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Reseteando al Espíritu Santo

El término Resetear es una forma en la que se suele llamar a la acción de Reset, que en idioma inglés consiste en el Reinicio, o bien, la Reposición hacia un estado inicial, una vuelta al principio o bien un nuevo comienzo, que en el caso de la informática, está ligado muy de cerca a la transmisión de impulsos eléctricos y claro está, también a la conexión con una Fuente de Alimentación, para poder obtener la necesaria Energía Eléctrica para el funcionamiento. Aquí es más que claro que estamos hablando de otra clase de energía, poder de Dios que es la única fuente de alimentación de todo creyente. ¿Me acompañas a reiniciar algo respecto al Espíritu Santo?

La salvación es el más grande don de Dios a la humanidad. El Espíritu Santo es la más valiosa dádiva del Creador para sus hijos, su Iglesia. El bautismo en el Espíritu Santo debiera propiamente ser llamado el bautismo de poder. Como tal constituye una posesión invaluable para el cristiano comprometido con la búsqueda y adelanto del plan de Dios para este mundo. Creemos que cada cristiano que recibe el bautismo en el Espíritu Santo y habla en otras lenguas, es conforme a la habilidad de emisión que el Espíritu le brinda. Creemos que el don de hablar en otras lenguas es una de las evidencias iniciales de que una persona ha recibido el Espíritu Santo, aunque no la única, claro está, la Biblia así lo dice, aún en contra de lo enseñado en muchos grupos con pocas luces de entendimiento.

Profesamos, y creo que también enseñamos, que cualquier ministro, predicador o incluso congregación cristiana, que no reconozca y proclame al Espíritu Santo como portador de una clase de bautismo muy diferente, bíblico y necesario, con todas sus señales y evidencias escritas, entre ellas la de orar en lenguas, tan polemizada y discutida dentro de nuestros ambientes, resulta remiso en sus enseñanzas y, de alguna manera, debilita espiritualmente a aquellos que dependen de ellos para su orientación y maduración. Yo tengo la obligación de enseñar la Palabra tal como está escrita y sin tener en cuenta posturas humanas. Luego, quien me oye, tendrá la libertad de aceptar o no aceptar lo que crea que debe aceptar o no aceptar. Las consecuencias de sus decisiones, ya será un asunto a dirimir entre el Señor y cada uno de ellos, yo habré cumplido mi parte.

Yo creo firmemente que, enviar un creyente al mundo sin la bendición del Espíritu Santo, es equivalente a enviar un soldado a un frente de batalla sin armas. De hecho se admite que, al momento de ser salva, una persona se convierte en cristiana, en análoga forma en que un individuo se convierte en soldado al jurar fidelidad al entrar en el ejército que sea. Pero el nuevo recluta no está listo para entrar en combate hasta no haber recibido el entrenamiento básico y se le haya provisto de las armas necesarias. El cristiano se encuentra en idéntica situación en el momento de la salvación. Si no lo animamos a buscar esa plenitud en el Espíritu, que muchos llaman Bautismo, pero que eso cabe sólo cuando se experimenta por primera vez, y de ese modo se fortalezca para la batalla que indefectiblemente habrá de sostener con Satanás y sus demonios, lo estaremos enviando a una lucha poderosa, pero miserablemente dotado.

(Hechos 1: 8) = Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.

Esta no es una opinión del autor del libro de los Hechos, estas son palabras de Jesús. Porque si vamos a trabajar en forma efectiva contra la destructiva y perversa conspiración promovida por el enemigo, deberemos adquirir y hacer nuestras todas las armas y posibilidades que se encuentran a nuestra disposición. Todo aquel que obstaculice en alguna forma al cristiano en el momento en que va a entrar en batalla, estará trabajando a favor de Satanás, aunque lo haga por ignorancia y hasta se horrorice de sólo pensar eso. Es la voluntad de Dios, y también su mandato, que todo cristiano; escucha bien: TODO cristiano deba ser lleno del Espíritu Santo. Por tanto, cualquiera; y otra vez escucha bien: CUALQUIERA, que obre en contra de esa disposición, así sea de manera consciente o a través de doctrinas erróneas o insuficientes, de hecho estará en pugna con los propósitos y con la mismísima voluntad de Dios. No es una diferencia doctrinal, como algunos lo quieren presentar: es un asunto de vida o muerte y de obediencia o desobediencia.

Ahora bien; todo está muy bonito y forma parte del andamiaje dialéctico conque miles de cristianos se dan de narices a diario. Sin embargo, no todos tienen demasiado en claro el epicentro de todo este andamiaje. Porque seamos honestos y reconozcamos que no todos los cristianos tienen sumamente en claro quién es el Espíritu Santo. Ahí vamos, entonces, porque para comenzar algo, lo correcto es hacerlo desde las bases, desde los cimientos.  El Espíritu Santo, a veces también llamado Espíritu Divino, es un miembro distinto y separado de la Divina Trinidad, una calificación que no encontrarás escrita de este modo en ninguna Biblia, es cierto, pero que salta a la vista de manera implícita en el contexto de todos los textos escritos al respecto. De acuerdo con los que hacen polémica: no existe la palabra Trinidad en la Biblia, la inventamos los hombres. Pero de allí a decir que la Trinidad no es bíblica, supongo que hay un paso tan grande como el que normalmente se da cuando se comete un error. Porque lo que no es bíblico es el término Trinidad, pero sí lo es el significado, el concepto. Llámalo trilogía, si quieres, pero a mí esto último me suena mucho más a brujos unidos que a hombres ungidos.

Esa Trinidad, (Yo la voy a seguir llamando así), obra en asociación y completa armonía con el Padre, (Que es Dios mismo) y con el Hijo, (Que es Cristo). El Espíritu Santo no debe por tanto ser confundido ni con el Padre ni con el Hijo. 1 Juan 5:7 nos dice Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son unoNuestro Señor Jesucristo mismo, hubo de decir lo que leemos en Mateo 28:19: Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 

El Espíritu Santo es Dios, de la misma manera que el Padre es Dios y que el Hijo es Dios. Existen sin embargo diferencias entre el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo. Los tres no constituyen fotocopias laser. Ellos tienen características individuales, que fijaron sus funciones por separadas aunque los propósitos y metas sean inherentes. Y presta atención, sino, al último mensaje que predicó Jesús. A este lo encontramos en Hechos capítulo 1 y es donde en el verso 5 Él les asegura que serán bautizados, (Sí, bautizados) CON el Espíritu Santo, y que eso les sucedería dentro de no muchos días. Es decir que no tenían que hacer ningún cursillo ni rendir ningún examen para que sucediera.

Si yo no he leído mal y no he sido influenciado por doctrinas domésticas, este mensaje estuvo confinado al tema del Bautismo en el Espíritu Santo. Fue esta una ocasión histórica: nuestro Señor estaba próximo a abandonar la tierra, la obra de su vida estaba terminada. Se encontraba a punto de partir hacia el cielo, donde habría de permanecer por más de veinte siglos. Esta habría de ser la última oportunidad en que estaría físicamente presente para enseñarles algo a sus discípulos. Esta situación única, imparte a sus palabras una importancia sin precedente. Él podía haber hablado de profecías de salvación, de adoración o de cualquier otro asunto de análoga importancia. Sin embargo, Él no mencionó ninguno de dichos temas.

Siendo el Dios que sabía, (Y aún hoy lo sabe) todo, Él les dijo que no intentaran nada concerniente con la salvación del mundo, hasta que recibieran la promesa del Padre, que es la que leemos en Hechos 1:4 al 9. En vista de las dramáticas circunstancias que rodeaban dicho pronunciamiento, podemos asumir que cada palabra contenida en esos versículos, fueron las más importantes pronunciadas por el Señor. Y resulta más que obvio, si no quieres verlo con ojos religiosos y legalistas, que esto está muy lejos de ser ese caballito de batalla de tal o cual denominación, sino auténtica Palabra pura y sin contaminaciones humanistas o filosóficas.

No obstante, existen controversias en nuestros días, de si una persona recibe el Espíritu Santo en el momento de la conversión. De hecho, la única respuesta apropiada que conozco y que no es nueva, precisamente, es “¡Sí y No!” Las responsabilidades del Espíritu Santo son diferentes y variadas. Una de las más importantes de esas responsabilidades, es la regeneración, un asunto del que muy poco se habla y se enseña. 1 Corintios 12:3 dice que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús. Y luego añade que solamente con la presencia del Espíritu Santo es que podemos llamarlo Señor.

Esto demuestra sin ninguna duda, que el Espíritu Santo desempeña un papel único en su función de llevar al pecador a la convicción de su culpa, al arrepentimiento y a la salvación. Las actividades del Espíritu Santo son muchas. Él opera como consolador. Es un líder. Él es un maestro. Es un medio de comunicación y un guía. Él es el director de todas las actividades de Dios en la tierra en nuestros días. Así es que cuando el pecador arrepentido llega al momento de la salvación, de hecho él ha recibido el Espíritu Santo dentro del contexto de haber sido influenciado por Él. Sin embargo, asumir que el contacto con el Espíritu Santo es igual a la inmersión o a la participación puede conducir a doctrinas erróneas, y de hecho eso ha sucedido y mucho. Esto pudiera entorpecer a un creyente en sus esfuerzos de andar en perfecta armonía con los deseos de Dios. Desafortunadamente no todo creyente tiene el Bautismo del Espíritu Santo, aunque todos pueden tenerlo si así lo desean. Existen diferencias en ser nacido del Espíritu y ser bautizado en el Espíritu Santo.

 

 

En la salvación, la vida es impartida a alguien que hasta ese momento estaba muerto espiritualmente. En el llamado Bautismo en el Espíritu Santo, el cristiano que previamente había sido débil e inefectivo, es dotado de poder y de allí en más es apto para el servicio que demanda el Reino de Dios. Resulta más que claro, entonces, además de específico, el mandato de Dios de que cada cristiano deba recibir esa plenitud y ese poder, único reaseguro de ser verdaderamente útil. La salvación y la experiencia de la cual estamos hablando, son diferentes y distintas, separadas entre sí. Difieren en la fuente, en el tiempo y en la naturaleza. Una persona puede experimentar la salvación sin recibir esa llenura o plenitud que la Biblia define como Bautismo en el Espíritu Santo. Ella no puede sin embargo experimentar eso sin que previamente haya experimentado la salvación. Esta experiencia en el Espíritu tiene que ser precedida por la regeneración (Que es salvación), y sólo entonces puede el Espíritu Santo morar con manifestación en nosotros, hasta allí sólo tendríamos Su Sello.

El gran tema que ha dividido y hasta enfrentado con cierta ferocidad a distintos grupos cristianos, es el saber si verdaderamente respaldan las Escrituras ese argumento esgrimido de que el llamado bautismo en el Espíritu Santo y la salvación no son simultáneos. Vamos a ver lo que encontramos en la Palabra de Dios. (Lucas 10: 20) = Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos. (Esto se los dijo Jesús a los discípulos a su regreso de difundir el Evangelio. ¿Qué debemos asumir nosotros, aquí? Debemos considerar que estos hombres, indudablemente, eran salvos. Si sus nombres estaban escritos en el Cielo, (Esto es, en el libro de la vida del Cordero), ellos indiscutiblemente eran salvos. Pero ellos no recibieron el llamado Bautismo del Espíritu Santo hasta un tiempo después, es decir, el día de Pentecostés, ¿Recuerdas?  Y después tenemos el caso del apóstol Pablo, que antes era el llamado Saulo de Tarso. Respecto a él, el capítulo 9 del Libro de los hechos, nos ofrece la dramática, gloriosa y repentina conversión de Pablo en el camino de Damasco. Nos dice de la misma manera, que tres días más tarde el Señor envió a Ananías donde estaba Pablo, para la imposición de manos y su curación milagrosa y con relación al bautismo en el Espíritu Santo. Resulta más que obvio que Pablo no había recibido eso en el mismo momento de su salvación en el camino de Damasco.

La Biblia expresa sin lugar a dudas que esos hombres eran salvos. Ellos eran creyentes. Las Escrituras se refieren a ellos como discípulos. Pero cuando Pablo los encontró hubo de preguntarles: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Cualquiera al leer esa oración arriba a la conclusión que “creísteis” debía haber estado impreso en la Biblia en negritas, por lo menos. Es como si el Señor anticipando el debate futuro de si el Espíritu Santo viene simultáneamente con la salvación, hubiera incluido esta frase con el fin de probar que esos hombres eran creyentes, esto es, salvos, que no habían recibido el Espíritu Santo al momento de esa salvación. Esto de hecho debería haber dejado resuelta la cuestión antes de ser siquiera iniciada. Sin embargo algunos ven las Escrituras lo que ellos quieren, a pesar de todas las evidencias en contrario. ¿Estaba el Señor, quizás, previendo esto cuando dijo lo que sigue? (Marcos 8: 18) = ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no recordáis? 

Siempre llamó mi atención, en la época en que me congregaba en una iglesia que no creía en este tipo de bautismo, lo que dice en Hechos 8:17: Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo. Creo que no es necesario añadir nada más. Si les imponían las manos y recibían al Espíritu Santo, es porque hasta ese momento, estos hombres que sí habían recibido perdón y salvación, todavía no lo habían recibido. Y si sigues leyendo este pasaje, verás la historia de ese mago llamado Simón y su tremenda confusión respecto a esta experiencia, aunque haya que rescatar que, si él quería comprar ese poder, era porque el poder era visible, cierto, real y manifestado.

Otro aspecto de esta cuestión en relación a si somos llenos automáticamente del Espíritu Santo en el momento de la salvación, nos es revelado en las palabras del Señor Jesús, recogidas por Lucas en su evangelio, y escritas en el capítulo 11 y verso 13. Dice así: Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan? El hecho concreto de esta materia es que debemos aspirar a ese Bautismo o como prefieras llamarlo tú, en el Espíritu Santo. Esto no es algo impuesto sin conocimiento, que es como decir involuntario, sobre una persona al momento de convertirse en cristiano. El Bautismo lo transforma en un poderoso y entusiasta trabajador para la obra de Dios. No obstante, aquellos que quieran aceptar los beneficios de la salvación sin incurrir en las responsabilidades que conlleva el bautismo en el Espíritu Santo, tienen el derecho ante Dios de hacerlo si así lo desean.

Ahora bien; nosotros enseñamos y también predicamos que cada recipiente del Espíritu Santo habla en otras lenguas, y me temo que eso, que no es ni exagerado ni falso, sí ha sido sobre-enfatizado por ciertas denominaciones, al punto de proceder con total y absoluta crueldad e injusticia, a apartar o soslayar a miembros de sus iglesias que no tengan el don de lenguas, bajo el argumento de que si no hablan en lenguas, no tienen el Bautismo del Espíritu Santo. Falso. Erróneo y tan falso como todo lo anterior que he venido mencionando. En principio, déjame aclararte, por si no te habías dado cuenta todavía, que una persona no tiene que hablar en lenguas para ser salva, ni lo sueñes. Porque una persona no es salva por el hecho de haber tenido ciertas visiones, por haber enunciado algún mensaje profético, por hacer milagros, o por hablar en lenguas. Una persona es salva al confesar con su boca que Jesús es el Señor y también creyéndolo en su corazón. Así lo dice la Biblia.

Porque, veamos: una persona puede ser salva en una iglesia, obviamente, pero también puede serlo en su casa, en una esquina, viajando en un bus o en cualquier lugar. No es el lugar lo que importa, sino la acción. ¡La persona que cree en su corazón y confiesa con su boca a Jesucristo, es salva! Y una vez que es salva, no lo puede ser más por el hecho de que reciba el don de lenguas y lo utilice. Claro está que allí saldrá alguno de esos creyentes que nunca se quedan con lo primero que oyen, (Y está muy bien que así lo hagan), y procuran ir más allá, si es posible, al fondo de la cuestión, y entonces te preguntan: ¿Pero cómo es esto? Si ya tengo el completo don de la gracia en la salvación, ¿Me quieres explicar para qué necesito esa especie de “adicional” que es el Bautismo en el Espíritu Santo? Escucha; en cierto sentido, nosotros no necesitamos el Bautismo en el Espíritu Santo sino sentimos satisfechos con aceptar solamente la salvación como un don gratuito ofrecido por Dios, (Que eso es lo que es, justamente), y si no nos importa nada el tomar nuestra cruz y seguir a Jesús para servirle. Tenemos el derecho dentro del libre albedrío que Dios nos ha concedido de hacer esto y aún ser salvos. Pero el Señor establece diferencias y si Él lo hace, yo lo creo.

  La diferencia que Él teje está centralizada entre aquellos que reciben su salvación como la obra final y los que se suman al servicio del Señor para multiplicar las bendiciones en el Reino de Dios. Una vez más, esto reflota lo que siempre hemos dicho y enseñado: no eres salvo por, eres salvo para. Es para aquellos que se comprometen a difundir el plan de Dios en estos últimos días, que el Bautismo en el Espíritu Santo resulta un apoyo incomparable. Durante el ministerio del Señor en la tierra los discípulos lo tuvieron como un alto aporte espiritual, como consolador, como líder y como administrador. Hoy ya no lo tenemos personalmente para atender y llenar esas funciones tan esenciales. Y por ello fue que antes de partir, dijo que habría de enviar otro consolador. No uno; otro. Él había sido el anterior. El sabía que su tiempo personal en la tierra sería breve; que sólo podría supervisar el comienzo de la salvación aún en marcha y que aquellos comprometidos en compartir las responsabilidades de traer los millones de pecadores a la salvación, necesitarían directrices más allá de todas las posibilidades humanas. Básicamente este es el valor inestimable de ser lleno del Espíritu Santo. Para la persona que sabe que habrá de morir en breve tiempo, quizás no existan grandes ventajas en recibir el bautismo en el Espíritu Santo. Pero para aquellos que no planean abandonar este mundo muy rápidamente, existen tremendas ventajas, sin duda.

Cada cristiano activo o pasivo va necesariamente a tener que confrontar los poderes de las tinieblas descriptos por el apóstol Pablo en Efesios 6:12. Satanás tiene un ejército de demonios comprometido a interferir e incluso destruir las vidas cristianas. El poder del Espíritu Santo residiendo en nosotros es lo único que puede aumentar nuestras débiles fuerzas hasta el punto de permitirnos vivir la vida que debemos y convertirnos en el tipo de cristiano que Dios desea de nosotros. La salvación nos habilita para entrar en la presencia de Dios, después que la vida mortal termina aquí. El Bautismo en el Espíritu Santo nos provee para la vida fructífera (Y feliz) que precede durante esos años antes de ir a la presencia de Dios. El abstenernos voluntariamente de esta ayuda divina, equivale a estorbarnos en nuestro progreso a través de nuestra vida cristiana. Ahora bien; el mayor dilema que ha desatado amigables debates y enconadas polémicas es la oración en lenguas. Nadie discute el poder del Espíritu Santo y, llegado el caso, aceptan lo que han llamado el Bautismo en el Espíritu Santo. Pero lo de las lenguas ya es otra historia. Y como es otra historia, entonces te la contaré justamente así, en otra historia.

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enero 24, 2021 Néstor Martínez