El Centro del Creyente

El Señor ha venido enseñando que el libro del Apocalipsis es un desdoble de eventos en algún orden cronológico. Estos eventos han tomado lugar y están destinados a tomar lugar en el mundo, la Iglesia mundana y en la verdadera Iglesia, La Novia de Cristo, desde que el libro fue escrito al final del primer siglo.

Las primeras líneas dicen, “La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a Sus siervos– las cosas que conviene que sean hechas presto; y envió, y las indicó por señales por su ángel a Juan su siervo.” Lo dice así en Apocalipsis 1:1,

Apocalipsis es un libro lleno de símbolos que fue escrito a nosotros quienes seguiremos al Cordero donde quiera que Él vaya. Está lleno de advertencias y ejemplos para aquellos que serán Sus ovejas para que podamos vencer, pero su mensaje debe ser espiritualmente discernido.

Antes que vayamos más lejos con esta discusión debemos responder las preguntas que una gran mayoría se hace y nos hace., ¿Cuándo son los “últimos días?” y “¿Cuándo comienzan estos últimos días?”. Muchos maestros quieren creer que todo está en el futuro o que ha sucedido ya en el pasado, pero nunca en el presente.

El Libro de Hebreos dice, “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a  los padres por los profetas, en estos postreros tiempos nos ha hablado por el Hijo, al cual constituyó por heredero de todo, por el cual así mismo hizo los siglos.” (Hebreos 1:1-2,)

Los hombres religiosos esperan que un templo sea construido en Jerusalén para que así el anticristo pueda ser entronado allí como una señal de los últimos tiempos. Pero Juan dijo que el anticristo estaba ya vivo en su tiempo casi 2000 años atrás. Y dijo algo más que no siempre se tiene en cuenta: que hay muchos anticristos.

¿Es tan complicado abandonar enseñanzas perimidas por frescas revelaciones y aceptar que anticristo es simplemente toda mentalidad que se opone a Cristo) ¿y es tan aventurado, malintencionado o resentido suponer que algunas de esas mentalidades pueden estar hoy ocupando púlpitos?

 “Hijitos, ya es la postrera hora; y como vosotros habéis oído que el   anticristo ha de venir, así también al presente han comenzado a ser muchos anticristos; por lo cual sabemos que es el último tiempo.” (1Juan 2:18)

La triste noticia es que el anticristo esta ya entronizado en los corazones de los hombres, creado para ser el verdadero templo de Dios, y en el corazón de muchos que se consideran a sí mismos cristianos en esta hora presente.

Así que, con estos versículos en mente, vemos que estamos en el “último día” o “la ultima hora” y las “cosas que deben pronto pasar” están ya bien encaminadas. Mientras damos un vistazo a las siete iglesias en los capítulos dos y tres del Apocalipsis, vemos una continua digresión y deterioro  de lo que estaba establecido en el comienzo del primer siglo, fundado en el movimiento del Espíritu Santo entre la iglesia infante.

Para el tiempo en que el Apocalipsis fue escrito, Jesús es visto caminando entre los siete candeleros (en griego la palabra utilizada aquí es  luchnia) y advirtiendo a las siete iglesias que a menos que ellos se arrepientan y vuelvan a la gloria que una vez tuvieron cuando ellos hicieron su morada en El, sus candeleros, el espíritu de la iglesia, sería quitado.

Finalmente la séptima Iglesia es  descrita como teniendo su puerta cerrada contra el Señor y Jesús diciendo, He aquí, que yo estoy parado a la puerta y llamo; si alguno oyere mi voz, y abriere la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. (Apocalipsis 3:20). 

Este no es solo un versículo para ser citado fuera de contexto con el propósito de un llamado. Está aplicado a estos Laodiceanos, la iglesia tibia que vemos hoy. Y cuál es la actitud de aquellos que están a gusto seguros detrás de esa puerta cerrada y cómo responden ellos a Aquel que llama? Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa. Jesús tiene otra evaluación del estado de esta iglesia.

¿Cómo responde Jesús a esta ceguera espiritual dentro de la fortaleza de seguridad y riqueza hecha por el hombre? Al que venciere yo le daré que se siente conmigo en mi trono; así como yo he vencido y me he sentado con Mi Padre en Su trono. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias.  

¿Que venza qué cosa? Que venza su propia justicia complaciente y su actitud autosuficiente que lo excluye a Él. ¿Cómo?  Estimándose a sí mismos ante El cómo en bancarrota absoluta y vacíos de Su Verdad en sus vidas, dispuestos a dejar que Él les muestre que son verdaderos desventurados, miserables, pobres, ciegos, y desnudos detrás de esa puerta cerrada.

Si nos ponemos ante El “desnudos” como Isaías se vio a Si mismo delante del trono de Dios, así y solo así seremos capaces de comprar de Él oro refinado en fuego, para que seamos ricos; y prendas blancas, para que seamos vestidos, para que la vergüenza de nuestra desnudes no sea revelada; y unja nuestros ojos con colirio, para que veamos. Recuerda, Jesús advirtió que aquellos que se creen completos, no tienen necesidad de médico.

Fue a Juan, Isaías y a otros hombres de fe quienes se mantuvieron a sí mismos humillados delante de Él, los que tuvieron ojos para ver y oídos para oír que la invitación era dada, Algo así como ven conmigo, sube hasta aquí. Ellos vivieron pruebas que nosotros, también, podemos sobrellevar si dejáramos el esquema de este mundo atrás. Fue Después de estas cosas, que Juan miró, y he aquí una puerta abierta en el cielo.

La invitación es a salir fuera en este tiempo como lo fue para Juan en los últimos días. Hay una vía que guía a la ciudad de Nuestro Dios, abierta a aquellos que compran de Él y se despojan a sí mismos de todo lo contaminado por este mundo. Estos son aquellos que encuentran una puerta abierta en las moradas celestiales pues están deseando pagar el precio.

Hoy en día aquello que retiene tantas vidas de encontrar aquella puerta es una afinidad en dirección al dios mamón. Sí, es un dios demoníaco. Mamón era el nombre de un dios de prosperidad adorado y a quien se le ofrecían sacrificios en la Babilonia antigua. Aquellos que adoraban ante sus pies buscaban adquirir riqueza y éxito de sus manos. Fue de este dios que Jesús dijo era la antítesis de servir a Su Padre.

Jesús se encontró con un joven gobernante rico en Israel que vino a él muy satisfecho con su habilidad de ser recto en guardar la ley… Él le preguntó a Jesús que debía hacer para ser perfecto. Jesús le dijo que vendiera todo lo que tenía  y lo diera a los pobres, DESPUES le siguiera a Él. A esto la búsqueda del joven hombre por perfección se esfumó como burbuja.

El precio era demasiado alto y él se fue triste. Fue después de esta escena que Jesús alertó a sus discípulos, Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará  al otro, o se allegará al uno y  menospreciará al otro; no podéis servir a Dios y a las riquezas (al dios mamón.

Así que querido santo, ¿Dónde está tu corazón? ¿Buscarías tú primeramente el Reino de Dios y Su justicia, y dejarías que estas otras cosas sean añadidas a ti mientras El ve tu necesidad? ¿O preferirías, como muchos cristianos en sus culturas occidentales, servir al dios mamón?

Tantos son engañados y se preguntan por qué no pueden encontrar esa puerta abierta a los cielos que Juan encontró. Peor aún, hay muchos que están muy a gusto detrás de sus propias puertas de la iglesia, no conociendo siquiera la diferencia. Estos son aquellos de los que Pablo dijo que Teniendo apariencia de piedad, han negado (rechazado) la eficacia de ella.

La hora es tarde. La elección está frente a nosotros. ¿Compraremos de Él vestiduras blancas que cubran nuestra desnudez espiritual? ¿Admitiremos delante de Él que somos verdaderamente ciegos para que podamos ver? ¿Compraremos de Él el único oro que nos puede hacer ricos y abandonaremos el oro que nos mantiene espiritualmente pobres?

¿O seremos como las siete mujeres (Que en realidad son siete iglesias) quienes toman todo de Él y dicen, “Nosotras comeremos de nuestro pan, y nos vestiremos de nuestras ropas; Solamente sea llamado tu nombre sobre nosotras, Quita nuestro oprobio.” (Isaías 4:1)?

Cerca del final del libro de Juan él describe una mujer de Babilonia que fue rica más que cualquier sueño del hombre en sentido mundano, pero a un terrible costo. Ella se ha convertido en ramera y madre de rameras y su candelero ha sido removido. ¿Nos hallaremos allí después de que sea demasiado tarde? A ella Jesús dijo,

Y luz de lámpara (griego lúchnos) no alumbrará; y voz de esposo y de esposa no será más oída en ti; cuyos mercaderes eran príncipes de la tierra: en cuyas hechicerías todos los gentiles han errado. (Apocalipsis 18:23).

Si, en donde no hay candelero, no hay Espíritu. Donde no hay Espíritu, no hay Novio ni Novia, pero hay abundancia de mercaderes y muchos poderosos están ahí.

(1 Corintios 1: 26) = Porque mirad, hermanos, vuestra vocación: que no sois muchos sabios según la carne, no muchos poderosos, no muchos nobles; (27) antes lo que es la locura del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo que es la flaqueza del mundo escogió Dios, para avergonzar lo fuerte;              

Recuerda que este es un asunto del corazón. Nuestro corazón mora donde está nuestro tesoro. No podemos servir a ambos, a Jesús y a mamón. No dejes que el precio de este mundo te engañe. “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias!

¿Y qué cosa es la que el Espíritu dice a las iglesias? Muchas, tal vez; pero una en excelencia y prioridad: Jesucristo. Sí, ya lo sé, te lo han dicho centenares de veces. Te lo han enseñado, predicado y proclamado muchas veces, pero la pregunta, es: ¿Lo conoces?

¿Sabes, por ejemplo, que en Cristo tú eres alguien muy especial, ya que Él te ha aceptado, te ha brindado seguridad y te considera alguien muy importante? Quizás también esto te hayan dicho. Lo que no sé si han hecho alguna vez, es demostrártelo con la Palabra.

¿Quieres acompañarme a conocerte a ti mismo/a y saber quién eres, verdaderamente, en Cristo? Las siguientes treinta y tres sentencias bíblicas serán nuestros testigos y tu garantía. Única garantía. Como si pudieras necesitar de otra…

REPITE EN VOZ ALTA PARA TI MISMO: SOY ACEPTADO EN CRISTO.

(Juan 1: 12) = Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; (13) los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

¿Qué es lo que verdaderamente estamos leyendo aquí? Que el tan proclamado, difundido y hasta promocionado como nueva doctrina del nuevo nacimiento, no ocurre por descendencia física, por alguna calidad o clase de esfuerzo o voluntad humanos, sino pura, única y exclusivamente por el poder de Dios.

Cuando tú conoces esto, (Y por eso Dios se lo hizo escribir allí a Juan) es cuando tú tomas conciencia que eres aceptado en Cristo, entre otras razones, por la simple causa de que en este simple y sencillo acto, eres considerado como: (1) Soy hijo de Dios.

(Juan 15: 13) = Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.

(14) Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.

(15) Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre os las he dado a conocer.

La terminología del siervo-maestro y del hijo-padre describe de una forma vívida la relación íntima que debe existir entre los creyentes, Cristo y el Padre. Pero ninguna tiene un sentido tan profundo como la que utilizó Jesús al llamar a sus discípulos amigos, porque ella encierra identificación y amor.

Es el paso intermedio entre los tres que constituyen el camino del evangelio. Nacemos a la fe siendo siervos. Sólo obedecemos a nuestro Señor conociendo lo justo y necesario sobre su vida. Pasamos a ser amigos, donde conocemos gran parte de nuestro Señor pero no todo. Y concluimos siendo hijos, donde no sólo lo conocemos todo, sino que además heredamos. (2) Soy amigo de Cristo.

(Romanos 5: 1) = Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; (2) por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.

Toda la vida cristiana es el fruto de la gracia de Dios, en la cual estamos firmes: su favor y provisión en Cristo que no merecemos. La gloria de Dios es una manifestación externa de su esencia interior. Al regreso del Señor se revelará esa gloria en toda su plenitud, y los creyentes se regocijan por la perspectiva de contemplarlo tal cual es y compartir su gloria.

Es más que evidente que no tenemos ni una mínima idea de lo que significa la gloria de Dios y las causas por las cuales nosotros, simples hombres imperfectos y muy falibles, podemos acceder a compartirla. La razón también viene de la aceptación de Cristo por nosotros, (3) Hemos sido justificados en Cristo.

(1 Corintios 6: 15) = ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo.

(16) ¿O no sabéis que el que se une con una ramera es un cuerpo con ella? Porque dice: los dos serán una sola carne.

(17) Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él.

Aquí queda más que claro que la relación sexual, (Pues de esto es de lo que se está hablando en concreto y literal), es algo más que una simple experiencia biológica o destinada al mero placer físico. La relación sexual, tal como fue diseñada por Dios, envuelve una comunión vital.

¿Y qué cosa es una comunión vital? Pues eso: una común – unión – vital. Así como Cristo está unido al creyente por la comunión del espíritu, es inconcebible involucrarlo en algo de carácter inmoral. Y no estoy diciendo que la relación sexual en sí misma sea inmoral. Lo que estoy diciendo es que lo es en tanto y en cuanto no se produzca teniendo en cuenta lo que Dios dispuso al respecto.

De todos modos, en esta enseñanza focalizada hacia uno de los factores más proclives a la tentación y al pecado, se desliza una sentencia final que nos lleva a decir con cierta tranquilidad y no poca felicidad que (4) Estamos unidos con el Señor y somos uno con Él en el espíritu.

(1 Corintios 6: 18) = Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; más el que fornica, contra su propio cuerpo peca.

(19) ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?

(20) Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.

Una vez más, en la prosecución de este texto, el tema es la sexualidad. Y se deja en evidencia por parte de Pablo que es un aspecto único y profundo de la personalidad que abarca a todo ser humano. La inmoralidad sexual tiene efectos de largo alcance, gran significación espiritual y complicadas repercusiones sociales.

Tal inmoralidad no es un pecado contra el cuerpo, sino contra el Espíritu Santo que mora en el cuerpo. Como los creyentes hemos sido comprados por la sangre de Cristo, deben honrar debidamente a quien pertenecen. Puedes decir con tranquilidad, entonces, que eres aceptado por Cristo porque (5) Fuiste comprado por precio, perteneces a Dios.

(1 Corintios 12: 27) = Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.

Las lecciones sobre el cuerpo humano son ahora aplicadas en la práctica a los individuos. Ninguno posee todos los dones. Todo intento de establecer un orden de precedencia o jerarquía entre ellos atenta contra la realidad de la diversidad de dones, ministerios y operaciones de la Trinidad, que ilustra cómo opera la variedad y la diversidad en distintos contextos.

Cuando más adelante habla de los que ayudan, se refiere a las formas de servicio y apoyo, una manifestación del Espíritu a veces pasada por alto. Los que administran, por su parte, es otro de los ministerios que menos distinciones y reconocimientos recibe, mientras ofrece calladamente orientaciones y asistencia. De todos modos, sonríe: (6) Eres miembro del cuerpo de Cristo.

(Efesios 1: 1) = Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso; (2) gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

Cuando Pablo llama santos a los cristianos de Éfeso, a los que les está escribiendo esta carta, está describiendo un estado del ser humano, y nunca un simple título religioso en la Biblia. Son llamados así desde siempre, aquellos que han sido hechos santos mediante la salvación.

Según la revelación bíblica, la santidad es: (a) Una cualidad fundamental de Dios y de Su Espíritu; (b) una virtud indispensable de todo verdadero creyente; y (c) un atributo de ciertos lugares, objetos, días, fechas, acciones, etc.

El término hebreo para santo, es kadosh, y significa puro, física, ritual y, especialmente, moral y espiritualmente. En ocasiones se debe traducir “separado”, puesto aparte, consagrado. Ciertos autores presentan con demasiada exclusividad el concepto de separación, pero sí es cierto que la pureza consiste en estar separado de toda contaminación de todo pecado.

Cuando Isaías oyó a los serafines proclamar: ¡Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos!, Isaías clamó: ¡Ay de mí!, que soy muerto, porque siendo hombre de labios inmundos, han visto mis ojos al Rey… Entonces fue su iniquidad quitada y expiado su pecado. Aquí tenemos expresada la purificación para ser santo.

El Nuevo Testamento emplea el término hagios que también en ocasiones significa separado, consagrado, puesto aparte, pero con mayor frecuencia “puro”. Ser santo es ser sin “mancha, ni arruga ni cosa semejante”. Y en 2 Corintios 7:1 se lee: Limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.

Si en ocasiones se trata, en el Antiguo Testamento, de cuestiones de santidad esencialmente ritual, tenemos en ello sombras que se desarrollan en enseñanzas de unos principios de santidad profundamente espiritual y moral.

En la santidad ritual del Antiguo Testamento se hallan objetos santos: lugares, moradas, ciudades, vestiduras, pero, de una manera muy especial, el Tabernáculo y el Templo con todo lo que servía para el culto. Había además santas convocaciones, una nación y pueblo santos, etc.

Nuestra santidad está estrechamente relacionada con la de Dios. Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos (Levíticos 20:26). Si este pasaje menciona la separación, también todo el capítulo habla de pureza de conducta.

Acerca de la santidad de Dios, la Biblia declara lo siguiente: La santidad de Dios es Su cualidad absoluta y fundamental. Su pureza absoluta, inmaculada, manifiesta Su gloria deslumbrante y eterna. Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria (Isaías 6:3; 57:15).

Esta santidad nos impulsa a la adoración: ¡Exaltad a Jehová nuestro Dios, y postraos ante el estrado de sus pies; él es santo! (Salmos 99:5; 103:1). Alegraos, justos, en Jehová, y alabad la memoria de su santidad (Salmos 97:1.

 La santidad de Dios se manifiesta a la vez en Su justicia y en Su amor. Su justicia lo obliga a castigar al pecador; pero es inseparable de Su amor, que desea salvarlo. Una justicia sin amor no sería santa; no lo es la justicia implacable de un tribunal. Pero un amor sin justicia tampoco es santo; no lo es el amor sin severidad de una madre débil.

El arca del pacto ilustra muy bien esto: el propiciatorio, la cubierta de oro en la que se hacía la aspersión de sangre expiatoria, simboliza la gracia y amor de Dios; pero debajo de este propiciatorio se conservaba el rollo de la Ley, que representaba la justicia del Dios que perdona. Porque el objetivo de Dios al perdonar es el restablecimiento del orden moral.

Ésta es la esencia de la santidad, sobre la que velaban simbólicamente los dos querubines de oro. Son numerosos los pasajes bíblicos que asocian estrechamente la justicia y el amor de Dios, estando siempre sobreentendida la noción de la santidad, al menos en el contexto. Los términos utilizados son, en ocasiones, “fidelidad y bondad”, “ira y misericordia”, “castigo y gracia”.

El Decálogo afirma que Dios castiga la iniquidad, pero también que muestra misericordia. El Señor reprocha a los fariseos que descuiden la justicia y el amor de Dios. Pablo afirma que la gracia reina por la justicia, y que El cumplimiento de la ley es el amor.

La santidad de Dios, de la que depende la nuestra, es así en realidad una combinación de una justicia o pureza absoluta con un infinito amor. Ello nos lleva a constatar que la suprema manifestación de la santidad de Dios viene a ser la muerte expiatoria de Su Hijo.

La cruz del Calvario es la sublime expresión de la unidad manifestada entre Su severa justicia y Su amor redentor. En cuanto a la importancia de la santidad del creyente, es menester recordar que Cristo volverá para ser glorificado en sus santos. Por todo esto es que decimos: (7) Eres un santo.

(Efesios 1: 3) = Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, (4) según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, (5) en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad.

Cuando habla de bendición espiritual se refiere a los privilegios divinos concedidos al creyente, esto es, al haber sido escogido, adoptado y perdonado por Dios. En 1 Corintios 12:1 se utiliza la misma palabra griega para “espiritual” al referirse a los dones del Espíritu Santo, lo cual evidencia que estos están incluidos entre las bendiciones.

Cuando habla de ser predestinados, afirma la existencia de un plan y un propósito divinos garantizados para todos los redimidos, no sugiere ningún fatalismo que incluya a unos mientras excluye a otros. No olvides que la predestinación es para la iglesia conjunta. Lo que está por verse es si tú vas a formar parte de esa iglesia predestinada, o no. Mientras tanto, (8) Has sido adoptado como hijo de Dios.

(Efesios 2: 17) = Y vino y anunció buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; (18) porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.

Aquí, evidentemente, los que estaban lejos eran los gentiles, mientras que los que estaban cerca eran los judíos. Y dice que no solamente predicó para los dos por igual, sino que incluso la entrada al trono de la gracia es exactamente similar para los unos y los otros. Eso destruye ciertas doctrinas nacionalistas que nada tienen que ver con un Dios que no hace acepción de personas. (9) Tienes acceso directo a Dios por medio del Espíritu Santo.

(Colosenses 1: 9) = Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, (10) para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; (11) fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad; (12) con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, (14) en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.

Dice: “Que seáis llenos del conocimiento”. Los herejes prometían a sus seguidores un nuevo conocimiento. (La palabra griega era gnosis), que se bastaba a sí mismo. Pablo, entonces, ora para que los colosenses reciban la plenitud y se mantengan bajo la potestad del más completo y claro conocimiento, (Aquí la palabra es epignosis), de la voluntad de Dios.

Más adelante les dice que deben andar como es digno del Señor. Aquí Pablo se refiere a un compromiso de corte radical respecto a la voluntad, el sentimiento y la disposición de agradar a Cristo. Esa forma de andar se caracteriza por la plenitud de frutos, crecimiento en el conocimiento divino, poder de lo alto y gratitud.

Y luego añade que deben andar de ese modo, fortalecidos con todo poder. Esa palabra que se utiliza allí como fortalecidos, es la palabra dunamoo, y tiene que ver con hacer fuerte, confirmar, capacitar. Existe toda una familia de palabras duna-poder: dunamai, que es poder hacer; dunamis, que usualmente se refiere al poder sobrenatural; dunamoo, que es fortalecer; dunastes, que significa soberano o que gobierna,; dunateo, que es ser poderoso y dunatos, que es simplemente poderoso. Puedes comparar esta palabra con las nuestras más conocidas de dinastía, dinámico y dinamita, todas símbolo de poder.

Y en el 13 nos recuerda que Dios Padre nos ha librado de la potestad de las tinieblas y, -enfatiza- nos ha trasladado, (Así, en tiempo pasado, ya ocurrió en el ámbito espiritual) al reino de su amado Hijo. Y a esto hay que explicarlo convenientemente para evitar lo que hasta hoy ha venido sucediendo mayoritariamente: confundir reino con salvación o imaginarlo sólo para la hora de nuestra muerte física.

La “transferencia” del creyente de subordinado a la autoridad de Satanás a subordinado a la autoridad de Cristo, se la describe como el paso hacia otro Reino. Los versículos subsiguientes describen la redención de Cristo como trayéndonos a un lugar donde reina la perfección, la totalidad; es decir, a la suficiencia, autoridad o habilidad espiritual de vivir victoriosamente por encima y a pesar de los poderes invisibles de las tinieblas.

Esto se hace realidad en oposición a lo meramente teórico, cuando vivimos y amamos como ciudadanos del Reino celestial; usamos la divisa del Reino, la cual es de irresistible valor; operamos como embajadores autorizados para ofrecer la paz y la reconciliación del Reino a todos aquellos que todavía no son criaturas nuevas en Cristo, y servimos como la milicia del reino, ceñidos con las armas de la oración, para librar la batalla contra las potencias de las tinieblas, que tanta influencia tienen en este mundo.

Y, finalmente, en el último verso, está la expresión que nos lleva al punto siguiente de la aceptación en Cristo que gozamos y disfrutamos como nuestra sin interferencias. Dice que tenemos redención por su sangre, lo que nos lleva a asegurar que, (10) Hemos sido redimidos y perdonados de todos nuestros pecados.

(Colosenses 2: 8) = Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.

(9) Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la deidad, (10) y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad.

Siempre, indefectiblemente siempre que leo el verso 8 de esta carta, no puedo evitar situarme espiritualmente en cualquier lugar del planeta, en cualquier ciudad, en cualquier barrio en que haya un templo cristiano y en cualquiera de sus púlpitos de domingo.

Porque creo que seríamos más que ignorantes e inocentes al extremo si imagináramos un escenario espiritual donde personas que no conocemos, a las que jamás oímos hablar, vengan un día y nos quieran enseñar filosofías o huecas sutilizas y, lo más inconcebible, ¡Qué nosotros las creamos! Decididamente hermana, hermano, si pudiéramos ser engañados por esas filosofías o sutilezas, eso va a venir de un púlpito nuestro y de parte de alguien a quien hasta allí considerábamos como nuestro.

Es allí donde deberemos refugiarnos espiritualmente en lo que se expresa en los versos 9 y 10. Confiando en que Cristo habita corporalmente en Deidad y, especialmente, que todos nosotros los que en Él creemos, (11) Estamos completos en Cristo.

Once puntos que tienen que ver con nuestra aceptación en Cristo Jesús. Puedes decir y creer: Soy hijo de Dios, soy amigo de Cristo, he sido justificado, estoy unido con el Señor y soy uno con él en el espíritu, fui comprado por precio; pertenezco a Dios, soy miembro del cuerpo de Cristo, soy un santo, he sido adoptado como hijo de Dios, tengo acceso directo a Dios por medio del Espíritu Santo, he sido redimido y perdonado de todos mis pecados y, esencialmente, soy completo en Cristo, no necesito en lo espiritual absolutamente nada más y a nadie más.

AHORA REPITE EN VOZ ALTA PARA TI MISMO: ESTOY SEGURO EN CRISTO.

Es más que claro y evidente que, mientras resulta sumamente valioso e importante que seas aceptado en Cristo, porque eso te garantiza muchas bendiciones, no menos imperativo es que te sientas seguro en Él, que no es lo mismo ni por asomo que te sientas seguro en ti mismo. De allí que vamos a recorrer ahora escritura que te habla específicamente de eso en distintas facetas.

(Romanos 8: 1) = Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

(2) Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

Lo primero que quiero consignar es que aquí se lo nomina a nuestro conocido y amado Espíritu Santo, con uno de sus tantos adjetivos utilizados en la Biblia para reconocerlo: Espíritu de vida. Y esto tiene que ver con los distintos símbolos con que se lo presenta en la Palabra.

En este capítulo, independientemente de lo que estamos viendo y estudiando, se hace referencia a Él como Espíritu de vida, el Espíritu de Dios, el Espíritu de Cristo y el espíritu de adopción. Tiene que ver con dones y ministerios y podemos, en otro momento, indagar más sobre esto en forma específica.

Pero nos dice que ese Espíritu de vida nos ha librado de la ley del pecado. Y este término aquí traducido como “librado”, es la palabra griega eleutheroo, que tiene que ver con libertar, remitir, dejar en libertad. En el Nuevo Testamento la palabra se usa exclusivamente para referirse a la obra de Cristo de liberar a los creyentes del pecado. Es decir que: (12) Estamos libres de condenación por siempre.

(Romanos 8: 28) = Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

Aun en las dificultades y el sufrimiento, aun en la más amarga desilusión, aun cuando maltratados, los cristianos deben saber que Dios obra en medio de esas situaciones para que se cumplan sus buenos propósitos en sus hijos.

Puede que Dios cambie o no la situación directamente, pero aún si se mantiene difícil, Dios garantiza buenos resultados al final, inclusive una mayor madurez a quienes conforme a su propósito son llamados. Las certezas que nos comunica este texto deben entenderse a la luz de la unión responsable con el Espíritu Santo. Porque, -te recuerdo- toda esta promesa activa tiene validez sólo para los que aman a Dios, no a todos los llamados y auto llamados cristianos.

Y cuando dice que todo es conforme a su propósito, esta última palabra en el original es el vocablo griego prothesis. Viene de pro, que quiere decir “antes” y thesis, que nos habla de “un lugar”. Y de ahí, “llevar adelante”.

La palabra sugiere un plan deliberado, una proposición, un plan anticipado, una intención, un designio. De las doce veces que aparece en el Nuevo Testamento, prothesis se usa cuatro veces para referirse al pan levítico de la proposición, (Literalmente, “el pan de colocar delante”).

La mayoría de los otros usos señalan los propósitos eternos de Dios en relación con la salvación. Nuestra salvación personal no solamente fue bien planeada, sino que pone de manifiesto la invariable fidelidad del Dios que espera la consumación de su gran plan para la iglesia. Bajo todas estas condiciones descriptas, (13) Estás seguro que todas las cosas obran para bien.

(Romanos 8: 33) = ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.

(34) ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.

Está más que claro el principio evidenciado básico en ambos versículos, que dicho sea de paso no son una expresión aislada sino parte esencial de un contexto global apuntado al mismo tema. Nadie puede acusar a un escogido de Dios. Sólo dios se puede arrogar ese derecho por propia autoridad.

Nadie tampoco puede condenarte, (Hablo en términos espirituales, obviamente). Cristo murió por ti y, llegado el momento, también intercederá a tu favor. Eso, siempre y cuando tú pertenezcas a su círculo íntimo, esto es: lo ames y le obedezcas sin cuestionar nada. (14) Estás libre de toda acusación condenatoria.

(Romanos 8: 35) = ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?

Para cualquier cristiano desalentado, este pasaje poderoso ofrece hoy las infinitas seguridades del amor de Cristo, presente en cada momento de la vida del creyente. ¿Existen motivos de descontento mayores que los mencionados por Pablo, aquí? Si no, entonces nunca nos separaremos del amor de Cristo en esta vida. Aún en medio de las dificultades seremos más que vencedores.

Y eso no va a favor, precisamente, de esa especie de mandato pseudo religioso bajo el cual se cobijan falsas doctrinas que imperativamente reclaman que paremos de sufrir, cuando nuestro Señor nos anticipó con validez profética que necesariamente íbamos a vivirlo como parte de nuestra maduración y crecimiento. Por eso es que puedes pensar con seguridad que: (15) No puedes ser separado del amor de Dios.

(2 Corintios 1: 19) = Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que entre vosotros ha sido predicado por nosotros, por mí, Silvano y Timoteo, no ha sido SI y NO; más ha sido SI en él; (20) porque todas las promesas de Dios son en él SI y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.

(21) Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, (22) el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones.

Cristo es la positiva y totalmente consistente Palabra viva que procede de Dios; de igual manera, el ministerio de Pablo, como hoy debería ser el tuyo, ha sido consistente. Sus planes de viaje deben cambiar, pero ello se ha debido a su dedicación constante al invariable evangelio de Cristo, quien es que cumple y a la vez la consumación de todas las promesas de Dios, porque Él es la suma y sustancia de ellas. Por medio de Jesús, los creyentes dicen Amén (Sí, así sea), en respuesta a Dios.

Y dice que hemos sido sellados y que se nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones. ¿Y qué cosa son las arras? La palabra griega que aquí se traduce como arras, es la palabra arrabon. Es un término comercial que habla de entregar dinero en garantía, una parte del precio de compra pagado por adelantado como pago inicial.

Arrabón constituye el primer adelanto, que garantiza la plena posesión cuando la cantidad total se paga algún tiempo después. Algunas veces a esta transacción se la llamaba “dinero de cautela”, “una promesa”, “un depósito” o “una garantía”.

Arrabon describe al Espíritu Santo como la promesa de nuestro gozo y de nuestra bendición futura en el cielo. El Espíritu Santo nos da una prueba anticipada o garantía de las cosas que vendrán después. Todo eso, dice, porque hemos sido sellados.

Eso significa que Dios nos ha marcado como pertenecientes a Él. El Espíritu Santo mismo sirve de garantía de ese compromiso divino de completar su obra en nosotros, completando el “sí” que representa a Jesús. Por eso es que en la seguridad en Cristo podemos decir que: (16) Hemos sido establecidos, ungidos y sellados por Dios.

(Colosenses 3: 1) = Sí, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.

(2) Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.

(3) Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.

Para Pablo, demostrar el poder transformador del evangelio sobre las vidas de la gente era tan importante como defenderlo del error. Los colosenses pueden cumplir diariamente el mandato de centrar su atención y afecto en las cosas espirituales gracias a su identificación con Cristo, el morir al pasado y al poder que en el presente reciben a causa de la resurrección de Jesús.

Por eso se les dice a ellos y a nosotros, que busquemos las cosas de arriba, no las de la tierra materialista, humanista y religiosa. Y el motivo para hacer eso es porque sabemos que estamos muertos en Cristo. La pregunta que hay que hacer, es: ¿Lo estamos? Si realmente creemos que lo estamos, entonces podemos decir como otro punto relacionado con nuestra seguridad en Cristo, (17) Que estamos escondidos con Cristo en Dios. 

(Filipenses 1: 3) = Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, (4) siempre en todas mis oraciones rogando con gozo por todos vosotros, (5) por vuestra comunión en el evangelio, desde el primer día hasta ahora; (6) estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo, (7) como me es justo sentir esto de todos vosotros, por cuanto os tengo en el corazón; y en mis prisiones, y en la defensa y confirmación del evangelio, todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia.

Dice que Dios comenzó en nosotros la buena obra. ¿De qué está hablando Pablo aquí? La palabra que se traduce como “buena”, aquí, es la palabra agathos, y tiene una implicancia de buena en un sentido físico y moral, y que produce beneficios. Se usa con relación a personas, cosas, actos, condiciones y así sucesivamente.

Es un sinónimo de agathos, el término kalos, que tiene que ver con algo bueno en el sentido estético, que sugiere atractivo y excelencia. Por todo ello es que tienes total derecho en la seguridad que te da Cristo, a decir que (18) Confías en que será perfeccionada la buena obra que Dios empezó en ti.

(Filipenses 3: 20) = Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; (21) el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.

No me avergüenza decirlo, al contrario; durante muchos años de creyente pude entender la realidad concreta de este texto y otros similares a éste. Imbuido como estaba en la obra humana que la iglesia en general desarrolla, eso de nuestra ciudadanía celestial me sonaba muy lindo como un giro poético para púlpito romántico, pero no la entendía como verdad plena.

Hoy no puedo decir que lo he comprendido todo porque también mentiría por exageración. Pero al menos he podido ver con meridiana claridad que, aquello de ser embajadores de una nación viviendo en otra, no es un cuento cristiano, es una realidad. Puedes decir con total confianza y seguridad en Cristo que (19) Eres un ciudadano del cielo.

(2 Timoteo 1: 7) = Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, amor y de dominio propio.

Es probable, en lo que tiene que ver con este relato en su faz literal, que por causa de su juventud o un modo natural de ser, Timoteo fuera algo tímido, algo que muy bien podría considerarse como una faceta de cobardía.

Y puede también que haya rehusado en su momento a aceptar grandes responsabilidades. En estos versículos Pablo le recuerda que la plenitud del Espíritu Santo y los dones que éste provee dan suficiente poder para ejercer el ministerio sin temor alguno.

A eso, hay que sumarle el dominio propio. Esta expresión, en los originales, se resume con la palabra griega sophronismos, que es una combinación de sos, que significa “seguro” y phren, que quiere decir “la mente”, lo que nos concluye como un pensar seguro.

La palabra indica buen juicio, modelos de pensamiento disciplinado, y la habilidad de entender y hacer decisiones correctas. Incluye las cualidades de autocontrol y autodisciplina. Con todo ello y la seguridad en Cristo, puedes estar seguro (20) No te ha sido dado espíritu de temor sino de poder, amor y salud mental.

(Hebreos 4: 16) = Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

Sí, acerquémonos sin ninguna reserva, con la máxima transparencia y franqueza, confiadamente y sin recelos. Recuerda que nos estamos presentando delante del trono de la gracia, no del castigo. Y que lo hacemos para obtener misericordia por lo pasado y gracia por el presente y por lo que viene.

Esto significa que puedes acercarte sin ninguna clase de temores ante Dios en tiempos de tu necesidad y creer que Él va a comprender y subsanar con tu ayuda tus padecimientos. Entonces podrás asegurar que (21) Puedes alcanzar gracia y misericordia en tiempo de necesidad.

(1 Juan 5: 18) = Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca.

Juan dice en algunos sectores de sus distintas cartas, que aquel que no rechaza el pecado no pertenece a la familia de Dios. Y es curioso que Juan lo diga así, porque la iglesia actual que conocemos, no siempre lo hace. Parecería ser que le resulta más importante que tú no te ofendas y e quedes a que verdaderamente cambies tu vida.

La razón de que un cristiano no persista en el pecado es que haya nacido de Dios en forma genuina. Porque allí será donde Dios mismo habrá de guardarlo. Y solamente allí se hará verdad aquello de que “al que está en Cristo, el maligno no le toca”.

Y es bueno reiterarlo una vez más y explicarlo una vez más y todas las que sean necesarias. Es sólo para el que está EN Cristo. Ni se te ocurra suponer que por ir a un templo una vez a la semana, nada más, podrás reclamar que el maligno no te toque. Si verdaderamente estás EN Cristo, sí puedes tener la certeza de que (22) Eres nacido de Dios y lo malo no puede tocarte.

Otros once puntos, pero que en este caso tienen que ver con estar y sentirse seguros en Cristo, que no es poca cosa, créeme: Estoy libre de condenación por siempre; estoy seguro de que todas las cosas obran para bien; estoy libre de toda acusación condenatoria; no puedo ser separado del amor de Dios; he sido establecido, ungido y sellado por Dios; estoy escondido con Cristo en Dios; confío en que será perfeccionada la buena obra que Dios empezó en mí; soy un ciudadano del cielo; no me ha sido dado espíritu de temor sino de poder, amor y salud mental; puedo alcanzar gracia y misericordia en tiempo de necesidad y soy nacido de Dios y lo malo no puede tocarme.

UNA VEZ MÁS, REPITE AHORA EN VOZ ALTA PARA TI MISMO: SOY IMPORTANTE EN CRISTO.

(Mateo 5: 13) = Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿Con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.

(14) Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.

Las bienaventuranzas, si tú las has leído, habrás visto que describen el carácter esencial de los ciudadanos del Reino, y las metáforas de sal y luz indican su saludable influencia sobre la sociedad secular a medida que se ponen en contacto con ella.

Ahora bien; pregunto: ¿Hay que verlas solamente como ingeniosas metáforas? Yo creo que no, que hay que seguir estudiándolas profundamente porque, sin exagerar nada, puedo asegurarte que cada día esas metáforas nos dicen algo más. Como por ejemplo esto: que puedo tener certeza de ser importante para Cristo porque, nada menos, (23) Eres la sal y la luz de la tierra.

(Juan 15: 1) = Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.

(2) Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará: y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.

(3) Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.

(4) Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.

(5) Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separado de mí nada podéis hacer.

El fruto que el labrador celestial desea para su pueblo, es la semejanza con Cristo. Para que una rama sea productiva, tiene que ser podada; es decir, sometida a la beneficiosa disciplina del Padre, y debe mantenerse estrechamente unida a la vida. Curiosamente, en la mayor parte de las iglesias, se pretende hacer una obra de excelencia omitiendo tener en cuenta que la cabeza principal es Cristo y no un hombre.

Este Yo Soy que Jesús reitera en este pasaje, constituye la última auto designación de Jesús en este Evangelio. Se repite en el verso 5 y describe la relación entre Jesús y sus discípulos. Su trasfondo es Isaías 5:1-7, donde se compara a Israel con un viñedo amorosamente cuidado por Dios.

De allí que se especifique debidamente que el pámpano que no lleva fruto es destruido. La referencia inmediata era probablemente a Judas, pero la idea se aplica a todos los pseudo creyentes. De todos modos, (24) Eres un pámpano de la verdadera vid, un canal de su vida.

(Juan 15: 16) = No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.

¡Pobres de esos tantos hombres presuntuosos y vanidosos que suponen estar haciéndole un favor a Dios cuando le sirven de alguna manera, ya sea con activismos religiosos o ritualismos tradicionales! ¿Nadie les explicó que no son ellos los que eligieron a Dios, sino que será Él quien los elija o no a ellos?

Evidentemente que no, que nadie se los ha explicado. Porque si alguien lo hubiera hecho, habrían entendido que todavía Dios no los ha elegido a ellos para que sean sus ministros. Porque Dios no viene a levantar a los que se capacitan, sino que Él mismo capacita a los que va a levantar. Y cuando lo hace es que puedes decir que (25) Has sido elegido y puesto para llevar fruto.

(Hechos 1: 7) = Y les dijo: no os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el padre puso en su sola potestad, (8) pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.

En su respuesta, Jesús corrige la falsa concepción de los discípulos y ajusta su perspectiva sobre el Reino de Dios. Les dice que el Reino es espiritual en su carácter, internacional en su membresía y gradual en su expansión.

Cuando les dice que vendrá sobre vosotros el Espíritu Santo, da un concepto muy importante en Lucas y los Hechos; y Jesús es el primer ejemplo de la obra del Espíritu Santo en y sobre nosotros. Su vida fue concebida por el Espíritu, y el Espíritu actuando en Él produjo los frutos de buena reputación.

Cuando en el verso 7 les señala que no les toca a ellos saber los tiempos lo sazones, esa palabra “tiempo” es traducida aquí de la original chronos. Esto nos lleva a compararla con “cronología”, “crónico”, “crónicas” y otras por el estilo.

Implica una duración de tiempo, la cual podría ser un punto, un lapso, un espacio, un período, un trecho, una cantidad, una medida, una duración o una longitud. Kairos, mientras tanto, que es “sazones”, sugiere clase de tiempo. Chronos dice qué día es, mientras que Kairos da a conocer los acontecimientos especiales que ocurren en el marco de tiempo de chronos.

Cuando Jesús presentó su enseñanza de post-resurrección, concerniente al Reino de Dios, sus discípulos le preguntaron si vendría ahora, ya siendo la cruz cosa del pasado, el final Reino mesiánico. Jesús les respondió que no les tocaba a ellos saber los tiempos o las sazones que el Padre había puesto en su sola voluntad.

Pero eso no quedó allí en una simple reconvención, sino que le sumó una esperanza concreta y específica, les dijo que recibían mayor poder cuando viniera sobre ellos el Espíritu Santo. Con estas palabras, Jesús destacó tres puntos de suma importancia.

El primero de ellos que el Espíritu Santo es la persona y el poder a través de quien se recibe ayuda y habilidad para compartir la vida y el poder del Reino de Dios con otros.

En segundo lugar, el poder del Espíritu Santo hay que recibirlo, no se trata aquí de una experiencia automática, De la misma manera que el Espíritu Santo mora interiormente en cada creyente, llenará y sobreabundará en todos los que lo reciben con fe inocente.

Y en tercer término, uno sabe cuándo el Espíritu Santo lo llena. Así lo dijo Jesús, y los discípulos lograron descubrir que así era. Entonces la pregunta lógica y no supeditada a doctrinas denominacionales, tiene que ser y es: ¿Has recibido el Espíritu Santo?

Es menester que sepas que eso es total y absolutamente posible, por cuanto la promesa te pertenece tan plenamente ahora como en cualquier tiempo pasado. Todo eso te va a llevar a la más importante de todas las conclusiones: (26) Eres testigo personal de Cristo.

(1 Corintios 3: 16) = ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?

Esto, que es estrictamente cierto, ha sido enseñado y predicado muchas veces con la finalidad de hacer pensar a esos hermanos débiles que, cuando se meten en lugares no santos y hacen cosas decididamente anti-santas, hay un Espíritu Santo en su ser interior que se avergüenza, se encoge y contrista.

Por eso es que, si bien por un lado nos llena de gozo saberlo, por otro lado es una enorme responsabilidad que suceda esto. Debemos andar cada día por las calles de nuestros lugares de residencia, con la dignidad y el celo de quien es portador de un tesoro: (27) Ser templo de Dios.

(2 Corintios 5: 17) = De modo que si alguna está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

(18) Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; (19) que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.

(20) así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: reconciliaos con Dios.

En el principio nos dice que somos nuevas criaturas en Cristo. Y esa palabra utilizada allí que se traduce como “nuevas”, es la palabra griega kainos. Su significado literal es: nuevo, no usado, fresco o novedoso.

La palabra designa lo nuevo en cuanto a la forma o calidad, más bien qué nuevo en relación con el tiempo, un concepto que implica neos. Por ese motivo cobra valor el ministerio que luego, en Cristo, nos será entregado para que lo administremos correctamente: (28) Ser ministros de reconciliación.

(2 Corintios 6: 1) = Así, pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios.

Cuando tú lees que no debes recibir en vano la gracia o favor de Dios, y que por esa razón debes ajustarte a tu rol de colaborador suyo, tú te lo crees, es cierto, pero no puedes evitar una sonrisa un tanto curiosa, porque mezcla un algo de in credulidad y otro algo de auto subestimación.

Es que piensas por un momento: ¿Yo voy a ser colaborador nada menos que de Dios? ¿Yo, poco más que in minúsculo insecto a su lado? Déjame decirte que esto es un exceso de modestia, lo que cae en el rótulo de falsa modestia.

Porque Dios, -no sé si alguien te lo ha enseñado-, es Espíritu. Y hasta donde yo sé, todo espíritu necesita un cuerpo para manifestarse. Dios también. Y entonces espera que tú le permitas usar el tuyo para manifestar su poder, su gloria y su magnificencia. ¿Lo harás? Si lo haces, puedes llamarte a ti mismo como lo que eres: (29) Colaborador de Dios.

(Efesios 2: 4) = Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, (5) aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), (6) y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, (7) para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

En los versos 5 y 6 nos encontramos con tres “nos” que señalan acertadamente nuestra unión con Cristo: en su resurrección, en su ascensión y en su papel actual a la diestra de Dios. Desde este lugar casi de compañerismo, Él nos concede que participemos en las obras del poder de su Reino.

No importa la gloria que podamos experimentar y gozar en el tiempo presente por el poder y la autoridad del Reino de Cristo, es claro que aún hay mucho que no se ha realizado, lo que se hará efectivo en la consumación  de esta era y con la inauguración del inimaginable futuro que Dios tiene reservado para los suyos. De allí que puedas asegurarle a todo el planeta que (30) Estás sentado con Cristo en lugares celestiales.

(Efesios 2: 10) = Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas.

Dice que somos hechura suya. Hechura se traduce de una palabra griega que se pronuncia poiema. Viene del verbo poieo, que es “hacer”. De allí derivarán luego los nuestros poema o poesía. La palabra designa un producto manufacturado, un diseño producido por un artesano.

Poiema hace énfasis en Dios como Diseñador Maestro, en el universo como su creación, y en el creyente redimido, como su nueva creación. Antes de nuestra conversión, nuestras vidas no tenían ni rima ni razón. La conversión nos trajo equilibrio, simetría y orden. Nosotros somos el poema de Dios, su obra de arte. Por eso puedes decir con gozo que (31) Eres hechura de Dios.

(Efesios 3: 8) = A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo, (9) y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en dios, que creó todas las cosas; (10) para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, (11) conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor, (12) en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él; (13) por lo cual pido que no desmayéis a causa de mis tribulaciones por vosotros, las cuales son vuestra gloria.

Pablo describe aquí su ardiente deseo de ayudar a todo creyente a descubrir su papel en dispensar, (Que es propagar, distribuir, administrar) la gran verdad del propósito de Dios en la iglesia. Allí dirá, luego, que espera les sea dada una parte de la multiforme sabiduría de Dios.

Esta palabra así traducida como multiforme, es la palabra polupoikilos, que viene de polus, que es “mucho” y poikilos, que es “variado” o “de muchos colores”. La palabra pinta la sabiduría de Dios como muy variada, con muchos aspectos, matices, tintes y expresiones coloridas.

Como un Dios multifacético, interviene todavía en la arena humana, desplegando en su pueblo, y a través de su pueblo, una rica sabiduría multicolor y plena de matices. El propósito eterno del cual se habla, mientras tanto, es el mismo aquí que en el primer capítulo de esta misma carta.

El texto se remonta a los lugares celestiales cuando Pablo cita la intención de Dios de enfrentar a la iglesia a todos los poderes del mal, como su instrumento para dispensar a través de toda la tierra, lo que dios ya ha realizado en Cristo por medio de la muerte, resurrección y ascensión de Cristo. Eso determina que tú como hijo adoptivo de Dios, (32) Puedes acercarte a Él con libertad y firmeza.

Hasta aquí tengo diez principios, diez declaraciones que determinan que sí soy importante en Cristo y para Cristo. Y no incluyo la última en esta instancia porque, estimo, tiene una tremenda validez en sí misma y de alguna manera define una síntesis de todo este trabajo.

A lo que aquí has visto, que somos importantes para Cristo porque somos la sal y la luz de la tierra, porque somos pámpanos de la verdadera vid, que es un canal de su vida, que hemos sido elegidos y puestos para llevar fruto, que somos testigos personales de Cristo, templos de Dios, ministros de reconciliación, colaboradores de Dios, que estamos sentados con Cristo en lugares celestiales, que somos hechura de Dios y que podemos acercarnos a Dios con libertad y confianza.

Si a todo eso le añadimos el último texto al cual voy a remitirte, creo que ya no habrá demasiado que agregar a este asunto. Que por poco o por mucho, habrás quedado con la convicción real de lo que Pablo le escribe a los Filipenses en el capítulo 4 y verso 13: (33) Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. ¿Amén? Amén.

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Dos Principios de Conducta

Ahora bien: conforme a lo que has venido leyendo hasta aquí, ¿Sigues pensando que con tener fe alcanza y es más que suficiente para tener una vida de victoria? Espero que hayas pensando negativamente. Porque con la fe alcanza y sobra para ponerte en marcha, pero para llegar a destino, (O a la meta conforme a la visión deportiva de Pablo), debes contar con algo más: principios de conducta, por ejemplo.

¿Y a eso como se lo entiende? Quizás existan muchas formas de entenderlo, pero yo prefiero encarar las que más conozco, las que de alguna manera puedo haber vivido. No te olvides ni me olvido que no hay ningún hombre que tenga un buen mensaje, sólo hay hombres-mensaje. Si lo vives, lo predicas. Si no lo vives, cállate.

Dios creó al hombre, y Aquel que creó al hombre hizo provisión para el sostenimiento del hombre que había creado.  El hombre derivaba su existencia de Dios, y era la intención de Dios que el hombre fuese dependiente de El para su vida a lo largo de su curso entero. 

O sea que, la vida que Él le había dado, debía ser nutrida por medio de alimento apropiado que El mismo proveía. Con esto ya tenemos un claro principio de conducta a seguir: no alimentarte de lo que no proviene de Dios. Simple. ¿Estás seguro que hoy esto es simple?

(Génesis 2: 8) = Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado. 

(9) Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol deliciosa a la vista, y bueno para comer; también el árbol  de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal.

Muy bien; a través de estos dos árboles, Dios nos ha mostrado en una figura simbólica pero también literal, las dos formas diferentes en las cuales las personas pueden pasar sus días en la tierra; ¿Qué quiero decir con esto? Que el principio que gobierna la conducta de algunos es el conocimiento del bien y del mal, mientras que otros son gobernados por el principio de la vida. 

Tomemos un poco de tiempo para considerar estos dos principios diferentes, cómo afectan las vidas de los hijos de Dios; y notemos al comienzo que, si bien los cristianos pueden ser gobernados principalmente por un principio o el otro, no todas las acciones del mismo cristiano son invariablemente reguladas por el mismo principio. ¿Parece complejo, no es cierto? Sin embargo, no lo es tanto como lo parece.

Porque aquí nos estamos enfrentando, y podría decirte que también de alguna manera confrontando, con una duda en forma de pregunta que no pocos cristianos se formulan día a día y en casi todas las latitudes del planeta donde el Dios de todo poder rige y es creído y adorado: ¿Cuál es el Principio del Bien y del Mal?

Vamos a ver: si nuestra conducta es controlada por el principio del bien y del mal, entonces toda vez que tenemos que tomar una decisión primero preguntamos: ¿Está  bien esto, o está mal?  ¿Sería bueno hacer esto, o estaría mal? 

La realidad te dice y me dice que muchos cristianos dudan antes de hacer cualquier cosa, y revuelven estas preguntas una y otra vez en sus mentes.  Están inclinados  a hacer lo correcto: Es decir, ellos desean evitar todo mal; quieren vivir una vida que esté en línea con lo que ellos consideran ser el cristianismo. 

Así que, entonces, ellos escrupulosamente pesan todas sus acciones.  Cuidadosamente examinan cada situación que enfrentan, y no es sino hasta que están persuadidos de que un cierto curso de acción es bueno, que seguirán adelante. 

Lo que te estoy diciendo es que sin duda alguna busca de actuar en una forma que es propia de un cristiano, así que siempre están alertas para seleccionar lo recto de lo incorrecto, y de hacer solamente lo que ellos consideran ser bueno. Pero resulta ser que la Palabra de Dios dice:

(Génesis 2: 17) = Mas del árbol del de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás. 

¿Qué quiere decir esto? ¿Cómo tengo que interpretarlo? Como el Espíritu Santo desea hoy que lo hagas, sin recurrir al dios de los ladrones, Hermes, devenido en líder de la interpretación bíblica cristiana bajo el muy “científico” y “técnico” título de hermenéutica.

Esto significa que actuar de acuerdo con la aparentemente muy elevada condición intelectual de rechazar todo lo que es malo y escoger solamente lo bueno no es cristianismo. ¿Cómo que eso no es cristianismo si es lo que se ha estado enseñando, y aún quizás se enseña, en el ochenta por ciento de sus iglesias?

Puede ser que así sea, pero te aseguro que actuar así, es vivir bajo la ley; es actuar de acuerdo con el Antiguo Pacto, no con el Nuevo Pacto.  Actuar de esta manera es conformarse con las tradiciones y costumbres religiosas o éticas; pero en modo alguno no llega al estándar cristiano.

¡Claro! Yo digo esto y entonces surge la pregunta lógica en estas circunstancias. Una pregunta que hoy una gran mayoría de los que encuentras en los templos no formula por simple vergüenza, porque se supone que tiene que conocer la respuesta y por una decena de prejuicios más. No le hace: de todos modos, está ignorando la respuesta, esa es la verdad. Y la pregunta, es:

¿Qué es el cristianismo?  ¡Hermano! Basta. No quiero compartir nada con hipocresías religiosas. Si tú nunca te has hecho esa pregunta o nunca has necesitado hacérsela a alguien, te felicito, doy gloria a Dios por tu vida y te pido que te coloques aquí, cerca de mí, y me ayudes a enseñar lo que necesito enseñar.

El cristianismo es una cuestión de vida.  Si tú eres un cristiano, entonces posees una nueva vida; y cuando tienes que decidir sobre un curso de acción, no preguntas: ¿Estará bien hacer esto?  Tú preguntas: si hago esto, ¿Cómo afectará esto mi vida interna?  ¿Cómo reaccionará esa nueva vida dentro de mí? 

Es algo de lo más sorprendente que el objetivo de tantos cristianos sea solamente el conformarse a una imagen externa, aun sabiendo perfectamente que lo que Dios nos ha dado por el nuevo nacimiento no es un conjunto de nuevas reglas y regulaciones a las cuales se nos demanda conformarnos.

 

Él no nos ha traído a un nuevo Sinaí para darnos un nuevo juego de mandamientos con sus “Harás” y “No harás”.  El Cristianismo no demanda que investiguemos los bienes y los males de los cursos de acción alternativos, sino que probemos la reacción de la vida divina ante cualquier curso de acción propuesto. 

Como cristiano ahora tú posees la vida de Cristo, y son las reacciones de Su vida lo que tienes que considerar.  Si, cuando contemplas cualquier mover, hay un levantarse de  vida dentro de ti para hacer ese movimiento; si hay una respuesta positiva de la vida interior; si está “la unción” de adentro; entonces puedes confiadamente proseguir el curso propuesto. 

La vida de adentro ha indicado eso.  Pero si, cuando contemplas un cierto mover, la vida interior comienza a languidecer, entonces puedes saber que el mover que contemplaste debiera ser evitado, no importa cuán encomiable pueda parecer. Entre tú y yo: ¿No te ha estado pasando esto, últimamente? Déjame preguntarte algo más: ¿Recuerdas dónde? 

¿Te das cuenta que la conducta de muchos no-cristianos está gobernada por el principio de lo bueno y lo malo?  ¿En qué difiere el cristiano del no-cristiano si el mismo principio los gobierna a ambos?  La Palabra de Dios nos muestra claramente que el cristiano está controlado por la vida de Cristo, no por ningún código externo de ética. 

Hay algo vital dentro del cristiano que responde a lo que es de Dios, y reacciona contra lo que no es de Él; así que debemos prestar atención a nuestras reacciones internas.  Cuando la fuente viva dentro de nosotros brota en respuesta a cualquier sugerencia, debemos seguir eso; Pero cuando declina, debemos repudiar la idea. 

No nos atrevemos a ser gobernados por externalidades, ni por razonamientos, sean los propios o de otras personas.  Otros pueden aprobar cierta cosa, y cuando nosotros pesamos los pros y los contras, también podemos pensar que es correcto, pero ¿qué está diciendo la vida de adentro al respecto?

Una vez que te das cuenta de que el factor determinante en toda conducta cristiana es la vida, entonces sabes que no sólo debes evitar todo lo que es malo, sino también todo lo que simplemente es bueno externamente.  Solamente lo que fluye de la vida cristiana es conducta cristiana; por lo tanto, no podemos consentir a ninguna acción que no provenga de la vida. 

Recordemos la Palabra de Dios: “Del árbol de conocimiento del bien y del mal, no comerás, porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.”  Nota que “el bien y el mal” están puestos juntos aquí, y contra “el bien y el mal”, está puesta “la vida”.  El modelo-patrón de la vida, es un modelo trascendental.

Es matemático; con precisión matemática. Cada vez que enseño que Dios aborrece todas las obras de la carne, no sólo las malas, siento sobre mí miradas con cierto grado de ferocidad. No se entiende, no se quiere entender. Pero eso es, exactamente, lo que Dios mismo dice en Su Palabra.

En nuestros primeros días cristianos, seguramente, buscábamos diligentemente evitar todo lo que era malo, y deliberadamente nos encaminábamos a hacer lo que era bueno.  Y parecía que estábamos haciendo un progreso espléndido. 

El modelo cristiano no solamente pasa su veredicto sobre lo que no es bueno, sino también sobre aquello que es mera bondad externa.  Muchas cosas son correctas de acuerdo con los parámetros humanos, pero el modelo divino los declara equivocados debido a que carecen de la vida divina. 

En el día en que verdaderamente nacemos de nuevo,  vemos por primera vez que si vamos a vivir en la presencia de Dios, entonces toda nuestra conducta debe ser gobernada por el principio de la vida, no por el principio de lo bueno o lo malo. 

Desde ese día comenzaremos a ver más y más claramente que con relación a cualquier curso de acción, aún si otros lo declaran bueno, y cada aspecto del caso indica que está bien, aún nosotros debemos ser muy sensibles a las reacciones de la vida de Cristo dentro de nosotros.

A medida que avanzamos en el curso aprobado, la vida interior ¿Se hace más fuerte o más débil?   La “unción” interior  ¿Confirma lo recto del curso?, ¿O una ausencia de la unción indica que la aprobación divina está retenida?  El camino de Dios para nosotros no se conoce por indicaciones externas sino por registros internos.  Son la paz y el gozo en el Espíritu los que indican el sendero cristiano.

Uno de los conceptos errados más serios entre los hijos de Dios es que las acciones son determinadas por lo correcto y lo incorrecto.  Ellos hacen lo que sus ojos les dicen que está bien: hacen lo que su trasfondo les dice que está bien; hacen lo que sus años de experiencia les dicen que está bien. 

Para un cristiano, cada decisión debiera estar basada en la vida interior, y eso es algo totalmente diferente de cualquier otra cosa.  Anhelo que llegues a ver que un cristiano debe llegar a una decisión que no esté dictada por ninguna otra cosa que la vida. Si la vida  dentro de ti se levanta para hacer una cosa, entonces está bien que la hagas; si la vida de adentro se retrae cuando avanzas, entonces debieras inmediatamente llamarte a hacer un alto.

Bajo tales circunstancias, si conocemos a Dios, solamente podemos hacernos a un lado en silencio, porque nuestro sendero está gobernado solamente por Su Vida, no por lo bueno o lo malo.  Hermanos y hermanas, el contraste entre estos dos principios de vida es inmenso. 

Mucha gente todavía está preguntando: “¿Está bien que yo haga esto? ¿Estaría mal que haga aquello?”  La única pregunta que el cristiano debe hacer es: “La vida divina dentro de mí, ¿se levanta o cae cuando considero esta cosa?  La reacción de la vida divina dentro de mí debe determinar el curso que sigo en cada punto.  Esto es una cuestión de corazón.

En el Monte de la transfiguración estaba presente Moisés, representando la ley; y Elías estaba presente, representando a los profetas.  El modelo legal estaba allí; y el modelo profético estaba allí, también; pero los dos que estuvieron calificados para hablar a través del Antiguo Testamento, fueron silenciados por Dios -“Este es mi Hijo amado,” dijo, “a El oíd.” 

Hoy el modelo para el cristiano no es ni la ley ni los profetas; es Cristo, el Cristo que habita dentro de nosotros.  Por lo tanto, la pregunta no es: “¿Estoy en lo correcto, o estoy equivocado?”, sino “¿la vida divina en mí asiente a esto?”  A menudo encontraremos que lo que nosotros mismos aprobamos, la vida de adentro lo desaprueba.  Cuando eso es así, no podemos hacer lo que pensábamos que era correcto.

Cuéntase la historia de dos hermanos que tenían sembrados de arroz.  Dice que sus campos estaban a mitad de camino montaña arriba.  Otros estaban más abajo.  En el gran calor ellos extraían agua de día, e iban a dormir por la noche. 

Una noche, mientras dormían, los campesinos montaña abajo, cavaron un pozo en el canal de irrigación que rodeaba los campos de los hermanos, e hicieron que toda el agua fluyera hacia abajo a sus propios campos. 

A la mañana siguiente los hermanos vieron lo que había sucedido, pero no dijeron nada.  Otra vez llenaron los conductos con agua, y otra vez toda el agua fue extraída a la noche siguiente.  Aun así, ninguna palabra de protesta fue dicha cuando amaneció al día siguiente, y descubrieron la vil trampa que los campesinos les habían hecho. 

¿No eran ellos cristianos?  ¿No debían los cristianos ser pacientes?  Este juego se repitió durante siete noches sucesivas, y por siete noches seguidas estos dos hermanos sufrieron silenciosamente el mal.  Uno podría haber pensado que los cristianos que podían permitirse ser tratados de esa manera día tras día, y nunca emitir una palabra de reproche, ciertamente estarían rebosando de gozo. 

Extraño decir, no estaban felices para nada, y su infelicidad los afligió a tal grado que trajeron la cuestión a un hermano que estaba en el servicio del Señor.  Habiendo declarado su caso, le preguntaron: “¿Cómo es que, habiendo sufrido todo este mal durante una semana completa, todavía nos sentimos infelices?” 

Este hermano tenía algo de experiencia, y replicó: “Uds. no se sienten felices porque no han ido hasta el final del camino.  Primero debieran regar los campos de esos campesinos, y después regar el de Uds.  Vuelvan y pruébenlo, y vean si sus corazones hallan reposo, o no. 

Acordaron en tratar de hacerlo, y se fueron.  A la mañana siguiente estaban en pie más temprano que nunca, y su primer asunto fue regar los campos de aquellos campesinos que habían robado tan persistentemente el agua de sus campos. 

Y esto sorprendente fue lo que sucedió -cuanto más ellos trabajaban en las tierras de sus perseguidores, tanto más felices estaban.  Para cuando terminaron de regar su propia tierra, sus corazones estaban en perfecto descanso.  Cuando los hermanos hubieron repetido esto por dos o tres días, los campesinos los llamaron para disculparse, y añadieron: “Si esto es el cristianismo, entonces queremos oír más al respecto.” 

Aquí vemos la diferencia  entre el principio del bien y del mal, y el principio de la vida.  Aquellos dos hermanos habían sido de lo más pacientes, “¿No estaba bien eso?  Ellos habían trabajado en el intenso calor para regar sus arrozales, y sin una palabra de queja habían sufrido que otros les robaran su agua: ¿No era eso muy bueno?  

Entonces, ¿Qué faltaba puesto que no tenían paz de corazón?  Ellos habían hecho lo que estaba bien: Habían hecho todo lo que el hombre podía requerir de ellos.  Pero Dios no estaba satisfecho.  No tenían paz de corazón porque ellos no habían cubierto las demandas de Su vida. 

Cuando ellos se conformaron a Su modelo, el modelo divino, el gozo y la paz brotaron en sus corazones.  Las demandas de la vida divina deben ser cubiertas, así que no nos detengamos quedando faltos de la satisfacción de Dios.

Te hago una simple pregunta y olvida lo que te enseñaron en el Seminario si es que te tocó pasar por alguno: ¿Qué es el Sermón del Monte?  ¿Qué se nos enseña en Mateo capítulos 5-7?  ¿No es esto: Que no nos atrevamos a quedar satisfechos con nada menos que aquello que cubre las demandas de la vida que Dios ha puesto dentro de nosotros? 

El Sermón del Monte no enseña que si hacemos lo que es recto, entonces todo está bien.  El hombre diría: Si alguien te golpea en una mejilla, ¿Por qué presentar la otra?  Ciertamente has alcanzado el grado más alto de paciencia si tomas una ofensa así sin responder. 

Pero hete aquí, resulta ser que Dios dice otra cosa.  Sí, porque si cuando te golpean en una mejilla, tú no haces más que inclinar tu cabeza e irte, hallarás que la vida interior no quedará satisfecha.  No habrá satisfacción interna hasta que vuelvas la otra mejilla al que te hirió para recibir el mismo trato. 

Hacer esto demostrará que no hay resentimiento adentro.  Ese es el camino de la vida. Si solamente hubieras hecho lo anterior, todo hubiese quedado dentro de lo que podríamos denominar como registros de estoicismo o alta paciencia. Pero es necesario añadir también amor.

Mucha gente dice que Mateo 5-7 es demasiado difícil; está más allá de nosotros.  Lo admito.  Es pura imposibilidad.  Pero, aquí está el punto: tú tienes una vida interior, y esa vida te dice que a menos que hagas como el Sermón del Monte demanda, no hallarás reposo. 

Toda la cuestión está en esto: ¿Estás andando en el camino de la vida, o en el camino del bien y el mal?  A veces un hermano actúa muy insensatamente.  Sientes que sus acciones demandan una fuerte exhortación, o aún una seria reprobación, así que un día te encaminas hacia su casa. 

Sí, debes darle una buena reprensión; eso está solamente bien; él ha estado muy equivocado.  Llegas a la puerta; alzas tu mano hasta el timbre; justo cuando estás por tocar el timbre, tu mano cae floja al costado.  Pero, preguntas, ¿No está bien hablarle? 

La cuestión no es si está bien hablarle, sino si la vida divina dentro de ti te permite hacerlo.  Puedes exhortar a ese hermano, y él puede recibir tu exhortación con cortesía, y prometer hacer lo que Dios dice, pero cuanto más le predicas, tanto más la vida dentro de ti languidece.  Cuando vuelves a casa tendrás que admitirlo: Me he equivocado.

Un día toca a tu puerta un hermano necesitado. Es  extremadamente pobre, y no hay perspectiva de que le venga ayuda de ninguna dirección, ni oficial gubernamental ni eclesiástica, así que piensas que ciertamente tú debes hacer algo  por él. 

Justo en ese momento tú mismo no tienes superabundancia, por eso es que con gran sacrificio vienes en su ayuda.  Deberías haber estado lleno de gozo cuando te separaste de tu muy necesario dinero, pero el reverso adentro te dijo: 

No estabas actuando en vida; simplemente estabas actuando sobre la base de la benignidad natural, y respondiendo a la necesidad humana.  Dios no pidió eso de ti.  Entonces, no te quedará otra que, cuando llegues a tu casa, tendrás que confesar tu pecado y pedir Su perdón.

Déjame repetir algo que considero valioso e importante: que toda nuestra conducta debe ser determinada, no por el bien y el mal, sino por la vida de adentro.  Si actúas fuera de la demanda de esa vida, aún si lo que haces es bueno, te encontrarás con la reprobación divina. 

Necesitamos discernir entre la vida y la muerte.  Si lo que he hecho ha debilitado mi vida interior, no importa cuán bueno pueda ser el acto, tendré que reconocer mi pecado ante Dios y buscar Su perdón.  En 1 Corintios 4:4 Pablo dijo: No sé nada por mí mismo; sin embargo, no por eso estoy justificado; pero el que me juzga es el Señor. 

Es fácil distinguir entre el bien y el mal, pero Pablo no estaba gobernado por el bien y el mal.  Aun cuando él no era consciente de haber hecho nada mal, aún no se atrevía a afirmar que todo estaba bien con él; reconocía que el Señor era su juez. 

En el tribunal es el Señor quien nos juzgará, pero Su vida está en nosotros ahora, y está dirigiendo nuestro camino.  Por esa razón Pablo dijo en 2 Corintios 5:7: Por fe andamos, no por vista.  Nosotros no llegamos a las decisiones sobre la base de una norma externa, legal, sino sobre la base de una vida interior.

  Es un hecho que el Señor Jesucristo habita dentro del creyente, y Él está constantemente expresándose en nosotros, por lo que debemos llegar a ser sensibles a Su vida, y aprender a discernir lo que esa vida está diciendo.  Un gran cambio tomará lugar en nosotros cuando la conducta no sea más gobernada por el principio del bien y el mal, sino solamente por el principio de la vida.

Ahora bien; no vemos que todas estas cosas estén ocurriendo dentro de lo que por norma son nuestras congregaciones cristianas. ¿Será que somos muy malos? ¿O desobedientes? ¿O será que hemos sido infiltrados o influenciados por espíritus malignos, tal el caso del que han dado en llamar como Espíritu de Caín? Es uno de los enromes enemigos de tu fe.

Voy a presentártelo, porque es la única forma en que, conociéndolo, batallando duro contra él y derrotándolo en el poder y la sangre de Jesucristo, puedas gozar de una libertad suficiente como para poner en vigencia y actividad claramente tus conductas íntimas. Esta es la historia.

(Génesis 4: 1) = conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: por voluntad de Jehová he adquirido varón.

(2) Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra.

(3) Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová.

(4) Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda, (5) pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante.

(6) Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante?

(7) Si bien hicieres, ¿No serás enaltecido? Y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.

(8) Y dijo Caín a su hermano Abel: salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató.

(9) Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: no sé, ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?

(10) Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra.

(11) Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano.

(12) Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra.

(13) Y dijo Caín a Jehová: grande es mi castigo para ser soportado.

(14) He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará.

(15) Y le respondió Jehová: ciertamente cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado. Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara.

Caín y Abel representan a dos generaciones espiritualmente muy diferentes: Diferentes en cuanto corazón fraternal, diferentes en cuanto visión, diferentes en su actitud, diferentes en su nivel de sacerdocio para con Dios, diferentes en cuanto a modelos de liderazgo y… ¡absolutamente diferentes en sus destinos finales por causas de sus conductas!

Habiendo transcurrido ya varios miles de años desde aquel “primer asesinato” registrado por la Biblia, debemos ser conscientes de que ese tipo de espíritu que llegó a controlar la conducta de Caín, sigue operando actualmente, logrando muchas veces con bastante éxito causar un gran dolor tanto a las familias “de sangre”, a las congregaciones y aún a todo el Cuerpo de Cristo, en general.

 

Es importante comprender que, así como ocurrió con Caín, este espíritu no llega a controlar a una persona de un día para el otro, ni logra sus objetivos destructivos repentinamente. De ahí la importancia de que como embajadores de la iglesia del Señor, (Y No estoy hablando de cargos o posiciones, sino de estados internos de vida), sepamos hoy discernir e identificar esta artimaña del diablo para no dejarle avanzar más.

 

Veamos con cuidado: ¿Qué características identifican a este espíritu? En primer lugar, produce una profunda envidia, celos destructivos, ambición y codicia por lo que tienen otros. Este tipo de envidia desemboca en muerte, resentimiento, odio, contiendas, pleitos, violencia y destrucción.

 

Posteriormente a todo esto, lleva a reaccionar con total indiferencia, una pérdida de sensibilidad ante el dolor del otro y una falta de conciencia de la responsabilidad personal frente a la desgracia de su propia víctima. Además, este espíritu opera con un objetivo principal: destruir las relaciones fraternales entre hermanos. Y no sólo en la fe, sino también entre hermanos de sangre.

 

 El “espíritu de Caín”, entonces, sabe que, si logra su cometido, generará un profundo dolor en familia, tanto natural como espiritual, y desatará maldiciones sobre el lugar donde actuó, afectando negativamente el entorno, y también sobre la vida de la persona que utilizó como herramienta destructora.

 

Hay algo que ya hemos enseñado en más de una ocasión, pero que viene bien volverlo a reiterar en este momento. Dios es Espíritu, por lo tanto necesita un cuerpo natural para manifestarse en el ámbito natural. Satanás y sus demonios, también.

Observa con atención que, si bien Caín fue el hijo primogénito de Adán y Eva, todo parece indicar que, a medida que crecía su hermano Abel, no se sentía satisfecho con haber sido el primero: ahora quería ser el único.

 

De ese modo, -suponía él- se evitaría las comparaciones y hasta quizás ciertas preferencias de sus padres, lo que generalmente termina provocando competencia entre hermanos… Caín no supo compartir su lugar con su hermano, lo quiso todo solo para él.

Buen momento para recordarte que debes tener mucho cuidado.Tú eres único en cuanto a identidad personal se refiere, pero jamás te creas único en cuanto superior, o inigualable en logros; mucho menos te sientas el único poseedor de la revelación absoluta, o el único que permanece fiel a Dios en toda la tierra. ¿Te acuerdas de Elías…? (“…Señor, yo sólo he quedado…”) Deja de practicar la falsa humildad que solo te llevará a la depresión y el fracaso.

 

Había notorias diferencias entre aquellos hermanos, como hoy también las hay entre otros hermanos. Caín trabajaba con la tierra, material inanimado, mientras que Abel trabajaba con animales, seres vivos. Es decir que, de alguna manera, Caín era un labrador y Abel era un pastor.

 

Caín estaba acostumbrado a que sus manos tocaran un elemento material, inerte, sin sentimientos, impulsos, ni reacciones. Abel, por su parte, estaba familiarizado a tratar con ovejas, cortar su lana, palpar su carne y su sangre, percibir su olor, y hasta renegar con sus instintos y conductas.

 

Estas características, fíjate las comparaciones, en alguna medida marcaron también sus respectivos niveles de sensibilidad espiritual, llevándoles a ejercer un sacerdocio y una adoración muy diferentes. O sea que, cada uno, de alguna manera era un producto de lo que hacía. O –si lo prefieres- a la inversa.

 

(Génesis 4:3-5) = Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. 4Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda, 5pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya…

 

Si bien no tenemos una razón o respuesta categórica y explicita que nos diga con certeza por qué Dios actuó como actuó, sí hay algunos elementos que nos conducen a esta conclusión: a) Mientras Abel seleccionó de entre sus animales a los primogénitos, que eran las primicias, varios, que significa pluralidad, cantidad generosa y a los más gordos, que tiene que ver con abundancia, calidad, leemos que Caín “…trajo del fruto de la tierra una ofrenda…” sin ningún detalle sobre su calidad, ni cantidad.

 

b) Es evidente, entonces, que existían corazones y motivaciones bien diferentes en ambos, al observar lo que cada uno eligió y se propuso entregarle a Dios, como señal de gratitud, reconocimiento y adoración.

 

c) El corazón de Caín fue conformista, estrecho, mezquino; en tanto que el de Abel fue de excelencia, abundancia y generosidad.

 

d) Caín trajo sobre el altar “un fruto más” (una papa, un tomate o tal vez una zanahoria), que para conseguirlo él no había tenido mayor participación; Abel se presentó con lo mejor de sus bienes, resultado del esforzado cuidado de su rebaño.

 

e) Pero hay un principio fundamental a tener en cuenta aquí: “…el Señor no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón.”(1º Samuel 16:7) Dios miró a cada dador antes de mirar sus ofrendas. Tengo una buena (¿O quizás no?) noticia para ti: Hoy, Dios sigue mirando nuestras ofrendas exactamente con los mismos ojos que entonces.

 

OBSERVACIÓN: ¿No les resulta “curioso”, “llamativo”, que el primer asesinato (o conflicto violento) estuvo directamente relacionado con un aspecto de la adoración, y más específicamente con la ofrenda…? ¿No les llama la atención…? …Hasta hoy suceden conflictos violentos y problemas parecidos por causa de los mismos temas. ¡Satanás sabe que estos son temas importantes!

 

(Génesis 4: 6) = Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante?

 

Fíjate que Caín estaba “ensañado” y “decaído” a la vez. Vale decir: enfurecido y débil a la vez, enojado y desanimado al mismo tiempo. Es que la envidia, básicamente es un pecado de sentimientos destructivos que provocan cierto descontrol en las emociones, los criterios para evaluar, las palabras, actitudes y conductas.

 

La envidia, básicamente responde a las siguientes causas: 1) Una baja estima o valoración de quien soy, qué hago, cuáles han sido mis logros y aún sobre los bienes que poseo. 2) Una continua comparación o competencia con los demás, que sin duda son diferentes a mí, pero no mejores ni peores, tienen más o menos, lograron tales o cuales cosas, etc.  

 

La envidia trae sobre sus espaldas a un desagradecido (por no saber valorar lo que es y tiene) y a un ambicioso (insaciable competidor por superar los “triunfos ajenos”). Además, este espíritu envidioso debilita nuestra capacidad de sujetar al pecado que está a la puerta de nuestras vidas.

 

Es decir, según Dios mismo le explico a Caín, él podía enseñorearse y controlar esos sentimientos y deseos pecaminosos que estaban acechando su vida e impedir que lo controlaran… ¡Pero Caín no quiso! Quizás las “defensas” espirituales de Caín ya estaban muy debilitadas; y es que, como alguien dijo con humor alguna vez, doña Envidia camina muy de la mano con doña Amargura, y sus efectos van calando muy hondo, debilitando nuestro potencial para caminar en santidad y victoria.

 

(Proverbios 18: 19) = El hermano ofendido es más tenaz que una ciudad fuerte, y las contiendas de los hermanos son como cerrojos de alcázar.

 

Aunque ni siquiera haya razones aparentemente “justificadas” para que la persona este ofendida. Caín invitó a su hermano a un “picnic”, un “día de campo”, a un tiempo de camaradería, de disfrutar una confraternidad, sin embargo la traición ya estaba en su mente; solo esperaba el momento oportuno…

 

Así opera este espíritu: bajo una conducta amable y un trato aparentemente bien intencionado, entreteje pensamientos de traición hacia su propio hermano. ¿Te suena familiar esta historia…? ¿Conoces ejemplos sobre el tema…? ¿Es que acaso esto te toca en carne en propia, mi querido hermano…?

 

El espíritu de Caín provoca mentira e indiferencia. Y todo esto, aun siendo la persona confrontada con un testigo infalible y con pruebas irrefutables. Dios mismo se presentó como testigo en contra de Caín.

 

(Génesis 4: 9-10) = Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? 10Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra.

 

Esa misma pregunta, el Padre nos la hace hoy a cada uno de nosotros: ¿Dónde está tu hermano…? Olvida por un momento templos, congregaciones, denominaciones y credos. Céntrate en lo que Dios dijo en Su Palabra. Ahora, nuevamente te pregunto: ¿Sabes tú dónde está tu hermano? ¿Y qué de las maldiciones?

 

a) Improductividad en el trabajo (ministerio): vs.12 = Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza… (No tendrás frutos).

 

 b) Vida sin rumbo ni estabilidad: vs. 12 =…errante y extranjero serás en la tierra (Falta de propósito y dirección)

 

c) Relación con Dios caracterizada por miedo y culpabilidad: vs. 14 =…de tu presencia me esconderé… (Conciencia legalista y autocondenatoria)

 

Pero, ¿Acaso es posible ser cristianos y caminar bajo maldiciones como éstas…? ¿Ministerios bajo maldición…? ¿Iglesias atadas por una maldición…? ¿Denominaciones enteras influenciadas por un “espíritu de envidia”…? Lamentablemente sí. Pero la buena noticia de Dios para nosotros hoy es que…

 

La misericordia de Dios sobrepasa todo poder espiritual destructor. Si bien Caín tuvo que acarrear con las consecuencias de su maldad, con todo Dios le proveyó de una “Señal de protección”… No tenemos seguridad de qué era exactamente, ni cómo funcionaba, pero lo que sí es evidente es que a pesar de todo, Dios no abandonó a Caín.

 

En suma y concluyendo: Cristo nos ofrece hoy su libertad de todo espíritu opresor y redención de toda maldición que ha estado afectando nuestras vidas, ministerios y el avance del reino de Dios en las naciones. Ministros del Señor: La iglesia viene sufriendo por varias generaciones la obra destructiva de este “espíritu de envidia, celos, resentimiento, destrucción, mentira e indiferencia entre hermanos”, pero hoy Dios nos confronta con la oportunidad de cortar sus yugos de nuestras vidas y aún libertar a otros.

 

Debemos confiar más en la capacidad de Dios para bendecirnos, que en la astucia del diablo para engañarnos; pues Dios nos ama tal cual somos, pero nos ama demasiado, como para dejarte tal cual hoy estamos. Tu fe tiene arreglo, pero tu conducta ya no. Lo primero viene de Dios, lo segundo es tu responsabilidad.

 

El espíritu de Caín con todas sus actitudes y perversas obras debe ser hoy desarraigado del Cuerpo de Cristo por el arrepentimiento, la confesión, la renuncia y el perdón desatado por la oración de guerra. Si no tomamos una firme y valiente decisión sobre este “principado”, será prácticamente imposible ver a la iglesia marchando en unidad y en la gloriosa unción que el Señor está reservando, como el más excelente vino, para el tiempo final de la historia.

 

Nosotros tenemos la oportunidad por delante: Si no lo hacemos nosotros… ¿Quién se supone que lo hará? Si no lo hacemos ahora… ¿Cuándo se supone que se hará? Hay un viejo refrán que es válido para esto: “Si quieres ver lo que nunca has visto, atrévete a hacer lo que nunca has hecho…”

 

Ministros, gente con unción suficiente como para ser referentes para otros, el Padre Celestial nos está preguntando hoy: ¿Dónde está tu hermano…? ¿Qué hiciste con él…? ¡Cuántas veces hemos preferido ganar una discusión teológica de doctrinas y liturgias “secundarias” antes de preservar la comunión y la unidad fundamental!

 

Si alguna vez has caído en las trampas del “espíritu de Caín”, hoy puedes ser libre, si lo quieres, si así lo decides… ¡Hoy es tiempo de arrepentimiento! ¡Corre a la presencia de Dios y arrepiéntete ya mismo! Si hay relaciones que has destruido con envidia, mentiras, violencia o aún con una profunda indiferencia, ¡Hoy es el tiempo de perdón y restauración!

 

Si hasta aquí te has visto a ti mismo como un “sacerdote mediocre”, un ministerio “pobre, pequeño y desapercibido”, si hasta hoy te has quedado corto con tu nivel de adoración, has sido mezquino con tus ofrendas, has estado comparándote con otros sacerdotes y envidiando su comunión… ¡Hoy es tiempo de cambios sobrenaturales!

 

Si por el contrario, no has vivido las cosas anteriores pero sí has estado acumulando rencor, amargura, odio y aún hasta ciertas enfermedades, a causa de no perdonar a otros, ni perdonarte a ti mismo… ¡Hoy es tiempo de reconciliación!

 

Jesucristo nos confronta una vez más y nos dice: ¿Dónde está tu hermano…? ¿Qué hiciste con él…? No pongas excusas, porque de nada sirve. No intentes justificarte, porque Él lo sabe todo. No digas: “Yo no soy responsable por él”, porque sí lo eres… No digas: “Yo no soy su guarda, ni su cuidador, ni su consejero…”, porque sabes bien que Él nos llamó a sobrellevar las cargas los unos de los otros y a guardar la unidad en el vínculo de la paz… ¡Hoy es tiempo de restitución!

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Certeza de lo que se Espera

Finalmente, llegamos al que yo determinaría como epicentro de este trabajo. Porque mal podríamos hablar de la fe si ignoráramos el gran capítulo que la Biblia tiene en su referencia. Estoy hablando del capítulo once de la carta a los Hebreos.

El autor de esta carta apoya sus recomendaciones de permanecer firmes en la fe con las experiencias triunfantes de los héroes hebreos. Primero ofrece, no una definición, sino una descripción de cómo obra la fe. La fe es una firme convicción de cosas que no se ven, y segura esperanza de una recompensa futura.

La palabra griega que se traduce como certeza, es literalmente “pararse debajo”, y se usaba en el sentido técnico de una “escritura de propiedad”. La idea básica es situarse debajo del derecho a la propiedad para apoyar su validez. De esa manera, la fe es la certeza de lo que se espera. A través de este capítulo su autor hace énfasis en que esa seguridad descansa en las promesas de Dios. Hebreos 11: 1-40.

Versión Clásica

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos.

Nueva Versión Internacional

Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella fueron aprobados los antiguos.

Versión Biblia Textual

Y la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Lo es, porque por ella fueron aprobados nuestros mayores.

¿Qué cosa es la certeza? Es una calidad de cierto, un conocimiento seguro y evidente de que algo es cierto. No una garantía como dice la NVI, porque eso sería más bien un aval. ¿Y qué cosa es una convicción? Un convencimiento, una idea religiosa o política fuertemente arraigada.

Sin embargo, estas dos definiciones le pertenecen a un buen diccionario de la lengua española, de los tantos que pululan en la Web como ayuda idónea y eficaz para los escritores. A no ser que estos escritores, (Como el suscripto) deban realizar un trabajo de corte espiritual.

Porque en ese caso, las acepciones gramaticales se modifican abruptamente. Especialmente la segunda. Porque convencimiento es una idea o pensamiento que nos llega desde afuera hacia adentro. Un ejemplo sencillo:

Alguien dice que la lluvia es magnífica y tú, aunque te estés inundando, si estás convencido de lo que te ha sido dicho, sigues pensando que la lluvia es hermosa, mientras te vas hundiendo entre globitos a las profundidades del agua caída alegremente del cielo.

Esto se aplica –tal como lo da el ejemplo del diccionario- en política y en religión. Tanto sea que estés escuchando a un eximio discursista político como a un probado orador religioso, lo que se te diga es muy probable que ingrese a tu mente como verdad inexcusable que a partir de allí creerás como propia a inmutable.

Pero la convicción no es un convencimiento que te llega desde fuera, sino una idea, pensamiento y seguridad de algo que te nace desde adentro hacia afuera sin que tú aciertes a saber cómo fue que eso llegó a tu mente o a tu corazón.

Otro ejemplo sencillo: Tú sales de tu casa y llegas a la esquina y te quedas allí esperando que pase el bus de las 8.00 AM para ir a tu trabajo. ¿Estás viéndolo venir al bus por el fondo de la calle? No, porque todavía faltan algunos minutos. ¿Y cómo sabes que vendrá? No hay explicación, simplemente lo sabes. Es decir que tienes certeza de lo que esperas, y convicción de lo que todavía no estás viendo.

(Romanos 8: 24) = Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿A qué esperarlo?

(25) Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.

(26) Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.

La palabra griega aquí traducida como “ayuda”, es la misma que se utiliza en Lucas 10:40, donde Marta le pide a María que la ayude. El término no indica que el Espíritu va a orar en lugar nuestro, sino que se nos une para hacer más efectivas nuestras débiles oraciones.

Algunos interpretan los gemidos como emitidos por el Espíritu Santo, debido a que el texto dice que el Espíritu los usa para interceder por nosotros. Otros consideran que Pablo se refiere a gemidos nuestros, debido a varias razones.

El verso 23, anterior al que leímos, dice que nosotros gemimos. Tales gemidos, que parecen indicar cierto grado de desesperación y angustia, se entienden en el caso de los cristianos, no del Creador, y esta afirmación explica el verso 26, el cual dice que el Espíritu nos ayuda, no que nos reemplaza en nuestras oraciones.

Hay mucho error en esto, y debo reconocer que hasta no hace mucho tiempo, yo lo enseñaba tal cual lo había aprendido de “mis mayores” religiosos, y lo que enseñaba era exactamente al revés de lo que es, y hoy debería salir a buscar a uno por uno a esos hermanos a los que llevé a confusión para pedirles perdón y darles la verdadera enseñanza genuina. Lo estoy haciendo aquí, espero que llegue a cada uno de los que pude haber contribuido a confundir.

(2 Corintios 4: 17) = Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; (18) no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.

Cuando Pablo dice que su tribulación es “leve”, no significa que realmente lo sea, de acuerdo con lo que hoy nosotros podríamos estimar como leve o fuerte. Él lo expresa de ese modo porque compara a esa tribulación con el futuro peso de la gloria eterna, entonces no puede verla de otro modo que no sea como algo pasajero y leve.

Y cuando luego añade que debemos estar “no mirando” las cosas que se ven, eso no quiere decir que las ignoremos. Significa que debemos estar permanentemente atentos y observando. Pablo reconoce que el ser exterior perece, pero por causa de la fe él ve más allá de lo externo y del momento presente. O sea que lo que tenemos que hacer es contemplar a las cosas naturales a la luz de las cosas eternas.

(2 Corintios 5: 6) = Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor (7) (porque por fe andamos, no por vista);

La expresión de Pablo, aquí de “ausentes del señor”, implica que Cristo está con nosotros espiritualmente, pero su ausencia física significa que no percibimos su presencia tan plenamente como sucederá en el futuro. A eso hemos sido llamados cuando se nos ordena vivir de acuerdo con la Palabra de Dios y el testimonio de Su Espíritu.

Los antiguos, a los cuales se refiere el texto base de Hebreos, eran los santos del Antiguo Testamento, muchos de los cuales luego serán mencionados en este mismo capítulo 11. Ellos obtuvieron un buen testimonio, no a causa de sus logros, de su santidad personal o de su pasiva aceptación a las promesas divinas, sino por una activa certidumbre que se expresó en obediencia, perseverancia y sacrificio.

Estoy plenamente convencido que nosotros –cualquiera de nosotros- podemos hacer la obra más encumbrada, esa que necesite de esfuerzo personal, de consagración y entrega, solamente siendo obedientes. Porque ello redundará en nuestra calidad y cantidad de fe, y cuando esto sea una realidad, todo lo demás vendrá por añadidura.

Versión Clásica

Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.

Nueva Versión Internacional

Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve.

Versión Biblia Textual

Por fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.

Antes que pase a otras consideraciones, déjame decirte que en esta última versión, a la que le doy suma importancia porque entiendo que es vital para aprender profundidades ocultas en las otras, donde se traduce universo, literalmente dice las edades, los mundos. Más abajo, en el mismo texto, donde leemos de modo que lo que no se ve fue hecho de lo que no se veía, literalmente dice lo que se ve no ha sido hecho de cosas que se dejan ver.

En las tres versiones, asimismo, dice que solamente por fe podemos entender que el universo fue constituido por la palabra de Dios. Y esa expresión que se traduce como constituido, es el vocablo katartizo, que significa: arreglar, poner en orden, equipar, ajustar, completar lo que falta, alistar, reparar, preparar.

La palabra es una combinación de kata, que quiere decir abajo, y artios, que significa completo, ajustado. Se la usa para referirse a los discípulos cuando estos remendaban sus redes, y cuando se habla de la restauración de un hermano caído. Hay tres escrituras que conforman el panel de respaldo de la que estamos examinando.

(Génesis 1: 1) = En el principio creó Dios los cielos y la tierra.

¡Qué simple! ¿Verdad? Sin embargo, un leve problema de traducción ha llevado por distintos caminos a los que trataron de interpretar esto desde lo espiritual y no desde la geología. Porque en esta versión clásica leemos que a esto Dios lo hizo en el principio, y eso nos da sensación de comienzo, de inicio. Sin embargo no es así.

Porque en la versión de la Biblia textual, tomada directamente de los originales, sin pasar por filtros armados por viejos cabezones auto titulados como eximios teólogos, no dice así, dice que en un principio creó Dios los cielos y la tierra. Y así como el principio da idea de comienzo de algo, un principio produce la certeza de un modelo, de un patrón preestablecido, de un croquis a seguir.

El término creó, aquí utilizado, mientras tanto, es el vocablo bara, y da una idea de formar, hacer, producir. Originalmente este verbo encerraba la idea de tallar o suprimir; ese concepto aún se expresa mediante la forma verbal que encontramos en Josué 17:18, que significa derribar árboles para preparar la tierra para la labranza.

Esto sugiere que crear es algo similar a esculpir. Por lo tanto, bara es la palabra apropiada para describir tanto el proceso de crear algo de la nada como el de moldear lo existente para crear algo nuevo, tal cual hizo Dios al crear al hombre del polvo de la tierra. Dios es siempre el sujeto del verbo bara en su forma común; el crear es, por lo tanto, un atributo divino.

Otra: la traducción tradicional de lo que hasta cierto punto es una compleja y debatida fórmula gramatical hebrea, dio origen a más de una interpretación. Otras traducciones posibles han aparecido durante el último siglo, pero presuponen la existencia de un caos material o hasta de una raza pre-adámica, antes que comenzara la creación descripta el primer capítulo.

Escucha: nada en lo que resta del libro del génesis, ni en la Biblia entera como un todo, requiere o recomienda necesariamente esa interpretación, aunque tales opiniones estén consideradas como bíblicamente aceptables. De todos modos, la traducción más directa y sensible a nuestro espíritu es la que nos muestra que todo fue creado de la nada, de lo invisible y sólo por la Palabra de Dios: sea.

(Juan 1: 3) = Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

Dice que todas las cosas por Él fueron hechas. ¿Sabes lo que significa la palabra todas? Pues exactamente eso: todas. ¿Y quién es ese ´”el”, Cristo? Sí, pero Juan no lo denomina así, sino cómo debe para dar base a este concepto: el Verbo.

¿Sabes qué cosa es el Verbo? La palabra. Por lo tanto, lo que Juan está declarando aquí con entidad y valor profético, es que Jesús es indudablemente el agente divino responsable de toda la creación. Porque fue centralizada en Él, el Verbo, la Palabra.

La idea más concreta de esto la da Pablo en su carta a los Colosenses. En 1:16 el apóstol dice: Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.

Dicen los eximios comentaristas bíblicos que existe una estructura organizada en la esfera angelical, que ejerce profunda influencia en la historia de la humanidad, y en la que los ángeles ocupan distintas posiciones, de acuerdo con sus respectivos rangos.

Aunque estos estudiosos no se ponen del todo de acuerdo y hay varias opiniones diferentes con respecto al orden de los oficios angelicales, está claro que la hueste angelical forma parte de un mundo altamente organizado de seres angelicales.

Por ejemplo, Daniel 10:13 muestra que los ángeles guerreros tienen un jefe principal, Miguel, a quien también se le llama arcángel, esto es, uno que gobierna sobre otros. Serafines y querubines parecen ser de un rango de poder un poco más bajo, solamente superiores a los espíritus ministradores.

Sin embargo, es posible que los serafines y querubines desempeñen un papel de liderazgo en la adoración, mientras que Miguel dirige a los ángeles belicosos. Con respecto a los ángeles de las tinieblas, Efesios 6:12 ofrece algunas precisiones sobre rangos en el reino de los ángeles malos:

Principados, potestades, gobernadores de las tinieblas de este mundo y “huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”. Por la información que la Biblia ofrece, deducimos  que el reino angelical es una sociedad distintamente estructurada, con diferentes niveles de autoridad o poder, de acuerdo con el orden creado por Dios.

Esto, claro está, casi copia fiel y textual de un extenso comentario publicado en una de las Biblias de estudio de mayor prestigio en Latinoamérica. Ninguno de estos comentaristas tiene en cuenta, (O al menos sugiere tenerlo) a una guía proveniente del Espíritu Santo por medio de la revelación. Esa sigue siendo la enseñanza “oficial” en la religión cristiana.

Ahora voy a compartirte, en las tres versiones para que puedas comparar por ti mismo, sin necesidad de ayuda de mi parte, los cuatro versículos siguientes, que tienen que ver con el grado o medida de fe que poseyeron tanto Abel, como Enoc, como Noé.

Versión Clásica

Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella.

Por la fe, Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios.

Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.

Por la fe Noé cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe.

Nueva Versión Internacional

Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía.

Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios.

En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan.

Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase, y por esa fe condenó al mundo; y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe.

Versión Biblia Textual

Por fe Abel presentó a Dios una ofrenda mejor que Caín, por medio de la cual recibió aprobación de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas y habiendo muerto, aún habla por medio de ella.

Por fe Enoc fue trasladado para que no viera muerte, y no fue hallado, porque lo trasladó Dios, y antes del traslado recibió testimonio de haber agradado a Dios.

Pero sin fe es imposible agradarlo, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que existe, y que es galardonador de los que lo buscan.

Por fe Noé habiendo sido advertido acerca de cosas que aún no se veían, movido de reverente temor construyó un arca para salvación de su casa, y mediante esa fe condenó al mundo, y fue heredero de la justicia que es según fe.

Abel, cuyo nombre significa “vapor”, o “soplo”, fue el segundo hijo de Adán. Dice la escritura que era justo y lleno de fe. Por causa de la envidia fue asesinado por su hermano Caín. Tipifica la sangre inocente y se han hecho muchas conjeturas respecto a la razón por la cual fue aceptada su ofrenda y no lo fue la de Caín.

Tengo una explicación, que naturalmente no es la única, pero que es la que a mi entender resume en el plano espiritual esos motivos. Creo que pudo haber sido mandato de Dios como anticipo del “Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”, o sea, el plan de la Redención.

Una prueba incidental de ello puede ser los numerosos altares de los tiempos prehistóricos que se encuentran esparcidos en el mundo. El paganismo distorsionó el propósito divino, llegando a ofrecer víctimas humanas, pero la orden de los sacrificios expiatorios que hallamos en el Pentateuco, después de la salida de Israel de Egipto, pudo ser, al igual que la institución del matrimonio y del día de reposo, una restitución de un antiguo mandato, más que una innovación.

 “Acordarte has del día de reposo”, dice en Éxodo. Y en cuanto a sacrificios, leemos que Abraham los ofrecía mucho antes de la institución del ministerio levítico. ¿De dónde le vino la idea a Abraham sino de una tradición procedente de la primitiva revelación de Dios en el Edén?

 La carta a los Hebreos que aquí estamos estudiando, dice que “por fe Abel ofreció mejor sacrificio”. Entonces la pregunta que nos salta de inmediato, es: ¿Fe a qué? La fe requiere el conocimiento, o, en este caso, revelación.

El sacrificio de Abel es prueba de un carácter obediente a Dios, mientras que la ofrenda de Caín es prueba de un carácter altivo, que trató de imponer su propio culto de homenaje al Creador, y no quiso humillarse a depender de su hermano, para su ofrenda, a pesar de la probable revelación de Dios.

En el Nuevo Testamento Abel es considerado como mártir de su fe  y de su justicia. El primero en morir de la raza humana fue el primero en entrar en la gloria de Dios y una prenda de las primicias que nadie puede enumerar.

Por eso se añade en Hebreos 12: 24 y 1 Juan 1:7 que: La sangre de Abel clamó justicia sobre la tierra, pero la sangre de Jesucristo trajo el perdón y la salvación para todos los que se arrepienten. Eso nos deja mucho más claro el concepto e informados de lo que leemos y desconocemos.

Enoc, cuyo nombre significa “iniciado”, “consagrado”, figura cuatro veces en la Biblia. Como uno de los hijos de Caín, quien puso su nombre a la ciudad que fundó, como un hijo de Madián, descendiente de Abraham y de Cetura, y como hijo de Rubén, transcripto como Hanoc. Estos son tres Enoc que no son el personaje que aquí nos ocupa.

Este Enoc del que se está hablando era un hijo de Jared que engendró al conocido Matusalén. Se dice que vivió trescientos sesenta y cinco años y luego “anduvo” con Dios. Enoc es el único de la genealogía antediluviana del que no se dice “y murió”. Esto fue debido a que, tal como se lo relata aquí, fue “llevado” por Dios de un modo sobrenatural e inédito.

Allí se dice, ampliando los motivos de su desaparición terrenal, que fue traspuesto para no ver muerte. Asimismo, una profecía de Enoc que anunciaba el justo juicio de Dios contra los impíos, ha sido incorporada en Judas 14 y 15. Curiosamente, las palabras de esta profecía también se encuentran en el libro apócrifo judío de Enoc, aunque manipuladas.

Pero lo que definitivamente debe interesarnos a nosotros en el marco de este estudio, es que la transposición de Enoc al cielo, obviando el paso de la muerte física, tuvo lugar porque éste agradó a Dios tomándole la palabra y viviendo de acuerdo con ella.

Mi pregunta que no viene en tono de duda sino en recado de reflexión, es: ¿Qué sucedería hoy, en este pleno siglo veintiuno, si algún hombre o mujer de Dios tomara la palabra de Dios y viviera su vida plena en consonancia con ella?

Estoy en certeza que, sin crear falsas doctrinas sin argumentos sólidos porque Dios es soberano y hace lo que quiere cuando quiere, muy probablemente podría ocurrir lo mismo. ¿Y entonces, por qué no sucede? Evidentemente, porque no hay gente que viva conforma a la palabra de Dios, así de sencillo, así de triste.

Nada agrada tanto a Dios como la firmeza de la fe en todo lo que Él es y en todo lo que Él ha prometido. Por eso la sugerencia que te puedo dejar, es: busca a Dios diligentemente, cree que Él te recompensará por ello y verás un nivel de victoria y bendición que desconoces.

Y por esta razón específica es que, exactamente aquí, a continuación de la mención de Enoc, el autor añade este concepto que ha recorrido el planeta y los tiempos como estandarte clásico de la fe: sin fe es imposible agradar a Dios.

Pero dice algo más que a muchos puede sorprender, aunque no deberían hacerlo. Dice que quienes se acercan a Dios, tienen que creer que Él existe. ¿Pero esto no es algo corriente y normal? Parece ser que no. Y también que es dador de recompensas. Y a esto, aunque no lo creas, hay muchos cristianos que no lo aceptan, queriendo ser más buenos que el mismo Dios.

Y, finalmente, nos encontramos con Noé. Su nombre significa “descanso”, “tranquilidad”. Hijo de Lamec, descendiente de Set. En base a las palabras de Lamec, el nombre de Noé significaba para él a la vez reposo y consolación: “Éste nos aliviará de nuestras obras y del trabajo de nuestras manos, a causa de la tierra que Jehová maldijo.” En efecto, en hebreo. Es usual hacer juegos de palabras y de asonancias. No se nos dice nada más acerca de Noé hasta que llegó a los 500 años de edad, y que tuvo tres hijos, Sem, Cam y Jafet.

Es así como Pedro designa a Noé como “Pregonero de Justicia”. Era justo, íntegro y caminaba con Dios, lo que le hacía estar en acusado contraste con su generación impía y corrompida de su tiempo. Mientras duraba la paciencia de Dios  Noé predicaba a sus contemporáneos de diversas maneras:

Por el ejemplo de su vida limpia; por su “predicación”, por cuanto advirtió con toda claridad a los hombres de su generación, por la construcción del arca, poseído de un temor reverente creyó en la santidad ultrajada de Dios y en lo inminente del juicio que se avecinaba.

Tomándose seriamente la Palabra del Señor, se aferró al único medio de salvación para él y los suyos. Había en el arca lugar de sobra para muchas otras personas (si hubieran querido entrar), así como para los animales.

Fue así que por esa fe condenó al mundo, demostrando que los impíos iban a morir, no por las aguas del Diluvio, sino por su indiferencia e incredulidad. En cuanto a Noé, vino a ser “heredero de la justicia que viene por la fe”. En efecto, por íntegro que fuera no era sin pecado y fue literalmente salvado por la fe.

Es impresionante el comportamiento de Noé durante el período que estuvo en el arca. Un lapso prolongado en el que su paciencia y fe son puestas a prueba. Tenía 600 años cuando entró en el arca. Dejó abierta la puerta aún siete días y después el mismo Dios cerró la puerta tras él.

No vemos en Noé ningún apresuramiento ni aturdimiento, él hizo “conforme a todo lo que Dios le mandó” y su actitud expresa, lo mismo que su nombre, reposo y tranquilidad. Después de los largos meses del terrible cataclismo, Dios mostró que se acordaba de Noé.

De una manera tranquila y metódica, Noé examinó una solución, dejando salir al cuervo y hasta tres veces la paloma, para verificar de una manera factual el estado de la tierra; a continuación abrió la cubierta del arca. Sólo salió de ella, no obstante, en obediencia a una orden determinada de Dios (ocho semanas más tarde, ni antes ni después) con todos los suyos, y con los animales que se habían salvado.

De inmediato, el patriarca erigió un altar, ofreciendo a Dios sacrificios. “Sin derramamiento de sangre no se hace remisión”, y es sobre la base del sacrificio que Jehová establece un pacto con Noé y sus descendientes. Los puntos esenciales de este pacto son:

Dios promete no volver a enviar jamás un diluvio de aguas sobre toda la tierra; los días, las estaciones y las cosechas durarán tanto tiempo como la tierra. Sin embargo, un día los cielos y la tierra serán destruidos por fuego.

Como con Adán en el pasado, Noé y sus hijos recibieron la orden de ser fecundos y de multiplicarse y llenar la tierra. Dios entregó en sus manos los animales, y les concedió su carne como alimento, en tanto que Adán, antes de la caída, era vegetariano.

Se da la prohibición general de comer sangre. La vida humana queda protegida contra los animales y los mismos hombres. Este texto instituye la pena de muerte por primera vez en el Antiguo Testamento y para el Nuevo Testamento. Se da el arco iris como señal de este pacto perpetuo.

Noé labró la tierra y plantó una viña, siendo sorprendido por el efecto embriagador del vino. Sem y Jafet se comportaron hacia su padre con respeto filial. Pero Cam se comportó con una actitud indecorosa, que suscitó la cólera de Noé, y que atrajo sobre Canaán, hijo de Cam, una maldición profética.

Finalmente, y ya que me encuentro con la figura de Noé, quiero reiterar una pregunta que siempre he formulado a quienes me leen o escuchan cuando hablo de él. Una pregunta que, créeme, yo mismo me hecho en muchas ocasiones.

Si tú hubieras nacido y vivido en la época de Noé y un día, en una tierra donde la lluvia era algo prácticamente desconocido hubieras pasado por su casa y lo hubieras visto construyendo un gran barco porque le había sido anunciado un gran diluvio, ¿Qué hubieras pensado? ¿Qué eso podía ser cierto, o que ese viejo se había vuelto rematadamente loco? Examínate, luego opina.

Versión Clásica

Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba.

Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.

Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aún fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido.

Por lo cual también, de uno, y a ese ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar.

Nueva Versión Internacional

Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa, porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor.

Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad y de que Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos, porque consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este solo hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar.

Versión Biblia Textual

Por fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que iba a recibir por herencia, y salió sin saber a dónde iba. (Literalmente dice “a dónde va”)

Por fe habitó en la tierra prometida como en tierra ajena, viviendo en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.

Por fe, a pesar de la esterilidad de Sara, recibió vigor para engendrar simiente aún fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel el que había prometido.

Y por tanto, de uno, y éste ya casi muerto, nacieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está junto a la orilla del mar.

Siempre me causó mucha gracia, -pese a que tiene contenido muy serio-, el relato ficción de la salida de Abraham de Ur de Caldea. Allí lo muestran como caminando a pasos largos hacia una determinada dirección bajo la mirada llena de curiosidad de sus vecinos.

Entonces, uno de ellos se atreve y le grita: -¡Eh, Abraham! ¿A dónde vas? – Voy a la tierra prometida, amigo… – ¿Ah, sí? ¿Y a dónde queda eso, si se puede saber? – ¡Ah, no lo sé! ¡Yo agarré para allá y para allá voy!

¿Te sonreíste tú también? Bienvenida sea una sonrisa que nunca viene mal, pero ahora reflexiónalo con seriedad. ¿Te imaginas la escena? No es tan descabellado el relato humorístico. Abraham iba en la dirección que iba sólo por obediencia y por fe, porque él realmente no tenía ni la menor idea hacia dónde debía caminar.

Pero salió. Tomó la decisión de creerle a Dios y ponerse en marcha. Dejó de lado todas las especulaciones intelectuales y hasta racionales y eligió el imponderable casi inconsciente de la fe. Porque con todas las seguridades a la vista, cualquiera. Pero así…

Además, se nos dice que cuando llegó a ese lugar, muy lejos de estar esperándolo un comité de recepción, un hotel cinco estrellas y un abultado sobre con la ofrenda anticipada, debió vivir como extranjero. Tú, que tal vez eres uno de esos tantos que están en una tierra que no es tu tierra nativa, ¿Entiendes lo que significa vivir como extranjero, verdad?

Es obvio que si llevamos la aventura de Abraham a un hoy concreto y materialista, veremos qué absolutamente nadie se presentó para salirle de aval para que pudiera alquilarse un piso en buen lugar. De allí que debió morar en tiendas móviles, elementos destinados a los que están de paso, aun sabiendo que no iba a estar de paso por una razón: esperaba el cumplimiento de una promesa.

Dime algo: ¿No estarás tú, tal vez, en este día, aguardando una promesa que Dios te ha hecho quizás hace mucho tiempo, o años, atrás? ¿Y con qué confianza la estás esperando? ¿Incluyes a tu familia en esa espera o los dejas de lado? Porque ellos son tus coherederos, dice esta palabra.

El término coherederos, aquí, es la palabra griega sunkleronomos. Deriva de sun, que quiere decir “con”; clero, que se traduce como “una cantidad” y nemomai, que es “poseer”. La palabra, entonces, se refiere a un coparticipante, compañero de herencia, uno que recibe mucho juntamente con otro. Espero que esto te tranquilice. No has entendido mal.

Sin embargo, lo que a mí particularmente me ha llamado mayormente la atención, es la calidad de la declaración de Abraham, que señala que está allí y espera lo que espera porque hay una ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios, que va a llegar a su vida. ¿De qué ciudad está hablando? Hay pistas en esta misma carta, fíjate.

(Hebreos 12: 18-24) = Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad de las tinieblas y a la tempestad, al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más, porque no podían soportar lo que se ordenaba: si aún una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo; y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: estoy espantado y temblando; sino que os habéis acercado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.

Dicen los comentaristas y prestigiosos teólogos que el autor de esta carta presenta aquí otra dramática comparación entre el judaísmo, descrito como el monte Sinaí, y el cristianismo, representado por el monte de Sión. Jerusalén la celestial tiene que ver con el antiguo pacto de la ley que trajo miedo y separación, con un nuevo pacto que trae abundante bendiciones y confianza extrema.

Está bien, lo acepto como ingrediente a sumar a mis conocimientos. Lo agradezco y prometo tenerlo muy en cuenta a la hora de rendir algún examen en algún seminario o instituto bíblico. Pero seguiré confiando en mi Espíritu Santo amado que sigue enseñándome que esto tiene que ver con la entronización definitiva de Cristo en tu vida, por encima de todo lo que Grecia y tú mente intelectual te diga. Y si quieres confirmar esto que te estoy diciendo, ahora podrás hacerlo con la próxima escritura. Que también está en la carta a los Hebreos, aunque un capítulo más adelante.

(Hebreos 13: 12) = Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta.

(13) Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio; (14) porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir.

En el Día de la Expiación, los cuerpos de los animales cuya sangre era llevada al Lugar Santísimo eran quemados fuera del campamento. Pero Jesús, lo opuesto a este tipo de sacrificios, fue crucificado en las afueras de la ciudad de Jerusalén.

De allí que en el ámbito espiritual, salir fuera del campamento es, necesariamente, irnos por fuera de toda clase de religión pre establecida o previsible en cuanto a sus formas, ritos o tradiciones. Le cuesta una enormidad al Dios de todo poder manifestarlo en medio de hombres o mujeres religiosos.

Y esa actitud nuestra de salirnos por fuera de ese campamento traerá, inevitablemente, consecuencias relacionadas con nuestra pertenencia. Así veremos que, llevar adelante los vituperios de Cristo en nuestro propio ser, nos acarreará antipatías de parte de aquellos que hasta se ganan su sustento hablando de ese mismo Cristo.

Y es en ese tenor donde nosotros, impotentes para darle solución a lo que no tiene solución humana, lo único que podemos hacer es aguardar que Dios mismo bendiga y haga descender del cielo a su iglesia genuina, a esa Jerusalén celestial pre-anunciada que es, en suma, la ciudad del gran Rey.

(Apocalipsis 21: 1) = Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más.

(2) Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido.

Aquí lo tienes con la máxima y meridiana claridad posible. La santa ciudad, la Jerusalén celestial desciende del cielo, coma, de Dios mismo. ¿Y cómo dice que lo hace? Dispuesta como una esposa ataviada para su marido.

¿Y cómo se atavía una esposa para su marido? Con lo mejor. Y no hablo de lo mejor en precio o en calidad. Creo que en eso estamos más que sobrados. Hablo de lo mejor en cuanto a rectitud, honestidad, transparencia y, esencialmente, carencia de intereses humanos y personales.

Y finalmente Sara, su esterilidad e imposibilidad de concebir y gestar una vida. Una mujer a la que la ciencia, hoy, hubiera desahuciado total y absolutamente para ser madre. Que ni siquiera hubiera podido acceder a una fertilización asistida por una cuestión de riesgo de edad y todo lo que científicamente conocemos. Claro, estaba Dios detrás del asunto…

¡Qué distinta sería la raza humana si descansara en su Dios de todos los inconvenientes que se le presentan! ¡Qué diferente sería que un matrimonio, luego de orar y tener certeza de confirmación que Dios está acompañándolos en un embarazo decidiera simplemente confiar y tener a su bebé a los nueve meses!

Pero no es lo usual. En primer término, no consulta a Dios respecto al futuro de su familia, quiere decidirlo por su cuenta y riesgo. Y luego se enoja porque no puede lograrlo. Entonces recurre a la pharmakeia en todas sus estructuras y a la ciencia médica en toda su dimensión. Y en algunos casos consigue su deseo, en otros el nacimiento se produce pero con serias deficiencias genéticas. Ley de vida.

¿No sería más sencillo y seguro buscar la opinión de Dios, y de ser positiva, simplemente esperar en el verdadero dador de la vida? ¡Claro que sí! Pero así como la mujer “moderna” sostiene que es dueña de su cuerpo y puede abortar un embrión vivo cuando se le ocurra, así también el hombre sin Dios (Y a veces hasta supuestamente creyendo en Él) piensa lo mismo y cree encontrar soluciones fuera de su ámbito. Sara no fue un modelo de fe, seguro, pero tuvo la suficiente como para que Dios se glorificara en ella, en su familia, en Abraham y en el propietario de la gran promesa, Isaac.

¿Y qué decir de Abraham? En el supuesto ocaso de su vida, presumiblemente con sus funciones masculinas en declinación y con una producción hormonal insuficiente, es padre cuando debería estar alegrándose con sus nietos. ¡Cuántos hombres mayores, esclavos de diferentes clases de pecados quisieran ese milagro! ¿Verdad?

Pero Dios no es un Dios estático. Sólo mueve su poderosa mano cuando el motivo es afín con los postulados de su Reino. Y éste lo era. De ese hombre decrépito, casi anciano y en apariencia inútil, nace toda una civilización que, hasta hoy, es sinónimo de victoria por su fe. Pablo lo describe con puntillosa exactitud en su carta a los Romanos.

(Romanos 4: 19) = Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara.

(20) Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, (21) plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido; (22) por lo cual también su fe le fue contada por justicia.

Versión Clásica

Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra.

Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver.

Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad.

Nueva Versión Internacional

Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad.

Versión Biblia Textual

Conforme a la fe murieron todos estos, no habiendo recibido las promesas, sino mirándola de lejos, las creyeron y las saludaron, confesando así que eran extranjeros y peregrinos en la tierra.

Porque los que dicen estas cosas dan a entender que buscan una patria, y si ciertamente se acordaran (Literalmente: acordaban) de aquella de donde salieron, hubieran tenido (Literalmente tenían) tiempo de regresar, pero anhelaban una mejor, esta es, la celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos, pues les preparó una ciudad.

Fíjate que aparente incongruencia. Y digo “aparente” porque tú lo sabes tan bien como yo, la Biblia no contiene ninguna incongruencia, sino que cuando aparenta serlo, salta a la vista espiritual la revelación de que se trata de una palabra mucho más profunda que lo que literalmente habíamos percibido.

En este caso vemos que en este capítulo 11 de esta carta a los Hebreos, se registran las victorias gloriosas de los campeones de la fe; no obstante, en estos versículos que van del 13 al 16, se habla de aquellos que murieron, dice, sin haber recibido lo prometido.

Aun así, la Biblia dice que todos estos murieron creyendo, y que se sintieron contentos de confesar que ellos eran tan sólo extranjeros y peregrinos  que viajaban, por así decirlo, a través del territorio de aquel país. “Porque para los verdaderos creyentes, -escribió Wycliffe-, vivir por fe es morir por fe”.

La clave para la confesión de este grupo admirable en Hebreos capítulo 11 es que cuando recibieron la promesa de Dios se sintieron plenamente convencidos, como sucedió con Abraham y sus descendientes., de que la promesa era verdadera.

De esa manera abrazaron, (Literalmente saludaron), aquella promesa en sus corazones. La palabra “confesar” nos ayuda a entender cuán espontáneamente estos mártires de la fe tomaron el camino de Dios, y nos legaron su testimonio, que su palabra registra rindiéndole tributo.

Si bien es cierto que estas personas alcanzaron muchas victorias por medio de la fe, el texto dice que ninguno de ellos recibió todas las cosas que fueron prometidas. Que nosotros recibamos lo que “confesamos”, (Pedir, orar o esperar), no cambia el comportamiento o la actitud del creyente consagrado.

La adoración y el andar en la fe no dependen de oraciones contestadas o no contestadas. Nuestra confesión del señorío de Cristo en nuestras vidas ha de ser consistente, una celebración diaria de profunda gratitud.

O sea que, lo que aquí se te está diciendo es que, aunque sólo recibieron una parte de lo que Dios les había prometido, aquellos “antiguos” mantuvieron su fe en que Dios haría lo que había dicho. Debido a su íntima relación con Él, no se sentían a gusto en el mundo que los rodeaba. Buscaban algo mejor; y a causa de sus anhelos, Dios los reconoció como Su pueblo.

(Salmo 39: 12) = Oye mi oración, oh Jehová, y escucha mi clamor. No calles ante mis lágrimas; porque forastero soy para ti. (Es evidente que ser forastero o de alguna manera un advenedizo, aquí, depende totalmente de la hospitalidad y la provisión que se reciba de Dios en la tierra que a Él le pertenece. ¿O tú te habías creído que la tierra era tuya?)

(Filipenses 3: 20) = Más nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; (21) el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.

En este texto específico y formal, Pablo les está recordando a sus lectores que, aunque sean ciudadanos romanos, (Hoy podría decirte: argentinos, mexicanos, españoles, chilenos, peruanos, o el que elijas), poseen una ciudadanía más elevada y sólo son extranjeros en este mundo.

Versión Clásica

Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía a su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aún de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir.

Por la fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú respecto a las cosas venideras.

Por la fe Jacob, al morir, bendigo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado  sobre el extremo de su bordón.

Por la fe José, al morir, mencionó la salida de los hijos de Israel, y dio mandamiento acerca de sus huesos.

Nueva Versión Internacional

Por la fe Abraham, que había recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único, a pesar de que Dios le había dicho: “Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac”. Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos.

Por la fe Isaac bendigo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro.

Por la fe Jacob, cuando estaba a punto de morir, bendigo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyándose en la punta de su bastón.

Por la fe José, al fin de su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio instrucciones acerca de sus restos mortales.

Versión Biblia Textual

Por fe Abraham, habiendo sido probado, ofreció a Isaac, y el que recibió las promesas ofrecía a su unigénito (respecto al cual le fue dicho: En Isaac te será llamada descendencia), pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también lo volvió a recibir.

Por fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú respecto a cosas que estaban por suceder.

Por fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón.

Por fe José, al morir, hizo mención del éxodo de los hijos de Israel, y dio mandamiento acerca de sus huesos.

Lo de Abraham ha sido rescatado muchas veces como ejemplo supremo de su fe, ya que cuando se nos ha recreado la escena, ninguno de nosotros ha podido evitar sufrir un estremecimiento de pavor al imaginarnos en una situación similar.

No obstante, esa es la lectura que la gran mayoría hemos realizado del hecho sin tener en cuenta el nivel de fe que se nos demanda a la hora de buscar al Reino de Dios y su justicia, para que todo lo demás se nos añada.

Trata de pensarlo como lo pensó Abraham y verás que lo que en un principio te parece terrorífico, después ya no lo es tanto. Él se dijo: “Yo no podía ya tener hijos, y Sara tampoco. Dios decidió dárnoslo porque nos aseguró que de él nos levantaría descendencia. ¿Y ahora quieren que piense que Dios me lo va a sacar permitiendo que lo mate? Yo levanto el puñal, pero estoy seguro que Dios va a hacer algo al respecto antes que se lo clave en el corazón”.

Todos sabemos que Dios lo hizo dándole el animalito a Abraham para que sacrificara, pero: ¿Hubiéramos procedido o pensado nosotros de la misma manera? En tu respuesta íntima, encontrarás el grado y nivel de tu fe. No la compares con la de Abraham, sólo evalúa la tuya. Mira cómo lo explica Santiago.

(Santiago 2: 19) = Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.

(20) ¿Más quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?

(21) ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar?

(22) ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?

¿Qué quiere decir cuando señala que actuó juntamente? La palabra que allí se utiliza es sunergeo, a la que podemos comparar con la conocida sinergia. Es un vocablo que viene de sun, que significa “junto” y ergeo, que quiere decir “trabajar”.

De aquí que esto se entiende como cooperar, ayudar, colaborar, colaborador. Hay una armonía práctica o sinergia entre la fe vertical en Dios y las obras horizontales en un mundo lleno de necesidades. La fe es ambas cosas: espiritual y práctica. O una de esas cosas depende de la otra.

Y qué bueno resulta saber que los demonios también creen en Dios. Porque no será ni la primera ni la última vez que, en nuestra tarea pretendidamente evangelística, nos vemos frenados porque la persona a la cual le estábamos presentando el evangelio dice que sí que ya cree en Dios y que no necesita nada más. ¿Sabes qué? Los demonios también creen. Y eso quiere decir que no alcanza.

Porque también los hebreos suponían que por ser hijos de Abraham ya era más que suficiente, pero Pablo puntualiza las cosas como son en su carta a los Romanos, cuando en el capítulo 9 y versos 6 y 7 dice:

…No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia.

Y completa su explicación en el siguiente verso 8 cuando señala: Esto es: no los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino los que son hijos según la promesa son contados como descendientes. ¿Crees que es mera historia? Créelo, si quieres; pero recuerda que la historia es una serie de círculos sacados de una realidad. Y tu realidad puede estar desarrollándose hoy mismo, aquí y ahora.

Luego, fíjate que no se hace en absoluto mención respecto al engaño de Jacob. Con esto queda más que en evidencia cómo es que la gracia de Dios perdona. Y Jacob, aunque había perdido la vista, su ojo de fe veía todavía de manera perfecta en el momento en que cruzó sus manos y pronunció la mayor bendición sobre Efraín, el hijo menor. Asimismo, José pudo expresar una completa fe en las promesas concernientes a la tierra de Canaán, y en razón de ello habló de la futura salida de Egipto por parte de los hijos de Israel.

Y en ese marco es donde Jacob, dice la Biblia, procede a adorar a Dios apoyado sobre el extremo de su bordón. ¿Bordón? En la Nueva Versión Internacional, aquí, dice que lo hizo sobre la punta de su bastón, lo cual es correcto, porque exactamente eso es lo que era un bordón: un bastón de longitud mayor a un hombre y con punta de hierro.

Versión Clásica

Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres por tres meses, porque le vieron niño hermoso, y no temieron el decreto del rey.

Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón.

Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al invisible.

Por la fe celebró la pascua y la aspersión de la sangre, para que el que destruía a los primogénitos no los tocase a ellos.

Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca; e intentando los egipcios hacer lo mismo, fueron ahogados.

Nueva Versión Internacional

Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey.

Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, par que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel.

Por la fe el pueblo cruzó el mar Rojo como por tierra seca; pero cuando los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron.

Versión Biblia Textual

Por la fe Moisés después de nacer, fue escondido tres meses por sus padres, porque lo vieron niño hermoso, y no temieron el decreto del rey.

Por fe Moisés, ya grande, rehusó ser llamado hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes padecer aflicción con el pueblo de Dios, que tener el gozo temporal del pecado, considerando mayor riqueza el vituperio del mesías que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en el galardón.

Por fe dejó Egipto, no temiendo la ira del rey, y se sostuvo como viendo al Invisible.

Por fe celebró la pascua y el rociamiento de la sangre, para que el que destruía a los primogénitos no los tocara a ellos.

Por fe cruzaron el mar Rojo como por tierra seca, e intentándolo los egipcios, fueron sumergidos.

Quiero que entiendas, antes de darte ninguna clase de información teológica más, que este se trata de un texto netamente tipológico. Si el Espíritu Santo mora en ti como entiendo que debe hacerlo, ya estarás avisado por Él respecto al significado de esta escritura.

Dice que los Padres de Moisés vieron que su bebé era hermoso, y que por esa razón decidieron esconderlo sin temerle al decreto del rey. ¿Cuál era ese decreto? En el primer capítulo del Libro del Éxodo, vemos que un nuevo rey sintió temor que el pueblo cautivo creciera y llegara a ser más numeroso que el suyo.

Entonces, tal como se ve en el verso 16, habló con las parteras que atendían los partos de las mujeres hebreas y les dijo: cuando asistáis a las hebreas en sus partos, y veáis el sexo, si es hijo, matadlo; y si es hija, entonces viva.

Pero resultó que estas mujeres eran temerosas de Dios y no cumplieron con la orden real. Cuando fueron llamadas a declarar al respecto, argumentaron que la fortaleza y robustez de las mujeres hebreas les permitía parir solas antes que ellas llegaran, y que por eso no habían podido eliminar a los recién nacidos varones.

Allí fue entonces cuando el rey, en forma de edicto, determinó una solución drástica. Dice en el verso 22: Entonces faraón mandó a todo su pueblo, diciendo: echad al río a todo hijo que nazca, y a toda hija preservad la vida. El resto de la historia tú ya la conoces.

Sin embargo, y antes de proseguir con los lineamientos del relato, quiero detenerme un momento en un punto altamente espiritual. Dice que por ese acto de temor y obediencia evidenciado por las parteras, estas fueron grandemente prosperadas y bendecidas por Dios. ¿Crees que ese principio de Dios todavía sigue vigente, o que algún religioso de cuarta categoría pudiera haberlo derogado? Obediencia a Dios es igual a bendición y prosperidad de Reino, esto es: global. No se trata de dólares, obviamente.

El segundo punto, donde se nos dice que Moisés rechazó ser considerado y tratado como hijo de la hija de Faraón, y que en lugar de ello prefirió ser maltratado conjuntamente con todos sus hermanos hebreos, más allá de su historia literal, tiene un contenido espiritual plenamente vigente.

¿Qué es Egipto, hoy, en el símbolo y tipología para todos los cristianos? El mundo secular, impío, incrédulo, pagano y pecador. ¿Es atractivo ese mundo? ¡Ni que lo digas! ¿Tú crees que si no fuera atractivo, la gente caería en pecado con tanta facilidad, e incluyo a muchos cristianos en esto?

¡Me asombra profundamente que todavía haya gente que, ya sea desde una simple mesa en una reunión hogareña como desde un lustroso púlpito de una no menos lustrosa iglesia, salga a vociferar que el pecado es horrible y que de ninguna manera podemos ser sus víctimas.

Ese es un tremendo pecado de voluntarismo y vocinglería barata. ¡Claro que es horrible caer en pecado! ¡Claro que significa lisa y llanamente la muerte espiritual y quizás hasta la física para un cristiano caer en sus redes! Pero eso no significa que tenga feo sabor o no sea tentador.

Decir esto último, es decir total y absolutamente lo opuesto a lo que Cristo nos ha enseñado. La Biblia dice que Él fue tentado en todo. ¿Sabes tú lo que significa ser tentado en todo? Imagínalo. Tú, que apenas puedes vencer un cinco o diez por ciento de ese todo en tentaciones.

Lo que quiero decir y enseñar es que, si bien comparto totalmente que nuestra batalla feroz es en contra del pecado y en vencer esas tentaciones, nuestro mayor error sería suponer que a nosotros no habrá pecado que nos tiente. ¡Sí que lo habrá! Y debemos estar preparados para derrotar a esa tentación cuando llegue. Porque el enemigo es inteligente y astuto, y la pondrá en nuestro camino.

Lo que Moisés rechaza es, lisa y llanamente las mieles del pecado, el hedonismo y los placeres de la mundanalidad y la incredulidad. Porque sólo en total incredulidad puedes gozar de lo que Dios aborrece. Él no era incrédulo, llevaba en sus genes la semilla de la fe. Y cuando llegó el momento de la crisis, la opción que a otros les habrá parecido una locura, para Moisés fue algo totalmente natural.

Toma ahora tu propia semilla de fe. Tenga el tamaño y el valor que tenga, y reflexiona. ¿Qué hubieras hecho tú en el lugar de Moisés? No me des respuestas de templo, sólo examínate y piensa con la auténtica verdad. Porque del resultado de ese pensamiento, depende el futuro de tu vida. La natural aquí y ahora y la eterna, luego…

Con esa misma entereza con la que Moisés nos mostró el camino por el cual podemos rechazar todo lo que nuestro Egipto contemporáneo nos ofrece, y quedarnos a dar la batalla con nuestros hermanos, un día decidió salir definitivamente de ese lugar de privilegio.

¿Y qué dice que hizo Moisés? Dice que salió de Egipto. No dice que se asomó a ver cómo era la vida de los hebreos y si le convenía adoptarla, o si existía la posibilidad de que lo nombraran con un cargo importante. Sencillamente salió. Ah, y sin temer la ira del rey. ¿Y cuál sería ese “rey” hoy? Ya lo sabes, no me obligues a mencionarlo y promocionarlo sin costo…

El caso es que Moisés pudo, como hoy tú también puedes, dejar atrás las mieles y las comodidades de Egipto, y lanzarse a la aparente miseria y carencia de sus hermanos. Y se sostuvo. ¿Cómo dice que se sostuvo? Como viendo al Invisible. ¿Podrás comenzar a hacerlo tú también desde este mismo momento, o seguirás necesitando que el Señor te muestre sus heridas en manos y pies cómo Tomás?

Y luego nos da una sintética clase técnica de guerra espiritual. Nos dice que Moisés supo, en el peor momento de la batalla, refugiarse en la sangre del cordero pintada en los dinteles como señal para que el ángel de la muerte no tocara los primogénitos de esa casa.

¿Existe hoy un ángel de la muerte? ¿Existe una sangre para pintar los dinteles de tu casa? Sí, existe; es la sangre de Jesucristo, la que derramó en la cruz del Calvario, la que utilizó para descender a los infiernos y derrotar para siempre a Satanás y sus demonios. Por eso, en el nombre de esa sangre y derramándola de modo invisible cada vez que sea necesario, tú también tienes victoria.

Y todo esto, ¿Por qué? Porque se nos enseña que Moisés tenía sus ojos puestos no sólo en el Invisible, sino también en el galardón. ¿Galardón? ¿De qué galardón me habla, hermano? ¡Si la salvación es por gracia! De acuerdo, pero no te confundas.

Una cosa es tu salvación, para la que no haces ningún otro mérito que arrepentirte, pedir perdón y recibir redención. Y otra cosa muy diferente es el motivo por el cual eres salvo. Para ser parte activa de la extensión del Reino de Dios en la tierra. Y eso tiene un premio, una recompensa, un galardón. Lo otorga Dios y tiene el mismo nivel y valor que el que Jesús vio y le sirvió para poder ir a la cruz.

Aprende, mi hermano. No puedes ser más bueno que Dios. No puedes jugar a la humildad, se te requiere que seas humilde. Y ser humilde es dar por cierto lo que Dios ha dicho y creerlo sin dudar. Y Dios ha dicho que tendrás recompensa. ¿Te atreverás a rechazarla porque supones que con eso serás mejor que yo? En esta trampa ya han caído miles, no seas uno más…

Porque dice que Moisés tenía su mirada puesta en ese galardón. Y se nos explicar que esa palabra traducida como mirada, es la palabra griega apoblepo, una palabra que gramaticalmente combina a apo, que significa “lejos de”, con blepo, que quiere decir “ver”.

Por lo tanto, este vocablo significa literalmente mirad haciendo abstracción de todo lo demás, con el fin de observar intensamente un determinado objeto. Moisés alejó su mirada de las riquezas del mundo y, en cambio, puso su vista en un futuro mesiánico. Me pregunto si estarás en condiciones de comenzar tú a hacer lo mismo a partir de hoy.

Y luego pasaron el Mar Rojo como si fuera por una moderna autopista, cosa que los egipcios quisieron imitar y no pudieron porque las aguas se cerraron violentamente y los ahogaron. Me pregunto cuántos de ustedes, hoy, se encuentran espiritualmente a la vera de un mar rojo simbólico, con un Egipto persiguiéndolos y amenazándolos.

¿Qué harán? ¿Esperar a los soldados egipcios y tratar de vencerlos en una guerra desigual? ¿Esperarlos y ver si se puede “negociar” un acuerdo que favorezca a los dos? ¿O imitarán a Moisés y confiarán en que cuando pongan su vara sobre las aguas del mar, estas aguas se abrirán y le dejarán paso?

Si vas a hacer esto último, recuerda un principio muy importante. Dios no se mueve por lástima, Dios se mueve por fe. Así que no esperes ver las aguas abiertas y el camino preparado. Tendrás que atreverte a poner tu vara en un mar cerrado. Será como arrojarte a una piscina sin agua confiando en que mientras caes, Dios pondrá esa agua.

¿Fácil? ¡Qué va a ser fácil! ¿Alguien te predicó que ser cristiano es fácil? ¡Búscalo y dile de mi parte que todavía no está convertido! ¿A qué hereje se le puede ocurrir que la entrada a un Reino Todopoderoso es sencilla y apta para cualquiera? ¿No dice que solamente los violentos (Y no en lo físico, claro está), lo arrebatan?

Versión Clásica

Por la fe cayeron los muros de Jericó después de rodearlos siete días.

La fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz.

¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas; que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros.

Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; más otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección.

Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles.

Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra.

Y todos estos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.

Nueva Versión Internacional

Por la fe cayeron los muros de Jericó después de rodearlos siete días.

Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz.

¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas; que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros.

Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; más otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección.

Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles.

Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno, errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra.

Y todos estos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.

Versión Biblia Textual

Por fe cayeron los muros de Jericó después de ser rodeados durante siete días.

Por fe Rahab, la ramera, no pereció junto con los que no creyeron, pues acogió a los espías en paz.

¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltará para relatar acerca de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, y también de Samuel y de los profetas; quienes por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, cerraron bocas de leones, extinguieron la violencia del fuego, escaparon al filo de espada, recibieron poder en su debilidad, se hicieron fuertes en la batalla, pusieron en fuga ejércitos extranjeros.

Mujeres hubo que recibieron por resurrección a sus muertos; otros fueron torturados al no aceptar liberación, para alcanzar otra resurrección mejor; otros sufrieron la prueba de escarnios públicos y azotes, además de cadenas y cárcel; fueron apedreados, tentados, aserrados, murieron pasados a cuchillo; anduvieron errantes vestidos con pieles de ovejas, con pieles de cabras, indigentes, afligidos, maltratados; ¡el mundo no era digno de ellos! Deambulando por desiertos y montes, en las cuevas y cavernas de la tierra. Y todos estos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron la promesa; habiendo Dios provisto para nosotros alguna cosa mejor, para que ellos no fueran perfeccionados aparte de nosotros.

Quiero que entiendas otro principio básico que Dios ha puesto en la vida misma, para que los hombres tomen nota y modelo. Nada comienza por sí mismo, sólo Él es capaz de crear algo de la nada. Al hombre le es lícito crear a partir de algo ya creado.

Y lo mismo ocurre con la fe. Moisés no recibe fe porque un día cayó en forma de lluvia y él casualmente estaba sin paraguas. Moisés tiene fe porque la historia de su fe personal comienza con la tremenda fe de sus padres, algo de lo que te hablé más arriba.

Y de esa misma clase de fe es de la que se habla cuando se refiere a la caída de los muros de Jericó. Jericó era una importante ciudad del valle del Jordán, en la ribera occidental del río, a unos 8 Kilómetros de la costa septentrional del mar Muerto, y aproximadamente a 27 Kilómetros de Jerusalén.

Jericó se halla en la parte inferior de la cuesta que conduce a la montañosa meseta de Judá. La ciudad era conocida como la ciudad de las palmeras; la primera mención en las Escrituras se da en relación al campamento de los israelitas en Sitim.

La situación de Jericó, ciudad muy fortificada, le daba el dominio del bajo Jordán y de los pasos que llevaban a los montes occidentales; la única manera de que los israelitas pudieran avanzar al interior de Canaán era tomando la ciudad. Josué envió a dos espías para que reconocieran la ciudad, el pueblo atravesó milagrosamente el Jordán en seco, y plantaron las tiendas delante de la ciudad.

Por orden de Dios, los hombres de guerra fueron dando vueltas a la ciudad, una vez por día, durante seis días consecutivos. En medio de los soldados, los sacerdotes portaban el arca del pacto, precedida por siete sacerdotes tocando las bocinas.

El séptimo día dieron siete veces la vuelta a la ciudad; al final de la séptima vuelta, mientras resonaba el toque prolongado de las bocinas, el ejército rompió en un fuerte clamor, las murallas se derrumbaron, y los israelitas penetraron en la ciudad. En cuanto a la fecha, sería alrededor del año 1403 a.C.

La ciudad había sido proclamada anatema. A excepción de Rahab, que había dado refugio a los espías, y su familia, todos los demás habitantes fueron muertos. El oro, la plata, los objetos preciosos, entraron al tesoro de Jehová. Josué lanzó una maldición contra quien reconstruyera la ciudad.

Fue asignada a Benjamín; se hallaba en los límites de Benjamín y Efraín. Eglón, rey de Moab, hizo de ella su residencia en la época en que oprimió a los israelitas. En el reinado de Acab, Hiel de Bet-el fortificó la ciudad; en el curso de esta fortificación perdió, o sacrificó, a sus dos hijos, en cumplimiento de la maldición de Josué.

Durante el ministerio de Eliseo había en Jericó una comunidad de profetas. Elías, al ir a ser arrebatado al cielo, atravesó Jericó con Eliseo. En Jericó fueron puestos en libertad los hombres de Judá que habían sido hechos prisioneros por el ejército de Peka, rey de Israel. Los caldeos se apoderaron de Sedequías cerca de Jericó.

Luego, y muy en contra de muchas de nuestras religiosidades repletas de pre-conceptos, pre-juicios y todos los “pre” que se te ocurran, la Biblia le dedica un párrafo muy reconocido a una ramera, a una prostituta de la época: Rahab. Me pregunto si hoy nos animaríamos a enfrentarnos con la sociedad de damas para hacer algo similar si lo mereciera.

El caso es que Rahab, cuyo nombre en hebreo significa “ancha”, era una mujer ramera cuya casa se encontraba en la misma muralla de Jericó. Ella dio hospitalidad a los espías enviados por Josué, salvándoles la vida al esconderlos, y facilitándoles la huida por una ventana que tenía abierta sobre la muralla. De ese modo ellos pudieron llegar al campamento israelita.

Cuando Jericó cayó, a Rahab y a toda su familia se les perdonó la vida, y fueron incorporados al pueblo de Dios. Vino, posteriormente, a ser la esposa de Salmón y madre de Booz, figurando así como antepasada del rey David y, por obvia consecuencia, del propio Jesús.

¿Qué tal si en alguna de esas iglesias de mucha pompa y oropel y poca vida espiritual, de mucho nivel económico y poco corazón generoso, alguien un domingo por la noche y en medio del aroma a perfume valioso, se le ocurre predicar sobre Rahab? Presumo que no será muy bien mirado. Sin embargo, mal que les pese a los que mal les pesa, el asunto está allí. Y Dios lo hizo escribir allí.

Alguien podrá espantarse y decir: ¿Entonces Dios avala la prostitución? ¡No, por favor! ¿Cómo se te ocurre? Lo que Dios avala, por encima de todo el pecado humano, es su amor incondicional. Y ese amor, mi hermano/hermana, alcanza a una prostituta, que es como decir: a todas, si deciden arrepentirse y acceder al perdón divino.

Y la mejor prueba de ello es que, por su fe, salvó su vida. No por estrategia, no por astucia, no por interés; ¡Por fe! Rahab. Ramera. Ella pudo. ¿Y tú me quieres hacer creer que no puedes? ¡Hermana! Basta de excusas. ¡Juégate por tu Señor si esperas que tu Señor se juegue por ti!

¿Y ahora qué más digo? Eso dice el escritor de la carta a los Hebreos, pero eso también puedo decir yo en este día. Y recalaré, -tal como él lo hace-, en esos nombres también signados por la fe inconmovible: Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel.

GEDEÓN: Su nombre significa “cortante”. Hijo de Joás, de la familia de Abiezer, de la tribu de Manasés; vivía en Ofra. Mientras sacudía el trigo en el lagar, en Ofra, para sustraerlo a los bandidos madianitas, el ángel de Jehová lo llamó para que librara a su pueblo.

Gedeón ofreció inmediatamente un sacrificio. Aquella misma noche derribó el altar de Baal, que pertenecía a su padre, y erigió un altar a Jehová. Los habitantes de la ciudad exigieron la muerte de Gedeón, pero su padre argumentó que Baal mismo debía defender su causa, si era dios.

Gedeón recibió el nombre de Jerobaal, que quiere decir “Que Baal contienda”. Gedeón convocó a los hombres de Manasés, de Aser, de Zabulón y de Neftalí. Dudó sin embargo acerca de responder al llamamiento, hasta que quedó confirmado por el doble milagro del vellón de lana.

Redujo el número de su tropa de 32.000 hombres a 300, a fin de que la gloria de la victoria no fuera atribuida al hombre, sino a Dios. Atacó después el campamento de los madianitas, que estaba en el valle de Jezreel, cerca del collado de More.

En su desbandada, los madianitas huyeron en dirección al Jordán y hacia su país (cerca del golfo de Ákaba). Gedeón y sus hombres persiguieron a los madianitas hasta los confines del desierto; tomaron prisioneros a los dos reyes de Madián, y después Gedeón les dio muerte.

Los israelitas quisieron ofrecer la corona a Gedeón, que la rechazó, reafirmando el principio teocrático: Jehová era el rey de Israel. Entonces, Gedeón se hizo un efod con los pendientes de oro de los madianitas. Lo puso en Ofra, en el lugar que Jehová se le había aparecido y donde le había ordenado erigir un altar a Jehová para ofrecerle un holocausto.

Es evidente que los grandes privilegios dados a Gedeón le indujeron a pensar que le estaba abierto el camino al sacerdocio, teniendo como el sumo sacerdote el derecho a consultar a Dios por el pueblo mediante el efod. Esta falta de prudencia tuvo funestas consecuencias: el efod vino a ser un lazo para él mismo, para su familia, y para todo Israel. Gedeón tuvo numerosas esposas y 70 hijos, incluyendo el nefasto Abimelec, y murió a una edad avanzada.

BARAC: Su nombre significa “rayo” en hebreo. Era un israelita de la ciudad de Cades-Neftalí. Bajo órdenes de la profetisa Débora, reunió a 10.000 hombres de Neftalí y de Zabulón, con los que derrotó a Sísara, general del ejército de Jabín, y destruyó a su ejército.

SANSÓN: El nombre se traduce como “pequeño sol”. Fue uno de los jueces israelitas más destacados. Hijo de un danita llamado Manoa, nació en Zora, localidad del territorio meridional de Dan. El ángel de Jehová predijo el nacimiento de Sansón, y anunció que libraría a Israel del yugo filisteo.

Nazareo desde su nacimiento, Sansón no debía beber ni vino ni cualquier otro tipo de bebida fermentada, y no debía pasar navaja sobre su cabeza. En tanto que observó el voto de nazareato, Sansón fue victorioso sobre los filisteos.

Judá y Dan, separados de las otras tribus por dificultades geográficas, especialmente por el hecho de que los jebuseos dominaban la ciudad de Jebus (Jerusalén), estaban expuestas a los ataques de los filisteos. Judá, aislada, sólo podía responder con contragolpes guerrilleros. El Espíritu de Dios empezó a manifestarse pronto en Sansón en los campos de Dan.

Sansón, enamorado de una filistea de Timnat, se desposó con ella, pero pronto fue entregada por su padre a otro hombre. Entonces, el hijo de Manoa se apoderó de trescientas zorras, y las ató dos a dos por la cola, atando asimismo una tea encendida entre cada dos colas, soltándolas a continuación por las mieses de los filisteos.

Éstos invadieron la tierra de Judá, y exigieron que Sansón les fuera entregado; él se dejó atar por los hombres de Judá, que no sabían que estaban atando a su futuro libertador. Animado repentinamente del Espíritu del Señor, el nazareo rompió las cuerdas en el momento en que iba a ser entregado a los incircuncisos. Asiendo una quijada de asno, persiguió a los filisteos, dando muerte a mil de ellos.

Sansón, ardiendo de sed, proclamó que esta liberación procedía de Jehová, a quien suplicó que le diera agua. Dios hizo entonces brotar agua de la cavidad de una roca. Los hombres de Judá consideraron desde entonces a Sansón como su liberador. Se dirigió a Gaza, y cayó allí en pecado.

La gente de la ciudad cerró las puertas para apoderarse de Sansón. A medianoche salió de la ciudad, habiendo arrancado de quicio las puertas de la muralla, con sus dos pilares y cerrojo, dejando todo en la cumbre del monte que se halla frente a Hebrón.

Su relación con Dalila, mujer filistea de Sorec, lo perdió. Instigada por los príncipes filisteos, apremió a Sansón a que le revelara el secreto de su fuerza. Al principio él le respondió con mentiras, pero finalmente le reveló que si se le cortaba la cabellera, perdería su vigor y sería como todos los otros hombres.

Dalila vendió su secreto a los filisteos. Éstos le cortaron el cabello mientras dormía y lo prendieron con facilidad. Sacándole los ojos, lo llevaron a la cárcel de Gaza para que hiciera girar una rueda de molino. Durante una gran fiesta en el templo de Dagón, dios de los filisteos, llevaron allí a Sansón para mostrarlo como espectáculo a la muchedumbre.

Sus cabellos habían vuelto a crecer. El interior del gran edificio estaba lleno de filisteos, y había unas tres mil personas en su terraza. Habiendo estado en Gaza antes de haber perdido la vista, Sansón conocía el edificio. Pidió entonces al joven lazarillo que le conducía que le dejara apoyar sobre las dos columnas centrales que sostenían el techo.

Oró entonces a Jehová, y, empujando violentamente las dos columnas, una con cada mano, las hizo caer, derrumbándose toda la casa. Sansón murió junto con un gran número de filisteos. A pesar de sus debilidades morales, figura entre los héroes de la fe.

Sansón estaba dotado de una fuerza sobrenatural. Cuando el Espíritu del Señor lo impulsó, llevó a cabo grandes hazañas. Su fuerza no residía en sus cabellos, sino en su consagración al Señor, de lo que ellos eran el símbolo. Cuando Sansón hubo violado su consagración al Señor, no tuvo la fuerza moral para mantener su cabellera.

Al perder su testimonio, el Señor lo abandonó. La fuerza le fue restaurada en respuesta a la oración que pronunció. Este poder sobrenatural dio testimonio a los hombres de Judá que Dios había llamado a este nazareo a que fuera su libertador de los filisteos, que sintieron en sus carnes la superioridad del siervo de Jehová.

Hay críticos que han querido ver en este relato una de las leyendas que pretenden descubrir en la Biblia. Pero es cosa cierta que los antiguos hebreos consideraban a Sansón como una persona real, perteneciente a la historia anterior a Samuel y a Saúl.

El relato bíblico da detalles precisos acerca de la situación de su pueblo natal, de su familia, de sus hazañas, del lugar donde fue sepultado. Toda la vida de Sansón es una gran historia espiritual, como ejemplo que no se debe seguir de un hombre extraordinariamente dotado y que sin embargo juega con el pecado y con la paciencia de Dios.

En el momento en que se imagina, lleno de presunción: “Esta vez saldré como las otras y me escaparé”, “no sabía que Jehová ya se había apartado de él”. De esclavo de sus pasiones vino a ser esclavo de sus enemigos hasta su muerte; perdió aquellos ojos que no habían sabido ver con claridad.

En el último momento, sin embargo, volvió al favor de Dios, que dio respuesta a su oración. No obstante, su oración delata que no estaba en plena comunión con Dios, porque estaba más deseoso de venganza por haber perdido sus ojos que por desear vindicar el nombre de Jehová frente a Dagón.

¡Qué advertencia tan solemne! Se tiene que señalar que otros hombres del Antiguo Testamento recibieron en circunstancias excepcionales la fuerza de llevar a cabo hazañas análogas a las de Sansón: Jonatán y su escudero, el joven pastor David dando muerte a un león y a un oso, Eleazar, Sama y Abisai.

JEFTÉ: Este nombre significa “él abrirá, liberará”. Este hombre era galaadita en dos sentidos: su padre se llamaba Galaad, y Jefté pasó su juventud en Galaad. Sus hermanos, nacidos de la esposa legítima de su padre, echaron de casa a Jefté, porque era hijo ilegítimo. Se resintió profundamente de este comportamiento. Muchos años más tarde, acusó a los ancianos de Galaad, entre los cuales quizá se hallaban algunos de sus hermanos, de haberle aborrecido.

Jefté huyó al país de Tob, donde se dedicó a la caza para vivir. Su valor se hizo proverbial, y llegó a ser jefe de una banda. Sería una falsedad presentarlo como bandolero fuera de la ley, puesto que Jefté no carecía de sentido moral, ni expediciones injustificadas. Tenía reverencia hacia Dios, y así enseñó a su hija.

En la época de la expulsión de Jefté, los amonitas invadieron el territorio de Israel al este del Jordán, y se mantuvieron en él durante 18 años. En su angustia, los ancianos de Galaad se vieron en el extremo de tener que implorar el retorno de aquel mismo hombre que habían expulsado, y de suplicarle además que fuera su caudillo y libertador.

Al ponerse a la cabeza de los galaaditas, Jefté informó a los efrainitas, su tribu vecina, del apuro de Galaad, y los exhortó a que socorrieran a sus hermanos, pero sin resultado alguno. Pidió también al rey de los amonitas la razón de su hostilidad. Su respuesta demostró que los israelitas no tenían otro remedio que recurrir a las armas.

La victoria era incierta desde el punto de vista humano. Jefté hizo entonces un imprudente voto de ofrecer en holocausto a cualquiera que saliera a recibirle de su casa, si el Señor entregaba en sus manos a sus enemigos. Al volver de la derrota de los amonitas, Jefté fue recibido con panderos y danzas por su hija única.

Quedó profundamente afectado, pero no cambió su voto. Es probable que fuera sacrificada. Sin embargo, la Ley prohibía con tanta firmeza estos sacrificios que se puede estar seguro que en tal caso Jefté no cumplió en esto la voluntad de Dios.

Añadamos que, según numerosos exegetas, pudo haberla redimido con plata y consagrado a un celibato perpetuo. Las hijas de Israel adoptaron la costumbre de lamentar cuatro días al año su triste suerte. Aunque no hubiera sido sacrificada, la virginidad perpetua sería una inmensa tragedia para una israelita.

Estalló entonces un conflicto entre Jefté y los efrainitas que con su soberbia característica se quejaron de no haber sido convocados por Jefté contra Amón. Jefté rebatió sus acusaciones, y los derrotó en batalla, haciendo una gran matanza de ellos. Jefté fue juez de Israel durante seis años, y fue sepultado en una de las ciudades de Galaad. Samuel hace mención de él para demostrar que el Señor había cumplido Su promesa de suscitar liberadores cuando Israel se hallase oprimido.

DAVID: Significa “bienamado”. Fue hijo de Isaí, y segundo rey de Israel. Su vida se divide en varios períodos. (a) Juventud. Transcurrió en Belén de Judá. Fue el menor de 8 hermanos. En la genealogía de la tribu de Judá no aparecen más que siete de los hijos de Isaí, probablemente porque uno de ellos hubiera muerto sin descendencia.

La madre de David es mencionada con ternura en los Salmos a causa de su piedad. La historia de los antepasados de David es variada, instructiva, y en general bella, pero también en ocasiones oscurecida por el pecado.

David era rubio y de hermosa apariencia. Como el menor de los hermanos, estaba encargado de pastorear las ovejas de su padre, y mostró su fidelidad y valor hasta el punto de dar muerte al león o al oso que atacara al rebaño.

El joven, dotado de una capacidad notable para la música, tocaba el arpa con gran virtuosidad; más tarde compuso cánticos. Después que Dios hubiera rechazado al rey Saúl, envió al profeta Samuel a Belén, y le ordenó que ungiera a David para que fuera el sucesor de Saúl.

No hubo proclamación pública, por temor a suscitar la hostilidad de Saúl. Samuel ungió a David en presencia de unos ancianos, que parece que no fueron informados acerca del objeto de esta unción, pero Isaí y el mismo David ciertamente lo fueron. Éste fue un punto de inflexión en la vida del joven, y “el Espíritu de Jehová vino sobre David”; pero David no menospreció su humilde trabajo cotidiano.

(b) Al servicio de Saúl. Abandonado por Dios, el rey Saúl estaba acosado por malos espíritus, sometido a depresiones y a crisis de demencia; sus servidores le aconsejaron que se sirviera. de un arpista, cuya música le calmaría su agitado ánimo.

Alguien recomendó a David como excelente músico, joven valiente, de edad militar, lleno de prudencia, aun cuando no se había encontrado con la experiencia directa de guerra, y además gozando del favor del Señor.

Saúl le ordenó que viniera; la música de David le apaciguó, su carácter le complació, y pidió a Isaí que lo dejara en la corte, e hizo de él uno de sus escuderos. Al ejercer esta función, David se instruyó; llegó a conocer la guerra, a hombres eminentes, los lados bueno y malo de la vida de la corte.

No estuvo constantemente junto a Saúl. Es indudable que el rey mejoró; David iba con frecuencia a Belén para pastorear las ovejas de su padre. Mientras que él estaba allí, los filisteos invadieron Judá y acamparon a unos 24 Km. al oeste de Belén.

Saúl asumió el mando del ejército israelita y marchó a su encuentro. Los tres hermanos mayores de David, que estaban en el ejército, se habían separado de su familia hacía unas 6 semanas. Isaí envió a David a que se informara de su suerte.

El desafío de Goliat lo emocionó profundamente. Comprendiendo que el Señor quería servirse de él, David, para sacar el oprobio de Israel, inquirió acerca de este filisteo que desafiaba a los ejércitos de Dios viviente. Saúl fue informado acerca de sus palabras; dándose cuenta de las intenciones que tenía aquel joven, el rey permitió al pastor que se midiera con el gigante.

Sin armadura, que encontraba un engorro. David, aprovechando su ligereza frente a la pesadez de movimientos del gigante, se dirigió hacia el filisteo con su honda y cinco piedras. Estaba convencido de que su causa era justa y de que Dios le ayudaría.

Entre los antiguos, los combates singulares se acompañaban de insultos. Goliat se desplomó, alcanzado en la frente por una piedra de la honda. Al volver después del combate a Gabaa de Benjamín, la residencia de Saúl, o al tabernáculo de Nob, David pasó a Jerusalén y exhibió la cabeza del gigante, sin duda para desafiar a los jebuseos, dueños de la fortaleza.

En cuanto a la armadura de Goliat, la puso en su tienda. La espada del gigante fue depositada en el tabernáculo. Después de la victoria de David, nos sorprende ver que Saúl pregunta: “¿De quién es hijo ese joven?”. ¿Acaso no conocía a éste que tantas veces había tocado el arpa ante él?

Esto se explica de dos maneras: o bien el joven David se había desarrollado y cambiado mucho, o bien la pregunta del rey tenía que ver con la posición social y material de su familia, de lo que no se había preocupado hasta entonces. Recordemos que Saúl había prometido casar al vencedor con su hija, y liberar de impuestos a la casa de su padre; descubrió que no tenía razón alguna para sentirse avergonzado de asociarse con la familia del joven.

La victoria conseguida sobre Goliat marca otra etapa en la vida de David. El valor, la humildad, la piedad de David le ganó el afecto desinteresado y fiel de Jonatán, hijo de Saúl. Saúl no dejó ya a David volver periódicamente a casa de su padre, sino que le retuvo en la corte.

Los vítores que se hicieron a David como vencedor suscitaron la envidia de Saúl, que se hizo enemigo de David.  El rey comprendió que la predicción de Samuel acerca del traspaso del reino a uno mejor que él se iba a cumplir en la persona de David y trató de oponerse a ello.

Intentó dar muerte a David con su lanza. Habiendo fallado en su intento le envió a dirigir expediciones militares. Dio a otro la hija que había prometido a David. Aprovechando el amor de David hacia su hija Mical, Saúl intentó hacerle morir a manos de los filisteos.

Mientras tanto, la popularidad de David iba en continuo crecimiento; el temor de Saúl fue en aumento, y dejó de esconder sus deseos de matar a David. Y los partidarios de Saúl no intentaron disuadirle de esta intención. Los celos del rey, amortecidos temporalmente, se avivaron; intentó otra vez atravesar a David con su lanza, ordenando después su arresto, escapando gracias a la estratagema de Mical.

Fue entonces que David escribió el Salmo 59. Huyó después a Samuel en Ramá, donde Saúl intentó todavía apresarle. David se salvó, se reunió con Jonatán, a quien hizo sabedor que no podía volver a la corte, donde su vida estaba amenazada.

(c) El héroe fugitivo. Angustiado en su confianza en Dios, y desesperado, David huyó de Saúl. Deteniéndose en Nob, su fe decaída, mintió; después se fue precipitadamente a Gat, para ponerse bajo la protección de Aquis, enemigo de Saúl.

Pero los príncipes filisteos rehusaron dar asilo a aquel que los había humillado; ante el peligro que corría en sus manos, David se fingió loco, y Aquis lo expulsó. Recobrando la confianza en Dios el fugitivo volvió a Judá, y habitó en la cueva de Adulam, en tanto que ponía a sus padres a cubierto en Moab.

Una compañía de hombres, proscritos o endeudados, descontentos, empezó a unirse a David; este grupo, de unos 400 hombres, acabó siendo de unos 600. Entre ellos se hallaban Abiatar, sacerdote de Jehová, que había escapado de la masacre de los sacerdotes de Nob, y había traído un efod; el profeta Gad, que probablemente se había unido a David en Ramá.

Así David tenía apoyo espiritual y un grupo de fieles. De Adulam pasó a Keila, ciudad que libró de manos de los filisteos. Enterándose de que Saúl quería encerrarle en Keila, huyó al desierto de Judá. Los de Zif informaron a Saúl, que le persiguió hasta que una invasión filistea le obligó a cesar esta persecución.

Cuando hubo solucionado el asunto de los filisteos, Saúl empezó la búsqueda de David por el desierto vecino de En-gadí. Allí tuvo que inclinarse ante la grandeza de alma de David que, habiendo tenido la posibilidad de dar muerte al rey Saúl dentro de la cueva, le perdonó la vida.

David y su cuadrilla de guerreros defendieron las propiedades israelitas, que estaban expuestas a incursiones. Por lo general, los defensores recibían su alimento como precio de sus servicios. Sin embargo, David nunca había pedido nada de Nabal, ni siquiera los alimentos que hubieran sido la compensación ordinaria.

Exasperado por el insulto de Nabal, David decidió destruir a Nabal y a todos sus hombres. Pero la sabiduría y diplomacia de la mujer de Nabal le detuvo. Cuando ella enviudó, David la tomó como esposa. Llegó otra vez a los alrededores del desierto de Zif, cuyos moradores volvieron a dar aviso a Saúl, que de nuevo se lanzó en persecución de David.

Éste volvió a demostrar su magnanimidad al no dar muerte al rey, dormido y a su merced. Se conformó con llevarse su lanza y su vasija de agua. Cansado de huir de Saúl, David se fue del territorio de Judá y obtuvo permiso de Aquis para ocupar Siclag, una ciudad fronteriza, lindando con el desierto de Neguev.

Estuvo allí un año y 4 meses, protegiendo a los filisteos de las tribus del desierto, y devastaba ciudades alejadas, incluso en la misma tierra filistea. Cuando los filisteos se reunieron en Gilboa para atacar a Saúl, sus príncipes no quisieron que David les acompañara.

Volviendo a Siclag, David descubrió que los amalecitas la habían saqueado e incendiado. Los persiguió, y recobró todo el botín. Cuando supo el resultado de la batalla de Gilboa, compuso una elegía acerca de la suerte de Saúl y de Jonatán.

(d) Rey de Judá. Después de la muerte de Saúl, la tribu de Judá, a la que pertenecía David, lo eligió como rey; comenzó a reinar en Hebrón a la edad de 30 años. El resto de las tribus, dirigidas por Abner, una de las personalidades con mayor capacidad de Israel, proclamó rey a Is-boset, hijo de Saúl.

Este pasó a Mahanaim. Durante los dos años siguientes hubo guerra abierta entre los partidarios de Is-boset y los de David. Los asesinatos de Is-boset y de Abner fueron condenados por él. Cesó la guerra civil. El reino de David en Hebrón duró 7 1/2 años. Sus hijos Amnón, Absalón y Adonías nacieron en Hebrón. David tenía ya varias mujeres.

(e) Rey de Israel. A la muerte de Is-boset, David fue elegido rey por todas las tribus  y se dispuso de inmediato a consolidar la monarquía. Diversas ciudades del territorio de Israel estaban tomadas por guarniciones de los filisteos, y otras estaban tomadas por los cananeos.

David comenzó el asedio de Jerusalén, fortaleza de los jebuseos. Sus habitantes la consideraban inexpugnable, pero David la tomó al asalto; hizo de ella su capital; hábiles artesanos de Tiro le hicieron un palacio. La nueva capital se hallaba en los confines de Judá y de Israel.

Su situación debería contribuir a apagar los sentimientos de celos entre el norte y el sur. Al arrebatar la ciudad a los cananeos, David abrió la importante ruta de comunicación entre el norte y el sur, facilitando los intercambios, y coadyuvando a la unificación del reino.

Los filisteos invadieron dos veces el país, sufriendo dos derrotas cerca de Jerusalén. Después de su segunda victoria sobre los filisteos, el rey invadió su país, apoderándose de Gat. Esta conquista seguida de breves expediciones sometió de tal manera a los filisteos que estos enemigos hereditarios dejaron de inquietar a Israel durante siglos.

Cuando el reino quedó consolidado, David se ocupó de la cuestión espiritual. Hizo traer el Arca del Pacto, que estaba en Quiriat-jearim, con solemnes fiestas, sacrificios y acciones de gracias. Después organizó el culto de una manera grandiosa.

La gracia divina colmó a David de bendiciones. Con el fin de afirmar la seguridad de la nación y de preservarla de idolatrías, así como de vengar los insultos de los que la amenazaban, David guerreó contra pueblos vecinos, sometiendo a los moabitas, a los arameos de Soba y de Damas, a los amonitas, a los edomitas y los amalecitas.

El reino llegó de esta manera a los límites prometidos a Abraham mucho tiempo antes. Fue durante la guerra contra los amonitas que David cometió su gran pecado, con el asunto de Urías heteo. Dios lo juzgó por medio del profeta Natán, que declaró que la espada no se apartaría jamás de la casa del rey.

 David se humilló verdaderamente, y se arrepintió. Dios lo castigó de manera directa, y también indirecta, ya que David cosechó lo que su ejemplo había sembrado en su familia. El hijo que había tenido de la mujer de Urías murió.

La violación de la ley moral, la lujuria, y la sed de venganza, se manifestaron dentro de su propio hogar. La ambición desencadenada, con rebelión contra el padre, triunfó durante un cierto tiempo en el mismo seno de su familia, y fue causa de una guerra civil.

El espíritu de descontento y de celos entre las tribus, que Absalón había avivado, reapareció después de la supresión de su revuelta en otra rebelión, la de Seba. David hizo justicia a los gabaonitas, de manera solemne, según las ideas de la época, vengando la sangre que Saúl había derramado a pesar del juramento de Josué.

David cayó en el pecado de orgullo y ordenó el censo del pueblo. El castigo de ello fue una peste. A propósito de esto se dice en un pasaje que Dios excitó a David a que actuara de esta manera, y por otra parte que este acto fue instigado por Satán.

Las dos declaraciones son evidentemente complementarias: Dios permitió que Satán tentara a David, por cuanto su estado espiritual y el del pueblo demandaban un castigo, dándose con ello motivo para él. El rey reunió los materiales para la construcción del templo, y hacia el fin de su reinado aseguró que Salomón sería su sucesor.

Le encargó que castigara a aquellos que, bajo el reinado de David, habían escapado a la justicia. David murió a los 71 años; había reinado 40 años (o, más exactamente, 40 1/2, 7 1/2 de ellos en Hebrón, y 33 en Jerusalén. Sobre todo, se le llama a David “el dulce cantor de Israel”. La tradición hebrea atribuye a este rey la composición de 73 salmos.

En general, su fidelidad al Señor fue de tal calibre que se le llama “el varón según el corazón de Jehová”. En las mismas Escrituras se declara que él hizo siempre lo recto a los ojos del Señor, “salvo en lo tocante a Urías heteo”.

Habiendo servido los designios de Dios en su generación, durmió. Fue inmensa su influencia en el seno de la humanidad. Fue él, más que Saúl, quien instauró la monarquía en Israel. Su influencia espiritual se perpetúa por sus salmos, que la cristiandad entera atesora siglo tras siglo.

David es una tipología notable del Señor Jesucristo: cuando era perseguido por Saúl, prefiguraba a Cristo en Su rechazamiento; cuando en el trono, fue un tipo de Cristo como varón de guerra, destruyendo a Sus enemigos como paso previo a Su reinado de paz durante el Milenio, tipificado por Salomón.

David fue el receptor del Pacto Davídico, por el que el Señor le dio la promesa incondicional de darle una descendencia eterna, y un trono estable eternamente. Esta profecía se cumple en Cristo Jesús, su descendiente según la carne.

El Señor Jesús recibe con frecuencia el nombre de Hijo de David, y con todo Él es Señor de David; sobre este hecho hizo una pregunta a los judíos. También recibe el nombre de “raíz y linaje de David”. Siendo Dios, así como hombre, bien puede ser ambas cosas.

Tiene también la llave de David. Tiene en Sus manos todo el destino de la Iglesia, del futuro reino sobre la tierra, y en general de las naciones. En Él se cumplirá en su plenitud el pacto dado por Dios a David, confirmado a través de Jeremías y presentado como esperanza todavía futura para la nación de Israel al finalizar el recogimiento, de entre los gentiles, de un pueblo para Su nombre

SAMUEL: Este nombre significa: “pedido a Dios”. Profeta de Israel, fue el primer gran profeta posterior a Moisés, y el último de los Jueces. Su padre, Elcana, era un levita de la familia de Coat, de la casa de Izhar, que descendía de Zuf.

Esta familia había recibido su heredad en el monte de Efraín. Elcana vivía en Ramá. Elcana tenía dos esposas: Penina y Ana. Esta última, que era estéril, suplicó al Señor que le concediera un hijo, e hizo el voto de consagrárselo toda la vida, aparentemente como nazareo, ya que ella dijo: “Y no pasará navaja sobre su cabeza”.

Dios otorgó esta petición. Ana llamó al recién nacido Samuel. Cuando lo hubo destetado, lo llevó al Tabernáculo, en Silo, confiándolo a Elí, el sumo sacerdote, a fin de que lo formara para el servicio del Señor. El niño Samuel llevaba a cabo su tarea en presencia del Señor; vestía un simple efod de lino, vestidura de los sacerdotes cuando oficiaban, y también de los levitas.

El niño dormía en una estancia contigua al Tabernáculo, y por la mañana abría las puertas de la casa de Jehová, y ayudaba a Elí. Samuel era sólo un joven cuando el Señor le reveló el juicio que caería sobre la casa de Elí, a causa de la insensata indulgencia del padre hacia sus indignos hijos.

Josefo dice que Samuel tenía entonces doce años, estimación probablemente correcta, pero de la que se desconoce la fuente. Cuando Samuel llegó a ser un hombre joven, todo Israel, de Dan a Beerseba, reconocía que era un profeta, porque el Señor se le reveló en Silo.

Poco después caía el juicio predicho sobre la casa de Elí y sobre Israel: los dos hijos de Elí murieron sobre el campo de batalla, los filisteos se apoderaron del arca, y Elí murió al saber esto. Los filisteos tuvieron que devolver el arca a los israelitas, sin embargo, ante las plagas de Dios, y quedó depositada en Quiriat-jearim, en casa de Abinadab. El nivel espiritual del pueblo era entonces sumamente bajo.

Después de la muerte de Elí, Samuel ejerció la autoridad, y se esforzó en rectificar las costumbres; veinte años después de la restitución del arca, había llegado a conseguirlo en cierta medida. Convocó entonces a los israelitas a Mizpa, cerca del lugar en el que había sido arrebatada el arca del pacto. El profeta les ordenó confesar sus pecados, ayunar delante de Jehová e implorar Su misericordia.

Al saber esto, los filisteos atacaron a los israelitas, que pidieron a Samuel que suplicara el socorro divino. El Señor otorgó la ayuda pedida mandando sobre los filisteos una terrible tormenta, bajo la que sufrieron una tremenda derrota. Mientras Samuel estuvo al frente de los israelitas, los filisteos renunciaron a atacar.

Samuel fue a la vez juez y profeta. En el ejercicio de estas funciones, iba cada año a Bet-el, Gilgal y Mizpa. Su residencia era Ramá, donde se hallaba una comunidad de profetas que lo ayudaban en su obra de reforma. En Ramá erigió un altar, por cuanto Dios había abandonado Silo.

El arca no estaba a disposición del culto público, el pacto con Dios había quedado suspendido por la idolatría y los sacrilegios de los israelitas. Samuel era considerado como el representante de Jehová. Bajo su enérgica dirección, el país fue preservado de la dominación extranjera.

A su vejez, Samuel estableció en Beerseba a sus dos hijos como jueces sobre Israel. Sin embargo, éstos se mostraron indignos de tan alto cargo, dejándose sobornar y pisoteando la justicia. A causa de la malvada gestión de ellos y de la amenazadora actitud de las naciones paganas a su alrededor, los ancianos y el pueblo pidieron la instauración de la monarquía.

Dios ordenó al profeta que ungiera a Saúl como rey, y después a David, tras de que Saúl hubiera sido rechazado. Samuel murió mientras David, huido de Saúl, se hallaba en el desierto de En-gadi. Fue sepultado en Ramá; todo Israel lo lloró. La noche antes de la batalla de Gilboa, Saúl pidió a una adivina que evocara a Samuel del Seol. Hemán, uno de los cantores de David, era nieto de Samuel.

Ahora bien, todos estos mal llamados “héroes”, que en realidad fueron hombres como nosotros que, llegado el momento de probar su medida de fe, rindieron con altas calificaciones la prueba, pasaron por distintas crisis que luego el mismo texto enumera.

Dice que conquistaron reinos, y más allá e independientemente de los reinos reales y geográficos que puedan incluirse, esto tiene indudablemente connotaciones espirituales. ¿Qué es el de Dios? Un Reino habitado por Reyes y Sacerdotes. ¿Qué es el de las tinieblas? Otro reino. ¿Qué espera la historia de nuestra fe personal y privada? Qué salgamos a conquistar reinos. Si ellos pudieron, nosotros también.

Luego añade que hicieron justicia. ¿Sabes lo que significa en términos espirituales hacer justicia? Depender pura y exclusivamente de Dios, porque Él es el único capaz de hacer una genuina y verdadera justicia. La justicia de los hombres, es lo que tú estás viendo a diario que es.

Y no creo que esa clase de justica sea, precisamente, un modelo para imitar; y esto con el debido respeto y disculpas a mis hermanos abogados o jueces. Si ellos hicieran prevalecer su fe por sobre las leyes que dirimen, creo que los resultados y consecuencias serían muy distintos. Y producirían una hecatombe judicial santa sin precedentes. Sería histórico.

Seguidamente vemos que alcanzaron promesas. ¿Cómo que alcanzaron promesas? ¿No era que las promesas eran unas especies de plumas volátiles que Dios arrojaba desde el cielo hacia abajo, y nosotros las recibíamos en nuestras vidas cuando nos caían sobre nuestras cabezas?

Por causa de haber enseñado y aprendido esto, es que estamos como estamos respecto a las innumerables promesas de Dios. Todavía estamos sentados esperando que caigan sobre nuestras cabezas. ¿Nunca leímos esto? ¿Nunca nadie se atrevió a decir que no es así como debemos apropiarlas?

¿Cómo se me ocurre que voy a quedarme estático esperando que caiga sobre mí una promesa que Dios puso allí, para mi vida, pero que necesita que yo salga caminando hacia ella para tomarla, hacerla mía y disfrutarla? ¡Eso es alcanzar una promesa!

Después vemos que taparon bocas de leones. ¿Nos cuentan una historia, mezclada con imágenes tipo Hollywood, de aquellos mártires amontonados en el centro de la arena del Coliseo Romano, aguardando que los leones se los coman? ¿O la imagen de un Daniel a quien esos leones no vieron, y que algunos escépticos insisten en asegurarnos que fue porque no tenían apetito?

No. Nos está hablando de otra clase de leones. Nos está hablando de esos ministros de luz, personeros de Satanás, que andan por las iglesias, como leones hambrientos, (rugiendo mucho y procurando asustar a todos) a los cuales, con la simple Palabra de Dios genuina podemos taparles la boca llena de mentiras que usan para engañar, robar, matar y destruir.

Algunos de esos hombres o mujeres apagaron fuegos impetuosos. ¿Sabes por ventura lo que es un fuego impetuoso? Algo que arde de tal manera que parecería imposible extinguir. Sin embargo, cuando hay autoridad directa vía-cielo, cualquier fuego por impetuoso que parezca o sea, se tiene que apagar de inmediato. Es un principio básico y hasta los demonios tienen que someterse a él.

Otros, los que estaban metidos en líos más importantes, en nombre de su fe, pudieron –se nos dice- evitar filo de espada. ¿Qué quiere decir esto? En lo lineal, que en fe puedes enfrentarte con cualquier arma forjada por el hombre que no prevalecerá contra ti. En lo espiritual, que no hay palabra que pueda con la palabra de Dios. Pero con la palabra de Dios, no con doctrinas de hombres reglamentadas como palabra de Dios. No es lo mismo, cuidado.

Como consecuencia directa de todas estas inclemencias, dice que también sacaron fuerzas de debilidad. ¿Nunca has vivido alguna situación de esas que parecen ser extremas, y que te obligan a sacar fuerzas de donde ni siquiera sabías que las hubiera? Eso es fe. Sólo por fe puedes lograrlo. Por eso es que el mundo secular procuró hallar una salida parecida por imitación. Y le llamó estoicismo.

Luego añade que se hicieron fuertes en batallas y que pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Ambas cosas, sólo producidas por su fe, tienen que ver con nuestras batallas personales cotidianas y con la invasión de doctrinas importadas que llegan para mimetizarse, tergiversar y confundir a nuestra única doctrina superior.

Cuando leemos que las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección, creo que no alcanzamos a tomar dimensión de lo que realmente sucedió en ese tiempo, en ese lugar y en ese contexto. ¡Te está diciendo que hubo madres que se reencontraron con hijos que habían muerto! ¡O con sus maridos, o con sus padres, o con sus madres!

¿Te parece una nimiedad como para pasarla de largo sin hacer absoluta mención de ello como se acostumbra en nuestras congregaciones con este texto? Y, muy por el contrario, (Lo que me hace desconfiar respecto a quien les escribe los libretos, sí recalan y mucho en lo próximo.

Porque el párrafo siguiente dice que otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección. ¿Entonces esto significa que necesariamente para acceder a la resurrección espiritual hay que sufrir? No, en absoluto, eso es lo que el enemigo desea que creamos. Y, de hecho, eso es lo que en mayoría mucho pueblo se ha creído. Y así anda…

El hecho de que otros fueron atormentados, y sufrieron de distintas formas, indica que la fe no excluye automáticamente de dificultades, pruebas o tragedias. Más aún, experimentar esas adversidades no significa tampoco que la gente que las sufre posee menos fe que aquellos que no han sido afectados.

La misma fe que permite a algunos librarse de problemas, ayuda a otros a soportarlos. La misma fe que salva a algunos de la muerte, permite a otros enfrentarla victoriosamente. La fe no es un puente que se eleva sobre aguas turbulentas, sino un paso a través de ellas. Para encontrar este paso, y hallar el origen de cualquier dificultad, se necesita perseverar en la oración y la alabanza. De esta forma se descubren los propósitos de Dios.

Luego menciona a otros que recibieron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Y nosotros hemos aprendido por el marco social que nos rodea e instruye, que a la cárcel van sólo los delincuentes, que la justicia se encarga de dilucidar su culpabilidad o inocencia y que en el final se impone esa justicia y todo está bien.

Eso es hipocresía pura elevada a la enésima potencia. Una hipocresía que, según Jeremías, no nació en el mundo secular sino en la iglesia. Y que elegimos sostener para evitar que nuestras conciencias nos reclamen la sangre de tantos y tantos inocentes ejecutados o presos por delitos que no habían cometido. Estos cristianos aquí mencionados son la mejor prueba de que la injusticia de la justicia humana no es algo moderno.

Y, finalmente, tenemos el detalle de algunos padecimientos que parecen extraídos de una de esas películas truculentas, terroríficas, inventadas por el infierno para meter espíritus de miedo en el cuerpo de los espectadores.

Porque dice que muchos, (No algunos, muchos) de esos creyentes de ese tiempo fueron: apedreados, (Los colocaban contra un muro y les arrojaban piedras hasta que quedaban sepultados debajo de ellas, sangrando y muertos por los golpes).

Aserrados, (Los descubrimientos hechos en Egipto ponen de manifiesto que las sierras de los tiempos bíblicos estaban constituidas por una hoja de metal unida a un mango de madera. Las hojas eran generalmente de bronce, pero en épocas posteriores también se las hizo de hierro y estaban unidas a sus mangos por correas de cuero, o insertadas en ellos. Se las usaba para cortar madera y piedras. Aquí se nos habla de fieles mártires que fueron aserrados por sus perseguidores. Probablemente esto se refiera al profeta Isaías, que, de acuerdo con la tradición judía, habría muerto de esa manera a manos del malvado rey Manasés.

Y luego añade otras peripecias que podrían juntarse porque son todas más o menos del mismo estilo de sufrimiento: puestos a prueba, muertos a filo de espada, y concluye señalando algo que, si lo lees con cuidado, tendrás revelación para hechos del tiempo presente.

Porque dice que estos pobres mártires, luego de pasar algunos o muchos por todas las cosas anteriormente mencionadas, si lograban sobrevivir, anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados.

Me quedé penando un buen rato en el primer elemento descripto: puestos a prueba. ¿Qué significaría poner a prueba a alguien? Pues eso, ni más ni menos que eso. Tomar a alguien y propiciarle una o varias tentaciones de primer nivel, de esas que absolutamente nadie en lo humano está en condiciones de rechazar, y ver si logra hacerlo. Claro está que en el rechazo o la aceptación le iba nada menos que su propia vida. En casos, como resultado de cualquiera de sus actitudes. Si las rechazaba, acusado de fanatismo. Si la aceptaba, de falsedad.

Yo me pregunto a mí mismo, y si lo deseas puedes extender esa pregunta a ti mismo, cómo sería nuestra actitud ante sucesos de esa magnitud en este tiempo y con nuestras personas como protagonistas. Seguramente ya tienes tu propia respuesta. Es la única que necesitas para seguir o modificar.

Porque en el simbolismo con que está escrita gran parte de la Biblia, podemos leer que la gente en estas condiciones, (Que son las condiciones de muchos hermanos, hoy), no eran dignos del mundo en el que vivían, erraban por los desiertos (Lugares de pruebas), por los montes (Alturas circunstanciales en el espíritu), por las cuevas (Refugios de tiempos de batalla) y por las cavernas de la tierra (Sencillamente el infierno).

Pero luego dice lo que, estimo, es básico y elemental para todos los que están estudiando esto con ánimo de conocer más sobre los fundamentos de la fe: dice que todos estos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido.

A pesar del buen testimonio que habían recibido debido a su fe, los santos del Antiguo Testamento no recibieron la promesa de las bendiciones del Nuevo Pacto traído por Cristo. Para que no fuesen ellos perfeccionados: el cuerpo de Cristo se completará con los santos, tanto de los tiempos del Antiguo Testamento como del Nuevo Testamento.

Con lo que nos queda una conclusión bastante clara y simple: puedes ser un hombre o una mujer con una fe enorme que produce excelente testimonio en todos los que te rodean y conocen, pero eso no te garantiza que alcances la promesa. Y que conste claramente que no estoy hablando de salvación, eso está asegurado, porque desde ella es que partimos. Estoy hablando de promesa, Reino, recompensa.

Versión Clásica

Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.

Nueva Versión Internacional

Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.

Versión Biblia Textual

Por lo cual también nosotros, teniendo alrededor nuestro una tan grande nube de testigos, desprendiéndonos de todo peso, y del pecado que nos asedia, (Es decir; del pecado que más nos asedia. Esto es, la incredulidad. La palabra griega aquí es euperistaton. Esta compleja y peculiar palabra expresa al mismo tiempo el acecho y el asedio (cual una jauría), que fácilmente envuelve, enreda y estorba (Cual lastre o rémora), al que corre.) corramos con paciencia la carrera que nos es puesta delante, puestos los ojos en Jesús, el Autor y Consumador de la fe; el cual, por el gozo puesto delante de Él, soportó la cruz, y despreciando el oprobio, se ha sentado a la diestra del trono de Dios.

Los llamados héroes de la fe no han sido meros espectadores que nos están vigilando desde la eternidad. Son directamente nuestros más conspicuos testigos después de haber sido ellos vencedores en todo. A menudo, la vida cristiana se compara con una carrera, lo cual nos lleva a sugerir que debemos despojarnos de cualquier peso (pecado) que pueda estorbar nuestra performance.

Y un detalle extra para este párrafo. Aquí dice que tenemos en derredor nuestro una gran nube de testigos. Esta palabra que aquí se traduce como nube, (nipash) es la misma que se utiliza cuando se habla del retorno del Señor viniendo entre las nubes. Hay dos escrituras afines a esta.

(1 Corintios 9: 24) = ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis.

(Hebreos 10: 35) = No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; (36) porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.

Es indudable que el autor alienta a sus lectores recordándoles su antigua fidelidad en medio de las pruebas, su compasión por otros y el inminente retorno del Señor. Y cuando habla de que les es necesaria la paciencia, lo que está significando es mucho más que ese soportar medio estoico que conocemos como tal.

Paciencia, aquí, es la palabra hupomone, y tiene que ver con constancia, perseverancia, sobrellevar, firmeza, mantenerse, sufrimiento con paciencia. La palabra combina hupo, que quiere decir “debajo” y mone, que se traduce como “permanecer”. Describe la capacidad de continuar en pie bajo circunstancias difíciles, no asumiendo una complacencia pasiva, sino con la entereza de quien resiste activamente ante los inconvenientes y el fracaso.

(Filipenses 2: 5) = Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, (6) el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, (7) sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres, (8) y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

(9) Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, (10) para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; (11) y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para la gloria de Dios Padre.

Pablo, aquí utiliza el ejemplo de Cristo para reforzar su apelación al desinterés. Al igual que Cristo dejó la gloria celestial para bajar a la tierra y morir, debemos estar dispuestos a mirar más allá de nuestros propios intereses por el bien de los demás.

Y dice que tenía la forma de Dios. Esta frase no se refiere al aspecto físico de Cristo, sino a su esencia divina, algo que permanece inalterable. Lo mismo que cuando dice que es igual a Dios. Ahí se refiere al modo de existencia de Cristo.

El señor comparte la gloria y prerrogativas de la divinidad, pero no consideraba esa condición como algo que debía ser mantenido celosamente. Por el contrario, Jesús renunció voluntariamente a su gloria cuando vino a la tierra, aunque retuvo su esencia divina.

Por lo tanto, la realidad de la encarnación se expresa en la completa renuncia de Cristo al despojarse a sí mismo. Él abandonó su aspecto divino y asumió una humanidad real. Cuando dice que fue hecho semejante, sugiere que Jesús era realmente hombre: su humanidad era genuina, aunque su ser seguía siendo divino.

En cuanto a que fue exaltado hasta lo sumo, esta expresión se sintetiza en la palabra griega huperupsoo. Proviene de huper, que significa “sobre” y hupsoo, que se traduce como “levantar”. La palabra, entonces, sugiere una exaltación a la posición más alta, una elevación por encima de todos los demás. El contexto contrasta la humillación y los honores con que esta se premia. La obediencia de Jesús ante la muerte fue recompensada exaltándolo a una posición superior de honor y gloria.

Pero no quiero dejar pasar este texto, leído y comentado como anexo al estudio que nos enseña sobre la fe, sin descubrirte una pequeña perla de revelación que coloca las cosas en su debido sitio en  cuanto a nuestro lenguaje templista.

Porque nosotros nos referimos a los siervos de Dios como hombres que le sirven dentro de la iglesia en diferentes posiciones. Y en el colmo de la incoherencia gramatical, hemos llegado a presentarlos ante un gran auditorio como “grandes” siervos, cuando este mismo texto nos dice que es exactamente lo opuesto. Si es siervo, no puede ser grande. Y si llega a ser grande, ya no es siervo.

Porque el verso 7 nos dice que Cristo se despojó a sí mismo y tomó forma de siervo, por lo cual se estima que fue hecho semejante a los hombres. ¿Qué significa esto? Que los hombres, todos los hombres, nacen siendo siervos de Dios. Si lo aceptan y dan los pasos correctos y debidos de obediencia y fe, pasan a ser considerados hijos. De otro modo, quedan en calidad de siervos y, como tales, pueden ser desechados y borrados del libro de la vida.

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Combatiendo al Enemigo

Cuando hablamos de fe, inevitablemente vamos a caer, tarde o temprano, en una de sus mayores enemigas: la ansiedad. Y cuando revisamos a la ansiedad, no vamos a poder eludir su conductor principal: el temor. Y lo cierto es que la fe y el temor, no pueden existir o convivir juntos.  

 

Recuerda que Dios habló repetidamente a los dirigentes de Israel sobre la fe y el temor. Les dijo firmemente que confiaran en Dios y que no mostraran temor hacia otros dioses o hacia sus enemigos. Hay dos escrituras que dan referencia de ello.

 

(Josué 1: 9) = Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en donde quiera que vayas.

 

La palabra que se traduce aquí como valiente, es la palabra chazaq, y significa: ser fuerte, valeroso, tener hombría, fortaleza, ser firme, obstinado, fortificado, poderoso. Generalmente las palabras “fuerte” o “valiente” definen a chazaq, pero esta palabra tiene una amplia gama de significados, ya que figura más de trescientas veces en el Antiguo Testamento.

 

(Jueces 6: 9) = Os libré de mano de los egipcios, y de mano de todos los que os afligieron, a los cuales eché de delante de vosotros, y os di su tierra; (10) y os dije: Yo Soy Jehová vuestro Dios; no temáis a los dioses de los amorreos, en cuya tierra habitáis; pero no habéis obedecido a mi voz. (Cabe aclarar que cuando aquí leemos “amorreos”, en realidad se está refiriendo a la nación cananea).

 

Entonces, reconstituimos que, como el aceite y el agua, la fe y el temor no se mezclan. Si empezamos con fe y la expresamos resistiendo al diablo, nuestro enemigo huirá de nosotros. Si aceptamos el miedo, los poderes de la oscuridad (el diablo y los demonios) nos esclavizarán y la fe huirá de nosotros. Es así de sencillo.

 

(Santiago 4: 7) = Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.

 

Y es muy curiosa esta advertencia que no siempre ha sido convenientemente enseñada o predicada en nuestras congregaciones. Porque, -al menos de lo que yo he oído muchas veces-, se hace especial hincapié en resistir al diablo y muy poco en someterse a Dios. Pedro lo tenía claro en su primera carta.

 

(1 Pedro 5: 5) = Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, (Cuidado: no dice “todos los jóvenes”, dice que todos, tanto jóvenes como ancianos), revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.

 

(6) Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; (7) echando toda vuestra ansiedad (¡Oh, oh!) sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.

 

Esta palabra traducida aquí como ansiedad, es la palabra merimna, que viene de meiro, que es “dividir”, y noos, que es “la mente”. La palabra indica distracciones, ansiedades, cargas y preocupaciones. Merimna significa estar ansioso anticipadamente acerca de la vida diaria. Semejante preocupación es innecesaria, porque el amor del Padre provee para nuestras necesidades diarias igual que para nuestras necesidades especiales. Y luego sigue:

 

(8) Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, (Así se le llama a todo espíritu utilizado por Satanás), como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar. (Ten esto muy presente. Ningún diablo es un león, sino que es como un león. Y no puede meterse dentro de ti, sino que procura perturbarte desde afuera, desde los alrededores)

 

(9) Al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo.

 

(10) Más el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido por un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.

 

El mandato de resistir es un imperativo que insta a oponerse a las maniobras del adversario. A causa de la agresiva hostilidad de Satanás y sus demonios, los creyentes deben estar espiritualmente alertas, no sólo para resistir sus ataques, empleando la armadura que se describe en Efesios 6, sino librando una batalla espiritual contra él, por medio de la oración de guerra.

 

Esto, que es la estricta y precisa verdad que nace de esta y otras escrituras, no tiene absolutamente nada que ver con algunas enseñanzas recibidas por hermanos en las distintas babilonias corruptas, que llevan a interpretar que resistir es soportar o aguantar. Y de ninguna manera es así. Resistir en idioma bélico es combatir hasta la última consecuencia, nunca soportar lo que venga. Eso se llama estoicismo y no es de Dios.

 

He dicho en muchos trabajos, tanto escritos como de audio, y lo sigo diciendo porque es necesario que se te grabe bien, que la vida del creyente es una vida que imperiosamente necesita equilibrio, un suave y delicado equilibrio, por ejemplo, entre el conocimiento y la unción.

 

Satanás, a través de sus personeros espirituales o humanos, busca engañarnos, siempre engañarnos, ya sea por medio de esconder la verdad o tomando una parte de la verdad y llevándolo demasiado lejos. Con respecto a los demonios, a él le gustaría que nosotros pensáramos de una de estas dos maneras, o de ambas.

 

Que son seres inactivos o fruto de la imaginación mística de cierta gente fantasiosa, (A esto lo he oído desde púlpitos supuestamente evangélicos), o que estuviéramos tan sobredimensionados en el tema que llegáramos a ver demonios detrás de cada problema de nuestras vidas.

 

Fíjate que en los últimos años, algunos han hablado tanto de los demonios que mucha gente ha sido arrastrada por un gran temor. En lugar de verse libres de sus problemas, ellos tienen el peso añadido del horror. A nadie le gusta sentirse amenazado por seres invisibles, y mucho más cuando no sabes ni te han enseñado cómo defenderte de ellos o combatirlos.

 

Cualquier doctrina o enseñanza, por bien envasada en cartones espirituales que vengan, puede ser dañina o peligrosa si se enfatiza demasiado o se enseña de una manera que no es la verdadera en relación con la Biblia. No te olvides que un extremismo siempre, definitivamente siempre, es una exageración de una verdad. Y a esto, créeme, Satanás lo sabe manejar bastante bien.

 

En una ocasión, y por causa de los deseos de un pastor bastante conservador y ortodoxo de sumarse a una onda de avivamiento y crecimiento numérico en las congregaciones, vino a su iglesia, (De las más antiguas de la ciudad), un predicador y evangelista de esos que reprenden y echan fuera demonios en cada presentación.

 

Una hermana, que asistió puntualmente a cada una de las jornadas que cumplimentó la visita, estuvo a punto de volverse loca por causa del temor que le invadió para con esos demonios que no conocía y que de pronto parecieron invadir su vida, su familia y hasta su vivienda.

 

Se convirtió, de la noche a la mañana, (O de aquellas noches a esa mañana), en una persona muy temerosa que, tras sentarse durante una semana entera bajo la enseñanza de ese evangelista, lo que ella supuestamente aprendió, la llevó a creer que su casa estaba llena de demonios, diablos y diablillos.

 

Reconoció entre lágrimas y desesperación manifiesta, que por las noches tenía tremendo miedo de que cada habitación, armario y salita tuvieran miles de demonios escondidos que esperaban que ella se quedara dormida o desprevenida para atacarla y dañarla.

 

Se necesitaron mucho más que una semana, quizás un par de ellas, por lo menos, de enseñanza de la Biblia real y genuina,  para sacarla del miedo y volverla a llevar a un lugar de fe. Todo lo que necesitamos es conocer la verdad y vivir en la libertad que ésta proporciona.

 

¿Demonios? ¡Por supuesto que existen y son reales! ¿Miedo? ¡En lo más mínimo! ¿No has leído ciento de veces en tu Biblia que ningún poder tienen si no los habilitas con tu conducta pecaminosa? ¿No has entendido que el que mora en ti es superior en cualquier área al más importante de ellos?

 

Entiende de una vez y para siempre una verdad elemental para la guerra espiritual: Satanás o cualquiera de sus demonios son adversarios complicados, pero de ninguna manera poseen los atributos que Dios sí posee. Algunas personas mal informadas o informadas de forma tendenciosa por los noticieros del infierno tienen miedo de los demonios, porque creen que ellos poseen poderes o características que no tienen.

 

Pero lo cierto es que el diablo y sus demonios no saben todas las cosas ni pueden leer nuestras mentes. No saben cómo reaccionaremos a los pensamientos o sentimientos que pongan en nuestras mentes o corazones. Tienen que esperar y ver lo que hacemos.

 

En ocasiones pueden familiarizarse con nuestros patrones de comportamiento, pero no pueden prever o determinar nuestras acciones. Por eso siempre se sugiere a los que tienen puntos muy vulnerables en sus personalidades que, cuando van a orar a Dios pidiendo protección en eso, lo hagan con oraciones mentales.

 

Porque de ese modo Dios sabrá de inmediato de lo que estamos hablando porque es capaz de leer nuestro pensamiento, pero Satanás no podrá enterarse respecto a cuales son nuestros puntos débiles porque no puede leer en nuestra mente.

 

Una prueba de esto la tienes en uno de los libros más complejos del Antiguo Testamento: Job. Satanás ciertamente no previó el resultado de su ataque contra Job. Tampoco esperó que la victoria le llegaría a Jesús a través de la cruz. Si Satanás hubiera sabido lo que iba a suceder, jamás hubiera crucificado a Jesús, ¿Lo estás entendiendo?

 

Además, entre los mitos que muchos cristianos han adoptado como ciertos sin serlo, está el que ya ha quedado demostrado y en evidencia: que los poderes demoníacos no pueden estar en todas partes durante todo el tiempo.

 

Ciertamente, la Biblia nos entrega registros muy precisos respecto a que indudablemente se sintieron muy molestos de estar alrededor de Jesús. Y que también abandonaron rápidamente la escena cuando se enfrentaron con los apóstoles en el libro de los Hechos. Esto nos habla de autoridad, no de métodos.

 

Los demonios no son todopoderosos, eso nos queda más que claro; sólo Dios lo es. Cuando David cantó canciones al Rey Saúl, el espíritu malo que le molestaba se apartaba. La alabanza y la adoración poderosa del Señor lanzan fuera las fuerzas demoníacas.

 

Pero quiero ser claro y preciso en esto para ahorrar confusión y frustración a los lectores. Estoy hablando de alabanza genuina y de adoración genuina. De ninguna manera me estoy refiriendo al último hit de las disquerías cristianas ni a lo que más se vende ni al cantorcito guapo que hace estragos en los corazones de las hermanitas jóvenes.

 

Aún los creyentes nuevos – cuando se someten a Dios – pueden hacer que el enemigo huya. De hecho, las características que ahora paso a detallar le pertenecen solamente  a Dios. Más allá de lo que Satanás y sus demonios quieran hacernos creer, solamente Dios es:

 

Omnisciente: que lo sabe todo. Que conoce todas las cosas reales y posibles. Alguien que sabe lo que piensan y hacen los personajes en todo momento. ¿Tú crees que algún hombre puede arrogarse esta condición? Pienses lo que pienses, entiende que solamente Dios puede conocerlo. A menos que hables en alta voz, ningún demonio podría conocerlo.

 

Omnipresente: que está presente en todas partes al mismo tiempo. Esta es una condición que también Dios tiene como patrimonio exclusivo. Ni Satanás ni sus demonios la tienen. Se mueven a alta velocidad, pero no pueden ir más allá de eso.

 

Omnipotente: que es todopoderoso. ¿Has escuchado decir que Dios todo lo puede? Eso es bien cierto, para Dios no existe absolutamente nada de lo que existe aquí en la tierra que sea imposible. Es un grado de poder que está por encima de cualquier personero del infierno por importante que sea.

 

Entonces, tenemos que saber y entender que el diablo y sus demonios pueden atacarnos, de eso no podemos dudar. Sin embargo, lo que no pueden hacer es entrar en nuestras vidas a menos que les abramos la puerta por el camino de la duda, desobediencia o engaño.

 

No poseen los atributos del Dios Todopoderoso. De hecho, el enemigo no es un obstáculo para un cristiano informado, uno que esté caminando en fe y obediencia. Reitero: a menos que caiga en grosero pecado, no abrirá puertas suficientes como para que pueda ser engañado y derrotado.

 

Entre más pronto aceptemos esta verdad, más rápido nos apartaremos del temor parar entrar en la fe, y de la derrota para entrar en la victoria. Estos son, ciertamente, principios básicos para la vida cristiana victoriosa. Por la mayor parte de esos miedos tienen que ver con una sobredimensión de los poderes satánicos, que entremezclados por culpas producidas por engaños, llevan a situaciones de frustración y debilidad suma.

 

Y no debemos suponer que hablamos por voluntarismo o exitismo mal interpretado. Muy por el contrario, nuestra victoria sobre los poderes diabólicos está señalada claramente en la Escritura. Uno de los versículos clave se encuentra en la carta de Pablo a la iglesia de Colosas.

 

(Colosenses 2: 13) = Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, (14) anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, (15) y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.

 

Dice que lo hizo anulando el acta de los decretos. Esta palabra, anulando, es la palabra exaleipho, que proviene de ex, que significa “afuera” y aleipho, que se  traduce como “untar”. De aquí, anular, borrar, lavar. Usada metafóricamente, la palabra significa una supresión, ya sea de pecados, de un decreto, un nombre o de lágrimas.

 

En este pasaje se nos dice que Dios ha desarmado y derrotado a los poderes de los espíritus del mal que gobiernan al mundo. Esto se refiere a los demonios poderosos que forman parte de las fuerzas de Satanás. Se les privó de sus armas y autoridad. Ahora no tienen defensa y han sido degradados.

 

Esto es un cuadro muy vívido de un desfile de la victoria en el que el enemigo derrotado es expuesto a la vergüenza pública. Es una victoria que fue ganada por el Señor Jesucristo en el Calvario cuando fue crucificado. Y es bueno saberlo porque todavía quedan muchos, -demasiados- cristianos que ignoran el significado real de la cruz, y sólo la ven como un elemento de sufrimiento y martirio.

 

Esto fue lo que sucedió en el Calvario. Satanás y todos sus demonios fueron totalmente derrotados. Fueron expuestos a un despliegue abierto de vergüenza y degradación en aquella mañana de Domingo de Resurrección. Las palabras de aquel famoso himno cuenta la historia de una manera muy hermosa:

 

"De la tumba se levantó / Con un triunfo poderoso / sobre sus enemigos / Se levantó victorioso / del dominio tenebroso / Y vive para siempre / con sus santos para reinar / Se levantó! Se levantó! / Aleluya! Cristo se levantó!

 

Cristo ahora sostiene en Sus manos para siempre las llaves del infierno y de la muerte. Las sostiene porque venció al pecado, a Satanás, al pecado y a la muerte. Fue totalmente triunfador – sobre el diablo, sobre los principados y los poderes. Ganó todo.

 

No solamente fue su victoria, sino también la nuestra. Las victorias de aquellos grandes generales de la segunda Guerra Mundial no sólo fueron para ellos, sino que se convirtieron en una victoria que todo el pueblo de sus respectivos países y sus aliados disfrutaron.

 

Así es lo que sucedió en la cruz. Más allá de ser una inocultable victoria de Jesús, el Cristo, sirvió para que la disfrutáramos todos los que hoy decimos ser cristianos. ¿Y cómo se disfruta una victoria? Haciéndola real cada día en nuestra batalla cotidiana.

 

La victoria de Jesús es la misma para todos nosotros los que le amamos y le servimos. Él murió avergonzado para que pudiéramos vivir victoriosos. Tenemos que verlo. Tenemos que conocerlo. Tenemos que caminar a la luz de esa revelación. Es nuestra clave para la vida cristiana victoriosa.

 

Es importante saber que cuando el diablo fue derrotado también lo fueron todas sus fuerzas demoníacas. No tienen autoridad ni poder sobre nuestras vidas excepto el que nosotros les permitamos que tengan.

 

Se cuenta la historia de un sargento de un ejército durante la Segunda Guerra Mundial, que fue internado en un campo de prisioneros de guerra enemigo luego de ser capturado. Después de que el país que lo tenía prisionero se rindió, el general que estaba a cargo del campamento mantuvo su mando. Esperaba que un oficial de alto rango de las fuerzas que los habían derrotado llegara y se hiciera cargo del mando.

 

Pero no fue así. Ese general iba a aprender que un militar derrotado, por más grado de general que posea, tiene menos autoridad que un sargento, si ese sargento pertenece al ejército que ha ganado la guerra. Al escuchar las noticias sobre la rendición, el sargento todavía prisionero informó rápidamente a ese general que él y sus hombres se iban hacer cargo del campo.

 

No hizo falta que esperaran. Con la firma de los papeles de rendición, el cambio de mando alcanzó hasta el soldado de rango más bajo. Incluso un sargento del ejército podía tener el mando sobre un oficial de alto rango si ese oficial era miembro de las fuerzas derrotadas. Este es un cuadro poderoso de la autoridad del creyente. Es nuestra cuando nos colocamos bajo la dirección de nuestro Señor Jesucristo.

 

Hay algo que como creyentes genuinos que somos o, al menos, deseamos ser, debemos saber: cuando estamos bajo autoridad, podemos actuar con autoridad. Y cómo puedes imaginarte, no me estoy refiriendo a autoridades jerárquicas humanas, desde luego.

 

El triunfo de Cristo sobre Satanás en la cruz del Calvario significa que nosotros también poseemos ese mando. Todo cristiano que vive bajo la autoridad de Dios tiene derecho a asumir el mando y a tomar su parte del mundo. Tiene la autoridad y el derecho legal de decirle al diablo (y a sus demonios) a donde tiene que ir y lo que tiene que hacer.

 

Y si no estamos viendo esto más a menudo es, entre otras razones, porque Satanás se las ha ingeniado para hacerle creer a la iglesia que existe gente “especializada” en echarlo fuera a él, que cualquiera no puede o no debe hacerlo, y que por habernos creído esa enorme mentira nosotros mismos dudamos y no nos atrevemos.

 

Se nos enseña que resistamos al diablo y que veamos cómo huye. EL apóstol Santiago utiliza un término militar para explicar esta verdad en su epístola: Por lo tanto, someteos a Dios, resistid al diablo, y él huirá de vosotros.

 

La palabra "someterse", que aquí se utiliza con relación a Dios, no a hombre,  significa colocarse bajo o venir bajo una autoridad (es decir, obedecer totalmente al Señor). Cuando nos colocamos bajo la autoridad podemos permanecer y resistir firmemente al diablo y a sus demonios. Cuando lo hagamos, se volverán asustados y saldrán corriendo.

 

Ha ocurrido, y sigue sucediendo, que en ciertos y determinados grupos supuestamente cristianos de buen prestigio, hay gente nombrada u ordenada para librar guerra espiritual. Y a ella van a parar todos los endemoniados que llegan en búsqueda de ayuda.

 

Pero resulta ser que en algunos casos, depende qué hermano se haga cargo del asunto, esas personas son liberadas, pero en muchos otros casos, no. ¿Qué sucede aquí? ¿Acaso Dios tiene favoritismo por algunos y por otros no? No. Ocurre que muchos de los que pretenden pelear con los demonios no están todavía sometidos a Dios. Entonces, aunque hayan sido nombrados u ordenados, no funciona.

 

En ningún sitio de la Escritura se dice que Jesús se enfrentó con el poder diabólico con miedo y temblor; o con alguna clase de duda en sus posibilidades. De hecho, muy por el contrario, fue de una manera muy distinta. Fueron los demonios los que gritaron de temor.

 

(Marcos 1: 23) = Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, (¡Eh! ¡No estaba en el pub bebiendo cerveza con sus amigos borrachines! ¡¡Estaba en la sinagoga!!) que dio voces, (24) diciendo: ¡Ah! ¿Qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios. (Más de uno quisiera que los demonios lo conocieran e identificaran como lo hicieron con Él, ¿Verdad?)

 

(25) Pero Jesús le reprendió, diciendo: ¡Cállate, y sal de él! (Parecería ser que no le preguntó cómo era su nombre y cómo había entrado en el hombre. Sencillamente los echó fuera de allí. Autoridad.)

 

(26)  Y el espíritu inmundo, sacudiéndole con violencia, y clamando a gran voz, salió de él. (Lo dicho en más de una ocasión. Satanás y sus demonios, a veces, son mucho más obedientes que varios cristianitos que conozco).

 

(27) Y todos se asombraron, de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen? (¿Cómo puede ser que haga eso ese hermano si no está aprobado por la junta de viejos cabezones que lideran la denominación a la cual pertenecemos?)

 

(28) Y muy pronto se difundió su fama por toda la provincia alrededor de Galilea.

 

(29) Al salir de la sinagoga, vinieron a casa de Simón y Andrés, con Jacobo y Juan.

 

(30) Y la suegra de simón estaba acostada con fiebre; y en seguida le hablaron de ella.

 

(31) Entonces él se acercó, y la tomó de la mano y la levantó; e inmediatamente le dejó la fiebre, y ella les servía. (Esto es para los literalistas que enseñan que hay que hacer las cosas exactamente como las hacía Jesús para que funcionen. ¿Oró Jesús por la suegra de Simón? No. ¿Le reprendió la fiebre? No. ¿Le echó fuera demonios de enfermedad? No. Simplemente le tomó la mano y la ayudó a levantarse, según otras versiones. Nada más. Fue sana. ¿Alguien se atreve a imitarlo?)

 

(32) Cuando llegó la noche, luego que el sol se puso, le trajeron todos los que tenían enfermedades, y a los endemoniados; (33) y toda la ciudad se agolpó a la puerta.

 

(34) Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían. (Esto quiere decir que aquellos que necesitan dialogar con los demonios para ver si es posible echarlos fuera de donde están, no son demasiado conocidos por éstos)

 

(35) Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba. (La vida moderna impone cambios hasta en los horarios de descanso, pero en lo posible, Jesús nos muestra que levantarse bien temprano a orar es no sólo conveniente o indispensable, sino además agradable y vital.)

 

(36) Y le buscó Simón, y los que con él estaban; (37) y hallándole, le dijeron: Todos te buscan.

 

(38) Él les dijo: vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido. (¿A qué cosa dice el propio Jesús que vino? A predicar. ¿Qué significa ser un cristiano? Seguir a Cristo. ¿Qué es seguir a Cristo? Hacer las cosas que Él hizo. ¿Está claro?)

 

(39) Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios. (Si alguien supone que Jesús pedía una cita con el fariseo a cargo de esa sinagoga para solicitar el debido permiso para entrar, predicar y hasta liberar endemoniados ahí adentro, está listo. Jesús nunca les pidió permiso para nada. ¿Cómo se llamaría un hombre así, hoy, en cualquiera de nuestras iglesias?)

 

(40) Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: si quieres, puedes limpiarme. (Fíjate; no le dice sanarme o liberarme; le dice limpiarme)

 

(41) Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio. (Jesús respondió al pedido conforme al pedido. No le dijo Sé libre o sé sano; le dijo sé limpio.)

 

(Lucas 8: 27) = Al llegar él a tierra, vino a su encuentro un hombre de la ciudad, endemoniado desde hacía mucho tiempo; y no vestía ropa, ni moraba en casa, sino en los sepulcros. (Imagínate. Llega el gran predicador Jesús de Nazaret a un lugar y, en vez de salir a su encuentro un comité de jerarquías religiosas de la zona, o los representantes del Consejo de Pastores del sitio, lo que le sale al encuentro es un loco desnudo que vive en el cementerio. ¡Qué nivel! ¿Verdad?)

 

(28) Este, al ver a Jesús, lanzó un gran grito, y postrándose a sus pies exclamó a gran voz: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te ruego que no me atormentes.

 

(29) (Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre, pues hacía mucho tiempo que se había apoderado de él; y le ataban con cadenas y grillos, pero rompiendo las cadenas, era impelido por el demonio a los desiertos.) (¡Rompía las cadenas! ¿Tienes alguna duda que estaba bien endemoniado?)

 

(30) Y le preguntó Jesús, diciendo: ¿Cómo te llamas? Y él dijo: Legión. Porque muchos demonios habían entrado en él.

 

(31) Y le rogaban que no los mandase ir al abismo.

 

Es muy curioso este diálogo entre los demonios que habitaban a ese hombre y Jesús, porque es el único que en este tenor vemos en toda la Biblia. Demuestra que ellos sabían perfectamente quién era el que tenían enfrente, así como sabían que si Él les ordenaba salir iban a tener que hacerlo. Por eso le rogaban que, al menos, no les ordenara ir al abismo.

 

Pero, entonces, ¿Los demonios creen en Dios? ¡Por supuesto que creen! La incredulidad es un patrimonio del hombre, no de los seres creados. ¿No dice Santiago 2:19 que también los demonios creen y tiemblan?

 

Es interesante notar que la palabra griega para "temblar" es frisso. Significa temblar o tener escalofríos de terror y horror. Se refiere a la clase de miedo que hace que el pelo de uno se erice o ponga de punta. Es un nivel de terror que solamente puede producirlo lo desconocido o lo sobrenatural.

 

Entonces, no; no fue Jesús el aterrorizado por la presencia de los demonios. Fueron los demonios los que se quedaron aterrorizados de miedo por el poder y la presencia del Señor. Sabían que Él había venido a privar a Satanás de su poder y autoridad. Después de Su resurrección, Jesús expresó claramente esta verdad con las siguientes palabras:

 

(Mateo 28: 18) = Y Jesús se acercó y les habló diciendo: toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.

 

(19) Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; (Cierto es que la Biblia no habla de la Trinidad, pero sí habla de esto que has leído, que como quieras que decidas llamarlo, nos habla de Trinidad) (20) enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

 

¿Hasta el fin del mundo? Es decir, ¿Hasta que todo esto que habitamos se destruya en mil pedazos y salgamos volando por el universo en un final horrendo para toda la raza humana? ¡No! ¡Eso es lo que en muchas iglesias se ha enseñado bajo el rótulo de “buenas nuevas”!

 

Cuando aquí se dice mundo, se está denotando un período indefinidamente largo, con énfasis sobre las características del período más bien que sobre su duración. Y nos está hablando de sistema, no de planeta. ¿Hay que entender que Jesús dice que será hasta el fin del sistema? Correcto. Pero, ¿De qué sistema? De todo lo que vemos: sistema político, social, económico y…religioso, que es como decir Babilonia. ¿Estás entendiendo?

 

La palabra "poder" que leemos en el pasaje de arriba significa poder para gobernar, adquirir autoridad y tener dominio. Ahora bien, si Jesús tiene todo poder y autoridad, eso significa que el diablo no tiene ninguno. A través de su muerte en la cruz, Jesús destrono al diablo y le quitó el aguijón de la muerte. Sólo un problema: miles y miles de cristianos todavía no parecieran estar ni enterados de ello. Jesús señaló con firmeza esta verdad nuevamente a su Apóstol Juan en la visión celestial.

 

(Apocalipsis 1: 17) = cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último; (18) y el que vivo, y estuve muerto; más he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.

 

Pero debo aclarar algo que si no lo dijera, cualquier clase de estudio al respecto estaría incompleto. No solamente Jesús tiene todo poder y autoridad, sino que también ha dado ese poder a Sus discípulos. Y no sólo a aquellos discípulos de su época, sino a los que aceptan ser sus discípulos de todas las épocas. ¿Recuerdas a los setenta?

 

(Lucas 10: 17) = Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.

 

(18) Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.

 

(19) He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.

 

(20) Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos. (También se los dijo en otra ocasión donde es Marcos quien lo rescata).

 

(Marcos 16: 17) = Y estas señales seguirán a los que creen: (¡Atención con esto! Dice que las señales que ahora va a detallar seguirán a los que creen. Esto es: no deberás ir en búsqueda de esas señales a ninguna parte, ya que ellas van a seguirte. Claro está que, siempre y cuando creas, que no es poco.) En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; (18) tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.

 

A la luz de los pasajes mencionados arriba, está claro que no tenemos razones para temer a los poderes demoníacos. Su poder y autoridad les han sido arrebatados. Son ellos los que tiemblan en nuestra presencia cuando permanecemos fuertes en la victoria del Calvario.

 

Entonces, creo que ha llegado el momento, aquí y ahora, de preguntarnos seriamente por qué razón es que todavía no estamos viendo todas estas cosas donde quiera que estemos congregados bajo el rótulo de iglesia. ¿Será porque no creemos? ¿Será porque no tenemos autoridad por causa del pecado? Será algo de eso, sin dudas, y te corresponde a ti examinarlo, descubrirlo y solucionarlo.

 

Consideremos ahora cómo poner en acción la verdad de la Palabra de Dios. Los principios tienen que ser probados en la práctica. Porque no ganamos absolutamente anda con poblar el “éter” radial, televisivo o cibernético de lindos mensajes si no podemos poner por obra práctica ni la cuarta parte de ellos.

 

(Números 23: 21) = No ha notado iniquidad en Jacob, ni ha visto perversidad en Israel. Jehová su Dios está con él, y júbilo de rey en él.

 

(22) Dios los ha sacado de Egipto; tiene fuerzas como de búfalo.

 

(23) Porque contra Jacob no haya güero, ni adivinación contra Israel. Como ahora, será dicho de Jacob y de Israel: ¡Lo que ha hecho Dios!

 

En el pasaje de arriba tenemos un cuadro casi perfecto de lo que disfrutamos como creyentes en Cristo. La presencia de Dios está con nosotros y su protección descansa sobre nosotros. Tenemos la victoria sobre nuestros enemigos.

 

Es de especial interés notar que ninguna maldición puede ser realizada contra nosotros. Aun la brujería no tiene efecto en la medida en que nos sometamos al gobierno real de nuestro Dios. Cuando caminamos en fe y obediencia, ningún poder del enemigo puede dañarnos.

 

Esta es una verdad para el pueblo de Dios de Dios de todas las épocas. Descansa sobre el principio del dominio divino. Como se dijo antes: cuando nos colocamos debajo de la autoridad de Dios, su autoridad desciende sobre nosotros. Después podemos resistir al diablo y a sus demonios en la autoridad de Su nombre y por el poder de Su Palabra. Estos huirán de nosotros.

 

Hay lugares en el mundo en los que esta verdad es de gran importancia.  Muchas personas viven sus vidas completas con temor a causa de la brujería. Los hemos visto ser librados completamente de tal temor en el nombre de Cristo Jesús.

 

Cuando comprenden que el diablo ha sido derrotado totalmente en el Calvario, pierden su temor. Rápidamente empiezan a moverse en su autoridad como hijos e hijas reales en la familia de Dios. No temen enfrentarse y derrotar a los poderes demoníacos en cualquier sitio que se los encuentren. Es hermoso ver " las maravillas que Dios ha hecho por ellos".

 

Por esa razón es que, entonces, experimentar temor a ciertas circunstancias no es compatible con la fe. Cuando hay una medida importante de fe en nuestras vidas, nuestras vidas pueden manifestarse y manifestar el poder de Dios a cada paso. Y esa misma evidencia es la que actúa como elemento vital para la guerra espiritual en la que estamos inmersos, la creamos o no.

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Por Encima de Todo

La carta o epístola a los Hebreos no identifica a su autor, y la tradición cristiana que es la que mayoritariamente nos ha enseñado lo elemental, nunca ofreció una respuesta unánime sobre la identidad de éste. Algunos especialistas señalan ciertas evidencias que apuntan hacia Pablo, pero hay otros que creen que pudieron haberla escrito algunos de sus colaboradores, como Bernabé o Apolos.

Sin embargo, es necesario que sepas que esto que acabo de comentarte no han sido otra cosa que simples especulaciones, válidas desde el interés, pero infructuosas desde sus resultados concretos. La mejor conclusión sobre esto, quizás sea la de Orígenes, que en el siglo Tercero dijo que sólo Dios sabía con certeza quién había escrito esta carta.

El contenido indica que fue escrita antes de la destrucción del templo de Jerusalén en el año 70 después de Cristo. La única evidencia que alude al sitio donde fue escrita, es el saludo enviado por “los de Italia”, lo cual indica que su autor o bien estaba en Roma o le escribía a los cristianos que estaban allí.

El caso es que en el contexto de esta carta, y por allí por el versículo 19 del capítulo 10, comienza todo un análisis y detalle casi cronológico respecto a la fe que será más que interesante revisar. Examinarlo a la luz de toda la Palabra y ver, en todo caso, qué tiene esa revelación para hoy.

Porque en nuestro ambiente, ya sea en las casas de familia de los hermanos o en los templos donde muchos todavía se congregan semana tras semana. Se habla demasiado de la fe. Mucho más de lo que realmente se la vive. Y no lo digo en tono de crítica, lo digo como descripción de algo a lo que en modo alguno me puedo sentir ajeno.

Voy a encarar esta parte de este trabajo de un modo no convencional. No voy a citar capítulos y versículos. Sólo digo, a modo de guía para seguimiento y control de ustedes, que partiré desde el versículo 19 del capítulo 10 de la carta a los Hebreos. Luego el estudio se hará por párrafos o textos, tal como si se tratara de lo que precisamente se trata: una carta.

Versión Clásica

Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.

Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.

Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuando veis que el día se acerca.

Nueva Versión Internacional (Sé que tiene imperfecciones serias, pero por eso mismo la añado)

            Así que, hermanos, mediante la sangre de Jesús, tenemos plena libertad para entrar en el Lugar Santísimo, por el camino nuevo y vivo que él nos ha abierto a través de la cortina, es decir, a través de su cuerpo; y tenemos además un gran sacerdote al frente de la familia de Dios. Acerquémonos, pues, a Dios con corazón sincero y con la plena seguridad que da la fe, interiormente purificados de una conciencia culpable y exteriormente lavados con agua pura.

Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.

Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.

Versión Biblia Textual

Así que, hermanos, teniendo confianza para entrar en el lugar santísimo por la sangre de Jesús, la cual nos abrió un camino nuevo y vivo por medio del velo, esto es, de su carne; y teniendo un gran Sacerdote sobre la Casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, teniendo los corazones rociados, y así libres de mala conciencia, y los cuerpos lavados con agua pura.

Mantengamos sin fluctuar la confesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.

Y considerémonos los unos a los otros para estímulo del amor y de las buenas obras; no abandonando nuestra propia asamblea como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos, y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.

Tomemos esto desde el principio. Dice aquí que podemos tener tanto libertad como confianza plena en entrar al Lugar Santísimo (Tipología de salvación y Reino) por medio de la sangre de Jesús. ¿Por qué se asevera eso con tanta propiedad en este texto?

Porque anteriormente, en el capítulo 9 y verso 8, leemos: …dando el Espíritu Santo a entender con esto que aún no se había manifestado el camino al Lugar Santísimo, entre tanto que la primera parte del tabernáculo estuviese en pie.

Este texto es complementado por el versículo 12, donde se puede leer: …y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.

Pablo, por su parte, también lo menciona convenientemente, cuando en su carta a los Efesios, en el capítulo 2 y verso 18, les dice: porque por medio de él (Cristo) los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.

Con lo relacionado al velo, es aquí donde encontramos una pequeña diferencia en la traducción en la versión NVI. Mientras que la tradicional nos dice que el velo es la carne, cosa que se confirma y corrobora en la Textual, la NVI nos habla del “cuerpo”. Sin estar equivocada, al menos no es precisa.

Porque el velo que hoy el hombre debe trasponer para entrar al Lugar Santísimo, que es la presencia misma de Dios en su vida, es el de la incredulidad. Y cuando hablamos de incredulidad, necesariamente estamos hablando de su carne. No es su cuerpo el incrédulo, es su carne, donde deberemos incluir a un alma no comandada por el Espíritu Santo de Dios en nuestro espíritu.

Luego menciona a Jesús como Sacerdote, y otra vez la versión NVI interpreta de un modo…podríamos decir…casero. Porque es la única que habla de la “familia” de Dios, cuando en realidad las otras dos versiones al decir “Casa de Dios”, están refiriéndose a tu interior y al mío, esto es: al hombre global, no a su familia humana.

Luego se coincide en que debemos acercarnos a Dios, (No esperar que Él venga a visitarnos, como muchos enseñan), con un corazón sincero. Esto nos habla de un alma (Eso es corazón en el hebreo) que no persigue sus placeres o deseos, sino que se sujeta a lo que el Espíritu de Dios susurra en nuestro espíritu humano.

No resulta casual ni circunstancial que, una de las groserías más grandes que encontramos en nuestras congregaciones, sea precisamente la hipocresía, enemiga total de la sinceridad. Eso te muestra y demuestra cuál es la tarea del enemigo en búsqueda de socavar a la iglesia del Señor como pueda y donde se lo permitan.

¡Basta de simulación! ¡Basta de hacer como que oramos, hacer como que alabamos, hacer como que adoramos y hasta hacer como qué ofrendamos! Dios jamás va a sentirse agradado que tú hagas “como qué”. Dios se va a agradar cuando tú hagas algo con sinceridad de corazón visible y manifiesta.

Y luego nos añade que debemos acercarnos a Él de ese modo, añadiendo certidumbre de fe. Este es el término utilizado en las versiones clásica y textual, mientras que en la NVI se utiliza seguridad. La única definición de la RAE para certidumbre, es: obligación de cumplir algo.

Sin embargo, donde hallamos más sobre esta palabra en cuando consultamos a los sinónimos. Allí se nos dan como tales, a: certeza, certitud y evidencia, siendo sus antónimos, (Lo opuesto) duda e incertidumbre. Otros más amplios, son: dogma, verdad, axioma, fe, infalibilidad e indefectibilidad, siendo antónimos de esto: mentira e hipótesis.

Luego añade que también deben estar los corazones purificados de mala conciencia y lavados los cuerpos con agua pura. La versión NVI interpreta separando ambas expresiones, ya que dice que deben estar interiormente purificados de una conciencia culpable y exteriormente lavados con agua pura.

No está mal si quieres verlo así, pero creo que la palabra añade algo más. La pista sobre esto me la da la versión textual, que dice que deben presentarse teniendo los corazones rociados, y así libres de mala conciencia, y los cuerpos lavados con agua pura.

Esto tiene que ver con lo que encontramos en Levítico 8. En el verso 6, dice que, en el marco de la consagración de Aarón y sus hijos, Moisés hizo acercarse a Aarón y a sus hijos, y los lavó con agua. Sacerdocio santo.

Y más adelante, en el verso 30, hay otra referencia ritual referente a esta consagración. Allí leemos textualmente: Luego tomó Moisés el aceite de la unción, y de la sangre que estaba sobre el altar, y roció sobre Aarón, y sobre sus vestiduras, sobre sus hijos, y sobre las vestiduras de sus hijos con él; y santificó a Aarón y sus vestiduras, y a sus hijos y las vestiduras de sus hijos con él.

¿Qué tenemos hasta aquí? Tenemos en claro que la confianza en entrar a la presencia de Dios se basa en la sangre de Jesucristo y en su ministerio como Sumo Sacerdote. Que la adoración que nace de un corazón sincero, esto es, con completa franqueza de propósito, debe estar basada en la seguridad del poder justificador de la sangre de Cristo y el poder santificador de la Palabra de Dios.

Luego nos dice que mantengamos firme, esto es imperturbable e inamovible, aquí sintetizada por “sin fluctuar”, la profesión de nuestra esperanza. Sabemos que la esperanza es la confianza en que ocurrirá o se logrará lo que se desea. Pero dice que debemos tener profesión en ella.

Y profesión es, entre otras acepciones más secularizadas, la manifestación pública de una creencia, costumbre o habilidad. Es decir: hacer pública nuestra esperanza. (La versión Textual dice “confesión” en lugar de profesión). La profesión de nuestra esperanza sobre la futura consumación de nuestra salvación, nunca vacilará mientras está fundada en la fidelidad de aquel que prometió.

Y en el párrafo final, se nos habla conforme a las versiones más abundantes en nuestros ambientes, de no dejar de congregarnos como algunos tienen por costumbre. Y eso, naturalmente, ha sido y sigue siendo interpretado y tomado como espada flameante levantada en contra de cualquiera que piense o decida abandonar un templo de un grupo determinado.

¿Sabes qué? ¡Ni por asomo! Porque aquí sí es de enorme auxilio la Biblia Textual, elaborada en función directa de los originales sin pasar por tamices interpretativos teológicos. Allí no dice que no debemos dejar de congregarnos, entendido como no dejar de ir al templo cada domingo. Allí se nos dice que no debemos abandonar la asamblea.

Asamblea, tú lo sabes porque aquí mismo te lo he enseñado muchas veces, es la palabra eklessia. Y de allí proviene nuestra más conocida palabra Iglesia. Es decir que lo que se nos recomienda es no abandonar la asamblea de representantes del cuerpo de Cristo, del Reino de Dios en la tierra, no dejar de asistir a un lugar donde se habla de cualquier cosa menos del Señor.

El amor de unos por otros en Cristo debe manifestarse en obras de amor y en la unidad en su nombre, especialmente en la luz de su inminente venida. Unidad, -te recuerdo- no es un grupo de bautistas tomando un café durante un día a la semana con otro grupo de pentecostales. Unidad es estar inexorablemente en un mismo sentir espiritual. Y eso, créeme, aún no lo he visto en ninguna parte.

La recomendación tiene que ver con lo que se lee en el verso 13 de Hebreos 3: …antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Salirse de una asamblea, dejar de creer por sólo un día, es caer en la trampa del pecado. Que no tiene nada que ver con faltar a un culto un día domingo, quédate tranquilo.

Independientemente de todo esto que estás recibiendo y aprendiendo por añadidura, nuestro trabajo se centraliza en la fe. ¿Y qué hemos aprendido aquí sobre ella? Que nuestra fe debe ser experimentada con certidumbre y seguridad, nunca con incertidumbre o con dudas. ¿Simple, verdad? No lo creas; es una verdadera batalla donde tu peor enemigo son la ansiedad, la lógica y el raciocinio heredado de los griegos.

Versión Clásica

Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios.

Nueva Versión Internacional

Si después de recibir el conocimiento de la verdad pecamos obstinadamente, ya no hay sacrificio por los pecados. Sólo queda una terrible expectativa de juicio, el fuego ardiente que ha de devorar a los enemigos de Dios.

Versión Biblia Textual

Porque si continuamos pecando voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por el pecado, sino una horrenda expectativa de juicio y ardor de fuego que va a consumir a los adversarios.

Claro, en el capítulo anterior, el noveno, y verso 27, se nos dice que: y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, por lo que debemos entender que de lo que aquí se habla es precisamente de ese momento crucial.

También está aludiendo a lo escrito en el libro del profeta Isaías, capítulo 26 y verso 11, donde leemos: Jehová, tu mano está alzada, pero ellos no ven; verán al fin, y se avergonzarán los que envidian a tu pueblo; y a tus enemigos fuego los consumirá.

Técnicamente, si es que en lo concerniente a la palabra de Dios pudiéramos rotularlo así, lo que aquí se deja en evidencia es que una de las advertencias más solemnes contra la apostasía que se pueden hallar en las escrituras, es esta. Si alguien abandona deliberadamente a Cristo, no hay otro sacrificio por el pecado que sea posible y está irremediablemente perdido.

Eso en lo sustancial. En lo formal, vemos algunas diferencias entre las versiones clásicas y textual con la polémica NVI. Mientras que en las dos mencionadas anteriormente se dice que no podemos volver a pecar voluntariamente, en la última se consigna esa palabra como “obstinadamente”.

Y hacer algo de manera voluntaria es tomar una decisión por bueno o por malo sabiendo lo que puede acarrear como consecuencia, pero hacerlo de manera obstinada o plena en terquedad, es caer en necedad. Y no parece ser esto lo que se ha querido consignar en los originales.

Luego, en cuanto a la espera o expectación respecto al ineludible juicio venidero, mientras las dos versiones más tradicionales lo catalogan como horrendo, que conforme al diccionario significa que causa horror, muy feo o muy malo, enorme o intenso, en la última se lo denomina como terrible, que se interpreta como digno de ser temido, difícil de soportar por ser muy intenso, desmesurado, extraordinario, excesivo, lo cual si bien parece completar el adjetivo inicial, no tiene sus mismas implicancias.

Pero donde hallamos una verdadera perla a tener muy en cuenta a la hora de consultar versiones, es en el final del texto. La versión clásica y la textual, dice que el fuego va a consumir o devorar a los adversarios. Y esto tiene una interpretación netamente intelectual en la posterior NVI, ya que un diccionario secular, relaciona a un adversario con un enemigo.

Y es así pero sólo en lo referente al hombre, de ninguna manera a Dios. El nombre Satanás se traduce precisamente así, adversario. Y convengamos que Satanás es y puede ser tú enemigo o mi enemigo, pero en modo alguno enemigo de Dios. Elevar a Satanás al rango de enemigo de Dios, es elevarlo a su mismo nivel.

Y todos sabemos que no lo tiene, que Satanás, (Antes Lucero o Luzbel), es creación de Dios, y por lo tanto sujeto en obediencia a Él haga lo que haga. Tú puedes tener problemas en vencer a Satanás por causa de tu naturaleza pecaminosa, pero Dios no lo tiene. Si Dios le da una orden, Satanás la acata de inmediato, no tiene otra salida.

Versión Clásica

El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de Gracia? Pues conocemos al que dijo: mía es la venganza, yo adré el pago, dice el Señor. Y otra vez: el Señor juzgará a su pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!

Nueva Versión Internacional

Cualquiera que rechazaba la ley de Moisés moría irremediablemente por el testimonio de dos o tres testigos. ¿Cuánto mayor castigo piensan ustedes que merece el que ha pisoteado al Hijo de Dios, que ha profanado la sangre del pacto por la cual había sido santificado, y que ha insultado al Espíritu de la gracia? Pues conocemos al que dijo Mía es la venganza; yo pagaré; y también: El Señor juzgará a su pueblo. ¡Terrible cosa es caer en las manos del Dios vivo!

Versión Biblia Textual

El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o tres testigos, muere irremisiblemente. ¿Cuánto peor castigo pensáis que merecerá el que pisoteó al Hijo de Dios, y tuvo por inmunda la sangre del pacto, en la cual fue santificado, y ultrajó al Espíritu de gracia? Pues conocemos al que dijo: mía es la venganza, Yo pagaré. Y otra vez: el Señor juzgará a su pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!

Dice que el que viola la ley de Moisés por el testimonio de dos o tres testigos, muere. ¿De dónde saca esto el autor de esta carta? Del libro de Deuteronomio, cuando en ocasión de escribirse las normas para la administración de justicia, leemos.

(Deuteronomio 17: 2) = Cuando se hallare en medio de ti, en alguna de tus ciudades que Jehová tu dios te da, hombre o mujer que haya hecho mal ante los ojos de Jehová tu Dios traspasando su pacto, (3) que hubiere ido y servido a dioses ajenos, y se hubiere inclinado a ellos, ya sea al sol, o a la luna, o a todo el ejército del cielo, lo cual yo he prohibido; y te fuere dado aviso, y después que oyeres y hubieres indagado bien, la cosa pareciere de verdad cierta, que tal abominación ha sido hecha en Israel; (5) entonces sacarás a tus puertas al hombre o a la mujer que hubiere hecho esta mala cosa, sea hombre o mujer, y los apedrearás, y así morirán.

(6) Por dicho de dos o tres testigos morirá el que hubiere de morir; no morirá por el dicho de un solo testigo.

Pensar que a partir de este texto, íntimamente relacionado con la disciplina y reiterado en el Nuevo Testamento también por un caso de disciplina, se fabricó una verdadera doctrina que avalaba iglesias o congregaciones de diez personas porque, se decía, donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo, dice el Señor, lo cual es muy cierto, pero exclusivamente para casos de disciplina.

Pero después añade que si esto sucedía en la época de Moisés, cuanto menos podría ocurrir si hoy, en pleno siglo veintiuno, alguien osara pisotear el nombre de Jesucristo soslayando o despreciando su sangre preciosa como precio con el cual hemos sido redimidos.

Y si consideramos que esto se puede considerar perfectamente como una afrenta grave al Espíritu Santo de Dios, hay sobrada escritura que nos da a conocer que este es un pecado que irremediablemente no tiene perdón dispuesto, porque ha sido escrito, entre otras, palabra concreta en Efesios 4:30, cuando leemos: …y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.

¿Entiendes ahora de qué estamos hablando? Si tú, un día, por las razones que sea, decidiste entregar tu vida a Cristo, pero luego tu voluntad se modificó por conveniencia u otras razones de índole pecaminosa, el Espíritu Santo que te había sellado para salvación, se contrista y ya no puede testificar a tu favor en el día del juicio.

¿Entonces la salvación se pierde o no se pierde? No es mi tema, ni siquiera me interesa entrar en esa polémica interdenominacional estéril. Lo que te digo es lo que está escrito. ¿Puedes leerlo igual que yo? ¿Puedes verlo como yo o todavía estás con la mente obnubilada por la mentalidad babilónica?

Por su parte Pablo, y con referencia al asunto de la venganza, que es una actitud que puede brotar de cualquiera de nosotros si hemos sido ofendidos con gravedad y no dejamos fluir al Espíritu de Dios que mora en nuestro ser interior, fue muy claro cuando le escribió al respecto a la Iglesia de Roma.

Él les dijo en Romanos 12: 19: No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.

Una pequeña acotación. Estimo que te lo deben haber predicado en más de una ocasión, pero no interesa; seré recurrente y hasta reiterativo: vengarte, pagar con la misma moneda recibida una ofensa o un agravio, no sólo no te producirá ningún beneficio sino que, además, desagrada profundamente a Dios.

 Si el Padre celestial dice que suya es la venganza, pues entonces suya es la venganza y no se habla más, ¿Entendido? Sea lo que sea que te hayan hecho, hayas sufrido lo que hayas sufrido, te haya costado lo que te haya costado. Dejarás que Dios sea quien decida si hay venganza o no. Solamente Él es justo y, si Él es el único justo, entonces suya es la única justicia de todas las justicias.

Y en el final, como para mantener cierta coherencia, se vuelve a repetir la diferencia de términos con que se cataloga el hecho de caer en las manos del Dios vivo. Mientras las dos versiones clásicas dicen que es horrenda cosa, la NVI insiste con que es terrible. Lo que sí deberá quedarte bien en claro es que será el Señor, y nadie más que el Señor quien juzgará a SU pueblo.

Versión Clásica

Pero traed a la memoria los días pasados, en los cuales, después de haber sido iluminados, sostuvisteis gran combate de padecimientos; por una parte, ciertamente, con vituperios y tribulaciones fuisteis hecho espectáculo; y por otra, llegasteis a ser compañeros de los que estaban en una situación semejante.

Porque de los presos también os compadecisteis, sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos.

Nueva Versión Internacional

Recuerden aquellos días pasados cuando ustedes, después de haber sido iluminados, sostuvieron una dura lucha y soportaron muchos sufrimientos.

Unas veces se vieron expuestos públicamente al insulto y a la persecución; otras veces se solidarizaron con los que eran tratados de igual manera.

También se compadecieron de los encarcelados, y cuando a ustedes les confiscaron sus bienes, lo aceptaron con alegría, conscientes de que tenían un patrimonio mejor y más permanente.

Versión Biblia Textual

Pero traed a la memoria los días antiguos, en los cuales, habiendo sido iluminados, soportasteis una gran lucha de padecimientos.

En parte, ciertamente siendo expuestos a vergüenza pública con reproches y también aflicciones, y en parte siendo hechos compañeros de los que eran así tratados.

Porque compartisteis los padecimientos de los presos y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis en vosotros mismos una mejor y perdurable herencia.

Este texto nos habla de algo que muchos de nosotros conocemos: la lucha de aquellos que han abierto sus ojos al mundo espiritual y comienzan a confrontar y enfrentarse con la religión fría, vacía y ritualista en un combate, a veces, de grandes características.

Pero observen que eso no se produce de un día para el otro y por simple ocurrencia de alguien. Comienza a tomar forma, dicen las tres versiones con distintos matices, después de haber sido “iluminados”. ¿Y qué significa haber sido iluminados? Haber recibido luz y revelación.

Es muy difícil, por no decir imposible, que alguien que está concurriendo a un templo cada domingo, cantando viejas y conocidas canciones, escuchando mensajes repetitivos sobre temas trillados en los púlpitos de toda denominación, un día decida salirse de ese status y enfrentarse con ese sistema por simple cansancio o aburrimiento.

Para que algo así ocurra, el Espíritu Santo tiene que tocar fuertemente la vida de esa persona, abrir poderosamente sus ojos espirituales y permitirle que vea la vacuidad de lo que estaba viviendo y participando. A eso se le llama recibir luz.

Hay un texto en 1 Corintios 4:9 que da referencia de lo que en su momento vivían los apóstoles del Señor. Pablo lo relata así: Porque según pienso, Dios nos ha exhibido a nosotros los apóstoles como postreros, como a sentenciados a muerte; pues hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres.

Y como para que no nos queden dudas en lo más mínimo, respecto a de dónde vendrían esos combates o esos ataques, el propio Pablo en su primera carta a los Tesalonicenses, 2:14, dice: Porque vosotros, hermanos, vinisteis a ser imitadores de las iglesias de Dios en Cristo Jesús que están en Judea; pues habéis padecido de los de vuestra propia nación (de vuestra propia nación) las mismas cosas que ellas padecieron de los judíos. (Así que la pregunta con respuesta clara, es: ¿De dónde va a venir el ataque cuando seamos iluminados por la revelación del Espíritu Santo? De la iglesia)

Versión Clásica

No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.

Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará. Más el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará mi alma.

Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.

Nueva Versión Internacional

Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido.

Pues dentro de muy poco tiempo, el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado.

Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida.

Versión Biblia Textual

No perdáis, pues, vuestra confianza, la cual tiene gran recompensa. Porque tenéis necesidad de la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.

Porque de aquí a un momento, tan sólo un momento. Y el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por fe; y si retrocede, mi alma no se agradará en él.

Pero nosotros no somos de los que retrocedemos para destrucción, sino de los que tenemos fe para preservación del alma.

En los originales, en este texto, no dice que el justo vivirá por la fe, sino que dice que mi justo vivirá por la fe. Por lo tanto, de lo que estamos hablando aquí, es que los que son justos reconocidos por el propio Dios como suyos, deberán vivir por medio de su fe y no de los rudimentos mundanos.

Y créeme que eso no es ni tontería ni poca cosa. Cuesta mucho a gente inmersa en un medio ambiente con reglas propias y rutinas precisas, evadirse de ellas para vivir conforme a una palabra escrita hace miles de años pero vigente de toda vigencia todavía.

Por eso es que se nos dice que debemos actuar y movernos con paciencia. Y esta palabra, paciencia, en los originales es la palabra griega hupomone, y tiene que ver con constancia, perseverancia, sobrellevar, firmeza, mantenerse.

La palabra combina al vocablo hupo, que quiere decir “debajo”, con mone, que es “permanecer”. Por tanto describe la capacidad de continuar en pie bajo circunstancias difíciles, no asumiendo una complacencia pasiva, sino con la entereza de quien resiste activamente ante los inconvenientes y el fracaso.

Por eso, a todos aquellos que con el correr de los tiempos han tomado a la palabra paciencia como sinónimo de debilidad extrema o un soportar todas las agresiones o ataques sin mover un músculo, han errado al blanco. Paciencia es entereza para sobreponerse, luchando, de cualquier circunstancia adversa.

Eso es lo que, en suma y definitiva, nos lleva a no retroceder bajo ninguna circunstancia, sea ésta cual fuere. Y de manifestar nuestra fe por sobre cualquier contingencia con la finalidad de preservar nuestras almas. Porque nuestra confianza tiene que ver con lo escrito –entre otros- en este texto.

(Hechos 2: 1) = Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. (Aclaro: unánimes juntos tiene que ver con estar de acuerdo, de mutuo consentimiento, mantener la unidad de grupo, ser todos de una sola mente y compartir un solo propósito. Eso es lo que significa homothumadon, la palabra que se traduce como unánimes juntos. Nada que ver con pastor dando una orden y miles acatando cualquier cosa)

(2) Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; (3) y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.

(4) Y fueron todos (Repite en voz alta para ti mismo: todos.) llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.

Esto significa una sola cosa concreta: nadie podrá sentirse seguro y confiado en sus fuerzas, en sus doctrinas o en sus conocimientos teológicos. Quien quiera sentirse confiado y seguro en el Reino deberá, sí o sí, estar lleno del Espíritu Santo. Así preservará su alma, como dice este otro texto.

(Lucas 21: 19) = Con vuestra paciencia (dice Jesús a sus discípulos) ganaréis vuestras almas.

Alma, en este y casi todos los demás textos extraídos del original griego, es la palabra psuche, que se pronuncia fonéticamente “psique”. De allí derivan nuestras terminologías psicología, psicosis, psiquiatra, psicodélico.

Psuche es el alma en distinción del cuerpo. Es el asiento de los afectos, de la voluntad, del deseo, las emociones, la mente, la razón y el entendimiento. Psuche es la persona interior o la esencia de la vida. La palabra a menudo se refiere a la persona o al ser mismo.

Es decir que psuche no se disuelve con o por la muerte. Cuerpo y espíritu pueden ser separados, pero espíritu y alma sólo pueden ser distinguidos. Por eso es que Pablo les comparte a los Colosenses esta siguiente advertencia y dirección.

(Colosenses 3: 23) = Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; (24) sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís.

(25) Más el que hace injusticia, recibirá la injusticia que hiciere, porque no hay acepción de personas.

No hay acepción de personas. La palabra que se utiliza allí es prosopolepsia. ¿Qué significa? Favoritismo, parcialidad, distinción, predisposición, preferencia condicional. La palabra denota un juicio parcializado que presta atención al rango, la posición o las circunstancias, en lugar de considerar las condiciones intrínsecas.

Dios no muestra parcialidad en su justicia ni en su juicio, cuando se relaciona con los seres humanos, y espera que nosotros sigamos su ejemplo. Ahora la pregunta que debo formularte a ti, (Porque yo ya tengo mi respuesta), es: ¿Se ha seguido ese ejemplo?

(Habacuc 2: 3) = Aunque la visión tardará aún por un tiempo, más se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará.

(4) He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece, más el justo por su fe vivirá.

Aquí, y quiero mencionarlo porque tiene vinculación con el eje central de nuestro trabajo, se contrasta a los malvados y arrogantes babilonios con los justos y fieles entre el pueblo de Dios. Así mismo, la naturaleza transitoria y el carácter inestable de quien busca en sí mismo el sentido de la vida, frente a la estabilidad y la confianza que posee aquel que pone su vida en manos de Dios. Por eso Lucas escribe:

(Lucas 18: 8) = Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿Hallará fe en la tierra?

Convengamos en que hay una suma no despreciable de cristianos que viven su día a día esperando el retorno del Señor. Es como si ya no pudieran más con sus cargas y anhelan esa venida como salida única para sus problemas. ¿Ese es el punto? ¿Esa es la fe que el Señor debe encontrar cuando retorne? Pedro da una imagen personal, pero a tener en cuenta.

(2 Pedro 2: 20) = Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero.

Los falsos, (Aquí los comentaristas hablan de los maestros, pero esto bien les cabe a cualquiera de los cinco ministerios), habiendo experimentado el poder salvador de Cristo, ahora lo rechazan. De ahí que hayan regresado a su anterior estilo corrupto de vida y su condición y su conducta sean peores que las de antes. Los creyentes que caen en la apostasía rechazando deliberadamente la muerte y resurrección de Cristo, se encuentran en una posición mucho más trágica que los inconversos paganos.

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Los Rudimentos de mi Fe.

Para referirnos a la fe, que a simple vista parecería ser un concepto casi filosófico sin demasiada base estructural firme, lo primero que quiero hacer es saber de lo que vamos a hablar. Y para eso, quiero tomar tres bases de pensamiento: el hombre secular, el hombre religioso y Dios.

¿Pero es que acaso no llegan a las mismas conclusiones? En lo más mínimo. El hombre secular no ignora a la fe, pero la ve según sus perspectivas lógicas. El hombre religioso levanta la apuesta pero quizás no llega al detalle preciso. Es Dios quien –como siempre- tiene la última palabra y es contundente.

La prestigiosa y muy consultada enciclopedia informática Wikipedia, al respecto y como opinión humana, dice: “La fe es, generalmente, la confianza o creencia en algo o alguien. Puede definirse como la aceptación de un enunciado declarado por alguien con determinada autoridad, conocimiento o experiencia.

Las causas por las cuales las personas se convencen de la veracidad de una fe, dependerán de los enunciados filosóficos en los que las personas confían. La palabra fe puede también referirse directamente a una religión o a la religión en general, sin embargo, tener fe no implica tener una religión. Al igual que la "confianza", la fe implica un concepto de eventos o resultados futuros, y puede o no carecer de un mínimo de pruebas.”

Para provenir de la mente de alguien que no quiere o no puede creer en nada, convengamos en que las definiciones no son trasnochadas ni desatinadas. Claro está que de improviso cualquiera de estas apreciaciones son relacionadas con el ocultismo, pero ese es el hombre sin Dios; lo tomamos o lo dejamos.

Un buen diccionario bíblico, mientras tanto, supongo que representa el sentimiento de los hombres vinculados o relacionados con alguna clase de religión. Y lo digo así porque no son precisamente esos diccionarios fuentes de tremendas revelaciones, sino compendios de conceptos casi intelectuales que le dan forma a palabras espirituales. El que consulté, dice respecto a la fe:

“Es una palabra relacionada con creer; desde luego, ambos conceptos no pueden estar separados. En el Antiguo Testamento aparece dos veces la palabra fe en sentido propio. Las palabras en hebreo son emun, emunah; pero aman se traduce frecuentemente como creer.

La primera vez que este verbo aparece en el Antiguo Testamento es cuando se usa de Abraham: Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia (Génesis 15:6). En esto se apoya Pablo en Romanos 4, donde la fe del creyente le es contada por justicia, sacándose la conclusión de que si alguno cree en Aquel que resucitó a Jesús el Señor de entre los muertos, le será contado por justicia.

Esto puede recibir el nombre de “fe salvadora”. Es la confianza en Dios puesta en Su palabra; es creer en una persona, como Abraham creyó a Dios. El que cree en el Hijo tiene vida eterna (Juan 3:36). No hay virtud ni mérito en la fe misma; lo que hace es ligar al alma con el Dios infinito.

La fe es ciertamente don de Dios. La salvación es sobre el principio de la fe, en contraste con las obras bajo la ley. Pero la fe se manifiesta por las buenas obras. Si alguien dice que tiene fe, es cosa razonable decirle: “muéstrame tu fe” por tus obras.

Si, por otra parte, la fe no da evidencia de sí misma, es descrita como “muerta”, totalmente diferente de la fe verdadera y activa. Un mero asentimiento mental a lo que se afirma, como mero asunto factual, no es fe.

Así, la fe engloba la creencia, pero llega más lejos que ella, dándose de una manera vital a su objeto. El hombre natural puede creer un cúmulo de verdades. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan (Santiago 2:19). Pero el creer personalmente, con una involucración personal, esto es, la fe, da gozo y paz.

Hay también el poder y la acción de la fe en el camino del cristiano: Por fe andamos, no por vista (2 Corintios 5:7). Vemos esta fe exhibida en las vidas de los santos del Antiguo Testamento, cantada en Hebreos 11 que será parte sustancial de nuestro trabajo.

 Es mucho más que evidente que, al igual que ocurriría en estos tiempos, el Señor tenía que reprender con frecuencia a sus discípulos por su carencia de fe en su andar diario. El creyente debiera tener fe en el Dios viviente con respecto a todos los detalles de su vida diaria.

La fe es en ocasiones mencionada en el sentido de “la verdad”, lo que ha sido registrado, y lo que los cristianos han creído, para la salvación del alma. Por esto los cristianos deberían contender eficazmente para no perderla.

Se trata de un depósito fundamental. Son muchos los falsos profetas que han salido al mundo, y que se han introducido encubiertamente para predicar herejías destructoras, negando la persona y la obra de Jesucristo, consiguiendo de ese modo no sólo mermar o declinar, sino que en casos concretos, también destruir su fe.

Con frecuencia, se ha presentado la “razón” como opuesta a la fe. Sin embargo, ésta es una postura falsa. La fe acepta una revelación venida de parte de Dios acerca de temas que el hombre no puede llegar a conocer por su propia cuenta.

El hombre solamente puede investigar aquello que ha sido puesto debajo de su potestad. La razón es aquella facultad por la que el hombre puede, una vez tiene datos, clasificar estos datos y sacar unas determinadas consecuencias de ellos.

No puede, por sí misma, conseguir datos, sino trabajar sobre ellos. Hay datos que el hombre puede conseguir mediante una investigación de su entorno. Pero no es “la razón” lo que puede decirle que ésta sea toda la realidad existente.

La razón no puede nunca negar la posibilidad de una revelación procedente de Dios. No puede ni siquiera pretenderlo. Si en nombre de la razón se pretende negar la Revelación, se abandona por ello mismo la racionalidad, y se cae en el racionalismo, la totalmente injustificada atribución de un carácter absoluto a la razón, como juez y árbitro final.

No es la razón, entonces, lo que empuja al hombre a negar la Revelación, sino la incredulidad, movida por la enemistad contra Dios. El caos de las religiones y filosofías de factura humana constituye la demostración de ello.

Por la caída, el ser humano entero ha quedado hundido en las tinieblas. Así como su cuerpo está abocado a la tumba y su corazón es capaz de los peores sentimientos, su razón ha quedado falseada y su inteligencia entenebrecida.

Decía Pablo de los paganos de su tiempo, griegos y romanos: profesando ser sabios, se hicieron necios (Romanos 1:22). El hombre moderno no ha adelantado nada, a pesar de todos los avances de la ciencia tocante al mundo sensible.

No le son accesibles de manera natural las cosas que atañen a la fe, porque para él son locura, y no las puede entender; pero Dios está dispuesto a revelarlas por su Espíritu (1 Corintios. 2: 9-16). Es entonces que se ilumina la inteligencia del hombre, hallando la solución a los más vitales problemas de la existencia, y que su razón regenerada halla su verdadero lugar al quedar iluminada y dirigida por la fe.

El conflicto no está, pues, entre razón y fe, sino entre la razón obrando en un esquema mental de incredulidad y rebelión contra Dios y su revelación frente a la razón informada, iluminada y dirigida por la gozosa confianza en el Dios que ha hablado, revelándose a Sí mismo su justicia, amor, y propósitos en Cristo Jesús, en el tiempo y en la eternidad.”

Todavía no sé por qué razón los diccionarios bíblicos siguen escribiéndose de un modo tan tedioso, casi académico y en cierta forma aburrido. ¿Nadie ha entendido que la mejor manera de llegar con algo escrito al corazón del lector es siendo ameno y preciso, ítems que pueden aunarse sin problemas?

Lo cierto es que la fe, vista del modo secular y de este supuestamente cristiano, contiene aristas casi filosóficas, lo que la lleva más que a un modo de vida, casi a una creencia plena en abstracciones. De todos modos, te dije que lo iba a tratar en las tres áreas que considero más importantes, y me está faltando una: Dios.

Porque la opinión de Dios respecto a la fe, la recoge el escritor de la carta a los Hebreos, esa que luego vamos a examinar en su compendio íntegro dedicado a la fe. Allí se encuentra el versículo clave que es el 11.1 donde dice: Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.

Si encuentras en la Biblia o la vida una síntesis tan perfecta de lo que no puede medirse con ninguna clase de entendimiento intelectual o anímico, sino sólo con íntima revelación sobrenatural del Espíritu santo, me lo dices. Para mí, ninguno supera a este.

Porque si hubiera alguien, (Y lo hubo en grandes cantidades) que haya querido interpretar este pequeño texto desde la lógica intelectual, seguramente ha perecido en el intento. Nadie tiene certeza o convicción como fruto de un estudio sistemático dictado en una gran universidad o seminario.

La única forma de acceder a una certeza, en primer lugar, para atesorarla y alimentarla hasta que dé a luz, casi misteriosamente, una convicción, es la de la autopista sobrenatural. Y está bien que así sea, porque nuestro Dios sigue siendo, aunque a muchos no les guste, un Dios sobrenatural.

Padre de la Fe

En la Biblia, la primera persona llamada por Dios a grandes obras, fue Abraham; él es el padre de la raza llamada, y fue llamado para salir de Ur de los caldeos, lo cual destroza algunas enseñanzas que lo muestran como hebreo.

. Este lugar, Ur, tipifica el mundo. Era un lugar lleno de ídolos, donde Dios ya había abandonado a los hombres y no tenía más esperanza en ellos. Casi de similares características a lo que hoy pueden ser varios países con respetable cantidad de cristianos en su seno.

Ellos formaban parte de la raza creada, la cual tuvo cuatro grandes caídas. La primera fue con Adán, la segunda con Caín, la tercera con la generación de Noé y la cuarta fue en la torre de Babel. Con la cuarta caída, Dios ya no tenía ninguna esperanza en la raza creada, y Él quiso comenzar todo de nuevo.

Dios ahora quería una nueva raza, la raza llamada. El hizo un llamamiento, y esto es algo muy significativo. Vemos que el evangelio de Mateo comienza diciendo que Jesucristo es el Hijo de Abraham; Él es por lo tanto un descendiente de la raza llamada.

Responder al llamamiento implica salir de una situación y entrar en otra. Abraham tenía que dejar la situación de idolatría de Ur de los caldeos y entrar en otra situación. Por lo tanto, tenía que cruzar el gran río Eufrates. Me pregunto cuántos de ustedes todavía están procurando cruzar su propio Éufrates.

Dios parecía decir: "sal de allí, Abram (Ese era su nombre en ese entonces), sal y cruza el gran río, deja la situación vieja; quiero que seas el padre de una nueva raza, una raza llamada". El cruzó el río y llegó a ser un hebreo, que quiere decir "el que atraviesa un río". Allí tienes tu explicación para aquella enseñanza de la que te hablaba.

Hoy, nosotros también fuimos llamados, cruzamos el río y somos por lo tanto, la ekklesia, la asamblea de los llamados.Y que conste debidamente, aunque ya tú me conoces y sabes en qué idioma hablo: cuando digo iglesia me estoy refiriendo a eso, a los llamados, no a las personas que van a tu templo, aunque en algún caso particular las incluya.

Fuimos llamados y respondimos al llamamiento saliendo de "Ur de los caldeos", atravesamos el río para ir a tierra de Canaán. Esta asamblea (congregación) es la iglesia. ¿Cuál me preguntas? La única que Dios visualiza desde el lugar Santo en que se encuentra. No hay otra. O mejor dicho sí, pero no es de Dios.

El caso es que el llamamiento de Dios a Abraham sucedió cuando él aún estaba en Mesopotamia. Hechos 7:2 dice: "El Dios de la gloria apareció a nuestro padre Abraham, estando en Mesopotamia, antes que morase en Harán".

Dios llamó a Abraham que saliese de su tierra y de su parentela, y fuese a tierra que Él le mostraría. No obstante Abraham no tenía fe suficiente para salir de su tierra, mucho menos para dejar a su padre, por el contrario, de acuerdo con Génesis 11:31, su padre, Taré, fue quien lo llevó hasta Harán.

La fe de Abraham, al principio, era pequeña y él no se movía. Sabemos que la fe viene por el oír la palabra de Dios, entonces, no es que Abraham no tuviese fe, sino que ésta era pequeña. Era necesario que el Dios de la gloria apareciese y le hablase varias veces, para que su fe pudiese crecer.

Esto te está entregando ya mismo un principio básico y sólido que podrás comenzar a utilizar desde este mismo momento a favor de tu vida en el Camino: la fe viene inexorablemente como resultado de una intimidad cierta, directa y personal con Cristo. Nada que ver con imposiciones de manos u otras triquiñuelas evangélicas.

Abraham continuó viviendo en Harán con sus parientes, sin embargo Dios no quería a su parentela ni que él continuase en Harán. Puesto que la fe de Abraham era pequeña, Dios tuvo que esperar hasta la muerte de Taré, su padre, para aparecerle nuevamente y hablarle. En este segundo llamamiento la fe de Abraham ya había crecido más un poco, y por fin llegó a Canaán.

Canaán era el objetivo, el lugar donde Abraham debería llegar; sin embargo, como vimos, él no fue directamente a la buena tierra, sino que paró a mitad de camino, en Harán. Por eso, Dios le habló varias veces y este hablar reforzó y aumentó su fe. Otro principio: ¿Quieres más fe? Espera que Dios te hable. ¿Qué no te habla? ¡Sí te habla! El problema es que tú no puedes detenerte un momento a oír su voz.

Hoy, también, muchos paran a mitad de camino; por ejemplo, muchos hermanos en Cristo sienten que donde están no es el lugar correcto y tienen el deseo de salir, sin saber hacia dónde ir quedándose a mitad de camino, en Harán. Sin embargo, Dios quiere llevarlos hasta "Canaán", la iglesia. Este es el llamamiento de Dios.

Cuando yo personalmente tuve esta palabra en mis manos, me hice una pregunta que tal vez sea la tuya: ¿Dónde está ese Canaán? Yo estaba en una iglesia y quizás tú también, pero esa palabra me decía que Él me sacaría de allí para llevarme a Su iglesia. Mi sugerencia, es: Espera. En algún lugar geográfico está tu lugar espiritual en el mundo.

Pero ten cuidado, es muy probable que no tenga absolutamente nada que ver con lo que tú te habías imaginado al respecto. Dios tiene un gran sentido del humor, y su broma más preciada es la de hacer exactamente lo único que tú no te habías imaginado que iba a hacer. Ríete hermano, Dios te ama.

Gálatas 3:6 dice: "Así, Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia". El creyó a Dios. Romanos 4:9 dice que "a Abraham le fue contada la fe por justicia". La fe de Abraham vino del oír la palabra de Dios. Del mismo modo, nosotros, cristianos, tenemos fe a través de la palabra de Dios.

Existen dos aspectos de fe: el primero, es la fe objetiva, es aquello en que creemos, es el contenido del plan eterno de Dios. Esta fe objetiva es algo fuera de nosotros e inmutable. El segundo, es nuestra fe, algo subjetivo, e interior, es aquello que recibimos al oír la palabra de Dios; por medio de esa palabra los elementos de la fe objetiva son infundidos hacia nuestro interior, en nuestro espíritu, produciendo la fe subjetiva. Por eso dependiendo de nuestra apreciación por la Palabra, podemos tener poca o mucha fe.

¿Has entendido? No quisiera ofender tu inteligencia, pero mucho más quisiera que nadie, absolutamente nadie que lee esto se quede confundido con esta aparente fiesta de palabras y no entienda lo sustancial.

Como maestro del Señor, mi objetivo básico es que tú entiendas, aceptes, creas y pongas por obra. Eso es perfeccionar (Madurar) a los santos. Eso es ministrar. Punto. Cualquier añadido es promoción y show humano.

Por eso voy a reiterarlo con menor tecnicismo. Hay una fe que no le pertenece a ningún hombre, es de Dios y tiene un caudal, digamos, como ejemplo, de cien. Cada uno de nosotros comienza a acceder a ella en la medida que va teniendo más y más intimidad con Dios. Esa fe que está a nuestra disposición con un caudal de cien, es la fe objetiva.

Cuando recién me convierto, de la nada total paso a tener unos cinco o diez de esos cien. Esa mi fe subjetiva, propia, personal. En la medida que voy creciendo y madurando, esa fe crece y llega a ser muy buena cuando anda por los cincuenta o sesenta sobre esos cien.

La gran pregunta masiva, es: ¿Alguien podrá llegar a esos cien? No lo creo. ¿Te imaginas a alguien con una fe similar al contenido que Dios le otorga por completo al hombre? No sólo movería montañas, acomodaría el planeta entero en un instante al propósito y voluntad de Dios.

Gloria a Dios si alguien la tuviera, pero todavía no parece que haya alguien así. ¿Será esa la estatura del varón perfecto soñada? Quizás. Pero no te lamentes porque no la tenemos, anda lo mejor que puedas en esa dirección. Lo bueno no está en el final del camino, lo bueno está en andar con gozo el camino. 

Dios prometió a Abraham una descendencia y que de ésta se conformaría una gran nación. Ella sería tan numerosa como la arena del mar y las estrellas del cielo. Y a esto lo tomamos como una licencia poética, pero ten en cuenta que cuando Dios manda escribir algo en el Libro, jamás lo hace por poesía. ¿Cómo los granos de arena? ¿Cómo las estrellas del universo? ¡Tremendo!

Aquí podemos ver dos aspectos de la descendencia. El primero, la arena del mar, se refiere a una descendencia terrenal, que vino por medio de Isaac y Jacob, es decir, la nación de Israel. Y como la arena está conformada por pequeñas partículas de roca, ahí tenemos la base de nuestra fe: la Roca. Cristo.

El segundo, como las estrellas del cielo, se refiere a algo celestial, es decir, la iglesia en el Nuevo Testamento. Todos los cristianos hoy forman parte de la descendencia celestial de Abraham, somos la iglesia, los hijos de Abraham.

Podemos decir que cuando Abraham fue llamado, fuimos también llamados en él. Porque el Reino de Dios es celestial, nunca humano, nunca natural, nunca carnal; eminentemente espiritual. De otro modo no es Reino, es grupo religioso.

El llamamiento de Dios a nosotros es según Su propósito. Romanos 8:28,29 dice: "A los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo".

Dios nos llamó porque nos había predestinado. Él nos predestinó no solamente para ser salvos de la condenación eterna, sino para ser "conformados" a la imagen de Su Hijo. La palabra conformados implica la existencia de un molde o una forma, donde algo es colocado allí para que tome aquel formato.

Como por ejemplo, un molde para torta en la cual se coloca la masa y ésta adquiera la forma del molde. Dependiendo del caso, tú debes presionar la masa, cortar los excesos y amasarla hasta que ella adquiera la forma deseada.

En nuestra vida cristiana sucede lo mismo, debemos ser conformados a la imagen de Su Hijo. Algunas veces este proceso, exige un poco de "presión", de "corte", para que adquiramos la forma deseada.

Romanos 8:28 dice: "Todas las cosas ayudan a bien a aquellos que aman a Dios". En este versículo las palabras "todas las cosas ayudan a bien" significan que cooperan para que seamos moldeados y conformados. Algunas veces, no son cosas aparentemente buenas para nosotros, pero buenas para "amasarnos" y "cortarnos" a fin de que tengamos la imagen del Hijo de Dios.

De todos modos, y antes que me vaya para otras consideraciones y esto quede atrás, vale la pena aclarar algo medianamente importante. Cuando digo que somos pre-destinados, no estoy hablando de hombres o mujeres individuales, estoy hablando de la iglesia. Después veremos si esos hombres o esas mujeres toman la decisión de pertenecer a Su iglesia o prefieren las mieles edulcoradas de Babilonia.

En el ejemplo de Abraham, mientras tanto, podemos ver como todas las cosas cooperan para el bien de aquellos que aman a Dios, de aquellos que son llamados según Su propósito. Porque quiero recordarte, por si no leíste bien, que no dice simplemente que todas las cosas ayudan a bien, sino que eso es para los que aman a Dios. ¿Cuántos habrá que aman a Dios de verdad?

Abraham tenía un sobrino llamado Lot, y después de una discusión, Abraham permitió que Lot escogiese hacia dónde ir, separándose entonces de él. Aparentemente Abraham perdió mucho, pues Lot eligió las llanuras, un lugar bueno para el pasto y para la agricultura.

Abraham, de su parte, permaneció en la región montañosa. Entretanto, con esto, vemos que Abraham pudo subir las montañas, ver todo lo que Dios le había prometido, y así fue guardado de descender hacia Sodoma y Gomorra. Gracias al Señor, todas las cosas ayudan para nuestro bien. Abraham, -está probado- amaba a Dios.

Efesios 4:1 dice: "Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de vuestra vocación con que fuisteis llamados". Vemos cuán Grande gracia es ser llamado. Una cosa es que tú seas nombrado, ordenado o elegido para algo, y otra muy diferente es que seas llamado por Dios para ello.

En el caso de Abraham Dios preparó todo, hizo de él una gran nación y lo llevó al monte para ver toda la tierra que Él le daría. De la misma manera que nuestro llamamiento es una gran gracia y debemos tener un andar digno de Abraham.

De acuerdo con Efesios 4:2, un andar digno es andar "con toda humildad y mansedumbre soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor". Estos ítems son virtudes humanas que fueron elevadas por el Señor Jesús. No quiero abundar en consideraciones propias, pero: ¿Cuántos conoces así en tu congregación? ¿Y en la tuya? ¿Y en aquella otra?

Nuestra paciencia no dura mucho, ella tiene un límite. En el matrimonio esto es fácilmente visto cuando, por ejemplo, el marido tiene un mal temperamento, y la esposa lo soporta por un buen tiempo. Sin embargo, llega un día en que ella no aguanta más, pierde la paciencia.

Ese día, todos sabemos adónde conduce porque el mundo está lleno de esas vicisitudes. Y, lamentablemente, demasiadas congregaciones cristianas, también. Sin embargo, cuando experimentamos la paciencia que fue elevada por el Señor Jesús, la situación es diferente.

Esto sucede porque el Señor Jesús vivió una vida humana perfecta, experimentando todas las virtudes humanas y Él está en nosotros. Nosotros podemos poseer todas esas virtudes de Cristo que están disponibles en nuestro interior. Entonces podemos ser pacientes, humildes, mansos y soportarnos los unos a los otros.

"Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz" como lo dice Pablo en su carta a los Efesios 4:3. Debemos mantener la unidad, con todo, sólo viviendo y andando con estas virtudes humanas elevadas es que podemos guardar la unidad.

Ser humilde es siempre dar un paso hacia atrás. Si cada uno considera a los demás superiores a sí mismo no habrá contiendas. Seremos perfectamente uno. Ser manso es no ser duro, violento; pero más bien, flexibles, maleables.

Cuando dos cosas duras se chocan siempre sucede un gran desastre. Seamos un poco más blandos. Ser paciente es ser con más calma, más lento. No vayamos demasiado rápido. Soportar los unos a los otros es ser, amplio, tolerante; no ser estricto.

Seamos un poco más flexibles. Nuestro andar debe tener estas cuatro virtudes humanas, y este es el andar de modo digno de nuestro llamamiento. Fuimos llamados para estar juntos y tal tipo de andar nos mantiene en la unidad. Esto es ekklesia.

Revisa la conducta no sólo de Jesús, sino de los hombres que luego continuaron con su trabajo ministerial. ¿Encuentras a alguno inflexible hasta la crueldad como tantos que has visto en las congregaciones evangélicas? ¿No, verdad? Pregúntate qué significa eso.

Es muy bueno saber que somos la "ekklesia", o la congregación de los llamados. Somos aquellos que fueron llamados hacia fuera de "Ur de los caldeos", hacia fuera del mundo, cruzamos el río y llegamos a ser los hebreos.

En esta salida, al inicio, nuestra fe era aún pequeña y paramos muchas veces a mitad de camino. Pero gracias al Señor El siempre viene a darnos Su palabra reforzando nuestra fe, y por el fin llevándonos hasta "Canaán", la iglesia. La Iglesia es la congregación de los que fueron llamados hacia afuera.

Fuimos también llamados para ser conformados a la imagen de Su Hijo por medio de todas las cosas que ayudan para nuestro bien. Una vez que hayamos sido llamados, debemos andar de modo digno de ese llamamiento para mantener la Unidad. Esto es la ekklesia.

Y eso va mucho más allá de un templo, es gente llena del Espíritu Santo. Leemos de Juan el Bautista que fue lleno del Espíritu Santo desde el vientre de su madre.  Debido a esta poderosa llenura, había un poderoso mensaje en sus labios. 

Fue anunciado de Juan por el profeta Isaías, que él sería la voz de uno clamando en el desierto.  Él debía alzar su voz con fuerza, y pregonar a las ciudades de Judá: “¡Ved aquí al Dios vuestro!”. Juan estaba tan lleno con el Espíritu de Dios que el clamor que el clamor que alzó movió a todo Israel. 

Esto muestra que cuando Dios echa mano de un hombre, y lo llena con el Espíritu, puede tener un mensaje, una proclamación del Evangelio que moverá a la gente.  El hombre que tiene el Espíritu del Señor puede clamar por muchos años, y nadie tomó nota de él.  El hombre que está lleno del Espíritu de Dios necesita pregonar solamente una vez, y la gente sentirá el efecto de ello.

Esto debiera enseñarnos que, si bien la fe es un puntal inocultable para cualquier emprendimiento creyente, hay una necesidad de que cada uno de nosotros sea lleno del Espíritu de Dios.  No es suficiente simplemente con tener un toque, o tener en general un poco. 

Hay solamente una cosa que suplirá la necesidad de la gente hoy, y es estar sumergido en la vida de Dios –Dios llenándote con Su Espíritu, entonces vives rectamente en Dios, y Dios vive en ti de manera tal que si comes o bebes, o lo que sea que hagas, será todo para la gloria de Dios.

Y decirlo así suena como a muy religioso, pero no me estoy refiriendo a esa clase de gente que siempre encontramos en los templos que no saben o no pueden hablar sin decir o repetir las palabras “señor”, “amén”, “aleluya” o “gloria a Dios” no menos de diez veces por conversación. Me refiero a quienes verdaderamente glorifican a Dios con sus actos.

En ese lugar, encontrarás que toda tu fortaleza y toda tu mente, y toda tu alma están llenas de celo, no solamente para adorar, sino para proclamar el mensaje del Evangelio, una proclamación que está acompañada por el poder de Dios, el cual debe derrotar el poder satánico, vencer al mundo, y redundar en la gloria de Dios.

La razón por la que hoy el mundo no está viendo esto es porque la gente cristiana no está llena del Espíritu de Cristo.  Están tan satisfechos con ir a la iglesia, leer la Biblia ocasionalmente, y algunas veces orar.  Amado, si Dios echa mano de ti por el Espíritu, encontrarás que hay un final para todo lo de la vieja vida. 

Todas las cosas viejas habrán pasado, y todas las cosas habrán sido hechas nuevas –todas las cosas son de Dios.  Verás que en la medida que estás enteramente rendido a Dios, todo tu ser será transformado por la habitación del Espíritu en tu interior. 

El tomará el control de ti para que puedas llegar a ser un vaso de honra.  Nuestras vidas no pueden ser para nosotros mismos, porque si vivimos para nosotros mismos, moriremos.  Si buscamos de salvar nuestras vidas, las perderemos, pero si perdemos nuestras vidas, las salvaremos. 

Si nosotros por medio del Espíritu mortificamos los actos del cuerpo, viviremos, viviremos una vida de libertad y gozo,  bendición y servicio, una vida que traerá bendición a otros.  Dios quiere que veamos que debemos ser llenos del Espíritu, cada día vivir en el Espíritu y andar en el Espíritu, y ser continuamente renovados en el Espíritu.

Estudia la vida de Jesús.  Era algo natural para El después que había servido el día entero en medio de la multitud, querer ir a Su Padre para orar toda la noche.  ¿Por qué?  Él quería una renovación de fortaleza y poder divinos.   Él quería tener comunión con Su Padre. 

Su Padre le hablaba la palabra que Él debía llevar a otros, y los investía con nuevo poder para nuevo ministerio.  El venía de esas horas de dulce comunión y compañerismo con Su Padre, revestido con Su santa presencia y Espíritu; y ungido con el Espíritu Santo y poder, andaba haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos del enemigo. 

Cuando se encontraba con la enfermedad, ella tenía que irse.  El venía de ese tiempo santo de comunión, con poder para cubrir las necesidades de la gente, cualesquiera que fueran.  Es algo terrible para nosotros el ver gente que profesa ser cristiana, sin vida y sin poder. 

¿Argumento? ¡Es que no soy pastor! Excusa. No hay hombres a los cuales Dios trate por sus jerarquías humanas. Dios unge a quien le ama y le busca. Punto. El lugar de la santa comunión está abierto a todos nosotros.  Hay un lugar donde podemos ser diariamente refrescados y renovados, y re-investidos de poder.

En el capítulo cuatro de Hebreos, se nos dice: “Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios.  Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas” (vers. 9-10). ¡Oh, qué bendito reposo es ése, el cesar de tus propias obras, llegar al lugar donde Dios está ahora entronizado en tu vida, obrando en ti día a día el querer como el hacer Su buena voluntad, obrando en ti un enteramente nuevo orden de cosas.

Dios quiere darte a luz como una llama de fuego, con un mensaje de Dios, con la verdad que derrotará los poderes de Satanás, con una provisión ilimitada para cada alma necesitada.  Así, tal como Juan conmovió a todo Israel con un poderoso clamor, tú también por el poder del Espíritu Santo moverás a la gente de manera que se arrepientan y digan: “¿Qué haremos?”

Esto es lo que Jesús quiso decir cuando le dijo a Nicodemo: “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios…lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.  No te maravilles  de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.” 

Si nosotros tan sólo supiésemos lo que estas palabras significan para nosotros, ¡Ser nacidos de Dios!  Una llenura de la vida de Dios, una nueva vida de Dios, una nueva creación, viviendo en el mundo pero no siendo del mundo, conociendo la bienaventuranza de esa palabra: “El pecado no se enseñoreará de vosotros.” ¿Cómo llegaremos a este lugar en el Espíritu? 

Por la provisión del Espíritu Santo que El hace.  Si vivimos en el Espíritu, encontraremos que todo lo que es carnal es absorbido por la vida.  Hay una llenura del Espíritu que vivifica nuestros cuerpos mortales. Si todavía eres de los que cree que nacer de nuevo es comenzar a asistir a un templo todos los domingos y participar de las actividades que allí se organicen, estás listo.

Da a Dios tu vida, y verás que la enfermedad tiene que irse cuando Dios entra plenamente.  Entonces debes andar delante de Dios, y encontrarás que El perfeccionará aquello que te concierne.  Ese es el lugar donde Él quiere que vivan los creyentes, el lugar donde el Espíritu del Señor entra a todo tu ser.  Ese es el lugar de la victoria.

Mira a los discípulos.  Antes de que recibieran el Espíritu Santo, estaban en esclavitud.  Cuando Cristo dijo: “Uno de vosotros me entregará”, ellos todos dudaban de sí mismos y dijeron: “¿Soy yo?”  Ellos eran conscientes de su depravación y debilidad humanas. 

Pedro dijo: “Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré.” Los otros declararon lo mismo; sin embargo, todos ellos Lo abandonaron y huyeron.  Pero después que el poder de Dios cayó sobre ellos en el aposento alto, eran como leones para cubrir la dificultad.  Eran osados.  ¿Qué los hizo así?  La pureza y el poder que es por el Espíritu.

Dios puede hacerte un vencedor.  Cuando el Espíritu de Dios entra a tu ser rendido, Él te transforma.  Hay una vida en el Espíritu que te hace libre, y hay una audacia en ella, y hay una personalidad en ella –es Dios en ti.

Dios puede transformarte y cambiarte de tal manera, que todo el viejo orden tiene que irse ante el nuevo orden de Dios.  ¿Piensas que Dios te hará un fracaso?  Dios nunca hizo al hombre para ser un fracaso.  El hizo al hombre para ser un hijo, para andar por la tierra en el poder del Espíritu, dominar sobre la carne y el diablo, hasta que nada se levante dentro de él, excepto aquello que magnificará y glorificará al Señor.

Jesús  vino para hacernos libres del pecado, y libertarnos de la enfermedad, para que vayamos en el poder del Espíritu y ministremos a los necesitados, enfermos, y afligidos.  A través de la revelación de la Palabra de Dios, encuentro que la sanidad es únicamente para la gloria de Dios, y que la salvación es andar en novedad de vida pues somos habitados por Otro, Dios.

Ahora ya estamos presentados en nuestras inquietudes futuras. Ya sabes que no se trata simplemente de salir a la vida alegremente cantando, como lo aullaba un viejo y desafinado cantautor secular argentino de los años 70, “¡Yo tengo fe! ¡La la la la la!”

A la fe hay que encausarla, encaminarla, darle un derrotero que sea eminentemente útil al Reino. Y a eso, mí amado hermano, hermana o amigo que lees de casualidad esto, no lo puedes inventar tú: si no eres un ungido de Dios como en su momento lo fue Jesús, el Espíritu Santo esperará su momento, pero sin actuar por su cuenta porque el Reino no opera así. Bajo esa óptica, comencemos a ver lo central.

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Tiempo de Ministerio

(Verso 12)= Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.

Creo que antes de continuar, bien vale la pena recordarte quien fue este Timoteo, al que Pablo le recomienda que no preste atención a los que tienen desconfianza por causa de su juventud. Su nombre significa “que adora a Dios”.

 El apóstol Pablo llama a Timoteo mi hijo amado y fiel en el Señor y verdadero hijo en la fe, lo que indica que Pablo fue el instrumento en la conversión de Timoteo. Durante su primer viaje misionero, Pablo pasó a Listra, en Licaonia, donde llevó a Cristo a Eunice y a Loida, respectivamente la madre y la abuela de Timoteo.

 Éste fue también ganado a la fe cristiana en esta época. Su madre era judía, y su padre griego. Timoteo, que había llegado a ser un cristiano activo, fue recomendado a Pablo por los hermanos de Listra y de Iconio, cuando el apóstol volvió a visitar Listra en el curso de su segundo viaje misionero.

 Aunque ya en su infancia había recibido las enseñanzas del Antiguo Testamento, Timoteo no estaba circuncidado. Unas profecías revelaron que estaba destinado a un servicio particular. Pablo y los ancianos le impusieron las manos y lo consagraron a la evangelización.

Para no ofender a los judíos, Pablo circuncidó a Timoteo. Ello fue una concesión a las ideas judías tradicionales, a causa de las circunstancias, por cuanto se podía alegar la ascendencia judía de Timoteo, pero no se implicaba con ello el abandono del principio de la libertad cristiana.

Timoteo acompañó a Pablo por Galacia, y después a Troas, Filipos, Tesalónica y Berea. En este último lugar se quedó con Silas mientras Pablo se dirigía a Atenas. Timoteo llegó después a esta ciudad. En 1 Tesalonicenses 3:1-2 se ve que Pablo lo volvió a enviar de Atenas a Tesalónica.

No parece que Silas llegara a Atenas. Finalmente, él y Timoteo se reunieron con Pablo en Corinto, donde Timoteo se quedó a continuación durante un tiempo con Pablo. Aunque el texto no lo dice, es probable que fuera con el apóstol en su viaje de vuelta.

Timoteo es mencionado después en relación con el ministerio de Pablo en Éfeso. En 1 Corintios 4:17, el autor nos confirma que, antes de escribir esta carta, había enviado a Timoteo a Corinto para reprimir abusos.

Sin embargo, no sabemos si Timoteo ya había llegado en el momento de enviar la carta; en todo caso, parece que había llegado a Éfeso, porque, poco antes de abandonar esta ciudad, Pablo envió a Timoteo y Erasto a Macedonia, donde el apóstol se reunió poco más tarde con su joven amigo.

Se dirigieron los dos juntos a Corinto. Timoteo figura entre los acompañantes de Pablo en su viaje de vuelta a Jerusalén, al término de su tercer viaje. El texto no dice si Pablo subió a Jerusalén con su hijo espiritual. Tampoco se le menciona en relación con el encarcelamiento de Pablo en Cesarea ni con el viaje de Pablo a Roma.

Pero su nombre es citado en las epístolas redactadas desde Roma. Timoteo había seguido al apóstol hasta la misma capital, y compartía sus trabajos. Cuando Pablo fue liberado, confió importantes misiones al joven Timoteo.

La primera carta dirigida a él revela que el discípulo supervisaba la iglesia en Éfeso. Allí tenía que refutar la falsa ciencia de ciertos doctores, nombrar cargos, organizar y disciplinar la iglesia como delegado de Pablo, que poco antes de morir le escribió una segunda epístola, considerada como su testamento espiritual.

Faltándole poco para sufrir el martirio, Pablo esperaba la visita de su hijo espiritual. No sabemos si esta visita se llevó a cabo. La única otra mención a Timoteo se halla en Hebreos 13.23, donde se lee que Timoteo había sido encarcelado y liberado.

Aceptando la paternidad paulina de Hebreos, este encarcelamiento de Timoteo debió producirse entre la liberación de Pablo y su segundo encarcelamiento. No se sabe nada de los años posteriores de Timoteo. Una antigua tradición afirma que siguió dirigiendo la iglesia en Éfeso, y que sufrió el martirio bajo Domiciano o Nerva.

Este era Timoteo. Y Pablo, además de prevenirlo por el asunto de su corta edad, le sugiere adoptar algunos comportamientos relacionados con lo testimonial. ¿Acaso le dice que se esmere en predicar bien? No. Lo que le dice no tiene absolutamente nada que ver con lo visual o externo.

Le dice que sea ejemplo, punto de referencia, centro de la observación, copia e imitación de los hermanos. ¿Y en que cosa? Poca cosa. Nada menos que en: Palabra, Conducta, Amor, Espíritu, Fe y Pureza. ¿Sabes que? Muchos ministros del tiempo presente deberían imprimir con sus computadoras estas seis claves ministeriales y pegar la hoja en un lugar visible para todos.

Pastor; ¿Tienes Palabra o sólo un buen discurso por causa de tu riqueza intelectual? ¿Tienes Conducta o, por el contrario, vives una vida disipada y agitada que no condice en nada con la figura sustancial de Jesucristo y de lo que deseas difundir sobre Él?

¿Tienes Amor o todo te fastidia, te molesta, te irrita y te saca de tus casillas? ¿Tienes Espíritu o lo tuyo se limita a una serie de conceptos intelectuales bien manejados con la finalidad de llevar convencimiento a los que dudan?

¿Tienes Fe o todo tu trabajo se sintetiza a lo que puedes conseguir o no mediante tus esfuerzos personales, políticos, sociales o científicos? ¿Tienes Pureza o, por el contrario, eres uno más de los tantos ministros que se conducen con métodos, costumbres y acciones impuras y hasta deleznables?

(Verso 13)= Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza.

Me gusta, cada vez que puedo, desalentar algunas exageraciones en las que es tan proclive de caer el pueblo cristiano. Asimismo y también cuando puedo hacerlo, trato de matar alguna de las tantas vacas sagradas que la iglesia evangélica tradicional conserva como si fueran estatuas místicas de Apis.

Por esa razón me habrás oído decir en muchos audio y también me habrás leído cosas escritas en el mismo tenor, que el evangelio es ciento por ciento espiritual y ni siquiera un diez por ciento intelectual. Que si buscas de verdad a Dios tendrás que hacerlo creyendo sin ver y no analizando lo visto.

Esto, suele caer muy bien en las capas sociales cristianas de bajos recursos. Es como si sintieran que Dios está siempre con los pobres y los ignorantes, dejando de lado porque ya supuestamente lo tienen todo en este mundo, a los ricos y a los sabios.

Es mi deber a favor de la eliminación de cualquier mancha de confusión, decirte que no es ni tanto ni tan poco. Dios, que según la Biblia es el dueño de todo el oro y la plata del mundo, no es un Dios de pobres miserables que no tienen un centavo solamente, es Dios de todos.

Y si eres muy pobre y amas a Dios, le buscas con fidelidad y carente de orgullos, vanidades y deseos de destacarte en algo porque en el ámbito secular no has podido, Dios estará contigo, seguramente. Pero si no eres así, puedes estar muriéndote de hambre por pobreza total que Dios no va a respaldarte hasta que no cambie tu corazón delante de Él.

Esto es válido también para el rico, para el ignorante y para el inteligente. Mateo no era pobre, y fue epicentro del evangelio. Juan el Bautista no tenía ni siquiera algo para ponerse encima, pero fue, – Según Jesús – el más grande de los nacidos de mujer.

Pedro era bruto de toda brutalidad. Era un pescador bien rústico y no conocía mucho más que su barca y los sitios donde había buena pesca o no. Sin embargo predicó, enseñó y hasta escribió un par de cartas que significan puntos de partida para una auténtica fe en Cristo.

Pablo era un intelectual de alto vuelo, pero no llegó a ser quien es por causa de esa formación suya, sino por su entrega total a Jesucristo cuando, camino a Damasco y levantándose del suelo luego de haber caído (No hay ni siquiera una mención de caballo o camello alguno), le pregunta a Cristo que cosa quiere Él que él haga.

Es normal, entonces, que a la hora de darle recomendaciones a un discípulo como era el joven Timoteo, Pablo le sugiera la lectura, cosa a la que él era sumamente afecto, la exhortación, que necesita de una alta dosis de sabiduría, y la enseñanza, que necesita no necesariamente de capacitación sistemática, pero sí de dedicación y agudeza para escudriñar las escrituras.

Todos estos elementos y no algunos aislados, son los que necesita el ministro que desee ser siervo en los tiempos postreros. No basta con conocer griego, hebreo, hermenéutica, historia y geografía bíblica, se necesita unción del Espíritu Santo para predicar y enseñar.

No basta tampoco con tener visiones, palabra de conocimiento o de ciencia, don de lenguas o palabra profética. Es necesario un conocimiento pleno de la palabra en toda su dimensión, (Incluida la gramatical), para no caer en errores ni en engaños sutiles elaborados por astutos demonios deseosos de llevarle supuesto “conocimiento” a envanecidos que quieren lucirse.

(Verso 14)= No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del prebisterio.

Este es, quizás, el texto más cercano a nuestras organizaciones cristianas actuales. Pablo habla en último término del prebisterio. La palabra usada en los originales para describirlo, es PREBUSTERION, y tiene que ver con un cuerpo de ancianos o prebísteros, que literalmente eran hombres de edad madura.

Asimismo, era un cuerpo compuesto por personas de dignidad, sabiduría y madurez. La palabra se usa con referencia tanto al sanedrín como a los prebísteros cristianos. En este caso la referencia alude a la ocasión cuando los ancianos de Iconio y Listra pusieron sus manos sobre Timoteo y profetizaron acerca de los dones y propósitos de Dios en relación con él.

La imposición de manos acompañada de profecía, es uno de los medios que emplea el Espíritu Santo para revelar su voluntad y propósitos a sus siervos. Habrás observado que dije que es UNO de los medios, no EL medio. Y también es más que claro que hablamos de gene que ha sido llamada genuinamente por Dios a servir y gente que tiene unción legítima del Espíritu para imponer sus manos.

Si bien el texto habla de “el don”, creo que es más que claro que se refiere al global que encierra, en la práctica, a alguno de los clásicos dones del Espíritu Santo, más conocidos sencillamente como Carismas.

Y este término es la transliteración de la palabra griega CHARIS, que significa “don, regalo, gracia, favor, poder, oficio, misión”. Son dones que, procedentes de Cristo ascendido, Cabeza de la iglesia, son distribuidos por el Espíritu Santo.

Todos los creyentes, habiendo recibido la unción del Espíritu, son receptores de el / los don / es del Espíritu (o dones espirituales), que son capacidades sobrenaturales concedidas a cada creyente, en vista del servicio y función que tienen dentro del cuerpo de Cristo.

Pablo da relación de un cierto número de estos dones: sabiduría, conocimiento, fe, sanidades, milagros, profecía, discernimiento de espíritus, lenguas e interpretación. En otro sentido, las personas son los dones a la iglesia, y la palabra usada para denotarlos es “doma”; se trata entonces de apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros.

Estos dones relacionados en Efesios tienen como propósito perfeccionar (Que es en realidad Madurar) a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios…”, etc.).

 Es evidente que unos dones, como los apóstoles, ya no están entre nosotros; pero nos quedan sus enseñanzas en las Escrituras. Lo que sí podemos tener por cierto es que, sean cuales fueren las tareas dadas, Dios dará la capacidad de cumplirlas.

Tenemos en las Escrituras cuatro listas de carismas o dones del Espíritu. Aunque muchos deducen de estos cuatro catálogos que no tenemos aquí la lista completa de carismas, es bueno recordar lo que dice el apóstol Pablo en 2 Timoteo 3:16-17, y lo expresado en el párrafo anterior.

Con respecto a los dones de sanidades, milagros, profecía, don de lenguas, etc., hay dos posturas básicas: (a) que siguen con nosotros; (b) que cumplieron su objetivo de testimonio y acreditación al nuevo testimonio que Dios estaba levantando después del cierre del canon de las Escrituras, y que ya no operan en la actualidad.

Primeramente debemos señalar que todos y cada uno de los dones dados por el Espíritu son milagrosos, y no sólo los de manifestación externa espectacular como los de milagros, sanidades y lenguas.

Dios es soberano en cuanto a en qué épocas da unos o no de una manera concreta. Los dones externos y espectaculares fueron dados en profusión en la época en que el Evangelio y el Nuevo Pacto debían ser acreditados, y lo fueron con señales externas jamás renovadas.

En la actualidad puede, ciertamente, manifestar Su poder, siempre según Su voluntad; de hecho, la mayor parte de los dones (sabiduría, ciencia o conocimiento, fe, evangelistas, ayudas, liberalidad) nunca han dejado de ser otorgados.

En cambio, si bien Dios cura a ciertos enfermos, bien mediante siervos suyos o directamente, no se ha dado a nadie, que se sepa, que pueda curar a todos (que era la característica del don de Cristo y de Sus apóstoles).

La iglesia de Corinto había recibido todos los dones, y 1 Corintios es la única epístola en la que se mencionan los dones externo – espectaculares; todo ello no impidió que los corintios fueran carnales ni su tendencia a formar partidos sectarios.

Lo esencial, entonces, es estar totalmente y absolutamente sometidos al Señor y a toda Su Palabra, poder discernir el don otorgado a cada uno, y permitir que el Señor nos use para el bien de la iglesia en su totalidad.

(Verso 15)= Ocúpate de estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos.

(16) Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.

La vida personal de los ministros de Dios debe ser tan pura como su doctrina. Ambos fueron hechos el uno para el otro. Si el siervo del Señor no cuida de sí mismo, su doctrina será incoherente y confusa. La influencia de Dios puede apartarse de una persona por descuido, y nuestras mentes pueden perder la intensidad de su llamado.

Hemos llamado “ministerio” a cualquier cosa que alguien “sienta” de hacer adentro de un templo o fuera de él pero en su nombre. Y no es así. No tengo nada en contra de ministerios del deporte o de teatro, o de títeres o de lo que sea, pero quiero puntualizar que ministerio, es otra cosa.

El término Ministerio, dentro del ambiente del pueblo del Señor, lleva implícito el acto de ministrar o servir. En hebreo, el que sirve es denominado con el término EBED, que implica un servicio voluntario u obligatorio, y designa a todos aquellos que tienen que servir; el prisionero de guerra, el esclavo comprado, el funcionario privilegiado de un soberano, y también el adorador de Jehová.

Los orientales se consideran servidores de un superior, o de Dios. En hebreo se aplica asimismo el término de servidor a un pueblo vencido y sometido a tributo. Dios da el nombre de ministros o servidores a aquellos que lo adoran.  

Aquel que ayuda a una gran personalidad. José, esclavo, servía a su dueño, el cual le había confiado la administración de sus bienes. Abisag ocupaba un puesto de honor en su servicio a David. Josué acompañó a Moisés, cuidándose del primer tabernáculo, sucediéndole después en el caudillaje de Israel.

Eliseo era el ayudante de Elías, vertiendo agua en sus manos, y vino a ser profeta a su vez. El ministro de la sinagoga ayudaba a los que enseñaban. Los discípulos recibían las instrucciones de Cristo y vinieron a ser los ministros (servidores) del Evangelio.

Juan-Marcos fue el ayudante de Pablo y de Bernabé durante una parte de su primer viaje misionero. Ministro de Dios o del Estado. Entre ellos se hallan los sacerdotes y levitas al servicio del santuario.

Cristo también recibe este nombre como sumo sacerdote celestial. Pablo también, como anunciador del Evangelio a los paganos. El término se aplica asimismo a un magistrado; designa en ocasiones a los miembros de una corte y  también en ocasiones a un gran personaje.

Los ángeles reciben el nombre de servidores. Los que, estando al servicio de alguien, lo representan y asumen el cuidado de sus intereses; griego DIAKONOS. Primitivamente este término no designaba a un servidor de los pobres, sino más bien a un magistrado, a un ministro de Dios, ejerciendo la justicia y castigando a aquellos que hacían el mal.

Ahora reflexiona: ¿Lo que has visto y conocido hasta hoy con el rótulo de “ministro” o “siervo” del Señor, ¿Responde a estas características? No te rompas demasiado la cabeza pensando. Te pregunto: Los siervos y ministros que has conocido, ¿Eran realmente servidores de Dios y sus hijos o, por el contrario, se hacían servir por estos y pretendían también conseguirlo de parte de Dios?

Tú ya sabes que cuando se habla del tiempo postrero, se está hablando de este tiempo presente. Y también sabes que este es el tiempo en el que la Gran Ramera al servicio de hombres sin escrúpulos u organizaciones supuestamente cristianas que llamamos Babilonia, está comenzando a caer.

Y lo sabes porque, quizás, eres uno de los que ya se ha separado de ellas por temor santo a que, cuando comience esa caída, el fragor del derrumbe y las ruinas te arrastre. Te animo, porque no es una decisión personal, antojada ni vanidosa que has tomado; simplemente has oído la voz del Espíritu Santo de Dios que le está enviando la misma dirección a todo los que aman y buscan la verdad.

Porque también sabemos que, a los que no aman ni buscan la verdad, Dios permite que les llegue un espíritu de engaño. Y eso es lo que, mayoritariamente, podemos ver dentro de los templos hoy día. Pero la Palabra sigue siendo fiel, está intacta y no ha perdido ni vigencia ni poder.

Y, en tu calidad de ministro, ahora también sabes que tu conducta será básica para el cumplimiento de tu ministerio. ¡Pero hermano! ¡Yo solamente soy un miembro raso que no tiene cargo ni posición en la iglesia! Basta. Dios dijo que todos éramos ministros competentes; ¿Lo creerás o no? ¿Lo activarás o no?

Por lo tanto, tengas o no cargo oficial alguno dentro de las organizaciones evangélicas que parecerían haberse apropiado del evangelio sin tener orden precisa de Dios al respecto más que su propia Palabra inserta en la Biblia, eres un ministro, un siervo.

Pero eres un siervo del tiempo postrero. Y por ese motivo, hay cosas que has visto muchas veces en otros siervos, que en este nivel ya no te son permitidas. Porque tu nivel ministerial pertenece aun remanente que Dios considera santo.

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Tiempo de Vida Abundante

(Verso 6)= Si esto (Esto que termino de mostrarte) enseñas a los hermanos, (O sea: a ti y a todos los que tomen contacto con este trabajo), serás buen ministro de Jesucristo, (Pero…¿Cómo? ¿No tenía que estar ordenado por la Asociación de las Asociaciones Asociadas?), nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido. (Entonces, ¿La buena doctrina es la que está en la Biblia, la que siempre estuvo allí, y que tantos pseudo ministros se encargaron de tergiversar y transformar en doctrinas denominacionales?)

(7) Desecha las fábulas profanas y de viejas. Ejercítate para la piedad.

Veamos: ¿Qué cosa es una fábula? El diccionario dice, entra otras acepciones que no hacen al tema, que una fábula es un breve relato ficticio, en prosa o verso, con intención didáctica frecuentemente manifestada en una moraleja final, y en el que pueden intervenir personas, animales y otros seres animados o inanimados.

¿No te suena algo parecido a muchos de los mensajes que has oído últimamente? Texto bíblico, preferentemente del Antiguo Testamento para darle imagen de profundidad. Comparaciones de aquel tiempo con el actual y una moraleja final que, generalmente, te habla de la sujeción, del cumplimiento, del servicio y la ofrenda. ¿Y la Palabra de Dios revelada? Bien, gracias, pero aquí no existe.

Pero ten cuidado, porque no es el único significado que esta palabra muestra. El que te mencioné es uno de ellos y se le parece bastante, pero no es el único. La palabra Fábula tiene otras acepciones que, si las examinas sin que nadie te influya, quizás le encuentres otras similitudes a cosas que has visto y oído.

En las obras de ficción, la fábula es la trama argumental. También se denomina así a una relación falsa, mentirosa, de pura invención, carente de todo fundamento. Es, asimismo, una ficción artificiosa con que se encubre o disimula una verdad.

Fábula, también se traduce como el objeto de murmuración irrisoria o despreciativa, o el cuento o novela livianos y sin más fin que el de entretener o divertir a los lectores. ¿Estamos hablando de entretenimiento? Así es. ¿Y eso tiene algo que ver con lo que vemos en nuestros templos, hoy? No lo sé por tu lado, tú lo sabes.

En cuanto a la piedad, ya sabes lo que significaba, ¿Verdad Lisa y llanamente Espiritualidad. ¿Entonces, que está diciendo Juan aquí? Que la vida espiritual no es puro misticismo incoherente, sino una práctica consciente en la cual debemos ejercitarnos. Para eso está la iglesia, no para entretenerte con música rock, bailes acrobáticos o sensuales, oraciones armadas y repetidas y discursos humanistas.

(8) …porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, (¡Dios! ¿Cómo se te ocurre nadar en contra de la corriente de este tiempo? ¿No has visto que todos los canales de TV poseen su programa de gimnasia para las señoras excedidas en kilos?)…pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente y de la venidera.

Esto, podría decirte que es un pequeño obsequio del Ministerio Tiempo de Victoria para tu vida en este día de hoy. Día en el que, mediante la revelación clara a tu entendimiento, este texto te dice que basta ya de suponer que debes pasar esta vida terrena sufriendo horrores para poder ganar el derecho a ir al cielo de Dios cuando te mueras.

La religión católica apostólica romana, ha enseñado durante toda su existencia en los países donde ha tenido alta presencia en cantidad de personas en sus templos, que mientras más sufres ahora, más disfrutas después. Y déjame decirte que no es así, aunque muchas denominaciones evangélicas hayan adherido a este concepto.

Y no es así no porque lo diga yo, que el concierto de ministros cristianos no soy absolutamente nadie, aunque sí sé muy bien que lo soy en el mundo espiritual donde Dios rige la existencia. Lo dice la Biblia exactamente en este pasaje que acabas de leer y compartir conmigo.

Si lees con atención y aplicación, entendiendo lo que dice y no lo que tú supones que dice, podrás ver que Pablo le asegura a Timoteo que la vida espiritual es de sumo provecho, no sólo para la vida eterna venidera, sino para esta vida presente.

Por lo tanto, si hoy tus cosas no andan como a ti te gustaría que anden, tómalo como algo circunstancial, temporal y pasajero. Ni pienses por un instante que Dios ha dispuesto que sufras porque es la única manera que ganarás el cielo. Dios ha provisto todo para que tengas Vida Eterna, lo sabes, pero también para que tengas Vida Abundante. Y eso, mi amado hermano, hermana, es HOY y AHORA.

(Verso 9)= Palabra fiel es esta, y digna de ser recibida por todos, (10) que por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen.

(11) Esto manda y enseña.

¿Qué es una palabra fiel? Una palabra que, ocurra lo que ocurra, suceda lo que suceda, no traiciona jamás. Eso, exactamente, es la Palabra de Dios. Y no estoy hablando de textos bíblicos arrojados al azar, estoy hablando de la Palabra de Dios, que no es lo mismo.

Además, esta palabra es digna de ser recibida por todos. Algo digno es, por ejemplo alguien merecedor de algo. Es, también, algo correspondiente, proporcionado al mérito y condición de alguien o algo. Y además es algo de calidad aceptable.

Y cuando dice que todos pueden recibirla, está refiriéndose precisamente a eso: todos. La Biblia es el único libro que puede expresar ese que es uno de los cuatro términos de condición eterna: Todo, Nada, Siempre, Nunca. Ningún mortal puede hacerlo suyo, es eterno. ¿Dice Todo? Es Todo.

Y si ese “todo” significa todo, esto nos está diciendo que la Palabra de Dios es apta para ser recibida por cualquiera, de modo que nosotros cometemos un grueso error cuando dejamos de predicarle a alguien suponiendo que, ya sea por riqueza, intelecto o raza diferente, no la oirá. Nuestro deber es decir lo que conocemos. Y el que tiene oídos para oír, lo hará.

Eso sí, lo siguiente que podemos ver, es que cuando comenzamos a hacer esto, que es exactamente lo que Dios nos manda hacer, también empezamos a padecer algunas de las consecuencias de estar alineados en el ejército del cielo.

Es muy poco probable que Satanás les preste demasiada atención a ciertos líderes nominales que están al frente de pomposas organizaciones religiosas autodenominadas como “cristianas”. Él sí va a intentar perturbar y lo hará si tiene posibilidades, con aquellos que, aunque sea desde el total anonimato, comienzan a moverse en obediencia plena a lo que Dios quiere.

Por esa causa habla de sufrir oprobios. Un oprobio es una ignominia, una afrenta, una deshonra. En suma: algo que duele y mucho a nuestra estructura humana, carnal y egocéntrica. Jesús sufrió y padeció el peor de todos los oprobios, pero fue fuerte en su Padre que lo consolaba.

Nosotros deberemos hacer lo mismo, ya que ese oprobio, y en contra de lo que generalmente se enseña en nuestras iglesias, no vendrá del mundo secular, sino desde adentro de la misma iglesia y de parte del fariseismo moderno, encarnado en pastores y líderes de alto prestigio internacional, que creen que tener el derecho de proclamarse algo así como nuevos “papas evangélicos”.

Y luego nos advierte que, cuando sufrimos estas cosas, pero las soportamos en la certeza de que Dios es quien peleará nuestra batalla, es cuando somos más salvos que nunca, porque está muy bien aclarado que eso es posible, mayormente a los que creen. La pregunta implícita que surge aquí, entonces, es: ¿Y los que no creen?

 El universalismo que enseña que en el final, todos seremos salvos porque Dios es bueno, es una mentira del diablo que lamentablemente tiene demasiados adeptos, pero que no es real. Porque si lo fuera, Jesús hubiera muerto inútilmente en la cruz.

Y en el último verso, una directiva de la cual podemos derivar decisiones que mejor encajen con nuestras formas si así lo deseamos, pero que en modo alguno podemos soslayar. Al menos, si deseamos ser hijos obedientes.

Porque no nos sugiere recetas ni métodos. Simplemente nos dice: Esto, tal cual lo has visto, sin modificar nada, sin añadir ni quitar, es lo que debemos enseñar. Pregunto: ¿Es lo que hemos estado haciendo? ¿Sí? ¡Gloria a Dios! ¿No? Comienza ya mismo, no queda demasiado tiempo, porque esto que estamos viviendo es parte de lo que la Biblia llama El tiempo postrero.

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Tiempo de Apostasía

Y, finalmente, llegamos al último texto que disponemos respecto a este repaso relacionado con los últimos tiempos. Y tal como si fuera algo que Dios mismo ha elaborado para alimento, crecimiento, maduración y certeza de sus hijos, se refiere a lo que indefectiblemente debe aparecer si es verdad que estamos arribando a esos tiempos finales: la apostasía.

Ya te comenté más arriba respecto a lo que, según los conceptos bíblicos, significa la apostasía. Será interesante, también, ver lo que interpreta la sociedad secular respecto a ella. Convengamos en que, primordialmente, cuando lo relaciona con la religión, siempre lo hace desde la óptica del catolicismo romano, ya que es desde los países donde ese credo tiene alta presencia, de donde salen esta clase de análisis.

La conocida enciclopedia de Wikipedia, dice que la Apostasía es la renuncia o abjuración de una determinada fe, así como la salida o abandono irregular de una orden religiosa o sacerdotal. También puede hacer referencia al clérigo que prescinde usualmente de su condición, incumpliendo así sus obligaciones clericales. Y, de modo más general, abandonar un partido para entrar en otro, o cambiar de opinión o doctrina.

En este sentido observamos una línea general de significado en todas las acepciones. Frente a la herejía, la apostasía supone un abandono o negación total de la doctrina original. Es decir, en lugar de negar un dogma o idea determinada se niega la doctrina completa.

Por otro lado, mientras que el apóstata o el hereje niegan o modifican la doctrina, el pagano es aquel que nunca ha pertenecido formalmente a dicho conjunto doctrinal o a las instituciones que lo representan.

Hoy en día, la apostasía consiste en ejercer el derecho a constar como apóstata o incluso a eliminar todo registro de pertenencia a un determinado grupo de creyentes. Algunas personas lo realizan como rechazo a la Iglesia y su doctrina o como paso congruente con su ateísmo personal o con su cambio de denominación religiosa.

La palabra tiene su origen en dos términos griegos: APO, "fuera de" y STASIS, "colocarse". Por tanto parece no haber sufrido grandes cambios en su significado desde su nacimiento. Solo queda, por consiguiente, analizar el uso de la palabra en los distintos contextos.

Sin embargo, personalmente me quedo con lo que la misma Biblia me dice. Porque ella está totalmente alejada de los credos religiosos existentes, contiene los conceptos emanados de la Palabra de Dios, con la que no siempre coinciden esos credos.

Y este pasaje que voy a reproducir y escudriñar en parte, contiene elementos suficientes como para que, si hasta este momento de este trabajo aún no estás convencido /a de que últimos tiempos significa este tiempo, puedas verlo con total claridad.

Aquí, se usa en el original una palabra que no habíamos visto en el resto de lo reproducido: JUSTERON. Y su significado tiene que ver con “más tardíamente”, “A la larga”, “Postrero”, “Fin” y “Finalmente”.

(1 Timoteo 4: 1)= Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; (2) por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia, (3) prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad.

Es bastante frecuente y habitual que en nuestras iglesias se hable de lo que sucederá en los últimos tiempos. Y tal como si fuera algo que Dios mismo ha elaborado para alimento, crecimiento, maduración y certeza de sus hijos, se refiere a lo que indefectiblemente debe aparecer si es verdad que estamos arribando a esos tiempos finales: la apostasía.

Esta es una palabra sobre la que casi nadie habla, sobre la que muy pocos enseñan y  una gran mayoría ignora, omite u olvida. Es como si en los últimos tiempos, tú renunciaras a tu fe en Jesucristo con la que has vivido toda tu vida y la reemplazaras por artilugios humanos.

Es indudable que no podemos irnos demasiado lejos a buscar posibilidades de apostasía en este tiempo. ¿No has observado, directa o indirectamente, a un sinfín de prestigiosos líderes que de un momento para el otro parecerían renunciar a lo que ellos mismos han predicado por años, y volcarse a prácticas o pensamientos que en modo alguno tienen que ver con la cruz?

Tú ya sabes muy bien que yo soy partidario de la confrontación porque eso es, exactamente, lo que mi Señor Jesucristo hizo durante su ministerio terrenal. Y no entro ni en crítica ni murmuración porque no apunto a la sentencia de un nombre y un apellido eventual, sino a la confrontación franca con un sistema babilónico de la religión que está llevando a la apostasía a miles y miles.

Sin ir muy lejos, no será ninguna novedad para ti que, basándose muy antojadizamente en lo escrito en el libro de Joel, la mayor parte de las iglesias relacionen a los últimos tiempos con una etapa de tremendo avivamiento, cosa que no es falsa, pero que está muy claro que llegará recién después que haya aparecido y hecho estragos la apostasía.

Y este pasaje que terminas de leer, contiene elementos suficientes como para que, si hasta este momento de este trabajo aún no estabas convencido /a de que últimos tiempos significa este tiempo, puedas verlo con total claridad.

No hay posibilidades de diferentes interpretaciones. No existe el menor espacio para desarrollar lo aprendido en hermenéutica. No hay oxígeno para que pueda respirar lo plasmado por un comentarista de prestigio. La realidad nos dice que no es un ser humano llamado Pablo el que se lo está diciendo a otro ser humano llamado Timoteo: es el Espíritu Santo.

Y dice el Espíritu que algunos apostatarán de la fe. ¿Por qué razón? Por haber prestado sus oídos a espíritus engañadores dejando de lado lo que habían aprendido desde el evangelio genuino. ¿Y adonde se supone que esta gente, cristiana, miembro activo de una iglesia, naturalmente, habrá oído a esos espíritus engañadores? ¿Quizás en la calle, en alguna plaza, en la estación del metro?

Dice también que serán víctimas de la horrible confusión de haber adherido a doctrinas de demonios. ¿Puedes imaginar que alguien, medianamente creyente, escuche en un teatro, un cine, un centro comercial o un estadio de fútbol esas doctrinas de demonios y se las crea? No. Imposible. Sólo habrá de creerlas si provienen del mismo sitio en que se encuentran los espíritus engañadores: los púlpitos de una congregación supuestamente cristiana.

¿Y quienes serán los que utilicen esos púlpitos para tamaña blasfemia y se conviertan así en los gestores de las doctrinas de demonios? Gente hipócrita, simuladora, mentirosa, con apariencia de santidad y sin ninguna clase de conciencia que les posibilite arrepentirse de su pecado. ¿Has visto algo parecido a esto en estos últimos tiempos, ya sea lejos, medianamente cerca o muy cerca de ti?

Y concluye hablando de la prohibición de casarse y abstenerse de ciertos alimentos. Convengamos en que, los que hemos salido de religiones oficiales, paganas y ritualistas, sabemos bien de qué se está hablando en los grandes rasgos. Pero también convengamos en que, en muchas de nuestras iglesias cristianas se llega a sugerir lo mismo aunque con otras características.

¿O no existen lugares, todavía, que en el nombre del Dios de amor, se prohíbe comer determinadas comidas por considerarlas impuras, a la luz de lo que dice la antigua Ley, menospreciando la calidad de una gracia conseguida en la cruz?

¿No existen, asimismo, otros tantos sitios, (Quizás más aún), en los que si no es aprobado por el pastor, un noviazgo, por sobrio, sincero, genuino y robusto que sea, no tiene permiso oficial para convertirse en matrimonio?

Pregunto: ¿Crees que está muy alejado lo que Pablo, guiado por el Espíritu Santo, le advierte a Timoteo o, por el contrario, es como si estuvieras leyendo el periódico de hoy? ¿No has visto nunca, o te has enterado por terceros, o te han relatado otros hermanos, que estén sucediendo cosas así en el planeta con lo que aún llamamos “el pueblo de Dios”?

He descubierto algo en estos últimos años. La confirmación de que, en efecto, Internet, la Web, está llena de basura. Basura esotérica, ocultista, orientalista, pornográfica y pecaminosa. Pero también he descubierto que, si buscas con cuidado, también hallarás algunas verdades instaladas en páginas anónimas, humildes, sin aspavientos evangélicos ni fotografías de ministros y ministras luciendo ropa de alta calidad y sonrisas de políticos en campaña.

Te sugiero que ores dando gracias a Dios por el avivamiento que en algún momento va a venir sobre toda carne y sobre toda la tierra, pero por el momento prepárate para preservarte de la apostasía, que es el signo de este tiempo y el factor que puede llevarte adonde no querías ir, por el simple hecho de suponer que las mayorías no se equivocan y siempre tienen razón.

Jesús demostró durante su ministerio que las multitudes solamente significaban eso; grandes concentraciones humanas, pero no necesariamente grandes movimientos espirituales. Las muchedumbres, entonces, se apiñaban a su alrededor por los mismos motivos que hoy llenan iglesias y estadios: sus necesidades almáticas y corporales.

Cuando Él pensó en obedecer a su Padre para armar ese movimiento, sólo llamó a doce. Y también pudo demostrar que esas grandes muchedumbres que sólo se acercaban a Él por los milagros, sanidades y liberaciones, en el final de esta historia, sólo significaron eso: mucha gente equivocada. Y no está en mí conocer si salva o perdida, pero permíteme, al menos, el beneficio de dudarlo.

Eso es vivir los últimos tiempos, o postreros tiempos, o últimos días. Comprobar como, día a día, Babilonia va quedando cada vez más expuesta y tambaleante. Un día no muy lejano va a caer y es nuestra oración que no arrastre a hermanos genuinos con temor a hombres, y que el remanente santo no se convierta en dueño de la iglesia estructural sino en verdaderos ministros competentes.

(Verso 4)= Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; (5) porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado.

El significado literal de este texto tiene que ver con esclarecer que absolutamente todo lo que Dios ha creado ha sido hecho para nutrir y traer salud a los seres humanos, y es bueno para tal propósito, y ha de ser recibido con acción de gracias.

Está muy lejos, entonces, de ser un mero acto simbólico y rutinario el de orar o meditar en la Palabra de Dios antes de comer, sino en la fe auténtica y creyendo verdaderamente que Dios santificará los alimentos que ingerimos.

Esto también tiene una connotación de tono guerrero, ya que en muchos casos, ciertas empresas dedicadas a la fabricación, elaboración o venta de productos comestibles, con la finalidad de aumentar sus ingresos o asegurar su prosperidad, suelen establecer pactos satánicos, ligando de este modo ese producto a los demonios, cos que seguirá en pie mientras no se reclame la santificación aludida.

Esto no significa, claro está, y tal como lo habrás podido ver mil veces en mil casas de creyentes, que se haga de esa oración de santificación de alimentos, una apología donde se desee orar por todo el planeta y los misioneros de África, Asia y Oceanía. Es una breve oración, concreta y específica.

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Tiempo de Engaños

Cuando el apóstol Juan se dirige a diferentes grupos de la iglesia, no lo hace según su edad cronológica, sino de acuerdo con su nivel de desarrollo espiritual. Su propósito es alentarlos para un mayor progreso y advertirles de las tentaciones que han de venir.

En ese contexto, él alude a lo que, entiende, serán algunas características básicas de los últimos tiempos. Y lo hace con el convencimiento pleno de estar dictando cátedra atinente a un evento o a varios eventos en los cuales los hijos de Dios se verán involucrados.

(1 Juan 2: 18)= Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos, por esto conocemos que es el último tiempo.

Y aquí es donde vamos llegando a una de las conclusiones relativas a este trabajo. La escatología, que es una especie de doctrina de las últimas cosas. Trata tanto del futuro del individuo como de los destinos eternos de la humanidad, así como en general del desarrollo del plan profético de Dios a través de la Historia.

El foco de interés se halla en el establecimiento del Rey en un reino de Dios. Habiendo fracasado el primer Adán como cabeza de la creación en mantenerse él mismo sometido a Dios, Satanás viene a ser el dios de este mundo.

El desarrollo de la historia de la Redención y del futuro y definitivo establecimiento del Reino de Dios por parte del Hijo del hombre, el Segundo Adán, el Dios-hombre, es lo que constituye el centro de toda la escatología.

El primer paso en este establecimiento se da en la batalla de la cruz, en la que Satanás pierde su poder. El segundo paso será cuando el Resucitado, que destruyó mediante la muerte al que tenía el imperio de la muerte, es a saber, el diablo, venga a hacer efectiva su victoria, y a tomar el dominio que ya le pertenece en virtud de la redención consumada por Él.

 La Biblia marca una marcha histórica, que está revelada a través de toda ella, pero muy especialmente en los libros proféticos. El primer anuncio, después de la Caída, acerca de la instauración del reino, se halla en el protoevangelio.

Allí se halla el germen escatológico, que va ampliándose en círculos que abarcan cada vez más y más, a través de la promesa dada a Abraham, de que en su simiente serían benditas todas las naciones de la tierra.

Se suceden diversas promesas, dándose el cetro del reino a la descendencia de Judá. Éste queda después circunscrito a la descendencia de David, con la promesa de un trono eterno, el cual es confirmado con el nuevo pacto, el cual se cumple en Jesús, hijo de David según la carne.

Hay numerosas menciones a este reino por diversos pasajes de las Escrituras. Notable entre ellos es el salmo 2. Pero la estructura básica del desarrollo escatológico se halla en Daniel y Apocalipsis, que proveen el marco cronológico.

Ahora veamos lo que dice un buen diccionario bíblico respecto al anticristo. Yo tengo mi punto de vista lleno de certeza, pero no quiero por ello prohibirte ver otras formas de entenderlo. Este término es usado solamente por Juan en sus dos primeras epístolas, aunque hay mención de él en otros pasajes de las Escrituras bajo otros nombres.

El término significa, a la vez, que se opone a Cristo y que usurpa Su lugar. Es importante distinguir entre un anticristo y el anticristo. Con respecto a lo primero, han surgido muchos anticristos; en cambio, el anticristo viene.

El anticristo final niega al Padre y al Hijo. Pablo menciona el hombre de pecado, que usurpa el lugar de Dios en el templo de Dios, en el futuro escatológico. Éste viene por obra de Satanás, confederado con él, y obrará señales y maravillas mentirosas con todo engaño de iniquidad para los que se pierden.

Los que han rehusado la verdad serán entregados a la mentira de este inicuo. Los judíos apóstatas lo recibirán como su Mesías. Hará que todos adoren la imagen de la Bestia que aparece en Apocalipsis.

Su final será el lago de fuego a la venida del Señor Jesús. En el Antiguo Testamento tenemos más detalles de este enemigo y suplantador de Cristo. Es llamado rey, exaltándose a sí mismo y hablando cosas maravillosas contra el Dios de los dioses.

No hará caso del Dios de sus padres (señalando que será descendiente de Israel, probablemente de la tribu de Dan). Tampoco hará caso del deseo de las mujeres (esto es, del Mesías, de quien toda mujer judía anhelaba ser madre).

Se exalta a sí mismo sobre todos. Es un idólatra, honrando a un dios que sus padres no conocieron. El profeta Zacarías lo describe como un pastor insensato e inútil, que descuidará el rebaño y se apacentará de él en lugar de apacentarlo, en oposición al Señor Jesús, el Buen Pastor.

En distintas épocas se ha identificado muchas veces a personas históricas con el anticristo (por ejemplo, Mahoma). Igualmente muchos reformadores, como Wicleff, Lutero, Melancton, vieron el anticristo en ciertas instituciones eclesiásticas de Roma.

Sin embargo, el tenor de las Escrituras es que el anticristo es el pináculo de la apostasía humana contra Dios expresada en un caudillo personal, que se presentará en relación con Israel al final de la dispensación de la gracia.

Ciertamente que multitud de individuos e instituciones han participado y participan de su carácter moral en tanto que niegan al Padre y al Hijo, y en tanto que usurpan el lugar de Cristo, se oponen a la verdad y engañan a los hombres.

Yo, particularmente, creo firmemente que anticristo es una mentalidad, esto es: todo lo que se opone a Cristo. Y que no soslayo ni omito la posibilidad de un líder visible de esa mentalidad. Sólo que, inevitablemente, deberá salir desde adentro de la iglesia. De otro modo, jamás arrastraría a creyentes tras de sí.

Y en el final de este verso, Juan dice que estas cosas, la visión de esta clase de mentalidad y personeros, nos llevará a conocer que estamos en los últimos tiempos. Entonces sólo nos cabe la pregunta final:

¿Has visto tú, por ejemplo, en los últimos… digamos… seis meses, a personas que coincidan con esto que estamos citando? Y si las has visto, ¿Adonde ha sido; dentro o fuera de la iglesia? Adentro. Incluso, hasta personajes importantes que, por otro costado, afrontan acusaciones de lavado de dinero entre otras corrupciones.

(Verso 19)= Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros:

La unidad es una clave del poder de la iglesia. El enemigo busca destruir su unidad introduciendo confusión en las congregaciones para crear divisiones y pugnas. Cuando los cristianos rehúsan acusarse o rechazarse mutuamente, prefiriendo perdonarse y amarse unos a otros, la unidad reemplaza a las pugnas, y la iglesia recibe el poder del Espíritu.

Hay que consignar, claro está, que esa unidad es posible solamente cuando el elemento que une es espiritual. De ninguna manera podremos considerar como unidad al liderazgo de un hombre política o económicamente fuerte, por sobre otros. Eso tiene otro nombre y es parte de la apostasía y la mentalidad del anticristo.

Nota que, cuando hablo de Apostasía, estoy hablando de lo que se preanuncia con preponderancia y prioridad para los postreros tiempos. Apostasía significa, literalmente, “volverse atrás, recaer”.

Pablo fue acusado de enseñar a los judíos entre los gentiles a que apostataran de Moisés. Pablo enseñaba la libertad de la ley por la muerte de Cristo, y esto, para un judío rabínico estricto, constituiría apostasía, olvidando la promesa del Nuevo Pacto dada por el profeta Jeremías.

Esta misma palabra se usa en Tesalonicenses, donde se enseña que el día del Señor no puede venir hasta que no venga “la apostasía” o abandono del cristianismo en relación con la manifestación del hombre de pecado.

Con respecto a apostasía individual, se trata en pasajes como Hebreos, y en la Epístola de Judas. Hay también advertencias de que este tipo de apostasía se irá generalizando al ir finalizando la presente dispensación.

Una apostasía implica necesariamente una posición de la que se puede caer, una profesión hecha que se abandona de una manera deliberada. No se trata de un cristiano que caiga en algún pecado, sino de un abandono definido del cristianismo por parte de un profesante no convertido, que no ha experimentado la regeneración de la conversión. Las Escrituras no ofrecen ninguna esperanza para tal estado.

Ahora bien; a la vista de todo esto, te sugiero que vuelvas a releer lo que se dice en la profecía de Joel. Por ese derramamiento del Espíritu “sobre toda carne”, la iglesia ha preferido omitir a la Apostasía y quedarse con un supuesto avivamiento para los últimos tiempos.

(Verso 20)= Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.

(21) No os he escrito como si ignoraseis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira procede de la verdad.

Claro está: tú lees en el verso 20, que dice la unción del Santo, y tu entendimiento del texto tendrá mucho que ver el sitio en el cual habitas. ¡Pero hermano! ¿Usted me está queriendo decir que la unción es algo diferente en cada país o región?

No, Absolutamente no digo ni podría decir en modo alguno tamaña barbaridad. Pero sí puedo decirte, y asegurártelo con suficiente experiencia práctica, que en cada nación se ha enseñado respecto a la unción, cosas muy distintas.

En Argentina, por ejemplo, y si me remito a la de la década de los años 90 con mayor razón, unción parecería ser un algo no del todo explicable que una persona recibe cuando pasa al frente en su iglesia u otra, y determinado siervo le impone sus manos.

Nadie va más allá de eso, y si ese acto se complementaba con una dramática caída hacia atrás de esa persona, con mayor seguridad se tomaba como que había recibido grandemente unción de Dios. Todos, en mayor o menor medida, participamos de ello.

No me arrepiento en lo personal porque creo que Dios usó eso para su gloria en muchos casos. Lo que sí no puedo dejar de aclarar es que, en una gran cantidad de casos, todo no pasó de una experiencia sistemática, imposición-caída-unción, pero nada más. Absolutamente nada más. Y como el árbol se sigue conociendo por sus frutos…

Lo cierto es que las explicaciones teóricas o teológicas que algunos diccionarios bíblicos dan respecto a la palabra Unción, recalan en que son varios los términos así traducidos, pero algunos de ellos aparecen sólo una vez, como:

(a) En el Salmo 23:5, unges mi cabeza con aceite, que significa hecho grueso, siendo el aceite usado profusamente. (b) Salmo 92:10, seré ungido con aceite fresco, de “derramar”, “rebosar con” aceite., el yugo se pudrirá a causa de la unción.

(d) Zacarías 4:14, son los dos ungidos que están delante del Señor (literalmente.: “hijos del aceite”. (e) Hebreo. SUK, “ungir el cuerpo después del aseo”, similar al griego ALEIPHO en el Nuevo Testamento, se usa comúnmente de la práctica entre los orientales de ungir el cuerpo, o sus partes, para comodidad, presencia, amistad, medicación u honras funerarias.

Para el aseo ordinario. Su descuido era señal de duelo. Como acto de cortesía; también se ungía a los enfermos y a los cadáveres. Uno de los castigos de Israel iba a ser que los olivos no darían aceite para la unción.

(f) Hebreo MASHACH, griego CHRINO, “extender, ungir” para un cargo. Se ungían los reyes: Saúl, David, Salomón, Joás, Jehú y Hazael son ejemplos de ello. También eran ungidos los profetas. Para la unción de los sacerdotes se empleaba un aceite especial preparado según las instrucciones divinas.

Con este mismo aceite fueron ungidos el tabernáculo y sus utensilios. La ofrenda de flor de harina era amasada con aceite, tipo de la humanidad pura del Señor Jesús y de su sellamiento por el Espíritu Santo.

El leproso sanado era ungido con aceite. Tanto si esta última unción se refiere a personas o a cosas, y tanto si el aceite es el especialmente preparado como si es común, lo que tipifica es invariablemente la santificación y el poder del Espíritu Santo.

No se ordena la unción con aceite para la consagración a ningún cargo a los creyentes en la dispensación cristiana, porque han sido ya ungidos con el Espíritu Santo y ya son sacerdotes para Dios. Juan recuerda incluso a los “hijitos” o bebés en Cristo que tienen una unción del Santo, y que la unción permanece en ellos.

Así, de la misma manera en que en el Antiguo Testamento los reyes, profetas y sacerdotes eran ungidos como consagrados para Dios, así el Cristiano es santificado para Dios por el Espíritu Santo, tanto en cuanto a su posición como con respecto a su servicio.

Un detalle final: no habla sólo de la unción, sino que le añade que es “del Santo”. Acerca de la santidad de Dios, la Biblia declara lo siguiente: La santidad de Dios es Su cualidad absoluta y fundamental. Su pureza absoluta, inmaculada, manifiesta Su gloria deslumbrante y eterna.

La santidad de Dios se manifiesta a la vez en Su justicia y en Su amor. Su justicia lo obliga a castigar al pecador; pero es inseparable de Su amor, que desea salvarlo. No ejecutaré el ardor de mi ira, ni volveré para destruir… Dios soy… el Santo…

Una justicia sin amor no sería santa; no lo es la justicia implacable de un tribunal. Pero un amor sin justicia tampoco es santo; no lo es el amor sin severidad de una madre débil. El arca del pacto ilustra muy bien esto: el propiciatorio, la cubierta de oro en la que se hacía la aspersión de sangre expiatoria, simboliza la gracia y amor de Dios; pero debajo de este propiciatorio se conservaba el rollo de la Ley, que representaba la justicia del Dios que perdona.

Porque el objetivo de Dios al perdonar es el restablecimiento del orden moral. Ésta es la esencia de la santidad, sobre la que velaban simbólicamente los dos querubines de oro. Son numerosos los pasajes bíblicos que asocian estrechamente la justicia y el amor de Dios, estando siempre sobreentendida la noción de la santidad, al menos en el contexto.

Los términos utilizados son, en ocasiones, “fidelidad y bondad”, “ira y misericordia”, “castigo y gracia”. El Decálogo afirma que Dios castiga la iniquidad, pero también que muestra misericordia. El Señor reprocha a los fariseos que descuiden “la justicia y el amor de Dios”.

Pablo afirma que la gracia reina por la justicia, y que “El cumplimiento de la ley es el amor”. La santidad de Dios, de la que depende la nuestra, es así en realidad una combinación de una justicia o pureza absoluta con un infinito amor.

Ello nos lleva a constatar que la suprema manifestación de la santidad de Dios viene a ser la muerte expiatoria de Su Hijo. La cruz del Calvario es la sublime expresión de la unidad manifestada entre Su severa justicia y Su amor redentor. En cuanto a la importancia de la santidad del creyente, es menester recordar que Cristo volverá para ser glorificado en sus santos.

Si yo predicara hoy en tu iglesia y dijera sin miramientos que lo que voy a decir es para los que conocen la verdad y no para los que la ignoran, tú seguramente pensarías que todos los hermanos presentes podrían oírme, ya que de momento que van a la iglesia es porque han conocido la verdad.

Sin embargo, lamentablemente, es mi deber puntualizarte que no, que no siempre es así. Que hay muchos, pero muchos que van a una iglesia, que aún no han conocido la verdad; sólo han conocido a la religión cristiana. Lo mismo, hay muchos que han leído toda su vida la Biblia, pero jamás tocaron la Palabra de Dios.

Cuando se nos dice que conociendo la verdad seremos auténticamente libres, y luego vemos a miles y miles de cristianos esclavizados por el pecado, los vicios, las tradiciones y los ritualismos religiosos, recién podemos entender allí que, conocer la verdad, es conocer a Cristo, tener intimidad con Él y ser unos EN Él.

Juan dice exactamente eso en el verso 21. Pero además le añade que, cuando oigas alguna mentira o tomes contacto con ella, no admitas bajo ningún punto de vista que puede proceder de la Verdad, esto es: de Cristo. La mentira, sea para lo que fuere, inexorablemente siempre vendrá del padre de mentira, esto es: Satanás.

Creí necesario aclarar esto para que, por una parte, si estás habitando lugares donde las religiones oficiales todavía son voces mandantes, dejes ya mismo de creer en blasfemias tales como “mentiras piadosas”, pero también para que, si algún día predicas el evangelio desde un púlpito, no cometas el error de mentir un poquitín en el afán de “convencer” más rápidamente a los incrédulos.

(Verso 22)= ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo.

(23) Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre.

Aquí, Juan dice esto porque, conforme a la historia, un error característico de estos herejes era su rechazo a la encarnación, lo cual daba lugar a un evangelio perneado de misticismo y obstruía la verdadera comprensión del Padre y su relación personal con Jesús.

Será muy bueno que lo tengas en cuenta, especialmente en estos tiempos de confusión, donde en aras de quiméricas e ilusorias posibilidades de una unidad espiritualmente imposible, se levantan  aquí y allá movimientos pretendidamente ecuménicos.

Yo quiero la unidad del pueblo de Dios, no lo dudes. Si así no fuera, sería el primer desobediente expuesto claramente. Pero quiero la unidad del pueblo de Dios, no de imitaciones que, autotitulándose “cristianos”, incurren en algunas contradicciones que, a la luz de esta palabra, los llevan a la categoría de anticristos.

No quiero ser pragmático ni discriminador. Nada más lejos de mi intención es la de evitar que los que ignoran la verdad puedan acceder a ella. Pero si no creen en el Hijo tal como la Biblia lo muestra, o lo postergan por alguna otra figura, o sencillamente no lo confiesan como Señor, están negándolo. Y allí arriba ya dice Juan, no yo, que cosa es el que niega al Hijo y por consecuencia al Padre.

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Tiempo de Cumplimiento

Hay promesas de Dios más que claras en todo el contexto bíblico. Y cada uno de nosotros sabe con certeza que nuestro Dios jamás ha dejado ni dejará de cumplir ni una sola de ellas. Aquí veremos que tampoco es posible que se retrasen en esa materialización.

(2 Pedro 3: 1)= Amados, esta es la segunda carta que os escribo, y en ambas despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento, (2) para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles; (3) sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, (4) y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.

La devoción hacia Jesús suple lo que necesitamos para alcanzar la espiritualidad. Una ferviente devoción nace de la irrenunciable entrega a la Palabra de Dios, que es la única fuente del pensamiento cristiano.

Cualquier otra fuente que se utilice, a corto o mediano plazo, puede contaminar la mente del creyente. Será bueno, entonces, fortalecer tu pensamiento leyendo, releyendo y estudiando profundamente tu Biblia, y comprendiendo que la integridad del pensamiento es un resultado de descansar en la Palabra de Dios.

Luego se nos dice que en los postreros días, (Que, ya sabemos, son los actuales que anteceden a la caída de la Babilonia falsa e imitadora), vendrán burladores. Los comentaristas hablan de estos como de falsos maestros o falsos ministros en general.

Sin embargo, un burlador es alguien que burla o que se burla, pero también tiene una curiosa acepción que, cuando la leas, no podrás evitar recordar cierto pasaje bíblico. Un burlador es un vaso de barro que, por tener ciertos agujeros ocultos, moja y burla a quien se lo lleva a la boca para beber. ¿Qué otra cosa somos tú y yo, sino simples vasos de barro?

La burla, en tanto, es la acción, ademán o palabras con que se procura poner en ridículo a alguien o algo. Como puedes ver, distaría bastante este cúmulo de acepciones de contener elementos que lo relacionen con falsos ministros.

Sí, en cambio, con personas enquistadas en lugares de privilegio de las organizaciones religiosas que, dejándose llevar por sus espíritus engañadores, pretenderán modificar conceptos básicos con la finalidad de introducir el engaño en el pueblo, según sus propias concupiscencias, que es la manifestación de una codicia ilegítima y desordenada.

Ahora bien: ¿No está sucediendo hoy mismo, en este tiempo, algo similar? ¿No hay infinidad de mensajes diseminados desde púlpitos de alto prestigio, que confunden y contagian cierto descreimiento en las promesas de Dios, convirtiéndolas en meras moralejas cada vez más difíciles de creer?

Este es uno de los trabajos más aceitados de las organizaciones babilónicas. No te entregan una palabra ridícula o vacía, sino ciertos elementos que te llevan, inexorablemente, a razonar el evangelio con tu mente carnal y finita, cosa que resulta imposible a todas luces.

(5) Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste, (6) por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua; (7) pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos.

Fíjate que notable. Observémoslo primero desde lo literal y luego lo veremos desde lo espiritual. Dice que la tierra proviene del agua y subsiste por ella. ¿Habla del planeta? No lo sé. Lo que sí sé es lo que los libros dicen que es el agua.

El diccionario sostiene que el agua es una sustancia cuyas moléculas están formadas por la combinación de un átomo de oxígeno y dos de hidrógeno, líquida, inodora, insípida e incolora. Es el componente más abundante de la superficie terrestre y, más o menos puro, forma la lluvia, las fuentes, los ríos y los mares; es parte constituyente de todos los organismos vivos y aparece en compuestos naturales.

Una buena enciclopedia va a añadirle a esto, incluso reiterando conceptos, que a temperatura ambiente es líquida, inodora, insípida e incolora (aunque adquiere una leve tonalidad azul en grandes volúmenes). Se considera fundamental para la existencia de la vida. No se conoce ninguna forma de vida que tenga lugar en su ausencia completa.

Es el único compuesto que puede estar en los tres estados (sólido, líquido y gaseoso) a las temperaturas que se dan en la Tierra. Se halla en forma líquida en los mares, ríos, lagos y océanos; en forma sólida, nieve o hielo, en los casquetes polares, en las cumbres de las montañas y en los lugares de la Tierra donde la temperatura es inferior a cero grados Celsius; y en forma gaseosa se encuentra formando parte de la atmósfera terrestre como vapor de agua.

Y, finalmente, un diccionario bíblico la relaciona con el evangelio y sostiene que el agua es un símbolo de limpieza espiritual, pero nunca puede regenerar por sí sola. Los hebreos la usaban en las abluciones, que eran bastante frecuentes.

La secta de Qumram practicaba estas abluciones varias veces al día, ciñéndose estrictamente a las prescripciones del ritual de la ley de Moisés. Juan el Bautista practicó el bautismo para perdón de pecados, precursor del bautismo cristiano, que es bautismo de creyentes y que sigue a la fe, porque el agua no puede lavar los pecados si no hay arrepentimiento previo.

Ahora bien; desde lo espiritual, de eso que sólo la dirección del Espíritu Santo puede revelarte, está más que claro que lo que realmente se nos dice en este texto es que el hombre, (Eso es tierra) proviene del agua (la vida) y que es de eso de lo único que puede vivir.

El hombre recibe una vida física y material, pero luego enfrenta miles de circunstancias a las que, si no es por la vida interior que posee, jamás podría superarlas. Y, finalmente, concluye su derrotero por esta vida arribando por la fe interior a la otra vida, la eterna.

Y se añade con bastante criterio que, por todas estas razones que encierran dentro de sí un símbolo de la raza más que claro y notable, es que Dios, también como simbolismo contundente, le da un corte a la maldad y la corrupción en los días de Noé, precisamente a partir del agua, cosa que, – asegura -, no volverá a repetir, al menos con estos mismos elementos.

(8) Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día.

(9) El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sin o que todos procedan al arrepentimiento.

La perspectiva divina del paso del tiempo responde a la crítica escéptica de los versos anteriores. La “tardanza” en la venida del Señor, constituye una reacción humana ante el cálculo divino del tiempo. Un día son mil años, mil años un día. ¿Alguien puede entender con su raciocinio intelectual tamaña cosa?

“Señor… – Dijo un achispado hermanito -, si mil años son un día y un día mil años para ti, seguramente un millón de dólares será como un centavo y un centavo como un millón de dólares, ¿No es cierto? ¿Te podría pedir que me des ese millón de dólares?” – Sí, como no, – Dijo Dios -, sólo espérame un día, ¿Quieres?

Lo cierto es que, una explicación adecuada de que aún no se haya consumado el regreso de Cristo reside en el carácter misericordioso de Dios. Aunque la maldad humana reclama acción inmediata, Dios contiene su justa ira y retarda el día del juicio.

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Tiempo de Invocación

Pedro, en una enseñanza lógicamente imposible para un hombre de sus características, y que indudablemente ha sido inspirada en el Espíritu Santo de Dios para bendición de sus lectores y los del tiempo presente, les recomienda una serie de conceptos que ellos tendrán que tener en cuenta.

Les dice que ciñan los lomos del entendimiento, que sean sobrios y que esperen por completo la gracia que sobrevendrá cuando Jesucristo sea manifestado. Y esto no habla de su Segunda Venida, sino de un tiempo donde la persona de Jesucristo será manifestada por la iglesia genuina, que es su cuerpo, por sobre las imitaciones falsas y corruptas.

Y luego les recomienda que no vuelvan atrás, a vivir conforme a los deseos carnales que los dominaban antes de entregar sus vidas a Jesucristo. Y que persigan la santidad por una simple razón: el que los llamó, (Y NOS llamó) es santo, ¿Qué menos nosotros?

(1 Pedro 1: 17)= Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; (18) sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, (19) sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, (20) ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, (21) y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios.

El verso 17 dice que debemos invocar por Padre a aquel que juzga las obras de cada uno. Invocar, te recuerdo, significa rogarle como a Dios y no como a hombre. Esta expresión se repite varias veces en la Biblia.

Éste es también su significado cuando se refiere a Cristo en el Nuevo Testamento, a quien los cristianos, desde el principio, adoran como la manifestación en la carne del Dios previamente revelado en el Antiguo Testamento, y manifestado en la consumación del tiempo para obrar la salvación.

La certeza de que Dios juzgará nuestra obra, es otro incentivo para buscar la santidad. Y el temor al que se alude aquí, tiene el sentido de la reverencia. Es menester, para servir correctamente y como embajador del Reino, vivir en esta tierra como un extranjero. Esto es: respetando las leyes del país donde vives, pero honrando fielmente tu propia constitución nacional.

Y dice que debemos andar con temor santo durante nuestra peregrinación terrenal. Eso nos hace indagar sobre que cosa es un peregrino. En el Nuevo Testamento se hace alusión a la condición de extranjeros y peregrinos que los cristianos tienen en su paso por esta tierra.

La ciudadanía del cristiano está en los cielos, donde está Cristo resucitado, y donde debe tener puestos sus afectos, por cuanto el cristiano ha muerto con Cristo y su vida está escondida con Cristo en Dios.

De esta manera participa del noble carácter de aquellos testigos de Dios que, en el pasado, iban en pos de la ciudad celestial, habiendo salido de la ciudad terrena, morando como extranjeros y peregrinos en la tierra que les había sido prometida.

Durante este peregrinaje el Señor enseña a los Suyos a conocerle a Él y Su actividad en gracia y en gobierno, y también para que se conozcan profundamente a sí mismos. Durante la peregrinación del cristiano, éste tiene asimismo el privilegio de actuar como embajador de Cristo ante un mundo que lo ha rechazado.

Respecto a haber sido rescatados, como se consigna en los versos 18 y 19, vale la pena aclarar que, en el mundo antiguo, los esclavos podían ser rescatados, (Es decir: liberados); pagando por ellos el precio correspondiente. A eso es a lo que se alude aquí.

Y se añade que ese rescate se produce por medio o intermedio de la sangre que Jesús derrama en la cruz del Calvario. Y que allí es donde surge la tarea redentora del Cordero de Dios, destinado para eso desde antes de la fundación del mundo, tanto como planeta como sistema.

A propósito de esta labor, en la carta a los Hebreos 9.26 se puede leer: De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado.

Los sacrificios del Antiguo Testamento eran sólo figuras terrenales de las realidades celestiales, que requerían mejores sacrificios que la sangre de animales. Lo completamente satisfactorio del sacrificio ofrecido por Cristo se comprueba por el hecho de que tuvo que ser ofrecido sólo una vez.

Y dice que todo eso será manifestado en los postreros tiempos por amor. Y aquí es donde una deficiente lectura nos ha llevado a un camino que, si bien no es para dejar de lado por lo probable, no representa lo auténtico, al menos en este pasaje.

Porque si estos días postreros de los que se habla aquí, se tratan de los que rodean a la Segunda Venida de Cristo, eso sucederá por disposición de Dios y no por actuación o acción nuestra. Con lo cual, lo correcto sería que se dijera que eso ocurre por amor A nosotros y no DE nosotros.

Porque Dios puede disponer que Cristo retorne ya mismo por amor A nosotros, para que dejemos de sufrir y no nos perdamos, pero no podemos disponerlo nosotros. Lo que sí podemos decidir nosotros, por causa de NUESTRO amor, es la actitud de manifestarlo plenamente, en poder, mensaje y estilo de vida. De eso se habla, y puede estar sucediendo hoy mismo, postrer tiempo de la socavación y caída de Babilonia.

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Tiempo de Herencia

Cuando se habla de herencias, inevitablemente nos imaginamos a un desconocido tío o antepasado, que vive en otro país, sin familiares cercanos, que un día se muere y nos deja una enorme fortuna a nosotros, que hasta allí, alcanzábamos a comer todos los días por pura casualidad.

Esa suele ser, en mayor o menor medida, nuestra pequeña fantasía humana respecto a lo que significaría una enorme herencia puesta a nuestra disposición cuando ni siquiera soñábamos con algo así. ¿Qué se supone si, realmente, ocurriera eso, deberías hacer de inmediato? Hacer efectiva esa herencia. Eso sería lo lógico y adecuado.

Sin embargo, no estoy muy seguro que ese sería el paso que daríamos la mayoría. Porque si así lo hiciéramos, estaríamos demostrando una madurez y una sobriedad que, en vista de lo que aún no hemos hecho con la herencia que hemos recibido del Señor, estamos muy lejos de poseer. Lo más probable, es que disponiendo de millones de dólares o euros para gastar, seguiríamos viviendo casi de la caridad ajena. ¿Cómo se le puede llamar a esto?

(1 Pedro 1: 3)= Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, (4) para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, (5) que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.

La doctrina clásica y muy evangélica tradicional del nuevo nacimiento, como tal, se encuentra aquí con un pequeño obstáculo: dice que se produce, (Ese “re-nacimiento”) por misericordia directa de Dios y no por causa de algún respeto determinado de esa doctrina.

La enseñanza acostumbrada, entonces, que nos dice que si aceptamos a Cristo como Salvador personal y lo hacemos Señor de nuestras vidas, somos inmediatamente nacidos de nuevo, no es tan así. Somos, efectivamente, nacidos de nuevo, pero no por ese paso nuestro, sino por misericordia de Él.

Tomando eso como aprendido, pasamos al punto siguiente. ¿Para que cosa dice que somos renacidos por su misericordia? Para una esperanza viva.  La palabra “esperanza” tiene una serie bastante amplia de acepciones, pero resulta interesante ver, al menos, algunas de ellas.

Esperanza es el estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos. En la doctrina cristiana, (En realidad católico-romana), una virtud teologal por la que se espera que Dios dé los bienes que ha prometido.

Bien; ¿Y que significa una esperanza viva? Eso, que es algo que está vivo, no algo que puede ser que suceda o que quizá ya no exista. Una esperanza viva es algo que esperamos día a día con la certeza que vendrá y no como algo teórico que puede o no puede ser.

¿Y en que cosa está fundada esa esperanza viva? En una herencia. ¿Una herencia? Sí, una herencia divina y, como tal, tres adjetivos claros y concretos a saber:

1 – Incorruptible. Es algo no corruptible, que no se puede o que resulta muy difícil pervertir. La palabra que da origen a esta, es Corrupción, y es el vicio o el abuso introducido en las cosas no materiales. En las organizaciones, especialmente en las públicas, es la práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores. Una congregación religiosa es, indudablemente, una organización.

2 – Incontaminada. Es algo no contaminado. Contaminar es alterar nocivamente la pureza o las condiciones normales de una cosa o un medio por agentes químicos o físicos. Pervertir, corromper la fe o las costumbres. Profanar o quebrantar la ley de Dios.

3 – Inmarcesible. Esta palabrita que tantas veces hemos leído en distintos textos bíblicos y nunca o casi nunca hemos investigado, denota algo que no se puede marchitar. Y esto, en tanto, es ajar, deslucir, quitar el jugo y la frescura a las hierbas, flores y otras cosas, haciéndoles perder su vigor y lozanía. Enflaquecer, quitar el vigor, debilitar, quitar la robustez, la hermosura.

Ahora ya sabes cual es la clase y calidad de herencia que, conforme a lo que leemos aquí, está reservada para nosotros en los cielos. ¿Y Adonde están esos cielos? Geográficamente, ni yo ni nadie podrá decírtelo, pero espiritualmente, parecería estar muy claro: es un ámbito donde el espíritu habita con Dios mismo.

¿Y mientras tanto eso llega? Simple: somos guardados por el poder de Dios mediante la fe. Y la palabra GUARDADOS, aquí, es la palabra griega PHROUREO, y es un término extraído del vocabulario militar que describe a un centinela de guardia.

Estamos en medio de un combate espiritual, de eso ya no pueden quedarle dudas a nadie, ni siquiera a los más conservadores u ortodoxos. Pero el poder y la paz de Dios hacen las veces de nuestros centinelas y protectores.

Ahora bien; volvamos a tras: ¿Cómo dice que funciona eso? Mediante la fe. Lo remarqué porque no es un dato menor. ¿Eso significa que sin fe es imposible ser guardados por Dios? No me gusta inventar lo que no está escrito, pero no me queda otra opción. Es tan clara, esta…

¿Y para que cosa dice que somos guardados? Para alcanzar la salvación. Pero ¿Cómo? ¿Es que la salvación se alcanza? ¿No era por gracia de Dios y sin mérito nuestro? Así es. Y sigue siéndolo, pero con una condición básica: nuestra fe. Porque sin fe es imposible acceder a cualquier cosa de estas.

Y ten cuidado; no me estoy apartando ni una tilde ni una coma de lo escrito. Sólo lo estoy leyendo y dándotelo tal cual estuvo y está desde hace miles de años allí y no como cierta iglesia lo modificó para hacerlo un poco más…posible sin tanto esfuerzo moral.

¿No has leído que la Biblia dice en más de un texto, que el justo por la fe vivirá? ¿Ya has entendido que no está hablando de vida terrenal y cotidiana, sino futura y eterna, ¿No es así? Entonces, esto tiene total y absoluta coherencia. Dios te guarda para salvación mediante tu fe. Porque sin fe es… ¿Qué cosa? Exacto: imposible agradar a Dios. Y lo que a Dios no le agrada…

Y dice que esa salvación será en el tiempo postrero. Y los comentarios que van al pie de la mayoría de nuestras Biblias, consignan algo muy oportuno: dicen que la salvación en el Nuevo Testamento, es pasado, presente y futuro.

Pero luego, llevándose por lo clásico aprendido, nos asegura que aquí se está hablando d nuestra gloriosa salvación final cuando tenga lugar la Segunda Venida de Cristo. Que muy bien  puede ser así, efectivamente, pero que eso no impide contabilizar la salvación complicada que se produce en los tiempos de la caída de las babilonias, donde la confusión y el engaño sacarán del camino, – como dice la Palabra – aún a los escogidos si fuera posible.

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Tiempo de Opresiones

El dinero, los bienes materiales en su conjunto y todo lo que ello puede reportarnos, adentro y afuera de la iglesia, es un tema que tiene que ver necesariamente con las imágenes de los últimos tiempos. De eso se habla en este pasaje que ahora escudriñamos en conjunto.

(Santiago 5: 1)= ¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán.

Tanto la pobreza como la prosperidad son ejemplos concretos de situaciones que ponen a prueba nuestra fe. Cualquiera de ellas puede terminar en desastre. El cristiano que es materialmente pobre, puede regocijarse en su elevada posición espiritual, aunque quizá no deje de ser pobre por ello.

El que es rico, mientras tanto, puede regocijarse en nuevos valores, comprendiendo la naturaleza temporal de los bienes terrenales, en oposición a los eternos beneficios de las posesiones espirituales. Sin embargo, dice que si sólo eres rico en bienes materiales, pronto habrás de marchitarte.

Este primer verso, dice que los ricos de hoy en cosas materiales, deberían ya mismo ponerse a llorar por sus carencias y vacíos espirituales, ya que las miserias (No necesariamente económicas), le sobrevendrán.

(2) Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla.

La polilla es una mariposa nocturna, sumamente destructora, se alimenta de lana, granos, pieles. La larva se envuelve en un forro de lana, de donde emerge la cabeza para roer. En la Biblia se hace mención de la polilla de los tejidos; existen diversas especies de ella.

En el símbolo profético, la polilla tiene un rol ejecutor del juicio divino. Fíjate que aquí no basta para ese juicio que las riquezas del poderoso estén corruptas, sino que incluso, aparece una polilla presta para destruir lo poco que le quede.

(3) Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros.

Moho es el nombre genérico de varias especies de hongos de tamaño muy pequeño que viven en los medios orgánicos ricos en materias nutritivas, provistos de un micelio filamentoso y ramificado del cual sale un vástago que termina en un esporangio esférico, a manera de cabezuela.

También se denomina así a la capa que se forma en la superficie de un cuerpo metálico por alteración química de su materia; por ejemplo, la herrumbre o el cardenillo. Creo que es a esto que se refiere específicamente el texto.

De todos modos, lo que está dando a entender con la utilización del símbolo del moho, es que las riquezas materiales, a veces obtenidas en forma dudosa, tienden muy pronto a corromperse de una u otra manera.

(4) He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros; y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos.

El Señor de los ejércitos es el comandante de los ejércitos celestiales. De alguna manera, esa es la traducción clara y amplia del nombre Jehová, una de las formas de llamar a Dios. Jehová de los ejércitos nace con las batallas de Israel y se prolonga con las de la iglesia de Jesucristo.

(5) Habéis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos; habéis engordado vuestros corazones como en día de matanza.

Una persona disoluta, es alguien con una vida licenciosa y entregada a los vicios. Los ricos opresores son como un animal engordado que no está consciente de que el día de matanza se acerca y vive confiado en que sus posesiones habrán de respaldarlo.

(6) Habéis condenado y dado muerte al justo, y él no os hace resistencia.

Asimismo, el rico injusto, generalmente también controla los tribunales, utilizando el soborno y otras formas de injusticia para oprimir a los justos. Muy pocas veces su explotación al pobre cuenta con alguna sanción legal.

Un testimonio escritural consistente es que el dinero, aunque es necesario, también puede ser peligroso. ¡Las cosas que pensamos poseemos, puede que nos posean a nosotros! Dios nos llama a poner los bienes materiales en una correcta perspectiva y usarlos sabiamente bajo su dirección.

Evita adquisiciones innecesarias. Las riquezas y posesiones innecesarias, pueden traer inconvenientes a tu vida. Afirma la importancia de la sencillez. La sencillez y la pobreza no son la misma cosa. Sencillez es manejar con responsabilidad lo que Dios te da.

Entonces, ¿Llegaremos a la conclusión que es malo ser rico? No. En absoluto. Si así lo enseñáramos, no estaríamos haciendo otra cosa que darle curso a la antigua “teología de la pobreza” que el catolicismo romano eligió como premisa de su trabajo.

Las riquezas o los bienes materiales, de ninguna manera ofenden a un Dios que, según dice la Biblia, es el dueño de todo el oro y la plata del mundo. Lo que sí ofenderá a Dios es el uso indebido que el hombre pueda darle a esas riquezas, o las trampas que pueda llegar a cometer para adquirirlas.

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Tiempo de Revelación

Ahora, por imperio cronológico de la ubicación de la expresión que estamos estudiando, debemos recurrir a una escritura antigua del Nuevo Testamento, pero que alude a un tiempo de revelaciones para estos tiempos que ahora vivimos, si es que creemos que son realmente los postreros.

(Hebreos 1: 1)= Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, (2) en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; (3) el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, (4) hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos.

Dios ha hablado a los profetas y por intermedio de ellos, a nuestros padres. ¿Y como lo hizo? Dice que de muchas maneras. En el Antiguo Testamento están relatadas una gran mayoría de esas maneras: sueños, visiones, ángeles, una zarza en llamas y directamente por medio de la palabra.

Eso está claro. Siempre lo estuvo. Pero cuando dice que en estos postreros días lo ha hecho por medio de su Hijo, nosotros directamente relacionamos eso con el ministerio terrenal de Jesús, y omitimos pensar que en modo alguno a esos se los podía considerar postreros días, a menos que se entrara en la suposición de que eso se refería a días anteriores a la escritura de esta carta.

Sin embargo, la palabra original griega que da origen a esta expresión de “últimos días”, no es diferente a las anteriores aquí estudiadas dentro del marco del Nuevo Testamento, por lo que no necesitamos esfuerzo de entendimiento para saber que estamos hablando de los mismos últimos días que se habla antes, incluso como postreros tiempos, y que tiene que ver con este tiempo donde las babilonias falsas han comenzado a derrumbarse.

¡Pero no, hermano! ¡Dice que ha hablado por medio del Hijo! Basta. Nosotros somos el cuerpo ejecutivo del Hijo en la tierra. ¿Nosotros? Sí, nosotros La Iglesia. ¿Cuál de ellas? ¡Hay tantas! Perdón: no dije credos, no dije religiones, no dije denominaciones, no dije grupos: dije iglesia. E iglesia hay una sola, aunque el mundo hoy por hoy vea miles.

Yo soy iglesia porque soy genuino. Cuando abro mi boca, lo hago en el nombre de mi Señor y sin ninguna participación de mi intelecto en búsqueda de prestigio, fama, poder, dinero, éxito u otra faceta similar. ¿Tú estás igual, sientes lo mismo? Tú eres iglesia. Tú eres el Hijo hablando en este tiempo la misma cosa que el Padre habló a nuestros padres.

Muy pocos o ninguno entiende a esto de este modo. Es más, podría decirte que este texto que acabas de leer, siempre se ha puesto sobre un púlpito con la idea de hablar de las tremendas siete excelencias de Cristo que aquí se entregan para conocimiento y gloria de Él.

1 – A Él lo constituyó heredero de todo. ¿Qué es “de todo”? Eso: de todo lo que hay y ves.

2 – Por Él hizo el universo. No el planeta Tierra, ¡¡El universo!! ¿Adonde quedan tus OVNIS?

3 – Él es el resplandor de Su gloria. Cristo es la gloria de Dios. A ti no te pertenece eso.

4 – Él es la imagen misma de su sustancia. Cristo es la imagen de un Dios a quien nadie ha visto jamás.

5 – Él sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, que no es lo mismo que el poder de su palabra, que es otra cosa y sirve para otra cosa.

6 – Purificó nuestros pecados y se sentó a la diestra de la Majestad de las alturas. Trabajo único y exclusivo y sitial único y exclusivo. Único.

7 – Hecho tanto superior a los ángeles. ¡Un momento! ¡Le encontré una contradicción a la Biblia! ¿No dice en los salmos y aquí mismo en Hebreos, que Jesús fue hecho un poco menor que los ángeles? Como puede aquí decir lo contrario?

Es que a esos textos le falta algo que sí está en los originales. Allí dice que fue hecho un poco menor que los ángeles, por un poco de tiempo. ¿Por un poco de tiempo? Sí por el poco de tiempo en que estuvo oficial y humanamente muerto. Allí era como hombre y como hombre, menor que los ángeles. Pero en el resto de su vida anterior y posterior a la cruz, no.

Todo lo cual concluye con una apreciación y estimación sumamente clara: hay una iglesia real, genuina y sin corrupciones humanas o espirituales, que está hablando la auténtica Palabra de Dios en este tiempo, que es parte de los postreros tiempos.

¿Cuál es su intención? La misma que tenían aquellos profetas, llevar al hombre a Dios y proyectarlo así a la eternidad como salvo. ¿Pero no es que están las iglesias clásicas y tradicionales para ello? Mucho me temo que Babilonia no tiene intención de salvar a nadie, sino salvarse a sí misma si es que puede con dinero, política o promiscuidad.

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Tiempo de Peligros

De alguna manera, este trabajo tiene el epicentro básico de su razón de ser, precisamente en el texto que vamos a examinar ahora. Porque en todo lo demás, está dirigido en forma global a un tiempo indefinido, pero en este es muy concreto y apunta a algo específico, que de inicio no parecería concordar con lo que hemos visto, pero que en el final se podrá ver que sí, absolutamente.

(2 Timoteo 3: 1)= También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos.

¿Qué está queriendo decir Pablo a su discípulo, Timoteo, cuando expresa que vendrán tiempos peligrosos? Si tenemos en cuenta la palabra que usa él para expresar esto, (CHALEPOS), está hablando de tiempos ásperos, salvajes, difíciles, dolorosos, fieros, dañinos, duros de tratar.

La palabra, que una gran mayoría remite al día final pero que ya hemos visto está emparentada con la caída de la iglesia falsa y babilónica de nuestros tiempos, describe a una sociedad desprovista de virtud pero que abunda en vicios, tal cual lo que podemos observar con sólo salir a las calles. Y ahora fíjate en el siguiente detalle:

(2) Porque habrá (En los postreros días, en estos del principio de la caída de Babilonia), hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, (3) sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, (4) traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, (5) que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a estos evita.

Amadores de Sí Mismos: Personas altamente egocéntricas, lo que también equivale a egoístas, que sólo tienen en cuenta su propia conveniencia, prestigio o beneficio, sin pensar ni un momento en la necesidad del prójimo y no vacilando en defraudarlo si con ello ganan algo. Piensa.

Avaros: La avaricia es el amor desordenado de las riquezas. No hay en hebreo bíblico una palabra específica para expresar esta pasión, pero en muchos pasajes se la designa con la palabra, BESA, que significa “latrocinio” o “rapiña”, como también “ganancia ilícita”. En el griego del Nuevo Testamento se denomina con las expresiones “amigo del dinero”, “codicioso” o “ávido de ganancias sórdidas”.

La avaricia es un vicio que daña al hombre y le impide usar de los bienes que posee, lo hace insensato y duro para con sus semejantes, tal como ocurre con los amadores de sí mismos anteriores a esto, lo hace esclavo del dinero, lo hace caer en la idolatría, apartándole del cumplimiento de sus deberes para con Dios y para con el prójimo.

El avaro vive atormentado por el deseo de aumentar sus riquezas y se apodera injustamente de lo ajeno, dejándose corromper en la administración pública; (Una congregación pasa a ser una administración pública), y ofrece mala paga a los subalternos y jornaleros. Idolatría. Sigue pensando.

Vanagloriosos: La vanagloria es, según el diccionario español, la jactancia del propio valer u obrar. Es una mezcla de la vanidad y la gloria. Los términos vanidad y vano se hallan frecuentemente en la Biblia para dar la idea de aquello que es vacío, pasajero, sin valor.

Dentro de ello caen la idolatría y la maldad, como cosas que no solamente son malas, sino además vanas y vacías. También denotan falsedad. La misma creación, por la caída del hombre, está sujeta a vanidad, de la que sólo será librada en la manifestación de Cristo.

El hombre sin Dios está encadenado en una vanidad de vaciedad y frustración, de culpa y muerte, de la que sólo puede ser librado volviéndose de todo ello al Señor Jesús, que puede salvarlo e introducirlo en una vida abundante. El hombre sin Dios. Ahora reflexiona: ¿No has visto vanidad dentro de la iglesia?

Soberbios: La soberbia es un deseo y pretensión de superioridad sobre los demás, junto con un rechazo de sometimiento a Dios; pretensión de autosuficiencia y auto exaltación. Es un estado opuesto al de la humildad.

El soberbio no reconoce su dependencia como criatura de su Creador, ni la mutua dependencia con sus semejantes. Fue el pecado de Satanás. Fue el móvil que llevó al pecado de desobediencia en Edén. Es el móvil en el hombre caído, llevándolo a una constante lucha de emulación para alcanzar la superioridad y dominio sobre sus semejantes.

El cristiano no deja de ser susceptible a este pecado y es exhortado contra tan perverso estado de mente. La soberbia es el ideal del hombre pagano, que marcha en busca del superhombre, idealizando la fuerza, la agresividad y la mutua competencia, desdeñando la compasión y la ayuda a los débiles como contraproducente para lo que considera como el avance hacia su “hombre nuevo”. Es el pecado de Satanás. Sigue reflexionando: ¿No hay soberbios en tu congregación?

Blasfemos: La blasfemia tiene en la Sagrada Escritura un sentido más amplio que en el lenguaje común. Incluía la calumnia, y abarca cualquier palabra o acto ofensivo a la majestad divina, como profanar lugares santos, alterar los ritos, violar conscientemente la ley, tomar el nombre de Dios en vano, etc.

Para evitar todo lo más posible esto último, llegó a omitirse la pronunciación misma del nombre sagrado de Jehová sustituyéndolo con “Adonai” (“Señor”). En el Nuevo Testamento, blasfemia significa la usurpación por el hombre de las prerrogativas divinas.

Los enemigos de Jesús lo acusaron de blasfemia, porque no reconocían su deidad. Los evangelistas consideran blasfemia toda injuria a Cristo. La blasfemia más grave, que no admite perdón, es la que va contra el Espíritu Santo.

Esta blasfemia particular en contra del Espíritu Santo fue atribuir la acción del Señor de echar fuera demonios a poder satánico, frente a la evidencia innegable de Su poder divino. Este pecado no iba a ser perdonado ni en este siglo, ni en el venidero.

El contexto da evidencia de que “el pecado imperdonable” se refiere a esta forma particular de blasfemia. Los judíos expresaban violentamente su indignación ante la blasfemia. La blasfemia era castigada con la muerte. Tomar el nombre de Dios en vano, usurpar el lugar de Dios, negar el poder del Espíritu Santo atribuyéndolo a demonios. Blasfemia. Medita en esto, y en lo que has visto a tu alrededor.

Desobedientes a los padres: Si eres desobediente a tus propios padres que no quieren otra cosa que no sea tu bien, que menos serás para con Dios. Por eso, para entender que significa ser desobediente, primero deberemos enterarnos que cosa es la obediencia según Dios.

La obediencia a Dios es uno de los deberes supremos de los hombres, porque Él es el Hacedor, y los hombres dependen de su bondad y están sujetos a Su ley. La obediencia a Dios-Cristo es debida también porque Él nos ha redimido con Su sangre.

La obediencia a Dios debe hacerse de corazón, en todas las cosas y en todo lugar. La obediencia también se debe a los padres, y en este sentido se llama obediencia filial. Los cristianos prestan obediencia a los mandatarios y a las leyes por causa de la conciencia. Desobediencia al Padre celestial. Sigue meditando.

Ingratos: La ingratitud es la actitud de desagradecimiento, olvido o desprecio de los beneficios recibidos. En un creyente, ser ingrato sería, por ejemplo, no dar gracias a Dios por nuestra redención, por la sangre de Jesucristo derramada en nuestro favor y por nuestra vida misma.

Eso, indudablemente, conlleva una mezcla de otras cosas que ya han sido examinadas aquí, tales como la soberbia y la vanagloria, una manera de decirle al mundo que, si bien estás en un trabajo donde estás obligado a hablar sobre Dios, tú estás convencido que en el fondo, no le necesitas para ser un ministro de prestigio. Eso es ingratitud ministerial. Piensa en esto, por favor, con nombres propios que seguramente habrás recordado de inmediato.

Impíos: La impiedad, en contra de lo que muchos suponen relacionándola con la compasión o la lástima, es simplemente lo opuesto a la piedad, que es la reverencia debida a Dios. Piedad es espiritualidad, impiedad la falta de ella.

Es una actitud rebelde, que se opone a la sujeción y al conocimiento de Dios de una manera consciente, en contra de lo que se le debe como Creador, Sustentador y Salvador. La impiedad surge de la soberbia (Otra vez nuestra “amiga”).

 Los impíos manifiestan: su deshonestidad; su crueldad; su falsedad; son opresores; perseguidores de los piadosos; pertinaces; sin embargo, su final es tenebroso, sin esperanza; su retribución será la ira consumidora de Dios.

Sin embargo, es por los impíos que Jesús vino a morir; en base a su sacrificio, Dios está dispuesto a justificar al impío que cree en Jesús; ya en el Antiguo Testamento hay llamamientos al arrepentimiento de los impíos; el Señor declara que no desea la muerte de los impíos, sino su conversión, aunque tendrá que juzgar a los que no han querido volverse a Él.

Los creyentes son exhortados a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y a vivir de corazón para Aquel que los ha redimido y dado la esperanza bienaventurada de que serán tomados por Él al hogar paterno. No reverentes a Dios, no espirituales sino mundanos. Sigue pensando, quizás recuerdes a alguien por quien orar pidiendo misericordia. Y no del mundo, precisamente…

Sin afecto natural: El afecto es una catalogación que s ele ha dado a cada una de las pasiones del ánimo, tales como la ira, el amor, el odio, etc., y especialmente el amor o el cariño. Este texto, naturalmente, se refiere a esta última condición.

La gente de la cual se está hablando en este pasaje, y que es la que abundará en los postreros tiempos, (En los cuales ya estamos ingresando), no tendrá absolutamente ninguna clase de reserva afectiva, por lo que no vacilará en agredir o perjudicar a quien sea, si eso la beneficia. Reflexiona.

Implacables: Te confieso que he oído miles de veces este calificativo y nunca me he detenido, como hoy, como ahora, a examinar su real significación. Quizás tú si lo hayas hecho y ya tengas en claro que cosa es alguien implacable.

Según la descripción siempre demasiado escueta de un diccionario secular, alguien implacable es alguien que no se puede aplacar. Claro está que, con esto en nuestras manos, ahora deberemos ir a ver que cosa es aplacar.

Y nos encontramos con que, alguien implacable es alguien a quien no podemos, por ningún método o forma, amansar, suavizar, mitigar; alguien que, como se dice aquí en Argentina cuando la ira, el enojo o alguna consecuencia de la acción de ciertos narcóticos, “está sacado”, que es como decir “fuera de sí”.

¿Qué es lo primero que como cristiano podríamos detectar en alguien que se comporta así, por ejemplo, dentro de un templo o, lo peor, al frente de alguno en calidad de pastor? Que no tiene dominio propio. ¿Y eso que significa? Que no está lleno (Si es que lo posee) del Espíritu Santo, tal como se nos manda vivir. Sigue reflexionando una vez más, por favor.

Calumniadores: La calumnia, o falso testimonio, es condenada vivamente por la Ley. Los culpables de este delito debían sufrir la pena que habían intentado hacer recaer sobre la persona calumniada.

Si se refería a difamación contra el carácter de alguien, debía darse una compensación pública. El Talmud sentencia: “El calumniador destruye la reputación de sus víctimas y se verá obligado a expatriarse.”

Los profetas atacan la calumnia, así como otros libros. El cristiano es exhortado, sin embargo, a orar y a perdonar a sus perseguidores y calumniadores. Eso es lo que, personalmente, estoy haciendo en este tiempo con no pocos líderes y pastores que hasta no hace mucho tiempo me recibían con obsecuencia en sus congregaciones y se peleaban por estar en mis programas de radio.

Y puedo decir que ellos están en la calumnia, la murmuración y la crítica bajo condena, porque la realizan con mi nombre y apellido, individualizada en mi. Mientras que yo, ministerialmente, jamás mencioné a nadie por su nombre, ya que lo mío es una imitación de lo de Jesús: confrontación con el sistema religioso imperante, al que yo llamo Babilonia porque estoy convencido que lo es. Será bueno que examines en qué sitio de esta historia estás tú.

Intemperantes: Se les llama así a los que demuestran, con sus actos, tener falta de templanza. Templanza, mientras tanto, es sinónimo de Moderación, sobriedad y continencia. También es una de las cuatro virtudes cardinales, que consiste en moderar los apetitos y el uso excesivo de los sentidos, sujetándolos a la razón.

Al igual que dijimos respecto al dominio propio, aquí también estamos hablando de supuestos cristianos que adolecen de uno de los frutos del Espíritu Santo, la templanza. Que si se tratara de simples oidores de la Palabra, podría entenderse, pero aquí hablamos de comandos, de conducciones, de liderazgos. Examínate.

Crueles: La crueldad, tal como se la entiende mayoritariamente, es un acto de inhumanidad, fiereza de ánimo, impiedad. Una acción cruel e inhumana. Ser cruel, mientras tanto, es la actitud de alguien que se deleita en hacer sufrir o se complace en los padecimientos ajenos. Alguien sangriento, duro, violento.

Ahora bien: me pregunto y te pregunto: ¿Podemos suponer que adentro de lo que llamamos la iglesia, encontraremos gente de estas características? Dilo un domingo desde tu banco y, en forma inmediata y a coro, el pastor y una multitud de hermanos querrán lincharte por irreverente o irrespetuoso. Sin embargo, Pablo le dice a Timoteo que habrá hombres así. Y no se refiere al mundo incrédulo, por supuesto. Vuelve a pensar una vez más.

Aborrecedores de lo bueno: Hay que comenzar por saber que cosa es aborrecer. El verbo castellano está cargado de tonos emotivos y significa, algunas veces, abominar; otras, abandonar o dejar y, finalmente, aburrirse de una persona o situación.

En el aborrecer bíblico también entran estos diversos matices, y además, a veces, está preñado de ira, odio o mala voluntad hacia una situación o hacia una persona. Aborrecer al prójimo o al hermano es pecado a los ojos de Dios.

Quien aborrecía a su mujer y la abandonaba sin justo motivo era castigado y debía recibirla de nuevo. Pero la ley afirma que cuando existen causas legítimas para abandonarla, entonces el marido no tiene la obligación de juntarse a ella de nuevo.

Cuando los sentimientos que unen a dos personas están basados meramente en la carne, el aborrecimiento puede ser un peligro muy posible. En la Biblia, “aborrecimiento” puede designar, a veces, un grado inferior de amor.

Ahora entiende: estamos hablando de personas que aborrecen, conforme a lo que aquí has aprendido, lo bueno. Entonces, tendremos que recurrir a un diccionario para saber que se considera como bueno, y como puede ser aborrecido.

Bueno es: Algo o alguien que tiene bondad en su género. Algo o alguien útil y a propósito para algo. Algo gustoso, apetecible, agradable, divertido. Hay más, pero son derivaciones que se apartan de lo que estamos buscando.

Entonces, tenemos que un aborrecedor de lo bueno, dentro del marco eclesiástico, sería alguien que deja de lado a los mejores para optar por sus amigos aunque sean inferiores, alguien que se aprovecha de personas sin maldad e inocentes. ¿Habrás visto alguno parecido? Recuerda.

Traidores: Estas son personas que cometen una o más de una traición. ¿Y que es una traición? Hay decenas de maneras de calificarla, pero no me gustaría apartarme de lo que es gramaticalmente correcto.

La traición, linealmente, es una falta que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener. En términos de Derecho Jurídico, es un delito cometido por civiles o militares, que atenta contra la seguridad de la patria.

El término global de alta traición especifica la cometida contra la soberanía o contra el honor, la seguridad y la independencia del Estado.  Mientras que la calificación de “a traición” determina algo que ha sido hecho alevosamente, faltando a la lealtad o confianza. No hay nada más, pero creo que alcanza.

Alcanza, entre otras cosas, para vislumbrar que, cuando Pablo le dice todas estas cosas a Timoteo, no las menciona al aire o por casualidad, sino basándose en experiencias propias o del resto de la iglesia del Señor. Así que, mi amado hermano, cuídate; hay traidores en los postreros tiempos, es decir: en estos tiempos.

Impetuosos: la calificación de este adjetivo es escueta pero clara. Dice que se trata de personas que se mueven de modo violento y rápido También es un calificativo para alguien que demuestra ser fogoso, vivo, vehemente.

¿Y que tiene de malo una persona así? Algo que el diccionario no lo dice pero que queda implícito conforme a como hemos sido creados. Una persona de estas características, generalmente actúa antes de pensar en lo que va a hacer.

Imagínate que si se tratara de alguien que vive solo y obra de ese modo, no habría más perjudicados que él mismo por ello, pero cuando se trata de gente cristiana, ya incorpora a otros inocentes a su impetuosidad. Y ni te cuento si se trata de un líder o un pastor. ¿Has visto alguno en este tiempo? Ya han salido a la luz, porque este es su tiempo de aparición.

Infatuados: Tampoco hay demasiado sobre esto, con decirte que es una palabra que ni siquiera figura en un diccionario de la lengua española. Sin embargo, sí existe la que da origen a ella, que es Fatuidad, o calidad de fatuo.

Concretamente, lo que aquí se dice de la persona de estas características, es que es falta de razón o de entendimiento. También se califica así a un dicho o hecho necio. Es alguien con alta dosis de presunción, vanidad infundada y ridícula.

Me ha tocado ver, sobre las plataformas de importantes congregaciones, e incluso hasta en sus propios púlpitos, a personas con actitudes o vestimentas que, realmente, me hicieron recordar a la exposición egocéntrica del pavo real con su cola multicolor desplegada para impresionar a su hembra.

Son hermanitos quizás muy fieles y sinceros, pero llenos de una enorme necesidad de ser vistos, de ser aprobados, de ser reconocidos y, obviamente, también de ser aplaudidos. Y si reciben eso, pueden llegar a comportamientos lindantes con el ridículo. Y todo en el nombre de Dios…

Amadores de los deleites más que de Dios: Esto significa que se trata de gente que ama más un deleite que a Dios. ¿Y que cosa es un deleite? Una de las definiciones, es: Placer del ánimo. Si tenemos en cuenta que “ánimo” es, entre otras cosas: valor, esfuerzo, energía, intención, voluntad, atención o pensamiento, te queda claro una parte de ese amor.

La otra definición de deleite, es placer sensual. Algo sensual, es algo perteneciente o relativo a las sensaciones de los sentidos. También se dice de los gustos y deleites de los sentidos, de las cosas que los incitan o satisfacen y de las personas aficionadas a ellos. Perteneciente o relativo al deseo sexual.

Parece hasta algo atrevido u osado, ¿Verdad? Sin embargo, aunque no puedas creerlo o al menos entenderlo, el setenta y cinco por ciento del pecado que hay en la iglesia, es pecado sexual o sensual. Y de ese setenta y cinco por ciento elevado al cien, el ochenta por ciento es en el ámbito pastoral. ¿El resto? Mayoritariamente defraudaciones de dinero o estafas.

Apariencia de piedad: Esto no necesita demasiada interpretación gramatical. Se trata de personas que muy probablemente conoces porque existen en todas, indefectiblemente en todas las congregaciones.

Son aquellos que tú los ves y siempre están en alguna actitud de adoración, alabanza, oración, meditación o éxtasis. Eso es, a grandes rasgos, una apariencia de espiritualidad (piedad). Sin embargo, a la hora de interpretar la Palabra, por ejemplo, descreen de las revelaciones y prefieren lo conocido y establecido por las reglas denominacionales. Parecen muy espirituales, pero no terminan de creer en la vigencia del Espíritu Santo.

¿Y como es que termina nuestro texto? ¿Acaso se nos dice que a cualquiera de estas personas tenemos que comprenderlas, justificarlas y tener la suficiente misericordia como para que ellos sigan viviendo como lo están haciendo?

¿Tal vez se nos sugiere que hagamos cadenas de oración para que ellos puedan cambiar? ¿Se nos aconseja que los hablemos y procuremos hacerles comprender sus errores? No. Nada de eso. Absolutamente nada de eso. Simplemente se nos dice: A estos, evita.

¿Tú entiendes lo que quiere decir que los evitemos, no es así? ¡Pero hermano! ¿No es el momento de poder manifestar el amor de Dios, la misericordia, el perdón y la restauración reconciliatoria con estos hermanos equivocados? Parecería ser que sí, ¿Verdad? Sin embargo, Pablo, apóstol de Jesucristo, le dice a Timoteo que no haga nada de esto y que sencillamente trate de evitarlos.

Ahora bien; tú has repasado y revisado con mucha atención estas características. Has visto o no reflejadas esas condiciones en alguno o algunos de los hermanos de tu congregación. ¿Qué vas a hacer ahora con toda esta información?

¿Harás, acaso, “la gran evangélica” de decir “amén” con voz fuerte y clara, pero luego retornar a la antigua manera de vivir? No te lo aconsejo, porque aunque parezca muy atinado y muy loable, no es lo que Dios dice y, por lo tanto, es clara y pura desobediencia.

(Verso 6)= Porque de estos son los que se meten en las casas y llevan cautivas a las mujercillas cargadas de pecados, arrastradas por diversas concupiscencias.

(7) Estas siempre están aprendiendo y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad.

Si esto fuera literal, no sería algo que asombrara a nadie y que tampoco preocupara demasiado, más allá de los familiares directos de las dos partes protagonistas. Porque: ¿A quien le preocuparía que algunos hombres con estas características que mencionamos, se aprovechen de mujeres de dudosa reputación y moral?

Pero sí, por el contrario, estas “mujercillas” mencionadas aquí no son otra cosa que iglesias supuestamente cristianas en la tipología bíblica, entonces el texto toma otro calibre y, de alguna manera, coincide perfectamente con lo que expresa y con el resto del texto que venimos viendo.

Porque nos diría que en los postreros tiempos, (Estos) del principio del temblor que hará caer a Babilonia la iglesia falsa y paralela a la genuina, entrarán en esos templos esta clase de personas apuntadas. Pero dice que preferentemente lo harán en iglesias que ya de por sí están cargadas de pecado.

Y que además, las harán cautivas de sus estructuras ritualistas y casi paganas, que ellas no podrán evadir porque, pese a todos sus congresos, sus clínicas, sus seminarios y sus conferencias siempre parecen estar aprendiendo y un nunca llegan al conocimiento de la verdad. ¿Es antojado o fantasioso lo que terminas de leer o, como pienso, tiene mucho más asidero que lo otro?

(8) Y de la manera que Janes y Jambres resistieron a Moisés, así también estos resisten a la verdad; hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe.

(9) Mas no irán más adelante; porque su insensatez será manifiesta a todos, como también lo fue la de aquellos.

En principio, para que se entienda, Janes y Jambres era el nombre de los dos magos egipcios que intentaron oponerse a Moisés. Esta alusión se refiere a los acontecimientos descritos en el Libro del  Éxodo.

Estos pasajes no dan ni el número ni el nombre de los magos, pero los Targumes y el Talmud hacen alusión a ellos. Son mencionados, uno de ellos o ambos, por Plinio y Apuleyo, que mencionan a Janes y a Moisés como famosos magos de la antigüedad.

Ahora escucha y entiende: la comparación que Pablo le está haciendo a Timoteo es tan clara que exime de mayores comentarios. Y le dice que los hombres con esas características que termina de describir como presentes en los postreros tiempos, rechazarán la Palabra de Dios y la Verdad con las mismas características con que lo hicieron dos magos.

Esto, indudablemente, nos está hablando de una participación esotérica, ocultista y por ende diabólica infiltrada dentro de lo que normalmente es la palabra de Dios con destino a sus hijos. Pero dice algo más: que son corruptos de entendimiento.

Y yo quiero que no se te pase de largo y que lo entiendas debidamente. Corrupto es algo que antes estaba bien y luego entra en un proceso de putrefacción. Eso significa que, cuando tú pretendes llevarle la verdad a un hermano religioso y éste no te escucha, e incluso se enoja y hasta te agrede, no es porque sea falto de entendimiento, sino porque ese entendimiento que antes era correcto y limpio, por alguna razón pecaminosa se le ha corrompido.

Y por si todo esto fuera poco, le añade que son réprobos en cuanto a la fe. Un réprobo, te recuerdo, es una persona que debe ser apartada de la convivencia con un grupo por razones distintas de las religiosas.

¿Y cuales pueden ser esas razones distintas a las religiosas o espirituales? Muchas, pero si quieres te doy las que más sobresalen en este tiempo conforme a la experiencia de verlo con mis propios ojos y con otros de hermanos fieles que me lo han  hecho saber: sexo, pornografía, fraudes, estafas, manipulaciones, abusos. El verso 9, gracias a Dios, pone las cosas en su lugar y declara victoria en medio de la negrura profética adelantada.

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Tiempo de Toda Carne

El texto que vamos a ver ahora, está subtitulado en las Biblias clásicas como: El Sermón de Pedro. No hay referencias concretas respecto a esto, pero sí al Sermón del Monte, donde se consigna que es el nombre que se le da al magno discurso dado, en ese caso, por Jesús. Lo mismo cabe para este caso donde, el orador es Pedro.

Y tú conoces a Pedro. Y si puedes sacarlo del misticismo con el cual solemos rodear a nuestros héroes bíblicos y verlo tal como era: rústico, rudo, torpe, nada diplomático, un pescador nato, cuando luego leas sus palabras, te darás cuenta como Dios habla a través de sus instrumentos.

(Hechos 2: 14)= Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.

(15) Porque estos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día. (Esto es: las nueve de la mañana)

(16) Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: (17) Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; (18) y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu y profetizarán.

Los postreros días, aquí, es mencionado por pedro aludiendo a la era de la iglesia, desde el Pentecostés hasta el retorno de Cristo. Representan la transición entre esta era y la era por venir. Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, es una reiteración de lo dicho por el profeta Joel que Pedro explica con claridad.

Él alude a los acontecimientos extraordinarios del Pentecostés en términos de derramamiento del Espíritu predicho en la profecía de Joel. El derramamiento del Espíritu en el Antiguo Testamento había sido durante mucho tiempo reservado a los líderes espirituales y nacionales de Israel.

Sin embargo, bajo el Nuevo Pacto, la autoridad del Espíritu se concede a “toda carne”, a todo el que se acoja a Él. Todo creyente es ungido para ser sacerdote y rey a Dios. Importantes evidencias de haber participado en el derramamiento del Espíritu son los sueños y profecías.

Esto último te da la pauta concreta de que cuando se habla de postreros tiempos, no está demasiado lejos el que hemos descubierto en este trabajo. Porque no cabe ninguna duda que ya, hoy mismo, ahora y en distintos puntos del planeta, hay creyentes anónimos que han sido ungidos por ese derramamiento y se han convertido en sacerdotes sólidos e incorruptibles.

Mientras, el resto de lo que aún llamamos iglesia y no es otra cosa que Babilonia, sigue esperando que eso suceda en un lejano día futuro, y hasta se permite la barbaridad casi blasfema de asegurar que en ese día hasta los incrédulos y satanistas serán ungidos y hablarán en lenguas y profetizarán.

A mi modesto entender, creo que esta muy buena y bien intencionada gente, ansiosa de un final mucho más universalista que biblista, es la que no ha terminado de entender la Palabra y, esencialmente este texto de Joel que aquí repite Pedro y que concluye así:

(19) Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra.

(20) El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto; (21) y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

Fíjate que estas señales que detalla al final, se verán poco antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto, esto es: su retorno. Pero ahora, la caída de Babilonia y toda esta alteración que ya estamos viviendo, pertenece a un tiempo anterior que se enmarca dentro de lo que llamamos los postreros tiempos.

Yo creo que la mejor llave de entendimiento para esta palabra, está en lo que es la antesala de este texto en el libro de Joel. Porque lo que Pedro reitera aquí es lo que se lee en Joel 2:28, pero yo quisiera darte el texto completo desde el verso 18 al 27, para que tú puedas entender de que estamos hablando cuando dice en el verso 28, algo que Pedro no repite, y es: Y después de esto…

(Joel 2:18)= Y Jehová, solícito por su tierra, perdonará a su pueblo. (Solícito por su tierra: en lengua hebrea, esto puede ser entendido mejor como una realidad presente que futura. Típico del estilo poético es lo atemporal del lenguaje. El ruego que aparece en el verso anterior a este, parece que ha sido respondido y que la restauración de Israel (Que ahora es la iglesia genuina) ha comenzado.)

(19) Responderá Jehová, y dirá a su pueblo: he aquí yo os envío pan, mosto y aceite. Y seréis saciados de ellos; y nunca más os pondré en oprobio entre las naciones.

Es válido para el antiguo pueblo de Israel, si quieres ser literalista, pero también lo es para la iglesia genuina, hoy mismo. ¿Qué dice que nos envía, HOY, Dios, para que podamos ser saciados y salir del oprobio en el que, como iglesia estructural, hemos estado ante el mundo?

Dice que nos enviará tres elementos básicos para la antigua subsistencia, pero válidos también para la subsistencia triunfadora espiritual. Pan, que es alimento genuino, vida abundante, palabra fresca, Mosto, que es el jugo de la uva símbolo de la revelación fresca y Aceite, que significa unción, poder divino en sí mismo para manifestar convenientemente al rey.

(20) Y haré alejar de vosotros al del norte, y lo echaré en tierra seca y desierta; su faz será hacia el mar oriental, y su fin al mar occidental; y exhalará su hedor, y subirá su pudrición, porque hizo grandes cosas.

Cuando dice “al del norte”, esto se debe interpretar como el ejército de langostas que viene del norte. El Mar Oriental es el Mar Muerto y el Mar Occidentales mediterráneo. Algo que detiene las oleadas de langostas son los vientos que las desvían hacia grandes masas de agua. Y cuando dice que “exhalará su pudrición”, habla de las langostas muertas que son arrastradas por las olas. El olor de su pudrición llena el aire con su terrible hedor.

Esta es la interpretación “oficial”, la que aparece en las notas al pie de la mayoría de las Biblias que conocemos como buenas. Y está correcto, es una interpretación literal e histórica posible y para nada falta de consistencia. Sin embargo, sólo queda una pequeña duda: ¿Para que habrá puesto Dios eso en el libro?

Para que entendamos. Que las langostas siguen siendo tipología de demonios, que si los echa en tierras secas y desiertas están en su habitat, el lugar de la prueba. Y por si faltara algo para corroborarlo, su hedor.

¿Nunca has pasado junto a locales comerciales donde se huelen hierbas aromáticas orientales, tales como el promocionado incienso? ¿Y para que crees que las encienden? Para despejar ciertos aromas que generalmente los dueños de esos lugares no aciertan a descubrir de donde provienen. Son demonios. Los demonios producen hedor muy fuerte por sí mismos. Les pido perdón a los sobrios literalistas, pero no me dirán que no tiene esto mayor consistencia que la pudrición de langostas, ¿No crees?

(21) Tierra, (Siempre hemos creído que se refiere al nombre del planeta, ¿Verdad? Puede ser, pero también puede ser que esté diciendo: hombre, polvo, carne, tierra, ¿No crees?) no temas; alégrate y gózate, porque Jehová hará grandes cosas.

(22) Animales del campo, no temáis; porque los pastos del desierto reverdecerán, (¿Tiene lógica literal, esto? No, no la tiene. ¿Entonces? Entonces está hablando de los anima-les del campo, esto es: los almáticos del mundo; de los pastos, que es la Palabra de Dios, que reverdecerán (Retornará limpia y fresca) al desierto, que es este lugar de la prueba donde hoy nos encontramos) porque los árboles llevarán su fruto: (Árboles son iglesias; no templos ni congregaciones, iglesias, y fruto no es conversiones masivas sino carácter de Cristo en sus miembros), la higuera (el remanente) y la vid (el resto del pueblo), darán sus frutos.

(23) Vosotros también, hijos de Sión, alegraos y gozaos en Jehová vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia a su tiempo, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio.

Cuando él dice “hijos de Sión” no se refiere sólo a los que viven en Sión, sino a todo el pueblo de Judá. Luego, cuando menciona la “lluvia temprana”, se refiere a las lluvias de otoño, en la época de las siembras, mientras que la “lluvia tardía” son las lluvias de primavera, que se presentan justamente antes de la cosecha.

Este simbolismo de las refrescantes lluvias en zonas donde no son abundantes, así como en lo literal sirven par renovar y revitalizar a una tierra agotada, prefiguran el derramamiento del Espíritu Santo, que trae indefectiblemente consigo la renovación espiritual necesaria.

(24) Las eras se llenarán de trigo (Las iglesias abundarán en palabra genuina, fresca y revelada que reemplazará a los discursos humanistas y fábulas moralistas), y los lagares rebosarán de vino (Revelación) y aceite (Unción).

(25) Y os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta, (Son distintas clases de demonios), mi gran ejército que envié contra vosotros. (En realidad, pese a la traducción, se entiende que es algo permitido más que enviado).

(26) Comeréis hasta saciaros, y alabaréis el nombre de Jehová vuestro Dios, el cual hizo maravillas con vosotros; y nunca jamás será mi pueblo avergonzado.

(27) Y conoceréis que en medio de Israel estoy yo, y que yo soy Jehová vuestro Dios, y no hay otro; y mi pueblo nunca jamás será avergonzado.

Esta expresión de “mi pueblo nunca jamás será avergonzado”, se repite en los dos últimos versos, porque responde a la oración de los sacerdotes cuando expresaban: “no entregues el oprobio de tu heredad”.

Para poder situarte en lo que es la realidad del evangelio en este tiempo, revisa con cuidado la posibilidad o no de que parte de los cristianos de este tiempo hayan podido ser avergonzados o lo estén siendo en este tiempo en algún lugar. Si la respuesta es sí, no están caminando por donde Dios ha dicho que debían caminar para no ser nunca jamás avergonzados.

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Tiempo de Nuevo Pacto

Hasta aquí lo hallado respecto a los postreros tiempos, o últimos tiempos, o postreros días o últimos días en el Antiguo Testamento. Ahora es el turno del Nuevo Pacto. Aquí la palabra griega que predomina casi todo el contexto (A excepción de un pasaje que veremos al final), es la palabra ESJATOS.

El significado más o menos aproximado, es el de contigüidad, más lejos, final, (De lugar o tiempo), postrer, postrero, último, (Postrer) estado, final. A partir de todo esto, veremos todos los textos donde esta o estas palabras están presentes y procuraremos corroborar o ampliar significados actuales.

(Juan 6: 28)= Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?

(29) Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis, en el que él ha enviado.

(30) Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces?

La gente se preocupaba más en lo que hacía para Dios y en lo que Dios podía hacer, (señales) por ella, mientras que para Jesús el asunto principal residía en la fe; es decir, en la confianza en Aquel a quien Dios había enviado.

Me pregunto cuanta diferencia existe con relación al tiempo presente. No son pocos los que por poco me piden señales para poder creer las cosas que digo. No pierden un segundo en buscar en sus Biblias que, lo que yo estoy diciendo, está escrito allí desde siempre.

Indudablemente, aunque parezca soberbio, místico, sectario o mesiánico, la respuesta que debería darles es la misma que dio mi Señor Jesús. La obra de Dios es que la gente crea en lo que están diciendo los que Él ha enviado, en medio de lo que dicen tantos y tantos que Él jamás envió. Esa es la diferencia entre Apóstol e impostor.

(31) Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer.

La expresión hebrea MAN HU, significa: “¿Qué es esto?”, pregunta de dónde proviene el nombre de la sustancia. El maná fue el principal alimento de los israelitas durante los cuarenta años de peregrinación por el desierto.

 Los israelitas lo conocieron por primera vez en el desierto de Sin, cuando se quejaron de falta de alimento. El descenso del maná se compara con una lluvia de pan celestial. Por la mañana, cuando se disipó el rocío, quedaron pequeños granos en el suelo, parecidos a la escarcha.

Los hijos de Israel, no sabiendo de qué se trataba, preguntaron: “¿Mãn hû?” Moisés les dijo: Es el pan que Jehová os da para comer. El maná recordaba la semilla del culantro blanco; era blanco, y tenía un sabor como de hojuelas con miel o de aceite fino; la gente lo molía en molinos o lo majaba en morteros, cociéndolo o haciendo tortas.

Moisés ordenó a los israelitas, de parte del Señor, que recogieran cada mañana un gomer por persona (entre 3,5 y 4 l.), y que no guardaran nada para el día siguiente. Los gusanos atacaron el maná de los desobedientes.

El día sexto, el Señor envió dos gomers de maná por persona; no hubo nada en sábado. Aarón conservó un gomer de maná, evidentemente incorruptible, para que sus sucesores después de él lo fueran guardando para generaciones sucesivas, para que vieran el alimento de sus antecesores en el desierto.

Un año después de la primera aparición del maná, en la misma época, se específica que el pueblo seguía recibiendo este pan del cielo, que siguió cayendo hasta el final de los 40 años en el desierto.

Los israelitas menospreciaron esta bendición, a pesar de lo cual Dios no les privó de él. El maná no cesó hasta el día después de la Pascua celebrada en Gilgal, tras haber atravesado Canaán, y después de que el pueblo hubo comido del fruto de la tierra.

Se ha planteado frecuentemente la cuestión de si el maná era un producto creado especialmente para socorrer a los israelitas, o si se trataba de una sustancia natural, multiplicada de una manera milagrosa.

Hay diversas plantas que exudan una especie de sustancia análoga al maná, de manera espontánea, o bien debido a la picadura de un insecto. Éste es el caso del “Tamarix nainnifera” (variedad del “Tamarix gallica”), y que crece en la península del Sinaí; esta planta es picada por un hemíptero, “Chermes”, o “Coccus manniparus”.

El producto, de un color amarillento, se vuelve blanco al caer sobre las piedras y quedar al sol; se encuentra durante 6 a 10 semanas, sobre todo en junio. El “Alhagi maurorum” y el “Alhagi desertorum” exudan asimismo una especie de escarcha, y hay también más plantas de este género.

Su producto es usado como miel y mantequilla por los árabes; tomado en dosis más fuertes, tiene efectos purgantes. Es evidente, sin embargo, que todas estas sustancias no tienen las características del maná.

El maná fue producido milagrosamente, en cantidad suficiente para toda una nación; esta cantidad era doblada al sexto día y no aparecía en el séptimo; dejó de existir cuando dejó de ser necesaria.

En el sentido tipológico, Cristo compara el maná con el Pan viviente descendido del cielo. En tanto que el maná nutría el cuerpo por un poco de tiempo, Jesús, el verdadero pan de vida, ofrece su carne y su sangre como alimento y salvación eterna de nuestras almas.

Todo israelita tenía que buscar el maná cada día, por la mañana, en cantidad suficiente, tomándose simplemente el trabajo de recoger este don de lo Alto. De la misma manera, cada creyente busca en Cristo su alimento, cada día antes de toda otra actividad, a fin de quedar plenamente provisto, apropiándose por la fe del don celestial.

Finalmente, Él nos asegura que el que venza, recibirá hasta en el cielo este maná espiritual y escondido, por cuanto Cristo será nuestro Pan vivo hasta la eternidad. Esto nos habla de un reconocimiento que parte desde lo revelado, al igual que lo que ahora puede impactar nuestras vidas.

(32) Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: no os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.

(33) Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.

(34) Le dijeron: Señor, danos siempre este pan.

(35) Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.

(36) Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis.

(37) Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y el que a mí viene, no le echo fuera.

(38) Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.

(39) Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió; que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

(40) Y esta es la voluntad del que me ha enviado; que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

En la inauguración de esta expresión en el Nuevo Testamento, es indudable que se está hablando del día postrero con relación al día en que Jesús produzca y efectivice su Segunda Venida. Allí Él será quien posibilite que tú, aunque ya estés muerto físicamente, resucites para nueva y eterna vida en Él.

Esta es la interpretación que salta a la vista y nadie va a discutir, alterar ni modificar. Es más: podría decirte que se interpreta sola, como el resto de la Biblia. El daño mayor a la Palabra de Dios se lo han hecho infinidad de intérpretes, mucho más que el diablo.

Sin embargo, el verso 39, que parecería ser un anticipo de lo que leemos en el 40, podría verse de otro modo que, oh paradoja, coincidiría total y plenamente con lo que hemos visto en el Antiguo Testamento.

Porque allí dice que Él no deberá perder nada de TODO (No de “todos) lo que el Padre le diere. ¿Y que cosa es lo que el Padre le dio a Jesús? Poder, discernimiento, autoridad sobre el mundo satánico, etc.

Y dice que a eso, a todo esto, que son elementos para señales y maravillas, no personas, Él habrá de resucitarlo, ponerlo en vigencia, darle vida nuevamente, en el día postrero. Y este, mi amado hermano, no puede ser el día final, el día postrero esencial, que es el de su segunda venida por una simple razón: allí ya no harán falta señales, milagros y nada de lo que hemos mencionado.

¿Entonces? Entonces, sólo nos queda un día postrero donde sí todavía todo eso será bienvenido y necesitado: el día de la caída de Babilonia. Cuando la iglesia falsa desaparezca y deje de confundir a los cristianos con sus espectáculos, trampas y entretenimientos, los verdaderos poderes de Jesús estarán en manos de todos aquellos que conformen el remanente santo.

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Tiempo de Reinar

(Miqueas 4: 1)= Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa de Jehová será establecido por cabecera de montes, y más alto que los collados, y correrán a él los pueblos.

Cuando se refiere al monte de la casa de Jehová, aquí, puede considerarse una referencia al reino espiritual de Dios, que Miqueas dice que vendrá en los postreros tiempos, un término que los comentaristas bíblicos han interpretado como el de la venida del Mesías.

Sin embargo, si observamos los comportamientos de las personas en aquellos tiempos y los trasladamos al hoy, es mucho más probable que esos postreros tiempos sean los actuales y que, realmente, sólo los que estén formando parte del Reino de Dios podrán superar.

Y dice que ese monte espiritual será más alto que los collados. Los collados eran colinas, promontorios elevados. Tierra que por distintos motivos se levantaba como un cerro, aunque menos elevada que un monte.

¿Qué pueblos son los que van a correr al monte de Jehová en los postreros tiempos? Si nos dejamos llevar por la interpretación clásica, aquellos presentes en el tiempo de Jesús. Sin embargo, hay mucho más depositado en este texto.

Porque convengamos en que durante todos estos miles de años de existencia de la iglesia, y si bien en muchos casos de ha hecho lo mejor que se ha podido, la realidad de pueblos corriendo hacia ella en búsqueda de solución para sus problemas, aún no se ha visto.

Entonces, lo único que cabe aguardar es algo que en estos tiempos estamos comenzando a vislumbrar. El pueblo de Dios, y hablo del legítimo y verdadero, claro está, está corriendo hacia los montes altos donde percibe, discierne, sabe y tiene certeza que hay algo más sólido que lo que ha visto y comido hasta ahora.

(2) Vendrán muchas naciones, y dirán: venid, y subamos al monte de Jehová, y a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas: porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová.

Hay que aclarar debidamente que, lo que aquí leemos como “la ley”, significa “instrucción”, “enseñanza” y no es de ninguna manera un término técnico con el que se pretenda hacer referencia a un determinado código mosaico.

Esto no es antojado ni mucho menos, ya que en muchos textos donde lo que se lee es la palabra “ley”, hoy sabemos muy bien que se trata de una referencia a la Palabra, que como todos sabemos, no se trata de un mero texto bíblico sino de todo0 aquello que dijo y enseñó Jesús durante su ministerio.

No obstante, vale la pena dejar bien aclarado que, cuando dice que desde Jerusalén saldrá la Palabra de Dios, se refiere concreta y puntualmente a lo que nosotros estamos llamando “la Jerusalén celestial”, que es la iglesia fiel y verdadera que emergerá en medio de las ruinas de Babilonia.

(3) Y él juzgará entre muchos pueblos, y corregirá a naciones poderosas hasta muy lejos; y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación contra nación, ni ensayarán más para la guerra.

(4) Y se sentará cada uno debajo de su vid (La vid representa al pueblo de Dios en su conjunto) y debajo de su higuera, (La Higuera representa al remanente santo) y no habrá quien los amedrente; porque la boca de Jehová de los ejércitos lo ha hablado.

(5) Aunque todos los pueblos anden cada uno en el nombre de su Dios, nosotros con todo andaremos en el nombre de Jehová nuestro Dios eternamente y para siempre.

Andar cada uno en el nombre de su Dios, alude a la identificación que se ha producido con esa deidad. Como los seres humanos dependen de sus dioses, tratan de imitarlos y no se avergüenzan de asociar sus nombres a ellos o confesarse sus seguidores.

Los fieles proclaman con todas sus fuerzas que el único Dios verdadero es su Dios, el Señor (Jehová). Este versículo constituye un enérgico recordatorio de que es algo futuro, porque la gente todavía adora a otros dioses.

En cuanto a la expresión para siempre que se lee en el último verso, la palabra original que la traduce, allí, es ‘AD, y significa Eternidad, perpetuidad, la continuidad del tiempo. Este sustantivo figura cerca de cincuenta veces en el Antiguo Testamento.

La primera vez que aparece es en Éxodo 15:18, donde dice: Jehová reinará eternamente y para siempre. Dios habita eternamente en Sión. Dios ocupa la eternidad. Aquí en este texto de Miqueas, dice LE OLAM VE ‘AD. Lo cual quiere decir Eternamente y para siempre.

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Tiempo de Juicios

(Jeremías 48: 37)= Porque toda cabeza será rapada, y toda barba raída; sobre toda mano habrá rasguños, y cilicio sobre todo lomo.

(38) Sobre todos los terrados de Moab, y en sus calles, todo él será llanto; porque yo quebranté a Moab como a vasija que no agrada, dice Jehová.

El nombre Moab, que significa “salido de un padre”, fue hijo de Lot y de su hija primogénita. Los descendientes de Moab hijo de Lot fueron llamados “moabitas”. Estaban muy estrechamente relacionados con los amonitas.

Ya muy numerosos para la época del cruce del mar Rojo por parte de los israelitas, los moabitas ocupaban la región que se extendía desde la llanura de Hesbón hasta el wadi Seil el-Kerãhi, en el extremo meridional del mar Muerto, que separaba Moab de Edom.

Asociados a los amonitas, absorbieron y destruyeron a los supervivientes de la fuerte raza que había ocupado antes que ellos el país del este del Jordán. Poco antes de la llegada de los israelitas, Sehón, rey de los amorreos, arrebató a Moab las tierras de pastos del norte del Arnón, que siguieron siendo llamadas “campos de Moab”, aunque los moabitas quedaran limitados por un tiempo al sur del Arnón.

Estos últimos querían comerciar con los israelitas, pero les rehusaron el derecho de paso por su tierra. Bajo órdenes de Jehová, Moisés prohibió a los israelitas que atacaran a Moab, indudablemente por su grado de parentesco.

Inquieto a la vista de los campamentos israelitas, el rey de Moab pidió a Balaam que maldijera a los recién llegados. Jehová ordenó a Israel que excluyera de su asamblea a los moabitas y a los amonitas hasta la décima generación; el pueblo de Dios no debía asociarse con ellos.

El último campamento antes de cruzar el Jordán fue establecido en Sitim, en las llanuras que habían pertenecido a Moab. Allí mujeres amonitas y moabitas sedujeron a los israelitas a la impureza y a la idolatría.

Al comienzo de la época de los Jueces, Eglón, rey de Moab, invadió Canaán, haciendo de Jericó su capital y oprimiendo a los israelitas de la meseta vecina durante 18 años, siendo después asesinado por Aod.

Elimelec emigró al país de Moab; Orfa y Rut, sus nueras, fueron moabitas. Rut se casó con Booz y vino así a ser la bisabuela del rey David. Saúl luchó contra los moabitas. David, proscrito, puso a su padre y a su madre bajo la protección del rey de Moab.

Después de su accesión al trono, David venció a los moabitas, los sometió bajo tributo y dio muerte a un gran número de ellos. Sometidos a Omri y a su hijo, los moabitas se sublevaron después de la muerte de Acab.

Ni Ocozías, enfermo debido a una caída accidental, ni Joram pudieron vencer a los moabitas. Josafat era entonces rey de Judá. Los moabitas se aliaron con los amonitas, edomitas y otros pueblos, a fin de invadir el territorio de Judá; sin embargo, los coaligados se mataron entre sí, y Judá se vio librada del peligro que se cernía sobre ella.

En el año de la muerte de Eliseo, hordas de moabitas invadieron el reino de Israel; tributarios de Tiglat-pileser y de Senaquerib, reyes de Asiria, penetraron en Judá bajo el reinado de Joacim. Entonces cayeron en poder de Moab numerosas localidades al norte de Arnón.

Los profetas denunciaron con frecuencia y duramente a Moab, tipo de los enemigos del reino de Dios. Algunos judíos abandonaron Jerusalén al acercarse Nabucodonosor, refugiándose en los campos de Moab, pero volvieron a Judá cuando Gedalías fue nombrado gobernador. Nabucodonosor sometió a los moabitas. Dejaron de tener un papel importante en tanto que nación, pero su raza no se extinguió. Alejandro Janneo los sometió a tributo.

Los límites de Moab eran al oeste el mar Muerto. El Seil de Kerãhi era su límite al sur, separándolos del territorio de Edom. En su parte superior este wadi recibe el nombre de el-Hesã. La exactitud de estas fronteras queda confirmada por la mención de las ciudades moabitas.

Al este se hallaba la tierra de nadie del desierto y los amorreos e israelitas reconocieron el Arnón como frontera septentrional de Moab. Pero los moabitas habían ocupado anteriormente un vasto territorio al norte de Arnón que ocuparon con frecuencia y que siempre reivindicaron como suyo.

La mayor parte de Moab está constituida por una accidentada meseta a unos 975 m. por encima del nivel del Mediterráneo; tierra de pastos. La linde occidental cae a plomo hacia el mar Muerto. Valles profundos cortan este acantilado.

La fortaleza de Maqueronte donde, según Josefo, Juan el Bautista estuvo encarcelado y fue decapitado, se hallaba en Moab, al este del mar Muerto y al norte de Arnón. Numerosas fuentes dan una relativa feracidad a esta parte costera del mar Muerto.

La expresión “campos de Moab” significa “territorio de Moab”. Frente al Jordán se hallaban unas planicies que también habían pertenecido a Moab. Estas llanuras se extendían al este del río, frente a Jericó, y a lo largo de la ribera oriental del mar Muerto.

En cuanto al cilicio, que se iba a echar sobre todo lomo, era un tejido burdo hecho generalmente de pelo de cabra. Se llevaba en señal de duelo, de aflicción, y usado con frecuencia, si no habitualmente, por los profetas y por los cautivos.

La vestimenta se parecía probablemente a un saco, hendido por delante, y con aberturas para la cabeza y los brazos. Los israelitas los usaban en ocasiones para cubrirse con ellos, se los ceñían, poniéndolos normalmente sobre otra prenda de vestir, pero en ocasiones directamente sobre la piel

(39) ¡Lamentad! ¡Como ha sido quebrantado! ¡Como volvió la espalda Moab, y fue avergonzado! Fue Moab objeto de escarnio y de espanto a todos los que están en sus alrededores.

(40) Porque así ha dicho Jehová: he aquí que como águila volará, y extenderá sus alas contra Moab.

(41) Tomadas serán las ciudades, y tomadas serán las fortalezas; y será aquel día el corazón de los valientes de Moab como el corazón de mujer en angustias.

(42) Y Moab será destruido hasta dejar de ser pueblo, porque se engrandeció contra Jehová.

El verso 40, dice que como águila volará y extenderá sus alas contra Moab. Para entender lo que significa esta expresión, hay que saber algo del águila como ave literal. Varios animales reciben este nombre en Palestina; generalmente se aplica a la más poderosa de las aves de rapiña y, con ella, a otras especies de animales rapaces, por lo cual figura entre los animales impuros.

Vuela a gran altura, con rapidez y majestuosidad, guardando con ferocidad su nido. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento se cita frecuentemente en imágenes y comparaciones. Existen muchas variedades de águilas, y en Palestina se encuentran casi todas, siendo una de las más conocidas el águila real.

El nombre hebreo designa también otras aves de rapiña, con las que no debe confundirse. El águila es frecuentemente asociada a las visiones de seres misteriosos que toman formas visibles por los hombres.

Ilustra también la rapidez con que se disipan las riquezas. En la visión de Ezequiel hay una semejanza de águila que vuelve a mencionarse en Apocalipsis 4:7. En la parábola de Ezequiel 17, Babilonia y Egipto son comparadas a un águila.

Y fíjate que esa destrucción sobrevendrá porque un águila simbólica extenderá sus alas sobre ese pueblo. Conforme a la parábola de Ezequiel 17, no es aventurado ni fantasioso asegurar que la única vía de destrucción de parte del pueblo de Dios, viene desde Egipto, que es el mundo, y Babilonia, que es la iglesia falsa que hoy predomina los ambientes cristianos.

Por tanto, si lees lo que sigue a continuación, la destrucción de Moab no puede dejar de ser comparada con la de un pueblo de Dios que, de pronto, no sólo le vuelve la espalda a Dios, sino que pretende engrandecerse sin tenerle en cuenta.

Y dice, además, que serán tomadas las ciudades. ¿Qué cosa era una ciudad, en aquel entonces? Casi siempre las construían en el costado de una montaña o en una loma, donde el abastecimiento de agua era seguro.

Las ciudades siempre tenían murallas, algunas de ellas de hasta nueve metros de espesor; a veces estaban protegidas por fosos y torres. Las puertas de las ciudades se cerraban por la noche. En el interior de la ciudad los rasgos más importantes eran: la torre o el castillo; el lugar alto, donde se ofrecían sacrificios y se celebraban fiestas; la amplia plaza junto a la puerta de entrada de la ciudad que servía para el intercambio social en general; y las calles, simples callejones angostos, tortuosos, desempedrados, sucios y oscuros.

Ahora bien; ¿Por qué será que, en cada expresión relacionada a un juicio de Dios, se habla de tomar o destruir ciudades, mientras que nunca se da la misma expresión con relación al campo? Simple. Porque Dios no quería que el hombre edificara ciudades, Él deseaba que viviera en el campo. Caín desobedeció y fue el primero en construir una. De allí todo lo demás.

Eso no implica que el hombre del siglo veintiuno, deseando cumplir con la directiva de Dios, se vistan con túnicas blancas y se retiren de las ciudades dejando todo, a la manera de algunas sectas, y se vayan a las montañas a esperar el fin. 

(43) Miedo y hoyo y lazo contra ti, oh morador de Moab, dice Jehová.

(44) El que huyere del miedo caerá en el hoyo, y el que saliere del hoyo será preso en el lazo; porque yo traeré sobre él, sobre Moab, el año de su castigo, dice Jehová.

(45) A la sombra de Hesbón se pararon sin fuerzas los que huían; mas salió fuego de Hesbón, y llama en medio de Sehón, y quemó el rincón de Moab, y la coronilla de los hijos revoltosos.

Dice que los que huían, (Puedes ser tú uno de ellos) se pararon sin fuerzas en Hesbón. ¿Qué significa Hesbón en el espíritu? Su traducción literal, es: “cálculo, cuenta”. Ciudad de Sehón, rey de los amorreos.

Originalmente pertenecía a los moabitas. Moisés dio Hesbón a los rubenitas; después de su conquista, ellos reconstruyeron la ciudad. Situada en los límites de Rubén y de Gad, cayó en manos de los gaditas, y después fue asignada a los levitas, como ciudad de Gad.

En la época de Isaías y en la de Jeremías, los moabitas ocuparon Hesbón. Más tarde, Alejandro Janneo, y posteriormente Herodes el Grande, la conquistaron. Es todavía conocida con el nombre de Hesbãn.

Sus ruinas pueden verse sobre una colina entre el Arnón y el Jaboc, a más de doce kilómetros al norte de Mádabã. Un poco al este de las ruinas de Hesbón hay una gran cisterna, que probablemente corresponda a uno de los estanques que se hallaban fuera de las fortificaciones.

Todo indica, desde la clásica interpretación de lo descripto, que se trata de un alto, de una pausa, de un estar un momento en serenidad y tranquilidad con la finalidad de volver a caminar con una dirección más precisa y concreta que antes.

(46) ¡Ay de ti, Moab! Pereció el pueblo de Quemos; porque tus hijos fueron puestos presos para cautividad, y tus hijas para cautiverio.

(47) Pero haré volver a los cautivos de Moab en lo postrero de los tiempos, dice Jehová. Hasta aquí es el juicio a Moab.

Tras un castigo devastador, Dios tendrá misericordia y hará volver a los cautivos de Moab en lo postrero de los tiempos. La misericordia se debe probablemente a que Moab, como Amón, era un descendiente de Lot, el sobrino de Abraham.

Esto está, una vez más, hablando del retorno del remanente santo. Visto desde otro lugar, el cautiverio de Moab tiene mucho que ver con el presidio espiritual que la iglesia del Señor sufre en Babilonia. Pero dice que será reintegrado y revitalizado y es promesa.

Visto desde el lugar en el que hemos situado lo que estamos estudiando, la expresión sigue teniendo coherencia global con lo que son estos tiempos precisos actuales y presentes. Los tiempos del comienzo de la caída de Babilonia.

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