Estudios » Blog

¿Enviados o Irresponsables?

(Romanos 10: 15) = ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!

Mira; yo creo que la lógica de Pablo es tan sencilla, que para nuestra idiosincrasia muy achispada, casi resulta ingenua. Porque, veamos; la lógica simple de Pablo estima que, para que tú te pongas a hacer algo para el Señor, tienes que haber sido enviado. Enviado. Punto y aparte, y a otra cosa. No se trata de querer, no se trata de buscar, no se trata de anhelar, y ni siquiera se trata de ser fiel, honesto y sincero: para hacer algo para el Señor, tienes que haber sido enviado. Por eso es que él dice: ¿Cómo predicarán si no fueren enviados? Ustedes recuerdan el contexto del pasaje del cual es sacado este texto, ¿Verdad? Habla del oír, del pensar, de la salvación. Pero en el verso 15 que es el que nos interesa, él dice cómo van a predicar, ¡Cómo se atreven a predicar si no han sido enviados! ¿Sabes qué? Con mínimo discernimiento, hoy, tú puedes darte cuenta al veros u oírlos, quién ha sido enviado y quién no. Quien fue enviado, viene de Dios. Quien no lo fue, o es un irresponsable o algo peor… Sistema.

No creo ser el primero ni el único que, ante un problema por parte de un ministro que busca consejo, (Porque los ministros, a veces, salimos a buscar sabios consejos), porque no ve adelantos en su trabajo ministerial, yo suelo preguntarle si cree que verdaderamente lo ha llamado el Señor a ese ministerio. De hecho, las respuestas son educadas, medidas, respetuosas y hasta complementadas con esa sonrisa evangélica que tanto conocemos, esa sonrisa apta e ideal para promo de pasta dental, pero el gesto me dice que mi pregunta no le cayó para nada bien. Y sin embargo es una pregunta llena de amor y buenas intenciones, no una crítica. Dios lo sabe, y eso en definitiva lo único que interesa. Pero, -reitero-, si tú te crees un ministro de aquellos y un simple hermanito sin identificación alguna viene y te pregunta si estás seguro de haber sido enviado a ese ministerio, lo mínimo que te pasa por la cabeza es enviar a ese hermanito a un exilio pago a Siberia…

He oído a hombres y mujeres de Dios hablar sobre este asunto y ellos sostienen que, según sus experiencias personales, el cincuenta por ciento de los ministros que se encuentran al comando de una iglesia, célula o grupo casero, no han sido enviados por el Señor a esa tarea. A mí, en lo personal, me parece que se quedaron cortos. O tuve mucha mala fortuna en donde me tocó observar. Porque en lo que yo he visto, no dudo de sus mejores intenciones y hasta de su honestidad, pero en el fondo, creo que ellos supusieron o les pareció que habían sido enviados. Tuvieron algo que se llama presunción que, coincido con otros hermanos, se parece mucho a la fe, pero no es fe; es sólo presunción. Un sentir que se expresa con un: “me parece”, “yo creo”, “tengo la sensación”, “supongo” o el clásico y tradicional: “yo siento”. El problema es que mi Biblia jamás habla de sentir, sólo habla de creer y de confiar.

Déjame decirte que todo eso forma parte de la presunción. Fe, en todo caso, y desde lo personal, es decirte: yo tengo certeza total que he sido enviado para enseñar. No para pastorear, no para evangelizar, no para profetizar, aunque de pronto si Dios lo necesita pueda fluir temporariamente en esas tremendas y maravillosas unciones. Pero enseñar sí, eso es lo que el Señor puso en mi vida. Y eso es lo que trato de hacer, cada día, con la máxima excelencia posible. Pero, imagínate; preguntarle a un ministro con problemas si está seguro que Dios lo envió a ejercer ese ministerio, es lo mismo que encararse con alguien que asiste a una iglesia y preguntarle: ¿Tú eres salvo? Claro, esta pregunta también suena como ofensiva, incluso hasta desubicada si se quiere, pero es necesario saber con quién y de qué estamos hablando. ¿O tú ignorabas que en las iglesias hay gente que cree ser salva y todavía no lo es?

Entonces sale uno que te dice: ¡Pero no, hermano! Si alguien se te acerca o te escribe pidiéndote ayuda ministerial, se supone que…! ¡No! En estas cosas, yo mejor nunca supongo nada. Hace ya bastante tiempo que descubrí que lo importante para mi vida no es lo que yo supongo, sino lo que yo conozco. Porque después viene la otra. La gran mayoría de los hombres o mujeres a los que me ha tocado hacerles esa pregunta, respecto a si cree que ha sido enviado a ese ministerio que hoy está ejerciendo, se me queda mirando y ahí salen las respuestas un tanto evasivas. “Y…tanto como llamado, no sé, ¿Entiendes? pero a mí me gusta hacer esto”. Ahhh… ¡Te gusta hacer eso!

Mira, hermano; decía un sólido ministro que conocí: a mí también me gusta cantar, pero no tengo voz ni para cantar el himno nacional de mi país. Entonces no fui enviado a cantar, seguramente. Pero lo acepto y me voy por otro camino. Porque de esto también me ha tocado ver lo ridículo lindando con lo ofensivo. Hermanos que en el mejor de los cultos, el día de mayor cantidad de asistentes a la reunión, porque son amigos del ministro o éste tiene algún compromiso con ellos, son invitados a cantar en medio del servicio. ¿Y sabes qué? ¡Te duelen los oídos! Entonces llega su disculpa: “Sepan aceptar mis defectos, hermanos; lo que interesa es que oigan la letra de lo que canto.” ¡Ah! ¿Entonces lo verdaderamente importante es la letra de eso que desafinas? De acuerdo, ¿Y por qué no pruebas contarnos esa letra, pero sin pretender cantarla, por favor? Vergüenza.

De todos modos, muchos podrán decirte que, pese a no haber sido enviados específicamente a ese ministerio, igualmente Dios lo ha bendecido mucho en su trabajo. Pero resulta que Dios no te bendice porque estás bien, te bendice porque te ama, porque tiene alta misericordia y porque en suma, el ministerio que tú estás ocupando, es suyo. Pero lo cierto, es que no te otorgó esa Comisión para tu vida. No lo hizo. Porque, te recuerdo por si se te olvidó, cuando hablamos de comisión, hablamos de Co-misión, que como no cuesta nada entender, es algo en conjunto con otro u otros. Y, en este caso, con Él mismo, ¿Qué te parece? Co-misión, Co-deudor, Co-partícipe. Dos, por lo menos; o más de dos. Y si es un asunto este en donde yo voy a salir a hacer algo nada menos que con el mismísimo Dios de todo poder a mi lado, entonces voy a tener que asegurarme que Él me invitó a participar, ya que de otro modo estaría en un lugar donde no se me necesita ni se me invitó a estar. Y eso, al menos en mi país, se llama entrometerse o, peor, burlarse de alguien o de algo. Y hasta donde yo he podido investigar, eso sigue siendo pecado…

Comentarios o consultas a tiempodevictoria@yahoo.com.ar

febrero 13, 2021 Néstor Martínez