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Tiempos de Seriedad

Este es un tiempo difícil. Más que difícil, yo podría decir que este es un tiempo complicado. Porque es un tiempo en donde las cosas muestran un aspecto cambiante de tal calibre, que bien vale la pena reflexionar muy seriamente en los principios básicos que hay al respecto. Hay una escritura que nos retrotrae a ello. Es un texto en apariencia eminentemente histórico, lineal, cronológico, pero que sin embargo tiene escondido un verdadero tesoro que podremos aprovechar, utilizar, creer y poner por obra. Es largo, pero vale la pena.

(Éxodo 32: 1) = Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. (¿Podrías darme una palabra, una sola palabra, que sintetice este primer paso de lo que luego será un altísimo pecado de idolatría? Ansiedad.)

(2) Y Aarón les dijo: apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos. (¿Sufría Aarón de la misma ansiedad más duda que padecía el pueblo? Quizás. Lo cierto es que en lugar de confiar y esperar, él decidió sumarse a la idea de fabricar ídolos. Y les pidió los aretes a todos los que los usaban. Las mujeres, sus hijas y, ¡Oh sorpresa! Dice que también sus hijos. ¿Es que el aro en el varón no es una deformación de este siglo? Parece que no)

(3) Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y los trajeron a Aarón; (4) y él los tomó de las manos de ellos, y le dio forma de buril, e hizo de ello un becerro de fundición. Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto. (Creo que te quedó claro: dice que todo el pueblo les dio sus zarcillos. Todo el pueblo. Ninguno a favor de Jehová. Todos en búsqueda de nuevos dioses.)

(5) Y viendo esto Aarón edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón; y dijo: mañana será fiesta para Jehová. (¿Perdón? ¿Fiesta para Jehová? ¿Cómo que fiesta para Jehová, si les acaba de construir un ídolo?)

(6) Y al día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y presentaron ofrendas de paz; y se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a regocijarse. (¿Qué les parece? Más adelante, y cuando viene relatando ya que Moisés y su siervo Josué estaban descendiendo del monte, encontramos esto)

(Verso 17) = Cuando oyó Josué el clamor del pueblo que gritaba, dijo a Moisés: alarido de pelea hay en el campamento. (¡Y claro1 ¿Qué otra cosa que alarido de pelea podía escuchar un guerrero de pura cepa como Josué?)

(18) Y él respondió: no es voz de alaridos de fuertes, ni voz de alaridos de débiles; voz de cantar oigo yo. (Moisés y toda su veteranía y experiencia. ¡Qué pelea ni pelea! ¡Era parranda, juerga, fiesta, había allá abajo!)

(19) Y aconteció que cuando él llegó al campamento, y vio el becerro y las danzas, ardió la ira de Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y las quebró al pie del monte. (Este versículo va dedicado con profundo amor a todos aquellos que suponen que los hombres de Dios son seres que no se conmueven ante nada, que todo lo toman con una sonrisa bondadosa y muy evangélica y que en la mayor de las serenidades resuelven sus conflictos. Ardió de ira el hombre.)

(20) Y tomó el becerro que habían hecho, y lo quemó en el fuego, y lo molió hasta reducirlo a polvo, que esparció sobre las aguas, y lo dio de beber a los hijos de Israel.

(21) Y dijo Moisés a Aarón: ¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan grande pecado?

(22) Y respondió Aarón: no se enoje mi señor, tú conoces al pueblo, que es inclinado al mal. (He aquí un resorte clásico humano por excelencia: la culpa la tiene los otros.)

(23) Porque me dijeron: haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.

(24) Y yo les respondí: ¿Quién tiene oro? Apartadlo. Y me lo dieron, y lo eché en el fuego, y salió este becerro.

¿Te das cuenta lo infantil de la explicación que le da Aarón a Moisés? De niño. Pero de niño que es consciente que ha hecho algo indebido y busca excusarse. ¡Yo no hice nada! ¡Yo tiré todo acá adentro y salió este bicharraco! ¡Moisés, no soy responsable! ¿Ah, no, eh? ¿Así que nadie fabricó el molde del cual salió ese becerro, verdad? ¿Se formó por arte de magia?

Esa es nuestra vieja naturaleza. ¿Recuerdan a Saúl? ¡El pueblo quiso, Samuel, traer lo mejor! ¡Ya no sé cómo darles el gusto! Eso es exactamente lo mismo que Aarón estaba diciendo. ¡Eché todo eso al fuego, Moisés, tú lo vieras, y apareció este becerro no sé cómo ni de dónde! ¡Y después, imagínate, ya no lo pude detener!

Cuando apareció el becerro, inmediatamente, se armó la fiesta. Ah… ¿Y tú no participaste de la fiesta, Aarón? ¡No! Es decir…bueno…golpeaba un poquito las manos, nada más! ¡Pero yo no hacía fiesta, te lo aseguro! Y además, ¡Tampoco adoraba a ese becerro1 ¡Yo la tengo muy clara!

(Éxodo 33: 11) = Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero. (Aquí nos encontramos con una figura que, si hoy la proclamáramos, seríamos llamados por lo menos, irreverentes. ¿Cómo vas a decir que Dios habla contigo cara a cara?)

(12) Y dijo Moisés a Jehová: mira, tú me dices a mí saca este pueblo, y tú no me has declarado a quién enviarás conmigo. Sin embargo, tú dices: yo te he conocido por tu nombre, y has hallado también gracia en mis ojos.

(13) Ahora, pues, si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca, y halle gracia en tus ojos; y mira que esta gente es pueblo tuyo.

(14) Y él dijo: mi presencia irá contigo, y te dará descanso.

(15) Y Moisés respondió: si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí.

(16) ¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en que tú andes con nosotros, y que yo y tu pueblo seamos apartados de todos los pueblos que están sobe la faz de la tierra?

(17) Y Jehová dijo a Moisés: también haré esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia en mis ojos, y te he conocido por tu nombre.

(18) Él entonces dijo: te ruego que me muestres tu gloria.

(19) Y le respondió: yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente.

De hecho, yo no puedo saber cuál es el grado de madurez y de crecimiento espiritual de cada uno de ustedes, los que están allí, del otro lado, pero voy a decirles algo de todos modos: ¿Cuántos se han dado cuenta que en este tiempo hay dos iglesias paralelas? Ya lo hemos hablado y enseñado muchas veces, de acuerdo: Babilonia es la iglesia falsa y paralela, la imitación carnal y hasta diabólica de lo que verdaderamente es la iglesia del Señor. Así que es obvio que también está la genuina, la real y verdadera. Un pueblo que lo único que quiere es fiesta y entretenimiento, y otro que es y se sabe remanente.

Y hay hombres de Dios que están buscando desesperadamente su rostro en este tiempo, porque ven que las ovejas se desbandan y se van detrás de esos entretenimientos y de esas fiestas. Que nadie podría decir, claro está, que no son cristianas, pero que en modo alguno conforman la voluntad de Dios para este tiempo. Porque Dios nos está enseñando a través de esta palabra que, además de estar de manera permanente con nosotros, hará pasar por delante de nosotros, todo su bien.

Y dice la Biblia que él estaba en el monte. Allí iba a escuchar a Dios. En el Libro de Números vamos a ver que en varias oportunidades dice que Jehová habló a Moisés. ¿Por qué Jehová le hablaba a Moisés? Porque Moisés estaba justo allí donde Jehová hablaba. Entonces sería bueno preguntar ahora: ¿Estamos nosotros en ese exacto lugar en donde Dios está hablando?

Y dice la palabra que él subió al monte, porque como todo hombre íntegro, Moisés simbolizaba a todo creyente que busca agradar a Dios. Al que de pronto siente como que la soledad lo está aplastando y que todo lo que está haciendo, lo está haciendo solo. Los que van en una dirección cuando toda la corriente va en otra. A esos, Dios los quiere aparte, con Él.

Por eso Moisés dijo algo allí: “Yo no quiero, Señor, dar un paso más, porque lo que acabo de ver me duele adentro.” Y si bien dice que hubo un enojo, es indudable que el corazón de Moisés se estrujó al ver al pueblo celebrando idolatría.

