Es notorio que cuando comenzó el declive de la iglesia en cuanto al poderío de sus áreas, las tinieblas no llevaron adelante un ataque global o masivo en contra de la iglesia conjunta, sino que fueron minando de a uno y paulatinamente ministerio por ministerio. Aprende esto: el ataque del diablo, siempre es por suplantación. No es por eliminación. O sea: si tú te dieras cuenta de que algo ya no está contigo, lo buscarías. Alguien dio un ejemplo muy gráfico. Dijo que si tú un día pierdes tu billetera y sospechas que el diablo te la robó, de inmediato saldrás a buscarla y doble contra sencillo que la encontrarás y se la arrebatarás al diablo. Y serás más que vencedor. Pero, ¿Qué pasa si en lugar de robarte la billetera completa, el diablo te roba solamente uno de los billetes que tenías en ella?
Pasa que no pasa nada sencillamente porque tú todavía piensas que en tu billetera tienes lo que tenías. Claro, pero eso es porque tú no has verificado el contenido de tu billetera, porque si lo hicieras, descubrirías que te falta un jugoso y respetable billete. La diferencia, entonces, radica en que todavía no te diste cuenta, que estás convencido que tienes lo que en realidad ya no tienes. Eso es, a grandes rasgos y con un ejemplo un tanto rústico, una suplantación. El diablo roba, mantiene la forma como tal. Pero, saca algo y luego introduce una imitación sin valor, que va a posibilitar que la persona siga pensando que tiene lo que tenía y que en verdad ya no tiene.
Entonces, si alguien hubiera dicho en el siglo segundo, que ya no iban a haber más apóstoles, yo creo que ahí mismo se levantaba en armas espirituales potentes la iglesia entera. Pero, resulta ser que no hubo eso, sino que sencillamente lo que hubo, fue una suplantación. Apareció una función, la función empezó a crecer y, automáticamente, declinó la otra. Y, al pasar el tiempo, resulta que habíamos perdido el diseño de los apóstoles. Remedando aquella antigua y humorística película titulada “¿Y dónde está el Piloto?”, nosotros ahora estaríamos poniendo en cartelera su imitación eclesiástica: “¿Y dónde están los Apóstoles?”
Entonces, la recuperación y el trabajo del ministerio quíntuple, todavía tiene que obedecer ese diseño en el que todos nosotros vamos interactuando como equipo. La palabra clave, aquí, es Equipo en este tema. Hay algo que, pese a ser dicho, enseñado, predicado y hasta publicitado centenares de veces, todavía no parece haber sido asumido por la mayoría de las congregaciones y/o denominaciones: ningún ministerio tiene capacidad para realizar solo la tarea. Es de los cinco, más ayudas emergentes, o no es nada. Por esa razón, cuando alguien te pregunta cuántos o cuáles ministerios necesita en su iglesia, tu respuesta tendrá que ser: Todos. ¿Todos? Sí, todos, aunque el primero inevitablemente tendrá que ser el Profeta. ¿Por qué? Porque el ministerio profético es el único capaz de romper con la oposición a todo lo nuevo. Para que una comunidad se afirme en determinado lugar, ellos tienen que establecer algunos patrones de convivencia, de permanencia. Bien; el que rompe con todo eso, es el ministerio profético. Siempre, él viene primero.
Díos les bendiga, mis amados.
Siempre que leo este tipo de reflexiones, siento muchas cosas. Pero si de algo estoy seguro es que, Don Néstor tiene toda la razón. Este debería ser el diseño imperante dentro de nuestras congregaciones. Pero si miro desde las esferas celestiales, tengo que ser sincero, y decir que todo lo que veo es un convenio de manipulación. Y no voy a decir que El Espíritu Santo, no se mueva en esos lugares por su misericordia, sino todo lo contrario. Ahora lo que yo no puedo comprender es cómo El Espíritu Santo, no confronta lo que está mal, y rompe para establecer la realidad de una vida abundante, fuera de algo más que cierto estatus quo de bendición material que se exhibe como el cumplimiento de su promesa. Y no quiero que piensen que estoy en contra de que nuestro Padre, prospere financieramente a sus hijos, pero que esa no sea la única evidencia plarplable de Su Realidad.
Yo anhelo vivir la Realidad del Reino en la faz del Evangelio, dónde la Manifestación del Corazón del Padre sea tan visible, a través del Espíritu Santo que toda boca se cierre, y reconozca que somos hijos de Dios. Porque le representamos a Él en la dimensión de la Luz, que contrasta con las tinieblas, y manifiesta la vida de Cristo en nosotros. Anhelo ver el cumplimiento de aquello que se está formando en el mundo espiritual. Pero no desde la banca, sino desde el campo de batalla. Adorandolo a Él.
Díos les bendiga, desde RD pa’l mundo.