Estableciendo el Liderazgo Espiritual

 

En estos días hay mucha consternación en los flancos de la cristiandad por el estado de división y de desunión entre los hermanos. Muchos están dispuestos a clamar contra esta condición espantosa, aparentemente compartiendo su tristeza, preocupación y visión de que  la verdadera iglesia de Dios se una. Pocos están dispuestos a dar los pasos necesarios para hacer una realidad de esta visión.

El Señor no busca una unidad externa, sino en su lugar, una unidad orgánica, caracterizada por la participación de la plenitud de la vida de Cristo. Esta es la única base de la verdadera unidad cristiana, tal y como la demostró en Su oración el Hijo de Dios mismo, “como Tú, Oh Padre en Mí, y Yo en ellos.”

Lo que ahora voy a compartir contigo, es un desafío a todos para dejar que Dios eche abajo todo lo que está en el hombre de la iglesia, y de esa forma preparar un camino para que el Señor establezca la unidad—Su camino.

Para algunos, éste será un mover muy costoso, con implicaciones de largo alcance. Sin embargo, que el Señor nos de a todos la gracia de seguirle completamente, para que Él pueda asegurarse para Sí mismo un pueblo en el que el anhelo del alma de Cristo pueda ser cumplido, “que seamos uno”.

El cristianismo de esta hora se ha reducido a un formato, a un formulismo, a sueños de construcción del ego y a visiones de grandeza, a adoración mundana emocional, a música sensual, del alma— ¡Todas estas cosas son una verdadera abominación al Señor, un espectáculo a los ángeles santos, y un deleite a los demonios!

Sin embargo, en el corazón de Dios, ninguna de estas cosas constituye la sustancia esencial, verdadera del Cristianismo. Cada asamblea local buscando desesperadamente hallar el modo de añadir a sus números, como si esto tuviera algún significado en la mente de Dios.

El liderazgo se ha apartado tanto del corazón de Dios que ha adoptado una mentalidad secular mundana, y la han revestido de terminología bíblica, es decir, los ancianos, los pastores, los diáconos, los maestros, los profetas, etc.

Esos principios gobernantes que determinan los tipos de crecimiento de los negocios y de las empresas, se han convertido en el esquema mental.  La “visión” de la iglesia es edificar un reino privado en el que los santos se reúnen alrededor de una estructura de autoridad centralizada consistiendo en los pastores o ancianos, y en todo esto, supuestamente la obra de Dios es hecha y Cristo es glorificado.

Los santos se apartan, se endurecen en sus corazones, atrapados con los afanes y problemas de esta vida, llenos de envidia, conflicto, palabras ásperas unos contra otros—y sin embargo piensan que todo es correcto cuando van “a la iglesia”.

Allí son emocionalmente motivados por la música, para negar y olvidar su estado caótico ante un Dios santo, y así, comienzan (supuestamente) a adorar y a cantar. La animación carnal  junto con el “ágape sensiblero” (que cubre el pecado y mima al pecador en lugar de demandar arrepentimiento y abandono al Señor).

Todo ello combinado con un sermón profesional sobre algún tópico, tema o asunto bíblico entretenido, pleno en ejemplos y entretenidas parábolas, que mata a la conciencia suficientemente y da al creyente apartado una esperanza falsa suficiente para llegar al culto.

Un culto de mitad de semana, en el que todo el ritual religioso vuelve a ser representado. ¡De hecho, una forma de religión, una cáscara de piedad, pero una completa ausencia del poder de Dios que es Cristo mismo, transformando vidas a Su imagen!

Algo es realidad insoslayable y debe ser implementado ya mismo: El Plan de Recuperación de Dios, es: ¡Cristo Mismo! Cuando la ley de la iglesia se reduce a un estado tan penoso de falta de vida, de religión muerta (teniendo “reputación de estar vivos, pero… muertos”, Según leemos en Apocalipsis. 3:1, el Señor siempre prepara un plan de recuperación.

Por supuesto, el plan de recuperación no consiste en unos pasos que un grupo de personas puede figurarse en una penosa noche de oración. Ni es tampoco un plan de recuperación que se entiende como algún principio para la renovación cristiana, ni es un método innovador de evangelismo o avivamiento.

¡La suma total del programa de recuperación completo es Cristo mismo! La acción de Dios, o quizás podríamos decir la reacción de Dios contra la creciente apostasía, es una revelación fresca, viva y vital de todas las hermosuras, cualidades y del significado eterno de Jesucristo.

De su obra consumada en el Calvario, Su muerte, su sepultura y su resurrección, y Su lugar en el trono del universo; junto con toda la importantísima revelación de lo que realmente es la iglesia, es decir, una expresión colectiva, por el poder motivador permanente del Espíritu Santo, por medio de santos redimidos, lavados en la sangre, nacidos de nuevo, ¡De lo que Cristo es en carácter, naturaleza y esplendor extremo!

Amados, es esencial que nuevas oleadas de luz del cielo alumbren de nuevo los ojos de nuestros corazones, para dejarnos ver que el cristianismo es Cristo, Su vida, Su hermosura, siendo revelada y expresada por medio de piedras vivas, el cuerpo de Cristo.

El ritual externo, la liturgia robótica, la música emocionalmente sugerente, y la retórica talentosa, no tienen absolutamente nada que ver con el significado esencial del cristianismo y de la vida del cuerpo de la verdadera iglesia.

Ni las estructuras de autoridad en la iglesia, con autoridad humana revestida de puestos de pastor, ancianos, comités, etc. nombrados y hechos por el hombre. Todo lo que no es una expresión de Cristo en una vital realidad orgánica viva, debe llegar a un fin completo si es que vamos a experimentar la recuperación completa y total que el Señor persigue.

Amados, la naturaleza del actual juicio que Dios está realizando en Su casa, la iglesia, tienen doble aspecto. Primero, el Señor pretende traer mediante un mover de Su gracia una fresca obtención, una visión vital, viviente y renovada del significado absoluto de Cristo—quien es Él, y lo que Él es para la iglesia, como su vida actual y su standard exclusivo de expresión.

Después, simultáneamente, Él desea quitar todo lo que hay en nosotros, tanto a nivel individual como colectivo, lo que no es conforme con Cristo mismo ni de acuerdo con Él. Por tanto, todo lo que hay en la iglesia debe ser a este fin—preparar un camino para lo que es de Cristo y al mismo tiempo quitar todo lo que es de la vieja creación y todas sus muchas facetas y aspectos.

Quiero hablar ahora de la seducción del liderazgo por un demonio llamado Potencial Humano. Examinemos de cerca el tremendo engaño espiritual, la seducción y el engaño que tiene lugar abundantemente en los flancos de la Cristiandad.

Satanás, a través de un demonio llamado Potencial Humano, está haciendo un intento total de usurpar el lugar exclusivo de Cristo como el único que tiene los derechos en la iglesia como su cabeza y su vida y como el único a quién pertenecen el poder, la gloria y el honor.

La tremenda guerra espiritual sobre el asunto del lugar de Cristo como jefe en y sobre la iglesia se ha intensificado con consecuencias horribles. El plan de recuperación de Dios también incluye un discernimiento renovado con el poder de Él para exponer y expulsar de entre nosotros a este horrible demonio del potencial humano. Nada menos que esto satisfará al corazón de Dios.

Ezequiel nos dice que una terrible parodia es cometida cuando los “incircuncisos” son libres para desfilar en la casa de Dios. Los “Incircuncisos” no puede referirse sólo a la persona no regenerada que se enmascara como un verdadero miembro de Cristo (pero que de hecho está muerto en la incircuncisión de su carne), sino también al creyente que da lugar a una expresión que no es nuestra desde Cristo mismo, que está dando previsión en cuanto a como satisfacer los deseos de la carne.

Trágicamente, hoy es común que los creyentes consientan en los impulsos de su vieja naturaleza. Esto ha resultado en mucho daño al verdadero testimonio de Jesús, que Dios se ha propuesto asegurar. Por tanto, mucho de lo que hay hoy en la iglesia a propósito del liderazgo (aunque esté adornado con ropajes religiosos y tenga la apariencia de piedad) no es nada más que la presencia del potencial humano en la casa de Dios, robando y usurpando el lugar exclusivo de Cristo, que es el único que es el pastor principal y el preeminente.

En nuestro día, cualquier sistema completo de creencias religiosas y prácticas se considera aceptable  por causa de nuestra aceptación sin discernimiento de ideas respecto de cosas tales como el liderazgo, la estructura de iglesia, etc.

De esta forma, la iglesia moderna está llena de ideas que no sólo no se sujetan a la Escritura, sino que son perversas y traen ruina a su vida espiritual. De hecho, el resultado de esto es el corte completo del fluir espontáneo de la vida y la estatura de Cristo, siendo manifiestas en todo Su pueblo; manteniendo el lugar de ascenso y de preeminencia abierto al demonio del potencial humano.

Amados, todos los aspectos de la vida y la actividad de la iglesia, incluidos la adoración y el liderazgo en congregaciones locales, etc. han de ser sólo expresiones de la vida de Cristo a través de santos crucificados, lavados en la sangre, cuyas vidas están escondidas con Cristo en Dios.

 Las manos del hombre no tienen nada que ver con el desarrollo o la operación del liderazgo espiritual. Este es precisamente el terreno donde el demonio del potencial humano se ha atrincherado, ejerciendo su influencia anti-cristo en la iglesia.

Cuando los hombres mediante su propia fuerza, su propia sabiduría, su propia planificación, su propio razonamiento, por su propia iniciativa, intentan hacer algo en la iglesia, el potencial humano ha comenzado a expresarse con resultados desastrosos.

Finalmente, terminas con un sistema completamente externo de obras religiosas completamente vacías de la realidad que es Cristo mismo. ¡El hombre no puede crear una “iglesia del Nuevo Testamento”! Las cosas que leemos en nuestras Biblias sobre la adoración, el evangelismo, la comunión de la iglesia local y el liderazgo, etc., son sólo válidas y reales cuando son la expresión de Cristo por el poder motivador del Espíritu.

Cuando la vida de Cristo es hecha una realidad viviente de día en día, incluso momento a momento en la vida de los santos, todas las dinámicas espirituales de la adoración, la vida de iglesia, etc. abundan—no como un sistema de código externo, sino en virtud de Su vida explotando en sus vidas.

Al contrario, cuando la vida espiritual se ha rebajado tanto, se ha hecho tan terrenal, tan centrada en lo temporal, y desapareciendo esa visión diaria y fresca del Cristo viviente, que se va oscureciendo, entonces Satanás entra y empuja a los hombres a crear sustitutos por su propia fuerza.

De hecho, son los más religiosos y los que tienen una mejor apariencia externa los que lo hacen, ¡Sustitutos hechos por el hombre (pero inspirados por el diablo), en lugar las realidades que han de ser sólo encontradas en Cristo! ¡Aquí tenemos el demonio del potencial humano en la casa de Dios haciendo estragos!

Ahora bien; en vista de todas estas anormalidades, ¿Cuál es la verdadera cuestión de la Guerra Espiritual de las Tinieblas contra la Iglesia? En realidad, el verdadero motivo escondido detrás del tremendo ataque del demonio del potencial humano no es otro que frustrar el cumplimiento de la verdadera intención de Dios con la existencia de la iglesia.

La pregunta que debemos hacernos entonces, es, ¿Cuál es la intención del Señor, el pensamiento del Señor, para la existencia de la iglesia? Amados, ¡Sólo puede haber una respuesta a esta importantísima pregunta!

La intención de nuestro Señor es que la iglesia sea Su mismo Cuerpo—el lugar donde Cristo, en su plenitud de vida, pueda ser expresado y demostrado para toda la eternidad. La iglesia es completamente el producto de la poderosa fuerza de Cristo, traída a la existencia por medio de la obra consumada del Calvario.

A través del nuevo nacimiento, el creyente individual es de hecho creado en Cristo, convirtiéndose en una extensión de su vida misma. Cristo Jesús permanece distinto en Su persona y deidad, pero somos unidos a Él y nos hacemos un espíritu, creado por Dios ¡para convertirnos en una expresión de todo lo que Cristo es en Su carácter!

Consideremos el registro de la creación de Adán y Eva en Génesis capítulo dos como una gran lección objetiva, una sombra en la que aprendemos algo de esta verdad vital respecto de Cristo y Su iglesia. Como Eva fue sacada de Adán, igualmente la iglesia sale de Cristo para convertirse en su crecimiento completo, una manifestación colectiva de Él.

Cuando Adán miró a Eva, él estaba de hecho viendo algo de sí mismo, algo de su misma naturaleza y carácter, algo vitalmente uno en esencia y sustancia con él mismo. Por esta razón Adán dijo, “Esta es ahora hueso de mis huesos, y carne de mi carne; ella será llamada mujer, porque del hombre fue tomada.” (Verso 23).

¡De igual forma, nosotros, en virtud de nuestro origen, de los lomos espirituales de Cristo, somos un organismo vivo, compartiendo idéntica esencia, la idéntica sustancia de lo que Él es en vida de resurrección! ¿No dice la Escritura que somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos” (Efesios 5:30), y que “el que se une al Señor un espíritu es con Él” (1 Corintios 6:17)?

El cristianismo no tiene ninguna base para su existencia si no ha de ser la expresión de Cristo en nuevas criaturas, nacidas de Dios, ¡con Cristo mismo siendo su vida misma! El cristianismo es el misterio de Dios de implantar a Su Hijo un pueblo de muchos miembros llamado el hombre de la nueva creación.

Somos transformados por el nuevo nacimiento y por el poder de Su Espíritu somos hechos participantes de lo que Él es, en cuanto a Su carácter amoroso. Somos reconstituidos según la semejanza e imagen, hablando orgánicamente, de Su Hijo unigénito, nuestro Señor Jesús.

El que dice que permanece en El, debe andar como El anduvo... pues como El es, así somos también nosotros en este mundo.” (1 Juan 2:6 y 1 Juan 4:17). Cristo se hizo como nosotros en todos los aspectos excepto en el pecado, para que nosotros pudiéramos convertirnos como Él, en todos los aspectos menos en su deidad.

Cuando esta verdad fundamental amanece en nuestros corazones por el poder iluminador del precioso Espíritu Santo y vemos su significado, podemos ver entonces por qué Satanás (por medio de sus demonios de potencial humano) están incansablemente tratando de robar, arrebatar y usurpar el lugar en la iglesia que le corresponde exclusivamente a la expresión de lo que Cristo es por el poder del Espíritu de Dios.

Los poderes de las tinieblas hacen unos esfuerzos tremendos a este fin—mantener a la iglesia lejos de ser simplemente una expresión de Cristo (en vida colectiva, testimonio y hechos) y contaminarla con la invasión del potencial humano, es decir, el poder humano, la comunión terrenal, la adoración del alma, mundana, las reglas hechas por hombres y los gobiernos, e iglesias controladas y organizadas humanamente. Actualmente estamos inundados con esto precisamente. ¡Sin embargo, lo cierto es que la iglesia ha sido llamada a expresar solamente a Cristo!

Es indudable que debemos considerar que cada aspecto de la iglesia siga siendo una expresión de la vida de Cristo. Anteriormente tocamos ciertas dinámicas espirituales como la vida de iglesia, el liderazgo dentro de la iglesia, la iglesia a nivel local, etc., que no tienen nada que ver con la creación ni el poder del hombre, sino que en su pureza, son prácticamente expresiones de Cristo en la iglesia por el poder del Espíritu Santo.

Ahora queremos mirar específicamente cómo el demonio del potencial humano ha rebajado dos de estas realidades espirituales desde su origen y operación puramente espirituales, haciéndolos sistemas de prácticas robóticas, terrenales, potenciados por el hombre.

No hay duda de que al mirar al Señor buscando Su luz en cuanto al tema siguiente, vamos a necesitar mucho de Su gracia para poder capacitarnos en dar lugar a ampliación en el entendimiento de estos asuntos.

No debemos aferrarnos con fuerza a ningún sistema ni práctica no sea que nos hagamos culpables de pedir al Padre que ponga el vino nuevo en los odres viejos de la tradición religiosa. Si lo hace, ¡los viejos odres se romperán en pedazos!

El hombre ha imitado de forma muy barata lo que solamente Cristo es con respecto a la adoración. Sin embargo, la adoración verdadera solamente puede suceder cuando los corazones de los hombres han sido preparados en un esplendor creciente para expresar algo de Cristo por el poder del Espíritu.

La adoración no es en su naturaleza esencial, cantar, hacer palmas, llorar, música, coros, etc. La adoración es la fragancia de Cristo que asciende desde el santuario del espíritu humano redimido. Cuando la adoración se entiende bajo otros términos distintos, se convierte en algo inaceptable para Dios, siendo de origen meramente humano.

Debemos mirar muy de cerca al completo mover de la así llamada adoración, que está barriendo a la iglesia. Todo lo que pertenece a la criatura y no a la fragancia de Cristo, está destinado al rechazo de Dios, condenado a la destrucción.

Sin embargo, la mayoría de las personas, incluido el liderazgo, están excesivamente atados a una adoración hecha por el hombre y  orientada a la música, que está barriendo a la iglesia. Muchos utilizan la música como un medio para atraer a la gente. ¡Qué revelador! Qué trágico que hayamos caído en una forma de pensar tan infantil.

Además, el hombre ha imitado de forma muy barata lo que pertenece exclusivamente a Cristo con respecto al liderazgo y al gobierno en la Iglesia. El sistema completo ha caído del pensamiento de Dios para ser un desastre de estructuras de autoridad hechas por el hombre y visiones de grandeza de edificación de reinos, todo ello revestido de “hacerlo para la gloria de Dios”.

Incluso entre los así llamados grupos salientes, que han quitado los nombres externos y el protocolo para estas estructuras de autoridad hechas por el hombre, en lo más profundo sigue acechando y funcionando de forma encubierta la misma levadura de esas estructuras.

No hay jerarquías ni estructuras de autoridad en el pensamiento de Dios en la iglesia. En ningún lugar de la tierra hay un gobierno central de la iglesia donde Jesús se sienta como Señor, Maestro y Cabeza. Nuestro gobierno está en los cielos.

Solamente a Cristo pertenecen el poder, la lealtad, la alabanza y la autoridad. Los hombres no tienen autoridad sobre nadie. Una de las estrategias mas sutiles del enemigo ha sido robar al cuerpo de su característica de ser un organismo vivo, unidos a una Cabeza viviente, con comunión entre todos sus miembros, y de convertirlo en una estructura eclesial y en una organización ligada por hombres, reglas y un “gobierno espiritual” centralizado y hecho por el hombre.

Esto provee exactamente lo que se necesita para usurpar el lugar de Cristo como Aquel alrededor del cual los santos se reúnen, y en su lugar, convertir en el enfoque principal del pueblo del Señor a los hombres, los pastores, los ancianos, los programas de iglesia, etc.  Amados, estas cosas no proceden de Aquel que nos llamó a la comunión con Su Hijo. Más bien, “un enemigo ha hecho esto”.

Cuando Cristo es libre de expresar Su vida en las formas del liderazgo, el pastoreo, la expresión profética, etc. por medio de los miembros de Su iglesia, ¡hay una pureza que no puede ser negada! No hay ya más necesidad de que una organización oficial, un liderazgo oficial o una persona o grupo de personas controle a la congregación.

Cuando el liderazgo puro, semejante a Cristo, esté en operación, los hombres no reclamarán propiedad sobre ningún grupo en particular de santos. Los hombres tendrán sus manos lejos del rebaño y lejos de la obra de Dios. No se elevarán a sí mismos sobre el rebaño, sino que se convertirán en un miembro, un hermano, una hermana, sirviendo en amor a su familia en Cristo.

Esta, sin ninguna duda, es una palabra fuerte para el liderazgo. La Palabra del Señor para el liderazgo es una palabra dura que desafiará muy profundamente a los que son llamados de Dios para dirigir bajo cualquier capacidad.

Hablando muy simplemente, Dios está diciéndoles que suelten al rebaño por completo, que suelten los títulos y el protocolo de ser mirados, abandonando la mentalidad de tener propiedad sobre cualquier pueblo de Dios. ¡El rebaño de Dios no es tu rebaño!

El pensamiento de Dios no es que edifiques una iglesia. Sólo Jesús esta edificando Su iglesia. ¡No compitas con Jesús! Simplemente sé lo que eres en Cristo entre el rebaño, y no uses tus dones como un medio de congregar gente debajo de ti. ¡Suelta al rebaño!

El liderazgo tiene que ser liberado de la idea de una estructura de poder centralizada a la que se sujetan los santos. ¡Los hombres deben dejar de hacer del cuerpo, que es un organismo vivo, una organización gobernada por los hombres!

Líderes con egos inflados y sin crucificar, necesitan humillarse, bajarse de sus caballos altivos para  dejar de pervertir al cuerpo de Cristo por medio de sus intentos egoístas de dirigir; de otro modo, ¡será Dios mismo quien los baje!

Cada ministro ha de morir a sus vanas aspiraciones de convertirse en algo mediante la edificación de una iglesia, y venir ante Dios en quebrantamiento, pidiendo perdón. Cada líder ha de regresar a una simple comunión con otros creyentes sin aspirar a convertirse en propietario o señor sobre ningún grupo.

Simplemente sé lo que eres en Cristo en medio de los santos sin presidir estructuras hechas por el hombre. Simplemente reduce la vida de la iglesia a comunión unos con otros y a sujeción de unos a otros, con el intento  de traer una medida mayor de lo que es Cristo a una expresión viviente por el poder del Espíritu Santo.

Todos los miembros del cuerpo de Cristo deben aprender a compartir y a funcionar con Jesús como la única cabeza, cada uno lleno con Su vida gloriosa, sin que ninguna persona o personas gobiernen a los hombres o traten de controlarlo. Todos los miembros del cuerpo son hermanos y hermanas iguales en Cristo, en comunión con el Hijo, andando en Su luz y en amor, compartiendo unos con otros.

Para resumirlo, digo que las estructuras de iglesia hechas por el hombre, junto con la imitación del liderazgo hecha por el hombre en la iglesia, están destinados a ser destruidos por Dios. Que todos los hombres que han sido llamados por Dios, preparados por Dios, entrenados por Dios y disciplinados por Dios, abandonen para siempre la tentación de reunir santos alrededor de ellos mismos.

Que simplemente tengamos comunión con la iglesia como hermanos con los demás creyentes. Que los dones de Dios sean libres para fluir por todas partes donde haya una reunión de santos, sin que se cree una estructura de iglesia hecha por hombres, en la que el hombre comience a gobernar en lugar de Cristo.

¡Que Dios nos sacuda de todas las formas externas y la religión que no estén fluyendo directamente de la vida del glorioso Hijo de Dios! Ahora es el tiempo de que todos abandonemos lo que es del hombre, y que, expulsando al espíritu del potencial humano, nos reunamos sólo alrededor de uno, y uno sólo, ¡Cristo Jesús nuestro Señor!

Si mi veta periodística gráfica tuviera que funcionar aquí colocando un título a esta problemática de la que estamos hablando, ese título indudablemente sería: Exponiendo la carne religiosa haciéndose pasar por la Vida de Cristo.

Quizás una de las trampas más grandes a la que nos enfrentaremos al caminar con el Salvador, creciendo en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor Jesús, será la tentación de ofrecer al Señor el aspecto religioso de nuestra carne.

En el comienzo de nuestro caminar con Jesús, el Señor puede mostrarnos con bastante claridad los males de nuestra vieja naturaleza, los pecados de Gálatas 5, por nombre inmoralidad sexual, impureza y libertinaje, discordia, celos, arranques de ira y enojo, egoísmo, ambiciones egoístas de toda clase, borracheras, y cosas semejantes.

En general, aprendemos muy pronto por el Señor, a romper completamente con estos pecados de la carne y a no tener nada que ver con ellos, no haciendo ni siquiera provisión para su expresión en absoluto.

Aprendemos desde muy pronto, o al menos así debería ser, a declarar la guerra a estas obras, y por el poder de la vida de Jesús, y al andar en el Espíritu, a matar a estas traicioneras obras de la carne mediante la inanición, escapando de esta forma a su poder.

Con todo lo maravilloso que esto pueda ser, hay otro aspecto de la vida de la carne que es igualmente corrupto y rechazado por el Señor.  Trágicamente, sólo aprendemos a veces a resistir el aspecto malo abiertamente, fracasando completamente en el otro aspecto, que es su aparentemente buena naturaleza religiosa.

La carne es carne, y aunque podamos ofrecer lo mejor de nosotros mismos a Dios, completamente revestidos de piedad, devoción, fidelidad a las Escrituras, deseo ardiente de oración; teniendo todo ello una forma de piedad, una forma de vida-de-Cristo, una forma de justicia y de verdadera santidad, seguiremos ofreciendo carne, vacía de poder de Dios y de la presencia de Cristo, que da vida. Hay un ámbito completo de la carne que está listo y dispuesto a levantarse en esta clase de expresión, muy bien escondida a los que no disciernen.

La raíz que hay debajo, la misma fortaleza de este aspecto de la vida de la carne, no es otra cosa que el viejo pecado de orgullo y justicia personal que se revela por primera vez en la Escritura en la ofrenda de Caín del fruto de la tierra maldita (en lugar de confiar en los méritos de otro, como hizo el justo Abel).

Es el mismo pecado podrido en nosotros que nos hace ofrecer algo de nuestra propia mano, nuestra propia obra, nuestra propia creación a Dios, como algo que pensamos que Él debiera aceptar, bendecir y honrar.

¡Nunca así, amados! El aspecto “malo” de la carne esta lleno de obras que son obviamente malas, y consideradas claramente como pecado (al menos por los que siguen creyendo las leyes básicas de la Biblia).

Sin embargo, el aspecto “bueno” es tan malo y tan pecaminoso porque la raíz, la fuente, sigue siendo carne. No importa  que lo “bueno” de la carne pueda consistir de cosas con las que nos estamos comprometiendo en el ámbito del servicio cristiano, porque ambos brotan de la misma fuente, la carne.

La característica común de ambas cosas es la de su origen. Esta es toda la cuestión y causa de preocupación Jesús dijo, “lo que es de la carne, carne es, y lo que es del espíritu, espíritu es” (Juan 3:6).  Cuando cualquier cosa es el producto de la carne, de las operaciones corruptas de nuestra condición caída, es carne, no importa el aspecto que tenga, no importa lo bonito que parezca, no importa cuánta gente pueda admirarla y alabarla.

Si es de carne, es carne, y toda carne es rechazada por el Señor Jesús. Sólo lo que surge de Su Espíritu, nacido de Su corazón, imputado a y formado en nosotros por Su mano, es de Dios, y es espíritu, y es aceptable a Él. Por tanto, sólo lo que hacemos que brota realmente de lo que Él ya ha hecho en nosotros, es verdaderamente de Él,  para Él y por Él.

Con frecuencia, cuando el Señor desnuda el aspecto “malo” de la carne y libra a alguien de las obras mencionadas anteriormente, esas mismas energías que se involucraron en la búsqueda y cumplimiento de esas obras, son simplemente transferidas al aspecto religioso de la carne.

Irónicamente, los que más se han involucrado en obras malas de la carne son los que una vez salvos, se vuelven tan en contra de esas obras, que entran en una vida cristiana llena de obras religiosas de celo y de devoción, de negación de la carne, y de grandes expresiones de entrega—todas ellas brotando de las energías de la carne.

Como resultado, estos individuos ofrecen una gran hueste de obras que son potenciadas por el poder la voluntad, del alma o del cuerpo, pero vacías completamente de la fragancia celestial de Cristo y de Sus méritos y Su Vida.

Es la misma corriente corrupta, con diferentes formas de expresarse a sí misma. Son los esfuerzos de la criatura, el “sudor” propio de la criatura, las propias energías de la criatura, las obras propias de la criatura, aunque revestidas  tan hermosamente, siguen siendo, no obstante, hedor para el Señor.

¡Qué profundamente arraigada está la naturaleza religiosa en nosotros, siendo la fuente de mucho de nuestro servicio, mucho de nuestra devoción, mucho de nuestro celo por Dios y por las cosas de Dios! Que el Señor nos ayude a ver realmente esta naturaleza religiosa en nuestra carne, y a ver como, junto con el aspecto “malo”, ha de ser reconocida por nosotros como maldita. Cómo necesitamos ser enseñados por el Señor a discernir sus sutiles operaciones y a resistirlas por la capacitación de Su Poder.

Me parece que para poder comprender completamente la magnitud y extensión de las cosas de las que estamos hablando, nuestra necesidad extrema en este momento presente es de una revelación sin precedentes a nuestros corazones de la gloria, majestad y persona de Cristo.

Ciertamente necesitamos que el Señor tenga misericordia de nosotros y conteste la oración del precioso Espíritu Santo siendo ofrecida por pablo, “Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en un mejor conocimiento de Él.

Mi oración es que los ojos de vuestro corazón sean iluminados, para que sepáis cuál es la esperanza de su llamamiento, cuáles son las riquezas de la gloria de su herencia en lo santos…” (Efesios1:17-19).

Sólo mediante un influjo de luz del rostro de Jesús brillando hasta el mismo asiento de nuestra vista, podemos llegar a comprender el significado de Cristo y de su obra consumada, así como su posición, estando sentado a la diestra del Padre, en la presencia de Dios, como también nosotros y para nosotros.

Ver al Señor Jesús en la gloria es ver la muerte completa de la vieja creación, la plenitud del rechazo de Dios a todo lo que pertenece a lo que éramos en el Primer Adán, y un establecimiento absoluto y final del nuevo Hombre sobre el trono, ¡en gloria y honor!

Cuando Jesús bajó a las aguas del bautismo, Él estaba demostrando en tipología el hecho de que por el Calvario, Él traería a toda la raza Adámica a las aguas de la muerte, por tanto llevándola a un fin completo. Al subir, Él quería decir a todos que sólo lo que Él es, será la sustancia de la nueva creación.

Fue cuando se levantó de las aguas que descendió el Espíritu Santo y Le ungió. Aquí vemos un cuadro muy vívido de cómo el Padre en el Cielo se confió a Sí mismo por Su Espíritu a Su Hijo, sólo después de que Él, en representación y en sustitución, enterrado en la muerte como el hombre completo que es en Adán, y levantado como el Hombre del Cielo—en quién el Padre “se complace”—aquel de quién todos tendrían que obtener una nueva y flamante vida, ¡si es que habían de agradar a Dios!

Es aquí, amados, en este crítico asunto, en esta importantísima transición de una clase de hombre a otro, desde uno que es terrenal y en enemistad contra Dios hasta una clase completamente nueva de hombre, un hombre celestial, con la naturaleza de Dios y su carácter—dónde la guerra se desencadena en los lugares celestiales.

En el Nuevo Hombre, Cristo y los de Su naturaleza, Satanás pierde todos sus derechos, todo su poder, todo su dominio. Satanás no tiene nada en Él. La misma presencia del Nuevo Hombre en gloria, es un testimonio siempre presente para todos los poderes derrotados de la oscuridad, de la victoria completa que tenemos en Cristo “sobre todo principado, y poder, y autoridad y dominio, y sobre todo nombre que se nombra…” (Efe. 1:21).

Sin embargo, esta victoria sólo puede mantenerse siempre que vivamos en todo lo bueno que es Cristo, y siempre que lleguemos a una completa renuncia de todo aquello que perseguimos en la carne, no siendo ya eso por más tiempo, sino una nueva creación.

Ésta es nuestra batalla, porque es precisamente en este punto que el espíritu del potencial humano pretende ejercer todos sus poderes malignos contra nosotros, esperando de alguna manera velarnos la completa suficiencia de Cristo y nuestra plenitud en Él.

¡El enemigo sabe que si vivimos bajo lo que somos en la carne, no importa lo santos o sagrados que aparentemos ser, tal vida es una burla completa del Hombre de gloria y de lo que Él representa para Dios y para nosotros!

Amados, algunas de las maquinaciones más malignas, sutiles y engañosas del enemigo, se están ejerciendo en contra de la iglesia en estas mismas líneas. A través de las “obras de la carne” comunes, los pecados obvios de la mentira, el robo, la maledicencia, la inmoralidad, el odio, la contienda, la brujería, las borracheras, etc. son en sí bastante espantosas y se hallan de hecho bajo maldición, no obstante no es aquí donde la iglesia esta siendo engañada hoy, al menos no la sección del cuerpo que está persiguiendo los fines del Señor y que es extrema en consagración ante Él.

En su lugar, la guerra que se está desarrollando en el frente de la batalla  es contra este espíritu diabólico que se llama potencial humano, que siempre está pretendiendo infectarnos con el veneno de añadir algo de origen humano a la obra de Cristo, aunque lo vistamos con toda clase de ropajes religiosos y con el perfume de la pompa.

Amados, la forma de operar de este espíritu del potencial humano es mediante la imitación de las operaciones del Espíritu Santo. Las operaciones particulares que este espíritu del potencial humano detesta más son las obras benditas del Espíritu Santo de ofrecer para Dios todo lo bueno que es Cristo, y todo lo que Él ha hecho para el creyente, y su constante buen obrar, en el santuario de nuestro espíritu, nuestra continúa transformación a la semejanza misma de Cristo, en todas las cosas, excepto en su deidad.

Muchos piensan hoy que la obra principal del diablo hoy es imitar al Espíritu Santo inspirando falsas visiones, falsas profecías, falsas señales y prodigios, etc. Aunque el diablo sí que hace esto, ésta no es su obra principal.

Y muchos de los que no caen presa de esta área de falsedad, están siendo engañados en ésta otra área, de imitación mucho más sutil. Porque es aquí, en el ministerio más sagrado del Espíritu Santo y de Su ofrenda a Dios de lo que es de Cristo, donde se hallan el mayor engaño y batalla espiritual. Mirando más de cerca de esta batalla, veremos algo de la naturaleza de la gran burla, la gran obra falsificadora del espíritu del potencial humano.

De la misma forma que el Espíritu Santo ofrece lo que es de Cristo al Padre, y siempre está ocupado en formar a Cristo en nosotros, como la única vida que puede ser complaciente, fragancia dulce a nuestro Dios, igualmente, el espíritu del potencial humano enmascarado como el Espíritu Santo, siempre esta queriendo ofrecer las “buenas” obras de la carne como falsificaciones de la vida de Cristo, como una burla a su obra consumada.

Enviado por el diablo a todos los que están dependiendo absolutamente de Dios, el espíritu del potencial humano espera engañarnos para hacernos creer que es la vida de Cristo que asciende hasta Dios, cuando en realidad es la ofrenda de Caín, el fruto de nuestra “tierra”, que es maldito y rechazado por Dios.

De la misma forma que uno de los propósitos principales del Espíritu Santo es obrar en nosotros por reproducción espiritual el propio carácter de Cristo, el Hombre de gloria, y después ofrecer esta vida a Dios como la vida por la que vivimos momento a momento, de la misma forma el espíritu del potencial humano pretende imitar este proceso avivando el fuego de todas las “buenas” obras latentes de nuestra carne.

Pretende ofrecer estas obras a Dios y hacernos confiar en sus méritos, ¡Incluso pensando que son los frutos de Cristo, cuando en realidad son de la carne, burlándose de Cristo y de todo lo que Él representa! Aunque puede que no veamos esto tan horroroso como es en realidad, es de hecho una burla, un sustituto blasfemo de Cristo, que es la única vida de la nueva creación.

La bestia de Apocalipsis 13:1-7 es descrita como alguien con nombres blasfemos, y que habla blasfemias contra Dios, Su Templo, y todos los que habitan en los cielos. ¡Qué revelador! ¿Podría ser que el asiento de esta bestia se encontrara en el mismo corazón del pedestal que este espíritu del potencial humano tiene en la iglesia, y que lo ha tenido desde su nacimiento en Pentecostés? ¿Podría ser que para llegar al asiento de la bestia en esta hora, tuviéramos que expulsar a este espíritu del potencial humano, y orar que Cristo tuviera Su lugar como la Cabeza absoluta de Su cuerpo?

Ahora bien, podemos considerar estas verdades respecto de la gran batalla a la que la iglesia se enfrenta en esta hora a la luz de los propósitos eternos de Dios para Su Hijo, el Señor Jesús. Es evidente que todos los “vientos de doctrina” que están siendo actualmente soplados por chubascos tormentosos en los flancos de la Cristiandad, son un intento, a veces demasiado obvio y en otros casos, mucho más sutil, de apartar el enfoque del bendito Hijo de Dios y la eterna pasión del Padre.

¿Su pasión? Formar una ayuda “idónea”, una amada mujer en quien el Hijo encontrara una compañía adecuada por toda la eternidad. ¿La estrategia del enemigo? Hacer que la amada de Su Hijo, la iglesia, ofrezca algo de la tierra, algo del polvo de esta vieja humanidad caída, como una descarada burla del bendito Hijo de Dios y de su sacrificio expiatorio. ¡Una burla del hecho de que lo que  Él es como la vida de resurrección es lo que la iglesia ha de ser! ¡De qué forma tan profunda ha afectado esta estrategia satánica a las vidas del pueblo del Señor!

En el principio, cuando Dios creó a Adán, Él nos estaba dando una figura, un cuadro de Aquel que había de venir. Entonces Dios habló a Adán algo de profunda importancia, particularmente a la luz de la eterna verdad que entonces solo estaba siendo prefigurada.

Leemos en las Escrituras: “el Señor Jehová dijo: No es bueno que el hombre esté solo, le haré ayuda idónea.” (Gén. 2.18). He aquí una profunda visión del propósito eterno y del plan del Padre respecto de Su Hijo. ¡Dios mismo dice que no es bueno que el hombre Cristo Jesús esté solo! ¡Qué penetrante! ¡Qué profundo!

Dios dice entonces, “¡Le haré una ayuda idónea!” Fíjate que Dios dice que Él haría una para Su Hijo. El hombre no tiene parte ni en la formación ni en la madurez de la ayuda idónea que está siendo preparada para el bendito Hijo de Dios.

Las manos del hombre no jugarán ningún papel en toda esta obra. Lo mejor sería que nosotros estuviéramos tan fuera del cuadro, tan apartados de la esfera de la obra de Dios para asegurarnos de no tocar la obra de Dios en la formación de la compañera para Su Hijo.

Con tanta frecuencia nos entrometemos en el camino, tanto en nuestra propia vida como en las vidas de los demás, y tenemos que sufrir alguna disciplina muy dura de Dios para apartarnos de en medio, puesto que la obra completa de nuestra transformación en una compañera apropiada para el Rey de Gloria, ¡Es absoluta y exclusivamente Su obra, desde el principio hasta el fin, y pasando por en medio de todo ello!

Después de decretar Dios su intención de que el hombre tenga una ayuda, la Escritura atrae nuestra atención hacia todas las cosas que fueron formadas de la tierra, y leemos en los versículos 19 y 20 que las muchas criaturas vivientes que Dios formó, todas pasaron junto a Adán y a cada uno les dio un nombre.

Sin embargo, el versículo 20 dice, “pero para Adán no se encontró una ayuda idónea”. Amados, aquí vemos la verdad más importante: todo lo que procede de la tierra, y era del polvo de la tierra, ¡Nada de eso era adecuado como compañera, ni de ayuda para Adán!

En todo esto vemos una gran verdad, que Dios no encontrará ni podrá usar nada para Él mismo, o para el deleite de Su Hijo—en lo que se refiere a las cualidades de una verdadera compañera, una ayuda idónea, una amada esposa por toda la eternidad—que se origine de todo aquello terrenal que somos en nuestra vida natural, o cualquier cosa que proceda de nuestra naturaleza, ¡No importa lo religioso o hermoso que aparente ser!

La naturaleza esencial y el carácter de la amada compañera del Señor Jesús será completamente libre de cualquier cosa que se origine en el hombre, sea o no religioso— ¡una clase de vida completamente distinta!

Recuerda, Dios tomó algo de Adán para formar a Eva, y de la misma forma, la iglesia ha de ser formada enteramente de lo que Cristo ha plantado en ella. Ha de ser una réplica exacta de SU misma naturaleza y carácter.

La vida natural tiene una clase de fuerza vital tras de sí, mientras que la vida espiritual del Señor Jesús es completamente distinta. Pablo dijo, “Y tal como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.” (1ª Cor. 15:49).

De la misma manera que en nuestra carne somos exactamente iguales que Adán, un día, mediante el proceso de transformación para la transfiguración, seremos como el último Adán… “Porque le veremos tal y como es Él.” (1ª Juan 3:2b). Toda la creación espera este día la revelación de los hijos de Dios, ¡La eterna “ayuda idónea” del Señor para Su Hijo amado!

Como ya hemos discutido detenidamente, la vida natural que recibimos de Adán, tiene el poder para crear toda clase de obras y hechos religiosos junto con algunos sistemas de religión con muy buen aspecto (sólo en lo externo).

Sin embargo, todas estas obras altruistas y estos hechos religiosos, se originan de lo terrenal de la vida carnal, y son todos ellos sin excepción, destinados a ser rechazados por el Señor como no aptos para ser parte de Su amado, e incapaces de contribuir de ninguna manera a la preparación de las bodas.

Esta es el significado del fracaso en encontrar una ayuda idónea para Adán de entre todas las cosas que fueron formadas de la tierra. Dios nunca encontrará algo adecuado para Su Hijo en esas cosas que se han formado del polvo de nuestra propia calidad terrenal, del fruto de nuestras mentes carnales, o de las obras de nuestras manos carnales, creando nuestras pequeñas iglesias religiosas, y nuestros programas carnales y del alma.

¡Ninguna cosa perteneciente a este ámbito es acepta para Dios! Las vacas sagradas que hemos creado con nuestras propias manos deben ser destruidas si vamos a ver claramente el placer exclusivo del Señor, Aquella que es Su deleite, y que es únicamente la fuente de la que Él se asegurará una amada ayuda idónea.

Que el Señor abra nuestros ojos para ver todas las cosas que estamos todavía haciendo en un intento por nuestra parte de ganar mérito o incremento espiritual, y que podamos ser librados de nuestra excesiva afición por las obras de nuestras propias manos, viéndolas por lo que son realmente—porquería, basura y nada menos que obras sin fruto a las que hay que renunciar absolutamente, con gran contienda derramada sobre las mismas.

Hasta que esto suceda, estaremos muy limitados para ver aquello que el Señor persigue verdaderamente en una esposa para Su Hijo, y seguiremos echando a perder Su obra y estorbando Su intención, obligándole a seguir trayendo fuertes medidas disciplinarias hasta que abandonemos todos los esfuerzos, no importa cuál sea su expresión, ¡de ofrecer a Él lo que procede de lo terrenal en nuestras vidas naturales!

Amados, recordad que la carne se forma con mil obras capaces de imitar, falsificar y enmascararse como la vida de Cristo que se nos da en el nuevo nacimiento, y que se forma en nosotros por la operación del precioso Espíritu de Jesús.

El hombre en su “mejor o máxima capacidad” es con frecuencia mucho peor que el hombre en “su peor capacidad”. No sólo son las obras malignas de la carne, esas obras repulsivas de pecado que mencionamos antes, que son malditas.

Las obras “buenas”, “bonitas”, de la carne, son igualmente malditas y rechazadas por Cristo. Es la totalidad de la carne, cualquier cosa que sea de la tierra, que es el área de trabajo de espíritu del potencial humano, y lo que él pretende traer a la casa de Dios, sean los pecados obvios o las cosas bonitas de la carne. “Cualquier cosa” dice el diablo, “¡siempre que se de la carne y no una manifestación de Cristo y de Su vida!”.

Ahora bien, ¿Qué hay de la operación de estas verdades al afectar a nuestras vidas diarias como cristianos? Amados, creo que es inevitable que cada uno de nosotros individualmente seamos llevados a una penetrante y severa crisis.