Allí es donde nosotros solemos decir: ¡También ese pueblo de Israel! ¿Sabías que tú y yo somos iguales? ¿Te has dado cuenta que a veces nosotros también nos portamos así de mal? ¿Has prestado atención a que tenemos una clara tendencia a respetar lo dudoso y, por el contrario, a menospreciar lo que Dios ha levantado y enviado¿ ¡Cómo! ¿No es este el hijo del carpintero? Mira cómo se referían a él. Le decían “este”. Eso es menosprecio.

Y él subió al monte, porque él quería estar con dios. No sólo está aquel que busca el rostro de Dios, sino que es el cristiano que en este tiempo, a pesar de las celebraciones y los entretenimientos que nos rodean, quiere seguir levantando altares de consagración con Dios.

En Romanos 12:1 dice que presentamos todo nuestro ser. Todo nuestro cuerpo en sacrificio vivo, agradable al Señor. ¿Por qué? Porque es nuestro culto. ¿Cómo dice? Racional. Esto es: pensado, preparado. Que yo lo hago a conciencia, que sé muy bien lo que estoy haciendo. Que no me dejo deslumbrar por las emociones, aunque no tengo que reprimirlas ni negarlas.

Que no lo hago simplemente por un entusiasmo pasajero. Yo me consagro y me ofrendo, como sacrificio vivo a Dios porque primero lo pensé muy bien. Esto significa que lo pensé con frialdad, calculando bien los costos. No podemos ofrendarnos a la ligera, ponernos en el altar y después vemos. Porque ya no somos nuestros, nos dedicamos al Señor. Nosotros solos, sin presiones de nadie, nos ofrendamos a Dios. ¿Me estás entendiendo?

Como aquel hombre llamado Moisés, hay muchos cristianos, hoy, que pagan el precio de la espera. ¡Señor, contéstame! Y die la Biblia que allí pasaron cuarenta días. ¡Señor, ya hace una semana que te lo pedí!, dicen algunos. ¡Y todavía no me has respondido! Cuarenta días.

Hermano: cuando tú y yo aprendemos a esperar en Dios, algo enorme espiritualmente hablando, algo tremendo sucede dentro de nosotros. Porque Él dice: espera en Dios, y yo (Es decir Él), haré. Confía en Él, echa tu ansiedad sobre Él. Porque Él tiene cuidado de nosotros.

A veces estamos tan ansiosos por todo lo que nos rodea, que no hay tiempo para esperar en Él. Y Dios no cambió. Él sigue siendo el Dios de Moisés, de Abraham, de Jacob. El Dios de Pablo, de Pedro, el Dios tuyo, el Dios mío. Él no cambia. Él dice yo voy a cumplir, yo voy a bendecirte, pero espera. No puede darte semejante regalo porque no estás preparado, todavía.

Él dijo: Yo voy a esperar esos mandamientos de mi Señor. Pero claro: cuando un hombre de Dios tiene una visión y la gente que lo acompaña no está enchufada, conectada en esa visión, estamos en problemas. Es mucho más habitual que aquel a quien Dios realmente le da una visión se quede solo, que eso le suceda a un nominal, sin compromisos.

¿Por qué pasa esto? Porque hay una iglesia, hay un remanente, hay un grupo de cristianos que buscan a Dios como Moisés lo buscaba. Y hay otro grupo, que está allí abajo, como el pueblo de Israel, que sólo quiere celebraciones, entretenimientos, en suma: pasarlo bonito.

¿Sabe qué pasa, hermano? En el grupo que hay en mi iglesia somos tan pocos… ¡Estamos todos aburridos! ¿Cómo no me voy a ir a congresos o conferencias por allí, si aquí me estoy secando? Quiero decirte algo: ese hombre o esa mujer que cada domingo, u otro día de la semana, va a entregar un mensaje, probablemente se ha quebrado delante de Dios, buscó delante de Dios. Ten cuidado; no menosprecies el mensaje. Y ya me conoces, que no soy adulador de estructuras, precisamente.

¡No! ¡Qué me voy a quedar escuchando tonterías! ¡Me estoy secando! Y entonces corren al estadio, a las multitudes, a escuchar a ese siervo de tanto prestigio internacional, a ese que tantas veces ha visto por la televisión, que ahora está aquí, en persona, y que ha traído una tremenda palabra que conmoverá a toda la nación. ¿Y sabes qué es lo que oye? Pues la misma palabra que viene oyendo por boca de tantos sin prestigio, sin roce internacional, sin currículum ni genealogía, por uno de los tantos Sumos Sacerdotes según el orden de Melquisedec. Fiesta.

Moisés representa hoy a ese cristiano que no solamente paga el precio del menosprecio, sino que también y a pesar de cómo esté de sus emociones, de sus sentimientos, puede soportar la incomprensión de los demás. Yo no sé si tú te has dado cuenta de la ingratitud y la indolencia que hay. Y no estoy hablando del mundo incrédulo, precisamente. Hay hombres y mujeres de Dios que han luchado que están allí, batallando, y están dolidos. Hay otros que han sido heridos. Y es como que a nadie le interesa. Cada uno cuida su propio e íntimo bienestar.

¿Sabes algo? Moisés, pese a todo lo que estaba sintiendo, siguió luchando. Dice en Números 20, que cuando llegan a la tierra de Cades, muere María su hermana. Y no sólo muere María. Un poco más adelante, Dios le dice: “Sube al monte, y desviste a Aarón y viste a Eleazar.” Murió maría, era su hermana. Pero el pueblo allí estaba. “¡Queremos agua!” ¿Para qué nos sacaste de Egipto?

Hay otro cristiano dentro de los otros cristianos. Son los Josué. Son esos que están creciendo. No disciernen bien, todavía, eso es cierto, pero están creciendo y quieren. Entonces buscan y el que busca, siempre encuentra, y al que pide, se le da.

Dice la Biblia allí que en la batalla, Moisés le dice: Tú baja al valle, Josué, y pelea; yo voy al monte. Cada uno en su puesto. Y Aarón y Ur sosteniéndole los brazos. Esos son los intercesores que oran por los hombres y mujeres de Dios que pelean en el frente de batalla. Porque mientras dure la batalla en el valle, alguien tendrá que sostener los brazos de los que la pelean.

Y dice la Biblia que bajaban del monte y él escuchó gritos. Y él dijo: ¡Gritos de pelea! Claro, era un guerrero. ¿Qué otra cosa iba a pensar? Y Moisés dijo: No…Eso no es batalla… Eso no es intercesión. Allí no hay ninguno orando ni ayunando. Allí no hay ninguno haciendo vigilia. ¡Allí están de fiesta!

¿Y qué pasó? Dice la Biblia que Josué descendió con aquel varón llamado Moisés. ¡Qué lindo es recibir ministración limpia, pura y ungida de un hombre o una mujer de Dios! Los Josué de hoy día no disciernen, pero quieren estar aprendiendo, buscan. Pero están mirando un modelo. Están siguiendo un modelo.

Están viendo que alguien, todavía, dobla sus rodillas. Están viendo que todavía hay siervos de Dios que se comunican con Dios, pero también hay muchos otros que no conocen a Dios porque no lo tratan. Porque se conforman con entretenimiento denominado “cristiano”, que no es otra cosa que una fiesta, y que es lo único que otros le están brindando como método fijo.

Esta gente está bien dentro de las congregaciones. Están. Se parecen a Aarón. ¿Sabes quiénes son los “aarones” de hoy? Son esos que no quieren quedar mal con nadie. ¿Qué te parece? ¿Conoces a alguno, quizás? Ten cuidado, por allí se te sienta cerca el domingo. ¡Es que no me gusta quedar mal con la gente! ¡No es buen testimonio! ¿Ah, sí? Y por no quedar mal, y por no ser frontal, y por no ser sinceros, y por no ser transparentes, entonces dejamos que la suciedad entre y nos salpique.

Tengo una pregunta: ¿Por qué Aarón, conociendo todo lo que conocía, accedió a fabricar el becerro? ¿Por qué Moisés, con todo lo que Dios le había dado, se bajó del monte? Hay cristianos que son fieles, sinceros, honestos, pero tienen un tremendo problema: ¡Tienen pánico de quedar mal!

Hermano… ¡Qué bendición que es usted! ¡Yo lo sigo desde hace muchos años! ¿Ah, sí? ¡Entonces me temo que se va a ir al infierno, nomás! ¿Cómo? ¡Que se va a ir al infierno, te dije, porque me estás siguiendo a mí y no a Cristo! Y es Él el que tiene la salvación, no yo. ¡Pero es que a mí me encanta cómo predica este hombre! Está bien, escúchalo; ¡Pero no lo adores! ¡Ese, es un becerro contemporáneo. ¿Habrás adorado alguno, quizás?

Hay gente, supuestos siervos de Dios, que le ponen precio a sus mensajes. Hay otros, también supuestos siervos de Dios, levantados para un determinado ministerio, que le ponen un precio a cada canción que cantan. Pero hay algo peor, todavía: hay congregaciones que, a los que no cobran, ¡No los invitan más! ¿Qué te parece?

¿Hay o no hay una iglesia paralela a la genuina y verdadera? Por eso es la presión, por eso es el sufrimiento del verdadero cristiano. Porque hay gente que ha gustado de la Gracia de Dios, ha visto las maravillas. Peros e ha dejado llevar por las corrientes, se ha dejado llevar por cosas que no son de Dios, como le pasó a Aarón. ¡Y después quieren justificar todo eso!

A eso, después, muchos le llaman “movimiento de la prosperidad”. ¡Claro que Dios nos prospera! ¡Claro que Dios nos bendice! Pero no hay que estafar a la gente, mi hermano. Dios nos libre y nos guarde de caer en eso. No podemos, en el nombre del Señor, sangrar al pueblo de Dios. Por eso Moisés, en esa visión divina, le dijo: Aarón; ¿Qué mal te ha hecho ese pueblo para que lo tuerzas de la verdad?

Señor, tú sabes cómo es el pueblo. Ellos quieren dioses para adorar, los necesitan. Ellos vienen contaminados con las costumbres de Egipto. ¡Es que vienen con las costumbres del mundo y no podemos cambiarlos de un día para el otro! ¡Es que no hay que cambiarlos! Ese trabajo no nos toca a nosotros. ¡Ese es trabajo del Espíritu Santo! Pero, si el Espíritu Santo no está en aquel que enseña, en aquel que exhorta, en aquel que consuela, ¡Es en vano! ¡No podemos cambiar a la gente con buenos y lindos discursos! ¡No puedo darle al pueblo lo que el pueblo quiere oír! ¡Tengo que darle lo que Dios dice que debo darle!

¿Sabes, hermano? Piénsalo. ¿En cuántas fiestas vanas se habrán fundido las riquezas que Dios te dio cuando saliste de la esclavitud? ¿Cuántas bendiciones arrojaste en una fiesta vana que no te dio nada? ¿Y cómo saliste? Saliste tan vacío como entraste, o tal vez peor. Dios les dijo: los voy a sacar de la esclavitud. No van a salir pobres y miserables. Los mismos egipcios les van a entregar a ustedes sus riquezas. ¡Satanás tiene que soltar las riquezas que les pertenecen a los hijos de Dios! Pero, ¿Sabes por qué ellos volvieron a eso? Porque la vieja naturaleza que está adentro, lucha, pelea y combate fieramente. Esa carne no quiere hacer la voluntad de Dios.

Dios quiere bendecirnos y quiere prosperarnos. Pero no esa prosperidad falsa que se vende como mercadería de supermercado, y que se promete a los hijos de Dios fuera de todo contexto bíblico. Dios dice: Buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y las demás cosas vendrán por añadidura. ¿Sabes una cosa? Esa iglesia, esa congregación paralela al remanente fiel, sólo quiere vivir de fiesta en fiesta, de entretenimiento en entretenimiento, en un evangelio sin compromiso, sin demanda, sin confrontación y pintado color de rosa.

Pregunto: ¿Por qué hay miseria, cuando somos hijos de un Padre rico? Porque tenemos mezcladas las cosas. Piensa. ¿Cómo puede ser que, delante de un becerro de oro, que era idolatría, que era pecado a los ojos de Dios, se podría levantar, junto, un altar a Dios? ¿Cómo puede, una persona que quiere vivir en santidad, estar compartiendo el ministerio con alguien que está en pecado? ¿Cómo puede alguien luchar por esa santidad, cada día, y de pronto, va a un lugar donde siente o discierne que hay pecado? Allí es cuando viene y visita la miseria a una nación, cuando se mezcla lo santo con lo profano.

Así como en la época de Jueces, en la casa de Gedeón, su padre tenía estatuas de Asera, de Baal, mezcladas con el altar a Jehová. ¿Por qué había venido la miseria a ese pueblo? ¿Por qué los amalecitas? ¿Por qué le robaban todo el fruto de la tierra? ¿Por qué los habían tenido reducidos a vivir en cuevas, a vivir como forajidos? ¿Por qué tenían que estar en la miseria si eran los hijos del Dios Todopoderoso? ¿Sabes por qué? Porque había cosas en las casas, en los hogares, que no agradaban a Jehová.

Por eso dios le habla a Gedeón y Gedeón le responde: mira, nuestro padre, el abuelo, nos han contado maravillas, pero yo no he visto ninguna. Y Dios le dice: Bueno, pon tu fuerza, que yo pongo mi poder. Y empieza a limpiar. Pero primero, ofrenda. ¿Cómo voy a ofrendar si me estoy muriendo de hambre? Primero ofrenda. ¡Pero Señor! ¿No has visto la miseria que hay en mi patria? ¿Cómo me dices que debo dar todo lo que tengo?              Primero sobre la roca, la ofrenda. Eso es lo que la iglesia de mi patria y de muchas otras naciones, no ha entendido. Que para romper con la miseria, hay que rendir todo sobre la roca, que es Cristo. Por eso el primer trabajo que Dios le dio a Gedeón, fue ir y limpiar la casa de su padre.

Y él tuvo miedo, dice la Biblia, y llamó a otros varones con él, y fueron de noche. Porque, naturalmente, la tarea no era tan fácil. Porque no es tan fácil cuando tú vives un tiempo mezclado con la liviandad y de pronto determinas y decides vivir como dios quiera. No. No es fácil cortar con esas amistades, con esos hermanos, entre comillas, que no alcanzan ni para primos. Pero Dios dijo: hay que cortar, hay que limpiar. Por eso, -y no estoy justificando ni la ira ni el enojo de Moisés-, a él le agarró tal indignación que arrojó el becerro en el fuego y que después, con ese polvo de oro que quedó, lo puso en las vasijas y les dijo: ¿Quieren dioses? ¡¡¡Tráguenselos!!!

Por eso Dios no bendice una nación. Porque nosotros, su pueblo, sólo queremos fiesta, queremos entretenimiento sin compromiso. Es serio este pensamiento. Te lo digo como una carga en tu corazón para que ores. Pero no mezclemos las cosas. Por eso dice en Jueces que el Espíritu de Dios vistió a Gedeón y Él mismo fue su vestido. Y allí Gedeón recibió poder y pudo tocar el cuerno, la trompeta, y pudo convocar al pueblo y derrotar al enemigo que los estaba matando de hambre, que les estaba cerrando las fábricas, los talleres, las fuentes de trabajo, que los estaba dejando sin nada, arrinconando, cuando Dios les había dicho que les daba la tierra para que vivieran y estaban viviendo en cuevas. ¡Eso hace el pecado! ¡Eso hace la mezcla! ¡No pueden vivir juntos lo santo y lo profano! ¡Eso hace la liviandad!

¿Tú crees que es para los pecadores ese: Venid a mí los que estás trabajados y cargados, que yo os haré descansar? No. Es para ti y para mí. Trabajados y Cargados, en griego, quiere decir: Forzados, Agotados por el trabajo, por la lucha. Y el Señor dice: vena  mis brazos que yo te haré descansar. Por eso Él dice: Echa tu carga sobre mí.

¿Sabes por qué, a veces no puedes levantar los brazos ni abrir el corazón? Porque el corazón y los brazos están cansados de cosas que no pertenecen a Dios. Porque la carga que el Señor pone en nosotros, es liviana, no pesada.

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junio 27, 2019 Néstor Martínez