Tiempo de Ministerio

(Verso 12)= Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.

Creo que antes de continuar, bien vale la pena recordarte quien fue este Timoteo, al que Pablo le recomienda que no preste atención a los que tienen desconfianza por causa de su juventud. Su nombre significa “que adora a Dios”.

 El apóstol Pablo llama a Timoteo mi hijo amado y fiel en el Señor y verdadero hijo en la fe, lo que indica que Pablo fue el instrumento en la conversión de Timoteo. Durante su primer viaje misionero, Pablo pasó a Listra, en Licaonia, donde llevó a Cristo a Eunice y a Loida, respectivamente la madre y la abuela de Timoteo.

 Éste fue también ganado a la fe cristiana en esta época. Su madre era judía, y su padre griego. Timoteo, que había llegado a ser un cristiano activo, fue recomendado a Pablo por los hermanos de Listra y de Iconio, cuando el apóstol volvió a visitar Listra en el curso de su segundo viaje misionero.

 Aunque ya en su infancia había recibido las enseñanzas del Antiguo Testamento, Timoteo no estaba circuncidado. Unas profecías revelaron que estaba destinado a un servicio particular. Pablo y los ancianos le impusieron las manos y lo consagraron a la evangelización.

Para no ofender a los judíos, Pablo circuncidó a Timoteo. Ello fue una concesión a las ideas judías tradicionales, a causa de las circunstancias, por cuanto se podía alegar la ascendencia judía de Timoteo, pero no se implicaba con ello el abandono del principio de la libertad cristiana.

Timoteo acompañó a Pablo por Galacia, y después a Troas, Filipos, Tesalónica y Berea. En este último lugar se quedó con Silas mientras Pablo se dirigía a Atenas. Timoteo llegó después a esta ciudad. En 1 Tesalonicenses 3:1-2 se ve que Pablo lo volvió a enviar de Atenas a Tesalónica.

No parece que Silas llegara a Atenas. Finalmente, él y Timoteo se reunieron con Pablo en Corinto, donde Timoteo se quedó a continuación durante un tiempo con Pablo. Aunque el texto no lo dice, es probable que fuera con el apóstol en su viaje de vuelta.

Timoteo es mencionado después en relación con el ministerio de Pablo en Éfeso. En 1 Corintios 4:17, el autor nos confirma que, antes de escribir esta carta, había enviado a Timoteo a Corinto para reprimir abusos.

Sin embargo, no sabemos si Timoteo ya había llegado en el momento de enviar la carta; en todo caso, parece que había llegado a Éfeso, porque, poco antes de abandonar esta ciudad, Pablo envió a Timoteo y Erasto a Macedonia, donde el apóstol se reunió poco más tarde con su joven amigo.

Se dirigieron los dos juntos a Corinto. Timoteo figura entre los acompañantes de Pablo en su viaje de vuelta a Jerusalén, al término de su tercer viaje. El texto no dice si Pablo subió a Jerusalén con su hijo espiritual. Tampoco se le menciona en relación con el encarcelamiento de Pablo en Cesarea ni con el viaje de Pablo a Roma.

Pero su nombre es citado en las epístolas redactadas desde Roma. Timoteo había seguido al apóstol hasta la misma capital, y compartía sus trabajos. Cuando Pablo fue liberado, confió importantes misiones al joven Timoteo.

La primera carta dirigida a él revela que el discípulo supervisaba la iglesia en Éfeso. Allí tenía que refutar la falsa ciencia de ciertos doctores, nombrar cargos, organizar y disciplinar la iglesia como delegado de Pablo, que poco antes de morir le escribió una segunda epístola, considerada como su testamento espiritual.

Faltándole poco para sufrir el martirio, Pablo esperaba la visita de su hijo espiritual. No sabemos si esta visita se llevó a cabo. La única otra mención a Timoteo se halla en Hebreos 13.23, donde se lee que Timoteo había sido encarcelado y liberado.

Aceptando la paternidad paulina de Hebreos, este encarcelamiento de Timoteo debió producirse entre la liberación de Pablo y su segundo encarcelamiento. No se sabe nada de los años posteriores de Timoteo. Una antigua tradición afirma que siguió dirigiendo la iglesia en Éfeso, y que sufrió el martirio bajo Domiciano o Nerva.

Este era Timoteo. Y Pablo, además de prevenirlo por el asunto de su corta edad, le sugiere adoptar algunos comportamientos relacionados con lo testimonial. ¿Acaso le dice que se esmere en predicar bien? No. Lo que le dice no tiene absolutamente nada que ver con lo visual o externo.

Le dice que sea ejemplo, punto de referencia, centro de la observación, copia e imitación de los hermanos. ¿Y en que cosa? Poca cosa. Nada menos que en: Palabra, Conducta, Amor, Espíritu, Fe y Pureza. ¿Sabes que? Muchos ministros del tiempo presente deberían imprimir con sus computadoras estas seis claves ministeriales y pegar la hoja en un lugar visible para todos.

Pastor; ¿Tienes Palabra o sólo un buen discurso por causa de tu riqueza intelectual? ¿Tienes Conducta o, por el contrario, vives una vida disipada y agitada que no condice en nada con la figura sustancial de Jesucristo y de lo que deseas difundir sobre Él?

¿Tienes Amor o todo te fastidia, te molesta, te irrita y te saca de tus casillas? ¿Tienes Espíritu o lo tuyo se limita a una serie de conceptos intelectuales bien manejados con la finalidad de llevar convencimiento a los que dudan?

¿Tienes Fe o todo tu trabajo se sintetiza a lo que puedes conseguir o no mediante tus esfuerzos personales, políticos, sociales o científicos? ¿Tienes Pureza o, por el contrario, eres uno más de los tantos ministros que se conducen con métodos, costumbres y acciones impuras y hasta deleznables?

(Verso 13)= Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza.

Me gusta, cada vez que puedo, desalentar algunas exageraciones en las que es tan proclive de caer el pueblo cristiano. Asimismo y también cuando puedo hacerlo, trato de matar alguna de las tantas vacas sagradas que la iglesia evangélica tradicional conserva como si fueran estatuas místicas de Apis.

Por esa razón me habrás oído decir en muchos audio y también me habrás leído cosas escritas en el mismo tenor, que el evangelio es ciento por ciento espiritual y ni siquiera un diez por ciento intelectual. Que si buscas de verdad a Dios tendrás que hacerlo creyendo sin ver y no analizando lo visto.

Esto, suele caer muy bien en las capas sociales cristianas de bajos recursos. Es como si sintieran que Dios está siempre con los pobres y los ignorantes, dejando de lado porque ya supuestamente lo tienen todo en este mundo, a los ricos y a los sabios.

Es mi deber a favor de la eliminación de cualquier mancha de confusión, decirte que no es ni tanto ni tan poco. Dios, que según la Biblia es el dueño de todo el oro y la plata del mundo, no es un Dios de pobres miserables que no tienen un centavo solamente, es Dios de todos.

Y si eres muy pobre y amas a Dios, le buscas con fidelidad y carente de orgullos, vanidades y deseos de destacarte en algo porque en el ámbito secular no has podido, Dios estará contigo, seguramente. Pero si no eres así, puedes estar muriéndote de hambre por pobreza total que Dios no va a respaldarte hasta que no cambie tu corazón delante de Él.

Esto es válido también para el rico, para el ignorante y para el inteligente. Mateo no era pobre, y fue epicentro del evangelio. Juan el Bautista no tenía ni siquiera algo para ponerse encima, pero fue, – Según Jesús – el más grande de los nacidos de mujer.

Pedro era bruto de toda brutalidad. Era un pescador bien rústico y no conocía mucho más que su barca y los sitios donde había buena pesca o no. Sin embargo predicó, enseñó y hasta escribió un par de cartas que significan puntos de partida para una auténtica fe en Cristo.

Pablo era un intelectual de alto vuelo, pero no llegó a ser quien es por causa de esa formación suya, sino por su entrega total a Jesucristo cuando, camino a Damasco y levantándose del suelo luego de haber caído (No hay ni siquiera una mención de caballo o camello alguno), le pregunta a Cristo que cosa quiere Él que él haga.

Es normal, entonces, que a la hora de darle recomendaciones a un discípulo como era el joven Timoteo, Pablo le sugiera la lectura, cosa a la que él era sumamente afecto, la exhortación, que necesita de una alta dosis de sabiduría, y la enseñanza, que necesita no necesariamente de capacitación sistemática, pero sí de dedicación y agudeza para escudriñar las escrituras.

Todos estos elementos y no algunos aislados, son los que necesita el ministro que desee ser siervo en los tiempos postreros. No basta con conocer griego, hebreo, hermenéutica, historia y geografía bíblica, se necesita unción del Espíritu Santo para predicar y enseñar.

No basta tampoco con tener visiones, palabra de conocimiento o de ciencia, don de lenguas o palabra profética. Es necesario un conocimiento pleno de la palabra en toda su dimensión, (Incluida la gramatical), para no caer en errores ni en engaños sutiles elaborados por astutos demonios deseosos de llevarle supuesto “conocimiento” a envanecidos que quieren lucirse.

(Verso 14)= No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del prebisterio.

