Capacitados Para Levantarse

Aprende: Dios jamás se muestra de la misma manera. En el caso de Moisés, se presentó en una zarza ardiente. O sea que Él tiene maneras de llamar la atención a la gente. En el caso de otras personas habrá sido el accidente de un familiar, la quiebra de una empresa, una situación difícil en la familia. Dios va a usar diferentes zarzas ardientes. No sólo Dios lo está mandando a Moisés a su pueblo, sino que además le dice que vaya a hacerlo a Egipto. ¡Linda tarea para un hombre que estaba en calidad de prófugo en Egipto!  Pero no sólo lo manda, sino que además le da el mensaje que debe predicarles. ¡Ve y diles! Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. ¿Notan ustedes que le dice las dos cosas de las que habla Pablo? Tiene un mensaje, y tiene una comisión, es enviado. Es decir que Moisés iba a llegar a destino e iba a decir: ¡Dios me ha enviado! ¡No vine porque yo quise! ¡Él me ha enviado!

Y fíjate lo que dice luego el Señor. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos Moisés va a ser enviado para una tarea impresionante. Dios lo busca y lo comisiona. Y si tú ves más adelante, no sólo lo comisiona, sino que además también lo capacita. Porque en contrario a lo que se ha enseñado y se sigue enseñando en nuestras iglesias, Dios no viene a buscar y a levantar a gente capacitada; Dios capacita a los que va a levantar. Lo hizo conmigo. Yo jamás podría haber sido un maestro suyo por méritos o capacidades propias. ¡Él lo hizo! Yo sólo pude o supe obedecer. Él va a hacer una tremenda manifestación del poder de Dios en Egipto. Él va a pelear contra los dioses egipcios, día tras día; plaga con plaga, y va a vencer uno tras uno a los dioses egipcios. Claro está que, en el principio, cuando todo comenzó, él todavía no sabía eso. ¡Gloria a Dios que no se lo dijo antes! ¿Te imaginas el ataque de pánico que le hubiera dado al pobre Moisés?

Esto es bastante conocido en ciertos niveles de nuestros ambientes, porque forma parte de la manera en que Dios suele moverse. No es que tenga métodos fijos ni costumbres inamovibles. Él lo hace como le da la gana, pero generalmente, suele ir dándote las cosas de a poco, como para que no te indigestes. Pero te dice lo que debes hacer. ¿Recuerdas cuando le hace arrojar a Moisés la vara esa toda fea y despareja, y de pronto la vara se convierte en una serpiente? Nota cómo opera y funciona el concepto. Apartado de otros, no puedes confiar en tus propias fuerzas. Él lo hará, no tú, aunque tengas un título. Y lo mira y le dice: oye Moisés, no puedes hacer nada por tu cuenta. Mira donde estás parado. Sobre una serpiente, no tienes estabilidad en nada con ella allí. Mira ahora tu corazón. Mete la mano en tu costado. Ahora sácala. ¿Ves? Está leprosa. Tienes el corazón con lepra. Aprende, Moisés. Aquí no se trata de lo que tú sientas o de lo que tú creas mejor. Aquí se trata de obedecer mi voz. Nada más que eso. Además, el clásico ministerial: esfuérzate y sé valiente. El resto es mío, Moisés. Ahora escucha atentamente lo que te voy a decir y luego ve y diles exactamente eso a los hijos de Israel. Ese es Dios. El que lo oye y obedece, cualquiera. Aquí, yo; allí, tú; más allá…cualquiera.

Ahora veámoslo así: ¿Qué es lo que Dios está buscando, hoy? ¿Acaso busca un pastor? No, Dios jamás busca un pastor; Dios busca un pregonero. Tampoco busca un profeta, busca un pregonero. Ni siquiera busca a un apóstol, busca un pregonero. Ni por asomo busca un cantante, busca un pregonero. Él siempre busca a alguien que repita sus palabras a otros.  ¡Ah! ¿Y cuál es la ventaja de ir con las palabras del pregonero, a la gente? La ventaja se llama: Autoridad. ¡El Dios de vuestros padres me ha enviado! ¡Y dice esto, esto y esto! ¿Me olvido de algo? Creo que no. Listo. Nos vemos y hasta otro día. Dios los bendiga. Terminé. Consumado es. No es este mi negocio, no estoy aquí porque quiero; fui enviado.  Yo no busqué la zarza ardiente. No quise venir, yo pensé que a esto lo tenía que hacer mi hermano, no yo. ¡No estoy porque quiero! Realmente, en el ministerio nadie está porque quiere. Uno debe estar en el ministerio por un simple principio: obediencia. Soy un maestro del Señor y glorifico Su nombre por ello, pero; ¿Crees que yo busqué ser maestro? ¡Yo quería ser cualquier cosa, menos un estudioso de la Palabra! ¡¡¡Me aburríaaa!!! ¡Qué enorme que es Dios!

La gente, por su esclavitud, sufrió una pérdida terrible. No eran las finanzas, no era su tierra. Lo que el pueblo perdió en Egipto, fue el nombre de Dios. Por eso le dice aquí el Señor: este es mi nombre. Es muy llamativo que en Juan 1:12 diga que se les da la potestad de ser hijos de Dios a los que creen en su nombre. Que en Juan 17 Jesús diga: he terminado la obra que me diste que hiciese; he manifestado tu nombre. El noventa y nueve por ciento de lo que hoy en día llamamos prédica, es dar a conocer a la iglesia. Lo que en este tiempo predica la iglesia, es a la iglesia. La iglesia se predica a sí misma como institución, no predica a Jesucristo. Es decir que no predica el nombre de Dios. Se invita a las personas a venir a la congregación porque, se les asegura, ahí Dios las va ayudar. Eso es fomentar la religiosidad en la gente. ¡Bueno! ¿Es para tanto, hermano? Es para tanto. Como que sin desearlo, quizás, están sacando a las personas del camino correcto y los están enviando a un atajo sin salida clara.

Escucha esto y presta  atención: no hay ni un solo ejemplo en la palabra, ni uno solo, en el que un profeta esté buscando que la gente tenga que ir a un lugar específico para hacer o para ser algo. El mensaje central del enviado, es revelar el nombre de Dios. Lo que llamamos inconverso, incrédulo, básicamente es una persona que no conoce el nombre de Dios. ¡Es que ellos saben todo de Jesús! No estoy hablando de Jesús, estoy hablando del nombre. Otro ejemplo que podríamos tomar, para que se vea que esto no es una cosa rara sino el lenguaje común, es el caso de David. Todos conocemos a David, tremendo rey de Israel. Dice en 1 Samuel 16:11-13: Entonces dijo Samuel a Isaí: ¿Son éstos todos tus hijos? Y él respondió: Queda aún el menor, que apacienta las ovejas. Y dijo Samuel a Isaí: Envía por él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga aquí. Envió, pues, por él, y le hizo entrar; y era rubio, hermoso de ojos, y de buen parecer. Entonces Jehová dijo: Levántate y úngelo, porque éste es. Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá. 

Pregunto: ¿David fue a buscar a Dios, o Dios fue a buscar a David? Y dice que Samuel tomó el cuerno de aceite. Escucha: Moisés necesitó una zarza ardiente, pero David necesitó un cuerno de aceite. El cuerno de aceite era uno de los instrumentos que utilizaban los sacerdotes en ese tiempo. Moisés es llamado cuando no había ley, cuando no había liturgia en Israel. Tampoco había cuernos, tampoco había aceites. David es llamado cuando ya ellos habían entrado a Canaán, cuando habían sembrado sus propias vides, sus propias olivas, y donde ya estaba también el tabernáculo, había un clero, sacerdotes, una liturgia. De tal manera, que lo que Dios usa con Moisés, difiere en cuanto a símbolos de instrumentos que Dios utiliza con David, que por sus tiempos de llamado, era diferente. ¿Pero entonces, Dios no se ha estancado en las antiguas formas? ¡Es Dios, hermano! No es el que fue, tampoco es el que será. Dios es Yo soy. Y eso, como quiera que lo entiendas, siempre es Hoy.

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Cuestión de Paternidades

No tengo dudas que a ser padres, aprendemos por experiencia. Es como decir que aprendemos comiendo del árbol del conocimiento del bien y del mal. Entonces, pregunto: ¿De qué te sirve tener el árbol de la vida, si vas a aprender por el legendario sistema de conocimiento y error? ¡Es que yo no sabía esto cuando me metí al ministerio! Obvio, te metiste comiendo del árbol del conocimiento, no del árbol de la vida. ¡Wow! Y, otra vez: ¡Wow! Porque es imposible que Dios te envíe para algo, sin que te diga cómo hacerlo. ¿Todavía no entendiste que es Dios y no hombre? Hemos analizado, días atrás,  las dos palabras que usa Pablo: predicarán y enviados. ¿Cómo predicarán si no fueren enviados? Más, aun: ¿Cómo podrán ir y abrir sus bocas, si no tienen qué decir? ¿Cómo podrán ir lejos, si no están firmes ni consolidados en sus lugares?

Hay muchísimas personas que tienen claro que Dios los ha llamado para algo, pero en concreto no saben para qué. Entonces, muchos de ellos, lo primero que hacían, en tiempos pre-pandemia, era abrir una iglesia. Ese es un error muy frecuente, demasiado frecuente. No se dan cuenta que, al abrir una iglesia, están tomando una decisión de vida. Mejor dicho: de por vida. Y es más que obvio que estoy utilizando el término iglesia del modo más difundido y conocido por el grueso de la sociedad, como lugar, templo, salón, auditorio religioso. No soy escéptico ni desconfiado de lo que alguien me diga hacer recibido del Señor. ¿Quién soy yo, después de todo, para convertirme en juez de un asunto de tamaña magnitud? Sin embargo, no puedo reprimir un gesto de duda cuando ese alguien me dice que Dios le ordenó comprar un terreno y edificar un templo. No puedo evitarlo, pero no me hagas caso, debo ser yo el equivocado.

De hecho,  tal vez no era ese su destino en el Señor. Quizás Dios quería levantarlos en alguna clase de ministerio itinerante, nuevo, distinto y no al frente de una congregación clásica, tradicional y estructurada. Una cosa es comprobar que, al ministrar en lo que fue enviado, toda su unción queda de manifiesto. Pero a la hora de pagar los gastos fijos de esa congregación, el dinero no alcanza. ¿Qué pasó? Pasó que Dios sigue respaldando su verdadera unción, pero no respalda sus finanzas. Eso significa que algo no está bien. ¡Es que no entiendo por qué me respalda en lo central, en lo espiritual, pero no con el alquiler del salón! Perdón: Pregunta tonta: ¿Será que Dios quiere que tengas un salón? ¡Pero es que sin un salón no puedo ministrar! Sí que puedes, sólo debes tener ingenio. ¡Pero es que la mayoría de los ministerios que conozco tienen sus salones! Entonces ahí te está guiando la tradición, el sistema, no el Espíritu. ¿Y si has sido llamado, por ejemplo, para ministrar a jóvenes directamente en las calles, donde pasan la mayor parte de sus horas, y no en un salón?

Entonces, como no tenemos esta plataforma de claridad, nos guiamos por un sentido común, Dios me llama. Y sí; eso está fuera de toda discusión. Lo que te falta especificar es a qué te está llamando. Bueno, es que… ¡Dios me está llamando a predicar! ¿Ah, sí, eh? ¿Y a quienes, se puede saber? ¡Bueno! ¡A los que no conocen al Señor! ¿Y qué vas a hacer, campañas masivas? ¿Vas a predicar en las plazas con riesgo que la policía te lleve preso por alterar el orden, que es como toman a uno que está con la Biblia, mientras que miran para otro lado si son esotéricos vendiendo pirámides? Si todavía no aprendiste, sea porque no te lo enseñaron por cuestiones doctrinales denominacionales o por simple apatía o comodidad, que predicar el evangelio es guerra espiritual plena, frontal y declarada, déjame decirte que estás en la misma situación que un soldado que va al frente de combate con un manojo de armas pero que, por las razones que sea, elige no utilizarlas. ¿Cuánto puede durar con vida?

Y ves a esta persona hipotética diez años después, y su situación sigue igual. Siente que tiene un llamado y responde y va. Pero supongo que va al lugar equivocado. Y no está yendo al lugar en donde Dios lo necesita. Y cómo anda con lo justo y pasando necesidades, ahora se ha convencido de otra cosa: que su ministerio es tan potente que el enemigo le está poniendo zancadillas cada cinco minutos. Entonces, para él, estar en el ministerio pasa por sostenerse con uñas y dientes. A mí particularmente, y no soy el único, créeme, me da la sensación que eso no es un ministerio. Es más; tengo la certeza que en algún lugar de tu camino, tú giraste a la derecha cuando la realidad dice que debías girar a la izquierda, ¿Se entiende? En alguna parte erraste el camino. ¿Sabes qué? Es como errar el blanco. ¿Sabes de qué estoy hablando, verdad? Errar el blanco. En griego, armatías; ¿Traducción en español? Pecado. ¡Oh!

Claro que, en medio de todas estas crisis, fíjate una vez más en la lógica tan sencilla de Pablo: ¿Cómo predicarán si no fueran enviados? ¿Cómo pueden llevar un mensaje si no han sido consolidados firmemente en su base, para ir más lejos? Apo: lejos. Apartado. Stello. Consolidado, firme. Será interesante, entonces, ver algunos ejemplos para detectar si Dios funciona así. Todos conocemos a Moisés. Mira este pasaje: (Éxodo 3: 15) = Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: (¿Quién le dijo a Moisés? Dios) Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos. 

¿Él, Moisés, quería hacer algo por su pueblo? ¡Sí! Se nota que siempre quiso. Trató de ayudar a un hombre esclavo que estaba siendo golpeado. Era un hombre que sabía que Moisés no era egipcio, pero, en este momento de su vida, él está viviendo allí, en medio de unos beduinos, en las dunas de arena; ahí está el amigo Moisés. Entonces es cuando Dios va a buscarlo. ¿Alguna vez escuchaste esta expresión?  ¿“Necesito tomarme unos días para buscar a Dios…”? Eso es pura tradición, puro cumplimiento de sistema, no hay ni un solo ejemplo de eso; es Dios quien busca al hombre, no el hombre el que busca a Dios. Lo otro, es una elegante manera de dar a entender que te quieres tomar unas vacaciones…¡Y está bien, porque todos se merecen tomarse vacaciones! Pero ven y dime la verdad y te prometo que no te juzgaré ni te criticaré. ¿Es que existe eso de no juzgar y criticar en la iglesia? Sí, en algunos hombres y mujeres maduros, sí que existe. Cero Juicio, Cero Crítica.

Y cuando Dios alcanza a Moisés, porque creo que no hará falta aclararte que Moisés no lo estaba buscando a Dios, sino que muy por el contrario, él estaba buscando una oveja; o tal vez simplemente estaba mirando pasar a sus ovejas, el hecho ocurre. Y esta escena, que luego tendrá como protagonista a Moisés, se repite vez tras vez en toda la palabra. No veo a hombres preguntando dónde está Dios, pero si a Dios preguntando: ¿Dónde estás tú, hombre? Empezando con Adán, ¿Dónde estás, Adán? Esa es la diferencia entre nosotros y la religión. Porque la religión enfatiza en el hecho de que el hombre debe buscar a Dios. Pero, claro, ¡El cristianismo no es una religión! Por lo menos no, en el sentido formal de la palabra religión. Porque es el único credo en el que Dios busca al hombre.

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¿Enviados o Irresponsables?

(Romanos 10: 15) = ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!

Mira; yo creo que la lógica de Pablo es tan sencilla, que para nuestra idiosincrasia muy achispada, casi resulta ingenua. Porque, veamos; la lógica simple de Pablo estima que, para que tú te pongas a hacer algo para el Señor, tienes que haber sido enviado. Enviado. Punto y aparte, y a otra cosa. No se trata de querer, no se trata de buscar, no se trata de anhelar, y ni siquiera se trata de ser fiel, honesto y sincero: para hacer algo para el Señor, tienes que haber sido enviado. Por eso es que él dice: ¿Cómo predicarán si no fueren enviados? Ustedes recuerdan el contexto del pasaje del cual es sacado este texto, ¿Verdad? Habla del oír, del pensar, de la salvación. Pero en el verso 15 que es el que nos interesa, él dice cómo van a predicar, ¡Cómo se atreven a predicar si no han sido enviados! ¿Sabes qué? Con mínimo discernimiento, hoy, tú puedes darte cuenta al veros u oírlos, quién ha sido enviado y quién no. Quien fue enviado, viene de Dios. Quien no lo fue, o es un irresponsable o algo peor… Sistema.

No creo ser el primero ni el único que, ante un problema por parte de un ministro que busca consejo, (Porque los ministros, a veces, salimos a buscar sabios consejos), porque no ve adelantos en su trabajo ministerial, yo suelo preguntarle si cree que verdaderamente lo ha llamado el Señor a ese ministerio. De hecho, las respuestas son educadas, medidas, respetuosas y hasta complementadas con esa sonrisa evangélica que tanto conocemos, esa sonrisa apta e ideal para promo de pasta dental, pero el gesto me dice que mi pregunta no le cayó para nada bien. Y sin embargo es una pregunta llena de amor y buenas intenciones, no una crítica. Dios lo sabe, y eso en definitiva lo único que interesa. Pero, -reitero-, si tú te crees un ministro de aquellos y un simple hermanito sin identificación alguna viene y te pregunta si estás seguro de haber sido enviado a ese ministerio, lo mínimo que te pasa por la cabeza es enviar a ese hermanito a un exilio pago a Siberia…

He oído a hombres y mujeres de Dios hablar sobre este asunto y ellos sostienen que, según sus experiencias personales, el cincuenta por ciento de los ministros que se encuentran al comando de una iglesia, célula o grupo casero, no han sido enviados por el Señor a esa tarea. A mí, en lo personal, me parece que se quedaron cortos. O tuve mucha mala fortuna en donde me tocó observar. Porque en lo que yo he visto, no dudo de sus mejores intenciones y hasta de su honestidad, pero en el fondo, creo que ellos supusieron o les pareció que habían sido enviados. Tuvieron algo que se llama presunción que, coincido con otros hermanos, se parece mucho a la fe, pero no es fe; es sólo presunción. Un sentir que se expresa con un: “me parece”, “yo creo”, “tengo la sensación”, “supongo” o el clásico y tradicional: “yo siento”. El problema es que mi Biblia jamás habla de sentir, sólo habla de creer y de confiar.

Déjame decirte que todo eso forma parte de la presunción. Fe, en todo caso, y desde lo personal, es decirte: yo tengo certeza total que he sido enviado para enseñar. No para pastorear, no para evangelizar, no para profetizar, aunque de pronto si Dios lo necesita pueda fluir temporariamente en esas tremendas y maravillosas unciones. Pero enseñar sí, eso es lo que el Señor puso en mi vida. Y eso es lo que trato de hacer, cada día, con la máxima excelencia posible. Pero, imagínate; preguntarle a un ministro con problemas si está seguro que Dios lo envió a ejercer ese ministerio, es lo mismo que encararse con alguien que asiste a una iglesia y preguntarle: ¿Tú eres salvo? Claro, esta pregunta también suena como ofensiva, incluso hasta desubicada si se quiere, pero es necesario saber con quién y de qué estamos hablando. ¿O tú ignorabas que en las iglesias hay gente que cree ser salva y todavía no lo es?

Entonces sale uno que te dice: ¡Pero no, hermano! Si alguien se te acerca o te escribe pidiéndote ayuda ministerial, se supone que…! ¡No! En estas cosas, yo mejor nunca supongo nada. Hace ya bastante tiempo que descubrí que lo importante para mi vida no es lo que yo supongo, sino lo que yo conozco. Porque después viene la otra. La gran mayoría de los hombres o mujeres a los que me ha tocado hacerles esa pregunta, respecto a si cree que ha sido enviado a ese ministerio que hoy está ejerciendo, se me queda mirando y ahí salen las respuestas un tanto evasivas. “Y…tanto como llamado, no sé, ¿Entiendes? pero a mí me gusta hacer esto”. Ahhh… ¡Te gusta hacer eso!

Mira, hermano; decía un sólido ministro que conocí: a mí también me gusta cantar, pero no tengo voz ni para cantar el himno nacional de mi país. Entonces no fui enviado a cantar, seguramente. Pero lo acepto y me voy por otro camino. Porque de esto también me ha tocado ver lo ridículo lindando con lo ofensivo. Hermanos que en el mejor de los cultos, el día de mayor cantidad de asistentes a la reunión, porque son amigos del ministro o éste tiene algún compromiso con ellos, son invitados a cantar en medio del servicio. ¿Y sabes qué? ¡Te duelen los oídos! Entonces llega su disculpa: “Sepan aceptar mis defectos, hermanos; lo que interesa es que oigan la letra de lo que canto.” ¡Ah! ¿Entonces lo verdaderamente importante es la letra de eso que desafinas? De acuerdo, ¿Y por qué no pruebas contarnos esa letra, pero sin pretender cantarla, por favor? Vergüenza.

De todos modos, muchos podrán decirte que, pese a no haber sido enviados específicamente a ese ministerio, igualmente Dios lo ha bendecido mucho en su trabajo. Pero resulta que Dios no te bendice porque estás bien, te bendice porque te ama, porque tiene alta misericordia y porque en suma, el ministerio que tú estás ocupando, es suyo. Pero lo cierto, es que no te otorgó esa Comisión para tu vida. No lo hizo. Porque, te recuerdo por si se te olvidó, cuando hablamos de comisión, hablamos de Co-misión, que como no cuesta nada entender, es algo en conjunto con otro u otros. Y, en este caso, con Él mismo, ¿Qué te parece? Co-misión, Co-deudor, Co-partícipe. Dos, por lo menos; o más de dos. Y si es un asunto este en donde yo voy a salir a hacer algo nada menos que con el mismísimo Dios de todo poder a mi lado, entonces voy a tener que asegurarme que Él me invitó a participar, ya que de otro modo estaría en un lugar donde no se me necesita ni se me invitó a estar. Y eso, al menos en mi país, se llama entrometerse o, peor, burlarse de alguien o de algo. Y hasta donde yo he podido investigar, eso sigue siendo pecado…

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En la Dirección Correcta

Tienes la palabra, tienes el mandato y de pronto tienes el texto: Mateo 28: 18-20 Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén. Primero lo leo con avidez, después con mucha atención y, por último, casi con milimétrica disección. (Es la técnica de desmenuzar un elemento compacto parte por parte). Lo primero que entiendo, es que Jesús dijo que toda potestad, (Averigüé que esa era la traducción de Autoridad) le ha sido dada tanto en el cielo como en la tierra, y que como todos los domingos el predicador de turno nos aseguraba antes de la pandemia, que nosotros éramos el Cuerpo de Cristo en la tierra, no es ni loco ni aventurado suponer que nosotros, o sea yo mismo, también tengo esa autoridad. El asunto es saber dónde se ha metido, porque podemos asegurar que en nuestras vida, no la hemos visto por ninguna parte en mucho tiempo. Sin embargo, un bendito día se hizo la luz a favor de aislamientos y encierros: la autoridad ya estaba otorgada desde el principio, sólo hay que atreverse a ejecutarla.  

Después leí que había que salir a hacer discípulos. A mí me habían enseñado lo de evangelizar, lo de predicar el evangelio, lo de presentar a Jesucristo, lo del evangelismo explosivo, el de las cuatro verdades, el de las cinco puertas, el de… Lo que no me enseñaron en ningún momento es el versículo que nos asegura que es Dios el que añade a los que van a ser salvos, mediante su Espíritu Santo, no nuestras habilidades de evangelistas. Y que no salimos a ganar almas, ni a incorporar miembros, ni mucho menos a buscar nuevos siervos. Salimos a hacer discípulos. Pero, un leve detalle: discípulos de Jesucristo, no del pastor de la iglesia. Luego venía lo del bautismo, cuestión que durante mucho tiempo la tuve como una simple ceremonia circundante, pero que con el correr de los tiempos mi Padre se tomaría el trabajo por su Gracia y Misericordia, de hacerme saber que todo lo que tuviera que ver con el agua, tenía significados muy distintos a los aprendidos. Y, finalmente, que todo eso se iba a cumplir y llevar a cabo, hasta que un buen día, (Y no por agua, ya había sido profetizado, así que se suponía y conjeturaba que ahora sería por fuego), una enorme hecatombe, (Que muchos relacionaban con guerras nucleares), nos haría picadillo el planeta y listo. Fin de la historia. Fin del mundo, decía aquí.

Pero, y siempre existe un “pero” para los que desean ir más allá de lo que ven sus narices, una noche muy tarde, en la que por distintos problemas no podía conciliar el sueño, eso me llevó a cultivar una vez más una de mis más antiguas costumbres, como es la de escuchar radio, di con un predicador desconocido, que en una emisora desconocida y en medio de un mensaje también desconocido, dio en leer este mismo pasaje y tuvo la bendita unción de explicarme algo que yo no sabía. Me mostró que cuando la Biblia escribe Mundo, no siempre significa la misma cosa, ya que las palabras utilizadas en los originales en cada caso, son diferentes. Y que en este caso, la palabra griega utilizada para referirse al Fin del Mundo, se traducía correctamente como… ¡¡¡Sistema!!!  El caso es que si hasta ese momento había tenido un episodio de cierto insomnio, enterarme de eso directamente me quitó el sueño por el resto de la noche. Entonces casi corrí a lo atleta olímpico en dirección de mi enciclopedia Strong, que por esos entonces, todavía era un libraco enorme de volumen y tan pesado como el peso mismo de la palabra divina. Y allí pude comprobar que, efectivamente, tal como lo había dicho este ilustre desconocido que jamás supe quién era, ni de dónde había salido, el significado de Mundo, (En realidad Siglo), en Mateo 28:20 era, en efecto, ¡¡¡Sistema!!! ¿Cómo nadie me lo había enseñado antes? ¿No ven que ahora el texto tiene otro significado, otro enfoque, otra dirección totalmente distinta? 

Claro está que cuando se trata de palabras de los originales y toda esa historia que no a todos suele convencer, se necesitan imperiosamente dos o tres testigos. De otro modo, todo no iría más allá de la ocurrencia de un hombre y su propia interpretación personal del tema. Algo que en muchas ocasiones tal vez pueda haberse hecho con la mejor de las intenciones, pero que a la hora de darle vida a la palabra del Señor a través de la revelación de Su Espíritu, necesita ser ampliada y confirmada. Y encontré otro texto: Mateo 13:40: De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo. (Siglo, aquí, es Sistema) Y seguí leyendo este texto y cuando llegué al verso 49, ahí estaba otra vez: Así será al fin del siglo: (Sistema) saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos. Allí, conjuntamente con los verdaderos significados de Babilonia, comenzó mi persecución para con el sistema. Yo ya sabía que no estábamos hablando ni de Capitalismo, ni de Comunismo, ni de ningún “ismo” de los conocidos. Esto era algo muy distinto y mi obligación, como creyente en Jesucristo como única Verdad, era encontrar su significado y compartirlo con todos los hermanos que, al igual que yo, todavía estarían ciegos, confundidos o, lo peor, engañados. Sólo un problema. El sistema, en lo que sea, se conduce igual a un juego que jugábamos de niños. Nos colocábamos contra una pared, unos diez o doce y, el que salía sorteado, se colocaba último y empezaba a forcejear hasta que alguno de la fila de adelante, no podía mantenerse, y salía despedido hacia fuera. Ese tomaba el lugar del último y así sucesivamente. Era ganador el que se mantenía adelante y no era expulsado. En el sistema evangélico, ni bien comencé a hablar de Reino, sujeciones falsas y coberturas inexistentes, fui expulsado hacia afuera, como en aquel viejo juego de los recreos escolares. Sólo un detalle: esta vez no me coloqué al final. Decidí terminar con el juego y salirme también de ese sistema.

Y esto, me lleva a un hoy donde todo lo que he aprendido y me ha sido revelado, tiene que ser encaminado en una dirección concreta. ¿Una nueva iglesia? ¿Una nueva denominación evangélica? ¿Una nueva forma de  hacer iglesia? No; simplemente volver a las fuentes: ser de una vez por todas y para siempre, Cuerpo de Cristo en la tierra. Con la Palabra como guía a toda verdad. (Al decir esto, queda en claro que es por revelación del Espíritu Santo, única guía a toda verdad, y no por Hermenéutica tradicional). Con los ministerios y dones que nos han sido entregados, pero con la conciencia de que de aquí en más, ya no viviré yo, sino que Cristo vivirá en mí. Porque si no puedo llegar a eso, entonces ni siquiera puedo comenzar esto. ¿Difícil? ¡Claro que es difícil navegar a ciegas! ¿Pero sabes qué? Ya hubo otros que lo intentaron antes que yo y lo lograron. Un tal Abraham, un tal Moisés, un tal Josué, un tal Jesús. ¿Será muy pretencioso tratar de imitarlos? Con intentarlo no se pierde nada y se puede ganar todo. ¡Ahí vamos!

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Las Voces de Este Tiempo

Si bien hace varios meses que no veo los noticieros de la televisión de mi país, de alguna manera sigo estando medianamente informado de lo que sucede a mí alrededor. Y he estado observando, -reitero, en las distintas comunidades de mi país y en otros-, y ante hechos distintos, que de pronto tienen que ver con el delito simple, o de a ratos está relacionado con la política, o quizás con hechos de familia, que hay dos palabras que se están esgrimiendo por parte de las personas que, en una u otra dirección, sienten que deben reclamar ante quien corresponda por sus necesidades. Ya sea por una violación no sancionada, por un homicidio no resuelto, por una agresión no juzgada o por un aumento de precios de ciertos servicios o rebajas de salarios, la gente que se reúne para protestar y manifestarse en torno a esas cosas, escribe en sus pancartas dos palabras: Paz y Justicia.

¡Qué notable! ¿No te parece? Es como si los protocolos de la pandemia que estamos obligados a respetar, no hubieran podido frenar lo que es esa mezcla de indignación sincera y legítima, aunque siempre mezclada con la incentivación al escándalo que siempre sugieren los estamentos necesitados de eso para crecer en sus presencias públicas y sus propios intereses Y ahí salen a las calles a esgrimir sus pancartas, sus estandartes y hasta banderas, haciendo oír sus voces en el mejor de los casos pacíficas, en muchos casos y lugares no tanto, con reclamos que con bases en distintos asuntos, recalan necesariamente en esas dos palabras: Paz y Justicia. La gran pregunta que los mayores de cada país nos hacemos cuando vemos esto, es: ¿Hay posibilidades que en este país nuestro, (Al nombre se lo pones tú, tal como corresponda) exista la suficiente Justicia que posibilite vivir verdaderamente en Paz? Yo humildemente creo que no, que por más que se hagan tremendos esfuerzos y sacrificios, el hombre no está en condiciones, desde lo natural, secular y humano, de lograr eso.

Hoy tengo una sola respuesta, porque mi Padre así lo ha determinado. Es para este tiempo y lugar. Y cuando digo lugar, no hablo de mi país ni del tuyo, hablo de nuestro planeta. En el libro de Isaías, en su capítulo 32, hay un texto que va desde el verso 9 al 18, y tiene que ver con que allí dice que es una Advertencia a las Mujeres de Jerusalén. ¿Y qué tendrá que ver eso con nosotros? Todo. Porque cuando la Biblia dice Mujer, la Palabra dice Iglesia. Verso 9: Mujeres indolentes, levantaos, oíd mi voz; hijas confiadas, escuchad mi razón. Iglesias indolentes, oigan la voz de Dios, no la de sus hombres. Están muy confiadas en sí mismas. El verso 10 les dice que vendrá espanto y que las cosechas se arruinarán. Esto es: pérdida económica, material. El 11 les demanda que tiemblen, que se turben, que no tomen todo esto con indolencia e indiferencia. El 12 habla de golpearse el pecho en señal de arrepentimiento. El 13 y 14 se refieren a los desastres que asolarán la tierra donde esa mujer habita y el 15, finalmente, habla de la llegada del derramamiento del Espíritu Santo y su consecuente efecto. Esto es, algo muy similar, pero muy similar a lo que hoy estamos viviendo. Por eso quiero citarte textualmente los tres últimos versos:

(Verso 16) = Y habitará el juicio en el desierto, y en el campo fértil morará la justicia. Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre. Y mi pueblo habitará en morada de paz, en habitaciones seguras, y en recreos de reposo.

Está demasiado claro como para evadirlo. En el desierto de la prueba, que es lo actual, será meticulosamente separado lo verdadero de lo falso. Los genuinos hijos de Dios seguirán siéndolo, firmes, fieles, puros, transparentes y confiados, venga lo que venga, mientras que los falsos, sólo religiosos costumbristas, tradicionalistas sin vida, irán quedando a un lado, ya sea por deleites, tentaciones o simplemente presión mundana, como por sus propias concupiscencias saliendo a flote. Y será en el campo fértil, es decir donde están los verdaderos miembros del Reino, donde morará la Justicia. Y la existencia de esa Justicia divina, única e irremplazable, será la que traiga y derrame esa Paz tan deseada y esperada. Reposo (¡Tanta falta nos hace!) y seguridad (¡Tanto la añoramos!) para siempre. ¿Lees bien? ¡Para siempre! Y por si te quedaran dudas, si lo crees, lo aceptas y lo decretas, tú misma, tú mismo, vivirás en morada de paz, habitaciones seguras y recreos de reposo. ¿Vale la pena intentarlo desde nuestra simple fe? ¡Vamos! No me dejes solo. Salvo que te hayas enamorado de este sistema que no nos llevó a ninguna parte, atrévete a probar con el del Reino de Dios y Su Justicia. Después de todo, es el epicentro del evangelio que predicamos. ¿O no?

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Reseteando al Espíritu Santo

El término Resetear es una forma en la que se suele llamar a la acción de Reset, que en idioma inglés consiste en el Reinicio, o bien, la Reposición hacia un estado inicial, una vuelta al principio o bien un nuevo comienzo, que en el caso de la informática, está ligado muy de cerca a la transmisión de impulsos eléctricos y claro está, también a la conexión con una Fuente de Alimentación, para poder obtener la necesaria Energía Eléctrica para el funcionamiento. Aquí es más que claro que estamos hablando de otra clase de energía, poder de Dios que es la única fuente de alimentación de todo creyente. ¿Me acompañas a reiniciar algo respecto al Espíritu Santo?

La salvación es el más grande don de Dios a la humanidad. El Espíritu Santo es la más valiosa dádiva del Creador para sus hijos, su Iglesia. El bautismo en el Espíritu Santo debiera propiamente ser llamado el bautismo de poder. Como tal constituye una posesión invaluable para el cristiano comprometido con la búsqueda y adelanto del plan de Dios para este mundo. Creemos que cada cristiano que recibe el bautismo en el Espíritu Santo y habla en otras lenguas, es conforme a la habilidad de emisión que el Espíritu le brinda. Creemos que el don de hablar en otras lenguas es una de las evidencias iniciales de que una persona ha recibido el Espíritu Santo, aunque no la única, claro está, la Biblia así lo dice, aún en contra de lo enseñado en muchos grupos con pocas luces de entendimiento.

Profesamos, y creo que también enseñamos, que cualquier ministro, predicador o incluso congregación cristiana, que no reconozca y proclame al Espíritu Santo como portador de una clase de bautismo muy diferente, bíblico y necesario, con todas sus señales y evidencias escritas, entre ellas la de orar en lenguas, tan polemizada y discutida dentro de nuestros ambientes, resulta remiso en sus enseñanzas y, de alguna manera, debilita espiritualmente a aquellos que dependen de ellos para su orientación y maduración. Yo tengo la obligación de enseñar la Palabra tal como está escrita y sin tener en cuenta posturas humanas. Luego, quien me oye, tendrá la libertad de aceptar o no aceptar lo que crea que debe aceptar o no aceptar. Las consecuencias de sus decisiones, ya será un asunto a dirimir entre el Señor y cada uno de ellos, yo habré cumplido mi parte.

Yo creo firmemente que, enviar un creyente al mundo sin la bendición del Espíritu Santo, es equivalente a enviar un soldado a un frente de batalla sin armas. De hecho se admite que, al momento de ser salva, una persona se convierte en cristiana, en análoga forma en que un individuo se convierte en soldado al jurar fidelidad al entrar en el ejército que sea. Pero el nuevo recluta no está listo para entrar en combate hasta no haber recibido el entrenamiento básico y se le haya provisto de las armas necesarias. El cristiano se encuentra en idéntica situación en el momento de la salvación. Si no lo animamos a buscar esa plenitud en el Espíritu, que muchos llaman Bautismo, pero que eso cabe sólo cuando se experimenta por primera vez, y de ese modo se fortalezca para la batalla que indefectiblemente habrá de sostener con Satanás y sus demonios, lo estaremos enviando a una lucha poderosa, pero miserablemente dotado.

(Hechos 1: 8) = Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.

Esta no es una opinión del autor del libro de los Hechos, estas son palabras de Jesús. Porque si vamos a trabajar en forma efectiva contra la destructiva y perversa conspiración promovida por el enemigo, deberemos adquirir y hacer nuestras todas las armas y posibilidades que se encuentran a nuestra disposición. Todo aquel que obstaculice en alguna forma al cristiano en el momento en que va a entrar en batalla, estará trabajando a favor de Satanás, aunque lo haga por ignorancia y hasta se horrorice de sólo pensar eso. Es la voluntad de Dios, y también su mandato, que todo cristiano; escucha bien: TODO cristiano deba ser lleno del Espíritu Santo. Por tanto, cualquiera; y otra vez escucha bien: CUALQUIERA, que obre en contra de esa disposición, así sea de manera consciente o a través de doctrinas erróneas o insuficientes, de hecho estará en pugna con los propósitos y con la mismísima voluntad de Dios. No es una diferencia doctrinal, como algunos lo quieren presentar: es un asunto de vida o muerte y de obediencia o desobediencia.

Ahora bien; todo está muy bonito y forma parte del andamiaje dialéctico conque miles de cristianos se dan de narices a diario. Sin embargo, no todos tienen demasiado en claro el epicentro de todo este andamiaje. Porque seamos honestos y reconozcamos que no todos los cristianos tienen sumamente en claro quién es el Espíritu Santo. Ahí vamos, entonces, porque para comenzar algo, lo correcto es hacerlo desde las bases, desde los cimientos.  El Espíritu Santo, a veces también llamado Espíritu Divino, es un miembro distinto y separado de la Divina Trinidad, una calificación que no encontrarás escrita de este modo en ninguna Biblia, es cierto, pero que salta a la vista de manera implícita en el contexto de todos los textos escritos al respecto. De acuerdo con los que hacen polémica: no existe la palabra Trinidad en la Biblia, la inventamos los hombres. Pero de allí a decir que la Trinidad no es bíblica, supongo que hay un paso tan grande como el que normalmente se da cuando se comete un error. Porque lo que no es bíblico es el término Trinidad, pero sí lo es el significado, el concepto. Llámalo trilogía, si quieres, pero a mí esto último me suena mucho más a brujos unidos que a hombres ungidos.

Esa Trinidad, (Yo la voy a seguir llamando así), obra en asociación y completa armonía con el Padre, (Que es Dios mismo) y con el Hijo, (Que es Cristo). El Espíritu Santo no debe por tanto ser confundido ni con el Padre ni con el Hijo. 1 Juan 5:7 nos dice Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son unoNuestro Señor Jesucristo mismo, hubo de decir lo que leemos en Mateo 28:19: Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 

El Espíritu Santo es Dios, de la misma manera que el Padre es Dios y que el Hijo es Dios. Existen sin embargo diferencias entre el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo. Los tres no constituyen fotocopias laser. Ellos tienen características individuales, que fijaron sus funciones por separadas aunque los propósitos y metas sean inherentes. Y presta atención, sino, al último mensaje que predicó Jesús. A este lo encontramos en Hechos capítulo 1 y es donde en el verso 5 Él les asegura que serán bautizados, (Sí, bautizados) CON el Espíritu Santo, y que eso les sucedería dentro de no muchos días. Es decir que no tenían que hacer ningún cursillo ni rendir ningún examen para que sucediera.

Si yo no he leído mal y no he sido influenciado por doctrinas domésticas, este mensaje estuvo confinado al tema del Bautismo en el Espíritu Santo. Fue esta una ocasión histórica: nuestro Señor estaba próximo a abandonar la tierra, la obra de su vida estaba terminada. Se encontraba a punto de partir hacia el cielo, donde habría de permanecer por más de veinte siglos. Esta habría de ser la última oportunidad en que estaría físicamente presente para enseñarles algo a sus discípulos. Esta situación única, imparte a sus palabras una importancia sin precedente. Él podía haber hablado de profecías de salvación, de adoración o de cualquier otro asunto de análoga importancia. Sin embargo, Él no mencionó ninguno de dichos temas.

Siendo el Dios que sabía, (Y aún hoy lo sabe) todo, Él les dijo que no intentaran nada concerniente con la salvación del mundo, hasta que recibieran la promesa del Padre, que es la que leemos en Hechos 1:4 al 9. En vista de las dramáticas circunstancias que rodeaban dicho pronunciamiento, podemos asumir que cada palabra contenida en esos versículos, fueron las más importantes pronunciadas por el Señor. Y resulta más que obvio, si no quieres verlo con ojos religiosos y legalistas, que esto está muy lejos de ser ese caballito de batalla de tal o cual denominación, sino auténtica Palabra pura y sin contaminaciones humanistas o filosóficas.

No obstante, existen controversias en nuestros días, de si una persona recibe el Espíritu Santo en el momento de la conversión. De hecho, la única respuesta apropiada que conozco y que no es nueva, precisamente, es “¡Sí y No!” Las responsabilidades del Espíritu Santo son diferentes y variadas. Una de las más importantes de esas responsabilidades, es la regeneración, un asunto del que muy poco se habla y se enseña. 1 Corintios 12:3 dice que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús. Y luego añade que solamente con la presencia del Espíritu Santo es que podemos llamarlo Señor.

Esto demuestra sin ninguna duda, que el Espíritu Santo desempeña un papel único en su función de llevar al pecador a la convicción de su culpa, al arrepentimiento y a la salvación. Las actividades del Espíritu Santo son muchas. Él opera como consolador. Es un líder. Él es un maestro. Es un medio de comunicación y un guía. Él es el director de todas las actividades de Dios en la tierra en nuestros días. Así es que cuando el pecador arrepentido llega al momento de la salvación, de hecho él ha recibido el Espíritu Santo dentro del contexto de haber sido influenciado por Él. Sin embargo, asumir que el contacto con el Espíritu Santo es igual a la inmersión o a la participación puede conducir a doctrinas erróneas, y de hecho eso ha sucedido y mucho. Esto pudiera entorpecer a un creyente en sus esfuerzos de andar en perfecta armonía con los deseos de Dios. Desafortunadamente no todo creyente tiene el Bautismo del Espíritu Santo, aunque todos pueden tenerlo si así lo desean. Existen diferencias en ser nacido del Espíritu y ser bautizado en el Espíritu Santo.

 

 

En la salvación, la vida es impartida a alguien que hasta ese momento estaba muerto espiritualmente. En el llamado Bautismo en el Espíritu Santo, el cristiano que previamente había sido débil e inefectivo, es dotado de poder y de allí en más es apto para el servicio que demanda el Reino de Dios. Resulta más que claro, entonces, además de específico, el mandato de Dios de que cada cristiano deba recibir esa plenitud y ese poder, único reaseguro de ser verdaderamente útil. La salvación y la experiencia de la cual estamos hablando, son diferentes y distintas, separadas entre sí. Difieren en la fuente, en el tiempo y en la naturaleza. Una persona puede experimentar la salvación sin recibir esa llenura o plenitud que la Biblia define como Bautismo en el Espíritu Santo. Ella no puede sin embargo experimentar eso sin que previamente haya experimentado la salvación. Esta experiencia en el Espíritu tiene que ser precedida por la regeneración (Que es salvación), y sólo entonces puede el Espíritu Santo morar con manifestación en nosotros, hasta allí sólo tendríamos Su Sello.

El gran tema que ha dividido y hasta enfrentado con cierta ferocidad a distintos grupos cristianos, es el saber si verdaderamente respaldan las Escrituras ese argumento esgrimido de que el llamado bautismo en el Espíritu Santo y la salvación no son simultáneos. Vamos a ver lo que encontramos en la Palabra de Dios. (Lucas 10: 20) = Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos. (Esto se los dijo Jesús a los discípulos a su regreso de difundir el Evangelio. ¿Qué debemos asumir nosotros, aquí? Debemos considerar que estos hombres, indudablemente, eran salvos. Si sus nombres estaban escritos en el Cielo, (Esto es, en el libro de la vida del Cordero), ellos indiscutiblemente eran salvos. Pero ellos no recibieron el llamado Bautismo del Espíritu Santo hasta un tiempo después, es decir, el día de Pentecostés, ¿Recuerdas?  Y después tenemos el caso del apóstol Pablo, que antes era el llamado Saulo de Tarso. Respecto a él, el capítulo 9 del Libro de los hechos, nos ofrece la dramática, gloriosa y repentina conversión de Pablo en el camino de Damasco. Nos dice de la misma manera, que tres días más tarde el Señor envió a Ananías donde estaba Pablo, para la imposición de manos y su curación milagrosa y con relación al bautismo en el Espíritu Santo. Resulta más que obvio que Pablo no había recibido eso en el mismo momento de su salvación en el camino de Damasco.

La Biblia expresa sin lugar a dudas que esos hombres eran salvos. Ellos eran creyentes. Las Escrituras se refieren a ellos como discípulos. Pero cuando Pablo los encontró hubo de preguntarles: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Cualquiera al leer esa oración arriba a la conclusión que “creísteis” debía haber estado impreso en la Biblia en negritas, por lo menos. Es como si el Señor anticipando el debate futuro de si el Espíritu Santo viene simultáneamente con la salvación, hubiera incluido esta frase con el fin de probar que esos hombres eran creyentes, esto es, salvos, que no habían recibido el Espíritu Santo al momento de esa salvación. Esto de hecho debería haber dejado resuelta la cuestión antes de ser siquiera iniciada. Sin embargo algunos ven las Escrituras lo que ellos quieren, a pesar de todas las evidencias en contrario. ¿Estaba el Señor, quizás, previendo esto cuando dijo lo que sigue? (Marcos 8: 18) = ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no recordáis? 

Siempre llamó mi atención, en la época en que me congregaba en una iglesia que no creía en este tipo de bautismo, lo que dice en Hechos 8:17: Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo. Creo que no es necesario añadir nada más. Si les imponían las manos y recibían al Espíritu Santo, es porque hasta ese momento, estos hombres que sí habían recibido perdón y salvación, todavía no lo habían recibido. Y si sigues leyendo este pasaje, verás la historia de ese mago llamado Simón y su tremenda confusión respecto a esta experiencia, aunque haya que rescatar que, si él quería comprar ese poder, era porque el poder era visible, cierto, real y manifestado.

Otro aspecto de esta cuestión en relación a si somos llenos automáticamente del Espíritu Santo en el momento de la salvación, nos es revelado en las palabras del Señor Jesús, recogidas por Lucas en su evangelio, y escritas en el capítulo 11 y verso 13. Dice así: Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan? El hecho concreto de esta materia es que debemos aspirar a ese Bautismo o como prefieras llamarlo tú, en el Espíritu Santo. Esto no es algo impuesto sin conocimiento, que es como decir involuntario, sobre una persona al momento de convertirse en cristiano. El Bautismo lo transforma en un poderoso y entusiasta trabajador para la obra de Dios. No obstante, aquellos que quieran aceptar los beneficios de la salvación sin incurrir en las responsabilidades que conlleva el bautismo en el Espíritu Santo, tienen el derecho ante Dios de hacerlo si así lo desean.

Ahora bien; nosotros enseñamos y también predicamos que cada recipiente del Espíritu Santo habla en otras lenguas, y me temo que eso, que no es ni exagerado ni falso, sí ha sido sobre-enfatizado por ciertas denominaciones, al punto de proceder con total y absoluta crueldad e injusticia, a apartar o soslayar a miembros de sus iglesias que no tengan el don de lenguas, bajo el argumento de que si no hablan en lenguas, no tienen el Bautismo del Espíritu Santo. Falso. Erróneo y tan falso como todo lo anterior que he venido mencionando. En principio, déjame aclararte, por si no te habías dado cuenta todavía, que una persona no tiene que hablar en lenguas para ser salva, ni lo sueñes. Porque una persona no es salva por el hecho de haber tenido ciertas visiones, por haber enunciado algún mensaje profético, por hacer milagros, o por hablar en lenguas. Una persona es salva al confesar con su boca que Jesús es el Señor y también creyéndolo en su corazón. Así lo dice la Biblia.

Porque, veamos: una persona puede ser salva en una iglesia, obviamente, pero también puede serlo en su casa, en una esquina, viajando en un bus o en cualquier lugar. No es el lugar lo que importa, sino la acción. ¡La persona que cree en su corazón y confiesa con su boca a Jesucristo, es salva! Y una vez que es salva, no lo puede ser más por el hecho de que reciba el don de lenguas y lo utilice. Claro está que allí saldrá alguno de esos creyentes que nunca se quedan con lo primero que oyen, (Y está muy bien que así lo hagan), y procuran ir más allá, si es posible, al fondo de la cuestión, y entonces te preguntan: ¿Pero cómo es esto? Si ya tengo el completo don de la gracia en la salvación, ¿Me quieres explicar para qué necesito esa especie de “adicional” que es el Bautismo en el Espíritu Santo? Escucha; en cierto sentido, nosotros no necesitamos el Bautismo en el Espíritu Santo sino sentimos satisfechos con aceptar solamente la salvación como un don gratuito ofrecido por Dios, (Que eso es lo que es, justamente), y si no nos importa nada el tomar nuestra cruz y seguir a Jesús para servirle. Tenemos el derecho dentro del libre albedrío que Dios nos ha concedido de hacer esto y aún ser salvos. Pero el Señor establece diferencias y si Él lo hace, yo lo creo.

  La diferencia que Él teje está centralizada entre aquellos que reciben su salvación como la obra final y los que se suman al servicio del Señor para multiplicar las bendiciones en el Reino de Dios. Una vez más, esto reflota lo que siempre hemos dicho y enseñado: no eres salvo por, eres salvo para. Es para aquellos que se comprometen a difundir el plan de Dios en estos últimos días, que el Bautismo en el Espíritu Santo resulta un apoyo incomparable. Durante el ministerio del Señor en la tierra los discípulos lo tuvieron como un alto aporte espiritual, como consolador, como líder y como administrador. Hoy ya no lo tenemos personalmente para atender y llenar esas funciones tan esenciales. Y por ello fue que antes de partir, dijo que habría de enviar otro consolador. No uno; otro. Él había sido el anterior. El sabía que su tiempo personal en la tierra sería breve; que sólo podría supervisar el comienzo de la salvación aún en marcha y que aquellos comprometidos en compartir las responsabilidades de traer los millones de pecadores a la salvación, necesitarían directrices más allá de todas las posibilidades humanas. Básicamente este es el valor inestimable de ser lleno del Espíritu Santo. Para la persona que sabe que habrá de morir en breve tiempo, quizás no existan grandes ventajas en recibir el bautismo en el Espíritu Santo. Pero para aquellos que no planean abandonar este mundo muy rápidamente, existen tremendas ventajas, sin duda.

Cada cristiano activo o pasivo va necesariamente a tener que confrontar los poderes de las tinieblas descriptos por el apóstol Pablo en Efesios 6:12. Satanás tiene un ejército de demonios comprometido a interferir e incluso destruir las vidas cristianas. El poder del Espíritu Santo residiendo en nosotros es lo único que puede aumentar nuestras débiles fuerzas hasta el punto de permitirnos vivir la vida que debemos y convertirnos en el tipo de cristiano que Dios desea de nosotros. La salvación nos habilita para entrar en la presencia de Dios, después que la vida mortal termina aquí. El Bautismo en el Espíritu Santo nos provee para la vida fructífera (Y feliz) que precede durante esos años antes de ir a la presencia de Dios. El abstenernos voluntariamente de esta ayuda divina, equivale a estorbarnos en nuestro progreso a través de nuestra vida cristiana. Ahora bien; el mayor dilema que ha desatado amigables debates y enconadas polémicas es la oración en lenguas. Nadie discute el poder del Espíritu Santo y, llegado el caso, aceptan lo que han llamado el Bautismo en el Espíritu Santo. Pero lo de las lenguas ya es otra historia. Y como es otra historia, entonces te la contaré justamente así, en otra historia.

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Tiempo de Entender Tu Muerte

Creo que ya hemos proclamado en muchas ocasiones, que Cristo murió por ti, y no en tu lugar. Hemos proclamado que lo que eventualmente murió en la cruz, fue nuestra naturaleza adámica. No obstante, para una gran mayoría, eso no pasa de ser algo que alguien dice y otro lo cree solo porque quien lo dice parece importante. No. No funciona así el Reino. Ahora vamos a recorrer la Biblia para comprobar eso. Así es como los hijos de Dios deben aprender, no simplemente “porque el hermano dijo”… o sea que vamos a conciliar y a ver cómo fue que, eso que sucedió en la cruz, ha pasado a ser nuestro. O sea: vamos a entender la salvación, a ver si verdaderamente está consumado todo.

(2 Timoteo 1: 8) = Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios, (9) quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, (10) pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio,

Dice: la inmortalidad del evangelio. Nota que el verdadero evangelio, carga en sí mismo, el potencial de la inmortalidad. No tiene casi nada que ver con ese que escuchamos predicar durante tanto tiempo en la mayoría de las iglesias llamadas cristianas. Lo que quiero decir es que, el verdadero evangelio, tiene el potencial de producir el fin. Dice ahí: el cual quitó la muerte, Algo que ya es un hecho, y sacó a luz, O sea: reveló. Existe, pero no es manifestado hasta que se revela. El verdadero evangelio te revela, saca a la luz lo que es vida e inmortalidad. El verdadero evangelio te va a enseñar como vencer la muerte. Esto, que parece ser un discurso nuevo en el marco de la predicación del evangelio es, sin embargo, apenas la punta de la lanza. Nada puede ocurrir hasta que alguien lo dice, lo predica, lo declara, lo decreta y lo pone por obra con autoridad de Reino.

Sucede que es el tiempo en que los hijos de Dios tenemos que revestirnos, ya estamos más que cansados de esta dimensión. Mientras la iglesia tradicional anda a gusto en el cuerpo, nosotros andamos disgustados con la caída. Estamos buscando la próxima dimensión en Dios. Él dice “redimid los tiempos” “apresurad los tiempos. Y te di esta palabra, para que veas que la palabra lleva consigo un intento mucho más profundo y gravitante que la salvación. La salvación incluye tres tiempos y tres dimensiones. La dimensión del espíritu, el alma y el cuerpo, ayer, hoy y mañana. Estamos siendo salvos. Con temor y temblor estamos trabajando en nuestra salvación. Si logramos reprogramar la computadora del viejo inquilino, veremos la revelación de nuestros cuerpos. Una es contingente de la otra, no viene automático.

Tú no puedes vivir como te da la gana, y esperar reinar con Cristo. Algunos creen que estarán dentro, y otros no. Algunos creen que estarán cerca, y otros no. Unos serán parte de la ciudad, otros andarán a la luz de ella. Nosotros queremos estar lo más cerca posible. Mi trabajo, como ministro, es la tarea de reconocer el núcleo, el epicentro. Por eso la creación gime, y espera la manifestación de los hijos de Dios. Ese es el mensaje inicial, desde el principio, buscando la gente que construya el arca de Noé, o sea: gente que construya un ministerio relativo para los tiempos, aunque seguramente nadie te va a ayudar, porque andarás construyendo un barco en un lugar en donde no hay ríos ni llueve jamás. Lo que quiero decir es que, lo que aquí estamos enseñando, no tiene nada que ver con lo que los demás están haciendo. Aparentemente, construyendo algo que no hace falta, pero que si no lo terminamos, cuando llegue la lluvia no se salva nadie. Ya Dios lo hace por ellos.

Fíjate que mientras los ignorantes son ignorantes, son nuestros enemigos. Sin embargo, es para ellos que construimos el arca. Es decir que estamos construyendo un arca para el mismo enemigo que nos quiere matar. Por su propia ignorancia tiene recelo y desconfianza respecto a la ayuda que le queremos brindar. Nosotros estamos igualmente produciendo un arca, un arca es un ministerio, un lugar en donde se pueda venir a aprender cómo debemos vivir en los tiempos finales. Nada que ver con templos ni fiestitas. Porque el evangelio que se les enseñó, es más que evidente que no les ayuda a prevalecer en estos tiempos de Reino. Durante años la iglesia estuvo entrenándose y preparándose para irse, no para pelear y prevalecer. Después para estar de fiesta cuando no había nada para festejar.  Cuando se pone el tiempo un poco más oscuro de lo que ellos esperaban, entonces es cuando ya no saben más qué hacer. A la verdad, una gran mayoría de evangélicos tradicionales, no esperaba estar aquí, hoy. Se imaginaban raptados hace rato. Por eso quiero ir ahora a la carta a los Efesios, capítulo 2,. No te olvides, estamos hablando de conciliar debidamente lo que se ha logrado en la cruz.

(Efesios 2: 1) = Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,

Podrías decir tranquilamente, en este momento: ¡Claro! ¡Ya estoy muerto! Y fíjate que para Dios, muerte no es lo mismo que es para el hombre. Dios no pierde a nadie. Para Dios no existe la muerte, somos espíritus eternos. Tú dejas de ver al cuerpo, pero el espíritu vuelve a Dios. O sea que Dios no llora la muerte de nadie, el que la llora eres tú, que te quedas. A veces le pedimos a Dios que sienta lástima por algo o por alguien, como la sentimos nosotros. ¡No funciona! Dios no se mueve por lástima, se mueve por fe. Dios ama con su voluntad, no con sus emociones. Él decide amar, y ama. Él dice que muerte es una condición mental que ocurre cuando estamos separados o destituidos del tiempo y ámbito de Dios, por causa de pecados e iniquidades. Cuando estábamos muertos, nos dio vida juntamente con Él. Si él se condujera por emociones, ninguno de nosotros sería ni salvo ni perdonados.

(2) en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, (Sean salvos o no salvos) (3) entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, (Y es importante ver que carne, en el Nuevo Testamento, no es el cuerpo, es una mentalidad de accionar a partir de los dictados del alma, y te lo explica) haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, (Aquí está clarito. Carne tiene que ver con pensamientos, no con el cuerpo) y éramos por naturaleza (Atención: dice Éramos, éramos) hijos de ira, lo mismo que los demás. (Si hoy son hijos de ira, ya no son por naturaleza, sino por malcriados, por rebeldes. Y no siempre necesitan liberación, hay veces que lo que necesitan son dos golpes en sus nalgas. ¡Es que tú no entiendes! ¡Cuánto yo era pequeño…! Eras. Éramos. Esa persona murió. Nueva criatura eres, las cosas viejas pasaron, he aquí, todas son hechas nuevas. Eso no es tu pasado, eso es tener memoria de tu anterior inquilino. ¿Sabes qué? Si vivimos de esa memoria, seremos desastres humanos…

Porque ese, en todo caso, no es tu pasado. Es el pasado del que antes vivía allí donde ahora vives tú, santo hijo del Dios viviente. Toda tu calidad de vida de creyente depende de entender esto. Esto es fundamental, porque si no entendemos desde donde empezamos, ¿Cómo podremos saber hacia donde vamos a terminar? ¡Estamos hablando de la cruz! Entiende esto, nosotros somos el mismo hombre, pero lavados. Adán, en cambio, era inlavable, no se podía limpiar. Él no estaba manchado por fuera, era su naturaleza la que estaba manchada. Adán no tenía sanidad para pagar el pecado él. ¡No hubiera estado tan mal, dirían algunos! Pecamos y después… ¡Borrón y cuenta nueva! ¿Pero qué cuenta nueva si todos los días llenan la pizarra!? (4) Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, (5). aun estando nosotros muertos (Escucha bien esto: estábamos muertos) en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), (6). y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar…

Escucha; hablar de sentarse, es hablar de una posición de completamiento. Nadie puede sentarse si no termina, primero, lo que haya venido a hacer. Sin embargo Dios dice: para que el cristiano comience a vivir la vida de un cristiano, primero se tiene que sentar. O sea: se trabaja desde una posición de completamiento. No se trata de preocuparnos. ¿Quién de ustedes puede añadir a su estatura un codo, por preocupación? Nadie.

Considerad los lirios, que no trabajan ni se preocupan. Sin embargo están revestidos con más gloria. ¡Ahí está el detalle! Lo único que va a tener más gloria que Salomón, es el último templo, y ese somos nosotros. ¿Y cómo es la cosa? Está comparando a los lirios contigo. Te está diciendo que la forma de obtener la gloria postrera, no es con preocupación ni trabajando. ¿Quién de ustedes puede agradar, preocupándose o trabajando en todo el ambiente religioso, haciendo tantos sacrificios carnales para impresionar a Dios?

Entonces nos da el secreto y nos dice: considera los lirios… ¿Cómo crecen los lirios? Mira tu hijo, si lo tienes. ¿El hace algo para crecer o crece porque así tiene que ser? Aprende: el crecimiento es algo que te acontece, no es algo que tú haces. Los lirios crecen porque absorben nutrientes de la tierra donde están plantados. Y con el mismo procedimiento es que nosotros crecemos. Absorbiendo entendimiento y en donde hemos sido colocados. Mientras más entiendes, más manifiestas. El hombre manifiesta lo que entiende ser. Ya yo soy perfecto, pero sólo puedo manifestar la perfección que Él tiene. Me sentó. Dios no te puede dar dominio sobre la tierra, a ti, sin primero sentarte sobre todo lo que la tierra debe ser.

O sea: nosotros estamos acá abajo, luchando contra potestades y demonios, cuando en realidad estamos por encima de los demonios, pero como según el hombre piensa, el hombre es… Y así nos pasamos la vida a las patadas contra lo que ya está vencido. …en los lugares celestiales con Cristo Jesús, (La preposición correcta, ahí, es EN Cristo Jesús. Quizás suene igual, pero es una preposición que denota posición. En Cristo Jesús. Otra palabra para la palabra muerte, es la palabra neckros. Se usa metafóricamente, destituido de la vida que reconoce a Dios, por causa de pecado. Dice el Señor que nos colocó en lugares celestes. Y esto es ser tú. ¡Pero hermano! ¿Y entonces el cielo? Ah, no sé, ahí arriba está. Lo que sucede es que la morada de Dios no se llama cielo; lo que pasa que en español, por falta de palabras, sigue siendo cielo. Estamos hablando de una morada de Dios, no de una nube. Dios mora en los ouranos, no es las niphas, que son las nubes. Ni en las de más abajo, ni en las de más arriba ni en las del infinito, tampoco.

Nos dejó sentados en lugares celestiales. Y eso es importante, porque la Palabra dice que estamos bendecidos con toda bendición en ese mismo lugar. En otro lugar dice que estamos sentados por sobre toda potestad, también en ese lugar. En lugares celestiales, de eso hablo. Y en otro dice que la multiforme sabiduría de Dios será dada a conocer ahora por la iglesia, a los principados y potestades, también en el mismo lugar, o sea: en lugares celestes. Efesios 6 nos dice que nuestra guerra no es contra carne y sangre, sino contra huestes de maldad, o sea, espirituales, otra vez en lugares celestes. Es decir que toda esta actividad es en este lugar. Sin embargo, tu y yo hemos participado de todas esas actividades, sin salir de la tierra. ¿Cómo es que para una cosa lo tenemos bien lejos, y para otra lo tenemos tan cerca? La guerra que tu tienes siempre te persigue aquí, en el planeta, no tienes que salir para ninguna parte. En Juan 3:3 dice: Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

La palabra de nuevo, aquí, es el original griego anothen, y significa de arriba, o desde el comienzo, o de un lugar más alto. Y la palabra alto se refiere a calidad, no a elevación. El que no naciere de nuevo, no puede ver el Reino de Dios. O sea: el que no nace de nuevo, no entiende ni comprende el mover espiritual. Y el verso 6, dice: Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. La palabra espíritu, es pneuma. Y en español, está la “E” en mayúsculas la primera vez, y en minúsculas la segunda vez. Sin embargo, la palabra es la misma. Claro, el teólogo que tradujo la Biblia en aquel tiempo, jamás pudo creer que nosotros estemos hechos de lo mismo que está hecho Dios. Por eso dice el griego, que lo que es espíritu, es espíritu. O sea, si naciste del espíritu, naciste de lo que es el espíritu. ¿Y qué es espíritu? Una esencia que carece de materia. Pero posee el poder de conocimiento, deseo, decisión y acción.

El espíritu eres tú, y vives dentro de la materia. Pneuma, una esencia que carece de materia, pero que sin embargo posee el asiento de poder y conocimiento, deseos, decisión y acción. La palabra celestes, es la palabra epouranios, y significa asiento de poder eterno, morada de Dios, Se usa para designar origen o naturaleza. Cuando yo digo esto es celeste, estoy diciendo de qué está hecho, o de donde proviene. No donde está. La palabra muy parecida es cielos, o ouranos. Es el asiento o fuente. Y cuando digo asiento, me refiero a origen de donde emana. El asiento o el orden de las cosas eternas y perfectas. En ocasiones, celestes es usado como una preposición primaria. Es una superposición de tiempo, lugar y orden. De distribución o descanso. Ouranos. Asiento de gozo, poder o toda eternidad. Cielos, es una dimensión donde todo lo perfecto y eterno, nace. Ocupa el mismo lugar que el mundo físico. Es la otra dimensión. Arriba o abajo. Cielos, morada de Dios.

Ellos están en el mundo, pero yo no. Yo estoy en ouranos; ellos están en el mundo sanguíneo. Yo nací de nuevo, ellos no. Yo soy el primogénito desde Adán. Ellos todavía están en Adán. Ellos todavía van a morir, yo no muero más. Ellos han caído, yo no. Su naturaleza es pecaminosa, la mía no lo es. Dios nos sentó en ese lugar. No solamente nos puso, nos sentó. O sea que no hay jornada ahí adentro, tampoco. Nos sentó en una posición terminada. La vamos manifestando según la entendemos. Es considerar los lirios. Y recuerda, no es tratar de entender, es entender. El sacerdocio que fue excluido por estar contaminado, no fue excluido por no hacer algo, sino porque no entendían algo. Juan 3, ahí mismo, versículo 13: Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo. Está parado en la tierra, y está diciendo que está en el cielo. ¿Cuántos están viendo que no es cuestión de andar buscándole cinco patas al gato? Hoy vemos al espíritu enemigo más opositor y uno de los más peligrosos para la obra de Cristo sobre la tierra: el espíritu de religiosidad. Cuando Jesús el Salvador vino a la tierra fue este espíritu el que más se le opuso y el que más se levantaba en contra de Jesús.

Tenemos que averiguar dónde estamos sentados, porque ahí nos dejó Cristo en el principio de toda la cosa. Si no entendemos donde empezamos, no vamos a poder saber en qué y en donde terminamos. Pero si sabemos dónde estamos y quiénes somos, el destino es más cierto que lo que mucha gente cree. Hay gente todos los días por ahí afuera celebrando no sé que cosa, mientras acá, nosotros simplemente estamos creando un fin, que la gente ni se ha enterado. Dice (Gal 4:25) que la Jerusalén de arriba, es la madre de todos nosotros. Y la palabra arriba, es la palabra Fuente, u origen. Es la que nos dio a luz, pero nadie subió a ninguna parte a nacer. ¿Cuántos de ustedes han nacido de arriba? De acuerdo; ¿Y cuantos subieron por alguna escalera o treparon a alguna clase de cielo raro, para nacer? Entonces, ¿Cómo es que naciste de arriba? Nacimos de un orden de vida superior. Empezamos a vivir ahora, con un principio de vida superior al que teníamos. El conjunto de principios que hoy gobiernan nuestra vida, es superior al conjunto de principios que antes la gobernaban.

Y este conjunto, está diseñado para trascender el mundo. Estamos diseñados para vivir en la tierra, pero desde este nivel, no del anterior. Estando en este nivel, trascendemos los problemas terrenales, donde las circunstancias ya no dictan nuestras vidas. Esa es la diferencia. Cuando nacemos de nuevo, trascendemos el mundo. ¿Si lo entiendes? ¡Claro! Porque según el hombre piensa, el hombre es. Lo que yo quiero enseñarte es como es que estamos aquí, para que puedas trascender el mundo. ¿Cómo puedes atravesar tus crisis? Es en base a lo que has entendido, no en base a un esfuerzo carnal. En ciertos niveles de crisis, el esfuerzo carnal no vale de nada. Tiene que ser un entendimiento que viene de adentro. Es una gracia, no algo que tú has comprado. Es ahí donde están nuestras bendiciones. Es ahí donde está nuestra guerra. Es ahí donde está la sabiduría. Es ahí donde está el enemigo. Y nosotros estamos sentados ahí, pero encima de él.  Mira Efesios capítulo 1

(Efesios 1: 17) =  para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, (18) alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, (19) y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, (20) la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, (21) sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; (¿Dónde nos sentó? Sobre)

(Efesios 2: 6) = y juntamente con él (Con Cristo) nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, (O sea que si Él está por encima, nosotros también. Ahora escucha. Mientras que para ti, el llegar a lugares celestiales, solo se consigue por medio de una levitación literal de la tierra. Entonces, para ti que crees eso, todo el tiempo en el que tú vives literalmente sobre la tierra, Satanás estará sobre ti. Porque para que Satanás esté debajo de tus pies, tienes que creer que estás en lugares celestiales, ahora. O sea que, en verdad, no es que bajamos a Satanás; Satanás está abajo desde hace muchísimo tiempo, o desde siempre. Lo que necesitamos es elevarnos nosotros a nuestra posición correcta. Nosotros vamos arriba, y ahí nos colocó Cristo, nos sacó de un lugar y nos puso en otro, pero nos dejó la computadora. Y como nosotros estábamos acostumbrados a vivir por la computadora, ni cuenta nos dimos que Él se fue.

Eso es lo que está pasando. Que la iglesia, por tantos años proclamó que Cristo salva y Cristo sana, pero nadie, pero nadie te explicó que lo creímos por fe, porque algo aconteció en esta vida. Fuimos cambiados, nacimos de nuevo. No podemos negar nuestra experiencia, pero tampoco podemos vivirla plenamente, porque no entendemos como. Entonces, hemos expresado, en el nombre de Cristo, algo mediocre, que es inferior a lo que Cristo nos dejó como herencia. Por eso creamos religión, para cubrir todos los huecos que no podíamos explicar. Y dice ahí, en el verso 6: Juntamente con él nos resucitó. La palabra, allí, es sunegeiro. La raíz Sun, denota unión con, que incluye las propiedades o composición de. O sea que es una unión con alguien, no por cercanía ni por parentela, sino porque estamos hechos de lo mismo. Era la oración de Cristo. Que ellos sean uno con nosotros, como yo soy contigo. Que si me has visto a mí, ya has visto al Padre. Se le contestó la oración en la salvación. Cuando él fue y preparó el lugar, el lugar que él preparó en la cruz, es Cristos, Emmanuel, el único lugar en donde los hombres y Dios, pueden morar juntos. Volvió a hacer que el ámbito de Dios, el Gan, fuera disponible para el hombre. Y en Cristo, Dios y los hombres pueden morar juntos. Cristo es el huerto. En Cristo Jesús, Dios y los hombres moran juntos. Hay sólo una salvación. En la tierra hay dos hombres, no mil. Dos. El primer adán, y el último Adán. El primer hombre, el segundo hombre. ¿Y todos los hombres que hubieron entre Adán y Jesús? Son extensiones del primero. Esa es tu muerte. Y no es física, es espiritual. Y no es tiempo de finales, es tiempo de comienzos. ¿Vamos? Voy en la misma dirección, ¿Quieres acompañarme?

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Hora de Salir del Problema

Todo lo que aprendemos hoy, tiene que funcionar no ya mañana, sino hoy mismo, dentro de un momento, ni bien terminas de escucharme. Si lo que aprendes hoy no te funciona, entonces es teología. Y la teología no sirve más que para fabricar carreras y adornar personas con pomposos títulos.

Lo que Dios está produciendo en la tierra, aún en medio de un tiempo muy raro y complicado, es un estado de ser. Es un tipo de persona. Es un varón perfecto, que no significa sin errores, sino maduro, alejado de aquellos legendarios cómodos de cabezas rapadas por manos impuestas y cultores del “ore por mi”. Y eso que está sucediendo, está creando un pueblo. O sea que el producto final no es algo que tú haces, sino algo en lo que tú te conviertes.

Yo creo firmemente que la iglesia, con todo lo que le ha tocado vivir y todavía está viviendo, está transicionando del estado de Marta, ajetreada, trabajólica y ocupada, a sentarnos a sus pies. Mucho más que el hacer, el ser. Por eso estamos viendo estas dinámicas que si bien no son nuevas porque ya las hemos visto, hoy las vemos con otra perspectiva.

Quiero leer un texto en la carta a los Hebreos. Esta es una carta muy interesante, que fue escrita  cuarenta años después de la ascensión de Cristo, por alguien que no la firmó, aunque no son pocos los que creen que fue el mismo Pablo, o que por lo menos él se la dictó a alguien que hizo de escriba.

Y allí, en esa carta, él dice que está escribiendo con un sentido de urgencia, porque la iglesia que estaba establecida en aquel tiempo, aún estaba operando en los ritos del Antiguo Testamento. Lleva cuarenta años redimida de la ley, pero no ha cambiado su modus operandis.

Por eso, sigue trabajando de la misma manera en que estaba acostumbrada a trabajar. No se ha dado cuenta que Dios se mudó. Esto te demuestra que es posible seguir trabajando para Dios sin que Dios esté presente ni avalando ese trabajo.

Porque Dios salió del templo. Vino la pandemia y tuvo que salir del templo, entonces ahora ya no está en el templo, ya no está en el rito, ya no está en el sacrificio, en el matar los animales, ya no está en nada de eso. Sin embargo, la iglesia ahí andaba, todos los domingos haciendo lo mismo, creyendo que Dios andaba en el asunto.

Y no terminó esto en aquel tiempo. Hoy todavía hay mucha gente que anda haciendo lo mismo y, para peor, también suponiendo que Dios está en el asunto. No le hace. Dios no está en eso. De igual manera, Dios se mueve de gloria en gloria, de fuerza en fuerza, a través de los tiempos en la iglesia de nuestros días.

Y cuando se mueve de un lugar a otro, es muy fácil no darse cuenta que se ha ido, si es que uno no está pendiente o acostumbrado a que Dios se mueva constantemente. Recuerda que cuando hay un mover de Dios, el que se mueve es uno hacia Él y no Él hacia nosotros.

Un mover de Dios no es de ninguna manera una manera nueva del Espíritu para ministrar a la iglesia. Un mover de Dios, es un acercamiento del pueblo hacia Él. Así que no importa de qué manera te ministre el Espíritu, si cuando se ha terminado el tiempo de ese mover, si tú no te has acercado a Dios de algúna forma, entonces no has experimentado tú de ninguna manera un nuevo mover de Dios.

(Hebreos 9: 1) = Ahora bien, aun el primer pacto tenía ordenanzas de culto y un santuario terrenal.

(2) Porque el tabernáculo estaba dispuesto así: (Entiendan que las cosas que ellos escribieron, fueron ejemplos para nosotros a los cuales nos llegaron en los fines de los tiempos. Y hemos usado los templos como tipología, como símbolo, de las cosas que Dios está construyendo hoy, cuando ya los templos están quedando después de todo esto, casi como elementos de museo.

Sabemos que Salomón desde su templo, nos habla de las dinámicas de lo que Dios está construyendo en su templo final, que es la iglesia. Este tabernáculo que describe aquí el escritor de Hebreos, lo está escribiendo con la idea de describir al tabernáculo en tiempo de reforma.

¿Qué reforma? La que trajo Jesús, en el tiempo en que Él estaba vivo. Su preocupación era que la reforma vino y se fue, y la iglesia andaba en lo mismo. Entonces, está tratando de poner en la escritura, los cambios que hay, a ver si se dan cuenta, y lo escribe de una forma en que ellos solamente lo entiendan) en la primera parte, llamada el Lugar santo, estaban el candelabro, la mesa y los panes de la proposición.

(3) Tras el segundo velo estaba la parte del tabernáculo llamada el Lugar Santísimo, (4) el cual tenía un incensario de oro y el arca del pacto cubierta de oro por todas partes, en la que estaba una urna de oro que contenía el maná, la vara de Aarón que reverdeció, y las tablas del pacto; (5) y sobre ella los querubines de gloria que cubrían el propiciatorio; de las cuales cosas no se pude ahora hablar en detalle. 

Sigue hablando de las mismas cosas, pero más adelante en el verso 8, dice que esto era para dar a entender. Son analogías, son tipologías que usa la Biblia para dar a entender cosas más importantes que el ejemplo en sí. El hombre estaba tratando de hablarle a alguien. El asunto es: ¿A quién?

(8) dando el Espíritu Santo a entender con esto que aún no se había manifestado el camino al Lugar Santísimo, entre tanto que la primera parte del tabernáculo estuviese en pie.

(9) Lo cual es símbolo (¿Para qué tiempo?) para el tiempo presente, según el cual se presentan ofrendas y sacrificios que no pueden hacer perfecto, en cuanto a la conciencia, al que practica este culto.

Nota que la razón por la cual era sólo símbolo, era porque no perfeccionaba. Esto es importante, porque si vamos hacia atrás, al capítulo 7 de Hebreos, dice el verso 11: Si, pues la perfección fuera por el sacerdocio levítico,

Una vez más, la preocupación del escritor era que la perfección no se podía conseguir con el tipo de ministro que existía. Primero nos dice que ese tipo de culto no servía, y ahora nos dice que ese tipo de ministro tampoco servía.

Y lo que catalogaba si servía o no, era la habilidad de perfeccionar. Esto es muy importante, porque mientras a nosotros se nos dice que nadie puede ser perfeccionado sin que Él llegue, aquí todavía anda mucha gente queriendo cambiar o adaptar las formas de ministrar para perfeccionar. Me parece que el objetivo es perfeccionar algo, y por eso siguen cambiando hasta dar en el clavo. Pero déjame decirte que el clavo es un tanto huidizo y se escapa, esquiva y evade.

Si se pudiera perfeccionar por lo levítico, entonces no hubiese sido necesario levantar otro orden sacerdotal según el orden de Melquisedec. Como dice la Escritura. Dice que mientras la primera parte estaba en pie, no podíamos entrar al Lugar Santísimo, cosas que eran símbolo, que representaban que era sólo una tipología hasta el tiempo de la reforma, porque en sí, nada perfeccionaba en cuanto a la conciencia.

(Verso 15) = Y esto es aún más manifiesto, si a semejanza de Melquisedec se levanta un sacerdote distinto.

Nota que el sacerdote es distinto. No es igual. No constituido conforme a la ley, o sea: si vas a medir cómo opera la gente después de la reforma que obligó la pandemia, conforme a la ley anterior a esa reforma, no la vas a entender. Porque no operan constituidos conforme a.

(16) No constituido conforme a la ley del mandamiento acerca de la descendencia, sino según el poder de una vida indestructible.

(17) Pues se da testimonio de él: tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.

(18) Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia.

Nota que sí es posible abrogar algo que Dios mandó. Dios lo dijo, Dios lo quitó. Fue Dios quien lo puso allí, y es Dios ahora el que lo está cambiando. Son como mitos en la iglesia. Creemos que algunas cosas son y serán por siempre porque así nos las enseñaron.

Pero ahí dice que queda, pues, abrogado el mandamiento, o sea: algo que Dios dio, Él mismo quitó, después. Dios da algunas cosas porque se las necesita por cierto tiempo, pero después las quita. Que uno se enamore de esas cosas y las quiera guardar, como quien intenta guardar maná para mañana aunque se le pudra, es otro asunto; pero Él las quita. ¿Y por qué dice, en este caso, que queda abrogado ese mandamiento? Por causa de su debilidad e ineficacia. O sea que cuando Dios dice que aquí se le acabó la gracia a esto, ahora vamos a cambiarlo.

(Verso 19) = (Pues nada perfeccionó la ley),

Y dale con eso, Dios está buscando una perfección. Él dice: esto no está funcionando porque no está perfeccionando, o sea madurando, a la gente, y como yo quiero perfeccionarla, que es decir madurarla, ahora voy a cambiar el método. ¡Es que llevamos haciéndolo así hace más de veinte años! ¡Cámbialo, porque no está madurando a la gente, la mantiene cómoda, perezosa y dependiente! Dios siempre está detrás de algo que se llama perfección.

Ahora bien; cuando tú observas allí en  el capítulo 9, observa claramente que, cuando el escritor comienza a hablar sobre la iglesia, (Yo estoy comparando ahora al Antiguo Testamento con algo que comenzó con Dios y ya fue cristalizado.

En nuestro caso, sería hablar de la cristalización del mover pentecostal. Un mover de cien años de duración. Y eso incluye al carismático, porque el carismático está dentro del mover pentecostal. O sea que, cuando cualquiera de estas cosas se cristaliza y se convierte en un rito, ya no perfecciona ni madura a nadie, solo fabrica gente religiosa casi idólatra de una dudosa doctrina denominacional.

Cuando llega y es una revelación como la serpiente en el desierto, impacta. Pero ya para el tiempo de Ezequías, era una abominación. Setecientos cincuenta años después adorando una serpiente en el desierto, ¿A quién se le ocurre?

Sólo el pueblo de Israel adora una cosa tantos años. Recuerda que cuando vino la reforma de Ezequías, lo primero que hizo fue tumbar a la serpiente que vino con Moisés. Cuando la levantó, era Dios. Cuando la tumbó, no lo era.

¿Quién había dicho que la pusiera allí? Dios. ¿Y quién trabaja dentro de Ezequías para sacarla? Dios. O sea que Dios quita y pone, pone y quita. La segunda parte no se manifiesta, si la primera no se mantiene de pie. O sea que hay que quitar algunas cosas.

Y de eso se trata la reforma, de remover algunas cosas que ya no están en uso útil, que ya no perfeccionan ni maduran a nadie. Aquí en el capítulo 9, dice que el tabernáculo estaba dispuesto en la primera parte, el Lugar Santo. Párate un momento allí, stop. ¿Y el atrio?

Porque la primera parte, en todo tiempo, siempre fue el atrio. ¿Cómo que ahora dice que es el Lugar Santo? ¿Y el atrio dónde está? ¿No hay atrio?  ¿Cómo que no hay? Imagínate ahora que tú llegas al lugar con tu vaca al hombro buscando el altar para hacer el sacrificio, y no lo encuentras, no está el atrio. Parecería una herejía, verdad? Cierto, pero no lo es.

Y así hay gente hoy. Viene buscando un lugar dónde traer sus sacrificios carnales. Y no hay lugar, en la iglesia de hoy, para sacrificios carnales. Nada que tú hagas a partir de tu esfuerzo carnal, te santifica ante Dios. ¡Es que traigo un testimonio! No hay altar. No hay atrio.

¿Y qué significa el atrio? El atrio significa que no hay lugar para sacrificios externos, rituales. El lugar donde hay ritos, no existe. Ese es el primer paso. Primera condición: no hay sacrificios carnales. En la Gracia, no hay sacrificios carnales.

Vamos a una de las escrituras más fuertes, la que está en Daniel capítulo 9. ¿Qué estamos haciendo? Viendo qué fue lo que vio el escritor de Hebreos que cambia en tiempos de reforma. ¿Qué cosas han cambiado en los últimos años en los lugares habituales donde solemos reunirnos?

(Daniel 9: 26) = Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, más no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones.

(27) Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; (¿Con cuántos? Con muchos.) a la mitad de la semana hará cesar,

¿Qué cosa hará? Cesar. Se acabó. Es como dice en Hebreos, un sacrificio una vez y para siempre. OI sea que todo lo sacrificial para ser  aceptos a Dios, se terminó. Escucha: en el Antiguo Testamento, estábamos tratando de alcanzar a Cristo.

En el Nuevo Testamento estamos trabajando desde Cristo. No hay que alcanzarlo. Tú estás en Cristo, en Él tienes tu vida y tu caminar. Pero en muchas iglesias, hoy, todavía la gente está tratando de alcanzar a Cristo. Es una postura interior que tienen muchos cristianos.

Porque sólo cree que es un triste pecador salvado por gracia. Aspiro en este trabajo cambiar esa idea pre concebida. Si tú eres solamente un triste pecador salvado por gracia, entonces déjame decirte que tú no has nacido de nuevo.

Cuando estamos hacia el Nuevo Testamento, estamos buscando llegar a la tierra de Canaán, que dice Hechos 13 que es Cristo, la plenitud de Cristo. Ahora estamos en ella y la queremos apropiar. Ya estamos en la herencia. Estamos en Cristo, Cristo es la tierra prometida.

(Hechos 13: 32) = Y nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella promesa hecha a nuestros padres, (Está hablando de la promesa de Canaán, hecha a los padres)

(33) La cual Dios ha cumplido (Bueno, aquí se acaba otro rollo de que todavía se le debe algo a alguien) a los hijos de ellos, (¿Quiénes son los hijos de ellos? La misma Escritura te lo dice) a nosotros, resucitando a Jesús, como está escrito también en el salmo segundo: mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy.

O sea que la resurrección de Jesús, es la plenitud de Canaán. Nosotros lo que tenemos que hacer, es apropiarla, para que la manifestación de los hijos de Dios aparezca. Estamos en Él, pero la parte que el hombre no entiende, no la manifiesta, porque según el hombre piensa, así es él.

Entonces nosotros nos vamos a reposicionar, pensando diferente de acuerdo a la Escritura. O sea: algunos mitos se caen cuando la palabra lo revela. Entonces, vemos que Cristo es Canaán. Ya estamos en la tierra, es allí donde está la guerra.

Es ahí donde están los gigantes. Es ahí donde hay que militar. Allí es, también, donde hay que cerrar el pico y tumbar a Jericó. Ahí es donde hay que asociarse con gente como Rahab y tener discernimiento para entrar.

Allí también es donde se mira la tienda de Acán y se atienden las cosas personales. Mira el dedo de Dios apretando sobre nosotros hasta que lleguemos a Canaán. Dolores de parto hasta que la esperanza de gloria llegue para todos.

Este es un tesoro en vasos de barro. Toda la Escritura es constante en que hay algo que se nos metió adentro, que quiere salir. No hay lugar para sacrificios. Nada que se hace ritualista te acerca a Dios. Mira Jeremías, capítulo 7.

Lo primero que encontramos, es que no hay atrio. Y este es un problema, porque se hacían tantas cosas lindas en el atrio, en la iglesia. La mayoría de la iglesia venía para participar del atrio.  Hay gente que nunca estuvo más allá.

(Jeremías 7: 22) = Porque no hablé yo con vuestros padres, ni nada les mandé acerca de holocaustos y de víctimas el día que los saqué de la tierra de Egipto.

¿Será Dios loco? ¿No escribió capítulos y capítulos en esos dos libros que tú nunca lees, Levítico y Números, que están horribles, llenos de explicaciones respecto a cómo matar los holocaustos? Y mira lo que dice acá: Yo nunca mandé a nadie que hicieran ningunos holocaustos. Imagínate la cara de ellos.

(23) Más esto les mandé, diciendo: Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios, y vosotros me seréis por pueblo; y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien.

Yo me puedo portar bien por disciplina o por naturaleza. Una, me cuesta, pero a la otra ni la transpiro. La mayoría de la iglesia se porta bien por disciplina, no por naturaleza. Por eso tiene reglas, si se las quitas, se pierden.

Dios no tiene nada en la iglesia, hasta que el Reino está adentro y lo gobierna sin leyes. ¡Yo no mandé ningunos holocaustos!, dice Él. Lo que sí les mandé era que escucharan mi voz. Yo quiero ser por vosotros Dios y ustedes me serán por pueblo, y si hacen todo lo que les mandó, les irá bien.

¿Usted me quiere decir que no pecaban no tenían que sacrificar nada? ¡Claro! ¡Por supuesto! Pero como seguían pecando, seguían sacrificando. Y la iglesia prefiere partir el pan todos los fines de mes, que partir el pan con su hermano.

Ritos son ritos, llámale cena, llámale testimonio, levantar la ofrenda, cuatro pasos a la derecha y tres a la izquierda y la sangre aquí. Ritos son ritos. Son manifestaciones externas en un esfuerzo por acercarnos a Dios. No hay atrio.

Es lo que Dios está buscando que terminemos de lograr, porque mientras tengamos eso que se llama reglas, Gálatas nos llama niños iguales a esclavos, incapaces de heredar. Dios quiere algo de nosotros.

(Verso 24) = Y no oyeron ni inclinaron su oído; antes caminaron en sus propios consejos, en la dureza de su corazón malvado, y fueron  hacia tras y no hacia adelante.

Dios les está diciendo que si hubieran leído su corazón, se hubieran dado cuenta que Él no les estaba dando órdenes, sino que les estaba diciendo quien era Él. Cómo se operaba en su mundo. Ellos no sabían, ellos eran esclavos.

Porque la ley es un paréntesis en la Gracia, la Gracia siempre fue. La fe no es algo nuevo, la fe fue hallada por Abraham. Él no la creó, la encontró. Ella ya estaba allí. Dice que Abraham halló fe. Y Dios dijo: esta es la forma en que se hace. O sea: así es como se hace en el mundo de Melquisedec.

En el mundo eterno, tras un poder indestructible, según se lee en Hebreos. Esta es la forma, Dice Dios, que uno se acerca a mí. Así es, Abraham, que bueno lo hiciste. Por eso es que Abraham es el ícono de la fe. O sea que Cristo no viene a traernos algo nuevo, sino a re enchufarnos a lo que había antes de la ley.

La ley era solamente para traernos a Cristo.  Yo quiero que mantengas eso en mente, porque más adelante vamos a ver que la ley, o eso que nos gobierna en algunas de nuestras reuniones eclesiásticas, es muy parecido.

Y que ambos tienen un propósito, que es traernos a Cristo. Si tú lo vivías en el espíritu de la ley, tenías que hacer el rito de la ley. Y si vivías en el rito de la ley, entonces estabas negando caminar en el Espíritu. Y espero el año que viene, y entra alguien por ahí, y hace un rito de expiación por mí, y yo me siento bien y me voy contento para casa porque oraron por mí.

¿Qué más encontramos en Hebreos 9? Hay varias cosas. No hay velo. De eso no voy a hablar hoy, ahora, pero no hay velo, tampoco. No hay lavacro. Y simplemente con eso, créeme, se fueron un paquete de cuestiones que por años han obstaculizado el mover de la iglesia.

Dice que el primer lugar es el Lugar Santo. Está el candelabro, estoy en el verso 2 del capítulo 9 de Hebreos, la mesa, los panes de la proposición. Y luego continúa efectuando este detalle en el verso 3, donde podemos leer:

(Hebreos 9: 3) = Tras el segundo velo (Allí sí todavía estaba el velo), estaba la parte del tabernáculo llamada el Lugar Santísimo, (4) el cual tenía un incensario de oro y el arca del pacto cubierta de oro por todas partes, en la que estaba una urna de oro que contenía el maná, la vara de Aarón que reverdeció, y las tablas del pacto;

Nota que el altar, ahora, está junto con el arca. ¿Cuántos saben que el altar, normalmente, siempre estaba de este lado del velo? Nunca estaba dentro del Lugar Santísimo. Pero aquí, él lo ve dentro. Dos razones: para el tiempo de Zorobabel, ya no había oro para la réplica del arca.

Cuando salieron del cautiverio que construyeron el templo, no reconstruyeron el arca porque no había para hacerlo como el modelo mandaba. Entonces, pusieron el altar de incienso en su lugar. Es por eso que Zacarías, en la orden de su turno, lleva incienso, y no sangre en sus manos.

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Diario Íntimo de una Traición

Es bastante frecuente y normal, entre gente que lee la Biblia, oír que cada uno muestra sus preferencias por determinados textos, o le producen impacto ciertos sucesos y se identifican en mayor o menor medida, con puntuales personajes.

¿Cuántas veces has escuchado expresiones tales como: «Me gustaría ser como Pedro», «Me encanta el amor de Juan», «admiro la inteligencia de Lucas», «Me identifico con la osadía de Pablo», o «A veces me siento como Juan el Bautista»? Yo, muchísimas. Y las comprendo. Y no sólo que las comprendo, sino que, -a mi vez-, yo mismo me he sentido identificado con algunos de estos sentimientos y. naturalmente, con ciertos personajes. No siempre con los mismos, claro, porque no siempre nuestras crisis o luchas son las mismas.

Ahora bien: hasta aquí lo habitual, lo conocido, lo frecuente, pero: ¿Alguna vez has oído a alguien decir: «En muchas cosas, hermano, yo me identifico con Judas Iscariote? ¡Ah, no, eh?¡Lógico!¿A quién se le ocurriría identificarse, o ver como referente, o como ejemplo de comportamiento, (No estoy diciendo BUEN comportamiento, estoy diciendo Comportamiento) con el traidor, con el que entregó al Señor por treinta monedas de plata? Quien se atreviera a decir algo así, automáticamente quedaría expuesto, cualquiera fuese la congregación donde concurra, a que se lo discipline primero y hasta que directamente lo expulsen después. Y hoy, con las estructuras medio tambaleantes por todo lo que se está viviendo, mucho peor, porque creo que nadie terminaría de confiar en un personaje así. ¿Cómo vas a hablar de Judas? Y uno no quiere que le pasen esas cosas. Que nos discriminen o nos marginen.  Entonces, Judas Iscariote, más allá de los viejos tiempos de la antigua escuelita dominical, no existe.

Hoy vamos a hablar, -de acuerdo con lo que las Escrituras hablan de él-, de Judas Iscariote. Y no te voy a pedir que aplaudas ni que critiques. Lo que te voy a pedir es que, una vez terminado de desarrollar este estudio, hagas una sabia, sincera y profunda reflexión de lo que has escuchado. Estoy orando para que todo esto te sirva. Tú sabrás para qué.

(Mateo 10: 1)= Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia.

No estoy en desacuerdo con las extensas lecturas contextuales para encarar un tema. Son métodos de estudio que, en muchos casos, brindan excelentes resultados. Sin embargo, tú tendrás que convenir conmigo que la riqueza en principios que contiene este versículo es tremenda. Mira:

NÚMERO UNO: En ningún lugar leemos de que alguien se haya ido a ofrecer a Jesús para integrar su equipo. No sé si así habrá sido o no; la Biblia no da registros de eso. Lo que sí sé es que ÉL decidió a cuántos, a quiénes, en qué lugar y de qué modo habría de llamar gente. En el mismo relato pero en el evangelio de Marcos 3:13, dice que llamó A los que ÉL quiso. En el de Lucas 6:13, utiliza el término ESCOGIÓ, que es equivalente a elegir. El principio encerrado en esta parte es que Dios es quien elige a los que va a levantar como ÉL quiere, por las razones que ÉL tiene y de la manera que a EL se le ocurre, no como al hombre le parece que está bien.

NÚMERO DOS: Dice que les dio autoridad a los doce para que hicieran todo lo que EL mismo detalla que podrían hacer. Quiero recordarte que AUTORIDAD es la palabra EXOUSIA, que es una de las cuatro palabras que hablan del poder de Dios. Las otras tres son: DUNAMIS, ISCHUS y KRATOS. Significa: derecho para actuar, habilidad, privilegio, capacidad para usar ese ilimitado poder. En suma: una autoridad delegada. No obtenida por méritos personales, sino delegada porque ÉL quiere darla así. Vale la pena agregar, después de haber esclarecido esto, que Judas Iscariote estaba dentro de esos doce, por lo que salta a la vista que Judas tenía toda la autoridad de Cristo, exactamente en la misma medida y dimensión que los otros once.

NÚMERO TRES: El Iscariote que presenta como apodo nuestro Judas, nació de la necesidad de diferenciarlo, ya que Judas era un nombre sumamente vulgar y abundante en la época. Creo que a ningún padre y a ninguna madre se le ocurriría hoy ponerle ese nombre a un hijo, no? Es un apodo, -fíjate-, que tiene que ver con su procedencia. Iscariote, tal como lo pronunciamos y escribimos nosotros, es en realidad ISH-QUERIYOT, que significa «Hombre de Queriot». Queriot era un lugar de Judea, lo que también nos muestra que Judas (a la sazón hijo de Simón Iscariote), era el único oriundo de Judea que integraba el grupo apostólico.

NÚMERO CUATRO: Finalmente, dice que ese grupo, más adelante denominado como apóstoles, fue levantado como discípulos. Esta palabra, DISCÍPULO, es la palabra MATHETES. Deriva del verbo MANTHANO, que significa «Aprender» y que tiene una raíz gramatical (MATH) que sugiere pensar con esfuerzo. Un discípulo, por lo tanto, es uno que aprende y sigue a su maestro y a sus enseñanzas. De esta palabra deriva nuestro vulgarismo MATETE con el cual describimos algo complicado que nos hace pensar y devanar los sesos.

En la continuidad de este texto de Mateo 10, nos encontramos con los versículos 2, 3 y 4 que nos proporcionan la nómina completa del grupo escogido, llamado, elegido por Jesús. La curiosidad, en todo caso, tanto en este texto como en todos donde se los menciona, es que Judas Iscariote siempre figura en el último lugar de la nómina.

De allí en más, vienen las instrucciones. Precisas, concisas, claras, concretas; tal como las daría un buen general de ejército a su plana mayor en las vísperas de una gran batalla. No voy a entrar en la meticulosidad a veces demasiado religiosa de leer todos los versículos porque son muchos, pero voy a extraer de ellos lo más claro que especifican. Eso sí; lo voy a hacer en nuestro idioma y dirigido a una persona, no a todas. Como si la recomendación fuera específica para Judas y no para los doce. ¿Por qué? Porque necesito que te pongas tú, por un instante, en lugar de Judas. Estás oyendo a Jesús. Estás oyendo lo que ÉL te recomienda, te ordena, te instruye.

  1. Ve y tráeme todas las ovejas perdidas de mi pueblo.
  2. Sal y predica MI evangelio. No tienes que inventarte ninguna cosa rara, Judas. Mi evangelio dice que el Reino de los cielos se ha acercado. Eso, nada más. Puedes decir que tú eres miembro de ese Reino. Tienes autoridad delegada para hacerlo.
  3. Produce cuanto milagro se necesite. Sana enfermos, limpia leprosos, resucita muertos, echa fuera demonios, lo que sea.
  4. Tienes poder para hacerlo, Judas.
  5. No te dejes llevar por tus intereses personales. La codicia, la avaricia y la figuración personal no tienen nada que ver con lo mío, ¿Okey Judas?
  6. En cada caso, aprende a tener la prudencia de una serpiente y la sencillez de una paloma. Ojo Judas; no te estoy diciendo astucia, no me entiendas mal. La astucia no es mía: te estoy diciendo prudencia. Tampoco te digo que seas bobo como una paloma, te estoy diciendo sencillo. (Pablo, más adelante, en Romanos 16, aclara: Sabios para el bien, ingenuos para el mal.
  7. La gente del mundo no te va a molestar demasiado Judas. Ellos viven en lo suyo y, obviamente, si te acercas demasiado, te puedes enganchar en sus cosas. Pero no obstaculizan lo nuestro. De los que sí te tienes que cuidar es de la clase religiosa. Esos parecen la imagen viva de la bondad, pero por dentro…vos no te das una idea. Si pueden, te van a perseguir, agredir y, si lo necesitan, hasta matar.
  8. Si te llegan a meter preso, no te hagas problema por lo que vas a declarar delante de la autoridad. Cuando llegue ese momento, yo pelearé esa batalla por vos y pondré en tu boca todo lo que haya que decir. Ni más allá ni más acá.
  9. Te puedes ir. Pero acuérdate: no procures ser más maestro que tu maestro. No te inventes ninguna enseñanza que yo no te haya enseñado. No me fabriques ninguna doctrina por tu cuenta, Judas. No me implementes reglas o estatutos que no estén escritos o yo no haya decretado.
  10. No tengas miedo. A nada. Parezca lo que parezca la situación, no te olvides que yo siempre estoy en el control de todo. Al menor riesgo, confía en mí. No te voy a abandonar. Sólo te pido que cumplas con lo que te mando.

Muy bien; Primera pregunta: ¿Lograste ponerte en lugar de Judas? Segunda pregunta: ¿Cómo te sientes después de todo lo que te dijo? Tercera pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre lo que Jesús le dijo a Judas, uno de los suyos, con lo que hoy te está diciendo a ti, que también eres uno de los suyos? «Pero hermano…es diferente…» Ojo: Tú conoces el final de esta película, pero yo te estoy hablando de un momento donde todavía tenía que proyectarse. Mira: la primera clave, aquí, a tener en cuenta, está en lo que vas a leer ahora:

(Mateo 10: 22)= Y seréis aborrecidos de todos (Dice DE TODOS, y esto significa: de los incrédulos, naturalmente, pero también de los religiosos que no han sido escogidos, (..Muchos serán llamados, pero pocos los escogidos..) Escogidos como discípulos, tal cual a EL se le ocurre y quiere). Por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, este será salvo.

En contra de lo que muchos podrían imaginar, Judas Iscariote, el traidor, el innombrable del evangelio, la figura nefasta tomada siempre, en cada mención, como modelo clásico del mal, del villano de esta historia, jamás fue marginado, ni discriminado, ni menoscabado, ni prejuzgado por Jesús. Se entiende que ÉL sabía en su corazón lo que habría de suceder, pero así y todo, jamás practicó acepción de persona con él. Fíjate que podría haber dicho: «Vayan ustedes, muchachos, y hagan todo lo que les mandé, tienen toda mi autoridad y toda mi cobertura. Esteee…tú no, Judas. Tú quédate acá; ordéname un poco todo esto para cuando ellos vuelvan. Ocúpate de los redes, contesta las correos, despáchame la videos…no. A Judas le dio la misma jerarquía, autoridad, mandato, calidad de discípulo y respaldo que al resto. ¿Sería intención de Jesús permitirle que reflexionara, pensara, recapacitara y se restaurara? Puede ser, Él siempre te otorga una oportunidad más. La estructura de la iglesia humana es la que no siempre lo hace. Finalmente: ¿Qué puede haber ocurrido con y en Judas para que terminara como terminó?

Con lo primero que nos encontramos, es con la acción de la entrega, cuando Judas va y se compromete ante los principales sacerdotes a que, a cambio de dinero, él haría de entregador. ¿Por qué obra así Judas? Sí, ya sé que le gustaba el dinero y era sumamente ambicioso, pero no es difícil suponer que, en lo carnal, no tendría que ser el único en un grupo tan heterogéneo, no? El texto, según Lucas, ubica un contexto espiritual vinculado a lo que nosotros llamamos «guerra espiritual» y que, tomado con liviandad y ligereza, nos puede inducir al error de pensar demasiado superficialmente con relación al real contenido de este episodio.

(Lucas 22: 3)= Y entró Satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce.

Ahí es donde nosotros decimos: ah, es sencillo. Era medio flojito y Satanás lo agarró y lo hizo de goma. Sí, es cierto, pero… ¿Cómo podemos entender que un hombre escogido por Cristo, levantado por Cristo, ungido por Cristo con todo el poder y autorizado por Cristo para representarlo, pueda entrar tan fácilmente en el juego de Satanás? Aquí es donde tenemos que ir a los otros evangelios, porque en ellos está lo que a mi juicio es la gran clave de este hecho específico.

Tanto en Mateo como en Marcos, cuando se relata esta decisión de Judas, simplemente dice que fue a ofrecer sus servicios de traidor. De Satanás ni se hace mención. Pero lo que sí encontramos en los dos evangelios que te dije, es algo que no está igual en Lucas. Se trata de un hecho previo que fue, sin dudas, la puerta abierta por donde el enemigo se pudo infiltrar.

(Mateo 26: 6)= Y estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, (7) vino a él una mujer, con un vaso de alabastro de perfume de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado a la mesa.

(8) Al ver esto, los discípulos se enojaron, diciendo: ¿Para qué este desperdicio?

(9) Porque esto podría haberse vendido a gran precio, y haberse dado a los pobres.

(10) Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué molestáis a esta mujer? Pues ha hecho conmigo una buena obra.

(11) Porque siempre tendréis pobres con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis.

Vamos a imaginarnos esta escena. Primero porque es clave para entender todo el proceso y segundo, porque este tipo de cuestiones no se limitan a los evangelios del Nuevo Testamento sino que tienen correlación, a diario, con lo que sucede en cualquier congregación de cualquier parte del país o del mundo.

En el relato de Marcos sobre este mismo episodio, dice que ALGUNOS de los discípulos se enojaron DENTRO DE SÍ. Pasado en limpio, «se dieron manija». No pudieron ver lo que María de Betania, (así se la llama a esta mujer del perfume), vio en el Espíritu; ellos reaccionaron conforme a su carnalidad y a la óptica humana. ¿Cómo vamos a dejar que ésta derroche tanta plata en una adulación personal cuando ahí afuera hay tantos pobres que no tienen ni para comer? ¿Suena medio conocido, no? «¿Cómo van a gastar la plata de las ofrendas en…? Tú nunca, no? Cuidado: estoy hablando de Jesús. Estoy hablando de Hijos de Dios. Resto abstenerse. Los delincuentes tienen dos sitios para vivir: la cárcel, pagando por sus delitos o en la calle, libres. En la calle, eso sí, no tienen un lugar determinado.

Sin embargo, dice que Jesús entendió sus pensamientos y que por eso LES dijo que no, que lo que ella había hecho, en el Espíritu, estaba bien, aunque en lo natural pudiera parecer una exageración. Pero aprovechó para puntualizar algo que no siempre se ha tenido en cuenta porque las buenas obras y las actividades sociales que produce la iglesia, en muchos lugares, son mucho mejor vistas que cualquier actitud espiritual, que suele ser interpretada como lirismo, idealismo o, sencillamente, ignorancia, falta de cultura.

Jesús no anduvo por las colinas de Palestina dándole comida para el vientre a los pobres económicamente hablando, que los había, y muchos, no sé si no más que ahora. Cuando tuvo que hacerlo lo hizo, (La alimentación de los cinco mil y los cuatro mil por ejemplo) pero siempre en razón de su ministerio y no para ganárselos ni para quedar delante de ellos como el benefactor. Su misión y razón de ser era otra. Te recuerdo que nosotros, hoy, somos el cuerpo de Cristo en la tierra, que el evangelio que debemos predicar es el mismo y que nuestra misión también es la misma.

(Juan 6: 63)= El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son Espíritu y son vida.

(64) Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quienes eran los que no creían, y quien le había de entregar.

Quiero que entiendas que Jesús les está diciendo que no creen a los que andaban con él, no a los que se acercaban circunstancialmente a oírlo. Y señala la aclaración de Mateo que él sabía, de antemano, quién lo habría de entregar. ¿Qué hubieras hecho tú en su lugar con quien tú supieras que te iba a entregar? ¿Darle autoridad y respaldarlo como hizo ÉL?¿Seguro que hubieras hecho eso?

(65) Y dijo: por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre.

Tu decisión de acercarte a Cristo no viene de ti, de tu voluntad, de tu sabiduría ni de su carne; viene del Padre celestial.

(66) Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él.

¿Sabes cuántos que se habían enganchado durante mucho tiempo con estos trabajos, un día oyeron una palabra que no les gustó porque quizás los confrontó con algún error doctrinal o denominacional y, en lugar de cambiar su mentalidad al darse cuenta que la Biblia decía lo que decía y no lo que a él o ella le habían dicho que decía, decidieron enojarse con el cartero, con el mensajero, (que vengo a ser yo en este caso), y dejaron de escucharme o mantenerme entre sus referentes de la enseñanza? No entendieron. Yo jamás vine aquí a defender o a atacar a alguien. Ni siquiera vengo a defenderme yo. Vengo, cada día, en el nombre de Jehová de los ejércitos a traer una palabra que viene, que tiene que venir del cielo porque si no, no sirve, y el que tenga oídos oiga. Lo lamento. No me engendraron, no me parieron, es más: no me eligieron desde antes de la fundación del mundo para agradar a los hombres, (tenga ese hombre el nivel, la posición o la jerarquía que tenga), vengo a agradar a mi Padre que está en los cielos. Esa es mi única y permanente declaración de principios. La aceptas y me asumes o la rechazas y me aislas.

(67) Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros?

(68) Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿A quién iremos? Tú tienes palabra de vida eterna.

Tú puedes irte de una sintonía a cualquier otra, de un ministro s otro ministro, de una Web a otra Web. Por allí encuentras alguna que te diga lo que quieres oír. Eres libre. Pero en tu corazón sabes muy bien dónde hay palabra de vida eterna y donde la difusión de un evangelio fácil, de oferta, sin compromiso.

(69) Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

(70) Jesús les respondió: ¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo?

(Diablo no es un hombre ni un nombre. Diablo es un espíritu. Es el espíritu de Satanás que opera en todos los hijos de desobediencia) No dice es EL diablo, dice ES diablo.

(71) Hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón; porque éste era el que le iba a entregar, y era uno de los doce.

La diferencia entre Judas y los otros once, estaba en que Judas, pese a compartirlo todo, no había cambiado su mentalidad. Seguía pensando cómo antes de conocer a Cristo. Su mente no se había regenerado. Había decidido -como muchos otros- seguir a Cristo, creer a Cristo y apoyar a Cristo, pero no le había entregado su vida. En las cosas de fondo, él tomaba las decisiones conforme a sus propias ideas previas.

La palabra que mejor identifica a Judas, de acuerdo con los originales, es METAMELEIA, que significa «cambio de parecer», y que difiere bastante con la indicada, que es METANOIA, que quiere decir: «cambio de mentalidad». Judas cambió su actitud, sus márgenes de maniobra, el centro de sus ambiciones dentro de lo que era el ministerio en el cual militaba; se supone que debe haber cambiado hasta su forma de comportarse y vestirse, pero jamás cambió su mentalidad. Cuando surgió la primera contingencia, (la del perfume), eso bastó para que se llenara de resentimiento, rencor, dándole lugar en su mente a la influencia satánica y, como obvia consecuencia, todo lo que la historia relata después.

Porque existe un detalle que solamente encontramos en el evangelio de Juan y es que cuando los discípulos se enojaron ante el derroche de perfume. Y si tal como te dije según Mateo fueron LOS discípulos y según Marcos ALGUNOS de ellos, Juan agrega algo muy importante: Judas fue el vocero de esa queja. Y la voz de Judas tenía su peso en el grupo. Primero: era uno más de los doce. No estaba por encima de ninguno, es cierto, pero la Biblia no da ningún detalle que nos diga que estaba por debajo. Así que su voz tenía valor. Además, ostentaba el cargo de ministro de finanzas. Él era el tesorero del grupo apostólico. Él llevaba la bolsa. Eso sí: se robaba lo que aterrizaba en ella. Tal vez fue el primero, pero también supongo que pionero…

Pero este pequeño detalle nos deja una enseñanza extra: los que gustan de predicar la teología de la pobreza y sostienen que tanto Jesús (el pobre Jesús) como sus discípulos eran unos pobres gatos que no tenían donde caerse muertos, van a tener que repasar los textos. Si se designa a alguien para llevar la administración del dinero de un grupo, es porque hay algún dinero que se debe administrar. Y si ese alguien te está robando cotidianamente y nadie se da cuenta, es porque lo que ingresa, es suficiente como para que nadie pueda verlo rápidamente. Calcula que si solamente le hubieran dado una moneda y Judas se la robaba: ¿Cuánto tiempo hubieran tardado en descubrirlo?

(Mateo 26: 20)= Cuando llegó la noche, se sentó a la mesa con los doce.

(21) Y mientras comían, dijo: de cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar.

(22) Y entristecidos en gran manera, comenzó cada uno de ellos a decirle: ¿Soy yo, Señor?

Si quieren un texto que ponga en evidencia la falta total de discernimiento por parte de los discípulos, ese texto es este. Es evidente que hasta aquí, ellos consideraban a Judas como uno más del grupo. Incluso lo llamarían «hermano», igual que como tú llamas a todos los que te dicen que son creyentes. En el texto paralelo de Juan, añade que se miraban unos a otros con desconfianza. Cualquier semejanza con la actualidad es pura coincidencia.

(23) Entonces él respondiendo, dijo: el que mete la mano conmigo en el plato, ese me va a entregar.

Juan relata diferente este momento. Y hay que darle crédito, ya que es él mismo el que le pregunta a Jesús: ¿Quién es? Y según su texto, Jesús le responde: A quien yo diere el pan mojado, ese es, que no es similar aunque lo parezca al texto de Mateo.

Porque fíjate que el asunto este de darle el pan mojado a Judas, Jesús no lo hace como un método original de declarar algo que concierne a alguien. Mojar el pan en el plato propio y dárselo a otro, de acuerdo con la costumbre de la época, era todo un símbolo de distinguir a la persona que lo recibía con su confianza, de otorgarle cierto privilegio. Es indudable que fue un postrer intento de Jesús que, en su infinita misericordia y amor, (inexplicables desde el punto de vista humano), le dio a Judas la oportunidad de arrepentirse. El mismo texto dice que allí fue donde entró Satanás en Judas y lo terminó de decidir y potenciar en su traición. De allí la inmediata reacción de Jesús, que discerniendo ese hecho, cambia totalmente de posición y, mirándolo fijamente le dice: Lo que has de hacer, hazlo pronto.

(24) A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él, mas ¡Ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido.

Jesús deja en claro que la Escritura tiene que cumplirse y que para que eso ocurra, ya están dispuestos los vasos para honra y los vasos para deshonra. Sin embargo, puntualiza que eso no minimiza las culpas ni las responsabilidades del traidor.

(25) Entonces respondiendo Judas, el que le entregaba, dijo: ¿Soy yo maestro? Le dijo: tú lo has dicho.

Este pasaje es simplemente estremecedor. Primero nos muestra el cinismo de Judas que, sabiéndose descubierto, deja lugar a todo el rencor y el resentimiento que guarda, no se arrepiente y sigue adelante con su proyecto; y segundo, porque es indudable que este diálogo o bien no fue oído por los otros, o bien no fue entendido, de otro modo hubiera reaccionado «algún Pedro» dispuesto a linchar al traidor con sus propias manos. Después, Juan relata el final…

(Juan 18: 1)= Habiendo dicho Jesús estas cosas, salió con sus discípulos al otro lado del torrente del Cedrón, donde había un huerto, en el cual entró con sus discípulos.

(2) Y también Judas, el que le entregaba, conocía aquel lugar, porque muchas veces Jesús se había reunido allí con sus discípulos.

(3) Judas, pues, tomando una compañía de soldados y alguaciles de los principales sacerdotes y de los fariseos, fue allí con linternas y antorchas, y con armas.

Esto te muestra que se puede formar parte del ministerio más poderoso, impactante y sobrenaturalmente espectacular de toda la historia de la humanidad y estar lo suficientemente ciego como para no verlo ni comprenderlo. Judas armó un ataque previendo un enfrentamiento violento. Pese a todo el tiempo que había estado con el Señor, jamás llegó a ver en qué terreno presentaba batalla Jesús.

(4) Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis?

(5) Le respondieron: a Jesús Nazareno. Jesús les dijo: Yo Soy. Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba.

(6) Cuando les dijo: Yo Soy, retrocedieron, y cayeron a tierra.

Este relato de Juan difiere, en parte, con el de Mateo y Marcos, que hablan del beso de Judas como señal identificatoria. Pero Juan estaba allí. Además, muy bien pudieron haber sucedido ambas cosas. También existen diferentes versiones con respecto a la muerte de Judas. Mateo lo da como arrepentido cayendo víctima de un espíritu de suicidio y ahorcándose, mientras que Pedro, en Hechos 1, señala que se cayó de cabeza y se reventó esparciendo sus entrañas por el suelo.

Otro detalle: cuando Jesús es consultado sobre su identidad, da una respuesta divina. Dice: YO SOY. (O sea: Yahvé, Jehová, Yo-Soy-El-Que-Soy, exacto nombre de Dios). La consecuencia no es producto de una moda de aquella o esta época: retrocedieron (hacia atrás) y cayeron.(¿También hacia atrás? Así se caía la gente en los noventa, cuando aquel despertamiento de la unción). Ante la presencia y el poder ninguna rodilla deja de doblarse, por eso ellos al oír el nombre que está por sobre todo nombre, pese a estar armados y tener la situación controlada, retrocedieron y se fueron al suelo. Quien haya ministrado para liberación de demonios, alguna vez, sabe muy bien de lo que estoy hablando.

La pregunta es: ¿Hay hoy en la iglesia como conjunto, gente que tenga un espíritu conforme al de Judas? Ambicioso, avaro, ladrón, corrupto, sensual, sin la menor intención de arrepentirse, usando los beneficios del evangelio como un recurso más de poder político y dispuesto, finalmente a mostrar su verdadero rostro cuando las cosas no se presentan como ellos suponen que tienen que presentarse. No van a volver a crucificar a Cristo, es verdad, pero no vacilarán en traicionar y entregar al cuerpo (la iglesia) si eso los favorece. Contarán, como Judas contó, con la complicidad de la clase religiosa que, por sus propios proyectos, tampoco ama al verdadero evangelio.

Pero Satanás siempre pasa su factura. Jamás deja de cobrar una deuda pendiente. A renglón seguido de la trasgresión, sobrevendrá la acusación, un tardío arrepentimiento, el peso de una culpa tremenda exacerbada por su propia influencia y, finalmente, el corolario: suicidio, muerte. LA PAGA DEL PECADO, SIEMPRE ES MUERTE. Ahora, después, mañana o dentro de un año, pero es inexorable porque la justicia de Dios es inexorable. Como también es inexorable la victoria de Cristo en la cruz para redención, libertad y victoria de todos quienes lo aceptan como Salvador y Señor y entregan sus vidas para obedecerlo y servirlo en la tierra. Amén.

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Doce Piedras de Tropiezo

Este es un tiempo muy especial el que estamos viviendo. Se han cerrado las puertas de los templos, todo se ha trasladado a la telefonía celular, a internet o todos los recursos que la tecnología pone a disposición de la iglesia para que procure por todos esos medios, seguir siendo iglesia. El gran tema, sin embargo, que no parece haber sido solucionado en lo más mínimo y sigue acaparando la atención de los unos y los otros, es la oración. ¿Cómo oran los creyentes en este tiempo? Mejoro y afilo mejor la pregunta: ¿Oran los creyentes en este tiempo? Ahora te lo pregunto a ti y de un modo menos formal y estirado como cartón: En tu vida de creyente, ¿Nunca abandonaste, aunque más no fuera por un rato, esa religiosidad solemne con la que normalmente se maneja gran parte del pueblo, y después de haber estado orando un largo tiempo por algo muy importante sin que ocurriera nada, un día levantaste los ojos al cielo y, casi con enojo, preguntaste: ¡Señor! ¿Qué pasa que no me estás escuchando?

No te preocupes, no te sientas mal, no te cargues de culpas, no te vayas a creer que ya te estás yendo de cabeza al infierno por esa reacción. Tú sabes que esa es una de las preguntas más frecuentes relacionadas con la oración. Cientos, miles de creyentes suelen preguntarse lo mismo y con mucha seriedad. Dicen, por ejemplo: ¿Por qué mi oración no ha sido contestada? Convengamos, de paso, que lo que esto quiere decir, es: ¿Por qué mi oración no fue contestada como yo quería? O bien la otra pregunta un poco más genérica y mejor sustentada teológicamente: Yo sé que Dios puede, no sólo contestarme rápido, sino darme lo que le pido al instante, pero entonces, ¿Por qué no lo hace?

Es más que notorio; nosotros, hoy, no tenemos ni tendremos todas las respuestas a estos y tantos interrogantes más, ni tampoco sabremos por qué hay oraciones que no son contestadas, eso está claro. Sin embargo, la buena noticia que puedo darte casi como primicia exclusiva que seguramente sabrás atesorar como corresponde, es que sí tendremos algunas respuestas que están basadas en la Palabra de Dios. Para que esto sea lo mayoritario, vamos a repasar ahora algunas de las causas por las cuales nuestra oración podría no ser contestada. Ojo: esto es unisex, aquí no hay ninguna diferencia entre mujer u hombre, es para ambos sexos por igual. Deberé consignarte en primer lugar que, en muchas ocasiones lo que parece una respuesta negativa, puede terminar siendo una respuesta positiva, cosa que la mayor parte de las veces no alcanzamos a ver porque todavía estamos molestos porque no sucedieron las cosas tal como nosotros queríamos. Hace muy pocos días dije que a veces un rotundo NO de Dios, nos bendice muchísimo más que el SI que esperábamos.

(1 Corintios 1: 9)= Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su hijo Jesucristo nuestro Señor.

Este verso te está diciendo, primero, algo que no es mínimo: que Dios es fiel, que no te falla, que jamás hará algo que te perjudique o te lastime espiritualmente. Segundo, que todos nosotros, no sólo las altas jerarquías eclesiásticas, fuimos llamados a tener comunión e intimidad con Cristo. Parecería ser que alguna vieja enseñanza, luego desautorizada por la Biblia, sigue teniendo vigencia de todos modos en nuestro sentir: creemos que hay personas que tienen mayor llegada a Dios y que es a ellas a quienes debemos acudir para que intercedan por nosotros. Por poco que tú hayas leído la Palabra, ya sabes que no es así.

Nuestra cultura religiosa oficial, le llama “comunión” a un determinado acto ritual simbólico, pero la realidad es que “comunión” significa, tal como lo decimos: “intimidad, compañerismo, comunicación”. Simplemente pasar el tiempo con alguien. Entonces, un llamado, significa una invitación o un pedido. ¿Cómo respondes tú a esa invitación? No te estoy preguntando si oras, te pregunto si pasas horas, minutos o segundos a solas, en intimidad con Él, o sólo haces las llamadas “oraciones-flecha”, ya sea a la hora de comer o cuando te vas a dormir. ¿Quieres tener respuesta a tus oraciones? Tienes que aceptar esa invitación a la comunión que Él mismo nos hace. Jesús fue el ejemplo al ir a la montaña para orar todas las noches a raíz de la importante decisión que tenía que tomar. Primera causa por la cual una oración puede no ser contestada: 1 – Falta de Comunión.

Hay tres textos bíblicos que nos hablan de comunión. Salmo 25:14: La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, Y a ellos hará conocer su pacto. Hechos 2:42: Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. 1 Corintios 10:16: La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?

(Juan 14: 13)= Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré. Para que el Padre sea glorificado en el Hijo.

(Juan 15: 16)= No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto; y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo de.

¿Nunca, ya sea por apuro o por ansiedad, o quizás por suponer que podías estar apartándote de lo que consideras que son meros formulismos, oraste algo así como: “Señor, por favor dame tal cosa, amén”? ¿Te respondió Dios esa oración? Es probable que por su infinita misericordia y paciencia, en algún caso, alguien me pueda decir que sí, ya lo sé, porque cuando decimos que Dios es bueno, es efectivamente, porque Dios… ¡¡Es bueno!! Pero yo te diré algo: Jesús les enseñó a sus discípulos como orar, y creemos que cuando Jesús les dijo de hacer las cosas de cierta manera, esa y otra sería, todavía, la forma en que todavía nosotros deberíamos seguir haciéndolo, no te parece? Entonces, por favor, olvídate que en la tierra nos tratamos de un modo que, en algunos países como el mío, por ejemplo, son modos desprovisto de toda formalidad y casi irrespetuosos. Tú vives en el ámbito del Espíritu y es en ese ámbito donde la oración se desarrolla. Y si Él dijo que lo que pidiéramos debíamos pedirlo en su nombre, es porque en el mundo espiritual la cosa va a funcionar de esa manera y no de otra. Segunda causa por la cual una oración puede no ser respondida: 2 – No pedir lo que se pida en el nombre de Jesús.

(Santiago 4: 2)= Codiciáis y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. (Toma nota de esto)

(3) Pedís, y no recibís, porque pedís mal (También anota esto) para gastar en vuestros deleites.

(Apocalipsis 3: 20) = He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

Primero se nos dice que nuestras codicias, nuestras envidias y nuestras luchas cotidianas en búsqueda de una mejor calidad de vida son inútiles, estériles, si no pedimos. Pero luego se nos alerta en cuanto a cómo y a qué pedir, porque si pedimos aquellas cosas que no son prioritarias o que no forman parte de la voluntad de Dios, es bastante obvio que no vamos a recibir nada. Las personas, en su gran mayoría, y tengan la jerarquía eclesiástica que tengan, seleccionan la calidad de los problemas que les llegan y van atendiendo en orden a esa importancia que ellos mismos han evaluado. Y esto hace que, inexorablemente, la calidad de sus pedidos se conviertan más en caprichos que en necesidades. Y la Palabra es muy clara respecto a qué cosa es la que Dios nos cubrirá sí o sí: nuestras necesidades, jamás nuestros caprichos.

Dios no hace tal cosa. Jesús dice que TODO lo que tú pidieres, Él lo escucha y, si tú lo crees, Él lo hace. Pero esto tiene que ver necesariamente con tus necesidades, no con tus gustos o deseos, por más limpios y sanos que estos sean. Dios también quiere oír tu oración por la compra que vas a hacer en el supermercado. ¡Ah! ¿Cómo voy a molestar a Dios por algo así? Basta. Termina ya con tu falsa modestia y entiende que tu vida entera depende de Él y que, cuando un día declaraste que se la entregabas, Él te lo creyó. Dios, entiende por favor, desea tener comunión permanente contigo, no interesa el o los motivos. Tercera causa por la cual puede no ser contestada una oración: 3 – No pedir concretamente o pedir mal, en contra de la Palabra o la voluntad de Dios.-

(Éxodo 32: 11)= Entonces Moisés oró en presencia de Jehová su Dios, y dijo: Oh Jehová, ¿Por qué se encenderá tu furor contra tu pueblo, que tu sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte? (12) ¿Por qué han de hablar los egipcios, diciendo: para mal los sacó, para matarlos en los montes, y para raerlos de la faz de la tierra? Vuélvete del ardor de tu ira, y arrepiéntete de este mal contra tu pueblo. (13) Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel tus siervos, a los cuales has jurado por ti mismo, y les has dicho: yo multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo; y daré a vuestra descendencia toda esta tierra de que he hablado, y la tomarán por heredad para siempre.
(14) Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo.

(1 Juan 5: 14)= Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. (15) Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.

Uno de los motivos más proliferantes de oraciones no respondidas, es el de no pedir de acuerdo con la voluntad de Dios. Claro, bien, correcto; pero: ¿Cómo tener certeza de la voluntad de Dios? En primer término, leyendo su Palabra, no simplemente en el marco de eso que inventamos los hombres cuando nos volvemos  religiosos y queremos ser más importantes nosotros hablando de las cosas de Dios que Dios mismo, y que denominamos “devocional diario” (No hay una Biblia donde figure eso) sino buscando en lo más profundo de las revelaciones, que es como decir: escudriñando. Oyendo su voz, que nadie dice que no pueda ser audible en algún momento, pero que no siempre lo es. Dios no tiene métodos fijos. Puede ser a través de un mensaje o simplemente de un pensamiento imposible de elaborar por nosotros mismos. De lo que hemos dicho antes, pasar tiempo con Él a solas. Estos dos textos leídos, demuestran que aquellos hombres cuando oraban, sí conocían la voluntad de Dios.

Los creyentes debemos tener confianza en el libre acceso y en el poder de las palabras al presentar sus peticiones ante Dios. Sin embargo, existe una limitante a la certidumbre de que nuestras oraciones serán contestadas. El Nuevo Testamento basa esa seguridad si pedimos y oramos en el nombre de Jesús, si permanecemos en Cristo y permitimos que sus palabras permanezcan en nosotros, si tenemos fe, y si somos justos en la vida, y fervientes en la oración. Uno que permanece en Cristo y que sus palabras permanecen en él, que ora en nombre de Jesús, esto es, de acuerdo con su carácter y su naturaleza; y que está lleno de fe y justicia, no se va a inclinar a pedir nada que esté en contra de la voluntad divina. Pero más que como oramos, Dios quiere y le preocupa que oremos. La oración genuina no es un intento de que Dios satisfaga nuestros deseos a través de medios precisos; sino, al contrario, al subordinar nuestra voluntad a la del Señor, abrimos las puertas para recibir la plenitud de sus bendiciones en nuestras vidas. Cuarto motivo, entonces, de una oración no contestada puede ser: 4 – Pedir algo en contra de la voluntad de Dios. No necesidad sino capricho o deseo personal.

(Juan 15: 5)= Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. (6) El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.
(7) Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.

Este, indudablemente, también es un respetable escollo para la oración. No tener la palabra de Dios en usted. No hay mucho que agregarle a esto y al texto que hemos leído, sólo que el creyente promedio, tiene peligrosa tendencia a preferir que otros le traigan la Palabra estudiada, masticada y, en muchos casos, hasta semi digerida, en lugar de hacerlo, como Dios manda, escudriñando por sí mismos. Por eso es que sobreabundan las falsas doctrinas, las confusiones y, esencialmente, por eso mismo es que existen tantas doctrinas diferentes que han dado origen también a denominaciones diferentes.

Si hay un solo Espíritu Santo y este mora en el interior del corazón de todos los creyentes guiándolos a toda verdad, yo no entiendo cómo, los mismos que enseñan esta verdad indiscutible, pueden aceptar que para una misma cosa, haya tantas interpretaciones diferentes. Perdónenme, pero eso es carne pura. Es verdad que tiene sus ventajas oír a otros: recibir revelaciones que significan grandes bendiciones. Pero tiene su riesgo también: ser engañados en lo espiritual por lenguas habilidosas y altamente manipuladoras. Eso ha tenido un resultado notorio: la división de la iglesia en cientos de credos y denominaciones olvidando que el principio de que todo Reino dividido no prevalece, también encaja aquí y en esto. Y para peor, cada credo o denominación arrogándose tener la más absoluta de las verdades. Quinta causa de oraciones no contestadas: 5 – No orar con conocimiento de la Palabra sino por un “sentir” que generalmente tiene origen en la carnalidad.

(Santiago 1: 5)= Y si alguno de nosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.  (6) Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a la otra. (7) No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. (8) El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.

¡Hermano! ¡Se supone que cuando un cristiano ora o pide algo a Dios, de hecho que lo va a hacer creyendo! ¿No es así? ¿Sí? ¡No me digas! ¿Y entonces por qué Santiago escribiría esto? ¿Para los que son de otras religiones quizás? Mira: Nos dicen las estadísticas, que si bien no son cien por cien confiables, al menos marcan claras tendencias, que uno de los factores que más inciden en la falta de respuesta de Dios a nuestras oraciones es, precisamente, nuestra propia falta de fe o lisa y llanamente, incredulidad. Jesús, entiende esto, no sólo les enseñó que debían orar a sus discípulos, sino que también les enseñó cómo hacerlo. Y uno de esos “como”, es orar creyendo que va a suceder aquello por lo que se está pidiendo. Tal como podemos ver en el primer libro de los Reyes, en el capítulo 18, el profeta Elías, un hombre con una naturaleza como la nuestra, logró grandes victorias cuando oró, pero, sin embargo, no vaciló en huir de una mujer cuando le entró la duda.

El hombre de doble ánimo, tal como dice aquí, es una persona arrastrada en dos direcciones opuestas. Sus lealtades están divididas, y a causa de su falta de sinceridad, vacila entre la fe y la incredulidad pensando algunas veces que Dios le ayudará y renunciando en otras ocasiones a toda esperanza. Esa persona, dice, es inconstante en todos sus caminos, no sólo en su vida de oración. La falta de consistencia en el ejercicio de su fe pone al descubierto la esencia de su manera de ser. Doble ánimo es, necesariamente, doble mensaje. Digo blanco, oro blanco, predico blanco; pero creo, vivo y hago negro, entiendes? Sexto motivo por el cual una oración puede no ser contestada: 6 – Orar no creyendo en lo que se ora o, peor, creyendo lo contrario a lo que se ora.

(Lucas 18: 1)= También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar.

Atención: muchas oraciones no son respondidas porque quien las hizo, de pronto, se desanima o simplemente abandona la pelea. Porque orar es una batalla en el ámbito espiritual. Ese “no desmayar” que se lee aquí, es equivalente a no desanimarse, a no abandonar. Si sigues leyendo este capítulo 18 de Lucas, vas a ver que al final la viuda recibe lo que esperaba, simplemente por causa de su perseverancia e insistencia. KOPOS es la palabra utilizada allí y tiene una connotación de “golpear repetidamente una mejilla”. Aquí, entonces, la conclusión es sencilla y exime de mayores comentarios. La séptima causa de la no respuesta a una oración que encontramos, es la de 7 – Abandonar la oración sólo por desánimo, desaliento que, en el fondo, es falta de fe.

(Mateo 18: 19)= Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidiereis, les será hecho por mi padre que está en los cielos.

La promesa que hace Jesús puede aplicarse a la oración en general, pero tiene que ver más específicamente con la guía divina que debe buscarse y recibirse en cuestiones de disciplina. En esos casos la oración nos protege contra el espíritu de venganza. Porque dice que debemos ponernos de acuerdo. ¿Y qué significa “ponerse de acuerdo”? La palabra usada allí es SUMPHONEO. Que viene de SUM, que quiere decir JUNTO, y de PHONEO, que se traduce como SONAR. SUMPHONEO, entonces, es “Sonar juntos”, o “sonar simultáneamente”, o estar en armonía. Precisamente nuestra conocida palabra SINFONÍA, viene de esa misma raíz.

Metafóricamente, significa “al unísono”. Ponerse de acuerdo en el matrimonio, por ejemplo, es la fuerza más poderosa que hay. Pelea y contienda es lo contrario a estar de acuerdo y esto frena cualquier oración. Si yo, creyente, hijo de Dios, estoy orando por más sabiduría para llevar adelante el ministerio del maestro y tú, creyente también, hijo de Dios también, estás orando para que yo sea pastor de tu congregación, o profeta a las naciones, o apóstol de establecimientos internacionales, Dios va a escuchar las dos oraciones, pero como no estamos de acuerdo y ambos somos sus hijos, lo más lógico de su parte será: No hacer nada. La octava causa de oraciones no contestadas será, entonces, 8 – No ponernos de acuerdo, no estar unánimes en los motivos de oración.

(Mateo 6: 14)= Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro padre celestial; (15) más si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro padre os perdonará vuestras ofensas.

Es tremendo, pero esta debe ser la otra gran causa de falta de respuesta a la oración. ¡Pero hermano! ¡Es que yo ya perdoné! ¿Ah, sí? ¿Y cómo lo sabes? ¡Es que se lo dije! ¡Fui y se lo dije! Sí, pero del lado de afuera. Ahora pregunto: ¿Tu corazón realmente perdonó? ¡Eh…bueno…no es fácil! Entienda mi hermano; – Escucha: Dios no se va a dejar llevar por tu discurso. Dios ve con total claridad tu corazón. Eso es, precisamente, lo que una gran cantidad de creyentes no ha podido entender todavía. Cuando vivimos en una constante actitud de perdón, nos es fácil perdonar en cualquier situación. Cuando tú hayas pedido perdón o perdonado todas las veces que sean necesarias, (Eso es lo que significa “setenta veces siete”, no cuatrocientas noventa), Dios dejará de recordar nuestros propios pecados y la paz del perdón global inundará tu corazón. Novena causa de oraciones no respondidas: 9 – Falta de perdón. De pedir ser perdonados y de perdonar a otros.

(Deuteronomio 1: 42)= Y Jehová Dios me dijo: Diles: No subáis, ni peleéis, pues no estoy entre vosotros; para que no seáis derrotados por vuestros enemigos. (43) Y os hablé, y no disteis oído; antes fuisteis rebeldes al mandato de Jehová, persistiendo con altivez subisteis al monte. (44) Pero salió a vuestro encuentro el amorreo, que habitaba en aquel monte, y os persiguieron como hacen las avispas, y os derrotaron en Seir, hasta Horma. (45) Y volvisteis y llorasteis delante de Jehová, pero Jehová no escuchó vuestra voz, ni os prestó oído.

¿Será que Dios es malo o cruel por no haberlos escuchado cuando volvieron derrotados? No es tan así, aunque alguna vez se lo haya escuchado decir a alguien. Nosotros evaluamos las actitudes de Dios en base a nuestras propias formas de ver la justicia. Y nuestra justicia, lo estamos viendo a cada paso, dista mucho de ser lo que esa palabra indica que tiene que ser. Dios es Justo de verdad, Justo de toda Justicia, entonces partiendo desde esa base, nos cuesta bastante entenderlo. Pretendemos ser más justos y más buenos que Él. ¡Pobres hombrecillos ilusos!

(Isaías 1: 19)= Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra; (20) si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la boca de Jehová lo ha dicho.

¿Entiendes ahora por qué hay tanta gente pasando altas necesidades en el mundo? En primer lugar, gente que no conoce a Cristo ni nadie jamás le habló de Él. Pero también gente a la cual le fue presentado el Señor y, u optaron por no aceptarlo o simularon que sí pero siguieron viviendo como venían. Eso trae miseria.

(Hebreos 4: 6)= Por lo tanto, puesto que falta que algunos entren en él, y aquellos a quienes primero se les anunció la buena nueva no entraron por causa de desobediencia.

Es peligrosísimo, en estos tiempos, hablar de desobediencia, porque no son pocos los que han interpretado todos estos textos con incidencia en lo interno de cada congregación. La lección que salta a la vista de estos pasajes, se fundamenta en que otra de las causas por las cuales nuestra oración puede no tener respuesta, es precisamente caminar en alguna desobediencia. Pero atención: desobediencia a la Palabra, a ciertos principios absolutos de Dios, no necesariamente a hombres que, es verdad, en muchos casos han sido levantados por el Señor, pero que en otros se adjudican una representación divina que no tienen.

¡Pero hermano! ¡Es muy fácil decir: “Yo obedezco al Señor y no a hombres” para poder hacer lo que se nos da la gana! Eso es probable, sí señor, ha ocurrido. Pero nos olvidamos de algo: Dios da gracia a los humildes y resiste a los soberbios. Entonces, si tú me dices eso y tienes razón, no te preocupes porque voy a durar muy poco antes que el Señor me tumbe; pero si tú te has equivocado, dices eso y yo realmente estoy obedeciendo al Señor, tú acabas de atacar a un ungido. Y tú sabes muy bien que Dios siempre va a proteger a sus ungidos, caiga quien caiga. Décima causa de no respuesta a la oración: 10 – Estar en alguna clase de desobediencia a Él.

(Salmo 19: 12) = ¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. (13) Preserva también a tu siervo de las soberbias; que no se enseñoreen de mí; entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión.

Es notorio, dice aquí, que el acercarnos a la Palabra de Dios, es una forma adecuada de enfrentarse con el pecado y es inteligente que cada uno busque su modo ideal de mantenerse alejado de él. Pero teniendo en cuenta algo muy importante que nadie te predica nunca. El pecado es lo que es porque es atractivo, seductor, incitante, inquietante, excitante y todo eso que tú, yo y todos los que alguna vez hemos estado tentados, sabemos muy bien. Entonces no busquemos convencernos, y mucho menos enseñar a otros, que el pecado es horrible, asqueroso y repugnante, porque no estaremos diciendo la verdad. Esto, en todo caso, es el efecto, la consecuencia que en una vida produce el pecado, pero no su imagen estética. Si el pecado fuera todo esto último, te aseguro que nadie sería tentado ni pecaría jamás. Y ya sabemos que no es así. Digamos la verdad, aunque duela y sea complicada de resolver, siempre será mejor que disfrazarla con ropaje religioso.

(Salmo 66: 18)= Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado.

Este también te habla de pecado y lo que te dice es que, para enfrentarte con él, lo primero que debe ocurrir es que reconozcas que ese pecado tiene origen en tu corazón. Evita que tus oraciones se anulen permitiendo que el pecado o las debilidades se alojen en tu corazón. Tu conducta moral no fue, no es ni será jamás el único salvoconducto al cielo, pero es el filtro sano a través del cual pasan o no tus oraciones. Si algo no está como es debido, ese filtro se tapa y no permite que pase nada hacia el otro lado.

(Isaías 59: 1)= He aquí no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír; (2) pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír.

Creo que no se necesita agregarle mucho más a la Palabra para que se entienda que otra de las causas de oración no respondidas, en este caso la undécima, es 11 – Tener en nuestro corazón pecados sin confesar.

(Deuteronomio 7: 25 )= Las esculturas de sus dioses quemarás en el fuego; No codiciarás plata ni oro de ellas para tomarlo para ti, para que no tropieces en ello, pues es abominación a Jehová tu Dios; (26) y no traerás cosa abominable a tu casa, para que no seas anatema; del todo las aborrecerás y la abominarás, porque es anatema.

(Ezequiel 14: 3)= Hijo de hombre, estos hombres han puesto sus ídolos en su corazón, y han establecido el tropiezo de su maldad delante de su rostro. ¿Acaso he de ser yo en modo alguno consultado por ellos?

Es indudable que estos versos aluden de un modo directo una de las trabas principales para que una oración no sea escuchada y, fundamentalmente, respondida: la idolatría. No es necesario aquí tampoco agregar nada a esto, sólo que idolatría es el acto de colocar cualquier cosa por delante de Dios en nuestras vidas. Y esa cualquier cosa, masivamente pueden ser: imágenes, figuras emblemáticas, el dinero, el sexo, pero también están representados por: el trabajo, la propia familia, la iglesia como organización, una doctrina denominacional y hasta un ministerio. Duodécima y última causa de oraciones no respondidas: 12 – Incursionar en algún tipo de idolatrías, aunque parezcan “santas”.

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Principios Básicos de Obediencia

Es indudable que los tiempos han cambiado en lo que conocemos con el rótulo de iglesia. Y es mucho más indudable, que ese cambio en marcha no ha concluido y nadie sabe ni acierta muy bien en determinar en qué, en como y en cuando se convertirá en algo distinto a lo que conocemos. Sin embargo, hay principios básicos que siguen escritos en nuestras Biblias, y sigue habiendo gente dispuesta o preparada para interpretarlos conforme a sus propios conocimientos, sabiduría o intereses. Quisiera saber si alguna vez has escuchado algunas expresiones como estas: “¡Hermano! ¡Usted no se sujeta! ¡Usted resulta una persona conflictiva! ¡Usted está en rebeldía! ¡No se sujeta como manda la Biblia!”. Yo sí. Muchas veces a lo largo de mi vida de creyente. Mucho menos en estos últimos tiempos. Para nada en esta etapa de cerramientos de templos que estamos viviendo. Entonces la gran pregunta que surge, es: Además de haber oído todas esas expresiones, seguramente: ¿Nunca has dicho tú mismo algo así?

Después estaba de onda este otro: “Querida… nuestro matrimonio no está bien porque no estás sujetándote a mí como ordena la Biblia” Bueno, no es por ser mal pensado, pero… Y falta un tercero: “Mire pastor; si usted quiere seguimos trabajando en el área de liberación tal como lo estamos haciendo, pero quiero que entienda que la gente viene cada día más rebelde, cada vez más endemoniada. No hay caso, pastor. Es tanto el pecado que tienen que, por más que hacemos todo lo que debemos hacer, los demonios no se sujetan”. Permíteme poner en duda esto también…No debo estar en mi mejor día en cuanto a confianza, ¿No es cierto? Pero ha sido tanto y tan dudoso en cuanto a la verdad, todo lo que se ha dicho alrededor de la tan famosa sujeción bíblica, que…lega un momento en que debes mirar dos o tres veces lo mismo para recién poder aceptarlo como válido.

¿Cuántas veces habrás oído tú mismo, tú misma, cosas como estas que te dije? Reflexiona. ¿En su esencia básica, en su base lineal y hasta teológica, ¿Podemos decir que están mal, o que no son bíblicas? Creo que no. Pero también creo que así como por imperio de una cultura pretendidamente democrática, los países del Primer Mundo e incluso varios de una América Latina que todavía está bastante muy lejos de arrogarse pertenecer a ese mundo que tanto se proclama y enfatiza, pero que nadie acierta a explicar, por fuera de su capacidad económica, porque es Primer Mundo, han hecho un canto a la desobediencia como símbolo de independencia, así también al amparo de estos textos, se han producido verdaderas barbaridades dentro de las iglesias.

Así como en los países occidentales el cristianismo ha hecho siempre un énfasis más notorio en la figura de Dios o en leve  menor medida la de Jesucristo, en las naciones africanas ha sido mucho más sencillo enfatizar por el Espíritu Santo. ¿Sabse por qué? Porque los occidentales, culturalmente, tenemos más ejercicio con personas que con espíritus, en tanto que las culturas aborígenes de esencia, ya venían con conocimiento del mundo espiritual y les resulta más comprensible entenderlo. Ahora claro, si tú me preguntas qué clase de mundo espiritual cultivaban esas comunidades, entonces ya este tema tiene que dar un violento giro hacia lo que se conoce como demonología o guerra espiritual. Y no es gracioso, aunque lo parezca.

En conjunción con todas estas cosas y ante las necesidades imperiosas de establecer justicia divina dentro de los estamentos eclesiásticos y no eclesiásticos, es que en este trabajo, la idea central sea la de arrojar un poco de luz sobre el tema de la sujeción condicional o incondicional y colocarlo, si Dios nos respalda con su sabiduría y esencialmente con su palabra, amén de su poder de convicción, en el justo y exacto lugar en que debe estar; ni más allá, ni tan acá: en orden y decentemente. Es decir: en el preciso sitio donde Dios quiere colocarlo, que no siempre coincide en el que los hombres desean, se proponen o les conviene por algún motivo singular, hacerlo.

Lo que sucede es que somos más proclives a sentirnos como los grandes justicieros de la tierra, que a manejarnos en el ámbito del Espíritu, tal como lo hizo Jesús. Jesús no fue ni subversivo, ni guerrillero, ni populista, ni diplomático ni revolucionario social. Jesús fue puro Espíritu Santo, puro Dios. – ¡Bueno! ¡Él era el hijo de Dios! ¡Qué gracia! ¡Así cualquiera! No te equivoques. Él hizo lo que hizo no sólo desde la perspectiva de un hombre de carne y hueso, sino con todas sus posibilidades similares. Su lo hubiera hecho como Dios, hubiera transgredido sus propias leyes.

A nosotros, hoy, nos parece mucho más productivo y “lógico” salir en ruidosa manifestación popular a reclamar contra leyes que despenalicen el aborto, o contra el matrimonio homosexual, o para apoyar a algún candidato al gobierno de nuestros países porque es el hombre que más ayuda o le presta atención a la iglesia y a sus líderes, o simplemente para que haya justicia e igualdad con iglesias paganas, que llevar adelante esa batalla en las regiones celestes con oración y ayuno. Se dice que la gran diferencia en el crecimiento que hay entre las iglesias latinas y sajonas con relación a las africanas y asiáticas, radica en que, mientras nosotros estamos educados democráticamente para debatirlo o discutirlo todo, ellos han sido formados por su historia cultural de esclavitud para obedecer sin chistar. O sea: Siervos-siervos.

LA SUJECIÓN EN LA IGLESIA

De todas las sujeciones, una de las que más trabajo les cuesta a la mayoría de los creyentes, y al mismo tiempo una de las que mayores dolores de cabeza les ha dado a los ministros a cargo de congregaciones, ha sido precisamente esa: la sujeción al liderazgo de una congregación local. En la carta a los Romanos, encontramos un punto que, de tan controvertido, muchos quisieran que nunca jamás hubiera sido escrito; ¡Y hasta llegan a cuestionar al propio Pablo por haberlo hecho!

(Romanos 13: 1)= Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.

Si examinamos Tito 3:1, veremos que este texto respalda da alguna manera al antes mencionado, cuando dice: Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra. No es el único. 1 Pedro 2:13, al respecto, agrega que: Por causa del Señor, someteos a toda institución humana (Y aquí también entra la iglesia, desde su ángulo de institución humana que es) Ya sea al rey como a superior. Jesús, ya se lo he dicho, no resistió a las autoridades de su tiempo, no fue un subversivo social ni un guerrillero tira bombas. En el evangelio de Juan 19:11, leemos lo que le dice a Poncio Pilatos: Ninguna autoridad tendrías contra mí, sino te fuese dada de arriba Esto ya había sido adelantado por Daniel cuando, en 2:21 de su libro, dijo: Él muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes; da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos. ¡Y pensar que la vanidad de los sabios y los científicos los lleva a esmerarse toda una vida en utilizar esos conocimientos para demostrar la no-existencia de Dios!

En descargo de Pablo y en mérito a la interpretación correcta de estas cosas, tendré que decir que el apóstol de ninguna manera sugiere que Dios puede aprobar un gobierno corrupto, tanto en la esfera del mundo, donde los hay a montones, como también dentro de la iglesia, donde lamentablemente tampoco faltan. Dios tampoco aprueba a los funcionarios que gobiernan lo que sea sin someterse a Él. Este principio es muy importante porque reglamenta bíblicamente toda clase de sometimiento y sujeción. El principio, es: sujeción a autoridad sujeta a autoridad.

Tampoco es de Dios convertir a la iglesia en un centro colector de votos para un determinado candidato, y mucho menos el defender legislaciones injustas. Algunas veces, sin embargo, y en respuesta a los pecados de la gente, o por algunas razones que sólo Dios conoce, el Señor permite temporariamente que gobernantes malvados detenten el poder, incluso hasta con el apoyo de la estructura eclesiástica a favor, tal como los profetas del Antiguo Testamento lo testificaron frecuentemente. En teoría, Dios concede autoridad para servir a fines elevados, pero el modo en que se ejerce esa autoridad, es un problema que cada uno deberá afrontar, confrontar y finalmente ser pasible y responsable, ya que los resultados les serán requeridos a quienes la hayan recibido.

Claro está que si bien el hecho de obedecer a las autoridades de este mundo es la regla general, un claro principio bíblico es que deberíamos desobedecer si ese gobierno, directa o indirectamente obliga a cualquier forma de pecado, lo favorece o lo incentiva. Porque la lealtad hacia Dios siempre tiene prioridad sobre cualquier autoridad humana. Ester lo hace en el capítulo 4 y verso 16, cuando declara que aunque no sea conforme a la ley, igual entrará a ver al rey. Es un feo y grueso error obedecer una barbaridad amparándonos en que “Si esa autoridad ha sido puesta por Dios, es como si Él nos lo estuviera ordenando”. Entiende: Dios jamás haría que uno de sus hijos pecara, no importa lo que diga el hombre. Pero que quede claro: el sitial de presidente de una república, es propiedad de Dios. Pero el hombre al cual nosotros elegimos, es una responsabilidad exclusivamente nuestra.

Tampoco los tres varones judíos que encontramos en el relato de Daniel 3:12 respetaron órdenes que iban en contra de la voluntad de Dios. Todos podemos ver cómo, en ese pasaje, se nos muestra a Sadrac, Mesac y Abed-Nego desobedeciendo sin sonrojarse ni preocuparse una orden nada menos que de Nabucodonosor, que no sólo era el rey, la máxima autoridad, sino incluso el que tenía en ese momento la potestad de concederles la vida o enviarlos a morir. Asimismo los tres magos que vinieron al nacimiento de Jesús, fueron avisados por una revelación en sueños que no volviesen a ver al rey Herodes, y no lo hicieron pese a que él se los había ordenado. Pedro mismo, el apóstol, declara según consta en el libro de los hechos 5:29, que le era necesario (El original se traduce como “menester”) obedecer a Dios antes que a los hombres y, finalmente, la madre de Moisés lo escondió durante tres meses sin temor alguno a la desobediencia a un decreto del rey. Está claro aquí, una vez más, el principio de la sujeción a la autoridad que está sujeta a autoridad divina, no a ocurrencias o caprichos humanos por sabios y bien intencionados que puedan parecer.

El mismo principio, mi querido amigo, rige en la iglesia del Señor. Cuando el ministro es levantado por Dios, la sujeción, el sometimiento y la obediencia no sólo no son obligatorias, sino que ni siquiera necesitan serlo, ya que se experimenta un verdadero privilegio, un verdadero placer por seguir a un siervo auténtico del Dios Todopoderoso. Tal como debe haber sido para los apóstoles sujetarse a aquella autoridad que tiene que haber emanado de Jesús. Ahora, cuando el ministro es ministro por causas que tienen que ver más con componendas de la política religiosa interna, o por alguna unilateral decisión personal de erigirse en líder, el asunto es bien otro, porque Dios no admite que ninguno de sus hijos se someta a esclavitud de hombre cuando esa esclavitud se transforma en esclavitud de pecado, aunque de pronto tenga una fachada religiosa.

La gente que acompañó sumisa y obedientemente al legendario y terrible Jim Jones a un suicidio en masa que sacudió al mundo en aquel momento, se le sujetó hasta el fin. Cumplió con la letra fría de la Biblia, es verdad, pero jamás con el espíritu de esa letra. Hay tres tipos de iglesias fundamentadas sobre tres clases diferentes de órdenes sacerdotales: la del Orden Levítico, sustentada en ministros con títulos universitarios, los que han estudiado para ser ministros. Si no se tienen estos antecedentes, imposible llegar a liderar algo, aunque Dios lo envíe a hacerlo.

Después está la erigida conforme al Orden de Aarón. Estas acostumbran a que los hijos del ministro son los futuros ministros y los nietos, a su vez, los que sucederán a sus padres y honrarán la memoria de sus abuelos. Esposas, hermanos de sangre, suegros y cualquier otro tipo de familiares conformarán el resto del ministerio. Y luego están las menos, que son las que operan bajo el Orden de Melquisedec, que como bien sabemos, no tenía genealogía, curriculum vitae, títulos y ni siquiera se sabe con certeza de donde vino. Curiosamente, esta es la iglesia sobre la cual se sustentó el ministerio de Jesucristo, ¿Estás entendiendo?

¡Pero hermano! ¡Está bien, yo entiendo lo que usted intenta mostrar, pero…a ningún líder se le podría ocurrir, hoy, suicidarse con toda su congregación! Es verdad, pero estamos hablando de no obedecer ni sujetarse al pecado, no a cierta forma de pecado. Está más que claro que a ningún líder se le podría ocurrir incentivar a su congregación a que robe, fornique, mate o cometa adulterio, eso es notorio. Y si se le ocurriese, es muy poco probable que alguien pudiera llegar a obedecerle. Pero si en cambio, mientras Dios manda a una congregación a predicar el evangelio a un sitio donde vive gente en la última miseria, verdaderos marginados hambrientos espirituales y físicos, y su líder, porque quizás le desagradan los pobres, o porque no desea ver poblada su congregación de rostros con pieles que no le agradan demasiado, decide que es mejor organizar jornadas académicas sobre Coronavirus, o la moral, o la justicia social entre distinguidos empresarios y profesionales porque con ellos se siente más a gusto, estará llevando a sus ovejas a una clase muy definida de pecado, Te das cuenta? No estará haciendo nada censurable, pero simplemente estará desobedeciendo. Él y los que a él siguen.

Entonces te miran y te dicen: ¿Al pecado? ¡Pero si estamos haciendo lo bueno! Sí, están haciendo lo bueno, pero recuerda que, hacer lo bueno, no significa necesariamente hacer lo correcto. Porque hacer lo bueno, es hacer algo que la sociedad aplaude y aprueba. Pero si hacerlo equivale o conlleva el no hacer lo que Dios dijo que se debía hacer, eso es antes que ninguna otra cosa: desobediencia y, en segundo término, algo así como “errar el blanco” el objetivo. En cualquiera de las dos circunstancias, la palabra griega que lo define, es la palabra ARMATÍAS y, su traducción más popular, es PECADO. ¿Queda claro? Yo me sujetaré gustoso a quien sea mi autoridad, pero tengo que considerar su conducta, que es lo que se me ordena en la carta a los Hebreos, a través de la Palabra revelada. Obedezco sin dudar y sin chistar todo lo que venga de Dios por su intermedio, pero jamás aquello que provenga de su sabiduría humana o, lo que es peor, de sus intereses personales o de otra índole. Soy un hijo de Dios obediente de su Padre, pero jamás seré un cristiano sujeto o dependiente de un hombre que no lo representa ni obedece.

Yo sé muy bien que no siempre es esto lo que se te ha enseñado, pero lamentablemente o afortunadamente, según tú lo veas, tengo que decirte que esto y no otra cosa es lo que dice la Biblia. La iglesia es de Dios y sólo tienen lugar en su comando aquellos a los que Dios levanta y los que obedecen su voluntad. Los asalariados, de los cuales nadie jamás ha predicado una línea y que para la iglesia tradicional parecerían no existir, o que la Biblia hubiera exagerado cuando los menciona, serán borrados de ese ministerio y, si no se arrepienten, también del libro de la vida, encaje esto o no con tu doctrina denominacional. Dios, mi amigo, no transgrede sus leyes por ninguno de nosotros. Dios es tanto amor como justicia. Es tanto misericordia como fuego consumidor. ¡Por favor! No me descuartices la Biblia, ¡Léela completa! Y aprende lo que dice, no lo que tú crees que dice, procurando adherirla a tu doctrina personal.

LA SUJECIÓN EN LA FAMILIA

El otro punto árido de la sujeción, tiene que ver con tu vida familiar, con tu matrimonio, concretamente. ¿Cuántas veces tú, mujer, o tú, varón, has leído y hasta has predicado en cultos caseros o congregacionales sobre estos versos que ahora voy a compartir?

(Efesios 5: 22)= Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor, (23) porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.

(24 Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.

Este texto, en contra de lo que muchos han enseñado por años, no fue escrito como una ley que declara la inferioridad social de la mujer. Habla, sí, de un espíritu noble de sumisión, por el cual una mujer reconoce voluntariamente la responsabilidad de liderazgo de su esposo bajo Dios en un acto de fe.

En ninguna parte la Biblia “somete” o subordina genéricamente las mujeres a los hombres. Este arreglo, divinamente ordenado, jamás pretendió reducir las posibilidades, los propósitos o la realización de la mujer. Los animales la tienen más clara, quizás. Un gallinero es un gallinero cuando el que canta es el gallo y las que ponen los huevos son las gallinas. A nadie se le ocurriría alterar esos principios y esperar que funcione.

Únicamente la naturaleza pecadora de los seres humanos, o un recalcitrante tradicionalismo eclesiástico pueden justificar, sacándolas fuera del contexto bíblico, determinadas evidencias “textuales”, la explotación social de las mujeres, o las restricciones que se les imponen a la hora de darles participación en el ministerio de la iglesia. Cuidado; esto no es una luz verde a los movimientos feministas, en contra de los cuales no tengo absolutamente nada, pero que con la mente de Cristo me resultan tan desafortunados como los conceptos machistas que por años han gobernado las diferentes congregaciones. Varón y hembra. Sin acepciones. Todos iguales ante sus ojos divinos.

Sin embargo y pese a que este pasaje de lo que habla es de un respeto proverbial y de una humildad manifiesta a la hora de relacionarse, la iglesia enseñó, mayoritariamente, una doctrina de sojuzgamiento total, hasta el punto de no sólo permitir, sino incluso incentivar a un despotismo machista que recluyó a un oscuro segundo plano y anonimato total a mujeres fieles que habían sido llamadas por Dios a ministrar, suplantándolas por hombres sin llamado y levantados por diversos mecanismos políticos que, naturalmente, jamás pudieron cumplir con la voluntad y el propósito de Dios. Porque si a este verso se lo interpretara como ley máxima de la sujeción de la mujer al hombre y sin la menor posibilidad de cierta reciprocidad, ¿Qué hacemos con el que sigue?

(25) Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, (26) para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la Palabra, (27) a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.

Vamos a ver: Si los primeros versículos estuvieran diciendo y ordenando, como muchas veces hemos enseñado, que es solamente la mujer la que está obligada a sujetarse a su marido, y no una cuestión mutua, de ida y vuelta, ya que el versículo no habla de un marido sujetándose a su esposa; ¿Cómo deberíamos entender, entonces, este verso 25? ¿Interpretaríamos que solamente el hombre tiene obligación de amar a su esposa y que ella no está obligada por la Biblia a amarlo a él? Resulta incoherente suponer eso, verdad? Sin embargo, ese es el principio que por siglos la iglesia ha tomado para este asunto de la sujeción matrimonial. La Biblia dice lo que dice, eso es más que notorio, sólo que una muy fuerte concepción patriarcal, tradicional y machista es la que no lo ha visto o no lo ha querido ver. Tanto la sujeción, que es sinónimo de sometimiento, como el amor, es de ida y vuelta: Mutuo.

Un poco más arriba, en el verso 21, nos da una de las puntas de esta madeja. Allí dice nada menos que: Someteos unos a otros en el temor de Dios. Creo que dice con mucha claridad “unos a otros”. Y como para Dios no hay acepción de personas ni tampoco escalafones jerárquicos; como Dios tampoco es clasista, racista ni genérico, no está hablando necesariamente de hombre con hombre, sino de TODOS con todos. Punto básico de la sujeción, creo que está suficientemente aclarado: es mutuo. El versículo, presta atención, no dice “el qué”, dice “el cómo”.

Con respecto al amor que se le ordena al marido, el principio que se utiliza es el mismo. Porque en Juan 15:17, Jesús dice: Esto os mando: que os améis unos a otros. Unos a otros. ¿Hombre con hombre, también? ¿Mujer con mujer, quizás? ¿Quién inventó eso? Unos a otros, mí querido amigo y hermano, es TODOS con todos. Esposo a esposa y esposa a esposo, exactamente igual que con la sujeción. ¿No es verdad que esto puede poner patas para arriba toda tu teología tradicional e histórica? ¿No es verdad que a ti en este momento te dan ganas de pensar que yo estoy tremendamente equivocado, porque no puede ser que hayas estado tantos años creyendo algo que no sólo no era así sino que, incluso, era totalmente a la inversa? ¿No es verdad que también te dan deseos de dejar de escuchar inmediatamente esto y mandarme ya mismo un correo lleno de pequeñas víboras y culebras que significan, internacionalmente, el símbolo de las palabras fuertes? ¿No es verdad que, por lo menos, a algunos les gustaría disentir o discutir esto conmigo y rostro a rostro? Mira: no te preocupes, serénate, relájate. Si tienes deseos de debatir o polemizar, estás en religioso. No te olvides que si había unos señores a los cuales les encantaba entrar en debates y polémicas, esos eran los fariseos. Lo siento. La culpa de todo esto no la tengo yo. Lo dice el Libro. Y no sólo eso, termina diciendo que: Os améis unos a otros, como yo os he amado.

LA SUJECIÓN EN LA BATALLA

Para que quede bien claro, creo que bien vale la pena rozar, aunque más no sea de paso, el asunto de la sujeción de los demonios a la autoridad de los hijos de Dios. Que conste por favor: sin ánimo alguno de establecer una nueva doctrina; simplemente remitiéndonos a lo que dice la Biblia que, como todos sabemos, no es responsable de que muchos hombres, deseosos de que sus tesis sean reconocidas y aprobadas, no vacilan en leer de ella lo que conviene a sus teorías y simbólicamente “arrancar” las páginas que no condicen con sus doctrinas particulares.

(Lucas 10: 17)= volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.

¿Se supone que esto, entonces, querrá decir, como muchas veces hemos dejado traslucir en nuestras enseñanzas, que los demonios cuando vieron llegar a los setenta, se dijeron unos a otros: “¡Cuidado! Aquí vienen estos setenta, que han sido nombrados líderes muy importantes en la iglesia?” Y luego de debatir un momento, esos mismos demonios llegaron a la conclusión de que tenían la obligación de sujetarse a esas autoridades recién designadas? ¿Así habrá sido? Mira: no sé realmente como fue, pero la Biblia no dice que así haya sido y eso es más que suficiente. Lo que sí dice la escritura, es que se sujetaron no ante la jerarquía nominal de los setenta, sino al nombre de Jesucristo. Es decir que, se sujetaron nada menos que a una autoridad aparentemente terrena, (Jesús), pero que ellos (los demonios) sabían muy bien que estaba sujeta a autoridad divina.

Porque esto, quiero que entiendas, ha hecho suponer a muchos ministros no levantados por Dios que, con el simple hecho de haber sido elegidos por alguna junta de notables, o teólogos, o de asambleas administrativas, o sencillamente por algunos “buenos amigos” para alguna posición jerárquica muy importante en la iglesia, eso les puede dar derechos a exigir sujeción, pero sabemos muy bien que no es así. Es más: estoy absolutamente convencido que aquellos que verdaderamente suponen que por ser líderes nominales de una congregación, eso bastará para atreverse a echar fuera demonios, lo que dejan en evidencia es que, en el fondo de su intimidad, son incrédulos y ven a la iglesia como una organización de buenas personas a las cuales hay que conducir con fines exclusivamente sociales positivos. Del Reino de Dios ni hablemos; ni saben dónde está.

A Jesús conocemos, y sabemos quién es Pablo, pero vosotros, ¿Quiénes sois? Eso dijeron los demonios en aquel momento. Eso dicen los demonios hoy mismo, en este momento. ¿Y sabes qué? Tienen razón. No olvides que Satanás, para armar una buena mentira, siempre comienza desde una pequeña verdad. Los demonios conocen muy bien los principios de Dios. Pero los verdaderos, no los que algunas denominaciones han inventado por su cuenta y riesgo. Entonces van a obedecer sin dudar a toda autoridad que esté sujeta a autoridad divina, independientemente del cargo o la posición que esa persona tenga en una congregación local. Pero ni el menor asomo de obedecerle a cualquiera que se le ocurra “jugar” a la iglesia o auto-proclamarse ministro. El principio de la sujeción es uno y es válido en todos los terrenos. Creo que insistir en verlo de otra manera, es cegarse a uno mismo y colocarse en una posición altamente peligrosa. Peligrosa por lo que puede producirle al hombre o a la mujer que se coloque allí, eso en primera instancia. Porque si se es ministro, las cosas son mucho peores, todavía, porque estaremos arrastrando a toda una congregación a la derrota. Es aquello del guía ciego despeñando al pozo a todos los que lo siguen, ¿Entiendes?

Pero entonces, observando como se han estructurado las cosas en este tiempo y la ausencia de manifestación de poder de Dios que hoy por hoy abunda en la iglesia, ¿Habrá que entender que no hay manera de batallar esto con alguna posibilidad de éxito? En absoluto, para nada. En esto, hay un principio que es fundamental para traer victoria segura, pero que no siempre se ha enseñado de modo completo. Está en la carta del apóstol Santiago, ese que algunos señalan con total seguridad que era hermano de sangre de Jesús.

(Santiago 4: 1)= ¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? (Examina esto con sumo cuidado: observa que no está diciendo “en el mundo”, está diciendo “entre vosotros”, que acorde a como leemos, quiere decir “entre nosotros”, los creyentes. ¿Te cabe alguna duda que hay una guerra sórdida y una multitud de pleitos entre los propios creyentes?) ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? (A esto, si tú quieres tomarlo literal, está hablando de tu cuerpo, de tu propia e íntima lucha carne-espíritu, de tu carnalidad, como ser humano que eres, como hombre caído que eres. Pero si lo llevas proféticamente al mundo del espíritu, habla del cuerpo de Cristo, de la iglesia, también caminando en carnalidad. Mira lo que produce:

(2) Codiciáis y no tenéis, (Pasa, verdad? Fama, dinero, posición, cargos,) Matáis y ardéis de envidia; (No está hablando de muerte física, está hablando de muerte espiritual. ¿O no hay cristianos que matan espiritualmente a otros cristianos, con mensajes cargados de filosofía, sicología, humanismo, política religiosa interna o simplemente oportunismo materialista?) Y no podéis alcanzar, combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. (Esto es muy cierto. He conocido muchos ministros, quizás demasiados, que ante circunstancias malas en lugar de orar al Padre celestial deciden pelear la batalla utilizando la estructura. Hay que entender que, en contraste con la sabiduría celestial que produce una atmósfera de paz, en la cual crecerá la semilla de justicia, la sabiduría terrenal da lugar a una permanente y porfiada lucha interpersonal e incluso, interdenominacional. La causa reside en una naturaleza conflictiva y egoísta. Yo me pregunto hasta cuándo estaremos tan ciegos o tan incrédulos como para suponer que Dios puede aprobar que le hagamos una zancadilla a un creyente que está en un determinado cargo o posición en una iglesia para que se caiga y nos deje el terreno libre. ¿Habrá alguien, verdaderamente, que pueda imaginar por un momento que Dios estará satisfecho con una actitud así? En el mundo y especialmente en la política, vaya y pase; todos sabemos muy bien como es de sucio todo ese ambiente en su intimidad. ¡¡Pero en la iglesia!!)

(3) Pedís y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. (Cualquiera que suponga que esto solamente se refiere a pedir un automóvil cero kilómetro, (sin estrenar), una vivienda de fin de semana en el lugar más caro del planeta o un avión privado, se equivoca. Es menester entender que hay otros tipos de deleites más… santos, te das cuenta? ¡¡Señor!! ¡Que me elijan ministro! ¡Verás cuántas cosas muy buenas haré para ti! No como ese que está ahora, que… bueno, yo no quiero caer en chismes ni murmuraciones, pero, Señor, tú sabes que… Deleite personal. Ambiciones humanas. Ansias de poder por el poder mismo, no por celo santo. “¡Hermano! ¡Estoy sintiendo el llamado al ministerio pastoral!” – Y sí, puede ser, no lo discuto. Pero me parece que lo que tú verdaderamente sientes es deseos de ordenar, mandar y dar directivas a otros. Entiende esto por favor: tu llamado “pastoral” podría ser para el apostolado, lo profético, lo evangelístico o lo magisterial, pero como de acuerdo con la estructura implantada por los hombres en la actualidad, el que manda es el pastor, bueno, entonces tu llamado tendrá que ser para eso. ¿Y Dios, mientras tanto? ¡Muy bien, gracias! Esperando que tú entiendas que su Reino no es como tu mundo. “Ya verás como Dios se dará cuenta que yo soy mejor que el otro”… “Y si dentro de uno o dos meses no sucede nada, voy a hablar con el superintendente de la Junta que…”. No sé qué denominación conoce, pero cualquiera que sea, puede reemplazar la palabra “superintendente” con la que corresponda.)

(4) ¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, (Esto significa: que busque respaldo en el sistema del mundo para ascender en las jerarquías eclesiásticas) se constituye enemigo de Dios. (Espero que esto haya quedado lo suficientemente claro como para que nadie nunca jamás arriesgue cosas tan importantes y eternas por lograr otras mucho más pequeñas y temporales.)

(5) ¿O pensáis que la escritura dice en vano: el Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente? (6) Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, (Sin distinciones religiosas; tanto en el mundo como en la iglesia, entérate.) Y da gracia a los humildes. (También en el mundo y en la iglesia por igual.)

Y ahora, te invito a leer con suma y delicada atención, sin urgencias ni ansiedades, el que entiendo, es el versículo clave para tu vida y la de todos a quienes alguna vez puedas hablarle de Cristo.

(7) someteos, pues, a Dios, resistid al diablo, y huirá de vosotros.

Ay hermano… Hace años que vengo resistiendo… Pero ya no aguanto más… ¡¡Basta!! ¡¡Dice la Biblia que si resistimos al diablo, él huirá de nosotros! ¡Batalle! ¡Reprenda a todo espíritu inmundo y él se tendrá que ir! ¡Ha< guerra espiritual! ¡No te entregues ni te acobardes! Y muy especialmente, no te equivoques. El término “resistir”, aquí, está colocado en sentido bélico. No se trata de resistir aguantando o soportando estoicamente que el diablo te agarre a puntapiés. Resistir, aquí, tiene la connotación de estar librando una guerra de trincheras. ¡Pelear hasta la última gota de sangre!

¿Leiste el párrafo anterior? ¿Lo leiste bien? Recuerda: ¿Nunca te han predicado algo así? – Sí, me lo han predicado, ¿Por qué? ¿Está mal, es equivocado? – ¡No! ¡Qué va a estar mal, está perfecto! ¡Es cien por cien Palabra! – Ah, ¿Y te ha funcionado? – Y… A veces… No siempre… Digamos… en un veinte por ciento, creo… – Ah, ¿Y el ochenta restante? – Y… Supongo que fallé… – ¿Y por qué crees haber fallado? – No sé… Quizás porque me falta capacitarme, o tomar cursos intensivos de Guerra Espiritual; pero cursos serios, eh? Leer todos los libros de Carlos Anacondia, y de toda esa gente monumental que tiene esa clase de ministerios – ¡Basta hermano! No existe tal cosa como un Ministerio de Liberación o de Guerra Espiritual. – Pero en mi iglesia existe… – Sí, en todas las que yo conozco, también, pero lo cierto es que todos los creyentes tenemos autoridad delegada, en Cristo, para luchar y vencer al diablo. – Pero… Y entonces, ¿Por qué no puedo? Mire que yo me esfuerzo, me sé de memoria todas las oraciones que se hacen en liberación, y… – ¡Lo que no tienes es autoridad, eso pasa! – Pero escúcheme usted; yo soy líder de jóvenes, mi abuelo fue pastor, mi papá es anciano… – Estoy hablando de autoridad divina, no de autoridad nominal, terrenal. Al diablo eso no le preocupa en absoluto. Si no tienes autoridad que viene de arriba, puedes ser el ministro más exitoso que, si el diablo te tiene en la mira, “te baja”. – Ah, Y entonces, ¿Qué tengo que hacer?

Lo que tienes que hacer, en primer término, es leer este versículo completo, no solamente la última parte como tenemos por costumbre. Porque te habrás fijado que lo primero que dice, es que tenemos que estar sometidos, sujetos a Dios para que lo otro funcione. – “Pero hermano, yo soy fiel, hace diez años que estoy convertido, canto en el coro, a veces me invitan a leer la palabra desde el púlpito, hasta he predicado alguna vez, doy mis diezmos puntualmente, ofrendo para las obras misioneras transmundiales, predico el evangelio a todos los incrédulos que conozco, tengo como cinco hijos espirituales, además… – ¡Espera un momento! Lo que te he dicho es estar sometido a Dios, no convertido. – ¡Pero hermano! ¿No es lo mismo? – No lo sé, tú lo sabes. Pregúntate a tí mismo: ¿Tengo a Cristo en primer lugar en todo en mi vida? ¿Sí? ¿Estás seguro que sí? ¿De verdad jamás has pensado que en algunas cosas Él no va a participar y que es mejor apelar a las estructuras humanas que para algo están y que encima tiene gente que percibe un salario por ello? ¿No has creído, alguna vez, que para ciertos problemas que tienen algunas personas desde hace años en la iglesia, más que orar o liberar, que ya se ha visto que no funciona siempre, es más prudente, más serio y mejor visto que esa persona haga un poco de terapia con algún buen profesional? Eso sí, que sea cristiano…

Tengo que decirte que si es así, tú no estás sometido a Dios, sólo lo tienes como una parte más de una serie de posibilidades aptas para recurrir en un momento de crisis. De igual modo que si Dios fuera como un oso de peluche de esos que suelen usarse como amuleto. Así, como te lo he descrito, por allí puede llegar a ayudar a mucha gente, porque Dios es misericordioso; pero para resistir al diablo hace falta algo más que eso. Hace falta no sólo mencionar, sino estar sujeto, sometido, al nombre que está por sobre todo nombre, y ante el cual se dobla toda rodilla en los cielos (Ángeles y Arcángeles), en la tierra, (Hombres, no interesa su fama, su prestigio, su posición social o su poder), y debajo de la tierra, (Satanás con todos sus demonios).

Sujeción a autoridad que, a su vez, se sujeta a autoridad divina. Ese es el principio básico de funcionamiento colectivo. De ese modo, que es indudablemente el que Dios ha planificado y no de sus imitaciones baratas que podrán arrojar algún resultado en alguna pequeña iglesia, pero que no tiene registro alguno en el mundo del espíritu, de ese modo, quiero recordarte, la sujeción es un instrumento poderoso y no frustrante o impotente como es la esclavitud a hombre. Una mujer fiel es poderosa en Cristo Jesús, pero una mujer fiel, sujeta a la autoridad de un esposo sujeto a la autoridad en Cristo Jesús, es sencillamente imbatible. El mismo principio es aplicable para todo lo que se llame sujeción. – ¡Pero hermano! ¡A mí no me enseñaron eso! – Lo siento, quizás a mí tampoco, pero eso es lo que dice la Biblia. Lo lamento por aquellos que enseñan otra cosa.

Presta atención: Jesús, en su tiempo y cuando fue al templo, ¿Se sujetó a los sacerdotes como aparentemente debería haberlo hecho? No. ¡Pero era Jesús! Olvídalo. Era un hombre con guía divina, pero similar, igual, un calco de ti. ¿Quiere decir que entonces Jesús era un rebelde, desobediente y conflictivo que hoy no hubiera hecho carrera en ninguna iglesia? No; era fiel a la Palabra de Dios, no a lo que esos hombres se les ocurrió hacer con ella. ¡Pero es que los fariseos eran las autoridades indiscutidas de la iglesia! Eran doctores en teología, maestros en la Palabra, “master” en Divinidades. Sí, pero no habían sido levantados por Dios, habían sido puestos allí por la propia estructura religiosa. Jesús tuvo discernimiento y los descubrió. Allí está el punto clave. Si tú no tienes discernimiento espiritual, no sólo no podrás saber qué es lo que viene de Dios o qué es lo que viene del diablo, ni siquiera podrás saber quién eres tú mismo en Cristo, ni siquiera dónde estás parado como creyente o sobre qué bases te movilizas. Al humanismo y la religiosidad tú no las puedes combatir con otra clase de humanismo; el estructural, el religioso, el dogmático, el denominacional, sólo lo puede derrumbar con la espada del Espíritu que es la Palabra, con una plena sujeción a Cristo y a todo lo que su discernimiento le muestre que proviene de Él.

Sé lo que estás pensando si usted es un ministro. “Es demasiado peligroso dejar libertad para que los hermanos tomen ese tipo de decisiones”. Te entiendo. He visto tanta gente inconsciente e irresponsable jugando a la iglesia que puedo comprender tu inquietud. Pero te diré algo: en Efesios 4:11, dice que los cinco ministerios, (entre los cuales está el del pastor) han sido dados por Dios para, entre otras cosas, perfeccionar a los santos, que en idioma bíblico significa “madurar” y, si tú no lo haces, sobreproteges, y ¿Cuántos saben que una oveja sobreprotegida lo más probable es que, cuando se la deja sola aunque más no sea unos minutos, el primer lobo que pasa se la devora, ya que no está preparada para defenderse y mucho menos para vencer?

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La Iglesia Después del Covid

 

La Iglesia Después del Covid

Dentro de lo que es el pueblo de Dios, ¿Cuántas veces ha escuchado, leído o asumido por cualquier otro método, que somos: Linaje Escogido, Nación Santa, Pueblo de Reyes y Sacerdotes y Todos Ministros Competentes? ¿Cuántas veces, asimismo, te has mirado al espejo de tu propia vida espiritual, a la de quienes te rodean, a los que están por encima tuyo o a los que están por debajo, y no has logrado ver manifestado absolutamente nada de esto? Entonces: ¿Habrá exagerado Dios? ¿Estará desactualizado con respecto a la problemática del hombre moderno? ¿Será esta una escritura válida solamente para aquellos tiempos que se quedó desactualizada por las redes sociales o internet, o no habremos hecho convenientemente la tarea y por eso es que todavía no somos eso que Dios dice que vamos a ser?

(Levítico 21: 1)= Jehová dijo a Moisés: habla a los sacerdotes hijos de Aarón, y diles que no se contaminen por un muerto en sus pueblos.

Muchos han tomado a esta palabra desde el ángulo de la biología, relacionándola con no tomar contacto con la cadaverina, un líquido tóxico y venenoso segregado por una glándula que todos llevamos adentro y que se acciona inmediatamente producido el deceso de una persona, con el objetivo concreto de comenzar con el proceso de descomposición de la materia y autoeliminación del cuerpo físico

Otros, han elegido una interpretación litúrgica, en la que se le está prohibiendo a los sacerdotes ministrar en oficios o servicios fúnebres, algo que en muchos sectores todavía se cumplimenta como rito obligatorio, aún a sabiendas que naturalmente, no tiene el más mínimo valor, fundamento bíblico y, obviamente, efecto alguno, como no sea el de satisfacer las necesidades sentimentales y emocionales de los deudos del difunto. Quien muere, muere y, desde el ángulo de la fe, ya no hay absolutamente más nada que hacer para cambiar el destino eterno del que ha partido.

Y otros tanto han preferido entenderlo desde el plano del espíritu, interpretando que es contaminación para el pueblo de Dios, rozarse y tener comunión con quienes están muertos en espíritu. Cualquiera de los tres enfoques, -más allá de las divergencias-, son para tener en cuenta. Sí a mi me dejas elegir, yo me quedaré con este último. La Biblia es para la lectura cotidiana y su aprovechamiento doméstico, pero la Biblia es la Palabra de Dios encerrada en letras y va mucho más allá, pero muchísimo más allá de un hecho diario en la vida de uno de los millones y millones de seres a los que está dirigida.

(Verso 4)= No se contaminará como cualquier hombre de su pueblo, haciéndose inmundo.

Creo que no es necesario que te detalle lo que constituye inmundicia hoy en día, por más que mucha gente lo rotule como “conductas diferentes o alternativas”. Tú, en tu interior, y sin tener en cuenta la moralina o la pacatería insípida de nuestras culturas, (Algunas más, otras menos), sabe perfectamente por dónde caminan la pureza, la limpieza, la rectitud, la integridad y la transparencia y por dónde lo hace la inmundicia, aunque se disimule con apariencia. Creo que a esta altura de tu vida ya nadie te tiene que enseñar que cosa es un avance cultural o social y qué cosa sigue siendo inmundicia por donde la mires. No es pecado distraerse y equivocarse en algo por estar distraídos, pero sí es pecado hacer como que estamos distraídos, cuando en la realidad lo que estamos haciendo es decidir ser cómplices y partícipes necesarios en alguna forma de pecado.

(Verso 6)= Santos serán a su Dios, y no profanarán el nombre de su Dios, porque las ofrendas encendidas para Jehová y el pan de su Dios ofrecen: por tanto, serán santos.

Quiero que entiendas muy bien esto porque es básico, clave, elemental y primario. Lo dicho en este verso, no es UN requisito necesario para el ministro competente, rey y sacerdote del pueblo de Dios. Este, es EL requisito insustituible. No es el punto de llegada, la meta, es el punto de partida para cualquier ministerio. Y valdrá la pena aclarar una vez más, por si fuera necesario, que cuando hablamos de santidad, hablamos de separación, de requisito indispensable para una dedicación plena a un Dios pleno en el marco de un Reino pleno.

(Verso 7)= Con mujer ramera o infame no se casarán, ni con mujer repudiada de su marido; porque el sacerdote es santo a su Dios.

Lo primero que vemos aquí es que el sacerdote, el ministro, se pueden casar. Las imposiciones siguientes, muy entendibles desde el punto de vista de lo social, pertenecen más a una disposición humana que divina, ya que ninguna tiene en cuenta que el que está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas.

(Verso 10)= Y el sumo sacerdote entre sus hermanos, (Aquel a quien Dios levante, no al que ciertos hombres se les ocurra designar), sobre cuya cabeza fue derramado el aceite de la unción, (El sacerdote, si no es ungido por la unción de Dios, jamás pasará de la categoría “gerencial” de un administrador institucional) y que fuera consagrado para llevar las vestiduras, no descubrirá su cabeza, (Esto quiere decir que no descuidará esa unción recibida, ya que de lo contrario sólo será un ministro carnal.) Ni rasgará sus vestidos. (Esto tiene que ver con que no se dejará llevar por ninguna “explosión” de ira por más “santa” que parezca)

(Verso 12)= Ni saldrá del santuario (Esto es: no buscará motivaciones personales que puedan alejarlo de la única cobertura posible, que es la presencia del Dios vivo en cada acto de un ministerio) ni profanará el santuario de su Dios; (Aquí está hablando, mi hermano, de su propio cuerpo, que es templo y santuario del Espíritu Santo, que es Dios. No sólo con comportamientos groseramente pecaminosos, (Adulterio, fornicación), sino con recetas humanas, tales como el Humanismo, Filosofías Orientales, Científicas, que reemplacen la validez y el poder de la Palabra) Porque la consagración por el aceite de la unción de Dios está sobre él. Yo Jehová.

(Versos 13-14)= Tomará por esposa a una mujer virgen. No tomará viuda, ni repudiada, ni infame, ni ramera, sino tomará de su pueblo una virgen por mujer.

Esto es una reiteración ampliada del verso 7, donde hemos dicho que obedecía más a disposiciones de hombres que a leyes divinas. Aquí queda eso en muy clara evidencia, ya que si bien la ramera (Prostituta) la infame, la repudiada (Divorciada) y hasta la virgen, más allá de la vida que les haya tocado vivir o de los imponderables que hayan sufrido, lo son por estricta decisión personal, no así la viuda, que es total y absolutamente inocente de su estado, ya que no es responsable de haberse quedado sin un marido al que en la mayoría de los casos amaba y no deseaba perder.

Pero lo más importante de ese sacerdocio que no se reserva solamente para ministros y líderes, sino que conforme a la Palabra le pertenece a TODO un pueblo de reyes y sacerdotes y ministros competentes, viene ahora. Vamos a ver en primer término el texto global y luego, sacándolo definitivamente de lo literal que resultaría incomprensible en el siglo veintiuno, vamos a traspasarlo a principios espirituales que van a mostrarte  muchas cosas. Que te van a ayudar a aprender otras y te van a otorgar elementos muy precisos para no caer en el error y luego tratar de disculparte diciendo que nadie te lo había advertido, que nadie te lo había dicho. Aquí te lo estoy diciendo.

(Versos 17-20)= Habla a Aarón y dile: ninguno de tus descendientes por sus generaciones, que tenga algún defecto, se acercará para ofrecer el pan de su Dios.

Porque ningún varón en el cual haya defecto se acercará; varón ciego, o cojo, o mutilado, o sobrado, o varón que tenga quebradura de pie o rotura de mano, o jorobado, o enano, o que tenga nube en el ojo, o que tenga sarna, o empeine, o testículo magullado.

Fíjate que aquellos a los que les agrada tomar a las escrituras literalmente, ya sea porque suponen que otra cosa es jugar a las fantasías místicas, o porque no saben lo que significa el término Revelación profética, se encuentran en un grave problema: A esta porción, nadie le da importancia porque, aparentemente, fue escrita para una época en que estas cosas se tenían en cuenta, cosa que hoy ya no sucede.

Sabido es y cualquiera de nosotros podría confirmarlo en su propio lugar de residencia y quizás en el marco de tu propia congregación que ninguno, ni siquiera la gente más encumbrada en los prestigios evangélicos internacionales ha tenido en cuenta esta serie de elementos. Tú o yo habremos conocido, seguramente, a consagrados y fieles hombres de Dios que eran portadores de algunos de estos defectos físicos. Y ello no ha obstaculizado, perturbado ni menoscabado la validez, la bendición, el poder y la gloria de Dios manifestada en sus ministerios. Ahora si lo vamos a mirar con el agudo ojo de la revelación, seguramente las cosas van a tener otra significación y, de aquel pasaje sin mayores relieves que solíamos leer casi para cumplir con el rito de no dejar nada sin mencionar, pasará ahora a ser una fuente de donde beberemos las cualidades insustituibles de aquellos ministros que desean ser competentes según la óptica divina.

VARÓN CIEGO

Esto, indudablemente, te está hablando de ceguera espiritual, de hombres y mujeres sin visión de Dios. Llenos de predisposición, de abnegación, de esfuerzo personal, de trabajo arduo, de actividades pensadas a favor y no en contra de la Iglesia, pero destinados inexorablemente a la carencia de resultados o, lo que es peor: al fracaso. Porque al no tener visión del mundo espiritual, jamás acertarán a hacer lo que Dios quiere que se haga, que es exactamente lo que Él iba a bendecir y fructificar de inmediato, sino que harán lo que a ellos les parece que está bien, aunque eso no siempre esté realmente bien, pero generalmente alcanza conque un grupo de aduladores que nunca falta convenza a ese varón que está haciendo maravillas y prodigios. ¿No has visto usted alguna vez algo de esto que le estoy expresando? ¿No te habrá sucedido esto, quizás a tí mismo?

El varón ciego, sin visión ni perspectiva de Dios, puede levantar una institución llamada Iglesia que sea altamente respetable, respetada por todos y hasta exitosa según la interpretación humana. Pero jamás podrá servir en su ministerio a la liberación del pueblo de sus opresiones, de sus dolencias, de sus enfermedades del alma. Porque, aunque derrame todos los dones y las bendiciones, no serán respaldados por la presencia poderosa de Dios, ya que Dios no unge ni visita organizaciones, -por mejores que sean-, sino a organismos vivos (Hombres y mujeres) que estén en plena consagración y obediencia a su propósito para cada tiempo y lugar, cosa que es posible solamente cuando se cierran voluntariamente los ojos naturales y se abren, (También voluntariamente) los espirituales, único método de alinear nuestra visión con la visión de Dios.

VARÓN COJO

Físicamente, esto tiene que ver con renguera, ya sea por problemas en las extremidades inferiores o cadera. Representa al hombre que no está imposibilitado de caminar, de andar, de movilizarse, pero que lo hace con alguna o muchísima dificultad.

En lo espiritual simboliza claramente a aquel que oye lo que Dios dice, lo entiende, se da cuenta del contenido, lo cree, pero no lo obedece y, mucho menos, lo aplica. Es decir, lo que en otros textos, recibe el nombre de prevaricador.

También tiene que ver con el que aprende todo lo que hay que aprender y todo lo que se necesita aprender, pero que no produce absolutamente nada a partir de lo que aprende. Gente que oyó un mismo mensaje renovador durante más de ciento cincuenta reuniones en cada año en los que se estuvo congregando, pero que ahora cuando las iglesias no abren sus puertas y todo se limita a algo más directo y personal, no saben qué hacer con sus vidas. Gente que pretende hacer rehabilitación y recomposición, pero que al final de ese año, sigue rengueando en el camino por seguir con sus rutinas viejas, resistiéndose a cambiar nada.

A propósito de esto y como modelo semi actual, podemos decir que había congregaciones que armaron infinidad de centros de capacitación para sus miembros. Los capacitaron para todo aquello en lo que luego podían ser de utilidad. ¿Esto fue malo, entonces? ¡No! ¡En absoluto! Sin embargo, la experiencia nos dice que una gran mayoría de ellas se entretienen de puertas adentro, capacitándose años y años. Cuando finalmente terminan todos los cursos, ya se sienten demasiado viejos o cansados para producir y no tienen mejor idea que empezar a mandar a sus hijos a los mismos cursos, cursillos, seminarios y talleres y la historia vuelve a comenzar en la generación siguiente. Y cuando llegan instancias como las actuales, es cuando abuelos, padres e hijos se dan cuenta que todas esas capacitaciones no los prepararon para estar a solas con Dios, por ejemplo, rutina básica de todo aquel que pretenda recibir algo más que salvación gratuita.

Si leyeran a Juan sabrían que la unción del santo es la única que hace posible un aprendizaje divino, que les permite no necesitar maestro y que es la mejor guía para ponerse hoy mismo a hacer lo que Dios quiere que se haga. De otro modo, mientras miles y miles de creyentes aprenden lo que jamás aplicarán, hay un mundo allí afuera, que todos los días se va al infierno porque nadie les ha mostrado, no sólo con palabras clonadas o tratados arrojados por debajo de las puertas a la manera del siglo pasado y despreciando la proliferación de las redes, sino con autoridad del cielo y estilo de vida acorde, que hay otro camino, que hay realmente buenas nuevas, perdón, redención, salvación, vida eterna y un reino al que se puede servir con gozo.

VARÓN MUTILADO

Toda visión de mutilación produce, en lo físico, una sensación muy particular, mezcla de compasión, aprehensión y hasta rechazo. La imagen que muestra el mutilado es la que predispone. El símbolo espiritual, aquí, tiene que ver con el creyente que muestra una imagen mutilada del carácter de Cristo. O, lo que es peor, un Cristo deformado.

Tú tienes que tener en cuenta que, decir “mutilado”, por allí no da una imagen clara de lo que significa, pero que si le buscamos un sinónimo preciso, sí que lo vemos mucho mejor: Distorsionado. Una imagen distorsionada, incompleta o confusa de Cristo, no sirve. Y no podemos esperar sentados que él abandone su posición para venir a hacerlo, siendo que ya dijo que será su cuerpo, (Esto es: nosotros), los que tendremos que hacerlo.

VARÓN SOBRADO

Esto Tiene que ver con un término muy de uso cuando nos referimos a ciertas personas que nunca faltan. En el clásico lunfardo argentino (Que es una especie de idioma de los bajos fondos sociales de antaño pero que todavía se usa) se les llama: “Sobrador”, “Canchero”, “Piola”, “Fashion”, que son aquellos hombres, esencialmente, que hacen ostentación exagerada de sus atributos intelectuales y físicos transformándose, de esta manera, en fanfarrones o ultra vanidosos, pagados de sí mismos.

En el ámbito del Reino de Dios, esto se aplica a aquellos que van más allá de donde Dios los ha enviado. Que se introducen y se inmiscuyen en cosas en las cuales Dios jamás los mandó intervenir. A la mejor manera de Saúl, que siendo rey, quiso ser sacerdote, y esto terminó con su reinado. O de Uzías, que siendo un rey de Dios, se le ocurrió en un impulso de abuso humano de poder, darle de puntapiés a los sacerdotes y pretender reemplazarlos, cuando Dios, obviamente, jamás lo había enviado a hacer eso. Terminó sin reinado, sin sacerdocio y, encima, lleno de lepra.

Hay muchos, hoy, en el pueblo, que habiendo sido levantados para ejercer un ministerio, suponen que su liderazgo les da derecho a meterse en otros a donde Dios no los envió. No sólo que llevan a la iglesia y a sus miembros a la frustración y el fracaso, además de la confusión, sino que incluso terminan pagando caro ese ser sobrado y concluyen sus días sin ministrar con poder y efecto ni siquiera en aquel ministerio para el que habían sido llamados. Dios no mata a ningún desobediente. Simplemente se retira y lo deja librado a su propia voluntad. El resultado, para qué se lo voy a contar…

VARÓN CON PIE QUEBRADO O MANO ROTA

Esto te está hablando a ti de ministerios perversos, porque todo lo que tiene que ver con pies y manos, significa ejecutividad, ministerio, y cuando en el hueso hay fractura, eso se traduce como torcido, que es el significado de la palabra perverso.

En la parábola del rico y Lázaro el mendigo, y más allá del relato literal que siempre se toma como moraleja, sin pensar que Dios no dejó nada en la Biblia sólo para moraleja, sino con claro mensaje o principio espiritual encarnar y vivir, esto se ve con claridad, hay un mensaje claro, profundo y concreto.

El rico, (Un ministerio importante, pero sin unción ni revelación), se pierde por falta de visión. Cuando se da cuenta de su situación, pide a Dios que Lázaro, (Un ministerio pequeño pero ungido), moje su DEDO, (Mano) en agua (Vida) y lo ponga en su boca. Dios le dice que eso, en ese momento, ya es imposible.

¿Qué pide el rico, entonces? Que Lázaro vaya y le diga a sus cinco hermanos (que son los cinco ministerios) la verdad revelada para que ellos no se equivoquen como se ha equivocado él. Ministerios perversos. Humanismo puro. Filosofías carnales. Negación total de lo sobrenatural por considerarlo demasiado “fantasioso”. Psicología secular elevada al rango de voluntades divinas no brotadas de púlpitos ungidos sino de consultorios y hasta divanes terapéuticos. Recetas cientifistas. Infiltración del orientalismo en la iglesia a través del ocultismo y la hechicería con disfraz cristiano que propone la Nueva Era. Unción de Freud por sobre la unción del Espíritu Santo. +++++++++++++++

VARÓN JOROBADO

Deja ya de controlarte cada mañana los huesos de tus espaldas. Esto habla de hombres que llevan una pesada carga debajo de la cual están cautivos sin poder salir. Gente que solamente puede mirar hacia abajo porque está atada a conceptos de la realidad material y que no ven o no creen en el invisible mundo del Espíritu.

Hombres y mujeres fieles, con deseos de servir, pero que a cada problema, lo primero que piensan y les sale de sus bocas, es: “No puedo, soy demasiado débil, soy obeso, soy moreno, soy latino y la sabiduría, dicen, está en los niños-diez, que son los altos, rubios y guapos. No soy profesional”.

La joroba no es otra cosa que una profunda lástima de sí mismo. Una autosubestimación alimentada por años de verse en contraposición con los clásicos rudimentos de la religión organizada e institucional. Convencidos interiormente que lo que le dicen los que hace cincuenta años que están en la iglesia, definitivamente, debe ser cierto; eres demasiado idealista, eres demasiado espiritualista, tienes que vivir más en la realidad, no podemos espiritualizarlo todo. ¡¡¡Basta!!! Dios es espíritu, no figura, alma o sentimientos emocionales e intelectuales. Y nosotros somos imagen y semejanza de un Dios que no tiene figura material. Es decir que yo, soy un espíritu, al cual se le ha dado un alma y que habita un envoltorio descartable llamado cuerpo, que es lo que tengo colocado ahora y me permite, entre otras cosas, comunicarme conrtigo.

Cualquier otra cosa, es para tener muchísimo cuidado. El diablo no opera en el mundo para reventar a la iglesia. El diablo opera adentro de las congregaciones, usando los cuerpos y las mentes de aquellos que todavía no han aprendido a confiar en Cristo. Entre un ministro que no confía en Cristo y el humilde hermano que vende garrapiñada o pochoclos a la salida del templo que tampoco confía en Cristo, ¿A quién crees tú que usará más gustoso el enemigo?

VARÓN ENANO

Habla de gente que en algún momento dejó de desarrollarse. De personas que un día pensaron que lo que habían aprendido hasta ese momento, ya era más que suficiente y que no tenía caso seguir leyendo la Biblia, seguir orando o recibiendo revelación fresca de Dios. Enanos espirituales. Gente que por más que se adornen con brillos, excelente música, oropeles de todas las regiones y luces multicolores, no dejará de ser gente sin estatura suficiente para salir en representación de lo más alto que tiene el universo.

VARÓN CON NUBE EN EL OJO

Es el equivalente oftalmológico de la enfermedad de cataratas (Al menos así se denomina en Argentina al padecimiento ocular que va tapando la visión con una especie de cáscara). No llega a ser ceguera. El hombre que padece este mal puede no estar ciego (Aunque corre ese riesgo si no se lo interviene por cirugía) sino que está viendo mal, de un modo distorsionado, difuso, confuso.

Esto tiene mucho que ver con el espíritu de crítica. La diferencia entre un espíritu de crítica y la exhortación, está en que quien exhorta, lo hace desde una posición de humilde autoridad, muchas veces sin ninguna credencial o título habilitante, con infinito amor y estrictamente desde la verdad revelada en la palabra, no ya de sus propias opiniones por mejor intencionadas que sean.

El espíritu de crítica, en cambio, hace que alguien no vea bien el presente, o que lo vea incompleto; y que con esas bases, juzgue contundentemente. Nunca ve nada bien, todo está mal. Y si un día ve algo bueno, no lo reconoce, no lo premia, no lo pone por ejemplo. Por el contrario, por allí trata de neutralizarlo, de borrarlo del mapa de sus actividades cotidianas. Critica todo pero jamás tiene una palabra que muestre cómo se puede cambiar lo que está mal.

VARÓN CON SARNA

Más que la enfermedad en sí misma, esta palabra habla del resultado de la enfermedad. Protuberancia en la piel, ronchas, heridas, coagulación y cáscara. Al mínimo comezón o escozor, cuando se toca esta cáscara, se sale de su sitio y la herida vuelve a sangrar.

Habla de las heridas que muchos mantienen en sus almas por situaciones vividas, a veces, hace muchísimos años. Han pasado por Consejería, por Liberación y por Sanidad Interior y fueron declarados sanos. Pero cuando tú oras con ellos, un día y por cualquier motivo, Dios te hace decir alguna palabra que actúa como esa uña que rasca la cáscara y allí está: la herida comienza a sangrar otra vez. La persona se quebranta, llora y se lamenta. La conclusión simple, independientemente de lo que digan “los expertos”, es que la consejería no alcanzó, la liberación no se produjo y la sanidad interior todavía está incompleta.

VARÓN CON EMPEINE

Esta es la definición más breve por lo clara. El empeine tiene que ver con la lepra, y la lepra es el símbolo histórico del pecado no confesado, no perdonado, no limpiado por la sangre de Cristo. Y que a favor de esto sigue carcomiendo, avanzando y pudriendo todo lo que toca. Imposible ser ministro competente o sacerdote de Dios con este problema.

VARÓN CON TESTÍCULO MAGULLADO

Si alguno de estos defectos, a la luz de una interpretación literal, física o material te suena medio como traído de los cabellos, es este. ¿Qué importancia podría tener, desde lo físico. Que un hombre que tiene problemas con sus testículos quiera ministrar? Parecería que ninguno, ¿Verdad? Pero en el ámbito espiritual, las cosas cambian totalmente.

Habla de varones impotentes, sin capacidad de reproducción, imposibilitados de constituir uniones matrimoniales. (Cristo y su iglesia es un matrimonio), varones castrados por la religiosidad ritualista. En suma: verdaderos eunucos espirituales, con forma y figura de hombres, pero sin ningún atributo para concebir, gestar o ser padre.

(Versos 21-24)= Ningún varón de la descendencia del sacerdote Aarón, en el cual haya defecto, se acercará para ofrecer las ofrendas encendidas para Jehová; hay defecto en él, no se acercará a ofrecer el pan de su Dios.

Del pan de su Dios, de lo muy santo y de las cosas santificadas, podrá comer.

Pero no se acercará tras el velo, ni se acercará al altar, por cuanto hay defecto en él; para que no profane mi santuario, porque yo Jehová soy el que los santifico.

Y Moisés (El mensajero de Dios) habló de esto a Aarón. (La organización de la iglesia) y a sus hijos (Las generaciones venideras) y a todos los hijos de Israel. (La iglesia total).

Los que moran en lo terrenal, son destruidos por ignorancia, pero los que moran en el cielo, sólo pueden ser blasfemados.

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Reivindicando al Espíritu Santo

(Juan 14: 26) =  Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

Al descuidar o negar la deidad de Cristo, los llamados “cristianos liberales” han cometido un trágico error, porque no les deja nada más que un Cristo imperfecto cuya muerte fue un mero martirio y cuya resurrección es un mito. Los que siguen a un Salvador meramente humano no siguen a ningún Salvador, sino sólo a un ideal, y un ideal, además, que no puede hacer más que burlarse de sus debilidades y pecados. Si el hijo de María no fue el Hijo de Dios en un sentido en que no lo es ningún otro hombre, entonces no puede haber ninguna otra esperanza para la raza humana.

Si Aquel que se llamó a sí mismo la Luz del mundo era sólo una lámpara vacilante, entonces la oscuridad que rodea a la tierra será permanente. Y pretendidos, pomposos y hasta vanidosos líderes cristianos se encogen de hombros, como demostrando que están fuera del asunto, pero su responsabilidad para con las almas de sus seguidores no puede ser echada a un lado con un encogimiento de hombros. Dios les traerá a cuenta por el daño hecho a personas simples, sinceras, aunque cómodas, que confiaron en ellos como guías espirituales.

Pero por culpable que sea la acción del liberal de negar la Deidad de Cristo, los que nos preciamos de nuestra forma de adorarlo, no debemos dejar que nuestra indignación nos ciegue a nuestras propias faltas. Desde luego, no se trata de un momento oportuno para auto felicitarnos, porque también nosotros, en años recientes, hemos cometido un costoso error en este camino, y es un error que tiene un estrecho paralelo con el del liberal. Nuestro error (¿O seremos francos y lo llamaremos pecado?) ha sido descuidar la doctrina del Espíritu Santo hasta el punto de que virtualmente le negamos su puesto en la Deidad.

Esta negación no ha tenido lugar mediante una declaración doctrinal expresa, porque nos hemos aferrado de una manera suficientemente fuerte a la posición bíblica en todo lo que concierne a nuestras declaraciones formales. Nuestra forma de fe formal es sana; nuestro fracaso está en lo que se ha denominado como credo Junciana! No se trata de una distinción carente de importancia. Una doctrina tiene un valor práctico sólo hasta allí donde es prominente en nuestros pensamientos y constituye una diferencia en nuestras vidas.

Por medio de esta prueba, la doctrina del Espíritu Santo que los evangélicos sostienen en la actualidad no tiene casi ningún valor práctico. En la mayor parte de las Iglesias cristianas que he conocido, el Espíritu era casi totalmente pasado por alto. Sea que esté presente o ausente, ello no hace ninguna diferencia real para nadie. Se hace una breve referencia a Él en lo que se llama la Doxología y en la Bendición. Aparte de esto, lo mismo daría que no existiera.

Lo ignoramos hasta tal punto que es sólo por cortesía que podemos ser llamados trinitarios. La doctrina  de la Trinidad, (Incluida la eterna discusión de sobre si el término está en la Biblia o no), declara abiertamente la igualdad de las tres Personas y el derecho del Espíritu Santo a ser adorado y glorificado. Todo lo que sea menos que esto es algo menos que trinitarianismo. Nuestro descuido de la doctrina de la bendita tercera Persona ha tenido y tiene serias consecuencias.

Porque la doctrina es dinamita. Tiene que tener un énfasis lo suficientemente acusado para ser detonada antes que su poder sea liberado. Si no es así, puede yacer dormida y olvidada en un rincón de nuestras mentes durante toda su vida sin tener efecto alguno. La doctrina del Espíritu Santo es dinamita enterrada. Su poder espera a ser descubierto y empleado de una vez por todas por la Iglesia. El poder del Espíritu no será dado a ningún asentimiento tibio a la verdad pneumatológica.

El Espíritu Santo no se ocupa en si se lo apunta en los distintos credo al final de sus vetustos himnarios; lo que espera, es nuestro énfasis. Cuando entre en la meditación de los maestros entrará en la expectativa de los oyentes. Cuando el Espíritu Santo deje de ser incidental y vuelva a ser de nuevo fundamental, el poder del Espíritu será afirmado una vez más entre la gente llamada cristiana. La idea del Espíritu sostenida por el miembro medio de la iglesia es tan vaga que es casi inexistente.

(Mateo 3: 11) = Yo (Dijo Juan el Bautista) a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, (Ese era Jesús) cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.

Yo no puedo terminar de entender, todavía, como es que si esto que ha sido escrito, aceptado y creído por todos, todavía sigue siendo discutido y hasta con cierta ferocidad, por miembros de grupos divididos precisamente por este punto: creer o no en la existencia real de esta clase de bautismo que fue preanunciado por el mismo Juan el Bautista y luego confirmado por el propio Jesús. Si Él dijo que el traía el fuego del Espíritu Santo para dejarlo como herencia a su cuerpo en al tierra. ¿Quiénes seremos nosotros, pobres hombrecitos con los pies apoyados en el piso, para arrogarnos el menor cuestionamiento a eso? ¿Tanta será nuestra soberbia?

El caso es que cuando la gran mayoría piensa en el Éspíritu Santo, en absoluto, propende a pensar en una sustancia nebulosa como un hálito invisible que se dice que está presente en las iglesias y que se encuentra sobre las personas buenas en la hora de su muerte. Francamente, no cree en nada así, pero quiere creer algo, y no sintiéndose capacitado para la tarea de examinar toda la verdad a la luz de la Escritura, contemporiza manteniendo la creencia en el Espíritu lo más lejos posible del centro de su vida, no dejando que conduzca a ninguna diferencia en nada que le afecte en la práctica.

Esto describe a un número sorprendentemente grande de personas serias que están sinceramente tratando de ser creyentes. No tanto cristianas, porque tú ya sabes que ese calificativo nació casi como una burla para los seguidores de Jesús, al que en forma de burla, también, ellos llamaban el Cristo. Ahora bien, ¿cómo deberíamos pensar acerca del Espíritu? Una respuesta plena bien podría ocupar una docena de volúmenes. Como mucho sólo podemos señalar a la unción llena de gracia de lo alto y esperar que tu mismo deseo te provea el necesario estímulo que te apremie a conocer a la bienaventurada tercera Persona por tí mismo.

Si leo correctamente el registro de la experiencia a través de los años, los que más gozaron del poder del Espíritu son los que menos tuvieron que decir acerca de Él por vía de un Intento de definición. Los santos de la Biblia que anduvieron en el Espíritu nunca trataron de explicarlo. En los tiempos post bíblicos muchos de los que fueron llenados e inundados por el Espíritu se vieron impedidos, por las limitaciones de sus dotes literarias, de decirnos mucho acerca de Él. No tenían dotes para el análisis del yo, sino que vivían desde el interior en una acrítica sencillez.

Para ellos el Espíritu era Uno que debía ser amado y con quien debían tener comunión como con el mismo Señor. Se hubieran visto totalmente perdidos en una discusión rarísima acerca de la naturaleza del Espíritu Santo, pero no tenían problemas en acercarse al poder del Espíritu para la santidad de vida y para un servicio fructífero. Y así es como debería ser. La experiencia personal debe ser siempre lo primero en la vida real. Lo más importante es que experimentemos la realidad por el método más corto y directo.

Un niño puede comer un alimento nutritivo sin saber nada acerca de química ni de dietética. Un muchacho campesino puede conocer los deleites del puro amor y no haber oído nunca de Sigmund Freud o de Havelock Ellis. El conocimiento experimental es siempre mejor que el mero conocimiento por descripción, y lo primero ni presupone el segundo ni lo necesita. En esto nuestro, más que en cualquier otro campo de la experiencia humana, se debe establecer siempre una acusada distinción entre conocer acerca de y conocer. NO te olvides que conocer, bíblicamente, es tener intimidad.

La distinción es la misma que entre conocer acerca de la comida y realmente consumirla. Un hombre puede morir de hambre sabiéndolo todo acerca del pan, y un hombre puede quedar espiritualmente muerto aunque conozca todos los hechos históricos de la fe cristiana. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Eso dice la Palabra. Sólo tenemos que introducir un pequeño cambio en este verso para poder ver lo Inmensa que es la diferencia respecto a conocer acerca de, y conocer: Ésta es la vida eterna: que conozcan acerca de ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.

Este pequeño cambio es causa de la gran diferencia entre la vida y la muerte, porque alcanza a la misma raíz del verso, y cambia su teología de una manera radical y vital. A pesar de todo esto, no quiero subestimar la importancia del mero conocer acerca de. Su valor reside en su capacidad de suscitar en nosotros el deseo de conocer experimentalmente. Así, el conocimiento por descripción puede conducir al conocimiento experimental. Puede conducir, digo, pero no necesariamente.

Así, no osare llegar a la conclusión que por el hecho de aprender acerca del Espíritu, por esta misma razón lo conozcamos. Conocerlo viene sólo de un encuentro personal con el mismo Espíritu Santo. ¿Cómo vamos a pensar acerca del Espíritu? Se puede aprender mucho del Espíritu Santo por medio de la misma palabra espíritu. Espíritu denota existencia en un nivel superior y más allá de la materia: significa vida subsistiendo en otro modo. El espíritu es sustancia que no tiene peso, ni dimensión, ni tamaño ni extensión en el espacio.

Estas cualidades pertenecen todas a la materia, y no pueden tener aplicación al espíritu. Pero el espíritu es un verdadero ser, y es objetivamente real. Si es difícil de visualizar, pásese por alto, porque en el mejor de los casos es un pobre intento de la mente de aprehender aquello que está más allá de la capacidad de la mente. Y no sucede nada malo si en nuestro pensamiento acerca del Espíritu nos vemos forzados a revestirlo del familiar hábito de forma material.

(Romanos 8: 5) = Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu.

(6) Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.

(7) Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; (8) y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.

(9) Más vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.

¿Cómo, pues, pensaremos del Espíritu? La Biblia y la teología cristiana concuerdan en que El es una Persona, dotado de todas las cualidades de la personalidad, como la emoción, el intelecto y la voluntad. Él sabe, Él quiere, Él ama; Él siente afecto, antipatía y compasión. Piensa, ve, oye y habla y ejecuta todo acto del que sea capaz la personalidad. Una cualidad perteneciente al Espíritu Santo, de gran interés e importancia para todo corazón indagador, es su capacidad penetradora.

Él puede penetrar la materia, como el cuerpo humano; puede penetrar la mente; puede penetrar otro espíritu, como el espíritu humano. Puede conseguir una total penetración de/ y una real mezcla con el espíritu humano. Puede invadir el corazón humano y hacer lugar para sí sin expulsar nada esencialmente humano. La integridad de la personalidad humana permanece sin daños. Sólo el mal moral se ve obligado a retirarse. El problema aquí involucrado no puede ser ni evitado ni resuelto. ¿Cómo puede una personalidad entrar en otra?

La contestación cándida sería simplemente que no lo sabemos, pero se puede llegar a una aproximación a su entendimiento mediante una sencilla analogía tomada de los antiguos escritores devocionales de hace varios siglos. Ponemos un trozo de hierro en un fuego, y avivamos los carbones. Al principio tenemos dos sustancias distintas, hierro y fuego. Cuando ponemos el hierro en el fuego logramos que el hierro sea penetrado por el fuego. Pronto el fuego comienza a penetrar en el hierro, y no sólo tenemos el hierro en el fuego sino también el fuego en el hierro.

Son dos sustancias distintas, pero se han entremezclado e inter penetrado de tal manera que las dos cosas se han transformado en una sola. De una manera similar penetra el Espíritu Santo en nuestras vidas. A lo largo de toda la experiencia permanecemos siendo nosotros mismos. No hay destrucción de la sustancia. Cada uno persiste siendo un ser separado como antes; la diferencia es que ahora el Espíritu penetra y llena nuestras personalidades, y somos experimentalmente uno con Dios. ¿Cómo pensaremos acerca del Espíritu Santo?

La Biblia declara que Él es Dios. Toda cualidad que le pertenece al Dios Omnipotente le es libremente atribuida. Todo lo que Dios es se declara del Espíritu. El Espíritu de Dios es uno con/ e igual a Dios, así como el Espíritu del hombre es igual a/ y uno con el hombre. Esto es tan plenamente enseñado en las Escrituras que podemos, sin perjudicar el argumento, omitir la formalidad de dar los textos de prueba. El lector más casual de las Escrituras lo habrá descubierto por sí mismo.

La iglesia histórica, cuando formuló su solemne llamada regla de fe, escribió abiertamente en su confesión su creencia en la Deidad del Espíritu Santo. El Credo de los Apóstoles da testimonio de la fe en el Padre y en el Hijo y en el Espíritu Santo, y no establece diferencia entre los tres. Los Padres que redactaron el Credo Niceno testificaron, en un pasaje de gran belleza, acerca de su fe en la deidad del Espíritu: Y creo en el Espíritu Santo, El Señor y Dador de la vida. Que procede del Padre y del Hijo; Que juntamente con el Padre y el Hijo Es adorado y glorificado.

La controversia arriana del siglo cuarto obligó a los Padres a declarar sus creencias con mayor claridad que antes. Entre los importantes escritos que aparecieron en aquel tiempo está el Credo de Atanasio. Poco nos importa hoy día quién lo redactó. Fue escrito en un intento de declarar de la manera más breve posible lo que la Biblia enseña acerca de la naturaleza de Dios; y esto lo ha hecho con una inclusividad y precisión pocas veces igualada en la literatura universal.

Aquí tenemos unas pocas citas que tienen que ver con la Deidad del Espíritu Santo: Hay una Persona del Padre, otra del Hijo, y otra del Espíritu Santo. Pero la Deidad del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo es toda una: igual la Gloria; coeterna la Majestad. Y en esta Trinidad nadie es anterior, ni después de otro: nadie es mayor, ni menor que otro. Sino que todas las tres Personas son coeternas juntamente, y coiguales. Así que en todas las cosas, como se ha dicho antes: la Unidad en Trinidad, y la Trinidad en Unidad, debe ser adorada.

En su himnología sagrada, tradicional y un tanto fuera de época, la Iglesia ha reconocido libremente la Deidad del Espíritu, y en su inspirado cántico lo ha adorado con gozoso abandono. Algunos de aquellos viejos himnos al Espíritu se han vuelto tan conocidos que tendemos a perder de vista su verdadero sentido por la misma circunstancia de que nos son tan familiares. Un himno así es el maravilloso Santo Espíritu, con Luz Divina; otro es el que dice: Sobre mí sopla, oh Hálito Divino; y hay muchos otros.

Han sido cantados tan frecuentemente por personas que no tienen conocimiento experimental de su contenido que, para la mayoría de entre nosotros, han perdido su significado casi del todo. En las obras poéticas de Frederick Faber se ha encontrado un cántico al Espíritu Santo que se considera entre los mejores jamás escritos, pero para el que nunca, que yo sepa, se ha compuesto música, o, si así se ha hecho, nunca ha sido cantado en ninguna iglesia de las que yo he conocido.

¿Podría deberse ello a que incorpora una experiencia personal del Espíritu Santo tan profunda, tan íntima, tan al rojo vivo, que no se corresponde con nada en los corazones de los adoradores del evangelismo de nuestro tiempo actual? Te cito tres estrofas que logré conocer: ¡De Amor la Fuente! ¡Verdadero Dios, Tú, Quien a través de eternos dios Del Padre y del Hijo has procedido En tu increado Ser! ¡Te temo. Amor sin comienzo! ¡Dios verdadero! ¡De la gracia fuente sólo! Y ahora tu trono bendito Mi pecaminoso yo humillo. ¡Oh Luz! ¡Oh Amor! ¡Oh Tu el mismo Dios! No oso mis ojos más fijar En tus atributos maravillosos Y sus misteriosos consejos.

Estas líneas tienen todo aquello que constituye un gran himno: una sana teología, estructura llana, hermosura lírica, una alta comprensión de ideas profundas y una gran carga de sublime sentimiento de fe. Y sin embargo sufren un total descuido, olvido y, lo peor, descrédito, como si se hubieran convertido en algo malo simplemente por ser algo viejo. ¿Todo lo viejo es malo, entonces? ¿Solo porque es viejo? ¿No es un contrasentido con nuestra propia fe, decir eso?

(Gálatas 5: 19) = Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, (20) idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, (21) envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

(22) Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, (23) mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

(24) Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.

(25) Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.

Creo que un gran resurgir del poder del Espíritu entre nosotros volverá a abrir pozos de adoración durante mucho tiempo olvidada. Porque los cánticos no pueden jamás traernos el Espíritu Santo, pero el Espíritu Santo, invariablemente, trae consigo el cántico. Es eso que en algún momento denominaron como “cántico nuevo!, que supuestamente era un cántico que nacía en el salmista en el preciso momento de la adoración, no antes ni después, y enviado directamente por el Espíritu Santo para ese momento y lugar. La embarraron cuando lo grabaron en sus discos para la venta, porque ahí dejó de ser nuevo y pasó a ser más mercadería.

Lo que tenemos en la doctrina del Espíritu Santo es la Deidad presente entre nosotros. Él no es sólo el mensajero de Dios, sino que Él es Dios. Él es Dios en contacto con sus criaturas, obrando en ellas y entre ellas una obra de salvación y de renovación. Las Personas de la Deidad nunca obran por separado. No osaremos pensar de ellas de manera que «dividamos la sustancia». Cada acto de Dios es obrado por las tres Personas. Dios no está Jamás presente en una Persona sin las otras Dios no se puede dividir a sí mismo.

Donde está el Espíritu está también el Padre y el Hijo. Iremos a él, y haremos morada con él. Para el cumplimiento de alguna obra específica, una Persona puede por un tiempo destacarse más que las otras, pero nunca está sola. Dios está siempre totalmente presente cuando está presente en absoluto. La respuesta apropiada a la pregunta reverente de ¿Cómo es Dios? será siempre: Es como Cristo. Porque Cristo es Dios, y el Hombre que anduvo entre los hombres en Palestina era Dios actuando como Él mismo en la situación familiar en la que su encamación le situó.

A la pregunta de  ¿Cómo es el Espíritu? se deberá siempre contestar: Es como Cristo. Porque el Espíritu es la esencia del Padre y del Hijo. Como Ellos son, así es Él. Tal como sintamos con respecto a Cristo y con respecto a nuestro Padre que está en el cielo, así debiéramos sentimos para con el Espíritu del Padre y del Hijo. El Espíritu Santo es el Espíritu de vida, de luz y de amor. En su naturaleza Increada Él es un mar infinito de fuego, fluyendo, siempre activo, ejecutando, en su moverse, los eternos propósitos de Dios.

Para con la naturaleza Él ejecuta una obra determinada; para con el mundo, otra; y para con la Iglesia, otra. Y cada uno de sus actos concuerda con la voluntad del Dios Trino y Uno. Jamás actúa impulsivamente ni se mueve por una decisión instantánea o arbitrarla. Por cuanto Él es el Espíritu del Padre, siente para con su pueblo exactamente lo que siente el Padre, por lo que no debemos tener sentimiento alguno de ser extraños en su presencia.

Él siempre actuará como Jesús, en compasión para con los pecadores, en cálido afecto para con los santos, con la más tierna piedad y amor para con el dolor humano. Es hora de que nos arrepintamos, porque nuestras transgresiones contra la bienaventurada tercera Persona han sido muchas y graves. Le hemos maltratado amargamente en la casa de sus amigos. Le hemos crucificado en su propio templo, como crucificaron otros al Hijo Eterno en el monte fuera de Jerusalén.

Y los clavos que hemos empleado no son de hierro, sino del material más fino y precioso que constituye la vida humana. De nuestros corazones hemos tomado los acicalados metales de la voluntad, del sentimiento y del pensamiento. y con ellos hemos hecho los clavos de la sospecha, de la rebelión y de la negligencia. Con pensamientos indignos acerca de Él y actitudes inamistosas contra Él le hemos contristado y apagado día tras día, sin fin.

El arrepentimiento más verdadero y aceptable es invertir nuestras acciones y actitudes de las que nos arrepentimos. Mil años de remordimiento por una mala acción no complacerían tanto a Dios como un cambio de conducta y una vida rectificada. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá compasión de él, y a nuestro Dios, el cual será amplio en perdonar. Nuestro mejor arrepentimiento con respecto a nuestro descuido será no descuidarle más.

Comencemos a pensar en Él como Uno que debe ser adorado y obedecido. Abramos de par en par todas las puertas, e invitémosle a entrar. Rindamos a Él todas las estancias en el templo de nuestros corazones, e insistamos en que entre y tome posesión como Señor y Dueño en su propia morada. Y recordemos que Él es atraído al dulce Nombre de Jesús como las abejas lo son a la dulce fragancia de las flores. Allí donde Cristo reciba honra, el Espíritu se sentirá acogido; allí donde Cristo sea glorificado, Él se moverá libremente, complacido y en su morada.

(1 Corintios 3: 16) = ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?

17) Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.

Si tú eres templo del Espíritu Santo, (Y no solamente tu cuerpo, sino todo o toda tú, completa o completo, presta atención a lo que dice al final. ¿De qué modo podrías destruir ese templo sagrado y precioso? Al cuerpo, creo que ya lo sabes. Alcohol, drogas, comida sin control y de mala calidad, promiscuidades sexuales, trasnoche permanente. ¿Y el alma? Con manipulaciones, engaños, rechazos, humillaciones, burlas, calumnias, injurias. Todo eso atenta contra ese cuerpo que es, en suma, el epicentro de un cuerpo mayor. El cuerpo de Cristo. Y no es una doctrina, esta, proveniente de un solo verso aislado, mira:

(1 Corintios 6: 19) = ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?

(20) Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.

El Espíritu Santo siempre está hablándonos, sólo debemos abrir nuestros oídos espirituales para escucharlo. Alguien tuvo la iluminación de elaborar tres formas en la que puedes mejorar tu capacidad para escucharlo. Quizás no sean las únicas, porque no hay metodología humana en esto, pero creo que son válidas para compartir.

Enfócate en la Palabra. Una de las formas más efectivas de mejorar tu capacidad para escuchar al Espíritu Santo, es enfocándote en la Palabra de Dios. En Juan 15:7 Jesús dijo: Si permanecen en mí, y mis palabras permanecen en ustedes, pidan todo lo que quieran, y se les concederá. Entonces, ¿Cómo sabes si has estado enfocado en la Palabra? Lo sabes porque ¡el Espíritu Santo te habla por medio de ella! Él es quien dirige tus pensamientos a lo largo del día. Sin embargo, tienes que ser diligente en leer tu Biblia, con el fin de que ella se refleje a través de tu vida, y obedécela. Trátala como el tesoro invaluable que es.

Escucha al pueblo de Dios. El Espíritu Santo no sólo está hablándote a ti, también está hablándole al pueblo de Dios. Algunas veces, esas personas reciben un mensaje de parte del Señor para la iglesia; así como cuando el Señor habló por medio de los apóstoles, o cuando le da una profecía a alguien. Otras veces, el Espíritu Santo utiliza a personas para compartir un mensaje especial dirigido específicamente para ti. Al prestarles atención a verdaderos ministros en la fe, o a amigos y familiares guiados por el Espíritu, escucharás la dirección del Espíritu Santo. Ahora bien, eso no significa que debas prestarles atención a todas las personas, o a todos los cristianos que creen que Dios quiere hablarte por medio de ellos. Debes asegurarte de que esas personas estén llenas del Espíritu y sean guiadas por Él. Además, que sean personas llenas de fe.

Escucha en oración. ¿Te has dado cuenta que durante tu tiempo de oración con el Señor eres el único que habla? Si nunca te quedas el tiempo necesario en silencio, ¿cómo pretendes escuchar lo que el Espíritu Santo está hablándole a tu corazón? Cuando ores, aparta un tiempo para alabar a Dios por Su bondad, y agradécele por todo lo que ha hecho por ti. Luego, pídele lo que necesitas. Después de eso, quédate en silencio. La oración no es una conversación de una sola vía. Asegúrate de darle la oportunidad al Espíritu Santo de hablar. Es probable que Él le traiga un versículo bíblico, o una canción a tu mente. O puede traer a tu mente el nombre de una persona que necesita oración. También es probable que te dé la dirección que debes tomar durante el día, e inclusive la respuesta a una petición de oración. El Espíritu Santo está hablando. Y escucharlo con claridad, sólo dependerá de ti. Si pones estas sugerencias en práctica, mejorarás tu capacidad para escuchar al Espíritu Santo, ¡Y tendrás el gozo de vivir una vida guiada por el Espíritu!,

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El Momento de Elías

Que estos que estamos viviendo son tiempos muy singulares, únicos e intransferibles, es una verdad que ya nadie puede disimular ni ignorar. y que cada tiempo nos tiene que traer hechos o movimientos distintos, también es una realidad, si es que vamos a ser lo que estamos diciendo que somos: ciudadanos del Reino de Dios, ungidos del Altísimo para glorificar Su nombre. Y este tiempo nos trae, después de orar, después de clamar por claridad, después de rechazar toda confusión posible, una palabra de guía, de dirección y de examen: La palabra del día presente tiene un nombre: Elías.

Todos los que gustamos de leer nuestras Biblias sin la obligación de hacerlo en un templo por imposición del predicador de turno, sabemos que en la historia, Elías fue un profeta. Pero como también sabemos que la historia encerrada en los límites del Antiguo Pacto solamente es y fue sombra de lo que habría de venir, deberemos entender, entonces, que en la actualidad, Elías es y tiene que ser, necesariamente, una mentalidad profética. ¿Un hombre fuera de serie, tal vez? ¿Una estrella del evangelio que llega para lograr la restauración del Reino, quizás? Puede ser, pero seguramente no desde las marquesinas del estrellato cristiano, de eso puedes quedarte más que tranquilo. Cuando Dios habla, no piensa en marquesinas, piensa en bendición.

De todos modos, cuando empiezo a pensar en Elías y a plantearme como haré para hablar de él sin caerme en los vericuetos previsibles de la historia, entiendo que deberé en primer lugar, desmitificarlo. Convertirlo si puedo en un hombre normal, como tú varón, o como yo. O en un ser humano común y corriente, para que también pueda incluirte a ti, mujer. Dice Santiago 5:17 que aquel viejo Elías, era un hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, con lo que a mí me da la sensación que si hoy estuviera allí, a la vista de todos, es muy probable que no pudiéramos identificarlo. Porque nosotros me temo que estamos como el antiguo pueblo de Israel, esperando un Mesías. Y entonces resulta que vino el Hijo de Dios en persona y no lo reconocieron, porque esperaban esa caracterización de Hollywood que muchos cristianos todavía tienen de Jesús. Con los modernos Elías está sucediendo lo mismo. Y de su historia, podemos entresacar perlas para nuestro tiempo.

(1 Reyes 19: 1) = Acab dio a Jezabel la nueva de todo lo que Elías había hecho, y de cómo había matado a espada a todos los profetas. (2) Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos. 

Creo que no necesitas demasiadas presentaciones para saber de quien o quienes estamos hablando aquí. Jezabel, esposa del rey Acab, la bien llamada “Reina malvada”. Patrocinadora de la idolatría, vengativa al máximo, asesina despiadada, vivió incitando a su marido al mal, vanidosa y pagada de si misma. El reporte este llegó como un gran golpe a esta campeona de la adoración de Baal y Astarot en Israel. Ella, tenía en muy alta estima a estos sacerdotes, ya que los mantenía con fondos de la tesorería real y ahora habían muerto por la mano de Elías. Jezabel escuchó todo lo que Elías había hecho, abarcando la gran confrontación en el Monte Carmelo.

Pero fíjate que su respuesta no fue algo así como: “El silencio de Baal y el fuego de Jehová prueban que estoy equivocada y que Jehová es Dios”. En lugar de decir eso, ella respondió con la decisión de matar en el lapso de veinticuatro horas al hombre que expuso la mentira de la adoración de Baal y que pudo demostrar la gloria de Dios. O sea: a Elías. Él probablemente pensaba que el milagro en el Monte Carmelo hubiera sido el medio para hacer efectiva la conversión de toda la corte y del país, pero, al darse cuenta del error, se desalentó. Definitivamente y al día de hoy: Cada vez que vea la luz un Elías, casi al unísono aparecerá un espíritu de Jezabel listo para eliminarlo, aniquilarlo, o no permitirle ministrar. Jezabel también tiene mensajeros, que son los predicadores de la manipulación, de la seducción y la amenaza. Mira; no salió con su espada en mano llevándose por delante a todos. Fue cauto y buscó primeramente preservar su vida. Aceptó su desierto de prueba, pero eligió sentarse bajo el enebro, cuya raíz sirve para hacer carbón, y el carbón se usa para avivar y mantener el fuego. Como a muchos de nosotros le habrá sucedido, cuando estaba creyendo morir, fue cuando empezó a vivir.

(3) Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida, y vino a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a su criado.

No podemos decir con absoluta seguridad si esto era Dios conduciéndolo o no. Está más que claro que Dios quería proteger a Elías, pero no podemos decir si Dios quería protegerlo allí en Jezreel, o si había decidido protegerlo sacándolo de Jezreel. Sin embargo, Elías fue como ochenta millas hacia al sur hacia Beerseba. Es muy probable que Elías haya estado en la mano de Jezabel. Es decir que, si ella realmente quería ver muerto a Elías, seguramente lo hubiera aprehendido sin advertencia y lo hubiera matado. Lo que a mí me parece es que ella deseaba que Elías y su Dios fueran desacreditados delante de los nuevos convertidos que habían ayudado a Elías al ejecutar a los profetas de Baal. Esa tengo certeza que era la intencionalidad y apuntando allí la llevó a cabo. Y fíjate que Elías fracasó en el mismo punto en el cual se sabía que él era más fuerte.

En la Escritura, hay sobrados casos que igualan esta falla de Elías. Está el caso del hombre más sabio que comprueba que es el más necio; y justamente como el hombre más manso, Moisés habló palabras apresuradas y amargas. Abraham, sin ir más lejos, falló en su fe, Job, aunque no lo creas, en su paciencia; y aquí, el que sin dudas era el más valiente de todos los hombres, huyó de una mujer enojada. ¿Sabes qué? No soy ningún Elías, pero en algún momento también elegí huir en lugar de confrontar. Cuando te atacan de verdad, la guerra deja de ser esa cosa romántica de la que todos quieren tomar parte. Recuerdo que en la que fuera la última congregación a la que asistí, se peleaban por formar parte del ministerio que incluía la atención de perturbados espirituales. Sin embargo, ese trabajo de romántico y placentero no tenía nada. Era a muerte. Y a veces, fui testigo, hasta de modo literal.

(4) Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres.

Más allá de irse a la distante ciudad de Beerseba, es innegable que Elías buscó aislarse a si mismo aún más de lo que ya estaba. Y dice que se sentó en ese lugar, deseando morirse. Este poderoso varón de oración – lo suficientemente poderoso para hacer que la lluvia y el rocío se detuvieran por tres años y medio, y después lo suficientemente poderoso para hacer que comenzara de nuevo con su oración – ahora estaba oramdo, dice aquí, deseando morirse. Afortunadamente para él y para la historia del evangelio, esta oración no fue contestada para Elías. De hecho, Elías fue uno de los muy pocos hombres en la Biblia que jamás murió. No hay registro bíblico alguno de tal cosa como la muerte de Elías. Podemos llegar a imaginarnos que él fue encontrado en el cielo, él sonrió y pensó en esta oración. El bendito NO que contestó su oración. esto nos enseña que a veces, conforme a como sean las circunstancias y los planes de Dios, el recibir un NO como respuesta por parte de Dios, puede ser mejor que recibir un SI.

Y después se encara con Dios mismo y pronuncia ese “basta ya” que resuena como golpe fuerte en la quietud. Sentimos que Elías quiso decir, “Ya no puedo hacer esto más Señor.” El trabajo era estresante, agotador, y parecía que no lograba nada. La gran obra en el Monte Carmelo no resultó en un avivamiento nacional duradero o el volverse hacia Jehová. Quizás Elías había especialmente esperado que los eventos en el Monte Carmelo harían que Acab y Jezabel volvieran y el liderazgo de Israel en general. Si fuera así, es notorio que Elías olvidó que el pueblo rechazó a Dios a pesar de la evidencia, no por causa de la evidencia.

Elías dijo, ‘Basta ya,’ pero aún no era suficiente aún para su propio deleite, pues el Señor tenía más bendiciones en el almacén para él… Fue así con Elías, pues él estaba a punto de tener esa maravillosa revelación de Dios en el Monte Horeb. Él tenía más por disfrutar, y la vida posterior de Elías parece ser la de uno de una apacible comunión con su Dios; al parecer él jamás vuelve a tener un desvanecimiento, pero al final su sol brilló brillantemente sin ninguna nube. Así que no era suficiente; ¿Cómo pudo saber él que eso era? Solamente Dios es quien sabe cuándo hemos hecho demasiado, y disfrutado demasiado; pero nosotros no lo sabemos.”

¿Y como concluye este verso? Con el profeta casi clamando en una declaración que lo pinta de cuerpo entero. El levanta sus ojos al cielo y dice: Oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres. Esto quiere decir que cuando Elías examina el aparente fracaso de su obra, él, de manera instintiva, pone la culpa en su propia indignidad. Era porque él era un pecador, así como el resto de sus antepasados, que la obra pareció fracasar. ¿Queda en claro que Elías se deprime y por eso dice lo que dice y reacciona como reacciona? Queda claro. Tan claro como la propia y misma depresión que es la que suele embargar a tantos y tantos buenos hombres de Dios, cuando ven que su obra se obstaculiza o directamente se frustra.

 (5) Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come.  (6) Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse. (7) Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta. (8) Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios. 

Aquí tienes una muestra clara de la misericordia de Dios extendiéndose hacia Elías. Físicamente hablando, es evidente que él necesitaba descanso y refrigerio. Dios le dio ese descanso. Se lo dio debajo del enebro y lo proveyó de manera milagrosa de alimentos para el refrigerio. Fíjate que Dios en primer término ministró las necesidades físicas de Elías. Esto no sucede siempre, no vayas a pensarlo así. Su orden es lo que a veces se altera. De todos modos, las necesidades físicas de los hombres de Dios, son definitivamente importantes. En algunas ocasiones, lo más espiritual que puede hacer una persona para lograr buenos objetivos, es tomarse un descanso reparador y un soberbio refrigerio que lo conecte con la actividad de la mejor manera.

Yo me pregunto cuántos de nosotros necesitaríamos de ese descanso reparador para volver con nuevas energía recargadas a hacer un trabajo de excelencia y no como se pueda, que es lo que generalmente hacemos cuando las fuerzas ya no nos responden. Y a cuantos les habrá venido de perlas esta pandemia, obligándolos a quedarse en sus casas en lugar de andar por las calles pretendiendo servir al Señor, cuando en realidad sólo estaban inmersos en activismo eclesiástico. ¿Verdad que duele y fastidia darse cuenta? A mí me pasó primero, por eso te lo puedo contar.

Después dice que comió, bebió y volvió a dormirse. Elías recibió este descanso y refrigerio en repetidas ocasiones de parte de Jehová. Una rápida siesta y una comida rápida no eran suficientes. ¿De donde recibe esa vida? Del alimento sobrenatural que llegó del cielo, no de las tortas sin sabor fabricadas en la tierra. Cuarenta días, los mismos que necesitó Jesús para superar su prueba personal y acceder al tremendo poder de Dios. Pero para llegar allí, deberás subir al monte de Dios. Aquí en el llano, eso está distorsionado por la manipulación de Jezabel. Y presta atención que antes de entrar en comunión con él, la cual era por la corrección de su falsa actitud de temor, Él le ordenó que comiera, ministrando así a su debilidad física.

El espíritu necesita ser alimentado, y el cuerpo también necesita alimento. No se olviden de esto; porque pareciera, para algunas personas, que no deberíamos perder nuestro tiempo ocupándonos de estas cosas pequeñas como la comida y el descanso, pero a mí no me caben dudas que estos hechos muy bien pudieron ser los primeros elementos que realmente ayudaron a un pobre siervo de Dios deprimido. Elías en este caso puntual. Tú o cualquier otro creyente, en cualquier momento y por la razón que sea. Fue muy cortés de parte de Dios el tratar esto con su siervo. Podríamos haber esperado una reprensión o protesta, rencilla o castigo; pero a duras penas hubiéramos esperado un trato tan amoroso y gentil como éste.

Acto seguido le dice que se levante y coma, porque el camino que le resta es largo. Convengamos esto: Dios envió a Elías a realizar un viaje de doscientas millas. Para los que no estamos familiarizados con estas medidas, aclaro que estamos hablando de más de trescientos kilómetros. Cuarenta días, hacia el Monte Horeb también conocido como Monte Sinaí. Esto muestra claramente que Dios no demandó de ninguna manera una recuperación inmediata de Elías. Él permitió que el profeta tuviera un tiempo para recuperarse de su depresión espiritual. No le reprendió demonios de depresión ni le mandó a nadie para que le pusiera sus manos en la cabeza, simplemente lo esperó. Y esto se complementa con la certeza de que ese viaje de cuarenta días que hace Elías, no está sin significado. Porque un viaje directo desde Beerseba hubiera requerido un poco más de un cuarto de ese tiempo. Por lo tanto, el período es de propósito simbólico. Como los hijos de Israel tuvieron un notable fracaso espiritual, y tuvieron que vagar cuarenta años en el desierto, así un Elías derrotado debía pasar la misma cantidad de días en el mismo lugar.

(9) Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías? (10) El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida. 

Yo creo fielmente que meterse en una cueva significó para Elías, algo similar a aquella hendidura de la peña en donde Dios se le apareció a Moisés, ¿Recuerdas? Y cuando Dios le pregunta a Elías qué hace allí, ¿Tú crees que Dios no lo sabía? Sin embargo se lo pregunta para darle lugar a Elías a hablar libremente con él y de ese modo desahogar su corazón. Tenemos que entender de una vez y para siempre, que Dios tiene maneras de enseñarnos a todos nosotros en nuestros huesos y en nuestra carne, pero él especialmente sabe como hacer esto con aquellos de los cuales él pone cualquier honor en su servicio. No tienes que maravillarte por eso. Si Dios debiera de agradarse en bendecirte con la conversión de tu alma, que él también te haga inteligente en las ocasiones que lo necesites.

Y luego el profeta dice que ha sentido un vivo celo por su Dios. Esa es una protesta de Elías en toda la regla. Es como decirle: “Mira, Señor, te he servido fielmente y ahora mira el peligro en el cual estoy. Para Elías, y muchos siervos de Dios desde entonces, parecía injusto que un fiel servidor de Dios debiera ser hecho para sufrir. Porque luego le añade que sólo él ha quedado, lo cual no era del todo cierto, pero sí era como Elías se sentía. Fíjate que más atrás, en la confrontación aquella de Monte Carmelo, Elías dijo: Sólo yo he quedado profeta de Jehová. Esto, para mí como para tantos y tantos más, no es ninguna novedad. Quizás tampoco la sea para ti.     

En tiempos desalentadores como son estos, por ejemplo, es casi habitual que siervos de Dios se sientan más aislados y solos de lo que realmente están. Por eso cuando él dice que ha quedado solamente él y encima lo están buscando para matarlo, demuestra una cierta incredulidad. Él no tuvo en cuenta que si realmente él era el siervo que creía ser, que lo era, Dios mismos e iba a encargar de cubrirlo contra todo lo que se le viniera en su contra. Pero Elías dudó…Ahora piensa un momento: mirando lo que queda a la vista de lo que fueran nuestras orgullosas iglesias, ¿No te has sentido así en estos días? ¿Y qué has hecho? Lo mismo que Elías y en su momento David: meterte en una cueva, la cueva de los anónimos, los que no son nadie, pero que para el Reino, son los enviados.

 (11) El le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. (12) Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. 

Le dice que salga y se ponga en el monte, delante de Dios. Él sabia lo que el deprimido y desalentado Elías necesitaba. Necesitaba nada más que un encuentro personal con Él. No había nada fundamentalmente mal con la teología de Elías, pero en ese momento había algo que le estaba faltando a su experiencia. Yo me pregunto cuantos de nosotros, hoy, estudiamos lindo, aprendemos lindo, hablamos lindo y hasta enseñamos lindo, pero todavía no buscamos ese encuentro personal con el Padre que nos haga, definitivamente, vivir lindo, que es lo más importante. Y Dios le respondió a Elías viniendo con Su Presencia. Primero le mostró en todos los lugares en los que Él no estaba. Con eso le dejó más que en claro algo que todavía son muchos los que no entienden: que Dios no está solamente en las manifestaciones dramáticas. Dios algunas veces aparece en esas maneras, pero muy a menudo, mucho más a menudo, te diría, aparece en tu vida en situaciones y ambientes mucho menos dramáticos. Simplemente está ahí y te cubre.

Esta es una lección que nosotros deberíamos aprender muy bien y no olvidarla nunca más. No es por espada ni por ejército, es por Su Espíritu o no es nada. Eso dice Él, eso creo yo. ¿Tú? Lamentablemente, (Y gracias a Dios la pandemia lo ha frenado bastante); por ahí todavía andan muchos tratando de buscar demostraciones de poder de Dios de cualquier forma y a cualquier costo. No funcionan los grupos de creyentes que andan buscando a hombres inteligentes para que los lideren. Dios no está en el viento. Las jactancias de la sabiduría humana son las que suenen como viento que aúlla o como trueno que retumba. Pero que conste, nada de esto está acompañado de lluvia. Y si no hay lluvia, no hay bendición. Luego habla de un silbo apacible y delicado. Esto es el Espíritu Santo. De ninguna manera voces imperativas o demandantes que te obligan a dar pasos que no pensabas dar. Esos son espíritus también, pero de santos no tienen nada. Una voz apacible, serena, tranquila, que te deja espacio para pensar, meditar, decidir y ejecutar ampliamente, sin prisa.

Entonces ahora vemos que los truenos cesaron y los relámpagos se fueron; la tierra estaba quieta y el viento se había callado. Había una calma como de muerte y en medio de ese aire calmado, vino esa voz queda a la que la Bilbia llama Silbo Apacible. En hebreo dice Silencio Apacible, como si el silencio se hubiera hecho audible. No hay nada más terrible que una horrible quietud después de un terrible estruendo. Yo creo que Elías pensó que esa demostración casi dramática de poder en el Monte Carmelo haría que la nación entera diera un giro. O tal vez creyó que la demostración radical del juicio de Dios contra los sacerdotes de Baal, seguida por la vindicación en el Monte Carmelo, cambiaría los corazones de la nación. Nada de esto funcionó. Este ejemplo es importante para los ministros cristianos, especialmente para los predicadores.

Porque muestra que demostraciones de poder y el predicar la ira de Dios no necesariamente cambian los corazones. O sea que, el silbo apacible de Dios hablando al corazón humano es en realidad más poderoso que las demostraciones de poder o demostraciones del juicio de Dios. Debido a que ese éxito en el Carmelo se derritió como hielo en el desierto, él pensó que su carrera había sido un fracaso y que en realidad no había traído a nadie a los pies del Señor. Yo creo que Elís estaba viendo esto como hoy mismo seguramente muchos de nosotros podríamos estar viendo nuestras propias vidas, con ojos de incredulidad. Elías bendijo a mucha gente por ser quien era y como era, mucho más que por las manifestaciones de poder como las que impresionaron a esos siete mil. No me digas que no esta sucediendo lo mismo en este tiempo. En suma, esta es la enseñanza clave para los miles de Elías en operaciones: jamás obedezcas voces imperativas y amenazantes. Tu Dios, que es el mío, te va a hablar por su Espíritu con voz apacible, como si fuera un delicado silbo.

(13) Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?(14) El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida. (15) Y le dijo Jehová: Vé, vuélvete por tu camino, por el desierto de Damasco; y llegarás, y ungirás a Hazael por rey de Siria.

Cubrió su rostro con su mando, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Cubrir el rostro es símbolo claro de humillarse, porque se estima por propia sensibilidad que no se es digno ni capaz de soportar la vista de Dios con el rostro descubierto. Todo eso ante lo que Elías tenia certeza era la presencia viva de Dios en su vida. Es decir que él, en primer lugar, cubrió su rostro con su manto, dominado e impactado con admiración y lleno de reverencia. No es poca cosa cuando un pecador decide cubrir su rostro y decir: ¡No puedo defenderme, soy culpable! Entonces será castigado, naturalmente, pero resulta ser que en el propiciatorio del Evangelio, cualquiera que se declara culpable, es perdonado. ¡Eh, tú! ¡A ti te digo! No mires para otro lado como si no me escucharas. ¡Es para ti! Cubre tu rostro…

¿Qué haces aquí, Elías? La misma pregunta que antes. La misma respuesta. Sin embargo, había algo útil para Elías en esta pregunta y en el proceso de la respuesta. Dios le dio a Elías algo para hacer. Él necesitaba una tarea en la cual enfocarse, para que evitara una excesiva introspección, que es la observación interna de nuestros pensamientos, sentimientos o actos. Él necesitaba parar de verse a sí mismo y a sus propias circunstancias, que dicho sea de paso eran difíciles. Él necesitaba seguir con lo que Dios quería que él hiciera. ¿Y tú? ¿Qué hay de tu tiempo? ¿No estás haciendo lo mismo que Elías, es decir, mirándote demasiado por dentro a ti mismo, y eso te está frenando o impidiendo hacer lo que Dios quiere que hagas? ¿Qué crees que hizo Dios? Le dio algo de trabajo para que Elías hiciera. Cuando Elías partió a ejecutarlo, iba todavía deprimido, preocupado y angustiado. Cuando regresó, estaba ciento por ciento en majestad de más que vencedor. Ya no sentía el menor temor por lo que pudiera hacer o no hacer Jezabel.  

(16) A Jehú hijo de Nimsi ungirás por rey sobre Israel; y a Eliseo hijo de Safat, de Abel-mehola, ungirás para que sea profeta en tu lugar. (Ese es el trabajo primario y básico de todos los Elías de este tiempo: ungir gobernantes, que no significa hacer dudosas campañas políticas a su favor, sino munirlos con la gracia y el poder divino para que gobiernen con equidad y justicia, y no con ambiciones personales y corrupción: Y para dejar un legado que tomaran los Eliseos, que ya se están levantando)

(17) Y el que escapare de la espada de Hazael, Jehú lo matará; y el que escapare de la espada de Jehú, Eliseo lo matará. (18) Y yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron.

Es indudable que Dios tenía más trabajo que Elías debía hacer. El también demostraría la elección de Dios sobre Jehú para ser el rey que suceda al corrupto Acab y a su mujer Jezabel. Es decir que además de trabajo, Dios le trajo a Elías un amigo y un sucesor. Elías necesitaba ese amigo. El gran núcleo de su queja delante de Dios, era con relación a que estaba solo. Dios le hizo saber que había un hombre listo para aprender del gran profeta, y ser su discípulo y compañero. También necesitaba esperanza, Elías, ya que Eliseo podía ser levantado como un sucesor del cargo profético de Elías. De este modo, ahora él sabía que toda su obra iba a continuar aún después de su muerte. Y luego dice que el que escapare de la espada de Hazael, Jehú lo matará; y el que escapare de la espada de Jehú, lo matará Eliseo. Esta era otra fuente de aliento para Elías. Con esta `promesa, que al final la justicia sería hecha, y Dios no permitiría la persecución institucionalizada de la idolatría se fuera sin castigo. Y el aliento final es que Dios dice que hará que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal. Él en repetidas ocasiones se lamentó que estaba solo entre los verdaderos seguidores de Dios. Esto le aseguró a Elías que él no estaba solo, y que su obra como profeta en sí había sido fructífera. Esto le mostró a Elías que su ministerio silencioso a través de los años, en realidad llevó más fruto que el ministerio Espectacular en el Monte Carmelo. De todos modos, aquellos siete mil no habían sido ganados por lo espectacular, sino por lo divino.

(19) Partiendo él de allí, halló a Eliseo hijo de Safat, que araba con doce yuntas delante de sí, y él tenía la última. Y pasando Elías por delante de él, echó sobre él su manto. (20) Entonces dejando él los bueyes, vino corriendo en pos de Elías, y dijo: Te ruego que me dejes besar a mi padre y a mi madre, y luego te seguiré. Y él le dijo: Vé, vuelve; ¿qué te he hecho yo? (21) Y se volvió, y tomó un par de bueyes y los mató, y con el arado de los bueyes coció la carne, y la dio al pueblo para que comiesen. Después se levantó y fue tras Elías, y le servía.

Elías hizo lo que el Silbo Apacible de Dios le había dicho que hiciera. Sucedió que lo hizo al revés de lo que Dios le describió que hiciera en el pasaje anterior. Quizas Elías creía que él primero necesitaba a un amigo y aprendiz. Entonces fue cuando Elías encontró a Eliseo trabajando, y lo comisionó que ministrara. Ahí fue donde echó sobre él su manto, que era un símbolo dramático que decía que lo estaba llamando para que se uniera a él en su trabajo como profeta. Ese manto, o Palio, era la prenda particular del profeta, como se puede saber conforme a lo que dice en el libro de Zacarías, y estaba hecha de piel seguramente con el pelo todavía encima. Cuando pregunta ¿Qué te he hecho yo?, esto podría significar algo así como “Vuélvete, pero recuerda lo que he hecho por ti”. Podría incluso ser una forma de reprensión ante cualquier retardo al seguir.

La respuesta de Elías indica que él mismo siguiera ese llamado era su propia decisión. Cuando toma un par de bueyes, los mata, y con el arado coce la carne y se la da al pueblo, demuestra el entero compromiso por parte de Eliseo para seguir a Elías. Él destruyó las herramientas de su oficio en una fiesta de despedida para su familia y amigos. Eliseo debió tener un terreno considerable, de momento que tenía doce yuntas de bueyes para arar ese suelo. Si, por lo tanto, él obedecía el llamado profético, él lo hizo a cuestas de una considerable pérdida secular. Así mostró voluntad y alegría con la que dejó a sus amigos, para que pudiera servir a Dios en ese empleo sublime y honorable.

¡Esta es la hora de la espada! Una espada que jamás ha perdido su filo. Una espada que siempre estuvo presta a ser usada para lo que fue enviada: para destruir a los baales, que son los falsos dioses creados por la sociedad pretendiendo suplantar al genuino, al Dios de todo poder, al único Rey del universo. Un Rey que está empezando a poblar su jurisdicción divina, su Reino, con hombres y mujeres muy parecidos a los harapientos soldados de David en Adulam. Porque lo único que puede derrumbar esos dioses que hoy vemos como atractivos y casi obligados a acudir, como son el dinero, el poder, la fama, los éxitos y los grandes negocios sucios, es el poder que emana de la Palabra de Dios, una espada infalible, vigente y eterna. De ella surgirán esos siete mil, mil por cada día utilizado para la creación, un número completo, divino, que constituirán ese remanente santo, ese ejército de tantos y tantos Elías que, destrozando tronos de manipulación, corrupción y engaño, producto de mentes influenciadas por tantos y tantas Jezabeles, definitivamente mostrarán a quien quiera verlo, un Reino basado en una calidad de Amor que trae consigo gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza, y que como dice la Palabra, contra tales cosas no hay ley.

¡Ánimo! ¡Esfuérzate y sé valiente! La hora está llegando. Es tu tiempo de Elías, vívelo con todo tu ser. Para esto has sido enviada o enviado a este mundo, en este tiempo y en este lugar.

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Precisiones del Reino

 

Precisiones del Reino

Hoy tengo mandato expreso del Señor para hablarte respecto a la gloria de Dios. ¿Cuántas veces has escuchado mensajes o predicaciones de prestigiosos y afamados hombres y mujeres de Dios que hablaran de la gloria de Dios? ¿Cuántas veces, también, y en medio de esos mensajes, no pudiste evitar pensar que, entre lo que decía ese predicador y lo que tú sentías en tu vida, había un verdadero abismo? Ánimo. No te culpes, ni te condenes, ni te sientas una basura. Una cosa es armar un hermoso e impactante mensaje sobre la gloria de Dios y otra, muy diferente, vivir una vida en medio del resplandor de la gloria de Dios. Una cosa es predicar sobre las maravillas de la unción del Espíritu Santo y otra cosa muy distinta es vivir en la plenitud de la unción del Espíritu Santo. Te lo puedo asegurar, te doy mi palabra de eso.

¿Cómo hablarte de la realidad de la gloria de Dios, si eres parte presente de toda esa gente abrumada por sus necesidades, sus angustias, sus dramas, sus miedos, sus dolores y sus sufrimientos de todo calibre? ¿Cómo te podrá entender, o incluso creer, alguien que está abrumado por esta pandemia, con terror a contagiarse y morir o quedar aislado en soledad, o sin trabajo, acorralado por las deudas, con su familia pasando hambre y sin la menor posibilidad en lo natural de salir a flote, que efectivamente, hay una gloria de Dios real, no meramente un versículo bíblico, que se puede experimentar y disfrutar? Cuando tú lo digas, te van a mirar con incredulidad primero, y hasta te diría que con una mezcla de sorna, burla y hasta enojo después. ¿Sabes por qué? Porque muy pocos, o casi nadie, han aprendido a buscar la maravilla de ese resplandor de esa gloria en medio de la tremenda oscuridad de sus circunstancias. Nadie se atreve a buscar tesoros en la oscuridad, pero resulta ser que es allí donde precisamente están.

Te cuento una historia. Ficticia, simbólica. Una metáfora de lo que intento enseñarte. En una noche oscura, en un pequeño pueblo, un hombre bajo la luz del farol de alumbrado de la esquina, parecía buscar algo en el suelo. Pasó otro hombre a su lado y, al verlo, le preguntó: ¿Qué busca, amigo? – Una moneda de oro. – Si quiere le ayudo a buscarla, ¿Adónde la perdió? – La verdad, la perdí allá, en la media cuadra, pero está tan oscuro que no se ve nada, entonces me vine a buscarla acá, que hay luz. Esa es la historia.  Aparentemente un absurdo, casi una incongruencia. ¿Cómo va a buscar una moneda que se le perdió en la mitad de la calle, en un lugar que no es el correcto, sólo porque allí hay luz y donde perdió la moneda está oscuro? ¿No es ignorancia, eso? ¿No es comodidad y hasta inocencia hacer eso?  Esto es igual. Jamás busques la gloria de Dios en la plena luz del día de una vida tranquila y feliz. Esa gloria, generalmente, se encuentra en la más tenebrosa oscuridad de tus tribulaciones. Para ayudarte a encontrarla, recibí esta palabra que si logro me la entiendas y la aceptes como válida, seguramente bendecirá tu vida.

(1 Pedro 4: 1)= Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado.

Esto, por supuesto, que no es una credencial habilitante para auto-flagelarnos, una práctica muy difundida con el rótulo de cristiana, aunque en verdad sea demoníaca. Porque masoquismo, (De eso se trata la auto-flagelación),  siempre será pecado, jamás fe. Pero cuando nos toca padecer algo en la carne, (Que puede ser tanto una enfermedad física, como una del alma) es allí donde nuestra batalla contra el pecado comienza a experimentar victoria. Conclusión: debido a que Cristo sufrió, los creyentes deben estar preparados para sufrir. Entiende bien por favor que no es mi intención crear nuevas doctrinas. No te estoy diciendo que tienes que buscar el sufrimiento, te digo que tienes que saber soportarlo cuando te llegue, si es que te llega. Eso es. La teología aquella que te dice que mientras más sufres más cerca de Dios te encuentras, es similar a la que te asegura que mientras más pobre y miserable eres más estarás en la consideración de Dios. Quédate bien tranquilo; ninguna de las dos son de procedencia divina. es más; las dos son de origen satánico. No vinimos a eso a esta tierra.

(2) Para no vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios.

Si hasta hoy tú estuviste viviendo según tu propia voluntad y tu propia sabiduría y te fue como te fue, que lo más probable es que haya sido como la real mona, con mis debidas disculpas a las simpáticas monas que no tiene culpa de esto, es notorio que es tiempo de cambiar, o sea de empezar a vivir por el Espíritu y en obediencia a la voluntad de Dios plasmada en su palabra, eso es lo que dice aquí.

(3) Baste ya el tiempo pasado (Estamos hablando de cuando tú estabas sin Cristo) para haber hecho lo que agrada a los gentiles, (Gentiles, aquí, es equivalente a mundanos, a incrédulos, a inconversos. ¿Cuántos calificativos más les daremos?) andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías.

Estoy convencido que a medida que vamos sumando años de iglesia, templos y congregaciones, nosotros los creyentes, nos volvemos tan religiosos y costumbristas que llegamos a perder la óptica de lo que es realmente el mundo secular, ese que está ahí afuera, que por momentos parece amenazarnos y preocuparnos mucho y en otros momentos nos atrae tanto que por poco empezamos a copiarle todo como si fueran ellos los que tienen la gran Verdad. Nos parece, incluso, que en este texto la Biblia exagera. Pensamos: ¿A quién le puede agradar toda esta porquería pervertida? Seguramente a algún enfermo, alguien sano muy difícil. Lamento decirte que te equivocas y bien feo. Porque pensar eso, no es santidad, es solamente religiosidad. Al mundo secular y sin frenos ni límites morales, le agrada verdaderamente en una gran proporción todo este caudal de cosas, y no cuesta nada advertirlo a través de sus diferentes canales de comunicación.

La lascivia, por ejemplo, es la lujuria total, la indecencia vergonzosa y desvergonzada, la concupiscencia sin freno, la depravación sin límites. Las personas con estas características lanzan un desafío insolente a la opinión pública, al tiempo que cometen pecado a plena luz del día, incluso con arrogancia y desprecio. Pedro, le está diciendo a la iglesia que sí, que eso podía ser cuando eran incrédulos, pero no ya, ahora, si es que quieren vivir bajo el resplandor de la gloria de Dios. Yo creo que sería conveniente que cada uno de nosotros revisemos cada una de estas cosas, y que pongamos nuestros corazones abiertos, puros y transparentes, y pensemos: ¿Se habrá extirpado todo esto de la iglesia del Señor? Parecería ser una especie de respuesta a las continuas quejas por la falta de presencia de Dios dentro de ellas, verdad? Mientras tanto, ¿Qué pensará la gente del mundo respecto a los creyentes? ¿No será que más que escuchar soberbias y muy preparadas predicaciones, querrá ver vida pura, honesta, íntegra y recta en cada uno de los que decimos ser hijos de Dios sin que se nos mueva un músculo del rostro?

(4) A estos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan; (5) pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos.

Dice que cuando tú no vuelves a hacer lo que ellos hacen y que antes tú también hacías, te van a ultrajar. Hermano varón: ¿Nunca te hicieron quedar como tonto, menso o algo peor, el mismo grupo de los que decían ser tus amigos en el mundo, sólo porque te negaste a emborracharte o irte de parranda con mujeres con ellos? ¿No te han ultrajado llamándote “chupa-cirios”, Santurrón, Raro, o sencillamente con algún adjetivo de esos que da vergüenza santa repetir? Si nunca te sucedió, demos gracias a Dios, pero prestemos atención porque pueden haber ocurrido dos cosas: O fue tan notorio y asombroso tu cambio que realmente los impactó, y aunque no lo entiendan, sienten casi admiración por ti, o bien tú no has cambiado nada y prefieres seguir compartiendo sus inmundicias para que no te marginen. Dice que van a ser juzgados. Entonces es mi deber alertarte: cuidado que ese juicio no te encuentre a ti adherido con ellos.

(6) Porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en Espíritu según Dios.

Este a los muertos, escrito aquí, es una referencia a quienes en vida escucharon la predicación del evangelio y tuvieron su oportunidad de vivir en Espíritu según Dios. En Espíritu, aquí, se refiere al Reino del Espíritu, con la perspectiva cierta de Vida Eterna, donde Cristo fue vivificado. Esta oportunidad quiere decir también que fueron juzgados en carne según los hombres, o sea, que el asunto del juicio eterno es determinado por la respuesta que cada uno dio al evangelio mientras estaba vivo. Al respecto, Hebreos 9:27 dice que: y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, (Adiós a la reencarnación; si esta palabra no destruye esa teología falsa, no sé qué otra se necesitaría) y después de esto el juicio. (Que es simplemente separar lo que es verdadero de lo que es falso. Y ahora van los consejos que casi son mandamientos.)

(7) Mas el fin de todas estas cosas se acerca, sed, pues, sobrios, y velad en oración.

Primero: dice que el fin se acerca. ¿Qué fin? ¿De qué clase de fin está hablando? ¿Es esa clase de fin que nos han vendido, con planetas ardiendo y gente destrozada volando por los aires? ¿Eso es? No. Está hablando de otra clase de fin, del fin de este siglo, que no son cien años, sino Cosmos, sistema. Pero sistema mundano, perverso y religioso. Segundo: ¿Quieres vivir bajo el resplandor de la gloria de Dios? Tienes que ser sobrio. Esto es, serio, íntegro, responsable, de ninguna manera esto significa ser solemne o acartonado. De eso ya tuvimos bastante, y en las bravas demostraron no ser sobrios en absoluto.  Y debes velar (Que es vigilar, no descuidar, no dormirte espiritualmente, no acostumbrarte a rutinas rituales religiosas o costumbristas como si fueran bíblicas) y orar. Orar no es una opción para el creyente, es una obediencia a un mandato.

(8) Y ante todo, (Esto es; antes que ninguna otra cosa por importante que esa otra cosa parezca; como prioridad uno) tened entre vosotros ferviente amor; (Cuidado que Pedro no dice que debas tener ferviente amor para con los asesinos y violadores. Con ellos, en todo caso, la misericordia del Señor para los pecadores. El ferviente amor, dice Pedro, es entre vosotros. Y él le está escribiendo a la iglesia. ¿Entiendes, ahora, por qué es tan poco frecuente experimentar la gloria de Dios en nuestras congregaciones? Sabemos cómo manejarnos más o menos bien con los pecadores del mundo incrédulo, pero nos desestructuran y nos producen mucha bronca santa los pecadores de adentro de la iglesia. Es simple. Su amor por ellos, hayan hecho lo que hayan hecho, dice la Palabra, cubrirá multitud de pecados) porque el amor cubrirá multitud de pecados. (Ese es el amor que todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta. No el que está bastardeado por el infierno que lo ha convertido en una imitación paupérrima)

(9) Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones.

¡Ah, sí! Para el congreso que se hizo el mes pasado, tuve hospedándose en mi casa a una Hermana de Ñandú Chueco. Buena joven, pero no sabes lo mugrienta que era… – ¿Ah, sí? A mi casa vino el pastor Fulano, que predicó sobre la santidad, ¿Te acuerdas? Lo que más gracia me causó fue el ridículo pijama que usaba. ¡Él, que parecía tan serio! – ¡Pero miren que cosa! Yo, en cambio, tuve en casa a un matrimonio de Yacaré Melancólico. No tienes idea de lo que se peleaban esos hermanos, ¡Qué tremendo! ¿Y tú, hermano? No…Yo tuve a dos hermanos de Tucumán que nos edificaron mucho con su presencia…- ¡Qué suerte tuviste! – No, suerte no, obediencia a la palabra. ¿Se entiende, no?

(10) Cada uno según el don que ha recibido, (Repítete para ti mismo: “El don que tengo no es mío, lo he recibido como favor de Dios y porque a Él se le ocurrió, no porque yo me lo merezca. No me ha costado nada y no se me cobró nada para dármelo. Yo tampoco cobraré por ejercerlo”) minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.

Multiforme quiere decir “De muchas formas”. Los que entienden que la gracia de Dios se manifiesta de una o dos maneras, erraron feo, te aviso. En el original, la palabra ADMINISTRADOR, es la palabra OIKONOMOS, que es de donde sacamos nuestra palabra ECONOMÍA. Entérate: Economizar, no es ser avaros, amarretes, ratones o codo de oro. Economizar es Administrar. Viene de OIKOS, que es CASA, y de NEMO, que es ARREGLAR. Originalmente se refería al gerente de una casa o propiedad, y después, en un sentido más amplio, un administrador o un mayordomo en general. Tanto en 1 Corintios 4:1 como en Tito 1:7, Pablo se refiere a ministros cristianos. Pero en este texto habla de cristianos en general, quienes usan los dones que les fueron confiados por el Señor para fortalecer y alentar a sus compañeros creyentes. Muchos se confunden con este término. Creen que ministrar y administrar son la misma cosa, cuando sus significados son diferentes.

(11) Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios. (Esto explica por qué la gloria de Dios es un tesoro tan escaso hoy día. Son muchos los que en lugar de hablar las palabras de Dios, hablan las suyas propias. Y esto no implica andar repitiendo como papagayos versículos bíblicos, porque este texto no dice “La palabra de Dios”, dice “Las palabras de Dios”. Esto tiene que ver con conceptos que emanan de los principios de Dios anunciados en la Biblia, no necesariamente sus citas textuales como si se trataran de palabras mágicas) si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, (Esto es: Sin manipulaciones emocionales, almáticas o físicas, y sin elucubraciones filosofías o intelectuales) para que en todo sea glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos.

(12) Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese.

¡No sé por qué me está pasando esto! ¿Habré hecho algo mal? ¿Estará Dios enojado conmigo por algo? ¡No lo entiendo! Esto, más o menos, es suponer que nos está pasando alguna cosa extraña, o que nos está sucediendo algo raro, cuando en realidad solo estamos pasando por el fuego de alguna prueba. Esto también es clave para disfrutar del resplandor de la gloria. Pedro, en esta misma carta, mucho antes, en 1:6-7, dice: en lo cual vosotros os alegráis, (De que somos guardados por el poder de Dios para alcanzar salvación) aunque ahora por un poco de tiempo, (Di: “Por un poco de tiempo”) si es necesario, Di “Si es necesario”) tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe (Di: “La que se somete a prueba es mi fe”) mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, (Di: “Fuego”) sea hallada en alabanza, gloria, (Di “Gloria”) y honra cuando sea manifestado Jesucristo. (En el original esto es APOCALIPSIS. ¿Qué tendríamos que hacer, entonces, cuando pasamos por pruebas, en lugar de quejarnos y lamentarnos, cosas que equivalen a darle gloria a Satanás? Pedro lo dice a continuación):

(13) Sino gozaos (Di: “Me gozaré”) por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria (Di: “Gloria”) os gocéis con gran alegría. (No parecería ser que estemos en esta posición, ¿Verdad? En Romanos 8:17, Pablo lo explaya en el mismo sentido cuando dice: Y si hijos, también herederos: Herederos de Dios y co-herederos con Cristo. (Misma condición, mismas obligaciones y mismos derechos y posibilidades. No exageres tu humildad) si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él, seamos glorificados. (Ese es el resplandor de Su gloria).

(14) Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, de parte de ellos, él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado.

Vamos por partes. Esto que Pedro rescata, aquí, es copia fiel de una porción del llamado Sermón del Monte, cuando en el evangelio de Mateo 5:11, Jesús dice: Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Aquí hay un par de cosas para ver: En primer término, dice que la cosa es si somos vituperados por el nombre de Cristo, no por cualquier otra causa secular, social o mundana. He oído algunos decir que en su trabajo no lo ascienden o no lo mejoran porque es creyente, cuando después uno averigua y se entera que al hermanito no lo ascienden porque es vago e irresponsable y que agradezca que no lo echan porque es padre de familia, ¿Te das cuenta lo que te quiero decir?

Por eso es que Jesús agrega a esta expresión, la salvedad que dice: “Mintiendo”. Cuando el mundo nos arremete con algo que es verdad, violín en bolsa mi viejo y a cambiar el rumbo. Después dice que el Espíritu de Dios reposa sobre nosotros. Naturalmente hablamos de creyentes, no de miembros nominales de una iglesia, porque no todos tienen al Espíritu de Dios reposando sobre ellos. ¡Pero hermano! ¡Todos los convertidos tienen al Espíritu Santo! Yo no digo lo contrario, pero… ¿Quién te dijo a ti que todos los que van a una iglesia están convertidos? Ahora, si está el Espíritu Santo, entonces sí, los que blasfeman (Y por lo tanto no son perdonados) son ellos y quien lo glorifica, eres tú. Eso es emitir ese maravilloso resplandor.

(15) Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno; (¡Qué curioso que es este verso. Fíjate que mezcla y le otorga igual entidad de pecado a un homicida, asesino, criminal: a un ladrón o a un malhechor, que puede llegar a ser hasta un violador de niños, con uno que se entremete en lo ajeno. No dice que roba lo ajeno o destruye lo ajeno, dice que se entremete, o sea: que mete la nariz donde no lo han llamado. A eso, nosotros lo llamamos discreción, respeto, sobriedad, educación. Hay otro texto en este sentido, mucho más explícito que quiero rescatar a los fines de que te quede bien claro lo que se pretende de ti y lo que debes hacer si es que deseas navegar en medio de la gloria de Dios.

Está en 1 Tesalonicenses 4:9-12: Pero acerca del amor fraternal no tenéis necesidad de que os escriba, porque vosotros mismos habéis aprendido de Dios que os améis unos a otros; y también lo hacéis así con todos los hermanos que están por Macedonia. Pero os rogamos, hermanos, que abundéis más y más; y que procuréis tener tranquilidad, y ocuparos en vuestros negocios, y trabajar con vuestras manos de la manera que os hemos mandado, a fin de que os conduzcáis honradamente para los de afuera, y no tengáis necesidad de nada.

Este párrafo es muy completo y muy preciso, y no me puedo detener demasiado en él, pero como para muestra siempre bastará un botón, el botón que me queda es el de las últimas seis palabras: Y no tengáis necesidad de nada. ¿Te das cuenta el valor que eso tiene para estos tiempos? Porque cuando dice “necesidad de nada”, es de NADA, eh? Y nada, en la Biblia, al igual que TODO; es la más absoluta de las nadas. Ah, dinero incluido, trabajo incluido, comida incluida, vivienda incluida. ¿O te creíste la teología esa que dice que tener ciertas posesiones es pecado? ¿Quién dijo eso y en qué libro, capítulo y versículo está? ¡Pero hermano! Dice que los ricos… Sí, pero habla de los ricos que adoran sus riquezas. Un creyente si es maduro, sabe muy bien que, aunque tenga lo que tenga, lo que tiene es de Dios y el único centro de su adoración siempre será Dios. ¿Se entiende?

(16) pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello.
Fíjate que esta es la tercera ocasión en que la palabra cristiano aparece en el Nuevo Testamento. Las otras dos están en el Libro de Los Hechos. Una en 11:26 y la otra en 26:28. Y en este caso la palabra es utilizada para determinar a los creyentes en un momento pico y crítico de sus vidas: sus padecimientos. Aunque todos sabemos que esa palabra nació de alguna forma de burla que se les hacía a los discípulos de Jesús después de su crucifixión para avergonzarlos.

De lunes a viernes y sin contar la gente del mundo que conozco, a la que en este tema no la voy a contabilizar, no es poca la cantidad de hermanos que conozco que sufren alguna clase de padecimiento, ya sea de orden físico, anímico o espiritual. En otros ámbitos de la vida donde los creyentes suelen convivir, sucede lo mismo multiplicado por la cantidad de personas. ¿Tú sabes que mayoritariamente, incluyendo los propios, naturalmente, tenemos una tendencia manifiesta a sentirnos avergonzados por estar padeciendo algo? Yo no sé quién me predicó que siendo creyente se me terminaban todos los problemas, pero te puedo asegurar que alguien me lo predicó. ¡Si hubiera tenido este versículo delante de mis ojos en esa ocasión! Con él aprendí esto: Es muy bueno que yo como ministro del Señor venga a aquí a darte aliento, pero de ninguna manera eso es un acto voluntarista, sobredimensionado o, lo más triste, simulado. Aliento, pero con las bases del auténtico evangelio de Jesucristo, que ya sabes muy bien no era precisamente un canto a la fiesta y el ocio.

Hay una especie de estereotipo del creyente que nos marca que, cuando estamos pasando por algún padecimiento, eso significa que andamos flojos espiritualmente. Dime, ¿No es como que te suena coherente pensar así? ¿Te das cuenta que a ti también te lo predicaron? La verdad, dice Pedro, es muy otra, pero hay que entenderla bien para no bandearnos para el otro lado y pasarnos al masoquismo o al estoicismo. Dice que debemos glorificar a Dios por un padecimiento que experimentemos, COMO CRISTIANOS. Como creyentes, si te agrada más usar esta terminología. O como hijos del Dios Altísimo, que es la real.

Ejemplo: físicamente, se daría por contraer alguna enfermedad dolorosa en el marco de una tarea de misionero. Anímicamente, pasar por la amargura violenta de alguna traición de amistad, de familia o de hermanos de la iglesia, sólo por ser fiel a Jesucristo. Y espiritualmente, vivir opresiones producto de la guerra espiritual que significaría, por ejemplo, un trabajo evangelístico en alguna ciudad idólatra. De allí es que, en el Libro de los Hechos 5:41 y en el marco de un juicio que se les hizo a los apóstoles, dice que Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre.

(17) Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; (Perdón; ¿Por dónde dice que va a comenzar el juicio?) Y si primero comienza por nosotros, ¿Cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?

Es decir que, además de aprender a no quejarse por los padecimientos y, por el contrario, glorificar a Dios por ello como llave de ingreso para acceder a la gloria de Dios, ahora también tendremos que tener en cuenta el juicio. Porque el sufrimiento de los creyentes se explica, en parte, como el comienzo del tiempo señalado por Dios para el juicio. Ese sufrimiento tiene un efecto purificador de la casa de Dios. (Y recuerda que la casa de Dios no es el templo, es la iglesia, la gente, tú mismo, en persona) El juicio divino culminará con el terrible derramamiento de la ira divina sobre aquellos que hayan decidido rechazar el evangelio.

Sin embargo, hay una especie de mover inquietante hoy, dentro del seno de la iglesia. Es mucha la gente que siente como que el piso se mueve. Nadie se siente seguro en el marco de esta pandemia y con las congregaciones prácticamente desactivadas. Ya aprendieron que aunque se emitan los cultos on-line, si no le ponen algo de pimienta a la Palabra, nadie se sentirá obligado a quedarse escuchando, como sucede en un templo.  Entonces se adoptan por lo menos dos actitudes clásicas: o se le carga todas las culpas a los ministros, consignando que se dedican a otros menesteres en lugar de trabajar en lo que deben trabajar, o bien se hace guerra, reprendiendo al diablo y a todos sus demonios por lo que se considera un ataque contra la iglesia que debe ser “porque con nuestras actividades hemos conseguido que el diablo se enoje y nos devuelva uno por uno los golpes. Tendrás que saber algo que yo aprendí bastante tarde, pero lo aprendí: al diablo jamás le molestó ni le molestará la actividad de un grupo de cristianos. Al diablo le molesta y le molestará siempre la autoridad que repercute en poder de Dios manifestado de aunque sea un creyente genuino. Eso sí le molesta.

Nadie podría decir que esto sea incoherente o falto de seriedad o de verdad. Supongamos que por allí, alguna de estas cosas pueda suceder, pero lamento decirte que no es lo de mayor abundancia o preponderancia. Porque hay algo que no has recordado seguramente. Dice la Palabra que las puertas del Hades, que es el infierno con todos sus pobladores, no prevalecerán contra la iglesia. Eso significa que, si la iglesia se está moviendo peligrosamente o zarandeando un poco, debe ser porque Dios anda trabajando en un preanuncio de un juicio que, hay promesa, comienza por nosotros. Jamás la iglesia podrá juzgar al mundo por su corrupción si todavía hay corrupción dentro de la iglesia, ¿Se entiende? Y ni hablemos de todos los demás añadidos que tú y yo sabemos que se le pueden otorgar sin mentir ni exagerar.

Hay un texto, en el libro del profeta Malaquías, en el capítulo 3 y verso 5, que se explaya algo más sobre esto: Y vendré a vosotros para juicio; (Dios está hablando con su pueblo. Hoy nosotros.) Y seré pronto testigo contra los hechiceros (Que dentro de la iglesia son los manipuladores, los sometidos al espíritu de Jezabel) y adúlteros (Que son aquellos que, manifestando tener un esposo, Cristo, no vacilan en serle infieles con otros ídolos falsos: Dinero, status, niveles sociales, acepción de personas) contra los que juran mentira, y los que defraudan en su salario al jornalero, a la viuda y al huérfano, (¿En cuántos lugares y bajo el piadoso rótulo de “ofrenda de amor” se tiene a gente trabajando en negro, sin aportes ni cargas sociales y, obviamente, evadiendo impositivamente al Estado, que es como decir que no vamos a darle a César lo que es de César) y los que hacen injusticia al extranjero, no teniendo temor de mí, dice Jehová de los ejércitos.

(18) Y: Si el justo con dificultad se salva, ¿en dónde aparecerá el impío y el pecador?

Primero: adiós universalismo que asegura que al final todos seremos salvos porque Dios es bueno. Acá dice que los justos que se salvan, se salvan con dificultad, es decir raspando, por un cabello, así que la cosa no es tan simplista como dicen esas doctrinas tan raras pero al mismo tiempo aceptadas por cómodas, como es el universalismo, que dicho sea de paso y aunque se auto-denomine cristiano, en la vía de los hechos demuestra que no lo es, porque si fuese verdad que en el último instante Dios nos salvará a todos porque Él es bueno, ¿Para qué habría ido a la cruz Jesús? Ciertamente el justo será recompensado en la tierra; ¡Cuánto más el impío y el pecador?, Asegura el proverbio 11:31. Y utiliza los mismos términos que una gran mayoría cree que son sinónimos: impío y pecador. Pero no; impío es un hombre falto de piedad y piedad no es lástima o compasión tal cual lo utilizamos nosotros, piedad significa en idioma bíblico, espiritualidad. Es decir que el castigo será similar para el que está en pecado como para aquel que soslaya o desprecia las cosas del Reino del espíritu.

(19) De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien.

Y aquí no lo dice, pero muy bien podría agregársele a ese “encomienden sus almas al fiel Creador y hagan el bien”, reciban toneladas de la gloria de Dios para que sus vidas mismas puedan resplandecer tal cual nos dice Jesús que será: luz de la tierra. Convendrá, entonces, pensar y proceder tal cual le dice Pablo a Timoteo en su segunda carta, capítulo 1 y verso 12: Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día.

 

 

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