo hablo de gobierno, quiero que entiendas que no me estoy refiriendo a un dictador, sino a la habilidad de ejercer dominio y orden en medio de cualquier cosa, incidente, persona o actividad que busque neutralizar el avance del reino.

Pero es imposible tener gobierno sin saber que es lo que está haciendo Dios. Una persona que se plante en el púlpito y el infierno empiece a prestarle atención. Un hombre así entra en un lugar y sencillamente lo llena. Aunque no tenga dominio allí.

MENSAJE DESDE EL PENTATEUCO

Hay un texto en el libro de Deuteronomio que tiene que ver con el tema desde sus raíces más profundas. Pero para poder entenderlo en su globalidad profunda y de media altura, será muy bueno conocer algo más sobre el libro y sus connotaciones principales.

Deuteronomio es un término griego que significa Segunda Ley o Reiteración de la Ley, y que designa al quinto libro del Pentateuco; proviene del nombre dado a este libro en la LXX, para traducir la expresión Copia de la Ley.

Sin embargo, esta expresión es desafortunada, por cuanto este libro no es una mera repetición o copia de la ley ya promulgada. Se trata de una recapitulación, hecha durante circunstancias particulares, y con un propósito especial.

En el Éxodo, Levítico y Números, la legislación es presentada en ocasión de su promulgación. La ocasión o fecha de la recepción de las sucesivas secciones son ordinariamente indicadas, y se declara cada grupo de estatutos por separado, que proviene de Dios. Como contraste, en Deuteronomio la ley es presentada como un conjunto y comentada hacia cierto punto.

Al darse Deuteronomio, habían ya transcurrido treinta y ocho años desde que se habían dado la mayor parte de las disposiciones de la legislación. La nueva generación estaba en vísperas de apoderarse de Canaán, y es aquí convocada a fin de escuchar la ley de la nación, para aprender a aplicar sus principios a las nuevas circunstancias que se avecinaban, de ver con mayor claridad su sentido espiritual, y de entrar con pleno conocimiento de causa en la alianza hecha con sus padres. En lugar de Dios dirigiendo la palabra a Moisés, tenemos aquí a Moisés dirigiendo, por orden de Dios, la palabra al pueblo.

El libro se compone principalmente de tres exposiciones, consignadas por escrito, y sobre cuya base la alianza es solemnemente renovada. El examen de la historia del pueblo después de la celebración del pacto en Sinaí con la generación anterior, debe ser un motivo de obedecer las leyes de Jehová. Este discurso es atribuido a Moisés.

Fecha: el año 40, al mes 11, día 1º; después de la victoria sobre Sehón y Og, y después del pecado que Israel cometió al unirse a los sacrificios de Baal-peor. Fue pronunciado “al otro lado del Jordán”, como realmente debiera traducirse. Para Abraham y los cananeos, esta expresión significa el país situado al este del río.

Los descendientes de Abraham dieron a esta expresión el mismo sentido geográfico. Ellos se hallaban precisamente entonces al este del Jordán, pero, de la misma manera que los patriarcas, seguían llamando a este lugar “el otro lado del Jordán”, de la misma manera que a los farallones vecinos les daban el nombre de Abarim, esto es, “los montes del otro lado”.

Y ciertamente el pueblo tenía la impresión de hallarse al otro lado del Jordán, al estar fuera de la Tierra Prometida. Sin embargo, al no haberse pasado todavía el río, esta ambigua expresión es completada de manera reiterada con expresiones como “en tierra de Moab”.

Recapitulación de las ordenanzas con respecto al pueblo, con insistencia en la espiritualidad de las leyes, y con una gran insistencia en prestarles obediencia. Estos estatutos son, por lo general, leyes positivas, implicando derechos y deberes; o bien se trata de leyes que el hombre, por su natural depravación, podría ignorar. Estas últimas, basadas en motivos religiosos, decretan:

(A) La fundación de ciudades de refugio para homicidas involuntarios; (B) la exclusión de la idolatría; (C) las consideraciones hacia los más débiles y los menos privilegiados de la comunidad.

 Mandato de inscribir la ley sobre las piedras revocadas de cal que habrían de ser erigidas en el monte Ebal. Bendiciones y maldiciones consiguientes a la obediencia y desobediencia. Esta majestuosa proclamación es de inmediato seguida de una breve alocución, pronunciada durante la ratificación de la renovación de la alianza.

Este pacto fue consignado en un libro, igualmente que el pacto precedente concluido en Horeb, es decir, Sinaí. El lugar y la fecha de la renovación de la alianza son mencionados en. Después de estas tres exposiciones que forman lo esencial del libro de Deuteronomio, Moisés designa públicamente a Josué como su sucesor, y le confiere una precisa misión.

A continuación pone esta ley por escrito a los sacerdotes, y les ordena su lectura pública a los israelitas. Después, Josué es revestido de sus funciones. En el tabernáculo Dios inspiró a Moisés un cántico para el pueblo, que él escribió; después ordenó a los levitas, portadores del arca, que depositaran el libro terminado al lado del arca como testimonio.

Mandó después a los ancianos y oficiales de las tribus que se reunieran para aprender y entender este cántico, que repitió en público.  Los adioses de Moisés se relatan en Dt. 32:48-33:29; el relato de su muerte se halla como epílogo en Dt. 34. Lo que caracteriza a Deuteronomio son los preparativos de la instalación en el país de Canaán; esta particularidad determina:

(A) La manera de expresarse: la gente va a volverse sedentaria, y el campamento deja de ser mencionado, en tanto que ocupaba un gran espacio en la 1ª legislación; no se habla más de él que con respecto a guerras futuras, o con respecto al hecho de que en este momento está situado en Sitim. Por otra parte hace alusión a las casas, a las ciudades, y a sus “puertas”.

(B) Las modificaciones poco importantes de leyes en vigor, a fin de adaptarlas a los nuevos modos de existencia. Por ejemplo, se cambió la ley que demandaba que los animales sacrificados para su consumo fueran llevados a la entrada del tabernáculo; podrían ser muertos en cada localidad donde vivieran; por la misma razón, ya no será necesario ofrecer a Dios al 8º día los primogénitos de los animales; se podrá diferir su sacrificio hasta que el propietario, si reside muy lejos del santuario, venga a las fiestas anuales.

 Cuando el esclavo hebreo prefiera quedar unido a la casa de su dueño en lugar de reclamar su derecho legal a la libertad, será suficiente la ceremonia de la puerta, no siendo preciso que vaya a presentarse delante de Dios.

(C) Se toman nuevas medidas para la salvaguarda de las clases dependientes: levitas, viudas, huérfanos, extranjeros. El código deuteronómico los protege contra el daño que les pudiera causar el egoísmo y la indiferencia de los israelitas, ya bien demostrados con demasiada frecuencia durante la peregrinación en el desierto.

(D) La nación tendrá un único altar, en el lugar elegido por Jehová para poner allí Su nombre. Este altar único debería neutralizar la tendencia a la idolatría, al impedir que el pueblo celebrara su culto en los numerosos santuarios de los cananeos.

Así, las ceremonias en honor de Jehová vendrían a ser infinitamente más solemnes y magníficas que los ritos idólatras de Canaán, por cuanto los hebreos deberían congregarse en grandes núcleos, aportando al Señor el homenaje de todos sus recursos.

Este culto, celebrado por el conjunto de la nación, debía por otra parte potenciar la comunidad, contribuyendo a unificar la nación. Los peligros ya se habían evidenciado: celos entre personas y tribus, tendencia del pueblo a la idolatría, propensión importante de gran parte del pueblo a separarse de sus hermanos para establecerse en regiones ricas en pastos. En este período crítico el código deuteronómico subraya con una nueva insistencia la ley ya antigua de la unidad del lugar de culto. La cohesión nacional y el mantenimiento de la teocracia dependían de ello.

De la forma más explícita, y quizá con mayor insistencia que las otras partes del Pentateuco, este libro designa a Moisés como su autor. Comienza con estas palabras: “Éstas son las palabras que habló Moisés a todo Israel…”. Se dan detalles precisos de fecha y lugar.

Moisés es mencionado más de cuarenta veces, en general como la fuente autorizada de tal o cual declaración; con mayor frecuencia habla en primera persona. Hacia el final del libro, leemos: “Escribió Moisés esta ley, y la dio a los sacerdotes… y a todos los ancianos de Israel”.

“Y cuando acabó Moisés de escribir las palabras de esta ley en un libro hasta el fin, dio órdenes Moisés a los levitas que llevaban el arca del pacto de Jehová, diciendo: “Tomad este libro de la ley, y ponedlo al lado del arca del pacto de Jehová nuestro Dios, y esté allí por testigo contra ti”.

Los eruditos respetuosos con las Escrituras descubren aún pruebas adicionales de la genuinidad de este libro: el carácter general de esta obra, la naturaleza de sus exhortaciones, los mandatos dados en vistas a la conquista, la legislación militar dada a un pueblo nómada acerca del tema de establecerse definitivamente de una manera sedentaria, el espíritu, en fin, que anima estas magníficas páginas, todo esto está evidentemente en relación con la época mosaica, y en absoluto con un periodo ulterior.

Si este libro no fuera de Moisés, sería difícil considerarlo como otra cosa que una falsificación literaria indigna de figurar en las Escrituras. Entre los libros del Pentateuco, el Deuteronomio es particularmente atacado por los críticos, que niegan dogmáticamente su mosaicidad. Pretenden ellos que el autor fue un profeta desconocido que escribió “a la manera de Moisés” entre el año 715 y el 640 a.C.

El libro hubiera sido entonces publicado por primera vez (hallado en la «casa de Jehová»), en el año 18 del rey Josías, con el fin de apoyar la gran reforma religiosa entonces en curso. La principal razón de proponer tal fecha es que los libros del AT no repiten de una manera explícita el mandato con respecto al santuario central.

Así, argumentan ellos, esta ley no hubiera sido promulgada hasta la época de Josías. Sin embargo, el examen sin prejuicios de Deuteronomio revela que sus leyes habían sido puestas por escrito, conocidas, y aplicadas cuando Israel entró en Canaán.

Se puede dar asimismo pruebas de ello. Jericó fue “dada al anatema”, en base a Dt. 13:15 ss. Después de la toma de Hai, el pueblo solamente tomó “las bestias y los despojos de la ciudad”, según las instrucciones de Dt. 20:1-4. El cadáver del rey de Hai fue bajado del madero antes del anochecer. El altar del monte Ebal  recuerda a Dt. 27:4-6.

La misma ley del santuario central era conocida ya temprano en la historia de Israel: Las tribus establecidas al este del Jordán afirmaron que su altar memorial no tenía en absoluto la intención de tomar el lugar del altar del santuario. Por otra parte, vemos que Elcana iba cada año a Silo, donde el culto tuvo su primer centro.

Después de la destrucción de Silo, y de un período de guerra, Samuel sacrificó en Mizpa, Ramá y Belén, siendo que la reglamentación de Dt. 12:10-11 se aplicaba a las épocas de reposo y de seguridad. El avivamiento de Ezequías  no se concebiría sin conocer Deuteronomio y su ley singular con respecto al santuario central, ley que era conocida igualmente de los profetas del siglo VIII.

Es preferible atenerse a los hechos claros que seguir la retorcida argumentación, basada nada más que en hipótesis insostenibles, frente a las que, además, se levanta el testimonio directo y totalmente decisivo de la sanción dada al libro por el mismo Hijo de Dios, al citar tres de sus pasajes, en respuesta a las tres tentaciones de Satanás, como palabra de Dios.

APRENDIZAJES CONVENIENTES

(Deuteronomio 17: 14)= Cuando hayas entrado en la tierra que Jehová tu Dios te da, y tomes posesión de ella y la habites, y digas: pondré un rey sobre mí, como todas las naciones que están en mis alrededores; ciertamente pondrás por rey sobre ti al que Jehová tu Dios escogiere; de entre tus hermanos pondrás rey sobre ti; no podrás poner sobre ti a hombre extranjero, que no sea tu hermano.

(16) Pero él no aumentará para sí caballos, ni hará volver al pueblo a Egipto con el fin de aumentar caballos; porque Jehová os ha dicho: no volváis nunca por este camino.

(17) Ni tomará para sí muchas mujeres, para que su corazón no se desvíe; ni plata ni oro amontonará para sí en abundancia.

(18) Y cuando se siente sobre el trono de su reino, entonces escribirá para sí en un libro una copia de esta ley, del original que está al cuidado de los sacerdotes levitas; y lo tendrá consigo, y leerá en él todos los días de su vida, para que aprenda a temer a Jehová su Dios, para guardar todas las palabras de esta ley y estos estatutos, para ponerlos por obra; para que no se eleve su corazón sobre sus hermanos, ni se aparte del mandamiento a diestra ni a siniestra; a fin de que prolongue sus días en su reino, él y sus hijos, en medio de Israel.

Número Uno: Tenemos que aprender de una vez por todas a funcionar desde el ámbito que escoge Dios y no del que se nos ocurre a nosotros. Más concretamente: aprender a reconocer a aquel que Dios elige.

Lo primero que tenemos que aprender de este nuevo orden sacerdotal, es que este sacerdocio no tiene nada que ver con el lugar o la calidad estructural del sitio en el que tú te has graduado, pero sí tiene todo que ver con quien diga y levante.

A pesar de que la dinámica del orden de Melquisedec le pertenece a toda la iglesia, cuando hablamos del comando, de la dirección, de la guía, de la conducción, del ministerio de la iglesia, el que elige siempre es Dios.

¿Tú recuerdas, allá por Mateo capítulo 20, donde una señora vino a pedirle un favor a Cristo? Le dijo: con permiso, vengo solamente a pedirte un favor. Que me pongas a este muchacho mío a tu derecha y al otro hijo mío a tu izquierda cuando llegues a tu Reino, ¿Sí?

El Señor le respondió tres cosas puntuales. Primero: Tú no sabes lo que estás pidiendo. Muchos de nosotros, en la iglesia, vemos autoridad a través de los ojos engañadores del mundo, y no entendemos lo que estamos pidiendo cuando pedimos autoridad.

Lo primero que Cristo dijo, fue: Tú no sabes lo que estás pidiendo, porque si lo supieras, no lo pedirías. Nota que todos los grandes hombres de Dios no eran hombres que andaban intrigando y haciendo “lobby” para conseguir una posición.

Ninguno, en la Biblia, de los que fueron usados grandemente por Dios para adelantar su propósito, andaban buscando ser usados. Todos fueron sacados por Dios de lo que eran sus ocupaciones. Dios jamás llamó a vagos o a desempleados.

Segundo: Le dijo: ¿Puedes tú beber esta copa y ser bautizado en el bautismo en que yo seré bautizado? Por favor, olvida el bautisterio, el río vecino o la pileta de natación de lona; se está hablando de sumergirse en algo espiritual.

Entonces, lo que se trata de hacer entender es: ¿Tú puedes pagar el precio? Muy bien; pero el precio es muerte. Entonces Él dice: ¿Tú sabes, mujer, lo que realmente me estás pidiendo? Ese bautismo del que hablo es muerte. Ese es el precio de la autoridad.

Mientras menos de ti haya, más autoridad tienes. Si por el mensaje se te considera  a ti como lleno de autoridad, es porque tú has sido menguado delante de Dios, no promocionado, enaltecido, aplaudido y homenajeado, ¿Estás entendiendo?

Tercero: También dijo: Eso que tú pides, está reservado sólo para el Padre. Elegir. El primer paso, para elegir reyes en la tierra, es entender que a los reyes los escoge Dios. No es basado en sistemas democráticos aunque parezcan excelentes, es Dios.

Tampoco es basado en los números otorgados en las calificaciones pedagógicas en su graduación. Estoy diciéndote que no tiene nada que ver con bachilleratos, ni doctorados en Teología, o con títulos denominados “master” (Que significa “maestro”) en Divinidad o Divinidades.

En realidad, debo confesar que nadie sabe demasiado bien que cosa significan estos títulos y sus alcances, pero le otorga a quienes lo poseen un status religioso de primerísimo nivel. Tú no eliges nada. Lo que no elige Dios, no es reconocido en el mundo del espíritu, aunque aquí en la tierra ocupe todas las pantallas de todos los canales de televisión seculares y cristianos.

Número Dos: Dice que no puede haber ningún extranjero en el orden de Dios y de Melquisedec. Y debemos ser inteligentes y profundos con esto. Lo digo porque en algunos lugares d Europa se están corriendo a los sudamericanos de las iglesias esgrimiendo textos como este.

Dice que el que escoja, tiene que ser de entre sus hermanos. Esto significa que tiene que estar familiarizado con lo que Dios está haciendo en su medio. Allí dice “hermano”, pero esta palabra no significaba que tuviera que ser israelita. Era suficiente con que supiera perfectamente lo que la tribu tenía que hacer. No extranjero. No externo. No extraño. ¿Lo estás viendo?

La persona que ocupa esta posición no puede ni debe ser ignorante de lo que Dios está haciendo en la tierra, y mucho menos en su medio ambiente más cercano. Por eso, siempre he pensado, (Aunque por momentos haya hecho lo contrario de un lado y de otro), que traer un pastor de una congregación a otra, no está alineado con el orden de Dios.

Muy especialmente esto no tiene ninguna razón de ser, cuando ese pastor no conoce, no sabe y no tiene revelación en cuanto hacia donde se dirige la iglesia. Y no te estoy hablando de una posición que se ocupa en una congregación, te estoy hablando de una posición que se ocupa en el espíritu. ¿Por qué? ¡Por que somos linaje escogido!

Número Tres: Dice que aquel que llegue a ser rey, no puede multiplicarse para sí mismo. Ni caballos, ni casas, ni esposas, ni oro. Ahora, entiende bien: en aquellos tiempos tenían más de una mujer cada uno. ¡Pero era en aquel tiempo!

 El problema no era con la abundancia de casas; el problema no era, tampoco, con la abundancia de dinero; mira lo que dice la Escritura: Verso 17)= No tomará para sí muchas mujeres, para que su corazón no se desvíe.

El problema básico no es la existencia de esas posesiones que no significan nada en sí mismas, sino si esas posesiones logran desviar tu corazón. Mientras no lo desvíe, puedes tener todo lo que quieras. Obviamente, no estoy hablando de mujeres, estoy hablando de posesiones, no te hagas el tonto…

Y esa frase, Que su corazón no se desvíe, significa “que se descentralice”, que el objetivo de su ministerio, comience a descentralizarse. Que lo que se está haciendo, ya no se está haciendo por la misma causa por la que comenzó. Cualquier cosa que causa que su corazón se salga del centro del propósito, no es bueno.

Número Cuatro: Una posición d un estilo de vida progresivo, dice el verso 16: Pero él no aumentará para sí caballos, ni hará volver al pueblo a Egipto. No puede ser un ministro que por su obstinación de no seguir con Dios, termina llevando a la iglesia al lugar de donde provino.

Egipto, mi amado hermano y hermana, no tiene que ver con el mundo solamente, Egipto, en Génesis 49, era el Edén de Israel, porque fue en Egipto que se le proveyó lo mejor de la tierra de Gozén. Egipto, en este verso, significa: “El lugar de donde has venido”.

Hay gente, escucha, que sale de un mover, y después el ministro ya no quiere moverse más con Dios y la gente termina volviéndose al mover del que acaba de salir. Eso es volver a Egipto, aunque en primera visión pueda parecer muy santo.

Ahora bien; volver a Egipto, puede ser volver a los panderos y las danzas, mientras la gente llena los consultorios de los psicólogos y psiquiatras, (Incluidos unos cuantos auto denominados como cristianos), porque, dice, le falta sanidad a su alma.

Pregunta: ¿No era que el alma estaba crucificada juntamente con Cristo? Si el alma fue crucificada, está muerta y, si está muerta, no necesita ninguna clase de sanidad, sino un buen sepelio, ¿No crees? Dios no deja de moverse. Egipto es el lugar previo. ¿Sabes lo que es?

(Deuteronomio 11: 10)= La tierra a la cual entras para tomarla no es como la tierra de Egipto de donde habéis salido, donde sembrabas tu semilla, y regabas con tu pie, como huerto de hortaliza.

MI iglesia. MI ministerio. MI culto de adoración. ¡¡Yo soy el líder de alabanza!! ¿Sabes lo que significa la palabra “líder”? Uno que llegó primero a la meta luego de haber derrotado a otros. Tal cual. Nada que ver con Dios.

¡Este es MI ministerio! ¡Este es MI huerto de hortalizas! ¡Déjame MIS tomates tranquilos! No existe. Él dice: La tierra que yo te voy a dar es distinta a la anterior donde hacías todos los días las mismas cosas.

Y sembrabas tus propias semillas y las regabas con tu pequeña latita de agua. Y entonces, tú dices: ¡Estoy sembrando para prosperar! Pero la Biblia dice que tú siembras en un lugar y cosechas en otro. Dice, – También -, que lo que tú siembras, otro lo riega y otro más es quien lo recoge. No dice que tú tengas que hacerlo todo.

 (11) La tierra a la cual pasáis para tomarla es tierra de montes y de vegas, que bebe las aguas de la lluvia del cielo; tierra de la cual Jehová tu Dios cuida; siempre están sobre ella los ojos de Jehová tu Dios, desde el principio del año hasta el fin.

Esto que terminas de leer te está diciendo que a esta sí que la riega Dios, porque esta es monte, no huerto de hortaliza. Y algo también tiene que quedarte muy en claro: tú solo no puedes hacerlo. O lo haces conjuntamente con Dios o no lo haces, así de simple.

Estamos hablando, entonces, de un a vida progresiva que no te lleve otra vez a Egipto, ¿entiendes? En el momento en que tú hayas de seguir a Dios, la iglesia tuya tiene el potencial de volver atrás, porque es más fácil volver a alo reconocido que ir al mundo de lo desconocido.

En el momento en que tú no tienes dirección, tu oveja, si eres pastor, se vuelve atrás. Si tu vida no tiene dirección, se achica a lo que entiende y conoce. Si quieres experimentar algo que nunca antes has experimentado, vas a tener que hacer algo que nunca has hecho y, en toda ventaja, hay riesgos.

Número Cinco: Dice con bastante claridad que escriba para sí mismo. Como esto no siempre se termina de entender de modo correcto, será conveniente que observes con suma atención lo que expresa el versículo siguiente.

 (18) Y cuando se siente sobre el trono de su reino, entonces escribirá para sí en un libro una copia de esta ley; (Es decir que la cosa es así: en ese tiempo había escribas, gente que se ocupaba de esos menesteres. Profesionales del puño y letra. El rey no escribía nada. El rey decía y el escriba escribía todo lo que el rey decía. Pero Dios no dijo eso. Dios dijo: Yo quiero que el rey escriba para sí mismo, que conozca las escrituras. No solamente que escuche CD, vea videos o lea libros de otros; que las conozca por sí mismo. Que escriba por sí mismo) del original que está al cuidado de los sacerdotes levitas; y lo tendrá consigo, y leerá en él todos los días de su vida, para que aprenda a temer a Jehová.

Lo que te está diciendo, hasta este momento, es que aquel que está dando la instrucción a otros, la haya escrito en su propia vida, para que él la entienda y para que también la aplique. A mí me puede halagar que tú digas que tengo buenos mensajes, pero el problema es que yo tengo que ser ese mensaje, o todo lo demás es falso.

Entonces creo que está bien claro y entendible. No busques a un escriba que te escriba las cosas, escríbelas tú mismo. Responsabilízate de lo que estás ministrando. Si no funciona, que no te funcione a ti tampoco. Aplica esa ley contigo mismo; nadie puede ser ministro de una nación y no conocer su Constitución, ¿No te parece? ¡Ah! ¡Y respetarla, además!

Tenemos que conocer las obras de Dios en intimidad. El sacerdocio de la orden de Melquisedec no es de obras externas, es de convicciones internas. ¿Te ha quedado claro, esto? Porque siempre, cuando medimos un trabajo sacerdotal, tratamos de “ver” lo que ha hecho.

Aquí se trata de entender la ley personalmente. Cuando tú llegas a conocer esto, de esta manera es que se produce algo nuevo. Recuerda el principio matrimonial: sin intimidad no se puede dar a luz nada nuevo. Sin intimidad, no se produce vida.

La palabra Sacerdote, es la palabra PONTIFEC, ¿Te resulta familiar? Claro, hay una palabra, en latín, que es parecida y ha sido muy utilizada por un sector del autodenominado cristianismo: PONTÍFICE. Así se les conoce a los papas romanos.

El caso es que PONTIFEC, proviene de PONT, que es de donde viene la palabra PUENTE. PONTIFEC, entonces, es “edificador de puentes”. Allí tienes el significado de sacerdote. Uno que edifica puentes. Uno que conecta dos entidades separadas. Un agente de reconciliación.

Es que en primer lugar, por supuesto, el sacerdote tiene que ser, como aquí se dice, un agente de reconciliación. Ahora bien: ¿Qué necesita imperativamente un hombre para llevar a otros a la reconciliación con Dios? Tener un puente personal de ida y vuelta con Él.

BARRERAS DE OBSTRUCCIÓN

No se puede reconciliar a nadie con Dios si no se tiene un puente personal de ida y vuelta con Dios uno mismo, el reconciliador. ¿Por donde lo va a llevar a esa reconciliación si él mismo no sabe como llegar? Yo, reconciliador, tengo un asunto muy importante: traerte a ti adonde yo vivo.

Uno de los problemas más graves que hoy día afronta la iglesia, es que muchos de sus ministros, puestos donde están para ayudar a los hermanos con problemas, están viviendo peor que aquellos a los que tienen que ayudar.

La tierra tiene necesidad y quienes la habitan necesidades. Muchas, y sacerdote es uno que une las manos de Dios con esa necesidad, no con uno mismo. La idea es: poner tus manos con las de Dios y desaparecer.

Por esa causa es que el texto que podemos encontrar en el capítulo 5 de la carta a los Hebreos, dice que tenemos que ofrecer sacrificios para nosotros mismos, porque nosotros También estamos rodeados de debilidades. ¿Dice eso la historia sacerdotal? Sí, dice eso. ¿Lo está haciendo el sacerdote moderno? No, no lo está haciendo. Ha vendido una imagen de omnipotencia, no puede. ¿Entonces? Entonces debe aparecer Melquisedec, nuevamente.

La idea nuestra es que seas leal a tu ministro, que tu ministro tome tu mano y la ponga con la lealtad de Dios. Mientras Dios esté usando a su ministro, éste te va a decir como Pablo: imítame a mí, mientras yo imito a Cristo. En el momento en que Dios ya elija a otro, los dos tendrán que seguir a quien sea.

No pueden seguir en actividad pastores y ministros que se conviertan en barreras para que el hombre se una con Dios. Gente que le prohíbe ir a tal o cual lugar a escuchar a tal o cual persona, o sintonizar tal o cual emisora para escuchar a tal o cual hombre. Esas son barreras, no puentes.

Eso, precisamente, fue lo que desencadenó la reforma de Martín Lutero. Porque el sacerdote, había llegado a convertirse en una barrera para el hombre que buscaba a Dios. En lugar de ser puente del hombre con Dios, se había convertido en barrera, en obstáculo, en piedra de tropiezo.

Entonces se levantó la reforma de Martín Lutero. Y el punto más fuerte de esa reforma no era que el justo vive por la fe. Era sobre el sacerdocio de los santos. Que los santos podían acercarse a Dios sin necesidad de un sacerdote. Y por eso lo mataron.

Esa fue su predicación: tú puedes hablar con dios por ti mismo, sin necesidad de que yo te haga de intermediario. Tú puedes leer tu propia Biblia, sin necesidad que venga un “especialista” a que te la interprete. Lo quisieron asesinar. ¿Y que supones que desearían hacer con los que hoy andan predicando lo mismo?

¿Te estás dando cuenta que lo que estamos enseñando aquí no es una doctrina de demonios o el resumen de los enojos o resentimientos de alguien a quien no le dieron una iglesia para pastorear y vivir a expensas de los diezmos y ofrendas de esa gente en lugar de tener que marcar una tarjeta-reloj durante toda su vida para poder comer, sino lo que siempre Dios nos dijo que había que hacer?

En el preciso momento en que un ministro cualquiera, por importante que parezca, se convierte en barrera u obstáculo, ya no entra en el orden de Melquisedec. Y no interesa, -Reitero -, si hasta allí era el hombre con mayor audiencia en la televisión cristiana.

El orden de Melquisedec es un puente reconciliando al hombre con Dios, no tomando en cuenta sus errores. Lo importante es que para que hoy tú te puedas reconciliar con Dios, tienes que unirte al Dios del día, no con el Dios que tú entendías que era.

Nosotros nos emocionamos mucho con palabra tales como: Avivamiento, Restauración, Reforma. Sin embargo, son palabras que Dios obvia, pasa de largo, desestima. Porque si no hubiera muertos no haría falta avivamiento. Y si hubiera gente obediente, tampoco haría falta reforma.

A Dios no le gustan esas palabras que la iglesia adora. Que las estemos usando y que hasta sean famosas, no significa necesariamente que sean agradables a Dios. Te sugiero humildemente que, si puedes, no las utilices sin entendimiento.

¡Es que somos de la restauración! Sí, pero si estuviéramos en el orden divino, no habría que restaurar nada, ¿Entiendes? Nos estamos emocionando más con el efecto que con la causa. Re-forma. Re-instauración. El prefijo RE, significa volver a hacer algo que ya estaba hecho. Para Dios, simple y llanamente: perder el tiempo.

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Gente Para Dos Funciones

Hay algo de lo cual no podemos tener ni albergar ninguna duda, y es sobre nuestra calidad de herederos divinos. En el contexto de toda la Biblia lo dice. Luego de leerlo en uno y otro ámbito, llegamos a esa conclusión: somos un pueblo de herederos reales.

Ahora bien; aceptado esto como válido y sin discusiones, nos llega la inmediata pregunta: ¿Por qué? La respuesta también  está bastante clara: porque por la potestad que nos es dada a partir de creer que Jesús es el Cristo y que resucitó de los muertos, somos declarados hijos de Dios por esa fe.

Y también lo somos porque, además, somos considerados como un pueblo de reyes y sacerdotes, esa realza que nos constituye, no sólo en herederos, sino también en herederos reales, que no es lo mismo que herederos a secas.

(1 Pedro 2: 4)= Acercándoos a Él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, (¿Nosotros también, qué? Desechados por los hombres, pero escogidos, aprobados y agradables a Dios. Así que si pensabas ser aplaudido y reconocido por tus hermanitos, ya mismo olvida y abandona esa expectativa) como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. (¿Qué es un sacrificio espiritual? Crucificar el Yo, por ejemplo)

SACRIFICIOS EN LA HISTORIA

Para entender mejor lo escrito, habrá que ahondar en la historia de la humanidad y sus concepciones religiosas con la finalidad de establecer, en primer término, que cosa era un sacrificio ritual, (De eso hablamos) y hasta donde tiene vigencia en alguna área espiritual, hoy.

Como término técnico religioso, Sacrificio designa todo aquello que, habiendo sido dedicado a un objeto religioso, no puede ser reclamado. En la generalidad de los sacrificios ofrecidos a Dios bajo la Ley se supone en el ofrendante la conciencia de que la muerte, como juicio de Dios, estaba sobre él. Por eso, se había de dar muerte al sacrificio para que le fuera aceptado de parte de Dios. De hecho, el término Sacrificio se usa en muchas ocasiones para denotar el acto de dar muerte.

El primer sacrificio mencionado en la Biblia de una manera expresa es el efectuado por Abel, aunque haya una indicación claramente implícita de la muerte de unas víctimas en el hecho de que Adán y Eva fueron vestidos por Dios con túnicas de pieles después del pecado de ellos.

Es indudable que Dios dio instrucción al hombre acerca del hecho de que, siendo que la pena por la caída y por su propio pecado, es la muerte, sólo podría allegarse a Dios de una manera apropiada con la muerte de un sustituto limpio de ofensa, en las escrituras dice claramente que fue por la fe que Abel ofreció un sacrificio más excelente que el de Caín. Dios tuvo que decir a Caín que si no hacía bien, el pecado, o una ofrenda por el pecado, estaba a la puerta.

Los sacrificios del Antiguo Testamento muestran la base y los medios de allegarse a Dios. Todos ellos son tipologías, careciendo de valor intrínseco, pero constituyendo sombras o figuras, de Cristo que, como Antitipo, las cumplió todas.

Los principales sacrificios son cuatro: el holocausto, la ofrenda, la ofrenda de paz y la ofrenda por el pecado, a la que se puede asociar la ofrenda de expiación por yerro. Este es el orden en que aparecen en los capítulos iniciales de Levítico, donde tenemos su significado presentado desde el punto de vista de Dios, empezando tipológicamente, desde la devoción de Cristo a la gloria de Dios hasta la muerte, y llegando hasta el significado de su provisión para la necesidad del hombre culpable.

Si se trata del pecador allegándose a Dios, la ofrenda por el pecado tiene que ser necesariamente la primera: La cuestión del pecado tiene que quedar solucionada antes de que el que se allega a Dios pueda estar en la posición de adorador.

Ciertas declaraciones de los profetas han servido de pretexto a los críticos para emitir la afirmación de que no tenían conocimiento de la ley de los sacrificios dada por Moisés en el Sinaí. Es cierto que, dirigiéndose a une época de decadencia espiritual, donde las ceremonias y sacrificios se habían convertido en una rutina meramente legalista, los profetas se expresan con vehemencia contra este género de piedad hipócrita.

  Porque “obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros”, y dios aborrece la multiplicación de los holocaustos cuando las manos de sus ofrendantes están manchadas de crímenes.

Sin embargo, en este mismo pasaje, el Señor rechaza toda otra forma de religiosidad desprovista de sinceridad; las asambleas santas, las ofrendas, el incienso, las fiestas solemnes, los días de reposo, las oraciones.

No hay duda que es en este sentido que Oseas afirma: “Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocausto”. Miqueas  y David dan a entender con una claridad meridiana que antes que todo otro sacrificio Dios desea lo que es condición previa indispensable: un corazón contrito y humillado.

 Ello no impide en absoluto a David desear ser purificado con hisopo, que servía para la purificación por la aspersión del agua de la vaca alazana y de la sangre de la expiación; asimismo, promete al Señor holocaustos dignos de ser aceptados. Dios demanda si el pueblo le había ofrecido sacrificios y ofrendas durante los cuarenta años en el desierto.

Dios no habría dado a los israelitas ninguna orden acerca del tema de los holocaustos y de los sacrificios a su salida de Egipto, sino que les habría demandado que anduvieran en Sus caminos. Es decir que, si hubieran sido medianamente obedientes, los sacrificios jamás hubieran existido.

Los sacrificios no eran el fin que Dios tenía en mente, sino la obediencia de corazón de ellos. Esta interpretación está apoyada en todas las confirmaciones que da Jeremías de la revelación transmitida al pueblo por Moisés. Menciona la salida de Egipto con sus portentos, la ley, el sacerdocio, el arca del pacto, el pacto mismo, la persona de Moisés, la ordenanza del sábado, el año sabático, etc.

 HERENCIA DE REALEZA

. (Verso 6=) Por lo cual también contiene la escritura: he aquí, pongo en Sión la principal piedra del ángulo; y piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados.

Esto está más que claro: dice que van a tropezar y, los que van a tropezar, lo harán con la palabra que se está predicando. Y no hablo de mensajitos extraídos de libros de la biblioteca o de refritos de los viejos bosquejos de Spurgeon, hablo de palabra fresca, genuina y ungida de HOY.

Entiende esto, por favor. No quiero exagerar ni dramatizar diciendo que te va la vida en ello, pero no puedo ocultarte que entenderlo te llevará a una vida de victoria aquí en la tierra que, de otro modo, sería más que complicado obtener.

Cristo es una roca, ¿Sí? Y la roca es el fundamento, ¿Me sigues? Normalmente nosotros decimos que aceptamos al Señor, nos convertimos, somos salvos y ya tenemos el fundamento, pero déjame decirte que eso no es así.

Cuando tú aceptas a Cristo, tú te conviertes y pasas a ser salvo, es cierto. Pero como no eres salvo POR (méritos, ciencias, obras) sino PARA (Un favor de Dios para…) entonces así es como ingresas al Reino.

¿Y para que se supone que tú entras al Reino de Dios? Pues a pertenecer a él sirviéndole. ¿Y como es que le sirves? Poniendo por obra el fundamento de la roca que es algo que se va formando progresivamente en tu vida. Y la roca de Cristo nos llega por pedazos de revelación.

¿Por pedazos de revelación? ¡Nadie nunca me lo había mostrado así! Ya lo sé. Te habían dado a entender que esos fundamentos tú debías ir a buscarlos a los mejores seminarios e institutos cristianos donde, mediante el pago de un módico arancel por la matrícula, tú accederías…¡¡¡Basta!! Estamos hablando de Dios, no de un taimado e inescrupuloso comerciante.

Y cada vez que Dios se decide a hablarnos algo fresco que nos revela quien es Él, hay quien lo rechaza y para él, esa piedra se transforma en tropezadero. Pero esa piedra no es otra cosa que un mensaje, porque dicen que tropieza con la palabra.

No son gente que odia a Cristo. Son gente que ama a Cristo, pero tropiezan con la revelación de Cristo. Porque aceptan de Cristo solamente lo que les gusta. De esto está repleto el medio ambiente de los cristianos.

El asunto es que, cuando Cristo comienza a decirnos quien es en verdad Él, las cosas se empiezan a complicar y mucho. Porque si no has perdido la memoria, ya sabes que Cristo nunca dijo solamente que Él era amor y misericordia, también dijo que era guerrero.

Concretamente sus palabras, fueron: No vine a traer paz, sino una espada. Claro está que esa espada no es de acero ni con empuñadura de oro. Esa espada es la Palabra de Dios. Y cuando entró en la casa de Dios y les desparramó todas las mesas a los cambistas se mostró en una faceta que nadie predica. Si no comes mi carne, no eres digno de seguirme.

Lo mismo que pasó en lo natural, está pasando ahora, en este tiempo presente, en el espíritu. Ya conocimos al Cristo de amor. Gloria a Dios y amén por Él. Ahora estamos conociendo el gobierno de Cristo, y no nos termina de gustar.

Igual a como lo dijo Él mismo en los evangelios. ¿Qué? ¿Ustedes se quieren ir también con él? ¡No! ¡Si tú tienes palabra de vida eterna! – Hay gente que se siente ofendida con lo que Cristo está mostrando que es Él hoy. Dicen que tropiezan. Es una roca que hace caer porque tropiezan con la palabra siendo desobedientes.

(Verso 9)=  Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, (Allí está la combinación. Una vez que Cristo entra en el orden de Melquisedec, no reconoce sacerdocio que no tenga esa combinación. En ignorancia nos permitió lo que fuera, pero ahora te lo está revelando a ti y no lo permite más. Sacerdocio sin gobierno y gobierno sin sacrificio. Ambos operando en un solo hombre.

Tremendo. Una combinación nunca antes vista en un solo hombre. Porque antes era distinto: o tú eras una cosa o eras la otra, pero las dos juntas no.) nación santa, puedo adquirido por Dios, para que anunciéis (Esta palabra, ANUNCIAR, es la palabra PROCLAMAR.

Una vez que tú entras en ese orden de Melquisedec, tu adoración ya no se limita a canciones, sino a verdaderas y genuinas proclamaciones. Sales del nivel civil y entras en el nivel de un rey. Son declaraciones, son decretos, son proclamaciones. Hay un puño silencioso detrás de las palabras que es reconocido en el mundo del espíritu).

 (Hebreos 7: 1)= Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo, a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente rey de justicia, y también rey de Salem, esto es; rey de paz; sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principios de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.

(4) Considerad, pues, cuan grande era este, a quien Abraham el patriarca dio los diezmos del botín.

¡Como será de grande la influencia de este hombre que aparece quinientos treinta años antes de la Ley e introduce algo que no comenzará hasta dos mil años después de la Ley! Tan grande, que el propio sacerdote levítico, en Abraham, invierte con el diezmo en la destrucción de su sacerdocio por medio del orden de Melquisedec. Impresionante. Un hombre que sólo hace una aparición en la Biblia y afecta a dos mil años de generaciones.

 (5) ciertamente Los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es decir, de sus hermanos, aunque estos también hayan salido de los lomos de Abraham.

(6) Pero aquel cuya genealogía no es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas.

(7) Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor. (Estos son principios que muy pronto van a darse en la iglesia. Y la gente va a reconocer a los mayores, más allá de los títulos)

(8) Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de que vive.

(9) Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos; (¡El sacerdocio Melquisedec es tan grande que le traen los diezmos aquellos que reciben los diezmos!) …porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro.

(11) Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico.

Algo es claro: el motivo por el cual hay reforma, es la perfección. Si el primer orden hubiera logrado perfeccionar, no hubiera hecho falta reforma. Es necesaria la reforma porque es necesario un sacerdocio que sí perfeccione. Si el orden levítico lo hubiera hecho, Melquisedec no habría tenido razón de ser.

Sin embargo, creo que debo aclararte algo que quizás ya has aprendido en algún otro estudio, pero que por las dudas así no fuera, tendré que repetir para que se entienda debidamente. Cuando la Biblia dice Perfeccionar, lo que está diciendo no es sin errores, sino Madurar.

Y a todas luces sabemos y observamos que en modo alguno el pueblo de Dios está maduro con el sacerdocio que lo ha conducido. Los templos son verdaderos centros de ministración del alma, cuando en verdad la iglesia fue creada para ministrar el espíritu.

Es más que obvio que eso es exactamente lo que se ha pretendido hacer, pero son tantas las necesidades del alma que la gente tiene (sentimentales, emocionales, intelectuales), que no se pudo conseguir el primario objetivo y todavía estamos operando en el último.

Lo que hay que indagar y escudriñar, (Aunque el Señor ya dijo cual es la solución), es cual es la solución para terminar con esas necesidades almáticas. Un hombre lleno del Espíritu Santo no sufre por amoríos engañosos ni adulterios físicos. Allí está la salida. Hace mil años que está escrita: andar en el Espíritu y no en la carne. Simple, pero complicado de lograr. ¿No es así?

Cambia el sacerdocio y, tal como ya lo hemos consignado, también cambia la ley. Pero tenemos un problema: la ley antigua, todavía sigue estando. Y presenta todas sus antiguas connotaciones, obligaciones, sanciones, reprimendas y represiones.

Entonces el problema que tenemos hoy es que, encontramos a decenas o cientos que cambian sus títulos, y creen ser parte del nuevo ordenamiento sacerdotal, pero no han cambiado en lo más mínimo las leyes sobre las cuales operan sus ministerios.

Escucha: yo no quiero convocar a un encuentro internacional de salidos de Babilonia y luego tener que lidiar con miles de hombres y mujeres que lo único que hicieron fue dejar de ir a la iglesia los domingos, no sé si me entiendes.

 (1 Pedro 2: 9)= Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.

El orden de Melquisedec, te comunico, no e suna entelequia teológica. Es un ser vivo, es una combinación divina de dos oficios en un solo hombre. Es un clásico sacerdote que intercede, suplica, ruega y clama, pero también es un rey que decreta, declara y ordena.

Su ubicación geográfica, de más está aclararlo, es aquí en la tierra, con sus pies pegados al piso, pero su conexión espiritual es directamente vía cielo. Esto es un principio que no cambia jamás: cuando tú no eres leal a lo eterno, eres leal a lo temporal.

¿DE QUIEN ES ESE MINISTERIO?

Cuando se producen cambios, y cambios de fondo, importantes, tú te transformas, lo quieras o no, lo busques o no, lo sepas o no, en un objeto de reforma. Porque estás mucho más atado s los tiempos de loo que tú te crees.

Entonces, cuando los tiempos cambian, tú te pones terco, obcecado, porfiado o como quiera que se diga a eso en tu país, y no quieres cambiar nada. La lealtad siempre es con Dios, con una denominación, con tu pastor, con tu doctrina, con tu mensaje o con tu ministerio. Eso es ser leal a eternidad.

Veamos las cosas de este modo: a mí, Dios me está usando HOY. Ahora bien; si mañana, Él decidiera no hacerlo, yo tendría que quedarme calladito la bocaza. Aunque arda en deseos humanos muy atendibles de ministrar, hablar, saltar, brincar, predicar o lo que sea, calladito la bocaza.

Porque si yo llego a insistir en quedarme aferrado como una garrapata al ministerio que tenga, o al púlpito de mi congregación, yo mismo paso a ser un terco, porfiado y obcecado al que también hay que reformar, ¿Lo vas viendo?

Tenemos una enorme confusión en este punto. Y no hablo de gente que se sienta en un banco, hablo de ministros. Creemos que nuestra obligación es saber manejar nuestro ministerio, cuando en realidad lo que debemos ser es mayordomos de ese ministerio.

Por eso no existe la expresión “mi ministerio”. El ministerio no es ni será nunca tuyo. Es del Señor que por misericordia, confianza o lo que sea lo ha puesto temporariamente en tus manos. ¿Temporariamente? Sí. Si no te das cuenta de eso y pretendes hacerte dueño de él, Dios tendrá que retirarte el piso y quedarás pataleando en el aire hasta empezar a caer, caer y caer.

Veamos esto: a mí se me ha conferido por gracia y misericordia llevar adelante y administrar con mi leal saber y entender el ministerio del maestro. Y no es una función pedagógica producto de haber tomado clases de enseñanza en la esfera secular, es uno de los dones ministeriales establecidos en la iglesia.

El maestro es exhortado a ocuparse de la enseñanza. Y la enseñanza es la exposición inteligente de la verdad mediante el Espíritu Santo. Y esto que te he dicho, no deja ni el más mínimo espacio para doctrinas teológicas denominacionales, ocurrencias de una mente afiebrada u opiniones personales.

Pablo dejó a Timoteo en Efeso para que ordenara a algunos que no enseñaran otra doctrina que lo que enseñaban los apóstoles, y de los que persistían en enseñar de manera diferente dijo que estaban envanecidos, no sabiendo nada, y estaban delirando, etc.

Esto es evidencia de que ninguna otra enseñanza más que la apostólica podía ser de Dios, así, la moderna fórmula por la que se concuerda en diferir en puntos vitales de la doctrina no puede ser reconocida.

Por el contrario, el apóstol dijo: Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer.

También se nos dice que no nos hagamos muchos maestros porque tendremos mayor condenación. Ello se debe a la mayor responsabilidad implicada. El mismo término (DIDASKALOS) aparece en el texto donde el Señor manifiesta que es verdaderamente el Maestro, título que frecuentemente le daban los discípulos. Su enseñanza era de autoridad directa, y no como la de los escribas.

Con todos estos elementos, yo procuro enseñar lo que sé o lo que recibo de parte del Señor, procuro exhortar y acompañar a los más lentos a que sus ojos puedan ser abiertos, pero jamás me he sentido ni podré sentirme propietario de este trabajo. Eso es del Señor y yo lo administro y lo ministro en tanto y en cuanto esté en obediencia a Él y no me envanezca y procure arrimar aguas para mi molino.

Que no te quepan dudas, hay mucha gente que está esquizofrénica. ¿Por qué digo esto? Porque predican una cosa, pero viven otra. Eso es técnicamente esquizofrenia, no necesitas a un psiquiatra. Deberá bastarte con Jesucristo resucitado señoreando en tu vida.

Pero aquel personaje del cual nos estamos ocupando, Melquisedec, no era en modo alguno esquizofrénico. Él estaba del lado de la eternidad, no andaba confundido en lo más mínimo y quizás lo más esencial que a tantos cristianos les falta: sabía quien era.

Hay gente, adentro de la iglesia, que tiene dos naturalezas. Porque asumen que están restaurados, pero cuando tú los rascas y los fastidias un poco, enseguida saltan y les sale lo religioso. Y no estoy hablando de uno o dos, son muchos más de los que supones.

Sin embargo, lo que Dios quiere, en realidad, de nosotros, es que seamos agentes terrenales, personas con una mentalidad divina. Prevaleciendo en el mundo natural las veinticuatro horas del día y no en las dos horas de un culto.

Ahora, cuidado con esto: cuando decimos que somos imagen, semejanza y sustancia de Dios, siempre hay uno que no oye bien que dice: ¿Qué fue lo que dijo? ¿Qué nosotros somos Dios? ¡Ahhh! ¡Blasfemia! ¡Herejía! ¡Eso es Nueva Era!

Oye: entiende bien, por favor; Nueva Era dice que el hombre ES Dios. ¡Y lo que yo estoy diciendo es que el hombre tiene que vaciarse de él mismo, de su propia naturaleza pecaminosa, carnal y anímica y dejarse llenar por Dios! No es lo mismo…

Pregunto: ¿A cuantos, que leen esto ahora, les gustaría aparecer en un sitio una sola vez y que nadie se olvidará nunca más de ustedes? ¿A ti no te gustaría aparecer en algún lugar una sola vez, una única vez, y que de allí en más nadie te olvidara y todos los días alguien hablara de ti? Melquisedec no tiene papá, no tiene mamá, ni tiene parientes.

Nadie sabe adonde se graduó, ni siquiera saben con cierta certeza de donde viene. Los hombres más grandes de la Biblia, vinieron de la nada. ¿Lo estás entendiendo bien, no es así? ¡De la nada! Aparecieron un día sin que nadie supiera muy bien de donde, por que, cuando, para que cosa y como.

Hoy, están esperando llegar a ser tan grandes como aquellos, hombres que han comenzado a auto promocionarse, hasta incorporando alianzas con la denominada “prensa cristiana”, mucho antes de haber hecho algo verdaderamente útil para el Reino.

El caso es que él, Melquisedec, se plantó firme frente a Abraham, y el patriarca, aún sin saber quien era, le dio todo. Porque, mi amado hermano o hermana, para tener autoridad no es necesario tener volumen. Autoridad no es voz fuerte o gritos.

Basta con que tú desaparezcas precisamente de todos los sitios en los que todos desean aparecer y listo, ya tienes autoridad. Pero para desaparecer de esos lugares, tú tienes que ser humilde. Y eres humilde cuando haces lo que Dios te dice aunque te cueste la vida.

¿Y que es esa vida, morirse? ¡No! Tu vida es tu reputación, las amistades que tienes en los círculos religiosos, es el mismo precio que pagó Cristo, que no tuvo ningún pacto con los círculos religiosos de su tiempo. ¿Habías prestado debida atención a esto último, verdad? ¿O te lo escondieron?

Esa fue su mayor aflicción. ¿Y sabes que? También hoy es la mía. Su aflicción no fue la cruz, ese fue el motivo. Su aflicción fue que no pudo asociarse con ninguno de los líderes de su tiempo porque no lo entendían. ¿Sabes que? Seguimos igual.

Y murió fuera de la ciudad, fuera de la fortaleza, fuera del mover de la fe, fuera del mover profético, fuera de la iglesia Pentecostal, fuera de la iglesia Bautista, fuera de las Asambleas, de los Nazarenos, de los Hermanos Libres, de los Metodistas y de todos esos nombre que no son más que fortalezas de gente leal a tiempos temporales y no a la perspectiva eterna de Dios.

SACERDOCIOS REALES

Ser sacerdocio real, mi amado hermano y hermana, es tu herencia. Porque la palabra dice …Estamos siendo edificados para ser. En el momento en que tú entras en una posición de realeza, dice Pedro, la alabanza se convierte en decreto. Dice: …Eres real sacerdocio para anunciar…

En el momento en que tú entras en algo llamado Real Sacerdocio, la adoración carismática termina en tu vida. Tu adoración cambia. Ya no está asociada con el orden de culto. Tres canciones de alabanza, una de adoración o a la inversa.

Media hora de alabanza y quince minutos de adoración si tu cultura es afecta a la fiesta y el bullicio o a la inversa si tu idiosincrasia es más amante de la música suave. Todo conforme al lugar en que estás y tal como se hace en ese sitio desde siempre por disposición…¿De quien?

En este orden se termina todo el ritualismo previsible y rutinario. Tú entras en un orden gubernamental de alabanza. Un orden que no es carismático ni amoroso. Porque los reyes proclaman y ordenan. Aprende: los reyes jamás sugieren o ruegan.

Cuando tú estás en posición y en autoridad de Real Sacerdocio, los demonios respetan tu adoración y tu alabanza. Cuando tú cantas, los demonios se callan la boca porque te respetan. Si tienes la posición.

Si no la tienes, aunque cantes la alabanza más ungida, los demonios ni se dan por enterados que tú estás cantando. Al que respetan, en todo caso, es al cantante si está ungido, no al que repite lo suyo como un papagayo.

Es tiempo que sepas e incorpores esto a tu sentir: cuando la adoración es algo que verdaderamente emana de tu corazón, las palabras son solamente el elemento que la transporta. Y lo mismo es válido para la música.

Hay mucha gente que dice: ¡Ah, sí! Usted tendrá razón, pero yo adoro en silencio, ¿Sabe? Sí, yo sé. Y lo que sé es que lo que realmente están haciendo ellos, es disimular su incapacidad de adoración. Es decir que no están comportándose con orden, sino que están atados.

Porque verdaderamente, la adoración en silencio es, sin dudas, la expresión más alta, pero solamente tiene valor después que tú te has pasado toda tu vida transitando todas las etapas de la expresión coral, vocal y hasta corporal.

Aún aquellas expresiones que puedan haberte mostrado casi como un alegre payaso en la iglesia. Cuando ya no te quedan techos para andar colgado y pataleando, tratando de mostrarle a Dios cuanto le amas, entonces sí; te quedarás en silencio y simplemente pensarás: “Padre… tú ya sabes cuanto te amo…”

 (Apocalipsis 1: 6)= Y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre, a él sea la gloria e imperio por lo siglos de los siglos, Amén.

Nota que en el contexto del Nuevo Testamento, Dios sólo reconoce sacerdocio cuando está unido con realeza. Esto no es futuro. Esto es el tiempo actual de la iglesia. Nos hizo reyes y sacerdotes. Y de esto no puede caberte ninguna duda a ti ni a nadie.

(Apocalipsis 5: 8)= Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos, y cantaban un nuevo cántico, (¿Quién cantaba? La iglesia) …Diciendo: digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado. Y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre… (¡Ah, ya sé! ¡Sobre una nube! ¿Eh? ¿No? Y entonces, ¿Cómo dice?) …sobre la tierra.

Lo que verdaderamente quiere decir esto, es que Dios no reconoce ministerios sin la combinación de estas dos funciones. Cristo, en el Nuevo Testamento, considera que el sacerdocio tiene que tener realeza.

Ahora bien; los reyes son de Judá; los sacerdotes son de Leví, es decir que estamos hablando de una combinación de dos tribus. Por eso es que el fariseo se preguntaba como ese hombre podía funcionar como sacerdote, si ni siquiera era levita.

Incluso, parece que los que estaban por allí cerca, declararon al periodismo de la época que llegaron a decirle algo más o menos así: “¿Cómo vas a ejercer la función del sacerdocio si no tienes el título que otorga el Consejo de…? Es falso, claro; allí no había periodistas. ¿Pero no me dirás que es descabellado, no?

 (Hebreos 8: 1)= Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó (Esto significa que tomó posición), a la diestra del trono de la majestad en los cielos, ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor y no el hombre. (Está hablando del sacerdote de la iglesia; del nuevo templo que está levantando el Señor, la nueva Jerusalén; la morada de Dios)

(Verso 3)= Porque todo sumo sacerdote está constituido para presentar ofrendas y sacrificios; por lo cual es necesario que también este tenga algo que ofrecer.

(4) Así que, si estuviese sobre la tierra, (¿Recuerdas que Cristo dijo: estoy en la tierra pero en realidad no estoy? Él dijo: el que subió, el que descendió, pero que está en el cielo. La Escritura dice que si estuvieres sobre la tierra, no puedes ser sacerdote. Él estuvo sobre la tierra, pero no estuvo. Porque Él caminaba por la tierra, pero era leal a una dimensión llamada Cielo.)

Entonces dice: si llegas a estar sobre la tierra, no serás sacerdote porque no eres levita y en la tierra los levitas son los sacerdotes. Es decir que, el sacerdocio que Dios quiere que tú tengas, no es terrenal. ¿Crees que a esto lo puede entender un  doctor en teología?

Más claro y simple: tú no puedes operar en este sacerdocio del que estamos hablando, con una mentalidad terrenal. ¿Está claro, ahora? Y por si no sabes cual es esa mentalidad terrenal, te doy un par de ejemplos: ¡Ay Señor! ¡Mira lo que me pasó! ¡Por favor, ora por mí!

¿Verdad que has escuchado diez, cien o mil veces algunas de estas expresiones de labios de hermanos fieles, sinceros y amados? Es habitual, no me caben dudas. Pero es mi deber decirte hoy, aquí y ahora, que con esa filosofía, ni tú ni nadie puede entrar en esto.

Porque “esto” es una guerra persona, que en contra de muchos cristianos demasiado ortodoxos y conservadores, se sigue llamando porque lo es, guerra espiritual. Que en realidad tendríamos que aclararte que más que espiritual, en lo práctico es decididamente carnal.

Porque tú no andas a los puñetazos con demonios fieros, grotescos y repugnantes, tú andas peleándote con las demandas de tu propia carne. Y cuando digo carne, ya lo sabes, estoy hablando de tu cuerpo, la libido y todo eso, pero mucho más estoy hablando de tu alma, con sus emociones, sentimentalismos y riquezas intelectuales.

Guerra espiritual, entiende, es cuando tú estás avanzando el Reino de Dios sobre el reino de las tinieblas. Fuera de eso, indefectiblemente esa guerra es carnal, es tuya. Nadie puede pelearla por ti. Por eso Cristo, al respecto, dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos…

…Ni siquiera sería sacerdote, habiendo aún sacerdotes que presenten las ofrendas según la ley; (Pero Cristo, – Ya lo sabes -, no presentó ninguna ofrenda. Él vino operando de una forma determinada antes de morir.

Yo quiero que tú entiendas que el Nuevo Testamento comienza después que Cristo muere, no en el primer capítulo de Mateo como se les ocurrió plantarlo a los teólogos expertos traductores. ¿Por qué? Porque sin sangre, no hay pacto posible.

¡Pero no, hermano! ¡Usted no p’uede venir en este siglo veintiuno a decirnos eso! ¡Llevamos años tomando por válido lo que nos muestra materialmente la Biblia! Además…¡Fíjese quien dividió la Biblia! ¿No merece nuestro mayor respeto? Lo siento. No me interesa. Sin sangre, no hay pacto.

Y Nuevo Testamento, que yo sepa y haya estudiado y aprendido, es Nuevo Pacto, ¿No es así? Es decir que estamos hablando de la misma cosa. Antes del Nuevo Testamento, Cristo aparece haciendo caso omiso a la ley levítica.

Esto es: aparece operando en otro sacerdocio. Los levitas no trabajaban los sábados, ¿Recuerdas? Pero Cristo sí. Ellos leían el rollo de Isaías como una historia ocurrida allá lejos y hace tiempo. Él dijo: ¡Hoy se cumple esto! Ellos contestaron: ¡No, no y no! ¡Déjame enseñarte bien! ¡Esto no se cumple hoy, ya pasó!

Este es precisamente el sacerdocio que Él intenta que tenga la iglesia. No como el levítico, que se sabe de memoria sus ritos, sus tres alabanzas, sus cuatro coritos, se levanta la ofrenda, se cuentan dos testimonios aunque sean viejos, alguien recita un poema, alguien canta una canción, alguien lee un versículo que nadie recuerda luego de treinta segundos de leído, sus reuniones especiales, y no te olvides tú de la Santa Cena el último domingo de cada mes.

¿QUE SON LAS COSAS CELESTIALES?

Él no funciona como el sacerdocio levítico. Él dice: …Estos que trabajan según la ley…(5) los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, (No que están en otra parte; son de otra dimensión. Figura y sombra de las cosas celestiales.)

 (Hebreos 9: 23)= fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos.

¿Qué dice que fue purificado con mejores sacrificios? Las cosas celestiales. Pero, veamos, entonces: ¿Quiénes fueron purificados por este sacrificio? Nosotros. ¿Ah, sí? Entonces, ¿Quiénes son las cosas celestiales? Nosotros. ¡Ohh!

Y nosotros decíamos: Y no, que Cristo fue al cielo y regó el cielo de sangre. Se llevó la sangre y la echó allá en el propiciatorio que está en el templo de Dios, en la nueva Jerusalén, con las calles de oro.

Vamos a verlo otra vez. Todavía hay dos o tres demonios mascota en la iglesia… (Un demonio mascota es uno que ya lleva tanto tiempo acompañándonos que uno termina por creer que es una mascota…Y además también es uno al que cuando llegamos, saludamos, le damos un abrazo y llamamos “hermanito”…)

(8: 5)= Los cuales sirven (Está refiriéndose al orden levítico. Son sombras, tipologías. Sólo son figuras de algo más importante que ellos) a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: mira; haz todas las cosas conforme al modelo que se le ha mostrado en el monte.

Vamos de nuevo: ¿Qué es lo que dice que fue, entonces, lo que se le enseñó a Moisés? Las cosas celestiales. ¿Y quienes te dije que eran las cosas celestiales? Nosotros. ¿Quiénes son el modelo, entonces? ¡¡Nosotros!! Otra vez: ¡¡Ohh!!

Tú has sido escogido en él desde antes de la fundación del mundo. Recién ahora, a lo mejor, te estás dando cuenta, pero ya fuiste escogido, elegido. Oye: Dios no trabaja por sorpresa. Él ya terminó el plan. ¿Cómo? Que ya terminó el plan. ¿Y entonces?

Entonces, mi amado hermano y hermana, lo que ahora Él está buscando es a alguien que lo manifieste. El modelo mostrado a Moisés no es otra cosa que la imagen de la iglesia terminada, la cual está descripta en Apocalipsis, como la Nueva Jerusalén.

Con fundamentos apostólicos, de piedras grandes y fundamentales, como esto que se está predicando. Pero mucho cuidado en como lo entiendes. Digo fundamentos apostólicos reales, no hablo de gente ordenada por gente, en casos, por una suma de dinero como “ofrenda de amor”.

Tiene doce puertas, que son los ministerios apostólicos. Tiene lo mismo de ancho que de largo, es decir que es una casa balanceada. Son ciento cuarenta y cuatro mil que tiene que ver con la plenitud del número escogido por Dios para la iglesia.

Las calles son de oro. Tu fe será tratada como el oro. La perla es la puerta de entrada. Es el único animal que, para obtener una perla, tiene que morir. Cristo. La puerta. Él dijo: Yo Soy la puerta. Es la perla. Pero para tomar la perla, Él tuvo que morir. Es el animal que para tomar el fruto tiene que morir. ¡No es una perla del cielo! ¡Es Cristo! ¿Cuántos entraron por la puerta?

 (6) Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas.

(7) Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, (Y volvemos al mismo verso).

(7: 11)= Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (Porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿Qué necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón?

(8: 7)= Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo.

La razón, entonces, por la cual hay una reforma, es porque aquello que estaba operando, se ha mostrado ya con defectos. Aquello que respondía a nuestras necesidades, ya dejó de hacerlo. Aquello que satisfacía la sed de la humanidad, ya no lo satisface.

Y no te estoy diciendo que sea malo ni mucho menos, te estoy diciendo que todo empieza con Dios, llega un momento en que hay un cambio y deja de satisfacer. Entonces es cuando Dios trae una reforma. Así es como Él va de gloria en gloria.

Dios suele usar a menudo a ciertos competidores para ciertos tramos de la carrera. Cuando al piloto se le extiende demasiado el trayecto, es normal que se vaya cansando y que su performance deje de ser excelente. Como Dios lo sabe, entonces es allí donde reforma.

Cuando Cristo vino a la tierra, los fariseos estaban organizados muy aceitadamente en lo suyo. Los sacrificios, el cordero, la sangre. Los sacerdotes cumplían debidamente con el rito y la gloria de Dios llenaba el lugar.

Ahora bien; el día que Cristo fue a la cruz, el gran día que toda la cristiandad recuerda de mil formas, era el día de la Pascua. Y mientras Él colgaba del madero, los sacerdotes seguían con sus rituales de siempre: el sacrificio, el cordero, la sangre.

Sólo que esta vez, claro, la gloria de Dios no apareció. Repitieron los ritos y se preguntaban: ¿Qué está pasando con Dios? ¿Es que está ausente que no viene a su santuario y a la sangre del cordero derramada?

Una y otra vez se reiteraba la escena: ritos rutinarios, sacrificios rutinarios, dudas consecuentes y preguntas lanzadas al aire: ¿Por qué no aparece Dios como siempre lo hizo? Ellos no podían verlo, pero Dios sí estaba presente, aunque con el otro Cordero…

Esto quiere decir que, llega un momento en que lo que tú estás haciendo y hasta hoy te funcionaba, de pronto te deja de funcionar. Te des cuenta tú de eso o no te des cuenta. No funciona más. ¡Ehh! ¿Qué está pasando aquí? ¿Es que se ha retirado la unción?

El que se ha retirado es Dios. Él simplemente se fue y ahora está glorificando otra cosa. Y si tú no te das cuenta, Él se va y tú te quedas solo con tus viejos y ahora inútiles ritos. Y si no eres sensible y haces las cosas por costumbre y no por mandato, mucho menos te vas a dar cuenta. ¿Te suena familiar?

El sacerdote es el agente de Dios para la reconciliación. Eso, obviamente, no le otorga supremacía ni mando sobre nadie, apenas intercesión por pasión por el evangelio y compasión por los perdidos, sean estos inconversos o supuestos cristianos incrédulos.

El rey, por su parte, es la autoridad gubernamental de Dios. Lo que Dios quiere en este tiempo (Y no sólo que quiere, sino que lo está llevando a cabo sin solicitarle autorizaciones a nadie), es unir estos oficios. La autoridad gubernamental con la reconciliación con Dios. Nada menos.  Melquisedec.

Porque el antiguo sacerdote, era aquel que traía la expiación del hombre. Era el mediador para unir al hombre con Dios. El rey, por su parte, era el brazo derecho de Dios porque implementaba el gobierno. El nuevo orden aúna ambas cosas y deja de ser intermediario para ser acompañante idóneo.

El sacerdote es intercesor, mientras que el otro es un gobierno que tiene dominio. Deseamos que esto opere unido. Un intercesor gubernamental, de gobierno de intercesión. Todo en un solo hombre. En una sola figura.

No que haya gobierno de intercesores o intercesores gubernamentales. Lo que verdaderamente estamos buscando conforme al orden de Melquisedec, es que todos seamos intercesores y gente con dominio sacrificial.

¿Y que cosa viene a ser el dominio sacrificial? Un dominio porque nos auto gobernamos de tal forma hasta el punto del sacrificio personal. Y en la medida en que nosotros menguamos, Él se hace más grande en nosotros produciendo lo que tiene que ser SU gobierno, no el nuestro.

Ahora es momento de colocar algo en claro: cuando yo hablo de autoridad, hablo de algo reconcomio en el mundo del espíritu que, al mismo tiempo, muy pocas veces es reconocido en el mundo de la iglesia.

Porque, aquí también vale la pena puntualizar algunos conceptos importantes al respecto, estamos hablando obviamente de las cosas que cambian la eternidad. De ninguna manera nos estamos refiriendo a las cosas que impresionan a las muchedumbres ansiosas de entretenimiento místico.

Estamos hablando de un gobierno bajo la orden de una ley que es sacrificial. Y mientras más sacrificial es, más gobierno es. Pero siendo gobierno es reconciliador, no teniendo excesos de señorío. Alguien que puede ser padre de muchos y dueño de ninguno. Creo que está claro, ¿Verdad?

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Condiciones Para su Aparición

La comprensión de los textos bíblicos no es, como muchos creen y hasta enseñan sistemáticamente, una tarea reservada para gente que se ha capacitado profesionalmente para ello. Es decir que de ninguna manera eso estará reservado para teólogos o eruditos estudiosos de seminarios, institutos o universidades.

Eso es lo que se conoce con el nombre de hermenéutica y es lo que todos los libros de la ciencia de la religión aconsejan conocer y estudiar con la finalidad de no hacer interpretaciones sin base que podrían llevar a confusión a las personas. Un diccionario bíblico nos dice que la Hermenéutica, es:

La Hermenéutica, del griego HERMENEVEIN, es el “arte de interpretar los textos”, y precede a la exégesis. Tiene por objeto comprender, dentro de lo posible, el proceso por el cual el autor (En nuestro caso los hagiógrafos), compuso su texto y hacerlo comprensible al lector moderno.

El mismo apóstol Pedro, hablando de las Escrituras, dice que hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, (Las del Antiguo), para perdición de sí mismos.

 

El Espíritu Santo es el primer intérprete de las Escrituras y asiste a los creyentes para que las entiendan y las apliquen a sus vidas, pero es preciso recordar que las variadas circunstancias que concurrieron en la producción del maravilloso libro requieren de los expositores un estudio detenido y siempre conforme a ciencia y a principios hermenéuticos.

La interpretación bíblica tiene una doble vertiente: El problema del lenguaje, que comprende el estudio del texto, y el significado del mensaje. El descubrimiento del verdadero significado de todas las palabras de un pasaje bíblico es el principio de la interpretación.

Se requiere una interpretación del lenguaje, y ello encierra diferentes disciplinas, como la crítica textual, que está al alcance solamente de los especialistas y traductores, pues libros tan antiguos, raros y difíciles no es extraño que se hayan copiado muchísimas veces, y en ocasiones con variantes de un pasaje determinado que necesariamente debe ser esclarecido siguiendo reglas precisas que se aplican a los manuscritos más fieles. El texto de la Biblia ha sido fijado con gran exactitud en nuestros días gracias al paciente análisis de famosos estudiosos.

Son muchas las ciencias auxiliares en la interpretación, así la geografía bíblica, la historia, la literatura, la psicología, la numismática, etc. Como los creyentes bien sabemos, la Biblia, cuando se la lee como libro de salvación, es sencilla y comunica su mensaje que hace que al creyente sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.

Cuando se lee con fe, la Escritura habla con sencillez y claridad; en todas partes se encuentran mensajes de perdón de pecados, de deberes cristianos, de sabiduría práctica, de inspiración para solucionar los problemas de todos los días.

Cosas a tener en cuenta: Es preciso lee4r fijándonos en el contexto, porque la Biblia es su propio intérprete, la Biblia es explicada por la Biblia misma: así, un pasaje oscuro se entiende por otros más claros y luminosos.

Es preciso tomar las palabras en su sentido usual y ordinario en cuanto sea posible; esta regla sencilla es de suma importancia, pues olvidándola se cae en el peligro de dar a la escritura un sentido arbitrario y caprichoso. Aquí se habrá de tener en cuenta los hebraísmos y peculiaridades del estilo oriental, las costumbres y modos de proceder de los judíos.

Es preciso tomar las palabras en el sentido que indica el conjunto de la frase, porque una palabra puede tener distintos significados según el contexto y según la materia de que trate el autor. Aquí se ha de tener en cuenta el mensaje que el autor trata de comunicar y situar la palabra en el discurso.

Es necesario tomar las palabras en el sentido que indica el contexto, a saber, los versículos que preceden y siguen al texto que se estudia. Aquí topamos, a veces, con interrupciones bruscas del relato, con divisiones que oscurecen el texto, porque como se sabe, la división en capítulos y versículos data solamente de hace unos pocos siglos y fue hecha para facilitar el estudio, pero no fue conocida por los autores sagrados.

Es preciso tomar en consideración el objeto o designio del libro o pasaje en que ocurren las palabras o expresiones oscuras. Así, por ejemplo, algunas epístolas de Pablo fueron escritas con ocasión de los errores, que con gran daño procuraban implantar los judaizantes o falsos maestros.

Si nosotros leemos estos pasajes a la luz del ministerio del apóstol, de su historia personal, de sus luchas, etc., los comprenderemos mejor. Algunos pasajes fueron escritos para ser usados en la liturgia del Templo o para ser cantados por un coro, como algunos salmos que traen el subtítulo de “graduales” y se entonaban mientras se subía por las gradas del Templo.

Es necesario consultar los pasajes paralelos, como dice el texto griego en 1 Corintios 2:13, explicando las cosas espirituales por las espirituales. Así, además de aclarar el pasaje, se aprenden conocimientos bíblicos exactos en cuanto a doctrinas y prácticas cristianas.

Aquí conviene recordar que existen paralelos de palabras, paralelos de ideas y paralelos de enseñanzas generales. Al consultar esta clase de paralelos se debe primeramente aclarar el sentido de la palabra oscura en el mismo libro o autor en que se halla, luego en los demás libros de la misma época y finalmente cualquier libro de la Escritura.

Este método, combinado con el histórico-gramatical, es excelente para llegar al sentido original de las Escrituras. Cuando somos humildes, el Espíritu nos abre las Escrituras tal como Cristo las abrió a los dos discípulos en camino hacia Emaus.

El estudioso de la Biblia sabe muy bien que hay cosas que escapan a los libros de consulta que necesariamente ha de usar en sus investigaciones. Los diccionarios, las gramáticas, los libros de historia son preciosos para entender lo que dice un autor y lo que quiere decir en lo que dice, pero la clave para leer la Biblia cristianamente es la fe en Cristo Jesús.

Si bien los autores de la información existente en los diccionarios bíblicos hacen mucho énfasis en la participación del Espíritu Santo y en la validez de la lectura simple de la Biblia como forma de ingreso a la salvación, por otro lado dejan muy en claro que, para estudiarla y elaborar con ella doctrinas válidas, hay que tener una formación teológica que incluya esta ciencia de la hermenéutica.

Eso destruye la base central del sacerdocio según el orden de Melquisedec, dando mayor preponderancia al levítico, que habla de un cierto profesionalismo teológico como condición inexcusable para la interpretación de la Escritura.

Me pregunto algo: si cinco estudiantes de teología rinden con un mismo profesor, (Defensor y cultor de una corriente de interpretación bíblica determinada de hermenéutica y aprueban la materia, ¿Cómo esperar que luego, alguno de ellos, desde un púlpito, pueda tener una palabra fresca o diferente a las establecidas por las doctrinas históricas denominacionales?

En los diccionarios bíblicos también hay lugar para escribir sobre lo que es la revelación. No se lo ha insertado con ese nombre, sino con el de Inspiración, y será bueno repasar algunos de los párrafos escritos al respecto para poder saber a que atenernos en lo sucesivo.

YO ME INSPIRO, TÚ TE INSPIRAS

.La inspiración, en el sentido religioso de la palabra, denota un hecho de orden psicológico: la toma de posesión, más o menos completa, del alma humana por parte del Espíritu de Dios. En el fenómeno de la inspiración, Dios introduce su Espíritu en el espíritu del hombre.

Para designar este acto, tanto Pablo como los escritores del Nuevo Testamento en general emplean indistintamente los términos “Apocalipsis” o “Pneuma”, (Revelación o Soplo). Es el soplo divino que ejerce su acción, en grados variables, sobre la personalidad humana.

Se resuelve en un estado, el estado del hombre en el que Dios da de una manera particular la luz de su Espíritu. La inspiración hace del hombre natural o psíquico, incapaz de discernir las cosas de Dios, un hombre espiritual que recibe su revelación con la capacidad de transmitirla en palabras que enseña el Espíritu.

Esta intervención divina puede aparecer como una especie de contemplación o de éxtasis, sin embargo, y de una manera general, la inspiración que sitúa al hombre en una atmósfera propicia a la receptividad de lo divino, es esencialmente creadora o, más exactamente, reveladora.

Toda revelación, en el sentido bíblico de la palabra, nos aparece como el producto más o menos directo de la inspiración. Dios pone su Espíritu en el hombre para instruirlo en alguna verdad que ignora, para comunicarle esta verdad.

No puede haber ninguna confusión entre revelación e inspiración; esta es el medio, en tanto que la revelación es el objetivo. La revelación implica, presupone la inspiración, gracias a la que aquella se da.

Toda revelación es una comunicación que Dios da al hombre. Por la inspiración, es decir, por la acción de su Espíritu sobre el espíritu del hombre, Dios da a este último la capacidad de recibir e interpretar esta comunicación. Esto es lo que quiere decir Pablo cuando habla del conocimiento de las cosas de Dios y de la recepción de las cosas del Espíritu de Dios, hecho todo ello posible por el Espíritu de Dios.

No tenemos que analizar aquí el proceso psicológico que va desde el acto revelador de Dios a la asimilación de la revelación. Será suficiente señalar que, en base a las escrituras, la inspiración divina es el instrumento de dos géneros de revelaciones.

 El primero de esos géneros, es el de las revelaciones particulares, que interesan sobre todo a un medio, a una época, a un colectivo, (Por ejemplo la orden del Señor a Jacob de que no tomara mujeres cananeas, sino que fuera a Mesopotamia o la visión del centurión Cornelio).

Estas revelaciones pueden aplicarse, por los principios que enseñan, mucho más allá de su objeto primario, pero interesaban en principio al individuo o medio inmediato de aquellos que las recibían.

El otro género tiene que ver con revelaciones presentando un carácter universal, que interesan a la humanidad entera. Su objeto, como en toda revelación particular, sigue siendo Dios, su voluntad, su plan de salvación, su gracia.

Sin embargo, en lugar de ser de aplicación primaria a un solo individuo o a una colectividad limitada o a una época particular, estas comunicaciones se aplican a todos los hombres. Se imponen como una expresión definitiva, normativa absoluta de la voluntad de Dios. Se trata entonces de lo que se llama la Revelación, o Revelación general.

Así, cuando el Señor se apareció a Moisés en la zarza ardiendo, se trata de la Revelación, en lo que ella conlleva de más tangible y más universal. La Revelación de Orbe aporta a Israel, y por Israel al mundo entero y a todas las edades, el sentido real y profundo del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

En YHWH se define, en su esencia y significado eterno, no sólo el Dios del Decálogo y de todo el Antiguo Testamento, sino también el Dios de Jesucristo, que es Espíritu y Vida. La cumbre de la Revelación es la persona de Cristo.

Y Jesucristo es también el instrumento por excelencia de la Revelación; y, en tanto que manifestación histórica y universal de Dios, puede ser llamado “La Revelación” en su expresión soberana. Esta Revelación es a la vez el hecho constituido por el milagro de la encarnación, y el fruto de la inspiración cuando se contempla a la luz de las predicaciones proféticas.

En lo que a nosotros concierne como creyentes, la inspiración siempre tiene que ver en la lectura e interpretación de la Revelación, es decir, de la Palabra de Dios. Por la iluminación de su Espíritu, Dios no da nuevas revelaciones, sino que nos revela el significado y el poder de la palabra para nuestra vida y testimonio.

Gracias a la iluminación, la Palabra de Dios se nos hace inteligible y directamente personal. El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Para el creyente ante las Escrituras, la inspiración se traduce en el testimonio interior del Espíritu Santo.

Siguiendo a Pablo el término de la inspiración de las escrituras designa un acto estrictamente divino, el acto del Espíritu de Dios mediante el cual tanto la Revelación general como las revelaciones especiales de Dios, han quedado registradas en el texto escrito de la Biblia.

 Designa, de una manera aun más particular, el acto mediante el cual este texto ha llegado a ser en su letra, en toda su letra, el vehículo material de un mensaje sobrenatural, del mensaje de Dios. Así, se trata de una operación divina en la que la Escritura, en todas sus partes, ha sido dada a los hombres por medio de los redactores sagrados, como expresión única e infalible de la verdad y voluntad de Dios. Éste es el sentido de la inspiración de las Escrituras.

La antigua noción de una inspiración literal, considerándola como un mero dictado, que hacía de los redactores sagrados unos meros transmisores mecánicos de un mensaje caído del cielo, con sus letras, puntos y signos ortográficos, reducía a la nada la individualidad de los redactores, y no se ajusta a la realidad de las Escrituras, las cuales no justifican una tal concepción literalista (= inspiración de las letras).

Queda por considerar brevemente el agente de la percepción y asimilación de la Biblia, Palabra de Dios, es decir, la actuación indispensable del Espíritu Santo, como Aquel que da la clave de las Escrituras al creyente.

La Biblia es la Palabra de Dios, pero, ¿Cómo puede esta realidad objetiva producir una experiencia subjetiva? ¿Cómo puede la Biblia llegar a ser para nosotros Palabra viva y eficaz? Por la acción del Espíritu Santo en nosotros.

Siendo como es obra del Espíritu, la Escritura no puede ser leída, ni llegar a ser comprensible ni activa en nuestra salvación más que por la interpretación dada por el Espíritu Santo, esto es, por la interpretación del Señor en nosotros. A esto se refería el apóstol Pablo al escribir a los corintios que hasta el día de hoy, cuando los judíos leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado.

El Espíritu Santo, el Espíritu del Padre y de Cristo, que Él prometió enviar a sus discípulos para que los guiara a toda la verdad, el Espíritu Santo, autor de la Biblia, es el único que está calificado para dar su sentido, y para quitar el velo que oscurece y cierra los ojos y el corazón del hombre natural.

El hombre inconverso, que se pone ante la Biblia con su mentalidad griega, su razón, su sentimiento, está decidido a no asumir que la Biblia es la Palabra de Dios, es decir, la palabra que Dios ha escrito para él en la Biblia, la palabra que se dirige a él de una manera personal, la palabra escrita para su propia regeneración, su santificación y su llamamiento para ser hijo de Dios.

El Espíritu Santo, en su obra en el corazón humano, no solamente da testimonio al creyente de que es hijo de Dios, sino que también abre los sellos que hasta entonces le impedían el acceso a la Palabra de Dios.

Él mismo es la clave de esta Palabra: Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aún lo profundo de Dios. Porque; ¿Quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así también nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.

Calvino, a quien le fue dado formular la doctrina del testimonio interno del Espíritu Santo, resume así su pensamiento. La autoridad de las Escrituras es sellada, confirmada en el corazón de los fieles por el testimonio interior del Espíritu Santo. El mismo Espíritu que ha escrito la Biblia habla al fiel y le ilumina las páginas de la Biblia.

La posesión del Espíritu Santo, que regenera, santifica, consuela y conduce a toda la verdad, que es la expresión actual y permanente de la presencia del Señor, que Dios ha dado a todo el que cree en Jesús el Señor y lo recibe por la fe, esta es la condición esencial y necesaria para la apropiación personal y vivificante de la Biblia, la Palabra de Dios.

Y la certidumbre que el Espíritu nos ha dado queda confirmada por el gozo que se desprende de la posesión de la vida divina, y por la armonía perfecta entre la Biblia (el testimonio objetivo del Espíritu) y el testimonio interno del mismo Espíritu. Porque el Espíritu no está dividido: El Espíritu que ilumina al creyente no puede hacer otra cosa que decir amén a lo que él mismo ha dado en la Biblia.

Una vez que hemos leído ambos comentarios que el diccionario realiza respecto a la interpretación intelectual y la revelación espiritual, nos queda más que en claro que los autores de los mismos, que son teólogos de cierta preparación profesional y prestigio ganado dentro de las organizaciones religiosas, ven con mayor aceptación aquello que pueden comprobar, probar y palpar.

Yo, personalmente, y aunque mi opinión al lado de todo esto resulte poco menos que insignificante, no coincido en absoluto con eso. Es más: leo estos comentarios supuestamente bíblicos y hallo, en ellos, conceptos y expresiones que también encuentro en los comentarios del mundo secular.

La comprensión de los textos bíblicos, entonces, y tal como lo dije en el primer párrafo, no es, como muchos creen y hasta enseñan sistemáticamente, una tarea reservada para gente que se ha capacitado profesionalmente para ello.

 Es decir que de ninguna manera, se procure mediante los métodos y las formas que se procure, eso estará reservado en oficializada exclusividad para teólogos o eruditos estudiosos de seminarios, institutos o universidades.

Esto sí podría ser correcto si estuviéramos hablando de preparación de conceptos relacionados con formas tradicionales de la religión supuestamente cristiana, pero de ninguna manera es válido para hijos de Dios alimentados por la revelación del Espíritu Santo.

Como muestra o evidencia de esto, quiero compartir contigo un extenso párrafo del evangelio de Mateo, deseando extraer de él algunos depósitos espirituales que, o bien estaban escondidos y no habían sido vistos, o bien sí habían sido descubiertos pero por algún buen motivo no fueron esclarecidos.

Moradores del LEJANO Cielo

  (Mateo 18: 15)= Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. (Convengamos algo que a todas luces todos hemos tenido oportunidad de comprobar: No es esto lo que generalmente hacemos).

(16) Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. (Si a lo anterior te dije que generalmente no lo hacíamos, a esto te tengo que añadir que tampoco lo hacemos.)

(17) Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia, (Nota, si examinas cuidadosamente esta expresión, la autoridad que se le está adjudicando a la iglesia. Ahora yo me pregunto: tomando en cuenta tus experiencias, ¿La tiene?) y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.

(18) De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo. Y ahora será cuando no tendremos otro remedio que meternos de lleno en una especie de enredado berenjenal, ya que a partir de este texto hemos visto prácticamente de todo en nuestras congregaciones.)

Aquí, en este último versículo citado, vemos presente la famosa y promocionada autoridad de atar y desatar. Que, – Tengo que aclararte -,  no tiene nada que ver con atar y desatar demonios. Se trata de atar al hermano por no perdonarlo o desatarlo cuando lo perdonas. ¿Lo habías entendido así?

(19) Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. (¡Otro versículo complicado es este! No imaginas la cantidad de barbaridades cometidas en su nombre…)

Porque es allí, entonces, donde suele aparecer algún personero a sueldo del famoso “movimiento de la prosperidad” (Que siempre es relativo a la prosperidad de los ministros que andan por el planeta procurando venderla a las iglesias) y la mecaniza más o menos así.

Él dice: ¡Hermanos” ¡Tómense de las manos y vamos a ponernos de acuerdo! “Señor…en el nombre de Jesús, estamos creyendo en un automóvil Mercedes Benz último modelo. Un BMW, Señor, de color gris, con asientos de cuero, totalmente automático Señor…” Para cosas como esta usamos este verso.

Y no es así, porque aquí estamos hablando de algo muy concreto y no estamos ni globalizando ni generalizando. Estamos hablando de un relato que tiene que ver con un caso de mal comportamiento y disciplina, de eso estamos hablando.

Y dice que si Él y yo estamos de acuerdo en algo y de repente hacemos las paces y nos ponemos de acuerdo, lo que le estoy pidiendo a Dios que suceda entre él y yo, será hecho por el Padre. Escucha ahora, que voy más lejos, todavía.

 (20) Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

¡Y de este ni te cuento! ¡Mejor no me hagas hablar! Han usado mil veces este versículo para justificar reuniones aburridas de tres personas. ¡Tremenda conferencia! Solamente vinieron tres, pero como Dios dice que donde hay dos o tres reunidos en su nombre…

¡No, no, no y no! Donde hay dos o tres congregados resolviendo un problema determinado y específico en Su nombre, allí sí está la presencia del Señor. No está hablando de culto, templo o servicio. Es el mismo tema, no ha terminado. ¿Quién dijo que había que comenzar de nuevo?

 (21) Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿Cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?

¡Ay Pedro! ¡Pero que bruto más bruto eres! Dios le dice setenta veces siete, ¿No es así? ¿Es que entonces eso significará que son cuatrocientas cuarenta y nueve veces? No hay caso, Pedro; en un campeonato de brutos saldrás segundo por demasiado bruto.

Setenta veces siete, es un dicho abarcativo, un dicho de máxima. Significa algo así como lo completo, el todo, lo más. En este caso concreto y específico, significa “para siempre”. Cada vez que sea necesario, las veces que sea necesario.

Hay gente que ha tenido problemas muy serios y con causas muy concretas. El líder de un ministerio, por ejemplo, es traicionado en su buena fe por uno de sus empleados. Ese líder, si es realmente un hombre de Dios, va a perdonar inmediatamente la ofensa.

Acto seguido, va a rechazar de plano cualquier ánimo o sentimiento de revancha, desquite o venganza, va a desechar cualquier raíz de amargura, de rencor o de odio y va a perdonar inmediatamente a su empleado infiel.

Pero todo eso, mi amado y estimado hermano o hermana, no quiere decir que lo vaya a seguir manteniendo como empleado suyo. Perdón si, alianza ya no. El perdón es auténticamente cristiano y obligatorio, pero la alianza no, de ninguna manera.

Pero cuando lo perdone, tendrá que ser un perdón de verdad. Un perdón que, si un día este hombre cae preso, tú digas: “Tengo que tratar de liberar a mi hermano”. Porque Abraham se jugó para ayudar a Lot y consiguió su libertad, pero no se quedaron juntos como antes. Perdón sí, alianza no.

 (Verso 22)= Jesús le dijo: no te digo hasta siete, sino aún hasta setenta veces siete.

(23) Por lo cual (Por todo lo dicho, por esta misma causa, por tanto, como consecuencia de) el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos.

(24) Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos.

(25) A este, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda.

(26) Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.

(27) El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. (Dice que le soltó, que lo desató. ¿Recuerdas? …Todo lo que desatamos en la tierra…)

(28) Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, (Esto es: uno del mismo rango que él) …que le debía cien denarios, y asiendo de él, le ahogaba, (¡¡Lo agarró del cuello!!) diciendo: págame lo que me debes.

(29) Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.

(30) Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda.

(31) Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que le había pasado.

(32) Entonces llamándole su señor, le dijo: siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste.

(33) ¿No debías tu también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?

(34) Entonces su señor enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que debía.

En el verso 23, Dios comienza a remover el velo de la verdad. En el verso 27 vemos que un hombre perdonado es desatado. Esto tiene mucho que ver con lo que decía el verso 18. …Todo lo que desatareis… en el verso 30, este que había sido suelto amarra a otro y lo arroja en la cárcel. En el verso 31 se lo hacen saber al señor de todos los consiervos que fue quien le perdonó los diez mil.

(35) Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.

¿Cómo es que dice? Dice ASÍ TAMBIÉN. Y entonces aquí tenemos un problema con el verso 34, porque allí dice que el señor lo volvió a atar. Cuando el señor vio como se comportaba ese siervo, luego de ser perdonado, con aquel que le debía a él, reabrió el caso y dijo: bueno, ahora me lo pagas todo.

Así también, de esta misma manera, con este mismo espíritu, el Señor hará con aquellos que no perdonen. ¿Será posible que si tú andas por la vida con resentimiento en contra de alguien, Dios haya reabierto la deuda que tú tienes con Él? Parecería que sí, ¿No crees?

Abraham, sintió en su corazón que él no estaba calificado para militar en una guerra de reyes sin primero resolver este asunto en su corazón. Por eso es que, antes de ir a la guerra, dijo: Tengo que libertar a mi hermano.

 Y entonces fue cuando elevó la posición de Lot, de sobrino, a la de un hermano que es digno de ser liberto. ¿Sabes que? Hemos pisoteado el verdadero significado de la palabra “hermano” hasta rebajarla a una especie de tratamiento ideológico, y no es eso.

Entiende esto y obsérvalo desde este ángulo: de no haber liberado a Lot en su corazón, primero, Abraham hubiera perdido esa guerra. Entonces, si así hubieran ocurrido las cosas, no sólo se hubiera perdido Lot, sino que también se hubiera perdido Abraham. ¡Que historia!

Es sencillamente imposible estar inmiscuidos en una guerra de reinos y avanzando en el propósito de Dios, con un corazón repleto de “asuntos-Lot” sin resolver. ¿Lo estás entendiendo? Porque, así también Dios que te ha perdonado tanto a ti, te puede volver a encarcelar si tú no personas al que te ha ofendido por mucho menos.

DIMENSIONES DEL SACERDOCIO

¿Qué fue lo que en realidad dijo Melquisedec? Él dijo algo así como: ¡No! ¡Estás tremendo, Abraham! ¡Tengo que venir a verte! Fue precisamente cuando Abraham retorna de la victoria de esa guerra que tiene su encuentro con Melquisedec y le dice: “Tenía que venir a saludarte, porque tu comportamiento activó los cielos y me desató a mí.” ¿Tú puedes saber, hoy, si alguna clase de comportamiento tuyo puede estar activando algo en el cielo y desatando algo que vendrá a visitarte?

 (Josué 9: 1)= Cuando oyeron todas estas cosas todos los reyes que estaban a este lado del Jordán, así en las montañas como en los llanos, y en toda la costa del mar grande delante del Líbano, los heteos, amorreos, cananeos, ferezeos, heveos y Jebuseos, se concertaron para pelear contra Josué e Israel. (Aprende: los enemigos del evangelio siempre se unen para batallarlo. Los que nunca terminamos de unirnos somos los que decimos ser creyentes)

(Verso 3)= Mas los moradores de Gabaón, cuando oyeron lo que Josué había hecho a Jericó y a Hai, usaron de astucia; pues fueron y se fingieron embajadores y tomaron sacos viejos sobre sus asnos, y cueros viejos de vino, rotos y remendados, y zapatos viejos y recosidos en sus pies, con vestidos viejos sobre sí; y todo el pan que traían para el camino era seco y mohoso.

(6) Y vinieron a Josué al campamento en Gilgal, y le dijeron a él y a los de Israel: nosotros venimos de tierra muy lejana; haced, pues, ahora, alianza con nosotros.

(7) Y los de Israel respondieron a los heveos: quizás habláis en medio de nosotros. ¿Cómo, pues, podremos hacer alianza con vosotros?

(8) Ellos respondieron a Josué: nosotros somos tus siervos, y Josué les dijo: ¿Quiénes sois vosotros, y de donde venís?

(9) Y ellos respondieron: tus siervos han venido de tierra muy lejana, por causa del nombre de Jehová tu Dios; porque hemos oído su fama, y todo lo que hizo en Egipto, y todo lo que hizo a los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán; a Sehón rey de Hesbón, y a Og rey de Basán, que estaba en Astarot.

La historia concreta es que esta gente son cercanos, no lejanos. Y están engañando a Josué porque tienen temor del ejército de Dios, porque ya comenzaron a tener victorias como Hai y Jericó, hechos que marcaron un antes y un después de la historia.

Entonces, visto todo esto, ellos quisieron engañar a Josué y él cometió el gravísimo error de no consultar a Dios al respecto. Sencillamente hizo un pacto con ellos, de que estarían juntos, y los puso a trabajar. Mira el verso 14.

 (Verso 14)= Y los hombres de Israel tomaron de las provisiones de ellos, y no consultaron a Jehová.

(15) Y Josué hizo paz con ellos, y celebró con ellos alianza concediéndoles la vida; y también lo juraron los príncipes de la congregación.

Está claro; hicieron todo lo que era necesario y así se convirtieron en trabajadores. Recién cuando los amorreos vinieron a guerrear en contra de los gabaonitas, fue cuando Josué se enteró que ellos no eran lo que ellos decían que eran.

Sin embargo, y porque Josué les dio su palabra, y aunque fue engañado, fue al valle de Gabaón y comenzó a militar con los amorreos. Esa es la batalla en donde Josué no había terminado, el día se estaba acabando y él declara: ¡Sal! ¡Detente! Un disparate científico, porque quien se mueve es la tierra alrededor del sol, lo sabes.

Pese a estar contrariando las leyes de la física y por su nivel de alianza, aún estando en una condición altamente mediocre, el universo entero se detiene a favor de Josué. ¿Sabes por que? Porque honró su palabra de alianza. Aún cuando había descubierto que le habían mentido.

Es precisa y exactamente dentro de estas especiales situaciones, en donde aparece la mentalidad de Melquisedec. Y demuestra que el suyo es un sacerdocio tras otra ley, no como los levíticos.

No es como Aarón, que dijo: “No fui yo, fue este pueblo que tú me has dejado; ¡Yo puse el oro allí y salió este becerro!” Pero no dijo absolutamente nada de que fue él quien construyó el molde. Él sólo dijo que arrojó todo el oro y que el mismo fuego fue quien produjo el becerro.

Entonces fue específicamente allí donde Moisés lo miró y le dijo: “Está bien; derrítelo y bébelo” Yo realmente no sé si le salieron hernias de oro o se le bloqueó todo el sistema intestinal, pero la Palabra dice que se bebieron el oro.

Esta es otra que contraría casi violentamente las leyes que luego conoceríamos como regentes de nuestra salud. Porque ellos no murieron. Y yo aún no puedo explicarme como pudo haber sido ese proceso intestinal, hepático y renal para eliminar esa ingesta. Lo único que sé es que no se murieron.

Había algo dentro de Josué que detuvo el sol, porque la dimensión del pacto que él tenía, era más alta que la de un civil. Melquisedec le dijo a Abraham: “Tuve que aparecer y darte una mano, porque el nivel de pacto que tú tienes, no es el de un hombre común.

Entonces, Abraham salva a Lot después de haber tenido tremenda pelea entre ellos. Josué defendió a los gabaonitas después de haber descubierto que lo habían engañado. Y hasta el universo se detuvo en para ayudarlos.

Esto es para que tú entiendas definitivamente y dejes ya de lloriquear como una ancianita desvalida, como es que Dios responde a nuestro nivel de alianza. Lo hace de una manera muy poco convencional y no le interesa ni preocupa alterar el orden de la naturaleza para cumplir contigo si es necesario. Porque Dios no está EN la naturaleza, está SOBRE ella. Si no lo estás viendo así, mejor vete con los de Nueva Era, ¿Sí?

OCUPANDO LA VACANTE

.En una ocasión aparece Melquisedec; en una ocasión. Y este hombre afecta nada menos que a dos mil generaciones. En la otra, se detiene nada menos que el universo completo para cooperar con su ministerio. ¿Valía la pena o no estudiarlo?

Fíjate que allí es donde Dios le está poniendo el precio a lo que es una alianza. Estamos viendo las condiciones que rodean la aparición de Melquisedec. Como es que aparece esta unción sobre nuestras vidas y las cosas que tenemos que hacer para que ocurra.

 (Salmo 110: 1)= Jehová dijo a mi Señor: siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.

Esa expresión, allí donde dice: siéntate, es más que obvio que no te está hablando de una silla ni de una de esas butacas pullman que ahora abundan en los templos. Es una posición espiritual. Decir siéntate, es lo mismo que decir: posiciónate.

Es decirle a una persona que sea consecuente con su título. Si yo te digo siéntate, posiciónate, te estoy diciendo que asumas las responsabilidades que tiene tu título. La posición de sentarse, en el Reino de Dios, es una posición de consumar. Esto es: has llenado tú la plenitud de lo que era tu responsabilidad.

Melquisedec, entonces, es el resultado de una posición. La palabra en hebreo, es YASHAB. Significa literalmente “tomar residencia”. Tiene la implicación de una casa que se está alquilando y de repente tú te mudas y te conviertes en inquilino. Tomaste residencia, ocupaste una vacante.

Porque tu posición, amado hermano o hermana, determina tu ministerio. En la medida que tú ocupas las vacantes que te pertenecen, eso determina lo fuerte o lo escuálido que será tu ministerio. La vida, en el Reino, depende de tu posición espiritual. Porque de esas posiciones hablábamos, no de las que obsequia Babilonia a sus súbditos.

Melquisedec, entonces, es un sacerdocio consciente con su título. Es gente que, efectivamente, constituyen un real sacerdocio, que no tienen un título de real sacerdocio. Es decir que, cuando tú levantas tus manos en el mundo del espíritu, esas manos son reconocidas como las manos de un sacerdote y las manos de un rey. Por Dios y también por los demonios.

Lo que sale de la boca de un hombre bajo este orden, no asusta a nadie, salvo a los falsos. Porque es el producto de una sustancia invisible pero concreta que tú posees. Y. una vez más, quiero ser bien claro: el orden de Melquisedec es un estado del ser, un estilo de vida, no un título otorgado por una denominación evangélica.

 (Apocalipsis 13: 1)= Me paré sobre la arena del mar, y vi subir del mar una bestia que tenía siete cabezas y diez cuernos; y en sus cuernos diez diademas; y sobre sus cabezas, un nombre blasfemo.

(2) Y la bestia que vi era semejante a un leopardo, y sus pies como de oso, y su boca como boca de león. Y el dragón le dio su poder y su trono, y grande autoridad.

(3) Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia, y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quien podrá luchar contra ella?

(Verso 5)= También se le dio boca que hablaba grandes cosas y blasfemas; y se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses.

(6) Y abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su tabernáculo, y de los que moran en el cielo.

La palabra MORAN, aquí, es la palabra YASHAB. Gente con los pies en la tierra, pero posicionada en el cielo. Gente que mora más allá del pequeño velo de la muerte. La bestia destruye a los que están bajo el velo, pero para con los que moran en el cielo, sólo los puede blasfemar, no los puede tocar. Pero están aquí, no es que están en una nube.

Fíjate que lo que más se resalta de esta bestia no es lo fea que es, sino que tiene una boca grande. Lo dice en casi todos los versos. Es decir que el poder de esta bestia, es su boca. Olvídate si es literal, si es dragón, es la boca.

Y sabemos que las bocas son bocas y las bocas, en la tierra, siempre vienen a través de hombres. Los caballos no hablan. Y no van a existir dragones que hablen tampoco. Son imágenes de lo que algunos hombres son en el espíritu. Dragones vociferantes.

¿Tienes la posibilidad porque así te lo han autorizado, de utilizar plataformas o púlpitos con excelente llegada a muchísima gente. Aleluya. Gloria a Dios. Pero ten cuidado, por favor. Estás usando un arma que es divina, pero que si no es usada con esa intencionalidad, se volverá en tu contra.

Esos hombres de los que veníamos hablando, son como leones, que se creen que tienen autoridad. Satanás es como un león rugiente. Pero no es león, es COMO león. Sale del mar, sale de la multitud. El mar es la gente.

 La bestia que se sienta; se cree que está posicionada con autoridad sobre la gente. Repasa con entendimiento el verso 6: abrió su boca en blasfemias contra Dios, (Rebelión directa) …para blasfemar de su nombre (La injuria, el chisme, la herejía, la calumnia) …de su tabernáculo (La iglesia) …y de los que moran en el cielo (El remanente. La manifestación de los hijos de Dios. Gente que aunque está aquí, no son de aquí)

(7) Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos. (Te está diciendo a ti que va a haber guerra contra los santos y que los van a vencer) …también se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación.

(8) Y la adoraron todos los moradores de la tierra (Los que moran en la tierra, no en el cielo. Las iglesias terrenales, humanistas y religiosas, no el remanente) …cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.

(9) Si alguno tiene oído, oiga.

(Verso 11)= Después vi otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón.

Fíjate en algo muy singular y llamativo: No es una cuestión de imagen, es dónde tiene su poder. Porque tiene imagen de cordero, de remanente, pero habla como dragón. Allí reside su poder; en su boca.

(12) Y ejerce toda la autoridad de la primera bestia en presencia de ella, y hace que la tierra y los moradores de ella adoren a la primera bestia, cuya herida mortal fue sanada.

(13) También hace grandes señales, de tal manera que aún hace descender fuego del cielo a la tierra delante de los hombres.

¿No dicen las epístolas que como James y Jambres desafiaron a Moisés, así también burladores y hombres falsos en la iglesia, van a tener el poder de hacer los mismos milagros? Y les llama burladores.

(14) Y engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le han permitido hacer en presencia de la bestia, mandando a los moradores de la tierra que le hagan imagen a la bestia que tiene la herida de espada, y vivió.

Cuidado: engaña a los de la tierra, pero a los que moran en el cielo solo pueden blasfemarlo, sólo pueden dañarle su reputación; sólo pueden hablar en contra de ellos. Es una amenaza permanente, es cierto, pero se queda en amenaza, jamás se ejecuta.

Sólo pueden ir a las emisoras de radio, o en público, y decir que los que andan en este mover pertenecen a sectas, que son Ministros de la Nueva Era, que están enseñando algo falso; sólo pueden blasfemar, a favor de un montón de gente que, por no tomarse el trabajo de escudriñar las escrituras, le creen al primero que viene y habla bonito.

Conocí a más de tres siervos a los que les hicieron esto. Finalmente me lo hicieron a mí también. ¡Aleluya! Pero los que son engañados, son los que están morando en una posición terrenal, debajo de eso que se llama muerte, lo cual Cristo vino a romper para que su vida tenga otra dimensión.

El poder de esta bestia es el engaño, pero a los que están posicionados en un lugar espiritual llamado cielo, sólo pueden blasfemarlos, pero no los pueden engañar. Su posición determina que puede y qué no puede hacer el diablo contigo. Estas son las condiciones que rodean la aparición del orden de Melquisedec en la tierra.

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Elevado a Hermano en el Corazón

A diario recibo correos de hombres bien intencionados, sinceros y muy seguros de lo que expresan, que me censuran formas de interpretación porque, dicen, están apartadas de las normas básicas de la hermenéutica.

Sin embargo, yo he aprendido durante todos estos años de iglesia intensa y luego menos intensa, que solamente pueden tener una palabra fresca y de renuevo, aquellos que se arriesgan t van más allá del velo de la carne representado, en este caso, por la intelectualidad.

El orden de Melquisedec va mucho más allá del recuerdo o la rememoración de una figura poco conocida y difundida, o de un misterioso personaje que no todos adjudican a la realidad. Ese orden tiene que ver, necesariamente, con cambios muy grandes en la concepción espiritual de la religión

Quiero incursionar, en este capítulo, en un texto que se encuentra en el segundo de los cinco libros del Pentateuco: el del Éxodo. En los textos hebreos, el título del libro lo dan las primeras palabras: Estos son los nombres.

No es sin razón que la traducción griega da al libro el nombre de Éxodo, porque relata la salida de Egipto tan decisiva en la historia del pueblo de Israel. Este interesante libro puede dividirse, a modo de repaso general y global, en tres secciones principales.

La estadía en Egipto. Pasa mucho tiempo entre la llegada de Jacob a Egipto y los hechos en que se centra el libro, pero solamente se hace una breve alusión acerca del aumento en número de los hebreos después de la muerte de José.

Entonces, en su contexto, se relatan los sufrimientos de los oprimidos israelitas, el nacimiento de Moisés, su juventud y posterior llamamiento, y la lucha contra Faraón, las diez plagas y, en relación con la última plaga, el relato de la institución de la Pascua.

La Peregrinación desde Egipto a Sinaí. Allí nos encontramos con los israelitas abandonando la ciudad de Ramesés, las prescripciones sobre la Pascua y condiciones bajo las que los extranjeros podrían tomar parte y la orden de consagrar a los primogénitos y la celebración futura de la fiesta de los panes sin levadura en relación con la Pascua.

Asimismo, se relata también la travesía del mar Muerto, el cántico de liberación, los episodios de las aguas amargas de Mara, del maná y de las codornices, la detención de Refidim, el agua brotando de la roca de Orbe, la victoria sobre Amalec y la visita de Jetro.

Llegada y estancia prolongada en el Sinaí. La partida de Sinaí que también se menciona en Números, el establecimiento de la teocracia que se basa en el pacto con Jehová y comporta la obediencia a sus órdenes, con los ancianos y el pueblo comprometiéndose a observar esta condición.

Promulgación de los diez mandamientos y de las leyes secundarias consignadas en el Libro del Pacto, para el análisis y el contenido de estas leyes. La ratificación del pacto por parte del pueblo, y la comida de confirmación entre las partes pactantes.

La historia de Moisés en el monte Sinaí, las prescripciones para la construcción del tabernáculo y de su mobiliario y utensilios, las dos tablas de piedra, el becerro de oro, la segunda estancia de Moisés en el monte, el resumen de las leyes acerca de la renovación del pacto, la construcción y montaje del tabernáculo.

En lo concerniente al mensaje espiritual que contiene Éxodo, las experiencias de Israel son ejemplos escritos ya con el propósito de nuestra instrucción. El Éxodo es por excelencia el libro de la redención.

El pueblo de Dios se halla cautivo, caído, esclavizado e impotente. Dios interviene, y suscita a Moisés como liberador, arranca al pueblo de la Tiranía de Faraón, salvándolo del destructor mediante el sacrificio del cordero pascual, le revela su ley y le otorga su presencia permanente en el tabernáculo.

De la misma manera, nosotros somos seres caídos, cautivos, lejos del paraíso, sometidos a la esclavitud del príncipe de este mundo. Dios nos envía al Salvador, cuya muerte nos libera y nos saca del mundo; nos lleva a Sí, y por su Espíritu pone su ley y presencia en nuestros corazones.

Pocos libros del Antiguo Testamento son más cristo céntricos que el Éxodo. Está repleto de tipologías e imágenes que preanuncian la persona y la obra de Cristo. Moisés prefigura al Hijo que sería puesto sobre toda la casa de Dios. Cristo mismo es nuestra Pascua, el cordero inmolado por nuestra salvación.

El paso del mar Rojo representa la liberación del cristiano del poder de Satanás mediante la muerte y resurrección del Señor Jesús. El maná es el tipo de Pan viviente que bajó del cielo, la roca golpeada de la que brotó agua era Cristo.

El culto mosaico, los sacrificios y las diversas partes del tabernáculo, todo ello, era figura y sombra de las cosas celestiales. Finalmente, Aarón prefigura a nuestro único y perfecto sumo sacerdote, del que Melquisedec parece haber sido una aparición anticipada.

Recapitulando, se pueden citar los temas de extrema importancia que conocemos esencialmente gracias al libro del Éxodo: preparación, intervención e intercesión de Moisés, las diez plagas, la Pascua, el paso del mar Rojo, el maná, etc., constituyen un tema digno de un estudio profundo e inteligente por parte del creyente, que es lo que intentaremos ahora.

DECRETANDO LA AUTORIDAD

Éxodo 29: 4)= Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y como os tomé sobre alas de águila, y os he traído a mí. (Esto quiere decir que, en comparación con nosotros, Dios vive en las alturas de la comprensión, de la inteligencia y del poder).

(5) Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. (Esta condición es sin ecuanom y no ha finalizado. Todavía sigue vigente y en pleno cumplimiento. Dios es bueno, pero también es justo y jamás transgredí sus propias leyes.)

Hay dos requisitos que están mucho más que claros aquí. El primero de ellos es el que nos consigna que todo eso es posible si oyes Su Voz, no de otro modo. Y el segundo, es todavía más concreto y preciso: si guardas Su Pacto. Si no lo guardas, esto no es válido para ti.

Toda profecía siempre es condicional. Hay mucha gente que está sentada por allí esperando que se le cumpla una palabra profética que le dieron allá por 1970. Mucho me temo que si no comprenden como funciona esto, seguirán sentados allí hasta que el Señor se los lleve definitivamente. ¡Y sin ver el cumplimiento de lo profetizado!

Porque cuando la voz de Dios se encuentra con la voluntad del hombre, esta voluntad, inexorablemente, tiene que alinearse con la voz de Dios. De lo contrario, automáticamente se anula la profecía. Tú tienes libre albedrío, Dios jamás te obligará a hacer nada que no quieras.

Conclusión: ¿Tienes en tu vida una palabra profética? Di amén y luego sal a buscarla si es que la has creído y aceptado. A mí me profetizaron hace más de quince años que mi voz sería oída en todas las naciones. Y eso en un tiempo donde a mí no me oían ni en mi propia iglesia pequeña.

Yo tomé esa palabra, la acepté, la creí pero hice lo que aquí se nos enseña que debemos hacer: comencé a ponerla por obra. Si no hubiera estado en esa emisora de radio, cada semana, grabando un estudio, y luego no hubiera abierto mi página Web, jamás se hubiera cumplido. Hoy mi voz sí se oye en todas las naciones y es, definitivamente, para la gloria de Dios.

Pongamos las cosas en su debido sitio y espacio y entendamos: las profecías mesiánicas ocurren con o sin tu ayuda, eso es más que claro. Pero cuando la profecía tiene que ver con una generación, con una familia o contigo personalmente, siempre es condicional.

Condicional pero, entiende bien, aunque esa condición impuesta no se vea a simple vista. Siempre hay un: “Si haces esto, yo hago aquello”. Cada pequeño pajarillo tiene en alguna parte una lombriz para saciar su apetito, pero salvo cuando es pequeñín y aún no vuela, nadie se la trae al nido: tiene que salir a buscarla todos los días. Esto es igual.

 (6) Vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.

Esta profecía se cumple en Pedro, donde dice: Vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, son las tres cosas que le prometió a Israel. Pero Israel abortó la promesa porque no oyó la voz de Dios.

Ellos le dijeron a Moisés: ¡No queremos oír su voz! ¡Sube tú al monte, habla con él, ve lo que quiere decirnos y después ven y habla con nosotros! ¡Sube allá Moisés, oye lo que tú creas que es la voz de Dios y luego, el domingo, nos armas un mensajito, ¿Sí?

Así rompieron el primer requisito. El segundo, hablaba de guardar Su pacto. Desde el capítulo 32 y hasta el 34, vemos que Moisés quiebra las tablas del pacto mostrando externamente lo que ya había hecho internamente.

No oyeron su voz, no guardaron el pacto. La profecía, entonces, se trasladó a nosotros. Reyes y Sacerdotes. En el orden levítico, tú eras una sola cosa. O eras rey, o eras sacerdote; nunca las dos cosas. Según el orden de Melquisedec, eterno, celestial, no legalista, tú tienes contacto con Dios y Su promesa. Tú eres las dos cosas.

Pero también esto tiene ciertas condiciones. No se trata de que el domingo tú entras al templo de tu congregación y empiezas a saludar alegremente a cada uno de los que allí está sentado en los bancos, pensando que estás saludando a un rey y a un sacerdote en cada caso porque no es así.

Y la condición que tiene está bien clara en este texto, lo que no quiere decir que siempre se nos haya enseñado con el principal método de enseñanza que es el ejemplo visible y concreto: la condición es ser gente santa. ¿Sabes lo que significa ser santo? Será bueno que lo sepas.

Según la revelación bíblica, la santidad es una cualidad fundamental de Dios y de Su Espíritu, una virtud indispensable de todo verdadero creyente y un atributo de ciertos lugares, objetos, fechas, días y acciones.

El término hebreo KADOSH significa puro, física, ritual y, especialmente, moral y espiritualmente. En ocasiones se debe traducir “separado”, puesto aparte, consagrado. Ciertos autores presentan con demasiada exclusividad el concepto de separación, pero sí es cierto que la pureza consiste en estar separado de toda contaminación de todo pecado.

Cuando Isaías oyó a los serafines proclamar ¡Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos!, Isaías clamó: ¡Ay de mí!, que soy muerto, porque siendo hombre de labios inmundos, han visto mis ojos al Rey. Dice Isaías 6. Entonces fue su iniquidad quitada y expiado su pecado.

Aquí tenemos con bastante claridad expresada la purificación correcta para ser santo. Los levitas se santificaban ellos en primer lugar para, de ese modo, poder purificar la casa de Jehová. Se3r santo, obviamente, es lo opuesto a estar contaminado.

En el Nuevo Testamento se emplea el término HAGIOS que también en ocasiones significa Separado, consagrado, puesto aparte, pero con mayor frecuencia “puro”. Ser santo es ser sin mancha ni arruga ni cosa semejante.

En 1 Corintios 7: 1 se lee: Limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios. Si en ocasiones se trata, en el Antiguo Testamento, de cuestiones de santidad especialmente ritual, tenemos en ello sombras que se desarrollan en enseñanzas de unos principios de santidad profundamente espiritual y moral.

En la santidad ritual del Antiguo Testamento se hallan objetos santos, lugares santos, moradas santas, ciudades santas, vestiduras santas, pero, de una manera muy especial, el Tabernáculo y el Templo con todo lo que servía para el culto.

Nuestra santidad está estrechamente relacionada con la de Dios. Dice en Levíticos que: Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos. Si este pasaje menciona la separación, también todo el capítulo habla de pureza de conducta.

En cuanto a la santidad de Dios, la Biblia declara lo siguiente: La santidad de Dios es Su cualidad absoluta y fundamental. Su pureza absoluta, inmaculada, manifiesta Su gloria deslumbrante y eterna. Hay dos textos que lo reflejan con claridad.

(Isaías 6:3; 57:15) = Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria»

(Salmo 99:5; 103:1)= Esta santidad nos impulsa a la adoración: ¡Exaltad a Jehová nuestro Dios, y postraos ante el estrado de sus pies; él es santo!

La santidad de Dios se manifiesta a la vez en Su justicia y en Su amor. Su justicia lo obliga a castigar al pecador, pero es inseparable de Su amor, que desea salvarlo. Una justicia sin amor no sería santa, como no lo es la justicia implacable de un tribunal humano y secular.

Pero un amor sin justicia tampoco es santo; no lo es el amor sin severidad de una madre débil. El arca del pacto ilustra muy bien esto: el propiciatorio, la cubierta de oro en la que se hacía la aspersión de sangre expiatoria, simboliza la gracia y amor de Dios; pero debajo de este propiciatorio se conservaba el rollo de la Ley, que representaba la justicia de Dios que perdona.

Porque el objetivo de Dios al perdonar es el restablecimiento del orden moral. Esta es la esencia de la santidad, sobre la que velaban simbólicamente los dos querubines de oro. Son numerosos los pasajes bíblicos que asocian estrechamente la justicia y el amor de Dios, estando siempre sobreentendida la noción de la santidad, al menos en el contexto.

Los términos utilizados son, en ocasiones, fidelidad y bondad, ira y misericordia, castigo y gracia. El Decálogo afirma que Dios castiga la iniquidad, pero también que muestra misericordia. El señor reprocha a los fariseos que descuiden la justicia y el amor de Dios. Pablo, por su parte, afirma que la gracia reina por la justicia y que el cumplimiento de la ley es el amor.

La santidad de Dios, de la que depende la nuestra, es así en realidad una combinación de una justicia o pureza absoluta con un infinito amor. Ello nos lleva a constatar que la suprema manifestación de la santidad de Dios viene a ser la muerte expiatoria de Su Hijo.

La cruz del Calvario, es la sublime expresión de la unidad manifestada entre Su severa justicia y su amor redentor. En cuanto a la importancia de la santidad del creyente, es menester recordar que cristo volverá para ser glorificado en sus santos.

UN ARMA QUE TODAVÍA FUNCIONA

Tenemos un concepto de eternidad del cual hablamos, enseñamos y hasta predicamos, pero en el cual no siempre podemos creer como deberíamos creer, ya que no lo entendemos. Es un aspecto más de los tantos en que andamos más hablando de haciendo.

Entre el cielo, que no es un lugar geográfico sino un ámbito espiritual y nuestra vida, hay un velo que se llama muerte que no siempre nos permite acercarnos a esa dimensión eterna. Cristo rasgó ese velo: pasó a través de él, le quitó todo poder y autoridad y te lo dejó a tu disposición para que tú no tengas miedo. No olvides que el miedo es el arma que todavía mejor le funciona a Satanás.

(Hebreos 2: 14)= Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, el diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.

Tranquilamente puedes notar con claridad que, lo que realmente está frenando al hombre, es el temor a la muerte. Ahora bien; si tú no le tienes miedo a la muerte, entonces ya no hay nada en la tierra que te limite. ¿Lo estás viendo?

Porque si eso sucede, tú ya no estás cautivo. Si pudiéramos entender que en Dios no hay muerte, ya no seríamos cautivos del enemigo. Porque el enemigo, lo que utiliza, es la ilusión, el mundo fantástico, es como si tú estuvieras en un desierto y de pronto te crees que has visto un mar.

Satanás y sus demonios son expertos creadores de espejismos. Pero recuerda, precisamente, el principio básico psíquico que hace ver un espejismo de aguas a un caminante sediento del desierto: su propia desesperación y falta de serenidad. Aquí ocurre exactamente lo mismo. Por miedo a que ese espejismo sea algo real, vives cautivo toda tu vida.

No existe la muerte. Somos eternos. Si tú eres consciente de esto, nada te detiene en la tierra. Porque, veamos: ¿Qué demonio podría detener a un hombre que ya está muerto? El que sufre cuando tú te mueres, es tu vecino. Dios no sufre y tú tampoco, porque tú sigues viviendo.

Lo que vas a abandonar, en todo caso, en ese instante tan importante, es tu caparazón, Ese caparazón que llevamos puesto desde el momento mismo de nuestro nacimiento. Pero estar ausentes del cuerpo es estar presentes con Él. No dejas de existir, al contrario; te sientes más libre. Ahora tienes mayor libertad de expresión porque ya no estás atado a un cuerpo.

Entonces, el que sufre es el vecino. Y si por allí tu vecino sabe y entiende adonde te has ido, tampoco sufre el vecino. El tema es cuando tú te mueres y estás sin Dios; entonces sí que tienes un problema.

Porque el tan remanido y ultra trillado infierno, independientemente de todos los sesudos estudios que los teólogos puedan haber realizado al respecto es, preponderantemente, eternidad sin Dios. Y a eso nadie lo ha experimentado, porque aún  cuando éramos pecadores, Dios estaba allí.

Pero en el infierno Dios no existe y ese es el máximo tormento eterno. Dice que desearías morir, pero el problema es que tú eres eterno. Salvo o no salvo, el hombre es eterno. El problema no es tanto como vive este pequeño tiempo llamado vida terrenal, el problema es adonde decides tú pasar tu eternidad.

Dice la carta a los Hebreos que por temor a la muerte, estuvimos cautivos durante todo el tiempo que tuvimos cuerpo. El orden de Melquisedec es un orden que nos trae a una dimensión donde, estando en el cuerpo, no somos limitados por el cuerpo.

A este punto quería llegar para poder mostrarte con toda claridad y argumentos sólidos que este es el sacerdocio que Dios siempre quiso tener. No importa si tuvo que introducir otro porque en su momento nadie quiso oír su voz, eso fue sólo temporal.

Este ya es el tiempo del sacerdocio según el orden de Melquisedec, aunque todavía en muchos, demasiados casos, la iglesia sigue operando, en este tiempo, como si todavía no quisieran oír su voz, desarrollando ritos, sacerdocios y divisiones entre laicos y ministros que Dios aborrece.

No se trata solamente de un mero reino de sacerdotes. Porque si son sólo sacerdotes, no pueden ser gubernamentales. Entonces dirán algo así como: “Dios mío… Si fuese tu voluntad… Aleluya, mi alma te alaba…”

Nadie dice que decir eso esté mal, no. Un sacerdote puede decirlo porque así es el espíritu del sacerdocio, pero no tiene disposición ni autoridad gubernamental, no decreta. Esa es una oración civil, no la de un gobierno militante. Y en tiempos de guerra, las oraciones civiles te mantienen cautivo.

Ha sido dicho con bastante claridad que, el sacerdocio según el orden de Melquisedec, es un sacerdocio relativo a todos los tiempos, pero sólo leal a la eternidad, ¿No es así? Bien; no importa como cambiaran los tiempos para Cristo o para su cuerpo, él se mantiene relativo y adaptado a cualquier tiempo, pero sin adherirse ideológica o doctrinalmente a ninguno.

Es un sacerdocio relativo al tiempo de Pentecostés, al mover carismático, al mover de la fe, al tiempo del Reino, al tiempo apostólico, pero fiel a ninguno de ellos en particular. Y no menciono el movimiento de la prosperidad porque no hay sacerdocio real que pueda avalarlo sin correr serios riesgos.

Si por alguna de esas grandes “casualidades”, mañana Dios hablara algo que es superior a cualquiera de estas cosas y la palabra lo confirmara con claridad, tú serás fiel a eso. Porque el orden de Melquisedec está por encima del apostolado de la iglesia, ¿Se entiende lo que estoy diciendo?

Quiero decir que, el menor en ese orden, el más pequeño e insignificante, es indefectiblemente mayor que el máximo apóstol de la iglesia. Esto es algo que no es exclusivo para líderes. Ese tiempo terminó.  Dentro de este nuevo orden, esto es algo que debe asumir la iglesia en el tiempo que estamos viviendo.

¿Sabías tú, por ventura, que la mayor parte de lo que conocemos como la iglesia, está tan confundida en este asunto que prácticamente no parece tener destino? Porque de momento que no entendieron lo esencial, podría asegurarte que sólo existen, no viven.

Estamos todos los domingos en un mismo lugar, haciendo las mismas cosas sin experimentar nada de lo que hablamos permanentemente y esperando inútilmente algo que no va a suceder. Entramos y salimos de los templos como en el tiempo de Zacarías. ¡Y Dios no estaba allí!

Porque no, no había Dios. Dios había decidido irse y se había ido. Pero ellos seguían entrando y saliendo de los templos y comportándose con solemnidades hipócritas como si Dios verdaderamente estuviera presente en ese lugar.

Ellos llevaban incienso, pero ya no había arca. Y si no había arca, obvio, no había presencia. El arca es mucho más que el símbolo de Dios. El arca representa al gobierno de Dios. Una iglesia sin arca e suna iglesia sin gobierno. Y de esas, hay miles y miles por allí…

  (Génesis 14: 1)= Aconteció en los días de Amrafel rey de Sinar, Arioc rey de Elasar, Quedorlaomer rey de Elam, y Tidal rey de Goim, que estos hicieron guerra contra Bara rey de Sodoma, contra Birsa rey de Gomorra, contra Sinab rey de Adma, contra Semeber rey de Zeboim, y contra el rey de Bela, la cual es Zoar.

(Verso 3)= Todos estos se juntaron en el valle de Sidim, que es el Mar Salado.

(Verso 10)= Y el valle de Sidim estaba lleno de pozos de asfalto; y cuando huyeron el rey de Sodoma y el de Gomorra, algunos cayeron allí; y los demás huyeron al monte.

(11) Y tomaron toda la riqueza de Sodoma y de Gomorra y todas sus provisiones, y se fueron.

(12) Tomaron también a Lot, hijo del hermano de Abraham, (Lot era sobrino de Abraham) que moraba en Sodoma, y sus bienes, y se fueron.

(13) Y vino uno de los que escaparon, y lo anunció a Abram el hebreo, que habitaba en el encinar de Mamre. El amorreo, hermano de ESPOL y hermano de Aner, los cuales eran aliados de Abram.

(14) Oyó Abram que su pariente (En el original dice HERMANO), estaba prisionero, y armó sus criados, y los nacidos en su casa, trescientos dieciocho, y los siguió hasta Dan.

El más que violento altercado que habían protagonizado Abram (Así, sin la “hache” al medio aún), y Lot, no fue en modo alguno un obstáculo para que, llegada esta instancia, Abram considerase como a un hermano a su sobrino y se aprestara a defenderlo con uñas y dientes.

Fíjate que lo último que ellos habían tenido en común, había sido un enorme disgusto mutuo. Pero a la hora crucial de la crisis, eso no le impidió a Abram llamar a Lot “hermano”. Esa es la unción que debe imperar en la iglesia en el marco del orden de Melquisedec.

Con una salvedad que salta a la vista claramente, por supuesto. Abram no tuvo empacho en jugarse la vida para defender a Lot con el cual estaba distanciado. Y lo salvó, lo rescató y le dio un abrazo. Pero no volvió a tejer alianza con él. Una cosa es el amor cristiano y otra la alianza espiritual.

CONDICIONES PARA LA APARICIÓN

Primero: Melquisedec aparece cuando las naciones están buscando liberarse de lo que es la Babilonia antigua. El Sinar, en el capítulo 10 del Génesis, es el nombre dado a Babilonia cuando Nimrod comienza a construir la ciudad.

La historia, a la cual también debemos prestarle atención, aunque no otorgarle la prioridad, dice que Babilonia llevó cautivo a reyes y príncipes. Hoy, hay muchos que parecen ser reyes y príncipes, pero que andan cautivos en iglesias que no tienen estatura espiritual.

Lo que sucede, es que para casi todos nosotros, decir estatura espiritual es igual a decir numerología. Y no estoy hablando de la ciencia de Pitágoras que hoy tiene tantos adeptos, hablo de la numerología eclesiástica, la que tanto valor tiene para pastores y líderes de todo el planeta.

Entonces comenzamos por medir la calidad y la estatura espiritual de una congregación estimando cuan buena es su alabanza y su adoración, esto es: que calidad profesional tiene su banda de músicos estables.

Seguimos con la observación respecto a que famoso predicador invitas a tu púlpito, cuando en realidad tendría que ser todo lo contrario. Porque una visita de prestigio e importancia evangélica no es el punto de referencia correcto de la madurez de un grupo.

Altura espiritual, mi estimado hermano o hermana, es la sustancia básica e íntima de cada creyente, esa que le permite fluir con Dios en niveles de considerable altura. Y todo eso, entiende, aunque sean apenas un grupo de diez o quince y sin música de ninguna clase.

El tiempo en que aparece Melquisedec, es el tiempo en que la gente está huyendo de Babilonia. ¿Lo está haciendo en este tiempo presente? Lo está haciendo, efectivamente. Por más que lo nieguen, lo descalifiquen y hasta lo ridiculicen, eso es exactamente lo que está ocurriendo.

Eso es exactamente lo que identifica este tiempo actual. En toda la tierra hay una gente que está tratando de escaparle al sistema babilónico. ¿Y adónde es que pueden encontrar a ese sistema? Da lo mismo, tanto en el mundo como en la iglesia. Babilonia no hace distinciones, tiene su propia rutina.

Segundo: Hemos visto que el tiempo en que aparece Melquisedec, es el tiempo en que la guerra es encarada a nivel de reyes. Quienes estaban peleando eran los reyes, no los civiles. Y vimos que en el tiempo del orden de Melquisedec, la milicia encarada, aumentada, es promovida a un nivel altamente autorizado, es decir: de alta autoridad.

Los apóstoles estaban peleando por un orden verdadero, en contra del orden paralelo. Hay un orden paralelo al mover apostólico, que usa los mismos títulos y se ayuda con vestimenta externa y con la popularidad terrenal de la iglesia, para atacar a los verdaderos oráculos de Dios.

Porque estos son gente que aún no está reconocida, ni creo que llegue a estarlo alguna vez por las grandes organizaciones. Tal como tampoco lo fueron en toda la Biblia. Apóstoles de Dios peleando en contra de moveres contrarios. ¿Qué es eso? Reyes contra reyes.

En un tiempo como este, nuestra conducta no puede ser una conducta civil. Eso no es decir que no somos gente civil porque sí lo somos, pero nuestra conducta espiritual, nuestra mentalidad, debe aumentar a un nivel militante.

Nuestra adoración no puede ser civil, carismática, amorosa, nuestra oración no puede ser de interés personal o de necesidades propias. Nuestra dádiva ya no puede ser a nivel de limosna civil, tiene que ser a nivel de inversión de reino.

Lo que estoy procurando decirte y que me entiendas, que ya quedaron atrás, muy lejos, aquellos antiguos tiempos de religiones oficiales fundamentadas en la pobreza material como método infalible para llegar más cerca de Dios.

Pero también han quedado sepultadas en el tiempo eclesiástico aquellas doctrinas un poco más aggiornadas que nos hacían creer que, mientras más dinero arrojáramos a los pies de un hombre en una plataforma y un púlpito, más nos recompensaría Dios a nosotros. Es un tiempo de militancia de Reino y aquí no caben confusiones ni cobardías humanas y timoratas.

En Esdras vemos como operan las guerras de reyes y vemos la autoridad que tienen los decretos cuando son hechos gubernamentalmente, y no civilmente. Si una persona cualquiera de nuestra sociedad dice: “Aquí va a pasar tal cosa”, esto tiene un nivel de impacto.

Pero si el intendente (alcalde) es el que dice: “No quiero que se haga tal cosa en mi ciudad”, habrá gente que se va a mover más rápido al oír esa voz que al oír la voz de un civil cualquiera; aunque lo que dijere ese civil, fuera cierto.

Estas no son posiciones externas, son realidades internas. Hay gente con autoridad en el mundo del espíritu que no tiene rango público. Y gente que está en posiciones en la iglesia que no tiene ninguna autoridad espiritual. Esto salta muy visible en liberación.

Porque un demonio, cualquiera sea su nombre, naturaleza y derecho legal a estar o no dentro de una persona, no la va a abandonar porque lo reprenda y lo eche fuera un famoso o prestigioso ministro. Él se va a ir de allí si lo echa fuera alguien con autoridad espiritual.

Por eso es que, cuando en una sesión de liberación, la voz del demonio dice que alguien no puede sacarlo de allí porque no es pastor, lo peor que podríamos hacer es tomarlo como verdad doctrinaria. Es una mentira más del diablo que, lo que desea, es que nadie con real autoridad divina lo moleste.

En Esdras hay una historia sobre esto. Están tratando de reconstruir el templo y de repente los demonios quieren saber quien les dio permiso para construir. Y entonces comienzan a buscar  e indagar los libros de Crónicas a ver qué rey decretó que se podía.

Y podemos ver en Esdras que los demonios dicen: “Bueno, si el rey Fulano de Tal lo dijo, no lo toques; deja que sigan construyendo.” Es decir que: los demonios, respetan los decretos gubernamentales.

Esto, pasado en limpio y apto para este siglo, significa que: si tú eres nada en tu congregación, ni siquiera te ponen de ujier, pero una noche se manifiesta un endemoniado y Dios, (Dios, ¿Eh? No tu ego), te manda a plantarte y reprenderlo, por favor, no pierdas tiempo en pedir autorización al pastor, Hazlo y punto. Y luego no te quedes a recibir honras y aplausos, ¿Entiendes?

Esdras, cuyo nombre significa “Dios es ayuda”, era hijo de Seraías y descendiente de Aarón, sacerdote y escriba. Estaba entre los cautivos en Babilonia, y a su petición se le permitió el retorno para visitar Palestina.

Había preparado su corazón para escudriñar la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar a Israel sus estatutos y decretos. Por decreto del rey Artajeries, se dio autoridad a Esdras para reorganizar sobre la base de la ley de Moisés la comunidad judía retornada a Judea y Jerusalén después del exilio babilónico.

En base al anterior decreto se devolvieron también los utensilios del templo y se le entregó a Esdras plata y oro de los tesoros del rey. Se confió a Dios, no pidiendo escolta para el viaje. Reprendió a los retornados al descubrir los numerosos matrimonios de judíos con mujeres paganas, y logrando la anulación de estos.

Doce años más tarde volvió a visitar Jerusalén, enseñando públicamente la Ley, y presidiendo la celebración de la fiesta de los tabernáculos, con un esplendor como no se había conocido desde la época de Josué. Después de esto las Escrituras guardan silencio acerca de Esdras. Josefo dice que murió en Jerusalén a una edad avanzada.

(Esdras 5: 6)= Copia de la carta que Tamai gobernador del otro lado del río, y Setar-Boznai, y sus compañeros los gobernadores que estaban al otro lado del río, enviaron al rey Darío.

(7) Le enviaron carta, y así estaba escrito en ella: al rey Darío toda paz.

(8) Sea notorio al rey, que fuimos a la provincia de Judea, (O mejor, si tú quieres, a la provincia, estado o departamento donde tú vives), a la casa del gran Dios, (Esa iglesia local que, sin gran promoción, insiste en predicar el mensaje presente), la cual se edifica con piedras grandes; y ya los maderos están puestos en las paredes, y la obra se hace de prisa, y prospera en sus manos.

(9) Entonces preguntamos a los ancianos, (Nota que los demonios le preguntan cosas a la gente con autoridad), diciéndoles así: ¿Quién os dio orden para edificar esta casa y para levantar estos muros?

(10) Y también les preguntamos sus nombres para hacértelo saber, (¡Dime como es el nombre de ese para meterlo preso!) para escribirte los nombres de los hombres que estaban a la cabeza de ellos. (¿Quién es tu cobertura? ¿Quién te dio permiso para estar construyendo la iglesia con piedras grandes? Piedras grandes son piedras fundamentales, apostólicas.)

(11) Y nos respondieron diciendo así: nosotros somos siervos del Dios del cielo y de la tierra, y reedificamos la casa que ya muchos años antes había sido edificada, la cual edificó y terminó el gran rey de Israel.

(12) Mas después que nuestros padres provocaron a ira al Dios de los cielos, Él los entregó en manos de Nabucodonosor rey de Babilonia, caldeo, el cual destruyó esta casa y llevó cautivo al pueblo a Babilonia. (Eso es de lo que hemos estado hablando).

(13) Pero en el año primero de Ciro, rey de Babilonia, el mismo rey Ciro dio orden para que esta casa de Dios fuese reedificada. (Te está diciendo; mira; nosotros tenemos permiso porque hubo un decreto gubernamental para hacerlo.)

(14) También los utensilios de oro y de plata de la casa de Dios, que Nabucodonosor había sacado del templo que estaba en Jerusalén y los había llevado al templo de Babilonia, el rey Ciro los sacó del templo de Babilonia y fueron entregados a Sesbasar, a quien había puesto por gobernador.

(15) Y le dijo: toma estos utensilios, ve y llévalos al templo que está en Jerusalén; y sea reedificada la casa de Dios en su lugar.

(16) Entonces este Sesbasar vino y puso los cimientos de la casa de Dios, la cual está en Jerusalén, y desde entonces hasta ahora se edifica, y aún no está concluida.

(17) Y ahora, si al rey le parece bien, búsquese en la casa de los tesoros del rey que está allí en Babilonia, si es así que por el rey Ciro había sido dada la orden para reedificar esta casa de Dios en Jerusalén, y se nos envíe a decir la voluntad del rey sobre esto.

Nota que el asunto específico y concreto, aquí, es: tenemos permiso si hay decreto. Por eso es que te digo que tenemos que edificar, en este tiempo del orden de Melquisedec, con una mentalidad gubernamental.

Ya no alcanzan los ruegos y súplicas sacerdotales, es necesaria la autoridad del rey y que nuestros biznietos tengan permiso para continuar edificando, porque lo que se decretó en los aires, en este tiempo, no fue civil.

Estamos hablando de la verdadera iglesia. No estamos hablando de ir o no ir a la iglesia el domingo. La iglesia de la cual hablamos no tiene nada que ver con púlpitos o bancos. Está por encima de toda esa cosa de ritualismos.

A LA HORA DE LOS DECRETOS

Hay gente que no puede ni siquiera imaginar iglesia sin banco, iglesia sin púlpito, iglesia sin pastor, iglesia sin anuncios, iglesia sin ofrenda. Está bien, es lo que se nos ha enseñado por años y es casi justo que sigamos pensando así, pero recuerda la iglesia primitiva y dime: ¿Había algo así en aquel tiempo? ¡Por Dios! ¿Qué nos hicieron?

Si fuera como tendría que ser, ni bancos tendríamos que tener. Pero no estamos preparados todavía para eso; si tú sacas los bancos, para mucha gente se termina la iglesia. Todo el mundo se enoja y se va para su casa. Y después se va para otro templo donde haya bancos. ¿Palabra? ¿Unción? ¿Fe? ¡No importa! ¡Con  que haya bancos y un poco de rituales para el domingo, me basta!

(6: 1)= Entonces el rey Darío dio la orden de buscar en la casa de los archivos, donde guardaban los tesoros allí en Babilonia.

(2) Y fue hallado en Acmeta, en el palacio que está en la provincia de Media, un libro en el cual estaba escrito así: memoria: en el año primero del rey Ciro, el mismo rey Ciro dio orden acerca de la casa de Dios, la cual estaba en Jerusalén, para que fuese la casa reedificada como lugar para ofrecer sacrificios, y que sus paredes fuesen firmes; su altura de sesenta codos su anchura; y tres hileras de piedras grandes, y una de madera nueva, y que el gasto sea pagado por el tesoro del rey.

(Verso 5)= Y también los utensilios de oro y de plata de la casa de Dios, los cuales Nabucodonosor sacó del templo que estaba en Jerusalén y los pasó a Babilonia, sean devueltos y vayan a su lugar, al templo que está en Jerusalén, y sean puestos en la casa de Dios.

(6) Ahora, pues, Tatnai gobernador del otro lado del río, Setarboznai, y vuestros compañeros los gobernadores que estáis al otro lado del río, alejaos de allí.

(7) Dejad que se haga la obra de esa casa de Dios; que el gobernador de los judíos y sus ancianos reedifiquen esa casa de Dios en su lugar.

(8) Y por mí es dada orden de lo que habéis de hacer con esos ancianos de los judíos, para reedificar esa casa de Dios; que de la hacienda del rey, que tiene del tributo del otro lado del río, sean dados puntualmente a esos varones los gastos, para que no cese la obra.

Escucha: no solamente que les dijo que los dejara quietos, sino que también les ordenó financiarla. Es así. Los decretos tienen una particularidad visible: definen quien tiene derechos y quien no los tiene. Un decreto no es una ocurrencia, es legislación gubernamental.

Cuando alguien está ocupando una plataforma, un púlpito, y se sale de lo conocido para levantarse en palabras de revelación, deja de ser un hombre que habla por hablar. Inmediatamente pasa a ser un mensajero de Dios que decreta y sostiene la autoridad de tal.

Presta atención y verás que él lo está diciendo acá, pero empieza a haber problemas allá. Nadie puede explicar muy bien la razón, el motivo, la causa, pero que es así es así, no tengas dudas. Melquisedec, mi hermano, hermana, no es un sacerdocio débil. Es un sacerdocio de gobierno y de autoridad. Dicho con mayor claridad: es un Real sacerdocio.

Cristo, fíjate, imitó eso, porque Él vino precisamente según el orden de Melquisedec. Y cedió su vida, como primogénito, entre muchos hermanos de la misma orden. Porque no nos engañemos: había otros conforme a la ausencia de genealogía, padres conocidos, etc. Pero fue Él.

Y como de esta actitud, de este hecho o suceso es que luego llegaremos a estos tiempos y a estos que hoy llamamos ministros, no lo sabemos, pero gracias a Dios el sello fue quebrado y por fin estamos entendiendo lo que verdaderamente es un ministro conforme al propósito y voluntad de Dios.

Si yo consulto un diccionario bíblico de buen nivel y le consulto que cosa es un ministro, seguramente va a responderme que aquel que está a cargo de un ministerio. Entonces tendremos que ver que cosa es un ministerio para poder ubicarnos donde corresponde.

Un ministerio es, lisa y llanamente, el acto de ministrar o servir. En hebreo, el que sirve es denominado con el término EBED, que implica un servicio voluntario u obligatorio, y designa a todos aquellos que tienen que servir; el prisionero de guerra, el esclavo comprado, el funcionario privilegiado de un soberano, y también el adorador de Jehová.

Los orientales se consideran servidores de un superior, o de Dios. En hebreo se aplica asimismo el término de servidor a un pueblo vencido y sometido a tributo. Dios da el nombre de ministros o servidores a aquellos que lo adoran.

Un caso especial es el de José, que siendo esclavo, servía a su dueño, el cual le había confiado la administración de sus bienes. Abisag es otro ejemplo, ya que ocupaba un puesto de honor en su servicio a David.

Josué acompañó a Moisés, cuidándose del primer tabernáculo, sucediéndole después en el caudillaje de Israel. Eliseo era el ayudante de Elías, vertiendo agua en sus manos, y vino a ser profeta a su vez. El ministro de la sinagoga ayudaba a los que enseñaban.

Los discípulos recibían las instrucciones de Cristo y vinieron a ser los ministros o servidores del evangelio. Juan-marcos fue el ayudante de Pablo y de Bernabé durante una parte de su primer viaje misionero. Cristo también recibe el nombre de ministro al ser sumo sacerdote celestial.

En suma, ministros son aquellos que, estando al servicio de alguien, lo representan y asumen el cuidado de sus intereses. Primitivamente este término no designaba a un servidor de los pobres, sino más bien a un magistrado.

Ahora bien; luego de haber visto todo esto, retornamos a la Biblia y vemos que ella nos dice que todos somos ministros competentes. ¿Todos? Todos. No es que hay unos acá y otros más allá. Dice todos y eso significa precisamente lo que terminas de leer: Todos.

Lo que queremos es un Reino de Reyes y Sacerdotes que ministren a las naciones con amor. Pero no con ese amor romántico, femenino, apto para las novelas rosa y las historias lacrimógenas. Estoy hablando de un amor gubernamental, gobierno de sacrificio personal y ministración con autoridad.

Escucha: cuando tú no tienes autoridad, ni los niños te respetan. ¿Entiendes lo que estoy intentando decirte? Pregunto: ¿Cuántos padres o madres pueden reconvenir o regañar a sus hijos sin gritarles?

La autoridad, (Y a esto vas a tener que entenderlo bien para no volver a confundirte más en tu vida); jamás dependerá del volumen de tu voz. Es más: la verdadera autoridad, muy pocas veces tiene demasiado volumen.

Porque tú le hablas al niño con serenidad y calma y ese niño sabe muy bien que tú eres serio en lo que dices y jamás se le ocurrirá ir en contra de eso. Pero si llega a detectar que un “no2 tuyo puede convertirse en “si”, te ata a su dedito más pequeño y, con ese dedito, te manipula a su antojo.

Tercero: aparecen los días en donde las lealtades de pacto o de alianza están siendo redefinidas o reafirmadas. Recuerda que Abraham tuvo una guerra muy fuerte con Lot. Tan fuerte fue que, aún siendo familiares, se separaron.

Dice que Lot vio el Edén en Sodoma y Gomorra. Un hombre con poco o muy escaso discernimiento espiritual, porque para ver el Edén en Sodoma y Gomorra, hay que tener una visión muy loca. Pero eso fue lo que él vio y allá fue a parar en el capítulo13 del Génesis.

En el capítulo 14, el siguiente, Abraham, cuando se entera que hay una guerra y que Lot está cautivo, no se comporta ni opera como un ser humano común y corriente. Porque cualquier ser humano común y corriente hubiera dicho: ¿Viste? ¡Te lo dije!

¡Eso te pasa por ser un terco, porfiado y mula e insistir que venirte para acá era bueno! ¡Te hubieras quedado conmigo y no te hubiera sucedido esto! ¿Y ahora que vas a hacer, eh? ¿Qué vas a hacer? Sí, esa hubiese sido una reacción muy civil, normal y lógica.

Estaba Lot cautivo, y entonces lo primer que dice Abraham es que no puede dejar a su hermano prisionero. En primer término, debo aclararte, aunque seguramente lo sabes muy bien, que Lot no era su hermano, era su sobrino.

Entonces Abraham tiene que discernir, en su corazón, el valor de un justo. Recuerda que cuando vienen los ángeles, Abraham les dice: si hubiera cinco justos en Gomorra… ¡Bueno! Que se haya equivocado es otra cosa, ¡Pero un justo, es un hermano de la iglesia!

Que Lot sea un terco y se lo merezca, es otra cosa. ¡Pero un justo, es un hermano de la iglesia! ¡No es un mundano! Fue a parar allí porque le faltó discernimiento, porque no se quiso someter a Dios, porque es un poco más rebelde que los demás, todo eso es cierto. ¡Pero es un justo!

El concepto de considerar a Lot su hermano, tuvo que ser resuelto en el corazón de Abraham, antes de rescatarlo. Él no le llamó hermano después que tuvo la victoria. Él tuvo que considerar que era su hermano para tener fuerzas para ir a salvarlo.

Estamos hablando de un hombre que no es un hombre de guerra. Porque Abraham no era un hombre de guerra, a eso creo que lo tienes claro de la misma lectura de los libros. Pero sin embargo, pese a ello, se va a meter con estos reyes que acaban de destrozar a esos otros cinco reyes.

Y Abraham ahora, con esos dos o tres siervos que trae, se va a meter con ellos para defender a un sobrino con el cual estaba peleado. ¿Cómo se puede entender esto? ¿Hay alguna manera más o menos coherente de verlo? No.

Porque ese sobrino no se merecía absolutamente nada de él, y él jamás lo hubiera hecho por eso, seguramente. ¿Entonces? Entonces Abraham lo tuvo que elevar primero en su corazón, a la posición de un hermano, para recién entonces decidir que lo iba a rescatar.

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Supervisando la Salida

Es demasiado lo que hoy se habla respecto a tener o no tener comunión con Dios. Algunos, han interpretado esto solamente hasta el límite de alguna actitud ritual periódica, mientras que otros, lo han hecho reduciéndolo a una pequeña oración diaria, generalmente pre-concebida a la que llaman devocional.

Tú ya sabes perfectamente que esta última palabra, “devocional”, no existe en la Biblia, y que pese a tener la mejor de las voluntades que pueda tenerse, todo eso no va más allá de una acción religiosa aceptada por la iglesia evangélica tradicional como parte activa de su doctrina.

Los patriarcas del Antiguo Testamento, tenían una comunión con Dios sustentada en una tienda, una intimidad, un conocimiento, una relación personal. Cuando tú lees en la Biblia que la nube de Dios venía sobre el tabernáculo, era exactamente sobre la tienda de Moisés que venía.

Y allí era donde se daba una conjunción que aún hoy, en lo simbólico y tipológico, todavía se está consumando. Porque era cuando Moisés se movía que Dios también se movía. No era lo inverso, que Dios venía y entonces Moisés corría. Era a la inversa.

(Gálatas 3: 5)= Aquel, pues, que os suministra el espíritu, y hace maravillas entre vosotros, ¿Lo hace por las obras de la ley o por el oír con fe?

(6) Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia.

(7) Sabed, por tanto, que los que son de fe, estos son los hijos de Abraham.

(8) Y la escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dijo de antemano la buena nueva (El evangelio) a Abraham, diciendo: en ti serán benditas todas las naciones.

Fíjate que el Nuevo Testamento no empieza en el evangelio según Mateo, como normalmente se nos enseña en institutos y seminarios. Porque Nuevo Testamento es Nuevo Pacto, y todo pacto, en la Biblia, siempre comienza con la sangre.

Y en los relatos insertados en el sector que nosotros conocemos como Nuevo Testamento, no hay sangre, no hay pacto, sino hasta la cruz de Cristo. Entonces es allí, donde está el relato de la cruz y sus padecimientos, donde realmente comienza el Nuevo Pacto, no antes.

El evangelio de Mateo, completo, se considera como Nuevo Testamento conforme a la distribución de los libros en la Biblia, pero en los hechos concretos, es más que notorio y visible que la realidad es otra.

Muchos creen que nosotros, cristianos de muy lejos de los lugares sagrados, somos una consecuencia del rechazo de los judíos, pero no es así. Era siempre la mentalidad de Dios que los gentiles fueran parte de la iglesia. Se estimaba desde antes de la fundación del mundo.

Él sabía que esto que estaba buscando existía. No estamos hablando, – Lo reitero una vez más -, de obras externas, sino de sustancias internas. Un ministerio, un sacerdocio relativo, pero comprometido y leal a lo eterno. Que imparte la ley con un estilo de vida que es relevante y relativo a la ley que predica.

Tú no puedes ministrar dentro del orden levítico, (Es decir con ritos, reglas, estatutos internos de cada congregación), y ministrar al mismo tiempo la era de la Gracia, que es según Cristo, sumo sacerdote según el orden de Melquisedec, que es orden eterno.

Más allá de todo lo que tú y yo podamos consensuar y coincidir, hay ciertas y determinadas condiciones que deben prevalecer en la iglesia para que se pueda formar una mentalidad que tenga que ver con este nuevo orden puesto en marcha.

(Génesis 13: 1)= Subió, pues, Abraham de Egipto hacia el Neguev, él y su mujer, con todo lo que tenía, y con él Lot.

(2) Y Abram era riquísimo en ganado, en plata y en oro.

(3) Y volvió por sus jornadas desde el Neguev hacia Bet-El, hasta el lugar donde había estado antes su tienda entre Bet-El y Hai, el lugar del altar que había hecho allí antes; e invocó allí Abram el nombre de Jehová. (Y todos conocemos la historia).

(7) Y hubo contienda entre los pastores del ganado de Abram y los pastores del ganado de Lot; (¡tenían tanto que no cabían juntos!) y el cananeo y el ferezeo habitaban entonces en la tierra. (Cabe aclarar que la palabra CONTIENDA, en este pasaje, no implica una simple discusión verbal: hubo una pelea grandísima entre los pastores.)

(10) y ALZÓ Lot sus ojos y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella era de riego, como el huerto de Jehová, como la tierra de Egipto en la dirección de Zoar, antes que destruyese Jehová a Sodoma y a Gomorra.

Es indudable; hay algo en Lot que es engañador, que produce una decepción, que puede mirar a Gomorra y ver el Edén de Dios. Hay ciertas cosas en la gente que hacen que vean el edén de Dios en una Sodoma o Gomorra. Es decir: aquello que gobierna en su corazón es lo que gobierna en el corazón de Lot.

Esto es, exacta y puntualmente, lo que interfiere en tu habilidad de discernimiento. No te deja discernir correctamente el deseo de tu corazón. Si el deseo de tu corazón es mejorarte tú mismo, a veces ves lo que crees es el plan de Dios como plan de Dios y no es otra cosa que otra idea tuya buscando bendición.

Por eso es que se da esta situación tan curiosa y tan incomprensible a todas luces en este relato. ¿Qué es lo que hace Lot? Mira hacia arriba. ¿Hacia arriba? Sí, y allí es donde cree ver toda la gloria de Sodoma y de Gomorra y dice: Es como el huerto de Dios… ¡Todo lo contrario!

(14) Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: (Nota que Dios habla después que los Lot se separan de tu vida, no antes. Dios no te habla nada que tenga que ver con tu propósito eterno hasta que tu Lot se separa de tu vida: sea interno, sea mental, sea tu amiguito, tu pastor o tu ministerio preferido.) Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente.

(15) Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre.

(16) Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada.

(17) Levántate, ve por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti te la daré.

(18) Abram, pues, removiendo su tienda, vino y moró en el encinar de Mamre, que está en Hebrón, y edificó allí altar a Jehová.

Recuerda que lo que estamos buscando aquí, son las condiciones que prevalecen cuando aparece este nuevo orden sacerdotal, el de Melquisedec. Se acaba de separar Lot, porque tenía en su corazón algunas cosas carnales. Lot significa “conflicto” y “atraso”

UN Espíritu Guerrero

La historia de Lot nos enseña que su nombre significaba “escondido, de color oscuro”. Era hijo de Harán, el hermano de Abraham; acompañó a su tío desde Mesopotamia a Canáan y con él fue luego a Egipto, aunque más tarde retornó.

Dueños de grandes rebaños, los pastores de ambos empezaron a querellarse. Abraham le aconsejó que sería mejor tomar rumbos separados y lo invitó a que eligiera los pastos que quisiera. Egoístamente, Lot eligió el fértil valle del Jordán, y fue plantando sus tiendas más y más cerca de Sodoma, hasta que finalmente pasó a residir allí.

No tuvo en cuenta para nada el carácter tan singular de sus moradores ni las consecuencias que su ejemplo podrían tener en su propia familia. Sin embargo, por el Nuevo Testamento sabemos que se mantuvo personalmente íntegro, afligiéndose por la perversidad de ellos.

Durante la campaña de Quedorlaomer y de sus aliados, Lot fue hecho prisionero. Debió su liberación al valor y la habilidad de Abraham. Dos ángeles, enviados a Sodoma, advirtieron a Lot que la ciudad iba a ser aniquilada.

La actitud del populacho con respecto a los extranjeros reveló hasta que punto merecía aquel castigo. Lot escapó de la destrucción con sus dos hijas. En la huida, su mujer al volverse a mirar la ciudad, fue atrapada en el diluvio de fuego y sal.

La advertencia que hay en Lucas nos deja entrever que fue su aferramiento a sus posesiones terrenas lo que le hizo perder su posibilidad de salvación. Los dos yernos de Lot se quedaron en Sodoma y murieron.

 Poco tiempo después y bajo la influencia nefasta del vino, Lot cometió incesto con sus dos hijas, viniendo a ser con ello padre de Moab y de Ben-ammi, que tuvieron como descendientes a los moabitas y a los amonitas, respectivamente.

. (14: 1)= Aconteció en los días de Amrafel rey de Sinar, Anoc rey de Elasar, Quedorlaomer rey de Elam, y Tidal rey de Goim, que estos hicieron guerra contra Bera rey de Sodoma, contra Birsa rey de Gomorra, contra SINAB rey de Adma, contra Semeber rey de Zeboim, y contra el rey de Bela, la cual es Zoar.

Aquí estamos viendo a cuatro reyes militando en contra de cinco reyes. Quiero que recuerdes, (Porque tiene importancia), que todavía no existía ningún grupo que se llamara Israel, ya que este es el tiempo de Abraham.

Antes que Israel existiera, tratando de poseer Hebrón, Abraham moraba en él. El orden del sacerdocio del que estamos hablando no tiene que conseguir lo que la iglesia está tratando de conseguir, sino que entiende que ya lo tiene.

Es interesante, para poder entender la labor de Abraham y su significación en la tipología o el símbolo de la historia, conocer algo más de este lugar llamado Hebrón. En principio, el significado de su nombre, que es nada menos que “Unión, Liga”.

Era una ciudad del montañoso país de Judá. Se llamaba originalmente Quiriat-arba (Que significa “ciudad cuádruple, o Tetrápolis). Fue edificada siete años antes que Zoan-Tanis, ciudad de Egipto, existía, pues, antes que Abraham, quien residió un tiempo en las proximidades de Hebrón en el encinar de Mamre.

Allí fue, precisamente, donde murió Sara. Abraham compró la cueva de Macpela a los heteos que había entonces en Hebrón para sepulcro. La actual mezquita de Hebrón está construida sobre dicha cueva, que con toda verosimilitud contiene todavía los restos de varios patriarcas.

Dice la historia que también Isaac y Jacob vivieron durante cierto tiempo en Hebrón, mientras que en otro texto, se cuenta que los doce espías que exploraron el país, aparentemente descubrieron que había anaceos entre sus moradores.

Hoham rey de Hebrón fue uno de los aliados de Adonisedec rey de Jerusalén, y vencido junto con los otros cuatro reyes coligados, hecho preso y ejecutado. Josué y sus tropas se apoderaron de Hebrón destruyéndola completamente y dando muerte a todos sus habitantes, que estaban bajo anatema.

Después de esta primera expedición de Josué, es evidente que los moradores supervivientes volvieron a construir y fortificar la ciudad. Caleb reivindicó este distrito, y después de la muerte de Josué, Caleb reconquistó la ciudad.

Hebrón, asimismo, que era una capital de distrito fue asignada a los sacerdotes y pasó a ser una ciudad de refugio. David envió allí una parte del botín conseguido en Siclag y Hebrón vino a ser su capital durante los primeros siete años de su reinado.

Absalón proclamó desde allí su rebelión contra su propio padre David. Roboam fortificó sus muros. Durante el cautiverio, Hebrón cayó en manos de los edomitas, que ocuparon el sur de Judá, y Judas Macabeo reconquistó esta y otras ciudades. Para entonces, Hebrón era una fortaleza dotada de torres, y dominaba las otras ciudades.

En el Nuevo Testamento no se hace mención de Hebrón. La ciudad fue arrasada por los romanos en el año 69 d.C. Fue reconstruida, y los árabes la llaman el-Halil. Al finalizar la dominación británica de Palestino en 1948, Transjordania ocupó militarmente los territorios correspondientes a Judea y samaria, incluyendo Hebrón, anexionándolos. En la Guerra de los Seis Días, en junio de 1967, Israel recuperó estos territorios, que actualmente administra sin haber efectuado una anexión formal de los mismos.

 (Verso 5)= Y en el año decimocuarto vino Quedorlaomer, y los reyes que estaban de su parte, y derrotaron a los refritas en Astarot Kamaim, a los zuzitas en Ham, a los emitas en Save-Quinataim, y a los horeos en el monte de Seir, hasta la llanura de paran, que está junto al desierto.

(Verso 7)= Y volvieron y vinieron a En-Mispat, que es Cades, y devastaron todo el país de los amalecitas, y también al amorreo que habitaba en Hazezontamar.

(8) Y salieron el rey de Sodoma, el rey de Gomorra, el rey de Adma, el rey de Zeboim y el rey de Bela, que es Zoar, y ordenaron contra ellos batalla en el valle de Sidim; esto es, contra Quedorlaomer rey de Elam, Tidal rey de Goim, Amrafel rey de Sinar y Arioc rey de Elasar; cuatro reyes contra cinco. (Aquí vemos una guerra entre reyes).

(Verso 14)= Oyó Abraham que su pariente estaba prisionero, (Hay una traducción al español demasiado ligera aquí donde dice PARIENTE, ya que de acuerdo con el original lo que verdaderamente dice allí, es HERMANO. Y esto es importante, porque Lot no era hermano de Abraham. Pero el original dice HERMANO y la versión bíblica en inglés, también) y armó a sus criados, los nacidos en su casa, trescientos dieciocho, y los siguió hasta Dan.

(15) Y cayó sobre ellos de noche, él y sus siervos, y les atacó, y les fue siguiendo hasta Hoba al norte de Damasco.

(16) Y recobró todos los bienes, y también a Lot su pariente (Hermano) y sus bienes, y a las mujeres y demás gente.

(17) Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el valle del rey.

(18) Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo, diciendo: bendito sea Abram del Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abraham los diezmos de todo.

(Verso 21)= Entonces el rey de Sodoma dijo a Abram: dame las personas y toma para ti los bienes.

(22) Y respondió Abram al rey de Sodoma: he alzado mi mano a Jehová Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra, (Fíjate como, el encuentro con Melquisedec, le cambia la manera de hablar a Abram inmediatamente. Ahora está usando las mismas palabras que Melquisedec.)

Observando las condiciones prevalecientes en el tiempo en que aparece este sacerdocio, vemos en primer lugar, algo sumamente importante: gente tratando de liberarse de Babilonia. ¿No es exactamente lo que está sucediendo en este tiempo, aunque muchos aún no entendieron que cosa es Babilonia hoy?

Babilonia es la iglesia falsa, la iglesia paralela a la de Dios, la imitación mediática de algo santo. Babilonia es música, color, bullicio, luces, mensajes elocuentes, dinero, teologías humanistas, científicas, entretenimiento, engaño, fraude. ¿Hay alguna así cerca de tu casa?

También vemos, en el tiempo de la aparición de este nuevo sacerdocio eterno, que hay reyes militando, batallando contra otros reyes. Uno de ellos, establecido en Zinar que, como sabemos, era la forma antigua de llamar a Babilonia. ¿Se va entendiendo? ¿Va cerrando este tremendo círculo?

Entonces, cuando decimos que somos gente que trabaja ministerialmente según el orden de Melquisedec, no pretendemos ser excéntricos o pintorescos, estamos diciendo la verdad tal cual está sucediendo en este preciso tiempo presente.

Porque, como ya ha quedado dicho y demostrado fehacientemente, una de las cosas que nos muestran que Dios está levantando el orden de Melquisedec entre todos sus hijos obedientes, es que las naciones y la gente están tratando de zafarse de la cautividad de los sistemas babilónicos.

Y ten cuidado como entiendes o interpretas esto: una vez más te digo que Babilonia no es aquellas siete maravillas, ni jardines colgantes, ni tampoco judíos, ni tumbas que están siendo reconstruidas, ni torres diabólicas, ni Israel, ni viajes, ni giras al Jordán para traer agua sucia para venderla en el templo como “agua santa”.

Hemos entrado, a quien le caben dudas, en una mentalidad dentro de la iglesia, en donde el mundo manipula el comportamiento de la iglesia. ¡Es al revés! Babilonia es un espíritu. Aquí tenemos a cinco naciones que están sujetas a cuatro naciones babilónicas y están buscando zafarse de su reino de opresión.

Exactamente lo mismo está ocurriendo en la iglesia en este tiempo. Miles de personas tratando de zafarse de sistemas babilónicos. Esa es una condición precisa para que se manifieste el orden de Melquisedec. Siempre se manifiesta en tiempos de reforma.

CONOCIENDO A LA GRAN RAMERA.

Claro; Babilonia existe y puede encontrarse su historia en los libros de historia. No es a primera vista el panorama que aquí te estoy pintando, pero si lees con atención sus contornos y entornos reales y literales, quizás podrás luego entender sus significados espirituales.

Era la capital del imperio babilonio; los textos del Antiguo Testamento la mencionan por vez primera en el capítulo 10 del libro de Génesis, junto con otras tres localidades que marcan juntamente el principio del reino de Nimrod.

Es en Babilonia que tuvo lugar la empresa de la torre de Babel, y, asimismo, la confusión de las lenguas. Bajo el rey Hammurabi, la ciudad pasó a ser capital de Babilonia, de la que fue a la vez centro político y religioso.

Alcanzó el apogeo de su gloria en el siglo VI a.C. bajo Nabucodonosor, que la desarrolló en gran manera, e hizo de ella la más grande y hermosa capital de su tiempo. El antiguo palacio se levantaba sobre la ribera oriental del Éufrates.

Nabucodonosor doblo sus dimensiones primitivas al prolongarlo hacia el norte; el edificio tenía entonces el río al oeste, y un canal al norte y al sur, su fachada oriental y una magnífica puerta monumental daban sobre el camino de la gran procesión que procedía del templo de Marduk, que estaba situado a casi un kilómetro al sur.

Nabucodonosor construyó otro palacio a unos dos kilómetros y medio al norte del antiguo, sobre una colina artificial cuyas faldas descendían en terrazas, y que estaban probablemente recubiertas por los famosos jardines colgantes.

Herodoto, (Alrededor del año 443 a.C.) afirmaba que Babilonia, que indudablemente visitó, era un cuadrado, que medía 120 estadios de lado (El estadio tenía alrededor de doscientos metros, lo que hacía que midiera algo más de veintitrés kilómetros de lado).

Estas medidas darían una superficie de alrededor de quinientos veintinueve kilómetros cuadrados, incluyéndose Borsippa Ctésias, que fue también testigo ocular y famoso escriba del siglo V a.C., dice que el cuadrado de la ciudad tenía noventa estadios de lado; según él, el contorno era de trescientos sesenta estadios (O casi 68 kilómetros); en este caso, la superficie no hubiera sido más que algo más de la mitad de la indicada por Herodoto.

Las dimensiones indicadas por Diodoro de Sicilia y por Estrabo son próximas a las de Ctésias. Una muralla descripta en Jeremías 51:58, o más bien una doble fila de doble fortificación, rodeaba la ciudad.

En el exterior se extendía un foso ancho y profundo. Estaba prohibido construir casas entre las dos murallas alrededor del cuadro. Por el contorno de la ciudad, a lo largo de la muralla interior, había una gran cantidad de huertos y de jardines, y de campos, contados dentro de la superficie de la ciudad, pero poco habitados.

Herodoto dice que los muros de la ciudad tenían cincuenta codos de espesor, (Alrededor de 23 metros), y doscientos codos de altura, (92 metros). Quinto Curcio, en el 40 d.C., indica algo más de diez metros de espesor.

En todo caso, se puede concluir en base a todos estos relatos que las dimensiones de la ciudad eran formidables. Tenía un centenar de puertas de bronce, veinticinco por lado. De estas puertas nacían las grandes calles perpendiculares a la muralla, que se cortaban en ángulo recto, dividiendo a la ciudad en cuadros uniformes.

El Éufrates pasaba por en medio de la ciudad, dividiéndola en dos. Grandes muelles flanqueaban las dos riberas del río. La ciudad se hallaba separada de los muelles por un muro en el que había veinticinco puertas que se abrían cada una de ellas sobre un camino que descendía hasta la orilla.

Había transbordadores, un puente, e incluso un túnel. Las murallas, los muelles, los palacios, los templos, las casas privadas, estaban construidas de ladrillos, como mortero o cemento se usaba bitumen. La palmera daba la madera de construcción de las casas, con alturas de dos, tres o cuatro pisos.

En el año 520-519 a.C., y otra vez en el año 514, Babilonia se rebeló contra Darío Histaspes, que la venció ambas veces y, finalmente, la destruyó. Seleuco Nicátor, que conquistó la ciudad en el año 312 a.C., aceleró su decadencia.

Hizo gran uso de los materiales de construcción que halló en Babilonia para construir Seleucia, su nueva capital, a orillas del Tigres. Las profecías de la Biblia sobre Babilonia se han cumplido de una manera precisa.

En Jeremías 51: 37 se afirmó que Babilonia vendría a ser unos montones de ruinas, y esto es literalmente lo que ha venido a ser. Las ruinas empiezan a más de cinco kilómetros y medio antes del pueblo de Hillah, se extienden hacia el norte por casi cinco kilómetros, de este a oeste ocupan más de tres kilómetros, a lo largo de la ribera oriental del Éufrates.

Los tres montones más notables son llamados por los árabes los montículos de Babil, de Kasr, y de Amrán. Se hallan al este del río, en una parte muy antigua de la ciudad que, en una cierta época, se había hallado en un triángulo limitado por el Éufrates y por dos murallas.

Estas murallas eran rectilíneas; al este se encontraban casi en un ángulo recto; uno medía más de tres kilómetros, y el otro casi cinco kilómetros. Amrán, el montículo meridional, marca la localidad del templo de Marduk.

El cerro central, Kasr, cubre las viejas ruinas del palacio viejo y de un templo dedicado a la diosa Balit; este santuario, que se elevaba más al este, estaba separado del palacio por la ruta de la procesión. Babil, el montículo del norte, está en el lugar donde se levantaba el palacio de Nabucodonosor del sur.

El legado arqueológico de Babilonia es importante. Se han descubierto grandes cantidades de tabletas de barro cocido que arrojan mucha luz acerca de la vida social y del carácter de los babilonios. Eran una nación muy instruida.

Hay tabletas de geología y de geografía, de matemáticas; muchas otras son registros de contratos, préstamos, matrimonios, dotes, compras de esclavos, etc. La astronomía de ellos estaba totalmente unida a la astrología.

Muchas de las tabletas muestran su fe en las predicciones de los astros, lo que concuerda con lo que se lee en Isaías 47:13. Muchas tabletas mágicas y de encantamientos evidencian que tenían mucho temor a los malos espíritus; invocaban al “espíritu del cielo” y al “espíritu de la tierra” para que les libraran.

Su religión ha sido descripta como de la peor clase posible por causa de su idolatría, y sus dioses parecen haber sido verdaderas legiones. Todas estas tabletas dan evidencia del carácter satánico de la esclavitud espiritual a la que estaban sometidos los súbditos de Babilonia.

En cuanto a la Babilonia mística, también recibe el nombre de Misterio, La Madre de las Rameras y de las Abominaciones de la Tierra. Se alude aquí a un gran sistema religioso con el que los reyes de la tierra han tenido una relación ilegítima, y con el que se han enriquecido los mercaderes de la tierra.

Un sistema que se ha hecho culpable del derramamiento de la sangre de los mártires de Jesús. Es comparado con una mujer vestida de púrpura y escarlata, y adornada con oro y piedras preciosas y perlas, con una copa en su mano, llena de abominaciones y suciedad de su fornicación.

Una referencia a la cristiandad sin Cristo que será el resultado culminante de la gran apostasía, y que será juzgada implacablemente por Dios: la antiiglesia, cuyo espíritu se ha manifestado en diversas maneras a lo largo de la historia, y que se materializará abiertamente en los últimos días. El cielo, los apóstoles y los profetas, son llamados a regocijarse por la asegurada destrucción de este seductor sistema destructor de las almas.

(Génesis 14: 14)= Doce años habían servido a Quedorlaomer; y en el decimotercero se rebelaron.

Este nombre, Quedorlaomer, significa “convertirte en esclavo”, o sencillamente “Cautiverio”. Babilonia es un espíritu que te reduce a ti a servidumbre. Una clase de servidumbre no siempre visible, pero real, efectiva y opresiva.

Doce años llevaban ellos en cautiverio en Babilonia. Y esos cuatro reyes, un buen día, dijeron: ¡Basta, nos cansamos! ¡Ya no aguantamos más esta opresión! ¡Ahora vamos a pelear contra ellos! Y pelean. Y ganan. Y es cuando se concreta esa victoria que aparece Melquisedec.

ÁRBOLES RESISTENTES A LAS TORMENTAS

Ahora vamos a revisar el libro del profeta Ezequiel. En él se nos entrega una parábola que trata literalmente sobre árboles, pero que en realidad nos habla de la iglesia, de sus ramificaciones, de su consistencia y de su futuro.

.(Ezequiel 17: 1)= Vino a mi palabra de Jehová, diciendo: hijo de hombre, propón una figura, (Una analogía, una comparación), y compón una parábola a la casa de Israel. (A la iglesia. Una parábola).

(Verso 3)= Y dirás: así ha dicho Jehová el Señor: una gran águila, de grandes alas y de largos miembros, llena de plumas de diversos colores, (Los diversos colores son las capas que les ponen a los primogénitos que tienen que ver con el favor del Padre) vino al Líbano y tomó el cogollo del cedro.

Muy bien; esto significa que el águila, se planta sobre sus patas en la iglesia del más alto nivel, o sea: en el cogollo del cedro. (Tú ya lo sabes, el cedro es una cosa impresionante). Y en la rama más alta de ese cedro, allá fue a parar el águila.

Del mismo modo y sin demasiadas distancias, la iglesia, para Dios, es lo más alto que existe sobre la tierra. Lo más fuerte. El cedro que la constituye, según se lo puede leer en los salmos, solamente es doblado por la Palabra de Dios.

Las tormentas, por violentas que sea, no lo doblan, los terremotos no lo tumban, el cedro prevalece ante todas las inclemencias del tiempo, no se dobla, permanece. Sólo la verdadera palabra de Dios lo quebranta. Esa es la verdadera iglesia.

.(4) Arrancó el principal de sus renuevos (Renuevo es rama. Siempre que se habla de rama, se habla de la extensión del Reino a través de la iglesia. Yo soy la vid y ustedes son los pámpanos) y lo llevó a tierra de mercaderes, (Ahí está Babilonia. Mira lo que pasa con la iglesia; se la llevaron a tierra de mercaderes) y lo puso en una ciudad de comerciantes.

(5) tomó también de la simiente de la tierra, y la puso en un campo bueno para sembrar, la plantó junto a aguas abundantes, la puso como un sauce. (Oye: ¿De cedro a sauce? Sauce significa lloriqueo, lamentación, pobreza, fragilidad, impotencia, debilidad, tristeza. Mientras el cedro es un árbol imponente, el sauce es un árbol triste. Babilonia es un espíritu que lo que quiere, es rebajarte a ti a la nada. De cedro a sauce.)

(6) Y brotó, y se hizo una vid de mucho ramaje, (La vid no tiene estatura. De cedro a vid. La vid no tiene ninguna autoridad en la Biblia. Mucho ramaje, poca altura) de poca altura, y sus ramas miraban el águila, y sus raíces estaban debajo de ella; así que se hizo una vid, y arrojó sarmientos y echó mugrones.

Suena bastante tremendo esto, ¿No crees? Es contundente y puntual en sus conceptos y consideraciones. Pero no es suficiente todavía. Ahora vamos a ver el significado real de todo esto, lo que está más allá del entendimiento parcial.

 (Verso 11)= Y vino a mí, palabra de Jehová, diciendo: di ahora a la casa rebelde: ¿No habéis entendido que significan estas cosas? Diles: he aquí que el rey de Babilonia vino a Jerusalén, y tomó a tu rey y a sus príncipes, y los llevó consigo a Babilonia.

Quiero que prestes suma y debida atención a todo lo que está sucediendo en el tiempo en que aparece Melquisedec. La iglesia está siendo oprimida por sistemas babilónicos. Y eso va a seguir produciéndose con restauración o sin ella.

 (Verso 13)= Tomó también a uno de la descendencia real e hizo pacto con él, y le hizo prestar juramento; y se llevó consigo a los poderosos de la tierra. (Note que busca a los reyes y a los príncipes para hacerlos esclavos. ¿Cuál será la razón?)

(14) Para que el reino fuese abatido y no se levantase, a fin de que guardando el pacto, permaneciese en pie.

Ahora mira una vez más en Génesis 14:1, donde podemos ver el significado de los reyes. Amrafel significa “orador de engaños”, o “el que decreta engaño”. ¿Existe esto en lo espiritual? Existe. La mayor parte de los engaños en los que el pueblo santo ha caído, han venido desde un púlpito utilizado por gente que no envió el Señor.

Anoc, quiere decir “salvaje como león” o “sin misericordia”, o “violencia es su prioridad”. Veamos esto: el león es una bestia que no vacila, cuando lo necesita, en atacar aún a los más indefensos. No tiene misericordia y se sirve de lo que encuentra con tal de satisfacerse.

Quedorlaomer significa “sirviente de leoma”. Leoma es una medida falsa. ¿Esto que quiere decir? Que la gente que se mueve y opera bajo este espíritu, es leal a posiciones falsas. No importa si están a la vista o no, se las obedece compulsivamente y por decreto.

Finalmente, nos encontramos con Tidal, que es “uno que produce una simiente malvada”, o innato “deseo de producir una generación perversa”. Babilonia tiene alta producción. Y en esa producción, lo que sobreabunda, es precisamente gente capaz de engendrar falsas simientes.

¿Lo pasamos en limpio? Observa una vez más que clase de componentes tiene este sistema: 1) Gente que no vacila en hablar engaños.- 2) Personas que no tienen ninguna misericordia.- 3) Hombres y mujeres leales a posiciones falsas y erróneas.- 4) Engendradores de falsas simientes.

Este es el tiempo cronológico y preciso en que los reyes están en batalla. Un tiempo presente en el que la milicia ha sido escalada a rangos superiores. Porque son los reyes los que están batallando, no los civiles.

Por favor, míralo de esta manera: si tú te metes a pelear en una guerra de reyes, va a pasarte lo mismo que le pasó a Lot, que era un civil: tú quedas cautivo. Porque esta guerra es de gigantes, de posiciones grandes en el Espíritu: reyes contra reyes.

Los cinco ministerios fueron creados por Dios para que, complementándose, hagan funcionar a la iglesia en todo su conjunto. Sin embargo, los pastores creyeron ver que el de ellos era el más importante y se adueñaron de las iglesias, conjuntamente con las personas que las conforman.

Sin embargo, si vamos a la escritura, dentro de la paridad complementaria que existe en esa distribución, hay uno que sobresale porque la misma Biblia dice que es el primero: los apóstoles. Por eso es que todos los antiguos pastores, hoy, se están haciendo nombrar apóstoles.

Lo que nadie les dice porque no se atreven a encarar en contra de las estructuras de poder religioso, es que no se trata de apóstoles ordenados y nombrados por posición, sino a los que traen un mensaje de reforma y han sido efectivamente levantados por Dios.

Porque vamos a poner algo en claro: Él colocó rangos en la iglesia. No rangos estructurales, denominacionales, teológicos o políticos; rangos espirituales. Hay rangos espirituales. Porque todos somos hermanos, es cierto, pero algunos son hermanos mayores.

Hay diferencias, no te dejes engañar por falsas demagogias discursivas. En esta guerra de reyes, si tú te metes a pelear como civil, te quedas cautivo como quedó Lot. Esto significa que, dentro de nuestra mentalidad, no podemos tener un estilo de vida civil.

En tiempos de guerra de reyes, tú no puedes pretender lucirte teniendo una oración civil. Con el mismo concepto y óptica, tú no puedes entrar en el tiempo de Melquisedec con una mentalidad civil. Tú no puedes entrar en un tiempo de adoración civil a Dios.

Se acabó la época de las canciones románticas dedicadas a Dios que hacían conmover y hasta lagrimear a las señoras. Eso es civil. ¡¡Y ahora estamos en guerra, hermano!! ¡¡Reacciona!! ¡¡Hay una guerra allí afuera!! Y la Palabra nos dice que el que está en guerra, no puede mezclarse con cosas civiles.

En tiempos de guerras de reyes, las dádivas tienen que ser a nivel de reyes, no de civiles. Y cuando hay en marcha una economía de guerra, todo es estrictamente necesario y nada debe tirarse a la basura. La entrada financiera de la iglesia es parte activa en la guerra, pero no se la puede confundir con el estilo de vida y el confort del pastor y su familia.

Lealtad civil. ¡Que bueno que está esto! ¡Que bien se ve! ¡Esto no me gusta! ¿No se puede sacar Mi papá fue uno de los que fundó la iglesia. Mi abuelito fue el que compró el primer banco. ¡Dale el banco ese y que se vaya a su casa a homenajear a su papá y a su abuelito!

Las actitudes civiles no prevalecen cuando hay guerra de reyes. “Cansado del camino…sediento de tu paz— ¡¡¡Cállate!!! ¡¡Esas no son canciones de guerra!! Cuando hablo de canciones de guerra no significa que la letra de esas canciones tenga que tener la palabra “guerra” o “espada”, o “ejército”. Me refiero a un fluir silencioso que proviene de su entendimiento.

Un entendimiento que no se oye, pero que se siente sin ninguna duda. Cantando la misma canción. Es algo que viene desde adentro. Es un terremoto, una fuerza tremenda que respalda tu decreto y tu canción.

Que hace que tú te sientas diferente, aunque seas la misma. Lo que te hace militante eres tú misma, no la letra de una canción. Lo que te diferencia es el Espíritu, no una determinada melodía. Tú no puedes vivir como un civil en un estilo de vida gubernamental como es el orden de Melquisedec.

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Nueva Ley, Nuevo Sacerdocio

No es mi intención, en ninguno de los vericuetos por los que este estudio puede llevarnos, hablar o referirme a lo que Dios hizo ayer. No me gusta el ayer salvo para, llegadas las circunstancias, tomar impulso desde él con la finalidad de ir más lejos hacia delante. Esto es: usar el ayer como simple trampolín para saltar más lejos al futuro. Vivir de recuerdos no edifica ni bendice.

Tampoco quisiera caer en el facilismo de especular, – De acuerdo con los diversos giros históricos -, sobre las cosas que Dios pudiera hacer mañana. Creo en la profecía, creo en el ministerio profético, pero tengo mis altas reservas a esa especie de adivinación del porvenir religioso en el que muchos sinceros hermanos puedan haber caído.

Partiendo desde la base de que Dios es Soberano y Creador, de lo que sí quiero hablar es de lo que Dios está haciendo hoy, en este tiempo presente, y de lo que Él desea que nosotros seamos, también, en el día de Hoy.

Este no es de ninguna manera, un tema reservado para pastores y líderes. No existe tal diferenciación. La época de discriminaciones clericales ha dejado paso al respeto fiel a la Palabra de Dios escrita en la Biblia, donde jamás hubo nada parecido a una separación entre laicos y ministros, como no fuera para decir que Dios la aborrecía por causa de los nicolaitas.

Esto que estamos leyendo y estudiando, es para todo aquel que desee recibir una palabra fresca, una palabra renovada, una palabra activa, potente, efectiva y ciento por ciento actual. Es en este nivel, (O por lo menos subiendo en él), donde cada uno de nosotros tiene que vivir.

(Salmo 90: 1)= Señor, tú nos has sido refugio de generación en generación.

(2) Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios. (Piensa un poco por favor: antes que el mundo se formara, tú, el hombre, ya eras. ¿Puedes entenderlo? No me digas que sí como tantas veces has dicho “amén” en tu iglesia sin entender una pepa. Trata de entender y, si no puedes, pídele al Espíritu Santo que te lo muestre y te guía a toda verdad).

(3) vuelves al hombre hasta ser quebrantado, y dices: convertíos, hijos de los hombres.

(4) Porque mil años delante de tus ojos son como el día de ayer. Que pasó, y como una de las vigilias de la noche. (Te cuento que una vigilia, es el equivalente a dos horas, más o menos, de las nuestras)

(5) Los arrebatas como con torrentes de aguas; son como sueño, como la hierba que crece en la mañana.

 (6) En la mañana florece y crece; a la tarde es cortada, y se seca.

 (7) Porque con tu furor somos consumidos, y con tu ira somos turbados.

 (8) Pusiste nuestras maldades delante de ti, nuestros yerros a la luz de tu rostro.

 (9) Porque todos nuestros días declinan a causa de tu ira, acabamos nuestros años como un pensamiento.

(10) Los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y volamos.

 (11) ¿Quién conoce el poder de tu ira, y tu indignación según que debes ser temido?

 (12) Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría.

 Lo primero que deberíamos ver es que tenemos que aprender a contar nuestros días. Aquí se ven dos cosas: primero, la eternidad de Dios. Génesis 21:33 dice que Dios es aquel que es eterno. Dios no necesita tiempo para ser expresado. Él es expresado desde antes que exista la materia.

Él sencillamente ES. Dios es absoluto. Dios no tiene contraparte. Dios está donde está por sí solo. Contrariamente a lo que someramente acostumbramos a decir y a enseñar, Dios no tiene enemigos.

Porque Satanás no es enemigo de Dios. Dios no tiene problemas con Satanás. Dios creó a Satanás. Por lo tanto, Satanás está sujeto a Dios. Solía decir un amigo mío que Satanás es más obediente de Dios que muchos cristianos. Dios es absoluto.

Para Dios no existe la noche, no existe la muerte y no existe el mal. ¡Hermano! ¿Usted está seguro de lo que está diciendo? ¡Suena a herejía o blasfemia! Que suene como tú digas, pero para Dios, el mal siempre termina obrando para bien. Y si no lo crees, piensa en la cruz y con eso te será suficiente.

El mayor problema que la raza humana creada afronta con todo esto, es que nosotros no estamos en la misma dimensión que Dios. Por esa razón es que todavía le tenemos tanto miedo a las enfermedades y a la mismísima muerte.

Estas cosas sencillamente actúan como tremendos frenos y nos limitan de sobremanera. Y también nos sacan la vida, esto es: la posibilidad de una vida abundante aquí y ahora. Cuando tú entras en el mundo, en la dimensión espiritual de la cual te estoy hablando, hasta el mal puede obrar para bien. Pero eso es, indefectiblemente, más allá del velo. De este lado del velo, quédate tranquilo que el mal te puede matar.

En segundo lugar, tenemos que considerar que la vida del hombre no comienza con su nacimiento, con su salida por al canal uterino de su mamá. La vida del hombre comienza desde antes de la fundación del mundo. ¿Cómo? ¿Qué no lo entiendes? No importa, sólo créelo y te bastará.

Somos un reino sacerdotal, eso está claro. Más profundo aún si lo deseas: somos un reino de reyes y sacerdotes. ¿Vivimos como tales? Somos sacerdotes con la función de reyes. Pero todo en unidad en un solo hombre.

Eso es poderosísimo y nunca existente en la Biblia. Solamente unos escasos hombres lograron traer esta tipología. La gran mayoría fracasó en el intento. Como Uzías, como Saúl. Cuando intentaron unir realeza con sacerdocio, Dios les quitó el reino y el sacerdocio. Y murieron.

Ahora bien; en este tiempo presente, Dios no reconoce ni puede reconocer los liderazgos que no tengan estas condiciones divinas operando dentro de sí. Gobierno y sacerdocio. Linaje escogido. Pueblo elegido por Dios. Orden de Melquisedec.

No se trata de esa cosa romántica y carismática que anda por allí diciendo Solamente que Cristo te ama. Esto es verdad, por supuesto, pero es una verdad solamente parcial. Y una verdad parcial tiene un a parte que se deja, – Ya sea por ignorancia o voluntariamente -, de decir.

Y toda verdad que no se dice conociéndola, equivale a una mentira disimulada, pero mentira al fin. Y no es fundamentalismo, es Biblia. Real sacerdocio, cuerpo de Cristo, orden de Melquisedec, orden de eternidad.

Cuando hay una reforma, hay un cambio. Y cuando hay un cambio, este cambio incluye iglesia y sacerdocio. Nadie puede realizar un cambio en nada si no comienza por sus bases. Y las bases de la iglesia no están en los bancos ni en la gente, sino en quienes reciben revelación, palabra y dirección. De otro modo, es “gatopardismo”, es decir: cambiar algo para que en realidad nada cambie…

Cambio de Ordenamiento

(Eclesiastés 3: 10)= Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él.

 (11) Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto (¿Ha puesto qué?) Eternidad. (¿Eternidad donde?) En el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios. (¿Qué ha hecho cuándo?) Desde el principio hasta el fin.

 Hay algo que, si lo examinas con cierto detenimiento, se destaca con toda claridad: el hombre es eterno. ¿No lo parece, verdad? Lo que sucede es que el hombre anda en una posición espiritual en la que todavía no alcanza a entender la grandeza de su vida.

Lo que pasó en la caída del hombre fue que el hombre quedó espiritualmente ciego como para poder ver la eternidad. Quedó cautivo de algo tenebroso llamado muerte. Pero cuando se habla de muerte, no pienses en un sepulcro y tus días terminándose.

La muerte, para que puedas entenderlo, es como el manto con el cual cubren a los muertos, eso que se llama mortaja. ES, – En este preciso y específico caso -, un gran manto que cayó en la tierra y todo el mundo que tú ves y conoces, vive ahora bajo ese manto. ¿Lo estás entendiendo?

 Eso es exactamente lo que no te permite a ti vivir en un tiempo conectado con la eternidad. Eso es, asimismo, lo que también te limita, te enferma, te preocupa, te hace sentir incapaz e imposibilitado. Y todo por ese “pequeño algo” llamado muerte.

Muerte, – Y voy a reiterar el concepto anterior para ver si definitivamente lo puedes discernir -, no es simplemente que tus órganos vitales cesen de funcionar. Muerte es el ámbito supremo para el hombre que aún no ha penetrado el velo. ¿Verdad que ahora sí lo entiendes?

 Pero mucha atención con esto: no estoy hablando del cielo, estoy hablando de vivir en eternidad pero aquí en la tierra. ¿Cómo dice, hermano? No te asustes, no es Nueva Era. Cristo lo hizo. La muerte no tenía dominio sobre Él, ¿No es cierto?

Cristo vivió como hombre en semejanza a nosotros. Soltó su gloria, no se trajo ningún truco; sólo el Espíritu Santo, igual que tú y que yo. Y lo hizo. Escucha: si llegaba a utilizar cualquier clase de truco divino, no era legal. Lo hizo como hombre. ¡¡Tenía que ser así!!

 Cuando el hombre se sacude la modorra espiritual y comienza a ver con la claridad de Dios a la eternidad, no hay muerte que lo contenga. Eso fue exactamente lo que le ocurrió a Enoc. Cuando alguien comienza a decodificar los principios de la inmortalidad, no hay muerte que lo atormente. La vida se vive conforme al entendimiento que se posee. ¿Cómo estás viviendo tú?

(Romanos 5: 10)= Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.

 (11) Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.

 (12) Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, (Y pensar que nosotros decimos que Lucifer pecó primero), y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.

Aquí se te está diciendo que la muerte pasó a todos los hombres. Y eso es como una especie de manto de limitación que el hombre tiene, si es que no puede sacar los ojos de lo natural. Pasa a ser una mentalidad que no tiene poder de rompimiento.

Ahora bien; ¿Por qué causas o razones nos limitamos en lo práctico? Nos limitamos culturalmente, por barreras de idioma, por factores económicos, por baja o alta auto estima, por falta o exceso de conocimiento, por enfermedades. Nos limitamos y nos limitamos y, un día, simplemente dejamos de ser…

Vamos a ver si podemos aclararte de manera diáfana todo esto. La palabra ETERNIDAD, aquí, es la palabra AUULAN, y significa: “Vida perpetua”, “tiempo indefinido”. Es decir: vivir más allá de la restricción del tiempo. Jesucristo, Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec, es relativo y compatible a todos los tiempos, pero leal a la eternidad.

¿Y que cosa es la eternidad? Porque decirlo es sencillo, predicarlo también y enseñarlo menos, pero salimos adelante. Sin embargo, ¿Alguien puede definir con cierta precisión lo que significa que Cristo sea leal a la eternidad?

Eternidad, en principio, tiene que ver con tiempo. Así que será esto último lo que tendremos que evaluar para poder llegar a lo primero. El tiempo puede ser descrito como “la medida del movimiento”, su medición se efectúa en principio por los movimientos de los cuerpos celestes, ¿Me estás siguiendo?

Las divisiones de tiempo constituyen el marco en el que se insertan los acontecimientos y circunstancias de la Biblia, que es un libro eminentemente espiritual, pero con alto contenido histórico, cuya acción se desarrolla en un marco claramente cronológico, firmemente relacionado con el tiempo y el espacio.

El año hebreo se componía de doce meses lunares; consiguientemente, con la duración actual del mes lunar, debía contar probablemente 354 días, 8 horas, 48 minutos y 34 segundos. Las fiestas anuales estaban en relación estrecha con los trabajos agrícolas y con las estaciones.

Un año basado estrictamente en el sistema lunar habría causado un retraso constante de estas fiestas al no sincronizar de manera exacta un número de meses lunares con el año. Al hacerse necesario coordinar el año lunar con el solar de 365 días se estableció un mes intercalar, que se añadía cada dos o tres años después del duodécimo mes, se le daba el nombre de “Ve’adar” y constaba de 29 días.

En la Biblia no se menciona esta costumbre. Así, el ciclo lunar posterior a las perturbaciones cósmicas de Josué y Ezequías constaba de diecinueve años; los años tercero, sexto, octavo, undécimo, decimocuarto, decimoséptimo y decimonoveno tenían un mes intercalar.

El año religioso comenzaba con el mes de Abib, llamado también Nisán. Comenzaba con la luna nueva, inmediatamente antes o después del equinoccio de primavera, cuando el sol se hallaba en la constelación de Aries.

 Pero desde la época más remota, los hebreos observaban también el año civil, basado en los trabajos agrícolas, y que comenzaba en otoño. Esta nación de agricultores estaba evidentemente interesada en hacer coincidir el inicio del año civil con la labranza y la siembra, y su fin con la siega.

Indicaban frecuentemente las fechas por los trabajos agrícolas entonces en curso, en lugar de por el número del mes. Un cierto tiempo después del retorno del cautiverio de Babilonia, empezaron a celebrar el Año Nuevo en la luna nueva del mes séptimo, Tissi. Esta costumbre no proviene de los acontecimientos registrados en Esdras 3 y Nehemías 2, aunque hayan contribuido a su establecimiento.

Hablemos ahora de lo que nos interesa, el tiempo y la eternidad. Anterior y rebasando de una manera infinita el tiempo humano y sus divisiones, la eternidad bíblica es presentada como un atributo propio de Dios. Jehová es Rey eternamente y para siempre, dice el Salmo 10:16.

Es por esta razón que para Él mil años son como un día, y un día como mil años. De la misma manera, Dios domina el tiempo con su omnisciencia. El pasado, presente y futuro no existen realmente para el Eterno; conoce todo antes de que llegue a ser. ¿No lo entiendes? Obvio. Sólo créelo y bastará.

Al hablar de Israel emplea constantemente “el pasado profético”, esto es, considera ya cumplidos los acontecimientos que para los hombres se hallan todavía escondidos en el, para ellos, impenetrable mundo del futuro. Los tiempos verbales hebreos se prestan admirablemente a la expresión de estas nociones.

El Dios eterno, el “Rey de los siglos”, al crear al hombre a Su imagen “ha puesto eternidad en el corazón de ellos”. Por la encarnación, Él se humilló hasta nosotros en el tiempo, para llevarnos a participar con él por toda la eternidad. La oración del creyente es que el Señor lo conduzca en el camino eterno. El señor acogerá a los Suyos en su gracia en Su reino eterno.

REQUISITOS PARA LA HERENCIA

Ahora bien; vamos a la realidad: cuando todo está enfocado al tiempo cronológico, se forman especies de huertas, de campamentos, de áreas privadísimas y particularísimas. Entonces, cuando cambia el tiempo, tú no puedes cambiar nada porque mantienes lealtad al tiempo en el cual has vivido. El orden de Melquisedec, al cual está sujeto Cristo, es relativo a los tiempos, pero leal a la eternidad. Creería que ahora lo has entendido.

Por eso es que necesariamente tiene que haber una reforma en la iglesia. Porque hay mucha gente leal al tiempo. Está de más decirte que tú tienes que ser leal, ¿Verdad? Pero leal al propósito eterno, no a los tiempos cronológicos.

 Esto significa literalmente que tienes que ser leal a Dios, que es quien no deja de moverse. No leal a una organización. Y mucho menos leal a un hombre como tú, de carne y hueso, si es que este hombre tampoco tiene lealtad con la eternidad.

Ahora bien; si llegaras a encontrara a un hombre que, a todas luces, tú disciernes que sí está siendo leal a la eternidad y no está acumulando poderes o riquezas en este tiempo, entonces no te hará nada mal adherírtele y procurar no apartarte de él. Por que son muy pocos, pero muy pocos…

(Esdras 2: 59)= Estos fueron los que subieron de Tel-Mela, Tel-Harsa, Querus, Addan e Imer que no pudieron demostrar la casa de sus padres, ni su linaje, si eran de Israel.

 Hubo un grupo de personas que regresó con Zorobabel que no tenía genealogía, no tenía historia, no tenía “pedigree” ni abolengo. Y ya te he dicho que eso era de vital importancia en esa época. Constituía poco menos que un salvoconducto para moverte con cierta libertad y éxito.

Cuando alguien se iba a casar con una mujer, en ese tiempo, le preguntaban: ¿Y tú quien eres? Esto no significaba, – Como hoy podríamos suponer -, adonde trabajaba o cuanto dinero tenía. Significaba algo así como: “Dime quienes son tus padres, de que familia vienes; porque si llegas a venir de los hijos de Cam estás maldito y no vas a poderte casar con mi hija”…

 El linaje, entonces, tal lo has visto, era sumamente importante para la herencia. Para entrar, para tener privilegios, para poder ministrar. Y estos que estamos viendo, eran gente que no tenían como demostrar que eran de Israel. Todo el mundo sabía que eran de Israel, pero eso no bastaba, tenían que demostrarlo.

(60) Los hijos de Delaia, los hijos de Tobías, los hijos de Necoda, seiscientos cincuenta y dos.

 (61) Y de los hijos de los sacerdotes: los hijos de Abaía, los hijos de Cos, los hijos de Barzilai, el cual tomó mujer de las hijas de Barzilai galaadita, y fue llamado por el nombre de ellas.

 (62) Estos buscaron sus registros de genealogías, y no fue hallado; y fueron excluidos del sacerdocio, y el gobernador les dijo que no comiesen de las cosas más santas hasta que hubiese sacerdote para consultar con Urim y Tumim.

Cestos dos términos aparecen frecuentemente, tanto en este orden como invertido. Urim aparece, por su parte, dos veces aislado. Significan todo un misterio para el lector no muy informado de la Biblia que no acierta qué destino atribuirles.

Estos misteriosos términos designan uno o varios objetos de naturaleza desconocida incluidos en el efod del sumo sacerdote, y situados en el pectoral, una pieza de tejido doblada que formaba un cuadrado de veinticuatro centímetros de lado, y que se llevaba encima del pecho.

En el exterior, el pectoral del juicio llevaba los nombres de las doce tribus, grabados sobre doce piedras preciosas diferentes, dispuestas en cuatro hileras de tres piedras cada una. En el interior del pectoral se colocaba el Urim y el Tumim, de los que se servía el sumo sacerdote para descubrir la voluntad divina en los casos dudosos que concernieran a la suerte de la nación.

Nunca eran empleados para consultar acerca de individuos. A condición de estar revestido del efod, el sumo sacerdote podía servirse del Urim y del Tumim en otros lugares que aquel donde se hallaba el arca.

La respuesta era por lo general muy simple, aunque no siempre este era el caso. La interdicción impedía obtener una respuesta. Con posterioridad a David, los textos sagrados dejan de mencionar el empleo del Urim y  el Tumim.

Al retorno del exilio no los poseía ningún sacerdote. Josefo pretende que su uso no había cesado más que doscientos años antes de su época, pero los rabinos afirman que en el Templo de Zorobabel no hubo ni Urim ni Tumim.

Su utilización era una prerrogativa singular, única y exclusiva del sumo sacerdote, lo que evidentemente y a todas luces está significando y demostrando que se le adjudicaba gran importancia, cosa que también se compartía grandemente con la tribu de Leví.

Algunos comentaristas buscadores de dudosas “perlas” bíblicas, han buscado una analogía entre la insignia que llevaba el sumo sacerdote egipcio, cuando aplicaba justicia, y el Urim y Tumim del sumo sacerdote israelita. Pero esta insignia egipcia no tiene relación con el Urim y el Tumim que servían para determinar la voluntad de Dios.

Otros confunden el Urim, el Tumim y el pectoral, imaginando que el destello intermitente de las piedras preciosas, iluminando las piedras grabadas, habría permitido al sumo sacerdote formular la respuesta. Hay sólo dos interpretaciones probables.

La primera, es que tanto el Urim como el Tumim habrían sido objetos del pectoral, que se habrían podido echar para consultar al Señor. Esta opinión se apoya sobre dos menciones de echar algo a suertes, en relación con la búsqueda de la voluntad de Dios mediante el Urim y el Tumim.

La otra es que, según otras autoridades, el Urim y el Tumim sólo tenían un valor simbólico. Revestido del efod, portando el Urim y el Tumim, emblemas de luz y de verdad, (Como su nombre indica), el sumo sacerdote buscaba saber la voluntad de Dios, tal como el Señor se lo había ordenado.

Presentaba el problema a Dios en oración, y la respuesta le era revelada a su espíritu. El sumo sacerdote la estimaba justa, por cuanto la petición había sido presentada siguiendo los requisitos dados por el Señor.

Sus promesas garantizaban una luz y una verdad decididamente perfectas. La fe contaba con el cumplimiento de estas promesas. Más tarde, serían los profetas los que dieran a conocer al pueblo la voluntad del Señor. Sus revelaciones tomarían el lugar del Urim y el Tumim.

Claro está que esto es lo meramente informativo. Lo cierto es que todavía hoy hay mucha gente (Y estoy hablando de cristianos sinceros y fieles), que descreen de las revelaciones del Espíritu Santo y prefieren dejarse llevar solamente por lo que la Biblia avale como bueno o descalifique como malo.

Si se piensa así, cosa que respeto y no censuro en absoluto, se corre el tremendo riesgo de dejar pasar algo que Dios realmente quiere decirnos como iglesia y, por el contrario, poner en práctica algunas cosas que están mucho más emparentadas con el ocultismo que con el evangelio.

IDENTIDADES ESPECIFICAS

Está claro que la genealogía le daba identidad y entidad a la persona. ¿La tenía? Todo bien. ¿No la tenía? Fuera. No podía ser sacerdote. Pero fíjate que Melquisedec no tenía genealogía. No se sabe ni quien era su madre ni quien era su padre. No tenía ni por donde empezar con la línea genealógica.

Él podía decir: Soy Melquisedec…de Melquisedec…de Melquisedec. ¿Y quien te crees que eres? Le dirían seguramente. ¡Ah, no sé!, respondería él. Lo que sí sé es que tu padre Abraham, me dio los diezmos de todo a mí, no a otro mejor posicionado por currículum. Eso es: vivir en la tierra, pero estar conectado con la eternidad. Melquisedec. Cristo. Iglesia. Tú. Yo.

 (Hebreos 6: 20)= Donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho Sumo Sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.

Atención porque estas palabras, PARA SIEMPRE, es la palabra EION. EI, significa “relativo a” y ION tiene dos significados: “tiempo o periodo específico o la edad eterna”. Si se unen estas dos palabras hebreas, veremos que dice: Alguien relativo al tiempo, pero fijo en la eternidad.

 (Hebreos 7: 1)= Porque este Melquisedec rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo, a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente rey de justicia, y también rey de Salem, esto es, rey de Paz; sin padre, sin madre, sin genealogía; que no tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.

En este texto, las palabras PARA SIEMPRE, es la palabra DIAPHORO y significa: transferir, acarrear, cargar responsabilidad. Es decir: es un sacerdocio que tiene una relatividad continua, sin destrucción. Tiene que ver con ese encuentro entre Jesús y Nicodemo, en una discreta y clandestina medianoche de aquellos días.

 (Juan 3: 9)= Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto?

 (10) Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel y no sabes esto?

 (11) De cierto, de cierto te digo: que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio.

 (12) Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿Cómo creeréis si os dijere las celestiales?

Tú lees esto y lo primero que piensas es que cosa bruta y cuadrada que era este Nicodemo. ¿Cómo no entendía algo tan claro como lo que le estaba enseñando Jesús? Claro, con el diario del lunes, cualquiera es el rey del domingo, pero estar allí, con una doctrina de años metida en la cabeza y cambiar sólo porque un hombre raro y no demasiado confiable te dice, es otra cosa.

Lo cierto es que Jesús le dice algo que todavía en nuestro tiempo está total y absolutamente vigente y nos sirve para comprender un poco al pobre Nicodemo. A las cosas terrenales no cuesta nada creerlas y entenderlas, pero a las celestiales…¿Y que es una cosa celestial?

Habría que hacer un pequeño repaso lineal por un diccionario bíblico para entender, en primer término, que cosa es lo que bíblicamente se nos muestra como cielo, tanto como para no caer en exageraciones místicas o en escepticismos incrédulos.

La Biblia distingue claramente las distintas clases de cielos mencionados por ella misma y por la gente. Especifica en primer lugar al cielo atmosférico, el que está por encima de nuestras cabezas, dentro del que se mueven las nubes del cielo y las aves.

Luego se menciona al cielo sideral, que es el que se encuentra por encima de la atmósfera, y que es donde se encuentran los planetas y las estrellas. Es el inmenso espacio del que los sabios no hacen otra cosa que atisbar sus inmensas dimensiones, y al que hace alusión el primer versículo de la Biblia.

Porque la expresión de los cielos y la tierra, significa de hecho el universo entero. Entonces, para destacar aún más esta tremenda e imponente inmensidad, las escrituras optan por hablar utilizando una rara expresión de “los cielos de los cielos”.

Se ha pretendido, con frecuencia, que los israelitas se hacían, (en común con los pueblos de la antigüedad); una representación burda de la cosmología. Para ellos el cielo hubiera sido una bóveda fija y sólida, (Firmamento), donde las estrellas estarían clavadas como clavos, y donde ventanas abiertas de lugar en lugar darían paso a la lluvia y la nieve.

Señalaremos en primer lugar que firmamento, (En latín “firmare”: afirmar), es un error de traducción de la Vulgata. El término hebreo RAQIA significa “extensión inconsistente” y es Aristóteles y los antiguos los que se imaginaban el cielo como una esfera sólida.

El hecho de que Job dijera Las columnas del cielo tiemblan, y se espantan a su reprensión, puede bien tomarse como lenguaje figurado y poético. Igualmente con el texto que señala Se conmovieron los fundamentos de los cielos…porque se indignó Él.

Job dice en otro lugar: Él remueve la tierra de su lugar, y hace temblar sus columnas, pero al mismo tiempo declara: El extiende el norte sobre vacío, cuelga la tierra sobre nada. Unos pocos pasajes hablan de Las ventanas de los cielos, término fácil de comprender para quien haya visto abatirse las inmensas trombas de agua en los países del sur y de los trópicos.

Esto dicho, uno se queda asombrado ante la sobriedad y la exactitud de las descripciones bíblicas, sobre todo cuando se comparan con los pueriles errores y las burdas leyendas admitidas por las más preclaras inteligencias de la antigüedad, y ello incluso en siglos relativamente cercanos a los nuestros.

Y nos queda lo que más nos interesa, el cielo espiritual. Ya en otra dimensión, en un mundo bien distinto al de las nubes y las estrellas, en un sitio geográfico indefinido y hasta controvertido, se encuentra morando Dios y sus ángeles. ¿Adonde es? ¿Adonde dice el lugar exacto?

Pablo parece darle el nombre de tercer cielo, o también paraíso. Allí se manifiesta de una manera directa la presencia del Señor y es, al mismo tiempo, lo que podríamos denominar como la habitación de los ángeles.

Lo cierto es que Cristo descendió del cielo, y allí volvió a subir, por encima de todos los cielos. En el mismo cielo, intercede a favor de los creyentes, y de allí volverá para juzgar a los vivos y a los muertos. Si juicio es separación de lo verdadero de lo falso, ya sabes que es lo que se viene.

Es también en el cielo en donde el Señor nos prepara un lugar, (Esto es lo que se enseña mayoritariamente, pero nosotros hemos descubierto que donde se nos guarda un lugar es en la cruz, no en el cielo).

De una manera particular, Juan nos da una visión de la morada de la gloria, de la belleza, de la santidad, y de la dicha en perfección. Todos los que han lavado sus vestiduras en la sangre del Cordero verán a Dios cara a cara, le adorarán, y reinarán por los siglos de los siglos.

Con estos muy escasos elementos bíblicos, es casi infantil arriesgar historietas que pinten ese cielo. Lo más cercano a una realidad por causa de lo espiritual que es lo que aquí comanda todo lo que ha sido escrito en la Biblia, el cielo parece ser una jurisdicción espiritual en la que se puede tener comunión directa con el Señor.

Por lo tanto, si estamos hablando de cosas terrenales, sabemos que puede aludir a comidas, bebidas, placeres, trabajos, diversiones y todo lo que conocemos en lo material. Si hablamos de cosas celestiales, indefectiblemente hablamos de algo eminentemente espiritual, que sale a la luz por revelación y que se manifiesta conforme al sitio donde habita Dios, lo sobrenatural.

SACERDOCIOS RELATIVOS

La única manera en la que podemos hablar de cosas espirituales, es utilizando un ejemplo natural para que tú puedas compararlo. Porque lo espiritual no tiene ninguna expresión si no lo revestimos o forramos con la naturaleza. Todo espíritu necesita un cuerpo para manifestarse. Válido para el Espíritu Santo de Dios como también para los malignos.

Sin embargo, hay que aclarar que lo natural es solamente una especie de cáscara que contiene, en su interior, nada menos que a la verdad. No es la verdad, la contiene. Porque nadie que viva en lo natural prevalece, porque todo sucede indefectiblemente, primero, en el mundo espiritual.

Fíjate que el mundo secular le otorga un gran valor a ese elemento natural llamado experiencia. Pero el que vive merced a experiencias, en esto, siempre se pierde o está llegando tarde. Porque para que haya experiencia, algo le tiene que pasar antes, ¿No es así? En cambio viviendo por el Espíritu, ese paso se obvia, se evita.

 (13) Nadie subió al cielo, sino que el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.

A esta escena casi podríamos imaginarla. El inefable anciano llamado Nicodemo lo mira con cierta curiosidad y desconfianza a Jesús y le dice: “Espera… Espera un poco…” – ¿Qué te pasa Nico? ¿Acaso no me estás entendiendo?

Nicodemo se lo queda mirando con una expresión en los ojos que no hay que ser demasiado achispado para darse cuenta que está altamente confundido. Entonces Jesús le añade: Te estoy diciendo que nadie subió a esa esfera alta, sino el mismo que descendió de la esfera alta y que ahora vive en esa esfera.

Ahora veamos un poco con atención el asunto tal cual se presenta. ¿Adonde estaba Cristo en ese momento en el que le habla a Nicodemo? Estaba parado en la tierra, ¿No es cierto? Pero la duda que nos queda, es: ¿Viviendo adonde?

No te me olvides, por favor, que estamos hablando de un sacerdocio relativo. Porque Cristo vino y era relativo a la cultura de su tiempo. Sin embargo, Él era antes que Abraham. Porque Cristo no nace. Él es eterno. El que sí nace de un vientre, un útero y un canal vaginal es Jesús, no te confundas, por favor.

Dice la misma Biblia que la Creación se creó EN Cristo, ¿No es cierto que lo dice? Pero Cristo no nace, a eso lo sabemos. Sin embargo, cuando Él llega, viste con los trajes de su tiempo. El no andaba con esa cosa anticuada de cuellos almidonados o corbatas de cartón. Él era un hombre práctico, pero sin embargo, también era eterno.

Por eso siempre he dicho, (Antes mucho más que ahora que las cosas han cambiado mucho para mejor) que lo del saco y la corbata es un invento occidental, no evangélico. La corbata es un implemento militar, no religioso, y Cristo jamás la usó.

 Entonces, con todos estos elementos en las manos, deducimos algo muy claro y concreto: ese que estamos mostrando, es el nuevo sacerdote del siglo veintiuno conforme al orden de Melquisedec: una gente que está viviendo en la tierra como tú y yo, pero que esa tierra no los limita.

(Hebreos 7: 11)= Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (Porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿Qué necesidad habría aun de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón?

 Quiero aclarar debidamente este concepto: Nos está diciendo el escritor de Hebreos que si la perfección viniera por causa del sacerdocio levítico, (Que dicho sea de paso, era un sacerdocio externo, o mejor dicho que se ocupaba de lo externo), nunca hubiera habido necesidad de otro sacerdocio, el interno, el real, el de Melquisedec.

Esto, indiscutiblemente, sólo puede estar significando dos cosas a saber: 1) Lo que mostramos, esto es: lo externo, jamás va a perfeccionar a nadie, al contrario. 2) El otro sacerdocio, el de Melquisedec, que es al que pertenecía Jesús, sí va a perfeccionar a los santos. 

 (12) Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley.

 Esto significa lo que ya ha quedado bien a la vista en lo expuesto: que es estrictamente necesario que haya un cambio de ley. Entiende esto: Primero está Melquisedec, luego está Aarón, los levitas y la ley. Y luego está nuevamente Melquisedec, aunque esta vez en Cristo. ¿Te queda claro?

Porque cristo, entiéndelo, no viene gobernado por los diez mandamientos primarios. Cristo opera bajo el gobierno, bajo el sustento, bajo el principio de la eternidad. Por esa razón los fariseos no podían entenderlo. Porque cambiado el sacerdocio, indefectiblemente también cambiará la ley. Melquisedec.

Él dijo: ¡Se terminó! ¡Yo voy a cambiar esto! Los fariseos lo miraron y le dijeron: ¡Pero es que no puedes! ¡Si ni siquiera eres levita! – Él les dijo: Como… ¿No recuerdan que los levitas, representados por Abraham, me dieron los diezmos a mí? Obvio: jamás lo entendieron. 

Es que a la ley, si debemos definirla, tendremos que hacerla de este modo: doctrinas o principios que determinan la conducta o el comportamiento de la gente. Hoy tú vives de acuerdo con lo que tú entiendes que se te permite, ¿No es verdad? Bien; cuando hay un cambio de sacerdocio, eso cambia.

 Estamos en un notorio cambio sacerdotal que demanda que nuestro estilo de vida cambie y se ponga al servicio de las convicciones y no de las tradiciones o las costumbres. No podemos de ninguna manera predicar la revelación de hoy y vivir bajo los principios cotidianos de ayer.

Esto, que es tan coherente y lleno de lógica es, sin embargo, el máximo error que la iglesia global está cometiendo en el tiempo presente. Cambio de ley. Ya no se trata de un simple cambio de sacerdote, ahora es el Reino. Recuerda que somos un Reino de reyes y sacerdotes, todos ministros competentes.

 Pese a todo, hay una proverbial equivocación que se arrastra desde hace mucho tiempo porque ningún ministerio ha salido a clarificarla debidamente, vaya uno a saber por que motivos. Y es la que tiene que ver con la interpretación de lo que realmente es doctrina.

Comencemos desde el principio. Te digo algo que te puede dejar patas para arriba como una cucaracha: la palabra de Dios no es doctrina. ¡Hermano! ¿Qué dice? Digo lo que dice la Biblia. 2 Timoteo 3:16 dice que la palabra de Dios ES BUENA para doctrina. Y si es buena para doctrina, entonces quiere decir que la palabra en sí, no es doctrina.

Porque una doctrina es eminentemente enseñanza, ¿No es así? Son principios que gobiernan comportamientos extraños de la palabra. Pero la palabra en sí, no es doctrina. Va mucho más allá de eso: Sencillamente es una fuente inagotable.

Por esa razón se dice, – Y es estrictamente cierto -, que quien trata de vivir la letra, se muere. Porque la letra, mi amado hermano o hermana, no es una doctrina como tantos creen, sino que la letra es apenas un pequeño espejo.

Entonces, como es un simple espejo, nos encontramos con esta disyuntiva clave: si tú, sea por la causa que fuera, no sabes mirar correctamente en ese espejo, la letra te mata. La doctrina nos instruye para conducta. Tenemos que tener una mentalidad post-levítica y pre-levítica.

 Melquisedec, – Es necesario que lo sepas de una vez por todas -, existe fuera de la función levítica, ¿Entiendes? Porque la función levítica tenía, – Y tiene todavía -, su especial y singular énfasis en las obras muertas.

Melquisedec, que es decir directamente Cristo, opera fuera del círculo de las obras muertas. De allí que todo ese sacerdocio vaya mucho más allá de lo que puedan ser las obras exteriores compuestas por ritualismos, cualquiera que estos sean y por mejor intencionados que sean.

 (Juan 8: 53)= ¿Eres tú acaso mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió? ¡Y los profetas murieron! ¿Quién te haces a ti mismo?

 (54) Respondió Jesús: si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada es; mi padre es el que me glorifica, el que vosotros decís que es vuestro Dios.

 (55) Pero vosotros no le conocéis; más yo le conozco, y si dijere que no le conozco, sería mentiroso como vosotros; pero le conozco y guardo su palabra.

 (56) Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.

 Vamos a ver bien esto. No estamos diciendo que Abraham haya tropezado con algo. Lo que estamos diciendo, sí, es que Abraham vio el día del orden de Cristo. ¿Qué hizo entonces? Sencillamente entró en esa esfera y vivió allí.

Y no solamente vivió en esa esfera por sí mismo, sino que lo hizo antes que la ley, no después. Cabe aclarar que esa palabra, VIO, es la palabra OIDA, y significa “Estar plenamente consciente de”. Quinientos treinta años antes de la ley, Abraham entendió algo que fue introducido miles de años después.

La comunión que tú tienes con Dios, indiscutiblemente nace de tu entendimiento. Quiero recordarte que Comunión,  es la palabra KOINONÍA, que proviene de KOINOS, que quiere decir “común a varias personas”

Es una relación dentro de la cual dos partes tienen alguna cosa en común, en asociación. Los creyentes tienen comunión con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo, además de también tenerla los unos con los otros.

Por esa causa deben andar en la luz, practicar la verdad y dejarse así purificar de todo pecado. El mismo Dios nos llama a esta comunión de Su Hijo, basada en la comunión con el sacrificio de Su cuerpo y de Su sangre, yendo también hasta la comunión de Sus sufrimientos.

Estando así unidos al Señor, los primitivos cristianos perseveraban en la comunión fraternal, poseyéndolo todo en común, hasta el punto de ser todos de un corazón y de un alma, e incluso una sola bolsa. Pablo puede exhortar de manera semejante a los Filipenses: Si hay alguna comunión del Espíritu, a tener un mismo amor, una misma alma y un solo y mismo pensamiento.

Así, la KOINONÍA no es solamente espiritual, sino que se extiende al dominio de lo más práctico. De hecho, el mismo término griego significa también “ofrenda”, “ayuda” (Participar) “libertad”. Aparte de esto último, la comunión no sería más que una entelequia teórica y carente de significado. El adjetivo KOINONO significa también “socio”. Los socios participan en una empresa y/o en unos bienes comunes. De allí la utilización del término KOINONOS en tantas expresiones bíblicas.

En eso consiste nuestra asociación con Jesucristo y por eso es que digo que esa comunión nace de tu entendimiento. Eso, evidentemente, excluye cualquier asociación con el enemigo, porque: ¿Qué comunión tiene la luz con las tinieblas? ¿Y que concordia Cristo con Belial? ¿O que parte el creyente con el incrédulo?

A esto último no se lo termina de entender, de ver con claridad y, por ende, de aceptar todavía dentro del marco de la iglesia del Señor. Nuestra “bondad”, parecería ser que debe obligarnos a aceptar cualquier cosa que venga del mundo incrédulo “por misericordia y amor”, cosa que jamás ha sido ordenada por Dios a ninguno de sus hijos, no al menos de este modo.

Entonces, la comunión que tú tienes con Dios, nace desde tu entendimiento. Abraham vio el orden de Melquisedec y vivió en él. Todo lo que vino después y que debimos asimilar, no nos puede hacer olvidar que Adán tenía agua, algo que comer y una piedra, pero sin embargo tenía comunión con Dios sin necesidad de un mediador, ¿Se entiende lo que te he dicho?

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Ministrar Como Dios Ministra

A mí me gustaría, antes de entrar a indagar sobre vida y obra de nuestro amigo Melquisedec, poder recalar en el fundamento básico de este estudio, que no es necesariamente la figura propiamente dicha de Melquisedec, sino su condición de dueño del orden de este nivel de Sumo Sacerdocio.

Para poder entender eso, entonces, lo mejor será que estudiemos a partir de lo que nos dicen los documentos de la historia bíblica, sobre que cosa era un sacerdote. Porque sabiendo lo que era, podemos estimar en este tiempo presente lo que debe ser y, esencialmente, establecer proféticamente lo que será en los próximos años.

Un sacerdote era un ministro especialmente designado para el culto, oficiando ante el altar, y ejecutor de ciertos ritos en nombre de la comunidad. Siendo mediadores entre el hombre y la divinidad, los sacerdotes constituían por lo general una casta entre los egipcios, madianitas, filisteos y griegos.

En los albores de la humanidad, eran los mismos individuos los que ejercían ciertas funciones religiosas antes de la organización del sacerdocio. Los patriarcas asumieron estas funciones para sus familias, como se observa en los casos de Noé, Abraham, Isaac, Jacob, Job y otros. El caudillo de un pueblo estaba, asimismo, revestido del cargo sacerdotal.

En la época del éxodo había ciertos israelitas que poseían esta prerrogativa por derecho natural. El crecimiento de la cantidad de hebreos que recurrían a sus servicios parece haber llevado a los israelitas investidos de funciones sagradas a dedicarse a ello a tiempo completo.

Al establecerse el código levítico, sin embargo, el sacerdocio quedó limitado a la casa de Aarón. En épocas de desconcierto nacional y de apostasía, cuando Dios se manifestaba directamente a un hombre, éste reconocía de inmediato su derecho a sacrificar sin pasar por los mediadores oficiales.

Después del cisma, los israelitas piadosos del reino del norte no pudieron ya recurrir al sacerdocio oficial, que tenía su centro en Jerusalén, capital del reino de Judá, para poder ofrecer los sacrificios prescritos, muchos de los piadosos emigraron al reino del sur.

Como en la época de la apostasía de los Jueces, Elías preparó un holocausto excepcional, bajo la autoridad de Dios, en la guerra de Jehová contra Baal. Sin embargo, para evidenciar, además del poder de Dios, el hecho de que no había autorización para que los hombres asumieran una posición de independencia frente al santuario de Jerusalén en tanto que el Señor lo reconocía, fue Jehová mismo quien lanzó fuego desde el cielo para consumir ese sacrificio dispuesto por Elías.

Así, no se puede presentar este sacrificio de Elías como “un ejemplo de ofrecimiento de sacrificios de israelitas piadosos en el reino del norte” con independencia del sacerdocio aarónico centrado en Jerusalén. Los israelitas verdaderamente piadosos debían ofrecer sus sacrificios no por sí mismos, sino en Jerusalén.

El pueblo de los hijos de Israel, llamado en el Sinaí a formar una nación organizada, recibió al mismo tiempo un santuario y un cuerpo sacerdotal dignos de Jehová. Aarón y sus hijos fueron los designados para el sacerdocio, declarado hereditario, y reservado a la familia de Aarón.

Todos los hijos de Aarón que no adolecieran de defectos corporales eran sacerdotes. Cuando se menciona su clase, se trata de los “sacerdotes” o “sacerdotes hijos de Aarón”, alusión a su ascendencia; también se los nombra como “los sacerdotes levitas”, haciendo referencia a su tribu.

Más tarde, se dijo: “Los sacerdotes levitas hijos de Sadoc”, que es designación de una rama de la familia de Aarón. Esta manera de designar a los siervos del culto era corriente, al mantenerse la distinción entre los simples levitas, ayudantes en el acto del sacrificio y los sacerdotes propiamente dichos. El sacrificio sobre el altar del Tabernáculo y el uso del Urim y del Turim estaban estrictamente reservados a la familia de Aarón, como lo demuestra la historia.

Los sacerdotes tenían tres deberes esenciales: 1) El servicio del Señor en el santuario. 2) La enseñanza de la Ley al pueblo. 3) Consultar a Jehová por el pueblo, mediante el Urim y el Turim. Estaban sometidos a normas muy particulares y les estaba prohibido casarse con una mujer deshonrada o repudiada.

Ellos tenían que casarse, (Porque nadie les prohibía casarse y fundar sus propias familias); con una israelita que fuera, o bien virgen, o viuda, y cuya genealogía estuviera comprobada. En el ejercicio de sus funciones llevaba vestiduras sagradas, cuyo uso estaba prohibido fuera del Templo.

Esta se conformaba de: Una especie de calzón que iba desde la cintura hasta los muslos, una túnica ajustada al cuerpo, de una sola pieza, sin costura, que llegaba a los tobillos, y ceñida sobre los riñones con un cinto bordado con colores simbólicos, y un turbante. Todas estas piezas eran y tenían que ser de Lino Fino.

En las ceremonias religiosas, tanto los sacerdotes como los levitas, llevaban un sencillo efod de lino. Cabe consignar que no era obligatorio llevar estas vestiduras, que no tenían comparación posible con el lujoso efod del que oficiaba como Sumo Sacerdote.

Los sacerdotes descendientes de Aarón, (Sin duda, la tercera generación); recibieron, en conformidad con la regla mosaica, trece ciudades con sus pastos y tierras, suficientes asimismo para sus descendientes, cuyo número aumentó considerablemente con el transcurso de los siglos.

Es por ello que los sacerdotes fueron divididos por David en veinticuatro órdenes. Durante las semanas de grandes solemnidades, los veinticuatro órdenes oficiaban simultáneamente, pero por lo general sólo un orden efectuaba su servicio cada semana; el cambio tenía lugar el sábado, antes del sacrificio de la tarde.

 Del exilio babilónico sólo volvieron cuatro órdenes sacerdotales con Zorobabel; sin embargo, más tarde fueron reconstituidos los veinticuatro órdenes. Los sacerdotes estaban constituidos en una jerarquía encabezada por el sumo sacerdote.

Inmediatamente por debajo de él se hallaba un sacerdote que posiblemente pueda ser identificado como el “príncipe de la casa de Dios” y con el “jefe de la guardia del Templo”. Los principales sacerdotes mencionados en el Nuevo Testamento eran el sumo sacerdote reinante, los sumos sacerdotes precedentes aún vivos, y los miembros de las familias.

La confusión política reinante y la dominación extranjera habían invalidado de facto las provincias de la Ley en cuanto a la sucesión del sumo sacerdote. Ya desde los tiempos de los Seléucidas, y como también sucedía con los romanos, el cargo del sumo sacerdocio estaba sometido a los avatares políticos. Los romanos designaban y destituían a su placer a los hombres de este importantísimo cargo.

En el Antiguo Testamento, la jerarquía religiosa se presentaba de la siguiente manera: 1) Aarón, (O su sucesor), el sumo sacerdote, que tenía acceso una vez al año al Lugar Santísimo en el día de la expiación. 2) Los sacerdotes y sus ayudantes los levitas, que ejercían el servicio del santuario. 3) El pueblo, que podía presentar sus ofrendas en el lugar ante el altar de los holocaustos.

En el Nuevo Testamento, Cristo es nuestro único y perfecto Sumo sacerdote. Los creyentes constituyen, todos ellos, un regio sacerdocio; la multitud que debe ser evangelizada y llevada ante la cruz del sacrificio expiatorio, la clave del camino que conduce a Dios.

Así es que, admitiendo plenamente los dones y ministerios particulares, el cristianismo no reconoce ningún tipo de clero (Lo que estás leyendo), ninguna casta separada de sacerdotes, (Lo que vuelves a leer), en el Nuevo Testamento la Iglesia entera es un  reino de sacerdotes.

Entonces, será muy bueno y productivo comenzar a adentrarse en el estudio, análisis y conocimiento revelado de esta emblemática figura llamada Melquisedec, porque de todo lo que emane de él, podremos vislumbrar las condiciones del futuro sacerdocio.

EL SACERDOCIO DEL TERCER MILENIO

¿A ti te agrada leer los salmos? ¿Puedes extraer de ellos la riqueza de los depósitos espirituales acumulados allí, o solamente te regocijas en tu corazón, en tu alma, en tu mente, en tus emociones, con el romanticismo casi poético que los salmos tienen?

 Si tú llegaras a estar en esta última condición, lo que voy a compartir en este trabajo, quizás te signifique toda una novedad; casi una revelación podría arriesgar. Sí, en cambio, tienes ojos espirituales como para ver profundidades, esta enseñanza te va a despertar algunos interrogantes que seguramente te habrás formulado en más de una oportunidad.

(Salmo 110: 1)= Jehová dijo a mi Señor: (Recuerda que el que está hablando es David, que Jehová es Jehová y que su Señor, indudablemente, es su futuro descendiente: Cristo) siéntate a mi diestra, (Sentarse, en el idioma del Reino de los cielos, no es depositar tus glúteos en un sillón, sino tomar una posición espiritual más elevada) hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.

(2) Jehová enviará desde Sión (Desde la Iglesia. En la tipología simbólica del Nuevo Testamento, Sión siempre representa a la iglesia. Pero a la iglesia, no al montón humano sentado en decenas de bancos de un templo), la vara de tu poder; (Es decir: la autoridad del poder de Cristo) domina en medio de tus enemigos.

(3) Tu pueblo (Esto es: tú mismo, tu esposa, tu marido, tus hijos, tus padres, tus hermanos de sangre) se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder, (No habla de un día cronológico; habla del día en que el pueblo decrete y active por fe ese poder) en la hermosura de la santidad. Desde el seno de la aurora tienes tú el rocío de tu juventud.

(4) Juró Jehová, (Cuidado que es Dios mismo el que está jurando, no lo olvides. Y recuerda que como Dios no tiene nada más grande o elevado por lo cual jurar, jura por sí mismo. Si fallara a su juramento, Dios dejaría inmediatamente en ese momento de ser Dios. Él no trasgredí sus propias leyes) y no se arrepentirá; tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.

Muy bien: aquí está el extremo de este ovillo, la punta de esta madeja. Porque tú, al igual que yo mismo y que muchos otros, hemos leído este texto, nos hemos enterado que el sacerdocio de Cristo es según el orden de Melquisedec, nos hemos dado por informados y satisfechos, y gloria a Dios, y aleluya, ¿No es cierto?

Pero ni por asomo se nos ha ocurrido, (¿O debería decir: se nos ha revelado?) a una gran mayoría, preocuparnos por saber: Número Uno: ¿Quién es Melquisedec? Número Dos: ¿Qué significa un sacerdocio según el orden de Melquisedec?

Particularmente, algo he leído y algo he oído de otros buenos siervos del Señor. Pero nadie o casi nadie han encarado un trabajo extenso, serio y nutritivo respecto a una figura que, en primera vista, no parecería tener demasiado relieve, pero que si afirmamos que nada menos que Jesús tiene un sacerdocio con su nombre, se presenta al menos como sumamente interesante, ¿No crees?

He escrito y predicado oralmente muchos estudios donde se nombra a Melquisedec y se hacen algunas consideraciones respecto a su persona, a su historia, a su significación para el Reino de Dios y para lo que realmente implica tener un ministerio conforme a su espíritu.

Recuerdo haber aceptado, en cada ocasión que leí u oí esa palabra, que era genuina. Recuerdo haberla creído y puesto por obra, por lo tanto asumí por consecuencia el derecho y la libertad de tomar, de aquellas enseñanzas recibidas, algunos puntos muy primarios a partir de los cuales podré compartir contigo la parcialidad y la totalidad de este trabajo.

Es un fundamento sumamente valioso, porque creo que Dios está haciendo hoy y ahora, y no tiene sentido reducirlo a una mínima proporción cuando su difusión se hace imperiosa. De allí que convendrá saber desde los documentos fríos e informativos, lo que históricamente se sabe sobre Melquisedec.

PRESENTACIÓN EN SOCIEDAD

En principio, tendrás que saber que Melquisedec se traduce como Rey de Justicia. Se dice que era el Rey de Salem, probablemente Jerusalén y sacerdote del Altísimo. Fue al encuentro de Abraham, victorioso de la batalla de los reyes que habían llevado preso a Lot; le ofreció pan y vino, y lo bendijo.

Por su parte, dice la historia que el patriarca le dio el diezmo del botín. ¿Diezmo? ¡Pero si el diezmo es cosa de la ley! ¡Ah, no sé! En la Biblia dice que le dio los diezmos de todos. Y eso pasó más o menos unos cuatrocientos años antes que apareciera la ley. ¿Qué te puedo decir?

Es la carta a los Hebreos la que realiza unan notable aplicación tipológica de esta misteriosa aparición.  Fíjate que Aarón, con todos sus sucesores, era una figura anticipada de Cristo, nuestro Sumo Sacerdote, considerado sobre todo en su obra de expiación.

Sin embargo, al ser Aarón pecador y mortal, su sacerdocio se tenía que transmitir en constantes interrupciones; por otra parte, era insuficiente porque no podía ofrecer más que símbolos (Los sacrificios de animales); que representaban el gran sacrificio de la cruz.

El redentor del mundo, considerado en su resurrección y oficio perpetuo, tenía que ejercer un sacerdocio de un orden totalmente diferente. Allí nace la figura símbolo de Melquisedec. ¿Por qué? Por varias razones que enumero:

Melquisedec era: Rey y sacerdote, de la misma manera que Cristo será Rey y Sacerdote sobre su trono. Rey de justicia según el significado de su nombre, y Rey de paz, dos términos que también caracterizarían al Mesías.

Melquisedec era sin padre, sin madre, sin genealogía, no tenía principio ni final de días o de vida. Se ignoran su principio y su fin; no figura en ninguna genealogía levítica, única reconocida; se ignora incluso quienes fueron su padre y su madre.

En eso es que Melquisedec es tipología de Cristo eterno, que aparece súbitamente en medio de Israel sin descender de Aarón y sin pertenecer a la tribu sacerdotal, y que por el poder de su resurrección queda como nuestro sumo sacerdote para siempre.

A diferencia de Aarón, es mediante juramento que Dios confiere directamente a su Hijo este sacerdocio, de la manera que la consagración de Melquisedec no fue hecha por el camino establecido en Israel.

(Hebreos 6: 13)= Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, (Que en él serían benditas todas las naciones) no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo.

Ya te lo anticipe: conforme a la ley de Dios, cuando tú juras, haces un pacto inmutable e inamovible. O cumples con el juramento o te deshaces en mil pedazos. Por eso Cristo le ordena al hombre que Él sabe que es imperfecto e inconstante -, que no jure. No es una ocurrencia dictatorial, ¡es un favor sin cargo!

 Porque no desea que el hombre se autodestruya totalmente por la ligereza de un juramento. Muchos de los que todavía juran, hoy, -incluso por Dios y los Santos Evangelios-, no saben a lo que se exponen. La historia y sus hechos nos muestran que de un modo u otro, la ley de Dios se cumple.

En Argentina, la mayor parte de los funcionarios públicos y políticos que asumen responsabilidades, continúan efectuando un juramento “de práctica” que se realiza colocando su mano derecha sobre, precisamente, el libro que dice que no debemos jurar.

Fuera de aquellos que por ser de otros credos religiosos o simplemente ateos que no creen en la existencia de algo trascendental, la mayoría que dice ser cristiana, jura por Dios, La Patria y estos Santos evangelios, desempeñar con lealtad y patriotismo el cargo de…que me ha sido conferido. Si así no lo hiciere, que Dios y la Patria me lo demanden.

Hace aproximadamente cincuenta años que tengo el suficiente uso de razón y memoria como para recordar y poder asegurarte que, mi patria ha demandado muy pocas veces a los muchos que la estafaron, mintieron, corrompieron y hasta robaron y asesinaron, pero Dios…¿Quién puede saberlo? Yo confío que sí lo ha hecho. Como dicen los abogados al final de un escrito: Será Justicia.

Aquí dice que Dios, no encontrando uno mayor que Él para jurar su promesa a Abraham, juró por sí mismo. Es decir que le dice: Yo te juro que voy a hacer esto contigo, Abraham. Y si no lo hago, me deshago en mil pedazos.

 Entonces pregunto: ¿A cuántos de los que están leyendo esto les gustaría llevar a Dios a hacer un pacto personal al máximo? ¡No me lo puedo imaginar! Que se acerque a ti, te llame por tu nombre y te diga: Yo te prometo (Aquí pon tu nombre) que haré contigo tal cosa y si no te la cumplo, yo, Dios me deshago. ¡¡Aleluya!!

(Verso 14)= Diciendo: de cierto te bendeciré con abundancia (¿Acaso abundancia de dinero? No específicamente, aunque la incluya. Porque la abundancia de Dios es mucho más que un fajo de billetes de…(Ponle la moneda que mejor te caiga)  y te multiplicaré grandemente. (Atención con esto: multiplicar es aumentar algo que ya existe, no establecer algo nuevo. Si no tienes un número previo, no puedes multiplicarlo)

(15) Y habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa. (Aquí hay un detalle que vamos a tener muy en cuenta: Abraham alcanzó la promesa. ¿Qué quiero decir? Que la promesa no le cayó del cielo como una pluma frágil que viene bamboleándose con el viento. Él tuvo que salir a alcanzarla)

(16) Porque los hombres ciertamente juran por uno mayor que ellos, y para ellos el fin de toda controversia es el juramento para confirmación. (Hay gente que jura por su madre, por la luz que lo alumbra, por su propia vida y por el mismísimo Dios. ¿No entendieron?)

(17) Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento; (Te recuerdo que Inmutable significa: No mudable, que no puede ni se puede cambiar. Que no siente o no manifiesta alteración del ánimo).

Fíjate que el juramento que Él hace a Abraham, incluye a los herederos de la promesa. Y nosotros, en Cristo, según Gálatas 3: 28 y 29, somos los herederos de la promesa. O sea que, por cuenta suya, Dios jura por sí mismo. Para que te sientas seguro y tengas la certeza de que la herencia, efectivamente, viene.

(18) Para que por dos cosas inmutables, (Ya sabes lo que es algo inmutable) en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros.

(19) La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo, donde Jesús entró por nosotros como precursor, (Lo que aquí vemos es que Jesús atravesó un velo. Pero no lo atravesó porque Él era bueno, o era grande, o mejor que nosotros; lo atravesó como primogénito en esperanza y confianza en cosas inmutables en las cuales Dios no puede mentir.)

 Y esto te dice a ti, -además-, que hay otro grupo de gente que va a poder cruzar el mismo velo. Precursor, tú lo sabes, quiere decir: uno que va primero, pero que mantiene la puerta abierta para que usted entre después.

Es decir que Cristo es el patrón y nosotros el cumplimiento. Y eso a pesar que todavía hay muchos en la iglesia que están pensando que Cristo viene a rescatarlos de sus problemas terrenales. No te confundas. Cristo va a fortalecer lo que tú hagas, pero tendrás que hacerlo tú. Dios Padre no colgó de la cruz; Jesús estuvo allí.

Hay gente que está pensando en atravesar el velo. Que está trabajando denodadamente contra su propia alma, su propia carnalidad y hasta contra sus propios deseos corporales para cruzar ese velo. El mismo que atravesó Cristo y que fue ni más ni menos que su propia carne.

Lo que te estoy diciendo es que hay gente que va a atravesar el velo llamado “la carne” y va a entrar en otra dimensión, aquí en la tierra, viviendo más allá de las limitaciones de la carne, aquí en la tierra. ¿Lo crees probable? ¿Lo crees posible? Ten cuidado: el hombre tal piensa, tal es. Si tú crees que es posible, es posible. Si crees lo contrario…

Eso, para que lo entiendas definitivamente, sería vivir del otro lado de ese velo, donde la conciencia de la muerte ya no te atribula ni te atemoriza. ¿Por qué aún te produce ambas cosas, verdad? No me mientas y te mientas aparentando lo que todavía no has llegado a ser.

Porque la muerte, en suma, es una sensación angustiosa que viene de tu razón. Para Dios la muerte no existe. ¿Eh? Dije que para Dios la muerte no existe. Porque estar ausente del cuerpo –equivalente a morirse- es estar presentes en Él, lo entiendes?

Visto desde la perspectiva de Dios, tú nunca te mueres. Porque, -dice su Palabra-, el hombre fue escogido desde antes de la fundación del mundo, no cuando el hombre nace. El hombre tenía vida antes de nacer y tiene vida después que muere.

¡Ah, no, eso no puede ser! ¡Si yo no tengo memoria de mi tiempo anterior al nacimiento! ¿Y por qué tendrías que tenerla? Basta. No pongas en tu raciocinio mental finito conceptos y principios espirituales eternos. El hombre tenía vida antes de nacer y la tendrá después de morir.

Cuidado con lo que estás entendiendo. ¡Esto no es filosofía oriental, es Biblia! No te estoy hablando de reencarnación, por favor, te estoy hablando de predestinación global que tú, con tu decisión personal, puedes llevar a lo individual.

DEL OTRO LADO DEL VELO

Sabemos que somos hechos en semejanza a Dios. Lo enseñamos en nuestras escuelas, lo predicamos en nuestras iglesias y lo repetimos como papagayos, pericos o loros, como les llames. Lo que no hemos visto, todavía, es hasta qué nivel alcanza esa imagen y semejanza. El día que podamos verlo, ya no le tendremos tanto miedo a la enfermedad y a la muerte.

Ahora bien: para poder superar este tipo de emociones, hay que vivir del otro lado de la carne, porque si vivimos de este lado del velo, no lo conseguiremos nunca. Un detalle: hasta que no entramos en esa dimensión, no somos amenaza para el enemigo.

Lo que oíste, no me equivoqué ni me endemonié, es lo que dije porque así lo certifico con hechos concretos. No podemos hacerle ningún daño a Satanás mientras nos desvivimos guardando este bastión tan débil llamado cuerpo de carne. Por eso es que dice: “El que quiera salvar su vida”…

El verso 19, termina diciendo: …hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.

Aquí nos volvemos a encontrar otra vez con este hombre: Melquisedec. Cristo es sacerdote según los principios del sacerdocio de Melquisedec. Por eso es que los fariseos tenían más que visibles y notorios problemas con Cristo.

Porque Cristo no era de la tribu de Leví y dentro del sacerdocio levítico, dentro de la ley que prevalece en el tiempo de los fariseos; si tú vas a ser sacerdote, las leyes que te gobernaban eran las leyes levíticas. Tú no podías ser sacerdote de un orden y vivir bajo otro gobierno.

Estamos en tiempos de restauración y reforma. Y cuando hay una reforma, hay un cambio de sacerdocio. Pero cuando hay un cambio de sacerdocio, se impone también un cambio de ley. No se puede cambiar un orden sacerdotal y operar sobre los mismos principios que el orden que se está reformando.

Presta atención al texto que dice: “Hecho Sumo Sacerdote para siempre”, según el orden de Melquisedec. Es decir que lo primero que da a entender, es que este es un orden eterno. No ministra bajo el yugo de las tribulaciones temporales; Vive en un nivel que está más allá del velo de lo temporal; es un ministerio que no está limitado por el tiempo cronológico.

Entonces, no es simplemente otro líder, otro pastor, otro ministro, otro título. Es una naturaleza, una posición espiritual, una sustancia que iguala en título. El orden de Melquisedec es eterno. Es antes que lo levítico y posterior a lo levítico también. ¿Lo estás entendiendo? Espero que sí lo entiendas, porque entender esto es básico para poder entender lo que viene.

 Dice Cristo: “Tú, Señor, ministra según estos principios y Él es el primogénito”. Esto es: el orden de Melquisedec es, en suma, un compendio de principios gubernamentales de una ley que gobierna el Nuevo Testamento.

El problema es que nosotros, en pleno siglo veintiuno, todavía andamos en leyes y legalismos del siglo pasado. Aún dentro de la restauración, la reforma y la renovación, no terminamos de entender la gracia. Satanás pelea con celulares y misiles, la iglesia lo enfrenta con señales de humo y bayonetas.

(Hebreos 7: 1)= Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo.

Lo primero que tenemos que hacer, es notar el tiempo en que aparece Melquisedec y compararlo con el actual para comprobar si este orden está llamado a aparecer una vez más y en qué condiciones. Presta atención a esto porque es la primera llave para abrir el contenido.

¿Qué atmósfera, qué cultura, qué incidentes rodean la aparición de Melquisedec? ¿Qué sucedió en la tierra en la que apareció este hombre? Porque pensemos: aquello que hizo que apareciera entonces, es lo mismo que tendrá que volver a suceder para que vuelva a aparecer.

Dice que él salió a recibir a Abraham. Es evidente que Abraham hizo algo más allá de lo levítico; algo más que el entendimiento del hombre. Tan espectacular fue lo que hizo, que Melquisedec dispone ir a darle una mano apareciendo como dos mil años antes de su tiempo.

Lo cierto y real es que Abraham conoció a este misterioso hombre, aproximadamente unos quinientos treinta años antes de que existiera un solo levítico sobre la tierra. ¿Qué significa esto? Que Melquisedec es pre-levítico, pero también post-levítico.

Entiende esto: mucho tiempo antes que apareciera la ley, Abraham ya estaba operando en este orden, ¿Lo estás viendo? Esto quiere decir que él entró en un orden sacerdotal o espiritual que, en realidad, no comenzaría efectivamente hasta dos mil años después.

La incógnita o incertidumbre, es: ¿Qué cosa produjo esa aparición en el plano de los tiempos cronológicos? No lo podemos decir con exacta y milimétrica precisión, pero lo cierto es que esa aparición afectó todas las edades y todas las generaciones de la Biblia.

Ahora presta atención  a esto porque tiene que ver con las bases de esta historia y con las bases de este estudio. Esta es la misma clase de gente que Dios está levantando hoy. Una gente que está construyendo algo que es eterno, no temporal.

¿Y que particularidades tiene esa gente? Es una gente que afecta generaciones con lo que hace, no necesariamente con su vida. Ahora bien: ¿Cuales son las condiciones que prevalecen notoriamente en el marco de la aparición de este personaje?

 (Verso 2)= A quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo.

Mucha atención con este punto del tema. Porque es un asunto muy adecuado para todos aquellos a quienes no les agrada diezmar y buscan en la Biblia diversos textos que les sean útiles para afirmar sus posiciones y, de paso, tranquilizar sus conciencias.

Estamos viendo con total nitidez y precisión, que mucho tiempo antes que existiera siquiera algo parecido a la ley, ya existía algo llamado diezmo. Porque dice que Abraham, le dio a Melquisedec los diezmos de todo. ¡De todo! ¿Entiendes lo que esto significa?

Y se lo dio a un individuo que apareció nada menos que dos mil años antes de lo que se tenía previsto. ¿Quieres que te lo pase en limpio así lo ves con más claridad? Había diezmo antes de la ley, había diezmo durante la ley y, bajo diferentes condiciones, eso es cierto, también hay diezmo después de la ley.

Ahora ve y quéjate a Sociedades Bíblicas, a mí no me digas nada. Además, yo no te pido, no te sugiero, no te presiono, no te manipulo ni te comprometo a que lo des. Es un asunto del señor y tuyo. Tú sabes como está tu corazón y de que color están tus vestiduras.

Porque, fíjate que después viene Cristo, Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec, que es lo que realmente interesa, no tanto el tiempo cronológico en que se desarrolla lo que vamos a mencionar. Y Él viene diezmando, ¿Qué me dices?

¿Cómo que de donde saco esto? Recuerda: ¡Oh fariseos, hipócritas! Que diezmáis la menta y el comino, pero olvidáis la misericordia y la justicia; os es necesario (Dice Jesús, no un fariseo), hacer esto sin dejar de hacer aquello. ¿Verdad que lo recuerdas?

Tengo una buena noticia para ti. O no tan buena, depende de ti. El diezmo es eterno. Si tú no estás diezmando, sea por la causa que sea, sea por el argumento que sea, es más que indudable que no estoy hablando contigo.

YO DIEZMO, TU DIEZMAS, ¿Y ELLOS…?

Sé lo que me puedes responder porque yo mismo he respondido con esas mismas palabras. Y sé también que más del ochenta por ciento de lo que me digas, quizás es bien cierto, tal como lo era cuando yo lo decía. No le hace. ¿Por qué?

Porque se supone que estoy hablando con la iglesia genuina, no con la nominal, religiosa o babilónica. Ni siquiera alcanzo a hablar con la iglesia evangélica en su conjunto, porque dentro del conjunto, tal como si fuera uno de carácter musical, hay algunos integrantes que desafinan muy feo.

Había una ley sobre el diezmo que, efectivamente, fue borrada por la gracia. Este es el punto número uno y toma nota de él, por favor. Pero, conjuntamente con la ley, tú lo sabes muy bien, había una promesa de Dios para quien la cumpliera. ¿Lo recuerdas?

Entonces, el problema con el cual nos encontramos ahora, es que si bien la ley fue caducada por la gracia, la promesa no. La promesa, por su parte, sigue intacta. Entonces, hoy, suponiendo que tú diezmes, ya no lo estás haciendo por la ley, sino para acceder a la promesa que es inalterable.

El caso es que la iglesia siempre d su diezmo. Y lo trae, tal como dice la palabra, y no por la ley, con destino al alfolí. Alfolí, tú ya lo sabes porque lo he enseñado en otros estudios, es equivalente a Granero. Y granero es el lugar en el que se guarda el alimento.

Muy bien; ¿Quieres algo para estudiar, para escudriñar y para buscar revelación? Entonces ponte a estudiar el Alfolí. Yo ya lo hice y encontré decenas de “perlas” preciosas. Hazlo tú porque, seguramente, el Espíritu Santo te revelará otras tantas que yo no he visto.

Haz eso: estudia el Alfolí, pero no el diezmo. Porque el diezmo es una promesa, se da y funciona, eso es todo. El alfolí, en cambio, es otra historia muy diferente porque, si un día el Señor te mostrara tal cual Él lo ve, es probable que a ti se te caerían las medias aunque estuviéramos en  pleno verano.

Porque todo esto, mi amado hermano o hermana, no es una mera y simple doctrina particular. Tampoco se trata de una tesis revolucionaria de la materia de Teología Abarcativa. ¿Sabes que es? ¡Es Biblia! ¡¡Y siempre estuvo allí!!

Y dice que Abraham le dio a este muchacho los diezmos de todo. ¡Un momento! ¿Qué cosa entendemos por los diezmos de todo? Algo así como los diezmos de su dinero, los diezmos de su tiempo, los diezmos de toda su vida de fe y de trabajo. ¿Alguien tiene algo más par añadir?

…Cuyo nombre significa primeramente Rey de Justicia, y también Rey de Salem, esto es, rey de paz; sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principios de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.

(4) Considerad, pues, cuán grande era este, a quien aún Abraham el patriarca dio diezmos del botín.

Quiero recordarte una vez más, por si se te hubiera olvidado, que el escritor escribe esta carta al pueblo judío. Y que Abraham, pese a no ser judío él (Era de Ur de Caldea), era el máximo referente de los judíos.

¿Máximo referente hasta que grado o medida? Hasta el total, el máximo, el más alto, el de mayor nivel. Decir Abraham con los judíos, era como esgrimir una llave maestra capaz de abrir las puertas de una conversación bien válida. Casi un salvoconducto racial.

Y lo que el misterioso escritor de la carta a los Hebreos le está diciendo a ellos, es que hay un nuevo orden en la tierra. ¡Y fíjate si será grande ese nuevo orden, que hasta Abraham le entregó todos sus diezmos! Solamente esto último, logró que los judíos le prestaran atención con bastante seriedad.

Después dice que el tal Melquisedec, no tiene genealogía. Esto significa algo muy específico, muy del orden interno y doméstico de la iglesia, pero también algo muy importante. Si no se cuenta con genealogía (Hijo de, nieto de, padre de), por el orden levítico, no se puede acceder al derecho de ministrar.

No es poca cosa, ¿Eh? Ahora bien: ¿Quién es, entonces, este misterioso individuo que no tiene principio, que no tiene fin, que no tiene padre ni madre? No te olvides que, conforme al orden levítico, el derecho a la herencia, al linaje y a existir, directamente, se basaba en tu árbol genealógico.

Eso era lo básico, lo primordial, lo primero en lo que desde afuera, se prestaba máxima y especial atención. Esto, una vez más voy a repetirlo, te anulaba totalmente si eras un “N.N.” Si no tenías el clásico documento que decía que tú eras hijo de, nieto de, sobrino de, padre de, esposo de y cuñado de, tú no existías. Así se sencillo.

Sin embargo, y pese a todo lo que te estoy contando, aquí se nos aparece alguien que, evidentemente, no tiene nada de eso. ¿Y que hace Abraham al respecto? Abraham, el mismísimo Abraham, se saca el sombrero (Simbólicamente hablando), ante su presencia. ¿Qué te parece?

En los originales, donde leemos en el verso 4 que dice Cuan grande era este, se puede leer Este hombre. Y te lo digo, porque Melquisedec aparece, – repito -, quinientos treinta años antes que la ley. Hay muchos que suponen o creen que es una teofanía, es decir: una aparición etérea, fantasmal. Son teólogos, comentaristas y eruditos, no improvisados.

Sin embargo, no interesa demasiado lo que la gente cree o no cree. La Biblia dice que es un hombre. Si se manifestó, si se dejó de manifestar, si se encarnó en una figura humana o lo que a ti se te ocurra, no lo sé.

Lo único que sí sé y puedo decirte con valor de certeza, es que cuando él aparece, la Biblia lo llama Hombre. Y eso tiene cierto valor, porque cuando tú apareces en el planeta, la Biblia también te llama Hombre. Y tú existes desde antes que tuvieras un cuerpo, ¿No es así?

Otra más: este buen hombre, Melquisedec, conocía al sacerdocio mucho antes que el sacerdocio fuera establecido. Y aquí vemos al escritor de Hebreos, tratando de enseñar la supremacía de Cristo por sobre Moisés, diciendo que hay un nuevo camino por el cual poder acercarse al trono de Dios.

Entonces todo el mundo se devana los sesos y trata de descubrir cual es ese camino, porque todo el mundo anhela acercarse a Dios y tener máximo e íntima comunión con Él. Muy bien, aquí está la pista. Ese acercamiento es por el velo. Y el velo, mi querido amigo, en este contexto, viene a ser tu propia carne, ¿Lo estás entendiendo?

Yo no sé si te has caído en la cuenta que, a esta altura, esto nos está hablando de un sacerdocio que tiene acceso al mundo eterno. Un sacerdocio que no funciona sobre las leyes y principios del viejo Aarón.

¿Por qué sucede todo esto? Porque cuando hay una reforma en marcha, (que es lo que estamos viviendo en este tiempo presente), siempre hay un nuevo fundamento, una nueva esfera o ámbito de las realidades para el sacerdocio.

Ahora bien; cuando cambia la iglesia por medio de una profunda reforma, el sacerdocio también tiene que cambiar profundamente par poder seguir estando alineado con la iglesia. De otro modo habría un desmesurado desfasaje que traería innumerables problemas.

El mayor problema hoy en día, es que quieren cambiar a la iglesia, pero se resisten a cambiar el sacerdocio. Es más: pretenden cambiar y reformar a la iglesia mediante la tarea de hombres y mujeres que no están ni renovados ni reformados por el Espíritu Santo. Sencillamente incoherente.

Y mucho cuidado, porque no estoy hablando de hombres concretos ni de nombres y apellidos específicos, aunque implícitamente los incluya. Tampoco estoy hablando de posiciones o títulos; estoy hablando lisa y llanamente de sustancia, de principios espirituales sobre los cuales debemos operar.

¿Cómo es que dice la palabra? Considera cuan grande, ¿No es así? De acuerdo; la palabra GRANDE, aquí, es la palabra PELIKOS, y significa: “Alcance de influencia”, “Fortaleza de carácter interno”, “Calidad moral”.

Considera, entonces, que PELIKOS es este hombre del que estamos hablando y ocupándonos. Considera, de sobremanera, el principio que tiene. ¿Y que cosa es un principio a considerar? Veamos.

Un principio, según lo enseñaba un ya desaparecido hombre de Dios al que me seducía oír y que obviamente marcó mi vida para siempre, es lo que él resumía como “principio-témpano”. ¿Qué quiere decir? Que es pequeño en la superficie, pero tremendamente voluminoso debajo del agua.

Ahora tómate el trabajo de considerar la sustancia de su carácter moral, de su influencia. Aparece quinientos treinta años antes que la ley describiendo un sacerdocio que no comienza hasta después de iniciado el siglo veintiuno.

Porque así fue esto, no lo dudes. Y eso no es todo. Hay una inconmensurable grandeza en Melquisedec. Una grandeza que va más allá de su calidad de personaje bíblico incierto. Como habrá sido de grande que afectó a las generaciones de dos mil años con una sola aparición, ¿Qué tal?

Abraham, cuando procede a darle todos sus diezmos a este hombre, no está pretendiendo ni intentando comprar un oficio, una posición o un título, no vayas a equivocarte pensando eso. Él está invirtiendo nada menos que en una sustancia, en algo que es eterno.

El alfolí del que se habla en la Palabra, es el lugar de la inversión, ¿Está claro? Tú inviertes, al dar tu diezmo en el alfolí, en el lugar en donde almacenas tu propio alimento. ¡Pero hermano! ¿Que pasa, entonces, cuando el alfolí que a mí me corresponde está vacío?

Si eso es lo que está pasando, por favor, ayuda a llenarlo. Está bien hermano, pero…¿Y si no me lo permiten? Entonces cambia de alfolí. Una cosa es un soldado muerto en batalla, pero otra muy distinta es una oveja muerta de hambre. Leví invierte en su propia destrucción a través de Abraham.

 (Verso 5)= Ciertamente los que entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es decir de sus hermanos, aunque estos también hayan salido de los lomos de Abraham.

(6) Pero aquel cuya genealogía no es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas.

(7) Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor.

¿Has leído bien, no? ¿Y no te ha asombrado? Es que eso es exactamente lo que dice, que uno que es menor, es bendecido por el mayor. Y dicho sea muy de paso, este es un principio que hoy, en la iglesia casi no se respeta.

(8) Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí uno de quien se da testimonio de que vive.

(9) Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos, porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro.

Melquisedec es un orden sacerdotal por encima de todo lo demás. Y es el orden del sacerdocio que destruye el orden levítico. Y en Abraham, Leví invierte en su propia destrucción. Fíjate si este hombre será importante, que vale la pena invertir en él aunque viene a sobrellevarse mi ministerio.

Repito: equivale a invertir en un nuevo hombre que viene a destruir lo que tú eres. Pero también a introducir un orden superior, aunque eso sea lo que termine por destruirte a ti mismo. Parece incongruente, ¿Verdad? Parece, pero no es.

En Abraham, Leví invierte dos mil años antes de la gracia Melquisedec, pero quinientos treinta años antes de la ley. Mira lo que dice el verso 3: Hecho semejante al Hijo de Dios. Eso significa una copia, un fax, semejante. Melquisedec es un fax del original.

Consideremos la grandeza, el PELIKOS de Melquisedec y su habilidad para afectar a las generaciones futuras. Hasta Abraham le da los diezmos y viene tras el orden que en definitiva, es una copia fiel de Cristo. Los diezmos a Cristo.

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A Modo de Introducción

A Modo de Introducción

La primera vez que oí hablar de Melquisedec creí que se trataba del nombre de alguna de las tantas momias egipcias enterradas en las pirámides. Muy pronto supe que no, que era alguien muy poco conocido y difundido, pero importante a la hora de los grandes eventos de la Biblia.

La primera vez que oí un mensaje donde se lo mencionaba, fue de labios de un predicador internacional que, – Para variar – ilustraba a los concurrentes sobre el diezmo, asunto en el que la iglesia que lo había invitado tenía enormes dificultades.

Sin embargo, esta contingencia demasiado repetitiva en nuestras congregaciones, determinó que yo pudiera conocer lo poco que existe sobre este misterioso personaje que luego, sin yo darme cuenta siquiera, iba a marcar fuertemente mi vida ministerial.

Todo lo que supe de él, fue que era una especie de aparición fantasmagórica que se da de cara con Abraham, como quinientos años antes de aparecer la Ley. Y Abraham le dio los diezmos de todo lo que poseía, lo cual servía para enseñar que el diezmo es anterior a la ley y no patrimonio de ella.

Pero a mí la identificación con este individuo tan singular no me nació a partir de los diezmos y ofrendas. Nunca estuve al frente de una iglesia local, ejerciendo de una manera no bíblica, el ministerio del pastor, tal como se está haciendo hasta hoy, así que los diezmos y ofrendas no me quitaban el sueño. Yo los doy; pero no los pido, no los espero y mucho menos los exijo.

Esa especie de atracción inexplicable surgió a partir de lo que es de alguna manera el epicentro de la escasa información que la Biblia misma trae respecto al bueno de don Melquisedec: que era un don nadie, que no tenía genealogía, ni historia familiar, ni currículum, ni nada. Igual que yo.

Entonces quise saber más de él, conocerlo, tener absolutamente toda la información con la que se pudiera contar. Fue un fracaso. La Biblia lo menciona allí donde te dije y punto. Nada más. Pero yo aprendí que con lo que la Escritura publica de alguien, es más que suficiente por una simple razón: a eso, allí, lo puso Dios, y Él considera que es más que suficiente.

De todos modos me dediqué a buscar material sobre él y a tratar de unificarlo. Porque yo había armado muchos estudios donde se lo mencionaba de una u otra manera. Estudios que tenían que ver con la vida de la iglesia y con los errores que en ella hemos estado cometiendo.

Pero eran trabajos destinados a puntos específicos que no se abocaban a hablar de Melquisedec, sino de otra cosas donde él, por una u otra razón, estaba presente. Allí me di cuenta que, pese a la escasa información existente, este misterioso hombre era un puntal de la tipología espiritual relacionada con un tiempo de la iglesia que, precisamente, es este que estamos viviendo.

Curiosamente, a partir de lo escrito en el área de “Quienes Somos” de nuestra página Web, muchos sintieron seguramente la misma curiosidad que yo y comenzaron a escribirme pidiéndome datos sobre este personaje. Eso y mi propio interés, determinaron la búsqueda, el armado y la compaginación de este estudio que hoy te entrego para tu información, crecimiento y madurez en el Espíritu.

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Sentaos, Andad, Estad Firmes

2 Pedro Capítulo 3

(030) Dios Siempre Llega a Tiempo

(2 Pedro 3: 1)= Amados, esta es la segunda carta que os escribo, y en ambas despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento, (2) para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles; (3) sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, (4) y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.

(5) Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua y por el agua subsiste, (6) por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua; (7) pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos.

(8) Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día.

(9) El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.

Lo primero que Pedro comienza diciéndole a los receptores de esta, su segunda carta, es que al igual que en la anterior, su idea principal está centralizada en despertar un limpio entendimiento. Será interesante indagar algo respecto a esta expresión porque en ella, indudablemente, hay bases concretas de principios importantes.

La palabra limpio que se utiliza aquí, en el griego, es la palabra EILIKRINES. Literalmente, esto vendría a ser algo así como: “probado por la luz del sol”. La idea es la de juzgar las cosas colocándolas bajo la luz solar, a fin de descubrir cualquier falla.

Es lo que normalmente se hacía en todos los trabajos artesanales o de lo que en aquellos tiempos pudiera representar un servicio. Cuando había alguna duda sobre el estado de algo, se lo sacaba a la luz del sol y, en ella, hasta la menor falla se tornaba altamente visible.

La palabra se aplicaba a metales con aleaciones y líquidos no adulterados con substancias extrañas. En el Nuevo Testamento se la utiliza en un sentido ético y moral; libre de falsedad, puro y sin motivos escondidos.

Es notorio y notable como lo que Pedro dice tantos años atrás, es total y absolutamente vigente para este tiempo. Sin que se mal interprete como herejía, yo mismo podría decir exactamente lo mismo para con la intencionalidad de fondo de estos estudios. Que sean para despertar un limpio entendimiento.

Esto nos enseña dos cosas: primero, que es bien cierto que toda la escritura es apta para enseñar, redargüir e instruir en justicia, no importa la época en que hayan sido escritos los textos. Y en segundo lugar, que si es necesario un limpio entendimiento, es porque el que existe, está algo sucio.

¿Qué quiero significar con esto? Pues lo mismo que acabamos de leer en lo contrario. Es notorio que en estos tiempos eclesiásticos, hay suficientes motivos escondidos en algunos personeros del evangelio, como para contaminar la Palabra con falsedades e impurezas.

Lo que ocurre, – Lo hemos dicho mil veces -, es que esas falsedades e impurezas no son ni paganas ni mundanas, son bien religiosas y vistas con beneplácito dentro de los templos. ¿O no es así lo que sucede con el humanismo, la filosofía religiosa, la psicología supuestamente cristiana y hasta ciertos esoterismos disfrazados de espiritualidad?

Reitero una vez más, (Y creo que lo haré hasta el cansancio mío y ajeno), que si los cristianos verdaderos leyeran la Biblia como lo que es, la Palabra de Dios cambiante y mutante a diario, y no como un libro de historia, que es como mayoritariamente se nos ha enseñado, nadie podría engañarnos nunca más.

Pero no; insistimos con sentarnos, oír, irnos a casa vacíos, regresar al domingo siguiente, sentarnos, oír, volver a irnos. Y así sucesivamente por meses, por años, ¡Por toda una vida, en muchos casos! Puedo probar lo que digo: todavía siguen siendo más visitados y descargados los audios de mi página que el material escrito. No lo juzgo ni lo critico, sólo lo muestro para reflexión y cambio.

Y dice Pedro que todo eso, es para que nosotros tengamos memoria, recordemos, memoricemos, las palabras que antes han sido expresadas por los profetas, a los que él cataloga como “santos”, no porque sean estatuas mudas, sino por su consagración, separación y entrega.

Pero si te fijas con más atención, podrás ver que en la segunda parte del segundo verso, agrega que esto que dijeron esos santos valiosos, es un reflejo, un calco, una consecuencia de lo que en primea instancia fueron los mandamientos del mismísimo Señor proclamado por sus discípulos, los apóstoles.

Esto quiere decir lisa y llanamente que, pese a todos los cambios gramaticales, culturales e idiomáticos que pudiera sufrir, el evangelio sigue siendo exactamente lo que era en la época de los apóstoles, algo que solamente podemos ver nítidamente en el Libro de los Hechos y que ha merecido un trabajo que hace ya mucho tiempo se encuentra aquí como Producción Especial bajo el título de Características Básicas de la Iglesia.

Y en la conclusión de este “mini-mensaje” que Pedro coloca en los tres primeros versos del tercer capítulo de su segunda carta, concluye señalando que todas estas advertencias tienen que ver con lo que ha estado enseñando sobre los falsos ministros.

Falsedades que abarcan el abanico de los cinco ministerios, aunque en este caso se haga hincapié en el del maestro por una sencilla razón de ser, en su concepción básica, el fundamento de la enseñanza que los cristianos van a suministrarle a otros cristianos.

Y la primera expresión que él utiliza para rotular a esta gente nefasta para el pueblo de Dios, es el de burladores. Y cuando nos vamos a un diccionario cualquiera a buscar el significado de esta palabra, nos encontramos que como tal no existe, que sí figura como burlador. ¿Su primera acepción? Que burla.

Pero presta mucha atención a la segunda acepción que nos aparece. Textualmente, dice: “Libertino habitual que hace gala de deshonrar a las mujeres, seduciéndolas y engañándolas”. ¿Eh? ¿Usted me quiere decir, hermano, que Pedro dice que los falsos ministros serán personas que harán esto?

No te lo quiere decir, creo que te lo está diciendo. Me han enviado la copia de un trabajo en formato de libro, donde un ex pastor muy conocedor de todos los ambientes religiosos, con elementos surgidos de una profunda investigación bien documentada, se ocupa de dejar en evidencia a decenas, cientos o miles de líderes que han cometido abusos de esta naturaleza con sus liderados.

Tú, si quieres, adjudícalo a la casualidad. Así anda todavía el mundo incrédulo, diciendo a quien desee oírlo que el universo y los planetas se juntaron tal como están a partir de una gran explosión que, “casualmente”, los colocó e sus órbitas y así se mantienen hoy.

¡Pero hermano! ¿Quién va a ser el idiota que se crea tamaña estupidez? – ¿Quién? No lo sé, pero puedo decirte que en los medios científicos de alto prestigio y consenso internacional, la teoría del “Big Bang” (Que es esta), es muy reconocida y hasta aceptada.

¡Pero es que creer eso es como suponer que, si un día, en una imprenta de esas antiguas, llenas de tipografía de plomo, alguien coloca una bomba que, al explotar, lanza a todas esas piezas por los aires y, al caer, casualmente, forman un diccionario! – Es probable, pero lo creen.

La acepción siguiente de burlador, no es de menor importancia. Dice:Vaso de barro que, por tener ciertos agujeros ocultos, moja y burla a quien se lo lleva a la boca para beber.” ¿Entiendes el principio? Vasos de barro…¿Te suena? Y falsos. Cuando quieres beber de ellos, te mojas y no lo consigues. Vasos falsos. ¿Sabía o no sabía, Pedro, lo que estaba escribiendo?

Y la última acepción de burlador que encontramos en un diccionario secular, es la que señala: “Conducto oculto de agua que, a voluntad de quien lo dirige, la esparce fuera para mojar a los que se acercan incautamente.” Esto ya tiene que ver, fíjate, con algo hecho ex profeso.

Es decir que un burlador, además de ser alguien que va a abusarse de cuanta persona le sirva incondicionalmente (La doctrina de la “sujeción incondicional” es toda una garantía de éxito en esto), también es alguien falso por deficiente estructura espiritual o por propia decisión y conveniencia, tal como vemos en el último punto.

Ahora dime la más pura y santa verdad: ¿No serías tú también, al igual que yo y tantos más, uno de los que suponía que un burlador, o varios burladores, eran de esa clase de gente que se mofa de aquellos que un domingo por la tarde van a un templo?

¿Verdad que sí? ¡Gloria a Dios por permitir que, desde la misma gramática del idioma español, hoy podamos entender que, cuando los hombres y mujeres inspirados por el Espíritu Santo, escribieron todos los libros de la Biblia, no sólo colocaban allí lo que Dios les dictaba, sino que lo hacían con el más profundo de los conocimientos del idioma en que luego sería leída.

Porque ahora fíjate como finaliza el verso 3 que es el que menciona a los burladores. Dice que ellos van a caminar, a andar, a conducir empresas, negocios, familias e iglesias conforme a sus propias concupiscencias.

Eso significa lisa y llanamente una sola cosa: que si yo soy un falso ministro, depravado, corrupto, promiscuo y degenerado, si logro acceder al liderazgo de una congregación, la conduciré conforme a mis propias concupiscencias, esto es: sobreabundando en depravaciones, corrupciones, promiscuidades y degeneraciones.

Yo me pregunto ahora de que nos asombramos cuando tomamos conocimientos de hechos que corroboran todo esto. ¿Es que jamás entendimos que ya estaba escrito y que lo que debíamos hacer y procurar, era que no nos sucediera a nosotros? Pablo también lo expresa con claridad en su primera carta a Timoteo.

(1 Timoteo 4: 1)= Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios

Vamos por partes: ¿Qué significa algo postrero? Indudablemente, algo que es el último en una lista o serie. También se dice de la parte más retirada o última en un lugar. Por tanto, algo postrero no es algo último por ser último, sino algo que viene último de una serie, nómina o lista.

Pero hete aquí que en este texto se está hablando de los postreros tiempos. Esto es muy amplio porque el concepto del tiempo tiene que ver con la óptica y el ángulo desde el cual se lo observe y se lo mida. Por tanto, bien vale la pena detenernos un momento en analizar esta expresión desmenuzando sus caracteres, con el fin de indagar con respecto a que tiempos postreros se refiere Pablo.

El tiempo puede ser descrito como la medida del movimiento; su medición se efectúa en principio por los movimientos de los cuerpos celestes. Las divisiones de tiempo constituyen el marco en el que se insertan los acontecimientos y circunstancias de la Biblia, que es un libro que, en lo conceptual, es eminentemente histórico y cuya acción se desarrolla en un marco claramente cronológico, firmemente relacionado con el tiempo y el espacio.

Las principales divisiones del tiempo, en la Biblia, son: El Día: Ordinariamente se llama día al período de tiempo que transcurre entre dos amaneceres. Pero los hebreos contaban de una tarde a la siguiente.

Los hay que han pensado que esta costumbre quizá provenía de la división del año en meses lunares que empezaban con la aparición de la luna nueva. Consiguientemente, el día “civil” se designaba con la expresión “tarde y mañana” o “una noche y un día”.

Pero, aunque la tarde fuera el inicio del nuevo día, con frecuencia era contada con el día que le precedía. Así, la tarde que empezaba el día 15º de Nisán es llamado el día catorce… por la tarde. Los días de la semana estaban numerados, pero carecían de nombres, a excepción del 7º, que era llamado sábado; la víspera del sábado recibía el nombre de “la preparación”.

El período de tiempo desde el amanecer hasta la noche. Se dividía en mañana, mediodía, y tarde. Para designar los momentos del día, se empleaban también las expresiones “amanecer, el calor del día, el fresco del día, puesta de sol”, y otros términos similares.

Después del Exilio, empezaron a usarse las horas y a dividir el día, desde la salida a la puesta del sol, en 12 horas; la 6ª hora se correspondía con el mediodía, y la 9ª hora era la de la oración. Pero hay definiciones más breves.

Cualquier período en el que tenga lugar una acción o manera de ser, por ejemplo: el día de conflicto, el día de su furor, el día de Jehová; en el Nuevo Testamento, el día del Señor significa la segunda venida de Cristo.

En el contexto apropiado significa un período indefinido, englobando “doce” días literales. En relación con esto se puede también hacer una división de los tiempos de la siguiente manera:(I) Los días de la Ley y de los Profetas, que se extienden desde la promulgación de la Ley hasta la venida del Mesías.

Al final de estos días (Dios) nos ha hablado en (Su) Hijo, como debería leerse Hebreos 1:2. Esto introdujo el Día del Mesías. Pero fue rechazado y Su reino aplazado. Entretanto se interpone el Día de la Gracia, durante el cual la iglesia está siendo llamada a Él.

El Señor Jesús obró la redención, ascendió al cielo, y envió al Espíritu Santo. De este tiempo Él afirmó: En aquel día conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros (Juan 14:20).

El actual periodo es designado como el “día del hombre”, literal, vertido como “tribunal humano”). Éstos son también los últimos días en los que vendrían los burladores sarcásticos. El Día del Mesías, cuando vuelva en juicio y luego a reinar.

“Se acerca el día”. Entre otros nombres recibe también el de “el día grande y terrible”. Los reyes de la tierra serán reunidos para la batalla del gran día del Dios Todopoderoso. Es también llamado como el día de Jesucristo y el día de Cristo.

La Noche: Período de oscuridad, dividido en tres vigilias de cuatro horas cada una: desde la puesta del sol hasta medianoche; desde la medianoche hasta el canto del gallo; desde el canto del gallo hasta la salida del sol.

En la época del Nuevo Testamento se distinguían cuatro vigilias, según la usanza griega y romana; los romanos contaban doce horas nocturnas, desde la puesta hasta la salida del sol. Se usa simbólicamente de La muerte, tiempo en que “nadie puede trabajar”.

Las tinieblas morales del mundo, en las que los hombres duermen y están embriagados. El período del rechazamiento de Cristo, que está ya avanzado, y se acerca el día. No habrá noche de tinieblas morales o espirituales en la Jerusalén celestial.

La Semana: La división del tiempo en períodos de siete días es extremadamente antigua. La cifra de siete días se halla en el relato de la creación y vuelve a aparecer en el del Diluvio. En la época de Labán y Jacob, entre los sirios de Mesopotamia, se celebraban fiestas nupciales de siete días; lo mismo sucedía en Filistea en la época de Sansón.

También los funerales duraban siete días. Sin embargo, la semana propiamente dicha no fue establecida por Dios hasta el éxodo. Se menciona a propósito de la institución de la Pascua y de la fiesta de los panes sin levadura; con todo, el momento en que queda solemnemente instituida es en la promulgación del Decálogo: Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios.

Desde aquel entonces figura con frecuencia el ciclo de siete días en las ordenanzas de la Ley. No obstante, se puede decir que se contaba más por días que por semanas, como entre los griegos y romanos.

La semana y los nombres de los días hicieron una aparición tardía en Roma, que seguía un ciclo de ocho días; en cambio, los griegos dividían el mes en tres partes. En la época de la construcción de las pirámides, los egipcios practicaban la división del tiempo en períodos de diez días.

Cada uno de ellos comenzaba al levantarse cada una de las 36 constelaciones. El año egipcio contaba con 360 días. En el siglo II d.C., Dion Casio, célebre historiador, declara que el uso de la semana de siete días, de reciente introducción, se expandía por todo el imperio romano.

Los cristianos consagraban el domingo, primer día de la semana. Los paganos dieron a los siete días de la semana hebrea los nombres de los planetas, siguiendo la usanza babilónica. Los cristianos no pudieron evitar el uso de estos nombres, pero dieron al primer día de la semana el nombre de “día del Señor” (domingo) en lugar del pagano “día del Sol” (cfr. el nombre inglés “Sunday” y el alemán “Sonntag”).

El término hebreo SHABUA, división septenaria, semana, no designaba solamente siete días, sino también un ciclo de siete años (cfr. el empleo del término «docena»). La celebración del año sabático tendía a expandir esta designación a los años.

Se admite de manera general que Daniel emplea SHABUA (semana) para indicar “período de siete años”. Las setenta semanas de Daniel 9:24 son semanas de años, sumando 490 años.

La Semana de Años: Período de siete años, el último de los cuales era el año sabático, en el que se debía dejar reposar la tierra, en patente paralelismo con la semana de días. El ciclo de siete semanas de años culminaba con el año quincuagésimo, o jubileo. La ordenanza sabática no fue observada en Israel, por lo que Dios cumplió la maldición de Levítico 26:31-35 ss.

El Mes: En Egipto, los israelitas se familiarizaron con el año dividido en 12 meses de 30 días. En el relato del Diluvio, los meses son también de treinta días. Velikovsky menciona poderosas razones que llevan a la conclusión de que el antiguo calendario estaba bien ajustado, siendo el mes lunar de treinta días, y el año de trescientos sesenta.

Perturbaciones cósmicas posteriores (del tipo de las que provocaron el día largo de Josué y el retroceso de la sombra en el reloj solar de Exequias, desajustaron el anterior calendario, que tuvo que ser reajustado a la nueva longitud del año y del mes lunar.

Herodoto informa acerca de los cinco días de ajuste que los egipcios añadían al anterior calendario. Los hebreos emplearon el mes lunar, que iba de una luna nueva a la siguiente, como se desprende de Génesis 1:14, así como de otros pasajes análogos.

Durante la luna nueva se hacían ofrendas especiales al Señor. La duración del mes hebreo variaba entre 29 y 30 días, aunque se consideraba formalmente como de 30 días. Los meses se numeraban.

Los relatos bíblicos relativos al período anterior al cautiverio en Babilonia sólo contienen cuatro nombres de meses: Abib (el primer mes,); Zif (el segundo; Etanim (el séptimo, y Bul (el octavo). Después del cautiverio, los judíos adoptaron los nombres empleados por los babilonios y las otras naciones semitas.

El Año: El año hebreo se componía de doce meses lunares; consiguientemente, con la duración actual del mes lunar, debía contar probablemente 354 días, 8 horas, 48 minutos y 34 segundos. Las fiestas anuales estaban en relación estrecha con los trabajos agrícolas y con las estaciones.

Un año basado estrictamente en el sistema lunar habría causado un retraso constante de estas fiestas al no sincronizar de manera exacta un número de meses lunares con el año. Al hacerse necesario coordinar el año lunar con el solar de 365 días se estableció un mes intercalar, que se añadía cada dos o tres años después del duodécimo mes; se le daba el nombre de “Ve’adar” y constaba de 29 días.

En la Biblia no se menciona esta costumbre. Así, el ciclo lunar posterior a las perturbaciones cósmicas de Josué y Ezequías constaba de diecinueve años; los años 3º, 6º, 8º, 11º, 14º, 17º y 19º tenían un mes intercalar.

El año religioso comenzaba con el mes de Abib, llamado también Nisán. Comenzaba con la luna nueva, inmediatamente antes o después del equinoccio de primavera, cuando el sol se hallaba en la constelación de Aries.

Pero desde la época más remota, los hebreos observaban también el año civil, basado en los trabajos agrícolas, y que comenzaba en otoño. Esta nación de agricultores estaba evidentemente interesada en hacer coincidir el inicio del año civil con la labranza y la siembra, y su fin con la siega.

Indicaban frecuentemente las fechas por los trabajos agrícolas entonces en curso, en lugar de por el número del mes. Un cierto tiempo después del retorno del cautiverio de Babilonia, empezaron a celebrar el Año Nuevo en la luna nueva del mes séptimo, Tisri.

Esta costumbre seguramente no proviene de los acontecimientos registrados en Esdras 3:6 y Nehemías 2, aunque hayan contribuido a su establecimiento.

El tiempo y la eternidad: Anterior y rebasando de una manera infinita el tiempo humano y sus divisiones, la eternidad bíblica es presentada como un atributo propio de Dios. Jehová es Rey eternamente y para siempre (Salmo 10:16). Desde la eternidad hasta la eternidad, tú eres Dios (Salmo 90:2). ¡Tú eres desde la eternidad! (Sal. 93:2).

De la misma manera, Dios domina el tiempo con Su omnisciencia. El pasado, presente y futuro no existen realmente para el Eterno; conoce todo antes de que llegue a ser. Al hablar de Israel emplea constantemente “el pasado profético”, esto es, considera ya cumplidos los acontecimientos que para los hombres se hallan todavía escondidos en el, para ellos, impenetrable manto del futuro.

Los tiempos verbales hebreos se prestan admirablemente a la expresión de estas nociones. Al hablar del Dios eterno, Alfa y Omega, creador y consumador de todas las cosas, la Biblia nos presenta tres edades

:(A) la eternidad anterior a la creación, antes de los siglos;

(B) el presente siglo (o edad, en el griego: AIÓN), que va desde la creación hasta la gloriosa venida del Señor. La primera venida de Cristo tuvo lugar en el centro de este periodo y por consiguiente en el centro de todos los tiempos.

(C) el siglo venidero, esto es, la eternidad que tenemos delante de nosotros. Para el Antiguo Testamento, lo mismo que para el Nuevo Testamento, la diferencia entre el tiempo y la eternidad no tiene que ver con su naturaleza, sino en la duración; la eternidad es un tiempo sin límites, cuya línea infinita coincide por un breve período con la historia que constituye el horizonte temporal humano.

Esta noción es totalmente opuesta al especulativo concepto griego que representaba el tiempo como un círculo en el que se daba un eterno retorno (cfr. con la inexorable rueda de reencarnaciones hindúes).

“La expresión simbólica del tiempo bíblico se expresa con una línea ascendente, porque la línea que parte de la creación tiene su fin… en Dios” (A. Lamorte, “Le Problème du Temps dans le Prophétisme Biblique”, Beatenberg, 1960, p. 108 ss.).

Este fin “imprime al conjunto de la historia, que se desarrolla a todo lo largo de esta línea, un movimiento de elevación hacia Él” (O. Cullmann, “Christ et le Temps, Delachaux” 1947) El Dios eterno, el “Rey de los siglos” al crear al hombre a Su imagen ha puesto eternidad en el corazón de ellos.

Por la encarnación, Él se humilló hasta nosotros en el tiempo, para llevarnos a participar con Él por toda la eternidad. La oración del creyente es que el Señor lo conduzca en el camino eterno. El Señor acogerá a los Suyos en Su gracia en Su reino eterno.

Dice que algunos de estos burladores de los postreros tiempos, apostatarán de la fe y se entregarán a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios. Apostatar tiene que ver con volverse atrás, retroceder, recaer.

Pablo fue acusado de enseñar a los judíos entre los gentiles a que apostataran de Moisés. Pablo enseñaba la libertad de la ley por la muerte de Cristo, y esto, para un judío rabínico estricto, constituiría apostasía, olvidando la promesa del Nuevo Pacto dada por el profeta Jeremías.

Esta misma palabra se usa en Tesalonicenses, donde se enseña que el día del Señor no puede venir hasta que no venga “la apostasía” o abandono del cristianismo en relación con la manifestación del hombre de pecado.

Con respecto a apostasía individual, se trata en pasajes como Hebreos y en la Epístola de Judas. Hay también advertencias de que este tipo de apostasía se irá generalizando al ir finalizando la presente dispensación tal como vimos en nuestro último texto.

Una apostasía implica necesariamente una posición de la que se puede caer, una profesión hecha que se abandona de una manera deliberada. No se trata de un cristiano que caiga en algún pecado, sino de un abandono definido del cristianismo por parte de un profesante no convertido, que no ha experimentado la regeneración de la conversión.

Las Escrituras no ofrecen ninguna esperanza para tal estado. Por eso Judas retorna sobre este tema y lo esclarece quizás colocando algunos adjetivos no utilizados por Pablo, tal como ocurre en toda la Biblia con sus diferentes libros y autores.

(Judas 17)= Pero vosotros, amados, tened memoria de las palabras que antes fueron dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo; (18) los que os decían: En el postrer tiempo habrá burladores, que andarán según sus malvados deseos.

Hay un consejo muy antiguo escrito en algunas de esas Biblias de estudio a las que todos podemos acceder. Dice que debemos censurar y rechazar a cualquier ministro que no cumpla con ciertos requisitos básicos que garanticen su seriedad.

Esos requisitos, según esta acotación que viene desde el propio seno de los liderazgos establecidos, son: 1) Alguien que siga los deseos de Dios no los propios. 2) Alguien que no promueva divisiones entre la gente. 3) Alguien que de evidencias claras de la presencia del Espíritu Santo en su vida.

Es decir que ambas escrituras nos remiten, indudablemente, al postrer o a los postreros tiempos. La única duda que puede quedarte ante esta palabra es, seguramente, la misma que nos ha quedado a todos y que no siempre ha sido respondida y enseñada con claridad y acierto.

¿De qué últimos o postreros tiempos se está hablando? Porque si se trata de los postreros tiempos de tu vida terrenal, de mi vida terrenal o de la de cualquier ser humano, estaríamos aludiendo a un lapso que oscila entre los veinticinco y treinta años. Y para eso podría estar faltando un tiempo.

Pero si estimamos que estos postreros tiempos pertenecen a los tiempos de la iglesia, lo cual es lo mas probable si seguimos la coherencia bíblica; y teniendo en cuenta que la iglesia cuenta con una antigüedad de dos mil años, esos postreros tiempos podrían oscilar en los doscientos cincuenta a trescientos años. Y allí sí, mi querido amigo o hermano, muy bien ya podríamos estar adentro de ellos.

Mira a tu alrededor. ¿Ves doctrinas de demonios? Las ves: Humanismo, filosofía religiosa, psicología cristiana, esoterismo pagano y sincrético. ¿Ves avaros o abusadores de dinero? Los ves. No por nada la gente no quiere saber más nada con diezmos y ofrendas-

¿Ves a burladores que se aprovechan sexualmente seduciendo a hermanitas necesitadas de sanidad interior? Los ves. No interesa si esas hermanitas se han vuelto descocadas y los han provocado. Ellos son ministros del Señor y, como tales, se deben estricta santidad.

Pedro señala que esta clase de gente infiltrada adentro de las congregaciones cristianas, especularán con doctrinas falsas. Y da como ejemplo, una prédica descreída sobre el advenimiento del Señor, tal la promesa formulada.

Esto quiere decir que, a la luz de un aparente retraso, los falsos maestros de los días postreros, ridiculizan la promesa profética sobre el advenimiento del Señor. Asimismo, hace referencia a los padres, aludiendo a los patriarcas del Antiguo Testamento o a los creyentes de la primera generación de cristianos.

Tú podrás asegurarme que esto es imposible de admitir adentro de una iglesia cristiana “normal”. Creo que subestimas al enemigo. Es imposible de admitir desde la óptica de una claridad de conceptos, tal como parecería mostrárselo aquí. Pero el enemigo es sutil y sabe enredar muy bien con su discurso.

¿O no hay una enorme cantidad de congregaciones que han adoptado recetas prácticas y para nada espirituales con el fin, – Aseguran – de poder “contener” a los hermanitos con necesidades? Consejería pastoral, santidad interior, aconsejamiento cristiano y otras por el estilo, ¿Existen o no?

Debo decirte que, mayoritariamente, esas intenciones no son malas ni mucho menos, al contrario. Pero reflejan claramente la ausencia de un verdadero y manifiesto poder de Dios. Es obvio: cuando el poder de Dios está ausente, el hombre eclesiástico procura reemplazarlo con entretenimientos prácticos. De eso a negar la efectividad de la promesa, sólo hay un pequeño paso.

(Isaías 5: 9)= Ha llegado a mis oídos de parte de Jehová de los ejércitos, que las muchas casas han de quedar asoladas, sin morador las grandes y hermosas.

No importa en absoluto lo que la iglesia “oficial” haya interpretado de este pasaje. Lo cierto es que cuando la Biblia dice la palabra casa, siempre se está refiriendo a iglesia. Entonces, leer lo que dice de ellas es como si se estuviera escribiendo una noticia de último momento.

Porque dice que las muchas casas han de quedar asoladas. Y que yo sepa, asolar es destruir, arruinar, arrasar algo; echar por el suelo, derribar. Eso es asolar. ¿Qué está diciendo en realidad, entonces? Que Él mismo, en persona, va a arrojar al piso a todas esas casas falsas. Exactamente lo mismo que si yo te digo un nombre que ya conoces: Babilonia.

Será bueno, entonces, que los hermanos fieles, genuinos y guerreros lo tengan muy en cuenta a esto, porque no sería atinado ni lógico que, llegado el momento en el que Dios comience este operativo asolación, que ellos reprendan a un diablo que en este caso, no tiene absolutamente nada que ver con el asunto.

Pero dice más: dice que las casas grandes y hermosas, (Todos nosotros conocemos por lo menos, una, ¿Verdad?) va a quedarse sin morador. Y si un morador es alguien que habita o está de asiento en un lugar, creo que muy bien podría estar hablando de ti…o de tu pastor…

Conozco algunas casas muy grandes y hermosas en mi ciudad. Y conozco también algunas de sus realidades internas. La gente se está yendo de cada una de ellas lenta, pero sistemáticamente. Los argumentos son variados y diferentes, pero la realidad es una sola y muy visible. Se están quedando sin moradores.

Hay encumbrados pastores de no menos encumbradas congregaciones que han escrito decenas de encumbrados artículos pretendiendo explicar el por qué la gente los está abandonando. Le cargan las culpas y responsabilidades a todo el mundo, exceptuándose ellos mismos, y en ningún lugar aluden a que esto ya había sido escrito en el Antiguo Testamento.

(Jeremías 17: 15)= He aquí que ellos me dicen: ¿Dónde está la palabra de Jehová? ¡Que se cumpla ahora!

Veamos: ¿Quién le está diciendo esto a Jeremías? Los miembros de su pueblo. ¿Y que le quieren significar con estas expresiones? Que por no haberse cumplido la Palabra de Jehová, es probable que Jeremías sea considerado como un falso profeta.

Comencemos por consignar que un profeta era considerado aquel a quien Dios revestía de Su autoridad para que comunique Su voluntad a los hombres y los instruya. No obstante, es importante profundizar en este ministerio con la finalidad de entender por qué se le dijo esto a Jeremías.

Dios prometió que Él suscitaría de entre el pueblo elegido a hombres inspirados, capaces de decir con autoridad la totalidad de lo que Él les ordenaría exponer. Moisés es el modelo de todos los profetas que lo siguieron, en cuanto a la unción, doctrina, actitud en cuanto a la Ley y la enseñanza.

Sobre varios puntos hay unas analogías notables entre Moisés y Cristo. Zacarías habla asimismo de esta autoridad característica: el Espíritu de Dios ha inspirado a los profetas aquello que debían decir al pueblo; los acontecimientos preanunciados han sido cumplidos.

Es Dios sólo quien ha elegido, preparado y llamado a los profetas; la vocación de ellos no es hereditaria, sino que con frecuencia encuentra al principio una resistencia interna. La Palabra del Señor, transmitida a los profetas de diversas maneras, queda confirmada mediante señales, por el cumplimiento de las predicciones, y por la conformidad con las enseñanzas de la Ley.

Dios pedirá cuentas al hombre por su obediencia o desobediencia con respecto a la Palabra transmitida por Sus siervos. Nadie puede aventurarse a decir lo que le viene en gana y dejar de lado lo que Dios le ha dicho. Eso siempre será considerado como digno de falsos profetas.

¿Y que es un falso profetas? Además de los que hablan en nombre de un dios falso, hay los que mienten invocando el nombre de Jehová. Estos últimos son de dos clases:

(A) Impostores, conscientes de su engaño; seducidos por su deseo de ser objeto de la consideración dada a los verdaderos profetas, son populares a causa de sus palabras suaves.

(B) Personas sinceras e incluso piadosas, fundándose en ocasiones incluso sobre la Ley, pero persuadiéndose a sí mismas de haber sido llamadas por Dios al ministerio profético, cuando no es así. A pesar de su sinceridad, éstos son falsos guías.

Conviene mostrar las características del profeta auténtico. (A) Las señales; pero las señales no son por sí mismas suficientes; algunas de ellas podrían ser de origen fortuito, e incluso engañosas.

(B) El cumplimiento de las predicciones. El valor de este medio de comprobación aumenta cuando los acontecimientos vienen a demostrar, sobre un plano histórico, las profecías proclamadas mucho tiempo antes.

(C) El mensaje espiritual. Si la doctrina del pretendido profeta se desvía del Decálogo, el que la profesa no es, evidentemente, un hombre de Dios. La enseñanza del verdadero profeta tiene que ser acorde con la de la Ley, tanto en lo que respecta a Dios como al culto y a las demandas de la moral.

No se trata de que deba dar meras imitaciones del texto sagrado. Basados en los mandamientos divinos, los profetas enseñan cómo se exponen en la vida cotidiana y revelan la voluntad y la mente de Dios.

Por su integridad, valor moral y calidad de sus enseñanzas, los profetas israelitas auténticos sobrepasan con creces a los sabios de las otras naciones. La profecía incluye la predicción de acontecimientos.

La predicción constituye un aspecto importante del ministerio del profeta, y contribuye a acreditarlo, pero el hombre de Dios se ocupa aún más intensamente del presente y del pasado, para procurar convertir al pueblo a Dios.

Veamos la etimología del término profeta. En griego el profeta es: (A) El que habla en lugar de otro: intérprete, heraldo.

(B) Aquel que declara los acontecimientos futuros. Esta doble acepción deriva del hecho de que la preposición “pro” significa “en lugar de” y “antes”. El término hebreo NABI, traducido “profeta”, significa “aquel que anuncia”.

Esta expresión parece haber tenido al principio un sentido muy amplio. El participio activo se emplea en otra lengua semítica, el asirio, para designar a un heraldo. Los textos hebreos dan a Abraham el título de profeta.

Dios se comunica directamente con él, se revela a él. Abraham transmite a sus descendientes el conocimiento del verdadero Dios, y su intercesión es eficaz. Miriam es llamada profetisa; Aarón, el portavoz de Moisés, recibe el nombre de su “profeta”.

La idea fundamental del término NABI, “profeta” (que, por ejemplo, figura en Deuteronomio 18:18), es que Dios reviste a este heraldo de unos dones particulares, entre otros el de ser vidente. Ésta es la razón de que el profeta reciba en ocasiones este nombre de vidente.

Como el pueblo consideraba que esta cualidad era la más importante, el término “vidente” fue el usado corrientemente para designar al profeta durante largos períodos de la historia antigua de Israel. Samuel, Gad e Iddo recibían este título.

Pero Samuel es más que el vidente al que uno se dirige para conocer la voluntad de Dios, o para recibir instrucciones acerca de los temas públicos o privados. Es el maestro enviado por Dios para instruir al pueblo, que reconoce en este ministerio público la característica esencial del profetismo.

La enseñanza viene a ser la función primaria del profeta, como en los tiempos de Moisés. A partir de Samuel y de sus sucesores inmediatos (Y algunos siglos más tarde con una presencia con renovado vigor) el profeta estará siempre presente en el seno de la nación.

Embajador de Dios ante el reino de Israel, no deja de ordenar que se practique la justicia. Interpretando la historia a la luz de la moral, el profeta advierte de los juicios de Dios sobre el pecado, y alienta al pueblo a la fidelidad hacia el Señor.

El profeta está encargado de revelar los designios divinos (como Natán, que impide a David edificar el Templo, pero que profetiza la perennidad de su dinastía); ello no obstante, este anuncio de lo por venir dista de ocupar el lugar central dentro de su ministerio.

Los grandes sucesores de Samuel ya no son llamados “videntes”, sino “profetas”. Sin eliminar del vocabulario el título de vidente, se emplea de nuevo el de profeta, que no había desaparecido nunca del todo.

Amós, que tuvo visiones, es llamado “vidente” por el sacerdote de Bet-el; pero Dios lo llama a un ministerio profético completo. Del profeta revestido del poder del Altísimo se dice que es “el varón de espíritu”, el inspirado.

Como sucede con otros hombres que cumplen un ministerio público o privado, es el hombre de Dios, su instrumento, su mensajero; es un pastor del rebaño, un centinela, un intérprete de los pensamientos divinos.

Aunque todos los profetas hayan surgido de Israel, Dios, para el cumplimiento de Sus propósitos soberanos, ha concedido en ocasiones un sueño o una visión a un filisteo, a un egipcio, a un madianita, a un babilonio o a un romano.

El Señor se sirvió incluso de Balaam, el adivino, a quien el rey de Moab le había pedido que maldijera a Israel. Estos paganos entraron momentáneamente en contacto con el plan de Dios. Para asegurar su realización, el Señor les otorgó un atisbo de revelación, pero nunca los incluyó entre Sus profetas.

La aparición del ángel a Agar, a Manoa y a su esposa, y a otros, no les confirió este ministerio, reservado a hombres sometidos a la disciplina del Espíritu, y en comunión con Dios. El Espíritu del Señor enseñaba a los profetas.

La acción divina no está en conflicto con la psicología humana. En ocasiones Dios se servía de una voz audible o de un ángel; pero por lo general daba Sus instrucciones mediante sueños, visiones y sugestiones que los profetas reconocían como de origen divino, externo a ellos mismos.

Estos hombres no estaban continuamente bajo la inspiración del Espíritu, sino que esperaban la revelación del Señor. Su mente no puede identificarse con la de Dios. Natán mismo estuvo de acuerdo con David en sus deseos de construir el Templo; pero tuvo que decirle después que Dios se oponía a este proyecto.

Los profetas sólo reciben las revelaciones en el momento elegido por el Señor. Desde la época de Samuel, Dios fue dando profetas a Israel de una manera regular: varios de ellos son anónimos. Este ministerio parece que no cesó hasta la época de Malaquías.

Al acercarse el tiempo de la primera venida de Cristo, se dejó oír de nuevo la Palabra profética. Había profetas en la Iglesia en la época de Pablo. En contraste con los apóstoles y ancianos, no constituyen un grupo definido.

Hombres y mujeres comunicaban lo que Dios les había revelado por el Espíritu, anunciando ocasionalmente lo que había de suceder; especialmente, exhortaban y edificaban a la Iglesia. Pablo aplica irónicamente el calificativo de profeta a un autor pagano que describió de manera magistral y verídica el inmoral carácter de los cretenses.

El Llamamiento. Es el mismo Dios el que llama al profeta, el cual conoce el momento preciso de esta revelación. Moisés estaba ante una zarza ardiendo cuando le vino el llamamiento. El niño Samuel recibió revelaciones particulares que lo prepararon para la carrera profética.

Eliseo sabía de cuándo databa su llamamiento, y no ignoraba que había recibido una doble porción del Espíritu. Por lo general se cree que la vocación de Isaías coincide con su visión, en el año de la muerte del rey Uzías; pero es posible que recibiera su comisión mucho tiempo antes.

Esta visión marcaba el inicio de una etapa nueva y más importante de su ministerio; la visión del apóstol Juan mucho tiempo después de su primer llamamiento; la de Pedro en Jope; la de Pablo en Jerusalén.

Igualmente, Ezequiel recibió mensajes años después de haber sido investido con el ministerio profético. No sabemos nada del primer llamamiento recibido por Elías, pero lo vemos un tiempo más tarde recibiendo en Horeb un mandato particular.

Jeremías, consciente de su llamamiento, se resiste desde su mismo inicio. Oseas hace alusión a la Palabra que el Señor le dirigió por primera vez. Por lo que se refiere al llamamiento, sólo se registra un caso de instrumentalidad humana, en el de Eliseo.

En base al Salmo 105:15 se ha lanzado la sugerencia de que los profetas eran ungidos con aceite al comenzar su ministerio. Pero el salmista se refiere, en este texto, a los patriarcas, a los que él denomina “profetas” según el uso entonces corriente.

En Isaías 61:1, que también se cita a propósito de la unción del aceite, la referencia es a la unción del Espíritu. En 1 Reyes 19:16 se habla de la unción de Eliseo como profeta y de Jehú como rey. Este último fue, efectivamente, ungido con aceite.

Por lo que respecta a Eliseo, su unción no es descrita; lo que Eliseo sí hace es tirar sobre él su manto como señal de su llamamiento al ministerio profético.

La forma de vida de los profetas. La Biblia se refiere sólo de manera incidental a la forma de vida de los profetas, que no difería demasiado de la de los demás israelitas. El vestirse con pelo no era como asceta, sino de penitente, llorando por los pecados del pueblo.

En ocasiones, los hombres de Dios llevaban un cilicio sobre los riñones, con el mismo propósito simbólico. La vestimenta de pelo no se ponía directamente sobre la piel, sino como manto sin mangas, sobre el cuerpo.

Los profetas se alimentaban de frutos y de legumbres silvestres. Recibían presentes en especie, o se les ofrecía hospitalidad. Ciertos profetas, los que eran de la tribu de Leví, tenían derecho al diezmo. Algunos de ellos, como Eliseo y Jeremías, eran de familias acomodadas.

Gad, el vidente, así como otros hombres de Dios que también llevaban este título, fueron, posiblemente, receptores del apoyo real. Los profetas tenían por lo general una casa, al igual que sus contemporáneos.

Algunos escritos. A los profetas les tocó, asimismo, una tarea literaria: debían consignar por escrito la historia en que se habían movido, y sus mensajes proféticos. Samuel, el vidente, Natán el profeta, y Gad el vidente, fueron los historiadores de los reinos de David y de Salomón.

Ahías, de Silo, escribió una profecía. El profeta Semaías y el vidente Iddo referían los acontecimientos del reinado de Roboam. Iddo, el vidente, consignó los referentes al reinado de Jeroboam.

Las memorias del profeta Iddo relataban el reinado de Abías. Jehú, el hijo de Hanani refirió la historia de Josafat. Isaías describió el comienzo y fin de Uzías y registró la historia de Ezequías. El canon hebreo clasifica entre los profetas anteriores a cuatro libros históricos: Josué, Jueces, los libros de Samuel, y Reyes.

Es evidente que sus autores fueron “los videntes”. En la época de Isaías y de Oseas, ciertos profetas vinieron a ser grandes escritores, redactaron sus mensajes bien de una manera condensada, o bien de una manera muy detallada; en otras ocasiones nos han dado selecciones de sus discursos.

Estos hombres rendidos a Dios en comunión con Él mediante la constante oración eran aptos para recibir las revelaciones divinas. Se aislaban periódicamente para poder percibir mejor las instrucciones de lo Alto.

Ezequiel y Daniel recibieron revelaciones a la orilla de un río, donde posiblemente la apacibilidad favorecería la meditación espiritual. Asimismo, fue durante la noche que Samuel oyó la palabra del Señor.

El alma del profeta quedaba incesantemente abierta a la acción del Espíritu, que, sin embargo, no violentaba la personalidad del espíritu humano. Ciertos hombres que poseyeron el espíritu de profecía no fueron oficialmente clasificados entre los profetas.

Los Salmos de David no fueron puestos entre los escritos proféticos, aun cuando había anunciado a Cristo. Daniel, designado por el mismo Cristo como profeta era oficialmente un alto funcionario de los reyes de Caldea y de Persia, y no tuvo una función profética en el seno de la nación de Israel; es por esto que el canon hebreo situó su libro entre los Hagiógrafos (escritos sagrados).

El canon hebreo da el nombre de “profetas anteriores” a los libros históricos: Josué, Jueces, 1 y 2 Samuel, 1 y 2 Reyes. Los escritos estrictamente proféticos a partir de Isaías reciben el nombre de “profetas posteriores”.

Esta designación no se relaciona con la época de redacción, sino con el puesto que ocupan estos dos grupos de libros dentro del canon hebreo. Los libros de los Reyes, por ejemplo, escritos después de Isaías, pertenecen al grupo de los “profetas anteriores”.

Hubo grandes profetas, como Elías y Eliseo, que no escribieron sus discursos. En los comentarios modernos reciben el nombre de profetas oradores. Aquí y allá en la Biblia se hace alusión a las obras literarias de otros profetas que registraron sus predicaciones por escrito.

Se dan citas en los “profetas anteriores” u otros libros del Antiguo Testamento. Entre los “profetas posteriores”, Oseas, Amós y Jonás predicaron en el reino del norte e incluso en Nínive. Los otros ejercieron su ministerio en el seno de las tribus de Judá y de Benjamín, en tierra de Canaán, o en la tierra de su exilio.

Incluyendo a Daniel, la clasificación cronológica es como sigue: (A) Durante el período asirio, precediendo en poco la accesión de Tiglat-pileser (745 a.C.), y extendiéndose hasta la decadencia del poder de Nínive (hacia el año 625 a.C.): Oseas, Amós, Jonás, en el reino del norte; Joel, Abdías e Isaías, Miqueas, Nahum, en Judá.

(B) Durante el período babilónico, en Judá, del año 625 a.C., y hasta la caída de Jerusalén, el año 586 a.C.: Jeremías, Habacuc, Sofonías.

(C) Durante el exilio en Babilonia: Ezequiel, Daniel.

(D) Después del retorno del exilio: Hageo, Zacarías, Malaquías.

(Ezequiel 12: 22)= Hijo de hombre, ¿Qué refrán es este que tenéis vosotros en la tierra de Israel, que dice: se van prolongando los días, y desaparecerá toda visión?

Muchas de las predicciones de infortunio de profetas como Isaías, Miqueas y Jeremías no se habían cumplido aún. El pueblo creía que estas predicciones no sólo habían sido aplazadas o pospuestas, sino anuladas.

Entonces s ele informa a Ezequiel que desaparecerá toda visión, que los días para eso se han acercado y que la Palabra de Dios se cumplirá y no se tardará ninguna de sus palabras. Es una excelente palabra para tener en cuenta hoy, en pleno siglo veintiuno, para lidiar con la duda de tantos inseguros.

Pero fíjate que esta última expresión, – Dice -, se lanzaba como refrán. Y un refrán es un dicho agudo y sentencioso de uso común. Y una sentencia es un dictamen o parecer que alguien tiene o sigue; un dicho grave y sucinto que encierra doctrina o moralidad.

Por tanto, – Entiende -, lo que el pueblo estaba haciendo con respecto a los profetas, era el establecer una doctrina opuesta a sus reales dones y ministerios. Los profetas pasarían a ser considerados negativos por la decisión de un grupo que había inventado una doctrina falsa, algo que Dios jamás había dicho. Exactamente igual a este tiempo.

La idea central de todas estas escrituras es la de corroborar la que es la base central de la palabra que Pedro desliza, que hay una ansiedad negativa en una parte grande del pueblo que entiende, erróneamente, que Dios tarda demasiado en hacer las cosas. Ya se veía en los evangelios esto.

(Mateo 24: 45)= ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les de el alimento a tiempo?

(46) Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.

(47) De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá.

(48) Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: mi señor tarda en venir; (49) y comenzare a golpear a sus consiervos, y aún a comer y beber con los borrachos, (50) vendrá el señor de aquel siervo en día que este no espera, y a la hora que no sabe, (51) y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes.

¿Quién es este siervo? ¿Qué es un siervo? ¿De que se trata esta catalogación? En principio, la palabra siervo, que representa al que es esclavo de un amo, de un señor, representa un cono de humildad. Lo que verdaderamente se pretende decir, es que se trata de alguien que es un siervo de Dios.

Y siervo de Dios es aquel que reconoce a Jehová como su Dios y que cumple fielmente Su voluntad, como Abraham; David; Isaías. El Siervo de Jehová es el tema de los capítulos. 40 a 66 de Isaías.

Sobre ello, el profeta tiene una doble visión: Israel, en tanto que pueblo elegido, es el siervo elegido por Jehová para glorificarle entre las naciones; pero la profecía anuncia que Israel sería infiel y que caería bajo los juicios de Dios.

Por esta razón: el Mesías será el verdadero servidor de Jehová; aportará la luz y la salvación no sólo a Israel, sino también a las más lejanas naciones. Los Targumes mismos asimilan el Siervo sufriente de Isaías 15:53 al Mesías.

Este siervo, sin pecado, se identifica con Israel para representarlo ante Dios. Como sustituto de los pecadores, y habiendo sido golpeado en lugar de ellos, los justificará plenamente. Para llevar a cabo una obra tal, el Siervo de Jehová debe participar de la naturaleza divina.

La gente religiosa se siente muy feliz y realizada expresando a todo quien quiera oírla que no tiene ninguna clase de aspiraciones ni ideas, que sólo se conforma con ser un siervo útil. Eso estaría muy bien si no fuera porque Dios nos dijo que no más siervos, que no heredan nada; no más amigos, que podrían heredar algo por casualidad. Hijos. Esa es la condición que quiere Dios para nosotros.

Si tú quieres seguir jugando al humilde con tu calidad de siervo eterno, allá tú. Yo quiero heredar lo que Dios Padre ha dicho y declarado en promesa profética que íbamos a heredar. Pero para que eso sea posible, tendré que ser hijo, Ni los siervos ni los amigos heredan.

Y dice que esos siervos deberán ser, en primer término, fieles. La fidelidad es uno de los atributos de Dios que más frecuentemente se destaca en las Escrituras. El fiel Dios es digno de nuestra fe y confianza, guarda las promesas y el pacto, cumpliendo su palabra, pero también sus amenazas.

Es inmutable. Es fiel y justo para perdonarnos en nombre de Cristo, por su obra cumplida. La fidelidad debería ser también la característica del creyente. Es un aspecto del fruto del Espíritu. Es por excelencia la cualidad que Dios demanda de nosotros, los dispensadores de sus misterios.

Si Somos fieles en lo pequeño, se nos confiará lo grande. Es con la ayuda de Dios que el creyente podrá ser fiel hasta la muerte y por ella hay promesa de un rico galardón. Asimismo, esto demanda también la fidelidad entre nosotros y, esencialmente, en el matrimonio.

¿Fiel y que otra cosa nos dice? Fiel y prudente. La prudencia es una especie de templanza, de cautela, de moderación. Es la sensatez y el buen juicio para todas las cosas. Es, asimismo, una de las cuatro virtudes cardinales, que consiste en discernir y distinguir lo que es bueno o malo, para seguirlo o huir de ello.

Pablo nos dice que, cuando no estamos en la batalla, debemos ser mansos como palomas y prudentes como serpientes. Y es curioso, pero muchos han tomado otro adjetivo en lugar de prudentes: astutos. Olvidando que la astucia es algo que emana de Satanás mismo, mientras que la prudencia es un don divino que proviene de Dios.

Seguidamente, se nos dice para que cosa es puesto ese siervo fiel y prudente por sobre muchos en el pueblo. Para que nos suministre alimento a tiempo. ¿A tiempo de que? A tiempo coincidente con los tiempos de Dios, para que ese alimento tenga que ver con Él y no con las sabidurías humanas.

¿Es eso lo que estamos viendo en este tiempo? En absoluto. Nuestras páginas Web se llenan de visitantes anónimos que llegan, no ya por una cuestión de mercado publicitario, sino por necesidad. La auténtica y genuina necesidad de recibir un alimento que en las congregaciones es escaso por estar ocupadas en los problemas domésticos y menores.

¿Y por esa razón, nosotros vamos a salir al mundo evangélico a auto promocionarnos diciendo que somos los mejores, los únicos, los verdaderamente ungidos e inigualables? Jamás podríamos hacer algo así. ¡Pero hermano! ¡Está lleno de ministerios que lo hacen! Es cierto, pero yo me quedo con lo que el resto de esta palabra dice.

Y lo que dice a continuación es que será bienaventurado aquel siervo a quien el Señor halle haciendo eso cuando retorne. Por lo tanto, esta es nuestra tarea, nuestro compromiso con el Señor. ¡Y con la gente! No. Con la gente no tanto. Porque la gente es muy voluble e inestable; hoy están aquí y mañana allá. Cuando falta discernimiento, las falsas doctrinas se hacen un carnaval.

Quiero que seas honesto conmigo, aquí y ahora. Total no nos está oyendo ni viendo nadie. El pastor de tu iglesia probablemente está durmiendo o trabajando en otra cosa y no te escucha. ¿Puedes responder una pregunta con sinceridad?

La pregunta, es: ¿Cómo supones, te imaginas, crees o te parece que será la venida del Señor? Obvio, estoy hablando de su Segunda Venida. ¡Espera! ¡No me recites versículos bíblicos! ¡Los conozco a todos los que hablan de ello!

Quiero que me respondas esto conforme a tu imaginación personal, particular, privada, íntima y totalmente separada de tesis teológicas o estampas escatológicas. ¿Cómo imaginas ese momento del que tantos se habla? Perdón; comencemos por lo principal: ¿Crees de verdad que el Señor volverá?

¡Hermano! ¿Cómo me pregunta eso? ¡La Biblia lo dice con total claridad! – Claro que lo dice, ya lo sé. Pero no me interesa en este momento, al preguntarte esto, que es lo que dice o no dice la Biblia. Lo que realmente me interesa es que es lo que crees o no crees tú.

¡Basta, hermano! ¡No puedo permitirle ese atrevimiento! ¡Usted me falta el respeto! ¡Yo, como cristiano, creo absolutamente en todo lo que dice la Biblia! – ¿Ah, sí? Entonces vas a poder explicarme por qué estás viviendo una vida que de ninguna manera se condice con lo que en ella Dios te dice…

Bueno…está bien…es que en algunas cosas…usted sabe… – Yo, lo único que sé, es que los cristianos, mayoritariamente, no discutimos una tilde ni una coma de lo que la Biblia dice. Pero también sé que, a la hora de vivir nuestras vidas de puertas hacia adentro, olvidamos muy rápidamente lo que nos ha sido demandado por la Palabra de Dios.

Por eso es que, aún a riesgo de ser tomado por un atrevido e irrespetuoso, te repito la pregunta que quedó en suspenso: ¿Crees de verdad, hermano, que el Señor Jesucristo retornará a la tierra? ¿Crees que eso verdaderamente sucederá tal cual se lo profetiza?

Porque si lo crees, ya debes estar trabajando como Dios dice en esta Palabra que debes hacerlo para que Él te halle haciendo así cuneado retorne. Pero si no lo crees o piensas que está tardando más de lo que suponías, mucho me temo que te comportarás de otro modo. Quizás del modo en que hoy por hoy se comportan la mayor parte de los supuestos “siervos de Dios”.

Entonces, quizás no te vayas a la cantina de la esquina a comer y a beber con los borrachos, es cierto, pero sí puede darse la contingencia que comiences, consciente o inconscientemente, a golpear a tus consiervos, esto es: a los que están en tu mismo nivel.

¿Golpear? ¿Cómo haría un cristiano tal cosa? – No estoy hablando de azotes, látigos o palos por las espaldas. No estoy hablando de golpear físicamente. Estoy hablando de golpear psicológicamente, emocionalmente o de alguna otra forma tan sutil como estas…

Quisiera por un momento que tomaras mi lugar. Que no es un lugar de privilegio ni de exposiciones públicas. Mi lugar, la mayor parte del tiempo, está frente a la computadora, frente al ordenador, como se le dice en otros sitios.

Allí preparo el material que luego leerás (El de audio ya está grabado y es el área técnica quien lo sube a la Web), estudio, bailo zambas y tangos argentinos sobre el teclado y me encuentro con los correos de los lectores.

Aquí es donde se me suelen venir al piso todas las ilusiones de una iglesia gloriosa, más que vencedora, sin mancha y sin arruga. Porque lo que leo, más allá de la existencia que no niego de personas conflictivas, rebeldes y para nada interesadas en las cosas del Señor adentro de las congregaciones, como miembros importantes, a veces, tiene que ver casi con exactitud con lo que terminas de leer en este texto.

Golpes emocionales, sentimentales, financieros, doctrinales, psicológicos. Todos propinados, no ya por un diablillo de color bermellón con cola con punta de flecha, cuernitos y tridente en mano, sino por un hombre con traje y corbata, de hablar medio rebuscado y aires de santo de estatua llamado: el pastor.

A muchos de estos hombres, en sus congregaciones, los miembros de sus iglesias, lo llaman como a él más le agrada: el siervo. Es el siervo por el cual se debe interceder y del cual jamás se deberá expresar ni aceptar murmuración alguna. Aún a despecho de que lo que estuviera murmurando fuera verdad.

Tomemos, entonces, ese adjetivo, ese rótulo, esa catalogación. Tomemos como válido el calificativo de “siervo de Dios” de ese hombre o mujer pastor o pastora. Pregunto: ¿La caben las generales de la ley que evidencia este texto que estamos analizando?

Si le cabe. Estos serán, en todo caso, simplemente algunos de estos siervos a los cuales el Señor debería encontrar, al momento de su venida, haciendo como Él dijo que había que hacerse, y no como a ellos les conviene, les interesa o sencillamente les gusta.

¿Por qué? Porque si no lo hace, cuando el Señor retorne, (En un tiempo, un día y una hora que nadie conoce) y lo halle haciendo otras cosas, dice el texto y no yo, que lo castigará duramente. ¿Castigo? ¿Cómo que o castigará?

¿No era que nuestro Dios es un Dios de amor que no se parece en nada a ese Dios castigador que fabricaron algunas religiones para atemorizar y conseguir buenos comportamientos de sus feligreses?

Cuidado: que el árbol no te tape el bosque. Ni tanto ni tan poco. Así como hemos dicho mil veces que nuestro Dios no está escondido detrás de la puerta con una paleta cazamoscas gigante esperando que tú te equivoques para aplastarte contra el suelo mientras grita: ¡¡Ahh!! ¡¡Te agarré en pecado!!! ¡¡Toma!! ¡Toma! ¡Toma!, así también deberemos decir que jamás dejará de lado su condición de Justo por sobre todos los justos.

Y si tú eres un pecador, eres un pecador. Y si eres un desobediente, eres un desobediente. Y si dice que el pecado tiene una paga ineludible y que la desobediencia no le agrada, es porque indefectiblemente será así. Entonces no te asombres si se habla de castigo.

El asunto, entonces, se remite a saber que clase de castigo podría implementar nuestro Dios para con el hombre desobediente que dice ser su siervo y no lo es. ¿Acaso lo colgará de una cruz moderna? ¿Lo fulminará con un rayo? En absoluto.

Apenas dice que…pondrá su parte, que es como decir su futuro, sus bienes ministeriales, su prestigio, su fama televisiva internacional, su propia iglesia, su capacidad económica, sus audios, sus videos, todo eso, conjuntamente con los hipócritas.

¿Y a eso como lo entendemos? No lo sé. Que el Santo Espíritu de Dios toque tu mente con discernimiento y revelación para que puedas verlo con claridad. Pero a mí se me está ocurriendo una sola cosa. Que podrá no ser la única y ni siquiera la básica, pero que es una.

Poner las cosas más amadas y valoradas de un aparente “siervo de Dios” con los hipócritas, nos remite a la única área a la que el Señor Jesucristo, durante su ministerio terrenal, catalogó de esa manera: los fariseos.

(Hechos 7: 60)= Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió.

Este es el final del martirio de Esteban. La expresión que él hace en el momento final de su crisis, es un calco, una copia casi fiel de la que Jesús mismo hizo en la cruz. Algo así como: perdónalos Padre, porque no saben lo que hacen…

Sin embargo, en este tiempo y con relación a muchos martirios espirituales, si bien puede hacerse una oración así o tener una expresión así, por amor, la realidad es otra. La gente que te mata, sabe muy bien lo que está haciendo.

Entonces, aquí ya no cabe esta expresión, sino otra que vendría a decir algo así como: “perdónalos Padre, aunque Sí saben lo que hacen”. Pero lo hacen porque en el fondo son incrédulos y suponen que van a beneficiarse.

Dice que Esteban, dichas estas palabras, durmió. ¿Quién era Esteban? Su nombre se relaciona con el vocablo griego STEPHANOS, que se traduce como “corona”.La primera mención de este protomártir de la fe cristiana se halla encabezando la lista de los siete que los cristianos de Jerusalén eligieron bajo sugerencia de los apóstoles, para presidir la distribución de las limosnas en la iglesia.

Los helenistas (judíos de la diáspora, de habla griega) se quejaron de injusticias que se cometían con respecto a sus viudas. La elección de Esteban, que tenía un nombre griego, hace suponer que él mismo era helenista, probablemente procedente de fuera de Palestina.

Fue de este mismo medio helenista que se suscitó la persecución. Esteban era un hombre destacado, lleno de fe y del Espíritu Santo; predicaba el camino, y llevaba a cabo grandes milagros. En vista de su actividad, los judíos de la dispersión, que tenían sinagogas en Jerusalén, empezaron a oponerse a la iglesia.

Los primeros perseguidores fueron los de la sinagoga de los Libertos y de los de Cirene, de Alejandría, de Cilicia, y de Asia Menor. Acusaron a Esteban de haber blasfemado contra Moisés y contra Dios, afirmando que Jesús destruiría el Templo y que cambiaría las costumbres que venían de Moisés.

Lucas declara que se presentaron falsos testimonios contra Esteban, como había sucedido con Cristo. Esteban, presentado ante el sanedrín, pronunció el discurso recogido en Hechos 7:2-53. Para mostrarles con claridad que Dios había dirigido a Israel hacia una meta precisa, Esteban les recordó que Dios había elegido a los patriarcas.

Después les expuso cómo en la época de Moisés, y posteriormente, los israelitas se opusieron sin cesar a los designios de Dios, y cómo no supieron discernir el carácter temporal y simbólico del Tabernáculo ni del Templo.

Al llegar a este punto del discurso, censuró a sus oyentes, acusándolos de resistir al Espíritu Santo como lo habían hecho sus padres, y de no haber observado la Ley. En este momento, los judíos, rechinando los dientes, estaban dispuestos a lanzarse contra él; Esteban vio a Jesús de pie a la diestra de Dios, como listo para recibir a su testigo.

Ante esta revelación de Esteban, los judíos se apoderaron de él, lo sacaron a las afueras de la ciudad, y lo apedrearon. La ley romana prohibía la ejecución de quien fuera sin antes haber visto la causa la autoridad romana.

La muerte de Esteban fue un linchamiento debido al fanatismo de sus adversarios. Pedro demuestra que el cristianismo es el cumplimiento de las profecías. Esteban expone que la historia de Israel desembocaba en el nuevo pacto.

En su declaración de que el judaísmo no puede limitar al cristianismo, Esteban no revela el aspecto universal del Evangelio. Tampoco da ninguna indicación acerca de la doctrina de la Iglesia. Estas cuestiones serían reveladas por medio de Pablo.

La persecución que siguió al martirio de Esteban dispersó a los cristianos. Como consecuencia, se evangelizó a los samaritanos y, posteriormente, a los gentiles. Las últimas palabras del diácono, cuyo rostro se parecía al de un ángel, fueron una oración en favor de sus perseguidores.

Saulo de Tarso había dado su aprobación a la muerte de Esteban, y guardó las ropas de sus verdugos. En vista de una muerte tan triunfal, se suscita la reflexión de si uno de los “aguijones” que Jesús mencionó a Saulo en el camino de Damasco no había sido este mismo hecho. La muerte de Esteban fue un aparente fracaso. Pero, si su muerte había sido un medio para empezar a tocar la conciencia de Saulo, ¿no fue en realidad una gran victoria?

El término durmió que se utiliza aquí, es usado en casi toda la Biblia como sinónimo de muerte para con un creyente, para alguien de fe. En el sentido corriente: cesación de la vida. No entraba en la voluntad de Dios, que ha creado al hombre a su imagen, y que lo ha hecho “alma viviente”.

En el paraíso, el árbol de la vida le hubiera permitido vivir eternamente. La muerte ha sido el salario de la desobediencia a la orden divina. La muerte es física, por cuanto nuestro cuerpo retorna al polvo; también es, y sobre todo, espiritual.

Desde su caída, Adán y Eva fueron echados de la presencia de Dios y privados de Su comunión. Desde entonces, los pecadores se hallan “muertos en… delitos y pecados”. El hijo pródigo, alejado del hogar paterno, está espiritualmente muerto.

Ésta es la razón de que el pecador tiene necesidad de la regeneración del alma y de la resurrección del cuerpo. Jesús insiste en la necesidad que tiene todo hombre de nacer otra vez; explica Él que el paso de la muerte espiritual a la vida eterna se opera por acción del Espíritu Santo y se recibe por la fe.

Esta resurrección de nuestro ser interior es producida por el milagro del bautismo del Espíritu. El que consiente en perder su vida y resucitar con Cristo es plenamente vivo con Él.

(A) Para el impío es cosa horrenda caer en manos del Dios vivo y comparecer ante el juicio sin preparación alguna. El pecador puede parecer impune durante mucho tiempo, pero su suerte final muestra que “el Señor se reirá de él porque ve que viene su día”.

El que no haya aceptado el perdón de Dios morirá en sus pecados. Jesús enseña, en la historia del rico malvado que, desde el mismo instante de la muerte, el impío se halla en un lugar de tormentos, en plena posesión de su consciencia y de su memoria, separado por un infranqueable abismo del lugar de la ventura eterna, imposibilitado de toda ayuda, y tenido por totalmente responsable por las advertencias de las Escrituras y/o de la Revelación natural y del testimonio de su propia conciencia.

(B) Para el creyente no existe la muerte espiritual (la separación de Dios). Ha recibido la vida eterna, habiendo pasado, por la fe, de la muerte a la vida. Jesús afirmó: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí no morirá eternamente.

Desde el mismo instante de su muerte, el mendigo Lázaro fue llevado por ángeles al seno de Abraham. Pablo podría decir: Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia. Para él partir para estar con Cristo es mucho mejor.

Es por esta razón que más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor. No se puede imaginar una victoria más completa sobre la muerte, en espera de la gloriosa resurrección del cuerpo.

Así, el Espíritu puede afirmar solemnemente: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor.

En contraste con la gozosa certeza del creyente, recapitulada anteriormente, se halla una expectación de juicio, y de hervor de fuego, que ha de devorar a los adversarios. La acción de la conciencia natural infunde miedo y angustiosa incertidumbre en el inconverso.

Shakespeare lo expresó magistralmente en su soliloquio de Hamlet, en el que éste considera la posibilidad del suicidio; Morir: dormir; no más; y con el sueño, decir que damos fin a los agobios e infortunios, a los miles de contrariedades naturales a las que es heredera la carne, éste es un fin a desear con ansia. Morir: dormir; dormir: quizá soñar; ¡Ah, ahí está el punto dificultoso!; porque en este sueño de la muerte ¿qué sueños pueden venir cuando nos hayamos despojado de esta mortal vestidura? Ello debe refrenarnos: ahí está el respeto que hace sobrellevar la calamidad de una tal vida, pues ¿quién soportaría los azotes y escarnios del tiempo, los males del opresor, la altanería de los soberbios, el dolor por el amor menospreciado, la lentitud de la justicia, la insolencia de los potentados, y el desdén que provoca el paciente mérito de los humildes, cuando él mismo puede, con desnuda daga, el descanso alcanzar? ¿Quién llevaría pesados fardos, gimiendo y sudando bajo una fatigosa vida, sino por el hecho del temor de algo tras la muerte, el país inexplorado de cuyos muelles ningún viajero retorna, y que nos hace preferir aquellos males que ahora tenemos, que volar a otros de los que nada sabemos? Así, la conciencia a todos nos vuelve cobardes, y así el inicio de una resolución queda detenido por el pálido manto de la reflexión. (Acto III, Escena 1).

Así, la horrenda expectación de juicio, y el hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios, se refiere a la muerte segunda, aquella que espera a los no arrepentidos tras el juicio final. Esta segunda muerte es en las Escrituras un sinónimo de infierno.

Dos veces se declara en Apocalipsis que el lago de fuego es la muerte segunda. En este lago de fuego los impenitentes, vueltos a levantar a la vida en sus cuerpos, pero sin admisión a la gloria, serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.

Es por ello que se trata de sufrir daño de la segunda muerte. Queda en pie el hecho de la gracia del Señor, que no desea la muerte del pecador, sino su salvación. Así, la Escritura insiste en numerosas ocasiones: No quiero la muerte del que muere… convertíos, pues, y viviréis.

(Mateo 10: 5)= A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, (6) sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel.

Estas directivas de Cristo a sus discípulos, llevadas al hoy, dirían más o menos algo así: “por camino de mundanos no vaya, y en lugares donde haya opositores declarados, no entren, porque no salen para polemizar ni discutir. Mejor busquen a los cristianos que, habiendo sido miembros de iglesias, ahora, por alguna causa están alejados, apartados o perdidos.”

Esto de alguna manera hace trizas a un ambiente evangelístico conforme a las rutinas clásicas. Ir a los que creían y ahora están fríos, también es evangelizar, pero no del modo clásico y con todas esas técnicas implantadas para acompañar a la conversión de los incrédulos.

Jesús instruye a sus discípulos sobre el alcance de su misión, la sustancia de su mensaje, las obras que van a realizar, lo que han de llevar consigo y los procedimientos a emplear. Como un microcosmos de la iglesia, la misión de los doce es un preludio de la futura misión de la iglesia, que habría de extenderse más allá de Israel.

De este modo alcanzaría una dimensión universal. Los antecedentes del Antiguo Testamento, indican que todo Israel estaba disperso como ovejas. El ministerio de Jesús se dirigió primero a los judíos. Del mismo modo, hoy el primer esfuerzo siempre será para los incrédulos que no conocen la Palabra, pero luego inexorablemente, también habrá de alcanzar a los que, habiéndola conocido, por alguna razón se han apartado de ella.

Y luego añade Pedro en su texto base, que estos falsos ministros o maestros ignoran, – Dice -, que los cielos y la tierra que provienen del agua y por el agua subsisten, fueron hechos por la Palabra de Dios. Pero insiste en que esta ignorancia es grave porque es voluntaria.

El relato de esto que aquí se consigna por parte del apóstol, conforma un bloque correspondiente al libro del Génesis. Allí nos encontramos, en el primer capítulo y desde los versos 6 hasta el 9, con el siguiente episodio.

(Génesis 1: 6)= Luego dijo Dios: haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas.

(7) E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así.

(8) Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo.

(9) Dijo también Dios: júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así.

(10) Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares. Y vio Dios que era bueno.

Presta debida atención, porque está en coincidencia con lo expresado, que aquí se habla de separar las aguas de las aguas. Es que la tierra cubierta por las aguas, parece que estaba rodeada de vapor.

Entonces, Dios usó la expansión, esto es: el espacio entre la superficie y las nubes, para separar las dos “aguas”, creando una acumulación masiva de vapor en las alturas. Esta agua que estaban sobre la expansión creaban un protector “efecto de invernadero” sobre la tierra de ese período.

El agua, en Oriente, es uno de los presupuestos más importantes de la vida. El agua en la Sagrada Escritura significa dicha y seguridad. El israelita se dirige a Dios como a la fuente de agua viva, en cuya cercanía el piadoso puede vivir; también Jesús se llama a sí mismo agua viva; quien cree en Él, se convertirá asimismo en fuente de vida.

El agua que se vierte o que pasa corriendo son símbolos de la vanidad de la vida y de su caducidad. El hombre pecador se traga los pecados como quien bebe agua. En hebreo, la palabra “agua” se usa siempre en plural (MAYIM).

Las aguas cubrieron la tierra en el caos primitivo, y después, cuando Dios las separó, quedaron las aguas superiores o del cielo y las inferiores. El agua también aparece en la Escritura en las múltiples formas como existe en la tierra:

el agua del mar (Is. 11:9; Am. 5:8)

de un río (Jos. 3:8)

de un estanque o de un pozo (Jn. 4:7)

agua de lluvia o de nieve (Jb. 24:19)

de una fuente (Stg. 3:11)

el agua dulce es llamada agua viva o corriente (Gn. 26:19; Lv. 14:5)

Son notables las aguas del Diluvio (Gn. 7:7; Is. 54:9; 1 P. 3:20; 2 P. 3:6).

En Palestina, como en la Antigüedad, el agua era de mucho valor; así, cada uno se preocupaba de tener su propia agua, y los extranjeros y los pobres tenían que comprarla. El agua de las fuentes era libre.

El agua se empleaba para el riego de la tierra. Así como para lavatorios higiénicos religiosos. Algunas expresiones del hebreo son difíciles de traducir al castellano, pero pueden ser interpretadas así:”agua de cabeza” significa agua de dormidera; “agua de las rodillas” quiere decir orines.

En sentido figurado se le llama agua a un peligro de muerte; también al desaliento se le llama aguas. El agua es un símbolo de limpieza espiritual, pero nunca puede regenerar por sí sola. Los hebreos la usaban en las abluciones, que eran bastante frecuentes.

La secta de Qumram practicaba estas abluciones varias veces al día, ciñéndose estrictamente a las prescripciones del ritual de la ley de Moisés. Juan el Bautista practicó el bautismo para perdón de pecados, precursor del bautismo cristiano, que es bautismo de creyentes y que sigue a la fe, porque el agua no puede lavar los pecados si no hay arrepentimiento previo.

Como puedes ver, no es casual entonces que, como lo dice Pedro en el verso 5, tanto el cielo como la tierra fueron hechos a partir de la Palabra de Dios en conjunción con el agua. Eso es lo que, según Pedro, los falsos ministros ignoran voluntariamente, lo que equivale a ocultamiento.

En cuanto a la Expansión, la palabra hebrea es RAGIA. El término hebreo significa una extensión inconsistente, y se corresponde bien con el término espacio. La traducción “firmamento”, que aparece en muchas versiones, es un desafortunado desliz de pluma de Jerónimo en la versión Vulgata.

Aristóteles y los clásicos imaginaban que el cielo era una esfera sólida. Sin embargo, no es este el concepto que hallamos en la Biblia, excepto en lenguaje poético figurado. Eso deja en evidencia que pretender estudiar la Biblia bajo principios filosóficos, no funciona.

Dice que esa expansión fue llamada Cielos. Al respecto, la Biblia distingue:(a) El cielo atmosférico por encima de nuestras cabezas, dentro del que se mueven las nubes del cielo y las aves del cielo.

(b) El cielo sideral por encima de la atmósfera, donde se hallan los planetas y las estrellas. Es el inmenso espacio del que los sabios no hacen otra cosa que atisbar sus inmensas dimensiones, y al que hace alusión el primer versículo de la Biblia.

La expresión los cielos y la tierra significa de hecho el universo entero. Para destacar aún más esta inmensidad, las Escrituras hablan de “los cielos de los cielos”. Se ha pretendido, con frecuencia, que los israelitas se hacían (en común con los pueblos de la antigüedad) una representación burda de la cosmología.

Para ellos el cielo hubiera sido una bóveda fija y sólida (firmamento), donde las estrellas estarían clavadas como clavos, y donde ventanas abiertas de lugar en lugar darían paso a la lluvia y a la nieve. Señalaremos en primer lugar que firmamento (en latín “firmare”: afirmar) es un error de traducción de la Vulgata.

El término hebreo RAGIA significa una extensión inconsistente y es Aristóteles y los antiguos los que se imaginaban el cielo como esfera sólida. El hecho de que Job dijera “las columnas del cielo tiemblan, y se espantan a su reprensión” puede bien tomarse como lenguaje figurado y poético.

Igualmente con 2 Samuel 22:8: se conmovieron los fundamentos de los cielos… porque se indignó él. Job dice en otro lugar: Él remueve la tierra de su lugar, y hace temblar sus columnas, pero al mismo tiempo declara: Él extiende el norte sobre vacío, cuelga la tierra sobre nada.

Unos pocos pasajes hablan de las ventanas de los cielos, término fácil de comprender para quien haya visto abatirse las inmensas trombas de agua en los países del sur y de los trópicos. Esto dicho, uno se queda asombrado ante la sobriedad y la exactitud de las descripciones bíblicas, sobre todo cuando se comparan con los pueriles errores y las burdas leyendas admitidas por las más preclaras inteligencias de la antigüedad, y ello incluso en siglos relativamente cercanos a los nuestros.

Después del milenio, – Aseguran algunas tesis -, los cielos y la tierra actuales serán destruidos por fuego para dar lugar a los nuevos cielos y a la nueva tierra, en los cuales mora la justicia.

(c) El cielo espiritual. Ya en otra dimensión, en un mundo bien distinto del de las nubes y de las estrellas, se halla la morada del bienaventurado Dios y de Sus ángeles. Pablo parece darle el nombre de tercer cielo, o paraíso.

Allí se manifiesta de una manera directa la presencia del Señor; es la habitación de los ángeles. Cristo descendió del cielo, y allí volvió a subir, por encima de todos los cielos. En el mismo cielo, intercede en favor de los creyentes, y de allí volverá para juzgar a los vivos y a los muertos.

Es también en el cielo que el Señor nos prepara un lugar. De una manera particular, Juan nos da una visión le la morada de gloria, de la belleza, de la santidad, y de la dicha en perfección. Todos los que han lavado sus vestiduras en la sangre del Cordero verán a Dios cara a cara, le adorarán, y reinarán por los siglos de los siglos.

Luego, dice que a lo restante Dios lo denominó Tierra. Son varios los términos hebreos que se traducen “tierra”, pero no se emplean para distinguir la tierra como esfera de la superficie de la tierra, o suelo; tampoco para discriminar entre la superficie general de la tierra y cualquier parte de ella, o territorio, o el material que la constituye.

Así, ADAMAH se refiere generalmente a la tierra como material o suelo: la lluvia cae sobre la tierra; un altar de tierra; el hombre vuelve a la tierra; sin embargo, se refiere con frecuencia a la tierra de Israel: no prolongaréis vuestros días sobre la tierra; a fin de que habites sobre la tierra; los días que viviereis sobre la tierra; la tierra que juré a sus padres.

Otro término, ERETS, tiene un significado más amplio: en algunas ocasiones la tierra como esfera, el globo terrestre, en particular, afirma: Cuelga la tierra sobre nada; también en Isaías 40:15, 25-26 se afirma la pequeñez de la tierra en comparación con el ejército de los cielos.

En otros lugares, este mismo término se usa de distritos. En el Nuevo Testamento, el término GE se emplea para todos los anteriores significados. Se usa simbólicamente como una característica del hombre en su estado natural.

El que es de la tierra es terreno, y cosas terrenales habla. En cada caso, debido a lo amplio de cada término utilizado, la verdadera extensión deberá ser determinada por el contexto. De allí, luego, seremos rotulados como “terrestres” o “terrícolas”, con relación a nuestro lugar de habitación.

En otros textos se alude al mismo concepto vertido por Pedro en su segunda carta. Tal el caso de lo que encontramos en la carta a los Hebreos, un documento sin firma que muchos adjudican a Pablo, por una cuestión de tipo de escritura y formas de expresión.

(Hebreos 11: 3)= Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la Palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.

El término Constituido que encontramos aquí, es la palabra griega KATARTIZO, que puede traducirse como “arreglar, poner en orden, equipar, ajustar, completar lo que falta, alistar, reparar, preparar.”

La palabra es una combinación de KATA, que quiere decir “abajo”, y ARTIOS, que se traduce como “completo, ajustado”. Se la usa para referirse a los discípulos cuando estos remendaban sus redes y cuando se habla de la restauración de un hermano caído.

Esto es lo que, según este texto, la Palabra de Dios utilizó para la creación del universo. El universo, según la Biblia, es el mundo entero creado por Dios, los cielos y la tierra surgidos de sus manos, que el Nuevo Testamento designa con el nombre KOSMOS. Dios ha creado, por su poder, todos los elementos constitutivos del polvo del mundo. Lo hizo con su divino Hijo, que existía juntamente con Él desde antes de la fundación del mundo.

Dio ser al mundo por su Palabra. Este mundo pertenece a su Creador. El mundo no se moverá en tanto que el Señor reine. Constituye a los ojos de todos los hombres una demostración de las perfecciones invisibles de Dios, y es suficiente para establecer la responsabilidad de ellos.

Observa con cuidado que, entonces, la catalogación de universo para todo lo que es exterior al planeta que habitamos, le pertenece al hombre, pero no es título que otorgara Dios. Él ha sido el creador de todo, sin dudas, pero llamó por su nombre a lo que tenía que ver con este planeta.

Lo expuesto, arroja un concepto que nunca o casi nunca se ha dejado ver mucho en este tipo de temas. Que sobre otros planetas u otros mundos en la Biblia no hay nada, sencillamente por la misma causa que no existe tratamiento de otros asuntos que no hallamos en ella: a Dios no le interesaba que nos informáramos de eso.

Pero otra cosa muy importante que nos dice este texto, es que por la fe es que entendemos algo de lo que significa la Creación. ¿Entiendes cual es el principio básico? Simple: que si no tienes fe, además de no agradar a Dios, tampoco entiendes nada de su obra.

(Salmo 24: 1)=De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo y los que en él habitan.

(2) Porque él la fundó sobre los mares, y la afirmó sobre los ríos.

Aquí tienes otro modelo, desde otro ángulo, sobre el mismo tema que venimos hablando. La creación o constitución del universo, que es el planeta, a partir de las aguas. Aquí añade algo novedoso: dice que la fundó sobre los mares, pero que la afirmó sobre los ríos.

A esto, si tú indagas un poco en profundidad sobre lo que es la ciencia biológica y también la geológica, verás que, mientras el agua del mar actúa como perfecto pulmón que oxigena el planeta, la de los ríos sustentan con su potabilidad la vida humana sobre la tierra.

A eso es que David en este salmo denomina como Plenitud, una palabra muy utilizada por todos nosotros para diversas cosas, pero que contiene elementos muy precisos y específicos que imponen su estudio, por lo menos, a modo de repaso.

Plenitud es, en el original griego, la palabra PLEROMA. Aunque se traduce generalmente como “plenitud”, también se vierte como “cumplimiento”, “abundancia” y “plena restauración”. Derivado del verbo PLEROÓ, que significa “llenar”, significa “aquello que es o ha sido llenado”, y también “aquello que llena algo o con lo que se llena algo”.

De ahí su significado de “plenitud” o “cumplimiento”. Aparte de usos más o menos literales, como el del llenado de las doce cestas con sobras, literal: la llenura, o plenitud de … canastas, se usa: (a) de “la plenitud de los gentiles” que indica el cumplimiento del número de los gentiles en esta dispensación de la gracia.

(b) de la “plena restauración” (o “plenitud”) de Israel.

(c) del amor, que no es una mera parte a cumplir de la Ley, sino que es “la plenitud”, el cumplimiento total de las demandas de la Ley.

(d) de la plenitud o cumplimiento del tiempo (A) en la primera venida del Señor y (B) en la segunda venida del Señor cuando Cristo venga “en la dispensación del cumplimiento” (o “la plenitud”) de los tiempos, así: esta expresión denota aquel lapso de tiempo con el que culmina un periodo anterior a él.

(e) Se aplica a la Iglesia, cuerpo de Cristo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo. Así, la Iglesia es la plenitud de Cristo, aquello en lo que Cristo halla Su plenitud de propósito, el cumplimiento último de Sus deseos y propósitos.

A su vez, el creyente tiene como destino ser lleno de toda la plenitud de Dios, unido a Cristo por el Espíritu como miembro de Su cuerpo, y llenado de todos los dones, riquezas y poder y amor de Dios consonantes con su unión con la Cabeza celestial, gozando de Su presencia, gracia y poder.

En Cristo habita toda la plenitud de la Deidad corporalmente, porque en él tuvo a bien que toda la plenitud habitase. Esta plenitud significa la manifestación de la realidad plena de Dios en Cristo de una manera ilimitada, de Su identificación con Él, morando en Cristo en todo Su poder y atributos, en toda Su naturaleza y ser.

Toda la plenitud del ser y naturaleza de Dios habita constante y permanentemente en Cristo. No se puede hacer limitación alguna a esta realidad de que Dios está en Cristo, siendo así Cristo, de una manera plena y perfecta, la manifestación de Dios, el mismo Dios manifestado en toda Su plenitud y totalmente comunicado a Cristo, Dios hecho carne.

Así, Cristo es denominado la imagen del Dios invisible. En palabras de F. F. Bruce: “Llamar a Cristo la imagen de Dios es decir que en Él el ser y la naturaleza de Dios han sido perfectamente manifestadas, que en Él lo invisible se ha hecho visible, ahora se ha concedido una revelación insuperable de Su «eterno poder y Deidad”.

Y esta plenitud de Cristo está en violento contraste con las doctrinas gnósticas, y otras, que pretendían que la plenitud estaba graduada en toda una serie de “eones” o de “emanaciones divinas” que cubrían la distancia entre un Dios totalmente espiritual y el hombre en su naturaleza corporal, en una secuencia cada vez más y más espiritual a través de la que tenía que ascender en una larga cadena de mediación.

En contraste con todo esto, Pablo insiste en la singularidad de la mediación de Cristo, con exclusión de cualquier otro pretendido mediador, y en el hecho de que toda la plenitud habita en Él, siendo esta plenitud la de la Deidad.

Pedro añade, a toda esta argumentación relacionada con los falsos ministros, que por esta razón, el mundo de entonces pereció anegado en agua. Y esto no es una ocurrencia mía. Observa que el verso 6 comienza diciendo por lo cual. Y, que yo sepa, “por o cual” es sinónimo de “por causa de”. ¿Qué fue lo que sucedió?

(Génesis 7: 21)= Y murió toda carne que se mueve sobre la tierra, así de aves como de ganado y de bestias, y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, y todo hombre.

(22) Todo lo que tenía aliento de espíritu de vida en sus narices, todo lo que había en la tierra, murió.

Dice que murió toda carne por causa de ese diluvio. ¿Y por que crees tú que Dios llevó a cabo eso? Te ha sido enseñado por causa de la maldad de ellos. ¿De quienes ellos? De todos los incrédulos. ¡No! ¡Pedro asegura y sostiene que eso sucedió por causa de la maldad de los falsos ministros!

Está bien; pero ya se terminó. Dios mismo ha dicho que nunca más va a volver a hacer eso. Esto significa que, diluvio, nunca más. En todo caso, fuego, tal como interpretan algunos. ¿Y cual sería la causa? La misma: la maldad de los falsos ministros, de gente que dice servir a Dios cuando en realidad está sirviendo a Satanás.

Eso es, casi con exactitud, lo que el mismo Pedro asegura en el verso 7 de este capítulo final de su segunda carta. Que los cielos y la tierra que ahora existen están reservados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos.

¿Quiere decir eso, tal cual se nos ha enseñado a casi todos los cristianos por años, que aquel juicio de Dios que acabó con la vida humana por diluvio de agua, ahora tendrá correlato pero mediante el fuego? Eso es lo que se ha entendido y enseñado. Y, además, se lo ha relacionado con cierta coherencia con una hecatombe de tipo nuclear.

Sin embargo, y por unas cuantas razones, convendría echar una mirada informativa a lo que el fuego representa y significa en su relación con la Palabra de Dios. Por ejemplo, la primera utilización de fuego en la Biblia se halla sobrentendida en el relato del sacrificio de Caín y de Abel.

No se ha llegado a conocer aún a ninguna nación que no haya conocido el uso del fuego; lo que sí se ignora es quién lo enseñó a los hombres. Los pueblos antiguos tenían multitud de leyendas acerca de esto.

Según la mitología griega, Prometeo, habiendo arrebatado a Zeus el fuego del cielo, fue encadenado en una peña por toda la eternidad. El fuego es, evidentemente, indispensable para el hombre.

Sirve para diversas actividades: para la preparación de alimentos, para calentarse. Los holocaustos ofrecidos a Jehová tenían que ser totalmente consumidos por fuego. Era como si el fuego hiciera subir hasta Dios el sacrificio; se decía, metafóricamente, que era un olor suave a Jehová.

El que ofrecía un sacrifico encendía el fuego. Moisés ofreció holocaustos sobre el altar que erigió. Al final de la ceremonia de consagración de Aarón y de sus hijos al sacerdocio, el fuego de Jehová cayó sobre el sacrifico, consumiéndolo totalmente; Dios había aceptado la ofrenda y manifestó su gloria.

El fuego del altar no debía extinguirse nunca. En la inauguración del Templo y del nuevo altar, descendió fuego del cielo, consumiendo el sacrificio. En otras ocasiones, Dios manifestó también su aprobación con fuego del cielo consumiendo el holocausto.

Entre los paganos había adoradores del fuego. Los secuaces del culto de Moloc, Baal y otros idólatras consagraban sus recién nacidos arrojándolos a las llamas. En ocasiones, se agravaba la pena de muerte quemando el cadáver del ejecutado.

Frecuentemente, el fuego simboliza la presencia del Señor, que libera, purifica o consume. De esta manera Jehová se apareció en la zarza ardiente en Sinaí se reveló en medio del fuego a Isaías, Ezequiel, Juan y así aparecerá cuando vuelva.

El fuego es asimismo un símbolo del Espíritu Santo y de la Palabra de Dios. El fuego finalmente figura entre las expresiones relativas al juicio de Dios: Los malvados serán consumidos por el fuego de su ira; conocerán el fuego de la Gehena, el horno ardiente, el fuego eterno, el fuego que no se apaga, el lago ardiendo con fuego y azufre.

Por todo esto que hemos expuesto, resulta más que evidente que el fuego, necesariamente, es una tipología de algo que tiene otro valor, otra entidad, muy por encima de las llamas literales y de las cenizas como resultante de su tarea de destrucción.

Porque la figura del fuego aniquilador desde lo literal y su interpretación moderna con un holocausto atómico, tiene que ver con la interpretación del juicio como castigo, cuando en realidad es un paso previo. Nunca un juicio es sinónimo de castigo, sino el proceso previo donde lo sentencia o no, conforme al resultado de ese juicio.

Es decir que, en ese día al que se alude aquí, la Palabra de Dios genuina, auténtica y totalmente despojada de toda clase de contaminaciones doctrinarias denominacionales o confesionales diversas, será la que separe lo verdadero de lo falso.

¿Quieres saber algo? Ese tipo de juicio ya está en marcha. Resulta imposible para quien desee predicar y enseñar la Palabra de Dios pura. Poder integrarse con lo que hoy por hoy se denomina a sí misma como iglesia. Se lo rechaza, se lo combate, se lo margina y hasta se lo agrede.

Todo en el nombre de un Dios que, en su palabra auténtica, genuina y pura, demandó a su pueblo, a sus hijos por adopción, hacer exactamente lo contrario. Esto, pregunto, ¿Querrá significar algo? Los que procuran servir fiel y limpiamente, saben de lo que estoy hablando.

Los demás, y pido perdón si esta expresión va a sonar un poco soberbia o arrogante, pero a los demás no puedo detenerme a prestarle más atención que la que se les ha prestado. Porque sé muy bien que mientras Dios no les abra espiritualmente sus entendimientos, jamás lo van a ver con claridad.

Eso, independientemente de los prevaricadores. A ellos Dios les abrió el entendimiento y pudieron ver todo aquello de lo que estamos hablando. Pero porque por alguna razón les convenía mantenerse fieles a Babilonia, allí se quedaron. Pero no son ignorantes. Perdónalos Padre…aunque saben muy bien lo que hacen…

(2 Tesalonicenses 1: 6)= Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, (7) y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder.

El hecho de que los Tesalonicenses crecen en la fe y el amor mientras resisten valientemente la persecución, constituye una clara demostración de que Dios actúa en ellos y los prepara para su reino. Un día cambiará la situación; cuando cristo regrese, los perseguidores sufrirán tribulación y los perseguidos encontrarán reposo.

¿Qué te enseñaron con respecto a esto? Que se está hablando del final estableciendo las diferencias entre los cristianos y los incrédulos, ¿No es así? Tal cual. Está bien. Pero cuidado: también se refiere a la diferencia entre los creyentes y los religiosos.

Porque la persecución más virulenta que hoy por hoy los genuinos hombres de Dios están padeciendo, aunque no lo creas, no viene del mundo secular; viene desde adentro de lo que globalmente llamamos “iglesia”, pero que tú y yo ya sabemos que es iglesia y Babilonia.

Dice que eso será cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo, lo cual será parte de los acontecimientos que acompañen Su regreso en el Día del Señor, los malvados, sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor. Los inicuos serán excluidos para siempre de su presencia, mientras que los salvos estarán “siempre con el señor”. La diferencia es eterna.

Allí lo tienes. Ahora piensa un momento. Yo sé muy bien que, hasta hoy, tú has tomado como salvos a los que van a la iglesia, y como malvados a los que no lo hacen. Si nos dejamos llevar por una primaria impresión, es así, sin dudas.

Porque alguien que no cree en nada muy difícilmente vaya a un templo a adorar o alabar a un Dios en el que no cree, mientras que el que sí concurre, es porque cree en alguien o algo superior que está por encima de sí mismo.

Sin embargo, déjame hacerte una pregunta que quizás te haga reflexionar: ¿Quién crees tú que reviste mayor calidad de malvado delante de Dios: aquel que no cree en nada y jamás se ocupó ni preocupó en las cosas de Dios, o aquel que conociéndole, ha decidido traicionarle de alguna u otra manera trabajando para Satanás desde adentro de las congregaciones cristianas?

No me lo digas, sólo piénsalo. Mucho cuidado, no tiene una respuesta absoluta ni pontificia. Tiene más de una lectura y se debe examinar con cuidado y prolijidad. Pero convendrás conmigo que, cualquiera sea la respuesta que has hallado, dista mucho de parecerse a la que se te enseñó en las escuelitas dominicales de tu niñez, ¿No es así?

(1 Corintios 3: 12)= Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, (13) la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cual sea, el fuego la probará.

Esto es más de lo mismo anterior, pero con otras connotaciones, con otras implicancias, con otras ampliaciones de conceptos que nos permiten indagar más a profundidad lo dicho. El fuego (LA Palabra auténtica), probará las o la obra de cada uno de nosotros.

¿Y que es lo que dice? Que si alguno edificare oro. ¿Y que significado tiene edificar con oro? No lo sé, veamos la historia de este elemento. Era un metal precioso; en la antigüedad se extraía: del país de Havila, de Sabá, de Ofir.

Se empleó en profusión para recubrir los accesorios del Tabernáculo, así como para el mobiliario y la decoración del Templo. Se hacían de este metal: ídolos, coronas, collares, anillos, pendientes. Después se empezaron a acuñar monedas de oro.

A causa de su brillo, de su maleabilidad, ductilidad e inalterabilidad, el oro ha sido extremadamente apreciado desde el comienzo de la Historia. Según los relatos que nos han venido de la antigüedad, y de los recientes descubrimientos, es evidente que ha sido empleado en el pasado en cantidades desconocidas en nuestra época.

Una gran parte de nuestras reservas de este metal se conservan en forma de moneda o de lingotes, por lo que escapan a su utilización en las artes aplicadas. Por otra parte, el oro no se usaba en demasía como medio de intercambio, y el patrón oro para el dinero es una institución relativamente reciente.

Desde el Génesis se hacen alusiones a grandes riquezas consistentes en objetos o joyas de oro, como las: de Abraham, de los egipcios, de los israelitas, de los madianitas; más tarde, de David, de Salomón, de la reina de Sabá, sin hablar de las grandes cantidades que se emplearon para el Tabernáculo y para el Templo.

Estas descripciones bíblicas están en total acuerdo con diversas fuentes de la antigüedad, en particular con los antiguos relatos de historiadores profanos, y con la profusión asombrosa de oro en la decoración de ciertos templos, palacios y sepulcros (como el del faraón Tutankhamon).

El historiador Atenea relata que la pira funeraria de Sardanapalo estuvo ardiendo durante quince días, consumiendo montones de madera de sándalo y oro en enormes cantidades. Si las excavaciones arqueológicas permiten el constante hallazgo de tesoros de este precioso metal, se tienen que tener en cuenta todas las cantidades que han sido anteriormente saqueadas por los ladrones de tumbas, y destruido o vuelto a fundir a lo largo de los siglos.

El oro es un símbolo de integridad y de gran valor. El refino del oro en el crisol sirve de imagen para la purificación del pueblo de Dios en el horno de la prueba. En la tipología del Tabernáculo, así como la plata representa el rescate de cada israelita, el oro parece simbolizar lo divino e inalterable en el santuario.

El arca, que es el tipo más completo de Cristo, estaba hecha de madera de acacia recubierta de oro, lo mismo que la mesa de los panes de la proposición y el altar de incienso, mientras que el candelero de siete brazos era de oro puro.

Lo que sigue en esta supuesta edificación, es la plata. Este es otro metal precioso. El mineral se extraía del suelo. Se fundía en un crisol para purificarlo de las escorias. La plata provenía de Arabia y de Tarsis.

En la literatura apócrifa también se menciona a España (Tarsis en la canónica) como fuente de suministro de plata. Desde la más remota antigüedad se usaba la plata para el trueque. La cantidad pedida se pesaba; la unidad de peso era el siclo, porque la acuñación no fue conocida hasta más tarde.

Los judíos no empezaron a acuñar moneda hasta mucho tiempo después del cautiverio babilónico. La plata permitía la fabricación de diversos objetos personales; de coronas; de instrumentos de música, como trompetas.

Los ricos poseían utensilios de plata; José bebía de una copa de plata. El Tabernáculo y el Templo demandaron grandes cantidades para su construcción: para las basas, las columnas, los capiteles, las molduras, los platos, los jarros, los tazones y cuchillos, los candeleros de diario y las mesas. La plata se usaba asimismo para hacer ídolos y reproducciones de templos paganos.

A renglón seguido, se mencionan las edificaciones con piedras preciosas. La Biblia menciona la mayor parte de las piedras preciosas que se conocen en la actualidad, pero es, en ocasiones, difícil hallar la correspondencia exacta entre los nombres que se hallan en las lenguas originales con los de nuestra nomenclatura actual.

Se pueden destacar, en particular, tres listas de estas gemas: las doce piedras grabadas del pectoral del sumo sacerdote; las nueve piedras del ornato del rey de Tiro (en tanto que en la LXX se añaden doce, y las doce piedras de los cimientos de la Nueva Jerusalén.

Las piedras preciosas eran utilizadas para: confeccionar los ornamentos sacerdotales y reales, ofrecer ricos presentes, servir de adorno femenino, la decoración del Templo, conseguir acumular un gran valor en poco volumen, servir de sello.

Ciertos pasajes indican el origen de estas piedras. Con frecuencia se citan las piedras preciosas como símbolo: de esplendor celeste, de belleza resplandeciente, de gran valor, de dureza extremada, de duración inalterable, y de un color particular.

(a) Ágata. (Nombre que se deriva del de un río de Sicilia, donde abundan estas piedras). Se presenta bajo diversas especies de cuarzo coloreado: amatista, calcedonia y jaspe. Sobre el pectoral del sumo sacerdote, la ágata era la piedra central de la tercera hilera de piedras preciosas. (En hebreo. SEBO. También es mencionada en Apocalipsis 21:19 como tercer cimiento de la Nueva Jerusalén.

(b) Amatista. (El nombre hebreo AHLAMA, sugiere la idea de una piedra preciosa que hace delirar). Piedra de gran valor, la última de la tercera hilera sobre el pectoral del sumo sacerdote. El duodécimo cimiento de la Nueva Jerusalén es de amatista.

Se trata de una variedad transparente de cuarzo. Es límpida, púrpura o de color morado tendiendo al azul, se cree que el origen de este color es el manganeso. Los hebreos podían conseguir la amatista en el país de Edom, en Egipto, Galacia, Chipre pero los más bellos especimenes se conseguían de la India y de España.

(c) Berilo. En hebreo TARSHISH; piedra preciosa relacionada indudablemente con el lugar de origen de la primera piedra de la cuarta hilera del pectoral. Ninguno de los pasajes da indicación alguna del color de esta piedra.

Hay algunos comentaristas que traducen el TARSHISH de Cantares 5:14 por topacio y TARSHISH de Éxodo 28:20 por calcedonia. En la LXX se traduce como crisolito, y como ANTHRAX, que se traduce “carbunclo”, en Ezequiel 10:9.

El término griego BERYLLOS de Apocalipsis 21:20 se traduce como berilo, para designar el octavo fundamento de la Nueva Jerusalén. El berilo es un mineral de roca, formado especialmente por sílice y aluminio; por lo general es de color verde o verde azulado; aparece también en variedades azules, rosas, amarillas, o de color de aguamarina; está emparentada con la esmeralda.

(d) Carbunclo. En hebreo BAREKETH y BAR’KATH: brillante como el rayo; la primera piedra de la segunda hilera del pectoral. En la LXX, la Vulgata y Josefo no se traduce como carbunclo, sino como esmeralda.

En hebreo ‘EKDAH, “resplandor”, “chispa”. Piedra luminosa que tiene el aspecto de un carbón ardiendo. La LXX traduce ANTHRAX, en latín CARBUNCLUS. Según el naturalista y minerólogo Dana, Plinio da el nombre de carbunclo a tres piedras diferentes: al granate, al rubí y al zafiro.

El granate, que Plinio clasifica entre los carbunclos, es el granate noble, llamado asimismo granate oriental, o almandino. Su transparencia y color son magníficos. Los granates más bellos vienen de Pegou, en la Baja Birmania. El rubí es el espinela, de un rojo claro o solamente translúcido. En cuanto al zafiro, ver en su apartado correspondiente.

(e) Coral. En hebreo RA’MOTH. Esta sustancia era clasificada entre las más preciosas. Los mercaderes arameos llevaban el coral a los mercados de Tiro. Se extraía del Mediterráneo y del mar Rojo, y con él se fabricaban collares y amuletos.

El coral es el esqueleto calcáreo de cienos pólipos. Se trata de zoófitos provistos de una boca con tentáculos. El pólipo fijado a la roca se multiplica y forma polímeras, análogas a pequeños árboles hechos de zoófitos medio separados y medio adheridos.

El carbonato de calcio que constituye el esqueleto del coral proviene del agua. Con frecuencia, el coral adopta el aspecto de un hermoso árbol ramificado, o de un arbusto, de donde viene su nombre de zoófito (animal con el aspecto de una planta).

Algunas especies llegan a formar grandes arrecifes. El hebreo PENINIM parece más incierto. En Lamentaciones 4:7 la versión Reina-Valera traduce “coral”, junto con la mayor parte de las otras versiones. Algunos, sin embargo, traducen “rubíes”; la misma Reina-Valera traduce este término por “piedras preciosas” en el Proverbio 3:15.

(f) Cornalina o cornerina. Variedad de calcedonia que los griegos llamaban sardio. Piedra preciosa constituyendo el sexto cimiento de la Nueva Jerusalén. Los antiguos llamaban sardiones a dos tipos de piedras, que distinguían por su color: La variedad de un rojo transparente, que es asimismo una cornalina, pero para la que se reserva el nombre de sardio.

Plinio dice que los sardios se hallaban cerca de Sardis, de donde procedía el nombre, pero que las variedades más bellas procedían de Babilonia. En la actualidad, las cornalinas más bellas proceden de la India. Algunas proceden de Arabia.

Es posible que los antiguos hebreos las consiguieran de este último país. En el AT, el término sardio traduce el hebreo ‘ODEM, piedra enrojecida; figuraba como primera piedra en la primera hilera del pectoral. El rey de Tiro se adornaba con ella. Hay exegetas que opinan que se trata de rubíes, pero la LXX traduce ‘ODEM como sardio.

(g) Crisolito. En griego.: “piedra de oro”. Mineral constituido especialmente por silicio y magnesio; hay dos variedades de crisolitos, una noble y otra común. La piedra preciosa transparente es de un verde amarillento y claro; se halla en el Medio Oriente; se ignora si el crisolito de Plinio, el del Nuevo Testamento, tenía color de oro, o si se trataba de un topacio. El crisolito constituye el séptimo cimiento de la Nueva Jerusalén.

(h) Crisopraso. En griego.: “piedra de verde dorado”. Variedad de calcedonia de tintes verde manzana, color debido a la presencia de óxido de níquel. El más conocido proviene de Silesia. El crisopraso forma el décimo cimiento de la Nueva Jerusalén.

(i) Diamante. Mineral de una dureza y brillo incomparables; es transparente y puede adquirir una pulimentación maravillosa. El diamante es carbono puro cristalizado. Se cree que no había sido conocido entre los hebreos, ni incluso por los antiguos griegos.

Es mencionado por primera vez de una manera inequívoca por el poeta latino Manilius (alrededor del año 12 d.C.), y Plinio lo describe sin posibilidad de confusión en su Historia Natural, aparecida dos años antes de su muerte (79 d.C.).

La piedra que los griegos y romanos conocieron con el nombre de adamas (invencible) era posiblemente una especie de corindón, la piedra más dura después del diamante. En la versión de Reina-Valera se traducen dos términos como diamante: YAHALOM, piedra preciosa, traducida “jaspe”, la tercera de la segunda hilera del pectoral del sumo sacerdote.

La LXX traduce “ónice” A SHAMIR, piedra dura, tallada en punta, para grabar. En otros pasajes se menciona el diamante como símbolo de dureza.

(j) Esmeralda, Hebreo NOPHEK. Era la tercera piedra de la primera hilera del pectoral. Los sirios llevaban esta piedra preciosa a Tiro; los tirios hacían ornamentos con ella. No se sabe con exactitud de qué piedra preciosa se trata, y es con dificultad que se distingue entre esmeralda y carbunclo, sea en la LXX, en la Vulgata, o en las versiones modernas.

En el griego SMERAGDOS, piedra preciosa de un bello color verde. Es posible que designara a cualquier cristal de color verde. Se usaba como sello; el arco iris es comparado con ella; es el cuarto cimiento de la Nueva Jerusalén.

La esmeralda es una variedad del berilo; se distingue por su coloración, de un verde brillante, del tipo del berilo, que la tiene de un color verde pálido al azul claro, al amarillo o al blanco. El color del berilo proviene del hierro, en tanto que el de la esmeralda le viene dado por el cromo. Las esmeraldas se hallaban en el pasado en Chipre, en Egipto y en los montes de Etiopía.

(k) Jacinto. Piedra preciosa que forma el undécimo cimiento de la Nueva Jerusalén. Se hace alusión a su color, que es incierto. Ciertos comentaristas piensan que se trata de un zafiro de color azul. El término hebreo, traducido, en ocasiones, por jacinto figura asimismo en Éxodo 28:19 donde designa la primera piedra de la tercera hilera del pectoral. Es posible que se trate de un ópalo o de ámbar (Véase también Ópalo en este mismo articulo).

(l) Jaspe, del hebreo YASH’PHEH; y del griego IASPIS. El jaspe es una variedad de cuarzo: rojo, marrón, amarillo, verde o gris, y opaco. Los antiguos daban al término jaspe un sentido más amplio. Según Plinio, este término designaba asimismo una piedra preciosa transparente o translúcida, de color verde, por lo que se trataría de una especie de calcedonia o de ágata. La LXX traduce el término hebreo por ónice.

(m) Ónice, Del griego ONYX, “uña”. Traducción del hebreo SHOSHAM, que designa una piedra preciosa, que se hallaba en el país de Havila. Dos piedras de ónice que llevaban, cada una, los nombres de las seis tribus de Israel y estaban fijadas a las hombreras del efod del sumo sacerdote.

La segunda piedra de la cuarta hilera del pectoral era asimismo de ónice. David reunió ónices para el Templo que su hijo iba a construir. Esta piedra es una variedad de la ágata (de cuarzo) con rayas de diferentes tintas.

(n) Ópalo. Del hebreo LESHEM, primera piedra de la tercera hilera del pectoral. La LXX, Josefo y la Vulgata vierten “ligurio”, piedra que no ha sido identificada. Es posible que se trate del jacinto, como lo traduce la versión Reina-Valera (véase el párrafo más arriba dedicado a la piedra jacinto). También se ha propuesto el ámbar.

(o) Rubí. Para el sentido de P’NINIM véase CORAL. Los rubíes son mencionados en Isaías. 54:12; Ezequiel. 27:16. En Cantares 5:14 algunas versiones traducen “rubíes” y Reina-Valera, “jacintos”. El sentido de la expresión es incierto y es posible que designe de manera general una piedra roja que los traductores interpretan de diversas maneras.

(p) Sardio. Véase CORNALINA en este mismo artículo.

(q) Topacio. Del griego TOPAZION, probablemente el hebreo PIT’DAH. Era la segunda piedra de la primera hilera del pectoral. Se encontraba en Etiopía, y en una isla del mar Rojo. Los tirios la conocían. Constituye el noveno cimiento de la Nueva Jerusalén. El topacio de los antiguos era una variedad amarilla del corindón.

(r) Zafiro. Del hebreo SAPPIR; Y del griego SAPPHEIROS. Era la piedra central de la segunda hilera del pectoral del sumo sacerdote. Constituye también el segundo cimiento de la Nueva Jerusalén.

Los príncipes de Israel son comparados a zafiros. El zafiro era una piedra de gran valor. El zafiro es una variedad de corindón cristalizado azul transparente, siendo las otras dos el corindón propiamente dicho y el esmeril.

La dureza de esta piedra sólo es sobrepasada por la del diamante. Procede de la India, Ceilán y Etiopía. Nota: La ágata que aparece en Apocalipsis 21:19 es una traducción de CHALKEDON, KALKEDON, de la ciudad de Asia Menor.

Se trata de una variedad de ágata que se halla en Calcedonia, en Asia Menor. Traducida en la revisión antigua de Reina-Valera como calcedonia, se traduce en las modernas revisiones como “ágata”. (Véase Ágata en este mismo artículo.)

La calcedonia había sido considerada como una variedad distinta del sílex, pero en la actualidad es considerada como una variedad de cuarzo; es dura, estando constituida sobre todo de sílice; de color lechoso, puede también llegar a un gris pálido, marrón, azul, etc.

Al no estar perfectamente cristalizada, presenta frecuentemente venas de cuarzo en nódulos semejantes a los granos de un racimo, o a estalactitas. Esta piedra no parece haber recibido el nombre de calcedonia hasta la Edad Media. Parece, así, que el apóstol Juan quiso con este nombre designar otra piedra, quizá la esmeralda de Calcedonia o el jaspe de este país.

No es mi intención desviarme de nuestro tema central para realizar un estudio profundo sobre los símbolos que están encerrados en las piedras preciosas, pero cualquiera puede observarlos casi a simple vista y tienen que ver con la esencia del texto del cual hemos tomado esto.

En cuanto a la madera, que es insertada en el marco de estas edificaciones, el hebreo ‘ES se dice para madera viva (árbol) y para madera muerta: madera de construcción, leña para el fuego, madera para muebles, también con el significado de poste, mango, mango de un hacha.

Asimismo el griego SILON. El Nuevo Testamento conoce la contraposición de la madera verde a la seca, conocida igualmente en la literatura judía posterior: Jesús es la madera viva, verde, que no es atacada tan fácilmente por el fuego; Israel, la madera seca.

Además se habla también: de la madera de construcción, de un garrote, de un cepo. Por el sentido deshonroso que ya en el griego profano adquirió la palabra “madero” “como instrumento de castigo”, surgió el significado de “cruz”, característico del Nuevo Testamento; así la cruz es llamada madera de maldición.

El Antiguo Testamento conoce la madera de acacia, cedro, ciprés, pino, roble, sicómoro, así como, según interpretación corriente, la madera de sándalo. Apocalipsis 18:12 menciona la madera de tuya, del África del Norte.

Los carpinteros (literalmente: artesanos [en madera, en piedra, en metal]) aprendieron su oficio, en parte, de los fenicios, y parece que, bajo el rey Josías, hicieron ya trabajos independientemente. Entre las maderas más estimadas figura la acacia, o “madera de Sitim”, denominada también “madera incorruptible”.

Su tronco exuda un líquido oloroso que es la conocida goma arábiga. Su madera (muy apreciada por lo resistente, fuerte y ligera) fue utilizada por Moisés para la construcción del Arca, de la mesa de los panes de la proposición, del altar de los holocaustos, del altar de los perfumes, los tablones que debían construir la parte sólida del tabernáculo y de todo lo demás que componía el santuario portátil de Jehová.

No hay referencias abundantes en cuanto al Heno y la Hojarasca, pero por sí mismos hablan de lo de menor cuantía, de lo de menor valor, de lo que nadie o casi nadie utilizaría como material de edificación si se piensa en que esa edificación soporte tempestades o crisis.

Pero es a continuación de todo esto, que Pedro en su texto base consigna algo que luego, con el correr de todos los tiempos, llega a ser un verdadero clásico de la inmensidad y la eternidad de Dios. Allí es donde asegura que para Él, un día es como mil años y mil años como un día.

La perspectiva divina del paso del tiempo responde a una crítica que antes se le había hecho a Dios por una supuesta “tardanza” en relación a su venida. Eso constituye una reacción humana ante el cálculo divino del tiempo.

Ahora veamos: ¿Alguien ha tomado en serio esta palabra? ¡Calma! ¡No te fastidies! Ya sé que te has tomado en serio toda la Biblia, pero vuelvo a preguntarte: a esta palabra, específica, de que para Dios un día es como mil años y mil años como un día, la has tomado con la misma seriedad conceptual que las demás?

Porque fíjate que si tomamos a esta palabra con la misma profundidad que a las demás, nos encontraremos, por ejemplo, de inicio, que la creación de Dios pudo haber durado siete mil años nuestros, más que los siete días literales que vemos en Génesis.

Y también que los dos mil años que lleva el cristianismo como tal, apenas son dos días de Dios. Y si partimos de esa base en Cristo, hallaremos cierta coherencia con los tiempos vividos. Un primer día de Cristo en la cruz, padeciendo, siendo escarnio y burla, tal como vivieron los cristianos del primer milenio.

Un segundo día de muerte física y descenso al infierno para vencer a Satanás en la batalla final. Compatible con lo vivido por el pueblo de Dios en el segundo milenio, su lucha contra los demonios, la guerra espiritual y todo lo que has conocido en el siglo veinte recién finalizado.

Y ahora el tercer milenio de la iglesia, en él estamos desde el 2001. Tercer día de Dios. Tercer día de Jesucristo. Día de victoria, de resurrección y de gloria. No me gusta profetizar sobre bases endebles, pero…¿No encuentras en esto una llamativa y asombrosa coincidencia?

(Salmo 90: 4)= Porque mil años delante de tus ojos son como el día de ayer, que pasó, y como una de las vigilias de la noche.

Entiende esto porque vas a tener una visión de Dios un poco más amplia que la que quizás hayas tenido hasta ahora. Dice el salmista, (No un científico loco, sino Moisés, autor de este salmo), que mil años son para Dios como un día que ya pasó. Y dice más: dice que esos mil años son como una de las vigilias de la noche.

El día hebreo se dividía en vigilias de tres horas cada una. Quizás las de la noche podían parecer más extensas para aquellos que debían cumplir alguna tarea o función en ese lapso, pero eran de todos modos, tres horas en cada caso. Y aquí compara a mil años con UNA de esas vigilias.

Esto nos habla de un concepto de eternidad que de ninguna manera podemos entender. Tu mente es humana, mortal y por consecuencia, finita. Un día nació, luego se desarrolló, hoy está viviendo y un día se muere. Dime de que modo una mente así puede entender lo que significa eternidad.

Concluye el apóstol señalando que no se trata que Dios esté retardando su promesa, sino que ejercita su infinita paciencia no queriendo que ninguno perezca. ¿Cómo? – Piensas -. ¿Qué NINGUNO perezca? ¡Si se están muriendo cristianos todos los días en todo el planeta! ¿Cómo entiendo esto?

Lo entiendes como es: espiritual y no físico. La muerte física nos interesa demasiado a nosotros, que estamos aferrados a esta caja descartable llamada cuerpo, pero no a Dios. A Dios, la muerte física no le interesa en lo más mínimo, todo lo contrario. Por tanto Él está hablando aquí de que ejercita paciencia esperando que los que van a morir espiritualmente, puedan salvarse.

Eso te abre la cabeza en una nueva dimensión. Esto te deja claramente en evidencia que, si alguien se convierte a Jesucristo porque está enfermo y espera, dando ese paso, salvar su vida física, no siempre obtendrá ese resultado.

Si Dios va a usarlo en beneficio de su reino, quizás obre en esa persona una sanidad milagrosa que le permita seguir en la tierra durante un tiempo más. Pero si todo está hecho y no es necesaria esa persona en grado sumo para un trabajo específico, se lo lleva a su lado y final feliz, ¿Entiendes?

No. Seguramente que no lo entiendes. El ser humano tiene tremendos inconvenientes para entender a Dios. Porque allí radica precisamente el error: evaluar a Dios. ¡Hombre tonto! ¿Con que dimensión mental vas a evaluar a un Dios eterno? La solución es la fe. Dios lo dice, yo lo creo., Punto.

¡Pero hermano! ¡Debemos analizar las cosas para entenderlas! – Las cosas cotidianas del mundo, sí. Pero las cosas de Dios no se analizan. O se creen y se disfrutan, o no se creen y te las pierdes. Así de sencillo.

(Romanos 2: 4)= ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?

Dice que la benignidad de Dios es la que nos guía al arrepentimiento. Benignidad, es una cualidad de benigno. Y ser benigno significa ser afable, benévolo, piadoso, templado, suave y apacible. Todo eso es Dios. Todo eso produce en nosotros la necesidad de arrepentirnos.

¿Y que significa arrepentirse? Mira; el arrepentimiento tiene varias connotaciones que hemos enseñado en otros estudios. Hemos dicho que implica un retorno a un punto alto en el cual en algún momento estuvimos. Pero hay otras visiones más…académicas que también conviene repasar.

Hay varias palabras que en las lenguas modernas expresan una verdad central en la historia de la Revelación de Dios a los hombres. Tanto en el hebreo como en el griego bíblicos, hay varias palabras para expresar la conversión del pecador a Dios.

La necesidad del arrepentimiento para entrar en el reino de Dios es algo que el Nuevo Testamento afirma tajantemente. En el Antiguo Testamento, este término se aplica también a Dios, mostrando cómo Dios, en su gobierno sobre la tierra, expresa su propio sentimiento acerca de los sucesos que tienen lugar sobre ella.

Pero esto no choca con Su omnipresencia. Son dos los sentidos en que se habla del arrepentimiento con respecto a Dios.

(1) En cuanto a Su propia creación o designación de objetos que después no corresponden a Su gloria. Se arrepintió de haber hecho al hombre sobre la tierra y de haber puesto a Saúl como rey sobre Israel.

(2) En cuanto a castigos de los que ha amenazado o bendiciones que ha prometido. Cuando Israel se apartaba de sus malos caminos y buscaba a Dios entonces Dios se arrepentía del castigo que Él había dispuesto.

Por otra parte, las promesas de bendecir al pueblo de Israel cuando estaba en la tierra fueron condicionadas a su obediencia, de manera que Dios, si ellos hacían lo malo, se arrepentiría del bien que Él les había prometido. tanto a Israel como, de hecho, a cualquier otra nación.

Entonces alteraría el orden de Sus tratos hacia ellos. En cuanto a Israel. el Señor llega a decir: Estoy cansado de arrepentirme. En todo esto entra la responsabilidad humana, así como el gobierno divino.

Pero las promesas incondicionales» de Dios, dadas a Abraham, Isaac y Jacob, no están sujetas a arrepentimiento. Porque los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables.. Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre, para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?.

Y esto tiene que mantenerse así con respecto a cada propósito de Su voluntad. Con respecto al hombre, el arrepentimiento es el necesario precursor de su experiencia de la gracia de Dios. Se presentan dos motivos para el arrepentimiento: la bondad de Dios que guía al arrepentimiento, y el juicio que se avecina, en razón del cual Dios manda a todos los hombres ahora que se arrepientan; pero es de Su gracia y para Su gloria que se abre esta puerta de retorno a Él.

Él allega para sí al hombre en Su gracia en base a que Su justicia ha quedado salvaguardada por la muerte de Cristo. De ahí que el testimonio divino es del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo.

El arrepentimiento ha sido definido como un cambio de mente hacia Dios que conduce al juicio de uno mismo y de los propios actos. Esto no sería posible si no fuera por el reconocimiento de que Dios es misericordioso.

También se habla de arrepentimiento en relación con un cambio de pensamiento y de acción allí donde no hay mal del que arrepentirse. En la predicación apostólica el arrepentimiento es uno de los temas centrales; ya desde la predicación de Jesús lo encontramos como una de las exigencias del reino, y el día de Pentecostés, en su sermón, Pedro termina invitando a los oyentes a arrepentirse de sus pecados y convertirse a Cristo.

En el Nuevo Testamento la palabra “arrepentimiento” es, por lo general, la traducción de la palabra METANOIA, que significa cambio de actitud, cambio de modo de pensar o de plan de vida. Éstos y muchos otros pasajes del Nuevo Testamento nos indican la centralidad de esta realidad y de esta doctrina en el mensaje de Cristo y de los apóstoles.

La traducción de la palabra original griega METANOIA por “penitencia”, que hacen algunas ediciones catolicorromanas, no solamente es un error, sino que contradice la esencia fundamental del Nuevo Testamento.

(031) El Día que Llegue Su Día…

(2 Pedro 3: 10)= Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.

(11) Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡Como no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, (12) esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose serán deshechos, y los elementos, siendo quemados se fundirán!

(13) Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.

Lo he enseñado en más de una ocasión y siempre ha despertado asombro. La enseñanza clásica que todos recibimos respecto a este y otros textos con similar contenido, nos habla de un regreso del Señor que será súbito e inesperado.

Los creyentes aún esperan el cumplimiento de sus promesas, a pesar de los burladores de los cuales ya estuvimos hablando. Pero asegura que la futura tierra será inhabitable después que la actual se destruya.

Esa es la enseñanza clásica, la que concluye con una gran hecatombe y la destrucción de todo. A mí siempre me quedó una pequeña duda al respecto. A esto que termino de decir, cuando hablamos con los incrédulos y les presentamos el plan de salvación, ¿Podremos llamarlo “buenas nuevas”?

Lo cierto es que Él retornará – Dice -, como ladrón en la noche. Eso es lo que se nos ha enseñado. Mal. No es él quien retornará como ladrón en la noche según este texto: es el día del Señor. Y que sea como ladrón en la noche, se nos ha enseñado que tiene que ver con lo imprevisto, lo inesperado, aquello para lo cual nunca estamos preparados. Ladrón en la noche.

No diré que está mal porque resulta coherente y está bien aprenderlo así. Sólo una duda y una pregunta: ¿Lo único que hace un ladrón en la noche es aparecerse sin previo aviso a una hora que nadie sabe y por un sitio que nadie espera?

No. Un ladrón en la noche hará todo eso con una intencionalidad básica y fundamental: robar. Porque un ladrón eso es lo que hace, robar. ¿Y que será robar? Quedarse con algo que a uno no le pertenece sin permiso de sus legítimos propietarios. Eso es robar. Eso hacen los ladrones, tanto por la noche como de día.

¿Entonces? Entonces nada. Sigamos estudiando y enseñando que el señor vendrá en cualquier momento, sin previo aviso, tal como lo haría un ladrón en la noche. Pero, en paralelo, también podremos enseñar que el día del Señor será muy especial porque Él vendrá a llevarse, en primer término, lo que no le pertenece. Tal como lo haría un ladrón en la noche.

¿Recuerdas la enseñanza aquella de que el final sería como en los días de Noé, donde entendimos que si era igual a esos días, los que iban a ser llevados iban a ser los impíos, igual que en aquel entonces, y no los justos, que estaban seguros en el arca.

Esto será del mismo modo, ya que una cosa tiene que ver con la otra. Primero desaparecerá la cizaña, que es palabra falsa, que también incluye a hombres que la usan en su beneficio. Solamente cuando eso desaparezca, los justos podrán resplandecer. Los que hayan quedado, dice…

Después viene la otra parte, la de los elementos ardiendo que caen deshechos. ¿Qué has aprendido tú sobre esto? Que se trataban de estrellas, soles, lunas, planetas o quien sabe que cosas. En suma: “El fin del mundo”, ¿No es así?

Sí, yo también aprendí eso- – ¿Es que no va a ser así, hermano? – ¡Ah, no! ¡No lo sé! ¡Quizás sí, que sé yo! Pero al margen de eso, que pertenece pura y exclusivamente a la soberanía de Dios, que puede hacer lo que se le da la gana con su creación, tengo que decirte que el texto no dice exactamente lo que nos dijeron que dice, dice otra cosa. Vamos a verlo, ¿Quieres? Después si quieres entender lo mismo que ya sabías, es un problema y una decisión tuya.

Dice que los elementos ardiendo serán deshechos. La Nueva Versión Internacional, que está traducida directamente de los originales al español, sin pasar por el inglés como sucede con la mayoría de las versiones clásicas, dice, en lugar de elementos “deshechos”, elementos destruidos.

Entonces deberemos recalar, necesariamente, en esta palabra que resulta clave: ELEMENTOS. Y allí es donde nos encontramos con que tiene un significado muy diferente al clásico que saltaría a primera lectura. Observa los siguientes textos:

(Colosenses 2. 20)= Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿Por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos, (21) tales como no manejes, ni gustes, ni aún toques, (22) (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso?

¿Qué te parece? ¿Qué crees que puedan ser los rudimentos del mundo? En principio, tengo que decirte que, la palabra RUDIMENTOS, se traduce de una palabra griega que originariamente se refería a un triángulo situado sobre un reloj de sol para determinar la hora por medio de la sombra que ese triángulo proyectaba. Desde allí comenzó a aplicarse a ir ordenadamente, a avanzar poco a poco, a comenzar (Atención; toma nota de esto) por las cosas elementales, a aprender las letras del alfabeto.

En el Nuevo Testamento, a esta palabra se la utiliza (Toma nota otra vez) para referirse a las verdades elementales. Es un término, para redondear la idea, que se aplica a los primeros y más sencillos principios de alguna ciencia, de la literatura o de alguna doctrina religiosa, ¿Entiendes?

Esto quiere decir que, RUDIMENTOS, en realidad, son los ELEMENTOS básicos del lenguaje que la ha formado. Muy bien; con esta misma palabra que aquí se traduce como RUDIMENTOS, se escribe ELEMENTOS en Pedro 3:10. Hay otra escritura que amplía y confirma esto.

(Gálatas 4: 3)= Así también nosotros, (Está hablando de nosotros, de ti o de mí, no de mundanos incrédulos, pecadores e impíos, ¿Entiendes?) cuando éramos niños, estábamos bajo esclavitud, bajo los rudimentos (Es decir: elementos) del mundo.

(Verso 9)= Mas ahora, conociendo a Dios, o mas bien, siendo conocidos por Dios, ¿Cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos (Otra vez: Elementos) a los cuales os queréis volver a esclavizar?

En primer término, tendré que decirte que este texto, parecería haber sido escrito esta mañana, hace sólo un momento, por alguna persona miembro de cualquier congregación más o menos conocida. Ocurre con muchos otros de la Biblia, libro al que muchos teólogos consideran “de riqueza histórica”. Ohhh…

Es importante señalar que, los rudimentos de los cuales se habla aquí, o su sinónimo: Elementos, está íntimamente ligado y relacionado con el legalismo. Judío en principio, pero con todos los legalismos ritualistas y fundamentalistas que usted quiera agregarle después.

El culto a las leyes, los estatutos y las ordenanzas humanas, generalmente impuestas por ciertas iglesias para reemplazar una inexistente presencia, unción y poder de Dios, esclaviza, adormece, intoxica y mata. Cizaña. Rudimentos. Elementos. (Puedes leer un estudio precisamente titulado así: “El Fuego de los Elementos”, que está en la ventana de “Crecimiento” de nuestra web).

(Mateo 24: 43)= Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a que hora el ladrón habría de venir, velaría y no dejaría minar su casa.

En este texto están los fundamentos de la enseñanza clásica. Obviamente, no podemos desestimarla porque tiene excelentes bases. Pero lo que no debemos hacer es detenernos, cristalizarnos en ella. Ya has visto que hay más con respecto al ladrón en la noche.

Lo que sí resulta más que evidente es que, en tiempos de indiferencia y descuido, aparecerá súbitamente el Señor. Algunos serán arrebatados para recibirle en lo alto, en tanto otros serán dejados. La idea de tal acontecimiento nos obliga a estar vigilantes y preparados.

Este es el complemento más que conocido de la enseñanza tradicional. Que es muy buena desde el punto de vista que nos prepara para no estar espiritualmente dormidos, sino atentos, vigilantes y, principalmente, como se nos dice en todo el contexto: velando.

No obstante, todo lo demás que podemos ver, estudiar y escudriñar al respecto, lo que nos permite de sobremanera, es indagar mucho más profundamente este acontecimiento. Y eso, a su vez, nos posibilita preparar un mapa que por allí no resulta tan simplista como el que conocemos.

(1 Tesalonicenses 5: 2)= Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche: (3) que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán.

Una vez más, en este texto, se nos dice que lo que vendrá como ladrón en la noche, es el día del Señor. ¡Pero hermano! ¡Cualquiera entiende que está hablando de la segunda venida de Cristo! Exacto, cualquiera lo entiende. Yo, solamente me he permitido enfatizar un detalle. Tómalo así.

¿Tiene que ver con la hora desconocida en que eso sucederá? Tiene que ver. ¿Tiene que ver con que vendrá acaso para llevarse algo que no le pertenece? Tiene que ver. ¿Cuál es la interpretación correcta? Ambas. ¿Cómo ambas? Sí, ambas; porque no se contraponen. En todo caso, se complementan.

¿Y en que momento lineal es que dice que eso ocurrirá? Cuando todos anden diciendo paz y seguridad. Perdón…¿Quiénes y en que lugar andarán diciendo eso? ¡¡Buena pregunta!! ¡Nadie la hace, normalmente! ¿Será la gente del mundo? ¿Serán los cristianos?

Dice que sobre ellos vendrá la destrucción repentina, así que debería ser la gente del mundo, los incrédulos, no crees? Sí, aunque hay un pequeño detalle: ¿Solamente en el mundo hay incredulidad? ¿Tú me aseguras que dentro de la iglesia no la hay?

¡Está bien, hermano! Le acepto eso, pero no alcanza para pretender decir que esto se refiere a la iglesia estructural, ¿No le parece? No, no me parece. Porque todos sabemos que la Biblia no ha sido escrita para el mundo sino para la iglesia, así es que lo que Dios espera es que nosotros leamos esta advertencia.

¿Paz y seguridad? ¿Es que entonces, esto, no tiene absolutamente nada que ver con ausencia de guerras y de delitos en la sociedad secular? Creo que no, que no tiene nada que ver con ello. Que, por otra parte, seguirán fielmente sus rutinas de guerras prefabricadas para vender armas y delitos comunes a la vuelta de cualquier esquina porque la maldad existe y se muestra.

¿Entonces? Entonces creo que se está hablando de una cierta medida de paz que puede experimentarse dentro de ciertos templos o congregaciones. – ¿Eso es real? Nadie dijo que sea real, aquí se nos dice que cuando digan…Paz, no que realmente la haya.

¿Y la seguridad? Aunque te cueste creerlo, la seguridad humana dentro de las iglesias, hoy, parte de dos parámetros bien definidos. Tener la absoluta garantía de que el sitio en el que estás te hace salvo y la certeza de que una cobertura santa vela por tu vida eterna.

¡Pero eso no tiene fundamento ni sustento bíblico! Es cierto, no lo tiene. Pero, ¿Ha sido inconveniente, eso, para que por espacio de muchísimos años (Y aún en este tiempo) miles y miles de cristianos congregados lo hayan estado creyendo?

¿Y que de los dolores de mujer encinta? Tal cual. ¿No sabes como son? Discontinuos. No son dolores permanentes. Son contracciones. Pujos reprimidos que en un momento dado se convierten en pujos más violentos y expulsatorios.

(Mateo 24: 35)= El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Está más que claro que la clave de este pequeño pero muy importante texto, está en la expresión pasarán. Se nos dice que el cielo y la tierra pasaran, pero que Sus palabras (en plural, no singular), no pasarán.

Muchos han enseñado sobre esto y, generalmente, la interpretación más aceptada, aunque casi literal y muy simple, es la que señala que un día tanto el cielo que vemos como la tierra que habitamos, dejarán de ser, dejarán de existir. Pero que ese día, aún estará vigente la Palabra de Dios.

¿Es correcto? Convengamos en que no del todo. Porque uno de los errores más claros que los creyentes hemos cometido, es elegir a nuestro intelecto por encima de nuestra capacidad espiritual para entender y darle interpretación práctica a la Palabra de Dios.

Entonces, hemos inaugurado y puesto en vigencia distintas y diferentes líneas de interpretación bíblica y hasta le hemos dado rótulos y calificativos a cada una e, incluso, hasta hemos fabricado materias de estudio a aprobar para cada una.

Eso ha sido, lisa y llanamente, ignorancia pura por parte nuestra. Porque nadie nos dirá que elegir una forma simplista y literal de interpretación es irracional o incoherente, no. Intelectualmente no lo es. Como tampoco el optar por la otra línea, la que se basa en simbolismos, sueños, visiones o cosas similares. Cada uno es dueño de hacerlo a su modo.

Sólo un problema: a esto se lo hace conforme al modo de Dios, o no habrá manera de arribar a una conclusión clara y profética. Y Dios nos dice de una punta a la otra de la escritura, que su Palabra sólo será revelada mediante la guía, el poder y la presencia de su Espíritu Santo. Allí es, entonces, donde se acaban todas las sabidurías humanas.

El caso es que esta palabra que aparece aquí como pasarán, no se trata de un término usado al azar o porque sí. Es el vocablo original griego PARÉRJOMAI, y tiene que ver mucho más con “venir cerca”, o “alejarse”, o “perecer”, o “descuidar”, o “apartar”, que en pasar como pasa un tren o un bus en viaje a su destino.

Este vocablo deriva de dos que son anexos. Uno es PARÁ, que tiene la implicancia de “cerca”, “además”, “la proximidad de”, o “en proximidad con”, “más allá”, “opuesto” o “a cuenta de”. Y el otro derivado es ERJOMAI, que es un verbo primario usado sólo en tiempo presente e imperfecto, bajo estas perspectivas.

ELDSO, “que de otra manera no ocurre”. “Venir o ir”. Esto configura un panorama que puede estudiarse con mayor profundidad en cada caso, (No es el tema central de nuestro trabajo), pero que seguramente nos va a dar un resultado que dista bastante de lo que hemos aprendido en las escuelitas bíblicas.

Este pasarán tiene una connotación emparentada con un “declinarán en el concepto público”, o “decrecerán en su nivel de aceptación”, o “disminuirá su cualidad de aceptación”. Todo esto, te recuerdo, con relación a lo que significan el cielo y la tierra en comparación con las palabras (no, con LA palabra) de Jesús.

Una idea más aproximada a esta visión de las cosas, la podremos hallar en otro texto que se encuentra en el libro del Apocalipsis, mal llamado “de las revelaciones”. Y digo “mal llamado”, porque no es un libro de revelaciones, sino de una sola revelación: la revelación de Jesucristo.

Apocalipsis 21: 1)= Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más.

La palabra cielo que es traducida aquí, deriva de una expresión griega pronunciada como OURANOS. Podemos compararla con “uranografía” y con “urano”. Es un vocablo que con frecuencia se emplea en plural para referirse al cielo y a las regiones encima de la tierra.

También alude a lo que podríamos dar en denominar como “la habitación de Dios”, Cristo, los ángeles y los santos (personas creyentes) resucitados. Por metonimia, la palabra se refiere a Dios y a los habitantes del cielo.

Pedro nos dirá luego que, por causa de que todas estas cosas van a ser deshechas, nuestro deber es andar en santa y piadosa manera de vivir. Ahí lo tienes. No es templo, no es sujeción a un líder ungido, no es la experiencia física o emocional. La iglesia del futuro (O de este presente que comienza ahora mismo), es…estilo de vida.

Un estilo de vida cristiano que despierte admiración y deseos de imitar a un mundo incrédulo y pecador sacudido por miles de crisis externas e internas. Pero…¿Y la iglesia? ¡¡Esa es la iglesia!! ¿Y adónde está el templo, el santuario, el salón el pastor? Dime: ¿Necesitas eso o necesitas a Cristo viviente en cada minuto de tu vida? Ya elegiste.

Porque dice que eso será mientras esperas, y además apuras, apresuras, la venida del día de Dios, en el cual serán deshechos los elementos, que como ya sabes, no son estrellas ni planetas, sino argumentos humanistas, científicos, psicológicos, filosóficos.

(1 Corintios 1: 4)= Gracias doy a mi Dios siempre por vosotros, por la gracia de Dios que os fue dada en Cristo Jesús; (4) porque en todas las cosas fuisteis enriquecidos en él, en toda palabra y en toda ciencia; (6) así como el testimonio acerca de Cristo ha sido confirmado entre vosotros, (7) de tal manera que nada os falta en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.

Ese don del que aquí se habla, es el factor básico con el que habrán de fundirse esos elementos en el día final. Un don es un CHARISMA. Esta es una palabra relacionada con otras palabras derivadas de la raíz CHAR. CHARA es gozo, jovialidad, delicia. CHARIS es gracia, buena voluntad, favor inmerecido.

CHARISMA, entonces, es un don de gracia, un regalo gratuito y divino, dotación espiritual, facultad milagrosa. Se usa especialmente para designar los dones del Espíritu. En el uso moderno, un “carismático” es alguien que tiene uno o más de estos dones obrando en su vida, o bien el individuo para quien estos donde también deben estar presentes en la iglesia de hoy.

(Tito 2: 11)= Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, (12) enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, (13) aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, (14) quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.

En este texto, conjuntamente con una visión más global del tema que venimos hablando, hay un elemento que, por pequeño y casi insignificante, se nos puede llegar a escapar. Y sería muy prudente que eso no ocurra, ya que conocerlo nos ahorraría mucha oración mal hecha y, por consecuencia, no siempre respondida.

Dice aquí que para aspirar a la salvación que se ha manifestado a todos los hombres por la Gracia de Dios, debemos renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos. Simple, ¿Verdad? Muy simple. Tanto que hasta aquí es mucha la gente que no lo ha visto de ese modo y, en lugar de hacerlo por sí mismo como se nos ordena, se lo pide a Dios.

¡Oh, Señor! ¡Hazme más espiritual! (Más piadoso – Menos impiadoso). ¡Oh, Señor! ¡Líbrame de los deseos de mi carne! – Nadie va a criticar a alguien que decida orar, pero Santiago dice que oramos y no recibimos porque lo hacemos mal. Este es un caso.

En una oportunidad, escuché un predicador dar un modelo al respecto que podía resultar algo gracioso, pero que no por ello dejaba de ser religiosamente cierto. Dice que una plancha se puso a orar y decía: “¡Oh, Padre mío! ¡Haz que yo sea una plancha!” – Ya lo era, pero ella no se había dado cuenta.

Que te sirva de elemento de instrucción, entonces. Ya no pidas más al Señor que te saque tus deseos pecaminosos: ¡Renuncia a ellos ya mismo en el nombre de Jesús! Lo mismo con tu falta de espiritualidad.

Esto complementa un manejo que los cristianos solemos tener muy a menudo y que forma parte del facilismo religioso con que solemos encarar estas cosas. Pensamos que a todo lo bueno nos lo tiene que dar Dios y que todo lo malo proviene de Satanás. No siempre as cosas son así. A veces, somos mucho más protagonistas de lo que nos imaginamos.

Y luego, otra vez se nos habla del estilo de vida que caracterizará al hombre integrante de la iglesia del siglo veintiuno, esa que se puede congregar en ese salón, en aquella vivienda, en esa plaza que hay en la esquina o debajo de aquel árbol.

Porque nos enseña que debemos vivir dentro de este sistema (Eso es lo que significa “siglo”, sistema. Tanto mundano como religioso) de una manera Justa, Sobria y Piadosa. ¿Conoces a mucha gente así? Más vale que la conozcas de mirarte a ti mismo al espejo. Eso es lo que Dios espera de ti, no necesariamente que fundes una congregación de cinco mil personas. Eso, a Dios no le asombra. Muchos satanistas lo han conseguido antes que tú.

(Salmo 50: 3)= Vendrá nuestro Dios, y no callará; Fuego consumirá delante de él, y tempestad poderosa le rodeará.

Dios es justo. ¿Cuántas veces has oído esta aseveración? Ya sabes que es real, estrictamente cierta. Eso significa que, cuando llegue el momento, TU momento, Dios te mirará cara a cara y no callará. Quizás han callado muchos que no podían, no sabían o no se atrevían a confrontarte, pero Dios lo hará.

Y lo hará a partir de una de sus cualidades: el fuego consumidor. Porque es muy fácil, sencillo y hasta poéticamente romántico asegurar que Dios es amor, pero mucho más complicado, aunque siga siendo muy cierto, que también es fuego que consume todo aquello que no se ajusta a su modelo.

Y fíjate que no es casual que se esgriman estos dos modelos. Dios se tarda en impacientarse y en ejecutar sus juicios. Pero cuando comienza a hacerlo, ya no hay quien lo detenga. Eso es lo que exactamente sucede tanto con el fuego como con las tempestades. Isaías produce otra pintura al respecto.

(Isaías 34: 4)= Y todo el ejército de los cielos se disolverá, y se enrollarán los cielos como un libro; y caerá todo su ejército, como se cae la hoja de la parra, y como se cae la de la higuera.

No te apresures. No prediques hecatombes nucleares ni incendios forestales bíblicos. NO asustes a la gente innecesariamente. No hagas que se conviertan por miedo porque entrarán a la iglesia de la mano de aquel que tiene el imperio del miedo, que no es nuestro Dios, precisamente.

No hagas evangelismo catastrófico y luego caigas en la incoherencia de denominarlo como “buenas nuevas”. Porque por más que seamos santos sin mancha y libres de contaminaciones, será muy difícil experimentar alegría por causa de la explosión en millones de pedazos de nuestro planeta.

El hombre ha sido creado para amar su vida y la del sitio en donde la desarrolla. Por eso existe el denominado “instinto de preservación” y por eso existe el patriotismo y el orgullo nacional y regional. Si el creyente predica que todo eso será destruido por Dios, el incrédulo reaccionará del modo más lógico y coherente: tomándole resentimiento, enojo y resistencia a ese Dios tan cruel que va a despojarlo de las cosas que ama.

Predica la palabra. Y lo que la palabra nos está diciendo es que los cielos se enrollarán como un libro, lo cual jamás podría ser ni por asomo literal, y que por esa causa caerá el ejército enemigo. Ahora bien, observa, examina, escudriña: ¿Cómo que cosa dice que caerá? Como la hoja de la parra y la de la higuera.

La Parra es también la llamada Vid. Este término designa generalmente la verdadera vid (“Vitis vinifera”), originaria de Asia occidental (del sur del mar Caspio). Los egipcios la cultivaban. Existen esculturas del Imperio Antiguo en las que se representan vides, uvas y prensas, así como la elaboración del vino.

La tierra y el clima de Palestina son adecuadas para su cultivo, que fue practicado desde el principio en Canaán. La vid crecía en las llanuras de Filistea, Jezreel, Genesaret; y prosperaba en las regiones accidentadas cercanas a Hebrón, Silo, Siquem, En-gadi, Hesbón, Eleale, Sibma al este del Jordán y en el Líbano.

Hay una enorme diferencia entre las plantas buenas y las silvestres. Las viñas se hallaban, frecuentemente, bien en las cumbres o bien en las laderas de las colinas, en ocasiones descendiendo en terrazas artificiales.

Estaba protegida con un vallado o un muro. Se despedregaba el terreno, se erigía una cabaña o una torre para el guardián, y se tallaba un lagar en la roca. Estos antiguos lagares siguen existiendo en gran cantidad en Palestina.

De todas las plantas cultivadas, es la vid la que requiere más cuidados. Se dejaba que la vid se extendiera por el suelo, sólo elevando los sarmientos que llevan fruto. En ocasiones se hacia trepar la vid por árboles o bien sobre y entre enrejados.

Se cultivaba en particular la uva negra. En lugares privilegiados, la maduración terminaba antes del mes de agosto. Se consumía la uva fresca o pasa; elemento muy apreciado de la alimentación, se conservaba también en forma de tortas.

Su jugo se bebía fresco o fermentado. Las vendimias comenzaban a mediados de septiembre y proseguían hasta octubre, en medio de un ambiente festivo. Las uvas eran pisadas en el lagar para obtener el mosto.

Israel es asemejada a una vid. En Isaías 5 es asemejada a una viña. Dios la dispuso en una fértil ladera, plantándola con las más escogidas vides, y haciendo todo lo posible para su protección y rendimiento.

Pero cuando se buscó fruto de ella, resultó que sólo daba uvas silvestres. Finalmente, Dios quitó su vallado, abandonándola a los elementos y a ser hollada por todos; una imagen profética de Israel en su estado de apostasía.

El Señor Jesús, así como vino a ser el verdadero Siervo de Jehová allí donde Israel había fracasado, vino también a ser la vid verdadera; Sus discípulos vienen a ser los pámpanos. No puede haber ningún verdadero fruto en sus vidas excepto en tanto que permanezcan en Él.

Por tanto, la hoja en cuestión sólo caerá cuando deje de recibir nutriente, se seque y sólo sea útil para quemar como la hojarasca. Hoy por hoy, la sequía y la falta de verdor nutritivo, es un común denominador en los sitios donde, supuestamente, debería haberlo.

Lo mismo sucede con la otra hoja que cae, la de la Higuera. Esta es una Dicotiledónea de la familia de las moráceas. Árbol que da un delicioso fruto. En hebreo se usa el mismo término para denotar el árbol y el fruto, T’ENAH, en tanto que en griego el árbol se llama SYKE y el fruto es SYKON.

La higuera es originaria de Asia occidental. Cuando es joven, sólo lleva fruto si está en un suelo rico. Al envejecer, la higuera degenera rápidamente; descuidada, no produce mucho. En primavera, la higuera da sus higos tempranos antes de cubrirse de hojas, sobre las ramas crecidas el año anterior, y reciben el nombre de “pag” (higos verdes).

Si el árbol no tiene higos verdes cuando aparece el follaje, no habrá higos. La higuera es un árbol muy apreciado; la Biblia lo menciona en muchas ocasiones junto a la vid. La expresión debajo de su parra y debajo de su higuera es sinónimo de prosperidad y seguridad.

La altura de la higuera cultivada varía entre 6 y 9 metros. Las hojas, que aparecen al final de la primavera y que caen al aproximarse el invierno, miden frecuentemente de 20 a 25 cm. de longitud. La higuera es usada por el Señor como emblema de Israel, y la maldición de la higuera estéril constituye una parábola: el pueblo no había respondido al llamamiento del Señor, que por ello anuncia su juicio.

Este árbol tenía las hojas que vienen con los primeros frutos; aunque, como señala Marcos, no era tiempo de higos (del verano, la verdadera cosecha), hubiera debido tener al menos los higos verdes de la primavera.

La presencia de las hojas sin el fruto es indicación de la profesión religiosa de Israel sin fruto, y constituye una solemne advertencia acerca del peligro del nominalismo religioso en general. Según la profecía, la higuera de Israel deberá reverdecer al final de los tiempos.

Esto nos deja una clara conclusión: La hoja de la higuera, además de sequía, puede caer por frío invernal (O espiritual) y como consecuencia de haberse secado por la práctica religiosa sin fruto. De eso se compone, mayoritariamente, ese ejército que combate con las huestes legítimas del Dios Todopoderoso.

Y Pedro concluye esta idea sosteniendo que nosotros esperamos según sus promesas esos cielos nuevos y esa tierra nueva en los cuales mora la justicia. ¿Esperamos algo coherente, algo lógico, natural, o esperamos solamente algo que puede producir Dios mismo?

(Isaías 65: 17)= Porque he aquí yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento.

Según las anotaciones de ciertos prestigiosos comentaristas, esta es una descripción del nuevo mundo que rodeará la nueva ciudad de Dios. Como la vida humana y la naturaleza animal se transforman, el pasaje tiene una obvia significación escatológica.

(Isaías 66: 22)= Porque como los cielos nuevos y la nueva tierra que yo hago permanecerán delante de mí, dice Jehová, así permanecerá vuestra descendencia y vuestro nombre.

Es indudable que este tremendo libro de Isaías termina con la característica doble visión del profeta: por un lado los obedientes gozando de la paz y el consuelo traídos por el Señor, y por el otro los desobedientes sufriendo el castigo eterno.

Presta atención a un detalle que pinta a Dios de cuerpo entero en cuanto a su integridad y su respeto por el hombre, cosa que no siempre éste le devuelve de la misma manera: considera a Su creación en el mismo nivel que a la creación del hombre.

(Apocalipsis 21: 1)= Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más.

(032) Firmes Hacia lo Invisible

(2 Pedro 3: 14)= Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz.

(15) Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, (16) casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras escrituras para propia perdición.

(17) Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza.

(18) Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él se gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.

Nuestra única obligación como hijos adoptivos de Dios en el final de esta historia del evangelio, es: ser hallados, en el momento en que Él retorne, sin mancha alguna que ensucie nuestras vestiduras de santidad e irreprensibles de cualquier acusación pecaminosa. Todo eso determinará que nuestro estado sea el que Dios espera que sea: en paz.

(1 Corintios 15: 58)= Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.

Quiero que entiendas y te quede total y absolutamente claro un concepto básico. La obra de la cual se está hablando aquí, no tiene nada que ver con la tarea que tú realizas para tu congregación local. Ni siquiera se trata de la que esa misma congregación efectúa en la zona o región donde opera.

La obra de la que aquí se está hablando, es la obra de Dios en tu vida. Por eso dice que es “la obra del Señor”. Y esa obra no es ni activismo religioso ni eclesiología. Esa obra es maduración de cada santo día tras día, hasta alcanzar la estatura del varón perfecto (Maduro).

Par que ello sea posible, nuestra mínima y casi exclusiva dedicación será la de mantenernos firmes y constantes. Firmes contra todo viento de doctrina que amenace con sacarnos de lo que nos fue enseñado por el Espíritu Santo en el principio.

Y eso no llegará jamás desde el exterior. Ningún cristiano, por tonto o ignorante que fuera, le creería a un incrédulo una doctrina que reemplace a la que conoció en sus inicios de convertido. Pero sí estará dispuesto a creer algo que suene a nuevo adentro de su propia iglesia. Como por ejemplo: humanismo, liberalismo, filosofía o psicología.

(Filipenses 2: 14)= Haced todo sin murmuraciones y contiendas, (15) para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; (16) asidos de la palabra de vida, para que en el día de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he trabajado.

Sin murmuraciones ni contiendas. ¿Esto significa que, suceda lo que suceda con los liderazgos de la iglesia, nadie debe abrir su boca ni confrontar a nadie? ¿Deben dejar que las cosas se produzcan como se producen y que finalmente será Dios quien las ponga en su lugar?

Esto es lo que se ha entendido y enseñado a partir de este texto. Lo siento, no es totalmente así. El espíritu de este concepto tiene que ver con aquellos que hacen de la murmuración, el chisme y los pleitos, casi una forma constante de vida.

Eso es lo que Dios no quiere en su pueblo. Gente incapaz de enfrentar o confrontar a otra gente. Pusilánimes que sólo pueden decir cosas fuertes amparados por las sombras del anonimato o escondiéndose detrás de otros con mayor peso político-religioso.

Pero todo esto no impide que, a la hora de las corrupciones o el pecado manifiesto, nadie abra su boca. Muy por el contrario, silenciar el pecado de otros, (Así sea de líderes importantes); equivale a convertirse en cómplices de ellos. Y Dios es justo, ¿Lo entiendes? Y la justicia de Dios no se mide por credenciales, posiciones, cargos, amistades o influencias.

Dice que comportándose así es como los hijos de Dios serán irreprensibles y nadie podrá acusarlos de nada. Pero resulta ser que el vivir así dentro de una generación como la actual, no es sencillo. Muy bien: de eso se trata la iglesia del futuro: de un estilo de vida capaz de transformarnos en luminares, cosa que ahora estamos todavía muy lejos de ser.

Porque, – Va a añadir Pedro -, sólo la infinita paciencia de Dios es la que posibilita nuestra salvación. Si Dios perdiera la paciencia tal como nosotros solemos perderla, el cielo estaría vacío y el infierno repleto. ¡Gracias a Dios que su paciencia es infinita!

Eso es lo que Pablo ha enseñado, concluye Pedro, a partir de la sabiduría que le ha sido dada desde lo alto. Este es el concepto del ministerio. Este es el fundamento básico de cualquier trabajo para el Señor. Cualquier otra forma, cualquier otra visión o actitud, será mera y pura carnalidad.

Fíjate que Pablo no les enviaba cartas a las iglesias para que ellas las estudiaran y predicaran sobre esas mismas palabras. Él se las cursaba para que ellos, leyéndolas, pudieran ponerlas por obra en sus vidas y, allí sí, poder predicar con el ejemplo de sus propias vidas a un mundo incrédulo y pecador.

Hoy, el concepto sigue siendo exactamente el mismo. Pero si yo le envío una carta personal a un grupo que me tiene como referente, es muy poco probable que haga lo que aquí te digo que debe hacer. Lo más probable, es que ocurra lo que está ocurriendo con ministerios celulares muy conocidos: que tomen esas cartas poco menos que como reemplazo de sus biblias. ¡Ah, comodidad humana!

(1 Corintios 3: 10)= Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire como sobreedifica.

¿De que fundamento es que está hablando Pablo aquí? ¿Acaso el de alguna clase de doctrina singular que deberá ser cumplida y respeta a ultranza? No lo parece. El fundamento es aquel que Pablo Colocó y que le permitió a todos los que vinieron después, (Incluidos nosotros mismos) seguir sobreedificando encima.

Aprende: esas “visiones” individuales de líderes egocéntricos y autoritarios, podrán tener ciertos efectos inmediatos, pero de ninguna manera sirven como fundamento para edificación. Tú no puedes edificar nada sobre una visión mía, personalizada e individual. Tú puedes sobreedificar sobre un fundamento que tenga como base la palabra de Dios, que es la única cosa que se puede consultar sin acudir al lidercillo de turno como salvador de todo.

(Efesios 3: 1)= Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles; (2) si es que habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros; (3) y que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, (4) leyendo lo cual podéis entender cual sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, (5) misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu; (6) que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio, (7) del cual yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la operación de su poder.

Entiende bien: Pablo no está diciendo que está prisionero por culpa de Cristo. LO que está señalando, casi con mal disimulada satisfacción, es que es un prisionero por causa de la fe y la doctrina de Cristo. Y créeme que no es lo mismo.

Luego añade que el misterio que encerraba las cosas de Dios, le fue revelado. No entiendo como tantos y tantos que dicen ser ministros del Señor, se oponen tenazmente a creer en la revelación y sostienen la teoría de una interpretación literal, histórica, social y hasta política de las escrituras.

Hoy día, la gente que desea creer en el verdadero Dios y que busca de Él la Verdad por encima de todo el andamiaje religioso que pueda recibir o ver, discierne rápidamente con respecto a quien tiene revelación y quien anda hablando conforme a su propia sabiduría. Esa es la certeza de los genuinos y la piedra de tropiezo de los falsos.

Y luego expone el por qué le fue revelado lo que le fue revelado: porque era el tiempo en que Dios había dispuesto a hacerlo. Y él solamente fue uno de sus destinatarios. Ese es un principio indeleble y sigue cumplimentándose en este tiempo. Y fuera de toda organización religiosa que pretenda comandarlo o controlarlo.

Luego, Pedro añade que mediante la cruz se reconcilio al hombre con Dios y lo hizo formar parte del Gran Cuerpo, matando con esa acción a todas las enemistades. Es importante esto, porque nos lleva a pensar que, si hay enemistad dentro del pueblo genuino del Señor, hay obstáculos para el funcionamiento adecuado de Su cuerpo.

(Hebreos 5: 11)= Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír.

¿Desde cuando el pueblo de Dios se hace tardo para oír? Desde que comienza a tomar interés personal en el ministerio. El Sumo Sacerdocio era una actividad que competía solamente a cierta y determinada casta social. Sin embargo, en la vida contemporánea de la iglesia las cosas son distintas, y eso ha hecho que hombres de todas las calidades (Algunas no muy deseables); hayan decidido convertirse en uno de ellos.

Sin embargo, este texto habla de los verdaderos, de los genuinos. De aquellos que, habiendo sido levantados por el Señor para el ministerio, no pueden mostrar ninguna clase de títulos ni credenciales, y por lo tanto tienen graves problemas para explicar todo lo mucho que tienen para decir.

¿Por qué? En primer término, porque el pueblo es tardo para oír y mucho más tardo para poner por obra lo oído. Y además, pretende que los hombres que van a decirles las cosas, lo hagan teniendo muy en cuenta lo que ellos quieren oír y que es lo que prefieren que nadie les recuerde.

Aunque parezca imposible, una enorme cantidad de ministerios tienen muy en cuenta este detalle. Y preocupados ostensiblemente por no quedarse sin gente o no poder sostenerse por falta de ofrendas, eligen elaborar mensajes con detalles que caen “simpáticos” en la congregación, dejando de lado las exhortaciones que el Señor seguramente les está demandando realizar.

Pedro concluye esta, su segunda carta, advirtiendo a los santos que deben mantenerse fieles a las verdades que han oído de los apóstoles del principio. Porque, -Asegura -, de no hacerlo así, podrían ser arrastrados por los errores de la iniquidad y perder definitivamente su firmeza en la fe.

(1 Corintios 10: 12)= Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.

Pablo advierte, casi con un dejo de solemnidad, en contra de la autosuficiencia en torno a la propia moralidad y continúa con un mensaje de aliento. Luego hablará con respecto a la tentación, donde se traduce una palabra griega que puede significar incitación al mal o a ser probado en términos generales.

Es posible que la palabra se entendiera en su sentido amplio, sabiendo que mientras Dios permite la tentación con el propósito de fortalecer la fe y el carácter, Satanás la utiliza para incitar al mal con la intención de destruir al creyente.

Los corintios no debían desesperarse por dos razones fundamentales: sus tentaciones no eran únicas, como se evidenció por las experiencias de Israel en el desierto; y se podía confiar en que Dios no dejaría que fueran tentados más de lo que pudieran resistir. No sólo limitaría las pruebas, sino que también brindaría una salida.

Sin embargo, este texto tiene una connotación muy singular relacionada con el famoso y muy perverso “orgullo espiritual”, ese que toma a ciertos cristianos y les hace suponer que nada los va a detener y ni siquiera se protegen, se cubren o batallan de manera inteligente.

Muy pronto padecen algunas inclemencias, como producto de su propia falta de previsión, que si no están bien plantados sobre sus pies espirituales pueden, incluso, llevarlos a la frustración y la apatía. Eso porque no siguieron este sabio consejo del apóstol: si desean o piensan estar muy firmes, deberán estar muy vigilantes de no caerse.

Utilizando solamente la lógica, jamás podremos vivir la vida cristiana. Indefectible e inapelablemente, necesitamos la Fe. Porque la vida cristiana se desarrolla como resultado de tomar contacto (Por actos, vista u oído) con la Palabra de Dios, de confiar en ella y de aplicarla mediante la obediencia fiel. Puede ser que la fe no rinda dividendos inmediatamente, sin embargo, sus beneficios finales se realizarán en la eternidad. Y recuerda: cuando alguien presenta a Jesús como Líder Político, como Revolucionario, como Psicólogo, como Filósofo u otra calificación similar, podrá estar muy bien intencionado, pero no está presentando al Jesús de la Biblia. Él es, antes que otra cosa, el Hijo de Dios encarnado.

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2 Pedro Capítulo 2

(026) Cuando Una Doctrina Destruye

(2 Pedro 2: 1)= Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aún negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina.

(2) Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, (3) y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme.

Vamos a clarificar algo. Pedro nos dice que hubo falsos profetas, y que habrá falsos maestros. ¿Esto es circunstancial o tiene asidero lógico? Tiene asidero lógico. Porque en aquellos tiempos, los creyentes dependían (Porque la creían) de la palabra profética, mientras que hoy, por su formación intelectual, eluden un poco la supuesta “fantasía” profética para creer mucho más en la sobriedad de los maestros.

Entonces, convengamos en que el enemigo no es tonto ni ha abandonado la pelea. Y si lo que persigue es desacreditar a la iglesia del Señor y sembrar la desconfianza y la incredulidad, como en aquel tiempo se hizo dueño de las mentes de los falsos profetas, hoy hará lo mismo con la de los falsos maestros.

En realidad, Pedro está alertando en contra de los inmorales y los codiciosos. Antes, éstos eligieron ser profetas, hoy han optado por hacerse maestros. Son, – Se nos asegura – los que van a manipular a la gente para tratar de alcanzar sus propios objetivos egoístas. El Nuevo Testamento enseña que la era de la iglesia se caracterizará por la proliferación de maestros del engaño y que sus actividades se incrementarán en los “postrero tiempos”.

Dice que estos falsos maestros serán los que tratarán de introducir herejías destructoras. La palabra que aquí se traduce como herejía, es la palabra HAIRESEIS. Podemos comparar a herejía con herético. Viene de HAIREOMAI, que es “escoger”.

El vocablo originalmente quería decir hacer una selección o definir una opción. La palabra evolucionó hasta llegar a implicar una preferencia basada en una opinión o un sentimiento, lo cual hizo derivar fácilmente su significado hacia el concepto de falta de unidad, afiliarse a un bando, tener diversidad de creencias, crear disensión y sustituir la verdad con opiniones arbitrarias. En el Nuevo Testamento se aplica fundamentalmente a las sectas, la gente que profesa opiniones ajenas a la verdad.

Ahora bien: si vamos a descubrir a un falso maestro, será muy bueno leer aquí y ahora lo que ha escrito uno que dice ser legitimo, pero que tú puedes averiguar muy rápidamente si lo es o, si por el contrario, es uno de esos falsos que habrían de aparecer.

Dice que los falsos, negarán al Señor. Tú ya sabes, si has leído todo el material que hay en esta página Web, si en algunos de esos trabajos, hemos negado al Señor. Si no lo has visto, tienes tiempo de entrar y recorrer todo ese material.

Al mismo tiempo, reflexiona ahora con respecto a esas congregaciones enormes que han hecho de la sanidad interior o sanidad del alma herida, un verdadero epicentro. Pastores psicólogos o psicólogos pastores entienden y enseñan, que sus disciplinas científicas son irreemplazables a la hora de emitir consejería.

¿Esto es así? Desde el punto de vista desde el cual ellos lo observan, quizás sí, pero desde la Biblia, puedo asegurarte que no. Porque la sanidad de un alma herida sólo es posible cuando esa alma no ha sido crucificada con Cristo, tal como manda la Escritura.

¿Entonces? ¿Cuál es el falso maestro? ¿Aquel que insta a todos a hacer sanidad interior antes de ocupar cualquier clase de labor ministerial o a aquellos que siguen esperando ser llenos de un Espíritu Santo que sigue siendo el que guía a toda verdad?

Es el tiempo en que las vendas mágicas que por años han sido puestas en nuestros ojos adentro de nuestras propias congregaciones, caigan definitivamente. Es tiempo en que todos entiendan que la iglesia no es el lugar de contención a los problemas psicológicos de las personas y mucho menos, ministradoras del alma humana.

(1 Timoteo 4: 1)= Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios.

El Espíritu Santo habla abierta y proféticamente. En los postreros tiempos, alude al período de tiempo entre la primera y segunda venida de Cristo. Allí, dice, apostatarán de la fe, esto es: negarán las doctrinas fundamentales del cristianismo.

¿Y por qué ocurrirá esto? Porque, se asegura, serán llevados de las narices por espíritus engañadores. Estos, indudablemente, serán los falsos maestros que están enseñando ya doctrinas inspiradas por Satanás, que pueden extraviar a líderes despreocupados. Eso está sucediendo.

No será la primera vez que alguien me escribe diciéndome que lo que yo publico es doctrinas de demonios. Recuerdo que en los primeros tiempos, ese tipo de cosas me ponía muy mal. Te aseguro que me hacía perder los estribos y podía salir disparado a ejecutar a quien me lo hubiera dicho.

En fin: la madurez duele y fastidia, pero finalmente llega. El dominio propio, un día deja de ser una letra escrita en la escuelita dominical y pasa a convertirse en un fruto visible del espíritu Santo obrando en tu vida.

Porque jamás alguna expresión de esa naturaleza, me hizo dudar de lo que estaba haciendo y de cómo lo estaba haciendo. Porque la expresión antiguo de que por nuestros fruto seremos conocidos, sigue siendo vigente y adecuada.

Una doctrina de demonios jamás buscará que tú te acerques a Cristo. Te pondrá a un hombre, o a varios, o a una determinada doctrina, o a un lugar específico o a alguna práctica determinada. Las doctrinas de demonios son difundidas para engrandecer a hombres y empequeñecer a Cristo.

Este es el plan de Satanás y nadie puede discutir que le haya dado excelentes resultados. Ahora te invito a analizar todo mi material y comprobar si lo escrito y hablado te lleva a adorar a un hombre, a una doctrina, a un sector o a un grupo determinado en lugar del Señor

Una vez que hayas hecho esto, por favor, haz lo mismo con tu congregación dominguera. Dime si lo que en ella se predica y se enseña sirve para encontrarte más íntimamente con Cristo o para admirar y seguir más en obediencia a tu pastor. Una vez que tengas los dos resultados, ya tienes bien en claro cual y adonde está la doctrina de demonios.

Nos hemos pasado años y años, como iglesia, esperando que el presidente de la Nación, el gobernador de la provincia o el estado donde vivimos o el intendente o alcalde de nuestra ciudad, un día se lancen a enseñar doctrinas de demonios y aún no los hemos visto hacerlo.

Entonces declaramos que para que llegue ese tiempo que aquí Pablo le profetiza a Timoteo, falta todavía. Y ni se nos ha ocurrido pensar que, desde el único lugar desde donde se puede enseñar una doctrina de demonios y la gente creerla, es desde el púlpito de tu congregación o de la mía.

¿Cuándo vamos a entender que nuestra lucha como cristianos, (Que significa ser seguidores de Cristo), es la misma que tuvo Él? ¿Y cuando asumiremos que su lucha no fue contra el imperio romano ni otros invasores de su pueblo, sino contra la iglesia organizada de su época?

Las doctrinas de demonios son patrimonio de la religión. Y la religión jamás podrá evidenciarse en un sitio que no tenga esa semblanza. Por lo tanto, si hay doctrinas de demonios ya, en vigencia, no tengas dudas: están saliendo de nuestras propias iglesias. Sólo habría que reflexionar un momento y quizás podríamos detectar algunas.

(Judas 17)= Pero vosotros, amados, tened memoria de las palabras que antes fueron dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo; (18) los que os decían: En el postrer tiempo habrá burladores, que andarán según sus malvados deseos.

Quiero que entiendas bien: cuando dice burladores, no está hablando de gente que se burla, sino de personas que pretenden, con sus actos, palabras, enseñanzas, doctrinas o lo que sea, burlar la esencia del verdadero evangelio de Jesucristo.

Y cuando señala que eso será en el postrer tiempo, no se refiere al postrer tiempo de tu vida o de la mía, ya que en ese caso el ciclo abarcativo de un postrer tiempo andaría rondando los diez o quince años. Habla del postrer tiempo de la Iglesia.

Y si tenemos en cuenta que la Iglesia tiene una existencia probada de más de dos mil años, su postrer tiempo, muy bien podría ubicarse en los últimos doscientos o trescientos años. Ahora bien: ¿Cuándo es el fin? Nadie lo sabe, pero: ¿Faltará tanto como para que ya no hayamos ingresado en esos doscientos o trescientos años del postrer tiempo?

Sería muy lógico, entonces, que si estamos dentro de ese lapso, ya mismo se nos estén infiltrando, desde muchos de nuestros púlpitos y de labios de muchos hombres que suponemos nuestros hermanos, auténticas doctrinas de demonios.

Es bueno el momento para establecer un pequeño paréntesis y estudiar brevemente que cosa real, concreta y tangible es o puede ser un demonio. Hay referencias que algunos teólogos han efectuado que pueden sumarse a este trabajo con fines de ampliar información al respecto.

Demonio:Entre los griegos este término designaba: (a) Un dios o una divinidad en general; (b) El genio o espíritu familiar que acompañaba a la persona; (c) Su “hado”; (d) El alma de un individuo que viviera en la edad de oro (la edad anterior a la entrada de la aflicción en el mundo.

Cuando se abrió la caja de Pandora, se precipitaron todos los males de la misma al mundo. (mitología griega), y que desde entonces actuara como divinidad tutelar; un dios de categoría inferior. La idea pagana, expuesta por los filósofos, era que los demonios eran seres mediadores entre Dios y el hombre.

Así lo expresa Platón:”Cada demonio es un ser intermedio entre Dios y el mortal. El hombre no se acerca directamente a Dios, sino que toda la relación y comunicación entre los dioses y los hombres se consigue con la mediación de demonios.”

Esto era un engaño satánico, lograr la adoración a Dios por mediación de demonios o semidioses. Podemos constatar cómo esta concepción pagana ha dejado su profunda impronta deformadora en grandes sectores de la llamada cristiandad, en franca oposición a las Escrituras.

Las Escrituras dejan de igual forma bien clara la verdadera naturaleza de los demonios como espíritus malvados En las Escrituras también se ve que la idolatría es esencialmente adoración de demonios siendo que el ídolo mismo no es nada Sacrificaron a los demonios (shed) y no a Dios, nunca más sacrificarán sus sacrificios a los demonios (sair).

Jeroboam cayó tan bajo que ordenó a sacerdotes para los demonios (sair) y para los becerros que había hecho, y algunos sacrificaron sus hijos y sus hijas a los demonios (shed). Las cosas adoradas pueden haber sido objetos invisibles, o pueden haber tenido alguna representación mística, o puede haberse tratado de meros ídolos; pero detrás de todo esto se hallaban seres verdaderos, malvados e inmundos; de manera que era moralmente imposible tener comunión con el Señor Jesús y con estos demonios.

Los malos espíritus que poseían a tantas personas cuando el Señor estaba en la tierra eran demonios, y por ello aprendemos mucho acerca de ellos. Los fariseos dijeron que el Señor echaba demonios por Beelzebú el príncipe de los demonios.

El Señor interpretó esto como significando Satanás echando a Satanás. Por ello sabemos que los demonios son agentes de Satán; y que Satán como hombre fuerte, tenía que ser atado antes que su reino pudiera ser asaltado.

Los demonios son también poderosos, por la manera en que manejaban a los que poseían, y en cómo uno poseído se lanzó sobre siete hombres, haciéndoles huir de la casa, desnudos y heridos. Sabemos también que eran seres inteligentes, reconocieron al Señor Jesús y se inclinaron ante Su autoridad.

Sabían también que les esperaba el castigo, algunos preguntaron si el Señor había venido a atormentarlos antes de tiempo. No se debe suponer que haya cesado la actividad demoníaca. Se nos da la exhortación: No creáis a todo espíritu, sino probad si los espíritus proceden de Dios.

Con esto concuerda la declaración que hemos visto, de que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios. Los espiritistas y teosofistas tienen relación con ellos y reciben enseñanza de ellos.

También en un día futuro, cuando Dios derrame Sus juicios sobre la tierra, los hombres no se arrepentirán, sino que adorarán a demonios y a todo tipo de ídolos. También los espíritus demoníacos, obrando milagros, reunirán a los reyes de la tierra en la batalla del gran día del Dios Todopoderoso.

Y la Babilonia mística vendrá a ser habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo y albergue de toda ave inmunda y aborrecible. El mundo y la iglesia profesante están evidentemente madurando para este estado de cosas y muchos son los que con la pretensión de investigar fenómenos parapsicológicos están inconscientemente viniendo a ser presa de los demonios.

El fin de la era de la iglesia va marcado por la terrible profecía de 2 Tesalonicenses. 2:11: Por esto Dios les envía un espíritu engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.

Visto esto, y unido a lo que antes hemos comentado, es lícito suponer que, si se enseñan doctrinas falsas desde algunos de nuestros púlpitos, será porque nuestros hombres han sido víctimas de influencias de demonios.

Entonces, la pregunta que siempre llega luego de decir algo así, es: ¿Pueden los demonios obrar a voluntad en la vida de un creyente? Podría responderte que si no dejas alguna puerta abierta por donde puedan ingresar, no, pero…¿Y cuando Pedro fue influenciado motivando que el Señor reprendiera a Satanás obrando en él? ¡Y era Pedro!

(1 Corintios 6: 20)= Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.

Esto quiere decir una sola, amplia y concreta razón: que si hemos sido comprados por precio de sangre, tal como sabemos, nuestra obligación, (Y no nuestra “opción” como muchos creen), es honrar a quien pagó ese precio.

Luego se nos dice que, por esta razón, habrá muchos que seguirán los errores y las conductas de esos falsos ministros portadores de doctrinas de demonios de tal modo, que hasta el camino de la verdad (El evangelio), será blasfemado.

Quiero recordarte que blasfemia, era en la Sagrada Escritura un vocablo con un sentido más amplio que en el lenguaje común. Incluía la calumnia, y abarcaba cualquier palabra o acto ofensivo a la majestad divina, como profanar lugares santos, alterar los ritos, violar conscientemente la ley, tomar el nombre de Dios en vano, etc.

Para evitar todo lo más posible esto último, llegó a omitirse la pronunciación misma del nombre sagrado de Jehová sustituyéndolo con “Adonai” («Señor»). Ahora ya sabes que cuando dices Señor, no estás cumplimentando una fraseología religiosa, sino reiterando un antiguo precepto.

En el Nuevo Testamento, blasfemia significa la usurpación por el hombre de las prerrogativas divinas. Los enemigos de Jesús lo acusaron de blasfemia, porque no reconocían su deidad. Los evangélicos, por respeto doctrinario, consideran blasfemia toda injuria a Cristo.

La blasfemia más grave, que no admite perdón, es la que va contra el Espíritu Santo. Esta blasfemia particular en contra del Espíritu Santo fue atribuir la acción del Señor de echar fuera demonios a poder satánico, frente a la evidencia innegable de Su poder divino.

Este pecado no iba a ser perdonado ni en este siglo, ni en el venidero. El contexto da evidencia de que “el pecado imperdonable” se refiere a esta forma particular de blasfemia. Los judíos expresaban violentamente su indignación ante la blasfemia. La blasfemia era castigada con la muerte.

Vale la pena agregar, entonces, que independientemente de cómo la iglesia evangélica, oficialmente, haya tomado este asunto de la blasfemia al Espíritu Santo, el simple hecho de adjudicarle a Satanás algo que proviene del Espíritu, ya es suficiente para considerarse blasfemia.

Aquellos fariseos, cuando le dijeron a Jesús que Él liberaba endemoniados por el poder del maligno, ignoraron y soslayaron el auténtico poder espiritual que emanaba de Él y blasfemaron. Ocurre exactamente lo mismo, cuando aparece algo que emana del Espíritu Santo de Dios y los teólogos, doctores de la ley moderna, artífices visibles de las denominaciones, deciden que no, que es cosa satánica.

En una ocasión, ante alguien que sostenía que lo que yo enseñaba era doctrina de demonios, el Señor me llevó a responderle con todo amor pero con absoluta firmeza: “Si lo que tú dices es verdad, yo estoy perdido, lo admito. Pero si no es como tú crees y dices, entonces ten cuidado porque has tocado a un ungido del Señor y has blasfemado en contra de su Espíritu Santo.” La discusión concluyó en ese mismo exacto momento.

Pero fíjate que dice Pedro seguidamente. Señala que por esta causa, por todo esto que hemos venido comentando y estudiando, esta gente de la cual venimos hablando por avaricia, harán mercadería de la gente usando palabras fingidas.

¿Cómo debemos entender esto? Yo creo que de la manera en que está escrito, sin quitarle ni agregarle nada. ¿Sabes lo que es la adulación? Palabras fingidas. ¿Sabes lo que es ministrar a alguien y darle “palabra del Señor” para su vida, que en realidad no es palabra del Señor, sino invento de quien la da? Palabras fingidas.

En ambos casos, estas personas que reciben, tanto la adulación como la supuesta palabra profética, quedan adheridas a ese ministerio y a ese ministro, en una clara y enorme dependencia que les resultará sencillamente imposible ver con sus propios ojos.

Y en esa condición, sus diezmos y ofrendas irán, matemática y puntillosamente a las arcas de ese ministerio, porque resulta más que lícito que ellos supongan que quienes tienen palabras de elogios y de profecía para sus vidas, constituyen sus indiscutibles alfolíes donde deberán traer todos sus diezmos.

De estos casos, he conocido por lo menos una docena. Seguramente, tú que quizás vives en una tierra muy alejada de la que yo vivo, hayas conocido otros tantos. Eso te demuestra dos cosas: que la Palabra de Dios no es geográfica ni nacional, y que a la hora de tener avaricia y hacer mercadería con la gente, la maldad no reconoce fronteras, idiomas, culturas, costumbres ni idiosincrasias.

Menos mal que, en el final del verso, Pedro nos asegura y te asegura, que la condenación para esa clase de falsos ministerios, no se tardará y que su perdición no quedará adormecida y podrá verse desde una punta a la otra del planeta. Lee ahora como lo trata Pablo al mismo tema.

(1 Timoteo 6: 3)= Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad (Recuerda que esto es: Espiritualidad), (4) está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, (5) disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales.

Dice Pablo que el que inventa conceptos o rudimentos que nada tienen que ver con la doctrina de Jesucristo, delira. Delirar, recuerda, es desvariar, tener perturbada la razón por una enfermedad o una pasión violenta. Decir o hacer despropósitos o disparates.

¿Cuál podría ser la pasión violenta que llevaría a alguien, supuestamente tranquilo y sincero como creyente a caer en un delirio doctrinal? La religión. Su propia religiosidad. La religiosidad es una pasión. Porque ni razona ni mide consecuencias. ¿Y que tal si te digo que, mayoritariamente, nuestras iglesias están comandadas por religiosos?

Muy bien; de estas palabras nacidas de o los delirios de alguien, nacen contiendas, celos, envidias y pleitos. Pregunto: ¿Has tenido novedad de que algo así esté sucediendo en alguna iglesia del planeta? ¿Quizás en la tuya misma?

No te envanezcas, nadie está diciendo que eres tú quien tiene la razón y que los equivocados sean los demás. Puede ser a la inversa, sin dudas. Lo que sí te puedo asegurar es que, detrás de cada debate, de cada contienda, pleito, celos o envidias dentro del pueblo de Dios, se esconden los delirios de uno o más hombres.

¿Y cuando es que, – Dice Pablo -, ocurren este tipo de cosas? Cuando toman el comando hombres corruptos en su vida y en su entendimiento. Porque estos hombres están sencillamente privados de la verdad. Y quien está privado de la verdad, necesariamente camina en mentira.

Y si alguien está al comando de algún sector de la iglesia manejándose con mentiras, ese alguien no está trabajando para el Señor, sino operando para Satanás. Porque Satanás es el padre de mentira y, todo aquel que anda en ella, le rinde culto, obediencia y adoración a él.

Y, como si hiciera falta, agrega lo que ya conocemos sobradamente por nuestras propias vivencias y experiencias, aunque todavía no existan demasiados que hayan perdido su terror a los ministerios humanos y se lo callen: ministerios que toman lo espiritual como fuente de ganancias.

¿Se les puede acusar de ladrones? No, porque en verdad, no están robando, si tomamos a esta palabra en su sentido lato. Sí se les puede acusar de manipuladores, ya que esas ganancias las obtienen amenazando o adulando, formas básicas de la manipulación, que como todos sabemos, es lisa y llanamente una de las formas de la hechicería.

Y ahora observa muy bien el final. ¿Cuál es la sugerencia, el consejo o sencillamente la directiva al respecto? ¿Ponte a orar y a ayunar para que cambien? No. ¿Sopórtalos porque están puestos en autoridad por Dios? No. ¿Sujétate a ellos de todos modos, porque el que hará justicia y cambiará las cosas será Dios? No.

Esto, en todo caso, es lo que te dirán, con la natural diferencia de matices culturales y nacionales en los distintos países, en las congregaciones donde algunas de estas personas puedan estar operando. Lo que Pablo dice, inspirado por el Espíritu Santo de Dios como en el resto de la Escritura, es: apártate de ellos.

¿Y que cosa significa, concretamente, apartarse de ellos? Irse de los sitios en los que ellos están. No puedes pretender que sean ellos los que se vayan porque ellos están muy cómodos y tranquilos allí, y hasta es muy probable que sean los máximos referentes de esos lugares.

Lo que te estoy diciendo no es ninguna revelación, siempre estuvo escrito. Lo que ocurre es que a muchas escrituras se las toma conforme a las conveniencias, los usos y las costumbres. No le hace. Pablo te dice que te apartes y eso es exactamente lo que deberás hacer. Y aleja la culpa de no estar haciendo lo correcto, ahora ya sabes que lo es. A los Corintios, se los describe de otra manera.

(2 Corintios 2: 17)= Pues no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo.

Pablo necesita aclararles a los Corintios que él y sus compañeros no son como otros que andan por la iglesia falsificando la Palabra. Y es notorio que, si consideró necesaria esta aclaración, es porque la cosa no era sencilla de detectar ni mínima.

Si así hubiera sido, él no habría dicho que son muchos los que andan haciendo eso, sino hubiera dicho simplemente que eran algunos. Aprende: Pablo no tuvo el legendario temor evangélico metido en los huesos de los miembros de las iglesias de “murmurar del siervo”…

Simplemente dijo lo que debía decir con respecto a aquellos que, disfrazándose de siervos del Señor, en realidad, oficiaban de siervos de Satanás. La pregunta, entonces, es: Esto, ¿terminó en aquella época de Pablo y los demás? Evidentemente no. Entonces, ten cuidado: hoy todavía caminan por los templos muchos que medran falsificando la palabra de Dios.

¿Y como puedes descubrirlos si no eres demasiado fuerte en discernimiento de espíritus? Comprobando cuan sinceros son al hablar y si lo hacen como de parte de Dios. Porque si es así, jamás los verás exigiendo o pretendiendo glorias personales, sino que toda la gloria será siempre para el Señor.

Y a esto, si quieres, agrégale lo que en una Biblia de estudio se lee como acotación histórica y literal, al pie: que consideraban falsificación de la Palabra lo que ellos hacían porque la difundían sólo como un medio para hacer dinero, sin comprender la responsabilidad que con ello se asumía. ¿Hay alguna diferencia con algunos casos que tú y yo conocemos muy bien?

Ya desde el Antiguo Testamento la Palabra sugiere que si bien el confrontarlos y ponerlos en evidencia es una de nuestras tareas, no así la de sancionarlos. De allí que todas esas supuestas “disciplinas” cumplimentadas con ciertos falsos ministros, no sea más que algo que se hace para que todo siga igual.

(Deuteronomio 32: 35)= Mía es la venganza y la retribución; a su tiempo su pie resbalará, porque el día de su aflicción está cercano, y lo que les está preparado se apresura.

¿Nunca te interesó saber que significa la palabra Venganza? Es la satisfacción que se toma del agravio o daño recibidos. También se refiere a un castigo o pena. ¿Tú creías que se trataba de ahorcar a alguien con una sonrisa feroz y cruel en los labios? El diccionario bíblico amplía el concepto.

Después del Diluvio Dios dio a Noé la ley de que el que derramare sangre del hombre, por el hombre su sangre será derramada. La ley establecía la distinción entre homicida y asesino; cuando una persona era muerta accidentalmente, el homicida podía huir a una de las ciudades de refugio para ser protegido allí del vengador de la sangre.

Entonces se consideraba que el ejecutor de la justicia debía ser el pariente más próximo del asesinado. Dios ha investido al hombre con una autoridad gubernamental para mantener en vigor este mandato universal, dado mucho antes que la Ley de Moisés, y que nunca ha sido revocado ni mitigado.

En el Nuevo Testamento se menciona que el magistrado no lleva en vano la espada, porque es servidor de Dios para castigar a los que hacen lo malo. Bajo la Ley de Moisés se promulgó el “ojo por ojo y diente por diente”.

Para el cristiano es totalmente diferente: habiendo sido tratado en gracia, tiene que actuar también hacia los demás con este mismo espíritu de gracia. Lo que a él se le indica es: No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.

Ahora es el día de la gracia; pero se avecina el día de la venganza que caerá sobre aquellos que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo. El deber del cristiano de no vengarse no choca en absoluto con el ejercicio del gobierno de Dios por los magistrados, que derivan su autoridad de Él en la represión y retribución del mal.

Por tanto, cuando Dios dice que suya es la venganza, no te está diciendo que en cualquier momento baja a la tierra y se come de un bocado al que te causó daño; te está asegurando que en el corto, mediano o largo plazo de tu tiempo cronológico, Él hará justicia.

¿Para que te lo dice? Para que tú no caigas en la vieja tentación satánica de hacer justicia por mano propia. Porque cuando el hombre cede a esta tentación, inevitablemente cae en pecado de injusticia, ya que no tiene capacidad para juzgar debidamente porque sus sentimientos del alma no se lo permiten. Entonces ya la justicia de Dios no será solamente para aquel que te lastimó, sino que deberá ser para ti también por injusto.

Entiende: al igual que cuando eras niño y tus padres no te permitían hacer algo que consideraban peligroso, hoy también tu Señor, como padre amoroso, procede exactamente igual. Y hacer justicia es patrimonio de Él y no tuyo. Y no se habla más del asunto por una simple razón. Dios lo dijo y está activado.

(027) ¿Sabes Qué? Dios es Justo

(2 Pedro 2: 4)= Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio; (5) y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos; (6) y si condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente, (7) y libró al justo Lot, abrumado por la nefanda conducta de los malvados (8) ( porque este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos), (9) sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio; (10) y mayormente a aquellos que, siguiendo la carne, andan en concupiscencia e inmundicia, y desprecian el señorío. Atrevidos y contumaces, no temen decir mal de las potestades superiores, (11) mientras que los ángeles, que son mayores en fuerza y en potencia, no pronuncian juicio de maldición contra ellas delante del Señor.

Este texto debe ser leído una y mil veces por aquellos que, suponiendo ser más buenos que Dios mismo, caen en un universalismo que no tiene absolutamente nada que ver con el evangelio de Jesucristo, ya que asegura que, como Dios es bueno, finalmente va a perdonar a todos y nadie va a perderse.

Es una teoría que, aunque te cueste creerlo, ha crecido muchísimo y se ha llevado a muchos cristianos con bases muy débiles que han visto en ella una especie de reaseguro para esas debilidades personales.

Sólo hay un problema: si de verdad Dios va a perdonar a todo el mundo porque es bueno y no permite que nadie se vaya al infierno, vamos a tener que hacer dos cosas: olvidarnos del sacrificio de Jesús en la cruz para redimirnos y borrar de las Biblias este texto.

Porque aquí dice Pedro que Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, (Son los que decidieron rebelarse conjuntamente con Luzbel), sino que los arrojó al infierno (¿Adonde están los que aseguran que en la Biblia no está en ninguna parte la palabra infierno?)

Y por si te quedan dudas de la calidad de ese infierno, (Hay teorías muy pintorescas y ocurrentes que hablan de un infierno muy…divertido, en contrapartida con un cielo demasiado… aburrido), toma literal o espiritualmente, como gustes, esta expresión de prisiones de oscuridad. ¿Esto no parece demasiado divertido, no crees?

Sobre este asunto, vamos a encontrar detalles un poco más concretos en la carta de Judas. En el verso 6, leemos: …Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día.

Los ángeles que abandonaron su propia morada, son probablemente los “hijos de Dios” mencionados en Génesis 6 1-4. De acuerdo con las enseñanzas judías del primer siglo, especialmente en el llamado libro apócrifo de 1 Enoc, descendieron ángeles y cohabitaron con las mujeres que vivían antes del diluvio.

De allí que el pecado de estos ángeles caídos se compare con la “inmoralidad sexual” asociada con Sodoma y Gomorra. Los primeros cristianos conocieron y utilizaron esos escritos, a pesar de que no los consideraban parte de las Sagradas Escrituras.

Aunque la Biblia no aclara como cayeron estos ángeles, está claro que ahora se hallan confinados, aguardando el juicio del gran día, después que Cristo regrese y los malvados sean echados “al fuego eterno” preparado para el diablo y sus ángeles.

Cabe agregar, que la situación así descripta ilustra conjuntamente la suerte de los incrédulos por una sencilla razón: la incredulidad es un pecado y un pecado te separa de Dios y te asocia con Satanás. Si a eso le sumas que cuando dice que ese lago de fuego está reservado para el diablo y sus “ángeles”, el ciclo se completa.

¿Por qué? Porque “ángeles” es traducción de la palabra “mensajero”. Y un mensajero puede ser un serafín o un querubín con alitas, pero también puede ser el pastor de la iglesia de la otra calle, no de la tuya, claro…

(Juan 8: 44)= Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso y padre de mentira.

Súmale a todas las condiciones que hemos estado revisando, que estos ángeles que no fueron perdonados por Dios, también eran mentirosos. Y esto es muy importante, porque mucho me temo que si hay algo en donde el enemigo todavía puede hacer pie en la vida de muchos cristianos, ese algo es su debilidad por la mentira.

El catolicismo romano, pretendiendo ser más buenos que Dios mismo, inventó para muchos asuntos aparentemente muy bien intencionado, el famoso artilugio de la mentira piadosa. Así ha sido usada esta práctica en una amplia diversidad de casos que, reitero, en apariencia no parecerían tener reproche.

El enfermo que padece un mal incurable y es desahuciado por la medicina, el niño ya crecido que todavía alimenta su ilusión con respecto a los tres Reyes Magos pasando en camellos voladores con bolsas cargadas de juguetes en la noche del 5 de Enero y otras.

En todos los casos, son mentiras muy bien intencionadas, pero inevitablemente mentiras. Y aquí dice que el diablo, cuando habla mentira, de suyo habla. Esta aseveración, digo: ¿Solamente será válida para Satanás? No. Porque no dice “Satanás”, dice “diablo”.

¿Y eso que tiene que ver? Tiene que ver. Porque Satanás es de alguna manera el nombre propio adjudicado a Lucifer o Luzbel, el ángel caído, mientras que Diablo es un espíritu influenciado por Satanás que puede morar en cualquier persona. Fíjate que cuando se habla de Judas Iscariote, no se dice que era EL diablo, sino que era diablo.

Allí está el impulso interno que hace mentir aún a los que aparentemente son serios, sinceros y fieles. Que reciben una influencia por alguna puerta abierta que han dejado y es entonces, cuando los deseos de su padre (Que no es Dios en este caso), quieren hacer.

Ahora cuidado: una cosa es lo que nos puede pasar a cualquiera de nosotros. Somos fieles, genuinos y verdaderos, pero podemos un día equivocarnos en algo, o por ignorancia de algo o sencillamente por debilidad, cometer un pecado. Allí es donde tenemos el abogado Jesucristo el Justo. Otra cosa muy diferente es vivir en pecado. Allí no hay defensa.

Del mismo modo, nuestra naturaleza humana puede determinar, si no estamos vigilantes o si todavía tenemos temores sociales, a que se nos escape una mentira para intentar con ella salvarnos de un problema. Allí pedimos perdón al señor y somos perdonados de inmediato. No lo volvemos a hacer y asunto olvidado. Otra cosa muy distinta es vivir de mentira en mentira. Esto es netamente satánico.

Ahora bien: a ti te hablo ahora, hermano predicador, pastor o lo que seas. ¿Predicas siempre con la verdad en tu boca o, a veces, para darle un poco más de…impacto o fuerza a tu mensaje, deslizas algunas cosas que no son ciertas?

Recuerda lo dicho: si en algún momento, como producto de tu fragor en defensa del Reino de Dios, has querido hacer las cosas más grandes de lo que son, mintiendo, para impresionar a los hermanos y llevarlos al arrepentimiento o a la conversión, pecaste, pero puedes arrepentirte y enmendarte.

Ahora si cuando predicas tienes a la mentira como elemento casi indispensable, entonces mi amado hermano, vas a tener que rever toda tu vida de fe, y mucho me temo que, si deseas estar con el Señor el día que te toque partir, convirtiéndote de verdad. Porque si vives de mentira en mentira eres de tu padre el diablo, aunque ocupes el púlpito de la mejor iglesia de la ciudad cada domingo…

(Apocalipsis 20: 1)= Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano.

(2) Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años; (3) y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo.

En cualquier Biblia de estudio medianamente seria y con prestigio reconocido, vas a encontrar apuntes con la interpretación clásica de este pasaje y luego, a continuación, otro pequeño texto con la interpretación dispensacionalista.

Es excelente la intención de los traductores y hacedores de estas Biblias, porque entregan un material que no tiene opiniones propias, sino que se limita a establecer las diferentes tesis existentes y dejar a sus lectores la posibilidad de optar por la que más afín con su doctrina es.

Sólo un pequeño pero gravísimo problema: estamos hablando de UNA palabra de Dios, escrita en la única Biblia que Dios le ha dejado a su pueblo, que contiene un relato de tono literal que solamente puede ser develado y revelado cuando el Espíritu Santo, que también es uno, otorgue esa interpretación que, natural y obviamente, también será solamente una.

Yo no la tengo porque mi certeza interior me dice que aún no es el tiempo de Dios de abrir el sello en este pasaje, así que no voy a introducirme en la antigua puja del milenio y pre-milenio con que una gran parte de la iglesia ha perdido soberanamente su tiempo mientras miles y miles se van al infierno porque nadie les habla de Jesucristo y su plan de salvación.

Sí voy a rescatar de este texto paralelo a lo que estamos comentando sobre el no perdón de Dios a los ángeles caídos, es que conforme tú alimentes a una de las dos fuerzas que operan en el mundo espiritual, así será su crecimiento.

¿Has leído en el libro del Génesis el estado de Satanás hecho diablo tentador, engañador y mentiroso para con Eva? Serpiente. Esa es la serpiente antigua. ¿Y que encontramos en Apocalipsis? Un dragón. Es decir: la misma serpiente que, alimentada por todos los que sucumbieron ante sus estratagemas, engordó, creció y terminó en dragón.

¿Esto indica que hemos padecido una indiscutible derrota? No. Esto indica, sí, que esa derrota es posible, pero si nos olvidamos que la historia de nuestro Dios también tiene su símbolo. Comienza con un Cordero inmolado y termina con un León de Judá. Tú eres quien decide y define a quien ayudas a crecer.

Y Pedro no se queda allí. No se queda con que Dios no perdonó a esos ángeles. Añade, como para que a nadie le quepan dudas sobre la cualidad y calidad del perdón divino, que tampoco perdonó a aquellos hombres y mujeres impíos del mundo antiguo.

¿Dice en el verso 5 de nuestro texto, que ese mundo antiguo era promiscuo, asesino, pervertido o delincuente? No lo dice. Muy probablemente lo serían, pero por añadidura. Lo que sí nos puntualiza, es que ese era un mundo impío.

Tú ya lo sabes. Esa palabra utilizada allí significa que Pedro, de parte de Dios, le otorga mucho mayor importancia a que esa gente no era espiritual ni creyente, que a todo lo demás que pudieran ser. Y dice que guardó a Noé.

¿Por qué lo hizo? Porque Noé era un justo, eso es lo que siempre hemos leído y observado. Sin embargo aquí le añade un elemento más que no siempre hemos estudiado con cuidado. Dice que lo guarda porque Noé era un pregonero de justicia.

Un pregonero es alguien que publica o divulga algo que es ignorado. También es un oficial público que en alta voz da los pregones, publica y hace notorio lo que se quiere hacer saber a todos. Todo esto es lo que Noé hacía con respecto a la justicia.

¿Y de que justicia estamos hablando aquí? Esto es Palabra de Dios, y para dios, la única justicia real y sin mácula, es la justicia de su voluntad. Así que de ambas cosas, entendemos que Noé era pregonero de la justicia de Dios. Es decir: un predicador de esos que no vienen a hoteles cinco estrellas y por un cachet en dólares a tu iglesia, sino uno de esos que nadie invita porque nadie quiere oír.

¿Todavía el Espíritu Santo no ha tocado tu entendimiento, para que puedas vislumbrar de que cosa se habla cuando se habla de un arca congregando a todos los seres vivientes de la tierra con la finalidad de guardarlos y preservarlos del diluvio que significa juicio?

Hoy existen muchos hombres y mujeres que, en el planeta, andan predicando la Palabra de Dios genuina y sin contaminaciones bajo el mismo espíritu con que lo hiciera Noé. Auténticos pregoneros de justicia que muy probablemente no encuentres en la mesa de los más importantes líderes, pero sí firmes en la brecha defendiendo los dictados del Reino de Dios aún en oposición con todas las estructuras religiosas conocidas.

Hemos leído mil veces la historia de Noé, pero jamás llegamos a tocar la Palabra de Dios que se esconde en ella. Hemos relatado, enseñado y hasta dibujado arcas, animalitos y ancianos con barba lanzando palomas, pero nunca vimos la tremenda revelación de un arca espiritual para este tiempo. Fíjate como se relata esa decisión divina de guardar a Noé.

(Génesis 7: 1)= Dijo luego Jehová a Noé: entra tú y toda tu casa en el arca; porque a ti he visto justo delante de mí en esta generación.

¿Verdad que a este versículo lo debes haber leído cien veces y te lo deben haber leído otras personas, en el marco de un mensaje o una enseñanza, otras cien? ¿Y que habías entendido? Que Dios metió a Noé y a su familia en el arca para que se salvara del juicio. ¿Nada más?

¿No has pensado ni por un instante que, si Dios le dice a Noé que entre al arca él y toda su casa, pero luego le añade muy específicamente que a él (No a toda su familia; dice “a ti”) ha visto justo (Que en ese momento era alguien que vivía conforme a la Ley de Dios) delante de Él en esa generación.

¿Cuánta gente incluye una generación? Miles de millones. Un justo. Uno solo. Se llama Noé y Dios lo elige para que se salve del juicio por diluvio y le manda construir un enorme barco. Le ordena convocar a todos los animales que lleguen (¿Atraídos por quien?)

Pero luego, ya en el momento en que los hechos van a desencadenarse, le añade que ingrese a ese arca él y toda su casa. Su familia. Escudriña. ¿Dice Dios en algún momento que ha visto justos a los integrantes de la familia de Noé? No. Dice que a Noé ha visto justo delante de Él en esta generación.

¿Entonces? Entonces vamos a tener que rever algunas cosas. Aquel viejo versículo de “serás salvo tú y toda tu casa” que se le dice al carcelero, no es como muchos han enseñado una expresión destinada a una persona específica en un caso específico y en lugar específico. Es un principio.

Es un principio que nos muestra que, cuando Dios considera justo (Que hoy sería alguien que vive su vida cotidiana, no necesariamente eclesiástica, conforme a la Palabra de Dios) a alguien, esa decisión, para lo que sea, incluye a todo el grupo familiar del elegido.

Te preguntarás que sucede si en esa familia directa hubiera alguno que está comportándose indebidamente o sencillamente en pecado. No hay respuesta porque no será el caso. Porque Dios no dice que la familia de Noé eran también justos, pero tampoco en toda la Biblia se dice que fueran, hasta allí, malvados o pecadores. ¿Lo estás entendiendo?

No estoy creando doctrina, sólo estoy leyendo la Biblia. Y será muy bueno y necesario, en este punto, recurrir a un buen diccionario bíblico, que como tú sabes no suelen tener simpatías por credos o denominaciones, sino que se remiten a la historia concreta y literal, para conocer la vida de Noé.

En principio, el nombre Noé significa “descanso, tranquilidad”. Era hijo de Lamec, descendiente de Set. En base a las palabras de Lamec, el nombre de Noé significaba para él a la vez reposo y consolación: Éste nos aliviará de nuestras obras y del trabajo de nuestras manos, a causa de la tierra que Jehová maldijo.

En efecto, en hebreo, es usual hacer juegos de palabras y de asonancias. No se nos dice nada más acerca de Noé hasta que llegó a los 500 años de edad, y que tuvo tres hijos, que fueron llamados Sem, Cam y Jafet.

El pregonero de justicia. Es así como Pedro designa a Noé. Era justo, íntegro y caminaba con Dios, lo que le hacía estar en acusado contraste con su generación impía y corrompida. Mientras duraba la paciencia de Dios Noé predicaba a sus contemporáneos de diversas maneras:

(A) Por el ejemplo de su vida limpia; (B) por su “predicación”, por cuanto advirtió con toda claridad a los hombres de su generación, (C) por la construcción del arca, poseído de un temor reverente creyó en la santidad ultrajada de Dios y en lo inminente del juicio que se avecinaba.

Tomándose seriamente la Palabra del Señor, se aferró al único medio de salvación para él y los suyos. Había en el arca lugar de sobra para muchas otras personas (si hubieran querido entrar), así como para los animales.

Fue así que por esa fe condenó al mundo demostrando que los impíos iban a morir, no por las aguas del Diluvio, sino por su indiferencia e incredulidad. En cuanto a Noé, vino a ser heredero de la justicia que viene por la fe.

En efecto, por íntegro que fuera no era sin pecado y fue literalmente salvado por la fe. Es impresionante el comportamiento de Noé durante este período prolongado en el que su paciencia y fe son puestas a prueba.

Tenía 600 años cuando entró en el arca. Dejó abierta la puerta aún siete días y después el mismo Dios cerró la puerta tras él. No vemos en Noé ningún apresuramiento ni aturdimiento, él hizo conforme a todo lo que Dios le mandó y su actitud expresa, lo mismo que su nombre, reposo y tranquilidad.

Después de los largos meses del terrible cataclismo, Dios mostró que se acordaba de Noé. De una manera tranquila y metódica, Noé examinó una solución, dejando salir al cuervo y hasta tres veces la paloma, para verificar de una manera factual el estado de la tierra; a continuación abrió la cubierta del arca.

Sólo salió de ella, no obstante, en obediencia a una orden determinada de Dios (ocho semanas más tarde, ni antes ni después) con todos los suyos, y con los animales que se habían salvado. Esa había sido la directiva y así la había cumplimentado.

De inmediato, el patriarca erigió un altar, ofreciendo a Dios sacrificios. Sin derramamiento de sangre no se hace remisión, y es sobre la base del sacrificio que Jehová establece un pacto con Noé y sus descendientes.

Los puntos esenciales de este pacto son: (A) Dios promete no volver a enviar jamás un diluvio de aguas sobre toda la tierra; los días, las estaciones y las cosechas durarán tanto tiempo como la tierra. Sin embargo, un día los cielos y la tierra serán destruidos por fuego.

(B) Como con Adán en el pasado, Noé y sus hijos recibieron la orden de ser fecundos y de multiplicarse y llenar la tierra. (C) Dios entregó en sus manos los animales, y les concedió su carne como alimento, en tanto que Adán, antes de la caída, era vegetariano.

(D) Se da la prohibición general de comer sangre. (E) La vida humana queda protegida contra los animales y los mismos hombres. Este texto instituye la pena de muerte por primera vez en el Antiguo Testamento; para el Nuevo Testamento. (F) Se da el arco iris como señal de este pacto perpetuo.

Noé labró la tierra y plantó una viña, siendo sorprendido por el efecto embriagador del vino. Sem y Jafet se comportaron hacia su padre con respeto filial. Pero Cam se comportó con una actitud indecorosa, que suscitó la cólera de Noé, y que atrajo sobre Canaán, hijo de Cam, una maldición profética.

Incluyo comentarios precisos de diccionarios bíblicos porque entiendo que enriquece mucho tu estudio el hecho de que puedas ver aspectos históricos relacionados con los hechos que estamos comentando, pero de ninguna manera comparto algunas posiciones porque el resto de la Biblia ya ha dejado muy en evidencia que no es así.

Finalmente, y nada menos, nos encontramos con que la acción de Noé pasa a ser, con el devenir de todos los tiempos, un sinónimo a imitar de inquebrantable fe. Así es como lo encontramos en la carta a los Hebreos.

(Hebreos 11: 7)= Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de las cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe.

Todos los hechos y actitudes relatados en este episodio tan clásico y conocido, dan una muestra muy clara de la confianza suprema que Noé depositaba en Dios. Porque el asunto era imaginar sin usar la lógica, que un enorme diluvio de agua se abatiera sobre una región en la que jamás llovía.

Y si encima de todo eso, el propio Dios le había demandado construir un enorme barco para salvarse él y su familia con todos los animales que llegaran sin que nadie los fuera a buscar, convengamos en que había que tener una dosis de fe superlativa para poder creerlo, aceptarlo y ejecutarlo.

Muy bien; esa es la clase de fe que puede juzgar al mundo. Porque es la fe del Hijo de Dios activada a favor del hombre. Porque si será que el justo por su fe vivirá, también será que el impío por su falta de fe se perderá. ¿Nunca lo habías pensado?

En los dos versos siguientes, Pedro escribe como mayor ejemplo sobre la cualidad y la calidad del perdón y la justicia de Dios, el tema de Sodoma y Gomorra. Y señala que como ejemplo para los impíos, condenó y redujo a cenizas esas ciudades, poniendo a salvo al único justo que allí había hallado: Lot.

Y una cosa altamente curiosa. Más allá de la desobediencia manifiesta y explícita que la esposa de Lot comete al mirar hacia tras cuando se le había prohibido específicamente y convertirse por ello en una estatua de sal, aquí también vemos activado el principio que nos muestra que, por causa de un justo, es salva del juicio toda su casa.

Y aquí creo necesario explicitar algo y reiterarlo debidamente para evitar falsas interpretaciones, falsos entendimientos y, en base a ello, errores graves. Nadie está habando de salvación de eternidad, ya que los hijos de Noé, luego, tejerán otras historias que quien sabe que destino le proporcionaron.

Se trata de puntualizar que, cuando Dios desata su juicio hacia un determinado sitio, los justos son salvos de él por causa de su justicia. Y el grupo familiar de esos justos, también están incluidos en la salivación de ese juicio, aunque la salvación personal será otra historia a escribir y contar.

(Génesis 19: 24)= Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos.

Aquí está el relato bíblico de lo que conceptualmente hemos visto anteriormente. Al decir “azufre y fuego”, parece referirse a un fuego sulfuroso. Muchos postulan que Dios envió un tremendo terremoto, acompañado de descargas eléctricas que incendiaron las sustancias bituminosas que abundan en esa región.

Está muy buena esta última acotación porque nos proporciona elementos “lógicos” como para “convencer” al mundo incrédulo que ese hecho en contra de Sodoma y Gomorra realmente existió y fue probable.

No le hace. Esto, de última, completa nuestra íntima y propia cuota de incredulidades, ya que si dios nos cuenta que lo hizo, independientemente de la manera científica, técnica o lógica, nosotros sus hijos debemos simplemente creer que lo hizo. Y punto. Eso es fe. Lo otro es razonamiento.

¿Y es malo razonar? ¿Es malo tener raciocinio? No, no es malo porque Dios nos hizo así. Pero si en Hebreos 11:1 dice que tener fe es tener certeza de lo que se espera y convicción de lo que no se ve, avísame como se hace para poder razonar o aplicar raciocinio humano sobre eso.

(Judas 6)= Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día; (7) como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquellos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno.

Si te digo que Dios hizo juicio contra las ciudades de Adma y Zeboim, seguramente te quedarás pensando un buen rato hasta deducir que cosa estoy hablando. Sin embargo es muy simple; estoy hablando de las ciudades vecinas a Sodoma y Gomorra, que tal como dice aquí, fueron juzgadas de la misma manera que las otras.

SODOMA: Una de las cinco ciudades de la llanura del Jordán. Lot, separándose de Abraham, decidió establecerse en Sodoma, a pesar de la pésima reputación de esta ciudad. Quedorlaomer saqueó Sodoma, llevándose cautivo a Lot junto con los suyos.

Abraham los libró y recuperó sus bienes. Más tarde, Dios destruyó Sodoma y al menos otras tres ciudades de la llanura, a causa de su perversidad. El juicio divino consumió a Sodoma bajo una lluvia de azufre y fuego que indudablemente inflamaron los muchos pozos de asfalto de aquel valle.

Lot y sus dos hijas escaparon al cataclismo. En Apocalipsis se designa alegóricamente a la gran ciudad pecadora por los nombres de Sodoma y Egipto. El emplazamiento preciso de Sodoma no ha podido ser determinando.

Hay dos argumentos que pueden hacer suponer que esta ciudad estaba en el extremo septentrional de la llanura: (a) Desde un lugar cercano a Bet-el, Abraham y Lot pudieron contemplar toda la llanura del Jordán.

Sin embargo, se debe tener precaución con el término toda en este pasaje. (b) Quedorlaomer, que provenía del sur, venció a los amorreos de Hazezón tamar, esto es, En-gadi, antes de enfrentarse con el rey de Sodoma y sus aliados, lo que parecería indicar que se encontraron entre En-gadi y el extremo septentrional del mar.

Pero hay sólidos argumentos que llevan a suponer más bien que Sodoma se hallaba al sur del mar Muerto. Por una parte, el betún o asfalto sólo abunda en el extremo sur del mar. Además, hay la mención que hace Josefo de que una de las ciudades, Zoar, se hallaba en el extremo meridional del mar.

W. F. Albright, junto con otros brillantes eruditos, ha difundido la tesis de que las cinco ciudades podrían estar sepultadas bajo las aguas del golfo meridional, que tenían una profundidad de entre 60 centímetros y 6 metros.

Sin embargo, debido a las desviaciones de agua del Jordán con propósitos agrícolas, y a la disminución del aporte al mar Muerto, una gran parte de la cuenca meridional quedó a descubierto en 1979, lo que posibilitó su exploración.

El resultado negativo del examen de esta zona se une, sin embargo, con el positivo de las exploraciones de Bab edh Dhra, Numeira, Safi, Feifa y Khanazir, que se hallan en la linde oriental de la llanura de Lisán y del Ghor.

Aunque sólo se han hecho excavaciones de los dos primeros yacimientos (1975-1979), de ellas, y de los exámenes de los tres últimos lugares, los arqueólogos Rast y Schaub han llegado a conseguir datos fiables y sólidos para su identificación con las cinco ciudades de la llanura.

Todas estas ciudades presentan evidencias de haber acabado en una fiera conflagración. Toda la evidencia excavada y de campo concuerda con el relato bíblico, confirmando de manera independiente que hacia la mitad del siglo XXI a.C. un gran cataclismo asoló todo el país.

Todo el valle se halla sobre la gran falla que sigue el curso del Jordán, el mar Muerto y el Arabá. En esta región, siempre sometida a temblores de tierra, es indudable que los fenómenos geológicos contribuyeron a la destrucción de las ciudades, aunque la Biblia sólo menciona la acción divina desencadenante.

La sal y el azufre, abundantes en estado libre, aparentemente mezcladas en el curso de una gran convulsión de la tierra, provocaron una violenta explosión; proyectadas incandescentes al aire, llovieron literalmente sobre la llanura en una lluvia de fuego y de azufre.

El relato de la mujer de Lot transformada en estatua de sal ha sido frecuentemente relacionado con una gran colina de sal de una longitud de 8 Km. que va de norte a sur por el extremo suroeste del mar Muerto.

En la época del Nuevo Testamento todavía se podían ver ruinas de ciudades destruidas. Recientemente se han hallado menciones de las cinco ciudades de la llanura en antiguos registros comerciales guardados en los archivos del imperio de Ebla.

En estas tabletas comerciales, los nombres de las ciudades de la llanura se hallan en el mismo orden que en Génesis 14:2. Sodoma es considerada como ciudad símbolo de iniquidad, culpable de un desenfreno en repugnantes pecados contra natura.

Isaías llama a los príncipes de Judá “príncipes de Sodoma”. El Señor, para mostrar la inmensa maldad de rechazarle a Él después de haber oído Sus palabras llenas de gracia y de haber visto Sus poderosas obras, declaró que sería más tolerable en el día del Juicio el castigo aplicado a Sodoma que el de las ciudades que le habían rechazado.

La destrucción de Sodoma y Gomorra, tanto en lo repentino del acontecimiento como en su globalidad, es expuesta como advertencia a los pecadores de los juicios venideros.

GOMORRA:“Inmersión” (cp. el árabe «ghamara», “inundar”). Ciudad de la llanura del Jordán. Quedorlaomer y sus aliados vencieron al rey de Sodoma y al de Gomorra, saqueando ambas ciudades. A causa de la desatada perversidad de sus moradores fueron poco tiempo después destruidas por fuego del cielo.

Su historicidad ha quedado vindicada con los recientes descubrimientos de Ebla en Tell Mardikh, donde se han hallado tabletas que mencionan a Gomorra y a las otras ciudades comarcanas como centros de comercio contemporáneo.

ADMÁ: “Roja”. Ciudad de Pentápolis, habitada por cananeos; su rey Sinab tomó parte en la lucha contra Amrafel y sus aliados. Según Deuteronomio 29:22 y Oseas 11:8, Admá fue comprendida en la catástrofe de Sodoma.

ZEBOIM: (Hebreo. “s’boyim” = “gacelas”.) Una de las cinco ciudades de la llanura. Quedorlaomer venció a su rey. El fuego del cielo la destruyó, como a las otras ciudades vecinas. (Hebreo. “s’bo’im” = “hienas”.)

Valle de Benjamín, entre Micmas y el desierto al este. Este nombre hebreo se preserva en el árabe moderno: el wadi Abu Diba’ (“padre de hienas”) es un afluente meridional del wadi el-Kelt, al norte del que una pequeña ramificación del valle se llama Shakk ed-Diba’ (“barranca de las hienas”).

(Números 26: 9)= Y los hijos de Eliab: Nemuel, Datán y Abiram. Estos Datán y Abiram fueron los del consejo de la congregación, que se rebelaron contra Moisés y Aarón con el grupo de Coré, cuando se rebelaron contra Jehová; (10) y la tierra abrió su boca y los tragó a ellos y a Coré, cuando aquel grupo murió, cuando consumió el fuego a doscientos cincuenta varones, para servir de escarmiento.

Ha sido mucho más frecuente de lo que normalmente se nos ha enseñado que Dios descargara su ira de alguna manera sobre algún sector del pueblo en rebelión. Pero cuidado: se trata siempre de rebelión en contra de Él, no necesaria o supuestamente en contra de hombres también, supuestamente, que le representan.

Hemos sino ocultado, al menos sí minimizado esta clase de juicios sumarísimos porque, entre otras cosas, siempre anduvo por los aires una onda que señalaba que, si Dios era capaz de producir estos hechos, no merecía denominarse como un Dios de amor.

Sin embargo, cuando el dentista pasa su torno por la muela dolorida y la anestesia no ha tomado lo suficiente, puedes pegar un salto y tocar el techo del consultorio con tu cabeza. Pero nadie podría negar que el dentista te acaba de producir ese daño por amor a tu dentadura, por querer salvarla.

Cuando el cirujano, sin tiempo de anestesiar la zona por temor a complicaciones más graves, utiliza su bisturí para extirpar una parte putrefacta de tu cuerpo con peligro de gangrena y muerte, no presta atención al dolor físico que eso te pueda producir. Él desea salvar tu vida y, junto a esa prioridad, un poco de dolor físico no es tan importante, después de todo.

Siendo así y aceptando esto como cierto, que lo es: ¿Por qué no pensamos de la misma manera con respecto a los hechos que Dios produce causando crisis y dolencias a algunos de sus hijos, pero procurando salvar sus vidas para toda la eternidad?

¿Tú te creíste la novela híper-mística de que Jesús no sufrió ningún dolor físico en la cruz porque era Dios? Basta de niñerías. Jesús era un hombre de carne y hueso como tú y yo, y le dolieron horrores los latigazos, las torturas, los clavos y la asfixia de su muerte en la cruz.

Sin embargo, Él debía pasar por eso porque la victoria que eso iba a producir en el ámbito espiritual lo demandaba. “Es que…hermano…¡¡No lo entiendo!!” – Oye: ¿Y a ti quien te dijo que tienes que entender? A ti lo que se te dijo, es que tienes que aceptar y creer, nada más que eso.

De otro modo nos vamos de un extremo al otro: O el Dios súper bueno que es incapaz de hacer nada cuando algunos de sus supuestos hijos hace lo que se le da la gana o el Dios horriblemente cruel y castigador que está esperando que te equivoques para asesinarte con una sonrisa en los labios.

Si esos son los extremos, de ello tú puedes extraer una enseñanza. Tú ya sabes, por una serie de razones que tienen que ver con todas las actividades ideológicas y de conjunto que existen en el planeta, que: un extremo, de lo que sea, es nada más que una sobre exageración de una verdad.

Pedro dice que en el asunto de Sodoma y Gomorra, Dios libró a Lot porque era justo y porque estaba abrumado por la nefanda conducta de los malvados. Esto significa que estaba agobiado y con un peso grave sobre sí mismo. Dios.

Y que la conducta de los habitantes de esos sitios era nefanda. Es un término muy poco utilizado y conocido que significa que algo es Indigno, torpe, del que no se puede hablar sin repugnancia u horror. ¿Entiendes ahora la calidad de aquellos hombres y mujeres?

Echando una mirada a cualquiera de nuestras sociedades contemporáneas, hoy, no podemos menos que reflexionar muy seriamente en las posibilidades futuras. Este mundo en el cual vivimos hoy contiene “sodomas y gomorras” en cada ciudad, en cada lugar. ¿Cómo actuará nuestro Dios, ahora?

¿Es que cabe la posibilidad de que, otra vez, vengan ángeles a tomar de las manos a los justos para sacarlos de las ciudades donde truene el escarmiento por causa de la multitud y la suciedad inmunda de su pecado, tal como lo vemos en aquel episodio?

(Génesis 19: 16)= Y deteniéndose él, los varones asieron de su mano, y de la mano de su mujer y e las manos de sus dos hijas, según la misericordia de Jehová par con él; y lo sacaron y lo pusieron fuera de la ciudad.

Leemos la Biblia como si estuviéramos leyendo el periódico del día, o la novela de ficción. Y por eso no vemos detalles que tienen que ver, no ya con relatos ancestrales que muchos todavía se preguntan par que están incluidos, sino con nuestra vida cotidiana y actual, Hoy.

Porque en este verso que has leído, se dice algo que quizás no te has preocupado en indagar, o en escudriñar, si utilizo la palabra que Dios nos ordenó cultivar. Dice, en el inicio, que Lot se detuvo. Y que por esa razón los ángeles tuvieron que tomarlos de las manos para sacarlos de allí.

De otro modo sería innecesario poner eso, ya que cualquier persona que está siendo ayudada a escapar de un lugar que va a ser inseguro por una suerte de bombardeo divino, no necesitaría que nadie la tome de la mano, se iría solo. A menos que…

Sí señor; a menos que las posesiones que quedaban en la ciudad hayan hecho pensar a Lot por un momento la posibilidad de regresar y hacer algo con ellas antes de huir. Es un principio. Y enseña que, cuando Dios va a obrar en tu vida por pura misericordia, ni se te ocurra pretender salvar lo material. Aquí es donde se hará cierta la Palabra que nos asegura que quien desee salvar su vida la perderá…

No obstante, Lot era el único que se angustiaba y afligía por causa de las iniquidades que cometían los habitantes de su ciudad. ¿Nunca te ha sucedido a ti algo similar? Si no te ha sucedido eso, presta atención; no sea que te encuentres del lado de los inicuos.

Sin embargo, la historia concluye como sabes porque, dice la Palabra, Dios sabe muy bien librar de toda tentación a los espirituales y reservar para los injustos que no viven conforme a su voluntad, el castigo debido para el día del juicio.

El rescate de Noé y Lot demuestra que Dios preserva a los creyentes en medio de cualquier clase de circunstancias adversas, mientras que la destrucción de quienes hacen el mal pone e manifiesto el castigo que estos recibirán, sin dudas, en el día del juicio.

El rescate que nos queda de esto es tener la convicción, la certeza y la seguridad que Dios nos librará de toda tentación que nos pudiera sobrevenir. Porque, recuerda, el pecado no está en ser tentado, sino en sucumbir a esa o a esas tentaciones. No olvides que Jesús fue tentado en todo y, sin embargo, fue sin pecado.

Tentación es una expresión que se traduce como la instigación o estímulo que induce el deseo de algo. Cuando dice que Jesús fue tentado en todo, lo que está significado es exactamente eso: en todo. ¿Y que significa “en todo”? Pues lo que estás leyendo: en todo.

Vamos a ver: ¿Decir “en todo”, puede incluir deseos sexuales, sucios, inmundos, perversos o de cualquier otra naturaleza pecaminosa? Exactamente. Por más que nuestra religiosidad no nos permita desmitificar ciertas figuras, la Biblia se encarga de hacerlo. Porque así es como funciona esto.

Seria muy bonito que aquí se dijera que ninguna tentación tocó la santa figura de Jesús porque él era Dios y no podía ser tentado, pero no dice eso. Jesús es un hombre de carne y hueso como tú y yo en el cual Dios se encarnó para poder cumplimentar el plan de redención.

Pero a la hora de vivir su vida, Jesús padeció, rió, lloró, disfrutó y se angustió por las mismas cosas por las que tú mismo habrás tenido similares reacciones. Sólo que es seguro que tú caíste en algunas de ellas, en tanto que Él no. Allí está la diferencia. Mira como lo muestra Pablo…

(1 Corintio 10: 13)= No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.

En principio, vemos que Pablo advierte casi de manera solemne en contra de la autosuficiencia en torno a la propia moralidad y continúa con un mensaje de aliento. No te olvides que la tentación es una incitación al mal o ser probado en términos generales, lo cual incluye varios tipos de prueba.

Es posible, además, que la palabra se entendiera en su sentido amplio, sabiendo que mientras Dios permite la tentación con el propósito de fortalecer la fe y el carácter, Satanás la utiliza para incitar al mal con la intención de destruir al creyente.

Los corintios no debían desesperar por dos razones: sus tentaciones no eran únicas, como se evidenció por las experiencias de Israel en el desierto; y se podía confiar en que Dios no dejaría que fueran tentados más de lo que pudieran resistir. No sólo limitaría las pruebas; proveería también una salida.

Es mucha la gente que en algún momento ha consultado a alguien, muy atribulada, porque supone que ha caído en un horrible pecado, solamente porque pensamientos sucios han caminado por sus cerebros. Suponen que eso significa una debilidad, una caída y, por lo tanto, un pecado.

Eso es sencillamente una tentación. De cualquier calibre y nivel, siempre depende de los puntos vulnerables de cada uno. Los demonios no son ni omnipotentes ni omniscientes, pero sí son muy viejos e inteligentes. Y ellos te conocen muy bien y saben en que lugar te ajusta el zapato.

De todos modos, la mejor prueba de que el poder del infierno no es ni será jamás al del cielo, está en lo que dice este texto. Dios tiene el control final de esas pruebas, y por ello no habrá de permitir que seas tentado con algo más pesado de lo que puedes soportar.

¡Pero hermano! ¡Aquí dice que las tentaciones siempre son humanas! ¿Por qué le echa la culpa a los demonios? – Porque los demonios son espíritus, y un espíritu siempre necesita un cuerpo físico para manifestarse. Entonces usan a todos los que están aptos. Y una tentación de cualquier naturaleza, siempre viene en envase físico y humano, pero su influencia siempre es carnal o diabólica.

Así es que, de aquí en más, cuando sientas que eres tentado o tentada en algo específico, por más fuerte que sea esa tentación, si eres un creyente genuino y no simplemente “carne de templo”, ya sabes que deberás buscar la salida a esa tentación, ya que Dios te asegura que nunca está demasiado lejos de ti.

Pero Pedro dice más aún. Dice que el juicio será para los injustos, y añade que mayormente para los que andan en concupiscencia e inmundicia por seguir las órdenes de la carne. Concupiscencia, ya sabes que se trata de apetitos desordenados de placeres deshonestos y de codicias ilegítimas. ¿Y la inmundicia?

La inmundicia tiene otra historia que convendrá repasar a la luz de los estudios neutros para contar con mayor información y para que ese caudal informativo no se nos vuelva en contra por causa de nuestra ignorancia.

Comencemos por consignar que La Ley establecía una distinción entre la pureza legal y la santidad. Un animal, por ejemplo, es limpio o inmundo, lo cual no implica ninguna idea de santidad o de pecaminosidad.

La impureza legal, si era adquirida involuntariamente, no era equiparada a una falta moral. La impureza provocaba la exclusión del santuario y de la comunidad, pero no interrumpía la relación con Dios mediante la oración.

Las prescripciones que definen la impureza son frecuentemente reforzadas por la orden: Seréis santos, porque yo soy santo. Al guardarse de las impurezas, el israelita se hacía consciente de que había sido apartado para servir al Señor.

La impureza legal era símbolo del pecado. La Ley distinguía además entre lo físicamente propio y la pureza ceremonial o legal. La higiene era necesaria para la salud y la vida comunitaria de los israelitas con independencia de las demandas ceremoniales.

Pero la idea fundamental es que los hijos de un Dios santo tienen que alejarse de toda contaminación espiritual y física, para acercarse al Señor debían buscar esta doble purificación. De allí que existían algunas causas de la impureza ceremonial:

(a) Contacto con un cadáver. Esta infracción era la más grave, por cuanto se relacionaba con la consecuencia última del pecado (la muerte del hombre, la disolución del cuerpo). La contaminación contraída hacía inmunda a la persona durante siete días, y sólo podía ser levantada mediante el agua de la purificación.

La manipulación de las cenizas de la vaca alazana, necesarias para la preparación de esa agua, hacía que el sacerdote fuera impuro hasta la noche; el contacto con un hombre inmundo también contaminaba.

(b) La lepra era causa de exclusión de la comunidad. Los enmohecimientos sobre tejidos o paredes eran asimilados a la lepra. El leproso era separado de su familia y de la sociedad. Su purificación precisaba de un rito particular, con sacrificio de expiación y holocausto.

(c) Las emisiones, naturales o mórbidas, provenientes de los órganos genitales. La mujer era considerada impura durante los días de su menstruación y los ocho días siguientes. Después del alumbramiento estaban prohibidas las relaciones sexuales, por el mismo estado de “impureza”, durante 40 días como mínimo, lo que se corresponde de manera precisa con las recomendaciones de la medicina moderna.

En cuanto a la procreación en sí misma, no es considerada en absoluto como pecado, por cuanto ha sido ordenada por Dios. Sin embargo, el salmista exclama: He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre (Salmo 51:5), porque a causa de la caída, un hombre y una mujer pecadores sólo pueden tener hijos a su semejanza.

(d) El consumo de la carne de un animal inmundo; el simple contacto con su cadáver o con el cadáver de un animal puro no sacrificado conforme a las ordenanzas ceremoniales. La purificación no era una mera medida de higiene, exigiendo lavar en agua el cuerpo u objeto contaminado; constituía un acto religioso, basado en la expiación necesaria para el restablecimiento de la comunión con el santo Dios.

Se ha mencionado el agua de la purificación hecha con las cenizas de una vaca ofrecida como expiación. Además, era necesario un sacrificio de expiación individual para la que había sido madre, para el leproso, para el hombre o mujer enfermos.

El sentido profundo de todas estas enseñanzas se resume en Levítico 15:31: los creyentes tienen que librarse de toda impureza que contamine el santuario y que conduce a la muerte espiritual así como física.

Esto último es la clave con la que nos podemos conducir en esta época de la Gracia. El santuario de Dios, ahora, es tu cuerpo, mi cuerpo, nuestros cuerpos, no un templo. Allí es donde les decimos a los que desean convertirse, que deben recibir y hacer ingresar al Señor, ¿No es así?

También estamos hablando de cuerpo, de santuario, cuando hablamos de la iglesia como cuerpo de representantes de Jesucristo en la tierra, ya que la Palabra nos dice que, en el conjunto, formamos Su Cuerpo. ¿Entonces?

Entonces la ecuación es muy sencilla. Inmundicia, hoy, será contaminar tu cuerpo, mi cuerpo, nuestros cuerpos con cualquier cosa que provenga del enemigo. Y al hacerlo, estaremos al unísono contaminando el Cuerpo del Señor.

¿Filosofía? ¡Gloria a Dios por todos los filósofos del mundo y sus importantes estudios! ¿Psicología? ¡Gloria al Señor por todos los psicólogos y sus excelentes intenciones de ayuda humana! ¿Intelectualidad? ¡Gloria a Dios por todos los intelectuales que han aportado grandes cosas a la humanidad! Pero… ¿Sabes que? Cualquiera de estas cosas como prioridad en tu vida, en la mía y en la de la Iglesia del Señor, es contaminación y, por ende, inmundicia.

Muy bien; Pedro dice que son estos atrevidos y contumaces los que se atreven a despreciar el señorío de Cristo y no muestran ningún temor al decir cosas malas de las autoridades superiores. Obviamente, este fragmento ha sido utilizado en muchas ocasiones para censurar una leve crítica a un pastor que no estaba haciendo las cosas como Dios manda.

Es un error. Porque aquí se habla de potestades (autoridades) superiores, y ninguna autoridad en la tierra lo es. Está hablando de aquellos que no dudan en insultar o expresar improperios en contra de Dios, Jesucristo, el Espíritu Santo o los ángeles.

Quiero que entiendas que la palabra atrevido, aquí, está utilizada como sinónimo de insolente. Y la insolencia es interpretada directamente como descaro, como un dicho o hecho ofensivo e insultante, como una acción desusada y temeraria.

Alguien contumaz, mientras tanto, es alguien rebelde, porfiado y tenaz en mantener un error. Algo así como un terco y obcecado. Suele decirse de una persona rebelde o que se ha declarado en rebeldía sobre determinado asunto.

Desprecio por un señorío, en tanto, es soslayar la magnitud de señor de alguien. Hay dos palabras hebreas que se traducen como Señor. Son: ADON y KYRIOS.

Se usan como término de deferencia entre hombre y hombre, como se ve en el trato de los hijos de Het a Abraham; de siervos a dueños y, en una ocasión, de una esposa a su marido. El título de Señor es aplicado a Dios cuando se lo llama ADONAI, y en el Nuevo Testamento al Señor Jesús, no sólo como término de deferencia, sino también en reconocimiento de Su Señorío oficial.

Él es enfáticamente el Señor, sobrepujando a todo otro para los cristianos, que se deleitan en considerarlo de una manera personal como mi Señor. Para los creyentes colectivamente Él es Nuestro Señor Jesucristo.

En este título hay también la idea de administración que es de gran importancia observar. Como Hombre, el Señor Jesús es mediador entre Dios y los hombres, y recibe bendiciones para ellos que son administradas por Él como Señor.

(1 Corintios. 8:6)= Para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para Él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de Él.

.El mismo término griego se emplea con frecuencia traduciendo el nombre hebreo YAHWEH (trascripto en la Reina-Valera como Jehová), y pasa al Nuevo Testamento como nombre propio en el sentido de Yahweh, aunque en castellano sea preciso traducirlo como “el Señor”.

Esto es lo que Dios mismo censura en estas personas, y por eso es que las califica como atrevidas y contumaces. De ninguna manera podrá aplicarse esto a autoridades del clero terreno. En todo caso, si alguien que es genuino y fiel y resulta agredido, se pondrá en marcha la sentencia de que Dios siempre protege a su ungido.

(Judas 8)= No obstante, de la misma manera también estos soñadores mancillan la carne, rechazan la autoridad y blasfeman de las potestades superiores.

Quiero confirmar lo que anteriormente te dijera. Aquí se viene hablando de los ángeles caídos y de los habitantes de Sodoma y Gomorra. De ellos es que se dice que son “soñadores” que mancillan la carne y rechazan la autoridad.

Si todavía alguien se atreve a utilizar este y otros versículos similares para disciplinar a un hermanito que criticó al pastor porque supo que se quedaba con algunas monedas de los diezmos, allá quienes lo hagan, pero queda más que en evidencia que no se está hablando de eso ni en ese nivel.

La blasfemia tiene una connotación que siempre es trascendente. De ninguna manera podemos usar la expresión para rotular algo que tú digas mal de mí o que yo diga mal de ti. Desde lo humano la blasfemia es inexistente, pero en lo divino no. Por tanto, estamos hablando de difamadores de lo divino, no de lo administrativo, institucional o religioso.

(Tito 1: 7)= Porque es necesario que el obispo sea irreprensible, como administrador de Dios; no soberbio, no iracundo, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas.

Estamos hablando de la iglesia de Creta. Las exigencias espirituales a los ancianos eran lo más importante, porque los cretenses no tenían muy buena reputación de moralidad. La lista de requisitos es similar a la que se encuentra en 1 Timoteo 3: 1-7; léelo.

El obispo se refiere a la máxima autoridad del lugar. No estamos hablando de posiciones y cargos avalados por la Biblia; estamos hablando de usos y costumbres que, si bien no son aprobados por Dios, sí pueden ser reglamentados como para que no se corrompan demasiado.

Irreprensible. El líder no puede tener ni debe tener absolutamente nada en su conducta y comportamiento que pueda dar origen a censuras o críticas concretas. Administrador. Eso es proteger, cuidar, preservar y tener mucho cuidado con las cosas que son propiedad de Dios y no nuestras. Ser buen administrador es gastar con criterio, no ser un avaro y no gastar nada.

No soberbio. La soberbia es un pecado de condición más que grave. La Palabra es clara en cuanto a como reacciona Dios ante ella. Sin embargo, una cosa es la soberbia en el ámbito natural y secular y otra muy distinta, (la peor de todas), la soberbia espiritual.

Iracundo. ¿Qué es la iracundia? Seguramente que si recurrimos al diccionario va a decirnos con claridad muchas cosas, pero lo cierto es que la iracundia es la reacción intempestiva y exagerada ante hechos que no la merecen. En suma: la falta de aplomo y dominio propio.

No dado al vino. ¿Esto significa que un líder no puede ni debe beber vino? Así se lo interpretó en muchos sitios. Fundamentalmente, en aquellos conducidos por misioneros de origen estadounidenses que sienten visible repugnancia y rechazo por esta bebida, aunque no así por otras de mayor gradación alcohólica.

No ser dado al vino quiere decir que, más allá de una copa en la cena o el almuerzo, lo que no conviene de ningún modo es que un líder pueda colocarse a sí mismo al borde de la borrachera. Porque en suma, el problema no está en el vino en sí mismo, sino en la falta de dominio propio al beberlo.

Pendenciero. ¿Has conocido gente a la cual no le puedes decir nada, advertir nada, censurar nada o aconsejar nada, porque lo primero que hacen, de forma inmediata, es reaccionar destempladamente y, si se ofrece, trabarse en pelea callejera contigo? Eso es la pendencia. Y, además, también provocar a los que no pensaban pelearse con nadie con cualquier pretexto.

Codicioso. Finalmente, la codicia en toda su crudeza es un mal que, cuando se lo deja avanzar y progresar, resulta terrible. Nadie discutirá las lógicas ambiciones humanas, pero sí la medida en que estas puedan sobredimensionarse porque eso trastoca y destruye toda intención loable.

Y Pedro termina estableciendo una comparación para nada despreciable. Él dice que como estos pequeños hombrecillos con sus pies pegados al piso se atreven a proferir blasfemias en contra de potestades que ni los mismos ángeles osan tocar.

Y consigna algo muy importante que siempre ha sido dicho pero muy pocas veces confirmado por la Palabra. Aquí está. Los ángeles son mayores en fuerza y en potencia que cualquier hombre, por fuerte y potente que este pudiera ser. Hay un modelo al respecto en la carta de Judas.

(Judas 9)= Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: el Señor te reprenda.

No sé si tú sabes que algunos antiguos escritos cristianos indican que este relato procedía de una obra judía titulada “El Testamento (o “La Ascensión”) de Moisés”. Una explicación similar de la disputa por el cuerpo de Moisés es que el diablo disputó el derecho de Miguel de enterrar a Moisés, porque éste había dado muerte a un egipcio.

En el libro de Deuteronomio se dice que el entierro de Moisés fue divinamente arreglado. El arcángel…no se atrevió a proferir juicio de maldición (Blasphemia, en griego) aún contra el diablo, lo cual se compara con el hablar presuntuoso de los falsos maestros (Blasphemeo, en griego).

La palabra arcángel significa “ser el primero (En rango o poder político); con esto se indica el más alto rango de las huestes celestiales. El único arcángel del cual se habla específicamente en las Escrituras es Miguel.

Probablemente escucharemos su voz en la segunda venida. Como Gabriel es un personaje prominente en la Biblia, y también a que su nombre deriva de una raíz que significa “fuerza” o “jefe” (Políticamente), lo cual caracteriza a los arcángeles, hay algunos que consideran a Gabriel también como un arcángel.

Esta última opinión, o tesis, o posición teológica, aunque no tiene apoyo escritural, alcanzó popularidad con la obra clásica “El Paraíso Perdido”, de John Milton.

Muchos eruditos sostienen que antes de su caída Lucifer era un arcángel. Sin embargo, esto es solamente especulación, basada en la posición y la influencia que ejerció sobre los ángeles que cayeron con él.

A propósito de este pasaje, en muchas congregaciones ortodoxas o conservadoras que no son partidarias de lo que normalmente se denomina “Guerra Espiritual”, se asegura que los cristianos no están autorizados a reprender o echar fuera demonios, sino que es el Señor quien debe hacerlo, tal como se lo muestra aquí.

No han terminado de entender todavía que el hombre puede hacer eso en la autoridad de Cristo Jesús, que en su ministerio terrenal lo hizo, mientras que los ángeles (O arcángeles) no pueden hacerlo sencillamente porque tienen en el mundo del espíritu el mismo nivel que Lucifer.

(028) ¿Depravación en la Iglesia?

(2 Pedro 2: 12)= Pero éstos, hablando mal de cosas que no entienden, como animales irracionales, nacidos para presa y destrucción, perecerán en su propia perdición, (13) recibiendo el galardón de su injusticia, ya que tienen por delicia el gozar de deleites cada día. Estos son inmundicias y manchas, quienes aun mientras comen con vosotros, se recrean en sus errores.

(14) Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón habituado a la codicia, y son hijos de maldición.

(15) Han dejado el camino recto, y se han extraviado siguiendo el camino de Balaam hijo de Beor, el cual amó el premio de la maldad, (16) y fue reprendido por su iniquidad; pues una muda bestia de carga, hablando con voz de hombre, refrenó la locura del profeta.

(17) Estos son fuentes sin agua, y nubes empujadas por la tormenta; para los cuales la más densa oscuridad está reservada para siempre.

Quiero que estés entendiendo, como prioridad absoluta, que Pedro está describiendo con todo detalle y una puntillosidad realmente llamativa en su condición de rudo pescador, a los falsos maestros que ya habían infiltrado a la iglesia.

El énfasis, – Ya vamos a verlo con mayor claridad -, cae en su carácter sensual, arrogante e indulgente. Hasta aquí se ha dicho más de un falso estilo de vida que de falsas creencias. Y si bien aquí se habla e falsos maestros, en otros sectores se alude a los falsos profetas, pero esta condición de falsedad le cabe por igual a los tres ministerios restantes: apóstoles, evangelistas y pastores.

Me asombra todavía la ceguera espiritual, casi en el nivel de lavado de cerebro que, por años, ha evidenciado la iglesia cristiana en sus organizaciones. Negando toda deficiencia y con mucho énfasis y hasta enojo cualquier posibilidad de infiltración de falsedades en su seno.

¿Qué Biblia habrán leído? Porque si esto ya ocurría en los tiempos de Pedro y él cree oportuno resaltarlo utilizando un largo escrito para hacerlo, es porque algo quería significar y de algo deseaba prevenir a la iglesia del futuro.

Muy bien: hemos tomado muy en cuenta la prevención. Al menos nosotros, los que formamos parte de los miles y miles que aman al Señor, a Su Iglesia y a la extensión de su Reino, pero que no tenemos ningún compromiso con las instituciones, ni con sus postulados sociales, políticos o económicos.

Él viene hablando de esos nefastos personajes y acaba de preanunciar para con ellos un futuro de juicio indiscutible a inapelable. Y aquí comienza este pasaje añadiendo que en el mejor de los casos, si es que no lo hacen con premeditación, alevosía e intereses oscuros, hablan de cosas que no entienden.

Y dice que lo hacen de la misma manera que si fueran animales irracionales. Esto se puede tomar literalmente y ya está entendido e interpretado, pero también podemos interpretar que “animal” tiene que ver con el ánima, que es el alma, y la sinrazón, que es la corrupción de esa alma.

La declaración de contenido profético es que perecerán en su propia perdición. ¿Qué significa esto? Que quizás por un tiempo, los falsos ministros puedan causar efectos rimbombantes y llamativos que cautivarán a muchos ignorantes, pero que en el final habrán de desmoronarse víctimas de sus propias elucubraciones.

Pero añade algo más curioso. Dice que recibirán un galardón por sus injusticias. Y esto me sorprendió que yo suponía que un galardón solamente correspondía ante actos honestos, ya que el significado de la palabra es concretamente: Premio o recompensa de los méritos o servicios.

Es aquí donde descubrimos que, además de haber recibido suficiente unción como par escribir un largo tratado aún en medio de su rusticidad natural, Pedro también ha recibido el talento y la capacidad de Jesús para establecer parábolas.

Si tú cometes una injusticia por propia decisión y conveniencia, quiero decir: no por ignorancia, y por ello recibes un galardón, la realidad nos muestra que a lo que se refiere aquí, es a que siempre habrá un pago por nuestras acciones.

La carta de Judas ofrece una panorámica distinta en este asunto, ya que estima que estos falsos maestros encaran muy erróneamente la vida, tanto desde el ángulo de lo que no conocen y tratan como si conocerían, como lo que sí conocen y también fracasan.

(Judas 10)= Pero estos blasfeman de cuantas cosas no conocen; y en las que por naturaleza conocen, se corrompen como animales irracionales.

Otra condición de los falsos ministros, (Maestros en este texto), es la blasfemia adherida a sus enseñanzas. En lo que conocen, alterándolo en su propio beneficio. En lo que no conocen, cometiendo pecado de injuria.

La blasfemia tiene en la Sagrada Escritura un sentido más amplio que en el lenguaje común. Incluía la calumnia, y abarca cualquier palabra o acto ofensivo a la majestad divina, como profanar lugares santos, alterar los ritos, violar conscientemente la ley, tomar el nombre de Dios en vano, etc.

Para evitar todo lo más posible esto último, llegó a omitirse la pronunciación misma del nombre sagrado de Jehová sustituyéndolo con Adonai que quiere decir Señor. En el Nuevo Testamento, blasfemia significa la usurpación por el hombre de las prerrogativas divinas.

Los enemigos de Jesús lo acusaron de blasfemia, porque no reconocían su deidad. Los evangelistas consideran blasfemia toda injuria a Cristo. La blasfemia más grave, que no admite perdón, es la que va contra el Espíritu Santo.

Esta blasfemia particular en contra del Espíritu Santo fue atribuir la acción del Señor de echar fuera demonios, al poder satánico, frente a la evidencia innegable de Su poder divino. Este pecado no iba a ser perdonado ni en este siglo, ni en el venidero.

El contexto da evidencia de que el pecado imperdonable se refiere a esta forma particular de blasfemia. Los judíos expresaban violentamente su indignación ante la blasfemia. La blasfemia era castigada con la muerte.

Cuando me congregaba en una denominación ortodoxa y conservadora, recuerdo que se nos enseñaba que muchas de las cosas que en otras iglesias se adjudicaban al Espíritu Santo, en realidad, eran del diablo.

Muy bien; mal que les pese a mis antiguos hermanos, esto es una blasfemia. Y lo peor de todo, es una blasfemia en contra del Espíritu Santo. ¿Te dice algo eso? Acertaste. Es la única que ante los ojos santos de Dios, no puede ser perdonada. ¿Qué significará eso?

Pablo lanza una advertencia a los creyentes de Roma. Es una advertencia que en principio podrá sonarte a cosa sabida, pero que si la profundizas un poco, podrás entender que Pablo conocía la naturaleza humana y sabía de antemano lo que podía ocurrir con ciertas cosas.

(Romanos 13: 13)= Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidias.

Pablo insiste en una norma moral elevada de conducta, teniendo especialmente en cuenta la proximidad del regreso del señor, cuando se consumará nuestra salvación. El camino de la excelencia moral tiene dos vías.

La positiva: debemos vestirnos del señor Jesucristo, someternos a su voluntad, aceptar sus normas morales, vivir en constante compañerismo con Él y depender de su fuerza. La negativa: no debemos hacer provisión para los deseos de la carne, sus reclamos y apetitos.

Veamos: ¿Qué significa andar como de día? Andar en la luz, sin preocuparnos si la gente nos observa o no. Esto es: andar por la vida sin tener absolutamente nada para ocultar. Eso es lo que la Palabra suele denominar como transparencia.

A eso, debes agregarle que debes hacerlo honestamente. Esto es una resultante de la honestidad y la honestidad es una cualidad de honesto. Es decir: decente, decoroso, recatado, pudoroso, razonable, justo, probo, recto y honrado.

Vivir de esta manera, implica evitar una serie de actitudes que no convienen. La primera de ellas, es la glotonería. Esto representa a los que comen con exceso y con ansia. Es una cualidad de glotón. ¿Y que tiene de malo? El deterioro físico entre otras cosas, pero en el plano espiritual evidencia la carencia de dominio propio, que es como decir la falta de presencia del Espíritu Santo en tu vida.

Las borracheras significan otro desorden de conducta por falta de auto control. El borracho es alguien que bebe más allá de lo que su cuerpo puede soportar y, posteriormente, pierde el control de sus actos quedando a merced de cualquiera. En el plano espiritual, este “cualquiera”, generalmente es un demonio que aprovecha la puerta de ingreso para introducirse y causar estragos.

Sin embargo, la palabra en su faz gramatical tiene otros significados que convendrá conocer para poder darles una significación espiritual. También se traduce como un disparate grande y una exaltación extremada en la manera de decir o hacer algo. ¿Te suena familiar? Cuidado: no se está hablando solamente de exceso de alcohol. La Palabra es completa, profunda y dinámica. Ni te atrevas a cristalizarla con doctrinas humanas.

La lujuria, quizás lo sepas pero siempre conviene reiterarlo, tiene que ver con el vicio consistente en el uso ilícito o en el apetito desordenado de los placeres carnales. Mayoritariamente se asocia con el sexo por razones que tienen que ver con la cultura de nuestra sociedad en general.

No estamos hablando de reprimir sentidos o sensaciones. Dios nos construyó como somos, por lo que cuando nos enamoramos y experimentamos deseo sexual, no estamos haciendo nada más que comportarnos tal cual como Dios nos creara.

Lo que Él nos manda es ordenarnos en esos sentires y darles la ubicación que corresponde. Seguir con los pasos debidos con la finalidad de no convertir algo hermoso, placentero y divino creado para bendición del hombre, en algo sucio, promiscuo y corrupto. Jamás será mala la sexualidad. Lo que sí puede ser malo es la forma en que la vives.

La lascivia se le parece porque es la propensión a los deleites carnales, el apetito falto de moderación por algo. También a esta palabra se la vincula casi con prioridad y absolutismo con el sexo, pero aunque lo incluye, no es solamente eso.

La contienda es una pelea, una riña, una batalla por algo.Es una disputa, una discusión, un debate. En el ambiente deportivo, es un encuentro entre dos equipos que batallan por imponerse el uno al otro. Esto también ocurre en la vida humana, social, política… y eclesiástica.

Y la envidia, finalmente, es la tristeza o el pesar por el bien ajeno. La emulación o el deseo de algo que no se posee. ¿Puede un cristiano ser víctima de esto? No puede. ES inocultable víctima, sin dudas. ¿O nunca sentiste deseos de empujar al predicador del púlpito y ocupar tú su lugar?

(Judas 12)= Estos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados.

Dice que la gente que sostiene estas cosas, son manchas en nuestros ágapes. Esta palabra, ya ha sido enseñado en otros estudios, es una de las cuatro palabras que en griego bíblico expresan el vocablo que en las Biblias castellanas se traduce por amor. En el Nuevo Testamento se emplea para designar el amor que los creyentes deben sentir los unos por los otros y tiene la implicancia de un carácter interno.

También se da ese mismo nombre a una cena fraternal que los primeros cristianos celebraban (Y que es de lo que se habla en este texto). Desgraciadamente surgieron abusos graves en estas fiestas, por lo que fueron desapareciendo, al menos como celebración de corte litúrgica.

Esto tiene que ver con lo que la historia bíblica e incluso secular relaciona con los denominados “banquetes sacrificiales”. En muchas religiones paganas los adoradores participan de los sacrificios ofrecidos a sus dioses; bien en honor de ellos, o con el carácter de participación con ellos comiendo entre sí, o, como en el culto a Osiris, se creía que se comía a la misma divinidad.

En este culto, un pedazo de pastel era consagrado por el sacerdote, y se creía que se convertía en el cuerpo de Osiris. También en el México precolombino existía un culto similar, en el que los adoradores participaban de una imagen de harina, afirmando que era el cuerpo de su dios.

Los sacerdotes de las diversas religiones paganas participaban de la mesa de sus dioses. A esto alude el apóstol Pablo al decir: Antes os digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios. No podéis beber la copa del Señor y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios» (1 Corintios 10:20-21).

En el judaísmo, había banquetes sacrificiales ordenados por Dios. Uno de ellos era de carácter religioso-familiar, la Pascua. Otro era el de las primicias, y en otros sólo podían participar los sacerdotes, como en los sacrificios del holocausto, de la culpa.

Había otros de diverso carácter. En el cristianismo, todo ello ha quedado abolido. Queda una comida memorial, no sacrificial, carente de todo valor eficaz en cuanto a aplicación de ningún tipo de mérito correspondiente a una idea de sacrificio.

Es la respuesta amante del creyente al llamamiento del Señor a recordar Su muerte por nosotros hasta que Él venga, en comunión con Él. No se trata de una repetición del sacrificio de Cristo en la cruz.

No es una repetición, sino una proclamación y un recuerdo. En realidad, la postura que mantiene una transubstanciación del alimento material en el cuerpo del dios se halla en el paganismo antiguo en muchas formas, y, como con tantas otras prácticas paganas, vino gradualmente a ser aceptada por amplios sectores de una cristiandad cada vez más apartada de la enseñanza y exhortación de los apóstoles en las Escrituras.

Como cierre a esta ilustración, quizás convenga referirnos brevemente a lo que significaba la comida para los antiguos precursores de la iglesia. Los alimentos básicos eran agua y pan (en parte también frutas); los días de fiesta se tomaba además carne y vino.

En vez de mesas se servían generalmente de un tablero (muchas veces algo levantado). Los israelitas “yacían a la mesa” (los hombres con los pies hacia atrás y apoyados sobre el brazo izquierdo; las mujeres acuclilladas en posición recta.

Posteriormente se yacía sobre alfombras, divanes y cojines desgastados. La comida era expresión mucho más que hoy de una relación amistosa o comunitaria que no debía ser perturbada. La comida es uno de los símbolos usados para expresar la comunión con Dios y representar el reino de Dios.

Se comía, valiéndose de los dedos, sopas de pan, con un mismo plato para dos o más personas. El jefe de la familia honraba a los huéspedes de honor ofreciéndoles doble ración y los mejores bocados. Durante las comidas y de sobremesa había varios entretenimientos, como ponerse adivinanzas, narrarse relatos, oír música y presenciar danzas.

Los estudios más profundos sobre nuestra tradicional Santa Cena o Mesa del Señor, nos deja en evidencia que el mandato de Jesús no fue interpretado tal como Él lo plasmó, sino de un modo que lo convirtió en una especie de liturgia desarrollada por todos los credos autotitulados cristianos como parte esencial de una ceremonia que, en casos, tiene la sobredimensión de limpieza y purificación, cuando en su origen y esencia no significaba eso de ninguna manera.

En cuanto a la calificación de los falsos maestros como nubes sin agua, corresponde a una visión muy conceptual del agua como fuente de vida. Ellos, estos falsos maestros, solían prometer alivio espiritual pero no lo cumplían de ninguna manera.

Lo curioso del caso, es que tanto los antiguos concurrentes a sus oficios como los encargados de escribir lo que ahora llamamos La Palabra de Dios, no vacilaron jamás en confrontarlos y dejarlos en evidencia, cosa que en este tiempo no se hace y se cambia por un silencio que llaman respetuoso, pero que en realidad termina transformándose en cómplice.

(1 Corintios 11: 20)= Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena del Señor.

(21) Porque al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro se embriaga.

¿De que otra cosa sino de división se está hablando aquí? Cuando cada uno hace algo que le parece es lo mejor, en primera instancia podrá parecer que existe libertad, pero lo que realmente hay es división, ya que en un cuerpo que pretenda funcionar debidamente, cada miembro tiene su función y no puede superponerla con las de otros por simple deseo personal.

¿Qué es una división? Es, tomado en este sentido del que estamos hablando, una discordia, una desunión de los ánimos y opiniones. Cada uno de los grupos en que compiten, según su categoría, los equipos o deportistas.

Modo de conocer las cosas, que sirve para dar clara idea de ellas. Acción y efecto de dividir (separar). Y Dividir es partir, separar en partes. Distribuir, repartir entre varios. Desunir los ánimos y voluntades introduciendo discordia. Separarse de la compañía, amistad o confianza de alguien.

Lo cierto es que hay un ángulo del que jamás se observa esta definición, esta palabra. La palabra División está conformada por dos vocablos complementados. “DI”, que significa doble, repetido, reiterado, y VISION, que es lo que todos conocemos.

Por tanto, cuando existe una DI-VISION, lo que realmente hay es una doble visión con respecto a una misma cosa. Si el hermano “A” piensa que en la iglesia hay que hacer tal cosa y el hermano “B” entiende que debe hacerse lo opuesto, hay dos visiones y no pueden compatibilizar juntos hacia un objetivo común.

Entonces, la pregunta que cabe aquí, es: ¿Es mala una división? En lo concerniente al mundo secular, no tanto, ya que es lógico y hasta natural que en distintos tipos de personas existan visiones diversas para encarar negocios, trabajos, emprendimientos, etc.

En la iglesia del Señor la cosa es total y absolutamente diferente. Y no por una cuestión de verticalidad pastoral, que es un mero invento de hombres, sino por un principio espiritual. Si quien nos guía a toda verdad es el Espíritu Santo, Él nos dará una UNICA visión. No puede haber dos.

¿Qué haremos, entonces, cuando hay división? Lo mejor será mantenernos al margen de los sectores encontrados, ya que en el mejor de los casos, habrá uno acertado y el otro equivocado o, sencillamente, ambos en error. Si tu discernimiento no opera lo suficiente como para garantizar adonde está la verdad, mantente fuera de la discusión.

Otra condición que Pedro remarca en estos depravados infiltrados en la iglesia, es que tienen los ojos llenos de adulterio. ¿Significa esto que viven pensando en como seducir y someter a las mujeres de los demás? En parte sí, pero cuidado: adulterio es mucho más que acostarse con la mujer del prójimo.

En sentido particular y literal, adulterio es la relación sexual entre un hombre casado y una mujer que no es la suya, o entre una mujer casada y un hombre que no es su marido. La poligamia con mujeres de razas inferiores y concubinas no era considerada como adulterio bajo la ley de Moisés, y, sin embargo, una debía ser siempre la mujer principal.

El adúltero con mujer casada era castigado con pena de muerte, por la ofensa que ello representaba para el marido legítimo; en cambio, la relación sexual con una joven soltera tenía como sanción el tener que tomarla forzosamente por concubina y tratarla con las mismas consideraciones que a la mujer propia o a las otras concubinas si las había.

En el caso de mujer casada la pena era de muerte, sentido indirecto. Según el Sermón de la montaña, toda impureza sexual de pensamiento, palabra u obra es considerada como adulterio. La palabra “codiciar” tiene, empero, un sentido de desear intensamente y recrearse voluntariamente en pensamientos pecaminosos, y no significa una simple mirada a una mujer bella como admiramos las flores, las montañas o una puesta de sol.

Jesús exige aquí un control voluntario de los sentidos, que nos podrían conducir a situaciones que más tarde querríamos haber evitado. No es que Cristo ponga al mismo nivel el adulterio carnal con la simple observación de una mujer, sino que nos previene para que no caigamos en la tentación.

En sentido simbólico, la adoración de dioses falsos es considerada como una traición al pacto contraído con Jehová. Dios exige que nuestro amor para con Él sea total, como el esposo lo exige a la esposa que le ha jurado fidelidad.

Están divididas las opiniones en cuanto a la interpretación de 1 Corintios 7:15, que dice: Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios.

. Mientras algunos interpretan la primera parte del texto como un justificante para el divorcio y segundo matrimonio, en el cual el cónyuge inocente pueda encontrar la paz, otros consideran esta última frase como imperativo de celibato perpetuo por parte del que ha sido casado alguna vez.

La exégesis conjunta de ambos textos parece inclinarse a la idea de que es deber del cristiano buscar la paz hasta el máximo posible, y que si el infiel se aparta, (o sea, abandona el hogar común), el creyente está libre para buscar la paz en un segundo matrimonio.

Antes que alguien se desmaye por lo que, supone, es una herejía o una blasfemia, quiero recordarte algo que te podrá sonar incoherente y hasta irreverente, pero no por eso dejará de ser espiritualmente cierto.

¿Cuál era la esposa espiritual de Dios en la época del Antiguo Testamento? Israel. ¿Y que pasó en ese matrimonio? Ella, Israel, le fue infiel y adulteró con dioses extraños. ¿Qué hizo entonces nuestro Dios? La repudió, que es el equivalente legal para decir que la separó, se divorció de ella.

¿Y como quedaron las cosas? Como las que se entienden en este texto. Hoy, la iglesia es la novia que está esperando el momento para unirse en matrimonio con Cristo, que es también dios. Por tanto, Dios va a volver a casarse. ¿Qué te parece? Ve y llévales esto a las venerables pero religiosísimas hermanas de tu congregación…

Sin embargo, si bien Dios aborrece el adulterio de su creación humana, el que realmente le desagrada hasta el punto de desatar su santa ira, es el adulterio espiritual. La iglesia es la esposa, Cristo es el esposo. ¿Es que ella está siendo infiel? Lo está. Los “amantes” son varios: Humanismo, Filosofía, Intelectualidad, Esoterismo, Paganismo, Sincretismo, Psicología. ¿Continúo? Es suficiente.

Ahora bien: ¿Por qué Pedro lo diría del modo en que lo dice? Él señala que los falsos ministros tienen los ojos llenos de adulterio. ¿Qué significa esto? Que el pecado ingresa a la iglesia mediante los aspectos externos.

Todos cuidamos que nuestro templo se vea bien. No importa si adentro hay unción o no, lo principal es que desde afuera todas las cosas se vean normales. No importa si el pastor predica la Palabra o hace discursos humanistas. Lo que más importa es que vista bien y esté presentable para las cámaras filmadoras que elaborarán los videos de cada mensaje. Ojos.

Dice, además, que no se sacian de pecar y que seducen a las almas inconstantes. Fíjate que dice que la seducción es con las almas. El espíritu se salva porque el espíritu está en manos de Dios. Evidentemente, entonces, el alma no.

El alma es falible, vulnerable y muy inestable. Y si partimos desde la base de que la mayor parte de nuestras congregaciones son meras ministradoras de almas, estaremos viendo que de ninguna manera nuestro trabajo se está efectuando conforme a la voluntad de Dios.

Ahora bien. Con todos estos elementos en las manos, ¿No será necesario estudiar un poco, desde la óptica de lo conceptual y concreto, que cosa es un alma? Porque el sentido abstracto que tiene, no es obstáculo para que podamos dar al menos una explicación con ciertos fundamentos.

La palabra hebrea NEFESH, (que es uno de los vocablos traducidos generalmente en castellano por alma) aparece 754 veces en el Antiguo Testamento. Como puede verse en la primera cita bíblica al respecto, significa “lo que tiene vida”, y se aplica tanto al hombre como a los demás seres vivientes.

Muchas veces se identifica con la sangre, como algo que es esencial para tener aliento y animación, y en el hombre es su principal característica que lo distingue de los seres irracionales. La primera función del alma es la de dar vida al cuerpo, y como la respiración es el signo principal de la vida física, de ahí que en hebreo, como en la mayoría de las lenguas, se designe con términos que se relacionan más o menos con la imagen del aliento.

Este principio es la base donde radican los sentimientos, las pasiones, la ciencia, la voluntad. El alma expresa al hombre entero, a su total personalidad en muchas de las ocasiones en las que aparece en la Biblia.

Toda esta concepción del alma se basa en la observación concreta del hombre. Así, estar en vida es todavía tener aliento; cuando el hombre muere sale el alma, es exhalada, y si resucita vuelve el alma a él.

Para el pensamiento hebreo el alma es inseparable del hombre total, es decir, que el alma expresa los hombres vivientes. Tal vez aquí radica el origen de la identificación del alma con la sangre; el alma está en la sangre, y a veces se dice metafóricamente (?) que la sangre es la vida misma.

De todos estos pasajes se puede deducir que la NEFESH es el principio de vida vegetativa que se considera ligada a la sangre del ser vivo. Hay en hebreo además otras palabras que tienen casi el mismo significado, como NESAMAH, que expresa un soplo divino vivificante que es principio de vida racional, sensitiva e intelectual.

Otro término casi equivalente es RUAH, que designa un soplo vital, el principio de la vida y de los sentimientos. El hombre es superior y se distingue de las bestias por haber sido creado a imagen y semejanza de Dios.

En el Antiguo Testamento la NEFESH parte del cuerpo con la muerte; pero el término no se aplica al espíritu de los muertos. “Ya que la psicología hebrea no tenía una terminología semejante a la nuestra”; la explicación debe buscarse en los pasajes donde las palabras hebreas traducidas por “corazón” y “espíritu” son usadas.

Es preciso esperar a los tiempos del Nuevo Testamento, los de la plenitud de la Revelación en Cristo, para tener una doctrina completa del alma. En el griego del Nuevo Testamento la palabra PSYCHE se usa como equivalente de la palabra hebrea NEFESH, pero hay once casos en los Evangelios Sinópticos en que se expresa la seguridad de la vida después de la muerte.

En todos los cuatro evangelios la palabra PNEUMA, que es equivalente de RUAH, también se usa para indicar la vida espiritual, y la palabra KARDIA (“corazón”) se usa para expresar la vida psíquica del hombre.

En el Nuevo Testamento el alma es la parte invisible del hombre, en oposición con la sangre y la carne; la PSYCHE, el alma, es el principio de la voluntad y del querer, el centro de la personalidad íntima del hombre; el alma es nuestro propio yo.

En el Nuevo Testamento, al contrario del Antiguo, el alma puede vivir separadamente del cuerpo y es el principio que le da vida. Claramente se habla de la supervivencia del alma. Así que es sinónimo de espíritu, y cuando el apóstol Pablo habla de tres componentes del hombre, a saber: cuerpo, alma y espíritu, no debemos pensar en una verdadera tricotomía, sino en la distinción entre la vida biológica del hombre y su vida espiritual, y que son salvos juntamente con su cuerpo, porque Dios salva al hombre total, que, si ahora está sometido a la muerte, será transformado y revestido de inmortalidad al final de los tiempos.

La expresión usada por Pablo que compara la muerte a un sueño es una metáfora usada ya por los judíos y que ciertamente aparece también en numerosas inscripciones en las catacumbas de las primeras generaciones, y en la cual se expresa la firme convicción de que si duermen en el cuerpo, ciertamente ya han empezado a gozar de la salvación de Dios.

En este pasaje, como en otros, el apóstol supera las falsas concepciones que invadían el mundo helenístico en cuanto a la resurrección. El hombre total resucitará, en alma y cuerpo, porque la muerte no termina con el hombre, ya que Dios, cuando lo creó, lo hizo inmortal, y si por el pecado la muerte entró en el mundo, por Cristo entró la vida.

Aunque la Biblia no desarrolla la idea del alma de una manera abstracta como lo hace la filosofía, no obstante, es bien claro que en el Nuevo Testamento el alma que anima al hombre terrenal lo sobrevive y lo animará cuando, ya transformado y revestido de inmortalidad, tenga la plena visión de Dios.

Cuando Dios creó al hombre a su “imagen y semejanza”, su alma, su vida, su carácter, su voluntad, su psicología, su personalidad total tenían rasgos divinos que el pecado destruyó. El hombre, señor de la Naturaleza, tiene un alma, una vida superior a la de los animales, sobre los cuales tiene dominio por su razón y personalidad que le vienen por un acto de la soberana voluntad de Dios que le permite señorear y “llamar” por su nombre a los animales.

Su alma es, por tanto, superior y distinta de la de los demás seres. El hombre resucitará en su integridad (tanto los buenos como los malos) al final de los tiempos, y lo hará a partir de su alma. Por tanto no es algo despreciable, pero tampoco prioritario.

Ahora bien; lo que Pedro dice en el verso 14, es que esas almas son inconstantes. ¿Cómo se entiende esto? ¿Qué cosa concreta es la inconstancia? En principio, se trata de una falta de estabilidad y permanencia de algo. También es la facilidad y la ligereza excesivas para mudar de opinión, de pensamiento, de amigos, etc.

¿Has visto comportamientos así adentro de tu iglesia? Entiendo, yo también los he visto en las que conocí. ¿Es, acaso, normal? Lo es, siempre y cuando las personas no estén llenas del Espíritu Santo. Porque no te olvides que la Palabra nos dice que el alma puede ser inconstante, pero no el espíritu. Y mucho menos si está pleno de la presencia de Dios.

Pero además añade que esa alma, ( A la que los hebreos también llamaban “corazón”) está habituada a la codicia. Y la codicia es, en lo concreto, un afán excesivo de riquezas. Un deseo vehemente de algunas cosas buenas. Un apetito sensual incontrolable.

El codiciar los bienes ajenos es condenado en el Decálogo y combatido por los profetas. La codicia consume la vida. Los bienes no garantizan ninguna seguridad y, en cambio, comportan preocupación; su deseo se vuelve insaciable; la avaricia es miope; el culto a las riquezas llega a convertirse en una religión de compensación y por ello es idolatría. El Nuevo Testamento enseña a los cristianos a negarse a sí mismos, no poner su confianza en las riquezas y a seguir el ejemplo de Cristo.

Finalmente, agrega que estos falsos ministros o maestros, ya que de ellos es que viene hablando, son hijos de maldición. Una maldición es una imprecación que se dirige contra alguien o contra algo, manifestando enojo y aversión hacia él o hacia ello, y muy particularmente deseo de que le venga algún daño. Eso desde lo humano.

En cuanto al plano divino, la maldición es el castigo pronunciado por Dios como consecuencia del pecado de Adán y Eva. El hombre no fue objeto de la maldición, sino que ésta cayó sobre la serpiente y sobre la tierra.

El hombre debería comer con dolor del fruto de la tierra todos los días de su vida, y en dolor debería la mujer dar a luz sus hijos. Después del diluvio, el Señor olió el grato olor del sacrificio de Noé, y dijo en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud. (Gn. 8:21).

Había comenzado una nueva dispensación del cielo y de la tierra, y Dios no iba a maldecirla ya más, sino que iba a actuar respecto a ella en base al grato olor de la ofrenda de Noé. El hombre recibió aliento.

Las estaciones anuales persistirían en tanto que la tierra permaneciese. Dios hizo un pacto con Noé y su descendencia, y con todo ser vivo, y como prenda de este pacto estableció su arco en las nubes.

Toda la creación está sometida a vanidad, y gime y está con dolores de parto. Pero hay la certidumbre de una liberación ya conseguida. Las espinas y cardos eran las pruebas de la maldición; pero viene el tiempo en que en lugar de zarza crecerá ciprés, y en lugar de la ortiga crecerá arrayán. (Is. 55:13).

Tanto los débiles como los fuertes del reino animal morarán también en feliz armonía en el milenio. En un sentido más sublime, Cristo ha redimido a los creyentes procedentes del judaísmo de la maldición de la Ley, habiendo sido hecho maldición por ellos, porque maldito es todo el que es colgado de un madero.

Quiero que entiendas que todas estas cosas se aúnan en personas que operan, trabajan y supuestamente sirven dentro de los templos de las congregaciones. No estamos hablando de gente impía, incrédula y pecadora en el paganismo, estamos hablando de aquello que Pablo estimó tan grave como todos sus horrendos padecimientos: los falsos hermanos.

Sobre ellos. Judas es mucho más contundente. En el verso 11 de su carta, señala: ¡Ay de ellos! Porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré.

¿El error de Balaam? La palabra utilizada para esta traducción, aquí, es la palabra PLANE. Originalmente, un andariego, un individuo errante; de aquí, la palabra “planeta”. Metafóricamente, el vocablo se refiere a un andar desviado, un error.

En el Nuevo Testamento, el descarriado siempre lo sería con respecto a la moral y a la doctrina. Luego nosotros, vulgarmente, en la lengua española, lo adoptamos como sinónimo de equivocación. Pero en su esencia es más que evidente que no se trata de una simple equivocación, sino de algo torcido. ¿Entiendes ahora por qué se le llama error a la actitud de Balaam?

¿Recuerdas la historia de Balaam? Sintéticamente, puedo decirte que Balaam significa, en hebreo, “un peregrino, o señor del pueblo”. Fue un profeta madianita que residía en Petor, hijo de Beor o Bosor.

Fue contratado por Balac rey de Moab para maldecir a Israel, pero Dios le empujó a bendecir en lugar de a maldecir a Su pueblo elegido. Aunque hablaba con una forma de piedad, su corazón estaba evidentemente inclinado a conseguir la paga de Balac.

El ángel de Jehová le resistió, y su asna le reprendió, pero le fue permitido seguir por su camino. Aunque empujado por Dios a bendecir a Israel, aconsejó perversamente a Balac a que los sedujera mediante las mujeres madianitas, lo que condujo a la caída de ellos en una burda idolatría.

Después de que Israel fuera castigado por su pecado, cayó la venganza sobre Moab, y entre los muertos estuvo Balaam. Es llamado “adivino”, y cuando estaba con Balac buscó encantamientos. En Números 23:15 las palabras “a Dios” son añadidas por los traductores.

En Números 24:1 se afirma que no fue en busca de agüeros, sino que quedó dominado por Dios. En los pasajes del Nuevo Testamento es puesto como ejemplo de consumada maldad y apostasía. Y a esto es lo que aquí se le denomina error.

Pero Judas añade que, además de cometer el error de Balaam, también incurren en la contradicción de Coré. Una contradicción es una afirmación y una negación que se oponen una a otra y recíprocamente se destruyen, expresadas por una misma persona sobre un mismo tema.

Pablo apela a su epístola a los Efesios para referirse a estos temas. Cuando alude a los beneficios de la gracia por medio de la fe, en el segundo capítulo de esa carta y desde el primer verso, señala:

(Efesios 2: 1)= Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, (2) en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, (3) entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.

El hombre no necesita meramente a un guía o a un maestro. Él está muerto, y lo que necesita es a alguien capaz de resucitar su espíritu. Por eso es discutible desde el punto de vista espiritual lo que nosotros llamamos “la sanidad interior” o “sanidad del alma herida”. Muy mal podríamos sanar lo que necesariamente tiene que estar muerto.

El modo y las actitudes de la sociedad son formados por el príncipe de la potestad del aire, un título para Satanás que tiene relación con la influencia que ejerce sobre todas y cada cultura. Es bastante incoherente que la Iglesia, a través de sus departamentos de misioneros, sostenga que ellos deben evangelizar cada país “respetando sus culturas”. ¿Podremos evangelizar para Jesucristo y al mismo tiempo sostener las culturas impuestas por Satanás en cada lugar?

El fin inevitable de los “hijos de desobediencia”, es estar bajo la condenación de un Dios justamente airado; es enfrentar un juicio justificado por haber violado fronteras conocidas de orden espiritual y de orden moral.

En el verso siguiente, Pedro comprar el camino recto con el camino de Balaam. Quiero que entiendas que, “El Camino”, era una forma de designar al cristianismo. Según el Antiguo Testamento, el profeta Balaam se disponía a maldecir al pueblo de Dios, aparentemente para sacar provecho, lo cual servía para ilustrar la codicia de los falsos maestros, quienes engañaban y explotaban a la gente para obtener beneficios personales.

Consigna luego que la reprimenda que este hombre recibe por su mala acción, le llega de parte de una bestia y no de una persona. Una mula es la que cobra de pronto voz audible y le da una lección. Una lección personal y particular para Balaam, pero que sin dudas sirve para todos nosotros.

Porque en una ocasión, ante un éxito circunstancial mayor de lo acostumbrado de mi espacio radial, la vanidad me produjo ciertas cosquillas haciéndome pensar que eso ocurría, entre otras cosas, porque yo hablaba muy bien de las cosas de Dios.

Recuerdo que estando en oración y en otro momento, el Señor me llevó a esta historia de Balaam y su asna. En principio no atiné a darme cuenta su significado, pero de inmediato y con muchísimo amor, el Espíritu Santo me dio la interpretación exacta.

Es como si me hubiera dicho: “Escucha, hijo; ¿Estás presumiendo de tener buena voz y buena dicción y por eso yo me veo en la obligación de hablar por medio de ti? ¿No has visto que, si quiero, puedo hacer hablar una mula? Y si soy capaz de hacer hablar a una asna, ¿Cómo no voy a hacerte hablar a ti? ¡Paf! Fin del estado vanidoso.

El relato de loa acontecido con Balaam está en el Libro de Números 22:5: Por tanto, envió mensajeros a Balaam hijo de Beor, en Petor, que está junto al río en la tierra de los hijos de su pueblo, para que lo llamasen, diciendo: un pueblo ha salido de Egipto, y he aquí cubre la faz de la tierra, y habita delante de mí.

(6) Ven pues, ahora, te ruego, maldíceme este pueblo, porque es más fuerte que yo; quizá yo pueda herirlo y echarlo de la tierra; pues yo sé que el que tú bendigas será bendito, y el que tú maldigas será maldito.

(7) Fueron los ancianos de Moab y los ancianos de Madián con las dádivas de adivinación en su mano, y llegaron a Balaam y le dijeron las palabras de Balac.

Dice que llevaban para Balaam, dádivas de adivinación. ¿Qué es una dádiva? No hay demasiadas explicaciones en los diccionarios, pero en principio es una cosa que se da gratuitamente, aunque también es intentar o pretender cohecho o soborno.

¿Y la Adivinación? Tiene una historia un tanto más extensa y variada que, quizás, conviene conocer en mayor profundidad. Era una práctica, en principio, condenada con pena de muerte en la Ley. Las numerosas referencias en las Escrituras a las varias formas del ocultismo, como ahora se le denomina, y las fuertes denuncias en contra de que los israelitas tuvieran participación alguna en tal cosa, muestran que se trataba de una peligrosa realidad, por mucho que fuera el engaño que en ocasiones pudiera haberse incluido en ello.

Leemos por primera vez acerca de la adivinación cuando Faraón convoca a todos los magos de Egipto, y a los sabios, para que interpreten su sueño. Habiendo fracasado todos sus intentos, fue llamado el varón de Dios que estaba en la cárcel para que interpretara el sueño, y ello resultó la ocasión de llevar a cabo los propósitos de Dios con respecto a José.

Es indudable que la anterior clase de hombres eran eminentes por su acervo de conocimientos, como lo eran los que se hallaban en la corte de Babilonia, sobre los que Daniel fue hecho jefe. Entre los magos de Egipto los había algunos, al menos, que podían ejercitar poderes más allá de los obtenidos por el conocimiento humano.

Cuando Moisés estaba tratando de convencer a Faraón del poder de Dios mediante señales, los magos de Egipto pudieron convertir sus varas en serpientes, y simular las dos primeras plagas con sus encantamientos.

Éstas fueron la transformación del agua en sangre, y la plaga de las ranas. Esto se hallaba más allá del poder meramente humano, y es evidente que los magos no obraban por el poder de Dios; tiene que haber sido entonces por el poder de Satanás.

Se desconoce la naturaleza de los encantamientos utilizados; la palabra es LAT, y significa “artes secretas, mágicas”. Satanás puede sugerir qué encantamientos emplear, si el hombre está dispuesto, y puede ejercitar sus poderes hasta allí donde Dios se lo permite.

Después de estas dos plagas, el poder fue refrenado, y los magos tuvieron que admitir, cuando se formaron los piojos, Dedo de Dios es éste. En Deuteronomio. 18:10-11 se da una lista de cosas que tienen que ver con la adivinación que fueron denunciadas por el Señor:

Adivinación, GESEN, “predicción”.Un notable pasaje en Ezequiel. 21:21-22 da unos ejemplos de cómo adivinaban los paganos. El rey de Babilonia había llegado a una encrucijada; deseando saber si debía tomar el camino a Rabá o a Jerusalén, recurrió a la adivinación.

Primeramente, “sacudió sus flechas”. Es indudable que se inscribieron dos o más flechas con los nombres de las ciudades, agitándolas en el carcaj; la flecha tomada con la mano derecha decidiría cuál era el camino a tomar.

Jerusalén cayó a la mano derecha. Es posible que el rey tuviera todavía dudas, por lo que se desconoce cómo se usaban éstas en adivinación. El rey buscó aún otra guía: “miró el hígado”. Había ciertas normas por las que se decía que las entrañas de un sacrificio eran propicias para algo, o no.

Que el rey utilizara tres maneras diferentes de adivinación demuestra que no tenía una gran confianza en ellas; es posible que hubiera sido engañado por ellas anteriormente. ¡Qué diferencia de una respuesta que Dios concediera a Israel!

Se mencionan otros medios de adivinación, como “adivinación por la copa”. Esto era practicado por los egipcios y persas, y se describe así: se echaban pequeños trozos de metal y piedrecitas, marcados con signos, a la copa, y se obtenían respuestas de ellas al caer.

En ocasiones se llenaba la copa con agua, y al caer la luz del sol sobre el agua, se veían o imaginaban imágenes sobre la superficie. Otra referencia es: Mi pueblo a su ídolo de madera pregunta, y el leño le responde (Os. 4:12).

Los árabes usaban dos varas, sobre una de las cuales se escribía “Dios lo quiere”, y sobre la otra “Dios lo prohíbe”. Se agitaban juntas, y la primera en caer, o en ser sacada, era aceptada como la respuesta; o se lanzaba una vara, y la respuesta quedaba dada por la dirección en la que caía.

Se verá aquí que se invocaba a un “ídolo de madera”, y que lo que “el leño”, o la vara, dijera, quedaba controlado por él. Así que en toda adivinación se usaban encantamientos, y se invocaba a los dioses para que dieran las respuestas más favorables.

Sabemos que detrás de todo ello se hallaban demonios que controlaban los resultados dados, para llevar a cabo los propósitos de Satanás. En Hechos hallamos a una joven poseída por espíritu de adivinación, o de Pitón.

Éste era un oráculo profético en Delfos, considerado como el centro focal de la adivinación pagana. Un espíritu maligno relacionado con aquel oráculo poseía a esta joven. Es notable el testimonio del espíritu maligno hacia los siervos del Dios Altísimo; puede haberse visto forzado a hablar así al verse ante el poder de Dios (como los demonios reconocían atemorizados a Cristo); sin embargo, el apóstol no podía tolerar recomendaciones procedentes de tal fuente: el espíritu fue echado por un poder superior. Aquí acabó su adivinación, y su dueño perdió la fuente de sus inicuos beneficios.

Luego tenemos al Agorero o, como otros lo traducen, “observador de los tiempos”: puede haber incluido ambas cosas. El término es ANAN, que también se traduce como encantador, hechicero. El observador de los tiempos determinaba los días propicios y no propicios, y nada debía hacerse sin consultar a los dioses.

Tenemos un ejemplo de ello en Ester, cuando Amán echó suertes para hallar el día en que llevar a cabo sus planes contra los judíos. Es indudable que al echar la suerte invocaron a sus dioses para asegurar el éxito.

Otros practicaban los augurios con el similar propósito de determinar la voluntad de su dios. La respuesta a sus preguntas podía venir de los truenos, relámpagos, de la forma de las nubes, o del vuelo o aparición de ciertas aves.

Seguidamente hallamos al Sortilegio. La palabra es NACHASH, “un murmurador”. Esto parece referirse a los cánticos o a los encantamientos murmurados como un preliminar para obtener la respuesta de los espíritus que deseaban consultar. Ésta es una de las formas a las que recurrió Manasés.

El más conocido término de Hechicero. El vocablo utilizado es KASHAPH, y se refiere a la práctica de las artes mágicas, con el intento de dañar a hombres o animales, o de pervertir la mente; hechizar.

Puede que no tuvieran poder para dañar a otros a no ser que aquella persona, por curiosidad o amistad, oyera voluntariamente los encantamientos utilizados. Manasés también practicó esta iniquidad. Nínive es comparada a una ramera bien favorecida, maestra en hechizos.

Después nos encontramos con el Encantador. Viene de CHABAR, que es “unir juntamente, fascinar”.Se asocia con otro término, LACHASH, que se traduce como “hablar de una manera suave y gentil”, y se aplica después al encantamiento de las serpientes.

Similarmente el hombre es engañado y baja la guardia de su aversión a relacionarse con los espíritus malignos, hasta llegar a verse bajo su influencia. En Isaías 19:3, otro término, ITTIM, se traduce “evocador” con un sentido similar, como aquel que da un suave sonido en los encantamientos de los hechiceros.

Finalmente Adivino (o con espíritu de adivinación). El término hebreo es OB, que significa “una botella de cuero”, y se supone que implica que las personas aludidas estaban hinchadas con un espíritu. Aparece dieciséis veces, traducido en este sentido en todos ellos menos en Job 32:19.

Como ejemplo del sentido de esta palabra está la mujer de Endor, consultada por Saúl. De ella se afirma que tenía “espíritu de adivinación”. Saúl le pidió a la mujer: Te ruego… me hagas subir a quien yo te dijere.

Tan pronto como su vida quedó garantizada por un juramento, le preguntó a quién iba a llamar. Es evidente que era su profesión llamar a los espíritus de los muertos, pero en esta ocasión reconoció la obra de un poder superior, pues al ver a Samuel quedó aterrorizada.

Aquella mujer pensaba que su demonio familiar se personificaría como de costumbre; de ahí su terror cuando Dios permitió que el verdadero espíritu de Samuel apareciera, en este caso particular. Samuel le dijo a Saúl que al día siguiente él y sus hijos estarían con él.

No se sabe si en el término anterior siempre está implicado el poder de llamar espíritus de muertos. Una cosa notable, en relación con los que tienen espíritu familiar, es que aparentemente se oye una voz desde la tierra.

Luego encontramos al Mago, de VIDDEONI, que se traduce como “un sabio”. Lo único que se dice de ellos en las Escrituras es que “susurran hablando”. Es indudable que ello formaba parte de sus encantamientos, usados para aturdir a aquellos que iban a pedirles consejo, y quizás necesarios para hacer entrar en acción el espíritu que deseaban consultar. Puede que el consejo fuera bueno en ocasiones a fin de llevar más eficazmente a los engañados bajo la influencia de los malos espíritus.

Allí están también los Consultadores de muertos. De DARASH METHIM, “consultar a los muertos”. Esto aparece solamente en Deuteronomio 18:11, aunque se implica lo mismo en Isaías 8:19. ¿Debieran ir los vivos a los muertos? ¿No debieran ir en pos de su Dios?

Y en Salmos 106:28 leemos de algunos que comieron los sacrificios de los muertos, lo que puede haber constituido un acto preliminar para consultarles. Lo anterior es la lista dada en Deuteronomio 18:10, 11; hay otros que se mencionan en otros pasajes.

Los más conocidos, los Astrólogos “los contempladores de los cielos”, con fines astrológicos. En Daniel, la palabra traducida “astrólogo” en todo el libro, ASHSHAPH, es distinta, y no implica ninguna relación con los cielos, sino que se trata de “hechiceros” o “encantadores”, como leemos con referencia a Babilonia en Isaías 47:9, 12, donde se habla de una multitud de hechizos y de encantamientos.

Juntamente con los astrólogos babilónicos del verso. 13 se mencionan los que observan las estrellas, que pueden haberse dedicado a pronosticar acontecimientos en base a las posiciones alteradas de los planetas en relación con las estrellas.

A esto se añaden los que cada mes [te] pronostican, que probablemente dedujeran sus pronósticos de la luna. También relacionado con Babilonia tenemos el término adivino, GEZAR,”dividir, determinar el hado o el destino” mediante cualquier forma pretendida de predecir acontecimientos.

En el Nuevo Testamento, además del caso ya mencionado de la joven poseída por un espíritu pitónico, leemos de otros, como el de Simón, que usó de encantamientos, y fascinó por largo tiempo a la gente de Samaria; Elimas, el mago, un judío que en Chipre procuraba oponerse a la obra de Dios.

Éstos usaban artes mágicas, “magia”, atrayendo tras de sí a las gentes. En Apocalipsis se usa otra palabra traducida hechicerías, farmacia, referida a drogas, “aturdir con drogas”, y por extensión a cualquier sistema de hechicería mediante encantamientos.

La hechicería queda clasificada entre los pecados más graves, y se aplica también a la iglesia profesante en la Babilonia mística. Aparece en la lista de los frutos de la carne. Lo anterior ha sido tan sólo un breve repaso del sutil poder de Satanás en el mundo invisible, mediante el que engaña a la humanidad, por lo menos allí donde el hombre es su bien dispuesta víctima.

Está claro que la adivinación y las artes ocultas no debieran ser confundidas con una mera prestidigitación. Por mucho que haya trucos y engaños asociados con ella, detrás se halla el poder real de Satanás.

Algunos hechiceros convertidos en tiempos modernos en diversas partes del mundo han dado testimonio de que habían estado controlados por un poder superior al suyo propio; pero que éste cesó totalmente al creer y confesar a Cristo.

Es importante ver que este poder es de Satanás, debido al gran aumento, en la actualidad, de los cultos satanistas y de las sectas ocultistas, y a la gran inclinación de la sociedad hacia la astrología, espiritismo, cosas a las cuales incluso los cristianos pueden verse arrastrados, y lo han sido, atraídos por la curiosidad. Nadie os prive de vuestro premio…, entremetiéndose en lo que no ha visto, vanamente hinchado por su propia mente carnal» (Colosenses 2:18).

Mientras, el relato de lo ocurrido entre el profeta y su asna, más la participación de un ángel, también se encuentra en el Libro de los Números 22, verso 22 en adelante. Lo reproduzco para evitar que tengas que ir a tu Biblia y para que puedas comprobar lo mismo que yo comprobé en un momento determinado: que para Dios no hay nada imposible. ¡Que novedad! ¿No es así?

(Números 22: 22)= Y la ira de Dios se encendió porque él iba; y el ángel de Jehová se puso en el camino por adversario suyo. Iba, pues, él montado sobre su asna, y con él dos criados suyos.

(23) Y el asna vio al ángel de Jehová, que estaba en el camino con su espada desnuda en su mano; y se apartó el asna del camino, e iba por el campo. Entonces azotó Balaam al asna para hacerla volver al camino.

(24) Pero el ángel de Jehová se puso en una senda de viñas que tenía pared a un lado y pared al otro.

(25) Y viendo el asna al ángel de Jehová, se pegó a la pared, y apretó contra la pared el pie de Balaam; y él volvió a azotarla.

(26) Y el ángel de Jehová pasó más allá, y se puso en una angostura donde no había camino para apartarse ni a derecha ni a izquierda.

(27) Y viendo el asna al ángel de Jehová, se echó debajo de Balaam; y Balaam se enojó y azotó al asna con un palo.

(28) Entonces Jehová abrió la boca al asna, la cual dijo a Balaam: ¿Qué te he hecho, que me has azotado estas tres veces?

(29) Y Balaam respondió al asna: porque te has burlado de mí. ¡Ojalá tuviera espada en mi mano, que ahora te mataría!

(30) Y el asna dijo a Balaam: ¿No soy yo tu asna? Sobre mí has cabalgado desde que tú me tienes hasta este día; ¿He acostumbrado hacerlo así contigo? Y él respondió: No.

(31) Entonces Jehová abrió los ojos de Balaam, y vio al ángel de Jehová que estaba en el camino, y tenía su espada desnuda en su mano. Y Balaam hizo reverencia, y se inclinó sobre su rostro.

Lo primero que encontramos en este relato, es a un personaje al cual solamente hallaremos en instancias muy importantes: el ángel de Jehová. Y en cada ocasión en que hemos leído de él, no hemos podido sustraernos a la duda: ¿Quién es el ángel de Jehová? ¿Qué es ese ángel?

En principio, todo ángel que Dios envía a ejecutar sus órdenes pudiera ser llamado el ángel del Señor. Pero el misterioso ser llamado el Ángel de Jehová es de un orden totalmente distinto. Es a la vez distinto y uno con Dios, siendo semejante a Él.

Habla como siendo el mismo Dios y su persona parece confundirse con la de Dios. El ángel de Jehová revela la faz de Dios; el nombre de Jehová está en él, y su presencia equivale a la presencia divina.

Su nombre es “admirable”, que se vuelve a encontrar en la profecía de Isaías 9:6 aplicada al Mesías: Y se llamará su nombre: Admirable (el mismo término también en hebreo). De todo ello se puede llegar a la conclusión de que el Ángel de Jehová es una verdadera teofanía, o aparición de Dios.

Jehová mismo es invisible, y nadie lo ha podido ver jamás. Es el Hijo Unigénito quien lo ha manifestado, y ello no solamente por Su encarnación en el Nuevo Testamento, sino ya en el Antiguo Testamento por Sus apariciones como el Ángel de Jehová.

Así se armonizan los textos en base a los cuales por una parte nadie puede ver ni ha visto jamás a Dios, y por otra parte aquellos textos en base a los cuales creyentes del Antiguo Testamento tuvieron un encuentro real con Dios; fue el Ángel que se apareció a Moisés, etc.

Citemos también al profeta Zacarías, donde el Ángel de Jehová interviene como lo hace Cristo, nuestro Abogado, para defender a Josué, que estaba siendo acusado por Satanás ante Dios. Es indudablemente también el “ángel fuerte” de Apocalipsis.

Otra de las cosas que encontramos aquí y de la cual casi nadie ha hablado en enseñanza o predicación sobre este pasaje, es que no era solamente Balaam quien vivió esta aventura del asna parlante. Porque aquí dice que iba con dos criados.

La pregunta, es: ¿Oyeron también esos criados el diálogo entre Balaam y su asna? Si lo oyeron, ellos también tienen que haber sido despertados luego para que pudieran ver lo que solamente el asna había visto. Si no oyeron hablar al asna, nadie podría convencerlos jamás de que su amo no se hubiera vuelto rematadamente loco. Tanto por hablar solo como por pretender hablar con una mula.

Y la asna es el segundo personaje clave en cuestión en este episodio. Obviamente, estamos hablando de la hembra del asno, un animal clásico de la región. En oriente el asno ha tenido siempre el lugar que el caballo ha tenido en las naciones de Europa.

Es allí un animal mucho más noble, y se declara que es muy inteligente. Es muy valorado y muy bien tratado. Se usaba como montura tanto de hombres como de mujeres, y para transportar cargas. Con frecuencia se enumeran los asnos entre los bienes de alguien.

Hay cinco palabras hebreas utilizadas para el asno doméstico y el silvestre, refiriéndose a su fuerza o a su color .Los “asnos blancos” siguen siendo muy apreciados en Oriente. En ciertos lugares la carne del asno es muy apreciada como alimento, pero estaba prohibida como impura para los judíos.

Sin embargo, se comió en la terrible hambre que hubo en el asedio de Samaria. El asno montés es muy indómito y rápido. Raras veces se puede domar. Es así un emblema adecuado del hombre en su estado natural. Jehová le preguntó a Job: ¿Quién echó libre al asno montés, y quién soltó sus ataduras?

Y lo último que podemos ver aquí es algo que si no lo tenemos en cuenta, hoy mismo, nuestra vida cristiana será un verdadero fracaso, una frustración. ¿Por qué? Porque aquí se nos dice que en un momento dado, Dios le abrió los ojos espirituales a Balaam y recién allí éste pudo ver al ángel que el asna ya había visto hacía mucho tiempo.

Aquí es donde toma valor el detalle de que el ángel portaba una espada desnuda en su mano. Eso tiene que ver con la Palabra de Dios revelada. Y también tiene que ver con que si Dios no abre tus ojos espirituales como abrió los de Balaam, no sólo no podrás ver al ángel, sino que tampoco llegarás a tocar la Palabra de Dios auténtica y revelada.

¡Pero yo leo la Biblia todos los días, hermano! No le hace. ¿Cómo que no le hace? Si leo la Biblia regularmente, cada día tendré mayor conocimiento de ella, ¿No es así? Sí, pero del Logos. La Rhema, o la revelación de esa Palabra, solamente si tus ojos espirituales son abiertos, de otro modo jamás.

¿Pero y todos los cristianos que por motivos relacionados con sus doctrinas denominacionales, hacen un énfasis menor en el Espíritu Santo? No quiero hablar de cuestiones puntuales. Sólo voy a decirte una sola cosa: Hay muchos cristianos que leyeron sus Biblias durante cincuenta años de sus vidas y jamás llegaron a tocar la Palabra de Dios…

Y concluye, Pedro, señalando que esos falsos ministros que han depravado a la iglesia son fuentes sin agua y nubes empujadas por la tormenta. Y dice que la más densa de las oscuridades está reservada para ellos.

La palabra fuente tiene varios significados en la Biblia. En primer término encontramos a la palabra hebrea BOR, que significa abismo, pozo, pero que suele traducirse como fuente. MABBUA, también hebrea, que es fuente, pero que también se traduce como manaderos de aguas o manantiales de agua.

AYIN, también en hebreo, que literalmente es ojo u orificio a través del cual fluye agua. MAYAN, que viene de AYIN. MAQOR, que es fuente perpetua o fuente de lágrimas y PEGE, que suele usarse para expresar algo así como fuente de sangre.

Las fuentes son una característica notable de la tierra de Israel, que es descrita como “tierra de arroyos, de aguas, de fuentes y de manantiales, que brotan en vegas y montes”. La fuente de agua viva simboliza las bendiciones espirituales permanentes e inagotables que nos vienen de la misma presencia de Dios.

Indudablemente, cuando Pedro cataloga a estos personajes como fuentes sin agua, lo que en realidad está diciendo es que se trata de gente que pretende ministrar a Dios merced a sus conocimientos intelectuales, pero que del Señor no tienen absolutamente nada.

Es muy sencillo de descubrir esta esencia falsa. Cuando oyes a alguien que te informa o te enseña cuestiones históricas del tiempo de Jesús, pero que no te bendice en lo íntimo, en lo profundo, allí donde mora tu espíritu, ese alguien te está dando algo de sí mismo y, por lo tanto, no cuenta con nada del Espíritu Santo en su vida. Es falso.

¡Pero hermano! ¿Qué está diciendo? ¡Mi pastor es así, pero es un hombre dedicado a la obra todo el tiempo que esta le demande! – No lo dudo. Hay muchos líderes así. Pero presta atención: una cosa es liderar una obra levantada con nuestras fuerzas y otra, muy distinta, administrar un ministerio que el propio Dios ha puesto en tus manos.

Por eso es que se lo rotula con la catalogación de Depravados. La depravación es una corrupción moral del hombre a tal grado que se inclina irresistiblemente hacia el mal. En este estado no puede hacer nada que agrade completamente a Dios y sin la gracia salvadora de Dios no puede salvarse.

Lo peor del caso, es que no estamos hablando de gente que concurre los domingos alegremente a sentarse en un banco a oír durante un lapso lo que hacen los demás. Estamos hablando de personas encargadas de llevarles alimento, bendición y unción a otros.

Esto comienza a explicar con mucha seriedad y sin ninguna clase de apasionamientos resentidos, lo que verdaderamente está sucediendo en la mayor parte de las congregaciones evangélicas del planeta. La falsedad se ha infiltrado a partir de la ignorancia y falta de discernimiento del pueblo.

(029) De la Depravación al Engaño

(2 Pedro 2: 18)= Pues hablando palabras infladas y vanas, seducen con concupiscencias de la carne y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven en error.

(19) Les prometen libertad, y son ellos mismos esclavos de corrupción. Porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció.

(20) Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero.

(21) Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado.

(22) Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno.

Es nuestro deber como auténticos y genuinos hijos de Dios, el cuidarnos de esas doctrinas que suenan muy bonitas, pero que en realidad no llegan a significar nada. Debemos afirmarnos sólidamente en nuestra posición de una manera tal que no nos pueda arrastrar nada que no provenga del Dios verdadero, así nos lo predique el mejor de todos los pastores que hemos conocido.

Algo hay que poner letra sobre letra aquí para que nadie se confunda. Absolutamente ningún ser humano, por prestigioso, famoso o espiritual que parezca o sea, puede darnos una enseñanza que no tenga sustento, argumento, base y fundamento en la Palabra de Dios que tú debes conocer.

Aquí es mucho más explícito el apóstol Pedro, y de alguna manera contribuye a que en este tiempo del siglo veintiuno podamos definir mejor a los falsos ministros. Dice que hablan palabras infladas. ¿Qué es una palabra inflada? Algo exagerado, ampliado, sobredimensionado con la finalidad de producir impacto en el oyente.

¿Quieres un ejemplo práctico y muy habitual? El pastor de una iglesia del país XX viene de visita a tu iglesia. ¿De que habla mayoritariamente? De las maravillas, señales y prodigios que el Señor está haciendo allá, en su iglesia. ¿Qué te produce eso? Un deseo enorme de viajar urgente al país de XX y poder disfrutar de esas maravillas. Obvio, lógico, natural.

¿En ningún momento te detuviste siquiera un segundo a pensar que, si el Señor está usando tan grandemente a ese hombre en el país de XX, muy bien podría usarlo en algo muy pequeñito, aquí, como para producir un golpe que posibilite un despegar de tu iglesia?

Pero no. Aquí el buen hombre no hace nada más que hablar y hablar de aquellas lejanas maravillas. Pasan al frente los mismos de siempre, se caen al suelo los mismos de siempre y tiemblan, ríen o se estremecen los mismos de siempre. Pero milagros reales, cambios o algo realmente sobrenatural, nada. ¿Será que no hay suficiente fe? Alguien deja deslizar esa posibilidad.

De lo que tú casi nunca te enteras, es que en cinco o seis meses el que viaja al país de XX es tu pastor, el pastor de tu iglesia. ¿Y a que no sabes de que habla allá, par los hambrientos y necesitados hermanitos de la iglesia del país de XX? De los prodigios, señales y maravillas que ocurren aquí, en su iglesia, que casualmente es la misma a la que hace veinte años asistes tú y jamás viste que suceda nada.

¿La conclusión cual es? Que decenas, cientos, miles de personas de la iglesia del país de XX desearían viajar ya mismo aquí, a tu iglesia, para poder vivir, disfrutar y bendecirse con todas esas maravillas. Palabras infladas y vanas, porque no contienen ningún elemento capaz de modificar la vida de alguien.

Es mi oración que nunca jamás hayas visto o vivido algo así. Porque si no lo has vivido, estás limpio y puro de algunas de las corrupciones más habituales que existen dentro de la iglesia, cosa que como puedes comprobar leyendo a Pedro, no es ni nueva ni asombrosa. El diablo y sus estrategias siempre es el mismo.

Pero el apóstol no va a detenerse en esto. Va a añadirle algo que quieras o no, va a hacerte reflexionar ahora mismo, ya mismo. Dice que esos falsos ministros seducen con sus concupiscencias, a los que huyeron de los que viven en error.

¿Qué es vivir en error? Vivir fuera de la voluntad y el propósito de Dios, eso es error desde el punto de vista espiritual. ¿Entonces? ¿Quiénes son los que viven en error? Los incrédulos, impíos o inconversos, tal como nosotros los llamamos.

Porque el cristiano puede equivocarse en algo y fallar, pero no vive por decisión propia en la equivocación. Una cosa es pecar, y por tal caía ser defendido por nuestro abogado Jesucristo el Justo, y otra muy diferente vivir en pecado. Lo primero es debilidad humana, lo segundo influencia diabólica.

Ahora bien; tú eras un incrédulo, impío y pecador que vivía en error. ¿Lo sabías? Algunos sí y otros no. Un día, decidiste salir de ese error y pasar a vivir una vida tal como Dios manda vivir. Aceptas a Cristo y vienes a refugiarte en una congregación que supuestamente cree y piensa lo mismo…

¿Y con que se supone que te encuentras? ¿Con gente que te respalda en tus crisis, te ayuda en tus ignorancias, te pone el hombro en tus debilidades y te comprende en tus caídas? No. Eso sería lo que debería ser, pero lamentablemente, Pedro lo dice y yo te lo corroboro, mayoritariamente no es así.

En lugar de eso te encuentras con corruptos de ropaje religioso, que te predican vacuidades sin contenido, discursos humanistas plagados de palabras infladas y vanas, y métodos de manipulación y seducción tendientes a que tú obedezcas sin chistar todo lo que se te dice y no confrontes, cuestiones ni discutas nada de lo torcido que puedas estar viendo. Falsos ministros.

Una pregunta. Una sola pregunta para que no pienses ni por asomo que esto puede estar escrito con enojo, resentimiento, amargura u otra sensación emocional similar: ¿Cuándo fue la última vez que alguien te predicó sobre los falsos ministros? Y no me refiero a los de otros credos “competidores”, me refiero al que supuestamente es el nuestro.

Judas en su carta también alude a estos mismos corruptos y añade algunos adjetivos más a los conocidos: (Judas 16)= Estos son murmuradores, querellosos, que andan según sus propios deseos, cuya boca habla cosas infladas, adulando a las personas para sacar provecho.

Murmuradores. ¡Un momento! Estamos hablando de ministros, maestros, pastores, no de mundanos inconversos. Ministros falsos, es cierto, pero ministros ordenados por alguna junta de notables, ¿Entiendes?

Pero dice que son murmuradores. ¿Estará exagerando Pedro? En toda la Biblia, créeme, no hay una mínima palabra fuera de lugar o de realidad concreta. Podrás no verla con tus ojos conforme al sitio que te toque vivir, pero a corto o mediano plazo, alguien va a confirmarla en algún lugar.

A mí me toca confirmar esto, lamentablemente. En una congregación que me tocó conocer, cualquier hermano que se salía de los carriles considerados “normales”, esto es: sujeción incondicional y todo eso, caía en desgracia y feos rumores sobre él o sobre ellos comenzaban a circular entre los miembros.

A nadie se le ocurría pensar por qué eso recién salía a la luz cuando esta persona se rebelaba en contra de la autoridad establecida. Nadie pensaba por que nunca jamás antes se había dicho ni sabido nada de lo que ahora era rumor fuerte.

La respuesta es muy simple, pero muy alejada de lo que los miembros de cualquier congregación pueden atreverse a suponer. Esta persona había dejado de ser obediente al pastor y, oh sorpresa, quien comenzaba a circular esos feos rumores sobre esa persona, era el mismísimo pastor.

Y ello podía detenerse allí, en murmuraciones engañosas que servían para matizar los largos lapsos utilizados supuestamente como “vigilias de oración”. El mate, (difundida bebida nacional), galletas, café y la consabida charla sobre esas murmuraciones le daban lustre al evento.

Si todo no iba más allá de la murmuración y el descrédito, todo finalizaba en la paz del olvido y el pasar a otros temas. Pero si el hermano se enteraba de esas murmuraciones y de sus responsables, pasábamos inmediatamente al siguiente adjetivo usado por Judas: querellosos.

Y la condición que encontramos en el final, ya te fue adelantada en el comentario del texto de Pedro. La adulación es una forma muy eficaz de manipulación. El asunto es que tú hagas lo que yo quiero que hagas. La forma o las formas que emplearé para lograrlo, es lo de menos. Falsos.

Pero no se detiene allí esto tan valioso para este tiempo. Pedro añade que esta gente tan singular que hoy por hoy es lamentablemente una inocultable mayoría en nuestras congregaciones babilónicas, además de mentir, adular, inflar sus discursos y todo lo que hemos visto, también prometen libertad.

Es curioso esto, porque por poco que hayamos leído la Biblia, todos sabemos lo que en principio se nos predica y enseña en cualquier iglesia: que en Cristo hay libertad. Que cuando conocemos la Verdad, ese conocimiento nos hace libres.

Sin embargo, luego echas un vistazo por las congregaciones, prestas atención prolija al comportamiento de mucha gente, y también de muchos líderes, y caes en la cuenta que existen ciertas dependencias supuestamente ministeriales que le quitan, no sólo la libertad al cristiano, sino en casos hasta su propia voluntad.

¿No has conocido grupos o incluso denominaciones, donde un joven o una joven, ni siquiera pueden establecer una relación de noviazgo con una hermana o hermano, si su líder celular o el pastor principal no lo autorizan? Pregunto: ¿En que Biblia tú lees un control de esa naturaleza? ¿En que historia ves a un Jesús metido en esas cuestiones?

Yo sé perfectamente que, en la mayoría de los casos, hay una intención sana en esas actitudes: la de impedir, si se puede, que los jóvenes se equivoquen y se enreden en relaciones inconvenientes que pueden acarrearle muchos problemas.

Sin embargo, si Dios hubiera pensado en algo así para el hombre, lo hubiera creado de un modo casi autómata, una especie de máquina obediente sin chistar a todo lo que se creador dispusiera. Pero no fue así: Él lo hizo con una voluntad que puede sujetarse a la suya solamente por decisión voluntaria y no por imposición legal.

Ahora entiende bien: si Dios nos construyó así, fue para que en algún momento hiciéramos valer y funcionar nuestra capacidad de decidir a partir de un sentido de libertad interior que no nos prohíbe nada y no nos obliga a nada, sino que simplemente nos muestra que nos conviene y que no nos conviene.

Sin embargo, muchos en su nombre (Y esencialmente muchos de los que desde los púlpitos prometen libertad), luego cercenan esas libertades haciéndolas depender de sus propias decisiones. Eso no sólo no es bíblico, sino que además es insano. Llega un momento en que el poder de una persona sobre otra, lleva esa relación a cualquier final.

El problema es que la mayor parte de esos que hoy te prometen todas las libertades en Cristo, cuando tú pasas al cuarto del fondo del templo te cambian el discurso y comienzan a establecerte exigencias porque ellos mismos son esclavos de sus corrupciones.

Por eso la gente es tan presionada con su actividad en el templo, con su cumplimiento administrativo, con la puntualidad de sus diezmos y con todo aquello que más que beneficiarlo al creyente beneficia al líder. Si nos vamos de la escritura caemos en corrupción. ¿Está claro?

Y no es en un solo sitio en el que se han apartado de la Biblia para ir en pos de sus propios reglamentos internos y estatutos denominacionales. Y así, a falta de auténtico poder de Dios y de Su Palabra, echan mano a diversa clase de manipulaciones emocionales con la finalidad de captar adherentes.

Bajo el emblema de la sujeción incondicional, suelen tomar verdadero control, dominio y autoridad sobre otras personas similares a ellos, y arrastrarlos en muchos casos a aventuras totalmente apartadas del evangelio.

En el caso de mujeres, hay excelentes trabajos realizados por investigadores del tema, que han dejado en evidencia miles de abusos principalmente sexuales y también en dinero, con estas formas de conducción de masas.

El caso es que, tal como lo anticipa Pedro, cuando un hombre, ostente el cargo, la posición o la función eclesiástica que ostente, utiliza eso para reclamar sujeción y obediencia ciega, el resultado es el que en el texto básico se señala: alguien pasa a convertirse en esclavo de alguien.

Y los creyentes, – Que esto quede absolutamente claro y línea sobre línea, por favor -, solamente podrán aceptar ser esclavos de Jesucristo, pero no así de quien quiera que les asegure que lo representa. Nadie sale de la esclavitud del pecado para caer en la esclavitud religiosa. Son extremos que en algún lugar se unen, aunque no lo creas.

(Juan 8: 34)= Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.

Lo dicho. Acabas de leerlo en el texto anterior a este versículo donde el propio Jesús lo señala. Cualquier líder que en este tiempo cometa el pecado de la manipulación, (que es pecado de hechicería), con la finalidad de captar la obediencia y sujeción de sus liderados, terminará siendo esclavo de su propio pecado.

Lo estamos viendo ya, exactamente en este tiempo. La gente no se va de las congregaciones evangélicas porque no les gustan los sermones del pastor o porque los aturde la música con mucho volumen. La gente se va, mayoritariamente, porque sus ojos espirituales son abiertos por el Espíritu Santo y pueden ver que estaban siendo abusados.

Es un recurso demasiado facilista cargarle las culpas de todo al miembro raso. Totalmente, cualquier cristiano evangélico antiguo estará dispuesto a creer que otro hermano es demasiado conflictivo, desobediente, insujeto y rebelde, antes de plantearse si no lo asiste la razón y quizás esté siendo abusado.

Por eso es que ese pecado, que en principio era responsabilidad quizás de una sola persona, va extendiéndose al plantel del liderazgo de toda la iglesia y concluye con todos ellos esclavizados en el mismo pecado, con la gente huyendo de allí y con esa congregación extinguiéndose. ¿Así lo pensó Dios? En absoluto. Así lo armó el hombre ambicioso para su conveniencia.

(Romanos 6: 16)= ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?

Pablo es mucho más claro, todavía. Dice que una persona es esclava de aquello ante lo que se inclina y de lo que reconoce como su dueño. Si obedece el mandato del pecado, este es entonces su amo y se mueve en dirección hacia la muerte. Si obedece el mandato de la justicia, esta es a quien se somete, y experimenta la verdadera vida.

Veamos este ejemplo gráfico: tú estás en una congregación en plena sujeción al pastor de ella. No sólo no le desobedeces en nada sino que, incluso, ni siquiera te permites pensar que él pueda equivocarse en algo.

Pero resulta ser que ese hombre, al que tú solamente conoces vestido de traje y corbata predicando con fuerza y vigor desde el púlpito, lleva una doble vida que es ignorada por la iglesia. En su vida oculta es adúltero, estafador y hasta tiene practicas ocultistas.

“Bueno…” – Me dirás tú -, “…Ese es su problema, en todo caso. A mí no va a afectarme en nada lo que él pueda estar haciendo con su vida privada. Deberá responder ante Dios…” – ¿Ah, sí? ¿Y que hago con este texto de Romanos, entonces?

“¡Pero hermano! ¡Yo no puedo andar investigando la vida de los pastores antes de empezar a congregarme en sus iglesias! – Es verdad, tú no puedes trabajar de detective santo. Tendrás que ir a esa iglesia sin saber nada de su pastor.

Lo que de ninguna manera deberás hacer, – Entiéndelo de una vez por todas, y borra de una vez de tu mente la programación satánica que han plasmado en ella -, es someterme total e incondicionalmente a ese hombre. No hay argumento bíblico que avale eso. Y hay muchos riesgos posibles que sí son bíblicos.

Es más que obvio que debemos evitar por todos los medios regresar a las viejas prácticas de las cuales has sido liberado. Deberás entender que, si lo haces, caerás en una servidumbre mayor a la que estabas. Y deberás orar, incluso, para que ninguna práctica no aprobada por Dios te sea enseñada en el lugar llamado “iglesia” al cual has ingresado a desarrollar tu nueva fe.

Pedro consigna algo que todos sabemos, a todos nos es dicho, pero que no siempre llegamos a recordar debidamente en el momento en que podemos correr el riesgo de no verlo. Que cuando salimos del mundo dejamos de ser esclavos, pero que si un día, por alguna razón decidimos regresar allí, nuestro estado no será el mismo de antes de llegar, sino siete veces peor. Mateo lo dice claramente.

(Mateo 12: 45)= Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Así también acontecerá a esta mala generación.

Estas palabras de Jesús, en primera instancia, se aplicaban específicamente a lo vacío del judaísmo cuando sustituye regeneración por reforma. Así, la situación de Israel empeoraría. Una vez que la nación judía rechazó a Jesús, nada podría llenar este vacío, sino los engaños de Satanás.

Con el hombre actual sucede exactamente lo mismo. Las cosas del Señor, el evangelio todo, le parece algo tan nimio, tan simple, que le suena como a ridículo y siente vergüenza por interesarse en ello. Entones, ¿Qué hace? Opta por grupo o sectas aparentemente más “profundas” que no son nada más que expresiones satánicas que lo captan y lo esclavizan.

Este pasaje se utiliza mucho (Te diría que en demasía) en el área de Guerra Espiritual y en los conceptos básicos de Demonología. Sin embargo es mucho más abarcativo y comprende a todas las áreas del hombre, incluida aquellas que tienen que ver con su fe y sus convicciones. Jesús sabía esto, por eso lo advierte.

La aplicación de esta parábola se hace explícita cuando Jesús compara la presente generación (Es decir: las circunstancias a las cuales se dirige) con el hombre al que le han sacado demonios. Advierte que la situación creada por estas acciones puede tornarse peores si no tienen lugar cambios fundamentales.

Jesús se refiere al peligro de una vida vacía. El vacío dejado por la salida de un espíritu maligno debe ser llenado con el Espíritu Santo, o el individuo quedará expuesto a una mayor actividad demoníaca.

Esta enseñanza se aplica en forma inmediata a aquellos que carecen de discernimiento espiritual para reconocer a Jesús como Salvador. Al rechazarlo no les queda otra cosa que ceremonias y ritos vacíos, lo cual hace de ellos aún más vulnerables al engaño de Satanás.

En este caso es que se aplica una base esencial de un principio inequívoco: quien no conoce el camino de justicia, (Y son millones de millones en el mundo, aún, los que no lo conocen), tienen alguna clase de justificación para sus actos erróneos. Pero aquellos que lo han conocido y retornan al mal no pueden tener absolutamente nada a su favor. Lo dice claramente en Hebreos.

(Hebreos 6: 4)= Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, (5) y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, (6) y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio.

El lenguaje de los versículos 4 y 5, fundamentalmente, describen claramente a aquellos que han experimentado la gracia salvadora de Dios, y el lenguaje del verso 6 indica una completa renuncia de Cristo, un abandono deliberado y definitivo de la fe cristiana.

La gente a la cual se está aludiendo en este texto ya no son arrepentidos, sino directa y sencillamente apóstatas. Porque no sólo han caído en pecado, sino que han renunciado a Cristo. Esto significa que se han convertido en gente semejante a los que crucificaron a Jesús.

Por lo tanto, algo es total y absolutamente claro, no sólo para el entendimiento bíblico o teológico apto para aprobar materias de estudio religioso, sino para que no pongas en juego tu propia vida eterna. Si aceptaste a Cristo como Salvador, ya no podrás volver atrás.

Porque si lo haces, no será solamente un asunto tuyo personal, como podrías llegar a pensar por influencia satánica, sino que directamente estarías diciéndole a Cristo que su sacrificio, contigo, ha sido inútil y que tiene que volver a repetirlo. Y como ya no hay fariseos ni romanos que lo crucifiquen para ello, lo estarás haciendo tú mismo. ¿Lo alcanzas a entender?

Y dice algo más; dice que si haces eso, no sólo vuelves a crucificar a cristo, sino a hacerlo receptor de vituperios. ¿Tienes claro que significa el vituperio? Es lisa y llanamente un baldón u oprobio que se dice a uno.La acción o circunstancia que causa afrenta o deshonra a alguien.

Según lo veremos ahora en su carta, Judas sostiene que la fe no es algo que podemos recibir y guardar como si fuera una reliquia o un talismán. A veces, él dice que deberemos jugarnos bravamente por ella. Y créeme que esa situación les ha sido real a muchos de los que hoy leen este trabajo.

(Judas 3)= Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos.

Aparentemente, Judas abandona en forma momentánea la redacción de otra carta que estaba escribiendo, o que se disponía a escribir a estos cristianos, para alertarlos sobre lo falsos maestros que se han infiltrado en la iglesia.

Cuando habla e la fe que ha sido dada a los santos, hace referencia a la doctrina apostólica impartida a los creyentes en los primeros días de la iglesia. Esta es la enseñanza que está siendo tergiversada y por la cual los cristianos deben contender.

La corrupción de la fe auténtica y genuina, entre otras cosas, suele manifestarse en una conducta ciento por ciento egoístas y, desde ya, carente de amor por donde se la mire, además de estilos de vida sensuales e inmorales o doctrinas distorsionadas y engañosas.

De ninguna manera este texto abre juicio de valor, debate o polémica relacionada con aquella disyuntiva que por años ha separado posiciones dentro de la iglesia cristiana evangélica: ¿La salvación se pierde o no se pierde?

Aquí se está hablando de otra cosa, indudablemente, y así es explicitado. Si los bandos enemistados por la polémica mencionada, desean utilizar los servicios de estos textos para reforzar sus tesis, allá ellos, pero mucho les agradecería a ambas partes, en el nombre del Señor, que no me le hagan decir a la Biblia lo que la Biblia no dice.

No voy a realizar ninguna aclaración respecto a esa discusión por una sola y simple razón: la considero modestamente una ridiculez, una soberana forma de perder nuestro tiempo en vaguedades mientras el enemigo todos los días se lleva miles de almas al infierno ante nuestra pasividad.

Sí quiero aprovechar la coyuntura para decir una vez más, (Lo he dicho en casi todos mis trabajos medianamente grandes), que los dos bandos defensores de dichas posturas cometen gruesos errores de interpretación y exageran sus ideas en grado sumo.

Y sabemos muy bien que cuando hablamos de extremismos, estamos hablando de sectores que por algún motivo han llegado a exagerar una verdad hasta lo indemostrable. Muy bien: el de la salvación-se-pierde-no-se-pierde, es un extremismo. Y peligroso.

Porque de pronto nos encontramos con la línea que propone creer que la salvación se puede perder. Míralos, allí andan, re-convirtiéndose todos los domingos por temor a haber perdido su salvación durante la semana. No con seguridad, por las dudas.

Entonces, en cada culto, cuando el predicador hace el consabido y usual llamado al arrepentimiento y conversión, ellos levantan sus manos, pasan corriendo al frente y reciben el “okey” ministerial que los deja tranquilos…por una semana.

Ya conté en uno de mis libros a anécdota que me sucedió en una pequeña iglesia donde fui invitado para predicar en un día de bautismos, para que el pastor pudiera dedicarse a ello. Como había familiares de los que iban a bautizarse que no eran creyentes, hice un llamado a aceptar a Cristo, al final y luego de haber explicado lo mejor que pude el plan de salvación.

Para mi enorme sorpresa, uno de los que levantó su mano y pasó al frente a “convertirse”, era un hombre que iba a ser bautizado. El pastor titular, lejos de asombrarse, se sonrió y palmeando mi hombro me dijo: “no te preocupes, él se convierte todos los domingos”

Pero el otro sector no le va en zaga. Son los que defienden a morir la teoría de salvo-siempre-salvo y entonces, a partir del día en que hacen su “compromiso de fe”, dejan de pensar en una posibilidad negativa y viven tranquilos.

Tan tranquilos que muchos de ellos cometen verdaderas tropelías (Muchas dentro de las iglesias y con cierto barniz de “santidad”) porque están convencido que “ya está” ya nadie les puede sacar lo que ya “se ganaron”.

Para este grupo sólo tengo una duda en forma de pregunta: ¿Alguien piensa que Dios es tan tonto como para dejar pasar por algo que alguien viva como se le da la gana y luego pretenda reinar con Cristo? ¿Existirá alguna Biblia que pueda avalar tamaña barbaridad e incoherencia?

Sólo me queda una duda en el final de este verso. ¿Contra quien o quienes debemos contender en defensa de nuestra fe? ¿Acaso contra el catolicismo romano? No me parece, ellos están demasiado preocupados y ocupados con sus propias falencias.

¿Contra quien? ¿Tal vez en contra de alguna clase de ocultismo? Muy difícil, porque si no le permites entrar, al ocultismo en cualquiera de sus expresiones, se le haría muy complicado perturbarnos de alguna manera.

Entonces, sencillamente no se entiende lo que Judas nos quiere advertir. Un momento. ¿No se entiende o no queremos entenderlo de tan claro que está, porque nuestra mentalidad no lo puede admitir de ese modo?

Porque para mí, y no tengo dudas, la advertencia de Judas tiene que ver con los disloques doctrinales que, con nuestra fe, se pretende llevar adelante desde adentro de la iglesia. ¿Contra esos sectores corruptos, – Casualmente de los mismos que venimos hablando -, es que debemos contender par defender nuestra fe? Y no tengo dudas, no si a ti todavía te quedan algunas.

Porque míralo desde este ángulo: ¿Cuál es el método que el diablo ha venido utilizando largamente para sacar a la gente de los templos y regresarlos al pecado? La desilusión, la frustración, el enojo, la decepción ocasionada por los falsos ministros. Entonces, ¿Quién es el que escribe los libretos de los que pretenden inculcar doctrinas humanistas, cientifistas, filosóficas, psicológicas y hasta paganas? Ya lo tienes.

(Proverbios 26: 11)= Como perro que vuelve a su vómito, así es el necio que repite su necedad.

El último verso del capítulo 2 de la segunda carta de Pedro, alude y cita a este proverbio. Que es un símbolo de la necedad, pero también de la inmundicia. ¿Qué otra cosa sino inmundicia representa a un perro volviendo para comer su propio vómito?

Esa sucia actitud es comparada, entiende, con aquellos que cometen errores muy graves por causa de su necedad. Deja de lado a los oportunistas, corruptos y mal intencionados. Toma a los que se equivocan por cometer errores y colócalos junto a esos perros. Aquí dicen que son la misma cosa.

La necedad es un adjetivo muy usado en la Biblia. Viene siempre en conjunción con el pecado. Así que no estaría ni mal ni de más estudiar un poco que cosa significa un necio y porque se comporta de la manera que lo hace.

Dicen los que saben de estas cosas, que un necio es una persona desprovista de inteligencia o de sabiduría. El término necio designa particularmente al pecador, implicando la falta de conocimiento de Dios que se revela ante todo en los malvados.

Cuanto más talento se haya recibido, tanta más responsabilidad se tiene; el que usa sus dotes para fines malos es un necio. El que se aparta de Dios para seguir ídolos y sus maldades es un necio. Para las personas del mundo, son los creyentes los que son unos necios.

Ello no ha de sorprender, por cuanto el mismo Cristo fue tratado de esta manera. Por ello, si alguno entre vosotros se cree sabio en este siglo, hágase ignorante, para que llegue a ser sabio (1 Corintios 3:18).

El falso maestro o falso profeta está guiado por la carne, buscando obtener el poder o los beneficios del ministerio para sí mismo. Inicialmente, su mensaje puede no haber sido falso, pero su motivación para ejercer el ministerio es carnal, por lo que apela a lo carnal en los demás, ofreciéndoles alguna satisfacción material o espiritual. Estas personas introducirán, por último, algunas contrarias a la verdad. Cada uno de nosotros utilizará la Palabra de Dios para medir el mensaje que todo predicador presente; de esa forma podrá juzgar adecuadamente los cambios o tergiversaciones en lo que enseñe. Sólo debemos juzgar lo que se enseña. Dios juzgará la persona que enseña.

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Ser Cautos, sí; pero Incrédulos, no…

Introducción a la Segunda Epístola

El autor de esta segunda epístola se nombra a sí mismo como Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo; afirma haber sido testigo de la Transfiguración, y haber recibido de Cristo la predicción de su martirio.

Se pone en un plano de igualdad con Pablo. El estilo presenta una cierta falta de simplicidad y de desenvoltura, lo que contrasta con el estilo fluido y natural de la primera. Desde la época de Jerónimo, esta diferencia de expresión vino a ser el argumento de los que presentan objeciones contra la autenticidad de la epístola.

Jerónimo cree que estas desemejanzas son debidas a los “secretarios-intérpretes” de Pedro, y es bien posible que éste fuera el caso. Muchos críticos modernos atribuyen la carta a un autor anónimo del período post apostólico, que la habría escrito bajo el nombre de Pedro alrededor de un siglo después de la muerte de este último.

Sin embargo, si bien hay algunas diferencias en el vocabulario, también hay semejanzas convincentes. Nada en el texto da indicación de una falsificación. Las alusiones autobiográficas son exactas; no aparecen detalles imaginarios ni anacronismos.

Segunda de Pedro es totalmente diferente de las obras apócrifas como “El Evangelio de Pedro” y el “Apocalipsis de Pedro”. Se ha llegado a afirmar que nuestra epístola había sido escrita en una época más tardía en la que se daban herejías que pretendían apoyarse en los escritos de Pablo.

Sin embargo, en este pasaje se hace en realidad una alusión a la epístola que Pablo escribió a los hebreos, con una mención adicional de las otras epístolas (una traducción literal del pasaje vendría a ser: Según la sabiduría que le ha sido dada, Pablo os escribió, como también en todas sus epístolas (énfasis en “en todas sus epístolas”, añadido).

El lenguaje menciona que Pablo les había escrito a “ellos”, evidentemente los destinatarios judeocristianos de Pedro, y aprovecha para mencionar “también… todas sus epístolas” escritas ya entonces.

De todas maneras, este pasaje no implica que hubiera una colección como tal de las epístolas de Pablo, sino que era notorio que las tales habían sido escritas y que eran bien conocidas y, en ciertos casos, torcidas y manipuladas en su aplicación doctrinal y práctica.

En cuanto a la apostasía que Pedro combate, no se puede afirmar que sea más avanzada que la que Pablo combatía. Otras pruebas internas corroboran adicionalmente la autenticidad de la carta. Se hallan en ella rasgos característicos de Pedro y analogías con sus discursos.

Al igual que la Primera, la Segunda Epístola presenta una buena cantidad de palabras singulares y la costumbre de presentar el lado negativo y el positivo de un pensamiento. Durante los dos primeros siglos, las menciones relativas al uso de la Segunda Epístola son infrecuentes y poco directas; pero al inicio del siglo III, Orígenes hace alusión a su empleo en las iglesias, y habla acerca de Pedro de las “dos trompetas de sus epístolas”.

Eusebio afirma que Segunda Pedro, Santiago y Judas son admitidas por la mayor parte, pero que había algunas que las consideraban “dudosas” (“antilegomena”). El canon fue haciéndose poco a poco, con suma prudencia, en una época en la que había gran cantidad de escritos falsos.

Si en el curso del siglo III y del IV se llegó a la unanimidad para incluir en el canon formal Segunda de Pedro, así como Santiago, Judas y Apocalipsis, podemos estar ciertos de que hubo una abrumadora prueba, desde el aspecto interno como del externo, para llevar a la dicha unanimidad.

De hecho, las objeciones que se han hecho a la autenticidad de la Segunda Epístola no resisten el examen histórico. El autor se dirige, de manera general, a los que habéis alcanzado… una fe igualmente preciosa que la nuestra; pero demuestra que los destinatarios eran los mismos que los de la Primera, o un grupo de entre ellos.

El lugar de redacción no puede ser determinado con exactitud. Si la alusión implica que Pedro estaba a punto de ser llevado a la muerte, se podría situar el lugar de redacción en Roma, y asignar la fecha de la epístola al año 68 o 67 d.C.

Argumentos en favor de estas fechas: la naturaleza de las falsas doctrinas denunciadas en la Segunda Epístola; el empleo que hace esta epístola de la de Judas (o el que hace Judas de la epístola de Pedro); la mención de la Primera Epístola de Pedro.

El capítulo 2 de Segunda Pedro se parece manifiestamente a la Epístola de Judas. A propósito de ello, se afirma en muchos sectores que Judas tomó prestado de Pedro, o viceversa. Es innegable que uno de ellos pudo haber leído la Epístola del otro, y no se puede rebatir que uno escribiera después del otro.

Sin embargo, las diferencias son tan notables como las semejanzas. Pedro se refiere a maldad, y de la acción de Dios en contra de ella en Su gobierno. Judas trata de la apostasía como tal. Así, Pedro se refiere a “los ángeles que pecaron”, mientras que Judas se refiere a “los ángeles que no guardaron su dignidad”, abandonando el lugar que Dios les había señalado.

Otras muchas características permiten afirmar una básica independencia de Pedro y Judas bajo inspiración, cubriendo distintos objetivos. Propósito de la carta: Hacer recordar a los destinatarios las enseñanzas que habían recibido, a fin de prevenirlos contra las falsas doctrinas entonces en boga, y facilitar su crecimiento en la gracia y conocimiento de Jesucristo, el Señor y Salvador.

Esta epístola fue escrita para refutar el gnosticismo que ya se estaba infiltrando en las iglesias, y para fortalecer a los cristianos en la sana doctrina y en la pureza moral. Contenido: Saludos apostólicos. Exhortaciones solemnes a crecer espiritual e intelectualmente.

Bases sobre las que reposa el conocimiento, y que es la base de la piedad. Condena de los falsos doctores. Recuerdo de las enseñanzas de Jesucristo, de los profetas y de los apóstoles en cuanto a la venida del Señor y del fin del mundo. Exhortaciones a crecer en la santidad, prestos para recibir al Señor a Su vuelta. Alusión al valor de las Epístolas de Pablo como Escritura. Doxología final.

2 Pedro Capítulo 1

(022) Dedicado a los Fieles

(2 Pedro 1: 1)= Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que habéis alcanzado, por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo, una fe igualmente preciosa que la nuestra: (2) gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús.

(3) Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, (4) por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia.

Pedro se nombra a sí mismo en el comienzo de esta su segunda carta, de un modo en que no lo había hecho en la primera, lo que ha hecho suponer y hasta conjeturar a algunos estudiosos que a esta carta no la habría escrito él mismo sino alguien en su lugar.

Y se nombra como Simón Pedro, y cabe señalar como información secundaria que, en algunos antiguos manuscritos, se usa el nombre Simeón, que es una forma hebraica del nombre Simón. Y es bueno, en este instante del estudio, bocetar ordenada y cronológicamente, la figura de Simón Pedro.

Pedro es una traducción al español del latín “Petrus”, y del griego “Petros”: un trozo de roca, un canto rodado, en contraste con “petra”, que es una masa rocosa. Cristo dio a Simón, el hijo de Jonás, el sobrenombre de Cefas (que es una forma aramea,) al encontrarlo por primera vez.

Simón, su hermano Andrés, y el padre de ellos, Jonás, estaban asociados con Zebedeo y sus hijos, todos ellos pescadores del lago de Genesaret. Simón Pedro, originario de Betsaida pasó a residir en Capernaum con su familia.

Pedro, que muy probablemente era discípulo de Juan el Bautista, fue presentado a Jesús por Andrés, hermano de Pedro. Andrés era uno de los dos discípulos de Juan el Bautista que oyeron la declaración de que Jesús (que volvía de su triunfo sobre la tentación en el desierto) era el Cordero de Dios, el Mesías.

Jesús discernió rápidamente la naturaleza de Simón, y cambió inmediatamente su nombre por el de Cefas (en griego. “Petros”). Pedro, al igual que los primeros discípulos, recibió tres llamamientos de su Maestro a que viniera a ser Su discípulo, a que lo acompañara constantemente, y a que fuera uno de los apóstoles.

Tuvo, ya desde el principio, un papel destacado entre los discípulos a causa de su fervor, de su energía e impetuosidad. Pedro se encuentra siempre encabezando las listas. Tres de los discípulos de Jesús eran amigos íntimos de Él: Pedro es nombrado en primer lugar.

Él es el portavoz de los apóstoles; el primero en confesar que Jesús es el Cristo de Dios, pero también el que intenta desviar a Su Maestro del camino del sufrimiento. La vida de Pedro presenta tres etapas:

(a) En primer lugar el período de formación, expuesto en los Evangelios. En estos años de relación con el Maestro aprendieron a conocer a Cristo y a conocerse a sí mismos. La triple negación del presuntuoso apóstol puso fin a este período. Cuando Jesús se encontró con Sus discípulos en el mar de Tiberias, puso a prueba a Pedro haciéndole tres preguntas, y restableciéndolo después en el apostolado.

(b) Al comienzo de los Hechos se expone el segundo período, durante el cual Pedro condujo a la Iglesia con audacia y firmeza. Llevó a los hermanos a reemplazar a Judas por un discípulo que hubiera conocido al Señor.

Después del derramamiento del Espíritu Santo, en el día de Pentecostés, Pedro explicó el sentido de este milagro a la muchedumbre de judíos reunidos en Jerusalén. Fue el principal instrumento en la curación del paralítico y se dirigió acto seguido al sanedrín.

Amonestó a Ananías y a Safira. El gran discurso que pronunció en el día de Pentecostés abrió a los judíos la puerta de la salvación. Pedro la abrió, asimismo, a los gentiles, al dirigirse a Cornelio y a los que estaban en su casa, haciendo así uso de las llaves de que Cristo le había hablado.

(c) El tercer período queda marcado por un trabajo humilde y perseverante revelado en las dos epístolas de Pedro. Una vez hubo echado los cimientos de la Iglesia, abandonó el primer plano, y trabajó desde la oscuridad para la expansión del Evangelio.

Desde entonces, desaparece de la historia, y es Jacobo quien aparece dirigiendo la Iglesia en Jerusalén. Pablo se dirige a los gentiles; Pedro, apóstol de la circuncisión, anunció el Evangelio a los judíos de la dispersión; dejó Jerusalén a Jacobo, y el mundo grecorromano a Pablo.

La última mención que se hace de él en Hechos lo presenta en el concilio de Jerusalén, defendiendo que los gentiles debían ser admitidos en la Iglesia, y defendiendo asimismo la libertad evangélica, postura ésta que prevaleció.

Pedro es mencionado en Gálatas 2:11, a propósito del incidente de Antioquía; es posible que estuviera en Corinto y en la ribera del Éufrates, o en Babilonia. Acompañado de su esposa, prosiguió, sin duda, sus viajes misioneros.

Finalmente, glorificó a Dios en su martirio. Pedro nos es conocido sólo por las anteriores menciones y por sus dos epístolas, donde traslucen su humildad y tacto. Pedro respalda la autoridad de Pablo y Judas y exhorta a sus lectores a permanecer firmes en la fe que comparten con sus hermanos.

Visto a lo largo de los Evangelios, de Hechos y de las Epístolas, el carácter de Pedro no se contradice nunca, este hombre de acción tiene los fallos propios de sus cualidades, que son inmensas. El entusiasmo era consustancial a su persona.

Transformado por el Espíritu de Cristo, Pedro se señala por su amor a su Maestro, por su caridad, y por su clara percepción de las verdades espirituales. La vida de este discípulo está repleta de enseñanzas. Sus escritos sondean las profundidades de la experiencia cristiana y alcanzan las más altas cumbres de la esperanza.

La historia no añade mucho a lo que sabemos de Pedro por el Nuevo Testamento. Hay buenas razones para admitir la tradición que afirma que Pedro fue crucificado en la época en que Pablo fue decapitado, hacia el año 68 d.C…

Jesús había predicho el martirio de Pedro. No es imposible que hubiera sufrido el martirio en Roma. Su vida ha suscitado multitud de leyendas. Escritos apócrifos muy antiguos, debidos a los ebionitas (una secta herética que persistió entre el siglo I y VII d.C.), extendieron la leyenda de que Pedro había sido obispo de Roma durante 25 años.

El examen atento de las fuentes de esta tradición y de su contenido no permite admitirla como historia. Por lo que respecta al papel atribuido a Pedro por la Iglesia de Roma, se debe examinar qué es lo que realmente dice el NT acerca de ello:(a) La interpretación de las palabras: “Tú eres Pedro…” es dada por el mismo apóstol.

Hay solamente una roca fundamental: el Cristo. Los creyentes son las “piedras vivas” que vienen a ser edificadas sobre este único fundamento básico, y Pedro, el primer confesor del nombre de Jesús, fue la primera de estas piedras individuales.

El apóstol desarrolla el mismo pensamiento. Pablo confirma esta enseñanza: Cristo es la piedra angular del templo espiritual del Señor; los apóstoles (en plural) y los profetas son su fundamento, sobre el que son edificados los creyentes.

Pedro jugó un papel histórico capital al abrir la puerta del Evangelio a los judíos el día de Pentecostés y a los gentiles en casa de Cornelio. Por otra parte, el poder de atar y desatar no le fue dado sólo a él, sino también a los discípulos.

Desde entonces, los cristianos proclaman, en todos lugares, el perdón de los pecados que Dios concede en Jesucristo; cumplen la función de embajadores de Cristo, aportando vida, pero también muerte, porque quien los rechaza, rechaza al mismo Señor.

(c) Pedro no vino a ser cabeza de la iglesia, ni “vicario de Cristo”. Si bien juega un importante papel en primer plano en el inicio de Hechos, después desaparece. En el concilio de Jerusalén él dio su consejo, pero fue Jacobo quien intervino de manera decisiva; la resolución final fue tomada en nombre de los apóstoles, de los ancianos y de los hermanos, inspirados por el Espíritu Santo.

En el relato de Lucas, Pablo ocupa desde entonces el primer lugar, y Pedro es simplemente una de las tres “columnas de la iglesia” mencionadas en Gálatas 2:9 (siendo, el mismo Pedro citado después de Jacobo). Está claro que la doctrina del Nuevo Testamento es que sólo el Señor Jesucristo resucitado es la cabeza de la Iglesia, y que jamás rendirá Su sacerdocio, que es intransmisible.

(d) Además, Pedro no fue “obispo de Roma durante veinticinco años”, no pudiendo haber sido un primer papa. Su muerte tuvo lugar alrededor del año 68, por lo que hubiera debido hallarse en Roma desde el año 43, lo que es imposible en base al Nuevo Testamento.

Escribiendo a los romanos alrededor de los años 57-65, Pablo hace saludar a treinta personas de su comunidad, entre las que no figura Pedro; se trata de Priscila y de Aquila, y de la iglesia que está en su casa.

Pablo no hubiera escrito de esta manera si se tratara de una iglesia fundada por Pedro. Cuando Pablo llegó a Roma en el año 60, se encontró conque los judíos de allí no sabían nada del Evangelio, y otra vez Pedro no es mencionado. Su nombre no figura tampoco en las Epístolas de la cautividad, ni aun en la Segunda a Timoteo, escrita poco antes de su muerte hacia el año 68, que sería impensable de Pedro.

(e) Finalmente, Pedro, con todas sus cualidades y sus experiencias, ni era infalible ni tenía una autoridad superior a la de los otros apóstoles. En Antioquía, Pablo lo resistió cara a cara «porque era de condenar»; acerca de este incidente, Pablo habla de miedo a los hombres, de simulación, e incluso de hipocresía, y de un andar no recto ni conforme a la verdad del Evangelio.

Sin embargo, Pedro es una de las más grandes figuras, no sólo del Nuevo Testamento, sino de toda la Biblia. Su vida entera fue consagrada al Señor desde el día de su llamamiento. Su ardor y celo por su Señor, su perseverancia, humildad, mansedumbre, su cuidado de la grey del Señor, su afán por predicar las buenas nuevas de la salvación de Dios, todo ello ampliamente testificado en las Escrituras, nos da una bella imagen del discípulo consagrado, y constituye una vida a estudiar y un ejemplo a seguir.

Por eso nuestro interés visible y primario en este trabajo. Pero también por algo que va más allá de lo histórico y biográfico. Dios ha tenido palabra para su pueblo en varios contextos y en varios tiempos. Todo hace pensar con cierta certeza, que en este siglo veintiuno Dios lo está haciendo a través de la vida, el testimonio y las palabras de Pedro.

Luego Pedro se define a sí mismo como apóstol de Jesucristo. Cualquiera que haya estudiado mínimamente algo, sabe muy bien que la palabra apóstol, (apostellos), significa literalmente enviado. Por lo que no puede cabernos ninguna duda la razón por la cual Pedro está haciendo lo que hace.

Él estuvo con Cristo, él lo acompañó en la mayor parte de su ministerio terrenal de tres años, él dejó muchas cosas de las que el hombre considera como importantes por seguir al Mesías. Y ahora, finalmente, no importa en qué condiciones, él se considera un enviado de Jesucristo para una tarea singular, única y excluyente que le compete.

¿Sabes que? El hombre ha bastardeado bastante a los ministerios con que el señor ha dotado a su iglesia. Ha convertido al apóstol en una especie de ingeniero mayor de obras y encargado de proyectar, diseñar y construir diferentes templos para distintas congregaciones a las cuales, luego, comandará desde un plano superior e indiscutible en infalibilidad. ¿Enviado? Casi nunca.

Pero también ha contaminado a los otros cuatro ministerios de un modo ostensible. El profeta convertido en un vulgar adivino de futuros sentimentales de los hermanitos, el pastor oficiando de gerente de una empresa llamada iglesia, el evangelista percibiendo honorarios conforme a las manos levantadas en sus campañas y los maestros enseñando lo que conviene a la denominación aunque eso se contradiga con lo que dice la Biblia. Es una realidad que cualquiera puede ver.

Y, en este primer párrafo de su saludo inicial, concluye consignándoles que la fe que ellos han adquirido, tiene un grado de preciosidad similar a la que él mismo sostiene, dejando de lado de esta manera, esa enorme diferenciación entre tu fe y la de tu líder que se te enseña prácticamente desde la escuela dominical. En la genuina iglesia del Señor, no existe tal cosa. Eso es doctrina nicolaita y Dios la aborrece.

(Romanos 3: 21)= Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas.

Al decir pero, en la parte inicial de este texto, se está dando énfasis y subrayando el contraste entre la revelación de la ira de Dios y la revelación de su justicia. La aseveración de que eso es posible por la ley los profetas, nos habla de su inserción en el Antiguo Testamento.

Eso en lo lineal. Sin embargo, todo lo que está escrito en la Biblia es apto para instruir en justicia y para enseñar, dice Pablo a Timoteo. De a allí que hoy, la ley (Que es la palabra de Dios) se confirma con lo que expresan los profetas.

Aquí tienes la tarea específica y correcta de este ministerio. Su labor es eminentemente testificar lo que Dios ha escrito en la Biblia a través de sus ungidos. De ninguna manera puedes consignarlos a dar palabra a decenas de persona en fila, en un templo, y mucho menos a intercambiar profecías triunfalistas para ciertas figuras del evangelio, con la finalidad de afirmarlos delante de su gente, por jugosas ofrendas.

¡Hermano! ¿No es un poco malintencionado ese pensamiento? – Discúlpame; no es un pensamiento, es una visión palpable de la realidad en muchos lugares del planeta. Yo lo he visto en mi país, en mi ciudad. Quizás tú también en la tuya. Gloria a Dios si no lo has visto.

Luego, en el verso siguiente, les desea a esos creyentes que la paz y la gracia les sean multiplicadas, ¿En que cosa? En el conocimiento de Dios y de nuestros Señor Jesucristo. ¿Significa eso un aval para estudiar en seminarios materias completas dedicadas a Dios y al señor Jesucristo? En absoluto. Significa, como en todo el contexto bíblico: intimidad.

(Tito 2: 11)= Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, (12) enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, (13) aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, (14) quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.

Dice aquí la gracia de Dios se ha manifestado para salvación de todos los hombres, enseñándonos que debemos renunciar a toda impiedad y a todo deseo mundano, viviendo una vida no conforme a este sistema imperante, tanto en el mundo como en la iglesia, sino en sobriedad, justicia y piedad.

Se hace especial hincapié, en principio, en la sobriedad. La palabra utilizada aquí es la palabra SOPHRONOS. Viene de SOZO, que es “salvar” y de PHREN, que es “la mente”. Este vocablo es un adverbio que se aplica a un actuar responsable, sensible, prudente, a conservar el autocontrol y estar en plena posesión de las facultades intelectuales y emocionales.

Después se menciona a la justicia. Este es un término que aparece con gran frecuencia en las Escrituras, expresando un atributo de Dios que mantiene lo que es coherente con su propio carácter, y que necesariamente juzga lo que está opuesto a Él: el pecado.

En el hombre es también lo opuesto a la “anomia” o pecado. Se debe tener presente que, por lo que al hombre se refiere, aparte de una obra de gracia en él, “no hay justo, ni aun uno”. Con independencia del hombre, Dios ha revelado su justicia en el juicio exhaustivo y eliminación del pecado, y del estado con el que estaba conectado el pecado en el hombre.

Esto se realizó asumiendo el Hijo de Dios naturaleza de hombre, viniendo a formar parte de la raza humana, aunque sin pecado alguno en Él, y tomando en la cruz, vicariamente, el lugar del hombre bajo la maldición de la ley, siendo hecho pecado y glorificando a Dios al llevar el juicio del pecado.

Así, la justicia de Dios, declarada y expresada en los santos en Cristo, es la respuesta divina al hecho de que Cristo fue hecho pecado. Por otra parte, el lago de fuego es la expresión eterna del justo juicio de Dios.

En la actualidad la justicia de Dios es revelada en el Evangelio y apropiada por la fe. Éste es un principio enteramente diferente de aquel mediante el que actuaba el judío, esto es, el de intentar establecer su propia justicia, sin someterse a la justicia de Dios.

Su padre Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia; y la fe del creyente le es contada como justicia, aparte de las obras. Cristo Jesús nos es hecho justicia de Dios. Él es el fin de la ley para justicia a todos aquellos que creen.

Hay también la justicia práctica que caracteriza a cada cristiano. El conocer la justicia de Dios, viene a ser siervo de justicia. La esposa del Cordero es presentada vestida “de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos”.

Y luego llegamos a la palabra quizás más utilizada en la Biblia que no siempre hemos conseguido definir correctamente: Piedad. Nos hemos quedado con la definición clásica del diccionario de la lengua española y en base a ello lo interpretamos.

Ese diccionario dice que Piedad, es: Lástima, Misericordia, Conmiseración. Y está bien, lo es, pero no en términos bíblicos. La definición que encuentras en un diccionario bíblico de mediano valor, es muy distinta a la del clásico de la lengua española.

Allí se nos dice que Piedad, es un término hebreo pronunciado como. GHAHSEED, que se traduce como “piadoso”,; “santo”, Con otra palabra, RAHGHAMEEM, que se traduce como “piedades”; y con la palabra griega THESEBEIA, que es “adoración” o “reverencia” a Dios, “temor reverencial a Dios”; otra como EUSEBEIA, que es “adorar bien”, y de ahí “piedad hacia Dios”; esto del latín PIETAS.

Es un afecto y respeto hacia Dios y los padres. Al clamar: “misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos”; “misericordia” es el término traducido en otros pasajes por piedad, el Señor demanda una respuesta de corazón, un don de todo el ser, en lugar de una religión formalista que cumpla mecánicamente los sacrificios ordenados por la Ley.

Pablo, que usa en varias ocasiones este término, escribe a Timoteo: “Ejercítate para la piedad… la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera”. La encarnación y la glorificación de Cristo constituyen el gran misterio de la piedad.

La sana doctrina es “conforme a la piedad”, por cuanto ambas cosas son inseparables. La piedad es nuestra principal fuente de ganancia aquí abajo, y debemos buscarla intensamente, para vivir verdaderamente “en toda piedad”.

La marca de la apostasía es la de tener “apariencia de piedad, pero negar(án) la eficacia de ella”. Así, debemos dar a Dios un culto que le sea agradable “con temor y reverencia”. El hombre piadoso de los Salmos es objeto de la bendición y protección del Señor.

Los judíos y los prosélitos piadosos acogieron felices la predicación del Evangelio. Tanto en nuestros días como entonces, “todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución”.

El mismo Dios da a los creyentes todo aquello que pertenece a la vida y a la piedad, y no dejará de librar de las pruebas a todos los hombres piadosos. La piedad se ejerce también en el seno de la familia y hacia los padres: viene a ser la piedad filial, particularmente grata a Dios. Por cuanto si uno no se cuida de los suyos, y principalmente de los de su familia, ha renegado de la fe, y es peor que un infiel.

Por tanto, el consejo para el creyente de este tiempo es el de moverse dentro del sistema secular y religioso en el cual le toca vivir, de un modo responsable, apoyado en el estricto sentido de la justicia que Dios tiene y con profunda convicción de lo que Él es y de lo que Él hará.

Y es con relación a esto que, precisamente, Pedro va a decirnos seguidamente que como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad, que es como hablar de vida abundante y espiritual, estas también nos han sido dadas por el poder de Dios a través de la intimidad que tengamos o no con su Hijo Jesucristo.

Pero dice algo más: que además de todo esto que hemos expuesto, Él también nos ha llamado a participar de su gloria y excelencia. Ya sabemos de que modo se participa de la gloria de Dios: haciendo lo que Él ordena, nada más. Pero la excelencia es otra cosa.

La pregunta, es: ¿Qué debemos entender por Excelencia? Nada fuera de lo común. Sólo es algo de superior calidad o bondad que hace digno de singular aprecio y estimación algo. En la música se ha confundido el concepto, y es dable observar como se considera excelente lo que solamente es profesional y técnico. Eso será humanamente excelente, pero estamos hablando de la excelencia divina.

(1 Tesalonicenses 2: 10)= Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuan santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes; (11) así como también sabéis de que modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros, (12) y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria.

Fíjate que el encargo de andar como es digno de Dios, es una de las grandes claves en 1 Tesalonicenses par descifrar el mensaje y las enseñanzas de Pablo en aquel lugar. En líneas generales, él les enseñó como agradar a Dios. Les habló de la fidelidad marital y explicó que los creyentes podían esperar el sufrimiento.

En la segunda carta se enseña claramente, – Parece que necesitaban que se los recordara -, que la apostasía y la manifestación del hombre de pecado precederían el regreso del Señor. Todas estas enseñanzas fueron llamadas por Pablo tradiciones, e instó a su cuidadosa recolección y observancia.

Sin embargo, en este tiempo donde el mundo parecería haber comenzado a girar en forma más vertiginosa que anteriormente, hablar de andar como es digno de Dios, no se presenta del todo claro para nuestros hermanos contemporáneos.

¿Es, acaso, andar como es digno de Dios, asistir a cada reunión que se realiza en tu iglesia, aún a riesgo de abandonar tu familia, tu empleo o tus estudios? No. Indudablemente que no, aunque en muchos lugares se insista con enseñarlo así.

Hay sobrados testimonios de familias destruidas por las rencillas o los adulterios por causa de este falso entendimiento de la voluntad de Dios. Es más: cuando se cree oír la voz de Dios aconsejando una determinada cosa dentro de las organizaciones eclesiásticas, habría que orar firmemente y evaluar muy seriamente si lo que se ha oído es, en efecto, la voz de Dios.

Voces, se oyen muchas en el firmamento, pero Dios no se refiere jamás en sus directivas, a templos hechos por mano de hombre. Ya fue escrito, ya lo leímos, ya lo aprendimos, ya lo creímos. ¿Por qué nunca lo pusimos por obra?

Aquí Pablo es muy claro y contundente con relación a ese andar. No pasa por lo externo ni tampoco por lo testimonial en masa; pasa por lo interno y lo propio. Que nosotros mismos podamos dar fe de nuestra manera de andar, y confiar en que Dios también la haya visto.

¿Y de que forma de andar estamos hablando? Nada nuevo. Pablo lo explica aquí y la Biblia lo debe tener escrito no menos de cien veces. Una forma de vida santa, justa e irreprensible. ¿Y que es eso? Pues lo dicho: que nada te aparte del Señor (No de un templo), que jamás hagas algo injusto en el pueblo de Dios y que, al mismo tiempo, nadie tenga absolutamente nada para decir en tu contra.

Esto último es lo más complicado de conseguir. Porque de uno u otro sector, alguien siempre creerá que puede criticarte por algo. Pero mucho cuidado: una cosa es que los fariseos se enojen contigo porque estás abriendo los ojos dormidos y embotados de sus seguidores, y otra muy distinta es que no pagues tus deudas, no limpies la puerta de tu casa, no pagues tus impuestos o defraudes a quien te ha dado crédito. Lo primero es ser vituperado por SU nombre, lo segundo, simple irresponsabilidad e inconducta personal tuya.

Y esa gloria y excelencia son las que luego permiten que Dios nos brinde preciosas y grandísimas promesas. (¿Por qué no dice “grandes” y sí dice “grandísimas”? Porque las promesas de Dios son más que grande y no hay otro modo de denominarlas).

¿Y para qué nos serán útiles esas promesas? Entre otras cosas, para ser participantes de la naturaleza divina de Dios. Espero que hayas caído en cuenta lo que estoy diciendo. Te confieso que al escribirlo no puedo menos que estremecerme de asombro por la imponencia de lo dicho.

¿Entiendes, ahora, el rostro de decepción, amargura, tristeza y desaliento de Dios, cuando tú vas más que corriendo a los pies de ese pastorcito para que te ore y haga de alguna manera, algo que te ayude a salir de tus problemas? ¡Ese es un hijo suyo, participante de su naturaleza divina! Eso ve Dios.

Mira los cristianos que conoces. ¿Los ves triunfadores ante la vida o más bien como viviendo de prestado y casi como pidiendo permiso a los demás? ¡Pero hermano! ¡Tenemos que ser humildes! Basta. Esa humildad es con Dios, no desobedeciendo sus mandatos y haciendo lo que nos da la gana. Eso es humildad.

Pero ante el mundo incrédulo, impío y pecador, tú no eres un ciudadano de segunda categoría. No puedes ni debes dejarte abusar de ninguna manera por otro hombre, ni fuera ni adentro de la iglesia. Porque eres participante de la naturaleza divina de Dios y no puedes negociar un centavo por menos que eso.

“Es que…hermano…eso que usted dice, a mí me suena como soberbio u orgulloso…” No me interesa como te suene. Si eres un hijo del Rey, vivirás como un hijo de un rey. Y un hijo de rey es un príncipe, no un mendigo ni un plebeyo. ¿Está claro?

¿Eso quiere decir que todos los creyentes tenemos que ser ricos? No estoy hablando de dinero. El mundo es el que mide la importancia de la gente por su cuenta bancaria. De lo que te estoy hablando es de excelencia. Excelencia de príncipe. Aún en la pobreza de dinero.

Porque dice que a partir de esa condición divina que mora en nosotros es que podemos huir de la corrupción que hay en el mundo. ¿Y que es corrupción? Es el resultado de corromper algo. Y corromper es: alterar y trastocar la forma de algo, echar a perder, depravar, dañar, pudrir, sobornar a alguien con dádivas o de otra manera, pervertir o sacudir a alguien.

¿Existen todas estas cosas en el mundo? ¡Vaya si existen! Y nosotros, los creyentes, tenemos que vivir en medio de ellas, sin contaminarnos y sin permitir que esa decadencia nos afecte y, mucho peor, nos involucre.

Solamente el tomar conciencia de nuestra naturaleza divina es lo que nos posibilita no caer víctima de esa corrupción mundana. – “¡Está bien, hermano! Le entiendo. ¿Esto significa que mientras más tiempo pasemos trabajando en la iglesia, mucho mejor, no es así?

Quisiera poder responderte que sí, que es mejor, pero no puedo. ¿Sabes por que? Porque hay corrupción infiltrada adentro de la iglesia también. Y también de ella deberemos huir y quedar al margen, sin salpicarnos.

¿Corrupción en la iglesia? ¿Pero que está diciendo, hermano? ¿Usted sabe de lo que está hablando? ¡Eso es murmurar del siervo! Basta. Esta frase ha asesinado a más cristianos que el mismísimo diablo, porque le ha permitido a todos los lobos, asalariados, disfrazados de pastores, comerse una por una a las ovejas del Señor.

¿No se han alterado y trastocado cosas relacionadas con la Palabra de Dios, en la iglesia? ¿No se han echado a perder ministerios? ¿No se han depravado líderes? ¿No se han dañado estructuras puras? ¿No se ha sobornado gente?

¿No ha sobornado esa misma gente a líderes, con sus diezmos y ofrendas, con el fin de obtener cargos o posiciones? ¿No se ha pervertido (Que es torcido), el andar de la iglesia llevándola en direcciones políticas, sociales, humanistas , filosóficas o psicológicas? Y todo esto, visto las acepciones que te mencioné en primer término, ¿No puede catalogarse como corrupción?

¿Y entonces? ¿Cómo se entiende todo esto? ¿Cómo puede ser que si tenemos una naturaleza divina para huir de la corrupción que hay en el mundo, nos encontremos con que en lugar de haber conseguido eso, la corrupción se nos ha introducido adentro?

Muy simple. Porque no todo lo que acude a un templo, se sienta en los bancos, canta coritos, levanta sus manos, ora en voz alta aún por micrófono, dice “amén” a cada minuto, “gloria a Dios” a cada medio minuto y “aleluya” a cada segundo, y hasta predica cuando le dan permiso, es hijo de Dios auténtico.

Porque Pedro nos dice que los que han recibido la promesa de Dios han sido investidos de una naturaleza divina que les permite huir de la corrupción mundana, y es verdad. Lo que no dice, es que hay muchos que están con nosotros sin ser de nosotros y, pese a todo lo que puedan mostrar o hacer, para ellos no es esta palabra.

Y, finaliza diciendo, que esa corrupción se produce por causa de los inagotables deseos de bienes terrenales que los hombres tienen y en especial de los apetitos desordenados por los placeres deshonestos que manifiestan. Esto se reduce a una palabra muy utilizada y no siempre entendida: Concupiscencia.

(2 Corintios 7: 1)= Así que, hermanos, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.

¿Cuáles son estas “tales promesas”? Que Dios morará entre nosotros, que nos recibirá, que será nuestro nuevo Padre. Todas estas cosas son más que suficientes para motivarnos a ir en búsqueda de la santidad tal como debe ser: en el temor de Dios.

¿Y cual es el nudo central del consejo que Pablo les da a los Corintios para que puedan acceder a esa santidad? Limpiarse de toda contaminación, tanto de carne como de espíritu. Sabemos que la carne puede contaminarse, pero ¿También el espíritu?

El espíritu humano es más que obvio que sí, que puede contaminarse. ¿Y cuando queda a salvo de esa contaminación? Cuando está pleno y lleno del Espíritu Santo de Dios. Porque si éste no habita esa morada, la habitará otro espíritu de otra categoría y procedencia.

Esa es la máxima tarea para el pueblo de Dios hoy. Ese es el mensaje básico que Pedro deja al pueblo de Dios en sus dos cartas. A la manera del antiguo arrepiéntete de Juan el Bautista y Jesús, este es el tiempo del límpiate de contaminación.

Hermano…es que yo soy miembro de una iglesia muy importante, que tiene un pastor muy conocido y prestigioso, hace más de diez años. ¿Necesito yo también hacer esa clase de limpieza? Sí, lo necesitas. Porque a menos que Dios te lo haga saber, tú no sabes cuanto hay de limpio y cuanto de contaminado en el suelo donde pisas a diario.

(Efesios 4: 22)= En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, (23) y renovaos en el espíritu de vuestra mente, (24) y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.

En este texto, Pablo se encarga de destacarles muy claramente a los Efesios el contraste entre el anterior estilo de vida, dominado por el espíritu de la desobediencia, y la nueva capacidad del creyente para adoptar un nuevo estilo de vida, de obediencia a Dios, gracias al poder del Espíritu Santo.

Nosotros, todos, hemos orado (O lo hacemos todavía) más o menos con estas palabras: “¡Oh, Señor! ¡Haz que mi viejo hombre no me perturbe y me permita servirte!”. ¿Está mal? No, no está mal, está erróneo, nada más. Porque Dios, en su palabra, nos está diciendo que debemos despojarnos de ese viejo hombre. ¿Quién lo tiene que hacer? Nosotros. Dice claramente: despojaos…

De otro modo, Dios nos habría enseñado que debíamos pedirle a Él que nos despojara de esa molestia. Estamos pretendiendo que Dios haga algo que Él ordenó que hiciéramos nosotros. Es lo mismo que con las bendiciones.

En la palabra está muy claro cuando dice que debemos bendecir a nuestro prójimo. Sin embargo nosotros no sólo no lo hacemos, sino que pretendemos que Dios lo haga en nuestro lugar. – ¡No, hermano! ¡No creo que sea así! ¡He visto a mucha gente que bendice!

¿Ah, sí, eh? ¿Y el saludo? ¿Y las formas protocolares con que finalizamos nuestras cartas o mensajes? “Dios los bendiga” “Dios te bendiga”. ¿Dios es quien te tiene que bendecir? ¿No dice la palabra que soy yo quien tiene que hacerlo? Lo correcto es: Te bendigo en el nombre de Cristo Jesús”. ¿Has visto a muchos cristianos proceder así?

Luego se toca el tema de la renovación. ¡Qué problema! Recuerdo que la década del noventa fue muy prolífica en cuanto a este punto. Lamentablemente, todo se redujo a formas externas del culto. Instrumentos d percusión reemplazando a viejos órganos o pianos y cosas por el estilo.

Eliminación de los legendarios himnos (Y por consiguiente, también de los himnarios guardados en los bancos), e incorporación de músicas rítmicas y muy pegadizas para lo que se dio en llamar “el tiempo de alabanza” y de algo más lentas y casi románticas, estilo balada, para lo que se dio en denominar como el “tiempo de la adoración”.

Ambas cosas fueron incorporadas gustosamente a los órdenes de culto de casi todas las denominaciones, aún las más conservadoras y ortodoxas, y se insertaron tan bien que alguien llegaba al templo un domingo por la noche, ya iniciado el culto, y por el tipo de música que bajaba desde la plataforma, se podía saber con exactitud cuanto llevaba de comenzado y cuanto faltaba para el mensaje. Espontaneidad cristiana. Seguir al Espíritu Santo…

La renovación también incluyó que en muchas congregaciones en las que no se acostumbraba, comenzara a orarse por los enfermos y necesitados al final del culto. Nadie podría decir que eso estaba mal, ya que ayudaba y mucho, pero muy pronto la práctica se convirtió en una especie de pasarela donde los unos y los otros paseaban sus dotes y sus dones.

Por un lado, los hermanos más…espirituales, prestos a pasar al frente, recibir oración e imposición de manos, irse al suelo, sacudirse, temblar, reírse o llorar y luego de un buen rato ponerse de pie evidenciando haber “recibido” mucho del Espíritu Santo. ¿Crees que exagero si te digo que esos hermanos despertaban una “santa” envidia de los demás que no se habían atrevido a pasar al frente o, que habiendo pasado, ni se habían caído ni les había ocurrido absolutamente nada distinto?

Muchos pastores sin dudarlo nombraron den funciones de alto contenido espiritual a aquellos que más veces habían pasado al frente y se habían caído recibiendo toneladas de unción. No se necesitó demasiado tiempo para detectar que los más “ungidos” podían ser, al mismo tiempo, los más corruptos. “La unción del suelo” pasó a ser secundaria y dejó de constituirse en la forma más visible de renovación que se poseía.

Lo cierto y preciso era que, toda esta parafernalia de expresiones externas que nadie puede criticar ni censurar porque, en muchos casos, sí pueden haber tenido al Espíritu Santo como eje, se fue apagando y dejando ver que detrás de toda esta aparente aura de renovación, sólo había vetustos líderes que aprovechaban el crecimiento de sus congregaciones, con todo lo que ello significaba para sus ministerios, pero que en realidad jamás habían renovado un milímetro lo que Dios estaba demandando renovar: los espíritus de sus mentes.

Esto es exactamente lo mismo que con tanta y tanta gente que estaba asistiendo a una iglesia y de improviso ha dejado de hacerlo. ¿Es, acaso, cada situación de estas, una especie de confirmación ideal para el título de mi segundo libro, “Ya Salí de Babilonia; Y Ahora”?

De ninguna manera. Hay creyentes a los cuales el Espíritu Santo de Dios, (Por causa de su búsqueda de la verdad), les ha abierto los ojos y, efectivamente, han conseguido ver a Babilonia con toda su corrupción y su mentira y han decidido abandonarla por ello. Pero hay otros.

Gente que se peleó con el pastor por causas diversas, (en algunos casos con la razón de su lado y en otros con la razón del lado del pastor), no han podido soportar más la situación imperante y, en la opción de “O él o yo”, obviamente, han tenido que irse.

Hay otros que entienden que las cosas adentro de la iglesia deben hacerse de un determinado modo que no es el que se está haciendo don de asisten y, al intentar cambiarlo, se dan de narices cont5ra la férrea oposición de la estructura. Se enojan y se van.

Y hay más casos de características similares a estos dos últimos. Quiero decirte que, en estos casos, no hay abandono de Babilonia y, hasta mucho me temo que no hay ni siquiera conciencia de la existencia de Babilonia. Esa gente se irá a la otra calle, alquilará un salón, abrirán otra congregación y, en tres o cuatro meses, estarán haciendo las mismas cosas que antes criticaban.

(1 Juan 3: 2)= Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es.

¿Me creerás si te digo que a este verso siempre lo hemos leído casi de paso, sin tomar demasiado en cuenta lo que verdaderamente dice? Fíjate. Lo primero que Juan expone aquí, es nuestra condición actual, la tuya, la mía y la de todos los creyentes genuinos en Jesucristo. Ya sabes, no hablo meramente de gente que va a una iglesia. Dice que somos hijos de Dios

Entonces tenemos algo en claro aunque a muchos religiosos les resulte molesto: HOY, somos hijos de Dios por la fe en Jesucristo. Independientemente de si por esa religiosidad que te mencionaba, hay decenas de supuestos ministros que, jugando a ser humildes, declaran que no, que ellos no son nada más que siervos.

Allá ellos, pero tú ya sabes porque yo lo he enseñado mil veces en cien estudios, que ser siervo te hace solamente obedecer las órdenes de tu Señor; ser amigo te coloca en una mejor posición porque te enteras de algunas de las cosas de ese Señor. Pero ser hijo es la única vía posible de ser heredero de las riquezas del Señor. Por lo tanto: hijos. Eso, reitero, dice aquí, es HOY.

Porque el verso te está mostrando que en algún momento esta situación de hijo va a cambiar, va a modificarse. Y todo hace presuponer que no será para peor, sino para mejor, porque ese es el sentido en el cual ha sido escrito. Por tanto: hoy hijo, mañana veremos que mejor cosa tenemos.

Porque dice que aún no se ha manifestado lo que hemos de ser. ¿Y por qué causa no se ha manifestado eso? Por la sencilla razón de que Él aún no se ha manifestado. Y aquí chocamos con lo desconocido, porque en realidad ignoramos el significado concreto de manifestar o manifestarse.

¿Será acaso que algo o alguien va a aparecer de pronto en el firmamento, entre luces de todos colores, relámpagos, truenos potentes y bramido de muchas aguas, como si fuera una figura espectral y fantasmagórica, y a eso le llamaremos “su manifestación”?

Podría ser. El futurismo no es mi fuerte ni tampoco a lo que hemos sido llamados los creyentes. A algunos se les complica la vida en confusión por su excesivo deleite en lo profético. Aunque en realidad lo que necesitan saber es que va a pasar mañana, sólo que por ser cristianos no pueden apelar a la adivinación ni a los horóscopos, entonces los remplazan con supuestos profetas.

El caso es que un diccionario cualquiera, de esos que se venden en cualquier librería y a los cuales tú puedes acceder sin inconvenientes, dice que manifestar, sencillamente es: declarar, dar a conocer. Otra acepción agrega: descubrir, poner a la vista. Me referiré solamente a los conceptos elementales, sin entrar en derivaciones contemporáneas influidas.

Tú puedes quedarte con la segunda si es que te agradan las cosas espectaculares, ya que nada te lo impide y existe y cabe esa posibilidad. Pero también puedes tener en cuenta la primera. Y esa no habla de nada espectacular en una manifestación, sino simplemente en que se sabrá algo que hasta ayer se ignoraba porque alguien lo dará a conocer.

Por tanto, el día de la manifestación puede ser, efectivamente y tal como se ha enseñado mayoritariamente, ese día en que todos volveremos a ver al Señor tal como se lo veía cuando ascendió. Y nosotros habremos sido solamente hijos de Dios hasta ese momento, donde pasaremos a ser otra cosa.

¿Y que otra cosa podríamos ser más allá y por encima de ser hijos de Dios? Ahora es cuando te van a entrar deseos de llamarme hereje o blasfemo, o acusarme de estar operando subrepticiamente para el movimiento de la Nueva Era. Porque aquí se nos dice que en ese momento de la manifestación aludida, seremos semejantes a Él.

¡Pero hermano! ¡Perdóneme, pero esto es Nueva Era! ¡Ellos sostienen que todos somos Dios! Claro, podría parecerlo, ¿No es así? Sin embargo este verso no dice que todos seremos semejantes a Dios, sino que está hablando de Jesucristo.

¿Y no es lo mismo? ¡Si también es Dios! Cuidado, no confundas las expresiones. ¿No ha dicho dios mismo que el hombre fue creado a Su imagen y a Su semejanza? Muy bien: Sú imagen es el espíritu, porque lo único que dice la Biblia de Dios, es que es espíritu.

Pero su semejanza no, porque a Dios nadie le vio jamás ni hay figura humana que pueda asociársele. ¿Entonces? Un día, Dios encarnó en una figura humana para poder cumplimentar lo de la redención por la muerte. Y allí encontró una figura en semejanza al hombre: Jesús.

Por tanto, nosotros somos hijos de Dios, copiados a su imagen, porque somos un espíritu, al cual se le ha dado un alma, y que transitoriamente habita una caja descartable llamada cuerpo. Pero su semejanza, la encontraremos pareciéndonos en esencia a Jesús el Cristo.

(023) Tengan Fe, Crezcan y Fructifiquen.

(2 Pedro 1: 5)= Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; (6) al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; (7) a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor.

(8) Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.

(9) Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados.

(10) Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás.

(11) Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Lo primero que encontramos que nos dice Pedro con relación a nuestra fe, a nuestro crecimiento y a la factibilidad de fructificar, es que tengamos diligencia a la hora de realizar todas las cosas que nos han sido encomendadas.

Y esta palabra, diligencia, tiene varias acepciones y significados que será importante conocer con el fin de saber como debe ser un hijo de Dios en su actividad, tanto privada y doméstica como pública o ministerial.

Diligencia es, entre otras cosas: cuidado y actividad en ejecutar algo, prontitud, agilidad, prisa, negocio, dependencia, solicitud, amor y dilección. Como puedes ver, absolutamente opuesta a toda clase de ociosidad, apatía, desgano o falta de dinamismo.

Eso es lo que mucho pueblo de Dios aún no ha terminado de entender. A la hora de efectuar un trabajo de cualquier naturaleza, el hijo de de Dios debe ser el primero, el mejor, el más confiable, el más inteligente y, esencialmente, el más responsable.

Las congregaciones han capitalizado tanto a las personas para atenderse a sí mismas que han dejado de lado estos conceptos. Y es por esa razón, entre otras más, que hay tantos empresarios cristianos que, a la hora de tomar empleados nuevos, prefieren que no sean creyentes.

La idea divina era la inversa, esto es; que nos juntáramos entre nosotros y nos sirviéramos unos a otros en sujeción plena. Pero se ha cometido el error de enseñar que la sujeción al pastor está por encima a la de nuestro patrón o empleador y, en razón de ello, en muchas ocasiones algunos hermanos se han quedado desempleados.

Diligentemente es: ágilmente, con dinámica, responsablemente y con absoluta seriedad y cumplimiento. Estos son, – Reitero –, valores indispensables a la hora de fructificar. Y si fructificar es arrojar buenos frutos (Que no son necesariamente nuevos cristianos, sino buenas obras), ya tienes completado el cuadro de situación correcto.

Y entonces comienza con un detalle cronológico y continuado de diversas añadiduras que no son antojadizas ni casuales. Están allí porque algo significan y en el orden que están porque tienen parentesco directo las unas con las otras.

¿Qué es lo que tenemos como punto de partida? Fe. Dice la Palabra de Dios adonde quieras leerlo, que sin fe es imposible agradar a Dios. ¿Por qué razón será esto? Simple. Porque si te dedicas a las cosas de Dios sin fe, estás obrando con hipocresía, simulación y cierta clase de manipulación carnal.

La palabra Fe, es la palabra griega: PISTIS. Es una palabra relacionada con “creer”; desde luego, ambos conceptos no pueden estar separados. En el Antiguo Testamento aparece dos veces la palabra fe en sentido propio.

Las palabras en hebreo. son EMUN Y EMUNAH; pero AMAN se traduce frecuentemente como “creer”. La primera vez que este verbo aparece en el Antiguo Testamento es cuando se usa en la historia de Abraham: Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.

En esto se apoya Pablo en Romanos 4, donde la fe del creyente le es contada por justicia, sacándose la conclusión de que si alguno cree en Aquel que resucitó a Jesús el Señor de entre los muertos, le será contado por justicia.

Esto puede recibir el nombre de “fe salvadora”. Es la confianza en Dios puesta en Su palabra; es creer en una persona, como Abraham creyó a Dios. El que cree en el Hijo tiene vida eterna. No hay virtud ni mérito en la fe misma; lo que hace es ligar al alma con el Dios infinito.

La fe es ciertamente don de Dios. La salvación es sobre el principio de la fe, en contraste con las obras bajo la ley. Pero la fe se manifiesta por las buenas obras. Si alguien dice que tiene fe, es cosa razonable decirle: “muéstrame tu fe” por tus obras. Esto en referencia a lo testimonial y no a la beneficencia.

Si, por otra parte, la fe no da evidencia de sí misma, es descrita como “muerta”, totalmente diferente de la fe verdadera y activa. Un mero asentimiento mental a lo que se afirma, como mero asunto factual, no es fe. Así, la fe engloba la creencia, pero llega más lejos que ella, dándose de una manera vital a su objeto.

El hombre natural puede creer un cúmulo de verdades. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan dice en Santiago 2:19. Pero el creer personalmente, con una involucración personal, esto es, la fe, da gozo y paz.

Hay también el poder y la acción de la fe en el camino del cristiano: Por fe andamos, no por vista. Vemos esta fe exhibida en las vidas de los santos del Antiguo Testamento, cantada en Hebreos. 11. El Señor tenía que reprender con frecuencia a sus discípulos por su carencia de fe en su andar diario. El creyente debiera tener fe en el Dios viviente con respecto a todos los detalles de su vida diaria.

La fe es en ocasiones mencionada en el sentido de “la verdad”, lo que ha sido registrado, y lo que los cristianos han creído, para la salvación del alma. Por esto los cristianos deberían contender eficazmente para no perderla. Se trata de un depósito fundamental.

Son muchos los falsos profetas que han salido al mundo, y que se han introducido encubiertamente para predicar herejías destructoras, negando la persona y la obra de Jesucristo. Con frecuencia, se ha presentado la “razón” como opuesta a la fe.

Sin embargo, ésta es una postura falsa. La fe acepta una revelación venida de parte de Dios acerca de temas que el hombre no puede llegar a conocer por su propia cuenta. El hombre solamente puede investigar aquello que ha sido puesto debajo de su potestad.

La razón es aquella facultad por la que el hombre puede, una vez tiene datos, clasificar estos datos y sacar unas determinadas consecuencias de ellos. No puede, por sí misma, conseguir datos, sino trabajar sobre ellos.

Hay datos que el hombre puede conseguir mediante una investigación de su entorno. Pero no es “la razón” lo que puede decirle que ésta sea toda la realidad existente. La razón no puede nunca negar la posibilidad ni factualidad de una revelación procedente de Dios.

No puede ni siquiera pretenderlo. Si en nombre de la razón se pretende negar la Revelación, se abandona por ello mismo la racionalidad, y se cae en el racionalismo, la totalmente injustificada atribución de un carácter absoluto a la razón, como juez y árbitro final.

No es la razón, entonces, lo que empuja al hombre a negar la Revelación, sino la incredulidad, movida por la enemistad contra Dios. El caos de las religiones y filosofías de factura humana constituye la demostración de ello. Por la caída, el ser humano entero ha quedado hundido en las tinieblas.

Así como su cuerpo está abocado a la tumba y su corazón es capaz de los peores sentimientos, su razón ha quedado falseada y su inteligencia entenebrecida. Decía Pablo de los paganos de su tiempo, griegos y romanos: profesando ser sabios, se hicieron necios.

El hombre moderno no ha adelantado nada, a pesar de todos los avances de la ciencia tocante al mundo sensible. No le son accesibles de manera natural las cosas que atañen a la fe, porque para él son locura, y no las puede entender; pero Dios está dispuesto a revelarlas por su Espíritu.

Es entonces que se ilumina la inteligencia del hombre, hallando la solución a los más vitales problemas de la existencia, y que su razón regenerada halla su verdadero lugar al quedar iluminada y dirigida por la fe.

El conflicto no está, pues, entre razón y fe, sino entre la razón obrando en un esquema mental de incredulidad y rebelión contra Dios y su revelación frente a la razón informada, iluminada y dirigida por la gozosa confianza en el Dios que ha hablado, revelándose a Sí mismo su justicia, amor, y propósitos en Cristo Jesús, en el tiempo y en la eternidad.

Ahora bien; a esta condición obtenida por don de Dios, Pedro nos dice que en primer término, debemos añadirle virtud. Este término denota una excelencia moral motora de acciones rectas y dignas. En el Antiguo Testamento, Moisés escogió varones virtuosos para que le ayudaran en la tarea de juzgar al pueblo de Israel.

Rut recibe el calificativo de mujer virtuosa. La mujer virtuosa es la corona de su marido, y en uno de los Proverbios se describen sus excelencias. Las virtudes cristianas deben ser lo que llene la mente del cristiano, la virtud es efecto de la fe en acción; los cristianos somos “pueblo adquirido por Dios” con el objeto de anunciar las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.

Este término, en los originales, es la palabra ARETE. En el griego clásico se usaba esta palabra para describir a cualquier cualidad que le ganaba a una persona la estimación pública. Tiempo después, la palabra significó valor intrínseco, excelencia moral y bondad.

Se la aplica a Dios en algunas escrituras, y también a las personas en este texto base que estamos estudiando. Muchos eruditos piensan que en los tiempos bíblicos ARETE se usaba comúnmente para referirse a manifestaciones del poder milagroso de Dios. ¿Vas tomando nota?

A aquella fe que ahora también contiene virtud, dice el apóstol que le debemos añadir conocimiento. ¿Significa eso que deberemos asistir a grandes universidades o institutos teológicos con el fin de obtener doctorados o master al respecto? No tan así.

Son varias las palabras griegas que se traducen como conocer, siendo las principales: (a) OIDA, que significa “conocimiento interno consciente” en la mente; y (b) GINOSKO, que significa “conocimiento objetivo”.

Este último pasa a la conciencia, pero no a la inversa. Son varios los pasajes en el Nuevo Testamento en que aparecen ambas palabras, y un estudio de ellas (Por. ejemplo, en el Nuevo Testamento Interlineal Griego-Español, de F. Lacueva, de Editorial. Clíe; o Diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento, de W. E. Vine) demostrará que estas palabras no se usan de una manera indistinta, y se tienen que considerar de una manera cuidadosa.

No obstante y por si te sirve, yo tengo la convicción que cuando la Biblia habla de conocer, (Adán para con Eva, José para con María la madre de Jesús), mayoritariamente, está hablando de intimidad. Por tanto, conocimiento de Dios, es saber quien es, que piensa, que quiere.

De allí que cuando en el libro de Oseas se nos asegura que el pueblo se pierde y perece por falta de conocimiento, no es porque ese pueblo no haya estudiado intelectualmente la letra de la ley o el Antiguo Pacto, sino porque nunca buscó a Dios en la intimidad.

A esa fe llena de virtud y conocimiento, hay que añadirle, – Según Pedro -, hay que añadirle Dominio Propio. ¿Y que cosa es el dominio propio? Los libros pueden decir que se parece a la templanza, a la cautela, a la moderación.

También se puede consignar que se trata de cierta sensatez, buen juicio para determinadas cuestiones. Otros manuales especifican que se trata de una de las cuatro virtudes cardinales que consiste en discernir y distinguir lo que es bueno o malo, para seguirlo o huir de ello.

Hay enseñanzas que lo muestran como un elemento que tiene que ver con la moderación, con la sobriedad y la continencia, al margen de las otras que lo identifican con la benignidad del aire o el clima de un país. ( ?? )

Y una última teoría, da cuenta de que el tal dominio propio se trata de una de las cuatro virtudes cardinales, que consiste en moderar los apetitos y el uso excesivo de los sentidos, sujetándolos a la razón. Aquí es donde el dominio propio toma la forma del autocontrol. Es muy parecido, pero no es la misma cosa, seguramente.

El caso es que el dominio propio es uno de los frutos que produce en nosotros el Espíritu Santo de Dios. Es imposible contar con dominio propio si no se cuenta con la presencia del Santo Espíritu de Dios en nuestro interior.

Es muy llamativo que cristianos avezados y supuestamente maduros, a la hora de esbozar teorías de guerra espiritual, no duden en señalar que “el espíritu los tomó y no pudieron resistirse a su dirección” ¿Has oído esto alguna vez en tu iglesia?

Bien; si lo has oído, ya sabes que tienes a una quinta columna satánica infiltrada en tu casa, porque ningún espíritu que provenga de Dios va a tomar a alguien quitándole su voluntad por la simple razón que estamos estudiando, ese Espíritu Santo proporciona dominio propio, que es la capacidad para decidir si hacemos o no hacemos lo que sentimos de hacer.

Con esto estoy elaborando doctrina, que si quieres seguir y te interesa, la sigues, y si no, la dejas y asunto terminado. Esta doctrina dice que si un espíritu te toma y no te deja mover con libertad, no es un Espíritu Santo, sino diabólico.

Seguidamente, Pedro nos enseña que a todo lo expuesto debemos agregarle paciencia, por lo que será muy atinado consultar elementos que nos permitan saber de que se trata esta palabra y su significado concreto y correcto.

Paciencia, entre otras cosas, implica sufrir circunstancias adversas esperando, pero de una manera voluntaria, y no por mera necesidad. Hay muchas exhortaciones al cristiano para el ejercicio de esta virtud, a fin de que el creyente pueda soportar sin murmuraciones aquellas pruebas ordenadas por el Señor, así como las oposiciones, injusticias y provocaciones que puedan caer sobre él por causa del nombre de Cristo.

Esta paciencia de los santos debe ser reflejo de la paciencia del mismo Dios, que es llamado “el Dios de la paciencia”, quien ciertamente la ha mostrado hacia un mundo lleno de pecado, con vistas a la cruz de Cristo: “habiendo pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados”.

También en el mundo antiguo Dios reveló su paciencia dejando un largo espacio de tiempo para el arrepentimiento a los contemporáneos de Noé, y se insiste en que la paciencia de Dios es para salvación, por cuanto el creyente que tiene que manifestar el espíritu de Cristo, es llamado a ejercitar la paciencia de Cristo, y ello hasta la venida del Señor.

A esta paciencia que se había sumado a la fe, la virtud, el conocimiento y al dominio propio, ahora le añadiremos la piedad. De este ítem ya he hablado explícitamente, por lo que solamente voy a colocar lo que es la conclusión: piedad es espiritualidad, no necesariamente lástima o comisión que es como la entendimos y la utilizamos nosotros en mayoría.

Luego tomaremos nota del afecto fraternal. Este sentimiento (Y como tal emana de nuestras almas), es la resultante de la posesión de aquella clase de amor que no es Ágape (Que es el amor de Dios, el carácter), sino de Phileo, que es el amor humano y sentimental y emotivo.

Tú me podrás decir que como puede ser, que si en otra instancia de la enseñanza te digo que no es este el amor de Dios que se nos demanda, como puede ser que ahora Pedro lo sugiera en recomendación para los creyentes. ¿Hay contradicción?

No hay ninguna contradicción. Entiende: Dios nos creó tal como somos, esto es: con emociones. Pero nos señala claramente que no debemos vivir por esas emociones sino por el espíritu. Lo que Pedro enseña aquí es que, más allá de vivir por el espíritu, no será malo sino conveniente usar esas emociones para el bien.

Conozco a supuestos cristianos que, envalentonados por las directivas divinas (Más algunas terrenales eclesiásticas), olvidan y desatienden a sus familias dándole prioridad no a Dios, sino a la iglesia como institución que necesita de su servicio activo.

No es esta la voluntad e Dios. Nada va a pasarte a ti ni a tu familia si pones en primer lugar al Señor y su justicia. Lamentablemente, no puedo decirte lo mismo si decides poner por prioridad a la iglesia institucional y administrativa.

Dios quiere ser el primero en tu vida para evitarte idolatrías, pero también desea que los afectos con los cuales te has rodeado te ayuden a ser feliz aquí y ahora. Ama a tu esposa o esposo, novia o novio, a tus padres, a tus hijos y a toda tu familia, eso es bueno. ¿Dios? Dios en primer lugar. ¿La iglesia? También. ¿La congregación y el templo? A continuación de toda tu familia…

Y al afecto fraternal, amor. Este es un término que, en la Biblia, es traducción de varios otros. En hebreo, en el Antiguo Testamento, tenemos los siguientes: (a) AHABAH, relacionado con el verbo AHEB.

Se usa: del amor de Jacob por Raquel; del amor de David hacia Jonatán; del amor de Amón hacia Tamar; del amor hacia los semejantes, pagado con odio; del amor del esposo hacia la esposa; del efecto del amor en las relaciones humanas; del amor de Jehová hacia Su pueblo.

En segundo término, nos encontramos con OHABIM, de actos de amor; En tercer lugar, DOD, como el anterior. En el Nuevo Testamento se traduce amor un término griego, AGAPE. La palabra EROS, que no se usa en el Nuevo Testamento, conllevaba siempre la idea, en mayor o menor intensidad, de deseo y de avidez.

Con AGAPE se designa el amor de origen divino: del Padre al Hijo, donde se usa el verbo relacionado, AGAPAO, de Dios al mundo, igual observación que en el caso anterior, o de Dios a los creyentes, o el amor de Dios en nosotros, obrando hacia los demás, dándose en 1 Corintios 13 el más completo conjunto de cualidades de este amor.

Con el vocablo PHILANTHROPIA se designa el amor dirigido al hombre. Más exactamente se usa la forma verbal, designando la acción. A este respecto, es digno resaltar que la primera mención de amor en la Biblia es el amor de padre a hijo, de Abraham a Isaac; la segunda mención es el amor del esposo hacia la esposa, de Isaac a Rebeca.

Estos dos amores son dos hermosos tipos del amor: (a) del Padre hacia el Hijo, y (b) del Hijo hacia Su Iglesia. Una afirmación fundamental en las Escrituras es que Dios es amor. No se trata meramente de uno de Sus atributos, sino que la misma esencia de Su ser es amor.

De ahí que el pecado tenga como consecuencia división, separación, alienación. De ahí también el énfasis en centrar el comportamiento humano en el amor a Dios y al prójimo. Este amor, para ser genuino, tiene que estar fundamentado ante todo en una relación genuina con Dios, y tiene que provenir del mismo Dios; las imitaciones no son válidas.

Solamente puede surgir de una relación viva con Dios ya conocido por medio de Jesucristo. Todo lo que no surja de una relación vital con Dios no es el amor AGAPE descrito en 1 Corintios 13, sino el efecto meramente natural.

Esto último complementaría lo anterior y conformaría una especie de amor fraternal, que es el tipo de amor que más abunda, que más vemos a nuestro alrededor. Aunque habrá que decir que también es el más riesgoso, porque a diferencia del divino, esta clase de amor, a veces, sí deja de ser…

Es notorio que Pedro ha descrito aquí las preciosas y grandísimas promesas que intentan capacitarnos para ser participantes de su naturaleza divina y para permitirnos huir de la corrupción que hay en el mundo.

Estas gracias son necesarias para llevarnos por encima de la decadencia de la naturaleza humana y hacia el afecto fraternal y el amor. La bondad fraternal disuelve la contienda personal y las desatenciones de unos con otros.

Nos permite preocuparnos otra vez de nuestro enemigo real: Satanás. Más todavía: saber amar es saber recibir y generar el amor ágape. Ese que nos asemeja a Cristo, ese don providencial lleno de afecto, rebosante de benevolencia, que provee una fiesta de amor a todos los que ministramos en el nombre de Jesús.

Este texto constituye una promesa para aquellos cuya consagración permite a todos estos dones, fluir: podemos realmente participar de la naturaleza divina, sí, podemos. Porque esa naturaleza se eleva muy por encima del espíritu corrupto y divisivo del mundo.

Pedro nos ha dado una relación ascendente de virtudes cristianas que, una vez establecidas en nuestras vidas, hará que produzcamos frutos en el verdadero conocimiento de Dios. Te queda claro con esto que hay un “conocimiento” de Dios que no es verdadero.

La vida que viene del conocimiento de Dios sólo puede traer el bien a los demás. Fracasar en la decisión de crecer en Cristo trae consigo la incapacidad para percibir las bendiciones recibidas con la conversión, a tal punto que se olvida o ignora nuestra identificación con Jesús.

Si no nos atrevemos a reconocer que una vida eficaz y productiva es el resultado estricto de la santificación, (Que es la transformación de nuestro carácter), que comienza con la fe y da frutos en amor, seguiremos inscriptos en esa franja amorfa e inexpresiva de cristianos nominales que no sólo jamás podrán cambiar al mundo, sino que lamentablemente, tampoco podrán cambiarse ellos mismos.

Entonces, nos encontramos conque el que tiene fe, virtud, conocimiento, dominio propio, paciencia, piedad y afecto fraternal, tiene AGAPE, esto es: amor de Dios, carácter interno de ser considerado hijo de Dios.

Ese es el amor que echa fuera todo temor, que cubre multitud de pecados y que nunca deja de ser. El otro, el romántico, emocional y sentimental, es otra cosa. Ese podrá ser base para novelas, libros y canciones poéticas, pero nunca para ser más que vencedor en Cristo Jesús.

(Colosenses 2: 1)= Porque quiero que sepáis cuan gran lucha sostengo por vosotros, y por los que están en Laodicea, y por todos los que nunca han visto mi rostro (2) para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, (3) en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.

En estos versículos, Pablo expresa las emociones de angustia y gozo. Preocupado por su bienestar espiritual, agoniza en oración por los creyentes de Colosas y Laodicea, amenazados por los falsos maestros.

El énfasis de su oración descansa en que mantengan la unidad en la batalla contra la herejía y en el pleno reconocimiento de su suficiencia en Cristo. Por otro lado, se muestra gozoso porque los colosenses se mantienen firmes en sus posiciones, con su atención puesta exclusivamente en Cristo.

Es necesario que aquellos que se dicen ministros, que se autoproclaman líderes, que se nombran a sí mismos como conductores del rebaño del Señor, se concentren en Jesucristo. Solamente así podrán edificar una unidad en el conocimiento en el Señor y no basada en proyectos humanos compartidos.

(Hechos 24: 26)= Esperaba también con esto, que Pablo le diera dinero para que le soltase; por lo cual muchas veces lo hacía venir y hablaba con él.

Pablo había finalizado un momento atrás una disertación de las que llevaban su sello donde, curiosamente, había hecho especial hincapié en el dominio propio. Félix, gobernador del lugar en el que Pablo estaba prisionero, lo había convocado con la finalidad de hacerle pagar por su libertad, tal como se estilaba en la época.

Ahora bien: ¿Solamente en aquellos tiempos de Félix y Pablo se usaba el cohecho, el soborno o la paga por protección legalizada? No. Hoy también se estila. Entonces la pregunta, es: ¿Qué harás tú, si cayendo detenido por algo de lo que no eres culpable, entiendes que sólo te dejarán en libertad si la compras con dinero?

Muy fácil es decirlo, predicarlo, aullarlo y vociferarlo desde un cómodo sillón frente a un ordenador de textos. No tanto, desde una celda mugrienta, húmeda e infecta donde estás a oscuras, encerrado, sin saber si alguien no te inventará algo que no cometiste para dejarte adentro por causa de las obligaciones policiales de encontrar culpables para los delitos de su jurisdicción.

(Lucas 21: 19)= Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas.

Este es, quizás, uno de los versículos que ha dado origen a la antigua muletilla evangélica que nos envía “a ganar almas”, algo que la Palabra nunca dijo. Porque aquí no se habla de las almas ajenas sin o de las propias. Es algo así como cuidar nuestra salvación con temor y temblor.

El Nuevo Testamento, que es la base de nuestra tarea actual de evangelización, nunca ha hablado de ganar almas para Cristo, sino de hacer discípulos. Lo que sucede es que la tradición, en muchos casos, puede más que la propia palabra.

Ahora bien: ¿Qué es el alma, concretamente? Hagamos algo de historia al respecto. La palabra hebrea NEFESH, (que es uno de los vocablos traducidos generalmente en castellano por “alma”) aparece 754 veces en el Antiguo Testamento.

Como puede verse en la primera cita bíblica al respecto, significa “lo que tiene vida”, y se aplica tanto al hombre como a los demás seres vivientes. Muchas veces se identifica con la sangre, como algo que es esencial para tener aliento y animación, y en el hombre es su principal característica que lo distingue de los seres irracionales.

La primera función del alma es la de dar vida al cuerpo, y como la respiración es el signo principal de la vida física, de ahí que en hebreo, como en la mayoría de las lenguas, se designe con términos que se relacionan más o menos con la imagen del aliento.

Este principio es la base donde radican los sentimientos, las pasiones, la ciencia, la voluntad. El alma expresa al hombre entero, a su total personalidad en muchas de las ocasiones en las que aparece en la Biblia.

Toda esta concepción del alma se basa en la observación concreta del hombre. Así, estar en vida es todavía tener aliento; cuando el hombre muere sale el alma, es exhalada, y si resucita vuelve el alma a él.

Para el pensamiento hebreo el alma es inseparable del hombre total, es decir, que el alma expresa los hombres vivientes. Tal vez aquí radica el origen de la identificación del alma con la sangre; el alma está en la sangre, y a veces se dice metafóricamente (?) que la sangre es la vida misma.

De todos estos pasajes se puede deducir que la NEFESH es el principio de vida vegetativa que se considera ligada a la sangre del ser vivo. Hay en hebreo además otras palabras que tienen casi el mismo significado, como NESAMAH, que expresa un soplo divino vivificante que es principio de vida racional, sensitiva e intelectual.

Otro término casi equivalente es RUAH, que designa un soplo vital, el principio de la vida y de los sentimientos. El hombre es superior y se distingue de las bestias por haber sido creado a imagen y semejanza de Dios.

En el Antiguo Testamento la NEFESH parte del cuerpo con la muerte; pero el término no se aplica al espíritu de los muertos. “Ya que la psicología hebrea no tenía una terminología semejante a la nuestra”; la explicación debe buscarse en los pasajes donde las palabras hebreas traducidas por “corazón” y “espíritu” son usadas.

Es preciso esperar a los tiempos del Nuevo Testamento, los de la plenitud de la Revelación en Cristo, para tener una doctrina completa del alma. En el griego del Nuevo Testamento la palabra PSYCHE se usa como equivalente de la palabra hebrea NEFESH, pero hay once casos en los Evangelios Sinópticos en que se expresa la seguridad de la vida después de la muerte.

En todos los cuatro evangelios la palabra PNEUMA, que es equivalente de RUAH, también se usa para indicar la vida espiritual, y la palabra KARDIA (“corazón”) se usa para expresar la vida psíquica del hombre.

En el Nuevo Testamento el alma es la parte invisible del hombre, en oposición con la sangre y la carne; la PSYCHE, el alma, es el principio de la voluntad y del querer, el centro de la personalidad íntima del hombre; el alma es nuestro propio yo.

En el Nuevo Testamento, al contrario del Antiguo, el alma puede vivir separadamente del cuerpo y es el principio que le da vida. Claramente se habla de la supervivencia del alma. Así que es sinónimo de espíritu, y cuando el apóstol Pablo habla de tres componentes del hombre, a saber: cuerpo, alma y espíritu, no debemos pensar en una verdadera tricotomía, sino en la distinción entre la vida biológica del hombre y su vida espiritual, y que son salvos juntamente con su cuerpo, porque Dios salva al hombre total, que, si ahora está sometido a la muerte, será transformado y revestido de inmortalidad al final de los tiempos.

La expresión usada por Pablo que compara la muerte a un sueño es una metáfora usada ya por los judíos y que ciertamente aparece también en numerosas inscripciones en las catacumbas de las primeras generaciones, y en la cual se expresa la firme convicción de que si duermen en el cuerpo, ciertamente ya han empezado a gozar de la salvación de Dios.

En este pasaje, como en otros, el apóstol supera las falsas concepciones que invadían el mundo helenístico en cuanto a la resurrección. El hombre total resucitará, en alma y cuerpo, porque la muerte no termina con el hombre, ya que Dios, cuando lo creó, lo hizo inmortal, y si por el pecado la muerte entró en el mundo, por Cristo entró la vida.

Aunque la Biblia no desarrolla la idea del alma de una manera abstracta como lo hace la filosofía, no obstante, es bien claro que en el Nuevo Testamento el alma que anima al hombre terrenal lo sobrevive y lo animará cuando, ya transformado y revestido de inmortalidad, tenga la plena visión de Dios.

Cuando Dios creó al hombre a su “imagen y semejanza”, su alma, su vida, su carácter, su voluntad, su psicología, su personalidad total tenían rasgos divinos que el pecado destruyó. El hombre, señor de la Naturaleza, tiene un alma, una vida superior a la de los animales, sobre los cuales tiene dominio por su razón y personalidad que le vienen por un acto de la soberana voluntad de Dios que le permite señorear y “llamar” por su nombre a los animales.

Su alma es, por tanto, superior y distinta de la de los demás seres. El hombre resucitará en su integridad (tanto los buenos como los malos) al final de los tiempos. Creer o no creer en este concepto es el pase, el ticket, el abono, la llave que te permitirá ingresar o no en la presencia de Dios.

(1 Tesalonicenses 3: 12)= Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros.

Que Pablo quisiera volver a ver a los tesalonicenses para completar lo que faltara de su fe, no debe ser entendido en un sentido literal: en las cartas no se especifica falla natural alguna. El tono sugiere una súplica para que crecieran y abundaran en amor unos para con otros y para con todos.

Sin embargo, el apóstol deja una precisión que será muy importante tomar y tener en cuenta par no pretender lo imposible. Dios es quien puede hacer crecer el amor en ti. No puedes conseguirlo por ti mismo, no te es dado. Pide amor y llegará amor. El problema mayor es que tú decidas dejarlo fluir.

Aquí es donde Pedro nos señala que, si todas estas cosas que hemos mencionado y estudiado detalladamente, están en nosotros y, más que estar por estar, abundan, es cuando no podremos estar ociosos o sin fruto en cuanto a nuestro conocimiento del Señor Jesucristo.

Sería muy atinado, mucho más que culparte o condenarte por algunas de estas cosas que no tienes, te dediques a dar gracias por las que tienes y ver, a su luz, cuanto conocimiento de tu Señor te esta dando todo ello. Allí veras algo muy importante: no tanto lo que te falta para llegar a la estatura del varón perfecto, sino que cantidad milimétrica has adelantado hoy…

(Juan 15: 1)= Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.

(2) Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará, y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, par que lleve más fruto.

Ya lo sabemos, pero creo que bien vale la pena reiterarlo porque siempre puede quedar alguien que lo ignore. Dentro de lo que es la vitivinicultura, ámbito dentro del cual Jesús da este ejemplo, el Pámpano es el sarmiento verde, tierno y delgado, o pimpollo de la vid o, específicamente, el tallo nuevo de la misma.

Ahora trata de imaginarte esta planta aunque jamás hayas visto una vid o un viñedo. (En mi provincia argentina de Mendoza, obviamente, hasta el hermanito más anónimo nos puede dar una clase magistral de este tema).

Hay una planta, un arbusto o algo que tiene vida, crece y se desarrolla. ¿Por donde transita esa vida que la sostiene? Por el interior de sus tallos. ¿De donde parte? Del tallo principal. ¿Y adonde se extiende? A los tallos que cada día se van sumando a la planta.

Esto mismo es el evangelio. Hay un tallo principal que es Cristo y de Él mana la vida y la nutrición de todos nosotros, sus tallos. Si alguien no es alimentado con esa savia, es un elemento extraño a la planta. Y si nos alimentamos de Él, cada tanto, el Padre que es el labrador, deberá podarnos, recortarnos y hasta eliminar algunos que perturban el crecimiento de los otros. ¿Lo estás entendiendo mejor?

(Tito 3: 14)= Y aprendan también los nuestros a ocuparse en las buenas obras para los casos de necesidad, para que no sean sin fruto.

Estoy convencido que una cosa son las buenas obras y otras, muy distintas, las obras correctas. Buena obra, (Que es la que aquí se menciona), es aquella que se produce como fruto de la presencia del Señor en nuestras vidas.

Obras correctas, mientras tanto, es la que se realiza a partir de los deseos del alma. Que pueden ser de mucho beneficio para la sociedad y muy loables, pero que no necesariamente tienen que ver con nuestra vida espiritual.

Es mucha, – Demasiada podría asegurarte -, la gente que cree que hacer obras correctas, (A las que llaman “buenas obras”), los lleva derecho al cielo por esa simple causa. Debo desalentarlos porque no es así. De otro modo, toda la Cruz Roja Internacional, irreprochable en su trabajo de servicio, sería salva. Y no es así.

La presencia del Señor en nuestras vidas, nos proporciona los elementos básicos para producir buenas obras. Una vida sin Dios, por mejor intencionada que sea la persona, sólo producirá obras que esa sociedad considerará correctas. Pero no podrán llevar fruto alguno en el ámbito espiritual.

Y añade Pedro que, el que no tiene estas cosas, (Todo lo mencionado anteriormente más las buenas obras), tiene la vista muy corta y es ciego. Cuidado. NO una cosa o la otra, ambas. Porque no es lo mismo una vista corta que la ceguera.

Tener la vista corta, es lo que nosotros, literalmente, denominamos como “miopía”. ¿Qué es? No tener una visión clara salvo que tengamos al objeto pegado a nuestras narices. La ceguera es ausencia total de visión en cualquier condición.

¿Ocurre esto en la iglesia del Señor? Ocurre. En muchos casos, el líder del lugar sostiene que ha recibido una “visión” de Dios para hacer una determinada cosa y se enfada porque el resto de la iglesia no lo entiende ni lo acompaña.

Pueden darse dos circunstancias diferentes: O realmente ese hombre tiene visión de Dios y sus hermanitos están en cualquier cosa, o bien ha tenido una visión personal y, sus hermanos, que espiritualmente están mejor plantados que él mismo, disciernen perfectamente que no pueden hacer lo que se les manda porque eso no proviene de Dios.

Dice Pedro, además, que esa corta visión o ceguera, no le permite a la gente tomar conciencia clara respecto a la purificación de sus antiguos pecados. Esto es: han sido lavados, limpiados, restaurados y regenerados y lo han olvidado, comportándose como si jamás eso hubiera sucedido.

¿Se puede decir que son desagradecidos para con Dios? Se puede decir, pero ellos son ignorantes de ese desagradecimiento. ¿Por qué razón? Porque no alcanzan a verlo, ya que su visión es de corto alcance, o sencillamente porque se han quedado espiritualmente ciegos.

(1 Juan 2: 11)= Pero el que aborrece a su hermano, está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe adonde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos.

El amor es característico de la luz; y el odio, de las tinieblas. Y ambas son enemigas mortales; razón por la cual lo genuino de la relación con Dios, se manifiesta en el compañerismo fraternal. NO es excluyente, claro está; pero es indicador y de los buenos.

Entonces te encuentras con alguien que te dice: ¡Pero no, hermano, no puede ser! Un siervo tan ungido, maduro, de tantos años en el evangelio, no entiendo; ¿Cómo me va a agredir de esa manera? ¿Qué puede haberle sucedido? ¡Es un ataque del diablo!

Sí, es un ataque del diablo, pero que se introduce por la tremenda abertura que, como si fuera una puerta, tú mismo le has abierto en algún área muy sensible. Porque aquí se nos dice que el simple hecho de aborrecer a tu hermano (Y hablo de hermano genuino, claro está), te hace estar en tinieblas.

Y no solamente te hace estar momentáneamente allí. Dice que a partir de ese aborrecimiento desagradable para dios, tú no sólo estás en tinieblas, sino que también caminas por ella, andas en ella. Y que por ese motivo, es más que obvio que no tienes ni la menor idea hacia donde vas.

Muy bien; eso te está sucediendo porque las tinieblas mismas, esas a las cuales has accedido por tu propia voluntad y decisión, al aborrecer a quien Dios nos mandó a amar, nos producen ceguera. Y cuando alguien está ciego, pierde totalmente su sentido de orientación y puede cometer el error más impensable y grosero. Esta es una respuesta a esa clase de consultas.

(Efesios 5: 25)= Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, (26) para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra.

La comparación de la relación de Cristo y la iglesia, con el matrimonio, es permanente en la Biblia. Erróneamente, a muchos de estos textos que establecen esa comparación, se los ha tomado literalmente y se los ha hecho protagonizar epicentros de disciplinas, mandatos y reglamentos matrimoniales muy singulares.

Aquí queda muy claro que lo que Pablo está diciendo es que el amor de Cristo por la iglesia debería ser imitado por el esposo para con la esposa y viceversa. Y añade que esto es así par santificarla, esto es apartarla de todo para que le sirva a Él.

Pero luego agrega que el Señor ha purificado esa iglesia en el lavamiento del agua por la palabra. ¿Qué significa esto? Para escudriñarlo, deberíamos primeramente ver que cosa es el lavamiento a la luz de la historia del pueblo de Dios.

Una demanda de frecuente aplicación literal bajo la ley, en el Nuevo Testamento viene a ser un término que por lo general tiene un sentido y aplicación moral. Se puede llegar a importantes enseñanzas en base al examen de los diferentes significados de los términos griegos utilizados para lavamiento en Juan 13.

El término utilizado en el versículo 10 es LOUO, que quiere decir: “limpiar, lavar totalmente”. Uno que ha sido limpiado en este sentido nunca necesita volverse a limpiar de esta manera; como el Señor dice, “está limpio del todo”, aunque, a fin de tener parte con Cristo, necesita, debido a la contaminación adquirida en el camino, que sus pies sean lavados (donde el término es NIPTO), acción ésta aplicada sólo a partes del cuerpo.

Esta misma diferencia queda tipificada en la purificación de Aarón y sus hijos. Después de ser consagrados fueron lavados una vez por Moisés, pero desde entonces se demandaba continuamente que, cuando llevaran a cabo su servicio, lavaran solamente sus manos y pies en la fuente.

La implicancia en este texto que hemos visto, tiene relación con la limpieza que por Cristo puede mostrar la iglesia en este tiempo. No podría jamás institución alguna, llena de hombres pecadores e imperfectos, mostrar un rostro de limpieza y pureza, a no ser, ¿Por qué cosa, dice?

Por el lavamiento de agua, (Que es la vida), por la palabra. Aquellos que piensan que lo que está escrito en la Biblia es solamente un compendio de historia hebrea, están total y absolutamente equivocados. La palabra, cuando es revelada, es el mecanismo potencial más concreto para la liberación de los pueblos oprimidos.

Recuerdo que la primea vez que oí esa expresión, (“liberación por la palabra”), no pude entenderla. Es más; me pareció un artilugio teológico más de los tantos que venía oyendo de las autoridades eclesiásticas de la que entonces era mi congregación.

Porque para mí, (Y más o menos para un noventa y nueve por ciento de los miembros de esa congregación también), decir “palabra” era referirnos a tediosos, académicos y previsibles “mensajes” que, como toda ayuda almática, traían al final una reflexión humana del predicador, algo así como la moraleja del relato.

Eso era informativo desde el plano histórico, geográfico y a veces también social. La moraleja, tal como lo dice la palabra, siempre tenía alguna clase de contenido moral. Pero espiritualmente, nada, absolutamente nada. ¿Como ibas a ser libre por eso? ¡No podía ser cierto! Lo era. Lo que no era cierto era la calidad de ese mensaje.

(1 Juan 1: 6)= Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.

Dice que la sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado. Esa palabra, en este texto, es la palabra HAIMA, y designa la sangre animal y humana, aunque en el texto del Nuevo Testamento se la usa particularmente para referirse a la sangre expiatoria de Cristo. Su sangre en el sacrificio es el agente básico para la limpieza, el perdón y la redención.

Nuestro caminar en la luz es una prueba de la comunión con Dios, debido a que la vida en su compañía es una constante limpieza de pecados por la sangre de Jesucristo. También involucra la relación de unos con otros, lo cual indica que caminar en la luz es vivir responsablemente tanto ante Dios como ante los seres humanos.

Ahora bien: fíjate en lo que nos dice Juan en el primer párrafo de este texto. Pregunto: ¿No conoces a alguien que dice estar en comunión con Cristo, pero su testimonio de vida te muestra que anda en tinieblas? Perdón: ¿Te has fijado bien si no eres tú esa persona?

¡Ese hermanito! ¡Dice que está en comunión con Cristo y mira su vida! ¿Cómo va a estar en comunión con cristo y vivir de ese modo? ¡Que equivocado que está! Sí, puede que esté equivocado. No será el primer ni el último. Le puede ocurrir a cualquiera. Pero un detalle: Juan, aquí, dice que ese hermanito y cualquiera que actúa de esa manera, miente y no anda en la verdad. No dice que está equivocado, dice que está en tinieblas. Y si está en tinieblas, ¿Sabes? No está en Cristo…

Ahora la inversa: si andamos en la luz como Él está en la luz, tenemos comunión unos con otros. ¿Te has fijado que poca es la comunión genuina, verdadera y despojada de toda politiquería religiosa que hay en el pueblo de Dios? ¿Es que será por falta de luz?

¿Has leído bien? ¿Seguro que sí? Porque presta atención que el mayor énfasis que aquí se hace es que, solamente si andamos en la luz como Él está en la luz, además de estar en comunión uno0s con otros, activamos su sangre redentora para con nuestros pecados.

¡Hermano! ¿Usted me está queriendo decir que si no andamos en la luz de Cristo, si decimos que tenemos comunión con Él y no la tenemos, si andamos en tinieblas y mentimos, no solamente nos resulta imposible tener comunión los unos con los otros, sino que incluso no recibimos la limpieza de su sangre sobre nuestros pecados? Entiende lo que quieras. Yo no quito ni agrego nada. Sólo estoy leyendo la Biblia.

Y finaliza Pedro este bloque aconsejándonos a que hagamos firme nuestra vocación. La vocación es una inspiración que tiene dos connotaciones claras: humana, para ciertas y determinas materias o profesiones, y la vidita, que es para volcarla directamente en nuestra capacidad de fe. Se puede interpretar como una convocación o un llamamiento.

Y lo que Pedro nos sugiere y enfatiza, es que cuando tenemos clara esa vocación, realicemos sin ninguna traba ni perturbación nuestra elección al respecto, ya que de ese modo, – Anos asegura -, no caeremos jamás.

¿Caer en que cosa? Es notorio que se está hablando de la posibilidad de caer en la apostasía. El creyente da evidencias de su salvación creciendo en las virtudes morales más claras. Una persona que no crece en estas virtudes puede recaer en sus antiguos pecados. Por eso Pedro no sugiere que la salvación sea por obras, pero exhorta a los creyentes a vivir de tal manera que su elección se revele como algo absolutamente seguro.

Y concluye asegurando que esto nos permitirá recibir amplia y generosa entrada en el Reino de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. ¿Es que acaso se nos está hablando de nuestra salvación eterna? En absoluto. Esa salvación, – Ya lo sabes -, ha sido por gracia y sin merito alguno por nuestra parte.

¿Entonces? Entonces se habla de ingresar de forma admitida al Reino de Dios. ¿Es que no es lo mismo? No. No es en absoluto lo mismo, aunque muchos lo hayan enseñado así. Si esto fuera la salvación, nos encontraríamos con que deberíamos hacer algo para ser salvos, y no es así.

Entiende: no somos salvos por, sino para. Esto significa que no somos salvos por causa de nuestro excelente trabajo para el Reino, sino que ese trabajo tendrá excelencia porque somos salvos y ahora estamos dispuestos a pagar el precio para entrar al Reino y convertirnos en hijos y co-herederos.

(024) La hora Final de Pedro

(2 Pedro 1: 12)= Por esto, yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente.

(13) Pues tengo por justo, en tanto que estoy en este cuerpo, el despertaros con amonestación; (14) sabiendo que en breve debo abandonar el cuerpo, como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado.

(15) También yo procuraré con diligencia que después de mi partida vosotros podáis en todo momento tener memoria de estas cosas.

Pedro señala que no dudará en reiterar una y otra vez, y de modo permanente lo que viene diciendo, sin prestar atención a que ellos ya lo han oído y ya les ha sido enseñado. Tampoco le interesará que ellos demuestren estar firmes y confirmados en la verdad. Igual habrá de repetir los conceptos básicos hasta que se les graben para siempre en sus cerebros.

(1 Juan 2: 21)= No os he escrito como si ignoraseis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira procede de la verdad.

En comparación con los falsos maestros que reclaman poseer un conocimiento superior, los verdaderos cristianos comprenden las realidades espirituales gracias a la luz del Espíritu Santo. Esto te sirve para que sepas que clase de maestros has tenido.

¿Siempre has estado oyendo predicaciones y enseñanzas que parecen provenir desde planos muy altos, muy por encima de ti, casi desde la misma dimensión en donde se mueve el mismísimo Dios? Hay mucha gente así. Parecerían estar esperando que alguien les pregunte cualquier cosa para lucirse respondiendo, porque evidencian saber de todo y no ignorar nada. Son verdaderos “todólogos”.

No existe el maestro así. No existe el ministro así. Son los clásicos estereotipos eclesiásticos que, por años, han gobernado la escena, haciéndoles creer a propios y extraños que ellos están en ese sitial simplemente porque se lo propusieron, pero que muy bien podrían estar en lugar del propio Dios.

A menudo recibo correos donde se me consulta por los temas más variados de la teología. ¿Sabes que? No vacilo ni dudo en responder, a muchos de ellos, que desconozco esa respuesta, que no me ha sido dado entendimiento ni luz para ese tema específico.

A menudo, esa gente no vuelve a escribirme. Seguramente se han decepcionado del maestro casi “iluminado” que se habían creado en sus mentes. Los que vuelven a escribirme, me dan a entender que no comprenden como yo puedo ignorar algo como lo que me consultan, cuando lo que estoy enseñando, en muchos casos, tiene tres veces más profundidad.

Entonces lo explico, una y otra vez, pero no parece que se me entendiera. Les digo que yo no soy un hombre que sabe de todo y no ignora de nada. Que apenas soy alguien que, cuando tiene una revelación del Señor por intermedio de su Espíritu Santo, lo vuelca en un estudio y lo hace llegar al pueblo. Ese es el ministerio del maestro, no una licenciatura en pedagogía.

No tengo empacho ni pudor alguno en reconocerlo, aceptarlo y hacerlo saber a todos. Soy un maestro del Señor por la sencilla razón de estar más o menos obediente a la hora de decir aquello que Dios quiere que diga, y no lo que a mí me parece o me hace lucir bien.

No tengo todas las respuestas. Es más: creo no tener ni un veinte por ciento de respuestas. Lo único que tengo es una vida que, con todos los contratiempos normales, creo que le permite al Señor utilizarme de vez en cuando como instrumento medianamente eficiente.

Porque esto es muy simple y ya lo dice Juan, aquí, con total claridad. Cuando un supuesto maestro, da una respuesta relacionada con algo que Dios no está hablando en este tiempo, está dando su propia respuesta, lo que equivale a decir que no está diciendo la Verdad. Y todos sabemos muy bien que, cuando no se habla la verdad, inexorablemente se habla mentira. Y Dios podrá ser paciente, misericordioso y lleno de Gracia, pero jamás avalará a la mentira por mejor intencionada que ésta parezca ser.

Luego Pedro dice que considera natural que, mientras esté habitando esa caja descartable llamada cuerpo que se le diera cuando naciera, considera justo despertar al pueblo con amonestaciones, sin interesare si eso lo hace resultar simpático o no.

Quiero recordarte que amonestar, es lisa y llanamente hacer presente algo para que se considere, procure o evite. También es advertir, prevenir y reprender. Todo esto es factible con la autoridad del Señor en nuestras vidas. De otro modo, sólo serán regaños y reconvenciones relacionadas con luchas humanas de poder eclesiástico.

Para muchos de los que conocen este material, soy “un duro”. Me dicen que abofeteo demasiado a los hermanos. Perdón; ya lo sabía. Dios me ha mandado a hacerlo. Tanto Él como yo, estamos convencidos que es mucho mejor un cristiano despertado a bofetadas que uno muerto en medio de almíbares.

El ministerio del maestro va acompañado directamente con la exhortación y la amonestación. Pero una exhortación y una amonestación tendiente a recuperarlo como potencial fuerza activa del ejército de Jesucristo, no como miembro de una congregación o diezmador mensual, que suelen ser las exhortaciones y amonestaciones que se oyen desde la mayoría de los púlpitos.

El ministerio del Evangelista es aquel que siente amor y desesperación por las almas perdidas. El del Maestro, en cambio, es el que siente lo mismo pero por aquellos que, creyendo ser salvos e irse con el Señor al cielo, corren el riesgo de irse al infierno con una Biblia debajo del brazo.

Exhortar y amonestar es poner en claro la obediencia a la autoridad de Dios sobre TODA la iglesia y, esencialmente, sobre cada una de nuestras vidas. Cualquier otra clase de amonestación o exhortación, es idea de hombre creada para beneficio de hombre. No sirve, no funciona, no agrada a Dios.

(2 Corintios 5: 1)= Porque si sabemos que nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos.

Conforme a lo que hemos leído aquí, es innegable que este cuerpo terrestre que poseemos, es como aquel frágil tabernáculo en comparación con el cuerpo futuro, al cual es que Pablo denomina como “edificio”.

¿Por qué es que lo llama así? No es por simple ocurrencia, aunque como cualquiera de nosotros, tendría todo el derecho natural a tenerla. Es porque Pablo estima, y muchos de nosotros estamos convencidos de que en efecto, es así, que el cuerpo eterno es una resultante de la edificación que hemos cumplimentado durante todo este tiempo de vida terrenal.

No estoy hablando de fabricar nosotros mismos nuestros cuerpos futuros glorificados, ya que eso sería como difundir una doctrina errónea y esotérica. Estoy refiriéndome a que, conforme obedezcamos los mandatos del Señor y vivamos una vida conforme a sus propósitos, nuestros cuerpos se irán convirtiendo progresivamente en ese edificio, obviamente, no construido por hombres.

Por ese motivo es que Pedro les menciona algo relacionado con lo que habrá de ser su muerte física. Es más: les dice a sus lectores que lo hace porque ya llega el tiempo en que deberá abandonar este cuerpo terreno porque así se lo ha dicho el Señor Jesucristo.

(2 Timoteo 4: 6)= Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano.

Aquí, (Valga como ilustración y modelo) es Pablo el que les anuncia a sus discípulos su próxima partida a estar con el Señor. Evidentemente, cuando se trabaja con limpieza, transparencia y honestidad para el Reino de Dios, Él se encarga de preparar y predisponer a cada siervo para su partida. Es la fase práctica de la victoria final sobre la muerte lograda por Cristo en la cruz.

Sin embargo, lo de pedro será distinto, ya que en un texto muy conocido se rescatan las palabras con las que Jesús le informa al apóstol cual será su camino, como habrá de desandarlo y, particularmente, de que constará su final, en una concesión singular no otorgada a los demás.

(Juan 21: 17)= Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿Me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? Y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.

(18) De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará adonde no quieras.

(19) Esto dijo, dando a entender con que muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme.

Aquí está detallada, con total claridad, cual sería la perspectiva de Pedro en esta vida. ¿Lo entendió él? ¿Lo creyó él? ¿Le afecto eso? No hay demasiadas respuestas para todas estas preguntas. La Biblia sólo suele darnos respuestas de aquellas cosas que realmente interesan para nuestro servicio al Reino. Lo demás…es lo de menos…

¿Por qué? Porque para el Señor las cosas importantes son las que Él estima como tales, no las que nosotros consideramos importantes. Su mente está tan elevada con relación a la nuestra que nunca, entiende bien, NUNCA podríamos cometer la aberración de pretender evaluarlo y, mucho peor, opinar sobre Él.

Pregunto: para ti, para los que conoces, para mí inclusive, ¿Es o no es importante conocer algo respecto a como es ese cielo de Dios donde un día iremos a pasar la eternidad? Diferencias más, diferencias menos, sí lo es. Como también lo es saber que es lo que hay en el infierno.

Es mucho más que evidente, que par Dios esto no tiene ni la menor relevancia. A Él no le preocupa en absoluto que tú y yo ignoremos esas cosas. ¡Si total, el día que nos toque abandonar este mundo, seguramente vamos a conocer personalmente a uno de esos sitios! ¡Y tendremos toda la eternidad para disfrutarlo…si es el cielo, claro! ¿No sería más inteligente procurar no irnos al otro lado, en lugar de querer saber como es la morada preparada?

(025) Una Ineludible Palabra Profética

(2 Pedro 1: 16)= Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo las fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad.

(17) Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia.

(18) Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo.

(19) Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; (20) entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, (21) porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.

Pedro puntualiza, en el comienzo de este párrafo, que lo que él va a decir con relación al Señor no tiene nada que ver con las acostumbradas fábulas artificiosas, sino que se trata de lo que sus propios ojos han visto y sus oídos oyeron.

Cabe agregar que una fábula es un breve relato ficticio, en prosa o verso, con intención didáctica frecuentemente manifestada en una moraleja final, y en el que pueden intervenir personas, animales y otros seres animados o inanimados.

El agregado de artificiosa tiene que ver con la intencionalidad con que esa fábula ha sido creada. En este caso, la artificiosidad es algo que ha sido hecho o elaborado con artificio, arte y habilidad. Algo disimulado, cauteloso y doble.

Se entiende por fábula la narración de pura ficción alegórica, en que, por medio de la personificación de los seres irracionales, inanimados o abstractos, se da una enseñanza útil y moral. Hay dos en la Biblia: donde los árboles quieren elegir un rey, y el cardo del Líbano, que pide al cedro la hija para esposa de su hijo.

Ambas fábulas hacen burla de la arrogancia de los hombres y en las dos el cardo representa el personaje cómico. En el Nuevo Testamento se usa la palabra “fábula” para referirse a las religiones paganas y a las erróneas enseñanzas que falsos maestros pretenden introducir en las comunidades cristianas.

El mismo sentido tiene la característica enseñanza de Gamaliel, el maestro del apóstol Pablo, que decía: “Quien se engolosina de la miel de las fábulas helénicas, no gustará de la leche de las Escrituras.”

Esto no es ocurrente ni mucho menos. El mensaje clásico y habitual en nuestras congregaciones locales, hoy, tiene características de fábula. Toman un relato bíblico, elaboran tres puntos de análisis histórico o filosófico de ellos y, como conclusión, a veces desde la base de la psicología, se emite una reflexión con forma de moraleja.

Mucha gente queda convencida que esto es “la Palabra”, porque quizás el tema que se trata tiene que ver con alguna problemática personal o con algún problema de índole sentimental o familiar. Sin embargo, muy pronto la persona se da cuenta que eso no lo llena y que, al minuto de salir del templo, está tan vacío como ates de ingresar.

Hoy, al igual que lo que nos dice Pedro, se puede predicar de Jesucristo de ambas formas. Como fábula, por parte de aquellos que solamente lo conocen por la teoría teológica, y como testimonio vivo, mediante personas que han tenido un encuentro personal con Él.

Lo primero, va a darte una clase de teología informativa y quizás hasta alguna herramienta psicológica práctica para encontrar el trasfondo de algún dilema. Lo segundo será alimento genuino que levantará tu espíritu a la altura exacta donde puedes librar la batalla que te ha sido preparada desde antes de la fundación del mundo.

(1 Timoteo 1: 3)= Como te rogué que te quedases en Éfeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina, (4) ni presten atención a fábulas y genealogías interminables, que acarrean disputas más bien que edificación de Dios que es por fe, así te encargo ahora.

Es indudable que, a la vista de este texto que Pablo le envía a su discípulo Timoteo, en la iglesia habían sido sembradas falsas doctrinas, y Timoteo debía impedir que se extendieran. Las observaciones de Pablo sobre los maestros en los versículos siguientes, indican que estos eran legalistas que trataban de mezclar la ley con la gracia.

Es curioso, pero a tantos años de haber sido escrita esta carta, la iglesia parecería estar transitando por los mismos caminos. También hoy han sido sembradas falsas doctrinas, y no precisamente por los desconocidos que, como nosotros, procuramos desenmascarar a la Gran Ramera.

Ha sido ella misma, en su tarea puntillosa de captación de voluntades, la que ha desplegado un arsenal de falsas doctrinas, con las que ha conseguido un éxito indiscutible, al punto de que sean muchos los que todavía permanecen cautivos de las culpas y las prisiones emocionales a las que han sido sometidos.

¿Y a que no sabes como lo hicieron? No hay dudas, el diablo no es creativo y vive repitiendo sus rutinas. ¡Lástima que todavía sigue teniendo éxito a favor de la falta de Palabra de los hermanos! Porque lo hicieron del mismo modo que aquí ya es pre adelantado: mezclando la ley con la gracia.

Ellos, los falsos maestros de Babilonia, enseñan que la Gracia de Dios es válida casi con exclusividad para el liderazgo, pero no así para la gente del común, que deberá cumplimentar enorme cantidad de requisitos internos, congregacionales o denominacionales si es que desean escapar al juicio.

Hoy, gracias a Dios, han sido levantados muchos hombres de Dios que, con el espíritu de Pablo, ilustran sin condicionamientos ni intereses propios a otros, que operan bajo el espíritu de Timoteo, con el fin de que ellos, desde adentro, procuren evitar que se extiendan más esas falsedades.

Y ni hablar si a esto se le suman las doctrinas filosóficas o científicas que han invadido los púlpitos. Pastores que se enorgullecen de sus títulos de Licenciados en Psicología porque, aseguran, es lo que dios necesita en este tiempo para poder contener a tantos necesitados con problemas emocionales.

Primero: la iglesia no es un centro de contención emocional, sin ninguna duda, sino una asamblea de genuinos representantes e hijos de Dios encargados de extender su Reino y de ocuparse primeramente de ello para que todo lo demás llegue por añadidura. Y, en segundo termino, Dios no necesita pastores psicólogos, sino hijos obedientes que no hagan las cosas según la sabiduría humana sino según la guía del Espíritu Santo.

Con respecto a las fábulas, tema del que ya hemos hablado, en este texto parecería referirse a las numerosas leyendas que los judíos habían añadido al Antiguo Testamento. A menudo, lo judíos ampliaban las genealogías del Antiguo Testamento, inventando nombres y fabricando leyendas en torno a ellos.

¿Sabes que? Hoy ya no caminamos por el Antiguo Testamento, ni tampoco prestamos demasiada atención a las genealogías. Sin embargo, seguimos fabricando fábulas de otras características con la misma finalidad con la que ellos lo hacían: interesar y captar más adeptos a lo que se considera como un credo o una religión. ¿Sabes algo más? Eso no es Dios.

Y no es Dios exactamente por eso que dice al final de este texto de Pablo a Timoteo: porque producen disputas. ¿Sabes cuanta gente me invita a debatir sobre determinados puntos del evangelio? Dicen que es para que yo pueda “defender mis puntos de vista”.

Vamos a partir de una base: si ellos creen que yo hablo y escribo todo esto conforme a mis “puntos de vista”, están pensando tal cual sus usos y costumbres. Porque ni yo ni ningún hijo de Dios fiel y bien intencionado tiene puntos de vista; tiene revelación o no abre la boca.

El evangelio (Ya lo dice la misma Biblia) no es para contienda, ni para polémica ni para debates. El evangelio es para aquellos que tienen oídos para oír y pueden entender lo que el Espíritu dice a las iglesias. A los fariseos les encantaba debatir teología. No llegaron a ninguna parte haciéndolo. Los eruditos modernos que gustan de lo mismo, tampoco lo harán.

(Mateo 17: 1)= Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; (2) y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos rehicieron blancos como la luz.

En primer término, hay que consignar que es más que evidente que tanto Pedro, como Jacobo y Juan, constituían algo así como el círculo íntimo de Jesús. O, por lo menos, si no era ese el estilo para convocar que tenía el Señor, eran los de mayor confianza entre todos sus allegados.

Y aquí se nos cuenta que Jesús se transfiguró. Esto, en una primera instancia, se podría tomar como una expresión de corte espiritual, pero es más que notorio que también incluyó, en este caso, una manifestación visible que impactó a sus discípulos porque manifestaba la gloria de Dios.

Este texto, cuyo relato está reiterado en los primeros versos del capítulo 9 del evangelio de Marcos, es el que está corroborando lo que Pedro dice en esta declaración inicial: él no habla por fábulas o informaciones. Él no se compró todos los libros del profeta Jesús ni se escuchó los audios videos que le prestaron de él; él lo vio con sus propios ojos. Es un testigo fiel.

Tan fiel que recuerda perfectamente las palabras con las que Dios Padre glorificó a su Hijo, desde su propia y magnífica gloria, cuando le dijo que Él era su hijo amado y que solamente en Él tenía complacencia.

(Mateo 3: 17)= Y hubo una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.

(Lucas 9: 35)= Y vino una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd.

Las palabras de la voz celestial tomadas del Salmo 2:7, un cántico real, y de Isaías 42:1, un cántico del Siervo, declaran que Jesús es el Mesías Rey que viene a cumplir la misión del Siervo del Señor. El texto de Mateo corresponde a segundos después que Jesús sale del agua, luego de ser bautizado por Juan el Bautista.

El texto posterior que encontramos en el evangelio de Lucas, es del que venimos hablando antes, esto es: el que tiene lugar cuando Jesús lleva a Pedro, Jacobo y Juan a un monte alto (Símbolo de la adoración) y se transfigura delante de ellos.

El relato de Mateo de la transfiguración da cuenta de que los discípulos, cuando oyeron esa voz, no pudieron mantenerse en pie y se postraron sobre sus rostros con gran temor. Es la actitud de la máxima adoración.

Porque nadie puede estar en la presencia casi palpable del Señor y mantenerse como si nada. Su sola presencia es más que suficiente par doblar toda rodilla en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra. Quien no haya percibido esto, jamás estuvo en la presencia del Señor, ni en adoración ni en alabanza.

No puedes ni debes confundir esta vivencia con los emocionalismos naturales que alguna clase de música adecuada puede producir en medio de un culto, y llamarle a eso “estar en la presencia de Dios”. Te será muy útil para avivar a la gente, pero estás faltando el respeto al Dios de todo poder.

Pedro les señala luego que tienen también la palabra profética más segura, a la que hacemos muy bien en estar atentos. La compara con una antorcha que puede alumbrar eficientemente la oscuridad espiritual que podamos tener hasta que llegue nuestro día.

Cuando Pedro animó a los creyentes a hablar según las palabras de Dios, no quiso decir seguramente que las expresiones inspiradas por el Espíritu Santo deban sustituir la predicación y la enseñanza de la Palabra de Dios.

Este pasaje destaca la importancia relativa de las palabras proféticas, o las experiencias que recibimos, en comparación con el lugar que corresponde a las Escrituras mismas. Aquí el apóstol compara su propia experiencia con Jesús en el Monte de la Transfiguración, con la permanente palabra profética de las Sagradas Escrituras.

Llama más segura a la palabra de las Escrituras, y de esa forma nos da una clave para entender toda la historia de la Iglesia. Si Pedro nos dice que su experiencia con Jesús mismo está subordinada a la palabra más segura de las Escrituras, eso tiene el valor de una orientación y conclusión definitivas.

Significa que ninguna experiencia tiene más grande autoridad que la Palabra de Dios. Esto, sin embargo, no debe hacer decaer nuestro entusiasmo por las manifestaciones del poder y las bendiciones del Espíritu de Dios, sino simplemente recordarnos el valor relativo de cada tipo de palabra en nuestra escala de valores.

También estamos en presencia de un principio definitivo. Hay muchos que preguntan si nosotros, que aceptamos con beneplácito el obrar del don de profecía, lo hacemos debido a una falta de convicción en torno a la suficiencia de la Palabra de Dios.

En otras palabras, ¿Creemos que la Biblia contiene todo lo que necesitamos para salvación, para fe, y para una vida de obediencia a Dios? Desde luego, porque para el creyente en la Biblia esto nunca se cuestiona, de acuerdo con el espíritu con que fueron pronunciadas, y la verdad práctica que contienen las palabras de Pedro, no hay comparación entre la eterna Palabra de Dios y las presentes palabras de la profecía.

Las profecías son, de acuerdo con la Biblia, cosas deseables y de ayuda. Pero las Sagradas Escrituras proclaman una verdad definitiva y más preciosa que el oro: la Eterna Palabra de Dios. Y no puede confundirse de ninguna manera con prácticas muy corrientes en nuestras iglesias que están más emparentada con el ocultismo que con la fe de Jesucristo.

Porque a favor del desconocimiento que la mayoría del pueblo de Dios tiene de las reales palabras proféticas, pululan por los templos hombres y mujeres, supuestamente “profetas del Señor”, que no dudan ni vacilan en utilizar espíritus de adivinación para entusiasmar a los incautos y hasta métodos esotéricos para impresionar a todos.

(Salmo 119: 105)= Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.

¿Qué significado tiene una lámpara para los pies de una persona? Pues que le permitirá, alumbrando debidamente, que esos pies tropiecen. ¿Y cual la función de una lumbrera para un camino? Mostrarlo con total claridad. La lumbrera, (Diurna o nocturna), es lo único que, fuera de la luz artificial, puede mostrarnos el camino a seguir.

En ambas oportunidades, se está hablando de la Palabra de Dios. Totalmente al margen de esa cosa aburrida y sin variantes en que muchos supuestos ministros la han convertido. Totalmente al margen de toda expresión académica y técnica tal tesis de teología.

Lo cierto es que todos tenemos muy poca experiencia en la vida como para pretender vivirla sin guía alguna. La Palabra de Dios, para el creyente genuino, es esa guía, sin dudas. El Salmo 119 revela múltiples aspectos de la Palabra de Dios, y muestra cuanto puede asistirnos en las circunstancias prácticas de la vida.

Pero ningún versículo aborda esto con mayor claridad que el 105, donde la Palabra de Dios se compara a una lámpara que alumbra nuestro camino, dirige cada uno de nuestros pasos y brinda sabiduría a nuestros planes futuros.

Josué vincula la aplicación regular de la Palabra de Dios a la vida como el camino más seguro, tanto para el éxito como para la prosperidad. Además, el Salmo 119:130 destaca la sabiduría que la Palabra de Dios ofrece al simple, una verdad que advierte contra tomar decisiones basadas en sinrazones o engaños humanos.

También Proverbios 6:23 nos recuerda que las admoniciones o correcciones que la Biblia contiene son parte de la luz que nos ofrece, tanto como cualquier otra afirmación positiva que podamos hallar en ella. Permite que la Palabra de Dios te guíe, te corrija, te instruya, te dirija, te enseñe y te confirme. Jamás te apresures a actuar sin ella.

(Apocalipsis 22: 16)= Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.

Dice que es la raíz y el linaje de David. Jesús no solamente es eso, sino que es también el prometido, cuyo reino será establecido para siempre. La estrella resplandeciente de la mañana, alude al amanecer del nuevo y eterno día.

Y aquí es donde toma valor incalculable la aseveración que Pedro hace en el verso 20. Él dice, y al mismo tiempo nos dice a todos los que año tras año y lugar tas lugar, lea sus letras, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada.

Cuando se hablar de interpretar, debemos remitirnos a las acepciones idiomáticas que la palabra tiene. Significa, entre otras cosas: Explicar o declarar el sentido de algo, y principalmente el de un texto. Traducir de una lengua a otra, sobre todo cuando se hace oralmente. Explicar acciones, dichos o sucesos que pueden ser entendidos de diferentes modos y concebir, ordenar o expresar de un modo personal la realidad.

Si eso se hace de una manera privada, concluimos en que es algo que se ejecuta a vista de pocos, familiar y domésticamente, sin formalidad ni ceremonia alguna. Algo que es particular y personal de cada individuo.

Quiero recordarte que estamos hablando de las profecías que aparecen en la Biblia, por lo cual debemos recalar, aunque más no sea como mención, en la ciencia oficial que se dedica a esto: la Hermenéutica.

¿Estoy en contra de la Hermenéutica? No, no lo estoy. Entonces, ¿Estoy a favor de incorporarla a nuestras prácticas cotidianas? Tampoco. ¿Cómo se entiende? De una sola manera: dándole el primer lugar al Espíritu Santo.

Aquí es donde los fariseos y legalistas se espantan, se preocupan y se alarman. Suponen, desde sus posiciones doctrinales de alta intelectualidad pensante, que dejarnos guiar por el Espíritu Santo conlleva un enorme riesgo de caer en las fantasías.

¿Sabes que? Tiene – Evidentemente – razón de ser ese temor. Anda mucho híper místico suelto por allí. Pero es preferible correr ese riesgo y no el otro, mucho más habitual y permanente. Sujetar a la gente a una clase de interpretación enseñada con moldes de los que nadie se puede salir.

Imagínate que tú, yo y cinco personas más, estudiamos Hermenéutica con el mismo profesor. Todos aprobamos con buenas notas y egresamos. Muy bien, felicitaciones, pero: Pregunto: En casos así, ¿Alguno de nosotros puede traer un mensaje fresco y nuevo?

Esta Palabra que sencilla y directamente prohíbe darle a la Escritura una interpretación privada, ha sido la más desobedecida por cristianos y pseudos cristianos de todo el planeta. Porque, entiende: no estamos hablando de errores, estamos hablando de interpretaciones privadas, generalmente motivadas por intereses, también, privados.

(Romanos 12: 6)= De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe.

Existen dos formas diferentes de abordar el pasaje de los dones. Considerarlos como una categoría distinta de los que aparecen en otros pasajes del Nuevo Testamento, que frecuentemente hablan de los dones otorgados por el Padre creador.

En este caso específico de la profecía, se refiere tanto a aquellos a quienes los dones recibidos del Padre creador les permite ver la vida desde una perspectiva profética especial, independientemente de la función pública que desempeñen o del uso especial que haga de ellos el Espíritu par proclamar abiertamente una profecía; o a la manifestación de una profecía hecha pública, diciendo algo que Dios haya puesto en su mente.

Cuando expresa el concepto de que eso será posible conforme a la medida de la fe, parece significar que cualquier tipo de actividad profética debe ejercerse de acuerdo con la madurez espiritual concedida a aquel que habla, en reconocimiento de que ese don tiene su origen en Dios.

Todos los que han salido del legendario e inmaduro “pastor, ore por mí” del que están repletas nuestras congregaciones, saben muy bien que esto que aquí se dice es irrestrictamente cierto. Nada más promocionado y celebrado de un modo altamente inmaduro que las actividades supuestamente proféticas de personas en una iglesia.

(2 Timoteo 3: 16)= Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.

Lo primero que hay que aclarar para información pero también para evitar confusiones y errores demasiado clásicos, es que cuando en este texto dice que toda la escritura es inspirada por Dios, esta última palabra es el vocablo griego THEOPNEUTOS, que puede traducirse literalmente como el aliento divino.

En principio, debo decirte que indudablemente, esta constituye la más importante declaración que la Escritura nos brinda de sí misma, porque significa que ella es el fruto del creativo Espíritu de Dios y no la idea circunstancial de un grupo de hombres y mujeres que la escribieron.

Y es precisamente por eso, por ser expresión divina en sentido estricto, que se la llama “La Palabra de Dios”. Te equivocaste si creíste hasta hoy que esto tenía que ver con una expresión de corte religioso. Se le dice la Palabra de Dios, precisamente por eso es lo que es: La Palabra de Dios.

Ahora bien: si creemos que esto es así como aquí dice, ¿Adonde queda esa enseñanza clásica que nos asegura que el Antiguo Testamento solamente es un repaso histórico, pero que la auténtica Palabra de Dios está en el Nuevo? Toda la palabra es inspirada, y toda sirve y es útil, ¿Para que cosa?

Enseñar: Instruir, adoctrinar, amaestrar con reglas o preceptos. Dar advertencia, ejemplo o escarmiento que sirva de experiencia y guía para obrar en lo sucesivo. Indicar, dar señas de algo. Mostrar o exponer algo, para que sea visto y apreciado. Dejar aparecer, dejar ver algo involuntariamente.

Redargüir: Convertir el argumento contra quien lo hace. Esta es una palabra sumamente utilizada, esencialmente con relación a la función clave del Espíritu Santo de Dios en nuestras vidas. Es lógico, entonces, que la Palabra de Dios en cualquier sitio en que se encuentre, contenga esta esencia.

Corregir: Enmendar lo errado. Advertir, amonestar, reprender. Dicho de un profesor: Señalar los errores en los exámenes o trabajos de sus alumnos, generalmente para darles una calificación. Esto nos muestra que podemos estar equivocados aunque seamos sinceros.

Instruir en Justicia: La instrucción es el elemento básico para entrenar a quien luego pondrá en práctica esa instrucción en hechos concretos. Instruir en justicia nos muestra que la instrucción de Dios difiere de la del mundo precisamente en este punto.

(Hechos 1: 16)= Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús.

Este es un concepto al que muchas doctrinas denominacionales se oponen. Sostienen que decir que el Espíritu Santo habla por la boca de una persona, es algo que está más cerca del ocultismo que del evangelio de Jesucristo.

Nos alegra profundamente la preocupación de esos teólogos respecto a la posibilidad de permitir la infiltración ocultista en la iglesia, pero los instamos a que por lo menos, se atrevan a creer lo que Dios dice en su Palabra. Una cosa es ser cautos, y está bien; y otra es ser incrédulos, y está mal.

Este capítulo nos deja ocho condiciones básicas para ser, como enseñan los libros “cristianos” del momento, a ser “un cristiano de éxito”. No es esa la idea de Pedro, claro está, pero bien vale tomarla y ponerla por obra. Pedro sostiene y asegura que si tú tienes Fe, Virtud, Conocimiento, Dominio Propio, Paciencia, Piedad, Afecto Fraternal y Amor, estarás muy lejos del ocio y muy cerca de dar fruto a ciento por uno. Suena a descubrimiento y a revelación, ¿Verdad? Sin embargo no es así, ya que fíjate que lo que deja en evidencia es mayoritariamente, lo que hemos dado en llamar como “frutos del Espíritu Santo”. Y Él es el dador de la Unción, y es la Unción la única razón que hace la diferencia.

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Saludaos con Ósculo de Amor…

1 Pedro Capítulo 5

(019) Dale Buen Pasto al Rebaño

(1 Pedro 5: 1)= Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: (2) apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; (3) no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey.

(4) Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.

¡Que iglesia sería hoy la del Señor, si los que presiden esas congregaciones hubieran leído con atención, aceptado con humildad y creído con devoción estas palabras! No hay en la Biblia otro texto que lo detalle con más claridad y lo explique con mejor perspectiva.

Mi dilema de creyente nuevo, siempre fue el de no poder apreciar como se vivía, en la que era mi primera iglesia (Y luego la posterior), la Palabra de Dios escrita en la Biblia que yo leía, aceptaba y creía firmemente. Obviamente, el dilema se daba porque NO lo veía.

Centenares de correos recibidos mensualmente, hoy, me están diciendo a mí que en cualquier parte del planeta, ese dilema sigue siendo el principal y prioritario de todos los creyentes nuevos que comienzan una vida de fe basada en el Dios de las escrituras.

Algunos preguntan, otros se callan y aceptan mansamente la realidad distorsionada. Los que preguntan, rápidamente son advertidos que no se puede ir en contra de lo que “el siervo que tiene la visión” ha dispuesto. Los que callan son integrados, bien conceptuados y promovidos.

Me pregunto cual será la diferencia entre estas prácticas a las que a diario podemos ver en cualquier empresa que opera bajo el principio de la obsecuencia. Allí también los que no son obsecuentes son advertidos respecto a mantener obediencia ciega y los que callan y aceptan son felicitados y promovidos a cargos con mejor remuneración.

Y también no puedo dejar de preguntarme si eso es un principio básico y elemental de la vida humana o es, como me lo supongo, una actitud que toma la iglesia en clara y franca imitación del mundo incrédulo porque no tiene autoridad ni poder para modificar nada…

Voy a ser puntilloso y extremadamente prolijo con este pasaje. Porque si en el inicio de este trabajo te dije que creía que las cartas de Pedro eran, hoy por hoy, una base real de lo que debe ser la genuina iglesia del Señor, este texto sobresale notable y notoriamente en ese contexto.

En principio, Pedro les formula un ruego a los ancianos. Cuidado con esto: rogar no es ordenar, mandar o dar una directiva. Rogar es pedir algo por gracia. ¿Recuerdas lo que era la gracia? Exactamente: favor, Por tanto, rogar es pedir algo por favor.

Por tanto, la respuesta de aquel o aquellos a los que le pedimos algo por favor, estará condicionada a su propia voluntad. No están obligados a acatar ni aceptar lo que se les pide. Es por gracia, es por favor, y eso significa una sola cosa: sea lo que sea la decisión, esa decisión es voluntaria.

Te ruego yo, ahora, que tomes nota de esto que termino de decirte, porque más adelante vas a poder comprobar algunas cosas que van a sorprenderte y mucho, si es que todavía no has agotado tu capacidad de sorpresa y asombro en tu militancia evangélica.

Rogar, también es instar con súplicas. Instar es insistir, buscar algo con anhelo. Suplicar, como podrás imaginarte, es sinónimo de rogar y también es pedir algo con humildad y sumisión. Quiero concluir este pequeño análisis semántico recordándote que quien realiza esto es el apóstol Pedro…

Muy bien; aclarado este punto, ahora veamos: ¿A quien es que Pedro le ruega? Dice que a los ancianos que están entre los destinatarios de su primera carta. ¿Y quienes eran los ancianos? Es más: ¿Qué cosa era un anciano?

Nosotros tenemos la definición de ancianidad como relacionada directa y únicamente con la edad. De hecho, un diccionario cualquiera de la lengua española, te dirá que anciano significa alguien con mucha edad cronológica. Sin embargo, hay una explicación histórica que convendrá repasar con el fin de no entender equivocadamente.

En el Antiguo Testamento, el anciano era un magistrado, a la vez civil y religioso, que, hasta allí donde podemos saber, era nombrado en virtud de su derecho de edad, a la cabeza de una casa patriarcal, de una familia de la tribu, o de la misma tribu.

Al tener la posición de jefe de una tribu o de las familias más grandes, el anciano tenía la autoridad de príncipe. Ordinariamente, sólo los hombres de edad madura accedían a estas funciones. Otros pueblos, como los madianitas y moabitas, organizados en tribus, tenían ancianos.

Este título designa generalmente a altos funcionarios que: Gobernaban al pueblo, que representaban a la nación en las transacciones que la concernían; cuando se tenía que honrar a un huésped; celebrar una alianza, o celebrar actos religiosos.

Un cuerpo de 70 ancianos ayudaba a Moisés a gobernar a los israelitas. Cada ciudad tenía sus ancianos, que eran probablemente los cabezas de las familias de la localidad, y que ejercían la autoridad civil y religiosa.

Los ancianos seguían ejerciendo estas funciones en Judea durante la ocupación romana. Queda más que claramente a la vista que, en el Antiguo Testamento, el anciano era una especie de posición jerárquica emparentada prioritariamente con la religión.

En el Nuevo Testamento los términos anciano y epíscopos (que significa supervisor u obispo) eran intercambiables, pero no eran totalmente sinónimos. El término de anciano, (presbítero), denota la dignidad de su función, en tanto que episcope denota aquellos deberes que ejercía.

La distinción que establece dos categorías de ministerio (la de anciano y la de obispo) data del siglo II. En el año 44 d.C. encontramos ya ancianos en la iglesia en Jerusalén. Durante su primer viaje misionero, Pablo nombró ancianos en cada iglesia.

De hecho, los ancianos en las iglesias de la gentilidad, hasta allí donde nos lo muestra el NT, fueron siempre nombrados por la irremplazable autoridad apostólica, ya ejercida personalmente, o bien delegada expresamente en unas personas determinadas.

Las instrucciones para su establecimiento oficial nos vienen dadas en epístolas dirigidas a colaboradores apostólicos, en las llamadas Epístolas Pastorales. También cumplían sus funciones en las comunidades de cristianos de origen judío.

Es evidente que la dignidad de anciano en la iglesia cristiana se correspondía con la de anciano entre los judíos. Ambos cargos estaban revestidos de la misma autoridad. Los ancianos estaban asociados con los apóstoles en el gobierno de la Iglesia.

Eran los obispos o supervisores de las iglesias locales, y su función era ocuparse del estado espiritual de la congregación, ejerciendo la disciplina y enseñando. Había en la iglesia local varios obispos o supervisores, llamados también ancianos.

No se hace alusión alguna a una distinción de funciones entre ellos. Dentro de la iglesia cristiana de los tiempos apostólicos, como en la sinagoga, la predicación no era una función esencial de los ancianos; no les estaba reservada de una manera exclusiva.

Como pastores del rebaño, los ancianos debían instruir bien y ser aptos para enseñar. Pero toda persona que poseyera el don de profecía o de enseñanza tenía derecho a dar exhortaciones. En relación con esto es importante señalar la distinción entre “don” y “cargo”.

El primero proviene directamente del Señor; el segundo, por el ejercicio de la autoridad humana. El don no precisaba por ello de autoridad humana para ser ejercitado, y se ejercía en sujeción inmediata a la Cabeza.

La autoridad de los ancianos, como cargos, derivaba de su establecimiento oficial por los apóstoles, y tenía su esfera en el seno de la asamblea local indivisa. Nada se dice en las Escrituras acerca de una sucesión.

Los veinticuatro ancianos vistos por Juan en el cielo son mencionados frecuentemente en Apocalipsis. Son vistos alrededor del trono, sentados en tronos, vestidos de blanco y con coronas de oro, adorando a Dios.

En el Antiguo Testamento, cuando todo estaba en orden había veinticuatro grupos sacerdotales, teniendo cada uno de estos grupos a un anciano como cabeza o jefe; puede que el número veinticuatro para los ancianos en Apocalipsis sea una alusión a estas veinticuatro suertes de sacerdocio.

Los ancianos en el cielo tienen arpas de oro llenas de perfume “que son las oraciones de los santos”, evidenciando que actúan como sacerdotes, celebrando la redención en un cántico. Se trata indudablemente de la Iglesia vista ya en el cielo en su carácter de “real sacerdocio”.

Ya has leído todo esto que es un informe histórico y sin contaminaciones supuestamente espirituales. Ahora dime: ¿Qué piensas? ¿Por donde anda tu pensamiento en este momento? ¿Quizás en la enorme cantidad de veces que has visto proceder conforme a rudimentos que no tienen nada que ver con lo que has leído? No te preocupes, yo lo pensé primero.

¿Qué tiene que ver ese anciano supervisor y obispo con este pastor moderno y casi “cacique” de una tribu muy singular denominada “iglesia”? Nada. O casi nada. Aquel era un hombre probo, levantado por Dios mismo para guardar, vigilar y de alguna manera, cimentar y mejorar su obra. Éste, alguien con ideas propias, personales, particulares, privadas y ambiciosas que lucha por tener…éxito.

Pedro se titula a sí mismo…anciano. Y si anciano es supervisor, es epískopos, es obispo, anciano no es apóstol. Sin embargo nosotros le decimos “el apóstol Pedro”. ¿Quién le otorgó ese apostolado? Indudablemente, la historia. La misma que ya está borrando de todos los libros a los actuales ancianos. ¿El por qué? Esta misma carta te da la respuesta.

(Lucas 24: 48)= Y vosotros sois testigos de estas cosas.

El énfasis de Lucas sobre la Gran Comisión está en consonancia con su tema: Cristo, el Hijo del Hombre, lo cual muestra el equilibrio entre la humanidad y la divinidad de Jesús. La belleza y la singularidad de su carácter, tanto divino como humano, se revela en el hecho de que éste, quien es divino, trae al hombre pecador al Dios santo.

En su vida de perfección y santidad, Jesús refleja compasión por la humanidad sufriente y manchada con el pecado, quebrantada, enferma, maltratada y dolorida. Nuestro cumplimiento de la Gran Comisión requiere de compasión y de profundo interés humano en una amplitud mundial.

El estilo de Jesús, que a todas luces se presenta como sensitivo y accesible, constituye indudablemente un llamado a sus seguidores (Los que dicen llamarse a sí mismos: “cristianos”), a responder con prontitud a su mandamiento y a hacerlo con su compasión.

La clave de la iglesia en este verso está en la palabra testigos. Porque un testigo es alguien que da testimonio de algo o lo atestigua. Esto es: es una persona que presencia o adquiere conocimiento directo de algo.

¿Qué significa esto para nosotros? Que nosotros estamos llamados a ser testigos de lo que Cristo es, de lo que hizo por todos y, esencialmente de lo que hizo con y por nosotros. Claro está: si no tenemos nada para mostrar en relación con esto, no podremos ser testigos.

Y yo creo que hoy, el problema más grave que tiene la iglesia, es que hay mucha gente que se ha capacitado técnica y académicamente para hablar de las cosas de Dios, pero muy pocos que tengan calidad de auténticos testigos de Jesucristo.

Y al mundo, mi querido amigo, no se lo ganará con discursos de teología. Eso sirve para el templo, donde hay un montón de gente dispuesta y predispuesta a oír lo que sea y decir “amén” por lo que sea. Pero el mundo incrédulo, no. Al mundo incrédulo sólo se lo conmueve con el poder de Dios manifestado.

(Apocalipsis 1: 9)= Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo.

Fíjate que notable. El seguimiento y respeto por la auténtica Palabra de Dios, más el ser testimonio viviente de Jesucristo, no llevaron a Juan a lo más alto de la plataforma a recibir el aplauso y el homenaje de sus hermanos, sino que lo llevaron a Patmos, la isla donde fue confinado par que se muriera.

Los que supongan que a Juan lo enviaron allí los romanos, está equivocado. Juan no les molestaba a los romanos ni perturbaba su poder terreno. Juan les molestaba a los líderes de la iglesia, porque lo que decía y predicaba tenía la vida que tiene la genuina Palabra de Dios y el poder revitalizador que tiene el testimonio de Jesucristo.

¿Y entonces que? Echemos a Juan de entre nosotros, nos sea cosa que la gente se de cuenta que lo que nosotros estamos dando como Palabra es puro humanismo, filosofía, psicología y ministración del alma y comience a abandonar nuestros templos.

Hay mucha gente con el espíritu de Juan en este tiempo. ¿Adonde están? En los distintos Patmos adonde han sido confinados. Todos fuera de los templos, soportando la marginación de sus antes “amorosos hermanos” y, encima, recibiendo la acusación de estar casi fuera del cielo por no congregarse.

Muy bien: Juan no se congregó con nadie en Patmos por una sencilla razón: no había nadie con quien congregarse. No asistió a ningún culto, reunión o servicio por otra simple razón: no había templos, ni pastores, ni hermanos. Juan se quedó solo y lo único que le quedó por hacer fue aferrarse de la mano del Señor.

Y allí fue, “casualmente”, donde el Señor lo levantó por sobre todos los religiosos del planeta y lo llevó a poner en marcha el mayor ministerio a tiempo completo del que se haya tenido memoria e historia. Y escribió un libro por mandato divino que no es un compendio de profecías del futuro, sino la revelación de la persona de Jesucristo, esa misma de la cual él daba testimonio permanente.

¿Y qué es lo que les ruega Pedro a esos ancianos? Que apacienten la grey. ¿Y qué significa esto de apacentar la grey? Busquemos por separado y luego unamos ambas expresiones, ambas palabras, y tendremos su significado.

Apacentar es, en lo literal, lisa y llanamente dar pasto al ganado. Pero también hay una acepción de tipo espiritual que nos dice que ese acto es dar pasto espiritual, instruir, enseñar. Obviamente, se está hablando de esto último.

Grey, mientras tanto, se trata de un rebaño de ganado menor. También dícese de un conjunto de individuos que tiene algún carácter común, como los de una misma raza, región o nación. En este caso específico, se habla de gente creyente.

¿Cuál es entonces el ruego, en concreto? Que los ancianos les brinden a los componentes del rebaño, alimento espiritual fresco, nutritivo y genuino. No vana palabrería ni discurso humanista, científico o filosófico, sino Palabra auténtica de Dios.

Y que se lo den a…la grey de Dios. Es decir que ese rebaño al que Pedro se refiere, pero es válido para todos los rebaños del planeta, es de Dios. De ninguna manera es de un hombre y mucho menos de una denominación, credo o línea religiosa organizada.

Y, finalmente, el hecho de catalogarlo como grey, le da carácter de rebaño y no de redil. ¿Cuál es la diferencia? La hemos enseñado muchas veces en otros estudios, pero siempre es válido reiterarlo. Un rebaño es un grupo que se mueve con libertad buscando los mejores pastos. Un redil es un corral, un encierro, donde la grey come lo que se le da, aunque sea hojarasca.

¿Cuál es el máximo problema de nuestra grey contemporánea? Que es mayoritariamente redil y no rebaño. Que está encerrada entre cuatro paredes de una congregación local o una denominación determinada, alimentándose de lo que allí se cree que es alimento, aunque en la suma mayoritaria, normalmente no lo es.

Pero fíjate que esto no concluye aquí. Es notorio que Pedro ya entendía lo que podía ocurrir con ese grado de poder que algunos hombres iban a tener sobre otros. Que cuando el poder, – Cualquiera sea -, no es usado en el Señor, corrompe.

Porque seguidamente a ese ruego de apacentarla, les dice a los ancianos, supervisores, que la cuiden. Y quiero aquí darte las definiciones de dos palabras que pueden sonar muy parecidas, pero que en verdad no lo son.

Cuidar: Poner diligencia, atención y solicitud en la ejecución de algo. Asistir, guardar, conservar. La otra que se le parece pero no es igual, es: Controlar: ejercer el control. Control: comprobación, inspección, fiscalización, intervención, dominio, mando, preponderancia.

Ahora examina la situación y, si eres un ministro del Señor, (Quizás anciano de este tiempo), examínate interiormente en tu tarea. ¿Estás ejerciendo cuidado sobre el rebaño del Señor que atiendes o estás ejerciendo control?

Porque hay una leve diferencia en la acepción gramatical de ambas palabras, tal como lo has visto. Pero en el ámbito espiritual, la diferencia no sólo es enorme sino de alta gravitación. Cuidar es mandato de Dios. Controlar es darle curso a un espíritu inmundo que tiene ese nombre. ¿Adonde estás tú?

Pro dice más. Dice como debe ser ese cuidado. Voluntariamente, eso dice. Y con anterioridad, le coloca una expresión que de ninguna manera suena desencajada de las realidades contemporáneas. Dice que no es por fuerza.

¿Será que estoy queriendo decir que hay miles o millones de ovejas prisioneras en diferentes rediles, en los que deben quedarse aún en contra de sus voluntades? Eso es exactamente lo que está ocurriendo si es que cada uno de los cristianos se atreve a romper su miedo y decirlo en voz alta.

Convengamos en algo que siempre sirve como excusa y que, en parte, sólo en parte, tiene visos de verdad. Hay cientos de ovejas díscolas, rebeldes y conflictivas, y a esas no está par nada mal que se las discipline y se ejerza autoridad contundente con ellas.

Pero no son todas, aunque la excusa sirva para todas. Hay mucha gente espiritualmente abusada que no se atreve a irse de sus congregaciones porque alguien las ha amenazado con sus Biblias en las manos.

Yo mismo he oído por una emisora de radio de mi ciudad, de mi país, como un pastor de una congregación bastante voluminosa de mi ciudad, ha dicho con relación a gente que decidió irse de su iglesia, que ya van a ver lo que les sucede, que cuando estén ahogados y asfixiados por la venganza del Señor, van a querer regresar…

Hermanos…yo no conozco esos casos puntualmente, es verdad. Es más: estoy dispuesto a aceptar que en la mayor parte de los casos pueda tratarse, efectivamente, de gente desagradecida, orgullosa y todo lo demás que se ha ido porque no están dispuestos a aceptar la voluntad y la autoridad de Dios sobre sus vidas, de acuerdo.

Pero debe haber un pequeño remanente, así fueran cinco personas, que se han retirado de allí por motivos más que justificados (Y créeme que los hay). En esos casos, lo que el pastor dijo radialmente. Equivale lisa y llanamente a una maldición.

¡Hermano! ¿Usted me está queriendo decir que pueden existir pastores que, enojados por una circunstancia, no vacilan en maldecir a los que hasta ayer han sido sus ovejas amadas? No te lo estoy queriendo decir, ¡Te lo estoy diciendo porque yo mismo lo he oído!

Me he cansado de enseñar lo único que la Biblia dice con claridad respecto a la sujeción: que es mutua, y que es voluntaria. Ambas cosas pueden leerse en más de un texto. Sin embargo, no estoy viendo (Ni lo estás viendo tú tampoco, seguramente), que esto se esté cumpliendo así.

Porque una cosa es que un predicador, por más fragoroso que sea, exprese desde un púlpito a quien quiera oírlo, que convendría sujetarse a nuestros pastores porque esa es la voluntad de Dios, y otra muy distinta es lo que mayoritariamente oímos: que debemos sujetarnos. Lo primero es voluntario, lo segundo obligatorio. Lo primero es bíblico, lo segundo sólo es evangélico.

¿Y que le agrega a esto Pedro? Le agrega un aditamento que, a la luz de lo que es el evangelio de Jesucristo, su esencia y la deidad de su protagonista, parecería total y absolutamente innecesario. Sin embargo, Pedro ha considerado que no lo es.

Porque a continuación de se mandato de cuidar las ovejas no por fuerza sino voluntariamente, les dice a los ancianos, supervisores, líderes, pastores modernos, que deben hacerlo también con ánimo pronto y no por ganancia deshonesta.

¿Y qué sería gobernar o liderar a un rebaño de ovejas por ganancia deshonesta? Creo que no necesitamos ser demasiado inteligentes: significa que lo hacen porque de alguna manera, algo les van a sacar a esas ovejas que justifique su trabajo.

¿Has visto tú, últimamente, en algún lugar remoto de la tierra, algún sitio supuestamente religioso, supuestamente cristiano, donde su líder se aproveche material y económicamente de sus liderados para sustentar su vida personal? Muy bien: eso, es ganancia deshonesta.

¡No, hermano! ¡No siempre! ¡No se olvide que el obrero es digno de su salario y el que sirve debe ser sostenido. Sí, debe ser sostenido, pero por el Señor y como el Señor lo disponga, no por medio de manipulaciones, amenazas u otras estratagemas tendientes a sacarle el dinero a la gente.

Cuando decimos esto en ambientes de comando, ¿Qué respuesta recibimos? Clásica: ¡Pero no, hermano! ¡Eso es quimérico! ¡Si no salimos a buscar las ofrendas y los diezmos, nadie nos trae nada y nos quebramos con seguridad! ¿Ah, sí?

Mira: si es verdad eso que los ministros dicen, es porque la gente no ha entendido nada. Y si la gente no ha entendido nada, es porque no ha madurado. Y si la gente no ha madurado, la responsabilidad es de los ministerios que están puestos allí para madurarlos. Y la última: si un ministro no puede creer que Dios va a sustentar su trabajo como Él quiera, ese ministro es incrédulo.

(Juan 21: 16)= Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor, tú sabes que te amo. Le dijo: pastorea mis ovejas.

Pastorea mis ovejas. ¿Y que quiere decir “pastorear” a unas ovejas? La palabra pastorear significa llevar los ganados al campo y cuidar de ellos mientras pacen. Esto es: llevar a las ovejas a un ámbito espiritual de alimento y cuidar (No controlar) de ellas mientras se nutren.

Ahora bien: ¿Quién es el encargado de pastorear? Un pastor, sin dudas. Y coincide aquí con uno de los cinco ministerios que, según Efesios 4:11, el señor le ha entregado a la iglesia para perfección (Que es maduración) de los santos, que somos tú y yo.

Que la iglesia con sus organizaciones humanas y personalizadas por ambiciones particulares, haya inventado una categoría superior para el ministerio del pastor, es un problema de personas, no de Dios. Dios lo pensó de otro modo.

El diccionario bíblico brinda un gráfico del pastor que – Con mayores o menores diferencias -, no tiene absolutamente nada que ver con lo que conocemos al respecto. Dice, entre otras cosas, que un pastor es el que se cuida de un rebaño.

Abel tenía un rebaño de ganado menor. Desde Abraham a Jacob y sus hijos, los patriarcas fueron ganaderos y pastores. Jabal, Abraham y los recabitas fueron nómadas; moraban en tiendas y llevaban a sus rebaños y ganados de lugar a lugar para hallar pastos.

Otros ricos propietarios de ganaderías y rebaños residían en ciudades, en tanto que sus siervos iban de pasto a pasto con los animales. Había también el pastor sedentario, que salía por la mañana con su rebaño, y lo devolvía por la noche al redil.

Con frecuencia, el rebaño era confiado: al hijo, a la hija o a un asalariado. El propietario exigía del pastor el precio de todo animal desaparecido. La Ley de Moisés libraba al asalariado de esta obligación, si podía probar que la pérdida no había sido consecuencia de una negligencia.

El pastor iba temprano al redil, donde se hallaban varios rebaños, y llamaba a sus ovejas. Éstas reconocían su voz, y lo seguían. Esto último es una realidad en Oriente, así como que cada oveja tiene un nombre y que conoce la voz del pastor, y constituye un hermoso tipo de la relación de Jehová con Israel y de Cristo con la Iglesia.

Las ovejas de otros pastores no prestaban atención a su voz. El pastor conducía el rebaño a los pastos, quedándose allí todo el día, y en ocasiones incluso la noche; los defendía de las fieras y contra los merodeadores, recogía a la perdida.

Se cuidaba de las ovejas recién paridas y de las esparcidas. El pastor llevaba un zurrón y un arma defensiva. Si hacía mal tiempo, se envolvía en su manto. Su cayado, le permitía dirigir el rebaño, reunirlo y defenderlo.

Era ayudado por los perros, que no eran demasiado dóciles ni fieles, pero que, al ir detrás del rebaño, señalaban el peligro con sus ladridos. En las Escrituras, Jehová es presentado como pastor de Israel, especialmente de los fieles.

Cristo es el «Buen Pastor». Él no ha entrado furtivamente en el redil, sino por la puerta. Sus ovejas responden con confianza al oír sus nombres y rehúsan seguir a otros. Al sacrificar Su vida por ellas, les ha demostrado Su amor.

Todos los que tenían una posición en la teocracia: profetas, sacerdotes, reyes, eran considerados por el pueblo como pastores subalternos; su infidelidad a Jehová es frecuentemente mencionada.

En el NT hay el don de los pastores para la iglesia, para alimentar y pastorear las ovejas; los ancianos u obispos son asimismo exhortados a tener cuidado de la grey del Señor, siguiendo el ejemplo de Cristo, el Gran Pastor de las Ovejas, y Señor del rebaño y de los encargados de cuidarlo.

¿Has leído bien, verdad? ¿Has tenido especial cuidado en buscar similitudes entre lo que aquí se menciona y lo que tú ves en cualquier congregación de este tiempo? ¿Y has hallado esa similitud? ¿No? No te preocupes, yo tampoco. ¿Y por que crees que ocurre eso?

Es simple. Porque el pastor, tal como nosotros lo ubicamos, (Un señor vestido con ropa solemne, que habla de manera impostada como si fuera una biblia grabada, que predica rigurosamente un mensaje (O más) por semana y que sólo le permite a sus ovejas decir “amén” de vez en cuando) no existe. ¿Y de donde lo sacamos?

Sería muy extenso explicártelo porque significa todo un estudio más histórico que bíblico. Pero si quieres y tienes tiempo, busca en la Web a Gene Edwards y, especialmente,. Su trabajo “Más Allá de lo Radical”, y allí lo tendrás bastante claro.

(1 Corintios 9: 17)= Por lo cual, si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; pero si de mala voluntad, la comisión me ha sido encomendada.

Fíjate que Pablo predicaba por compulsión divina y confiaba en recibir una recompensa. Aún si no hubiese querido predicar, sentía la obligación moral de hacerlo. Debido a que se dispuso a depender completamente de Cristo por amor, voluntariamente decidió no reivindicar sus derechos. Su recompensa era la satisfacción de predicar gratuitamente.

¡Que bueno sería que, al menos, un diez por ciento ministerial de la iglesia pudiera vivir ministrando conforme al espíritu de Pablo! Experimentando la satisfacción de predicar gratuitamente. ¡Que diferencia con aquellos predicadores cinco estrellas que exhiben un cachet fijo, en dólares, con hoteles de primer nivel, sauna y servicio de bar incluidos!

Y todo bajo el inexplicable razonamiento de que el obrero es digno de su salario. A nadie le caben dudas que el obrero es digno de su salario, pero de ese supuesto obrero a la petulancia exhibicionista casi ofensiva de la que hacen gala algunos de estos mini-astros, hay una distancia.

(1 Timoteo 3: 2)= Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; (3) no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro.

(Verso 8)= Los diáconos asimismo deben ser honestos, sin doblez, no dados a mucho vino, no codiciosos de ganancias deshonestas.

Globalmente, este texto nos dice que antes que el obispo asuma la tarea de vigilar el rebaño para corregir y enseñar, debe ser irreprensible; alguien a quien no se le puede acusar de nada. Marido de una sola mujer, lo que equivale a señalar que debe ser un esposo ejemplar.

La frase, ciertamente, excluye la poligamia; sin embargo, no es todo lo que afirma. Lo principal es el concepto de la fidelidad conyugal, esto es: el obispo debe ser un esposo fiel. Se h usado este párrafo para hacer hincapié en un segundo matrimonio tras un divorcio, pero eso forma parte de las crueldades legalistas con las que la iglesia ha asesinado espiritualmente a miles de hermanos fieles.

La principal preocupación de Pablo, notoriamente, es la calidad y la cualidad de la conducta del obispo en el momento preciso y exacto en que se presenta en función de candidato par el cargo. La advertencia tiene que ver con un testimonio irreprochable, pero de ninguna manera hachón un juicio a perpetuidad para una condición de la cual puede no ser ni culpable ni responsable.

De otra manera, fíjate que, mientras no se permite que los divorciados y vueltos a casar ejerzan el pastorado, el ancianato o el diaconado por esta dudosa interpretación sobre este texto, nada se dice de tantos y tantos que lo hacen siendo amadores de las ganancias deshonestas, dados al mucho vino, faltos de sobriedad, imprudentes y cosas por el estilo.

La iglesia sigue castigando con sus legalismos malditos a personas que han cometido alguna clase de error en sus vidas anteriores a Cristo, por los cuales ya han pedido perdón y ya han sido perdonados, y sigue aceptando y palmeando la espalda de los religiosos, que son los auténticos representantes de Babilonia infiltrados adentro de las congregaciones para conducirlas al error.

¿Cuántos líderes auténticamente amables conoces? Esta palabra, en este texto, es la palabra EPIEIKES. Proviene de EPI, que significa “hacia adentro” y EIKOS, que quiere decir “gustosamente”. La palabra sugiere un carácter equitativo, razonable, paciente, moderado, justo y considerado.

Es lo opuesto al carácter áspero, hiriente, mordaz, irónico, sarcástico, cruel y contencioso. La persona con un carácter EPIEIKES, no insiste en la letra de la ley. Una vez más te lo pregunto aunque ya conozco tu respuesta: ¿Cuántos líderes conoces con estas características? Dios quiera que sean más de cinco…

(Tito 1: 7)= Porque es necesario que el obispo sea irreprensible, como administrador de Dios; no soberbio, no iracundo, no dado al vino, no pendenciero, no codiciosos de ganancias deshonestas.

Un ministro del Señor, dice Pedro, lo corrobora Pablo, tiene que ser, entre otras cosas, irreprensible. ¿Y que es ser irreprensible? Es ser alguien que no merece reprensión. Reprensión es la acción y acto de reprender.

¿Y que es reprender? Ya sé, no me digas nada; en lo primero que has pensado, seguramente, es en los demonios. Porque la Biblia dice que Jesús los reprendió y ellos se fueron, entonces nosotros hemos tomado ese acto como una especie de ritual y, en el nombre de Jesús, intentamos hacer lo mismo.

¿Sabes que? Los demonios, en muchos casos, se van por la misericordia y el poder de Dios, no por nuestras “habilidades” de liberadores, ya que en un principio, lo primero que no hemos alcanzado a conocer, es que cosa significa reprender.

Reprender es corregir, amonestar a alguien, vituperando o desaprobando lo que ha dicho o hecho. ¿No es cierto que creías que se trataba de otra cosa? ¿No es verdad que ante estas acepciones te cuesta un poco anexarlo al acto de echar fuera demonios?

Volvamos atrás: un ministro del Señor tiene que ser irreprensible, esto es: nadie tiene que tener absolutamente nada de que amonestarle, corregirle o desaprobarle por algo que no haya hecho como corresponde. Y además, tampoco tiene que tener absolutamente nada que determine que haya que tratarlo como si estuviera influido por demonios. Ese es nuestro ministro. ¿Conoces a muchos así?

Tampoco debe ser soberbio. La soberbia, te recuerdo, es la altivez y el apetito desordenado de pretender ser preferido a otros. Es la satisfacción y el envanecimiento por la contemplación de las propias prendas y virtudes con menosprecio para con las de los demás.

¿Necesitaremos mucho más para darnos cuenta que el ochenta por ciento bien largo de nuestros ministros, han caído en este pecado? ¿Son mayoría las congregaciones donde la gente no siente que su pastor está más cercano a Dios que ellos? No te preocupes ni te aflijas, vivas donde vivas. No lo son en ninguna parte del planeta. Porque hay soberbia.

El ministro no tiene que ser iracundo. La iracundia es una notoria propensión a la ira, a la cólera o al enojo sin necesitar demasiados argumentos para ello. El hombre de Dios, auténtico, tiene la contrapartida exacta a esto: amor, paciencia, benignidad, templanza, misericordia, paz. Tú sabrás que cosas son las que más has visto en tu congregación. Allí tienes tu respuesta.

Dic que también tiene que ser alguien no dado al vino. ¿Significa esto que tendrá prohibido beber vino? No, ese es un invento de los misioneros estadounidenses que fundaron cientos de iglesias en nuestras tierras sudamericanas y centroamericanas.

Pero no se trata del respeto a la letra bíblica, sino a una aborrecimiento cultural que esos misioneros, por su propia idiosincrasia cultural, tenían particularmente de esa bebida. Nota que no dijeron nunca nada con relación al Wisky ni tampoco a la cerveza, brebajes que les eran más afines y agradables.

En la declaración de principios, (con pacto incluido), de una muy importante y numerosa denominación evangélica, figura una prohibición de beber vino para ser, – Aseguran -, un cristiano completo y obediente.

No sé qué hubiera sido de la vida de Timoteo en esa denominación. ¿Hubiera obedecido el pacto y la declaración de principios doctrinales de ella, con el fin de no ser expulsado, o hubiera atendido el consejo de Pablo que le aconsejaba beberlo a veces por motivos de salud?

Durante muchos años se ha dicho, (A veces exagerando y hasta de manera ofensiva) que en esa denominación sobra letra pero falta vida. Muchos piensan si no será porque, por causa de este paco, han prohibido a Jesús formar parte de ella por causa de haber bebido vino…

Es clave, en este texto, y se confirma y corrobora con otros en la Biblia, el adjetivo calificativo de mucho que se utiliza. Eso te está aclarando que el ministro no debe ser cosumidor de mucho vino, ya que ello inevitablemente le ocasionará una mini, regular o maxi borrachera, y con ello ingreso al pecado. Pero no habla de prohibir que se lo beba.

Y, finalmente, dice que un ministro del señor no debe ser pendenciero. Si tenemos en cuenta que ser un pendenciero es ser propenso a entrar rápidamente en riñas y pendencias, que son sencillamente contiendas o peleas, nos encontramos con que sugerir esto sería, a la vista de lo que el evangelio del Reino nos propone, simplemente innecesario.

Sin embargo, y en igual medida a la sugerencia final de no ser afecto a las ganancias deshonestas (A esto lo repite muchas veces); es notorio que estas cosas se daban ya en el tiempo de Pedro y por ello debía advertirse a la gente.

Yo tuve en una sola ocasión la posibilidad de ser testigo muy casual de una reyerta entre el que era el pastor de mi congregación de ese momento y otro pastor que se congregaba en ella. Las cosas que se dijeron y el modo en que e lo dijeron me hicieron temer, por un momento, que llegaran a tomarse a golpes.

Me impactó porque a ambos los tenía pintados con una dulce sonrisa e amor y una forma de ser paciente, serena. Es evidente que todas estas cosas eran solamente una máscara con la cual adornaban sus ministerios. La realidad de la pendencia me mostró el verdadero rostro de cada uno.

Todas estas recomendaciones que Pedro realiza y que ha dado lugar a estos análisis y evaluaciones comparativas con las realidades de nuestro tiempo, no concluyen en estas advertencias, ya que finaliza acotando, por si hiciera falta, que los ministros deberán atender, cuidar y proteger el rebaño, no como teniendo señorío sobre los que están a su cuidado, sino siendo ejemplos de la grey.

Entonces, la pregunta que inmediatamente debemos formularnos, es: ¿Se está tratando con las ovejas del Señor, por parte de los ministros, dando ejemplo de vida, actitud, honestidad, rectitud e integridad o como si se tuviera señorío sobre ellas?

Si tener señorío es tener dominio o mando sobre algo, debo decirte que sí, que aquí también la mayor parte de los ministros están en clara, franca y abierta desobediencia. La mayoría de ellos se conducen con la gente como si esa gente les perteneciera o, lo peor, como si esa gente estuviera a su servicio y no al servicio del Reino de Dios.

En cierta ocasión mantuve un diálogo por espacio de un par de horas con un hermano que estaba muy mal anímicamente. Terminaba de retirarse de la congregación a la cual había asistido por espacio de treinta años y en la que, incluso, ostentaba la función de diacono.

Como normalmente suelo hacer en estos casos, traté por todos los medios de encontrar fallas propias con la finalidad de minimizar las ajenas y posibilitar el apaciguamiento del enojo, la posibilidad de diálogo y el consecuente perdón mutuo y activamiento de nuevas oportunidades.

Me frenó bruscamente con una pregunta a boca de jarro. “¿Usted sabe por qué decidí irme después de tanto tiempo?”, – Me preguntó -. Le respondí que no, que no lo sabía. Entonces oí algo que no me dejó ni la menor posibilidad de solución o arreglo al problema.

“Decidí abandonar la iglesia el día que me di cuenta que por espacio de estos últimos diez o quince años de diaconado, no había estado sirviendo al Señor sino sirviendo al pastor. Y lo peor del caso, es que por servir al pastor, en muchas ocasiones tuve que dejar de servir e incluso mentirle al Señor…”

He realizado algunas pequeñas y muy discretas investigaciones con la misma gente integrante de diferentes congregaciones que conozco. No se diferencian demasiado. La estricta mayoría de ellos acepta el señorío pastoral por una simple razón: le tienen miedo.

¡¡Pero no, hermano!! ¡Está equivocado! ¡No es miedo, es respeto por la autoridad del siervo! – Podría ser verdad esto si no fuera que ante cada consulta específica, la respuesta que más veces oí fue algo así como: “¡¡No!! ¡¡No puedo hacer eso!! ¡¡El pastor me echa de la iglesia!!”

Si eso es respeto por la autoridad del siervo y no terror por lo que ese hombre pueda hacer como represalia, no sé ni como me llamo ni qué estoy haciendo en el planeta. Eso se llama miedo. Y el dueño del imperio del miedo no es Dios, es Satanás. Por tanto, ese hermano esta sometido por una estratagema diabólica, no santa.

(Ezequiel 34: 4)= No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma; no vendaste la perniquebrada, no volviste al redil a la descarriada, ni buscasteis la perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia.

No sé como figura en tu Biblia el subtítulo de este pasaje del libro de Ezequiel. En la que estoy tomando para realizar este trabajo, que es una versión clásica, dice textualmente: “Los Pastores Negligentes”. Es muy duro este texto.

Tanto que yo, al menos, jamás pude oír a nadie predicar sobre este texto. Pienso que quizás no tenían nada para decir como no fuera hacer autocrítica. Y tú sabes muy bien que por un falso entendimiento, hay un gran sector de la iglesia que no simpatiza con la autocrítica.

El caso es que negligencia no es otra cosa que falta de cuidado y aplicación con respecto a algo. ¿Recuerdas que le dice Pedro a los ancianos? Que cuide a las ovejas del Señor ¿Recuerdas de que hablamos allí? Establecimos la diferencia que hay entre cuidar y controlar.

Por tanto, un pastor negligente es aquel que, en su afán de hacer las cosas bien conforme a los requerimientos de su denominación, de su propia organización o de las ambiciones o proyectos personales, descuida a esas ovejas que no son suyas y las trata con dureza y violencia.

¿Qué tendrá que ver, entonces, este texto de Ezequiel con un hoy tan distinto y diametralmente opuesto a aquella época en que todo esto fuera escrito? Mucho. Más de lo que una gran mayoría se imagina. Y no se trata de ser malintencionado y relacionarlo, se trata de leer y entender.

¿Qué es fortalecer a una oveja débil? Suministrarle alimento nutritivo. Por tanto, si esto no se está haciendo, es porque lo que está bajando desde los púlpitos no es alimento nutritivo sino hojarasca seca que ni llena ni alimenta. Humanismo, psicología, ciencia, filosofía, autoayuda, “contención” afectiva. Miles de mensajes sobre estos temas. ¿Palabra genuina de Dios? Escasa o nula.

¿Qué es una oveja enferma? Es una que por alguna causa no del todo clara, ha sido infectada por alguna clase de bacteria extraña y ha contraído una dolencia. ¿Cómo podríamos ejemplificar esto? Con las que creen que la iglesia es Sanidad Interior y luego cualquier otra cosa de relleno.

Con las que suponen que, si la gente está contenida por amistades, reuniones alegres y mucho bullicio, no se sentirá sola y encontrará en la iglesia la felicidad que estaba buscando. Súmale a esto aquellas que se conducen con rudimentos esotéricos, híper-místicos y supuestamente proféticos.

¿Qué se supone que debería hacer un pastor ante esta alternativa? Tomar a esa oveja, sentarla horas y horas frente suyo y, con el simple ejemplo práctico de su propia vida y su propia fe, hacerle entender que por buscar lo espectacular se ha perdido lo divino.

Luego dice que los pastores no han vendado a las perniquebradas? ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que hay muchas, pero muchas ovejas que no caminan correctamente porque, los miembros de traslación se le han atrofiado por falta de circulación sanguínea correcta.

Tú ya sabes que la sangre es el símbolo clave y clásico de la vida. Entonces, de lo que estamos hablando, es de ovejas que por seguir los rudimentos tradicionales de la religión costumbrista, han dejado de recibir vida y, por tanto, ya no caminan o caminan dificultosamente. Perniquebradas.

¿Qué debe hacer el pastor con ellas? Una vez más, sentarlas frente suyo todo el tiempo necesario para que ellas, al ver su propio andar y el de su familia, puedan entender que las cosas de Dios funcionan solamente cuando se las cree y se las pone por obra, no por teoría sistemática.

Y la única “venda” que conozco para que una pierna quebrada comience a solidificarse y retorne en cualquier momento a la normalidad, es la Palabra de Dios. Quien toca la Palabra de Dios, no se equivoca más…

¡¡Pero no, hermano!! ¡Usted se equivoca! ¡Yo conozco a muchos teólogos que saben la Biblia de memoria y así y todo se equivocan en muchas cosas! – ¿Ah, sí? ¿Y a ti quien te dijo que un teólogo ha tocado la Palabra de Dios? Saben toda la letra, pero…¿Conocen algo de la Rema..?

Luego nos encontramos con la descarriada. Es, quizás, la que más tienen en mente los pastores de las congregaciones. ¿Por qué? Porque es el recurso más simple para contrarrestar la confrontación o el fastidio de toda oveja que se le oponga.

¿No estás de acuerdo con lo que el pastor decide u ordena? Eres una oveja descarriada. Pero…¿Lo eres de verdad? En muchos casos, sí. Estás equivocado y te crees que las cosas deben hacerse como a ti te parece y no piensas que ese hombre puede haber recibido una directiva del Señor.

Ahora bien; ¿Siempre es así? No, de hecho que no. En muchas ocasiones, la oveja descarriada no es más que una que ha recibido clara revelación del Señor, (Quizás porque es la única en ese grupo que está en obediencia y fidelidad) y, al confrontarla con la falsa visión pastoral, se gana un enemigo que, para sacarla de en medio, no vacilará en rotularla de descarriada.

Sin embargo, Ezequiel no hace alusión de esto, sino de la que en verdad se ha descarriado. ¿Y qué es lo que él aconseja o demanda hacer a los pastores? Retornarlas al redil. Es decir: perder todo el tiempo que haya que perder par conseguir que la oveja retome su vida de fe y crecimiento.

Porque esto tiene que ver con el punto que sigue, que es que cada uno de ellos salga a buscar la perdida. Tengo mi propia experiencia al respecto y la he relatado en mi primer libro. Cuando el señor nos sacó, como familia, de la última congregación a la que asistíamos, pude vivir esta realidad.

Estuvimos a punto de hacer “lo que corresponde”, que es como decir “lo que se usa”, o “lo acostumbrado” en estos casos. Pedir una entrevista con el pastor y comunicarle nuestra decisión de abandonar la congregación.

Pero fue ponernos a orar para que el Señor nos diera las palabras y fundamentos que le íbamos a exponer en esa entrevista, y Él nos respondió de un modo muy sorprendente. Nos mostró que, si bien hay usos, costumbres y tradiciones que dicen que hay que informar al pastor de nuestra decisión, la Palabra dice otra cosa diametralmente opuesta. Dice que es el pastor el que tiene que preocuparse por salir a buscar la que se fue.

¿Conoces muchos casos donde el pastor haya hecho esto? Y te lo pregunto en función de la globalidad, no del caso puntual de la ida de alguna familia importante con diezmos importantes. Yo conozco pocos. ¿Negligencia? Según Ezequiel, sí. Según el Señor, también. Que Él juzgue y decida.

Ellos, – Dice aquí -, demuestran su negligencia enseñoreándose de ovejas que no son propias sino prestadas por un tiempo, con dureza y con violencia. Sé que esto te produce el mismo asombro e incredulidad que a mí.

¿Podrá ser que adentro de la iglesia del Señor, haya hombres o mujeres que traten a las ovejas fieles (Ni hablar de las descarriadas) con dureza? Sí lo es. He sido testigo (Felizmente no víctima), de crueldades inimaginables cumplimentadas “en el nombre del Señor” y, obviamente, con una Biblia como argumento.

¿Se puede ser, asimismo, violento con esas ovejas desde un sitial donde se nos ha enseñado, predicado y formado para ser amorosos? Sí, se puede. He visto pastores tratar con más violencia verbal y psicológica, (Que es peor que la física) a personas sencillas que a los mismos demonios.

(Filipenses 3: 17)= Hermanos, sed imitadores de mí y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros.

¿Quién de nosotros, por sincero que sea, por fiel que sea, por seguro que se encuentre d estar haciendo la voluntad de Dios, se atrevería a decirle a alguien que nos imite? En primer lugar, no nos atreveríamos. En segundo lugar, si lo hiciéramos, nos lloverían las críticas por soberbia y vanidad.

El caso es que Pablo se los dice a los Filipenses y se compromete profundamente con ello. Hace que ellos lo tengan en la mira y, al primer error, a la primera equivocación que Pablo tuviera, tenían el total y legítimo derecho de destrozarlo.

Ese es el evangelio de Jesucristo. Cualquier otra cosa que suene parecida pero no tenga esta capacidad de compromiso, no es el evangelio de la cruz. Porque lo que aquí se nos advierte es que aparecerá gente negligente en la conducción máxima de la iglesia.

¿Y qué deberemos hacer cuando los descubramos? ¿Tal vez confrontarlos, discutir con ellos fuertemente y obligarlos a abandonar la iglesia? En absoluto. Según lo señala Pablo aquí, lo que tenemos que hacer es convertirnos en modelos y ejemplos para que los demás nos miren y nos imiten. Quien no desee hacerlo y siga en lo suyo, se expondrá delante del señor y Él hará con cada uno lo que corresponda.

Es mucha la gente que en estos tiempos me escribe quejándose de que su pastor, quien según ellos debería ser modelo de honestidad, integridad y alta moral, un verdadero ejemplo para todos, resulta ser todo lo contrario.

Entonces lanzan todo tipo de denuestos en contra de ese hombre que, sin ninguna duda, no está haciendo lo que debe. Yo generalmente les respondo que el juicio para con ese falso ministro es del señor, no nuestro.

Les digo, eso sí, que de ninguna manera deberán sujetarse a esa clase de personas porque la Biblia es clara: nos sujetaremos a nuestros pastores, no a nuestros asalariados. Y es mucho mejor no quejarse porque no son modelos ni ejemplos. Lo que debemos hacer es convertirnos nosotros en modelos y ejemplos.

¡No, hermano! ¡Usted está equivocado! ¡Yo no tengo por qué ser ejemplo o modelo! ¡Esa es responsabilidad de los líderes! Eso no existe, hermano. A eso lo inventaron los hombres. Los hijos de Dios, (Y somos todos los que aceptamos a Cristo y creímos), estamos llamados a ser modelos a imitar y ejemplos vivientes. No evadas tus obligaciones si aspiras a tus derechos.

Concluye Pedro este párrafo dedicado a los asentadores de la grey, señalando que, cuando aparezca el príncipe de los pastores, nosotros habremos de recibir la corona incorruptible de gloria. ¿De que instancia habla Pedro? ¿Quién es el príncipe de los pastores?

Pedro está refiriéndose al día en que el Señor retorne. A buscar a su iglesia genuina y verdadera y a pagar a los hombres conforme a sus obras. Allí, el señor Jesucristo, el buen pastor, el llamado príncipe de los pastores, otorgará la corona incorruptible de gloria.

Está muy bien, pero…¿A quien o a quienes les otorgará esa corona? A aquellos que encuentre haciendo lo que Él ha ordenado hacer a los que ostentan algunos de los cinco ministerios encargados de pastorear la iglesia.

Hemos venido detallando prolija y ordenadamente lo que Él desea que esos hombres llamados a servir a los intereses del Reino, hagan. Y hemos dicho que una gran mayoría de ellos, tal como lo dice en Ezequiel, han optado por apacentarse a sí mismos y han descuidado a las ovejas del Padre.

Jesucristo no es príncipe de esta gente. Porque esta gente son asalariados o infiltrados satánicos en la iglesia. Jesucristo es príncipe de los pastores genuinos, aquellos que fueron llamados a cumplir con ese ministerio que, como todos sabemos, tiene olor a oveja y corazón de amor. Nada que ver con gerencia de una empresa llamada iglesia.

¡Pero hermano! ¡Usted dice eso porque no entiende! ¡Si los pastores no cumplen esas funciones de administración y dirección humana, las iglesias se vendrían abajo! – ¿Ah, sí, eh? ¿Y qué rol le adjudicamos a aquel que tiene el don de presidir?

Dios ha preparado a estos hermanos para que presidan, para que controlen los gastos, las inversiones y los costos de la iglesia como cuerpo administrativo. Pero el pastor no, ¡Por favor! Dios jamás pensó en caciques impunes sobre una obediente tribu de “amenes”.

Está bien, hermano, lo acepto. Pero con una condición. ¡¡Yo soy un humilde siervo de Dios!! ¡¡Toda la gloria es suya!! ¡¡Yo no quiero absolutamente nada de esa gloria!! – Está bien, de acuerdo. Entonces no tienes el llamado, porque aquí dice que Dios ha dicho que aquellos que tienen el llamado y lo han cumplido bien, tendrán sí o sí esa corona, no es opcional. Es mandamiento.

(Hebreos 13: 20)= Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, (21) os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Habiendo ya solicitado la oración de sus lectores, el autor de esta carta, ahora ora por ellos. La bendición resume todo lo que se ha dicho. Dios ha provisto todo lo necesario par nuestro bienestar espiritual por medio de la obra redentora de Cristo. El pacto que el Señor inauguró es eterno.

Pero fíjate en el calificativo. Para Pedro, Jesucristo es el príncipe de los pastores. Para el autor de esta carta a los hebreos (Muchos sostienen que fue Pablo), es el gran pastor de las ovejas. Calificativos distintos con similar significado.

Esto sirve, de paso, para confirmar y corroborar que cuando la Biblia habla de tarea pastoral, siempre lo hace en plural, ya que considera a cada uno de los cinco ministerios de Efesios 4:11 como aptos para apacentar y pastorear. Pero cuando habla de pastor en singular, siempre se refiere a Cristo.

Esto, lo que nos indica con total y meridiana claridad, es que el ministerio del pastor, tal como hoy lo conocemos, ha sido nada más que un invento humano con la finalidad de ejercer un control administrativo y disciplinario sobre la institución humana llamada iglesia. Pero no es bíblico.

No encontrarás en toda la escritura a un hombre al cual no se le pueda desobedecer ni discutir nada de lo que dice, que se encarga de predicar permanentemente, que es el que decide vida y obra de la gente, (En algunas congregaciones, hasta el matrimonio de sus miembros), y que está puesto en ese sitial de por vida.

(2 Timoteo 4: 8)= Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.

Esta palabra que aquí es traducida como justicia, es la palabra griega DIKAIOSUNE, y significa Justo, la cualidad de actuar correctamente. La palabra sugiere conformidad con la voluntad revelada de Dios en todos los aspectos.

DIKAIOSUNE posee ambos sentidos: judicial y benévolo. Dios declara justo al creyente, en el sentido de absolverlo, y le dispensa justicia. Por otra parte, por ser solamente por revelación, no hay modo en que puedan recibir esta corona los religiosos, activistas, ritualistas o tradicionalistas.

La pregunta que convendría que te formules en este momento, luego de leer este pasaje que te deja evidencia y constancia que esta corona no es solamente para los líderes, sino para todo el que ama la venida del Señor, es: ¿Amas tú esa venida?

Con más claridad: ¿Estás aguardando que el Señor venga cuando Él quiera y haga justicia o, por el contrario, no sólo no tienes ninguna prisa sino que, incluso, desearías que demorara su retorno con el fin de poder disfrutar un poco de tu vida terrenal? Sólo reflexiónalo.

(020) Si no te Sometes, no Resistes.

(1 Pedro 5: 5)= Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.

(6) Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; (7) echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.

(8) Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; (9) al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo.

(10) Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.

(11) A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.

Jóvenes, sujétense a los ancianos. Curioso es el diccionario. Cuando leemos el significado de la palabra sujeción, nos encontramos que dice: “unión con que algo está sujeto de modo que no puede separarse, dividirse o inclinarse”. Da la imagen de algo que está en monolítica unidad.

Sin embargo, si buscamos el verbo sujetar, la acepción principal parece haber sido escrita por un líder despótico de esos que tú y yo hemos visto alguna vez. Porque allí se lee: “someter al dominio, señorío o disposición de alguien.”

La pregunta del millón de dólares, es: ¿Fue escrita en la Biblia, esta palabra, bajo estas características? Es toda una incógnita, ya que si así fuera, el siguiente principio, resultaría incoherente u opositor al primero. Porque allí se nos dice que debemos estar todos sumisos unos a otros.

La sujeción, tal como tú y yo la conocemos y nos la han enseñado, se parece mucho más a la primera parte de este texto que a la segunda. He visto a mucha gente sometida y sujeta al dominio, señorío y disposición de un pastor, pero jamás he visto a éste con la misma sumisión que su pastoreado.

El principio de la sujeción tiene un elemento que es básico y debemos hallarlo en el cuerpo humano, ya que la iglesia es un cuerpo en su funcionamiento. Todos los miembros de un cuerpo deben estar sujetos entre sí y, al mismo tiempo y al unísono, todos a la cabeza que es quien dispone.

Así es que no se ve ninguna imposibilidad de que nos sujetemos unos a otros, pero las cosas comienzan a perturbarse cuando en lugar de unos a otros, esa sujeción solamente se exige e implementa por parte de unos cuantos a algunos. Y no es lo mismo.

Y mucho menos lo es, en virtud del elemento principal. Porque en la mayor parte de las ocasiones, esa sujeción se efectúa para con un miembro que está bastante lejos de estar sujeto a la cabeza, que es Cristo.

Siempre he dicho y puedo asegurarlo aún, que cuando encuentras a alguien que está sujeto a Cristo, sujetarte a lo que dice o expresa, no es un esfuerzo ni un trabajo, es un privilegio. El caso es cuando sí se convierte esa sujeción en un esfuerzo o un sacrificio. Las respuestas pueden ser dos: o tú eres un rebelde y conflictivo o aquel a quien debes sujetarte es un falso asalariado.

La iglesia se resiste a hablar de esto y enseñarlo a sus miembros porque, asegura, eso les quitaría autoridad a los líderes ya que la gente comenzaría a hacer lo que s le da la gana. Si hablamos de carnalidades, de acuerdo. Pro si andamos conforme al Espíritu Santo de Dios, no veo la forma de evadir a lo que realmente viene de Dios.

Todos nosotros tenemos puntos de referencia obligados en lo espiritual. Y no estoy hablando de liderazgos domésticos, donde un hombrecillo de vestir y hablar muy raro se convierte en el dueño de tu vida y la de tu familia, disponiendo sobre cosas puntuales en tu lugar, sino en un verdadero hombre de Dios que te lo brinda todo sin pedirte absolutamente nada.

Porque el auténtico hombre de Dios se conduce a partir del amor de Dios. Y el amor de Dios es el que se da a conocer en 1 Corintios 13, no el amor humano. Por tanto es ese amor el que nada pide, todo lo soporta y nunca deja de ser. ¿El otro? Bien gracias. Ya lo sabes…

Y la última parte del verso 5 que ha sido tan utilizada por cientos de predicadores para hablar del mal que significa la soberbia, es concreta y clara. Resulta muy simple y académico sostener que Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes, pero… ¿Qué significado práctico tiene eso?

Quizás si te digo lo mismo pero en un español más popular, puedas entenderlo mejor e incorporarlo a tus vivencias de vida. Lo que aquí te dice, es que Dios le pone obstáculo tras obstáculo a todo lo que hagan los soberbios, mientras que, – Por el contrario -, a los humildes les hace el favor de sostener lo que hagan así lo hayan hecho mal.

Esto, creo, te da un panorama totalmente distinto a todo lo que puedas haber visto hasta ahora en el marco de nuestro ambiente cristiano. Por ejemplo, dejar de cargarle la culpa al diablo cuando algo no sale como uno lo deseaba, porque quizás el diablo en esto no tiene nada que ver, sino que es Dios.

Suponte que un líder carismático, de tremendo arrastre de muchedumbres, envanecido por toda la adulación que le prodigan propios y extraños, monta un proyecto tendiente a aumentar esa afluencia y, obviamente, a fortalecer económicamente su ministerio.

Y cuando se lanza el proyecto que de partida parecía ser sumamente sencillo y posible, comienzan a padecerse tropiezos sobre tropiezos. ¿Qué hará este buen hombre? Vociferará desde su púlpito que Satanás se opone a su proyecto porque éste está destinado a derrotarlo.

Entonces pedirá a toda la iglesia que realice cadenas de ayuno, oración y batalla espiritual con el fin de expulsar a todos los demonios que están impidiendo que el ministerio haga lo que tenía previsto. ¿Quién no se sumaría a una campaña de esa naturaleza y por un fin como ese?

Entonces ¿Con que te encuentras? Con que una congregación íntegra, (Suponte que, al menos, quinientos miembros) oran, ayunan, reprenden y se desesperan tratando de eliminar los tropiezos para que “la visión del siervo” se pueda cumplir. ¿Con qué resultado? Cero.

Eso, créeme, hace desmoronar la fe del más pintado. ¿Pero como puede ser, – Se preguntan -, que una idea tan bien intencionada esté sufriendo tantos contratiempos? ¿Y como puede ser que toda la guerra que se está efectuando no tenga resultados positivos?

¿Es que se ha vuelto sordo el diablo y no oye las órdenes de los santos? ¿También estará sordo Dios que no oye los pedidos de sus hijos? Ni lo uno, ni lo otro. Satanás no está sordo, pero no se mueve porque él no está haciendo nada allí. Y Dios tampoco está sordo y oye todas las oraciones.

Pero hete aquí que no puede responderlas como la gente quisiera por una sencilla razón: Dios conoce a ese líder y sabe de su soberbia. Entonces ha decidido resistirle. ¿Y como lo resistirá? No permitiendo que haga nada de lo que se ha propuesto hacer en beneficio de su propio prestigio y no del Reino. Cuando no hay discernimiento y sí hay sujeción ciega…

(Santiago 4: 6)= Pero él da mayor gracia, por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.

Aunque no puedas entenderlo ni creerlo, este pasaje ha sido utilizado por los defensores de la llamada “teología de la pobreza”, esa que asegura que, mientras más miseria material y de dinero hay en tu vida, más cerca estás de Dios. Una falacia total.

¿Por qué? Porque se ha puesto muy en uso en varios países de habla hispana (Gracias a Dios no en todos, pero sí en el mío, Argentina); usar el término humilde para denominar a la gente con escasos recursos económicos.

Acepto que sea una expresión simbólica, pero no puedo aceptar que se incorpore como sinónimo porque de ninguna manera lo es. ¿O no has conocido, tú, a gente que no tiene nada, absolutamente nada, que vive en la indigencia total y, sin embargo, mantienen un orgullo que, en casos, hasta no les permite agradecer lo que alguien les obsequia?

El soberbio no es necesariamente aquel que tiene dinero. Y tampoco es humilde aquel que no lo tiene. Puede ser soberbio quien quiera que se deje llevar por su yo por encima de lo que el Espíritu Santo le muestre. Y puede ser humilde quien quiera que haya aceptado a Cristo y haya tomado la decisión de convertirlo en Señor de su vida.

Por tanto, este pasaje está mostrando con total y meridiana claridad que Dios, en su sentido más estricto de la justicia, se opone tenazmente a quienes utilicen su nombre para enriquecerse o crecer en prestigios personales, mientras que favorece aún con los errores que existan a aquellos que son sinceros, le aman, le siguen y no aspiran a otra cosa que no sea extender Su Reino y no el propio.

(Isaías 57:15)= Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.

Creo que este texto de Isaías es lo suficientemente claro como para que no queden dudas. Si la soberbia te invade, seguramente crecerás en la consideración de la gente, que siempre se siente atraída por personajes carismáticos y dueños de personalidades avasallantes.

Eso, dentro del ambiente evangélico, es muy probable que te otorgue un concepto de guerrero espiritual de alto calibre y no serán pocas las personas que se te acercarán suponiendo que te pasas las horas peleando a espada con Satanás en persona.

Sólo un problema: la resistencia que Dios tiene para con los soberbios produce un vacío de presencia que los deja a los soberbios expuestos a lo que se les venga encima. Y no tardan en derrumbarse y mostrarse tal cual son y no como se habían disfrazado.

Esto certifica lo que siempre hemos dicho respecto a la mejor “técnica” de evangelización: se necesitan hombres y mujeres con corazones quebrantados para poder levar a otros al quebrantamiento previo a tener un encuentro genuino con Cristo.

Es decir que, en un espíritu humano humilde, el Espíritu Santo es bien recibido, puede ingresar y tomar control, dominio y autoridad de esa persona, voluntariamente entregada, y llevarlo por caminos sobrenaturales llenos del poder de Dios y en victoria tras victoria.

Un espíritu humano lleno de soberbia y autosuficiencia, no tiene espacio alguno para que habite el Espíritu Santo. No aceptará dependencia alguna con el señor aunque, si le conviene a sus fines, podrá asumir una dependencia a otro hombre supuestamente con mayor “jerarquía” que él.

Luego Pedro nos sugiere humillarnos bajo lo que él estima como la poderosa mano de Dios. Ya te hablé de esa mano con sus cinco dedos, uno por cada ministerio. O que faltaba añadirle a esa concepción, es que cuando los cinco actúan en conjunto, como actúa una mano, eso resulta poderoso.

El dedo pulgar, dijimos, representa al apóstol, ya que es el único que puede relacionarse, vincularse y tocarse con todos los demás dedos. Cada uno de los restantes cuatro ministerios de Efesios 4:11, necesitan adherirse al del apóstol, ya que es el único que está ungido para la búsqueda de objetivos.

El dedo índice, que es el que nosotros generalmente usamos para señalar o par apuntar a alguien, es el que simboliza al profeta. ¿Por qué? Porque es este ministerio el que Dios ha levantado par confrontar, para señalar y para apuntar todo aquello que no esté funcionando como Él lo desea.

El dedo mayor, es el que tiene la representación del evangelista, porque como es el más largo, también es el que llega más lejos. Ese ministerio es el encargado de proyectarse a distancia máxima y alcanzar a todos aquellos que habrán de ser salvos.

El anular, es el llamado “dedo gentil”. ¿Por qué? Porque en él es donde se colocan la mayor parte de los anillos, pero esencialmente el llamado “alianza” que es de oro y actúa como certificado y símbolo del matrimonio. Por tener que ver con el amor, es el dedo que representa al ministerio del pastor.

Y, finalmente, el dedo meñique, que es el más pequeño y en apariencia inservible e inútil, representa al ministerio del maestro. ¿Por qué? Porque por su tamaño, fíjate que puede introducirse con cualquier fin en lugares como la nariz, la oreja u similares donde no caben ninguno de los otros cuatro.

Esto significa que el ministerio magisterial, por sus connotaciones, es el único que puede ahondar en las personas en determinadas zonas donde los demás no llegan. Esto ocurre porque vive sobre la palabra y es la palabra, precisamente, la única que puede liberar a todas las personas de la esclavitud del error, que es la peor de todas las esclavitudes.

Y señala que debemos humillarnos bajo esa poderosa mano para permitir que sea Él mismo quien nos exalte cuando sea el tiempo adecuado. El problema más grave del hombre al servicio de Dios, (Aún los mejores intencionados); ha sido no esperar ese tiempo y exaltarse a sí mismos.

No soy un retrógrada ni mucho menos un agrio legalista que desayuna una mezcla de vinagre y limón cada mañana. Pero de todos modos, me causa algo muy parecido al rechazo y hasta cierta repugnancia esas iglesias estilo teatro donde se pueden ver los afiches casi de tamaño natural de las fotografías del pastor y su esposa. Sólo falta que bailen…

Y no creas que son resentimientos oscuros de hombres oscuros que no han podido trascender. Es, simplemente, cuidado por lo que Dios mismo dice con respecto a la vanidad y la soberbia y temor por lo que pueda sucederle a mucha gente que queda convencida que lo más importante en ese lugar es, indudablemente, la pareja matrimonial del pastor y su esposa…

¿Tanto nos cuesta esperar el tiempo que haya que esperar, y permitir que sea Dios mismo quien se encargue de exaltarnos, si es que Él lo considera necesario? Esto no está dicho una vez ni dos, son muchas. Mira como lo trata Santiago.

(Santiago 4: 10)= Humillaos delante del Señor, y él os exaltará.

¿Esto significa que debemos andar por la vida como tantos hermanitos que hemos visto, casi sin atreverse a hablar, pidiendo permiso para cada cosa que van a hacer y comportándose como si fuera una casualidad que se les permita vivir en el planeta?

No. Esa ha sido la gran confusión de enseñanza que ha determinado que decir cristianos, en muchos marcos sociales, sea algo así como decir tontos, torpes o temerosos. ¡Pero hermano! ¡Dios dice que debemos ser humildes! Sí, pero ante Su presencia, no ante la de la gente. Allí somos hijos de Dios y nadie debería negociar por menos que eso.

Dice que si nos humillamos delante de Él, Él en persona nos exaltará. ¿Y qué significa esa palabra que se ha utilizado aquí como exaltará? Es la palabra griega HUPSOO, y se relaciona con el sustantivo HUPSOS, que se traduce como “altura”, y el verbo significa alzar o levantar.

Se le usa tanto en el sentido literal como en el figurado, cuando se habla de los privilegios espirituales dados a una ciudad y también en sentido metafórico, cuando indica exaltar o poner en alto. La Biblia nos advierte que si nos exaltamos a nosotros mismos, ello dará lugar a una desafortunada caída; pero si nos humillamos a nosotros mismos, esto nos exaltará en este mundo y en el venidero.

Y continúa Pedro consignando que debemos hacer estas cosas con el fin de echar toda nuestra ansiedad sobre el Señor, simplemente por el sencillo motivo de que él tiene cuidado de nosotros. Y no me pidas que te explique lo que significa tener cuidado, ya lo sabes; no es control. Eso es de hombres…y de hombres falsos, temerosos y no de Dios precisamente.

Ahora bien: aquí nos encontramos con otra pregunta equivalente al millón de dólares, porque es la que normalmente harán todos aquellos atribulados que llegan hasta las oficinas de los consejeros en medio de alguna crisis muy fuerte. ¿Cómo hago para echar mi ansiedad sobre Él?

En principio, veamos que cosa es la ansiedad o, por lo menos, en qué sentido se la usa en este texto. La palabra del original es MERIMNA, Y viene de MEIRO, que es “dividir” y de NOOS, que es “la mente”. ¿Te queda claro, no es así?

La palabra indica distracciones, cargas y preocupaciones. MERIMNA significa estar preocupado por anticipado acerca de cosas de la vida diaria. Semejante preocupación es innecesaria, porque el amor del Padre provee para nuestras necesidades diarias igual que para nuestras necesidades especiales.

De todo esto, podemos extraer una enorme verdad que, si se conoce en su profundidad y se admite y asume, hace innecesaria la visita a los consejeros y las largas sesiones de lo que hoy se llama “sanidad interior”. Porque la ansiedad es, lisa y llanamente: incredulidad.

Es no terminar de creer que existe un Dios que se ocupa de nuestras cosas cotidianas. Es seguir pensando y creyendo en ese Dios tótem, que está ubicado geográficamente en un muy remoto lugar y al que solamente se lo puede molestar para cosas muy importantes.

Entiendo este razonamiento por una sencilla razón: he creído durante mucho tiempo en él. Porque las religiones oficiales cargadas de ritualismos y obras humanas se encargaron de difundirlo así. Temían demasiado a la idea de que Dios podía dialogar tranquilamente con cada uno de sus hijos. Preferían, – Por distintas y varias razones – mantener la imagen del “intermediario” especial.

Cuando entendemos que el Señor vive en el interior de cada uno de nosotros en la forma de un Espíritu Santo que mora indefinidamente en nuestro espíritu humano, allí entendemos que no vale la pena afanarse por el día de mañana.

Primero, porque como ya ha sido dicho, “cada día traerá su propio afán”. Y en segundo término, porque como también ha sido dicho y en más de un lugar, el Señor tiene especial cuidado de cada uno de nosotros. En lugar de correr a contarle al pastor que estamos sufriendo por algo, lo que debemos hacer es arrodillarnos y contárselo a nuestro Padre celestial que es el único que nos podrá ayudar.

(Salmo 37: 5)= Encomienda Jehová tu camino, y confía en él: y él hará.

Con el viejo sistema aristotélico incorporado al cristianismo por Juan Crisóstomo (Juan “boca de oro”), este versículo contiene tres puntos básicos en la lucha en contra de ese cáncer de la fe llamado Ansiedad.

Primer paso: encomienda a Dios tu camino. Veamos: encomendar es encargar a alguien que haga algo o que cuide de alguien. Ponerse en manos de alguien. Por tanto, el primer paso, es poner en las manos del Señor nuestro camino, la senda física o espiritual por la que transitaremos en el futuro.

El segundo paso, es confiar en Él. Si se nos pregunta si creemos en Dios, automáticamente diremos que sí, que por supuesto, que como no. Ya si se nos pregunta si LE creemos a Dios todo lo que dice, allí aparecerán algunos reparos como los que he oído en más de un teólogo.

“Lo que sucede es que la Biblia es un libro muy antiguo…” “Fue escrito para su tiempo y su lugar geográfico…hoy las cosas son un poco diferentes…” ¿Nunca oíste razonamientos profesionales de este tenor? Son muestras de incredulidad, de una fe intelectual que, al primer viento fuerte, se desmorona.

Si partimos de esta base, ni quieras saber qué vamos a responder cuando se nos pregunte si confiamos en Dios. Hay dichos populares que son mundanos, es cierto, pero que han sido adoptados por la iglesia en muchas ocasiones. El más ofensivo que conozco para el señor, es: “A Dios rezando, pero con el mazo dando”.

Esto, y decir que está muy bien orar y creer, pero que a la hora de las papas calientes hay que moverse porque nadie sabe si en realidad Dios está allí o no, es la misma cosa. Un pastor, director de una de las emisoras de radio más importantes de mi ciudad (De la que fui despedido, obviamente), me dijo en más de una ocasión lo que notoriamente era su filosofía de fe.

Él sostenía que había una fe virtual y una fe visible, real y práctica. La virtual se sostenía con todo lo que veíamos hacer en la iglesia: oración, ayuno, guerra, etc. Pero la real, con las obras concretas y materiales que el hombre pudiera hacer. Decir eso y decir que creía en Dios hasta que había algo muy importante y allí mismo pasaba a creer en sus propias fuerzas, es decir la misma cosa. ¿Pastor??

Como consecuencia de estos dos pasos, llegará inexorablemente el tercero, que ya no es tuyo sino de Él. Porque eso es lo que precisamente dice: Él hará. ¿Y que cosa es la que hará? ¿Tal vez todas las que le hayamos pedido? No. Sólo las que estén ajustadas y alineadas con su voluntad y su palabra. Porque, no lo olvides, más allá de todas las técnicas de oración, ayuno y demás, Dios sigue siendo Soberano.

¡Pero hermano! ¡No era necesario decirme esto! ¡Yo ya sé que Dios es soberano! ¿Sí, eh? Sin embargo, una gran parte no parece saberlo o, al menos, recordarlo. Viven haciendo cosas y tejiendo técnicas y estrategias tendientes a conseguir que dios haga sus voluntades. Funciona a la inversa.

(Mateo 6: 25)= Por tanto os digo: no os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?

Si tú quieres tomar a esto que dijo Jesús como un principio básico en contra de la ansiedad, tómalo. Él lo dijo porque es más que evidente que la gente de su tiempo ya lo necesitaba. Por tanto, entiende de una vez por todas que la ansiedad no es una enfermedad de este tiempo, como gustan declarar nuestros hermanos psicólogos; es un asunto espiritual.

Cuando Jesús dice afanéis, está diciendo MERIMNAO. Y este es un vocablo que deriva de MERIZO, que es “dividir en partes”. La palabra está sugiriendo una distracción, una preocupación con cosas que causan ansiedad, tensión y presión.

Jesús habla contra el afán y la ansiedad dada la vigilante mirada de un Padre celestial que siempre está al tanto de nuestras necesidades diarias. Si retrocedes un poco en lo que has leído, verás que la palabra original que se traduce como ansiedad, es casi la misma que traducimos como afanéis.

Por tanto, cuando en tu congregación se organice algún congreso, clínica o seminario en búsqueda de enseñar las formas de combatir la ansiedad, deja que los hermanos psicólogos se saquen el gusto y hablen cinco días y sus noches de las mil y una técnicas positivas para lograrlo.

Pero tú, en tu intimidad, ten bien en claro que, no porque un día se lo leíste a Néstor o se lo escuchaste a algún otro predicador, sino porque ya está escrito en la Biblia desde hace miles de años y, esencialmente, porque lo dijo el propio Jesús: la ansiedad es simplemente una evidencia de incredulidad que debe ser tratada y sanada como tal.

Y si quieres agregarle combustible a ese fuego nefasto, hazlo con el consumismo. Porque, ¿Qué otra cosa que un rotundo no al consumismo es lo que Jesús esboza aquí cuando habla de la comida, la bebida y la ropa? ¿No son esos, hoy, en pleno siglo veintiuno, todavía baluartes del consumismo secular?

Pero lo peor del caso, lo que realmente preocupa y alerta: ¿No es también el consumismo, uno de los males que más se han infiltrado en la iglesia? ¿No son los cultos del domingo, en muchos sitios, verdaderas competencias del vestir? Ansiedad. Afán. Incredulidad. Pecado. Juicio. Seguimos hablando de lo mismo.

(Hebreos 13: 5)= Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: no te desampararé, ni te dejaré.

La avaricia y los temores financieros son superados por la seguridad fundada en la constante presencia de Dios y en las promesas que el señor nos ha hecho sobre la satisfacción de nuestras necesidades diarias. Debido a la palabra de consuelo que Dios ha pronunciado, podemos decir confiadamente: el Señor es mi ayudador, no temeré.

Ahora veamos: ¿Qué cosa es la avaricia? En una resolución simple, es el afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas. ¿Para atesorarlas, nada más? Sí, sólo para guardarlas. Si se las gastara, ya no sería avaricia, tendría otro calificativo. Pero el avaro consigue y guarda, consigue y guarda, y nunca le es suficiente.

Es mucha la gente que ha confundido este término con el de ser buen administrador. Esto es voluntad de Dios, sin dudas, porque así lo ha expresado en muchos sectores de la Biblia. Pero administrar bien es no dilapidar, invertir bien y saber qué se compra cuando y como. Nunca guardar y nada más que guardar.

He conocido congregaciones (Esencialmente de las ortodoxas y conservadoras, que se conducen con Ministerios de Finanzas), que tenían en sus cuentas bancarias miles de dólares ahorrados, pero las paredes del templo se descascaraban de humedad y falta de higiene y pintura, por decir algunas de las anomalías práctica que se hubieran solucionado con una ínfima parte de ese dinero. Eso es avaricia, no administración.

¡Pero hermano! ¡Si es un ministro de finanzas, está haciendo lo que cree que es mejor par los intereses de la iglesia! Sí, pero guiado por un espíritu de avaricia que no es de Dios. Y con esa actitud, corre y hace correr a la iglesia determinados riesgos que, si invirtiera bien, no correría.

En el año 2000 a 2001, en mi país, se produjo una hecatombe inexplicable y tremenda desde lo económico. Los bancos sellaron sus puertas y toda la gente que tenía depósitos en moneda extranjera (dólares) vio clausurada su cuenta y le fue imposible recuperar sus ahorros.

A esa estafa oficial se la llamó “el corralito” (Equivalente a redil, fíjate), y todavía hoy, a muchos años de aquello, todavía hay gente que está intentando recuperar lo perdido. Algunos consiguieron hacerlo en parte, ya que convirtieron aquellos dólares en moneda argentina y su desvalorización fue notoria.

Ninguna cabeza bien ordenada pudo entender como en un país medianamente normal (Si es que mi pobre argentina lo es); podía permitirse algo así. Se permitió y ocurrió. Pero… ¿Sabes que fue lo más triste? Entre los damnificados por esa estafa y esas enormes pérdidas, hubo que contabilizar a varias iglesias evangélicas. ¿Juicio? ¿Castigo? ¿Justicia? No lo sé, no soy yo el juez. Pregúntale al Espíritu Santo.

¡Pero no, hermano! ¿Para que se lo voy a preguntar si Él ya lo ha dejado escrito en la Biblia cuando nos ordena no ser avaros porque la avaricia es pecado? – Claro…¿Pero no corremos el riesgo de murmurar en contra de lo que, en suma, podría haber sido un ahorro bien intencionado?

En la minoría de los casos sí, hermano; pero en su gran mayoría, simple avaricia de líderes que calculaban amasar una pequeña fortuna eclesiástica (Que en casos es también personal) y con ella satisfacer algún capricho de ostentación. Y Dios no suple los caprichos ni los deseos de nadie; Dios suple solamente necesidades. Eso dice la Palabra.

Más adelante, Pedro nos recomienda mantener nuestra sobriedad y velar. Y aclara que eso debemos hacerlo por causa de la actividad de nuestro adversario el diablo. Y dice algo que no siempre se ha interpretado bien.

Dice que nuestro adversario, anda como león rugiente. Entonces, a partir de allí, a muchos se les ha ocurrido la idea de pintar simbólicamente al diablo como un león rugiente. Y se equivocan, porque el león es el rey y el único rey es Dios, que de paso, también es el único león, el de Judá.

Una cosa es ser león, (Y Dios lo es) y otra muy distinta es andar como león. Porque esto último implica una imitación y, lo peor que podría pasarnos con una imitación, es creer que es legítima. El adversario ruge y desea que tú creas que es un león. ¿Para que? Simple. Para asustarte. La respuesta de si lo ha conseguido o no, es tuya. Pero no es un león, sólo pretende rugir como un león.

Y dice algo más, seguidamente. Dice que anda rugiendo como si fuera un tremendo y peligroso león, alrededor tuyo, buscando devorarte. Un león verdadero, mi hermano, no te ruge por los alrededores; te ruge en la cara porque para eso es león y merece respeto.

Cuando alguien anda por los alrededores imitando cosas, es porque su intención es provocar miedo y que los demás lleguen a creer que realmente se trata de un bravo y peligroso león. ¿Será por eso que tanta gente sobrestima el poder del diablo hasta el punto de hablar más de él que del Señor?

Lo digo siempre y lo repetiré una vez más: En las librerías cristianas hay dos clases de libros: los auténticamente cristianos, escritos por verdaderos creyentes por mandato del Espíritu Santo, y los que han sido escritos por personas que solamente persiguen vender ejemplares y vivir de ello.

En la sección “guerra espiritual”, puedes agregarle, a esto, la influencia que el mismo enemigo produce en aquellos que están enamorados de su pequeño poder y – Sin proponérselo en el mejor de los casos – lo enaltecen desde las páginas de libros supuestamente esclarecedores.

Uno de los ministerios que he visto, que con mayor claridad ha expuesto al enemigo y lo ha desarmado, es el de Carlos Anacondia. Es normal en sus campañas ver personas manifestadas y luego liberadas en la carpa especial de tratamientos intensivos.

Sin embargo, salvo el momento en que él se dedica a reprender determinadas influencias con el fin de ayudar a los cautivos, Carlos se pasa todo el tiempo hablando de Jesucristo y su maravilloso poder. El diablo es un enemigo vencido y solamente se lo debe expulsar de donde está usurpando.

Hay otros ministerios, supuestamente “especializados” en el tema, que hacen tanta alharaca de los poderes satánicos y de lo que cuesta poder vencerlos, que el mensaje final que te dejan, es que si no tienes un poder tremendo mejor deja que el diablo haga lo que quiera. Obvio, ya puedes imaginar quien escribe esos libretos supuestamente ministradores.

(Lucas 21: 34)= Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día.

Es notorio que la advertencia que Jesús hace aquí, es en contra de lo que muy bien podríamos llamar como “letargo espiritual”. ¿Nunca te ha sucedido? Glorifica a Dios si no lo has sufrido. Son épocas en las que no puedes ni tienes ganas de mover un dedo en contra de nada.

¿Y cuando es que puede ocurrir eso? Cuando nuestros corazones se cargan de glotonería. La glotonería es la acción de comer con exceso y con ansia. No es casual ni inventado. Está comprobado por todos los nutricionistas del planeta que, una de las causas más claras y concretas de la obesidad, es la ansiedad.

Es lo que la ciencia que estudia la psiquis denomina como “angustia oral”. Comienza de pequeño con el uso del chupete (Así se le llama en Argentina. Desconozco el nombre en otros países) y luego se va desarrollando hasta finalizar en la glotonería o el otro elemento que aquí se menciona: la embriaguez, esto es: el alcoholismo. En medio de todo esto quedaría el tabaco, que también forma parte de la misma angustia y ansiedad.

La finalidad de esta advertencia de estar alertas tiene que ver con lo que la Biblia llama permanentemente “aquel día”. Es el día del señor, sin dudas, y el Señor desea que estemos velando y aguardando ese día sin distraernos en nada extraño. Y todo lo que aquí se menciona, (Incluida la ansiedad) es extraño al evangelio y a la fe.

(Job 1: 7)= Y dijo Jehová a Satanás: ¿De donde vienes? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: de rodear la tierra y de andar por ella.

La entrevista de Satanás con Dios nos enseña varias cosas a tener muy en cuenta durante toda nuestra vida de fe. 1) Satanás debe rendirle cuentas a Dios de todo lo que hace. 2) La mente de Satanás es como un libro abierto para Dios, ya que le obligó a confesar sus intenciones.

3) Satanás está detrás de los males que sufre el mundo. 4) No es omnipotente ni omnisciente. 5) Nada puede hacer sin permiso divino. 6) Cuando Dios le permite hacer algo, le pone límites a su accionar.

Con esto que puedes corroborar tranquilamente en las escrituras, te queda claro que más de la mitad de la propaganda que tiene Satanás en la iglesia, la tiene por causa de sus personeros que lo publicitan (Consciente o inconscientemente) desde los propios púlpitos.

Sin embargo, debemos poner las cosas en su justo lugar a partir de un principio básico que aquí también se reitera. Porque Satanás mismo es quien dice que viene de rodear la tierra. ¿Qué significa esto? Lo mismo que andar como león rugiente alrededor buscando a quien devorar.

¿Y qué es lo que tenemos que entender de este principio? Algo que es elemental y clave. Satanás y sus demonios siempre andarán rodeando nuestras vidas, y girando alrededor nuestro buscando devorarnos.

Lo que nosotros no podemos ni debemos hacer, es darle lugar a que deje de rodearnos y se introduzca en nuestras vidas. Para que ello no se produzca, debemos mantenernos alejados de cualquier clase de pecado, ya que el pecado es la puerta más rápida de ingreso de demonios en la vida de las personas.

Y si hablamos de pecado, el mayor y que es el que con más velocidad le brinda espacios de ingreso a Satanás en nuestras vidas, es el de incredulidad. De allí que en aquellos lugares supuestamente cristianos donde no se cree en la existencia de Satanás ni de sus demonios, cuando la Palabra así lo asegura, es donde más cómodo se siente él y puede llegar a reinar si lo dejan.

¡Hermano! ¿Usted me está queriendo decir que hay congregaciones supuestamente cristianas donde, en realidad, el que reina allí es Satanás? No te lo estoy queriendo decir, ¡Te lo estoy diciendo! Y lamentablemente, por esa misma incredulidad, sucede a lo largo y ancho del planeta en lo que hoy llamamos “Babilonia”, que es la iglesia falsa y paralela, imitación de la verdadera.

Y aquí Pedro llega a lo que de alguna manera es la base más sólida con la cual podemos encarar cualquier clase de guerra espiritual. Porque no se trata de estudiar Demonología 1, 2 y 3, ni de leernos todos los libros del tema. Se trata de resistir firmes en la fe.

Aquí es donde nos enfrentamos a un problema gramatical, a un problema idiomático, a un problema de semántica. Porque hemos tomado la primera acepción que sobre la palabra resistir encontramos en un diccionario común.

Allí se nos dice que ese término quiere decir: tolerar, aguantar o sufrir. También significa combatir las pasiones, deseos, etc. Eso es correcto, pero relacionado con nuestra vida común y cotidiana de personas sociales.

Sin embargo, el término está escrito en la Biblia, y la Biblia contiene la Palabra de Dios. Y la Palabra de Dios es el máximo manual de guerra conocido y por conocerse, ya que todo lo que allí Él le recomienda a su pueblo, tiene idioma bélico, ya que quien habla es nada menos que Jehová de los Ejércitos.

Por tanto, este término resistir, en este texto, está escrito en idioma militar, castrense, bélico. Y allí nos encontramos con que el mismo diccionario que antes consultamos, nos está diciendo algo muy diferente a lo que hemos mencionado.

Allí leemos una acepción que viene como anillo al dedo para la iglesia. La reproduzco textual: “Dicho de un cuerpo o una fuerza: Oponerse a la acción o violencia de otra.” Por tanto, este resistir firmes en la fe, no es aguantar o soportar lo que nos venga, sino combatir duramente con la oposición que tengamos.

¿Y a quien es que debemos combatir firmes en la fe? A Satanás, porque es de él que se viene hablando. Se acaba de decir que anda como león rugiente, a nuestro alrededor, buscando a quien devorar. Por favor: lleva tu Biblia con este texto a cualquier iglesia conservadora y ortodoxa y diles que si no hacen lo que aquí dice Pedro, no van a llegar adonde creen que van a llegar.

Ahora bien, ¿Por qué será que hace especial hincapié en la firmeza de nuestra fe y no en el conocimiento de las diferentes clases de demonios, potestades, gobernadores, principados y las formas más positivas para liberar a las personas y las regiones de esos inmundos espíritus?

Porque Satanás trabaja, desde que es quien es, sobre el pecado. Y si hay un pecado que es madre y padre, que está por encima de los demás sencillamente porque es el que los origina, ese pecado es el de incredulidad. Por eso Dios lo aborrece.

(Santiago 4: 7)= Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.

Y aquí está el versículo que generalmente hemos leído parcialmente, hemos enseñado parcialmente y, lo peor de todo, también hemos puesto por obra parcialmente. Porque no debe haber clase de guerra espiritual donde no se haya enseñado a resistir al diablo.

Y se lo ha enseñado desde la óptica que antes te mostraba y que aquí se confirma. Combatiendo, con idioma bélico. Si resistir fuera solamente soportar o aguantar lo que venga, como muchos entienden, no veo el modo de que el diablo se vaya de tu vida por eso, al contrario.

Pero cuando tú lo combates, con el nombre que está por sobre todo nombre en tu boca, con las armas que la firmeza de tu fe avala y con tus vestiduras espirituales blancas, sin contaminación de pecado o pactos con el ocultismo o el pecado, a él no le queda otra salida que huir.

¿Luego regresa? Sí, generalmente luego regresará, una y otra vez. Porque él no abandonará la lucha hasta el último segundo antes de ser lanzado al lago de fuego. Ya lo hizo antes con el propio Jesús y lo seguirá haciendo ahora contigo. Deberás perseverar y resistir siempre.

Pero cuidado; para que todo esto tenga éxito, no bastará con resistirlo en el nombre de Jesús y todo lo que he expuesto. Este verso te está diciendo que, antes que todo ello suceda, deberás someterte a Dios. Y someterte a Dios es obedecerle en todo lo que Él te demande.

¡Ah, hermano! ¿Eso significa que no puedo negarme a nada de lo que el pastor de mi iglesia me ordene realizar? – Aquí no dice eso; aquí dice que debes someterte a Dios. – ¿Y como sé si es Dios o no el que me pide algo? – Por la Palabra. Dios jamás te pedirá algo que la Palabra no avale. Algunos hombres, sí. Tú obedecerás sólo lo que la Palabra avale.

¡Pero hermano! ¡Es que yo no conozco tanto de la Palabra como para saber eso! – ¿Ah, no? ¿Y se puede saber por qué razón? – Bueno…mucho no leo…y siempre me dijeron que no importa, que con que haga lo que se me ordena en la iglesia, todo está bien…

Sí, todo está bien siempre y cuando sea algo que Dios respalda, porque si Dios no respalda lo que se hace, eso que se hace no representa ni glorifica a Dios. Y te enseñaron mal. Dios dice que debes escudriñar las escrituras porque ellas hablan de Él. ¿Serás tan cómodo o cómoda, que desobedecerás este mandato por causa de lo que te ha dicho un hombre que dice representarle?

Primero debes someterte a Dios y cumplir su voluntad y su propósito. Luego, con ese aval, debes pelear la buena batalla para mantenerte firme en la fe venga lo que venga y vivas la crisis que vivas. Solamente después de haber cumplido estos dos pasos, podrás resistir combatiendo al diablo y él huirá de ti.

(Colosenses 2: 5)= Porque aunque estoy ausente en cuerpo, no obstante en espíritu estoy con vosotros, gozándome y mirando vuestro buen orden y la firmeza de vuestra fe en Cristo.

En estos versículos que concluyen con este que hemos leído, Pablo viene expresando las emociones de angustia y gozo que experimenta. Preocupado por su bienestar espiritual, agoniza en oración por los creyentes de Colosas y Laodicea, amenazado por los falsos maestros.

El énfasis de su oración descansa en que mantengan la unidad en la batalla contra la herejía y en el pleno reconocimiento de su suficiencia en Cristo. Por otro lado, se muestra visiblemente gozoso porque los colosenses se mantienen firmes en sus posiciones, con su atención puesta exclusivamente en Cristo.

Pablo también sabía lo suficiente de guerra como para no conocer los rudimentos básicos. Era un hombre que se había sometido a Dios y solamente se movía cuando el Espíritu Santo así se lo ordenaba. De allí que saber que los colosenses estaban firmes en su fe, le hacía presuponer que tenían todas las posibilidades de vencer en sus batallas diarias y personales contra el diablo.

¡Hermano…! Esto que usted está diciendo aquí, ¿Significa que muchos de nosotros que no están venciendo en sus batallas diarias, es porque no estamos firmes en nuestra fe? – Si no están en pecado y se han sometido a la voluntad de Dios con sinceridad, es probable que así sea.

El contenido, el calibre, la dimensión y la profanidad de la fe de las personas, son elementos que nadie está en condiciones “técnicas” de evaluar y mucho menos de juzgar. Sólo podemos seguir el antiguo consejo de Jesús: ver los frutos para estimar el árbol.

Y recuerda bien que, cuando digo frutos, me estoy refiriendo a integridad de conducta, a sinceridad, honestidad, testimonio de vida intachable y un carácter acorde al carácter de Dios. De ninguna manera estamos hablando de las personas que llevaste a la iglesia.

(Hechos 14: 21)= Y después de anunciar el evangelio a aquella ciudad y de hacer muchos discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquia, (22) confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.

¡¡A esto sí que no lo he podido entender jamás, hermano!! ¡¡Mucho me temo que aquí la Biblia se contradice!! ¿Cómo me va a decir que para ser salvos tenemos que pasar por muchas tribulaciones, si en otros textos me asegura que esa salvación es por gracia y no debo pagar ningún precio por ella?

Este es el razonamiento de una buena parte de los cristianos que jamás han sido formados en la verdadera doctrina del Señor, sino en alguna muy singular que algún credo supuestamente cristiano ha matizado con ideas propias, u otra con ciertos condimentos denominacionales que deben guardarse por encima de lo esencial.

Sin embargo, a todas luces, es un razonamiento equivocado por una simple razón. El versículo no se refiere a tu salvación, sino a tu entrada al reino. – ¡Pero hermano! ¿Y no es lo mismo? – No, no es lo mismo.

¡¡Es que a mí me enseñaron que si me portaba bien y hacía lo que Dios manda, cuando muriera me iba a ir a su Reino!! – Sí…eso es lo que también me enseñaron a mí. Un cura alemán que hablaba dificultosamente el español fue. No había entendido nada, pobre…

Pero cuidado: muchos de los nuestros no enseñan algo muy distinto, ¿Eh? Dices “reino” y salen mil a dibujarte al hombrecito de camisón largo, sentado en una nube, tocando la lira con una aureola en su cabeza. Se murió y se fue allí, eso es el reino…

El Reino – Y lo debo haber enseñado mil veces, ya – no es un lugar geográfico, es una jurisdicción espiritual donde rige un rey. Cristo es el rey. Para que tú entres al reino debes formar parte de él. Y para formar parte de él debes pagar el precio. – ¡Pero hermano! ¿No era por gracia?

Tú eres salvo por aceptar a Cristo como Salvador y proclamarlo Señor de tu vida. No te cuesta nada, es por gracia y no debes pagar ningún precio por ello, cierto y real. Pero es recién allí, cuando accedes a tu salvación, que puedes tener la posibilidad de trabajar para el Reino de Dios.

Si aceptas las condiciones y trabajas para el Reino, deberás inexorablemente de pagar un precio por ello. Ese precio, en este tiempo, es directamente el de la pérdida de tu reputación religiosa, tal como Jesús perdió la suya en su tiempo. A esas tribulaciones se refiere este texto.

Pero también se refiere a tribulaciones que tienen que ver con lo que hemos explicado respecto a la resistencia al diablo. Es una guerra permanente, dura y cruel como toda guerra. Verás a derecha y a izquierda caer soldados heridos y hasta muertos. Pero si tu fe es firme, podrás mantenerte hasta el final y en el final disfrutarás de la gloria de la victoria.

Y finaliza globalmente este párrafo, Pedro, señalando a manera de declaración profética, que el Dios de toda gracia va a tocar poderosamente nuestras vidas y nos va a proporcionar, luego de los padecimientos que nos corresponda vivir, cuatro elementos básicos de madurez y crecimiento: perfeccionados, afirmados, fortalecidos y establecidos.

¡Que tremendo es Pedro! ¡Que riqueza literaria para encontrar palabras tan elocuentes para graficar algo que Dios pueda hacer! Basta. Esto es todo Dios. Pedro era un bruto, rústico y duro de entendederas e incapaz, por sí mismo, ni siquiera de escribir su propio nombre. Y cuando Dios escribe, no pone ninguna palabra por azar, ni por poesía, ni para rellenar espacios.

Perfeccionar: Acabar enteramente una obra, dándole el mayor grado posible de bondad o excelencia. Mejorar algo o hacerlo más perfecto. En sentido bíblico, se utiliza esta palabra como sinónimo de Madurar, tal el caso de los ministerios que fueron dados para “perfeccionar” (Que es madurar) a los santos.

Afirmar: Poner firme, dar firmeza. Asegurar o dar por cierto algo. Esto tiene que ver con aquello de estar firmes en la fe de lo cual hablábamos algunas líneas atrás. Alguien afirmado es alguien que muy difícilmente pueda ser conmovido por crisis u otras estratagemas diabólicas.

Fortalecer: Hacer más fuerte o vigoroso. Confirmar, corroborar. El fortalecimiento, desde lo espiritual es una especie de garantía. Algo invisible que le otorga a una persona lo necesario para vivir su fe, esto es: certeza de lo que espera y convicción de lo que no ve.

Establecer: Fundar, instituir. Ordenar, mandar, decretar. Dejar demostrado y firme un principio, una teoría, una idea, etc. Cuando un creyente está establecido como tal, no hay demonio, diablo o hueste que lo mueva de su base.

¿Has entendido bien? Todo esto es lo que dios nos otorga cuando logramos pasar esas tribulaciones que Él ha permitido para beneficio de nuestro crecimiento y maduración. ¿Hay hermanos así? Los hay, sólo que muy difícilmente los ves en las plataformas pavoneándose o luciéndose.

(Hebreos 13: 20)= Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, (21) os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo, al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Dice el autor de esta carta que Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, nos hará aptos para toda obra buena. ¿Para toda obra buena? Sí, pero cuidado: para toda obra buena que haga la voluntad de Dios, no el lucimiento o la conveniencia de un hombre, sector o grupo.

¿Y que cosa es ser aptos? La palabra aptitud significa, entre otras acepciones, tener una capacidad evidente para operar competentemente en una determinada actividad. Cualidad para que un objeto o persona sean aptos, adecuados o acomodados para cierto fin.

También, tener aptitud o ser aptos quiere decir: capacidad y disposición para el buen desempeño o ejercicio de un negocio, de una industria, de un arte, etc. Suficiencia e idoneidad para obtener y ejercer un empleo o cargo.

Lo que aquí se nos está diciendo, entonces, no es que debamos abrir comedores comunitarios para alimentar a los más pobres, (Aunque nada lo impide como gestión social valorable), esperando con eso cumplir con esto de las buenas obras.

Porque la buena obra que aquí se menciona, es aquella que tiene que ver con algo adherido al propósito y la voluntad de Dios. Es decir: una buena obra es aquella donde alguno de nosotros, mínimamente, lo más importante que hace, es obedecer a la voz del Espíritu Santo de Dios. Para eso es que hemos sido hecho aptos.

(2 Tesalonicenses 2: 16)= Y el mismo Jesucristo Señor nuestro, y Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia, (17) conforte vuestros corazones, y os confirme en toda buena palabra y obra.

Aquí, Pablo, le añade dos elementos más a los ya observados. Dice que hemos sido consolados. Consolar es aliviar la pena o la aflicción de alguien. Dice que hemos sido confortados, esto es: nos dio vigor, espíritu y fuerza, además de aliento para continuar.

Pero añade algo más. Algo que en una primera instancia pasa casi desapercibido. Porque cuando hablábamos de las buenas obras para las cuales se nos había hecho aptos, dijimos que no se trataba de hechos de corte social, sino conforme a la voluntad de Dios.

Y aquí Pablo lo corrobora porque dice, que conjuntamente con esas mismas buenas obras ya mencionadas, también debemos ser aptos para llevar buena palabra. ¿Significa esto que si no somos confirmados por Dios, podemos correr el riesgo de no llevar buena palabra?

De hecho, hay decenas, cientos, miles de predicadores y demás disertantes cristianos que no están llevándole buena palabra al rebaño, sino palabra gastada, seca, sin vida, humanista, filosófica, científica, psicológica y emocionalista.

¿Están equivocados estos hombres? Que más quisieran que solamente fuera eso, un error, un equívoco. Porque de cualquiera de estas cosas, se puede salir ilesos, pero de lo que realmente sucede, no. Porque no están equivocados, sino fuera de aptitud para esa tarea.

¿Pero, y entonces? ¿Cómo puede ser que Dios se haya equivocado tan feo poniéndolos allí para hacer algo para lo cual no están aptos? – ¡Aquí sí que está el grave error! ¡Nunca fueron levantados ni puestos allí por Dios; se colocaron y levantaron a sí mismos. Inventaron juntas, consejos, prebisterios que nominaron y nombraron a personas que de ninguna manera contaban con aval de Dios.

¡Pero hermano! ¿Es que puede hacerse eso? ¡Claro que no puede hacerse! No te imaginas la cantidad de cosas que hacemos en la iglesia no pueden hacerse según la óptica y la visión de Dios. -¿Y entonces por que se hacen? En el mejor de lo casos, por error del líder que cree haber recibido orden de Dios. – ¿Y en el peor de los casos? – No lo sé; imagina lo que te parezca, porque hay de todo.

El problema más grave que hoy por hoy afronta el cristianismo, es que sus hombres han equivocado diametralmente los conceptos. Declaman, aúllan y vociferan estar donde están para servir al Señor, cuando en realidad, lo que procuran infructuosamente, claro está, es que el señor los sirva a ellos.

¿O no es frecuente y hasta corriente que, en cualquier congregación, grande, mediana o pequeña, un día el pastor decida hacer tal o cual cosa, reúna a sus colaboradores, les de a cada uno instrucciones precisas sobre lo que quiere hacer y, cuando cada uno ha hecho lo ordenado, convoca a una reunión de tono “espiritual” para orar al Señor pidiéndole que bendiga y fructifique? …¡Lo que ellos hicieron por propia decisión y sin consultarle! ¿Están equivocados o no?

(021) Cerrando la Primera Puerta

(1Pedro 5: 12)= Por conducto de Silvano, a quien tengo por hermano fiel, os he escrito brevemente, amonestándoos, y testificando que esta es la verdadera gracia de Dios, en la cual estáis.

(13) La iglesia que está en Babilonia, elegida juntamente con vosotros, y Marcos mi hijo, os saludan.

(14) Saludaos unos a otros con ósculo de amor. Paz sea con todos vosotros los que estáis en Jesucristo.

Silvano también aparece como colaborador de Pablo en otros textos que podemos encontrar en 2 Corintios 1:19, 1 Tesalonicenses 1:1 y 2 Tesalonicenses 1:1. Es, probablemente, el Silas (Forma griega del nombre latino Silvano), que acompañó a Pablo en su segundo viaje misionero. Silvano parecería haber tenido una participación importante en la redacción de esta carta.

Silas es la forma griega, del arameo Sh’ila (Saúl); se cree que este hermano tomó, al igual que Pablo, un sobrenombre romano, Silvano, que se asemejaba fonéticamente a su nombre de origen semítico.

Miembro distinguido de la iglesia en Jerusalén, fue encargado de transmitir a los cristianos de Antioquía las decisiones tomadas en el concilio de Jerusalén. Durante el segundo viaje misionero, Silas acompañó a Pablo, tomando el lugar de Juan Marcos y de Bernabé, Pablo y Silas fueron encarcelados en Filipos.

La asonada popular de Tesalónica obligó a Pablo y a Silas a dirigirse hacia Berea, donde Silas permaneció con Timoteo después de la partida de Pablo. Los dos recibieron pronto la orden de reunirse con el apóstol en Atenas, pero parece que no pudieron encontrarse con él hasta llegar a Corinto.

Pablo mostró un gran aprecio hacia la labor de Silas. El mismo que en Hechos se llama Silas lleva en las epístolas el nombre de Silvano. Se une a Pablo y Timoteo para saludar a los creyentes de Tesalónica en las dos cartas.

Pero ahora veamos en este texto del que nadie o muy pocos se ocupan porque solamente se trata de un saludo aparentemente formal de despedida y cierre de la primera carta de Pedro que es algo así como la primera puerta de ingreso a las revelaciones para este tiempo, algunos pequeños pero muy interesantes detalles.

Fíjate que Pablo, dice de Silvano que es alguien a quien él tiene por hermano fiel. ¿No te ha llamado la atención esta calificación? A mí sí, porque me está dando a entender muy claramente, que ya en los tiempos de Pablo había supuestos hermanos que no eran fieles, y no precisamente porque no concurrieran al culto en los días de reunión o a las comisiones ejecutivas de la iglesia.

Una persona fiel, es una persona que expresa con su conducta, un alto grado de fidelidad. Y fidelidad es, a grandes rasgos, lealtad, observancia de la fe que alguien debe a otra persona. También representa puntualidad y exactitud en la ejecución de algo. Todo eso era Silvano o Silas. Todo eso, también, no eran muchos que quizás vivían adentro de los templos y hasta parecían ser personas de confianza de los líderes.

Luego Pedro dice que les ha escrito amonestándolos (Reconviniéndoles, advirtiéndoles, exhortándoles), sobre asuntos muy puntuales y, termina aclarando al testificar, que esta es la verdadera gracia de Dios.

Aquí es donde tú me puedes decir: “¡Vaya descubrimiento! ¡Todos sabemos que esta es la verdadera gracia de Dios! – Sí, porque a diferencia de ellos, tú tienes toda la Biblia completa en tus manos. Pero ellos solamente tenían fragmentos, ya que esa Biblia se estaba escribiendo.

¿Y entonces? Entonces algo muy simple. Si Pedro se ve en la obligación conceptual de aclararles a manera de testimonio, a esa gente, que adonde están es en la verdadera gracia de Dios, es porque indudablemente andaba por allí dando vueltas e infiltrándose en la iglesia, una gracia falsa.

(2 Corintios 1: 19)= Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que entre vosotros ha sido predicado por nosotros, por mí, Silvano y Timoteo, no ha sido Sí y No; mas ha sido Sí en él; (20) porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.

Cristo es la positiva y totalmente consistente Palabra viva que procede de Dios; de igual manera, el ministerio de Pablo ha sido consistente. Sus planes de viaje deben cambiar, pero ello se ha debido a su dedicación constante al invariable evangelio de Cristo, quien es el que cumple y a la vez la consumación de todas las promesas de Dios, porque Él es la suma y sustancia de ellas. Por medio de Jesús, los creyentes dicen Amén, que es como decir: sí, así sea, en respuesta a Dios.

¿Qué es lo que entiendes tú por predicar a Cristo? Según lo ha interpretado mayoritariamente la iglesia, enseñado y puesto en marcha, sería algo así como hablar de Él, relatar su calvario por nosotros, etc. Todo esto es cierto y está muy bien, pero predicar es declarar la derrota final de los ángeles caídos, por lo que predicar a Cristo es proclamar su victoria en la cruz sobre las potestades.

Es mucha la gente (Y no hablo de “calienta-bancas”, hablo de líderes) que suele decir muy tranquila: ¡Ah, no! Yo predico todo lo que quieras, pero del diablo no hablo porque no voy a hacerle publicidad. Mira; tú haz lo que quieras, pero si no hablas del enemigo, no estás predicando…

(Hebreos 13: 22)= Os ruego, hermanos, que soportéis la palabra de exhortación, pues os he escrito brevemente.

Esto te deja caro algo muy preciso y específico: a una palabra de exhortación se la debe soportar, porque ese el único modo de que ella cause el efecto para al cual ha sido lanzada: bendición para el oyente, si es que la toma, la acepta y la pone por obra.

Luego Pedro habla de la iglesia que está en Babilonia. ¿En Babilonia? Sí, pero la mayoría de los especialistas, piensan que esta Babilonia constituye una referencia simbólica a la Roma imperial, con la cual la tradición temprana de la iglesia asocia a Pedro y a Juan Marcos.

Menos probable, naturalmente, es que se esté refiriendo a una congregación hermana que pueda estar localizada en Babilonia. Marcos se debe haber convertido por medio del ministerio de Pedro en Jerusalén.

Babilonia, históricamente, era la capital del imperio babilonio; los textos del AT la mencionan por vez primera con tres otras localidades que marcan juntamente el principio del reino de Nimrod. Es en Babilonia que tuvo lugar la empresa de la torre de Babel, y, asimismo, la confusión de las lenguas.

Bajo el rey Hammurabi, la ciudad pasó a ser la capital de Babilonia, de la que fue a la vez el centro político y religioso. Alcanzó el apogeo de su gloria en el siglo VI a.C. bajo Nabucodonosor, que la desarrolló en gran manera, e hizo de ella la más grande y hermosa capital de su tiempo.

El antiguo palacio se levantaba sobre la ribera oriental del Éufrates. Nabucodonosor dobló sus dimensiones primitivas al prolongarlo hacia el norte; el edificio tenía entonces el río al oeste, y un canal al norte y al sur; su fachada oriental y una magnífica puerta monumental daban sobre el camino de la gran procesión que procedía del templo de Marduk, que estaba situado a casi 1 Km. al sur.

Nabucodonosor construyó otro palacio, a unos dos kilómetros y medio al norte del antiguo, sobre una colina artificial cuyas faldas descendían en terrazas, y que estaban probablemente recubiertas por los famosos jardines colgantes.

Herodoto (alrededor del año 443 a.C.) afirmaba que Babilonia, que indudablemente visitó, era un cuadrado, que medía 120 estadios de lado (el estadio tenía alrededor de 200 m., lo que hacía que midiera algo más de 23 Km. de lado).

Estas medidas darían una superficie de alrededor de 529 km2, incluyéndose Borsippa. Ctésias, que fue también testigo ocular y famoso escriba del siglo V a.C., dice que el cuadrado de la ciudad tenía 90 estadios de lado; según él, el contorno era de 360 estadios (o casi 68 Km.); en este caso, la superficie no hubiera sido más que algo más de la mitad de la indicada por Herodoto.

Las dimensiones indicadas por Diodoro de Sicilia y por Estrabo son próximas a las de Ctésias. Una muralla o más bien una doble fortificación, rodeaba la ciudad. En el exterior se extendía un foso ancho y profundo.

Estaba prohibido construir casas entre las dos murallas alrededor del cuadro. Por el contorno de la ciudad, a lo largo de su muralla interior, había gran cantidad de huertos y de jardines, y de campos, contados dentro de la superficie de la ciudad, pero poco habitados.

Herodoto dice que los muros de la ciudad tenían 50 codos de espesor (alrededor de 23 m.) y 200 codos de altura (92 m.). Quinto Curcio, en el 40 d.C., indica algo más de 10 metros de espesor. En todo caso, se puede concluir en base a todos estos relatos que las dimensiones de la ciudad eran formidables.

Tenía un centenar de puertas de bronce, veinticinco por lado. De estas puertas nacían las grandes calles perpendiculares a la muralla, que se cortaban en ángulo recto, dividiendo a la ciudad en cuadros uniformes.

El Éufrates pasaba por en medio de la ciudad, dividiéndola en dos. Grandes muelles flanqueaban las dos riberas del río. La ciudad se hallaba separada de los muelles por un muro en el que había veinticinco puertas que se abrían cada una de ellas sobre un camino que descendía hasta la orilla.

Había transbordadores, un puente, e incluso un túnel. Las murallas, los muelles, los palacios, los templos, las casas privadas, estaban construidas de ladrillos; como mortero o cemento se usaba bitumen.

La palmera daba la madera de construcción de las casas, con alturas de 2, 3 o 4 pisos, y otra vez en el año 514, Babilonia se rebeló contra Darío Histaspes, que la venció ambas veces y, finalmente, la destruyó.

Seleuco Nicátor, que conquistó la ciudad en el año 312 a.C., aceleró su decadencia. Hizo gran uso de los materiales de construcción que halló en Babilonia para construir Seleucia, su nueva capital, a orillas del Tigris.

Las profecías de la Biblia sobre Babilonia se han cumplido de una manera precisa ya que se afirmó que Babilonia vendría a ser unos montones de ruinas, y esto es literalmente lo que ha venido a ser. Aún falta cumplirse lo espiritual, pero ya está comenzando.

Las ruinas empiezan a más de 5 1/2 Km. antes del pueblo de Hillah, se extienden hacia el norte por casi 5 Km.; de este a oeste ocupan más de 3 Km., a lo largo de la ribera oriental del Éufrates. Los tres montones más notables son llamados por los árabes los montículos de Babil, de Kasr, y de Amrán.

Se hallan al este del río, en una parte muy antigua de la ciudad que, en una cierta época, se había hallado en un triángulo limitado por el Éufrates y por dos murallas. Estas murallas eran rectilíneas; al este se encontraban casi en un ángulo recto; uno medía más de 3 Km., y el otro casi 5 Km.

Amrán, el montículo meridional, marca la localidad del templo de Marduk. El cerro central, Kasr, cubre las viejas ruinas del palacio viejo y de un templo dedicado a la diosa Balit; este santuario, que se elevaba más al este, estaba separado del palacio por la ruta de la procesión.

Babil, el montículo del norte, está en el lugar donde se levantaba el palacio de Nabucodonosor del sur. El legado arqueológico de Babilonia es importante. Se han descubierto grandes cantidades de tabletas de barro cocido que arrojan mucha luz acerca de la vida social y del carácter de los babilonios.

Eran una nación muy instruida. Hay tabletas de geología y de geografía, de matemáticas; muchas otras son registros de contratos, préstamos, matrimonios, dotes, compras de esclavos, etc. La astronomía de ellos estaba totalmente unida a la astrología.

Muchas de las tabletas muestran su fe en las predicciones de los astros, lo que concuerda con lo dicho en la Biblia en el Antiguo Testamento. Muchas tabletas mágicas y de encantamientos evidencian que tenían mucho temor a los malos espíritus: invocaban al “espíritu del cielo” y al “espíritu de la tierra” para que les libraran.

Su religión ha sido descrita como la peor clase posible de “idolatría” y sus dioses parecen haber sido legión. Todas estas tabletas dan evidencia del carácter satánico de la esclavitud espiritual a la que estaban sometidos los súbditos de Babilonia.

Esto es lo eminentemente histórico y literal. Nos brinda las bases y los fundamentos para lo que luego será una catalogación simbólica y espiritual. Aquí terminamos de ver que Babilonia es Roma y su imperio falso. Hoy Babilonia es la iglesia falsa y paralela. El símbolo continúa, el concepto de los fundamentos básicos, también.

En la despedida y cierre de esta carta, Pedro recomienda a los creyentes del lugar que se saluden con ósculo de amor. El ósculo, no era un beso común y corriente. Así se le llamaba a los besos que encerraban profundo respeto y afecto.

Pablo, en su carta a los Romanos, también lo menciona, pero le da carácter de santo. Porque si no se entiende e interpreta correctamente, el beso es un contacto físico que, cuando interesa a hombres y mujeres, puede ser distorsionado.

Esto va casi gratis para que lo tomen aquellos que tienen que luchar día tras día con hermanos mayores (Mayores que ellos, no que yo. Yo soy tan mayor como ellos), llenos de resentimientos cronológicos por una edad perdida que eligen encerrarse en legalismos incomprensibles y no justifican, en el nombre del Señor, ni siquiera aquello que dios mismo ha justificado.

Si Pedro lo dice, si Pablo lo dice, si ambos lo sugieren y hasta lo demandan, es porque el beso respetuoso y afectivo, como saludo, es aconsejable para la iglesia del Señor. Ahora vayan y díganselo a esos viejos pastores que se escandalizan porque los jóvenes de su congregación se saludan así.

Me pregunto, porque siempre me lo he preguntado: ¿Están protegiendo la salud mental de esos jóvenes o están dando a luz sus propios pensamientos recónditos y quizás hasta mal intencionados? Es verdad, hay besos y besos, pero cada uno sabe como los da y como los recibe.

La iglesia, en su conjunto y de una vez por todas, tiene que recuperar su integridad, su transparencia, su limpieza y su pureza. Y dejar de lado definitivamente toda clase de hipocresías, simulaciones e impostaciones que a lo único que han conducido, es a más falsedad y corrupción.

Creo que en este capítulo está la clave de lo que hasta hoy ha sido un funcionamiento deficiente y viciado de la iglesia: el abuso de poder por parte de los que suponen ser sus líderes, sus conductores, sus supervisores, esto es: sus ancianos, que no parecerían haber leído jamás esta parte del legado de Pedro. Apacentar a la gente voluntariamente, no con imposiciones, prohibiciones, manipulaciones o amenazas. Hacerlo por amor a Dios y no por conveniencias personales. Someterse los unos a los otros, que siempre será total y absolutamente distinto a lo clásico y tradicional, que es “los unos a los algunos”. Y todos, someterse a Dios, que es el único modo de encontrar la potencia para resistir al diablo.

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El Tiempo del Juicio

1 Pedro Capítulo 4

(016) Tu Padecimiento, Mi Padecimiento

(1 Pedro 4: 1 )= Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado, (2) para no vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios.

(3 Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías.

(4) A estos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan; (5) pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos.

(6) Porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en espíritu según Dios.

Aquí hay un principio básico del cristianismo que no siempre los cristianos están dispuestos a cumplimentar. La fe en la persona de Cristo y en la obra suficiente de la cruz permite al cristiano mantenerse firme en su rechazo al mundo.

Este rechazo, puede llegar al extremo de costarle la vida. Los creyentes llenos de fe glorifican a Dios y consideran una bendición mantenerse firmes junto a su Señor. Tal posición a favor de Cristo es precedida por la negación de los deseos de la carne de manera que el Espíritu pueda mantener la primacía.

De allí que sea indispensable, si es que vas a ser un cristiano verdadero y no apenas uno nominal de domingos por la tarde, que inmediatamente dejes de lado toda forma de pecado. No por prohibición ni temor a castigos, sino porque donde hay pecado Dios se retira. Y vivir el evangelio de Dios sin la presencia activa de Dios, es lo más horrible que los hombres puedan hacer.

Las primeras dos palabras de este capítulo son, precisamente, puesto que. Esto implica algo así como “debido a que”, en este caso Cristo, sufrió, los creyentes no tienen obligación de sufrir, de hecho, pero sí deben estar preparados por si debieran hacerlo.

Es una manera de seguir al modelo, que es Cristo, en su propio sufrimiento. Porque así se da, no buscándolo. Ser cristiano es ser seguidor de Cristo. Es una manera más de vivir conforme a la voluntad de Dios. No siempre esa voluntad es que tú sufras, pero cuando por algún motivo lo es, deberás pasarlo con la misma dignidad y potencia con que Él lo hizo.

¿Y por qué tiene tanto valor el sufrimiento propiamente dicho y en sí mismo? No porque te purifique, en absoluto. Ese es un pensamiento orientalista, pero no el nuestro. El sufrimiento pesa en el sentido de poder dejar en evidencia que el dolor no nos amilana, ya que hemos muerto a la carne así como también hemos muerto al pecado.

Nos recomienda o sugiere, que nos armemos del mismo pensamiento que tuvo Cristo. ¿Recuerdas cual fue? El primero de ellos, si era posible, que Dios le hiciera pasar de largo ese sufrimiento que Él ya conocía de antemano como lo era la cruz.

El segundo, saber con certeza que, sufrimiento, era casi sinónimo de morir al yo, morir a la carne y, por consecuencia, derrotar al pecado. Atención con esto: no es receta actual. Ni se te ocurra salir a decir o a enseñar que es necesario sufrir para borrar tu pecado.

Está hablando de Cristo. Y en el caso de Cristo, así tuvo que ser. Dios no tiene metodologías y permitirá, en cada caso, cuestiones distintas con un mismo fin: purificarte. Pero si Él considerara que un poco de sufrimiento te fuera necesario para conseguirlo, pues allí estará. Por eso es que deberás dar, como dice la Palabra, gracias EN TODO. Por eso que no te agrada, también…

(Gálatas 5: 24)= Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.

Pablo está hablando, aquí en este texto, y de una forma metafórica, como una crucifixión de la vieja vida de pecado, esto es: el dejarla atrás de una manera completa y definitiva. El tiempo verbal, mientras tanto, indica un acto definitivo que realizamos en nuestra conversión.

Ahora bien: si tal como Pablo dice aquí, los que son de Cristo han crucificado su carne con sus pasiones y pecados, déjame decirte que el ochenta por ciento de los cristianos que conozco, aún no se puede decir que sean de Cristo.

Porque dentro de la tonelada de correos que a diario recibo, en su enorme mayoría, (Hablemos del porcentaje mencionado, 80 por ciento), tienen que ver con problemas que la gente cristiana tiene con asuntos que están emparentados con su carne.

Es como si a nadie o a muy pocos, realmente, les interesara tener una vida espiritual activa y victoriosa. Es como si esa gran mayoría solamente estuviera interesada en: llevarse bien con sus cónyuges, sus pastores, sus hermanos y sus amigos, tener un buen trabajo, ganar dinero y poder comprarse un automóvil e irse de vacaciones en el verano.

Está bien, no vamos a caer en odiosos legalismos ni ácidos comentarios respecto a estas inclinaciones, pero si todo lo que te he descripto como prioridades santas no tiene que ver con cierta clase de pasiones y deseos, ¿Con que podría tener que ver?

Ahora voy a invertir la idea para dejarte a ti que seas quien evalúe. ¿Conoces a muchos cristianos que puedan mostrar claramente que han crucificado a su carne con sus deseos y pasiones? Por favor, sé bueno y di la verdad.

Esto significa, acaso, que ser de Cristo es imposible para el ser humano? Sí, eso es lo que significa. Ser de Cristo, para el ser humano, es imposible. Sólo es posible para aquel que ha decidido dejar de ser humano y convertirse a una vida divina.

Súmale a todo esto que, incluso, esta enseñanza no abunda demasiado en las iglesias. Se nos enseñan otras cosas emparentadas con la moral, las buenas costumbres y, esencialmente, algo que llaman testimonio pero que, en realidad, no pasa de ser simulación y figuración de lo que no es.

El mejor testimonio de una vida EN Cristo, es precisamente mostrar los frutos que ella proporciona. Esto es: humildad (Que no son actitudes de humildad, sino humildad en todo), mansedumbre, paz y todos los frutos del Espíritu Santo juntos.

Luego nos dice Pedro que todo esto tiene que ver con una idea que nos llevará a vivir una vida conforme a la voluntad de Dios y no a lo que nuestras propias concupiscencias humanas nos puedan indicar o presionar.

El diccionario secular de la lengua española, nos dice que esta palabra utilizada aquí como concupiscencia, significa el deseo de bienes terrenos y, en especial, el apetito desordenado de placeres deshonestos. El diccionario bíblico agrega muy poco al respecto. Se limita a decir que se trata de una codicia ilegítima y desordenada.

También esto debe ser objeto de evaluación, por parte de los hombres y mujeres sincero y fiel del evangelio de Jesucristo. Si tener codicias ilegítimas y desordenadas es estar en concupiscencia, hay más de media iglesia (O lo que conocemos como tal), morando allí.

(Gálatas 2: 20)= Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Esto es lo que se conoce como el renacimiento o el volver a nacer. El creyente, unido por la fe a Cristo por su muerte, ha muerto a la vida anterior y ha resucitado inmediatamente a una nueva vida. Si no sucede esto en la vida de un creyente, su fe y su comportamiento distará mucho de ser el que Dios quiere.

(Romanos 6: 11)= Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Hay que aclarar para que nadie se confunda ni pretenda vivir algo que no ha sido ordenado ni demandado, que estar muertos al pecado es lisa y llanamente no depender en esclavitud de su dictado. Tener la fuerza y la personalidad suficiente para decidir y decir que no a todo lo pecaminoso.

Luego añade Pedro que ya ha sido suficiente todo el tiempo vivido en la carne. Que ya no tenemos ningún motivo ni necesidad para retornar a la lascivia y demás accesorios que nos gobernaban cuando estábamos en la incredulidad mundana.

¿Y de que cosa habla cuando dice lascivia? Según la palabra griega utilizada en los originales, ASELGEIA, implica lujuria total, indecencia desvergonzada, concupiscencia sin freno, depravación sin límites.

La persona con estas características lanza un desafío insolente a la opinión pública, comete toda clase de pecados a plena luz del día, con arrogancia y desprecio, no sólo por las leyes humanas, sino también por la ley de Dios.

Por esa razón es que a Pedro le ha parecido indicado agregarle a esta palabra básica, otras que son de alguna manera consecuencia inmediata de la primera. Las borracheras mezcladas con la lascivia son las cultoras de las orgías, pero fíjate que en la misma entidad figura toda clase de idolatría, que indudablemente es el pecado que más fastidia a Dios y el que más cometen sus criaturas humanas.

(Efesios 4: 17)= Esto, pues, digo y requiero en el Señor; que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente.

Cinco aspectos de la vida en el mundo se resumen en esta frase que Pablo utiliza aquí: vanidad de su mente. Esto implica vacío interior, falta de propósito o desánimo cotidiano, entendimiento oscurecido, alienación de la vida de Dios, ignorancia de los caminos divinos, corazones endurecidos y pérdida o descuido de la sensibilidad.

Una vez más nos es útil esto para cotejar con nuestra visión de la actualidad. ¿Cuánta gente que conoces está moviéndose en base a estos puntos de vista? ¿Cuántas personas viven una vida sumamente aplicada en lo eclesiástico, pero sin otro fruto que el de su asistencia regular a las reuniones y cultos de sus congregaciones locales?

Si así fuera, (Y puedo asegurarte que en un gran caudal doy fe que así es), es indudable que esa o esas personas están viviendo como vivían antes de conocer al Señor. ¡Pero es que hacen esfuerzos! Precisamente allí está el nudo de la cuestión. Hacen esfuerzos.

La vida en el Señor y el caminar en el Espíritu no son por esfuerzo humano, sino por poder divino como producto de una decisión inquebrantable de entrega total de nuestras vidas. Si dices entregar tu vida a Cristo pero sólo le permites mover una milésima de ella, el resto procurará vivir como lo hizo siempre, y los frutos o resultados serán los que están a la vista y ahuyentan a los incrédulos de nuestros templos.

Porque el mundo necesita a Dios y está dispuesto a entregarle su vida si con ello consigue paz interior, certeza de su futuro eterno y serenidad para encarar el día a día. Pero si todo se limita a gente que va o que no va a un templo un día domingo, por su pobreza, no vale ni siquiera la pena considerarlo.

Conocí a un predicador muy simpático que repetía a menudo una muletilla muy graciosa pero no exente de realidad. Dice que hay gente que se planta delante de otra que es incrédula y le expresa: ¡Oye! ¡Es tiempo que aceptes a Cristo y te conviertas en cristiano! – Decía que el interlocutor, que los conocía muy bien, generalmente respondía: ¿Para entonces ser como tú? ¡¡No, gracias!!

Ahora bien; ¿Qué sucede cuando alguien no acepta la invitación de sumarse a las filas del Señor? No sólo que rechazan la posibilidad, sino que se extrañan y asombran profundamente de que tú, que eras tan sucio como ellos, de pronto hayas dejado de serlo.

Es allí, entonces, cuando en lugar de tomar tu modelo y reflexionar sobre ello, eligen la otra que es mucho más sencilla: criticarte. Se burlan de tu cambio y no aceptan que hayas decidido vivir de un modo que ellos no podrían conseguir jamás por sus propias fuerzas.

Pedro dice que no vacilan en ultrajarte por eso que ellos consideran una tremenda ofensa. Te injurian con alto desprecio y te tratan con palabras y conductas muy torcidas. Es como si la mala persona, por haber abandonado el pecado, fueras tú y no ellos.

Y el mundo coincide con estos principios. Y la ciencia en algunas de sus expresiones más respetadas y respetables, también. No tengo nada en contra de la psicología cuando son cristianos los que batallan duramente contra esas enseñanzas freudianas, tratando de usar esas herramientas a favor de los hermanos.

Pero sí me opongo tenazmente a la psicología secular, como ciencia simple, ya que normalmente aconseja el pecado en cualquiera de sus expresiones como forma ideal para conseguir resultados exitosos.

Sin embargo, se concluye señalando que no somos nosotros los que debemos evaluar, analizar, enjuiciar, sentenciar y ejecutar. Muy por el contrario, se nos dice que aquel que está listo para juzgar a los vivos y a los muertos, habrá de hacerse cargo de todas esas injurias en nuestra contra. Así ha estado escrito desde siempre.

(Hechos 10: 42)= Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos.

¿A que pueblo se nos ha mandado predicarle? – al pueblo de Dios, seguramente… – En absoluto. Al pueblo de Dios se le enseña, que es lo que hacía Jesús con los suyos. Predicar, que es anunciar la derrota satánica con antelación, se le predica al pueblo incrédulo para que sepan que un día habrá alguien que los juzgará más allá de sus riquezas, sus poderes o sus cargos públicos o sociales. Se supone que al pueblo de Dios no es necesario decirle esto. Se supone…

Además, nuestro trabajo principal es testificar. Es muy curioso y hasta llamativo en grado sumo el desconocimiento interno que existe respecto a esta expresión. Se ha tomado por largos años, (Y se lo sigue haciendo, aún), como una forma de predicación personalizada, casa por casa.

Entonces, las iglesias planifican una campaña de evangelización en la zona residencial donde se encuentran instaladas, y sus miembros salen, de manera organizada, a tocar los timbres de cada puerta para entregar tratados e invitar a las personas a que se acerquen a la iglesia. Y a eso le llaman: testificar.

Hermana, hermano; amiga, amigo: testificar no es entregarle a alguien un papelito sin decir ni una palabra, quizás porque no hay demasiado que decir. Testificar es lo que la expresión misma nos dice: ser testigos directos de la obra de Jesucristo en la tierra.

Pero claro; la primera obra que Jesucristo tiene que haber hecho en el planeta y mediante la cual tú y yo podamos testificar, es la que hizo en nosotros mismos. Independientemente de los que eran alcohólicos, drogadependientes, prostitutas u homosexuales y ya no lo son, hay otra clase de testimonio más cotidiano, visible e irrefutable.

Porque buen testimonio no es ir al templo todos los domingos, cumplir con la membresía de tu congregación y estar en comunión (Que en el ambiente evangélico significa no haberse tomado a golpes) con tu pastor. Eso, en todo caso, es un síntoma de cumplimiento religioso.

Esa clase de “testimonio” al mundo ni le impresiona ni le interesa. Al contrario; lo toma como parte de una personalidad a la cual se le ha lavado el cerebro, se la ha imposibilitado de pensar y que actúa por impulsos preconcebidos. Perdóname, pero créeme que en algunos casos, no les falta razón.

El testimonio que al mundo le impacta y lo lleva a reflexionar seriamente sobre la necesidad de hallar a Jesucristo, es el testimonio de una vida cotidiana distinta. Honestidad, rectitud, transparencia, conducta y moral irreprochable. Eso es lo que el mundo incrédulo y secular no posee y desea tener. Porque es lo único que proporciona paz sin necesidad de medicamentos.

Y esta clase de testimonio solamente es viable y posible cuando Cristo mora de verdad en nuestros corazones. Cuando dejamos de ser personas religiosas que van a un templo a hacer una serie de cosas y pasamos a ser personas vulgares pero sencillamente con una vida intachable, algo que la sociedad moderna no puede arrogarse ni mucho menos.

Eso es testificar. Es como decirles a las personas: ¡Eh! ¡Miren como vivo! ¿Tienen ustedes algo en su interior que les permita vivir del mismo modo que vivimos mi familia y yo? Si puedes decir esto cualquier día de cualquier mes o año a quien sea, estás apto para testificar. Si no puedes, mejor dedícate a cumplir con tu trabajo secular y deja que la iglesia se esfuerce con sus actividades religiosas huecas y vacías.

(2 Timoteo 4: 1)= Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino.

Pablo destaca de sobremanera la urgencia de sus exhortaciones a Timoteo. La palabra griega traducida como te encarezco, se usa en conexión con un testimonio solemne y enfático ante un tribunal. Y queda muy en claro que quien juzgará a los vivos y a los muertos es Jesucristo.

¿Y sabes tú con cierta certeza el significado de la palabra manifestación? ¿Tienes idea qué será lo que sucederá en esa instancia de la que tanto se habla, se enseña y se predica, pero muy pocos pueden detallar debidamente?

No hay mayores registros proféticos al respecto, más allá de la literalidad de la palabra utilizada. Que significa Declarar, Dar a conocer, Descubrir, Poner a la vista, por citar tres o cuatro acepciones que tienen que ver con el texto mencionado.

Esto significa que, la manifestación de Jesucristo no será necesariamente un compendio de milagros, maravillas y prodigios, tal como en muchos lugares de cierto prestigio se ha enseñado, sino simplemente el día en que el Señor declarará lo que tenga que declarar con el fin de separar lo verdadero de lo falso, que es el significado correcto de la palabra juicio.

¿Y qué es lo que habrá de declarar el señor que nosotros aún no sepamos? Buena pregunta. Sobre todo para que la evalúen, la analicen y la tengan muy en cuenta aquellos “monstruos” intelectuales de la teología que suponen saberlo todo.

Lo que el Señor declarará, dará a conocer, descubrirá y pondrá a la vista en ese tiempo, será indudablemente algo que hasta hoy no hemos podido ver. Algo que tendrá que ver con revelación auténtica y total y no con conocimiento escritural fruto de sesudos estudios intelectuales.

Bajo esas perspectivas y rudimentos, será que sobrevendrá el juicio sobre vivos y muertos. Esto quiere decir que nada de lo que hoy tú o yo podamos saber como fruto de la riqueza del conocimiento de nuestras mentes, nos sirve demasiado. Porque todo será a partir de lo que el Señor revele en ese mismo instante, el de su manifestación.

Y observa que dice luego que por esto también es que ha sido predicado el evangelio a los muertos. ¿Qué muertos? ¿Acaso aquellos que vivieron hace mucho tiempo y ya no están vivos? Puede ser, es una interpretación válida.

Pero también puede tratarse de los muertos espirituales, de esa gente que va a una y otra y otra iglesia, se sienta, escucha, canta, ora, alaba, adora, se ríe, llora y jamás cambia su vida. Porque el evangelio de Jesucristo no es vana palabrería de convencimiento, sino auténtico poder de Dios.

Esto es lo único que podrá lograr que, pese a que esa gente sea juzgada en la carne, como lo seremos todos nosotros, vivan luego, – También como nosotros – en espíritu según Dios. ¿Sabes la diferencia de una cosa y la otra? Porque de esto se habla mucho y se enseña poco, ¿Verdad?

Vivir en la carne, no se trata de andar cometiendo pecados carnales todo el día. Se trata de vivir conforme a los dictados de tu alma. Esos dictados suelen ser muy respetables, ya que forman parte de lo que el mundo llama “buenos valores”.

Si vives conforme a tus sentimientos afectivos, te comportarás bien y serás buena persona, pero eso no tiene nada que ver con tu vida espiritual. Lo mismo sucede si te mueves conforme a tus emociones, tu voluntad o tu capacidad intelectual.

Reitero: todo esto tiene muy buen nivel para el mundo, pero no tiene incidencia ni existencia en el ámbito espiritual. Tú tienes un espíritu humano en tu interior. Te fue dado en el momento mismo de tu creación inicial, independientemente de tu nacimiento carnal.

Dios fue quien lo sopló en ese muñeco inanimado de barro y polvo que éramos cuando fuimos creados. Y ese soplo de ese espíritu humano fue lo que nos hizo: seres vivientes. Ese mismo espíritu es el que, según se lee en Eclesiastés, vuelve a Dios que lo dio en el momento de tu muerte, mientras que el cuerpo vuelve al polvo de la tierra que es de donde fue sacado.

Vivir conforme al espíritu, o andar en el espíritu, no es sinónimo de caminar pisando algodones ni cáscaras de huevo. Simplemente se trata de permitir que el Espíritu Santo de Dios penetre en ese espíritu humano tuyo y lo llene hasta rebosar. Será el único modo que tu alma y tu cuerpo se sujetarán al señorío de Cristo. De otro modo, siempre habrá derrota.

(017) Servicio: ¿Para la Gloria de Dios?

(1 Pedro 4: 7)= Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración.

(8) Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados.

(9) Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones.

(10) Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.

(11) Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.

El subtitulado no es ocurrente, sino recurrente. No desliza una ironía, sino que da a conocer una realidad palpable en todo el planeta cristiano. ¿Es el servicio que prestamos en la iglesia una honra para la gloria de Dios? ¿O quizás es un elemento que mejora nuestro prestigio personal?

Tú eres el que tiene la respuesta. Y no te estoy cargando con el problema, sólo estoy procurando que no me hagas decir cosas fuertes a mí y tú te quedes al margen, cuando en la intimidad tú y yo sabemos que piensas exactamente lo mismo, aunque por alguna justificable razón, no lo digas.

Cuando tú terminas el servicio que prestas, sea cual fuere él, compruebas que la gente comienza a acercarse y agradecerte con emoción y sinceridad tu trabajo o, por el contrario, se olvida de ti y comienza a alabar y glorificar a Dios?

No me respondas con ligereza. No me respondas lo que, estimas, queda bien o te hará quedar bien. Respóndeme la verdad. Una verdad que conozco bastante. Estoy luchando con ella desde que comencé el ministerio. Recién hoy, a más de quince años de trabajo, he logrado sacarme de encima los aduladores y los glorificadores personales. Y no ha sido sencillo, créeme.

Y durante mucho tiempo he sido un hombre ministrando con total y absoluta sinceridad a los hermanos en Cristo, pero recibiendo sus saludos, felicitaciones, agradecimientos y otras glorificaciones personales sin protestar u oponerme demasiado. He aprendido, pero aún me falta mucho. ¿Me dirás la verdad?

Pedro dice que se está acercando el fin de todas las cosas. ¿Qué fin? ¿Qué cosas? Es muy amplio y abarcativo. ¿Está hablando del fin como final, o del fin como un objetivo? Podemos verlo con mayor profundidad, pero mientras tanto también podemos tomarlo literalmente.

Es el fin de todas las cosas. Esto implica que todas las cosas que hoy por hoy dominan y manejan al mundo, tendrán un final. El día en que el Señor retorne y ponga en su balanza inexorable a todos por igual. Allí será, – Dice -, donde deberemos mantener nuestra sobriedad.

¿Y que significa mantener sobriedad? Simplemente ser sobrios, que es contar con templanza y moderación en nuestra actitud de vida. No adornarse con oropeles falsos para rodearnos de hermosa vista externa dejando nuestro interior tan sucio como antes.

Fíjate que se le llama sobrio a alguien que no está borracho. Y estar borracho, más allá de la natural ingesta de alcohol que se necesita para llegar a eso, hay un comportamiento incoherente, tambaleante, confuso y falto de seriedad.

¿Nunca se te ocurrió preguntarte el motivo por el cual Dios pondría a la borrachera como un grave pecado, en un mismo plano y nivel que el adulterio, la idolatría y la incredulidad? ¿No has pensado que muy bien podía ser un poco exagerado castigar tan rudamente una pequeña licencia para estar…sólo algo más…alegre?

Así pensaría cualquier persona que no conozca al Señor. No estoy hablando de si cree o no cree en Él, estoy refiriéndome a si lo conoce o no. Porque si lo conoce, sabe como piensa. Y si sabe como piensa, sabe también que por algún motivo les dio a sus hijos el apoyo del Espíritu Santo.

Se lo dio para que les sirviera de guía a toda verdad. Y dentro de lo que es esa guía, hay una serie de elementos que el Espíritu Santo otorga a la persona que lo convierte en auténtico hijo de Dios porque sirve para comunicarlo con el Padre celestial.

Tú sabes cuales son esos elementos porque seguramente en alguna escuelita bíblica te los habrás estudiado de memoria. Paciencia, templanza, benignidad, amor, etc. Todo eso es lo que el Espíritu Santo te obsequia para que tú honres al Señor usándolo a favor de su Reino.

Ahora bien: ¿Qué crees que sucedería si tú te negaras, te opusieras o simplemente rechazaras a uno, a varios o a todos esos frutos que se te regalan sin mérito alguno de tu parte? Simple: Dios se retiraría de tu lado y te dejaría librado a tu libre albedrío, que es equivalente a decir que quedarías en las manos del diablo y sus secuaces.

¿Verdad que estaría muy correcto el señor si hace eso, no es así? No tendría caso pretender que tú aceptes compulsivamente usar alguno de esos frutos si tú no quieres, no? Muy bien: uno de esos frutos preciados, es el dominio propio, que es lo primero que se pierde en una borrachera. Luego, todo lo demás. ¿Lo estás entendiendo ahora?

Y nos dice que deberemos cumplimentar todas estas cosas mientras..¿Que cosa hacemos? Orar al levantarnos por la mañana un par de minuto y otro tanto al acostarnos. ¿Eso dice? No. Dice que debemos velar en oración.

Algunas acepciones que presenta cualquier buen diccionario secular, nos sirve para entender esta directiva. Al margen de otras que no tienen que ver con este punto, velar es hacer centinela o guardia por la noche, observar atentamente algo, estar sin dormir el tiempo destinado ordinariamente para el sueño, continuar trabajando después de la jornada ordinaria y cuidar solícitamente de algo.

¿Todo eso mientras oramos? ¿Y como lo haremos? Si cierro mis ojos y me pongo a orar no puedo dedicarme a otra cosa. ¿Ah, sí, eh? ¿Y se puede saber por qué habrás de cerrar tus ojos? ¡Pero hermano! ¿No es lo que se hace siempre que se ora?

Yo no te pregunté si se hace o no se hace. Ya sé que es lo que en un noventa por ciento se hace, pero mi pregunta era otra: ¿Por qué has de cerrar tus ojos cuando oras? – Es que…no lo sé muy bien…me lo enseñaron así. Creo que es para no distraerme.

Dime: cuando tú hablas con un amigo de algo que consideras muy importante, ¿Te distraes? Y…no…, creo que no. ¿Y entonces? ¿Por qué vas a distraerte si te pones a hablar nada menos que con el señor y de algo tan importante como son sus cosas?

Ora con tus ojos bien abiertos. Y mucho más si oras por un milagro. ¿Qué tal si a Dios le place concederte el milagro ese que tú le estás pidiendo en oración y, por estar con los ojos cerrados, te lo pierdes? ¿O que tal si reprendes a un endemoniado con los ojos cerrados y el demonio te da un trompis aprovechando que no puedes defenderte?

Velar es estar de guardia, atento a algo específico. ¿Y como podrás estar de guardia y atento a algo específico con tus ojos cerrados? Te diré algo: vamos a aprender ambos a servir más y mejor al Señor, ¿De acuerdo? Pero para hacerlo tendremos que dejar todas nuestras inexplicables costumbres religiosas en ese viejo baúl de cosas en desuso que tenemos en casa.

(Romanos 13: 11)= Y esto, conociendo el tiempo, que ya es hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos.

¡Hermanos! ¡El retorno del señor está cercano! ¡Este es uno de los versículos que lo dice! – Mira mi hermano: coincido con que el Señor va a retornar. También coincido, si quieres, en que eso no se va a tardar demasiado. Pero convengamos que este verso no está hablando de lo que una gran mayoría ha interpretado que está hablando.

¿Está nuestra salvación más cercana que el día en que creímos? ¡Por supuesto que lo está! Yo creí a los 30 años e edad y hoy tengo más de 60. Resulta obvio que la efectivización de mi salvación está mucho más cercana que hace treinta años atrás.

¿No lo ves claro? Piensa y entiende. ¿Qué es lo que nos está aconsejando en el principio respecto a esto? Que ya es hora de levantarnos del sueño. ¿Y de qué sueño estamos hablando? ¿Acaso del simple, literal y clásico de nuestras noches comunes?

¡Que va! Estamos hablando de Sueño Espiritual. ¿Y alguien puede decirme que cosa significa esto de “sueño espiritual”? Es muy simple, sólo tienes que recurrir al material de apoyo. – ¡Es que soy muy pobre y no tengo para comprar materiales de apoyo a mis estudios bíblicos, hermano!

No me fabrique excusas increíbles. No necesitas ser ningún potentado para acceder a lo mínimo necesario. ¿Hay alguna casa en la cual no exista un diccionario de la lengua española? No digo buen diccionario, digo diccionario, como sea.

Busca en uno de ellos la palabra sueño y luego lleva sus acepciones al plano espiritual y tendrás tus respuestas. ¿Lo hacemos juntos? Adelante. SUEÑO. “Acto de Dormir”. ¡Já! ¡Chocolate por la noticia! ¡Cualquiera lo sabe! Aguarda un momento. No te apresures. Cualquiera puede saber que el sueño es el acto de dormir, es cierto, pero quizás no sabe lo que significa realmente dormir.

Dormir es, en primer término, estar en aquel reposo que consiste en la inacción o suspensión de los sentidos y de todo movimiento voluntario. No he enfatizado con negritas porque sí. Tiene un sentido y ya te lo explico.

Inacción espiritual es saber lo que Dios ha dicho, saber lo que Dios está diciendo y conocer perfectamente y con certeza su voluntad y su propósito, pero mantenernos inactivos porque debemos sujetarnos, por ejemplo, a la inacción que se propone desde los estratos superiores de la religión organizada a la cual adherimos.

Suspensión de los Sentidos Espirituales es lisa y llanamente dejar de lado los dones que sabemos poseemos, y darle lugar a los análisis intelectuales o teológicos que nos proponen las enseñanzas de hombres sin la menor unción del Espíritu Santo, pero que gobiernan las organizaciones a las cuales adherimos.

Suspensión de Todo Movimiento Voluntario es de alguna manera el resultado de todo lo mencionado anteriormente. Si tú sabes lo que debes hacer, sabes como hacerlo, por qué razón y en que momento, pero por alguna razón algo te impide hacerlo, tú estás controlado.

Y aunque se haya disfrazado elegantemente con el pomposo y muy santo término de sujeción, todos sabemos que lo que en realidad un líder ejerce sobre sus liderados, es control de sus actos. Y también sabemos que el control no es una actitud cristiana, (De hecho el Señor jamás controló los movimientos de nadie, sino que otorgó total libertad), sino un espíritu maligno.

Por tanto, lo que aquí Pablo le está diciendo a los romanos, es que tienen que despertarse y levantarse de ese sueño, con el fin de que se haga efectiva la salvación que ya teníamos a nuestro favor por la Gracia de Dios.

Y si bien es una lectura que fue escrita en un tiempo, para una determinada gente y en un determinado momento de la historia de la iglesia, bien vale la pena recordar que la misma palabra dice que toda la palabra es apta para enseñar, redargüir e instruir en justicia. Por tanto, esto es lo que habilita y faculta a entender que esto es también para ti, para mí y par todos nosotros los creyentes genuinos, hoy, aquí y ahora.

Y en el verso 8, es donde Pedro alude por primera vez en la primera de sus cartas, a esta palabra tan consustanciada con la esencia misma del evangelio: el amor. Nos dice, y con calidad de mandamiento, no de simple sugerencia, que tengamos entre nosotros ferviente amor.

Yo quiero aclarar, porque creo que es estrictamente necesario, que el significado de la palabra amor, en este texto (Y en realidad en la gran mayoría de los que aparecen en la Biblia) no tiene demasiado que ver con el amor humano o afectivo, y mucho menos romántico.

Por caer en esta confusión es que se han cometido miles de errores y hasta se han “fusilado” espiritualmente a miles de personas en nuestras iglesias. “No tiene amor”, decimos con relación a alguien y allí nomás lo ejecutamos, precisamente, por falta de amor.

Ahora veamos: ¿Qué amor es el que suponemos, le falta, a este o esta buena hermana? El amor de afecto, de preocupación por los problemas de los demás, el amor romántico y pleno en gestos y actitudes. ¿Pero ese es el amor del que se está hablando aquí? No, en absoluto.

Dándole un vistazo a la concordancia Strong, nos encontramos con que en este texto, el amor que figura aquí, es el que se escribe en el original con la palabra griega de ágape. Y si bien es un término conocido y se enseña mucho en nuestros seminarios, su verdadera traducción se ha limitado bastante. Sólo concordamos en que es la forma de llamar “al amor de Dios”.

Pero, igualmente, seguimos pensando en esa clase de amor afectivo, romántico o muy humano, aunque digamos que es el amor de Dios. Y nos seguimos equivocando. Porque la traducción más completa de ágape nos dice otra cosa.

Completando el giro de los vocablos y recovecos idiomáticos, ágape vendría a traducirse más o menos como: “carácter interno de ser y sentirse miembros del reino de Dios”. Es decir que esta clase de amor, es una expresión que nos otorga garantías, seguridades y autoridad.

Fíjate que es por eso que Pedro añade que este amor (Y de ninguna manera el afectivo o romántico) cubrirá multitud de pecados. Pregúntame de que modo podría conseguir eso aquel amor que nosotros hemos entendido.

Oye: hay gente que se ha confundido tanto con este y otros textos que hablan de ágape, que han llegado a enseñar que, en virtud del amor que debemos experimentar por la gente, tenemos que disimular sus pecados cubriéndolos con nuestro amor. Eso y ser cómplices del pecado ajeno, es la misma cosa. Y de ninguna manera es lo que Dios dice, sino todo lo contrario.

Lo que cubre la multitud de pecados, es nuestra autoridad y certeza de ser y formar parte del Reino de Dios. Eso es tener ágape. Es el mismo término que se utiliza cuando dice que el amor echa fuera todo temor. ¿A quien se le pudo ocurrir que con aquel amor humano, afectivo y romántico, la gente podía perder sus temores?

La única manera en que el hombre no sucumbe ante el temor, es cuando siente dentro suyo la autoridad, la certeza y la seguridad de saberse parte activa y viva del reino de Dios en la tierra. Eso es tener ágape.

Pero no basta con poseerlo y darlo a conocer de un modo académico, técnico o pleno de cierta frialdad conceptual. Dice Pedro que tiene que ser ferviente, que es como si nos estuviera diciendo que tiene que ser hirviente, lleno de fuego, activo, dinámico, potente, impetuoso.

¿No se te despinta, después de leer esto, aquella antigua imagen del cristianito todo tímido, que anda por la vida como pidiéndole permiso al diablo para pisar la tierra que le pertenece? Esto es lo que Satanás ha conseguido infiltrándose en las enseñanzas doctrinales de las miles de denominaciones y credos cristianos.

Lo cierto es que, el creyente genuino, que cuenta con el ágape de su propia contextura espiritual, es alguien a quien nadie va a llevarse por delante con amenazas o inhibiciones. Podrá ser castigado y hasta muerto, pero siempre será porque Dios así lo ha permitido y no porque no sepa o no pueda defenderse.

El creyente es una persona que anda por la vida con un elemento a su favor que no tiene absolutamente ninguna persona en el planeta: no tiene miedo a nada. Ya sé lo que estás pensando. Tú asistes a una iglesia y, si te apuran un poco, vas a decirme que más que respeto, le tienes un poco de miedo a tu pastor.

No me extraña ni me sorprende. Cuando los asalariados se alejan explícita y arbitrariamente del verdadero evangelio de la cruz de Cristo, ingresan en un evangelio personalizado en un liderazgo férreo, que es como decir: una mezcla de abuso espiritual, espíritus de control, manipulaciones de hechicería espiritual y adulaciones jezabelinas con fines personales y particulares.

Pedro se refiere a eso, precisamente. Y por eso nos brinda esta advertencia. No para agregar un punto teológico más a nuestra doctrina, sino para alertarnos que, solamente con la certeza y la autoridad de tener ágape es como vamos a escapar a la esclavitud humana que proponen los falsos pastores que han sido puestos allí por el enemigo par destruir el rebaño.

La gran pregunta que surge cuando nos enteramos de esto, es: ¿Y como sabemos cuales son los verdaderos y cuales son los falsos? Simple. Un verdadero pastor, guía y conduce un rebaño. Un falso pastor, es decir: un asalariado, lidera un redil.

¿Cuál es la diferencia? También muy simple. Un rebaño es un grupo de ovejas libres de caminar y buscar donde se encuentren los mejores pastos, que equivale a decir el mejor alimento espiritual. Un redil es un lugar cercado al cual no se puede entrar fácilmente ni mucho menos salir sin autorización del pastor, donde las ovejas están limitadas a comer lo que se les da, así sea hojarasca sin nutrientes.

(Hebreos 13: 1)= Permanezca el amor fraternal.

Fíjate que detalle singular que tiene que ver con lo que veníamos comentando anteriormente. Este versículo que acabas de leer, figura en las Biblias de estudio como pasaje paralelo al que Pedro deja escrito en el verso 8 y que recién profundizamos.

Sin embargo, y pese a una buena explicación que ahora voy a compartirte en primer término, en lo profundo de su significación, en realidad, este pasajero es paralelo ni pariente cercano del anterior, sino que está hablando de otra condición, de otra cosa. Importante también, sin dudas, pero distinta.

La expresión amor fraternal, así unidas ambas palabras, son sintetizadas por la palabra griega PHILADELPHIA (Supongo que te resultará familiar) y tiene que ver con PHILEO, que es amar y ADELPHOS, que se traduce hermano.

La expresión compuesta, entonces, indica claramente el amor entre los hermanos, el que nosotros conocemos como “afecto fraternal”. El error ha sido incluir en esta interpretación a los hermanos en Cristo, cuando en realidad el texto tiene que ver con los hermanos carnales.

¿Y cual es la diferencia? Precisamente lo que mencionábamos anteriormente: la palabra amor, ya que en este texto no es AGAPE como lo era en el otro, sino PHILEO, que es otra clase de amor y, en este caso sí, mucho más emparentado con el amor humano.

Está buena la comparación porque nos permite establecer diferencias que nos posibilitarán, más adelante, entender con mayor claridad otros textos importantes. Pero no podemos tomarlo como pasaje paralelo al anterior de ninguna manera, ya que lo que están diciendo son dos cosas diametralmente distintas y hasta opuestas.

Que esto te sirva, acaso, como me ha servido a mí y a tantos otros, para establecer parámetros claros que no nos permitan dejarnos influenciar por lo que ciertos y prestigiosos traductores o intérpretes han dejado en sus acotaciones en las distintas versiones bíblicas.

Tú, hazme caso, toma para leer la Biblia que se te ocurra. La que mejor te caiga a los ojos y con la que mejor que te encuentres a la hora de recibir alimento. Pero lee solamente el texto base y deja los comentarios para otro momento. La Biblia es palabra de Dios; los comentarios posiciones tradicionales demasiado humanas.

La Biblia siempre dirá lo que Dios plantó en la inspiración de aquellos hombres mediante su Espíritu Santo, y de ninguna manera lo que a ciertos y determinados teólogos supuestamente importantes les ha parecido que dice.

Una cosa es el carácter interno de ser y formar parte del reino de Dios (Amor Ágape) y otra muy distinta la sensibilidad afectiva y hasta sentimental del hombre por sus padres, por sus hermanos carnales, por sus esposos o esposas y por sus novios o novias, (Amor Píelo). Si alguien creyó que eran la misma cosa, nos introdujo a todos en un serio problema.

(1 Corintios 13: 4)= El amor es sufrido, es benigno, el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; (5) no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; (6) no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.

(7) Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

(8) El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.

Por causa de la confusión y deficiente enseñanza de la que te venía hablando, ni quieras imaginarte las barbaridades familiares, sentimentales y matrimoniales que han ocurrido en las iglesias por exigencias de respeto y cumplimiento a lo que aquí se expresa.

Yo entiendo la intencionalidad pastoral y no la censuro. Todas las imbecilidades que se hicieron tuvieron como idea central mejorar las relaciones conyugales, cimentar a los matrimonios y, de paso, cumplir con algo que se consideraba mandamiento divino.

Entonces, en determinadas crisis de pareja y demás, se leía este pasaje y se les enseñaba a los protagonistas del problema que el amor, ese amor que ellos debían profesarse el uno al otro, contaba con todas estas condiciones aquí descriptas.

No voy a negar que algunas sean posibles y factibles dentro de lo que es el amor humano. Los poemas y las distintas epopeyas sentimentales seculares, están plagadas de sufrimiento, benignidad y otras muchas que aquí se dan como esenciales.

Claro que cuando llegamos a que el amor no hace nada indebido, nos encontramos con qué es lo que se considera indebido. Esto está sacado de la Palabra de Dios y para Dios resulta muy claro que es lo indebido o lo debido, pero no así para aquellos que han elegido vivir una vida sin Dios.

Y ni hablar de cuando llegamos a la declaración contundente de que el amor nunca deja de ser. Movemos la cabeza con resignación y murmuramos: “Sí…así debería ser…pero la realidad nos está mostrando que no lo es…y que por cada matrimonio concertado, hay al menos tres divorcios o separaciones de hecho.

¡Pero no, hermano! ¡Es que esta palabra solamente puede ser respetada y cumplida por cristianos! – ¿Ah, sí? ¿Y tú lo has visto cumplirse de manera habitual dentro de nuestro ambiente? – Y…la verdad es que no…pero…

Pero nada. Los cristianos no cumplen con esta palabra en sus vidas sentimentales, sencillamente porque todo lo que aquí se dice no tiene absolutamente nada que ver con los sentimientos ni con las emociones humanas.

El amor del que aquí se habla, es exactamente el mismo del que habla Pedro. Amor ágape, ¿Recuerdas? Carácter interno del miembro del Reino de Dios. Es únicamente esa certeza, esa seguridad y, principalmente, esa autoridad la que te posibilita hacer cierto esto.

Solamente alguien que ha entregado su vida por completo a Cristo y ya no vive él, sino que Cristo vive en él, es capaz de ser sufrido, soportarlo todo, no tener envidia, no ser jactancioso, no hacer nada indebido y soportar lo que sea, por una sencilla razón: ha crucificado su carne.

Este es el creyente genuino, real, íntegro y totalmente apartado de todo nominacionalismo religioso. Y es el que, cuando se toca el tema del divorcio, no toma posturas legalistas, crueles ni discriminatorias. Sencillamente no lo tiene ni en cuenta porque para él es algo inexistente.

Cuando dos creyentes genuinos, unidos porque en espíritu el Señor los unió juntan sus vidas, aunque ni firmen ningún documento, saben interiormente que lo que han hecho es, indefectiblemente, para toda la vida, hasta que la muerte los separe.

Porque no se han unido en un amor phileo, humano, sentimental, emocional y producido en las oficinas del alma, sino en ese amor ágape, en ese carácter divino e íntimo que coloca al Reino de Dios en primer término para que todo lo demás sea añadido posteriormente.

Entonces, la lógica consecuencia de ello es que ese amor que ha unido a esa pareja humana (El matrimonio es un paso legal conveniente que los cristianos deben dar para otorgar seguridad y seriedad a su unión), nunca dejará de ser.

Entonces es obvio que ese matrimonio jamás se planteará ni siquiera abrir un juicio de valor, una opinión, sobre el divorcio. Para ellos esta calamidad directamente no existe, ya que no se unieron en amor humano sino en el divino.

¡Pero hermano! ¿Y entonces como se explica que en las iglesias existan tantos problemas matrimoniales que, en una gran cantidad de casos, terminan en divorcio? – Por lo dicho: es gente que se unió por amor humano, carnal, del alma y del cuerpo. Y ese amor, sí puede dejar de ser en cualquier momento, ya que es el mismo que vive el mundo secular.

Seguidamente, en el verso 9, Pedro nos sugiere algo que en un primer momento, podrá parecernos algo cargado de demasiada simpleza. Algo que, de tan sencillo, nos puede sonar casi hasta innecesario de mencionar. Sin embargo…

Pedro nos sugiere que nos hospedemos unos a otros sin murmuraciones. El significado de la palabra es el de recibir a alguien y alojarlo en un sitio que nos pertenece. No obstante, el diccionario bíblico e histórico, nos aporta algunas ideas más.

Allí se nos muestra que la hospitalidad, no se limita meramente a dar alojamiento a extraños o visitantes. En el oriente se ha considerado desde siempre como un sagrado deber acoger, alimentar, alojar y proteger a todo viajero que se detenga delante de la tienda o del hogar.

El extraño es tratado como huésped, y los que de esta manera han comido juntos quedan atados por los más fuertes lazos de amistad, confirmados por mutuos presentes y pasados de padre a hijo. La ley de Moisés recomendaba la hospitalidad, que era también para los griegos un deber religioso.

La manera actual de actuar entre los árabes es algo que recuerda las más antiguas formas de hospitalidad hebrea. Un viajero puede sentarse ante la puerta de alguien que le es perfectamente desconocido, hasta que el dueño de la casa le invite a cenar.

Si prolonga su estancia por algo de tiempo, no se le hará pregunta alguna acerca de sus intenciones; podrá partir en cuanto quiera sin más pago que un “¡Dios sea contigo!”. Con el crecimiento de la población hebrea se vio la apertura de numerosos mesones, pero la hospitalidad familiar persistió igual.

Hay de ellos numerosos ejemplos en el Antiguo Testamento. El rico malvado de Lucas 16, violó gravemente la ley de la hospitalidad. El Nuevo Testamento enseña cómo debe ser la hospitalidad cristiana.

En el idioma griego., el término hospitalario es philoxenos, que significa algo así como: “amigo de los extraños” y la hospitalidad es philoxenia, esto es: “amor a los extraños”. Comprendamos, entonces, que cuando Pedro dice esto, no está divagando ni señalando algo sencillo.

Lo que nos está enseñando, nada menos, es a librarnos de toda la hipocresía y simulación con que el mundo secular se conduce. Si le damos hospedaje a alguien, deberá ser bajo estas condiciones, sencillamente porque son condiciones bíblicas.

Si no deseamos hospedar a alguien porque dudamos, nos falta generosidad o no vemos en nuestro interior esa dosis de amor al extraño del que aquí se habla, por cualquier causa que sea, lo mejor que podemos hacer es no hospedar a nadie. Ser frontal y claro al respecto. Pero dar hospedaje y luego murmurar, lejos está de ser un inconveniente para el hospedado, sino para nosotros, por nuestra hipocresía, simulación y falta de amor genuino.

Este deber es tanto más llevadero, cuanto que le acompaña una maravillosa promesa, que es la que podemos leer en un texto clásico, conocido y altamente difundido, aunque no siempre estimado o aprendido por la iglesia de la manera que corresponde.

(Mateo. 10: 40)= El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió.

(41) El que recibe a un profeta por cuanto es profeta, recompensa de profeta recibirá; y el que recibe a un justo por cuanto es justo, recompensa de justo recibirá.

(42) Y cualquiera que de a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.

Convengamos en que podríamos tranquilamente hacer un estudio en sí mismo de todo lo que se dice en este pasaje, pero no es mi intención “volarme por las ramas” y apartarme del tema central. Por tanto, me limitaré a repasar una palabra que está en la Biblia y la iglesia no la ha creído: recompensa.

“¡Ah no, hermano! ¡Yo no soy ningún interesado ni tengo ambiciones personales! ¡No quiero ni acepto absolutamente nada para mí! ¡Por tanto, eso de las recompensas conmigo no va! ¡Yo sirvo a mi señor por amor a su nombre y sin esperar ninguna clase de recompensa!”

¿Ah, sí? Entonces has tratado de interesados y ambiciosos a millones de hombres y mujeres de Dios que sí han creído y aceptado esto que es promesa de Dios y han servido con ese mismo amor y desinterés, pero esperando esa recompensa prometida. Y lo peor, tengo que incluir en la nómina de los que has ofendido con esa expresión, al propio Jesús, ya que la palabra dice que fue a la cruz…¿Por qué razón? Tú la conoces.

Una recompensa es una acción que emana del verbo básico: recompensar. Y éste significa, entre otras acepciones que no hacen al tema: compensar el daño hecho, retribuir o remunerar un servicio y premiar un beneficio, favor, virtud o mérito.

Es un término que, aunque en ocasiones ha sido usado de retribución para el mal, tiene que ver más generalmente con algo que se da en reconocimiento por una conducta satisfactoria para quien la da.

En el Nuevo Testamento se habla con frecuencia de las futuras recompensas para los cristianos. Dirigiéndose a los Suyos, el Señor anuncia: “He aquí, yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según su obra”. El que se dedica al servicio del Señor, si su obra permanece, recibirá recompensa.

La recompensa, aunque un aliento, no debiera ser el motivo de la actuación del cristiano, que debe poder decir de corazón: “Porque el amor de Cristo nos constriñe”. El creyente es exhortado a no ser privado de su premio.

No se debe confundir, sin embargo, la salvación eterna con las recompensas. La salvación no es una recompensa, sino un don de pura gracia. La recompensa se da a cada creyente en base a las obras que haya hecho en fidelidad al Señor.

En el tribunal de Cristo serán evaluadas, y se dará la recompensa por la construcción que cada uno haya llevado a cabo. Si la obra de un creyente es indigna de recompensa, la perderá, pero sin embargo él será salvo, sobre el terreno de la obra de Cristo, de pura gracia.

Esto, más o menos y a grandes rasgos, es lo que se señala desde los documentos específicos y lineales respecto a la recompensa. Más allá, entonces, de la idealización del asunto, de la confusión doctrinal o del egocentrismo disfrazado de humildad, lo cierto es que habrá una recompensa para todos aquellos hijos de Dios que hagan Su voluntad conforme a Su propósito, no obras lindas, pintorescas o socialmente aceptables.

(Hebreos 13: 2)= No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles.

Claro; tú, seguramente lees esto e inmediatamente recuerdas la historia de Sodoma, de Lot y de la visita de los ángeles a su casa. Y si bien aquella historia no centraliza el tema en la hospitalidad que Lot les dio a los mensajeros de Dios, nos brinda un panorama claro respecto al principio básico.

Y ese principio nos dice y nos muestra que, llegado el caso, y por disposición del señor conforme a alguna clase de necesidad específica en beneficio de la extensión del Reino de los Cielos, no existen inconvenientes en que ángeles tomen forma humana y visiten la casa de algunos creyentes.

El problema básico en este punto, es: ¿Cómo habrás de recibirlos? O mejor expresado: ¿Los recibirás? Y si lo haces, ¿Cómo será tu tratamiento para esta gente desconocida y extraña, de la cual tú ignoras que son ángeles? ¿Lo harás con amor y dedicación recta o lo harás con murmuración?

Aquí es donde toma coherencia y contenido concreto la aseveración de Pedro, y se aparta definitivamente de aquella simpleza y sencillez de la que hablábamos. ¿Te imaginas que “brillante” quedaría para tu “foja de servicios” espirituales, que se te hallara murmurando de ángeles?

Conozco, por lo menos, una docena de testimonios reales, para nada espectaculares y sin nada sobrenatural aparente. Pero testimonios que dan cuenta de la participación de personas desconocidas y misteriosas en beneficio de creyentes en dificultades. ¿Ángeles? No podemos decir que sí porque no tenemos pruebas. No podemos decir que no porque no tenemos pruebas…

Conocí un predicador que tenía su familia en Buenos Aires. En aquel tiempo uno de sus niños tenía no más de dos o tres años. Estaba solo dentro del baño de la casa, encaramado sobre una silla, jugando a mirarse en el espejo del botiquín.

En un descuido, su madre lo dejó solo y de improviso escuchó un enorme ruido de elementos que caen y pensando lo peor, corrió hacia el cuarto de baño. Cuando entró, halló al niño, de pie, ileso, junto a la silla caída.

¿Qué pasó?, preguntó la mujer. “Nada”, – le respondió el niño -, “se me tambaleó la silla y se cayó, pero a mí no me pasó nada porque el hombre que estaba conmigo me tomó en sus brazos y me puso aquí en el suelo…”

Obviamente, la esposa del predicador miró con atención pero no vio a ninguna persona más que su hijo y ella. Pero el niño no era de fabular y, además, dijo lo que dijo con total convicción y seguridad. Todos llegaron a la conclusión de que un ángel guardián había salvado al pequeño de un golpe que pudo haber sido importante.

¿No es verdad que parece infantil creer una historia así? Eso es lo que, al menos, pensé yo cuando el predicador la narró. No me preguntes la razón, pero aún en contra de mi sentido de la lógica intelectual, decidí creerla. Eso determinó que los ángeles ya no fueran un misterio para mí, sino una realidad simplemente no visible al ojo natural humano.

(2 Corintios 9: 7)= Cada uno de cómo propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.

¿Y por qué será que aparece justamente este texto de tanta controversia vinculado a la hospitalidad? Simple. Porque la hospitalidad, parienta muy cercana de la generosidad, es una clase de ofrenda; algo que el creyente da porque quiere, si quiere y cuando quiere.

Y aquí es donde – Te decía -, nos metemos en problemas y controversias. Porque no es eso, exactamente, lo que se está enseñando en nuestras congregaciones. Las distintas organizaciones evangélicas contraen tantas deudas que necesitan desesperadamente del aporte de sus miembros para poder solventarlas.

Entonces es que, a favor de esta inocultable necesidad, se toman conceptos tales como el de ofrendar, que como si misma expresión lo dice, habla de algo de decisión personal y voluntaria, y lo transforman en una obligación que, de no cumplimentarse, puede acarrear horribles castigos como el de, incluso, perder la salvación e irse al infierno.

No hagas ningún gesto de incredulidad y mucho menos vayas a pensar que estoy exagerando o hablando por alguna clase de resentimiento de tipo personal. Quisiera que tú leyeras algunos de los cientos de correos que recibo relacionados con este tema y podrías comprobar el grado de locura irracional que ha invadido la cabeza de muchos líderes necesitados de dinero a cualquier costo.

La ofrenda es, decididamente, voluntaria. Aquí está plenamente confirmado ese principio. De otra manera, jamás Pablo habría escrito que ofrendáramos conforme a como se lo hubiera propuesto nuestro corazón. Hubiera dicho que entregáramos tanto, de modo obligatorio y se acabó. Pero no dijo eso; dijo que lo hiciéramos conforme a nuestro sentir de corazón.

Y que cuando decidiéramos ofrendar, no lo hiciéramos con esa clásica tristeza que suele producirnos introducir una mano en el bolsillo, o en nuestras billeteras, o en nuestras libretas de cheques, o en nuestras tarjetas de crédito, y hacer un gasto que nos dejaría con algo menos.

¿Por qué razón? Porque sentir tristeza de ese acto, estaría hablando claramente de una adhesión al dinero muy por encima de lo que Dios considera legítimo. Porque Él nos ha dicho que es lícito ganar y gastar dinero, pero no adorarlo o convertirlo en otro dios.

También nos alerta con que no debemos ofrendar por necesidad. ¿Qué significa esto? Entre varias, dos cosas básicas: necesidad de cumplir con algo que nos exigen, lo cual no lo hace con voluntad decidida y sin tristeza, o necesidad de establecer una especie de “canje” con el Señor: “Te doy esto, pero a ver si me lo devuelves pronto y multiplicado”.

Sí señor, esto es auténticamente bíblico, pero no planteado de esta manera. Si tú ofrendas porque tu corazón te propuso hacerlo para bendición del Reino de Dios, seguramente serás bendecido en lo mismo y también prosperado. Pero si ofrendas esperando hacer un buen negocio con lo que Dios te ha quedado debiendo, estás frito…Dios jamás se mueve bajo presión de ninguno de sus orgullosos hombrecillos.

Porque, dice, Dios ama al dador alegre. ¿Y que será un dador alegre? La palabra utilizada en los originales, en este texto, es la palabra HILAROS. Y significa: deseoso, de buena inclinación, gozosamente listo.

Es decir que esta palabra lo que describe, es a un espíritu de alegría por dar, que se desembaraza de toda restricción que pudiera poner la mezquindad o la avaricia. De allí, fíjate, deriva nuestra palabra española “hilaridad”, que tiene que ver con risa y alegría.

¡Que bien, hermano! ¡Ahora ya sé que el diezmo y la ofrenda tienen que ver con decisiones íntimas y no con leyes preestablecidas! – Sí, así es en verdad, sólo que hay un pequeño detalle: estuvimos hablando de la ofrenda, no del diezmo. Y la ofrenda es aquello que damos más allá de nuestros diezmos, o por encima de ellos…

¿Usted cree en el diezmo, hermano? – Sí que creo. – ¿Pero no es una ley del Antiguo Testamento que ha quedado anulada por la era de la Gracia del nuevo Pacto? – Puede ser, pero yo no diezmo por la ley, que muy bien puede haber quedado anulada como tú dices; yo diezmo por la promesa, que jamás termina y sigue vigente hasta el último de los segundos de vida terrestre.

¡Es que hay tanto fraude, estafa y corrupción con eso, hermano! – Puede ser, pero el diezmo se lleva al alfolí, que es el lugar en donde se almacena el alimento espiritual. Si decides llevar tu diezmo a Babilonia, luego no te quejes si te estafan te defraudan o se corrompen dilapidando ese dinero. Babilonia no fue, no es ni será alfolí de nadie, porque no tiene alimento; solo tiene discurso humanista, psicológico, filosófico o teológico. Palabra de Dios es otra cosa, y eso es alimento genuino.

Siempre continuando con el principio de dar, Pedro alude a algo que no tiene que ver, necesariamente, con algo material: los dones. Dice que los hemos recibido por la gracia de Dios y, conforme a ese mismo principio, deberemos ministrarlos a los demás de un modo sobrio, tomando la esencia de buenos administradores.

En principio, cabe evaluar el significado real y no costumbrista de esta palabra. Administradores es, en los originales, la palabra OIKONOMOS. Se puede hacer una comparación no desatinada con nuestra más usada y común “Economía”.

Es un vocablo que proviene de OIKOS, que es “casa” y NAMO, que significa “arreglar”. Queda claro que, literalmente, ser buenos administradores significaría mantener arreglada nuestra casa. Una cuestión no solamente estética sino también funcional y práctica.

Originalmente, esta palabra se refería al gerente de una casa o propiedad, y después, en un sentido más amplio, a un administrador o mayordomo en general. En otros textos, la misma palabra se refiere a ministros cristianos, pero en este que estamos estudiando, alude a quienes usan los dones que les fueron confiados por el señor para fortalecer y alentar a sus compañeros creyentes.

Tenemos costumbres y modismos demasiados incorporados a nuestra cultura e idiosincrasia, de modo que no nos molestan demasiado sus implicancias. Sin embargo, bastará un pequeño ejemplo doméstico y casero, para comprobar cuan desobedientes a la palabra podemos ser.

Imagínate que en una casa de familia, hay solamente dos aparatos de radio. Uno es de uso exclusivo del padre de familia, y el otro, éste se lo entrega en cuidado y administración al hijo mayor, para que éste a su vez lo distribuya equitativamente entre sus hermanos.

Pero resulta ser que, a la hora de querer oír la radio, cada uno de los hermanos menores viene hasta el mayor y le solicita se lo conceda un rato. Éste no se niega, pero les dice que lo hará solamente si abonan una determinada cifra de dinero o si realizan un donativo u ofrenda para mantener al aparato en condiciones….

¿Estás entendiendo lo que quiero decir? Mis dones no son, en modo alguno, espectaculares ni fuera de serie. Simplemente tienen que ver con cierta habilidad natural para explicar y lograr ser entendido, algunos misterios del evangelio y la palabra.

Muy bien: desde que tengo memoria, esto es exactamente lo que estoy haciendo. Pero suponte que yo hubiera tomado como regla condicional para establecer y ministrar mis dones, el percibir una determinada suma de dinero como “cachet profesional”. ¿Me lo hubieran pagado? La experiencia me dice que sí, que me lo hubieran pagado y con gusto.

Pero no hubiese estado ya trabajando para el Señor y su Reino, sino para mí y para mi propio interés personal. Esto es, exactamente, lo que están haciendo miles y miles de ministros devenidos a mini-astros, pavoneándose entre las luces de las plataformas o de los set televisivos, luciéndose con los dones que el Señor les confió para que los administraran sobriamente.

¿Soy claro? Nada, pero nada debe empañar con comercialización lo que es la pureza del evangelio. Ni siquiera la venta de productos clásicos en nuestros ambientes, como lo son los videos, audios o libros.

¡Pero hermano! ¿Y entonces de que habrán de vivir esos hermanos que filman los videos, graban los audios o escriben los libros? Simple: de lo que el Señor decida sustentarlos, moviendo corazones con el fin de llevar a ciertas personas a ofrendar voluntariamente y sin necesidad de que nadie se los pida o los manipule emocionalmente para ello.

¡Pero no, hermano! ¡Esperar eso sería esperar en vano! ¡A la gente no le gusta dar dinero y se morirían de hambre! – Creo que estamos hablando de dos clases distintas de personas. Tú me hablas de personas que se conducen por su sabiduría humana y yo te estoy hablando de genuinos hijos de Dios. El único que puede ser dador alegre es el hijo de Dios. El mundano, pagano, carnal e incrédulo jamás podría sentir alegría en dar.

El caso es que, sobriamente, los creyentes debemos aprender a que los hermanos que poseen dones que podamos considerar extraordinarios, no son extraordinarios. Ese calificativo es válido, en todo caso, para esos dones, pero no para ellos. Porque si el Señor no se los hubiera confiado, ellos por sí mismos no tendrían absolutamente nada.

“De acuerdo, hermano…le entiendo…¿Pero eso no hace que sea real el hecho de que deban vivir del evangelio y, por consecuencia, también de sus dones? – Legítimo lo que me dices, pero una cosa es vivir del evangelio porque el obrero es digno de su salario, y otra muy distinta es entrar mercadería en la iglesia.

(Romanos 12: 6)= De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; (7) o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; (8) el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.

Convengamos algo: existen dos formas diferentes de abordar el pasaje de los dones. Primero, considerarlos como una categoría distinta de los que aparecen en otros pasajes del Nuevo Testamento, que frecuentemente hablan de los dones otorgados por el Padre creador.

En segundo término, se los puede ver y considerar como una repetición, reiteración o complemento de muchos otros dones mencionados en las escrituras. Fíjate que se les está dando a ciertas prácticas habituales en nuestras congregaciones, la calidad de dones. Y a un don lo da el Señor o no existe. La pregunta, es: ¿Todos los que hacen lo que ahora veremos, habrán sido capacitados y equipados por Dios o se lanzaron por sí mismos? En la realidad estará la diferencia de sus impactos.

Cuando habla del don de Profecía, establece un principio básico que, como todos los que el Señor planta en su palabra, es inmutable. Se refiere tanto a aquellos a quienes los dones recibidos del Padre creador les permite ver la vida desde una perspectiva profética especial, independientemente de la función pública que desempeñen, o del uso especial que haga de ellos el Espíritu para proclamar abiertamente una profecía; o a la manifestación de una profecía hecha pública, diciendo algo que Dios haya puesto en su mente.

Lo cierto y que deberemos tener muy presente, es que tanto la actividad del profeta que ocupa y activa uno de los cinco ministerios, como una palabra profética esporádica dada por otro siervo, son dones de Dios puestos en el hombre para que sean bien administrados por éste.

Como símbolo exacto de lo que no debemos hacer, tienes el caso de una muy conocida publicación gráfica denominada como “cristiana”, (No daré el nombre por razones legales), que publicaba un cupón que tú debías llenar con tus datos y enviar conjuntamente con determinada cantidad de dólares a cierta dirección postal, para recibir a vuelta de correo una profecía personal completa y detallada. Cualquier semejanza con un “horóscopo santo”, es pura coincidencia.

Cuando señala Pablo que a todo esto lo debemos hacer conforme a la medida de la fe, parece significar que cualquier tipo de actividad profética debe ejercerse de acuerdo con la madurez espiritual concedida a aquel que habla, en reconocimiento de que ese don tiene su origen en Dios.

Eso de poner a la gente encolumnada en filas como si estuvieran a punto de ingresar a las aulas de sus escuelas de enseñanza primaria infantil y profetizarles uno por uno, es carne pura. Dios jamás daría sus dones para que se inviertan en un entretenimiento que termina por ni siquiera darle gloria, ya que la gente queda convencida de los “poderes sobrenaturales” del supuesto profeta, mucho más que pensar que Dios le dio lo que está ejercitando. Que dicho sea de paso, muy bien puede ser un espíritu de adivinación y no profecía divina.

Luego menciona el don de Servicio. Pregunto: ¿Realmente esto se tiene en cuenta en nuestras iglesias? Porque he visto mil veces que se les ofrece trabajo de servicio a aquellos que están predispuestos a cumplirlos, sin tener en cuenta si tienen ese don de parte de Dios o no.

¡¡Pero hermano!! ¡Es que si aguardamos que aparezca alguien con el don de servicio, podemos estar años sin hacer nada! ¡Alguien tiene que hacerlo! – Eso es verdad, alguien tiene que hacerlo. Pidamos al Señor, entonces, que envíe a alguien con el don.

Porque si no oramos así, llega un satanista, se ofrece y se queda con el cargo. ¿O te habías creído que a las doctrinas de demonios las iban a predicar los políticos en las plazas públicas? ¿Hubieran podido engañarte así?

El caso es que el servicio comprende tanto a aquellos cuyos dones especiales los capacita mejor para atender al cuerpo en sus necesidades materiales; como a aquellos que prestan cualquier tipo de servicio a los demás en la iglesia.

En cuanto a la Enseñanza, algo que me toca muy de cerca, se refiere tanto a aquellos especialmente dotados para escudriñar e instruir en la verdad revelada de la Palabra de Dios, independientemente de la función pública que ejerzan, como a los maestros profesionales.

Aquí puedo agregar algo porque me ha tocado vivirlo. Y no es precisamente para lucirme ni para sentir santos orgullos ministeriales. ¿Sabes que? Antes de ser levantado por el Señor para este ministerio, a mí no me quedaba en la cabeza ni siquiera Juan 3:16.

Y no sólo eso, no me gustaba en absoluto el estudiar la Palabra ni mucho menos escudriñar las escrituras buscando más. Es que yo no sabía que sabía. ¿Cómo es eso? Creía que ese trabajo era para los doctores en teología o gente que tenía títulos al tono.

Lo que yo ignoraba, es que un ministerio no se basará jamás en la inteligencia o sabiduría personal de un hombre, sino en la calidad administrativa que alguien pueda hacer de un don de Dios. Y ten por seguro que, escudriñar la Palabra, encontrar verdades escondidas y recibir revelaciones impactantes, no es algo que pueda adjudicarse a una persona, sino a Dios mismo, que se lo da en calidad de préstamo al hombre para que éste lo administre con fidelidad, lealtad y sobriedad.

Luego habla del don para el que Exhorta. ¿Es que la exhortación es un don? La exhortación sí, pero no te apresures ni te confundas. Estamos hablando de la exhortación que se hace con amor y para sumar edificación, no en la crítica malintencionada formulada para destruir.

Hay gente que elige sentarse en un banco estratégicamente ubicado con el fin de observar todo el culto y, luego, haciendo uso – Según asegura -, de su don de exhortación, destila una crítica ácida, malintencionada y cargada de resentimiento en contra de cada cosa que, – Le parece -, no estuvo correctamente hecha. Eso no es exhortación. Tiene otro nombre.

La exhortación describe a aquellas personas cuyos dones innatos los califican para aplicar las verdades de Dios a situaciones particulares, alentando a otros; o a aquellos que han sido llamados para dedicarse por completo a la atención de la iglesia. ¿Ministros? No necesariamente, aunque nuestras organizaciones no permitan a otras personas que no tengan esa credencial.

Luego habla del que Reparte. ¿Es una condición social o ideológica, quizás? No. Porque en ese caso deberíamos coincidir (Y no lo hacemos bajo ningún aspecto); con aquellos que, sin entender absolutamente nada, sostienen que Jesús fue un revolucionario social.

Podríamos estar debatiendo y polemizando por horas sobre este tema, ya que quienes lo defienden, tienen la suficiente ceguera espiritual como para no ver la verdad aunque se les pase frente a los ojos y con lentes de aumento.

Jesús no vino a cambiar la sociedad de su época. De hecho, padeció cuando niño, cuando adolescente, e incluso durante su ministerio en la edad adulta, el sojuzgamiento del imperio romano sobre su patria, sobre sus paisanos y sobre él mismo.

Él vino a cambiar, tocando con su Santo Espíritu, el corazón del hombre, su ser interior, algo que no se ve a simple vista. Una vez cambiado en su ser interior, el hombre comienza a llevar ese cambio a todo el resto de su anatomía.

Y una vez que se ha producido el cambio total en la anatomía interior y exterior del hombre, su simple participación de los hechos cotidianos, traslada esa revolución espiritual al marco social. Se necesita una suma de hombres genuinamente convertidos para cambiar una sociedad secular.

Quien piense que eso puede producirse sencillamente porque gente que va a una iglesia llegue a estratos de poder, está totalmente equivocado. Lo que sí puede ocurrir es que cambie esa sociedad y se incline a una cultura de religiosidad. Antiguamente, sólo católico-romana. Hoy, de cualquier signo, incluida la iglesia evangélica nominal y estructural.

La cuestión es que, el que reparte, que no aparece en la relación de la Primera Carta a los Corintios o de la Carta a los Efesios, se refiere a quienes están dotados para contribuir al sostén emocional o material de otros, o a los dotados de abundantes medios financieros para apoyar la obra del evangelio.

En algunos sectores, esto se ha interpretado errónea o apresuradamente. Sin embargo, en la mayoría de los casos, se la optado y elegido darle un tipo de interpretación que tienda a favorecer los planes de la dirigencia eclesiástica.

Esto significa que, si encontramos en una congregación a un empresario poseedor de una excelente posición económica, alguien del liderazgo se acercará a hacerle entender que el crecimiento material y económico de la iglesia y de muchos de sus miembros humildes, dependen de su don de repartir.

Debo aclarar con toda autoridad y dureza que de ninguna manera esto es así. Nadie está obligado, por tener una posición económica de mejor calidad, a ponerse al hombro a toda una congregación, o un ministerio o a un grupo de personas que lo componen que se encuentran desempleados.

Esto funciona conforme al propósito de Dios, que como en muchas otras cosas, tiene un derrotero operativo muy distinto al que los hombres proponen. Un ministerio debe funcionar en beneficio del Reino de Dios, su extensión y su gloria, sin pedir y mucho menos exigirle nada a nadie.

Allí será donde, por imperio del poder del Espíritu Santo en la vida de los creyentes genuinos que toman contacto con ese ministerio, se pondrá en funcionamiento el don de repartir que inundará el corazón de aquellos que tienen poder económico como para hacerlo.

Estos, sin que nadie les pida nada y mucho menos se los exija directa o indirectamente, acudirán al ministro titular de esa área elegida por el Señor, y le pedirán autorización para dejar una ofrenda. Y lo harán porque el señor se los ha puesto como carga, y no para comprar servicios personalizados, que es lo que una enorme mayoría de hermanos está haciendo hoy por hoy en nuestras congregaciones.

Si se deposita ciegamente la confianza en Dios, y se está llevando adelante una predicación del evangelio y una enseñanza de la palabra genuina, fresca, revelada y sin contaminaciones doctrinales denominacionales, Dios respaldará eso moviendo a los que tienen el don de repartir a ofrendar generosamente.

¿Y que sucede con aquellas congregaciones o ministerios que no reciben nada si no lo piden fuertemente y, aún así, afrontan deudas y problemas límites que los han llevado, incluso, a declararse en una especie de quiebra financiera?

Pasa que no son ministerios levantados por el Señor sino por la decisión, interés o conveniencia humanas de alguien con cierto prestigio dentro del ambiente evangélico. Se olvidan, una vez más, que “si Dios no edifica la casa, en vano trabajan los edificadores…”

Aquí llegamos al don de El que Preside. Esto siempre se ha interpretado, (Porque así se está haciendo en la práctica), con relación a los máximos dirigentes de las organizaciones religiosas, e incluso a los mismos pastores de voluminosas congregaciones.

Sin embargo, esto sería contradictorio con el aborrecimiento que Dios tiene para con la doctrina de los nicolaítas, que se basa esencialmente en establecer notorias diferencias entre laicos y ministros, otorgando jerarquías sociales en un ámbito como el espiritual que no las tiene. Este ámbito se maneja por rangos que otorga el mismo Dios, no por credenciales humanas.

El caso es que presidir, en la escritura de los originales griegos, da la implicancia de estar delante de o de ocuparse. Sabido es que en todo grupo humano (Y la iglesia como tal lo es); siempre hay alguien que tiene mayor facilidad o predisposición para ocuparse de las cosas antes que los demás y que, por consecuencia, siempre marchará delante de los demás.

Este es un don de Dios y será utilizado por la iglesia para cumplimentar debidamente su propósito y su voluntad. Pero de ninguna manera tiene que confundirse con alguien que ordena sin que se le pueda discutir nada o alguien que manda y es obedecido ciegamente.

Fíjate que el término, utilizado en lo secular, de ningún modo representa autoritarismo despótico. Muy por el contrario, la mayor parte de los presidentes de países, son elegidos para sus cargos de una manera global y democrática, y tienen que responder ante sus electores por intermedio de los poderes encargados de ello, (Legislativos) y por sus propias acciones.

Solamente en el ambiente eclesiástico, en dudosa vinculación con un sistema monárquico que solamente es válido cuando Dios mismo es el rey, se aplica cualquier clase de presidencia como un sitio ocupado por alguien que no puede ser contrariado ni desobedecido. Es una deformación, primero, de la propia palabra y, por consecuencia, del significado mismo de un don de Dios, nada menos.

Aquí es donde nos encontramos con un don sumamente valioso y también no demasiado visto: El que hace Misericordia. Define a quienes poseen el don de una fuerte sensibilidad; o a aquellos llamados a desempeñar ministerios de asistencia y ayuda, para los cuales la misericordia no sólo es conveniente, sino indispensable

Tanto tú que lees esto, como yo que lo estoy escribiendo, seguramente hemos visto algo en nuestras congregaciones o centros de reunión, relacionado con la existencia, el uso o la carencia de misericordia. Todos lo hemos visto, pero muy pocos han hecho mención de ello.

Esta parece ser una constante dentro del ambiente evangélico. El hacer silencio no se puede considerar como malo, al contrario. Es bueno tener discreción y eludir la posibilidad de entrar en murmuraciones u otras expresiones negativas.

Sin embargo, el hacer silencio ante la evidencia notoria de algo que no está conforme a la palabra, el propósito y la voluntad de Dios, esto es: hacer silencio ante el pecado ajeno, no es de ninguna manera un valor valioso sino un estado de complicidad latente que lleva al que hace ese silencio a la misma categoría del que está en pecado.

Muy por el contrario, cuando el asunto que se considera tiene como protagonista a alguien que no tiene peso político, social o económico dentro de la congregación, es evaluado con ojos faltos totalmente de misericordia y, en casos, las resoluciones lindan mucho más con la crueldad que con la justicia de la disciplina.

He visto sobradamente sucesos de esta naturaleza que han tenido como protagonistas a personas con situaciones claves dentro de lo que es una organización eclesiástica. Divorciados, enfermos de SIDA, drogadependientes, prostitutas, homosexuales, etc.

Y que conste a todos que no estoy refiriéndome a gente que está en ejercicio pleno de estas cosas, sino a gente que alguna vez estuvo en esta clase de pecados, pero que e ha convertido y busca desesperadamente ser integrada a partir del amor y la misericordia que debe emanar del pueblo de Dios.

No siempre es así. Es más: debería decir si quiero ser honesto y justo, que en la mayoría de los casos no es así. A las hermanas mayores que fueron obligadas por sus pastores a quedarse junto a las bestias violentas, borrachas y mujeriegas de sus maridos, les produce un tremendo rechazo ver a un o a una divorciada. Esgrimen una Biblia y lo agraden casi con virulencia.

En realidad no están defendiendo la pureza de la palabra ni el testimonio de la congregación. Sólo están sacando hacia fuera sus propias vicisitudes. Si ellas debieron sacrificarse con ese cónyuge cruel e inhumano, ¡Cualquier día se la van a hacer fácil a quien pudo evadirlo y se divorció!

Y es lo mismo con todos los demás. Todos sabemos cuales son las únicas formas de contagio del SIDA. Sin embargo, no me atrevo a preguntar cuantos de ustedes serían capaces de ir corriendo a sentarse al lado de alguien que, saben, posee esa patología.

Tampoco tengo muy en claro cuantas hermanas de buena conducta y testimonio serían capaces de reunirse con esa joven que todavía mantiene algunas de sus prendas de vestir extravagantes que utilizaba en sus tiempos de ejercicio de la prostitución.

Seguramente será la misma cantidad de hermanos, fundamentalmente jóvenes, capaces de acercarse con afecto y misericordia a ese muchacho que termina de aceptar a Cristo y todavía batalla duramente con el demonio de la homosexualidad. Y me refiero a la masculina porque es la que más se evidencia. De la femenina mejor no hablemos porque, en muchos casos, sencillamente se nos introdujo en la iglesia bajo el barniz de una simulada santidad.

Y, concluyendo con estas apreciaciones de notable incidencia, se nos dice que debemos practicar todos estos dones, cuando los tenemos, con Alegría. Esto significa que en ningún caso lo podremos hacer acompañados por la apatía ni mucho menos por la depresión.

¿Y que es la alegría? En principio, es un sentimiento grato y vivo que suele manifestarse con signos exteriores. Esas manifestaciones pueden ser una simple sonrisa, una risa más libre o sencillamente una sonora carcajada, de esas que tanto suelen ofender al legalismo eclesiástico, convencido a ultranza de todo lo contrario de esta palabra: que para ser cristiano hay que ser triste.

La palabra original utilizada aquí es la palabra HILAROTES, a la que debemos comparar con dos que nosotros usamos mucho en nuestro vocabulario: “Bullicio” e “Hilaridad”. Significa Gracia, Regocijo, Gozo, Benevolencia, afabilidad, Jovialidad, alborozo.

En algunas culturas primitivas los traductores de la Biblia definen a HILAROTES como el corazón se está riendo y los ojos están danzando. La palabra se ha usado a menudo para designar el porte alegre de aquellos que visitaban a los enfermos, y de aquellos que daban limosnas.

Dícese en los ambientes poéticos con mucho tino, que la persona que exhibe HILAROTES, es alguien que se presenta como un rayo de sol que ilumina la habitación del enfermo con calor humano y, esencialmente, con amor.

Como puedes comprobar, el concepto clásico y literario de la alegría, no tiene absolutamente nada que ver, o tiene muy poco, con lo que nosotros conceptuamos como tal. Generalmente nuestras alegrías eclesiásticas no van más allá de un grito de júbilo programado desde la plataforma o un batir de palmas y saltos también estipulados por los directores de alabanza.

Señores, debo consignar que esto no es de ninguna manera un estado interno de alegría, sino una expresión externa, condicionada y obediente a mandatos emanados desde sitiales de poder y que, como tales, no pueden desoírse para no caer en descréditos internos.

No lo censuro. Es más: alcanzo perfectamente a comprenderlo porque yo mismo lo he vivido durante un largo tiempo de mi vida cristiana. Sin embargo, no es la alegría que Dios nos sugiere para ministrar sus dones y, por tanto, esos dones salen a la luz del día viciados de ciertas contaminaciones carnales.

(1 Corintios 4: 1)= Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios.

Hay una confusión muy habitual dentro del pueblo de Dios con respecto a esta palabra utilizada aquí y otra que suena muy parecida pero que no tiene nada que ver con ella. Aquí se habla de Administrar, que como puedes suponerte, no tiene ninguna similitud con ministrar, que es otra cosa.

Administrar es, esencialmente, gobernar, ejercer la autoridad o el mando sobre un territorio y sobre las personas que lo habitan. Esto tiene que ver con los funcionarios públicos, administradores de los bienes del pueblo y elegidos por éste para representarlos.

Esto deja ver claramente que la administración de algo, generalmente se refiere a la tarea de llevar adelante algo que no es propio, sino que ha sido confiado por otros o por otro. Tal es el sentido con el cual Pablo se lo dice a los corintios en este texto.

Servidores de Cristo, comienza diciendo, para que se sepa y entienda que es y a quien representará. Y luego agrega lo administradores de los misterios de Dios. Eso nos otorga una categoría en el ámbito espiritual que no siempre hemos entendido.

¿Qué somos para Dios? Sus administradores, personas que Él delega para que nos ocupemos de sus negocios en la tierra. ¿Y que es lo que administramos, según este pasaje? Sus misterios. ¿Y que son sus misterios? Todas aquellas cosas de Dios que aún están escondidas y sin conocerse.

¿Y como se supone que podremos conocer nosotros, simples mortales, los tremendos y sobrenaturales misterios de Dios? Con la guía del Espíritu Santo, que para eso mora y morará en nuestro interior.

¿Y que es un misterio? Es algo que conocemos en un momento dado, cuando al Espíritu así le place, por medio de una palabra que siempre o casi sierre acompaña muy de cerca de la palabra misterio en la Biblia: revelación.

Muy poco importa si tú crees o no crees en las verdades reveladas. Mucho menos importa si tu denominación, autora de la doctrina que te has aprendido de memoria por años, cree o no cree en la revelación o, si por el contrario, sostiene que todo lo que sabremos será mediante nuestro entendimiento e inteligencia intelectual. No le hace; Dios hizo escribir esto y esto es lo que somos: administradores de las revelaciones de Dios.

Hay un comentario muy atinado respecto a esto, que dice que la ilustración presenta a los ministros como administradores en la casa de Dios, colocados entre el dueño y el inquilino, y encargados con la tarea de servirla.

Un administrador está plenamente a cargo de la casa y es responsable ante el propietario, quien es el único autorizado para tomar la decisión final. Se espera que el administrador sea hallado fiel en ofrecer a la familia de la casa exactamente lo que se le ha encomendado. De la misma manera, los ministros deben exponer fielmente todo el consejo de Dios.

Luego, Pedro aconseja como debe ser nuestro servicio al Reino. Sin tomar en cuenta, claro está, los famosos “órdenes de culto”, inventados por las diferentes denominaciones, y mucho menos las reglas internas que cada doctrina particular presenta con relación al trabajo ministerial.

Pedro es simple y concreto, pero al mismo tiempo, y como para que no quepan dudas de donde emana todo lo que escribe, es altamente profundo. Por tanto, no puede leerse sus sugerencias y dejarlas a un lado hasta ver si tenemos voluntad de seguirlas o hacemos otra cosa.

Nos dice en primer término, que cuando tengamos que hablar, (Y no hablar por hablar, claro está, sino hablar de las cosas de Dios) no lo hagamos conforme a los dictados tradicionales de nuestro credo, religión o denominación, sino conforme a las palabras de Dios.

Atención con esto, porque no está hablando de la palabra, tal como la tenemos incorporada a nuestro entendimiento y con relación a la revelación que denominamos Rema. Está hablando de las palabras, lo que equivale a decir que se refiere a las formas, modismos, expresiones y sentidos que Dios da a las cosas conforme a como las ha dejado escritas.

Luego añade que si alguno de nosotros va a ministrar, que lo haga conforme al poder que Dios da. ¿Era necesario que Pedro nos aconsejara esto? Parecería que no, ya que si no es conforme al poder que Dios da, ¿Qué cosa habríamos de ministrar en su nombre?

Ese es el punto. Es más que notorio y evidente que hay miles y miles de hombres y mujeres diseminados por el planeta ministrando con recursos, metodologías y formas que no tienen necesariamente que ver con el poder que Dios da.

¿Cuáles son sus resultados? Los que mayoritariamente vemos: gente que se adhiere a líderes hasta el extremo de no dar un mínimo paso sin pedir autorización, permiso o una palabra de dirección. Y lo peor, hay ambientes cristianos que consideran a esto como un ejemplo de sujeción, cuando en realidad es una manipulación descarnada de una voluntad por sobre otra, cuando Dios nos ha dado una mente para obrar conforme a sus dictados.

Veamos el significado bíblico de la palabra ministrar, porque de ese modo podremos conocer más su significado cierto y ahondar en las maneras con que se está cumplimentando esa tarea, los riesgos del error y la hecatombe de la mala intención humana.

El calificativo de Ministerio se relaciona con el acto de ministrar o servir. En hebreo., el que sirve es denominado con el término “ebed”, que implica un servicio voluntario u obligatorio, y designa a todos aquellos que tienen que servir; el prisionero de guerra, el esclavo comprado, el funcionario privilegiado de un soberano, y también el adorador de Jehová.

Los orientales se consideran servidores de un superior, o de Dios. En hebreo se aplica asimismo el término de servidor a un pueblo vencido y sometido a tributo. Dios da el nombre de ministros o servidores a aquellos que lo adoran.

Aquel que ayuda a una gran personalidad. En hebreo. es “m’shareth”; en griego “huperetes”. .José, esclavo, servía a su dueño, el cual le había confiado la administración de sus bienes. Abisag ocupaba un puesto de honor en su servicio a David.

Josué acompañó a Moisés, cuidándose del primer tabernáculo, sucediéndole después en el caudillaje de Israel. Eliseo era el ayudante de Elías, vertiendo agua en sus manos, y vino a ser profeta a su vez.

El ministro de la sinagoga ayudaba a los que enseñaban. Los discípulos recibían las instrucciones de Cristo y vinieron a ser los ministros (servidores) del Evangelio. Juan-Marcos fue el ayudante de Pablo y de Bernabé durante una parte de su primer viaje misionero.

Ministro de Dios o del Estado (En hebreo “m’shareth”, en griego “leitourgos”. Entre ellos se hallan los sacerdotes y levitas al servicio del santuario. Cristo también recibe este nombre como sumo sacerdote celestial.

Pablo también, como anunciador del Evangelio a los paganos. El término se aplica asimismo a un magistrado; designa en ocasiones a los miembros de una corte y también en ocasiones a un gran personaje. Los ángeles reciben el nombre de servidores.

Los que, estando al servicio de alguien, lo representan y asumen el cuidado de sus intereses; esto en el griego, es “diakonos”. Primitivamente este término no designaba a un servidor de los pobres, sino más bien a un magistrado, a un ministro de Dios, ejerciendo la justicia y castigando a aquellos que hacían el mal.

Este término se aplica particularmente a los predicadores del Evangelio: Timoteo, Pablo y Apolo, Tíquico, Epafras. En el NT se emplea “diakonos” también en el sentido restringido de diácono, encargado de ejercitar en una iglesia funciones especiales distintas de las de un presbítero.

A todo esto, según Pedro, debemos hacerlo conforme al poder de Dios y no a nuestra propia sabiduría humana, reglamentos internos de un credo o religión y, mucho menos, formando parte de un método dictado desde algún lejano escritorio que ni siquiera ha tenido en cuenta las diferencias culturales.

¿Y para que, dice Pedro, debemos hacerlo del modo que nos aconseja y no de otro? Para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos.

¿Pero es que acaso no está demasiado implícito, esto, a la hora de ministrar palabra enseñanza relacionada con el evangelio? Yo no voy a opinar. Pedro cree que no y por eso lo aclara. Pedro supone que hay gente que ministra de una manera que consigue que la gloria sea para sí mismos y no para Dios. No me gusta contradecir a los que saben más que yo. Y Pedro sabe más que yo… ¿Entiendes?

(Efesios 6: 10)= Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.

Esta expresión que Pablo utiliza aquí como “por lo demás”, no implica algo así como “n conclusión”, sino en algo que se refiere a las demás cosas y retos que la vida nos propone. Y nos brinda el consejo que quizás todos conocemos, pero que más nos cuesta ejecutar.

Porque, ¿Qué cristiano ignora que ha creído en un Dios Todopoderoso y Majestuoso, dueño de un inigualable poder que está al servicio de todos sus hijos? Ninguno. Esto se dice, se piensa, se enseña y se predica a diario en miles o millones de sitios del planeta.

Sin embargo, a la hora de la crisis, del contratiempo, de la dificultad, de la tribulación, de la contrariedad suma o del sufrimiento, es como si un manto de olvido pasara por las mentes y se olvida ese poder, esa posibilidad cierta de que cualquier cosa tendrá solución en Dios.

Por eso el consejo de Pedro no se va en demasiadas palabras filosóficas que suenan bonito, sino en algo muy claro y concreto: nuestra auténtica y genuina fortaleza está en Dios y, esencialmente, en el poder de su fuerza. Cualquier otro medicamento no cura la enfermedad.

(Efesios 5: 18)= No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, (19) hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; (20) dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro señor Jesucristo.

(21) Someteos unos a otros en el temor de Dios.

Muchos se han preguntado por qué Pablo establecería una comparación entre una borrachera de vino con ser lleno del Espíritu Santo. Eso es porque, indudablemente, y fuera de experiencias carnales que han minimizado el epicentro del asunto, vivir esa experiencia es vivir una especie de borrachera, aunque con características muy distintas a la alcohólica.

La exageración que ha determinado la incredulidad global, radica en que no se puede proclamar llenura del Espíritu Santo sólo porque alguien camina vacilante o se desploma como desmayado. Ser lleno del Espíritu Santo contiene, mucho más que lo visible de la experiencia propiamente dicha, un después que no pasa necesariamente por una vivencia solitaria.

Incluso, el tiempo verbal que se muestra en esta expresión utilizada por Pablo de sed llenos, deja en claro, en el griego, que esa condición no finaliza con una sola experiencia, sino que se mantiene. Lo que se dice, realmente, es que estemos siendo continuamente llenos del Espíritu.

Lo que señala en el verso siguiente, mientras tanto, y que a muchos puede sonarle como exageradamente ritual o religioso, es la consecuencia de esa plenitud, de esa llenura. Por eso aconseja tres cosas específicas que no siempre deben ser miradas como hoy las vemos.

Porque cuando dice que debemos hablar entre nosotros con salmos, no nos dice que repitamos como papagayos aquellos que conocemos de memoria, sino que sea nuestro hablar una especie de poesía literaria en forma de canciones, que es lo que realmente eran los salmos.

Lo mismo sucede con los himnos. Nadie está aludiendo al canto gregoriano ni a letras colocadas en medio de música clásica tradicional. Los himnos hebreos tenían otra connotación rítmica que estos antiguos nuestros, y significaban un compendio de palabras inspiradas que se cantaban.

La expresión de “cánticos espirituales”, finalmente, muy lejos de significar la reiteración de letras o músicas de canciones “consideradas” cristianas por el mercado discográfico internacional, equivalía a una expresión lírica inspirada por el Espíritu Santo en nuestro propio lenguaje o, incluso, en lenguas desconocidas o angélicas.

He visto en muchas congregaciones, en un momento de la alabanza o la adoración, y tal como si ya estuviera planificado de antemano por el orden de culto sistemático del lugar, al director de alabanza proponer a la concurrencia a iniciar un cántico nuevo.

Esta expresión significa que, durante un buen tiempo (A veces estimado en el que se necesita para cumplimentar los horarios prefijados para la duración de la región), el director estará entonando una música que en muchos casos habrá previsto con su banda, adosándole una letra espontánea, invitando a la gente a que haga lo mismo.

Esto, en muchos sitios, es una bendición notable, ya que hay muchas personas que realmente tenían la necesidad de adorar con sus propias palabras al Señor sin depender de las letras escritas por los conocidos autores.

En otros lugares que gozan de menos libertad espiritual, generalmente sobreabundan quejas y lamentos tales como: “¿Por qué hacen eso? ¿No ven que no puedo seguir lo que se canta porque no conozco la letra ni la música? O peor, todavía: ¿En qué himnario o libreta está la letra de lo que se está cantando?

Lo cierto es que, en los muy escasos (Pero existentes) lugares en que realmente se le ha dado lugar al Espíritu Santo en medio de la alabanza o la adoración, el resultado ha sido maravilloso. Aunque haya desatado algunas angustias en los directores de alabanza o músicos ejecutantes, ya que bajo este poder tremendo, la gente ha demostrado no necesitarlos para alabar o adorar en espíritu y verdad…

Finaliza proponiendo que además de todo lo expresado, lo concluyamos dando gracias al Señor por todo. Si a esto lo hubiera escrito algún ministro de sanidad interior, hoy, quizás le hubiera hecho un agregado: “por todo…lo que es de bendición”.

Pro no, no dice eso, y cuando un hermano llega a nosotros en el medio de una tremenda crisis emocional y nos pregunta que debe hacer, nos resulta casi antipático recomendarle exactamente lo que Dios mismo ha dicho: que de gracias de inmediato al Señor por esa tribulación.

En más de una ocasión alguien me ha dado a entender con claridad que, dar gracias por una bendición del cielo parece lógico y coherente, pero que hacerlo por algo negativo y de dolor o sufrimiento, no sólo les parece desatinado, sino incluso hasta digno de una teoría masoquista.

Hay un solo problema y no es menor. No estamos aquí para utilizar esta maravillosa mente que Dios nos ha dado, evaluando y analizando lo que dios mismo – Con su mente infinita -, ha dispuesto, sino para aceptarlo sin entenderlo, creerlo por fe y activarlo con nuestra declaración. Así es como funciona. La lógica, en todo caso, es un rudimento del alma, no del espíritu. La fe nunca es lógica.

Y este pasaje concluye con una expresión que, leída así de manera superficial, rápida y sin demasiada profundidad, tal como podríamos leer una noticia en el periódico de hoy o las líneas de un libro pasatista, nos pasa por nuestro lado sin dejarnos nada nuevo. Someteos unos a otros…

¿Qué tendrá de novedoso eso? ¡Si ya sabemos que así debe ser nuestro comportamiento por amor al prójimo, que es gran mandamiento! Sí, lo sabemos. Pero parecemos olvidarlo a la hora de exigir, desde posiciones jerárquicas, una sujeción incondicional que es solamente en una dirección, (De ellos hacia nosotros), y que no parece tener la reciprocidad que este texto proclama.

Si vamos a someternos, que es una forma de decir sujetarnos, los unos a los otros y no “los todos a nosotros los ministros”, eso significa que cuando se habla de sujeción, de hecho es una concepción mutua, y no unipersonal.

Esto le cambia el rostro a mucha de nuestra doctrina legalista. Hace que el miembro de la congregación abandone esa posición casi de esclavitud incondicional a otro hombre, cuya única diferencia es haber sido ordenado pastor por otros hombres iguales a él.

No sólo eso: también modifica totalmente esa otra clase de esclavitud (Que en este caso suele tener expresiones mucho más violentas, crueles y hasta perversas), que se les obliga a muchas mujeres para con sus esposos.

No hay palabra del Dios de justicia que posibilite que una hija de Dios, creyente, sea golpeada, violada o maltratada por una bestia humana incrédula, sólo porque debe sujetarse a su marido que es cabeza espiritual de la casa. ¿Qué cabeza puede ser ese individuo en esas condiciones? ¡Oh, Señor! ¡Perdónanos por haber conducido – Supuestamente en Tu nombre – a la infelicidad a tantas hermanas fieles y sinceras!

(1 Timoteo 6: 13)= Te mando delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Jesucristo, que dio testimonio de la buena profesión delante de Poncio Pilato, (14) que guardes el mandamiento sin mácula ni reprensión, hasta la aparición de nuestro señor Jesucristo, (15) la cual a su tiempo mostrará el bienaventurado y solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores, (16) el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén.

Pablo dice que debemos guardar el mandamiento (¿Uno de ellos? No, el más importante, ¿Recuerdas cual era? Amarse los unos a los otros), de una manera cabal, sin mácula ni reprensión. Mácula, te recuerdo, es mancha, señal que ensucia un cuerpo, cosa que deslustra y desdora, engaño y trampa.

Reprensión, en tanto, es el acto de reprender, y significa corregir o amonestar a alguien vituperando o desaprobando lo que ha dicho o hecho. ¿Entiendes, ahora, por qué el reprender al diablo no significa, necesariamente, liberar de demonios a una persona?

El caso, en suma, es que debemos guardar ese y esos mandamientos sin pasarlos por correcciones, modificaciones o alteraciones doctrinarias personales, como las que generalmente constituyen un fundamento básico denominacional.

Y dice que deberemos hacerlo hasta la aparición de nuestro Señor, que ocurrirá, a su tiempo, lo que equivale a desacreditar y dar por falsos todos los pronósticos que las distintas religiones han elaborado con respecto al tiempo de la venida del Señor.

Nadie lo sabe, está muy claro. Nadie debe saberlo hoy con precisión, también es más que evidente. ¿Por qué, entonces, son tantos los que se afanan estudiando los entornos buscando conocer la fecha de su segunda venida con mayor precisión?

Simple. Porque al hombre natural le seduce notablemente conocer el futuro. Y si se trata de SU futuro personal, con mayor razón. Allí es donde encuentran terreno fértil para trabajar sus técnicas ocultistas tantos brujos, adivinos y hechiceros, aún adentro de sitios muy serios que hasta pueden denominarse a sí mismos como “iglesias”. Lo cierto es que será en el tiempo de Dios.

Y, finalmente , como símbolo del poderío de Dios, habla de su imperio sempiterno, que significa siempre eterno. La palabra griega utilizada como imperio, aquí, es la palabra KRATOS. Habla de dominio, fuerza, poder manifiesto.

La palabra especialmente significa fuerza que se ejerce, poder que se demuestra efectivamente por una autoridad gobernante. Podemos compararla con “teocracia”, con “aristocracia”, o incluso con “democracia”.

Aunque esta palabra KRATOS, que es imperio, se emplea en Hebreos 2:14 al hablar del maligno poder del diablo, KRATOS se refiere, principalmente, y en su sentido más abarcativo y concreto, al reino de autoridad, dominio y majestad de Dios.

(018) Sufrir para Él o Por Él…

(1 Pedro 4: 12)= Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, (13) sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría.

(14) Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios repos sobre vosotros. Ciertamente, de parte de ellos, él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado.

(15) Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno; (16) pero si alguno parece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello.

(17) Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿Cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?

(18) Y: Si el justo con dificultad se salva, ¿En donde aparecerá el impío y el pecador?

(19) De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien.

Hay una tendencia muy generalizada y casi estable, a suponer que por ser cristianos nada, absolutamente nada habrá de sucedernos. Y eso es estricta verdad en cuanto a nuestro espíritu y al futuro de eternidad que nos espera, pero no en lo actual. Eso sí es error.

Porque en todos los evangelios Jesús advierte a sus discípulos y a todos los que – Dice – tienen oídos para oír (Esto es: oídos espirituales abiertos); que cuando llegue la tribulación, deberemos hacer tal o cual cosa. Y lo determinante aquí, es que dice cuando llegue; no dice si llega…¿Entiendes?

Partiendo de aquella base irreprochable que es Jesús mismo, llegamos a este consejo preparatorio de Pedro. No sorprendernos cuando la prueba, cualquiera ella sea, nos pueda sobrevenir. Ya mismo dejar de pensar que si llegó esa prueba es, quizás:

1) Porque hemos hecho algo mal y Dios nos está “castigando”. 2) Porque cometimos algún pecado y hemos dejado una puerta abierta para que el enemigo nos ataque. 3) Porque no tenemos suficiente fe y Dios nos “envía” esto para fortalecerla.

Basta ya de suponer “cosas extrañas” relacionadas con la prueba que ha llegado. La Palabra nos dice desde siempre que esa o esas pruebas, en algún momento, llegarán. Nadie está al margen y nadie está exento. No es culpa de Dios si el hombre eligió predicar un evangelio sencillo y cómodo.

La base de este pasaje, es colocar nuestros ojos en Jesús. Y a Jesús no le fue en absoluto sencillo ni fácil desarrollar su fe, su vida de fe y su ministerio. ¿Por qué se supone que nos sería fácil a nosotros, que deberíamos ser sus seguidores e imitadores?

Por nuestro egocentrismo. Porque aceptamos las pruebas, los sufrimientos y las plagas que tienen que ver con la vida de los demás, pero nos cuesta mucho aceptarlas cuando esas mismas cosas llegan a nuestras vidas. Nos creemos, sentimos y estimamos distintos. ¿Distintos?

Lo que Pedro comienza diciendo aquí, es básico para adoptar un comportamiento y un principio de vida correcto. No vamos a autoflagelarnos para ocasionarnos sufrimientos y así poder estar más cerca de Dios. Eso es masoquismo y no sólo no es cristiano, directamente es diabólico.

Pero tampoco vamos a suponer que estamos al margen de cualquier cosa que a Dios le plazca permitir en nuestras vidas. Que es muy distinto a enviarnos un problema. ¿Tú crees, de verdad, que Dios le enviaría a uno de sus hijos, una dura enfermedad para poder entrenarlo? Pregunto: ¿Lo harías tú como padre o madre con alguno de tus hijos? ¿No, verdad? ¿Y entonces por qué crees que Dios es tan cruel como para hacerlo? ¿Quién te enseñó esa barbaridad?

Dios puede permitir que alguna prueba nos sacuda, en primer lugar, porque quizás nosotros mismos nos buscamos esa contingencia con nuestra conducta desobediente. Pero cualquier cosa que parezca maldición a simple vista, (Como lo era la cruz) Dios podrá cambiarla por bendición. Como cambió la cruz.

En lugar de pensar todas estas cosas y pasar por una especie de infierno terrenal de angustias y sobresaltos, Pedro nos sugiere que nos gocemos cuando algo así nos acontezca. – Perdóneme, hermano…¿Usted me está queriendo decir que yo tengo que alegrarme cuando me sobreviene algo feo..?

No lo estoy diciendo así, desde luego, pero no puedo diluir lo dicho por Pedro. Él sostiene que, sentir gozo por alguna clase de fuego de prueba, es tomar conciencia de participación directa de los padecimientos de Cristo.

¿Y esto que ventaja trae? Porque un padecimiento es un padecimiento, como quiera que se lo mire, salvo que traiga consigo alguna clase de beneficio, ¿No cree? Sí, este parece ser un razonamiento sumamente egoísta, pero ¿Alguien puede negarme que no es el mayoritario?

El caso es que aquí se nos dice que, gozarse por tomar parte de los padecimientos de Cristo (Y no armados por nosotros, claro está), es para revelación de su gloria. Y que cuando acontece esa revelación, nuestro gozo será mucho mayor que el anterior.

(Filipenses 3: 8)= Y ciertamente, aún estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, (9) y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; (10) a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en la muerte, (11) si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos.

Está muy claro que el conocimiento de Cristo Jesús, por Pablo, encierra no solamente una comprensión intelectual, sino un conocimiento experimental, que surge de su comunión personal con el Señor. En contraste con su vida actual, todo lo anterior es basura, es decir, deshechos que sólo sirven para tirar a los perros.

Y Pablo también señala con bastante claridad y imposibilidad de malos entendidos, que conocer a Cristo, no se trata solamente de tener intimidad con Él y saber pensar con su propia mente, sino también tener el acceso a la posibilidad de sufrir sus mismos padecimientos.

Ahora bien; ¿Qué significa participar de los padecimientos de Cristo? ¿Acaso ir un día alegremente, buscar una cruz lo suficientemente fuerte y sólida como para que resista nuestro peso, y colgarnos allí a buscar sufrir lo mismo que él sufrió?

¡¡No!! ¡¡En ninguna manera!! A esto lo he visto hacer en muchas culturas, (Recuerdo en este momento a las Filipinas), y no veo ninguna clase de beneficios espirituales por ello, todo lo contrario. Me parece apenas una leve muestra de un masoquismo que no puede llevar jamás a ninguna victoria espiritual porque está pensado en las oficinas del infierno.

Padecer con Cristo, es inexorablemente algo que va mucho más allá de lo físico. Es – Por ejemplo – sufrir la pérdida de nuestra reputación, que nos tomen por locos, herejes y hasta blasfemos. Es encarar a la directriz de la iglesia estructural organizada y decirles cara a cara que son sepulcros blanqueados, generación de víboras y raza de hipócritas sin el menor rencor ni resentimiento.

La marginación de esa clase de iglesia y el olvido directo por parte de aquellos que hasta ayer te seguían, es un sufrimiento que te deja en absoluta soledad, sin más mano que la de Dios mismo y sin más congregación que la de otros locos, herejes y blasfemos como tú…

Son disyuntivas muy singulares que en este tiempo no son pocos los que las están viviendo. Si te congregas aquí, vas a tener que obedecer todo lo que pastor ordene sin fijarte si coincide o no con la Biblia, ya que el siervo tiene visión de Dios y es quien dispone lo que se debe hacer.

Si no haces eso, es mejor que te vayas a otra iglesia. Claro que en otra iglesia, con mayores o menores matices, las cosas no son demasiado diferentes. Entonces decides no ir a ninguna y congregarte con otros hermanos en las mismas condiciones.

Obviamente, para la iglesia estructural y organizada, eso no es congregarse y, por lo tanto, cuando te enfrentan te dicen que estás en desobediencia y que por esa causa no sólo no serás bendecido sino que, incluso, hasta puedes ser herido. Hay hijos de Dios que maldicen, sí…

Hay otras maneras no buscadas ni masoquistas de participar de los padecimientos de Cristo, pero esta que te acabo de relatar, hoy por hoy, es la más frecuente. Cuando se te dice que para servir al Reino hay que pagar un precio, ese precio normalmente es el de tu reputación espiritual.

(Romanos 8: 17)= Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.

Que somos hijos de Dios por aceptación de Jesucristo por fe, está muy claro. No obstante, todavía quedan muchos cristianos que por una falsa modestia y un falso sentido de la humildad, se resisten a ser llamados así y prefieren el calificativo de siervos, que les parece más…”humilde”.

No obstante, se olvidan un detalle que no es menor. En cualquier familia que se precie de tal, los negocios del jefe de la familia son solamente conocidos y compartidos por sus hijos. Sus amigos y sus esclavos, apenas están para hacer lo que se les manda.

Esto implica que, cuando el señor de la casa falta, esto es: se muere, inevitablemente quedará una herencia a repartir. ¿Y entre quienes va a repartirse esa herencia? Entre todos sus hijos. No hay registros de que amigos o esclavos (siervos) del señor reciban parte de esa herencia. ¿Entiendes lo que estoy diciendo?

Dios nos manda a ser humildes delante de Él, y esto tiene que ver estrictamente con nuestra obediencia. No vale absolutamente de nada aparecer como humilde delante de la gente y, luego, delante de Dios, no serlo por causa de nuestra desobediencia.

Lo mismo tiene que ver con Cristo. Dice aquí y en otros textos, que somos coherederos con Cristo. ¿Qué significa eso? Que tenemos parte de la misma herencia que Él tiene parte. Sólo que en su caso, por ser el primogénito, le corresponde algo más.

Si Cristo es coheredero con cada uno de nosotros en la herencia de Dios Padre, esto significa que en lo espiritual es considerado como un hermano mayor nuestro. Esto desata enormes resistencias por causa de una posición más mística que bíblica.

¡Pero no, hermano! ¿Cómo voy a llamar “hermano” a Cristo? ¡Él es mi Señor! Él es tu Señor, es cierto, pero por causa de la herencia también es tu hermano mayor. Él inició un camino que tú deberás seguir.

Y no sólo eso. Aquí también está el principio básico del padecimiento conjunto con Cristo, cosa que ya hemos explicado. Pero hay más: fíjate bien que dice que solamente si padecemos con Cristo es que seremos herederos. Herederos y coherederos con Cristo, si es que padecemos…

¿Entonces deberemos tomarlo como una obligación? ¿Es que deberemos darle la razón a los que inventaron la teología del sufrimiento como prenda elemental para acceder a la gloria? No. Entiende: el simple hecho de caminar como Cristo, por donde Cristo caminó, pensar con su mente y actuar con sus actos, nos llevará inexorablemente a un choque.

¿Será esa colisión, acaso, con el mismísimo Satanás? No, aunque él no esté muy lejos. Será con lo mismo que chocó Cristo: con la iglesia organizada de su tiempo, con sus ritos, con sus tradiciones, con sus líderes. Ese vituperio injurioso que seguramente te sobrevendrá por esa causa, será tu manera de padecer conjuntamente con Él.

Porque a continuación, Pedro lo explaya correctamente y abre mejor el entendimiento del tema. Dice que si somos vituperados por el nombre de Cristo, somos bienaventurados. Vituperar es criticar a alguien dureza, reprenderlo o censurarlo, mientras que la bienaventuranza es lisa y llanamente la prosperidad y la felicidad humana sobre la tierra.

Muchos cristianos que tienen inconvenientes en sus trabajos seculares, con sus jefes o empleadores y suelen ser un poco maltratados por ello, aseguran que están en el camino correcto porque están siendo vituperados por ser cristianos. Lamento comunicarte que ni por asomo eso es así.

Si tú confiesas que eres creyente y por esa sola causa alguien comienza a tratarte mal, es una cosa. Pero si tú trabajas para alguien, como quiera que sea ese alguien, y llegas tarde porque tare terminó el culto, no tienes excusa. Nadie va a vituperarte si cumples con tu horario laboral como corresponde.

Y no doy este ejemplo e manera ocurrente o porque no hallé otro. Lo doy porque es lo que lamentablemente vemos en muchos sitios. Empresarios cristianos que se resisten a tomar obreros o empleados cristianos porque no les resultan responsables y serios.

Hay casos, inclusive, donde un empresario soportó durante mucho tiempo las irresponsabilidades laborales de un joven por la simple causa de que era hijo de su pastor hasta que finalmente lo despidió. Curiosamente, conjuntamente con su despido, llegó la expulsión de ese empresario de aquella congregación por causas justificadas como. Abusos despóticos. Una pintura…

(Mateo 5: 11)= Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.

Este texto, que está inserto en las famosas bienaventuranzas de Jesús, contiene elementos que harían que cualquiera, muy superficialmente, lo compare con el anterior. Y no está mal, pero puntualiza algunas cosas que no siempre han sido tenidas en cuenta.

Primero, dice que seremos bienaventurados, cuando por su causa nos vituperen o persigan. Esto termina con todo vituperio o persecución que tenga que ver con credo religioso, congregación evangélica o dependencia de líderes cuestionados. Es por causa de Cristo, no por ninguna otra cosa.

Porque luego, fíjate, dice que eso será correctamente entendido como tal, cuando la gente que nos vitupera y nos persiga, diga en contra nuestro lo que les venga a la boca, pero mintiendo. Ni modo de considerarnos vituperados o perseguidos cuando alguien nos critique diciendo una verdad.

La palabra bienaventurados que se utiliza aquí, es la palabra griega MAKARIOS. Viene de la raíz MAK, que indica algo grande o de larga duración. Se trata de un adjetivo que denota felicidad, alguien muy bendecido, digno de ser congratulado.

Es una palabra de gracia que expresa rotundamente un alto grado de regocijo, así como también un elevado grado de satisfacción muy especiales, que son concedidos a una persona que experimenta no solamente la salvación, sino también el cumplimiento de promesas divinas en su vida.

Esta idea central de Pedro concluye señalando que, al hacer esto que nos dice, estamos glorificando al Espíritu Santo de Dios, mientras que ellos, los que nos vituperan, injurian, agraden y persiguen, sencillamente lo están blasfemando.

La palabra blasfemia, en el idioma español, y más allá del significado religioso vinculado con el catolicismo romano que los diccionarios españoles pueden otorgarle, significa lisa y llanamente una expresión altamente injuriosa en contra de alguien.

La blasfemia tiene en la Sagrada Escritura un sentido más amplio que en el lenguaje común. Incluía la calumnia, y abarca cualquier palabra o acto ofensivo a la majestad divina, como profanar lugares santos, alterar los ritos, violar conscientemente la ley, tomar el nombre de Dios en vano, etc.

Para evitar todo lo más posible esto último, llegó a omitirse la pronunciación misma del nombre sagrado de Jehová sustituyéndolo con “Adonai” (“Señor”). Ellos suponían que si no se lo nombraba, el acto de tomar su nombre en vano no existía.

En el Nuevo Testamento, blasfemia significa la usurpación por el hombre de las prerrogativas divinas. Los enemigos de Jesús lo acusaron de blasfemia, porque no reconocían su deidad. Los cristianos en su globalidad, consideran blasfemia toda injuria a Cristo.

La blasfemia más grave, que no admite perdón, es la que va contra el Espíritu Santo. Y es, precisamente, a la que este pasaje se refiere. Esta blasfemia particular en contra del Espíritu Santo fue atribuir la acción del Señor de echar fuera demonios a poder satánico, frente a la evidencia innegable de Su poder divino.

Este pecado no iba a ser perdonado ni en este siglo, ni en el venidero. El contexto da evidencia de que “el pecado imperdonable”, se refiere a esta forma particular de blasfemia. Los judíos expresaban violentamente su indignación ante la blasfemia. La blasfemia era castigada con la muerte.

Una vez aclarado este punto, Pedro clarifica el que antes tratábamos. Porque nos señala que lo que podemos padecer deberá tener que ver con Cristo o con su nombre, pero no con acciones negativas de nuestra parte, tales como el ser homicidas, ladrones, malhechores o entremetidos con lo ajeno.

A mí, particularmente, siempre me ha llamado poderosamente la atención que Pedro elevara el defecto de ser entremetido a un nivel espiritual comparado con un homicidio, robos o cualquier otra clase de delincuencia. Por algo es. La Biblia jamás registró una palabra, expresión, punto o coma que no tenga una particular incidencia en nuestra calidad de vida de fe.

(1 Tesalonicenses 4: 9)= Pero acerca del amor fraternal no tenéis necesidad de que os escriba, porque vosotros mismos habéis aprendido de Dios que os améis unos a otros; (10) y también lo hacéis así con todos los hermanos que están por toda Macedonia. Pero os rogamos, hermanos, que abundéis en ello más y más; (11) y que procuréis tener tranquilidad, y ocuparos en vuestros negocios, y trabajar con vuestras manos de la manera en que os hemos mandado, (12) a fin de que os conduzcáis honradamente para con los de afuera, y no tengáis necesidad de nada.

Lo que aquí se le está diciendo a los nuevos hermanos, altamente válido para los nuevos actuales, y también para muchos, muchos “antiguos”, es que lo ideal será que vivan una vida tranquila y pacífica.

Especialmente, se les sugiere que nunca entren en murmuración, que sean diligentes en todo lo que hacen y que, en cualquier trabajo que hayan decidido realizar, sean sobrios y responsables, con la finalidad de ganarse una buena reputación entre los no creyentes.

Lo creas o no, lo entiendas o no, este punto ha sido, quizás, el menos respetado o seguido por los cristianos. Por cada creyente con excelente reputación en el ambiente secular de su trabajo o su estudio, hay por lo menos diez que no gozan de lo mismo y son criticados con justa causa.

Dios mismo ha hablado muy claramente en contra de la soberbia. Y nosotros, sus hijos, le hemos creído totalmente esto y hemos decidido no ser soberbios. Pero hete aquí que el enemigo nos hace caer, a menudo, en una trampa muy sutil al hacernos sentir soberbios de nuestra espiritualidad.

Y créeme que la soberbia espiritual es la peor de todas las soberbias. Porque no sólo nos hace pensar que somos mejores que todos los demás, sino que nadie podrá decirnos absolutamente nada por el simple hecho de ser llamados hijos de Dios.

Aunque te parezca insólito, este pensamiento, que está muy arraigado entre grupos de cristianos de cierta edad, ha sido el factor que más ha gravitado en la falta de responsabilidad laboral por parte de los cristianos en sus empleos seculares.

Lo primero que se nos aconseja, es tener tranquilidad. Y no es un consejo traído de los cabellos. Sabe muy bien de que está hablando. Una persona con tranquilidad, en esta época de stress y locura consumista colectiva, rápidamente es espejo y modelo. Exactamente lo que Dios pretende de cada uno de sus hijos, ya que es el mejor sistema de evangelización conocido.

Evangelizara a alguien, es lograr que el otro vea en nosotros algo que quiere tener para sí, que pregunte de que se trata para darnos lugar a presentarles a Jesucristo. Pero tiene que ver algo que le interese, de otro modo no sólo no vendrán a Cristo sino que saldrán huyendo de nosotros.

Nos dice luego que nos ocupemos de nuestros negocios, algo que tiene que ver con dedicarnos a hacer algo productivo y, de paso, no ocuparnos de las vidas ajenas si estas no nos buscan para que los aconsejemos.

Y, finalmente, habla de una palabra que cada día que pasa, parece estar más lejana y ausente de toda nuestra sociedad: la honradez. ¿Qué es ser honrado?. Ser incapaz de quedarse con algo ajeno, con lo que no nos pertenece o con lo que no nos hemos ganado legítimamente.

Cualquiera sabe que así es como debemos vivir en nuestro marco social si es que queremos ser testimonios vivientes de la presencia del Señor en nuestras vidas. Pero para que ello sea posible, primeramente tendremos que ser honrados adentro de nuestras iglesias.

¡Hermano! ¿Usted me está queriendo decir que adentro de nuestras iglesias hay gente que no es honrada, lo que equivale a decir que hay gente que se queda con lo que no es suyo, con algo que no le pertenece o con algo que no se ha ganado legítimamente? No estoy intentando decirlo: lo estoy diciendo.

Luego Pedro va a decir que si alguno padece como cristiano, no debe avergonzarse, sino glorificar a Dios por ello. Y es curioso, porque esta es una de las tres veces en que la palabra cristiano aparece en el Nuevo Testamento.

Este título de cristiano, fue primeramente aplicado a los discípulos en Antioquía. Agripa lo utilizó al dirigirse a Pablo. Pedro, en este texto, lo acepta, diciendo que sufrir “como cristiano” es motivo de acción de gracias.

No pasó mucho tiempo antes de que la profesión externa de Cristo quedara separada de la verdadera fe en Él en la gran masa que lleva el nombre de cristiana en el mundo, y en la práctica esta gran masa vino a ser cualquier cosa menos seguidora de Cristo, como lo evidencian las Escrituras y la historia.

Para aprender qué es el cristianismo conforme a Dios tenemos que volvernos no al gran cuerpo profesante, sino a las Escrituras, que testifican del apartamiento que ya entonces había empezado a tener lugar.

A mí, particularmente, el término cristiano no me molesta, pero no es el que uso de manera permanente. Yo prefiero decir que soy creyente en el Dios de la Biblia. Porque el cristianismo, como tal, es demasiado amplio y demasiado permisivo.

Se toman como cristianos a personas que creen que Jesús fue un profeta, un buen hombre y hasta un revolucionario social, pero no lo aceptan como el hijo de Dios encarnado. También a los que entienden que Cristo hará siempre lo que le ordene su madre carnal, María.

Son posturas que no voy a discutir ni a censurar. Si se compatibilizan o no con lo que dice la Palabra, es una cuestión de cada uno. Sí quiero aclarar y consignar que, bajo ese prisma, ser cristiano no parecería ser demasiado certero en lo conceptual. Por tanto: creyente.

¡¡Pero hermano!! ¡Es que creyente también somos todos! ¿Ah, sí, eh? ¿Y si yo te digo que más de la mitad de los cristianos que he conocido (Y aún conozco), son profesantes de reuniones, servicios y rituales supuestamente cristianos, pero que en sus vidas íntimas del día a día, han dejado en evidencia que no terminan de creer del todo en aquello que dicen creer.

Por tanto: cristianos son aquellos que el mundo ha rotulado así por ser seguidores de Jesucristo, de acuerdo, está bien. Pero creyentes son, quizás algunos de estos mismos, pero que han abandonado lo ritual y conceptual para pasar a vivir por la fe.

(Hechos 5: 41)= Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre.

Esto que se señala aquí es una reacción que sería difícil de entender para algunos cristianos de hoy. Jesús no garantiza perpetua felicidad si estamos dispuestos a servirle, pero sí nos promete un gozo inefable y glorioso.

Esto es complicado, porque anda por allí la prédica permanente y constante, en muchas iglesias, de un evangelio al que yo denomino como “light”m o “diet” (Fresco y de bajas calorías); que entre otros rudimentos a tener en cuenta, predica y proclama que con Cristo se terminaron los problemas.

Si tú que me estás leyendo ahora, eres tan creyente como yo supongo que eres, ya sabes perfectamente que ese evangelio del “todo bien y feliz”, no existe, es irreal y forma parte de una suerte de marketing evangélico elaborado par captar adeptos.

Lo cierto es que, cuando aceptas a Cristo como Salvador personal y Señor de tu vida, Hay una inmensa gama de problemas que allí mismo se te terminan. Verdad. Pero tan verdad como que, a partir de ese mismo instante, otra clase de problemas hasta allí desconocidos aterrizan sobre tu vida y comienza a batallarla.

Estoy de acuerdo que no es esto lo que conviene publicitar porque nadie se acercaría. Pero también sé que no decirlo o – Mucho peor – decir lo contrario, es sencillamente mentir. Y el padre de mentira es Satanás. Y nadie supondrá que se puede entrar en el Reino de Dios de la mano de la mentira de la cual es autor Satanás, ¿No crees?

Es exactamente lo mismo que con relación a ciertos evangelistas predicadores. Hacen un mensaje de cuarenta y cinco minutos hablándole a la gente de los horrores del infierno y la conveniencia de ir al cielo. Es verdad, cuando hacen el llamado vienen corriendo todos. Pero no es por una decisión de fe, es por miedo.

Entonces algunos que todavía piensan adentro de las iglesias, se preguntan: si esta gente viene corriendo a buscar la salvación porque sienten terror de lo que puede ser el infierno, ¿De la mano de quien llegan? Sin dudas: de la mano del que tiene el imperio del miedo, que no es Dios, obviamente…

Y luego, Pedro, arriba a lo que yo creo, es la base esencial del evangelio en este tiempo que estamos viviendo hoy. Dice que ya es tiempo de que el juicio de Dios comience por la casa de Dios, esto es: por nosotros.

Porque la casa de Dios no es un templo, ni un salón ni un garage. La casa de Dios es donde Él habita, y Él está habitando en ti, que es adonde lo invitaste a entrar cuando te convertiste, ¿Recuerdas? “¡Señor! ¡Entra en mi corazón, ahora! ¡Te invito a venir a mi vida!” ¿Algo así dijiste? Tú no viste nada, pero Él se lo tomó en serio y allí está ahora.

Por tanto, si el juicio de este tiempo comienza por la casa de Dios, tal como te lo está diciendo Pedro, ese juicio comienza por nosotros. Por los que hemos creído auténtica y genuinamente en Él. – “¡Ah! ¿Por toda la iglesia?” – ¿Y a ti quien te dijo que toda la iglesia cree en Él?

El sufrimiento de los cristianos se explica, en parte, como el comienzo del tiempo señalado por Dios para el juicio. Tal sufrimiento tiene un efecto purificador de la casa de Dios, que es la gente que compone la iglesia.

Ese juicio divino, (Y recuerda que juicio es separación de lo verdadero de lo falso, y no necesariamente una hecatombe sideral), culminará con el terrible derramamiento de la ira divina sobre aquellos que hayan decidido rechazar el evangelio.

(Jeremías 25: 7)= Pero no me habéis oído, dice Jehová, para provocarme a ira con la obra de vuestras manos para mal vuestro.

(8) Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos: Por cuanto no habéis oído mis palabras, (9) he aquí enviaré y tomaré a todas las tribus del norte, dice Jehová, y a Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y los traeré contra esta tierra y contra sus moradores, y contra todas estas naciones en derredor; y los destruiré, y los pondré por escarnio y por burla y en desolación perpetua.

De acuerdo: esto es Antiguo Testamento y, en muchos centros de estudios bíblicos, no se le da mayor incidencia por ello. Sin embargo, y con el debido respeto que las eminencias teológicas se merecen, creo que el Señor es muy claro cuando le hace decir a Pablo que toda la escritura es apta para enseñar y etc.etc.

Por tanto, voy a permitirme extraer principios plasmados hace miles de años que, tal como lo es toda la Palabra de Dios, siguen estando completamente activos y vigentes en este tiempo. El primero, es que nuestras obras humanas en contra de su propósito y voluntad, provoca la ira de Dios. No subestimes esto, en el nombre de Jesucristo te lo pido.

Dios dice que los que no han oído sus palabras, (O las han oído y no le han dado crédito), son los que están junto al rey Nabucodonosor. Está hablando de Babilonia y tú, si sigues con cierta atención lo que aquí estamos enseñando, ya sabes qué es Babilonia en este siglo veintiuno.

Y no sólo eso, sino que agrega que también destruirá a todas las tribus del norte. ¿Sabe lo que significan hoy esas tribus del norte? Sencillamente, los aliados de Babilonia. Gente que quizás no es falsa ni corrupta por sí misma, pero que por alguna clase de conveniencia, sostiene la estructura falsa babilónica con su aporte de cualquier naturaleza.

¿Cómo termina esta historia? Con escarnio, burla y desolación. ¿Y que es desolación? Soledad. ¿Se puede suponer que lo que hoy vemos pletórico de gente, bullicio, luces de colores, música y júbilo, un día pueda quedar en desolación? Humanamente no nos parece posible, pero Dios lo ha dicho. Y en Jeremías no es en el único libro que lo ha dicho.

(Malaquías 3: 5)= Y vendré a vosotros para juicio; y seré pronto testigo contra los hechicero y adúlteros, contra los que juran mentira, y los que defraudan en su salario al jornalero, a la viuda y al huérfano; y a los que hacen injusticia al extranjero, no teniendo temor de mí, dice Jehová de los ejércitos.

Una vez más, Dios dice que vendrá para juicio, esto es: para separar a lo verdadero de lo falso. ¿Está hablando del mundo incrédulo y la iglesia? En lo amplio y global, podríamos entender que sí. Pero como ha dicho que el juicio comienza por su casa, no será aventurado pensar en que también sus palabras apuntan a los que, estando adentro de la iglesia, no tienen en su corazón lo que un hijo de Dios esta llamado a tener.

Dice que el juicio será en contra del hechicero. ¿Sabes lo que es un hechicero? Ya sé que inmediatamente has pensado en un brujo, un adivino o cualquiera que vive conforme a los dictados del ocultismo. Es así, pero sólo en parte.

Porque la hechicería es la acción tendiente a que otra u otras personas se sometan a nuestra voluntad por cualquier medio o método. Y uno de esos métodos, puede ser alguna clase de maniobra ocultista, pero no es la única.

También se puede hacer hechicería a través de la manipulación emocional. ¿Te suena conocido? ¿No lo habrás visto, en alguna ocasión, mucho más cerca de lo que debería estar? Y otra forma, es la seducción o la amenaza, mediante la adulación o la coacción. ¿Tampoco habrás visto esto adentro de algún templo, verdad?

Y el juicio se extenderá a los adúlteros. ¿Será, entonces, que todos los hombres y mujeres que en ese tiempo estén manteniendo relaciones sexuales con personas que no son sus cónyuges legales, van a ser víctimas de ese juicio? Nadie lo duda, pero no los únicos.

Porque hay otra clase de adulterio que, si me dejas pensar, te diría que para Dios es mucho más ofensivo. Porque están viviendo la misma clase de adulterio que ya vivió Israel hace miles de años atrás: un adulterio espiritual.

¿Y como es esa clase de adulterio? Como el otro, pero en el matrimonio santo, el de Cristo y la iglesia. Ella, le pertenece legalmente a Él, pero mantiene relaciones adúlteras con el humanismo, el cientifismo, la filosofía, el secularismo, el esoterismo y hasta el mismísimo ocultismo satánico.

¿No te llama poderosamente la atención que, mientras muchos predicadores que seguramente habrás escuchado, te aseguran una salvación tranquila y sin demasiados inconvenientes, Pedro, el apóstol, te dice que esa salvación te llegará con dificultad?

Cualquier mediano diccionario de la lengua española te dirá que dificultad quiere decir algo así como: embarazo, inconveniente, oposición o contrariedad que impide conseguir, ejecutar o entender bien algo y pronto. También es duda, argumento y réplica propuesta contra una opinión.

No es demasiado, pero es más que suficiente. Ser salvo con dificultad, tal como Pedro lo expresa en el verso 18 repitiendo palabra anterior, es pasar por oposiciones, contrariedades e inconvenientes de todo calibre que tratan de impedirlo.

Y él establece la comparación con el impío, esto es: el no pio, el no espiritual. Y asegura que si el justo llega a ser salvo en esas condiciones, no se ve la razón por la cual un impío podría serlo sin ninguna clase de toma de decisiones por su parte.

El universalismo está enviando más gente al infierno que el propio Satanás y sus demonios, aunque no sería raro que ellos estén detrás de esta filosofía supuestamente “cristiana”, que enseña que en el final dios salvará a todos porque es bueno. ¿Es que nadie se detendrá un segundo a pensar que, si eso es así, el sacrificio de Cristo habría sido innecesario? El pueblo perece por falta de conocimiento, ¿No?

(Proverbios 11: 31)= Ciertamente el justo será recompensado en la tierra; ¡Cuánto más el impío y pecador!

Una de las acepciones de la palabra recompensa, es la de premiar un beneficio, favor, virtud o mérito. Y la gente se ha tomado de ella y no ha investigado más. Si así fuera, la segunda parte de este proverbio, ¿Nos estaría diciendo que el impío y pecador será recompensado más que el justo? Ni lo sueñes.

Porque otras dos acepciones de esta palabra recompensa, nos dicen que también es: retribuir o remunerar un servicio, lo cual ya acomoda las cosas de un modo más entendible. Tanto el justo como el impío recibirán su retribución conforme a la clase de servicio que haya o no brindado.

Y la tercera, que es mucho más concreta aún, señala que recompensa es compensar un daño hecho. Allí sí que tienen que ver el impío y el pecador con exclusividad. Ellos dañaron la voluntad y el propósito de Dios y, como corresponde a un Dios justo, recibirán su recompensa. El dilema es saber cual es una y cual es la otra recompensa…

(2 Tesalonicenses 1:11)= Por lo cual asimismo oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento, y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder, (12) para que el nombre de nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, por la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo.

Nadie puede decir esto con valor doctrinario, pero sí como elemento informativo capaz de adosar ideas a una premisa ciento por ciento cristiana. Partiendo de la base de lo vivido por el propio Jesús, hay que entender que una de las muy pocas “fórmulas” para terminar con el pecado, es el padecimiento en la carne. Eso no implica ni determina auto castigos físicos ni flagelaciones masoquistas, pero deja claramente establecida la idea conceptual de fondo. Padecer en la carne, también es suspender aquellas cosas que hacíamos cuando estábamos en el mundo y el pecado. Esas mismas cosas por las cuales, al dejar de hacerlas, ese mundo comienza a odiarnos profundamente.

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Yo: el Más que Vencedor…

1 Pedro Capítulo 3

(011) El Evangelio no es Machista…

(1 Pedro 3: 1)= Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabras por la conducta de sus esposas, (2) considerando vuestra conducta casta y respetuosa.

(3) Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, (4) sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios.

(5) Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos; como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza.

Lo primero que leemos aquí es una aparente exhortación dirigida a las mujeres, donde se les demanda estar sujetas a sus maridos. Las consecuencias de esa sujeción habrán de detallarse después, pero yo quisiera primeramente, compartir contigo un fragmento de un estudio que titulé “El Principio de la Sujeción” donde, precisamente, se habla de esta sujeción en el plano familiar:

“El otro punto árido de la sujeción, tiene que ver con su vida familiar, con el matrimonio, concretamente. ¿Cuántas veces tú, mujer, o tú, varón, has leído y hasta has predicado en cultos caseros o congregacionales sobre estos versos que ahora voy a compartir?

(Efesios 5: 22)= Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor, (23) porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.

(24 Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.

Este texto, en contra de lo que muchos han enseñado por años, no fue escrito como una ley que declara la inferioridad social de la mujer. Habla, sí, de un espíritu noble de sumisión, por el cual una mujer reconoce voluntariamente la responsabilidad de liderazgo de su esposo bajo Dios en un acto de fe.

En ninguna parte la Biblia “somete” o subordina genéricamente a las mujeres a los hombres. Este arreglo, divinamente ordenado, jamás pretendió reducir las posibilidades, los propósitos o la realización de la mujer. Los animales la tienen más clara, quizás. Un gallinero es un gallinero cuando el que canta es el gallo y las que ponen los huevos son las gallinas. A nadie se le ocurriría alterar esos principios y esperar que funcione.

Únicamente la naturaleza pecadora de los seres humanos, o un recalcitrante tradicionalismo eclesiástico pueden justificar, sacándolas fuera del contexto bíblico, determinadas evidencias “textuales”, la explotación social de las mujeres, o las restricciones que se les imponen a la hora de darles participación en el ministerio de la iglesia.

Cuidado; esto no es una luz verde a los movimientos feministas, en contra de los cuales no tengo absolutamente nada, pero que con la mente de Cristo me resultan tan desafortunados como los conceptos machistas que por años han gobernado las diferentes congregaciones. Varón y hembra. Sin acepciones. Todos iguales ante sus ojos divinos.

Sin embargo y pese a que este pasaje de lo que habla es de un respeto proverbial y de una humildad manifiesta a la hora de relacionarse, la iglesia enseñó, mayoritariamente, una doctrina de sojuzgamiento total, hasta el punto de no sólo permitir, sino incluso incentivar a un despotismo machista que recluyó a un oscuro segundo plano y anonimato total a mujeres fieles que habían sido llamadas por Dios a ministrar, suplantándolas por hombres sin llamado y levantados por diversos mecanismos políticos que, naturalmente, jamás pudieron cumplir con la voluntad y el propósito de Dios. Porque si a este verso se lo interpretara como ley máxima de la sujeción de la mujer al hombre y sin la menor posibilidad de cierta reciprocidad, ¿Qué hacemos con el que sigue?

(25) Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, (26) para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la Palabra, (27) a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.

Vamos a ver: Si los primeros versículos estuvieran diciendo y ordenando, como muchas veces hemos enseñado, que es solamente la mujer la que está obligada a sujetarse a su marido, y no una cuestión mutua, de ida y vuelta, ya que el versículo no habla de un marido sujetándose a su esposa; ¿Cómo deberíamos entender, entonces, este verso 25? ¿Interpretaríamos que solamente el hombre tiene obligación de amar a su esposa y que ella no está obligada por la Biblia a amarlo a él?

Resulta incoherente suponer eso, verdad? Sin embargo, ese es el principio que por siglos la iglesia ha tomado para este asunto de la sujeción matrimonial. La Biblia dice lo que dice, eso es más que notorio, sólo que una muy fuerte concepción patriarcal, tradicional y machista es la que no lo ha visto o no lo ha querido ver. Tanto la sujeción, que es sinónimo de sometimiento, como el amor, es de ida y vuelta: Mutuo.

Un poco más arriba, en el verso 21, nos da una de las puntas de esta madeja. Allí dice nada menos que: Someteos unos a otros en el temor de Dios. Creo que dice con mucha claridad “unos a otros”. Y como para Dios no hay acepción de personas ni tampoco escalafones jerárquicos; como Dios tampoco es clasista, racista ni genérico, no está hablando necesariamente de hombre con hombre, sino de TODOS con todos. Punto básico de la sujeción, creo que está suficientemente aclarado: es mutuo. El versículo, presta atención, no dice “el qué”, dice “el cómo”.

Con respecto al amor que se le ordena al marido, el principio que se utiliza es el mismo. Porque en Juan 15:17, Jesús dice: Esto os mando: que os améis unos a otros. Unos a otros. ¿Hombre con hombre, también? ¿Mujer con mujer, quizás? ¿Quién inventó eso?

Unos a otros, mi querido amigo y hermano, es TODOS con todos. Esposo a esposa y esposa a esposo, exactamente igual que con la sujeción. ¿No es verdad que esto puede poner patas para arriba toda tu teología tradicional e histórica?

¿No es verdad que a ti en este momento te dan ganas de pensar que yo estoy tremendamente equivocado, porque no puede ser que tú hayas estado tantos años creyendo algo que no sólo no era así sino que, incluso, era totalmente a la inversa?

¿No es verdad que también te dan deseos de dejar de leer inmediatamente esto y mandarme ya mismo un correo electrónico lleno de pequeñas víboras y culebras que significan, internacionalmente, el símbolo de las palabras fuertes?

¿No es verdad que, por lo menos, a algunos les gustaría disentir o discutir esto conmigo y rostro a rostro? Mira: no te preocupes, serénate, relájate. Si tienes deseos de debatir o polemizar, estás indefectiblemente en religioso.

No te olvides que si había unos señores a los cuales les encantaba entrar en debates y polémicas, esos eran los fariseos. Lo siento. La culpa de todo esto no la tengo yo. Lo dice el Libro. Y no sólo eso, termina diciendo que: Os améis unos a otros, como yo os he amado.”

Este texto fue publicado en nuestra Web en los primeros meses de su aparición. Lleva el número 17 de los que se encuentran en la ventana denominada de “Crecimiento”. Efectivamente, recibí muchos correos invitándome a debatir el tema, pero también muchos otros agradeciendo a Dios que hubiera sido usado para traer luz donde había años de oscuridad. ¡Gloria a Dios por ello!

Cabe consignar a modo de aclaración ampliatoria, que esta palabra que aquí se traduce como sujetas, no tiene la implicación de algo prisionero o esclavizado, sino que habla de obediencia y, esencialmente, disposición voluntaria para experimentarlo.

Yo siempre reitero un concepto que en algún momento se hizo luz en mi mente y jamás se apagó: cuando nos sujetamos voluntariamente a alguien que está sujeto a autoridad superior, no significa ningún esfuerzo, sino un verdadero privilegio. Esto quizás responde a las miles de preguntas de por qué cuesta tanto sujetarse a ciertas personas, sean estos esposos o líderes.

El final del primer verso de este capítulo 3 de la primera carta de Pedro, añade algo que no siempre ha sido visto y tampoco ha sido tenido demasiado en cuenta, tanto a la hora de ponerlo por obra por parte de las hermanas que lo están viviendo, como por aquellos que suelen ser sus consejeros.

Dice que los que no creen en la palabra, estamos hablando, obviamente, de maridos no creyentes, pueden ser ganados para Cristo por causa de la conducta sin palabras altisonantes y por esa sujeción obediente de sus esposas.

Esto es estrictamente cierto. Tanto que es el consejo o la sugerencia prioritaria que se le puede hacer a la mujer creyente que tiene un esposo que no cree. Se le dice que no trate de introducirle la Biblia en la cabeza usando el agujero que antes le habrá producido con un sermón anti-pecado que haría asombrar al mismo Spurgeon.

Se le aconseja que simplemente permita que ese hombre vea en ella a una mujer distinta a todas las que puede llegar a ver en la calle. Bella como las demás, atractiva y enamorada como cualquiera, pero además íntegra, fiel, sencilla, serena, sin histerias ni berrinches. Esa es la mujer cristiana.

Claro que este testimonio es válido siempre y cuando ese hombre solamente sea no creyente. Si además de eso también es violento, borracho, mujeriego, pendenciero, jugador y mil vicios más, entonces más le vale a esa mujer que deje la sujeción para mejor ocasión y se busque un buen abogado. Y si los hermanitos de la iglesia no la entienden y la critican, ofrézcales a ese hombre para que se lo lleven con ellos, lo alojen, lo atiendan y traten de cambiarlo.

Porque el segundo verso habla de dos condiciones ineludibles para cualquier mujer que diga ser creyente: castidad y respeto. Las dos adornan a la mujer que ha hecho de Jesucristo el centro de su vida. Si no están, podrá estar en la iglesia, militar en ella con denodado activismo, pero aún no ha tenido un encuentro personal con Cristo, que es el único suceso que podrá cambiar una vida.

Hay que considerar que la castidad, en este contexto, no se refiere a la ausencia de goce sexual, ya que las casadas tienen total derecho a experimentarlo conforme a la voluntad y el propósito de Dios para la unión entre el hombre y su mujer.

En este caso, castidad tiene que ver con ausencia de sensualidad provocativa, alguien que elige vivir conforme a lo que es lícito y de buen nombre y deja de lado aspectos tan “normales” o “corrientes” para nuestras sociedades contemporáneas, tales como l seducción indiscriminada y la coquetería femenina que todos aprueban, reconocen y admiten.

La mujer cristiana es la mejor de todas en todos los sentidos. Es una mujer cuyos valores no admiten que su esposo siquiera pueda ser tentado por otra. No hay ninguna mujer que pueda competir con la mujer creyente, salvo que esta se haya convertido en religiosa, legalista y, lo peor, reprimida.

El respeto, mientras tanto, es una forma de veneración a alguien, de acatamiento incondicional a sus requerimientos en la certeza de que ninguno de ellos será para el mal, sino para cimentar el bien y glorificar a Dios. Ese respeto, por tanto, es totalmente válido cuando ambos se conducen de un modo que lo fundamente.

Este fundamento está sintetizado en un texto que Pablo le escribe a los Corintios, cuando haciendo una analogía con la iglesia, habla de la indestructibilidad de los votos matrimoniales expresando, en 1 Corintios 7:16 lo siguiente:

Porque ¿Qué sabes tú, oh mujer, si quizás harás salvo a tu marido? ¿O que sabes tú, oh marido, si quizás harás salva a tu mujer?

Esto indica, entre otras cosas, que un matrimonio deberá ir hasta las últimas consecuencias como tal, y mientras exista una posibilidad de enmienda y solución deben hallarla por esto que se dice aquí, dejando para el extremo final el divorcio para cuando nada más puede hacerse.

Luego Pedro vierte algunos consejos que podríamos llamar “prácticos” a esas mujeres a las que está aconsejando los mejores fundamentos. Y encara el aspecto externo, haciendo especial hincapié en lo que en la época era, indudablemente, sinónimo de exhibicionismo: el peinado, los adornos y la ropa.

¿Por qué diría esto, Pedro? ¿Es que acaso se estaba convirtiendo en un anciano malhumorado y legalista que sentía resentimiento por el aspecto físico y estético de los más jóvenes? Si se tratara de un pastor de los nuestros a punto de jubilarse, tal vez podría decirte que sí, pero era Pedro, ¿Entiendes?

Lo que él está tratando que entiendan las damas contemporáneas, es que el aspecto externo, si no es una consecuencia calcada del interno, por sí mismo no representa absolutamente nada. Un ostentoso peinado, decenas de aros, anillos y pulseras de oro y finísimos vestidos jamás podrán otorgarle a mujer creyente alguna una calidad superior para con quien viste con más pobreza.

Es notorio que en aquella sociedad (Y te diría que en muchas áreas de la nuestra actual también), el “dime como te vistes y te diré cuanta importancia te damos”, tenía mucha validez y representaba, a la hora de la aceptación o la marginación, prioridad absoluta de juicio y evaluación.

(1 Timoteo 2: 9)= Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos.

¿Quién le habrá dado letra a quien? Porque lo que dice Pablo es casi un calco con lo que dijo Pedro. ¿Tanta importancia tenían el peinado, el oro, las perlas y los vestidos costosos? ¿Justifica esto que hoy, siglo veintiuno, todavía se siga exigiendo lo mismo en muchas congregaciones evangélicas?

Para nada. Porque tanto la idea de Pedro como la de Pablo, es propender a que las mujeres, quizás más afectas a incrementar su belleza por distintos métodos, algunas de ellas ignorando que no todos esos métodos son buenos y tienen comunión con Dios, mantengan una actitud modesta.

Ellos aspiran a que esas damas se libren de todo vestigio que pueda fomentar su vanidad, erradicando cualquier expresión mundana, y mucho más si estas se manifiestan cuando se sostiene estar en un culto público de adoración.

Pedro, que era casado, (La Biblia no habla de una esposa, pero sí de una suegra, lo cual lo hace implícito), era consciente que una mujer es atractiva por su personalidad, sus dotes espirituales y morales, no por la ropa costosa o lujosa que pueda lucir.

(Isaías 3: 18)= Aquel día quitará el Señor el atavío del calzado, las redecillas, las lunetas, (19) los collares, los pendientes y los brazaletes, (20) las cofias, los atavíos de las piernas, los partidores del pelo, los pomitos de olor y los zarcillos, (21) los anillos, y los joyeles de las narices, (22) las ropas de gala, los mantoncillos, los velos, las bolsas, (23) los espejos, el lino fino, las gasas y los tocados.

Resultará muy interesante dilucidar los significados de algunos de estos elementos que aquí se mencionan. Dejando de lado los más conocidos, aquí tienes una lista de aquellos que te resultan menos familiares para que, de este modo, puedas relacionarlo con lo que estamos enseñando.

Calzado: Todo género de zapato, borceguí, abarca, alpargata, almadreña, etc., que sirve para cubrir y resguardar el pie.

Redecilla: Prenda de malla, en forma de bolsa, y con cordones o cintas, usada por hombres y mujeres para recoger el pelo o adornar la cabeza. Malla muy fina, casi imperceptible, que utilizan las mujeres para mantener el peinado.

Luneta: Media luna que como adorno usaban las mujeres en la cabeza y los niños en los zapatos.

Collar: Adorno que ciñe o rodea el cuello.

Pendiente: Arete con adorno colgante o sin él. Joya que se lleva colgando.

Brazalete: Aro de metal o de otra materia, con piedras preciosas o sin ellas, que rodea el brazo por más arriba de la muñeca y se usa como adorno. Cinta de cierta anchura que rodea el brazo por encima del codo y que sirve de distintivo o, si es negra, indica luto.

Cofia: Red de seda o hilo, que se ajusta a la cabeza con una cinta pasada por su cavidad cosida a ese efecto, que usaban los hombres y las mujeres para recoger el pelo. Gorra que usaban las mujeres para abrigar y adornar la cabeza, hecha de encajes, blondas, cintas, etc., y de varias formas y tamaños.

Partidores: Varilla o púa que empleaban las mujeres para abrirse la raya del pelo.

Pomitos de Olor: Frascos o vasos pequeños de vidrio, cristal, porcelana o metal, que sirve para contener y conservar los licores y confecciones olorosas.

Zarcillo: Pendiente, arete.

Anillo: Aro pequeño. Aro de metal u otra materia, liso o con labores, y con perlas o piedras preciosas o sin ellas, que se lleva, principalmente por adorno, en los dedos de la mano.

Joyeles: Elemento de metal, mayoritariamente de oro, que se engarza en la base de la nariz a la manera de un aro.

Mantoncillo: Pañuelo más pequeño que el usual llamado Mantón que era más grande, que se echa generalmente sobre los hombros.

Velo: Prenda del traje femenino de calle, hecha de tul, gasa u otra tela delgada de seda o algodón, y con la cual solían cubrirse las mujeres la cabeza, el cuello y a veces el rostro.

Bolsa: Especie de talega o saco de tela u otro material, que sirve para llevar o guardar algo.

Espejo: Tabla de cristal azogado por la parte posterior, y también de acero u otro material bruñido, para que se reflejen en él los objetos que tenga delante.

Gasa: Tela de seda o hilo muy clara y fina.

Tocado: Prenda con que se cubre la cabeza. Peinado y adorno de la cabeza, en las mujeres. Juego de cintas de color, encajes y otros adornos, para tocarse una mujer.

Concluye Pedro significando que el mejor ornato para una mujer es contar con un espíritu apacible y afable, dos valores que tienen alta estima delante de Dios. Apacible es alguien manso, dulce y agradable en la condición y el trato, mientras que afable casi es un sinónimo: alguien agradable, dulce y suave en la conversación y el trato.

Quiero que entiendas, hermana y hermano en Cristo, que aquí no hay animosidades machistas o de acepción de personas. Eso, en todo caso, es lo que ha hecho la iglesia dejándose llevar por estos textos.

Lo que aquí se entrega es una receta, una fórmula indestructible par que el hombre y la mujer puedan convivir, congeniar, llevarse como deben llevarse conforme al propósito y la voluntad de Dios: complementándose y no compitiendo o discutiendo por posiciones.

El matrimonio, la unidad del hombre y la mujer, es mayoritariamente en la Biblia, una tipología de la relación Cristo-Iglesia. ¿Te imaginas si ese matrimonio espiritual tuviera la comunicación, el trato y las actitudes que muchos matrimonios humanos tienen entre sí?

(Romanos 7: 22)= Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios.

Lo primero que observamos, es que Pablo reconoce y confirma la existencia real de un hombre interior, no siempre emparentado ni en buenas relaciones con el exterior. Asimismo, él relata su propia experiencia como cristiano, para explicar que la ley no puede liberar a quien está luchando contra el pecado.

Mientras la ley puede iluminar nuestra conciencia, no es capaz de producir santidad en la vida. El fallo, sin embargo, no está en la ley de Dios, que es espiritual, sino en la ley del pecado, la depravación inherente a la naturaleza humana, que se revela contra las leyes de Dios.

De acuerdo con esta opinión, Pablo declara que él es carnal, una criatura de la carne, vendido al pecado, en la cautividad del pecado. A través de su vida se ha desarrollado un conflicto entre la nueva y la vieja naturaleza, pero existe un camino hacia la victoria: Cristo nos libera para que vivamos bajo el poder del Espíritu Santo.

Mientas tanto Pedro aclara que está dando estas directivas prácticas, fundamentándose en la experiencia de haber conocido que aquellas santas mujeres que esperaban en Dios en humilde sujeción a sus maridos, se ataviaban de ese modo.

Y pone como ejemplo a Sara, que no vacilaba en obedecer a Abraham, incluso llamándole señor, y consigna que no hay tanta distancia ni diferencia entre aquella y estas porque las actuales han venido a ser hijas por la fe, si es que se atreven a hacer el bien sin tener en cuenta ni en temor ninguna amenaza.

En nuestra sociedad moderna no creo que encontremos siquiera a una sola mujer que tome la relación con su marido con similares parámetros a los que Sara había tomado. Era otra época, otras costumbres y otros rudimentos.

No te olvides que cuando ella creyó que no podía concebir y deseando que Abraham tuviera descendencia, no vaciló en entregarle a la esclava Agar, dejando de lado cualquier egoísmo o celos con el sólo fin de agradar a su marido. ¿Alguna mujer actual haría algo así?

No. Y no porque no ame a su marido, sino porque el concepto de Dios al respecto se ha clarificado lo suficiente como para entender que es lo que está bien y que es lo que no lo está. Se entiende por la época y las circunstancias la actitud de Sara, pero a los ojos de Dios hoy no sería correcto.

Además, todos hablan de Sara, de su decisión de permitirle a Abraham tener descendencia con la esclava Agar y de lo incorrecto que eso es, pero nadie ha prestado demasiada atención en la proverbial incorrección del propio Abraham, que aún sabiendo como eran las cosas, se hizo el distraído y se aprovechó de la ingenua candidez errónea de Sara y se divirtió con Agar.

Hemos cometido muchos errores en nuestras enseñanzas. Uno de ellos ha sido tomar como literal lo que es simbólico y espiritual y luego, cuando no nos termina de cerrar como literal, entrarlo al mundo del espíritu aunque no quepa.

La Biblia es una serie de relatos literales que encierran dentro de sí principios espirituales que nos serán revelados por el Espíritu Santo y no por nuestro intelecto. Hay cosas que son como se dice y hay otras que tienen que ver con modelos, patrones y principios.

Estos sesenta y seis libros fueron escritos por hombres y mujeres inspirados por el Espíritu Santo de Dios, para que fuera leído, aceptado, creído y puesto por obra por hombres y mujeres llenos del Espíritu Santo de Dios. Como suelen decir mis amigos mexicanos: “ni modo de hacerlo sin el Espíritu Santo”.

Y en medio de esos errores, hemos cometido otros tantos emparentados con el legalismo tomando como válidas para nuestros matrimonios humanos, palabras que han sido inspiradas ya escritas en relación al matrimonio de Cristo y la iglesia.

Por eso el título de este fragmento: El Evangelio no es Machista. Sé que al leerlo, no serán pocos (Y especialmente “pocas”) las que se sonreirán y me responderán con cierta ironía: “¿Ah, no?” Responderé contundentemente que no, que es tal cual como lo digo.

Y cuando alguien salga a decirme algo así como: “Pero hermano…no se ofenda, pero…¿Usted está seguro?”, le diré que sí, que estoy totalmente seguro que El Evangelio no es machista. Lamentablemente, de lo que no puedo decir lo mismo es de lo que hoy llamamos La Iglesia…

¿Tú sabes que tanto los movimientos machistas como feministas, son producidos en sectores donde Dios no reina y ni siquiera se le conoce demasiado? La mayor parte de nosotros antes de llegar a Cristo vivía allí. El problema es que no son pocos los que, aún suponiendo que son convertidos, continúan viviendo allí. Y, obvio, lo trasladan al templo, a las organizaciones y a toda una denominación.

¡Pero es que el Señor dice que el hombre es cabeza! Sí, y también dice que la mujer es ayuda idónea. Y mucho me temo que si observas con cuidado lo que conoces, verás que en una gran cantidad no hay ni de lo uno ni de lo otro…

El hombre es, en efecto, cabeza de la casa, cuando espiritualmente está en sintonía con el Señor. Allí es donde Dios gusta de respetar sus propias leyes y lo elegirá para llevar a esa casa todo lo que haya que llevar. Pero pensar que un borracho, mujeriego y golpeador de su mujer y sus hijos sigue avalado por Dios para ser cabeza de su casa, es como decir que Dios es ciego, sordo y mudo.

Cualquier mujer posee en su esencia íntima de femineidad, una necesidad vital de ser cuidada, protegida, respaldada y guiada. No es porque no lo sepa hacer por sí misma, sino porque sentir así forma parte de su ser interior femenino.

Cuando encuentra al hombre elegido por el Señor para que sea su esposo, se somete voluntariamente con humildad y sujeción serena y feliz, porque así es comos se siente completa, realizada y segura. Ese hombre, mientras, se siente poco menos que un rey pudiendo proteger a la mujer que ama.

Cuando la que gana la batalla es el alma y se une a un hombre que no es el que Dios eligió para ella, o sencillamente no tiene en cuenta a Dios para ese asunto, No hay sometimiento como no sea brutal, cruel y violento, no hay orden y, por lógica consecuencia, no hay victoria.

De esa patología, entiendo, está enferma más de media sociedad humana en todo el planeta, (Incluidos los sitios donde la mujer es algo más que un elemento decorativo) y por eso el matrimonio como práctica lógica de convivencia está en franco declive. Ah, lo olvidaba, en esta estadística, lamentablemente, deberemos incluir a un vasto sector de lo que llamamos “la iglesia”.

(1 Timoteo 5: 5)= Mas la que en verdad es viuda y ha quedado sola, espera en Dios, y es diligente en súplicas y oraciones noche y día.

Las rutinas eclesiásticas antiguas determinaban que las viudas que carecían de familia, debían convertirse en mujeres dedicadas a la oración, siendo amantes y temerosas de Dios. Como contrapartida, la iglesia local tenía para con ellas una alta responsabilidad que debían cumplir.

Este es uno de los tópicos interesantes, sanos y muy efectivos que la Biblia da como manual de ruta a seguir. Sin embargo, lo que la iglesia ha pasado a ser con el tiempo, ha dejado de lado las dos cosas que aquí se mencionan. No podemos saber cuantas son las viudas dedicadas a la oración, pero sí podemos comprobar fácilmente que muy pocas de ellas son protegidas por la iglesia local en la que se congregan.

Cuando Dios le dice a Sara, esposa de Abraham, que Él ha pensado cumplimentarle su oración y darle la posibilidad de ser madre, aún estando ya en un grado de su vida donde no sería lo usual un embarazo y parto con éxito, Sara lo mide con la lógica humana y natural y no puede creerlo.

(Génesis 18: 12)= Se rió, pues, Sara entre sí, diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo?

Si te imaginas la escena, puedes coincidir conmigo que parecía tener más lógica, coherencia y razón Sara que Dios. Sin embargo, no podemos ni debemos olvidar que Dios es Dios de lo imposible, y que cuando hay obediencia por nuestra parte, Él se mueve y hace lo que quiere, sea eso lógico o no.

Y Sara, (Que pese a sus errores conceptuales que la llevaron a entregarle a su esclava Agar a su marido, era fiel), le creyó a Dios esta aparente “locura”, y pese a que en principio se rió de lo que creía era una utopía, luego tomó esa palabra profética, la hizo suya y se movió para ponerla por obra.

Creo que aquí está la salida para tantos y tantos matrimonios que buscan tener hijos y no lo consiguen. Independientemente de los problemas físicos o clínicos que hubiera, (Cosa que deberá ser tratada convenientemente por la medicina), está lo otro, lo que compete a cada hijo de Dios: la confianza total de creer que lo que Dios ha dicho, tiene mayor validez y cumplimiento que lo que pudiera decir cualquier tipo de ciencia.

¡Pero hermano! ¡No estoy seguro si es como usted dice! Si la ciencia me dice que no puedo engendrar y yo, como cristiana, tengo presente que Dios también es padre de todas las ciencias, creo que debo creer ese diagnóstico.

No te confundas, hermana. Es muy cierto que dios es padre de todas las ciencias, pero eso sucede cuando el hombre es uno de sus hijos y coloca a esa ciencia a sus pies habiéndola pasado por la cruz. Cuando la ciencia es ejercida por hombres sin Dios, se convierte en algo dudoso, confuso y hasta erróneo. Y la mayor parte de los médicos que conozco han sido formados en la escuela del escepticismo. Salvo los que e han convertido a Jesucristo, si es que han aprendido a darle a Él el primer lugar y no a sus libros de la Facultad de Medicina.

(012) …Pero Tampoco Feminista…

(1 Pedro 3: 7)= Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.

Fíjate cuantos detalles sobresalientes podemos hallar en un pequeño y único texto. Lo primero que hallamos, es la palabra igualmente, para referirse a las esposas. ¿Qué significa esto? La directiva invoca a los maridos a vivir sabiamente con ellas y deja claramente establecida una indudable reciprocidad entre los sexos en el matrimonio.

Esto, muy lejos de ser revelación o hallazgo, no es otra cosa que más de la misma coherencia que la Biblia trasunta en todo su contenido. Dios jamás dice una cosa en un libro y la opuesta en el otro. Dios es coherente porque su palabra es Verdad y la Verdad siempre es coherente.

Y si leemos en más de un texto que para Dios no hay acepción de personas, no se ve de que modo habría que interpretarlo para que luego diéramos lugar a esas supuestas supremacías que los unos pretenden implementar por sobre los otros.

Y que conste que esto es válido para ambos sexos. Es muy real que la iglesia tradicional generalmente suele conducirse oficialmente sin tener en cuenta a la mujer, con un concepto totalmente machista, pero no menos cierto es que, en lugar de salir a buscar justicia, muchas hermanas han optado por la contraparte: elaborar doctrinas y posturas feministas. Lo siento: el evangelio de Jesucristo no es ni una cosa ni la otra; está más que claro en todo el contexto bíblico.

Cuando habla del vaso más frágil, alude notoriamente a la menor fortaleza física que el cuerpo femenino posee. Esto es lo que ha determinado que cierto tipo de trabajos de los más rudos, sigan teniendo al hombre como prioritario ejecutor, aunque no por mandato divino sino por una simple cuestión de posibilidades y preservación física.

En este tiempo, convengamos en que tanto los gimnasios como la alimentación, ha posibilitado un crecimiento físico en la mujer que le ha posibilitado incursionar en tareas que en otros tiempos eran patrimonio casi exclusivo masculino.

Una vez más, lo que priva es la igualdad conceptual con la que Dios los trata. El hombre y la mujer han sido creados para complemento, no para competencia. Por tanto, no hay disposiciones laborales “legales” para cada uno, sino que harán aquello que sea de común interés y acuerdo conforme a como cada pareja en unión lo decida.

Esto descarta ciertas tesis de menor caudal de inteligencia o capacidad de organización con la que se pretendió vestir a esa expresión de vaso más frágil. No sólo no hay tal cosa sino que, en muchas situaciones, la capacidad de análisis y evaluación que el sexo femenino posee da para que los hombres le presten debida atención y utilicen esos servicios para el bien de la humanidad en lo secular y de la extensión del Reino de Dios en lo espiritual.

Luego nos dice que debemos hacer eso porque ellas son coherederas de la gracia de la vida. ¿Y cual es la gracia de la vida? La que Dios pone a disposición de todo el que resuelva aceptarle y amarle. ¿Entonces?

Entonces, este texto es la mejor y más contundente prueba de que cualquier aspiración machista de los arcaicos hombres de siempre o las reivindicaciones feministas de las resentidas mujeres de siempre, son totalmente estériles e inaceptables. Dios dice que somos coherederos con las mujeres, y eso nos iguala y otorga exactamente el mismo nivel.

Te recuerdo dos cosas para que de una vez por todas dejes de lado cualquier costumbre tradicionalista y comiences a vivir tu vida de fe tal como Dios dice y no como a cierta parte de la iglesia se le antojó reglamentar.

La primera de ella, es que ser coheredero con alguien, es tener el mismo derecho a la hora de heredar. Esto significa que tanto tú como tu esposa, por ejemplo, tienen la herencia del Señor en el mismo nivel, suma y derechos. La otra, es que también dice la Biblia que somos coherederos con Cristo, y esto, créeme, que es mucho más gravitante.

Ahora bien; una vez que has leído todo esto que se te sugiere que hagas, te encuentras con los motivos, las causas y las probabilidades de este mandato. Pedro te dice aquí que, si no vives sabiamente con tu esposa y no la honras como a vaso más frágil, vas a tener estorbo a la hora de orar.

Dime la más pura, sincera y santa verdad: ¿Habías prestado atención, alguna vez, a esta fracción de este texto? ¿No? Entonces ahora lo sabes. Todos esos problemas que tienes en tu casa con oraciones no respondidas o respondidas al revés de lo pedido, quizás puedan tener que ver con esto.

Reitero y resumo para que a ninguno de mis hermanos varones se le escape la tortuga con este asunto. Hermano: si tratas bien a tu mujer, la honras, la respetas y la consideras como un complemento tuyo y no como una competencia, tus oraciones no serán estorbadas. Si no lo haces, luego no te quejes porque ya estás avisado.

(Efesios 5: 25)= Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.

Este texto está inmerso en una serie de consideraciones que colocan tantas demandas sobre los hombros de los maridos cristianos, que nos resulta imposible comprender como se han podido derramar tantas acusaciones de superioridad masculina en la Biblia, o como pudieron ser explotados estos textos como justificación para explotar a las mujeres o a las esposas.

Este versículo específico, está colocado a continuación del que más se ha utilizado: el que le demanda a la mujer sujeción a su marido. Esto se ha enseñado y predicado mil veces para propender a que esa sujeción se haga efectiva. Pero, pregunto: ¿Alguien ha predicado alguna vez sobre la sujeción del marido a su esposa?

¿No? ¿Y por qué, si es mutuo? ¿Cómo que no dice nada de eso? ¿Hace falta, es necesario que lo diga? Porque con ese concepto, aquí tampoco se le dice a las mujeres que amen a sus maridos, tal como sí se les dice a los maridos.

Y ello no significa que las mujeres no estén obligadas a amarlos. Sólo que el “amaos los unos a los otros”, y “someteos unos a otros”, es coherente y nos enseña que ambas cosas son mutua y no individual por sexo.

No es mi intención recalar en un manual de comportamiento matrimonial porque, aún en contra de todo lo que se ha dicho y escrito al respecto, como el matrimonio se trata de dos personas distintas entre sí y absolutamente también a todas las demás, no hay métodos ni sistemas que puedan expresarse como convenientes y, mucho menos, como infalibles.

Sin embargo, las instrucciones específicas que Pablo da a esposos y esposas constituyen un destello de las relaciones entre Cristo y su iglesia: un modelo celestial para todo matrimonio terrenal. Muy a menudo se ha regimentado en un matrimonio algo que en realidad, ha sido escrito como modelo y no como reglamento.

¿Cómo debe un hombre conducirse con su mujer? Que mire a Cristo, el Esposo divino, en su relación con la iglesia: la ama, se sacrifica por ella, está atento a sus intereses, la cuida. Ese esposo será tan sensible a las necesidades de ella y a lo que le hace sufrir, como puede serlo con los miembros físicos de su propio cuerpo.

Aquí es donde la esposa también se formulará la misma pregunta: ¿Cómo debo conducirme con mi marido? Fíjate mujer en la desposada escogida, la iglesia, en su relación con cristo: respétalo, reconoce que él está llamado a ser la cabeza espiritual de la familia, responde positivamente a esa conducción para afirmarlo en sus capacidades en bien de todo el grupo. En suma: sé buen complemento.

Ningún marido y ninguna esposa pueden hacer esto apoyándose solamente en su fuerza de voluntad o resolución, pero como tú eres hechura de Dios (Al igual que tu unión con ese hombre) el señor te ayudará a hacerlo dándote los rudimentos necesarios en cada situación.

Es más que obvio que estamos hablando de un matrimonio conforme a la voluntad de Dios, ambos. Nada que ver con gente que va a una iglesia los domingos y vive como le da la gana de lunes a sábado. Se habla de creyentes, no de religiosos.

El caso es que, con el matrimonio de creyentes, esto funciona perfectamente, mientras que con un matrimonio de religiosos, no anda de ninguna manera y se vive en el peor de los infiernos terrenales. Y ni hablar de aquellas uniones entre no creyentes o yugos desiguales donde uno lo es y el otro no quiere saber nada.

(1 Tesalonicenses 4: 2)= Porque ya sabéis qué instrucciones os dimos por el Señor Jesús; (3) pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; (4) que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor; (5) no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios.

En este punto, el apóstol Pablo vuelve a las exhortaciones habituales de la segunda parte de sus epístolas. Insta a prestar renovada atención a las instrucciones que ha impartido, por el Señor Jesús. En lugar de algo inusitado, dentro de aquel contexto ello constituía una apelación a seguir la voluntad de Dios, definida aquí como vuestra santificación; que os apartéis de fornicación.

Para una audiencia mayoritariamente gentil, la advertencia es relevante y específica. Un eco de su muy práctica definición de la santificación se incluye en la oración final, en la cual se pide santificación completa, inclusive del cuerpo.

Convengamos que la religiosidad que el catolicismo romano supo imponerle a la sexualidad humana contaminó tanto las estructuras formativas de los hombres y las mujeres deseosos de hacer el bien, que convirtió al sexo en toda su estructura en algo sucio y deleznable.

A favor de esto, muchas de nuestras congregaciones, muy interesadas en no abrir los tiempos a gente que no se sabía como lo iba a entender, prefirió mantener intactos algunos de estos antiguos conceptos y, el resultado de ello, fueron matrimonios con tremendos problemas, que en muchos casos no llegaron al divorcio sólo por la otra posición del catolicismo heredada y mantenida por la iglesia evangélica.

Este texto que has leído es uno de los que se utilizaron en muchas ocasiones para justificar cierta abstinencia en el matrimonio que, como puedes imaginarte, fue factor preponderante de desgarradores sufrimientos, adulterios y todas sus consecuencias.

Dice que tener a la esposa en santidad y honor, es no vivir pasión de concupiscencia como los incrédulos. ¿Qué es la concupiscencia? Según un diccionario secular, en la moral cristiana, es tener deseos de bienes terrenos y, en especial, apetito desenfrenado en placeres deshonestos. El diccionario bíblico no es mucho más ampliatorio. Señala que se trata de una codicia ilegítima y desenfrenada.

Con estas dos alternativas, concluimos que, para un hombre, mantener a su esposa en santidad y honor, no es no tocarla como algunos enseñan, sino vivir con ella una relación natural con su sexualidad incluida conforme a lo que ambos decidan, pero sin caer en desenfrenos o excesos producidos por el morbo o la participación de accesorios externos.

Bien valen estas aclaraciones, ya que cualquier consejero o pastor sabe que una de las consultas más frecuentes que los matrimonios cristianos bien intencionados traen, es precisamente la que tiene que ver con los límites o las pautas de s sexualidad. Hasta donde se puede y hasta donde no. La respuesta más adecuada en estos casos, ha sido siempre: hasta donde los dos estén de acuerdo. Es válida, de acuerdo, pero siempre y cuando ambos estén sanos en este aspecto.

(Mateo 5: 27)= Oísteis que fue dicho: no cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.

Resulta más que obvio que, al igual que en todo lo demás, este texto es válido para ambos sexos, aunque aquí parezca ir dirigido solamente al hombre. Nuestro afán literalista ha hecho que en muchos casos se haya enseñado algo de manera errónea por tomar lo global como parcial.

Ya hemos explicado que cuando se le manda a la mujer sujetarse a su marido, también va implícita la sujeción de éste a ella, ya que cuando se le ordena al hombre amar a su mujer como Cristo amó a la iglesia, no se menciona para nada a ella, pero es más que notorio que la incluye.

Siempre se interpretó que, como el hombre tiene tendencias naturales de bigamia, y toma a la sexualidad casi como una diversión más, esto se inscribía en ese tenor para alertar a los hombres sobre las formas y las consecuencias del adulterio.

Sin embargo no es así. Aquí, lo que se nos dice, tanto al hombre como a la mujer, es que no podemos considerar adulterio a la relación sexual con penetración fuera del matrimonio. Que, muy por el contrario, cometer pecado de adulterio es, lisa y llanamente, codiciar a alguien para poseerlo.

Y esto es válido para extenderlo a nuestra vida de fe. No es un adúltero espiritual el que un día abandona la iglesia para ir a juntarse, por ejemplo, con una secta satánica, aunque naturalmente lo incluya, sino también el que un domingo concurre a un culto cristiano y en la semana coquetea con el ocultismo. ¿Lo entiendes, ahora?

(013) Nuestra Bendición es un Derecho

(1 Pedro 3: 8)= Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; (9) no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición.

(10) Porque: El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño; (11) apártese del mal, y haga el bien; busque la paz, y sígala.

(12) Porque los ojos del señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal.

Aquí mismo nos encontramos con una clave que es la que pone en marcha el poder de la iglesia del Señor: estar todos en un mismo sentir. No es ninguna novedad, ya que el relato del Libro de los Hechos con relacionado con el Pentecostés y aquel shock del Espíritu Santo, nos muestra que eso se produjo en momentos en que estaban todos juntos, pero además unánimes.

Nosotros hemos creído hallar la llave para esa unanimidad, para ese estar todos en un mismo sentir, a partir del liderazgo inequívoco de una figura fuerte, que sería la que determina qué es lo que debemos sentir y qué no debemos sentir, y el resto se limita a obedecer.

No funciona. Jamás funciona el poder irrebatible de un hombre por sobre otros. A corto, mediano o largo plazo, ese hombre será tentado con el tremendo poder que posee sobre los demás y cometerá alguna clase de abuso. De esa historia tenemos bastante.

La única manera de estar todos en un mismo sentir, es que todos tengamos en nuestro interior al Espíritu Santo de Dios, que es el que, (Según lo dice la Palabra), produce en nosotros el querer y el hacer. Esta es la única unidad posible. Lo demás, apenas confluencia de intereses.

El creyente tiene que ser compasivo. Escucha: tú estás congregándote en una iglesia determinada. ¿Cuántos son? ¿Cincuenta? ¿Cien? ¿Mil? No interesa. ¿Sabes tú si ese hermano que todos los domingos ves cantar, orar y adorar, tiene problemas?

Lo más probable es que, fuera de los clásicos círculos de amistad entre pequeños grupos, haya miembros de una congregación que ni siquiera ha llegado a conocer por nombre a otros miembros de la misma congregación. No te extrañe. En algunas muy numerosas, ni siquiera los conoce el que dice ser su pastor.

Sin embargo, desde el púlpito desciende casi siempre un mensaje de paz, de amor, de compasión, tanto por las almas que se pierden como por aquellos que tienen otra clase de necesidades. Pese a ello, a la hora de hacer algo concreto, la gran mayoría opta por mirar para otro lado.

Esto es una lección práctica en el punto de vista cívico. Si así se comportan hombres y mujeres que dicen haber recibido un llamado de Dios para ser pastores de esas ovejas sufrientes, qué menos quedará para los hombres y mujeres incrédulos que se dedican a la política.

Los verás, durante toda su campaña proselitista, acudiendo a los lugares más pobres y marginales a sacarse fotos con esa gente, con sus niños en sus brazos, entregando alguna clase de alimento u obsequio, pero una vez que han sido votados o no y han accedido a la función o cargo por el cual trabajaban, se olvidan totalmente.

Es censurable desde el punto de vista social. Es criticable desde el punto de vista periodístico. Pero desde lo humano, al menos, tendrá que ser comprensible, ya que estos hombres no creen en ningún Dios de amor y compasión y, por tanto, no están obligados a experimentarla. Pero los nuestros sí…

¿Y qué es amarse fraternalmente? Esta palabra está íntimamente relacionada con la hermandad. Es un término relativo a los hermanos de sangre. Nuestra hermandad es espiritual, de acuerdo, pero eso no es obstáculo para que nos comportemos como auténticos hermanos.

Recién te comentaba la posibilidad de que algunas de esas personas con las cuales compartes reuniones, servicios y cultos semana tras semana, durante el tiempo que no tienes contacto con ellas, quizás vivan padecimientos, carencias y necesidades de toda índole.

Eso convierte a nuestra “hermandad”, en una práctica limitada a los días domingos. Allí, ante una invitación o directiva que emana desde la plataforma, abrazamos al hermano, saludamos al hermano, bendecimos al hermano y oramos con y por el hermano. En el resto de la semana, olvidamos total y absolutamente al hermano. ¿Es eso una hermandad real o sólo figurativa?

Esta pregunta se puede responder con claridad y certeza cuando se puede responder la anterior: ¿La nuestra, es una fe real o solamente figurativa, simulada e hipócrita? La segunda alternativa siempre será una estricta consecuencia de la primera.

Por lo tanto, solamente es posible un amor fraternal entre los creyentes reunidos en una congregación, cuando ellos son en su esencia más íntima e interior verdaderos y absolutos hijos de Dios. Cuando solamente son religiosos, esa hermandad fraternal es imposible conseguirla. Ahora, saca tus propias conclusiones al respecto, conforme a tu propia experiencia.

La otra condición que nos deja en evidencia, es la de ser misericordiosos. Esto es más que obvio, ya que somos hijos de un Dios de misericordia. Tal cual el Padre, tal cual sus hijos. Así es por reglas generales, así debe ser en nosotros también. ¿Lo es?

La misericordia es la virtud que inclina el ánimo a compadecerse de los trabajos y miserias ajenos. También determina a los atributos de Dios, en cuya virtud perdona los pecados y miserias de sus criaturas. Es decir que la misericordia se basa, necesariamente, en el perdón y la falta de juicio hacia los demás.

La misericordia se diferencia de la gracia en que la gracia considera al hombre como culpable, actuando en favor de él a pesar de su absoluta falta de méritos; en la misericordia se destaca el carácter compasivo del amor de Dios, y el énfasis de este aspecto de la actitud de Dios hacia el hombre tiene que ver con la condición mísera e impotente en que se encuentra.

La siguiente condición es la de ser amigables. He conocido muchas congregaciones. Y no estoy hablando de aquellas en las que se me ha invitado a ministrar en calidad de ministro, sino de las otras, de las que conocí acudiendo como anónimo asistente.

Y de este conocimiento, puedo asegurarte que en algunas, esta actitud de amistad o de ser amigables, sencillamente no existe. Puedes concurrir todo un año y, si no te acercas a dialogar con alguien, nadie va a acercarse a ti para saber quien eres y qué estás haciendo allí.

¿Desconfianza? Quizás, hay mucho de problemáticas agudas por dar confianza a gente recién llegada rápidamente. Es tal la carencia de discernimiento que, en muchos casos, satanistas y brujos infiltrados en una congregación se han encontrado, casi sin proponérselo, almorzando o cenando en la casa del mismísimo pastor.

El estado y la capacidad de ser amigables, según este contexto, radica en demostrarles a los recién llegados que están en un sitio donde el amor reina y la voluntad de Dios se respeta. Si a eso se le suma un natural discernimiento, no pueden existir errores.

El amor recíproco y desinteresado es una de las características de la amistad que en la Biblia se nos describe en algunas páginas verdaderamente inmortales, pero que, dado el carácter sobrenatural que inspira muchas de las amistades de la Escritura, no pueden ser entendidas solamente en su vertiente psicológica.

Entre los paganos, al amigo se le amaba como a la «mitad de mi alma», pero «el alma de Jonatán se apegó a la de David y le amó Jonatán como a sí mismo…; le amaba como a su alma, como a su propia vida».

Por esta amistad tierna y conmovedora el joven David lo arriesga todo y salva la vida del amigo frente al propio padre, Saúl, que se siente postergado y celoso. Esta amistad es sellada con un pacto y juramento de renovada ayuda.

El libro de los Proverbios y la literatura sapiencial dan consejos sobre la manera de conseguir, seleccionar y tratar a los amigos: elige al amigo entre muchos, ponle a prueba antes de confiarte a él, porque nada vale tanto como un buen amigo, que es «el otro tú»; ayúdale cuanto puedas y no lo traiciones nunca, porque la traición (bien sea el desamparo, la murmuración o la revelación de secretos) no es compatible con la verdadera amistad.

Viejo amigo, vino añejo, gozo y gracia que Dios concede a quienes le aman: «Feliz quien encuentra un amigo de verdad.» La amistad entre los hombres y Dios es posible por medio de Jesucristo. Mayoritariamente, las personas no tenemos del todo en claro el real significado de la amistad. Es tiempo que lo tengamos. Dios nos ordena ser amigables.

(Filipenses 2: 3 )= Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; (4) no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de otros.

Este texto es un verdadero canto al desinterés. Dios desea fervientemente que sus siervos y ministros se muevan sin intereses propios. Debes darle la espalda a toda clase de ambiciones egoístas o actitudes arrogantes.

Esto último conlleva una necesaria actitud para con los demás. En lugar de proceder tal como lo proponen los deportistas, en este caso siempre deberás entender que el o los otros, son personas más importantes y valiosas que tú.

Y, finalmente, mirar el futuro con ojos globales, esto es: teniendo en cuenta los intereses de todos los que te rodean o conoces, y no por tus propios intereses. Si algo que dices porque Dios te envía a hacerlo, te café quedar mal con tus hermanos o amigos, lo siento mucho: deberás decirlo igual. Es menester agradar a Dios antes que a los hombres.

Luego Pedro nos dirá que no debemos devolver mal por mal. Pregunto: ¿Es necesario que a un hijo de Dios se le diga esto? Yo creo, humildemente, que no. Sin embargo, le debo dar la derecha a Pedro y, con él, a todos quienes todavía puedan enseñarlo. Es evidente que una gran mayoría sí necesita que se lo digan.

¿Qué significa devolver mal por mal o, como lo dice a continuación, maldición por maldición? Pues hacer exactamente lo mismo que nos ha sido hecho. El mundo incrédulo se conduce normalmente así, pero lo más triste de todo es que una gran parte de lo que llamamos iglesia, también.

Yo he sido testigo presencial y auditivo de la actitud de algún pastor que, desde el mismísimo púlpito de su iglesia y aludiendo a personas que se han retirado de la congregación, no ha dudado en asegurar que esa gente no sabe lo que se le vendrá encima por cometer ese error. Si eso no es maldecir…

Lo que ese pastor (Y todos aquellos que se encuentran en similares condiciones) debería hacer en lugar de denostar a esa gente, es bendecirla. La Palabra de Dios nos impone, necesariamente, bendecir a quienes nos maldicen.

Pero presta atención: cuando se nos dice que debemos bendecir a quienes nos agreden, injurian, maldicen o perjudican, se nos está diciendo que nosotros debemos hacerlo, no Dos mismo. ¿Por qué digo esto? Por una simple razón que seguramente habrás podido ver por ti mismo.

¿Cómo es tu reacción para con la gente que toma contacto contigo? Normalmente los saludas, dialogas con ellos y, antes o después, da lo mismo, te despachas con un: Dios te bendiga. ¿No es cierto? Y no está mal que lo hagas, pero si vas a obedecer la directiva que dios te ha dado, entonces deberías decirle: te bendigo, y no pedirle a Él que lo haga.

(Romanos 12: 17)= No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres.

¡Resulta tan obvio decir o leer esto! Sí, resultará obvio, pero créeme que, conociendo a la gente, es altamente necesario. Los cristianos somos lo que somos, principalmente a partir del amor de Dios hacia el mundo. Sin embargo, si algo nos identifica claramente, ese algo es precisamente: falta de amor.

Mira lo que voy a decirte: a Satanás y sus demonios les importa muy poco si tú te conviertes, comienzas a ir a la iglesia, cantas en el coro, das tus diezmos y ofrendas puntualmente y hasta predicas cuando el pastor te invita. Lo que a él le interesa, es que no vivas conforme a los principios de Dios sino a los suyos. Y créeme que tan mal no le va en el tema…

Muchas veces he hablado con líderes que me han asegurado que, la calidad, la clase y la identidad del pecado que suele verse adentro de las iglesias, hace que el pecado que se ve en el mundo parezca nada. ¿Nadie va a preguntar la razón de esto?

Mayoritariamente, la gente que con gusto se retiraría de una congregación, sea por el motivo que sea y tenga o no razones reales para hacerlo, no lo hace, estrictamente por miedo. ¿Miedo? Sí, miedo. Esencialmente, miedo a las represalias que seguramente padecerán si se van.

¿Estoy diciendo algo incoherente o producto de afiebrados pensamientos personales míos, o estoy nada más que colocando en blanco algo que todos saben y nadie se atreve a mencionar? Sea como sea, si hay represalias en contra de alguien que se va de una iglesia, se le está pagando mal con mal. ¿Entiendes lo que digo?

Además, si en forma directa o indirecta estás metiendo miedo en la iglesia, haz de cuenta que estás metiendo diablo. Sea como sea. Así sea en una predicación evangelística donde les hablas del infierno para que la gente se convierta sí o sí. Si ellos dan ese paso por miedo, entran con Satanás del brazo a la iglesia. Y mejor que no te diga quien propició eso…

(Hebreos 6: 13)= Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo, (14) diciendo: de cierto te bendeciré con abundancia y te multiplicaré grandemente.

Tenemos en Dios y en su anunciado propósito de bendecidnos en Cristo, más que sobradas razones para esperar confiados. El cumplimiento de su promesa a Abraham ofrece la máxima seguridad de que Él hace exactamente lo que promete.

Ya sabes lo abarcativa que es la palabra bendecir. En la Palabra está inscripta muchas veces y en distintos contextos, pero siempre apuntada a algo que es altamente fructífero y conveniente para el o los receptores. Así que no es necesario que te amplíe el concepto sobre ello.

Pero sí deberé dedicarle dos líneas, al menos, al otro término que se usa aquí. Dice que te multiplicará grandemente. Es obvio que esto tiene que ver con la esencia de la descendencia de Abraham, que fue lo primero que Dios dijo que iba a multiplicar. Ahora se lo dice a la iglesia, a ti.

¿Qué significado tiene esto? Puedes encontrarle más de uno, seguramente, pero el más importante que yo veo, es aquel que nos muestra que, cuando Dios está detrás de las almas, su Espíritu Santo da convicción de pecado y esas almas vienen a Él. Eso es multiplicación. Y necesita sólo de tu colaboración en obediencia. No necesitas ninguna “técnica” de evangelización.

Porque estamos hablando de multiplicar, no de crear, ¿Está claro? Multiplicar, en cualquier buen diccionario, significa aumentar el número o la cantidad de cosas de la misma especie. En matemática, la explicación parece ser algo más engorrosa, pero es coherente con la expuesta.

Dice que multiplicar es hallar el producto de dos factores, tomando uno de ellos, llamado multiplicando, tantas veces por sumando como unidades contiene el otro, llamado multiplicador. Otra acepción nos habla de aumentar el número de vueltas de una pieza giratoria mediante un engranaje en el que esta tiene una rueda con un número de dientes menor que otra que actúa sobre ella.

De todo esto, extraemos algo que ha quedado muy claro en este texto. Abraham ya tenía descendencia, Dios se la multiplicó, aumentó, engrandeció. Tú ya tenías muchos valores divinos, pero aquí Él dice que te serán multiplicados, aumentados, engrandecidos.

Para multiplicar algo, tiene que haber de ese mismo “algo” con anterioridad. No se puede multiplicar algo que no existe. De allí es donde se toman los defensores de la teoría de una raza pre-adámica: de la declaración de Dios mismo, cuando le dice a la primera mujer que multiplicará sus dolores de parto.

Ellos sostienen que si le multiplicó esos dolores, es porque ella ya los había tenido, aunque menores en intensidad. No es mi interés ni mi intención discutir sobre este punto porque no he sido enviado por mi señor a ello, pero el asunto despierta mi interés y me hace pensar que todavía nos quedan demasiadas historietas infantiles en el marco de una historia de adultos.

Luego Pedro nos señala que, si queremos amar nuestra vida (Y de hecho la amamos. A eso le llamamos “instinto de conservación”), debemos cumplir con una serie de requisitos básicos indispensables para lograr nuestro objetivo. El primero, es refrenar nuestra lengua de mal.

Esto, dicho así, suena demasiado amplio, pero no debemos ir a colgarnos en las ramas, sino a encarar las cosas de un modo práctico, usando toda nuestra experiencia al respecto, que seguramente es mucho mayor a lo que podamos expresar.

Usar nuestra lengua para el mal, (Santiago es muy explícito en su carta respecto a ello), tiene varias connotaciones, pero ninguna produce tanto daño como el chisme. ¿Qué es el chisme? Una murmuración que, mayoritariamente, está cargado de calumnia.

Y la calumnia, o falso testimonio, era condenada vivamente por la Ley. Los culpables de este delito debían sufrir la pena que habían intentado hacer recaer sobre la persona calumniada Si se refería a difamación contra el carácter de alguien, debía darse una compensación pública.

El Talmud sentencia: “El calumniador destruye la reputación de sus víctimas y se verá obligado a expatriarse.” Los profetas atacan la calumnia, lo vemos en toda la escritura. El cristiano es exhortado, sin embargo, a orar y a perdonar a sus perseguidores y calumniadores.

No obstante forma parte de nuestra naturaleza humana caída, la necesidad por deseo interno de expresar cosas que perjudiquen lo lastimen a aquel o a aquellos que hayan hecho lo mismo con nosotros. Es pagar mal por mal y no debemos hacerlo bajo ningún aspecto.

Luego le agrega algo muy similar, que tus labios no hablen engaño. Créeme que esto va mucho más allá de aconsejarte no decir mentiras. El engaño tiene otras características y otras connotaciones. Y si Pedro te habla con calidad de creyente, es obvio que te está advirtiendo que no engañes a tus hermanos.

Porque engañar, es darle a una mentira, total y absoluta apariencia de verdad. No interesa con qué metodología. Puede ser dialéctica, visual o de otra índole, pero la esencia de lo que se está enseñando será absolutamente la misma.

Engañar, también es inducir a alguien a tener por cierto lo que no lo es, valiéndose de palabras o de obras aparentes y fingidas. Es como producir una suerte de ilusión en alguien, preponderantemente óptica. Esto es altamente aplicable a doctrinas, ritos y demás tradiciones religiosas.

Por tanto, cuando se te invite a predicar en tu congregación, por favor, no pretendas ayudar a Dios con tu mensaje. Limítate a predicar el evangelio que ha sido heredado por la iglesia desde la misma Biblia. Si intentas ayudar a Dios, lo más probable es que en algo exageres. Y una exageración, es un hecho altisonante que no es verdadero, lo cual lo convierte en mentira y engaño. Desde el púlpito y con la mejor de las intenciones, claro está. No le hace.

(Salmo 34: 12)= ¿Quién es el hombre que desea vida, que desea muchos días para ver el bien?

(13) Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño.

(14) Apártate del mal, y haz el bien; busca la paz, y síguela.

(15) Los ojos de Jehová están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos.

(16) La ira de Jehová contra los que hacen mal, para cortar de la tierra la memoria de ellos.

Este es el texto que Pedro toma y reitera, con algunas pequeñas modificaciones, en su exhortación a los creyentes de su tiempo. Tiene origen en David, tiene origen en Cristo, sigue la línea vertical y concluye en la iglesia, cuerpo de Cristo manifestado en carne.

Al texto de Pedro se le agregan estas consideraciones más antiguas, pero no por ello desactualizadas. Te exige que te apartes del mal y hagas el bien. Sería algo lógico y natural si estuviera hablando con incrédulos, impíos y pecadores, pero sólo un problema: está hablando con el pueblo de Dios…

¿Estará el salmista queriendo decir que dentro del pueblo de Dios pueden existir personas que practiquen el mal? No “estará”, está diciéndolo. El corporativismo en lugar de conciencia de cuerpo, lo hemos tenido nosotros; ellos sabían muy bien de lo que hablaban.

Al mismo tiempo, sin embargo, este salmo nos está dando un ingrediente que hoy se utiliza mucho en lo que normalmente llamamos sanidad interior. Nos dice que si buscamos el bien y combatimos el mal, estaremos buscando también la paz.

Recuerda cuando Jesús les enseñaba a sus discípulos que Él había venido a traer la paz tal como se la conoce y experimenta en el reino de los cielos, y no como el mundo pretende proporcionarla. Por tanto, buscar la paz y seguirla, es equivalente a buscar a Cristo y seguirle. ¡Ya está adelantado en los salmos!

Luego, no debemos entender que Dios solamente está prestando atención a los justos, esto es: a los creyentes. Dios está observando a todos, sólo que su atención se extralimita en los justos porque a Él le interesa de sobremanera lo que hacen sus hijos, pos sobre lo que puedan hacer los ajenos.

Asimismo, y esto tiene que ver con la más acostumbrada queja de los cristianos, los oídos de Dios están muy atentos al clamor de sus hijos. Así es que, si estás orando y tienes la sensación que Dios no te oye, recuerda que Él está atento a tu clamor y tiene siempre alguna de estas tres respuestas a tus oraciones: Sí, No y Espera.

Y ahora presta atención a este detalle que, por leer rápidamente y de manera superficial, se nos ha escapado. Dice que la ira de Jehová está contra los que hacen el mal y que por ello corta de la tierra toda memoria de ellos. Dice eso, ¿No es cierto?

Ahora bien: ¿De quienes está hablando? De los que hacen el mal. ¿Qué dice en el verso 14? Que te apartes del mal y busques el bien. ¿Y a quien se supone que le está diciendo todo eso? Al pues lo de Dios. Por tanto, si ese pueblo hace el mal, su memoria será cortada por la ira de Dios de toda la superficie de la tierra. ¿Salvo siempre salvo? ¿La salvación se pierde? ¡Ah, no sé! Pregúntale a David.

(Santiago 1: 26)= Si alguno e cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana.

Una lengua fuera de control y un corazón engañoso, son el resultado de una religiosidad vacía. La verdadera religión se expresa en la vida diaria, como lo pone de manifiesto la pureza de la conversación, el amor y el carácter. Aunque Santiago no ofrece una relación exhaustiva de los deberes positivos de la religión genuina, presenta lo anterior como sus características típicas.

Con estos elementos, tú puedes examinar tranquilamente, sin que nadie pueda decir que es murmuración o juicio, todo lo que oyes y ves a tu alrededor. ¿Sabe? Le harás un enorme favor a la iglesia del Señor, porque detectarás y ayudarás a expulsar de ella a los religiosos vacíos que, por no tener su corazón en el señor, al no haber lugares neutros, los tienen con el enemigo. ¡Y están adentro!

(Proverbios 16: 7)= Cuando los caminos del hombre son agradables a Jehová, aún a sus enemigos hace estar en paz con él.

Quiero que entiendas que este es un principio espiritual inalterable para Dios. Si los caminos de un incrédulo son agradables a Dios, ese incrédulo está en paz con Dios. Nadie está hablando de salvación, cielo o infierno; estamos hablando de un principio que Él jamás dejará de cumplir.

Conozco gente que jamás hizo la oración del pecador, jamás pisó una iglesia e, incluso, algunos quizás jamás tomaron demasiado en serio todo esto de Dios, la cruz, la redención y la salvación, pero que indudablemente son bendecidos en todo lo que hacen.

Y no estoy hablando de prosperidad económica ni de otra índole, estoy hablando de un conglomerado de cosas ordenadas y serenas que más quisieran para sí mismos muchos creyentes que conozco y trato.

¿Qué significa esto, acaso que son salvos igualmente? No soy yo quien decide eso y mucho menos nadie como para determinarlo. Pero de todos modos, no estoy hablando de salvos o no salvos, estoy hablando de bendecidos aquí y ahora, algo que también es promesa y no todos reciben.

Lo que intento mostrarte es que, si se vive conforme a los principios, la voluntad y el propósito de Dios, aún sin conocerle ni creer en Él, Dios no transgredí sus leyes ni sus promesas y bendice sin ninguna duda a esas personas, más allá si en la eternidad estarán con Él o no.

Por ese simple y sencillo motivo es que vemos a tanta gente que no es creyente viviendo de un modo que solamente pensaríamos reservado para los hijos de Dios. Y también por ese mismo motivo, aunque a la inversa, es que hay tantos hermanos viviendo vidas horribles aquí y ahora.

Tú no eres creyente porque vas a un templo. En todo caso, vas a un templo o adonde sea, porque eres creyente. Y lo que al Señor le interesa es que creas y vivas conforme a sus modelos. Si haces ambas cosas, salvo y bendecido. Si haces una sola, cosechas un solo resultado.

No tienes ni la menor idea, (Como no la tenía yo mismo hasta hace algunos años), la cantidad de cristianos sinceros, convertidos genuinamente y deseosos de resultar agradables a Dios que no saben o no pueden vivir conforme a como Dios ha dicho que debemos vivir y, por esa causa, se pierden miles de bendiciones hoy, aquí y ahora.

(014) ¿Qué es lo Correcto o lo Incorrecto?

(1 Pedro 3: 13)= ¿Y quien es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien?

(14) Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis, (15) sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; (16) teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo.

(17) Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal.

Dicen los comentaristas más serios que conocemos, que sufrir por causa de la justicia implica dos reacciones: 1) reverencia hacia Dios el Señor (O hacia Cristo el Señor) 2) disposición hacia la esperanza con mansedumbre y reverencia, que es como decir con gentileza y reverencia.

Agregan estos siervos que es menester que estemos siempre preparados para explicar con todo detalle y claridad, los cambios que Jesús ha traído a nuestras vidas. Todos estos son, sin dudas, comentarios muy bien intencionados que tienen que ver con los sufrimientos de cristianos instalados en el mundo secular. Pero hay otra clase de sufrimientos mucho más cercanos para ti y para mí…

La gente que trabaja en lo que es el fundamento básico de la iglesia moderna, esto es: la Sanidad Interior, asegura que las mayores lastimaduras, heridas, enojos, resentimientos, ira, rencores y raíces de amargura, se presentan en personas que han debido cambiar de congregación o, sencillamente, alejarse de alguna.

Hay todo un armado casi promocional o publicitario, que asegura a quienes quieran oírlos, que hay templos destinados por Dios para ingresar con el pasaje completo en el cielo. Obviamente, quien ose abandonarlos, irremediablemente saca ticket viajero al infierno.

He oído personalmente en programas radiales de ciertas y determinadas congregaciones voluminosas de mi ciudad, decir a sus líderes o pastores, en referencia a gente que se les ha ido, que ya van a ver lo que significa abandonar la iglesia… ¿No es maldición, eso?

En suma: cuando tú tienes algo de Dios para tu pueblo amado y quieres obedecer, te pones de punta a toda la organización religiosa que jamás va a admitir que un “don nadie” haga y diga cosas que, supuestamente, sólo estarían reservadas para “los más importantes”.

Y eso conlleva, necesariamente, alguna clase de persecución, alguna clase de amenaza o presiones, alguna clase de calumnias e injurias destinadas a descalificarte y, obviamente, también alguna clase de enfrentamientos que te producirán un enorme dolor y sufrimiento.

Salvo directiva expresa del Señor, tal como ha sido nuestro caso familiar, cualquier otros causales para retirarse de una congregación, trae confrontación, enfrentamientos y dolor, mucho dolor que, en casos, se prolonga por años y años.

(Proverbios 16: 7)= Cuando los caminos del hombre son agradables a Jehová, aún a sus enemigos hace estar en paz con él.

¿Tienes enemigos? Espero que no, que sólo tengas, en todo caso, adversarios o rivales, ya sean deportivos, comerciales o de cosas por el estilo. Pero, si llegaras a tenerlos, (El ambiente eclesiástico es, aunque no lo creas, bastante propicio), ten en cuenta lo que aquí se dice.

No tienes que maldecir ni recordar con enojo, ira, resentimiento o rencor a esa o esas personas. Sólo tienes que comportarte de manera agradable a Dios y, obviamente, bendecir a este o estos enemigos. ¿Sabes que? Dios hará que te lleves bien con ellos. ¿Imposible? No te equivoques, para Dios no hay cosa imposible.

(Isaías 8: 12)= No llaméis conspiración a todas las cosas que este pueblo llama conspiración; ni temáis lo que ellos temen, ni tengáis miedo.

(13) A Jehová de los ejércitos, a él santificad; sea él vuestro temor, y él sea vuestro miedo.

¿Nunca te ocurrió? A mí, personalmente, tampoco. Pero no me sucedió porque no formé parte, ni participé de un movimiento que en una congregación se hizo para sacar al pastor. El buen hombre no andaba bien y, por el contrario, lo que hacía parecía tener libreto en el infierno.

Estafas económicas, con el dinero de las ofrendas y diezmos, abusos espirituales con personas nuevas, abusos de otra naturaleza con algunas hermanas jóvenes de la iglesia y altísima sospecha de adulterio, eran los ingredientes que tenían en sus manos los que deseaban que se fuera.

El caso es que el hombre se enteró y no encontró mejor modo de defenderse que producir una especie de “guerra civil” adentro de la congregación. El argumento fue que se estaba tejiendo una conspiración en su contra. Obviamente, todos los que formaban parte de su equipo se pusieron de su lado y la guerra se abrió sin concesiones ni piedades.

No interesa en este trabajo como finalizó el asunto. Lo que sí importa es que la palabra conspiración fue utilizada, en este caso, como excusa par una respuesta agresiva ante un hecho quizás mal encarado, pero con visos de realidad que no tenía nada que ver, naturalmente, con esa supuesta conspiración, que como todos sabemos, se trata de intrigar en contra de alguien y no siempre con motivos valederos.

Todavía estamos tomando demasiados modelos del mundo para incorporarlos a la iglesia. Para mi gusto, demasiados. Para mi gusto, algunos rozando sencilla y directamente el pecado. Para mi gusto, casi todos por una mezcla de comodidad, falta de talento y espíritu de imitación.

Es malo que la iglesia imite al mundo. La iglesia no está para entretener a la gente tal como se hace en la vida secular. Tampoco para hacer programas de radio o televisión supuestamente “cristianos” con artimañas usadas por la televisión y la radio seculares.

Y esto no es una posición personal ni una ocurrencia de un candidato a anciano avinagrado por los legalismos conservadores y ortodoxos. Esto es Biblia. Porque somos hijos de un Dios creador y no de un diablo mentiroso e imitador. Conforme a como lo hagamos, allí es donde respondemos.

Y en esas imitaciones baratas, el temor a las cosas a las que el mundo les tiene temor o sencillamente el miedo paralizante, son moneda corriente. Tanto que en las librerías cristianas hay verdaderas toneladas de libros de autoayuda psicológica disfrazados de cristianos, que presentan como “caballito de batalla” al temor y las mil y unas maneras “cristianas” de combatirlo y vencerlo.

No es mi intención desarrollar aquí una tesis sobre el temor porque no es ese el tema central, pero bastará con que te diga una sola cosa: El dueño del imperio del miedo es Satanás, por consecuencia, todo lo que contenga o produzca miedo, no viene jamás de Dios.

No sólo esto. Algunas congregaciones, al realizar campañas evangelísticas, contratan (Porque se les paga), a evangelistas que tienen como premisa predicar el evangelio de la amenaza. Sólo les falta presentar al clásico muñequito rojo con tridente y cola para complementar sus alocuciones tenebrosas.

Les dicen a las personas que si no pasan al frente y aceptan a Jesucristo como Señor y Salvador, a la noche vendrán centenares de demonios y se lo llevarán al infierno. Da resultado, sin dudas. La gente corre despavorida al frente a hacer lo que le digan con tal de evadir el fuego y el azufre eterno.

Sólo nos queda un problema. Entran al evangelio de la mano del miedo. Y si el dueño del imperio del miedo es quien tú ya sabes quien es, entonces que no te queden dudas que también entran de la mano de ese personaje. Ni te cuento lo que puede llegar a hacer una vez que está dentro…

Porque, nos dirá luego Pedro, que en lugar de todas esas reacciones carnales, lo que tenemos que hacer es santificar a Dios. ¿Santificar a Dios? ¿Tú sabes que esto se repite a diario en cada una de las iglesias cristianas, y sin embargo la mayor parte de los creyentes ignora el significado de santificar a Dios?

El diccionario dice que santificar, es entre otras acepciones: Hacer a alguien santo por medio de la gracia. Dedicar a Dios algo. Hacer venerable algo por la presencia o contacto de lo que es santo. Reconocer a quien es santo, honrándolo y sirviéndolo como a tal. Abonar, justificar, disculpar a alguien.

Es obvio que, de todas estas acepciones, el contexto en el cual Pedro lo expresa, tiene que ver indudablemente con una dedicación de parte nuestra a Dios. ¿Dedicación de que? Entre otras cosas, de las facultades del dominio propio.

Fíjate que el dominio propio es un fruto directo de la presencia del Espíritu Santo en nuestro interior. Y fíjate, asimismo, que en una enorme cantidad de sitios supuestamente cristianos, a esa presencia se la pretende medir sola y únicamente por la presencia o no del don de lenguas.

Creo en el don de lenguas. ¡¡Tengo el don de lenguas, gracias a Dios!! Es un arma excelente que Dios nos entrega par orar, cuando no sabemos como hacerlo, directamente con la voz del Espíritu santo intercediendo por nosotros con gemidos indecibles.

Pero debo dejar en claro algo, para evitar, si puedo, que se sigan asesinando espiritualmente a tantos y tantos buenos y fieles hermanos en pequeñas congregaciones mal enseñadas. El don de lenguas es una de las manifestaciones del Espíritu Santo. En ninguna Biblia cristiana dice que sea la única…

Por eso es que Pablo dice que si ora en lenguas angelicales pero no tiene amor, es como címbalo que retiñe. ¿Qué quiere decir con esto? Lo que quizás estás viendo a menudo en tu congregación: hermanitos que oran largamente en lenguas, tiemblan, se sacuden y muestran toda clase de manifestaciones producidas, – aseguran – por el Santo Espíritu de Dios en sus vidas.

Gloria a Dios si ello es así. Pero si sus vidas, cotidianamente, no muestran esa presencia divina en otras cosas: dominio propio, paciencia, misericordia, amor, templanza, etc., sus lenguas y demás expresiones, no sirven nada más que para darle pintorequismo evangélico a sus cultos de domingo.

El diccionario bíblico, mientras, tiene una expresión de la santificación mucho más amplia. Será bueno repasarla y ver qué es lo que podemos elevarle a Dios de todo lo que se nos dice aquí.

Santificar, aquí es: Hacer santo, purificar, poner aparte para Dios, consagrarle personas, objetos, días, etc., ritual y sobre todo moral y espiritualmente. Los sacerdotes eran santificados para su servicio con una unción de aceite santo, siendo revestidos de hábitos consagrados, y mediante sacrificios y la sangre de la expiación.

El Tabernáculo, sus utensilios y el altar eran santificados de una manera análoga. El Señor participaba en esta santificación manifestando Su gloria y viniendo a morar en el santuario. El Señor mismo santificó el sábado, ordenando a Su pueblo que lo pusiera aparte y lo santificara.

Se afirma en varias ocasiones que el sábado es una señal de que Dios quiere santificar a Su pueblo. En cuanto a nosotros, los cristianos, somos exhortados a santificarnos separándonos moralmente del mundo y de sus contaminadores.

Honrar y glorificar a Dios, Su nombre, o a Cristo. «Santificado sea tu nombre». En Mara, Moisés y Aarón no creyeron, para santificar a Jehová a los ojos del pueblo; entonces Jehová se santificó en ellos, castigándolos.

Jehová será «exaltado en juicio, y el Dios Santo será santificado con justicia». Un día, la reunión de Israel y su arrepentimiento santificará a Jehová a los ojos de las naciones. El Padre ha santificado a su Hijo, y nosotros debemos santificar a Cristo en nuestros corazones.

Santificarse significa purificarse, separarse de toda contaminación, de todo mal. En especial, este significado lo tiene el sustantivo «santificación». Es un mandato: «Seréis santos, porque yo soy santo». «Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación… Nos ha llamado Dios… a santificación»;

«Nos escogió… para que fuésemos santos y sin mancha delante de él». «Sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir». Es preciso santificarse, purificarse, antes de presentarse a Dios para ciertos actos religiosos.

La santificación es la obra del Espíritu Santo en nosotros, para purificarnos, separarnos del mal y hacemos conforme a la imagen de Cristo y aceptos a Dios. De la misma manera que no podemos merecer nuestra salvación, tampoco podemos santificarnos mediante nuestros propios esfuerzos.

Es Dios quien purifica nuestros corazones por la fe, en respuesta a nuestra fe. Es Él que nos santifica. «Y el mismo Dios de paz os santifique por completo… el cual también lo hará». Los gentiles deben serle «ofrenda agradable, santificada por el Espíritu Santo».

«Ya habéis sido santificados… por el Espíritu de nuestro Dios». Para santificarnos, el Espíritu Santo se sirve sobre todo de la Palabra de verdad, que Él inspiró, y de la oración, que Él también nos inspira.

El Espíritu Santo glorifica a Cristo, que nos ha sido hecho santificación. Hemos sido santificados en Él, y Él se ha santificado por nosotros. El Espíritu nos revela sobre todo la verdad capital de que «somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre».

Es Su sangre la que purifica de todo pecado, después de habernos procurado el perdón. Romanos 6:3-4 nos muestra que después de haber muerto, en Cristo, al pecado, podemos resucitar con Él y andar en novedad de vida, teniendo «por fruto la santidad».

Todo el capítulo 8 de Romanos, sin emplear el término «santificación», nos revela su secreto: «La ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús» debe actuar en nosotros y transformar nuestra vida. Entonces no viviremos ya más bajo el dominio de la carne, sino bajo la disciplina del Espíritu, que hará morir en nosotros las acciones del cuerpo.

Pablo habla del gran misterio de la morada del Señor en nosotros, que quiere así volvernos «perfectos en Cristo». Se han formulado muchas teorías contradictorias acerca de la santificación. Siguiendo a Wesley, ciertos intérpretes ven en ella una «segunda bendición» que debe seguir a la conversión y que debemos recibir instantáneamente por la fe.

Afirman ellos que Dios purifica entonces de inmediato nuestro corazón de su pecado original, «de todo aquello que nos impulsaba al mal». Esta doctrina se acerca peligrosamente al perfeccionismo. En el opuesto extremo se hallan aquellos cristianos que enseñan que nunca nos desembarazaremos aquí abajo del hombre viejo, y que nos encontraremos siempre en el lastimoso estado de Romanos 7.

Estos autores no han comprendido la gloriosa solución expuesta en el capítulo 8, como ya se ha descrito brevemente en los párrafos anteriores. El salvo queda liberado al entrar en la conciencia y en el disfrute de la provisión del Espíritu en él.

Esta presencia es el privilegio de todo hijo de Dios, que debe vivir entonces según el Espíritu. Así, aunque verdaderamente la erradicación del «hombre viejo» sólo tendrá lugar para el cristiano bien por la muerte, bien por la transformación en el arrebatamiento, el creyente tiene el privilegio de andar en el poder de la nueva vida en resurrección en Cristo, y por tanto de considerarse en la práctica tal como está ya posicionalmente: muerto al pecado.

De esta manera, el creyente puede vivir una vida victoriosa; no obstante, se debe tener en cuenta en todo caso que el andar del cristiano está continuamente sostenido por el oficio intercesor de Cristo en el Cielo.

Hay también provisión «si alguno pecare», en Cristo como Abogado. Guardados por el poder de Dios para salvación, y con el Espíritu Santo, que puede santificarnos por completo, y guardar nuestro espíritu, alma y cuerpo irreprensibles para la venida de nuestro Señor Jesucristo, el cristiano puede así vivir una vida grata a Dios. Y tiene un poderoso motivo para ello, porque el Señor Jesucristo vendrá «para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron».

Esta es la extensa definición, o suma de definiciones que, sobre santidad, santificar y santificación, da un buen diccionario bíblico. Quise reproducirlo en toda su extensión, (Aunque pueda no coincidir en algunas definiciones muy personales de sus autores), porque así puedo graficar con mayor amplitud lo que Pedro nos dice en el verso 15 que estamos estudiando.

(Colosenses 4: 6)= Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis como debéis responder a cada uno.

En principio, bien vale la pena consignar que la gracia es una cualidad o conjunto de cualidades que hacen agradable a la persona o cosa que las tiene. También se le llama al atractivo independiente de la hermosura de las facciones, que se advierte en la fisonomía de algunas personas.

La gracia también es representada por la afabilidad y buen modo en el trato con las personas, por la habilidad y soltura en la ejecución de algo. Suele decirse, por ejemplo, que alguien Baila con mucha gracia. También simboliza a la benevolencia y amistad de alguien.

Pese a que también esta palabra se utiliza en torno a la cualidad o calidad de personas con habilidades muy singulares para hacer reír, no es este el sentido que Pablo da en este texto. Nótese que para que se interprete como un aditamento de los cristianos, agrega a la condición, la sazón de la sal, elemento con el cual ha sido rotulado el creyente desde el principio.

Esto tiene que ver con la defensa de nuestras convicciones que, en algún momento, debamos caber delante de propios o extraños. Cuando digo extraños, es obvio que hablo de interlocutores incrédulos que puedan poner en tela de juicio la validez de nuestra fe en Jesucristo. Cuando digo propios, hablo del seno de nuestra propia iglesia, tan dada a debatir doctrinas íntimas olvidando necesidades públicas.

Nuestra carnalidad, tan pasible a reacciones intempestivas cuando creemos tener la razón, tiene que estar sujeta a la paz, a la templanza, a la paciencia y a la benignidad que nos prodiga el Espíritu Santo. Esa será la mejor manera de responder cualquier clase de calumnia o injuria con las formas y los fondos que Dios nos recomienda utilizar.

Una vez más, entra a jugar un rol muy importante uno de los frutos del Espíritu Santo que los cristianos debemos poseer casi con prioridad: el dominio propio. Si no sabemos o no podemos impedir nuestras propias reacciones, muy mal podremos pretender oficiar de liberadores de nuestros hermanos oprimidos por el enemigo.

Por eso es que Pedro señala que, con relación a todos los que puedan murmurar en nuestra contra o en contra de nuestra forma de creer o adorar a Jesucristo, lo que debemos poner en práctica en nuestras formas de sentir, es una buena conciencia.

La conciencia es la propiedad del espíritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimenta. También tiene que ver con el conocimiento interior del bien y del mal y con el conocimiento reflexivo de las cosas.

Además, es la actividad mental a la que solo puede tener acceso el propio sujeto, mientras que d acuerdo a los conceptos de la ciencia de la psicología, es el acto psíquico por el que un sujeto se percibe a sí mismo en el mundo.

Quiero que entiendas que a esto, lo escribió Pedro, un rudo, tosco y no demasiado letrado pescador. ¿Lo puedes creer? ¿Verdad que no del todo? Es lógico. Esto es todo Dios. Pedro, en todo caso, no fue más que un instrumento circunstancial, como puedes serlo tú en cualquier momento que Dios te necesite si es que estás en sintonía con Él y en obediencia a su voz.

(Hebreos 13: 18)= Orad por nosotros; pues confiamos en que tenemos buena conciencia, deseando conducirnos bien en todo.

Es indudable que ellos utilizaban este término, conciencia, de un modo muy distinto al que nosotros lo empleamos hoy. En nuestro léxico tiene mucho que ver la incidencia de la psicología, no sólo en la sociedad secular, sino también en la organización eclesiástica.

El escritor de esta carta, (Muchos suponen que fue el propio apóstol Pablo), da a conocer a sus receptores que su conciencia es correcta en cuanto a las formas de moverse en el evangelio que están predicando.

Y es precisamente por ese motivo, (Esto es más que evidente), que se sienten con la libertad y hasta el derecho de pedir oración. Es un principio inamovible, válido aún para nuestros días. Es mucha la gente que me escribe pidiéndome oración por tal o cual cosa. Mi predisposición es la mejor, pero siempre me pregunto: ¿Estará esta persona en condiciones espirituales para hacer efectiva nuestra oración?

¿¿Qué está diciendo, hermano?? Si usted ora, el señor responde y nada hay que detenga esa respuesta. No. No es así. En absoluto es así. Si tú eres un líder que se roba el dinero de la ofrenda, captas discípulos para ti mismo y no para el señor y además estás en adulterio con esa diaconisa, aunque toda una iglesia ore en tu favor, Dios tendrá que quedarse sordo a ese clamor. Es básico.

En el último verso de este bloque, queda en claro un principio sumamente valioso de tener en cuenta con la finalidad de no realizar consultas innecesarias, tales como: ¡Hermano! ¿Por qué me está sucediendo esto? ¿Qué he hecho de malo para merecer esto?

No has hecho nada de malo ni te mereces absolutamente nada de bueno o de malo. ¿Te mereces la salvación? No. Dios te la otorga por gracia y porque su bendita voluntad así lo decide a tu favor. ¿Estás en medio de una crisis? ¿Crees haber hecho algo malo para estar pasando por esto?

No. No necesariamente. Dios podría estar permitiendo esto tan tremendo que puede estar ocurriéndote, no por innecesaria crueldad, tal como a muchos les seduce verlo, sino porque de la salida de esa crisis, encontrarás elementos que te harán crecer, mejorar, madurar y vencer en el final de la historia.

Recuerda esto: Dios no necesita que tú estés a diario ganando pequeñas batallas para Él. Él ya ganó la guerra completa en la cruz. Todo lo que tú debes hacer es hacer efectiva esa victoria, aquí, hoy y ahora. El creyente puede perder, en apariencia, alguna o algunas batallas, pero ha ganado la guerra, esto es inamovible.

Por eso es que Pedro dice, de parte de Dios sin ninguna duda, que es mejor que sufras algo que Dios permite para tu conveniencia haciendo el bien, que pasar por las mismas cosas haciendo el mal. Lo primero tiene final feliz, en victoria y gloria; lo segundo tiene derrota, angustia, lamento y perdición.

(015) Si Cristo Sufrió; ¿Por qué no Yo?

(1 Pedro 3: 18)= Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; (19) en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, (20) los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua.

(21) El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo; (22) quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades.

Este pasaje ha sido, indudablemente, muy difícil de comprender para la mayor parte de los cristianos. Utilizando su mente, su inteligencia y su intelecto, esos millones de hombres y mujeres en el planeta no han hallado mensaje válido y cierto en él. Sin embargo, el Espíritu Santo sabe lo que hace.

Para los que sí fue clarificador este texto, es para sus primeros lectores. Ha sido objeto de diversas interpretaciones. Probablemente se refiera a la proclamación de Cristo, mediante el acontecimiento de su resurrección, de los frutos de su triunfo a los espíritus encarcelados, que son indudablemente espíritus de demonios.

Aparentemente, estos espíritus estaban también sujetos a la corrupción del mundo en los días de Noé. Esta proclamación pudo ser parte de la subsecuente soberanía de Cristo sobre ángeles, autoridades y poderes.

No se dice nada sobre alguna reacción de los oyentes, pero en todo caso, este pasaje no debería tomarse como indicativo de una segunda oportunidad de salvación para aquellos que rechazan la verdad en esta vida.

Cuando llega alguien a la oficina del pastor a exponerle lo tremendo de la crisis que está padeciendo, generalmente se lo trata de contener, de abrazarle con amor y ánimo. Se le hace entender que Dios está permitiendo esto por algo y se le hace inmediatamente sanidad interior para aliviarlo.

Una de las expresiones más abundantes dentro de la gente que sufre por algo, es la de lamentarse amargamente por todo lo que está padeciendo “sin merecerlo”. Esto es lo más cercano a la depresión y, como en cada caso que se experimente compasión y lástima por sí mismo, tiene más cercanía con heridas en el ego que en cuestiones ciertas.

Lo que no me explico, es por qué nadie se atreve a confrontar a estos llorosos sufrientes y preguntarles si creen que Jesucristo es su Señor. Porque si llegaran a responder que sí, tal como lo presupongo, habría que aclararles que deberían dar gracias por eso que los hace padecer, ya que su Señor se ha dignado a permitirles pasar mínimamente por algo parecido a lo que Él mismo pasó.

Porque si hay alguien en toda la historia de la humanidad que sufrió todos los horrores previos, durante y posteriores a una crucifixión, (La más horrible de todas las muertes) de manera total y absolutamente injusta, ese fue Jesús.

Y si nosotros decimos ser cristianos, es como declarar que somos seguidores de Jesucristo. Y si somos seguidores de Él, Él es nuestro modelo y punto de referencia. Y con todas estas condiciones, lo más lógico y obvio es que se nos permita vivir algunas de las experiencias que a Él le tocaron vivir. Y la injusticia es una de ellas. ¿Puedes entenderlo?

(2 Corintios 13: 4)= Porque aunque fue crucificado en debilidad, vive por el poder de Dios. Pues también nosotros somos débiles en él, pero viviremos con él por el poder de Dios para con vosotros.

Pablo le habla a los corintios del mismo asunto que venimos observando. Y aquellos que puedan llegar a pensar que Pablo es débil, encontrarán que él realmente está hablando con la autoridad de Cristo, quien a pesar de haber sido crucificado en debilidad, era el máximo ejemplo del poder de Dios. De la misma manera, Pablo podía ser débil en él, y simultáneamente poderoso al actuar y hablar como un apóstol de Cristo en sus tratos con los hermanos.

A este punto, la iglesia en su conjunto, decididamente no parecería haberlo entendido. La imagen de debilidad personal es tomada por los líderes como un reaseguro de fracaso ministerial. Sólo aquellos hombres (o mujeres) con caracteres fuertes y lindando con lo autoritario tienen expectativas de éxito. Y es un error, pero aún no ha sido ni observado ni modificado.

Muy por el contrario, cualquiera que visite informativamente o se forme ministerialmente en los seminarios clásicos, se encontrará con materias afines a esto que son muy contundentes. Tanto que enseñan las mil y unas formas de imponerse por sobre las opiniones de los demás como forma de ejercer un liderazgo exitoso.

Así es como nos hemos llenado de pequeños y grandes tiranos, verdaderos energúmenos que, en el nombre del señor, no sólo cometen atrocidades espirituales y abusos de toda índole en sus iglesias, sino que incluso lo llevan al terreno de la vida cotidiana y familiar.

El mundo podrá ser impío, incrédulo y pecador, pero no es tonto. Tiene la suficiente inteligencia y captación psíquica como para darse cuenta que en la mayoría de los casos, lo que se “vende” como enseñanza de sujeción es, en realidad, una variante religiosa del antiguo lavado de cerebros con que los déspotas de todos los tiempos consiguieron someter a sus pueblos.

¿Tú crees que soy demasiado duro con esta gente? Puede ser, pero no es por resentimientos, amarguras personales o ánimos revanchistas. Es porque esa es el arma que el diablo está moviendo en las propias iglesias con el fin de evitar la evangelización. Así de claro.

Porque la base de la evangelización no es, – como muchos piensan y enseñan – un buen discurso convincente. De esto el mundo está lleno y harto. La base esencia del evangelismo, es el testimonio de vida cotidiana. Y si nuestras vidas se desarrollan con los parámetros que te comentaba, el mundo huye despavorido. Y no es un problema espiritual, es un problema de conductas falsas.

(Efesios 3: 8)= A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo, (9) y de aclarar a todos cual sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas; (10) para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, (11) conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor, (12) en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él; (13) por lo cual pido que no desmayéis a causa de mis tribulaciones por vosotros, las cuales son vuestra gloria.

¡Que bueno sería que al menos la mitad de los siervos del Señor que andan caminando por el mundo y predicando su palabra en las iglesias, no sólo dijeran, sino sintieran de verdad esto mismo que Pablo expresa aquí!

¡Que difícil parece resultar experimentar humildad en Jesucristo! ¡Que complicado es lo que tan sencillo debería ser: no sentirse absolutamente nada más que un simple instrumento más o menos útil o portátil en las manos del Señor!

Fíjate que Pablo describe lo que es su ardiente deseo de ayudar a todos los creyentes a descubrir su papel, su rol, su ubicación en dispensar la gran verdad del propósito de Dios en la Iglesia. Créeme que no todos lo tienen tan definido ni tan claro.

Para entender mejor esto, habrá que aclarar extensamente el significado de esta palabra aquí utilizada, dispensación, porque incluso ha sido utilizada hasta para la formación de nuevas doctrinas que han desembocado en otras tantas denominaciones.

Dispensación es, literalmente «administración de una casa», una «economía», y de ahí un trato ordenado con los hombres por parte de Dios en la variada administración de Sus caminos en distintos tiempos.

Al examinar las administraciones de Dios con los hombres, podemos señalar el estado de inocencia en Edén, aunque difícilmente participó del carácter de una dispensación. Se dio un mandato a Adán y Eva, con demanda de obediencia, anunciándose la pena si desobedecían.

.Esto fue seguido por un prolongado período de casi 1.600 años hasta el Diluvio, (un período sin tratos concretos de Dios con los hombres, aunque ciertamente con la promesa del Liberador dada en el Protoevangelio (Génesis 3: 15)).

Durante este tiempo los hombres se corrompieron en todos sus caminos, y la tierra se llenó de violencia. Entonces Dios habló al mundo en la persona de Noé, que fue «pregonero de justicia», esperándose en paciencia por su arrepentimiento mientras el arca era preparada.

No mostraron arrepentimiento, y el mundo antiguo pereció. En el mundo postdiluviano Dios estableció el gobierno humano, en tanto que el conocimiento de Dios, como Dios que juzgaba el mal, era dispersado por los descendientes de Noé; se hallan tradiciones del Diluvio por prácticamente todas las tribus y lenguas del mundo.

Esto constituye otro testimonio divino. Siguió después la división de la tierra entre varias naciones y tribus, según sus familias y lenguas. Entre éstos prevaleció la ignorancia acerca de Dios, a pesar del testimonio del poder y deidad de Dios, y del testimonio de la conciencia mencionado en Romanos 1-2.

Unos 360 años después del Diluvio empezó la Era Patriarcal con el llamamiento de Abraham, un nuevo trato soberano de parte de Dios; pero esto quedó limitado a Abraham y a sus descendientes.

La Dispensación de la Ley, mientras tanto, vino a continuación, que es, estrictamente hablando, el primer sistema públicamente ordenado de los tratos de Dios con los hombres, y administrado por ángeles.

Los oráculos de Dios fueron dados a una nación, a la única nación de toda la tierra que Dios había conocido de esta manera. Fue la dispensación de «Haz esto, y vivirás con bendición; desobedece, y recibirás maldición». Esta dispensación tuvo tres etapas:

(A) Unos 400 años bajo los Jueces, tiempo en que Dios hubiera sido el Rey de ellos en una teocracia directa, pero en cuyo tiempo cada uno hacía lo que bien le parecía.

(B) 500 años como reino bajo reyes.

(C) 600 años desde el cautiverio hasta la venida de Cristo. En relación con ello hubo el testimonio profético: la Ley y los profetas fueron hasta Juan.

Durante esta «Dispensación de la Ley» tuvieron su comienzo los Tiempos de los Gentiles con la supremacía política de Nabucodonosor, la cabeza de oro y rey de reyes; siguen corriendo su curso, y continuarán hasta que el Señor Jesús comience Su reinado.

La Dispensación de Gracia y Verdad, asimismo, comenzó después de la predicación de Juan, con la venida de Cristo. Durante esta economía se predica el Evangelio, la gran Amnistía que Dios ofrece a toda criatura bajo el cielo, y tiene lugar el llamamiento de la Iglesia a separarse para el Señor, extendiéndose este período como intervalo, desde el día de Pentecostés hasta el arrebatamiento de los santos.

Dios encomendó a Pablo una «dispensación» especial, tanto en lo que respecta al Evangelio, como para cumplir la palabra de Dios por la doctrina de la Iglesia como el cuerpo de Cristo. La Dispensación del Reino de Cristo sobre la tierra durante el milenio, recibe también el nombre de «la dispensación del cumplimiento de los tiempos». Bajo todas estas variadas administraciones se manifiestan la bondad y fidelidad de Dios, y se hace universalmente manifiesto el fracaso del hombre.

Luego habla de la multiforme sabiduría de Dios. Esta es la traducción de un vocablo griego que se pronuncia como POUPOIKILOS. Este, a su vez, proviene de POLUS, que significa mucho, y POIKILOS, que quiere decir variado o de muchos colores.

De este modo, entonces, la palabra está pintando la sabiduría de Dios como muy variada, con muchos aspectos, matices, tintes y expresiones coloridas. Como un Dios multifacético, interviene todavía en la arena humana, desplegando en su pueblo y a través de su pueblo, una rica sabiduría multicolor y plena en matices.

Ahora bien; esa multiforme sabiduría de Dios servirá para dar a conocer los misterios escondidos a los principados y las potestades en los cielos. Cuidado: no se está hablando de demonios en exclusividad. Yo sé que eso es lo que en muchos sitios se ha enseñado, pero no es así. Veamos.

La palabra Principado se usa de la posición de aquellos que tienen el primer lugar como gobernantes entre los hombres. Sin embargo, este término se emplea de modo especial para denotar a los poderes espirituales del mundo invisible, sean buenos o malos.

Fueron creados por el Señor, y Él es la cabeza de todos ellos. Algunos cayeron de la posición de confianza que les había sido asignada: no guardaron su primer estado o principalidad. Otros luchan en contra de la posición celestial de los santos. El Señor «despojó» a los principados en la cruz, y en Su resurrección fue exaltado por Dios infinitamente por encima de todos estos poderes creados.

Las dos principales palabras que se traducen «poder» en el Nuevo Testamento, y que tienen que ver directamente con Potestades, son: dynamis y exousia. Es importante discriminar entre ambas, porque no significan lo mismo.

Dynamis puede ser descrita como capacidad moral o física, poder. Exousia significa autoridad delegada, derecho, privilegio. Esta última siempre supone el poder de ejercer el derecho, pero la primera no conlleva ningún concepto de derecho o autoridad.

Así, dynamis se traduce como capacidad, eficacia, fuerza, maravilla, milagro, poder, potencia, señal, valor, que ayuda más a ver el carácter de esta palabra, en contraste con exousia, que se traduce como autoridad, derecho, jurisdicción, libertad, poder, potestad.

El término «poder» aparece en ambas listas, y es preciso evitar toda ambigüedad: Exousia se traduce frecuentemente como poder, cuando otro término podría dar un mejor sentido. Así, se traduce correctamente potestad (o autoridad): el Hijo del hombre tiene potestad (o autoridad).

En cambio, se traduce poder en la versión Reina-Valera 1960 en distintos pasajes, donde estaría mejor traducida como autoridad, derecho o potestad. Recapitulando, dynamis significa sólo la fuerza o poder, en tanto que exousia denota un derecho o potestad delegados, con el poder necesario para ponerlo en vigor.

En el verso 19, Pedro dice algo que no es fortuito y que ya en otros estudios hemos explicado, aunque nunca estará de más reiterarlo una y cien veces, si es necesario, para que nadie se siga confundiendo como aún se observa.

El apóstol señala que Cristo, más allá de sus sufrimientos y su sacrificio de redención, también fue y les predicó a los espíritus encarcelados. ¿De que cosa está hablando Pedro, aquí? Para la iglesia que no ha dejado nada de la palabra sin tomar o creer, está muy claro. Para la ortodoxia que niega ciertas cosas que Dios no niega, todo un problema.

Porque no es casual que hable de predicarle a los espíritus encarcelados. ¿Qué cosa es un espíritu encarcelado? Una parte de la creación de Dios que se encuentra momentánea o definitivamente prisionera de algo o de alguien.

¿De que cosa está prisionero el hombre sin Dios? Del pecado. ¿Y por qué razón lo está? Porque no existen lugares neutros, es decir que: si no está con Dios, está con Satanás. Así de sencillo. Por tanto, un espíritu encarcelado es un espíritu dominado y aprisionado por demonios.

¿Y que es lo que se le debería predicar a esos espíritus? Porque está más que claro que un bosquejo de una predicación clásica de domingo por la mañana no les haría ni la menor cosquilla, ¿Verdad? Ni lo dudes, así es. ¿Entonces?

Entonces comencemos por aclarar el significado real del término Predicar, tan utilizado en nuestras congregaciones. ¿Es, Predicar, el simple acto de pararse frente a un púlpito, en una congregación, y esbozar un mensaje de una introducción, tres puntos y una conclusión?

En absoluto. Eso se parece mucho más al discurso aristotélico que los griegos devenidos a cristianos incorporaron a la iglesia, que a lo que el término Predicar significa. Porque predicar, – Entiende -, es un vocablo formado por dos expresiones.

Pre, que tiene que ver con algo que se toma con antelación, antes que suceda, como prevención y de antemano. Por ejemplo: Pre-paración, Pre-sagio, Pre-juicio, etc. Mientras que Dicar es una voz que habla de la sustancia de los ángeles caídos.

Por lo tanto, Predicar, sería pasado en limpio, algo así como hacer un discurso relativo a proclamar la caída de los ángeles malignos, al tiempo en que se preanuncia la derrota de las fuerzas del mal. Lisa y llanamente: Guerra Espiritual.

Me causa gracia, aunque sea algo tragicómico, que todavía existan ministros que aseguran que están dispuestos a predicar todo lo que se les mande, pero sin tocar el tema de la guerra espiritual porque no tienen mandato de Dios para ello. Se equivocaron feo. La misma palabra es un mandato. No es culpa de Dios si algunos viejos cabezones todavía no quieren creerlo.

Pedro es claro: la predicación que él consigna, está destinada y dedicada a los espíritus encarcelados. ¿Acaso para que sigan en esas condiciones? De hecho que no. Es para liberación y tiene coherencia con el mandato de darles libertad a los cautivos. ¿Te enseñaron que eso hablaba de las cárceles literales? Podríamos incluirlo, pero te puedo asegurar que habla de otra cosa. Está a la vista.

Porque luego agrega que esos mismos espíritus encarcelados, en aquellos tiempos, fueron responsables de desobediencia cuando Noé preparaba el arca y ellos se casaban y se daban en casamiento alegremente sin creer lo que Dios había dicho que haría.

Claro está; se necesitaba una enorme dosis de fe para darle atención y credibilidad a lo que Noé anunciaba y practicaba. Imagínate la escena: un viejo y su familia que lo mira de reojo, están construyendo un enorme barco para navegar por lo que será un enorme mar producto de las descomunales lluvias que sobrevendrán.

Un grupo de curiosos que se acercan y, tanto por hacerlo hablar al viejo le preguntan mil cosas sobre el barco y sobre lo que está profetizando. Todo en un lugar como ese en el que…¡¡Hace toda una vida que no cae una gota de lluvia!!

Imagina la escena y luego pregúntate a ti mismo: si hubieras sido uno de los curiosos que vivían cerca de la casa de Noé, ¿Le hubieras pedido autorización para formar parte de la tripulación del arca o le hubieras dicho “viejo loco” como estimamos le dijeron todos los demás?

Sigue imaginando: suponte que formaras parte de la familia de Noé; que un día le pediste y obtuviste la mano de alguna de sus hijas y te casaste con ella. ¿Ayudarías a tu suegro a martillar el arca o le dirías a tu mujer que huya contigo lo más lejos posible de ese viejo loco?

Sin embargo, la historia dice que solamente ocho personas fueron salvadas por agua. Por un agua que cayó durante cuarenta días y cuarenta noches por millones de litros. La misma agua que se llevó a los impíos, fue salvación para los justos.

Esto no se ha terminado de entender y suele confundirse con el episodio del arrebatamiento citado en Tesalonicenses. Esto vendrá, sin dudas, pero no tiene nada que ver con lo que se anuncia que será “como en los días de Noé”. Porque en los días de Noé, el diluvio se llevó a todos…los impíos, no los buenos…Los buenos se salvaron quedándose flotando en el arca.

(Génesis 6: 3)= Y dijo Jehová: no contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán su días ciento veinte años.

(4) Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos. Estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre.

(5) Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.

Cuando aquí se dice “los hijos de Dios”, puede que aluda a la línea de Set, – En oposición a los infieles descendientes de Caín -, a gente de elevado rango, como los nobles, o a ángeles rebeldes que abandonaron el cielo para tomar mujeres como esposas.

Esta última interpretación presenta algunas dificultades, pero parece la más indicada. Por eso es que la reproduzco meramente como información y de ninguna manera como absoluto de parte de Dios. También sirve para confirmar el mal que reinaba en el mundo antes del diluvio.

Cuando dice “mi espíritu”, se refiere al Espíritu Santo en su papel de aliento sostenedor de la vida dada al ser humano en la creación. En cuanto al término contenderá, su significado en la lengua hebrea no está del todo claro.

Dios determina ahora reducir la duración de la vida en los seres humanos, tal como lo pone de manifiesto la cifra simbólica de ciento veinte años de vida, poniendo fin al anterior período de notable longevidad.

La corruptibilidad del hombre frente al pecado hizo necesario que Dios redujera sus años de posibilidad de hacer el mal. Por lo tanto, esto debe ser visto como una muestra de la misericordia de Dios y no como una especie de castigo divino, tal como algunos teólogos gustan de enseñar.

(Hebreos 11: 7)= Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe.

Fíjate que notable lo que dice este texto. Dice que Dios advirtió a Noé sobre cosas que aún nadie estaba viendo. Imagínate que Dios le habló a este hombre, anciano ya, con respecto a que iba a borrar de la tierra todo vestigio de vida humana dejando caer sobre ella toneladas de agua en forma de lluvia.

Casi puedo verle el rostro de tremenda sorpresa e infinito asombro a Noé. ¿Lluvia? ¿Aquí? ¡¡Pero si en toda mi vida jamás vi caer una gota de lluvia en esta región. Mira la tierra, reseca, agrietada del calor y la sequía. ¿Lluvia? ¿Diluvio? ¿Inundación? ¿Construir un barco? Oye Dios mío: ¿Estás hoy en tu sano juicio o que..?

Yo recuerdo las distintas maneras en que he oído relatar esta historia. Las mil y una formas en que bien intencionados e imaginativos maestros han pintado esta historia. Sin embargo, pese a esas buenas intenciones, a nadie se le ocurre sacarla de la historieta bíblica y llevarla al hoy.

¿Y como llevarla a la actualidad? ¿Acaso suponiendo que podría haber otro diluvio? ¡Oh, no! ¡La tecnología ya ha avanzado mucho y a nadie le preocuparían unos cuantos hectolitros de agua! ¿Entonces? Con otra cosa…

¿Con otra cosa? ¿Con que otra cosa podría ser? No lo sé. Con algo que todavía nadie haya visto y nadie tampoco pudiera prever. ¿Cómo que? Aférrate de algo para no caerte. Como que Dios te avisara que Él ya no estará nunca más presente en los cultos y reuniones de los templos que conoces.

¿Y por qué haría Dios tal cosa? Creo haberlo dicho con bastante claridad en dos libros escritos, pero convengamos que resulta bastante complicado creerlo, ¿No es así? Tan complicado como debe haberles resultado a aquellos hombres poder creerle a ese viejo loco que anunciaba un diluvio donde jamás había caído una gota…

Hay una reforma en la iglesia. Pero no se trata de tu congregación ni del templo al cual asistes. Cuando yo hablo de iglesia, hablo del cuerpo de representantes genuinos que Dios tiene en la tierra. Tú no lo entiendes porque cuando digo iglesia, tú piensas en congregación, templo y pastor. Nada que ver.

Luego, Pedro nos dice que el bautismo que corresponde a esto (el diluvio, Noé, su salvación y la de su familia por agua), será lo que nos salve ahora. Muchos han interpretado que esto tiene que ver con nuestro bautismo en agua, sin embargo no es del todo así.

Como en muchos otros textos bíblicos más, hemos tomado muy someramente la palabra y muy superficialmente su significado. Por ese motivo, los actos hasta rituales que luego hemos cumplimentado, se han incorporado como palabra viva, pero aquí podrás entender que no es del todo así.

Bastará que recurramos a un diccionario bíblico para buscar allí el significado de la palabra bautismo, y comprobar que, si bien se adapta a lo que luego serían nuestras tradiciones y costumbres, cuando tengas una visión nueva, algo va a cambiarte totalmente de forma.

Las palabras comúnmente utilizadas en el Nuevo Testamento para denotar esta ordenanza son el verbo baptizo y los nombres baptisma y baptismos; pero ninguno de estos términos se emplea sólo en este sentido.

El verbo se usaba también para denotar la purificación ceremonial de los judíos antes de comer, para la que se vertía agua sobre las manos; figuradamente, para significar los sufrimientos de Cristo; y por último, para denotar la ordenanza bautismal.

Baptizo es la forma intensiva de baptein, que significa sumergir, y tiene un sentido más amplio que éste. En Hebreos, baptismos, referido a los diversos lavamientos rituales ordenados en el AT con referencia a los ritos del tabernáculo, se traduce como abluciones; sin ningún género de dudas, se refiere a los lavamientos ordenados en distintas escrituras del Antiguo Testamento.

Por todo esto que he expuesto, te queda más que claro que el real significado de Bautismo es Sumergir. Y quizás no ha sido malo ni negativo relacionar esto con el agua, pero no necesariamente tiene que ser así, ya que la Biblia habla en muchos de sus textos de sumergirse en la presencia del Señor sin que para ello se necesite agua ni ningún otro elemento líquido.

¡Pero hermano! ¿Me está diciendo usted que el real significado de bautismo no es introducirse en agua sino sumergirse en la presencia de Dios? – Eso es exactamente lo que te estoy diciendo. – ¿Pero y entonces, el bautismo de Jesús mediante la tarea de Juan el Bautista?

Fue un paso de obediencia a una ley que se venía cumplimentando. Los hombres entraban al río y Juan los bautizaba (Sumergía) en esas aguas para perdón de los pecados, eso es más que claro y a nadie le he oído predicar al respecto.

Y Jesús, pregunto, ¿De qué clase de pecado debería arrepentirse? No había cometido ninguno como hombre de carne y hueso (La Biblia así o asegura), y tampoco tenía el original de nacimiento heredado de Adán y Eva, ya que había sido engendrado por el Espíritu Santo.

Él mismo dice que lo hace para que la ley sea cumplida. Pero por su parte, Él sí se sumerge en la presencia de su Padre celestial, hasta el punto de hacerle decir: “este es mi hijo amado, en él tengo complacencia”.

Esto te deja como deducción más que evidente, que cuando se habla de bautismo, se habla de un contacto con el Señor de modo muy íntimo y personal, y no de un mero ritual de zambullidas acuáticas. Lo primero sí te dará una visión muy distinta del ámbito espiritual; lo segundo, sólo ropa mojada y cierta emoción de tu alma.

(Tito 3: 4)= Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, (5) nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo.

El especial amor de Dios para con la humanidad se describe utilizando el término griego del que se deriva la palabra española Filantropía, que como todos saben, implica dar una dádiva sin que nadie le solicite. La dádiva de su Hijo Jesucristo, es la mayor demostración del amor de Dios.

La salvación viene por una doble vía: Por el lavamiento de la regeneración, que podría ser una velada referencia al bautismo tal como lo conocemos, o a la limpieza del creyente de la culpa del pecado, cumplida por la regeneración.

La renovación en el Espíritu Santo, mientras tanto, alude al rol del Espíritu Santo al propiciar un nuevo nacimiento en el creyente y concederle la vida eterna. La importancia de este asunto conlleva la necesidad de ahondar aún más en la expresión propiamente dicha.

La palabra Renovación utilizada en este texto, es la palabra griega ANAKAINOSIS, en el original. Es una combinación de ANA, que significa otra vez, y de KAINOS, que quiere decir nuevo. La palabra, entonces, sugiere una renovación, restauración, transformación y cambio de corazón y vida.

En la carta a los Romanos 12:2, Pablo indica con ella un cambio completo para lo mejor, un ajuste de la visión moral y espiritual de uno. Aquí se hace hincapié en la obra transformadora del Espíritu Santo.

Respecto a esto, conviene señalar que se ha minimizado ese poder y esa obra, a partir del uso y hasta el abuso que de su significación se ha hecho en pequeñas denominaciones pentecostales, donde el énfasis dado al Espíritu Santo es tan sobrestimado que ha determinado en los sectores más ortodoxos se haya dejado de prestarle atención.

Está claro que ni uno ni lo otro es idea de Dios. Él no está ni puede estar de acuerdo con fantasías sin sustento bíblico tales como que la señal de la presencia del Espíritu Santo en la vida de una persona solamente esté expresada en el don de lenguas.

Pero tampoco puede aprobarse de ninguna manera que existan comunidades enteras de cristianos que aseguran estar siguiendo los caminos de Dios sin tener en cuenta al Espíritu Santo, cosa que bíblicamente tampoco tiene sustento, ya que sin la guía del Espíritu es decididamente imposible caminar con Dios.

(Hebreos 9: 13)= Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, (14) ¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?

Aquí hay una base muy clara de lo que termino de comentar más arriba. Si el llamado “viejo hombre” nos sigue oprimiendo con sus demandas y su suciedad interna, lo que necesitamos no es sanidad interior o sanidad del alma herida, sino ser llenos del Espíritu Santo de Dios.

¡Pero no, hermano! ¡Es que yo he visto a mucha gente que estaba llena del Espíritu Santo, comportarse luego como si jamás se hubieran convertido! ¡Es necesaria la sanidad interior! – Coincido en que es necesaria la sanidad interior, pero no en que sea esa la única solución viable.

Porque, veamos: ¿Cómo sabes tú que esa gente de la cual hablas, estaba realmente llena del Espíritu Santo? – ¡Hermano! ¡Los he visto cantar, alabar, saltar, temblar, llorar, reírse sin detenerse, habar por horas en lengua extraña, profetizar y caer como muertos al suelo!

Claro…¿Y tú sin dudarlo le has atribuido todas esas manifestaciones a una llenura del Espíritu Santo en sus vidas? – ¡Por supuesto, hermano! ¿Qué otra cosa podría ser? – Mira hermano…mejor no te digo que otra cosa podría ser. Sólo voy a decirte algo: si no hay vida cambiada, no hay llenura del Espíritu Santo en la vida de nadie. Tú no puedes ser lleno del Espíritu durante el culto del domingo y luego vivir como se te da la gana y pecando de lunes a sábado…

Hay muchas cosas en este tiempo que me producen una enorme tristeza, a veces también cierta santa indignación con impulsos también “santamente” agresivos y toda la impotencia de no poder decir nada que sea entendido, pero una en especial logra “sacarme”.

Eso que logra desquiciarme y adoptar la antigua manía de tironearme de los cabellos de desesperación, es ser testigo de alguien enseñando, predicando y alabando sobre el Espíritu Santo sin la unción del Espíritu Santo.

¿Te digo la verdad? Prefiero a los ortodoxos y ultra conservadores que no le prestan demasiada o ninguna atención al Espíritu Santo porque aseguran que es un “invento” de los progresistas carismáticos.

Al menos ellos no creen en esa persona de la Trinidad, no la mencionan ni enseñan nada a su respecto. Las páginas de la Biblia que hablan de Él, son tomadas como parte de una historia que ya concluyó. Pero los prefiero porque, tremendamente equivocados y todo, al menos son espontáneos y sinceros.

Porque lo que te mencionaba antes, son mucho peores. No creen en el Espíritu Santo, no lo tienen, no entienden nada de la Biblia porque sin Espíritu Santo la Biblia debe ser el libro más pesado y aburrido del planeta y, así y todo, suelen ser verdaderos maestros del Espíritu. ¡¡Hipócritas!!

Y además, incrédulos. Ese es su mayor pecado, el que los condena irremisiblemente. Porque si fueran creyentes, sabrían que hay un Dios que los está observando a cada instante de sus vidas, entonces no podrían simular nada de lo que simulan.

En muchas ocasiones me han consultado respecto a las calidades y cantidades de los diferentes pecados existentes. Yo siempre he dicho que no importa que forma tome luego en cada caso el pecado. Comienza inexorablemente por el pecado-madre: la incredulidad. Con ella, el hombre se siente capaz de vivir como le da la gana sin temor alguno al juicio de un Dios en el que no termina de creer, ¿Entiendes?

Y en el final, hablando de Jesucristo, se lo ubica a la diestra de Dios, con los ángeles, autoridades y potestades sujetos a Él. Esto está extraído de los protocolos oficiales. Quien se sienta a la diestra de la máxima autoridad del lugar, es quien le sigue en importancia.

Cristo está sentado a la diestra de Dios Padre. Esto implica un poder que solamente está sujeto al poder del Padre. Nadie puede discutirle eso a Jesucristo. Él lo ganó en la cruz, venciendo a las potestades y los principados de las tinieblas, y sujetándolos a su señorío, tal como se lo señala aquí.

(Romanos 8: 34)= ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.

Está quedándonos algo muy en claro: Es Cristo quien actuará como juez sobre todo el mundo, pero ten calma y ánimo: no nos condenará. Aún en este tiempo, Él está intercediendo por nosotros. ¿Recuerdas lo que es interceder? Colocarse en medio de lo que viene a favor o en contra y recibirlo uno. Hacer de intermediario.

Cristo es el único intercesor, el único intermediario. Nadie viene al Padre si no es por mí, ha dicho con su propia boca. ¿Y el hombre? El hombre, ávido de religión, sigue buscando otros intermediarios e intercesores. Desobedece la palabra y nombra mujeres u hombres en ese sitial. No le hace. El fracaso del hombre, no anula el plan de Dios.

(35) ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?

(36) Como está escrito: por causa de ti somos todos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero.

(37) Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.

¿Nunca te llamó la atención esta expresión de Más que vencedores? A mí sí, y mucho. Porque podría haberse escrito simplemente vencedores y hubiera sido más que suficiente, pero al escribir ese “más”, se nos está diciendo algo mucho más fuerte que ser poseedores de una victoria.

La expresión, en este texto, ha sido aunada en una sola palabra del original: HUPERNIKAO. Proviene de HUPER, que significa sobre y por encima de, y NIKAO, que es conquistar. La palabra, entonces, describe a uno que es victorioso en grado sumo, que gana una victoria más que ordinaria, porque está en condiciones de triunfar en forma absoluta.

Este no es un lenguaje arrogante, ni soberbio ni nada que se le parezca. Este es un lenguaje al que le sobreabunda confianza. El amor de Cristo conquistó la muerte y, debido a ese amor, – Su amor – somos todos HUPERNIKAO.

(38) Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, (39) ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Para cualquier cristiano desalentado este poderoso pasaje ofrece hoy las seguridades del amor de Cristo, presente en cada momento de la vida del creyente. ¿Existen motivos mayores de descontento que los aquí citados por Pablo? Si no, entonces nunca nos separaremos del amor de Cristo en esta vida. Aún en medio de las dificultades seremos…más que vencedores.

Que se sepa y se comente en todos los círculos femeninos. Fuera de toda connotación machista, que la hay y mucha en la iglesia, dice Dios, (No el hombre) que un espíritu afable y apacible, en una mujer, es de grande estima delante de Él. Eso nos lleva a entender que a Dios no le seduce demasiado la mujer rencillosa. Pero luego apunta a los maridos, y les dice que deben honrar a sus mujeres como a vasos más frágiles, ¿Para que? Para que sus oraciones no tengan estorbo. ¿Qué quiere decir eso? Que si no tratas a tu mujer como Dios dice, tus oraciones sufren un estorbo. ¿Que significa esto? Que cuando oramos y no tenemos respuesta, deberíamos revisar muy bien que es lo que estamos haciendo y como estamos viviendo.

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¿Te Sometes? Me Someto…

1 Pedro Capítulo 2

(007) Hay una Piedra; Hay un Pueblo

(1 Pedro 2: 1)= Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, (2) desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, (3) si es que habéis gustado la benignidad del Señor.

(4) Acercándoos a é, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas par Dios escogida y preciosa, (5) vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.

(6) Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí pongo en Sión la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; y el que creyere en él, no será avergonzado.

(7) Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, La piedra que los edificadores desecharon, ha venido a ser la cabeza del ángulo; (8) y: piedra de tropiezo y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados.

(9) Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; (10) vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.

En el principio de este capítulo, vemos que Pedro nos exhorta ( A aquellos antiguos y a nosotros mismos, hoy también), a dejar de lado, esto es: desechar, cinco condicionamientos que impiden que el pueblo de Dios pueda relacionarse debidamente con Él y entre ellos.

Lo primero es toda malicia. La malicia es la intención solapada o mal intencionada, normalmente maligna, con que se dice o hace algo. Es desarrollar una vida hacia lo malo y contrapuesta a la virtud. Implica tener una interpretación siniestra y maliciosa con propensión a pensar en el mal.

Es la cualidad corriente mediante la cual se hace algo malo o mal intencionado. Incluye penetración, sutileza y sagacidad, a lo que deberíamos agregarle la sospecha y el recelo como actitud corriente de vida, usando siempre la palabra satírica y la sentencia ofensiva.

Créeme que no hubiera recalado en las definiciones de un diccionario de la lengua española si no hubiera sido porque estoy total y absolutamente convencido que esta exhortación que Pedro les efectúa a sus contemporáneos, es absolutamente vigente y necesaria de reiterar en este tiempo.

Luego nos habla de tres palabras que, por conocer muy bien a partir de otros estudios, no vamos a clarificar aquí: engaño, hipocresía, envidia. Me atrevo a asegurarte que, de no ser por la vigencia de estas tres debilidades, o dos, o simplemente una de ellas, la iglesia del Señor YA sería sin mancha y sin arruga. Pero están y por tanto aún no lo es. Al menos en lo que se refiere a quienes la componen.

La quinta y última de las actitudes que Pedro aconseja desterrar para siempre de nuestras vidas individuales y comunitarias, es la detracción, que es un vocablo que se origina en el verbo detraer, que significa algo así como restar, sustraer, apartar o desviar, agregándole también infamar, denigrar la honra ajena en la conversación o por escrito.

Parece bastante insólito que algo así pudiera suceder dentro de lo que se denomina el Reino de Dios y su justicia, ¿No crees? Sin embargo, convengamos dos cosas: si Pedro lo expresa, es porque en ese tiempo eso existía. Y si Dios lo dejó en el libro hasta hoy, es porque hoy también existe.

La historia eclesiástica de pequeñas y grandes congregaciones, está llena de sucesos en los cuales alguien ha sido calumniado, injuriado y difamado con el fin de expulsarlo de su sitial honorífico o rentado y, obviamente, reemplazarlo por alguien interesado en ello. Y a eso, todavía muchos insisten en seguir llamándole: iglesia.

(Efesios 4: 22)= En cuanto a la pasa manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos.

Aquí es Pablo quien amplía este asunto. Las cinco actitudes nocivas que el contexto anterior nos mostraba, tiene directamente que ver con la falta de despoje de nuestro viejo hombre, el antiguo inquilino de este cuerpo, aquel que venía viciado con las formas de vivir mundanas plenas en deseos engañosos, esto es: apetencias que parecen ser muy buenas y terminan siendo fatales.

Las expresiones de Viejo Hombre o Nuevo Hombre contrastan visiblemente las costumbres de los viejos estilos de vida, cuando estábamos dominados por el espíritu de desobediencia y la nueva capacidad del creyente para adoptar un nuevo estilo de vida, de obediencia a Dios, gracias al poder del Espíritu Santo.

¿Y que significa un hombre viejo enviciado? La palabra, como tal, no existe, pero si su originaria, que es vicio, la cual tiene varias acepciones que, en este caso, pueden caber perfectamente en lo que Pablo pretende decir.

Mala calidad, defecto o daño físico en las cosas– – Falta de rectitud o defecto moral en las acciones. – Falsedad, yerro o engaño en lo que se escribe o se propone. Vicios de obrepción y subrepción. – Hábito de obrar mal.

Defecto o exceso que como propiedad o costumbre tienen algunas personas, o que es común a una colectividad. – Gusto especial o demasiado apetito de algo, que incita a usarlo frecuentemente y con exceso. – Desviación, pandeo, alabeo que presenta una superficie apartándose de la forma que debe tener.

Lozanía y frondosidad excesivas, perjudiciales para el rendimiento de la planta. Los sembrados llevan mucho vicio. – Licencia o libertad excesiva en la crianza. – Mala costumbre que adquiere a veces un animal. – Cariño, condescendencia excesiva, mimo. – Sal. Estiércol, abono.

Lo único que te resta, ahora, es indagar en cada acepción que has leído, e introducirla en la vida de una persona. Muy probablemente hallarás muy rápidamente aspectos que podrás relacionar con gente que conoces. Las tuyas, naturalmente, te demorarán mucho más tiempo en verlas.

(Santiago 1: 21)= Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas.

Aquí, Santiago le agrega a lo dicho, una palabra más, un aspecto más del hombre sin Cristo: inmundicia. Es como si hablamos de suciedad, o de una cosa que ensucia. Se relaciona directamente con la Impureza y la deshonestidad.

¿Es que hay cristianos así? Si han tenido un encuentro personal con Cristo, muy difícilmente. Pero si han adoptado a la religión cristiana como forma de vida ritual y eclesiástica, es más que seguro. Cualquiera de los que hoy están leyendo esto, han visto alguna demostración.

La salvación no viene de utilizar métodos humanos, sino la humilde y amable aceptación de la palabra implantada, que Dios ha hecho que arraigue en el corazón. ¿Está hablando del cielo? Está hablando de salvar tu alma, que es ni más ni menos que poder someterla al Espíritu Santo que mora en tu interior y producirá en ella fruto de gozo y paz.

Lo tengo que aclarar, porque no sería para nada raro que, llevados por este y algunos otros textos similares, salgan algunos “cráneos” teológicos a los que se les escapó la tortuga, a imaginarse y hacerte imaginar dos cielos. A uno de ellos iría supuestamente tu espíritu y al otro tu alma. Después me cuentas los enredos y confusiones a los que pueden llevar a miles con estas antojadizas “tesis”.

Luego concluye en que a esa palabra implantada en nuestros corazones, debemos recibirla pero con mansedumbre. Esto significa que no podemos ser ni orgullosos, ni fatuos ni pretenciosos con ella, sino benignos y suaves. Así fue Jesús. Y hombría no le faltaba. No cualquiera muere en una cruz sin pedir clemencia o llorar de dolor o miedo.

Hay unos cuanto, todavía, que siguen creyéndole al dios del machismo, y se comportan de un modo casi animal porque, esa “religión” les ha enseñado que los hombres tienen que ser violentos para ser hombres, y que si no lo son, hay que dudar de su masculinidad. Los crímenes, las violaciones y toda la violencia familiar existente, es el precio que Satanás ha recibido por la credulidad masiva de esa doctrina de demonios.

(Santiago 4: 11)= Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez.

¿Esto significa que si yo sé que mi hermano es falso y finge y simula ser lo que no es para engañarme, yo debo quedarme callado? No es tan así. Lo que este texto te dice es que no debes convertirte en juez de alguien si no as sido ni llamado ni levantado para eso. Porque cuando juzgues, lo harás conforme a tus propios rudimentos. ¿Y quien te dijo a ti que tus rudimentos son exactos?

Por otra parte, de lo que aquí se trata, concretamente, es de murmuración, que es toda conversación que se realiza en perjuicio de alguien que se encuentra ausente. Es casi lo opuesto a confrontación, donde nos ponemos cara a cara con alguien para expresarle nuestro desacuerdo por algo que creemos, está haciendo indebidamente o mal.

En ambos casos podemos equivocarnos, de hecho que es así. Sin embargo, en la confrontación, el error se va a subsanar con las respuestas que se nos den y con la posibilidad de escuchar la defensa del otro y hasta la factibilidad de pedir disculpas si viene al caso. En la murmuración esto no es posible porque al estar ausente la otra persona, no le damos ni la menor ocasión de defensa, lo cual además de injusto, es perverso.

Esa es la gran equivocación que muchos de nosotros podemos haber padecido. Si tenemos en cuenta que lo que antes era la ley, ahora ha pasado a ser la palabra, nos encontramos con que una cosa es buscar la revelación del Espíritu para con ella y otra muy distinta pretender evaluarla según nuestra capacidad intelectual.

Lo primero, podrá ser considerado como estar haciendo a la palabra, ya que la suma de revelaciones que el espíritu Santo ha entregado ha posibilitado el crecimiento y la madurez del pueblo, pero otra muy distinta pretender que con una mente finita vamos a juzgar lo que ha sido creado por una mente infinita y eterna. La barbaridad total.

El segundo verso de nuestro texto base, nos sugiere desear como niños recién nacidos, esto es: sí o sí, la leche espiritual no adulterada. Esto nos está mostrando en primera medida, que puede existir leche espiritual adulterada.

¿Es que verdaderamente podrá ser falsificada la palabra de Dios? Porque indudablemente que es a esto que aquí se refiere Pedro. La respuesta es sí, puede ser falsificada la bendita palabra de Dios. ¿Y como es eso? Con una palabra que se le parece, pero que no emana de Dios y, por tanto, aunque suene muy cristiana y religiosa, ni bendice ni alimenta a nadie.

Este es un tiempo de muchísima leche espiritual adulterada. Las ovejas hambrientas deambulan de templo en templo, (Y dejaremos fuera de esta consideración a aquellas que tienen diferencias con sus líderes por diversos motivos), sin encontrar alimento genuino. ¿Por qué? Porque la palabra está adulterada, falsificada y pese a oír mensajes y más mensajes, cada día declinan más en su crecimiento.

La palabra adulterada informa, entretiene, por allí hasta impacta o emociona, pero no alimenta. Nadie será más maduro espiritualmente porque conozca al dedillo la geografía de los lugares que caminaron Pedro o Pablo. Tampoco porque sepa totalmente las leyes y fiestas judaicas. El creyente será maduro cuando reciba algo que viene de Dios vía Espíritu Santo, esto es: revelación.

Termina diciendo este verso 2 que mediante esa leche espiritual no adulterada, es que se crece para salvación. No me gustan las hipótesis y hasta las creo peligrosas, pero permítame invertir las cosas y preguntar: si la leche no adulterada ayuda a crecer para salvación, la que sí está adulterada y no produce madurez, ¿Hacia donde nos lleva?

Pero soy consciente que en muchas ocasiones esto no se produce por causa de la participación intelectual de la persona. Lo que viene de Dios le resulta tan simple que, infatuados con sus formaciones profesionales, muchos prefieren las complicaciones humanistas que suenan más distinguidas y aptas para gente seria.

(Marcos 10: 15)= De cierto de cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él.

Aquí está la base y la clave de la cosa. Dice que sólo los que sean como niños entrarán al reino de Dios. ¿Estamos hablando de inocencia, inconsciencia o inmadurez? No, en absoluto. Estamos hablando de franqueza, candidez, falta de malicia y esencialmente carencia de hipocresía.

¿Y adonde irá a entrar en ese reino? A ninguna parte. Toda la Biblia te dice que el reino de los cielos se ha acercado, y que tú lo único que debes hacer, es aceptarlo y recibirlo. Luego entenderás como son sus rudimentos y, finalmente, te podrás incorporar a él.

¿Puedes tú predicar del modo en que lo hacían Juan el Bautista o Jesús mismo? Ellos decían “arrepiéntanse; el reino de los cielos se ha acercado”. ¿Qué crees que ocurrirá si tú dices lo mismo en una esquina de tu ciudad?

Seguramente alguien se te acercará a preguntarte adonde está ese reino de los cielos que se ha acercado. ¿Qué vas a responderle? Piensa que hubieran respondido Juan y Jesús. Ellos hubieran dicho algo así como: “Yo soy parte de ese reino; yo lo represento”. Tú, ¿Estarás en condiciones de responder lo mismo?

Y una vez que con la mayor credulidad en la antigua palabra no adulterada por la ciencia humana haya sido aceptada por tu mente y tu corazón, ¿Qué harás para entrar a ese reino? Pues lo que estamos haciendo miles y miles en todo el planeta: anunciarle a nuestros hermanos que el evangelio de Jesucristo es algo más que ir a sentarse todos los domingos en el banco de un templo a cantar cinco canciones, oír dos anuncios, escuchar un sermón, darle la mano al pastor a la salida, dejar tus diezmos y ofrendas en la canasta y hasta el domingo que viene si Dios quiere a la misma hora…

(1 Corintios 3: 2)= Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía.

Hay congregaciones donde por años y años se ha estado distribuyendo leche y no viandas, que es comida sólida. Son creyentes sinceros, fieles y la mayoría genuinos, pero siempre han reaccionado como niños ante la revelación de algo diferente a lo aprendido en sus escuelitas dominicales.

Entonces sus líderes, quizás también llevados por una buena predisposición que les demanda no apresurarlos, no confundirlos, no fastidiarlos, han elegido seguir con la leche y no pasar a la papilla porque, – Dicen – así lo desean ellos.

Se olvidan de un elemento básico del crecimiento mamífero (Y el hombre también lo es). El bebé humano es incapaz de seleccionar su propia comida como suelen hacerlo algunos cachorros del reino animal. El bebé humano siempre comerá lo que le den.

Por eso es que Pablo, aquí, dice Os dí. No dice “me pedisteis” o “quisisteis”. Queda más que en evidencia que fue él quien decidió darles esa leche y no las viandas en razón de que su falta de crecimiento les imposibilitaba deglutir una comida más sustanciosa y sólida.

Hoy las iglesias, por una causa o la otra, andan todas en esta alternativa. Entonces están formando creyentes débiles, desnutridos e incapaces de sostenerse. Dependientes en grado sumo a sus pastores que les dan comida para recién nacidos cuando ya tienen edad de adultos.

Y allí es donde se manifiesta exactamente lo mismo que en la vida cotidiana y física. Un niño que toma leche, va a despertarse en mitad de la noche (Quizás hasta dos veces en una misma noche), para exigir con llanto un nuevo biberón. Un niño que come sólido, duerme toda la noche y no fastidia s sus padres con berridos de madrugada.

Observa nuestras congregaciones y reflexiona: ¿Qué es lo que puedes ver? ¿Estás viendo a cristianos que descansan todo el tiempo sin fastidiar a sus tutores porque están bien alimentados? ¿O quizás a personas que a cada momento buscan que alguien les ore, que alguien les hable, que alguien les ayude, que alguien les aconseje, en suma. Que alguien viva la vida en lugar de ellos? Solo piensa.

Y el verso 3 de 1 Pedro concluye la idea señalando que, todo esto es posible o probable, si es que hemos gustado de la benignidad del Señor. Con respecto a esta facultad del Señor, es mucho lo que se ha dicho y enseñado, y hay sectores que han llegado a suponer que Dios es una especie de osito de peluche al cual se puede acudir cuando necesitamos la ayuda de un fetiche o cábala.

No confundir los términos. Según cualquier buen diccionario secular, ser benigno es ser afable, benévolo, piadoso, templado, suave, apacible. Es apto todo este cúmulo de adjetivos para adjudicárselos a nuestro Dios, pero de ninguna manera alguno que sea sinónimo de ingenuo o tonto.

Hebreos 6:5, en alusión a este asunto de “gustar de Dios”, dice que se trata de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero. Una vez más, una propiedad de Dios está íntimamente relacionada con lo más valioso que el evangelio les otorga a sus hijos. La palabra genuina sin contaminaciones humanas, filosóficas ni científicas.

En los versos 4 y 5 podemos ver uno de los máximos fundamentos de nuestra fe, la roca viva, la piedra viva, la cabeza del ángulo y todas esas comparaciones que siempre hemos repetido de memoria y que muy pocas veces hemos escudriñado para saber de que se trata.

En una primera y muy somera lectura, podrían verse avalados aquí todos esos rituales sacrificiales que tantas religiones gustan de ejercer pretendiendo agradar a Dios con ello. Pero esto está ampliamente en sentido figurado y como tal debemos tomarlo.

Se nos dice que, acercándonos a Cristo, los creyentes nos convertimos en casas espirituales. A esto es importan te saberlo, para que en lo sucesivo, cuando la Biblia hable de “casas”, podamos entender que no siempre va a referirse a mampostería, concreto y edificación material.

Y agrega que, en condición de casas espirituales, accedemos de manera automática a la condición sacerdotal, aunque se nos demanda que ejerzamos un sacerdocio santo, esto es: consagrado, separado, dedicado a Él.

Y allí se añade, (Cuidado: jamás lo saques fuera del contexto o te equivocarás tanto como el catolicismo romano y también como muchos evangélicos legalistas) que en esa función de sacerdotes, estaremos habilitados para ofrecer, sacrificios espirituales.

Si partimos desde la base que un sacrificio es una ofrenda, ya deberemos descartar lo que en la antigüedad se consideraba como tal. Un sacrificio en el Antiguo Testamento, era equivalente a un holocausto de muerte, sangre y fuego. El sacerdote oficiaba en ellos.

Cuando a esto se lo lleva a lo espiritual, la ofrenda tendrá otra característica. Será propiciatorio a una consagración al reino de Dios y su excelencia. Será una donación efectuada sin esperar nada a cambio. Será una comunión con el Señor y una fuente de nueva gracia y fuerza.

Todo tiene que ver, ineludiblemente, con la lucha en contra del pecado. No habría necesidad de sacrificio si no existiera el pecado. Siempre se dice que el único sacrificio ya fue hecho, hablando de la cruz, pero se omite que morir a la carne para liberar el espíritu, también es ofrenda santa y, por ende, sacrificio espiritual.

(Hebreos 13: 15)= Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre.

Este es uno de los sacrificios más bíblicos y vigentes. ¿Estás feliz? ¿Todas tus cosas funcionan correctamente? ¿Tienes un noviazgo o un matrimonio tranquilo, sereno y feliz? ¿Tienes un trabajo donde ganas un salario digno que te permite vivir como lo habías soñado? ¿Estás espiritualmente pleno?

Si has respondido mentalmente que sí a todas estas hipotéticas preguntas, eres una persona que indudablemente está pasando por un inmejorable momento. Si hoy mismo llegas a una iglesia, tu alabanza se colgará de los techos y caminará por las paredes, sin duda. Pero no es ningún sacrificio, te sientes bien, estás contento y eres feliz.

Pero si nada te está saliendo como deseas, si tu noviazgo o tu matrimonio están en crisis, si eres uno de los tantos desempleados que hay en el planeta y no ves ni la menor posibilidad de darle un trozo de pan a tus hijos, cuando llegas a ese templo, las ganas que tienes de alabar son las mismas que puedo tener yo de viajar a Júpiter.

Si a pesar de ello haces un enorme esfuerzo en tu propia voluntad, asesinas a tu carne que te exige que insultes y reniegues de “tu” Dios y, de todos modos, te pones a alabar al señor con la mayor de tus fuerzas, entonces mi amado hermano o hermana, estás haciendo un genuino sacrificio de alabanza.

Ese es el fundamento “doméstico”. El formal, el teológico, nos explica que la palabra sacrificio es, en griego, la palabra THUSIA. Viene de la raíz THUO, verbo que significa “matar con un propósito”. La alabanza con frecuencia requiere que nosotros “matemos” nuestro orgullo, temor, dejadez o cualquier cosa que amenace disminuir o interferir con nuestra adoración al Señor.

Descubrimos también aquí el fundamento de toda nuestra alabanza: el sacrificio de nuestro señor Jesucristo. Es por Él, en Él y para Él que ofrecemos nuestro sacrificio de alabanza a Dios. La alabanza nunca será estorbada con éxito, siempre que la dirijamos hacia Él, el Autor y Consumador de nuestra salvación.

¡Su cruz, su sangre, su amor, que nos ha dado el don de la vida y el perdón de nuestros pecados, hacen que la alabanza que le tributamos constituya un sacrificio vivo! ¿Estará de más que vuelva a recordarte que alabanza no es, necesariamente, sinónimo de canción con ritmo? Digo, por si los fenómenos musicales cristianos han llegado a diluir los significados verdaderos.

(Filipenses 4: 18)= Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios.

¡Que tremenda expresión tiene Pablo! Dice que todo lo ha recibido, y que tiene abundancia. ¿Has prestado debida atención, alguna vez, a estas palabras del apóstol? Porque Pablo está hablando, permanentemente, en términos espirituales, no terrenales. Y es en ese contexto en que dice que ha recibido todo.

Yo he aprendido que, cuando en la Biblia leemos las palabras todo-nada-siempre-nunca, debemos interpretar sin necesidad de regímenes o leyes hermenéuticas, que estamos hablando en términos de eternidad. Porque en la tierra natural y materialista, ninguna de estas cuatro palabras tiene una traducción o significación correcta.

Por tanto, si Pablo asegura que lo ha recibido todo, ponle la firma que se trata de absolutamente todo lo que se podría aspirar a recibir. De allí que él hable de abundancia. ¿Sabemos nosotros lo que es vivir en abundancia? Mira; salvo honrosas excepciones que también forman parte del cuerpo de cristo y que podrían haber ingresado hoy, aquí y ahora a leer este trabajo, la gran mayoría de nosotros no conoce este término aplicado a su vida.

En cuanto a lo de piedras vivas, hay que consignar que todos nosotros, creyentes en Cristo Jesús somos llamados “piedras vivas” según la palabra de la Escritura. Entonces, cuando se trata de piedras materiales, sabemos que se procura colocar en los cimientos las piedras más sólidas y más resistentes para poder colocar luego encima todo el peso del edificio.

Las piedras que siguen, de calidad un poco inferior, se colocan lo más cercano de los fundamentos. Y así en lo sucesivo, según la resistencia de las piedras…hasta el tejado. Hay que comprender que esto se aplica de la misma manera a las piedras vivas, entre las cuales las hay que están en los cimientos de nuestro edificio espiritual.

Tú que lees esto, para preparar más activamente la construcción de este edificio, para ser una de las piedras más cercanas de los cimientos, tienes que saber que es Cristo mismo el cimiento de este edificio que describimos. No vale de nada el activismo eclesiástico si no hay en tu corazón esta intimidad con Cristo que estamos mostrando.

Luego reitera un texto que ahora reproduciremos íntegro, y que alude a un elemento de arquitectura como ejemplo práctico de edificación. El edificio simbólico al que aquí se alude, es en este caso la iglesia en su conjunto, el cuerpo de Cristo.

(Isaías 28: 15)= Por cuanto habéis dicho: pacto tenemos hecho con la muerte, e hicimos convenio con el Seol; cuando pase el turbión del azote, no llegará a nosotros, porque hemos puesto nuestro refugio en la mentira, y en la falsedad nos esconderemos; (16) por tanto, Jehová el Señor dice así: he aquí que yo he puesto en Sión por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable; el que creyere, no se apresure.

Pedro citó Isaías 28:16 para mostrar que la venida de Cristo a este mundo era el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento. Así que esta piedra angular es una persona. Los edificadores (los sacerdotes y maestros del judaísmo) rechazaron esta Piedra Por eso, ellos mismos fueron rechazados, con lo cual tuvo lugar la apertura del evangelio a los gentiles.

La piedra de esquina del amiento era una parte muy importante de los edificios antiguos. Jesús habló de la importancia de un fundamento firme. Cuando el albañil ponía la primera hilera de piedras buscaba cuatro piedras cuadradas y anchas, una para cada esquina donde se unían las paredes. También se ponía una piedra especial en cada esquina en la última fila de piedras de la pared. En ocasiones el albañil dejaba a un lado una piedra que después hallaba ideal para cerrar la fila.

La piedra angular era la primera que se ponía en una de las cuatro esquinas del edificio, en definición arquitectónica la piedra angular es la que hace esquina en un edificio, juntando y sosteniendo dos paredes) pero también es la última piedra que le da sentido y dirección definidas a la construcción. Así se le llamo a Jesús.

Visto desde nuestra perspectiva práctica, significa que como iglesia, como grupo, como cuerpo de Cristo o con el rótulo que sea, podemos hacer una y mil cosas citando a nuestro Señor Jesucristo, pero si concluida esa tarea, Él no encaja exactamente en lo hecho, la piedra del ángulo estará en el edificio equivocado. ¿Se entiende?

(Efesios 2: 19)= Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, (20) edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo.

Aquí lo tienes muy claro. Los apóstoles y profetas que aquí se mencionan deben distinguirse de aquellos a que se hace referencia en el capítulo 4 y verso 11. Aquí se está hablando de los apóstoles fundadores, mientras la otra referencia indica la misión de aquellos que ministran en la iglesia de Cristo en un sentido más general.

Lo digo porque no va a faltar alguno que piense que, si el fundamento del evangelio les pertenece a los apóstoles y profetas, hoy, con la proliferación que existe de estos supuestos ministros, muy bien se podría llegar a modificar todo lo escrito en la Biblia.

En nuestra Producción Especial titulada “Características Básicas de la Iglesia”, que no es sino un estudio más o menos ajustado del Libro de los Hechos de los Apóstoles, hay un capítulo entero dedicado a este tema específico. Si lo lees podrás ampliar lo que aquí estamos diciendo.

Parecer mentira que, luego de lo que aquí se lee, alguien se pudiera permitir el lujo de rechazarlo. Sin embargo es así, porque no se trata de una mera decisión orientada por la sabiduría intelectual de la gente, sino un asunto de neto contenido espiritual, que pasa por poder ver o por estar ciego.

Esto implica una actitud que indiscutiblemente deberás adoptar si es que no deseas ser de piedra de tropiezo para nadie. A quien no te escuche, o bien, escuchándote no te entienda, ni lo critiques, ni lo juzgues, simplemente evítalo: es un ciego espiritual, no un enemigo que deba ser eliminado.

Esto nos lleva al verso 7, que es el que nos aclara que para los que creen en Jesucristo, Él es precioso, tal como jaspe, oro o esmeralda. Pero para aquellos que no creen en su nombre, (Que los hay y muchos), la justicia llegará por otra vía que no es la de nuestra actitud personal.

(Salmo 118: 22)= La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo.

Esto, entre otras cosas, te está diciendo que tu rechazo, lejos de eliminar al evangelio, lo acrecienta. Y que un día no muy lejano, ese evangelio tocará a la puerta de tu corazón, se revelará como la piedra angular que calza exactamente en la edificación de la iglesia, y que tu rechazo inicial lo único que consiguió fue demorar lo inexorable.

En suma: Jesucristo es la piedra del ángulo porque Él, y la doctrina de su divina intervención salvadora en la historia humana, es el fundamento de nuestra fe, y porque Él es asimismo piedra de tropiezo, desechada por los edificadores incrédulos.

Dios lo hizo ser piedra del ángulo por su obediencia; y los creyentes somos piedras vivas en virtud de nuestra unión con cristo mediante la fe. Solamente podemos edificar un cuerpo sumando piedra sobre piedra. Y guardándonos muy bien de no colocar alguna deteriorada o falsa, ya que en ese caso la edificación podría resentirse y hasta derrumbarse.

Jesús daría una respuesta muy clara, posteriormente, a esos mismos fariseos, respecto a su divinidad y a su calidad de piedra del ángulo. Podemos verlo en uno de los relatos del evangelio de Mateo, el de la parábola de los inquilinos malvados.

(Mateo 21: 42)= Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos?

(43) Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él.

El rechazo y la muerte de Jesús fueron ordenados de lo alto y conducirán al triunfo y a la exaltación, como está profetizado. Al rechazar Jesús, ellos rechazaron el reino de Dios, que será dado a gente; término que se refiere a un nuevo pueblo (Judíos y gentiles), que produzca los frutos que Dios espera. Todo el que cayere en incredulidad será quebrantado sobre esa piedra, y todo el que trate de arrastrarla será hecho pedazos.

De paso podemos ver que aquella legendaria figura de las escuelitas dominicales, donde veíamos a un señor de camisón largo hasta los pies, sentado sobre los algodones de una nube, tocando un instrumento muy similar a la lira, como ejemplo gráfico de alguien muerto que se en encontraba en el reino de Dios, es falsa.

Ya ha sido enseñado y explicado cientos de veces en nuestros trabajos, pero bien vale la pena reiterarlo una vez más: el reino de Dios no es un sitio geográfico al cual vayamos al morir. El reino de Dios es un estado espiritual, una jurisdicción en el espíritu al cual accedemos cuando hacemos la voluntad de Dios. No tiene nada que ver con la salvación, que es por gracia. La entrada al reino conlleva el pagar un precio, que en este caso, es obediencia y cumplimiento de la voluntad de Dios.

El incrédulo niega que lo hecho por Jesús en la cruz tenga que ver consigo, y por lo tanto ni cree ni quiere creer. El tibio sí cree en ese sacrificio global y redentor, pero no puede creer que eso le otorgue un poder y una capacidad extra para trabajar con victoria para el reino. El primero, pierde su eternidad. El segundo, pierde bendiciones y victorias aquí y ahora.

(Isaías 8: 14)= Entonces él será por santuario; pero a las dos casas de Israel, por piedra par tropezar, y por tropezadero para caer, y por lazo y por red al morador de Jerusalén.

¿Qué es una piedra de tropiezo? ¿Por qué la encontramos junto a la piedra angular de la edificación? Porque son la misma cosa. ¿La misma cosa’? ¿Cómo puede ser la misma cosa una piedra de bendición y otra de maldición?

Hay una constante en el evangelio. El agua que se llevó a todos los impíos, fue la misma agua que salvó a Noé que estaba adentro del arca con toda su familia. El fuego que destruyó a Sodoma y Gomorra, fue el mismo que salvó a Lot y sus hijos. La cruz que era un elemento de maldición, fue transformada por Jesús en bendición.

Una piedra de tropiezo es cualquier cosa que constituye un obstáculo para nuestra fidelidad al Señor y a su doctrina y por lo tanto nos hace tropezar o caer en el sentido espiritual. La ley prohibía poner tropiezo delante del ciego, y el amor al hermano nos impide ser tropiezo para otros.

La alianza con los pueblos idólatras sería tropiezo para el pueblo de Dios, el cual se vería tentado a servir a los dioses falsos. Cristo llamó a Pedro tropiezo por haberle insinuado éste al Señor que no muriera en la cruz. Los cristianos no debemos ser tropiezo para nadie.

(1 Corintios 1: 22)= Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura.

¡Y pensar que nosotros, llevados por nuestra mundana necesidad de caerle simpáticos a la sociedad en la cual nos movemos, hemos pretendido demostrarles a los incrédulos que creer en Jesucristo no es ninguna locura, sino un acto coherente y racional! ¿Nadie leyó esto?

¿Nadie ha entendido que ser un creyente genuino, no nominal o hipócrita, es tener en la evaluación de racionalidad, un concepto que está apenas un milímetro por encima de la locura? Aquí es donde se hace real aquello de no venir a este mundo a agradar al hombre, sino a Dios.

Y aquí es donde nos encontramos con el verso 9. El fructífero, variado y riquísimo verso 9. Porque si lo lees una y otra vez, vas a poder hallarle, en cada lectura, algo más para extraer, aceptar, asumir, poner por obra y aprovechar a favor del reino y tuyo.

Lo primero que Pedro nos dice en él, es que somos: linaje escogido. Obviamente, nuestra pregunta, entonces, será: ¿Qué es un linaje? Y nos encontramos en cualquier buen diccionario, con estas acepciones que nos ilustran la categoría que Pedro, de parte de Dios, nos otorga.

Linaje es la ascendencia o descendencia de cualquier familia. También la clase o condición de una cosa. Y, asimismo, todos los vecinos nobles reconocidos por tales e incorporados en el cuerpo de la nobleza. Es evidente, entonces, que tener linaje es ser parte de una familia real.

¿Tienen linaje los hijos de un rey? Naturalmente que lo tienen. Su categoría de príncipes se los otorga largamente. Todo lo que tenga que ver con un reino, a partir de su figura máxima, tendrá un linaje que lo distingue, lo rotula y lo incorpora como parte activa.

Escogido, en este texto, es la palabra griega EKLEKTOS. Podemos compararla con “ecléctico” y proviene de EK, que significa “fuera de” y LEGO, que se traduce como “recoger”, “juntar”. La palabra, entonces, designa a alguien que ha sido seleccionado para prestar un servicio o recibir un privilegio especial.

Describe a Cristo como el Mesías escogido Dios, a los ángeles como mensajeros del cielo, y a los creyentes como receptores del favor de Dios. El Nuevo Testamento identifica a la gracia de Dios como la fuente de la elección.

Esto nos muestra con total claridad que no se trata de que se nos haya escogido de una manera casual o circunstancial, tal como podríamos suponer si nos dejáramos llevar por la forma en que nosotros utilizamos a esta palabra.

Tampoco hemos sido escogidos por decantación, que es increíblemente la teoría de muchos autodenominados cristianos. No fuimos escogidos porque Israel lo rechazó, fuimos escogidos por poseer linaje. ¿Y cual podría ser nuestro único linaje? El ser hijos del Rey. ¿Es poco?

Luego Pedro nos dice que somos real sacerdocio. Real, significa en su traducción más llana, algo que tiene existencia verdadera y efectiva. También es algo perteneciente o relativo al rey o a la realeza.

Realeza, mientras tanto, implica dignidad o soberanía real. Magnificencia, grandiosidad propia de un rey. Conjunto de familias reales. Quiero que vayas sumando todas estas cosas y anotándolas en alguna agenda que luego puedas tener muy a mano.

Sacerdocio, en tanto, tiene que ver directamente con la dignidad y estado de sacerdote. Con el ejercicio y el ministerio propio del sacerdote. Y con la consagración activa y celosa al desempeño de una profesión o ministerio elevado y noble.

Deberemos recalar, entonces, en una extensa, prolija y puntillosa explicación de lo que era, es y puede ser un sacerdote. Porque estoy convencido que mayoritariamente, sólo se lo relaciona con las jerarquías dignatarias del catolicismo romano, y no es así. La historia sacerdotal merece ser conocida y estudiada, entre otras cosas, para saber que cosa significa que tú y yo seamos un real sacerdocio.

Las responsabilidades sacerdotales en todas las sociedades, son básicamente dos: la ejecución de los ritos religiosos y la comunión con la deidad. El sacerdote cuida del santuario y comunica las decisiones divinas. Representa al pueblo delante de Dios y a Dios delante de pueblo.

Esto no significa templo, rito, jerarquía y desigualdad. Eso es nicolaíta. Esto significa tener intimidad personal con nuestro Dios, ser mensajero de SUS palabras, (No las nuestras), y representar a Dios como miembro de su Reino en nuestra conducta y testimonio, así como también representar a ese pueblo, (Incluso incrédulo) delante de Dios a la hora de pedir, clamar o interceder por ellos, se lo merezcan o no. Eso es un sacerdote moderno.

Los estudiosos del Antiguo Testamento reconocen ahora que el sistema ritual de la religión de Israel comparte con los pueblos vecinos varias prácticas que antes se consideraban exclusivamente hebreas.

Hay semejanzas notables con otros pueblos en la forma exterior de los ritos, pero esto no solamente no destruye el aspecto singular de la fe hebrea, sino tampoco disminuye la importancia de esta fe como vehículo de la revelación divina.

El sacerdocio en sus inicios respondió a las necesidades más profundas del corazón humano y, posteriormente, en la misión de la iglesia, proveyó un punto de contacto con las religiones no bíblicas. Es considerable todo esto, pero no tiene absolutamente nada que ver con lo que dios le demanda a sus reales sacerdotes de este tiempo.

Primero veamos el desarrollo del sacerdocio en Israel, más concretamente, en el período patriarcal. Aunque el sacerdocio es el más antiguo de los oficios sagrados de Israel, el conocimiento de su historia es limitado.

En cuanto al aspecto ritual, el jefe del clan era el llamado a construir un altar, levantar un pilar o plantar un árbol para señalar el lugar de una manifestación sagrada, como también a efectuar el oficio del sacrificio.

Sin embargo, aún en tiempos patriarcales no se desconocía la necesidad de utilizar a una persona especialmente dotada para consultar a Dios. Rebeca debió haber recibido el oráculo en cuanto a sus hijos por métodos sacerdotales.

El cuadro bíblico de la vida religiosa de Israel durante este período nos revela un sistema muy desarrollado. Los altares, numerosos pero sencillos, reflejaban las exigencias de la vida nómada. Recuerda esto porque luego volveré sobre el tema muy puntualmente: el altar, era el lugar del sacrificio.

Quiero que tengas en mente, por un momento, algunas similitudes entre este antiquísimo sistema con el actual de ciertas iglesias nuestras. Un clan, esto es: una familia total y absolutamente “ungida”. Un jefe de ese clan, cuyas resoluciones son irrebatibles e irrevocables y un grupo de personas aguardando que este jefe reciba algo de parte de Dios para pasárselos a ellos. ¿Has visto, últimamente, algo así? Yo lo he visto. No muy lejos de mi casa.

Corresponde analizar ahora el período postpatriarcal. Desde Moisés el sacerdocio experimentó un gran desarrollo. Ya no era sólo el jefe patriarcal quien desempeñaba el papel sacerdotal, sino ciertas personas encargadas expresamente de un oficio hereditario, la familia levita de Aarón, y en vez de ofrecer sacrificios sobre varios altares se disponía de un santuario ambulante que por su santidad exigía un cuidado especial.

La jerarquía levítica abarcaba al sumo sacerdote (Aarón, Eleazar, etc.), distinguido por un ungimiento especial y vestimenta singular, a los sacerdotes encargados del culto y a los levitas encargados de los deberes del culto comunes.

Aunque al principio el sacerdocio no se limitaba a la tribu de Leví, el relato de Micaza sugiere que el sacerdocio levítico era preferido. Es posible que otras personas no levíticas se incorporaran al sacerdocio levítico, tal como se lo ve en el texto de Deuteronomio 33:8-9.

Las relaciones entre Dios y su pueblo dependían en gran parte del oficio sacerdotal. Era el sacerdote quien comunicaba la palabra de Dios y aseguraba la precisión ritual en los actos de adoración. Sólo el sacerdote podía manipular el Urim y Tumim, y dar dirección en momentos de crisis, sobre todo con relación a la guerra santa.

Como guardador de las revelaciones pasadas y las experiencias del pueblo, el sacerdote era capaz de enseñar al pueblo la ley, distinguir entre lo limpio y lo inmundo, pronunciar con precisión las fórmulas de bendición y maldición, y hacer las decisiones finales con respecto a ciertas enfermedades y problemas físicos.

Las responsabilidades sacerdotales aumentaron cuando menguó la participación del laico en las ceremonias. El sacerdote esparcía la sangre, quemaba el sacrificio y participaba en la comida sagrada. Fíjate que ellos ya echaban mano a una doctrina que luego Dios mismo iba a aborrecer.

El mantenimiento de los sacerdotes dependía de las ofrendas del pueblo (¡¡Igualito que ahora!!), las primicias del campo y los rebaños, de cierta parte de los sacrificios, del pan de la proposición, y de una porción de los diezmos. (¡¡Ohhh!!)

A pesar de la importancia del sacerdocio en Israel, durante el culto el sacerdote tenía ciertos límites desconocidos por otros pueblos. La prohibición de las imágenes no permitía la manipulación humana de la deidad (…), pues, según el concepto arcaico, una representación compartía la esencia de la realidad cósmica o terrenal que representara.

Moisés, en clara y absoluta oposición a los cultos de la fertilidad muy utilizados en aquellos tiempos, tampoco permitió la construcción de altares hechos de piedras labradas. No es nuevo que el hombre pretenda ir más allá de lo que dios mismo haya manifestado cuando se trata del culto a su honor.

Después nos encontramos con el sacerdocio en el período monárquico. Al terminar el período de los jueces, en Israel había dos familias sacerdotales de origen levita: la de Dan y la de Silo, más tarde de Nob.

Saúl, en un momento de locura, mandó matar a todos los sacerdotes de Nob menos a Abiatar, quien escapó y se refugió con los proscritos de David en el desierto. Al establecerse en Jerusalén la capital del imperio, Abiatar compartió con Sadoc el sumo sacerdocio de Israel.

Con la división del reino, Joroboam”hizo sacerdotes de entre el pueblo que no eran los hijos de Leví”. Había, sin embargo, muchos levitas en el Reino del Norte y la mayoría e los sacerdotes debían haber sido de ellos. Desde la conquista, los levitas habían habitado ciertas ciudades esparcidas por todo el territorio de las tribus hebreas.

Algunos de los reyes ejercían, (O por lo menos auspiciaban), funciones sacerdotales, aunque Saúl fue rechazado por haberlo hecho. Acaz ofreció sacrificios sobre el altar pagano que mandó construir en Jerusalén como gesto de sumisión al rey de Asiria.

El rey Uzías, no obstante, y como para clarificar de qué es de lo que se está hablando, se volvió leproso por haber tratado de ejecutar funciones sacerdotales, señal del poder creciente de los sacerdotes. ¡Que enorme cosa sería si hoy les ocurriera lo mismo a quienes todavía pretenden usurpar sitios para los cuales no han recibido llamado divino!

Bajo el rey Josías el sacerdocio rural de la familia de Abiatar, desterrada en el tiempo de Salomón, sufrió una crisis debida a la reforma. Ya no les era permitido sacrificar fuera de Jerusalén y, por la limitación impuesta por los sacerdotes de la familia de Sadoc, perdieron su fuente de ingresos.

La clausura de los santuarios locales, (También denominados como “los lugares altos”), en un esfuerzo por erradicar el sincretismo religioso, (Sincretismo es mezclar lo santo con lo pagano en un mismo nivel doctrinal) probablemente provocó la secularización de la vida hebrea e impulsó el desarrollo de la sinagoga.

El sacerdocio durante el cautiverio. A pesar de la destrucción del templo en el año 586 antes de Cristo, y el destierro de las personas más hábiles, el culto sacerdotal continuó en el sitio del santuario destruido, aunque no sin el peligro del sincretismo.

Con el surgimiento de la sinagoga, (Observa que no fue algo que dios inventara ni impusiera como muchos creen y proclaman); y sin rechazar al sacerdocio, el judaísmo desarrolló una expresión religiosa capaz de sobrevivir el destierro y la destrucción del templo.

También hubo un sacerdocio activo en la restauración. Una vez que Ciro les permitió volver a Palestina, los judíos que regresaron a Jerusalén establecieron el culto tradicional. Como no había rey en Jerusalén los sacerdotes asumieron funciones políticas, especialmente después del fracaso relacionad con la coronación de Zorobabel.

Los profetas atribuían la destrucción de Jerusalén y el sufrimiento de Israel a la rebelión contra la ley de Yahveh. En parte por esta interpretación la ley llegó a ser céntrica para el judaísmo. Los judíos dispersos, (A los cuales le escribe Pedro su carta), que rara vez llegarían al templo ya reedificado, podían estudiar la ley.

He aquí que entonces surge allí una nueva clase de maestros, los que fueron llamados “escribas” o “doctores de la ley”, y que no eran sacerdotes. El sacerdote se limitaba cada vez más a las tareas ceremoniales y se convertía en un funcionario eclesiástico del poder político.

El sacerdocio en el Nuevo Testamento tiene características muy diferentes. Para comprender la teología neotestamentaria del sacerdocio es necesario entender antes la relación del sacerdote hebreo con el pacto.

Como pueblo de Dios, Israel era idealmente un reino de sacerdotes. Para guardar el pacto, la conservación de la santidad era fundamental. El sacerdote velaba por la santidad de la nación. Representaba vicariamente a la nación delante de Dios, pues ella por sí misma era incapaz de ser santa.

Los levitas, se aceptaban como substitutos por los primogénitos pertenecientes a Yahveh. Los hijos de Aarón representaban a la nación delante del altar y el sumo sacerdote llevaba los nombres de las doce tribus cuando entraba en el santuario para hacer expiación en el lugar santísimo.

En el Nuevo Testamento Cristo se presenta como el cumplimiento del sistema sacerdotal del Antiguo Testamento y el mediador del nuevo pacto. Él efectúa un sacrificio eternamente eficaz que permite al creyente tener acceso directo a Dios.

Quiero que te detengas un momento en tu lectura de neta información y hagas la siguiente reflexión a la que luego regresaremos: ¿Por qué nuestros pastores siguen actuando como sacerdotes mediadores entre la membresía de sus iglesias y dios, siendo que éste dijo que TODO su pueblo sería un pueblo de reyes y sacerdotes, y TODOS ministros competentes?

Quiero que entiendas debidamente y sin ninguna clase de animosidades personales, grupales, sectoriales o sectarias, que en esta mentira, aceptada y enseñada como verdad bíblica casi absoluta, está la clave de la decadencia corrupta que hemos estado viendo y viviendo en los últimos veinte años.

Siguiendo con el detalle, digamos que los cristianos primitivos se opusieron, como los judíos, al sacerdocio pagano. La oposición al sacerdocio judío provocó la persecución de Jesús y sus discípulos por parte de los saduceos, el partido sacerdotal.

Jesús, sin embargo, nunca repudió la institución sacerdotal. Envió a los sanados a los sacerdotes para el cumplimiento de los ritos de la purificación. Algunos sacerdotes hebreos se convirtieron y fueron agregados a la iglesia primitiva.

En la teología cristiana, si es que con tanta frialdad podemos aceptar que se la llame así, Cristo es el cumplimiento del sistema sacerdotal por haber dado su vida “en rescate por muchos”. Su obra sacerdotal se subraya en todas partes del Nuevo Testamento.

Esto es documental. Extractado de algunos diccionarios bíblicos de reconocida validez. Análisis desprovistos de posiciones doctrinales, pero con la natural frialdad que implica hacerlo desde el plano intelectual y sistemático, no teniendo en cuenta lo que no puede tocarse o verse, tal como es el caso nada menos que del Espíritu Santo.

Lo cierto es que, pese a sus contradicciones más que manifiestas a la hora de poner en práctica todo lo que hemos mencionado, estos documentos también hacen alusión a lo que ellos denominan como el sacerdocio universal de los creyentes.

La doctrina del sacerdocio de los creyentes comprende la verdadera meta del sacerdocio bíblico, la responsabilidad de cada uno por los demás. El creyente se identifica con Cristo y con el pecador, siendo “un Cristo para el prójimo”.

Ya no es un solo hombre o una clase de hombres los llamados a mantener la santidad representativa delante de Dios por el pueblo pecador no santificado. El Nuevo Testamento exige que cada creyente sea santo y, a la vez, responsable por su hermano creyente o no creyente.

La iglesia como el cuerpo de Cristo comparte el sacerdocio con Jesucristo, y es responsable delante de Dios por el mundo. En algunos textos bíblicos específicos del Nuevo Testamento se señalan algunos “sacrificios” espirituales del sacerdocio neotestamentario.

Cabe notar que el Nuevo Testamento jamás usa el título de sacerdote para el ministro de la iglesia. Esta costumbre, aunque empezó temprano en la historia de la iglesia, carece de base, puesto que todo creyente es sacerdote.

Hasta aquí lo que dicen los diccionarios bíblicos al respecto. Descarto lo meramente informativo por considerarlo bueno para ampliar los panoramas del conocimiento, pero no puedo dejar pasar algunos pormenores que se deslizan de manera muy llamativa, esencialmente en este último bloque destinado al sacerdocio de los creyentes.

¿Te diste cuenta que todo el comentario está apuntado a cargarle responsabilidades a la gente del común, a la que se le habrá de exigir santidad y cuidado por sus hermanos, pero no se hace ninguna mención a los supuestos líderes que con menos base que el sacerdocio ejercen su potestad para con toda la congregación?

Después nos dirá que somos una nación santa. ¿Y que es una nación? En principio y en lo más literal que encontramos, es el conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo gobierno. Esto, naturalmente, incluye al territorio de ese país.

Sin embargo, en lo que nos concierne de modo directo, la acepción que más nos encaja es la que dice que se trata del conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común.

Me he permitido enfatizar lo que a mi entender tiene total y absoluta validez hoy con relación a esta calificación de Pedro. ¿Tenemos un mismo origen? Indudablemente que, si realmente somos nacidos de nuevo, sí lo tenemos. Máxime cuando el término nacimiento deriva, precisamente, de la palabra madre: nación.

¿Hablamos un mismo idioma? Es más que obvio que no. Algunos me podrán decir que no importa, que las grandes naciones que son potencias indudables tampoco lo hacen, ya que están plagadas de dialectos o idiomas tribales regionales.

Puedo estar de acuerdo con este hallazgo de la excusa, pero tengo un solo problema para aceptarlo de pleno: estamos hablando de una nación que le pertenece a Dios, ni más ni menos. Entonces ya no se trata de una nación cualquiera, sino como Pedro mismo lo señala: una nación santa.

¿Recuerdas los conceptos sobre la santidad? Apartados, consagrados, dedicados, entregados, elegidos, levantados. Todo eso somos como nación santa. ¿Por qué? Lo dirá a continuación, cuando le agregue que somos un pueblo adquirido por Dios.

Quien suponga que Dios se presentó en una oficina, pidió precio, firmó un cheque y se llevó al hombre, no entendió nada. El diccionario secular nos dice que adquirir significa hacer propio un derecho o cosa que a nadie pertenece, o se transmite a título lucrativo u oneroso, o por prescripción.

Tú conoces la historia y no es necesario que yo la reitere. Dios compró a este pueblo en un valor incalculable. Lo pagó nada menos que con la sangre de su único hijo, Cristo, encarnado en la humanidad de Jesús, el nacido de María, quien lo concibió del Espíritu Santo siendo virgen.

¿Y para que Dios haría un negocio de estas características? ¿Para que, Dios compraría por semejante precio, a un hombre que en líneas generales y globales mayoritarias, no sólo no parece considerar eso, sino que incluso se permite no creerlo ni estimarlo?

Dice Pedro que fue para que ese pueblo se encargue de anunciar las virtudes de Él mismo. Esto es: hemos sido comprados y muy bien pagados, para cumplir con un solo trabajo. Nada de consejería pastoral, nada de sanidad interior, nada de teología abstracta. Sólo anunciar SU nombre.

Ahora borra de tus ojos el enojo para con ese mundo incrédulo, impío y pecador que, no sólo no le sirve a su dueño legítimo para lo que Él deseaba sino que incluso ni siquiera quiere saber nada con Él y vamos al que sería su verdadero pueblo: la iglesia.

¿Estamos haciendo la tarea para la cual hemos sido comprados y pagados nada menos que con la sangre del unigénito de Dios? No estoy metiéndote culpa, tampoco acusando a los líderes. Estoy haciendo una reflexión que nos incluye a todos.

(Deuteronomio 10: 15)= Solamente de tus padres se agradó Jehová para amarlos, y escogió su descendencia después de ellos, a vosotros, de entre todos los pueblos, como en este día.

Ya lo anticipó Moisés, como puedes verlo. Y no se trata de adivinanzas, desde luego, sino de declaraciones proféticas. Como toda declaración en fe, se cumplirían con el girar de los tiempos y las sazones, para la gloria de Dios el Padre en Cristo Jesús y su sacrificio en la cruz.

(Hechos 26: 16)= Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, par ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti, (17) librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, (18) par que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.

Quiero que entiendas algo muy preciso: este texto que acabas de leer, forma parte del segundo relato de Pablo respecto a su conversión. Y lo más llamativo del caso, es que estas promesas que Dios le está haciendo, no aparecen en los otros relatos de su conversión.

Jesús le está prometiendo su protección personal a Pablo, nada menos. Eso es exactamente lo que le dice en el verso 17. Y eso va a cumplirse tal como ha sido dicho. El libro de los Hechos termina con un Pablo que sale indemne frente a los judíos y predicando libremente el evangelio en Roma.

¡Claro! Tú lees esto y te dices como para ti mismo: ¡Que gracia! ¡Mira lo que viene a decirme este tío! ¡¡Es Pablo el que está allí, no un cualquiera!! ¿Ah, sí, eh? ¿Entonces tú te crees que estas promesas han sido sólo para Pablo por la entidad jerárquica y espiritual que éste tenía?

Si de verdad creíste eso, no has leído la Biblia tal como debe ser leída: entendiéndola y no aceptando cualquier invento humano que se le adose sólo porque resulta más cómodo. Porque Dios dice, desde el principio de todos los principios, que Él no hace acepción de personas.

Acepción es lisa y llanamente la acción de favorecer o inclinarse a unas personas más que a otras por algún motivo o afecto particular, sin atender al mérito o a la razón. Oye: la Biblia dice en más de un sitio que Dios jamás hizo, hace ni hará eso.

¿Entonces? Entonces quedaremos en que esto que tú acabas de leer, fue escrito tomando palabras de Jesús para ti. ¿Pero, no era Pablo? Era Pablo, en efecto, en la historia literal. Pero como para dios no hay mejores, ni peores, ni distintos ni menos distintos, lo que fue dicho a Pablo es absolutamente válido para… (Y aquí, si has impreso este material, puedes colocarle tu nombre y apellido, aceptarlo por fe y declararlo como cumplido en el ámbito del espíritu con espera de verlo en lo natural a corto plazo.)

Estas son algunas de esas cosas donde un verdadero hijo de Dios, fiel, sincero, íntegro y genuino, no podrá menos que dar un brinco y gritar a todo pulmón ¡¡¡Amén!!! Al menos, una vez lo habrá hecho sin que nadie lo manipule y sabiendo lo que decía.

En conclusión: los redimidos que adoran son considerados un sacerdocio “real”. Este pasaje se apoya en el llamamiento de Dios al antiguo Israel, pero Pedro y Juan aplican esta verdad a los creyentes del Nuevo Testamento.

Así como sucedió con Israel, la liberación por medio de la Sangre del Cordero es sólo el comienzo. Según la promesa, su autoridad y destino se realizarán mientras cumplen con su deber sacerdotal.

La autoridad verdadera siempre se la relaciona con un andar por sendas de pureza y la perseverancia en la adoración. El espíritu de adoración es esencial para todo avance del reino. Exactamente igual a como el antiguo Israel sólo pudo tomar posesión de la tierra prometida combatiendo por establecer el legítimo culto del señor, así también sucederá con la iglesia contemporánea.

Experimentaremos el poder prometido para la obra evangelística, y las victorias espirituales, únicamente si damos prioridad a nuestra adoración del Dios viviente y crecemos en ella. De esta manera, el poder del reino se mantiene alabando humildemente delante del Rey, y testificando con gozo de sus prodigios.

Asimismo, también hay referencia en este pequeño pero riquísimo texto a lo que podríamos denominar como la senda de la alabanza. Porque este versículo no solamente habla de alabanza, sino que también representa una revelación básica de la Biblia: Dios quiere un pueblo que camine con Él en oración, marche con Él en alabanza, le dé gracias y le adore.

Nota la progresión en la descripción que Pedro hace del pueblo del Nuevo Pacto. Linaje escogido: un pueblo que empezó con la selección que hizo Jesús de los doce, quienes llegaron a ser ciento veinte, y a los que fueron añadidos miles en el Pentecostés. Somos parte de esta generación que crece constantemente, escogidos cuando recibimos a Cristo.

Somos real sacerdocio. Bajo el Antiguo Pacto, el sacerdocio y la realeza estaban separados. Nosotros somos ahora, en la persona de nuestro Señor, “reyes y sacerdotes para Dios”, una hueste que adora y un sacerdocio real, gente preparada para caminar con Él a plena luz, o para pelear junto a Él contra las huestes de las tinieblas.

Somos una nación santa, compuesta de judíos y gentiles, de toda nación bajo el cielo. Somos un pueblo adquirido por Dios, su gente escogida. La intención de Dios, desde el tiempo de Abraham, ha sido escoger a un pueblo para enviarlo con una misión especial; la de proclamar su alabanza y propagar su bendición a lo largo y ancho de la tierra.

(Oseas 1: 9)= Y dijo Dios: Ponle por nombre Lo-ammi, porque vosotros no sois mi pueblo, ni yo seré vuestro Dios.

(10) Con todo, será el número de los hijos de Israel como la arena del mar, que no se puede medir ni contar. Y en el lugar en donde les fue dicho: Vosotros no sois pueblo mío, les será dicho: Sois hijos del Dios viviente.

Cuando les dice que le pongan por nombre Lo-ammi, les está diciendo prácticamente lo mismo que luego veremos, ya que ese nombre significa precisamente “no mi pueblo”, e indica el fin de la relación.

Una relación que, si lees con atención el resto cercano del libro de Oseas, verás que ya venía signada. En el verso 4, Dios habla de Jezreel, que significa Juicio. Luego en el verso 6, habla de Lo-ruhama, que se traduce como Tolerancia Pasiva, y termina en lo dicho: Lo-ammi, esto es: Ninguna Relación.

Pedro, ya has visto, lo consigna en este texto de su carta cuando aclara que en otro tiempo no eran pueblo pero que ahora sí lo son, para agregar que, necesariamente, así como cuando no eran pueblo no gozaban de la misericordia de Dios, ahora la han alcanzado.

(008) Viviendo Delante de la Palabra

(1 Pedro 2: 11)= Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, (12) manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras.

Pedro dice que les ruega (Recuerda que les habla a los de la dispersión) como a extranjeros y peregrinos. La palabra extranjero, ra. (Del francés estrangier). Alude a alguien que es o viene de un país de otra soberanía. También al natural de una nación con respecto a los naturales de cualquier otra. Al habitante de toda nación que no es la propia.

Es indudable que, pese a estar habitando en una tierra natural y literal determinada (Mi caso es la República Argentina) no somos conciudadanos de sus habitantes más que en lo conceptual, documental y legal. En lo espiritual, somos extranjeros, porque pertenecemos a otra soberanía.

En cuanto a peregrino, na. (Del latín peregrīnus).Es lo dicho de una persona: Que anda por tierras extrañas. Que por devoción o por voto va a visitar un santuario. Que pasa de un lugar a otro. Que procede de un país extraño. Extraño, especial, raro o pocas veces visto. Adornado de singular hermosura, perfección o excelencia. Que está en esta vida mortal de paso para la eterna.

Es decir que queda absolutamente en claro que Pedro le está hablando a un pueblo especial, escogido, nación santa, linaje singular, extranjero en la tierra literal donde viva y peregrino, ya que está solamente de paso, apenas por espacio de ochenta o noventa años terrenales promedio, la nada comparada con la eternidad.

A ellos, o a nosotros, que somos extranjeros y peregrinos en esta tierra en la que habitamos donde quiera que documentalmente nos haya tocado nacer, se nos dice, (Y no como sugerencia opcional, sino con entidad de mandamiento), que nos abstengamos de los deseos carnales.

Quiero recordarte que abstenerse, no es dejar fluir alguna clase de poder sobrenatural frenando con su poder divino algo que deseábamos hacer. Abstenerse es tomar una firme decisión de no volver a hacer algo que hacíamos normalmente.

Por tanto, a todos aquellos que todavía oran pidiéndole a Dios que les saque de encima alguna clase de vicio, hábito, perversión o enamoramiento sentimental indebido, habrá que decirles que están perdiendo su tiempo. Es una decisión que cada uno debe tomar por su cuenta.

¿Pero Dios no hará nada al respecto? ¡Claro que lo hará! Pero después, seguidamente, a continuación de tu decisión. Va a respaldarla en contra de cualquier alternativa contraria que el enemigo pretenda infiltrar. Pero lo primero es tu decisión sincera, luego su potencia y su poder.

Pero se nos dice más: se nos aclara que esos deseos de los cuales se nos manda abstenernos, batallan contra nuestra alma. ¿Por qué? Porque nuestra alma desea someterse al espíritu, que en el caso de los creyentes, seguramente está lleno del Espíritu Santo de Dios, y estos deseos no se lo permiten con libertad y debe batallar.

Ahora bien: ¿Se está hablando de sexo? ¿Se está hablando de alcohol, de tabaco, de drogas? Si tú quieres agregarlo, hazlo porque no te equivocarás, pero en lo esencial no está hablando de eso. Hay deseos que no tienen barniz pecaminoso pero que sin embargo significan pecado.

Porque pecado, te recuerdo, es la traducción de una palabra que implica el concepto de “errar el blanco” un arquero con su dardo. Y todo creyente que de libre curso a un deseo que no proviene de Dios, está errando al blanco. Cree volar hacia el centro cuando en realidad ni siquiera acertará al cartón.

Si un ministro ungido, de buen mensaje, con dones del Espíritu capaces de dejar boquiabiertos a los más acostumbrados a los milagros, de pronto ve la posibilidad de enriquecerse percibiendo altísimos honorarios por cada presentación en iglesias, campañas o congresos, también está errando el blanco.

(Romanos 12: 1)= Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.

Pablo comienza este capítulo diciendo “así que”. Y nosotros, que nos hemos acostumbrado a leer sin pensar o repetir consignas como papagayos santos, ni perdemos un segundo en indagar qué significa esto de “así que”, que es como decir “A consecuencia de”, o “por causa de”.

Muy bien: a la luz del gran plan de salvación que Pablo ha bosquejado irreprochablemente en los primeros once capítulos de esta carta a los Romanos, y particularmente de todas las misericordias o beneficios que esto trae al cristianismo, responderemos como corresponde. Esto quiere decir.

Por eso habla del sacrificio vivo. Como los cristianos, (Tanto judíos como gentiles), son el nuevo pueblo de Dios, el “Nuevo Israel”, ¿No debemos ofrecer sacrificios a Dios como lo hacían los judíos del Antiguo Testamento?

Deja de lado las supuestas religiones que se llaman cristianas a sí mismas que lo hacen y piensa que sí, que debemos hacerlos, pero no aquellos sacrificios de animales en el templo de Jerusalén, sino que el mayor sacrificio será el de ofrecer nuestros cuerpos (Esto es: todo lo que somos) como “sacrificio vivo”, cada día, a Dios.

En cuanto a la expresión que se utiliza a continuación, ha dado origen indudablemente a diversas interpretaciones, conforme a las necesidades y hasta conveniencias, si se quiere, de las distintas áreas de la religión cristiana que aspiran a representarse mediante rituales varios llamados “cultos”.

Lo cierto es que la palabra griega que se traduce como culto se usa para referirse a las ceremonias del templo judío, tanto en Romanos 9:4 como en Hebreos 9:1 y 6. Mientras tanto, la palabra traducida como racional puede significar “perteneciente a la razón”.

Como tal sugiere que una respuesta racional a las misericordias de Dios sería entregarnos en un acto de adoración. La palabra puede ser también entendida como “espiritual”, (En ese sentido es que se utiliza en nuestro texto de 1 Pedro 2: 2).

De esa manera, nuestro acto de consagración constituye una forma suprema de servicio religioso: física, porque nuestros cuerpos están presentes en el acto de adoración; racional, en la medida que nuestra mente es receptiva a su verdad; emocional, cuando sus misericordias son percibidas y despiertan nuestra sensibilidad a la amabilidad de su amor; y espiritual, al ser todo eso el fruto de su Espíritu, que nos revive y renueva.

Ahora ya tienes elementos para contarle a tus hermanos que prefieren oír lo que alguien les enseña en lugar de obedecer el mandato de escudriñar la Palabra, que ese culto al cual asisten cada domingo, en realidad no es tal, sino una reunión de personas conforme al respeto a las reglas y estatutos de la doctrina que ese grupo haya elegido profesar con respecto a Dios.

¿Verdad que dicho así suena muy poco espiritual? Sin embargo lo es, porque Dios armó al hombre y le colocó una mente para que él la usara razonando. Ese acto lo cataloga como un ser racional. Y adorar a dios es un acto racional.

¡¡Pero hermano!! Si usted me habla de razonar y luego leemos Hebreos 11:1 que es la síntesis de lo que significa la fe, me pregunto y le pregunto: ¿Cómo razonaremos la certeza de lo que esperamos y la convicción de lo que no vemos?

Dicho así, obviamente que no se puede tomar a lo espiritual como racional. Pero sucede que no le hace al plan de Dios la forma en que el hombre lo determine. Lo que es irracional es pretender evaluar lo que emana de la mente infinita de Dios, mediante el análisis de la mente finita de un hombre.

(Salmo 39: 12)= Oye mi oración, oh Jehová, y escucha mi clamor. No calles ante mis lágrimas; porque forastero soy para ti, y advenedizo, como todos mis padres.

La palabra forastero, que el salmista utiliza aquí, viene del catalán foraster y quiere decir.: Que es o viene de fuera del lugar, es lo dicho de una persona que vive o está en un lugar de donde no es vecina y donde no ha nacido. En suma: un extraño o ajeno.

¿A qué le encuentras similitud? Así es. Con algunas diferencias mínimas, la palabra forastero está muy cercana y casi emparentada con extranjero. Es verdad que gramaticalmente significan cosas distintas, pero la esencia es casi la misma. Son personas ajenas al medio. Del mismo país o de otro, pero ajenas.

Entonces entendamos: el salmista le está diciendo a Dios que es alguien que proviene de otro lugar desconocido y opuesto, quizás, a Él. Y como para reafirmar lo expuesto, le agrega una palabra no demasiado usada en el idioma español: advenedizo.

Advenedizo, dice el diccionario, es un extranjero o forastero, que no es natural u originario del lugar. También se dice de una persona que, siendo de origen humilde y habiendo reunido cierta fortuna, pretende figurar entre gentes de más alta condición social.

Creo que ya no puede quedarte confuso en absoluto el dicho del salmista. Un dicho que, si te pones a pensar un poco, quizás logre identificarte en algún punto determinado. Porque, ¿Quién de nosotros no se ha sentido alguna vez tan inmerecedor de la gracia de Dios que ha terminado pensando que era un extranjero, un forastero o un advenedizo en el reino de Dios?

No obstante, en la interpretación casi literal de este texto, se nos enseña algo que no está tan apartado de la realidad. Se dice que ser un forastero o un advenedizo depende aquí totalmente de la hospitalidad y provisión que se reciba de Dios en la tierra que a Él le pertenece.

(Gálatas 5: 16)= Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.

Convengamos algo que es casi moneda corriente. La libertad puede degenerar en libertinaje, pero el Espíritu Santo nos capacita para vencer los deseos de la carne, cuando nos sometemos permanentemente a su poder y dominio.

Lo primero que Pablo le dice a los Gálatas, es lo primero que el apóstol le diría hoy a cualquiera de nosotros: Andad en el Espíritu. ¿Y que cosa significa andar en el Espíritu? Porque hay mucha gente que dice cumplirlo cuando, en realidad, lo único que hace es caminar como por sobre nubes, con los ojos entrecerrados, como en un permanente éxtasis y…¡¡Equivocándose a cada paso!!

Es más que evidente, aunque externamente se vea muy “santo”, que eso no es andar en el Espíritu. Yo creo, particularmente, que lo primero que deberíamos estudiar al respecto, es el dignificado del verbo andar, aunque creamos conocerlo sobradamente.

Es un término que se refiere a un ser animado y que comprende el ir de un lugar a otro dando pasos. Ahora veamos: salvo cuando lo necesitas para un fin muy específico, ¿Hacia donde das pasos tú? Exactamente: hacia delante. Jamás andarás hacia atrás largamente. Tenlo en cuenta.

También implica moverse una persona para ejecutar sus funciones. Esto también da para una pequeña profundización. No puedes andar, y mucho menos en el Espíritu, si no cumples determinadas funciones previstas.

Otra de las acepciones indica el tomar parte, ocuparse o entretenerse en algo. Por este motivo es que hay muchos, hoy, a lo largo y ancho del planeta, adentro de sendas iglesias, que creyendo andar en el Espíritu, lo que en realidad están haciendo es tomar parte, ocuparse o entretenerse en activismos que nada tienen que ver con el Espíritu Santo.

También tiene que ver con perseguir insistentemente algo. Como ejemplo, algo que habrás oído: ”Anda tras un premio literarioMuy bien; puedes tomar este concepto y hacerlo tuyo. Para andar en el Espíritu, es menester perseguirlo y desearlo insistentemente.

Ahora creo que lo tienes un poco más claro. No necesitas mucho más para abandonar cualquier postura pasiva, de gurú oriental meditando mudo e inmóvil, y comenzar a moverte en dirección al objetivo que dios ha trazado. Eso es andar en el Espíritu. Que, obviamente, es lo contrario a andar en la carne, satisfaciendo todos sus deseos.

Cuidado aquí: nadie puede andar alegremente enseñando que todos los deseos de la carne son pecaminosos. Tener sed, por ejemplo, es síntoma de necesitar hidratarnos. Y la necesidad de beber, es un deseo de la carne, que en este caso no es pecaminoso. Ahora; si lo que deseas bebe r e4s alcohol hasta emborracharte, entonces lo sano pasa a ser enfermo y lo puro, pecaminoso.

(Santiago 4: 1)= ¿De donde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?

En amplio y franco contraste con la sabiduría celestial que produce normalmente una atmósfera de infinita paz, en la cual crecerá la semilla de la justicia, la sabiduría terrenal da lugar permanentemente a una lucha interpersonal. La causa reside en una naturaleza conflictiva y egoísta.

Cuando en cualquier congregación que conozcas, entonces, observas que dos o más pequeños líderes se pelean duramente por ocupar un determinado espacio de poder que el líder principal ha puesto en juego, indiscutiblemente está actuando la carne. Dios jamás levantaría ministros bajo estas perspectivas.

El día que la iglesia, como institución orgánica estructurada, entienda que del mismo modo que resulta imposible frenar a alguien a quien Dios mismo ha levantado, también lo es el pretender imponerle a Dios a alguien para un sitio de conducción, ese día, la iglesia habrá entendido a Dios.

Mientras tanto, Dios queda a un lado para dejar lugar a las batallas dirimidas entre las distintas fracciones que la política religiosa prepara para tales fines. Esto finaliza, generalmente, con una persona ascendiendo a un cargo o posición de poder en la organización, aunque mayoritariamente, esa misma persona pueda no tener ninguna clase de ascendencia en el mundo del espíritu.

No hay ninguna otra razón, que no sea la de nuestra propia carnalidad almática, que nos pueda llevar a entrar en una verdadera guerra sin cuartel entre nosotros mismos. Dios jamás admitiría eso. Aunque muchas de sus iglesias lo toman como cosa corriente y normal dentro de sus actividades internas. Dios nos creó para complementarnos, no para competir.

El consejo de Pedro es que sepamos vivir bien entre los gentiles con los que a diario compartimos nuestra vida social. Y esto no es ocurrente, sino concurrente. No son pocos los hermanitos que, entre llevarse bien con todos los de su iglesia y horrible con la gente del mundo entre la que estudia, trabaja o simplemente habita, no vacilan en elegir lo primero.

¿Qué es lo que consiguen? En principio, no necesariamente un buen testimonio interno, ya que como el árbol se conoce por sus frutos, a coto o mediano plazo su verdadera condición saldrá a la luz y todo el mundo podrá verla.

Pero consiguen algo más: que el mundo, en su tan particular estilo práctico de ver las cosas, entienda que nuestros comportamientos n se compatibilizan con nuestras prédicas, por lo que no dudará en calificarnos de hipócritas religiosos, un rótulo que nos duele, nos molesta y nos indigna. Pero también un rótulo que en la mayoría de los casos, el pueblo evangélico se ha ganado con abundantes motivos.

Eso es lo mismo que cuando nos acusan de ser una “secta”. ¡Como nos enoja ese calificativo! Claro, si creemos que estamos siendo vistos y comparados con Jim Jones, el suicida de Guyana o el líder de los Niños de Dios, claro que nuestro enojo tendrá sobradas razones.

Sin embargo, la palabra secta es, en su traducción más completa, la palabra opinión. Y aquí es donde nos encontramos con un grave inconveniente. Porque si la iglesia evangélica en su conjunto, primero, y luego sus distintas denominaciones a continuación, se han formado a partir de la opinión que sobre determinada porción bíblica han tenido sus líderes o teólogos, entonces no será descabellado que todos los grupos y subgrupos cristianos levantados aquí y allá puedan tener sin que exista exageraciones

(Filipenses 2: 14)= Haced todo sin murmuraciones y contiendas, (15) para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo;

Aquí tienes, si deseas conservarlo siempre delante de tu vista, una síntesis casi perfecta de lo que Dios desea sea su iglesia futura. A Dios no le impactan los bulliciosos cultos o reuniones, el oropel de la danza o los estandartes y ni siquiera la elocuencia de los grandes y prestigiosos predicadores.

Dios siempre tuvo en su mente que su iglesia, esto es: ese grupo disgregado por todo el planeta de hombres y mujeres que verdaderamente creen en Él y no juegan a la religión en el marco de distintos ritos, debería ser un modelo donde el mundo pudiera mirarse.

Al igual que los cuerpos celestiales brillan en la oscuridad de la noche y en la inmensidad del universo, así también las vidas de los verdaderos cristianos deben brillar en medio de las tinieblas morales de un mundo desesperado para que alguien le traiga soluciones prácticas.

Para el mundo incrédulo, – Recuerda esto – esa predicación que el domingo te impactó, te sacudió en tu banca y por poco te desploma frente a la plataforma, no significa absolutamente nada. A menos que el Espíritu Santo se mueva y produzca convicción de pecado, eso que tú oyes con arrobado deleite, para ellos es un mero discurso religioso.

Entonces es el tiempo donde la iglesia, como tal, (Esto es: cámara de representantes del reino de Dios en la tierra), deberá salir de sus moldes tradicionales facilistas, sistemáticos y costumbristas e ingresar definitivamente en aquello para lo cual fue creada: ser sal y luz para los insípidos y ciegos.

Aquí, Pablo les está dando a los Filipenses, algunas condiciones que esa iglesia deberá tener si es que desea ser lo que Dios quiere que sea. Y fíjate que lo que les dice no es, en absoluto, nada nuevo ni para ti ni para ningún cristiano del planeta.

Sin embargo, así como no es nuevo lo que Pablo dice, también hay que reconocer que muy pocas veces o ninguna ha sido cabalmente cumplimentado. Por una causa, por otra, con esta o aquella excusa, pero no ha sido cumplido. El mundo ha sido testigo de esto y, por esa razón, sigue dispuesto a creer en Dios, pero no quiere saber más nada con lo que se llama iglesia.

Entiende esto: hacer algo sin murmuraciones, no significa callarse ante la ignominia o el pecado. Tampoco implica establecer la defensa de un líder aunque todo nos indique que ese hombre se ha corrompido. Y mucho menos justificarlo y ocultar sus actos, ya que eso tiene un nombre: iniquidad.

Murmurar es el acto de hablar entre dientes, manifestando queja o disgusto por algo. Es decir: no decir lo que se tenga que decir abiertamente, sino solapadamente, en oculto. Es hacer lo posible para que los demás sepan algo sin correr el riesgo de que se sepa quien lo dice.

Concretamente, se trata de conversar con determinadas personas algo en perjuicio de un ausente, censurando sus acciones, pero al mismo tiempo procurando no ser descubierto como aquel que ha comentado el asunto. ¿Recuerdas el viejo refrán de: “arrojar la piedra y esconder la mano”? Eso.

Pablo les dice a los hermanos de Filipos que Dios no quiere gente pasiva que se deje abusar por nadie, sino gente que llegado el caso, confronte cara a cara a quien esté extraviado, sin ingresar en la antigua práctica cobarde de hablar en lo oculto y luego callar en lo público.

Cuando Jesús decía que los fariseos eran unos sepulcros blanqueados y una generación de víboras, ¿Acaso estaba murmurando en contra de ellos? De ninguna manera. Jesús se los dijo mirándolos a los ojos. Y ellos no pudieron responderle nada ni defenderse porque sabían que lo que Él les decía era absoluta verdad.

Dentro de las organizaciones cristianas, está mejor mirado aquel que murmura a espaldas de sus líderes o hermanos, que quien se planta frente a ellos y les dice en el rostro lo que estima o considera que está mal. Lo primero se disimula dentro del marco de la política religiosa. Lo segundo recibe el rótulo de rebeldía.

Muy bien: Pablo les anticipa a los Filipenses lo que hoy ya estamos viendo a lo largo y ancho del planeta y que forma parte activa y dinámica de lo que será la genuina iglesia del Señor en los próximos diez años: gente transparente, hablando sin temores y dejando de lado toda murmuración o calumnia mal intencionada y traicionera.

Esto también deja muy en claro la figura del verdadero Jesús de Nazaret, ese hombre al que solamente a los demonios les encanta mostrarlo con su rostro sangriento y expresión de sufrimiento, determinando que la gente llegue a llamarlo “el pobre Jesusito”…

¿Pobre? Si hoy existieran en el planeta diez hombres de la integridad, la masculinidad y la rectitud de Jesús, las obras del diablo ya se habrían derrumbado definitivamente. Pero lamentablemente, lo que mayoritariamente sigue habiendo, son murmuradores, gente que habla cosas tremendas de personas ausentes, pero que cuando se encuentran cara a cara con ellas, no tienen ni la menor valentía como para reiterarlas. No parece haberse escrito en esa misma Biblia que todos hemos leído, aquellas palabras contundentes que dicen que el Reino de Dios no es para los cobardes…

(Mateo 5: 16)= Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

¿Dice aquí que debemos mostrar esas buenas obras para que los demás nos envidien y entiendan que espiritualmente somos mejores cristianos que ellos? No. No dice eso en modo alguno. Si lo dijera, Dios mismo se estaría contradiciendo en su palabra.

¿Dice aquí que esas buenas obras consisten en darle de comer a los pobres en comedores comunitarios o realizar donativos a entidades de bien público? No. No dice eso en absoluto. Quizás lo incluya, pero como parte de una conducta generosa y transparente.

Lo que la religión considera como buenas obras, son aquellas que hacen que la iglesia, como institución, resulte simpática y bienvenida a la opinión pública. Las buenas obras, según Dios, son las que brotan de un corazón íntegro, recto, honesto y sincero.

¡Está bien, hermano! ¡Es casi la misma cosa! ¿Cómo? ¿Qué es lo mismo? Quizás en alguna ocasión, pero créeme que no siempre. Si fuera como tú dices, la Cruz Roja estaría llena de gente salva. Y que yo sepa, aunque habrá salvos sin dudas entre ellos, no lo serán todos por causa del trabajo de bien público que realizan.

¿Cuál es la diferencia? En verdad, una sola, pero muy importante. Casi capital, te diría. Quienes hacen buenas obras conforme a la voluntad de Dios, sólo buscan agradarle a Él y no piensan en nada más que eso.

Quienes las hacen conforme a las rutinas humanas porque la iglesia tiene la obligación social de hacerlas, piensan demasiado en la sociedad que los rodea, en los hombres que lideran la institución y en su propio prestigio personal. Nada que ver una cosa con otra…

(009) ¿Debo Someterme a un Gobierno Secular?

Sobre el tema de la sumisión, hay mucho más entendido, reglamentado y enseñado, que en realidad escrito. En algunos casos, se ha soslayado a la palabra, y en otros, sencillamente, se ha elaborado una verdadera doctrina a partir no ya de un versículo, sino de una frase.

Una vez más valdrá la pena reiterar este concepto: no podemos fabricar doctrinas de un versículo bíblico porque, cuando esto fue escrito, eso no se llamaba versículo, sino que era una frase o una oración en medio del contexto de un escrito o una carta.

(1 Pedro 2: 13)= Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea del rey, como a superior, (14) ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien.

(15) Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos; (16) como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios.

(17) Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey.

Lo que primero deberemos considerar si es que deseamos entender lo que verdaderamente se dice aquí y no lo que nos puede parecer que dice, es el significado de la palabra sumisión. Presenta más de una acepción, y hay que tener mucho cuidado de adoptar la que corresponde y no otra paralela.

La sumisión es el sometimiento de alguien a otra u otras personas. Lo sabemos, pero: ¿Qué clase de sometimiento? El mismo diccionario lo amplía: sometimiento del juicio de alguien al de otra persona. Es decir que lo que tu gobernante dictamine, tú debes acatarlo, ya que de otro modo resultaría subversión o rebelión.

¿Esto quiere decir que si un gobierno dicta una ley que resulta pecaminosa y va en contra de la palabra de Dios, nosotros debemos acatarla? Ahora vamos a recorrer el texto base para que puedas ver que no es precisamente así, pese a que esto fue escrito durante el reinado de Nerón, que no fue precisamente alguien que amara a los cristianos.

Porque te está aclarando debidamente que esa sumisión se estará dando en un marco social y legal donde, ese gobierno estará dictaminando leyes que procuren castigar a los malhechores y alabar a los que hacen el bien.

Pero si lo que estamos viviendo, (Y no te quepan dudas que eso está sucediendo en muchos, quizás demasiados lugares del planeta donde habitan creyentes) es lo inverso, esto es: un gobierno que alaba y protege a los malhechores (O lo son ellos mismos) y castiga u oprime a los que hacen el bien, esto invierte lo que se dice y, como consecuencia. también invierte el mandamiento ordenado.

(Romanos 13: 1)= Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.

Pablo no está sugiriendo, – Obviamente -, que Dios pueda aprobar a un gobierno corrupto, a funcionarios que no le tienen en cuenta o a alguna clase de legislación injusta. Algunas veces, sin embargo, en castigo por los pecados de la gente, o por otras razones que sólo Dios conoce, el señor permite que gobernantes malvados detenten el poder por un tiempo, como los profetas de Israel testificaron frecuentemente.

En teoría, Dios concede autoridad para servir a fines elevados. Como se ejerce esa autoridad, le será requerido a quienes la hayan recibido. Con esto te estoy diciendo que Dios pone, por ejemplo, el sillón de mando de un presidente, pero al hombre que va a sentarse allí lo eliges tú o lo coloca Satanás si tú evades o no participas de esa responsabilidad.

Te lo he querido explicar bien, porque todavía hay mucha gente que se ha molestado sinceramente con Dios hasta el grado de apartarse de todo lugar donde se menciona su nombre, por el simple hecho de no entender por qué razón Dios permitió la existencia, el poder y la autoridad de un Hitler. Sería extenso de explicárselos, pero mucho me temo que no me entenderían. Cuando tenemos los ojos solamente enfocados en lo natural, nos cuesta horrores entender a un Dios sobrenatural.

Imagínate que no podríamos hacer encajar dentro de lo que es la infalible e inapelable justicia de Dios su sostén o protección para con la autoridad déspota de un tirano sanguinario, como los tantos que han existido en el mundo. Está bien: no encaja porque no corresponde. Está bien claro.

La pregunta que, entonces, siempre se descuelga aquí en este punto, es: ¿Debo aplicar la misma consideración de conceptos para con el gobierno eclesiástico? Si me hablas de la iglesia del señor, genuina y sin templos determinados, te digo que no. Si me hablas de la iglesia institucional cualquiera sea su denominación, te digo que sí. Es leve la diferencia, pero existe.

Bajo estos rudimentos, en más de una oportunidad alguien se ha preguntado, (Y seguramente le ha preguntado a alguien con jerarquía eclesiástica), si es factible que un cristiano se inscriba en las Fuerzas Armadas como soldado voluntario u oficial rentado o en la Policía.

Debo decirte que las respuestas habrán de ser variadas conforme a la sabiduría, interpretación y hasta línea doctrinaria denominacional de quien la responda. Lo cierto es que, dependiendo solamente de lo que dice la Biblia al respecto, podemos coincidir en algunos puntos.

Pablo nos muestra, con bastante claridad si vemos sus escritos desde un ángulo no humanístico sino espiritual, que si esas autoridades cumplen justicieramente con sus atribuciones, pasan a ser legítimos servidores de Dios, ya que contienen el mal.

El policía, como servidor de Dios, provee un bien esencial a la sociedad. Mientras haya pecadores harán falta policías. En tanto los hombres y mujeres no se sometan a la justicia de Dios, será necesario utilizar cierta fuerza para impedir los asesinatos, las violaciones, los secuestros y los robos que sufren casi siempre víctimas inocentes.

No será algo inapropiado, entonces, que un cristiano forme parte de los cuerpos armados, ya sean la policía o las fuerzas armadas. Hay que mantener la ley y el orden, porque nadie está a salvo en medio de una anarquía.

Hay quienes, por causa de creencias religiosas sinceras, sienten que nunca podrían matar a otro ser humano, aún en una guerra. La sociedad debe respetar los puntos de vista de estas personas, pero la Biblia no obliga a los cristianos a convertirse en objetores de conciencia.

Un alumno que tuve en un tiempo en la escuela bíblica de una congregación y que tenía una excelente relación con el Señor, ingresó a trabajar en la policía de mi ciudad. Tuvo que dejar su trabajo antes que le ocurriera algo peor, ya que se estaba granjeando grandes enemigos por causa de resistirse a formar parte de “negociados” con distintas áreas de la delincuencia que, esa área de la fuerza de seguridad evidenciaba.

Esto es algo que en cualquier parte del planeta se habla a la vuelta de cualquier esquina, pero jamás llega a hacerse público y mucho menos denunciarse legalmente, porque no hay pruebas. Y todos sabemos que la ley humana actúa por pruebas y no por expresiones externas.

¿Recuerdas aquellas primeras y antiguas películas sobre el narcotráfico, cuando el héroe investigaba prolija e inteligentemente, y cuando consideraba que tenía a todos los culpables, iba a denunciarlos al jefe de la policía y allí nos dábamos cuenta que él era el verdadero jefe? Muy bien; hoy es cada vez menos ficción y más realidad. Es mucho el dinero en juego, y el hombre sin Dios, es cautivo de cualquiera de estas tentaciones fuertes.

Eso por un lado, y por el otro, ¿Hasta que punto deberíamos, los cristianos, obedecer a un gobierno secular? Lo pregunto de otra manera: ¿Podemos los creyentes, llegado el caso puntual, y por alguna causa que lo justifique, desobedecer a un gobierno civil?

Mira; cuando un gobierno de cualquier nación del planeta, priva a la gente de su derecho a adorar y obedecer a Dios libremente, pierde el mandato o la autoridad recibida de Dios. Entonces la desobediencia de uno o más cristianos, delante del Señor, estaría totalmente justificada, aunque esa misma ley humana pueda llegar a castigarlo duramente.

Referentes notables del cristianismo han creído que, cuando un gobierno comenzaba a transformarse en una tiranía, los ciudadanos tenían no sólo el derecho, sino también el deber de rebelarse contra él.

Sin embargo, el cristiano está llamado a sufrir su gobierno secular todo lo posible. Jesús nunca llamó a la revolución contra Roma, aunque estos eran crueles conquistadores que oprimían a Israel. Por otro lado, los apóstoles rehusaron cumplir una orden de no predicar ni enseñar en el nombre de Jesús.

Siempre que un gobierno civil nos prohíba poner en práctica aquello que Dios nos ha mandado a hacer, o nos inste a hacer cosas que Dios nos ha prohibido, está justificada nuestra desobediencia. La obediencia ciega a un gobierno nunca es correcta. No obstante lo difícil o costoso que pueda ser, debemos reservarnos el derecho de decir no a las cosas que consideramos opresivas o inmorales.

Este pequeño análisis, creo que ha sido más que suficiente para que tomes conocimiento y claridad con respecto a las demás sumisiones que se proclaman, difunden y promocionan en la iglesia: la sumisión al pastor y la sumisión de la esposa al esposo. En todos los casos será sujeción a autoridad, sujeta a autoridad.

(Romanos 13: 3)= Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer a la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella.; (4) Porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo.

Creo que está decididamente claro. Cuando los funcionarios gubernamentales utilizan la fuerza para reprimir o castigar al mal, no están actuando equivocadamente. Todo lo contrario, son servidores de Dios y están haciendo bien.

Algunos estudiosos piensan que el hecho de que Dios autorice al gobierno como su siervo a utilizar la fuerza, hasta el punto de privar a alguien de su vida, no contradice e mandamiento: “No matarás”.

La palabra usada en ese mandamiento se refiere al asesinato criminal y no incluye el procedimiento judicial por el cual alguien pierde la vida, ni se refiere a matar en la guerra, acciones que se expresan con otras palabras en el antiguo Testamento.

Indudablemente, para alguien poco avisado, lo que termino de decirte parecería ser una tesis o postura frente a la pena de muerte como castigo a ciertos delitos, pero no lo es. No estoy aquí para elaborar leyes basadas en la escritura ni para dictaminar juicios de valor sobre vida o muerte de otros. Estoy aquí para leer la Biblia y permitir que el Espíritu Santo de Dios revele la calidad de su contenido.

Cuando tú te limitas a leer la Biblia con la total y absoluta libertad que goza aquel que está en Cristo, tú no necesitas establecer posiciones con respecto al aborto, la pena de muerte, la clonación humana, la donación de órganos o el divorcio.

Tú tienes la posición de Dios limpia, sin contaminaciones supuestamente doctrinarias o tradicionales humanas Eso es libertad. ¡Pero es que yo estoy en Cristo y no experimento eso! Entonces tú no estás en Cristo, estás en la religión cristiana evangélica. ¿Es que no es lo mismo? En algunos lugares, lamentablemente, seguro que no.

Y Pedro va a decirte, luego, que debes tener muy presente que, la voluntad de Dios, en un amplio marco de vida de creyente auténtico, es que hagas el bien, para de ese modo hacer callar la ignorancia de los hombres insensatos.

Insensatez, conforme a los rudimentos gramaticales conocidos, es alguien con necedad, falta de sentido o de razón. También se rotula así a un dicho o un hecho insensato. Dentro del ámbito espiritual es pretender imponerle cosas a Dios o suponer que se sabe más que Él.

Ignorancia, aunque se la utilice así, no es una palabra peyorativa o apta para la agresión o el insulto. El verbo ignorar es, sencillamente, desconocer algo, no contar con determinada información sobre determinado asunto.

Esto deja más que en evidencia, entonces, que ignorar algo puede proporcionarnos algún inconveniente, como es obvio, pero de ninguna manera podrá ser un eje alrededor del cual pueda girar la conclusión de nuestra conducta o personalidad.

Tú eres un profesional, por ejemplo, en medicina. Vives en un país de Europa y allí posees un alto prestigio dentro de lo que es el círculo médico en general. Todos los días acuden a ti centenares de pacientes de todo el mundo, prestos a ser sanados por la eminencia médica que eres. Tú no eres un ignorante, sin dudas.

Sin embargo, un día me encuentras a mí, que apenas llegué a los grados secundarios de la escuela básica, bebiendo por una bombilla un líquido determinado de un cuenco vegetal. Te quedas mirándome y toda tu sabiduría médica no te alcanza para saber que, como buen argentino, estoy bebiendo el mate. Tú eres ignorante en este asunto.

Al día siguiente, tú concurres a un salón de pintura donde expondrá un amigo. Jamás has tenido tiempo ni deseos de plantarte frente a una pintura y apreciar o no lo que ella contenga. Entonces tú le preguntas a tu amigo el significado de cada cuadro, de cada obra. Porque en ese terreno, tú eres un ignorante. Y no has dejado de ser la eminencia médica internacional a la que nadie se atrevería llamar ignorante.

¿Entiendes lo que quiero significar? Si a eso le sumas la insensatez, obtendrás como resultado a un hombre que ignora todo lo relacionado con el mundo del espíritu y, encima, tiene connotaciones de su personalidad que lo llevan a despreciarlo, menoscabarlo o ridiculizarlo, aún sin conocerlo. Eso también es ignorancia.

¿Que debemos hacer los creyentes con esta gente? La iglesia institucional, organizada y estructural, seguramente te enviará con tratados e invitaciones a que procures que esa persona, algún día, venga y se siente en uno de nuestros bancos a oír el mensaje y, con fortuna, quizás acepte a Jesucristo y pase a ser uno de los nuestros.

¿Está bien? Está muy bien. Pero muy bien intencionado, no conforme a la escritura. Porque la Palabra, (Aquí a través de Pedro), te dice que para que ese hombre insensato deje de ser ignorante, será suficiente con que tú hagas el bien.

¿Y qué será hacer el bien, acaso donar ropa, medicamentos o comida a las naciones pobres? Esa es una parte que es consecuencia de la otra. No es la prioridad, sino la Cruz Roja Internacional sería la mejor evangelizadora del planeta.

Hacer el bien es, esencialmente, vivir tranquilamente, en tu casa, en tu trabajo, en tu escuela o donde sea, una vida sin espectacularidades, sin simulaciones ni hipocresías, donde quien quiera que se acerque pueda comprobar por sí mismo que no eres falso ni artista, sino buena persona.

Entonces, a medida que vaya observándote, más querrá parecerse a ti. Porque verá tu paz, tu tranquilidad ante las crisis, tu capacidad para amar a los demás, tu paciencia, tu gozo y tu certeza de que nada malo habrá de ocurrirte. Y querrá ser como tú. Y entonces, recién allí, tú le presentarás al autor de tu vida, para que él también pueda cambiar la suya. ¿Técnica evangelística? Espíritu Santo. Convicción. Arrepentimiento. Perdón. Milagro. Conversión.

¡Es que…hermano…la verdad, no se ve mucho de eso, todavía… – Es cierto, no se ve demasiado esto en el pueblo del Señor. Por eso mismo es que todavía no somos más que vencedores, sin mancha y sin arruga.

¿Pero es que realmente se puede vivir así? – ¡Sí que se puede! ¿Por qué no habría de poderse? – ¡Es que es tan difícil! ¡Somos tan imperfectos! – De acuerdo. Pero si tú sigues hablando del viejo hombre y yo del regenerado y renacido, no nos pondremos de acuerdo jamás.

El hombre renacido en Cristo Jesús sí que puede vivir así. Es más: no que “puede” DEBE vivir así. Porque eso es la iglesia, no un templo donde la gente va los domingos a cargar las pilas, a tranquilizar sus conciencias o a marcar la única diferencia que tiene con el mundo.

…A mí me enseñaron que yo no puedo cambiar ni un milímetro mi manera de ser… Es verdad. Tú no puedes cambiar un milímetro tu manera de ser. Pro eso no significa que aceptes esa manera de ser aunque te lleve de cabeza al pecado. Eso implica que se la debes entregar al Señor por completo. ¡Él sí la puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos!

(Tito 2: 7)= …presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad, (8) palabra sana e irreprochable, de modo que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo que decir de vosotros.

Nos han enseñado que el Hades no prevalece contra la iglesia, y es bíblicamente cierto. Lo que no han terminado de enseñarnos bien, es a definir qué cosa es el Hades, que cosa es nuestra propia carnalidad y, esencialmente, qué cosa es la iglesia y qué cosa es Babilonia.

Porque sigue siendo exactamente veraz que el Hades, (Esto es: Satanás y todos sus espíritus inmundos prestos a servirle), no prevalece contra la iglesia. Pero habrá que consignar que, para que esto se vea reflejado en la realidad, esa iglesia, tal como se dice aquí, deberá enseñar con condiciones muy singulares.

Deberá mostrar integridad y seriedad, algo que no siempre hemos visto en nuestros ambientes, tan dados a utilizar el doble mensaje, el mensaje por elevación por temor a confrontar con los que están errados y no menos irresponsabilidad. Eso abre puertas al enemigo.

Pero por si pareciera poco esto, le agrega que deberemos enseñar palabra sana e irreprochable. ¿Se refiere a nuestro hablar? Quizás lo incluya, pero a lo que se refiere, es a la Palabra de Dios que se está enseñando.

¿Entonces tendremos que entender que si Pablo le habla a Tito de palabra sana como condición de enseñanza, es porque existe una palabra insana? Existe. Bien intencionada y quizás sincera a la hora de elaborarla, pero insana desde el punto de vista del propósito y la voluntad de Dios. Porque todo lo que el hombre diga fuera de lo que Dios haya dicho o dejado como principios, pertenecen a la sabiduría humana. Y la sabiduría humana es insana en su esencia. Seguimos abriendo puertas.

Porque el agregado a esta sanidad, es el término irreprochable, que es ausencia de motivacio0nes para el reproche. Y si el reproche es una reconvención o un llamado de atención para con algo que no está bien, allí completamos el cuadro.

El único modo en que alguien podría reprocharte la palabra que tú enseñes, es si esa palabra no concuerda con los postulados, principios o revelaciones que la Biblia tiene en su seno. Esto significa que, lo único que tú no puedes hacer con la palabra, es impostarla, modificarla o adaptarla a tus ideas, opiniones, necesidades o conveniencias sectoriales o personales.

Es con todos estos elementos que el enemigo se siente avergonzado, ya que la palabra auténtica lo confronta y lo expone. Entonces lo menos que puede hacer es retirarse incapaz de producir críticas o acusaciones contra los santos. ¿Se está viendo eso, hoy? Si no se está viendo, atención: podemos estar enseñando una palabra que no es sana y sí reprochable.

Seguidamente, en el verso 16, Pedro dice que a todas estas cosas las podemos hacer gozando de lo que es nuestra total y absoluta libertad. A mí me gusta, cuando recalamos en esta interesante palabra, hacer una pregunta masiva a todo aquel que en este momento lee este trabajo: ¿Eres libre? ¿Te sientes total y absolutamente libre? No me respondas ligeramente, sólo reflexiona.

Porque. Aunque te parezca insólito y hasta incoherente con lo que Dios mismo dice, hay muchos sectores de la iglesia que ven en la palabra o la actitud de libertad, un peligro inminente. ¡Es que la gente se descontrola!, aseguran.

Y no lo dicen por malas personas, lo dicen por ceguera. Porque están absolutamente convencidos que, si a la gente se la deja en total y absoluta libertad, a corto o mediano plazo hará alguna barbaridad mayúscula y luego costará mucho trabajo acomodarla. Entonces prefieren, en el mejor de los casos, un discreto control. En el peor de los casos, control estricto. Tú has visto, y estarás viendo todavía de ambas cosas, donde quiera que vivas y te congregues.

Pero el caso es que aquí, lo que Pedro aclara y nadie o muy pocos han visto o han deseado ver, es que esa libertad de la que él habla, no es para usarla como pretexto para hacer lo malo, sino para conducirse como siervos de Dios. ¿Y cual será la diferencia?

La diferencia está en algo muy sencillo y contundente: con control es represión, con libertad es santidad. Porque el siervo de Dios, (Esto es: el esclavo), lo es voluntariamente, así que no necesita que se le controle o se le vigile. Ni hará lo malo, ni escapará.

Libertad es No quiero, No lo Necesito, en cuando al pecado. La represión, mientras tanto, es una especie de autodisciplina de las cosas que nos hace decir No Puedo, No se me Permite, No debo o, como tantas veces hemos oído, la ridícula expresión de: “Mi religión no me lo permite”…

Si es por represión, ya hemos visto bastante de ella a favor de los rudimentos tradicionales del catolicismo romano en los pueblos de América donde siempre ha sido mayoría. En cuanto a libertad, todavía la estamos proponiendo. Nuestras iglesias adoptaron sistemas heredados de la religión oficial en lugar de jugarse por la solución de Dios.

(Gálatas 5: 1)= Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.

¿Cómo podría repetirse esto que Pablo les dijera a los Gálatas en este tiempo, en este siglo veintiuno, ante personas de condiciones muy distintas en lo social y en lo intelectual a aquellas? Simple: Anda en la libertad que Cristo compró para ti. No sometas tu alma a reglamentaciones legalistas, independientemente de lo aconsejables que puedan parecer.

¡Pero que bien, hermano! ¡Está muy claro! – ¿Sí, eh? Ya lo creo que está muy claro. Pero mucho me temo que, si sigues al pie de la letra lo que Pedro sugiere y Pablo corrobora, vas a tener algunos problemas domésticos en tu congregación local. La libertad no siempre es bien vista por aquellos que desean controlarlo todo, hasta tu vida íntima con tu esposa.

Porque luego nos dice que no debemos regresar a estar sujetos al yugo de esclavitud. ¿Y que cosa es un yugo? Lo hemos leído, repetido, predicado y enseñado mil veces, pero quizás algunos de ustedes nunca prestaron demasiada atención en su significado o formas reales.

Un yugo era un madero que unía a dos animales, generalmente bueyes, para el desarrollo de trabajos o faenas especiales. En la Biblia, sin embargo, el yugo es símbolo de esclavitud y de sometimiento voluntario y permanente a una disciplina.

Moisés prohibió la unión bajo yugo de animales de diferentes especies. Es así que, pensando en él y como símbolo de la unión, Pablo aconseja a los creyentes evitar el yugo nupcial, y por consecuencia toda unión íntima, con incrédulos. Aunque como siempre decimos: la unión entre una o un ungido y una o un “dominguero”, también es yugo desigual.

Cristo ha establecido claramente que su yugo es suave en comparación con el yugo de la ley y el pecado, de los cuales Él nos hace libres. Pregúntate por qué razón será que Él está colocando en un plano de igualdad a la ley y al pecado, en ambos casos, como calidad de yugos.

(1 Corintios 7: Porque el que en el Señor fue llamado siendo esclavo, liberto es en el Señor; asimismo el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo.

¿No dice la misma escritura, en otro sitio, que debes quedarte tal cual Dios te ha encontrado? ¿Es que habremos hallado una incoherencia en la Biblia? Ni se te ocurra. No hay tal cosa. Son dos temas distintos, en lugares distintos, bajo contextos distintos y para elaborar principios distintos.

La conexión entre la esfera secular y la espiritual es evidente en este pasaje. A la luz de nuestro llamado y destino eternos, las distinciones políticas y sociales de la vida terrenal no son lo más importante.

Lo que importa es la obediencia a la voluntad de Dios. Aún una situación trágica desde el punto de vista social como es la esclavitud, no dicta ni puede dictar los términos de la vida en Cristo. Lo fundamental para un creyente es permanecer constante e intacto en un mundo cambiante no redimido.

El cambio que aquí se lleva a cabo en la vida de las personas, puedes notar que invade terrenos en donde la persona ya no tiene control ni dominio. Nadie puede hacerse libre a sí mismo si es esclavo y nadie puede ser libre por su propio mérito.

De eso se trata. En el otro texto que recién citábamos, las cosas son distintas porque se está hablando de todo aquello a lo que el hombre puede acceder o echar mano. Quedarse en un trabajo, con una esposa, con ciertos amigos, en fin: todo lo que el hombre sí puede hacer por sí mismo. Allí es donde no es conveniente realizar grandes cambios y mantenernos igual hasta que Él mueva el tablero.

Y Pedro finaliza esta parte estableciendo cuatro lineamientos, casi con calidad de mandamientos, neta y claramente posible y redituable. Dice que honremos a todos. ¿Qué significa honrar a alguien? Respetarlo sobradamente, muy por encima de lo formal, enaltecerlo o premiar sus méritos.

Ahora observa rápidamente a tu alrededor y reflexiona: ¿Todas las personas que conoces merecen de tu parte esta clase de honra? No. Seguramente que no. Es más: algunas de ellas, quizás merecerían todo lo contrario. Lo siento mucho. Dice que debes honrar a todos. Y cuando la Biblia, a través de cualquiera de sus hombres dice todo, eso significa que se trata exactamente de todo y no de cierta parte que nos parece.

Después nos sugiere amar a los hermanos. ¡Oh! ¡Vaya sugerencia! ¿No es lo lógico, natural y debido que amemos a los hermanos? Es síntoma de mala educación responder a una pregunta con otra pregunta, pero sopórtalo por una vez: ¿Se aman todos los hermanos que tú conoces entre sí?

¿Por qué Dios, entonces, nos mandaría hacer algo que no parece posible? Porque el amor de Dios pasa por una decisión espiritual y no por un sentimiento o emoción del alma. Dios nos ama porque ha decidido amarnos, no porque lo merezcamos. Con esa misma clase de amor debemos amar a todos los hermanos.

Pero…¿Y si nos agreden, nos traicionan, nos ofenden, nos hieren, nos lastiman, nos defraudan o, peor, nos matan espiritualmente? El amor no se lo puedes negar, pero no deberás hacer alianza con esa clase de gente. Aquí dice a los hermanos, y hermanos son los que son, como tú, hijos de Dios. Y quienes te hagan todo eso que mencionas, no son ni pueden ser hijos de Dios, por tanto, tampoco tus hermanos.

Acto seguido nos recuerda que debemos temer a Dios. ¿Eso significa tenerle miedo porque puede castigarnos feo y deshacernos de un manotazo? Ni por asomo. Cuando se habla de temor a Dios, se habla de reverencia, de tomar conciencia quien y qué es Él y quienes somos nosotros. De ninguna manera lo puedes asociar con el miedo. Dios es padre antes que juez y verdugo.

Y, finalmente, Pedro concluye este sector diciéndonos que debemos honrar al rey. ¿Por qué reitera un concepto que ya había sido delineado en lo global? Porque cuando dijo que deberíamos honrar a todos, eso, ¿No incluía al rey?

Sí que lo incluía, pero como Dios es el rey del cual se está hablando aquí, y mucha es la gente que no sabe ni puede asociarlo con nuestra vida común y cotidiana, él lo destaca para que tú entiendas que, cuando vas a honrar a alguien, como quiera que este sea, esa honra siempre deberá estar por debajo de la honra al rey. Es lo justo. Es lo debido. Es lo correcto.

(Romanos 12: 10)= Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros.

Esto es coherente con todo el discurso de Pablo y con todo el contexto de la Biblia. El amor debe ser el principal mentor en las relaciones cristianas, no sólo entre los hermanos en la fe, sino también con los enemigos. Pablo menciona muchos deberes cristianos específicos, pero el amor constituye la nota dominante de sus exhortaciones.

Aquí se añade, de manera específica, que ese amor de los unos por los otros, sin distinciones de edades, clase social, cultura, formación intelectual o rangos jerárquicos eclesiásticos, debe se de carácter fraternal.

El amor fraternal es aquel que le es propio a los hermanos de sangre. La palabra es Fraterno y proviene del latín fraternus, que implica algo que es propio a los hermanos. Por tanto, lo que Pablo está ordenando aquí es que tú ames a esa persona que conoces de cada domingo, con la misma intensidad que la que puedes tener para amar a los hijos e hijas de tus mismos padres.

Yo recuerdo que en una época de mi vida trabajaba en una empresa junto a otro cristiano evangélico. Con él hablábamos mucho y nos buscábamos permanentemente. Sin embargo, este hombre era muy criticado por los demás por su inclinación a la estafa material, hecha con distintas excusas.

Yo veía exactamente lo mismo que veían los incrédulos que eran nuestros compañeros de trabajo, pero deseaba respaldarlo porque, él solía decirme siempre y citando este texto, los hermanos debíamos preferirnos por encima de cualquier amistad con la gente del mundo.

No estaba equivocado, sólo que había acomodado un poco la palabra de Dios a sus conveniencias personales. Él era más antiguo en la fe y por tanto un referente para mí, de manera que no me atrevía a cuestionarle esa tan particular forma de ver las cosas y, mucho menos, a exhortarle a que se comportara como un hijo de Dios.

Lo dicho, conlleva algo que es ineludible tener en cuenta: esto que Pablo aconseja con respecto a que debemos preferir a un hermano cuando está en conjunto con quienes no lo son, es correcto siempre y cuando esa persona sea, en efecto, un hermano. No basta con ser alguien que va a una iglesia evangélica, e incluso, ni siquiera a la misma que vamos nosotros.

Yo lo he dicho en casi todas las plataformas donde me ha tocado hablarle a mis hermanos. Lo he escrito en casi todos los trabajos al respecto y lo he reiterado en mis programas de radio con la regularidad de uno por medio: no todo lo que se mueve y respira dentro de un templo es hermano…

(Hebreos 13: 1)= Permanezca el amor fraternal.

Es muy curiosa y conocida la palabra griega que se traduce como amor fraternal. PHILADELPHIA. Es un compuesto de PHILEO, que significa “amar” y ADELPHOS, que se traduce como “hermano”. La palabra, tal como lo señalara en la acepción gramatical clásica, indica el amor de hermanos. En el Nuevo Testamento el vocablo describe el amor que los cristianos sienten por otros cristianos.

Ahora bien; ¿Por qué se supone que el autor de esta carta a los hebreos, haría especial hincapié en esta clase de amor, al punto de dedicarle esta frase específica y concreta? Por una simple razón que nos compete en estos tiempos: esa clase de amor había menguado y se estaba extinguiendo.

Una de las estrategias que mejor resultado le ha dado al enemigo, ha sido la de sembrar discordia entre hermanos. La diferencia entre los hermanos de sangre y los espirituales está, aunque no lo creas, en las motivaciones para sus distanciamientos.

Mientras los hermanos de sangre, mayoritariamente suelen enemistarse por causa de los celos que experimentan con respecto al amor de sus padres, los espirituales se pelean a partir de las ambiciones que poseen en cuanto a las posiciones eclesiásticas.

El caso es que, una vez más y exclusivamente para este siglo veintiuno, el mandato es y seguirá siendo: que permanezca el amor fraternal. Ese amor que no se interesa por las posiciones o preferencias pastorales, sino por las necesidades de cada hermano.

(010) ¿Debo Someterme a mis Jefes o Empleadores?

Resulta obvio que el idioma bíblico se relaciona con las costumbres de la época, de allí que en este contexto no existan jefes o patrones desde el ángulo laboral, sino directamente amos y señores que tenían vinculación con las situaciones imperantes de esclavitud.

(1 Pedro 2: 18)=Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos; no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar.

(19) Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente.

(20) Pues, ¿Qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios.

(21) Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; (23) quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente; (24) quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.

(25) Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.

La palabra criados que se utiliza en el verso 18, es la palabra griega OIKETAL, que tiene la probabilidad, según los eruditos en la lengua, de significar “esclavos”. Y dice que deben estar sujetos con todo respeto a sus amos. Esto implica reverencia.

La reverencia, recuerda, no tiene que ver con jerarquías o posiciones; tampoco tiene que ver con la identidad de la persona en sí, sino con la posición en el espíritu que posee conforme a como Dios ha planteado las cosas en nuestro mundo diario.

Sujetarse a un jefe o un patrón en nuestro trabajo, no implica esclavizarse a hombre, sino a cumplir diligentemente con todas sus directivas como si fuese Dios mismo quien las está dando. Y mucho más si se trata de personas desagradables, ya que con las agradables es demasiado sencillo coincidir.

Este sometimiento, que tiene que ver directamente con nuestro temor a Dios, tiene validez en el día presente cuando se establecen acuerdos contractuales según los cuales alguien se somete a la autoridad de otro. Esto es lo que normalmente llamamos: relación de dependencia.

Pongamos las cosas en claro y en su debido sitio: los cristianos, cuando están en relación de dependencia, están lejos de ser esclavos para ser abusados, pero también muy lejos de ser unos irresponsables que no cumplen con sus contratos con el argumento de tener que dedicarle tiempo al Señor.

Esto último ha producido muchos acontecimientos desagradables en empresas lideradas por gente incrédula, pero mucho más se ha notado en las que tienen como propietarios a cristianos, que a la hora de incorporar personal, le dan preferencia a no creyentes porque, aseguran, los cristianos les obedecen más a sus pastores que a sus jefes que les pagan el salario.

(Efesios 6: 5)= Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón como a Cristo.

Quiero dejar algo específicamente aclarado para que nadie tenga excusa de expresar que se comporta de este o aquel modo porque “el hermano dijo por Internet que…” El cristiano deberá cumplir sus obligaciones laborales como si fueran para el Señor y no para un hombre.

Sin embargo, esto no se hará solamente si el empleador, patrón o jefe son creyentes, sino que del mismo modo procederemos si quien nos paga el salario es incrédulo, impío, pecador o algo peor. Lo que no aceptaremos, es estar en esclavitud degradante o pecaminosa, pero el servicio que prestemos a cambio de lo que se convenga pagarnos, será siempre de primer nivel. Un cristiano jamás ofrecerá un producto de segunda categoría. Lo hará como lo que es: el hijo del rey.

Pedro nos dice más respecto a esto. Nos aclara que no se trata de servir quejándonos, como el hombre del mundo tiene por costumbre, sino que deberemos hacerlo en silencio, sin lamento alguno, aunque se pueda dar la particularidad que se cometa alguna injusticia en nuestra contra.

(Romanos 13: 5)= Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia.

En este texto, Pablo aclara conceptos aunque, en este caso se relacione con el gobierno. Y nos da dos razones por las cuales, – Aclara – debemos ser obedientes. Por razón el castigo que un gobierno ejecuta con quien comete un delito y por causa de la conciencia.

En este segundo caso se trata de la limpieza que esa conciencia deberá mantener delante de Dios. Máxime si tenemos en cuenta que es Dios quien ha establecido ese gobierno o ese jefe o empleador. Esto último se debe dar aún cuando no exista amenaza de castigo de por medio.

Pedro consigna que hacer todas estas cosas cuando las condiciones son propicias no tiene valor ni mérito. Pero sí lo tiene cuando esas condiciones son adversas. No existe gloria alguna, – Señala -, si soportamos algo estando en pecado. El valor está presente cuando estamos limpios y, así y todo, somos abofeteados. Exactamente igual al principio que Jesús vivió en la cruz.

Y recuerda una vez más el principio. Para que no se te olvide ni se te mezcle y armes doctrinas masoquistas de auto flagelación innecesaria, inútil y pecaminosa. Él te dice que si sufres por su causa, haciendo lo bueno y lo soportas, eres aprobado delante de Dios, lo cual no significa que sea obligatorio sufrir como método de aprobación, ¿Está bien claro?

Porque, fíjate que entre otras muchas cosas, se nos ha llamado precisamente para eso: para que cuando nos toca sufrir, seamos testimonio y ejemplo para un mundo que huye a todo tipo de sufrimientos porque no tiene fundamentos básicos para soportarlo.

Dice que Jesús mismo nos dejó su propio ejemplo. La palabra que se usa en este texto, es HUPOGRAMMOS y de ella se traduce ejemplo. Viene de HUPO, que es “debajo” y de GRAPHO, que significa “escribir”.

Por tanto, esta palabra se refería, concretamente, a redactar cartas, a copiar los escritos de un maestro. Después llegó a significa un ejemplo a seguir. El ejemplo de Cristo nos hace capaces de resistir cuando sufrimos a causa de nuestra fe.

(Mateo 16: 24)= Entonces Jesús dijo a sus discípulos: si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.

Aquí Jesús está explicando la paradoja del discipulado. Perder la vida, es encontrarla; morir es vivir. Negarse a sí mismo no es asumir alguna clase de ascetismo externo y falso, sino poner los intereses del reino primero y por encima de todo en la vida.

Tomar la cruz no significa soportar alguna carga irritante, sino renunciar a las ambiciones egoístas. Tal sacrificio trae consigo a vida eterna y la más plena experiencia de la vida del reino ahora. Es muy importante tener en claro este principio para no cometer errores desagradables.

Hay mujeres, por ejemplo, soportando a un marido golpeador o violento, que las hace objeto de malos tratos, y se excusan asegurando que esa es la cruz que les ha tocado en esta vida y que lo que deben hacer es soportarlo. Vaya mujer y denuncie en la policía a esa bestia, que lo que está viviendo no es ninguna cruz, sino un abuso por parte de un delincuente.

Porque entiende esto, por favor: Jesús tuvo su cruz, ¿Verdad? ¿Y decidió Él ir a colgarse allí? No. Él quiso evadirla, pero entendió que esa era su misión en la tierra. Muy bien: tu cruz, será lo que Dios estime que es tu misión en esta tierra, no un sufrimiento cualquiera.

Y en cuanto a ir en pos de Jesús, baste observar el significado de esta palabra en cualquier diccionario para entenderlo: Dice que pos, es “detrás de” o “después de”. ¿Tú puedes asegurarme a mí, en este tiempo, que todos los que dicen trabajar para el Señor, están yendo detrás de Él en plena obediencia, y no adelante con sus propias ideas?

(Hechos 14: 21)= Y después de anunciar el evangelio a aquella ciudad y de hacer muchos discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquia, (22) confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.

Una vez más, dada su importancia y riesgosa posibilidad de confusiones, hay que aclarar el punto. Soportar sufrimientos, no nos gana en absoluto la entrada al reino de los cielos. Mas bien la entrada al reino viene siempre acompañada de persecuciones y otras alternativas que producen sufrimientos.

Porque, te recuerdo por si es necesario, no estamos hablando de salvación. La salvación es por gracia, no debes hacer absolutamente nada más que aceptarla y disfrutarla. Pero el trabajo para el Reino de Dios, que es el que te proporciona bendiciones aquí y ahora, ese sí viene acompañado, necesariamente, de un precio que siempre deberemos pagar para tener ese privilegio de servir.

No son pocos los que, arrastrados por conscientes o inconscientes manipulaciones emocionales elaboradas desde los púlpitos, saltan como resortes de sus bancas cuando el predicador pregunta casi con un alarido, cuántos están dispuestos a pagar el precio.

Hacer esa especie de pacto delante de toda la iglesia nos hace sentir bien esencialmente por dos motivos: el primero y quizás el más valioso, es que nos tranquiliza nuestra conciencia y nos hace pensar que al fin podremos “devolverle” a Dios lo mucho que Él ha hecho por nosotros.

Grave error. Dios no está esperando que tú le devuelvas algo más o menos interesante como si fuera un esfuerzo que haces para conformarlo. Dios simplemente está esperando que tú seas obediente para con su voluntad. Y cuando tú conoces la voluntad de Dios y la haces, comienzas a pagar un precio que, desgraciadamente, no puedes elaborar ni evaluar tú.

La segunda cosa que nos hace sentir bien en esa suerte de compromiso público, es que por un momento gozamos de “treinta segundos de fama”. Si es una congregación grande, no será ningún chiste para tu ego que, por cinco o diez minutos, trescientas, cuatrocientas o mil personas estén pendientes de ti. Sólo un problema: Dios se toma en serio tu pacto.

Entonces, cuando comienzas a ser medianamente útil para el reino, también comienzan tus tribulaciones. Que no es una palabra cualquiera elegida al azar por Pedro o Pablo. Significa experimentar Congoja, Pena, Tormento o Aflicción Moral, generalmente como producto de alguna clase de Persecución o adversidad que padece el hombre.

Yo no sé como será tu experiencia, pero la mía, te puedo asegurar que ha tenido cumplimiento de todas estas cosas cuando estaba adentro de la iglesia y sirviendo al Reino, muy por encima de lo que pude haber vivido cuando estaba dormido calentando bancas o, sencillamente, aún perdido en el mundo.

No hay ni habrá peor congoja, pena, tormento o aflicción moral que comprobar como, personas que hasta ayer se decían tus “hermanos”, hoy te agraden, calumnian, injurian y vituperan sólo porque te has atrevido a mostrarle a su líder (Que también era el tuyo) que en la mayor parte de sus actividades no está cumpliendo ni la palabra ni la voluntad de Dios, sino la suya propia.

Eso es una forma de tribulación. Y puedo asegurarte que duele muchísimo en nuestras almas. Sólo un espíritu firme y lleno del Espíritu Santo de Dios podrá sobrellevar esta clase de persecución o adversidad. Nunca en la historia cristiana hubo alguna clase de persecución feroz que no proviniera de la misma iglesia.

Porque todas estas cosas, deberé recordarte una vez más, le ocurren y van a sucederle a gente como nosotros, imperfectos y con pecado a cuestas. Pero tuvo su principio (Tanto de “inicio” como de “patrón”) en Jesús, que tal como ha sido dicho, fue sin pecado ni engaño.

(Isaías 53: 9)= Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca.

Eso de que “nunca hizo maldad”, proféticamente, Isaías alude a la inocencia de Cristo, pese a la cual fue víctima de tan grande injusticia. Sin embargo, la justicia vendría rápidamente en su final. Mientras todos pensaban en una sepultura indigna que sirviera de escarmiento a sus probables seguidores, Él fue a reposar a la tumba de José de Arimatea, uno de los hombres ricos del lugar. Y no fue Él quien pidió estar allí.

Todo esto porque Jesús, cuando lo maldecían no respondía palabra alguna. Cuando padecía no amenazaba a nadie, sino que prefería dejarle la justicia a aquel que juzga justamente: su Padre. ¿Es ese el modelo de la iglesia en este tiempo?

¿Te han maldecido alguna vez? No estoy hablando de tu militancia en el mundo secular. Allí es probable que te maldigan a cada momento porque ese es el espíritu del mundo. Sin embargo, yo me refiero a otras maldiciones mucho peores: las que se producen y expresan dentro de lo que llamamos “la iglesia”.

Baste con que alguien dentro de una congregación te diga que así como eres, jamás vas a servir para nada en el Reino de Dios para que eso, si tú no lo rechazas y lo cortas en el nombre de Jesús, se transforme en una atadura de maldición.

Quiero recordarte unja vez más que maldecir no es sinónimo de insulto, aunque lo incluya. Maldecir es lo que el propio término expresa: “decir algo mal de alguien”. Mira; yo no sé como te habrá ido a ti, pero yo te aseguro que he oído maldecir hasta del mismísimo púlpito del templo.

Y si te encuentras de buenas a primeras con un hecho de esas características que te tiene por protagonista, ¿Qué harás? ¿Cuál será tu reacción? ¿Te quedarás mudo como se quedaba Jesús o, por el contrario, reaccionarás con palabras de las más contundentes que encuentres?

Y el día que te toque padecer por algo, ¿Lo sumirás con paz y serenidad o, por el contrario, verás de intentar asustar a los que te agreden con alguna clase de amenaza de represalias fuertes? Cuando un pastor expulsa a alguien de la iglesia por una causa justa, ¿Esa persona se retira sin hacer problemas o se va en medio de amenazas varias? Modelo. Cristo.

Porque una gran mayoría de nosotros solemos proceder como los niños perturbados por uno más grande y fuerte que ellos. ¿Cómo se defienden? ¿Admiten su inferioridad? No. Amenazan con que van a contarles todo a sus padres que son más fuertes y que vendrán a darle su merecido.

Lo cierto es que el modelo cristiano, que no es otro que Jesucristo, hizo silencio cuando lo maldijeron, soportó todos los padecimientos dejando la justicia final para aquel que no podía equivocarse. Porque Jesús tuvo en cuenta que la justicia humana sí podía errar. Será tiempo que tengas presente que un error en nuestra justicia puede costarle el infierno a un justo.

La conclusión más que válida, entonces, y que debería servir como rutina de comportamiento, es que jamás deberás pensar en vengarte ante una afrenta o injusticia, y tampoco que amenazar a quienes puedan estar haciéndote padecer algo.

(Isaías 53: 7)= Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.

Aquí lo tienes claramente profetizado. No abrió su boca. ¿Tenía razón? ¡¡Toda la razón!! ¿Tenía autoridad? ¡Toda la autoridad! ¿Tenía posibilidades de evadir lo que le esperaba? ¡Tenía todas las posibilidades de evadir lo que le esperaba! Pero no abrió su boca y no lo hizo.

¿Qué significado tiene hoy, en pleno siglo veintiuno, en el marco de una sociedad tan egoísta como la de este tiempo, esta actitud de Jesús? Es la proclamación de la completa sumisión del Siervo. ¿Y para que podría servir? Entre otras cosas, para que un duro etíope se convirtiera solamente leyendo este texto, en la anécdota que lo tiene a Felipe como protagonista.

(Hebreos 12: 3)= Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.

Considerar a alguien, es tenerlo en cuenta, en mente, en memoria permanente. Si la iglesia en su conjunto tuviera nada más que esta simple actitud con relación a Jesús y su trabajo redentor, muy otro sería su comportamiento, muy distintas sus conductas y, por ende, sus resultados.

Yo he conocido gente supuestamente al frente de distintas congregaciones que, tanto a la hora de predicar como de tomar actitudes pastorales o de liderazgo, lo hacen como si aquella figura de Jesús jamás hubiera existido y, en lugar de ir Él a aquella cruz, lo hubieran hecho ellos mismos.

Resulta más que obvio que no estoy criticando esa actitud porque estoy seguro que será el señor el encargado de pagarnos a todos las buenas y las malas que podamos hacer en su nombre en esta tierra. Simplemente lo menciono para que tú te sumes con los que hayas podido conocer con similares actitudes y compruebes que no se trata de simples hombres equivocados sino de un trabajo espiritual en gran escala en contra del Reino de Dios y su justicia.

(Lucas 23: 46)= Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró.

¡Pobre Jesús! ¡Que muerte horrible! Los crucificados morían de asfixia, ya que al comprimirse sus omóplatos, estos apretaban los pulmones y le impedían fluir el oxígeno. El crucificado se iba quedando sin aire, sin aliento y, finalmente sin vida.

Ahora prepárate para enterarte de algo que no siempre debe haberte sido enseñado. Jesús no se murió sin aire y sin aliento como la mayoría de los crucificados. El Padre se apiadó de Él en lo humano y carnal y permitió que su muerte se produjera, seguramente por un paro cardíaco o cardio-respiratorio.

¿Por qué supones que saco estas conclusiones que más bien parecerían una expresión de deseos para no ser innecesariamente macabro? Porque este texto que describe ese momento final de su vida, nos dice que antes de morir, Jesús clamó a gran voz. Y alguien sin aliento y sin aire es imposible que pueda dar un alarido como el que Él tiene que haber soltado.

Además, alguien a quien se le está terminando el oxígeno, antes de morir se desmaya o se nubla en su razonamiento porque su cerebro deja de recibir oxígeno. Si eso le hubiera ocurrido a Jesús el hombre, jamás podría haber tenido la posibilidad de encomendar su espíritu al Padre, actitud que dejó en evidencia que su lucidez en ese momento final estaba intacta.

Pedro sigue consignando que Jesús se llevó todos nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero. (Fíjate que la Biblia casi no usa la palabra cruz, a la que todos nosotros somos tan afectos, sino la de madero, que era el elemento que se utilizaba en las crucifixiones).

(Hebreos 9: 27)= Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, (28) así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.

En primer lugar, este texto nos confirma, más allá de quien haya sido el autor de esta carta que muchos creen que fue el mismo Pablo quien la escribiera, que hay una sola muerte física. ¿Y que es lo que prueba esto? Simple: prueba que la famosa y difundida teoría de la reencarnación no sólo es falsa sino que está desestimada por la propia Palabra de Dios.

¡Hermano! ¡Cualquiera sabe que eso es así! ¿Cualquiera? No lo creo, he visto demasiado debate supuestamente “religioso” relacionado con la reencarnación, y créeme que en muchos de ellos, la actuación testimonial de los hermanos no fue la mejor porque por momentos llegaron a dudar que no existiera tal cosa.

Lo cierto es que la muerte física no pone fin a la existencia consciente. Es más que notorio que hay algo más luego de ese paso. Jesucristo vino a la tierra a completar su obra redentora. Posteriormente “entró” al cielo, abriendo el camino de acceso a Dios; y un día regresará para salvar a los que esperan.

(Romanos 6: 2)= ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?

Las acotaciones de cualquier Biblia de estudio te dirá que este texto consigna que el bautismo en agua es un símbolo de la unión del creyente con Cristo en su muerte, sepultura y resurrección. Y no está equivocado ese concepto, pero fíjate que no es necesariamente lo básico.

Por creer que lo era, se ha construido alrededor del bautismo en agua, una verdadera doctrina repleta de fundamentos, dogmas, reglamentos y estatutos que el creyente debería respetar si desea ser aceptado en la congregación y en el cielo. Hasta denominaciones han surgido a partir de esas doctrinas.

Sin embargo, ya ha quedado más que claro por parte de no pocos estudiosos muy respetados, que la palabra bautismo tiene que ver con el acto de sumergirse. Y si bien no es descabellado que se lo haya entendido como sumergirse en las aguas, lo cierto es que no es eso a lo que alude, sino a sumergirse en la presencia de Dios.

En este caso específico y concreto, entonces, lo que Pablo está señalando aquí es que, sólo si nos sumergimos en la presencia espiritual de Cristo a partir de su muerte redentora, es que podemos apropiarnos de todo ese caudal y reflejarlo en nuestra vida diaria. Nada que ver con una piscina y gente vestida de blanco, aunque nada hay de contraproducente que la incluya, pero sólo como un símbolo y no como un pasaporte.

(Isaías 53: 5)= Mas él herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

He tenido la oportunidad de escuchar, en la mayoría de las campañas denominadas como “de sanidad de enfermedades y liberación espiritual”, que a este texto se lo cita de memoria con una leve distorsión.

Suele decirse que, si creemos en Jesucristo, quedaremos inmediatamente libres de toda influencia satánica y sanos de cualquier dolencia, ya que Él mismo lo asegura cuando nos dice que por sus llagas fuimos nosotros sanados.

Es más que notorio que no dice SUS llagas, sino SU llaga. ¿Qué modifica un singular a un plural. No demasiado, pero sí el concepto básico. Que no anula la posibilidad de sanidad física, cosa en la cual creo firmemente porque he sido testigo de muchas de ellas, pero sí que cambia un poco sus rutinas clásicas y tradicionales.

Lo que se menciona en Isaías tiene que ver con un principio de mucha mayor profundidad que colocarle plomo a una muela que presentaba una carie o cosas parecidas. Reitero: no descreo ni menosprecio nada de esto, pero estoy convencido que Dios fue mucho más allá cuando habló de esa llaga a través del profeta.

Porque una serie de llagas, tienen que ver naturalmente con el resultado de una serie de heridas, flagelaciones o cuestiones ligadas a un tormento. Pero una llaga, una sola llaga, tiene que ver con una herida mucho más profunda que algo meramente físico.

Cristo es nuestro ejemplo; aquí es nuestro Redentor. La muerte expiatoria de Cristo hace posible nuestra decisión de morir a los pecados, (Esto es: arrepentimiento), y vivir para Dios, (Esto es: Justicia). Según el Nuevo Testamento esto equivale a la conversión en su más amplio sentido y que Pedro describe cuando dice: por cuya herida fuisteis sanados.

La intención de Pedro al citar a Isaías es la demostrar que la integridad personal, (Ya sea mental, psíquica, física y espiritual) fluyen en conjunto desde esta conversión. No es un mero discurso teológico, es concepto básico. La teología nació conjuntamente con la ausencia de presencia y poder de Dios. Y de eso, Pedro disfrutaba en buena cantidad.

Allí es donde nos dice que nosotros éramos como ovejas descarriadas. La oveja fue domesticada desde el principio. Los patriarcas hebreos tenían rebaños de ellas. Sus descendientes, primero en Egipto y después en Canaán, siguieron ocupándose de su cría, hasta el tiempo de Cristo.

El desierto de Judea, la región meridional y los campos de Moab ofrecían tierras de pastos, lo mismo que los alrededores de Harán, el país de Madián, el país de Uz y de los agarenos, y los países frecuentados por las tribus de Cedar y de Nebaiot.

A causa del calor y de lo seco del clima de estas regiones, las ovejas tenían que ser abrevadas cada día. La carne de estos animales, ceremonialmente puros, era consumida, como también su excelente leche.

Con sus pieles se hacían vestidos burdos y se usaban en ocasiones para cubrir las tiendas. La lana de la oveja, tejida, daba telas muy apreciadas. Los vencedores exigían como tributo cantidades de lana. La esquila daba lugar a festejos. Los cuernos de los cameros servían como trompas y recipientes.

La oveja, animal puro, era ofrecida en sacrificio por los hebreos y por otros pueblos. Los israelitas la inmolaban en holocausto. El común del pueblo ofrecía una cordera como sacrificio de expiación, y un carnero por el sacrificio de culpa y por el sacrificio de acción de gracias.

La oveja es: afectuosa, dócil, mansa, incapaz cuando es dejada a sí misma; no puede ir sin ser conducida. Las ovejas de Palestina y de las regiones vecinas son por lo general blancas; ocasionalmente pueden ser de color negro, pardo o blanco con manchas.

Hay dos razas de ovejas en la tierra de Israel: al norte, los carneros y las ovejas tienen cuernos. Pero la especie de cola larga («Ovis laticaudata») es la más común. Ya en la antigüedad se criaba esta especie en Arabia y en tierra de Canaán.

El peso de estas colas que se venden en los mercados, varía entre los 4,5 kg. y casi los 7 kg. Si la oveja ha sido bien cebada, la cola se vuelve enorme; cortada en piezas y frita constituye un delicado manjar de la cocina del Medio Oriente.

Sólo un detalle anexo: no se dice en la Biblia que somos ovejas. Siempre se asegura que en determinados casos, nos comportamos como ovejas. De esto es que se ha interpretado que debe haber una persona que nos cuide y conduzca, pero en realidad la Biblia nos asegura que el único capacitado para hacerlo, es Dios, ya que es muy contundente al expresar que Jehová es mi pastor.

Pero se agrega que nuestra semejanza con las ovejas, deriva de nuestro andar descarriado. Y si bien nuestra corta interpretación idiomática siempre nos ha llevado a suponer que eso significaba estar equivocados, errados o confundidos, si bien algo tiene que ver con ello, no es la definición que los diccionarios dan de esta palabra.

Descarriar significa concretamente: apartar a alguien del carril, echarlo fuera de él. Apartar del rebaño cierto número de reses. Dicho de una persona: Separarse, apartarse o perderse de las demás con quienes iba en compañía o de las que la cuidaban y amparaban. Apartarse de lo justo y razonable.

Es decir que no sería en absoluto descabellado entender que Pedro habla específicamente de este tiempo, donde cada uno de nosotros, tanto en lo conceptual como en lo literal, mayoritariamente estamos apartados, separados y hasta en muchos casos, también perdidos.

¿Y eso debemos entender que ocurre porque nos hemos retirado de los lugares donde había hombres encargados de cuidarnos? Eso es exactamente lo que se ha interpretado. Pero si partimos de la base específica del pastorado que ahora veremos, lo cierto es que todo esto nos ocurre porque nos hemos apartado de Dios para ingresar en otra clase de adoraciones, tanto humanas como filosóficas o científicas por encima de la auténtica. Esto es idolatría, no podemos darle otro nombre.

Dios mismo es nuestro único conductor. Amén. Cualquier hombre o mujer que hable hoy lo que Dios está hablando hoy, asume sin proponérselo y sin aprovecharse de ello, el rol de conductor alterno. Pero si no está hablando lo que Dios está hablando hoy, no puede conducir a nadie y a Dios no le quedará otro remedio que hacerlo Él mismo. Eso es exactamente lo que sucede en este tiempo.

Muy bien, dice que como ovejas descarriadas (separadas, distanciadas) que somos, ahora hemos vuelto al Pastor (Así, con mayúscula) y Obispo de nuestras almas. ¿De quien estará hablando? Para saberlo, será bueno reconsiderar ambas palabras.

Pastor es, en principio, alguien que cuida de un rebaño. Y nótese, por favor, porque no es una apreciación menor, que se está hablando de rebaño y no de redil. Un rebaño es un grupo libre que busca mejores pastos donde le parece y lo desea. Redil es una prisión donde se está obligado a comer lo que se le da, así sea hojarasca.

Abel tenía un rebaño de ganado menor. Desde Abraham a Jacob y sus hijos, los patriarcas fueron ganaderos y pastores. Jabal, Abraham y los recabitas fueron nómadas; moraban en tiendas y llevaban a sus rebaños y ganados de lugar a lugar para hallar pastos.

Otros ricos propietarios de ganaderías y rebaños residían en ciudades, en tanto que sus siervos iban de pasto a pasto con los animales. Había también el pastor sedentario, que salía por la mañana con su rebaño, y lo devolvía por la noche al redil.

Con frecuencia, el rebaño era confiado: al hijo, a la hija o a un asalariado. El propietario exigía del pastor el precio de todo animal desaparecido. La Ley de Moisés libraba al asalariado de esta obligación, si podía probar que la pérdida no había sido consecuencia de una negligencia.

El pastor iba temprano al redil, donde se hallaban varios rebaños, y llamaba a sus ovejas. Éstas reconocían su voz, y lo seguían. Esto último es una realidad en Oriente, así como que cada oveja tiene un nombre y que conoce la voz del pastor, y constituye un hermoso tipo de la relación de Jehová con Israel y de Cristo con la Iglesia. Las ovejas de otros pastores no prestaban atención a su voz.

El pastor conducía el rebaño a los pastos, quedándose allí todo el día, y en ocasiones incluso la noche; los defendía de las fieras y contra los merodeadores, recogía a la perdida. Se cuidaba de las ovejas recién paridas y de las esparcidas.

El pastor llevaba un zurrón y un arma defensiva. Si hacía mal tiempo, se envolvía en su manto. Su cayado, le permitía dirigir el rebaño, reunirlo y defenderlo. Era ayudado por los perros, que no eran demasiado dóciles ni fieles, pero que, al ir detrás del rebaño, señalaban el peligro con sus ladridos.

En las Escrituras, Jehová es presentado como pastor de Israel, especialmente de los fieles. Cristo es el «Buen Pastor». Él no ha entrado furtivamente en el redil, sino por la puerta. Sus ovejas responden con confianza al oír sus nombres y rehúsan seguir a otros. Al sacrificar Su vida por ellas, les ha demostrado Su amor.

Todos los que tenían una posición en la teocracia: profetas, sacerdotes, reyes, eran considerados por el pueblo como pastores subalternos; su infidelidad a Jehová es frecuentemente mencionada.

Esto confirma lo que en muchas ocasiones hemos dicho en contra de las modalidades de las organizaciones religiosas: el pastor no es un cargo ni un título, sino una función. Y no se habla jamás de pastor en singular, salvo para Dios mismo, y sí de pastores en plural, que son los que se acaba de mencionar.

Con respecto al Obispo, la palabra es Episkopos, y se traduce “supervisor”. En la LXX este término designa a un supervisor oficial, civil o religioso, como el sacerdote Eleazar y los oficiales del ejército.

En el NT, este término aparece por primera vez en la exhortación de Pablo a los ancianos o presbíteros de la iglesia en Éfeso: “Mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos” (o supervisores; Hechos 20:17, 28).

En este pasaje y en otros, Pablo emplea estas palabras «anciano» y «obispo» para designar a las mismas personas. El primer término designa la dignidad de la edad, en tanto que el segundo denota la dignidad de la función ejercida.

En cambio, se hace una clara distinción entre el obispo y el diácono. Empleando el término «episkopeõ», Pedro exhorta de la siguiente manera a los ancianos: “Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella…” (1 P. 5:2).

A Cristo se le aplica el nombre de obispo: Ya en vida de los apóstoles había numerosas tendencias, en el seno de la cristiandad, que se apartaban de la obediencia a las instrucciones dadas por el Señor por medio de ellos, tanto en doctrinas como en práctica.

Lo mismo sucedió después de la muerte de los apóstoles. Ya pronto se empezó a hacer una distinción, inexistente en las Escrituras, entre los ancianos o presbíteros y los obispos. En el siglo II se menciona esta diferencia en las epístolas de Ignacio, que murió en el año 107 (o 116).

Jerónimo amplifica en varios escritos el testimonio de que la elección de un obispo presidente entre los ancianos fue una disposición no sacada de las Escrituras, sino hecha por conveniencia, debido al clericalismo en que se había caído ya en aquel entonces, y que iría creciendo en el posterior desarrollo de la historia de la Iglesia, hasta culminar en el papado católico.

En el Concilio de Trento, en el siglo XVI, la iglesia romana proclamó que «los obispos, sucesores de los apóstoles, son establecidos por el Espíritu Santo para gobernar la Iglesia de Dios, y son superiores a sus presbíteros o sacerdotes».

La postura de la iglesia de Roma es que los ancianos, que habían sido establecidos en el ministerio, dirigían las asambleas regionales. También supone la iglesia de Roma que, al haber aumentado el número de comunidades, los apóstoles, necesitados de ayudantes, nombraron a supervisores de distritos, que quedaron designados como sus sucesores. Éste, según Roma, hubiera sido el caso de los ángeles de las siete iglesias.

Según la Iglesia Anglicana, Jacobo el hermano de Jesús, en Jerusalén, los ángeles de las siete iglesias, Timoteo y Tito, eran los que ejercían estas funciones. Sin embargo, se tiene que señalar que, cierto como es que los apóstoles enviaban a delegados personales con su autoridad, no hay indicación alguna en las Escrituras de que esta autoridad pudiera ser dada a sucesores. El motivo alegado del oficio episcopal es mantener el cuidado de la iglesia. No obstante, se tienen que hacer las siguientes observaciones:

(a) Los apóstoles establecían los ancianos y diáconos con su propia autoridad, bien directamente ejercida, bien delegada en personas que tenían este encargo de manera formal. Es evidente que las iglesias no tenían facultad para efectuar tales nombramientos, por el hecho mismo que Timoteo y Tito fueron encargados de tal misión en las iglesias a las que fueron enviados.

Es evidente que la desaparición de los apóstoles en su singular carácter dio también la desaparición de los ancianos y diáconos como cargos que habían sido establecidos en la naciente iglesia por la insustituible autoridad apostólica.

(b) La disposición del régimen episcopal no tuvo su origen en la obediencia de las Escrituras, sino en un intento humano de atajar tendencias cismáticas; surgió, por tanto, como consecuencia de las fuertes tendencias al clericalismo. En último término, y visto desde una perspectiva histórica, resultó peor el remedio que la enfermedad.

(c) Las Escrituras no encomiendan la iglesia a los obispos o ancianos como remedio para los males que habrían de sobrevenir, sino que los señala como futuras causas de aquellos males. En efecto, Pablo, en su conmovedora despedida de los ancianos de Éfeso, se los dice con claridad:

(Hechos 20:29-30, 32)= Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos… Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados.

Este es el recurso que Dios ha dado a los suyos, un recurso pleno y eficaz. Él mismo, y la Palabra de Su gracia. Los apóstoles, y todo lo que ellos comportaban, cumplieron su cometido histórico, estableciendo los cimientos de la Iglesia, y dando a los creyentes la Palabra de Dios y la esperanza viva del retorno de Jesucristo.

Esto nos deja la certeza de que muchos de los cargos y posiciones que hoy existen dentro de las iglesias cristianas más grandes (Catolicismo Romano y Protestantismo en general), fueron creados por esos hombres con fines directamente administrativos y financieros, nunca con el visto bueno de Dios que de ninguna manera pensó a su iglesia con esas características.

Estas dos conclusiones dejan muy en claro que aquellas ovejas descarriadas de las cuales habla Pedro, deberán reunirse con los auténticos pastores y obispos y no con los miles y miles que las organizaciones religiosas han nombrado a lo largo y ancho del planeta.

(Isaías 53: 6)= Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino, mas Jehová cargó con el pecado de todos nosotros.

Dice que todos nos descarriamos como ovejas y que por esa razón, muchos se han apartado incluso del camino, lo cual es estrictamente cierto. Pero asegura que en ese caso, Dios mismo se hará cargo de ese pecado para reestablecer su relación con ese hombre aparentemente perdido.

Una de las cosas más valiosas que hallamos aquí, es la que nos recomienda desear la leche espiritual no adulterada. Eso significa que debemos comenzar con leche espiritual, antes de pasar a alimento más sólido, y que debemos tener mucho cuidado porque la hay adulterada, esto es: mezclada con otros elementos que, no sólo no nutren, sino que intoxican. Esto, más la recomendación de abstenernos a los deseos de nuestra carne, complementa uno de los valores más importantes de nuestra vida de fe: el Dominio Propio. Que es un fruto del Espíritu Santo, y no una actitud auto represiva, que es la mejor imitación que el enemigo encontró para ello. Sin embargo, nadie valora las imitaciones. Mucho más cuando tenemos el original a disposición.

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Con Amor no Fingido…

1 Pedro Capítulo 1

(003) ¿Pero Entonces Hay Elegidos?

(1 Pedro 1: 1)= Pedro, apóstol de Jesucristo, a los expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, (2) elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicados.

Aunque la frase los expatriados de la dispersión tiene como trasfondo el exilio de la diáspora judía en el Antiguo Testamento, los destinatarios de esta carta eran, predominantemente, cristianos gentiles.

Hagamos un poco de historia para ubicarnos: la dispersión o diáspora es el nombre que se le da al grupo de judíos que por diversas razones, y especialmente a partir del cautiverio, vivían fuera de Palestina.

Algunos de estos judíos habían sido llevados como prisioneros a tierras lejanas, como Babilonia. Pero muchos otros se habían dispersado por razones del comercio, de modo que no puede decirse que la dispersión fuese un fenómeno completamente involuntario.

En todo caso, al comenzar la era cristiana, había más judíos fuera de Palestina que en ella. Naturalmente, al ser destruida la ciudad de Jerusalén en el año 70 después de Cristo, esta situación se hizo aún más marcada.

Uno de los principales centros de la dispersión, era la región de Babilonia. Allí había aproximadamente un millón de judíos. Entre ellos se produjeron varias traducciones del Antiguo Testamento en arameo, que recibieron el nombre de Targumín. Además, allí se creó el Talmud babilónico, uno de los documentos más importantes en la historia del judaísmo.

El otro lugar en que se concentraban los judíos de la dispersión era Egipto, especialmente la ciudad de Alejandría. Se dice que allí también el número de judíos en Egipto es antiquísima, pues el profeta Jeremías se refiere a ellos.

Tras la fundación de Alejandría, ciudad en que el comercio era muy activo y próspero, el número de judíos en Egipto aumentó grandemente. Los judíos de la dispersión alejandrina contribuyeron a la historia del judaísmo, y aúna la del cristianismo, mediante su versión del antiguo Testamento al griego, comúnmente conocida como Septuaginta.

También en Alejandría floreció el filósofo judío Filón, quien trató de armonizar el pensamiento de Platón con la doctrina del Antiguo Testamento, especialmente mediante la interpretación alegórica de éste. Además, entre los judíos de Alejandría se produjeron varios libros que por largo tiempo estuvieron rondando el canon del Antiguo Testamento.

Además de Babilonia y Egipto, los judíos se encontraban dispersos por todo el imperio romano, con un fuerte contingente en Siria y Asia Menor y otros núcleos importantes, aunque menores, en el Norte de África y Roma.

La importancia de los judíos dispersos en Siria, Asia Menor y Roma fue inmensa para la historia del cristianismo. El libro de los Hechos muestra claramente como los judíos de la sinagoga eran el primer punto de contacto que Pablo tenía al llegar a cada nueva ciudad.

Mediante la lectura y el estudio del Antiguo Testamento, estos judíos estaban preparados para recibir el evangelio. Aún cuando Pablo era el apóstol de los gentiles, siempre encontró, en medio de la tierra de los gentiles, un grupo de personas que al menos compartían con él una tradición religiosa común.

La dispersión fue importante para el desarrollo del judaísmo, porque a ella se debió en gran medida el auge de las sinagogas. Distantes del templo, y no pudiendo participar por tanto en la adoración que en él se celebraba, los judíos, de la dispersión, se reunían en sinagogas para orar y estudiar las Escrituras.

Esto no quiere decir en modo alguno que perdieran el contacto con el templo y el judaísmo palestinense. Al contrario, la mayoría de los judíos enviaba una suma anual para sostener el templo. En ocasión de las grandes fiestas religiosas, muchos judíos de la dispersión visitaban a Jerusalén, tal como puede verse en el libro de los Hechos.

Tanto en la carta de Santiago como en este texto que es nuestra base principal, se aplica el concepto de la dispersión a los cristianos, ya que estos también son advenedizos en donde residen, gozan de una solidaridad desconocida entre los paganos, y deben lealtad a la Jerusalén celestial.

La Nueva Versión Internacional va directamente al grano y obvia la referencia a los expatriados para aludir concretamente a los elegidos. Al igual que Dios escogió a Israel,- asegura -, también escogió a la iglesia desde la eternidad como su propio pueblo.

Sin embargo, nadie debe confundirse por el término que he utilizado. Sigue siendo irrestricta verdad que Dios eligió a su iglesia, pero también que la elegida no tiene absolutamente nada que ver con una institución nominal, sino con la genuina y verdadera que hoy llamamos: Remanente Santo.

Todo lo expuesto está destinado a que comprendamos definitivamente que, a partir de su Soberana Voluntad, Dios nos ha escogido en Él mismo, y nos ha separado por el Espíritu Santo a fin de vivir obedeciendo a Jesucristo. Nada que ver con sentirte bonito en un templo lleno de algarabía humana y luces de colores.

(2 Pedro 2: 1)= Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aún negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina.

He incluido este pasaje porque confirma, al decir que Dios rescata, la idea central de que Dios elige, selecciona, escoge. O como se dice en otro sector con relación al evangelismo: añade a los que van a ser salvos. ¿Predestinación, acaso?

No, sabiduría de anticipación. Si tú te vas al infierno, no es porque Dios te predestinó para que allí te fueras o no te eligió. Simplemente, Él sabía que no ibas a aceptar su plan de salvación y te ibas a perder.

Y Dios siempre respeta la voluntad del hombre. Obligarlo a salvarse si no desea hacerlo, sería manipulación, que es hechicería. Dios jamás haría eso. Algún sector de lo que llamamos iglesia, sí lo ha hecho y lo sigue haciendo.

Pero también me pareció atinado introducirlo, porque habla de falsos profetas y falsos maestros. Y dice que van a introducir encubiertamente ciertas herejías. Quiero recordarte que, encubiertamente, significa “sin que tú te percates de ello”.

Ejemplo: aquí no trabajamos de manera encubierta. Decimos quienes somos, que deseamos y que no deseamos. Exponemos una palabra fundamentada en la Biblia y no en ninguna clase de sabiduría humana, ciencia o pseudo-ciencia, y todo está allí, a la vista, se puede tomar o dejar.

Algo encubierto es algo que se introduce como bueno e inapelable. Si existiera alguna clase de herejía dentro del contexto doctrinal de alguna denominación, eso sí sería algo encubierto, porque se estaría diciendo una cosa por otra y, además, se obligaría a los miembros de esa denominación, a respetar lo enseñado sin siquiera atreverse a escudriñarlo en la escritura. Lo he visto.

En cuanto a negar al Señor, un acto que parecería pasible a que cualquiera se diera cuenta y abandonara rápidamente el sitio, también lo he visto, cuando en muchos lugares se le adjudica a una determinada doctrina, ritual, forma de culto, ministro o ciencias de “ayuda” un poder que – se busque o no – hará quedar al Señor en un segundo plano que no es el que le pertenece.

(Hechos 2: 5)= Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo.

(Verso 9)= Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia.

Esta que se detalla aquí como presentes en el impacto espiritual del Pentecostés, era la misma gente a la que luego, en su carta, Pedro aludiría como receptores de ella. Una forma concreta y precisa del apóstol de dar a entender que, las cosas que emanan del Espíritu Santo, sólo pueden ser entendidas por quienes están llenos del Espíritu Santo.

Esa, quizás, ha sido la mayor problemática de la iglesia de nuestro tiempo: predicarle un mensaje netamente espiritual a un pueblo educado por conceptos humanistas que sólo entenderá lo que pueda tocar y palpar. Es imposible explicarle a un ciego de nacimiento como es un determinado color…

Después nos dice que han (hemos) sido elegidos según la presciencia de Dios. Este es un término que hemos oído y leído a menudo como parte de la persona de nuestro Dios, pero ¿Cuántos de nosotros nos hemos abocado un momento a estudiar que cosa significa presciencia?

Presciencia es un término que describe la omnisciencia de Dios, y en especial el hecho de que él sabe todas las cosas de antemano. Todo es un eterno “ahora” para Dios, pues el tiempo es una propiedad de la creación finita y Dios no está sujeto a ella.

La Biblia enseña que Dios es soberano, que actúa según un plan perfecto y que por su presciencia predestina lo que va a pasar según su voluntad. Esto provee la base de la profecía; pero, a la vez, suscita un difícil problema: ¿Cómo armonizar el libre albedrío y la responsabilidad moral del hombre con la presciencia de Dios?

La Biblia no trata de resolver este problema, sólo reconoce la responsabilidad humana y registra las palabras de Dios: “Anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho.”

Sin embargo, habrá que dejar bien en claro que, cuando se habla de presciencia y predestinación, se habla de algo que tiene que ver con un todo global. Dios no predestina que vas a hacer tú o que no vas a hacer. La predestinación es para la iglesia. Tú, luego, decides si formarás parte de ella o no…

Si decides formar parte de esa iglesia, un día te encontrarás con la disyuntiva de preguntarte a ti mismo o a alguien con capacidad y conocimiento: ¿Para que he sido elegido? Ya la Palabra misma te lo está diciendo aquí, pero hay otros textos que así también lo corroboran.

(2 Tesalonicenses 2: 13)= Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad.

Has sido elegido o elegida para Salvación, y no es poco. Pero no has sido elegido de cualquier manera, sino mediante la labor del Espíritu Santo. Él fue quien puso en tu corazón la convicción de pecado en primer lugar, que fue lo que dio origen a tu arrepentimiento y logro de perdón.

Pero todo no termina allí. El ser cristiano no es la mera actitud de aceptar un día a Jesucristo como Salvador personal, pedirle que sea Señor de tu vida y luego sentarte cómodamente a aguardar el día en que Él te llame a su lado para toda la eternidad.

Tienes una muy valiosa tarea por hacer para el Reino de Dios. Pero esa tarea no podrá ser jamás realizada por ser humano alguno si no se mueve por la vida en Santidad. Y es a través del Espíritu que eres santificado. Por eso su nombre de Espíritu Santo.

Este verso dice, además, que has sido escogido por Dios desde el principio. Entonces allí será donde tú te preguntas: ¿Desde que principio? Porque entiendes, como la gran mayoría, que cuando dice principio está hablando de inicio, de comienzo. Pero no es así.

El principio al cual se alude aquí, es el mismo que leemos en el primer verso del Génesis. Y habla de modelo, de patrón, de diseño, de plan a cumplimentar. Esto cambia las cosas, porque ahora entiendes que lo que el verso mencionado dice, es que Dios te ha escogido de acuerdo con su patrón de creación y plan de porvenir. Si esto no te da a entender cuanto vales y que vales para nuestro Dios…

(Hebreos 10: 19)= Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, (20) por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, (21) y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, (22) acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.

La confianza en entrar a la presencia de Dios se basa en la sangre de Jesucristo y en su ministerio como Sumo Sacerdote. Por esa razón es que el texto base de Pedro, dice que debemos ser rociados con esa sangre redentora.

La palabra rociado, en este texto, tiene que ver con la aspersión, que era el salpicado ritual que se hacía con la sangre del cordero en los templos como forma de redimir de pecados al portador del animal del sacrificio. Hoy es la sangre de Cristo la que cumple ese rol en cada hombre o mujer del planeta.

Lo que deberemos tener en cuenta de aquí y hasta el final de esta y la segunda carta del apóstol Pedro, es que ellas no han sido escritas para el mundo incrédulo, impío y pecador, sino – Como aquí lo dice -, para los elegidos de Dios. Y esos, si no me equivoco, somos tú y yo, mi hermano, hermana.

Y a esto deberás tenerlo muy en cuenta, porque en cualquier momento, tanto en esta epístola como en la segunda, hallarás palabras que jamás han sido enseñadas como para la iglesia, sino que se dice que son para el mundo. Basta de hipocresías. Estas cartas son para los creyentes.

¿Por qué razón puedo afirmar esto con tanta certeza? Porque solamente a creyentes se les puede mencionar la palabra santidad. Para el mundo incrédulo esta palabra no tiene significación alguna más allá de algún que otro ritual sin contenido que pueda haber vivido o visto en cualquiera de las religiones existentes.

Déjame recalar por un momento en su significado, su historia o comentario global y general. Para ello, nada mejor que la ayuda de un buen diccionario bíblico. Por supuesto, no voy a darle la derecha total. Cuando entienda que debo acotar algo, pues lo haré con la máxima y total libertad. La libertad de ser hijo del Dios altísimo que todo lo sabe y conoce, soberbia de teólogos incluida.

bviamente, no le voy a dar la dercha totalPorLa santidad es básica en casi todas las religiones, destacándose dos cualidades comunes: la de separación o distinción (Lo que es reservado o separado para los dioses) y la de poder. Por lógica consecuencia, lo santo despierta reverencia y temor a la vez que acatamiento y dependencia.”

El Catolicismo Romano eligió para manifestarla, la creación de monasterios donde los futuros santos se alojarían apartados y separados de las tentaciones del pecado y del mundo. Lo único que lograron fue incrementar el alcoholismo y la homosexualidad.

A la primaria iglesia evangélica no le fue mucho mejor. Ellos descartaron de plano a los sitios geográficos apartados, pero implementaron todo un sistema de reglas internas a ser estrictamente respetadas: (No te pintes, no te pongas, no hagas). El resultado tampoco fue el previsto: sobreabundó la hipocresía, la fornicación oculta y el adulterio.

“El Antiguo Testamento relaciona el concepto con el Dios verdadero y utiliza la palabra hebrea QADASH, cuya etimología es incierta (Según algunos, relacionada con separar, según otros, con brillo.) De los varios términos griegos, se ha preferido uno poco usado en el griego clásico (HAGIOS), aunque a veces se emplean otros como HOSIOS y HIEROS.”

Me inclino por considerar, respetar, adoptar e implementar las dos, ya que ambas ofrecen un testimonial claro del hombre o mujer cristianos. Separados del mundo social para servir a un Dios invisible y brillando en sus vidas privadas sin que exista ninguna clase de control humano que se los demande.

“Encontramos la idea de santidad en todo el Antiguo Testamento, pero no hay duda que los profetas la profundizaron, dándole un carácter más personal y ético. En el Nuevo Testamento este aspecto predomina, ya que en el Dios santo se manifiesta en la persona de Jesucristo, quien personifica en sí mismo el significado de la santidad.

En el Antiguo Testamento Dios es santo o santo es su nombre. La santidad de todas las demás cosas o personas que puedan ser llamadas santas deriva de Él y dependen de su voluntad. La santidad de Dios significa que Él es distinto y trascendente con relación a todo lo creado, incomprensible e inaccesible al hombre.

Al mismo tiempo, su santidad se expresa manifestándose, dándose a conocer, llamando al hombre a participar en lo que Él hace. La santidad de Dios no es simplemente lo misterioso, sino su perfección moral, que se manifiesta plenamente en su misericordia.”

Aquí hay una clave que los aspirantes a la santidad deberán tener muy en claro: el concepto básico de la santidad no es un rostro demudado o mustio de sacrificios corporales, sino una madurez moral que conlleva un grado de admiración e imitación por parte del impío.

“Isaías destaca su soberanía y su oposición al pecado. Aunque el Nuevo Testamento no se ocupa tanto de la santidad de Dios, no hay duda alguna que mantiene la afirmación del Antiguo Testamento en todas sus ramificaciones.

Las cosas no son santas en sí mismas, ni primordialmente por su uso en el culto, sino por estar colocadas al servicio de Dios o en relación con Él. Así lo son el lugar donde Dios se da a conocer, el día de reposo, el arca del pacto, las vestimentas y utensilios relacionados con el culto de Dios, las fiestas consagradas a Él y, por supuesto, el templo”

Es más que obvio que esto tiene que ver con la vieja historia hebrea. Hoy, directamente, no hay elementos santos dentro de los templos cristianos. Lo santo es o no el hombre, quien asiste a esos sitios, y no sus elementos materiales.

No existe tal cosa, por ejemplo, como el santo púlpito. Ese sitio desde el cual se predica el evangelio todos los domingos es, en efecto, santo, si quien lo ocupa está en santidad. De otro modo, ese trozo de madera es tan santo como la madera de la puerta de los sanitarios.

Tampoco existe (aunque así esté escrito en millones de ellas), una santa Biblia. La Biblia es la palabra de Dios escrita para alimento de los hombres de su pueblo. Dios es santo y su palabra también lo es. Pero la Biblia es un trozo de tinta y papel puesto como tecnología y vehículo transportador de esa palabra, pero Dios es mucho más grande que ella.

“Tanto los profetas como el Señor Jesús enseñan que estas cosas son profanadas cuando se las considera aparte del propósito y la voluntad de Dios. Dios congrega un pueblo que, por ser separado para Él, es santo.

Por serlo, debe santificar a Dios en el culto, la observancia de la ley y el ejercicio de la justicia y la misericordia. La santidad requerida del pueblo tiene así un contenido religioso y ético, individual y social.”

Te ruego que no confundas la palabra culto aquí utilizada con alguna clase de expresión ritual que tal vez has visto o conoces. Ni siquiera con lo que la iglesia evangélica tradicional produce como tal. El culto a Dios es el respeto a su voluntad, la obediencia a su mandato y la esperanza en sus promesas. Esto, independientemente de las maneras externas de manifestarlo o simularlo.

“El Nuevo Testamento ve en el nuevo pueblo de Dios la continuidad del pueblo santo. Los miembros de este pueblo deben consagrar la totalidad de sus vidas en ofrenda a Dios. La santidad no es privilegio de algunos ya que todos los creyentes son llamados a vivir en santidad según el modelo de Cristo, hasta la plena realización de esa santidad en el Reino.”

Si santidad se entiende, por ejemplo, como el no tocar mujer o no casarse, ya que así es como vivió Jesús, el concepto de santidad se ha tergiversado y confundido. Jesús fue un hombre separado y apartado para Dios, y es un modelo a seguir, pero en un todo existencial. Se puede estar casado y tener una hermosa familia y, al mismo tiempo, brillar separado para el Señor con nuestro servicio o adoración.

(2 Pedro 1: 2)= Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús.

Es simple. Pero al mismo tiempo parecería ser que también muy complicado. Porque la iglesia no sobreabunda, precisamente, en gracia y en paz, y ello, conforme a lo que aquí se escribe, sucede porque no hay conocimiento de Dios ni del Señor Jesús.

¿Y de que se trata ese conocimiento? ¿Acaso de un estudio sistemático, como materia, de ciertos aspectos de una teología destinada a conocer más y mejor de Dios? En absoluto. La palabra conocer, en la Biblia, y salvo raras excepciones, está usada como sinónimo de máxima intimidad.

“Conoció” Adán a Eva y Eva concibió. Obvio, no se está habando de que Adán “estudió” a Eva, sino que tuvo máxima intimidad con ella. Lo mismo para el caso de José que no ”conoció” a María hasta que ella no dio a luz a Jesús.

Conclusión: conocimiento de Dios significa tener acceso a un grado alto de intimidad con Él. Cristo es el esposo, la iglesia la esposa. Si no hay intimidad entre esposo y esposa, no hay frutos, hijos. Pero para que haya intimidad, previamente es indispensable que haya pasión.

Y eso es lo que está ausente en la llamada iglesia de hoy: pasión. Tanto la antigua pasión por las almas que se pierden, que es la clásica carga del evangelista, como pasión por anunciar el evangelio a todas las naciones, que es el patrimonio de todo hijo de Dios bien renacido.

(004) Una Herencia que nos Llega desde el Cielo

(1 Pedro 1: 3)= Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, (4) para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, (5) que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.

(6) En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, (7) para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, (8) a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; (9) obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas.

(10) Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, (11) escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos.

(12) A estos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles.

¡Cuanta riqueza, edificación y alimento hay en estas palabras! ¡Cuánto es lo que Pedro deja aquí con el simple acto de obedecer lo que está viendo, sin prestar atención a lo que se está haciendo por tradición y costumbre! Hay pistas para una base sólida que la iglesia o no vio, o no supo tomar, o lo peor: no quiso hacerlo…

Observa el verso 3 y reflexiona: ¿Qué significa renacer? ¿Existe ese acto dentro de los parámetros naturales, humanos y materiales? Imposible. Ya significó, en su momento, la enorme duda de aquel anciano dispuesto a cambiar y salir de su Babilonia persona que era Nicodemo. ¿Cómo haría para regresar al vientre de su mamá y volver a nacer? Él no entendió. ¿Tú, sí?

Renacer es una palabra compuesta por un prefijo, (“Re”) que indica retorno, volver, regresión, vuelta al principio y una palabra, (“Nacer”) que determina un acto concreto. La unión de ambas da como resultado inequívoco volver a nacer o, tal como se lo usa en nuestros ambientes: nacer de nuevo.

La palabra utilizada en los dos únicos sitios de la Biblia en que se habla de este renacimiento, es la palabra griega ANAGENNÁO, que se compone de dos vocablos específicos: ANÁ, que significa entre otras acepciones, Repetición, Intensidad, Inversión, y GENNÁO, que habla de Procrear, Regenerar, Engendrar.

Ambas asimetrías componen, entonces, el término Renacer que estamos utilizando, sin que por ello deje de pensarse que también implica una especie de Regeneración, expresión que será usada en otros textos también para aludir a este acto de entrega de nuestras vidas al Señor.

Ahora bien; ya sabemos que hemos renacido. Tenemos claro eso y nadie más nos podrá confundir con teorías o doctrinas falsificadas por el humanismo. Sólo un problema: ¿Para que hemos sido renacidos por el Señor? ¿Cuál es el motivo esencial por el que Él habrá hecho tal cosa?

Basta, no pienses más. Terminas de leerlo en la Palabra. Dice que hemos sido renacidos para una esperanza viva. ¿Qué significa esto? Si tenemos en cuenta que Esperanza es la espera con certeza de algo probable, lo que rescatamos es que hemos sido renacidos para esperar en Jesucristo con vida activa y no en doliente lamento de muerte.

(2 Corintios 1: 3)= Bendito sea el Dios y Padre de nuestro señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación.

Este texto tiene mucho parentesco con el 3 de nuestro texto base de 1 Pedro, pero con un agregado sumamente valioso e importante: Dice que Dios es Padre de misericordias y de toda consolación.

Consolación tiene que ver, obviamente, con un trabajo arduo de consuelo para con el hombre. ¿Y cuando este hombre necesita consuelo? Cuando se encuentra en determinadas y feroces crisis, lo que en idioma bíblico deberíamos denominar como: Tribulación.

Por lo tanto, si en otros textos de la escritura leemos que Dios llega a permitir que vivamos ciertas y específicas tribulaciones, entre otras cosas, y además de la prueba de nuestra fe que ello implica, hay una posibilidad para que Dios muestre una de sus facetas más valiosas, el consuelo.

(Santiago 1: 18)= Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.

Entiende esto: el más grande de los dones que Dios nos concede es la regeneración. Él, de su voluntad, nos hizo nacer a una nueva vida. Su instrumento, – Dice aquí -, fue la palabra de verdad, que Pablo identifica como “el evangelio de salvación”.

El propósito de Dios era presentar a los creyentes como primicias de sus criaturas. Los primeros frutos constituían un anticipo de la próxima cosecha, y eso era a lo que se le llamaba “primicias”. Como tales, tanto Santiago como los demás cristianos de su generación, eran el anticipo de la gran legión de creyentes que vendría después.

La frase de sus criaturas, podría estar indicando que los creyentes son los representantes de la primera etapa de la redención final de todo lo creado, que se halla ahora bajo la maldición divina por causa del pecado.

Será muy prudente que entiendas de una vez por todas, entonces, tú que tienes cierta resistencia a escudriñar la palabra tal como te han mandado, porque sigues considerando ese acto como el de un mero recurso intelectual, que te estás equivocando.

Aunque reconozcamos que ese error se produce a favor de las actitudes denominacionales de ciertos sectores que, en efecto, enseñaron (Y enseñan, todavía), que el evangelio es un tema para los que están intelectualmente mejor preparados.

De ese modo terminan desconociendo y omitiendo todo lo que emana del Espíritu Santo de Dios, (revelaciones incluidas), por considerarlas demasiado “fantasiosas” y sin sustentos analíticos suficientes. Pobre es el hombre de por sí, imagínate si ese hombre pretende evaluar las cosas según su propia sabiduría y aún contrariando la que Dios ha legado…

(1 Corintios 15: 20)= Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho.

Termino de consignar que primicias son los primeros frutos que maduran en una cosecha; anuncian la inminente siega. De acuerdo con o que se puede leer en el capítulo 23 del libro de Levíticos, los primeros frutos de la Pascua se usaban par consagrar la próxima cosecha. Jesús murió en la Pascua, y su resurrección es una promesa (Y por lo tanto primicia), de nuestra propia resurrección.

Luego se nos habla de una herencia que nos llega desde el mismísimo cielo. Y se nos presenta con tres elementos concretos y claros. Es: incorruptible, incontaminada e inmarcesible. Tres palabras que sintetizan la calidad y la cualidad de esa herencia que no es una herencia cualquiera, es la herencia de Dios para sus hijos, para su pueblo.

Incorruptible: Es algo no corruptible. Es algo que no se puede pervertir, esto es: no se puede modificar su esencia básica. Y una tercera acepción señala que es algo difícil de pervertir.

Incontaminada: No contaminado. No mezclado con elementos nocivos.

Inmarcesible: Que no se puede marchitar. Esto es: algo que siempre mantiene vida y savia interna. Siempre verde.

Y agrega que esa herencia está reservada para nosotros, en los cielos. No en EL cielo, tal como normal y vulgarmente denominamos al sitio donde suponemos, habita Dios. No se habla del lugar donde siempre se nos dice que iremos cuando partamos de esta tierra y de esta vida. Dice de LOS cielos.

¿Es que acaso hay más de un cielo? Si seguimos con atención algunos relatos bíblicos, quizás descubramos que sí. Por ejemplo, Pablo habla en una de sus cartas, cuando relata una experiencia tremenda que acaba de vivir, que fue arrebatado al tercer cielo.

Entonces, es muy dable pensar con un alto porcentaje de lógica de razonamiento, que si existe ese Tercer Cielo al que Pablo ha sido llevado por motivos muy singulares, existen por lógica deducción un primero y un segundo cielo. Pero ese es otro estudio…

(Colosenses 3: 23)= Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; (24) sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís.

(25) Mas el que hace injusticia, recibirá la injusticia que hiciere, porque no hay acepción de personas.

Primero, veamos que es la acepción de personas. La palabra utilizada para este término es PROSOPOLEPSIA, que se traduce como: Favoritismo, Parcialidad, Distinción, Predisposición, Preferencia condicional.

La palabra denota un juicio parcializado que presta atención al rango, la posición o a las circunstancias, en lugar de considerar las condiciones intrínsecas. Dios no muestra parcialidad en su justicia ni en su juicio, cuando se relaciona con los seres humanos, y espera que nosotros sigamos su ejemplo.

¿Lo seguimos? No lo seguimos un pepinillo. Fíjate donde quieras que vayas, y aún con los hombres mejores y más probos al frente, la tremenda e inocultable acepción de personas que existe dentro de nuestras congregaciones.

Las hay raciales, clasistas y, esencialmente, materialistas y económicas. No es lo mismo de ninguna manera en muchas de nuestras iglesias, a la hora de elegir a alguien para algún cargo influyente, optar entre aquel que diezma bien fuerte porque es un rico empresario, que a aquel que lo hace austeramente porque es un obrero con trabajo alternado.

Se cuenta en un relato, a propósito de este tema, que en una congregación de alto nivel ubicada en una zona residencial de nuestra ciudad de Buenos Aires, un hombre muy mal vestido acertó a ingresar en ella media hora antes del inicio del culto.

Todavía había muy poca gente, así que este buen hombre fue y se sentó en la tercera fila, ya que las primeras dos tenían tarjetas identificatorias que rezaban la palabra “reservado”. No obstante, a medida que comenzó a llegar la gente que habitualmente ocupaba esos bancos, los ujieres se encargaron de hacerlo poner de pie y retirarlo hacia más atrás.

Finalmente, y con el templo ya completo, quedó de pie junto a la puerta de salida. Como tenía graves problemas auditivos por una enfermedad, desde allí no oía nada de lo que se decía, así que con profunda tristeza y amargura salió del templo a la calle.

Frente a la iglesia había una pequeña plaza con bancos. El andrajoso hombre cruzó la calle, fue y se sentó en uno de esos bancos. Se puso a pensar en lo que había sucedido allí, precisamente donde unos jóvenes que repartían tratados le habían dicho que encontraría a Jesucristo, y con profundo congoja se puso a llorar.

Fue en ese momento en que de la nada apareció el Señor mismo, en persona. Se sentó a su lado, le puso una mano sobre los hombros y le preguntó: “¿Por qué lloras?” – El hombre, sin mirarlo, le respondió: “Lloro porque en la iglesia de Dios, parece que yo no tengo lugar…” Entonces el señor lo miró y le dijo: “No te preocupes, yo tampoco lo tengo…”

Pero no es lo único que dice este texto. Dice, en primera instancia, que todo lo hagamos, tiene que ser hecho de corazón. ¿Qué significa hacer algo “de corazón”? Significa hacerlo con un sentimiento, una emoción y una voluntad alineados en una misma dirección.

Porque en muchas ocasiones, hacemos algo que una parte nuestra no tiene ni la menor gana de hacer. Quizás lo hacemos por obligación, porque debemos quedar bien o por alguna otra clase de compromiso, pero no tenemos la intención genuina de hacerlo. Eso se llama hipocresía, y Dios nos dice a través de toda la Biblia que debemos descartarla de nuestro común culto diario a Su nombre.

Si la iglesia del Señor actuara en cada momento, en cada caso y en cada actitud respetando esta palabra: “como para el Señor y no como para los hombres”, la iglesia YA sería sin mancha, sin arruga, victoriosa y más que vencedora. ¿Por qué? Simple: porque Dios estaría con ella y no tendría nada de que avergonzarse.

Hoy – Todos lo sabemos, aunque no siempre lo digamos -, no es así. Cuando alguien nuevo llega a una congregación, siempre aparecerá un “veterano” que le “aconsejará” proceder teniendo en cuenta el viejo precepto de las Relaciones Públicas empresarias: “La mujer del César no sólo debe ser buena, sino también parecerlo.”

Que si se tomar tal como está escrito, después de todo, tan malo no sería, ya que la gente sería buena y también lo parecería. Pero no; de esta buena frase, se han quedado (El mundo secular desde siempre y ahora también la iglesia), con una sola expresión: parecer bueno. Serlo ya no interesa demasiado.

El problema, tal como están organizadas nuestras agrupaciones, es que a este precepto lo tienen muy en cuenta los pastores que lideran esos grupos. Ellos ya se acostumbraron a quedarse con lo que ven en lo externo, sin importarles demasiado la verdad de lo interno. Consecuencia: los más altos cargos de las iglesias están ocupados por los mejores actores y actrices.

Sólo un problema que nadie ha visto o que nadie quiere ver. Cuando se presenta un problema de contenido espiritual, (Intercesión, liberación, guerra, evangelismo), los actores y actrices no prevalecen porque ellos sólo conocen la letra del libreto.

Y así es como nuestras congregaciones se convierten una por una en centros religiosos y sociales preocupados enormemente por la figuración y la politiquería religiosa, mientras que decenas y centenas de hermanos necesitados se mueren espiritualmente porque no hay nadie ungido para darles una mano genuina.

¿Y todo esto para qué?, podrás preguntarte. El mismo texto te da la respuesta, la quieras ver o prefieras adaptarte a las normativas religiosas limitantes. Dice que es por la recompensa de la herencia. Esto significa una sola cosa: hay una recompensa.

¿Recompensa? ¿De que recompensa me habla, hermano? ¡¡Yo soy un siervo fiel, humilde y no interesado, y no pienso de ninguna manera reclamar ninguna recompensa! ¿Ah, no, eh? Pues entonces mucho me temo que Dios habrá de dejarte afuera por desobediente. Porque si Él dice que hay recompensa, tú y yo la única libertad que tenemos es para decirle: ¡Amén Señor! ¡Venga esa recompensa!

El verso 5 nos asegura que Dios nos guarda. ¿Qué quiere decir esto? Que Dios nos protege, nos pone a buen recaudo de las seguras inclemencias que la vida cotidiana podría traernos. Pero atención: Él hace eso si nosotros tenemos la fe necesaria, ya que dice que Él nos guarda mediante la fe.

¿Y para qué? Para alcanzar la salvación. Con lo que aquí nos encontramos con un pequeño detalle que por allí les hace trizas la teología a más de un cabezón diplomado: la salvación se alcanza. Y cualquiera sabe que, para alcanzar cualquier cosa que deseemos, minimamente tenemos que hacer un esfuerzo.

Pequeño, mediano, grande, pero esfuerzo al fin. – ¡Pero no, hermano! ¡La salvación es por gracia! ¡Nosotros no hacemos mérito alguno para lograrla ni debemos hacer ningún esfuerzo para obtenerla! Dios la da o no la da…

¿Ah, sí? Ve y cuéntaselo a Pedro, entonces. Parece ser que él lo veía, – Al menos en una pequeña proporción – de un modo algo diferente a como lo estás viendo tú. De otro modo no hubiera dicho lo que dijo o lo hubiera dicho de otro modo.

Es verdad total que yo no puedo pretender hacer ningún mérito para ser salvo. También es verdad que, por más que me esmere, si no acepto a Jesucristo como único Salvador y mediador en mi vida, jamás lo seré. Pero no menos cierto resulta que, una vez que se determine mi estado de “salvo”, deberé hacer alguna clase d esfuerzo para completar esa decisión y alcanzar definitivamente ese regalo del cielo.

(Juan 10: 27)= Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, (28) y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás ni nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

A mí se me ocurre hacerte una pregunta en esta altura del estudio: ¿Tú estás oyendo o no la voz de Cristo? Porque aquí el que está hablando es Jesús y está diciendo que Él (Y yo agregaría: sólo Él) es “El Buen Pastor”. Entonces resultará muy importante que puedas oír su voz para seguirle.

Es que…hermano…¿Cómo se oirá esa voz? ¿Será de manera audible? – Quizás. – ¿O tal vez por medio de su palabra? – Tal vez. – ¿O no será mediante sueños o visiones? – Puede ser. – ¿O quizás por pensamientos, ideas u otras maneras desconocidas? – También es posible.

Hermano…a todo me dijo que sí, que es posible, que quizás, que tal vez, pero en definitiva no me dijo cual es el modo. – Es que no hay UN modo. Dios es soberano y se mueve como quiere, cuando quiere y de la manera que se le ocurre.

¿Entonces? ¿Cómo hago para oír su voz y conocerle? – Oye a sus instrumentos, a sus mensajeros. Pero cuidado: óyelos e inmediatamente comprueba con la escritura en tus manos, si lo que te están diciendo es así. Si lo es, puedes conocer a Cristo a través de esa palabra. Si no lo es, mejor búscate otro predicador porque ese, mucho me temo que es falso.

El caso es que Jesús brinda en este pequeño párrafo, una lección completa y acabada, aunque sintética, de la tarea real y genuina de un pastor real y genuino. No hablo de imitaciones humanistas más vinculadas a la gerencia principal de una empresa llamada iglesia, que a un protector de ovejas.

Y dice que ellas oyen su voz. ¿Recuerdas la cantidad de veces que Jesús dice a quien quiera oírlo, que “aquel que tenga oídos, oiga”? ¿Es que acaso esto significaba que en esos tiempos abundaban los enfermos de sordera? No. Lo que abundaba, igualito que ahora, era la sordera espiritual.

Él agrega que las conoce. A esto, si quieres. Vamos a tomarlo desde los dos ángulos más visibles: el literal, humano y el espiritual. Bíblico y simbólico. Si dice que las conoce, es porque las conoce. No tiene a cinco mil anotadas en un registro y atendidas (Cuando son atendidas) por ayudantes, co-pastores o como se llamen en tu iglesia.

¿A quien se le podría ocurrir llamar “pastor” a un hombre que viaja permanentemente durante la mayor parte del año por todos los países donde sus amigos y consiervos lo invitan a predicar y jamás ha pasado siquiera cinco minutos con la mayoría de quienes lo consideran como SU pastor?

¡Pero no, hermano! ¡Si no nos organizamos de este modo, jamás podremos crecer! – Es verdad. En número de miembros, si no se organizan de esa manera, jamás podrán crecer. El problema es que, aunque crezcan en número y de un modo hasta impactante y asombroso, jamás tendrán un pueblo maduro.

Porque el discipulado, esa realidad altamente necesaria en la vida de un recién convertido, se habrá transformado en una rutina pedagógica que nadie valorará. Ni los supuestos discipuladores ni mucho menos los supuestos discipulados. Él las conoce. Tú pastor, no del todo. Esa es la diferencia.

La otra forma de ver ese conocimiento, es desde lo espiritual. Ya te he dicho cien veces que, cuando la Biblia usa el término conocer, en realidad de lo que siempre está hablando, es de intimidad. Interprétese bien. El pastor que no tenga intimidad con su pastoreado, jamás llegará a conocerlo, jamás se dará a conocer y jamás podrá ser canal de bendición.

Llegado a este punto, hay que evaluar con una especie de filtro o zaranda, donde sólo quedará lo excelente, si la gran mayoría de pastores tienen verdaderamente interés de pastorear a sus ovejas o sólo les importa mantenerlas dentro del redil para que sigan aportando sus diezmos y ofendas y así mantener la iglesia, la organización y mantenerse a sí mismo.

Finalmente, dice que no perecerán jamás. ¿Inmortalidad? Desde lo espiritual y eterno, obviamente que sí. La vida eterna está asegurada y garantizada por todo el evangelio. El dilema para ti es decidir en que lugar de los que conoces habrás de vivirla.

Y concluye expresando que nadie puede arrebatar esas ovejas de la mano del Padre. ¿Esto es una confirmación a doctrinas que hablan de la salvación imborrable e inalterable pase lo que pase? No. Esto, lo único que asegura, es que mientras tú andes en Cristo, la mano de Dios no te suelta. Pero si decides irte…Dios no va a impedirlo porque jamás impone su voluntad por sobre la de su Creación.

En el verso 6. he hallado algo que a primera lectura siempre me resultó curioso. Porque se nos dice que, pese a sentir una enorme alegría y también gozo por todo lo bueno que se nos presenta, tendremos que ser afligidos.

Dime la pura y más sincera y santa de las verdades: dicho así, de este modo, ¿No es como que te suena algo raro? Seamos más claros: ¿No suena como una especie de crueldad innecesaria? Si se considera a la aflicción como un mal a combatir, de hecho que sí.

Veamos que es lo que nos dice un diccionario secular sobre la palabra Aflicción: Acción y efecto de afligir. Muy bien: Afligir: Del latín Affligere.- Causar molestia o sufrimiento físico.- Causar tristeza o angustia moral.- Preocupar, inquietar.- Sentir sufrimiento físico o pesadumbre moral.-

Es decir que, más allá del júbilo y la algarabía que en nuestro ser puede determinar el hallar a Cristo, la salvación y esta vida abundante prometida, vamos a tener que pasar por estas cosas. El por qué, la misma palabra te lo explica aunque hoy muchos de nosotros podamos no entenderlo.

Pero no lo entendemos porque en nuestro español de dudosa validez, tomamos a ciertas terminologías con una entidad que conforme a los originales bíblicos, no es la correcta. Esto sucede, en este caso, con esa expresión de: tengáis que pasar por aflicciones…etc.

Porque lo cierto es que la palabra utilizada en este texto y que luego será traducida como tengáis, es la palabra EJO, que incluye una forma de altitud que derivará en SJEO, que tiene varias traducciones a saber: Sostener, Posesión, Capacidad, Contigüidad, Relación o Condición.

Pese a lo complicado que resulta adaptar el griego a cuestiones tan específicas y puntuales como conlleva el evangelio, a todas luces queda en evidencia que este tengáis no tiene nada que ver con algo ineludible u obligatorio como interpretamos en nuestra ligera lectura.

Este término se emparienta mucho más con que sostendremos aflicciones, o las poseeremos aún en contra de nuestra predilección o viviremos esa condición mal que nos pese porque así está dispuesto en su globalidad para que se produzca lo que se dice a continuación.

(Romanos 5: 1)= Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro señor Jesucristo; (2) por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.

Toda la vida cristiana es el fruto de la gracia de Dios, en la cual estamos firmes: su favor y provisión en Cristo que no merecemos. La gloria de Dios es una manifestación externa de su esencia interior. Al regreso del señor se revelará esa gloria en toda su plenitud, y los creyentes se regocijan por la perspectiva de contemplarlo tal cual es y compartir su gloria.

(1 Pedro 5: 10)= Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.

La palabra padecido, aquí, reemplaza a la de “afligidos” que figura en el texto base. Y tiene que ver con sentir física y corporalmente un daño, dolor, enfermedad, pena o castigo.- Soportar agravios, injurias, pesares, etc.- Sufrir algo nocivo, desventajoso.-

Fíjate, entonces, que ninguna de estas acepciones tiene que ver con una obligación dispuesta por alguien, sino con consecuencias casi lógicas de una vida cotidiana en un marco imperfecto. Los agravios, las injurias y los pesares, generalmente pueden llegar a experimentarse dentro mismo de nuestras congregaciones. Y en mucho mayor medida si se confronta con las corrupciones o fraudes de la estructura tradicional.

(Santiago 1: 2)= Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas. (3) sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.

Vamos por partes: convertirse en cristiano no libera automáticamente a nadie de las dificultades. La actitud correcta al enfrentar la adversidad es tener sumo gozo, lo cual no es una reacción emocional, sino una deliberada e inteligente evaluación de las circunstancias desde la perspectiva de Dios, al ver las pruebas como un medio para el crecimiento moral y espiritual.

No nos gozamos de las pruebas en sí mismas, sino de sus posibles frutos. Someter a prueba, equivale a comprobar lo genuino de algo. Sirve como una disciplina para purgar la fe de sus impurezas, extirpando lo que es falso. La paciencia no es mera resignación pasiva ante circunstancias adversas, sino firmeza y valor que nos ayudan a resistir con valentía.

De eso, en términos generales, es de lo que está hablando Pedro en el verso 7. Se ha confundido y mucho esta expresión y, esa confusión, ha llegado al extremo de implementar nuevas doctrinas basadas, específicamente, en el sufrimiento.

Algo así, como: “si sufres, pasas por la prueba necesaria para que Dios te acepte.” Ni por asomo Pedro hablaba de esto. Esto es algo muy similar al estoicismo y el pueblo de Dios está llamado a ser un pueblo fuerte, pero de ninguna manera estoico.

Es caminar por la cornisa. El estoicismo, que deriva de la vieja escuela de Zenón que se reunía en el pórtico de Atenas, fundamentaba su fortaleza en una especie de dominio mental por sobre la adversidad. Pero lo nuestro no emana de nuestra mente ni de nuestra alma. Nuestra fortaleza emana de Dios y de su Espíritu. Absolutamente nada que ver.

Tú te preguntas, a esta altura, en qué puede tener deficiencias o impurezas tu fe. Quieres saber, quizás, que diferencia hay entre alguien con una fe genuina a otro con una fe impura. Simple: la fe genuina solamente espera en Dios. La fe impura, en ritos, métodos, gestos, actitudes, rituales y demás “servicios anexos” que, en más de un caso, han sido publicitados desde las que se dicen nuestras “iglesias”.

Sin embargo, cuando lega una auténtica crisis que puede ser física, emocional o sentimental, esa crisis actúa como un filtro. Allí se van a la basura todos los rudimentos falsos porque su propia inutilidad da cuenta muy claramente de su falsedad. Esto es: de una crisis de alta graduación, la fe que sale indemne, es la fe auténtica. Cualquiera de los otros modelos “for export”, quedan en el camino.

(Salmo 66: 10)= Porque tú nos probaste, oh Dios; nos ensayaste como se afina la plata.

Dios nos va a probar como a la plata, Si nos mantenemos firmes teniendo los ojos puestos en Jesús, la aflicción, la presión o las circunstancias adversas no nos podrán desanimar, ni hacer perder la fe, ni la visión. Eso sí, debemos tener mucho cuidado de no culpar a alguna persona por ello.

¿Qué es lo primero que un recluso hace cuando sale de la prisión? Mirar hacia arriba y ver la belleza del cielo, la libertad con que las nubes se mueven por el viento. Es una forma sencilla y práctica de disfrutar de una libertad por mucho tiempo negada.

Cuando pasamos por situaciones difíciles, es como estar en la cárcel, pero cuando pasamos la prueba, salimos a una nueva libertad; dejamos el lugar de confinamiento y pasamos a un ensanchamiento, a una nueva etapa, a un lugar de abundancia en donde hay libertad, aire fresco, a un nuevo nivel de unción. En este tiempo el Espíritu del Señor nos está empujando a otro nivel.

Salir de las babilonias falsas y religiosas, es como salir de una cárcel. Miles de hermanos fieles que por años dedicaron todas sus horas al servicio activo eclesiástico, más que al señor, sienten esa bocanada de aire fresco el primer fin de semana de libertad auténtica en Cristo.

Muchas hermanas que leen esto, han estado en un embarazo, y el tiempo más difícil es cuando se acerca el momento del alumbramiento. Porque por lo general hay un lapso largo de labor. Es difícil para la mujer cuando el bebé está cruzando el canal uterino y se sueltan químicos en su cuerpo para producir la dilatación; también el Espíritu Santo suelta químicos en el Cuerpo de Cristo. ¿Puedes entenderlo?

Esos “químicos” son palabras y declaraciones proféticas que cambiarán la atmósfera espiritual para que, en definitiva, se manifieste la vida. No lo olvides: tiene la misma expectativa, el mismo temor y la misma ansiedad que un “pre-parto”. Pero luego, también, tiene su mismo gozo por la vida nueva que ha visto la luz.

(Romanos 2: 5)= Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, (6) el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: (7) vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad,

La palabra clave, aquí es Perseverancia, que es una especie de constancia en la virtud y en mantener la gracia hasta la muerte. Es la acción de perseverar, que es mantenerse constante en la prosecución de lo comenzado, en una actitud o en una opinión.

Y se nos dice que esa perseverancia tiene que ser para hacer el bien. ¡Cualquier religión propone eso! Me podrán decir y no se equivocan. Todas las religiones del planeta fundamentan sus doctrinas básicas precisamente en eso: hacer el bien.

Sin embargo, algo está sucediendo con la espiritualidad de la gente. Si insistimos en verla desde la óptica de las religiones, algo está ocurriendo y no es bueno. Porque pese a esto que mencionamos, no hay abundancia del bien y escasez del mal en la tierra, sino todo lo contrario.

¿Qué es lo que pasa, entonces? ¿Las religiones no están cumpliendo con sus objetivos primarios? No, pero no t3e sorprendas; jamás lo hicieron. ¡¡Pero si hay muchos creyentes que hacen el bien!! Sí, pero no son religiosos, son creyentes.

¿Y no es la misma cosa? No lo es. Porque la religión se fundamenta en un fundador, ya muerto que ha dejado una doctrina escrita en un libro que debe respetarse a rajatabla. Sucede con Mahoma, con Buda, con José Smith y tantos más.

Pero el cristianismo, ¿También es una religión? El mundo dice que sí porque hay un fundador, Jesús, que murió y dejó un libro, La Biblia, que encierra una doctrina que será respetada. Sólo un pequeño problema: ¡¡¡Cristo vive!! Y allí es donde se termina la religión y comienza el evangelio dinámico que predicó Pablo, Pedro y que la iglesia, (Nosotros) debemos seguir en perseverancia.

¿Perseverancia con qué o contra que? Pueden ser muchas cosas, agresiones o persecuciones incluidas, pero fundamentalmente, nuestra perseverancia es en contra de los postulados de la religión. ¿Qué religión, la Católica Romana, quizás? Sí, pero también la Evangélica y todas las demás anexadas que, lo único que han conseguido con el tiempo, ha sido espantar a la gente del camino al Dios genuino.

Un pensador de mi país, secular y ateo, creo, fabricante de aforismos que suele reunir en libros que vende muy bien, y que se llama José Narosky, dijo una vez esto, que para mí, pese a su condición personal, pasó a ser un resumen sintético de lo que hoy tratamos de enseñar los hombres que dependemos del Señor más allá de las estructuras religiosas de cualquier color:

“…Cuando las religiones separan a los hombres, se apartan de Dios…”

El verso 9 tiene un elemento notorio y hasta notable, si quieres. Porque allí dice que podemos amar a Dios, sin haberle visto. Escucha: no es ninguna tontería esta, eh? ¿Tú crees que es sencillo amar a alguien que no vemos, cuando nos cuesta tanto trabajo hacerlo con aquellos que sí vemos?

Esposo: ¿Amas a tu esposa, verdaderamente, o apenas soportas la convivencia con ella porque es buena persona, cocina bien, etc.? Parece grosero decir esto, ¿No es así? No le hace: Miles de matrimonios siguen unidos por estas cosas. Jamás se divorciarán. Jamás se podrán amar. Aunque todos los domingos estén sentaditos juntos en un templo. Aunque alguno de esos domingos les toque dar testimonio de su amor de familia “para modelo de los más jóvenes”.

De esto podemos hablar en todos los niveles, pero no es mi intención hacer algo que te obligue a dejar la lectura de este trabajo y salir corriendo adonde haya un consejero porque has descubierto tu falta y carencia de amor verdadero. Sólo te haré una pregunta: ¿Amas a Dios?

Creo que puedo oír tu alarido de respuesta afirmativa aunque te encuentres a miles de kilómetros de mi Argentina. Sin embargo, y a la manera de Jesús con Pedro, debo repetirte la pregunta una vez más para que la respondas pensando: ¿Amas a Dios?

¿Y como es ese amor? Porque he oído a personas, (en este caso, mayoritariamente mujeres y mujeres solas, ya sea solteras mayores, viudas, separadas, divorciadas o casadas infelices) asegurar que aman a Jesús. Pero resulta ser que, luego, en la consulta personalizada que los pastores suelen hacer con esas personas, se descubre que ese “amor” a Jesús es un sentimiento de reemplazo por el hombre ausente en sus vidas. ¿Pecado, acaso? ¡No! ¿Por qué habría de serlo? No hablamos de pecado, hablamos de amor. Y pecado, eso, no es. Pero amor real y verdadero, tampoco.

¿Quieres que te diga la verdad? No me atrevo a escribir ni dos letras relacionadas con el amor a Dios. Ni siquiera tengo la capacidad para explicar el amor de Dios para con nosotros. Puedo hablar teológicamente, sentimentalmente, emocionalmente y hasta científicamente si quieres, pero jamás podría decir, (al menos hasta hoy) algo con la autoridad suficiente como para que los dos estuviéramos seguros de haber hablado de lo que realmente debería ser nuestro amor a Dios.

(1 Juan 4: 20)= Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿Cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?

Este versículo resume sintéticamente, y desde la misma Palabra, lo que hemos compartido más arriba. No obstante, habrá que aclarar algo muy importante que no siempre se aclara, con el fin de no sentirse culpables de algo cuando en realidad no lo seas.

Imagínate que si tú te peleas por ver quien ocupa la plataforma, junto al pastor, el próximo domingo, con un hermano con el cual siempre has tenido buena relación y, de allí en más, pasas a aborrecerlo, es indudable que formas parte de lo que aquí se dice: será imposible que puedas asegurar amar a Dios y aborrezcas a ESE hermano y por ESA causa.

Porque es indudable, (Y así se desprende de este relato de ficción que he hecho), que ese hermano es tan genuino, fiel, sincero, íntegro y verdadero como tú y que, en todo caso, ambos han entrado por ignorancia en el juego de los demonios de soberbia y orgullo que llevan a ciertos creyentes a suponer que lo más importante del evangelio es la figuración ante los demás.

Pero hay otro caso que no tiene absolutamente nada que ver con tu amor a Dios y con hermanos verdaderos. Porque si tú aborreces a alguien que concurre a la misma congregación que tú, ocupa cargos importantes, predica, es líder y convoca a mucha gente, pero tú sabes muy bien que es falso, hipócrita y su servicio es solamente un medio para aumentar sus ingresos personales, entonces ese aborrecimiento tuyo tendrá que ver con tu amor a Dios porque Dios también lo aborrece.

Y con respecto al ver o no ver, los seres humanos sin Dios necesitan imágenes para sentir amor, respeto, veneración o adoración por alguien. Por eso los llamados “ídolos” humanos, ya sean deportivos, actorales, músicos u otros, son honrados con sus fotografías y afiches en los lugres públicos.

Por esa misma razón, toda clase de ídolo (Incluidos los religiosos) necesitan de un ícono, de una imagen, de “algo que se vea” para poder invitar a otros a su adoración o pleitesía. No importa su sentido. En cualquiera de sus aspectos, sigue siendo idolatría y, como tal, aborrecida por Dios. Los verdaderos hombres y mujeres de Dios, (Comenzando por el mismísimo Jesús) no hicieron hincapié en sus imágenes personales.

¿Imaginas una iglesia promocionando una predicación de Jesús con su fotografía tamaño natural en la puerta? ¿O una página de Internet publicitando Su ministerio de Salvación, Sanidad y Liberación, con la foto en la página principal de Jesús junto a María y José su familia, con el “inocente” pretexto de que “todos le conozcan”?

¡Por favor! ¡Entiéndeme y ten paciencia! ¡No me tomes por irónico, hiriente o mal intencionado! ¡¡Es que no tengo otra manera que esta para dejar en evidencia que hay cosas que son de Dios y otras que no lo son, aunque nos encontremos con todas juntas y en un mismo lugar!

Muchos de los que pudieran aborrecerme por no coincidir con sus doctrinas, dicen amar a Dios. ¿Podría yo aborrecerlos, sin conocerlos, y luego predicar sobre el amor a Dios? Sólo sé que si Dios nos juzgara, sentenciara y ejecutara de la misma manera con que nosotros lo hacemos con muchos conocidos, el cielo estaría vacío. Ni siquiera llegarían a esos 144 mil que difunden y creen los Testigos de Jehová…

UN día dialogué con dos de ellos que hacían trabajo “evangelístico” en mi calle. Les pregunté cuantos eran en mi ciudad. Me dijeron una cantidad muy importante. Entonces le dije, simulando admiración, que eso garantizaba un número muy alto en el país…

Allí, con indisimulado orgullo sectorial, (El mismo que muchos de nosotros demostramos para con nuestra iglesia local o nuestra denominación), me dijeron que calculaban que eran cerca de un millón.

Allí fue donde con rostro de infinita inocencia le pregunté que pasaría con los 856 mil que se perdían, ya que si sólo se salvaban 144 mil… ¡¡Hubieras visto esas caritas!! ¿Será posible que nadie se los hubiera dicho antes? Y eso que nos quedó el resto del mundo sin comentar…

(Juan 20: 29)= Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron y creyeron.

¡Que historia la de Tomás! ¿Te diste cuenta que de Tomás sólo has escuchado alguna que otra predicación, tomándolo como modelo de incredulidad? Resulta injusto, porque salvo Pedro y Juan, y con algunas excepciones, el resto del grupo de discípulos dejaron en evidencia ser lo suficientemente incrédulos como para, incluso, no tener en claro para nada quien era Jesús y a qué había venido.

Sin embargo, cuando hay que hablar de un incrédulo de marca mayor, allí está Tomás. “Si no lo veo no lo creo”, o “Si no lo toco no lo creo”, han pasado a ser en algunos lugares, verdaderos íconos de la incredulidad más manifiesta y ofensiva para Dios. No te lo creas; hay otras incredulidades mucho peores, porque no están afrontadas abiertamente como la de Tomás, sino escondidas en actitudes hipócritas y de simulación permanente. Dios conoce todas las cosas y no le tiembla la mano a la hora de hacer juicio. Ah, y Dios es justo…

De todas formas, también nos la hemos agarrado con el pobre Pedro a la hora de predicar sobre cobardía y temor al hombre. Leemos el pasaje de la negación y decimos: ¿Ves, hermano? ¡Esto es cobardía, esto es miedo a lo que el hombre pueda hacerte! ¡¡Nunca cometas el mismo error!!

Y la gente se desgañita aullando “¡¡Amén!!”, y se olvida que cuando llega a su barrio, a su calle, a su casa, si algún vecino le saluda y le pregunta de donde viene, le da vergüenza o temor decir que viene de la iglesia y dice que viene del parque de diversiones o de bailar chá-chá-chá… ¿Pedro?

Y además, si prestas atención bien prolija a ese relato, podrás comprobar que, cuando Pedro le dice a Jesús que dará su vida por Él, mereciendo como respuesta lo que todos conocemos, allí mismo podemos leer que: …todos los demás dijeron lo mismo…

Es decir que la promesa de dar la vida por Jesús si era necesario, fue hecha en voz alta por Pedro porque quizás era el más “bocón” del grupo, pero fue respaldada y corroborada por todos los demás. Pero a la hora de la crisis sólo Pedro se atrevió, por lo menos, a asomarse por el lugar a ver qué estaba pasando, en tanto que los demás ni siquiera aparecieron…¿Un solo cobarde?

El beneficio de creer sin ver, que es el básico fundamento de la fe genuina, es ser feliz. ¿Cuánto cuesta ser feliz en esta vida? No te lo puedo decir yo, no soy quien, pregúntale a toda la gente que conoces, creyentes o incrédulos y podrás hacer una estadística más o menos aproximada.

Porque ser bienaventurado significa precisa y específicamente eso: ser feliz. ¿Será por ese motivo que es mucha más la gente que no puede, no sabe, no quiere o ni siquiera intenta ser feliz que la que sí parece serlo?

Digo más: ¿Hay gente que demuestra ser feliz? ¿Conoces más de diez? Los hay, eso es notorio, pero no abundan. El por qué, quizás lo debas buscar en este mismo principio encerrado en este verso: si necesitas ver para creer, quizás te incorpores a alguna religión organizada, pero no podrás ser feliz. Porque Dios mismo en su inspirada Palabra nos dice que eres feliz si puedes creer sin ver.

¡Pero hermano! ¿Entonces está mal desear milagros para ver? No, no está mal. Es hermoso asistir a cualquier clase de milagros de Dios porque nos sobrecoge, nos empequeñece y nos refuerza la fe. Pero una cosa es desear ser testigos de milagros y otra muy distinta vivir toda una vida persiguiéndolos. No te olvides que dedicarte a buscar los milagros de Dios puede llevarte a olvidar y dejar de lado al Dios de los milagros…

Y nos encontramos con el verso 9, y allí con una expresión que muy pocos han estimado conveniente estudiar más a fondo, pero que no parecería ser lo que a primera vista la mayoría lee y entiende. Porque dice que así obtendremos el fin de nuestra fe, que es la salvación…de nuestras almas.

No voy a profundizar en esto porque no he recibido ni palabra ni revelación para hacerlo, y si evalúo conforme a mi propia sabiduría, seguramente llegaré a una tesis más que no hará sino agregar un punto más de confusión en el que se camina en este asunto.

Watchman Nee, ese chino naturalizado americano que tanto le ha aportado al evangelio con sus profundos estudios sobre las diferencias entre el alma, el espíritu humano y el cuerpo (“El Hombre Espiritual” quizás, haya sido su obra cumbre) tiene su propia visión de esto: él asegura que hay dos salvaciones: una del espíritu humano y la otra del alma.

No es descabellada su teoría. Si partimos de la base que Pablo nos dice que somos alma, cuerpo y espíritu, y luego leemos que cuando morimos, nuestro cuerpo vuelve al polvo de donde era y el espíritu vuelve a Dios que fue quien lo dio, nos está quedando el alma sin mencionar.

Allí es donde mucha gente se fabrica un enorme paquete enredado del cual no sabe como salir y decide olvidarlo y pasar a otra cosa, que es lo que la mayoría de los cristianos hemos hecho históricamente cuando no entendíamos algo. Por eso ignoramos tantas cosas. Lo que teníamos que hacer era obedecer el mandato del Señor de escudriñar, que es investigar, buscarle cinco patas a un gato que a la vista parece tener solo cuatro…

Yo, te confieso, no he llegado mucho más allá de lo que ha llegado el común denominador. Prefiero no adherir sin evaluaciones personales la teoría de W. Nee por una razón: Dios me manda a comprobar por mí mismo si estas cosas son así, las diga quien las diga.

¡¡Pero hermano!! ¡Es que es un siervo que ha demostrado estar acertado en la mayoría de sus estudios! Así es, sin dudas. Pero sigue estando bajo maldición el hombre que confía en el hombre sin pasar sus dichos por la palabra, y eso es válido para todos por igual: anónimos y “famosos”.

De allí que, viendo lo escrito, se puede entender que, mientras la salvación del espíritu llega en el momento final cuando el señor nos llama a abandonar este mundo, la salvación del alma tiene que ver con su liberación del yugo de esclavitud que impone el enemigo y que hace, ente otras cosas, que envíe mandatos autodestructivos al cuerpo. Sólo apoyarnos en nuestra fe, que es lo único que posibilita este suceso.

(Romanos 6: 22)= Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hecho siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.

Digamos que este texto confirma bastante lo que hemos expuesto más arriba. Pablo utiliza la analogía humana de la esclavitud en su apelación a la santidad de los creyentes. Al hacerlo recuerda a sus lectores el contraste entre la vieja vida aún no regenerada (Que sería un alma no libertada aún) y la nueva vida en Cristo, que sería lo que en el otro texto se denomina como salvación del alma.

Los esclavos del pecado no reconocen la necesidad de la justicia, sino que se abandonan al proceso de deterioro moral que culmina con la muerte. Los siervos de Dios, al contrario, se consagran a la santidad, un camino que conduce a la vida eterna.

De paso, conviene puntualizar que la santidad, no es el punto máximo, cumbre y final en la vida de un cristiano, tal como lo enseñan en muchos lugares. La santidad, en todo caso, es el punto de partida desde el cual todo creyente puede ministrar al Señor con unción y poder. El fin, como aquí se señala, es la vida eterna.

Ahora bien; sobre esta salvación, sobre la cual todavía se estudia en los buenos seminarios e institutos teológicos, también se habló en la antigüedad y con amplitud. Dice el verso 10 que los profetas, además de profetizar sobre la Gracia, también inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación.

Veamos: ¿Qué significado tiene la palabra Inquirir? Dice el diccionario que es indagar, averiguar o examinar cuidadosamente algo. Ha utilizado sinónimos, entonces, en este verso el apóstol Pedro. Porque buscando el significado de Indagar, nos encontramos con que quiere decir intentar averiguar, inquirir algo con preguntas o discurriendo.

Esto nos está diciendo que los profetas antiguos, muy lejos de encerrarse en una burbuja espiritualoide o híper-mística, averiguaron, preguntaron, quisieron saber de cualquier manera con respecto a esa salvación de la que luego, con información de primer nivel, hablaron a la gente.

(Mateo 13: 17)= Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.

¿Qué quiere decir con que los antiguos profetas y justos en general, desearon ver y oír lo que nosotros estamos viendo y oyendo en este tiempo? En principio, que había otra información, otra revelación y otro tiempo espiritual.

La palabra que se utiliza aquí para DESEARON, es la palabra griega EPITHUMEO, y se traduce como. “fijar uno su corazón en algo, anhelar, codiciar, desear grandemente, apasionarse por algo. La palabra recalca la intensidad del deseo más bien que el objeto deseado. Describe las dos cosas: los buenos y los malos deseos.”

¿Qué entendemos aquí? Que cuando se trata de las cosas de Dios, nuestro anhelo, nuestro deseo, no puede ser mediocre, mediano ni mínimo. Es grande, es apasionante o no es auténtico deseo por algo divino. Lo dicho: para tener intimidad con nuestro Dios, es necesario previamente, tener pasión.

(Mateo 26: 24)= A la verdad, el Hijo del Hombre va, según está escrito de él, más ¡Ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido.

Yo no sé lo que tú piensas sobre la traición. A mí no me gusta en absoluto y es algo que aborrezco hasta el grado de la angustia. Deploro a alguien que traiciona y me inspira un profundo sentimiento de apoyo aquel que ha sido traicionado. Sin embargo, convengamos que esta palabra nos asegura que la traición era necesaria para que se cumpliera el propósito de Dios.

¿Te das cuenta por qué siempre estoy repitiendo, (Por allí hasta el cansancio), que los caminos de Dios no sólo son distintos a los caminos del hombre, tal como lo dice la Biblia, sino que incluso son diametralmente opuestos?

Todos pretendemos que Dios nos entienda, nos comprenda y, en base a ello, nos justifique. Está bien, así somos y no seré yo quien pretenda cambiar algo en el ser humano. Pero alguien, alguna vez, ¿Se ha planteado comprender o entender a Dios y sus actos diarios? Ni lo intentes. No es un consejo sano o sabio, es un principio de vida abundante.

El traidor fue Judas, todos lo saben. ¿Dios sabía que Judas iba a traicionar a Jesús? Lo sabía, Dios todo lo sabe. ¿Y por que no lo impidió? Porque eso hubiera sido imponer su voluntad por sobre la de un hombre que creía hacer un buen negocio personal entregando a Jesús.

Y además, había una palabra que tenía que cumplirse. Y para que ello ocurriera, Judas debía hacer exactamente lo que hizo, no otra cosa. Pregunta: ¿Jesús no adivinó eso? Y si lo vio de antemano, ¿Por qué no lo impidió y se salvó de ir a la cruz?

Este es un pensamiento ciento por ciento humanista y egocéntrico. Jesús salvándose del oprobio de la cruz y Judas derrotado en la tierra. El pecado del mundo, mientras tanto, sin ninguna clase de redención porque el enemigo tiene autoridad sobre lo que no se baña con sangre. Por favor, ya basta; no pretendas inventar un evangelio nuevo sin sacrificio, no funcionará.

Allí es donde se nos recuerda que aquellos profetas, dentro de los cuales, – Dice -, moraba el Espíritu de Cristo, (Que es uno de los modos con que se denomina al Espíritu Santo), habían preanunciado en sus oráculos, no sólo la existencia del Cristo, sino el modo en que iba a morir.

Hay un capítulo entero, el número 53, del libro del profeta Isaías, que no vale la pena reproducir aquí porque cualquiera puede tomar su Biblia ahora mismo y leerlo completo, que anticipa, casi con rigurosidad cronológica, paso por paso, los sufrimientos por los que iba a pasar Jesús.

(2 Pedro 1: 19)= Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; (20) entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, (21) porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.

Este texto ha sido bastardeado por Babilonia. Se le ha dado la interpretación de que habla de aquellos que interpretan, ya de una profecía, ya de un texto cualquiera, algo que no coincide con lo que la denominación respectiva ha dictaminado.

Entonces, se recita en voz alta este versículo: ¡Ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada!, a lo que debería agregarse: “¡Entonces no vamos a admitir algo revelado a alguien que no está sujeto a la sana doctrina de la denominación!

Es terrible, pro este texto no habla en absoluto de eso. Lo que sí nos dice, es que cualquier profecía que se oiga, no tiene ni puede tener una interpretación relacionada con un hombre, sino que siempre que hay profecía, la iglesia es la destinataria prioritaria y eminente.

No me interesa si todavía andan por esas calles de Dios, (Mejor debería decir: por esos púlpitos de Dios); hombres que ponen en fila a la gente que asiste a un culto y les profetizan cosas sobre sus vidas privadas y personales.

No me importa si esos hombres, hoy, todavía, tienen un nombre de prestigio dentro del pueblo evangélico y reciben ofrendas u honorarios sumamente altos por su participación en determinados sitios. Eso, así como ellos lo están “vendiendo”, no es de Dios.

¡¡Pero hermano!! ¡¡Es que han acertado casi todas las profecías que les dieron a los hermanos!! Por supuesto, los espíritus de adivinación tienen excelente información por parte de demonios ayudantes, que les permite anticipar hechos que luego los hombres, deseosos de hacer efectivas esas “profecías”, se encargan de cumplir.

En el verso 12 se nos explicita algo que no siempre y no todos han o hemos entendido. Se nos dice que no para nosotros mismos, sino para los demás, para los otros es que estamos administrando las cosas que ahora nos son anunciadas.

Lo curioso, llamativo y que debería haber roto totalmente esas viejas y estériles discusiones y debates en torno a las formas de interpretación bíblica, es que dice que eso se nos ha revelado. ¿Qué quiere decir con esto? Que el evangelio real, siempre es por revelación, no por entendimiento humano como hemos preferido tomarlo nosotros porque es la única forma de controlarlo.

Si te quedan dudas, observa que al final del verso, Pedro dice que los que han predicado el evangelio anteriormente, lo han hecho por el Espíritu Santo enviado del cielo, lo que equivale a fundamentar a la predicación como un hecho espiritual y no humano como a tantos les gusta creer.

De otro modo, fíjate, jamás se le habría agregado que a eso les encantaría conocerlo a los ángeles. ¿Tú puedes creer, realmente, que los ángeles de Dios aspirarían a conocer algo que proviene de la sabiduría de un hombre que, antes de su redención y glorificación, ha sido creado un poco menor que ellos?

Lo que los ángeles desean conocer, hoy mismo, es lo que Dios está revelando, por su Espíritu Santo, a su pueblo en este tiempo. Si tú estás recibiendo revelación, imagínate a miles de ángeles tratando de leer por sobre tu hombro tus apuntes para conocer algo que a ellos les está vedado por sí mismos, pese a ser lo que son y significar lo que significan.

Una vez más, habrá que reiterar el concepto principal de este párrafo. Todo esto es para los demás, para quienes nos oyen, nos leen o nos ven. Esto no es para nuestro lucimiento personal. A Dios no le interesa en lo más mínimo que tú te luzcas, a Dios le interesa que tú obedezcas y digas lo que Él te ha enviado a decir. Quiere Ministros, no “mini-astros”.

(Daniel 9: 24)= Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al santo de los santos.

Las setenta semanas, (O setenta veces siete años), eran un plazo profético asociado con el pueblo de Daniel, los judíos y la ciudad santa de Jerusalén. Hoy tendría su correlato para con el pueblo de Dios, sus hijos genuinos y la iglesia misma. No despreciamos la historia, pero la Biblia nunca dijo que Dios es histórico, mientras sí ha dicho que Dios es Espíritu. De allí nuestra interpretación, aunque a algunos les parezca fantasiosa. Lo lamento. A un ciego es imposible explicarle como es un determinado color.

¿Qué es lo que dice que va a terminar? La Prevaricación. ¿Cuántas veces has oído esta palabra? ¿Cuántas veces la has visto escrita en textos bíblicos? ¿Te has preocupado por conocer su significado? ¡Es el pecado, hermano! Es algo más que el pecado, mira…

Un diccionario secular de español, dice concretamente que, Prevaricación, es: “Delito consistente en dictar a sabiendas una resolución injusta, una autoridad, un juez o un funcionario.” Como puedes ver, se trata de una terminología de corte jurídico, pero si la Biblia la utiliza es porque la iglesia tiene que ver con ella.

En efecto, la prevaricación nos cabe desde el ángulo de “funcionarios del Reino de Dios en la tierra”. Y, como tales, podemos caer en este pecado mucho más fuerte que el pecado a secas, en sí mismo. Porque se trata de algo que, sabiendo que está mal, decidimos hacerlo de todos modos porque nos conviene.

Tal como puedes observar con muy poco esfuerzo, la prevaricación es mucho más complicada que el pecado. Porque un pecado puede cometerse hasta por omisión o ignorancia, pero una prevaricación siempre conlleva un plan previo que posibilita un beneficio determinado. La Biblia habla de la restauración del pecado, pero jamás dice lo mismo en cuanto a la prevaricación.

¿Existe eso en nuestra llamada iglesia, hoy? Existe. Donde quiera que tú vayas, hay personas que dicen ser “representantes” de Dios (Y no me refiero solamente al sacerdote del catolicismo romano, aunque lo incluya), que están prevaricando.

¿Cómo? Ejecutando o haciendo ejecutar obligatoriamente determinados reglamentos que no sólo no son bíblicos, sino que incluso hasta pueden llegar a ser opuestos, sólo porque esos reglamentos los benefician en algún área de sus “ministerios”.

La figura del pastor, tal como la conocemos hoy, es una enorme distorsión a lo que Pablo escribe en Efesios 4:11 con respecto a los ministerios que Dios ha puesto para bendición de la iglesia. Jamás se pensó en un hombre con autoridad casi despótica sobre otros, haciéndoles hacer su voluntad en la suposición de que todo lo que ella reclame indudablemente proviene de Dios porque se trata de “un siervo…”

Muy bien; eso no es así. La Biblia jamás avalará eso. Porque cuando dice que debemos sujetarnos a nuestros pastores, no habla de ese hombrecillo que se viste y habla raro y que es el dueño de la iglesia donde tú concurres. Habla de la autoridad espiritual de cualquiera de los cinco ministerios básicos que tú ya conoces: Apóstoles, Profetas, Evangelistas, Pastores y Maestros.

Entonces, ¿Con qué nos encontramos? Con que la mayoría de estos dignatarios evangélicos, que han concurrido a institutos o seminarios para “estudiar para pastor”, conocen perfectamente esto que estamos diciendo, pero como para sus status personales no les conviene ponerlo en práctica, deciden hacer lo que saben que está mal, y seguir con la rutina religiosa. Prevaricación.

El texto que estamos viendo dice que, como consecuencia de la eliminación de la prevaricación, también se podrá concluir con el pecado. ¿Con cual pecado, entonces? Con el de la prevaricación, que jamás es predicado desde los púlpitos con el mismo énfasis que se lo hace con el de adulterio o fornicación.

Que, en efecto, también son pecados y aborrecibles, pero que tienen una contemplación muy determinada, ya que son pecados en la carne, mientras que la prevaricación forma parte de un grueso pecado en el alma, en la mente de la persona. Será porque aquellos son practicados mayoritariamente por los hermanitos, y este último por sus líderes?

Luego dice que todo esto hará expiar a la Iniquidad. Otra palabrita, esta, que hallamos muy a menudo en la Biblia y la emparentamos con el pecado. No hemos podido tomarnos el trabajo de observar que, en la suma total de los textos que hablan de ella, se nos dice que es pecado de iniquidad.

Esto implica que la palabra determina algo que va más allá del pecado común, pero la gran mayoría ha preferido quedarse con lo que conoce o le han enseñado, no ir más allá porque, total, – Piensan -, eso no tiene que ver conmigo sino con los que están en esa clase de pecado.

Piensan así porque creen, (No sé de donde lo sacaron), que la iniquidad es un tipo de pecado solamente reservado a ciertos niveles espirituales, y como ellos se sienten en una medianía, no creen formar parte de esos inicuos.

Sin embargo, en este día el Señor ha puesto este trabajo en tus manos, entre otras cosas, para que ya no andes en ignorancia y seas víctima ingenua de algún mal que pueda sobrevenir en los ambientes donde tú te mueves.

Porque si alguien (No diré el pastor, para no parecer mal intencionado) en tu congregación está en alguna clase de pecado (Tampoco diré fornicación o adulterio, que son muy gruesos), y tú por alguna causa has elegido callarte y no decirle nada al responsable ni tampoco al resto de la iglesia, mucho me temo que, lamentablemente, tú estás cometiendo pecado de iniquidad.

Porque la iniquidad tiene que ver con el conocimiento de algo que ofende a Dios y que, por cualquier motivo o razón no se hace público. Ese motivo o esa razón, esencialmente, tienen que ver con beneficios personales, sobre todo cuando el que se oculta es el pecado de un líder con poder, mando e influencia en la iglesia.

Luego dice que sellará la visión. ¿De qué se está hablando? De hacer alguna clase de declaración profética delante del Señor, colocando, con ella, un sello indeleble en la visión mecanizada, para que se cumpla en el corto, mediano o largo plazo.

Como podrás imaginarte, ya, a esta altura, el sellar una visión no tiene que ver absolutamente en nada con poner dinero. Lo digo porque no han sido ni uno ni dos los que me han consultado desde distintos puntos del mundo, que me cuentan que en sus iglesias, ciertos pastores incentivan y hasta presionan a sus pastoreados a colocar ofrendas “especiales” para sellar una visión también especial.

Cada uno es dueño de sus palabras, esclavo de ellas y, en el terreno espiritual, hasta futura víctima. Allá cada hombre que haya inventado un negocio fructífero con estas prácticas que no figuran en ninguna página de la Biblia. Si quieren hacer mercadería en la iglesia, pues que la hagan. Pero después no digan que no sabían o que nadie les avisó…

(Efesios 3: 8)= A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo, (9) y de aclarar a todos cual sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas; (10) para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales.

Observa este pequeño detalle. Pablo se llama a sí mismo, pequeño santo. Y no es un detalle menor, ya que en el mismo renglón, se esboza su humildad al considerarse muy pequeño, pero no por ello deja de lado su condición por promesa espiritual de ser santo en Cristo.

Lo otro que se deja ver, es que nadie podría anunciar el evangelio de Jesucristo si no ha recibido la Gracia para hacerlo. Es sencillamente tragicómico como, en la mayor parte de nuestros seminarios bíblicos, se enseña que el estudio sistemático de la teología es lo que capacita para ser un buen ministro, “serio y responsable”.

En el lugar en donde se estudian las verdades de Dios, se está diciendo una mentira con el único fin de promocionar ese seminario por encima de lo que Dios mismo ha dicho a través de sus mensajeros: q ue el buen ministro o predicador, es aquel que ha recibido la gracia de Dios para serlo.

Y dice que esa gracia es lo que le permite dar a conocer el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo. ¿Y que será algo inescrutable? Simple: es algo que no se puede saber ni averiguar mediante los métodos o sistemas conocidos.

¿Esto que significa? Significa que, cuando alguien en la iglesia habla de revelación, por favor, hermano, hermana, no lo mires más como si fuera un “bicho” raro. El evangelio es revelación o no es el evangelio de Jesucristo, sino un tratado de religión intelectual y previsible.

Por eso es que se habla de un misterio escondido. Revisa con cuidado tu Biblia y verás que, en cada texto que se encuentra escrita la palabra misterio, en el mismo verso, o acaso uno, dos o tres más abajo, no mucho más, se encuentra la palabra revelación.

Con todo esto, ¿Que es lo que dice que deberemos hacer? Dar a conocer la multiforme sabiduría de Dios. Multiforme, parecería querer significar a algo con distintas y disímiles formas, pero será mejor que lo veamos desde el ángulo de los originales.

La palabra multiforme, es la palabra griega POLUPOIKILOS, un vocablo que proviene de POLUS, que es “Mucho”, y POIKILOS, que significa “Variado”, “De muchos colores”. La palabra pinta la sabiduría de Dios como muy variada, con muchos aspectos, matices, tintes y expresiones coloridas.

Está hablando notoriamente de un Dios multifacético que todavía interviene sin ningún prejuicio en la arena humana, y que despliega en su pueblo y a través de su pueblo, una rica sabiduría multicolor y plena de matices.

Este es calibre de predicación que todos quienes alguna vez ocupamos un púlpito, deberemos tener. No podemos predicar el evangelio de Jesucristo con una tesis doctrinaria, teológica, académica y fría porque de ese modo de ninguna manera estamos predicando al Dios de la Biblia. Y mucho más si, tal como se dice aquí, esa predicación debemos llevársela a los principados y potestades.

“Hermano… ¿Usted me está diciendo que deberemos predicarle a los demonios?” ¡¡No!! ¿Quién te dijo eso? – “Y…estoy leyendo que dice principados, potestades…y a mí me enseñaron que esos son demonios de mayor o menor rango”.

Perdona hermano amado, pero si te enseñaron eso, te enseñaron horrible. Porque si bien es cierto que Pablo les dice a los Efesios que la lucha no es contra carne y sangre sino contra principados y potestades, allá Pablo agrega algo que aquí no está: de las tinieblas.

Aquí te está diciendo algo totalmente diferente. Te está diciendo que esto es para darlo a conocer por medio de la iglesia a los principados y las potestades en los lugares celestiales, lo que te está diciendo a ti que, principados (Un diseño, un método, un patrón) y Potestades (Un brazo ejecutor), hay en los dos reinos. En este caso, esta información será para los que militan en el Reino de Dios.

De este modo es que Pablo describe aquí su ardiente deseo de ayudar a todo creyente (A TODO creyente, no sólo a líderes o jerarquías eclesiásticas), a descubrir su papel en dispensar, que es propagar, distribuir, administrar, la gran verdad del propósito de Dios en la iglesia.

(005) – Como Hijos Obedientes

(1 Pedro 1: 13)= Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado; (14) como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; (15) sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; (16) porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.

(17) Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; (18) sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, (19) sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, (20) ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor a vosotros, (21) y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios.

La expresión ceñid los lomos, tiene que ver con una costumbre oriental relacionada con sus largos vestidos. Para poder entrar en cualquier clase de acción, debían levantarse esas faldas a la altura de la cintura y allí ceñirlas con un cinturón de modo de contar con libertad para los movimientos.

Aquí, en este primer verso, esto se relaciona con el entendimiento, mientras que se recomienda a los creyentes ser sobrios. En ambos casos se habla de una preparación especial para un algo también especial. No se puede encarar las cosas de Dios sin tomar precauciones para entenderlas bien ni tampoco hacerlo con irresponsabilidad.

Esto último es a lo que debemos llamar sobriedad. Porque este verbo implica una cualidad de sobrio, y ser sobrio es, conforme a la Real Academia española: templado, moderado – Que carece de adornos superfluos – Dicho de una persona que no está borracha. Tres acepciones para una sola palabra que, indudablemente, tiene connotación de seriedad.

De ninguna manera hay que confundir a esto con acartonamientos o estiramientos religiosos rituales. Una persona sobria no es una persona que no ríe nunca. Una persona sobria es aquella que, en medio de una sonrisa o una carcajada, no deja de obedecer la voluntad de Dios sin condicionamientos.

(Efesios 6: 14)= Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia,

Aquí se lo que se habla en esencia, es de la armadura con que Dios ha dotado a cada creyente para que pueda pelear con posibilidades ciertas de victoria, la buena batalla. Y lo que va a ceñirse aquí no es sólo el entendimiento de las cosas como en el texto base, sino la Verdad. El cinturón de la verdad es uno de los elementos claves de esa armadura.

Es una metáfora la que aquí se utiliza y está basada en la indumentaria del soldado romano del siglo primero. La imagen, que se apoya en la terminología militar, transmite claramente al lector el mensaje de que estamos activamente involucrados en una batalla sin tregua.

Aunque algunos sugieren que hacer énfasis en una continua y agresiva lucha minimiza la victoria alcanzada en la cruz, ello es lo que mejor la confirma. Toda batalla espiritual que se libre hoy en día alcanza la victoria sólo si puede apropiarse de lo que la cruz y la sangre de Cristo han provisto.

Hay denominaciones enteras que por una cuestión de interpretación bíblica cristalizada en una doctrina inamovible, no prestan atención a ninguna clase de batalla e ignoran las maquinaciones de Satanás desoyendo, de ese modo, una de las claves que la Palabra de Dios que ellos dicen estudiar con tanto apego, ordena al pueblo de Dios.

La sobriedad de la que hablábamos en el principio, tiene que ver precisamente con estas cosas. Ser sobrios implica, preponderantemente, tomar lo que la palabra dice en todo su aspecto, y no ignorar textos importantes sólo porque así lo han dispuesto cuatro ancianos vetustos creadores de la denominación tal o cual.

(1 Tesalonicenses 5: 6)= Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios.

El contexto en el cual está inserto este texto, viene hablando del Día del Señor. Y cuando alude a que no debemos dormir como los demás, esta expresión se refiere a los incrédulos, paganos, impíos y pecadores que desconocen la realidad de este día final y por ello no se preocupan de su estado.

Es bastante amplia en el diccionario de la lengua española, la definición de este verbo: velar. Hacer centinela o guardia por la noche. – Asistir por la noche a un enfermo. – Pasar la noche acompañando a un difunto. – Observar atentamente algo. – Estar sin dormir el tiempo destinado, ordinariamente, para el sueño. – Continuar trabajando después de la jornada ordinaria. – Cuidar solícitamente de algo. –

¿Con cual nos quedamos? Creo que no sería desatinado tomar a más de una para incorporarla a nuestra vida de fe. Porque debemos ser centinelas o guardias por la noche (Que es nuestra propia etapa de oscuridad) con el fin de que nada ni nadie nos sorprenda. Está comprobado que más de la mitad de los ataques del diablo que tienen efecto negativo en las personas, ocurren por tomarlas de sorpresa.

Cuidar a un enfermo, acompañar a un muerto. A ambas cosas se les denomina: velar. ¿Se parecen? En lo literal es obvio que no, que son cosas muy distintas. Pero en lo espiritual todo se iguala. Porque el enfermo es ese viejo hombre con su espíritu deteriorado, mientras que el muerto es ese mismo viejo hombre con una sentencia ejecutada por falta de decisiones a tiempo.

Observar con atención algo específico. Esto se parece mucho a investigar detalladamente una cosa que para todos los demás se toma superficialmente. Es una palabra que de alguna manera reemplaza la que Dios nos manda tener en cuenta: escudriñar.

¿Y hasta cuando deberemos cumplimentar esto? El texto base de Pedro nos lo dice: hasta que llegue la gracia que se nos traerá cuando Jesucristo sea manifestado. ¿Qué significa esto? ¿Acaso se está hablando de su Segunda Venida, como normalmente se enseña? No en este caso.

¿Pro no es en su segunda venida cuando Jesucristo se manifestará visiblemente? Sí, pero en este caso habla de una manifestación que no tiene que ver directamente con Él, sino de modo indirecto. Quien deberá manifestarse es el cuerpo de Cristo. Y ese, mi querido amigo o hermano, eres tú, soy yo.

Seguidamente viene un mandamiento que de alguna manera es básico para que la iglesia cambie radicalmente y se transforme en eso que Dios mismo dice que es sin mancha, sin arruga, victoriosa y más que vencedora: que olvide sus deseos carnales y se consagre a los deseos divinos de la cabeza.

Se nos dice que no tenemos que conformarnos a esa clase de deseos que teníamos antes de convertirnos a Jesucristo. Eso y decirnos que debemos regenerar nuestras mentes y cambiar diametralmente nuestra manera de pensar en ciertas, específicas y determinadas cosas, es un solo acto.

Porque, veamos: ¿Cuál es, – A tu juicio -, el mayor problema público que hoy por hoy afronta la iglesia? Más allá de los fraudes con los dineros de las ofrendas y los diezmos, o la conducta prostibularia de alguno de sus líderes, el mayor problema que la iglesia, como cuerpo y conjunto evidencia, es el testimonial.

A los cristianos les cuesta enormidades vivir en el planeta de un modo que tenga que ver con lo que Dios dice y no con lo que el mundo secular sugiere. Por donde quiera que andemos, vemos a diferentes hermanos procurando servir al Señor desde perspectivas, métodos y rutinas ciento por ciento paganas y seculares. Y eso no funciona, créeme, no funciona.

Porque el mundo será pecador, será impío, será incrédulo y será pagano, pero no es idiota ni retardado. Al contrario, mayormente el hombre mundano cuenta con un cociente intelectual que le posibilita no ser engañado con facilidad.

Como el sistema secular está armado preponderantemente en base a trampas, estratagemas y triquiñuelas, el hombre incrédulo está altamente capacitado y preparado para verlas de antemano. Y un sector de la iglesia ha pretendido engatusarlo con mentirillas inocuas, que quizás siguen dando resultado en e ambiente evangélico, pero que jamás podrán embaucar a gente acostumbrada a esta clase de comportamientos.

¿Y entonces? Entonces habrá que pensar muy seriamente en la regeneración de nuestras mentes. Un hecho que no es en modo alguno conceptual o declamatorio, sino un asunto que se torna de vida o muerte. Porque, aunque esté sinceramente entregado a Cristo y convertido en su fe, según el hombre piensa, el hombre es.

(Romanos 12: 2 )= No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

Lo primero que deberemos estudiar si deseamos cumplimentar con esto que resulta un claro mandamiento de parte del Señor a través del apóstol Pablo, es el significado concreto de esta palabra usada en el texto base de la carta de Pedro y en este: conforméis, conformar, conformarse.

En primera instancia eso no resulta sencillo, porque en el intrincado español que se habla en mi patria, este término se ha utilizado muy mayormente en similitud a lo que sería adaptarse, asimilar, asumir algo. No está muy lejano, pero no es exactamente ese el contenido en este contexto que estamos viendo.

La palabra original para CONFORMEIS, es la palabra griega SUSCHEMATIZO, y cuando la pronuncies como se debe, no podrás evitar establecer la comparación con dos palabras nuestras más conocidas: ESQUEMA y ESQUEMÁTICO.

Se refiere a conformarse uno a la moda exterior o a la apariencia, acomodándose a un modelo o diseño. SUSCHEMATIZO aparece otra vez en el Nuevo Testamento únicamente en nuestro texto base de 1 Pedro, donde describe a aquellos que se conforman, (O adaptan) a los deseos mundanos.

Aún la conformidad aparente o superficial al sistema de este mundo, o cualquier acomodo a sus maneras, sería fatal para la vida cristiana. Y cuando nos habla de SISTEMA, no habla porque sí. Ese es el significado correcto de la palabra SIGLO que podemos leer en este texto de Romanos. Es la original KOSMOS y tiene implicancia con un sistema que bien puede ser político, como económico como religioso. Es válido para cualquiera de las tres acepciones.

(Efesios 4: 17)= Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, (18) teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón.

Dime: cuando oíste por primera vez, (Supongo que desde un púlpito) la expresión dureza de corazón, ¿No pensaste inmediatamente en alguien de rostro feroz, muy malo, tremendamente incrédulo, ateo y blasfemo para con las cosas de Dios?

¿Sí, verdad? Y no debes haber quedado demasiado descolocado con esa figura de tu imaginación, ya que en muchos sitios de buen prestigio es exactamente eso lo que se enseña con respecto a esta expresión muy reiterada en la Biblia.

Sin embargo, y como ocurre con muchas otras cosas, aquí también se ha incurrido en un error. En un serio error, podría decir, ya que lleva no sólo a la confusión sino además a un exceso de confianza que en definitiva resulta perjudicial para el creyente. Porque esto no se refiere al mundo, sino a la iglesia.

Entiende: Suponte que tú comienzas a frotar con un dedo una determinada superficie. Una, dos, diez, cien veces. Todos los días y a toda hora. ¿Cuánto tiempo crees que pasará sin que se te irrite ese dedo, en primer lugar, y luego comience a formar una callosidad cada vez más dura?

Con el correr del tiempo, el ardor que experimentabas en tu dedo al frotarlo contra esa superficie, comienza a decrecer. A medida que se va formando el grueso callo, cada vez sientes menos el roce de la superficie y cada vez te fastidia menos. Un día, al fin, lo frotas todo el tiempo y ya no sientes nada. Tienes un dedo endurecido por causa de haberlo frotado mil veces contra la misma superficie.

Bien; lo mismo pasa con tu corazón y los mensajes, sermones o predicaciones. En un principio, cada uno de ellos te producía alguna clase de dolor en alguna área de tu vida. Pero luego, con el correr del tiempo, ese corazón se va acostumbrando a esa palabra y comienza a formar una callosidad. Llega el día en que oigas lo que oigas, leas lo que leas, no te produce absolutamente nada. Eso es un corazón endurecido, ¿Estás entendiendo?

Eso jamás le va a suceder al mundo incrédulo, ateo, impío y pecador. Eso siempre le va a ocurrir al hermanito o a la hermanita que va a sentarse en un banco de un templo, cada domingo, a veces en dos ocasiones por domingo, a escuchar una misma palabra, un mismo mensaje, una misma exhortación.

Allí es donde tu entendimiento, pasa a estar – Como dice este texto -, entenebrecido. ¿Sabes lo que quiere decir esta palabra? Significa, literalmente, Oscurecido, Lleno de Tinieblas. Y no estamos hablando de algo material, físico, climático. Estamos hablando de algo espiritual. Explicarte lo que significa “tinieblas” en el ámbito espiritual, está de más. Tú lo sabes muy bien…

¿Y como dice que se llega a estar en esta condición? Andando como los gentiles (Que en este caso son los que no conocen a Jesucristo), en la vanidad de sus mentes. Escucha: ¿Tú crees que solamente esos gentiles andan por la vida guiándose por la vanidad de sus mentes? De eso es que estamos hablando. Si tienes oídos para oír…

El verso 15 nos habla directa y concretamente de nuestra obligatoria necesidad de ser santos en toda nuestra manera de vivir, por una sencilla y prioritaria razón: Él es santo. Ya hemos hablado de ello y no creo necesario reiterarme en conceptos gastados.

Sólo una cosa para no equivocarnos más: Cuando nos dice que tenemos que ser santos en toda nuestra manera de vivir, está hablando exactamente de TODA nuestra vida, no de algunos aspectos de ella. Iglesia, Familia, Matrimonio, Trabajo, Estudio, Noviazgo, Amistades, etc. Todo deberá tener un sello de santidad o no será conforme a la voluntad de Dios.

(2 Corintios 7: 1)= Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.

Estas tales promesas de las que se habla aquí, son las que nos aseguran que Dios morará entre nosotros, que nos recibirá y que será nuestro Padre. Eso es lo que deberá motivarnos para buscar la santidad, como debe ser, en el temor de Dios, que no es el miedo a que nos castigue si no lo hacemos, sino el respeto reverencial a su Presencia.

Tú hoy estás leyendo esto y sientes en tu interior la voz suave pero firme del Espíritu Santo que te está diciendo: “hijito…toma estos consejos para tu vida…los necesitas…” Entonces te rascas la cabeza y te preguntas: ¿Y como hago para ser santo?

El mismo texto que hemos leído te lo está respondiendo. ¿Trabajas? ¿Estudias? Eso significa que estás permanentemente compartiendo tiempos y lugares geográficos con personas no creyentes que viven por, para y en la carne. Quieras o no, de tanto estar de continuo participando de sus cosas y compartiendo sus vidas, puedes haberte contaminado.

Tu trabajo, de aquí en más, será el de pasar por la palabra una y cada una de las cosas que les veas hacer a tus compañeros o amigos no creyentes. Examinarte tú mismo si no los estás imitando y, si descubrieras alguna actitud similar a la de ellos, quitártela de encima lo más pronto posible. Tú estás en el mundo, pero no eres parte de él…

Dios no tiene medias palabras ni medias tintas. Dios jamás va a decirte: “Mira…yo deseo que tú seas santo, pero si no puedes o te cuesta mucho trabajo…en fin…yo te comprendo…” No. Dios, desde las antigüedades hasta hoy mismo, ahora mismo, te ha demandado ser santo porque Él es santo. Y tú no puedes ser hijo de alguien a quien no deseas parecerte en nada…

(Levítico 11: 44)= Porque yo soy Jehová vuestro Dios; vosotros por tanto os santificaréis, y seréis santos, porque yo soy santo; así que no contaminéis vuestras personas con ningún animal que se arrastre sobre la tierra.

Tiempos lejanos, leyes permitidas, conceptos intactos. El pueblo, entonces, reconoció la enorme diferencia existente entre lo santo y lo profano. Y decidió imitar a Dios viviendo de acuerdo con el código de santidad. ¿Está bueno imitar a Dios? ¡Claro que está bueno! Lo que no lo está, es querer ser igual a Él o superior. Eso, ya viene desde otro lugar…

Esta es, se nos asegura en el verso 17, la única manera de poder invocar a Dios con la tranquilidad de estar agradables a su vista. Porque Él tiene conocimiento de nuestra reverencia y nuestro temor santo. Y por esa conjunción habrá de juzgarnos, no por lo que podamos hacer.

Y cuando lo haga, no tendrá en cuenta ni por asomo un detalle que nosotros, los seres humanos, sí tenemos en cuenta aún en contra de su voluntad: la clase social, económica o racial a la cual pertenecemos. Has oído que Dios no hace acepción de persona. Es así de cierto. Ni se te ocurra hacerla a ti. Te echarás todo el ejército del cielo en tu contra. Porque Dios siempre protege a su ungido.

¡Hermano! ¡No se confunda! ¡Cuando dice que Dios protege a su ungido, está hablando de Jesús! ¿Ah, sí, eh? ¿Y nosotros, la iglesia, no somos el cuerpo de Cristo en la tierra? – Sí, lo somos…- Entonces algo no está claro: si en el cielo no se necesita unción y Jesús está allí ahora, ¿A que ungido protegerá Dios, ahora?

(Deuteronomio 10: 17)= Porque Jehová vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de señores. Dios grande, poderoso y temible, que no hace acepción de personas, ni toma cohecho.

Si en aquella época se necesitaba, por alguna muy buena razón, una afirmación de monoteísmo, esta catarata de adjetivos desplegados en este texto con referencia a Dios, vaya que lo es. Dios de dioses, por encima de cualquier deidad fabricada por la religión de los hombres. Señor de señores, dueño de todo el poder. Además grande, poderoso y temible.

Y en el final, por si esto no fuera suficiente, dice que este Dios de dioses y Señor de señores, (Podríamos agregarle también Rey de reyes), no hace acepción de personas, conforme a lo que te mencionaba anteriormente, y que no toma cohecho.

¿Y qué es el cohecho? Por cohecho se tiene al delito que comete un juez o un funcionario, que dictamina de cierta manera a cambio de sobornos. Es decir que, lo que se nos dice es que este Dios al cual se hace referencia aquí, no puede ser sobornado para conseguir una buena ubicación en el ámbito del espíritu.

¡¡Hermano!! ¡¡No necesita decirme eso!! ¡¡Cualquiera lo sabe!! ¿A quien se le podría ocurrir que Dios acepte un soborno de alguien con e compromiso de otorgarle la salvación si no es apto por la fe o el arrepentimiento para ella?

Es verdad, no se le podría ocurrir a nadie que estuviera racionalmente sano, ¿Verdad? Sin embargo, ¿Te sorprenderás demasiado si te aseguro que dentro de lo que llamamos “la iglesia” del señor, hay soborno o cohecho para con sus líderes, a cambio de alguna prebenda o favor interno?

Puede ser…pero esto no tiene nada que ver, de todos modos, con el Dios de todo poder del cual estamos hablando. Es cierto, pero lo complica. ¿Tanto? Y, no lo sé, prueba ver quienes ocupan cargos importantes en las distintas congregaciones. Si hallas que en la mayoría de ellas son aquellos que “casualmente” entregan los diezmos y las ofrendas más importantes no te preocupes, es pura casualidad…

Hummm, hermano…no creo que sea para tanto… ¿No? Olvida por un instante la palabra Cohecho, que aquí en Argentina es más conocida por Coima y repasa sus sinónimos y ve si por casualidad no hay algo similar cerca de ti.

¿Sinónimos de Cohecho? Tal como fue dicho: Soborno, Dádiva, que es, junto con Regalo, otro sinónimo, un reemplazo muy religioso de la palabra “ofrenda”, que en estas acepciones no figura. Corrupción, Coacción son otras. ¿Seguro que no has visto nada de esto por allí?

(Hebreos 12: 28)= Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia.

Tengamos en claro esto: Dios dice que en los últimos tiempos, cuando algunos de sus propios estamentos internos se hayan corrompido (Lo estamos viendo y viviendo en muchos lugares, ya), Él vendrá a conmover y remover lo que esté pasible de ello.

Sin embargo, aquí se nos advierte que el Reino que estamos recibiendo ya mismo, en este tiempo, es un reino inconmovible. Eso significa que todo lo que Dios conmueva y remueva en este tiempo, será todo aquello que, aunque se parezca a su reino, en realidad no lo sea.

Créeme que por más que le demos vueltas y vueltas, lo que más se parece a la iglesia sin serlo, es Babilonia. De allí es de donde Dios hoy está sacando a su pueblo. ¿Por qué? Porque el día llevará en que Él removerá y conmoverá todo lo que no sea su Reino, y allí será cuando Babilonia caiga. Porque dice la palabra que ella va a caer. Y con ella, todo lo que tenga negocios en común.

El verso siguiente de nuestro texto base, el 18, dice entre otras cosas que …fuimos rescatados de nuestra vana manera de vivir. Esto tiene que ver con la esclavitud, indudablemente, ya que en el mundo antiguo los esclavos podían ser rescatados (Esto es: liberados), pagando el precio correspondiente.

Todos nosotros estábamos esclavos del pecado y sus consecuencias terrenas y eternas, pero Jesús fue a la cruz precisamente par pagar ese precio y comprar nuestra redención, que en palabras bíblicas, es la equivalente a rescate o liberación.

Fíjate hasta donde llegará la soberbia del hombre que se permite el lujo de rechazar es actitud de Dios de comprarlo a buen precio. Es como si le dijera al Señor que no necesita eso y que puede no hacerlo, cuando en realidad está condenado y si no se lo libera se pierde irremediablemente.

(1 Corintios 6: 20)= Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.

Aquí, lo que en primera instancia se nos está diciendo es que, como hemos sido comprados por l sangre de Cristo, nuestra respuesta tiene que ser la de honrar a aquel q quien pertenecemos. Sí tú crees que no perteneces a nadie o que nadie es dueño de tu cuerpo y tu vida, recuerda esto, por favor, y deja que el orgullo te siga quitando destino de eternidad con Cristo.

¿Qué es glorificar a Dios en nuestro cuerpo? En lo físico y literal, honrarle, hacerle quedar muy bien con nuestras conductas y comportamientos. En lo espiritual y general, se refiere al cuerpo que le representa. Y aquí es donde cabe nuestra pregunta: ¿Está, hoy, el cuerpo de Cristo en la tierra, que es la iglesia, glorificando a Dios con su comportamiento?

La duda que surge en el no creyente, y que también se transmite a muchos creyentes, es: ¿Por qué se me dice que lo que tengo no es mío si me lo he ganado legítimamente? Por una simple razón: tú te ganas “legítimamente” lo que crees que es tuyo, porque gozas de total libertad par hacerlo.

Y a esa libertad la tienes porque alguien pagó por ti con su propia sangre. ¿Lo reconocerás al fin? Sólo eso necesita dios para hacerte salvo. ¿Tanto te cuesta? ¿Tanto espacio le has dado al diablo? ¡Ah, no, amigo! ¡El diablo no!

Yo reconozco – Dicen muchos – que no quiero saber demasiado con Dios, pero le puedo asegurar que tampoco quiero tener que ver con el diablo. Así que, quédese tranquilo, ni lo uno ni lo otro…¿Ah, sí? ¿Y que hago con la palabra que dice que quien con Él no recoge, desparrama?

Ese ha sido uno de los errores que más gente se ha llevado al infierno, lamentablemente. Pensar que si uno no se mete ni con Dios ni con el diablo, queda al margen del problema. No es así. En el terreno espiritual no hay lugares neutros. Estás de un lado o del otro, sin concesiones. Lo creas tú o no lo creas, da lo mismo, se cumple.

(Ezequiel 20: 17)= Con todo, los perdonó mi ojo, pues no los maté, ni los exterminé en el desierto; (18) antes dije en el desierto a sus hijos: no andéis en los estatutos de vuestros padres, ni guardéis sus leyes, ni os contaminéis con sus ídolos.

Está claro; hoy todavía rige esta orden para todos los convertidos hace mil años, los que se convirtieron ayer y los que van a aceptar a Cristo hoy mismo: dejar de andar en los estatutos de nuestros padres. Porque aunque jamás hayan pisado una iglesia, nuestros padres tenían sus estatutos, que son los que nos inculcaron, enseñaron e introdujeron en nosotros.

Un estatuto es, entre otras cosas, un establecimiento o regla que tiene fuerza de ley para el gobierno de un cuerpo. Esto rige par el tuyo, físico y personal, y par el otro, espiritual y global que llamamos “La iglesia”.

También es un ordenamiento eficaz para obligar, por ejemplo, en un contrato, un testamento u otro documento similar. Es una ley básica para el régimen autónomo de una región, dictada por el estado del que forma parte. Y, finalmente, es un régimen jurídico a cual están sometidas las personas o las cosas en relación con la nacionalidad o territorio.

Entonces tú te enteras de esto y te preguntas: ¿Y que puede tener que ver toda esta suma de cuestiones con mi vida espiritual? Debo decirte que sí, que tiene que ver y mucho, mucho más de lo que nosotros mismos suponíamos.

Porque conforme a estas reglas y estatutos, nuestros padres que debían respetarlos por una razón de terreno o nacionalidad, se acostumbraron a vivir conforme a ellos, y cuando nacimos y comenzamos a andar por la vida, nos enseñaron a hacer lo mismo.

Y no hubiese sido nada malo, si no fuera que el reino de Dios tiene sus propios estatutos y reglas, que con las que tú y yo podemos encontrar, a cada momento y en cada página, en nuestras biblias. Y créeme que los estatutos de Dios son muy distintos a los de tus padres. Incluso, podría asegurarte, has opuestos, en muchos casos.

Te daré un solo ejemplo y con ese bastará. Hermano varón: el día que el Espíritu Santo tocó tu vida, sacudió tu alma y con ella todas sus emociones, te quebrantó y no pudiste impedir ponerte a llorar como un niño desprotegido y temeroso, ¿No sentiste vergüenza de que te observaran así?

Eso que sentiste, y que es exactamente lo mismo que he experimentado yo y el noventa por ciento de los hombres creyentes del planeta, es producto de los estatutos de nuestros padres, que entre otras cosas, habían implementado la regla estricta de que los hombres, por ser hombres, no podían llorar para no mostrarse débiles.

Un estatuto muy respetado en la vida. Una basura para el reino de los cielos. Tú eres libre en Cristo y harás lo que el señor ponga en tu corazón. Si Jesús lloró, yo puedo llorar tranquilo cuando así deba hacerlo. ¿O alguien pondrá en duda la hombría de Jesús?

A eso es que se refiere cuando nos dice que no debemos respetar sus leyes. Si alguien había creído que se trataba de cometer todos los delitos que en los tiempos de nuestros padres estaban penados por la ley, lo lamento, entendió muy mal. Dios jamás alentaría a sus hijos a ser delincuentes, que es la palabra que define a los que transgreden la ley.

Y el mandamiento final de no contaminarnos con sus ídolos, es verdad, tiene que ver con las religiones culturales, oficiales, estatales y rituales, pero también con otra clase de ídolos que no tienen nada de religiosos. No te olvides que un ídolo es cualquier cosa que tú colocas por delante de Dios. Y eso sigue sucediendo, por consejo paterno o materno, con el trabajo, los negocios, el dinero, el consumo y los placeres. Y no son estatuas, pero reciben más adoración humana que ellas…

El verso 19, previo final del 18, resultan claves para cualquier creyente en búsqueda de verdades ocultas. Porque allí se habla de una manera de vivir heredada de nuestros padres espirituales, que no tiene nada que ver con herencias en dinero, oro o plata, sino con valores que no pueden corromperse.

Porque, mucho cuidado: cuando decimos que una gran parte de las organizaciones religiosas que conocemos, aún la evangélica, presentan corrupción notorio en sus administraciones internas, estas, siempre están referidas a lo material, al oro o la plata que allí pueda manejarse, nunca a lo espiritual, que no es elemento corruptible.

Y se le asegura al creyente que su herencia es la sangre preciosa de Cristo. Reitero una vez más, porque tiene que ver directamente con esto, que el término “redimidos” tiene que ver con “rescatados”. El redentor paga un precio digno para reclamar algo que previamente le había pertenecido.

La humanidad, cuando fue creada, pertenecía a Dios, pero por el pecado se perdió. La sangre de Cristo es el precio por nuestro rescate, o redención. Dios nos ofrece la sangre de Cristo como el sacrificio de sustitución y lo acepta cuando nosotros se lo ofrecemos a Él.

Nuestra transacción con dios no es, por lo consiguiente, una cuestión de oro y plata, sino que se trata de vida y muerte. Cristo dio su sangre para rescatarnos del pecado y de la muerte. Su sangre es un precio digno y provee un lazo de unión indestructible entre Dios y el hombre.

(Éxodo 12: 5)= El animal será sin defecto, macho de un año; lo tomaréis de las ovejas o de las cabras.

La Pascua fue originalmente una fiesta celebrada por aquellos que estaban próximos a ser liberados por su obediencia al Dios del pacto; sirvió como dramática prueba final de la presencia y protección de Dios.

Su continua celebración por toda la congregación de Israel serviría como un recordatorio a aquellos que fueron liberados y sus descendientes. Se celebra en el mes de Nisán (También llamado Abib, marzo-abril), y marca el inicio del nuevo año porque representa el comienzo de una nueva vida para Israel como pueblo.

Se caracteriza por la selección de un cordero que es sacrificado cuatro días más tarde y comido como parte de una cena conmemorativa mayor. Como fiesta de la esperanza y la vida, la Pascua representa liberación y un nuevo comienzo; en muchos de sus elementos constituye una anticipación de Cristo, el cordero de Dios, como nuestro Redentor.

Luego viene un texto más que impactante a nuestras mentes finitas, a las que resultará imposible por las suyas, entender la eternidad. Nos dice que todas estas cosas relacionadas con la sangre de Cristo para redención, fueron destinadas antes de l fundación del mundo.

Quiero, en primer término, esclarecer gramaticalmente el significado, o LOS significados de la palabra fundación. Según uno de los mejores diccionarios de la lengua española, es en primera instancia, la acción y efecto de fundar.

Luego dice que es el principio, la erección, el establecimiento y el origen de algo. Dicese también de la Persona jurídica dedicada a la beneficencia, ciencia, enseñanza, o piedad, que continúa y cumple la voluntad de quien la erige. Y, finalmente, se relaciona con el documento en que constan las cláusulas de una institución de mayorazgo, de una obra pía, etc.

Fundar, el verbo que origina la palabra, mientras tanto, significa entre otras acepciones: Edificar materialmente una ciudad, un colegio, un hospital, etc. También es estribar, apoyar, armar alguna cosa material sobre otra.

Es, asimismo, erigir, instituir un mayorazgo, una universidad o una obra pía, dándoles rentas y estatutos para que subsistan y se conserven. Establecer, crear. Fundar un imperio, una asociación. Apoyar algo con motivos y razones eficaces o con discursos. Fundar una sentencia, un dictamen.

En la concordancia Strong, la palabra FUNDACIÓN es la palabra griega KATABOLÉ. Significa en sí misma, concepción, principio. Deriva de la palabra DEPOSICIÓN, que es KATABALLO y tiene que ver con echar abajo, lanzar hacia abajo.

Ambas, están relacionadas con FUNDAR, que es el verbo y que se traduce de DSEMELIÓ, que implica colocar una base par, erigir, consolidar y cimentar. Resulta más que obvio que no se está hablando de algo material, físico o natural, sino de un principio, un fundamento.

Esto significa que cuando Dios planificó lo que hoy conocemos como “el mundo”, y que tal como lo hemos enseñado en muchos estudios, se traduce de un vocablo que significa sistema, y no planeta, Cristo ya estaba destinado. Lo que se vivió después fue sólo la manifestación visible de ese plan.

Claro; eso fue posible porque Él fue obediente hasta la cruz. Porque era hombre de carne y hueso, y como tal, tenía libre albedrío y capacidad para tomar decisiones, coincidieran o no con el plan, con el proyecto, con el fundamento, con la fundación de Dios.

¿Significa esto que si Jesús no hubiera sido obediente hasta la muerte de cruz, el plan de redención no habría podido consumarse. No se puede hacer futurismo, es obvio, pero resulta notorio que no se hubiera producido del modo que hoy lo tenemos.

¿Y que tiene que ver esto contigo? Todo. Porque también para ti, para mí y para cada hombre y mujer del planeta hay un plan de Dios perfecto y fructífero para su vida. Pero para que ese plan se consume tal como ha sido ideado, deberán ocurrir dos cosas básicas.

En primer término, tú deberás aceptar a Jesucristo como Salvador y Señor de tu vida y pasar a ser por ese acto, un hijo de Dios en Cristo. Y luego, ser obediente a lo que el Espíritu Santo te guíe a realizar en beneficio del Reino de Dios y su justicia.

Hay mucha gente que dice ser cristiana o que dice ser creyente, que espera que Dios lo haga todo y se quedan sentados esperando. Destrozarán la silla, pero Dios no se moverá. Porque cada pajarillo tiene, diariamente, algo para alimentarse, pero salvo cuando es muy pequeño, nadie se lo trae a su nido, debe salir a buscarlo. Es un principio, un proyecto, un patrón, una fundación.

(Efesios 1: 3)= Bendito sea el Dios y Padre de nuestro señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, (4) según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él.

Tal cual te lo termino de decir. Muchos andan por la vida esperando que una mañana, al despertarse, la santidad haya descendido sobre sus vidas como por arte de magia y puedan ser agradables delante de Dios. No funciona así, de ninguna manera.

El proyecto, el plan, el principio espiritual, dice que tú eres santo delante de Dios, pero para que ellos sea posible, deberás pagar todos los precios que la santidad tiene consigo, tal como lo pagó Jesús, que pese a ser Dios mismo encarnado, no tuvo ninguna clase de privilegios.

Comienza hoy mismo a quemar tu carne y a sujetar tu alma al espíritu. Ese es el único camino conocido y posible a la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Pero al mismo tiempo, es el punto de partida para un trabajo ungido y bendito para el Reino de los Cielos. La santidad no es un lugar al cual debemos llegar, sino un sitio desde el cual debemos partir.

(Hebreos 9: 26)= De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado.

Está claro. Dedicado a todos los humanistas literalistas (Incluidos algunos cristianos intelectualoides). El sacrificio de Jesús fue para quitar de en medio el pecado. Cualquier otra interpretación más politizada (He oído decenas), es sólo fantasía incrédula.

(006) La Eternidad de la Palabra

(1 Pedro 1: 22)= Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro; (23) siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.

(24) Porque: Toda carne es como hierba, y toda la gloria del hombre como flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae; (25) mas la palabra del Señor permanece para siempre. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada.

Hay algo que es indudable, y todo aquel que lo haya experimentado, no podrá desautorizar lo que aquí digamos. El nuevo nacimiento trae una enorme pureza interior. Rápidamente se manifiesta en amor hacia los hermanos en la fe con los que se comparte el templo, la reunión o grupo de trabajo.

Más adelante, el alma comienza a recuperarse del shock al que ha sido sometida y pretende hacerse oír en sus demandas carnales, sentimentales y emocionales. Eso, sumado a que el recién renacido comienza a ver las actitudes, gestos, acciones y diversos fraudes que ciertos “hijos de Dios” cometen, y la decepción se enreda con la frustración y el diablo, en muchos casos, logra salirse con la suya sacando a alguien del Camino.

Los motivos y causales de esa primaria pureza, hay que buscarlos en el mismo texto que hemos leído. Allí descubriremos, no quizás con nivel de revelación, pero sí como auténtica novedad para muchos que seguramente han leído mil veces estos versos y no vieron lo que ahora mostraremos: la pureza interior es producto de la obediencia.

¡Ah, hermano! ¿Eso significa que me ordene lo que me ordene, yo debo obedecer al pastor sin chistar? Si yo estuviera dentro de una congregación por amor o a sueldo, seguramente que te respondería que sí, que así es y que eso es lo que dice este texto.

Sin embargo el verso 22, cuando habla de que la purificación del alma se produce por causa de la obediencia, agrega como para que nadie se confunda ni se haga el distraído, que se trata de la obediencia a la verdad. Y no será la primera vez que, esta clase de obediencia, lleva inexorablemente a una desobediencia en la cadena jerárquica de la organización o denominación a la cual perteneces.

Es aquí donde, normalmente, propios y extraños, (Esto es: cristianos e incrédulos que giran a nuestro alrededor), suelen preguntarnos: ¿Y como sabremos cual es la verdad, para obedecerla, si cada uno de los líderes de cualquier sector asegura, jura y re-jura tenerla?

Es muy simple la respuesta. Tanto que quizás por esa razón no la hayas visto. Deberás manejarte en base a discernimiento espiritual. – ¡¡Pero hermano!! ¡¡Eso es algo un tanto fantasioso!! – ¿Ah, sí? ¿Y qué hago, entonces, con esta palabra que nos dice que la obediencia a la verdad tendrá que ser, sí o sí, mediante el Espíritu?

Luego vendrá la razón, el motivo, la causa y fundamento por el cual deberemos hacer todas estas cosas. Dice que es para fortalecer nuestro amor los unos por los otros, Amor entrañable, amor no fingido, amor fraternal.

Antes de pasar a otras consideraciones al respecto, me gustaría que entiendas algo que está demasiado visible como para omitirlo. Si aquí se dice que nuestro amor entre hermanos debe ser entrañable, no fingido y fraternal, es porque Pedro pudo ver que existía otra clase de “amor” que no era entrañable, no era fraternal y sí fingido.

Porque si hablamos de amor fraternal, no estamos hablando de Ágape, sino de Píelo, que es en suma el amor que deben prodigarse entre hermanos, tanto de sangre como espirituales. Y si nos referimos a amor entrañable, estamos aludiendo a una intimidad de alto contenido también reservada para la hermandad. El amor Ágape, ya ha quedado dicho en otros estudios, es otra cosa.

Finalmente, nos habla de un corazón puro. Si partimos desde la base de que el corazón, para el pueblo hebreo antiguo, era el sinónimo o reemplazo del alma, sabremos que estamos refiriéndonos a ese sector de nuestro cuerpo.

Un alma pura, tiene muchísimas connotaciones, pero voy a quedarme con algunas que quizás van a abrirte un panorama claro de lo que se te está queriendo decir. Una alma pura deberá tener, por ejemplo, sentimientos puros, ya que los sentimientos son patrimonio del alma.

También tendrá que tener una voluntad pura, esto es: un alma que tenga incentivos puros para moverse en dirección al futuro. Nada que ver con la contaminación secular y mundana donde sobreabundan almas deseosas de un futuro exitoso a cualquier costo.

Y también tendrá que contar, esa alma, con emociones puras. Esto es altamente importante, ya que si algo tiene directa vinculación con la intimidad de la iglesia del Señor, ese algo es la parte emocional. Hoy se ministra mucho más a las emociones que al espíritu. El asunto es, como se los ministra. Si es de manera pura, igualmente Dios será glorificado. Si es de modo impuro, la gloria será para Satanás. Así de sencillo.

En cuanto a que todo esto no debe ser fingido, hay que recalar un momento en este término, que es traducción del vocablo griego ANUPOKRISIS. Proviene de “A”, algo negativo y HUPOKRISIS, que es nuestra más conocida HIPOCRESÍA.

Es decir que, lo que aquí se te está diciendo, es que ese amor tiene que ser sin hipocresías para que sea agradable a Dios. En vista de que Hipocresía, originalmente, se refería a la actuación en un drama, ANUPOKRITOS significa una sinceridad libre de pretensiones.

(Santiago 4: 8)= Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones.

Como agregado y ampliación a lo que hemos estado viendo, en este paralelo se nos dice que los que deben purificar su alma, además de los que buscan la verdad por el Espíritu Santo, son los que aquí se denominan como de doble ánimo.

Si buscas en un diccionario este término, no lo hallarás. Pero sí encontrarás a la palabra ánimo. Tiene varias acepciones, pero creo que sólo algunas de ellas tienen que ver directamente con lo que aquí se nos está señalando.

Animo significa: Alma o espíritu en cuanto es principio de la actividad humana. – Valor, esfuerzo, energía. – Intención, voluntad. – Atención o pensamiento. Si tomamos en cuenta que desánimo es la ausencia de estas cosas, (Intenciones, voluntades, atenciones y pensamientos) doble ánimo sería tener dos visiones distintas sobre una misma cosa.

En principio y de manera lineal, una persona de doble ánimo va a pretender aferrarse a Dios para ganar de parte de Él lo que pueda necesitar para su vida, al mismo tiempo que también se aferra al sistema y las cosas del mundo con el mismo objetivo. Dualidad.

¿Cómo podemos reconocer a esta clase de personas? En el verso 8 del capítulo primero de esta misma carta de Santiago, se nos enseña que el hombre de doble ánimo es inconstante. ¿Qué significa esto? Que comienza mil cosas y no termina ninguna, que no le duran los trabajos, que nada lo atrapa lo suficiente como para que permanezca más tiempo. Falta de constancia, de perseverancia.

Ahora dime que no conoces a nadie de estas características que ostente algún cargo o posición de importancia en tu congregación. Sólo dímelo, asegúramelo y glorificaré a Dios por haberte evitado esa frustración. Una frustración que hiere y lastima porque se trata de la iglesia del Señor, no de una organización religiosa.

(Hebreos 13: 1)= Permanezca el amor fraternal.

Muy breve y escueto este verso, sin embargo contiene un depósito que no podemos dejar pasar sin analizar y evaluar. Porque la palabra griega que da origen a esta expresión de amor fraternal, es la palabra PHILADELPHIA, como la ciudad, como la denominación, como una de las siete del Apocalipsis.

Está compuesta por dos vocablos. Uno es PHILEO, que significa “amar” y la otra ADELPHOS, que se traduce como “hermano”, La palabra entera, entonces, indica “amor de hermanos”, eso es afecto fraternal. En el Nuevo Testamento el vocablo describe el amor que los cristianos sienten ( O al menos deberían sentir) por otros cristianos.

Y se agrega que todo esto tiene que ser entrañable, que tiene que ver con el muy adentro, con nuestras mismas entrañas, y no fingido. Ya te dije lo que creo: que Pablo sabía ya en su tiempo que en el marco interno de las iglesias, andaba gente simulando amar a otra gente.

Hoy también está ocurriendo. La de una enorme mayoría de cristianos del planeta, su hermandad, es apenas una hermandad de días domingos, o mejor dicho: de días domingos entre tal y tal hora, cuando hay reunión en el templo. Porque en el resto del tiempo, a nadie le interesa si su hermano come, sufre, llora o se ríe. ¿Hermanos? Conocidos de bancos…

Así es lo que Dios pretende de un grupo de gente re-nacida. Y no he separado porque sí a la palabra. Si bien no se escribe de ese modo, de ese modo se interpreta en toda su dimensión espiritual y profética. Re-nacer es exactamente eso que estamos leyendo: nacer nuevamente, o volver a nacer, o como normalmente lo conocemos: nacer de nuevo.

(Juan 3: 3)= Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

La palabra griega traducida aquí como de nuevo, puede también entenderse como de arriba. Nicodemo, protagonista principal de este relato con una pregunta que quizás cualquiera de nosotros podríamos estar haciendo hoy mismo, la entendió literalmente.

No estaba mal en lo completo, ya que esa era en efecto una de las acepciones, pero resulta ser que Jesús tenía en mente ambos significados: el literal y el espiritual. Esto último es lo que se necesita, no ya para entrar al Reino de Dios como dirá en otro texto, sino para verlo.

Hoy hay muchos cristianos, quizás muy fieles, quizás muy trabajadores, quizás hasta muy honestos, que por no haber nacido espiritualmente de nuevo, no están viendo al Reino de Dios y su justicia actuando en la tierra.

Por eso es que todos aquellos que han recibido de parte de Dios la orden de salir (O mejor dicho: Huir) de Babilonia, es porque han nacido de nuevo, (Es decir: de arriba) y han podido ver el Reino de Dios y decidir formar parte de Él aunque ello los saque de la iglesia nominal.

(Juan 1: 12)= Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; (13) los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Quiero aclarar que recibir es tener aptitud y actitud de desear algo para sí. En boxeo se utiliza a menudo la expresión de: “el boxeador recibió un golpe tremendo y…” Perdona: el boxeador no recibió ese golpe, se lo propinaron en contra de su voluntad. Recibir a Cristo es tomar una decisión de algo que deseamos y necesitamos.

Pero atención con esto: es normal y frecuente que, en el marco de una campaña evangelística llevada a cabo en cualquier lugar del planeta, el evangelista haga al final de su predicación un llamado al arrepentimiento, a pasar al frente y aceptar a Cristo como Señor y Salvador. Correcto.

Generalmente, hay una reacción en cadena y es mucha la gente que, efectivamente, pasa al frente dispuesta a entregar su vida a Jesucristo. Se les toma esa confesión pública, se le hace repetir en voz alta la oración del pecador y se los considera convertidos. Sigue siendo correcto.

Luego, con el correr de los meses, los hechos y las acciones se encargan de poner en claro si eso que ocurrió en esa campaña con la mayor parte de esa gente fue realmente conversión o simplemente convencimiento por emoción. Ya no es tan correcto.

Si ha sido lo primero, el cielo tendrá un nuevo habitante en la eternidad futura. Si ha sido lo segundo, algún templo tendrá un miembro más, un activista más, un ofrendador y un diezmero más, y hasta quizás un líder o un pastor más. Esto es mucho menos correcto.

Porque si sucedió lo primero, esa persona realmente recibió a Cristo, creyó en su nombre y adquirió la potestad de ser llamado hijo de Dios, aunque a algunos esto les moleste. Pero si sucedió lo último, lo único que habrá recibido es la autorización de alguien para congregarse en un determinado lugar. Y no es la misma cosa.

Porque lo dice con claridad en el final del texto y se encaja perfectamente con nuestro texto base: no somos engendrados por sangre o voluntad humana sino por Dios. Por lo tanto no traemos simiente corruptible sino incorruptible.

Y esto es muy importante, básico podría decirse, elemental en la vida cristiana. Sólo los que son nacidos de arriba y, por consiguiente, provienen de una simiente incorruptible son los que prevalecen. Los demás, a corto, mediano o largo plazo se caen, pues el mundo carnal al cual todavía pertenecen los derrota. Es EN Cristo o no es nada.

Nos cuesta horrores entender esto. No podemos ni siquiera plantearnos un nacimiento de arriba, es decir: superior, no geográficamente altura. Estamos tan adheridos a la tierra que, cualquier cosa que tenga que ver con lo eminentemente espiritual, es rechazada por nuestra anatomía secular no del todo convertida.

(Hebreos 4: 12)= Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

Antes de seguir escudriñando este texto, te sugiero que no pierdas de vista que lo que estamos viendo en este momento, es el modo o las maneras en que los hombres pueden adoptar con el fin de purificar sus almas, que es a lo que en la Biblia se le llama “corazón”.

Dice aquí que la palabra es uno de los más firmes baluartes para conseguir ese objetivo. No estoy hablando de leer un “devocional” diario, (Jamás pude saber quien inventó esto del “devocional”, un término que la Biblia jamás pronunció) ni tampoco el aprenderse varios versículos de memoria, cosa que no es mala y puede ser útil, pero no significa refugiarse en la palabra.

La palabra de Dios no debe ni puede ser confundida con la letra escrita en un libro. Porque esto último es expresión gráfica humana, mientras que lo primero es material de origen divino. No es casual que aquí diga que la palabra ES viva.

Porque una enorme mayoría ha entendido esta expresión como que la palabra de Dios ESTÁ viva, y no es eso exactamente lo que dice. ¡Pero hermano! ¿No es lo mismo? No, no es lo mismo, porque todo lo que ESTÁ vivo, algún día deja de estarlo y se muere, mientras lo que ES vivo, es eterno y jamás perece. ¿Lo entiendes, ahora?

Porque luego dice que es eficaz. Y a nadie de habla española esto le llama demasiado la atención, porque cualquier buen diccionario le dirá que esa palabra significa algo o alguien que practica eficacia, y esta, en tanto, es la capacidad de lograr el efecto que se desea o se espera.

Obviamente, relacionar esto con la palabra de Dios no es ni desatinado ni incoherente. Tiene validez y así se lo ha hecho conocer, se lo ha enseñado y puesto como materia obligada a todos quienes deseen estudiar para ser futuros líderes.

Sin embargo, fíjate que lo que se te está diciendo en este texto no es, precisamente, esto que hemos entendido. Y no era tan complicado saberlo. Con revisar el texto original y comprobar que palabra griega es usada cuando se traduce eficaz, era más que suficiente.

Porque el vocablo griego que allí encontramos, es ENERGES, al que podemos comparar en su significado a nuestra más conocida palabra ENÉRGICO, que dicho sea de paso, es una derivación de este vocablo.

ENERGES, que solamente es utilizada en tres ocasiones; aquí, en la primera carta de Pablo a los Corintios en 16:9 y en Filemón 6, y se refiere a algo en acción, activo y efectivo. Es lo opuesto a ARGOS, que significa Ocioso, Inactivo e Ineficaz.

Cabe aclarar de paso, para información y conocimiento de aquellos que suelen meterse en estériles debates, que de aquí se toma la Nueva Era cuando estima que Dios es una energía, cosa que jamás fue dicha, ya que de lo que se haba es de la palabra y se señala que es enérgica, lo cual, de paso, destruye el viejo concepto del Dios tímido, sólo dulce y sólo amoroso, para mostrar a un Dios completo, en el que también existe firmeza y autoridad.

Luego se compara a esa palabra eterna y enérgica, a una espada de dos filos. Convengamos que, por lo que se sabe conforme a los repasos históricos y contemporáneos, una espada era una hoja de metal, generalmente de hierro, aunque en casos también podía ser de bronce.

Tenía una empuñadura donde solía recargarse el trabajo artístico. Era la principal arma ofensiva del soldado antiguo, con la cual cortaba o atravesaba al enemigo. Se llevaba en una vaina colgada del cinto. Era recta o curva, con uno o dos filos, y de tamaño variado.

Simbólicamente, la espada representa el juicio de Dios, aunque también se utiliza y mucho como figura de la Palabra de Dios. Es decir que es aquí donde encontramos la unión entre lo que literalmente era una espada y la Palabra.

¿Con qué nos encontramos, entonces? Con que tanto el hierro como el bronce, son símbolos del padecimiento de la carne, por lo que es más que evidente que, tanto acceder como incursionar en la palabra auténtica de Dios y no esa imitación barata que ha plasmado Babilonia, conlleva padecimiento en nuestra carne. Es la que según se nos ordena, debemos crucificar para poder servir adecuadamente.

El trabajo artístico de la empuñadura, nos está mostrando que en el momento de darla a conocer, podemos adornarla con poesía, con historia, con geografía, con aspectos sociales y todo lo que externamente sirva para embellecerla, pero así como a nadie se le ocurriría plantar una empuñadura y olvidar la espada, así también todo el adorno externo no puede ocultar ni minimizar a la palabra.

La palabra no puede servir para debatir ideas, conceptos o doctrinas, ni tampoco para corroborar o descalificar tesis teológicas. Mucho menos para defendernos de la burla o la marginación secular, incrédula y mundana. Dice aquí que la palabra es un arma de ataque, y por lo tanto está destinada a ser presentada a las potestades de las tinieblas.

Fíjate que no es casual que a la hora de mantener guardada. Quieta e inactiva a esa palabra, se lo haga en una vaina que está adherida al cinto. ¿Recuerdas lo que Pablo dice en Efesios con relación a la armadura y el rol del cinturón. La verdad.

¿Qué significa esto? Que cualquier palabra que podamos dar, que no provenga de la Verdad, esto es: de Cristo mismo, no es palabra de Dios sino discurso humano. Y como tal, jamás servirá para convertir pecado en limpieza y redención, apenas convencerá para producir religiosidad, templo y ritual.

A la horade llevarle la palabra al incrédulo o al hermano confundido, pueden utilizarse las dos maneras. Se puede ir rectamente al punto, tal como Jesús hizo con algunos fariseos, por ejemplo, o utilizar una línea parabólica que luego de describir un arco descienda sobre el mismo punto. Jesús también utilizó este sistema que normalmente llamamos parábolas, para que sean entendidas solamente por aquellos que tienen oídos para oír.

La espada de un solo filo, era utilizada para pelear al golpe. Esto significa que una simple palabra nacida del Espíritu puede dejar sin cabeza al demonio más porfiado. La de dos filos era la que se usaba para clavar al enemigo, ya que destruía de tal modo sus tejidos que resultaba imposible sobrevivir a una estocada. Es lo que debemos hacer en guerra espiritual. Demonio que es perdonado, demonio que regresará al ataque con más vigor y crueldad que antes.

El símbolo de juicio por parte de la espada (Y también de la palabra) no significa que se utilice para ejecutar a todos los incrédulos o falsos hermanos, sino para lo que la palabra juicio significa en su traducción original y ajustada: separación de lo verdadero de lo falso. Sólo la palabra genuina que Dios habla HOY puede lograr eso.

Todo eso es la espada. Todo eso es la palabra. ¿Te das cuenta ahora por qué digo siempre que el único modo de discernir entre lo que es del Espíritu y lo que es de la carne, es mediante la palabra? Esto, y no otra cosa, es partir, abrir y separar el alma del espíritu.

Que la palabra llegue hasta las coyunturas del cuerpo, implica que activa los sitios de movimiento, de dinámica. Una coyuntura atrofiada no le permitirá a ese cuerpo moverse con libertad. Y en cuanto a los tuétanos, allí es ni más ni menos donde se produce la sangre, que es como decir que se produce la vida. Con esto se cierra el círculo y se confirma que la palabra es viva.

Solamente quien tenga conocimiento genuino de la palabra (Y no estoy hablando, obviamente, de profesores de biblia ni teólogos con decenas de títulos) será capaz de discernir las intenciones del corazón (Alma) tanto de la propia como de la ajena. Ni quieras imaginarte el valor que esto tiene en tu militancia para el Reino de Dios.

Nos dirá luego el texto base que la carne es como la hierba, mientras que la gloria del hombre, esa que tanto nos puede cautivar o incentivar, incluso adentro de las organizaciones cristianas, es como la flor de esa hierba. Concluye diciéndonos que la hierba se seca y la flor se cae.

No obstante, buscando información, encontramos que hierba es la traducción de varios términos hebreos que significan plantas verdes. Alude especialmente a aquellas plantas que sirven de alimento para personas, y con más frecuencia para animales.

Sin embargo, ninguno de estos términos utilizados se refiere a una variedad específica de hierbas. El salmista le canta en el salmo 23 a los delicados pastos que vendrían a ser una forma de hierba tierna.

Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, la hierba simboliza lo transitorio de la vida humana y la providencia divina, de allí que en nuestro texto esté usada para ese ejemplo clásico y clave en la vida de un creyente.

¡Cuantos dramas y desesperanzas se podrían ahorrar los hombres si entendieran que la vida es – en efecto – altamente transitoria, como hierba destinada a secarse, y mucho más esa pretendida gloria tan perseguida que se caerá de un día para el otro como se cae la flor de la hierba.

(Isaías 40: 6)= Voz que decía: da voces. Y yo respondí: ¿Qué tengo que decir a voces? Que toda carne es hierba, y toda su gloria como flor de campo.

(7) La hierba se seca, y la flor se marchita, porque el viento de Jehová sopló en ella; ciertamente como hierba es el pueblo.

(8) Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.

(9) Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sión; levanta fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalén; levántala, no temas; di a las ciudades de Judá: ¡Ved aquí al Dios vuestro!

Aquí nos encontramos con un elemento que resulta precioso al entendimiento. Cuando aquí se dice toda carne, la referencia y alusión directa es a Babilonia, la cual también caerá, permitiéndole regresar al remanente. ¿Te das cuenta por qué dije en el principio que las cartas de Pedro son lo que Dios está usando hoy para llevarle más luz a los que están saliendo de esa Babilonia espiritual?

Pero hay otra no menos importante. Está a la vista, siempre estuvo allí y muchos jamás pudieron verlo. La hierba es la carne y la flor es la gloria humana, ¿No es así? Muy bien. Se nos dice que la hierba se seca y la flor se marchita y se cae. ¿Te has fijado por qué causa sucede esto?

Porque, dice, Jehová sopló en ella. ¿Recuerdas a qué se refiere cuando habla del “soplo” de Jehová? Exactamente, del Espíritu Santo. ¿Qué nos deja, entonces, esto? Que toda obra de la carne y toda vanagloria de los hombres serán destruidas por el poder y la acción del Espíritu Santo.

¿Es posible que el Espíritu Santo tenga gran actividad en el seno del mundo incrédulo, impío, secular y pecador? Es posible porque para Dios no hay imposibles, pero si dejamos de lado la palabra de Joel que nos dice que en los últimos tiempos Dios derramará de su Espíritu sobre toda carne, en este texto, parece estar hablando de la iglesia, no del mundo.

¿Y como se supone que se moverá el Espíritu Santo? ¿Acaso con señales, prodigios y maravillas que harán caer a la carnalidad y la gloria humanista? Podría ser, reitero que para dios no hay imposibles, pero aquí con mucha claridad se nos dice que será por la palabra de Dios, que permanece para siempre mientras todo lo demás es efímero.

Por tanto, esta es la orden. Salid de ella, pueblo mío, y anunciad a vuestro Dios verdadero. ¿Cómo lo harás? Con su palabra genuina, fresca y sin contaminaciones doctrinales denominacionales. Esto es lo único que derrotará la carnalidad religiosa y las vanidades eclesiásticas.

¿En que tiempo será que ocurrirán estas cosas? No hagamos futurismo. Echa una mirada a tu alrededor. ¿Qué estás viendo? Gente desconforme y hambrienta adentro de las iglesias, gente saliendo de las organizaciones para refugiarse en una relación directa y personal con Cristo.

¿Y con que poderes se mueven? Con el único que les garantiza seguridad, certeza y victoria: la palabra. Pero la palabra genuina y verdadera, la que jamás debió haberse dejado de lado. Esa es la que hoy mismo está destruyendo toda obra de la carne y haciendo trizas a las supuestas “estrellas” del evangelio internacional.

(Santiago 1: 9)= El hermano que es de humilde condición, gloríese en su exaltación: (10) pero el que es rico, en su humillación; porque él pasará como la flor de la hierba.

(11) Porque cuando sale el sol con calor abrasador, la hierba se seca, la flor se cae, y perece su hermosa apariencia: así también se marchitará el rico en todas sus empresas.

Tanto la pobreza como la prosperidad, son ejemplos concretos de situaciones que ponen a prueba nuestra fe. Por eso es que jamás podré entender como bien intencionada la mal llamada “teología de la prosperidad”. Para mí no es más que una estratagema ejercitada por supuestos ministros inescrupulosos, destinada a mejorar sus ingresos por diezmos y ofrendas.

Fíjate que cualquiera de estas dos alternativas muy válidas y vigentes en la vida, pueden con toda tranquilidad, terminar en un verdadero desastre. El cristiano que es materialmente pobre puede regocijarse en su elevada posición espiritual como hijo de Dios.

Mientras tanto el que es rico, puede regocijarse en nuevos valores, comprendiendo la naturaleza temporal de los bienes terrenales en oposición a los eternos beneficios de las posesiones espirituales. Estos son los que según este texto habrán de marchitarse si sólo ponen todo su corazón en la cosas materiales que poseen.

Aquí es donde aparece la duda que casi siempre se convierte en pregunta obligada: ¿Qué es lo mejor para un creyente, entonces? ¿Ser muy rico o muy pobre? La Biblia dice que Dios suplirá tus necesidades, que son precisamente eso: necesidades y no deseos ni caprichos egocéntricos.

Por lo tanto, Dios sabe muy bien cuanto dinero te mantiene en la pelea espiritual y cuanto te saca de ella. Y si tú eres fiel a la hora de pedir y confiar y a la hora de dar generosamente de gracia lo que de gracia has recibido, Él habrá de prosperarte exactamente hasta ese sitial.

Finalmente, cuando habla del secarse de la hierba y el caerse de la flor de esa hierba, expresa directamente que se trata solamente de hermosa apariencia. Fíjate hoy mismo, ahora mismo, cual es tu andar diario en el Camino del señor: ¿Lo haces para que Él te mire y te evalúe o lo haces para que sean tus hermanos de la iglesia los que lo hagan? En tu respuesta, va implícito tu grado de apariencia.

Este primer capítulo de esta primera carta, concluye con una expresión que todos los cristianos del mundo deberíamos grabarnos a fuego en nuestras mentes para utilizarla cuando las diferentes crisis atribulen nuestras vidas: La palabra de Dios permanece para siempre.

(Juan 1: 1)= En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Cuando se refiere al principio, linealmente alude a Génesis 1:1. Pero ya fue dicho que no habla de inicio ni comienzo, sino de principio como patrón, modelo, croquis. Y allí vincula a Jesús, que es el Verbo, la Palabra viva y activa, con el Dios de la creación.

La encarnación de Jesús es, entonces, un acontecimiento de importancia universal. El Verbo es Jesucristo, la suprema y eterna expresión de Dios. En el Antiguo Testamento Dios aparece como creador del mundo.

En el Nuevo Testamento, Dios pronunció su palabra definitiva a través de la Palabra viviente que es su Hijo. La frase de el Verbo era Dios, atribuye divinidad al Verbo, sin definir toda la divinidad como El Verbo. Esto significa que la Palabra de Dios va mucho más allá de simple letra escrita en papiros o libros. Tiene divinidad suficiente como para obrar sobrenaturalmente por sí misma.

Es por ese motivo que tenemos que aceptar y entender que es algo de identidad eterna. No interesa si teólogos infatuados deciden alterar interpretaciones y acomodarlas según sus gustos, predilecciones o intereses. Ellos un día perecerán, pero la palabra no porque es eterna y permanece para siempre…

¿La salvación se gana, se merece o se alcanza? Según Pedro y otros textos similares, es algo que alcanzamos. ¿Cómo? Mediante nuestra fe. El fin de nuestra fe es precisamente ese: la salvación de nuestras almas. Antes, nuestras almas serán purificadas. ¿De que manera? Por la obediencia a la verdad. ¿Sin esa obediencia no habrá purificación? Todo indica que no. Además, esa también es la única vía para ejercer amor no fingido. Entonces, ¿Sin fe no hay salvación? Suena demasiado contundente, pero todo parecería indicar que no. ¿Y como hago para tener fe? Es un don de Dios y debemos pedirla a Él. Mientras, gozaremos, nos alegraremos y también pasaremos por diversas pruebas. Está escrito, nadie podrá evitar eso.

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Prólogo General

(001)   Prólogo General

Conforme a los clásicos rudimentos de la tradicional forma de estudiar la teología, este trabajo podría encuadrarse en un estudio a las cartas del apóstol Pedro. Sin embargo no es así. Primero, porque no tengo formación teológica sistemática como para atreverme a ello, y segundo, sencillamente, porque he sido enviado por mi Señor a otra cosa muy distinta que a la de teorizar sobre teología.

Decir que estoy convencido es quedarme corto. Debo señalar que tengo total y absoluta certeza que, las cartas de Pedro, en este tiempo, son el documento que nuestro Dios quiere que sus hijos escudriñen, ya que en ellos hay depósitos espirituales necesarios para hoy.

Y cuando digo “hoy”, me tomo el atrevimiento que algunos podrían catalogar como de profano o hereje, de hacerlo bajo las reglas absolutamente bíblicas, esto es: “hoy” siempre es Hoy, porque la Biblia es la Palabra de Dios y Dios no tiene ayer ni mañana porque es eterno y siempre vive HOY.

Por tanto, leas lo que leas, entiendas lo que entiendas y te produzca en tu interior lo que te produzca, pese a tener en tus manos ciertas ampliatorias históricas, sociales, geográficas y doctrinarias, en el sabio consejo de Pablo de examinadlo todo y retened lo bueno, será importante que te quedes con la revelación que halles.

Y si encuentras ese preciado tesoro y eso te produce un shock en todos tus estamentos, guárdate muy bien de adjudicármelo a mí. A mí, si quieres, en todo caso, cuéntamelo para poder glorificar juntos a nuestro Dios, pero si encuentras revelación, el autor que posibilite tamaña cosa, tendrá que ser el Espíritu Santo o no será revelación divina en modo alguno.

¿Quién es Pedro?

 Este nombre, tal como lo conocemos, proviene del latín “Petrus” y del griego “Petros”, esto es:  un trozo de roca, un canto rodado, en contraste con “petra”, una masa rocosa; en Mateo 7:24, 25; 27:51, 60; Marcos 15:46; Lucas 6:48, donde se menciona como fundamento seguro.

Cristo dio a Simón, el hijo de Jonás, el sobrenombre de Cefas (Una forma aramea), al encontrarlo por primera vez. Simón, su hermano Andrés, y el padre de ellos, Jonás, estaban asociados con Zebedeo y sus hijos, todos ellos pescadores del lago de Genesaret.

Simón Pedro, originario de Betsaida pasó a residir en Capernaum con su familia. Pedro, que muy probablemente era discípulo de Juan el Bautista, fue presentado a Jesús por Andrés, hermano de Pedro.

Andrés era uno de los dos discípulos de Juan el Bautista que oyeron la declaración de que Jesús (que volvía de su triunfo sobre la tentación en el desierto) era el Cordero de Dios, el Mesías. Jesús discernió rápidamente la naturaleza de Simón, y cambió inmediatamente su nombre por el de Cefas.

Pedro, al igual que los primeros discípulos, recibió tres llamamientos de su Maestro a que viniera a ser Su discípulo, a que lo acompañara constantemente, a que fuera uno de los apóstoles. Tuvo, ya desde el principio, un papel destacado entre los discípulos a causa de su fervor, de su energía e impetuosidad.

Pedro se encuentra siempre encabezando las listas. Tres de los discípulos de Jesús eran amigos íntimos de Él: Pedro es nombrado en primer lugar. Él es el portavoz de los apóstoles; el primero en confesar que Jesús es el Cristo de Dios, pero también el que intenta desviar a Su Maestro del camino del sufrimiento.

La vida de Pedro presenta tres etapas:(a) En primer lugar el período de formación, expuesto en los Evangelios. En estos años de relación con el Maestro aprendieron a conocer a Cristo y a conocerse a sí mismos. La triple negación del presuntuoso apóstol puso fin a este período. Cuando Jesús se encontró con Sus discípulos en el mar de Tiberias, puso a prueba a Pedro haciéndole tres preguntas, y restableciéndolo después en el apostolado.

(b) Al comienzo de los Hechos se expone el segundo período, durante el cual Pedro condujo a la Iglesia con audacia y firmeza. Llevó a los hermanos a reemplazar a Judas por un discípulo que hubiera conocido al Señor. Después del derramamiento del Espíritu Santo, en el día de Pentecostés, Pedro explicó el sentido de este milagro a la muchedumbre de judíos reunidos en Jerusalén.

 Fue el principal instrumento en la curación del paralítico y se dirigió acto seguido al sanedrín. Amonestó a Ananías y a Safira. El gran discurso que pronunció en el día de Pentecostés abrió a los judíos la puerta de la salvación. Pedro la abrió, asimismo, a los gentiles, al dirigirse a Cornelio y a los que estaban en su casa, haciendo así uso de las llaves de que Cristo le había hablado.

(c) El tercer período queda marcado por un trabajo humilde y perseverante revelado en las dos epístolas de Pedro. Una vez hubo echado los cimientos de la Iglesia, abandonó el primer plano, y trabajó desde la oscuridad para la expansión del Evangelio.

Desde entonces, desaparece de la historia, y es Jacobo quien aparece dirigiendo la Iglesia en Jerusalén. Pablo se dirige a los gentiles; Pedro, apóstol de la circuncisión, anunció el Evangelio a los judíos de la dispersión; dejó Jerusalén a Jacobo, y el mundo grecorromano a Pablo.

La última mención que se hace de él en Hechos lo presenta en el concilio de Jerusalén, defendiendo que los gentiles debían ser admitidos en la Iglesia, y defendiendo asimismo la libertad evangélica, postura ésta que prevaleció.

Pedro es mencionado en Gálatas 2:11, a propósito del incidente de Antioquía; es posible que estuviera en Corinto y en la ribera del Éufrates, o en Babilonia. Acompañado de su esposa, prosiguió, sin duda, sus viajes misioneros. Finalmente, glorificó a Dios en su martirio.

Pedro nos es conocido sólo por las anteriores menciones y por sus dos epístolas, donde traslucen su humildad y tacto. Pedro respalda la autoridad de Pablo y Judas y exhorta a sus lectores a permanecer firmes en la fe que comparten con sus hermanos.

 Visto a lo largo de los Evangelios, de Hechos y de las Epístolas, el carácter de Pedro no se contradice nunca, este hombre de acción tiene los fallos propios de sus cualidades, que son inmensas. El entusiasmo era consustancial a su persona. Transformado por el Espíritu de Cristo, Pedro se señala por su amor a su Maestro, por su caridad, y por su clara percepción de las verdades espirituales.

La vida de este discípulo está repleta de enseñanzas. Sus escritos sondean las profundidades de la experiencia cristiana y alcanzan las más altas cumbres de la esperanza. La historia no añade mucho a lo que sabemos de Pedro por el Nuevo Testamento.

Hay buenas razones para admitir la tradición que afirma que Pedro fue crucificado en la época en que Pablo fue decapitado, hacia el año 68 d.C.. Jesús había predicho el martirio de Pedro. No es imposible que hubiera sufrido el martirio en Roma.

Su vida ha suscitado multitud de leyendas. Escritos apócrifos muy antiguos, debidos a los ebionitas (una secta herética que persistió entre el siglo I y VII d.C.), extendieron la leyenda de que Pedro había sido obispo de Roma durante 25 años. El examen atento de las fuentes de esta tradición y de su contenido no permite admitirla como historia.

Por lo que respecta al papel atribuido a Pedro por la Iglesia de Roma, se debe examinar qué es lo que realmente dice el Nuevo Testamento acerca de ello:

(a) La interpretación de las palabras: Tú eres Pedro… es dada por el mismo apóstol. Hay solamente una roca fundamental: el Cristo. Los creyentes son las “piedras vivas” que vienen a ser edificadas sobre este único fundamento básico, y Pedro, el primer confesor del nombre de Jesús, fue la primera de estas piedras individual.

 El apóstol desarrolla el mismo pensamiento. Pablo confirma esta enseñanza: Cristo es la piedra angular del templo espiritual del Señor; los apóstoles (en plural) y los profetas son su fundamento, sobre el que son edificados los creyentes.

(b) Pedro jugó un papel histórico capital al abrir la puerta del Evangelio a los judíos el día de Pentecostés y a los gentiles en casa de Cornelio. Por otra parte, el poder de atar y desatar no le fue dado sólo a él, sino también a los discípulos.

Desde entonces, los cristianos proclaman, en todos lugares, el perdón de los pecados que Dios concede en Jesucristo; cumplen la función de embajadores de Cristo, aportando vida, pero también muerte, porque quien los rechaza, rechaza al mismo Señor.

(c) Pedro no vino a ser cabeza de la iglesia, ni “vicario de Cristo”. Si bien juega un importante papel en primer plano en el inicio de Hechos, después desaparece. En el concilio de Jerusalén él dio su consejo, pero fue Jacobo quien intervino de manera decisiva; la resolución final fue tomada en nombre de los apóstoles, de los ancianos y de los hermanos, inspirados por el Espíritu Santo.

En el relato de Lucas, Pablo ocupa desde entonces el primer lugar, y Pedro es simplemente una de las tres “columnas de la iglesia” (siendo, el mismo Pedro citado después de Jacobo). Está claro que la doctrina del Nuevo Testamento es que sólo el Señor Jesucristo resucitado es la cabeza de la Iglesia, y que jamás rendirá Su sacerdocio, que es intransmisible.

(d) Además, Pedro no fue “obispo de Roma durante veinticinco años”, no pudiendo haber sido un primer papa. Su muerte tuvo lugar alrededor del año 68, por lo que hubiera debido hallarse en Roma desde el año 43, lo que es imposible en base al Nuevo Testamento.

Escribiendo a los romanos alrededor de los años 57-65, Pablo hace saludar a treinta personas de su comunidad, entre las que no figura Pedro; se trata de Priscila y de Aquila, y de la iglesia que está en su casa.

Pablo no hubiera escrito de esta manera si se tratara de una iglesia fundada por Pedro. Cuando Pablo llegó a Roma en el año 60, se encontró conque los judíos de allí no sabían nada del Evangelio, y otra vez Pedro no es mencionado. Su nombre no figura tampoco en las Epístolas de la cautividad, ni aun en la Segunda a Timoteo, escrita poco antes de su muerte hacia el año 68, que sería impensable de Pedro).

(e) Finalmente, Pedro, con todas sus cualidades y sus experiencias, ni era infalible ni tenía una autoridad superior a la de los otros apóstoles. En Antioquía, Pablo lo resistió cara a cara “porque era de condenar”; acerca de este incidente, Pablo habla de miedo a los hombres, de simulación, e incluso de hipocresía, y de un andar no recto ni conforme a la verdad del Evangelio.

Sin embargo, Pedro es una de las más grandes figuras, no sólo del Nuevo Testamento, sino de toda la Biblia. Su vida entera fue consagrada al Señor desde el día de su llamamiento. Su ardor y celo por su Señor, su perseverancia, humildad, mansedumbre, su cuidado de la grey del Señor, su afán por predicar las buenas nuevas de la salvación de Dios, todo ello ampliamente testificado en las Escrituras, nos da una bella imagen del discípulo consagrado, y constituye una vida a estudiar y un ejemplo a seguir.

(002) Introducción a la Primera Carta de Pedro

No existe ninguna evidencia de que la iglesia primitiva haya cuestionado, alguna vez, que esta carta sea realmente de autoría del apóstol Pedro. Lo que sí parece, es que como una especie de secretario a cargo de su redacción, estuvo Silvano, que fue quien lo acompañó en su viaje. Dicen los que saben, que eso explicaría el pulido estilo griego que posee la epístola.

Las palabras de Pedro en Pentecostés y lo dicho en esta carta tienen varios puntos en común. Entre ellos, podemos recalar en algo que no siempre se no ha enseñado así: la “elección” de Dios para salvación y la pureza del corazón como resultado de la aceptación del evangelio.

La personalidad de este apóstol ha cautivado y cautiva todavía a muchos cristianos de todo el planeta. Su aspereza y rusticidad por una parte y el contenido altamente profundo de sus escritos, nos dejan la certeza de que lo que Pedro dejó como testamento literario fue puro Dios, ya que él en sí mismo no estaba en condiciones de escribir ni su propio nombre.

Junto a muchas exhortaciones sobre la vida en la fe dentro de un marco social secular, esto es: sin Dios, este documento también le dedica mucha atención a la salvación que el evangelio promete y a la salvación futura que aguarda a los creyentes cuando Cristo se manifieste.

También se habla de lo que a mi juicio es el elemento clave no sólo de la carta sino de este tiempo de la iglesia: de la importancia de que los creyentes señalen a otros el verdadero camino hacia Dios por medio de un estilo consagrado de vida.

Queda claro que la era de la iglesia como templos activos, ha quedado atrás. Ya ha sido demostrado con la palabra que Dios se ha retirado de esos lugares porque, no sólo que ya no le representan adecuadamente sino que, por el contrario, colaboran a ridiculizar su nombre.

En cada oportunidad (Y las habrá, no te quepan dudas), en que los cristianos experimenten en sí mismos la lógica hostilidad del mundo incrédulo, el llamado a la paciencia y a la santidad en medio de cualquier clase de sufrimiento será altamente aplicable a todos por igual.

Pedro alude continuamente en todo su discurso a la tarea inocultable del Espíritu Santo. Jamás lo olvida ni adjudica mérito alguno a hombre alguno incluyéndose a sí mismo. Siempre asegura que el Espíritu está anticipando una enorme gloria por venir y eso declara a quien lo quiera oír.

Los que vinimos a continuación, haciendo desde lo más pequeño y humilde, hasta lo que parezca más enorme y espectacular, debimos adoptar la misma postura. Sin embargo, y porque indudablemente no ha sido así, la humildad real todavía cosecha admiraciones por parte de los propios cristianos, cuando debería ser moneda corriente dentro de un pueblo llamado a ser humilde.

El autor afirma ser el apóstol Pedro. La autenticidad de esta carta queda demostrada por su contenido y por el testimonio de numerosos escritores del inicio de la era cristiana. La epístola va dirigida a los expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia.

Hay expositores que mantienen que se trata de una carta dirigida en su mayor parte a creyentes surgidos del paganismo, apoyándose en ciertas alusiones del apóstol. Otros expositores, sin embargo, argumentan incisivamente que la carta era dirigida a los judíos que habían venido a creer en el Señor Jesús.

Efectivamente:(A) El ministerio de Pedro se dirigía oficialmente a “la circuncisión”.

(B) Las alusiones citadas para apoyar la postura de que los destinatarios procedían de la gentilidad son aplicables a los judíos desconocedores del Evangelio. En particular, el pasaje más citado para sostener la postura de que se trataba de gentiles, señalaba: vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, es totalmente explicable con referencia a la sentencia dictada por Dios sobre el pueblo judío:

 No sois mi pueblo; sólo por su adhesión al Mesías volverían a ser pueblo de Dios, y aquellos judíos que confesaban al Señor Jesús venían a ser las primicias de aquel cumplimiento glorioso en la segunda venida del Señor cuando el pueblo judío, ”lo-ammi” (no mi pueblo), vendrá a ser otra vez pueblo de Dios, e hijos del Dios viviente.

(C) Aunque es cierto que Pedro menciona que la conversión de sus destinatarios se debía a otros, no constituye prueba de que se trate de conversos del apóstol Pablo entre los gentiles; ello aparte del hecho de que Pablo también había predicado en las sinagogas de los judíos, como se ve a lo largo de Hechos.

En Hechos 8:4 se afirma que los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio, después del martirio de Esteban. Esta primera evangelización se hizo exclusivamente entre judíos y samaritanos, con la excepción de prosélitos, como el caso del eunuco etíope.

En esta epístola se mencionan las regiones de los destinatarios de este a oeste, lo que constituye una indicación de que la carta fue posiblemente redactada desde Oriente. La alusión a la iglesia en Babilonia, en los saludos, apoya esta hipótesis.

El empleo que hace el autor de la Epístola a los Efesios y la época de la muerte de Pedro permiten situar la fecha de redacción entre el año 63 y el 67; es muy probable que fuera el año 64 o 65. Un pasaje de la Segunda Epístola de Pedro da testimonio de que la primera carta es de este apóstol.

En cuanto a las pruebas externas de la autenticidad de esta carta, son irrefutables. Autores tan diversos como Clemente de Alejandría, Ireneo de Lyon, Tertuliano de Cartago, afirman que es de Pedro. Eusebio afirma que Papías y Policarpo la conocían y la citaban.

Así, desde el principio, esta epístola ha sido confirmada por unas evidencias indiscutidas. Se ha objetado que los creyentes no habían sido perseguidos “en calidad de cristianos” hasta una época más tardía. Sin embargo, esta objeción carece de valor.

Esteban ya había muerto por la fe, y se habían dado ya numerosas persecuciones locales e individuales mucho tiempo antes de que se desencadenaran las persecuciones generalizadas, ordenadas por los emperadores.

Tampoco se puede objetar que Pedro desconociera el griego, teniendo a Marcos y Silvano como ayudantes. El estilo de Primera Pedro es natural, patético, vehemente. Salpicada de repentinas transiciones, refleja admirablemente el carácter del autor.

La forma es característica de Pedro; la doctrina es armónica con la de las epístolas de Pablo, con una insistencia particular en la gracia de Dios, y la gloriosa esperanza de la Parusía. El texto contiene numerosas reminiscencias de las epístolas a los Romanos, a los Efesios, y de la epístola de Santiago.

 La epístola se distingue por su profundidad y por la belleza en la expresión de la enseñanza. Análisis: Saludos. Introducción, en la que Pedro da las gracias a Dios por las bendiciones que se desprenden de la salvación.

El cuerpo de la epístola contiene:

(A) Exhortaciones a la santidad

(B) La Iglesia, templo viviente, del que Cristo es la piedra angular; la iglesia como sacerdocio regio.

(C) Deberes sociales del peregrino cristiano, del criado, de los cónyuges.

(D) Comunión con Cristo en la oración, el servicio, el sufrimiento, el oprobio.

(E) Deberes de los ancianos y de los jóvenes. Saludos. Pedro destaca vigorosamente: los sufrimientos de Cristo y su valor expiatorio; el sufrimiento del creyente con su Señor; la regeneración; la Iglesia y el sacerdocio de todos los creyentes; la resurrección y la gloriosa venida de Cristo.

Todas estas doctrinas, así como las exhortaciones que las acompañan, son claras y precisas; son coherentes con el carácter práctico que tiene que rendir, como Pedro después de Pentecostés, un testimonio limpio acerca de su Salvador.

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Cuando Caigan las Estrellas

Hay algo que es indudable: si tú permites que un profeta te ministre, podrás ver que en un primer momento te arranca pedazos de tu anatomía espiritual, pero al momento siguiente te edifica. Lo malo es que por allí anda mucha gente arrancando, que luego no tiene con qué edificar.

 La autoridad para arrancar emana siempre de tu habilidad para edificar lo correcto. Por ejemplo: si tú no estás en una posición de restaurar una situación, no tienes ninguna autoridad para juzgarla. Eso elimina a mucha gente en la iglesia.

Lo que sucede es que si no tenemos ninguna autoridad para restaurar, tampoco tenemos ninguna autoridad para destruir. Si tú no tienes una posición reconocida como para restaurar con situación favorable, entonces no tienes ninguna autoridad para señalar a alguien con el dedo.

 Así que hay gente que señala de abajo para arriba; están bien mal, porque cada David tiene un Natán. Las correcciones vienen de arriba para abajo, nunca de abajo para arriba. Quiero aclarar: que esto es espiritualmente hablando. Nada que ver con jerarquías eclesiásticas.

Todas estas cosas se arreglan según los resortes de las siete iglesias del Apocalipsis. Son actividades del Lugar Santo, que está tipificado en el mover presente, que la iglesia no quiere dejar desatar.

(Isaías 6: 1)= En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo.

Las faldas de Dios llenando el templo, habla de la gloria de Dios llenando la casa que somos nosotros, la postrera. Para que las faldas llenen el templo, tenemos que ver a un rey morir. Entonces el rey Uzías, muere. El rey Uzías en esta porción bíblica, se refiere a Cristo.

¡Ah, no, hermanos! ¡Es un mundano! ¿Cómo va a representar a Cristo? Cristo se hizo pecado, no? Se hizo mundano sin serlo. El rey Uzías muere con lepra en la cabeza. La lepra es una tipología del pecado.

El pecado del mundo, fue puesto en la cabeza de la iglesia. Cuando vemos a Cristo morir como nosotros, y no simplemente en tu lugar, en el sentido de que no moriste tú, sino Él eso se manifiesta. Él se convirtió en ti, y entonces fue que murió.

 Antes de morir ya era Adán. ¿Por qué? Porque cargaba el pecado del mundo. Era el hombre de pecado. Por eso dijo Él que el juicio de este mundo es AHORA. Satanás será echado afuera. Debemos prestar atención y leer correctamente. Por leer mal el pueblo no entiende.

Vemos, entonces y con mucha claridad, que en Él murió todo lo que era naturaleza adámica. Entonces cuando ves que muere, allí es donde el templo se llena de la gloria. El grano de trigo debe morir para dar fruto bueno. Si no mueres, no sirves.

(2) Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban.

(3) Y el uno al otro daba voces, diciendo: santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria.

¿Qué dice que es lo que vio? Los querubines, los serafines. Esto significa que vio la gloria de Dios. ¿Qué fue lo que vio, entonces? Los atributos de Dios en un pueblo. Ahora estamos definitivamente entendiendo. Pero tenemos que ir a Apocalipsis para verlo mejor. El verso 3 está hablando de estos tiempos.

(4) Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo.

   Lo mismo que pasaba en la casa de Dios cuando terminaban las conducciones. ¿Y qué pasaba cuando todo se llenaba de humo? Pues que nadie quedaba en pie. Es imposible ver a Cristo y quedar parado. El problema con Él, es que no lo hemos visto.

 De oídas te he oído, fue dicho, verdad? Porque si te veo, me aborrezco. La manifestación de la verdad, juzga toda la mentira. Pero no para destruirte a ti, sino para que mirándonos como en un espejo, seamos transformados en la imagen de Él.

(5) entonces dije:¿Qué dicen todos los que le ven? ¡Ay de mí! (¿Cómo te llamas? Jacob… – Ah, no; no hay nada que hacerle, Jacob. – ¡Malísimo! Soy un pillo, un usurpador, soy un ladrón. Le había ganado al ángel, con todo eso tuvo que identificarse con el que necesitaba más.

El ángel no podía; tuvo que usar un milagro para emparejar la cuestión. Porque a la legal le estaba dando una paliza, Jacob. Escuche: dice que peleó toda la noche. Recuerda que esto fue algo que pasó literalmente. Digo, a menos que creamos que la Biblia es pura fábula.

Yo no sé si empezó a las siete o a las ocho de la noche, que son las doce, porque después ya empieza la mañana, no? Suponte que empezó a las doce de la noche y que lo más temprano que tenemos en la mañana, son las cinco y media. Allí nos encontramos con que estuvo peleando como cinco horas y media.

¿Alguien de los que están leyendo aquí, ha hecho eso alguna vez? Esto es lo que yo veo. Esta es la lucha por el cambio de naturaleza en el hombre. La lucha es fuerte, es ardua, es cuesta arriba. La pelea no es ganada por el que llega primero, la pelea es ganada por quien termina de pie.

Entonces, el hombre ya venía con la bendición de Dios, con el sello de Dios. Ya se había acostado en piedras, ya había visto visiones. Iba en busca de su destino, pero en cada fase de Dios, tenía que convertirse en niño para entrar.

 Nunca vas a salir del éxito que tú tienes hoy al próximo, a menos que no consideres muy seriamente que ese éxito es insuficiente para terminar. Eso nos puede costar un poco. Pero ese precio de terminar la obra. Tanto en tu vida personal, como en la del ministerio.

¡Ay de mí! ¡Cámbiame el mensaje! ¿Cómo se lo cambiaron? Trajeron un carbón encendido. ¿De donde viene el carbón? ¡Del altar del sacrificio de la muerte de Jesús! Cuando tú comes ese sacrificio, entonces tú ahora tienes un mensaje para decir. Todo esto tiene que ver con Apocalipsis. ¿Por qué? Porque Apocalipsis es la conclusión, no un libro aparte.

(Isaías 50: 3)= Visto de oscuridad los cielos, y hago como cilicio su cubierta.

¿Por qué hace los cielos cilicio? Porque tenemos un falso entendimiento de los cielos, y la gente también lo tiene, en la iglesia, con su cobertura. La gente tiene todas sus fuerzas, en el cielo, y Él dice: ¿Sabe qué? Hago oscuro los cielos y los visto de cilicio.

En otra parte de Isaías, dice que se tapan y ya no les cubre ni los pies. Porque son un montón de mentiras que de verdad no te cubren a ti ni a nadie. Joel habla de los caballos. Y dice que somos nosotros, un pueblo fuerte y listo para la batalla con apariencia de caballos.

Zacarías 6, nos habla de los mismos caballos. Y nos dice que separan entre dos montes, que son Adán y Eva. Pero Adán en Cristo, es juicio correcto. Y viene viajando entre medio de estos, sin balance. El bien y el mal. El bien y el mal producen muerte, pero Dios tiene una visión: todo obra para bien.

Y el mal de Dios, produce arrepentimiento. Está servido como un contraste, y no como un arma de destrucción. Lo que destruye una sociedad, y el mal que vemos en ella, es como trata el hombre sin Dios, según su juicio del bien y del mal, el contraste que Dios ha preparado.

Cuando tú lo tocas con tu propio juicio, produces mal. Y ese mal que tú produces sí hace daño. Pero el mal de Dios, sólo es una alternativa, no es un juicio. Nuestro error es medir lo que Dios haga conforme a nuestros parámetros humanos. Dios no es humano, Es Dios.

¿Quién sembró el árbol del conocimiento del bien y del mal? ¿Él, no? ¿Sí o no? Sí. ¿Y qué? Vamos a salir de allí y vamos a ver qué más le sacamos a esto. La religiosidad no se limita a rituales o legalismos. Incluye interpretaciones erróneas conforme a nuestra sabiduría humana.

(Zacarías 6: 6)= El carro con los caballos negros salía hacia la tierra del norte, El norte representa la carnalidad. Por eso en Ezequiel, Satanás quería ir al norte. y los blancos salieron tras ellos, y los overos salieron hacia la tierra del sur.

(7) Y los alazanes salieron y se afanaron por ir a recorrer la tierra. Y dijo: id, recorred la tierra. Y recorrieron la tierra.

(8) Luego me llamó, y me habló diciendo: mira, los que salieron hacia la tierra del norte hicieron reposar mi espíritu en la tierra del norte.

Nota que estos caballos, lo que producen, es un lugar de descanso en medio de la carnalidad. No vienen a traer un juicio que te destruye a ti. Vienen con una balanza que te muestra lo malo para producir el bien y terminan trayendo reposo a la tierra de la carnalidad.

(9) Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: (10) toma de los del cautiverio a Heldai, a Tobías y a Jedaías, los cuales volvieron de Babilonia; e irás tú en aquel día,¿Qué día? Este día y entrarás en casa de Josías hijo de Sofonías.

(11) Tomarás, pues, plata y oro, y harás coronas, y las pondrás en la cabeza del sumo sacerdote Josué, hijo de Josadac.Son coronas. Lo mismo. Josué es tipología de Nuestro Sumo Sacerdote.

(12) Y le hablarás, diciendo: así ha hablado Jehová de los ejércitos, diciendo: he aquí el varón cuyo nombre es el renuevo.Es decir que el varón ya no es la vid; es la rama. Lo vemos en Isaías 11 también el cual brotará de sus raíces, y edificará el templo de Jehová.

(13) El edificará el templo de Jehová, y el llevará gloria, y se sentará y dominará en su trono, y hablara sacerdote a su lado; y consejo de paz habrá entre ambos.Entre ambos. ¿Cómo que entre ambos? ¿Qué ambos?

(Zacarías 3: 7)= Así dice Jehová de los ejércitos: si anduviereis por mis caminos, y si guardares mi ordenanza, también tú gobernarás mi casa, también guardarás mis atrios, y entre estos que aquí están te daré lugar.

¿Entre Estoste daré lugar? ¿Qué es esto? Eso es cuando hay la transferencia de unción en el sacerdocio, donde le cambian las vestiduras. Y nota que Satanás está presente. De allí es donde sale el famoso verso: Que el Señor te reprenda.

(Verso 3)= Y Josué estaba vestido de vestiduras viles, y estaba delante del ángel.

(4) Y habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: quitadle esas vestiduras viles.¿Y por qué viles? Mira:

(Verso 1)= Me mostró al Sumo Sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová, y Satanás estaba a su mano derecha para acosarle.Esta es una tipología de un cambio sacerdotal

(2) Y dijo Jehová a Satanás: Jehová te reprenda, oh Satanás; Jehová que ha escogido a Jerusalén, te reprenda. ¿No es este un tizón arrebatado del incendio?El incendio tiene que ver con el sacrificio. Una vez más.

(Verso 4)= Y habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: quitadle esas vestiduras viles…

Nota que en un tiempo de transición, si tú te mantienes, tornas viles tus vestiduras. El sacerdocio no tenía vestiduras viles; eran lo más santo de Israel. Pero en un momento de transición, si tú no te cambias de ropa, entonces las ropas que traías hasta allí, ya son viles.

 Las ropas, en la Biblia, siempre hablan de unción. Habla de la capa, que es la forma de ministrar. Cuando tú llegas a un momento donde hay una transición, si tú no te cambias de ropa, aquello que lo trajo hasta allí, ahora es lo mismo que te perjudica para ir donde vas. Si no sacrificas los bueyes, no entras.

 ¿Qué te dice luego? Mira que he quitado de ti tu pecado.Nota que es pecado mantenerse con la misma unción. Y luego dice: Te he hecho vestir con ropas de gala.

Aquí vemos el cambio de sacerdocio levítico de la ministración esa donde hay dos o tres al frente y todo el mundo sentado los domingos, a un sacerdocio según el orden de Melquisedec. Porque dice que el sacerdocio se viste de gala.

Espera un momento: O eres tú rey o eres sacerdote. ¡No! Es que esto es un nuevo orden. Somos reyes y sacerdotes. Y no es que tenemos dos funciones, es una naturaleza, una nueva creación. Son dos cosas unánimes que somos al mismo tiempo.

Tenemos gobierno, pero ministramos por compasión. Somos reyes y sacerdotes. Tenemos autoridad, pero somos ministradores. Tenemos posición, pero somos siervos. Somos reyes y sacerdotes. No es que tenemos títulos, esa es la descripción de nuestra hechura. Es una función, no un título. Una naturaleza.

(5) Después dijo: Pongan mitra limpia sobre su cabeza.Te está vistiendo como rey, pero eres sacerdote y pusieron una mitra limpia sobre su cabeza, y le vistieron las ropas. Y el ángel de Jehová estaba en pie.

(6) Y el ángel de Jehová amonestó a Josué, diciendo: (7) así dice Jehová de los ejércitos; si anduviereis por mis caminos, y si guardareis mi ordenanza, también tú gobernarás mi casa, también guardarás mis atrios, y entre estos que aquí están te daré lugar.

(8) Escucha pues, ahora, Josué Sumo Sacerdote, tú y tus amigos,Ahí vamos enredados que se sientan delante de ti, porque son varones¿Cómo? simbólicos ¡Están hablando de hoy! Son varones simbólicos. yo traigo a mi siervo el renuevo. Esto es: el varón perfecto.

Por eso les dice: pónganle coronas al Sumo Sacerdote. Porque el Sumo Sacerdote ya no es uno, somos muchos. Pero todo esto en sí lo vemos. Si no lo vemos, todavía creemos que somos el rey Uzías, que podemos hacer lo que nos da la gana y meternos al sacerdocio cuando somos reyes o viceversa. No hemos cambiado a esa mentalidad.

Igual nosotros tenemos ministerios, hoy, que son todas autoridades del liberalismo y otros que son todo amor. Dos extremos. Nosotros tenemos la balanza. ¡Te vamos a corregir, porque te amamos! Es un juicio de rectitud, no para enviar a nadie al infierno.

(Apocalipsis 6: 5)= Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer viviente, que decía: ven y mira. Y miré, y he aquí un caballo negro; y el que lo montaba tenía una balanza en la mano.

(6) Y oí una voz en medio de los cuatro seres vivientes, que decía: dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario;Trigo y cebada; habla de resurrección, son los primeros frutos. Cuando el sacerdote iba y buscaba los primeros frutos, daba cebada. no dañes el aceite y el vino.

Nota que este viene con una balanza. Viene con un mensaje que llega a través de un pueblo que viene corrigiendo todas estas cosas con el entendimiento de Cristo hecho pecado por nosotros, pero se le dice que no dañe el aceite, que es la palabra, y el vino, que es el Espíritu. Es decir que sólo va a atacar la carne.

No le va a hacer daño a lo que es Dios. Quiere decir que por más que te estremezca a ti su interpretación de la palabra, la verdadera palabra la deja intacta. Lo que desdijo, fue falsa doctrina. Ese es el peor de los males que hoy por hoy aqueja al pueblo de Dios.

Porque una falsa doctrina ni sale ni está en los ambientes seculares. Ni el presidente de un país ni su primer ministro son capaces de elaborar una falsa doctrina y pretender que el pueblo de Dios la crea. Las falsas doctrinas salen de adentro de la iglesia.

El último caballo es el caballo pálido. El caballo pálido, en realidad, es un caballo amarillo o verdoso. Significa el sufrimiento y el dolor de Cristo en el infierno, por nosotros. Te voy a dar algunas escrituras al respecto.

(Deuteronomio 28: 22)= Jehová te herirá de tisis, de fiebre, de inflamación y de ardor, con sequía, con calamidad repentina y con añublo; y te perseguirán hasta que perezcas.Esto habla de espada.

(Verso 26)= Y tus cadáveres servirán de comida a toda ave del cielo y fiera en la tierra, y no habrá quien las espante.Esto habla del hambre.

(Verso 20)= Y Jehová enviará contra ti la maldición, quebranto y asombro en todo cuanto pusieres mano e hicieres, hasta que quede destruido, y perezcas pronto a causa de la maldad de tus obras por las cuales me habrás dejado.

(Verso 23)= Y los cielos que están sobre tu cabeza serán de bronce, y la tierra que está debajo de ti, de hierro.

(Verso 63)= Así como Jehová se gozaba en haceros bien y en multiplicaros, así se gozará Jehová  en arruinaros y en destruiros; y seréis arrancados de sobre la tierra a la cual entráis para tomar posesión de ella.Estos últimos tres versos, hablan de muerte.

Nota que todos hablan de aspectos relacionados con la ley, más precisamente, de la maldición de la ley. Cristo fue colgado para revocar esa maldición, tomándosela a sí mismo. Todo lo que la ley prometía para los que no la cumplían, Él lo sufrió.

Literalmente el significado que hallamos con relación al caballo “pálido”, es verde. Olvida el conocimiento. Algunas traducciones dicen “amarillo”. Es un amarillo verdoso. Es producido por el entendimiento de cómo fuimos redimidos de la maldición.

 Ahora dice allí, en el verso 8 del capítulo 6 de Apocalipsis que veníamos leyendo, que: y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra. En la escritura, recuerda, la tierra es la naturaleza del hombre. Polvo somos y al polvo vamos.

 La cuarta parte del hombre, es el intelecto, porque en el alma está la mente, la voluntad, la emoción y el intelecto. Entonces, este mensaje va a destruir una cuarta parte, todo lo que es el razonamiento carnal. Todo lo que es intelecto. Este caballo se llama Muerte. El mensaje de la muerte de Jesús. En 2 Corintios 5:21 dice que se convirtió en nuestro pecado. Pecado allí, es muerte.

Y continúa diciendo: …y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra.Dice que el infierno le sigue. Los dolores de la muerte de Jesús, le siguen.

Todo lo que es el infierno. El mensaje de Jesús llegó a la gente. El fue sumergido a sufrir lo que le correspondía al hombre hasta que Dios le dijo: estoy satisfecho. ¿Qué era? Muerte. ¿Muerte física o espiritual? Dice que él la pagó. Si la pagó, tuvo que haber muerto espiritualmente.

¿Qué nos correspondía a nosotros por pecadores? El infierno. ¿Cuál era la sentencia por haber pecado? ¿No era el infierno? Entonces, para pagarlo como Él lo pagó, hay que ir allá. ¿Entonces eso significa que Él estuvo allí? Eso es exactamente lo que intento decir.

(Verso 9)= Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían.

Todos los que habían sido decapitados, todos los que habían perdido la carnalidad, toda esa mentalidad, toda esa parte del intelecto, todos los que habían muerto como sacrificio por un mensaje.

(10) Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuando, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?

(11) Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completaran el número de sus consiervos y sus hermanos, que también hablan de ser muertos como ellos.

Muertos físicamente, no. Muertos en el sentido de lo que este caballo está matando, que es la cuarta parte; muertos en nuestra área carnal. Hasta que se levante un pueblo que tenga las mismas dimensiones que aquel primero.

 Hebreos lo dice de otra manera: que tenemos una nube de testigos, la cual está esperando ansiosamente que otros crucen, porque ellos no pueden ser perfeccionados hasta que se manifieste una generación que tenga el mismo espíritu de mártires que ellos. Mártir físico, no. Mártires que están dispuestos  a morir al interés, al razonamiento, a la reputación, a todo lo que el alma exige para poder terminar.

Alguien que se conecte con el espíritu que comenzó la carrera. Hasta que no haya una generación que sea igual a aquella que empezó, no se termina. Están diciendo que avancen, que alguno cruce la frontera. Cuando Cristo resucitó hubo un terremoto, verdad?

Vete a Mateo, que cuando hubo el terremoto, en Mateo 21, habla de que se empiezan a caer un montón de estrellas. Eso no tiene nada que ver con eclipses, recuerda que las estrellas son gente en la Biblia. Por eso dice que su descendencia sería como las estrellas.

Y la estrella de la mañana nace en nosotros. De allí que lo que vivimos en las manos de aquel que estaba en el medio del candelero, las siete estrellas, son los mensajeros de la iglesia. ¿Qué tendrá que ver un eclipse con esto?

Yo no digo que no vayan a pasar cosas reales, literales, materiales o físicas en la tierra cuando aparezca el Señor literalmente. Podrán ocurrir una o mil cosas todas juntas en lo visible, pero no será eso lo que determinará su venida.

Porque aquí se está hablando de que caerán los gigantes de la tierra, las estrellas, y eso habla de gente, de mensajeros. ¿Se caerán los mensajeros? Sí, los gigantes, esos que durante años acapararon el evangelio para sí como si fueran los únicos por medio de los cuales Dios hablaba.

 Dios nunca dijo eso cuando señaló que su pueblo es un pueblo de reyes y sacerdotes, y de TODOS ministros competentes. Los que caerán, entonces, serán aquellos que prometían falsa seguridad, paz y hasta prosperidad canjeada con Dios mediante billetes de dólar o euro mientras más grandes mejor. No te olvides: cuando ocurra la venida del Señor, toda mentira será descubierta.

(Apocalipsis 21: 7)= El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.

Si tu vida no tiene otro sentido luego de haber aprendido esto, pueden haber sucedido dos cosas: o no lo entendiste por leerlo como si fuera el periódico del día, o algo peor: todavía conservas en tu interior un espíritu de incredulidad que no te permite crecer y recibir bendición.

No me escribas preguntándome que es lo que sigue porque vas a perder tu tiempo y yo el mío tratando de explicarte que no lo sé. Los maestros de matemáticas, en muchos casos, no conocen lo elemental de historia o geografía por una simple razón: su materia específica no es ha dejado tiempo de estudiar lo otro.

Los maestros del Señor, conforme a lo señalado en Efesios 4:11, conocen perfectamente sólo aquello que el Espíritu Santo les muestra y enseña. Es nuestro el error de suponer que se las saben todas. Apenas saben lo que Dios les permite que sepan para el día presente.

Y el día presente de Dios, (De esto sí que tengo total certeza), tiene que ver específicamente con dos ítems singulares y contundentes: el acompañar al pueblo que día tras día va huyendo de las Babilonias y recibirlo, tal como Noé a aquellos animales, en el arca espiritual llamada Jesucristo que muchos “locos” como Noé estamos calafateando.

¿Pero de donde han sacado eso? Nos dice la religión organizada. No se lo podemos responder porque, en realidad, no sabemos de donde lo hemos sacado. Lo que sí sabemos es que esa arca que estamos construyendo, hoy, parece tan ridícula como aquella antigua, enclavada en un árido suelo donde jamás había llovido más de cuatro gotas…

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Los Pecados del Éxito

Todos hemos visto, alguna vez, aunque no hayamos profundizado demasiado, en el Libro del Apocalipsis, la participación simbólica que se le da en el relato de Juan a los caballos de distinto color. En este estudio vamos a ver algunos aspectos que tienen que ver con ellos.

(Apocalipsis 6: 4)= Y salió otro caballo, bermejo; y al que lo montaba le fue dado poder de quitar de la tierra la paz, ¿Cómo que quitar la paz? La falsa seguridad que la gente ha creado, porque ¿Qué pasa allí en la tierra?

¡No! ¡Es que se va a acabar la paz! – Es que en la tierra no hay paz… ¿Qué pasa  ahí en la tierra? Mientras existan demonios, aquí no hay paz. Dime tú, ahora mismo, por favor, adonde hay paz. Donde no hay guerras literales, hay guerras civiles, hay guerras políticas, hay guerras económicas.

Algunas son un poco más silenciosas y sutiles que otras, pero todas están causando muerte. ¿Adonde hay paz? En el cielo. En la tierra no hay paz. ¿Cómo que no? ¡En la iglesia! Mentiras del diablo, en la iglesia tampoco hay paz.

Y te digo más; en muchos creyentes, tampoco. Entonces, ¿Qué paz? Este caballo, lo que va a quitar, es la falsa seguridad que tiene la iglesia; las falsas expectativas. Hablan de paz cuando es tiempo de guerra. ¡La Biblia te habla de eso todo el tiempo!

¡Ay de aquellos que dicen paz, paz, cuando no hay ninguna! ¡Pero hermano! ¿Usted está hablando de la iglesia o de Babilonia? Lo siento; en este momento, mayoritariamente, lo que vemos como iglesia, es Babilonia. Por eso digo la iglesia.

Apocalipsis no es un libro diferente, está hablando de todo lo que ya se le ha dicho. Te habla del sistema religioso, de una falsa seguridad. El pueblo se protege entre cuatro paredes falsas de religión de diferentes denominaciones y títulos.

 Y no me refiero solamente a lo que llamamos “cristiandad”, sino mira tú la organización eclesiástica en el mundo y mira como la gente se apoya en una seguridad falsa. Algunos en piedras, otros en sectas, otros en líneas psíquicas, u otros, – lo que es mucho peor -, en una forma o apariencia de poder que niega el mismo poder que nos puede llevar a la consumación.

Pero se ha preferido tomar esto desde lo literal y se dice: hay paz. ¿Adonde hay paz? Las familias están siendo quebrantadas. No hay paz en China, no hay paz en Medio Oriente, no hay paz en África y, mucho menos, en países sojuzgados de cierta parte de Latinoamérica.

 ¿Qué paz, entonces, puede ser la que quite de la tierra el que monta este caballo? Pues la paz que está en la mente de mucha gente que cree que la tiene. ¿Tiene o no tiene sentido? Él dice que para juicio fue que vino al mundo, no para traer paz. No vine a traer paz, vine a traer una espada. Vine a dividir la casa.

Cuando tú ves la verdad, lo que tú crees que tú eras, se desmorona. Tú te crees rico y de un momento para el otro te ves desnudo. Tú te crees muy protegido, con gran cobertura pastoral, pero cuando veas la plenitud genuina, te darás cuenta que andas más desprotegido que nunca. El juicio trae corrección.

 Estamos convirtiéndonos, entonces, progresivamente, por medio de un entendimiento, en un pueblo cuya naturaleza es un estado de ser de paz en medio del caos. Es el valor redentor  de la iglesia.

La verdadera. ¿Pero como podrás tú producirle paz a un pueblo que está en está en caos, si tú mismo no tienes paz en medio de tu propio caos? Es eso lo que la gente va a ver. Pero esto no es nuevo, mira:

(Jeremías 10:24)= Castígame, oh Jehová, más con juicio; Nota que está pidiendo castigo, pero ¿Lo quiere con qué? Con juicio. ¿Por qué? Porque el juicio de Dios no es para mandarte a ti al infierno. ¿Qué dijo David? ¡Prefiero caer en las manos del Dios vivo! ¿Por qué? Porque él sabía que el castigo de Dios no era eterno

. ¿Pero qué predicamos nosotros? ¡Al infierno eternamente, quémate! no con tu furor,El furor ya lo descargó en Cristo para que no me aniquiles.Es decir que el juicio, donde tiene que haber caballos rojos, es un juicio que te corrige, no que te aniquila.

(Jeremías 2: 30)= En vano he azotado a vuestros hijos; no han recibido corrección. Vuestra espada devoró a vuestros profetas como león destrozador.

¿Cuántos se están dando cuenta que ese tipo de juicio no trae corrección? Dios, lo que está tratando de hacer, es producir arrepentimiento. Hay algo que aún no aprendimos: Dios ama al mundo. A ese mismo mundo que nosotros despreciamos y expulsamos de los templos.

(Isaías 26: 9)= Con mi alma he deseado, en la noche; y en tanto que me dure el espíritu dentro de mí, madrugaré a buscarte; porque luego que hay juicios tuyos en la tierra, los moradores del mundo aprenden justicia.

Es decir que después del juicio de Dios, los moradores de la tierra, aprenden justicia. ¿Pero no era que se iban al infierno? ¡Pero hermano! ¿Usted no cree en el infierno? ¡Es que yo no voy para allí, por eso es que no me quita el sueño! Además, por si lo ignorabas, lo que Dios quiere, precisamente es eso: que nadie se vaya al infierno.

El que se va  allí es de puro terco, cabezón y porfiado. ¿Por qué quieres tú que se vayan tres o cuatro que no le cambien? Él no lo preparó para la gente. Si la gente va es porque quiere, no porque Él lo haya preparado para eso.

Pero; ¿Es literal o espiritual? No lo sé, ni me interesa. No está en mis planes futuros. Pero lo que puedo decirte es que un infierno es un destino producto de un estilo de vida que ya existe. Nota que dice que después del juicio hay un pueblo que aprende justicia.

 La palabra dice que van a doblarse, ¿Cuántas rodillas? Todas. ¿Y cuantas se supone que son “todas”? Todas. ¿Sabes tú cuál es el significado de la palabra “todas”? Pues eso mismo. ¡Todas!

(Isaías 66: 15)= Porque he aquí que vendrá con fuego, Ya hemos estudiado y entendido lo que es el fuego y sus carros como torbellinoTambién sabemos ya quienes son los carros, verdad? para descargar su ira con furor,Es decir que lo va a hacer con gente, ¿Entiendes? y su reprensión como llama de fuego.Allí viene un mensaje de un mensajero.

(16) Porque Jehová juzgará con fuego y con su espada a todo hombre; (Esto es la palabra) y los muertos de Jehová serán multiplicados.

Nota que todo esto viene a hacerle un mensaje al pueblo, que trae la corrección que produce el arrepentimiento. Babilonia está cayendo con la espada de la boca de su pueblo. Como el molino este, que trilla el grano, que significa que es un mensaje tan claro que se caen las confusiones. Babilonia significa confusión.

(Lucas 12: 49)= Fuego vine a echar a la tierra; ¿Y qué quiero si ya se ha encendido?

Ya se había encendido. ¿Por qué? Porque él empezó a predicar y lo primero que hizo fue condenar a todo el liderazgo de la iglesia, traer una reforma y profetizar la destrucción del sistema presente y existente, y se fue. Vino, trajo juicio con un standard. Tuvieron que eliminar el standard porque su vida producía juicio en sus almas.

Pero destruyó el sistema con el standard. Setenta años después, es decir: en la plenitud de un tiempo, ya no existía aquel standard interior. Y dejó que el resto de los tiempos fuese juzgado por la inspección de su standard que todavía se está encarnando, la iglesia.

(50) ¿Pensáis que he venido para dar paz en la tierra? Os digo: no, sino disensión.

El Dios de Elías. ¿Cómo contestó? Con fuego. ¿Y cual fue el resultado? Que todo el mundo dijo: Jehová es bueno. Nosotros somos el botín de la guerra de Dios. Y en la cultura hebraica, todo botín de guerra tenía que ser purificado, o bien con agua, o bien con fuego.

 Hebreos 1 hace a sus ministros llamas de fuego. Así que el Señor está montando a caballo a un pueblo. Los ministros de reforma que traen un juicio justo, que produce corrección, son ministros con sustancia, las nubes con agua. Caballos rojos.

Caballos negros. Es el que testifica que Cristo murió espiritualmente. Recuerde que la vida de Jesús está siendo desatada. Y está siendo declarado por símbolos. A través de un mensaje por medio de un pueblo que lo está revelando según los sellos son quebrados.

 Todo lo que se está diciendo, proviene del trono de Dios, el cual está rodeado del sacerdocio de Melquisedec y de los atributos de Dios. Todo el libro del Apocalipsis, del capítulo 7 hasta el 22, es un mensaje desatado desde un trono interno. No es con palabras, es con un estilo de vida.

Serán mis testigos, y se predicará este evangelio del reino como un testimonio, no como una simple predicación. Testimonio es alguien que testifica con su vida que algo es cierto. Es por eso que aunque todo el mundo ha oído, nadie ha cambiado. Los caballos son simbólicos de vencer, de poder, de fuerza y color en las escrituras.

 Siempre denota la presencia, una aparición de Dios por medio de su Espíritu. El caballo blanco significa la expresión de la vida de Jesús; el rojo tiene que ver con el juicio; el negro tiene que ver con tesoros escondidos, dice Isaías 45. Una cruz, las verdaderas riquezas de la cruz. Más allá del ojo natural, más allá de la muerte de un hombre, hay unos tesoros escondidos.

Tesoros escondidos, más allá de la muerte física de Jesús. Este es Jesús muriendo espiritualmente. Hay todo un mensaje tras la señal de Jonás. ¿Cuál es la señal de Jonás? Tres días. Pudo haber sido la de Abraham, que tuvo que caminar tres días hacia el monte Moriat.

 Pudo haber sido la de Josué, que se paró tres días antes de cruzar el Jordán. Pudo haber sido la de Números, la que salió del desierto y tuvo que buscar un lugar de reposo a tres días de camino.

Pudo haber sido la misma historia de Israel, que cuando le pide a Faraón, que es tipología de Adán, salir tres días al desierto a adorar a su Dios, podemos ver que Faraón, o Adán, les dice: adórenlo desde aquí. Quédate en Cristo, pero no cambies tu mentalidad. Toda la Biblia nos habla de los tres días que Cristo pasó más allá de una muerte física. Porque nuestro problema era espiritual, no físico.

La palabra nos dice que Cristo fue vivificado después de los dolores de la muerte y el sufrimiento de su alma. Esos son todos los dolores del infierno. Si no hubiera estado muerto, no hubiera sido necesario vivificarlo.

 Dice que estuvo tres días en el centro de la tierra. Sólo un problema: Él fue enterrado en un sepulcro que no era bajo tierra. Y lo usa a Jonás como ejemplo. Pero entiende que este caballo habla de Jesús, vivificado espiritualmente.

(Romanos 8: 20)= Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza. Ese fue Dios.

Ser rico, es tener naturaleza divina. Un pobre, es alguien de naturaleza caída. El caballo negro, habla de ausencia de luz. Recuerda que somos hijos de luz. Si Él viene montado en un caballo negro, habla que hubo un momento en que Jesús fue reducido a un nivel más bajo que los ángeles, dice Hebreos.

Lo único que Jesús hizo que los ángeles no hacen, es padecer una muerte espiritual. Espiritualmente hablando, el negro habla de oscuridad o ausencia de color. Opuesto a lo que es el caballo blanco, que era la vida, el negro significa una unción que revela aquello que era ausencia de luz.

Ausencia de luz era nuestra naturaleza, cuando estábamos muertos. Ahora no, porque su vida es la luz de los hombres. Pero en muerte era ausencia de luz; no había iluminación interna. Por eso es que debemos ser luz, no para resultarle “simpáticos” a la sociedad.

El entendimiento de cómo Jesús se identificó con la naturaleza caída del hombre, y la crucificó. Entonces fue vivificado, levantado y hecho una nueva creación, y nosotros juntos con Él. Nota que la sulamita dice que su alma estaba despierta en busca del Señor, aunque ella andaba dormida.

 Allí es donde dice: yo soy morena, es decir que tenía el entendimiento en el sentido de que todavía estaba en carnalidad. Pero al mismo tiempo, decir: yo soy hermosa. Y busca esa conexión con Dios hasta que se convierte en uno con Él.

 Ella no se está arrepintiendo de sus pecados, sino que ella está en la presencia de Dios y se da cuenta que allí, todo lo que ella consideraba belleza, aún era morena. Es muy fácil que nuestras almas cada vez vuelvan a recaer a identificarse con el estado caído del hombre. Porque fueron años en los que estuvimos en eso. Por naturaleza.

Es muy normal, en el marco de un congreso, un festival o una conferencia, sentir tremenda presencia de Dios. ¡Gloria! ¡Aleluya! Pero al momento siguiente tenemos un pequeño problema y ya mismo nos olvidamos de cómo estábamos recién. Porque el alma es como que se retrotrae y vuelve a verse a sí misma, horrible.

Como estuvimos tanto tiempo casados con la bestia… La bestia es Adán. Hay cierta habilidad en nosotros de ver las cosas desde un razonamiento carnal. El alma dice, entonces, como la sulamita: ¡Soy morena! No. Hoy somos la justicia de Dios en Cristo Jesús. Nuestra vieja naturaleza ha sido crucificada.

¿Recuerdas a Jacob? Peleó con un ángel. Y lo último que aconteció antes que el ángel le diera una nueva naturaleza, fue que le hizo una pregunta: ¿Quién eres? Y hasta que él no dijo: “Soy nada, soy un usurpador, ¡Soy una porquería!”, el ángel no le dijo: ahora sí estás listo; y le dio una nueva naturaleza. Hasta que tú no reconoces que en el máximo nivel de éxito que puedas tener, delante de Dios no eres nada; no pasas el próximo nivel.

En suma: estos son los caballos que desatan los sellos, o desatan el mensaje que proviene del libro cuyos sellos están siendo desatados. El libro, ya lo sabemos, somos nosotros, con Cristo formado adentro, algo escrito en nuestros corazones.

 Una ley escrita que es la naturaleza de Dios, que progresivamente se va revelando, a medida que entendemos aquello que pasó en el lado oscuro de la cruz. Y ya lo vimos: Jacob, el usurpador, no se convierte en un príncipe con Dios, hasta que no responde a la pregunta: ¿Cómo te llamas?

Cuando uno reconoce que, aunque estemos en el lugar santo con un auge tremendo y una mega iglesia, con cinco yuntas de bueyes, los cinco ministerios en todo su apogeo, ante la revelación de aquello que está del otro lado del velo, tenemos que reconocer que ya nuestro éxito, es nada frente a la demanda de la continuidad con Dios.

 Si no, tú no cruzas. Lamentablemente, ese es el problema: el orgullo, la soberbia, la arrogancia del hombre, y de los ministerios que protegemos celosamente aún por encima de las verdades. Si hay cambios que estremecen a la gente, es porque esa gente ha estado creyendo y confiando en algo que es mentira.

(Proverbios 10: 2)= Los tesoros de maldad no serán de provecho; mas la justicia libra de muerte.

Nota aquí que los tesoros de maldad no adelantan nada. Pero la cruz sí tiene tesoros escondidos.

(Proverbios 11: 4)= No aprovecharán las riquezas en el día de la ira; mas la justicia libra de muerte.

Nota también que en todo lo que produce el juicio de Dios, hay un común denominador: hay libertad. Este es el mismo día del Señor. Es el día en que el Señor liberta a algunos para juzgar a otros por la libertad de algunos. Es el agua que produce la caída de algunos, pero salva a Noé.

Es el fuego que quema y revela los falsos fundamentos. Son las lluvias que azotan la casa para ver qué tan fuerte estaba. El problema en este último caso, es que las dos casas se terminan y se ven iguales, casi una copia perfecta.

Por el juicio del bien y del mal podemos juzgar buenas casas como buenas, cuando es nuestra opinión de lo que es bueno, y no la de Dios. Entonces a Dios no le queda otra alternativa que soplar con un mensaje, una espada aguda.

Con llamas de fuego en su mensajero, hechos caballos de honor. Un mensaje de reforma que ataca todo lo que no es Dios. Porque para que Cristo sea visto, de en medio del candelero, no se añade nada sino que se quita todo lo que no le pertenece.

 Por eso dice: vengo como ladrón. El ladrón viene y se lleva lo que no le pertenece. Vemos que hay una gloria de Cristo que está arrancando de nosotros todo lo que a Él no le pertenece. Escrituras para confirmar: 

(Hebreos 12: 25)= Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháramos al que amonesta desde los cielos.

(26) La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo.Nota que es Él, no Satanás quien está conmoviendo todo lo que es divino, todo lo que es terrenal para que sólo permanezca lo que es el reino que en nosotros se está edificando. Él es el que sopla la casa. Él es el que zarandea la casa de Israel, pero te garantiza que ni un grano de trigo se va a caer al suelo.

(Amós 9: 9)= Porque he aquí yo mandaré y haré que la casa de Israel sea zarandeada entre todas las naciones, como se zarandea el grano en una criba, y no cae un granito en tierra.

(10) A espada morirán¿Cómo que a espada? Pues con la palabra. todos los pecadores del puebloCuidado: no dice del mundo, dice del pueblo que dicen: no se acercará ni nos alcanzará el mal.

Habla de toda esa gente que tiene confianza en una falsa seguridad. Son los que dicen: ¡No te preocupes! ¡Si nos vamos ya! ¡Sabes a cuanta gente se la ha castrado espiritualmente con ese pensamiento? No exagero si te digo que a una generación completa de cristianos.

(11) En aquel día,¿Qué día? Es aquel día en que Él va a levantar el tabernáculo caído de David Yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado.

(Abdías 21)= Y subirán salvadores al monte de Sión para juzgar al monte de Esaú; y el reino será de Jehová.

¿Adónde se va a juzgar a Esaú? Adentro de Sión. Esaú en toda la Biblia, significa “carnalidad”. Sión en toda la Biblia, significa “iglesia”. Los salvadores que aquí dice que subirán, son el cuerpo multimiembro de Cristo. Y el reino será de Jehová. Mira ahora el verso 18:

(Verso 18)= La casas de Jacob será fuego, y la casa de José será llama, y la casa de Esaú estopa, y los quemarán y los consumirán; ni aún resto quedará de la casa de Esaú, porque Jehová lo ha dicho.

(Verso 17)= Más en el monte de Sión habrá un remanente que se salve; y será santo, y la casa de Jacob recuperará sus posesiones.

¿Estas viendo como toda la Biblia está de acuerdo y tiene coherencia y sentido en este asunto? Diferentes autores, distintos tiempos, disímiles épocas, igual inspiración. El Espíritu Santo la escribió por medio de gente. La gente la entenderá sólo por medio del Espíritu Santo. ¡Que simple!

(Proverbios 11: 4)= No aprovecharán las riquezas en el día de la ira;El día de la ira, es el día de Jehová; es el mismo día. Es ira para los que están mal, pero es bendición para los que están bien. más la justicia librará de muerte.

(Verso 9)= El hipócrita con la boca daña a su prójimo; más los justos son librados con la sabiduría.

(Verso 12)= El que carece de entendimiento menosprecia a su prójimo; más el hombre prudente calla.

Aquí vemos la oscuridad del alma del hombre. Asimismo en el verso 9, vemos también la carnalidad del alma del hombre. Porque el alma humana, si no está sujeta a un espíritu, obviamente lleno del Espíritu Santo de Dios, irremediablemente es carnal. No puede, por sí misma, ser de otro modo.

(Verso 13)= El que anda en chismes descubre el secreto; más el de espíritu fiel lo guarda todo.Aquí vemos que un alma convertida es fiel y guarda las cosas.

(Verso 14)= Donde no hay dirección sabia, caerá el pueblo; más en la multitud de consejeros hay seguridad. Estamos hablando de separados de la mentalidad de Dios. Todo lo que habla Apocalipsis, se ve también en Job.

Estos son principios bíblicos. Cuando Juan escribe en Apocalipsis, no está escribiendo nada extraño para las iglesias de Dios. Ellos entendieron perfectamente. Los que no entendimos, fuimos nosotros. Es más: lo elevamos a la categoría de extraterrestre o ciencia-ficción.

Por eso lo sobredimensionamos primero, lo leemos muy poco después, y se lo prohibimos leer directamente a los más nuevos, finalmente. Claro; nadie se atreve a decir que prohibimos leer el único libro que dice que es bienaventurado “el que lo lee”.

Tenemos que entender que le está escribiendo a un pueblo que llevaba dos mil años entendiendo escrituras. Él, lo que está haciendo, es abrirle las escrituras. Es lo que hicieron todos los apóstoles y todos los que ministraron la Palabra.

 En el Nuevo Testamento lo que hacían, era abrirles las escrituras que ya conocían. Cuando Cristo anduvo con aquellos dos en el camino, lo que hizo fue mostrarles que Él ya existía en las escrituras desde Abraham. Cuando Pedro predica su primer mensaje, cuando Esteban habla y cuando Pablo habla, está testificando su testimonio.

Estaban diciendo: miren, desde David para acá, esto es lo que está pasando y Cristo es el que ustedes mataron. Ellas, las escrituras, hablaban de Él, y ustedes lo crucificaron. Todas las escrituras a través de las manos apostólicas, siempre revelaban a Cristo.

(1 Corintios 3: 9)= Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.

(10) Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire como sobreedifica.

Naturalmente lo que está diciendo, es que el fundamento es Cristo. Pero no un Cristo evangelístico. Es el entendimiento de las Buenas Nuevas. Las Buenas Nuevas son que el reino es una realidad y que tú eres nueva criatura. Que ha habido un cambio de gobierno en el ámbito espiritual.

(Job 42: 5)= De oídas te había oído;¿Sabes cuántas veces me hablaron de ti? Hasta te cantaba algo lindo algún domingo más ahora mis ojos te ven.

(6) Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza.¿Y por qué no cantamos eso?

Cuando tú lo ves, Él te aborrece. ¿Y como te llamas? – Me llamo Job, me llamo Jacob. Me llamo el que no sirve, el que roba. Soy malísimo y, con todo mi éxito, esto ya no sirve, ¡Quiero más! Cuando uno está allí, está listo para crecer.

 El problema que existe, es con muchos que vienen con la computadora llena a juzgarte el mensaje. Deberían venir con el disco vacío, a recibir mensaje. Deja que el Espíritu los juzgue. No lo juzgues con tu conocimiento del bien y del mal. Porque eso produce muerte.

 Este caballo negro, viene con balanzas. Revela la oscuridad que tenemos, pero no para destruirla. Revela el pecado de su éxito. Que ese éxito está escaso de plenitud, que no da en el blanco. Pero no para que tú te sientas mal, sino para que le añadas lo que falta.

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Las Apariencias Engañan

Una consulta: ¿Alguna vez te has preguntado en qué momento o instancia pasas tú de estar perdido a ser salvo? Es bastante simple y concreto, aunque no siempre se enseña porque no siempre se conoce. Tú eres salvo en la cruz, no cuando haces la oración del pecador.

Si yo estoy en una ciudad y cometo un grave delito y me voy a otra ciudad huyendo de la ley, pero un amigo mío de aquella primera ciudad se presenta a la justicia en mi lugar, en mi representación, y él dice querer cumplir la sentencia que a mí me corresponde, en el momento en que él es ejecutado, por mi delito, yo ya soy libre.

Pero si yo no me entero, puedo andar huyendo el resto de mi vida. Aunque ya soy libre. Muy bien; el mundo ya es libre. Eso se lama Buenas Nuevas. Esto es lo que la iglesia del Señor debería estar enseñando siempre. El resto son doctrinas de la iglesia humana.

(Apocalipsis 22: 3)= Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del cordero estará en ella, y sus siervos le servirán.

 (4) Y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes.

Nota que al igual que el 666, o la imagen del hombre de pecado, es la mentalidad de los que se pierden, está el nombre de Dios en la mentalidad de la nueva creación. No son sellos en su mente, son estructuras mentales.

 Recuerda que tu alma va a representar el carácter que tú ya traes en tu espíritu. Eva, por fin, se vuelve a casar con Adán. Algo es claro: no podemos interpretar este libro de otra manera que la que lo estamos interpretando, a menos que no queramos un complemento externo a la Biblia.

 La única manera de interpretar el Apocalipsis sin la ayuda del abecedario, es usando el mismo libro. ¿Sabes cuál es el abecedario que muchos usan para interpretar el Apocalipsis? La CNN, NBC, CBS, TN, etc. ¿Lo estás entendiendo? No hay otro modo de interpretarlo sino utilizando el mismo libro.

Lo puedes tú leer de otra manera, pero vas a necesitar de la ayuda de jornales, periódicos y periodistas que nunca te dicen la verdad, porque responden a diferentes intereses que sólo te dirán lo que ellos necesitan que tú sepas o creas.

Porque están vendiendo posiciones y títulos, y no noticias. Es impresionante como la gente lee el periódico. Y cuando tú no lo lees, se creen que tú no eres inteligente, o diestro, o íntegro. Como si lo que tú has estado leyendo fuera verdad absoluta.

Eso no quiere decir que no lo leas, sólo que no te creas todo lo que lees, eso digo. Opinión de periodista. Convicción de maestro. Certeza de creyente. Si tú le dices a alguien que viste a un elefante volar, se te ríen. Pero si sale escrito en el diario, dirán: ¡¡Sí!! ¡¡Volaba!! ¡¡Lo dijo el periódico!! Y es la misma mentira.

(Apocalipsis 6: 2)= Y miré, y he aquí un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco; y le fue dada una corona, y salió venciendo, y para vencer.

El caballo blanco, vamos a comenzar diciendo que tiene que ver con la rectitud del ministerio terrenal de Cristo. Recuerda que es un mensaje progresivo que se está desatando. Los caballos son vehículos de Dios. Lo vamos a ver ya mismo.

 El primer caballo, entonces, trae un entendimiento de lo que pasó. Recuerda que a Juan se le dijo: “escribe primero las cosas que fueron”. Y lo que pasó, fue la crucifixión. Estamos en el atrio. No es sencillo, pero es posible entender lo que pasó.

(Joel 2: 1)= Tocad trompeta en Sión, y dad alarma en mi santo monte. Tiemblen todos los moradores de la tierra, porque viene el día de Jehová, porque está cercano.Está hablando de los tiempos que encontramos en Apocalipsis.

(2) Día de tinieblas y oscuridad,Nota que el día del Señor es tanto de luz como de tinieblas. Recuerda que las plagas mataron a Egipto, pero liberaron a Israel. Que las aguas del diluvio eliminaron a los impíos, pero salvaron a Noé; y que el fuego juzgará a todos los impíos de Babilonia, pero purificará el oro de la nueva Jerusalén día de nube y de sombra; como sobre los montes se extiende el alba, así vendrá un pueblo grande y fuerte;¿Vendrá un pueblo qué? Un pueblo grande, dice. ¿Qué es un pueblo? Gente. ¿Y un pueblo grande? Gente con grandeza. Nada que ver con tímidos ciudadanos de segunda categoría amontonados en alguna membresía. semejante a él no lo hubo jamás, ni después de él lo habrá en años de muchas generaciones.Está hablando del producto final, la iglesia gloriosa.

(3) Delante de él consumirá fuego, tras de él abrasará llama;Somos ministros de llama. como el huerto del Edén será la tierra delante de él.Ese es el destino, la morada de Dios y detrás de él como desierto asolado,Allá es donde dejamos a Adán ni tampoco habrá quien de él escape.

(4) Su aspecto,El de ese pueblo grande como aspecto de caballos, y como gente de a caballo correrán.

Vamos a ver: ¿Son caballos o son gente de a caballo? Joel no podía ver la diferencia entre los caballos y la gente que lo montaba. Los caballos del Apocalipsis, son un vehículo, una gente cuya propia vida es un mensaje.

Porque lo que se está desatando es el libro, que son ellos. Y está mostrando la vida de aquel que andaba oculto, y el vehículo que Dios usa para mostrarlo, son ellos mismos. Es una gente-caballo; gente de fuerza, de vigor. Es el único animal que ve la lanza de frente y la ataca.

 Son gente de reino, gobernada por los principios de Dios sin importar las circunstancias. Como dice Zacarías 10:3: De ovejas a caballos de honor.Vamos a ver ahora como habla Zacarías de un pueblo que sale de Babilonia.

Es lo mismo, no es nuevo. Recuerda que Hageo también le escribe al mismo pueblo, en el mismo tiempo, para hacer lo mismo. Pero Hageo lo que le dice, es: sube al monte y busca madera. Zacarías, no. Él dice: Vi caballos.

 Están hablando del mismo propósito, pero no más místico que el otro. Pero sigue siendo la misma revelación. Pablo tuvo una revelación de Cristo y fue muy práctico explicándola: tú eres el templo. Juan tuvo una revelación de Cristo y, en lugar de decir: tú eres el templo, dijo: vi el trono de Dios rodeado de querubines.

 ¿Qué le está diciendo? Que la naturaleza tuya es la que rodea el trono de Dios. Que tú eres el templo. ¡Y vieron al mismo Jesús! Un mismo mensaje puede ser expresado diferente. Somos hombres. No deidifiques a nadie.

(Zacarías 6: 1)= De nuevo alcé mis ojos y miré, y he aquí cuatro carros que salían de entre dos montes; Dos montes, son dos reinos: Adán y Cristo …y aquellos montes eran de bronce.

(2) En el primer carro había caballos alazanes,No encontramos caballos alazanes allá en Apocalipsis en el segundo carro caballos negros, (3) en el tercer carro caballos blancos, Él no lo ve como uno, lo ve como muchos. ¿Por qué? Porque tanto el caballo como el jinete, ya son uno en Apocalipsis. Apocalipsis, al final, dice: No pude distinguir quien venía montado y quien estaba debajo. Eran todo uno, y sobre de ellos estaba el nombre de Dios.El verbo hecho carne. ¿Qué hace Apocalipsis? ¿Adivina el futuro? No. Nos revela a Jesucristo. y en el cuarto carro caballos overos rucios rodados.

(4) Respondí entonces y dije al ángel que hablaba conmigo: Señor mío, ¿Qué es esto?

(5) Y el ángel respondió y me dijo: estos son los cuatro vientos de los cielos,Ah; aquí hay una explicación que nos va a dar un poco más de luz. Ahora los caballos son vientos. Recuerda el principio de la interpretación: cuando las cosas no parecen tener sentido en lo literal, no trates de literalizarlo. Busca los patrones de la tipología y el simbolismo.

¿Qué son vientos? Juan 3 me dice que como aquel que es nacido de Espíritu, es como el viento, que nadie sabe de donde viene, adonde va o adonde va a ir. Y los cuatro hablan de: en toda la tierra, cuando dice al final, que son vientos de los cielos, está hablando de naturaleza divina.

Recuerda que lo único que hay en la tierra que es del cielo, es la iglesia. que salen después de presentarse delante del Señor de toda la tierra.¿Estás viendo claro esto? Son los cuatro vientos de los cielos.

(Zacarías 2: 6)= Eh, eh, huid de la tierra del norte, dice Jehová; pues por los cuatro vientos de los cielos os esparcí, dice Jehová.

 (7) Oh Sión, la que moras con la hija de Babilonia, escápate.Nota que ahora le habla a Sión y le dice: escápate de Babilonia.

(Zacarías 10: 3)= Contra los pastores se ha encendido mi enojo, y castigaré a los jefes; pero Jehová de los ejércitos visitará su rebaño, la casa de Judá, y los pondrá como su caballo de honor en la guerra.

 (4) De él saldrá la piedra angular, de él la clavija, de él el arco de guerra, de él también todo apremiador.Aquí nos vemos como caballos de guerra.

(Juan 3: 8)= El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de donde viene, ni adonde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.

(Salmo 104: 3)= Que establece sus aposentos entre las aguas, el que pone las nubes por su carroza, Nota que las nubes son vehículos de Dios, pero que hay algunas que no sirven como vehículos porque no tienen agua.

 Que son árboles otoñales dos veces arrancados, llevados por cualquier viento de doctrina. Esto se refiere a gente. Manchas en nuestros ágapes, dice Judas. …el que anda sobre las alas del viento;

Aquí ya cambió la palabra “nube” por la palabra “viento”. (4) El que hace a los vientos mensajeros ¡Nota que los vientos somos nosotros! Y son esos vientos los que soplan sobre Babilonia.

 Son esos vientos los que azotan esas dos casas; una fundada en la arena, una en la roca. Por eso te asegura que viene. Dios, todo lo que estremece en su casa, lo hace con el soplo de su boca. Solamente hay un problema: Él está en nosotros.

Entonces, esto que está afligiendo el alma de muchos, es el soplo de Dios. Sólo que ya la iglesia, en un estado de haberse quedado más tiempo del que debía quedarse en ese mover, ha perdido, ha cauterizado la sensibilidad de discernir. Y reprende al diablo. Y el diablo no sabe de qué se trata.

Le pasó lo mismo que a Israel, que sin la caja, sin el arca y detrás del velo, mantuvieron cultos como si Dios estuviera allí; porque ni cuenta se daban de la diferencia. Todo está tan organizado que, si falta Dios, no se dan cuenta…

La mayoría de la iglesia, hoy, no reconoce a Dios y, de ese modo, digiere y acepta cualquier cosa que le presentan como Dios. Lo llamamos “Dios” y “su presencia” a cualquier espectáculo, reduciéndolo a los dones. Cuando sólo son las arras, de algo que aún espera por ser nuestra herencia.

Apocalipsis 6:2, como ya hemos leído, es el primer caballo. Nos habla de todo eso. Dice que fue dada una corona. esa palabra, CORONA, aquí, es la misma palabra CORONA usada en Juan 19:2, cuando habla de “la corona de espinas”. Nota que el que viene en el caballo, es Cordero y la Corona viene con el león de Judá. Es aquella que Él pagó para que tu alma fuera redimida.

Entonces, ¿De qué se trata? Es un mensajero con un mensaje, que viene conquistando sobre la muerte. Es la verdadera vida de Dios. Es un ministerio de justicia y actitud. Representa a un pueblo con una vida, sin elementos de hostilidad y tinieblas en ella.

Que pueden decir como Cristo: “Aquí viene el príncipe de este mundo, pero él nada tiene en mí”. Es la luz, es el ejército de Joel, es el espíritu dentro de un pueblo encontrando plena expresión en Él. Es el pueblo convirtiéndose en una unción que revela esa faceta de lo que ya está funcionando.

Segundo caballo. El alazán, o el rojo, significa Jesús hecho pecado. ¿Qué es lo que estamos haciendo aquí? Revelando los sellos; abriendo los sellos de lo que ya está consumado. Y para que puedas verlo a Él en plenitud, tienes que entender que Él fue tu pecado. Porque mientras tú te veas como un hombre perdonado, tú no tomas real dimensión de lo que verdaderamente sucedió en la cruz.

Hay muchas escuelas de pensamiento. Trabajo inútil. Espíritu Santo o humanismo científico o histórico. Mucha gente cree, por ejemplo, que Dios tenía que pagarse un rescate a sí mismo. Otros creen que Él tenía que pagarle un rescate al diablo para que nos soltara. ¡Esa es nuestra doctrina! Claro; nadie te lo dice de este modo, pero es lo que significa.

 Otros creen que fue un buen hombre que murió por una causa noble. Otros creen que Cristo era un patrón. Todos tienen un nivel de verdad. La gran mayoría está en la franja que cree que Cristo fue un mártir. Esa es una escuela de pensamiento.

La segunda es en gente que está dedicada a lo que creen llamarse “el mensaje del reino”, que es nuestro peor enemigo, porque es lo que más se parece, pero que nada tiene que ver. Ellos dicen que Jesús es nuestro patrón. Y sí lo es. Pero cualquiera que sabe algo de costura sabe que el corte de la tela y el patrón no son lo mismo.

 Aunque Él es nuestro patrón. ¡No! ¡Yo tengo que sufrir porque Él sufrió por mí! Si tú piensas que tu sufrimiento es lo que te madura, cuando llegas a esa madurez, a la gloria te la llevas tú. Hay que tener cuidado. Hay una línea muy delgada y hay pequeñas cosas que todavía Dios se guarda.

Y luego la otra es que pagó el rescate. Y esa tiene dos lados de la moneda. Una dice que Dios necesita pagarse un rescate a sí mismo para librarte a ti. Tiene cierto nivel de verdad, sólo un problema: Si al crimen de un violador alguien fue y lo pagó por él, eso está muy bueno, muy noble, muy bonito. Sólo que todavía tenemos a un violador suelto por allí.

 Y si alguien fue por ti, en lugar de, como tu representante, pues entonces sólo eres un triste pecador salvado por gracia. Pero tu naturaleza no cambió. Eres el mismo viejo remendado. Y nadie pone parches viejos en ropa nueva. No habla de la estructura de la iglesia, habla de ti.

El otro lado de la moneda es que se le pagó un rescate a Satanás, pero no hay modo que así fuera. Sí tiene cierta verdad porque sabemos que los reinos se los dieron legalmente por una desobediencia, pero no por eso Dios tendrá que pagarle ningún rescate a ningún diablo.

 El diablo no está en el nivel de Dios. El diablo es un ser creado, y Dios no lo es. Dios está en una clase por sí solo, no tiene enemigos. Colosenses 1 dice que todos los principados y potestades fueron creados por Él y para El.

Esto es lo que solemos llamar “La escuela escritural”, es decir: lo que la Biblia dice. Que es Él en orden de sustituirlo. Dios se identificó contigo y se hizo el primer Adán. Por eso Él dice: yo soy el primero y el último. Él es el Alfa y la Omega, pero también es el primero y el último.

 Son dos cosas diferentes. Él es el primer Adán. ¿Cuándo? Cuando se hizo pecado. Por eso el Padre se fue. Porque el Padre y el pecado, no se mezclan. Dice Isaías que con el pecado del pueblo, el rostro del Padre se iba.

Por eso en la cruz, Él dice: ¿Para donde vas? ¿Por qué me dejas? Padre; ¿Por qué me abandonas? Bueno; es que ahora ya no eres justo. Ahora eres hecho pecado. Ahora quien está allí, es Adán. La naturaleza adámica.

Por eso Él dijo: “Si yo fuese levantado”. Por eso Moisés dijo: “Como la serpiente en el desierto”. Si tú puedes ver lo que pasó en la cruz, tú terminas la obra. La gente anda adorando la cruz, igual que el pueblo anduvo adorando el arca durante setecientos cincuenta años. Hasta el tiempo en que Josías la destruyó.

¿Cuántos están viendo que Apocalipsis no es futurismo convencional sino toda la Biblia revelada? Es el mismo lenguaje. Está narrando, progresivamente, lo que ya aconteció. Te lo puedo demostrar si te digo que Juan tuvo que volverse para ver.

Pero lo hizo desde una posición de muerte y de reposo. Es por eso es que Hebreos habla de que todavía nos falta entrar en el reposo. Y dice que debemos procurar entrar. El caballo alazán es Cristo hecho pecado.

(Levítico 6: 24)= Y habló Jehová a Moisés, diciendo: (25) habla a Aarón y a sus hijos, y diles: esta es la ley del sacrificio expiatorio:Esa es la tipología de lo que pasó en la cruz, ¿De acuerdo? en el lugar donde se degüella el holocausto, será degollada la ofrenda por el pecado delante de Jehová; es cosa santísima.

 

(26) El sacerdote que la ofreciere por el pecado, la comerá; Cuando se come eso significa que el sacerdote y el sacrificio, se hacen uno. El sacerdote que la ofreciere, tiene que comérsela. Cristo dijo: si no comes de mi sangre y mi carne, no tienes parte conmigo.

 La gente se sorprendió. ¿Por qué? Porque lo literalizaron y lo vieron como canibalismo. El problema siempre ha sido el mismo en la casa de Dios. Que lo que no entendemos tiene que ser literal y entonces decimos: ¡Herejía! ¡Esto no puede ser cierto! en lugar santo será comida, en el atrio del tabernáculo de reunión.

Vemos aquí que Él quiere ser expresado a través de un pueblo que ejecuta la justicia del juicio de Dios en la tierra. El caballo bermejo, el caballo alazán, tiene que ver con un pueblo que tiene un juicio correcto. Porque entiende el pecado; entiende que Cristo se convirtió en su pecado, tiene singularidad con Dios.

Juicio, en esta palabra, con estos caballos, tiene que ver con un proceso de hacer una decisión. Es Dios causando que un pueblo haga las decisiones correctas y que no juzgue entre el bien y el mal.

Que dejen de juzgar a través del árbol del conocimiento y coman del árbol de la vida. Que cuando juzgamos así, por lo exterior, lo que nuestros sentidos nos dictan, nosotros estamos juzgando egocéntricamente. Vemos que algo es malo y pensamos que Dios es malo.

 No podemos juzgar entre el bien y el mal. Porque Dios dijo: Tú tienes dominio, entre tanto yo gobierne tus decisiones dentro de ti. En el momento en que tú salgas fuera de ti mismo para juzgar entre el bien y el mal, tanto tu bien como tu mal, producen muerte.

 Habla de un pueblo que ha descubierto que más allá del velo mental, existe una esfera con singularidad mental con Dios, donde podemos ver la mano de Dios en cada situación de nuestras vidas. Esta es la clave para prevalecer dentro de toda tribulación. Es la clave para pasar por problemas personales y entender que Cristo reina.

Hay una diferencia entre la palabra REMA y la palabra LOGOS. Juan 5:39. La REMA son las escrituras, es la letra de la palabra. Eso es REMA. Pero el REMA testifica de mí, dice Jesús. Las escrituras – El REMA de Dios -, testifican de mí. El “mí”, allí, es el LOGOS. Él es el LOGOS. Mucha gente busca salvación en las escrituras.

Las escrituras sólo señalan a una persona. El libro de Apocalipsis te la revela. Cuando tú la ves, caes como muerto. LOGOS es el espíritu, las escrituras matan. Eso es lo que nos enseñaron. Pero el libro interno, es la vida del Cordero.

Muchas veces lo hemos dicho y bien vale aquí volverlo a expresar. La Biblia es un libro de tecnología. Y a través de ella encontramos la Palabra. Y que si un día la tocas, tú cambias para siempre. Porque este es el libro que te trae a ti desde el exterior a tu interior.

 Son las escrituras las que nos encarrilan por el sendero adecuado hasta verlo a Él. Es lo que Israel no pudo hacer. Se desmenuzaron el libro y no lo pudieron encontrar. Él se plantó frente a ellos y no lo vieron. Y nosotros, con el libro de Apocalipsis, estamos haciendo lo mismo.

Entonces ahora, cuando Cristo comienza a manifestarse a través de ciertos moveres que no son conocidos, los catalogan de herejes. O los sacan del contexto, o los expulsan de la iglesia. La reacción es la misma que cuando vieron algo que era distinto a lo que estaba establecido. ¿Por qué? Porque usan las escrituras buscando salvación en ellas, cuando las escrituras son un vehículo y no un fin en sí.

La Biblia no es santa; la que es santa, es la Palabra. Este es un juego de palabras muy peligroso. Sintetizando: REMA y LOGOS. La idea es que nos enseñaron que las escrituras constituyen “La Santa Biblia”, cuando en realidad la escrituras, lo que señalan, es a una persona que tenemos por dentro, no afuera.

(Santiago 1: 18)= El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.

Primicias. Las primicias son, para Dios, como el diezmo: intocable. El primogénito, siempre le pertenecía al padre. Somos la iglesia de los primogénitos. Y todo lo que el primogénito tenía, como bendición, hoy te pertenece a ti. Si entiendes. De otro modo, aunque tú eres libre, andas huyendo como un prófugo de la justicia.

(Gálatas 4: 19)= Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros. Esto nos dice algo: su espíritu es el nuestro y el nuestro es el de Él. Hay un verso que lo puntualiza

(1 Corintios 6: 17)= Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él.No te olvides que Dios es espíritu; tú eres imagen y semejanza de Él, y los espíritus, que son inmateriales e invisibles, necesitan de un cuerpo para manifestarse.

(Santiago 1: 23)= Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural.

(24) Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida como era. Ese es el problema. Compara esto con 2 Corintios 3:17-18, donde observamos en el espejo, pero no como un hombre natural, sino como la gloria de Cristo.

 Es entonces que somos formados en la misma imagen que Él. Y no se nos olvida quienes somos. Pero si tú te ves como un hombre natural, te ves demasiado enano. Y se te olvida quien eres. Hay mucha gente que se dice cristiana viviendo así.

El caballo rojo o alazán, habla de entendimiento. Tiene que ver con el propósito de ministros hechos llamas de fuego. Las llamas hablan de juicio. Este juicio es desatado a través de un pueblo para corregir, no para condenar. El juicio de Dios, corrige y no condena. Esta habilidad y la sabiduría de entender y como implementar hechos dentro de un caos. Sabiduría.

Es la revelación de aquello que es real y lo que sacude y hace que no caiga el juicio. Un pueblo con un juicio correcto que produce un standard o patrón, y es el producto del patrón el que cuando la gente ve a la verdad, la mentira se cae.

 El juicio es producto de una corrección y no de un castigo de Dios. Dios no anda buscando al mundo para pegarle con una paleta mata-moscas. Él anda reconciliando al mundo consigo. Ese es el ministerio de la reconciliación que nos han encomendado.

(Juan 7: 24)= No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio.

De eso estamos hablando. Pero el juicio justo sólo se da cuando se lo ve desde la óptica del trono, y no desde el mundo de las apariencias. Nosotros hemos juzgado siempre por las apariencias, sin usar el discernimiento. Y así hemos asesinado espiritualmente a varios.

¿Cuántos saben que podemos ver una prueba con lo que le pasó a Salomón? Le trajeron un día a dos mujeres que tenían una cuestión por la disputa sobre la maternidad de un niño. Como no se ponían de acuerdo, Él propuso partir al niño en dos, por la mitad.

 La que dio un alarido de oposición fue la verdadera. Porque la verdadera le dice: “Aunque no sea para mí, que viva.” Pero la falsa le dice: ¡Pues rómpanlo! ¡No se van a salir con la suya! La verdadera iglesia siempre dice: Aunque no sea reconocido como mi fruto, que se haga. La falsa es la que dice: ¡Ah, no! ¡Esto es mío! ¡Y si no es mío, no es de nadie! Juzga ahora en qué sitio está la tuya.

Se programa una campaña evangelística conjunta en una ciudad y todo se organiza excelente, pero: ¿Sabes cuál es el mayor problema que se presentará luego? Quien se queda con las nuevas ovejas llegadas al rebaño. Se destruye allí toda la inversión porque todos quieren quedarse con las ovejas.

(Mateo 23: 27)= ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad se muestran hermosos, más por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia.

Fíjate: podemos ser engañados por la apariencia de las cosas; Cristo mismo lo dijo: Por eso dijo cuando hablaba del tiempo final: ¡Ten cuidado que no seas engañado! La mayoría del mundo y de la iglesia y su operación, se abstiene del bien y del mal por medio de su juicio de lo que es el bien y el mal.

 Sólo que el juicio externo, engaña. Ambos producen muerte. Eso no produce, entonces, lo que ellos llaman paz; su juicio entre lo que es el bien y el mal produce, para ellos, un falso sentido de seguridad.

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