Elevado a Hermano en el Corazón

A diario recibo correos de hombres bien intencionados, sinceros y muy seguros de lo que expresan, que me censuran formas de interpretación porque, dicen, están apartadas de las normas básicas de la hermenéutica.

Sin embargo, yo he aprendido durante todos estos años de iglesia intensa y luego menos intensa, que solamente pueden tener una palabra fresca y de renuevo, aquellos que se arriesgan t van más allá del velo de la carne representado, en este caso, por la intelectualidad.

El orden de Melquisedec va mucho más allá del recuerdo o la rememoración de una figura poco conocida y difundida, o de un misterioso personaje que no todos adjudican a la realidad. Ese orden tiene que ver, necesariamente, con cambios muy grandes en la concepción espiritual de la religión

Quiero incursionar, en este capítulo, en un texto que se encuentra en el segundo de los cinco libros del Pentateuco: el del Éxodo. En los textos hebreos, el título del libro lo dan las primeras palabras: Estos son los nombres.

No es sin razón que la traducción griega da al libro el nombre de Éxodo, porque relata la salida de Egipto tan decisiva en la historia del pueblo de Israel. Este interesante libro puede dividirse, a modo de repaso general y global, en tres secciones principales.

La estadía en Egipto. Pasa mucho tiempo entre la llegada de Jacob a Egipto y los hechos en que se centra el libro, pero solamente se hace una breve alusión acerca del aumento en número de los hebreos después de la muerte de José.

Entonces, en su contexto, se relatan los sufrimientos de los oprimidos israelitas, el nacimiento de Moisés, su juventud y posterior llamamiento, y la lucha contra Faraón, las diez plagas y, en relación con la última plaga, el relato de la institución de la Pascua.

La Peregrinación desde Egipto a Sinaí. Allí nos encontramos con los israelitas abandonando la ciudad de Ramesés, las prescripciones sobre la Pascua y condiciones bajo las que los extranjeros podrían tomar parte y la orden de consagrar a los primogénitos y la celebración futura de la fiesta de los panes sin levadura en relación con la Pascua.

Asimismo, se relata también la travesía del mar Muerto, el cántico de liberación, los episodios de las aguas amargas de Mara, del maná y de las codornices, la detención de Refidim, el agua brotando de la roca de Orbe, la victoria sobre Amalec y la visita de Jetro.

Llegada y estancia prolongada en el Sinaí. La partida de Sinaí que también se menciona en Números, el establecimiento de la teocracia que se basa en el pacto con Jehová y comporta la obediencia a sus órdenes, con los ancianos y el pueblo comprometiéndose a observar esta condición.

Promulgación de los diez mandamientos y de las leyes secundarias consignadas en el Libro del Pacto, para el análisis y el contenido de estas leyes. La ratificación del pacto por parte del pueblo, y la comida de confirmación entre las partes pactantes.

La historia de Moisés en el monte Sinaí, las prescripciones para la construcción del tabernáculo y de su mobiliario y utensilios, las dos tablas de piedra, el becerro de oro, la segunda estancia de Moisés en el monte, el resumen de las leyes acerca de la renovación del pacto, la construcción y montaje del tabernáculo.

En lo concerniente al mensaje espiritual que contiene Éxodo, las experiencias de Israel son ejemplos escritos ya con el propósito de nuestra instrucción. El Éxodo es por excelencia el libro de la redención.

El pueblo de Dios se halla cautivo, caído, esclavizado e impotente. Dios interviene, y suscita a Moisés como liberador, arranca al pueblo de la Tiranía de Faraón, salvándolo del destructor mediante el sacrificio del cordero pascual, le revela su ley y le otorga su presencia permanente en el tabernáculo.

De la misma manera, nosotros somos seres caídos, cautivos, lejos del paraíso, sometidos a la esclavitud del príncipe de este mundo. Dios nos envía al Salvador, cuya muerte nos libera y nos saca del mundo; nos lleva a Sí, y por su Espíritu pone su ley y presencia en nuestros corazones.

Pocos libros del Antiguo Testamento son más cristo céntricos que el Éxodo. Está repleto de tipologías e imágenes que preanuncian la persona y la obra de Cristo. Moisés prefigura al Hijo que sería puesto sobre toda la casa de Dios. Cristo mismo es nuestra Pascua, el cordero inmolado por nuestra salvación.

El paso del mar Rojo representa la liberación del cristiano del poder de Satanás mediante la muerte y resurrección del Señor Jesús. El maná es el tipo de Pan viviente que bajó del cielo, la roca golpeada de la que brotó agua era Cristo.

El culto mosaico, los sacrificios y las diversas partes del tabernáculo, todo ello, era figura y sombra de las cosas celestiales. Finalmente, Aarón prefigura a nuestro único y perfecto sumo sacerdote, del que Melquisedec parece haber sido una aparición anticipada.

Recapitulando, se pueden citar los temas de extrema importancia que conocemos esencialmente gracias al libro del Éxodo: preparación, intervención e intercesión de Moisés, las diez plagas, la Pascua, el paso del mar Rojo, el maná, etc., constituyen un tema digno de un estudio profundo e inteligente por parte del creyente, que es lo que intentaremos ahora.

DECRETANDO LA AUTORIDAD

Éxodo 29: 4)= Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y como os tomé sobre alas de águila, y os he traído a mí. (Esto quiere decir que, en comparación con nosotros, Dios vive en las alturas de la comprensión, de la inteligencia y del poder).

(5) Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. (Esta condición es sin ecuanom y no ha finalizado. Todavía sigue vigente y en pleno cumplimiento. Dios es bueno, pero también es justo y jamás transgredí sus propias leyes.)

Hay dos requisitos que están mucho más que claros aquí. El primero de ellos es el que nos consigna que todo eso es posible si oyes Su Voz, no de otro modo. Y el segundo, es todavía más concreto y preciso: si guardas Su Pacto. Si no lo guardas, esto no es válido para ti.

Toda profecía siempre es condicional. Hay mucha gente que está sentada por allí esperando que se le cumpla una palabra profética que le dieron allá por 1970. Mucho me temo que si no comprenden como funciona esto, seguirán sentados allí hasta que el Señor se los lleve definitivamente. ¡Y sin ver el cumplimiento de lo profetizado!

Porque cuando la voz de Dios se encuentra con la voluntad del hombre, esta voluntad, inexorablemente, tiene que alinearse con la voz de Dios. De lo contrario, automáticamente se anula la profecía. Tú tienes libre albedrío, Dios jamás te obligará a hacer nada que no quieras.

Conclusión: ¿Tienes en tu vida una palabra profética? Di amén y luego sal a buscarla si es que la has creído y aceptado. A mí me profetizaron hace más de quince años que mi voz sería oída en todas las naciones. Y eso en un tiempo donde a mí no me oían ni en mi propia iglesia pequeña.

Yo tomé esa palabra, la acepté, la creí pero hice lo que aquí se nos enseña que debemos hacer: comencé a ponerla por obra. Si no hubiera estado en esa emisora de radio, cada semana, grabando un estudio, y luego no hubiera abierto mi página Web, jamás se hubiera cumplido. Hoy mi voz sí se oye en todas las naciones y es, definitivamente, para la gloria de Dios.

Pongamos las cosas en su debido sitio y espacio y entendamos: las profecías mesiánicas ocurren con o sin tu ayuda, eso es más que claro. Pero cuando la profecía tiene que ver con una generación, con una familia o contigo personalmente, siempre es condicional.

Condicional pero, entiende bien, aunque esa condición impuesta no se vea a simple vista. Siempre hay un: “Si haces esto, yo hago aquello”. Cada pequeño pajarillo tiene en alguna parte una lombriz para saciar su apetito, pero salvo cuando es pequeñín y aún no vuela, nadie se la trae al nido: tiene que salir a buscarla todos los días. Esto es igual.

 (6) Vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.

Esta profecía se cumple en Pedro, donde dice: Vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, son las tres cosas que le prometió a Israel. Pero Israel abortó la promesa porque no oyó la voz de Dios.

Ellos le dijeron a Moisés: ¡No queremos oír su voz! ¡Sube tú al monte, habla con él, ve lo que quiere decirnos y después ven y habla con nosotros! ¡Sube allá Moisés, oye lo que tú creas que es la voz de Dios y luego, el domingo, nos armas un mensajito, ¿Sí?

Así rompieron el primer requisito. El segundo, hablaba de guardar Su pacto. Desde el capítulo 32 y hasta el 34, vemos que Moisés quiebra las tablas del pacto mostrando externamente lo que ya había hecho internamente.

No oyeron su voz, no guardaron el pacto. La profecía, entonces, se trasladó a nosotros. Reyes y Sacerdotes. En el orden levítico, tú eras una sola cosa. O eras rey, o eras sacerdote; nunca las dos cosas. Según el orden de Melquisedec, eterno, celestial, no legalista, tú tienes contacto con Dios y Su promesa. Tú eres las dos cosas.

Pero también esto tiene ciertas condiciones. No se trata de que el domingo tú entras al templo de tu congregación y empiezas a saludar alegremente a cada uno de los que allí está sentado en los bancos, pensando que estás saludando a un rey y a un sacerdote en cada caso porque no es así.

Y la condición que tiene está bien clara en este texto, lo que no quiere decir que siempre se nos haya enseñado con el principal método de enseñanza que es el ejemplo visible y concreto: la condición es ser gente santa. ¿Sabes lo que significa ser santo? Será bueno que lo sepas.

Según la revelación bíblica, la santidad es una cualidad fundamental de Dios y de Su Espíritu, una virtud indispensable de todo verdadero creyente y un atributo de ciertos lugares, objetos, fechas, días y acciones.

El término hebreo KADOSH significa puro, física, ritual y, especialmente, moral y espiritualmente. En ocasiones se debe traducir “separado”, puesto aparte, consagrado. Ciertos autores presentan con demasiada exclusividad el concepto de separación, pero sí es cierto que la pureza consiste en estar separado de toda contaminación de todo pecado.

Cuando Isaías oyó a los serafines proclamar ¡Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos!, Isaías clamó: ¡Ay de mí!, que soy muerto, porque siendo hombre de labios inmundos, han visto mis ojos al Rey. Dice Isaías 6. Entonces fue su iniquidad quitada y expiado su pecado.

Aquí tenemos con bastante claridad expresada la purificación correcta para ser santo. Los levitas se santificaban ellos en primer lugar para, de ese modo, poder purificar la casa de Jehová. Se3r santo, obviamente, es lo opuesto a estar contaminado.

En el Nuevo Testamento se emplea el término HAGIOS que también en ocasiones significa Separado, consagrado, puesto aparte, pero con mayor frecuencia “puro”. Ser santo es ser sin mancha ni arruga ni cosa semejante.

En 1 Corintios 7: 1 se lee: Limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios. Si en ocasiones se trata, en el Antiguo Testamento, de cuestiones de santidad especialmente ritual, tenemos en ello sombras que se desarrollan en enseñanzas de unos principios de santidad profundamente espiritual y moral.

En la santidad ritual del Antiguo Testamento se hallan objetos santos, lugares santos, moradas santas, ciudades santas, vestiduras santas, pero, de una manera muy especial, el Tabernáculo y el Templo con todo lo que servía para el culto.

Nuestra santidad está estrechamente relacionada con la de Dios. Dice en Levíticos que: Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos. Si este pasaje menciona la separación, también todo el capítulo habla de pureza de conducta.

En cuanto a la santidad de Dios, la Biblia declara lo siguiente: La santidad de Dios es Su cualidad absoluta y fundamental. Su pureza absoluta, inmaculada, manifiesta Su gloria deslumbrante y eterna. Hay dos textos que lo reflejan con claridad.

(Isaías 6:3; 57:15) = Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria»

(Salmo 99:5; 103:1)= Esta santidad nos impulsa a la adoración: ¡Exaltad a Jehová nuestro Dios, y postraos ante el estrado de sus pies; él es santo!

La santidad de Dios se manifiesta a la vez en Su justicia y en Su amor. Su justicia lo obliga a castigar al pecador, pero es inseparable de Su amor, que desea salvarlo. Una justicia sin amor no sería santa, como no lo es la justicia implacable de un tribunal humano y secular.

Pero un amor sin justicia tampoco es santo; no lo es el amor sin severidad de una madre débil. El arca del pacto ilustra muy bien esto: el propiciatorio, la cubierta de oro en la que se hacía la aspersión de sangre expiatoria, simboliza la gracia y amor de Dios; pero debajo de este propiciatorio se conservaba el rollo de la Ley, que representaba la justicia de Dios que perdona.

Porque el objetivo de Dios al perdonar es el restablecimiento del orden moral. Esta es la esencia de la santidad, sobre la que velaban simbólicamente los dos querubines de oro. Son numerosos los pasajes bíblicos que asocian estrechamente la justicia y el amor de Dios, estando siempre sobreentendida la noción de la santidad, al menos en el contexto.

Los términos utilizados son, en ocasiones, fidelidad y bondad, ira y misericordia, castigo y gracia. El Decálogo afirma que Dios castiga la iniquidad, pero también que muestra misericordia. El señor reprocha a los fariseos que descuiden la justicia y el amor de Dios. Pablo, por su parte, afirma que la gracia reina por la justicia y que el cumplimiento de la ley es el amor.

La santidad de Dios, de la que depende la nuestra, es así en realidad una combinación de una justicia o pureza absoluta con un infinito amor. Ello nos lleva a constatar que la suprema manifestación de la santidad de Dios viene a ser la muerte expiatoria de Su Hijo.

La cruz del Calvario, es la sublime expresión de la unidad manifestada entre Su severa justicia y su amor redentor. En cuanto a la importancia de la santidad del creyente, es menester recordar que cristo volverá para ser glorificado en sus santos.

UN ARMA QUE TODAVÍA FUNCIONA

Tenemos un concepto de eternidad del cual hablamos, enseñamos y hasta predicamos, pero en el cual no siempre podemos creer como deberíamos creer, ya que no lo entendemos. Es un aspecto más de los tantos en que andamos más hablando de haciendo.

Entre el cielo, que no es un lugar geográfico sino un ámbito espiritual y nuestra vida, hay un velo que se llama muerte que no siempre nos permite acercarnos a esa dimensión eterna. Cristo rasgó ese velo: pasó a través de él, le quitó todo poder y autoridad y te lo dejó a tu disposición para que tú no tengas miedo. No olvides que el miedo es el arma que todavía mejor le funciona a Satanás.

(Hebreos 2: 14)= Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, el diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.

Tranquilamente puedes notar con claridad que, lo que realmente está frenando al hombre, es el temor a la muerte. Ahora bien; si tú no le tienes miedo a la muerte, entonces ya no hay nada en la tierra que te limite. ¿Lo estás viendo?

Porque si eso sucede, tú ya no estás cautivo. Si pudiéramos entender que en Dios no hay muerte, ya no seríamos cautivos del enemigo. Porque el enemigo, lo que utiliza, es la ilusión, el mundo fantástico, es como si tú estuvieras en un desierto y de pronto te crees que has visto un mar.

Satanás y sus demonios son expertos creadores de espejismos. Pero recuerda, precisamente, el principio básico psíquico que hace ver un espejismo de aguas a un caminante sediento del desierto: su propia desesperación y falta de serenidad. Aquí ocurre exactamente lo mismo. Por miedo a que ese espejismo sea algo real, vives cautivo toda tu vida.

No existe la muerte. Somos eternos. Si tú eres consciente de esto, nada te detiene en la tierra. Porque, veamos: ¿Qué demonio podría detener a un hombre que ya está muerto? El que sufre cuando tú te mueres, es tu vecino. Dios no sufre y tú tampoco, porque tú sigues viviendo.

Lo que vas a abandonar, en todo caso, en ese instante tan importante, es tu caparazón, Ese caparazón que llevamos puesto desde el momento mismo de nuestro nacimiento. Pero estar ausentes del cuerpo es estar presentes con Él. No dejas de existir, al contrario; te sientes más libre. Ahora tienes mayor libertad de expresión porque ya no estás atado a un cuerpo.

Entonces, el que sufre es el vecino. Y si por allí tu vecino sabe y entiende adonde te has ido, tampoco sufre el vecino. El tema es cuando tú te mueres y estás sin Dios; entonces sí que tienes un problema.

Porque el tan remanido y ultra trillado infierno, independientemente de todos los sesudos estudios que los teólogos puedan haber realizado al respecto es, preponderantemente, eternidad sin Dios. Y a eso nadie lo ha experimentado, porque aún  cuando éramos pecadores, Dios estaba allí.

Pero en el infierno Dios no existe y ese es el máximo tormento eterno. Dice que desearías morir, pero el problema es que tú eres eterno. Salvo o no salvo, el hombre es eterno. El problema no es tanto como vive este pequeño tiempo llamado vida terrenal, el problema es adonde decides tú pasar tu eternidad.

Dice la carta a los Hebreos que por temor a la muerte, estuvimos cautivos durante todo el tiempo que tuvimos cuerpo. El orden de Melquisedec es un orden que nos trae a una dimensión donde, estando en el cuerpo, no somos limitados por el cuerpo.

A este punto quería llegar para poder mostrarte con toda claridad y argumentos sólidos que este es el sacerdocio que Dios siempre quiso tener. No importa si tuvo que introducir otro porque en su momento nadie quiso oír su voz, eso fue sólo temporal.

Este ya es el tiempo del sacerdocio según el orden de Melquisedec, aunque todavía en muchos, demasiados casos, la iglesia sigue operando, en este tiempo, como si todavía no quisieran oír su voz, desarrollando ritos, sacerdocios y divisiones entre laicos y ministros que Dios aborrece.

No se trata solamente de un mero reino de sacerdotes. Porque si son sólo sacerdotes, no pueden ser gubernamentales. Entonces dirán algo así como: “Dios mío… Si fuese tu voluntad… Aleluya, mi alma te alaba…”

Nadie dice que decir eso esté mal, no. Un sacerdote puede decirlo porque así es el espíritu del sacerdocio, pero no tiene disposición ni autoridad gubernamental, no decreta. Esa es una oración civil, no la de un gobierno militante. Y en tiempos de guerra, las oraciones civiles te mantienen cautivo.

Ha sido dicho con bastante claridad que, el sacerdocio según el orden de Melquisedec, es un sacerdocio relativo a todos los tiempos, pero sólo leal a la eternidad, ¿No es así? Bien; no importa como cambiaran los tiempos para Cristo o para su cuerpo, él se mantiene relativo y adaptado a cualquier tiempo, pero sin adherirse ideológica o doctrinalmente a ninguno.

Es un sacerdocio relativo al tiempo de Pentecostés, al mover carismático, al mover de la fe, al tiempo del Reino, al tiempo apostólico, pero fiel a ninguno de ellos en particular. Y no menciono el movimiento de la prosperidad porque no hay sacerdocio real que pueda avalarlo sin correr serios riesgos.

Si por alguna de esas grandes “casualidades”, mañana Dios hablara algo que es superior a cualquiera de estas cosas y la palabra lo confirmara con claridad, tú serás fiel a eso. Porque el orden de Melquisedec está por encima del apostolado de la iglesia, ¿Se entiende lo que estoy diciendo?

Quiero decir que, el menor en ese orden, el más pequeño e insignificante, es indefectiblemente mayor que el máximo apóstol de la iglesia. Esto es algo que no es exclusivo para líderes. Ese tiempo terminó.  Dentro de este nuevo orden, esto es algo que debe asumir la iglesia en el tiempo que estamos viviendo.

¿Sabías tú, por ventura, que la mayor parte de lo que conocemos como la iglesia, está tan confundida en este asunto que prácticamente no parece tener destino? Porque de momento que no entendieron lo esencial, podría asegurarte que sólo existen, no viven.

Estamos todos los domingos en un mismo lugar, haciendo las mismas cosas sin experimentar nada de lo que hablamos permanentemente y esperando inútilmente algo que no va a suceder. Entramos y salimos de los templos como en el tiempo de Zacarías. ¡Y Dios no estaba allí!

Porque no, no había Dios. Dios había decidido irse y se había ido. Pero ellos seguían entrando y saliendo de los templos y comportándose con solemnidades hipócritas como si Dios verdaderamente estuviera presente en ese lugar.

Ellos llevaban incienso, pero ya no había arca. Y si no había arca, obvio, no había presencia. El arca es mucho más que el símbolo de Dios. El arca representa al gobierno de Dios. Una iglesia sin arca e suna iglesia sin gobierno. Y de esas, hay miles y miles por allí…

  (Génesis 14: 1)= Aconteció en los días de Amrafel rey de Sinar, Arioc rey de Elasar, Quedorlaomer rey de Elam, y Tidal rey de Goim, que estos hicieron guerra contra Bara rey de Sodoma, contra Birsa rey de Gomorra, contra Sinab rey de Adma, contra Semeber rey de Zeboim, y contra el rey de Bela, la cual es Zoar.

(Verso 3)= Todos estos se juntaron en el valle de Sidim, que es el Mar Salado.

(Verso 10)= Y el valle de Sidim estaba lleno de pozos de asfalto; y cuando huyeron el rey de Sodoma y el de Gomorra, algunos cayeron allí; y los demás huyeron al monte.

(11) Y tomaron toda la riqueza de Sodoma y de Gomorra y todas sus provisiones, y se fueron.

(12) Tomaron también a Lot, hijo del hermano de Abraham, (Lot era sobrino de Abraham) que moraba en Sodoma, y sus bienes, y se fueron.

(13) Y vino uno de los que escaparon, y lo anunció a Abram el hebreo, que habitaba en el encinar de Mamre. El amorreo, hermano de ESPOL y hermano de Aner, los cuales eran aliados de Abram.

(14) Oyó Abram que su pariente (En el original dice HERMANO), estaba prisionero, y armó sus criados, y los nacidos en su casa, trescientos dieciocho, y los siguió hasta Dan.

El más que violento altercado que habían protagonizado Abram (Así, sin la “hache” al medio aún), y Lot, no fue en modo alguno un obstáculo para que, llegada esta instancia, Abram considerase como a un hermano a su sobrino y se aprestara a defenderlo con uñas y dientes.

Fíjate que lo último que ellos habían tenido en común, había sido un enorme disgusto mutuo. Pero a la hora crucial de la crisis, eso no le impidió a Abram llamar a Lot “hermano”. Esa es la unción que debe imperar en la iglesia en el marco del orden de Melquisedec.

Con una salvedad que salta a la vista claramente, por supuesto. Abram no tuvo empacho en jugarse la vida para defender a Lot con el cual estaba distanciado. Y lo salvó, lo rescató y le dio un abrazo. Pero no volvió a tejer alianza con él. Una cosa es el amor cristiano y otra la alianza espiritual.

CONDICIONES PARA LA APARICIÓN

Primero: Melquisedec aparece cuando las naciones están buscando liberarse de lo que es la Babilonia antigua. El Sinar, en el capítulo 10 del Génesis, es el nombre dado a Babilonia cuando Nimrod comienza a construir la ciudad.

La historia, a la cual también debemos prestarle atención, aunque no otorgarle la prioridad, dice que Babilonia llevó cautivo a reyes y príncipes. Hoy, hay muchos que parecen ser reyes y príncipes, pero que andan cautivos en iglesias que no tienen estatura espiritual.

Lo que sucede, es que para casi todos nosotros, decir estatura espiritual es igual a decir numerología. Y no estoy hablando de la ciencia de Pitágoras que hoy tiene tantos adeptos, hablo de la numerología eclesiástica, la que tanto valor tiene para pastores y líderes de todo el planeta.

Entonces comenzamos por medir la calidad y la estatura espiritual de una congregación estimando cuan buena es su alabanza y su adoración, esto es: que calidad profesional tiene su banda de músicos estables.

Seguimos con la observación respecto a que famoso predicador invitas a tu púlpito, cuando en realidad tendría que ser todo lo contrario. Porque una visita de prestigio e importancia evangélica no es el punto de referencia correcto de la madurez de un grupo.

Altura espiritual, mi estimado hermano o hermana, es la sustancia básica e íntima de cada creyente, esa que le permite fluir con Dios en niveles de considerable altura. Y todo eso, entiende, aunque sean apenas un grupo de diez o quince y sin música de ninguna clase.

El tiempo en que aparece Melquisedec, es el tiempo en que la gente está huyendo de Babilonia. ¿Lo está haciendo en este tiempo presente? Lo está haciendo, efectivamente. Por más que lo nieguen, lo descalifiquen y hasta lo ridiculicen, eso es exactamente lo que está ocurriendo.

Eso es exactamente lo que identifica este tiempo actual. En toda la tierra hay una gente que está tratando de escaparle al sistema babilónico. ¿Y adónde es que pueden encontrar a ese sistema? Da lo mismo, tanto en el mundo como en la iglesia. Babilonia no hace distinciones, tiene su propia rutina.

Segundo: Hemos visto que el tiempo en que aparece Melquisedec, es el tiempo en que la guerra es encarada a nivel de reyes. Quienes estaban peleando eran los reyes, no los civiles. Y vimos que en el tiempo del orden de Melquisedec, la milicia encarada, aumentada, es promovida a un nivel altamente autorizado, es decir: de alta autoridad.

Los apóstoles estaban peleando por un orden verdadero, en contra del orden paralelo. Hay un orden paralelo al mover apostólico, que usa los mismos títulos y se ayuda con vestimenta externa y con la popularidad terrenal de la iglesia, para atacar a los verdaderos oráculos de Dios.

Porque estos son gente que aún no está reconocida, ni creo que llegue a estarlo alguna vez por las grandes organizaciones. Tal como tampoco lo fueron en toda la Biblia. Apóstoles de Dios peleando en contra de moveres contrarios. ¿Qué es eso? Reyes contra reyes.

En un tiempo como este, nuestra conducta no puede ser una conducta civil. Eso no es decir que no somos gente civil porque sí lo somos, pero nuestra conducta espiritual, nuestra mentalidad, debe aumentar a un nivel militante.

Nuestra adoración no puede ser civil, carismática, amorosa, nuestra oración no puede ser de interés personal o de necesidades propias. Nuestra dádiva ya no puede ser a nivel de limosna civil, tiene que ser a nivel de inversión de reino.

Lo que estoy procurando decirte y que me entiendas, que ya quedaron atrás, muy lejos, aquellos antiguos tiempos de religiones oficiales fundamentadas en la pobreza material como método infalible para llegar más cerca de Dios.

Pero también han quedado sepultadas en el tiempo eclesiástico aquellas doctrinas un poco más aggiornadas que nos hacían creer que, mientras más dinero arrojáramos a los pies de un hombre en una plataforma y un púlpito, más nos recompensaría Dios a nosotros. Es un tiempo de militancia de Reino y aquí no caben confusiones ni cobardías humanas y timoratas.

En Esdras vemos como operan las guerras de reyes y vemos la autoridad que tienen los decretos cuando son hechos gubernamentalmente, y no civilmente. Si una persona cualquiera de nuestra sociedad dice: “Aquí va a pasar tal cosa”, esto tiene un nivel de impacto.

Pero si el intendente (alcalde) es el que dice: “No quiero que se haga tal cosa en mi ciudad”, habrá gente que se va a mover más rápido al oír esa voz que al oír la voz de un civil cualquiera; aunque lo que dijere ese civil, fuera cierto.

Estas no son posiciones externas, son realidades internas. Hay gente con autoridad en el mundo del espíritu que no tiene rango público. Y gente que está en posiciones en la iglesia que no tiene ninguna autoridad espiritual. Esto salta muy visible en liberación.

Porque un demonio, cualquiera sea su nombre, naturaleza y derecho legal a estar o no dentro de una persona, no la va a abandonar porque lo reprenda y lo eche fuera un famoso o prestigioso ministro. Él se va a ir de allí si lo echa fuera alguien con autoridad espiritual.

Por eso es que, cuando en una sesión de liberación, la voz del demonio dice que alguien no puede sacarlo de allí porque no es pastor, lo peor que podríamos hacer es tomarlo como verdad doctrinaria. Es una mentira más del diablo que, lo que desea, es que nadie con real autoridad divina lo moleste.

En Esdras hay una historia sobre esto. Están tratando de reconstruir el templo y de repente los demonios quieren saber quien les dio permiso para construir. Y entonces comienzan a buscar  e indagar los libros de Crónicas a ver qué rey decretó que se podía.

Y podemos ver en Esdras que los demonios dicen: “Bueno, si el rey Fulano de Tal lo dijo, no lo toques; deja que sigan construyendo.” Es decir que: los demonios, respetan los decretos gubernamentales.

Esto, pasado en limpio y apto para este siglo, significa que: si tú eres nada en tu congregación, ni siquiera te ponen de ujier, pero una noche se manifiesta un endemoniado y Dios, (Dios, ¿Eh? No tu ego), te manda a plantarte y reprenderlo, por favor, no pierdas tiempo en pedir autorización al pastor, Hazlo y punto. Y luego no te quedes a recibir honras y aplausos, ¿Entiendes?

Esdras, cuyo nombre significa “Dios es ayuda”, era hijo de Seraías y descendiente de Aarón, sacerdote y escriba. Estaba entre los cautivos en Babilonia, y a su petición se le permitió el retorno para visitar Palestina.

Había preparado su corazón para escudriñar la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar a Israel sus estatutos y decretos. Por decreto del rey Artajeries, se dio autoridad a Esdras para reorganizar sobre la base de la ley de Moisés la comunidad judía retornada a Judea y Jerusalén después del exilio babilónico.

En base al anterior decreto se devolvieron también los utensilios del templo y se le entregó a Esdras plata y oro de los tesoros del rey. Se confió a Dios, no pidiendo escolta para el viaje. Reprendió a los retornados al descubrir los numerosos matrimonios de judíos con mujeres paganas, y logrando la anulación de estos.

Doce años más tarde volvió a visitar Jerusalén, enseñando públicamente la Ley, y presidiendo la celebración de la fiesta de los tabernáculos, con un esplendor como no se había conocido desde la época de Josué. Después de esto las Escrituras guardan silencio acerca de Esdras. Josefo dice que murió en Jerusalén a una edad avanzada.

(Esdras 5: 6)= Copia de la carta que Tamai gobernador del otro lado del río, y Setar-Boznai, y sus compañeros los gobernadores que estaban al otro lado del río, enviaron al rey Darío.

(7) Le enviaron carta, y así estaba escrito en ella: al rey Darío toda paz.

(8) Sea notorio al rey, que fuimos a la provincia de Judea, (O mejor, si tú quieres, a la provincia, estado o departamento donde tú vives), a la casa del gran Dios, (Esa iglesia local que, sin gran promoción, insiste en predicar el mensaje presente), la cual se edifica con piedras grandes; y ya los maderos están puestos en las paredes, y la obra se hace de prisa, y prospera en sus manos.

(9) Entonces preguntamos a los ancianos, (Nota que los demonios le preguntan cosas a la gente con autoridad), diciéndoles así: ¿Quién os dio orden para edificar esta casa y para levantar estos muros?

(10) Y también les preguntamos sus nombres para hacértelo saber, (¡Dime como es el nombre de ese para meterlo preso!) para escribirte los nombres de los hombres que estaban a la cabeza de ellos. (¿Quién es tu cobertura? ¿Quién te dio permiso para estar construyendo la iglesia con piedras grandes? Piedras grandes son piedras fundamentales, apostólicas.)

(11) Y nos respondieron diciendo así: nosotros somos siervos del Dios del cielo y de la tierra, y reedificamos la casa que ya muchos años antes había sido edificada, la cual edificó y terminó el gran rey de Israel.

(12) Mas después que nuestros padres provocaron a ira al Dios de los cielos, Él los entregó en manos de Nabucodonosor rey de Babilonia, caldeo, el cual destruyó esta casa y llevó cautivo al pueblo a Babilonia. (Eso es de lo que hemos estado hablando).

(13) Pero en el año primero de Ciro, rey de Babilonia, el mismo rey Ciro dio orden para que esta casa de Dios fuese reedificada. (Te está diciendo; mira; nosotros tenemos permiso porque hubo un decreto gubernamental para hacerlo.)

(14) También los utensilios de oro y de plata de la casa de Dios, que Nabucodonosor había sacado del templo que estaba en Jerusalén y los había llevado al templo de Babilonia, el rey Ciro los sacó del templo de Babilonia y fueron entregados a Sesbasar, a quien había puesto por gobernador.

(15) Y le dijo: toma estos utensilios, ve y llévalos al templo que está en Jerusalén; y sea reedificada la casa de Dios en su lugar.

(16) Entonces este Sesbasar vino y puso los cimientos de la casa de Dios, la cual está en Jerusalén, y desde entonces hasta ahora se edifica, y aún no está concluida.

(17) Y ahora, si al rey le parece bien, búsquese en la casa de los tesoros del rey que está allí en Babilonia, si es así que por el rey Ciro había sido dada la orden para reedificar esta casa de Dios en Jerusalén, y se nos envíe a decir la voluntad del rey sobre esto.

Nota que el asunto específico y concreto, aquí, es: tenemos permiso si hay decreto. Por eso es que te digo que tenemos que edificar, en este tiempo del orden de Melquisedec, con una mentalidad gubernamental.

Ya no alcanzan los ruegos y súplicas sacerdotales, es necesaria la autoridad del rey y que nuestros biznietos tengan permiso para continuar edificando, porque lo que se decretó en los aires, en este tiempo, no fue civil.

Estamos hablando de la verdadera iglesia. No estamos hablando de ir o no ir a la iglesia el domingo. La iglesia de la cual hablamos no tiene nada que ver con púlpitos o bancos. Está por encima de toda esa cosa de ritualismos.

A LA HORA DE LOS DECRETOS

Hay gente que no puede ni siquiera imaginar iglesia sin banco, iglesia sin púlpito, iglesia sin pastor, iglesia sin anuncios, iglesia sin ofrenda. Está bien, es lo que se nos ha enseñado por años y es casi justo que sigamos pensando así, pero recuerda la iglesia primitiva y dime: ¿Había algo así en aquel tiempo? ¡Por Dios! ¿Qué nos hicieron?

Si fuera como tendría que ser, ni bancos tendríamos que tener. Pero no estamos preparados todavía para eso; si tú sacas los bancos, para mucha gente se termina la iglesia. Todo el mundo se enoja y se va para su casa. Y después se va para otro templo donde haya bancos. ¿Palabra? ¿Unción? ¿Fe? ¡No importa! ¡Con  que haya bancos y un poco de rituales para el domingo, me basta!

(6: 1)= Entonces el rey Darío dio la orden de buscar en la casa de los archivos, donde guardaban los tesoros allí en Babilonia.

(2) Y fue hallado en Acmeta, en el palacio que está en la provincia de Media, un libro en el cual estaba escrito así: memoria: en el año primero del rey Ciro, el mismo rey Ciro dio orden acerca de la casa de Dios, la cual estaba en Jerusalén, para que fuese la casa reedificada como lugar para ofrecer sacrificios, y que sus paredes fuesen firmes; su altura de sesenta codos su anchura; y tres hileras de piedras grandes, y una de madera nueva, y que el gasto sea pagado por el tesoro del rey.

(Verso 5)= Y también los utensilios de oro y de plata de la casa de Dios, los cuales Nabucodonosor sacó del templo que estaba en Jerusalén y los pasó a Babilonia, sean devueltos y vayan a su lugar, al templo que está en Jerusalén, y sean puestos en la casa de Dios.

(6) Ahora, pues, Tatnai gobernador del otro lado del río, Setarboznai, y vuestros compañeros los gobernadores que estáis al otro lado del río, alejaos de allí.

(7) Dejad que se haga la obra de esa casa de Dios; que el gobernador de los judíos y sus ancianos reedifiquen esa casa de Dios en su lugar.

(8) Y por mí es dada orden de lo que habéis de hacer con esos ancianos de los judíos, para reedificar esa casa de Dios; que de la hacienda del rey, que tiene del tributo del otro lado del río, sean dados puntualmente a esos varones los gastos, para que no cese la obra.

Escucha: no solamente que les dijo que los dejara quietos, sino que también les ordenó financiarla. Es así. Los decretos tienen una particularidad visible: definen quien tiene derechos y quien no los tiene. Un decreto no es una ocurrencia, es legislación gubernamental.

Cuando alguien está ocupando una plataforma, un púlpito, y se sale de lo conocido para levantarse en palabras de revelación, deja de ser un hombre que habla por hablar. Inmediatamente pasa a ser un mensajero de Dios que decreta y sostiene la autoridad de tal.

Presta atención y verás que él lo está diciendo acá, pero empieza a haber problemas allá. Nadie puede explicar muy bien la razón, el motivo, la causa, pero que es así es así, no tengas dudas. Melquisedec, mi hermano, hermana, no es un sacerdocio débil. Es un sacerdocio de gobierno y de autoridad. Dicho con mayor claridad: es un Real sacerdocio.

Cristo, fíjate, imitó eso, porque Él vino precisamente según el orden de Melquisedec. Y cedió su vida, como primogénito, entre muchos hermanos de la misma orden. Porque no nos engañemos: había otros conforme a la ausencia de genealogía, padres conocidos, etc. Pero fue Él.

Y como de esta actitud, de este hecho o suceso es que luego llegaremos a estos tiempos y a estos que hoy llamamos ministros, no lo sabemos, pero gracias a Dios el sello fue quebrado y por fin estamos entendiendo lo que verdaderamente es un ministro conforme al propósito y voluntad de Dios.

Si yo consulto un diccionario bíblico de buen nivel y le consulto que cosa es un ministro, seguramente va a responderme que aquel que está a cargo de un ministerio. Entonces tendremos que ver que cosa es un ministerio para poder ubicarnos donde corresponde.

Un ministerio es, lisa y llanamente, el acto de ministrar o servir. En hebreo, el que sirve es denominado con el término EBED, que implica un servicio voluntario u obligatorio, y designa a todos aquellos que tienen que servir; el prisionero de guerra, el esclavo comprado, el funcionario privilegiado de un soberano, y también el adorador de Jehová.

Los orientales se consideran servidores de un superior, o de Dios. En hebreo se aplica asimismo el término de servidor a un pueblo vencido y sometido a tributo. Dios da el nombre de ministros o servidores a aquellos que lo adoran.

Un caso especial es el de José, que siendo esclavo, servía a su dueño, el cual le había confiado la administración de sus bienes. Abisag es otro ejemplo, ya que ocupaba un puesto de honor en su servicio a David.

Josué acompañó a Moisés, cuidándose del primer tabernáculo, sucediéndole después en el caudillaje de Israel. Eliseo era el ayudante de Elías, vertiendo agua en sus manos, y vino a ser profeta a su vez. El ministro de la sinagoga ayudaba a los que enseñaban.

Los discípulos recibían las instrucciones de Cristo y vinieron a ser los ministros o servidores del evangelio. Juan-marcos fue el ayudante de Pablo y de Bernabé durante una parte de su primer viaje misionero. Cristo también recibe el nombre de ministro al ser sumo sacerdote celestial.

En suma, ministros son aquellos que, estando al servicio de alguien, lo representan y asumen el cuidado de sus intereses. Primitivamente este término no designaba a un servidor de los pobres, sino más bien a un magistrado.

Ahora bien; luego de haber visto todo esto, retornamos a la Biblia y vemos que ella nos dice que todos somos ministros competentes. ¿Todos? Todos. No es que hay unos acá y otros más allá. Dice todos y eso significa precisamente lo que terminas de leer: Todos.

Lo que queremos es un Reino de Reyes y Sacerdotes que ministren a las naciones con amor. Pero no con ese amor romántico, femenino, apto para las novelas rosa y las historias lacrimógenas. Estoy hablando de un amor gubernamental, gobierno de sacrificio personal y ministración con autoridad.

Escucha: cuando tú no tienes autoridad, ni los niños te respetan. ¿Entiendes lo que estoy intentando decirte? Pregunto: ¿Cuántos padres o madres pueden reconvenir o regañar a sus hijos sin gritarles?

La autoridad, (Y a esto vas a tener que entenderlo bien para no volver a confundirte más en tu vida); jamás dependerá del volumen de tu voz. Es más: la verdadera autoridad, muy pocas veces tiene demasiado volumen.

Porque tú le hablas al niño con serenidad y calma y ese niño sabe muy bien que tú eres serio en lo que dices y jamás se le ocurrirá ir en contra de eso. Pero si llega a detectar que un “no2 tuyo puede convertirse en “si”, te ata a su dedito más pequeño y, con ese dedito, te manipula a su antojo.

Tercero: aparecen los días en donde las lealtades de pacto o de alianza están siendo redefinidas o reafirmadas. Recuerda que Abraham tuvo una guerra muy fuerte con Lot. Tan fuerte fue que, aún siendo familiares, se separaron.

Dice que Lot vio el Edén en Sodoma y Gomorra. Un hombre con poco o muy escaso discernimiento espiritual, porque para ver el Edén en Sodoma y Gomorra, hay que tener una visión muy loca. Pero eso fue lo que él vio y allá fue a parar en el capítulo13 del Génesis.

En el capítulo 14, el siguiente, Abraham, cuando se entera que hay una guerra y que Lot está cautivo, no se comporta ni opera como un ser humano común y corriente. Porque cualquier ser humano común y corriente hubiera dicho: ¿Viste? ¡Te lo dije!

¡Eso te pasa por ser un terco, porfiado y mula e insistir que venirte para acá era bueno! ¡Te hubieras quedado conmigo y no te hubiera sucedido esto! ¿Y ahora que vas a hacer, eh? ¿Qué vas a hacer? Sí, esa hubiese sido una reacción muy civil, normal y lógica.

Estaba Lot cautivo, y entonces lo primer que dice Abraham es que no puede dejar a su hermano prisionero. En primer término, debo aclararte, aunque seguramente lo sabes muy bien, que Lot no era su hermano, era su sobrino.

Entonces Abraham tiene que discernir, en su corazón, el valor de un justo. Recuerda que cuando vienen los ángeles, Abraham les dice: si hubiera cinco justos en Gomorra… ¡Bueno! Que se haya equivocado es otra cosa, ¡Pero un justo, es un hermano de la iglesia!

Que Lot sea un terco y se lo merezca, es otra cosa. ¡Pero un justo, es un hermano de la iglesia! ¡No es un mundano! Fue a parar allí porque le faltó discernimiento, porque no se quiso someter a Dios, porque es un poco más rebelde que los demás, todo eso es cierto. ¡Pero es un justo!

El concepto de considerar a Lot su hermano, tuvo que ser resuelto en el corazón de Abraham, antes de rescatarlo. Él no le llamó hermano después que tuvo la victoria. Él tuvo que considerar que era su hermano para tener fuerzas para ir a salvarlo.

Estamos hablando de un hombre que no es un hombre de guerra. Porque Abraham no era un hombre de guerra, a eso creo que lo tienes claro de la misma lectura de los libros. Pero sin embargo, pese a ello, se va a meter con estos reyes que acaban de destrozar a esos otros cinco reyes.

Y Abraham ahora, con esos dos o tres siervos que trae, se va a meter con ellos para defender a un sobrino con el cual estaba peleado. ¿Cómo se puede entender esto? ¿Hay alguna manera más o menos coherente de verlo? No.

Porque ese sobrino no se merecía absolutamente nada de él, y él jamás lo hubiera hecho por eso, seguramente. ¿Entonces? Entonces Abraham lo tuvo que elevar primero en su corazón, a la posición de un hermano, para recién entonces decidir que lo iba a rescatar.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez