¿Y Si Pedro Viviera?

Ah, parece que tenemos un comentario de las cartas de Pedro. No lo tenía a este ministerio como comentarista bíblico, pero vamos a ver…..

No. No lo mires ni lo leas con esa óptica porque no vas a encontrar puntos de contacto. Esto no es un comentario clásico sobre un texto clásico. Este es un trabajo que, si bien servirá para estudio de escuelas, institutos, seminarios y reuniones en casas de familia, no ha sido elaborado con esa intención.

Porque esto nace de una lectura común, llevada a cabo un día cualquiera, como un creyente más que toma su Biblia y lee buscando que el Espíritu Santo le revele lo último que Dios haya sacado de su boca. Y el Espíritu Santo habló. Y entre todas las cosas que dijo, dijo una que es básica: esto que vas a leer, es el texto de este tiempo.

El caso es que hoy tengo el privilegio de compartir contigo este trabajo que es el estudio pormenorizado de cada verso, de cada palabra, de cada significado histórico, geográfico pero eminentemente espiritual de lo que Pedro dejó como legado en cada una de sus dos cartas. Un trabajo que va mucho más allá del “mensajito” con moraleja al final.

¿Es que realmente hay algo que encontrar, más allá de lo que se nos ha enseñado, en los ocho capítulos (Cinco en la Primera, Tres en la Segunda) encerrados en los escritos de Simón Pedro? Sí. Puedo garantizarte que sí. Que en un principio no lo ves, pero luego salta como solamente puede saltar delante de tus ojos, aquello que el Espíritu Santo contagia con vida abundante. Su título es una pregunta que, seguramente, en el final, tú mismo habrás respondido. ¿Y si Pedro Viviera?.

Te sugiero que lo tomes con calma. Si tienes gente con la cual compartes Palabra o estudios, sería muy bueno que lo lean y lo estudien juntos. Porque además de todo lo que puedas encontrar que te refresque tu entendimiento, seguramente tú mismo y todos quienes te acompañen, hallarán muchos depósitos espirituales más. Porque así es como funciona esto. Y por eso es lo que es el Evangelio del Reino de Dios. Inigualable. Incomparable.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez