Trabajando en la Reconciliación

Para poder entender, aceptar y también poder poner por obra esta parte de la enseñanza, lo primero que tendremos que saber es que cosa significa Reconciliación. Tal como la palabra lo dice, es restaurar algo que antes funcionaba y ahora no.

La iglesia primitiva estaba en conciliación, esto es: todos en un mismo sentir. Luego, los hombres se sintieron capaces de “mejorar” lo que Dios había dejado escrito y, de ese modo,  armaron diferentes estructuras que, mientras mejor aceitadas se encontraban, más lejos se iban del propósito y la voluntad de Dios.

Muy bien; este es el tiempo de volver a conciliar los espíritus. Es uno de los trabajos inherentes a este nuevo orden de Melquisedec imperante por decreto divino en los sacerdocios humanos que operan en la genuina iglesia del Señor.

Volver a conciliar, entiende, es Re-conciliar. Y para que ello suceda, alguien tiene que tender las líneas por donde unos y otros se volverán de sus pasos y se unirán. A esas líneas, no hay otro modo para denominarlas que puentes.

 (Hebreos 5: 1)= Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere, para que presente ofrendas y sacrificios por los pecados.

Este es un punto importante para tener en cuenta: los hombres que Dios levanta como ministros, los levanta de entre otros hombres, no de entre entes de deidad. Por lo tanto, entiende y asume, los ministros son hombres.

Si son hombres que ha levantado realmente Dios, son ministros. Si, por el contrario, son hombres colocados en esos lugares por los intereses o las conveniencias humanas, son asalariados. Los primeros son ministros, los segundos, generalmente aspiran a ser “mini-astros”.

Ahora bien; dice en este texto que hemos leído que son los adecuados para presentar ofrendas y sacrificios por los pecados. Pero ellos, los ministros, ¿Están al margen de esos pecados? En modo alguno. Será bueno conocer la etimología correcta de lo que es y no es pecado.

¿Y QUE COSA ES EL PECADO?

Son muy diversos los términos utilizados tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento para significar Pecado. También se pueden leer expresiones tales como Iniquidad, Maldad y otras, que al mismo tiempo cuentan con varios matices de significado.

Es sumamente importante tener en cuenta la definición bíblica de Pecado, en griego ANOMIA, que es desorden en el sentido de rechazo del principio mismo de la Ley o de la voluntad de Dios, iniquidad.

Es algo desafortunada la traducción que la mayor parte de las versiones castellanas hacen de este pasaje. Sólo la Nueva Versión Internacional traduce al Pecado como la verdadera ilegalidad, aunque sería mejor traducir “alegalidad”.

En efecto, el pecado no es la mera infracción de la Ley, según este pasaje, sino el rechazo de la voluntad de Dios, el vivir a espaldas de Dios, la disposición mental que lleva al pecador a hacer la propia voluntad en oposición a la de Dios.

De ahí la distinción que se hace entre pecado y transgresión, siendo esto último la infracción de un mandamiento conocido. Desde Adán a Moisés, los hombres no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, pero sí que pecaban, y murieron por ello.

A Adán se le había dado un mandamiento concreto, el cual desobedeció; pero de Adán a Moisés no fue dada ninguna ley en concreto, y por ello no había transgresión; sin embargo, sí había pecado en el sentido propio del término, tal y como se ha definido, y fue el pecado lo que provocó el diluvio.

La misma distinción es la que está involucrada en Romanos 4:15 Porque la ley produce ira, pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión. Puede haber pecado, no obstante, y se declara que los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán. (Romanos 2: 12)

Los principales términos utilizados para la traducción de pecado, en el marco del Nuevo Testamento, son HAMARTIA, HAMARTEMA y HAMARTANO, que significa una desviación de un curso recto, algo así como errar el blanco o equivocarlo.

Transgresión, por su parte, es una terminología que se instala en los originales griegos como PARABASIS, PARABATES y PARABAINO, y en contrario de lo que leíamos respecto a pecado, en este caso es cruzar o esquivar un límite.

Hay una importante distinción que hacer entre pecado y pecador, distinción que debe hacerse desde la primera entrada del pecado como principio. Los pecados de alguien son los verdaderamente cometidos por este alguien, y la base del juicio, siendo además demostración de que el hombre es esclavo del pecado.

Un cristiano es alguien cuya conciencia ha sido purificada para siempre por el o un sacrificio por los pecados, el Espíritu de Dios lo ha hecho consciente del valor de aquella una ofrenda, y por ello sus pecados, habiendo sido llevados por Cristo en la cruz, nunca volverán a ser puestos a su cuenta por parte de Dios, si peca, Dios tratará con él en santa gracia, sobre el terreno de la propiciación de Cristo, de manera que sea conducido a confesar el pecado o pecados y tener el gozo del perdón.

Pecado, como principio que involucra la alienación de todas las cosas en cuanto a Dios desde la caída del hombre, y visto especialmente en la naturaleza pecaminosa del hombre, ha quedado judicialmente quitado delante de Dios en la cruz de Cristo.

Dios ha condenado el pecado en la carne en el sacrificio de Cristo, y en consecuencia el Espíritu es dado al creyente. El Señor Jesús es proclamado como “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, (No “los pecados”, como algunos enseñan).

Él purificará los cielos y la tierra de pecado, y como resultado habrá nuevos cielos y nueva tierra, en los que morará la justicia. Aunque Cristo gustó la muerte por todos, no se le presenta como llevando “los pecados” de todos: su muerte, por lo que respecta a “los pecados”, queda precisada con las palabras “de muchos”, “nuestros pecados”, etc.

El origen del pecado no estuvo en el hombre, sino en el diablo. Sí fue introducido en el mundo por el hombre, entrando también la muerte como su pena. El “pecado original” es un término teólogo que puede ser usado para describir el hecho de que todos los seres humanos han heredado una naturaleza pecaminosa de Adán, que cayó en pecado por su transgresión.

La universalidad del pecado es evidente. Ya de principio, el hombre posee una naturaleza heredada que lo inclina al pecado. Todo nuestro ser está contaminado por el mal; nuestros pensamientos, acciones, palabras, sentimientos, voluntad, no existe un solo ser humano que sea justo ante Dios, con la sola excepción de Aquel que apareció para quitar el pecado. Aquel que nunca hizo pecado ni se halló engaño en su boca.

La condenación del pecado es inevitable y terrible. Según la Ley, la paga del pecado es la muerte. Esta muerte y juicio se extienden a todos los hombres, por cuanto todos han pecado. El hombre está muerto en sus delitos y pecados.

Le es necesario nacer de nuevo para entrar en comunión con Dios, pues las iniquidades del hombre hacen separación entre él y Dios. Dios juzgará pronto a todos los pecadores y todas sus acciones, incluso las más secretas.

Jesús fue hecho pecado por nosotros. Una expresión así nos rebasa, significa que Cristo no sólo tomó sobre sí en la cruz todos los pecados del mundo, como nuestro sustituto, sino que además vino a ser, a los ojos de Dios, como la expresión misma del pecado ante Dios, hecho maldición por nosotros.

El perdón de los pecados ha quedado ya adquirido por Cristo para aquel que acepte Su persona y sacrificio en el Calvario. El Cordero de Dios ha quitado el pecado del; Él abolió el pecado por Su único sacrificio; Su sangre nos purifica de todo pecado.

 La Cena es la señal del pacto para remisión de pecados. Todo aquel que cree en Cristo, recibe por Su nombre la remisión de los pecados. Siendo que Dios nos ha dado Su Hijo, Dios no nos trata ya más según nuestros pecados; los pecados, rojos como la grana, vienen a ser blancos como la nieve; los ha echado tras de Sí, y los ha deshecho como una nube; los ha arrojado al fondo del mar. Los ha olvidado. Ya no existen más delante de Él. La misericordia de Dios demanda toda nuestra alabanza.

 La convicción de pecado es una de las mayores gracias que el Señor nos puede conceder. En efecto, se trata de la llave que da acceso a todas las demás. Esta convicción sólo puede ser producida por Su Espíritu. Para ser justificado, el hombre debe ante todo ser consciente de su necesidad.

 Si pretendemos no tener pecado, mentimos; si confesamos nuestros pecados, el Señor es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Las personas no arrepentidas debieran prestar oído a la solemne advertencia de la palabra de Dios: Sabed que vuestro pecado os alcanzará.

BLANCOS PREFERIDOS

 (Hebreos 5: 2)=  Para que se muestre paciente con los ignorantes y extraviados, puesto que él también está rodeado de debilidad.

Hay algo que vengo diciendo desde hace muchos años granjeándome la notoria antipatía de los pastores, sus consejos y asociaciones móviles. Ese algo ha sido y es que los ministros, estamos rodeados de la misma debilidad de aquellos a quienes ministramos.

Sin embargo, esa debilidad será más notoria porque tendremos una guerra mayor que quienes no ministran, sencillamente porque Dios nos ha regalado más palabra que los demás. Esto quiere decir que, las chances de que un ministro peque, serán siempre mucho más grandes a que peque alguien del grupo masificado.

¡Pero hermano! ¿Y entonces de que nos quejamos? ¿Por qué decimos que esto es Babilonia, la iglesia falsa y paralela, si lo que mayormente vemos son los evidentes pecados de esos ministros que usted dice que seguramente van a ser más tentados que nosotros?

Particularmente, yo no me quejo. Y si lo hago, no es seguramente de la clase, calidad o cantidad de pecado de los ministros actuales, sino de la perversidad del sistema religioso que es al cual yo denomino como Babilonia. No es lucha contra carne y sangre, recuerda…

El problema que en forma mayoritaria afronta la iglesia en este tiempo es que no sabe ni ha aprendido a separar al ministro de la posición espiritual que ocupa. Y no es poca cosa ni se termina en una simple cuestión de apreciaciones.

Un ministro ocupa una posición en el espíritu; hay un perímetro, un alcance, que ese ministro llena en el espíritu que le es dado por Dios a la iglesia. Ese oficio es dado a la iglesia, para que la iglesia lo reconozca y lo respete. Pero es el oficio lo que se respeta.

Claro está que hay una conducta, unos patrones te diría, que la Biblia exige que tenga un ministro. En principio, tiene que tener un grado proverbial de madurez. Pero eso no es óbice para que siga teniendo las mismas debilidades que tú tienes.

Sin embargo, como el oficio que desarrolla le da unción para operar en él, lo consigue precisamente en eso: para operar en la iglesia, pero no para vivir su vida. A su vida la tiene que vivir del fruto del Espíritu santo, igual que tú. Esto es: de su carácter.

El apóstol Pablo, al exponer en su carta a los Gálatas la temática de la libertad del cristiano, y la naturaleza de su nueva vida, utiliza la expresión de: “fruto del Espíritu” así, en singular, en contraposición a lo que él llama “obras de la carne”.

Para Pablo el fruto del Espíritu es, aplicando así el principio de que el árbol bueno produce siempre buen fruto. El Espíritu Santo es la fuerza personal en el cristiano que activa su nueva vida por la que puede producir el fruto multiforme: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza.

Este fruto pone de manifiesto la abundancia de la savia que pone el Espíritu de Dios en la vida regenerada. La fe, que arraiga firmemente la nueva planta en el terreno abonado y sembrado por la Palabra, permite que la vida la anime.

Ahora bien; el enemigo indefectiblemente va a venir a atacar ministros, para que haya fallas en su carácter, para que tú te enojes y de ese modo te resistas a someterle al orden divino. Porque cuando tú no sabes separar al hombre de la unción, siempre te pierdes la unción.

Nota que David, aunque Saúl fue un tanto payaso, no lo tocó. Porque Saúl, aunque fue escogido por los hombres, Dios lo secundó y lo mandó a ungir y se acabó. Fue porque el hombre lo pidió, pero que conste que Dios no lo quería dar.

Pero una vez que Dios lo dio, lo dio y punto. Y Dios ya le había quitado el trono y se lo había dado a David y él seguía ocupándolo en obstinación. Ni aún así David no lo tocó. David podría haber dicho: usted se me va de acá, ahora el pastor soy yo. Pero no lo hizo.

 (3) Y por causa de ella debe ofrecer por los pecados, tanto por si mismo como también por el pueblo.

(4) Y nadie tomará para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón.

Para que tú puedas saber si eres llamado por Dios, tienes que ver si tu llamado fue parecido a los patrones de Aarón. Porque si no fue parecido a los patrones de Aarón, entonces no has sido llamado, ¿Lo estás entendiendo?

Lo que te dice es que nadie toma esta posición si no fue llamado como fue llamado Aarón. Y si no fuiste llamado como fue llamado Aarón, no eres. Y uno dice: “¡Ahhh!… Eso será con los levíticos, pero nosotros somos del orden de Melquisedec…” ¿Ah, sí? Mira lo que sigue:

 (5) Así tampoco Cristo (¿Quieres más Melquisedec que Cristo?) se glorificó a sí mismo, (Y ahora te dice qué pasó con Aarón) haciéndose sumo sacerdote, sino el que le dijo: tú eres mi hijo, (Dios nombró Aarón a sus hijos y les dijo que los mantos de Aarón ungirían a sus hijos. Y a todo lo que le dijo a Aarón que hiciera, tenía al hijo presente para que hubiere continuidad.

Una tipología de para siempre Melquisedec. Cristo tampoco dijo: “Yo soy el pastor de pastores”, sino que tuvo que esperar que alguien lo reconociera como hijo. Pregunto: ¿Quién lo reconoce a usted como tal? Si no tiene un nombre, usted es ilegítimo.)

No hay absolutamente nada que hacerle: nadie puede ser padre de nadie, si primeramente no ha sido hijo. ¿Por qué es que digo esto? Por el simple motivo de que el orden de Melquisedec sigue los patrones de Aarón, sólo que en una escala superior.

Hasta el propio Cristo, que indudablemente es parte del orden de Melquisedec, no asume en absoluto la posición sin que alguien deba decirle anteriormente: ese es mi hijo, yo lo reconozco, respétenlo a Él. Esto es muy serio.

Fíjate que algunos hombres forzaron su forma de tratar de combinar a estos dos oficios. ¿Recuerdas a Uzías? ¿Y a Saúl? ¿Recuerdas lo que ocurrió con ellos cuando, siendo reyes, quisieron de forma prepotente ser también sacerdotes? Los dos perdieron el reino.

Sin embargo, tenemos el caso de otros hombres que sí pudieron entrar en esa orden; como David, que utilizó un efod sacerdotal y era rey. Pregunto: ¿Cómo se le pudo ocurrir ponerse un efod sacerdotal en medio de un tiempo levítico, cuando él era rey?

Es más que evidente, por esa misma razón, lo siguiente: cada vez que en la Biblia aparece una combinación de estos dos oficios, evidencia que Dios está librando una guerra bien hostil en contra del sistema establecido en el tiempo.

Es decir: cuando había una guerra hostil de parte de Dios contra el sistema establecido, alguien estaba en ese orden. Repito: cada vez que Dios dispone una reforma y empieza a militar con hostilidad manifiesta en contra de un sistema religioso que ya no produce nada, en la Biblia, alguien es levantado con estos dos oficios: rey y sacerdote, según el orden eterno de Melquisedec.

Es decir que la reforma, propiamente dicha, sólo puede ser hecha a través de hombres en esta orden. No por cualquiera que se le ocurra salir a predicar. Anda un montón de gente, por allí, predicando reforma cuando ellos mismos son los que necesitan desesperadamente reforma.

Reforma, entiéndelo de una buena vez y cuéntaselo a tu viejo pastor, no es arrojar el viejo púlpito de madera tallada y cambiarlo por uno muy coqueto de acrílico transparente para que el pastor pueda lucir completo su traje nuevo.

Tampoco es incorporar danzas o estandartes, comprar un teclado de primera marca de cinco mil dólares para reemplazar al viejo órgano o armonio. Reforma es cambiar la médula espiritual de la iglesia. Y la iglesia eres tú. Si tú cambias, el púlpito va a cambiar solito.

Cuando yo hablo de gobierno, quiero que entiendas que no me estoy refiriendo a un dictador, sino a la habilidad de ejercer dominio y orden en medio de cualquier cosa, incidente, persona o actividad que busque neutralizar el avance del reino.

Pero es imposible tener gobierno sin saber que es lo que está haciendo Dios. Una persona que se plante en el púlpito y el infierno empiece a prestarle atención. Un hombre así entra en un lugar y sencillamente lo llena. Aunque no tenga dominio allí.

MENSAJE DESDE EL PENTATEUCO

Hay un texto en el libro de Deuteronomio que tiene que ver con el tema desde sus raíces más profundas. Pero para poder entenderlo en su globalidad profunda y de media altura, será muy bueno conocer algo más sobre el libro y sus connotaciones principales.

Deuteronomio es un término griego que significa Segunda Ley o Reiteración de la Ley, y que designa al quinto libro del Pentateuco; proviene del nombre dado a este libro en la LXX, para traducir la expresión Copia de la Ley.

Sin embargo, esta expresión es desafortunada, por cuanto este libro no es una mera repetición o copia de la ley ya promulgada. Se trata de una recapitulación, hecha durante circunstancias particulares, y con un propósito especial.

En el Éxodo, Levítico y Números, la legislación es presentada en ocasión de su promulgación. La ocasión o fecha de la recepción de las sucesivas secciones son ordinariamente indicadas, y se declara cada grupo de estatutos por separado, que proviene de Dios. Como contraste, en Deuteronomio la ley es presentada como un conjunto y comentada hacia cierto punto.

Al darse Deuteronomio, habían ya transcurrido treinta y ocho años desde que se habían dado la mayor parte de las disposiciones de la legislación. La nueva generación estaba en vísperas de apoderarse de Canaán, y es aquí convocada a fin de escuchar la ley de la nación, para aprender a aplicar sus principios a las nuevas circunstancias que se avecinaban, de ver con mayor claridad su sentido espiritual, y de entrar con pleno conocimiento de causa en la alianza hecha con sus padres. En lugar de Dios dirigiendo la palabra a Moisés, tenemos aquí a Moisés dirigiendo, por orden de Dios, la palabra al pueblo.

El libro se compone principalmente de tres exposiciones, consignadas por escrito, y sobre cuya base la alianza es solemnemente renovada. El examen de la historia del pueblo después de la celebración del pacto en Sinaí con la generación anterior, debe ser un motivo de obedecer las leyes de Jehová. Este discurso es atribuido a Moisés.

Fecha: el año 40, al mes 11, día 1º; después de la victoria sobre Sehón y Og, y después del pecado que Israel cometió al unirse a los sacrificios de Baal-peor. Fue pronunciado “al otro lado del Jordán”, como realmente debiera traducirse. Para Abraham y los cananeos, esta expresión significa el país situado al este del río.

Los descendientes de Abraham dieron a esta expresión el mismo sentido geográfico. Ellos se hallaban precisamente entonces al este del Jordán, pero, de la misma manera que los patriarcas, seguían llamando a este lugar “el otro lado del Jordán”, de la misma manera que a los farallones vecinos les daban el nombre de Abarim, esto es, “los montes del otro lado”.

Y ciertamente el pueblo tenía la impresión de hallarse al otro lado del Jordán, al estar fuera de la Tierra Prometida. Sin embargo, al no haberse pasado todavía el río, esta ambigua expresión es completada de manera reiterada con expresiones como “en tierra de Moab”.

Recapitulación de las ordenanzas con respecto al pueblo, con insistencia en la espiritualidad de las leyes, y con una gran insistencia en prestarles obediencia. Estos estatutos son, por lo general, leyes positivas, implicando derechos y deberes; o bien se trata de leyes que el hombre, por su natural depravación, podría ignorar. Estas últimas, basadas en motivos religiosos, decretan:

(A) La fundación de ciudades de refugio para homicidas involuntarios; (B) la exclusión de la idolatría; (C) las consideraciones hacia los más débiles y los menos privilegiados de la comunidad.

 Mandato de inscribir la ley sobre las piedras revocadas de cal que habrían de ser erigidas en el monte Ebal. Bendiciones y maldiciones consiguientes a la obediencia y desobediencia. Esta majestuosa proclamación es de inmediato seguida de una breve alocución, pronunciada durante la ratificación de la renovación de la alianza.

Este pacto fue consignado en un libro, igualmente que el pacto precedente concluido en Horeb, es decir, Sinaí. El lugar y la fecha de la renovación de la alianza son mencionados en. Después de estas tres exposiciones que forman lo esencial del libro de Deuteronomio, Moisés designa públicamente a Josué como su sucesor, y le confiere una precisa misión.

A continuación pone esta ley por escrito a los sacerdotes, y les ordena su lectura pública a los israelitas. Después, Josué es revestido de sus funciones. En el tabernáculo Dios inspiró a Moisés un cántico para el pueblo, que él escribió; después ordenó a los levitas, portadores del arca, que depositaran el libro terminado al lado del arca como testimonio.

Mandó después a los ancianos y oficiales de las tribus que se reunieran para aprender y entender este cántico, que repitió en público.  Los adioses de Moisés se relatan en Dt. 32:48-33:29; el relato de su muerte se halla como epílogo en Dt. 34. Lo que caracteriza a Deuteronomio son los preparativos de la instalación en el país de Canaán; esta particularidad determina:

(A) La manera de expresarse: la gente va a volverse sedentaria, y el campamento deja de ser mencionado, en tanto que ocupaba un gran espacio en la 1ª legislación; no se habla más de él que con respecto a guerras futuras, o con respecto al hecho de que en este momento está situado en Sitim. Por otra parte hace alusión a las casas, a las ciudades, y a sus “puertas”.

(B) Las modificaciones poco importantes de leyes en vigor, a fin de adaptarlas a los nuevos modos de existencia. Por ejemplo, se cambió la ley que demandaba que los animales sacrificados para su consumo fueran llevados a la entrada del tabernáculo; podrían ser muertos en cada localidad donde vivieran; por la misma razón, ya no será necesario ofrecer a Dios al 8º día los primogénitos de los animales; se podrá diferir su sacrificio hasta que el propietario, si reside muy lejos del santuario, venga a las fiestas anuales.

 Cuando el esclavo hebreo prefiera quedar unido a la casa de su dueño en lugar de reclamar su derecho legal a la libertad, será suficiente la ceremonia de la puerta, no siendo preciso que vaya a presentarse delante de Dios.

(C) Se toman nuevas medidas para la salvaguarda de las clases dependientes: levitas, viudas, huérfanos, extranjeros. El código deuteronómico los protege contra el daño que les pudiera causar el egoísmo y la indiferencia de los israelitas, ya bien demostrados con demasiada frecuencia durante la peregrinación en el desierto.

(D) La nación tendrá un único altar, en el lugar elegido por Jehová para poner allí Su nombre. Este altar único debería neutralizar la tendencia a la idolatría, al impedir que el pueblo celebrara su culto en los numerosos santuarios de los cananeos.

Así, las ceremonias en honor de Jehová vendrían a ser infinitamente más solemnes y magníficas que los ritos idólatras de Canaán, por cuanto los hebreos deberían congregarse en grandes núcleos, aportando al Señor el homenaje de todos sus recursos.

Este culto, celebrado por el conjunto de la nación, debía por otra parte potenciar la comunidad, contribuyendo a unificar la nación. Los peligros ya se habían evidenciado: celos entre personas y tribus, tendencia del pueblo a la idolatría, propensión importante de gran parte del pueblo a separarse de sus hermanos para establecerse en regiones ricas en pastos. En este período crítico el código deuteronómico subraya con una nueva insistencia la ley ya antigua de la unidad del lugar de culto. La cohesión nacional y el mantenimiento de la teocracia dependían de ello.

De la forma más explícita, y quizá con mayor insistencia que las otras partes del Pentateuco, este libro designa a Moisés como su autor. Comienza con estas palabras: “Éstas son las palabras que habló Moisés a todo Israel…”. Se dan detalles precisos de fecha y lugar.

Moisés es mencionado más de cuarenta veces, en general como la fuente autorizada de tal o cual declaración; con mayor frecuencia habla en primera persona. Hacia el final del libro, leemos: “Escribió Moisés esta ley, y la dio a los sacerdotes… y a todos los ancianos de Israel”.

“Y cuando acabó Moisés de escribir las palabras de esta ley en un libro hasta el fin, dio órdenes Moisés a los levitas que llevaban el arca del pacto de Jehová, diciendo: “Tomad este libro de la ley, y ponedlo al lado del arca del pacto de Jehová nuestro Dios, y esté allí por testigo contra ti”.

Los eruditos respetuosos con las Escrituras descubren aún pruebas adicionales de la genuinidad de este libro: el carácter general de esta obra, la naturaleza de sus exhortaciones, los mandatos dados en vistas a la conquista, la legislación militar dada a un pueblo nómada acerca del tema de establecerse definitivamente de una manera sedentaria, el espíritu, en fin, que anima estas magníficas páginas, todo esto está evidentemente en relación con la época mosaica, y en absoluto con un periodo ulterior.

Si este libro no fuera de Moisés, sería difícil considerarlo como otra cosa que una falsificación literaria indigna de figurar en las Escrituras. Entre los libros del Pentateuco, el Deuteronomio es particularmente atacado por los críticos, que niegan dogmáticamente su mosaicidad. Pretenden ellos que el autor fue un profeta desconocido que escribió “a la manera de Moisés” entre el año 715 y el 640 a.C.

El libro hubiera sido entonces publicado por primera vez (hallado en la «casa de Jehová»), en el año 18 del rey Josías, con el fin de apoyar la gran reforma religiosa entonces en curso. La principal razón de proponer tal fecha es que los libros del AT no repiten de una manera explícita el mandato con respecto al santuario central.

Así, argumentan ellos, esta ley no hubiera sido promulgada hasta la época de Josías. Sin embargo, el examen sin prejuicios de Deuteronomio revela que sus leyes habían sido puestas por escrito, conocidas, y aplicadas cuando Israel entró en Canaán.

Se puede dar asimismo pruebas de ello. Jericó fue “dada al anatema”, en base a Dt. 13:15 ss. Después de la toma de Hai, el pueblo solamente tomó “las bestias y los despojos de la ciudad”, según las instrucciones de Dt. 20:1-4. El cadáver del rey de Hai fue bajado del madero antes del anochecer. El altar del monte Ebal  recuerda a Dt. 27:4-6.

La misma ley del santuario central era conocida ya temprano en la historia de Israel: Las tribus establecidas al este del Jordán afirmaron que su altar memorial no tenía en absoluto la intención de tomar el lugar del altar del santuario. Por otra parte, vemos que Elcana iba cada año a Silo, donde el culto tuvo su primer centro.

Después de la destrucción de Silo, y de un período de guerra, Samuel sacrificó en Mizpa, Ramá y Belén, siendo que la reglamentación de Dt. 12:10-11 se aplicaba a las épocas de reposo y de seguridad. El avivamiento de Ezequías  no se concebiría sin conocer Deuteronomio y su ley singular con respecto al santuario central, ley que era conocida igualmente de los profetas del siglo VIII.

Es preferible atenerse a los hechos claros que seguir la retorcida argumentación, basada nada más que en hipótesis insostenibles, frente a las que, además, se levanta el testimonio directo y totalmente decisivo de la sanción dada al libro por el mismo Hijo de Dios, al citar tres de sus pasajes, en respuesta a las tres tentaciones de Satanás, como palabra de Dios.

APRENDIZAJES CONVENIENTES

(Deuteronomio 17: 14)= Cuando hayas entrado en la tierra que Jehová tu Dios te da, y tomes posesión de ella y la habites, y digas: pondré un rey sobre mí, como todas las naciones que están en mis alrededores; ciertamente pondrás por rey sobre ti al que Jehová tu Dios escogiere; de entre tus hermanos pondrás rey sobre ti; no podrás poner sobre ti a hombre extranjero, que no sea tu hermano.

(16) Pero él no aumentará para sí caballos, ni hará volver al pueblo a Egipto con el fin de aumentar caballos; porque Jehová os ha dicho: no volváis nunca por este camino.

(17) Ni tomará para sí muchas mujeres, para que su corazón no se desvíe; ni plata ni oro amontonará para sí en abundancia.

(18) Y cuando se siente sobre el trono de su reino, entonces escribirá para sí en un libro una copia de esta ley, del original que está al cuidado de los sacerdotes levitas; y lo tendrá consigo, y leerá en él todos los días de su vida, para que aprenda a temer a Jehová su Dios, para guardar todas las palabras de esta ley y estos estatutos, para ponerlos por obra; para que no se eleve su corazón sobre sus hermanos, ni se aparte del mandamiento a diestra ni a siniestra; a fin de que prolongue sus días en su reino, él y sus hijos, en medio de Israel.

Número Uno: Tenemos que aprender de una vez por todas a funcionar desde el ámbito que escoge Dios y no del que se nos ocurre a nosotros. Más concretamente: aprender a reconocer a aquel que Dios elige.

Lo primero que tenemos que aprender de este nuevo orden sacerdotal, es que este sacerdocio no tiene nada que ver con el lugar o la calidad estructural del sitio en el que tú te has graduado, pero sí tiene todo que ver con quien diga y levante.

A pesar de que la dinámica del orden de Melquisedec le pertenece a toda la iglesia, cuando hablamos del comando, de la dirección, de la guía, de la conducción, del ministerio de la iglesia, el que elige siempre es Dios.

¿Tú recuerdas, allá por Mateo capítulo 20, donde una señora vino a pedirle un favor a Cristo? Le dijo: con permiso, vengo solamente a pedirte un favor. Que me pongas a este muchacho mío a tu derecha y al otro hijo mío a tu izquierda cuando llegues a tu Reino, ¿Sí?

El Señor le respondió tres cosas puntuales. Primero: Tú no sabes lo que estás pidiendo. Muchos de nosotros, en la iglesia, vemos autoridad a través de los ojos engañadores del mundo, y no entendemos lo que estamos pidiendo cuando pedimos autoridad.

Lo primero que Cristo dijo, fue: Tú no sabes lo que estás pidiendo, porque si lo supieras, no lo pedirías. Nota que todos los grandes hombres de Dios no eran hombres que andaban intrigando y haciendo “lobby” para conseguir una posición.

Ninguno, en la Biblia, de los que fueron usados grandemente por Dios para adelantar su propósito, andaban buscando ser usados. Todos fueron sacados por Dios de lo que eran sus ocupaciones. Dios jamás llamó a vagos o a desempleados.

Segundo: Le dijo: ¿Puedes tú beber esta copa y ser bautizado en el bautismo en que yo seré bautizado? Por favor, olvida el bautisterio, el río vecino o la pileta de natación de lona; se está hablando de sumergirse en algo espiritual.

Entonces, lo que se trata de hacer entender es: ¿Tú puedes pagar el precio? Muy bien; pero el precio es muerte. Entonces Él dice: ¿Tú sabes, mujer, lo que realmente me estás pidiendo? Ese bautismo del que hablo es muerte. Ese es el precio de la autoridad.

Mientras menos de ti haya, más autoridad tienes. Si por el mensaje se te considera  a ti como lleno de autoridad, es porque tú has sido menguado delante de Dios, no promocionado, enaltecido, aplaudido y homenajeado, ¿Estás entendiendo?

Tercero: También dijo: Eso que tú pides, está reservado sólo para el Padre. Elegir. El primer paso, para elegir reyes en la tierra, es entender que a los reyes los escoge Dios. No es basado en sistemas democráticos aunque parezcan excelentes, es Dios.

Tampoco es basado en los números otorgados en las calificaciones pedagógicas en su graduación. Estoy diciéndote que no tiene nada que ver con bachilleratos, ni doctorados en Teología, o con títulos denominados “master” (Que significa “maestro”) en Divinidad o Divinidades.

En realidad, debo confesar que nadie sabe demasiado bien que cosa significan estos títulos y sus alcances, pero le otorga a quienes lo poseen un status religioso de primerísimo nivel. Tú no eliges nada. Lo que no elige Dios, no es reconocido en el mundo del espíritu, aunque aquí en la tierra ocupe todas las pantallas de todos los canales de televisión seculares y cristianos.

Número Dos: Dice que no puede haber ningún extranjero en el orden de Dios y de Melquisedec. Y debemos ser inteligentes y profundos con esto. Lo digo porque en algunos lugares d Europa se están corriendo a los sudamericanos de las iglesias esgrimiendo textos como este.

Dice que el que escoja, tiene que ser de entre sus hermanos. Esto significa que tiene que estar familiarizado con lo que Dios está haciendo en su medio. Allí dice “hermano”, pero esta palabra no significaba que tuviera que ser israelita. Era suficiente con que supiera perfectamente lo que la tribu tenía que hacer. No extranjero. No externo. No extraño. ¿Lo estás viendo?

La persona que ocupa esta posición no puede ni debe ser ignorante de lo que Dios está haciendo en la tierra, y mucho menos en su medio ambiente más cercano. Por eso, siempre he pensado, (Aunque por momentos haya hecho lo contrario de un lado y de otro), que traer un pastor de una congregación a otra, no está alineado con el orden de Dios.

Muy especialmente esto no tiene ninguna razón de ser, cuando ese pastor no conoce, no sabe y no tiene revelación en cuanto hacia donde se dirige la iglesia. Y no te estoy hablando de una posición que se ocupa en una congregación, te estoy hablando de una posición que se ocupa en el espíritu. ¿Por qué? ¡Por que somos linaje escogido!

Número Tres: Dice que aquel que llegue a ser rey, no puede multiplicarse para sí mismo. Ni caballos, ni casas, ni esposas, ni oro. Ahora, entiende bien: en aquellos tiempos tenían más de una mujer cada uno. ¡Pero era en aquel tiempo!

 El problema no era con la abundancia de casas; el problema no era, tampoco, con la abundancia de dinero; mira lo que dice la Escritura: Verso 17)= No tomará para sí muchas mujeres, para que su corazón no se desvíe.

El problema básico no es la existencia de esas posesiones que no significan nada en sí mismas, sino si esas posesiones logran desviar tu corazón. Mientras no lo desvíe, puedes tener todo lo que quieras. Obviamente, no estoy hablando de mujeres, estoy hablando de posesiones, no te hagas el tonto…

Y esa frase, Que su corazón no se desvíe, significa “que se descentralice”, que el objetivo de su ministerio, comience a descentralizarse. Que lo que se está haciendo, ya no se está haciendo por la misma causa por la que comenzó. Cualquier cosa que causa que su corazón se salga del centro del propósito, no es bueno.

Número Cuatro: Una posición d un estilo de vida progresivo, dice el verso 16: Pero él no aumentará para sí caballos, ni hará volver al pueblo a Egipto. No puede ser un ministro que por su obstinación de no seguir con Dios, termina llevando a la iglesia al lugar de donde provino.

Egipto, mi amado hermano y hermana, no tiene que ver con el mundo solamente, Egipto, en Génesis 49, era el Edén de Israel, porque fue en Egipto que se le proveyó lo mejor de la tierra de Gozén. Egipto, en este verso, significa: “El lugar de donde has venido”.

Hay gente, escucha, que sale de un mover, y después el ministro ya no quiere moverse más con Dios y la gente termina volviéndose al mover del que acaba de salir. Eso es volver a Egipto, aunque en primera visión pueda parecer muy santo.

Ahora bien; volver a Egipto, puede ser volver a los panderos y las danzas, mientras la gente llena los consultorios de los psicólogos y psiquiatras, (Incluidos unos cuantos auto denominados como cristianos), porque, dice, le falta sanidad a su alma.

Pregunta: ¿No era que el alma estaba crucificada juntamente con Cristo? Si el alma fue crucificada, está muerta y, si está muerta, no necesita ninguna clase de sanidad, sino un buen sepelio, ¿No crees? Dios no deja de moverse. Egipto es el lugar previo. ¿Sabes lo que es?

(Deuteronomio 11: 10)= La tierra a la cual entras para tomarla no es como la tierra de Egipto de donde habéis salido, donde sembrabas tu semilla, y regabas con tu pie, como huerto de hortaliza.

MI iglesia. MI ministerio. MI culto de adoración. ¡¡Yo soy el líder de alabanza!! ¿Sabes lo que significa la palabra “líder”? Uno que llegó primero a la meta luego de haber derrotado a otros. Tal cual. Nada que ver con Dios.

¡Este es MI ministerio! ¡Este es MI huerto de hortalizas! ¡Déjame MIS tomates tranquilos! No existe. Él dice: La tierra que yo te voy a dar es distinta a la anterior donde hacías todos los días las mismas cosas.

Y sembrabas tus propias semillas y las regabas con tu pequeña latita de agua. Y entonces, tú dices: ¡Estoy sembrando para prosperar! Pero la Biblia dice que tú siembras en un lugar y cosechas en otro. Dice, – También -, que lo que tú siembras, otro lo riega y otro más es quien lo recoge. No dice que tú tengas que hacerlo todo.

 (11) La tierra a la cual pasáis para tomarla es tierra de montes y de vegas, que bebe las aguas de la lluvia del cielo; tierra de la cual Jehová tu Dios cuida; siempre están sobre ella los ojos de Jehová tu Dios, desde el principio del año hasta el fin.

Esto que terminas de leer te está diciendo que a esta sí que la riega Dios, porque esta es monte, no huerto de hortaliza. Y algo también tiene que quedarte muy en claro: tú solo no puedes hacerlo. O lo haces conjuntamente con Dios o no lo haces, así de simple.

Estamos hablando, entonces, de un a vida progresiva que no te lleve otra vez a Egipto, ¿entiendes? En el momento en que tú hayas de seguir a Dios, la iglesia tuya tiene el potencial de volver atrás, porque es más fácil volver a alo reconocido que ir al mundo de lo desconocido.

En el momento en que tú no tienes dirección, tu oveja, si eres pastor, se vuelve atrás. Si tu vida no tiene dirección, se achica a lo que entiende y conoce. Si quieres experimentar algo que nunca antes has experimentado, vas a tener que hacer algo que nunca has hecho y, en toda ventaja, hay riesgos.

Número Cinco: Dice con bastante claridad que escriba para sí mismo. Como esto no siempre se termina de entender de modo correcto, será conveniente que observes con suma atención lo que expresa el versículo siguiente.

 (18) Y cuando se siente sobre el trono de su reino, entonces escribirá para sí en un libro una copia de esta ley; (Es decir que la cosa es así: en ese tiempo había escribas, gente que se ocupaba de esos menesteres. Profesionales del puño y letra. El rey no escribía nada. El rey decía y el escriba escribía todo lo que el rey decía. Pero Dios no dijo eso. Dios dijo: Yo quiero que el rey escriba para sí mismo, que conozca las escrituras. No solamente que escuche CD, vea videos o lea libros de otros; que las conozca por sí mismo. Que escriba por sí mismo) del original que está al cuidado de los sacerdotes levitas; y lo tendrá consigo, y leerá en él todos los días de su vida, para que aprenda a temer a Jehová.

Lo que te está diciendo, hasta este momento, es que aquel que está dando la instrucción a otros, la haya escrito en su propia vida, para que él la entienda y para que también la aplique. A mí me puede halagar que tú digas que tengo buenos mensajes, pero el problema es que yo tengo que ser ese mensaje, o todo lo demás es falso.

Entonces creo que está bien claro y entendible. No busques a un escriba que te escriba las cosas, escríbelas tú mismo. Responsabilízate de lo que estás ministrando. Si no funciona, que no te funcione a ti tampoco. Aplica esa ley contigo mismo; nadie puede ser ministro de una nación y no conocer su Constitución, ¿No te parece? ¡Ah! ¡Y respetarla, además!

Tenemos que conocer las obras de Dios en intimidad. El sacerdocio de la orden de Melquisedec no es de obras externas, es de convicciones internas. ¿Te ha quedado claro, esto? Porque siempre, cuando medimos un trabajo sacerdotal, tratamos de “ver” lo que ha hecho.

Aquí se trata de entender la ley personalmente. Cuando tú llegas a conocer esto, de esta manera es que se produce algo nuevo. Recuerda el principio matrimonial: sin intimidad no se puede dar a luz nada nuevo. Sin intimidad, no se produce vida.

La palabra Sacerdote, es la palabra PONTIFEC, ¿Te resulta familiar? Claro, hay una palabra, en latín, que es parecida y ha sido muy utilizada por un sector del autodenominado cristianismo: PONTÍFICE. Así se les conoce a los papas romanos.

El caso es que PONTIFEC, proviene de PONT, que es de donde viene la palabra PUENTE. PONTIFEC, entonces, es “edificador de puentes”. Allí tienes el significado de sacerdote. Uno que edifica puentes. Uno que conecta dos entidades separadas. Un agente de reconciliación.

Es que en primer lugar, por supuesto, el sacerdote tiene que ser, como aquí se dice, un agente de reconciliación. Ahora bien: ¿Qué necesita imperativamente un hombre para llevar a otros a la reconciliación con Dios? Tener un puente personal de ida y vuelta con Él.

BARRERAS DE OBSTRUCCIÓN

No se puede reconciliar a nadie con Dios si no se tiene un puente personal de ida y vuelta con Dios uno mismo, el reconciliador. ¿Por donde lo va a llevar a esa reconciliación si él mismo no sabe como llegar? Yo, reconciliador, tengo un asunto muy importante: traerte a ti adonde yo vivo.

Uno de los problemas más graves que hoy día afronta la iglesia, es que muchos de sus ministros, puestos donde están para ayudar a los hermanos con problemas, están viviendo peor que aquellos a los que tienen que ayudar.

La tierra tiene necesidad y quienes la habitan necesidades. Muchas, y sacerdote es uno que une las manos de Dios con esa necesidad, no con uno mismo. La idea es: poner tus manos con las de Dios y desaparecer.

Por esa causa es que el texto que podemos encontrar en el capítulo 5 de la carta a los Hebreos, dice que tenemos que ofrecer sacrificios para nosotros mismos, porque nosotros También estamos rodeados de debilidades. ¿Dice eso la historia sacerdotal? Sí, dice eso. ¿Lo está haciendo el sacerdote moderno? No, no lo está haciendo. Ha vendido una imagen de omnipotencia, no puede. ¿Entonces? Entonces debe aparecer Melquisedec, nuevamente.

La idea nuestra es que seas leal a tu ministro, que tu ministro tome tu mano y la ponga con la lealtad de Dios. Mientras Dios esté usando a su ministro, éste te va a decir como Pablo: imítame a mí, mientras yo imito a Cristo. En el momento en que Dios ya elija a otro, los dos tendrán que seguir a quien sea.

No pueden seguir en actividad pastores y ministros que se conviertan en barreras para que el hombre se una con Dios. Gente que le prohíbe ir a tal o cual lugar a escuchar a tal o cual persona, o sintonizar tal o cual emisora para escuchar a tal o cual hombre. Esas son barreras, no puentes.

Eso, precisamente, fue lo que desencadenó la reforma de Martín Lutero. Porque el sacerdote, había llegado a convertirse en una barrera para el hombre que buscaba a Dios. En lugar de ser puente del hombre con Dios, se había convertido en barrera, en obstáculo, en piedra de tropiezo.

Entonces se levantó la reforma de Martín Lutero. Y el punto más fuerte de esa reforma no era que el justo vive por la fe. Era sobre el sacerdocio de los santos. Que los santos podían acercarse a Dios sin necesidad de un sacerdote. Y por eso lo mataron.

Esa fue su predicación: tú puedes hablar con dios por ti mismo, sin necesidad de que yo te haga de intermediario. Tú puedes leer tu propia Biblia, sin necesidad que venga un “especialista” a que te la interprete. Lo quisieron asesinar. ¿Y que supones que desearían hacer con los que hoy andan predicando lo mismo?

¿Te estás dando cuenta que lo que estamos enseñando aquí no es una doctrina de demonios o el resumen de los enojos o resentimientos de alguien a quien no le dieron una iglesia para pastorear y vivir a expensas de los diezmos y ofrendas de esa gente en lugar de tener que marcar una tarjeta-reloj durante toda su vida para poder comer, sino lo que siempre Dios nos dijo que había que hacer?

En el preciso momento en que un ministro cualquiera, por importante que parezca, se convierte en barrera u obstáculo, ya no entra en el orden de Melquisedec. Y no interesa, -Reitero -, si hasta allí era el hombre con mayor audiencia en la televisión cristiana.

El orden de Melquisedec es un puente reconciliando al hombre con Dios, no tomando en cuenta sus errores. Lo importante es que para que hoy tú te puedas reconciliar con Dios, tienes que unirte al Dios del día, no con el Dios que tú entendías que era.

Nosotros nos emocionamos mucho con palabra tales como: Avivamiento, Restauración, Reforma. Sin embargo, son palabras que Dios obvia, pasa de largo, desestima. Porque si no hubiera muertos no haría falta avivamiento. Y si hubiera gente obediente, tampoco haría falta reforma.

A Dios no le gustan esas palabras que la iglesia adora. Que las estemos usando y que hasta sean famosas, no significa necesariamente que sean agradables a Dios. Te sugiero humildemente que, si puedes, no las utilices sin entendimiento.

¡Es que somos de la restauración! Sí, pero si estuviéramos en el orden divino, no habría que restaurar nada, ¿Entiendes? Nos estamos emocionando más con el efecto que con la causa. Re-forma. Re-instauración. El prefijo RE, significa volver a hacer algo que ya estaba hecho. Para Dios, simple y llanamente: perder el tiempo.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez