Un viejo hombre de Dios le preguntó un dÃa a un estudiante de un seminario bÃblico qué era lo que le pasaba que no lo veÃa bien. «Estoy un poco deprimido», fue la respuesta. ¿Deprimido? ¿UN cristiano deprimido? Escúchame: ¿Te colocaste completa la armadura de Dios?», le preguntó el hombre. «Ah…-dijo el muchacho-, ¿Usted se refiere a esa hermosa metáfora paulina del capÃtulo 6 de la carta de Pablo a los Efesios? Sà señor; me aprendà cada uno de sus verbos, sustantivos y participios. Hasta hice una exégesis completa de ese libro en griego»…
El hombre lo miró con enorme misericordia y le dijo: «Escúchame, yo no te estoy preguntando si conoces acerca de la armadura de Dios; lo que te estoy preguntando es si te la colocas todos los dÃas». «¿La verdad?, no, -dijo el muchacho-,…no lo hago. Y le digo más: no tengo ni la menor idea de cómo deberÃa hacerlo». «Bueno, está bien, -sonrió el hombre-, es hora de que lo aprendas porque ese es el motivo por el cual andas deprimido… ¡Y directamente es pecado que un cristiano se deprima!» Vamos a ver con detenimiento el pasaje de la carta a los Efesios, capÃtulo 6, versos 10 al 18:
Fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza, dice el primer párrafo. Resulta obvio: cualquier creyente que se prepara para un conflicto necesita contar con el poder de Dios. Aunque tenga toda esa armadura colocada, si no tiene el poder, no va a pasar al frente. Ahora bien: primera consulta: ¿Cómo obtenemos ese poder? Pues a través de la comunión con el Señor, y en respuesta a la oración.
VestÃos de toda la armadura de Dios. Como obediente soldado, el cristiano debe ponerse la armadura que se le provee, sin restarle valor a ninguno de sus elementos, sin olvidar ninguno, porque: ¿Cómo puede saber qué punto indefenso podrá atacar el enemigo?
Para que podáis estar firmes. Pablo explica que el soldado se coloca toda la armadura para poder resistir. Yo quiero recordarte, aquÃ, que el término resistir en idioma bélico, no es aguantar, quedarse quieto recibiendo todo lo que te tiren, soportar, resignarse. Resistir en términos guerreros, es combatir hasta las últimas consecuencias.
Contra las asechanzas del diablo. Acá está bien claro contra qué debe resistir el soldado: contra los engaños, las estratagemas, las triquiñuelas, las trampas, las sutilezas y las mentiras bien armadas que elabora el diablo y sus secuaces.
Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Esto te dice que no estamos luchando contra adversarios fÃsicos visibles, sino contra principados, contra las fuerzas organizadas de los poderes malignos. Luchamos contra huestes espirituales de maldad en todas las esferas y relaciones, y en la atmósfera que nos rodea.
Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el dÃa malo. Aquà está el criterio bien claro y explÃcito: no debemos confiar únicamente en precauciones y defensas humanas, sino que debemos tomar toda la armadura de Dios para que podamos resistir en el dÃa de la tentación, ese tiempo especial o esa circunstancia espiritual o moral de prueba que puede aparecer en cualquier momento, y para la cual es siempre necesario estar preparado.
Y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes. Cuando se termina todo, cuando todo parece que está bajo control y la confianza humana comienza a ganarnos y hacernos confiar, ahà es donde recibimos esta advertencia. Cuidado, estén firmes, miren que no caigan, cuÃdense.
Ceñidos vuestros lomos con la verdad. Los lomos son esa parte del cuerpo que está entre las costillas y la cadera. El aparato digestivo, los órganos reproductores y los intestinos (que eliminan los residuos), están contenidos en este sector. La faja de cuero o prenda de protección que cubrÃa los lomos del soldado romano era la parte primera y más necesaria de su armadura. No sólo servÃa para conservar la armadura en su lugar, sino para sostener la espada. Pablo enseña que nuestros lomos deben ser cubiertos con la verdad, la verdad interior, la autenticidad, y la determinación de propósito. El salmista dijo, en el Salmo 51:6: He aquÃ, tu amas la verdad en lo Ãntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabidurÃa.
Como creyente, tú tienes que estar saturado de la verdad de Dios; tienes que ser una persona de total integridad y rectitud moral. Tienes que saber quién es Dios y quién es Dios en ti. Tú te cubres tus lomos con la verdad, reafirmando la verdad respecto de ti mismo y respecto de Dios, y luego actuando según esa verdad, en lugar de actuar según tus emociones.
Y vestidos con la coraza de justicia. La coraza era una parte de la armadura que se usaba sobre el pecho. Los órganos vitales quedaban protegidos por la coraza: el esófago (lugar por donde pasa la comida al estómago), la faringe, el corazón y los pulmones.
¿Qué es la coraza de justicia en el creyente? Es la justificación de Dios por medio de la fe. Es la justificación por la sangre de la cruz. Esta justificación es el resultado de la renovación del corazón por medio del EspÃritu Santo.
La coraza era una parte sumamente importante de la armadura defensiva del soldado. El nuevo hombre justificado que está en el creyente, resiste, se defiende, y se niega a fomentar sugerencias malignas. La coraza de justicia cuida con diligencia el corazón del creyente, porque del corazón nacen las decisiones de la vida.
Y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. En la lucha cuerpo a cuerpo, la habilidad para estar de pie, para dar un paso al costado, para caminar y para correr, eran absolutamente esenciales. Puesto que la lucha del soldado romano era mayormente cuerpo a cuerpo, era de extrema importancia un calzado firme. Sus sandalias eran no sólo ajustadas con firmeza a sus pies y tobillos, sino que las suelas se tachonaban con clavos de cabeza grande, para impedir que el soldado resbalara.
Como participantes de una guerra, (una guerra espiritual), debemos calzarnos con la preparación (o sea: la disposición, la capacitación, la estabilidad que da el estar bien parado) que encontramos en el evangelio de la paz. Al caminar diariamente en la voluntad revelada de Dios y ordenar nuestra conducta y nuestra conversación de acuerdo con su Palabra, experimentamos un sentido de unidad con Dios y una seguridad de contar con la ayuda de Dios ante cualquier problema. Como creyentes, tenemos que caminar en la voluntad de Dios y dejar «huellas de paz» donde quiera que andemos.
Sobre todo, tomad el escudo de la fe. El escudo era una parte de la armadura que se cargaba sobre el brazo o en la mano, para protegerse y cubrir el cuerpo en su totalidad durante la batalla. Sin embargo, las palabras «sobre todo» en este versÃculo no significan que el escudo de la fe fuese la parte más importante del equipo del soldado; era simplemente una parte de su armamento, que podÃa ser levantada y colocada sobre todas las partes del cuerpo, según se lo necesitara.
Como creyentes en Cristo, la fe nos presta el mismo servicio que el escudo al soldado, pero ¿cómo procuramos la fe? Efesios 2:8 dice que la fe es un don. Romanos 10:17 dice: Asà que la fe es por el oÃr, y el oÃr, por la Palabra (rema) de Dios. Gálatas 5:22 dice que la fe es un fruto del EspÃritu Santo. Gálatas 2:20 dice que vivimos por la fe en el Hijo de Dios, que nos amó y se entregó por nosotros. Esa fe es el escudo del creyente.
Con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. El maligno no se refiere a una fuerza impersonal, sino a Satanás y a los enemigos malignos descriptos en el versÃculo 12.
El enorme escudo de los antiguos soldados se hacÃa de madera (para que fueran livianos), y cubiertos de cuero. Los cueros se empapaban en agua, para apagar las flechas encendidas, que eran los proyectiles más peligrosos del enemigo, disparados para destruir y para herir mortalmente. Pablo asegura que el escudo de la fe previene contra los más peligrosos ataques de Satanás.
El creyente toma el escudo de la fe y declara: «Estoy confiado en ti, Señor, para que me protejas. Puesto que estoy refugiado en ti, nada puede tocarme hoy si tú no lo permites.
Y tomad el yelmo de la salvación. El yelmo, que era la parte más costosa de la armadura, se usaba para proteger la cabeza. El yelmo de la salvación protege la mente y el pensamiento del creyente.
La palabra «tomar» en este versÃculo, significa literalmente «recibir», tomar en las manos el yelmo de la salvación que es don de Dios. Por lo tanto, el creyente debe pedir y recibir activamente la mente de Cristo y la paz de Dios, para proteger y montar guardia sobre sus pensamientos.
Y la espada del EspÃritu, que es la Palabra de Dios. La espada era un arma ofensiva con una hoja de filo adosada a una empuñadura. Se usaba para herir o matar, y era sÃmbolo de poder o autoridad, especialmente para juzgar y dictar sentencia.
El poder y la autoridad del cristiano lo constituye la Palabra de Dios. Al hablar de la espada del EspÃritu o de la Palabra de Dios, la referencia aquà no apunta al Logos o a la Biblia entera como tal, sino al rema, la escritura particular, la afirmación, mandamiento o instrucción que el EspÃritu dirige a nuestro espÃritu o nos trae a la memoria en momentos de necesidad. Para que podamos manejar la espada del EspÃritu con eficacia, debemos llenar nuestra mente de las Escrituras.
En el idioma griego se señala que el creyente debe recibir esta palabra especÃfica de parte de Dios para una situación concreta. La revelación especial puede ser usada entonces como una afilada espada contra el enemigo y sus ataques.
Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el EspÃritu. La última y poderosa pieza de la armadura de Dios es la oración en el EspÃritu. Esto significa orar en y con el espÃritu en su lenguaje personal de oración, inspirado por el EspÃritu Santo.
Al no orar con la mente sino con el espÃritu, es posible obedecer el mandamiento de Pablo de «orar siempre». La única manera en que se puede orar siempre, o sin cesar, es orando con el EspÃritu. Porque la mente tiene limitaciones; nos obstaculiza para orar como debiéramos. Pero el espÃritu, redimido por la sangre de Jesús, y lleno del EspÃritu Santo de Dios, no tiene limitaciones. Al orar, el EspÃritu viene en tu ayuda. Une sus fuertes ruegos a los tuyos, e intercede ante Dios por ti y por el bienestar de otros creyentes. Cuando el EspÃritu Santo te capacita a orar de acuerdo con la perfecta voluntad de Dios, tus súplicas llegan a la presencia de Dios.
Piensa en lo siguiente: tu espÃritu tiene acceso directo a tus cuerdas vocales, lo mismo que tu mente. Por lo tanto, tú puedes hacer voluntariamente una oración nacida en tu espÃritu. Si tienes don de lenguas puedes hacerlo usando este don, ya que, -dice la Biblia-, el que ora en lenguas, a sà mismo se edifica. Esto, que a veces es dejado de lado porque parece muy egoÃsta, tiene absoluta validez cuando se trata de una comunicación a solas con el Señor. Cuando tu oración pasa de lado tu mente y hasta tu lengua, la respuesta de Dios suele ser registrada por tu mente y, entonces sÃ, quedas capacitado para orar con entendimiento, tal como se señala en 1 Corintios 14:13-15.
Ahora bien: ¿Cómo se supone que se tiene que colocar la armadura de Dios? En oración, no hay otro modo. A riesgo de que lo calques como con carbónico y lo transformes en una especie de letanÃa tipo rezo, la colocación de la armadura de Dios que muestra Efesios 6 se hace efectiva en una oración más o menos asÃ:
«En el nombre de Jesús, ahora me coloco toda tu armadura, Dios mÃo; en Cristo Jesús, calzo mis pies con el apresto del evangelio de la paz; en Cristo Jesús me coloco la coraza de justicia; en Cristo Jesús pongo en mi cabeza el yelmo de la salvación; en Cristo Jesús ajusto todo con el cinturón de la verdad; en Cristo Jesús tomo el escudo de la fe y en Cristo Jesús empuño la espada del EspÃritu que es la Palabra.
¿Ya está? Una parte mayoritaria, sÃ: Lo que para nosotros parece nada más que palabras, para los demonios son realidades. Conozco un testimonio de alguien que en plena crisis ante una persona agresiva y violenta por influencia satánica, dijo en voz alta: Tomo tu escudo ahora Señor… Naturalmente ni él ni nadie vio absolutamente nada más que un calmarse por parte del hombre agresivo, pero nada sobrenatural ni fuera de lo común. Ese hombre, un dÃa se entregó a Cristo y cuando lo hicieron recordar de ese incidente, él juró a quienes quisieran oÃrlo que él VIO con sus propios ojos el escudo que cubrÃa a quien lo habÃa colocado y que impidió, dijo, que pudiera atacarlo. Funciona.
Sin embargo, hay un punto que todavÃa, pese a la armadura colocada, parecerÃa vulnerable. La oración que yo aprendà termina diciendo: …Y te doy gracias Señor porque tu gloria protege mis espaldas. Yo la aprendà asà y la repetà muchÃsimo tiempo. No siempre funcionó. ¿Sabe por qué? Porque nunca, hasta ahora, me habÃa preocupado por escudriñar debidamente cuáles son los requisitos que pone Dios para que su gloria proteja, realmente, nuestras espaldas.
(IsaÃas 58: 1)= Clama a voz en cuello, no te detengas; (No es cuestión de hacer una rutina de orar a los gritos, pero aquà te dice que si tiene que clamar, lo haga a voz en cuello, o sea a los gritos y sin detenerse. Aunque eso pueda producir cierto escándalo en la clase religiosa de nuestro tiempo)
…alza tu voz como trompeta, (como profeta), y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado. (Creo que está lo bastante claro como para no confundirse. El mensaje de Dios es: Nº 1: anunciarle a la iglesia que está en rebelión. Nº2: Cuando les vuelvan los colores a sus rostros, agregarles que también están en pecado. Una pinturita el ministerio, no? Como para ser declarados «mister simpatÃa», no te parece?
(2) Que me buscan cada dÃa, y quieren saber mis caminos, como gente que hubiese hecho justicia, y que no hubiese dejado la ley de su Dios; me piden justos juicios, y quieren acercarse a Dios.
Cualquiera se da cuenta lo que Dios dice aquÃ. Parafraseando, «me buscan, hacen cosas, quieren revelación; todo como si fueran buenÃsimos y obedientes; como si cumplieran todos mis mandatos. Tienen, encima, la pretensión de pedirme juicios justos, como si ellos estuvieran al margen de un juicio justo.
(3) ¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido? (Vamos por partes, ¿Tú supones que si un pueblo hace todas estas cosas con sinceridad y rectitud de corazón, Dios los va a ignorar? Salta a la vista que todo esto era un cúmulo de ritos, tradiciones y costumbres que, en la dimensión cielo, no tenÃa ni registro ni entidad. Dios mismo lo dice en el final de este verso:) …He aquà que en el dÃa de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y oprimÃs a todos vuestros trabajadores. (¿Tú quieres un agregado social para incluirlo a lo netamente espiritual? Aquà lo tienes: No es agradable a Dios el hombre que oprime a los trabajadores. Deja al marxismo, el nazismo, el centrismo, el liberalismo, el peronismo y el radicalismo de lado. Que los hombres sigan adjudicándose a sà mismos, si se atreven, cosas que pertenecen al pensamiento de Dios: el obrero oprimido, es causa de juicio para quien o quienes lo opriman.
(4) He aquà que para contiendas y debates ayunáis y para herir con el puño inicuamente; (Esto es real: hay gente que ha proclamado ayuno para que Dios saque de un cargo o una posición eclesiástica a alguien. Ese es ayuno de hechicerÃa y por lo tanto, diabólico) no ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oÃda en lo alto. (Dios está enojado con la interpretación que el pueblo le da al ayuno. Y lo se lo hace saber:)
(5) ¿Es tal el ayuno que yo escogÃ, que de dÃa aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y dÃa agradable a Jehová?
(6) ¿No es más bien el ayuno que yo escogÃ, desatar las ligaduras de impiedad, (¿Nunca oÃste hablar de gente atada, ligada en sus almas a padres, madres, hermanos, novios, o gente que hoy ya no está y que les causa profundos problemas de relación con el Señor? Bueno: aquà tienes una pequeña muestra de una manera de desatar esas ligaduras) …soltar las cargas de opresión, (Me imagino que sà oÃste hablar de gente con cargas, no?) y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? (Hasta aquà lo que te pierdes. Ahora va lo que tienes que hacer):
(7) ¿No es que partas tu pan con el hambriento, (No se trata solamente de generosidad social, que debe practicarse y es buena, sino del pan como alimento espiritual, como la proclamación del mensaje que a usted le ha rescatado de la perdición?) …Y a los pobres errantes albergues en casa; (No se trata de convertir su casa en hotel alojamiento de cuanto vagabundo pase o erigir una versión Light de un moderno crotario, obras que nadie discute y que están muy bien. Se trata de rescatar todos aquellos que espiritualmente andan perdidos por la vida, deambulando entre el espiritismo, la hechicerÃa, el curanderismo, la brujerÃa, el control mental, el yoga y cualquier otra clase de «serias facetas de la medicina alternativa» y traerlo a casa. Casa, en la Biblia, siempre es iglesia.) …que cuando veas al desnudo, lo cubras, (no se trata de ropa, obviamente, se trata del que por ignorancia, anda por la vida sin ningún tipo de cobertura) y no te escondas de tu hermano? (Es tristÃsimo, pero no deja de ser verdad: hay gente que por no incomodarse, se esconde de la vista del hermano en necesidad. Pueblo de Dios…
(8) Entonces (Cuando definitivamente abandonemos todas esas malas y falsas prácticas y comencemos a hacer lo que Dios desea realmente que hagamos, que va mucho más allá de las obras naturales o sociales, aunque las incluya) entonces nacerá tu luz como el alba, (Esto quiere decir no de improviso, no de golpe, paulatina y progresivamente, como en un amanecer los rayos del sol van corriendo los últimos vestigios de tinieblas) y tu salvación se dejará ver pronto, (¿Quién no quisiera ver con sus ojos esta clase de salvación y poder glorificar a Dios por esa visión?) e irá tu justicia delante de ti, (porque esa es tu parte, tu responsabilidad) y la gloria de Jehová será tu retaguardia…
Es indudable que uno de los puntos más sobresalientes de todo esto, -si no el más sobresaliente-, es la oración. La palabra, en el mismo contexto inicial, dice que debemos velar en ello, (la oración) con toda perseverancia y súplica por todos los santos. De allà que vemos con claridad que este pasaje de Efesios 6 no fue escrito simplemente como una bella metáfora. Fue escrito para que lo obedezcamos y lo apliquemos todos los dÃas de nuestra vida.
Pero cómo puede un creyente colocarse una armadura que él o ella no puede ver, tocar o percibir? Por fe, haciéndonos una representación visual de cada una de sus partes. Nos ponemos la armadura al creer y confesar las promesas de Dios. Cada dÃa, el creyente debiera orar Efesios 6:14-17 y por fe colocarse la armadura completa de Dios parte por parte. Tómese un minuto para aprender como colocarse la armadura de luz, el Señor Jesucristo.
Los lomos ceñidos con la verdad. JESUS ES MI VERDAD. Yo soy el camino, la verdad, y la vida, (Juan 14:6); En lo secreto me has hecho comprender sabidurÃa, (Salmo 51:6) He aquÃ, en perfecto orden, la armadura en sà misma, una declaración de fe y una promesa de Dios a través de su palabra escrita. Sigue:
La coraza de justicia. JESÚS, TÚ ERES MI JUSTICIA. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hecho justicia de Dios en él (2 Corintios 5:21). Y vosotros estáis completos en él (Colosenses 2:10)
Preparación del evangelio de la paz. JESÚS, TÚ ERES MI PREPARACIÓN. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece (Filipenses 4:13)
El escudo de la fe. JESÚS, TÚ ERES MI FE. Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mÃ; y lo que ahora vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sà mismo por mÃ. (Gálatas 2:20) La fe es por el oÃr, y el oÃr por la palabra (rema) de Dios, (Romanos 10:17)
El yelmo de la salvación. JESÚS, TÚ ERES MI SALVACIÓN. Y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen (Hebreos 5:9) Jehová Señor, potente salvador mÃo, tú pusiste a cubierto mi cabeza en el dÃa de batalla. (Salmo 140:7)
La espada del EspÃritu que es la palabra (rema) de Dios. JESÚS, TÚ ERES MI PALABRA VIVIENTE. …él os bautizará en EspÃritu Santo y fuego (Mateo 3:11) Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del EspÃritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.
¿Qué pasa contigo? Seguramente no se te ocurrirÃa ir a trabajar o a la iglesia sin estar correctamente vestido, pero: ¿Caminas dÃa a dÃa con tu vestimenta espiritual? Si no lo haces, el diablo te ve andar espiritualmente desnudo, y se rÃe porque sabe que estás indefenso ante sus ataques.
Aprende a colocarte la armadura completa de Dios, y házlo todos los dÃas. Niégate a dejar que Satanás obstaculice o impida los propósitos de Dios para tu vida! Ora construyendo un cerco de protección alrededor de ti mismo y de tus seres queridos. Eso es lo que vamos a poner en marcha a partir de ahora mismo, si es que realmente deseamos no padecer bajo las influencias «climáticas» del mundo espiritual, invisible, pero más que real, intangible, pero efectivamente cierto. Sobrenatural, pero munidos de un poder que viene del Cielo, que es totalmente gratuito y por gracia, y que además tiene total y absoluta victoria sobre otro poder sobrenatural, infinitamente menor sustentado por Satanás; ese poder por el que muchos cristianos, hoy dÃa, en su peligrosÃsima ignorancia, hasta pagan entrada en teatros para ver, oÃr y, -obviamente-, compartir.
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