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Cuando la Ignorancia es Derrota

En el principio de este trabajo, quiero darte dos conceptos que son, a mi juicio, la base de todo el movimiento de cristianos y cristianas en todo el planeta: el demonismo, como ciencia bíblica encargada de estudiar al infierno en todas sus expresiones, no es ni una broma de mal gusto ni una falsedad religiosa. Es real.

Y te podría asegurar que no sólo es real, sino que en verdad es uno de los temas más serios y significativos que jamás se hayan considerado. Sin embargo, curiosamente, es un tema que nunca o muy pocas veces se toca. Es como si nos dijéramos: “Si no hablamos sobre eso, pronto dejará de existir”. Nosotros los cristianos, en su conjunto global, claro, lo evadimos como si fuera una plaga. Y cuando lo discutimos, nuestros comentarios lo suelen situar entre la superstición tradicional o la ignorancia absoluta.

Aunque lo hemos ignorado, el mundo en cambio sí lo ha explorado. Tergiversando la verdad, obviamente, y aprovechándose de la curiosidad y cierta vil sensualidad humanas,  algunos promotores astutos lo han convertido poco menos que en un negocio extravagante. Un espectáculo de atracción rara con todas las artimañas que agradan a las multitudes. ¿Y el diablo? El diablo no podría estar más feliz con todo esto. Porque la última cosa que él desea es que su presencia y su estrategia sean expuestas.

Los cristianos, entonces, necesitan estar informados de la verdad. Y esa verdad nos dice que tenemos la victoria, que somos más que vencedores y que no somos víctimas indefensas cuando tenemos que lidiar con Satanás y sus demonios. Pero a esto lo debemos concretar en la vía de los hechos concretos, y para que eso pueda ser posible, este trabajo es uno de los elementos que podrás utilizar a tu favor. Si crees, naturalmente. Si sigues pensando que se trata de exageraciones, divagaciones, fantasías o amenazas religiosas, allá tú, pero la responsabilidad por las consecuencias de esa ignorancia, serán total y absolutamente tuyas.

Creo, con total sinceridad, que no hay excusa alguna para que la iglesia como fuerza operativa, (No me refiero a lo meramente institucional), renuncie a su poder carismático de sanar y liberar de la opresión satánica. En la misma medida que haga eso, está proclamando de alguna manera su bancarrota espiritual, y así se convierte en una institución débil que ya no dispone el respeto de las masas espiritualmente más necesitadas.

Por eso no nos sorprende en demasía que la gente decida buscar realidades espirituales en las religiones orientales, en ciertas creencias no cristianas y en las perversiones del cristianismo que tienen orientación ocultista. La fe cristiana ha perdido tanto su vitalidad a causa de la apostasía, y está contaminada por las opiniones humanas y por una presentación defectuosa de Jesucristo, que se está transformando en un caparazón hueco y sin poder alguno para afectar la vida de los hombres. Eso no es iglesia, eso sigue siendo Babilonia.

Es demasiado el tiempo en que los cristianos, como fuerza conjunta, se han mostrado apáticos en cuanto a abordar con genuina seriedad el asunto del demonismo. Es tiempo de tomar una posición firme, en contra de los poderes de las tinieblas en la fortaleza del Señor Jesucristo. Firme y confiadamente, tenemos todo el derecho de negar al adversario cualquier terreno que él intente reclamar por medio de maquinaciones e intimidación. Así que será conveniente ir directamente a las declaraciones que se nos han dejado para nuestra capacitación.

(2 Corintios 2: 10) = Y al que vosotros perdonáis, yo también; porque también yo lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en presencia de Cristo, (11) para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones.

Fíjate que la preocupación de Pablo era que los creyentes de Corinto perdonaran plena y completamente a un individuo en su iglesia local. Se les dice que reafirmen su amor hacia él y que prueben su obediencia por no limitarse en este acto de perdón. ¿Razón? ¿Motivo?

Para que Satanás no gane ventaja de la situación. En otras palabras, su falta de perdón daría al enemigo la oportunidad de abrirse camino en la congregación y lograr sus propósitos engañosos. La desobediencia de ellos podía ser la oportunidad para el adversario. Él espera pacientemente que tales puertas se abran y con astucia sabe moverse perfectamente en esos momentos.

Pero, ¿Qué declara Pablo? Él dice: no ignoramos sus maquinaciones. En realidad, él lo que está diciendo, es: “Oigan: ustedes ya saben sus maquinaciones. Somos totalmente conscientes de sus métodos y sus estrategias. Así es que: ¡No se dejen tomar por tontos!” Palabras fuertes, de confianza firme. Tiempo de preguntarte: ¡Esas palabras de Pablo, son una realidad, hoy, en tu vida? Pablo, evidentemente, podía decir eso, pero… ¿Tú puedes?

Antes que se pueda hacer frente a cualquier opositor, hay que conocer cómo obra. Hay que disipar la ignorancia. Ningún boxeador con lucidez, por ejemplo, entrará al cuadrilátero sin primero haber estudiado, por lo menos, el estilo del otro boxeador. Lo mismo es cierto en el campo del fútbol u otras disciplinas similares. O en el campo de batalla. Días, a veces meses, se pasan estudiando las tácticas, las debilidades, la fortaleza del oponente. La ignorancia es un enemigo de la victoria.

No me necesitas a mí para tomar tu Biblia y hacer un estudio serio sobre Satanás y su ejército de demonios. Nadie podrá hacer eso por ti o en tu lugar. Recuerda, en tanto, que la ignorancia respecto al enemigo inexorablemente te pone a merced de él y te roba la confianza que necesitas para estar firme contra sus estrategias. Busca en primer lugar el pasaje de Efesios capítulo 6, en los versículos que van del 10 al 14. Estos cuatro versículos son muy útiles para entender la batalla que se está llevando a cabo. Yo te sugeriría que, además de examinarlos cuidadosamente, también los memorices, ya que no sabes en qué momento te serán necesarios como arma letal.

(Efesios 6: 10) = Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. 

(11) Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. 

(12) Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. 

(13) Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. 

(14) Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia,

Una observación muy cuidadosa de este pasaje te revelará la presencia de cuatro importantes mandamientos que deberás guardar sí o sí. El primero, en el verso 10: fortaleceos. El segundo en el versículo 11: Vestíos. El tercero en el verso 13: tomad, y el cuarto en el versículo 14: Estad, pues, firmes. Tómate unos minutos para pensar en cada uno de estos mandatos divinos antes de continuar con las estrategias que podemos utilizar en contra de los ataques demoníacos.

Fortaleceos.- Porque nuestra lucha es una fuera invisible, nuestra fortaleza no es externa. Esto se refiere a fortaleza interna, como concluye el versículo diez: y en el poder de su fuerza, refiriéndose al Señor Jesucristo. Tenemos que ser fuertes en Él por fe. Debes ir a Él en oración, Debes caminar con Él en confianza, extrayendo de Su poder. ¿Por qué? Mira; la mejor respuesta la tenemos en otra sección del Nuevo Testamento.

(Colosenses 2: 13) = Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, (14) anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, (15) y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz. 

Cuando Cristo murió en la cruz Él “despojó” a todos los poderes de las tinieblas, triunfando sobre ellos. Así que Él es el campeón. Cuando te vuelves a Él pidiéndole fortaleza, te estás volviendo al único que tiene autoridad soberana sobre ellos. La ganó en la cruz. Fortalécete en la fortaleza de ese campeón.

Vestíos.- ¿Vestíos de qué? Efesios 6:11 lo dice claro. Tenemos que ponernos toda la armadura de Dios para poder estar firmes contra las asechanzas del enemigo. Las tropas buenas que pelean están bien equipadas. Armas inferiores y equipo pobre traen derrota. Cada pieza de la armadura se explica con claridad en lo que sigue, mira:

(Efesios 6: 14) = Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia,(15) y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz.

(16) Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. 

(17) Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; 

Es menester que leas estos versículos de manera lenta y cuidadosa, ya que cada una es extremadamente importante. La armadura sirve para protegerte y darte confianza en la batalla. Ahora debo advertirte que, cuando te des cuenta que esta batalla es como ninguna otra, será sumamente fácil que te atemorices, que te intimides y que hasta te pongas medroso o dubitativo. De hecho, cuando te des cuenta que no puedes ver al enemigo, pero que éste sí puede verte a ti, es obvio que te horrorizarás un poco. Más razón para ponerte esa armadura, entonces, que Dios te ha provisto. Cristiano amado: ¡Póntela ya!

Tomad.- Está allí, disponible y esperando que la reclames. Toda la provisión es tuya, hecha a la medida para tu personalidad, tus circunstancias y tus necesidades. Alcánzala por fe y mentalmente toma la armadura de Dios. Vas a aprender a usarla en los días venideros; pero primero, tómala. Al igual que si te incorporas a alguna Fuerza Armada, el primer día de soldado se te entrega todo un equipo que incluye uniforme, armamento y hasta set de higiene. Si deseas ser un soldado eficiente, deberás aprender a utilizar cada una de las cosas que te han entregado. Muy bien; la iglesia, si tú quieres verlo bajo el prisma adecuado, es un ejército en permanente batalla, y cuando tú ingresas a ella, recibes todas las armas que Dios te brinda para tu defensa y ataque. Sólo deberás recoger cada cosa recibida, aprenderla a utilizar adecuadamente y luego esperar el momento en que la situación te demande hacerlo con eficiencia.

Estar Firmes.- Esto es tan importante que estas palabras aparecen tres veces en diferentes lugares. (Efesios 6:11, 13 y 14.) Estas son palabras de confianza y seguridad. Nos dicen que no tenemos nada de qué temer. Nada. Después de todo el que toma nuestro lugar en la pelea, es el Campeón. Y el enemigo ya está derrotado, así sucedió en la cruz, ¿Recuerdas? Por supuesto, él no quiere que sepas eso. Lo cual explica por qué su estrategia favorita es el engaño. Él presentará cortinas de humo que pueden parecer horrorizantes y espantosas, además de terriblemente impresionantes, pero detrás de todo ese ruido y humo está el completo conocimiento de que él está derrotado. Así que cualquier cosa que hagas lidiando con demonios, cristiano, hazlo con confianza. Con una seguridad victoriosa absoluta. Él es la víctima; tú eres el victorioso. Así que, ¡Estad firmes!

Ahora bien; en el versículo 13 de este mismo capítulo 6 de la carta a los Efesios, se nos dice el propósito de que nosotros nos pongamos la armadura y estemos firmes. Para que podáis resistir en el día malo, expresa textualmente. ¿Sabes qué? Esos días vendrán. Algunos de los que leen o escuchan esto, están bien conscientes del llamado “día malo”. Han sido obstaculizados y atacados por el enemigo. Ya sea en contra de sí mismos o de alguien cercano…o de ambos.

Otros no tienen experiencia y sólo pueden imaginarse lo que comprende la opresión demoníaca. Créeme, es terrible. Es sencillamente horrorosa. Tiene vileza, incluso. No es como ninguna otra cosa que hayas enfrentado. Es agotadora e implacable. Es “día malo” en serio, como dice el versículo. Reitero: Satanás es un enemigo derrotado, pero de ninguna manera va a rendirse sin luchar.

Por tanto, primero necesitamos entender el deseo de nuestro adversario. Él desea ante todo, salirse con la suya en la vida de los humanos. Él desea controlarnos, o por lo menos tener acceso a ser oído y llegar a ser una fuerza persuasiva en nuestras vidas. Su área preferida de operación es en nuestras mentes. Esto se ve en los dos pasajes siguientes de la Escritura, presta atención.

(2 Corintios 10: 3) = Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; (4) porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, (5) derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, 

(2 Corintios 11: 3) = Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo. 

Sí, eso es. Sean de alguna manera extraviados, es la mejor expresión. Es la idea de sacarnos del curso, desviarnos, apartarnos del propósito. Finalmente su esperanza es ganar control absoluto. Y porque los demonios existen en forma espiritual, (Ellos no tienen cuerpo físico), poseen un fuerte deseo de operar dentro de un cuerpo, especialmente un cuerpo humano. Más razón para estar firmes contra sus estrategias.

Durante el ministerio terrenal del señor, Él encontró en varias ocasiones personas endemoniadas. A propósito, “posesión demoníaca” y “opresión demoníaca”, no son realidad términos bíblicos. El texto griego apoya sólo la idea de uno estar “endemoniado” que puede incluir cualquiera de los varios niveles de actividad o control demoníacos. A veces la participación era tan profunda que había que echar fuera los demonios de los individuos. En otras ocasiones, se le decía a la persona bajo ataque que “resistiera”. En el pasaje de Efesios 6 que hemos estado examinando, como también en Santiago 4:7, se menciona como resistir al enemigo.

(Santiago 4: 7) = Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. 

Esta es una instrucción muy práctica. No una fórmula mágica, ¿Eh? Ten cuidado de no asumirla así. Tampoco una repetición de la misma palabra o frase una y otra vez como si se tratara de un código pre-establecido. No es ni un código secreto ni mucho menos una cábala religiosa. Resistir quiere decir exactamente eso: resistir. Echándole fuera, empujándolo a un lado, no permitiendo que se quede o que entre. Es decir que hablamos de resistir en términos bélicos, no estoicos. Es resistir combatiendo, no aguantar o soportar pasivamente. ¿Quedó claro?

La gran pregunta que solemos recibir en estas instancias, es: ¿Y cómo es resistir al diablo? Reitero: no hay una metodología sistemática, pero podremos tener en cuenta algunos pasos. Uno: verbalmente deberás declarar tu fe en el Señor Jesucristo. Y será necesario utilizar su nombre completo al hacerlo, como para que ningún demonio mentiroso pueda argumentar que “no entendió de quien se trataba”. Jesucristo de Nazaret, es lo ideal. Luego, abiertamente reconoce que Él es tu maestro, tu señor y el único que ha conquistado todos los demás poderes en la cruz.

Dos: Rechaza toda lealtad al diablo, a su ejército demoníaco y a lo oculto. Haz esto fuerte y firmemente: otra vez exprésalo en alta voz. No grites tanto como para que se te tome por loco, pero habla lo suficientemente algo como para que se te escuche en el cielo y también en el infierno.

Tres: Reclama toda la armadura de Dios, basada en Efesios 6:1-17 como tú protección completa. Lee el pasaje oralmente y con énfasis, no con una vocecilla de policía afeminado.

Cuatro: Por último, declara también firmemente tu resistencia a las influencias demoníacas.

Considera la siguiente oración “de resistencia”. Úsala como guía cuando comiences a sentir miedo y sientas el ataque de fuerzas malignas. Repito: úsala como guía, como croquis, como bosquejo. De ninguna manera la repitas como papagayo y, mucho peor, sin creerla. Di algo así como:

“Ahora renuncio a toda lealtad que le haya dado a Satanás y a su ejército de espíritus malignos. Rehúso ser influenciado o intimidado por ellos. Y rehúso el ser usado por ellos en ninguna forma. Rechazo todos sus ataques sobre mi cuerpo, mi espíritu, mi alma y mi mente. Reclamo la sangre derramada del Señor Jesucristo sobre todo mi ser. Y reprendo todo el poder e influencia del diablo dentro de mí y alrededor de mí. Los resisto en el nombre de mi señor y Dueño, Jesucristo de Nazaret, el que derrotó el mal. Estoy seguro en el poder de la cruz del Calvario en la cual Satanás y todos sus poderes vinieron a ser enemigos derrotados por medio de la sangre de mi Señor Jesucristo. Yo confío en las promesas de la Palabra de Dios. En humilde fe ahora mismo me pongo toda la armadura de Dios que me habilita para estar firme contra las asechanzas del diablo.”

Aunque estas palabras no son inspiradas pueden ser de mucha ayuda en estar firme contra el inicuo. Una idea más sobre resistir. Reclama la promesa de Santiago 4:7, cuando dice que huirá de vosotros. Afírmate en esa esperanza. Rechaza la tentación de dudar la realidad de la promesa de Dios para ti. El enemigo está derrotado. El corre cuando es desenmascarado. La sangre de la cruz lleva con él al poder divino. Descansa en la transacción que ocurrió en la cruz. La sangre de Cristo por tus pecados.

Ahora bien; hay ocasiones cuando los demonios se han arraigado tanto en una vida que es necesario echarlos fuera. Esta experiencia es muy emocional y si se me permite añadirlo, violenta. Indefectiblemente se necesita la ayuda de otros creyentes. La Escritura sugiere que resistir es algo que uno hace por su cuenta, pero cuando los demonios eran expulsados en tiempos bíblicos, se involucraban otros cristianos para ayudar en el proceso.

Varias veces en los evangelios y en el Libro de los Hechos leemos que los demonios eran echados fuera. El ejemplo al que quiero referirme brevemente está en el evangelio de Lucas, en el capítulo 8 y desde el verso 26 al 33. Acompáñame a leerlo.

(Lucas 8: 26) = Y arribaron a la tierra de los gadarenos, que está en la ribera opuesta a Galilea. 

(27) Al llegar él a tierra, vino a su encuentro un hombre de la ciudad, endemoniado desde hacía mucho tiempo; y no vestía ropa, ni moraba en casa, sino en los sepulcros. 

(28) Este, al ver a Jesús, lanzó un gran grito, y postrándose a sus pies exclamó a gran voz: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te ruego que no me atormentes. 

(29) (Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre, pues hacía mucho tiempo que se había apoderado de él; y le ataban con cadenas y grillos, pero rompiendo las cadenas, era impelido por el demonio a los desiertos.) 

(30) Y le preguntó Jesús, diciendo: ¿Cómo te llamas? Y él dijo: Legión. Porque muchos demonios habían entrado en él. 

(31) Y le rogaban que no los mandase ir al abismo. 

(32) Había allí un hato de muchos cerdos que pacían en el monte; y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y les dio permiso. 

(33) Y los demonios, salidos del hombre, entraron en los cerdos; y el hato se precipitó por un despeñadero al lago, y se ahogó. 

El hombre que le salió al encuentro a Jesús estaba endemoniado, (Y a esto lo decimos, porque la expresión “poseído” no está en el texto griego en el verso 27). Dentro de la persona del hombre estaban las fuerzas malignas, ya que el verso 30 habla de muchos demonios. Tanto así que su jefe se llamaba Legión. Y no hay necesidad de repetir todos los detalles de la conducta del hombre, pero obviamente llevaba las señales del tormento. Y él tenía una fuerza increíble. Verlo tiene que haber sido algo espantoso.

Calmada y firmemente nuestro Señor le habló a los demonios que estaban dentro del hombre y usando las cuerdas vocales del hombre. (Esto, de paso, rompe con esa mitología de gritarles a los demonios como acto obligatorio para que se vayan. Ellos no se irán porque grites, se irán por tu autoridad) Legión respondió. Lo interesante es que los demonios no querían regresar al abismo, que aparentemente es un lugar de reclusión permanente, así que Jesús les permitió a estos demonios entrar en un hato de cerdos, lo que ellos hicieron, seguido de ellos arrojarse por un despeñadero hacia el mar, y ahogarse. El hombre ya liberado de esos espíritus de tormento, es un individuo totalmente cambiado. Mira la diferencia en el verso 35.

(Lucas 8: 35) = Y salieron a ver lo que había sucedido; y vinieron a Jesús, y hallaron al hombre de quien habían salido los demonios, sentado a los pies de Jesús, vestido, y en su cabal juicio; y tuvieron miedo. 

Vestido y en su cabal juicio, el hombre fue maravillosamente liberado por el poder del Hijo de Dios. Anteriormente mencionamos que el hombre había estado endemoniado. Tal vez sería bueno que ampliáramos esto un poco. A menos que no entendamos lo que la presencia de un demonio o de demonios puede hacer en una vida, nos faltaría la compasión necesaria para asistir a los que están en estas necesidades desesperantes. Además, siempre vendría “casualmente” a nuestras mentes, esa sensación de estar fantaseando en demasía, lo que a muchos a llevado a caer en la mentira que más éxito le ha proporcionado a Satanás: hacernos creer que no existe.

Lo pondré así: cuando uno o más demonios habitan el cuerpo de un individuo, esa persona se halla controlada bajo la influencia de un espíritu maligno. Bloqueando temporalmente su conciencia, el demonio puede hablar y actuar dentro de la víctima, usándolo como un esclavo o instrumento. En tales casos, como vimos en Lucas 8, la persona tiene una fuerza increíble, una lengua blasfema, vil, vulgar, un temperamento violento y feroz que lleva a cabo actos peligrosos en contra de sí mismo y de otros. No es extraño que la víctima endemoniada sea arrastrada a formas perversas de ataques más sádicos y brutales hacia otros, hasta el extremo del asesinato.

Ha sido una observación común en ministros con experiencia que, cuando el demonio habla y se proyecta a sí mismo a través de la víctima, la voz es diferente a la voz normal y hasta la personalidad del individuo. En ocasiones se ha visto cuando el espíritu maligno que habla usa otro idioma, totalmente desconocido de la víctima. También es interesante que el pronombre usado ayuda a identificar la presencia de un ser extraño.

El primer pronombre personal “yo” o “me” consistentemente identifica al demonio residente. Se dirige a los espectadores en la segunda persona “tú” o “tuyo”. Se refiere a la víctima en la tercera persona, “él” “ella” o “sú”, la cual durante el ataque se ve inconsciente para todo sentido práctico, como que no existe durante el intervalo. Recordarás que el hombre de Lucas 8 es virtualmente un “vehículo” pasivo que lleva en su cuerpo los espíritus malos. Desnudo, feroz y con una fuerza sobrehumana, él era impelido por el demonio, dice el verso 29.

Una escena muy descriptiva y patética. Pero después que los demonios salieron Lucas nos informa que el hombre estaba sentado, vestido y en su juicio cabal. La angustia y la presión interna habían desaparecido. En realidad, si sigues leyendo en Lucas 8 verás que el hombre deseaba la compañía del Señor Jesucristo. Cuando el Salvador le dijo que no lo hiciera, sino más bien que fuera a su casa y a los suyos y les contara las grandes cosas que el Señor había hecho con él, alegremente obedeció. Había un contraste maravilloso y repentino que envolvió al hombre después que los demonios se fueron.

No son pocos los que trabajando en esto, han visto esto que hemos relatado en varias ocasiones. No estamos inventando nada ni se nos ha destapado ninguna veta por la ciencia ficción. La Biblia dice que los demonios son reales y existen y eso es para creerlo de la misma manera en que hemos creído que Jesús fue a la cruz por cada uno de nosotros. El tormento es reemplazado con la calma, la quietud. Las palabras feas y profanas cesan y son reemplazadas con alabanza y gratitud a Dios. ¡Es maravilloso ver eso! Como fue horrible y tenebroso ver lo otro anterior.

A menudo se necesita una confrontación firme. Cuando la gente está endemoniada necesita ayuda inmediata, valerosa, compasiva. Pero permíteme advertirte: ¡La lucha espiritual no es un asunto trivial y mucho menos de lucimiento personal de nadie! Y para que no dejes que la curiosidad indolente te lleve a la idea de que ese ministerio es un juego placentero, te pido por favor que procedas y te muevas con mucha cautela. Nadie se convierte en un experto en liberación. Nuestra única base para la victoria sobre los poderes de maldad es nuestra unión con el Señor Jesucristo. Los espíritus de las tinieblas son imprevisibles, extremadamente astutos, y siempre tan brillantes.

Quiero ahora compartirte las cosas negativas. En primer lugar, debo advertirte que nunca busques información o permitas que ningún espíritu maligno te dé voluntariamente información que tú no estás buscando. Entiende: tú no estás en este planeta para restaurar demonios. ¿Recuerdas lo que Dios le dice a David cuando él oraba por Saúl? Le dice lo que yo te digo respecto a esto: “No ores más por él, yo ya lo deseché.”

En segundo lugar, de ninguna manera creas lo que un espíritu maligno te dice, a menos que tú puedas comprobarlo de manera fehaciente y segura. Esas entidades son tremendamente mentirosas de manera casi empedernida, tal como lo es su líder espiritual, satanás, a quien no por nada se lo ha rotulado como “padre de mentira”.

En tercer término, es menester que no tengas ninguna clase de temor, o concretamente miedo, al recibir verbalmente cualquier amenaza respecto a hacerte daño a ti o a tu familia. Ellos siempre amenazan porque especulan con la confianza que cada creyente tenga respecto a Dios. Si tú crees andar por el camino que Dios te mandó caminar y estás correcto delante de Él, tú no tiene diablo ni demonio que te toque en nada.

En cuarto espacio, de ninguna manera asumas que el simple hecho de haber obtenido una victoria clara y contundente sobre Satanás y sus demonios, significan el final de la guerra. Esta es una guerra de toda tu vida terrenal y, cuando obtienes una victoria, (También se da en una derrota), eso sólo representa el resultado de una batalla, pero una guerra se constituye de varias batallas.

En quinta mención, jamás confíes en que un enfrentamiento audaz sea el camino principal para conseguir victoria sobre el enemigo. Una aplicación positiva de la doctrina, oración combativa, memorización de las Escrituras, y un caminar de alabanza hacia Dios son esenciales. No ganan batallas aquellos que ostentas títulos, cargos, posiciones o credenciales eclesiásticas, como algunos suponen. Ganan esas batallas los que pueden mostrarle en las narices a Satanás que tienen sus vestiduras morales y espirituales limpias y blancas.

Es tiempo ahora de compartirte las cosas positivas. Primeramente, deberás vestirte con toda la armadura de Dios. Atención con esto: dije con toda la armadura de Dios. Y cuando digo toda, significa precisamente eso: toda la armadura, sin dejar nada a un lado. Reclama tu unción con cristo y camina en la plenitud del Espíritu Santo. No vencerás por tus méritos, vencerás por tu condición de vaso de alta utilidad.

Segundo, vuelve a tomar cualquier terreno que por cualquier razón o causa justificada o no, le hayas cedido a Satanás por causa de pecados carnales voluntarios cometidos despreocupadamente. Una simple oración de fe puede llevar a cabo esto y ser de altísimo resultado concreto y puntual.

Tercero, ata todos los poderes de las tinieblas que obren bajo el mando de cualquier espíritu maligno a este último, ordenándoles salir cuando él lo haga. Ha enseñado que no estamos para atar demonios sino para echarlos fuera, así que cuando digo que ates, no estoy hablando del espíritu maligno, sino de su actividad. Así como una atadura espiritual te limita como persona, una atadura de guerra limita a los espíritus malos.

Cuarto. Fuerza al espíritu maligno a aceptar esto porque tú estás sentado con Cristo sobre todos los principados y poderes, tal como leemos en Efesios 1:21 y 2:6, y tienes autoridad plena sobre ellos. No es gritarles para que salgan, es ordenárselos en el nombre de Jesús de Nazaret y con tu conducta como respaldo.

Quinto. Oblígalos a aceptar, porque así deben hacerlo sin ninguna duda, que cuando tú les ordenas que salgan de cualquier lugar físico o humano donde se encuentran, tienen que salir inmediatamente. Y no tendrán ni la menor opción ni posibilidad de elegir su próximo destino, sino que deberán irse donde Cristo les envíe, tal como sucedió en Gad.

Sexto. Exige que el poder maligno se una en un solo espíritu si es que se ha dividido en varias partes. Son extremadamente hábiles a la hora de evadirse y, una de sus estratagemas de mayor resultado es hacerle creer al ministro o creyente inexperto, que han abandonado un lugar cuando en realidad todavía se encuentran allí y más fuertes y activos que nunca. No permitas que tu ansiedad te impida terminar el trabajo.

Finalmente, debes estar preparado porque el poder maligno puede intentar hacer daño de alguna forma a la persona con la cual tú estás trabajando. Quien está siendo liberado puede sufrir dolores repentinos en el cuerpo, un agudo dolor de cabeza, sensación de asfixia y cosas como estas que son utilizadas muy a menudo, principalmente para asustar, porque ya sabes que más allá no pueden llegar.

Llegado a este punto de este trabajo, creo que es el momento en que puedo formular o formularte la gran pregunta del siglo: ¿Puede un cristiano estar endemoniado? Mira; por muchos años yo me hice esta pregunta, pero ahora tengo una convicción que de ninguna manera es tan facilista como la que en ese momento se me presentó. Hoy sé que entonces pensé con la cabeza, mientras que hoy más o menos puedo permitirle al Espíritu Santo que ministre mis ignorancias.

Yo en ese momento respondí que sí, que muy bien podía darse el caso de cristianos endemoniados. Había visto en las campañas evangelísticas de ese enorme ministro que era Carlos Anacondia, que en su carpa de liberación, eran atendidos y ministrados más hombres y mujeres que asistían a iglesias que incrédulos visitantes ocasionales de las campañas. En ese tiempo, todavía yo entendía que un cristiano es aquel que va a una iglesia, tiene un pastor, ora algunas veces al día y lee su Biblia de vez en cuando. Hoy, la vida y la maduración que sólo el Espíritu puede darte, me ha hecho entender que no. Que un cristiano puede ser eso que yo suponía, pero que un creyente genuino es, absolutamente, otra cosa.

Porque conozco gente religiosa que, pese a ser fieles asistentes a congregaciones y hasta miembros respetables y respetados de ellas, dieron lugar al diablo en sus vidas mediante algunas de las clásicas y características puertas de ingreso. Aventurarse en alguna forma de ocultismo, tener un espíritu muy poco dispuesto a personar ofensas, y que al mismo tiempo también le impide pedir perdón cuando ha sido el ofensor, andar por la vida en un permanente estado de carnalidad en casi todos los temas y un sinfín de cosas más, similares a estas. Claro está que los demonios ven todo esto como una diáfana luz verde para proseguir con sus ataques y perturbaciones u opresiones hasta el grado sumo. Hay mucha escritura al respecto.

(2 Corintios 2: 10) = Y al que vosotros perdonáis, yo también; porque también yo lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en presencia de Cristo, (11) para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones. (En pleno siglo veintiuno, y sin hacer especial énfasis en ningún sector determinado, ¿Puedo ponerle signos de pregunta a la última frase de este texto? ¿De verdad que no ignoramos las maquinaciones satánicas?)

(1 Corintios 5: 1) = De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre.

(2) Y vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais más bien haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción? 

(3) Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho. 

(4) En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, (5) el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús. 

Siempre me pregunté qué significado podría tener esto de que alguien sea entregado a Satanás para la destrucción de su carne. Yo, al igual que muchos cristianos mal enseñados, o mal capacitados, entendía que era algo demasiado cruel abandonar a alguien que estaba pecando feo, y encima de todo ello, ir a buscar a Satanás y entregárselo para que lo destruya. ¿Verdad que suena feo dicho así? ¡Claro, porque no es así! Dios pone en tu vida, cuando tú decides creer y entregarte a Él, una especie de paraguas protector. Tú estás a salvo del infierno, siempre y cuando pertenezcas de adentro y de afuera al Reino de los Cielos.

Pero sí tú simulaste y te acercaste al Reino pero no abandonaste tu amor por el pecado grosero, que es el pecado a sabiendas y no por ignorancia o debilidad, lo único que hace Dios y no nosotros, es retirarse porque Él no puede tener comunión, (Que en este caso es común unión) con el pecado. Y cuando se retira, ese paraguas protector también lo hace y, allí sí, te quedas desguarnecido y vulnerable a lo que satanás quiera hacer con tu vida. El simple hecho de retraerse, ha determinado que hayas sido entregado a Satanás para la destrucción de la carne. Si te sigue sonando cruel, lo lamento. Pero la justicia de Dios contiene misericordia, que de ninguna manera habrá de confundirse con permisividad o complicidad.

(Lucas 22: 31) = Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; (32) pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos. 

¿No te resulta extraño que si Satanás le pide a Dios que te deje un poco libre para poder zarandearte con sus ataques, lo único que haga Dios sea rogar por ti para que tu fe no falte? ¿Y qué esperabas? ¿Qué Dios produjera un terremoto y sepultara entre sus escombros a todos los demonios que te abruman? No mi hermano, será tu fe la que active tu batalla. Y cuando esa fe se active y salgas a combatir, allí sí aparecerá detrás de ti Jehová de los ejércitos con todo su poder y esplendor. Pero no antes de tu fe.

Las fuerzas de las tinieblas no discriminan en relación con el cuerpo que puedan habitar. Yo he trabajado personalmente con cristianos muy preocupados, angustiados por espacio de muchos años. Ocasionalmente he asistido en el proceso doloroso de liberarlos de demonios. Y he visto que no necesariamente Satanás busca, a modo de un caballero antiguo con alto sentido del honor, batallar contra hombres fuertes y bien equipados. He visto a Satanás destruir a ancianas indefensas, mujeres dulces y sensibles, amén de vulnerables y hasta niños que, de tan pequeños, parecería increíble que sean atacados. Ese es nuestro enemigo, conócelo.

Quizás una palabra esclarecedora de seguridad es necesaria aquí. El creyente tiene al Espíritu Santo residiendo en él. Por lo tanto, el espíritu inicuo extraño ciertamente no puede reclamar que es “dueño” del cristiano. Él todavía es un hijo de Dios. Pero mientras esté presente en su cuerpo, (Tal vez en la región del alma) esa fuerza maligna puede hacer estragos en su vida, trayéndole los pensamientos más extravagantes que se puedan imaginar a su conciencia. ¿Podría esto explicar por qué algunos creyentes pueden caer en pecados tan horribles? Es más: ¿Podría explicar esto por qué algunos cristianos aparentemente sólidos, pueden incluso llegar a caer hasta en el suicidio?

Ahora veamos: ¿Cómo se relaciona todo esto a nosotros hoy? Digamos que hay varios factores que se aplican a nosotros. Puedo mencionarte los primeros tres que vinieron a mi mente. Primero: Tiene que haber un diagnóstico correcto. Tenemos que guardarnos de la caza o persecución de brujas. Alguna gente ve demonios en cada área de debilidad o equivocación. Se ha oído aún de un hombre que creía que una persona que él conocía, tenía un demonio de “comerse las uñas”. No. Tengo mis serias dudas que el acto de comerse las uñas tenga que ver con un demonio o sea producido por uno de ellos.

Además, hay características entre los perturbados mentales y emociónales que son poco menos que extravagantes. Pero eso no significa ni por asomo que podamos decir que son demoníacas. Y pueden existir desórdenes físicos, también. Todo esto nos dice que debemos tener mucho cuidado y discernimiento en lo referente al diagnóstico. No habrás de encontrar, como algunos sostienen, demonios hasta debajo del plato de sopa. Pero eso no es límite para que no compruebes que debajo de tu salsa de tomate no se esconde ninguno. ¿Se entiende? Veremos ahora algunos síntomas que podrían, (Así, en potencial, no podemos establecer certezas en algo así. Podrían) denotar demonismo.

Primero: Repentinos e irrazonables cambios de carácter. Recuerdo una mujer mayor, soltera, que se congregaba en una iglesia a la que asistí por un tiempo. Estaba en el ministerio de la enseñanza. Solía llegar a su clase casi resplandeciente con su sonrisa de bondad, paz y victoria. Sin embargo, no era extraño que, en un momento dado y sin que mediara nada que lo produjera, estallara de ira por la cuestión más nimia, al extremo de ponerse colorada en su rostro al punto de parecer que iba a explotar.

Segundo: Expresiones agresivas e incontrolables de hostilidad. Parece casi un sinónimo de lo anterior, pero en este caso se trata de gente que no cambia su carácter, sino que constantemente muestra este, cargado de agresividad y hostilidad para con quien sea, y por el motivo que sea o, incluso, sin motivo alguno.

Tercero: Apego o dependencia sobrenatural a toda clase de amuletos, consultar sin dudarlo ni desconfiar a adivinos, e involucrarse del modo que sea a cualquier forma de ocultismo, esencialmente sabiendo que se trata de ello y no de prácticas inofensivas e inocentes.

Cuarto: Hábitos extremos, esclavizantes de inmoralidad sexual, perversiones, blasfemia y burla desvergonzada. Esto es muy amplio pero coherente con las formas visibles. Quien transite por esta senda oscura y maloliente, tendrá una boca de cloaca y se gozará más con la inmundicia que con una sexualidad convencional. Incluye a la pornografía y a la pedofilia.

En realidad, todas estas características y otras muchas más, necesitan ser observadas con alto grado de discernimiento. Nadie puede censurar a alguien por un “me parece” o “creí percibir”. Es el Espíritu Santo mostrando con claridad el pecado o no es nada. De hecho, consultar con otros, suele ser de gran ayuda en esta clase de asuntos. Lo que más hay que cuidar es el no hacer un diagnóstico prematuro de los hechos.

En segundo lugar del global, Se le Debe Proveer Ayuda a la Persona Endemoniada. Si tú estás convencido de la presencia de demonios, la persona endemoniada necesitará ayuda de cristianos fuertes y dedicados que trabajen juntos en liberar la víctima del mal. Un estudio cuidado del procedimiento de Jesús, es indispensable. Por ejemplo, él preguntó el nombre del demonio. Él tomó autoridad y no cedió el control. También mandó al demonio que saliera. Nunca se recomienda que este proceso se intente solo. Hay fuerza en el número especialmente de cristianos maduros. Tales experiencias pueden ser extremadamente difíciles y violentas.

Tiene que haber un seguimiento de apoyo después de la penosa experiencia. El tiempo más vulnerable viene después que el individuo es liberado de los demonios. Se necesita mucho cuidado y apoyo. Mira Lucas 11:24-26. Este pasaje te ayudará a ver el valor del seguimiento.

(Lucas 11: 24) = Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Volveré a mi casa de donde salí. 

(25) Y cuando llega, la halla barrida y adornada. 

(26) Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. (Esto, como quiera que lo interpretes, eres absolutamente libre, nos lleva a una misma conclusión: nunca dejes al individuo liberado sin tu ayuda).

Creo que hemos cubierto bastante territorio con estas premisas que hemos compartido. Hemos descubierto que para nosotros poder estar firmes en nuestro fundamento y pelear victoriosamente contra los poderes de las tinieblas, tenemos que disipar la ignorancia y tomar y emplear la armadura que Dios ha provisto. También determinamos que hay dos maneras básicas que la Biblia nos enseña para lidiar con los demonios; 1) Resistirlos, y 2) Echarlos fuera.

Estas verdades nos han ayudado a darnos cuenta de que en Jesucristo somos victoriosos. No hay razón para tener miedo. Hemos vencido a los poderes por medio de Él que murió para que nosotros viviéramos. Permanece firme, cristiano. Por medio de Cristo, vencemos. No puedo pensar de ninguna otra forma más apropiada para concluir estos pensamientos que citando a Apocalipsis 12:11, un versículo que lo dice todo acerca de nuestra guerra espiritual con Satanás.

(Apocalipsis 12: 11) = Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. 

Ahora bien; tú sabes que el tiempo en el que estamos viviendo es malo, perverso, y que cada vez parecería ser más impío a medida que pasan los meses, los años. Y es tan fácil atemorizarse, ya que estamos rodeados por toda evidencia de maldad. Como hijos tuyos somos como una isla de pureza rodeada por un mar turbulento de depravación, un lugar donde las actividades satánicas y demoníacas suceden.

Y, por encima de todo eso, no podemos ver nuestro enemigo real. Por lo tanto, no podemos alcanzarlo y pelear con él con nuestros puños. Pero él está presente, implacable y cruelmente obrando en contra tuya y de tu voluntad. Esto puede atemorizarte, y debes admitirlo con franqueza. Pero has aprendido que no hay una sola razón justificada con argumento bíblico que avale el tener miedo. Tu armadura es todo lo que se necesita. Tu fortaleza es tu escudo.

Convéncenos de esto, Señor. Asegúranos que tú eres nuestra luz, nuestra protección y nuestro escudo. Necesitamos esos recordatorios. Dánoslos cada día. Que podamos estar firmes en tu poder al encontrar nuestra confianza en ti y no temblar ante el enemigo. ¡Sólo por medio de la sangre de nuestro Señor Jesucristo es que conquistamos! Y así lo decretamos, lo declaramos y lo activamos a partir de este momento en el nombre de Jesucristo de Nazaret. Amén.

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junio 27, 2019 Néstor Martínez