Cuando hablamos de fe, inevitablemente vamos a caer, tarde o temprano, en una de sus mayores enemigas: la ansiedad. Y cuando revisamos a la ansiedad, no vamos a poder eludir su conductor principal: el temor. Y lo cierto es que la fe y el temor, no pueden existir o convivir juntos.
Recuerda que Dios habló repetidamente a los dirigentes de Israel sobre la fe y el temor. Les dijo firmemente que confiaran en Dios y que no mostraran temor hacia otros dioses o hacia sus enemigos. Hay dos escrituras que dan referencia de ello.
(Josué 1: 9) = Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en donde quiera que vayas.
La palabra que se traduce aquí como valiente, es la palabra chazaq, y significa: ser fuerte, valeroso, tener hombría, fortaleza, ser firme, obstinado, fortificado, poderoso. Generalmente las palabras “fuerte” o “valiente” definen a chazaq, pero esta palabra tiene una amplia gama de significados, ya que figura más de trescientas veces en el Antiguo Testamento.
(Jueces 6: 9) = Os libré de mano de los egipcios, y de mano de todos los que os afligieron, a los cuales eché de delante de vosotros, y os di su tierra; (10) y os dije: Yo Soy Jehová vuestro Dios; no temáis a los dioses de los amorreos, en cuya tierra habitáis; pero no habéis obedecido a mi voz. (Cabe aclarar que cuando aquí leemos “amorreos”, en realidad se está refiriendo a la nación cananea).
Entonces, reconstituimos que, como el aceite y el agua, la fe y el temor no se mezclan. Si empezamos con fe y la expresamos resistiendo al diablo, nuestro enemigo huirá de nosotros. Si aceptamos el miedo, los poderes de la oscuridad (el diablo y los demonios) nos esclavizarán y la fe huirá de nosotros. Es así de sencillo.
(Santiago 4: 7) = Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.
Y es muy curiosa esta advertencia que no siempre ha sido convenientemente enseñada o predicada en nuestras congregaciones. Porque, -al menos de lo que yo he oído muchas veces-, se hace especial hincapié en resistir al diablo y muy poco en someterse a Dios. Pedro lo tenía claro en su primera carta.
(1 Pedro 5: 5) = Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, (Cuidado: no dice “todos los jóvenes”, dice que todos, tanto jóvenes como ancianos), revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.
(6) Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; (7) echando toda vuestra ansiedad (¡Oh, oh!) sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.
Esta palabra traducida aquí como ansiedad, es la palabra merimna, que viene de meiro, que es “dividir”, y noos, que es “la mente”. La palabra indica distracciones, ansiedades, cargas y preocupaciones. Merimna significa estar ansioso anticipadamente acerca de la vida diaria. Semejante preocupación es innecesaria, porque el amor del Padre provee para nuestras necesidades diarias igual que para nuestras necesidades especiales. Y luego sigue:
(8) Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, (Así se le llama a todo espíritu utilizado por Satanás), como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar. (Ten esto muy presente. Ningún diablo es un león, sino que es como un león. Y no puede meterse dentro de ti, sino que procura perturbarte desde afuera, desde los alrededores)
(9) Al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo.
(10) Más el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido por un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.
El mandato de resistir es un imperativo que insta a oponerse a las maniobras del adversario. A causa de la agresiva hostilidad de Satanás y sus demonios, los creyentes deben estar espiritualmente alertas, no sólo para resistir sus ataques, empleando la armadura que se describe en Efesios 6, sino librando una batalla espiritual contra él, por medio de la oración de guerra.
Esto, que es la estricta y precisa verdad que nace de esta y otras escrituras, no tiene absolutamente nada que ver con algunas enseñanzas recibidas por hermanos en las distintas babilonias corruptas, que llevan a interpretar que resistir es soportar o aguantar. Y de ninguna manera es así. Resistir en idioma bélico es combatir hasta la última consecuencia, nunca soportar lo que venga. Eso se llama estoicismo y no es de Dios.
He dicho en muchos trabajos, tanto escritos como de audio, y lo sigo diciendo porque es necesario que se te grabe bien, que la vida del creyente es una vida que imperiosamente necesita equilibrio, un suave y delicado equilibrio, por ejemplo, entre el conocimiento y la unción.
Satanás, a través de sus personeros espirituales o humanos, busca engañarnos, siempre engañarnos, ya sea por medio de esconder la verdad o tomando una parte de la verdad y llevándolo demasiado lejos. Con respecto a los demonios, a él le gustaría que nosotros pensáramos de una de estas dos maneras, o de ambas.
Que son seres inactivos o fruto de la imaginación mística de cierta gente fantasiosa, (A esto lo he oído desde púlpitos supuestamente evangélicos), o que estuviéramos tan sobredimensionados en el tema que llegáramos a ver demonios detrás de cada problema de nuestras vidas.
Fíjate que en los últimos años, algunos han hablado tanto de los demonios que mucha gente ha sido arrastrada por un gran temor. En lugar de verse libres de sus problemas, ellos tienen el peso añadido del horror. A nadie le gusta sentirse amenazado por seres invisibles, y mucho más cuando no sabes ni te han enseñado cómo defenderte de ellos o combatirlos.
Cualquier doctrina o enseñanza, por bien envasada en cartones espirituales que vengan, puede ser dañina o peligrosa si se enfatiza demasiado o se enseña de una manera que no es la verdadera en relación con la Biblia. No te olvides que un extremismo siempre, definitivamente siempre, es una exageración de una verdad. Y a esto, créeme, Satanás lo sabe manejar bastante bien.
En una ocasión, y por causa de los deseos de un pastor bastante conservador y ortodoxo de sumarse a una onda de avivamiento y crecimiento numérico en las congregaciones, vino a su iglesia, (De las más antiguas de la ciudad), un predicador y evangelista de esos que reprenden y echan fuera demonios en cada presentación.
Una hermana, que asistió puntualmente a cada una de las jornadas que cumplimentó la visita, estuvo a punto de volverse loca por causa del temor que le invadió para con esos demonios que no conocía y que de pronto parecieron invadir su vida, su familia y hasta su vivienda.
Se convirtió, de la noche a la mañana, (O de aquellas noches a esa mañana), en una persona muy temerosa que, tras sentarse durante una semana entera bajo la enseñanza de ese evangelista, lo que ella supuestamente aprendió, la llevó a creer que su casa estaba llena de demonios, diablos y diablillos.
Reconoció entre lágrimas y desesperación manifiesta, que por las noches tenía tremendo miedo de que cada habitación, armario y salita tuvieran miles de demonios escondidos que esperaban que ella se quedara dormida o desprevenida para atacarla y dañarla.
Se necesitaron mucho más que una semana, quizás un par de ellas, por lo menos, de enseñanza de la Biblia real y genuina, para sacarla del miedo y volverla a llevar a un lugar de fe. Todo lo que necesitamos es conocer la verdad y vivir en la libertad que ésta proporciona.
¿Demonios? ¡Por supuesto que existen y son reales! ¿Miedo? ¡En lo más mínimo! ¿No has leído ciento de veces en tu Biblia que ningún poder tienen si no los habilitas con tu conducta pecaminosa? ¿No has entendido que el que mora en ti es superior en cualquier área al más importante de ellos?
Entiende de una vez y para siempre una verdad elemental para la guerra espiritual: Satanás o cualquiera de sus demonios son adversarios complicados, pero de ninguna manera poseen los atributos que Dios sí posee. Algunas personas mal informadas o informadas de forma tendenciosa por los noticieros del infierno tienen miedo de los demonios, porque creen que ellos poseen poderes o características que no tienen.
Pero lo cierto es que el diablo y sus demonios no saben todas las cosas ni pueden leer nuestras mentes. No saben cómo reaccionaremos a los pensamientos o sentimientos que pongan en nuestras mentes o corazones. Tienen que esperar y ver lo que hacemos.
En ocasiones pueden familiarizarse con nuestros patrones de comportamiento, pero no pueden prever o determinar nuestras acciones. Por eso siempre se sugiere a los que tienen puntos muy vulnerables en sus personalidades que, cuando van a orar a Dios pidiendo protección en eso, lo hagan con oraciones mentales.
Porque de ese modo Dios sabrá de inmediato de lo que estamos hablando porque es capaz de leer nuestro pensamiento, pero Satanás no podrá enterarse respecto a cuales son nuestros puntos débiles porque no puede leer en nuestra mente.
Una prueba de esto la tienes en uno de los libros más complejos del Antiguo Testamento: Job. Satanás ciertamente no previó el resultado de su ataque contra Job. Tampoco esperó que la victoria le llegaría a Jesús a través de la cruz. Si Satanás hubiera sabido lo que iba a suceder, jamás hubiera crucificado a Jesús, ¿Lo estás entendiendo?
Además, entre los mitos que muchos cristianos han adoptado como ciertos sin serlo, está el que ya ha quedado demostrado y en evidencia: que los poderes demoníacos no pueden estar en todas partes durante todo el tiempo.
Ciertamente, la Biblia nos entrega registros muy precisos respecto a que indudablemente se sintieron muy molestos de estar alrededor de Jesús. Y que también abandonaron rápidamente la escena cuando se enfrentaron con los apóstoles en el libro de los Hechos. Esto nos habla de autoridad, no de métodos.
Los demonios no son todopoderosos, eso nos queda más que claro; sólo Dios lo es. Cuando David cantó canciones al Rey Saúl, el espíritu malo que le molestaba se apartaba. La alabanza y la adoración poderosa del Señor lanzan fuera las fuerzas demoníacas.
Pero quiero ser claro y preciso en esto para ahorrar confusión y frustración a los lectores. Estoy hablando de alabanza genuina y de adoración genuina. De ninguna manera me estoy refiriendo al último hit de las disquerías cristianas ni a lo que más se vende ni al cantorcito guapo que hace estragos en los corazones de las hermanitas jóvenes.
Aún los creyentes nuevos – cuando se someten a Dios – pueden hacer que el enemigo huya. De hecho, las características que ahora paso a detallar le pertenecen solamente a Dios. Más allá de lo que Satanás y sus demonios quieran hacernos creer, solamente Dios es:
Omnisciente: que lo sabe todo. Que conoce todas las cosas reales y posibles. Alguien que sabe lo que piensan y hacen los personajes en todo momento. ¿Tú crees que algún hombre puede arrogarse esta condición? Pienses lo que pienses, entiende que solamente Dios puede conocerlo. A menos que hables en alta voz, ningún demonio podría conocerlo.
Omnipresente: que está presente en todas partes al mismo tiempo. Esta es una condición que también Dios tiene como patrimonio exclusivo. Ni Satanás ni sus demonios la tienen. Se mueven a alta velocidad, pero no pueden ir más allá de eso.
Omnipotente: que es todopoderoso. ¿Has escuchado decir que Dios todo lo puede? Eso es bien cierto, para Dios no existe absolutamente nada de lo que existe aquí en la tierra que sea imposible. Es un grado de poder que está por encima de cualquier personero del infierno por importante que sea.
Entonces, tenemos que saber y entender que el diablo y sus demonios pueden atacarnos, de eso no podemos dudar. Sin embargo, lo que no pueden hacer es entrar en nuestras vidas a menos que les abramos la puerta por el camino de la duda, desobediencia o engaño.
No poseen los atributos del Dios Todopoderoso. De hecho, el enemigo no es un obstáculo para un cristiano informado, uno que esté caminando en fe y obediencia. Reitero: a menos que caiga en grosero pecado, no abrirá puertas suficientes como para que pueda ser engañado y derrotado.
Entre más pronto aceptemos esta verdad, más rápido nos apartaremos del temor parar entrar en la fe, y de la derrota para entrar en la victoria. Estos son, ciertamente, principios básicos para la vida cristiana victoriosa. Por la mayor parte de esos miedos tienen que ver con una sobredimensión de los poderes satánicos, que entremezclados por culpas producidas por engaños, llevan a situaciones de frustración y debilidad suma.
Y no debemos suponer que hablamos por voluntarismo o exitismo mal interpretado. Muy por el contrario, nuestra victoria sobre los poderes diabólicos está señalada claramente en la Escritura. Uno de los versículos clave se encuentra en la carta de Pablo a la iglesia de Colosas.
(Colosenses 2: 13) = Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, (14) anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, (15) y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.
Dice que lo hizo anulando el acta de los decretos. Esta palabra, anulando, es la palabra exaleipho, que proviene de ex, que significa “afuera” y aleipho, que se traduce como “untar”. De aquí, anular, borrar, lavar. Usada metafóricamente, la palabra significa una supresión, ya sea de pecados, de un decreto, un nombre o de lágrimas.
En este pasaje se nos dice que Dios ha desarmado y derrotado a los poderes de los espíritus del mal que gobiernan al mundo. Esto se refiere a los demonios poderosos que forman parte de las fuerzas de Satanás. Se les privó de sus armas y autoridad. Ahora no tienen defensa y han sido degradados.
Esto es un cuadro muy vívido de un desfile de la victoria en el que el enemigo derrotado es expuesto a la vergüenza pública. Es una victoria que fue ganada por el Señor Jesucristo en el Calvario cuando fue crucificado. Y es bueno saberlo porque todavía quedan muchos, -demasiados- cristianos que ignoran el significado real de la cruz, y sólo la ven como un elemento de sufrimiento y martirio.
Esto fue lo que sucedió en el Calvario. Satanás y todos sus demonios fueron totalmente derrotados. Fueron expuestos a un despliegue abierto de vergüenza y degradación en aquella mañana de Domingo de Resurrección. Las palabras de aquel famoso himno cuenta la historia de una manera muy hermosa:
"De la tumba se levantó / Con un triunfo poderoso / sobre sus enemigos / Se levantó victorioso / del dominio tenebroso / Y vive para siempre / con sus santos para reinar / Se levantó! Se levantó! / Aleluya! Cristo se levantó!
Cristo ahora sostiene en Sus manos para siempre las llaves del infierno y de la muerte. Las sostiene porque venció al pecado, a Satanás, al pecado y a la muerte. Fue totalmente triunfador – sobre el diablo, sobre los principados y los poderes. Ganó todo.
No solamente fue su victoria, sino también la nuestra. Las victorias de aquellos grandes generales de la segunda Guerra Mundial no sólo fueron para ellos, sino que se convirtieron en una victoria que todo el pueblo de sus respectivos países y sus aliados disfrutaron.
Así es lo que sucedió en la cruz. Más allá de ser una inocultable victoria de Jesús, el Cristo, sirvió para que la disfrutáramos todos los que hoy decimos ser cristianos. ¿Y cómo se disfruta una victoria? Haciéndola real cada día en nuestra batalla cotidiana.
La victoria de Jesús es la misma para todos nosotros los que le amamos y le servimos. Él murió avergonzado para que pudiéramos vivir victoriosos. Tenemos que verlo. Tenemos que conocerlo. Tenemos que caminar a la luz de esa revelación. Es nuestra clave para la vida cristiana victoriosa.
Es importante saber que cuando el diablo fue derrotado también lo fueron todas sus fuerzas demoníacas. No tienen autoridad ni poder sobre nuestras vidas excepto el que nosotros les permitamos que tengan.
Se cuenta la historia de un sargento de un ejército durante la Segunda Guerra Mundial, que fue internado en un campo de prisioneros de guerra enemigo luego de ser capturado. Después de que el país que lo tenía prisionero se rindió, el general que estaba a cargo del campamento mantuvo su mando. Esperaba que un oficial de alto rango de las fuerzas que los habían derrotado llegara y se hiciera cargo del mando.
Pero no fue así. Ese general iba a aprender que un militar derrotado, por más grado de general que posea, tiene menos autoridad que un sargento, si ese sargento pertenece al ejército que ha ganado la guerra. Al escuchar las noticias sobre la rendición, el sargento todavía prisionero informó rápidamente a ese general que él y sus hombres se iban hacer cargo del campo.
No hizo falta que esperaran. Con la firma de los papeles de rendición, el cambio de mando alcanzó hasta el soldado de rango más bajo. Incluso un sargento del ejército podía tener el mando sobre un oficial de alto rango si ese oficial era miembro de las fuerzas derrotadas. Este es un cuadro poderoso de la autoridad del creyente. Es nuestra cuando nos colocamos bajo la dirección de nuestro Señor Jesucristo.
Hay algo que como creyentes genuinos que somos o, al menos, deseamos ser, debemos saber: cuando estamos bajo autoridad, podemos actuar con autoridad. Y cómo puedes imaginarte, no me estoy refiriendo a autoridades jerárquicas humanas, desde luego.
El triunfo de Cristo sobre Satanás en la cruz del Calvario significa que nosotros también poseemos ese mando. Todo cristiano que vive bajo la autoridad de Dios tiene derecho a asumir el mando y a tomar su parte del mundo. Tiene la autoridad y el derecho legal de decirle al diablo (y a sus demonios) a donde tiene que ir y lo que tiene que hacer.
Y si no estamos viendo esto más a menudo es, entre otras razones, porque Satanás se las ha ingeniado para hacerle creer a la iglesia que existe gente “especializada” en echarlo fuera a él, que cualquiera no puede o no debe hacerlo, y que por habernos creído esa enorme mentira nosotros mismos dudamos y no nos atrevemos.
Se nos enseña que resistamos al diablo y que veamos cómo huye. EL apóstol Santiago utiliza un término militar para explicar esta verdad en su epístola: Por lo tanto, someteos a Dios, resistid al diablo, y él huirá de vosotros.
La palabra "someterse", que aquí se utiliza con relación a Dios, no a hombre, significa colocarse bajo o venir bajo una autoridad (es decir, obedecer totalmente al Señor). Cuando nos colocamos bajo la autoridad podemos permanecer y resistir firmemente al diablo y a sus demonios. Cuando lo hagamos, se volverán asustados y saldrán corriendo.
Ha ocurrido, y sigue sucediendo, que en ciertos y determinados grupos supuestamente cristianos de buen prestigio, hay gente nombrada u ordenada para librar guerra espiritual. Y a ella van a parar todos los endemoniados que llegan en búsqueda de ayuda.
Pero resulta ser que en algunos casos, depende qué hermano se haga cargo del asunto, esas personas son liberadas, pero en muchos otros casos, no. ¿Qué sucede aquí? ¿Acaso Dios tiene favoritismo por algunos y por otros no? No. Ocurre que muchos de los que pretenden pelear con los demonios no están todavía sometidos a Dios. Entonces, aunque hayan sido nombrados u ordenados, no funciona.
En ningún sitio de la Escritura se dice que Jesús se enfrentó con el poder diabólico con miedo y temblor; o con alguna clase de duda en sus posibilidades. De hecho, muy por el contrario, fue de una manera muy distinta. Fueron los demonios los que gritaron de temor.
(Marcos 1: 23) = Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, (¡Eh! ¡No estaba en el pub bebiendo cerveza con sus amigos borrachines! ¡¡Estaba en la sinagoga!!) que dio voces, (24) diciendo: ¡Ah! ¿Qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios. (Más de uno quisiera que los demonios lo conocieran e identificaran como lo hicieron con Él, ¿Verdad?)
(25) Pero Jesús le reprendió, diciendo: ¡Cállate, y sal de él! (Parecería ser que no le preguntó cómo era su nombre y cómo había entrado en el hombre. Sencillamente los echó fuera de allí. Autoridad.)
(26) Y el espíritu inmundo, sacudiéndole con violencia, y clamando a gran voz, salió de él. (Lo dicho en más de una ocasión. Satanás y sus demonios, a veces, son mucho más obedientes que varios cristianitos que conozco).
(27) Y todos se asombraron, de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen? (¿Cómo puede ser que haga eso ese hermano si no está aprobado por la junta de viejos cabezones que lideran la denominación a la cual pertenecemos?)
(28) Y muy pronto se difundió su fama por toda la provincia alrededor de Galilea.
(29) Al salir de la sinagoga, vinieron a casa de Simón y Andrés, con Jacobo y Juan.
(30) Y la suegra de simón estaba acostada con fiebre; y en seguida le hablaron de ella.
(31) Entonces él se acercó, y la tomó de la mano y la levantó; e inmediatamente le dejó la fiebre, y ella les servía. (Esto es para los literalistas que enseñan que hay que hacer las cosas exactamente como las hacía Jesús para que funcionen. ¿Oró Jesús por la suegra de Simón? No. ¿Le reprendió la fiebre? No. ¿Le echó fuera demonios de enfermedad? No. Simplemente le tomó la mano y la ayudó a levantarse, según otras versiones. Nada más. Fue sana. ¿Alguien se atreve a imitarlo?)
(32) Cuando llegó la noche, luego que el sol se puso, le trajeron todos los que tenían enfermedades, y a los endemoniados; (33) y toda la ciudad se agolpó a la puerta.
(34) Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían. (Esto quiere decir que aquellos que necesitan dialogar con los demonios para ver si es posible echarlos fuera de donde están, no son demasiado conocidos por éstos)
(35) Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba. (La vida moderna impone cambios hasta en los horarios de descanso, pero en lo posible, Jesús nos muestra que levantarse bien temprano a orar es no sólo conveniente o indispensable, sino además agradable y vital.)
(36) Y le buscó Simón, y los que con él estaban; (37) y hallándole, le dijeron: Todos te buscan.
(38) Él les dijo: vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido. (¿A qué cosa dice el propio Jesús que vino? A predicar. ¿Qué significa ser un cristiano? Seguir a Cristo. ¿Qué es seguir a Cristo? Hacer las cosas que Él hizo. ¿Está claro?)
(39) Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios. (Si alguien supone que Jesús pedía una cita con el fariseo a cargo de esa sinagoga para solicitar el debido permiso para entrar, predicar y hasta liberar endemoniados ahí adentro, está listo. Jesús nunca les pidió permiso para nada. ¿Cómo se llamaría un hombre así, hoy, en cualquiera de nuestras iglesias?)
(40) Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: si quieres, puedes limpiarme. (Fíjate; no le dice sanarme o liberarme; le dice limpiarme)
(41) Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio. (Jesús respondió al pedido conforme al pedido. No le dijo Sé libre o sé sano; le dijo sé limpio.)
(Lucas 8: 27) = Al llegar él a tierra, vino a su encuentro un hombre de la ciudad, endemoniado desde hacía mucho tiempo; y no vestía ropa, ni moraba en casa, sino en los sepulcros. (Imagínate. Llega el gran predicador Jesús de Nazaret a un lugar y, en vez de salir a su encuentro un comité de jerarquías religiosas de la zona, o los representantes del Consejo de Pastores del sitio, lo que le sale al encuentro es un loco desnudo que vive en el cementerio. ¡Qué nivel! ¿Verdad?)
(28) Este, al ver a Jesús, lanzó un gran grito, y postrándose a sus pies exclamó a gran voz: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te ruego que no me atormentes.
(29) (Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre, pues hacía mucho tiempo que se había apoderado de él; y le ataban con cadenas y grillos, pero rompiendo las cadenas, era impelido por el demonio a los desiertos.) (¡Rompía las cadenas! ¿Tienes alguna duda que estaba bien endemoniado?)
(30) Y le preguntó Jesús, diciendo: ¿Cómo te llamas? Y él dijo: Legión. Porque muchos demonios habían entrado en él.
(31) Y le rogaban que no los mandase ir al abismo.
Es muy curioso este diálogo entre los demonios que habitaban a ese hombre y Jesús, porque es el único que en este tenor vemos en toda la Biblia. Demuestra que ellos sabían perfectamente quién era el que tenían enfrente, así como sabían que si Él les ordenaba salir iban a tener que hacerlo. Por eso le rogaban que, al menos, no les ordenara ir al abismo.
Pero, entonces, ¿Los demonios creen en Dios? ¡Por supuesto que creen! La incredulidad es un patrimonio del hombre, no de los seres creados. ¿No dice Santiago 2:19 que también los demonios creen y tiemblan?
Es interesante notar que la palabra griega para "temblar" es frisso. Significa temblar o tener escalofríos de terror y horror. Se refiere a la clase de miedo que hace que el pelo de uno se erice o ponga de punta. Es un nivel de terror que solamente puede producirlo lo desconocido o lo sobrenatural.
Entonces, no; no fue Jesús el aterrorizado por la presencia de los demonios. Fueron los demonios los que se quedaron aterrorizados de miedo por el poder y la presencia del Señor. Sabían que Él había venido a privar a Satanás de su poder y autoridad. Después de Su resurrección, Jesús expresó claramente esta verdad con las siguientes palabras:
(Mateo 28: 18) = Y Jesús se acercó y les habló diciendo: toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.
(19) Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; (Cierto es que la Biblia no habla de la Trinidad, pero sí habla de esto que has leído, que como quieras que decidas llamarlo, nos habla de Trinidad) (20) enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
¿Hasta el fin del mundo? Es decir, ¿Hasta que todo esto que habitamos se destruya en mil pedazos y salgamos volando por el universo en un final horrendo para toda la raza humana? ¡No! ¡Eso es lo que en muchas iglesias se ha enseñado bajo el rótulo de “buenas nuevas”!
Cuando aquí se dice mundo, se está denotando un período indefinidamente largo, con énfasis sobre las características del período más bien que sobre su duración. Y nos está hablando de sistema, no de planeta. ¿Hay que entender que Jesús dice que será hasta el fin del sistema? Correcto. Pero, ¿De qué sistema? De todo lo que vemos: sistema político, social, económico y…religioso, que es como decir Babilonia. ¿Estás entendiendo?
La palabra "poder" que leemos en el pasaje de arriba significa poder para gobernar, adquirir autoridad y tener dominio. Ahora bien, si Jesús tiene todo poder y autoridad, eso significa que el diablo no tiene ninguno. A través de su muerte en la cruz, Jesús destrono al diablo y le quitó el aguijón de la muerte. Sólo un problema: miles y miles de cristianos todavía no parecieran estar ni enterados de ello. Jesús señaló con firmeza esta verdad nuevamente a su Apóstol Juan en la visión celestial.
(Apocalipsis 1: 17) = cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último; (18) y el que vivo, y estuve muerto; más he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.
Pero debo aclarar algo que si no lo dijera, cualquier clase de estudio al respecto estaría incompleto. No solamente Jesús tiene todo poder y autoridad, sino que también ha dado ese poder a Sus discípulos. Y no sólo a aquellos discípulos de su época, sino a los que aceptan ser sus discípulos de todas las épocas. ¿Recuerdas a los setenta?
(Lucas 10: 17) = Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.
(18) Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.
(19) He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.
(20) Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos. (También se los dijo en otra ocasión donde es Marcos quien lo rescata).
(Marcos 16: 17) = Y estas señales seguirán a los que creen: (¡Atención con esto! Dice que las señales que ahora va a detallar seguirán a los que creen. Esto es: no deberás ir en búsqueda de esas señales a ninguna parte, ya que ellas van a seguirte. Claro está que, siempre y cuando creas, que no es poco.) En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; (18) tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.
A la luz de los pasajes mencionados arriba, está claro que no tenemos razones para temer a los poderes demoníacos. Su poder y autoridad les han sido arrebatados. Son ellos los que tiemblan en nuestra presencia cuando permanecemos fuertes en la victoria del Calvario.
Entonces, creo que ha llegado el momento, aquí y ahora, de preguntarnos seriamente por qué razón es que todavía no estamos viendo todas estas cosas donde quiera que estemos congregados bajo el rótulo de iglesia. ¿Será porque no creemos? ¿Será porque no tenemos autoridad por causa del pecado? Será algo de eso, sin dudas, y te corresponde a ti examinarlo, descubrirlo y solucionarlo.
Consideremos ahora cómo poner en acción la verdad de la Palabra de Dios. Los principios tienen que ser probados en la práctica. Porque no ganamos absolutamente anda con poblar el “éter” radial, televisivo o cibernético de lindos mensajes si no podemos poner por obra práctica ni la cuarta parte de ellos.
(Números 23: 21) = No ha notado iniquidad en Jacob, ni ha visto perversidad en Israel. Jehová su Dios está con él, y júbilo de rey en él.
(22) Dios los ha sacado de Egipto; tiene fuerzas como de búfalo.
(23) Porque contra Jacob no haya güero, ni adivinación contra Israel. Como ahora, será dicho de Jacob y de Israel: ¡Lo que ha hecho Dios!
En el pasaje de arriba tenemos un cuadro casi perfecto de lo que disfrutamos como creyentes en Cristo. La presencia de Dios está con nosotros y su protección descansa sobre nosotros. Tenemos la victoria sobre nuestros enemigos.
Es de especial interés notar que ninguna maldición puede ser realizada contra nosotros. Aun la brujería no tiene efecto en la medida en que nos sometamos al gobierno real de nuestro Dios. Cuando caminamos en fe y obediencia, ningún poder del enemigo puede dañarnos.
Esta es una verdad para el pueblo de Dios de Dios de todas las épocas. Descansa sobre el principio del dominio divino. Como se dijo antes: cuando nos colocamos debajo de la autoridad de Dios, su autoridad desciende sobre nosotros. Después podemos resistir al diablo y a sus demonios en la autoridad de Su nombre y por el poder de Su Palabra. Estos huirán de nosotros.
Hay lugares en el mundo en los que esta verdad es de gran importancia. Muchas personas viven sus vidas completas con temor a causa de la brujería. Los hemos visto ser librados completamente de tal temor en el nombre de Cristo Jesús.
Cuando comprenden que el diablo ha sido derrotado totalmente en el Calvario, pierden su temor. Rápidamente empiezan a moverse en su autoridad como hijos e hijas reales en la familia de Dios. No temen enfrentarse y derrotar a los poderes demoníacos en cualquier sitio que se los encuentren. Es hermoso ver " las maravillas que Dios ha hecho por ellos".
Por esa razón es que, entonces, experimentar temor a ciertas circunstancias no es compatible con la fe. Cuando hay una medida importante de fe en nuestras vidas, nuestras vidas pueden manifestarse y manifestar el poder de Dios a cada paso. Y esa misma evidencia es la que actúa como elemento vital para la guerra espiritual en la que estamos inmersos, la creamos o no.