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Pioneros de la Justicia

Una de las mayores tristezas que un creyente puede padecer a lo largo de su camino en el evangelio, es la de darse cuenta de todo lo que le falta en su vida. Darse cuenta que Dios tiene que seguir cargándolo sobre sus hombros para que pueda arribar a una estatura mínima. Y a todos los quedará una rara sensación, casi inexplicable. Es como pensar en qué cosa más le tiene que pasar para darse cuenta que su tarea, que su misión en la tierra está terminada.

Tanto es así que, cuando participamos de alguna acción directa de confrontación espiritual contra poderes del infierno, no podemos sentirnos demasiado alegres por vencerlos, ya que al mismo tiempo caemos en cuenta de todo lo que de ese mismo contenido todavía existe en nosotros en forma de mezclas extrañas. Supongo que también esto puede deberse a que así como hay gente que está predispuesta y dispuesta a poner su atención en todo lo que le sobra, a mí y a muchos otros como yo, seguramente, nos sucede que preferimos enfocar toda nuestra atención en lo que nos falta.

Y eso no tiene nada que ver con fatalismos ni pesimismos, es otra cosa. Y muchos hemos procurado entender por qué pasan estas cosas. Básicamente, todo radica en lo mucho que hay por hacer. Y entendimos por primera vez por qué Jesús se puso a llorar cuando vio el campo de cosecha. Lo que ocurre es que el texto, allí, no da a entender todo lo que pasó, realmente. Pero dice que Él vio los campos dorados, y se conmovió.

Ese conmoverse no es una reacción sentimentaloide, simplemente se conmovió en su interior, y se decía a sí mismo que, habiendo tanta cosecha para levantar, era una lástima que no hubieran suficientes obreros. Y termina aconsejándoles que oren al Padre de la mies, para que envíe obreros a la mies. ¿Recuerdan ese pasaje, verdad?

Hoy, muchos de aquellos que pueden andar en el espíritu, sienten el mismo dolor que experimentó Jesús en ese momento. ¡Hay tanto, pero tanto para hacer! Y parecen tan pocos los que andan en la sintonía adecuada. Sin embargo, lo importante es saber cómo ve, cómo evalúa, como piensa Dios este asunto, y no como lo dice el ministro Tal o Cual; o como lo piensas tú o lo pienso y lo digo yo. Porque todo este tema consiste en lo que el Cielo dice, no hay nada más.

Sin embargo, dentro de todo lo que ya hemos asumido nos falta, algo sobresale por encima del resto: cómo podemos nosotros, hoy, aprender e incorporar el cómo desarrollar mejor y mayor justicia. Porque todos sabemos, y los que no lo saben todavía, ahora se están enterando, que mientras más justicia hay en nuestras vidas, más luz hay en nuestras vidas.

Ahora claro; lo que sucede es que el concepto de justicia, es bien ambiguo. Si tú le preguntas a un abogado lo que es justicia, te va a dar una respuesta firme y contundente. Pero si tú le preguntas a un ecologista lo que es justicia, él te va a dar otra respuesta muy distinta, pero tan contundente como la anterior. Puedo mostrarte algo para que entiendas cómo es que el Cielo entiende la justicia.

La Palabra dice que justicia y juicio, son el cimiento del trono de Dios. Y esta no es una palabra pequeña, porque cuando Dios crea al hombre, lo crea justo. Adán podía caminar con Dios, cada tarde, y pasear por el huerto, no porque era su imagen, sino porque Adán era justo. Cuando Dios veía a Adán, veía a alguien justo.

Entonces, todo lo que el Padre tenía, era de Adán. Y no había diferencias entre cielos y tierra. Porque lo que une cielos y tierra, es la Justicia. Por eso es que en Cristo se unió cielos y tierra. Por Su justicia. Donde Dios gobierna, hay Justicia. Claro, el riesgo que estamos corriendo aquí y ahora, es tratar de interpretar Justicia con palabras humanas.

¿Cuál es la Justicia de Dios, por ejemplo? No la voy a definir. Pablo la define. No nos vamos a tomar el trabajo de hacer algo que ya Pablo lo hizo como nadie podría hacerlo. Pero sí te puedo dar ejemplos. Para Dios es justo que, si hay una persona que tiene cinco talentos y una persona que tiene un talento, quitarle a este último el único talento que tiene, porque no supo o no quiso multiplicarlo, y dárselo al que tiene cinco.

Pregúntame ahora cómo se vería eso a los ojos de cualquier dirigente social. Se vería como algo totalmente injusto. Sin embargo, la Biblia nos muestra que para Dios, eso es justo. Y dice que al que más tiene, aún más se le dará, y al que menos tiene, aún lo poco que tiene se le quitará. Eso es justo para Dios. ¡Huau! ¿Cuántos políticos han estado equivocados?

Entonces, la pregunta es: ¿Qué entiende el cielo por Justicia? Creo poder encontrar la manera de enseñártelo antes de concluir esto. Pero antes debería mostrarte algo más para que puedas entender claramente de qué es de lo que estamos hablando.

