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Las Voces de Este Tiempo

Si bien hace varios meses que no veo los noticieros de la televisión de mi país, de alguna manera sigo estando medianamente informado de lo que sucede a mí alrededor. Y he estado observando, -reitero, en las distintas comunidades de mi país y en otros-, y ante hechos distintos, que de pronto tienen que ver con el delito simple, o de a ratos está relacionado con la política, o quizás con hechos de familia, que hay dos palabras que se están esgrimiendo por parte de las personas que, en una u otra dirección, sienten que deben reclamar ante quien corresponda por sus necesidades. Ya sea por una violación no sancionada, por un homicidio no resuelto, por una agresión no juzgada o por un aumento de precios de ciertos servicios o rebajas de salarios, la gente que se reúne para protestar y manifestarse en torno a esas cosas, escribe en sus pancartas dos palabras: Paz y Justicia.

¡Qué notable! ¿No te parece? Es como si los protocolos de la pandemia que estamos obligados a respetar, no hubieran podido frenar lo que es esa mezcla de indignación sincera y legítima, aunque siempre mezclada con la incentivación al escándalo que siempre sugieren los estamentos necesitados de eso para crecer en sus presencias públicas y sus propios intereses Y ahí salen a las calles a esgrimir sus pancartas, sus estandartes y hasta banderas, haciendo oír sus voces en el mejor de los casos pacíficas, en muchos casos y lugares no tanto, con reclamos que con bases en distintos asuntos, recalan necesariamente en esas dos palabras: Paz y Justicia. La gran pregunta que los mayores de cada país nos hacemos cuando vemos esto, es: ¿Hay posibilidades que en este país nuestro, (Al nombre se lo pones tú, tal como corresponda) exista la suficiente Justicia que posibilite vivir verdaderamente en Paz? Yo humildemente creo que no, que por más que se hagan tremendos esfuerzos y sacrificios, el hombre no está en condiciones, desde lo natural, secular y humano, de lograr eso.

Hoy tengo una sola respuesta, porque mi Padre así lo ha determinado. Es para este tiempo y lugar. Y cuando digo lugar, no hablo de mi país ni del tuyo, hablo de nuestro planeta. En el libro de Isaías, en su capítulo 32, hay un texto que va desde el verso 9 al 18, y tiene que ver con que allí dice que es una Advertencia a las Mujeres de Jerusalén. ¿Y qué tendrá que ver eso con nosotros? Todo. Porque cuando la Biblia dice Mujer, la Palabra dice Iglesia. Verso 9: Mujeres indolentes, levantaos, oíd mi voz; hijas confiadas, escuchad mi razón. Iglesias indolentes, oigan la voz de Dios, no la de sus hombres. Están muy confiadas en sí mismas. El verso 10 les dice que vendrá espanto y que las cosechas se arruinarán. Esto es: pérdida económica, material. El 11 les demanda que tiemblen, que se turben, que no tomen todo esto con indolencia e indiferencia. El 12 habla de golpearse el pecho en señal de arrepentimiento. El 13 y 14 se refieren a los desastres que asolarán la tierra donde esa mujer habita y el 15, finalmente, habla de la llegada del derramamiento del Espíritu Santo y su consecuente efecto. Esto es, algo muy similar, pero muy similar a lo que hoy estamos viviendo. Por eso quiero citarte textualmente los tres últimos versos:

(Verso 16) = Y habitará el juicio en el desierto, y en el campo fértil morará la justicia. Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre. Y mi pueblo habitará en morada de paz, en habitaciones seguras, y en recreos de reposo.

Está demasiado claro como para evadirlo. En el desierto de la prueba, que es lo actual, será meticulosamente separado lo verdadero de lo falso. Los genuinos hijos de Dios seguirán siéndolo, firmes, fieles, puros, transparentes y confiados, venga lo que venga, mientras que los falsos, sólo religiosos costumbristas, tradicionalistas sin vida, irán quedando a un lado, ya sea por deleites, tentaciones o simplemente presión mundana, como por sus propias concupiscencias saliendo a flote. Y será en el campo fértil, es decir donde están los verdaderos miembros del Reino, donde morará la Justicia. Y la existencia de esa Justicia divina, única e irremplazable, será la que traiga y derrame esa Paz tan deseada y esperada. Reposo (¡Tanta falta nos hace!) y seguridad (¡Tanto la añoramos!) para siempre. ¿Lees bien? ¡Para siempre! Y por si te quedaran dudas, si lo crees, lo aceptas y lo decretas, tú misma, tú mismo, vivirás en morada de paz, habitaciones seguras y recreos de reposo. ¿Vale la pena intentarlo desde nuestra simple fe? ¡Vamos! No me dejes solo. Salvo que te hayas enamorado de este sistema que no nos llevó a ninguna parte, atrévete a probar con el del Reino de Dios y Su Justicia. Después de todo, es el epicentro del evangelio que predicamos. ¿O no?

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enero 30, 2021 Néstor Martínez