Esta crisis no es una experiencia de una vez para siempre, sino más bien una entrada a una vida de crisis continuas. Creo sin embargo, que debe haber una crisis inicial en cuyo momento nos demos cuenta que el Señor no aceptará absolutamente  nada menos que la expresión de Cristo y todo lo que es de Él y por Él, en todo lo que decimos y hacemos.

 Con frecuencia, esta crisis inicial no sucede cuando nos hacemos cristianos por primera vez. Pero sin embargo, el fiel Buen Pastor llevará a cada uno cuyo corazón tenga verdadero anhelo por Él, a esta experiencia precisamente. Entonces, por medio de Dios la revelación ha de ser guardada, resultando en una crisis continua de ver la demanda sin responder de Dios de la preeminencia de Cristo en todas las cosas.

¿Cómo afecta esta crisis a nuestras vidas en términos de la “enseñanza” y la “verdad” que recibimos? Amados, muchos son ricos en verdades objetivas, sentados bajo grandes enseñanzas y habiendo leído a grandes autores, pero muy poco familiarizados con la realidad de esta crisis.

Mucho, sino una gran parte de la vida cristiana completa, sigue bajo el gobierno del hombre natural, siendo potenciados por los impulsos de la criatura y siendo ordenados por la sabiduría de la mente carnal. Sin embargo, al mismo tiempo, la mente es extremadamente ejercitada y llenada de gran verdad objetiva.

Aquí mismo yace el gran problema—el problema que tanto preocupa al Señor. La verdad objetiva no significa nada para el Señor y no le da gloria a Cristo si el administrador de la verdad sigue siendo la criatura, vía el hombre natural y todas sus inclinaciones—a saber, la naturaleza religiosa, la atracción por “hacer” algo para Dios, etc.

Mucho de la obra que hay hoy es esto de hecho—pero es difícil de reconocer porque está escondido bajo la verdad objetiva que a primera vista parece ser tan correcta. Así, el Señor, a Su propio modo y soberanamente, va a encender los focos y a “buscar a Jerusalén con lámparas” para descubrir donde esta condición está presente.

Muchos se ofenderán ante el trato de Dios porque sólo verán la verdad objetiva que está presente, que en sí misma y por sí misma no es incorrecta, pero fallarán en ver que la vida potenciadora detrás de la verdad, es rechazada por Dios.

A través de duros tratamientos, el Señor va a distinguir claramente entre lo que es limpio y lo que es impuro. Cuando lo que sea impuro (la vida de la carne) lleve el testimonio de la verdad objetiva, el Señor está en contra de ello, aunque pueda usarlo para extender Su propio Reino.

Jesús dijo, haced lo que dicen los Fariseos, porque se sientan a enseñar las Escrituras. Pero no participéis de lo que son, porque causa de su hipocresía. Tenían verdad objetiva, pero la Verdad no los tenía, y consecuentemente, aunque proclamaban la “verdad”, estaban siendo motivados por el mismo espíritu del potencial humano.

En nuestro día, el Señor va a exponer una gran fortaleza de Satanás, acechando en medio incluso de aquellos que están firmes en cuanto a las “verdades” más sagradas y profundas, es decir, donde la verdad objetiva se enseña, pero al mismo tiempo el espíritu del potencial humano está controlando y motivando desde el interior.

Cómo necesitamos que el Señor nos conceda continuamente Su gracia para que podamos ser capacitados para estar firmes con Él  y para ser continuamente influenciables en Sus manos,  para que la operación de Sus propósitos pueda tener una expresión completa en nuestras vidas.

Sólo al recibir del Señor Jesús la gracia necesaria, podremos vivir diariamente en todo lo bueno de esa crisis—que en verdad, todo lo que digamos y hagamos brote de esa bendita Vida celestial que nos fue impartida por el nuevo nacimiento, y que la preeminencia de Cristo pueda ser establecida en nuestras vidas para la gloria de Dios.

 

 

 

 

 

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La Condición Necesaria

 

Hoy quiero hablar del hijo de Dios que agrada a su Padre; qué es lo que espera el padre de cada uno de sus hijos. Y también puntualizar a quién o a quiénes Dios llama hijos. Quiero que vayas conmigo a la carta a los Hebreos capítulo 10, donde vamos a leer unos cuantos versículos.

Y vamos a empezar a entender lo que hay en el corazón de Dios para sus hijos. Me gustaría que tengas en cuenta antes de leer nada, que este capítulo 10 de Hebreos está relacionado con alinearse con la justicia de Dios. Es lo que le corresponde a Dios por derecho.

En este capítulo, Dios habla precisamente de lo que Él espera de su iglesia. En los primeros versículos, es interesante, Él empieza a analizar lo que la ley produjo. Estoy hablando de la ley mosaica. Si tú vas con detenimiento a revisar este pasaje, te vas a dar cuenta que la ley en sí misma, (Y es lo que concluyen estos versos), no puede quitar el pecado.

Simplemente termina siendo un tratamiento temporal, una situación que se genera para poder resolver algo coyuntural, pero que no tiene la capacidad de ser eterna, ni puede agradar completamente el corazón del Señor.

(Hebreos 10: 1) = Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, (Repite conmigo: nunca puede. La ley nunca puede), por los mismos sacrificios que se ofrecen voluntariamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan.

Ahí se puede ver con bastante claridad lo que Dios esperaba de sus hijos. Perfección. Y la ley nunca puede hacer perfectos a los hijos. Ahora bien; más adelante, en el versículo 5, Dios expone lo que de verdad sí puede hacer perfectos a sus hijos.

(Verso 5) = Por lo cual, entrando en el mundo (Está hablando del hijo), dice: sacrificio y ofrenda no quisiste; más me preparaste cuerpo. (Está hablando Jesús).

(6) Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron.

(7) Entonces dije: he aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de mí.

(8) Diciendo primero: sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (Las cuales cosas se ofrecen según la ley) (9) y diciendo luego: he aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero (La ley), para establecer esto último. (La obra de Cristo).

(10) En esa voluntad somos santificados (Sinónimo de perfeccionados), mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.

En el capítulo 10 de Hebreos, el capítulo donde se alinea la voluntad de Dios con el hombre, Dios dice que la ley no puede hacer la obra, no puede. Entonces Dios ofrece la respuesta perfecta al hijo. ¿Qué lo hace hijo? Eso está claramente explicado en el versículo 7 y el versículo 9: He aquí, he venido para hacer tu voluntad.

¿Y a quién Dios llama hijo? Al que hace su voluntad. Ahora bien; este concepto que tú acabas de decir, de entender, de repetir, es el centro de la vida cristiana. No es el congregarnos, el cantar, el reunirnos. Si bien todo eso no es malo en absoluto y suma, en realidad la médula de la vida cristiana, es esa declaración: Dios llama hijos a los que hacen su voluntad.

Y recuerden que todo esto empieza analizando el Salmo 2, especialmente ese pasaje cumbre que dice: Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y los confines de la tierra por heredad. Y hoy podemos concluir en que, ser gobierno, es la consecuencia de ser hijos; y ser hijos es la consecuencia de ser obedientes a la voluntad del Padre.

Este proceso que es tan sencillo, la iglesia en su gran mayoría, no lo ha visto. Quieren agradar a Dios con obras, con ritos, con aparentes vidas santas, cuando lo que Dios espera de nosotros, técnicamente, es algo muy sencillo: quiere que hagamos su voluntad.

No se trata de que tú te bautices todos los domingos, tampoco tomar la Santa Cena en cada culto; tampoco se trata de predicar dos veces en una misma reunión; sólo se trata de hacer lo que Él quiere que hagas. Nada más que eso. Y eso rompe totalmente toda estructura religiosa.

Porque precisamente la religiosidad se establece, crece, se desarrolla, es fértil en las personas que buscan agradar a Dios, pero sin buscar lo que a Dios le agrada que hagan. La religiosidad le da a Dios lo que a ella le agrada, no lo que a Él le agrada.

Y eso es lo que hace que Dios me llame religioso. Eso hace que Él me aborrezca. Técnicamente, una persona religiosa no es una persona mala, es simplemente una persona que quiere agradar a Dios pero según sus propios conceptos.

Bajo esa óptica, podemos reunir diez personas diferentes, y las diez van a tener, cada una de ellas, diferente opinión. ¿Qué opinas tú? Pues a mí me parece que debemos usar la ropa así, el peinado así, pantalones no, pantalones sí, maquillaje no, maquillaje sí, etc.

De ese modo te puedo asegurar que cualquier grupo puede hablar meses sin ponerse de acuerdo respecto a qué es lo que, según sus propios juicios, agrada a Dios. Pero cuando tú te metes en la mente del hijo, te das cuenta que para el hijo sólo hay una explicación sencilla. Es obedecerle al Padre.

En este mismo capítulo 10, se habla de la manera en que Cristo quita los pecados, vuelve a hablar del pacto en el verso 16, y mira lo que dice aquí, voy a leer a partir del verso 11, sin perder de vista lo dicho respecto al Salmo 2.

(Verso 11) = Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados;

Imagínate hoy día a los judíos, en el muro de los lamentos, orando. ¿Y qué es lo que Dios dice de ellos? Cada día están de pie, allí, haciendo oraciones inútiles que nunca pueden quitar los pecados. El autor de esta carta a los Hebreos está hablando aquí con una tremenda sabiduría.

(12) Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, (13) de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies.

¿Cuándo nuestros enemigos son vencidos? A ver, examina lo que estamos leyendo. He aquí, he venido a hacer tu voluntad, Señor. Consecuencia de eso: tus enemigos serán puestos por estrado de tus pies. ¿Por qué vez tras vez se levanta un enemigo que me vence? ¿Por qué hay hijos de Dios que son abofeteados por cosas con las que están peleando por tanto tiempo?

Porque la victoria contra un adversario, es la consecuencia de hacer la voluntad del Padre. Mira que tremendo. Estás sentado a la diestra de Dios, y estás esperando que todos tus enemigos sean puestos por estrado de tus pies.

¿Por qué Cristo es vencedor? ¿Él salió con espada? No, de hecho, en la escena más victoriosa que hay en su vida, él entra montando un pequeño burrito. Él no tiene la imagen del gran libertador, ¡Nunca tomó una espada!

Sin embargo, todos los enemigos que pueda tener, se tienen que poner de rodillas con solo escuchar su nombre, por una sencilla razón: no es porque él sea el hijo de Dios; tú también lo eres. No es porque él haya nacido por el Espíritu Santo, tú has nacido en el proceso de la salvación, por el Espíritu Santo.

No es porque en la naturaleza de Dios él se movía, en la tuya también se mueve. La razón de su tremenda victoria, hasta el día de hoy es que él, lo único que buscó hacer, fue la voluntad de su Padre. Cuando tú empiezas a caminar en la voluntad de Dios, automáticamente, los enemigos que se levantaban contra ti, y se enseñoreaban de ti, empiezan a caer uno tras otro.

Sin necesidad de que tú los reprendas, lo ates o hagas ningún tipo de guerra. A mi modo de entender, la guerra espiritual más poderosa que existe en esta tierra, es hacer la voluntad del Padre. Quiero que entiendas bien lo que te estoy diciendo.

Esto es extraordinario. Ahora bien; cuando hablo de hacer la voluntad de Dios, no estoy hablando de algo místico, complicado o difícil de entender. Porque ustedes se van a dar cuenta que hacer su voluntad es algo muy sencillo.

No requiere que tú, cada mañana, te pases cuatro horas en oración para ver qué decisiones debes tomar en ese día. Es mucho más simple. La vida en el Espíritu es tan sencilla, que un niño puede entenderla.

(14) Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.

Recuerda lo que te decía antes; la ley no puede hacer perfecto a nadie, ¿Recuerdas? Fíjate lo que dice en el verso 14. Catorce es el número de las generaciones. Por eso se tomaba la Pascua el día 14. En este verso 14, dice que Él ha hecho perfectos para siempre a los que han sido santificados. Y esto es extraordinario, porque Dios abarca nuestras generaciones. Abarca los hijos, los nietos, los biznietos, los que van a salir de nuestros lomos, como dice la palabra.

(15) Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho: (16) este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor; pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré, (17) añade: y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones.

(18) Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado.

Eso habla de una obra terminada, perfecta, completa y justa en la mente de Dios. Entonces, a partir del versículo 19, seguimos en el capítulo de la justicia de Dios en Hebreos, empieza a exhortarnos a que perseveremos. Dado a que Cristo ha hecho todo, dado que la ley no puede cubrir lo que es la perfección, entremos en el Lugar Santísimo, que es lo que dice en el verso 19.

(19) Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, (20) por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, (21) y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, (22) acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.

(23) Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión (en los originales dice “la confesión”) de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.

O sea: la ley no pudo, Cristo lo hizo, ¿Qué me toca a mí? Persevera. Sin embargo, y porque estamos en el capítulo de la justicia de Dios, bien vale preguntarte: ¿Qué pasa si tú pecas luego de haber conocido esto?

(Verso 26) = Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, (27) sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios.

Entonces, el tema es que para el que vuelve atrás luego de haber conocido a Cristo, no hay más obra, no hay más ofrenda.

(29) ¿Cuánto mayor castigo que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de Gracia?

Escucha: conocer a Cristo puede ser lo mejor que te pasó en la vida, o puede ser lo peor. Porque te quita toda perspectiva de resolución, si es que vuelves atrás.  Para cualquier persona del mundo, por mala que esta sea,  queda siempre la esperanza de que en algún momento conozca a Dios.

¿Pero qué pasa cuando alguien, conociendo a Dios, se vuelve al mundo? No queda nada más que hacer. Tiene un lugar reservado en el infierno con los enemigos de Dios. No se puede poner otro sacrificio, la obra fue terminada.

Estamos en el capítulo de la justicia de Dios. Está la gracia, está la obra de Cristo, tú eres salvo sin haber hecho nada. ¿Desprecias a Cristo? Estás desechando lo único que puede otorgarte vida abundante ahora y eterna en el Reino después.

Al final de este tremendo capítulo, en el corazón de esta carta a los Hebreos, otra vez se nos exhorta a perseverar. Nos alientan a que tengamos paciencia. No es fácil la vida cristiana, no es sencillo caminar como hijos de Dios.

(Verso 37) = Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará.

(38) Más el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma.

¿Quién es el que agrada al Padre? El que hace su voluntad. Le está diciendo al Padre: mi alma no se complace, ¿En quién? En el que retrocede. No hay vuelta atrás. No hay puerta trasera. No hay salida de emergencia. Te guste o no, si tú naciste de Dios un día, sólo hay una puerta delante.

O la pasas hoy, o la pasas mañana, o la pasarás pasado mañana, pero no hay posibilidad alguna de que puedas tener una buena vida, si retrocedes. Es más; todo lo que has construido, terminará mal. Empezarás a vivir un infierno en esta tierra.

Es el capítulo de la justicia de Dios. Es el capítulo en el que Dios nos habla claramente. Él dice: la obra de mi Hijo los puede perfeccionar. No importa lo que el hombre haga, sea lo que fuere que haga, eso jamás podrá perfeccionar al hombre.

Sólo te queda una cosa: persevera. ¿A quiénes Dios llama hijos? A los que hacen su voluntad. Si ustedes empiezan a leer los evangelios, se van a dar cuenta que Jesús hijo muchas cosas. Habló, enseñó, predicó, sanó, liberó, y todo eso es bueno.

Sin embargo, la pregunta que se nos ocurre, es: ¿Eso es lo que al Padre le agrada? O sea: ¿Deberíamos salir ya mismo a las calles hablando, enseñando, predicando, orando, sanando y liberando? ¿Es eso lo que tenemos mandato para hacer?

No. No te estoy diciendo eso. Jesucristo vino, esencialmente, a hacer la voluntad de Dios. De esa forma trajo el Reino de Dios a la tierra. La meta, el corazón del ministerio de Jesús, fue traer el Reino de Dios a la tierra. Eso fue lo que él hizo.

En eso trabajó toda su vida. Sus treinta y tres años apuntaron simplemente a este hecho. El n o contaba cuantas liberaciones, cuantos salvos. De hecho, la Escritura dice que si se anotara todo lo que él hizo, no sabemos cuántos libros podrían salir de eso, dice Juan.

¿Y por qué no se registró todo eso? Porque no era importante. ¿Pero cómo no va a ser importante un milagro o una sanidad? No era importante. ¿Y qué era importante, entonces, para Jesús? Que el Reino de Dios venga a esta tierra.

Si tú lees con detenimiento cualquiera de los evangelios, vas a llegar a esta conclusión: aparee repetidas veces la palabra o la frase “Reino de Dios”. El primer mensaje de Jesús, es: El Reino de Dios se ha acercado. La única oración que Jesús enseña a sus discípulos, habla acerca del Reino de Dios.

Dice: venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad. En una circunstancia en la que él hace un milagro tremendo, la gente quiere posicionarlo como un líder; lo quiere nombrar como una autoridad. Y Jesús se escapa, y dice: mi reino no es de este mundo.

¿Cómo es eso? ¿Tú traes tu reino, pero no es de este mundo? ¿Y cómo, si no es de este mundo, puede encajar con nuestra vida natural? No entiendo, ¿De qué se trata? Es vital que si tú vas a llegar al final de este año, con el anhelo de ser hijo, tú debes entender lo que es el Reino de Dios.

Esto es vital, no puede haber dos interpretaciones de esto. Entonces, cuando te pregunte y te diga: hermano, ¿Dios aprueba lo que haces? Tu respuesta no será ¿Qué tiene de malo? O ¿Por qué no? Las únicas respuestas posibles son Sí, o No.

¿Y en función de qué? De estar haciendo la voluntad del que te envió. ¿Y qué significa hacer su voluntad? Extender el Reino de Dios en la tierra. Cuando hablo del Reino de Dios, hay que empezar a armar una definición. No es la definición, estoy armándola.

Estoy hablando de una sumatoria de una unión de salvación, más nuevo pacto, más vida en el Espíritu. Repito: cuando estoy hablando del Reino de Dios, estoy hablando de una sumatoria, de una unión de salvación, más Nuevo Pacto; vivimos en nuevo pacto, estamos en un nuevo pacto.

Pacto es un acuerdo, es una manera de llegar a un punto de entendimiento sobre algo, con principios y obligaciones. Más vida en el espíritu. Estas tres cosas, la salvación, vida en el nuevo pacto y vivir en el espíritu, establecen algo que se llama el gobierno de Dios.

Quiero que lo entiendas claramente. Creo que todos alguna vez habremos visto a un hermano o una hermana gritando a aullido pelado que la gente se arrepienta en un súper mercado u otro centro comercial voluminoso e importante.

¿Es correcto, eso? No lo sé, pero yo personalmente creo que ese tipo de predicación ha causado un enorme daño a la iglesia. No el fondo del asunto, sino el modo de presentar las cosas. Y quiero describir a qué me estoy refiriendo cuando digo que ha causado daño.

¿Está mal, acaso, hablar del infierno o de la salvación? No, no está mal. Lo que sí está mal, es hacer ver que ese es el fin último de Dios. Lo que está mal, es transmitir a la gente que no conoce a Dios, la certeza de que lo único en lo que Dios tiene interés, allá en los cielos y sentado en su trono, es que la gente sea salva y lo adore, porque eso es falso.

Eso no es verdad. Jesucristo no vino sólo para que la gente sea salva. Podemos llevar el evangelio al 99.99 por ciento de habitantes de esta nación, y no por eso esta nación va a ser una nación nueva. No por eso, si esa nación era sub desarrollada, pasará a ser de primer nivel.

Hay una cantidad de países donde la cantidad de evangélicos y creyentes es grandísima, como lo es Guatemala, por ejemplo, y van a darse cuenta de que todas maneras su situación no es para nada buena. Porque si a esa ecuación que mencioné de las tres cosas, le quitas la de la vida en el espíritu, el concepto del nuevo pacto queda completamente inútil, pues llegamos al antiguo pacto, pues no puede, (Eso decía en Hebreos) no puede, hacer perfecta a la gente.

Dime en qué parte de las enseñanzas de Pablo, él expresa que todo lo que Dios anhela es tu salvación. Yo veo aquí en Hebreos, que el énfasis del capítulo 10 es la perfección. Nos vuelve a hablar más adelante y dice: con una ofrenda hizo perfectos a los ya santificados.

¿Se entiende, verdad? ¿Entonces está mal que alguien ande por la calle gritando que la gente se arrepienta? No, no está mal, si es que como consecuencia de ese arrepentimiento, más adelante, la persona puede entender lo que es el Nuevo Pacto y lo que es la vida en el Espíritu.

Lo que quiero que veas, es que en definitiva, lo que Dios espera de mí, es que su Reino se establezca en este lugar. Venga a nosotros tu Reino. Y si tú quitas uno de los tres elementos que te he mencionado, el Reino de Dios no se puede establecer.

Si yo dejo de predicar la salvación, ¿Cómo puedo certificar que una persona es parte de este Reino? Pero si una persona simplemente es salva, pero no conoce el Nuevo Pacto, no entiende las herramientas que Dios le ha dado, los derechos que tiene, o las limitaciones.

¿Podrá una persona que desconoce el Nuevo Pacto, ser una persona que establece el Reino, cuando el Reino se establece como consecuencia de un Nuevo Pacto? No. En pocas palabras; la predicación del evangelio, no es una predicación de salvación; es una predicación para que el hombre vuelva al lugar de donde el diablo lo sacó.

Lo que Adán perdió, no sólo fue salvación. Perdió su lugar, perdió su fertilidad, perdió su gobierno sobre todo lo que existía. Perdió el don que Dios le había dado de ser él el instrumento por el cual Dios iba a llenar la tierra con sus hijos.

No sólo se trató de salvación. No es un tema de que no pueda comer de un árbol y pueda comer de otro. No es un tema de que ahora tiene que morir, no. No es eso. El evangelio del Reino, a diferencia del evangelio de la salvación, te lleva no a la salvación, únicamente; te lleva a la posición de donde el diablo tomó al hombre.

Esta es la diferencia entre el evangelio de la salvación y el evangelio del Reino. El evangelio de salvación te dice: ven, sé salvo del pecado. Ven, acepta a Jesucristo como tu Señor. ¿Y está bien? Está perfecto. ¿Pero está bien? ¡Desde luego que está bien!

Pero el evangelio del Reino te presenta algo mejor. No te dice: ven, y escapa del infierno. Ven y sé salvo. Te dice: ven, y recupera el lugar que tú tenías antes de la fundación del mundo. Ven y vamos hasta el lugar en donde el diablo sacó a tu primer padre.

No es simplemente salvación; esto tiene que ver con posición. El evangelio del Reino involucra salvación y posición. El evangelio de salvación involucra: salvación. ¿De qué sirve salvación sin posición? ¡Es que yo soy salvo! Sí, sin duda. Eres salvo, pero constantemente limitado.

Limitado, oprimido, ubicando un lugar. Porque la salvación, de por sí, no te posiciona. Ahí tienes a un montón de salvos, en este tiempo, queriendo parecerse al mundo. Un montón de salvos que en realidad no entienden qué deben hacer.

No saben qué estudiar, no saben dónde trabajar, no saben qué hacer con esa salvación. Mañana, cuando empiece su vida natural, a primera hora de la mañana. Sí saben qué deben hacer dentro de uno de sus templos, saben usar una Biblia, pero no saben hablar con un empresario, o un industrial.

No saben cómo votar a la hora de las elecciones nacionales, provinciales o municipales, son víctimas de las operaciones mediáticas políticas, no tienen el más mínimo discernimiento. No saben qué hacer con los dones que Dios les ha dado.

No saben interpretar la ciencia y la tecnología, no están posicionados. Son salvos, entienden de asuntos espirituales, pero la vida del Reino no sólo es espiritual. Hay excelentes hermanos que todos conocemos que, sin embargo, son malos padres.

Hay, asimismo, excelentes hijos de Dios que no saben vivir como esposos. Posición. El evangelio del Reino te trae posición. Hay un ejemplo interesante, a ver si puedes entender esto. Jesús llama a los discípulos cuando ellos estaban en medio de un trabajo. Ellos estaban pescando.

Otros estaban remendando redes, como Juan, otros estaban terminando de pescar, otros, como mateo, estaban allí sentaditos cobrando sus impuestos. Entonces, Jesús aparece y, lo primero que hace, es quitarlos de la posición en la que están. Y les dice: Síganme.

¿Cuántos entienden que no puedes quedarte y seguir al mismo tiempo? O te quedas, o lo sigues. Síganme, -les dice- yo os haré pescadores de hombres. ¿Cuántos saben que pueden ser músicos, rockeros, salseros, pero que cuando Cristo entra a tu vida, te dice Sígueme?

Y hasta donde podemos ver, a él no le gusta mucho cantar salsa. Entonces, ¿Cómo haces para quedarte donde estás o seguirle? Síganme. Entonces, ellos le siguen. ¿Y a dónde lo siguen? No lo saben. ¡Eh! ¿Dónde vas con ese tipo? ¡Qué sé yo, no tengo idea! ¡Pero sé que debo seguirlo!

Así son los nacidos del Espíritu. No saben de dónde vienen, ni a dónde van. Y lo siguen. Cuando Jesús es apresado, y lo matan, lo primero que ellos hacen, es volver a su oficio. Y aparecen otra vez pescando. Jesús resucitado aparece en la orilla, y les dice: ¿Tenéis algo de comer?

Y ellos responden: ¡No! Hemos tirado la red toda la noche y no hemos pescado ni un resfrío. Lo primero que hicieron, fue volver a la posición anterior. Seguían siendo buenas personas. ¿Ustedes creen que ellos volvieron y trataron mal a sus esposas, Pedro, o los otros, o fueron corruptos?

¡No! Simplemente, que al dejar de seguir a Jesús, automáticamente vuelves a la posición anterior. Por eso es que el Reino es dinámico. En el momento en que te quedas quieto, vuelves a tu posición anterior. ¿Y cuál es la posición anterior? Esterilidad.

¿Tenéis algo que comer? No. ¿Y sabes qué? Hemos tratado de pescar toda la noche. ¿Tú crees que nunca me he encontrado con ex creyentes? Sí. ¿Cómo andan? Arruinados. Nada nos sale bien. Mira; nunca he conocido un ex creyente exitoso. Y no hablo de gente que se va de una iglesia, hablo de gente que abandona su fe en Dios.

¿Sabes por qué están así? Porque volvieron a su posición inicial. El gran problema entre la primera gran posición que tuvieron, cuando ellos estaban remendando las redes y estaban pescando, y la posición final, donde pasaron toda la noche sin sacar nada, es que en el tiempo que estuvieron siguiendo a Jesús, ellos tuvieron una visión de la eternidad que antes no tenían.

Antes, la meta de estos ciudadanos era solamente tener un buen trabajo, tener para vivir, y poder heredarles algo a los hijos, y punto. Esa era la meta de sus vidas. Pero una vez que siguieron apenas unos días a Jesús, tu perspectiva del tiempo cambia por completo, tu perspectiva de la eternidad, tu perspectiva de tu llamado, ya no es simplemente dejarles la casa, tener una profesión; tiene que ver con algo mucho más grueso, más profundo, más pesado; tiene que ver con el hecho de trascender en un propósito.

Entonces, yo puedo volver a mí mismo trabajo anterior, pero ¿Sabes qué? Me sentiré un rotundo fracasado. Tengo treinta doctorados colgados en la pared de mi oficina, pero me siento frustrado cada mañana, y levantarme a trabajar es una agonía, el peor día de la semana es el lunes, sencillamente por una razón: porque un día Dios me mostró la vida preciosa que él tenía, y yo la desprecié.

Y nada en este mundo puede compararse con seguirlo a él. Dios te llamó a seguirlo. No sabes adónde, pero sabes que debes seguirlo. ¿Y sabes qué es lo más hermoso de ello? Que cada día es distinto, hay diferentes expectativas, porque no sabes dónde va a hacer que lo sigas.

Él sabe, pero tú no. Pero mientras él sepa, estarás bien. Y eso es algo que la vida religiosa no te da. ¿Por qué? Porque la vida religiosa es todo lo contrario a eso. Tú sabes con precisión casi matemática a qué hora empieza el culto, a qué hora termina el culto, quien canta, quien no canta; tú sabes.

Alguien puede tener una vida plena de iglesia, pero no por eso tener una vida en el Espíritu. Creo que ya se entiende la diferencia entre el evangelio del Reino al evangelio de salvación. El objetivo del evangelio del Reino es introducirnos al Reino.

¿Y qué es el Reino de Dios? Es la experiencia de la salvación, más entender un nuevo pacto. He aquí, haré un nuevo pacto con la casa de Israel, escribiré mis leyes en su corazón, las pondré en su mente. Ellos no tendrán necesidad de que nadie les enseñe, porque la unción misma les enseñará todas las cosas.

O sea: el Nuevo pacto es extraordinario. En el Antiguo Pacto tenías que ir donde el sacerdote para que te orara, para que te ungiera, para que te ayude. Pero en el Nuevo Pacto yo me muevo en una dimensión completamente diferente, porque he sido habilitado, he sido activado, he sido posesionado en un lugar en el cual yo puedo empezar a tirar líneas de influencia, y puedo empezar a alcanzar gente.

Y no hacia la salvación simplemente, sino traerlos al gobierno de Dios. La vida en el Espíritu, me hace libre. Porque es en la vida en el Espíritu en que yo veo cara a cara a Dios, puedo entender su bondad para mi vida. ¡Es que yo no sé lo que Dios quiere para mí! Es que no estás caminando en el Espíritu.

Tú no necesitas un profeta para eso. ¿Y por qué no camino en el Espíritu? Porque no has entendido cómo funciona el pacto. Un ejemplo: se debe tomar la Santa Cena como símbolo de haber entendido el pacto de Dios. No porque eso te haga algo a ti.

Si tú tienes la idea de que eres un porcentaje más santo por tomar la Santa Cena cada día, te has vuelto religioso. Has corrompido el sentido de la Santa Cena. “¡Tenemos que orar por eso, urgente! ¡Ah, no! ¡Primero tenemos que tomar la Santa Cena, es la costumbre! ¿Y por qué crees que deberíamos tomar primero la Santa Cena y luego orar?

Porque es un rito. ¿No podemos orar sin tomar la Santa Cena primero? Quiero creer que estás entendiendo lo que verdaderamente significa la comunión. Escucha: todos somos propensos a empezar a poner “A”, “B”, “C”, “D”. Y lo hacen pasar como bíblico.

Tú llegas como siempre, media hora después de haber comenzado el culto en tu iglesia, y te encuentras con que el pastor está predicando. ¿Cuál es la primera pregunta que se te cruza en mente? ¿Pero cómo, es que hoy no ha habido alabanza?

Evidentemente, tú no debes saber que declarar la verdad es alabar a Dios. No necesitamos tener dos horas de adoración con banda de música para poder decir que adoramos. También es adoración a Dios la reverencia, la obediencia, la ofrenda, el ayuno.

Entonces, tú concepto de adoración no tiene ya que estar asociado con cantar o saber tocar un instrumento, sino que debe comenzar a expandirse en otros niveles. Eso viene como consecuencia de entender el Nuevo Pacto.

He aquí, tengo un nuevo pacto para mis hijos. Por eso tú tienes un antiguo pacto, Antiguo Testamento, y un nuevo pacto, Nuevo Testamento en tu Biblia. No quiero decir que el Antiguo no sirve; definitivamente, Dios mismo en el Nuevo Testamento, dice que todo lo que ha sido escrito en el Antiguo, ha sido escrito para nuestra enseñanza.

O sea: al leer el Antiguo Pacto, yo aprendo; al entender el Nuevo Pacto, yo vivo. Y créeme que hay una diferencia tremendamente grande entre conocer y vivir. ¿Qué es una playa? Es un lugar al borde del mar, que tiene palmeras, arena. Ah, y el silicio, y el agua salada, y el porcentaje de agua.

¿Y tú qué sabes de la playa? No sé nada, pero sólo sé que cuando tú visitas una y te echas sobre la arena, quizás a la sombra fresca de alguna de esas palmeras, bebiendo un riquísimo refresco de frutas en el cenit de tus vacaciones, puede que no sepas nada del silicio, pero te encanta estar en la playa.

En el Antiguo Testamento todo está asociado a esto. El Espíritu Santo es “cómo” una paloma. Es “cómo” el arca del pacto. Es cómo “la zarza ardiente”. En el Nuevo Testamento, el Espíritu Santo, está en mí. Me guía en cada paso que doy; me despierta, me aconseja en la mañana, pone su consejo en mi vida.

No necesito de palomas blancas, no necesito de un arca de madera. El Espíritu Santo susurra su voluntad, cada día, conmigo: Ahora bien; ¿Qué prefieres tú? ¿Conocer las múltiples manifestaciones del Espíritu Santo, o conocerlo a Él?