Este es, quizás, el texto más cercano a nuestras organizaciones cristianas actuales. Pablo habla en último término del prebisterio. La palabra usada en los originales para describirlo, es PREBUSTERION, y tiene que ver con un cuerpo de ancianos o prebísteros, que literalmente eran hombres de edad madura.

Asimismo, era un cuerpo compuesto por personas de dignidad, sabiduría y madurez. La palabra se usa con referencia tanto al sanedrín como a los prebísteros cristianos. En este caso la referencia alude a la ocasión cuando los ancianos de Iconio y Listra pusieron sus manos sobre Timoteo y profetizaron acerca de los dones y propósitos de Dios en relación con él.

La imposición de manos acompañada de profecía, es uno de los medios que emplea el Espíritu Santo para revelar su voluntad y propósitos a sus siervos. Habrás observado que dije que es UNO de los medios, no EL medio. Y también es más que claro que hablamos de gene que ha sido llamada genuinamente por Dios a servir y gente que tiene unción legítima del Espíritu para imponer sus manos.

Si bien el texto habla de “el don”, creo que es más que claro que se refiere al global que encierra, en la práctica, a alguno de los clásicos dones del Espíritu Santo, más conocidos sencillamente como Carismas.

Y este término es la transliteración de la palabra griega CHARIS, que significa “don, regalo, gracia, favor, poder, oficio, misión”. Son dones que, procedentes de Cristo ascendido, Cabeza de la iglesia, son distribuidos por el Espíritu Santo.

Todos los creyentes, habiendo recibido la unción del Espíritu, son receptores de el / los don / es del Espíritu (o dones espirituales), que son capacidades sobrenaturales concedidas a cada creyente, en vista del servicio y función que tienen dentro del cuerpo de Cristo.

Pablo da relación de un cierto número de estos dones: sabiduría, conocimiento, fe, sanidades, milagros, profecía, discernimiento de espíritus, lenguas e interpretación. En otro sentido, las personas son los dones a la iglesia, y la palabra usada para denotarlos es “doma”; se trata entonces de apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros.

Estos dones relacionados en Efesios tienen como propósito perfeccionar (Que es en realidad Madurar) a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios…”, etc.).

 Es evidente que unos dones, como los apóstoles, ya no están entre nosotros; pero nos quedan sus enseñanzas en las Escrituras. Lo que sí podemos tener por cierto es que, sean cuales fueren las tareas dadas, Dios dará la capacidad de cumplirlas.

Tenemos en las Escrituras cuatro listas de carismas o dones del Espíritu. Aunque muchos deducen de estos cuatro catálogos que no tenemos aquí la lista completa de carismas, es bueno recordar lo que dice el apóstol Pablo en 2 Timoteo 3:16-17, y lo expresado en el párrafo anterior.

Con respecto a los dones de sanidades, milagros, profecía, don de lenguas, etc., hay dos posturas básicas: (a) que siguen con nosotros; (b) que cumplieron su objetivo de testimonio y acreditación al nuevo testimonio que Dios estaba levantando después del cierre del canon de las Escrituras, y que ya no operan en la actualidad.

Primeramente debemos señalar que todos y cada uno de los dones dados por el Espíritu son milagrosos, y no sólo los de manifestación externa espectacular como los de milagros, sanidades y lenguas.

Dios es soberano en cuanto a en qué épocas da unos o no de una manera concreta. Los dones externos y espectaculares fueron dados en profusión en la época en que el Evangelio y el Nuevo Pacto debían ser acreditados, y lo fueron con señales externas jamás renovadas.

En la actualidad puede, ciertamente, manifestar Su poder, siempre según Su voluntad; de hecho, la mayor parte de los dones (sabiduría, ciencia o conocimiento, fe, evangelistas, ayudas, liberalidad) nunca han dejado de ser otorgados.

En cambio, si bien Dios cura a ciertos enfermos, bien mediante siervos suyos o directamente, no se ha dado a nadie, que se sepa, que pueda curar a todos (que era la característica del don de Cristo y de Sus apóstoles).

La iglesia de Corinto había recibido todos los dones, y 1 Corintios es la única epístola en la que se mencionan los dones externo – espectaculares; todo ello no impidió que los corintios fueran carnales ni su tendencia a formar partidos sectarios.

Lo esencial, entonces, es estar totalmente y absolutamente sometidos al Señor y a toda Su Palabra, poder discernir el don otorgado a cada uno, y permitir que el Señor nos use para el bien de la iglesia en su totalidad.

(Verso 15)= Ocúpate de estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos.

(16) Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.

La vida personal de los ministros de Dios debe ser tan pura como su doctrina. Ambos fueron hechos el uno para el otro. Si el siervo del Señor no cuida de sí mismo, su doctrina será incoherente y confusa. La influencia de Dios puede apartarse de una persona por descuido, y nuestras mentes pueden perder la intensidad de su llamado.

Hemos llamado “ministerio” a cualquier cosa que alguien “sienta” de hacer adentro de un templo o fuera de él pero en su nombre. Y no es así. No tengo nada en contra de ministerios del deporte o de teatro, o de títeres o de lo que sea, pero quiero puntualizar que ministerio, es otra cosa.

El término Ministerio, dentro del ambiente del pueblo del Señor, lleva implícito el acto de ministrar o servir. En hebreo, el que sirve es denominado con el término EBED, que implica un servicio voluntario u obligatorio, y designa a todos aquellos que tienen que servir; el prisionero de guerra, el esclavo comprado, el funcionario privilegiado de un soberano, y también el adorador de Jehová.

Los orientales se consideran servidores de un superior, o de Dios. En hebreo se aplica asimismo el término de servidor a un pueblo vencido y sometido a tributo. Dios da el nombre de ministros o servidores a aquellos que lo adoran.  

Aquel que ayuda a una gran personalidad. José, esclavo, servía a su dueño, el cual le había confiado la administración de sus bienes. Abisag ocupaba un puesto de honor en su servicio a David. Josué acompañó a Moisés, cuidándose del primer tabernáculo, sucediéndole después en el caudillaje de Israel.

Eliseo era el ayudante de Elías, vertiendo agua en sus manos, y vino a ser profeta a su vez. El ministro de la sinagoga ayudaba a los que enseñaban. Los discípulos recibían las instrucciones de Cristo y vinieron a ser los ministros (servidores) del Evangelio.

Juan-Marcos fue el ayudante de Pablo y de Bernabé durante una parte de su primer viaje misionero. Ministro de Dios o del Estado. Entre ellos se hallan los sacerdotes y levitas al servicio del santuario.

Cristo también recibe este nombre como sumo sacerdote celestial. Pablo también, como anunciador del Evangelio a los paganos. El término se aplica asimismo a un magistrado; designa en ocasiones a los miembros de una corte y  también en ocasiones a un gran personaje.

Los ángeles reciben el nombre de servidores. Los que, estando al servicio de alguien, lo representan y asumen el cuidado de sus intereses; griego DIAKONOS. Primitivamente este término no designaba a un servidor de los pobres, sino más bien a un magistrado, a un ministro de Dios, ejerciendo la justicia y castigando a aquellos que hacían el mal.

Ahora reflexiona: ¿Lo que has visto y conocido hasta hoy con el rótulo de “ministro” o “siervo” del Señor, ¿Responde a estas características? No te rompas demasiado la cabeza pensando. Te pregunto: Los siervos y ministros que has conocido, ¿Eran realmente servidores de Dios y sus hijos o, por el contrario, se hacían servir por estos y pretendían también conseguirlo de parte de Dios?

Tú ya sabes que cuando se habla del tiempo postrero, se está hablando de este tiempo presente. Y también sabes que este es el tiempo en el que la Gran Ramera al servicio de hombres sin escrúpulos u organizaciones supuestamente cristianas que llamamos Babilonia, está comenzando a caer.

Y lo sabes porque, quizás, eres uno de los que ya se ha separado de ellas por temor santo a que, cuando comience esa caída, el fragor del derrumbe y las ruinas te arrastre. Te animo, porque no es una decisión personal, antojada ni vanidosa que has tomado; simplemente has oído la voz del Espíritu Santo de Dios que le está enviando la misma dirección a todo los que aman y buscan la verdad.

Porque también sabemos que, a los que no aman ni buscan la verdad, Dios permite que les llegue un espíritu de engaño. Y eso es lo que, mayoritariamente, podemos ver dentro de los templos hoy día. Pero la Palabra sigue siendo fiel, está intacta y no ha perdido ni vigencia ni poder.

Y, en tu calidad de ministro, ahora también sabes que tu conducta será básica para el cumplimiento de tu ministerio. ¡Pero hermano! ¡Yo solamente soy un miembro raso que no tiene cargo ni posición en la iglesia! Basta. Dios dijo que todos éramos ministros competentes; ¿Lo creerás o no? ¿Lo activarás o no?

Por lo tanto, tengas o no cargo oficial alguno dentro de las organizaciones evangélicas que parecerían haberse apropiado del evangelio sin tener orden precisa de Dios al respecto más que su propia Palabra inserta en la Biblia, eres un ministro, un siervo.

Pero eres un siervo del tiempo postrero. Y por ese motivo, hay cosas que has visto muchas veces en otros siervos, que en este nivel ya no te son permitidas. Porque tu nivel ministerial pertenece aun remanente que Dios considera santo.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez