Tiempo de Nuevo Pacto

Hasta aquí lo hallado respecto a los postreros tiempos, o últimos tiempos, o postreros días o últimos días en el Antiguo Testamento. Ahora es el turno del Nuevo Pacto. Aquí la palabra griega que predomina casi todo el contexto (A excepción de un pasaje que veremos al final), es la palabra ESJATOS.

El significado más o menos aproximado, es el de contigüidad, más lejos, final, (De lugar o tiempo), postrer, postrero, último, (Postrer) estado, final. A partir de todo esto, veremos todos los textos donde esta o estas palabras están presentes y procuraremos corroborar o ampliar significados actuales.

(Juan 6: 28)= Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?

(29) Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis, en el que él ha enviado.

(30) Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces?

La gente se preocupaba más en lo que hacía para Dios y en lo que Dios podía hacer, (señales) por ella, mientras que para Jesús el asunto principal residía en la fe; es decir, en la confianza en Aquel a quien Dios había enviado.

Me pregunto cuanta diferencia existe con relación al tiempo presente. No son pocos los que por poco me piden señales para poder creer las cosas que digo. No pierden un segundo en buscar en sus Biblias que, lo que yo estoy diciendo, está escrito allí desde siempre.

Indudablemente, aunque parezca soberbio, místico, sectario o mesiánico, la respuesta que debería darles es la misma que dio mi Señor Jesús. La obra de Dios es que la gente crea en lo que están diciendo los que Él ha enviado, en medio de lo que dicen tantos y tantos que Él jamás envió. Esa es la diferencia entre Apóstol e impostor.

(31) Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer.

La expresión hebrea MAN HU, significa: “¿Qué es esto?”, pregunta de dónde proviene el nombre de la sustancia. El maná fue el principal alimento de los israelitas durante los cuarenta años de peregrinación por el desierto.

 Los israelitas lo conocieron por primera vez en el desierto de Sin, cuando se quejaron de falta de alimento. El descenso del maná se compara con una lluvia de pan celestial. Por la mañana, cuando se disipó el rocío, quedaron pequeños granos en el suelo, parecidos a la escarcha.

Los hijos de Israel, no sabiendo de qué se trataba, preguntaron: “¿Mãn hû?” Moisés les dijo: Es el pan que Jehová os da para comer. El maná recordaba la semilla del culantro blanco; era blanco, y tenía un sabor como de hojuelas con miel o de aceite fino; la gente lo molía en molinos o lo majaba en morteros, cociéndolo o haciendo tortas.

Moisés ordenó a los israelitas, de parte del Señor, que recogieran cada mañana un gomer por persona (entre 3,5 y 4 l.), y que no guardaran nada para el día siguiente. Los gusanos atacaron el maná de los desobedientes.

El día sexto, el Señor envió dos gomers de maná por persona; no hubo nada en sábado. Aarón conservó un gomer de maná, evidentemente incorruptible, para que sus sucesores después de él lo fueran guardando para generaciones sucesivas, para que vieran el alimento de sus antecesores en el desierto.

Un año después de la primera aparición del maná, en la misma época, se específica que el pueblo seguía recibiendo este pan del cielo, que siguió cayendo hasta el final de los 40 años en el desierto.

Los israelitas menospreciaron esta bendición, a pesar de lo cual Dios no les privó de él. El maná no cesó hasta el día después de la Pascua celebrada en Gilgal, tras haber atravesado Canaán, y después de que el pueblo hubo comido del fruto de la tierra.

Se ha planteado frecuentemente la cuestión de si el maná era un producto creado especialmente para socorrer a los israelitas, o si se trataba de una sustancia natural, multiplicada de una manera milagrosa.

Hay diversas plantas que exudan una especie de sustancia análoga al maná, de manera espontánea, o bien debido a la picadura de un insecto. Éste es el caso del “Tamarix nainnifera” (variedad del “Tamarix gallica”), y que crece en la península del Sinaí; esta planta es picada por un hemíptero, “Chermes”, o “Coccus manniparus”.

El producto, de un color amarillento, se vuelve blanco al caer sobre las piedras y quedar al sol; se encuentra durante 6 a 10 semanas, sobre todo en junio. El “Alhagi maurorum” y el “Alhagi desertorum” exudan asimismo una especie de escarcha, y hay también más plantas de este género.

Su producto es usado como miel y mantequilla por los árabes; tomado en dosis más fuertes, tiene efectos purgantes. Es evidente, sin embargo, que todas estas sustancias no tienen las características del maná.

El maná fue producido milagrosamente, en cantidad suficiente para toda una nación; esta cantidad era doblada al sexto día y no aparecía en el séptimo; dejó de existir cuando dejó de ser necesaria.

En el sentido tipológico, Cristo compara el maná con el Pan viviente descendido del cielo. En tanto que el maná nutría el cuerpo por un poco de tiempo, Jesús, el verdadero pan de vida, ofrece su carne y su sangre como alimento y salvación eterna de nuestras almas.

Todo israelita tenía que buscar el maná cada día, por la mañana, en cantidad suficiente, tomándose simplemente el trabajo de recoger este don de lo Alto. De la misma manera, cada creyente busca en Cristo su alimento, cada día antes de toda otra actividad, a fin de quedar plenamente provisto, apropiándose por la fe del don celestial.

Finalmente, Él nos asegura que el que venza, recibirá hasta en el cielo este maná espiritual y escondido, por cuanto Cristo será nuestro Pan vivo hasta la eternidad. Esto nos habla de un reconocimiento que parte desde lo revelado, al igual que lo que ahora puede impactar nuestras vidas.

(32) Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: no os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.

(33) Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.

(34) Le dijeron: Señor, danos siempre este pan.

(35) Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.

(36) Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis.

(37) Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y el que a mí viene, no le echo fuera.

(38) Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.

(39) Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió; que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

(40) Y esta es la voluntad del que me ha enviado; que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

En la inauguración de esta expresión en el Nuevo Testamento, es indudable que se está hablando del día postrero con relación al día en que Jesús produzca y efectivice su Segunda Venida. Allí Él será quien posibilite que tú, aunque ya estés muerto físicamente, resucites para nueva y eterna vida en Él.

Esta es la interpretación que salta a la vista y nadie va a discutir, alterar ni modificar. Es más: podría decirte que se interpreta sola, como el resto de la Biblia. El daño mayor a la Palabra de Dios se lo han hecho infinidad de intérpretes, mucho más que el diablo.

Sin embargo, el verso 39, que parecería ser un anticipo de lo que leemos en el 40, podría verse de otro modo que, oh paradoja, coincidiría total y plenamente con lo que hemos visto en el Antiguo Testamento.

Porque allí dice que Él no deberá perder nada de TODO (No de “todos) lo que el Padre le diere. ¿Y que cosa es lo que el Padre le dio a Jesús? Poder, discernimiento, autoridad sobre el mundo satánico, etc.

Y dice que a eso, a todo esto, que son elementos para señales y maravillas, no personas, Él habrá de resucitarlo, ponerlo en vigencia, darle vida nuevamente, en el día postrero. Y este, mi amado hermano, no puede ser el día final, el día postrero esencial, que es el de su segunda venida por una simple razón: allí ya no harán falta señales, milagros y nada de lo que hemos mencionado.

¿Entonces? Entonces, sólo nos queda un día postrero donde sí todavía todo eso será bienvenido y necesitado: el día de la caída de Babilonia. Cuando la iglesia falsa desaparezca y deje de confundir a los cristianos con sus espectáculos, trampas y entretenimientos, los verdaderos poderes de Jesús estarán en manos de todos aquellos que conformen el remanente santo.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez