Sentaos, Andad, Estad Firmes

2 Pedro Capítulo 3

(030) Dios Siempre Llega a Tiempo

(2 Pedro 3: 1)= Amados, esta es la segunda carta que os escribo, y en ambas despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento, (2) para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles; (3) sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, (4) y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.

(5) Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua y por el agua subsiste, (6) por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua; (7) pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos.

(8) Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día.

(9) El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.

Lo primero que Pedro comienza diciéndole a los receptores de esta, su segunda carta, es que al igual que en la anterior, su idea principal está centralizada en despertar un limpio entendimiento. Será interesante indagar algo respecto a esta expresión porque en ella, indudablemente, hay bases concretas de principios importantes.

La palabra limpio que se utiliza aquí, en el griego, es la palabra EILIKRINES. Literalmente, esto vendría a ser algo así como: “probado por la luz del sol”. La idea es la de juzgar las cosas colocándolas bajo la luz solar, a fin de descubrir cualquier falla.

Es lo que normalmente se hacía en todos los trabajos artesanales o de lo que en aquellos tiempos pudiera representar un servicio. Cuando había alguna duda sobre el estado de algo, se lo sacaba a la luz del sol y, en ella, hasta la menor falla se tornaba altamente visible.

La palabra se aplicaba a metales con aleaciones y líquidos no adulterados con substancias extrañas. En el Nuevo Testamento se la utiliza en un sentido ético y moral; libre de falsedad, puro y sin motivos escondidos.

Es notorio y notable como lo que Pedro dice tantos años atrás, es total y absolutamente vigente para este tiempo. Sin que se mal interprete como herejía, yo mismo podría decir exactamente lo mismo para con la intencionalidad de fondo de estos estudios. Que sean para despertar un limpio entendimiento.

Esto nos enseña dos cosas: primero, que es bien cierto que toda la escritura es apta para enseñar, redargüir e instruir en justicia, no importa la época en que hayan sido escritos los textos. Y en segundo lugar, que si es necesario un limpio entendimiento, es porque el que existe, está algo sucio.

¿Qué quiero significar con esto? Pues lo mismo que acabamos de leer en lo contrario. Es notorio que en estos tiempos eclesiásticos, hay suficientes motivos escondidos en algunos personeros del evangelio, como para contaminar la Palabra con falsedades e impurezas.

Lo que ocurre, – Lo hemos dicho mil veces -, es que esas falsedades e impurezas no son ni paganas ni mundanas, son bien religiosas y vistas con beneplácito dentro de los templos. ¿O no es así lo que sucede con el humanismo, la filosofía religiosa, la psicología supuestamente cristiana y hasta ciertos esoterismos disfrazados de espiritualidad?

Reitero una vez más, (Y creo que lo haré hasta el cansancio mío y ajeno), que si los cristianos verdaderos leyeran la Biblia como lo que es, la Palabra de Dios cambiante y mutante a diario, y no como un libro de historia, que es como mayoritariamente se nos ha enseñado, nadie podría engañarnos nunca más.

Pero no; insistimos con sentarnos, oír, irnos a casa vacíos, regresar al domingo siguiente, sentarnos, oír, volver a irnos. Y así sucesivamente por meses, por años, ¡Por toda una vida, en muchos casos! Puedo probar lo que digo: todavía siguen siendo más visitados y descargados los audios de mi página que el material escrito. No lo juzgo ni lo critico, sólo lo muestro para reflexión y cambio.

Y dice Pedro que todo eso, es para que nosotros tengamos memoria, recordemos, memoricemos, las palabras que antes han sido expresadas por los profetas, a los que él cataloga como “santos”, no porque sean estatuas mudas, sino por su consagración, separación y entrega.

Pero si te fijas con más atención, podrás ver que en la segunda parte del segundo verso, agrega que esto que dijeron esos santos valiosos, es un reflejo, un calco, una consecuencia de lo que en primea instancia fueron los mandamientos del mismísimo Señor proclamado por sus discípulos, los apóstoles.

Esto quiere decir lisa y llanamente que, pese a todos los cambios gramaticales, culturales e idiomáticos que pudiera sufrir, el evangelio sigue siendo exactamente lo que era en la época de los apóstoles, algo que solamente podemos ver nítidamente en el Libro de los Hechos y que ha merecido un trabajo que hace ya mucho tiempo se encuentra aquí como Producción Especial bajo el título de Características Básicas de la Iglesia.

Y en la conclusión de este “mini-mensaje” que Pedro coloca en los tres primeros versos del tercer capítulo de su segunda carta, concluye señalando que todas estas advertencias tienen que ver con lo que ha estado enseñando sobre los falsos ministros.

Falsedades que abarcan el abanico de los cinco ministerios, aunque en este caso se haga hincapié en el del maestro por una sencilla razón de ser, en su concepción básica, el fundamento de la enseñanza que los cristianos van a suministrarle a otros cristianos.

Y la primera expresión que él utiliza para rotular a esta gente nefasta para el pueblo de Dios, es el de burladores. Y cuando nos vamos a un diccionario cualquiera a buscar el significado de esta palabra, nos encontramos que como tal no existe, que sí figura como burlador. ¿Su primera acepción? Que burla.

Pero presta mucha atención a la segunda acepción que nos aparece. Textualmente, dice: “Libertino habitual que hace gala de deshonrar a las mujeres, seduciéndolas y engañándolas”. ¿Eh? ¿Usted me quiere decir, hermano, que Pedro dice que los falsos ministros serán personas que harán esto?

No te lo quiere decir, creo que te lo está diciendo. Me han enviado la copia de un trabajo en formato de libro, donde un ex pastor muy conocedor de todos los ambientes religiosos, con elementos surgidos de una profunda investigación bien documentada, se ocupa de dejar en evidencia a decenas, cientos o miles de líderes que han cometido abusos de esta naturaleza con sus liderados.

Tú, si quieres, adjudícalo a la casualidad. Así anda todavía el mundo incrédulo, diciendo a quien desee oírlo que el universo y los planetas se juntaron tal como están a partir de una gran explosión que, “casualmente”, los colocó e sus órbitas y así se mantienen hoy.

¡Pero hermano! ¿Quién va a ser el idiota que se crea tamaña estupidez? – ¿Quién? No lo sé, pero puedo decirte que en los medios científicos de alto prestigio y consenso internacional, la teoría del “Big Bang” (Que es esta), es muy reconocida y hasta aceptada.

¡Pero es que creer eso es como suponer que, si un día, en una imprenta de esas antiguas, llenas de tipografía de plomo, alguien coloca una bomba que, al explotar, lanza a todas esas piezas por los aires y, al caer, casualmente, forman un diccionario! – Es probable, pero lo creen.

La acepción siguiente de burlador, no es de menor importancia. Dice:Vaso de barro que, por tener ciertos agujeros ocultos, moja y burla a quien se lo lleva a la boca para beber.” ¿Entiendes el principio? Vasos de barro…¿Te suena? Y falsos. Cuando quieres beber de ellos, te mojas y no lo consigues. Vasos falsos. ¿Sabía o no sabía, Pedro, lo que estaba escribiendo?

Y la última acepción de burlador que encontramos en un diccionario secular, es la que señala: “Conducto oculto de agua que, a voluntad de quien lo dirige, la esparce fuera para mojar a los que se acercan incautamente.” Esto ya tiene que ver, fíjate, con algo hecho ex profeso.

Es decir que un burlador, además de ser alguien que va a abusarse de cuanta persona le sirva incondicionalmente (La doctrina de la “sujeción incondicional” es toda una garantía de éxito en esto), también es alguien falso por deficiente estructura espiritual o por propia decisión y conveniencia, tal como vemos en el último punto.

Ahora dime la más pura y santa verdad: ¿No serías tú también, al igual que yo y tantos más, uno de los que suponía que un burlador, o varios burladores, eran de esa clase de gente que se mofa de aquellos que un domingo por la tarde van a un templo?

¿Verdad que sí? ¡Gloria a Dios por permitir que, desde la misma gramática del idioma español, hoy podamos entender que, cuando los hombres y mujeres inspirados por el Espíritu Santo, escribieron todos los libros de la Biblia, no sólo colocaban allí lo que Dios les dictaba, sino que lo hacían con el más profundo de los conocimientos del idioma en que luego sería leída.

Porque ahora fíjate como finaliza el verso 3 que es el que menciona a los burladores. Dice que ellos van a caminar, a andar, a conducir empresas, negocios, familias e iglesias conforme a sus propias concupiscencias.

Eso significa lisa y llanamente una sola cosa: que si yo soy un falso ministro, depravado, corrupto, promiscuo y degenerado, si logro acceder al liderazgo de una congregación, la conduciré conforme a mis propias concupiscencias, esto es: sobreabundando en depravaciones, corrupciones, promiscuidades y degeneraciones.

Yo me pregunto ahora de que nos asombramos cuando tomamos conocimientos de hechos que corroboran todo esto. ¿Es que jamás entendimos que ya estaba escrito y que lo que debíamos hacer y procurar, era que no nos sucediera a nosotros? Pablo también lo expresa con claridad en su primera carta a Timoteo.

(1 Timoteo 4: 1)= Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios

Vamos por partes: ¿Qué significa algo postrero? Indudablemente, algo que es el último en una lista o serie. También se dice de la parte más retirada o última en un lugar. Por tanto, algo postrero no es algo último por ser último, sino algo que viene último de una serie, nómina o lista.

Pero hete aquí que en este texto se está hablando de los postreros tiempos. Esto es muy amplio porque el concepto del tiempo tiene que ver con la óptica y el ángulo desde el cual se lo observe y se lo mida. Por tanto, bien vale la pena detenernos un momento en analizar esta expresión desmenuzando sus caracteres, con el fin de indagar con respecto a que tiempos postreros se refiere Pablo.

El tiempo puede ser descrito como la medida del movimiento; su medición se efectúa en principio por los movimientos de los cuerpos celestes. Las divisiones de tiempo constituyen el marco en el que se insertan los acontecimientos y circunstancias de la Biblia, que es un libro que, en lo conceptual, es eminentemente histórico y cuya acción se desarrolla en un marco claramente cronológico, firmemente relacionado con el tiempo y el espacio.

Las principales divisiones del tiempo, en la Biblia, son: El Día: Ordinariamente se llama día al período de tiempo que transcurre entre dos amaneceres. Pero los hebreos contaban de una tarde a la siguiente.

Los hay que han pensado que esta costumbre quizá provenía de la división del año en meses lunares que empezaban con la aparición de la luna nueva. Consiguientemente, el día “civil” se designaba con la expresión “tarde y mañana” o “una noche y un día”.

Pero, aunque la tarde fuera el inicio del nuevo día, con frecuencia era contada con el día que le precedía. Así, la tarde que empezaba el día 15º de Nisán es llamado el día catorce… por la tarde. Los días de la semana estaban numerados, pero carecían de nombres, a excepción del 7º, que era llamado sábado; la víspera del sábado recibía el nombre de “la preparación”.

El período de tiempo desde el amanecer hasta la noche. Se dividía en mañana, mediodía, y tarde. Para designar los momentos del día, se empleaban también las expresiones “amanecer, el calor del día, el fresco del día, puesta de sol”, y otros términos similares.

Después del Exilio, empezaron a usarse las horas y a dividir el día, desde la salida a la puesta del sol, en 12 horas; la 6ª hora se correspondía con el mediodía, y la 9ª hora era la de la oración. Pero hay definiciones más breves.

Cualquier período en el que tenga lugar una acción o manera de ser, por ejemplo: el día de conflicto, el día de su furor, el día de Jehová; en el Nuevo Testamento, el día del Señor significa la segunda venida de Cristo.

En el contexto apropiado significa un período indefinido, englobando “doce” días literales. En relación con esto se puede también hacer una división de los tiempos de la siguiente manera:(I) Los días de la Ley y de los Profetas, que se extienden desde la promulgación de la Ley hasta la venida del Mesías.

Al final de estos días (Dios) nos ha hablado en (Su) Hijo, como debería leerse Hebreos 1:2. Esto introdujo el Día del Mesías. Pero fue rechazado y Su reino aplazado. Entretanto se interpone el Día de la Gracia, durante el cual la iglesia está siendo llamada a Él.

El Señor Jesús obró la redención, ascendió al cielo, y envió al Espíritu Santo. De este tiempo Él afirmó: En aquel día conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros (Juan 14:20).

El actual periodo es designado como el “día del hombre”, literal, vertido como “tribunal humano”). Éstos son también los últimos días en los que vendrían los burladores sarcásticos. El Día del Mesías, cuando vuelva en juicio y luego a reinar.

“Se acerca el día”. Entre otros nombres recibe también el de “el día grande y terrible”. Los reyes de la tierra serán reunidos para la batalla del gran día del Dios Todopoderoso. Es también llamado como el día de Jesucristo y el día de Cristo.

La Noche: Período de oscuridad, dividido en tres vigilias de cuatro horas cada una: desde la puesta del sol hasta medianoche; desde la medianoche hasta el canto del gallo; desde el canto del gallo hasta la salida del sol.

En la época del Nuevo Testamento se distinguían cuatro vigilias, según la usanza griega y romana; los romanos contaban doce horas nocturnas, desde la puesta hasta la salida del sol. Se usa simbólicamente de La muerte, tiempo en que “nadie puede trabajar”.

Las tinieblas morales del mundo, en las que los hombres duermen y están embriagados. El período del rechazamiento de Cristo, que está ya avanzado, y se acerca el día. No habrá noche de tinieblas morales o espirituales en la Jerusalén celestial.

La Semana: La división del tiempo en períodos de siete días es extremadamente antigua. La cifra de siete días se halla en el relato de la creación y vuelve a aparecer en el del Diluvio. En la época de Labán y Jacob, entre los sirios de Mesopotamia, se celebraban fiestas nupciales de siete días; lo mismo sucedía en Filistea en la época de Sansón.

También los funerales duraban siete días. Sin embargo, la semana propiamente dicha no fue establecida por Dios hasta el éxodo. Se menciona a propósito de la institución de la Pascua y de la fiesta de los panes sin levadura; con todo, el momento en que queda solemnemente instituida es en la promulgación del Decálogo: Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios.

Desde aquel entonces figura con frecuencia el ciclo de siete días en las ordenanzas de la Ley. No obstante, se puede decir que se contaba más por días que por semanas, como entre los griegos y romanos.

La semana y los nombres de los días hicieron una aparición tardía en Roma, que seguía un ciclo de ocho días; en cambio, los griegos dividían el mes en tres partes. En la época de la construcción de las pirámides, los egipcios practicaban la división del tiempo en períodos de diez días.

Cada uno de ellos comenzaba al levantarse cada una de las 36 constelaciones. El año egipcio contaba con 360 días. En el siglo II d.C., Dion Casio, célebre historiador, declara que el uso de la semana de siete días, de reciente introducción, se expandía por todo el imperio romano.

Los cristianos consagraban el domingo, primer día de la semana. Los paganos dieron a los siete días de la semana hebrea los nombres de los planetas, siguiendo la usanza babilónica. Los cristianos no pudieron evitar el uso de estos nombres, pero dieron al primer día de la semana el nombre de “día del Señor” (domingo) en lugar del pagano “día del Sol” (cfr. el nombre inglés “Sunday” y el alemán “Sonntag”).

El término hebreo SHABUA, división septenaria, semana, no designaba solamente siete días, sino también un ciclo de siete años (cfr. el empleo del término «docena»). La celebración del año sabático tendía a expandir esta designación a los años.

Se admite de manera general que Daniel emplea SHABUA (semana) para indicar “período de siete años”. Las setenta semanas de Daniel 9:24 son semanas de años, sumando 490 años.

La Semana de Años: Período de siete años, el último de los cuales era el año sabático, en el que se debía dejar reposar la tierra, en patente paralelismo con la semana de días. El ciclo de siete semanas de años culminaba con el año quincuagésimo, o jubileo. La ordenanza sabática no fue observada en Israel, por lo que Dios cumplió la maldición de Levítico 26:31-35 ss.

El Mes: En Egipto, los israelitas se familiarizaron con el año dividido en 12 meses de 30 días. En el relato del Diluvio, los meses son también de treinta días. Velikovsky menciona poderosas razones que llevan a la conclusión de que el antiguo calendario estaba bien ajustado, siendo el mes lunar de treinta días, y el año de trescientos sesenta.

Perturbaciones cósmicas posteriores (del tipo de las que provocaron el día largo de Josué y el retroceso de la sombra en el reloj solar de Exequias, desajustaron el anterior calendario, que tuvo que ser reajustado a la nueva longitud del año y del mes lunar.

Herodoto informa acerca de los cinco días de ajuste que los egipcios añadían al anterior calendario. Los hebreos emplearon el mes lunar, que iba de una luna nueva a la siguiente, como se desprende de Génesis 1:14, así como de otros pasajes análogos.

Durante la luna nueva se hacían ofrendas especiales al Señor. La duración del mes hebreo variaba entre 29 y 30 días, aunque se consideraba formalmente como de 30 días. Los meses se numeraban.

Los relatos bíblicos relativos al período anterior al cautiverio en Babilonia sólo contienen cuatro nombres de meses: Abib (el primer mes,); Zif (el segundo; Etanim (el séptimo, y Bul (el octavo). Después del cautiverio, los judíos adoptaron los nombres empleados por los babilonios y las otras naciones semitas.

El Año: El año hebreo se componía de doce meses lunares; consiguientemente, con la duración actual del mes lunar, debía contar probablemente 354 días, 8 horas, 48 minutos y 34 segundos. Las fiestas anuales estaban en relación estrecha con los trabajos agrícolas y con las estaciones.

Un año basado estrictamente en el sistema lunar habría causado un retraso constante de estas fiestas al no sincronizar de manera exacta un número de meses lunares con el año. Al hacerse necesario coordinar el año lunar con el solar de 365 días se estableció un mes intercalar, que se añadía cada dos o tres años después del duodécimo mes; se le daba el nombre de “Ve’adar” y constaba de 29 días.

En la Biblia no se menciona esta costumbre. Así, el ciclo lunar posterior a las perturbaciones cósmicas de Josué y Ezequías constaba de diecinueve años; los años 3º, 6º, 8º, 11º, 14º, 17º y 19º tenían un mes intercalar.

El año religioso comenzaba con el mes de Abib, llamado también Nisán. Comenzaba con la luna nueva, inmediatamente antes o después del equinoccio de primavera, cuando el sol se hallaba en la constelación de Aries.

Pero desde la época más remota, los hebreos observaban también el año civil, basado en los trabajos agrícolas, y que comenzaba en otoño. Esta nación de agricultores estaba evidentemente interesada en hacer coincidir el inicio del año civil con la labranza y la siembra, y su fin con la siega.

Indicaban frecuentemente las fechas por los trabajos agrícolas entonces en curso, en lugar de por el número del mes. Un cierto tiempo después del retorno del cautiverio de Babilonia, empezaron a celebrar el Año Nuevo en la luna nueva del mes séptimo, Tisri.

Esta costumbre seguramente no proviene de los acontecimientos registrados en Esdras 3:6 y Nehemías 2, aunque hayan contribuido a su establecimiento.

El tiempo y la eternidad: Anterior y rebasando de una manera infinita el tiempo humano y sus divisiones, la eternidad bíblica es presentada como un atributo propio de Dios. Jehová es Rey eternamente y para siempre (Salmo 10:16). Desde la eternidad hasta la eternidad, tú eres Dios (Salmo 90:2). ¡Tú eres desde la eternidad! (Sal. 93:2).

De la misma manera, Dios domina el tiempo con Su omnisciencia. El pasado, presente y futuro no existen realmente para el Eterno; conoce todo antes de que llegue a ser. Al hablar de Israel emplea constantemente “el pasado profético”, esto es, considera ya cumplidos los acontecimientos que para los hombres se hallan todavía escondidos en el, para ellos, impenetrable manto del futuro.

Los tiempos verbales hebreos se prestan admirablemente a la expresión de estas nociones. Al hablar del Dios eterno, Alfa y Omega, creador y consumador de todas las cosas, la Biblia nos presenta tres edades

:(A) la eternidad anterior a la creación, antes de los siglos;

(B) el presente siglo (o edad, en el griego: AIÓN), que va desde la creación hasta la gloriosa venida del Señor. La primera venida de Cristo tuvo lugar en el centro de este periodo y por consiguiente en el centro de todos los tiempos.

(C) el siglo venidero, esto es, la eternidad que tenemos delante de nosotros. Para el Antiguo Testamento, lo mismo que para el Nuevo Testamento, la diferencia entre el tiempo y la eternidad no tiene que ver con su naturaleza, sino en la duración; la eternidad es un tiempo sin límites, cuya línea infinita coincide por un breve período con la historia que constituye el horizonte temporal humano.

Esta noción es totalmente opuesta al especulativo concepto griego que representaba el tiempo como un círculo en el que se daba un eterno retorno (cfr. con la inexorable rueda de reencarnaciones hindúes).

“La expresión simbólica del tiempo bíblico se expresa con una línea ascendente, porque la línea que parte de la creación tiene su fin… en Dios” (A. Lamorte, “Le Problème du Temps dans le Prophétisme Biblique”, Beatenberg, 1960, p. 108 ss.).

Este fin “imprime al conjunto de la historia, que se desarrolla a todo lo largo de esta línea, un movimiento de elevación hacia Él” (O. Cullmann, “Christ et le Temps, Delachaux” 1947) El Dios eterno, el “Rey de los siglos” al crear al hombre a Su imagen ha puesto eternidad en el corazón de ellos.

Por la encarnación, Él se humilló hasta nosotros en el tiempo, para llevarnos a participar con Él por toda la eternidad. La oración del creyente es que el Señor lo conduzca en el camino eterno. El Señor acogerá a los Suyos en Su gracia en Su reino eterno.

Dice que algunos de estos burladores de los postreros tiempos, apostatarán de la fe y se entregarán a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios. Apostatar tiene que ver con volverse atrás, retroceder, recaer.

Pablo fue acusado de enseñar a los judíos entre los gentiles a que apostataran de Moisés. Pablo enseñaba la libertad de la ley por la muerte de Cristo, y esto, para un judío rabínico estricto, constituiría apostasía, olvidando la promesa del Nuevo Pacto dada por el profeta Jeremías.

Esta misma palabra se usa en Tesalonicenses, donde se enseña que el día del Señor no puede venir hasta que no venga “la apostasía” o abandono del cristianismo en relación con la manifestación del hombre de pecado.

Con respecto a apostasía individual, se trata en pasajes como Hebreos y en la Epístola de Judas. Hay también advertencias de que este tipo de apostasía se irá generalizando al ir finalizando la presente dispensación tal como vimos en nuestro último texto.

Una apostasía implica necesariamente una posición de la que se puede caer, una profesión hecha que se abandona de una manera deliberada. No se trata de un cristiano que caiga en algún pecado, sino de un abandono definido del cristianismo por parte de un profesante no convertido, que no ha experimentado la regeneración de la conversión.

Las Escrituras no ofrecen ninguna esperanza para tal estado. Por eso Judas retorna sobre este tema y lo esclarece quizás colocando algunos adjetivos no utilizados por Pablo, tal como ocurre en toda la Biblia con sus diferentes libros y autores.

(Judas 17)= Pero vosotros, amados, tened memoria de las palabras que antes fueron dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo; (18) los que os decían: En el postrer tiempo habrá burladores, que andarán según sus malvados deseos.

Hay un consejo muy antiguo escrito en algunas de esas Biblias de estudio a las que todos podemos acceder. Dice que debemos censurar y rechazar a cualquier ministro que no cumpla con ciertos requisitos básicos que garanticen su seriedad.

Esos requisitos, según esta acotación que viene desde el propio seno de los liderazgos establecidos, son: 1) Alguien que siga los deseos de Dios no los propios. 2) Alguien que no promueva divisiones entre la gente. 3) Alguien que de evidencias claras de la presencia del Espíritu Santo en su vida.

Es decir que ambas escrituras nos remiten, indudablemente, al postrer o a los postreros tiempos. La única duda que puede quedarte ante esta palabra es, seguramente, la misma que nos ha quedado a todos y que no siempre ha sido respondida y enseñada con claridad y acierto.

¿De qué últimos o postreros tiempos se está hablando? Porque si se trata de los postreros tiempos de tu vida terrenal, de mi vida terrenal o de la de cualquier ser humano, estaríamos aludiendo a un lapso que oscila entre los veinticinco y treinta años. Y para eso podría estar faltando un tiempo.

Pero si estimamos que estos postreros tiempos pertenecen a los tiempos de la iglesia, lo cual es lo mas probable si seguimos la coherencia bíblica; y teniendo en cuenta que la iglesia cuenta con una antigüedad de dos mil años, esos postreros tiempos podrían oscilar en los doscientos cincuenta a trescientos años. Y allí sí, mi querido amigo o hermano, muy bien ya podríamos estar adentro de ellos.

Mira a tu alrededor. ¿Ves doctrinas de demonios? Las ves: Humanismo, filosofía religiosa, psicología cristiana, esoterismo pagano y sincrético. ¿Ves avaros o abusadores de dinero? Los ves. No por nada la gente no quiere saber más nada con diezmos y ofrendas-

¿Ves a burladores que se aprovechan sexualmente seduciendo a hermanitas necesitadas de sanidad interior? Los ves. No interesa si esas hermanitas se han vuelto descocadas y los han provocado. Ellos son ministros del Señor y, como tales, se deben estricta santidad.

Pedro señala que esta clase de gente infiltrada adentro de las congregaciones cristianas, especularán con doctrinas falsas. Y da como ejemplo, una prédica descreída sobre el advenimiento del Señor, tal la promesa formulada.

Esto quiere decir que, a la luz de un aparente retraso, los falsos maestros de los días postreros, ridiculizan la promesa profética sobre el advenimiento del Señor. Asimismo, hace referencia a los padres, aludiendo a los patriarcas del Antiguo Testamento o a los creyentes de la primera generación de cristianos.

Tú podrás asegurarme que esto es imposible de admitir adentro de una iglesia cristiana “normal”. Creo que subestimas al enemigo. Es imposible de admitir desde la óptica de una claridad de conceptos, tal como parecería mostrárselo aquí. Pero el enemigo es sutil y sabe enredar muy bien con su discurso.

¿O no hay una enorme cantidad de congregaciones que han adoptado recetas prácticas y para nada espirituales con el fin, – Aseguran – de poder “contener” a los hermanitos con necesidades? Consejería pastoral, santidad interior, aconsejamiento cristiano y otras por el estilo, ¿Existen o no?

Debo decirte que, mayoritariamente, esas intenciones no son malas ni mucho menos, al contrario. Pero reflejan claramente la ausencia de un verdadero y manifiesto poder de Dios. Es obvio: cuando el poder de Dios está ausente, el hombre eclesiástico procura reemplazarlo con entretenimientos prácticos. De eso a negar la efectividad de la promesa, sólo hay un pequeño paso.

(Isaías 5: 9)= Ha llegado a mis oídos de parte de Jehová de los ejércitos, que las muchas casas han de quedar asoladas, sin morador las grandes y hermosas.

No importa en absoluto lo que la iglesia “oficial” haya interpretado de este pasaje. Lo cierto es que cuando la Biblia dice la palabra casa, siempre se está refiriendo a iglesia. Entonces, leer lo que dice de ellas es como si se estuviera escribiendo una noticia de último momento.

Porque dice que las muchas casas han de quedar asoladas. Y que yo sepa, asolar es destruir, arruinar, arrasar algo; echar por el suelo, derribar. Eso es asolar. ¿Qué está diciendo en realidad, entonces? Que Él mismo, en persona, va a arrojar al piso a todas esas casas falsas. Exactamente lo mismo que si yo te digo un nombre que ya conoces: Babilonia.

Será bueno, entonces, que los hermanos fieles, genuinos y guerreros lo tengan muy en cuenta a esto, porque no sería atinado ni lógico que, llegado el momento en el que Dios comience este operativo asolación, que ellos reprendan a un diablo que en este caso, no tiene absolutamente nada que ver con el asunto.

Pero dice más: dice que las casas grandes y hermosas, (Todos nosotros conocemos por lo menos, una, ¿Verdad?) va a quedarse sin morador. Y si un morador es alguien que habita o está de asiento en un lugar, creo que muy bien podría estar hablando de ti…o de tu pastor…

Conozco algunas casas muy grandes y hermosas en mi ciudad. Y conozco también algunas de sus realidades internas. La gente se está yendo de cada una de ellas lenta, pero sistemáticamente. Los argumentos son variados y diferentes, pero la realidad es una sola y muy visible. Se están quedando sin moradores.

Hay encumbrados pastores de no menos encumbradas congregaciones que han escrito decenas de encumbrados artículos pretendiendo explicar el por qué la gente los está abandonando. Le cargan las culpas y responsabilidades a todo el mundo, exceptuándose ellos mismos, y en ningún lugar aluden a que esto ya había sido escrito en el Antiguo Testamento.

(Jeremías 17: 15)= He aquí que ellos me dicen: ¿Dónde está la palabra de Jehová? ¡Que se cumpla ahora!

Veamos: ¿Quién le está diciendo esto a Jeremías? Los miembros de su pueblo. ¿Y que le quieren significar con estas expresiones? Que por no haberse cumplido la Palabra de Jehová, es probable que Jeremías sea considerado como un falso profeta.

Comencemos por consignar que un profeta era considerado aquel a quien Dios revestía de Su autoridad para que comunique Su voluntad a los hombres y los instruya. No obstante, es importante profundizar en este ministerio con la finalidad de entender por qué se le dijo esto a Jeremías.

Dios prometió que Él suscitaría de entre el pueblo elegido a hombres inspirados, capaces de decir con autoridad la totalidad de lo que Él les ordenaría exponer. Moisés es el modelo de todos los profetas que lo siguieron, en cuanto a la unción, doctrina, actitud en cuanto a la Ley y la enseñanza.

Sobre varios puntos hay unas analogías notables entre Moisés y Cristo. Zacarías habla asimismo de esta autoridad característica: el Espíritu de Dios ha inspirado a los profetas aquello que debían decir al pueblo; los acontecimientos preanunciados han sido cumplidos.

Es Dios sólo quien ha elegido, preparado y llamado a los profetas; la vocación de ellos no es hereditaria, sino que con frecuencia encuentra al principio una resistencia interna. La Palabra del Señor, transmitida a los profetas de diversas maneras, queda confirmada mediante señales, por el cumplimiento de las predicciones, y por la conformidad con las enseñanzas de la Ley.

Dios pedirá cuentas al hombre por su obediencia o desobediencia con respecto a la Palabra transmitida por Sus siervos. Nadie puede aventurarse a decir lo que le viene en gana y dejar de lado lo que Dios le ha dicho. Eso siempre será considerado como digno de falsos profetas.

¿Y que es un falso profetas? Además de los que hablan en nombre de un dios falso, hay los que mienten invocando el nombre de Jehová. Estos últimos son de dos clases:

(A) Impostores, conscientes de su engaño; seducidos por su deseo de ser objeto de la consideración dada a los verdaderos profetas, son populares a causa de sus palabras suaves.

(B) Personas sinceras e incluso piadosas, fundándose en ocasiones incluso sobre la Ley, pero persuadiéndose a sí mismas de haber sido llamadas por Dios al ministerio profético, cuando no es así. A pesar de su sinceridad, éstos son falsos guías.

Conviene mostrar las características del profeta auténtico. (A) Las señales; pero las señales no son por sí mismas suficientes; algunas de ellas podrían ser de origen fortuito, e incluso engañosas.

(B) El cumplimiento de las predicciones. El valor de este medio de comprobación aumenta cuando los acontecimientos vienen a demostrar, sobre un plano histórico, las profecías proclamadas mucho tiempo antes.

(C) El mensaje espiritual. Si la doctrina del pretendido profeta se desvía del Decálogo, el que la profesa no es, evidentemente, un hombre de Dios. La enseñanza del verdadero profeta tiene que ser acorde con la de la Ley, tanto en lo que respecta a Dios como al culto y a las demandas de la moral.

No se trata de que deba dar meras imitaciones del texto sagrado. Basados en los mandamientos divinos, los profetas enseñan cómo se exponen en la vida cotidiana y revelan la voluntad y la mente de Dios.

Por su integridad, valor moral y calidad de sus enseñanzas, los profetas israelitas auténticos sobrepasan con creces a los sabios de las otras naciones. La profecía incluye la predicción de acontecimientos.

La predicción constituye un aspecto importante del ministerio del profeta, y contribuye a acreditarlo, pero el hombre de Dios se ocupa aún más intensamente del presente y del pasado, para procurar convertir al pueblo a Dios.

Veamos la etimología del término profeta. En griego el profeta es: (A) El que habla en lugar de otro: intérprete, heraldo.

(B) Aquel que declara los acontecimientos futuros. Esta doble acepción deriva del hecho de que la preposición “pro” significa “en lugar de” y “antes”. El término hebreo NABI, traducido “profeta”, significa “aquel que anuncia”.

Esta expresión parece haber tenido al principio un sentido muy amplio. El participio activo se emplea en otra lengua semítica, el asirio, para designar a un heraldo. Los textos hebreos dan a Abraham el título de profeta.

Dios se comunica directamente con él, se revela a él. Abraham transmite a sus descendientes el conocimiento del verdadero Dios, y su intercesión es eficaz. Miriam es llamada profetisa; Aarón, el portavoz de Moisés, recibe el nombre de su “profeta”.

La idea fundamental del término NABI, “profeta” (que, por ejemplo, figura en Deuteronomio 18:18), es que Dios reviste a este heraldo de unos dones particulares, entre otros el de ser vidente. Ésta es la razón de que el profeta reciba en ocasiones este nombre de vidente.

Como el pueblo consideraba que esta cualidad era la más importante, el término “vidente” fue el usado corrientemente para designar al profeta durante largos períodos de la historia antigua de Israel. Samuel, Gad e Iddo recibían este título.

Pero Samuel es más que el vidente al que uno se dirige para conocer la voluntad de Dios, o para recibir instrucciones acerca de los temas públicos o privados. Es el maestro enviado por Dios para instruir al pueblo, que reconoce en este ministerio público la característica esencial del profetismo.

La enseñanza viene a ser la función primaria del profeta, como en los tiempos de Moisés. A partir de Samuel y de sus sucesores inmediatos (Y algunos siglos más tarde con una presencia con renovado vigor) el profeta estará siempre presente en el seno de la nación.

Embajador de Dios ante el reino de Israel, no deja de ordenar que se practique la justicia. Interpretando la historia a la luz de la moral, el profeta advierte de los juicios de Dios sobre el pecado, y alienta al pueblo a la fidelidad hacia el Señor.

El profeta está encargado de revelar los designios divinos (como Natán, que impide a David edificar el Templo, pero que profetiza la perennidad de su dinastía); ello no obstante, este anuncio de lo por venir dista de ocupar el lugar central dentro de su ministerio.

Los grandes sucesores de Samuel ya no son llamados “videntes”, sino “profetas”. Sin eliminar del vocabulario el título de vidente, se emplea de nuevo el de profeta, que no había desaparecido nunca del todo.

Amós, que tuvo visiones, es llamado “vidente” por el sacerdote de Bet-el; pero Dios lo llama a un ministerio profético completo. Del profeta revestido del poder del Altísimo se dice que es “el varón de espíritu”, el inspirado.

Como sucede con otros hombres que cumplen un ministerio público o privado, es el hombre de Dios, su instrumento, su mensajero; es un pastor del rebaño, un centinela, un intérprete de los pensamientos divinos.

Aunque todos los profetas hayan surgido de Israel, Dios, para el cumplimiento de Sus propósitos soberanos, ha concedido en ocasiones un sueño o una visión a un filisteo, a un egipcio, a un madianita, a un babilonio o a un romano.

El Señor se sirvió incluso de Balaam, el adivino, a quien el rey de Moab le había pedido que maldijera a Israel. Estos paganos entraron momentáneamente en contacto con el plan de Dios. Para asegurar su realización, el Señor les otorgó un atisbo de revelación, pero nunca los incluyó entre Sus profetas.

La aparición del ángel a Agar, a Manoa y a su esposa, y a otros, no les confirió este ministerio, reservado a hombres sometidos a la disciplina del Espíritu, y en comunión con Dios. El Espíritu del Señor enseñaba a los profetas.

La acción divina no está en conflicto con la psicología humana. En ocasiones Dios se servía de una voz audible o de un ángel; pero por lo general daba Sus instrucciones mediante sueños, visiones y sugestiones que los profetas reconocían como de origen divino, externo a ellos mismos.

Estos hombres no estaban continuamente bajo la inspiración del Espíritu, sino que esperaban la revelación del Señor. Su mente no puede identificarse con la de Dios. Natán mismo estuvo de acuerdo con David en sus deseos de construir el Templo; pero tuvo que decirle después que Dios se oponía a este proyecto.

Los profetas sólo reciben las revelaciones en el momento elegido por el Señor. Desde la época de Samuel, Dios fue dando profetas a Israel de una manera regular: varios de ellos son anónimos. Este ministerio parece que no cesó hasta la época de Malaquías.

Al acercarse el tiempo de la primera venida de Cristo, se dejó oír de nuevo la Palabra profética. Había profetas en la Iglesia en la época de Pablo. En contraste con los apóstoles y ancianos, no constituyen un grupo definido.

Hombres y mujeres comunicaban lo que Dios les había revelado por el Espíritu, anunciando ocasionalmente lo que había de suceder; especialmente, exhortaban y edificaban a la Iglesia. Pablo aplica irónicamente el calificativo de profeta a un autor pagano que describió de manera magistral y verídica el inmoral carácter de los cretenses.

El Llamamiento. Es el mismo Dios el que llama al profeta, el cual conoce el momento preciso de esta revelación. Moisés estaba ante una zarza ardiendo cuando le vino el llamamiento. El niño Samuel recibió revelaciones particulares que lo prepararon para la carrera profética.

Eliseo sabía de cuándo databa su llamamiento, y no ignoraba que había recibido una doble porción del Espíritu. Por lo general se cree que la vocación de Isaías coincide con su visión, en el año de la muerte del rey Uzías; pero es posible que recibiera su comisión mucho tiempo antes.

Esta visión marcaba el inicio de una etapa nueva y más importante de su ministerio; la visión del apóstol Juan mucho tiempo después de su primer llamamiento; la de Pedro en Jope; la de Pablo en Jerusalén.

Igualmente, Ezequiel recibió mensajes años después de haber sido investido con el ministerio profético. No sabemos nada del primer llamamiento recibido por Elías, pero lo vemos un tiempo más tarde recibiendo en Horeb un mandato particular.

Jeremías, consciente de su llamamiento, se resiste desde su mismo inicio. Oseas hace alusión a la Palabra que el Señor le dirigió por primera vez. Por lo que se refiere al llamamiento, sólo se registra un caso de instrumentalidad humana, en el de Eliseo.

En base al Salmo 105:15 se ha lanzado la sugerencia de que los profetas eran ungidos con aceite al comenzar su ministerio. Pero el salmista se refiere, en este texto, a los patriarcas, a los que él denomina “profetas” según el uso entonces corriente.

En Isaías 61:1, que también se cita a propósito de la unción del aceite, la referencia es a la unción del Espíritu. En 1 Reyes 19:16 se habla de la unción de Eliseo como profeta y de Jehú como rey. Este último fue, efectivamente, ungido con aceite.

Por lo que respecta a Eliseo, su unción no es descrita; lo que Eliseo sí hace es tirar sobre él su manto como señal de su llamamiento al ministerio profético.

La forma de vida de los profetas. La Biblia se refiere sólo de manera incidental a la forma de vida de los profetas, que no difería demasiado de la de los demás israelitas. El vestirse con pelo no era como asceta, sino de penitente, llorando por los pecados del pueblo.

En ocasiones, los hombres de Dios llevaban un cilicio sobre los riñones, con el mismo propósito simbólico. La vestimenta de pelo no se ponía directamente sobre la piel, sino como manto sin mangas, sobre el cuerpo.

Los profetas se alimentaban de frutos y de legumbres silvestres. Recibían presentes en especie, o se les ofrecía hospitalidad. Ciertos profetas, los que eran de la tribu de Leví, tenían derecho al diezmo. Algunos de ellos, como Eliseo y Jeremías, eran de familias acomodadas.

Gad, el vidente, así como otros hombres de Dios que también llevaban este título, fueron, posiblemente, receptores del apoyo real. Los profetas tenían por lo general una casa, al igual que sus contemporáneos.

Algunos escritos. A los profetas les tocó, asimismo, una tarea literaria: debían consignar por escrito la historia en que se habían movido, y sus mensajes proféticos. Samuel, el vidente, Natán el profeta, y Gad el vidente, fueron los historiadores de los reinos de David y de Salomón.

Ahías, de Silo, escribió una profecía. El profeta Semaías y el vidente Iddo referían los acontecimientos del reinado de Roboam. Iddo, el vidente, consignó los referentes al reinado de Jeroboam.

Las memorias del profeta Iddo relataban el reinado de Abías. Jehú, el hijo de Hanani refirió la historia de Josafat. Isaías describió el comienzo y fin de Uzías y registró la historia de Ezequías. El canon hebreo clasifica entre los profetas anteriores a cuatro libros históricos: Josué, Jueces, los libros de Samuel, y Reyes.

Es evidente que sus autores fueron “los videntes”. En la época de Isaías y de Oseas, ciertos profetas vinieron a ser grandes escritores, redactaron sus mensajes bien de una manera condensada, o bien de una manera muy detallada; en otras ocasiones nos han dado selecciones de sus discursos.

Estos hombres rendidos a Dios en comunión con Él mediante la constante oración eran aptos para recibir las revelaciones divinas. Se aislaban periódicamente para poder percibir mejor las instrucciones de lo Alto.

Ezequiel y Daniel recibieron revelaciones a la orilla de un río, donde posiblemente la apacibilidad favorecería la meditación espiritual. Asimismo, fue durante la noche que Samuel oyó la palabra del Señor.

El alma del profeta quedaba incesantemente abierta a la acción del Espíritu, que, sin embargo, no violentaba la personalidad del espíritu humano. Ciertos hombres que poseyeron el espíritu de profecía no fueron oficialmente clasificados entre los profetas.

Los Salmos de David no fueron puestos entre los escritos proféticos, aun cuando había anunciado a Cristo. Daniel, designado por el mismo Cristo como profeta era oficialmente un alto funcionario de los reyes de Caldea y de Persia, y no tuvo una función profética en el seno de la nación de Israel; es por esto que el canon hebreo situó su libro entre los Hagiógrafos (escritos sagrados).

El canon hebreo da el nombre de “profetas anteriores” a los libros históricos: Josué, Jueces, 1 y 2 Samuel, 1 y 2 Reyes. Los escritos estrictamente proféticos a partir de Isaías reciben el nombre de “profetas posteriores”.

Esta designación no se relaciona con la época de redacción, sino con el puesto que ocupan estos dos grupos de libros dentro del canon hebreo. Los libros de los Reyes, por ejemplo, escritos después de Isaías, pertenecen al grupo de los “profetas anteriores”.

Hubo grandes profetas, como Elías y Eliseo, que no escribieron sus discursos. En los comentarios modernos reciben el nombre de profetas oradores. Aquí y allá en la Biblia se hace alusión a las obras literarias de otros profetas que registraron sus predicaciones por escrito.

Se dan citas en los “profetas anteriores” u otros libros del Antiguo Testamento. Entre los “profetas posteriores”, Oseas, Amós y Jonás predicaron en el reino del norte e incluso en Nínive. Los otros ejercieron su ministerio en el seno de las tribus de Judá y de Benjamín, en tierra de Canaán, o en la tierra de su exilio.

Incluyendo a Daniel, la clasificación cronológica es como sigue: (A) Durante el período asirio, precediendo en poco la accesión de Tiglat-pileser (745 a.C.), y extendiéndose hasta la decadencia del poder de Nínive (hacia el año 625 a.C.): Oseas, Amós, Jonás, en el reino del norte; Joel, Abdías e Isaías, Miqueas, Nahum, en Judá.

(B) Durante el período babilónico, en Judá, del año 625 a.C., y hasta la caída de Jerusalén, el año 586 a.C.: Jeremías, Habacuc, Sofonías.

(C) Durante el exilio en Babilonia: Ezequiel, Daniel.

(D) Después del retorno del exilio: Hageo, Zacarías, Malaquías.

(Ezequiel 12: 22)= Hijo de hombre, ¿Qué refrán es este que tenéis vosotros en la tierra de Israel, que dice: se van prolongando los días, y desaparecerá toda visión?

Muchas de las predicciones de infortunio de profetas como Isaías, Miqueas y Jeremías no se habían cumplido aún. El pueblo creía que estas predicciones no sólo habían sido aplazadas o pospuestas, sino anuladas.

Entonces s ele informa a Ezequiel que desaparecerá toda visión, que los días para eso se han acercado y que la Palabra de Dios se cumplirá y no se tardará ninguna de sus palabras. Es una excelente palabra para tener en cuenta hoy, en pleno siglo veintiuno, para lidiar con la duda de tantos inseguros.

Pero fíjate que esta última expresión, – Dice -, se lanzaba como refrán. Y un refrán es un dicho agudo y sentencioso de uso común. Y una sentencia es un dictamen o parecer que alguien tiene o sigue; un dicho grave y sucinto que encierra doctrina o moralidad.

Por tanto, – Entiende -, lo que el pueblo estaba haciendo con respecto a los profetas, era el establecer una doctrina opuesta a sus reales dones y ministerios. Los profetas pasarían a ser considerados negativos por la decisión de un grupo que había inventado una doctrina falsa, algo que Dios jamás había dicho. Exactamente igual a este tiempo.

La idea central de todas estas escrituras es la de corroborar la que es la base central de la palabra que Pedro desliza, que hay una ansiedad negativa en una parte grande del pueblo que entiende, erróneamente, que Dios tarda demasiado en hacer las cosas. Ya se veía en los evangelios esto.

(Mateo 24: 45)= ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les de el alimento a tiempo?

(46) Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.

(47) De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá.

(48) Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: mi señor tarda en venir; (49) y comenzare a golpear a sus consiervos, y aún a comer y beber con los borrachos, (50) vendrá el señor de aquel siervo en día que este no espera, y a la hora que no sabe, (51) y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes.

¿Quién es este siervo? ¿Qué es un siervo? ¿De que se trata esta catalogación? En principio, la palabra siervo, que representa al que es esclavo de un amo, de un señor, representa un cono de humildad. Lo que verdaderamente se pretende decir, es que se trata de alguien que es un siervo de Dios.

Y siervo de Dios es aquel que reconoce a Jehová como su Dios y que cumple fielmente Su voluntad, como Abraham; David; Isaías. El Siervo de Jehová es el tema de los capítulos. 40 a 66 de Isaías.

Sobre ello, el profeta tiene una doble visión: Israel, en tanto que pueblo elegido, es el siervo elegido por Jehová para glorificarle entre las naciones; pero la profecía anuncia que Israel sería infiel y que caería bajo los juicios de Dios.

Por esta razón: el Mesías será el verdadero servidor de Jehová; aportará la luz y la salvación no sólo a Israel, sino también a las más lejanas naciones. Los Targumes mismos asimilan el Siervo sufriente de Isaías 15:53 al Mesías.

Este siervo, sin pecado, se identifica con Israel para representarlo ante Dios. Como sustituto de los pecadores, y habiendo sido golpeado en lugar de ellos, los justificará plenamente. Para llevar a cabo una obra tal, el Siervo de Jehová debe participar de la naturaleza divina.

La gente religiosa se siente muy feliz y realizada expresando a todo quien quiera oírla que no tiene ninguna clase de aspiraciones ni ideas, que sólo se conforma con ser un siervo útil. Eso estaría muy bien si no fuera porque Dios nos dijo que no más siervos, que no heredan nada; no más amigos, que podrían heredar algo por casualidad. Hijos. Esa es la condición que quiere Dios para nosotros.

Si tú quieres seguir jugando al humilde con tu calidad de siervo eterno, allá tú. Yo quiero heredar lo que Dios Padre ha dicho y declarado en promesa profética que íbamos a heredar. Pero para que eso sea posible, tendré que ser hijo, Ni los siervos ni los amigos heredan.

Y dice que esos siervos deberán ser, en primer término, fieles. La fidelidad es uno de los atributos de Dios que más frecuentemente se destaca en las Escrituras. El fiel Dios es digno de nuestra fe y confianza, guarda las promesas y el pacto, cumpliendo su palabra, pero también sus amenazas.

Es inmutable. Es fiel y justo para perdonarnos en nombre de Cristo, por su obra cumplida. La fidelidad debería ser también la característica del creyente. Es un aspecto del fruto del Espíritu. Es por excelencia la cualidad que Dios demanda de nosotros, los dispensadores de sus misterios.

Si Somos fieles en lo pequeño, se nos confiará lo grande. Es con la ayuda de Dios que el creyente podrá ser fiel hasta la muerte y por ella hay promesa de un rico galardón. Asimismo, esto demanda también la fidelidad entre nosotros y, esencialmente, en el matrimonio.

¿Fiel y que otra cosa nos dice? Fiel y prudente. La prudencia es una especie de templanza, de cautela, de moderación. Es la sensatez y el buen juicio para todas las cosas. Es, asimismo, una de las cuatro virtudes cardinales, que consiste en discernir y distinguir lo que es bueno o malo, para seguirlo o huir de ello.

Pablo nos dice que, cuando no estamos en la batalla, debemos ser mansos como palomas y prudentes como serpientes. Y es curioso, pero muchos han tomado otro adjetivo en lugar de prudentes: astutos. Olvidando que la astucia es algo que emana de Satanás mismo, mientras que la prudencia es un don divino que proviene de Dios.

Seguidamente, se nos dice para que cosa es puesto ese siervo fiel y prudente por sobre muchos en el pueblo. Para que nos suministre alimento a tiempo. ¿A tiempo de que? A tiempo coincidente con los tiempos de Dios, para que ese alimento tenga que ver con Él y no con las sabidurías humanas.

¿Es eso lo que estamos viendo en este tiempo? En absoluto. Nuestras páginas Web se llenan de visitantes anónimos que llegan, no ya por una cuestión de mercado publicitario, sino por necesidad. La auténtica y genuina necesidad de recibir un alimento que en las congregaciones es escaso por estar ocupadas en los problemas domésticos y menores.

¿Y por esa razón, nosotros vamos a salir al mundo evangélico a auto promocionarnos diciendo que somos los mejores, los únicos, los verdaderamente ungidos e inigualables? Jamás podríamos hacer algo así. ¡Pero hermano! ¡Está lleno de ministerios que lo hacen! Es cierto, pero yo me quedo con lo que el resto de esta palabra dice.

Y lo que dice a continuación es que será bienaventurado aquel siervo a quien el Señor halle haciendo eso cuando retorne. Por lo tanto, esta es nuestra tarea, nuestro compromiso con el Señor. ¡Y con la gente! No. Con la gente no tanto. Porque la gente es muy voluble e inestable; hoy están aquí y mañana allá. Cuando falta discernimiento, las falsas doctrinas se hacen un carnaval.

Quiero que seas honesto conmigo, aquí y ahora. Total no nos está oyendo ni viendo nadie. El pastor de tu iglesia probablemente está durmiendo o trabajando en otra cosa y no te escucha. ¿Puedes responder una pregunta con sinceridad?

La pregunta, es: ¿Cómo supones, te imaginas, crees o te parece que será la venida del Señor? Obvio, estoy hablando de su Segunda Venida. ¡Espera! ¡No me recites versículos bíblicos! ¡Los conozco a todos los que hablan de ello!

Quiero que me respondas esto conforme a tu imaginación personal, particular, privada, íntima y totalmente separada de tesis teológicas o estampas escatológicas. ¿Cómo imaginas ese momento del que tantos se habla? Perdón; comencemos por lo principal: ¿Crees de verdad que el Señor volverá?

¡Hermano! ¿Cómo me pregunta eso? ¡La Biblia lo dice con total claridad! – Claro que lo dice, ya lo sé. Pero no me interesa en este momento, al preguntarte esto, que es lo que dice o no dice la Biblia. Lo que realmente me interesa es que es lo que crees o no crees tú.

¡Basta, hermano! ¡No puedo permitirle ese atrevimiento! ¡Usted me falta el respeto! ¡Yo, como cristiano, creo absolutamente en todo lo que dice la Biblia! – ¿Ah, sí? Entonces vas a poder explicarme por qué estás viviendo una vida que de ninguna manera se condice con lo que en ella Dios te dice…

Bueno…está bien…es que en algunas cosas…usted sabe… – Yo, lo único que sé, es que los cristianos, mayoritariamente, no discutimos una tilde ni una coma de lo que la Biblia dice. Pero también sé que, a la hora de vivir nuestras vidas de puertas hacia adentro, olvidamos muy rápidamente lo que nos ha sido demandado por la Palabra de Dios.

Por eso es que, aún a riesgo de ser tomado por un atrevido e irrespetuoso, te repito la pregunta que quedó en suspenso: ¿Crees de verdad, hermano, que el Señor Jesucristo retornará a la tierra? ¿Crees que eso verdaderamente sucederá tal cual se lo profetiza?

Porque si lo crees, ya debes estar trabajando como Dios dice en esta Palabra que debes hacerlo para que Él te halle haciendo así cuneado retorne. Pero si no lo crees o piensas que está tardando más de lo que suponías, mucho me temo que te comportarás de otro modo. Quizás del modo en que hoy por hoy se comportan la mayor parte de los supuestos “siervos de Dios”.

Entonces, quizás no te vayas a la cantina de la esquina a comer y a beber con los borrachos, es cierto, pero sí puede darse la contingencia que comiences, consciente o inconscientemente, a golpear a tus consiervos, esto es: a los que están en tu mismo nivel.

¿Golpear? ¿Cómo haría un cristiano tal cosa? – No estoy hablando de azotes, látigos o palos por las espaldas. No estoy hablando de golpear físicamente. Estoy hablando de golpear psicológicamente, emocionalmente o de alguna otra forma tan sutil como estas…

Quisiera por un momento que tomaras mi lugar. Que no es un lugar de privilegio ni de exposiciones públicas. Mi lugar, la mayor parte del tiempo, está frente a la computadora, frente al ordenador, como se le dice en otros sitios.

Allí preparo el material que luego leerás (El de audio ya está grabado y es el área técnica quien lo sube a la Web), estudio, bailo zambas y tangos argentinos sobre el teclado y me encuentro con los correos de los lectores.

Aquí es donde se me suelen venir al piso todas las ilusiones de una iglesia gloriosa, más que vencedora, sin mancha y sin arruga. Porque lo que leo, más allá de la existencia que no niego de personas conflictivas, rebeldes y para nada interesadas en las cosas del Señor adentro de las congregaciones, como miembros importantes, a veces, tiene que ver casi con exactitud con lo que terminas de leer en este texto.

Golpes emocionales, sentimentales, financieros, doctrinales, psicológicos. Todos propinados, no ya por un diablillo de color bermellón con cola con punta de flecha, cuernitos y tridente en mano, sino por un hombre con traje y corbata, de hablar medio rebuscado y aires de santo de estatua llamado: el pastor.

A muchos de estos hombres, en sus congregaciones, los miembros de sus iglesias, lo llaman como a él más le agrada: el siervo. Es el siervo por el cual se debe interceder y del cual jamás se deberá expresar ni aceptar murmuración alguna. Aún a despecho de que lo que estuviera murmurando fuera verdad.

Tomemos, entonces, ese adjetivo, ese rótulo, esa catalogación. Tomemos como válido el calificativo de “siervo de Dios” de ese hombre o mujer pastor o pastora. Pregunto: ¿La caben las generales de la ley que evidencia este texto que estamos analizando?

Si le cabe. Estos serán, en todo caso, simplemente algunos de estos siervos a los cuales el Señor debería encontrar, al momento de su venida, haciendo como Él dijo que había que hacerse, y no como a ellos les conviene, les interesa o sencillamente les gusta.

¿Por qué? Porque si no lo hace, cuando el Señor retorne, (En un tiempo, un día y una hora que nadie conoce) y lo halle haciendo otras cosas, dice el texto y no yo, que lo castigará duramente. ¿Castigo? ¿Cómo que o castigará?

¿No era que nuestro Dios es un Dios de amor que no se parece en nada a ese Dios castigador que fabricaron algunas religiones para atemorizar y conseguir buenos comportamientos de sus feligreses?

Cuidado: que el árbol no te tape el bosque. Ni tanto ni tan poco. Así como hemos dicho mil veces que nuestro Dios no está escondido detrás de la puerta con una paleta cazamoscas gigante esperando que tú te equivoques para aplastarte contra el suelo mientras grita: ¡¡Ahh!! ¡¡Te agarré en pecado!!! ¡¡Toma!! ¡Toma! ¡Toma!, así también deberemos decir que jamás dejará de lado su condición de Justo por sobre todos los justos.

Y si tú eres un pecador, eres un pecador. Y si eres un desobediente, eres un desobediente. Y si dice que el pecado tiene una paga ineludible y que la desobediencia no le agrada, es porque indefectiblemente será así. Entonces no te asombres si se habla de castigo.

El asunto, entonces, se remite a saber que clase de castigo podría implementar nuestro Dios para con el hombre desobediente que dice ser su siervo y no lo es. ¿Acaso lo colgará de una cruz moderna? ¿Lo fulminará con un rayo? En absoluto.

Apenas dice que…pondrá su parte, que es como decir su futuro, sus bienes ministeriales, su prestigio, su fama televisiva internacional, su propia iglesia, su capacidad económica, sus audios, sus videos, todo eso, conjuntamente con los hipócritas.

¿Y a eso como lo entendemos? No lo sé. Que el Santo Espíritu de Dios toque tu mente con discernimiento y revelación para que puedas verlo con claridad. Pero a mí se me está ocurriendo una sola cosa. Que podrá no ser la única y ni siquiera la básica, pero que es una.

Poner las cosas más amadas y valoradas de un aparente “siervo de Dios” con los hipócritas, nos remite a la única área a la que el Señor Jesucristo, durante su ministerio terrenal, catalogó de esa manera: los fariseos.

(Hechos 7: 60)= Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió.

Este es el final del martirio de Esteban. La expresión que él hace en el momento final de su crisis, es un calco, una copia casi fiel de la que Jesús mismo hizo en la cruz. Algo así como: perdónalos Padre, porque no saben lo que hacen…

Sin embargo, en este tiempo y con relación a muchos martirios espirituales, si bien puede hacerse una oración así o tener una expresión así, por amor, la realidad es otra. La gente que te mata, sabe muy bien lo que está haciendo.

Entonces, aquí ya no cabe esta expresión, sino otra que vendría a decir algo así como: “perdónalos Padre, aunque Sí saben lo que hacen”. Pero lo hacen porque en el fondo son incrédulos y suponen que van a beneficiarse.

Dice que Esteban, dichas estas palabras, durmió. ¿Quién era Esteban? Su nombre se relaciona con el vocablo griego STEPHANOS, que se traduce como “corona”.La primera mención de este protomártir de la fe cristiana se halla encabezando la lista de los siete que los cristianos de Jerusalén eligieron bajo sugerencia de los apóstoles, para presidir la distribución de las limosnas en la iglesia.

Los helenistas (judíos de la diáspora, de habla griega) se quejaron de injusticias que se cometían con respecto a sus viudas. La elección de Esteban, que tenía un nombre griego, hace suponer que él mismo era helenista, probablemente procedente de fuera de Palestina.

Fue de este mismo medio helenista que se suscitó la persecución. Esteban era un hombre destacado, lleno de fe y del Espíritu Santo; predicaba el camino, y llevaba a cabo grandes milagros. En vista de su actividad, los judíos de la dispersión, que tenían sinagogas en Jerusalén, empezaron a oponerse a la iglesia.

Los primeros perseguidores fueron los de la sinagoga de los Libertos y de los de Cirene, de Alejandría, de Cilicia, y de Asia Menor. Acusaron a Esteban de haber blasfemado contra Moisés y contra Dios, afirmando que Jesús destruiría el Templo y que cambiaría las costumbres que venían de Moisés.

Lucas declara que se presentaron falsos testimonios contra Esteban, como había sucedido con Cristo. Esteban, presentado ante el sanedrín, pronunció el discurso recogido en Hechos 7:2-53. Para mostrarles con claridad que Dios había dirigido a Israel hacia una meta precisa, Esteban les recordó que Dios había elegido a los patriarcas.

Después les expuso cómo en la época de Moisés, y posteriormente, los israelitas se opusieron sin cesar a los designios de Dios, y cómo no supieron discernir el carácter temporal y simbólico del Tabernáculo ni del Templo.

Al llegar a este punto del discurso, censuró a sus oyentes, acusándolos de resistir al Espíritu Santo como lo habían hecho sus padres, y de no haber observado la Ley. En este momento, los judíos, rechinando los dientes, estaban dispuestos a lanzarse contra él; Esteban vio a Jesús de pie a la diestra de Dios, como listo para recibir a su testigo.

Ante esta revelación de Esteban, los judíos se apoderaron de él, lo sacaron a las afueras de la ciudad, y lo apedrearon. La ley romana prohibía la ejecución de quien fuera sin antes haber visto la causa la autoridad romana.

La muerte de Esteban fue un linchamiento debido al fanatismo de sus adversarios. Pedro demuestra que el cristianismo es el cumplimiento de las profecías. Esteban expone que la historia de Israel desembocaba en el nuevo pacto.

En su declaración de que el judaísmo no puede limitar al cristianismo, Esteban no revela el aspecto universal del Evangelio. Tampoco da ninguna indicación acerca de la doctrina de la Iglesia. Estas cuestiones serían reveladas por medio de Pablo.

La persecución que siguió al martirio de Esteban dispersó a los cristianos. Como consecuencia, se evangelizó a los samaritanos y, posteriormente, a los gentiles. Las últimas palabras del diácono, cuyo rostro se parecía al de un ángel, fueron una oración en favor de sus perseguidores.

Saulo de Tarso había dado su aprobación a la muerte de Esteban, y guardó las ropas de sus verdugos. En vista de una muerte tan triunfal, se suscita la reflexión de si uno de los “aguijones” que Jesús mencionó a Saulo en el camino de Damasco no había sido este mismo hecho. La muerte de Esteban fue un aparente fracaso. Pero, si su muerte había sido un medio para empezar a tocar la conciencia de Saulo, ¿no fue en realidad una gran victoria?

El término durmió que se utiliza aquí, es usado en casi toda la Biblia como sinónimo de muerte para con un creyente, para alguien de fe. En el sentido corriente: cesación de la vida. No entraba en la voluntad de Dios, que ha creado al hombre a su imagen, y que lo ha hecho “alma viviente”.

En el paraíso, el árbol de la vida le hubiera permitido vivir eternamente. La muerte ha sido el salario de la desobediencia a la orden divina. La muerte es física, por cuanto nuestro cuerpo retorna al polvo; también es, y sobre todo, espiritual.

Desde su caída, Adán y Eva fueron echados de la presencia de Dios y privados de Su comunión. Desde entonces, los pecadores se hallan “muertos en… delitos y pecados”. El hijo pródigo, alejado del hogar paterno, está espiritualmente muerto.

Ésta es la razón de que el pecador tiene necesidad de la regeneración del alma y de la resurrección del cuerpo. Jesús insiste en la necesidad que tiene todo hombre de nacer otra vez; explica Él que el paso de la muerte espiritual a la vida eterna se opera por acción del Espíritu Santo y se recibe por la fe.

Esta resurrección de nuestro ser interior es producida por el milagro del bautismo del Espíritu. El que consiente en perder su vida y resucitar con Cristo es plenamente vivo con Él.

(A) Para el impío es cosa horrenda caer en manos del Dios vivo y comparecer ante el juicio sin preparación alguna. El pecador puede parecer impune durante mucho tiempo, pero su suerte final muestra que “el Señor se reirá de él porque ve que viene su día”.

El que no haya aceptado el perdón de Dios morirá en sus pecados. Jesús enseña, en la historia del rico malvado que, desde el mismo instante de la muerte, el impío se halla en un lugar de tormentos, en plena posesión de su consciencia y de su memoria, separado por un infranqueable abismo del lugar de la ventura eterna, imposibilitado de toda ayuda, y tenido por totalmente responsable por las advertencias de las Escrituras y/o de la Revelación natural y del testimonio de su propia conciencia.

(B) Para el creyente no existe la muerte espiritual (la separación de Dios). Ha recibido la vida eterna, habiendo pasado, por la fe, de la muerte a la vida. Jesús afirmó: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí no morirá eternamente.

Desde el mismo instante de su muerte, el mendigo Lázaro fue llevado por ángeles al seno de Abraham. Pablo podría decir: Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia. Para él partir para estar con Cristo es mucho mejor.

Es por esta razón que más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor. No se puede imaginar una victoria más completa sobre la muerte, en espera de la gloriosa resurrección del cuerpo.

Así, el Espíritu puede afirmar solemnemente: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor.

En contraste con la gozosa certeza del creyente, recapitulada anteriormente, se halla una expectación de juicio, y de hervor de fuego, que ha de devorar a los adversarios. La acción de la conciencia natural infunde miedo y angustiosa incertidumbre en el inconverso.

Shakespeare lo expresó magistralmente en su soliloquio de Hamlet, en el que éste considera la posibilidad del suicidio; Morir: dormir; no más; y con el sueño, decir que damos fin a los agobios e infortunios, a los miles de contrariedades naturales a las que es heredera la carne, éste es un fin a desear con ansia. Morir: dormir; dormir: quizá soñar; ¡Ah, ahí está el punto dificultoso!; porque en este sueño de la muerte ¿qué sueños pueden venir cuando nos hayamos despojado de esta mortal vestidura? Ello debe refrenarnos: ahí está el respeto que hace sobrellevar la calamidad de una tal vida, pues ¿quién soportaría los azotes y escarnios del tiempo, los males del opresor, la altanería de los soberbios, el dolor por el amor menospreciado, la lentitud de la justicia, la insolencia de los potentados, y el desdén que provoca el paciente mérito de los humildes, cuando él mismo puede, con desnuda daga, el descanso alcanzar? ¿Quién llevaría pesados fardos, gimiendo y sudando bajo una fatigosa vida, sino por el hecho del temor de algo tras la muerte, el país inexplorado de cuyos muelles ningún viajero retorna, y que nos hace preferir aquellos males que ahora tenemos, que volar a otros de los que nada sabemos? Así, la conciencia a todos nos vuelve cobardes, y así el inicio de una resolución queda detenido por el pálido manto de la reflexión. (Acto III, Escena 1).

Así, la horrenda expectación de juicio, y el hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios, se refiere a la muerte segunda, aquella que espera a los no arrepentidos tras el juicio final. Esta segunda muerte es en las Escrituras un sinónimo de infierno.

Dos veces se declara en Apocalipsis que el lago de fuego es la muerte segunda. En este lago de fuego los impenitentes, vueltos a levantar a la vida en sus cuerpos, pero sin admisión a la gloria, serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.

Es por ello que se trata de sufrir daño de la segunda muerte. Queda en pie el hecho de la gracia del Señor, que no desea la muerte del pecador, sino su salvación. Así, la Escritura insiste en numerosas ocasiones: No quiero la muerte del que muere… convertíos, pues, y viviréis.

(Mateo 10: 5)= A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, (6) sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel.

Estas directivas de Cristo a sus discípulos, llevadas al hoy, dirían más o menos algo así: “por camino de mundanos no vaya, y en lugares donde haya opositores declarados, no entren, porque no salen para polemizar ni discutir. Mejor busquen a los cristianos que, habiendo sido miembros de iglesias, ahora, por alguna causa están alejados, apartados o perdidos.”

Esto de alguna manera hace trizas a un ambiente evangelístico conforme a las rutinas clásicas. Ir a los que creían y ahora están fríos, también es evangelizar, pero no del modo clásico y con todas esas técnicas implantadas para acompañar a la conversión de los incrédulos.

Jesús instruye a sus discípulos sobre el alcance de su misión, la sustancia de su mensaje, las obras que van a realizar, lo que han de llevar consigo y los procedimientos a emplear. Como un microcosmos de la iglesia, la misión de los doce es un preludio de la futura misión de la iglesia, que habría de extenderse más allá de Israel.

De este modo alcanzaría una dimensión universal. Los antecedentes del Antiguo Testamento, indican que todo Israel estaba disperso como ovejas. El ministerio de Jesús se dirigió primero a los judíos. Del mismo modo, hoy el primer esfuerzo siempre será para los incrédulos que no conocen la Palabra, pero luego inexorablemente, también habrá de alcanzar a los que, habiéndola conocido, por alguna razón se han apartado de ella.

Y luego añade Pedro en su texto base, que estos falsos ministros o maestros ignoran, – Dice -, que los cielos y la tierra que provienen del agua y por el agua subsisten, fueron hechos por la Palabra de Dios. Pero insiste en que esta ignorancia es grave porque es voluntaria.

El relato de esto que aquí se consigna por parte del apóstol, conforma un bloque correspondiente al libro del Génesis. Allí nos encontramos, en el primer capítulo y desde los versos 6 hasta el 9, con el siguiente episodio.

(Génesis 1: 6)= Luego dijo Dios: haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas.

(7) E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así.

(8) Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo.

(9) Dijo también Dios: júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así.

(10) Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares. Y vio Dios que era bueno.

Presta debida atención, porque está en coincidencia con lo expresado, que aquí se habla de separar las aguas de las aguas. Es que la tierra cubierta por las aguas, parece que estaba rodeada de vapor.

Entonces, Dios usó la expansión, esto es: el espacio entre la superficie y las nubes, para separar las dos “aguas”, creando una acumulación masiva de vapor en las alturas. Esta agua que estaban sobre la expansión creaban un protector “efecto de invernadero” sobre la tierra de ese período.

El agua, en Oriente, es uno de los presupuestos más importantes de la vida. El agua en la Sagrada Escritura significa dicha y seguridad. El israelita se dirige a Dios como a la fuente de agua viva, en cuya cercanía el piadoso puede vivir; también Jesús se llama a sí mismo agua viva; quien cree en Él, se convertirá asimismo en fuente de vida.

El agua que se vierte o que pasa corriendo son símbolos de la vanidad de la vida y de su caducidad. El hombre pecador se traga los pecados como quien bebe agua. En hebreo, la palabra “agua” se usa siempre en plural (MAYIM).

Las aguas cubrieron la tierra en el caos primitivo, y después, cuando Dios las separó, quedaron las aguas superiores o del cielo y las inferiores. El agua también aparece en la Escritura en las múltiples formas como existe en la tierra:

el agua del mar (Is. 11:9; Am. 5:8)

de un río (Jos. 3:8)

de un estanque o de un pozo (Jn. 4:7)

agua de lluvia o de nieve (Jb. 24:19)

de una fuente (Stg. 3:11)

el agua dulce es llamada agua viva o corriente (Gn. 26:19; Lv. 14:5)

Son notables las aguas del Diluvio (Gn. 7:7; Is. 54:9; 1 P. 3:20; 2 P. 3:6).

En Palestina, como en la Antigüedad, el agua era de mucho valor; así, cada uno se preocupaba de tener su propia agua, y los extranjeros y los pobres tenían que comprarla. El agua de las fuentes era libre.

El agua se empleaba para el riego de la tierra. Así como para lavatorios higiénicos religiosos. Algunas expresiones del hebreo son difíciles de traducir al castellano, pero pueden ser interpretadas así:”agua de cabeza” significa agua de dormidera; “agua de las rodillas” quiere decir orines.

En sentido figurado se le llama agua a un peligro de muerte; también al desaliento se le llama aguas. El agua es un símbolo de limpieza espiritual, pero nunca puede regenerar por sí sola. Los hebreos la usaban en las abluciones, que eran bastante frecuentes.

La secta de Qumram practicaba estas abluciones varias veces al día, ciñéndose estrictamente a las prescripciones del ritual de la ley de Moisés. Juan el Bautista practicó el bautismo para perdón de pecados, precursor del bautismo cristiano, que es bautismo de creyentes y que sigue a la fe, porque el agua no puede lavar los pecados si no hay arrepentimiento previo.

Como puedes ver, no es casual entonces que, como lo dice Pedro en el verso 5, tanto el cielo como la tierra fueron hechos a partir de la Palabra de Dios en conjunción con el agua. Eso es lo que, según Pedro, los falsos ministros ignoran voluntariamente, lo que equivale a ocultamiento.

En cuanto a la Expansión, la palabra hebrea es RAGIA. El término hebreo significa una extensión inconsistente, y se corresponde bien con el término espacio. La traducción “firmamento”, que aparece en muchas versiones, es un desafortunado desliz de pluma de Jerónimo en la versión Vulgata.

Aristóteles y los clásicos imaginaban que el cielo era una esfera sólida. Sin embargo, no es este el concepto que hallamos en la Biblia, excepto en lenguaje poético figurado. Eso deja en evidencia que pretender estudiar la Biblia bajo principios filosóficos, no funciona.

Dice que esa expansión fue llamada Cielos. Al respecto, la Biblia distingue:(a) El cielo atmosférico por encima de nuestras cabezas, dentro del que se mueven las nubes del cielo y las aves del cielo.

(b) El cielo sideral por encima de la atmósfera, donde se hallan los planetas y las estrellas. Es el inmenso espacio del que los sabios no hacen otra cosa que atisbar sus inmensas dimensiones, y al que hace alusión el primer versículo de la Biblia.

La expresión los cielos y la tierra significa de hecho el universo entero. Para destacar aún más esta inmensidad, las Escrituras hablan de “los cielos de los cielos”. Se ha pretendido, con frecuencia, que los israelitas se hacían (en común con los pueblos de la antigüedad) una representación burda de la cosmología.

Para ellos el cielo hubiera sido una bóveda fija y sólida (firmamento), donde las estrellas estarían clavadas como clavos, y donde ventanas abiertas de lugar en lugar darían paso a la lluvia y a la nieve. Señalaremos en primer lugar que firmamento (en latín “firmare”: afirmar) es un error de traducción de la Vulgata.

El término hebreo RAGIA significa una extensión inconsistente y es Aristóteles y los antiguos los que se imaginaban el cielo como esfera sólida. El hecho de que Job dijera “las columnas del cielo tiemblan, y se espantan a su reprensión” puede bien tomarse como lenguaje figurado y poético.

Igualmente con 2 Samuel 22:8: se conmovieron los fundamentos de los cielos… porque se indignó él. Job dice en otro lugar: Él remueve la tierra de su lugar, y hace temblar sus columnas, pero al mismo tiempo declara: Él extiende el norte sobre vacío, cuelga la tierra sobre nada.

Unos pocos pasajes hablan de las ventanas de los cielos, término fácil de comprender para quien haya visto abatirse las inmensas trombas de agua en los países del sur y de los trópicos. Esto dicho, uno se queda asombrado ante la sobriedad y la exactitud de las descripciones bíblicas, sobre todo cuando se comparan con los pueriles errores y las burdas leyendas admitidas por las más preclaras inteligencias de la antigüedad, y ello incluso en siglos relativamente cercanos a los nuestros.

Después del milenio, – Aseguran algunas tesis -, los cielos y la tierra actuales serán destruidos por fuego para dar lugar a los nuevos cielos y a la nueva tierra, en los cuales mora la justicia.

(c) El cielo espiritual. Ya en otra dimensión, en un mundo bien distinto del de las nubes y de las estrellas, se halla la morada del bienaventurado Dios y de Sus ángeles. Pablo parece darle el nombre de tercer cielo, o paraíso.

Allí se manifiesta de una manera directa la presencia del Señor; es la habitación de los ángeles. Cristo descendió del cielo, y allí volvió a subir, por encima de todos los cielos. En el mismo cielo, intercede en favor de los creyentes, y de allí volverá para juzgar a los vivos y a los muertos.

Es también en el cielo que el Señor nos prepara un lugar. De una manera particular, Juan nos da una visión le la morada de gloria, de la belleza, de la santidad, y de la dicha en perfección. Todos los que han lavado sus vestiduras en la sangre del Cordero verán a Dios cara a cara, le adorarán, y reinarán por los siglos de los siglos.

Luego, dice que a lo restante Dios lo denominó Tierra. Son varios los términos hebreos que se traducen “tierra”, pero no se emplean para distinguir la tierra como esfera de la superficie de la tierra, o suelo; tampoco para discriminar entre la superficie general de la tierra y cualquier parte de ella, o territorio, o el material que la constituye.

Así, ADAMAH se refiere generalmente a la tierra como material o suelo: la lluvia cae sobre la tierra; un altar de tierra; el hombre vuelve a la tierra; sin embargo, se refiere con frecuencia a la tierra de Israel: no prolongaréis vuestros días sobre la tierra; a fin de que habites sobre la tierra; los días que viviereis sobre la tierra; la tierra que juré a sus padres.

Otro término, ERETS, tiene un significado más amplio: en algunas ocasiones la tierra como esfera, el globo terrestre, en particular, afirma: Cuelga la tierra sobre nada; también en Isaías 40:15, 25-26 se afirma la pequeñez de la tierra en comparación con el ejército de los cielos.

En otros lugares, este mismo término se usa de distritos. En el Nuevo Testamento, el término GE se emplea para todos los anteriores significados. Se usa simbólicamente como una característica del hombre en su estado natural.

El que es de la tierra es terreno, y cosas terrenales habla. En cada caso, debido a lo amplio de cada término utilizado, la verdadera extensión deberá ser determinada por el contexto. De allí, luego, seremos rotulados como “terrestres” o “terrícolas”, con relación a nuestro lugar de habitación.

En otros textos se alude al mismo concepto vertido por Pedro en su segunda carta. Tal el caso de lo que encontramos en la carta a los Hebreos, un documento sin firma que muchos adjudican a Pablo, por una cuestión de tipo de escritura y formas de expresión.

(Hebreos 11: 3)= Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la Palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.

El término Constituido que encontramos aquí, es la palabra griega KATARTIZO, que puede traducirse como “arreglar, poner en orden, equipar, ajustar, completar lo que falta, alistar, reparar, preparar.”

La palabra es una combinación de KATA, que quiere decir “abajo”, y ARTIOS, que se traduce como “completo, ajustado”. Se la usa para referirse a los discípulos cuando estos remendaban sus redes y cuando se habla de la restauración de un hermano caído.

Esto es lo que, según este texto, la Palabra de Dios utilizó para la creación del universo. El universo, según la Biblia, es el mundo entero creado por Dios, los cielos y la tierra surgidos de sus manos, que el Nuevo Testamento designa con el nombre KOSMOS. Dios ha creado, por su poder, todos los elementos constitutivos del polvo del mundo. Lo hizo con su divino Hijo, que existía juntamente con Él desde antes de la fundación del mundo.

Dio ser al mundo por su Palabra. Este mundo pertenece a su Creador. El mundo no se moverá en tanto que el Señor reine. Constituye a los ojos de todos los hombres una demostración de las perfecciones invisibles de Dios, y es suficiente para establecer la responsabilidad de ellos.

Observa con cuidado que, entonces, la catalogación de universo para todo lo que es exterior al planeta que habitamos, le pertenece al hombre, pero no es título que otorgara Dios. Él ha sido el creador de todo, sin dudas, pero llamó por su nombre a lo que tenía que ver con este planeta.

Lo expuesto, arroja un concepto que nunca o casi nunca se ha dejado ver mucho en este tipo de temas. Que sobre otros planetas u otros mundos en la Biblia no hay nada, sencillamente por la misma causa que no existe tratamiento de otros asuntos que no hallamos en ella: a Dios no le interesaba que nos informáramos de eso.

Pero otra cosa muy importante que nos dice este texto, es que por la fe es que entendemos algo de lo que significa la Creación. ¿Entiendes cual es el principio básico? Simple: que si no tienes fe, además de no agradar a Dios, tampoco entiendes nada de su obra.

(Salmo 24: 1)=De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo y los que en él habitan.

(2) Porque él la fundó sobre los mares, y la afirmó sobre los ríos.

Aquí tienes otro modelo, desde otro ángulo, sobre el mismo tema que venimos hablando. La creación o constitución del universo, que es el planeta, a partir de las aguas. Aquí añade algo novedoso: dice que la fundó sobre los mares, pero que la afirmó sobre los ríos.

A esto, si tú indagas un poco en profundidad sobre lo que es la ciencia biológica y también la geológica, verás que, mientras el agua del mar actúa como perfecto pulmón que oxigena el planeta, la de los ríos sustentan con su potabilidad la vida humana sobre la tierra.

A eso es que David en este salmo denomina como Plenitud, una palabra muy utilizada por todos nosotros para diversas cosas, pero que contiene elementos muy precisos y específicos que imponen su estudio, por lo menos, a modo de repaso.

Plenitud es, en el original griego, la palabra PLEROMA. Aunque se traduce generalmente como “plenitud”, también se vierte como “cumplimiento”, “abundancia” y “plena restauración”. Derivado del verbo PLEROÓ, que significa “llenar”, significa “aquello que es o ha sido llenado”, y también “aquello que llena algo o con lo que se llena algo”.

De ahí su significado de “plenitud” o “cumplimiento”. Aparte de usos más o menos literales, como el del llenado de las doce cestas con sobras, literal: la llenura, o plenitud de … canastas, se usa: (a) de “la plenitud de los gentiles” que indica el cumplimiento del número de los gentiles en esta dispensación de la gracia.

(b) de la “plena restauración” (o “plenitud”) de Israel.

(c) del amor, que no es una mera parte a cumplir de la Ley, sino que es “la plenitud”, el cumplimiento total de las demandas de la Ley.

(d) de la plenitud o cumplimiento del tiempo (A) en la primera venida del Señor y (B) en la segunda venida del Señor cuando Cristo venga “en la dispensación del cumplimiento” (o “la plenitud”) de los tiempos, así: esta expresión denota aquel lapso de tiempo con el que culmina un periodo anterior a él.

(e) Se aplica a la Iglesia, cuerpo de Cristo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo. Así, la Iglesia es la plenitud de Cristo, aquello en lo que Cristo halla Su plenitud de propósito, el cumplimiento último de Sus deseos y propósitos.

A su vez, el creyente tiene como destino ser lleno de toda la plenitud de Dios, unido a Cristo por el Espíritu como miembro de Su cuerpo, y llenado de todos los dones, riquezas y poder y amor de Dios consonantes con su unión con la Cabeza celestial, gozando de Su presencia, gracia y poder.

En Cristo habita toda la plenitud de la Deidad corporalmente, porque en él tuvo a bien que toda la plenitud habitase. Esta plenitud significa la manifestación de la realidad plena de Dios en Cristo de una manera ilimitada, de Su identificación con Él, morando en Cristo en todo Su poder y atributos, en toda Su naturaleza y ser.

Toda la plenitud del ser y naturaleza de Dios habita constante y permanentemente en Cristo. No se puede hacer limitación alguna a esta realidad de que Dios está en Cristo, siendo así Cristo, de una manera plena y perfecta, la manifestación de Dios, el mismo Dios manifestado en toda Su plenitud y totalmente comunicado a Cristo, Dios hecho carne.

Así, Cristo es denominado la imagen del Dios invisible. En palabras de F. F. Bruce: “Llamar a Cristo la imagen de Dios es decir que en Él el ser y la naturaleza de Dios han sido perfectamente manifestadas, que en Él lo invisible se ha hecho visible, ahora se ha concedido una revelación insuperable de Su «eterno poder y Deidad”.

Y esta plenitud de Cristo está en violento contraste con las doctrinas gnósticas, y otras, que pretendían que la plenitud estaba graduada en toda una serie de “eones” o de “emanaciones divinas” que cubrían la distancia entre un Dios totalmente espiritual y el hombre en su naturaleza corporal, en una secuencia cada vez más y más espiritual a través de la que tenía que ascender en una larga cadena de mediación.

En contraste con todo esto, Pablo insiste en la singularidad de la mediación de Cristo, con exclusión de cualquier otro pretendido mediador, y en el hecho de que toda la plenitud habita en Él, siendo esta plenitud la de la Deidad.

Pedro añade, a toda esta argumentación relacionada con los falsos ministros, que por esta razón, el mundo de entonces pereció anegado en agua. Y esto no es una ocurrencia mía. Observa que el verso 6 comienza diciendo por lo cual. Y, que yo sepa, “por o cual” es sinónimo de “por causa de”. ¿Qué fue lo que sucedió?

(Génesis 7: 21)= Y murió toda carne que se mueve sobre la tierra, así de aves como de ganado y de bestias, y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, y todo hombre.

(22) Todo lo que tenía aliento de espíritu de vida en sus narices, todo lo que había en la tierra, murió.

Dice que murió toda carne por causa de ese diluvio. ¿Y por que crees tú que Dios llevó a cabo eso? Te ha sido enseñado por causa de la maldad de ellos. ¿De quienes ellos? De todos los incrédulos. ¡No! ¡Pedro asegura y sostiene que eso sucedió por causa de la maldad de los falsos ministros!

Está bien; pero ya se terminó. Dios mismo ha dicho que nunca más va a volver a hacer eso. Esto significa que, diluvio, nunca más. En todo caso, fuego, tal como interpretan algunos. ¿Y cual sería la causa? La misma: la maldad de los falsos ministros, de gente que dice servir a Dios cuando en realidad está sirviendo a Satanás.

Eso es, casi con exactitud, lo que el mismo Pedro asegura en el verso 7 de este capítulo final de su segunda carta. Que los cielos y la tierra que ahora existen están reservados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos.

¿Quiere decir eso, tal cual se nos ha enseñado a casi todos los cristianos por años, que aquel juicio de Dios que acabó con la vida humana por diluvio de agua, ahora tendrá correlato pero mediante el fuego? Eso es lo que se ha entendido y enseñado. Y, además, se lo ha relacionado con cierta coherencia con una hecatombe de tipo nuclear.

Sin embargo, y por unas cuantas razones, convendría echar una mirada informativa a lo que el fuego representa y significa en su relación con la Palabra de Dios. Por ejemplo, la primera utilización de fuego en la Biblia se halla sobrentendida en el relato del sacrificio de Caín y de Abel.

No se ha llegado a conocer aún a ninguna nación que no haya conocido el uso del fuego; lo que sí se ignora es quién lo enseñó a los hombres. Los pueblos antiguos tenían multitud de leyendas acerca de esto.

Según la mitología griega, Prometeo, habiendo arrebatado a Zeus el fuego del cielo, fue encadenado en una peña por toda la eternidad. El fuego es, evidentemente, indispensable para el hombre.

Sirve para diversas actividades: para la preparación de alimentos, para calentarse. Los holocaustos ofrecidos a Jehová tenían que ser totalmente consumidos por fuego. Era como si el fuego hiciera subir hasta Dios el sacrificio; se decía, metafóricamente, que era un olor suave a Jehová.

El que ofrecía un sacrifico encendía el fuego. Moisés ofreció holocaustos sobre el altar que erigió. Al final de la ceremonia de consagración de Aarón y de sus hijos al sacerdocio, el fuego de Jehová cayó sobre el sacrifico, consumiéndolo totalmente; Dios había aceptado la ofrenda y manifestó su gloria.

El fuego del altar no debía extinguirse nunca. En la inauguración del Templo y del nuevo altar, descendió fuego del cielo, consumiendo el sacrificio. En otras ocasiones, Dios manifestó también su aprobación con fuego del cielo consumiendo el holocausto.

Entre los paganos había adoradores del fuego. Los secuaces del culto de Moloc, Baal y otros idólatras consagraban sus recién nacidos arrojándolos a las llamas. En ocasiones, se agravaba la pena de muerte quemando el cadáver del ejecutado.

Frecuentemente, el fuego simboliza la presencia del Señor, que libera, purifica o consume. De esta manera Jehová se apareció en la zarza ardiente en Sinaí se reveló en medio del fuego a Isaías, Ezequiel, Juan y así aparecerá cuando vuelva.

El fuego es asimismo un símbolo del Espíritu Santo y de la Palabra de Dios. El fuego finalmente figura entre las expresiones relativas al juicio de Dios: Los malvados serán consumidos por el fuego de su ira; conocerán el fuego de la Gehena, el horno ardiente, el fuego eterno, el fuego que no se apaga, el lago ardiendo con fuego y azufre.

Por todo esto que hemos expuesto, resulta más que evidente que el fuego, necesariamente, es una tipología de algo que tiene otro valor, otra entidad, muy por encima de las llamas literales y de las cenizas como resultante de su tarea de destrucción.

Porque la figura del fuego aniquilador desde lo literal y su interpretación moderna con un holocausto atómico, tiene que ver con la interpretación del juicio como castigo, cuando en realidad es un paso previo. Nunca un juicio es sinónimo de castigo, sino el proceso previo donde lo sentencia o no, conforme al resultado de ese juicio.

Es decir que, en ese día al que se alude aquí, la Palabra de Dios genuina, auténtica y totalmente despojada de toda clase de contaminaciones doctrinarias denominacionales o confesionales diversas, será la que separe lo verdadero de lo falso.

¿Quieres saber algo? Ese tipo de juicio ya está en marcha. Resulta imposible para quien desee predicar y enseñar la Palabra de Dios pura. Poder integrarse con lo que hoy por hoy se denomina a sí misma como iglesia. Se lo rechaza, se lo combate, se lo margina y hasta se lo agrede.

Todo en el nombre de un Dios que, en su palabra auténtica, genuina y pura, demandó a su pueblo, a sus hijos por adopción, hacer exactamente lo contrario. Esto, pregunto, ¿Querrá significar algo? Los que procuran servir fiel y limpiamente, saben de lo que estoy hablando.

Los demás, y pido perdón si esta expresión va a sonar un poco soberbia o arrogante, pero a los demás no puedo detenerme a prestarle más atención que la que se les ha prestado. Porque sé muy bien que mientras Dios no les abra espiritualmente sus entendimientos, jamás lo van a ver con claridad.

Eso, independientemente de los prevaricadores. A ellos Dios les abrió el entendimiento y pudieron ver todo aquello de lo que estamos hablando. Pero porque por alguna razón les convenía mantenerse fieles a Babilonia, allí se quedaron. Pero no son ignorantes. Perdónalos Padre…aunque saben muy bien lo que hacen…

(2 Tesalonicenses 1: 6)= Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, (7) y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder.

El hecho de que los Tesalonicenses crecen en la fe y el amor mientras resisten valientemente la persecución, constituye una clara demostración de que Dios actúa en ellos y los prepara para su reino. Un día cambiará la situación; cuando cristo regrese, los perseguidores sufrirán tribulación y los perseguidos encontrarán reposo.

¿Qué te enseñaron con respecto a esto? Que se está hablando del final estableciendo las diferencias entre los cristianos y los incrédulos, ¿No es así? Tal cual. Está bien. Pero cuidado: también se refiere a la diferencia entre los creyentes y los religiosos.

Porque la persecución más virulenta que hoy por hoy los genuinos hombres de Dios están padeciendo, aunque no lo creas, no viene del mundo secular; viene desde adentro de lo que globalmente llamamos “iglesia”, pero que tú y yo ya sabemos que es iglesia y Babilonia.

Dice que eso será cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo, lo cual será parte de los acontecimientos que acompañen Su regreso en el Día del Señor, los malvados, sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor. Los inicuos serán excluidos para siempre de su presencia, mientras que los salvos estarán “siempre con el señor”. La diferencia es eterna.

Allí lo tienes. Ahora piensa un momento. Yo sé muy bien que, hasta hoy, tú has tomado como salvos a los que van a la iglesia, y como malvados a los que no lo hacen. Si nos dejamos llevar por una primaria impresión, es así, sin dudas.

Porque alguien que no cree en nada muy difícilmente vaya a un templo a adorar o alabar a un Dios en el que no cree, mientras que el que sí concurre, es porque cree en alguien o algo superior que está por encima de sí mismo.

Sin embargo, déjame hacerte una pregunta que quizás te haga reflexionar: ¿Quién crees tú que reviste mayor calidad de malvado delante de Dios: aquel que no cree en nada y jamás se ocupó ni preocupó en las cosas de Dios, o aquel que conociéndole, ha decidido traicionarle de alguna u otra manera trabajando para Satanás desde adentro de las congregaciones cristianas?

No me lo digas, sólo piénsalo. Mucho cuidado, no tiene una respuesta absoluta ni pontificia. Tiene más de una lectura y se debe examinar con cuidado y prolijidad. Pero convendrás conmigo que, cualquiera sea la respuesta que has hallado, dista mucho de parecerse a la que se te enseñó en las escuelitas dominicales de tu niñez, ¿No es así?

(1 Corintios 3: 12)= Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, (13) la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cual sea, el fuego la probará.

Esto es más de lo mismo anterior, pero con otras connotaciones, con otras implicancias, con otras ampliaciones de conceptos que nos permiten indagar más a profundidad lo dicho. El fuego (LA Palabra auténtica), probará las o la obra de cada uno de nosotros.

¿Y que es lo que dice? Que si alguno edificare oro. ¿Y que significado tiene edificar con oro? No lo sé, veamos la historia de este elemento. Era un metal precioso; en la antigüedad se extraía: del país de Havila, de Sabá, de Ofir.

Se empleó en profusión para recubrir los accesorios del Tabernáculo, así como para el mobiliario y la decoración del Templo. Se hacían de este metal: ídolos, coronas, collares, anillos, pendientes. Después se empezaron a acuñar monedas de oro.

A causa de su brillo, de su maleabilidad, ductilidad e inalterabilidad, el oro ha sido extremadamente apreciado desde el comienzo de la Historia. Según los relatos que nos han venido de la antigüedad, y de los recientes descubrimientos, es evidente que ha sido empleado en el pasado en cantidades desconocidas en nuestra época.

Una gran parte de nuestras reservas de este metal se conservan en forma de moneda o de lingotes, por lo que escapan a su utilización en las artes aplicadas. Por otra parte, el oro no se usaba en demasía como medio de intercambio, y el patrón oro para el dinero es una institución relativamente reciente.

Desde el Génesis se hacen alusiones a grandes riquezas consistentes en objetos o joyas de oro, como las: de Abraham, de los egipcios, de los israelitas, de los madianitas; más tarde, de David, de Salomón, de la reina de Sabá, sin hablar de las grandes cantidades que se emplearon para el Tabernáculo y para el Templo.

Estas descripciones bíblicas están en total acuerdo con diversas fuentes de la antigüedad, en particular con los antiguos relatos de historiadores profanos, y con la profusión asombrosa de oro en la decoración de ciertos templos, palacios y sepulcros (como el del faraón Tutankhamon).

El historiador Atenea relata que la pira funeraria de Sardanapalo estuvo ardiendo durante quince días, consumiendo montones de madera de sándalo y oro en enormes cantidades. Si las excavaciones arqueológicas permiten el constante hallazgo de tesoros de este precioso metal, se tienen que tener en cuenta todas las cantidades que han sido anteriormente saqueadas por los ladrones de tumbas, y destruido o vuelto a fundir a lo largo de los siglos.

El oro es un símbolo de integridad y de gran valor. El refino del oro en el crisol sirve de imagen para la purificación del pueblo de Dios en el horno de la prueba. En la tipología del Tabernáculo, así como la plata representa el rescate de cada israelita, el oro parece simbolizar lo divino e inalterable en el santuario.

El arca, que es el tipo más completo de Cristo, estaba hecha de madera de acacia recubierta de oro, lo mismo que la mesa de los panes de la proposición y el altar de incienso, mientras que el candelero de siete brazos era de oro puro.

Lo que sigue en esta supuesta edificación, es la plata. Este es otro metal precioso. El mineral se extraía del suelo. Se fundía en un crisol para purificarlo de las escorias. La plata provenía de Arabia y de Tarsis.

En la literatura apócrifa también se menciona a España (Tarsis en la canónica) como fuente de suministro de plata. Desde la más remota antigüedad se usaba la plata para el trueque. La cantidad pedida se pesaba; la unidad de peso era el siclo, porque la acuñación no fue conocida hasta más tarde.

Los judíos no empezaron a acuñar moneda hasta mucho tiempo después del cautiverio babilónico. La plata permitía la fabricación de diversos objetos personales; de coronas; de instrumentos de música, como trompetas.

Los ricos poseían utensilios de plata; José bebía de una copa de plata. El Tabernáculo y el Templo demandaron grandes cantidades para su construcción: para las basas, las columnas, los capiteles, las molduras, los platos, los jarros, los tazones y cuchillos, los candeleros de diario y las mesas. La plata se usaba asimismo para hacer ídolos y reproducciones de templos paganos.

A renglón seguido, se mencionan las edificaciones con piedras preciosas. La Biblia menciona la mayor parte de las piedras preciosas que se conocen en la actualidad, pero es, en ocasiones, difícil hallar la correspondencia exacta entre los nombres que se hallan en las lenguas originales con los de nuestra nomenclatura actual.

Se pueden destacar, en particular, tres listas de estas gemas: las doce piedras grabadas del pectoral del sumo sacerdote; las nueve piedras del ornato del rey de Tiro (en tanto que en la LXX se añaden doce, y las doce piedras de los cimientos de la Nueva Jerusalén.

Las piedras preciosas eran utilizadas para: confeccionar los ornamentos sacerdotales y reales, ofrecer ricos presentes, servir de adorno femenino, la decoración del Templo, conseguir acumular un gran valor en poco volumen, servir de sello.

Ciertos pasajes indican el origen de estas piedras. Con frecuencia se citan las piedras preciosas como símbolo: de esplendor celeste, de belleza resplandeciente, de gran valor, de dureza extremada, de duración inalterable, y de un color particular.

(a) Ágata. (Nombre que se deriva del de un río de Sicilia, donde abundan estas piedras). Se presenta bajo diversas especies de cuarzo coloreado: amatista, calcedonia y jaspe. Sobre el pectoral del sumo sacerdote, la ágata era la piedra central de la tercera hilera de piedras preciosas. (En hebreo. SEBO. También es mencionada en Apocalipsis 21:19 como tercer cimiento de la Nueva Jerusalén.

(b) Amatista. (El nombre hebreo AHLAMA, sugiere la idea de una piedra preciosa que hace delirar). Piedra de gran valor, la última de la tercera hilera sobre el pectoral del sumo sacerdote. El duodécimo cimiento de la Nueva Jerusalén es de amatista.

Se trata de una variedad transparente de cuarzo. Es límpida, púrpura o de color morado tendiendo al azul, se cree que el origen de este color es el manganeso. Los hebreos podían conseguir la amatista en el país de Edom, en Egipto, Galacia, Chipre pero los más bellos especimenes se conseguían de la India y de España.

(c) Berilo. En hebreo TARSHISH; piedra preciosa relacionada indudablemente con el lugar de origen de la primera piedra de la cuarta hilera del pectoral. Ninguno de los pasajes da indicación alguna del color de esta piedra.

Hay algunos comentaristas que traducen el TARSHISH de Cantares 5:14 por topacio y TARSHISH de Éxodo 28:20 por calcedonia. En la LXX se traduce como crisolito, y como ANTHRAX, que se traduce “carbunclo”, en Ezequiel 10:9.

El término griego BERYLLOS de Apocalipsis 21:20 se traduce como berilo, para designar el octavo fundamento de la Nueva Jerusalén. El berilo es un mineral de roca, formado especialmente por sílice y aluminio; por lo general es de color verde o verde azulado; aparece también en variedades azules, rosas, amarillas, o de color de aguamarina; está emparentada con la esmeralda.

(d) Carbunclo. En hebreo BAREKETH y BAR’KATH: brillante como el rayo; la primera piedra de la segunda hilera del pectoral. En la LXX, la Vulgata y Josefo no se traduce como carbunclo, sino como esmeralda.

En hebreo ‘EKDAH, “resplandor”, “chispa”. Piedra luminosa que tiene el aspecto de un carbón ardiendo. La LXX traduce ANTHRAX, en latín CARBUNCLUS. Según el naturalista y minerólogo Dana, Plinio da el nombre de carbunclo a tres piedras diferentes: al granate, al rubí y al zafiro.

El granate, que Plinio clasifica entre los carbunclos, es el granate noble, llamado asimismo granate oriental, o almandino. Su transparencia y color son magníficos. Los granates más bellos vienen de Pegou, en la Baja Birmania. El rubí es el espinela, de un rojo claro o solamente translúcido. En cuanto al zafiro, ver en su apartado correspondiente.

(e) Coral. En hebreo RA’MOTH. Esta sustancia era clasificada entre las más preciosas. Los mercaderes arameos llevaban el coral a los mercados de Tiro. Se extraía del Mediterráneo y del mar Rojo, y con él se fabricaban collares y amuletos.

El coral es el esqueleto calcáreo de cienos pólipos. Se trata de zoófitos provistos de una boca con tentáculos. El pólipo fijado a la roca se multiplica y forma polímeras, análogas a pequeños árboles hechos de zoófitos medio separados y medio adheridos.

El carbonato de calcio que constituye el esqueleto del coral proviene del agua. Con frecuencia, el coral adopta el aspecto de un hermoso árbol ramificado, o de un arbusto, de donde viene su nombre de zoófito (animal con el aspecto de una planta).

Algunas especies llegan a formar grandes arrecifes. El hebreo PENINIM parece más incierto. En Lamentaciones 4:7 la versión Reina-Valera traduce “coral”, junto con la mayor parte de las otras versiones. Algunos, sin embargo, traducen “rubíes”; la misma Reina-Valera traduce este término por “piedras preciosas” en el Proverbio 3:15.

(f) Cornalina o cornerina. Variedad de calcedonia que los griegos llamaban sardio. Piedra preciosa constituyendo el sexto cimiento de la Nueva Jerusalén. Los antiguos llamaban sardiones a dos tipos de piedras, que distinguían por su color: La variedad de un rojo transparente, que es asimismo una cornalina, pero para la que se reserva el nombre de sardio.

Plinio dice que los sardios se hallaban cerca de Sardis, de donde procedía el nombre, pero que las variedades más bellas procedían de Babilonia. En la actualidad, las cornalinas más bellas proceden de la India. Algunas proceden de Arabia.

Es posible que los antiguos hebreos las consiguieran de este último país. En el AT, el término sardio traduce el hebreo ‘ODEM, piedra enrojecida; figuraba como primera piedra en la primera hilera del pectoral. El rey de Tiro se adornaba con ella. Hay exegetas que opinan que se trata de rubíes, pero la LXX traduce ‘ODEM como sardio.

(g) Crisolito. En griego.: “piedra de oro”. Mineral constituido especialmente por silicio y magnesio; hay dos variedades de crisolitos, una noble y otra común. La piedra preciosa transparente es de un verde amarillento y claro; se halla en el Medio Oriente; se ignora si el crisolito de Plinio, el del Nuevo Testamento, tenía color de oro, o si se trataba de un topacio. El crisolito constituye el séptimo cimiento de la Nueva Jerusalén.

(h) Crisopraso. En griego.: “piedra de verde dorado”. Variedad de calcedonia de tintes verde manzana, color debido a la presencia de óxido de níquel. El más conocido proviene de Silesia. El crisopraso forma el décimo cimiento de la Nueva Jerusalén.

(i) Diamante. Mineral de una dureza y brillo incomparables; es transparente y puede adquirir una pulimentación maravillosa. El diamante es carbono puro cristalizado. Se cree que no había sido conocido entre los hebreos, ni incluso por los antiguos griegos.

Es mencionado por primera vez de una manera inequívoca por el poeta latino Manilius (alrededor del año 12 d.C.), y Plinio lo describe sin posibilidad de confusión en su Historia Natural, aparecida dos años antes de su muerte (79 d.C.).

La piedra que los griegos y romanos conocieron con el nombre de adamas (invencible) era posiblemente una especie de corindón, la piedra más dura después del diamante. En la versión de Reina-Valera se traducen dos términos como diamante: YAHALOM, piedra preciosa, traducida “jaspe”, la tercera de la segunda hilera del pectoral del sumo sacerdote.

La LXX traduce “ónice” A SHAMIR, piedra dura, tallada en punta, para grabar. En otros pasajes se menciona el diamante como símbolo de dureza.

(j) Esmeralda, Hebreo NOPHEK. Era la tercera piedra de la primera hilera del pectoral. Los sirios llevaban esta piedra preciosa a Tiro; los tirios hacían ornamentos con ella. No se sabe con exactitud de qué piedra preciosa se trata, y es con dificultad que se distingue entre esmeralda y carbunclo, sea en la LXX, en la Vulgata, o en las versiones modernas.

En el griego SMERAGDOS, piedra preciosa de un bello color verde. Es posible que designara a cualquier cristal de color verde. Se usaba como sello; el arco iris es comparado con ella; es el cuarto cimiento de la Nueva Jerusalén.

La esmeralda es una variedad del berilo; se distingue por su coloración, de un verde brillante, del tipo del berilo, que la tiene de un color verde pálido al azul claro, al amarillo o al blanco. El color del berilo proviene del hierro, en tanto que el de la esmeralda le viene dado por el cromo. Las esmeraldas se hallaban en el pasado en Chipre, en Egipto y en los montes de Etiopía.

(k) Jacinto. Piedra preciosa que forma el undécimo cimiento de la Nueva Jerusalén. Se hace alusión a su color, que es incierto. Ciertos comentaristas piensan que se trata de un zafiro de color azul. El término hebreo, traducido, en ocasiones, por jacinto figura asimismo en Éxodo 28:19 donde designa la primera piedra de la tercera hilera del pectoral. Es posible que se trate de un ópalo o de ámbar (Véase también Ópalo en este mismo articulo).

(l) Jaspe, del hebreo YASH’PHEH; y del griego IASPIS. El jaspe es una variedad de cuarzo: rojo, marrón, amarillo, verde o gris, y opaco. Los antiguos daban al término jaspe un sentido más amplio. Según Plinio, este término designaba asimismo una piedra preciosa transparente o translúcida, de color verde, por lo que se trataría de una especie de calcedonia o de ágata. La LXX traduce el término hebreo por ónice.

(m) Ónice, Del griego ONYX, “uña”. Traducción del hebreo SHOSHAM, que designa una piedra preciosa, que se hallaba en el país de Havila. Dos piedras de ónice que llevaban, cada una, los nombres de las seis tribus de Israel y estaban fijadas a las hombreras del efod del sumo sacerdote.

La segunda piedra de la cuarta hilera del pectoral era asimismo de ónice. David reunió ónices para el Templo que su hijo iba a construir. Esta piedra es una variedad de la ágata (de cuarzo) con rayas de diferentes tintas.

(n) Ópalo. Del hebreo LESHEM, primera piedra de la tercera hilera del pectoral. La LXX, Josefo y la Vulgata vierten “ligurio”, piedra que no ha sido identificada. Es posible que se trate del jacinto, como lo traduce la versión Reina-Valera (véase el párrafo más arriba dedicado a la piedra jacinto). También se ha propuesto el ámbar.

(o) Rubí. Para el sentido de P’NINIM véase CORAL. Los rubíes son mencionados en Isaías. 54:12; Ezequiel. 27:16. En Cantares 5:14 algunas versiones traducen “rubíes” y Reina-Valera, “jacintos”. El sentido de la expresión es incierto y es posible que designe de manera general una piedra roja que los traductores interpretan de diversas maneras.

(p) Sardio. Véase CORNALINA en este mismo artículo.

(q) Topacio. Del griego TOPAZION, probablemente el hebreo PIT’DAH. Era la segunda piedra de la primera hilera del pectoral. Se encontraba en Etiopía, y en una isla del mar Rojo. Los tirios la conocían. Constituye el noveno cimiento de la Nueva Jerusalén. El topacio de los antiguos era una variedad amarilla del corindón.

(r) Zafiro. Del hebreo SAPPIR; Y del griego SAPPHEIROS. Era la piedra central de la segunda hilera del pectoral del sumo sacerdote. Constituye también el segundo cimiento de la Nueva Jerusalén.

Los príncipes de Israel son comparados a zafiros. El zafiro era una piedra de gran valor. El zafiro es una variedad de corindón cristalizado azul transparente, siendo las otras dos el corindón propiamente dicho y el esmeril.

La dureza de esta piedra sólo es sobrepasada por la del diamante. Procede de la India, Ceilán y Etiopía. Nota: La ágata que aparece en Apocalipsis 21:19 es una traducción de CHALKEDON, KALKEDON, de la ciudad de Asia Menor.

Se trata de una variedad de ágata que se halla en Calcedonia, en Asia Menor. Traducida en la revisión antigua de Reina-Valera como calcedonia, se traduce en las modernas revisiones como “ágata”. (Véase Ágata en este mismo artículo.)

La calcedonia había sido considerada como una variedad distinta del sílex, pero en la actualidad es considerada como una variedad de cuarzo; es dura, estando constituida sobre todo de sílice; de color lechoso, puede también llegar a un gris pálido, marrón, azul, etc.

Al no estar perfectamente cristalizada, presenta frecuentemente venas de cuarzo en nódulos semejantes a los granos de un racimo, o a estalactitas. Esta piedra no parece haber recibido el nombre de calcedonia hasta la Edad Media. Parece, así, que el apóstol Juan quiso con este nombre designar otra piedra, quizá la esmeralda de Calcedonia o el jaspe de este país.

No es mi intención desviarme de nuestro tema central para realizar un estudio profundo sobre los símbolos que están encerrados en las piedras preciosas, pero cualquiera puede observarlos casi a simple vista y tienen que ver con la esencia del texto del cual hemos tomado esto.

En cuanto a la madera, que es insertada en el marco de estas edificaciones, el hebreo ‘ES se dice para madera viva (árbol) y para madera muerta: madera de construcción, leña para el fuego, madera para muebles, también con el significado de poste, mango, mango de un hacha.

Asimismo el griego SILON. El Nuevo Testamento conoce la contraposición de la madera verde a la seca, conocida igualmente en la literatura judía posterior: Jesús es la madera viva, verde, que no es atacada tan fácilmente por el fuego; Israel, la madera seca.

Además se habla también: de la madera de construcción, de un garrote, de un cepo. Por el sentido deshonroso que ya en el griego profano adquirió la palabra “madero” “como instrumento de castigo”, surgió el significado de “cruz”, característico del Nuevo Testamento; así la cruz es llamada madera de maldición.

El Antiguo Testamento conoce la madera de acacia, cedro, ciprés, pino, roble, sicómoro, así como, según interpretación corriente, la madera de sándalo. Apocalipsis 18:12 menciona la madera de tuya, del África del Norte.

Los carpinteros (literalmente: artesanos [en madera, en piedra, en metal]) aprendieron su oficio, en parte, de los fenicios, y parece que, bajo el rey Josías, hicieron ya trabajos independientemente. Entre las maderas más estimadas figura la acacia, o “madera de Sitim”, denominada también “madera incorruptible”.

Su tronco exuda un líquido oloroso que es la conocida goma arábiga. Su madera (muy apreciada por lo resistente, fuerte y ligera) fue utilizada por Moisés para la construcción del Arca, de la mesa de los panes de la proposición, del altar de los holocaustos, del altar de los perfumes, los tablones que debían construir la parte sólida del tabernáculo y de todo lo demás que componía el santuario portátil de Jehová.

No hay referencias abundantes en cuanto al Heno y la Hojarasca, pero por sí mismos hablan de lo de menor cuantía, de lo de menor valor, de lo que nadie o casi nadie utilizaría como material de edificación si se piensa en que esa edificación soporte tempestades o crisis.

Pero es a continuación de todo esto, que Pedro en su texto base consigna algo que luego, con el correr de todos los tiempos, llega a ser un verdadero clásico de la inmensidad y la eternidad de Dios. Allí es donde asegura que para Él, un día es como mil años y mil años como un día.

La perspectiva divina del paso del tiempo responde a una crítica que antes se le había hecho a Dios por una supuesta “tardanza” en relación a su venida. Eso constituye una reacción humana ante el cálculo divino del tiempo.

Ahora veamos: ¿Alguien ha tomado en serio esta palabra? ¡Calma! ¡No te fastidies! Ya sé que te has tomado en serio toda la Biblia, pero vuelvo a preguntarte: a esta palabra, específica, de que para Dios un día es como mil años y mil años como un día, la has tomado con la misma seriedad conceptual que las demás?

Porque fíjate que si tomamos a esta palabra con la misma profundidad que a las demás, nos encontraremos, por ejemplo, de inicio, que la creación de Dios pudo haber durado siete mil años nuestros, más que los siete días literales que vemos en Génesis.

Y también que los dos mil años que lleva el cristianismo como tal, apenas son dos días de Dios. Y si partimos de esa base en Cristo, hallaremos cierta coherencia con los tiempos vividos. Un primer día de Cristo en la cruz, padeciendo, siendo escarnio y burla, tal como vivieron los cristianos del primer milenio.

Un segundo día de muerte física y descenso al infierno para vencer a Satanás en la batalla final. Compatible con lo vivido por el pueblo de Dios en el segundo milenio, su lucha contra los demonios, la guerra espiritual y todo lo que has conocido en el siglo veinte recién finalizado.

Y ahora el tercer milenio de la iglesia, en él estamos desde el 2001. Tercer día de Dios. Tercer día de Jesucristo. Día de victoria, de resurrección y de gloria. No me gusta profetizar sobre bases endebles, pero…¿No encuentras en esto una llamativa y asombrosa coincidencia?

(Salmo 90: 4)= Porque mil años delante de tus ojos son como el día de ayer, que pasó, y como una de las vigilias de la noche.

Entiende esto porque vas a tener una visión de Dios un poco más amplia que la que quizás hayas tenido hasta ahora. Dice el salmista, (No un científico loco, sino Moisés, autor de este salmo), que mil años son para Dios como un día que ya pasó. Y dice más: dice que esos mil años son como una de las vigilias de la noche.

El día hebreo se dividía en vigilias de tres horas cada una. Quizás las de la noche podían parecer más extensas para aquellos que debían cumplir alguna tarea o función en ese lapso, pero eran de todos modos, tres horas en cada caso. Y aquí compara a mil años con UNA de esas vigilias.

Esto nos habla de un concepto de eternidad que de ninguna manera podemos entender. Tu mente es humana, mortal y por consecuencia, finita. Un día nació, luego se desarrolló, hoy está viviendo y un día se muere. Dime de que modo una mente así puede entender lo que significa eternidad.

Concluye el apóstol señalando que no se trata que Dios esté retardando su promesa, sino que ejercita su infinita paciencia no queriendo que ninguno perezca. ¿Cómo? – Piensas -. ¿Qué NINGUNO perezca? ¡Si se están muriendo cristianos todos los días en todo el planeta! ¿Cómo entiendo esto?

Lo entiendes como es: espiritual y no físico. La muerte física nos interesa demasiado a nosotros, que estamos aferrados a esta caja descartable llamada cuerpo, pero no a Dios. A Dios, la muerte física no le interesa en lo más mínimo, todo lo contrario. Por tanto Él está hablando aquí de que ejercita paciencia esperando que los que van a morir espiritualmente, puedan salvarse.

Eso te abre la cabeza en una nueva dimensión. Esto te deja claramente en evidencia que, si alguien se convierte a Jesucristo porque está enfermo y espera, dando ese paso, salvar su vida física, no siempre obtendrá ese resultado.

Si Dios va a usarlo en beneficio de su reino, quizás obre en esa persona una sanidad milagrosa que le permita seguir en la tierra durante un tiempo más. Pero si todo está hecho y no es necesaria esa persona en grado sumo para un trabajo específico, se lo lleva a su lado y final feliz, ¿Entiendes?

No. Seguramente que no lo entiendes. El ser humano tiene tremendos inconvenientes para entender a Dios. Porque allí radica precisamente el error: evaluar a Dios. ¡Hombre tonto! ¿Con que dimensión mental vas a evaluar a un Dios eterno? La solución es la fe. Dios lo dice, yo lo creo., Punto.

¡Pero hermano! ¡Debemos analizar las cosas para entenderlas! – Las cosas cotidianas del mundo, sí. Pero las cosas de Dios no se analizan. O se creen y se disfrutan, o no se creen y te las pierdes. Así de sencillo.

(Romanos 2: 4)= ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?

Dice que la benignidad de Dios es la que nos guía al arrepentimiento. Benignidad, es una cualidad de benigno. Y ser benigno significa ser afable, benévolo, piadoso, templado, suave y apacible. Todo eso es Dios. Todo eso produce en nosotros la necesidad de arrepentirnos.

¿Y que significa arrepentirse? Mira; el arrepentimiento tiene varias connotaciones que hemos enseñado en otros estudios. Hemos dicho que implica un retorno a un punto alto en el cual en algún momento estuvimos. Pero hay otras visiones más…académicas que también conviene repasar.

Hay varias palabras que en las lenguas modernas expresan una verdad central en la historia de la Revelación de Dios a los hombres. Tanto en el hebreo como en el griego bíblicos, hay varias palabras para expresar la conversión del pecador a Dios.

La necesidad del arrepentimiento para entrar en el reino de Dios es algo que el Nuevo Testamento afirma tajantemente. En el Antiguo Testamento, este término se aplica también a Dios, mostrando cómo Dios, en su gobierno sobre la tierra, expresa su propio sentimiento acerca de los sucesos que tienen lugar sobre ella.

Pero esto no choca con Su omnipresencia. Son dos los sentidos en que se habla del arrepentimiento con respecto a Dios.

(1) En cuanto a Su propia creación o designación de objetos que después no corresponden a Su gloria. Se arrepintió de haber hecho al hombre sobre la tierra y de haber puesto a Saúl como rey sobre Israel.

(2) En cuanto a castigos de los que ha amenazado o bendiciones que ha prometido. Cuando Israel se apartaba de sus malos caminos y buscaba a Dios entonces Dios se arrepentía del castigo que Él había dispuesto.

Por otra parte, las promesas de bendecir al pueblo de Israel cuando estaba en la tierra fueron condicionadas a su obediencia, de manera que Dios, si ellos hacían lo malo, se arrepentiría del bien que Él les había prometido. tanto a Israel como, de hecho, a cualquier otra nación.

Entonces alteraría el orden de Sus tratos hacia ellos. En cuanto a Israel. el Señor llega a decir: Estoy cansado de arrepentirme. En todo esto entra la responsabilidad humana, así como el gobierno divino.

Pero las promesas incondicionales» de Dios, dadas a Abraham, Isaac y Jacob, no están sujetas a arrepentimiento. Porque los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables.. Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre, para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?.

Y esto tiene que mantenerse así con respecto a cada propósito de Su voluntad. Con respecto al hombre, el arrepentimiento es el necesario precursor de su experiencia de la gracia de Dios. Se presentan dos motivos para el arrepentimiento: la bondad de Dios que guía al arrepentimiento, y el juicio que se avecina, en razón del cual Dios manda a todos los hombres ahora que se arrepientan; pero es de Su gracia y para Su gloria que se abre esta puerta de retorno a Él.

Él allega para sí al hombre en Su gracia en base a que Su justicia ha quedado salvaguardada por la muerte de Cristo. De ahí que el testimonio divino es del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo.

El arrepentimiento ha sido definido como un cambio de mente hacia Dios que conduce al juicio de uno mismo y de los propios actos. Esto no sería posible si no fuera por el reconocimiento de que Dios es misericordioso.

También se habla de arrepentimiento en relación con un cambio de pensamiento y de acción allí donde no hay mal del que arrepentirse. En la predicación apostólica el arrepentimiento es uno de los temas centrales; ya desde la predicación de Jesús lo encontramos como una de las exigencias del reino, y el día de Pentecostés, en su sermón, Pedro termina invitando a los oyentes a arrepentirse de sus pecados y convertirse a Cristo.

En el Nuevo Testamento la palabra “arrepentimiento” es, por lo general, la traducción de la palabra METANOIA, que significa cambio de actitud, cambio de modo de pensar o de plan de vida. Éstos y muchos otros pasajes del Nuevo Testamento nos indican la centralidad de esta realidad y de esta doctrina en el mensaje de Cristo y de los apóstoles.

La traducción de la palabra original griega METANOIA por “penitencia”, que hacen algunas ediciones catolicorromanas, no solamente es un error, sino que contradice la esencia fundamental del Nuevo Testamento.

(031) El Día que Llegue Su Día…

(2 Pedro 3: 10)= Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.

(11) Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡Como no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, (12) esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose serán deshechos, y los elementos, siendo quemados se fundirán!

(13) Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.

Lo he enseñado en más de una ocasión y siempre ha despertado asombro. La enseñanza clásica que todos recibimos respecto a este y otros textos con similar contenido, nos habla de un regreso del Señor que será súbito e inesperado.

Los creyentes aún esperan el cumplimiento de sus promesas, a pesar de los burladores de los cuales ya estuvimos hablando. Pero asegura que la futura tierra será inhabitable después que la actual se destruya.

Esa es la enseñanza clásica, la que concluye con una gran hecatombe y la destrucción de todo. A mí siempre me quedó una pequeña duda al respecto. A esto que termino de decir, cuando hablamos con los incrédulos y les presentamos el plan de salvación, ¿Podremos llamarlo “buenas nuevas”?

Lo cierto es que Él retornará – Dice -, como ladrón en la noche. Eso es lo que se nos ha enseñado. Mal. No es él quien retornará como ladrón en la noche según este texto: es el día del Señor. Y que sea como ladrón en la noche, se nos ha enseñado que tiene que ver con lo imprevisto, lo inesperado, aquello para lo cual nunca estamos preparados. Ladrón en la noche.

No diré que está mal porque resulta coherente y está bien aprenderlo así. Sólo una duda y una pregunta: ¿Lo único que hace un ladrón en la noche es aparecerse sin previo aviso a una hora que nadie sabe y por un sitio que nadie espera?

No. Un ladrón en la noche hará todo eso con una intencionalidad básica y fundamental: robar. Porque un ladrón eso es lo que hace, robar. ¿Y que será robar? Quedarse con algo que a uno no le pertenece sin permiso de sus legítimos propietarios. Eso es robar. Eso hacen los ladrones, tanto por la noche como de día.

¿Entonces? Entonces nada. Sigamos estudiando y enseñando que el señor vendrá en cualquier momento, sin previo aviso, tal como lo haría un ladrón en la noche. Pero, en paralelo, también podremos enseñar que el día del Señor será muy especial porque Él vendrá a llevarse, en primer término, lo que no le pertenece. Tal como lo haría un ladrón en la noche.

¿Recuerdas la enseñanza aquella de que el final sería como en los días de Noé, donde entendimos que si era igual a esos días, los que iban a ser llevados iban a ser los impíos, igual que en aquel entonces, y no los justos, que estaban seguros en el arca.

Esto será del mismo modo, ya que una cosa tiene que ver con la otra. Primero desaparecerá la cizaña, que es palabra falsa, que también incluye a hombres que la usan en su beneficio. Solamente cuando eso desaparezca, los justos podrán resplandecer. Los que hayan quedado, dice…

Después viene la otra parte, la de los elementos ardiendo que caen deshechos. ¿Qué has aprendido tú sobre esto? Que se trataban de estrellas, soles, lunas, planetas o quien sabe que cosas. En suma: “El fin del mundo”, ¿No es así?

Sí, yo también aprendí eso- – ¿Es que no va a ser así, hermano? – ¡Ah, no! ¡No lo sé! ¡Quizás sí, que sé yo! Pero al margen de eso, que pertenece pura y exclusivamente a la soberanía de Dios, que puede hacer lo que se le da la gana con su creación, tengo que decirte que el texto no dice exactamente lo que nos dijeron que dice, dice otra cosa. Vamos a verlo, ¿Quieres? Después si quieres entender lo mismo que ya sabías, es un problema y una decisión tuya.

Dice que los elementos ardiendo serán deshechos. La Nueva Versión Internacional, que está traducida directamente de los originales al español, sin pasar por el inglés como sucede con la mayoría de las versiones clásicas, dice, en lugar de elementos “deshechos”, elementos destruidos.

Entonces deberemos recalar, necesariamente, en esta palabra que resulta clave: ELEMENTOS. Y allí es donde nos encontramos con que tiene un significado muy diferente al clásico que saltaría a primera lectura. Observa los siguientes textos:

(Colosenses 2. 20)= Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿Por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos, (21) tales como no manejes, ni gustes, ni aún toques, (22) (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso?

¿Qué te parece? ¿Qué crees que puedan ser los rudimentos del mundo? En principio, tengo que decirte que, la palabra RUDIMENTOS, se traduce de una palabra griega que originariamente se refería a un triángulo situado sobre un reloj de sol para determinar la hora por medio de la sombra que ese triángulo proyectaba. Desde allí comenzó a aplicarse a ir ordenadamente, a avanzar poco a poco, a comenzar (Atención; toma nota de esto) por las cosas elementales, a aprender las letras del alfabeto.

En el Nuevo Testamento, a esta palabra se la utiliza (Toma nota otra vez) para referirse a las verdades elementales. Es un término, para redondear la idea, que se aplica a los primeros y más sencillos principios de alguna ciencia, de la literatura o de alguna doctrina religiosa, ¿Entiendes?

Esto quiere decir que, RUDIMENTOS, en realidad, son los ELEMENTOS básicos del lenguaje que la ha formado. Muy bien; con esta misma palabra que aquí se traduce como RUDIMENTOS, se escribe ELEMENTOS en Pedro 3:10. Hay otra escritura que amplía y confirma esto.

(Gálatas 4: 3)= Así también nosotros, (Está hablando de nosotros, de ti o de mí, no de mundanos incrédulos, pecadores e impíos, ¿Entiendes?) cuando éramos niños, estábamos bajo esclavitud, bajo los rudimentos (Es decir: elementos) del mundo.

(Verso 9)= Mas ahora, conociendo a Dios, o mas bien, siendo conocidos por Dios, ¿Cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos (Otra vez: Elementos) a los cuales os queréis volver a esclavizar?

En primer término, tendré que decirte que este texto, parecería haber sido escrito esta mañana, hace sólo un momento, por alguna persona miembro de cualquier congregación más o menos conocida. Ocurre con muchos otros de la Biblia, libro al que muchos teólogos consideran “de riqueza histórica”. Ohhh…

Es importante señalar que, los rudimentos de los cuales se habla aquí, o su sinónimo: Elementos, está íntimamente ligado y relacionado con el legalismo. Judío en principio, pero con todos los legalismos ritualistas y fundamentalistas que usted quiera agregarle después.

El culto a las leyes, los estatutos y las ordenanzas humanas, generalmente impuestas por ciertas iglesias para reemplazar una inexistente presencia, unción y poder de Dios, esclaviza, adormece, intoxica y mata. Cizaña. Rudimentos. Elementos. (Puedes leer un estudio precisamente titulado así: “El Fuego de los Elementos”, que está en la ventana de “Crecimiento” de nuestra web).

(Mateo 24: 43)= Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a que hora el ladrón habría de venir, velaría y no dejaría minar su casa.

En este texto están los fundamentos de la enseñanza clásica. Obviamente, no podemos desestimarla porque tiene excelentes bases. Pero lo que no debemos hacer es detenernos, cristalizarnos en ella. Ya has visto que hay más con respecto al ladrón en la noche.

Lo que sí resulta más que evidente es que, en tiempos de indiferencia y descuido, aparecerá súbitamente el Señor. Algunos serán arrebatados para recibirle en lo alto, en tanto otros serán dejados. La idea de tal acontecimiento nos obliga a estar vigilantes y preparados.

Este es el complemento más que conocido de la enseñanza tradicional. Que es muy buena desde el punto de vista que nos prepara para no estar espiritualmente dormidos, sino atentos, vigilantes y, principalmente, como se nos dice en todo el contexto: velando.

No obstante, todo lo demás que podemos ver, estudiar y escudriñar al respecto, lo que nos permite de sobremanera, es indagar mucho más profundamente este acontecimiento. Y eso, a su vez, nos posibilita preparar un mapa que por allí no resulta tan simplista como el que conocemos.

(1 Tesalonicenses 5: 2)= Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche: (3) que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán.

Una vez más, en este texto, se nos dice que lo que vendrá como ladrón en la noche, es el día del Señor. ¡Pero hermano! ¡Cualquiera entiende que está hablando de la segunda venida de Cristo! Exacto, cualquiera lo entiende. Yo, solamente me he permitido enfatizar un detalle. Tómalo así.

¿Tiene que ver con la hora desconocida en que eso sucederá? Tiene que ver. ¿Tiene que ver con que vendrá acaso para llevarse algo que no le pertenece? Tiene que ver. ¿Cuál es la interpretación correcta? Ambas. ¿Cómo ambas? Sí, ambas; porque no se contraponen. En todo caso, se complementan.

¿Y en que momento lineal es que dice que eso ocurrirá? Cuando todos anden diciendo paz y seguridad. Perdón…¿Quiénes y en que lugar andarán diciendo eso? ¡¡Buena pregunta!! ¡Nadie la hace, normalmente! ¿Será la gente del mundo? ¿Serán los cristianos?

Dice que sobre ellos vendrá la destrucción repentina, así que debería ser la gente del mundo, los incrédulos, no crees? Sí, aunque hay un pequeño detalle: ¿Solamente en el mundo hay incredulidad? ¿Tú me aseguras que dentro de la iglesia no la hay?

¡Está bien, hermano! Le acepto eso, pero no alcanza para pretender decir que esto se refiere a la iglesia estructural, ¿No le parece? No, no me parece. Porque todos sabemos que la Biblia no ha sido escrita para el mundo sino para la iglesia, así es que lo que Dios espera es que nosotros leamos esta advertencia.

¿Paz y seguridad? ¿Es que entonces, esto, no tiene absolutamente nada que ver con ausencia de guerras y de delitos en la sociedad secular? Creo que no, que no tiene nada que ver con ello. Que, por otra parte, seguirán fielmente sus rutinas de guerras prefabricadas para vender armas y delitos comunes a la vuelta de cualquier esquina porque la maldad existe y se muestra.

¿Entonces? Entonces creo que se está hablando de una cierta medida de paz que puede experimentarse dentro de ciertos templos o congregaciones. – ¿Eso es real? Nadie dijo que sea real, aquí se nos dice que cuando digan…Paz, no que realmente la haya.

¿Y la seguridad? Aunque te cueste creerlo, la seguridad humana dentro de las iglesias, hoy, parte de dos parámetros bien definidos. Tener la absoluta garantía de que el sitio en el que estás te hace salvo y la certeza de que una cobertura santa vela por tu vida eterna.

¡Pero eso no tiene fundamento ni sustento bíblico! Es cierto, no lo tiene. Pero, ¿Ha sido inconveniente, eso, para que por espacio de muchísimos años (Y aún en este tiempo) miles y miles de cristianos congregados lo hayan estado creyendo?

¿Y que de los dolores de mujer encinta? Tal cual. ¿No sabes como son? Discontinuos. No son dolores permanentes. Son contracciones. Pujos reprimidos que en un momento dado se convierten en pujos más violentos y expulsatorios.

(Mateo 24: 35)= El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Está más que claro que la clave de este pequeño pero muy importante texto, está en la expresión pasarán. Se nos dice que el cielo y la tierra pasaran, pero que Sus palabras (en plural, no singular), no pasarán.

Muchos han enseñado sobre esto y, generalmente, la interpretación más aceptada, aunque casi literal y muy simple, es la que señala que un día tanto el cielo que vemos como la tierra que habitamos, dejarán de ser, dejarán de existir. Pero que ese día, aún estará vigente la Palabra de Dios.

¿Es correcto? Convengamos en que no del todo. Porque uno de los errores más claros que los creyentes hemos cometido, es elegir a nuestro intelecto por encima de nuestra capacidad espiritual para entender y darle interpretación práctica a la Palabra de Dios.

Entonces, hemos inaugurado y puesto en vigencia distintas y diferentes líneas de interpretación bíblica y hasta le hemos dado rótulos y calificativos a cada una e, incluso, hasta hemos fabricado materias de estudio a aprobar para cada una.

Eso ha sido, lisa y llanamente, ignorancia pura por parte nuestra. Porque nadie nos dirá que elegir una forma simplista y literal de interpretación es irracional o incoherente, no. Intelectualmente no lo es. Como tampoco el optar por la otra línea, la que se basa en simbolismos, sueños, visiones o cosas similares. Cada uno es dueño de hacerlo a su modo.

Sólo un problema: a esto se lo hace conforme al modo de Dios, o no habrá manera de arribar a una conclusión clara y profética. Y Dios nos dice de una punta a la otra de la escritura, que su Palabra sólo será revelada mediante la guía, el poder y la presencia de su Espíritu Santo. Allí es, entonces, donde se acaban todas las sabidurías humanas.

El caso es que esta palabra que aparece aquí como pasarán, no se trata de un término usado al azar o porque sí. Es el vocablo original griego PARÉRJOMAI, y tiene que ver mucho más con “venir cerca”, o “alejarse”, o “perecer”, o “descuidar”, o “apartar”, que en pasar como pasa un tren o un bus en viaje a su destino.

Este vocablo deriva de dos que son anexos. Uno es PARÁ, que tiene la implicancia de “cerca”, “además”, “la proximidad de”, o “en proximidad con”, “más allá”, “opuesto” o “a cuenta de”. Y el otro derivado es ERJOMAI, que es un verbo primario usado sólo en tiempo presente e imperfecto, bajo estas perspectivas.

ELDSO, “que de otra manera no ocurre”. “Venir o ir”. Esto configura un panorama que puede estudiarse con mayor profundidad en cada caso, (No es el tema central de nuestro trabajo), pero que seguramente nos va a dar un resultado que dista bastante de lo que hemos aprendido en las escuelitas bíblicas.

Este pasarán tiene una connotación emparentada con un “declinarán en el concepto público”, o “decrecerán en su nivel de aceptación”, o “disminuirá su cualidad de aceptación”. Todo esto, te recuerdo, con relación a lo que significan el cielo y la tierra en comparación con las palabras (no, con LA palabra) de Jesús.

Una idea más aproximada a esta visión de las cosas, la podremos hallar en otro texto que se encuentra en el libro del Apocalipsis, mal llamado “de las revelaciones”. Y digo “mal llamado”, porque no es un libro de revelaciones, sino de una sola revelación: la revelación de Jesucristo.

Apocalipsis 21: 1)= Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más.

La palabra cielo que es traducida aquí, deriva de una expresión griega pronunciada como OURANOS. Podemos compararla con “uranografía” y con “urano”. Es un vocablo que con frecuencia se emplea en plural para referirse al cielo y a las regiones encima de la tierra.

También alude a lo que podríamos dar en denominar como “la habitación de Dios”, Cristo, los ángeles y los santos (personas creyentes) resucitados. Por metonimia, la palabra se refiere a Dios y a los habitantes del cielo.

Pedro nos dirá luego que, por causa de que todas estas cosas van a ser deshechas, nuestro deber es andar en santa y piadosa manera de vivir. Ahí lo tienes. No es templo, no es sujeción a un líder ungido, no es la experiencia física o emocional. La iglesia del futuro (O de este presente que comienza ahora mismo), es…estilo de vida.

Un estilo de vida cristiano que despierte admiración y deseos de imitar a un mundo incrédulo y pecador sacudido por miles de crisis externas e internas. Pero…¿Y la iglesia? ¡¡Esa es la iglesia!! ¿Y adónde está el templo, el santuario, el salón el pastor? Dime: ¿Necesitas eso o necesitas a Cristo viviente en cada minuto de tu vida? Ya elegiste.

Porque dice que eso será mientras esperas, y además apuras, apresuras, la venida del día de Dios, en el cual serán deshechos los elementos, que como ya sabes, no son estrellas ni planetas, sino argumentos humanistas, científicos, psicológicos, filosóficos.

(1 Corintios 1: 4)= Gracias doy a mi Dios siempre por vosotros, por la gracia de Dios que os fue dada en Cristo Jesús; (4) porque en todas las cosas fuisteis enriquecidos en él, en toda palabra y en toda ciencia; (6) así como el testimonio acerca de Cristo ha sido confirmado entre vosotros, (7) de tal manera que nada os falta en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.

Ese don del que aquí se habla, es el factor básico con el que habrán de fundirse esos elementos en el día final. Un don es un CHARISMA. Esta es una palabra relacionada con otras palabras derivadas de la raíz CHAR. CHARA es gozo, jovialidad, delicia. CHARIS es gracia, buena voluntad, favor inmerecido.

CHARISMA, entonces, es un don de gracia, un regalo gratuito y divino, dotación espiritual, facultad milagrosa. Se usa especialmente para designar los dones del Espíritu. En el uso moderno, un “carismático” es alguien que tiene uno o más de estos dones obrando en su vida, o bien el individuo para quien estos donde también deben estar presentes en la iglesia de hoy.

(Tito 2: 11)= Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, (12) enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, (13) aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, (14) quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.

En este texto, conjuntamente con una visión más global del tema que venimos hablando, hay un elemento que, por pequeño y casi insignificante, se nos puede llegar a escapar. Y sería muy prudente que eso no ocurra, ya que conocerlo nos ahorraría mucha oración mal hecha y, por consecuencia, no siempre respondida.

Dice aquí que para aspirar a la salvación que se ha manifestado a todos los hombres por la Gracia de Dios, debemos renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos. Simple, ¿Verdad? Muy simple. Tanto que hasta aquí es mucha la gente que no lo ha visto de ese modo y, en lugar de hacerlo por sí mismo como se nos ordena, se lo pide a Dios.

¡Oh, Señor! ¡Hazme más espiritual! (Más piadoso – Menos impiadoso). ¡Oh, Señor! ¡Líbrame de los deseos de mi carne! – Nadie va a criticar a alguien que decida orar, pero Santiago dice que oramos y no recibimos porque lo hacemos mal. Este es un caso.

En una oportunidad, escuché un predicador dar un modelo al respecto que podía resultar algo gracioso, pero que no por ello dejaba de ser religiosamente cierto. Dice que una plancha se puso a orar y decía: “¡Oh, Padre mío! ¡Haz que yo sea una plancha!” – Ya lo era, pero ella no se había dado cuenta.

Que te sirva de elemento de instrucción, entonces. Ya no pidas más al Señor que te saque tus deseos pecaminosos: ¡Renuncia a ellos ya mismo en el nombre de Jesús! Lo mismo con tu falta de espiritualidad.

Esto complementa un manejo que los cristianos solemos tener muy a menudo y que forma parte del facilismo religioso con que solemos encarar estas cosas. Pensamos que a todo lo bueno nos lo tiene que dar Dios y que todo lo malo proviene de Satanás. No siempre as cosas son así. A veces, somos mucho más protagonistas de lo que nos imaginamos.

Y luego, otra vez se nos habla del estilo de vida que caracterizará al hombre integrante de la iglesia del siglo veintiuno, esa que se puede congregar en ese salón, en aquella vivienda, en esa plaza que hay en la esquina o debajo de aquel árbol.

Porque nos enseña que debemos vivir dentro de este sistema (Eso es lo que significa “siglo”, sistema. Tanto mundano como religioso) de una manera Justa, Sobria y Piadosa. ¿Conoces a mucha gente así? Más vale que la conozcas de mirarte a ti mismo al espejo. Eso es lo que Dios espera de ti, no necesariamente que fundes una congregación de cinco mil personas. Eso, a Dios no le asombra. Muchos satanistas lo han conseguido antes que tú.

(Salmo 50: 3)= Vendrá nuestro Dios, y no callará; Fuego consumirá delante de él, y tempestad poderosa le rodeará.

Dios es justo. ¿Cuántas veces has oído esta aseveración? Ya sabes que es real, estrictamente cierta. Eso significa que, cuando llegue el momento, TU momento, Dios te mirará cara a cara y no callará. Quizás han callado muchos que no podían, no sabían o no se atrevían a confrontarte, pero Dios lo hará.

Y lo hará a partir de una de sus cualidades: el fuego consumidor. Porque es muy fácil, sencillo y hasta poéticamente romántico asegurar que Dios es amor, pero mucho más complicado, aunque siga siendo muy cierto, que también es fuego que consume todo aquello que no se ajusta a su modelo.

Y fíjate que no es casual que se esgriman estos dos modelos. Dios se tarda en impacientarse y en ejecutar sus juicios. Pero cuando comienza a hacerlo, ya no hay quien lo detenga. Eso es lo que exactamente sucede tanto con el fuego como con las tempestades. Isaías produce otra pintura al respecto.

(Isaías 34: 4)= Y todo el ejército de los cielos se disolverá, y se enrollarán los cielos como un libro; y caerá todo su ejército, como se cae la hoja de la parra, y como se cae la de la higuera.

No te apresures. No prediques hecatombes nucleares ni incendios forestales bíblicos. NO asustes a la gente innecesariamente. No hagas que se conviertan por miedo porque entrarán a la iglesia de la mano de aquel que tiene el imperio del miedo, que no es nuestro Dios, precisamente.

No hagas evangelismo catastrófico y luego caigas en la incoherencia de denominarlo como “buenas nuevas”. Porque por más que seamos santos sin mancha y libres de contaminaciones, será muy difícil experimentar alegría por causa de la explosión en millones de pedazos de nuestro planeta.

El hombre ha sido creado para amar su vida y la del sitio en donde la desarrolla. Por eso existe el denominado “instinto de preservación” y por eso existe el patriotismo y el orgullo nacional y regional. Si el creyente predica que todo eso será destruido por Dios, el incrédulo reaccionará del modo más lógico y coherente: tomándole resentimiento, enojo y resistencia a ese Dios tan cruel que va a despojarlo de las cosas que ama.

Predica la palabra. Y lo que la palabra nos está diciendo es que los cielos se enrollarán como un libro, lo cual jamás podría ser ni por asomo literal, y que por esa causa caerá el ejército enemigo. Ahora bien, observa, examina, escudriña: ¿Cómo que cosa dice que caerá? Como la hoja de la parra y la de la higuera.

La Parra es también la llamada Vid. Este término designa generalmente la verdadera vid (“Vitis vinifera”), originaria de Asia occidental (del sur del mar Caspio). Los egipcios la cultivaban. Existen esculturas del Imperio Antiguo en las que se representan vides, uvas y prensas, así como la elaboración del vino.

La tierra y el clima de Palestina son adecuadas para su cultivo, que fue practicado desde el principio en Canaán. La vid crecía en las llanuras de Filistea, Jezreel, Genesaret; y prosperaba en las regiones accidentadas cercanas a Hebrón, Silo, Siquem, En-gadi, Hesbón, Eleale, Sibma al este del Jordán y en el Líbano.

Hay una enorme diferencia entre las plantas buenas y las silvestres. Las viñas se hallaban, frecuentemente, bien en las cumbres o bien en las laderas de las colinas, en ocasiones descendiendo en terrazas artificiales.

Estaba protegida con un vallado o un muro. Se despedregaba el terreno, se erigía una cabaña o una torre para el guardián, y se tallaba un lagar en la roca. Estos antiguos lagares siguen existiendo en gran cantidad en Palestina.

De todas las plantas cultivadas, es la vid la que requiere más cuidados. Se dejaba que la vid se extendiera por el suelo, sólo elevando los sarmientos que llevan fruto. En ocasiones se hacia trepar la vid por árboles o bien sobre y entre enrejados.

Se cultivaba en particular la uva negra. En lugares privilegiados, la maduración terminaba antes del mes de agosto. Se consumía la uva fresca o pasa; elemento muy apreciado de la alimentación, se conservaba también en forma de tortas.

Su jugo se bebía fresco o fermentado. Las vendimias comenzaban a mediados de septiembre y proseguían hasta octubre, en medio de un ambiente festivo. Las uvas eran pisadas en el lagar para obtener el mosto.

Israel es asemejada a una vid. En Isaías 5 es asemejada a una viña. Dios la dispuso en una fértil ladera, plantándola con las más escogidas vides, y haciendo todo lo posible para su protección y rendimiento.

Pero cuando se buscó fruto de ella, resultó que sólo daba uvas silvestres. Finalmente, Dios quitó su vallado, abandonándola a los elementos y a ser hollada por todos; una imagen profética de Israel en su estado de apostasía.

El Señor Jesús, así como vino a ser el verdadero Siervo de Jehová allí donde Israel había fracasado, vino también a ser la vid verdadera; Sus discípulos vienen a ser los pámpanos. No puede haber ningún verdadero fruto en sus vidas excepto en tanto que permanezcan en Él.

Por tanto, la hoja en cuestión sólo caerá cuando deje de recibir nutriente, se seque y sólo sea útil para quemar como la hojarasca. Hoy por hoy, la sequía y la falta de verdor nutritivo, es un común denominador en los sitios donde, supuestamente, debería haberlo.

Lo mismo sucede con la otra hoja que cae, la de la Higuera. Esta es una Dicotiledónea de la familia de las moráceas. Árbol que da un delicioso fruto. En hebreo se usa el mismo término para denotar el árbol y el fruto, T’ENAH, en tanto que en griego el árbol se llama SYKE y el fruto es SYKON.

La higuera es originaria de Asia occidental. Cuando es joven, sólo lleva fruto si está en un suelo rico. Al envejecer, la higuera degenera rápidamente; descuidada, no produce mucho. En primavera, la higuera da sus higos tempranos antes de cubrirse de hojas, sobre las ramas crecidas el año anterior, y reciben el nombre de “pag” (higos verdes).

Si el árbol no tiene higos verdes cuando aparece el follaje, no habrá higos. La higuera es un árbol muy apreciado; la Biblia lo menciona en muchas ocasiones junto a la vid. La expresión debajo de su parra y debajo de su higuera es sinónimo de prosperidad y seguridad.

La altura de la higuera cultivada varía entre 6 y 9 metros. Las hojas, que aparecen al final de la primavera y que caen al aproximarse el invierno, miden frecuentemente de 20 a 25 cm. de longitud. La higuera es usada por el Señor como emblema de Israel, y la maldición de la higuera estéril constituye una parábola: el pueblo no había respondido al llamamiento del Señor, que por ello anuncia su juicio.

Este árbol tenía las hojas que vienen con los primeros frutos; aunque, como señala Marcos, no era tiempo de higos (del verano, la verdadera cosecha), hubiera debido tener al menos los higos verdes de la primavera.

La presencia de las hojas sin el fruto es indicación de la profesión religiosa de Israel sin fruto, y constituye una solemne advertencia acerca del peligro del nominalismo religioso en general. Según la profecía, la higuera de Israel deberá reverdecer al final de los tiempos.

Esto nos deja una clara conclusión: La hoja de la higuera, además de sequía, puede caer por frío invernal (O espiritual) y como consecuencia de haberse secado por la práctica religiosa sin fruto. De eso se compone, mayoritariamente, ese ejército que combate con las huestes legítimas del Dios Todopoderoso.

Y Pedro concluye esta idea sosteniendo que nosotros esperamos según sus promesas esos cielos nuevos y esa tierra nueva en los cuales mora la justicia. ¿Esperamos algo coherente, algo lógico, natural, o esperamos solamente algo que puede producir Dios mismo?

(Isaías 65: 17)= Porque he aquí yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento.

Según las anotaciones de ciertos prestigiosos comentaristas, esta es una descripción del nuevo mundo que rodeará la nueva ciudad de Dios. Como la vida humana y la naturaleza animal se transforman, el pasaje tiene una obvia significación escatológica.

(Isaías 66: 22)= Porque como los cielos nuevos y la nueva tierra que yo hago permanecerán delante de mí, dice Jehová, así permanecerá vuestra descendencia y vuestro nombre.

Es indudable que este tremendo libro de Isaías termina con la característica doble visión del profeta: por un lado los obedientes gozando de la paz y el consuelo traídos por el Señor, y por el otro los desobedientes sufriendo el castigo eterno.

Presta atención a un detalle que pinta a Dios de cuerpo entero en cuanto a su integridad y su respeto por el hombre, cosa que no siempre éste le devuelve de la misma manera: considera a Su creación en el mismo nivel que a la creación del hombre.

(Apocalipsis 21: 1)= Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más.

(032) Firmes Hacia lo Invisible

(2 Pedro 3: 14)= Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz.

(15) Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, (16) casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras escrituras para propia perdición.

(17) Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza.

(18) Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él se gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.

Nuestra única obligación como hijos adoptivos de Dios en el final de esta historia del evangelio, es: ser hallados, en el momento en que Él retorne, sin mancha alguna que ensucie nuestras vestiduras de santidad e irreprensibles de cualquier acusación pecaminosa. Todo eso determinará que nuestro estado sea el que Dios espera que sea: en paz.

(1 Corintios 15: 58)= Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.

Quiero que entiendas y te quede total y absolutamente claro un concepto básico. La obra de la cual se está hablando aquí, no tiene nada que ver con la tarea que tú realizas para tu congregación local. Ni siquiera se trata de la que esa misma congregación efectúa en la zona o región donde opera.

La obra de la que aquí se está hablando, es la obra de Dios en tu vida. Por eso dice que es “la obra del Señor”. Y esa obra no es ni activismo religioso ni eclesiología. Esa obra es maduración de cada santo día tras día, hasta alcanzar la estatura del varón perfecto (Maduro).

Par que ello sea posible, nuestra mínima y casi exclusiva dedicación será la de mantenernos firmes y constantes. Firmes contra todo viento de doctrina que amenace con sacarnos de lo que nos fue enseñado por el Espíritu Santo en el principio.

Y eso no llegará jamás desde el exterior. Ningún cristiano, por tonto o ignorante que fuera, le creería a un incrédulo una doctrina que reemplace a la que conoció en sus inicios de convertido. Pero sí estará dispuesto a creer algo que suene a nuevo adentro de su propia iglesia. Como por ejemplo: humanismo, liberalismo, filosofía o psicología.

(Filipenses 2: 14)= Haced todo sin murmuraciones y contiendas, (15) para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; (16) asidos de la palabra de vida, para que en el día de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he trabajado.

Sin murmuraciones ni contiendas. ¿Esto significa que, suceda lo que suceda con los liderazgos de la iglesia, nadie debe abrir su boca ni confrontar a nadie? ¿Deben dejar que las cosas se produzcan como se producen y que finalmente será Dios quien las ponga en su lugar?

Esto es lo que se ha entendido y enseñado a partir de este texto. Lo siento, no es totalmente así. El espíritu de este concepto tiene que ver con aquellos que hacen de la murmuración, el chisme y los pleitos, casi una forma constante de vida.

Eso es lo que Dios no quiere en su pueblo. Gente incapaz de enfrentar o confrontar a otra gente. Pusilánimes que sólo pueden decir cosas fuertes amparados por las sombras del anonimato o escondiéndose detrás de otros con mayor peso político-religioso.

Pero todo esto no impide que, a la hora de las corrupciones o el pecado manifiesto, nadie abra su boca. Muy por el contrario, silenciar el pecado de otros, (Así sea de líderes importantes); equivale a convertirse en cómplices de ellos. Y Dios es justo, ¿Lo entiendes? Y la justicia de Dios no se mide por credenciales, posiciones, cargos, amistades o influencias.

Dice que comportándose así es como los hijos de Dios serán irreprensibles y nadie podrá acusarlos de nada. Pero resulta ser que el vivir así dentro de una generación como la actual, no es sencillo. Muy bien: de eso se trata la iglesia del futuro: de un estilo de vida capaz de transformarnos en luminares, cosa que ahora estamos todavía muy lejos de ser.

Porque, – Va a añadir Pedro -, sólo la infinita paciencia de Dios es la que posibilita nuestra salvación. Si Dios perdiera la paciencia tal como nosotros solemos perderla, el cielo estaría vacío y el infierno repleto. ¡Gracias a Dios que su paciencia es infinita!

Eso es lo que Pablo ha enseñado, concluye Pedro, a partir de la sabiduría que le ha sido dada desde lo alto. Este es el concepto del ministerio. Este es el fundamento básico de cualquier trabajo para el Señor. Cualquier otra forma, cualquier otra visión o actitud, será mera y pura carnalidad.

Fíjate que Pablo no les enviaba cartas a las iglesias para que ellas las estudiaran y predicaran sobre esas mismas palabras. Él se las cursaba para que ellos, leyéndolas, pudieran ponerlas por obra en sus vidas y, allí sí, poder predicar con el ejemplo de sus propias vidas a un mundo incrédulo y pecador.

Hoy, el concepto sigue siendo exactamente el mismo. Pero si yo le envío una carta personal a un grupo que me tiene como referente, es muy poco probable que haga lo que aquí te digo que debe hacer. Lo más probable, es que ocurra lo que está ocurriendo con ministerios celulares muy conocidos: que tomen esas cartas poco menos que como reemplazo de sus biblias. ¡Ah, comodidad humana!

(1 Corintios 3: 10)= Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire como sobreedifica.

¿De que fundamento es que está hablando Pablo aquí? ¿Acaso el de alguna clase de doctrina singular que deberá ser cumplida y respeta a ultranza? No lo parece. El fundamento es aquel que Pablo Colocó y que le permitió a todos los que vinieron después, (Incluidos nosotros mismos) seguir sobreedificando encima.

Aprende: esas “visiones” individuales de líderes egocéntricos y autoritarios, podrán tener ciertos efectos inmediatos, pero de ninguna manera sirven como fundamento para edificación. Tú no puedes edificar nada sobre una visión mía, personalizada e individual. Tú puedes sobreedificar sobre un fundamento que tenga como base la palabra de Dios, que es la única cosa que se puede consultar sin acudir al lidercillo de turno como salvador de todo.

(Efesios 3: 1)= Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles; (2) si es que habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros; (3) y que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, (4) leyendo lo cual podéis entender cual sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, (5) misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu; (6) que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio, (7) del cual yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la operación de su poder.

Entiende bien: Pablo no está diciendo que está prisionero por culpa de Cristo. LO que está señalando, casi con mal disimulada satisfacción, es que es un prisionero por causa de la fe y la doctrina de Cristo. Y créeme que no es lo mismo.

Luego añade que el misterio que encerraba las cosas de Dios, le fue revelado. No entiendo como tantos y tantos que dicen ser ministros del Señor, se oponen tenazmente a creer en la revelación y sostienen la teoría de una interpretación literal, histórica, social y hasta política de las escrituras.

Hoy día, la gente que desea creer en el verdadero Dios y que busca de Él la Verdad por encima de todo el andamiaje religioso que pueda recibir o ver, discierne rápidamente con respecto a quien tiene revelación y quien anda hablando conforme a su propia sabiduría. Esa es la certeza de los genuinos y la piedra de tropiezo de los falsos.

Y luego expone el por qué le fue revelado lo que le fue revelado: porque era el tiempo en que Dios había dispuesto a hacerlo. Y él solamente fue uno de sus destinatarios. Ese es un principio indeleble y sigue cumplimentándose en este tiempo. Y fuera de toda organización religiosa que pretenda comandarlo o controlarlo.

Luego, Pedro añade que mediante la cruz se reconcilio al hombre con Dios y lo hizo formar parte del Gran Cuerpo, matando con esa acción a todas las enemistades. Es importante esto, porque nos lleva a pensar que, si hay enemistad dentro del pueblo genuino del Señor, hay obstáculos para el funcionamiento adecuado de Su cuerpo.

(Hebreos 5: 11)= Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír.

¿Desde cuando el pueblo de Dios se hace tardo para oír? Desde que comienza a tomar interés personal en el ministerio. El Sumo Sacerdocio era una actividad que competía solamente a cierta y determinada casta social. Sin embargo, en la vida contemporánea de la iglesia las cosas son distintas, y eso ha hecho que hombres de todas las calidades (Algunas no muy deseables); hayan decidido convertirse en uno de ellos.

Sin embargo, este texto habla de los verdaderos, de los genuinos. De aquellos que, habiendo sido levantados por el Señor para el ministerio, no pueden mostrar ninguna clase de títulos ni credenciales, y por lo tanto tienen graves problemas para explicar todo lo mucho que tienen para decir.

¿Por qué? En primer término, porque el pueblo es tardo para oír y mucho más tardo para poner por obra lo oído. Y además, pretende que los hombres que van a decirles las cosas, lo hagan teniendo muy en cuenta lo que ellos quieren oír y que es lo que prefieren que nadie les recuerde.

Aunque parezca imposible, una enorme cantidad de ministerios tienen muy en cuenta este detalle. Y preocupados ostensiblemente por no quedarse sin gente o no poder sostenerse por falta de ofrendas, eligen elaborar mensajes con detalles que caen “simpáticos” en la congregación, dejando de lado las exhortaciones que el Señor seguramente les está demandando realizar.

Pedro concluye esta, su segunda carta, advirtiendo a los santos que deben mantenerse fieles a las verdades que han oído de los apóstoles del principio. Porque, -Asegura -, de no hacerlo así, podrían ser arrastrados por los errores de la iniquidad y perder definitivamente su firmeza en la fe.

(1 Corintios 10: 12)= Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.

Pablo advierte, casi con un dejo de solemnidad, en contra de la autosuficiencia en torno a la propia moralidad y continúa con un mensaje de aliento. Luego hablará con respecto a la tentación, donde se traduce una palabra griega que puede significar incitación al mal o a ser probado en términos generales.

Es posible que la palabra se entendiera en su sentido amplio, sabiendo que mientras Dios permite la tentación con el propósito de fortalecer la fe y el carácter, Satanás la utiliza para incitar al mal con la intención de destruir al creyente.

Los corintios no debían desesperarse por dos razones fundamentales: sus tentaciones no eran únicas, como se evidenció por las experiencias de Israel en el desierto; y se podía confiar en que Dios no dejaría que fueran tentados más de lo que pudieran resistir. No sólo limitaría las pruebas, sino que también brindaría una salida.

Sin embargo, este texto tiene una connotación muy singular relacionada con el famoso y muy perverso “orgullo espiritual”, ese que toma a ciertos cristianos y les hace suponer que nada los va a detener y ni siquiera se protegen, se cubren o batallan de manera inteligente.

Muy pronto padecen algunas inclemencias, como producto de su propia falta de previsión, que si no están bien plantados sobre sus pies espirituales pueden, incluso, llevarlos a la frustración y la apatía. Eso porque no siguieron este sabio consejo del apóstol: si desean o piensan estar muy firmes, deberán estar muy vigilantes de no caerse.

Utilizando solamente la lógica, jamás podremos vivir la vida cristiana. Indefectible e inapelablemente, necesitamos la Fe. Porque la vida cristiana se desarrolla como resultado de tomar contacto (Por actos, vista u oído) con la Palabra de Dios, de confiar en ella y de aplicarla mediante la obediencia fiel. Puede ser que la fe no rinda dividendos inmediatamente, sin embargo, sus beneficios finales se realizarán en la eternidad. Y recuerda: cuando alguien presenta a Jesús como Líder Político, como Revolucionario, como Psicólogo, como Filósofo u otra calificación similar, podrá estar muy bien intencionado, pero no está presentando al Jesús de la Biblia. Él es, antes que otra cosa, el Hijo de Dios encarnado.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez