Caminos Apostólicos

El movimiento Apostólico de Dios está tomando firmeza en la tierra, trayendo renovación y reforma a las estructuras fundamentales de las iglesias locales que deciden creer en él y en las mentalidades y las actitudes internas del cuerpo de Cristo. Una revelación fresca es relevante para las posiciones de Fe que se derraman de la Palabra para este siglo presente, al traer los apóstoles y profetas de la Iglesia entendimiento, instrucción y revelación de la verdad-presente. De hecho, no estamos hablando de cargos o posiciones dentro de las estructuras evangélicas tradicionales, sino de gente levantada por el Señor en la que podemos ver, probar y comprobar absoluta autoridad espiritual que nos impele a seguir su ruta y emprender sus mismos caminos.

La Iglesia ya no esta atada en mediocridad con un espíritu de derrota y complacencia, se está levantando entendimiento que esta generación se ha desvestido de mentalidades Saúl y ha tomado el fresco y vigoroso espíritu de David del día presente. Estamos posicionados para la batalla en contra las fuerzas de las tinieblas y ahora equipados con el espíritu para terminar con mentalidad apostólica de ‘enviado’, fuimos puestos para traer el fin las edades.

La oración gubernamental, esa que no ruega ni clama en nivel sacerdotal, sino que ordena y decretam en nivel real, es la expresión de la milicia del movimiento Apostólico de Dios, y expresa la mentalidad e irresistible posición de la gente comprometida a la Reforma. Llamamos a esta oración ‘gubernamental’ porque declara a los principados y a los poderes del campamento enemigo el corazón de la impartición apostólica en la Iglesia. Lo apostólico trae a la iglesia posición espiritual de dominio y gobierno, manifestado en la acción ejecutiva del Reino en la tierra.

Como Pedro declaró en Hechos 2:16 Mas esto es lo dicho por el profeta Joel…, esas oraciones gubernamentales apostólicas traen la manifestación de todo lo proféticamente discernido y declarado en la tierra para la Iglesia. Es la oración que esta intrínsecamente ligada a la voluntad de Dios, no a los deseos del hombre, está diseñada para servir a la voluntad eterna de Dios para la tierra; y se contenta solo con la clara manifestación, revelada en la acción ejecutiva de la Iglesia en nuestro tiempo.

La oración gubernamental es oración de rompimiento, tiene autoridad porque está basada en el discernimiento profético de su voluntad. Está llena de declaraciones proféticas y decretos apostólicos, palabra hablada del poder de Dios que está llenando la tierra. Tiene momento y fuerza espiritual. Destruye territorios del enemigo con su luz y fe prevaleciente. Se contentará solo con el absoluto término de los propósitos de  Dios para la tierra. Bien lo dijo Isaías en su libro, cuando en el capítulo 14 y versos 24 al 26 leemos: Jehová de los ejércitos juró diciendo: Ciertamente se hará de la manera que lo he pensado, y será confirmado como lo he determinado; que quebrantaré al asirio en mi tierra, y en mis montes lo hollaré; y su yugo será apartado de ellos, y su carga será quitada de su hombro. Este es el consejo que está acordado sobre toda la tierra, y esta, la mano extendida sobre todas las naciones.

El clamor del corazón de la oración gubernamental es que todas las naciones se postren al reconocer que Jesús es Señor, esta oración crea una mentalidad que ve hacia afuera de la Iglesia. Prevalece en el espíritu del último mandamiento de Jesús: que debemos ir a todas las naciones e instruirlos en la ley del Señor. Mateo 28:18-20 lo dice: Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

La actividad de la oración gubernamental rompe las prisiones mentales de la iglesia religiosa e inspira al Cuerpo de Cristo la expectación ilimitada y el sentido de destino dramático de la iglesia apostólica.

Este trabajo es compartido como una especie de guía de adiestramiento y herramienta de oración, la idea es dar conceptos deliberadamente cortos para poderse escuchar o leer y estudiar en partes pequeñas, hasta que posea un entendimiento total de los patrones de oración gubernamental. Puede ser usado en el ministerio de oración para exhortación corporal antes de la oración, para infundir al tiempo de oración el espíritu apostólico.

Mi propia oración personal es que cuando oigas y estudies este material gran impartición haya en tu interior lo que leemos en Romanos 1:11 Porque deseo veros, para comunicaros algún don espiritual, a fin de que seáis confirmados; y que de este modo tomes tu posición correcta en la milicia victoriosa de la Iglesia de hoy, cuando triunfantemente llamamos las edades al fin máximo.

 

 

Hay un patrón, croquis o modelo clásico ideal para transitar por rutas eminentemente apostólicas. Ese manual se encuentra en los primeros veintiún versos del capítulo 19 del Libro de los Hechos. A partir de sus enseñanzas y principios, se pueden establecer mentalidades sustentadas en el Espíritu Santo, más que en las doctrinas domésticas y denominacionales a las que tan afectos hemos sido durante años. El corazón de la actividad apostólica está construyendo y edificando algo que no existía antes, una plataforma que será creada para la expansión futura e inmediata de los propósitos de Dios en esa área. Hay seis aspectos muy nítidos que surgen de este texto y procuraremos verlos y definirlos.

(Hechos 19: 1-7) = Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Éfeso, y hallando a ciertos discípulos, les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo. Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan. Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo. Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban. Eran por todos unos doce hombres.

Todavía me asombran las diferencias doctrinales que existen entre grupos cristianos evangélicos por causa de la creencia firme o no tan firme de la presencia, actividad y, esencialmente lo que estamos viendo aquí que significa el primero de estos aspectos que mencioné: El Impacto del Espíritu Santo en la vida de los creyentes. ¿Puedes creer que todavía algunos sectores tradicionales siguen discutiendo si existe o no el bautismo en el Espíritu Santo y las lenguas o si todo se trata de excesiva imaginación emocional manipulada? Si bien no podemos negar que algunas de estas cosas proliferan por los templos, tampoco se nos ocurriría negar lo que la propia Palabra de Dios dice con tanta claridad. Hay un bautismo en Espíritu Santo y fuego y hay diversa cantidad de lenguas espirituales, así como el don de interpretación para ellas.

Es indudable que el Espíritu Santo es el que nos ayuda en todas nuestras falencias. Juan 14 y versos 16 y 26 son claros. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: – Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. Pablo entendía perfectamente que la dinamita, (Palabra que construimos a partir de la griega Dunamis, que se traduce como Poder) en cada mover de Dios era el trabajo efectivo del Espíritu en los creyentes. No interesaba que sólo hubiera doce hombres en una ciudad tan grande. A Pablo no le importaban las ventajas desde el punto de vista terrenal. El quería, como prioridad, la impartición del Espíritu Santo para empezar la invasión exitosa de Éfeso. La prioridad número uno en un mover apostólico s la impartición efectiva del Espíritu Santo.

(Verso 8) = Y entrando Pablo en la sinagoga, habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios.

Qué notable el talento humano de Pablo para percibir los modos y las formas correctas. Él no predicó, no proclamó ni anunció al Reino de Dios, él eligió discutir y persuadir a esos líderes religiosos ignorantes de lo que se les hablaba. A mí me causó gracia ese discutir, porque en mi país, discutir por algo con alguien, directamente es el paso previo a tomarse a golpes de puño si son dos hombres o con lo que se tenga a mano si es discusión de pareja. No es este el caso. Regañar o pelearse, es la tercera acepción que el diccionario muestra respecto a discutir. Las dos anteriores, que a mi entender son las básicas, son: Alegar razones contra el parecer de una persona o manifestar cierta oposición. La segunda, es: examinar atenta y particularmente una materia desde distintos puntos de vista. Para mi gusto, esta última es la definición más correcta de lo que debería ser discutir. En todas las demás formas, hay sentimientos e impulsos imprevistos determinantes.

Es indudable que para Pablo, la declaración del Reino era un acto de audacia. En el corazón de una penetración a sitios en poder del enemigo, hay mucha intimidación. El enemigo siempre tratará de intimidarnos para silenciar, hacer vacilar nuestra confianza y provocar incertidumbre por cualquier medio posible. El ataque apostólico es claro, un atrevido anuncio de que el Reino ha llegado a esa área; que una nueva verdad ha sido declarada y que las posiciones de mentalidad que habían caracterizado esa área son desplazadas por la luz verdadera presente del Señor. Pablo fue claro en su enseñanza, aunque para mi gusto altamente intelectual. El discutió y persuadió a los fariseos, (Dice el diccionario que persuadir es convencer a alguien para que haga o deje de hacer algo), alcanzando la mente activa y el corazón hambriento, con una poderosa declaración de la realidad del Reino de Dios. Todavía Pablo no tenía manejo y dominio sobre el poder que el Espíritu Santo estaba dotando a su vida, por eso no reemplazó esas discusiones y persuasiones simplemente en decretos, que fue lo que hizo Jesús. El poder de Dios desatado en esos decretos es el que iba a doblegar los duros e incrédulos corazones religiosos de los fariseos, no los razonamientos humanos pese a todo lo claros que pudieran ser. La segunda prioridad, de la manera que se pudiera y se supiera, anunciar al Reino de Dios.

(Versos 9 al 11) =  Pero endureciéndose algunos y no creyendo, maldiciendo el Camino delante de la multitud, se apartó Pablo de ellos y separó a los discípulos, discutiendo (Firme Pablo en su estilo. Ya veremos que ese discutir no tenía en absoluto nada de duda ni de debilidad o cobardía, sino un profundo amor por su oyente y el deseo honesto y genuino de que esa persona, aunque fuera un enemigo, encontrara lo mismo que él había encontrado: a Cristo resucitado) cada día en la escuela de uno llamado Tiranno. Así continuó por espacio de dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús. Y hacía Dios milagros extraordinarios por mano de Pablo, De hecho, si el cometido de Pablo era el hacer oír la Palabra que había predicado Jesús, el cometido se cumplió largamente. Si el objetivo en cambio era conseguir que toda esa gente aceptara a Jesús como Hijo de Dios y aceptara llevarlo a convertirse en Señor de sus vidas como había hecho él, entonces faltaba algo.

Le faltaba lo que sería la tercera prioridad de las seis que se necesitan para transitar con eficiencia los caminos apostólicos que el cielo pone a nuestro alcance: que Dios libere Su poder sobrenatural. Y eso es exactamente lo que podemos leer en el último párrafo de este verso, que Dios hacía milagros extraordinarios por mano de Pablo. Presta mucha atención a como está redactado el episodio, tal como debe ser y no como muchos hombres y mujeres oportunistas han supuesto que podían hacernos creer que era, que ese poder sobrenatural era de ellos y no de Dios por intermedio de ellos. Y eso tiene que ser así, porque la penetración apostólica en cualquier región del planeta, siempre es una asociación entre el hombre y Dios. En Éfeso, la liberación de Dios tomó formas de milagros extraordinarios a través de las manos de Pablo. Estos milagros conmovieron el centro de las fortalezas demoníacas de Éfeso, tal como era la práctica de la magia. En una implantación de autoridad efectiva, debemos orar para que los hechos de Dios acompañen la predicación del Reino. Será la mejor prueba de su respaldo. Y eso no es poca cosa, créeme.

(Versos 12 al 15) = de tal manera que aun se llevaban a los enfermos los paños o delantales de su cuerpo, y las enfermedades se iban de ellos, y los espíritus malos salían. Pero algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo. Había siete hijos de un tal Esceva, judío, jefe de los sacerdotes, que hacían esto. Pero respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?

He visto a ministros muy serios y genuinos orar sobre las prendas de vestir de un enfermo imposibilitado de asistir a la iglesia y el enfermo sanar de su enfermedad. Pero también he visto a otros ministros vender a buen precio pequeños retazos de “paños ungidos” `para ser llevados a donde hay enfermos. En el primer caso, estoy seguro que si en el enfermo había espíritus malos, estos salían de inmediato de él. En el segundo caso, no tengo muy en claro en donde y quienes se encontraban esos espíritus malos. Exactamente igual a este pequeño relato que se hace de esos “exorcistas ambulantes”, que también nos habla de priorizar un negocio por sobre un don de Dios. No sería para nada extraño que en cualquier momento un demonio no tenga ningún inconveniente en ponerse cara a cara con algún afamado “siervo ungido” y decirle en su santo rostro lo mismo que les dijo a ellos. ¿Quiénes sois?

Esto nos habla de la cuarta prioridad necesaria para que un camino apostólico se abra de par en par en una región, que el Reino de Dios en el plano espiritual tenga validación pública y a nadie le quepan dudas quien es quien. Dios lo sabe, esto está más que claro, pero los hombres que dicen representarlo, no siempre. Fíjate que en Éfeso lo que había era un testimonio de la misma boca de los demonios que Pablo había alcanzado un reconocimiento en el ámbito espiritual. Los demonios de alguna manera reverenciaban a Pablo por este alto rango alcanzado y no de la mano de los hombres. Porque el tener rango en el ámbito espiritual es importante. El rango otorga poder legítimo de declaración y de fuerza a nuestras órdenes. El rango demanda una obediencia de las fuerzas hostiles en el territorio y rompe la resistencia del enemigo a la Palabra.

(Versos 16 al 19) = Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos. Y esto fue notorio a todos los que habitaban en Éfeso, así judíos como griegos; y tuvieron temor todos ellos, y era magnificado el nombre del Señor Jesús. Y muchos de los que habían creído venían, confesando y dando cuenta de sus hechos. Asimismo muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos; y hecha la cuenta de su precio, hallaron que era cincuenta mil piezas de plata.

Por menos de la mitad de lo que se relata que sucedió en Éfeso, hoy, los cristianos de todo el mundo se reunirían para una monumental celebración. En principio y en contrapartida con lo que aquí se cuenta, cualquier manifestación demoníaca en el lugar que suceda, es tomada por muchos cristianos casi en tono de sorna o duda. Eso tiene una causa  que podría llegar a justificarlo en parte, que son muchos los casos donde esa clase de manifestaciones se han armado por intermedio de “actores” con la finalidad de promocionar el grupo, iglesia o ministerio donde suceda. Lo cierto es que es posible que un espíritu malo posea a alguien y lo lleve a cometer violencia contra otras personas con una fuerza descomunal y mayor a lo que generalmente puede tener un hombre corriente. Dice que eso produjo temor en la gente que fue testigo, y no está equivocado el relato.

Cuando hay un grado de incredulidad y no se conoce al Señor desde lo profundo, lo más lógico humanamente es asustarse al nivel de terror ante manifestaciones sobrenaturales satánicas. Cuando se conoce de verdad a Jesucristo y se tiene conciencia del poder que hay en Él y en Su nombre, entonces lo que haga el enemigo es tomado con menor valor porque se sabe que es un enemigo derrotado que sólo está habilitado para hacer mucho ruido y no pasar de eso. Los que llegaban confesando sus pecados, indudablemente era gente que había sido tocada por el Espíritu Santo, que es el único que produce convicción de pecado, lo mismo que los que decidieron quemar toda la literatura ocultista que poseían como eje de sus maniobras oscuras. Con ataduras rotas en la forma de pensar de la gente, llegamos a la quinta prioridad para un camino apostólico en una región: Producir y observar cambios manifestados de mentalidades.

Es indudable que en Éfeso la luz rompió las tinieblas y la gente quemó sus libros, despreciando públicamente su valor monetario que ellos tenían. Todos los poderes demoníacos siempre operan a través de patrones pensantes en la gente que controlan. No hay actividad de un principado en el ámbito espiritual sin el funcionamiento activo de un principio en la tierra, La fuerza de la guerra apostólica derriba fortalezas y trae todo pensamiento cautivo a la obediencia de Cristo. Así se lo señala en la Segunda carta de Pablo a los Corintios, en el capítulo 10 y en los versos del 3 al 5: Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, Cuando a través de predicaciones poderosas, imparticiones apostólicas y la compañía de los hechos de Dios; cuando estos patrones son destruidos, la gente es librada para ser formada hacia una nueva actividad por el poder de la Verdad que ellos han recibido.

(Versos 20 y 21) = Así crecía y prevalecía poderosamente la palabra del Señor. Pasadas estas cosas, Pablo se propuso en espíritu ir a Jerusalén, después de recorrer Macedonia y Acaya, diciendo: Después que haya estado allí, me será necesario ver también a Roma.

Es más que notorio que Pablo llevó las cosas hasta el final. No permitió de ninguna manera que su trabajo fuera abortado por falta de atención o detenido prematuramente y antes que cumpliera con su cometido espiritual. Esto nos enseña que es muy importante terminar siempre las cosas que se inician dentro de lo que es el trabajo para el Reino de Dios. Por eso Juan relata algo que oyó, en el capítulo 4 y verso 34 de su evangelio donde dice que: Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.

El Camino apostólico que aquí proponemos para todos los que sientan en su interior la llama inextinguible de un llamado real que proviene del cielo y no de hombres, tiene necesariamente que contener dos elementos fundamentales para la raza humana en su conjunto: ética y moral. ¿Qué es eso? ¿Cómo se define? En contexto filosófico, la ética y la moral tienen diferentes significados. La ética está relacionada con el estudio fundamentado de los valores morales que guían el comportamiento humano en la sociedad, mientras que la moral son las costumbres, normas, tabúes y convenios establecidos por cada sociedad. La relación entre ética y moral estriba en que ambas son responsables de la construcción de la base que guiará la conducta del hombre, determinando su carácter, su altruismo y sus virtudes, y de enseñar la mejor manera de actuar y comportarse en sociedad. Aunque ambas palabras suelen relacionarse, remiten a conceptos diferentes. Veamos primero cada una por separado.

Ética: La palabra ética viene del griego ethos que significa ‘forma de ser’ o ‘carácter’. La ética estudia los principios que deben regir la conducta humana al tratar de explicar las reglas morales de manera racional, fundamentada, científica y teórica. Se puede decir que la ética es, en este sentido, una teorización de la moral, que incluso ayuda a definir criterios propios sobre lo que ocurre a nuestro alrededor. Aunque normalmente la ética respalda o justifica las prácticas morales, otras veces parece entrar en contradicción con estas. En cualquier cultura se nos enseña que, cuando nos relacionamos con las personas, especialmente al conocerlas, debemos tratarlas con respeto. Es decir, usar un lenguaje adecuado a la situación y un tono afable, y evitar confrontaciones innecesarias.

Moral: La palabra moral deriva de la palabra latín  moralis, que significa ‘relativo a las costumbres’. Por lo tanto, la moral se define como expresiones del comportamiento basadas en los valores y tradiciones de una sociedad. En otras palabras, la moral es el conjunto de reglas que se aplican en la vida cotidiana y todos los ciudadanos las utilizan continuamente. Estas normas guían a cada individuo, orientando sus acciones y sus juicios sobre lo que es correcto o incorrecto, es decir, bueno o malo dentro de una escala de valores compartida por el grupo social.

Esto es lo que la sabiduría humana e intelectual define como ética y moral. Nadie pondrá en tela de juicio eso, pero resulta más que evidente que, si vas a ejecutar una tarea apostólica en un lugar, en una región, la ética será la divina y la moral la única realmente perfecta: la que esgrimió Jesús durante su estadía en esta tierra. Porque somos sus seguidores y sus imitadores autorizados. Y, porque más allá de cargos y jerarquías, somos Su Cuerpo en la Tierra. Apóstoles. Enviados. Nada menos.

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La Batalla de las Estructuras Religiosas

En los últimos tiempos, y a partir de un claro despertamiento por parte de muchos creyentes, muchos ojos espirituales se han abierto y aquellos que estaban ciegos y automatizados por las tradiciones y costumbres, han comenzado a ver. Y lo que están viendo no les ha gustado en lo más mínimo. Y a partir de allí, la palabra estructura relacionada con el funcionamiento habitual de la iglesia que conocemos, ha comenzado a ser utilizada, pronunciada, censurada y alabada, todo a un mismo tiempo.

De acuerdo, pero para poder hablar de algo, mi humilde experiencia me dice que primeramente debo al menos indagar de qué se trata ese algo del cual deseo hablar, ya sea para aplaudirlo o para criticarlo. Entonces pregunto: cuando decimos “La Estructura”, ¿Concretamente a qué nos estamos refiriendo? Mi diccionario de la lengua española me dice que una estructura es la distribución y el orden de las partes importantes que componen un todo, es decir: el sistema de elementos relacionados e interdependientes entre sí. La tercera acepción tiene que ver con lo material, pero la incluyo porque si la observas con atención, podrás hallar algo más: armazón de hierro, madera u hormigón que soporta una edificación. Eso es, en grandes rasgos, una estructura. Mi pregunta, es: ¿En qué se parece todo esto que vimos, al cuerpo de Cristo en la tierra, que es en definitiva lo que llamamos o deberíamos llamar: iglesia?

(Mateo 23: 1-8) = Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen. Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas. Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí.

Hay algo que es muy notorio y visible a los ojos de la gente. De la gente del común, no creyentes y parte integrante de lo que llamamos “el mundo secular”, pero que no le resulta desconocido a la iglesia como grupo humano genuino. La iglesia de carne y hueso, hermanada a lo humano o inherente a ello, divaga entre dos tergiversaciones: el institucionalismo y el formalismo. Ambas visiones vacían al cristianismo de su esencia y lo vuelven una más de las religiones del mundo.

En cierto sentido el cristianismo, (Ya sabes que no me gusta demasiado llamarlo así, pero así es como mayoritariamente se lo conoce), es la mejor religión del mundo; el problema es que a quien consideramos su fundador caminó por su propia senda sin atenerse a los principios religiosos de su tiempo, y más aun, criticándolos como algo obsoleto para lograr el gran objetivo de transformar al ser humano en algo distinto a lo que es, no en el superhombre que algunos filósofos soñaron, sino el nuevo hombre, creado como ser espiritual, en un plano mayor —por encima de la barbarie que naturalmente se asume—, el que lleva la imagen de lo divino no en el cuerpo de carne sino en el ser profundo, en el espíritu.

Vivimos en algo muy distinto a lo que Jesús planteó como solución y sentido de la vida del hombre. Nuestra tarea como discípulos, si es que alardeamos de serlo, es encontrar la esencia de la propuesta de Jesús, primero para nuestras vidas y luego al mostrarlo en el día a día, para el mundo. Eso nos proponemos y espero que sirva todo lo que hoy quiero compartirte para, por lo menos, poner un tema en nuestro pensamiento que quizás, nunca en alguna otra parte lo incubemos.

Cuando el mundo secular, que no tiene por qué ser creyente ni pensar con nuestros pensamientos lo hace, llega a ciertas conclusiones como esta: “No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio”. O sea que lo que quieren o intentan decir es que juzgar si la vida vale o no vale la pena de vivirla es responder a la pregunta fundamental de la filosofía. Todo lo demás, si el mundo tiene tres dimensiones, si el espíritu tiene nueve o doce categorías, vienen a continuación. Se trata de juegos; primeramente hay que responder. Y si es cierto, como pretendía Nietzsche, que un filósofo, para ser estimable, debe predicar con el ejemplo, se advierte la importancia de esa respuesta, puesto que va a preceder al gesto definitivo. Se trata de evidencias perceptibles para el corazón, pero que se debe profundizar a fin de hacerlas claras para el espíritu.

Si me pregunto en qué puedo basarme para juzgar si esa cuestión es más apremiante que otra, respondo que en los actos a los que obligue. Nunca vi morir a nadie por el argumento ontológico. La ontología, que es un término que comenzó a utilizarse en el siglo diecisiete, es una parte de lo que llaman la metafísica, y que tú y yo, por poco ilustrados que seamos en guerra espiritual, sabemos de dónde y de qué procede. Algunos personajes históricos de los considerados importantes por el mundo secular, llegado un momento de crisis retrocedieron en esas creencias, y se supone que hicieron lo correcto, ya que esa clase de verdades podrán ser muy pintorescas, pero llegada la instancia, no merecen defenderlas yendo a una hoguera.

Es profundamente indiferente saber cuál es el astro que gira alrededor del otro, si la tierra o el sol. Para decirlo todo, es una cuestión profundamente insignificante. Sin embargo, seguimos pudiendo observar como muchas personas siguen muriendo, dejándose morir o directamente eliminándose a sí mismas, porque estiman que la vida no vale la pena de vivirla. Pero, por rara paradoja, veo a otras tantas que llegan al extremo de hacerse matar por las ideas o las ilusiones que les dan una razón para vivir (En este caso, lo que nos están diciendo es que lo que se llama una razón para vivir es, al mismo tiempo, una excelente razón para morir). Opino, en consecuencia, que el sentido de la vida es la pregunta más apremiante.

La propuesta de Jesús sobre el sentido de la vida puede sonar como una paradoja: Porque dice que quien quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa suya, la hallará (Mt. 16:25). Dicha de otro modo en Lucas 9:23 por el mismo Jesús es: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Seguirlo a él es lo que le da el verdadero sentido a la vida, seguirlo a él es confiar en su palabra y aceptarla como cierta y válida, susceptible de ponerla en práctica y necesaria para un mundo en catástrofe. Seguirlo a él dista mucho de ser un participante de los beneficios y servicios religiosos o identificarse con experiencias ajenas para nombrarnos Calvinistas, Wesleyanos, Menonitas o cualquiera de esos otros nombres de los muchos que pululan y que seguramente conoces tanto o mejor que yo. Seguirlo a él es mucho más que tener una religión, es vivir con el resucitado cada día, no en el recuerdo de su persona, sino prestándole nuestros miembros para que él siga actuando en el mundo, ministrándolo y salvándolo. Es ser parte de él y él parte de nosotros indivisiblemente por razón de su sacrificio en el Gólgota.

Aquí es donde, específicamente, llegamos a lo que normalmente llamamos Institucionalismo. El institucionalismo es inherente a cualquier organización humana, y suele darse formalizando lo que antes fueron funciones naturales, reglamentándolas y sancionándolas. Es darle mayor importancia a la organización que a los fines para los que fue creada. En el institucionalismo la atención no está puesta en las personas o en el contenido con significado, o en los propósitos y metas concretas que se deben lograr, sino en la organización. En nuestro pasaje de Mateo, vemos a Jesús criticando el institucionalismo del judaísmo representado por los escribas y fariseos. No solo en este pasaje, sino en variadas ocasiones fustigó a los escribas y fariseos por darle un valor demasiado alto a las leyes y tradiciones en detrimento de las personas. ¿Por qué si nuestro Maestro jamás se circunscribió a esa camisa de fuerza que es esa religiosidad legalista, muchas iglesias tienen estructuras tan o más rígidas que esos hombres perdidos? Podemos enumerar algunos síntomas de institucionalismo en nuestras iglesias:

En el primer lugar, vemos que conforme a esos rudimentos, la iglesia es una más de las instituciones de servicio que se ocupa de las necesidades religiosas, sociales y a veces hasta políticas de la sociedad en la que está inserta. Los individuos que componen su membresía o congregación, tienen obviamente la necesidad de “cumplir” debidamente con todos esos formalismos religiosos más que conocidos: ser bautizados, casados por las dos leyes, presentar a sus niños recién nacidos y presentar a esa tan particular comunidad que es una suerte de sociedad cerrada,  a sus jóvenes señoritas de 15 años. Quien llegue a ser mal pensado y suponer que se trata de una especie de exposición preparatoria para un matrimonio a futuro, miente o está endemoniado.

Todo conduce a una certeza de corte social que muestra a esa población como respetables Cristianos Evangélicos, aunque también queda a la vista que en cada motivo valedero esos grupos ven la oportunidad del compadrazgo y la celebración. Luego resulta que la “fiesta” era el verdadero motivo y la sanción religiosa el pretexto. Por algo los críticos sitúan a las iglesias como parte de los aparatos ideológicos del Estado. Son necesarias como mecanismos de control y de aceptación de status quo. De hecho, creo no exagerar ni mentir en nada si te digo que en los últimos años, la iglesia cristiana evangélica fue la responsable, gestora y promotora de por lo menos tres gobiernos nacionales en tres naciones latinoamericanas.

En segundo término, nos encontraremos con lo que podríamos denominar como cristianos de las cuatro paredes. Son más que cristianos para con ellos mismos y para con los miembros de la iglesia. Eso se percibe con mucha claridad y hasta cierta ostentación en los días de reunión, culto o servicio. En el resto del tiempo, estos tan singulares “cristianos”, comparten trabajos, escuelas o simplemente calle con los incrédulos, impíos y pecadores, y no se diferencian en nada. Aceptan de buen grado sus compañías, sus costumbres, sus bromas, sus excesos y hasta sus pasadas de línea. No cuestionan jamás sus valores, sus ideas y sus formas de llevarlas a cabo. Ninguna persona de las que suelen reunirse con ellos, podría arriesgarse a decir que son distintos en algo. Si es que lo saben, lo único que los diferencian, es que mientras estos los fines de semana van a bailar, al fútbol o a los casinos, ellos van a una iglesia. A esta altura, tampoco serían muchos los que se atrevan a asegurar que una vez que salen de ellas, no viven exactamente igual que sus amigos no creyentes el resto del fin de semana.

Como tercer punto está aquello que podríamos denominar como ostracismo o quizás con cierto humor, el club de los santos. Porque es en ese marco, en esas posiciones externas e internas, donde con toda pomposidad, un mucho de acartonamiento vestido a la usanza de la solemnidad, donde le damos una aceptación, un “sí” mental a la doctrina que nos han implantado como bueno y obligatoria. Pero al mismo tiempo, dejamos a la vista pública y más que en evidencia notoria que esa doctrina, por buena que sea, no tiene ninguna relación con la vida personal que llevamos. Ahí es donde he dicho muchas veces y sigo diciendo, aunque oírlo a algunos les causa ofensa o enojo, que ser parte de una iglesia en esas condiciones, no se diferencia en nada a pertenecer o ser socio de un buen club o cualquier otro grupo secular de acciones privadas. Lamento decirte que todas estas aparentes “sanas” costumbres y legendarias tradiciones, lo único que consiguen en nuestras vidas y las de aquellos que conforman nuestro entorno cercano o intermedio, es neutralizar la verdadera palabra de Dios y todo su efecto y consecuencia.

En la cuarta posición de esta simbólica estadística, se encuentra una palabra que la mayoría despreciamos y que la misma mayoría sin querer o queriendo, alimentamos: burocracia. ¿Qué trámite o cosa importante en nuestras vidas no se ha visto demorada hasta la irritabilidad por causa de esos interminables trámites burocráticos? Mira; yo descubrí ya de creyente con trayectoria, que el libro disciplinario o la constitución escrita de una iglesia, tiene en algunos casos, una importancia mayor que los asuntos particulares y las circunstancias adversas de su gente. Ni hablar de lo espiritual. Es normal que pierda por goleada con la burocracia interna.

En muchas congregaciones, todavía, y a lo mejor con la más inmejorable intención, todavía se requiere y es obligatorio tramitar un permiso especial para visitar otra congregación o relacionarse con cristianos de ellas. Mi testimonio personal es breve pero contundente. Yo daba clases en la escuela dominical en un salón con capacidad para cuarenta personas sentadas. La asistencia fue creciendo y, cuando un domingo tuve a setenta y cinco alumnos, comencé a gestionar que me cambiaran a un salón más amplio, que los había disponibles y más de uno. Los documentos de solicitud, las firmas de los supervisores y ministros de enseñanza hasta llegar a la firma del pastor principal, llevaron nada menos que diez meses. Diez meses para cambiarme al salón contiguo que tenía capacidad para ciento cincuenta personas. ¡Diez meses! Burocracia.

Como quinta expresión, nos encontramos con lo que llaman el Clericalismo, que vendría a ere algo así como lo que ostentaban los antiguos levitas, una suerte de profesionalización ministerial. Dentro del ambiente cristiano evangélico eso se comenzó a poner en práctica y respetar a full hace ya varios años, cuando directamente se profesionalizó el pastorado como posición eclesiástica, por encima de lo que bíblicamente es, una función. Los pastores debían tener un título que los acreditara como tales, aun a contramano con lo que su propio nombre original determina, ya que poimano no es título, es función. Y como profesionales, incluso con salario en blanco, pasaron a ser algo así como empleados de la iglesia, con sus prestaciones de ley, su aguinaldo, vacaciones y seguro social. De todos modos, conformaron una especie de clase especial, ya que sólo ellos tienen derecho a bautizar, impartirlo todo y legitimar los votos matrimoniales, ya que dicen que los demás son laicos. Sin embargo, la realidad bíblica, que es la única que Dios nos dejó escrita, nos dice que todos somos laicos, es decir que todos somos parte del pueblo, y al mismo tiempo todos ministros (sacerdotes) competentes. No le encuentro coherencia, pero así es como está.

Y, finalmente, nos encontramos en sexto lugar con el Proselitismo. Es más que visible que, en detrimento de un discipulado verdadero y victorioso, que es el resultado natural de vivir bajo el señorío de Jesucristo, lo que se persigue en mayor cantidad es incrementar el número de miembros de un grupo, ministerio o congregación como si ese fuera el fin en sí mismo. A esto es a lo que llamamos Proselitismo, y contiene altas y muchas visibles diferencias con lo genuino. Paso a mostrarte algunas:

El llamado. El llamado proselitista se refiere a ingresar a las filas de la organización, el llamado al discipulado a aceptar el señorío de Jesucristo de forma incondicional.

Las consecuencias. El proselitismo ata al individuo a las tradiciones y costumbres de su estructura, hasta que llega a incorporarlas como algo natural. El discipulado libera, el verdadero discípulo obra en la convicción de que las enseñanzas de Cristo son la sanidad que el mundo necesita.

La competitividad. La labor proselitista es altamente competitiva; se trata de reclutar al mayor número de adeptos posible por los medios que sea. El fin del discipulado es llevar a cada discípulo a un compromiso de obediencia y de llevar la cruz.

La jerarquización. El proselitismo produce elitismo, se trata de buscar siempre los primeros asientos en las sinagogas, ser los mayores, se buscan incansablemente los galardones de los símbolos de la jerarquía. En el discipulado no hay jerarquías sino roles y funciones, nadie busca ser jefe porque uno es nuestro jefe: Cristo.

El éxito. Los éxitos del proselitismo son a nivel de la misma estructura. Se le enseña al adepto a sentirse satisfecho cuando la iglesia tiene un templo más grande, se venden más libros, tienen más decisiones, etc. En el discipulado solo se siente estimulado cuando ve que los propósitos del reino se van cumpliendo y su Señor es glorificado. Estas son las consecuencias de confundir el seguimiento de Jesucristo con una religión, muchos están viviendo en esas estructuras y las siguen reproduciendo sin cuestionarlas, sin preguntarse si cumplen los propósitos originales de nuestro Rey Salvador o si solamente se le está siguiendo el juego ambicioso a algún líder humano.

Alguien ha escrito que en nuestro tiempo se prefiere la imagen a la cosa, la copia al original, la representación a la realidad, la apariencia al ser, lo que es ‘sagrado’ para él no es sino la ilusión, pero lo que es profano es la verdad. Mejor aún: lo sagrado aumenta a sus ojos a medida que disminuye la verdad y crece la ilusión, hasta el punto de que el colmo de la ilusión es también para él el colmo de lo sagrado. Cae perfectamente la observación del autor filósofo, a las maneras de la casta farisaica y a muchos de nuestros cristianos modernos preocupados por la imagen y la apariencia. Esto entraña el otro gran problema al que tiene que enfrentarse la visión discipuladora de Jesucristo. Se la quiere encasillar en los modos de las religiones simbólicas, que requieren ciertas imágenes y representaciones que representen las supuestas verdades que proclaman.

Es probable que algunos de nosotros estemos a salvo de muchas de estas formas aunque quizás no logremos escaparnos del todo. En algunos grupos adquieren relevancia las vestiduras y la apariencia personal, en otros van ganando importancia ciertos elementos sagrados o consagrados: el mobiliario y el templo, los velos, el aceite de la unción, la Biblia y cosas así. La forma sobre el contenido adquiere tanta importancia que nos hace vivir tan solo en una representación de una realidad que cada día se nos escapa más. Ahora nosotros nos sentamos en la cátedra de los apóstoles e imponemos cargas a los demás que nosotros no queremos tocar ni con un dedo, extendemos los flecos de nuestros mantos y buscamos que la gente nos considere muy entregados. Ese parecería ser el ABC del ministro siglo veintiuno. Debo estar anciano, porque no apruebo eso.

Pero hay un problema mayúsculo que cada día que pasa carcome más la vida de las iglesias como estructuras institucionales visibles. La llamada Mercadotecnia y sus oropeles convierten más y más a las iglesias en empresas que generan grandes ganancias. Y para estar acordes con los tiempos hemos abaratado el llamado de Jesucristo para hacerlo lo menos comprometedor, lo menos que podamos dar, lo menos exigente, por un lado, pero a la vez, lo más digerible, lo más divertido o por lo menos entretenido. Es así como caemos en las garras de ese mal que hace todo vacuo y sin profundidad, el espectáculo.

Nadie ignora, piense como piense, que la palabra Mercado, hoy, goza de un respeto real o sobre enfatizado, depende quien lo mire. Pero resulta ser que nosotros, por ignorancia, en la forma más burda queremos copiar lo que ha dado resultado al mercado. La oferta es amplia de manera que vamos desde música para todos los gustos, con artistas que no le piden nada a los seculares, publicidad y presencia en la redes sociales, ahora, en lugar de los aburridos directores de culto de antaño tenemos animadores al estilo del show, en lugar de predicadores, showmans milagreros y espectaculares; han convertido al culto en una prolongación de la diversión y la fiesta, donde nosotros somos los protagonistas y no Dios, donde el yo es el centro de todo y la gratificación personal la razón de ser de las reuniones. Obvio, hay excepcione y gloria a Dios por ellas, pero como puedes imaginarte, esto no va dirigido a esas excepciones benditas que todavía bendicen en medio de la maraña de confusión…

El contenido ha quedado sepultado bajo capas y capas de ilusión y apariencia, de espectáculo y superficialidad. La consecuencia más grave es precisamente la idea que queda en los participantes de que la fe en Jesús es otro más de los asuntos divertidos de la vida, se ha hecho banal, se le ha dado un lugar entre los posibles entretenimientos. Se la ha rebajado para que encaje en las leyes de la oferta y la demanda, de modo que compita con los demás espectáculos que asechan el ocio.

Anulando toda la perturbación y desgarramiento que el mensaje de Jesús provoca la iglesia moderna nos ha colocado en un sitial de espectadores. Espectadores en cultos y ceremonias que nos dan la imagen de creer en algo pero que no tienen la acción que nuestro Maestro propuso con un llamamiento tan singular cuando invitaba: sígueme, es decir, involúcrate en mi tarea, en mi manera de vivir, de pensar y de actuar; vive en la senda de la paradoja: ama a tu enemigo, pon la otra mejilla, felices los pobres, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, es más dichoso dar que recibir, el que pierda su vida por mí, la hallará, toma tu cruz cada día.

Jesús no propone otra cosa que un Espíritu que paso a paso, en un proceso que dura toda la vida, pueda crear en cada seguidor un hombre nuevo, ciudadano del Reino de los cielos, un verdadero extraterrestre, un ser con características tan celestiales viviendo con una misión, con un accionar preludiado por el accionar de su Maestro, no con una aburrida y asfixiante religión  o una alegre pero hueca como la que pese al parate de la pandemia todavía se vive hoy.

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Manual del Creyente Genuino

Me tocó nacer en un lugar del planeta donde se habla idioma español. (En realidad, en Argentina se habla de un modo que en muchas ocasiones deforma y en otras casi que ofende al idioma base. Pero esa base es el español y oficialmente ese es nuestro idioma nacional). Amo mi idioma porque es extremadamente rico y fructífero en giros y modismos. Su inagotable cantidad de verbos nos permiten identificar cada objeto, lugar o situación de un modo mucho más preciso que lo hacen otros idiomas importantes. Por eso trato de cuidar mi manera de expresar mi idioma y cuidarme yo al difundirlo. Lo hablo usando nuestras terminologías y modismos propios porque fundamentalmente quiero llegar al oyente como portador de la Palabra de Dios mediante una forma de cultura que para muchos resulta hasta pintoresca. De adolescente estudié una disciplina ya casi extinguida como era la taquigrafía, en una academia particular cuyo profesor era de ascendencia francesa. Y él se reía mucho cuando contaba el inmenso trabajo que le costó adaptarse a nuestros modismos. Y ponía como ejemplo lo que todavía hoy en Argentina es un clásico: decimos ¡Qué macana! cuando algo es malo o negativo, y ¡Qué macanudo! cuando nos referimos a una persona agradable y simpática. Si a esto le añadimos que la macana era un palo que usaban los indios, una especie de garrote con el que golpeaban a sus enemigos, el combo está completo. Nadie lo puede entender ni tampoco explicar. Esto sería “hablar en argentino”…

¿Por qué se supone que hice esta reflexión tan localista a modo de introducción? porque en el primer verso del capítulo 5 de la carta a los Efesios, que estoy examinando para tratar de encontrar los puntos que la conviertan, como se ha dicho proféticamente, en la revelación de la iglesia, me encuentro con un mandato que Pablo les acerca sin ponerle anestesia alguna. Él les dice sencillamente deben ser, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Yo te confieso que la primera vez que leí esto, se me cruzaron los cables de mi cerebro mal, porque me sentí en medio de una mezcla de ideas contradictorias que no me permitían entender el concepto. ¿Cómo Pablo, nada menos que Pablo, me va a recomendar que imite a Dios, si antes nos habían enseñado que el gran imitador de Dios es Satanás y con esas imitaciones logra engañar a una enorme porción de la humanidad? En aquel tiempo, hice lo que la mayoría de los cristianos hacen cuando no entienden algo en sus biblias: lo dejan ahí y pasan a otra cosa. Piensan que algún día alguien les explicará eso que no entendieron. Ese es un error. Olvidan que tenemos un mandamiento alto y eterno: Escudriñar las escrituras.

Y allí descubro que esta recomendación a los Efesios, no es la única que Pablo deja escrita. En 1 Corintios 11: 1: dice: Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo. En Filipenses 3:17 renueva la apuesta y escribe: Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros. En 1 Tesalonicenses 1: 6 lo muestra así: Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo. Hay algunos textos más de Pablo, pero quiero rescatar que también el autor de la carta a los Hebreos menciona esta palabra cuando dice, en 6:12: a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas. De hecho, estos textos no añaden demasiado al que tenemos como base, pero nos llevan a examinar los originales. Allí encontramos que lo que se traduce como Imitadores, es la palabra griega mimetés, de la que luego los intelectuales tomarán la expresión Mímica, para toda forma de copia de gestos y actitudes de alguien, y entre un par de acepciones, también nos da la de Seguir, la de ser seguidor de. Y esto es lo que nos confundió. Porque en nuestro idioma, Imitar es simplemente hacer una cosa copiando fielmente otra, o parecerse una cosa a otra. Y eso, lo miremos por donde lo miremos, no es ni puede ser malo.

Además, hay que estar más que bien plantado en la fe y la confianza para atreverte a decirle a la gente que te imite a ti, porque tú imitas a Cristo. ¡Ese era Pablo! Pero no era un extraterrestre, así como él deberíamos ser todos los que decimos creer en Jesucristo y nos dedicamos a predicar el evangelio del Reino. Que lo lleva a decirnos que tenemos que andar en Amor, como también Cristo nos amó. Y entonces nosotros, como iglesia, no tuvimos mejor idea que acudir a un buen dibujante, o pintor, y hacerle dibujar una sonrisa luminosa que muestre dientes blancos y brillantes. La incorporamos a nuestras propias bocas, y así comenzamos a caminar por nuestra vida de cristianos. Porque esa sonrisa permanente y casi calcada entre unos y otros, era la demostración más visible del amor que sentíamos por nuestro prójimo. Está bien, esto no es malo y debemos hacerlo, sin dudas, pero el problema radica en que la palabra que aquí se traduce como Amor, es ágape, y como todos saben y ya hemos enseñado, en su traducción más amplia y general, es Carácter. El otro amor, ese de la sonrisa y los gestos, no es ágape, es phileo. Amor de padres, de hijos, de esposos, de hermanos de sangre, de novios, etc.

El verso 3, en su texto, parecería brindar un consejo sencillo, pero como todo lo que tiene que ver con el evangelio genuino, con el Reino de Dios y su Justicia, y con lo elevado que Pablo les habla a sus ministrados, esto que vas a leer va mucho más allá de lo que leerás: Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos; Lo que Pablo está transmitiendo aquí, es una síntesis del manejo de las conversaciones que edifican, desechando las que no sólo no edifican, sino que además empujan hacia los dominios de las tinieblas. Se puede mencionar un pecado sexual si es que se va a ministrar a alguien que lo está viviendo o lo ha vivido, pero no como tema central de una conversación que, en el instante menos pensado, girará hacia la morbosidad y la curiosidad, dos elementos que en modo alguno colaboran para una conducta acorde a nuestra identidad. Lo mismo es válido para las bromas no sólo obscenas, sino con el aditivo de relatos llenos de inmundicia y grosería, a la que tanta gente es afecta. Tanto que hay pseudo humoristas que basan sus éxitos teatrales en esas dos rutinas pervertidas. El otro tema que se incluye en esta advertencia, es la avaricia, lo que elimina como tema de conversación entre creyentes, a todos los vaivenes de las trampas o recursos ilegales financieros para aumentar ganancias. El verso 6 completa la historia cuando dice: ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias.

¿Qué cosa es una palabra deshonesta? Algo que se dice sin respaldo de la honestidad. ¿Y qué significa hablar necedades? Algo que se opone tercamente a una verdad de Dios aunque quien lo hace esté sabiendo que no tiene razón. ¿Qué es cometer una truhanería? Tuve que recurrir al diccionario porque esta palabrita está fuera de uso. Ser un truhán tiene dos acepciones. Una es ser alguien que vive de estafas y engaños. La otra, es la de pretender hacer reír o divertir mediante bufonadas, chistes y muecas. Lo más parecido a nuestro concepto de algo payasesco, un payaso no convencional. ¿Pablo está diciendo que no debemos participar de eso? Sí, eso dice en el verso 7. ¿Motivos? Veo uno solo y no es menor: evitar buscar ser centro de las miradas y la atención de las personas. De eso a la vanidad, la arrogancia y el orgullo egocéntrico, hay un paso. Un creyente no tiene ninguna traba ni prohibición para ser artista, deportista de élite o figura mediática. Pero deberá estar muy bien plantado sobre sus pies para que todo eso no le juegue en contra y termine amándose más a sí mismo en alto narcisismo en lugar de poner a Dios por delante de todas las cosas de su vida. Clarísimo. Iglesia post pandemia, aprende. Y si te cuesta aceptar que Dios te recomiende que no tengas nada que ver con esa clase de gente y lo entiendes como una discriminación, enójate con Él. Pablo y yo sólo te lo estamos recordando.

Los versos 8 y 9 constituyen otro recordatorio con un mandato incluido: Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz. (Porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad). Lo que les y NOS está queriendo decir es que cuando no conocemos a Dios, es como si estuviéramos viviendo en la mayor y más acentuada oscuridad, a esto muchos de nosotros lo sabemos y no por libros ni sermones, sino por haberlo vivido antes de encontrar a Jesucristo. Pero ahora ya no podemos dar ninguna excusa, hemos conocido al Señor y hemos pasado de esa densa e inexpugnable oscuridad, a una luz diáfana y apta para iluminar todo lo que toquemos. Cuidado con esto para no caer en falsos esoterismos que seguramente muchos de ustedes han conocido o conocen. Esa luz que irradiamos, no es nuestra. Es SU luz que se refleja en nosotros, pero siempre y cuando nosotros lo reconozcamos como Señor de nuestras vidas. Si a esas vidas las queremos controlar o conducir nosotros con nuestra sabiduría humana, podremos tener éxitos y fortuna, pero jamás seremos luz para nadie. Muy por el contrario, la llegada a un lugar de un anónimo desconocido, sin lauros ni prestigio alguno, aunque obediente al Señor, de inmediato nos dejará a todos encandilados con su presencia. Ese es el diseño que Dios imaginó para cada uno de nosotros. Traten de hacer lo que agrada a Dios, es lo que Pablo concluye en este párrafo. Esa es nuestra responsabilidad.

Y luego pasa a lo que sería el siguiente estado. Les dice: Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas; Suena bastante formal y hasta acartonado esto, pero entiende que lo que les está advirtiendo es que los creyentes no se tienen que hacer cómplices de los que no conocen a Dios, sino hacerles ver su error, porque lo que ellos hacen, aunque lo consideren muy importante, la gran verdad es que no sirve para nada. Y no es un mandato menor, este. ¡Tú no tienes una idea de la enorme cantidad de cristianos que, con tal de no ser marginados o discriminados por sus amigos no creyentes, resuelven acompañarlos en sus correrías llegando incluso al pecado por esta causa. Pablo no exagera, sabe de lo que está hablando. Conoce la naturaleza de aquel hombre, que dicho sea de paso, no difiere en demasía con el actual. Y luego si quieres súmale todos los adelantos técnicos que, más que servir para la proclamación del Evangelio por todo el planeta, hasta ahora ha sido más útil al infierno para facilitar el pecado. Por eso añade que le causa vergüenza (Lo que hoy llamaríamos “vergüenza ajena”, que es la que sentimos por lo que hacen otros), de lo que ellos hacen a escondidas, cuando nadie los ve. La gran duda o pregunta, es: ¿Se refiere a la gente incrédula que conoce o a gente que se dice creyente? No lo sé, pero la Biblia no fue escrita para los incrédulos. Fue escrita para la iglesia.

No obstante, él aclara y puntualiza algo que nosotros no siempre tenemos en cuenta. Les dice: Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo. Es concreto y contundente. Dios es luz. Nosotros, sus hijos, somos hijos de luz. Eso significa que, aunque tú tengas un secreto de algo que haces en oculto con la certeza que nadie lo sabrá nunca, por simple discernimiento o revelación singular, la sola presencia de un hijo de luz en tus cercanías, te dejará al descubierto de todo. Eso es lo que les dice. Y no exagera ni un gramo, así es. Por esa razón es que les dice lo que sigue, que en modo alguno va dirigido a gente inconversa, eso es evidente:

Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, Y levántate de los muertos, Y te alumbrará Cristo. Pablo hace mención a algo que fue escrito en otro contexto y lo utiliza en este porque estima que es lo adecuado. Y no se equivoca. Porque muchos cristianos, hoy, siguen tan dormidos como antes de la pandemia. Y una de las razones por las cuales Dios permitió este Covid19 que todavía sigue fastidiándonos, fue para que buscáramos refugio en Él y, definitivamente, nos despertáramos a este nuevo mover que ha comenzado. Que no es un mover congregacional, sino individual. Al Cuerpo de Cristo en la tierra no lo reúnen ciertos hombres, lo reúne Cristo mismo. Nuestra opción es: obedezco y tengo victoria o desobedezco y me pierdo. Soy libre. Para vivir o para morir.

Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, Eso les dice en el verso 15 de este capítulo 5 de Efesios. Recuerdo que cuando al principio de mi vida de creyente leía este texto, la palabra diligencia me retrotraía a mi infancia y las películas de indios y vaqueros americanos. Sin embargo, muy pronto descubrí la acepción puntual a la que aquí Pablo se refiere, y es que diligencia es el cuidado, la prontitud y la eficiencia con la que se lleva a cabo una gestión. Muy bien; con esa idea en mente es que debemos hacer la retrospección que el apóstol nos demanda. Debemos tener mucho cuidado, la máxima prontitud que podamos y la mayor eficiencia para examinar nuestro andar por nuestra vida de fe. Y sin ser en absoluto condescendientes o permisivos.

Déjale eso al mundo secular, lo nuestro es Justicia, así como la escribo, con la jota mayúscula, que a mí me asegura que se trata de la Justicia divina, no la terrenal y humana. La primera es perfecta y no falla jamás, la segunda… Y luego nos recomienda que una vez nos hayamos examinado con la mayor profundidad, comprobemos si estamos funcionando como necios o como sabios. ¿Cuál es la diferencia? Los primeros, saben lo que tienen que hacer o no hacer, pero deciden hacer otra cosa porque les conviene o porque les gusta o no les gusta. Necedad no es sinónimo de ignorancia, es sinónimo de rebeldía. Ser sabios, en tanto, no significa haber aprobado todas las materias en una universidad científica, sino saber que sabes que supiste y lo creíste, que lo que Dios quiere para tu vida es exactamente lo que estás haciendo. Es como decirte en la calle que vivas como personas que saben lo que hacen, y no como tontos mediocres que en lugar de pensar, por comodidad, deciden dejarse pensar por otros.

Y la recomendación que le brota a Pablo después de decirles todo eso, es que traten de aprovechar bien el tiempo y los tiempos, ya que él está vislumbrando que los días que se están viviendo y los venideros, serán malos. ¿Te cabe alguna duda que independientemente de como hayan sido esos días en los que él estaba escribiendo esta carta, los actuales dos mil años después, no son mucho mejores? El mundo secular a través de algunos de sus pensadores, escribió frases de aliento para tener en cuenta esa clase de días, pero por una simple cuestión de identidades, rescaté algunas que son fruto de la inspiración de pensadores creyentes. No doy sus nombres porque el derecho de autor de cada uno de esos pensamientos, es del Espíritu Santo, sin dudas. – Los recuerdos son la llave no del pasado, sino del futuro – La vida tiene un lado sombrío y otro que es brillante, y de nosotros depende elegir el que más nos guste – Deja que tu esperanza y no tus heridas den forma a tu futuro – No te desesperes. Muchas veces es la última llave del manojo la que abre la puerta – Todo lo que se hace en el mundo es a través de la esperanza – Hay cosas mucho mejores delante de nosotros que aquellas que hemos dejado atrás – Nunca se es demasiado viejo para ponerse una nueva meta – Hay cosas que siempre parecen imposibles, hasta que se hacen. Hay muchas más, pero creo que con estas te tiene que alcanzar para aprovechar el tiempo como te demanda Pablo aunque estos días sigan siendo malos….

Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor. Eso les dice en el verso 17, que es como si les dijera: ¡Eh, muchachos! ¡No sean tontos! Antes de moverse traten de saber qué es lo que Dios quiere que ustedes hagan. Creo que esta es una expresión, un deseo, una intención y un mandato que indudablemente trascendió aquellos tiempos remotos y es más que vigente y apto para poner por obra hoy mismo, ahora mismo, y en un ochenta por ciento de los grupos cristianos, sean cuales sean. Por cada creyente que tiene intimidad con el Señor y hace lo que el Espíritu Santo le da dirección para hacer, hay no menos de cien en la proporción estadística, que hacen cosas buenas y hasta muy buenas, pero no por dirección divina, sino por decisiones propias basadas en lo que cada uno cree que es necesario o está bien. Cuidado; nadie censura esto porque casi siempre, salvo excepciones que mejor no mencionar, redundan en buenas acciones y en cosas que favorecen a la gente, pero como son obras producto de la sabiduría humana, Dios tiene todo el derecho legal a tomarlas como obras de la carne, y ya está escrito y no en un solo lugar, que Dios aborrece las obras de la carne. El error está en suponer que se trata de las malas obras de la carne. No es así. En ningún lugar especifica eso. Dice simplemente que Dios aborrece las obras de la carne, lo cual me está diciendo a mí y también a ti, que son todas, parezcan buenas, buenísimas o malas.

Y luego remata esta parte de su discurso con algo que parecería estar por fuera de todo, aunque si se observa desde las profundidades que marca el Espíritu Santo, obviamente que no es así. Él dice: No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, Muchos que vivieron los impactos de despertamiento que hubo en muchos lugares en la década de los años noventa, con las “borracheras” que muchos cristianos parecían tener por causa de haber sido tocados, llenos o bautizados en el Espíritu Santo. Tuve la misericordia divina de vivir algunas de estas experiencias, pero creo que Pablo va mucho más allá de esto que en todo caso fue lineal y casi hasta regional. Lo que él les dice, creo que recibir una tremenda revelación del Espíritu Santo, (Esto está representado por el vino), puede embriagar a quien la recibe de tal modo que, si se deja llevar por su egocentrismo y sus vanidades íntimas, muy bien puede caer en la disolución de utilizar esa revelación para lucimiento personal o, lo peor y más pobre, lucrar con ella como tantos lo hicieron en esos tiempos. Es muy cierta la palabra que nos asegura que Dios protege a su Ungido, que no necesariamente nos habla de Jesús, sino de todo aquel que hoy mismo lo sea, pero es una palabra que, al mismo tiempo, nos da la certeza total que no permitirá que esa unción sea derramada sobre ningún hombre que la esté esperando para aprovecharse de ella para delinquir o pecar. Aquí ya no protege a su Ungido, aquí protege su Unción. Y es excelente que así sea.

Y concluye esta parte inicial de este capítulo 5, con una expresión de dirección para con el pueblo reunido: hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. De hecho, es obvio que una gran parte del pueblo cristiano, al leer esto, se identifica con lo que normalmente se realiza dentro de los templos o salones donde se reúnen las congregaciones, pero una vez más me temo que no se refiere a eso Pablo cuando les recomienda todo esto. En principio, no se trata de repetir como en una letanía uno o varios de los ciento cincuenta salmos que hay en nuestras biblias. El salmo (La palabra griega es psalmós) era una pieza fija de música, una especie de oda sagrada y tenía que ver con ejecutar uno o varios instrumentos de cuerdas.

Los himnos a los que él se refiere, eran temas muy rítmicos que trasuntaban alegría o movimiento. Nada que ver con nuestros himnos gregorianos que, tal como su nombre lo dice, nacieron bajo el papado de Gregorio y tienen más relación con la música clásica europea que con la hebrea que se estilaba en aquellas sinagogas a las que Pablo hace referencia. Los cánticos espirituales no son necesariamente los temas escritos por distintos autores cristianos que están de moda, aunque nadie está en oposición a ellos, sino cánticos nuevos, improvisados y espontáneos producto de la inspiración del Espíritu Santo. Todo lo demás, es lo que todavía hoy la iglesia debería hacer tanto en lo corporal como en lo individual. Dar gracias POR TODO a Dios, no sólo por lo que nos parece bonito y siempre en el nombre de Jesucristo, que es el nombre que está por encima de todo nombre. Esto último puede parecer una muletilla, pero es una realidad que aquellos que han tenido experiencias en guerra espiritual saben y conocen perfectamente.

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Cuando el Pasado no es Pisado

Soy uno de los que dice permanentemente que vivir mirando el pasado no es bueno, que la verdad, el destino y la victoria siempre están al frente, allá adelante, y lo sigo pensando y lo sostengo. Sin embargo, cuando he dicho esto, siempre he aclarado que mirar hacia atrás, es como utilizar el espejo retrovisor de nuestro vehículo, que nos es útil para ver lo que hemos dejado atrás y nos da las bases para no volver a equivocarnos de ruta. Pero que sólo hay que hacerlo de manera esporádica y cuando es necesario. Bien; hoy creo que es necesario mirar atrás y eso es lo que haremos en este trabajo. Yo hablé de esto que voy a hablarte ahora, en el año 2007, hace quince años. Cuando lo termine, nos reuniremos otra vez aquí y coincidiremos o no si es algo que ya fue o es algo que todavía está vigente, activo y, obviamente, nocivo. Ahí vamos.

En este estudio quisiera comenzar con una rutina diferente a la de los demás: con una breve página editorial introductoria. Porque este estudio es bien fuerte. Y si bien tú ya estás acostumbrado que en esta página Web no encontrarás jamás almíbares y zalamerías vernáculas, esto es fuerte en palabra y en conceptos, aunque no para ofender, claro está; y mucho menos para avergonzar o restar, sino para exhortar, respaldar la fidelidad de tantos y tantos justos, – que los hay y muchos, felizmente -, y para sumar para la extensión del reino.

Porque cuando miro a mi alrededor, es decir el marco de la sociedad secular en la que estoy insertado, siento que estoy cansado. Cansado de funcionarios que no funcionan; de políticos que no tienen política; de instituciones que no instituyen nada; de una justicia que no hace justicia; de militantes de esto y aquello que no militan, sino que vegetan o lo peor, son parásitos; de empresarios que en lugar de optimizar sus empresas, prefieren jugar a las distintas formas de ruletas financieras; de hombres que quieren ser mujeres; de mujeres que quieren ser hombres; de unos y otras que como no saben muy bien qué es lo que son, pretenden ser ambas cosas; de jóvenes que actúan como viejos; de viejos que hacen ridículas irresponsabilidades de jóvenes; de delincuentes que andan en libertad; de cierta libertad que incita a la delincuencia; de malas personas respetadas como honestas, de honestos que son tratados como malas personas; de inicuos promocionados como decentes y de decentes injuriados como inicuos.

Cansado, también, porque cuando miro hacia adentro (Y tú sabes perfectamente a qué me refiero cuando digo “adentro”), veo, a veces, (Y dije “a veces” porque no es justo generalizar), a cristianos que no conocen al Cristo que dicen seguir; ministros que no ministran, sólo administran; adivinos de feria honrados como profetas, profetas verdaderos marginados como adivinos, herejes o blasfemos; emocionalistas y manipuladores dialécticos promocionados como evangelistas, evangelistas despreciados porque no muestran nada “espectacular”; constructores de políticas religiosas y edificios de mampostería llamados apóstoles; verdaderos apóstoles que son borrados porque su palabra duele y su visión no encaja con la de los hombres “importantes”; pedagogos científicos y hasta agnósticos evidentes designados como maestros, maestros reales neutralizados porque sus enseñanzas, – aunque bíblicas -, no encajan con los proyectos humanos; asalariados con privilegios y status de pastores; pastores fieles oprimidos y obligados a ser simples gerentes por comisiones evaluadoras designadas por ilustres y, finalmente: cansado de ver creyentes que no creen.

Por todo esto, por lo de alrededor y por lo interior, hoy voy a extraer de la palabra de Dios, sin introducir opinión ni interpretación personal, principios básicos que nos permitan elaborar una clara radiografía del hipócrita. Y como decía aquel viejo adagio: …al que le quepa el sayo, que se lo ponga… Cualquier diccionario secular, dice que HIPOCRESÍA (La palabra griega es HYPOCRISIA), es el fingimiento de sentimientos o cualidades diferentes a las que se tienen. Y agrega que un HIPÓCRITA es, en suma, un comediante, un actor. Un diccionario bíblico amplía algo más el concepto. Dice que un HIPÓCRITA es aquel que pretende o finge ser lo que no es. Aclara, también, que la palabra proviene de un vocablo griego que significa actor o protagonista en el teatro griego. Los actores, – entonces -, solían colocarse diferentes máscaras conforme al papel que desempeñaban. De allí que HIPÓCRITA llegara a designar a la persona que oculta la realidad tras una máscara de apariencias.

Esta palabra, en algunas de sus derivaciones, está en treinta y tres oportunidades en la Biblia. Seis en el Antiguo Testamento y veintisiete en el Nuevo. De allí es donde voy a extraer de los relatos literales, principios espirituales que le van a sonar total y absolutamente vigentes para hoy. Rescaté cuatro o cinco textos que te voy a compartir textualmente donde estimé que debería ser necesario hacerlo. A eso lo vamos a leer juntos para no hablar tonterías o fabricar doctrinas a partir de una letra. Por lo demás, todo lo demás, también está documentado en el libro. Un libro que si tú lo lees seguido, yo no necesito asegurarle nada más. Un hipócrita es alguien que actúa permanentemente. Es hipócrita de corazón, de alma según el léxico hebreo. Es decir que su mente elabora conceptos de un color pero por diversas circunstancias tiene que actuar de un modo totalmente opuesto a cómo piensa. El resultado de estas actitudes es que, – dice la Biblia -, atrae para sí la ira, reacción normal de un justo ante un corazón no arrepentido, aunque diga a diestra y siniestra que es creyente.

Por algo David, cuando esgrime una defensa propia en el Salmo 26, puntualiza que no se ha sentado, (Es decir que no ha tenido comunión, identificación, complicidad), con hombres hipócritas; y que los aborrece, – término de Dios -, por causa de su desprecio para con el pecado. Esto tiene que ver directamente con lo que Santiago, en el capítulo 1 verso 8, denomina como hombres de doble ánimo. Pensar de un modo y obrar de otro; predicar un mensaje fiel y hacer en la práctica lo opuesto. Lo que nuestra sociedad, hoy, llamaría doble mensaje. Una de las características más sobresalientes del hipócrita es que cuando habla, produce daño. El libro de los Proverbios lo señala cuando dice que el hipócrita, con su boca, daña al prójimo. Son indolentes, parece como que se las saben todas. Son confiados en su sabiduría humana, concuerde o no con la sabiduría de Dios, mentirosos, ya que para avalar sus conductas no vacilan en mostrarse de manera opuesta a lo que verdaderamente son, lo que en sí mismo, ya es un engaño, un ardid, una mentira. Escuchan siempre y con apariencia de calma, bondad y paciencia, pero son incapaces de oír nada que no adhiera a sus pensamientos, aunque simulen hacerlo.

Ahora bien: ¿De dónde nace la hipocresía humana? Ya me imagino: estás pensando en el mundo incrédulo, ¿No es así? En ese mundo pecador, promiscuo y endemoniado, ¿Verdad? Lamento decirle que al mundo le interesa muy poco que tú te des cuenta que no creen en nada. Es más; ¡Hasta publicita por donde lo dejen que no creen en nada! Es que en el mundo, no creer en nada, es un aceptable nivel de “inteligencia” y “raciocinio”. Tampoco le importa demasiado el pecado. Primero, porque no lo conoce, y segundo, porque piensa que si todos hacen lo que hacen y les va bien, ellos no tienen por qué hacer otra cosa. A la promiscuidad la llaman “libertad de conductas alternativas” y a los demonios no sólo los ignoran, o suponen que son delirios de místicos de gente vestida rara que anda con biblias bajo sus brazos, sino que incluso, los utilizan para los dibujos animados o cualquier otra “mascotita” dedicada a los niños. Entonces, ¿Para qué deberían simular? ¿Para qué tendrían que tomarse el trabajo de fingir lo que no es, si les importa bien poco lo que los demás puedan pensar? ¿Adónde nace la hipocresía, entonces? Lo siento. Sólo nos queda la iglesia…

(Jeremías 23: 9)= A causa de los profetas mi corazón está quebrantado dentro de mí, todos mis huesos tiemblan; estoy como un ebrio, y como hombre a quien dominó el vino, delante de Jehová, y delante de sus santas palabras. (10) Porque la tierra está llena de adúlteros; (Te recuerdo que cuando la Biblia habla de adulterio, no solamente se refiere al humano, al carnal, al sexual, al físico, sino al espiritual; a una esposa que, en lugar de ser fiel, por ejemplo, se entrega a otro que no es su esposo), a  causa de la maldición la tierra está desierta; (Pero resulta que físicamente, ¡La tierra no está desierta! Está llena de gente, ¿Verdad? Entonces, ¿De qué tierra está hablando? ¿Del piso o de la carne?) los pastizales del desierto se secaron; (Pastizales hablan de lugar de alimento, el desierto es el lugar de la prueba y la sequedad significa desnutrición, hambre y debilidad) la carrera de ellos fue mala, (Pablo habla de haber terminado la carrera) y su valentía no es recta. (Valentía no es sinónimo de rectitud. Un delincuente no es recto, pero muchas veces demuestra ser valiente.)

(11) Porque tanto el profeta como el sacerdote son impíos; (Está claro: en el mundo no hay profetas ni sacerdotes; habla de la iglesia) aún en mi casa (Casa siempre es iglesia en la Biblia) hallé su maldad, dice Jehová. (12) Por tanto, su camino será como resbaladeros en oscuridad; serán empujados, (Empujados por quienes?) y caerán en él; porque yo traeré mal sobre ellos en el año de su castigo, dice Jehová. Después describe los desatinos de los profetas de Samaria, a los que se acusa de hacer errar el camino al pueblo profetizando por Baal y los de Jerusalén, a los que rotula de torpes, adúlteros, mentirosos y dignos de juicio. (15) Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos contra aquellos profetas: he aquí que yo les hago comer ajenjos, y les haré beber agua de hiel; porque de los profetas de Jerusalén salió la hipocresía sobre toda la tierra. – Listo. La hipocresía – dice aquí -, salió de lo que entonces se llamaba Iglesia, no del mundo. Después, indudablemente, sentó escuela.

Ahora bien: ¿Cómo se puede detectar a un hipócrita? Está bastante claro: por discernimiento. No obstante, hay algunas pautas que Mateo marca en su evangelio que nos sirven de ayuda para, mientras esperamos recibir mayor discernimiento espiritual, podamos ir teniéndolas en cuenta para no equivocarnos. 1)= Publicitan y promocionan sus actividades bajo el barniz eclesiásticamente muy bien visto del testimonio; difunden la calidad y a veces hasta la cantidad de sus ofrendas. 2)= Aman que los oigan orar en público y arman verdaderas piezas literarias religiosas de esas oraciones. ¿Dios? Bien, gracias. En ese preciso momento, tiene otitis. 3)= Andan con el rostro compungido, mustios y pálidos para dejar bien en evidencia que están ayunando. 4)= Están permanentemente en acecho para detectar la paja en el ojo ajeno, (“¡Hermano! ¡Si no le da brillo a sus zapatos, no podrá ingresar a la casa de Dios!” “¡Hermana” ¡Su falda es demasiado corta!”), mientras  el tronco del árbol gigante que hay en el suyo, es ignorado.

5)= Privilegian y priorizan las tradiciones y costumbres por sobre los mandamientos de Dios, al cual honran de la boca para afuera pero no con sus corazones. 6)= Dicen conocerlo todo, pero viven buscando señales porque son incapaces de ver las señales de los tiempos presentes. 7)= Se manejan con tanto egoísmo que, con tal de no quedar mal parados, le cierran el cielo a los que llegan impidiéndoles entrar, aunque eso les cueste la entrada a ellos mismos. 8)= Agitan a la gente instándolas a rebelarse en contra de aquellas personas que no están de acuerdo con ellos. 9)= Se suelen aprovechar de la necesidad física, anímica, espiritual o material de la gente, creyendo solucionar todo después con larguísimas oraciones más destinadas a tranquilizar sus conciencias que a mover a Dios.

10)= llevan adelante un proselitismo casi partidista secular y que, en algunos casos, llegan a fabricar hijos del infierno con gente que se acercó buscando sinceramente al Dios verdadero. 11)= Cumplen con todas las reglas (Diezmos y ofrendas incluidas), pero no saben lo que es la misericordia, la justicia y mucho menos la fe. 12)= Viven obsesionados por lo externo: como te vistes, como te pintas, si tienes pantalones, si usas corbata, si tienes el cabello un poco largo, o si te has rasurado. Sepulcros blancos… por fuera. 13)= Tienen, generalmente, un rostro de bondad y de justicia que… ¿Quieres un consejo? Míralos recta y frontalmente a los ojos. No resisten eso. 14)= Intrigan en las sombras para derrumbar a los que traen la palabra del Señor, aunque externamente le den palmadas en la espalda y hasta lo bendigan. Hacen homenajes a los ungidos, pero, si pueden, los aniquilan con trampas o artimañas, neutralizando y abortando sus ministerios. ¿Nunca hemos visto cosas así?

Pero: ¡Animo! Dice también la misma palabra de donde saqué estas cosas, que a la corta o a la mediana, tendrán su castigo y que su parte será el lloro y el crujir de dientes. Jesús fue capaz de discernir esa hipocresía. Tú, estás capacitado por ese mismo poder para hacer la misma cosa. Y los compara con la levadura de los fariseos. Recuerda que la levadura, en sí misma, es una palabra que denota una acción de extenderse y quedarse con todo lo que toma. La levadura, en sí, no es ni mala ni buena, es levadura. Porque el Reino de Dios es como levadura, pero la religiosidad farisaica e hipócrita también: donde tú le permites entrar y crecer, al tiempo lo leuda todo y se queda con todo. El hipócrita, por reglas generales, es legalista. Puede llegar incluso hasta la crueldad amparado en un versículo bíblico. La Biblia dice que la Palabra de Dios es nuestra arma, ¡¡Pero no nos dice que tengamos que darle un bibliazo por la cabeza a la hermanita aquella que viene al templo vestida demasiado sexi!!

No sabe lo que es el amor de Dios y mucho menos con qué se come la misericordia. Les obligan a cumplir a los demás, reglas, leyes y estatutos que ellos mismos, en lo íntimo, dejan de lado si les conviene tomar por otro camino. Desprecian el poder de Dios refugiándose en las leyes dictadas por los hombres por una simple razón: como no están ungidos, jamás vieron ni verán el poder manifestado, por lo tanto se agarran de lo único que pueden comprobar con sus ojos: lo que dicen los hombres. Y sobre esto, hay un ejemplo que tiene como protagonista a un indiscutible hombre de Dios, mira: (Gálatas 2: 11)= Pero cuando Pedro vino a Antioquia, (Una ciudad de Siria), le resistí cara a cara (Dice Pablo), porque era de condenar (Cuidado: no te confundas; no habla de la persona de Pedro, habla de una actitud de Pedro.)

(12) Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; (Compartir un almuerzo o una cena con alguien, en aquella época, se consideraba como demostración clara y pública de amistad incondicional) pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión. (Tenía miedo de ejercer su ministerio por causa de la clase religiosa). (13) Y en su simulación, (Quiero recordarte que está hablando del apóstol Pedro), participaban también los otros judíos, de tal manera que aún Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos. Pedro era un fiel y sincero hijo de Dios que, sin embargo, así como en un momento de su vida fue exaltado por Jesús por discernir que Él era el Hijo de Dios, en otro momento mintió por temor a perder su vida y en esto, es clarísimo, fue arrastrado a una actitud hipócrita por cierta conveniencia en sus relaciones con los sectores religiosos. ¿Te das cuenta ahora por qué Pablo dice que los que tienen que tener cuidado de no caer son los que se creen estar firmes y no los débiles? Le puede pasar a cualquiera. Te puede pasar a ti, cuidado.

Si hemos visto que la hipocresía no nace en un mundo que no necesita implementarla porque le da lo mismo una cosa que la otra, ya que es ignorante de las leyes de Dios, sino en la iglesia, donde se suele poner en práctica un viejo refrán pagano que muchos cristianos le otorgan valor bíblico y que dice: No basta con ser bueno, sino que hay que parecerlo, es porque ese peligro está latente, en todo momento, y para todos: sin distinción. Y si no, mire lo que sigue:

(1 Timoteo 4: 1)= Pero el Espíritu dice claramente (Dice que es el Espíritu el que lo dice, no los líderes de alguna congregación, los pastores o maestros moralistas o simplemente un fulano queque tiene una Web: el Espíritu Santo lo dice) que en los postreros tiempos (¿Cuáles son los postreros tiempos? ¿Los de tu vida o los de la vida de la iglesia?) algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; (Muchos creen que esto es algo que tiene que suceder todavía. Si los postreros tiempos hablan de tu vida, hombre o mujer que tienes entre treinta y cuarenta años, efectivamente, los últimos tiempos deberían estar comenzando ahora y los espíritus engañadores y las doctrinas de demonios estarían por aparecer. Pero resulta que la palabra está escrita para la iglesia global, no para una persona, aunque la incluya. Y la iglesia tiene más de dos mil años de antigüedad, así que estos últimos tiempos podrían haber empezado a manifestarse hace… digamos… unos ciento cincuenta años. Eso nos estaría señalando que la prédica de esos espíritus engañadores y doctrinas de demonios, se estarían metiendo por las iglesias, dejando la Biblia de lado, desde hace cien años atrás, ¿Te das cuenta?)

¿Qué otra cosa podría ser, por ejemplo, ese humanismo científico, filosófico, intelectual y psicológico, totalmente apartado – y en algunos casos opuestos -, al poder sobrenatural de Dios, que hoy día todavía se predica y se enseña en tantos lugares llamados…cristianos?  (Verso 2)= Por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada (Dormida, anestesiada, paralizada, bloqueada, enceguecida, oscurecida) la conciencia, prohibirán casarse (¡Oh!) y mandarán abstenerse de alimentos (¡Oh! ¡Oh!) que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad. (Tengo una sola pregunta: ¿Dónde están los creyentes y los que han conocido la verdad? ¿Están en el mundo, en iglesias paganas e idólatras, en sectas pseudo-religiosas o en la que conocemos como iglesia del Señor? Cuidado.)

No es mi intención cargar las tintas en contra de nada ni de nadie en especial. Sólo me tomo el trabajo, en el nombre de Jesucristo de Nazareth, de ayudarte a abrir tus ojos y saber discernir qué es lo que viene de Dios, realmente, y qué viene de las reglas, leyes y estatutos mentirosos creados por hombres que simulan oficiar una verdad que verdaderamente todavía no conocen, sin otra intención que echarte encima un espíritu de culpa que te obligue indefinidamente a estar sometido a un grado de esclavitud carnal que no forma parte del plan de Dios, sino a intereses temporales y personales, se llamen como se llamen, ministren donde ministren y tengan el prestigio que tengan. Nadie puede predicar lo que no vive en su vida personal. Ese es el modelo-Cristo. Cualquier otra cosa diferente no es Cristo. Y como no hay lugares grises ni neutros en el evangelio del Reino, si no es Cristo, es Anticristo. Porque: El que conmigo no recoge, desparrama…

(Santiago 3: 13)= ¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? (Santiago está hablando con y para creyentes) muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. (¡Pero hermano! ¡No somos perfectos! Es cierto, pero por nuestros frutos nos conocen. Y no hablo de obras de caridad, – aunque no están excluidas -, hablo de integridad, de respaldar con nuestra vida cotidiana nuestro mensaje. De otro modo, vana palabrería…) (14) Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, (Santiago habla de la iglesia de aquel tiempo, supongo, porque hoy no es así, ¿Verdad? ¿Y qué les dice, que se suiciden?) No os jactéis, ni mintáis, contra la verdad. (¿Qué es la verdad? O mejor: ¿Quién es la verdad? El mundo no miente contra la verdad sencillamente porque no la conoce. Puede hablar mal – y de hecho lo hace -, pero cree sinceramente estar diciendo una verdad. Su verdad. Los que mienten contra la verdad tienen que ser aquellos que, conociéndola, igualmente no dudan en mentir en contra de ella. ¿Dónde están? ¿Afuera o adentro?)

15) Porque esta sabiduría (La que muestran estas personas), no es la que es desde lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. (Está claro, ¿No?) (16) Porque donde hay celos y contención (Entiende bien: contención no viene de contener, viene de contienda, que es discusión, puja, polémica, debate) allí hay perturbación y toda obra perversa. (Recuerda: obra perversa no es necesariamente mala obra. Es obra incorrecta, de acuerdo con el propósito de Dios. PERVERSO es TORCIDO, algo que no va al blanco previsto, sino a una imitación, a un paralelo, a un espejismo, en suma: errar el blanco. AMARTÍAS. PECADO.

(17) Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, (La pureza o transparencia es obrar cara a cara, no a escondidas, con murmuraciones, chismes, intrigas o dobles mensajes) después pacífica (No arremete, no ataca, exhorta, ama, ayuda, aporta, suma, pone el hombro) amable, (Esto es: digna de ser amada), benigna. (No persigue el mal de nadie, sino el bien común), llena de misericordia y de buenos frutos, (Integridad en su conducta y su carácter) sin incertidumbre ni hipocresía. (Cada uno sabe perfectamente y de primera mano qué es lo que se piensa de él, no se encuentra con un pelotón de fusilamiento sin previo aviso preparado de la noche a la mañana para ejecutarlo). (18) Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.

(1 Pedro 2: 1)= Desechando, pues, (Dejando de lado, desestimando, ignorando) toda malicia, (De allí el ser como niños, ellos no tienen malicia. Hasta que se vuelven adultos e inteligentes) todo engaño, (El engaño es un espíritu satánico), hipocresía, envidias, (Si no puedo tener un ministerio como el de ese famoso ministro, trato de destruir al ministro) y todas las detracciones. (El hipócrita se lleva bien con una mayoría, pero nadie se escapa de sus “comentarios” detractores, generalmente hechos con personas que no son las afectadas). …desead, como niños recién nacidos, (Recuerda cuando recién te convertiste) la leche espiritual no adulterada, (Biblia pura, no dogmas humanos. Palabra de Dios, no ideas u opiniones de hombres inteligentes) para que por ella (Por la palabra pura, sin amputaciones, enmiendas, revisiones ni agregados humanistas) crezcáis para salvación. (Sin leche pura no hay crecimiento, hay información superflua, intelectual) si es que habéis gustado la benignidad del Señor.

Punto final. Si piensas que todo lo dicho pertenece al pasado y que hoy no sucede absolutamente nada de lo que mostramos, esta idea de repetirlo fue mala y deberás anotármela en el “debe”. Pero si lo dicho se adapta perfectamente al hoy que todos estamos viviendo, antes y post pandemia, entonces creo dos cosas: que merezco que me anotes en el “haber” y que todavía nos falta un largo camino para ser santos perfectos, que es decir creyentes maduros, y que eso, me guste o no, fue, es y seguirá siendo responsabilidad  de nosotros, los que decimos tener un ministerio. No estamos haciendo lo que Dios nos ha pedido que hagamos. Y en alguna medida, le dimos el gusto al enemigo y también habremos sido hipócritas más de una vez.

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¡Yo no me Avergüenzo!

Comencemos por el principio: ¿Qué es la vergüenza? La ciencia nos da un panorama de la vergüenza como emoción social. Nos dice que la vergüenza es la emoción que surge cuando valoramos nuestras acciones como negativas, esto es; que estamos haciendo algo mal y que eso va a llevar a los demás a hacer juicios negativos sobre nosotros. Es un tipo de emoción muy extendida en la sociedad, solo hay que ver la cantidad de sinónimos que tiene: timidez, rubor, bochorno o retraimiento. Pensar en “el que dirán” puede ser algo que nos agobie, que nos cree ansiedad y en muchas ocasiones puede estar relacionado con la inseguridad. Un prestigioso profesional, reconocido por postular la teoría del aprendizaje social, propuso que esta emoción podía ser la respuesta de un proceso de autorregulación de la personalidad. La autorregulación según este hombre se produciría en tres pasos:

Observación de uno mismo. Contemplamos nuestro comportamiento. Juicio. Comparamos nuestro comportamiento con el de los demás, es decir, con los estándares que conocemos, que consideramos como correctos y aceptables por los demás. Auto respuesta. En base al juicio que hemos hecho, nos damos una respuesta. Esta respuesta puede ser: Positiva. Si consideramos que hemos hecho la tarea mejor que los estándares. En este caso nos sentiremos bien con nosotros mismos, sintiéndonos orgullosos y aumentando nuestra autoestima. Negativa. Si creemos que la tarea la hemos desempeñado peor que el estándar. En este caso se pueden crear emociones negativas como la vergüenza o la culpabilidad si entendemos que el resultado de nuestras acciones genera un perjuicio a otros. Por lo tanto, se podría decir que la vergüenza surge cuando creemos que actuamos peor que el resto de las personas de nuestro alrededor. El sentimiento de estar haciendo las cosas mal nos crea inseguridad, en parte, porque buscamos constantemente la aprobación, la aceptación y la estima de las personas que nos rodean.

Dime la verdad. Y no porque piense que alguna vez mientes, sino que probablemente por allí usas eufemismos elegantes para no herir o lastimar a alguien con una verdad, por eso te lo digo así: dime la verdad. ¿Qué te viene a la mente cuando oyes la palabra “vergüenza”?  Supongo que te quedaste pensando, ¿Verdad? Bien; esa misma pregunta se la hice una vez a un grupo de jóvenes a los cuales enseñaba y créeme que sus respuestas, fueron más que reveladoras. Algunos dijeron Turbación, otros Desprecio, Rechazo, Ridículo, Culpa, Desenmascaramiento, Depresión, Fracaso, Aislamiento y otras respuestas más por el estilo.

Creo que es innecesario que te diga que todas estas cosas causan un efecto devastador en nuestras personalidades. Consideremos, entonces, cómo nos haría sentir la vergüenza. Si tú le dices a tu hijito ¡No te da vergüenza!, es como si le estuvieras impartiendo depresión, desprecio, aislamiento y fracaso. La vergüenza es un sentimiento terrible que nos afecta más profundamente de lo que comprendemos. Ahora bien; por ser la vergüenza una emoción tan poderosa, esta nos motiva de formas extrañas. Hacemos todo lo posible para evitar ser avergonzados. Esta es la razón por la que Satanás usa la vergüenza para manipularnos. En el huerto del Edén vemos por primera vez cómo sucedió.

Génesis 2:25 dice que Adán y Eva estaban desnudos y no sentían vergüenza. Pero Satanás entró con la intención de enseñarles cosas para las que Dios no los había preparado. Entró para avergonzarlos. “Eva, -dijo la serpiente- he notado que Dios no te habla mucho”. – “Sí, pero a Adán le habla bastante”. – ¿Y a ti no te gustaría estar tan cerca de Dios como lo está Adán, o incluso hasta ser como Dios?” – “¡Claro que me gustaría!” – “Entonces, ¿Por qué no pruebas esta fruta?”

Eva escuchó al enemigo y Adán siguió su ejemplo. Entonces, cuando Dios vino a buscarlos sintieron vergüenza por primera vez. ¿Y qué hicieron cuando se sintieron llenos de vergüenza? Trataron de esconderse. Cuando Dios llamó: Adán, Adán, ¿Dónde estás? Dios no estaba jugando a las escondidas ni ignoraba dónde estaba Adán. Él sabía dónde estaba. Lo que estaba preguntando realmente era sobre ese sentimiento extraño que estaba presintiendo. ¿Qué es eso que percibo en ustedes y que yo no les he dado? Adán y Eva habían descubierto la vergüenza y desde entonces, todos nosotros hemos sentido sus efectos como resultado de su pecado.

Los miles de años de vergüenza han torcido y pervertido tanto la moral de nuestro mundo, que ahora, los que se sienten avergonzados por el enemigo son precisamente los que no deberían estarlo. Satanás intenta que nos avergoncemos por hacer lo que es correcto. Esto ocurre especialmente entre los jóvenes, que son presionados intensamente por otros de su edad. La vergüenza muchas veces los empuja a la rebelión. ¿Hablas en serio? ¡Tú debes ser el único muchacho sobre este planeta que jamás se ha emborrachado o se ha drogado! – ¿Qué? ¿Qué tu padre no te deja estar fuera de la casa después de la media noche? ¿Y tú le haces caso a ese viejo amargo y anticuado?

Decía una vez una joven de la iglesia que sus amigas la avergonzaban porque con más de veinte años de edad, todavía era virgen. Ese era un gravísimo problema en la iglesia de los años ochenta y noventa. ¿Y por qué digo que “era” un problema en esas décadas y no ahora? Porque ahora no tengo ninguna seguridad que lo siga siendo. Al menos en una proporción que no es la mayoritaria. La virginidad femenina era motivo de medidas burlas y ciertos disimulados ridículos. ¡Ni hablemos de la masculina! Allí la burla no era medida en lo más mínimo y el ridículo para nada disimulado. ¡Y estaban siendo avergonzados por cualidades que Dios dice que son buenas! El enemigo, fíjate, los presiona con el arma de la vergüenza.

Las buenas noticias son que no tenemos que adaptarnos a lo que otros están diciendo y haciendo. No tenemos que dejarnos manipular por una falsa vergüenza del enemigo. Cristo cambió todo eso. Porque la serpiente usó la vergüenza para engañar a Eva en el huerto, Dios la maldijo prometiendo al mismo tiempo que Uno vendría y aplastaría la cabeza de la serpiente. Ese Uno es Jesús. Él no se avergonzó de los propósitos de Dios ni de su pueblo. Si hubiera sido así, no habría muerto tan vergonzosamente en la cruz.

Cristo sufrió la vergüenza para que nosotros no fuéramos avergonzados. Si el Dios Todopoderoso no se avergüenza de nosotros, entonces, ¿Por qué nosotros, que hemos sido salvados por su gracia, nos hemos de avergonzar de Él? El apóstol Pablo dice, en Romanos 1:16: Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. El evangelio es el arma para combatir la vergüenza. Tenemos el poder de mantenernos firmes y decir: ¡No me avergüenzo! El evangelio de Jesucristo nos asienta sobre una roca firme.

¿Cuándo se convierte la vergüenza en algo negativo? Como se ha mencionado, la vergüenza es algo natural y se crea como medio de adaptación al entorno. No obstante, en muchas ocasiones, cuando esta emoción nos desborda e interfiere en nuestras actividades de la vida diaria limitándonos, puede convertirse en algo tóxico, patológico y perjudicial. Muchas veces, esta emoción se puede vivir con mucha pena, angustia, malestar y/o dolor. Cuando ocurre esto, la persona se siente perdida y siente pena por sí misma (autocompasión) porque considera que es mucho peor que los demás. La valoración que se hace de uno mismo en estos casos es muy negativa porque piensa que es indigno, defectuoso, deficiente, imperfecto o peor en comparación con el resto de la sociedad.

Cuando estos sentimientos se apoderan de nosotros, nos volvemos cobardes y nos ocultamos. Sentimos que no somos dignos y que nuestras opiniones no aportarán nada al resto de las personas. Por ello, decidimos escondernos y no participar en la sociedad. Además, no solo tenemos miedo a mostrarnos ante el resto, sino que también tenemos miedo a mostrarnos a nosotros mismos como somos, por lo que decidimos escondernos también de nosotros. Nos damos una serie de auto mensajes negativos como, por ejemplo, no valgo para nada, mi opinión no es importante, lo que tengo que contar no le va a gustar a nadie, se van a reír de mí, no podré nunca alcanzar mis metas, etc.

Vivir obsesionado con qué pensarán los demás de nosotros puede hacer que no disfrutes de la vida y que vivas inmerso en un mar de sentimientos negativos que harán que no des el máximo de ti. La vergüenza patológica se puede convertir en un bucle desagradable: Piensas que no vas a gustar al resto de las personas. Tu autoestima se ve afectada por ese pensamiento negativo sobre tu persona. Tu seguridad se ve afectada. Todo ello puede generar ansiedad y depresión.

Para vencer la vergüenza, primero tenemos que entender por qué nos afecta tan poderosamente; por qué es que haríamos cualquier cosa con al de evitar ser avergonzados. Una de las razones es algo muy sencillo: no queremos ser “diferentes”. A lo que debemos preguntarnos sinceramente: ¿Diferentes de qué? Si vemos el tipo de molde en el que el mundo quiere meternos, nos daremos cuenta que necesitamos ser diferentes.

Nuestra sociedad, por ejemplo, dice que la promiscuidad sexual es normal. Uno de los productos de esa filosofía ha sido los millones de bebés que han sido asesinados en abortos con el indescriptible daño emocional y espiritual causado a los progenitores irresponsables. La sociedad dice también que “emborracharse es divertido” y miles de personas han muerto en accidentes automovilísticos causados por motoristas ebrios. ¿Por qué tenemos que avergonzarnos de ser diferentes de ese estilo de vida?

Pablo dice en el primer capítulo de Romanos que por su rebelión, el corazón de los hombres se ha oscurecido y Dios ha permitido que caigan en la perversión y en la verdadera vergüenza. Si recordamos hacia dónde se dirige el mundo, tal recuerdo nos motivará a ser “diferentes”. Otra parte importante para vencer la vergüenza es enfrentarnos a nuestros fracasos. Aprender a tratar nuestros fracasos apropiadamente es una parte necesaria en nuestra madurez. Me pregunto cuántos de nosotros no guarda entre sus recuerdos los esfuerzos que habrá realizado cuando pequeño sin otra finalidad que la de agradar a sus padres. Y en cuantas ocasiones, en esa tarea, habremos fracasado estrepitosamente con la vergüenza consabida del caso.

Es frustrante comenzar con buenas intenciones y terminar en el fracaso. Sin embargo, la experiencia puede ser parte de nuestro crecimiento espiritual. Si permitimos que la vergüenza por nuestros fracasos nos aparte de los propósitos de Dios y nos lleve a la desesperación, nos daremos por vencidos. Pero si logramos encarar nuestra vergüenza con una buena actitud, el Señor nos hará madurar. En vez de acobardarnos y darnos por vencidos, deberemos admitir que sí fracasamos. Si papá, si mamá, me equivoqué feo, le erré al propósito como para el campeonato del mundo, pero igualmente los quiero mucho y en mi corazón no hay otra idea que la de agradarlos. La próxima vez lo haré mejor.

Ahora bien; déjame preguntarme en voz alta: ¿Cómo evitar el fracaso para no tener que avergonzarnos? No hay ninguna manera infalible, pero sí hay algo que podemos hacer; y esto es “escuchar la instrucción”. A los hombres nos cuesta más escuchar instrucciones porque hiere nuestro orgullo masculino tener que recibir directivas de alguien con más sabiduría que nosotros. Si no lo creemos, veamos a un típico padre armando una bicicleta nueva de su hijo la noche antes del día de su cumpleaños.

“Querido, -le dice la esposa suavemente- ¿No crees que deberías leer todas las instrucciones antes de seguir armando la bici?

¿Me lo dices en serio? ¿No sabes que conozco de bicicletas desde que tenía siete años?

Horas después, a las cuatro de la mañana más o menos, todavía hay piezas de la bicicleta regadas por todo el piso. El padre exclama en medio de una profunda desesperación: ¿Qué es lo que pasa, Señor? ¿Por qué me has abandonado en medio de todo este lío?

Mira; cuando no atendemos a las instrucciones, repetimos el mismo error de este padre y el mismo error que cometieron Adán y Eva en el huerto. Ellos no atendieron a las palabras de Dios. Ellos creyeron que ya se las sabían todas y podían hacer las cosas a su modo.

Proverbios dice que el necio es el que menosprecia el consejo, pero que es el sabio el que lo recibe con gusto. Cualquiera que sea nuestra interpretación de necio, la Biblia dice sencillamente que es alguien que no recibe la instrucción. Las consecuencias de la necedad no se pueden evitar: Otro proverbio nos asegura que los sabios heredarán honra, más los necios llevarán ignominia.  Si queremos evitar la vergüenza tenemos que hacer a un lado nuestro orgullo y atender el consejo de los más sabios.

Otro aspecto que nos ayuda a vencer la vergüenza es el reconocimiento que la luz es más fuerte que las tinieblas. Nosotros no somos los que tenemos que avergonzarnos. En cierta ocasión estuve observando a un prestigioso ministro jugar golf con otros pastores. Como yo no juego elegí observar todo el ambiente. Uno de los jugadores, que no era cristiano, en cada ocasión que marraba un golpe o una jugada le quedaba a kilómetros del hoyo, lanzaba maldiciones, insultos, rayos y centellas con su boca. Creo que se extrañaba que nadie lo imitara o se lo festejara, que es lo que normalmente ocurre cuando alguien pronuncia groserías.

Cuando terminó el juego, este hombre se me acercó y me preguntó a qué se dedicaban esos hombres que habían jugado con él. Me limité a responderle que eran casi todos ministros cristianos. Lo vi enrojecer y musitar una especie de disculpa que, muy a su pesar, también incluyó una mala palabra. Pero me quedé con su reacción: vergüenza. ¿Ante hombres como él? No, antes lo que él entendía perfectamente que esos hombres representaban y que, en todo caso, él había ofendido con su vocabulario sucio.

Así sucede con las personas cuando se dan cuenta que somos cristianos con testimonio sano. Se sienten avergonzadas. Así se sintieron Adán y Eva delante de Dios cuando se dieron cuenta que habían desobedecido. Y esta es la razón por la que el diablo quiere hacernos sentir vergüenza a nosotros. Él sabe que la luz es más fuerte que las tinieblas e intenta cubrir nuestra luz con falsa vergüenza.

Olvidé contarte que me encontré con aquel hombre de las malas palabras en otra ocasión y allí sí hilvanó una elegante y muy educada disculpa por su comportamiento de ese día. Yo le respondí que si bien no era lo ideal, nadie iba a condenarlo por eso, y aproveché el discurso para hablarle de Jesucristo tal como yo lo conozco, que no siempre coincide con cómo lo conoce una gran mayoría. No sé qué habrá sido de su vida después, pero no me preocupé por ello. Uno prepara la tierra, otro siembra, otro riega y otro cosecha. Así es la huerta y así es el evangelio, una gran huerta.

Ahora te pregunto: ¿Qué hubiera pasado ese día de golf, si en lugar de quedarnos todos en silencio y seguir con la rutina deportiva como si nada, nos hubiéramos avergonzados de ser cristianos y, tanto como para quedar bien con este hombre, que era un poderoso empresario de la región, nos hubiéramos reído de sus insultos o los hubiéramos imitado para que se sintiera mejor?

Escucha: también el día de Pentecostés hubiera terminado de otra manera si los discípulos se hubieran avergonzado cuando la multitud los llamó borrachos. El enemigo intentaba avergonzarlos para que escondieran su fe, pero ellos rehusaron ser intimidados. Al contrario, Pedro les contó abiertamente lo que Dios había hecho en sus vidas y el resultado fueron tres mil personas convertidas y bautizadas ese mismo día.

No debemos avergonzarnos el tesoro que tenemos. Más bien dejemos que el mundo se avergüence de sus caminos cuando nos vea caminando con el Señor. El apóstol Pedro exhorta a estar siempre preparados para presentar defensa ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros. Esto quiere decir que cuando alguien nos pregunte por qué hacemos lo que hacemos, nosotros le respondamos confiadamente. Si nos da vergüenza decirle, porque no sabemos lo que pensarán de nosotros, nunca llegaremos a saberlo. Podría ser que esté buscando la clase de fe que nosotros tenemos, y perderemos la oportunidad de ayudarlo a encontrarla. La luz que tenemos adentro es más fuerte y valiosa que las tinieblas en el mundo.

El enemigo intentará vencernos con vergüenza una y otra vez durante el curso de nuestra vida. Pero demos gracias a Dios que el evangelio que tenemos es más poderoso que las presiones de nuestros congéneres para hacernos sentir avergonzados.

Hemos sido salvados por la resurrección de Jesucristo, quien se sienta a la diestra del Padre. El Espíritu Santo está de nuestro lado y a nuestro lado para darnos las respuestas cuando las necesitamos para aquellos que retan nuestra manera de vivir. Estamos parados sobre la roca firme.

Cuando el mundo nos diga “hazlo”, e intente avergonzarnos si no lo hacemos, podemos volver el curso de la conversación y sin vergüenza alguna decirles: ¡Jamás! ¡Si crees que yo voy a hacer lo que tú estás haciendo, estás bien loco! Es un disparate.

Esa resolución de caminar sin vergüenza en los caminos de Dios nos asienta sobre la roca sólida. Hacer lo que hacen los demás para caerles simpáticos, es asentarnos sobre tierra. A la primera lluvia suave nos caemos. Y hacer un poco lo correcto y otro poco lo incorrecto para cumplir con las formas mundanas, es asentarnos sobre la arena: un poquito de tierra, es decir de carne, y otro poco de roca, es decir Cristo. Y tampoco funcionará. Sólo la roca.

Jesús nunca se avergonzó de ser quien era, sino que abiertamente admitió ser el Hijo de Dios. Eso perturbó a muchas personas, pero también abrió la puerta para que muchos vinieran al Padre. Tampoco nosotros debemos avergonzarnos porque somos quienes somos; abiertamente debemos admitir que también somos hijos de Dios. Y aunque lo que hagamos vendrá como una sorpresa para muchos, lo que digamos les puede abrir la puerta para llegar al Padre.

¡Yo no me avergüenzo! No me avergüenzo de la manera que Dios me ha llevado a vivir. No me avergüenzo de recibir instrucción, porque la instrucción de Dios y de genuinos mensajeros de Él, han salvado mi vida. Sobre todo, no me avergüenzo del evangelio, porque es el poder de Dios.

Es la clase de poder que nos guardará de las presiones de la vergüenza para acomodarnos a un molde mundano. Dios quiere a un pueblo que camine con esa clase de poder. Dios está buscando a un pueblo que se enfrente al mundo con confianza y le diga: ¡Yo no me avergüenzo!

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¿Quién es Jesús? ¿Quién es Cristo?

Si eres observador como yo y le prestas atención a todos los detalles, porque ya sabes que a veces en los pequeños detalles están las grandes respuestas, habrás comprobado que el pueblo cristiano tiene un respetable barullo lindando con la confusión respecto a como orar, y esencialmente a quien orar y de qué manera que se estime correcta. Hay gente que le ora solamente a Dios Padre, otra que lo hace con Cristo, otra que se dirige al Señor Jesús, otra que solamente le ora al Señor, sin especificar nada más y, para completar el cuadro, están los que decidieron orarle directamente al Espíritu Santo. Eso ha traído y sigue trayendo innumerables discusiones y debates, respecto a la conformación correcta de la Deidad y a la utilización o no de la no bíblica nominación de Trinidad para el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Todos los que hemos recibido una enseñanza tradicional, aceptamos y pusimos por obra la mecánica de orar dirigiéndonos a Dios Padre, en el nombre de Jesucristo el Hijo y con la guía del Espíritu Santo. Se nos enseñó, y a muchísima gente le ha funcionado y de manera excelente, que esa era la forma correcta de orar y que cualquier otra manera no tenía suficiente respaldo bíblico. No sé si es tan así, creo que aquí tuvieron mucho que ver las distintas facetas doctrinales de las distintas denominaciones evangélicas, que aceptaron que todos eran cristianos iguales, pero que solamente tenían la verdad suprema los que creían y ejecutaban la doctrina de su denominación. Una discusión estéril, sobre todo cuando en ese mismo tiempo usado para discutir, el infierno se seguía llevando almas por toneladas a su fuego eterno.

En algún momento de mi vida de creyente, más allá de si ya era ministro del Señor o no, Él tuvo la suficiente misericordia como para mostrarme que las cosas estaban muy por encima de esas cuestiones pequeñas que nos entretenían en nuestros debates. Empecé a darme cuenta que existían niveles y dimensiones en Dios de las cuales yo no conocía nada y, por lógica consecuencia, no podía ni hablar ni mucho menos enseñarle nada a nadie. Así fue que comencé este trabajo, que por su contenido profundo te entregaré en dos partes, y que de ninguna manera pretende establecer una nueva doctrina, una más para discutir, sino simplemente aportarte lo que quizá te falte en este día para conocer un poco más a nuestro Dios. Quiero comenzar este trabajo leyendo un texto que se encuentra en el evangelio de Marcos, capítulo 10, versos 32 al 45.

Iban por el camino subiendo a Jerusalén; y Jesús iba delante, y ellos se asombraron, y le seguían con miedo. Entonces volviendo a tomar a los doce aparte, les comenzó a decir las cosas que le habían de acontecer: He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los gentiles; y le escarnecerán, le azotarán, y escupirán en él, y le matarán; mas al tercer día resucitará.

Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se le acercaron, diciendo: Maestro, querríamos que nos hagas lo que pidiéremos. El les dijo: ¿Qué queréis que os haga? Ellos le dijeron: Concédenos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda. Entonces Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo bebo, o ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?

Ellos dijeron: Podemos. Jesús les dijo: A la verdad, del vaso que yo bebo, beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados; pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado. Cuando lo oyeron los diez, comenzaron a enojarse contra Jacobo y contra Juan.

Mas Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

Antes de examinar todo esto, quiero que sepan que es muy importante entender qué es el Reino de Dios. Ya habrás podido comprobar que en este tiempo tan duro que nos ha tocado vivir, la pandemia llevó a que mucha gente que venía hablando de diversos temas teológicos, de pronto sintiera la necesidad de hablar del Reino por una simple y sola razón: se dieron cuenta que ese y no otro era, es y sigue siendo el único evangelio a predicar, porque ese y no otro fue el que vino en labios de Jesús. Todo lo otro que conocemos, fue invento de hombres, tal vez muy bien intencionados, pero en su fondo visible, solo religiosos.

Y te digo todo esto que parece innecesario a esta altura de nuestras vidas de creyentes, porque en ausencia de ese entendimiento, tú careces de victoria en el día de hoy. Hemos dicho hasta el cansancio que, tal el hombre piensa, el hombre es. Y si por falta de entendimiento no te queda otra que pensar en derrota, que no te quepan dudas que andarás por mucho tiempo en derrota. Al menos, hasta que cambies tu manera de pensar. Hemos aprendido que en un determinado tiempo, por la voluntad de un hombre, Dios perdió su administración en la tierra. Porque tú ya sabes que el Reino de Dios es una influencia, que es la autoridad que ejerce el rey sobre el pueblo. Pero que esta autoridad era relativa a responsabilidad, y se consuma o establece en obediencia.

Y te doy un ejemplo: si tú das una orden y nadie te obedece, tú no estás reinando. Dios reina en el pueblo que le obedece, voluntariamente. Dios no reina necesariamente en un grupo de personas que se reúnen en un templo a tejer políticas religiosas para acceder a cargos rentados o a elaborar estrategias discursivas para incursionar en la política local con aspiraciones de poder humano. El Reino de Dios fue interrumpido por desobediencia. Cuando Adán desobedeció, Dios, aunque tenía derecho de reinar, no pudo reinar en el hombre, porque una vez que Adán pecó, ya no había hombre obediente. Entonces, aunque Dios tenía derecho, no tenía el Reino establecido en el hombre. Sólo lo fue durante el tiempo en que Adán vivió en el huerto, obedeciendo.

Alguien me dijo la semana pasada, calculo que a modo de elogio rozando la adulación, que admiraba mi autoridad para enseñar. Se lo agradecí, pero le aclaré que eso no era ningún mérito mío, sino simplemente la decisión de humillarme ante Dios y los hombres para ser exaltado solamente por Él. Tengo claro que solamente es obediencia lo que produce autoridad. Por eso no abunda tanto como quisiéramos. Ahora bien, vuelvo a mi Biblia. Pasó todo el Antiguo Testamento, y no apareció un hombre que cediera su voluntad a Dios de manera personal y voluntaria, por decisión propia y sin presión alguna, para que de esa única manera fuera posible que Dios hiciera Su voluntad en él. Por eso Dios dijo: “Lo voy a hacer yo mismo”. Y se despojó de la deidad y se convirtió en hombre.

Ahora escucha esto con atención. Para Jesús era tan difícil ser hombre, como lo es para ti ser divino. El tenía todos los genes divinos y estaba obligado por un cuerpo descartable a comportarse como hombre, ¿Sabes el esfuerzo que tiene que haberle significado eso? El mismo que tendrías tú para convertirte en un ser divino, o sencillamente para hacer eso que habrás oído centenares de veces en boca de predicadores: andar en el espíritu… ¿Ahora estás comprendiendo? Mientras más Jesús cedió su voluntad, más la voluntad de Dios habitaba en él. Mientras más el hombre cede su voluntad, más la voluntad de Dios se establece en ti. Cuando Satanás vino donde estaba Jesús, le dijo: “Convierte las piedras en pan”. Pero Jesús dijo: “No, yo a este asunto  lo voy a resolver como hombre, no como Dios”.

Y no te vayas a pensar que Jesús dijo e hizo eso para demostrar que era masculino o algún otro machirulismo de los que tanto vemos hoy. Él lo decidió así porque sabía que así como un hombre perdió el Reino, así también un hombre tenía que establecerlo. Por eso entre Dios y el hombre, sólo hay un Dios: Cristo Jesús, hombre. ¿Entendiste bien lo que dije? Entre Dios y el hombre, sólo Cristo Jesús Hombre. Cristo establece el Reino de Dios, una vez más en la tierra. Vino a establecer lo que se perdió. No los que se perdieron, como enseñan algunos, LO que se perdió. Así dice en mi Biblia. Se habían perdido dos cosas. Por la desobediencia, se perdió el Reino de Dios en el hombre. Y se perdió la administración del Reino de Dios, a través del hombre. A través de un hombre, se establece el Reino de Dios en un hombre, otra vez. Se convierte en el último Adán. Pero sólo es el segundo hombre.

Y Nosotros somos los subsiguientes. Tú eres el tercero, tú el cuarto, el quinto, el sexto. Es el último Adán, pero es el primogénito entre los hombres. Vino a establecer el Reino y lo estableció. Ahora falta que la administración del Reino, sea manifestada en medio de nosotros. ¿Te estás enterando cual es tu verdadera misión y responsabilidad en esta tierra? ¿Entiendes ahora que no naciste para pasarla bonito, tener un buen trabajo, comprarte una linda casa, un buen auto e irte de vacaciones todos los veranos? Si eres obediente al mandato, tal vez todo esto se te incluya, pero recuerda el clásico de todos los clásicos: Busca primeramente el Reino y su Justicia…Cuando esa manifestación esté en su plenitud, Cristo vuelve y le entrega la administración al Padre. Dios nunca perdió su Reino, sólo delegó la administración. Al primer administrador le fue muy mal. Al segundo administrador, ahí lo está administrando.

A ver si te lo puedo explicar con claridad. La voluntad de Adán, destruyó de un golpe el derecho de Dios. La voluntad de Cristo, restauró con dolor ese derecho de Dios. En este pasaje bíblico que hemos visto, comienza una revelación que, cuando la conozcas, yo creo que va a transformar tu vida, como en algún momento, cuando yo me di de cara con ella, ya lo hizo con la mía. Cristo se está comunicando con su pueblo, con sus discípulos. Noten que cuando se fue la multitud, Él apartó a los discípulos, los separó. Aprende esto que sigue porque es un principio inmutable. Cuando Dios quiere hablar un misterio, habla con los que tienen compromiso con Él. Al resto les habla en parábolas. Por eso hay tanto símbolo dando vueltas por tanta iglesia, y tan poca gente que tenga las cosas de Dios bien claras. Recuerda que un misterio de Dios solamente puede ser revelado por Dios mismo, mediante su Espíritu Santo. Aquí no valen ni la hermenéutica ni la teología conjunta.

Ahora bien; es absolutamente normal decir y asegurar, que dentro del indefinido pero muy numeroso grupo de gente que hoy está del otro lado escuchando esto, habrá personas que no van a entender el misterio. No por malas, no por incrédulas, no por pecadoras, sino simplemente porque no son personas de compromiso. Creen en nuestro mismo Dios, lo respetan, tratan de trabajar para algo suyo y hasta lo aman, pero no se comprometen. Cuando llega el momento de dar la cara o poner el cuerpo, huyen hasta el último banco y se quedan quietitos como si nunca hubieran llegado. Cuando él comunica a los discípulos, les dice que van a ir a Jerusalén, y que allí lo van a escupir, a salivar, a humillar, a escarnecer, a golpearlo con látigos y al final lo van a matar en una cruz, crucificado. Oye: ¿Qué crees que dijeron esos muchachos que lo miraban cada vez más espantados?

¡Que no!, ¡Que de ninguna manera! ¿Cómo iba a permitir eso Él? ¿Qué iba a ser de ellos si sucedía eso? Muy generosos, comprometidos y con conciencia de trabajo de equipo, los muchachos. Se escandalizaron. Claro, hoy te resulta sencillo entenderlo y pensar cualquiera de esos jóvenes, pero ponte en su lugar en ese momento en el tiempo y la distancia. Hay una cosa que es cierta y real, además de comprobable. Ellos habían dejado todo lo que tenían para, durante estos últimos tres años, caminar junto a este hombre tan parecido a un Súperman de la prehistoria, pero también a uno de esos que terminan siendo carne de manicomio. Y de repente, este superhombre dice que lo van a matar, y lo más impactante, que Él parece estar, sino de acuerdo, al menos consciente que eso tenga que ser así. Una vez más, lo primero que viene a sus mentes, es: Si Él muere, ¿Qué será de mi? Este era el que resolvía todos mis problemas. Discípulos, dice mi Biblia. Apóstoles, les decimos todos a todos. Y hasta lo incluimos a Judas Iscariote en ese respeto casi místico. Jóvenes más o menos creyentes metidos en una guerra de la cual no tenían ni información ni conciencia.

¿Cual era el pensamiento dominante en cada uno de ellos cuando lo oyeron decir eso? Algo así como: “Si no teníamos dinero, Él iba a pescar. Si teníamos hambre, Él multiplicaba los peces y los panes. Si la tormenta nos aterrorizaba, Él calmaba los vientos. ¿Y ahora me viene con el cuento de que esta gente mediocre lo va a matar?  ¡Haz algo! ¡No permitas que te maten! Saca el dedo de Dios y haz explotar a todo el planeta. ¡Haz algo!” Veo tu sonrisa y tu gesto de enojo o comprensión, pero déjame que te pregunte qué hubieras hecho tú en ese mismo lugar y momento de la h historia, y sin saber ni conocer nada de lo que hoy sabes y conoces sobre Jesús. La verdad genuina, por favor, ¿Qué crees que hubieras hecho?  Pero Cristo dice que no, que tienen que entender. Yo vine a hacer algo, y voy a hacerlo en la cruz. Pero de repente dice: ¡Pero no te preocupes! Yo voy a regresar en tres días. Dos mil años. Tres días.

Pero eso que les dijo no trajo paz al corazón de los discípulos. Si tú recibes una noticia que un niño murió, pero te dicen que no te preocupes porque está con Dios, no te va a importar, porque esa muerte te sigue doliendo. Los discípulos estaban dolientes. Su amigo Jesús, les estaba comunicando que iba a morir. Y en ese momento, Santiago y Juan, reaccionan de una manera muy extraña, porque dicen: “No sabemos que es lo que te va a pasar, pero creemos que será como dices, así que queremos estar en ese lugar contigo, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda”. Fíjate; la mayoría de los teólogos y muchos predicadores importantes, han dicho con respecto a esto que tanto Santiago como Juan, eran egoístas. Y no sólo eso, en una gran cantidad de Biblias, de esas que vienen con comentarios en los márgenes, te hablan de auto exaltación de esos dos, de ambición, de egoísmo Yo pregunto: ¿Sería egoísmo de mi parte decir que quisiera estar al lado de Cristo? ¡No! ¡Hay lugar para todos! Escucha, tú que supones que no eres nadie y me escuchas como si yo fuera un enviado especial del cielo a la tierra: ¡Tú cabes, también! ¡Tienes lugar allí!

Todos los discípulos se enojaron. Hay niveles en Dios que tú vas a querer asumir. Y las voces familiares, te van a decir que qué te has creído. Que nosotros somos de aquí abajo y que tú no eres de allá arriba. Tú eres un pajarraco común, no puedes ser águila. Tendrás que conformarte con ser gallina. Hay gente que llega a ciertos niveles y no suben más. Y se les hace más fácil sujetarse a ti que superarse ellos. Ten cuidado con esas voces. Lo cierto es que, aunque si lo miramos desde el mismo ángulo que lo están mirando ellos, podamos estar viendo lo mismo, aquí hay una realidad que es palpable y comprobable. ¡Yo no soy ningún pajarraco ni gallina asustada! Y tengo la certeza que tú tampoco lo eres. Estoy convencido que tanto tú como yo somos dos águilas imbatibles que sólo están esperando que se desaten los vientos para enfrentarlos y elevarnos a una altura tal de donde nadie nos pueda bajar. Si tú quieres creer y declarar otra cosa, allá tú, a mí déjame en esta locura que siento que me lleva a la victoria final.

Yo creo que era una locura no tan loca y similar a esta la que tenían esos dos muchachos que se largaron a hablar y a decir lo que ellos sentían y esperaban. Porque es más que obvio reconocer que Santiago y Juan, tenían que tener dos cualidades más que visibles para comportarse asi. En principio, tenían que tener mucha fe, y en segundo término, creer como creyeron en la resurrección, Y no lo hicieron al día de hoy, cuando hemos hecho dos mil estudios sobre la resurrección, se permitieron hacer eso…¡Cuando no había resurrección! Ellos miraron a Jesús con sus ojos llameantes de fuego santo y le dijeron: “Yo no sé de lo que tú estás hablando, pero si funciona, hazme lugar porque yo voy contigo.” Entonces Jesús les dijo: No puedes venir ahora, porque yo voy a hacer algo que tú no puedes hacer. ¿Hacia dónde iba Jesús? ¡A la cruz! Reitero la pregunta: ¿Dónde estaba por ir Jesús a hacer algo que ellos no podrían hacer? A la cruz.

Muy bien; es tiempo de ajustarte los cinturones porque vamos a despegar. Vamos a concluir con esta primera parte, pero te voy a dejar las bases para que en la segunda tengamos un cierre de esos que te dejan pensando y estudiando el resto de tu tiempo. Vamos a viajar por la palabra de Dios. Vamos a hacer una sinopsis. Vamos a estudiar lo que se necesite estudiar de los evangelios, para ver qué fue lo que Jesús fue a hacer a la cruz. Porque todos nos llenamos la boca hablando de Jesús y su sacrificio en la cruz. De su sangre, de su corona de espinas, de sus padecimientos a nivel de tortura refinada y de su rostro lastimoso y sufriente, pero muy pocos de nosotros tiene conciencia clara y conceptual de lo que verdaderamente fue a hacer Jesús a la cruz. Porque quiero que entiendas algo básico y fundamental: A Él nadie lo llevó a la cruz a morir, Él fue porque tenía una misión que cumplir desde ese madero.

(Marcos 14: 22-25) = Y mientras comían, Jesús tomó pan y bendijo, y lo partió y les dio, diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio; y bebieron de ella todos. Y les dijo: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada. De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo en el reino de Dios. (No beberéis más del fruto de la vid, ¿Hasta cuándo? Hasta aquel día en que lo beba nuevo en el Reino de Dios. Por favor, lee bien y entiende lo correcto. Dice que lo beba nuevo, no de nuevo. Lo primero nos habla de vida y revelación fresca, lo segundo de una repetición lineal inexistente.)

1 Corintios 11: 26) = Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.

(Marcos 14: 25) = De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo en el reino de Dios.

(1 Corintios 11: 26) = Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.

Pablo dice que observes la cena, hasta que Cristo venga. Cristo dice: no coman la cena, hasta que llegue el Reino. Pablo dice: ¡Sigue comiendo, hasta que Él venga! Aparentemente, el Reino y la Venida, son dos eventos. Porque Cristo estableció el Reino y envió el Reino a la iglesia, cuando envió al Señor de la iglesia, la promesa del Espíritu Santo. Donde el Espíritu reina, eso es Su Reino. Porque Cristo es cabeza de la iglesia, pero el Espíritu es Señor de la iglesia.

Nadie viene al Padre si no es por Cristo, por un mismo Espíritu. Y donde está el Espíritu del Señor, ahí es donde hay libertad. Vemos que el Reino no tiene nada que ver con la Venida de Jesús. Porque estamos observando lo que no se puede observar en ausencia del Reino. Sigamos leyendo en Marcos, verso 25 otra vez. De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo en el reino de Dios. (26) Cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos.

Nota que la conversación continúa. Y acá es donde voy a darte un consejo que no podría ser más puntual y sabio: ¡Tira a la basura todos los subtítulos que hay en tu Biblia! Te digo más: ¡Arroja al mismo lugar a todos los capítulos de tu Biblia! No te preocupes, no es Dios. Dice: Cuando hubieron cantado el himno. Oye: los himnos son bien viejos, ¿Si? Ellos cantaban himnos, ya. Eran otros, distintos, mucho más rítmicos, no los gregorianos que conocemos. Esos ya saben de donde salieron.

Tienes que verlo de esta manera: Cristo está comunicando que tiene que ir a la cruz. Ellos están en una conversación muy densa y pesada, y ahora van a caminar para digerirla. Pero seguirán hablando de lo mismo. La misma comunicación. Ahora bien; esto es importante, porque ahora el Monte de los Olivos y la llamada Santa Cena, es una sola escena. Y eso cambia nuestra doctrina. Y este será el plato fuerte de esta cena. Y será en la próxima semana.

(Marcos 14: 26) Cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos. (27) Entonces Jesús les dijo: Todos os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas serán dispersadas. (28) Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea. ¡Es la misma escena que veíamos la semana pasada! Jesús sigue comunicando que tiene que ir a la cruz. ¿Para dónde va, Jesús, entonces? ¡A la cruz! Y les dice: “Yo tengo que ir a la cruz, más no se preocupen, porque voy a ir a la cruz, pero voy a regresar, en tres días.

Y voy a ir delante de ustedes. ¡Voy a resucitar! Ellos están oyendo esto. (29) Entonces Pedro le dijo: Aunque todos se escandalicen, yo no. A ver; primero habló Santiago, y Juan, y dijeron: ¡Si te vas, nosotros vamos contigo! A la izquierda y a la derecha tuya. Y siguen hablando. Y ahora es Pedro el que sale y dice: ¡Escucha, si ellos te niegan, yo no te voy a negar! Y se pavonea y casi grita: ¡Ah, no! Aunque todo el mundo esté negándote, ¡Yo no!

(30) Y le dijo Jesús: De cierto te digo que tú, hoy, en esta noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, me negarás tres veces. (31) Mas él con mayor insistencia decía: Si me fuere necesario morir contigo, no te negaré. También todos decían lo mismo. ¿Escuchaste bien? También todos decían lo mismo. Todo el mundo le echa la culpa a Pedro, pero acá dice que cuando él dice que no lo va a negar, todos dijeron lo mismo. ¡No! ¡Aunque tengamos que morir, no te negaremos!

Pero, en verdad, los que pidieron lo que tenían que pedir, fueron Santiago y Juan. Son los más criticados por todos nosotros, los súper ungidos del siglo veintiuno con toda la información posterior conocida, pero lo bien cierto es que fueron los únicos que pidieron la verdad. Cuando los discípulos de Jesús hacían algo equivocado, Él los reprendía inmediatamente. Lo vimos y comprobamos en muchos casos, el de Pedro es uno cuando le dice ¡Atate Satanás! Sin embargo, a Santiago y a Juan no los reprendió, sino que les dijo como conseguirlo. Dos cosas: tienen que beber el caliz y ser bautizados como yo. Y no hablaba de zambullirse en un bautisterio, obviamente.

Pero no les dijo que no, todo lo contrario; les dijo como conseguirlo. Vamos a seguir la sinopsis, evangelio de Juan. Capítulo 13, verso 36. Es el mismo episodio, la misma escena. Le dijo Simón Pedro: Señor, ¿a dónde vas? A ver, a ver, a ver. Jesús estuvo comunicándoles. Los doce estaban allí. Santiago y Juan piden cercanía con Dios. Pedro dice que no se preocupe, que él morirá junto con Jesús. Pero todos están escandalizados. Pero Pedro siempre quería saber más. Y él sigue preguntando. ¿Para donde vas? ¡Pedro! ¿No lo escuchaste antes? ¿Para donde iba? A la cruz.

Le dijo Simón Pedro: Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; más me seguirás después. A ver, haz memoria, ¿Cómo murió Pedro? En una cruz. El pobre no se dio ni cuenta que le profetizó su muerte. Yo voy a ir ahora a la cruz, más vosotros no podéis venir ahora, pero tú Pedro iras después. ¿Verdad que parece gracioso? Pero creo que cuando te diga lo siguiente, no lo será tanto. Porque el problema de Pedro, es el mismo problema de la iglesia.

Él no sabía para donde iba. ¿Para donde iba? Para la cruz. ¿Cómo  murió Pedro? Eso es confirmación de que iba para la cruz, ¿No es así? (37) Le dijo Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? Mi vida pondré por ti. ¡Pobre, no entiende! (38) Jesús le respondió: ¿Tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces. Fin del capítulo. Sigue la misma conversación. Para donde yo voy, no me puedes seguir ahora, Pedro. ¡Parece que no me están entendiendo, muchachos! No se turbe vuestro corazón, ni tengan miedo.

Paz con ustedes. Yo tengo que ir a un lugar, tengo que hacer algo, pero voy a volver. Aquí, en este punto es donde los inteligentes y con alta visión ya se me adelantaron. Habrá un montón que seguirán con la boca abierta como estaba yo en una época no muy lejana. No se turbe vuestro corazón; si saben creer en Dios, crean en mí también. En la casa de mi Padre, hay muchas moradas. Si así no fuera, no te hubiese dicho que voy a preparar un lugar. ¿A dónde iba? ¿Para donde iba? ¡A la cruz! No al cielo…

El lugar que fue a preparar no fue en el cielo. ¿A dónde iba? A la cruz. Si no fuera así, no te lo hubiese dicho. ¿Que fue lo que les dijo? Que iba a Jerusalén, y que iba a ser crucificado. Si no fuese así, no te lo hubiese dicho. ¿Qué les dijo? ¿Qué iba para dónde? Para la cruz. Ese es el problema de capítulos, subtítulos tradicionales hechos por hombres. Lee exegéticamente. Mira lo que dice: si esto no fuera así, no te lo hubiera dicho. Voy, pues, a preparar, un lugar para ustedes.

Y si me fuere, prepararé el lugar, y vendré otra vez, en tres días. Había dicho ya en dos ocasiones que vendría en tres días y que ahí iría delante de ellos a Galilea. No se turbe vuestro corazón. Vine para preparar un lugar. Se llama Emanuel, Dios con los hombres. La iglesia de Dios, ese es el lugar. Y en la casa de mi Padre, 1 de Pedro dice: estamos siendo edificados como casa espiritual. Hebreos capítulo 3 y versículos 5 y 6, dice que Moisés fue fiel sobre su casa, como siervo. Pero que Cristo fue fiel sobre su propia casa, como Hijo, la cual somos nosotros.

En la casa de mi Padre, muchas moradas hay. No dice algunas…No dice unas cuantas…Dice que son ¡Muchas! ¿Tienes idea lo que es para Dios esa palabra, “muchas”? Todas, todas las necesarias. Para que donde yo estoy, dice mi Biblia. ¿Dónde estaba? ¿En el cielo o en la tierra? En la tierra. Ustedes están allí conmigo, eso dice Jesús. Y los tomaré para mí mismo, añade luego. ¿Sabes qué significa eso? Que el Espíritu Santo no nos fue dado para hablar en lenguas. Nos fue dado, primeramente, para ser bautizados en un solo cuerpo. Y no hablo de agua, hablo de fuego.

Y allí es donde ellos vuelven a decirle a Jesús que cómo van a saber dónde les hará sitio si no saben para dónde va. ¿Cómo que no saben para dónde va, si ya se los dijo como diez veces? No lo oyeron, no lo entendieron, no lo registraron, no sé qué cosa tienen en las orejas. El caso es que ellos le preguntan dónde va porque no lo saben. Muy bien: creo que la iglesia tampoco lo sabe hoy y ahora. ¡Es que no sabemos el camino, Señor! Y ahí es donde Él les dice lo célebre de: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Pregunto: ¿Cuántos encontraron el Camino?

¿Dijiste Yo? Tú, varón o mujer que me estás escuchando, ¿Me respondiste que tú encontraste el camino? ¿Sí? ¡Gloria a Dios! Porque si encontraste el Camino, entonces llegaste. Porque si Jesús es el Camino y tú me dices que lo has encontrado, es porque entonces ya llegaste a Él. Y si llegaste a Él, llegaste al Padre. Ahí es donde Felipe, medio duranco todavía, le pide que le muestre al Padre y eso le bastará. En contrario de lo que hubiera hecho cualquiera de nosotros, Jesús no se enoja y sólo le dice que con todo el tiempo que lleva conociéndolo a Él, como es que todavía no ha podido ver al Padre. Me pregunto cómo es que Felipe se taró de esa manera. ¡Simple! Felipe no quería conocer a Cristo, quería conocer al Padre.

Yo creo que muchas veces hemos sido visitados por el Padre, igual a ellos, y nadie se dio cuenta, lo mismo que les pasó a ellos. Jesús, fíjate, está hablando de lo más difícil de su vida. Hemos leído en Hebreos, alguna vez, que Cristo clamaba con gran clamor, al que lo podía librar de la muerte, y dice que fue oído por su reverencia, no por sus gritos. Hay todavía mucha gente que grita, pero la mayoría no tiene respuesta. Pero Jesús fue oído por causa de su temor de Dios. No te olvides que temer a Dios es simplemente obedecer a Dios. Fue escuchado por causa de su obediencia. Él siempre dijo que quien lo veía a Él, veía al Padre, y que no hablaba sus palabras, sino las palabras de su Padre.

De repente, ahora hay dos voluntades. No se haga mi voluntad, sino la tuya. En toda su vida había sólo una voluntad. Me viste a mí, viste al Padre. El Padre y yo somos uno. Verme a mí, es ver al Padre. Las obras que yo hago, las hace el Padre. Y de repente, no se haga mi voluntad, sino la tuya. Evidentemente, había una voluntad sometida bajo otra. Tan sometida que nadie lo vio. El Reino de Dios, se establece en obediencia. Y Él está comunicando que va a ir a la cruz para preparar un lugar que nos va a proteger. Donde ya no tenemos que tratar de agradecer a Dios, sino que Cristo ya agradeció a Dios por nosotros.  Se acabó el legalismo, no tenemos que usar taparrabos, y nos escondió en la iglesia.

Ahora escucha: vienen a buscar a Jesús y preguntan: ¿Dónde está Jesús? y Él dice: ¡Yo Soy! Y ahí fue donde todo el mundo se fue al suelo. ¿Por qué cayeron? Porque Cristo se identificó con el mensaje en medio de su más alta crisis. Identificación con Cristo en medio de una tremenda crisis, produce poder. Más vuelve y habla y dice: ¡Soy yo! Yo y muchos más, seguramente, aquí nos preguntamos: ¿Por qué se identificó dos veces? La primera vez fue identificación. La segunda vez, había un pleito, una batalla, un incidente violento. Pedro, recuerda, ya había sacado la espada, y su santa intención era partir en dos partes iguales a cuanta cabeza encontrara a tiro. Claro está que él no era espadachín ni soldado, era pescador, entonces falló en el golpe y sólo arrancó una oreja. Pero créeme que su intención no era esa, ¿Eh?

Allí fue donde Jesús dijo: Ustedes no lo están buscando a él, me están buscando a mí. Soy yo. Lealtad. Mucha. Toda. Hombres de integridad en tiempos de Cristo. Nosotros hubiéramos aprovechado ese meterse de Pedro para desaparecer por el otro lado antes que se dieran cuenta que estábamos acompañándolo a él y se las agarraran con nosotros y nos llevaran. Integridad. Seh. Entonces Jesús dijo que no, que no era ni a Pedro ni a los otros, era Él el que traía el mensaje. Hombres sin integridad, no van a ver a Dios. Y nota conmigo claramente, que todo esto está predicado en la Biblia en el capítulo 17 de Juan. O sea que Cristo anticipa por qué va a ir a la cruz a preparar un lugar.

(Juan 17: 4) = Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. A ver, a ver, a ver… ¿Cómo es esto? ¡El no puede haber glorificado a nadie sin haber ido a la cruz! Fíjate que Cristo dice: Yo te he glorificado. El dice que ya glorificó al Padre y que había acabado la obra. ¡Pero está parado allí! ¡Y está hablando! Y todavía no ha ido a la cruz. Nota que esto no es en lo natural, porque ahí está hablando Cristo, no está hablando Jesús. Proféticamente, del otro lado de la cruz. Había un tiempo en que era Jesús el que hablaba, y al igual que un hombre, hoy, hablar por Dios proféticamente, el espíritu de profecía, es el espíritu de Cristo. Dice Apocalipsis que Jesús estaba hablando proféticamente, llamando las cosas que no son, como si ya fuesen.

Y profetiza, del otro lado de la cruz. Yo he glorificado tu nombre. Terminé la obra. Verso 6: He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. Ahora mira los versos 9 y 10: Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos. Y ahora mira el 11: Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. ¡Yo, ya no estoy en el mundo! ¡Un momento! ¿Cómo que ya no está en el mundo si está allí, parado frente a ellos? Escucha: proféticamente, Él está estableciendo la victoria del lugar preparado.

¿Cómo lo entendemos? Está diciendo que Él ya no está en el mundo, pero que “estos”, o sea ellos, sí lo están. Entiende: es posible caminar en una dimensión profética, aquí. Cuando tú encuentras esa dimensión, ya nadie más te puede detener. Eso se llama La Soberana Vocación. Si en la vocación baja, siempre hay un lugar de arribo, donde te parece lo máximo que puedes llegar y dices y te dices a ti mismo: ¡Hasta aquí llegué! Más en la Soberana Vocación, no hay ningún lugar de arribo. Tú sigues, y sigues, y sigues y sigues. Y un día te sientes más liviano, y es que tu cuerpo murió. Y sigues, y sigues, y sigues. ¡Esa es la Soberana Vocación!

Jesús estaba en esa dimensión, por eso es que dice que Él ya no está en el mundo, pero que ellos sus discípulos sí están en el mundo, y que va hacia el Padre, y le pide que a los que les ha dado, los guarde. Que no los saque del mundo, sólo que los guarde del mal. En Su nombre y con un solo propósito: para que sean uno. Así como el Padre y yo somos uno, dice. ¿Y cómo era que el Padre y Cristo eran uno? ¡Lo que hacía el Padre, hacía el Hijo! Mira el verso 13: Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos. ¿Eh? ¿Qué pasó? ¡Si acaba de decir que no está en el mundo! Y ahora dice que hablará esto en el mundo. Y transfirió, ahora está en el día normal. ¡No te pierdas! Ahora lee el verso 15.

No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. O sea: ¡Que no se vaya ninguno de aquí! ¿Lo estás entendiendo, tú que eres de los que todavía esperas el gran rapto porque eso fue lo que te enseñaron? Desempaca ya mismo. Desarma tu equipaje, por ahora no te vas a ninguna parte, al menos de manera masiva. Individualmente nunca se sabe y así está bueno que sea, pero en masa a ningún lado. Sólo serás guardado del mal. Hay cristianos que parecen canguros, porque andan saltando de un lado al otro, practicando para cuando venga el arrebatamiento. Verso 18: Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo.

Todo lo contrario a un arrebatamiento. Porque dice que así como el Padre lo envió a Él al mundo, así Él, ahora, nos envía a nosotros al mundo. A ver, veamos: ¿A qué envió Dios a Cristo al mundo? No me respondas nada, escucha. Verso 21: para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. ¡Está clarísimo! De la misma manera en que el Padre era uno en Cristo, la idea es que nosotros seamos uno con Él. ¡Ya estamos! ¡Hicieron morada en nosotros! Fue el único motivo de ir a la cruz: preparar un lugar para que Dios pudiera morar en un templo no hecho por manos de hombre. Verso 22: La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.

Creo que ya debes haber registrado y tomado nota que van tres veces que les dice: “Para que sean uno”. Verso 23: Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. Cuando tú eres uno o una con la voluntad del Padre, entonces recién es cuando el mundo acredita que tú eres enviado por Dios. Puedes ser religioso toda tu vida, y nadie va a acreditar que tú eres enviado por Dios. Mira el verso 24, muy importante: Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo. ¡Un momento! Vuelve y mira una vez más el verso 13: Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos. Verso 24: Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.

¿Dónde estaba? En el mundo. También ellos estén conmigo, para que vean mi gloria. ¿Dónde estaba? En la tierra, pero en un cuerpo glorificado. ¿Qué significa arrebatamiento? Transfiguración del cuerpo. Unos con Él. Donde Él esté, nosotros también. Más Él viene para acá. Donde esté Él, tú vas a estar. Con el mismo cuerpo, transfigurado, glorificado. Eso significa que tu cuerpo es espiritual y físico. Jesús resucitado atraviesa paredes, pero también come peces.

El propósito de ir a la cruz, era bautizarnos en un solo cuerpo, para que donde Él estuviera, estuviéramos nosotros. Somos la casa del Padre. Esto no elimina la escatología, sólo la modifica un poco. El énfasis principal, es que tú puedes tener victoria ahora, independientemente de mañana. Dios está contigo. Escucha y entiende: Cristo no tiene que orarle al Padre por ti, porque Cristo y el Padre son uno. Cristo no tiene que enviar mensajeros a descubrir tu vida, porque Cristo y el hombre, son uno. Emanuel, lugar de encuentro de Dios y los hombres, el nuevo Israel de Dios. La Jerusalén celestial. Sion. El monte. La casa. El templo. La ciudad. El pueblo. El linaje. El árbol. Todos son adjetivos de la iglesia de Dios.

Vuelve donde comenzamos, para terminar un principio muy importante. Marcos 10. Santiago y Juan le piden a Dios sentarse a la izquierda y a la derecha. Cuidado, Cristo sabía de qué estaban hablando ellos, porque en el Antiguo Testamento, la izquierda era la mano de amistad y la derecha era la mano de poder. Y ese era un pacto que hacían. Cuando se daban la mano, no se podían pelear, porque la mano derecha era la mano de guerra. Entonces, la mano izquierda quedaba como símbolo de amistad. Lo que ellos estaban pidiendo, realmente, era poder ser amigos de Dios y, al mismo tiempo, tener autoridad con Dios. Era legal la pregunta.

Cristo dijo que era muy interesante lo que ellos sugerían y pedían. Es más: luego cuando Él habló, les dijo que ya no eran sus siervos, que ahora eran sus amigos. Pero, les aclaró que Él no podía darles ese lugar, eso ya está reservado. Pero lo que sí te puedo decir, es como obtenerlo. Número Uno: tienes que beber el cáliz que yo bebo, y Número Dos: tienes que ser bautizado por el mismo bautismo. Escúchame iglesia de Dios: ¿Quieres ser amigo de Dios? ¿Quieres tener su autoridad también? Él dijo: beber del mismo cáliz que yo bebo, ser bautizados de mi mismo bautismo. Y ellos alegremente dijeron: ¡¡Claro que sí!! Pero respondieron con el corazón, no con la mente.

Número Uno: tienes que beber el cáliz. En el tiempo antiguo, cuando se celebraba un matrimonio, algo que se veía siempre era que la pareja recién desposada tomaba una copa de champagne cada uno, y se la bebían entrecruzando sus brazos. Eso parecía un pacto que la gente celebraba con aplausos y vítores. Pero la realidad es que ese era sencillamente el octavo paso de un pacto entre patriarcas. Y Él dice: tienes que beber el mismo cáliz que yo. Y eso significa algo así como decir: mi vida es tu vida y tu vida es la mía. Mi fuerza es tu fuerza. Si un hijo tuyo tiene un problema, ese problema pasa a ser problema mío. Y si un hijo mío tiene un problema, ese problema pasa a ser problema tuyo.

Igual que el matrimonio. Eso es hasta que la muerte los separe. Mi nombre es tu nombre. Tú nombre es mi nombre. Una sola firma, somos un solo bloque. Eso se llama pacto. Cristo fue a Getsemaní. quizás tú, como una enorme mayoría, tiene la imagen de Cristo con el cabello muy rubio, pero lamento decirte que en Galilea no hay rubios. Cabello muy bonito, lacio, largo, con una túnica que no tiene arrugas, nada, con los pies delicados y las manos permanentemente cruzadas como en un rezo, diciendo casi en un murmullo algo así como: “Queridísimo Padre…si fuese su voluntad, o sitara bacá…” Más de uno se queda atónito, porque la Biblia no habla de eso. Ahí dice que ¡Con gran clamor y ruegos le pedía al Padre, que no quería beber el cáliz! Pregunto: tu alma setenta por ciento religiosa, ¿Puede imaginarse a un Jesús tirado en el suelo y gritando como un descosido que no quiere beber de esa copa?

Tienes que entender. El cáliz estaba lleno de vino, el vino representa la sangre, la sangre representa la vida. Cristo va a Getsemaní con el cáliz de su vida, una vida pura, transparente, inmaculada, sin pecado y todo obediencia. Y en un momento se le aparece otro cáliz sucio, pecador, desobediente, lleno de enfermedades, lleno de perversiones, lleno de injusticias y es ahí donde Él se desespera y dice que no, que no quiere que todo eso entre en su vida. Más no sea conforme a mi voluntad, Padre, sino a la tuya. Intercambió Su vida limpia por la tuya, que no lo estaba.

Oye… ¿Quieres ser mi amigo? ¿Sí? Entonces tienes que beber de mi mismo cáliz. Bebe el cáliz de la prostituta. Bebe el cáliz del bebedor, del borracho que anda harapiento y sucio por las calles. Bebe el cáliz de los mafiosos, de los narcos, de los homosexuales y los violadores y asesinos. Bebe el cáliz de los políticos llenos de corrupción. Bebe el cáliz de la inmundicia del mundo. ¿Quieres hacer un pacto? Judas. Caminó con Cristo, tres años. Todo bien, no hay problemas. Una sola iglesia. Y te digo más: ¡Tesorero de la iglesia! Él llevaba la bolsa con el dinero. El día que pasaron el cáliz, él no fue a beberlo. Porque el cáliz es un precio que sólo paga el que está en el Reino de Dios, y no necesariamente en la religión cristiana, cualquiera sea su expresión externa.

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Debemos Ser, no Sólo Parecer

El capítulo 4 de la carta de Pablo a los Efesios, tiene treinta y dos versículos. Los primeros dieciséis, fueron el epicentro básico del estudio que titulé “El Gran Momento de los Ministerios”. No quise apretarlos a todos en un solo trabajo porque el espíritu y el motivo central de esto, es el de encontrar los puntos que den la razón a los profetas que han estado dando a conocer que esta carta de alguna manera es la revelación de lo que tiene que ser la iglesia que salga a presentar batalla en un tiempo en el que, anteriormente a la pandemia, apenas se refugiaba en sus templos a cantar, danzar, hacer mucho bullicio y escuchar mensajes mayoritariamente dirigidos al alma. De hecho, no nos olvidamos que tenemos un alma y que a la hora de las decisiones y las conductas, esa alma pesa y mucho, pero tenemos muy en claro que la iglesia no está puesta en la tierra por Dios para ministrar nuestras almas, sino para darnos a conocer las estrategias de una guerra que ya está escrito terminará en victoria, pero que es nuestra responsabilidad ejecutarlo.

El verso 17, en nuestra versión tradicional dice: Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente. ¿Qué les está advirtiendo Pablo a esas personas? Parece más que simple la respuesta: que ya no vivan como los que no conocen a Dios, pues ellos viven de acuerdo con sus tontas ideas. Les está hablando de algo que hoy por hoy está empezando a formar parte de la vida de todo creyente: su grado de percepción y el enfoque de ella. Hasta que punto un cristiano tiene percepción de la dimensión de eternidad a la que pertenece y hasta qué grado está cautivo de la percepción del mundo natural en el que se ve en la obligación de funcionar. ¿Qué crees que sucedería con un creyente que viviera haciendo prevalecer su percepción del ámbito eterno y sobrenatural que pertenece? Simple: empezando por su propia familia, su entorno inmediato lo marginaría y hasta llegaría a agredirlo.

Si entresacamos las palabras y los términos que Pablo utiliza, podemos ver que lo que trata de explicarles es que esa gente que dice ser cristiana pero vive conforme a los rudimentos del mundo secular, lo hace porque es gente ignorante, (Que no es menosprecio ni insulto, sino simplemente descripción de conducta), además de terca, que porque no está entendiendo nada no tiene capacidad para disfrutar a pleno de la vida que Dios les está dando. El verso 19 es contundente con esta parte de esa sociedad. Dice: Los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza.

La primera acepción que el diccionario entrega de la palabra lascivia, es Propensión excesiva a los placeres sexuales, pero no es la única. Siempre a la lascivia se la relaciona con la sexualidad y corresponde que así sea, porque es donde más daño produce, pero puede incluir como dice la acepción siguiente al Deseo excesivo o apetito por una cosa. Y en esta “cosa”, está el sexo, es verdad, pero también los excesos en la comida, la bebida, drogas, dinero y poder. De hecho, cuando un político es capaz de cualquier cosa para acceder al poder, está cautivo de un espíritu de lascivia, el mismo que unos metros más allá lleva a alguien a drogarse, a robar dinero, a comer hasta reventar, a emborracharse o a buscar sexo sin límites ni control. Es tiempo de preguntarnos si todas estas cosas solamente forman parte de lo que llamamos “el mundo”, o si por alguna causa o razón, algo se ha infiltrado en lo que llamamos “la iglesia”.

Más vosotros no habéis aprendido así a Cristo, nos dice Pablo. Sí, de acuerdo, se los dice a aquellos efesios, pero me pregunto y te pregunto, ¿Qué diferencia existe entre esa gente que él menciona y mucha de la gente que conocemos? ¡Ey! ¡Gente cristiana! ¡Eso no es lo que ustedes aprendieron de Cristo! ¿Qué les pasa? …si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. Porque USTEDES oyeron el mensaje acerca de Él, y aprendieron a vivir como Él manda, siguiendo la verdad que Él enseñó. Llevado a nuestra rara y pintoresca calidad idiomática actual, más o menos es esto lo que Pablo les dice a aquellos efesios, y que se mantiene en estricta vigencia para todo el que hoy acepte incorporarse a esta problemática que no es culpa del diablo y sus demonios, sino de nuestras propias concupiscencias e incredulidades históricas.

Y como conclusión de esa idea, Pablo les pide que dejen ya mismo de conducirse y vivir como lo hacían antes, cuando los malos deseos eran los dirigían los caminos de sus vidas. Y allí es donde la versión tradicional  recala en el verso 23, que es otro de los clásicos bíblicos que nos rebotan en los oídos, en las mentes y en los corazones. Les dice: Renovaos en el espíritu de vuestra mente.  Renovar la mente es reemplazar nuestros pensamientos con lo que la palabra de Dios dice, con el Espíritu de Dios y con las cosas que son positivas que declara la Biblia de mí. Identifica esos dardos del maligno y reemplázalos usando el escudo y la protección que Dios nos ha dado. ¡Fe en su palabra y sus promesas!. Esta es una palabra que debe acompañarnos a lo largo de nuestra vida cristiana es la palabra: Renovación. … Además dice, que al vivir en esa mentalidad, eso evidencia que la vida de Dios no está en ellos. Además dice que hay dureza en su corazón. Renovarse, te recuerdo, es hacer algo de nuevo o volverlo a su primer estado inicial.

Esto indudablemente tiene que ver con algo que está en varios lugares de la Palabra, renovar nuestra mente. ¿Y qué cosa es renovar nuestra mente? ¿Cómo lo logramos? Es el proceso por medio del cual Dios renueva nuestros pensamientos, por medio de su Palabra, y nos conforma a la imagen de Cristo. La renovación de nuestra mente, la santificación, tiene lugar cuando recibimos la Palabra de Dios en nuestro corazón, la meditamos, la memorizamos y la practicamos. No te olvides que el mundo cristiano está repleto de gente que lee la biblia de manera brillante, la explica y la enseña de manera excelente, pero es incapaz de vivirla aun en sus menores detalles. No sirve. Es bueno, es necesario y es elogiable, pero para lograr la victoria que como iglesia estamos buscando, no alcanza. Y si te quedan dudas respecto a ir tras un renuevo espiritual, te recuerdo que eso significa estar asociados a la acción y efecto de renovar, que es volver algo a su primer estado, dejarlo como nuevo, reestablecer algo que se había interrumpido, sustituir una cosa vieja por otra nueva de la misma clase, reemplazar algo.

Y lo que Pablo les demanda a continuación, es algo que de principio suena extraño, pero que luego con los años de profundizarlo y estudiarlo, se llega a la conclusión de ser el punto inicial a un impacto total. Les demanda vestirse de un nuevo hombre creado según Dios. Esto no es una tontería ni tampoco un simple juego de palabras. Porque un vestido, cualquiera sea, es un conjunto de prendas que alguien se coloca sobre su cuerpo para que luego sea visto por todas aquellas personas con las que esa persona tenga contacto. Esto quiere decir que, alguien que quizás vivió una gran parte de su vida en el vicio, en las adicciones, en la promiscuidad y hasta en el delito, de pronto y por imperio de la redención total que la sangre de Jesús derramada en el Calvario produce, cambia esas vestimentas sucias y corruptas, y pasa a lucir con una imagen nueva, limpia, restaurada, pura y digna del Dios al que dice creer y representar en la tierra. Eso es un nuevo hombre, no alguien que pasa a ir a un templo una vez por semana con una biblia bajo su brazo. Esto último, en todo caso, que de ninguna manera se soslaya ni de subestima, es una consecuencia de ese cambio de ropa. Porque de no existir esta nueva vestimenta, todo lo demás siguen siendo trapos sucios.

Y luego, Pablo cree necesario advertir a esos nuevos cristianos, de algo muy importante. Les recomienda que ya no deben mentirse los unos a los otros. Y que ahora, al ser parte todos de un mismo cuerpo, necesariamente tienen que manejarse entre todos diciendo estrictamente y siempre la verdad en todo. Perdón… ¿Se entiende que esas personas eran creyentes en Jesucristo, verdad? ¿Y necesitaban que Pablo les dijera que si bien antes habían mentido para tener y regalar, ahora eso se había terminado, y como hijos de Dios, tenían la obligación de decir la verdad y nada más que la verdad, como quiera que sea verdad fuera y los hiciera quedar como los hiciera quedar ante los ojos de los otros? Y sí, es obvio que lo necesitaban. Eran nuevos en todo y todavía tenían demasiada carne y mundo en sus almas como para cambiar formas de fondo. Analizándolo desde ese ángulo, se comprende la exhortación de Pablo. Lo que no se comprende, no se justifica y no se entiende, es que todavía hoy, a dos mil años de esto, en muchos lugares los fines de semana se llenan de mensajes y sermones donde se les dice casi lo mismo a la gente. Si es necesario decirle a un creyente que no debe mentir, algo no se estuvo haciendo como Dios había dicho que se hiciera.

La siguiente es una demanda casi en forma de sugerencia, aunque conociendo a Pablo, estamos seguros que no perdía tiempo en esas posturas elegantes. Decía lo que tenía mandato para decir y que ardiera Troya si tenía que arder. Por lo tanto su mandato es: Airaos, pero no pequéis. No es algo sencillo ni una verdad de Perogrullo esto. ¿Quién no ha tenido alguna forma de confrontación subida de tono, ya sea en su trabajo, o en el colegio, o en el propio seno familiar o simplemente en la calle hasta por alguna transgresión de tránsito propia o ajena? En todos los casos, hoy, pleno siglo veintiuno y con la gente exacerbada por centenares de problemas de toda índole, bajo presión por decenas de problemas personales o de conjunto, sumado el stress propio que aportan las distintas redes sociales, no es una cuestión fácil salir indemne de algo así.

Te enojas mal y profundo por algo que hasta puede ser menor, en lugar de encontrar un bálsamo o una compresa de agua fría en la otra persona, encuentras a alguien con deseos de asesinar a alguien, y ahí está. Ya te airaste y, con un milímetro de esfuerzo más, ya pecaste también. Sea por palabras groseras, por pensamientos malos, por algún golpe propinado o recibido o algo mucho peor. Sigue siendo vigente esta primera parte del mandato: enójense si algo los choca feo, pero contrólense, apliquen dominio propio y eviten pecar en algo que, en muchos casos, arruina una vida para todo el tiempo restante.

Y el complemento de la frase, tampoco es menor y tiene que ver ya con las relaciones familiares y matrimoniales. No se ponga el sol sobre vuestro enojo. Esto quiere decir que cualquiera sea el enojo y por más que sea comprensible y hasta justo, no puede durar todo el día y mucho menos irse a dormir en esas condiciones. Reitero: esto es preponderantemente para los desacuerdos matrimoniales. Como quiera que sea el tema, siempre es prudente establecer una pausa por la noche, descansar sin presiones emocionales y luego sí, por la mañana, si el tema merece seguir tratándose, se lo puede hacer manteniendo la calma y el respeto. Pablo añade aquí, ¡Como si hiciera falta aclararlo!, que no cumplimentar esto, puede dar lugar al diablo para que ingrese con derecho en esa relación y produzca un daño mayor que el que ocasiona una simple discusión o desacuerdo temporal.

Lo que viene después parece tan ingenuo, tan infantil y hasta increíble en un nivel espiritual como el que Pablo poseía, que nos hace pensar muy seriamente en un hoy que, aunque insistamos en mostrar distinto y más maduro que este, ciertos hechos específicos y puntuales nos llevan a pensar lo contrario, y de alguna manera, a acompañar a Pablo en esta advertencia casi de escuela primaria, donde les dice a los cristianos que van a leerlo, que si antes robaban, ahora deben dejar de hacerlo. Que ya no tienen que trabajar de ladrones, sino con sus manos en un trabajo honesto y legal. Y que de esa manera podrán acceder a un salario digno que les permita vivir sin sobresaltos y, además, brindarle ayuda concreta a quienes la necesiten. No sé si el mundo o la sociedad a la que Pablo le hablaba todavía conservaba esos conceptos, pero lo que sí sé es que hoy, predicar esto, logrará que alguien te mire casi con compasión. Y no por equivocado, porque sabe desde el arranque que no lo estás, sino por ingenuo al punto máximo, si de verdad te crees eso que dices. De hecho, el robo no es patrimonio del mundo incrédulo y secular. Adentro de nuestras organizaciones, existe y goza de buena salud, tanto que incluso lo padecen y lo ejecutan aquellos que están para proteger a los demás.

Más adelante, Pablo encara algo que tiene que ver con un elemento que nos ha sido dado por Dios, pero que no siempre utilizamos conforme al diseño y para glorificar Su nombre: la lengua. Dice que ninguna palabra “corrompida” salga de nuestras bocas, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar Gracia a los oyentes. Gracia es favor en este texto y contexto, nada que ver con humor. ¿Y qué cosa sería una palabra corrompida? Yo creo que en lo técnico no existen palabras que en sí mismas sean corrompidas, sino que es el hombre mismo con su interpretación o significado quien termina corrompiéndolas. Como ejemplo que no mencionaré para no “corromper” este trabajo, puedo decirte que existe una palabra que en Argentina es una palabra corrompida, y que en España es un término absolutamente normal y parte de su idioma cotidiano. Y como ese ejemplo, miles. Es obvio que estamos de las mal o bien llamadas “malas palabras”. Seguramente en tu país, al igual que en el mío, hay una serie de palabras que generalmente son las que van unidas a una agresión, a un insulto o que se expresan en un marco de gran enojo o ira incontenible.

No son las mismas, cada país tiene una cultura y dentro de esa cultura, están esas palabras consideradas como malas porque no suman nada y lo restan todo, que es como decir que en lugar de edificar, destruyen. Y no se trata de un cristiano que se reprima y termine hablando como un poeta lírico medieval, se trata de un hombre o una mujer que no cedan a las presiones de sus medio ambientes, y no se sumen a la legión de mal hablados que en todas las latitudes existen y son muchos. Nunca te olvides que Dios te dio una lengua para que de ella salgan melodías que edifican, bendicen y edifican, y no para que la uses con terminologías sucias que producen exactamente el efecto contrario. La Palabra y sus hermosas metáforas, es muy sabia en esto cuando nos advierte que de una misma fuente no puede brotar agua dulce y agua amarga. De eso se trata, no de simular ser elegantes y educados y luego, en la intimidad de nuestras familias, o de ciertas amistades, demos rienda suelta a un vocabulario que de ninguna manera es el que Dios pensó para cada uno de sus hijos.

(Verso 30) = Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Pablo dice que tú y yo fuimos sellados para el día de la redención, lo que equivale a asegurarnos que en ese día, ese sello del Espíritu, oficiará de salvoconducto a la eternidad para nosotros. La gran duda de muchos, es: ¿Cuándo recibimos ese sello? El día que aceptamos a Jesucristo como Salvador personal de cada uno de nosotros y lo invitamos a ser Señor de nuestras vidas. Si esa decisión fue genuina y sincera, el Espíritu Santo vino a nuestro espíritu humano y le colocó un sello indeleble que dice SALVO. ¿Eso es lo que algunos llaman como “el bautismo en el Espíritu Santo”? No. Eso es algo posterior que puede sucederte o no, de acuerdo a como sea tu relación con el Señor. Si buscas más, quieres más y estás dispuesto a dar más en beneficio del Reino, pedirás ese bautismo y él te lo concederá, porque es necesario que estés pleno y lleno de Su Espíritu para realizar la tarea encomendada.

Si te conformas con la salvación lograda y te comportas como un hijo de Dios pero no buscas nada más, quizás te pierdas esa maravillosa experiencia de ser lleno de Su Espíritu, aunque eso no comprometa tu destino de eternidad. Contristar al Espíritu Santo, mientras tanto, es directamente entristecerlo. Hay muchos cristianos cuyas vidas no pueden ser bendecidas ni potenciadas porque con sus actos diarios, más aferrados a las costumbres, tradiciones, vicios y corrupciones del mundo secular que a lo recibido de Dios en sus corazones, entristecen al Espíritu Santo que un día los selló y terminan llevándolo quiero, mudo e inactivo, cuando había sido puesto allí para todo lo contrario. La voluntad del hombre jamás puede ni podrá anular el plan de Dios, pero sí colocarle obstáculos y frenos a su propia bendición, a su propia paz y a su propia felicidad.

Los últimos dos versos de este capítulo 4, nos recuerdan una serie de elementos que jamás deberíamos olvidar. Porque Pablo, según nuestra versión tradicional, les dice: Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. Claro, el idioma utilizado en esta versión, en algunas ocasiones parecería atenuar el efecto o la potencia de lo que se dice. Por eso en este caso puntual, voy a transcribir lo que dice sobre estos mismos versos 31 y 32, la versión bíblica de Lenguaje Actual. Confieso que no soy muy adepto a estas versiones populares porque a veces sin proponérselo le quitan la esencia de la revelación al texto, pero en este caso me agrada porque creo que resume todo lo que en un mano a mano y café por medio, Pablo les hubiera dicho a cualquiera de nosotros en una conversación informal, pero seria y responsable: Dejen de estar tristes y enojados. No griten ni insulten a los demás. Dejen de hacer el mal. Por el contrario, sean buenos y compasivos los unos con los otros, y perdónense, así como Dios los perdonó a ustedes por medio de Cristo.

Con total honestidad, después de haber compartido muchos años, momentos y lugares con cristianos de toda clase, conducta y comportamientos, creo que esta última parte es una verdadera joya de Pablo que bien merece ser exhibida para información, asunción y puesta por obra de todos aquellos que pretendan auto proclamarse como hijos de Dios. No estén tristes, la tristeza es un espíritu que puede reprenderse y expulsarse de alguien que no la acepta. No se enojen, hay un fruto del Espíritu llamado Dominio Propio que es ideal y ultra necesario en este tópico. No griten. Tiene razón Pablo, es feo, suena muy ordinario y no aporta nada el gritar desaforadamente. El problema es como convenzo a algunos predicadores que todavía están convencidos que los demonios se van de un lugar porque alguien les grita. Los demonios huyen ante la autoridad de un enviado de Dios, no por sus gritos. No insulten. Perdón… ¿Será necesario hoy recordar este mandato? Si me instalo en un templo, es obvio que no. Pero si acompaño a ciertos “hermanos” a un partido de fútbol u otra expresión deportiva de alta competencia, quizás sea necesario recordarlo, sí.

Dejen de hacer el mal, si es que en sus comportamientos antiguos eso era un elemento presente y, como nuevos miembros de la familia de Dios, sean buenos, que no significa ser tontos, estúpidos o ingenuos al punto de ser candidato a cualquier engaño o estafa. Ser bueno significa exactamente eso: tener bondad. La bondad no es sinónimo de cobardía ni de debilidad, como dibujó la sociedad machista. La bondad es el símbolo más exacto de la presencia de Cristo en tu vida. El manifestó bondad para con todos los que por ignorancia hasta llegaron a pedir que lo crucificaran. Pero fue justo y muy puntual con los fariseos y todos los que de uno u otro modo se oponían al Reino de Dios en la tierra. Y finalmente perdonarse los unos a los otros las ofensas. No hay nada más triste que un creyente ofendido. Alguien me dijo alguna vez y se me quedó marcado para siempre: “Si te ofendes, todavía estás vivo…”

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Tres Enemigos Potentes

Si yo comienzo esto diciendo que voy a hablar de los espíritus desencadenados desde el infierno contra la iglesia, muy probablemente tú pienses que me voy a referir a lo que sucede o ha sucedido en las congregaciones, pero no es así. Si bien puedo tomar base en algunos hechos puntuales, lo que a mí me interesa hoy no es el ataque que la iglesia evangélica tradicional que conocemos pueda estar sufriendo por parte de demonios de todos los colores, sino del ataque que la iglesia del Señor, la única, la genuina, la que a veces podemos incluir en alguna congregación evangélica y que en otras no tiene nada que ver con ella. De eso voy a hablar, no de la defensa corporativa de pastores y líderes que, en casos, ni siquiera han sido enviados por Dios a levantar sus ministerios.

(1 Timoteo 4: 1-2) = Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia.

Satanás es el maestro del engaño. Parte de su estrategia es infiltrarse dentro de los distintos grupos cristianos para causar división, descontento, inmoralidad y también promover falsas ideologías. En gran medida logra su objetivo asignando espíritus engañadores y acusadores que impiden el crecimiento numérico y espiritual de esos grupos, donde quiera y como quiera que ellos se estén reuniendo. Hay un sinfín de esa clase de espíritus, así que no será desatinado ni inoportuno estudiar sus características con la finalidad de ponerle freno a las mentiras, acusaciones, falsos doctrinas y otra serie de manipulaciones emocionales por el estilo.

Es importante aclarar que, cuando utilizamos el término espíritu, no nos referimos simplemente a un ser sobrenatural, un fantasma, o un ángel. Hay elementos de consulta muy serios que definen al término espíritu, (Pneuma), como el elemento sensible del hombre, aquello por lo que percibe, reflexiona, siente o desea. Tal vez se pueda definir como una predisposición mental o un estado de ánimo que nos facilita el entender los términos de espíritus de amargura, ira, celos, envidia, embriaguez, etc. Entre los espíritus desencadenados sobre el pueblo de Dios, hemos podido identificar los siguientes:

En primer lugar, quiero mencionar al espíritu del anticristo. Este espíritu se infiltró en la iglesia primitiva y causó la división. 1 Juan 2:18-19 así lo relata: Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo. Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros.

De hecho, no podemos limitar nuestro entendimiento sobre este espíritu como si se tratara de un individuo que vendrá. Este es un espíritu que infesta a muchos. El apóstol Juan dice que han surgido muchos anticristos que causan la división de la iglesia. 1 Juan 2:19 lo consigna con precisión cuando señala que… Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros. Sin ninguna duda, casi todos los grupos, congregaciones o iglesias cristianas, particularmente las más antiguas, han sido víctimas de individuos controlados por este espíritu que ha causado divisiones, ha quebrantado la unidad de la fe y ha fomentado la rebelión.

Asimismo, el mismo Juan pero en su primera carta capítulo 4 y verso 3 deja en claro un detalle valioso cuando consigna: Y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo. Atención con esto: confesar a Jesucristo significa aún más que mencionar simplemente su nombre en la oración. Significa confesarlo desde un estado de unidad con Él.

El espíritu del anticristo endurece el corazón manteniéndolo fuera del amor. Nutre las actitudes equivocadas como la falta de perdón. Causa la división y fragmentación en la unidad de Cristo, debido a la crítica despiadada y hasta cruel con que se manejan quienes son influenciados por él y también al sobre énfasis en las diferencias doctrinales sin importancia. Abraza la falta de perdón, división y odio en lugar del perdón, unidad y amor. Es antiamor, antiperdón y antireconcicliación. Por eso yo en lo personal siempre he respetado las distintas ideologías existentes, aunque visiblemente no pueda coincidir de pleno con ninguna, y cada hombre o mujer que piense ideológica o políticamente de un determinado modo, cuenta con mi respeto formal. Pero lo que jamás respetaré ni coincidiré, es con el anti, cualquiera sea el motivo de esa oposición, ya que contiene un grado de mediocridad intelectual y espiritual tan visible que no puede ser aprobado por nadie que se diga creyente.

(2 Tesalonicenses 2: 4) = el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.

Luego nos encontramos con el denominado espíritu de Absalón. Es de esperar, como en el caso anterior, que la mayoría de los ministros que eligieron transitar la senda correcta, en alguna ocasión se han enfrentado al menos una vez en su ministerio contra individuos que se asemejan a aquel hijo de David. Este también es un espíritu independiente que rehúsa someterse a las autoridades ungidas por Dios. Cuidado; no estoy diciendo a las autoridades que las denominaciones designan, sino a las que son levantadas de manera legítimas por Dios mismo. Y con ellos pretende este espíritu usurpar su autoridad, motivando a otros a unirse en rebelión y reemplazar al que Dios ha llamado para ministrar uno de sus rebaños.

Absalón permitió que una raíz de amargura tomara control de su vida. Supo que Amnón su medio hermano, (hijo de David), había violado y después aborrecido a su hermana Tamar. No se enfrentó ni a él ni a su padre, el cual aunque se enojó mucho, no hizo nada por remediar la situación. Absalón logró planear cuidadosamente la venganza contra Amnón y determinó hacerlo desde ese mismo día. Notamos un espíritu de venganza y odio que premeditó un crimen de venganza.

(2 Samuel 13: 20-22) = Y le dijo su hermano Absalón: ¿Ha estado contigo tu hermano Amnón? Pues calla ahora, hermana mía; tu hermano es; no se angustie tu corazón por esto. Y se quedó Tamar desconsolada en casa de Absalón su hermano. Y luego que el rey David oyó todo esto, se enojó mucho. Más Absalón no habló con Amnón ni malo ni bueno; aunque Absalón aborrecía a Amnón, porque había forzado a Tamar su hermana.

(Verso 28) = Y Absalón había dado orden a sus criados, diciendo: Os ruego que miréis cuando el corazón de Amnón esté alegre por el vino; y al decir yo: Herid a Amnón, entonces matadle, y no temáis, pues yo os lo he mandado. Esforzaos, pues, y sed valientes.

(Verso 32) = Pero Jonadab, hijo de Simea hermano de David, habló y dijo: No diga mi señor que han dado muerte a todos los jóvenes hijos del rey, pues sólo Amnón ha sido muerto; porque por mandato de Absalón esto había sido determinado desde el día en que Amnón forzó a Tamar su hermana.

Después que sucedió este incidente, Absalón huyó. Se fue a Gesur por espacio de tres años hasta que su padre David lo mandó llamar para que regresara, porque le hacía falta. A su regreso levantó un grupo de seguidores que estaban en desacuerdo con el rey. Comenzó a presentarse como sabio consejero a todos los que venían a su padre pretendiendo que si le nombraba por juez, (Es decir, si se le daba una porción de autoridad), él sí podría resolver sus pleitos y sus problemas. Con una gran diplomacia los besaba y robaba el corazón del pueblo de Israel.

Dios nos ha dado autoridad para proteger lo que más amamos. Si no existe el amor la autoridad no obra o funciona. El amor está siempre dispuesto a pagar un precio: la muerte, el negarnos a nosotros mismos. Cristo murió porque amó. Este amor redentor es el que da origen a la autoridad. Absalón pretendía amar al pueblo para robarle el corazón, rebelarse contra la autoridad de Dios y suplantarla.

La Biblia dice que este hombre era alabado por su hermosura. No tenía ningún defecto desde la coronilla hasta la planta de los pies. Era un hombre manipulador, vengativo y orgulloso. la biblia nos dice que había erigido una columna en el valle del rey para conservar su memoria. Deseaba ser reconocido, por eso dijo: “Yo no tengo hijo que conserve la memoria de mi nombre”. Sin embargo, podemos leer en 2 Samuel 14:27 que le nacieron tres hijos y una hija a la cual llamó como su hermana, Tamar.

(2 Samuel 15: 2-6) = Y se levantaba Absalón de mañana, y se ponía a un lado del camino junto a la puerta; y a cualquiera que tenía pleito y venía al rey a juicio, Absalón le llamaba y le decía: ¿De qué ciudad eres? Y él respondía: Tu siervo es de una de las tribus de Israel. Entonces Absalón le decía: Mira, tus palabras son buenas y justas; mas no tienes quien te oiga de parte del rey. Y decía Absalón: ¡Quién me pusiera por juez en la tierra, para que viniesen a mí todos los que tienen pleito o negocio, que yo les haría justicia! Y acontecía que cuando alguno se acercaba para inclinarse a él, él extendía la mano y lo tomaba, y lo besaba. De esta manera hacía con todos los israelitas que venían al rey a juicio; y así robaba Absalón el corazón de los de Israel.

A pesar de todas sus artimañas, engaños y aparente victoria, el Dios Todopoderoso devolvió el trono a David. Absalón pereció en manos del ejército de David. Todo ministro que se ponga al hombro un grupo de creyentes fieles, va a ser defendido y apoyado cuando vengan aquellos con el espíritu de Absalón. Porque estos vienen para causar desconfianza, incitar rebeldía y causar división en el Reino de Dios. Por eso en Hebreos 13:17 hay un texto que, convengamos, ha sido muchas veces utilizado mal para la defensa de intereses particulares o personales de un hombre, pero que en su esencia, tiene que ver con esto que termino de enseñarte. Dice: Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso. De hecho, esto te habla de aquellos ministros levantados para ese ministerio de amor y cuidado, y no de los hombres o mujeres cuyas denominaciones pusieron al frente de una iglesia por la simple razón de un arreglo político de intercambios de cargos y posiciones.

Con frecuencia, los jóvenes que son novatos en las cosas del Señor, y en particular aquellos que carecen de fundamentos sustentados por rudimentos bíblicos o teológicos, más que por la revelación del Espíritu Santo, tienen auténtico y genuino celo de Dios. Pero como no es conforme a un pleno conocimiento, terminan siendo controlados por un espíritu de Absalón. No tienen la paciencia para esperar el tiempo de Dios, ni la sabiduría para reconocerlo. Se levantan en contra de sus referentes mayores, tal como Absalón lo hizo en contra de su propio padre.

Ahora vamos a referirnos a otro de los más conocidos y perturbadores espíritus, el de Estupor y Letargo. A ese es que alude Pablo cuando en el capítulo 11 y verso 8 de su carta a los Romanos, escribe: como está escrito: Dios les dio espíritu de estupor, ojos con que no vean y oídos con que no oigan, hasta el día de hoy. Un reconocido diccionario de la lengua española, define a la palabra Estupor de esta manera: “Disminución de la actividad intelectual, acompañada de cierto aire de indiferencia.”

Esta indiferencia o insensibilidad trae a los creyentes cierto grado de manifiesta torpeza y un inocultable desánimo. Ambos padecimientos producen un impacto en las emociones de las personas y los lleva a un impedimento de seguir creciendo en Cristo, al tiempo que los estanca en un estado que los ciega de la visión de Dios. No se comportan de esa manera porque lo deseen o sean malos, sencillamente tienen los ojos cegados y no pueden ver de ninguna manera lo que les pasa. Es, -por dar un ejemplo gráfico-, como entrar en un profundo sueño, el cual nos pone a dormir a pata suelta y nos impide servir al Señor.

Con frecuencia, un nuevo creyente está lleno de celo por las cosas de Dios. Nunca Dios es más respaldado, defendido y representado como cuando lo hace un recién convertido genuino. Es tanta su fe y su confianza en el poder de Dios, que es capaz de enfrentarse con legiones de demonios solo y hasta los puede derrotar uno por uno en el nombre de Jesús. El creyente nuevo camina por las nubes, testificando, sirviendo, etc. Más todo cristiano, si no es motivado y equipado, entra en un estado tal de indiferencia que lo desanima el servir a Dios y simplemente se sienta a mirar su propia declinación y caída como si fuera un algo que le está sucediendo a otro. Estos son los que llegan a ser piedras quemadas en el muro y en el templo de Dios, tal como se los menciona en Nehemías 4:2 cuando dice: Y habló delante de sus hermanos y del ejército de Samaria, y dijo: ¿Qué hacen estos débiles judíos? ¿Se les permitirá volver a ofrecer sus sacrificios? ¿Acabarán en un día? ¿Resucitarán de los montones del polvo las piedras que fueron quemadas?

Todo ministro debería hacer lo mismo que hizo Nehemías al regresar a Jerusalén para reedificar el muro. Nehemías tuvo la visión de reedificar el muro. En Nehemías 2:13 dice que este observó los muros, (en este caso miembros), de Jerusalén que estaban derribados, (Esto es: caídos, desanimados, desalentados); y sus puertas, (Que representan las autoridades), que están consumidas por el fuego. Nehemías reconoció que por sí mismo no podría hacer la obra, entonces los retó diciendo que se levantaran y edificaran, para así esforzarse en sus manos para el bien.

El ministerio es obra de los santos, es decir, de todos los creyentes. El llamado para los referentes, conductores o ministros, es el de equipar a los santos para la obra del ministerio. Los resultados serán asombrosos como lo fueron para Nehemías. En el capítulo 4 y verso 6 e su libro, este profeta dice: Edificamos, pues, el muro, y toda la muralla fue terminada hasta la mitad de su altura, porque el pueblo tuvo ánimo para trabajar.

Hay que aclarar que este espíritu ataca particularmente a los cristianos que no se han activado en ningún ministerio, que no tienen claro su llamado, que no saben para qué fueron sacados de las tinieblas y llevados a la luz y para qué es que Dios los necesita como fuerza activa. Por rara paradoja, la mayor parte de ellos son gente que conocen los caminos del Señor desde hace muchos años, pero eso no puede impedir que entre y se meta en sus espíritus una enorme tibieza como la que Jesús menciona respecto a la iglesia de Laodicea. En Apocalipsis 3:16 leemos: Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.

En lo literal y físico, ya sabemos por experiencias propias que ni lo muy caliente ni lo muy frío desacomodan un estómago hasta producir un vómito, pero que sí puede hacerlo algo tibio. Lo tibio cae mal, ingresa mal a nuestro organismo y puede, -efectivamente-, ser expulsado mediante el vómito. Parafraseando este texto, esto es lo que siente Dios mismo cuando un tibio entra a su boca santa. Pero hay otra perla en esta expresión. Una que no siempre se ha visto y mucho menos enseñado. Sólo se vomita lo que hasta ese momento estaba dentro nuestro. Así que lo que aquí se te está diciendo, es que tú puedes ser un hijo de Dios aprobado y estar formando parte de su cuerpo en la tierra, pero que si te vuelves tibio por influencia de este espíritu de estupor o letargo, serás expulsado del cuerpo de manera automática e inmediata. No es poca cosa, eso.

Lo cierto es que tenemos que orar en contra del espíritu de estupor. Tenemos que orar para que ese espíritu sea atado y deje de producir ese estado de indiferencia que indefectiblemente, con el correr del tiempo, lleva a los afectados a un espíritu de servidumbre para con el reino de las tinieblas. Es absolutamente normal, dentro de la anormalidad espiritual, comprobar como, un creyente fiel y activo, de pronto al verse afectado por este espíritu entra en una indiferencia y una tibieza terrible, como que nada lo conmueve ni lo moviliza y, con el correr de los días, pasa directamente a producir hechos llenos de maldad que sorprende a todos los que lo conocían porque directamente es la representación terrenal de un fiero demonio malévolo y cruel.

Cuando el pueblo de Dios se acerca a Él con suaves y delicadas palabras, honrándolo casi de manera poética con sus labios, pero alejando ostensiblemente de Él su corazón, simplemente venera por tradición aquello que en algún momento aprendió de memoria. El Señor permite entonces que caiga sobre ellos un espíritu de sopor o sueño profundo, conocido también como espíritu de letargo. Yo sé que esto puede sonarte casi fantasioso, pero te invito a que examines tu propia vida con todas las personas cristianas que te han acompañado o rodeado, y luego me digas si en algún momento no fuiste testigo de alguien a quien le sucedió algo así.

De hecho, estos tres que te he presentado hoy no son los únicos. Son tal vez tres de los más representativos, conjuntamente con otros como el de Jezabel, que han producido tantos estragos en el pueblo de Dios que todavía nadie puede entender por qué nadie está enseñando a defenderse de ellos y contraatacarlos.

 

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El Tiempo de Laodicea

Uno de los problemas más graves que afronta el mundo en la mayoría de sus naciones, es el del narcotráfico. La droga ha calado hondo en el hombre sin Dios, y con su consumo proporciona un imponente negocio que hoy por hoy amenaza con cubrir todos los estamentos sociales. Las exorbitantes sumas de dinero que mueve la producción y venta de estupefacientes, ha logrado que sus personeros se infiltren en la policía, en los poderes judiciales, en el periodismo y, esencialmente, en la política de las naciones. Con todos esos circuitos jugando a su favor, no podemos menos que desesperarnos y preguntarnos: ¿Cómo se combate eso? La respuesta es una sola: con el pueblo de Dios presentando batalla en las regiones celestes.

La preguntaba al Señor si eso hoy era posible con lo que tenemos como iglesia, y su respuesta, al menos la que yo creí escuchar, fue que eso era una odisea, que como todos sabemos, significan las dificultades que se oponen a la realización de un propósito y que requieren tiempo, esfuerzo o habilidad. Esa, que yo entendí como respuesta divina, te confieso que me desanimó. Hasta que el Espíritu Santo, con esa paciencia, bondad y misericordia que lo caracterizan, me sacó del error. Me hizo ver que no me había dicho que combatir la droga con la iglesia era una odisea, sino que era como Laodicea, que es otra cosa bien distinta y que me llevó con toda urgencia a estudiar su presencia en mi Biblia.

Lo primero que encontré, es que Laodicea fue fundada como ciudad por Antíoco, y que la llamó así en honor a su esposa, que se llamaba Laodice. Estaba ubicada en la intersección de dos importantes rutas y era sumamente rica y próspera. Era famosa por sus manufacturas de ropas confeccionadas con la lana negra de la región. También se enorgullecía de contar con una famosa escuela de medicina donde se llegó a producir un ungüento con propiedades para curar enfermedades de los oídos y un colirio para las enfermedades de la vista. También había allí una iglesia cristiana, levantada a partir de la predicación de Epafras y a la que Pablo le escribió una carta que se extravió.

Sin embargo, lo más importante tiene que ver con la época en la que Juan escribió el Apocalipsis. No se registra que hubiera en Laodicea ningún tipo de persecución o que en su seno tuviera herejías. Su mayor problema –atención con esto-, era el orgullo y la ignorancia, provocados por su autosuficiencia y complacencia con el pecado. Y fue por esta razón justamente por la que recibió de Cristo la condenación más severa de todas las que encontramos en las tan famosos siete cartas. Que representa hoy Laodicea y qué tiene que ver con la solución al terrible flagelo de la droga dependencia y sus consecuencias, es algo que seguramente podremos ver con claridad en el final de este trabajo. Para eso me fue dado.

(Apocalipsis 3: 14) = Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: (15) Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente!

Cristo mismo le habla a Juan. Y se presenta como el Amén, que es como decir que se denomina así porque nunca miente y porque siempre enseña la verdad acerca de Dios. Y porque se estima nada menos como lo que es, el principio de la Creación de Dios. Yo creo que a esta altura de nuestras vidas de fe, ya nadie ignora que toda la Creación desde la primera letra del Génesis arranca desde el Verbo, desde la Palabra, que es Cristo mismo. A esto en cierta forma lo corrobora y confirma Pablo, cuando en su Segunda carta a los Corintios, en el primer capítulo y verso 20, dice: porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.

Y cuando comienza a hablarle a Juan respecto a esta iglesia, que más allá de la literal que como quedó explicitado existía y era geográficamente visible, también de alguna manera simbolizaba a otras en distintas latitudes del mismo mundo. Tal vez como la nuestra, aquí en Argentina. O la tuya, donde quiera que vivas. Y nos dice que conoce nuestras obras, que es como decir que está absolutamente enterado de todas nuestras actividades religiosas, pero que nos encuentra tibios, que es lo mismo que decir no involucrados, dentro de todo activismo, pero fuera de todo compromiso cierto. Y le añade como para no caer en errores, que Él nos prefiere fríos, totalmente al margen de todo, fuera de todo, o caliente, que es comprometido a full. Pero no tibios.

Porque, en el verso 16, añade algo que resulta impactante y al mismo tiempo contundente. Dice que: Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Hay algo natural, físico, biológico que quiero comentar antes de ir al epicentro de la expresión. Ningún estómago, por dañado que se encuentre, va a reaccionar mal (Con vómitos) ante un sorbo de una infusión bien caliente o un vaso de algo muy fresco. Muy probablemente pueda tener alguna reacción negativa, si se ingiere algo tibio. Esto indica que lo tibio produce náuseas con posibilidades de vómito.

Sin embargo, de lo que me interesa hablar aquí es de la implicancia que para cualquiera de nosotros tiene esta expresión, por una razón muy simple. Dios nos dice que si somos calientes, estamos codo a codo con Él. Que si somos fríos, estamos en las antípodas de Él y hasta enfrentados, pero con posibilidades de convertirnos y cambiar. Sólo si estamos tibios, que es como estar faltos de interés, llenos de indiferencia y faltos de toda actitud de involucrarnos y eso desagrada profundamente a Dios al punto de vomitarnos de su boca. Y cuidado con esto que no siempre ha sido dicho. Si Dios nos vomita de su boca, es porque estábamos allí hasta un instante antes del vómito santo. O sea que estábamos con Él, pero no éramos de Él, ¿Se entiende?

Además, y por si se te había olvidado o habías leído lo que ahora te compartiré hace mucho tiempo, no es la primera vez que Dios usa ese término para establecer un principio. Ya en el libro de Levítico y con referencia a los actos de inmoralidad prohibidos, en el capítulo 18 y versos del 24 al 28, leemos: En ninguna de estas cosas os amancillaréis; pues en todas estas cosas se han corrompido las naciones que yo echo de delante de vosotros, y la tierra fue contaminada; y yo visité su maldad sobre ella, y la tierra vomitó sus moradores. Guardad, pues, vosotros mis estatutos y mis ordenanzas, y no hagáis ninguna de estas abominaciones, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros (porque todas estas abominaciones hicieron los hombres de aquella tierra que fueron antes de vosotros, y la tierra fue contaminada); no sea que la tierra os vomite por haberla contaminado, como vomitó a la nación que la habitó antes de vosotros.

No es muy difícil interpretar esto. No necesitas un doctorado en teología ni un post grado en hermenéutica. Dice tres veces que la tierra vomita a sus moradores por causa de su corrupción. Pregunta: ¿Qué es lo que se corrompe en el hombre? Su carne. ¿Qué es la tierra según el diseño de la creación? La carne. Polvo de la tierra es lo único que la serpiente antigua puede comer. ¿Qué es lo único que esa serpiente antigua, hoy Satanás, diablo y demonio puede comer? Carne. Con alma, si el alma está entregada, pero nada más. Al espíritu no lo puede tocar. Lo que Dios vomita, es tu carnalidad, esa misma que te hace decir cosas como las que estos muchachos de la iglesia de Laodicea andaban diciendo. Verso 17: Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.

La gran pregunta que nos tenemos que hacer, y que va mucho más allá de la respuesta del Señor y de la propia expresión de aquellos miembros de aquella iglesia, es si en muchos lugares llamados cristianos, no existen personas que piensan de la misma manera. ¿Cómo se supone que llegaron a esa situación? En principio, cayendo en un estado de arrogancia y soberbia que los llevaba a felicitarse a ellos mismos por su situación. ¡No veían ningún problema en sus arrogancias y presuntuosidades! Incluso rechazaban el diagnóstico del Señor. En suma: se negaban a verse tal como eran y, para colmo de males, estaban enfermos de exceso de confianza en sí mismos. Entonces cabe la pregunta subsiguiente: ¿En dónde habían puesto su confianza? ¿En dónde y en qué tiene puesta su confianza la iglesia cristiana moderna?

Hay una expresión que los pinta de cuerpo entero. Antes y ahora. Yo soy rico, y me he enriquecido. En otras palabras, expresan orgullo y satisfacción por lo que habían ganado por sus propios esfuerzos. A esto lo he visto con mis propios ojos y muchos años después de Laodicea. Miembros de una congregación, pertenecientes tal vez a la clase alta de esa sociedad, que gozaban del respeto de su comunidad y que tenían dinero de sobra. Es posible que el edificio en el que se reunían fuera de maravillas y con todas las comodidades, pero toda su riqueza se reducía a esos recursos materiales y hasta humanos, pero todos sabemos hoy que no es esa la riqueza que el Señor valora. De hecho, las mencionó como un engaño en Mateo 13:22 cuando explica la parábola del sembrador: El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.

Eso es ser vencidos por el materialismo, creernos que somos ricos y, en ese proceso de enriquecernos, permitir que nuestro corazón se enfríe y nuestra relación con el Señor se vuelva formal y hasta hipócrita. Cuando un hombre tiene muchas cosas materiales y físicas para disfrutar, es muy probable que su comunión con el Señor se resienta y hasta se deteriore al punto de extinguirse en cuanto a la oración y la lectura de Su Palabra. En realidad, tengo que decirte que no hay ninguna cosa mala en muchas de las cosas materiales que podemos llegar a tener, y al Señor le gustaría darnos mucho más, pero él sabe que con frecuencia esas cosas nos alejan de él y nos llevan al desastre espiritual. ¿Qué hará un creyente materialista cuando llegue al cielo? ¿Se quedará ensimismado mirando las calles de oro y no será capaz de contemplar la gloria del Señor, ni disfrutar de su comunión? Por supuesto, eso no será posible, pero es importante comenzar ahora a poner las cosas en su verdadero lugar.

El caso de la iglesia en Laodicea era realmente grave. Miremos lo que dicen a continuación: Y de ninguna cosa tengo necesidad. Era verdad que la ciudad de Laodicea había sufrido un devastador terremoto que la destruyó, y sus habitantes habían logrado reconstruirla con sus propios recursos sin necesidad de pedir ayuda a Roma. Pero esta actitud, que puede resultar muy loable para ciertas cosas, no se puede aplicar a la vida cristiana. El orgullo espiritual que manifestaban no sólo era insensato, puesto que en estos asuntos nadie puede ser autosuficiente, sino que también era peligroso, porque como Salomón lo señala en su Proverbio º6:18: Antes del quebrantamiento es la soberbia, Y antes de la caída la altivez de espíritu. En lugar de la dependencia del Señor, ellos habían llegado a sentirse tan seguros de sí mismos y de sus recursos, que hasta habían excluido al Señor de sus vidas, razón por la que luego lo veremos fuera, llamando a su puerta.

Los creyentes, hoy, en su gran mayoría, no siempre tienen una percepción adecuada de su verdadera situación. Sus riquezas, si las poseen, les puede dar una falsa sensación de seguridad. Pero es imperativo que sepan que la riqueza material no es necesariamente un reflejo de su salud espiritual. Muchos de ellos pueden estar pensando que se les debería envidiar, pero la realidad nos muestra que son dignos de compasión. Estos no pudieron cambiar y hoy tampoco pueden hacerlo, porque para aquellos antiguos y estos modernos, la ceguera espiritual les impide ver su verdadero estado espiritual. Y mucho más cuando la opinión de la iglesia como institución, es diametralmente opuesta a la del Señor que se desprende de este texto. ¿Cómo un ministro del siglo veintiuno va a decir desde el púlpito que son desventurados, miserables, pobres, ciegos y desnudos, aquellos que con sus jugosos diezmos y ofrendas sostienen su ministerio y su propia familia? Laodicea no pudo, como quiera que se llame la institución que recibe a sabiendas dinero mal habido como “ofrenda de amor”, tampoco.

(Verso 18) = Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas.

Estaban tan ocupados en sus vidas ganando dinero y comprando cosas, que habían desatendido el principal negocio de la vida, que es la compra del verdadero oro divino. Ellos no lo sabían, como tampoco lo saben muchos hoy, en este tiempo, pero ninguna riqueza puede ser comparada con todos los tesoros y la sabiduría que están escondidas en Cristo. Pablo lo dice en Colosenses 2:3: en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. Por esa razón es que les dice que los aconseja que de Él compren oro refinado. Laodicea era una ciudad mercantilista, ellos entendían muy bien ese lenguaje. Es como si hoy te dijera: “Los aconsejo que compren mi oro refinado y no ese que está contaminado con la droga y el delito”.

Y en cuanto a la ropa, es más que obvio que no se refiere a vestiduras literales, sino a ser re-vestidos de Cristo. Líder que gastas fortunas en ropa cara y de primera marca para, según tu óptica, estar en el púlpito con lo mejor porque eso es lo que Dios merece: ¿De qué te vale estar vestido con la mejor ropa, si debajo de ella sigue existiendo una personalidad mala y desagradable? En mi vida de ministro del Señor, he recibido algunas agresiones y ofensas, y ¿Sabes qué? En la mayoría de los casos, vinieron de parte de gente muy bien vestida. Algo debe querer decir eso. Desnudez no habla de falta de vestidos, habla de un estado de vergüenza que se disimula con ropas de alto costo. No sé si en tu país hay narcotraficantes, pero si los hubiera, ¿Tú crees que los encontrarás en las calles todos harapientos y menesterosos? Sigue pensando, por favor. Estás cerca de encontrar la llave que abre este dilema. El colirio es un medicamento líquido de uso externo que se emplea para curar o aliviar las enfermedades de los ojos. Aquí también es simbólico, te habla de ceguera o miopía espiritual.

(Verso 19) = Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. De acuerdo, en el original preponderantemente se lo dice como disciplina, no como castigo, pero no está equivocado traducirlo así, siempre y cuando tenga que ver con un estricto acto de justicia disciplinaria y no como un canto a la crueldad casi morbosa, que es como se vendió esto durante mucho tiempo en las religiones legalistas y ritualistas. No es un invento nuestro ni tampoco una ocurrencia aislada, ya en Proverbios 3:12 leemos algo similar cuando dice: Porque Jehová al que ama castiga, Como el padre al hijo a quien quiere. Indudablemente tiene que ver con la proverbial disciplina que todo padre ejercerá sobre sus hijos con la finalidad de hacer de ellos personas honestas, legítimas y respetuosas de las leyes sociales de su país.

(Verso 20) =  He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

Que no te quepan dudas, en Laodicea la cosa era realmente grave. Tanto que es evidente que el Señor ya no estaba en medio de la iglesia, como dice en el capítulo 1, sino que estaba afuera y llamando a la puerta para que lo dejaran entrar. Insólito. ¿Una iglesia puede llegar a suponer que puede funcionar sin necesidad de tener a Cristo y dejarlo al margen de sus decisiones? No te escandalices de los laodicenses, hoy sigue sucediendo. Y fíjate el detalle. Él dice que si “alguno” oye su voz y abre la puerta, él tendrá comunión con él. Ya no le  habla a la iglesia en su conjunto, aquí empieza a apelar a cada individuo.

Hoy lamentablemente sigue teniendo la necesidad de hacer lo mismo. Y el otro detalle que no es menor. Si Él se encuentra afuera y llama a la puerta aguardando que desde adentro le abran, es porque el Señor jamás hará nada con tu vida sin tu permiso. El picaporte de la puerta de tu vida, está del lado de adentro. Si tú abres, Él entra. Si tú no abres, Él se queda afuera y jamás entrará en tu vida. Ese es un principio que también es válido para el reino de las tinieblas. Satanás y sus demonios jamás entrarán en tu vida a menos que tú les abras la puerta a partir de algún pecado que les otorgue derecho legítimo para entrar.

(Versos 21 y 22) = Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

Cristo venció al pecado y ahora está sentado en el trono celestial. Cristo venció por el camino de la cruz, dejando de ese modo un ejemplo a sus seguidores. Es verdad que como consecuencia de su fidelidad al Padre fue crucificado desnudo y en pocas horas murió, pero tres días después resucitó victorioso de la muerte y ascendió al cielo, donde ha sido «coronado de gloria y de honra a causa del padecimiento de la muerte». Aquello que parecía la derrota de Cristo, fue en realidad su victoria. Y en cuanto al cierre, es obvio que no se refiere a gente con problemas auditivos, sino a aquellos que han elegido oír los cantos de sirena del mundo en lugar de la guía del Espíritu Santo.

La iglesia en Laodicea refleja una parte importante del cristianismo del siglo veintiuno. Aquí se describe una iglesia respetable, pero superficial y anémica. Como muchos cristianos en nuestros días, que sólo parecen emocionarse con los deportes, las redes sociales, el cine o la política, pero no por conocer más del Señor o por compartir el evangelio con otros. Cristianos que se entregan por completo a los negocios o a los estudios, pero poco o nada a la causa de Cristo. Cristianos obsesionados con sus cuerpos y su apariencia física, pero despreocupados por su vida espiritual. Cristianos entregados a los placeres de este mundo y que no ven la necesidad de negarse a sí mismos y crucificar el yo. Cristianos solícitos en la búsqueda de nuevas experiencias, pero sin un verdadero anhelo de conocer más de la Palabra de Dios. Cristianos que ya no defienden la doctrina bíblica porque no la conocen y porque han abrazado el relativismo de este mundo. Iglesias con una perfecta organización y atractivos programas que pueden funcionar muy bien sin la presencia del Señor Jesús, pero tan interesadas en cubrir sus gastos que no dudan en aceptar jugosas ofrendas provenientes del delito en cualquiera de sus facetas. hacerlo en ignorancia es una cosa, pero sabiéndolo, equivale a comer cosas sacrificadas a los ídolos. Un cristianismo, por lo tanto, que ha dejado de ser relevante para el mundo.

Cuentan la historia de una iglesia que en la puerta de su local habían escrito un versículo bíblico que decía: «Nosotros predicamos a Cristo crucificado«. Con el tiempo, un árbol frondoso había ido creciendo a su lado, y poco a poco empezó a tapar las palabras del versículo empezando por el final. Primero cubrió la palabra «crucificado», y curiosamente, también la iglesia que se reunía en aquel local había dejado de predicar la Cruz de Cristo. Luego el árbol siguió creciendo y también ocultó la palabra «Cristo»; algo que una vez más también guardaba relación con lo que ocurría dentro: ellos habían dejado de hablar de Cristo para centrarse en otro tipo de mensajes más sociales y del gusto de la sociedad moderna. Y finalmente, el árbol creció hasta tapar la palabra «predicamos», lo que también se correspondía con la realidad de esa iglesia: habían cambiado la predicación por otras actividades más entretenidas. ¿Sabes qué quedó al final? Sólo la palabra «nosotros». Cristo ya no estaba allí, sólo estaban ellos. Algo parecido a esto era lo que le había ocurrido a la iglesia en Laodicea. Este estudio fue impartido hoy por la guía del Espíritu Santo para que nunca más nos suceda lo mismo en ninguna parte del mundo. ¿Amén? Amén.

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Delineando Rasgos Ministeriales

Es notorio que cuando comenzó el declive de la iglesia en cuanto al poderío de sus áreas, las tinieblas no llevaron adelante un ataque global o masivo en contra de la iglesia conjunta, sino que fueron minando de a uno y paulatinamente ministerio por ministerio. Aprende esto: el ataque del diablo, siempre es por suplantación. No es por eliminación. O sea: si tú te dieras cuenta de que algo ya no está contigo, lo buscarías. Alguien dio un ejemplo muy gráfico. Dijo que si tú un día pierdes tu billetera y sospechas que el diablo te la robó, de inmediato saldrás a buscarla y doble contra sencillo que la encontrarás y se la arrebatarás al diablo. Y serás más que vencedor. Pero, ¿Qué pasa si en lugar de robarte la billetera completa, el diablo te roba solamente uno de los billetes que tenías en ella?

Pasa que no pasa nada sencillamente porque tú todavía piensas que en tu billetera tienes lo que tenías. Claro, pero eso es porque tú no has verificado el contenido de tu billetera, porque si lo hicieras, descubrirías que te falta un jugoso y respetable billete. La diferencia, entonces, radica en que todavía no te diste cuenta, que estás convencido que tienes lo que en realidad ya no tienes. Eso es, a grandes rasgos y con un ejemplo un tanto rústico, una suplantación. El diablo roba, mantiene la forma como tal. Pero, saca algo y luego introduce una imitación sin valor, que va a posibilitar que la persona siga pensando que tiene lo que tenía y que en verdad ya no tiene.

Entonces, si alguien hubiera dicho en el siglo segundo, que ya no iban a haber más apóstoles, yo creo que ahí mismo se levantaba en armas espirituales potentes la iglesia entera. Pero, resulta ser que no hubo eso, sino que sencillamente lo que hubo, fue una suplantación. Apareció una función, la función empezó a crecer y, automáticamente, declinó la otra. Y, al pasar el tiempo, resulta que habíamos perdido el diseño de los apóstoles. Remedando aquella antigua y humorística película titulada “¿Y dónde está el Piloto?”, nosotros ahora estaríamos poniendo en cartelera su imitación eclesiástica: “¿Y dónde están los Apóstoles?”

Entonces, la recuperación y el trabajo del ministerio quíntuple, todavía tiene que obedecer ese diseño en el que todos nosotros vamos interactuando como equipo. La palabra clave, aquí, es Equipo en este tema. Hay algo que, pese a ser dicho, enseñado, predicado y hasta publicitado centenares de veces, todavía no parece haber sido asumido por la mayoría de las congregaciones y/o denominaciones: ningún ministerio tiene capacidad para realizar solo la tarea. Es de los cinco, más ayudas emergentes, o no es nada. Por esa razón, cuando alguien te pregunta cuántos o cuáles ministerios necesita en su iglesia, tu respuesta tendrá que ser: Todos. ¿Todos? Sí, todos, aunque el primero inevitablemente tendrá que ser el Profeta. ¿Por qué? Porque el ministerio profético es el único capaz de romper con la oposición a todo lo nuevo. Para que una comunidad se afirme en determinado lugar, ellos tienen que establecer algunos patrones de convivencia, de permanencia. Bien; el que rompe con todo eso, es el ministerio profético. Siempre, él viene primero.

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Edificando La Iglesia Apostólica

Es indudable que, como quiera que sea tu identidad espiritual, tiene que haber una nueva cultura frente a todo lo que haces. Es válido para todos los creyentes. Si alguien dice que desea casarse, hacer un viaje o tomar un nuevo trabajo, cualquiera que se encuentre cerca deberá hacerle la pregunta clave y básica: ¿Qué te ha dicho el Señor al respecto? De todos modos, él o ella harán lo que hayan decidido. Algo he aprendido en estos años de militancia espiritual: cuando el hombre ha tomado una decisión en lo más profundo de su corazón, ni Dios le hará cambiar de idea. Va a hacer lo que quiera. Puedes ir con toda tu autoridad apostólica y profética que el infierno va a detenerse, pero ese hombre o esa mujer, no.

Si tú no sabes los dones que tienes, muy difícilmente vas a poder pedir lo que te falta. Dicen los que han estudiado esto a fondo, que hay veintitrés dones ministeriales, ¿Cuál es supone que es el que te falta? Sólo puedes pedirle a Dios lo que necesitas, una vez que sabes lo que ya tienes. ¿Y a qué te ayudan esos veintitrés dones? Además de perfeccionar a los santos, como dice la palabra, me ayudan a escuchar la voz del Espíritu Santo. Ahora; si tú no estás usando los dones, muy probablemente tampoco estás escuchando claramente. Si sueltas los dones, pero no hay quien administre los dones correctamente y en orden, vas a generar un caos.

Se puede considerar una iglesia apostólica, cuando allí operan aquellas ocho funciones de las cuales hablamos. Y si falta una o dos, también. Porque, veamos: ¿Qué es lo que hace a una iglesia apostólica? Que tenga gente que escucha a Dios y, en razón de eso, pueda ejercer la autoridad de Jesucristo en un territorio. Porque, ¿Qué pasa si alguien escucha y no ejerce autoridad? Simple, no es parte de una iglesia apostólica. ¿Y por qué lo apostólico siempre está relacionado con un terreno? Porque los apóstoles lo están. Una de las grandes obligaciones de los apóstoles, es tomar absoluta autoridad territorial donde están ubicados.

¿Y qué se supone que ocurrirá si no están presentes esas funciones necesarias? Habrá que activarlas. ¿Y cómo las activo? Como Dios activó Su Creación: hablando. Es tu palabra la que mueve el mundo espiritual, nunca lo olvides. De pronto te das cuenta que en tu grupo nadie tiene inclinación por ayudar. Nadie ayuda a la gente necesitada. ¿Qué podré hacer? Lo primero, cambiar el mensaje. Empezar a predicar sobre la importancia en Dios de ayudar al que lo necesita. Explicando el significado de Justicia, en hebreo, se adelanta mucho. Porque Justicia en hebreo está asociado con dar al que no tiene.

Luego, al finalizar cada una de estas predicaciones, suelta simplemente un llamado dirigido a la gente a la que Dios ha puesto en su corazón allí y ahora, el deseo firme de ayudar. Y no te engañes. Si alguien tiene la idea de ir mañana a un poblado muy pobre a llevar comida y otras cosas que son de necesidad allí, el grupo completo se va anotar y asistirá de buen grado. Pero si a eso se lo debe hacer semana tras semana y a cualquier hora del día, entonces sí que ya se necesita contar con gente que tenga un llamado puntual para hacer eso. El error más grave que se ha cometido en las congregaciones, es darle algo a alguien en quien todavía el Espíritu Santo no se lo puso primero. Y eso se produce hablando. Cuando yo hablo, comienzo a crear.

Adán fue un co-creador con Dios. Porque Dios lo estaba haciendo solo, hasta que Adán empezó a ponerles nombres a todos los animales. Cuando se plantó frente a ese bicho feo, alto y de cogote inmenso, y declaró en voz alta: ¡Tú eres Jirafa!”, Adán habló. Y por consecuencia, creó un nombre que todavía hoy está vigente y activo. Dios los creó, Adán los identificó. Si el hombre entendiera que cuando habla, lo que en realidad está haciendo es arrojar semilla, otro sería su idioma. Y a la hora de ponerse en marcha, asume una función, jamás busques un título. Porque los títulos, a corto o mediano plazo, suelen torcer al corazón.

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La Necesidad de Escuchar Su Voz

¿Te imaginas si tuvieras un grupo de, digamos, cien personas, que todos recibieran directivas precisas del Espíritu Santo, todos a una y todos por igual? ¿Tú crees que algunas de esas cien personas irían en búsqueda de una que le ponga una mano en la cabeza y ore por sus problemas sentimentales? Aprende esto: a nadie que está en la carne, le agrada ignorar lo que va a pasar dentro de un rato. En la carne es imposible confiar en un Dios que es Espíritu. ¿Cuál es el objetivo prioritario a nivel ministerial, entonces? Que yo debo conseguir, como quiera que sea, que todos los que entran a mi Web o escuchan mis audios o me conocen personalmente, accedan a alguna forma específica y puntual que les permita escuchar la voz del Espíritu Y fíjate que ahí es donde entra, de alguna manera con cierto permiso divino, la Sanidad Interior. Porque vendría a convertirse en un recurso de Dios para con esa gente que, por causa de uno y cien problemas emocionales y almáticos, es incapaz de oír su voz.

¡Cuán importante es para ti, escuchar lo que Dios quiere! Y si todavía eso no es una realidad en tu vida, sí puede serlo, por ejemplo, el examinar cuidadosamente y ver qué personas de las que andan cerca de ti, tienen mejores perspectivas de escuchar la voz del Espíritu. Y, como natural consecuencia de ese examen, rodearte de esas personas y no de las negativas, tóxicas y contraproducentes. Vivo en Argentina y, paulatinamente, desde lo político, desde lo social y hasta de lo deportivo, mi país, (Y no es el único), camina en dirección a un grado de violencia preocupante. Y en una instancia así, es necesario que la iglesia como tal, agudice su oído para oír lo que el Espíritu Santo quiere decir. La iglesia necesita mensajeros, no mártires innecesarios.

Porque cualquiera de nosotros, que sea enviado para realizar un trabajo específico, en un lugar determinado y en un tiempo concreto, tendrá conocimiento previo, seguramente, de las condiciones generales con las que se va a encontrar en ese lugar, en ese tiempo y para esa tarea. Y es obligación del enviado tomar todas las precauciones y recaudos con la finalidad de prevenir cualquier contingencia desfavorable que pueda aparecer. Eso, lo que nos corresponde a nosotros en lo humano. Pero, no obstante, será indispensable e insustituible que nos mantengamos en sintonía permanente con la revelación divina, porque solamente Dios sabe con certeza lo que nos esperará en esa tarea, en ese lugar y en ese tiempo, y sólo con revelación precisa podremos cumplir con la misión de manera eficiente.

Ahora bien: si yo he sido el enviado a ese lugar, en ese tiempo y para ese trabajo, pero mi oído espiritual no se encuentra lo suficientemente atento o aceitado como para oír clara y limpiamente la voz del Espíritu, ¿Qué haré? Simple: ¡Me rodearé de personas con sus oídos más afinados que los míos! Y ellos serán, en franca conjunción y con unidad casi perfecta de criterio, los que me ayuden a llevar adelante mi trabajo desde sitiales anexos y colaboracionistas. ¡Ahí y así es donde nacen los ministerios! ¿Se entiende? Y, entonces, ¿Qué necesitaría hoy un pastor para poner en marcha un proceso que permita que su iglesia abandone su concepto pastoral para retornar al apostólico y profético?

Si ese pastor es el que lo hace todo, desde abrir el templo, ordenar los bancos, acomodar los instrumentos de la alabanza, recibir la ofrenda, contarla, predicar, ministrar, aconsejar, lo que tiene que hacer es dejar de lado por un momento todo ese cúmulo casi obsceno de obligaciones y empezar a prestar debida atención para ver quiénes de los que lo rodean, parecen tener sus oídos espirituales más afinados para escuchar la voz del Espíritu. No sería extraño que, si logra hacerlo, en muy corto lapso esa iglesia produzca un cambio radical por el simple hecho de abandonar sus proyectos y planificaciones humanas y pasar a moverse conforme a los dictados del Espíritu Santo, que son recibidos por los eficaces oídos de esos nuevos ayudantes ministeriales.

Pero, en vista de todo esto, ¿Es válido que ese pastor siga al comando de esa congregación? La Biblia no lo avala, pero las tradiciones, costumbres y hasta leyes internas denominacionales, sí. Y la idea es darle eficiencia a la iglesia del Señor, aunque para conseguirla debamos sostener por algún tiempo situaciones que no son correctas. Porque no sólo es demasiada responsabilidad que una sola persona tenga la obligación de decidirlo todo en una iglesia, sino que, en corto o mediano plazo, eso se transforma en un serio obstáculo que frenará cualquier avance de un evangelio de poder. La pregunta que surge, conforme a las costumbres, es: ¿Por qué la gente acude a su pastor en búsqueda de un consejo para una instancia clave en su vida? Podría darte cualquier respuesta de circunstancias, pero tengo sólo una muy cercana: ¡Porque cree que ese pastor oye la voz de Dios que él (O ella) no están oyendo! ¿Y qué pasa si ese pastor no está oyendo tampoco la voz de Dios? Habrá una gran decepción y hasta una probable huida.

Lo que distinguió la tarea que aquellos apóstoles hicieron con la incipiente iglesia y que hoy parece haber quedado en el olvido y nadie está repitiendo, fue que ellos fueron perfectamente guiados por la voz del Espíritu Santo. Si estamos escuchando al Señor, siempre cabe la posibilidad de un error a partir de la falencia de la naturaleza humana, pero por lo menos estaremos de pie en una plataforma de fe que impedirá que el temor al error o al fracaso nos anule. Entiendo que escuchar a Dios, es tanto una habilidad que viene como consecuencia de ser seres espirituales, llevándonos de la premisa que cualquier ser espiritual puede escuchar a otro ser espiritual, como un riesgo a correr a partir de lo que el pecado pudiera, en alguien, estar desvirtuando esa habilidad.

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Estableciendo Sanas Dependencias

En esencia, lo que Dios anhela de nosotros, es que dependamos de Él. Que podamos decir como Jesús decía: lo que veo hacer al Padre, eso hago. Lo que sucede es que no es algo fácil de lograr, porque de alguna manera va en contra de la naturaleza del hombre. Imaginemos que tu esposa te pregunta si vas a ir a comprar esos elementos que se necesitan o no, y tú le respondes que no sabes. ¿Cómo que no sabes? ¿Me estás tomando el pelo? No, mi amor, estoy esperando que el Padre me habilite para hacerlo. Tu esposa te ama y te respeta, pero: ¿Te entenderá? A la mayoría de las personas les encanta un evangelio sobre rieles, calculado y estimado en todos sus movimientos. Pero, claro, ese no es el evangelio conforme a los dictados del Espíritu, porque ya sabemos que, con ese dictado, no sabes para dónde vas, cuando vas y ni siquiera sabes si vas o no vas, porque todo te lo revelará el Señor en el momento adecuado que Él disponga. La forma de construir en el genuino evangelio es hablando, declarándolo por fe. Y así es como todo se mueve.

Déjame decirte que, particular y personalmente, yo no soy capaz de ver ninguna esperanza en la iglesia como tal, si esta no está dispuesta a permanecer en estricta dependencia al Espíritu Santo. Fíjate que cuando los discípulos comenzaron a darle de comer a la gente, no sabían que esa tarea les iba a insumir tanto tiempo y esfuerzo. Sólo cuando se dieron cuenta que ese esfuerzo y ese tiempo era quitado a lo que verdaderamente ellos habían venido a hacer, fue cuando decidieron habilitar a otros para servir las mesas y dedicarse ellos a lo que era medular y de fondo. No existe tal cosa como planes a largo plazo en la iglesia. ¿Quién podría saber qué cosa dirá el Espíritu Santo, no ya mañana ni pasado, sino hoy mismo? ¡Ahora! Y no se trata de habilitar u ordenar más apóstoles. Podemos llenar la ciudad de apóstoles y la misión seguirá sin cumplirse. Porque todos sabemos que nuestros ambientes están llenos de apóstoles, (Léase enviados), que ni siquiera dependen del Espíritu Santo, sino de sus propias ideas o de lo que les ordena la central de la denominación a la que pertenecen.

Lo que sucede es que el Espíritu Santo está soplando una sola cosa, no hay forma ni manera de que haya dos o tres versiones de lo mismo. Si a alguien Dios lo envió a sembrar una palabra de esperanza a un lugar, no puede haber llamado a otro para que vaya a ese mismo lugar con una idea totalmente opuesta. ¿Usted me está queriendo decir que todos deberíamos oír una misma voz? Estoy absolutamente convencido que sí. Reitero: el Espíritu Santo es uno. ¡Pero puede enviar a muchos a un mismo lugar con misiones diferentes! Sí, pero en unidad con un solo objetivo, no unos en oposición con los otros. ¡Eso no es Dios! Yo creo que el Espíritu Santo es el que conduce esta nave en la que todos estamos navegando. Y también creo que es el que ha sido enviado a guiarnos a toda verdad. Y la verdad es una sola, no pueden existir diez verdades distintas y opuestas entre sí. Ninguna casa dividida prevalece. Toda la formación teológica y doctrinal que tenemos en acceso, ayuda y mucho. Pero de ninguna manera alguien podrá suponer que eso reemplaza al Espíritu Santo. Por eso, lo primero que deberíamos hacer para retornar al diseño correcto y salirnos fuera del sistema, es ver si estamos escuchando al Espíritu Santo.

Ahora vamos a lo crucial. Si yo pregunto de manera masiva a todos los que me están leyendo o escuchando, si se guían por lo que oyen del Espíritu Santo, seguramente de manera casi mayoritaria me dirán que sí, que seguramente, que sin dudas. Entonces déjame que te formule la pregunta clave: ¿Qué mecanismos pones en marcha para escuchar la voz del Espíritu Santo? ¿Cómo te aseguras que es el Espíritu Santo quien te está hablando? Te lo digo de otro modo: ¿Qué herramientas tienes para escuchar las voces del Espíritu? El principio básico, aquí, es: ¿Puede hablarles Dios, por ejemplo, a cualquiera de las cincuenta personas que están en un pequeño templo un domingo por la tarde? ¡Por supuesto que sí! Entonces debo preguntar: ¿Tú crees que esas cincuenta personas están todas aptas y preparadas para escuchar la voz del Espíritu Santo? Eso ya no es tan sencillo, muy probablemente no, no lo estén. ¿Cómo sabrán que es el Espíritu Santo el que les habla y no sus propios pensamientos, su carne? ¿Cuál es el problema con la percepción del rechazo? ¿Cuál es el problema con el temor y la inseguridad? Que distorsionan nuestras voces internas.

¿Cómo puedes esperar que esas cincuenta personas escuchen lo que el Espíritu Santo tiene para decir, si hay una cantidad no menor que no van a escuchar nada porque su corazón no está limpio? Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán. Ese “verán”, proféticamente, también es escuchar. Es notorio que cuando el Espíritu hable a ese grupo, habrá personas que oirán su voz. Porque cuando alguien está al frente de un grupo o es punto de referencia espiritual para otros, es simplemente porque está en condiciones de escuchar la voz de Dios de un modo que los otros no tienen. Claro está que es esto lo que de alguna manera ha justificado la presencia de un líder en un grupo. Si tamaña cantidad de gente a la cual Dios le habla, a todos por igual, no es capaz de escucharlo para de ese modo recibir alguna instrucción o saber qué hacer, ahí tendrá que aparecer alguno que sí lo escucha y luego, será el encargado de comunicárselo a los demás. ¿Eso es un ministro? Sí, básicamente eso es un ministro: alguien que oye lo que Dios dice y viene y se lo transmite a sus congregados. ¿Y si se le antoja de mandar que se haga algo que Dios no dijo? Seguramente será fiel y ciegamente obedecido, pero el problema lo tendrá en cualquier momento con el Señor. Eso se llama Justicia.

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Cuestión de Generaciones

El suplantar de la autoridad apostólica y el gobierno establecido por Jesús fue el factor primario, precipitando a la iglesia a un descenso gradual y una lucha de decepción y apostasía que traspasó en la edad oscura. La anulación de la autoridad apostólica a favor de la jerarquía política-eclesiástica llevó a la iglesia a la debacle como un instrumento para implementación del propósito divino, reduciéndolo y convirtiéndolo en un agente demoníaco inspirado con propósito humano. Ningún otro elemento ha sido de mayor causa para el deterioro de la iglesia durante su apostasía corporal que la de suplantar la autoridad apostólica.

¿Y quién usurpa la autoridad apostólica? El obispo. Es evidente que fue un viaje sin retorno cuando Constantino el Grande adopta la religión cristiana, porque allí es donde entra el factor político. Entra el elemento político a la estructura de la iglesia. Porque ahí ya se había dejado de preocupar por saber qué opina Dios, sino que se tenía muy en cuenta qué opinión tenían los gobernantes. Ahí es donde empiezan las contrataciones, que fueron el inicio de la corrupción del corazón de Lucero. Las contrataciones. Las negociaciones.

De hecho, es más que notorio y evidente que el pueblo cristiano, esto es, las ovejas, no tuvieron culpa alguna. En realidad, ellos lo que hicieron fue sujetarse a lo que se estaba imponiendo. Cómo el liderazgo que se torció y que dejó de seguir las instrucciones precisas que el Señor les había entregado. ¿Es que habrá que suponer que se equivocaron los discípulos? A mí me parece que ellos se comportaron con excelencia en su trabajo. Pero, hay un factor que van a ver que siempre es determinante: hubo una siguiente generación de discípulos que ellos levantaron, y ellos fueron tremendamente eficaces.

Hubo una tercera generación que fue la que generó el problema. Abraham, Isaac, Jacob. Es ahí donde aparece la suplantación. En la generación de Jacob. Sólo traten de imaginar lo que era la iglesia en ese tiempo, con tantas culturas metidas bajo el paraguas de Roma. Sólo trata de imaginar la cantidad de lenguajes o idiomas que ellos hablaban y la dificultad que esto significaba. No era nada fácil, no se tenía material escrito. Las cartas de Pablo eran la única herramienta, y no siempre llegaban a todas partes, y no siempre estaban al alcance de todas las iglesias.

 El Espíritu Santo guio a aquellos que estaban atentos a ser guiados. Y fue fiel, como siempre. Pero, entra también el elemento carácter, esa búsqueda de posición de poder y esa tendencia innata en el hombre, a vivir sin que nadie lo controle. Hacer lo que le da la gana, sin tener que darle explicaciones a nadie. No tiene otra lógica la búsqueda del poder, sino es a través del control y la manipulación. Y, por el otro lado, la rebeldía innata.

Entiendo que hay un modelo, que tiene todas las características para ser exitoso y eficiente. Todo lo que no sea compatible con ese modelo, va a seguir haciendo lo que se ha hecho hasta ahora, con altas probabilidades de fallar, y desde allí nos surge un interrogante: ¿Cómo volvemos? Es muy difícil hacer una lista como quien sigue una receta de cocina. Pero, el corazón de todo este declinar apostólico, toda esa pérdida de visión, de identidad, de poder, básicamente se genera en un único factor, que es el de separarte de la dependencia del Espíritu Santo.

Ese es el mal mayor, todo nació de eso. El hombre, aún caído, es tan tremendamente equipado por Dios que es eso, tu incapacidad, la que en muchos momentos se convierte en tu peor enemigo. ¿Quién es alguien que depende? Alguien que se da cuenta que no puede. Alguien que vive con la idea de que no sabe cómo hacerlo. Pero, cuando vas ganando confianza y comienzas a hacerlo, paulatinamente tu confianza te va separando de tu dependencia. El inicio del retorno, inevitablemente será volver a depender del Espíritu Santo. De otro modo ocurriría lo mismo que con la tan promocionada reforma; cambiar un par de instrumentos de alabanza no fue reforma. Reforma es depender del Espíritu Santo, no de nuestra sabiduría humana o nuestras teologías técnicas.

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La Doctrina de La Sucesión

Irineo, un conocido hombre de Dios, un día dijo: Si se nos permite, sólo vamos a certificar las iglesias que tenemos certeza que fueron fundadas por apóstoles. Indirectamente, se preparó el camino a lo que sería la sucesión apostólica que utilizaría luego el Vaticano, para afirmar que Pedro fue el primer Papa y que hubo una línea de mando que nunca se rompió hasta hoy. El buscó que la sucesión inquebrantable de los obispos de las diócesis establecido por los primeros apóstoles, garantizara la autenticidad de una iglesia. De esta manera se podría diferenciar la iglesia verdadera, de la falsa guiada por herejías. Veamos: una diócesis, es un territorio que ha sido asignado a una iglesia. Su lógica era buena. La pregunta básica: ¿Bajo qué autoridad? ¿Quién te puso acá? Escúchame: ¡Nunca hubo en ellos el deseo o la idea de crear una institución! Ellos sabían que eran un organismo, no una organización. Pero, como aparece el cáncer por dentro, tratan de ver qué células forman ese grupo, para ver si es original o no. Entonces, las iglesias eran consideradas apostólicas si lograban hacer una conexión de su liderazgo llegando hasta los primeros apóstoles.

Después de la muerte de los primeros apóstoles, la iglesia empezó a enseñar que los obispos, (Aquellos que habían sido ordenados y puestos por los apóstoles), reemplazaran a los apóstoles como los responsables gobernantes de la iglesia. Y ese fue el inicio del fin. Pablo nunca anuló a los apóstoles. Los apóstoles tenían íntimamente la carga de cumplir con la orden que el Señor les había dado. Sabían que debían llevar eso hasta lo último de la tierra. No podían quedarse a jugar al pastor allí. ¿Qué hacía Pablo? Llegaba a un lugar, se quedaba uno o dos años y luego seguía. Iba a otro lugar y, de vuelta, se quedaba uno o dos años y luego se iba. Eso era lo que ellos querían hacer. ¡Eso era lo que Dios les había encomendado! ¿Y qué hacían en el lugar que abandonaban? Dejaban encargados ancianos, maestros. Y pedían que se levantaran a varias personas para supervisar las iglesias que estaban allí, esto es: ¡Varias casas!

Cada casa, cada grupo de reunión era autónomo con relación al otro. Eran muchos. Y los supervisores, obispos, eran los que se encargaban de planificar que todos estuvieran bien. Eso era todo. Y el modelo funcionó hasta que esa primera generación de apóstoles, muere. La doctrina de sucesión apostólica, fue adoptada por Clemente de Roma. Él intervino de parte de los presbíteros de Corinto, quienes fueron expulsados de la iglesia. ¿Recuerdas a la iglesia de Corinto? Es lamentable hoy tener que decir que esa iglesia no llegó a cambiar nunca. Entonces, llega un momento en que ellos son expulsados del cuerpo de Cristo. ¿Y qué hace este hombre, Clemente de Roma? Él ordena que estos presbíteros que eran los encargados de la iglesia en Corinto, fueran reinstalados, insistiendo que una sucesión ordenada de obispos fue establecida por los apóstoles. Esto se puede encontrar en la carta escrita por la iglesia romana a los Corintios, escrita por Clemente.

¿Te das cuenta en lo que derivó todo el pecado que había en Corinto? Ellos nunca imaginaron que la tolerancia al pecado que estaban teniendo, pecados morales, iba a provocar una división tan tremenda en la iglesia, doscientos años después. ¡No tenían idea! Pero pasó. Y recuerda que Pablo los amenaza en la carta y les dice que, si ellos no arreglan eso, el problema va a ser muy serio. Al final de la era apostólica, las iglesias se independizaron una de la otra, pastoreadas por obispos y ancianos. El líder principal pasó a ser llamado obispo. Las otras autoridades comenzaron a ser llamadas presbíteros. Y gradualmente, la jurisdicción del obispo vino a incluir a los otros pueblos vecinos. Por ejemplo, el obispo Calixto, fue el primero en establecer su reclamo basándose en Mateo16:18: Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Tertuliano de Cartago llamó a Calixto un usurpador, como si él fuera el obispo de obispos.

Allí, fíjate, aparece el concepto de obispo de obispos, que a la larga va a ser Papa. Para fines del siglo cuarto, los obispos empezaron a ser llamados patriarcas, cada uno teniendo completo control de su propia provincia, esto es: diócesis. Los cinco patriarcas que dominaron el territorio de la iglesia establecieron su cuartel general en Roma, Constantinopla, Antioquía, Jerusalén y Alejandría. Después de la división del Imperio Romano, entre el este y el oeste, la lucha por el liderazgo de la cristiandad fue entre Roma y Constantinopla. Y al final, termina venciendo Roma. En esta tercera etapa, todas las funciones son anuladas, y el obispo se enseñorea de toda la iglesia. Un apóstol, ¿Cumple las funciones de un obispo? Sí; supervisa. Un obispo, ¿Puede cumplir las funciones de un apóstol? No. Son dos delegaciones diferentes. Es muy triste como se genera toda esta situación. El término obispo, no tiene ningún sentido de oficio, de posición, de autoridad, o grado de rango en la iglesia. Habla solamente de una función ministerial que cualquier miembro de los cinco ministerios puede hacer.

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Los Que Cuidaban La Grey

En los tiempos de las definiciones, cuando las cosas empezaron a cambiar casi dramáticamente, una vez más los griegos, tuvieron altísima responsabilidad en todo este tema. Es impresionante la forma en que Daniel pudo ver esto. Daniel vio que ese cuerno pequeño, que era Grecia, iba a traer problemas. Aparece, ya en la época de Jesús, un puñado de creyentes griegos, que son el indicador para que Jesús se vaya a Jerusalén a morir. Los griegos, de hecho, introducen un problema más que complicado. La igualdad y el intercambio entre el término anciano y obispo continuó hasta que terminó el primer siglo, así quedó evidenciado en la epístola escrita por Clemente de Roma en el 95 DC. La Didake, este documento donde está resumida la doctrina de la iglesia, revela que este equivalente, anciano y obispo, queda evidenciado aún hasta el final del segundo siglo. Sin embargo, durante ese segundo siglo, el término correcto de obispo, empezó a perder su significado. Durante este tiempo el término obispo empezó a tener un nuevo significado: jefe de una congregación rodeado de un grupo de presbíteros.

O sea que empieza a aparecer el obispo, rodeado de ancianos. Es importante que no se olviden que, dentro del ministerio quíntuple, no hay lugar para el obispo. Está el apóstol, el profeta, el evangelista, el pastor y el maestro. ¿Qué hace el obispo? ¡Era un supervisor! No tenía una función precisa o concisa delegada. Cuidaba la grey. Décadas más tarde este significado cambió a jefe de una diócesis y sucesor de los apóstoles, y los obispos se multiplicaron sin control y la autoridad del presbiterio se fue diluyendo. ¿Qué era un presbiterio? Era un conjunto de ministerios. Durante el segundo siglo, la iglesia estuvo bajo la amenaza de la falsa enseñanza y, especialmente, de la enseñanza del gnosticismo. ¿Qué era el gnosticismo? Era ese pensamiento que nace de la mezcla de la filosofía griega y el cristianismo.

Los hermanos llevan el evangelio hasta Grecia. Mucha gente se convierte en Grecia. No le va muy bien a Pablo en Éfeso, ¿Recuerdan? Cuando él hace su primera incursión en Grecia y todo el tema. Pero luego, se levanta una comunidad muy interesante de hermanos. El punto está en que esta iglesia empieza a mezclar lo que ellos sabían de su filosofía griega, con el cristianismo. Y ahí genera algo que se llama gnosticismo cristiano. Es una mezcla fea donde, simplemente, mezclaron ingredientes de todo tipo para sacar al final un producto que nadie  pudo comer, donde sacaron de cuajo, uno, la humanidad de Cristo; dos, el papel del Espíritu Santo, tres la divinidad de Cristo. Cristo es una cosa informe, y el dios que aparece, entonces, se llama Gnosis, el conocimiento. Y hay algo muy particular. Juan, el último de los apóstoles, que termina las últimas cartas del Nuevo Testamento, combatió el gnosticismo con fiereza. Ý él dice eso: Si alguno dice que Cristo no vino en la carne, el tal sea anatema.

¿Y qué decía el gnosticismo? Precisamente eso, que Cristo no vino en la carne. Ellos decían que era imposible que Dios pueda tomar una forma humana, porque la carne es corrupta. Esa afirmación desdibujaba todo lo que Jesús había traído, todo lo que era el portar la imagen, la imagen de Dios se pierde. Dios no puede habitar en un cuerpo de hombre, pero el conocimiento, gnosis, sí. Porque el conocimiento lo ilumina, lo equipa. Pero cuando muere, ese conocimiento debe salir. Y salió de Jesús, y entonces fue cuando Él gritó: ¿Por qué me abandonas? Lo que salió, se fue de Él. Ese pensamiento, golpeó tremendamente a la iglesia. Muy fuerte. Entonces, para esos tantos hermanos que estaban bajo ataque de este pensamiento, les aparecieron evangelios de. Evangelio de Fulano, evangelio de Bernabé. Cientos de documentos. Todos ellos habían muerto, pero empezaron a aparecer documentos que se llaman pseudo-epigráficos, es decir, con la firma de alguien, pero ¿Quién podía asegurar si lo había hecho esa persona o no? Sí sabemos que lo que se enseñó, era contrario a lo que habían enseñado los apóstoles, así es que entonces sabemos que eran apócrifos.

¿Y qué hace la iglesia, entonces, para poder sobrevivir ante este ataque? Y no era Roma. Escucha: ¡Roma nunca fue un problema! Grecia fue el problema. Estas herejías pusieron una amenaza tan fuerte a la iglesia, que Irineo, un padre apostólico, propuso el concepto de que las verdaderas iglesias deberían conectar sus líderes hasta los primeros apóstoles. Su lógica era muy buena; empezaron a aparecer congregaciones en todas partes. Noten ustedes que ellos no tenían un templo. Los cristianos se reunían en las casas. Entonces ¿Qué pasó? Pasó que los cristianos gnósticos griegos, se reunían también en las casas. Y la gente que no sabía iba allí y recibía a Cristo, a la Gnosis. ¡Te vamos a iluminar!, les decían. Jesús dijo: Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Pero se estaba refiriendo a Él mismo, que es el Camino, la Verdad y la Vida. Pero no el conocimiento por el conocimiento mismo. Intelectual, mental. Es el conocimiento espiritual de la verdad lo que te hace libre, no la verdad en sí misma. Pero esta gente en realidad no era ni siquiera salva, era todo una mezcla muy rara.

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Apenas es un Año

Tengo plena certeza que los creyentes maduros y sólidos que nos acompañan en este sitio, (Los inmaduros y tibios seguramente no nos soportan), saben perfectamente igual que yo que un cambio de año, en la esfera espiritual, no significa absolutamente nada, ya que nuestra contabilidad del tiempo se realiza en base a rudimentos puestos en vigencia y aceptados por todos por un papado romano.

Para nuestro Dios de eternidad, el tiempo no existe. No que es distinto o se contabiliza de otro modo. NO EXISTE. Cuando decimos que Dios Fue, Es y Será siempre el mismo, es algo que decimos desde nuestra posición y para recepción de nosotros mismos. Para el ámbito de eternidad en el cual Él habita, no existen ni el pasado ni el futuro. Dios ES. ¿Lo puedes entender? No, porque tu mente no es eterna. La eternidad habita en ti solamente en tu espíritu, ese que te fue soplado en tu nariz cuando tus padres te engendraron.

¿Por qué digo todo esto? Porque en muchas congregaciones, hoy, hay gran celebración. Con toda la música y el color que tienen las festividades humanas en el mundo. Pero en otras, es como si fuera un día más, un día cualquiera, porque sostienen que no hay nada para celebrar y que los cristianos no pueden participar de estas cosas llenas de perversiones, promiscuidades, excesos e idolatrías. De acuerdo, razón no les falta, pero omiten un detalle que no es menor. Los cristianos también tienen familiares que aman con todo su corazón, que todavía no están en el camino, y el que suponga que no juntándose con ellos les darán un buen testimonio, se equivocan.

Ya te lo sugerí para la Navidad. Amar al mundo al punto de dar su único hijo por él, es lo que expresa Juan 3:16 de nuestro Padre. Y eso no significa imitarlos en sus calamidades, que las tienen y por toneladas. Amar al mundo, en este fin de año y recepción del nuevo, es estar a su lado y mostrarles, con tu comportamiento sano y gozoso, como es vivir en Cristo. Tal vez mañana, cuando el 2023 ya esté reinando en toda la humanidad, esos mismos no creyentes con los que compartiste, tengan un shock interior que los lleve a los pies del Señor.

¿Me acompañas a declarar eso proféticamente en el nombre de Jesús, activarlo para que se cumpla a partir de este mismo instante, y confiar en que así ser para la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo? ¿Sí? Entonces puedo decirte con toda tranquilidad, sin temor a que me confundas con un mundano, que tengas una hermosa despedida de año viejo y una mejor recepción para el nuevo. Que 2023 sea el año en que Cristo sea definitivamente manifestado en tu vida y en la de todos los que amas.

Gracias por estar allí y ser compañía, respaldo y unción de ida vuelta a distancia, para el cumplimiento eficiente y de bendición de este ministerio.

Néstor

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EGOCENTRISMO RELIGIOSO

Leyendo trabajos de otros hombres y mujeres de Dios, me encontré con esto que escribió A.W.Tozer. Te lo comparto justamente en este día de Navidad, porque estimo que es el momento exacto para que analicemos qué clase de amor experimentamos y por quienes. Dios ES amor y nosotros imagen y semejanza suya, aunque a veces eso parece sólo una utopía o, en el peor de los casos, simples bravuconadas de hipocresía religiosa.

 

«El filósofo del siglo IXX, Soren Kierkegaard, dijo con mucha sapiencia que no hay nada en las Sagradas Escrituras en cuanto amar al hombre en cantidades masivas, sólo sobre amar al prójimo como a nosotros mismos´

Sin embargo, hay entre nosotros mucha evidencia de amor por la humanidad y poca evidencia de amor por el individuo.

La idea de amar a nuestro hermano es algo hermoso, siempre que no exija que lo pongamos en práctica con una persona en particular, porque en tal caso, se convierte en una molestia.

Muchos cristianos aman las misiones extranjeras, pero no pueden animarse a amar a los extranjeros que habitan en su propio país. Oran tiernamente por el hombre de color que vive en África, pero no lo soportan en su propio patio.

Aman a los chinos de Hong Kong y están dispuestos a dar con generosidad para enviar a alguien que los convierta, pero no intentan convertirlos nunca cuando están en una lavandería en la calle principal de su vecindario.

Le llevan una flor a su madre en el día de su cumpleaños, pero les parece demasiado inconveniente acogerla en el hogar de ellos, por lo que la llevan de un lugar a otro hasta que está tan enferma y cansada que al fin la pueden enviar a un hospital, o a un hogar de ancianos para esperar el día final.»

 

Ya lo sé; suena demasiado fuerte y hasta inapropiado para leer en un día que, justamente, contiene una celebración de amor y de familia. Pero créeme que a mí me conmovió y me llevó a reflexionar muy seriamente sobre mis propios comportamientos, así que por esa razón decidí compartirlo para que también aporte algo a los tuyos.

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No es Un asunto de Años

Quiero consignar algo que ya dije, pero que bien vale la pena reiterar. Debemos considerar que el libro de los Hechos no pretende ser un relato preciso y conciso de los sucesos de aquel tiempo. La mitad de Hechos es la vida de Pedro y la otra mitad la vida de Pablo. ¿Y qué de los otros? Entonces, obviamente, Lucas no pretendió jamás escribir un libro de historia de la iglesia. Nunca quiso hacer eso. Sin embargo, ¿Aparecen aquí los ancianos, realmente? No, aparecen un poco más atrás de este libro de los Hechos, en el capítulo 14.

(Hechos 14: 23) = Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído.

Tenemos muy claro que, el título de anciano, que parecería ser otorgado a una persona que cuenta con muchos años de edad, la función y las características para elegir uno, no tenían nada que ver con el calendario. Hay una razón para eso. En el capítulo que menciono, el 14, vemos que se levantan ancianos al año de que la iglesia comenzó. Lógico resulta suponer, entones, que de ninguna manera podía haber gente muy experimentada que pudiera ser considerada anciano. ¿Y cuál es la idea que tiene Pablo de los ancianos? Que son gente que tiene un fundamento más desarrollado y más maduro que los que están liderando. O sea: si tengo gente que todos ellos tienen menos de un año de creyentes, pero me encuentro con uno que tiene dos años en el camino de la fe, él puede ser un muy buen candidato a anciano para este grupo. La palabra anciano, viene del término griego presbútero. De allí deriva luego presbítero. La palabra presbus, más anciano, como sustantivo, anciano; específicamente miembro del sanedrín israelita, (También figurativamente miembro del concilio celestial), o presbítero, que es viejo, antiguo, anciano o mayor.

Entonces, sobre el modelo anterior que teníamos, vemos que aparecen dos nuevas funciones: la de obispo y la de anciano. Me quedo con la sensación que cuando se habla de los obispos, parecería haber mucha similitud con lo que hoy asumimos como el ministerio pastoral. Pero sólo podemos mencionarlo en potencial y en hipótesis, no hay sustento. Obviamente, que hay requisitos para los obispos que también se les aplican a los ancianos. Y todo eso conforma una literatura sumamente amplia y variada. Unos dicen que anciano y obispo es lo mismo, que en realidad lo que cambia es muy poco en cuanto a la función, porque ambos enseñan, ambos pastorean, ambos tienen cierto grado de autoridad frente al rebaño. Otros dicen que no, que son muy diferentes. Otros más sostienen que los ancianos están asociados a una congregación local, mientras que los obispos a varias congregaciones regionales. Pero, lo cierto es que no hay mucha tinta escrita en la Biblia, para aclararnos completamente esto. ¿Será porque a Dios no le interesó hacerlo?

Sí podemos notar, en cambio, que el término presbítero, anciano y obispo, que es supervisor, en el Nuevo Testamento, aparentemente denota el mismo oficio con alguna diferencia. Ya que el primer término, presbítero, se origina en la sinagoga. Y el segundo término, en la comunidad griega. Supervisor. La primera habla de la dignidad del oficio, mientras que la otra habla de la práctica de este ministerio. En esta segunda etapa de la iglesia, sobre la plataforma de ocho funciones que había, se incluyeron dos más: obispos y ancianos. ¿Se entiende que hasta aquí la iglesia está funcionando correctamente? Se cree que sí, que todo hace suponer que está funcionando muy bien. ¿Pero no tuvo ningún problema hasta este momento? En realidad, tuvo uno solo doctrinalmente hablando: no había claridad respecto a cuál era el papel de los gentiles.

¿Eran gente que era de segunda categoría? ¿Era gente que eran iguales que los judíos? Se podría decir que, más que un problema, esa era una confrontación cultural. ¿Y dónde se acomoda? Más o menos en el año 45 hay un concilio en Jerusalén, que es presidido por Santiago, el hermano de Jesús, conocido como Jacobo, se acuerda que sí, que los gentiles tienen los mismos derechos que los judíos, y que el Espíritu Santo se estaba derramando tanto sobre judíos como sobre no judíos. Y el tema se cerró. Ahí es donde termina la segunda etapa.

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Exponiendo Más Teorías

Entonces, resulta ser que, a lo largo de toda esta historia de ministros y ministerios que venimos examinando, nos encontramos con que no se puede cortar como quien rebana un fiambre o un queso, dándole a cada rodaja un nombre. Porque la voluntad de Dios se expresó, cierto es, de diferentes maneras en diferentes tiempos, pero eso no acredita que su administración terminó para pasar a otra etapa. La Gracia, la salvación, vino con Cristo, pero van a darse cuenta ustedes que Abraham, literalmente vivió la Gracia. Vivió la fe. Entonces, es fácil decir que, considerando esa teología, que los apóstoles terminaron, que terminaron cuando el apóstol Juan murió. Punto, se acabó y ya no hay más apóstoles.

Yo me pregunto y te pregunto ¿Qué crees que sucede, si los apóstoles que representan la autoridad territorial, desaparecen? ¿Qué pasa con ese territorio? Aquí es donde aparecen una serie de consecuencias, fruto de ese pensamiento teológico, que no necesariamente era un pensamiento tradicional o antiguo. Lo que estoy mostrándote con documentación suficiente, es que la iglesia no creyó eso en toda su historia, ya que eso apareció mucho más tarde. Y eso fue lo que también preparó el terreno y llevó al pensamiento del rapto. Porque el tema del rapto aparece muy pegado a todo el pensamiento dispensacionalista. La teoría del rapto aparece a finales del siglo 19, y se fortalece en los primeros veinte años del siglo 20.

No hay ningún testimonio genuino que nos diga que, hasta allí, esa haya sido alguna teoría o forma de fe en aquella iglesia. De hecho, es más que lógico que cuando no existen apóstoles, lo que uno desea fervientemente es salir lo antes posible de este lugar ingobernable a inhabitable. Porque no hay ninguna posibilidad de orden. Vemos entonces a Pablo hablando con toda claridad del título Ministerio. Luego la iglesia se expandió, hubo una tremenda expansión, sin dudas. También se cumplió lo que el Señor dijo, los discípulos fueron fieles. Todos hicieron lo que se les ordenó en los lugares en que se les ordenó. Incluido Pablo, que, si bien no había recibido esa instrucción de manera tan directa como sus antecesores, igualmente cumple con esa comisión como si hubiera estado allí cuando Jesús los envió.

Veamos ahora Hechos 20. En ese capítulo de este libro, tenemos a Pablo en un viaje tremendo hacia Jerusalén y de Jerusalén hacia Roma, ¿Recuerdas eso? Y él está allí por última vez. Ya apareció Agabo, ya apareció la palabra de que lo van a arrestar y todo ese asunto, y él dice algo bien interesante. Fíjate bien en este versículo, porque va a explicar lo que viene a continuación.

(Hechos 20: 28-29) = Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.  Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. 

Es indudable que Pablo veía con absoluta claridad lo que iba a pasar. Y él utiliza aquí una palabra bien particular: obispo. Jesús no comisionó obispos, comisionó apóstoles, profetas, y toda la secuencia que ya vimos en Hechos anteriormente. Pero ahora estamos en Hechos 20, la iglesia ya se expandió. Han pasado más de treinta y cinco años de aquel capítulo 2 de Hechos. Y Pablo dice: Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.  Noten ustedes qué atributo le da Pablo al obispo: apacentar dice en la versión clásica y tradicional Reina Valera, pero en otras versiones directamente dice pastorear. Y, de hecho, todo el relato en estos dos versículos, gira en torno a ovejas y a lobos. Porque él mismo dice que después de su partida vendrán lobos. Así que lo que está haciendo ahora es dejar a gente entendida en ovejas, obispos, gente que sabe apacentar, que es pastorear.

La palabra obispo, en griego es epískopos. Y viene de un prefijo Epi, que significa Sobre, y Skopeo, que es mirar, vigilar. Sobreveedor. Vigilante. ¿Qué es un epískopo? Es un sobreveedor, un vigilante. Aparece un nuevo título y aparece una nueva función. Por las características que Pablo muestra en este nuevo título, parecería ser que estuviera hablando de pastores. Parecería. ¿Y por qué no usó simplemente la palabra pastor? No lo sabemos, aunque podríamos suponer que como todo era una metáfora, de ninguna manera se lo debía tomar como un título. Porque esto iba a generar muchísimos problemas. Ahora bien; el sentido del obispo, que es lo que verdaderamente me interesa que se entienda, simplemente revisando lo que la palabra significa, es un vigilante. Es un sobreveedor. ¿Tú crees que un apóstol tiene más autoridad que un obispo? Absolutamente. Allí aparecen los obispos. Los tomó el Catolicismo Romano, pero lo dejó a un lado la iglesia evangélica. ¿Conclusión? Se preocuparon tanto de los títulos a los que se podía acceder y los beneficios que ellos le proporcionarían, que se olvidaron de lo más importante: de ejercer la función y después pensar en un nombre.

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