Pioneros de la Justicia

Una de las mayores tristezas que un creyente puede padecer a lo largo de su camino en el evangelio, es la de darse cuenta de todo lo que le falta en su vida. Darse cuenta que Dios tiene que seguir cargándolo sobre sus hombros para que pueda arribar a una estatura mínima. Y a todos los quedará una rara sensación, casi inexplicable. Es como pensar en qué cosa más le tiene que pasar para darse cuenta que su tarea, que su misión en la tierra está terminada.

Tanto es así que, cuando participamos de alguna acción directa de confrontación espiritual contra poderes del infierno, no podemos sentirnos demasiado alegres por vencerlos, ya que al mismo tiempo caemos en cuenta de todo lo que de ese mismo contenido todavía existe en nosotros en forma de mezclas extrañas. Supongo que también esto puede deberse a que así como hay gente que está predispuesta y dispuesta a poner su atención en todo lo que le sobra, a mí y a muchos otros como yo, seguramente, nos sucede que preferimos enfocar toda nuestra atención en lo que nos falta.

Y eso no tiene nada que ver con fatalismos ni pesimismos, es otra cosa. Y muchos hemos procurado entender por qué pasan estas cosas. Básicamente, todo radica en lo mucho que hay por hacer. Y entendimos por primera vez por qué Jesús se puso a llorar cuando vio el campo de cosecha. Lo que ocurre es que el texto, allí, no da a entender todo lo que pasó, realmente. Pero dice que Él vio los campos dorados, y se conmovió.

Ese conmoverse no es una reacción sentimentaloide, simplemente se conmovió en su interior, y se decía a sí mismo que, habiendo tanta cosecha para levantar, era una lástima que no hubieran suficientes obreros. Y termina aconsejándoles que oren al Padre de la mies, para que envíe obreros a la mies. ¿Recuerdan ese pasaje, verdad?

Hoy, muchos de aquellos que pueden andar en el espíritu, sienten el mismo dolor que experimentó Jesús en ese momento. ¡Hay tanto, pero tanto para hacer! Y parecen tan pocos los que andan en la sintonía adecuada. Sin embargo, lo importante es saber cómo ve, cómo evalúa, como piensa Dios este asunto, y no como lo dice el ministro Tal o Cual; o como lo piensas tú o lo pienso y lo digo yo. Porque todo este tema consiste en lo que el Cielo dice, no hay nada más.

Sin embargo, dentro de todo lo que ya hemos asumido nos falta, algo sobresale por encima del resto: cómo podemos nosotros, hoy, aprender e incorporar el cómo desarrollar mejor y mayor justicia. Porque todos sabemos, y los que no lo saben todavía, ahora se están enterando, que mientras más justicia hay en nuestras vidas, más luz hay en nuestras vidas.

Ahora claro; lo que sucede es que el concepto de justicia, es bien ambiguo. Si tú le preguntas a un abogado lo que es justicia, te va a dar una respuesta firme y contundente. Pero si tú le preguntas a un ecologista lo que es justicia, él te va a dar otra respuesta muy distinta, pero tan contundente como la anterior. Puedo mostrarte algo para que entiendas cómo es que el Cielo entiende la justicia.

La Palabra dice que justicia y juicio, son el cimiento del trono de Dios. Y esta no es una palabra pequeña, porque cuando Dios crea al hombre, lo crea justo. Adán podía caminar con Dios, cada tarde, y pasear por el huerto, no porque era su imagen, sino porque Adán era justo. Cuando Dios veía a Adán, veía a alguien justo.

Entonces, todo lo que el Padre tenía, era de Adán. Y no había diferencias entre cielos y tierra. Porque lo que une cielos y tierra, es la Justicia. Por eso es que en Cristo se unió cielos y tierra. Por Su justicia. Donde Dios gobierna, hay Justicia. Claro, el riesgo que estamos corriendo aquí y ahora, es tratar de interpretar Justicia con palabras humanas.

¿Cuál es la Justicia de Dios, por ejemplo? No la voy a definir. Pablo la define. No nos vamos a tomar el trabajo de hacer algo que ya Pablo lo hizo como nadie podría hacerlo. Pero sí te puedo dar ejemplos. Para Dios es justo que, si hay una persona que tiene cinco talentos y una persona que tiene un talento, quitarle a este último el único talento que tiene, porque no supo o no quiso multiplicarlo, y dárselo al que tiene cinco.

Pregúntame ahora cómo se vería eso a los ojos de cualquier dirigente social. Se vería como algo totalmente injusto. Sin embargo, la Biblia nos muestra que para Dios, eso es justo. Y dice que al que más tiene, aún más se le dará, y al que menos tiene, aún lo poco que tiene se le quitará. Eso es justo para Dios. ¡Huau! ¿Cuántos políticos han estado equivocados?

Entonces, la pregunta es: ¿Qué entiende el cielo por Justicia? Creo poder encontrar la manera de enseñártelo antes de concluir esto. Pero antes debería mostrarte algo más para que puedas entender claramente de qué es de lo que estamos hablando.

Cuando vemos con serenidad y equilibrio, la manera en que Dios conduce la historia, nos damos cuenta que Él trabajó en un proceso que, me guste o no y sin importar en qué momento vine al mundo, yo también debo trabajar conmigo. Cuando Dios crea al hombre, lo crea inocente. ¿Y qué significa, exactamente, inocente? ´Que él no tenía experiencia respecto a qué era lo malo, lo pecaminoso o las tinieblas. Lo crea inocente.

Y como el hombre es inocente, en ese momento, Dios es el que ejerce un gobierno pleno y directo. No es Adán el que gobierna. Es Dios mismo el que gobierna, a través de Adán. Por eso dice que Justicia y Juicio, son el asiento de su trono. O sea: si hay justicia plena, el gobierno de Dios es pleno.

Cuando el hombre decide voluntariamente pecar, lo hace a través de algo bien básico. Lo hace a través de la desobediencia. La desobediencia, pone al hombre en posición de injusticia. Y ahora escucha muy bien esto: si tus hijos no entienden que desobedecer es injusticia, tú no le estás enseñando nada. El gran problema de la desobediencia, es que donde hay desobediencia, Dios no puede obrar. Para que Dios pueda obrar, tiene que haber obediencia.

¿Y qué es lo que desarrolla la obediencia? Justicia. ¿Y qué es lo que provoca la desobediencia? Injusticia. Entonces, Adán pasa de esa etapa de inocencia a la etapa de la conciencia. Su conciencia se despierta. ¿Qué pasaba? Que antes de pecar, Adán no necesitaba usar su conciencia. ¿Sabes cuál era la conciencia de Adán antes de pecar? El Espíritu Santo.

Pero en el momento en que él peca, se desconecta del Espíritu Santo y tiene que activarse una brújula interna. La conciencia se activa en el momento en que Adán muerde el fruto prohibido. Por eso es que él se asusta, se esconde y se fabrica unos delantales con hojas de higuera. ¿Quién lo guio a hacer eso? Su conciencia, no Dios.

¡Y qué terrible juez es la conciencia! La conciencia no tiene misericordia. Entonces, deja de haber un gobierno de manera directa por parte de Dios. Comienza la etapa de los gobiernos individuales, o personales si los quieres definir con mayor precisión. Por eso es que Caín se siente con la libertad de matar a otro hombre, y no le importa. ¿Sabes por qué? Porque desde allí en más, la justicia es hacer lo que a mí me parece, y no lo que le parece a Dios.

Ya no es lo que Dios quiere, sino lo que a mí me parece, o sea que yo comienzo a gobernar según mis propios deseos. Ese es el gobierno de la conciencia. Pero Dios se acuerda de su pueblo, y en cada etapa él da algo que siga conectándolo con el hombre. Pero no era suficiente para hacerlo justo, por lo tanto Dios no podría establecer su trono otra vez.

Luego aparece Babel, y lo que ustedes encuentran en Babel, es lo que se llama gobierno humano colectivo. Ahí es donde aparece la democracia. A la democracia no la inventaron los griegos, la inventaron los babilonios. Los griegos, en todo caso, le pusieron el nombre, pero la institución democrática fue creada por los babilonios.

¿Qué es Babel? Es, básicamente, el gobierno humano. Aparece un hombre llamado Nimrod. Y Nimrod es un guerrero temible, que ejerce poder y gobierno a la fuerza. Y allí es donde entramos al gobierno de los más fuertes, de los más astutos, de los más corruptos, de los más vivos; entramos al gobierno de Babel. Y Dios lo permite. Porque esta tierra, necesita ser gobernada. Pero ya no la gobierna Dios, ahora la gobiernan los hombres.

¿Qué se genera allí? Injusticia social, mala distribución de la riqueza. ¡Eh! ¿Qué me está diciendo? ¡Entonces parecería ser que estamos ahora viviendo en Babilonia! Sí. Claramente seguimos viviendo bajo el gobierno de Babel. Pero, en un momento, Dios se separa de todas las naciones de la tierra, y elige a un hombre para levantar su nombre entre ellos: escoge a Abraham.

Y allí es donde aparece lo que se llama La Promesa. Retomemos la promesa de Génesis 3. Un día vendrá, el deseado de las naciones. Y este hombre, Abraham, es tan impresionante, que dice el texto que salió y se fue. Esa era la mayor declaración del juicio de Dios contra esa generación. Abraham salió. Salió de Caldea, salió del sistema de Babel. Salió.

Entones, el gobierno de Dios, pasa de ser el gobierno sobre toda la gente, a ser el gobierno solamente sobre una familia. Dios está sobre la casa de Abraham y sud descendencia. ¿Y qué pasa con el mundo? El mundo se está cayendo a pedazos y Dios no puede actuar, ¿Sabes por qué? Porque no hay justicia.

Aparece Moisés, y con Moisés viene, por primera vez, lo que vendría a ser el gobierno de Dios, peo a través de una Ley. Escrito está: no harás esto, no harás aquello, no harás lo otro. La Ley es, básicamente, la expresión escrita y visible del camino de la Justicia. Porque dice: Haciendo esto, vivirás. No robarás, no codiciarás la mujer de tu prójimo, honrarás a tu padre y a tu madre.

¿Y qué es eso? ¿Acaso un montón de caprichos de Dios? No, son los requisitos mínimos para vivir en Justicia. ¿Quién recibe la Ley? El pueblo de la promesa. ¿Qué quería Dios con ellos? Quería gobernar en ellos. ¿Qué necesitaba Dios para poder gobernar en Israel? Que ellos sean justos. ¿Pudieron ser justos? No. ¿Obedecieron la Ley? No. ¿Pudo gobernar Dios, allí? No.

¿Qué hicieron los reyes que vinieron después? Tú conoces la historia; cada uno peor que el otro. Uno piensa que va a llegar a ser justo por ser creyente. Sin embargo, el camino es opuesto. Uno llega a ser creyente por ser justo. Y sino, mira: había un hombre llamado Cornelio; un hombre justo. Ahora; ¿Era salvo? Y…técnicamente, te debería decir que no.

¿Y entonces, qué hace Dios? Manda su mejor apóstol del momento, el predicador de más prestigio en el momento, ¡A la casa de un pagano! Quiero que sepas, Cornelio, que tus oraciones y tus limosnas, han sido escuchadas por Dios. Dios establece su trono sobre la casa de Cornelio, y toda su familia ser convierte.

Y, escucha bien: no se convierten para ser justos; ¡Se convierten porque eran justos! Por eso es que los fariseos no podían convertirse, porque no eran justos. Viene Cristo y viene la iglesia. Y, a través de la iglesia, viene el gobierno de Dios por su Espíritu Santo. Eso se desata en el Aposento Alto. Es Dios gobernando a través de Su Espíritu.

Por eso es tan elocuente y tan hermoso el Libro de los Hechos, que siempre dije que no debería denominarse como “hechos de los apóstoles”, sino como “hechos del Espíritu Santo”. Creo humildemente que ahí alaguno le erró feo. Y el Espíritu Santo escogió a Pablo, y el Espíritu Santo nos dijo, y le pareció bien al Espíritu Santo y todo así.

Es Dios gobernando. ¿Y qué hace la gente cuando el Espíritu Santo gobierna? Y todos los que tenían propiedades las vendían y traían el dinero recaudado a los pies de los apóstoles, y todos aquellos tenían todas las cosas en común, y no había gente pobre o sin alimento en la iglesia, porque todos se cubrían con todos.

Cuando la justicia de Dios se establece, todo el pueblo se beneficia. No había pobres, no había necesidades, repartían todo esto entre la gente, ¿Y lo hacían por qué? Porque Dios, literalmente, había sentado su trono sobre ese lugar. Justicia y Juicio. No había viuda que no fuera atendida ni huérfano que no estuviera siendo educado. ¿Quién hace eso? El Espíritu Santo. ¡No la iglesia! ¡El Espíritu Santo!

Y con el Espíritu Santo llega la etapa final que es el Reino de Dios. ¿Qué es el Reino de Dios? Es el gobierno pleno y sin intermediarios de parte de Dios para con su pueblo. El mismo que en su momento tenía Adán. Ahora bien; todos nosotros, absolutamente todos y sin distinciones de categorías ni jerarquías, nacemos en este mundo bajo el gobierno humano. Ojo: Jesús también nació ahí.

Cuando yo nací, mis padres tuvieron que ir a inscribirme a un Registro Civil o como quiera que se denomine esa oficina de control de nacimientos en tu país, hoy. Hoy, tú y tu esposa son creyentes y son padres. Cuando nacen tus hijos, aunque seas creyente, deberás ir a inscribirlos ante ese Registro. De otro modo, no existirán para tu país.

Ahora te pregunto: ¿Por qué deberíamos nosotros, creyentes, obedecer todas esas leyes? Porque tus hijos, mis hijos, nosotros mismos, nacimos bajo el gobierno de los hombres. ¡Ah, no, hermano! ¡Ellos están bajo la iglesia! ¿Ah, sí? ¿Entonces, la iglesia gobierna? ¿De verdad tú crees y me quieres hacer creer, que la iglesia gobierna, ahora?

Todos nacemos en una situación de caída. Todos nacemos siendo uno con el diablo. Si me dices que tú no, me temo que estás en ignorancia total o me estás mintiendo. Todos nacimos con el pecado original en nuestro rostro. David mismo lo dijo en el salmo 51 y verso 5: He aquí, en maldad he sido formado,
Y en pecado me concibió mi madre. ¡Ninguno de nosotros nació salvo!

Esto es doctrina básica y doy por descontado que cada uno de ustedes la conoce. Ahora piensa: ¿Si no naciste salvo, cómo naciste? Naciste unido al príncipe de las tinieblas. Este gobierno que ustedes ven en las naciones de la tierra, más allá de los matices de cada uno, es un gobierno injusto. ¿Por qué? Porque el que está gobernando es el diablo y el no tiene nada de Justicia.

Ahora suponte esto: tú conociste al Señor hace cinco años, y te encuentras con alguien que sólo hace un año que lo conoció. Y otro que está más allá, hace treinta años. Sin embargo, aun conociendo al Señor, tú estás todavía bajo el gobierno humano. Jesús nació ahí. Él tiene que moverse con sus padres a Belén, para ser censados. Tiene que circuncidarse al octavo día. Debe ser formado y educado, porque la palabra dice que crecía en sabiduría y conocimiento, pero no sabemos que hizo desde los doce hasta los treinta.

¿Se educó? ¿Se formó? ¿Ayudó? ¿Trabajó? ¿Fue carpintero? O sea que él tuvo que hacer lo que le correspondía por nacer en un gobierno humano. Tan tremendo es esto, que cuando a Pablo lo abofetea el Sumo Sacerdote y él reacciona mal, le dice: ¡a ti te abofeteará Dios! Pero le dicen: ¡Eh! ¡Es el Sumo Sacerdote el que te ha abofeteado! ¿Y tú le acabas de decir eso? ¡Pablo va y se disculpa!

Pero… ¿Cómo te puedes disculpar con ese? Simple: porque él es parte del gobierno humano. Es decir que aquí hubo una caída, y otra caída, y otra caída, ¡Muchas caídas! Es decir que, para poder nosotros expresar el gobierno de Dios hacia afuera, debemos hacer el camino de regreso.

Tú necesitas aprender a obedecer las leyes de los hombres, primero, para luego obedecer las leyes de Dios. Entonces, cuando llegas a un semáforo que está de color rojo y dice “Pare”, tú debes parar. No puedes venir con la excusa de que los profetas miran otra cosa. Y aquí se pone en marcha un proceso muy grande que no tiene nada que ver con la escuelita dominical, sino con la vida práctica y cotidiana.

Como tú hijo nace bajo el gobierno humano, lo primero que te corresponde a ti, como padre, es enseñarles a tus hijos a obedecer a ese gobierno humano, respetar a los mayores, a sus maestros y a las normas y ordenanzas externas. Si su maestra le dice que no debe correr en el patio del colegio, tú le dices que se queda sentado donde se le ordena. ¿Pero por qué? ¡Porque así se te ha ordenado! ¡Obedece!

Las leyes no se explican. Porque las leyes no están diseñadas para ser explicadas, están diseñadas para ser obedecidas. Letrero de “No Fumar”. ¿No es que tiene que decir que está prohibido fumar en este lugar porque es malo para la salud y se encuentra mucha gente que no le hace bien el humo y se convierten en fumadores pasivos ocasionándose un daño en sus pulmones? No. Tiene que decir lo que dice: “No fumar”. Punto. Obedece.

Está por decolar un avión y sale el letrero de “ajustarse los cinturones”. ¡Es que a mí me aprieta! Ajustarse los cinturones. ¡No me lo puedo poner, me ajusta mucho! Ajustarse los cinturones, ¿Y sabes qué? Si no lo haces, el comandante está autorizado por las leyes a bajarte ahí mismo del avión y salir sin ti, aunque tengas tu pasaje pago. Es ley y se obedece.

Las leyes no son para ser entendidas, discutidas, debatidas y polemizadas. Son para ser obedecidas y cumplidas. Cambiar las leyes es otro tema que se tratará en otro contexto. Pero mientras están vigentes, te parezcan bonitas o no, tienes un solo camino: obedecerlas.

¿Y eso qué tiene que ver con saludar a alguien? Es que muy difícilmente puedas honrar a Dios si no honras a los ancianos, o a los abuelos, a las señoras embarazadas. No puedes honrar a Dios si no honras a tu prójimo, sea cual sea tu prójimo. En todo caso, es tu prójimo porque Dios lo ha puesto allí, aquí y ahora.

Cuando ya aprendemos lo que es estar bajo gobierno humano, recién podremos pasar a entrenar la conciencia. ¿Y esto qué es? Por ejemplo, entrenar la conciencia de los niños cuando tienen actitudes malas, aun estando ellos solos, y ser sensibles a la voz del Espíritu.

Escucha esto. Y te adelanto que la Pedagogía te miente en esto. No puedo entrenar la conciencia de una persona, sino aprendió a obedecer la Ley. ¿Y qué significa que funcionen por conciencia? Que sin necesidad que haya ley, ellos sepan hacer lo correcto. Eso es ser gobernados por la conciencia. Ah, y puede ser gobernado por una buena conciencia, pero también por una mala conciencia.

¿Y qué es lo que está pasando en este tiempo? Hace algunos años, miles de niñas, en las iglesias, cantaban las canciones de una popular cantante, en apariencia ingenua y pura.. Hasta que la empresa que la patrocinaba la soltó y allí se manifestó todo el espíritu que había dentro de esta jovencita. Muy oscuro y tenebroso.

Ahora, tú padre creyente: ¿Cómo puedes sentirte ofendido por las cosas que hoy esta señorita anda realizando, cuando fuiste tú mismo el que el compraste a tu hijita la mochila con la imagen de ella bien grande y visible? Discernimiento cero. ¿O me vas a decir que una niñita de siete u ocho años va a ir solita a comprarse una mochila o una remera con la imagen de cierta artista secular? ¿Quién se la compró? ¡Los padres!

La capacidad de entrenar la conciencia de los niños, está en relación directa con su capacidad de obedecer las leyes. Es más que obvio que todos los padres del mundo esperan que sus hijos se comporten en privado de la misma manera en que se comportan delante de sus ojos. Pero, hasta que llegue ese momento, la ley debe estar presente.

Nuestra conciencia, cuando ha sido purificada por Dios, ¿Sabes lo que hace? Se convierte en una repetidora del Espíritu Santo. Y si todavía eres muy nuevo y no conoces la voz del Espíritu Santo, y por lo tanto todavía no puedes escucharlo, sí puedes escuchar tu conciencia, seguramente.

Pero si esa conciencia no fue entrenada por la ley, esa conciencia le va a decir cualquier disparate. Y esto tiene que ver todo con los niños, es cierto, pero en cualquier momento recalaremos en los adultos. Cuando la gente ha sido entrenada en su conciencia, recién ahí puede enseñar que hay una línea límite hasta donde ellos pueden ir, y debe haber siempre restricciones que limitan el comportamiento.

¿Qué quiero decir con esto? Que será apóstol, será profeta, será lo que sea, pero tendrá sus límites. Porque solamente Dios no tiene límites.  Un ministro tiene que saber reconocer a quién puede ministrar y a quien no puede ministrar. De hecho, si esa persona no pasó por las dos etapas anteriores, la de obedecer la ley y la de entrenar su conciencia, no va a tener demasiado éxito en esta nueva etapa.

Porque la ley te pone límites visuales. Tu conciencia te pone límites que tú entiendes. De tal manera que, aun cuando tu conciencia se calla, tú igualmente ya sabes reconocer límites. Un conductor de años no necesita mirar el velocímetro para saber que está caminando demasiado rápido. Percibe que la velocidad que lleva es superior a la correcta o indicada para el lugar y el momento.

Ahora bien; cuando la gente ha caminado estos tres pasos, es cuando la gente está lista para ser salva. La salvación allí entra como anillo al dedo, sin forzar nada. La gente que ha tenido hogares disciplinados, es la gente que llegado su momento, más fácil se convierte. Porque culturalmente se los preparó para recibir al Señor más tarde.

¡Es que yo no puedo forzar a mi hijo para que acepte al Señor! Claro, ¿No pudiste forzarlo a que hiciera la tarea cuando iba al colegio, lo vas a forzar ahora para que venga a Cristo? Pero, si esa madre o padre hubieran hecho la tarea correctamente en su momento, la conversión de ese hijo, en un noventa y nueve por ciento, dependía de ellos.

Porque todo su proceso lo hubiera preparado para ese momento. Van a escuchar a un predicador, mamá, papá y el nene. Mientras mamá y papá escuchan al ministro con toda su atención, e incluso toman apuntes, el nene está echado en el suelo jugando con el celular del padre; mirando dibujitos, juegos de video, etc.

¿Haría eso en un salón donde esté el presidente de la república de tu país? ¿Lo haría en una importante misa de la más importante catedral de tu nación? ¿Haría eso en el homenaje al abuelo, que es tu padre, al cumplir sus cien años? ¿No, verdad? ¿Y entonces por qué se lo permites en ese lugar y delante de ese hombre que a lo mejor ha sido enviado por Dios con una palabra tremenda?

Lo valioso es sostener la promesa. ¿Y cuál es esa promesa? Infundir a los niños la verdad de que ellos han sido llamados para pertenecer a Dios. Ellos son diferentes, son su pueblo. Que sepan que han nacido en un hogar cristiano, que tiene padres que temen al Señor. ¡Es que debo ir a celebrar Halloween porque todos mis amigos van! ¿Sabes qué? Tú no vas a ir nada a celebrar eso, porque tú eres distinto.

Y como ya ha aprendido a obedecer y sabe que el no de su padre es no y el sí es sí, no va y punto, a otra cosa. Ahora; en esta etapa es donde ya puedes sentarte a su lado y explicarle por qué razón nosotros los creyentes no celebramos Halloween. ¿Por qué? Porque ya ha aprendido a obedecer la ley, porque sabe moverse en base a su conciencia y sabe reconocer que hay límites.

Entonces es el momento donde tú le cuentas cómo nace el Halloween, para que él entienda y te entienda. ¿Y sabes qué? ¡Sí te entiende! Porque cuando se habla de promesa, el mérito de la promesa es que pueda ser creída. ¿Cómo podría creer algo si no lo entiendo? Y ahí es donde tú también puedes hablar de la promesa. Tú eres diferente.

Claro, eso no significa que tú te pongas a convencer a un niño que Dios lo ha elegido como profeta, cuando todavía ni siquiera sabe higienizarse lo mínimo, o arreglar su cuarto. No obedece a su maestra en el colegio, no hace las tareas a término y tú quieres convencerlo que será un profeta que Dios enviará a las naciones. Me parece que estás quemando etapas.

¿No termina de respetar a sus abuelos ni a sus mayores, y tú quieres que te crea cuando le dices que es Josías, que a los ocho años fue rey? ¡No es un profeta, es un niño! ¿Sabes la carga que le caerá encima si un día realmente es levantado como profeta? No creas que es exagerado, esto: sólo estamos preparando el camino de justicia en sus vidas.

No tiene que preocuparte que tus hijos no salgan grandes predicadores o maestros. Lo que sí debe preocuparte, es que sean injustos. ¿Y qué cosa es ser injusto para un niño? Hacerle comprar a sus padres ropa que después sin haber un motivo, no usan. Es injusto, eso. Hay gente que lo apreciaría tremendamente.

Ya lo sé, parece una reverenda tontería, esto, pero te puedo asegurar que ese siervo que guardaba el talento debajo del colchón, seguramente no tuvo padres que le revisaran el placard y le regalaran a otros más necesitados todo lo que él no usaba. Porque esto es clave para plasmar buenos administradores. Los cristianos no somos ni debemos ser acumuladores, somos administradores.

Esa es una lucha, no te vayas a creer que es sencillo. Porque la naturaleza humana es altamente egoísta y no sólo desea tener lo que necesita, sino más. Mucho más, y más y más. ¡Es que quiero tener eso! ¿Ah, sí, eh? ¿Y para qué? Hay un principio en el Reino: lo que no lo usas, lo pierdes. ¿Y cómo se llama esto? Me atrevo a decirte que es Cultura de Reino.

Porque a lo mejor resulta fácil hablar de los misterios del Tercer Cielo, pero mucho más complicado convencer a tus hijos que si no necesitan esas zapatillas nuevas que nunca han usado, deben regalarlas a los que no tienen ni siquiera una. No puedes sostener y mantener todo. En algún momento debes soltar.

Enseñar quien es Dios. La ley es el testimonio de la naturaleza de Dios. Enseñar la manera de cumplir su voluntad y poder agradarle. Si los niños han aprendido a obedecer la ley de los hombres, van a poder obedecer la ley de Dios sin discutir ni cuestionar. Y no van a pertenecer más a esa generación de: “A ver, le voy a pedir a Dios que me lo confirme”. ¡Es que no te tiene que confirmar nada! ¡Si leyeras la Biblia como debes, saldrías de toda duda y sabrías que ya lo dijo!

No hay nada que confirmar. En la mayor parte de los casos, lo que la gente dice confirmar, es ignorancia bíblica. Conducirlos a un conocimiento genuino de Cristo y aceptarlo como su Señor y Salvador. Transmitir una vivencia profunda de Él. Sabemos que la conversión es tanto un acto, un momento, como un proceso.

Pero entiende esto: esto no es fácil. Esperamos que llegue un día en que la Presencia de Dios sea tan fuerte, que nuestros hijos no puedan pararse del piso sin glorificar su nombre. Ningún padre puede forzar a Dios para que lo haga ni mucho menos doblarles a ellos sus rodillas. Pero sí pueden preparar las cosas para que, cuando llegue ese momento, ellos no repliquen, no protesten, reconozcan y lo acepten en obediencia.

Por eso te digo que la conversión es tanto un acto instantáneo, como un proceso. Ningún padre puede hacer que sus hijos nazcan de nuevo por la fuerza, pero sí pueden conseguir preparar adecuadamente el lugar de ese nacimiento. Y preparar para que se de todo lo que se debería dar en cada etapa de su vida. Deben enseñarles que ellos han sido escogidos por Dios para cumplir un plan especial y deben rendir sus vidas.

Ahora bien; ¿Cuál es el mayor problema que se tiene en personas como las que pueden estar escuchando o leyendo esto? Gente que a lo mejor ha escuchado mucho de reforma; gente que quizás haya caminado por senderos sobrenaturales y tremendos pero, por ejemplo, también gente que a lo mejor todavía no sabe decir la verdad.

Gente que tal vez puede ofenderse muy rápidamente ante la menor acción de corrección a algo de su vida. Porque hoy hay muchos que tienen voz profética, es cierto. Tan cierto como que pese a ello, no son éticos. ¿Y qué cosa es la ética? Por ejemplo, el respeto a la labranza de otra persona.

Es más: hay mucha gente que cree que ya ha llegado al Reino, cuando en realidad todavía no han salido del gobierno de los hombres. Claro, si tenemos en cuenta que la ignorancia suele fabricar audaces, ahí encontramos explicación para muchas de las cosas que todavía vemos. Porque en ese contexto uno se anima a dar pasos que si entendiéramos como Dios se mueve, jamás daríamos.

La gran pregunta interna, hoy, es: ¿Qué necesitamos arreglar en nuestras vidas para que al fin pueda cumplirse en nosotros aquello de que somos la luz y la sal? Necesitamos aprender a vivir en justicia. Y créeme que es algo para nada fácil. El domingo vamos a un lugar donde nos sentimos espectaculares y decimos que esa es la iglesia. ¿Y sabes qué? Iglesia no es eso; iglesia es ser luz en todas partes.

La creación de Dios, tenía un modelo de Justicia. Cuando entra el pecado, destruye el nivel de justicia, destruye el modelo de justicia  entra la desobediencia. Y Babel es lo que expresa la parte final de la desobediencia, que es lo que se llama Rebeldía. La rebeldía es desobediencia explícita.

Y Babel da a luz setenta naciones, y ahí se quedó el mundo. Pero este mundo, recuerda, va a ser destruido. Así que de esas setenta naciones no quedará mucho más. Tienen que salir naciones salvas, para que Dios pueda tocarlas. Dios deja de trabajar con todas las naciones y empieza a trabajar solamente con una nación. Él se hace una nación: Abraham.

Y a ellos es a los que les manda la ley. Dios no le mandó su Ley a todas las naciones de la tierra, se la mandó a Israel. Con la ley luego vino el reino de David, y con el reino de David vino también la figura del Mesías, que viene primeramente a los judíos y ahí aparece Pentecostés. Y esa es la única forma en que las naciones puedan avanzar, aferrándose a Pentecostés.

Porque Pentecostés es, otra vez, arrojar una línea de justicia a las naciones de la tierra. Y entonces aparece la iglesia, punto y aparte de todo esto. ¿Cuál es, entonces, el concepto de salvo, para Dios? El que es Justo. Entonces, la oración diaria, es: “¡Señor! ¿Quién es justo para ti?” Respuesta: El que me obedece.

En pocas y resumidas palabras y como para que a nadie le queden dudas, justicia no tiene absolutamente nada que ver con perfección; tiene que ver con obediencia. Y es entonces aquí donde tengo que retornar a la pregunta inicial: ¿Cómo se desarrolla la obediencia? Con educación correcta y adecuada desde que somos niños.

¿Pero cómo tendré que hacer yo, que me convertí de grande, de adulto mayor, de viejo? Empieza el proceso desde el principio, respeta las autoridades, justas o no, correctas o no. Obedece a tu conciencia. Ponte límites. Conoce las promesas y la ley de Dios. Reconoce la justicia que viene del cielo. Gobernarás.

Hay ministerios que han encarado trabajos tendientes a una transformación cultural. Y eso es bueno, porque será uno de los caminos más llanos hacia un verdadero sentido de justicia. Hará que la gente se vuelva más ubicada, más temerosa de lo que habla. Desatará transparencia y sinceridad, lo cual barrerá con la clásica y hasta tradicional hipocresía religiosa, llevando a cada uno a realizar confesión pública de pecados.

¡Hermano! ¡Eso se ha hecho y se sigue haciendo en muchos lugares! Cierto, pero… ¿Durante cuánto tiempo? ¡En el principio! ¡Nadie puede incorporarse como creyente nuevo si no hace amplia confesión de sus pecados! ¿Y luego nunca más? ¡No! ¡Ya está! Déjame decirte que no está nada. Confesar nuestros pecados, cualesquiera ellos fuesen, de manera permanente y pública debería ser una cultura diaria en los cristianos del siglo veintiuno.

Y ni hablemos de pecados de líderes. Porque las cosas van de acuerdo con el nivel de responsabilidad que tú decides tomarte en Dios. Yo no sé si todos los líderes que conocemos han sido levantados por el Señor para esos liderazgos, pero los que sí lo son, tienen que rendir cuentas en mayor volumen. Si es un pecado de una persona que ejerce liderazgo o gobierno sobre un grupo, tiene que ser todo el grupo el que escuche su confesión de pecado y no solamente sus consiervos a puertas cerradas. Porque él es una persona que afecta a todos.

Ahora muy bien: ¿Qué genera esto en nosotros? Sentido de responsabilidad. Y eso debería quedarse como una norma interna dentro de nosotros. Entonces, la persona que va ocupando posiciones en el servicio, tiene que entender también que su nivel de responsabilidad está creciendo y que tiene que tener mucho cuidado con lo que está haciendo.

Entiende esto: la gente siempre va a buscar en donde apoyar su injusticia. Y cuando cualquiera de nosotros, (¡Cualquiera, dije! ¡No sólo líderes prominentes!), comete un pecado más bien grosero que impide que otros quieran venir a Dios, estamos elevando nuestro propio nivel de injusticia como iglesia.

Tenemos que experimentar un verdadero temor santo a equivocarnos en todas estas cosas. Lo que quiero decir es que necesitamos ser muy juiciosos y muy serios en esta tarea. Es preocupante ver a tanta gente que no pone ningún cuidado con lo que habla y juzga con llamativa facilidad lo que otros hacen o dicen sin el menor temor del Señor. Por eso siempre vamos a repetir lo mismo. Es importante que seamos medidos a la hora de hablar, y en todo lo que hagamos seamos gente honrada y honorable.

¿Sabes lo que significa ser honorable? Ser digno de honor. Y no sólo por tener un título: ya sea pastor, profeta, apóstol, eso es lo de menos. Es tenebrosa y asusta la manipulación. Antiguamente se le cargaban las tintas a los pastores como manipuladores de emociones, pero ahora las cosas se han elevado un nivel: hay manipulación profética, y eso es más grave todavía. “El Señor me ha dicho que tú, hermana, serás mi esposa” ¿Recuerdas? Y la pobre hermanita sin registrar para nada al que, según ese supuesto dios, es el esposo elegido. Y, además, ella muy enamorada del ujier más anónimo. Manipulación.

De hecho, en el conjunto podría decirte que somos gente muy confrontadora, y es por esa causa que nos hemos ganado una fama que dice que no tenemos amor. Ojo: no peleadores; confrontadores. Podemos decirle al hermano que piensa distinto la mayor de las barbaridades sin abandonar esa tan conocida sonrisa evangélica tradicional de blancos dientes cepillados al máximo.

La única manera en que nosotros podemos lograr gobernar sobre los cielos, sobre la familia, sobre la naturaleza, sobre las tinieblas, es obedeciendo. Porque mientras más obedezco, soy más justo. Entonces saldrá un pequeño gran teólogo ilustrado que me preguntará: ¿Y dónde queda lo de Romanos 5, que somos justos en Cristo? Respuesta muy sencilla.

Tú eres justificado en Cristo, en todo aquello que durante toda tu vida, entera, no podrías. Hay un montón de áreas en las que yo ya no puedo hacer nada. En esas áreas Dios me justifica. Pero él no va a pasar por alto mis injusticias. Soy yo el que debe mirarlas con la mayor claridad.

Te diré que,. En cierta manera, es algo más fácil obedecer lo que está escrito. ¡Ja! ¡Y estoy diciendo que es fácil algo que muchos todavía no obedecen! Al estar escrito debería ser más fácil. Si obedezco lo que está escrito, soy justo. Pero si obedezco lo que ya no está escrito pero es la verdad, ¿Qué soy?

Lo que ocurre que a veces, la gente con la que nos toca caminar, comete errores. Es adecuado saber distinguir si es un error por no haber visto bien, o es una acción de injusticia. Es decir: con conocimiento. Porque a veces alguien que no está haciendo las cosas bien no entra en injusticia, sino que se conduce con inmadurez. Y no es lo mismo.

Claro está que, si vemos claramente injusticia en alguien, lo mejor que puedes hacer es apartarte. Estoy hablando ministerialmente, ¿Soy claro? ¿Motivo? Varios, pero uno en especial: ¿Tú crees que yo podría perder mi tiempo, que para mí es valioso, procurando que me escucha y cambie alguien que no está escuchando al Espíritu Santo? Si ha decidido no oír la voz del Espíritu, ¿Por qué creería yo que va a oír la mía?

Fíjate el asunto de la mentira. ¿Qué sucede con gente que miente sencillamente porque no sabe de lo que está hablando? ¿Se puede catalogar a eso cómo mentira? Supongo que se tendría que analizar el valor de la verdad, aunque me parece que habría que distinguir entre ignorancia y mentira. Porque en la mentira siempre hay una intención de torcer la verdad. Una cosa es equivocarse en las formas, eso se maneja. Pero si es injusticia…

Se entiende que el profeta no es aquel que tiene la capacidad de ver las profundidades de Dios y describirlas, sino aquellos hombres y mujeres justos. Porque las palabras pasan, y el Reino de los Cielos no consiste en palabras. De lo que estamos hablando es de hacer las cosas bien.

Ahora llega el momento de preguntarte: ¿Qué puedes hacer tú? No es poco. Por ejemplo, la manera en que gastamos el dinero tiene que ver con la justicia. El espíritu con que gastamos el dinero, tiene que ver mucho con la justicia. La manera en que hablamos de otras personas. La claridad para elegir entre luz y tinieblas.

Dios está levantando su nombre, pero en gente que tiene las manos limpias. Y si hay algo que cada uno de nosotros puede hacer en favor de la región de Latinoamérica a la que pertenezca, es la de levantarse como una comunidad de hermanos con verdadero respeto a la ética, respetuosos, responsables.

Poderosos en palabras y en hechos, que dan testimonio de la luz verdadera, con hechos justos, haciendo callar la boca de los acusadores. Dándole gloria a Dios y honra al Padre, porque un día nos llamó para devolver el gobierno que Él tiene de su creación, a su iglesia.

Es obligación ministerial, nuestra, llevar a la gente exactamente al lugar en donde Dios la quiere. ¿Y dónde la quiere? Número uno: la quiere en justicia. Número dos: la quiere en total dependencia al Espíritu Santo. Porque es mucha la gente que en este tiempo anda con mensajes de reforma, pero también es mucha la que está desvirtuando su real significado y razón de ser.

En principio, y de manera casi elemental, déjame decirte que reforma no es devolverle la iglesia a los profetas. Tampoco es reunirnos en casas de familia, porque todas las iglesias son babilonias, tampoco destruir todo lo construido y ponerse a hablar solamente del Reino. Reforma tiene que ver, esencialmente, con un tema central: justicia. No hay reforma sin justicia.

A los que son padres, enseñen a sus hijos la obediencia. Las demás cosas no son tan importantes; lo esencial es la obediencia. Porque la obediencia no pasa por la mente, pasa por el corazón. Por eso no es importante que entiendas; es importante que creas. La reforma empieza en el hogar. Se necesitan familias fuertes para construir sobre ellas una iglesia fuerte.

Y creo que el epicentro de todo es la educación. Te doy un ejemplo. Tenemos un buen colegio, cristiano. Con excelentes profesores cristianos, con tremendos devocionales diarios y hasta tiempos exquisitos de altísimo nivel de adoración. Los maestros, repito, todos gente temerosa de Dios, no hay infiltrados raros. Pero todos esclavos inconscientes del espíritu de Grecia.

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Hora de Doblar Rodillas

Es mi intención que te prepares en este día para recibir una bendición, una ola apostólica, un espíritu militante que ha de bautizar a cada creyente, no al cristiano, al creyente, para que pueda ser uno con aquel que es pionero, y conquistar nuestras ciudades. Es un tiempo de conquista, dice el Señor. Ya no vamos a ser más un Reino peregrino que está pasando por ahí rumbo a un destino tan lejano, que mucha gente ni siquiera entiende dónde está.

No somos un Reino peregrino, somos un Reino que trasciende todos los reinos del mundo. De todos modos, soy consciente que hay mucha gente linda y buena en la iglesia de Dios, que probablemente no va a entenderme. Los altos rangos de milicia en la iglesia de Dios, están reservados para aquellos que tienen la habilidad de comunicar agresivamente el verdadero consejo de Dios.

Ha llegado un tiempo al pueblo de Dios, en donde los niños y los hombres, serán separados del espíritu. Hay cosas en el ámbito espiritual, en donde los niños espirituales, no pueden participar. Dios quiere traer madurez al cuerpo de Cristo. El mensaje de hoy, tiene dos principios, dos puntos que vamos a ver. Dos puntos que nos van a enseñar a nosotros el tiempo en el cual estamos viviendo, y por qué razón estamos allí.

Recuerda: es tiempo de conquista. Ya no se va a encontrar la bendición bajo el arbusto del hermano. Ya el maná no va a seguir cayendo del cielo para que tú recibas tu bendición cuando te levantes por la mañana, simplemente recogiéndola de un arbusto. Al cruzar el Jordán, tú empiezas a comer lo que siembras, y participas de lo que tú mismo cosechas.

Jericó es sólo el diezmo, Argentina es sólo el diezmo, Argentina es sólo la primicia. Queremos a Argentina como nuestra herencia. Tú tienes la libertad y el derecho divino de declarar y decretar lo mismo, con el nombre de tu país.

(Hebreos 3: 1) = Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús; (2) el cual es fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios.

(3) Porque de tanto mayor gloria que Moisés es estimado digno éste, cuanto tiene mayor honra que la casa el que la hizo. Nota que Cristo es el que la hizo a la casa de Dios. No es algo que estás construyendo cuando tú llegas, sino que ya está hecha. La casa de Dios es la iglesia. Pero como cuerpo, grupo, gente, no mampostería y paredes. Eso es templo. Y un templo puede ser iglesia o puede ser club religioso)

(4) Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios. 

(5) Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir; 

Déjame decirte algo que te va a ayudar a entender el resto de lo que hablemos aquí. Moisés es sombra, Moisés es tipología. Aún de importante como es Israel, todo el Antiguo Testamento, sus leyes, y todas aquellas enseñanzas y ritualismos del Antiguo Testamento, todo es sombra que señala a un cumplimiento que ha de manifestarse en ti.

Él fue fiel sobre la casa de Dios, sólo como testimonio de lo que se iba a decir. Pero Cristo, como Hijo sobre Su casa, y no son pocos los que seguramente arquearon sus cejas cuando dije que la iglesia era la casa de Dios, porque prefieren pintarlo con un templo en otra parte, dice que el Hijo de Dios fue fiel sobre Su casa, la cual Somos, somos nosotros; di conmigo: ¡Somos la casa de Dios!

Gloria a Dios por eso. Es una bendición tener por dentro la Deidad del Altísimo. Pero, somos la casa de Dios, si retenemos… (¿Cuántos hubieran querido que la palabra se hubiera terminado allí, con un punto?) Somos la casa de Dios, si retenemos, firmes, y no tambaleando y haciendo columpio sobre un palito; firmes hasta el fin. ¡Hasta el fin!

(6) pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.

Esta es una carretera de dos manos, de dos carriles y en dos direcciones. Hay gente que entra, y al ratito vuelve y sale. 1 Pedro nos dice que los profetas del Antiguo Testamento allá por el versículo 10 y hasta el 12 del capítulo 1 de 1 Pedro nos menciona que ellos anhelaban ver las cosas que hoy estás participando.

Y dice que hasta los ángeles anhelaban verlo. No estamos en tiempos caóticos, no estamos en tiempos malos. Estamos en un tiempo estratégico que hasta los apóstoles quisieran estar. Porque ellos participaron sólo del primer avivamiento, pero la última gloria será mayor, y tú tendrás el privilegio de participar en ello. Si te mantienes firme, claro…

Dice que Cristo fue fiel sobre la casa de Dios la cual somos nosotros. Cuando buscamos para ver cuándo y de qué manera Cristo fue fiel, nos encontramos con que no fue por consecuencia secundaria. Fíjate que el problema no es que alguien tenga un problema de drogas, o alcohol, o quizás lujuria, o perversión.

No tengo escrituras con qué respaldar lo que voy a decir, pero en honor a la verdad, no creo que Cristo haya andado batallando con la lujuria, o que andaba enamorado de cada jovencita que iba a verlo predicar. No creo que ese haya sido el problema. No creo que Él haya tenido que ser fiel en cuanto a su forma de pensar. Lo que sí creo, es que Cristo era un hombre recto.

Entonces, ¿Cuál fue la fidelidad de Cristo que le otorga a él ser Sumo Sacerdote tras la orden de Melquisedec? Hemos descubierto que lo que Cristo luchó por mantener y que por poco no mantiene, era el hacer la voluntad de Dios. En toda la Biblia, aparentemente, había una sola voluntad. Si me ha visto a mí, ha visto al Padre. Porque el Padre y yo, somos uno. Y yo sólo hago lo que el Padre hace.

Pero, llegó un día en que Él dijo: no se haga mi voluntad, sino la suya. O sea: hubo una batalla, una guerra interna, para ver si había que hacer lo que el Espíritu Santo quería hacer, o hacer lo que la carne quería hacer. Y Jesús batalló grandemente con este problema. Tenía que vencer el deseo de no estar en uno con el Espíritu de Dios. ¿Podrán dos caminar unidos si no están de acuerdo? ¿Cuántos saben que Cristo venció?

(Hebreos 5: 7) = Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. 

Su oración fue escuchada no porque andaba quejándose, sino porque tenía temor reverente, que es muy distinto a tener miedo. Diría que lo opuesto. ¡Dios no se mueve por lástima, se mueve por fe! ¡Si pudiéramos aprender eso! Ningún lamento podrá mover a Dios. ¡Es imposible agradarle sin fe!

(8) Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; (De hecho, aquí tendremos que asumir que, si tuvo que aprender obediencia, es porque no nació obediente. Estamos hablando de Cristo.) (9) y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen; 

Es decir que, tal como lo lees, no era perfecto, sino que se perfeccionó. ¡Hay que entender la humanidad de Jesús! El Libro de los hechos, dice en su capítulo 10, que fue ungido del Espíritu Santo. Y como sabemos que Dios no puede ser ungido, Jesús tiene que haber sido todo hombre. Es difícil de explicarlo, pero sólo se te pide un momento de confianza y luego podrás comprobarla por ti mismo.

El luchó con la voluntad de Dios, pero por lo que tenía que luchar fue que aprendió a obedecer. Nosotros luchamos igual que él cuando se nos presenta la voluntad de Dios y las otras alternativas. El problema o, mejor dicho, la diferencia entre nosotros y Él, es que Él aprendió con las luchas, mientras que nosotros seguimos luchando las mismas batallas.

No hay nada que nos saque más de quicio a los creyentes más o menos maduros, que el ver a una persona con el mismo problema todos los días. Escucha: esta es una escuela donde Dios no aplaza a nadie. te sigue y te sigue tomando el examen hasta que lo apruebas y lo pasas.

Si aprendiéramos lo que tenemos que aprender con cada circunstancia, no la volverías a tener. O, por lo menos, no te caes en el mismo hoyo dos veces. Él vence la tentación de no hacer la voluntad del Padre. Y yo deseo, a través de este trabajo corporal, porque no estoy buscando fallas en personas desde lo individual, porque no es ese mi trabajo, enseñarte donde está la justicia, sencillamente para que el pecado se quede atrás.

Pero, la iglesia de Dios, y no soy quien yo para especificar quienes la componen o quienes no, ese es Dios el que lo va a definir, tiene que estar plenamente convencida desde lo más íntimo, que lo que tiene que hacer es todo lo que sea la voluntad del Espíritu Santo de Dios. Y esta, créeme, es la guerra más grande que todavía, por estos tiempos, tiene esa iglesia en su conjunto.

¿Haremos lo que tenemos que hacer? ¿Calculamos el costo? ¿O, por el contrario, seguiremos especulando para ver si eso nos conviene o no ministerialmente, que es como decir que nos conviene o no en lo personal, lo privado, lo particular?

(Hebreos 3: 7) = Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, (8) No endurezcáis vuestros corazones, Como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, (9) Donde me tentaron vuestros padres; me probaron, Y vieron mis obras cuarenta años. (¡Cuarenta años!)

(10) A causa de lo cual me disgusté contra esa generación, (¡Qué triste que Dios se disguste sólo con una persona! ¿Pero que escoja disgustarse con toda una generación? Y fíjate, que estamos hablando corporalmente. O sea: que tú estés de acuerdo o no estés de acuerdo con este mensaje, no equivale a nada: porque aquí, o seguimos todos o, mientras la mitad no siga, el resto no va a poder funcionar y todos vamos a andar mal) Y dije: Siempre andan vagando en su corazón, (O sea: sin propósito, sin dirección. No son iglesia, sólo van a la iglesia. ¡Ah, no, hermano! ¡Nosotros siempre venimos al templo, no faltamos siquiera a un culto! Está bien, pero: ¿Y cuál es, para ti, el propósito de esos servicios, cultos o reuniones?) Y no han conocido mis caminos. (Aquí la palabra no implica sendero literal, sino forma, modus operandis, estilo de trabajo. Te lo paso en limpio: conocer los caminos de Dios, es simplemente saber cómo opera Dios en cada caso. Entender tanto la operación de Dios, que puedes confiar en ella. Cuando todo el mundo dice que todas las cosas andan mal, tú sabes, que sabes, que sabes, porque sabes cómo está pensando Él.)

(11) Por tanto, juré en mi ira: No entrarán en mi reposo. (A ver si te queda claro: Dios juró, que no entrarían en el reposo. Ahora bien; fíjate más atrás, una vez más, el verso 8. No endurezcáis vuestros corazones, (Aquí es donde todos, a coro, deberíamos declarar que no endureceremos nuestros corazones) Como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, 

Y este verso fue el que me catapultó una búsqueda, porque no mencionó un tiempo cualquiera. A pesar que Israel siempre andaba tentando a Dios, se metía en problemas y luego aullaba y clamaba pidiendo que los sacara del problema. Sin embargo, hubo un día tan especial, que fíjate que tiene un título: El Día de l Provocación. Y no hay dos, ¡Era uno!

Hubo un día en que lo que se hizo fue tan tremendo, tan malo delante de Dios, que Dios los miró y dijo: ¡Se acabó! ¡No van a entrar! ¡Están muertos, no existen! ¿Te das cuenta? ¿Cuántas veces te hablaron de esto? Sí, a mí igual. Por eso yo quiero saber qué cosa fue la que enojó tanto a Dios, más allá de todo lo histórico y el estudio, fundamentalmente para no cometer yo mismo el error de hacer lo mismo.

¿Cuántos crees que costará descubrir qué cosa fue la que hizo este pueblo, que llevó a Dios a ponerle título al día? El Día de la Tentación. No uno cualquiera. El día, pronombre personal, el día de: la provocación. Ven un momento conmigo al salmo 95. Deja marcado este pasaje de Hebreos porque será nuestro texto central. Salmo 95.

(Salmo 95: 7) = Porque él es nuestro Dios; Nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano. Si oyereis hoy su voz, (8) No endurezcáis vuestro corazón, como en Meriba, (Muy bien; ahora sabemos dónde fue. Fue en Meriba) Como en el día de Masah en el desierto, (9) Donde me tentaron vuestros padres,
Me probaron, y vieron mis obras.

(10) Cuarenta años estuve disgustado con la nación, (¡Qué día tan terrible! ¡Le produjo a Dios cuarenta años de enojo! Y aquí es donde algunos eligen echar un vistazo a la numerología bíblica, ya que cuarenta significa tiempo indefinido, tiempo de tribulación, tiempo de perfección. Es un tiempo de transición. En suma: el tiempo que le corresponde al pueblo, arrepentirse. O sea: si lo trasladamos al hoy, al presente, Dios podría disgustarse hasta que tú cambies. Ahora; ¿Cuarenta años, es suficiente?) Y dije: Pueblo es que divaga de corazón, (O sea: que anda sin propósito. Por eso repite la frase) Y no han conocido mis caminos. (Mira el Salmo 55)

(Salmo 55: 19) = Dios oirá, y los quebrantará luego, El que permanece desde la antigüedad; Por cuanto no cambian, Ni temen a Dios.

Noten que cambio, tiene que ver con temor a Dios, y el que no cambia, -dice la Escritura- es porque no teme a Dios. Y, lo reitero una vez más, no temor de miedo, sino de reverencia, Y reverencia no es ir a un lugar un fin de semana y cerrar los ojos y hacer volar tu imaginación flotando por los aires. Esa, en todo caso, podría ser una postura de alguien que verdaderamente está en reverencia, pero no un método a copiar.

Reverencia, significa que tú confías tanto en Dios, que si Dios te envía a un lugar que tú no conoces, tú vas sin pensarlo, porque sabes que, aunque tú no conozcas el camino para donde tienes que ir, sí conoces los caminos de Dios. El que teme a Dios, le sigue. Por eso dice que por cuanto no cambiaron, no temieron a Dios. No fabriquemos métodos ni sistemas. Hablar de cambio en el Reino de Dios, es hablar lisa y llanamente de un estilo de vida.

Ahora; me pregunto yo: ¿Cuántos tienen las mismas circunstancias, mismas amistades, mismo estilo de vida, mismo empleo, mismo todo, por espacio de veinte años? Porque, dice que temer a Dios, tiene que ver con cambios. Y en el Salmo 95, se mencionaba a Meriba, que significa Murmuración o Rencilla. Y el terreno de Masah, que significa Provocación.

Esto quiere decir que hubo un día en que el pueblo de Dios provocó tanto a Dios, que por espacio de cuarenta años Dios los paseó como a la congregación de los muertos vivos. Es decir: existían, pero no tenían vida. ¿Se entiende lo que digo? ¡Congregaciones muertas! ¿Hay alguna que tú conozcas por allí, verdad?

Vamos a Números 14 y no te canses, porque hay veces en que pasear por la palabra es recibir alimento e instrucción, todo al mismo tiempo. Y queremos ver esto, porque si Dios se enojó con una generación por tanto tiempo, es menester que nosotros, hoy, nos ocupemos en tener mucho cuidado de no caer en la misma actitud o disposición espiritual que ellos.

(Números 14: 20) = Entonces Jehová dijo: Yo lo he perdonado conforme a tu dicho. 

O sea: hicieron lo que hicieron, y Moisés intercede por ellos, diciéndole a Dios: ¡Por favor, no los mates! ¡Porque los iba a matar! ¡Se enojó tanto que iba a matar al pueblo!

(21) Mas tan ciertamente como vivo yo, (¿Cuántos saben que Dios vive! Este es el más alto juramento existente, porque siempre se cumple) y mi gloria llena toda la tierra,

¡Qué bonito que está hablando ahora! ¡No me interesa las suciedades de la política y la economía mundial. No me interesa la recesión; ciertamente como vivo yo, mi gloria llena toda la tierra. Por eso, antes de decirte nada, aunque estoy disgustado contigo porque has desobedecido a la voluntad que yo te exijo, ciertamente vivo yo que te digo ¡Que la tierra, estará llena de mi gloria!

(22) todos los que vieron mi gloria y mis señales que he hecho en Egipto y en el desierto, y me han tentado ya diez veces, y no han oído mi voz, (23) no verán la tierra de la cual juré a sus padres; no, ninguno de los que me han irritado la verá.

¡Qué raro! Porque en Hebreos juró que no entrarían en el reposo, pero aquí no habla del reposo, ¡Habla de la tierra! ¿Cómo se entiende esto? ¿Será que está confusa mi Biblia? No, la Biblia no es confusa, y mucho menos la palabra de Dios encerrada en ella. Vamos a confirmarlo una vez más. Estos temas necesitan por lo menos dos o tres escrituras para confirmarlo y probarlo como correcto.

(Deuteronomio 1: 34) = Y oyó Jehová la voz de vuestras palabras, y se enojó, y juró diciendo: (35) No verá hombre alguno de estos, de esta mala generación, (Aquí cambia las formas y la llama “mala generación) la buena tierra (Importante para tener siempre presente y en cuenta: la tierra es buena que juré que había de dar a vuestros padres.

Dijo que no entrarían en la tierra. Sin embargo, vemos que en Hebreos, se nos dice que en donde no entrarían, es en un reposo. Tiene que haber algo relativo, porque en el cumplimiento o en la interpretación de los apóstoles, refiriéndose a la misma anécdota del Antiguo Testamento, con la autoridad de la inspiración, porque 2 Timoteo 3:16 dice que toda palabra de Dios es inspirada por el Espíritu, inspirados por Dios, entonces, cambian la palabra Tierra, por Reposo. ¡Acá sí que se puso bueno, esto!

Dos millones y medio de israelitas salen de Egipto, salen del mundo, son nacidos de nuevo, experimentan la pascua, como la mayoría de nosotros, que fuimos presos del enemigo. Experimentan una luna de miel, Miriam viene danzando proféticamente, ¡Gloria a Dios, somos libres! Están en plena luna de miel con Dios, dos años, caminan algunos trescientos veinte kilómetros y llegan a una tierra llamada Cades-barnea.

Y desde este desfiladero pueden ver al otro lado, a lo lejos, la tierra de Canaán. Es entonces que la cabeza de aquel pueblo, como si fuera el pastor de aquel día, envía a doce espías. Cuatro por tres, doce. Cuatro por la tierra, cuatro puntos cardinales. Tres por la divinidad, Padre, Hijo, Espíritu. Doce es número de gobierno; doce apóstoles, doce tribus. En el día de hoy, a eso se lo conoce como el movimiento apostólico.

Envía a doce apóstoles, o envía a una delegación apostólica, a espiar la tierra de Argentina. Diez de ellos regresan con una imagen absolutamente negativa y pesimista. Diez es el número de la tribulación, el número de las pruebas y de completamiento. Doce, en cambio, habla de pacto profético

Dos regresan con una imagen totalmente positiva y optimista. También en la Biblia es muy importante y cuando hablamos de gobierno, la Biblia nos menciona que en los últimos días habrá dos profetas. Y el movimiento apostólico y profético se está moviendo en la tierra, hoy. Dos vienen declarando que se puede poseer la tierra, que se puede poseer a Argentina, que se la puede conquistar. Pero diez vienen negativamente y comienzan a decir que no se puede cumplir con la voluntad de Dios.

Dios levanta un movimiento apostólico y profético que nada tiene que ver con ordenamientos casi en familia o por simples amiguismos de personajes que buscan honrarse los unos a los otros, en muchos casos, a espaldas de Dios. Y es un movimiento levantado para espiar la tierra, y traen las buenas nuevas al pueblo, y se levantan diez mensajeros, diez voces.

Y esto es muy importante, porque cuando Él escogió  a los doce espías, eligió a un referente de cada grupo. Escogió al conductor de cada tribu. Eran, de alguna manera, los doce líderes de las doce tribus y diez de los líderes, no querían entrar en la tierra porque tenían temor. Sólo dos querían entrar.

Diez vienen negativos porque le tenían miedo a los gigantes, le tenían miedo a la tribulación, inventaron la doctrina del rapto, dijeron: ¡No queremos entrar en la tierra! ¡Vamos a volver a Egipto! ¡Somos gusanos! ¡Señor! ¡Sácanos de aquí! Escúchame: Canaán, no era en el cielo. Canaán es una dirección física, pero a su vez, profética. Habla del ahora y del después del Reino de Dios. Hay un Canaán, ahora; y hay uno profético para el mañana.

No se trata de discutir el cielo. Amar el cielo, no es malo; abandonar la tierra, sí lo es. Te propongo hacer un estudio de la ciudad de Cam. Canaán, es producto de los hijos de Cam. Una generación que fue maldita por Noé. Era la tierra que Dios le había dicho a Israel que tenía que conquistar.

Las ciudades, tenían carácter monárquico. Los reyes, fijaban impuestos altos. Reclutaban ejércitos. Controlaban la religión y todo el comercio. Noten ustedes que Canaán, era una ciudad muy parecida a las ciudades de hoy. La unidad básica y central de Canaán, era la familia.

Habían tres clases sociales: la clase alta, los patricios, la clase baja y los siervos. ¿Se parece o no se parece, y mucho, a las ciudades de hoy? Hubo una confrontación apostólica y profética, cuando los espían van a espiar la tierra, y vienen a confrontar al pueblo para poseerla. Usualmente, se levanta una mayoría negativa.

La mayoría, usualmente, están equivocados. Estos, no solamente fueron religiosos, sino que también fueron políticos. Justamente, después de este evento, se levantan doscientos cincuenta hombres de renombre, para entrar y despojar a Moisés de su posición. No solamente no quisieron entrar. No les gustó la doctrina, sino que dos capítulos después, deciden echar al líder.

Y se levantaron doscientos cincuenta hombres de renombre, y la tierra se los tragó vivos, con todas sus credenciales, sus títulos, sus riquezas, sus poderes y sus doctrinas, porque Dios sí quiere poseer a Argentina, Dios sí quiere poseer a América, Dios sí quiere poseer la tierra completa.

Es el espíritu de Coré. Enseguida eligen un comité y comienzan una nueva doctrina para justificar no moverse con el Espíritu. Normalmente nos dicen que aquellos que traen un nuevo mensaje, son los que traen la nueva doctrina. ¡No, señor! La nueva doctrina es aquella que se manifiesta para justificar el quedarse atrás, y no seguir adelante con la nube. ¡Dios se está moviendo, y hay que continuar caminando con su nube!

Queremos paz, no queremos guerra. Fíjate, se trata de que Canaán es poseer una posición espiritual de descanso, en medio de una tierra de gigantes. No se habla de sobregirar gobiernos, se habla de tener un Reino trascendente. Porque algo que trasciende, es algo que es superior. Mis leyes, mis constituciones, los principios por los cuales yo rijo mi vida, siempre vencen el sistema del mundo. Cuando lo crees, claro.

Porque, convengamos en que, la parte del evangelio que tú no puedas o no quieras creer, jamás se te manifestará. Experimentar la salvación, no es suficiente. La salvación es progresiva. Hay un desafío después de la salvación, que se llama la Vida, el Reino. ¡Bienvenido a la Vida!

Alguien nos mintió o exageró cuando nos dijo que nacer de nuevo iba a ser algo color de rosa. ¡Es mentira! Pablo oraba hasta que cada creyente tuviera a Cristo formado entre nosotros. Lo que pasa es que esta generación no quiere entrar a la tierra, porque está llena de gigantes. Sin embargo, Cristo nos dice en Juan 3:17: ¡No los saques de la tierra, sólo protégelos de los gigantes!

¡No les tremas a las tribulaciones! Porque dice que tendrás tribulaciones, no que en una de esas tienes mala suerte y tienes alguna. Pero yo he vencido al mundo, te asegura al final. Serás casa de Dios, si retienes firme hasta el fin. Si no hubiera nada fuerte en el camino, no habría que estar tan firme, ¿No crees?

Esta, y tú lo sabes, es una palabra verídica, sencilla, que a lo mejor atropella algunos pensamientos muy tradicionales, pero no le hace; es genuina y te va a activar para que tomes posesión de tu herencia. 2 Corintios nos dice que la tribulación momentánea. No dice la paz y el amor de Dios, dice la tribulación momentánea, trabaja para nosotros.

Aunque te parezca increíble, pero todo lo que está pasando a tu alrededor, está trabajando a tu favor, no en tu contra. Si tú lo crees, de hecho. Trabaja para nosotros un eterno peso de gloria, cuando vivimos nuestra vida de acuerdo con lo que no se ve, y no de acuerdo a lo que se ve. Porque lo que se ve no es la realidad, sino una imagen. Lo que es eterno, es lo que no se ve.

Tú naces del mundo invisible y trabajas en el mundo visible. Pero tú eres espíritu, y las leyes espirituales, siempre vencen a las leyes físicas. Porque todo lo físico, proviene de lo espiritual. Por eso, es tiempo de aplicar los recursos espirituales que tenemos y entrar en una dimensión de reposo espiritual. Un nivel del arca de Noé, si me permites decirlo así.

Producir en nuestras vidas, una tierra de Gozén, entrar en una dimensión de madurez, donde podemos empezar a hacer la voluntad de Dios, sin ser afectados exteriormente y sólo motivados de adentro para afuera. Sólo de esta manera vamos a poder consumar lo que se está desarrollando en el transcurso de este milenio.

Ahora imagínate esto: Dios acaba de sacar a dos millones y medio de creyentes, están frente a la tierra de promesa. Me imagino el corazón de Dios en aquel día. Se le debe haber roto el corazón cuando el pueblo dice: ¡No queremos entrar! Dios los mira y les dice: ¡Ustedes no me entienden! ¡Yo no los saqué de allí para dejarlos en el medio de la nada! ¡No te saqué para que te quedaras en clara desventaja!

¡No te dije que tus armas carnales no servían y eran inútiles, para después darte unas armas espirituales que no sirven! ¿Cómo se te ocurre? No te saqué del mundo para que fueras como un paréntesis apático y sin propósito, como sin saber para dónde ir, y si acaso te atreves a mencionar para dónde vas, no sabes cuándo ocurrirá. Escucha: ¡No te llamé para eso!

No te saqué de Egipto para que anduvieras vagando en la tierra, esperando vivir de la soberanía de Dios. Cuando un grupo decide no seguir la nube; cuando hay dos o tres que dicen enseguida: ¡Vamos a poseer la tierra! Y la gran mayoría dice: ¡No podemos! ¡Somos gusanos! ¿No te das cuenta? ¡Hay desempleo! ¡Hay recesión! ¿Cómo vamos a edificar escuelas si ni siquiera hay trabajo! ¡Somos gusanos!

Entonces dicen: ¡Vamos a inventarnos una nueva doctrina! ¡Vamos a declarar que Cristo viene ya mismo, que nos va a rescatar de todo el problema, y así podremos mantener a la gente con nosotros! ¿Y sabes lo que pasa? Que a Dios se le quebrantó el corazón, porque: ¿Sabes lo que significa la palabra Canaán en hebreo? ¡Doblar las rodillas!

¿Te imaginas con qué cara el pueblo le habrá dicho a Dios: no queremos poseer al pueblo que dobla rodillas? Canaán, literalmente, significa: “Ser humillado delante de ti”. Canaán significa: “Serán sojuzgados y conquistados”. ¡Con qué cara puede, un pueblo dotado del poder de Dios, pararse frente a Dios y decirle: no queremos poseer a los que ya son poseídos! ¡Es cobardía! ¡No es casualidad que diga que los cobardes no entran! Canaán es tu ciudad, Canaán es tu herencia. ¡Toda rodilla doblará ante el Reino de mi Padre!

Volviendo a Hebreos capítulo 3. Esto provocó a Dios a tanta ira, que dijo: ¿Sabes qué? ¡No vas a entrar en la tierra! ¿No quieres entrar? ¡No vas a entrar! Pero, Hebreos dice que el que no entra, no reposa. ¡Qué problema! ¡Para reposar, tengo que pelear! Si no peleo, no reposo. Parea reposar, hay que entrar. ¡Pero no se trata del cielo!

(Hebreos 3: 11) = Por tanto juré en mi ira, no entrarán en mi reposo. (Y ahora vamos a ver de qué se trata)

(12) Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo;

Fíjate que el problema no es la escatología, el problema es la incredulidad. Cuando no se cree, se construyen nuevas doctrinas para justificar tu falta de fe. Por eso, te digo que Canaán no es un lugar físico, pero sí es un dominio y una autoridad en medio de un lugar físico. Porque en el cielo no hay gigantes. Los gigantes están aquí.

Por eso, David tuvo que tomar una piedra, la roca del Hades, y darles en la cabeza a los gigantes que había en la tierra. No era una historieta de escuelita dominical, era una sombra para tú luchar, no con la armadura tradicional, sino con la piedra del hade, la roca que fue cortada sin mano, y herir la cabeza de la simiente y destrozarla para siempre, en el nombre de Jesucristo de Nazaret.

Escucha esto: Dios crea la tierra en seis días, y en el séptimo día, descansó, reposó. En el sexto día, creó al hombre. El número del hombre en toda la Biblia, es el seis. Y la perfección de Dios, es el siete. Ahora, míralo así: cuando el hombre ha consumado todos sus seis elementos de fuerza; cuando ha hecho todo lo humanamente posible; cuando la iglesia ha hecho todo lo que le vino en gana hacer para conquistar, allí es donde Dios visita y consuela a todos aquellos que están frustrados por sus incapacidades.

Y allí será donde el pueblo podrá entrar en un reposo espiritual, en tanto que el poder de Dios arrasa con el planeta y millones y millones de personas vendrán a conocer como gran siega, gran cosecha, la herencia de las naciones, para la nueva Jerusalén. Dios va a traer un mover en esta tierra, pero no antes de que la iglesia haya hecho todo lo que humanamente se debía y se podía hacer.

Depende de nosotros, sí mi amigo. Y te estoy diciendo que lo vamos a vencer. Pero, claro, cuando yo termine mi parte, ahí comenzará la de Él. Y en el séptimo día, reposaremos. ¿Cuántos lo creen? Mira nuevamente lo que dice el verso 12. Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; Lo que provocó a ira a Dios, fue un pueblo que no quiso conquistar Argentina.

¿Por qué? Porque si dos no están de acuerdo, no pueden caminar juntos. ¡Ese es el propósito del Espíritu!. Y el verso 13, dice: Antes exhortaos los unos a los otros, cada día, entre tanto que se dice: Hoy. Para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado.

El escritor de Hebreos, es contemporáneo. Él está hablando de estas cosas, después de la resurrección, en el tiempo que está ocurriendo. Sin embargo, los judíos todavía celebran y observan el Antiguo Testamento. Él está introduciendo un Nuevo Pacto y no firma la carta, la escribe a oscuras, en un sótano, y habla en forma de tipología, para que sólo la iglesia entienda.

Y nos está diciendo aquí: mira, no endurezcas tu corazón; tienes que poseer a tu país, a tu nación, a tu ciudad, mientras tanto se diga: hoy. Sin embargo, hoy, jamás se escribe con letra mayúscula. Pero este hombre, sí le puso una hache mayúscula. ¿Y por qué le puso una letra mayúscula en medio de una oración a una palabra? ¡Si las palabras no llevan letras mayúsculas en medio de la oración!

¿Sabes por qué? Porque es un nombre; no cualquier día. Era un día llamado: Hoy. La mentalidad hebrea y de los escribas de aquel entonces, extraían de las escrituras más antiguas que tenían en su poder. Y era comúnmente entendido lo siguiente: que la palabra siempre se escribía, antes de la venida de Cristo, en forma de tipología o de sombra.

Y basado en que Dios llamó a aquella generación en el desierto, Hoy, dijeron que Hoy era un período de cuarenta años. Y todos los Rabí de aquel tiempo, todos los maestros, todos los sacerdotes, entendían y sabían este principio. Que aquel tiempo que la generación se perdió de entrar en la tierra, se constituyó en una especie de zona, de ventana, de lapso que se tituló: Hoy.

Porque todos los días decían: ¡Hoy oyó su voz! ¡Hoy vino su palabra! Y todo ese Hoy, duró cuarenta años y no escucharon. Entonces, Hoy, quedó escrito como una ventana de cuarenta años. Entonces, ellos pensaban que aquello que fue real, era tipología para el tiempo en que ellos vivían. Este escritor, es escritor contemporáneo. Está escribiendo más o menos treinta años después de la resurrección de Cristo.

Él está escribiendo, para el 60 después de Cristo, y en su mente, él está pensando, como todos los hebreos de aquel entonces,   que desde el momento en que Cristo fue sacrificado, instituía la Pascua, equivalente al día en que Israel salió de Egipto, que fue la Pascua.

Y había una ventana para entrar a la tierra, y la titularon Hoy, y duró cuarenta años. Cristo, entonces yendo a la cruz se constituía, proféticamente, en la Pascua de sus días, la Pascua verdadera. Pero ya van treinta años desde que Cristo fue Pascua y, en su mente, le quedan diez años para esta ventana profética.

Bien lo dijo Cristo en mateo 24, y profetizaba que habría de venir una tribulación como nunca había antes y como nunca hubo después. Y para ver si las palabras proféticas de Cristo se cumplen, que para el año setenta después de Cristo, un rey llamado Tito, sitió la ciudad de Jerusalén, (¡Mira qué casualidad!) durante tres años y medio-

Sitió a Jerusalén. Y luego entró, y en cuarenta y ocho horas, destrozó a toda Jerusalén. Todos los creyentes de aquel día, advertidos por la palabra de Dios, en mateo 24 cuando Él profetizó, y dijo: Cuando van a Jerusalén rodeada, huid a los montes, porque sabed entonces que el tiempo está cerca.

Cuentan los historiadores, y aquellos de los arqueológicos, que ningún creyente fue tocado por aquella masacre del rey Tito, pero toda Jerusalén fue aplastada. Y si recuerdan aquello, dijo que no quedaría una piedra sobre otra. Y cuando entraron allá al templo y encendieron fuego a la ciudad, el oro que había en el templo se había derretido entre las paredes, y había caído entre medio de las piedras.

Y como la avaricia era una de las debilidades de los romanos, usaron unas barretas bien grandes, y sacaron cada piedra del templo para extraer todo el oro, de tal manera que no dejaron de cavar y de extraer piedra, hasta que todo el oro fue extraído. Cumpliéndose literalmente un período de tribulación en el año setenta después de Cristo.

Él está escribiendo en el sesenta después de Cristo, y está diciendo: ¡Iglesia de Dios, déjate de ritualismos! ¡Iglesia de Dios, no endurezcas tu corazón! ¡Iglesia de Dios, tienes que poseer la tierra, mientras tanto se diga: Hoy!

Entones, ahí viene donde tú te rascas la nuca y me preguntas a la distancia: Oiga, Néstor, ¿Y eso que tiene que ver conmigo? Pasado en la misma tipología. Y la misma mentalidad. ¿Estás listo para esto? Mira; cuando Cristo vino a la tierra, vino a proclamar un nuevo método de años. Dijo que vino a proclamar el año Jubileo. Este año no dura doce meses, ¡Dura cincuenta años! Cada cuarenta y nueve años se celebraba el año Jubileo.

Desde el tiempo que Cristo fue Pascua, hasta el fin de este milenio, serían cuarenta Jubileos. Eso no te dice otra cosa que hace ya más de dieciocho años que se cerró ese año llamado: Hoy. Es el tiempo en que concluyó el anterior milenio. Y la unción especial que se aguardaba para poseer tu país como herencia, ya pasó y fue utilizada o no, según los distintos entendimientos. En Argentina hubo un despertamiento, pero no alcanzó para extenderlo al resto de Latinoamérica. Se pusieron a jugar con la unción y la desperdiciaron en conferencias huecas y liderazgos corruptos.

Por eso, esto lejos de concluir en aquel momento, sigue adelante, continúa. Así que será muy bueno que recuerdes esto: si oyes hoy su voz, no endurezcas tu corazón. ¿Es cómo que decir estas cosas produce algo importante que puede incluso emocionarte, verdad? De acuerdo, pero no te olvides que la ciudad está allá afuera. Y espera la manifestación de los huios de Dios. Sus hijos.

(Hebreos 3: 14) = Porque somos hechos participantes de Cristo, (O sea que participamos de todo lo que él participó) con tal que retengamos firme (Y lo repite dos veces, por si acaso alguien no lo hubiera escuchado la primera) hasta el fin nuestra confianza del principio, (¡Es el mismo esfuerzo vencer que perder, es el mismo esfuerzo ganar que ser derrotado! Entonces, ¿Por qué no vencer? Dios es un Dios de restauración, no seamos gente negativa. Dios es un Dios de misericordia. Él no quiere que nadie perezca, pero que todos llevemos vida eterna con nosotros. Pregunto: ¿Cuántos de ustedes tienen familiares que no son salvos? ¿Y para dónde vas tú sin ellos? ¿No puedes creerle a Dios por ellos?)

(15) entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación.

(16) ¿Quiénes fueron los que, habiendo oído, le provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés? 

(17) ¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? 

(18) ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron?

(19) Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad. (El problema no es la doctrina; el problema es creer que se puede)

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¿A Qué Ciudad Perteneces?

Cristo hizo todo por nosotros. Y lo que hizo fue tan grande que, por esa razón, a veces podemos sentirnos insignificantes. Nos crucificó. Nos mató. Nos enterró. Nos dio vida. Nos resucitó, y nos sentó en su trono, juntamente con Él, en el cielo. Es un hecho. Tenemos que investigar qué es eso y como se lo podemos compartir a otros.

De allí que cobra valor lo que quiero hablar ahora, que es el descubrir, detectar o discernir a qué simbólica ciudad pertenece tu ciudadanía, sencillamente a batallar contra posiciones babilónicas en nosotros. Militando, peleando, o identificando esas posiciones babilónicas en nosotros mismos. Si hay alguna, afuera hay lugar, sácala.

Vamos a usar Babilonia física, la ciudad, para extraer de sus características, principios que tienen que ver con mentalidades que fluyen en cualquier persona. Babilonia se sienta sobre las aguas. Es la mujer de Apocalipsis que se sienta sobre las aguas. Las aguas, dice Apocalipsis 17 versículo 15, que son muchos pueblos, lenguas, tribus y naciones. O sea: la humanidad.

La Biblia también nos dice, en Apocalipsis, que Babilonia se divide en tres partes: 1- Religión 2- Política 3- Economía. Por eso es que, entonces, no podemos decir que Babilonia es una iglesia, o un tipo de creencia, o un tipo de fe. Tampoco podemos decir que Babilonia es el papado, o es una ciudad, porque eso sería lo que al enemigo le encantaría que pensáramos.

Porque mientras tenemos la mentalidad puesta en buscar a una ciudad o a una religión, o a una sola entidad, ella permea la mentalidad de cualquier creyente, o no creyente, que le da acceso a la tierra. Es un espíritu, antagónico al propósito de Dios.

A través de la palabra vamos a ver qué posiciones no son adecuadas, especialmente en un tiempo de transición como el que tú estás cruzando. La palabra dice “sal de Babilonia, pueblo mío”. Nota que la orden para salir de Babilonia es para el pueblo de Dios, no para el mundo. ¡Sal de Babilonia, pueblo mío!

Claro, literalmente, en el Antiguo Testamento, saliendo del cautiverio de Babilonia, setenta años, en manos de Zorobabel, Hageo profetizando, y en el tiempo de la reforma del templo de Zorobabel, salen después de setenta años del cautiverio de Babilonia.

Todo Corintios nos dice que aquellas cosas que le acontecieron a Israel, son ejemplos para nosotros, a los cuales nos han llevado los fines de los tiempos. Entonces, podemos ver en esa foto, en esa tipología, en ese ejemplo del Antiguo Testamento, principios para salir de las mismas características.

Principios o posiciones mentales, que podamos ver dentro de lo que aconteció en Babilonia. Estoy diciendo todo esto para que sepan qué vamos a hacer cuando abramos el Libro. Vamos a leer algunos versos. Primero, vete a Jeremías 50. Vamos a leer tres o cuatro versos, allí, y luego vamos a ir a Génesis 11.

(Jeremías 50: 1) = Palabra que habló Jehová contra Babilonia, contra la tierra de los caldeos, por medio del profeta Jeremías.

(2) Anunciad en las naciones, y haced saber; levantad también bandera, publicad, y no encubráis; decid: tomada es Babilonia, Bel es confundido, deshecho es Merodac; destruidas son sus esculturas, quebrados son sus ídolos. (Nota que Babilonia no se destruye sola, hay que venir en contra de ella. Babilonia no cae sola, es igual que Jezabel; hay que empujarla y tirarla de la ventana, no se muere de un ataque al corazón).

(3) Porque subió contra ella una nación del norte, la cual pondrá su tierra en asolamiento, y no habrá ni nombre ni animal que en ella more; huyeron, y se fueron.

(4) En aquellos días y en aquel tiempo, die Jehová, vendrán los hijos de Israel, ellos y los hijos de Judá juntamente; e irán andando y llorando, y buscarán a Jehová su Dios.

(5) Preguntarán por el camino de Sion, (Ese eres tú), hacia donde volverán sus rostros, diciendo: venid y juntémonos a Jehová con pacto eterno que jamás se ponga en olvido.

Número uno: vemos que Sion, aquí, representa a la iglesia verdadera, a la iglesia del tiempo final. Vemos que los tiempos finales, dice aquí, el día, y te habla de aquel día, del día del Señor. Que no es un día cronológico, sino un kairos de Dios. Es un tiempo en Dios. Es el tiempo de la siega, es el tiempo de la fiesta de los tabernáculos hoy, literalmente, celebrándose.

Estamos en el tercer día de Dios. Estamos escuchando las trompetas de Dios. Y los mensajes proféticos nos están sacando de una mentalidad babilónica, de una religión que tiene forma, pero carece de poder de consumación. No puede terminar la obra de Dios con la presente condición que tiene. Por eso hay reforma.

Y entonces estamos oyendo la trompeta, y lo que acontece cuando se escucha la trompeta, que es un mensaje de Dios y no un ángel que esté tocando algún tipo extraño de instrumento. Las trompetas son las voces de Dios que están en la tierra. Salen de todas partes, casi siempre son desconocidos.

Salen las voces de Dios y están produciendo el día de la aflicción del alma. Allí es donde tú eliges si quieres ser bendecido y si verdaderamente tienes un compromiso con Dios. Todo esto es necesario, si es que vamos a tener la gran siega. No hay siega sin que primero haya una separación. Hay que separar el trigo de la cizaña.

Reitero: hay que separar el trigo de la cizaña. Escúchame: el gay te dice que es gay, el homosexual te dice que es homosexual, el que es antagónico a Dios, te lo deja saber, el santero o el espiritista, son orgullosos de sus religiones, el que vive de la hechicería, te publica su aviso en el periódico, aquel que te lee las cartas, pone su oficina en el centro.

Muy bien; a ese tipo de cizaña no es necesario identificarla. La cizaña que hay que identificar, son los lobos vestidos de ovejas. Dice la Palabra que está en el mismo campo, tan cerquita, que si procuras arrancar esa cizaña, te puedes equivocar y arrancar a un creyente verdadero. Por eso Cristo dijo que debíamos dejarlos crecer juntos por un tiempo.

Pero resulta ser que el tiempo se acabó, porque los justos no pueden mostrar el Reino de Dios, hasta que cierta gente sin compromiso, no se identifiquen con lo que andan buscando. Estamos cruzando el día de la aflicción, por eso nos duele un poquito servir a Dios, hoy.

Dice que en los últimos días, viraremos nuestros rostros hacia Jerusalén. O sea: la gente va a estar buscando el verdadero camino. Dice que Babilonia, primordialmente religiosa, será destruida conforme a la edificación de Sion. La forma en que se destruye a Babilonia, es construyendo a Sion.

La guerra es contra ti mismo. Salir de Egipto, es basado en una decisión. Pero entrar a Canaán, es una batalla contra ti mismo. Para entrar en Canaán, tú tienes que corregir posiciones internas. Pero, para salir de Egipto es suficiente con estar insatisfecho.

Es muy fácil salir. Mucha gente sale de lo que llamamos religión, pero mueren en el desierto. Porque para entrar en lo que llamamos Canaán, tienes que ser fuerte contigo mismo. Lamentablemente, la gente se ama demasiado, se trata muy bien. Pero lo cierto es que tenemos que ser fuertes con nosotros mismos.

Tenemos que cambiar posiciones internas que tenemos y que no son adecuadas para vivir en este tipo de dimensión. Recuerda lo que dice 2 Corintios 10: todo lo que leamos en babilonia, se aplica en nosotros. En Apocalipsis 18:21: Y un ángel poderoso tomó una piedra, como una gran piedra de molino, y la arrojó en el mar, diciendo: con el mismo ímpetu será derribada Babilonia, la gran ciudad, y nunca más será hallada. (A Babilonia la derrumban los fuertes)

(22) Y voz de arpistas, de músicos, de flautistas y de trompeteros no se oirá más en ti; (Escucha: Babilonia tiene mucha música) y ningún artífice de oficio alguno se hallará más en ti, ni ruido de molino se oirá más en ti.

Escucha: aquí vemos música, arte, tecnología, manufactura, sociedad y mercadotecnia. Babilonia está en todas partes. Y todos ellos están tristes, porque Babilonia cae. Los únicos que se están regocijando son los apóstoles y profetas. ¿Por qué? Porque ellos la destruyen. Esa es la razón por la cual muchas congregaciones declinan invitar esas voces.

Todo aspecto de la vida es afectado por Babilonia, de manera que no podemos ser tontos, no podemos ser simples, mentalmente hablando. Tenemos que discernir si es que nosotros hemos cedido nuestros miembros a alguna posición babilónica. Puede estar en tu música, puede estar en el arte.

En Daniel 3:1, Babilonia, allá, Nabucodonosor, trataba de obligar a Daniel, que es tipología de la iglesia de los últimos días, una iglesia gubernamental en medio de caos satánico en la tierra, a que adorara la imagen del sistema satánico. O sea que babilonia siempre te quiere hacer conformar a valores.

Opera por presión de grupo. Si la mayoría lo está haciendo, ¡Hazlo tú también! Estamos descubriendo cómo opera ese espíritu. ¡Pues todas las iglesias lo están haciendo así! Opera por presión de grupo. Todo el mundo se está doblegando a la imagen. ¿Por qué tú no te doblegas?

Busca atrapar tu fuerza, hasta que te debilita. No te comprometas. Los mayores aspectos de Babilonia, se encuentran en lo que solemos llamar como la casa de Dios. Invade y se entrelaza con la actividad de los santos. De manera que mucha de la guerra contra Babilonia, es una guerra o una milicia, en contra de principios equivocados, o conceptos erróneos, que nosotros mismos hemos edificado mentalmente en esa casa de Dios.

Que ahora son obstáculo para permitir acceso a lo que Dios quiera hacer para terminar Su obra en la tierra. En Génesis 10:8, dice: Y Cus engendró a Nimrod, quien llegó a ser el primer poderoso en la tierra. Tuvo el primer reino, Nabucodonosor, tuvo el primer reino literal en la tierra. Es donde primeramente la palabra es mencionada.

Son descendientes de Noé. Es la primera vez que la palabra Reino es mencionada, en español no lo dice. En el hebreo, sí y en el inglés, sí. El primer reino lo tuvo Nimrod. Es una tipología de un mover apostólico falso. Es la segunda vez que la palabra ciudad es utilizada. La primera vez que la palabra ciudad es mencionada en la Biblia, es en Génesis 4:17, cuando Caín construye la primera ciudad, fuera de la presencia y de la voluntad de Dios.

Es por eso que las ciudades, a veces, no son tan viables para sentir, buscar o estar conscientes de que Dios existe. Mucha gente se va al campo, a ver ríos y montañas, o mares y playas, para ver la obra de Dios. Ojo: vivir en una ciudad, no es pecado. Ser arrebatado por el “corre-corre” de una ciudad, sí lo es.

Caín construye la primera ciudad, y crea un concepto religioso que dice: “voy a adorar a Dios a mi manera, no me interesa cuáles son las estipulaciones para el sacrificio. Voy a adorar a Dios de la manera que a mí me guste” Allí empieza el principio babilónico. Es una religión externa,

Nota que la ofrenda de Caín y la ofrenda de Abel, eran correctas ambas. Las dos también eran bíblicas. Ambas estaban bien por fuera. Hebreos nos dice que la diferencia fue que uno lo hizo sin fe, una sustancia interna. Religión es una forma que carece de sustancia.

Una religión es aquello que echa la voz de Dios afuera, no acepta que Dios le diga cómo hacerlo o como no hacerlo. Abel es el profeta, lo dice la palabra en los evangelios. Si Abel es profeta, la religión apaga la voz de los profetas. La religión siempre apaga la voz de los profetas. ¿Por qué? Porque son los profetas y los apóstoles los que cargan la gracia para discernir a Babilonia.

Vamos a eliminar esa cosa que con su mera existencia, nos comunica que nosotros estamos en error. Mátalo. Ciérrale la puerta. No vayas a sus conferencias, no escuches sus audios ni videos, no ingreses en su página Web. Destruye lo que, con su mera presencia, me dice a mí que estoy errado. No hay ni qué hablar, sólo la postura de lo verdadero, juzga lo falso.

La postura de lo real, juzga lo falso. Y eso fue lo que hizo Caín. Abel, cada vez que te veo, me acuerdo que yo estoy mal, chau, ¡Fuera de aquí! Eso, hoy, sería así: ¿Dios quiere reforma? ¿Andan diciendo que Dios quiere reforma? Pues entones elimina a todas las voces que andan enseñando y predicando sobre reforma.

Ahí va a salir alguno que diga: “No, mira, yo no estoy listo para cambiar, ahora. Yo traigo mi ofrenda, me llevo mi mensajito, mi profecía y lo hago a mi manera. Esas son las posiciones que queremos descubrir. Si hubiera algo así en nosotros, será muy valioso que cambiemos ya mismo.

Esta es la naturaleza de Caín: construye la primera ciudad. Vida humana, pensamientos, filosofías que se desarrollan fuera del ámbito de Dios, en directa rebelión a lo que Dios había dicho. Se forma una ciudad, empleos, actividad humana, pensamientos, filosofías, doctrinas, todo edificado en contra de la palabra que Dios dijo: llenad la tierra. Y ellos dijeron: ¡No! ¡Nos quedamos todos en el mismo lugar!

A mí me da cosa cuando la gente dice que el planeta está súper-poblado. Claro, si te metes en las ciudades, vas a ver que ya no les cabe más gente. Pero si tú te subes a un avión y vuelas, vas a ver que entre ciudad y ciudad, hay kilómetros y kilómetros de tierra sin usar.

¿Qué pasa? Pasa que la religión nos corta el espíritu pionero. Nos entregamos a la presión de grupo y no hay poder de rompimiento. La gente se limita al espíritu cultural, y no rompe las barreras. Es todo lo contrario a lo que es un verdadero hijo de Dios. A él nada lo detiene y es ilimitado en sus esfuerzos. Todo en lo que ponga su mano, Dios lo bendice.

Por eso es que lo llamamos Rompimiento Global. Y no es para que tenga un título pomposo, es porque queremos pensar así. ¿Tú dices que de una isla no sale nada bueno? Aquí va a salir algo bueno. ¿Tú dices que nadie pudo hacer tal cosa, aquí? Lo asumo y lo voy a hacer. Rompiendo barreras para la gloria de Dios.

Rompiendo límites económicos, rompiendo límites políticos, rompiendo límites religiosos, rompiendo límites culturales. Expandiendo nuestra mente, maximizando el potencial de nuestra vida. Convirtiéndonos en todo lo que podemos ser. De zapatero, a dueño de la tienda de zapatos. De cadete, a gerente de la empresa.

Porque puedo darle más acceso a Dios maximizando quien soy que siendo mediocre con mi potencial. No importa que el abuelito y tu papá se quedaron en esos niveles. ¡Tú vas a superarlos a los dos! En Génesis 11, hay una porción bíblica muy conocida, como que son muchos los ministros que la usan para predicar. Vamos a examinarla desde otra óptica, si podemos.

(Génesis 11: 1) = Tenía toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras.

(2) Y aconteció que cuando salieron de oriente, hallaron una llanura en la tierra de Sinar, y se establecieron allí.

(3) Y se dijeron unos a otros: vamos, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego. Y les sirvió el ladrillo en lugar de piedra, (En lugar de piedra. El ladrillo en lugar de piedra. ¿Cuántos están viendo que ya empezaron mal? Ya están cambiando los materiales originales. Son ladrillos en lugar de piedras), y el asfalto en lugar de mezcla. (Eso es como cuando tú vives en un edificio, y el electricista se quiere economizar un par de monedas y te coloca cables más baratos. El problema es que después cuando encendemos la luz, obtenemos fuegos artificiales. Así también hay gente edificando cosas para Dios. Intercambiando ciertos principios que producen mediocridad, que es el estilo de Babilonia).

(4) Y dijeron: vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo, (Querían llegar al cielo) y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra. (¿Qué había dicho Dios? Espárzanse en toda la tierra).

Y descendió jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres.

(6) Y dijo Jehová: he aquí el pueblo es uno, y todos estos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer.

(7) Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero.

(8) Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, (Que era lo que les había dicho que tenían que hacer) y dejaron de edificar la ciudad.

(9) Por eso fue llamado el nombre de ella Babel porque allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció sobre la faz de toda la tierra.

Quiero extraer algunos principios de estos pasajes, y si algunos de estos principios está operando en ti, auto-evalúese y diga: hasta aquí nos trajo este río. ¡Fuera Babilonia! Número uno: Babilonia es establecida por fuerza humana. Es un paralelo a lo que Dios está haciendo en el espíritu.

Están construyendo la ciudad que luego Abraham encuentra, pero tiene que dejar. Dice que cuando la encuentra, andaba buscando una ciudad cuyo fundamento era de Dios y que esa no era. A eso lo vemos en Hebreos 11, versos 8 al 10, más o menos.

Abraham reconoció que aquello que se había formado en lo natural, era un paralelo a lo que dios quería hacer en el espíritu. Escúchame: las dos se ven igual por fuera. Tanto la casa que está hecha sobre la arena, como la casa que está hecha sobre la piedra, se terminan. Se ven hermosas por fuera, y las dos parecen estar llenas de la gloria de Dios.

Pero una está sobre la arena. ¿Sabes lo que es la arena? La arena es fragmentos de roca. Fíjate, hay iglesias que construyen con conocimiento fragmentado. Babilonia. Si no entendemos el fundamento de Cristo y qué es lo que Él ha hecho por nosotros de principio a fin, estaremos edificando sobre un fundamento que, cuando venga la tempestad, la cual la trae Dios, no Satanás, vamos a caer.