Cuando vemos con serenidad y equilibrio, la manera en que Dios conduce la historia, nos damos cuenta que Él trabajó en un proceso que, me guste o no y sin importar en qué momento vine al mundo, yo también debo trabajar conmigo. Cuando Dios crea al hombre, lo crea inocente. ¿Y qué significa, exactamente, inocente? ´Que él no tenía experiencia respecto a qué era lo malo, lo pecaminoso o las tinieblas. Lo crea inocente.

Y como el hombre es inocente, en ese momento, Dios es el que ejerce un gobierno pleno y directo. No es Adán el que gobierna. Es Dios mismo el que gobierna, a través de Adán. Por eso dice que Justicia y Juicio, son el asiento de su trono. O sea: si hay justicia plena, el gobierno de Dios es pleno.

Cuando el hombre decide voluntariamente pecar, lo hace a través de algo bien básico. Lo hace a través de la desobediencia. La desobediencia, pone al hombre en posición de injusticia. Y ahora escucha muy bien esto: si tus hijos no entienden que desobedecer es injusticia, tú no le estás enseñando nada. El gran problema de la desobediencia, es que donde hay desobediencia, Dios no puede obrar. Para que Dios pueda obrar, tiene que haber obediencia.

¿Y qué es lo que desarrolla la obediencia? Justicia. ¿Y qué es lo que provoca la desobediencia? Injusticia. Entonces, Adán pasa de esa etapa de inocencia a la etapa de la conciencia. Su conciencia se despierta. ¿Qué pasaba? Que antes de pecar, Adán no necesitaba usar su conciencia. ¿Sabes cuál era la conciencia de Adán antes de pecar? El Espíritu Santo.

Pero en el momento en que él peca, se desconecta del Espíritu Santo y tiene que activarse una brújula interna. La conciencia se activa en el momento en que Adán muerde el fruto prohibido. Por eso es que él se asusta, se esconde y se fabrica unos delantales con hojas de higuera. ¿Quién lo guio a hacer eso? Su conciencia, no Dios.

¡Y qué terrible juez es la conciencia! La conciencia no tiene misericordia. Entonces, deja de haber un gobierno de manera directa por parte de Dios. Comienza la etapa de los gobiernos individuales, o personales si los quieres definir con mayor precisión. Por eso es que Caín se siente con la libertad de matar a otro hombre, y no le importa. ¿Sabes por qué? Porque desde allí en más, la justicia es hacer lo que a mí me parece, y no lo que le parece a Dios.

Ya no es lo que Dios quiere, sino lo que a mí me parece, o sea que yo comienzo a gobernar según mis propios deseos. Ese es el gobierno de la conciencia. Pero Dios se acuerda de su pueblo, y en cada etapa él da algo que siga conectándolo con el hombre. Pero no era suficiente para hacerlo justo, por lo tanto Dios no podría establecer su trono otra vez.

Luego aparece Babel, y lo que ustedes encuentran en Babel, es lo que se llama gobierno humano colectivo. Ahí es donde aparece la democracia. A la democracia no la inventaron los griegos, la inventaron los babilonios. Los griegos, en todo caso, le pusieron el nombre, pero la institución democrática fue creada por los babilonios.

¿Qué es Babel? Es, básicamente, el gobierno humano. Aparece un hombre llamado Nimrod. Y Nimrod es un guerrero temible, que ejerce poder y gobierno a la fuerza. Y allí es donde entramos al gobierno de los más fuertes, de los más astutos, de los más corruptos, de los más vivos; entramos al gobierno de Babel. Y Dios lo permite. Porque esta tierra, necesita ser gobernada. Pero ya no la gobierna Dios, ahora la gobiernan los hombres.

¿Qué se genera allí? Injusticia social, mala distribución de la riqueza. ¡Eh! ¿Qué me está diciendo? ¡Entonces parecería ser que estamos ahora viviendo en Babilonia! Sí. Claramente seguimos viviendo bajo el gobierno de Babel. Pero, en un momento, Dios se separa de todas las naciones de la tierra, y elige a un hombre para levantar su nombre entre ellos: escoge a Abraham.

Y allí es donde aparece lo que se llama La Promesa. Retomemos la promesa de Génesis 3. Un día vendrá, el deseado de las naciones. Y este hombre, Abraham, es tan impresionante, que dice el texto que salió y se fue. Esa era la mayor declaración del juicio de Dios contra esa generación. Abraham salió. Salió de Caldea, salió del sistema de Babel. Salió.

Entones, el gobierno de Dios, pasa de ser el gobierno sobre toda la gente, a ser el gobierno solamente sobre una familia. Dios está sobre la casa de Abraham y sud descendencia. ¿Y qué pasa con el mundo? El mundo se está cayendo a pedazos y Dios no puede actuar, ¿Sabes por qué? Porque no hay justicia.

Aparece Moisés, y con Moisés viene, por primera vez, lo que vendría a ser el gobierno de Dios, peo a través de una Ley. Escrito está: no harás esto, no harás aquello, no harás lo otro. La Ley es, básicamente, la expresión escrita y visible del camino de la Justicia. Porque dice: Haciendo esto, vivirás. No robarás, no codiciarás la mujer de tu prójimo, honrarás a tu padre y a tu madre.

¿Y qué es eso? ¿Acaso un montón de caprichos de Dios? No, son los requisitos mínimos para vivir en Justicia. ¿Quién recibe la Ley? El pueblo de la promesa. ¿Qué quería Dios con ellos? Quería gobernar en ellos. ¿Qué necesitaba Dios para poder gobernar en Israel? Que ellos sean justos. ¿Pudieron ser justos? No. ¿Obedecieron la Ley? No. ¿Pudo gobernar Dios, allí? No.

¿Qué hicieron los reyes que vinieron después? Tú conoces la historia; cada uno peor que el otro. Uno piensa que va a llegar a ser justo por ser creyente. Sin embargo, el camino es opuesto. Uno llega a ser creyente por ser justo. Y sino, mira: había un hombre llamado Cornelio; un hombre justo. Ahora; ¿Era salvo? Y…técnicamente, te debería decir que no.

¿Y entonces, qué hace Dios? Manda su mejor apóstol del momento, el predicador de más prestigio en el momento, ¡A la casa de un pagano! Quiero que sepas, Cornelio, que tus oraciones y tus limosnas, han sido escuchadas por Dios. Dios establece su trono sobre la casa de Cornelio, y toda su familia ser convierte.

Y, escucha bien: no se convierten para ser justos; ¡Se convierten porque eran justos! Por eso es que los fariseos no podían convertirse, porque no eran justos. Viene Cristo y viene la iglesia. Y, a través de la iglesia, viene el gobierno de Dios por su Espíritu Santo. Eso se desata en el Aposento Alto. Es Dios gobernando a través de Su Espíritu.

Por eso es tan elocuente y tan hermoso el Libro de los Hechos, que siempre dije que no debería denominarse como “hechos de los apóstoles”, sino como “hechos del Espíritu Santo”. Creo humildemente que ahí alaguno le erró feo. Y el Espíritu Santo escogió a Pablo, y el Espíritu Santo nos dijo, y le pareció bien al Espíritu Santo y todo así.

Es Dios gobernando. ¿Y qué hace la gente cuando el Espíritu Santo gobierna? Y todos los que tenían propiedades las vendían y traían el dinero recaudado a los pies de los apóstoles, y todos aquellos tenían todas las cosas en común, y no había gente pobre o sin alimento en la iglesia, porque todos se cubrían con todos.

Cuando la justicia de Dios se establece, todo el pueblo se beneficia. No había pobres, no había necesidades, repartían todo esto entre la gente, ¿Y lo hacían por qué? Porque Dios, literalmente, había sentado su trono sobre ese lugar. Justicia y Juicio. No había viuda que no fuera atendida ni huérfano que no estuviera siendo educado. ¿Quién hace eso? El Espíritu Santo. ¡No la iglesia! ¡El Espíritu Santo!

Y con el Espíritu Santo llega la etapa final que es el Reino de Dios. ¿Qué es el Reino de Dios? Es el gobierno pleno y sin intermediarios de parte de Dios para con su pueblo. El mismo que en su momento tenía Adán. Ahora bien; todos nosotros, absolutamente todos y sin distinciones de categorías ni jerarquías, nacemos en este mundo bajo el gobierno humano. Ojo: Jesús también nació ahí.

Cuando yo nací, mis padres tuvieron que ir a inscribirme a un Registro Civil o como quiera que se denomine esa oficina de control de nacimientos en tu país, hoy. Hoy, tú y tu esposa son creyentes y son padres. Cuando nacen tus hijos, aunque seas creyente, deberás ir a inscribirlos ante ese Registro. De otro modo, no existirán para tu país.

Ahora te pregunto: ¿Por qué deberíamos nosotros, creyentes, obedecer todas esas leyes? Porque tus hijos, mis hijos, nosotros mismos, nacimos bajo el gobierno de los hombres. ¡Ah, no, hermano! ¡Ellos están bajo la iglesia! ¿Ah, sí? ¿Entonces, la iglesia gobierna? ¿De verdad tú crees y me quieres hacer creer, que la iglesia gobierna, ahora?

Todos nacemos en una situación de caída. Todos nacemos siendo uno con el diablo. Si me dices que tú no, me temo que estás en ignorancia total o me estás mintiendo. Todos nacimos con el pecado original en nuestro rostro. David mismo lo dijo en el salmo 51 y verso 5: He aquí, en maldad he sido formado,
Y en pecado me concibió mi madre. ¡Ninguno de nosotros nació salvo!

Esto es doctrina básica y doy por descontado que cada uno de ustedes la conoce. Ahora piensa: ¿Si no naciste salvo, cómo naciste? Naciste unido al príncipe de las tinieblas. Este gobierno que ustedes ven en las naciones de la tierra, más allá de los matices de cada uno, es un gobierno injusto. ¿Por qué? Porque el que está gobernando es el diablo y el no tiene nada de Justicia.

Ahora suponte esto: tú conociste al Señor hace cinco años, y te encuentras con alguien que sólo hace un año que lo conoció. Y otro que está más allá, hace treinta años. Sin embargo, aun conociendo al Señor, tú estás todavía bajo el gobierno humano. Jesús nació ahí. Él tiene que moverse con sus padres a Belén, para ser censados. Tiene que circuncidarse al octavo día. Debe ser formado y educado, porque la palabra dice que crecía en sabiduría y conocimiento, pero no sabemos que hizo desde los doce hasta los treinta.

¿Se educó? ¿Se formó? ¿Ayudó? ¿Trabajó? ¿Fue carpintero? O sea que él tuvo que hacer lo que le correspondía por nacer en un gobierno humano. Tan tremendo es esto, que cuando a Pablo lo abofetea el Sumo Sacerdote y él reacciona mal, le dice: ¡a ti te abofeteará Dios! Pero le dicen: ¡Eh! ¡Es el Sumo Sacerdote el que te ha abofeteado! ¿Y tú le acabas de decir eso? ¡Pablo va y se disculpa!

Pero… ¿Cómo te puedes disculpar con ese? Simple: porque él es parte del gobierno humano. Es decir que aquí hubo una caída, y otra caída, y otra caída, ¡Muchas caídas! Es decir que, para poder nosotros expresar el gobierno de Dios hacia afuera, debemos hacer el camino de regreso.

Tú necesitas aprender a obedecer las leyes de los hombres, primero, para luego obedecer las leyes de Dios. Entonces, cuando llegas a un semáforo que está de color rojo y dice “Pare”, tú debes parar. No puedes venir con la excusa de que los profetas miran otra cosa. Y aquí se pone en marcha un proceso muy grande que no tiene nada que ver con la escuelita dominical, sino con la vida práctica y cotidiana.

Como tú hijo nace bajo el gobierno humano, lo primero que te corresponde a ti, como padre, es enseñarles a tus hijos a obedecer a ese gobierno humano, respetar a los mayores, a sus maestros y a las normas y ordenanzas externas. Si su maestra le dice que no debe correr en el patio del colegio, tú le dices que se queda sentado donde se le ordena. ¿Pero por qué? ¡Porque así se te ha ordenado! ¡Obedece!

Las leyes no se explican. Porque las leyes no están diseñadas para ser explicadas, están diseñadas para ser obedecidas. Letrero de “No Fumar”. ¿No es que tiene que decir que está prohibido fumar en este lugar porque es malo para la salud y se encuentra mucha gente que no le hace bien el humo y se convierten en fumadores pasivos ocasionándose un daño en sus pulmones? No. Tiene que decir lo que dice: “No fumar”. Punto. Obedece.

Está por decolar un avión y sale el letrero de “ajustarse los cinturones”. ¡Es que a mí me aprieta! Ajustarse los cinturones. ¡No me lo puedo poner, me ajusta mucho! Ajustarse los cinturones, ¿Y sabes qué? Si no lo haces, el comandante está autorizado por las leyes a bajarte ahí mismo del avión y salir sin ti, aunque tengas tu pasaje pago. Es ley y se obedece.

Las leyes no son para ser entendidas, discutidas, debatidas y polemizadas. Son para ser obedecidas y cumplidas. Cambiar las leyes es otro tema que se tratará en otro contexto. Pero mientras están vigentes, te parezcan bonitas o no, tienes un solo camino: obedecerlas.

¿Y eso qué tiene que ver con saludar a alguien? Es que muy difícilmente puedas honrar a Dios si no honras a los ancianos, o a los abuelos, a las señoras embarazadas. No puedes honrar a Dios si no honras a tu prójimo, sea cual sea tu prójimo. En todo caso, es tu prójimo porque Dios lo ha puesto allí, aquí y ahora.

Cuando ya aprendemos lo que es estar bajo gobierno humano, recién podremos pasar a entrenar la conciencia. ¿Y esto qué es? Por ejemplo, entrenar la conciencia de los niños cuando tienen actitudes malas, aun estando ellos solos, y ser sensibles a la voz del Espíritu.

Escucha esto. Y te adelanto que la Pedagogía te miente en esto. No puedo entrenar la conciencia de una persona, sino aprendió a obedecer la Ley. ¿Y qué significa que funcionen por conciencia? Que sin necesidad que haya ley, ellos sepan hacer lo correcto. Eso es ser gobernados por la conciencia. Ah, y puede ser gobernado por una buena conciencia, pero también por una mala conciencia.

¿Y qué es lo que está pasando en este tiempo? Hace algunos años, miles de niñas, en las iglesias, cantaban las canciones de una popular cantante, en apariencia ingenua y pura.. Hasta que la empresa que la patrocinaba la soltó y allí se manifestó todo el espíritu que había dentro de esta jovencita. Muy oscuro y tenebroso.

Ahora, tú padre creyente: ¿Cómo puedes sentirte ofendido por las cosas que hoy esta señorita anda realizando, cuando fuiste tú mismo el que el compraste a tu hijita la mochila con la imagen de ella bien grande y visible? Discernimiento cero. ¿O me vas a decir que una niñita de siete u ocho años va a ir solita a comprarse una mochila o una remera con la imagen de cierta artista secular? ¿Quién se la compró? ¡Los padres!

La capacidad de entrenar la conciencia de los niños, está en relación directa con su capacidad de obedecer las leyes. Es más que obvio que todos los padres del mundo esperan que sus hijos se comporten en privado de la misma manera en que se comportan delante de sus ojos. Pero, hasta que llegue ese momento, la ley debe estar presente.

Nuestra conciencia, cuando ha sido purificada por Dios, ¿Sabes lo que hace? Se convierte en una repetidora del Espíritu Santo. Y si todavía eres muy nuevo y no conoces la voz del Espíritu Santo, y por lo tanto todavía no puedes escucharlo, sí puedes escuchar tu conciencia, seguramente.

Pero si esa conciencia no fue entrenada por la ley, esa conciencia le va a decir cualquier disparate. Y esto tiene que ver todo con los niños, es cierto, pero en cualquier momento recalaremos en los adultos. Cuando la gente ha sido entrenada en su conciencia, recién ahí puede enseñar que hay una línea límite hasta donde ellos pueden ir, y debe haber siempre restricciones que limitan el comportamiento.

¿Qué quiero decir con esto? Que será apóstol, será profeta, será lo que sea, pero tendrá sus límites. Porque solamente Dios no tiene límites.  Un ministro tiene que saber reconocer a quién puede ministrar y a quien no puede ministrar. De hecho, si esa persona no pasó por las dos etapas anteriores, la de obedecer la ley y la de entrenar su conciencia, no va a tener demasiado éxito en esta nueva etapa.

Porque la ley te pone límites visuales. Tu conciencia te pone límites que tú entiendes. De tal manera que, aun cuando tu conciencia se calla, tú igualmente ya sabes reconocer límites. Un conductor de años no necesita mirar el velocímetro para saber que está caminando demasiado rápido. Percibe que la velocidad que lleva es superior a la correcta o indicada para el lugar y el momento.

Ahora bien; cuando la gente ha caminado estos tres pasos, es cuando la gente está lista para ser salva. La salvación allí entra como anillo al dedo, sin forzar nada. La gente que ha tenido hogares disciplinados, es la gente que llegado su momento, más fácil se convierte. Porque culturalmente se los preparó para recibir al Señor más tarde.

¡Es que yo no puedo forzar a mi hijo para que acepte al Señor! Claro, ¿No pudiste forzarlo a que hiciera la tarea cuando iba al colegio, lo vas a forzar ahora para que venga a Cristo? Pero, si esa madre o padre hubieran hecho la tarea correctamente en su momento, la conversión de ese hijo, en un noventa y nueve por ciento, dependía de ellos.

Porque todo su proceso lo hubiera preparado para ese momento. Van a escuchar a un predicador, mamá, papá y el nene. Mientras mamá y papá escuchan al ministro con toda su atención, e incluso toman apuntes, el nene está echado en el suelo jugando con el celular del padre; mirando dibujitos, juegos de video, etc.

¿Haría eso en un salón donde esté el presidente de la república de tu país? ¿Lo haría en una importante misa de la más importante catedral de tu nación? ¿Haría eso en el homenaje al abuelo, que es tu padre, al cumplir sus cien años? ¿No, verdad? ¿Y entonces por qué se lo permites en ese lugar y delante de ese hombre que a lo mejor ha sido enviado por Dios con una palabra tremenda?

Lo valioso es sostener la promesa. ¿Y cuál es esa promesa? Infundir a los niños la verdad de que ellos han sido llamados para pertenecer a Dios. Ellos son diferentes, son su pueblo. Que sepan que han nacido en un hogar cristiano, que tiene padres que temen al Señor. ¡Es que debo ir a celebrar Halloween porque todos mis amigos van! ¿Sabes qué? Tú no vas a ir nada a celebrar eso, porque tú eres distinto.

Y como ya ha aprendido a obedecer y sabe que el no de su padre es no y el sí es sí, no va y punto, a otra cosa. Ahora; en esta etapa es donde ya puedes sentarte a su lado y explicarle por qué razón nosotros los creyentes no celebramos Halloween. ¿Por qué? Porque ya ha aprendido a obedecer la ley, porque sabe moverse en base a su conciencia y sabe reconocer que hay límites.

Entonces es el momento donde tú le cuentas cómo nace el Halloween, para que él entienda y te entienda. ¿Y sabes qué? ¡Sí te entiende! Porque cuando se habla de promesa, el mérito de la promesa es que pueda ser creída. ¿Cómo podría creer algo si no lo entiendo? Y ahí es donde tú también puedes hablar de la promesa. Tú eres diferente.

Claro, eso no significa que tú te pongas a convencer a un niño que Dios lo ha elegido como profeta, cuando todavía ni siquiera sabe higienizarse lo mínimo, o arreglar su cuarto. No obedece a su maestra en el colegio, no hace las tareas a término y tú quieres convencerlo que será un profeta que Dios enviará a las naciones. Me parece que estás quemando etapas.

¿No termina de respetar a sus abuelos ni a sus mayores, y tú quieres que te crea cuando le dices que es Josías, que a los ocho años fue rey? ¡No es un profeta, es un niño! ¿Sabes la carga que le caerá encima si un día realmente es levantado como profeta? No creas que es exagerado, esto: sólo estamos preparando el camino de justicia en sus vidas.

No tiene que preocuparte que tus hijos no salgan grandes predicadores o maestros. Lo que sí debe preocuparte, es que sean injustos. ¿Y qué cosa es ser injusto para un niño? Hacerle comprar a sus padres ropa que después sin haber un motivo, no usan. Es injusto, eso. Hay gente que lo apreciaría tremendamente.

Ya lo sé, parece una reverenda tontería, esto, pero te puedo asegurar que ese siervo que guardaba el talento debajo del colchón, seguramente no tuvo padres que le revisaran el placard y le regalaran a otros más necesitados todo lo que él no usaba. Porque esto es clave para plasmar buenos administradores. Los cristianos no somos ni debemos ser acumuladores, somos administradores.

Esa es una lucha, no te vayas a creer que es sencillo. Porque la naturaleza humana es altamente egoísta y no sólo desea tener lo que necesita, sino más. Mucho más, y más y más. ¡Es que quiero tener eso! ¿Ah, sí, eh? ¿Y para qué? Hay un principio en el Reino: lo que no lo usas, lo pierdes. ¿Y cómo se llama esto? Me atrevo a decirte que es Cultura de Reino.

Porque a lo mejor resulta fácil hablar de los misterios del Tercer Cielo, pero mucho más complicado convencer a tus hijos que si no necesitan esas zapatillas nuevas que nunca han usado, deben regalarlas a los que no tienen ni siquiera una. No puedes sostener y mantener todo. En algún momento debes soltar.

Enseñar quien es Dios. La ley es el testimonio de la naturaleza de Dios. Enseñar la manera de cumplir su voluntad y poder agradarle. Si los niños han aprendido a obedecer la ley de los hombres, van a poder obedecer la ley de Dios sin discutir ni cuestionar. Y no van a pertenecer más a esa generación de: “A ver, le voy a pedir a Dios que me lo confirme”. ¡Es que no te tiene que confirmar nada! ¡Si leyeras la Biblia como debes, saldrías de toda duda y sabrías que ya lo dijo!

No hay nada que confirmar. En la mayor parte de los casos, lo que la gente dice confirmar, es ignorancia bíblica. Conducirlos a un conocimiento genuino de Cristo y aceptarlo como su Señor y Salvador. Transmitir una vivencia profunda de Él. Sabemos que la conversión es tanto un acto, un momento, como un proceso.

Pero entiende esto: esto no es fácil. Esperamos que llegue un día en que la Presencia de Dios sea tan fuerte, que nuestros hijos no puedan pararse del piso sin glorificar su nombre. Ningún padre puede forzar a Dios para que lo haga ni mucho menos doblarles a ellos sus rodillas. Pero sí pueden preparar las cosas para que, cuando llegue ese momento, ellos no repliquen, no protesten, reconozcan y lo acepten en obediencia.

Por eso te digo que la conversión es tanto un acto instantáneo, como un proceso. Ningún padre puede hacer que sus hijos nazcan de nuevo por la fuerza, pero sí pueden conseguir preparar adecuadamente el lugar de ese nacimiento. Y preparar para que se de todo lo que se debería dar en cada etapa de su vida. Deben enseñarles que ellos han sido escogidos por Dios para cumplir un plan especial y deben rendir sus vidas.

Ahora bien; ¿Cuál es el mayor problema que se tiene en personas como las que pueden estar escuchando o leyendo esto? Gente que a lo mejor ha escuchado mucho de reforma; gente que quizás haya caminado por senderos sobrenaturales y tremendos pero, por ejemplo, también gente que a lo mejor todavía no sabe decir la verdad.

Gente que tal vez puede ofenderse muy rápidamente ante la menor acción de corrección a algo de su vida. Porque hoy hay muchos que tienen voz profética, es cierto. Tan cierto como que pese a ello, no son éticos. ¿Y qué cosa es la ética? Por ejemplo, el respeto a la labranza de otra persona.

Es más: hay mucha gente que cree que ya ha llegado al Reino, cuando en realidad todavía no han salido del gobierno de los hombres. Claro, si tenemos en cuenta que la ignorancia suele fabricar audaces, ahí encontramos explicación para muchas de las cosas que todavía vemos. Porque en ese contexto uno se anima a dar pasos que si entendiéramos como Dios se mueve, jamás daríamos.

La gran pregunta interna, hoy, es: ¿Qué necesitamos arreglar en nuestras vidas para que al fin pueda cumplirse en nosotros aquello de que somos la luz y la sal? Necesitamos aprender a vivir en justicia. Y créeme que es algo para nada fácil. El domingo vamos a un lugar donde nos sentimos espectaculares y decimos que esa es la iglesia. ¿Y sabes qué? Iglesia no es eso; iglesia es ser luz en todas partes.

La creación de Dios, tenía un modelo de Justicia. Cuando entra el pecado, destruye el nivel de justicia, destruye el modelo de justicia  entra la desobediencia. Y Babel es lo que expresa la parte final de la desobediencia, que es lo que se llama Rebeldía. La rebeldía es desobediencia explícita.

Y Babel da a luz setenta naciones, y ahí se quedó el mundo. Pero este mundo, recuerda, va a ser destruido. Así que de esas setenta naciones no quedará mucho más. Tienen que salir naciones salvas, para que Dios pueda tocarlas. Dios deja de trabajar con todas las naciones y empieza a trabajar solamente con una nación. Él se hace una nación: Abraham.

Y a ellos es a los que les manda la ley. Dios no le mandó su Ley a todas las naciones de la tierra, se la mandó a Israel. Con la ley luego vino el reino de David, y con el reino de David vino también la figura del Mesías, que viene primeramente a los judíos y ahí aparece Pentecostés. Y esa es la única forma en que las naciones puedan avanzar, aferrándose a Pentecostés.

Porque Pentecostés es, otra vez, arrojar una línea de justicia a las naciones de la tierra. Y entonces aparece la iglesia, punto y aparte de todo esto. ¿Cuál es, entonces, el concepto de salvo, para Dios? El que es Justo. Entonces, la oración diaria, es: “¡Señor! ¿Quién es justo para ti?” Respuesta: El que me obedece.

En pocas y resumidas palabras y como para que a nadie le queden dudas, justicia no tiene absolutamente nada que ver con perfección; tiene que ver con obediencia. Y es entonces aquí donde tengo que retornar a la pregunta inicial: ¿Cómo se desarrolla la obediencia? Con educación correcta y adecuada desde que somos niños.

¿Pero cómo tendré que hacer yo, que me convertí de grande, de adulto mayor, de viejo? Empieza el proceso desde el principio, respeta las autoridades, justas o no, correctas o no. Obedece a tu conciencia. Ponte límites. Conoce las promesas y la ley de Dios. Reconoce la justicia que viene del cielo. Gobernarás.

Hay ministerios que han encarado trabajos tendientes a una transformación cultural. Y eso es bueno, porque será uno de los caminos más llanos hacia un verdadero sentido de justicia. Hará que la gente se vuelva más ubicada, más temerosa de lo que habla. Desatará transparencia y sinceridad, lo cual barrerá con la clásica y hasta tradicional hipocresía religiosa, llevando a cada uno a realizar confesión pública de pecados.

¡Hermano! ¡Eso se ha hecho y se sigue haciendo en muchos lugares! Cierto, pero… ¿Durante cuánto tiempo? ¡En el principio! ¡Nadie puede incorporarse como creyente nuevo si no hace amplia confesión de sus pecados! ¿Y luego nunca más? ¡No! ¡Ya está! Déjame decirte que no está nada. Confesar nuestros pecados, cualesquiera ellos fuesen, de manera permanente y pública debería ser una cultura diaria en los cristianos del siglo veintiuno.

Y ni hablemos de pecados de líderes. Porque las cosas van de acuerdo con el nivel de responsabilidad que tú decides tomarte en Dios. Yo no sé si todos los líderes que conocemos han sido levantados por el Señor para esos liderazgos, pero los que sí lo son, tienen que rendir cuentas en mayor volumen. Si es un pecado de una persona que ejerce liderazgo o gobierno sobre un grupo, tiene que ser todo el grupo el que escuche su confesión de pecado y no solamente sus consiervos a puertas cerradas. Porque él es una persona que afecta a todos.

Ahora muy bien: ¿Qué genera esto en nosotros? Sentido de responsabilidad. Y eso debería quedarse como una norma interna dentro de nosotros. Entonces, la persona que va ocupando posiciones en el servicio, tiene que entender también que su nivel de responsabilidad está creciendo y que tiene que tener mucho cuidado con lo que está haciendo.

Entiende esto: la gente siempre va a buscar en donde apoyar su injusticia. Y cuando cualquiera de nosotros, (¡Cualquiera, dije! ¡No sólo líderes prominentes!), comete un pecado más bien grosero que impide que otros quieran venir a Dios, estamos elevando nuestro propio nivel de injusticia como iglesia.

Tenemos que experimentar un verdadero temor santo a equivocarnos en todas estas cosas. Lo que quiero decir es que necesitamos ser muy juiciosos y muy serios en esta tarea. Es preocupante ver a tanta gente que no pone ningún cuidado con lo que habla y juzga con llamativa facilidad lo que otros hacen o dicen sin el menor temor del Señor. Por eso siempre vamos a repetir lo mismo. Es importante que seamos medidos a la hora de hablar, y en todo lo que hagamos seamos gente honrada y honorable.

¿Sabes lo que significa ser honorable? Ser digno de honor. Y no sólo por tener un título: ya sea pastor, profeta, apóstol, eso es lo de menos. Es tenebrosa y asusta la manipulación. Antiguamente se le cargaban las tintas a los pastores como manipuladores de emociones, pero ahora las cosas se han elevado un nivel: hay manipulación profética, y eso es más grave todavía. “El Señor me ha dicho que tú, hermana, serás mi esposa” ¿Recuerdas? Y la pobre hermanita sin registrar para nada al que, según ese supuesto dios, es el esposo elegido. Y, además, ella muy enamorada del ujier más anónimo. Manipulación.

De hecho, en el conjunto podría decirte que somos gente muy confrontadora, y es por esa causa que nos hemos ganado una fama que dice que no tenemos amor. Ojo: no peleadores; confrontadores. Podemos decirle al hermano que piensa distinto la mayor de las barbaridades sin abandonar esa tan conocida sonrisa evangélica tradicional de blancos dientes cepillados al máximo.

La única manera en que nosotros podemos lograr gobernar sobre los cielos, sobre la familia, sobre la naturaleza, sobre las tinieblas, es obedeciendo. Porque mientras más obedezco, soy más justo. Entonces saldrá un pequeño gran teólogo ilustrado que me preguntará: ¿Y dónde queda lo de Romanos 5, que somos justos en Cristo? Respuesta muy sencilla.

Tú eres justificado en Cristo, en todo aquello que durante toda tu vida, entera, no podrías. Hay un montón de áreas en las que yo ya no puedo hacer nada. En esas áreas Dios me justifica. Pero él no va a pasar por alto mis injusticias. Soy yo el que debe mirarlas con la mayor claridad.

Te diré que,. En cierta manera, es algo más fácil obedecer lo que está escrito. ¡Ja! ¡Y estoy diciendo que es fácil algo que muchos todavía no obedecen! Al estar escrito debería ser más fácil. Si obedezco lo que está escrito, soy justo. Pero si obedezco lo que ya no está escrito pero es la verdad, ¿Qué soy?

Lo que ocurre que a veces, la gente con la que nos toca caminar, comete errores. Es adecuado saber distinguir si es un error por no haber visto bien, o es una acción de injusticia. Es decir: con conocimiento. Porque a veces alguien que no está haciendo las cosas bien no entra en injusticia, sino que se conduce con inmadurez. Y no es lo mismo.

Claro está que, si vemos claramente injusticia en alguien, lo mejor que puedes hacer es apartarte. Estoy hablando ministerialmente, ¿Soy claro? ¿Motivo? Varios, pero uno en especial: ¿Tú crees que yo podría perder mi tiempo, que para mí es valioso, procurando que me escucha y cambie alguien que no está escuchando al Espíritu Santo? Si ha decidido no oír la voz del Espíritu, ¿Por qué creería yo que va a oír la mía?

Fíjate el asunto de la mentira. ¿Qué sucede con gente que miente sencillamente porque no sabe de lo que está hablando? ¿Se puede catalogar a eso cómo mentira? Supongo que se tendría que analizar el valor de la verdad, aunque me parece que habría que distinguir entre ignorancia y mentira. Porque en la mentira siempre hay una intención de torcer la verdad. Una cosa es equivocarse en las formas, eso se maneja. Pero si es injusticia…

Se entiende que el profeta no es aquel que tiene la capacidad de ver las profundidades de Dios y describirlas, sino aquellos hombres y mujeres justos. Porque las palabras pasan, y el Reino de los Cielos no consiste en palabras. De lo que estamos hablando es de hacer las cosas bien.

Ahora llega el momento de preguntarte: ¿Qué puedes hacer tú? No es poco. Por ejemplo, la manera en que gastamos el dinero tiene que ver con la justicia. El espíritu con que gastamos el dinero, tiene que ver mucho con la justicia. La manera en que hablamos de otras personas. La claridad para elegir entre luz y tinieblas.

Dios está levantando su nombre, pero en gente que tiene las manos limpias. Y si hay algo que cada uno de nosotros puede hacer en favor de la región de Latinoamérica a la que pertenezca, es la de levantarse como una comunidad de hermanos con verdadero respeto a la ética, respetuosos, responsables.

Poderosos en palabras y en hechos, que dan testimonio de la luz verdadera, con hechos justos, haciendo callar la boca de los acusadores. Dándole gloria a Dios y honra al Padre, porque un día nos llamó para devolver el gobierno que Él tiene de su creación, a su iglesia.

Es obligación ministerial, nuestra, llevar a la gente exactamente al lugar en donde Dios la quiere. ¿Y dónde la quiere? Número uno: la quiere en justicia. Número dos: la quiere en total dependencia al Espíritu Santo. Porque es mucha la gente que en este tiempo anda con mensajes de reforma, pero también es mucha la que está desvirtuando su real significado y razón de ser.

En principio, y de manera casi elemental, déjame decirte que reforma no es devolverle la iglesia a los profetas. Tampoco es reunirnos en casas de familia, porque todas las iglesias son babilonias, tampoco destruir todo lo construido y ponerse a hablar solamente del Reino. Reforma tiene que ver, esencialmente, con un tema central: justicia. No hay reforma sin justicia.

A los que son padres, enseñen a sus hijos la obediencia. Las demás cosas no son tan importantes; lo esencial es la obediencia. Porque la obediencia no pasa por la mente, pasa por el corazón. Por eso no es importante que entiendas; es importante que creas. La reforma empieza en el hogar. Se necesitan familias fuertes para construir sobre ellas una iglesia fuerte.

Y creo que el epicentro de todo es la educación. Te doy un ejemplo. Tenemos un buen colegio, cristiano. Con excelentes profesores cristianos, con tremendos devocionales diarios y hasta tiempos exquisitos de altísimo nivel de adoración. Los maestros, repito, todos gente temerosa de Dios, no hay infiltrados raros. Pero todos esclavos inconscientes del espíritu de Grecia.

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junio 27, 2019 Néstor Martínez