Dios es quien sopla sobre su casa, y sopla para que todo lo que no es trigo, se vaya. Satanás no puede tocar la casa de Dios de esa manera. Las puertas del Hades no prevalecen. Número uno, entonces: establecida por fuerza humana. Está construida por la creatividad de Adán. Vamos a llenar la casa como se pueda, trae canciones bonitas, arma un mensajito entretenido, ponle muchas luces y buen sonido de audio. Ministra el alma de las personas, emociónalas.

Hay que adoptar todas las medidas necesarias para que la gente se ría un buen rato y llore en otros. Mientras la casa esté llena, estaremos bien. Babilonia construye por esfuerzos humanos. Número dos: Babilonia se parece a lo que es real, pero no lo es. También vemos aquí que es la primera vez que se ejerce autoridad sobre seres humanos.

Sin embargo, todo hace ver que se está ejerciendo fuera del orden divino. Cuando Dios habló con Adán y le dio gobierno y autoridad, nunca mencionó que el hombre tendría autoridad sobre el hombre. Por eso el hombre siempre tiende a rebelarse a autoridad que no viene acompañada de compasión.

Si tu liderazgo no es conforme al orden de Melquisedec, vas a tener autoridad sin sacerdocio. Recuerda que somos del orden de Melquisedec, tenemos gobierno por sacrificio personal. Somos ministros de autoridad, pero con amor fuerte. Tenemos autoridad que fluye por compasión. Si lo separamos, tenemos legalismo o todo amor.

Las dos son Babilonia. Tenemos que ministrar según el orden de Melquisedec. Es una nueva creación, es un linaje escogido, es Real, (Reyes) sacerdocio. Son dos condiciones en un mismo ser. Un estado de ser nunca visto antes en la Biblia. O eras rey, o eras sacerdote. Pero, de Cristo para acá, si vas a ser ministro de Dios; si vas a ser ministro competente del Nuevo Testamento, o sea, todos nosotros, tenemos que tener ambas condiciones, unánimemente, fluyendo en nosotros.

Gobierno, basado en amor, autoridad por sacrificio personal. O sea: autoridad producida por tu propio sacrificio, no por títulos. Estamos identificando a Babilonia. El orden de Melquisedec. Nimrod es un orden apostólico equivocado. Es legalismo en la casa de Dios. Es gobierno de afuera para adentro. El gobierno de Dios, es de adentro para afuera.

Pondré mis leyes en su corazón, y Yo seré su Dios. Yo seré su Dios. Recuerda que Babilonia fluye en todas partes. Cosas que parecen reales, pero que no son. Sin ir más lejos, hoy se habla mucho de globalización, pero no todo lo que se dice que es globalización, es real. Hablamos de redes, pero no todo lo que parece ser una red, es real.

Hablamos de unidad y vemos gente que se congrega junta, pero que no está unida. O sea: son cosas que parecen ser reales, pero que no lo son. Recuerda que la ciudad que Dios está buscando, es la real. La nueva Jerusalén es, nosotros. Entonces aquí estamos viendo una torre, una ciudad que está en contra del orden divino. No te olvides que podemos tener redes construidas por ambición, no por guía y obra del Espíritu.

Podemos tener congregaciones enormes por mercadotecnia, no porque Dios las originó. Siempre se ven iguales por fuera, pero no son lo mismo por dentro. Babel significa confusión. Y Dios le puso babel a la ciudad, no simplemente porque Él confundió el lenguaje, sino porque su construcción tenía el enfoque confundido.

De manera que la llamó por su nombre. Es lo que dice en el original, en el hebreo. Se llama Babel, no tanto porque Dios le dijo: Eres Babel, sino porque el nombre que Dios da, siempre expresa la característica de la cosa a la cual le otorga el nombre. Estás confundido, te llamas Babel.

Entonces, cuando las construcciones eclesiásticas o las visiones estructurales están confundidas, la naturaleza de nuestra jornada, nos pone el mismo título de Babel. Es un método de operación. Así que, cuando vemos el nombre de Babel, dentro del nombre vemos cómo los principios de su funcionamiento, nos dice cómo identificarla en nuestra casa. La verdadera casa de Dios, somos nosotros.

¿Quién es la casa de Dios? 1 Pedro, capítulo 2 y versículo 5, dice que somos casa de Dios.. Hebreos 3, versículos del 1 al 6, dice que Cristo esté sobre su casa, la cual somos nosotros. Efesios 2, versículos 22 al 29, dice que estamos siendo construidos para ser morada de Dios. Apocalipsis 21, versículo 3, dice que Dios hizo tabernáculo con los hombres. Cristo, hablando de su Padre, la deidad, dijo vendríamos y haríamos morada con vosotros.

Nota que la verdadera casa, la nueva Jerusalén, la ciudad que Dios está edificando, no el hombre ni ningún judío, al cruzar el charco, eres tú. Entonces, si Babilonia va a confundir a alguien, es a ti. Porque la idea es que tú no termines la casa, para que no se termine la obra.

Si nos ponemos a mirar las cosas físicas alrededor de la tierra, nunca vamos a terminar las cosas espirituales que Dios nos ha otorgado. Babilonia parece lo real, pero está equivocada. Por ejemplo, en la lealtad. Es toda una palabra en la iglesia, tenemos que ser leales. ¿Pero leales a qué? Ahí es donde se mete Babilonia. ¡Sé leal! ¿Pero, leal a qué?

Así es que, dentro de la misma doctrina que le damos a la gente, le enseñamos a ser leales a la doctrina. Y para que tú no escuches nada más que la doctrina, ni te atrevas a escuchar ninguna voz por fuera de la doctrina. De manera que si Dios, algún día, te quiere hablar, tú estás entrenado a no escucharlo.

Porque la misma doctrina te dice: esto es la sana doctrina, y no salgas de allí. Ah, ¿Y si Dios quiere hablar? ¡Sé leal1 ¿Leal a qué? ¿A un sistema terrenal? ¿A una doctrina? ¿Leal a qué? Cristiandad no es un culto en una iglesia, es un estilo de vida en la tierra. Es tu interacción social. Es el acceso que tú le das a Dios donde quiera que tú pones las manos.

En tu trabajo, en tu escuela, en tu matrimonio. Donde quiera que tú te pares, tú tienes que producir acceso para Dios. Y eso es muy importante, porque el acceso para Dios no viene por milagros y prodigios, aunque si es necesario los incluya; viene por mentalidades adecuadas para el tiempo.

El acceso a Dios se produce por una mentalidad adecuada al tiempo. Si estamos atrasados mentalmente con lo que Dios está haciendo, no le damos acceso. ¡Es que yo me porto bien! Eso es básico. Si tú no te portas bien, yo no estoy hablando contigo ni para ti, ahora. Estamos hablando de producir acceso de Dios a la tierra.

¡Es que yo tengo un hermoso matrimonio! Más te vale. ¡Es que yo cuido muy bien a mis hijos! Es tu responsabilidad. Estamos hablando de producir el propósito de Dios en la tierra, que va más allá de portarte bien. Va más allá de tener paz en el hogar. Esos son beneficios de ser parte, no tienen nada que ver con el propósito. Israel anduvo bendecida todos los días de su vida, y nunca entró en el propósito.

 Fueron enemigos de Dios toda su vida, y Dios les amó y les bendijo. Nunca les faltó nada. No confundas bendición con estar bien. Anótalo por ahí. Dios te bendice porque te ama, no porque estás correcto. Número tres: dice allí en Génesis 11 que se establecieron allí. Número tres: se establece.

La traducción genuina del original hebreo para establecer, es renunciar a continuidad. Esto es: sedimentación. Como decimos en Argentina: achancharse a un lugar o a una cosa. Viene de chancho, que es como llamamos por aquí al porcino, al cerdo.

Es como decir: ¡No me apures! ¿Qué más quieres? Ya estoy diezmando, me sé de memoria y las canto a todas las canciones, y aquí estoy todos los domingos, firme y sin faltar. Por eso, ¡No me apures! Mentalidades fijas. Satisfacción religiosa. Cero jornada en tu vida. No hay migración constante a nuevas posiciones en Dios.

Temerosos a fresca revelación de Dios. Nos rehusamos a continuar con Dios. ¿Cómo anda, hermano? Y aquí estamos, en la lucha, qué se le va a hacer. Gloria a Dios. Venimos tres años después, nos encontramos con el mismo hermano: ¿Cómo anda, hermano? Tirando, en la lucha, que se le va a hacer. Esa es una mentalidad babilónica.

Cada vez que te visite, quiero verte más inteligente. Es un buen principio, este. Yo lo pongo en práctica examinando y analizando los correos de las personas con el correr de los tiempos. Muchos que eran simples correos sentimentales, hoy han tornado e intercambio de vivencias proféticas. Otros, siguen con si mi marido, mi mujer, mi suegra o mis niños.

Quiero verte más excelente, quiero verte más sobrio, quiero ver tu negocio más próspero, quiero ver tu familia más unida y afianzada, quiero ver tu implementación todo el tiempo que te vea. Quiero que tu mentalidad hoy, sea superior a la que vi el mes pasado. Eso es migración constante.

La jornada es una caída de existencia que Dios está produciendo, es una caída de persona, es el varón perfecto, no es un ministerio, no es una actividad, las actividades tienen que ser controladas, tienen que ser autorizadas y se les da el permiso de acuerdo al estado mental de la gente, estamos produciendo una calidad mental en la tierra, la expresión de Cristo Jesús.

Migración constante. Empezamos como la simiente del grano de mostaza, pero tenemos que producir sombra para todo el torreón. Empezamos con tres medidas de harina, pero tenemos que quedarnos con todo el pan. Donde el reino de Dios toca, tiene que aumentar.

Constantemente migrando hacia nuevas posiciones mentales. No sé inglés, para ahorita lo aprendo. No sé nada de computadoras, pero ya aprendo informática súper veloz. Eso es ministerio en el siglo veintiuno, me consta. Me había salido de la Universidad porque me habían dicho que no valía la pena porque Cristo viene ya, pero ahora he entendido que debo proseguir con mi carrera y que Cristo venga cuando quiera.

Y ahora prospérame. No interesa cuanto necesito, tú prospérame y yo repartiré el excedente donde sea necesario. Dame otro idioma, Señor, no quiero estar limitado al único que conozco. Dame alguno universal, así cuando aparece algo nuevo puedo leerlo, porque si espero que alguien lo traduzca al español, jamás lo veré. ¿Y Babilonia qué dice? ¡Ya! ¡Así está muy bueno! ¡Es suficiente, no escarbes más, me pierdo!

Babilonia se detuvo. Vio un lugar que le pareció bueno, y dijo: basta, aquí armo mi tienda y me quedo. ¡Levanta tus estacas! Hay jornada. Levanta las estacas, el fin es Dios. No queremos que Dios nos visite, ¡Queremos que se quede a vivir con nosotros!

Número cuatro: se establecieron en la llanura. Son gente que no quiere elevación. No quieren subir a los lugares altos. Son gente que eligió quedarse en el llano. No tiene posiciones altas en Dios. No tienen esa lucha de subir la cuesta, están en la llanura.

Habla de una cristiandad perezosa. No queremos subir la cuesta porque es más difícil. Y, además, mientras voy luchando por subir a nuevos niveles con Dios, voy perdiendo amigos. ¡Y yo quiero seguir quedándome con mis amigos! ¡Es que no, hermano! ¡Yo no puedo predicar eso porque yo pertenezco al consejo, a la junta, se van a enojar conmigo!

Si digo esas cosas se me va a ir míster diezmo número uno. ¡Y forma parte de la familia fundadora de la iglesia! ¡Tienen influencias! ¡Me van a echar! ¡Necesito el salario! ¡Tengo una familia! ¿Fundador de la iglesia? ¿Entonces no era Cristo, como me enseñaron? Cuando Satanás encuentra en tu vida un punto de doblez, tú estás controlado.

Nunca te establezcas en la llanura; Sion está en el vértice del monte. Sion está en posiciones elevadas con Dios. ¡No prediques tan profundo! ¡Mi gente es demasiado simple y no te entiende! Elevación, queremos elevación. Babilonia no quiere elevación, quiere llanuras.

El Salmo 84 dice que bendecido es aquel que tiene peregrinaje en el corazón. Eso no quiere decir que estamos hablando de gente que quiere ir al cielo, sino de gente que está migrando constantemente con nuevas posiciones en Dios. Una vida sencilla, sin trabajo, sin esfuerzo, un mensaje que no te hace pensar, que no te trae convicción. Convicción es una cosa, legalismo es otra.

No tienes buena perspectiva, porque si vives en la llanura, no puedes ver correctamente. Es lo mismo que quien va a un estadio de fútbol y se ubica junto al perímetro del campo, allá abajo. Tiene una visión del juego reducida a esa zona. En cambio, el que está allá arriba, en lo más alto de las gradas, tiene una visión total del campo. Así es aquí: desde la llanura, tienes una visión acotada de lo que es Dios.

Entonces comienzan a adorar a un Dios que en realidad no existe, es un error mental. Sabes que ser idólatras es adorar imágenes, y que una imagen es tu concepto de algo. Y si tu concepto de Dios está equivocado, y tú estás adorando a un Dios que tú crees que existe, y que se comporta de cierta manera, en verdad eres un adorador de ídolos.

Eidolón, es la palabra: falsas imágenes de Dios es su significado. En la Biblia se nos exhorta y se nos dice: “Cuidado, hijos, con los eidolones”. ¡Oh, Dios es esto, Dios es aquello! ¡Qué lindo eres, yo te amo! Y estás adorando un Dios que no existe. Tienen un concepto raro de cómo funciona, de cuáles son sus principios operativos, la tecnología profética de Dios.

¿Y qué estamos haciendo, entonces, en la llamada casa de Dios? ¡Conociendo el Dios correcto! Y esto para producir una adoración que adore al Dios verdadero. Fíjate que la religión nos proyecta una imagen de Dios que, con el simple devenir de estudios serios, comienza a derrumbarte una serie de altares falsos que te habías creado. Es como que recién comienzas a entender quién es Dios verdaderamente.

Por es que hay una gran mayoría que todavía está adorando a su concepto de Dios, no al Dios real. Por eso es que Cristo dice que de labios se lo honra, pero que muchos de nuestros corazones están lejos de Él. Me están adorando de labios, pero sus corazones no andan ni cerca de donde yo estoy. Se ha creado una moda en la iglesia que, en muchos casos, no permite entrar al amor de Dios.

Así que Babilonia es toda aquella mentalidad que se sedimenta, que se establece en llanura. Número cinco: Babilonia se expresa en falsa unidad. El motivo de sus reuniones en la Torre de Babel, era para que no fueran esparcidos. O sea que cada uno estaba unido al otro por conveniencia personal y no por un propósito común. Eso, es falsa unidad.

Eso equivale a incorporar a todos los jóvenes de una congregación al equipo de alabanza, porque si no lo haces se te van al mundo. Falsa unidad. ¿Franqueza, verdad? Es que no entramos con franqueza a la iglesia y llamamos al pan, pan y al vino, vino, creo que vamos a tener iglesia por otros dos mil años más.

Me pregunto cuántos de ustedes quisieran un día ver al Rey viniendo en gloria. Bueno, de eso se trata. ¡Es que a mí me lo enseñaron así y no puedo cambiarlo! No le hace. ¿Cuántos de ustedes fueron a la escuela secundaria y aprendieron una cosa, y luego cuando entraron en la Universidad tuvieron que desaprenderla?

Y eso no es nada, porque después entraron a trabajar de lo que habían estudiado, y en el trabajo tuvieron que desaprender también todo lo que habían aprendido en la universidad. Y después cambiaron de empresa a otra más prominente, y allí te enseñaron lo mismo pero de un modo distinto y opuesto a todo lo que habías aprendido antes.

Y si no terminas de creer esto, prueba hablar con algún rector de universidad. Él te dirá que si en los próximos cinco años, por ejemplo, no actualizan la información que se está dando, así como la que recibieron los ya egresados, todo lo que se aprendió, ya estará obsoleto. ¡Es tremenda la velocidad del avance!

Y hay un montón de iglesia que sigue insistiendo con la conservación de la sana doctrina. ¡Despierta! ¡El Espíritu Santo está golpeando a tu puerta! ¿Vas a oírlo o elegirás seguir escuchando a hombres envasados en antiguos casetes? Estamos aprendiendo. Perdón… ¿Estamos aprendiendo?

Falsa unidad. Gente que aparentemente está unida, pero no. ¿Y qué es lo que dice esta gente? “¡Es que si todo el mundo lo está haciendo, no puede estar equivocado! Escucha: Dios nunca hizo nada en la Biblia a través de la muchedumbre. No hay un solo incidente, en la Biblia, donde Dios usara multitudes.

Cuando las tenía, las mandaba a la casa, y luego usaba dos o tres. Así que, el hecho de que alguien tenga mucha gente, no quiere decir que esté correcto. Fíjate que fuerza, en Dios, no es sinónimo de número. Porque no se trata de numerología, se trata de estar correcto. Mientas más correctos estemos, más podemos producir para Dios.

Podemos producir mucho más para Dios con diez hermanos bien actualizados, que con mil que no han cambiado su manera de pensar. Y no es que no queramos tener mil, ¡Claro que los queremos! Pero no al costo de no estar correctos. Porque, fíjate, ellos estaban construyendo. Tú ves la iglesia de Babel y vas a ver que ellos tenían su ministerio, había actividad, estaban alabando a Dios, se estaba predicando la palabra. ¡Estaban construyendo!

Aparentemente, estaban haciendo algo, pero no se estaban moviendo. Estaban construyendo, pero no tenían jornada. Tú veías a la gente todos los años, y tenían la misma capacidad. Entendía lo mismo. Si dentro de un año tú me formulas las mismas consultas o me pides consejos por el mismo problema, o tú no entendiste nada de lo que aquí se enseña, o yo lo he enseñado muy mal. Algo no funciona.

No había jornada en la vida. La gente tenía el mismo nivel de existencia, el mismo nivel económico, los mismos trapos que usaron el año pasado, y seguían dándole gracias a Dios por las mismas cosas que le dieron gracias el año pasado. Estaban construyendo, sí, ¡Pero no se estaban moviendo! Babilonia. Si es Dios, hay jornada.

Porque el propósito de Dios, es la estatura del varón perfecto, no una actividad, no una muchedumbre. Es una calidad de existencia. Ya nos han dado Apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, con el fin de perfeccionar a un grupo denominados santos. Para que santos perfeccionados, nos traigan la plenitud del varón perfecto en la tierra.

Hasta que no haya una plenitud de algo llamado varón perfecto, nada podrá hacerse. Es la calidad multimiembro, varón perfecto, cuerpo de Cristo en la tierra. Y tiene que expresarlo en la tierra en todas las facetas, no sólo en la santidad. Tu santidad no es tu comportamiento. Cristo es tu santidad.

Tu comportamiento son trapos sucios delante del Señor, ¡Tú sabes la palabra! Él es nuestra perfección. Él es nuestra santidad. La estatura del varón perfecto, una calidad de existencia. Una jornada constante. Eso es lo que estamos construyendo. Claro que todo eso llega si producimos la mentalidad adecuada, si no, no.

¡Mira! ¡Salió el nuevo disco de ese cantante cristiano que nos gusta tanto! Ajá, ¿Y la letra de sus canciones, qué dice? Porque si esas letras no están en sintonía con lo que Dios está haciendo contigo y conmigo, no va. Tendrá que quedarse fuera de mi discoteca. ¡Pero es el artista top! Ni lo sueñes, el único top, aquí, es Cristo. ¡Eh, bueno, no hay que exagerar! No sé, díselo a Dios, Él lo diseñó así, no yo.

Porque, entiende esto, la música es un componente activo de la verdadera mentalidad de la iglesia. Si seguimos con cancioncitas románticas, al diablo no lo pelea nadie, somos todos guerreros afeminados. Si pasamos a las canciones de batalla, más nos vale agarrar las armas, porque el diablo lo va a tomar muy en serio y él no va a usar munición de utilería, él va a tirar a matar.

Eso, contando con que la gente entienda de qué estamos hablando. No te olvides que la gente discute escatología, sin saber leer. ¿Y entonces cómo es que la discute? Porque la cantaron. ¡Te discuten lo que cantaron! Si usáramos almos, todo se simplificaría mucho más, pero hay un problema financiero: los salmos no pueden ser registrados en la autoría. ¡Son propiedad del Espíritu Santo!

O los salmistas, que en el Antiguo Testamento fueron elegidos para educar a la nación, no para cantarle. Las canciones deben proyectar la próxima fase del plan de Dios. De manea que es imposible ser salmista sin saber exactamente qué está haciendo Dios, hoy.

Convengamos en que es muy probable que Dios no esté haciendo lo que tú estás experimentando en tu iglesia, porque esa es la parte de Dios que tú estás experimentando. Para saber qué está haciendo Dios tenemos que buscar un común denominador global.

Cruzar e ir hacia el frente. Construir, sí; pero no me lleves hacia adelante. Suena lindo, suena bien, todos lo dicen, pero no te lleva a ninguna parte. Número seis: Se establecieron en el medio del desierto. ¿Y qué harás en el desierto? En el desierto, el agua no cae directamente. El agua caía en el río. Y el río más cercano les quedaba lejísimo.

O sea que debían usar bombas humanas, para llevar agua hacia la ciudad. Babilonia no recibe revelación directa de Dios. Les llega en el tiempo, después que viene por bocas humanas. Y como no podría ser de otro modo, ya ha perdido un porcentaje de esencia divina y ya trae sabor a hombre. No reciben directamente de Dios, no son pioneros.

La única solución de iglesias que están en el desierto, es la relación con iglesias que no están en el desierto. Hay iglesias-fuente, que producen revelación. Hay tal cosa como mensajes que son producidos y nacidos en el espíritu de un hombre. No son temas que los hayan leído en un libro o escuchado en un audio de otro.

Así que a estos les llega el aire por esfuerzo humano, pierde su frescura. Han perdido la habilidad de producir el mover de Dios. Dan mensajes que ya están dirimidos por el conocimiento humano. Hay más, pero quisiera continuar. Hay un ejemplo por allí en Deuteronomio 11. Aquí Egipto representa tu previo conocimiento.

(Deuteronomio 11: 10) = La tierra a la cual entras para tomarla no es como la tierra de Egipto, (La tierra de Egipto, aquí, reitero, es tu previo entendimiento, la doctrina que traes. Un mover carismático, la fe, la prosperidad, santidad, intelecto, unción, en lo que sea que tú andes hoy) de donde habéis salido, donde sembrabas tu semilla, y la regabas con tu pie, como huerto de hortaliza.

Un mover que sólo produce hortaliza, es un mover que sólo te respalda los intereses tuyos. Y de allí es de donde hoy estamos saliendo. La pregunta que viene ahora, es: ¿Hacia dónde?

(11 La tierra a la cual pasáis para tomarla es tierra de montes (No de llanos) y de vegas, que bebe las aguas de la lluvia del cielo; (No de la tuya) (12) tierra de la cual Jehová tu Dios cuida; (Está claro, no eres tú en absoluto el que la cuidas; es demasiado grande) siempre están sobre ella los ojos de Jehová tu Dios, desde el principio del año hasta el fin.

Fíjate que mucha gente le tiene temor a esto, porque acá quien gobierna es Dios. Es demasiado profundo para estar bajo tu control. Y ahí es donde la gente tiene temor. Si quitas las manos y se te dañan, estarán dañadas todo el tiempo.

Estaba n construyendo una torre para alcanzar los cielos. Estoy hablando del deseo de una falsa elevación. Ambiciones que son satisfechas por ministerios humanos. La palabra “torre”, significa: hacernos importantes. Gente que quiere ser reconocida y hacerse de una reputación. Por eso es que no pueden seguir a Dios, porque para seguir a Dios, pierdes toda tu reputación.

No hay nadie en la Biblia que haya seguido de verdad a Dios, que haya mantenido su reputación. ¡Pero es que como iglesia estamos perdiendo reputación! No le hace. ¿Está perdiendo reputación con quién? Por eso se pusieron tan exquisitos en una época con las vestimentas externas. Y ahí anduvimos, nos parecíamos más a los musulmanes o a los caminadores testigos que a hijos fieles.

Oye: el énfasis en tu autoridad no se fundamenta en el color o la confección de tu ropa. Porque esa es apenas una expresión mínima externa, que generalmente carece de sustancia interna. Es un mover falso, que viene a sustituir a los verdaderos apóstoles, que generalmente no tienen fama porque sólo son fundamento, y el fundamento casi nunca se ve; la casa está encima de ellos, pero son las que la cargan.

Los verdaderos apóstoles, no son famosos. En la Biblia, todos fueron presos políticos. ¡El gran apóstol, lidera veinticinco iglesias! No sé, debe ser algo personal y exclusivamente mío, pero no me cierra eso, jamás me cerró. Me suena a construcción de torres. Porque el problema radica en que Babilonia está tratando de alcanzar los cielos, pero resulta ser que la verdadera ciudad, desciende del cielo.

Así es que, mientras Babilonia trabaja de abajo para arriba, la nueva Jerusalén lo hace de arriba para abajo. Babilonia es lo que rechaza el presente hablar de Dios. Todo lo que Dios quiera decir hoy, Babilonia lo rechaza. Número ocho: sustituye piedras con ladrillos.

En 1 Reyes capítulo 6, está la construcción de Salomón, que en este caso tipifica el establecimiento del Reino. Porque el establecimiento del Reino se produce por paz, pero, entiende; jamás hay paz si antes no hubo guerra. Por eso Cristo dijo que no vino a traer paz, sino a dividir casas.

A mí me encantaría que Cristo viviera hoy y saliera a decir lo que Él salía a decir en su tiempo ministerial. ¡Quisiera ver cuántas son las iglesias que lo invitarían! ¡Hipócritas! Así empezaba sus mensajes. O a Pablo: ¡Malditos! Hoy te dicen que no eres genuino porque eres demasiado duro y no tienes amor. ¿Qué le hubieran dicho a ellos los fariseos de este tiempo?

Ladrillos. Babilonia edifica con ladrillos. Los ladrillos son moldes; eso tiene que ver con clones. Viste a uno, los viste a todos. Se visten igual, cantan las mismas canciones, tienen los mismos programas. Ladrillos. El problema con el ladrillo es que no está entrelazado, si le das a uno, se puede caer un solo ladrillo. Las piedras, no. Las piedras forman una pared de acuerdo con la singularidad de cada una.

Son amarradas por fricción, no por mezcla. El ladrillo indica que la relación es sintética, es política. Pero la piedra, no. La piedra muestra una relación por fricción, o sea que es una unidad real. Para levantar una pared de piedra. Si le das a una piedra se caen cuatro o cinco, porque están unidas. Los ladrillos se hacen con moldes, es más fácil. Creamos un sistema, y le hablamos a cinco mil todos los meses. Pero las piedras, no; una por una, una por una.

Ahí está el árbol, ahí está el tronco. Tú miras el tronco, te vas más atrás y miras el tronco, y descubres a ver qué hay en ese tronco. No le impones una visión, sino que extraes lo que ese tronco trae por dentro. Eso se llama singularidad de expresión. En cada ministerio y en cada miembro. Donde no todos somos iguales y donde no todas las mismas canciones inspiran a todo el mundo.

Singularidad. Multiforme sabiduría, diversidad de dones, diversidad de ministerios, eso es Dios. Babel no construye con piedra. Su ambición es números. Su producción es de ladrillos. Y construyen la casa de manera vertiginosa. Pasas por la mañana y ves campo raso y por la tarde, cuando regresas, hay una hermosa construcción que, a simple vista, parece hermosa y muy sólida. Eso, obviamente, por fuera.

Pero, muy probablemente que, en la primera tormenta verdaderamente fuerte, se cae. ¡Y se cae, nomás! Puedes repetir conmigo ahora, si quieres; ¡No queremos ladrillo! Pregúntate hoy de qué está construido tu ministerio. De qué está construida tu vida. ¿Fuiste construido con moles o estás maximizando a full el potencial que dios te dio?

La Palabra dice que instruyas al niño en su camino. ¿Qué camino sería ese? ¡El camino del niño! ¡Es que yo quiero que mi hijo sea predicador y lo voy a mandar al seminario! Ah, ¿Sí, eh? ¿Y si es mecánico? TE diré lo que pasará: si es mecánico y lo haces ir al seminario, va a ser un pésimo predicador, y aunque se divierta en sus ratos libres desarmando su auto, nunca llegará a ser mecánico como él deseaba.

Hazle estudiar de mecánico, eso sería instruir al niño en SU camino. Muy probablemente será un excelente mecánico, levantará un poderoso taller con otros mecánicos como empleados, tendrá trabajos sumamente importantes, ganará mucho dinero y, con su corazón agradecido al Señor, financiará con sus ofrendas la formación de no menos de veinte verdaderos y genuinos predicadores.

Pero, si insistes en querer hacerlo predicador, estás construyendo su vida con ladrillos. Ya no podrá ser un mecánico lleno de Dios. Es toda esta cosa de estar formando gente que sepa manejar la palabra. Lo que queremos es gente que ame a Dios. Si Dios quiere un predicador, Él se encargará de sacarlo de donde esté. Y además no es cuestión de aumentar de predicadores o de iglesias. Lo que necesitamos son iglesias diferentes.

Hoy hay una iglesia en cada esquina de la ciudad y la ciudad sigue igual, ¿Cómo lo explicas? ¿Cómo explicamos en cada esquina hay una iglesia y la ciudad se sigue degenerando? Obviamente, algo tiene que cambiar. Pero cambiar de verdad, al estilo divino, no humano. Porque en la tierra, la mayoría de los cambios promocionados sólo han sido pasaportes para seguir haciendo más de lo mismo, aunque con otro color.

La palabra dice que nosotros somos piedras vivas, no bloques. ¿Por qué nos llama piedras vivas? Porque el edificio del señor, se construye de piedras. Porque fue edificado para permanecer para siempre. O sea, cuando tú edificas con piedras, estás edificando transnacionalmente. Estás edificando algo que es más grande que ti.

Yo soy uno de los tantos que hoy trabaja con la finalidad máxima de que cada uno de los que toma contacto directo o indirecto con la autoridad de este ministerio, pueda llegar a desarrollar su mayor potencial a futuro inmediato. Es la parte que me corresponde y la estoy cumpliendo con lo mejor que tengo y puedo. Hay otros que tienen otros mandatos y otras tareas y, si todos hacemos las que nos han enviado a hacer, el trabajo habrá de terminarse.

Por eso no tengo la onda pastor tradicional. Yo no tengo ovejas mías, yo ministro, atiendo, alimento y hago pulimento de ovejas que son de Dios. Jesús ministró tres años, hombres de Dios enormes que he conocido, lo hicieron algunos pocos años más; otros muchos años más. Tu ministerio es la longitud de tu vida, no un seminario.

Tienes que construir para Dios, no para ti. ¿Hermano! ¿Por qué me dice estas cosas si yo no soy nadie en la iglesia? Porque hace mucho tiempo yo tampoco era nadie. Y un día, a Dios se le ocurrió que fuera algo más que nadie. ¿Y qué va a pasar si tiene la misma ocurrencia contigo?

Por eso no hay ni tiene que haber más mensajes para líderes. Porque el liderazgo lo tiene toda la iglesia, no un hombre al que un grupo de cabezones le dio una credencial. Número Nueve: motivado por grandeza personal. O sea: lo que impulsó la Torre de Babel, fue competencia, orgullo humano, indulgencia.

Otra cosa que significa Babilonia es desparramar, desplazar, causar división, confundir, tener pensamientos no coherentes. Pero no lo vamos a deja aquí. Más bien quisiera mostrarte cómo Babilonia toma tu espíritu y que tienes que hacer, rápidamente, para limitarlo.

Vamos a Jeremías 39. Mira el verso 1: En el noveno año de Sedequías rey de Judá, en el mes décimo, vino Nabucodonosor rey de Babilonia con todo su ejército contra Jerusalén, (Que hoy es la iglesia) y la sitiaron.

(2) Y en el undécimo año de Sedequías, en el mes cuarto, a los nueve días del mes se abrió brecha en el muro de la ciudad. (Nota como Babilonia sitia la iglesia. Aquí Jerusalén es la iglesia, observa el procedimiento)

(3) Y entraron todos los príncipes del rey de Babilonia, y acamparon a la puerta de en medio; Nergal-sarezer, Samgar-nebo, Sarsequín el Rabsaris, Nergal-sarezer el Rabmag y todos los demás príncipes del rey de Babilonia.

(4) Y viéndolos Sedequías rey de Judá y todos los hombres de guerra, (Todos los hombres de guerra) huyeron y salieron de noche de la ciudad por el camino del huerto del rey, por la puerta entre los dos muros; y salió el rey por el camino de Arabá.

(5) Pero el ejército de los caldeos los siguió, y alcanzaron a Sedequías en los llanos de Jericó, (¿En dónde lo alcanzaron? En llanuras, si estuviera en lugares elevados, no los alcanzan) y le tomaron, y le hicieron subir a Ribla en tierra de Hamat, donde estaba Nabucodonosor rey de Babilonia, y le sentenció. (Nota que Babilonia sí estaba en lugares altos)

(6) Y degolló el rey de Babilonia a los hijos de Sedequías en presencia de éste en Ribla, haciendo asimismo degollar el rey de Babilonia a todos los nobles de Judá. (¿A todos quienes? A todos los nobles de Judá.)

(7) Y sacó los ojos del rey Sedequías, y le aprisionó con grillos para llevarle a Babilonia.

En primer lugar, te sitia. Luego te invade, te penetra. Y luego, ocupa las puertas. Babilonia se mete en el ADN de la iglesia, se mete en el psíquico de la iglesia. Babilonia no es algo que acontece en un culto. Es algo que ya viene en el rígido del procesador de la iglesia, y afecta todo lo que ella hace. Claro, normalmente viene en forma de doctrina. Al epicentro de tu vida.

Por eso es que necesitamos fundamento apostólico, porque actúa como un anti-virus en un procesador. ¿Qué quiero decir? Que el fundamento apostólico es un anti-virus para la religión. Porque son diametralmente opuestos. Cuando ingresas el suero de los patrones de Dios, luego, ante cualquier acción opuesta, algo por dentro te enciende una alarma y, si puedes, no lo permites.

En el verso 3 llegaron los príncipes. Babilonia busca la gente que tiene potencial en la iglesia. Siguieron a los príncipes. Verso 4, te sacan de tu fortaleza, te sacan de tu ciudad, o sea: en el área donde tú eres fuerte, Babilonia te hace salir de allí.

Un viejo predicador contaba que en su ministerio tenía un hermano que tocaba el piano en su grupo de adoración, que cuando era joven estaba en la universidad estudiando Economía, con gran talento y excelentes notas. Pero era un hombre que iba a una iglesia que proclamaba todos los domingos que Cristo venía ya a buscar a su iglesia en un rapto enorme.

Entonces ese muchacho pensó que si verdaderamente Cristo venía ya, no era útil ni conveniente seguir estudiando Economía porque no se justificaba. Así que si Cristo iba a venir ya, él deseaba que más bien lo encontrara tocando el piano en la iglesia y no estudiando en la universidad. Concluía este predicador diciendo que hoy, lamentablemente, él tenía en su ministerio a un pianista mediocre, bien del montón, mientras que la vida se había perdido a un economista brillante. Babilonia hace eso.

Babilonia destruye futuros, destruye el futuro de tus hijos, con conceptos errados de Dios. Te saca afuera, dice que te lleva fuera de tu ciudad, fura de donde tú estás acostumbrado a operar. Te saca de donde Dios te ha hecho, para convertirte en otro bloque más, en otro ladrillo más.

No hay cosa que me produzca más escozor que ver a un latino, varón, que por lo general son bien rústicos y masculinos, comportarse en la iglesia como si fueran mariposas escuálidas. ¿Qué les pasó? Les agarró un ataque de santidad externa. ¡No sirve! Dura hasta que aparece esa señorita que… ¿Se entiende, verdad? ¡Eres hombre! ¡Eres masculino! ¡Jesús era muy masculino! ¡No necesitaba salir con damas para demostrarlo!

Entonces, de este modo, siempre somos los mismos. Porque el tiempo cambia, pero nuestra estructura, no. Los vientos soplan para otra dirección, pero la estructura es la misma. Entramos hace rato al tercer milenio, pero seguimos construyendo igual. Bloques. Ladrillos. Y por último te exponen en la ciudad. Te dejan una serie de líderes sin visión, verso 7. ¿Y qué tenemos que hacer para vencer estas posiciones?

(Salmo 137: 4) = ¿Cómo cantaremos cántico de Jehová en tierra de extraños?

(5) Si me olvidare de ti, oh Jerusalén, pierda mi diestra su destreza.

(6) Mi lengua se pegue a mi paladar, si de ti no me acordare; si no enalteciere a Jerusalén como preferente asunto de mi alegría.

En el original, dice: Sobre cualquier otro asunto. Y hay una implicación negativa de la cual puedes extraer un principio positivo. Dice que cómo puedes cantar un cántico en tierra extraña. A eso lo dijeron cuando estaban en Babilonia. Por eso, lo primero que te dicen, es: no seas impactado por Babilonia, que no se te olvide Jerusalén, que no se te olvide el verdadero principio de Dios.

Mantén tu mente fija en lo que Dios quiere hacer. Daniel tuvo que hacer eso. Daniel en Babilonia, y uno die: ¡Oh1 ¡Qué linda la gracia de Daniel! ¡Cómo Dios bendijo a Daniel! Daniel vivía una vida estratégica, y él tuvo, deliberadamente, plantar su estrategia respecto a cómo la iba a hacer.

Él, deliberadamente, negó los alimentos de Babilonia. Él, deliberadamente, construyó una ventana que puso mirando hacia Jerusalén. Y deliberadamente, a la hora que él sabía que lo iban a estar mirando, oró en contra del decreto. Hay veces que para establecer el principio de Dios, deliberadamente deberás construir tu vida. No tropieces con el mañana, diséñalo.

¿Qué vas a hacer en cinco años, y cómo piensas llegar? Anótalo, e invierte en eso. ¿Cómo voy a prosperar mi familia? Paso dos, paso tres, paso cuatro. Señor, bendice estos panes. No tropieces con el mañana, Babilonia es así. Pero tú Dios, no. ¿Cómo voy a ser un mejor ministro, mañana? ¿Cómo me voy a enterar de lo que Dios está haciendo?

Planifica la adquisición del conocimiento que hoy no tienes. Busca en el planeta, porque seguramente hay alguien que lo está trayendo y no te cobrará nada por compartírtelo, si es que es un enviado del Reino. Si está vendiendo audios, videos y libros, entonces ponlo en duda. Puede venir de Babilonia, vestido con piel de ovejitas sanas, frescas y puras, pero es lobo.

Babilonia no tiene jornada, los hijos de Dios, sí. Y luego dice que se le pegue la lengua en el paladar si  no se acuerda de Jerusalén. Entonces lo contrario, es cierto: mantén tu mente en el propósito. Y dice que exaltes el propósito de Dios por sobre todo asunto en tu vida.

La próxima: milita por la consumación del propósito de Dios. Juan 4 dice: Mi comida es hacer y terminar la obra de Dios. Mi comida, mi combustible, mi inspiración, mi vida, lo que me levanta por la mañana y me hace ir a trabajar. Cualquiera el gobierno que tenga, lo que tengo que hacer es hacer y terminar la obra de Dios.

No tienes dos vidas, sólo tienes una; es la obra de Dios. Tú no debes visitar la obra de Dios porque tú eres la obra de Dios. Babilonia viene a la iglesia, Jerusalén es la iglesia.

Lo usaron en las paredes de Jericó, y a través de toda la Biblia es como que alguien viene a decirte que existas, pero no termines. ¡Acude todos los domingos a la iglesia! Pero no termines. Canta, ven, haz lo que sea, pero que la jornada tenga forma, pero no el poder. Hay que terminar.

Jamás doy consejos, apenas algunas sugerencias. No soy nadie para decirle a alguien cómo debe vivir su vida, qué debe hacer o qué no debe hacer. Sin embargo, y como singular excepción, déjame ahora darte un consejo, no sé si sabio, pero sí muy genuino y práctico: jamás te acostumbres o abandones a una vida mediocre.

¿Sabes lo que es la mediocridad, verdad? Cuando en lugar de pensar y acertar o equivocarte tú, dejas que otros piensen por ti o en tu lugar. Porque eso no es sujeción, eso es esclavitud. Y no fuimos llamados ser esclavos, sino libres en Cristo. Y a la hora de hacer comparaciones, compárate contigo mismo, no con tu vecino.

Y si cuando lo haces no te gusta lo que estás viendo, cambia. Si a ti no te gusta la condición espiritual que tienes en este momento, tendrás que hacer algo diferente para que cambie. No existe tal cosa cómo hacer lo mismo todos los días y esperar que llegue algún cambio vaya uno a saber de dónde. No es ninguna ciencia asegurar que haciendo lo mismo jamás se llega a resultados diferentes.

Lo que ocurre es que, mayoritariamente, la gente quiere un resultado diferente, pero lo que no quiere ni por asomo, es cambiar. Es elemental: si quiere un mañana diferente, tendrás que cambiar el hoy. Pero no lo dudes: ¡El cambio es absolutamente incómodo! Requiere disciplina, apoyo moral, fuerza, volver a aprender.

Volver a fojas cero y empezar todo de nuevo. Tremendo, ¿No? Pero, si no lo haces, puedo garantizarte que mañana, será absolutamente igual a hoy. Y no te estoy hablando de doctrina, te estoy halando de tu estilo de vida. En tu trabajo, en tu casa, con tu familia, con tu mujer, con tus hijos. Es necesario un cambio profundo. ¿Estás orando a Dios para que te dé más vida abundante? ¡Amén!, Pero que no se te olvide que todo lo que tiene vida, cambia.

Los hijos, cambian; las flores y las plantas, cambian. Los animales, las mascotas, cambian; las estaciones del año, cambian; las temperaturas, cambian. ¿Y la iglesia? Bien, gracias, todo igual. ¿Cómo que igual? ¡Claro! Si está muerta, no cambia. Pero si está viva, ¡Sí que cambia!

Por eso, así como cuando tú ves una flor en otoño y te das cuenta que no se parece en nada a la que viste en la primavera, así también yo quisiera que tú que me escuchas o me lees, hoy, no seas ni por asomo el mismo o la misma que me escuchará o leerá dentro de un año en otro estudio. Porque no será mérito mío si mañana tú eres más grande y ungido que yo, será plan y propósito de Dios.

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Tiempos de Seriedad

Este es un tiempo difícil. Más que difícil, yo podría decir que este es un tiempo complicado. Porque es un tiempo en donde las cosas muestran un aspecto cambiante de tal calibre, que bien vale la pena reflexionar muy seriamente en los principios básicos que hay al respecto. Hay una escritura que nos retrotrae a ello. Es un texto en apariencia eminentemente histórico, lineal, cronológico, pero que sin embargo tiene escondido un verdadero tesoro que podremos aprovechar, utilizar, creer y poner por obra. Es largo, pero vale la pena.

(Éxodo 32: 1) = Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. (¿Podrías darme una palabra, una sola palabra, que sintetice este primer paso de lo que luego será un altísimo pecado de idolatría? Ansiedad.)

(2) Y Aarón les dijo: apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos. (¿Sufría Aarón de la misma ansiedad más duda que padecía el pueblo? Quizás. Lo cierto es que en lugar de confiar y esperar, él decidió sumarse a la idea de fabricar ídolos. Y les pidió los aretes a todos los que los usaban. Las mujeres, sus hijas y, ¡Oh sorpresa! Dice que también sus hijos. ¿Es que el aro en el varón no es una deformación de este siglo? Parece que no)

(3) Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y los trajeron a Aarón; (4) y él los tomó de las manos de ellos, y le dio forma de buril, e hizo de ello un becerro de fundición. Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto. (Creo que te quedó claro: dice que todo el pueblo les dio sus zarcillos. Todo el pueblo. Ninguno a favor de Jehová. Todos en búsqueda de nuevos dioses.)

(5) Y viendo esto Aarón edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón; y dijo: mañana será fiesta para Jehová. (¿Perdón? ¿Fiesta para Jehová? ¿Cómo que fiesta para Jehová, si les acaba de construir un ídolo?)

(6) Y al día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y presentaron ofrendas de paz; y se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a regocijarse. (¿Qué les parece? Más adelante, y cuando viene relatando ya que Moisés y su siervo Josué estaban descendiendo del monte, encontramos esto)

(Verso 17) = Cuando oyó Josué el clamor del pueblo que gritaba, dijo a Moisés: alarido de pelea hay en el campamento. (¡Y claro1 ¿Qué otra cosa que alarido de pelea podía escuchar un guerrero de pura cepa como Josué?)

(18) Y él respondió: no es voz de alaridos de fuertes, ni voz de alaridos de débiles; voz de cantar oigo yo. (Moisés y toda su veteranía y experiencia. ¡Qué pelea ni pelea! ¡Era parranda, juerga, fiesta, había allá abajo!)

(19) Y aconteció que cuando él llegó al campamento, y vio el becerro y las danzas, ardió la ira de Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y las quebró al pie del monte. (Este versículo va dedicado con profundo amor a todos aquellos que suponen que los hombres de Dios son seres que no se conmueven ante nada, que todo lo toman con una sonrisa bondadosa y muy evangélica y que en la mayor de las serenidades resuelven sus conflictos. Ardió de ira el hombre.)

(20) Y tomó el becerro que habían hecho, y lo quemó en el fuego, y lo molió hasta reducirlo a polvo, que esparció sobre las aguas, y lo dio de beber a los hijos de Israel.

(21) Y dijo Moisés a Aarón: ¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan grande pecado?

(22) Y respondió Aarón: no se enoje mi señor, tú conoces al pueblo, que es inclinado al mal. (He aquí un resorte clásico humano por excelencia: la culpa la tiene los otros.)

(23) Porque me dijeron: haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.

(24) Y yo les respondí: ¿Quién tiene oro? Apartadlo. Y me lo dieron, y lo eché en el fuego, y salió este becerro.

¿Te das cuenta lo infantil de la explicación que le da Aarón a Moisés? De niño. Pero de niño que es consciente que ha hecho algo indebido y busca excusarse. ¡Yo no hice nada! ¡Yo tiré todo acá adentro y salió este bicharraco! ¡Moisés, no soy responsable! ¿Ah, no, eh? ¿Así que nadie fabricó el molde del cual salió ese becerro, verdad? ¿Se formó por arte de magia?

Esa es nuestra vieja naturaleza. ¿Recuerdan a Saúl? ¡El pueblo quiso, Samuel, traer lo mejor! ¡Ya no sé cómo darles el gusto! Eso es exactamente lo mismo que Aarón estaba diciendo. ¡Eché todo eso al fuego, Moisés, tú lo vieras, y apareció este becerro no sé cómo ni de dónde! ¡Y después, imagínate, ya no lo pude detener!

Cuando apareció el becerro, inmediatamente, se armó la fiesta. Ah… ¿Y tú no participaste de la fiesta, Aarón? ¡No! Es decir…bueno…golpeaba un poquito las manos, nada más! ¡Pero yo no hacía fiesta, te lo aseguro! Y además, ¡Tampoco adoraba a ese becerro1 ¡Yo la tengo muy clara!

(Éxodo 33: 11) = Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero. (Aquí nos encontramos con una figura que, si hoy la proclamáramos, seríamos llamados por lo menos, irreverentes. ¿Cómo vas a decir que Dios habla contigo cara a cara?)

(12) Y dijo Moisés a Jehová: mira, tú me dices a mí saca este pueblo, y tú no me has declarado a quién enviarás conmigo. Sin embargo, tú dices: yo te he conocido por tu nombre, y has hallado también gracia en mis ojos.

(13) Ahora, pues, si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca, y halle gracia en tus ojos; y mira que esta gente es pueblo tuyo.

(14) Y él dijo: mi presencia irá contigo, y te dará descanso.

(15) Y Moisés respondió: si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí.

(16) ¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en que tú andes con nosotros, y que yo y tu pueblo seamos apartados de todos los pueblos que están sobe la faz de la tierra?

(17) Y Jehová dijo a Moisés: también haré esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia en mis ojos, y te he conocido por tu nombre.

(18) Él entonces dijo: te ruego que me muestres tu gloria.

(19) Y le respondió: yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente.

De hecho, yo no puedo saber cuál es el grado de madurez y de crecimiento espiritual de cada uno de ustedes, los que están allí, del otro lado, pero voy a decirles algo de todos modos: ¿Cuántos se han dado cuenta que en este tiempo hay dos iglesias paralelas? Ya lo hemos hablado y enseñado muchas veces, de acuerdo: Babilonia es la iglesia falsa y paralela, la imitación carnal y hasta diabólica de lo que verdaderamente es la iglesia del Señor. Así que es obvio que también está la genuina, la real y verdadera. Un pueblo que lo único que quiere es fiesta y entretenimiento, y otro que es y se sabe remanente.

Y hay hombres de Dios que están buscando desesperadamente su rostro en este tiempo, porque ven que las ovejas se desbandan y se van detrás de esos entretenimientos y de esas fiestas. Que nadie podría decir, claro está, que no son cristianas, pero que en modo alguno conforman la voluntad de Dios para este tiempo. Porque Dios nos está enseñando a través de esta palabra que, además de estar de manera permanente con nosotros, hará pasar por delante de nosotros, todo su bien.

Y dice la Biblia que él estaba en el monte. Allí iba a escuchar a Dios. En el Libro de Números vamos a ver que en varias oportunidades dice que Jehová habló a Moisés. ¿Por qué Jehová le hablaba a Moisés? Porque Moisés estaba justo allí donde Jehová hablaba. Entonces sería bueno preguntar ahora: ¿Estamos nosotros en ese exacto lugar en donde Dios está hablando?

Y dice la palabra que él subió al monte, porque como todo hombre íntegro, Moisés simbolizaba a todo creyente que busca agradar a Dios. Al que de pronto siente como que la soledad lo está aplastando y que todo lo que está haciendo, lo está haciendo solo. Los que van en una dirección cuando toda la corriente va en otra. A esos, Dios los quiere aparte, con Él.

Por eso Moisés dijo algo allí: “Yo no quiero, Señor, dar un paso más, porque lo que acabo de ver me duele adentro.” Y si bien dice que hubo un enojo, es indudable que el corazón de Moisés se estrujó al ver al pueblo celebrando idolatría.

Allí es donde nosotros solemos decir: ¡También ese pueblo de Israel! ¿Sabías que tú y yo somos iguales? ¿Te has dado cuenta que a veces nosotros también nos portamos así de mal? ¿Has prestado atención a que tenemos una clara tendencia a respetar lo dudoso y, por el contrario, a menospreciar lo que Dios ha levantado y enviado¿ ¡Cómo! ¿No es este el hijo del carpintero? Mira cómo se referían a él. Le decían “este”. Eso es menosprecio.

Y él subió al monte, porque él quería estar con dios. No sólo está aquel que busca el rostro de Dios, sino que es el cristiano que en este tiempo, a pesar de las celebraciones y los entretenimientos que nos rodean, quiere seguir levantando altares de consagración con Dios.

En Romanos 12:1 dice que presentamos todo nuestro ser. Todo nuestro cuerpo en sacrificio vivo, agradable al Señor. ¿Por qué? Porque es nuestro culto. ¿Cómo dice? Racional. Esto es: pensado, preparado. Que yo lo hago a conciencia, que sé muy bien lo que estoy haciendo. Que no me dejo deslumbrar por las emociones, aunque no tengo que reprimirlas ni negarlas.

Que no lo hago simplemente por un entusiasmo pasajero. Yo me consagro y me ofrendo, como sacrificio vivo a Dios porque primero lo pensé muy bien. Esto significa que lo pensé con frialdad, calculando bien los costos. No podemos ofrendarnos a la ligera, ponernos en el altar y después vemos. Porque ya no somos nuestros, nos dedicamos al Señor. Nosotros solos, sin presiones de nadie, nos ofrendamos a Dios. ¿Me estás entendiendo?

Como aquel hombre llamado Moisés, hay muchos cristianos, hoy, que pagan el precio de la espera. ¡Señor, contéstame! Y die la Biblia que allí pasaron cuarenta días. ¡Señor, ya hace una semana que te lo pedí!, dicen algunos. ¡Y todavía no me has respondido! Cuarenta días.

Hermano: cuando tú y yo aprendemos a esperar en Dios, algo enorme espiritualmente hablando, algo tremendo sucede dentro de nosotros. Porque Él dice: espera en Dios, y yo (Es decir Él), haré. Confía en Él, echa tu ansiedad sobre Él. Porque Él tiene cuidado de nosotros.

A veces estamos tan ansiosos por todo lo que nos rodea, que no hay tiempo para esperar en Él. Y Dios no cambió. Él sigue siendo el Dios de Moisés, de Abraham, de Jacob. El Dios de Pablo, de Pedro, el Dios tuyo, el Dios mío. Él no cambia. Él dice yo voy a cumplir, yo voy a bendecirte, pero espera. No puede darte semejante regalo porque no estás preparado, todavía.

Él dijo: Yo voy a esperar esos mandamientos de mi Señor. Pero claro: cuando un hombre de Dios tiene una visión y la gente que lo acompaña no está enchufada, conectada en esa visión, estamos en problemas. Es mucho más habitual que aquel a quien Dios realmente le da una visión se quede solo, que eso le suceda a un nominal, sin compromisos.

¿Por qué pasa esto? Porque hay una iglesia, hay un remanente, hay un grupo de cristianos que buscan a Dios como Moisés lo buscaba. Y hay otro grupo, que está allí abajo, como el pueblo de Israel, que sólo quiere celebraciones, entretenimientos, en suma: pasarlo bonito.

¿Sabe qué pasa, hermano? En el grupo que hay en mi iglesia somos tan pocos… ¡Estamos todos aburridos! ¿Cómo no me voy a ir a congresos o conferencias por allí, si aquí me estoy secando? Quiero decirte algo: ese hombre o esa mujer que cada domingo, u otro día de la semana, va a entregar un mensaje, probablemente se ha quebrado delante de Dios, buscó delante de Dios. Ten cuidado; no menosprecies el mensaje. Y ya me conoces, que no soy adulador de estructuras, precisamente.

¡No! ¡Qué me voy a quedar escuchando tonterías! ¡Me estoy secando! Y entonces corren al estadio, a las multitudes, a escuchar a ese siervo de tanto prestigio internacional, a ese que tantas veces ha visto por la televisión, que ahora está aquí, en persona, y que ha traído una tremenda palabra que conmoverá a toda la nación. ¿Y sabes qué es lo que oye? Pues la misma palabra que viene oyendo por boca de tantos sin prestigio, sin roce internacional, sin currículum ni genealogía, por uno de los tantos Sumos Sacerdotes según el orden de Melquisedec. Fiesta.

Moisés representa hoy a ese cristiano que no solamente paga el precio del menosprecio, sino que también y a pesar de cómo esté de sus emociones, de sus sentimientos, puede soportar la incomprensión de los demás. Yo no sé si tú te has dado cuenta de la ingratitud y la indolencia que hay. Y no estoy hablando del mundo incrédulo, precisamente. Hay hombres y mujeres de Dios que han luchado que están allí, batallando, y están dolidos. Hay otros que han sido heridos. Y es como que a nadie le interesa. Cada uno cuida su propio e íntimo bienestar.

¿Sabes algo? Moisés, pese a todo lo que estaba sintiendo, siguió luchando. Dice en Números 20, que cuando llegan a la tierra de Cades, muere María su hermana. Y no sólo muere María. Un poco más adelante, Dios le dice: “Sube al monte, y desviste a Aarón y viste a Eleazar.” Murió maría, era su hermana. Pero el pueblo allí estaba. “¡Queremos agua!” ¿Para qué nos sacaste de Egipto?

Hay otro cristiano dentro de los otros cristianos. Son los Josué. Son esos que están creciendo. No disciernen bien, todavía, eso es cierto, pero están creciendo y quieren. Entonces buscan y el que busca, siempre encuentra, y al que pide, se le da.

Dice la Biblia allí que en la batalla, Moisés le dice: Tú baja al valle, Josué, y pelea; yo voy al monte. Cada uno en su puesto. Y Aarón y Ur sosteniéndole los brazos. Esos son los intercesores que oran por los hombres y mujeres de Dios que pelean en el frente de batalla. Porque mientras dure la batalla en el valle, alguien tendrá que sostener los brazos de los que la pelean.

Y dice la Biblia que bajaban del monte y él escuchó gritos. Y él dijo: ¡Gritos de pelea! Claro, era un guerrero. ¿Qué otra cosa iba a pensar? Y Moisés dijo: No…Eso no es batalla… Eso no es intercesión. Allí no hay ninguno orando ni ayunando. Allí no hay ninguno haciendo vigilia. ¡Allí están de fiesta!

¿Y qué pasó? Dice la Biblia que Josué descendió con aquel varón llamado Moisés. ¡Qué lindo es recibir ministración limpia, pura y ungida de un hombre o una mujer de Dios! Los Josué de hoy día no disciernen, pero quieren estar aprendiendo, buscan. Pero están mirando un modelo. Están siguiendo un modelo.

Están viendo que alguien, todavía, dobla sus rodillas. Están viendo que todavía hay siervos de Dios que se comunican con Dios, pero también hay muchos otros que no conocen a Dios porque no lo tratan. Porque se conforman con entretenimiento denominado “cristiano”, que no es otra cosa que una fiesta, y que es lo único que otros le están brindando como método fijo.

Esta gente está bien dentro de las congregaciones. Están. Se parecen a Aarón. ¿Sabes quiénes son los “aarones” de hoy? Son esos que no quieren quedar mal con nadie. ¿Qué te parece? ¿Conoces a alguno, quizás? Ten cuidado, por allí se te sienta cerca el domingo. ¡Es que no me gusta quedar mal con la gente! ¡No es buen testimonio! ¿Ah, sí? Y por no quedar mal, y por no ser frontal, y por no ser sinceros, y por no ser transparentes, entonces dejamos que la suciedad entre y nos salpique.

Tengo una pregunta: ¿Por qué Aarón, conociendo todo lo que conocía, accedió a fabricar el becerro? ¿Por qué Moisés, con todo lo que Dios le había dado, se bajó del monte? Hay cristianos que son fieles, sinceros, honestos, pero tienen un tremendo problema: ¡Tienen pánico de quedar mal!

Hermano… ¡Qué bendición que es usted! ¡Yo lo sigo desde hace muchos años! ¿Ah, sí? ¡Entonces me temo que se va a ir al infierno, nomás! ¿Cómo? ¡Que se va a ir al infierno, te dije, porque me estás siguiendo a mí y no a Cristo! Y es Él el que tiene la salvación, no yo. ¡Pero es que a mí me encanta cómo predica este hombre! Está bien, escúchalo; ¡Pero no lo adores! ¡Ese, es un becerro contemporáneo. ¿Habrás adorado alguno, quizás?

Hay gente, supuestos siervos de Dios, que le ponen precio a sus mensajes. Hay otros, también supuestos siervos de Dios, levantados para un determinado ministerio, que le ponen un precio a cada canción que cantan. Pero hay algo peor, todavía: hay congregaciones que, a los que no cobran, ¡No los invitan más! ¿Qué te parece?

¿Hay o no hay una iglesia paralela a la genuina y verdadera? Por eso es la presión, por eso es el sufrimiento del verdadero cristiano. Porque hay gente que ha gustado de la Gracia de Dios, ha visto las maravillas. Peros e ha dejado llevar por las corrientes, se ha dejado llevar por cosas que no son de Dios, como le pasó a Aarón. ¡Y después quieren justificar todo eso!

A eso, después, muchos le llaman “movimiento de la prosperidad”. ¡Claro que Dios nos prospera! ¡Claro que Dios nos bendice! Pero no hay que estafar a la gente, mi hermano. Dios nos libre y nos guarde de caer en eso. No podemos, en el nombre del Señor, sangrar al pueblo de Dios. Por eso Moisés, en esa visión divina, le dijo: Aarón; ¿Qué mal te ha hecho ese pueblo para que lo tuerzas de la verdad?

Señor, tú sabes cómo es el pueblo. Ellos quieren dioses para adorar, los necesitan. Ellos vienen contaminados con las costumbres de Egipto. ¡Es que vienen con las costumbres del mundo y no podemos cambiarlos de un día para el otro! ¡Es que no hay que cambiarlos! Ese trabajo no nos toca a nosotros. ¡Ese es trabajo del Espíritu Santo! Pero, si el Espíritu Santo no está en aquel que enseña, en aquel que exhorta, en aquel que consuela, ¡Es en vano! ¡No podemos cambiar a la gente con buenos y lindos discursos! ¡No puedo darle al pueblo lo que el pueblo quiere oír! ¡Tengo que darle lo que Dios dice que debo darle!

¿Sabes, hermano? Piénsalo. ¿En cuántas fiestas vanas se habrán fundido las riquezas que Dios te dio cuando saliste de la esclavitud? ¿Cuántas bendiciones arrojaste en una fiesta vana que no te dio nada? ¿Y cómo saliste? Saliste tan vacío como entraste, o tal vez peor. Dios les dijo: los voy a sacar de la esclavitud. No van a salir pobres y miserables. Los mismos egipcios les van a entregar a ustedes sus riquezas. ¡Satanás tiene que soltar las riquezas que les pertenecen a los hijos de Dios! Pero, ¿Sabes por qué ellos volvieron a eso? Porque la vieja naturaleza que está adentro, lucha, pelea y combate fieramente. Esa carne no quiere hacer la voluntad de Dios.

Dios quiere bendecirnos y quiere prosperarnos. Pero no esa prosperidad falsa que se vende como mercadería de supermercado, y que se promete a los hijos de Dios fuera de todo contexto bíblico. Dios dice: Buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y las demás cosas vendrán por añadidura. ¿Sabes una cosa? Esa iglesia, esa congregación paralela al remanente fiel, sólo quiere vivir de fiesta en fiesta, de entretenimiento en entretenimiento, en un evangelio sin compromiso, sin demanda, sin confrontación y pintado color de rosa.

Pregunto: ¿Por qué hay miseria, cuando somos hijos de un Padre rico? Porque tenemos mezcladas las cosas. Piensa. ¿Cómo puede ser que, delante de un becerro de oro, que era idolatría, que era pecado a los ojos de Dios, se podría levantar, junto, un altar a Dios? ¿Cómo puede, una persona que quiere vivir en santidad, estar compartiendo el ministerio con alguien que está en pecado? ¿Cómo puede alguien luchar por esa santidad, cada día, y de pronto, va a un lugar donde siente o discierne que hay pecado? Allí es cuando viene y visita la miseria a una nación, cuando se mezcla lo santo con lo profano.

Así como en la época de Jueces, en la casa de Gedeón, su padre tenía estatuas de Asera, de Baal, mezcladas con el altar a Jehová. ¿Por qué había venido la miseria a ese pueblo? ¿Por qué los amalecitas? ¿Por qué le robaban todo el fruto de la tierra? ¿Por qué los habían tenido reducidos a vivir en cuevas, a vivir como forajidos? ¿Por qué tenían que estar en la miseria si eran los hijos del Dios Todopoderoso? ¿Sabes por qué? Porque había cosas en las casas, en los hogares, que no agradaban a Jehová.

Por eso dios le habla a Gedeón y Gedeón le responde: mira, nuestro padre, el abuelo, nos han contado maravillas, pero yo no he visto ninguna. Y Dios le dice: Bueno, pon tu fuerza, que yo pongo mi poder. Y empieza a limpiar. Pero primero, ofrenda. ¿Cómo voy a ofrendar si me estoy muriendo de hambre? Primero ofrenda. ¡Pero Señor! ¿No has visto la miseria que hay en mi patria? ¿Cómo me dices que debo dar todo lo que tengo?              Primero sobre la roca, la ofrenda. Eso es lo que la iglesia de mi patria y de muchas otras naciones, no ha entendido. Que para romper con la miseria, hay que rendir todo sobre la roca, que es Cristo. Por eso el primer trabajo que Dios le dio a Gedeón, fue ir y limpiar la casa de su padre.

Y él tuvo miedo, dice la Biblia, y llamó a otros varones con él, y fueron de noche. Porque, naturalmente, la tarea no era tan fácil. Porque no es tan fácil cuando tú vives un tiempo mezclado con la liviandad y de pronto determinas y decides vivir como dios quiera. No. No es fácil cortar con esas amistades, con esos hermanos, entre comillas, que no alcanzan ni para primos. Pero Dios dijo: hay que cortar, hay que limpiar. Por eso, -y no estoy justificando ni la ira ni el enojo de Moisés-, a él le agarró tal indignación que arrojó el becerro en el fuego y que después, con ese polvo de oro que quedó, lo puso en las vasijas y les dijo: ¿Quieren dioses? ¡¡¡Tráguenselos!!!

Por eso Dios no bendice una nación. Porque nosotros, su pueblo, sólo queremos fiesta, queremos entretenimiento sin compromiso. Es serio este pensamiento. Te lo digo como una carga en tu corazón para que ores. Pero no mezclemos las cosas. Por eso dice en Jueces que el Espíritu de Dios vistió a Gedeón y Él mismo fue su vestido. Y allí Gedeón recibió poder y pudo tocar el cuerno, la trompeta, y pudo convocar al pueblo y derrotar al enemigo que los estaba matando de hambre, que les estaba cerrando las fábricas, los talleres, las fuentes de trabajo, que los estaba dejando sin nada, arrinconando, cuando Dios les había dicho que les daba la tierra para que vivieran y estaban viviendo en cuevas. ¡Eso hace el pecado! ¡Eso hace la mezcla! ¡No pueden vivir juntos lo santo y lo profano! ¡Eso hace la liviandad!

¿Tú crees que es para los pecadores ese: Venid a mí los que estás trabajados y cargados, que yo os haré descansar? No. Es para ti y para mí. Trabajados y Cargados, en griego, quiere decir: Forzados, Agotados por el trabajo, por la lucha. Y el Señor dice: vena  mis brazos que yo te haré descansar. Por eso Él dice: Echa tu carga sobre mí.

¿Sabes por qué, a veces no puedes levantar los brazos ni abrir el corazón? Porque el corazón y los brazos están cansados de cosas que no pertenecen a Dios. Porque la carga que el Señor pone en nosotros, es liviana, no pesada.

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Los Enemigos de Tu Madurez

Hay una realidad que marca, precisamente la realidad de cada día. Ninguno de nosotros podremos ser mejores hijos de Dios, si antes no somos mejores personas. Para eso, es necesario conocer qué recursos operan en nosotros, hoy, en nuestra vida diaria. Y eso, créeme, no es para algunos, es para todos. Y porque es nuestra asignatura pendiente como nación, como región, como planeta, hoy quiero hablar de la justicia.

(Job 14: 7) = Porque si el árbol fuere cortado, aún queda de él esperanza; retoñará aún, y sus renuevos no faltarán.

(8) Si se envejeciere en la tierra su raíz, y su tronco fuere muerto en el polvo, (9) al percibir el agua reverdecerá, y hará copa como planta nueva.

¿Sabías tú que en la Biblia, los árboles representan a los hombres? En todo el contexto bíblico, los árboles representan a los seres humanos. No es casual que el Señor haya muerto en una cruz de madera. Y Pablo dice que fuimos crucificados juntamente con Él.

Claro, si yo te pregunto cuándo fui crucificado, si yo nací hace unos cuantos años en un pequeño pueblito de un lejano país llamado Argentina, y luego me trasladé con mis padres a otro un poco más grande, y allí crecí y llegué a adulto. Nunca fui crucificado. ¿Cómo entiendo eso? Simple: que la madera en la cual Él fue crucificado, es mi naturaleza; un árbol. Literalmente, morimos los dos, allí. El árbol y Él.

Desde el principio, los árboles son elementos a los cuales Dios asocia a nuestra naturaleza. ¿Será porque dependemos de la tierra y del agua? ¿Será porque en el proceso, nuestra razón de vida es dar fruto y multiplicarnos? Por eso resulta interesante lo que dice Job, aquí. Si puedes, por un momento, mírate como un  árbol.

Tú sabes que si cortas un árbol pero no lo desprendes de la tierra, aún cortado, con el tiempo, comienza a reverdecer. ¿Cuándo muere realmente un árbol? No hay muchas coincidencias entre los especialistas y botánicos. Lo cierto es que no podríamos imaginarnos un árbol sin agua. ¿Cuánto tiempo crees que sobreviviría?

Claro que aquí iremos a lo otro que también es importante a grado sumo y que todavía está en amplio estudio: qué significa el agua en la Biblia. El Espíritu y la Palabra. Y es muy singular, porque alguien puede estar literalmente muriéndose, pero si recibe una palabra de fe, es como que revive y sale otra vez a la batalla sin rastros de su anterior desmoronamiento.

Y si tomamos como ejemplo o base algunas actitudes del rey Nabucodonosor respecto a un cierto árbol, veremos que  en el fondo, en la Palabra, hay muchos elementos que muestran la naturaleza humana a través de los árboles. Y dice que hay esperanza para un árbol cuando es cortado. Que volverá a retoñar y que sus renuevos no le faltarán.

Aunque envejezcan sus raíces en la tierra y muera su tronco en el polvo, al olor del agua reverdecerá, y como una planta joven, echará renuevos. En el libro del profeta Isaías, y en el capítulo 61, está el texto principal de lo que deseo compartir en este trabajo.

(Isaías 61: 1) = El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar (2) libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de (3) venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, (4) plantío de Jehová, para gloria suya.

Aquí creo que queda más que claro que Dios quiere que nosotros seamos verdaderos árboles de justicia. Y fíjate que en el huerto del Edén, Adán tenía una enorme cantidad de árboles. Y que, de hecho, la posibilidad del pecado y la posterior expulsión del huerto de ellos, fue la de haber comido del fruto de un árbol del cual se le había prohibido hacerlo. No podemos decir que sea casual que toda esta tremenda historia en la que estamos involucrados, comienza con un árbol.

Y hay una cantidad enorme de árboles mencionados en toda la Biblia. Te cito algunos: el cedro, la palmera, la higuera, la mostaza, el ajenjo, y cada uno de ellos representa algo especial. Puedo tirarte algunas ideas. El famoso cedro del Líbano, que era utilizado para construir edificaciones, por ejemplo, el interior del templo.

Entonces, se habla que las columnas de la casa del Señor, estaban hechas con el cedro del Líbano. En otro orden, la palmera siempre es representada con la perseverancia, con la capacidad de soportar la adversidad. Todos hemos visto alguna vez, (Muchos en vivo y sufriéndolo, otros por televisión y a distancia), lo que hacen los terribles huracanes caribeños con esas palmeras. Las doblan hasta tocar el suelo, pero no las rompen.

Y eso, de hecho, nos habla de una tremenda capacidad para resistir. Por eso entiendo que, andes en lo que andes, tienes obligación de ser como una palmera. Es decir: puedes doblarte, pero no quebrarte. Es toda una característica de los hijos de Dios; soportar, soportar y soportar.

Porque, esa persona que a la primera presión entrega todo y sale huyendo, será buena persona, no tengo por qué dudarlo, pero definitivamente no es una palmera. Entiende: un árbol frágil, no sirve para otra cosa que para hacer leña y quemarlo. Supongo que ahora entiendes el porqué del concepto de infierno y destrucción. Al que no, será echado al fuego.

Árboles. Un árbol que no sirve para fabricar muebles, que no sirve para construir casas, que no sirve para fabricar un instrumento, que solamente atrae esas tremendas hormigas llamadas termitas, es un árbol inservible y, por tal motivo, tiene que ser quemado. Sólo sirve para cocinar nuestros asados.

Después tenemos a la higuera. La higuera, proféticamente hablando, en la Biblia, simboliza la religión. Es el hombre religioso. Es el sistema religioso. Por el otro lado, el olivo, representa a Israel. Entonces, qué tremendo que Jesús muera en el jardín de los olivos. Literalmente él murió en Israel, murió por Israel, pero también murió por lo que el Padre le pidió hacer.

De hecho, podríamos estar largo rato hablando de árboles, ya que hay partes de la Biblia en donde los árboles conversan, en donde se rebelan y muchos episodios muy interesantes más, pero en este trabajo lo que quiero acompañarte a encontrar, es la causa, razón o motivo por el cual somos llamados, justamente, árboles de justicia. Plantíos del Señor, dice en otro lugar.

En el capítulo 61 y verso 3 de Isaías, dice que ese es nuestro nombre, que el Señor quiere que lleguemos a ser árboles de justicia. Claro, aquí aterrizamos en una realidad cotidiana que nos va a obliga r a preguntarnos y a preguntar qué cosa es la justicia.

Seguramente que tú, al igual que yo y que todos los que vivimos en países más o menos ajustados a la democracia, escuchamos a nuestros líderes políticos, sobre todo cuando andan en  campañas pre-electorales, hablar mucho de justicia, pero sin embargo, cuando ellos dejan esos lugares de poder, aparecen una serie de actos cometidos que están muy lejos de emparentarse precisamente con la justicia.

Entonces vemos que por un lado se utiliza a la justicia como para atraer el interés de la gente, pero por el otro lado vemos con nuestros propios ojos que no existe ningún compromiso serio con la justicia. ¿Por qué crees que los políticos usan, aún hoy día, el lenguaje de la justicia? ¿Por qué, por ejemplo, hablan de la justicia social? Por una simple razón: porque todos los seres humanos anhelamos precisamente eso: justicia social.

De hecho, fuimos creados para la justicia. Entonces, cuando un político habla sobre la justicia social, te conecta. Y no tiene nada que ver con que seas cristiano, o no,  que el político sea cristiano. Él está hablando en un lenguaje en el cual tu ADN reconoce palabras. Nos habla de la justicia, nos habla de que las cosas que cada estado tiene, realmente llegue a cada persona.

Pero, esto nos sirve para darnos cuenta que, mayoritariamente, no hay coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Y, claro está, esto sucede también entre nosotros. Porque si debemos hilar fino, la iglesia debería ser la célula, el organismo biológico más justo de la tierra. Y ustedes, al menos los que tienen  algunos años de iglesia, saben muy bien que eso no siempre es así. Debería serlo, pero no lo es.

Y esto tiene su proverbial importancia, cuando estimamos que cualquier proyecto ambicioso que se desee llevar a cabo en beneficio de la humanidad, tendrá que estar profundamente avalado por la justicia. Porque construir algo que les será beneficioso a unos pocos, en detrimento de muchos, no es justo; ni aquí en Argentina, ni en el último lugar del universo. El cielo lo dice, no yo.

Porque para Dios, la justicia no es opcional. Muy por el contrario, es tan vertical, que Él solamente puede estar presente donde hay justicia. Donde no la hay, Él no puede estar. ¿Será por eso que está en tan pocos lugares de la tierra? Y eso nos incluye. Dios no está necesariamente donde se le canta o se le habla lindo. Está donde hay justicia. ¿Está claro?

Y está más que claro que, por más que me esmere y ponga lo mejor de mí, mi justicia de hombre jamás podrá llegar a ser como Su justicia. Por eso quiero que veamos lo que está escrito en el evangelio de Mateo, en el capítulo 7 y en el verso 16. Y cuando lo leamos, tú podrás ver por qué esto está dicho de esta manera.

(Mateo 7: 16) =  Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?

(17) Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.

(18) No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.

(19) Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.

(20) Así que, por sus frutos los conoceréis.

Momento de hacerte una pregunta: ¿Tú crees que aquí está hablando de botánica o está hablando de nosotros? Como armoniza el entender que somos árboles, espiritualmente, para poder ver como Dios nos ve. ¿Recuerdas a ese ciego que recupera la vista, pero no del todo, y cuando le preguntan qué ve, él dice que ve a los hombres como árboles?

Fíjate que lo primer que recupera, es la vista espiritual. Porque después vuelven a orar por él y ahí si ya los ve naturalmente. ¿Te imaginas? Hombres como árboles. Piensa en un árbol, recuerda sus principales características, y ahí lo tienes: hay hombres (Y mujeres, claro), así.

Y claro, aquí es donde los principales teólogos de mayor prestigio que se conocen, no han podido ponerse de acuerdo. Algunos dicen que es sólo metáfora, símbolo. Otros prefieren recurrir a las escrituras y allí encuentran que Isaías dice que somos plantío del Señor. No dice que parecemos, o que somos “como” plantío. ¡No! Dice que somos plantío.

De todos modos, a mí me parece que alguien debería actuar como humilde mediador, convencer a las partes que sus egos académicos no son tan importantes y tratar de consensuar en algo. Así seamos árboles o como árboles, el centro neurálgico de la cuestión, que es las características, es el mismo.

Ahora; lo más importante del caso, es que el primero que debería saber perfectamente qué clase de árbol es, es el propio árbol. Fíjate que fuera de los especialistas que conocen muy bien el tema, la gente del común jamás puede llegar a saber qué clase de árbol es uno hasta que no ve el fruto. O sea que son los frutos los que determinan qué clase de árbol es ese árbol.

El problema más grande que padecemos los cristianos es que tenemos grandes grupos que todavía no han dado fruto alguno. Y si quieres, en este punto podríamos relacionar fruto con ministerio, aunque no me gusta demasiado esa comparación. Pero, para la explicación, vale. Son los que te dicen que llevan años en la iglesia y todavía no pueden saber qué clase de ministerio es el que el Señor les ha confiado.

Y ahí está el nudo del problema, porque ya quedó dicho que es el fruto el que determina qué clase de árbol eres. Y lo más complicado es que los frutos van a aparecer en tiempos específicos. Te quiero decir con esto que nadie cosecha lo que se le da la gana todo el año. Son muy pocos los productos que dan fruto todo el año; la mayoría es por temporadas, por épocas, por estaciones, tiempos.

Y a mí me da la sensación que está terminando una estación climática en lo espiritual de este tiempo, y está comenzando otra. Y esto, lo que significa con total claridad, es que también ha llegado el tiempo en que ciertos frutos ya no están, y llega el momento de dar otra clase de frutos. Porque son las estaciones las que determinan la aparición de los frutos. ¿Estamos en invierno, otoño, primavera o verano espiritual?

A mí me produce cierta gracia, pero al mismo tiempo tristeza, cuando oigo en alguna congregación que desde la plataforma baja la orden de exclamar a gran voz que está llegando un tiempo nuevo. ¿Sabes qué? Se te puede poner la boca violeta gritando que viene un tiempo nuevo, pero no es así. Porque no eres tú quien determina un nuevo tiempo, ¡Es el Señor!

Volviendo a nuestros amigos, los árboles, podemos recordar que tiene cinco enemigos. Son organismos muy resistentes, pero a pesar de eso, están muy lejos de ser invencibles; sólo son enemigos complicados. El primer enemigo que tiene un árbol, son Las Tormentas Eléctricas.

Pueden manejar ciertas tormentas más comunes, con viento y agua. A lo mejor se quedan sin una sola hoja, pero allí están, en píe. Es más, en algunos casos, verlos defenderse de los vientos o los vendavales de agua, nos deja la sensación de que parecería haber una mente en su interior dando órdenes precisas.

Tú ves un árbol a orillas de un río, por ejemplo, y no te das una idea sobre cómo hizo ese árbol para crecer y desarrollarse. Cuando era pequeño y sus raíces recién empezaban a extenderse, ese árbol envió una raíz sola, más larga que las otras, a buscar agua por debajo de la tierra. Y esa raíz encontró el agua del río, y allí el árbol envió a las otras raíces y, de ese modo, recibió alimento y sustento. Los árboles tienen inteligencia.

Los primeros años de un árbol, crece de una sola forma, pero más adelante, su estructura empieza a cambiar, comienza a ensancharse y toma otras características. Y, mientras tanto, va registrando en sus anillos, todo lo que les pasó. Del mismo modo en que todos nosotros vamos registrando todo lo que nos pasó en nuestros anillos, los que tenemos en el alma.

Dicen los que saben porque se han dedicado con mayor especialidad a esto, que el hombre tiene siete anillos en su alma, donde va registrando todos estos acontecimientos. Por eso lo de la tormenta eléctrica. Un rayo, un solo rayo que acierte a caer sobre un árbol, lo deja para leña, no sirve más.

¿Por qué? Porque, literalmente, toda la savia que está adentro de ese árbol, con la caída de ese rayo, explota. Porque el enorme caudal de electricidad que contiene el rayo, hace hervir violentamente a esa savia y la enorme temperatura que adquiere la hace explotar. Y, desaparecida la savia, muerto el árbol. La savia es la sangre del árbol. Ningún ser humano vivirá sin sangre.

Ahora comparemos: ¿Qué es una tormenta eléctrica en la vida de un hombre? Una situación de la cual nunca se puede recuperar. Por ejemplo, un divorcio. Es un impacto devastador que afecta a todo el entorno, tanto el más cercano como el más lejano. Yo sé que en Cristo todo podemos vivirlo y salir con victoria. De todos modos, algo se habrá quemado en esa tormenta. Y lo que se quema es muy difícil recuperarlo.

Las tormentas eléctricas son, entonces y en esencia, problemas familiares. Porque, ¿Qué puede ser más devastador que algo familiar? Si tu familia está unida y está bien, todo lo demás, se maneja. Pero cuando se presenta una crisis familiar, a nivel de matrimonio, con los padres o con los hijos, eso te parte al medio. ¿Cómo se maneja eso?

El gran tema, es: ¿Podrán recuperarse de algo así? Volvamos al ejemplo del árbol. ¿Podrá un árbol recuperarse de un rayo que lo partió al medio? Yo, personalmente, creo que sí. Que conque quede una posibilidad de que aparezca un retoño en alguna parte de su estructura, ese retoño puede hacerle recuperar la vida. Tal vez no con las mismas características que tenía anteriormente, cierto, pero vida al fin.

Muy bien; el segundo enemigo que tiene el árbol, es El Frío. Los árboles, dicho por conocedores profesionales del tema, pueden resistir más el calor que el frío. Literalmente, el frío puede matar un árbol. Comparémoslo con la vida de un creyente. ¿Has visto alguno que se muera de entusiasmo?

Yo no, y pasé por etapas donde el entusiasmo era casi la piedra basal de todo lo que se construía. En los años noventa, en mi país, he visto en iglesias conservadoras, danzar a solemnes y venerables ancianos al son de la “nueva” forma de alabanza nacida en la época.

Por el contrario, sí me ha tocado ver a gente que, espiritualmente se ha ido enfriando, se ha ido enfriando hasta que un día, ¡Paf!, salen con algún hecho que deja en evidencia que se murieron. Por eso es que la Biblia, en muchos de sus textos, nos exhorta entre otras cosas, a que no nos enfriemos.

Este, fíjate, es el eje central de lo que nosotros llamamos congregarse. ¿Nunca te pusiste a pensar por qué nos debemos congregar? ¡Para mantenernos encendidos, como brasas de carbón, y bien calientes! Pero hermano…es que yo he visto iglesias donde corre un frío glacial dentro de sus paredes… Yo también, pero en ese lugar la gente no se está congregando para el bien, como manda la Palabra. Sólo se está reuniendo como si fuera un club religioso.

Por eso abunda el hielo y falta el fuego. Tú sabrás abundancia de qué y ausencia de qué te muestro con esta figura. El muchachito alegre que cantaba bien alto y levantaba sus brazos al cielo hoy, ha llegado a ser un líder y anda allí todo ceremonioso, sin mover un músculo durante la alabanza. ¡Se enfrió! ¿Qué le pasó? Adquirió un título. ¿Y eso que tiene que ver? Los títulos, enfrían.

Yo no soy excesivamente demostrativo, supongo que por mi formación rígida, acostumbrada en aquellas épocas en las que me tocó crecer. Padres severos, lejanos en los afectos. Madres temerosas de dar ese afecto y ganarse una reprimenda del padre. Sin embargo, así y todo, créeme que me ha resultado mucho más fácil darle un abrazo a un amigo no creyente que a un pastor o a un profeta.

De hecho, vivimos en un mundo dominado por la frialdad suma. El altísimo grado de hipocresía reinante en todos los estamentos y niveles, produce relaciones falsas, fingidas, un marco de simulación casi permanente que termina confundiendo a los más sanos. Examina tu trabajo, tu colegio, tu barrio. ¿Cuánta gente simula lo que no es? ¿Cuánto debes soportar tú para no caer en lo mismo? ¡No es fácil!

El frío mata a los árboles. Una helada intensa puede destruir una plantación completa que a lo mejor tardó años en crecer. Debemos ser enemigos del frío. Hay lugares en los que se han cambiado las formas en aras de una unción profética, pero ¿Sabes qué? Es mucha la gente mayor que está triste, y se debería articular por lo menos una vez a la semana volver a lo antiguo, ya no para Dios, sino para esa gente, para que dejen de estar fríos y recobren su calidez espiritual.

Yo no sé qué es lo que piensan algunos respecto a Dios. De hecho que a Él le place que proclamemos y profeticemos, pero por encima de todas esas cosas tan valiosas, lo que a Dios más le place es que seamos una gente feliz. Y lo que más le impresiona de ti, es tu honestidad. ¿Lo habías visto así? Más vale que lo veas, es Dios y no hombre, para ser engañado por la hipocresía popular.

Porque, convengamos, el hombre se pasa toda su vida pidiéndole ayuda a Dios, pero Él solamente puede hacerlo con tu honestidad como vía por la cual Él será locomotora. Cuando aquel discípulo le dijo que no tenía suficiente fe y le pidió que se la aumentara, ¿Qué hizo Él, se enojó? ¡No! Simplemente le dijo: ¡Claro que te la voy a aumentar!

Si nosotros estamos ocupados en lo que Dios nos llamó a hacer, nunca vamos a sentir frío. Porque, ¿Quién se enfría? ¡El que se queda quieto! El que se aísla, el que no sabe qué está pasando, el que se desconecta del fluir de Dios.

Tercer enemigo, La Sequedad. Esto, de hecho, es la falta de agua. Volvamos a los árboles. ¿Sabías que cuando el agua comienza a faltarles, los árboles empiezan a perder hojas? Ellos mismos sacrifican sus hojas. Empiezan a secarlas, y empiezan a caerse. ¿Por qué? Porque cómo ve que hay poca agua, decide sacrificar lo menos esencial.

Un árbol puede vivir sin hojas, pero no puede vivir sin un tronco humedecido internamente. Entonces sacrifica las hojas y lo podrás ver todo pelado. De acuerdo, no vamos a buscar gente parecida, no seamos tan literales. Sin embargo, la idea es que el árbol, por el tema de la sequedad, va a empezar a racionalizar el agua.

¿Y qué hará? La enviará realmente a la parte neurálgica del árbol, que es el tronco. El fundamento del árbol es el tronco, que está conectado a las raíces. Y fíjate que las raíces son las últimas en morir, aunque en algunos casos pueden ser las primeras. En ese caso, el árbol está fundido, no tiene manera de sobrevivir.

Y eso nos deja en evidencia que los árboles saben administrar la vida que tienen. Si hay mucha agua, va a pasar algo. Si hay poca agua, va a pasar algo. En nuestra vida diaria, el agua es el Espíritu Santo, es la Palabra. No vas a poder sostenerte en victoria en esta vida, si no sabes recurrir a la fuente de agua, que es el Espíritu Santo.

No estamos aquí para depender de las personas. Ustedes no pueden depender de sus pastores. Ya sé que en algunos casos son excelentes personas, eso no está en discusión, pero ¿Sabes qué? Cuando estés en el momento más difícil, Dios va a hacer algo para que ni el celular te funcione. ¿Para qué? Para que de esa forma, tú te acuerdes de Él.

Entonces la gente se molesta y dice: “¡Cuando yo necesité ayuda, no había nadie!” ¿Sabes qué? ¡Esa era la idea! Que no encontraras a nadie de carne y hueso. Dios permitió eso, porque si tú te levantas sólo, siendo ayudado por Dios, se forma tu carácter.

Ah, pero: ¿Y dónde está lo de la compañía? ¿Y dónde está lo de la ayuda? Escucha: cuando el Señor quiere estirar tu estatura, te lo va a trabajar solo. Y en ese proceso, nos va a meter en tiempos bien difíciles. Pero su corazón no es destruirnos, sino permitirnos crecer y manifestar un nivel de vida en el que no estamos funcionando.

Entonces, no me extraña que en el momento en que estés en un problema y busques a tu pastor, seguramente él no estará ese día por allí. Y tampoco sus ayudantes más fuertes. Deja de buscar. Dios te ha puesto allí para que solamente lo busques a Él y Él pueda darte una victoria por fuera de las estructuras.

Allí tendrás que pensar muy seriamente respecto a qué debes aprender, qué es lo que Dios quiere mostrarte llevándote a una dependencia directa. No tienes que pedir ayuda a las Naciones Unidas ni al Fondo Monetario Internacional, sólo debes acudir al Dios que te creó y que te está esperando para enseñarte cosas nuevas que tú no conoces.

Necesitamos que el Espíritu Santo haga su trabajo en nosotros. Y para eso necesitamos ser sensibles. Aprende esto: el Espíritu Santo nunca tiene el teléfono descolgado. Nunca lo tiene con el receptor de mensajes. Él nunca te dejará en espera. No habrá del otro lado una voz metálica que te diga: deje su mensaje después del “bip”, habrá una voz suave que te dirá: “Hola… ¿Qué necesitas, hijo?”

Entonces la duda en forma de pregunta que nos llega, es: ¿Por qué no lo llamamos a Él, primero? Movilizamos a media congregación y no a Él. Él quiere que lo busquemos en primera opción. De hecho, los árboles cuando no tienen agua, tampoco dan fruto. Si h a pasado una temporada muy seca y viene la época de los frutos, el árbol no va a dar frutos.

Porque hay una proporción directa entre la cantidad de agua y la calidad del fruto. Si da frutos en ese momento, se puede morir. Debe reservar lo que tiene para sobrevivir en la siguiente estación, y en esa siguiente estación, vas a ver qué va a dar frutos en una cantidad que es el doble de lo normal.  Por la anterior que no dio, y por esta.

Creo que estás entendiendo que el fruto no se puede forzar, ¿Verdad? Es una simple consecuencia de la vitalidad del árbol. Si el árbol está sano, va a dar buenos frutos. Si el árbol tiene agua, va a dar buenos frutos. Pero si el árbol no tiene agua, no va a poder dar frutos correctamente. Y si los da, serán unas insignificancias que parecerán una broma botánica.

Unas cosas pequeñas, sin sabor, deterioradas. ¿Por qué? Porque trató de funcionar en el tiempo, pero sin tener el abastecimiento que necesita. Es momento de darte cuenta que, delante de Dios, los frutos no son una ilusión, son cosas reales que nos califican, porque dice que por nuestros frutos seremos conocidos. ¿Quién eres tú? Eres lo que es tu fruto. Tú eres lo que es tu fruto.

El Cuarto Enemigo que tiene  los árboles, son Las Inundaciones. Seguramente estarás pensando ya mismo qué tendrán de malo las inundaciones, si de última es más agua, que se necesita. El problema es que el agua, sin curso natural, es lo más peligroso que hay. El agua desbordada, es muy peligrosa. Y el gran problema cuando hay una inundación, es que el agua se come la tierra.

Y aunque no alcance a llevarse al árbol, éste pierde su sustento. De allí que cuando hay una inundación y luego las aguas descienden, se pueden ver las raíces de los árboles. Y cuando las raíces quedan expuestas, el árbol puede morirse. Mira qué tremendo, qué sentido espiritual más fuerte. Si las raíces son expuestas, el árbol puede morir. ¿Cuáles son nuestras raíces? Sólo piénsalo.

¿Y qué cosa son las inundaciones? Son los conflictos dentro del seno de la iglesia. El diablo provoca inundaciones. Por ejemplo, celos. Los celos son una inundación. Si estamos bien plantados, ninguna inundación nos perjudicará. Pero si estamos débiles o inseguros, cualquier núcleo de agua nos hará perder las bases. Pero tienes que estar plantado donde hay complementación y apoyo mutuo, no donde hay competencia.

Toma este ejemplo que escuché por allí. Una junta de vecinos se reúne para mejorar la calidad de vida del barrio. ¿Y sabes qué? La reunión se convierte en una catarata de quejas individuales sobre problemas individuales. Ningún vecino se interesa por la calidad de vida del barrio, sólo les importa lo que concierne a sus propias casas. Muy bien; la iglesia, tanto la genuina como la que conocemos mayoritariamente, no es una junta de vecinos. ¿Se entiende, verdad?

Nosotros no estamos en esta tierra para defender nuestros derechos, estamos para defender los derechos del Reino. Y si tenemos que reunirnos, tendrá que ser confiando los unos en los otros como comunidad del Señor. Si hay desconfianza entre los que nos reunimos, eso no es iglesia, eso es parlamento secular.

Las inundaciones, cuando azotan un bosque, son devastadoras. Solamente pueden resistirlas aquellos árboles que tienen raíces muy firmes, muy profundas. Sinónimo espiritual. ¿Quiénes quedan al margen de esas rencillas que solemos ver a menudo en las congregaciones cristianas? Sólo los que tienen raíces muy profundas.

Definidos con mayor precisión, son aquellos que ya saben perfectamente que los hombres son como son y por lo tanto no se puede confiar demasiado en ellos. Sólo saben confiar en Dios. Y de los hombres ya están acostumbrados a recibir tanto lo malo como lo bueno. Y sin ofenderse ni angustiarse. Igual que como se sintió Jesús cuando iba camino a la cruz empujado por aquellos que había venido a salvar.

Así que, hermano, si no quieres que ninguna inundación sacuda tú árbol, aprende a que tu fe no puede depender de tu líder, sino que debe depender de Dios. Si tú líder quiere ser santo, amén y gloria a Dios. Si tú líder elige ser falso y pecar, allá él en su relación personal y privada con Dios. Será justicia, siempre.

Ahora, claro; si tú tienes debilidad por los referentes casi inmaculados aquí en la tierra, y en tu habitación tienes un poster de Messi y otro a su lado de tu pastor, mucho me temo que cuando Messi no convierta un gol y tu pastor no pueda ayudarte, la inundación te va a descalabrar tu vida y se va a llevar hasta los posters.

El Quinto enemigo de los árboles, Los Incendios. Y los incendios, son las tentaciones no controladas. Una pequeña chispa, un minúsculo fósforo, es lo único que se necesita para que se queme un bosque entero. Acompáñame al libro del profeta Joel. Allí está lo que ahora quiero compartirte.

Un incendio es algo tremendo por una simple razón: cuando el fuego se escapa de control, se torna ingobernable. Eso es exactamente lo que ocurre con el pecado. Te metes un día en donde no debes porque te creíste la mentira del infierno que te lo hizo ver cómo beneficioso y, cuando sales, te das cuenta que estás todo chamuscado. El incendió te ha dejado sus huellas.

A eso se refiere Pablo, cuando en Corintios dice que algunos serán salvos como por fuego, esto es: todos quemados, casi destruidos y hasta desfigurados. Son gente que se arrepintió, pero que como demoró demasiado en hacerlo, perdió todo lo que tenía en ese incendio; hasta su autoridad. Porque el diablo siempre es muy gentil a la hora de invitarte, pero luego te pasa la factura de esa invitación.

Aparte de esos peligros que tienen los árboles, que son peligros externos, también hay algunos peligros internos. Los árboles pueden sufrir los ataques de pequeños organismos. Que a simple vista pueden parecer hasta inofensivos e insignificantes, pero que a la hora de estimar el daño que causan, se puede comprobar que es terrible.

(Joel 1: 4) = Lo que quedó de la oruga comió el saltón, y lo que quedó del saltón comió el revoltón; y la langosta comió lo que del revoltón había quedado. La Versión biblia Textual lo dice así: Lo que dejó la langosta lo comió el saltón, Lo que dejó el saltón lo comió el saltamontes, Y lo que dejó el saltamontes lo comió el cigarrón.

¿Qué es lo que comió la oruga? Es muy interesante, porque la oruga ataca la raíz del árbol. Escucha esto. Hay algo que en este tiempo la genética intenta explicar, pero que todavía no lo ve claro, y es la manera en que nuestros antepasados influyen en nosotros. Esa parte, que se llama Genética, todavía no es algo que la ciencia pueda manejar con presteza y certeza. Hay muchas preguntas sin respuesta, todavía.

Míralo desde esta óptica: cuando tú te encuentras con una persona que, sabes, tiene pobreza crónica, tú primer pensamiento sería que esa raíz de pobreza podría tener unos doscientos años de antigüedad. Porque la pobreza crónica, generalmente es un tema generacional. ¿Qué quiero decir? Que alguien, en los últimos doscientos años, le dio derecho a Satanás a robarle todo. Hay una persona que lo hizo. Una.

El tema de las finanzas es apasionante, porque las finanzas están asociadas a la raíz. Porque la gente del común puede ver y entender que las finanzas son un fruto, cuando en realidad son una raíz. El punto es este: ¿Cuánto puede cambiar un árbol en su vida, en su estructura, si su raíz está mala?

Y cuando decimos que son doscientos años, no se trata de una cifra tirada al azar porque nos parece. Hay razones bíblicas asociadas con cierta cantidad de generaciones que lo avala. Porque, veamos, ¿Cuál es el problema más frecuente o típico para que haya sequedad financiera? La injusticia. La injusticia familiar.

Por dar un ejemplo. Si un antepasado tuyo, que te digo, un bisabuelo, por ejemplo, le quitó la tierra a gente pobre y honesta, la usurpó e hizo llorar a mucha gente con eso y él hizo mucho dinero, probablemente y por unas ocho generaciones, Y va a haber gente que va a estar pagando las consecuencias por lo que ese hombre hizo. ¿Por qué? Por el simple hecho de haber sido sus descendientes.

Porque hay maldiciones muy fuertes contra aquellos que despojan la tierra, injustamente, del débil. Y no es algo de lo cual se pueda estar demasiado prevenido porque no es sencillo. Mira; ¿Cuántos se supone que conoces tú respecto a tu tatarabuelo? ¿Sabes qué hacía ese hombre? ¿Sabes de qué trabajaba y si era o no una buena persona? ¡Generalmente no sabes nada!

Según la Biblia, el árbol genealógico es altamente valioso e importante en lo espiritual, pero no hay cultura en el pueblo latinoamericano para utilizarlo en favor de las grandes soluciones. La prueba la tienes en que por cada latino que procura armar su árbol genealógico, hay cincuenta europeos que lo están haciendo.

Tú hablabas con un judío y él se sabía de memoria quién había sido su bisabuelo, su tatarabuelo y todos los que habitaban en su árbol genealógico. Porque saberlo, a ellos les daba derecho de recibir herencias o legados. Y también les daba derecho de pedir perdón por algunas cosas.

Ellos sabían que esas personas eran sus raíces, Y que si había problemas en sus raíces, iban a haber problemas en sus frutos. Entones, no era algo que se diga responsable, simplemente ignorar. Por eso tú vas a encontrar genealogías íntegras en la Biblia. Y uno die: ¿Quién puso esto en la Biblia?

Porque quizás ahora no nos sirve en un sentido de aplicación diaria, viva, aunque yo soy uno de los que cree que todo sirve en la Palabra, pero para ellos era esencial. Entonces, deja a un costado tu visión personal actual, y trata de imaginarte proyectado en tus biznietos, que algún día al menos uno de ellos pueda decir que están recibiendo enorme bendición gracias a un bisabuelo que tenían y era íntegro y fiel.

Y no exageramos si decimos que un día, uno de tus biznietos pueda decir que está establecido en la fe de manera firme, por causa de su decisión personal, es cierto, pero también por causa de las promesas que en su momento ese bisabuelo reclamó y recibió para él y toda su casa hasta la cuarta generación.

A mí nadie me saca del pensamiento que, yo estoy convertido a Jesucristo hoy, y firme en mí andar en el evangelio, porque en algún momento y tiempo de las ocho o diez generaciones anteriores a mi nacimiento, alguien fue creyente y lo declaró con valor de palabra profética. Y ese antepasado mío no vivió para verlo cumplido en mí, pero hizo su parte y Dios cumplió con la suya. ¡Así es como funciona!

Tú no lo sabes, pero el día que te toque llegar del otro lado del río, ahí te vas a enterar quién era. Y yo mismo soy un ejemplo viviente de eso. ¿Qué posibilidad podía tener yo de conocer, aceptar y entregar mi vida a Jesucristo, si en mi casa paterna y materna no había ningún creyente, no al menos como consideramos a un verdadero creyente. Que no es precisamente el ser un cristianito nominal, ritualista y religioso.

Porque tenemos la costumbre de decir que somos los primeros en la familia en ser creyentes, pero yo te puedo asegurar que algunas generaciones atrás, hubo por lo menos uno de tus antepasados que creyó a Dios. Y tú vendrías a ser una pequeña parte de ese fruto sembrado y cosechado en su tiempo.

Porque, y ahora te lo pregunto a ti, que eres creyente desde hace muchos años, y eres un hombre o una mujer firme en la Palabra y en las riquezas del evangelio, ¿Puedes imaginarte siquiera la forma en que con tu fe vas a abrirle camino a tus nietos, biznietos o tataranietos? ¿La manera en que vas a preparar sendas para ellos?

Dice la Palabra que Abraham daba diezmos por sus generaciones, ¡No tenía hijos, todavía, y él daba diezmos por sus nietos, biznietos! Por eso se le llama Padre de la Fe. Oye: tú no das diezmos sólo por ti, tú das diezmos por todos tus descendientes.

Entonces, claro, cuando hablamos de pobreza, esa persona que quiere abrir un negocio y se le quema, o sea que le va mal; quiere estudiar y justo ese año se cierra la facultad. Va a cenar por antojo al Palacio de la Papa Frita y, justo ese día, ¡No hay papas fritas! Y te quejas y te lamentas y le echas la culpa a esto y a lo otro. Sin embargo, eso se llama Esterilidad.

Y por ahí las cosas te funcionan materialmente bien y te compras un auto nuevo, y cuando llega el único que enviaron desde la fábrica a la concesionaria, tú vas a retirarlo y el auto no funciona, está dañado y nadie sabe lo que le pasa. Los empleados se disculpan y te aseguran que en un lapso de dos o tres meses tendrás tu auto nuevo y funcionando a full. Y a ti no te fastidia esperar ese tiempo, lo que te enoja es que todo eso te pase a ti y no a otro que ni siquiera conoce a Cristo.

¡Ese hombre no puede andar por la vida con una cara de felicidad! Por el contrario, su rostro es mustio y su gesto adusto y hasta crispado por cierto rictus de amargura. Es el resultado de una vida que parecería sintetizarse en una cola para realizar un trámite y, justo que te toca a ti, el empleado de la ventanilla empieza a cerrarla y te dice: ¡Se cayó el sistema, vuelva mañana!

Eso es lo que podemos encerrar dentro del título de espíritu de Esterilidad. No es que no tengas hijos, sino que llegas a darte cuenta que no estás cosechando en la dimensión de lo que has sembrado. Entonces uno quiere resolver todo esto cargándose con culpas. ¿Qué estoy haciendo mal? ¿En qué le estoy fallando a Dios? Un momento: ¿Y qué pasa si tú no eres el problema?

¿Qué pasa si alguien, hace tiempo atrás, hizo algo tan malo, que hoy todavía le da derecho al diablo de quitarte lo que es tuyo? Esa es la oruga. La oruga ataca la raíz del árbol. Podemos creer que nuestra vida, hoy, es la expresión de nuestra familia de los últimos doscientos años.

Lo que estoy tratando que entiendas, es que es un error pensar y suponer que cualquiera de nosotros, nacidos en tal o cual año, somos el todo de nuestra vida. Apenas somos la continuación de muchas cosas. Y de muchas cosas buenas y malas. Tú, cuando te levantas cada mañana y enfrentas tu vida, piensas que estás peleando por ti. Y si eres madre o padre, tal vez pienses que estás peleando por tus hijos. Sin embargo, la realidad te dice y me dice que estás peleando por generaciones.

Porque no son sólo tus hijos, si es que los tienes o no. También son tus nietos y los que han de venir que quizás ni siquiera llegues a conocer ni ver jamás. De hecho, si tú eres un esposo fiel, no solamente bendecirás a tu esposa con ella, sino a toda la generación hereditaria y genética que viene detrás de ti. Lo contrario, es una de las causas más abundantes de adulterio en matrimonios en los que imaginarlo, era impensado.

Entonces, ya no vivo sólo para mí, sino que vivo para los que vienen detrás de mí. Esto no es enseñado por la iglesia como debería hacerlo. Nosotros, cada uno de nosotros, con nuestras vidas cotidianas, fuera de los ojos de los hermanos de la iglesia y del pastor, y sólo bajo los ojos de Dios, somos responsables de la posibilidad de cambiar la genética de los que nos sucederán.

Yo no sé ni puedo saberlo si Cristo va a venir pronto o no. ¡Gloria a Dios si viene! Pero si se demora todavía un poco más, yo tengo la obligación de vivir de un modo que deje a las generaciones que vienen detrás de mí, una vida que los lance hacia adelante y no hacia atrás.

No es fácil pensar que nosotros no estamos viviendo solamente para nosotros mismos, sino para una enorme cantidad de gente que viene después de nosotros, y que nosotros todavía no vemos, y quizás en muchos casos ni siquiera veremos nunca, pero que Dios sí está viendo hoy mismo, porque para Él no hay límites de tiempo.

Entonces, cuando tienes ese vaso de cerveza en las manos y no hay ni un solo hermanito a la vista del que tengas que cuidarte, antes de llevártelo a la boca, piensa que no lo estás haciendo por ti solamente, sino por todas las generaciones que vienen detrás de ti. ¿Eso vas a dejarle en herencia? ¿El amor o la dependencia por el alcohol?

Entonces agarras y lo pones a un lado y dices: ¡No lo voy a hacer, porque soy una persona diferente que vivo mi vida mirando la eternidad de Dios, no mis conveniencias o placeres! ¡Y no quiero ser yo el que de lugar a la oruga de la siguiente generación!

Eso es carácter, que viene como consecuencia de entender que muchos de los problemas que tienes hoy día, tanto físicos, como económicos o emocionales, empezaron hace doscientos años atrás. En ese punto es donde la sanidad interior sí tiene razón de ser. Y no comandada por profesionales de la psicología secular, sino por ministros levantados por el Señor para ello.

Y no te pongas en exquisito, legalista o pretencioso. ¡La gente del mundo no tiene como resolver eso y tú y yo sí lo tenemos! Hay gente del mundo que está destinada a fracasar matrimonialmente, porque todos sus antepasados fracasaron. La oruga es, en definitiva, ese espíritu inmundo que se metió en nuestro pasado. No es solamente para ti, es para los que te siguen. Porque cuando tú creces, te das cuenta que hay cosas en tu raíz que te hace más débil.

¿Por qué yo miro esas cosas de esta forma? ¿De dónde me salen estos temores? ¿Por qué a mí me cuesta tanto lo que a una gran mayoría no le da ni el menor trabajo ni esfuerzo? ¿Por qué a mí sí? Esa es la oruga. Que es solamente la antecesora de lo que vendrá luego, el saltón.

Es una etapa del insecto, donde todavía no tiene ni patas ni alas, vive pegado, adherido a una parte del árbol; al tronco. Luego está el revoltón, que es la langosta joven, la que está en la fase más temprana de su desarrollo. Entonces vive para comer. Tiene pequeñas alas, pero todavía no vuela.

La oruga, habla de cosas que pasaron en los últimos doscientos años; el saltón habla de lo que pasó en los últimos ochenta años; el revoltón habla de lo que pasó en los últimos cuarenta años. Son las ramas. La langosta, que es la fase final de la maduración de este insecto, y ya tiene patas, tiene alas, es lo que destruye a tus hijos y a tus nietos.

¿De dónde saco eso? De la información que me dice que la langosta destruye tus frutos. Mientras que el revoltón se come las ramas, el saltón el tronco y la oruga las raíces. Y fíjate que de los cuatro, tres tienen que ver con el pasado. Solamente la langosta tiene que ver con el presente y el futuro. Es la cuarta fase de generación.

¿Hay maldiciones? Sí. Y te digo ya mismo una maldición de las más comunes, que incluso se la ha llevado hasta el cine. Y es muy curioso porque tiene que ver con información real de la historia americana. Un hombre tenía, en el siglo veinte, en los Estados Unidos, un promedio de vida de setenta y cinco años. UN hombre afro-americano, allí mismo, tenía un promedio de vida de setenta años.

¿Por qué menciono esto? Porque había una familia, en ese país, que nadie puede decir que no era conocida. Incluso su historia de vida fue llevada al cine. Estoy hablando de la familia Kennedy. Ahora; ¿Sabes cuál era el promedio de vida de la familia Kennedy? Cuarenta y cuatro años. Todos los Kennedy murieron antes de los cuarenta y cuatro años de edad.

Tienes que ser muy incrédulo o escéptico para no darte cuenta que hay un tema bien fuerte allí. Todos. Y, además, trágicamente. Quien quiera seguir adjudicándolo a la casualidad, que lo haga, pero si me lo pide, le presto la Web para que me haga un estudio que me esclarezca qué cosa real es la casualidad. Ven conmigo a Juan capítulo 15.

(Juan 15: 1) = Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. 

(2) Todo pámpano (Toda rama) que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. 

Nosotros tomamos estas escrituras como cosa juzgada y concreta, pero debes darte cuenta que si aquí hubiera un experto en viñedos, entendería esto de una manera que a nosotros nos es imposible ver. Es igual que si yo te dijera que todo pen drive que se coloca en una computadora con virus, terminará también con virus. O sea: tengan cuidado en donde ponen el pen drive.

A eso, obviamente, sólo lo entendería con total claridad aquellas personas que, por sus trabajos en compañías de informática o similares, se manejan a diario con pen drives y saben qué son y para qué sirven. Porque, incluso hay un problema de traducción en este pasaje. En su segundo verso, dice que todo pámpano que no dé fruto, será quitado. Y esa es la palabra que usa: quitar.

Sin embargo, el que ha tenido acceso a alguna versión que no sea la tradicional de la Biblia, que es la que yo utilizo como centro porque es la que la gran mayoría posee, sabe que en otras versiones muy conocidas y confiables, como es la de la Biblia Textual, por ejemplo, que es una versión muy ajustada a los originales, de momento que ha sido traducida directamente de los originales al español, sin pasar por el inglés como la Reina Valera, se usa otra palabra en lugar de quitar: levantar.

Te la reproduzco tal como está escrita: Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo levanta; y todo el que lleva fruto, lo limpia para que lleve más fruto. Fíjate que no parece significar lo mismo, ¿Verdad? Pero lo cierto es que, la palabra que se utiliza en los originales y que la Biblia convencional traduce como “quitará”, es la palabra airo. Y significa: elevar más allá del nivel de la tierra para que no se pudra.

Esto significa que el Padre va a recogerlo de en medio de las piedras para luego limpiarlo. Yo no sé cuántos de ustedes conocen un viñedo. En nuestras argentinas provincias de Mendoza y San Juan, preponderantemente, es donde se produce la mayor cantidad del buen vino que mi país logra, así que esos lugares están llenos de viñedos.

Son plantas muy pequeñas, tanto que literalmente, parecen arbustos. Pero tienen que tener muchísimo cuidado. Deben poner unos hilos para sostener de esta manera las ramitas de manera tal que, los racimos de uvas cuelguen, pero que no lleguen a tocar el piso. Entonces, la altura que tienen las pequeñas plantas y las diferentes líneas de sostén, son bien particulares, es decir: no es nada fácil.

Porque si el racimo de uvas toca el piso, se perdió. Porque como es algo orgánico, el roce con la tierra orgánica, hará que entre de inmediato en proceso de putrefacción. Ahora; ¿Qué pasa con esa rama que no está dando fruto? ¡Se corta! A ver un momento, pregunto: ¿Cuándo tú no dabas fruto, el Señor te cortó?

Si así se resolvieran las cosas en el Reino, más de la mitad de los que nos encontramos a diario en esta Web, estaríamos afuera. La palabra airo, significa que, como no estás dando fruto allí donde estás, se te va a elevar un poco más. O sea: te separa más de la tierra. Es decir que, si no estás dando fruto, es porque estás demasiado cerca de la tierra.

Dicho sin anestesia ni eufemismos: ¡Si no estás dando fruto, es porque estás demasiado cerca del mundo! Si no estás dando fruto, es porque estás muy cerca de lo que te hace pecar. Entones te tiras de rodillas y clamas: ¡Señor, ayúdame! ¿Y qué pasa? Pasa que al día siguiente se te quema el cable y el televisor. ¡Señor! ¡Te pedí ayuda y mira lo que pasó! No entendiste nada, ¡Te está empezando a separar de la tierra!

¡Hermano! ¿Usted me está diciendo que el cable y el televisor simbolizan al mundo? ¡No! ¡Nunca dije eso! Lo que te digo es que lo que te acerca al mundo, a la tierra, es el tiempo que tú inviertes en ellos. La fe viene por el oír, y mucho me temo que lo que estás oyendo en estos tiempos no es lo que Dios quiere que oigas, ni tampoco lo que tú necesitas oír para crecer.

Oye: el Señor, no quiere cortar aquello que no da fruto. Quiere separarlo y levantarlo. Dilo para ti mismo, en voz alta: ¡Me levanta! Otra vez: ¡Me levanta! Él no te va a cortar, va a trabajar contigo. ¿No te das cuenta que si Él te corta, eso hablará muy mal de su salvación en tu vida?

Lo que estoy queriendo que entiendas, es que Él se glorifica en que des fruto. Él busca a la oveja número cien. Lo que sucede, es que a veces los profetas quieren resolverlo todo cortando a la gente. ¿No obedece? ¡Se va ya mismo! ¡Que se pierda! ¡Como dice la Biblia, lo entrego a Satanás! Espera…ten paciencia…

También dice, la misma Biblia, que el Hijo del Hombre vino a salvar. No vino a jugar a la Lotería, algo así como me quedo con este y desecho este otro. ¡Es que somos pocos! Bueno, de acuerdo, pero que sea Él el que determine cuáles son esos pocos, no tú o yo. Porque nuestro corazón debe ser que nadie se pierda.

Te digo más; hasta debemos esforzarnos por aquel que no quiere seguir. Sigue siendo vigente que uno es el que sale a buscar al cien que va a perderse. No tiene que venir ese a hablar con ese uno y avisarle que se va. Es que si va a retirarse de la congregación, tendrá que darle aviso al pastor… ¡Ni modo! ¡Es el pastor el que tiene que salir a buscar al que se le fue! Eso dice la Biblia.

¿Qué hace el Padre con aquel que no tiene fruto? Lo separa más de la tierra. ¿Y al que sí tiene fruto? Lo poda. Dice acá en mi Biblia Textual que lo limpia. Y yo no sé si tú te das cuenta que podar no es lo mismo que cortar. Porque cortar es agarrar una tijera y entrar a darle a todo lo que tenga color verde, pero podar es necesariamente el producto de una muy fina selección. Te llegas a equivocar y pierdes la planta.

¡Y menos mal que no somos nosotros, los hombres, con cargos o sin ellos, los que debemos podar, sino nuestro Padre! Porque Él es el único que sabe lo que hay dentro de nosotros y lo que realmente hay en nuestras vidas. Los hombres sólo ven las apariencias. Y las apariencias engañan.

Porque los hombres tal vez nos parecemos mucho entre nosotros, pero en lo íntimo, el Señor sabe quiénes son los diferentes. La etapa del podar, es la etapa de la limpieza. No es la etapa del castigo, es la etapa de la limpieza. Hay cosas que Dios te quita porque te está limpiando, y necesita que esa área de tu vida sea trabajada.

Hay dos tipos de creyentes. El que no da fruto, Dios lo levanta más, y al que da fruto, Dios lo limpia más. ¿Y entonces, a quién no molesta con una cosa ni con la otra? Al que no es su hijo. Entonces, tampoco es parte de este árbol. Y será bueno que si en este momento estás pensando que te gustaría mucho ser uno de esos árboles de justicia, deberás saber que si lo decides, Dios te quitará todo lo que no te sirve para lograrlo.

(2 Samuel 12: 13) =  Entonces dijo David a Natán: Pequé contra Jehová. Y Natán dijo a David: También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás. 

(14) Más por cuanto con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová, el hijo que te ha nacido ciertamente morirá. 

(15) Y Natán se volvió a su casa. Y Jehová hirió al niño que la mujer de Urías había dado a David, y enfermó gravemente. 

(16) Entonces David rogó a Dios por el niño; y ayunó David, y entró, y pasó la noche acostado en tierra. 

(17) Y se levantaron los ancianos de su casa, y fueron a él para hacerlo levantar de la tierra; mas él no quiso, ni comió con ellos pan. 

(18) Y al séptimo día murió el niño; y temían los siervos de David hacerle saber que el niño había muerto, diciendo entre sí: Cuando el niño aún vivía, le hablábamos, y no quería oír nuestra voz; ¿cuánto más se afligirá si le decimos que el niño ha muerto? 

(19) Mas David, viendo a sus siervos hablar entre sí, entendió que el niño había muerto; por lo que dijo David a sus siervos: ¿Ha muerto el niño? Y ellos respondieron: Ha muerto. 

(20) Entonces David se levantó de la tierra, (Recuerda; cuando alguien no tiene fruto, Dios lo levanta de la tierra) y se lavó y se ungió, y cambió sus ropas, y entró a la casa de Jehová, y adoró. Después vino a su casa, y pidió, y le pusieron pan, y comió. 

(21) Y le dijeron sus siervos: ¿Qué es esto que has hecho? Por el niño, viviendo aún, ayunabas y llorabas; y muerto él, te levantaste y comiste pan. 

 (22) Y él respondió: Viviendo aún el niño, yo ayunaba y lloraba, diciendo: ¿Quién sabe si Dios tendrá compasión de mí, y vivirá el niño? 

(23) Más ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a él, mas él no volverá a mí. 

¿Qué pasó cuando David pecó? Se arrepintió y el Señor lo levantó del suelo. Ese cortar y ese levantar, son gestos de amor de Dios. Es posible que haya cosas que no se absorban en el tiempo, y el gran problema es este: todo tiene que ver con el momento en que hacemos las cosas. No es lo mismo hacer algo ya después, cuando el tiempo ya pasó.

En su misericordia, el Señor nos va a quitar cosas, nos va a separar de situaciones, para que podamos administrar el tiempo de otra forma. Porque Él no quiere que nosotros nos quedemos sin fruto. No estimes como enojo del Señor cuando Él te quita algo. No te molestes con Él. Cuando veas el fruto en tu vida, te darás cuenta que eso fue bueno, aunque en ese momento haya sido doloroso.

A Él le interesa que tu vida sea la mejor que se pueda aquí en esta tierra, así que hasta es probable que si es necesario, te quite algunas de las amistades que tenías, porque si bien parecían ser muy fieles y nobles, en realidad Él sabe que te estaban destruyendo. Tú lo ignorabas.

También es posible que pierdas algunas cosas materiales. Ejemplo: en este tiempo, la gente joven anda tan obsesionada con sus teléfonos, que no me extrañaría que si alguno de ellos le pide sinceramente al Señor que lo use, lo primero que le pase es que se le pierda su celular. Y será divertido, porque se le habrá perdido justamente lo que más cuidaba.

Alguien se preguntaba qué sucedería si los jóvenes consultaran a Dios con la misma frecuencia y dinámica con que lo hacen con sus teléfonos. Serían profetas imbatibles. El problema está en que todo aquello que nos roba su presencia, termina siendo algo que nos afecta.

Entender lo que Dios está haciendo con su pueblo, no tiene que ver simplemente con reunirse en templos o salones. La vida de ese pueblo sólo se justifica si tiene fruto. Tenemos que convencernos de una vez por todas que para este tiempo es que hemos nacido. No es ni casualidad ni ocurrencia de padres carnales. Dios sopló ese espíritu aquí y ahora, con una finalidad.

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La Prueba de la Fe

Quisiera que leyéramos un versículo. En 1 Pedro 1:7 dice: “Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo”. Quiero compartirles sobre la prueba de la fe. La Biblia nos revela que no puede haber fe sin que ésta sea probada. Toda fe tiene que ser probada. La fe debe pasar por la prueba debido a las razones que ahora veremos.

Para que podamos crecer

Dios prueba nuestra fe a fin de que podamos crecer. Ningún cristiano puede crecer si su fe no ha sido sometida a prueba. La fe de todo cristiano que está creciendo debe ser puesta a prueba. Puedo decir con toda certeza que la fe de todo creyente debe ser probada.

La fe sólo puede crecer por medio de la prueba. La única forma en que Dios nos ayuda a crecer es probando nuestra fe. Podemos acercarnos a Dios y recibir toda Su gracia por medio de la fe. Una vez que nuestra fe sea probada, creceremos espontáneamente.

Para satisfacer a Dios

Dios prueba nuestra fe, no sólo para que crezcamos, sino también para hallar satisfacción. Nadie que haya creído en el Señor y haya recibido Su gracia puede evitar la prueba de la fe. La prueba de la fe tiene como fin demostrarnos que nuestra fe es genuina. Solamente la fe genuina satisface a Dios.

Una fe que haya sido aprobada glorifica el nombre de Dios. El nombre de Dios es glorificado en este mundo mediante una fe aprobada. Si al pasar por tribulaciones, persecuciones, obstáculos y oscuridad, seguimos creyendo y permanecemos firmes después de todas estas pruebas, tendremos la fe que glorifica el nombre de Dios.

Para hacer callar a Satanás

Dios prueba nuestra fe no sólo con el propósito de que crezcamos o de hallar satisfacción para Sí; pues nuestra fe, una vez aprobada, hará callar a Satanás. Satanás no va a aceptar tan fácilmente que hayamos creído, y tampoco nos permitirá decir que hemos recibido aquello en lo que hemos creído.

El siempre vendrá para engañarnos y molestarnos. Cuando nuestra fe haya sido puesta a prueba, Dios lo dejará sin ninguna excusa. Al ver que no le cedemos terreno, tendrá que retroceder. Mientras Satanás logre engañarnos, él nos detendrá y no nos dejará en paz. Si se lo permitimos, hasta nos quitará la bendición de Dios. Él no nos soltará hasta no haber agotado todos los recursos. Dios tiene que probar nuestra fe a fin de cerrarle la boca a Satanás.

Para que podamos ayudar a otros

Otra razón por la que Dios prueba nuestra fe, es que así podamos ayudar a los demás. Una fe que no haya pasado por la prueba no puede ayudar a otros. Solamente cuando nuestra fe es probada, pueden otros recibir ayuda de nuestra parte. Si un hombre ha creído, pero su fe no ha sido probada, su fe no es confiable.

Satanás no puede hacer nada en contra de una fe que ha sido genuinamente probada; él no puede sacudir esa fe. Solamente esta fe ayudará a la iglesia. Hermanos y hermanas, la fe que ha sido probada es mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego.

Veamos ahora la relación que existe entre la prueba de nuestra fe y la victoria. Dios desea poner a prueba nuestra fe para asegurarse de que sea una fe verdadera. La fe genuina perdura, pero la fe que no dura mucho no es fe en absoluto. La fe genuina siempre dura un largo tiempo. Seguirá creyendo después de tres días, un mes, un año, diez años o hasta cincuenta años.

La fe genuina puede vencer uno, cinco o diez obstáculos, y seguirá creyendo aun después de ser probada una vez, cinco veces o siete veces. La fe que es efímera, que se derrumba o se desvanece después de una leve sacudida, no es fe en absoluto. La fe es perdurable.

En la Biblia podemos ver que vencer depende de creer en la Palabra de Dios. Dios dice que Su Hijo es nuestra vida, nuestra cabeza, nuestra victoria, nuestra santificación y nuestro poder. Sabemos que El llevó nuestras cargas y se responsabilizó de todos nuestros asuntos.

Sabemos que Él nos da perseverancia y mansedumbre, y que El abastece nuestro interior de todo lo que necesitamos. Damos gracias y alabamos al Señor porque sabemos esto y lo creemos. Pero esta fe necesita pasar por la prueba.

Un hermano me dijo una vez: “Ya lo solté todo y creo. Debería de experimentar la victoria. Pero al regresar a casa en mi bicicleta, después de haber estado en una reunión, un anciano se tropezó conmigo y caí en frente de una tienda.

Aunque no le dije nada, me enojé mucho. ¿Qué me sucedió? Ya lo había soltado todo, había reconocido que no podía lograr nada y había creído en Cristo como mi victoria. ¿Por qué volví a tener ira? Yo creí que no me volvería a enojar”. Hay dos explicaciones para esto.

Después de haber vencido y dejado de pecar por una, dos, tres, cuatro o cinco semanas, uno llega a pensar que es bueno, que ha mejorado y que ha madurado. Es posible que comience a valorarse y a gloriarse en sí mismo. Por lo tanto, Dios te pondrá a prueba y hará que caigas para que tú puedas ver que no has cambiado nada.

Si logras perseverar en algo, no es porque hayas mejorado, sino porque has sido intercambiado. El Señor ha perseverado en lugar de ti. Si crees haberte corregido, sin duda caerás. Debes entender que si hay alguna perseverancia, es Cristo quien persevera por ti.

Si en ti hay alguna mansedumbre, es Cristo quien es manso en ti. Si en ti hay alguna santidad, esa santidad es Cristo. No importa cuánto tiempo hayas vencido, tú seguirás siendo tú y nunca cambiarás. Doy gracias al Señor y lo alabo porque la victoria es Cristo y no tiene nada que ver con nosotros. Yo todavía puedo caer en pecado; no he cambiado en lo absoluto.

Unos misioneros preguntaron una vez cuál era la diferencia entre una enmienda y un intercambio. Les dijeron que de no ser por la gracia, Pablo, Juan y Pedro sólo habrían sido pecadores. Estos habrían sido como cualquier otro hombre si se les hubiese quitado la gracia.

Si se le quita la gracia a una persona, viene a ser igual que los ladrones y las prostitutas de las calles. La gracia significa que Cristo nos reemplaza; no que hayamos tenido alguna mejoría. Un viejo himno tiene una línea que dice: “Cada vez que mi corazón se eleva, cuán cerca estoy de caer”

Es muy fácil creer en la experiencia propia. A veces nos preguntamos cómo nosotros siendo tan débiles, derrotados y malhumorados podemos vencer. Al contemplar nuestra experiencia, concluimos que la Palabra de Dios no puede ser cierta. Pero, ¿cuál es más digna de fiar, la Palabra de Dios o nuestra experiencia?

Suponte que tu hijo sale a la calle, y un desconocido le dice: ‘Usted no es hijo de su madre, sino que lo compraron por veinte centavos en la tienda donde venden hierbas’. El viene y te pregunta: ‘Madre, ¿soy hijo tuyo o fui comprado en el herbolario por veinte centavos?

Alguien me dijo en la calle que tú me compraste’. Seguramente le dirías: ‘Tú eres hijo de mis entrañas. No creas lo que otros te digan’. Suponga que él vuelve a salir y se encontrara al mismo hombre, y éste le dice lo mismo y añade: ‘Yo estaba allí cuando tu madre te compró’.

Si tu hijo viene y te pregunta una vez más, tú le dirías: ‘Hijo, ¿acaso es que no crees en mis palabras?’. Suponte que al salir de nuevo tu hijo, se encontrara con el mismo hombre, y éste le pregunta: ‘¿Ya le preguntaste a tu madre?’. Es cierto. El día en que tu madre te compró por veinte centavos no sólo yo la vi, sino también aquel chofer y esta persona y aquélla’.

Digamos que el desconocido nombra diez o veinte testigos que le atestiguan a tu hijo que él fue comprado por veinte centavos. Por un lado, tu hijo tiene la palabra tuya, que no necesita comprobación, pero por otro están las palabras de los desconocidos, el testimonio de veinte o cincuenta personas, cuyas mentiras parecen estar basadas en evidencias sólidas.

¿Debe tu hijo creer las palabras de su madre, que no requieren ninguna comprobación, o las mentiras de los desconocidos, que están llenas de pruebas? Suponte que tu hijo regresa y te dice: ‘Madre, estas personas me demuestran con muchas evidencias de que tú me compraste. Dime ¿fui engendrado por ti o me compraste?’. Si él llega a decir esto, indudablemente tú le dirás: ‘¡Qué hijo tan insensato!’

Dios también diría que tú eres una hija insensata. Dios dice que el Hijo de Él es la santidad, la vida y la victoria tuya. Lo que Dios haya dicho es lo que cuenta. Pero en el instante en que tú sales de Su presencia te pones nerviosa y dices: ‘Algo anda mal. Es evidente que no he vencido.

Aunque Dios ha dicho que Su Hijo es mi santidad, esto no puede ser cierto porque la evidencia me muestra que no tengo ninguna santidad’. Al decir esto, das a entender lo mismo que tu hijo. Tú escoges creer en las mentiras de Satanás, que parecen estar llenas de evidencia, en lugar de declarar la Palabra de Dios.

Suponte que otros le dicen algo a tu hijo para engañarlo, y él les contesta sonriendo: ‘La palabra de mi madre es la que vale. Tú eres un mentiroso’. Suponte que sonríe y dice lo mismo cuando lo tratan de engañar una segunda vez. Y que aun después de que lo tratan de engañar diez, veinte o cincuenta veces, les responde de la misma forma.

Si hace esto, avergonzará al enemigo y será una gloria para su madre. Si Satanás viene y te pone a ti el sentimiento de que estás fría, debes decirle que eres victoriosa porque Cristo es tu victoria. Si Satanás viene a provocarte, debes decirle que eres victoriosa porque Cristo es tu victoria.

Debes declarar que las palabras de Satanás son mentira y que sólo la Palabra de Dios es verdad. Esto es fe, y ésta es la fe que es aprobada. Esta es la fe que glorifica el nombre de Dios. Si decimos que creemos con nuestros labios, pero nos retiramos llorando tan pronto somos probados, ¿dónde está nuestra fe? Tal fe es de corta duración. La fe genuina ciertamente debe pasar la prueba. Si tú admites la derrota tan pronto eres probado, estarás acabado”.

Cuando las pruebas vienen y nosotros proclamamos que la Palabra de Dios es confiable, y declaramos que la Palabra de Jehová de los ejércitos permanece, que lo que Él ha dicho es lo que cuenta y que Su Palabra está establecida en los cielos para siempre, venceremos. La pregunta en realidad es ¿a cuál palabra creeremos?

Necesitamos la fe que mueve montañas. Una fe que sucumbe ante la prueba más leve, no es fe. ¿Qué es una fe grande? ¿Qué es una fe que mueve montañas? Una fe firme es una fe que mueve montañas. Una fe que mueve montañas no la detiene ningún obstáculo.

Donde haya fe, los problemas tendrán que huir. Esta es la fe que mueve montañas. La fe y las montañas no pueden coexistir. Una de las dos tendrá que irse. Si las montañas permanecen, la fe tiene que irse; si la fe permanece, las montañas tienen que quitarse.

Cada prueba es una oportunidad para mover una montaña. Lo importante no es si hay pruebas o no. Lo que está en juego es el hecho de que cuando las montañas permanecen, la fe debe irse, y cuando la fe permanece, las montañas deben irse. Entonces es crítico a quién le creemos, a los desconocidos o a Dios. Nada que se derrumbe ante la prueba es fe.

Supongamos que un hermano aparentemente ha obtenido algunas victorias en cuanto a esto, y no ha comprendido aun lo que es la victoria. Satanás le dirá: “Tú crees que has vencido, pero sigues derrotado. Has sido engañado. No existe la victoria”. Si se dejan engañar, todo habrá acabado. Dios obra en conformidad con lo que tú crees.

Veamos: alguien está padeciendo fiebre alta y, al orar por él, alguien le sugiere leer Romanos 8:11: Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por Su Espíritu que mora en vosotros.

¡Perfecto! ¡No necesita nada más! Sin embargo, algunas horas después se vuelve a tomar la temperatura y observa que esta ha subido nuevamente. Satanás está trabajando arduamente y no se demora en venir a asediarlo y decirle: “¿Qué clase de promesa es ésta? Dios te prometió que vivirías, pero es obvio que no estás mejorando”.

Las palabras de Satanás parecen muy lógicas. En ese momento el Señor le dio dos versículos. El primero fue Jonás 2:8, que dice: Los que siguen vanidades ilusorias, Su misericordia abandonan. Jonás dijo estas palabras mientras estaba en el vientre del gran pez.

Todas las circunstancias y condiciones externas son vanidad. El segundo versículo fue Juan 17:17: Tu palabra es verdad. Dios dice que Su palabra es verdad y que todo lo demás es vanidad. Si la palabra de Dios es verdad, tu temperatura, así el termómetro diga lo que se le ocurra, es falsa.

Escucha: no pienses cómo piensan las damas románticas que leen los libros de novelas románticas, piensa con criterio realista. ¡Esto es guerra de verdad! ¿O te crees que es romántico y sencillo creer que estás sano cuando un termómetro te dice que tienes cuarenta grados de fiebre? ¿Y sabes qué? ¡Estás sano!

Esta es la prueba de la fe. ¿Cuál es la fe verdadera? La fe verdadera es la que sólo cree en la palabra de Dios y no en la experiencia propia ni en los sentimientos ni en las condiciones adversas. ¡Aleluya, sólo la Palabra de Dios es verdadera!

Si las circunstancias y la experiencia concuerdan con la Palabra de Dios, le damos gracias y lo alabamos. Pero si no, de todos modos solamente la Palabra de Dios permanece. Todo lo que contradiga la palabra de Dios es falso.

Satanás puede aseverar: “Dices haber vencido, pero observa y verás que sigues siendo igual de corrupto que antes. ¿Qué te hace decir que has vencido?”. Tú puedes decirle a Satanás: “Es cierto que todavía soy el mismo; nunca podré cambiar.

Pero Dios dice que Cristo es mi santidad, mi vida y mi victoria”. Satanás te dirá que sigues siendo corrupto, débil e impuro. Pero la Palabra de Dios es verdadera. Las palabras de Satanás son mentira; sólo la palabra de Dios es veraz.

Aprendí una lección. Un día, dos hermanos estaban orando a Dios pidiendo dones específicos. Uno oraba pidiendo fe, y el otro oraba pidiendo el don de sanar. Después de orar por quince minutos, ambos recibieron los dones.

En la noche fueron a una reunión y alguien dijo que una hermana que vivía en la planta baja del salón de reunión, estaba perdiendo la razón. Dicha hermana solía tener ataques una o dos veces al mes, pero últimamente los ataques se habían vuelto más frecuentes.

Después de la reunión, a las 10:30 de la noche, regresaron todos a  su casa. En el camino, me pusieron a pensar qué sucedería si la hermana tuviera otro ataque en ese momento estando sola. Después de despedirse de los hermanos, les vino a la mente 1 Pedro 1:7: “La prueba de vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego”. Dijeron para sus adentros: “Que así sea. Si la fe tiene que ser probada, que lo sea”.

Al día siguiente los dos hermanos que habían pedido los dones fueron a visitar a la hermana enferma. Por supuesto, habría podido ir uno solo, pero uno de ellos acababa de recibir el don de sanidad y el otroel don de fe. ¿Por qué no aplicarlos en esta situación?

Al llegar estos hermanos se enteraron que la paciente acababa de quedarse dormida. Un médico que la atendía dijo que debían esperar hasta que despertara. Les dijo que humanamente no había nada que se pudiera hacer. Estuvieron esperando hasta que los dejaron entrar.

Uno le dijo unas pocas palabras a la hermana enferma. Tenía los pelos de punta como una persona que ha perdido la razón. Pero dieron gracias y alabanzas al Señor. Oraron por uno o dos minutos y el Señor les dio la fe. Se sintieron fortalecidos en fe, y comenzaron a alabar al Señor.

Luego dos hermanos y una hermana hicieron una corta oración, pero no estaban en el fluir del espíritu tanto como estos dos. Luego, como ya era tarde, uno de esos hermanos tuvo que retirarse. Cuando el otro  regresó, la hermana enferma estaba otra vez llorando, riéndose y dando gritos, y a los pocos minutos se desmayó.

Nadie pudo hacer nada. Supo en ese momento que su fe estaba siendo probada. El médico lo llevó aparte y le dijo: “Hermano, ore por ella ahora mismo. Como doctor, no puedo hacer nada por ella”. Le dijo que no había necesidad de orar. Se rio y dijo: “Satanás, puedes intentarlo de nuevo.

Puedes intentar todo lo que quieras”. La hermana estaba fuera de sí, y él también actuaba como si estuviera loco. Ella gritaba dentro de la casa, y el gritaba afuera. Ella continuó así por varias horas, y él siguió haciendo lo mismo hasta esa misma hora. Al final, le vino la fe.

A las 4:00 de la tarde ese hermano del nuevo don tenía que ir a una reunión. Le dijo al doctor que no la molestara ni tratara de hacer nada; que sólo debía dejar que Satanás hiciera todo lo que pudiera. Cuando Dios dice algo, ya está hecho. Él nunca juega bromas con nosotros.

En la noche, el doctor vino y le dijo que la hermana se estaba recuperando. A la mañana siguiente le dijo que ya estaba normal. Este hermano sabía que tendría otras recaídas porque la fe de algunos hermanos todavía necesitaba ser probada.

La hermana enferma se ponía bien como por una hora, y muy bien no más de media hora. En la tarde tuvo otra recaída, y el doctor vino a preguntarle qué debía hacer. Se arrodilló para orar pero no recibió ninguna palabra. Parecía como si su fe no pudiera levantarse.

En ese momento, Satanás vino inmediatamente y le dijo: “Trata de reírte una vez más. Ayer te reías tanto, ¿por qué no tratas de reírte otra vez?”. Parecía que la fe lo hubiera abandonado. Satanás estaba a su lado diciendo: “Te podías reír ayer y ahora estás tan frío”.

Pero igualmente dio gracias al Señor y lo alabó. Una voz dentro suyo dijo: “Tu sentimiento puede haber cambiado. Ayer te podías reír y ahora estas frío, pero Yo no he cambiado”. Respondió: “Sí, el Señor no ha cambiado”, e inmediatamente comenzó a darle gracias al Señor y a alabarlo diciendo: “Señor, Tú no has cambiado”.

El día anterior había creído en la palabra de Dios. Su risa no había hecho que Dios fuera más confiable, como tampoco su frialdad ni su ausencia de risa lo hacían menos confiable. Así que sólo alabó al Señor y dejó de orar. Esa noche el doctor le dijo que la hermana se había recuperado totalmente en cuanto a sus síntomas físicos. Al día siguiente, recobró la calma. ¡Aleluya, la Palabra de Dios es confiable! Esta es la prueba de la fe.

Siempre queremos ver resultados inmediatamente después que creemos. Queremos tener la experiencia tan pronto creemos. Pero, ¿no puede nuestra fe en Dios durar por tres días o tres meses? Si no podemos permanecer en la fe por tres días o tres meses, ¿dónde está nuestra fe? Ya dije antes y lo diré una vez más: “El que creyere, no se apresure” (Isaías 28:16).

Un día el Señor le dijo a Sus discípulos que pasaran al otro lado. De repente vino una tormenta, y las olas golpeaban contra la barca. La barca estaba por anegarse. El Señor Jesús estaba en la popa de la barca durmiendo sobre un cabezal.

Cuando los discípulos lo despertaron, le dijeron: “Maestro, ¿no te importa que perezcamos?”. El Señor despertándose, reprendió al viento y al mar. ¿Qué dijo después de esto? Marcos 4:40 dice: “¿Cómo no tenéis fe?”. Y Mateo dice: “Hombres de poca fe” (8:26).

Muchas oraciones desesperadas no son otra cosa que una señal de incredulidad. Si hay fe, uno puede estar firme. El Señor nos ha pedido que pasemos al otro lado. Él no nos dijo que fuéramos al fondo del mar. El dio una orden y no importa si el viento arrecia o las olas se levantan; mire si la barca se hundirá o no.

Si no hay fe, saldremos corriendo tan pronto venga la prueba; pero si hay fe, podremos permanecer firmes cuando venga la prueba. Una fe pequeña escapará cuando vea venir las pruebas, pero una fe grande permanecerá firme ante ellas.

Pongamos un ejemplo. Por un motivo equis, una persona te insulta. En esa ocasión oras al Señor y le dices: “Dios, dame perseverancia. Dame las fuerzas para soportar. De no ser así, perderé la paciencia”. Si hoy te sucediera lo mismo, no estarías tan ansioso, sino que le dirías a Satanás, a modo de broma: “Satanás, puedes insultarme por la boca de los hombres. Veamos ahora si el Cristo que mora en mí puede ser afectado por tus injurias”.

No odio a los injuriadores, sino que los amo. Si actuamos de esta forma, Satanás no podrá hacer nada en contra nuestra. Demos gloria y alabanza al Señor. La victoria es Cristo, y no nosotros. Si dependiera de nosotros, sólo podríamos soportar hasta cierto punto.

Si las injurias sobrepasaran ese límite, perderíamos la paciencia. Pero si Cristo es la paciencia, ninguna tentación será demasiado grande para nosotros y ninguna prueba será demasiado difícil de soportar. Cuando nos mantenemos firmes del lado de la Palabra de Dios y del lado de la fe, Satanás no puede hacernos nada. El Señor nos ha ordenado que pasemos al otro lado. Sin duda alguna llegaremos al otro lado. No es nuestra palabra la que vale, sino la Palabra de Dios, porque Dios es fiel.

Por último, quisiera hacerles una pregunta: ¿Existe algún pecado que regresa continuamente y los ha estado molestando? Creo que sí. Cuando el Cristo que mora en nosotros nos guía en medio de la prueba, ¿quién está siendo probado en realidad?

Cada vez que nos sobrevenga una prueba, no somos probados nosotros sino Dios. Cuando nuestra fe es probada, el Hijo de Dios es probado. La fidelidad de Dios es puesta a prueba, no nosotros. Toda prueba tiene como fin que se vea lo que Cristo puede hacer.

Toda prueba es una prueba de la fidelidad de Dios. Creer es permanecer del lado de Dios y de Su palabra y no del de las circunstancias. Esto es lo que significa vencer. Satanás dice que somos impuros, más nosotros decimos que Cristo es nuestra santidad.

Satanás dice que somos orgullosos, mas nosotros le decimos que Cristo es nuestra humildad. Satanás dice que hemos fracasado, más nosotros decimos que Cristo es nuestra victoria. Podemos responder cualquier cosa que diga Satanás proclamando que Cristo es confiable y que Su palabra es fidedigna. Esto es la fe, y esto es lo que da sustantividad a la Palabra de Dios. ¡Aleluya, Cristo es victorioso! ¡Aleluya, Dios es fiel! ¡Aleluya, Su palabra es fidedigna!

No olviden que la prueba de la fe no tardará mucho en venir. Inmediatamente después de haber experimentado la vida que vence, la tentación vendrá con más frecuencia que antes. Pero una vez que nuestra fe sea probada, otros recibirán de ello la ayuda y el beneficio.

Después de que nuestra fe sea probada, el corazón de Dios quedará satisfecho y Su nombre será glorificado. La boca de Satanás será acallada y no nos podrá hacer nada. ¡Aleluya, podemos confiar en la palabra de Dios! Agradecemos al Señor y le damos gracias.

Cuando permanecemos con Dios, nada nos estorbará. Cuando nos posicionamos en la fe, no existe montaña que pueda permanecer inconmovible. La fe se especializa en mover montañas. Siempre que haya una montaña, la fe podrá moverla. ¡Aleluya, Dios es fiel!

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En Pos de Otra Oportunidad

Si quieres y puedes acompañarme con tu Biblia en este trabajo, te pido que la abras en la carta a los Hebreos, en el capítulo 2. Esta carta, más que una carta común de una época, es un verdadero manual de madurez. La Palabra de Dios va a ser confirmada más allá de los dilemas presentes, de las circunstancias presentes, en las cuales nosotros vivimos.

Mateo 24 nos habla de que en los últimos días hay rumores de guerra, que se levantará nación contra nación, que van a haber pestes, va a haber hambre, un reino se levantará contra otro reino, muchos se van a enfriar, pero nada de eso determina el fin del siglo. El verso 14 dice que el evangelio será predicado hasta el último confín del mundo, y entonces vendrá el fin.

Me parece a mí, que la determinación de los tiempos está en manos de la iglesia. Si nada termina hasta que nosotros terminemos, entonces depende de nosotros el terminar. Muy importante. Estuvo escrito todo el tiempo, y nadie lo había visto. Hasta que la iglesia no termine lo que vino a hacer, no llega el fin del siglo, se acabó.

Dios no tiene prisa, Dios es eterno. Los que tenemos prisa, somos nosotros. Tenemos que recordar que la carta a los Hebreos fue escrita a judíos convertidos, pero todavía muy tradicionales. Sabían mucho, pero eran demasiado débiles. Muchas veces, la carnalidad nos roba de recibir carne.

¿Recuerdan la iglesia de Corinto? Pablo dice que era una iglesia que operaba en todos los dones. Operaba en don de conocimiento, don de sabiduría, en profecía, imposición de manos con sanidades, milagros y prodigios. Sin embargo, el comienza el capítulo, diciendo: No puedo escribirles lo que me gustaría escribirles, porque aún son niños.

Es posible fluir en el espíritu, y ser un niño. En este estudio, el propósito, y escúchame bien, porque no quiero que después andes por allí diciendo que el hermano Néstor, dijo. El propósito es enfatizar nuestro deber como creyentes, con relación a la herencia de Dios.

Efesios 1:18 nos dice que Dios tiene una esperanza en nuestro llamado y una herencia en los santos. Y Pablo oraba, no para que nosotros conociéramos nuestro llamado, sino para que entendiéramos cuál fue la razón por la cual él nos llamó.

Vamos a tomar en cuenta la Teología. Vamos a tomar en cuenta la Biblia de acuerdo al tópico. Vamos a respetar la etimología y también el punto exegético. Pero la Biblia, es un libro espiritual. Ya he explicado que las metáforas, parábolas o similitudes que se usaban, expresaban o revelaban un punto físico, literal y natural, pero que encerraban un principio real, más importante que la historia que se contaba, o que se vivía.

Por ejemplo, en 1 Timoteo 1:18 la Palabra nos dice que militemos una buena milicia. Efesios 6 dice: póngase la armadura de Dios. 2 Corintios 10 nos dice que nuestras armas son poderosas en Dios. Hebreos 4 nos dice que tenemos una espada de dos filos.

Sin embargo, no hay ninguna batalla, no hay ninguna guerra, nadie se está matando con nadie, tú no llevas ninguna espada, tampoco tienes colocada una armadura ni nada de eso. Todo eso es espiritual, es una analogía, es un adjetivo que demuestra nuestras funciones en el espíritu.

La Palabra nos llama muchas cosas. La Palabra nos llama novia, esposa, templos, casa, ciudad, monte Jerusalén, árbol, ramas, soldados, ovejas, siervos. Un hombre, un cuerpo, nueva creación, luz, trigo, semilla, pan, etc. Reyes, sacerdotes, nación, linaje, etc. Sin embargo, ¿Qué eres tú? Un mexicano, un argentino, un chileno, un colombiano, un venezolano. Somos seres humanos, y estos vienen a ser adjetivos que explican cuál es nuestra función como hijos de Dios. La Biblia, es un libro espiritual.

La Palabra dice que estamos sentados en lugares celestiales. Pero tengo la certeza que tú no estás sentado ahora, escuchándome, en ningún lugar de esos. Por ahí ni siquiera estás sentado. ¡Son adjetivos! Adjetivos para demostrarnos o explicar una función más allá. Pero vamos a leer la Biblia, para que todos sepan de qué estamos hablando.

(Hebreos 2: 1) = Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos.

(2) Porque si la palabra dicha por medio de ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, (3) ¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, (4) testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad.

(5) Porque no sujetó a los ángeles el mundo venidero, acerca del cual estamos hablando; (6) pero alguien testificó en cierto lugar, diciendo: ¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, o el hijo del hombre, para que le visites?

(7) Le hiciste un poco menor que los ángeles, le coronaste de gloria y de honra, y le pusiste sobre las obras de tus manos; (8) todo lo sujetaste bajo sus pies. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él; pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas.

Para entender estos principios, primero tenemos que entender el Reino de Dios. Tenemos que quitar ese bloqueo mental. Número uno: la palabra Reino, es la palabra Basileia. Tiene un sinnúmero de significados. Uno de ellos es la influencia o el poder del rey.

La palabra basileia, también significa la jurisdicción o el perímetro, donde el rey puede ejercer su autoridad, o sea: el dominio del rey. Cuidado, porque Dominio y Autoridad son cosas distintas. Por ejemplo: yo tengo autoridad en mi vida, y tengo dominio en ciertas esferas, pero no tengo dominio en otras. Yo tengo autoridad en lo que enseño y declaro en este espacio, pero no tengo dominio sobre tu vida ni sobre tu casa.

Dominio, en todo caso, es el lugar en donde tú tienes el derecho de ejercer la autoridad. Es el perímetro, es la circunscripción, es la jurisdicción del rey. Es el dominio o el Reino de un Rey. También tenemos a los sujetos. Todo el que se sujeta a un rey, viene a formar parte de su reino.

Noten claramente que la palabra Reino no identifica una nube, tampoco una ciudad. Tampoco identifica algo que está flotando en los cielos. Por eso la Palabra dice Reino DE los cielos y no Reino EN los cielos. O sea que somos pertenecientes de, pero no tenemos que estar ahí para serlo.

Eso es al igual que muchos hermanos latinoamericanos de variadas nacionalidades que hoy me están escuchando desde los Estados Unidos, pero que no son nacidos allí, sino allá. La Palabra dice en efesios 2 que somos con-ciudadanos de la nueva Jerusalén. La nueva Jerusalén es una ciudad. Ahora, una ciudad no es el concreto ni el oro, sino el pueblo que la habita.

Y el pueblo que la habita, eres tú. Todo reino tiene un rey, tiene un pueblo y jurisdicción. Y eso es muy importante, porque dentro de un reino hay niveles de relación con el rey. Por ejemplo: hay siervos. ¿Cuántos de ustedes son siervos? Sólo un problema con los siervos. Los siervos no saben todos los secretos del Padre, porque viven de incógnito. Son siervos, y sólo saben lo que se les dice.

También hay amigos. Cristo dijo: Ya no son mis siervos, ahora son mis amigos. Hay amigos en el Reino. Estos tampoco conocen todo, porque a los amigos no se les dice todo. Sólo se les confía una parte, siempre hay algo que se les reserva. Pero entones hay hijos.

Los hijos son los que tienen derecho a la herencia. Estos sí tienen poder y autoridad en el Reino. Sólo que los hijos, mientras sean niños, tampoco pueden heredar. Por eso Cristo llega al Jordán cuando cumple sus treinta años para comenzar. Y fue entonces cuando el Padre dijo: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.

Allí recién comenzó. Y noten que a Cristo, el Padre estaba agradecido con Él, antes que hiciera nada espiritual. Capítulo 2, nuevamente, en el primer verso, dice: Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos.

No vaya a ser que vayas a deslizar. La palabra Deslizar, significa irse a la deriva, cuesta abajo. Tiene la implicación de un velero que sube el ancla y se va al son del viento que lo lleva. Es irse con la corriente, como velero llevado por cualquier viento de doctrina.

Por eso dice que pongas atención, que seas diligente, no vaya a ser que deslices. Ahora bien; para entender cómo es que no vamos a deslizar, primeramente tendremos que ver qué es lo que se ha dicho, qué es lo que hemos oído. Para poder saberlo, tenemos que visitar el capítulo 1.

(Hebreos 1: 1) = Dios, habiendo hablado muchas veces (Siempre recuerda esto: Dios habla más de una vez) y de muchas maneras (¡Ah! ¡También de muchas maneras!) en otro tiempo a los padres por los profetas, (2) en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó, (Número uno) heredero de todo, y por quien asimismo hizo (Número dos) el universo; (3) el cual, siendo (Número tres) el resplandor de su gloria, y (Número cuatro) la imagen de su sustancia, y quien sustenta (Número cinco) todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado (Número seis) la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó (Número siete) a la diestra de la majestad en las alturas.

No olvides todas estas cosas. No te olvides nunca de estos siete principios, porque cuando lo haces, casi sin darte cuenta, empiezas a deslizarte, que es como decir, te vas siguiendo la corriente, llevado por un viento de falsa doctrina. Lo cual me estaría diciendo a mí que, el verdadero evangelio, siempre va en contra de la corriente.

Porque cuando nos vamos con la corriente, el escritor aquí lo llama: deslizarse. Y eso es raro, porque desde que tengo uso de razón y ejercicio de memoria, al que ha ido en contra de la corriente es al que han llamado hereje. Tienes que tener cuidado con lo que escuchado, porque si no lo entiendes, no vas a vencer, porque te vas a deslizar y te va a llevar la corriente. Eso es muy importante.

Número uno, él dice que Cristo es Heredero de Todo. No que va a heredar, es. Cristo es heredero de todo. Y esto es más que importante, porque algunos todavía creen que Él va a heredar, pero resulta que aquí dice que ya es heredero.

Número dos: Él Hizo el Universo. Él fue el creador, el que hizo el universo. Número tres, dice: Él es el Resplandor de su Gloria. Y esa palabra, resplandor, significa la luz que emite o resplandece. La implicación es que, lo que te afecta del sol, no es el sol, sino lo que el sol emite.

Comparando al Padre con el sol, entonces el Padre no te afecta sin el Hijo, porque el Hijo es lo que te afecta del Padre. Como el sol. El Hijo viene a ser el rayo que toca tu piel, el rayo que cambia tu tonalidad, el rayo que cambia tu vida. En suma: Cristo es la eminencia del Padre.

Número cuatro, dice que Él es la Imagen de Su Sustancia. Imagen tiene dos palabras en griego. Icon, que te habla de la imagen o la estampa, de donde extraemos nuestra palabra ícono. Pero, la parte dos de esa raíz, habla del carácter, o sea: Cristo es el carácter de Dios. Él perdió su reputación y asumió el carácter del Padre.

Y eso es importante, porque Dios está esperando que Cristo sea formado en nosotros, o sea: que perdamos nuestro carácter, y asumamos el de Él. Y no lo olvides, porque si te lo olvidas, deslizas. Dice que es la imagen de su sustancia. O sea que Cristo fue Dios impreso. Es como tomar una moneda y aplastarla en el barro. Y lo que queda estampado en el barro, era Cristo. Por eso es que Él dijo: Si me has visto a mí, has visto al Padre.

Cristo es el cuerpo del Padre. Es la manifestación. La Palabra se hizo carne. Y fíjate que dice que Él es la imagen, pero no la imagen de cualquier cosa, sino la imagen de su sustancia. La palabra sustancia, tiene su raíz en la palabra Ser. La palabra Ser, es igual a la palabra Independencia. Y esto es muy importante, porque no existe tal cosa como seres Humanos, porque el hombre no es independiente.

O estás con Dios, o estás con el diablo. No hay terreno grisáceo en el medio. Cuando dice que nos vistamos del nuevo hombre, lo que te está diciendo es que Cristo, el nuevo hombre, tiene que ser formado en nosotros. Hay que ver la realidad; fuimos comprados por un precio. Éramos esclavos de uno, y ahora somos esclavos de otro. Sólo que este otro es rey, y nos da toda la libertad.

Pero no hay tal cosa como seres independientes. La independencia causó la caída.  Número cinco. Dice que Sustenta Todas las Cosas por su palabra. O sea: Su palabra, habilita. Cuando Dios te dice: ¡Se fuerte! No te está pidiendo que seas fuerte, te está avisando que te dio fuerzas.

Cuando Dios dijo: ¡Hágase la luz, se encendieron los universos! Y todavía los científicos están encontrando luz porque Él nunca la detuvo. Su palabra habilita. Jamás va a pedirle algo a alguien que esa persona ya no esté equipada para hacer. Por eso es que la obediencia es la marca del Reino.

¡Es que no sé si podré hacer eso, Señor! Silencio. Si te envié a hacerlo es porque ya te di todo para que lo hagas. Si no lo haces, será por uno de estos dos motivos: o eres cobarde, o eres vago. Te aviso que dice la Biblia no escrita, que ninguno de los dos entra al Reino.

La palabra en griego significa que con el poder de su palabra, Él mantiene el orden del Universo. Que el universo funciona porque su palabra lo sujeta. En presente. O sea, cuando escribieron ese verso en la Biblia, le quitaron el tiempo: es pasado, presente y futuro. Es un tiempo eterno, sólo el griego tiene ese tipo de tiempo.

En español, en inglés inclusive, no hay una palabra que lo identifique. Pero es una acción que se inició, se completó y continúa sujetando. Él sujeta la traslación. El sujeta la rotación, él sujeta las estaciones con el movimiento del eje. Y ningún anticristo, ninguna bomba ni ninguna doctrina, pueden mover el eje de la tierra de su lugar, hasta que Cristo diga: ¡Yo lo voy a mover! Y que no se te olvide, porque si se te olvida, se te aña la doctrina.

Con su habilitación, él mantiene orden. Su palabra, activa, te equipa. Número seis: que no se te olvide, Que Nos Purificó de Pecado. ¡Es que yo soy un triste pecador salvado por gracia! ¡No! No eres un triste pecador salvado por gracia, ¡Eras un triste pecador, pero ya fuiste salvado por gracia! Ahora ya no eres un triste pecador.

¡Pero no, hermano; es que todo el mundo peca! Oye esto: que tú peques, no te hace pecador. Tú, un día, puedes hacer un pan, pero eso no te convierte en panadero, ¿Entiendes? Panadero es el que vive haciendo pan y de lo que el hacerlo le reditúa. Pero que tú tropieces, te caigas y peques hoy, no te hace pecador, Dios lo sabe.

Porque el pecador vive del pecado, piensa en el pecado, medita en el pecado y especula con los réditos que le otorgará el pecado.  Fantasea con pecar, planea pecar, planifica como pecar, se goza en el pecado y se muere en pecado. ¡Y que no se te olvide! Porque si se te olvida, no vas a consumar tu destino.

Número siete: Cristo está Sentado a la Diestra de la Majestad. Muy importante, porque Cristo es nuestro Sumo Sacerdote. Y Levítico dice que el sacerdote no se puede sentar hasta que termina su ministración. Y Cristo se sentó, lo cual me está diciendo a mí que todo lo que vino a hacer, ya está hecho. Está completo. Terminé mi parte. Estoy sentado.

¡Señor! ¡Ven y ayúdame! – ¡No puedo, porque mi Padre me dijo que me sentara!  Hasta que todos sus enemigos sean puestos por estado de sus pies. Significa que, a pesar que él terminó, aún quedan enemigos con los cuales tratar. Sólo que él está sentado. Entonces, ¿A quién le corresponde, eso?

Él subió a lo alto. Él habita corporalmente, él es toda la plenitud. Efesios 1:22 dice que Él es el que todo lo llena. El sacerdocio sentado, significa perfección, madurez o completamiento. ¡Qué no se te olvide! Porque si se te olvida este asunto, vas a deslizar. Ahora sí vamos a entender el capítulo 2.

(Hebreos 2: 1) = Por tanto, (Mira; cada vez que un versículo comienza diciendo “por tanto”, te destruye tu devocional. No puedes empezar allí. Tendrás que ir a ver qué venía diciendo antes para saber de qué se trata ese “por tanto”. Por tanto, implica una conclusión. ¿Conclusión de qué? Es que nosotros estamos programados por hombres, y a veces, empezamos un devocional con esa palabra, Por tanto, y seguimos leyendo nomás, como papagayos sin saber de qué estamos hablando. Y por eso no maduramos. Estudia. Escudriña. Usa las concordancias, ayudan y mucho. Haz las tres cosas diariamente si es que verdaderamente quieres crecer) es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, (Que son las que te termino de decir), no sea que nos deslicemos.

(2) Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles (Un momento. ¿Desde cuándo los ángeles predican?) fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, (3) ¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron. (¿A quién te vas a quejar si te viene el juicio, cuando hiciste oído sordo a lo que primero dijo Jesús en persona y ahora te repiten los que conforman su cuerpo en la tierra?)

Ahora fíjate; el verso 2 dice que la palabra fue predicada por medio de ángeles. Y eso es muy importante, porque a nosotros se nos ha enseñado que los ángeles no predican, pero: El Salmo 68:17, dice: Los carros de Dios se cuentan de millares y millares, Y la palabra que usa en “millares”, es ángeles. Deuteronomio 33:2, dice: Dios vino al Sinaí entre diez millares de santos. La palabra “santos”, allí, es la palabra ángeles. Hebreos 12:22, dice: Nos hemos acercado a la nueva Jerusalén y a la compañía de millares de…ángeles. Es la misma palabra que usa en Hebreos 2. Apocalipsis 5:11, dice: Alrededor del trono muchos ángeles, y su número era millares de millones. Millares de millones. Ángeles. Daniel 7:10, dice: Millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él. Cuando leemos “millones de millones”, estamos leyendo: Ángeles.

Quiero que vayas conmigo al Libro de los hechos capítulo 7. Deja una marca en Hebreos que es nuestro texto principal. Sólo estoy comprobando esto, porque tiene mucho que ver con lo que vamos a decir en este trabajo. Recuerda que los mensajes son proféticos y traen dirección al cuerpo de Cristo y a tu vida en particular.

(Hechos 7: 53) = Vosotros que recibisteis la ley, por disposición de ángeles, y no la guardasteis.

Aquí vemos que los ángeles tienen participación activa en entregarnos la ley, en el desierto. ¿Y qué pasa? Que lo que llamamos Teofanías, o manifestaciones de ángeles, el dedo que escribe la tabla y todo esto, tiene a los ángeles como mediadores que están trayendo ese mensaje.

Mira Gálatas 3:19, para que sea establecida en la boca de dos o tres testigos. Y la palabra “testigos”, se refiere a escrituras, porque Cristo hablando de las escrituras, dijo: Ustedes buscan salvación, y no se dan cuenta que son las palabras las que testifican de mí.

Gálatas 3:19: Entonces, ¿Para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente, a quien fue hecha la promesa, y fue ordenada por medio de ángeles, en manos de un mediador. Aquí estamos viendo que los ángeles tienen participación activa en la delegación del mensaje. Y vale la pena mencionar que el Evangelio no comienza en Mateo, porque a Abraham se le anuncia el Evangelio, diciendo: En tu simiente, serán benditas todas las naciones.

En otras palabras: la iglesia no es una segunda opción; fue fundada desde antes de la fundación del mundo, fue planificada desde antes de los tiempos, y es el propósito eterno de Dios. Y que no se te olvide, porque si se te llega a olvidar, te deslizas.

Ahora vuelve a Hebreos. Lo estamos leyendo en texto para que no haya errores en lo que estamos diciendo. El verso 3, dice: ¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron.

(4) Testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad. (Nota que las señales y prodigios son dados para confirmar la palabra. Es muy importante, esto).

(5) Porque no sujetó (Pasado) a los ángeles el mundo venidero, (Futuro) acerca del cual estamos hablando; (Presente. Conclusión: no sujetó el mundo venidero, del cual estamos hablando ahora, a los ángeles)

Claro está que, si no sujetó el mundo venidero a los ángeles, podemos asumir que, el mundo que existe antes que el mundo venidero, sí estaba sujeto a los ángeles. Esto es importante. La carta a los Hebreos es uniforme y comprende un solo mensaje. Porque dice que lo sujetó a los ángeles, y utiliza un término que nos muestra que es pasado, algo que aconteció.

No se lo entregó a ángeles. O sea: entregó algo que viene, pero que ya es. Fíjate en esto: Dios es eterno y en la eternidad no hay tiempo. Por eso la sangre funciona hoy. Porque cuando tú clamas por la sangre, Dios ve la cruz ahora. Por eso Él es el eterno Yo Soy. ¿Cómo va a ser Yo Era, o Yo seré, si no vive en tiempo cronológico terrenal.

Hay algo que creo no alcanzas a dimensionar y es que Dios es más grande que el tiempo. Por eso yo siempre enfatizo mucho en que Dios no tiene apuro, no tiene prisa, si lo que a Él le sobra, es tiempo. Y Él se aseguró de que sus bendiciones no se fueran a ninguna parte, por eso las profetiza por mil generaciones. Sólo van ciento cuarenta y tantas. Por si acaso nos tardamos un poco.

Tenemos que expandir nuestra mente. Las formas y los caminos de Dios, son más altos que los nuestros. Y su plan va mucho más allá de nuestra doctrina. Apenas estamos comenzando. No sujetó a los ángeles al mundo venidero. Ahora; Adán fue creado para reinar, pero Adán cae.

Pero, antes que el hombre fuera creado, los ángeles trabajaban para Dios. Son parte de su Reino. Sólo que no son seres redimidos. Fueron creados antes que el hombre. Los ángeles fueron creados como siervos cooperadores. Nota que no tuvieron gobierno sobre el hombre, sino que fueron puestos para ministrar al hombre.

Mientras el hombre era creado, ellos eran los que tenían la jurisdicción del planeta. El hecho de que Satanás haya sido arrojado por tierra, no significa que él no haya estado en la tierra antes. Sólo que ahora estaba limitado a esa espera. Cuando el hombre es creado, y los ángeles se dan cuenta que el ápice de la creación es el hombre, y no ellos, hay una tercera parte que se rebela, juntamente con Satanás.

Es por eso que él dice que va a elevar su trono junto con el de Dios. Porque no me digas que te habías creído la figura esa de un Satanás corriendo por todo el cielo con una sillita, tratando de ponerla más alto que la de Dios. No. Él quería elevar su trono por sobre el de Dios, porque ahora el trono de la autoridad del cielo, estaba en el hombre. El hombre era la coronación de toda la creación, y él quería poner su silla en el monte de Dios. Pero el monte de Dios es el monte Sion, la iglesia del Dios viviente, del Dios eterno.

Quería dominar en el corazón del hombre, porque el hombre era la creación más alta. Y es una lástima que hasta hoy, ahora mismo, todavía anda por ahí haciéndolo. Fíjate que Satanás no quería tumbar a Dios. Lo que él quería era romper el orden divino. Porque al romper el orden divino, debilita el fundamento del Reino de Dios. El poder de Dios fluye en un patrón divino. Sin patrón, no hay gloria.

Por eso es que la iglesia está como está, porque está edificada de acuerdo con el patrón del hombre, no al patrón de Dios. Por eso es que hay que restaurar. Volver al patrón divino. Isaías 14:12, dice: Caíste por tierra. La palabra “caíste”, tiene la implicación de aquel que pierde las batallas en manos de otro.

En otras palabras: Dios no se inmiscuye en la batalla, sino que él delega ese asunto, porque Dios no se rebaja para pelear con Satanás. Ezequiel 28 dice que Fue arrojado por tierra. Significa que fue humillado ante sus colegas. Estos no tenían parte en el plan de Dios, hasta que el hombre les cede potestad, o derecho al príncipe de ellos, Satanás.

O sea: una tercera parte decide irse con Satanás. Pero estos tenían jurisdicción en el planeta. Cuando el hombre es creado, el hombre tiene dominio sobre toda la creación. Hemos visto como cayó por causa de filosofías engañadoras, por el árbol, el ángel de luz, que es la parte del discernimiento entre lo que es bueno y lo que es malo.

Es el árbol de la ciencia, el árbol que te abre una puerta para tu aprender a discernir, cuando el hombre nació con discernimiento interno. Dios era su hechura, estaba hecho de lo mismo que estaba hecho Dios pero, al sustituir a Dios por la ciencia, tuvo que aprender a volver a vivir. Hemos enseñado alguna vez que es por eso que los científicos descubren a hombres cavernícolas. Es el hombre destituido del edén, aprendiendo a funcionar. El fracaso del hombre, no altera el propósito de Dios.

Es muy importante entender que la Biblia, si no fuese por la caída del hombre, tendría tres capítulos: Génesis 1 y 2 y Apocalipsis 22, porque el resto es restauración. Y voy a decirte algo que a lo mejor te altera un poco tu doctrina, pero no hay retiro espiritual. Y además, nadie quiere descansar por toda una eternidad. Vas a cansarte de estar descansado. Todo lo que estamos haciendo, es para continuar haciendo lo que Adán no hizo.

¿Quieres Apocalipsis? ¿Quieres saber el fin? Vete a Génesis. Porque dios no comienza por el principio, Dios no experimenta. Él completa, y luego desarrolla. El fin, está en el principio. Ahora bien; cuando el hombre cae, lo primero que hace Dios, es establecer un querubín en el huerto. Con la espada inflamada. Ahí vemos a los ángeles tomando dominio inmediatamente que el hombre cae.

Deuteronomio 32:8: Cuando el Altísimo hizo heredar a las naciones; cuando hizo dividir a los hijos de los hombres (En algunas traducciones dice: a los hijos de Adán) estableció los límites de los pueblos, según el número de los hijos de Israel.

Ahora claro, esto es un problema, porque todavía Israel no existía ni había tribus, cuando Dios divide las naciones. La palabra “hijos de Israel” es ángeles. Cuando Dios divide a los hijos de Adán, distribuye sus tierras de acuerdo a los ángeles, no de acuerdo a tribus, porque no había ninguna.

Esto acontece para el tiempo de Noé, para Génesis 11, la Torre de Babel, etc. Israel todavía no es Israel, porque Israel es un apodo, un adjetivo, que se le da a un hombre que se humilla a Dios y prevalece como consecuencia. O sea: todo el que cae sobre la piedra y es quebrantado, termina siendo rey y sacerdote y ese es el verdadero Israel de Dios.

Salmo 82:1, dice: Dios está en la asamblea divina, en el medio de los dioses, (La palabra “dioses”, es la palabra ángeles) Salmo 29:1, dice: Tributad al Señor, hijos de los poderosos. (Son los ángeles, nuevamente, en el hebreo.) En el libro de Job 1:6: El día en que los hijos de Dios se presentaron delante del Señor. (Donde dice “hijos de Dios”, aquí, se traduce como ángeles)

La misma frase que está usando en Deuteronomio. 1 Samuel 22:19: Vi al Señor sentado en el trono, y el ejército celestial en pie junto a él. (Ejército celestial: ángeles) Y esto es muy importante, porque yo estoy comprobando que el mundo, antes del mundo venidero, estaba sujeto por perímetros a ángeles.

Hechos 17. Usando la palabra para que se confirme la palabra, porque la mejor interpretación de la palabra, es la palabra. Mira el verso 26: Y de una sangre, ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habitaran sobre toda la faz de la tierra. (¿Para qué hizo al hombre?) Y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación. (Noten que eran limitados por él. Es por eso que Daniel dice: “Oye, estoy orando, llevo veintiún días, ¿Qué pasa? ¿Dónde has estado? Y Miguel le dice: ¿Qué te pasa a ti, che, si salí ni bien oraste, pero tuve que encontrarme con el príncipe de Persia, y cuando termino aquí tengo que ver al príncipe de Grecia?)

Ángeles que tienen dominio o jurisdicción de acuerdo con la nación o el estado en donde se encuentren porque allí han sido asignados. Aquí se mencionan a ángeles caídos. Hebreos no nos dice si hay ángeles positivos, pero sabemos que sí, que los hay. Hay ángeles que operan a favor de Dios y otros, caídos, que se fueron con Satanás.

Luego, también en Daniel, tú puedes ver que Miguel es el príncipe de Israel. O sea que aquí vemos que sí, que había ángeles buenos, también, que tenían jurisdicción para el pueblo de Dios. O sea que los ángeles tomaron dominio de la jurisdicción del mundo presente.

Entonces vemos y entendemos que el mundo era sujeto al gobierno de grupos celestiales, lo que hoy en muchos lugares se pueden considerar como principados y potestades, en contra de los cuales militamos como pueblo guerrero del dios viviente.

Sin embargo, tú puedes cambiar de ciudad en ciudad, (Yo lo he hecho) y comprobar que el clima espiritual es distinto. Hay ambiente que es conducto para bendición de Dios y hay ambientes donde, para recibir algo del Señor, tienes que hacer cinco cursos de guerra espiritual con tres prácticos aprobados, por lo menos.

Volvamos a Hebreos. Vamos a leer nuevamente este verso, con mayor discernimiento. Estoy tratando de llevarte lentamente por los mismos caminos que yo ya anduve, para que tú puedas ver lo mismo que yo he visto, antes que yo te lo cuente. Eso es, a mi juicio, poner fundamentos de madurez en los santos.

(Verso 5) = Porque no sujetó a los ángeles el mundo venidero, acerca del cual estamos hablando; (Podemos asumir, entonces, que si el mundo venidero no está sujeto a ángeles, tenemos dos preguntar para formular: 1.- ¿A quién está sujeto? 2.- ¿Cuándo comienza?

En el primero, los ángeles gobiernan hasta que el hombre reina. Pero el segundo mundo, no será así. Cristo dice: Yo voy a bajar y voy a hacer la obra en el hombre, para que el hombre vuelva a tener el dominio que tenía Adán. ¿Cuándo comienza el mundo venidero, y quién domina? ¿De quién es la responsabilidad de la jurisdicción de las naciones? ¿A quién le corresponde la mayordomía del planeta?

Sabemos, por la palabra, que Cristo compró al universo, no sólo al hombre. No está sujeto a ellos. ¿Cómo que no está sujeto? Mira el capítulo 1, nuevamente. Mira el verso 5: Porque ¿A cuál de los ángeles dijo Dios jamás: mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy. Y otra vez: yo seré a él Padre, y él me será a mí hijo?

(6) Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: adórenle todos los ángeles de Dios.

Mira el verso 9, dice: Has amado la justicia, y aborrecido la maldad, (Nota que ese es el orden de la predicación: predicar justicia y la maldad se cae. Predicar lo malo, es legalismo, y te caes de todas maneras) por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros.

Mira el verso 14: ¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?

Fíjense que ahora, los ángeles, están mencionados por debajo del hombre, son ministros o servidores para los hombres, que son herederos de salvación. Dios está sentado, y esa es una permanencia. ¡Qué no se te olvide! Porque si se te olvida, te deslizas. Nada se va a mover de su lugar porque Cristo está sentado, completó la obra y no hay quien la revoque.

Por eso él continua hablando aquí, en el verso 10, y dice: Tú, oh Señor, (¿De quién están hablando? De Cristo) en el principio fundaste la tierra, (Atiende, porque esto es una alegoría. ¿De quién están hablando? Cristo. ¿Cuál es el sujeto? Cristo. ¿Cuál es el tema? Cristo) Tú, oh Señor, (El tema establecido en las primeras tres palabras) en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. (Está hablando de la permanencia, del fundamento de Dios, y dice:) (11) Ellos permanecerán, más tú permaneces. (No están diciendo que vas a desaparecer. Están diciendo que primero desaparece el planeta, antes que tú.

Es lo mismo que dice: Cielos y tierra pasarán, más tu palabra no pasará. No te está diciendo que el cielo y la tierra van a pasar. Te está diciendo que primero pasarían el cielo y la tierra antes que pase la palabra de Dios. Y como es imposible que el cielo y la tierra pasen, nos asegura con esto que la palabra es eterna.

Ellos perecerán, más tú permaneces. Y todos ellos envejecerán, (¿Cuándo has visto a un cielo envejecer? Es mensaje alegórico), como una (Como una) vestidura. (12) Y como un vestido los envolverás, y serán mudados; pero tú eres el mismo, (O sea: está hablando de la permanencia del ministerio de Cristo, ya establecido para siempre. ¡Qué no se te olvide! Porque si se te olvida que Cristo está en el trono, y que hay control en todo el universo, los reyes perversos, el corazón de los reyes, todo el planeta está en manos de Dios. Si se te olvida todo eso, te vuelves loco, tu doctrina se va por la ventana y te deslizas con la corriente religiosa.)

Y ahí es donde te empiezas a poner nervioso, te agarran todas las angustias, te desesperas, te asustas y empiezas a clamar para que él venga y te saque de aquí, mucho tiempo antes de haber hecho lo que tenías que hacer. Esta cata está tremenda. Y no hace falta investigar quien fue el autor. Tú ya sabes que a esto lo escribió Dios.

Él no tiene problemas con nombres y todo eso. Él dice: En algún lugar está escrito, y se refiere a David, pero nadie nombra a David. ¡Le quitó el título a David, también! Tus años no acabarán. Siéntate a mi diestra, le dijo el Padre, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.

Ahora; si el cielo es el trono y la tierra su estrado, metafóricamente hablando, y nosotros somos el cuerpo, y los enemigos van a estar bajo sus pies, y él está sentado, ¿A quiénes crees tú que les corresponde poner a los enemigos debajo de sus pies? ¿A quién está sujeto? Capítulo 2.

Porque no sujetó a los ángeles el mundo venidero, acerca del cual estamos hablando. Y esto es importante, porque estamos hablando de la administración del sistema del plan de Dios en la tierra. ¿A quién le corresponde? Ahora vamos a ir de Génesis a Apocalipsis en tres versos. Verso 6.

Pero alguien testificó, (Refiriéndose a David) en cierto lugar, diciendo: ¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, (Ahí vemos la caída del hombre. Cayó tan bajo que no era merecedor de ser recordado) o el hijo del hombre para que le visites?  (Ahí vemos a Jesús, un cuerpo provisto por María, y a Cristo lo visita)

(7) Le hiciste un poco menor que los ángeles, (Y esta es otra paradoja, porque la gente ha establecido dos teorías para este “un poco menor”. Una es que por treinta y tres años, comparativamente con lo que se prolonga una vida, es poco tiempo. Pero cuando Cristo estuvo en la tierra, él resucitaba muertos, abría ojos, se secaban las plantas, se calmaban los mares. No sé cómo lo ves tú, pero para mí creo que no era menor que ningún ángel. Eso me produjo inquietud y busqué el término “un poco menor”, la cual es la palabra brakus en hebreo, y significa “por poco espacio de tiempo fue inferior”. Algunas Biblias traen esta connotación. Eso, refiriéndose a los tres días que fue sometido a muerte, entierro y resurrección. Porque los ángeles, no mueren. Por eso fue hecho menor, porque él murió.) Lo coronaste de gloria y de honra, (Aquí vemos la ascensión. Y esto es muy importante, porque aquí vemos cinco cosas: La Caída, La Visitación, Encarnación de Cristo, vemos la muerte, entierro y resurrección, vemos la ascensión y la gloria) Y le pusiste sobre las obras de tus manos; todo lo sujetaste bajo sus pies.

Aquí vemos la inauguración del mundo venidero. Todo en tres versos. Pero, -dice el escritor- todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas. (Y ahora es que tenemos que indagar por qué esto está como está. Míralo desde el principio. Dice:) ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él?  (Aquí vemos a Adán en su estado caído. El mundo venidero, habla de un mundo paralelo al mundo natural que está completado, y pronto a manifestarse. Por eso es que dice: Pero alguien testificó en cierto lugar, diciendo: ¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él? (Aquí vemos al hombre caído) ¿O el hijo del hombre para que le visites?

Jesús les preguntaba a sus discípulos: ¿Quiénes dicen las gentes que el hijo del hombre es? Y eso, refiriéndose a sí mismo. Vemos que maría provee un cuerpo, y el Hijo de Dios visita. Por eso Isaías dice que Un niño es nacido, pero un hijo fue dado. Eso significa que maría tuvo al niño, pero al hijo lo dio Dios.

Dios visita al hombre, por eso se llama Emanuel, tabernáculo con los hombres. El nombre de Jesús, en realidad era Jeshúa, no tenía nada que ver con Cristo. Porque Cristo es el adjetivo que explica, qué tipo de hombre era. Un hombre nacido por divinidad, ungido del Dios Altísimo.

Lo hiciste un poco menor que los ángeles. Se sometió al entierro, se sometió a la muerte. Se sometió a lo que te correspondía a ti, hacer. Y luego dice: Lo coronaste de gloria. Y esto es muy importante, “lo coronaste de gloria”. Porque la palabra dice, en Levítico, que cuando los sacerdotes ministraban la expiación, ellos venían con un traje sacerdotal que simbolizaba precisamente eso, la gloria y la honra.

Y él entraba con todas sus campanitas y su gloria al Lugar Santísimo, ahí se quitaba la ropa, y en sus paños musulmanes, en su ropa interior, él ministraba la expiación. Entraba hasta el Lugar Santísimo, derramaba la sangre, tenía una soguita amarrada a los pies.

Si todo andaba bien y todo había sido hecho de acuerdo con el patrón, y su vida no tenía pecado, la gloria de Dios llenaba el propiciatorio. Él, al ver la gloria, entonces salía muy contento. Venía al Lugar santo, se ponía la gloria y entonces se ponía a danzar, el pueblo escuchaba las campanas y salían con campanas de gloria.

¿Y qué tiene que ver todo esto? ¡Muy sencillo! Nuestro Señor va a la cruz y se quita la ropa de gloria, se queda en paños menores; pasa a la cruz, en la cruz él se quita toda la ropa; entra hasta el Lugar Santo, el lugar de reposo. Allí Cristo sale de la tumba, deja sus paños dobladitos, sale de la tumba y se para afuera, María lo va a tocar y Él le dice: ¡No me toques! María dice ¿Pero qué pasa? El sacerdocio, dice Levítico, no podía ser tocado hasta que terminara la ministración. ¡No me toques! ¡Que todavía no he subido al padre!

Entonces sube al Padre, entra al Lugar Santísimo, derrama la sangre, vuelve y, esa misma noche, le dice a Tomás: ¡Tócame! Entonces, ¿Cuándo fue coronado en gloria? En su ascensión. Él se fue coronado en gloria, ¿A quien mandará? ¿Cuándo comenzaría el Reino? Vamos a comprobarlo.

(Daniel 7: 9) = Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente. (Daniel desde la tierra, desde el tiempo, está viendo la eternidad. Recuerden que Juan vio lo mismo, desde la eternidad, no desde el tiempo. Por eso Apocalipsis no es cronológico. Aunque muchos creían que sí lo era. Y es la misma visión, no ha cambiado.)

(Verso 13) = Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, (¿Para dónde iba? Iba hacia arriba, no hacia abajo.) que vino hasta el Anciano de días, (¿Dónde estaba el Anciano de días? Arriba.) y le hicieron acercarse delante de él.

(14) Y le fue dado dominio, (¿Cuándo fue esto? Cuando subió), gloria, (¿Cuándo? Cuando subió) y reino, (¿Cuándo? Cuando subió. ¿Y con qué propósito?) para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; (¿Desde cuándo? Desde que subió) su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino (Que es la iglesia real, la genuina), uno que no será destruido. (Si eso no te hace dar un salto de gozo, yo no sé qué podría lograrlo)

¿Cómo nos va a enviar a predicar, a introducir un reino dentro de otro, sin primero darnos la autoridad del planeta? Es por eso que antes de irse, Él dice: Toda la autoridad me es entregada a mí; en el cielo y en la tierra, en el cielo y en la tierra, ¡En el cielo y en la tierra! Por eso, ¡Id! ¿Y los cristianos? Caminando como si un pie le tuviera que pedir permiso al otro.

¡Pero bueno, Satanás al final es el príncipe de este siglo! Olvídalo. Satanás es un querubín desempleado que sólo consigue una changa para ir tirando cuando tú le das lugar para que trabaje. La parte del evangelio que tú no creas, no se te manifiesta. Por eso a algunos les va bien y a otros no tanto. Y en el mismo mundo y la misma zona geográfica en que vives tú.

Comenzó el mundo venidero reinando él a través de su cuerpo. Recuerden que el Reino de Dios no tiene ni principio ni fin. Y de lo dilatado de su imperio, no habrá fin. Salmo 110:1 dice: Siéntate a mi diestra, hasta que tus enemigos sean puestos por estrado de tus pies. Hebreos 1:14, dice: Los ángeles son ahora administradores para la simiente de Abraham.

Salmo 103:20, dice: Los ángeles son poderosos en su fortaleza, que ejecutan su palabra y obedecen su precepto. ¿Sabes qué? Cuando dices cosa de hombres como si fuera Biblia, o cantas canciones no inspiradas en el evangelio aunque suenen muy religiosas, los ángeles están esperando, con las manos atadas y no pueden hacer nada. Porque ellos sólo ejecutan poder a partir de la palabra desatada, no tu doctrina o tus tradiciones.

Muy bien; ahora vamos a atravesar la lógica. Si la jurisdicción del reino está suspendida, y no comienza hasta un llamado Milenio, entonces el mandato a Noé, fue ilegal. Porque Noé, una vez limpiados los cielos y la tierra, y a pesar de que perecieron, dice Pedro, los cielos y la tierra, no se fueron a ninguna parte.

Sí, porque la palabra nuevo cielo y nueva tierra, de Apocalipsis, es la misma palabra, “nueva” que donde leemos que somos nueva creación en Cristo. Y tú sigues siendo el mismo cabezón de siempre. Lo que es nuevo en ti son tus inquietudes y tus motivaciones. Estás purificado de toda iniquidad y de toda maldad, pero sigues siendo la misma persona.

Es más: tú tienes que vestirte del nuevo hombre, y tú tienes que renovar tu mente. Tu cuerpo sigue siendo el mismo. Al igual que el planeta y el cielo, que estaba reservado para ahora con fuego, fue uno que fue destruido cuando Noé, pero no se fue a ninguna parte.

¿De qué fue destruido? De iniquidad. Toda la impureza fue limpiada. ¿Y qué le dijo Dios a Noé? ¡Ten dominio sobre la tierra! ¡Expande tu tienda! Y no había ni nacido de nuevo. Multiplícate, llena el planeta, y expande mi Reino. Escucha: si nuestras doctrinas estuvieran correctas, ese mandato a Noé, es ilegal.

Yo sé que esto es fuerte, pero yo quiero que te actives. A eso lo encuentras en Génesis 9:1, estúdialo después, para que tengas algo que hacer por la noche. Quiera Dios que hayas recibido algo, hoy. Dios bendice ignorancia cuando no hay luz, pero cuando esa luz aparece, la ignorancia no puede permanecer de pie delante de Dios.

Ignorancia es ausencia de conocimiento. No es una bendición ser ignorante. Lo hiciste un poco menor que los ángeles. ¿Sabes por qué? Porque hemos dependido de otros. Hemos dicho: no queremos subir al monte, Moisés. Sube tú y tráeme un mensajito el domingo y yo te daré una propina. Eso es lo que ha hecho y dicho el pueblo latino. No sé los otros, no los conozco. No es mi jurisdicción.

Pero, nuestros antepasados, muy celosos por dios, muchos de ellos sin escuela y sin éxito alguno en lo secular. No encontrando más que hacer, se fueron a estudiar teología para convertirse en pastores. Hoy se conocen como asalariados. Por eso no cambian, porque cambiar sería perder su trabajo. Ora vez fui duro y fuerte, pero créeme, alguien tiene que decir la verdad. Aunque le duela a alguien que amamos, inclusive.

Entonces, en su celo, predicaron su conciencia, su interpretación y su entendimiento. Y nosotros, años después, como papagayos, “el pastor dijo”. ¡Niño! ¿Por qué estás haciendo eso? ¡Porque mi papá lo hace! ¿Y me puedes explicar por qué lo hace tu papá? ¡Ah! ¡Creo que porque mi abuelito lo hacía!

Caigan rayos y vuelen centellas que yo voy a seguir haciéndolo así porque hasta mi bisabuelo lo hizo así. Son fortalezas que se construyen en nuestra vida. Como aquella señora que cocinaba el jamón y lo cortaba por la mitad. Y metía una mitad en la olla, lo cocinaba y luego que estaba listo, sacaba el cocido y metía la otra mitad para cocinarla.

Un día le preguntaron por qué hacía eso, y respondió que era porque su madre lo hacía así. Fueron y le preguntaron a la madre por qué motivo hacía eso que su hija les había contado. ¿Saben que respondió? Que lo hacía porque su madre lo hacía, esto es, la abuela de la señora.

En esas vieron entrar a la viejecita y le preguntaron: “Abuela, ¿Por qué cocinaba el jamón en dos mitades? Les preguntamos a su hija y a su nieta y no supieron darnos otra respuesta que porque usted lo hacía. Así que queríamos preguntarle, ¿Por qué partía el jamón por la mitad y lo cocinaba en dos veces? Y la viejita lo miró y le dijo sonriendo: ¡Es que la única olla que tenía era muy chica!

Puedes reírte, si quieres, pero la esposa de ese hombre, aquella señora que te dije, tenía media docena de ollas y algunas de ellas tremendamente gigantes. Bueno, muy parecido nos sucedió a nosotros. No conocemos otra cosa porque nacemos en esto. Y como nacemos en esto, para nosotros es Biblia.

Pero hay mucho tiempo más que el que ocupamos nosotros. ¡La iglesia tiene veinte siglos de existencia! Y en el siglo diecisiete no se creía nada de lo que está en nuestras Biblias y en nuestras concordancias en el día de hoy. Todo lo que nosotros hemos aprendido, nació hace ciento cincuenta años. En mi parecer, los últimos días.

¿Serán esas las doctrinas de demonios? No lo afirmo ni lo descarto, es sólo una posibilidad. Vamos a ver por qué es que no está todo. Hebreos. Verso 7: Lo coronaste de gloria y de honra, y lo pusiste sobre las obras de tus manos. (8) Todo lo sujetaste bajo sus pies. Porque en cuanto sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él; pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas.

Mira; pueden seguir discutiendo los teólogos y estudiosos, respecto a quien es el autor de esta carta a los Hebreos, eso a mí no me preocupa demasiado. A mí déjame disfrutar de la honradez, la rectitud y la integridad de aquel que se atrevió en ese tiempo a escribir esto. ¡Qué honradez! ¡Y eso que estaba en el tiempo de la persecución en las iglesias!

Él no quería predicar algo que fuera tan teórico, que no se estaba viviendo, que es justamente lo que en mayoría de está haciendo hoy. ¡Gloria a Dios porque estamos en victoria!, dicen desde el púlpito. Y más de la mitad de la congregación viviendo en miseria y en enfermedad, además de un porcentaje que también vive en pecado.

Lo cierto es que el autor de esta carta fue honrado y dijo que todavía no se veían esas cosas. Y ahora te va a explicar por qué no se veían. Dice el verso 9: Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos.

Mira el verso 14, ahora: Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, (15) y librar a todos los que por el temor de la muerte (Ahí está la causa) estaban toda su vida sujetos a servidumbre.

Noten que dice “estaban”, porque ellos, aunque estaban en persecución, ya no estaban sujetos a servidumbre. Sin embargo, hoy en día, muchos sí. ¿Qué significa esto? ¿Cuántos se acuerdan que los reyes tenían un copero? ¿Y cuál era el trabajo del copero? Probar todo lo que el rey iba a tomar, de manera que si al rey lo iban a envenenar, el que caía patas para arriba, era el copero.

¿Se acuerdan de eso, verdad? Bueno, eso es todo lo que hizo Cristo. Se convirtió en tu copero. Y gustó la muerte por ti. Para que tú vivas como un rey, en confianza. Sin temor a la muerte, porque ya no vas a conocer muerte. Porque Él ya murió por ti. Entonces, ¿A qué le temes, cobarde? Si tu único temor era a la muerte y Cristo la pasó por ti, ¿A qué le tienes miedo, ahora?

Se sobrentiende que para ti, ahora, morir es estar presente con Cristo. ¿A qué le temes, entonces? Fíjate, lo único que pueden hacer, es matarte. Pero piensa que lo único que están destruyendo, es una tercera parte, porque las otras dos se van con Él. Se convirtió en nuestro copero. Por eso dice que somos reyes y sacerdotes.

Y con derecho a vivir en confianza, porque Cristo fue delante de nosotros, probando muerte por nosotros. Él fue mayor que los ángeles. Igual que Israel cuando salió de Egipto, que el ángel iba delante de Israel abriendo camino, y de momento faraón decide cambiar de opinión, y comienza a perseguir a Israel, y el ángel dice: ¡Un momento! Ya no me necesitan aquí, ahora me voy detrás de Israel. ¡Y se convirtió en barricada para el enemigo!

Tú tienes a todos los ángeles a tu disposición; déjalos en tu casa, déjalos en tu empleo, mándalos delante de ti, déjalos con tus niños, pon a funcionar el ejército de Dios, y no le temas a nadie, porque Cristo va adelante, los ángeles y toda la jurisdicción y el Reino de Dios sigue estando activo en el día de hoy.

(16) Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham.

Esto parece triste, pero es real verdad. Él no fue a socorrer a los ángeles, fue a socorrerte a ti, en la descendencia de Abraham. Parece feo, pero recuerda esto: no hay redención para los ángeles. O sea que entonces te tiene que quedar claro que lo hizo por ti.

Y aquí sabemos de quien habla, porque dice que socorrió a la descendencia de Abraham. Y Gálatas dice que, si vosotros estáis en Cristo, linaje de Abraham, sois. Ya no se es un judío de nacionalidad, sino con circuncisión en el corazón. Verso 17: Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados de todo el pueblo.

Primero, Cristo es misericordioso. Segundo, Cristo es fiel. Eso quiere decir que Cristo es justo. Verso 18: Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados. La pregunta, es: ¿Qué sucede con nosotros cuando somos fuertemente tentados? Nos lamentamos y clamamos. Pero, ¿Alguien recuerda que Él fue tentado, también? Y no sólo eso, dice que fue tentado ¡En todo! ¿Sabes lo que significa eso?

Recuerda que tentación no es pecado. Lo que haces seguidamente y como consecuencia de la tentación sí puede serlo. Si la tentación en sí misma fuera pecado, el sacrificio sería inválido, porque Cristo fue tentado en todo. En todo lo que tú o yo podemos ser tentados hoy.

Igual que el hombre. Todas sus debilidades Él las conoce, porque Él tuvo que vencer en ese terreno. Él nació perfecto en inocencia, pero esa inocencia o esa perfección, no era cualificada para librarnos. Eso es lo mismo que decir que tú tienes un elemento técnico que jamás se va a dañar, pero nadie nunca lo ha comprobado.

Se es perfecto en inocencia. Pero luego hay que tratarlo, para ver si todavía es perfecto. Fíjate que Adán fue perfecto en inocencia, y se quebró. Pero Cristo fue tratado sin quebrarse. Porque la perfección, al final, no es la misma perfección que nacer de una virgen. Estamos hablando de que su obra fue perfeccionada.

Fue maduro y perfeccionado en todo lo que tú también tienes que ser perfeccionado. Por eso es que dice el capítulo 1: Este es mi Hijo, yo lo he engendrado hoy. No cuando nació. ¡Claro que nació hijo! Pero no lo engendró Hijo cuando nació, sino cuando lo sentó en los cielos y lo hizo heredero de todo. Es una dimensión distinta.

Es por eso que Juan 1:12 nos dice que a todo aquel que nace de nuevo, se le da el derecho de ser hecho, hijo. Tú no eres hijo porque naciste de nuevo. Es un niño, todavía. Hijo recién eres cuando posees la herencia. Tienes el derecho, pero muchos no lo consuman.

Nosotros, siendo de un linaje, o dos linajes, quizás tres linajes, a lo mejor somos la primera generación de creyentes en nuestra familia. Cristo, siendo Hijo directo del Padre, y a pesar de que en toda la Biblia Él dice que si lo ves a Él estás viendo al Padre, o que el Padre y Él son uno. Pero de repente llega al jardín y aparecen dos voluntades.

Que no se haga la mía, sino que se haga la tuya. Y Él tuvo que pagar el precio y dejar que fuera Su voluntad la que prevaleciera. Por eso es que pudo ser fiel y justo, sino también misericordioso. Escucha: tú no pretendes justicia, porque lo justo sería que nos pagaran de acuerdo con lo que hacemos. Y si fuera así, todos estaríamos destruidos. Tú lo que necesitas y quieres, es misericordia.

Entonces, cuando vemos a todos esos que ni siquiera se atreven a pisar una iglesia, o si lo hacen no salen de las últimas bancas porque se sienten mugrientos como para ir más adelante, me parece escucharlo a Cristo que le dice al Padre: “Oye, Padre, míralos; yo me acuerdo cuando yo mismo pasé por esto; dales una chance, una oportunidad más.”

Dios siempre entiende tu situación, de eso no tengas ninguna duda. Pero lo que Dios jamás va a hacer, es justificarte una desobediencia. Porque para nuestra tentación, Él nos dio un copero fiel, justo y misericordioso. Estamos sin excusas. La condición del planeta, hoy, es la consecuencia de la condición de la iglesia, hoy.

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Cuando la Ignorancia es Derrota

En el principio de este trabajo, quiero darte dos conceptos que son, a mi juicio, la base de todo el movimiento de cristianos y cristianas en todo el planeta: el demonismo, como ciencia bíblica encargada de estudiar al infierno en todas sus expresiones, no es ni una broma de mal gusto ni una falsedad religiosa. Es real.

Y te podría asegurar que no sólo es real, sino que en verdad es uno de los temas más serios y significativos que jamás se hayan considerado. Sin embargo, curiosamente, es un tema que nunca o muy pocas veces se toca. Es como si nos dijéramos: “Si no hablamos sobre eso, pronto dejará de existir”. Nosotros los cristianos, en su conjunto global, claro, lo evadimos como si fuera una plaga. Y cuando lo discutimos, nuestros comentarios lo suelen situar entre la superstición tradicional o la ignorancia absoluta.

Aunque lo hemos ignorado, el mundo en cambio sí lo ha explorado. Tergiversando la verdad, obviamente, y aprovechándose de la curiosidad y cierta vil sensualidad humanas,  algunos promotores astutos lo han convertido poco menos que en un negocio extravagante. Un espectáculo de atracción rara con todas las artimañas que agradan a las multitudes. ¿Y el diablo? El diablo no podría estar más feliz con todo esto. Porque la última cosa que él desea es que su presencia y su estrategia sean expuestas.

Los cristianos, entonces, necesitan estar informados de la verdad. Y esa verdad nos dice que tenemos la victoria, que somos más que vencedores y que no somos víctimas indefensas cuando tenemos que lidiar con Satanás y sus demonios. Pero a esto lo debemos concretar en la vía de los hechos concretos, y para que eso pueda ser posible, este trabajo es uno de los elementos que podrás utilizar a tu favor. Si crees, naturalmente. Si sigues pensando que se trata de exageraciones, divagaciones, fantasías o amenazas religiosas, allá tú, pero la responsabilidad por las consecuencias de esa ignorancia, serán total y absolutamente tuyas.

Creo, con total sinceridad, que no hay excusa alguna para que la iglesia como fuerza operativa, (No me refiero a lo meramente institucional), renuncie a su poder carismático de sanar y liberar de la opresión satánica. En la misma medida que haga eso, está proclamando de alguna manera su bancarrota espiritual, y así se convierte en una institución débil que ya no dispone el respeto de las masas espiritualmente más necesitadas.

Por eso no nos sorprende en demasía que la gente decida buscar realidades espirituales en las religiones orientales, en ciertas creencias no cristianas y en las perversiones del cristianismo que tienen orientación ocultista. La fe cristiana ha perdido tanto su vitalidad a causa de la apostasía, y está contaminada por las opiniones humanas y por una presentación defectuosa de Jesucristo, que se está transformando en un caparazón hueco y sin poder alguno para afectar la vida de los hombres. Eso no es iglesia, eso sigue siendo Babilonia.

Es demasiado el tiempo en que los cristianos, como fuerza conjunta, se han mostrado apáticos en cuanto a abordar con genuina seriedad el asunto del demonismo. Es tiempo de tomar una posición firme, en contra de los poderes de las tinieblas en la fortaleza del Señor Jesucristo. Firme y confiadamente, tenemos todo el derecho de negar al adversario cualquier terreno que él intente reclamar por medio de maquinaciones e intimidación. Así que será conveniente ir directamente a las declaraciones que se nos han dejado para nuestra capacitación.

(2 Corintios 2: 10) = Y al que vosotros perdonáis, yo también; porque también yo lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en presencia de Cristo, (11) para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones.

Fíjate que la preocupación de Pablo era que los creyentes de Corinto perdonaran plena y completamente a un individuo en su iglesia local. Se les dice que reafirmen su amor hacia él y que prueben su obediencia por no limitarse en este acto de perdón. ¿Razón? ¿Motivo?

Para que Satanás no gane ventaja de la situación. En otras palabras, su falta de perdón daría al enemigo la oportunidad de abrirse camino en la congregación y lograr sus propósitos engañosos. La desobediencia de ellos podía ser la oportunidad para el adversario. Él espera pacientemente que tales puertas se abran y con astucia sabe moverse perfectamente en esos momentos.

Pero, ¿Qué declara Pablo? Él dice: no ignoramos sus maquinaciones. En realidad, él lo que está diciendo, es: “Oigan: ustedes ya saben sus maquinaciones. Somos totalmente conscientes de sus métodos y sus estrategias. Así es que: ¡No se dejen tomar por tontos!” Palabras fuertes, de confianza firme. Tiempo de preguntarte: ¡Esas palabras de Pablo, son una realidad, hoy, en tu vida? Pablo, evidentemente, podía decir eso, pero… ¿Tú puedes?

Antes que se pueda hacer frente a cualquier opositor, hay que conocer cómo obra. Hay que disipar la ignorancia. Ningún boxeador con lucidez, por ejemplo, entrará al cuadrilátero sin primero haber estudiado, por lo menos, el estilo del otro boxeador. Lo mismo es cierto en el campo del fútbol u otras disciplinas similares. O en el campo de batalla. Días, a veces meses, se pasan estudiando las tácticas, las debilidades, la fortaleza del oponente. La ignorancia es un enemigo de la victoria.

No me necesitas a mí para tomar tu Biblia y hacer un estudio serio sobre Satanás y su ejército de demonios. Nadie podrá hacer eso por ti o en tu lugar. Recuerda, en tanto, que la ignorancia respecto al enemigo inexorablemente te pone a merced de él y te roba la confianza que necesitas para estar firme contra sus estrategias. Busca en primer lugar el pasaje de Efesios capítulo 6, en los versículos que van del 10 al 14. Estos cuatro versículos son muy útiles para entender la batalla que se está llevando a cabo. Yo te sugeriría que, además de examinarlos cuidadosamente, también los memorices, ya que no sabes en qué momento te serán necesarios como arma letal.

(Efesios 6: 10) = Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. 

(11) Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. 

(12) Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. 

(13) Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. 

(14) Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia,

Una observación muy cuidadosa de este pasaje te revelará la presencia de cuatro importantes mandamientos que deberás guardar sí o sí. El primero, en el verso 10: fortaleceos. El segundo en el versículo 11: Vestíos. El tercero en el verso 13: tomad, y el cuarto en el versículo 14: Estad, pues, firmes. Tómate unos minutos para pensar en cada uno de estos mandatos divinos antes de continuar con las estrategias que podemos utilizar en contra de los ataques demoníacos.

Fortaleceos.- Porque nuestra lucha es una fuera invisible, nuestra fortaleza no es externa. Esto se refiere a fortaleza interna, como concluye el versículo diez: y en el poder de su fuerza, refiriéndose al Señor Jesucristo. Tenemos que ser fuertes en Él por fe. Debes ir a Él en oración, Debes caminar con Él en confianza, extrayendo de Su poder. ¿Por qué? Mira; la mejor respuesta la tenemos en otra sección del Nuevo Testamento.

(Colosenses 2: 13) = Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, (14) anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, (15) y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz. 

Cuando Cristo murió en la cruz Él “despojó” a todos los poderes de las tinieblas, triunfando sobre ellos. Así que Él es el campeón. Cuando te vuelves a Él pidiéndole fortaleza, te estás volviendo al único que tiene autoridad soberana sobre ellos. La ganó en la cruz. Fortalécete en la fortaleza de ese campeón.

Vestíos.- ¿Vestíos de qué? Efesios 6:11 lo dice claro. Tenemos que ponernos toda la armadura de Dios para poder estar firmes contra las asechanzas del enemigo. Las tropas buenas que pelean están bien equipadas. Armas inferiores y equipo pobre traen derrota. Cada pieza de la armadura se explica con claridad en lo que sigue, mira:

(Efesios 6: 14) = Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia,(15) y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz.

(16) Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. 

(17) Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; 

Es menester que leas estos versículos de manera lenta y cuidadosa, ya que cada una es extremadamente importante. La armadura sirve para protegerte y darte confianza en la batalla. Ahora debo advertirte que, cuando te des cuenta que esta batalla es como ninguna otra, será sumamente fácil que te atemorices, que te intimides y que hasta te pongas medroso o dubitativo. De hecho, cuando te des cuenta que no puedes ver al enemigo, pero que éste sí puede verte a ti, es obvio que te horrorizarás un poco. Más razón para ponerte esa armadura, entonces, que Dios te ha provisto. Cristiano amado: ¡Póntela ya!

Tomad.- Está allí, disponible y esperando que la reclames. Toda la provisión es tuya, hecha a la medida para tu personalidad, tus circunstancias y tus necesidades. Alcánzala por fe y mentalmente toma la armadura de Dios. Vas a aprender a usarla en los días venideros; pero primero, tómala. Al igual que si te incorporas a alguna Fuerza Armada, el primer día de soldado se te entrega todo un equipo que incluye uniforme, armamento y hasta set de higiene. Si deseas ser un soldado eficiente, deberás aprender a utilizar cada una de las cosas que te han entregado. Muy bien; la iglesia, si tú quieres verlo bajo el prisma adecuado, es un ejército en permanente batalla, y cuando tú ingresas a ella, recibes todas las armas que Dios te brinda para tu defensa y ataque. Sólo deberás recoger cada cosa recibida, aprenderla a utilizar adecuadamente y luego esperar el momento en que la situación te demande hacerlo con eficiencia.

Estar Firmes.- Esto es tan importante que estas palabras aparecen tres veces en diferentes lugares. (Efesios 6:11, 13 y 14.) Estas son palabras de confianza y seguridad. Nos dicen que no tenemos nada de qué temer. Nada. Después de todo el que toma nuestro lugar en la pelea, es el Campeón. Y el enemigo ya está derrotado, así sucedió en la cruz, ¿Recuerdas? Por supuesto, él no quiere que sepas eso. Lo cual explica por qué su estrategia favorita es el engaño. Él presentará cortinas de humo que pueden parecer horrorizantes y espantosas, además de terriblemente impresionantes, pero detrás de todo ese ruido y humo está el completo conocimiento de que él está derrotado. Así que cualquier cosa que hagas lidiando con demonios, cristiano, hazlo con confianza. Con una seguridad victoriosa absoluta. Él es la víctima; tú eres el victorioso. Así que, ¡Estad firmes!

Ahora bien; en el versículo 13 de este mismo capítulo 6 de la carta a los Efesios, se nos dice el propósito de que nosotros nos pongamos la armadura y estemos firmes. Para que podáis resistir en el día malo, expresa textualmente. ¿Sabes qué? Esos días vendrán. Algunos de los que leen o escuchan esto, están bien conscientes del llamado “día malo”. Han sido obstaculizados y atacados por el enemigo. Ya sea en contra de sí mismos o de alguien cercano…o de ambos.

Otros no tienen experiencia y sólo pueden imaginarse lo que comprende la opresión demoníaca. Créeme, es terrible. Es sencillamente horrorosa. Tiene vileza, incluso. No es como ninguna otra cosa que hayas enfrentado. Es agotadora e implacable. Es “día malo” en serio, como dice el versículo. Reitero: Satanás es un enemigo derrotado, pero de ninguna manera va a rendirse sin luchar.

Por tanto, primero necesitamos entender el deseo de nuestro adversario. Él desea ante todo, salirse con la suya en la vida de los humanos. Él desea controlarnos, o por lo menos tener acceso a ser oído y llegar a ser una fuerza persuasiva en nuestras vidas. Su área preferida de operación es en nuestras mentes. Esto se ve en los dos pasajes siguientes de la Escritura, presta atención.

(2 Corintios 10: 3) = Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; (4) porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, (5) derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, 

(2 Corintios 11: 3) = Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo. 

Sí, eso es. Sean de alguna manera extraviados, es la mejor expresión. Es la idea de sacarnos del curso, desviarnos, apartarnos del propósito. Finalmente su esperanza es ganar control absoluto. Y porque los demonios existen en forma espiritual, (Ellos no tienen cuerpo físico), poseen un fuerte deseo de operar dentro de un cuerpo, especialmente un cuerpo humano. Más razón para estar firmes contra sus estrategias.

Durante el ministerio terrenal del señor, Él encontró en varias ocasiones personas endemoniadas. A propósito, “posesión demoníaca” y “opresión demoníaca”, no son realidad términos bíblicos. El texto griego apoya sólo la idea de uno estar “endemoniado” que puede incluir cualquiera de los varios niveles de actividad o control demoníacos. A veces la participación era tan profunda que había que echar fuera los demonios de los individuos. En otras ocasiones, se le decía a la persona bajo ataque que “resistiera”. En el pasaje de Efesios 6 que hemos estado examinando, como también en Santiago 4:7, se menciona como resistir al enemigo.

(Santiago 4: 7) = Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. 

Esta es una instrucción muy práctica. No una fórmula mágica, ¿Eh? Ten cuidado de no asumirla así. Tampoco una repetición de la misma palabra o frase una y otra vez como si se tratara de un código pre-establecido. No es ni un código secreto ni mucho menos una cábala religiosa. Resistir quiere decir exactamente eso: resistir. Echándole fuera, empujándolo a un lado, no permitiendo que se quede o que entre. Es decir que hablamos de resistir en términos bélicos, no estoicos. Es resistir combatiendo, no aguantar o soportar pasivamente. ¿Quedó claro?

La gran pregunta que solemos recibir en estas instancias, es: ¿Y cómo es resistir al diablo? Reitero: no hay una metodología sistemática, pero podremos tener en cuenta algunos pasos. Uno: verbalmente deberás declarar tu fe en el Señor Jesucristo. Y será necesario utilizar su nombre completo al hacerlo, como para que ningún demonio mentiroso pueda argumentar que “no entendió de quien se trataba”. Jesucristo de Nazaret, es lo ideal. Luego, abiertamente reconoce que Él es tu maestro, tu señor y el único que ha conquistado todos los demás poderes en la cruz.

Dos: Rechaza toda lealtad al diablo, a su ejército demoníaco y a lo oculto. Haz esto fuerte y firmemente: otra vez exprésalo en alta voz. No grites tanto como para que se te tome por loco, pero habla lo suficientemente algo como para que se te escuche en el cielo y también en el infierno.

Tres: Reclama toda la armadura de Dios, basada en Efesios 6:1-17 como tú protección completa. Lee el pasaje oralmente y con énfasis, no con una vocecilla de policía afeminado.

Cuatro: Por último, declara también firmemente tu resistencia a las influencias demoníacas.

Considera la siguiente oración “de resistencia”. Úsala como guía cuando comiences a sentir miedo y sientas el ataque de fuerzas malignas. Repito: úsala como guía, como croquis, como bosquejo. De ninguna manera la repitas como papagayo y, mucho peor, sin creerla. Di algo así como:

“Ahora renuncio a toda lealtad que le haya dado a Satanás y a su ejército de espíritus malignos. Rehúso ser influenciado o intimidado por ellos. Y rehúso el ser usado por ellos en ninguna forma. Rechazo todos sus ataques sobre mi cuerpo, mi espíritu, mi alma y mi mente. Reclamo la sangre derramada del Señor Jesucristo sobre todo mi ser. Y reprendo todo el poder e influencia del diablo dentro de mí y alrededor de mí. Los resisto en el nombre de mi señor y Dueño, Jesucristo de Nazaret, el que derrotó el mal. Estoy seguro en el poder de la cruz del Calvario en la cual Satanás y todos sus poderes vinieron a ser enemigos derrotados por medio de la sangre de mi Señor Jesucristo. Yo confío en las promesas de la Palabra de Dios. En humilde fe ahora mismo me pongo toda la armadura de Dios que me habilita para estar firme contra las asechanzas del diablo.”

Aunque estas palabras no son inspiradas pueden ser de mucha ayuda en estar firme contra el inicuo. Una idea más sobre resistir. Reclama la promesa de Santiago 4:7, cuando dice que huirá de vosotros. Afírmate en esa esperanza. Rechaza la tentación de dudar la realidad de la promesa de Dios para ti. El enemigo está derrotado. El corre cuando es desenmascarado. La sangre de la cruz lleva con él al poder divino. Descansa en la transacción que ocurrió en la cruz. La sangre de Cristo por tus pecados.

Ahora bien; hay ocasiones cuando los demonios se han arraigado tanto en una vida que es necesario echarlos fuera. Esta experiencia es muy emocional y si se me permite añadirlo, violenta. Indefectiblemente se necesita la ayuda de otros creyentes. La Escritura sugiere que resistir es algo que uno hace por su cuenta, pero cuando los demonios eran expulsados en tiempos bíblicos, se involucraban otros cristianos para ayudar en el proceso.

Varias veces en los evangelios y en el Libro de los Hechos leemos que los demonios eran echados fuera. El ejemplo al que quiero referirme brevemente está en el evangelio de Lucas, en el capítulo 8 y desde el verso 26 al 33. Acompáñame a leerlo.

(Lucas 8: 26) = Y arribaron a la tierra de los gadarenos, que está en la ribera opuesta a Galilea. 

(27) Al llegar él a tierra, vino a su encuentro un hombre de la ciudad, endemoniado desde hacía mucho tiempo; y no vestía ropa, ni moraba en casa, sino en los sepulcros. 

(28) Este, al ver a Jesús, lanzó un gran grito, y postrándose a sus pies exclamó a gran voz: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te ruego que no me atormentes. 

(29) (Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre, pues hacía mucho tiempo que se había apoderado de él; y le ataban con cadenas y grillos, pero rompiendo las cadenas, era impelido por el demonio a los desiertos.) 

(30) Y le preguntó Jesús, diciendo: ¿Cómo te llamas? Y él dijo: Legión. Porque muchos demonios habían entrado en él. 

(31) Y le rogaban que no los mandase ir al abismo. 

(32) Había allí un hato de muchos cerdos que pacían en el monte; y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y les dio permiso. 

(33) Y los demonios, salidos del hombre, entraron en los cerdos; y el hato se precipitó por un despeñadero al lago, y se ahogó. 

El hombre que le salió al encuentro a Jesús estaba endemoniado, (Y a esto lo decimos, porque la expresión “poseído” no está en el texto griego en el verso 27). Dentro de la persona del hombre estaban las fuerzas malignas, ya que el verso 30 habla de muchos demonios. Tanto así que su jefe se llamaba Legión. Y no hay necesidad de repetir todos los detalles de la conducta del hombre, pero obviamente llevaba las señales del tormento. Y él tenía una fuerza increíble. Verlo tiene que haber sido algo espantoso.

Calmada y firmemente nuestro Señor le habló a los demonios que estaban dentro del hombre y usando las cuerdas vocales del hombre. (Esto, de paso, rompe con esa mitología de gritarles a los demonios como acto obligatorio para que se vayan. Ellos no se irán porque grites, se irán por tu autoridad) Legión respondió. Lo interesante es que los demonios no querían regresar al abismo, que aparentemente es un lugar de reclusión permanente, así que Jesús les permitió a estos demonios entrar en un hato de cerdos, lo que ellos hicieron, seguido de ellos arrojarse por un despeñadero hacia el mar, y ahogarse. El hombre ya liberado de esos espíritus de tormento, es un individuo totalmente cambiado. Mira la diferencia en el verso 35.

(Lucas 8: 35) = Y salieron a ver lo que había sucedido; y vinieron a Jesús, y hallaron al hombre de quien habían salido los demonios, sentado a los pies de Jesús, vestido, y en su cabal juicio; y tuvieron miedo. 

Vestido y en su cabal juicio, el hombre fue maravillosamente liberado por el poder del Hijo de Dios. Anteriormente mencionamos que el hombre había estado endemoniado. Tal vez sería bueno que ampliáramos esto un poco. A menos que no entendamos lo que la presencia de un demonio o de demonios puede hacer en una vida, nos faltaría la compasión necesaria para asistir a los que están en estas necesidades desesperantes. Además, siempre vendría “casualmente” a nuestras mentes, esa sensación de estar fantaseando en demasía, lo que a muchos a llevado a caer en la mentira que más éxito le ha proporcionado a Satanás: hacernos creer que no existe.

Lo pondré así: cuando uno o más demonios habitan el cuerpo de un individuo, esa persona se halla controlada bajo la influencia de un espíritu maligno. Bloqueando temporalmente su conciencia, el demonio puede hablar y actuar dentro de la víctima, usándolo como un esclavo o instrumento. En tales casos, como vimos en Lucas 8, la persona tiene una fuerza increíble, una lengua blasfema, vil, vulgar, un temperamento violento y feroz que lleva a cabo actos peligrosos en contra de sí mismo y de otros. No es extraño que la víctima endemoniada sea arrastrada a formas perversas de ataques más sádicos y brutales hacia otros, hasta el extremo del asesinato.

Ha sido una observación común en ministros con experiencia que, cuando el demonio habla y se proyecta a sí mismo a través de la víctima, la voz es diferente a la voz normal y hasta la personalidad del individuo. En ocasiones se ha visto cuando el espíritu maligno que habla usa otro idioma, totalmente desconocido de la víctima. También es interesante que el pronombre usado ayuda a identificar la presencia de un ser extraño.

El primer pronombre personal “yo” o “me” consistentemente identifica al demonio residente. Se dirige a los espectadores en la segunda persona “tú” o “tuyo”. Se refiere a la víctima en la tercera persona, “él” “ella” o “sú”, la cual durante el ataque se ve inconsciente para todo sentido práctico, como que no existe durante el intervalo. Recordarás que el hombre de Lucas 8 es virtualmente un “vehículo” pasivo que lleva en su cuerpo los espíritus malos. Desnudo, feroz y con una fuerza sobrehumana, él era impelido por el demonio, dice el verso 29.

Una escena muy descriptiva y patética. Pero después que los demonios salieron Lucas nos informa que el hombre estaba sentado, vestido y en su juicio cabal. La angustia y la presión interna habían desaparecido. En realidad, si sigues leyendo en Lucas 8 verás que el hombre deseaba la compañía del Señor Jesucristo. Cuando el Salvador le dijo que no lo hiciera, sino más bien que fuera a su casa y a los suyos y les contara las grandes cosas que el Señor había hecho con él, alegremente obedeció. Había un contraste maravilloso y repentino que envolvió al hombre después que los demonios se fueron.

No son pocos los que trabajando en esto, han visto esto que hemos relatado en varias ocasiones. No estamos inventando nada ni se nos ha destapado ninguna veta por la ciencia ficción. La Biblia dice que los demonios son reales y existen y eso es para creerlo de la misma manera en que hemos creído que Jesús fue a la cruz por cada uno de nosotros. El tormento es reemplazado con la calma, la quietud. Las palabras feas y profanas cesan y son reemplazadas con alabanza y gratitud a Dios. ¡Es maravilloso ver eso! Como fue horrible y tenebroso ver lo otro anterior.

A menudo se necesita una confrontación firme. Cuando la gente está endemoniada necesita ayuda inmediata, valerosa, compasiva. Pero permíteme advertirte: ¡La lucha espiritual no es un asunto trivial y mucho menos de lucimiento personal de nadie! Y para que no dejes que la curiosidad indolente te lleve a la idea de que ese ministerio es un juego placentero, te pido por favor que procedas y te muevas con mucha cautela. Nadie se convierte en un experto en liberación. Nuestra única base para la victoria sobre los poderes de maldad es nuestra unión con el Señor Jesucristo. Los espíritus de las tinieblas son imprevisibles, extremadamente astutos, y siempre tan brillantes.

Quiero ahora compartirte las cosas negativas. En primer lugar, debo advertirte que nunca busques información o permitas que ningún espíritu maligno te dé voluntariamente información que tú no estás buscando. Entiende: tú no estás en este planeta para restaurar demonios. ¿Recuerdas lo que Dios le dice a David cuando él oraba por Saúl? Le dice lo que yo te digo respecto a esto: “No ores más por él, yo ya lo deseché.”

En segundo lugar, de ninguna manera creas lo que un espíritu maligno te dice, a menos que tú puedas comprobarlo de manera fehaciente y segura. Esas entidades son tremendamente mentirosas de manera casi empedernida, tal como lo es su líder espiritual, satanás, a quien no por nada se lo ha rotulado como “padre de mentira”.

En tercer término, es menester que no tengas ninguna clase de temor, o concretamente miedo, al recibir verbalmente cualquier amenaza respecto a hacerte daño a ti o a tu familia. Ellos siempre amenazan porque especulan con la confianza que cada creyente tenga respecto a Dios. Si tú crees andar por el camino que Dios te mandó caminar y estás correcto delante de Él, tú no tiene diablo ni demonio que te toque en nada.

En cuarto espacio, de ninguna manera asumas que el simple hecho de haber obtenido una victoria clara y contundente sobre Satanás y sus demonios, significan el final de la guerra. Esta es una guerra de toda tu vida terrenal y, cuando obtienes una victoria, (También se da en una derrota), eso sólo representa el resultado de una batalla, pero una guerra se constituye de varias batallas.

En quinta mención, jamás confíes en que un enfrentamiento audaz sea el camino principal para conseguir victoria sobre el enemigo. Una aplicación positiva de la doctrina, oración combativa, memorización de las Escrituras, y un caminar de alabanza hacia Dios son esenciales. No ganan batallas aquellos que ostentas títulos, cargos, posiciones o credenciales eclesiásticas, como algunos suponen. Ganan esas batallas los que pueden mostrarle en las narices a Satanás que tienen sus vestiduras morales y espirituales limpias y blancas.

Es tiempo ahora de compartirte las cosas positivas. Primeramente, deberás vestirte con toda la armadura de Dios. Atención con esto: dije con toda la armadura de Dios. Y cuando digo toda, significa precisamente eso: toda la armadura, sin dejar nada a un lado. Reclama tu unción con cristo y camina en la plenitud del Espíritu Santo. No vencerás por tus méritos, vencerás por tu condición de vaso de alta utilidad.

Segundo, vuelve a tomar cualquier terreno que por cualquier razón o causa justificada o no, le hayas cedido a Satanás por causa de pecados carnales voluntarios cometidos despreocupadamente. Una simple oración de fe puede llevar a cabo esto y ser de altísimo resultado concreto y puntual.

Tercero, ata todos los poderes de las tinieblas que obren bajo el mando de cualquier espíritu maligno a este último, ordenándoles salir cuando él lo haga. Ha enseñado que no estamos para atar demonios sino para echarlos fuera, así que cuando digo que ates, no estoy hablando del espíritu maligno, sino de su actividad. Así como una atadura espiritual te limita como persona, una atadura de guerra limita a los espíritus malos.

Cuarto. Fuerza al espíritu maligno a aceptar esto porque tú estás sentado con Cristo sobre todos los principados y poderes, tal como leemos en Efesios 1:21 y 2:6, y tienes autoridad plena sobre ellos. No es gritarles para que salgan, es ordenárselos en el nombre de Jesús de Nazaret y con tu conducta como respaldo.

Quinto. Oblígalos a aceptar, porque así deben hacerlo sin ninguna duda, que cuando tú les ordenas que salgan de cualquier lugar físico o humano donde se encuentran, tienen que salir inmediatamente. Y no tendrán ni la menor opción ni posibilidad de elegir su próximo destino, sino que deberán irse donde Cristo les envíe, tal como sucedió en Gad.

Sexto. Exige que el poder maligno se una en un solo espíritu si es que se ha dividido en varias partes. Son extremadamente hábiles a la hora de evadirse y, una de sus estratagemas de mayor resultado es hacerle creer al ministro o creyente inexperto, que han abandonado un lugar cuando en realidad todavía se encuentran allí y más fuertes y activos que nunca. No permitas que tu ansiedad te impida terminar el trabajo.

Finalmente, debes estar preparado porque el poder maligno puede intentar hacer daño de alguna forma a la persona con la cual tú estás trabajando. Quien está siendo liberado puede sufrir dolores repentinos en el cuerpo, un agudo dolor de cabeza, sensación de asfixia y cosas como estas que son utilizadas muy a menudo, principalmente para asustar, porque ya sabes que más allá no pueden llegar.

Llegado a este punto de este trabajo, creo que es el momento en que puedo formular o formularte la gran pregunta del siglo: ¿Puede un cristiano estar endemoniado? Mira; por muchos años yo me hice esta pregunta, pero ahora tengo una convicción que de ninguna manera es tan facilista como la que en ese momento se me presentó. Hoy sé que entonces pensé con la cabeza, mientras que hoy más o menos puedo permitirle al Espíritu Santo que ministre mis ignorancias.

Yo en ese momento respondí que sí, que muy bien podía darse el caso de cristianos endemoniados. Había visto en las campañas evangelísticas de ese enorme ministro que era Carlos Anacondia, que en su carpa de liberación, eran atendidos y ministrados más hombres y mujeres que asistían a iglesias que incrédulos visitantes ocasionales de las campañas. En ese tiempo, todavía yo entendía que un cristiano es aquel que va a una iglesia, tiene un pastor, ora algunas veces al día y lee su Biblia de vez en cuando. Hoy, la vida y la maduración que sólo el Espíritu puede darte, me ha hecho entender que no. Que un cristiano puede ser eso que yo suponía, pero que un creyente genuino es, absolutamente, otra cosa.

Porque conozco gente religiosa que, pese a ser fieles asistentes a congregaciones y hasta miembros respetables y respetados de ellas, dieron lugar al diablo en sus vidas mediante algunas de las clásicas y características puertas de ingreso. Aventurarse en alguna forma de ocultismo, tener un espíritu muy poco dispuesto a personar ofensas, y que al mismo tiempo también le impide pedir perdón cuando ha sido el ofensor, andar por la vida en un permanente estado de carnalidad en casi todos los temas y un sinfín de cosas más, similares a estas. Claro está que los demonios ven todo esto como una diáfana luz verde para proseguir con sus ataques y perturbaciones u opresiones hasta el grado sumo. Hay mucha escritura al respecto.

(2 Corintios 2: 10) = Y al que vosotros perdonáis, yo también; porque también yo lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en presencia de Cristo, (11) para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones. (En pleno siglo veintiuno, y sin hacer especial énfasis en ningún sector determinado, ¿Puedo ponerle signos de pregunta a la última frase de este texto? ¿De verdad que no ignoramos las maquinaciones satánicas?)

(1 Corintios 5: 1) = De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre.

(2) Y vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais más bien haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción? 

(3) Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho. 

(4) En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, (5) el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús. 

Siempre me pregunté qué significado podría tener esto de que alguien sea entregado a Satanás para la destrucción de su carne. Yo, al igual que muchos cristianos mal enseñados, o mal capacitados, entendía que era algo demasiado cruel abandonar a alguien que estaba pecando feo, y encima de todo ello, ir a buscar a Satanás y entregárselo para que lo destruya. ¿Verdad que suena feo dicho así? ¡Claro, porque no es así! Dios pone en tu vida, cuando tú decides creer y entregarte a Él, una especie de paraguas protector. Tú estás a salvo del infierno, siempre y cuando pertenezcas de adentro y de afuera al Reino de los Cielos.

Pero sí tú simulaste y te acercaste al Reino pero no abandonaste tu amor por el pecado grosero, que es el pecado a sabiendas y no por ignorancia o debilidad, lo único que hace Dios y no nosotros, es retirarse porque Él no puede tener comunión, (Que en este caso es común unión) con el pecado. Y cuando se retira, ese paraguas protector también lo hace y, allí sí, te quedas desguarnecido y vulnerable a lo que satanás quiera hacer con tu vida. El simple hecho de retraerse, ha determinado que hayas sido entregado a Satanás para la destrucción de la carne. Si te sigue sonando cruel, lo lamento. Pero la justicia de Dios contiene misericordia, que de ninguna manera habrá de confundirse con permisividad o complicidad.

(Lucas 22: 31) = Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; (32) pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos. 

¿No te resulta extraño que si Satanás le pide a Dios que te deje un poco libre para poder zarandearte con sus ataques, lo único que haga Dios sea rogar por ti para que tu fe no falte? ¿Y qué esperabas? ¿Qué Dios produjera un terremoto y sepultara entre sus escombros a todos los demonios que te abruman? No mi hermano, será tu fe la que active tu batalla. Y cuando esa fe se active y salgas a combatir, allí sí aparecerá detrás de ti Jehová de los ejércitos con todo su poder y esplendor. Pero no antes de tu fe.

Las fuerzas de las tinieblas no discriminan en relación con el cuerpo que puedan habitar. Yo he trabajado personalmente con cristianos muy preocupados, angustiados por espacio de muchos años. Ocasionalmente he asistido en el proceso doloroso de liberarlos de demonios. Y he visto que no necesariamente Satanás busca, a modo de un caballero antiguo con alto sentido del honor, batallar contra hombres fuertes y bien equipados. He visto a Satanás destruir a ancianas indefensas, mujeres dulces y sensibles, amén de vulnerables y hasta niños que, de tan pequeños, parecería increíble que sean atacados. Ese es nuestro enemigo, conócelo.

Quizás una palabra esclarecedora de seguridad es necesaria aquí. El creyente tiene al Espíritu Santo residiendo en él. Por lo tanto, el espíritu inicuo extraño ciertamente no puede reclamar que es “dueño” del cristiano. Él todavía es un hijo de Dios. Pero mientras esté presente en su cuerpo, (Tal vez en la región del alma) esa fuerza maligna puede hacer estragos en su vida, trayéndole los pensamientos más extravagantes que se puedan imaginar a su conciencia. ¿Podría esto explicar por qué algunos creyentes pueden caer en pecados tan horribles? Es más: ¿Podría explicar esto por qué algunos cristianos aparentemente sólidos, pueden incluso llegar a caer hasta en el suicidio?

Ahora veamos: ¿Cómo se relaciona todo esto a nosotros hoy? Digamos que hay varios factores que se aplican a nosotros. Puedo mencionarte los primeros tres que vinieron a mi mente. Primero: Tiene que haber un diagnóstico correcto. Tenemos que guardarnos de la caza o persecución de brujas. Alguna gente ve demonios en cada área de debilidad o equivocación. Se ha oído aún de un hombre que creía que una persona que él conocía, tenía un demonio de “comerse las uñas”. No. Tengo mis serias dudas que el acto de comerse las uñas tenga que ver con un demonio o sea producido por uno de ellos.

Además, hay características entre los perturbados mentales y emociónales que son poco menos que extravagantes. Pero eso no significa ni por asomo que podamos decir que son demoníacas. Y pueden existir desórdenes físicos, también. Todo esto nos dice que debemos tener mucho cuidado y discernimiento en lo referente al diagnóstico. No habrás de encontrar, como algunos sostienen, demonios hasta debajo del plato de sopa. Pero eso no es límite para que no compruebes que debajo de tu salsa de tomate no se esconde ninguno. ¿Se entiende? Veremos ahora algunos síntomas que podrían, (Así, en potencial, no podemos establecer certezas en algo así. Podrían) denotar demonismo.

Primero: Repentinos e irrazonables cambios de carácter. Recuerdo una mujer mayor, soltera, que se congregaba en una iglesia a la que asistí por un tiempo. Estaba en el ministerio de la enseñanza. Solía llegar a su clase casi resplandeciente con su sonrisa de bondad, paz y victoria. Sin embargo, no era extraño que, en un momento dado y sin que mediara nada que lo produjera, estallara de ira por la cuestión más nimia, al extremo de ponerse colorada en su rostro al punto de parecer que iba a explotar.

Segundo: Expresiones agresivas e incontrolables de hostilidad. Parece casi un sinónimo de lo anterior, pero en este caso se trata de gente que no cambia su carácter, sino que constantemente muestra este, cargado de agresividad y hostilidad para con quien sea, y por el motivo que sea o, incluso, sin motivo alguno.

Tercero: Apego o dependencia sobrenatural a toda clase de amuletos, consultar sin dudarlo ni desconfiar a adivinos, e involucrarse del modo que sea a cualquier forma de ocultismo, esencialmente sabiendo que se trata de ello y no de prácticas inofensivas e inocentes.

Cuarto: Hábitos extremos, esclavizantes de inmoralidad sexual, perversiones, blasfemia y burla desvergonzada. Esto es muy amplio pero coherente con las formas visibles. Quien transite por esta senda oscura y maloliente, tendrá una boca de cloaca y se gozará más con la inmundicia que con una sexualidad convencional. Incluye a la pornografía y a la pedofilia.

En realidad, todas estas características y otras muchas más, necesitan ser observadas con alto grado de discernimiento. Nadie puede censurar a alguien por un “me parece” o “creí percibir”. Es el Espíritu Santo mostrando con claridad el pecado o no es nada. De hecho, consultar con otros, suele ser de gran ayuda en esta clase de asuntos. Lo que más hay que cuidar es el no hacer un diagnóstico prematuro de los hechos.

En segundo lugar del global, Se le Debe Proveer Ayuda a la Persona Endemoniada. Si tú estás convencido de la presencia de demonios, la persona endemoniada necesitará ayuda de cristianos fuertes y dedicados que trabajen juntos en liberar la víctima del mal. Un estudio cuidado del procedimiento de Jesús, es indispensable. Por ejemplo, él preguntó el nombre del demonio. Él tomó autoridad y no cedió el control. También mandó al demonio que saliera. Nunca se recomienda que este proceso se intente solo. Hay fuerza en el número especialmente de cristianos maduros. Tales experiencias pueden ser extremadamente difíciles y violentas.

Tiene que haber un seguimiento de apoyo después de la penosa experiencia. El tiempo más vulnerable viene después que el individuo es liberado de los demonios. Se necesita mucho cuidado y apoyo. Mira Lucas 11:24-26. Este pasaje te ayudará a ver el valor del seguimiento.

(Lucas 11: 24) = Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Volveré a mi casa de donde salí. 

(25) Y cuando llega, la halla barrida y adornada. 

(26) Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. (Esto, como quiera que lo interpretes, eres absolutamente libre, nos lleva a una misma conclusión: nunca dejes al individuo liberado sin tu ayuda).

Creo que hemos cubierto bastante territorio con estas premisas que hemos compartido. Hemos descubierto que para nosotros poder estar firmes en nuestro fundamento y pelear victoriosamente contra los poderes de las tinieblas, tenemos que disipar la ignorancia y tomar y emplear la armadura que Dios ha provisto. También determinamos que hay dos maneras básicas que la Biblia nos enseña para lidiar con los demonios; 1) Resistirlos, y 2) Echarlos fuera.

Estas verdades nos han ayudado a darnos cuenta de que en Jesucristo somos victoriosos. No hay razón para tener miedo. Hemos vencido a los poderes por medio de Él que murió para que nosotros viviéramos. Permanece firme, cristiano. Por medio de Cristo, vencemos. No puedo pensar de ninguna otra forma más apropiada para concluir estos pensamientos que citando a Apocalipsis 12:11, un versículo que lo dice todo acerca de nuestra guerra espiritual con Satanás.

(Apocalipsis 12: 11) = Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. 

Ahora bien; tú sabes que el tiempo en el que estamos viviendo es malo, perverso, y que cada vez parecería ser más impío a medida que pasan los meses, los años. Y es tan fácil atemorizarse, ya que estamos rodeados por toda evidencia de maldad. Como hijos tuyos somos como una isla de pureza rodeada por un mar turbulento de depravación, un lugar donde las actividades satánicas y demoníacas suceden.

Y, por encima de todo eso, no podemos ver nuestro enemigo real. Por lo tanto, no podemos alcanzarlo y pelear con él con nuestros puños. Pero él está presente, implacable y cruelmente obrando en contra tuya y de tu voluntad. Esto puede atemorizarte, y debes admitirlo con franqueza. Pero has aprendido que no hay una sola razón justificada con argumento bíblico que avale el tener miedo. Tu armadura es todo lo que se necesita. Tu fortaleza es tu escudo.

Convéncenos de esto, Señor. Asegúranos que tú eres nuestra luz, nuestra protección y nuestro escudo. Necesitamos esos recordatorios. Dánoslos cada día. Que podamos estar firmes en tu poder al encontrar nuestra confianza en ti y no temblar ante el enemigo. ¡Sólo por medio de la sangre de nuestro Señor Jesucristo es que conquistamos! Y así lo decretamos, lo declaramos y lo activamos a partir de este momento en el nombre de Jesucristo de Nazaret. Amén.

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¿Democracia o Monarquía?

En el libro de los Números, en el capítulo 13 y versos 26 al 33, más los dos primeros versos del capítulo 14, hay una historia que seguramente la mayor parte de los creyentes conocen. Los israelitas estaban en Cades-Barnea, junto al Jordán, mirando hacia Canaán. Habían recibido instrucciones de elegir un hombre de cada una de las doce tribus y enviarlos a espiar la tierra. Estos hombres eran capitanes de miles, principales de las tribus, y considerados líderes de Israel. Entre los doce, y en última instancia, entre los diez, había uno de personalidad muy interesante, que contagió un mal espíritu al pueblo. Su nombre era Setur, del hebreo sathar, que significa “esconder o mantener en secreto”.

Alguno de los diez persuadió a los líderes de que trajeran un informe lleno de temor a los hijos de Israel. Tengo mis sospechas. Ahora veamos: el hombre natural viene “como ángel de luz”. Dice: 1-Llegamos a la tierra que nos enviaste, sí, está ahí. 2-Ciertamente, fluye leche y miel. 3-Este es el fruto de ella. Y ahí dos hombres llevaban un racimo de uvas que, se sabe, pesaba entre doce y 23 kilogramos. Uvas grandes como ciruelas, literalmente.  Pero, aquí están los puntos negativos.

1-El pueblo que habita aquella tierra, es fuerte. 2-Las ciudades son muy grandes y fortificadas. 3-Vimos allí gigantes…y éramos nosotros…como langostas. Claro, primero llegaron como “ángeles de luz”. La palabra de Dios y de Moisés eran ciertas. La tierra, la leche, la miel y las frutas estaban allí. Pero Caleb tenía otro espíritu. Se puso de pie de un salto, hizo callar a los hombres y dijo: Subamos luego y tomemos posesión de ella, porque más podremos nosotros que ellos. Caleb tenía un espíritu diferente a los diez. Más adelante, en Números 14:24, Dios dijo: Pero a mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su descendencia la tendrá en posesión. Esta es una clara muestra de dos clases de espíritus que quieren captar a las personas.

Uno era contrario al otro. Uno es el espíritu de incredulidad vestido de ropajes de espíritu práctico. Lo vimos, es cierto, es grandioso…pero no podemos. El enemigo nunca llega a los hijos de Dios como león rugiente. ¿Lo has oído últimamente? “Y sí…esta página está buena, trae cosas interesantes y todas bien sustentadas en la Biblia, pero…no tiene cobertura de ningún consejo de…” en fin.

¿Qué hicieron Josué y Caleb? Actuaron en fe. Y se plantaron y dijeron: 1-Más podremos nosotros que ellos. 2-Jehová nos llevará a esta tierra. 3-Nos la entregará. 4-Nosotros los comeremos como pan. 5-Su amparo se ha apartado de ellos. 6-No los temáis.

La pregunta, entonces, es: ¿Quién ganará? El pueblo, les creerá a los diez espías que dieron informes negativos-`positivos? El enemigo siempre usa lo positivo para abrir la puerta de nuestro espíritu, y luego coloca allí dudas, temor, orgullo y ambición. ¿Lo es creerán a Josué y Caleb, que tenían “otro espíritu” que el de los diez? Bueno, por supuesto, el relato es claro. Siguieron el espíritu y el consejo de los diez. ¿Por qué?

Porque a la gente, (Y esto lamentablemente también incluye a muchos cristianos), le seduce seguir lo que piensa y hace “la mayoría”. Y esto, inclusive, en algunos estamentos determinados, se practica a nivel oficializado por medio de una denominada democracia en la iglesia. ¿Democracia en la iglesia? La iglesia, hasta donde yo sé, es el cuerpo de representantes de Dios en la tierra, ¿Verdad? Y hasta donde yo también sé, Dios es Rey, ¿Verdad? De acuerdo: ¿Alguien podría explicarme como adaptamos una democracia a una monarquía?

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Rompiendo Los Tiempos

Sabido es: el tiempo se vuelve demasiado lento cuando esperamos algo, mientras que  se vuelve demasiado  rápido, en cambio, cuando se nos hace tarde. Es casi mortal cuando llega el momento de estar tristes y definitivamente breve  cuando nos sentimos a gusto. I

Nos resulta interminable en las instancias del dolor, y muy largo cuando nos aburrimos. Es extremadamente hermoso cuando nos enamoramos, no hay quien ignore eso. El tiempo, en suma, no está determinado por relojes; tiene otras lecturas que solamente en espíritu se pueden realizar.

Por eso nos dice la palabra que todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora y que todo lo hizo hermoso en su tiempo:

(Eclesiastés 3: 1) = Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. 

(2) Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; (3) tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; (4)tiempo de llorar, y tiempo de reir; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; (5)tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; (6) tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; (7) tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; (8) tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz. 

Si hay tiempos diferentes, habrá cambios, un tiempo no es igual a otro. A veces solemos aferrarnos fuerte al tiempo que fue, y hasta el que es, pero que ya es tiempo en que deba dejar de ser. Deberíamos pedirle al Señor poder comprender y ver el cambio de tiempo, que no queramos seguir guardando cuando llego el tiempo de desechar, o de esparcir si es el de juntar, y más aún, de seguir callando si ya es el de hablar y que no nos hayamos acostumbrado a la guerra si nos llegó la paz.

(Verso 13) = es don de Dios que el hombre coma, beba y goce el bien de toda su labor.«

En suma; romper los tiempos no es difícil. El hijo de Dios está habilitado para hacerlo porque su Padre es el dueño de todos los tiempos. Lo único que deberá dejar en el camino, es su alma, sólo eso…

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El Mesonero

(Lucas 10: 25) = Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? 

(26) El le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?
(27) Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.
(28) Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás.

El buen Samaritano. El que uso de misericordia con su prójimo. Todos conocemos la historia. Hasta que un día, sea por la causa que sea, la historia llega y te toca profundo. El buen Samaritano. El menos «indicado», al menos comparado con quienes, se supone, estaban para eso, como eran el Sacerdote o el Levita que, todo su conocimiento, no lo indujo a ser imitador de Cristo, ni siquiera hacedor de una buena obra.  Fue el Samaritano quien lo hizo,  como lo hizo Cristo un día con nosotros, que habiendo nosotros caído en manos de ladrones y siendo despojados, heridos y  quedados en agonía, llegó Él, vendó nuestras heridas, nos lavó echándonos aceite y vino, es decir, nos lleno de su Espíritu, nos dio revelación y nos lavó con su sangre, así cuidó de nosotros.

(Verso 35) =  Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. 

En nuestras vidas fuimos victimas de ladrones, me arriesgaría a decir que todos, o casi todos, victimas de quienes nos hirieron, nos engañaron, nos llenaron de dolor, de amargura. Un día llego Cristo a llenar nuestra vida, a ser nuestra vida. Luego, seguramente, hemos experimentado ser imitadores de Cristo, ser como el Samaritano y haber usado de misericordia para con muchos. Sin embargo llega un tiempo donde nos toca ser el mesonero.

Este puede estar siendo ese tiempo en tu vida donde estas cumpliendo según tú lo entiendes, una labor insignificante, quizás hasta en lo secular mismo, atendiendo un mesón, casi rutinariamente. Pero resulta que llega tu Padre celestial  te da dos denarios, es decir Él te da lo necesario, los recursos, los dones, lo que necesitas para hacer uso de misericordia con quien Él te encomendó que lo hagas, cuidar a quien o quienes te dio para que cuides.  y todo lo que gastes de mas, te lo pagaré cuando regrese. No habla de devolución, habla de pago. Porque devolver implica la misma cantidad y cualidad, sin embargo un pago, contiene la materia prima, los recursos utilizados, mas  el valor del  trabajo impuesto en ello. El samaritano usó de misericordia. El mesonero recibió instrucción,  obedeció, también usó de misericordia y, además, obtuvo ganancia. Ese es el Reino; la suma de lo ilógico, lo casi irracional y raro para cualquier sociedad. Pero estrictamente cierto y vigente para todo hijo de Dios, bien nacido…de nuevo.

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Amor: El Más Grande de Todos

¿Quieres que hablemos del amor? Es una palabra tan bastardeada por el mundo secular, que muchos cristianos no resisten la tentación de llevarla a un simple contacto hasta casual entre un hombre y una mujer. ¡Se necesita mucha pobreza espiritual para llegar a eso! Pablo les habla a los corintios respecto al amor de Dios y dice.

(1 Corintios 13: 4) =  El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; (5) no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; (6) no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. (7) Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. (8) El amor nunca deja de ser…

Claro, me dirán: ¡Pero ese es el amor de Dios! ¡Los cristianos no siempre aman igual! Ese es un error y grave. Si somos lo que decimos que somos, somos eso en todo lo que hagamos, no solamente cuando nos sentamos un día por semana en un banco de un templo. Un creyente que ama a algo o a alguien, indefectiblemente y como quiera que sea, amará con el amor de Dios por una sencilla razón: ¡No tiene otro! ¡No conoce otro! ¡No apela ni apelará a ninguna imitación!

 La única fuente del universo que produce amor, es Dios. ¿O alguien intentará hacerme creer que Satanás puede producirlo? Satanás, lo que hará y si lo dejan, será introducir imitaciones, muy sutiles y convincentes, pero imitaciones que se derrumban ante el primer obstáculo. Porque el amor de Dios en el hombre, produce eso: que ese hombre luche y luche hasta la muerte si es necesario, por ese amor que siente o tiene dentro de sí. Y no estamos hablando de locuras temporales, ocurrencias o caprichos de un alma veleidosa, estamos hablando de un grado de amor que conlleva el dar, dar y dar sin pedir nada, y también el acto de renunciar a cualquier resarcimiento sentimental o emocional, si eso fuera necesario.

 Ese es el amor que echa fuera todo temor. Porque el que tiene temor, está incapacitado para sentir amor, entonces no lo entiende en el que llega y se lo presenta. Un cristiano con temor, siempre pensará que el que dice amarlo, viene a sacarle algo o a llevarse algo suyo sin su permiso. Es natural que piense así porque está dominado por un espíritu de miedo, pero es insano. Porque en esa postura, me temo que jamás podrá amar como fue dotado para amar y tampoco podrá atreverse a recibir y disfrutar del amor de otro. ¿Verdad que esto no tiene absolutamente nada que ver con lo que publican las revistas “especializadas”?

Aquí suele ser donde muchos hermanos serios, circunspectos y de apariencia inconmovible leen y piensan: ¿Pero es necesario que se invierta todo este espacio hablando de algo que en muchos casos no pasa de ser un sentimiento rosa? Mira hermano serio y circunspecto. Soy tan adulto como tú, o tal vez más. Pero déjame decirte que pensar eso, es cometer un error de tanta magnitud que, por poco, ha sido el que le ha firmado un certificado de defunción a la iglesia.

“¡Está bien, hermano, de acuerdo! ¿Pero por qué se le ocurre hablar del amor ahora, cuando por años habló de otras cosas y al amor sólo lo mencionó como de paso? Porque cada día trae algo nuevo para cada creyente. Y para algunos, como quien esto suscribe, cada día llega con una revelación y con un elemento para modificar el rumbo, de ser necesario. Y hoy, leyendo lo que Pablo dice en el final de este hermoso capítulo, tengo certeza que debo dejar de lado el hombre que soy, el alma que tengo, las luces de colores que el infierno siempre nos muestra a nuestros cuerpos, y escuchar lo que ya fue dicho.

(1 Corintios 13: 13) = Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.

Hemos hablado muchas veces de la fe, otras tantas de la esperanza. Y nos hemos regocijado con cada enseñanza que nos llevó a dimensiones desconocidas y a estamentos no visitados antes. Nos fueron útiles para salir de todas las esclavitudes y para confiar en una libertad en dependencia a Cristo, que es la única que rinde rédito. Ah, y también porque si aquí se nos dice que el mayor de todos estos principios es el amor, ¿Quién seré yo para decir lo contrario? Más vale me decido y amo: en silencio, a los gritos, peleando, esperando, disfrutando, sufriendo, como venga; pero amo, porque si no amo, no expreso esa parte de mi Dios que me ha sido dada, esa que me asegura todos los días que soy Su imagen y Su semejanza.

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Para que el Trigo Sea Trigo…

Hoy quiero que hagas, antes que cualquier otra cosa, un pequeño ejercicio de memoria. ¿Cuántas veces, en tu vida cristiana, has escuchado mensajes sobre la cizaña? Muchos, pocos, no lo sé. Depende a qué lugar hayas ido a sentarte cada domingo. Podría darse el caso, incluso, que nunca te hayan hablado, predicado o enseñado sobre la cizaña. Hay lugares así, lo digo con la autoridad que me da este ministerio de ser testigo de eso. No interesa. Por poco o por mucho, en todo caso, has oído hablar de la cizaña. Y sabes de qué se trata. O crees saberlo, por lo menos. Pero tengo que decirte que todo lo que puedas haber recibido al respecto, por allí no ha estado ni mal ni equivocado, como sucede globalmente en el evangelio. Lo que sí puede haber ocurrido, es que haya sido incompleto. Puedo decir que hoy no vengo a modificar o cambiar tu conocimiento, tu fe, sino, como ya se lo dijo Pablo a los Tesalonicenses, en todo caso, vengo a completarlo.

No quiero que tomes esto como una alteración doctrinal, ni mucho menos como una nueva doctrina. Quiero que lo tomes como lo que es, una introducción a una enseñanza que, a partir de la revelación del Espíritu, va a darte otro panorama sobre lo que ya sabes, una perspectiva diferente, fruto de una óptica, de un ángulo, también diferente. Es como completar el conocimiento, alertarte sobre las sutilezas satánicas y capacitarte para que sepas como es tu batalla, contra qué enemigo y en qué terreno se pelea. Si tú me dices que la cizaña es Babilonia y que Babilonia es la iglesia falsa, la paralela a la iglesia verdadera, tendré que decirte que sí, que has aprendido y entendido bien y que no estás equivocado o equivocada. Pero si te pregunto puntualmente qué es la cizaña, seguramente vas a detenerte un momento a pensar y, es muy probable, no lo puedas definir con claridad.

Porque abarcativamente, hemos aprendido que a la cizaña la sembró el enemigo, que está destinada a ser quemada y que sólo cuando desaparezca, el trigo resplandecerá. Pero si te pregunto si son hombres, organizaciones, brujas, líderes falsos o algo por el estilo, tal vez me dirás que sí, que tal vez es un poco de cada cosa y que es muy amplio su significado. Hoy me propongo demostrarte, a partir de la Escritura, y con un mínimo de lógica, que la cizaña es algo muy puntual que es muy probable, hasta aquí, puede no haber sido visto con claridad. Vamos a escudriñar lentamente el inicio de la parábola, vamos a olvidarnos por un momento de las enseñanzas clásicas, seminaristas y teológicas, y vamos a dejar que Dios nos hable a través de su Espíritu sin otra intención de, lo reitero, completar su conocimiento, no necesariamente cambiarlo.

(Mateo 13: 24)= Les refirió otra parábola, diciendo: el reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo;

Es increíble que, en sólo veintidós palabras, este versículo sea capaz de resumir la sustancia básica del evangelio. Si la iglesia, hoy, leyera atentamente estas veintidós palabras, no podría caer más en el error que ha venido cayendo y, mucho menos, tolerarlo como ha venido tolerándolo. Dice que el reino de los cielos es semejante a un hombre. Ahora bien: si el reino de los cielos es semejante, o sea: igual, de la misma sustancia, del mismo origen que un hombre, ¿Es coherente que se nos haya enseñado y que sigamos enseñando, que el reino de los cielos es un lugar medio paradisíaco a donde vamos a ir a tirarnos panza arriba a no hacer nada y disfrutar a bárbaramente, no sabemos que maravillosas cosas el día que nos muramos? Entiende bien: no digo que cuando muramos no vamos a estar en un sitio maravilloso, sólo quiero saber si ese es el reino de los cielos del que habla esta escritura. Porque, suponiendo que así fuera, ¿Me puedes explicar, entonces, por qué Juan al Bautista primero, como Jesús después, predicaron un mismo evangelio que decía, textualmente: el reino de los cielos se ha acercado? Algo no me cierra. Y no me cierra porque aquí dice que es semejante a un hombre, y un hombre no es un lugar ni una nube.

Pero hay más. ¿Es un hombre cualquiera? No. Dice que es un hombre que ha sembrado una buena semilla. ¿Y qué es una buena semilla? Simple. Una buena semilla es la materia prima que produce un buen fruto. ¿De qué semilla va a hablar la palabra? De la semilla de trigo. ¿Y qué es el trigo? Un cereal del cual, por triturado y molienda, se sacará la harina, materia prima con la cual se elaborará el pan y sus derivados, básicamente. Jesús dijo, al respecto: Yo soy el pan de vida, que es como decir: yo soy el único alimento que produce vida. Vida abundante en el Espíritu, primero, Vida Eterna, después. Es decir que lo que este hombre, (Que después se verá que es Cristo), sembró, es un buen alimento, sano, puro. En términos espirituales, ¿Qué es el alimento? Anota esto por favor que es clave: La Palabra. Tú ya has aprendido que tu único alimento es la Palabra, verdad? Puedes alabar, adorar, orar y tener grandes experiencias sobrenaturales en Cristo, pero si quieres estar alimentado, eso no bastará. Deberás comerte el libro.

¿Y adónde dice que sembró ese buen alimento, acaso en cualquier parte que se le ocurrió? ¡Ni lo sueñes! ¿Dice que lo sembró en el campo? No. No dice que lo sembró en EL campo. Dice que lo sembró en SU campo. ¡Pero es que más adelante dice que el campo es el mundo! ¿Cómo va a sembrar su alimento en el mundo? ¿Y adónde sino? ¿En la iglesia me quiere decir? ¡Se supone que la iglesia ya lo está comiendo, no? Además: ¿A quién amó tanto Dios que dio a su hijo unigénito por él, al mundo o a la iglesia? ¡Al mundo! A ese mismo mundo al que nosotros, muy religiosos, más de una vez despreciamos, marginamos, discriminamos y, Biblia en mano, hasta agredimos. Aprende esto que es mínimo y sólo introductorio: antes de pensar en batallar contra la cizaña, presta mucha atención por si, por alguna ignota razón, no estás tú mismo siendo cizaña…

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En Los Umbrales del Temor

(Jueces 7: 2) = Y Jehová dijo a Gedeón: El pueblo que está contigo es mucho para que yo entregue a los madianitas en su mano, no sea que se alabe Israel contra mí, diciendo: Mi mano me ha salvado. 

(3) Ahora, pues, haz pregonar en oídos del pueblo, diciendo: Quien tema y se estremezca, madrugue y devuélvase desde el monte de Galaad. Y se devolvieron de los del pueblo veintidós mil, y quedaron diez mil. 

Primero quiero que te des cuenta que hay una guerra. Que hayas recibido invitación o llamado a filas, o no, no significa que tú no participes; estás en guerra y formas parte de uno de los dos ejércitos en combate. Y que el enemigo, cualquiera sea tu postura ante esa guerra, igualmente abrirá fuego contra ti. Y que cuando lo haga, tirará a matar y con munición de guerra, no de utilería. Lo más inteligente que podrías hacer, entonces, en vista y considerando esta situación, es prestarle atención a esa guerra y ver de qué se trata, sin caer en esos pesimismos que muchos libros de Guerra Espiritual traen en sus páginas, que te son vendidas como aprendizaje básico cuando en realidad no pasan de ser una propaganda del infierno infiltrada en bibliotecas creyentes.

 Quiero que te des cuenta, asimismo,  que la guerra, esa guerra, ya fue ganada. Porque todos ustedes, donde quiera que habiten,  pueden ver en sus Biblias, que la guerra ya fue ganada. Él ya había peleado la batalla por tu tierra, cual quiera que sea tu tierra. Es guerra. Y aún nuestros enemigos más grandes no son los poderes o los principados, como muchas veces te enseñan, sino esencialmente uno que todavía hace estragos dentro de la iglesia, no fuera: el espíritu de temor. Veintidós mil, dice aquí que regresaron; más de la mitad se regresaron. Las dos terceras partes se regresaron. Y solamente un tercio se quedó.

 El temor, déjame decirte, es la mejor estrategia del diablo hasta el momento. Y no la cambia ni modifica porque, a todas luces, podemos ver que le sigue dando buenos resultados. El temor, no es un temor humano, que en algunos casos hasta podría ser beneficioso como precaución o prevención, es una mentira demoníaca. Es el poder, es el control por el cual el enemigo controla la gente. La gente con temor, no puede entrar a la batalla. Y hoy existen muchos problemas alrededor del mundo, porque gente llena de temor, ha entrado en las batallas. Y luego son atrapadas por el diablo. ¿Y por qué crees tú que son atrapadas? Porque han tenido su corazón abierto al diablo. El temor es una fuerza demoníaca. Tú no puedes pelear con una fuerza demoníaca dentro tuyo. Y luego eres usado por el diablo, para él traer temor entre las tropas.

No es cuestión de ponerse a hacer guerra espiritual contra principados y potestades. Una gran parte de lo que llamamos la iglesia, hoy no tiene suficiente poder para eso. Sin embargo, Jesucristo ya venció y ninguno de nosotros tendría que pelear en contra del diablo, nuevamente. Él ya venció al diablo. Él está sentado en lugares celestiales. Él está sentado a la derecha del Padre. Él es la cabeza y nosotros somos el cuerpo. Y la cabeza es una cabeza victoriosa, ¿No es así? ¿Y de dónde sacaron que el cuerpo tenga que ser un cuerpo vencido? Esa, también es una mentira del infierno.

La cabeza es gloriosa, así que el cuerpo también es glorioso. La cabeza tiene toda la autoridad, así que el cuerpo también tiene toda la autoridad. No hay una autoridad para la cabeza y otra autoridad para el cuerpo. Eso no tiene sentido, sin embargo es lo que muchos están enseñando en este tiempo. ¡Libreto del infierno, enseñan! Es una estrategia satánica para impedir que se usen los poderes que existen en el cuerpo, y lo consigue precisamente implantando el espíritu de temor.

El espíritu de temor, dentro de la iglesia, no vence al infierno. Tampoco liberta las almas. El espíritu de temor en la iglesia, frena la gloria de Dios que quiere llegar a la iglesia. Pero los creyentes tienen que aprender a confiar en la palabra, y la palabra dice que Dios no nos ha dado espíritu de temor. ¿Lo crees? No son los poderes de la magia los que solucionan esto. ¡Todo lo contrario! Nuestro peor enemigo es el temor. Nuestro peor enemigo es el que se mueve dentro nuestro!  ¿Alguna vez te pusiste a pensar que sucedería si perdiéramos esta batalla? Esta es la voz del diablo, esta no es la voz de Dios. Dios jamás perderá la batalla. Este es el momento para que lo sepas. Pero que lo sepas tú, Satanás ya lo sabe desde siempre…

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Cuando Necesitas que el Padre sea Padre…

Un día Jesús está sentado, con sus discípulos, y ellos llegan en un determinado momento trayéndole comida, y él entonces les dice: “No, gracias”. Ahí ellos piensan que seguramente vino alguien antes que ellos y le dio de comer. Y ahí es donde Jesús les da la gran respuesta: Mi comida y mi bebida, es que yo haga la voluntad de mi Padre. Dos elementos claros. 1) Creer. 2) Hacer la voluntad del Padre. Estas dos facultades, son, de alguna manera, las dos piernas del que vive en el Reino. Tú no puedes creer, si después no vas a hacer la voluntad del Padre. Eres incrédulo, si lo haces. Pero cuidado, porque tampoco podrás hacer la voluntad del Padre, si antes no crees. Por eso, en todas partes de la palabra, Jesús nos demanda estas dos sencillas cosas, Yo puedo dar mi vida por Cristo y puedo negar mi alma, pero todo eso yo puedo hacerlo si creo y hago la voluntad del Padre.

 Yo nunca voy a poder asumir lo que Dios me dice que yo haga, y si no quiero hacer la voluntad de mi Padre. Porque no se trata de lo que tú hagas por haber levantado veinte iglesias, sino que hagas la voluntad del Padre, porque crees. Entonces, la parte complicada para nosotros, que somos gente muy complicada, es sentarnos y creer. Fíjate que si Dios te pidiera sacrificios terribles, no me caben dudas que tratarías de cumplirlos. Pero la Gracia, es incomprensible para el cerebro del hombre. Porque te está exigiendo algo: nada. A veces te toca pelear en algo y alguien viene después y te dice: ¡Que buena fue tu pelea! ¿Qué pelea? ¡Si yo no tenía ni un arma para pelear contra nada! ¡Él fue el que la peleó! En mi caso, sólo fue una pelea de fe contra fe, nada más. Ahora; ¿Cuántos de nosotros estamos esperando que algo pase, o que algo cambie? Y no te das cuenta, pero parecería ser que mientras más oramos por algo, más lejos está…

Mira; si quieres conseguir eso que tanto anhelas, déjalo. Esa es la locura del Reino. Lo que más quieras conseguir, eso es lo que vas a perder. Y lo que quieras perder, vas a ganar. Y no es mi palabra con mi opinión, mira. Lo dice el Salmo 37: Deléitate asimismo en Jehová, y Él te concederá las peticiones de tu corazón. Dios está empeñado en perfeccionar la obra que ha empezado en nosotros, cueste lo que cueste. Y aunque eso determine que sufras, lo harás por una causa justa y santa. Días atrás hablaba de los sufrimientos que tantos de nosotros podamos haber vivido o estar viviendo. Hoy te completo aquello con algo que quizás no habías visto y que tendrá que servirte para entender, de una vez por todas, como trabaja nuestro Padre Celestial con aquellos asuntos en los que a veces creemos, que Él está ausente.

Alguien dio una vez un hermoso ejemplo que yo quiero tomar para ilustrar esto. Dice que era un padre que llevó a su hijito al médico con una infección importante, y que el médico ordenó colocarle un inyectable de antibiótico de urgencia, de inmediato. Un de esas inyecciones cuyo líquido, al ingresar en el cuerpo, produce inmenso dolor físico. Y dice que el niño cuando vio al enfermero venir con la jeringa y la aguja, rompió en llanto y empezó a moverse para tratar de evitar que le colocaran eso que lo aterrorizaba. Entonces buscó refugio en los brazos de su padre. ¿Y qué se supone que tuvo que hacer el padre? Sujetarlo, tenerlo quiero, aferrarlo y no dejarlo mover para que le pudieran colocar esa inyección que le iba a ayudar a sanar su problema.

Y dice que el niño miró a su padre con angustia, no tanto por la inyección en sí y lo que pudiera haberle dolido su acción, sino por lo que su papá había hecho, nada menos que ayudarle a ese extraño a causarle dolor. ¿Cómo le explicarían a un niño el peligro de una bacteria, de una infección que, incluso hasta podía terminar con su vida si no le daban ese antibiótico? Escucha: En el momento del dolor, todos, somos nulos al entendimiento de lo que nos está pasando. Por eso Él te dice: ¡Cállate! ¡Siéntate! En el tiempo que viene por delante, ahí te darás cuenta de lo que te libré. Y Dios está tan empeñado en hacer esto, que Él va a hacer todo lo que sea necesario para terminar la obra que empezó en nosotros. Lo triste es que, en algunos casos, Él va a terminar esa obra cuando tú ya estés partiendo. Y ahí no tendrás problemas, porque harás ese viaje tremendo y llegarás al lugar en donde serás y te sentirás perfecto. Pero tienes que entender que a otros, les será permitido pasar por cosas que los llevaran a ser y sentirse también perfectos, pero todavía hoy, en esta tierra.

 

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Cuando Llega Ese Tiempo…

(Eclesiastés 3: 1) = Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. 

(2) Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; (3) tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; (4) tiempo de llorar, y tiempo de reir; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; (5) tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; (6) tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; (7) tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; (8) tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz. 

He oído decir en algunas ocasiones, (Desde púlpitos importantes, incluso), que para ser uno con Cristo, deberemos sufrir lo que Él sufrió. Entonces, cuando algo en nuestras vidas no funciona como se supone que debe funcionar, ponemos sonrisa evangélica, levantamos manos al cielo y exclamamos casi como en un descubrimiento tremendo: ¡Gracias Señor por permitirme sufrir como tú! Sufrir como tú. ¿Sufrir como Cristo, estás diciendo? Parece. Perdón… ¿Y a ti quien te dijo que Cristo sufrió en su alma?

Cuando nos toca sufrir, sea por la razón que sea, (Muertes, enfermedades, separaciones, dramas sentimentales, etc.), y somos creyentes, poco menos que nos ponemos contentos, porque suponemos que con esos sufrimientos, nos estamos acercando a la estatura del varón perfecto, que es Cristo. ¿Sabes qué? ¡Ni por asomo!

El sufrimiento de Jesucristo fue eminentemente espiritual. La carne (Ya sea en lo corporal como en el alma), fue en todo caso un ingrediente que se sumó al sufrimiento principal. El espíritu, cuando es agredido por las fuerzas satánicas, se contrae, se revuelve y se debate para defenderse. Y ese sufrimiento, mi amado hermano o hermana que hoy estás acongojado o entristecido por alguna causa muy terrena, no tiene nada que ver con el tuyo, aunque el tuyo te parezca terrible. El sufrimiento espiritual sólo puede interpretarse como un desgarro casi violento que se produce cuando, por causa de un motivo bien considerable, nos vemos apartados de la presencia y del amor de Dios. ¡Eso es sufrir! Eso te lleva a decir como dijo Él: ¡Padre! ¡Padre! ¿Por qué me has abandonado?

Si estás padeciendo una pérdida importante, tu esposo o esposa te abandonó o te engañó, el gran amor de tu vida te despidió de un momento para el otro, o cualquier otra de esas causas que tan infeliz suele hacer a tanta gente, recuerda que el que pagó por ti en la cruz, ese que dices amar y seguir, sufrió con otra clase de dolores. No de corazón destrozado por la tristeza o la pena, sino por el impacto satánico que sacude las vidas más encumbradas. Como sacudió la del propio Jesús en la cruz.

Sin embargo, Él vio la luz brillante de la gloria en el fondo del túnel oscuro en el que estaba. Y la que vio no fue una gloria exclusiva ni personal, que ya la tenía, vio una gloria que está a disposición de todos los que hoy, aquí y ahora, conforman Su Cuerpo en la tierra. Por la mañana querías morir del dolor en tu corazón. Por la tarde empezaste a terminar de crucificar tu carne, y por la noche ya estaba descendiendo del cielo esa paz inconmensurable que te trae una voz que te dice: “hijo…hija…no importa que alguien no te ame aquí en la tierra, lo que importa es que yo te ame desde mi morada…”

Como de costumbre lo aclaro porque entiendo que lo merece: hoy sentí de escribir esto porque tengo certeza que cada uno de nosotros, desde distintos lugares y ópticas, necesitaba leerlo. Si así hubiera sido, darás toda la gloria al Señor, que todavía es fiel como para permitir ciertos sufrimientos que, en lugar de derrotar y derrumbar, son capaces de elevarte por encima de todo lo creado, y además hacer que alguien, que no es ni mejor ni peor que tú, ni está al margen de nada de lo expresado,  te escriba esto que está destinado a devolverte la paz y la serenidad perdida. Que así sea en el nombre de Jesús. ¡Ahora!

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¿Cuál Quiero Ser?

En estos últimos tiempos, he sentido la necesidad de abrir este sector de nuestra Web a la inquietud de algunos de nuestros más amados lectores. Ellos envían sus trabajos sin ninguna clase de compromiso de ninguna de las partes y, cuando mi Padre me da luz verde, (El es el jefe y editor responsable), alguno se publica. Algunos autores, eligen hacerlo con sus nombres y apellidos y sus direcciones de correos. Otros, casi manteniendo la misma línea de bajo perfil y semi anonimato de la propia Web. Así es este caso, donde el autor, (En realidad la autora), elige mantener anonimato y firmar con un seudónimo.

A todos, o a casi todos, seguramente nos debe haber sucedido que, estando en determinada situación, hemos hecho algo así como un autoanálisis de nosotros mismos.  En ese análisis, surge que, para determinada situación, hemos sabido que lo correcto o el bien, era de determinada forma o manera. Sin embargo, aún sabiéndolo hemos actuado de una forma totalmente opuesta. 

(Romanos 7: 19) = Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.

(20) Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.»

Estamos sin duda ante una gran lucha entre nuestro espíritu contra la carne, los sentimientos y hasta nuestro carácter. Esta lucha la vemos y la vivimos día a día y en situaciones puntuales fuertes que nos toca transitar. Quizás en este momento mismo estemos atravesando alguna. La pregunta que podemos hacernos de todo esto, seria si el poder reconocer en forma clara esas divisiones de nosotros mismos donde decimos que es nuestro carácter, o nuestra carnalidad , la utilizamos para luchar contra ello decidiendo verdaderamente pedir a nuestro Señor que nos llene de su Espíritu y así el resto de nuestro ser sea sometido a él o por el contrario utilizamos esa identificación de nuestro «yo» a modo de justificación, casi como si dijéramos  de nosotros mismos «Yo no fui, fue él».

Hemos aprendido que nuestro Padre no puede hacer con nosotros nada que no decidamos querer que él haga, Él no atropella nuestra voluntad. Tendríamos quizás que reflexionar si realmente queremos quedarnos siendo uno, viviendo en la carne, enorgulleciéndonos de nuestro carácter o padeciendo el desequilibrio de nuestras emociones y sentimientos o decidir que muera todo aquello para que viva Cristo en nosotros y experimentar la victoria. 

Quedarnos en ese estado en el que vemos  qué nos sucede no alcanza como para eximirnos de responsabilidad. Debemos movernos, no podemos quedarnos en esa simple autoevaluación si de verdad lo que buscamos es ser vasos útiles. 

Dudo que ignoremos que no hay forma de evadir tomar decisiones. Todo el tiempo estamos decidiendo, negarlo sería mentirnos a nosotros mismos. El no decidir, ya es decidir. 

SEP

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Cuando Llega La Tentación…

(Mateo 26: 41) = Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. 

¿Qué hombre o mujer cristiano no ha leído, oído o aprendido algo con relación a este pasaje? Quiero pensar que por lo menos, un noventa y nueve por ciento. ¿Y qué aprendieron de él? Que debemos velar y orar para no correr el riesgo de entrar en tentaciones de cualquier naturaleza. ¿Y por qué se nos dice que eso puede suceder? Porque el espíritu a la verdad está dispuesto a hacer la obra de Dios y mantenerse fiel y en santidad, pero la carne que acompaña a todo ser humano, es débil; tremenda e irresolutamente débil.

Me asombra de sobremanera, todavía, que existan ministros que se sienten más allá del bien y del mal y castigan duramente con palabras y pensamientos respaldados por la Palabra, a jóvenes más o menos inexpertos que andan a los tropezones en su caminar de fe por causa de la infinidad de tentaciones que les sobrevienen y que en muchos casos, les resulta poco menos que utópico o épico resistir. ¿Esos ministros, realmente, creen estar por encima de lo que Dios mismo nos ha advertido a todos que debemos cuidarnos? El resultado, déjame decirte, suelen ser ministros derrumbado y ministerios destruidos. ¿Falta de poder? No, falta de obediencia. Si hubieran velado y orado como se les advierte, no hubieran caído.

Tengo a diario en mi mesa de trabajo, correos de hermanos que han sido tentados muy fuertemente en las diversas cosas en las que todos sabemos que podemos ser tentados. Independientemente de situaciones muy especiales o singulares, creo que los niveles de tentación para los cristianos, siempre pasa por los mismos andariveles. Muy pocos me escriben gozosos glorificando a Dios y dejándome saber que han logrado vencer alguna dura tentación que les sobrevino, pero lamentablemente la gran mayoría me contacta para pedirme ayuda para ver cómo hacen ahora para restaurar sus vidas después de haber caído hasta lo más profundo por causa de alguna clase de tentación real.

Y uno de los temas que necesariamente salta en cada intercambio de correos, es el que de alguna forma representa una especie de lamento o queja, por parte de esos hermanos (De ambos sexos), que por haber caído, ahora casi se permiten fastidiarse con su Señor por no haberlos protegido. Me cuesta muchísimo hacerles entender que en un pecado de los usuales, no se cae por casualidad ni por la debilidad de una tentación. Ya Pablo supo escribírselos a los Corintios cuando les dijo:

(1 Corintios 10: 13) = No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar. 

Allí está la clave. Dios no te va a sacar de tu camino la tentación que te llega. No, porque forma parte activa de tu crecimiento, de tu consolidación como hijo en adopción suyo. Lo que sí hará, es lo que Pablo delinea muy bien aquí, darte conjuntamente con esa tentación, la salida. Si tú deseas fielmente servirle y sostener tu santidad, sabrás encontrar esa salida. Si por el contrario, eliges sumergirte en la oscuridad del pecado que ya sabes se te aproxima, también será tu decisión y Dios no podrá impedirla sin transgredir sus propias leyes. Hoy ya lo sabes, estás advertido. Fue muy fuerte la necesidad de escribir esto hoy. Seguramente alguien lo estaba necesitando. Así sea.

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Iglesias Heterogéneas

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Normalmente en este espacio suelo desgranar algunas reflexiones propias que generalmente están en sintonía con el resto de nuestra Web. Sólo en casos esporádicos, como este, publico algo que no me pertenece porque, estimo, aunque pudieran existir diferencias de óptica para determinados temas, considero al trabajo apto como para ser publicado para información y nutrimento de los lectores. Pertenece a Pedro José Amoroso, visitante de nuestra página y expresa lo siguiente:

“A la luz de las Sagradas Escrituras y en base a la certera sabiduría que brindan, queda confirmado en este tiempo del fín, que falsas enseñanzas ejercen una marcada influencia en el mundo cristiano. Desechando aferrarse a la conducta establecida por el Señor, donde priman la fe, la esperanza y el amor, la simpatía con el mundo y sus cosas, ocupa un renglón relevante en el corazón de numerosos creyentes. Como producto de esta incertidumbre, el verdadero poder y accionar del Espíritu, ha decrecido. En la Primera epístola a los Tesalonicenses 5:19, Pablo Apóstol exhorta, entre otros consejos a, «No apagar el Espíritu», y Efesios 4:30 nos alienta a «No entristecer al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuimos sellados…»
El desatino del libertinaje, que penosamente va en aumento, origina malestar en creyentes que deben soportar a siervos de dudosa moral, vistiendo un ministerio en las Iglesias. Ahora bien, ¿En que posición de corazón se encuentran delante del Señor los diversos Pastores y Ancianos, y la Junta de Iglesia de dichas congregaciones? Pablo escribió en 1mera Corintios 13:1-3. «Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe… Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y no tengo amor, DE NADA ME SIRVE». El trabajar arduo y dedicarse a sistemáticos estudios bíblicos, es uno de los propósitos planteados, pero de nada sirve si no se da ejemplo en el obrar como hijo de Dios. Al estudiar la palabra del Señor, la fe se ve expuesta a declinar ante una mala interpretación. Respaldar doctrinas inexactas, fusionadas con un espiritualismo dogmático de la nueva era, hoy es algo muy notorio. Este movimiento mundial, que no pasa de ser una filosofía sostenida por el humanismo, declara en uno de sus tantos desvaríos, que el pecado no existe. Esta presunción se acrecienta sutilmente como un nuevo estilo de vida. Por ejemplo, el amor al dinero dejó de ser una idolatría pasional por «el saber aprovechar la prosperidad que Dios nos da» y el adulterio ya no es adulterio «sino un rehacer la vida en pareja», como tantas otras omisiones semejantes. ¿Que se ha logrado con esta actitud? Que el pecado en vez de languidecer se fortalezca. La insensibilidad de la conciencia de los que pecan voluntariamente, a llegado a tal punto, que confiesan sin titubeos «que Dios los ve a través de la sangre de Cristo, y por consiguiente, son sin culpa». Bueno, ¡¡Esto sí que es de lamentar!! No son pocas las Iglesias que están sometidas por el príncipe de este mundo bajo la presión de la apostasía. La epístola Primera a Timoteo 4:1 anuncia que «el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios». El umbral anticristiano de Laodicea ha llegado.
Según la Real Academia Española, Laodicea significa, entre otros, «voluntad o juicio de multitudes, o derechos humanos». Este sentir, donde cada uno reclama sus derechos basados en la propia justicia por sobre la de Dios, no solo se mueve en el mundo, sino que a su vez se va afianzando dentro de las iglesias, logrando de esta manera un objetivo; «confundir, endurecer el alma y alentar divisiones». Estimada hermana y hermano en el Señor, para finalizar esta acotación, emerge de mi parte un interrogante a considerar, ¿en que latitud nos encontramos usted y yo respecto a lo referido? ¿En la templanza del Espíritu, o en la anomalía de una conducta indiferente?
Tomemos nuestro tiempo y meditemos con oración y ruego. Si sentimos la presencia de Dios, regocijémonos y alabemos su nombre, pero si está distante, hagamos un giro en nuestro caminar, que el Señor pacientemente nos está esperando. Hoy es el tiempo de Gracia y perdón, mañana quizás, puede ser demasiado tarde. El tiempo de vida en este mundo es breve como un sueño que se extingue para no volver, más la palabra del Señor, Nuestro Dios, permanece para siempre.

Dios bendiga su palabra.

            Texto para recordar
«Yo reprendo y disciplino a todos los que amo, sé, pues, celoso y arrepiéntete» Apocalipsis 3:19.

                                               ReCdpa

Nota: esta apreciación no lleva en sí nada personal y fue redactada a título de advertencia, contra una influencia apóstata que opera dentro del cuerpo de Cristo.»

Comentarios o consultas dirigirlos al autor:

Pedro José Amoroso <pamoruso704@hotmail.com>

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¡Nunca Abandones Tus Armas!

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(1 Corintios 2: 16) =  Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Más nosotros tenemos la mente de Cristo.

Es muy cierto, esto. Tenemos la mente de Cristo y, por consiguiente, recibimos impulsos del Espíritu Santo, pero podemos equivocarnos en esto. Por eso hay que examinar cualquier impulso a luz de las Sagradas Escrituras y estar abiertos a la corrección de nuestros más cercanos. Es muy difícil aconsejar a alguien que se aferra a la expresión: «El Señor me ha guiado». Porque, efectivamente, puedes estar recibiendo una guía, pero no del Señor, sino de un señor…

 El Señor (Así con la “S” mayúscula), ha prometido darnos lo que pedimos conforme a su voluntad. Por eso es necesario profundizar en la voluntad de Dios y estar de acuerdo entre nosotros, también. En 1990, durante una conferencia en Escocia, los representantes de Senegal advirtieron que, al año siguiente, los países islámicos iban a realizar una conferencia mundial en su capital para planear el fin de toda obra cristiana y la eliminación de las minorías cristianas en sus respectivos países. Acordaron orar para que se anulara tal conferencia, y recibieron la convicción de que Dios los había oído, de modo que terminaron la reunión con una alabanza gloriosa. Unos meses después, la Guerra del Golfo polarizo el mundo islámico de tal manera que se pospuso la conferencia. Cuando por fin la reunión se realizó, las divisiones eran todavía tan marcadas que muchos delegados salieron antes de terminar y poco se decidió.

De allí que aprendemos hoy y a la distancia, que es imperativo para todos nosotros saber y decidir usar las armas que Dios ha puesto en nuestras manos. Separados de Dios quedamos casi indefensos delante de Satanás, pero unidos a Dios no hay razón para temerle al diablo. En Efesios 6;10-18, Pablo nos indica no solo la armadura que debemos ponernos sino las armas ofensivas, o sea, la espada del Espíritu que es la palabra de Dios y la oración en el Espíritu que debemos empuñar. Demasiados siervos de Dios se han metido tanto en la guerra espiritual, que han descuidado la armadura divina y han engrosado la lista de bajas en la lucha.

El capítulo doce de Apocalipsis revela mucho acerca de Satanás y sus tácticas. Pero lo mas importante es que indica claramente como los hermanos pueden salir triunfantes en la lucha contra el. Dicen los versos 10 y 11: Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. 

Veamos: Primero, por la sangre del Cordero. Por medio de su sacrificio en la cruz, Cristo ha eliminado de una vez y para siempre nuestra culpa ante la presencia de Dios, a tal grado que Satanás ya ni siquiera puede acercarse a Dios para acusarnos. Con tal de que le confesemos a Dios cualquier pecado que pueda surgir en nuestra vida, estamos completamente seguros en los brazos de Cristo.

Segundo, por nuestro testimonio. Contra la mentira del diablo podemos, usar nuestro testimonio acerca del Señor Jesús, nuestra posición en el Amado, y Quien va a vencer. Es el Espíritu quien nos da poder para testificar y quien nos avisa, al retirar su paz del corazón, cuando algo necesita arreglarse en nuestra vida.

Tercero, por nuestro compromiso hasta la muerte. Frente a las amenazas y los arreglos que propone el diablo, debemos abandonar la voluntad de Dios, sea para vida o para muerte. Tal actitud deja a Satanás impotente. No vencido, aclaremos bien. Porque incluso cuando lo tentó a Jesús en el desierto, él lo derrotó con la Palabra, pero así y todo, dice la escritura que sólo se apartó por un tiempo. Aprende a pelear tu batalla. No abandones tus armas. Ningún soldado valiente y vencedor lo hace.

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