Entonces, cuando habla de “haré un nuevo pacto”, no es para despreciar. Todo esto es conjunto a este nuevo tipo de herramientas. ¿Quieres que se mueva la cosa gravemente? Te puede meter en un problema terrible, pero en fin; ahí vamos.

Mateo 6. Ven conmigo a Mateo 6. Para que veas que en todo lo que hacemos, hay dos niveles. Está la manera de la salvación, léase evangélica. Y está la manera del Reino, léase del Espíritu. Mateo 5,6 y 7, es un pasaje tremendo, porque Jesús habla acerca del Reino.

Yo te invito a leerlo vez, tras vez, tras vez. Es un pasaje que una persona, por lo menos, debería leer cada seis meses. Porque es muy sencillo, pero a la vez es muy complejo, tiene mucha profundidad. Yo voy a ser referencia a una sola cosa, para darse cuenta de cuánta profundidad estoy hablando. Sólo voy a pedir que los que entiendan esto y hagan un “clic” interno, digan un tremendo “amén”. Yo no los oiré, pero mi Padre que está en los cielos, seguramente que sí.

(Mateo 6: 25) = Por tanto os digo: no os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?

(26) Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?

(27) ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?

(28) Y por el vestido, ¿Por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen; no trabajan ni hilan; (29) pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos.

(30) Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿No hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?

(31) No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?

(32) Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.

(33) Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

Nota lo que dice en el versículo 26. Dice que las aves no siembran, ni siegan, ni almacenan.  Pesar de eso, el padre las alimenta. Estoy en certeza que en este día, vamos a sembrar, ¿Amén? Tienes que sembrar para que luego puedas cosechar.

Indudablemente que eso es así, pero cuando estás en el Reino, cosechas aún sin sembrar. En el Reino tú siembras cuando quieres. No siembras por obligación. Cuando no estás en el Reino, si tú no siembras, tienes un problema: no comes.

Ahí es donde debes ofrendar, diezmar, dar primicias, debes hacer pactos. Pero cuando un día entras en el Reino, todo se resume en esto: busca primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todo os será añadido. Hay gente muy ocupada y preocupada por sembrar para poder tener, pero hay otros que son el simple hecho de ser justos, tienen mayor efectividad.

Porque en el Reino la justicia es mucho más efectiva que la siembra. Entonces, cuando tú oyes o ves por la televisión a alguien que te dice que debes sembrar para que Dios haga tal o cual cosa, está siendo correcto para su plano particular de vida, que es el religioso.

En el plano de vida sin revelación, eso funciona, porque Dios siempre honra la fe. Pero cuando yo camino en la dimensión del Espíritu, yo no necesito sembrar. Y tengo más que ellos. Las aves no siembran; y no les falta nada.

¿Usted me está diciendo, hermano, que dar está mal? No, para nada. La cosa es por qué das, la razón por la cual estás dando. ¿Das porque debes sembrar, o das porque eres justo? Y hay gente que puede sembrar mucho, pero no es justa.

Y llega a fin de año, y está igual, como estaba al principio. Y hay gente que apenas si pudo sembrar, pero camina en justicia, y está constantemente recibiendo las bendiciones de Dios. Buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todas las cosas serán añadidas.

¿Cuántos creen que todas, tiene que ver con alimento? ¿Cuántos creen que tiene que ver con ropa, y con educación, y con salud? Todas las cosas. Yo no me atrevo a retirar ningún ítem de esta ecuación. Dice que todas las cosas. Todas, son añadidas para aquellos que caminan buscando el Reino de Dios.

¿Te das cuenta que Dios garantiza provisión a los que buscan al Reino? ¿Cuán cierto es esto? La palabra clave de Mateo 6, es JUSTICIA. Si tú eres justo, no te preocupes. Dios te va a dar todo. Por eso en el Antiguo Testamento, dice: no he visto justo desamparado.

No dice “no he visto creyente”, “no he visto judío”, no. Dice: no he visto justo desamparado, ni su simiente que mendigue pan. ¡Pero hermano! ¿Quién es justo en esta vida? ¿Quién no peca siquiera con el pensamiento? ¿Sabes quién es justo? ¿Quién? El que hace la voluntad del Padre.

No se trata de que tú practiques yoga para no pensar mal; no se trata de que no te enojes; no se trata de que tú no puedas decir que esa comida no te gusta; no se trata de que te sientas mal un día, porque las cosas no funcionaron, no tiene nada que ver con las impresiones del alma.

Tiene que ver con el hecho de que él me llame justo. Y él llama justo, no a los que llegan temprano al culto, no a los que tienen los mejores hijos; llama justos a los que hacen Su soberana voluntad. Nada más. Entonces, llegamos por aquí o por allá. Una vez más al Salmo 2.

Él les va a dar las naciones, les va a dar los confines de la tierra, les va a dar el Reino, les va a dar riquezas, les va a dar salud, les va a dar autoridad. ¿A quiénes, a los creyentes? ¡No! A los hijos, porque para ser hijos tuvieron que ser hechos justos.

Porque Dios no tiene hijos injustos. Y si llegara a encontrar uno que es injusto, ten por seguro y ponle la firma que no es hijo. “En la casa de mi Padre, -no en la casa de Dios, en la casa de mi Padre-, muchas moradas hay. Para que donde yo estoy, vosotros estéis.”

¿Y cómo puedes estar donde él está? Sólo por hacer la voluntad del que te eligió. Ahora bien; bajo esa óptica, tú empiezas ahora que hay una diferencia entre lo que yo considero bueno hacer, y lo que Dios me pide hacer. Y no tiene que ver con memorizar mandamientos; es algo mucho más profundo que eso.

Quiero que entiendas bien; es algo mucho más profundo que lo superficial, que lo exterior. Si tú eres salvo y tienes dieciocho años, te corresponde entrar en la Universidad; si tú de verdad has conocido lo que es el Reino de Dios y estás siguiendo a Jesús, tú primera impresión será: ¿Qué es lo que Dios tiene para mí?

No es que carrera te gusta más, no es donde mejor te pagan, no es donde te va a ir mejor, no es que si tu papá es médico tú también debes serlo; es, ¿Qué quiere el Espíritu que tú hagas? Qué decisión más tremenda tiene que tomar un muchacho o una jovencita de diecisiete o dieciocho años.

Absolutamente cierto. Entonces, puede estar cantando, domingo tras domingo, y tener una voz como los mismos ángeles, pero estar estudiando una carrera que Dios nunca pensó para él. Y él, automáticamente, por haber hecho eso, sale de la atmósfera del Reino de Dios.

Por eso, no se trata de que no puedas, ¡Sí puedes hacerlo! El tema es si debes hacerlo. Por eso Pablo dice que todas las cosas le son lícitas, legales, pero que no todas le convienen. Tú puedes estudiar la carrera que te dé la gana, la que tú quieras; o puedes no estudiar.

¿Y sabes qué? No estás pecando. Pero si tú estás siguiendo a Jesús, o dices estar siguiendo a Jesús, y no consideras consejo, estás en problemas. En pocas palabras: no pienses nunca que lo que Dios espera de tu vida es que seas pastor. ¡Eso ni siquiera es bíblico, tal como lo hacemos hoy!

¡Es que el pastor hace la voluntad de Dios! Mira, no sé tú, pero lo que yo puedo decirte, es que una gran mayoría de pastores convencionales que he conocido a lo largo de mi vida, puedo garantizarte que no están haciendo en absoluto la voluntad de Dios. ¡Están haciendo su propia voluntad!

Es que no tiene nada que ver un título con lo que Dios aprueba. Si estuviéramos haciendo la voluntad de Dios, no habría iglesias divididas, no habría competencia, no habría celos. ¡No es así! Tiene que ver con el hecho de que tú involucres al Espíritu Santo en tus decisiones.

¡Es que no sé qué debo estudiar, hermano! Mira; Dios te va a bendecir en cualquier decisión que tomes porque te ama, eres hijo fiel y sincero, pero si te tomas un tiempo de ayuno y oración, Y clamas por una respuesta esclarecedora, ¡Esa respuesta va a llegar, siempre lo hizo!

Porque hay algo que Él ha preparado para ti desde antes de la fundación del mundo. ¿Y sabes qué? Por este camino de tu propia elección, te puede ir bien, pero vas a tener que trabajar duro. Porque en este mundo tienes que trabajar duro y constantemente superarte.

Pero si vas por lo que Él preparó, sin darte cuenta ya terminaste la carrera. Sin darte cuenta, ya tienes maestrías y doctorados. Sin darte cuenta, eres el profesional más joven que tiene su casa propia. Sin darte cuenta, sin sacrificar a tus hijos, sin sacrificar la vida de hogar.

Estas cosas siempre vienen así. ¿Por qué? Porque es como el tren. Tú pones al tren en las vías, y lo duro es hacer arrancar al tren, porque es pesado, porque metal con metal, resbala. Pero una vez que el tren tomó velocidad, lo difícil no es empujarlo, es detenerlo.

Ahora; si tú tomas un tren y lo pones en una autopista asfaltada, ¿Crees que podrá ir por allí? ¡Claro que podría ir por allí! Pero le va a costar mucho trabajo avanzar. Entonces, ¿Qué pasa cuando se entra a la voluntad de Dios?  Es como empezar a mover un tren. ¿Recuerdas cuando tenían locomotoras a vapor? Empezaban a resoplar cuando se movían y ese soplido se volvía más y más rápido hasta que tomaba un ritmo casi vertiginoso.

Mover el tren es un proceso. Al principio te cuesta, y te pregunta muchas veces qué es lo que estás haciendo allí. Dudas si estás estudiando lo correcto, si vives como te gustaría vivir, si estás de novio con la persona adecuada, si crees en lo que debes creer.

Y es una lucha moverte cada mañana. Pero de repente, un día cobras velocidad y, cuando te descuidas, has terminado una brillante carrera, tienes un excelente trabajo y has formado una familia espectacular. ¡Sí que funciona!

¿Y cómo se dieron todas las cosas con tanta facilidad y a otros, lo mismo, les cuesta horrores si son más inteligentes? Es que estás haciendo la voluntad de Dios, y Dios había preparado todo eso para ti desde antes de la fundación del mundo, ¡Por eso no te cuesta!

Entonces te encuentras con la muchachita dulce y hermosa que te dice que quiere ser misionera. ¡Muy bien! Pero… ¿Y qué pasa si Dios no quiere que ella sea misionera? Ni quieras imaginarte los testimonios que cuentan misioneros que se fueron contra la voluntad de Dios a misionar.

¡Claro que Dios va a bendecir ese esfuerzo y va a valorar las virtudes de ese corazón! Pero créeme que todo sería mucho más fácil y sencillo si esa persona hubiera seguido y obedecido el auténtico llamado de Dios para su vida, con una serie de cosas que Él había preparado desde antes de la fundación del mundo.

Nunca te metas en una carrera universitaria sin saber si es la voluntad de Dios. Dios no te creó para trabajar. El trabajo es una maldición que vino como consecuencia del pecado. Dios te trajo para disfrutar esta tierra. Los incrédulos no tienen idea lo tremendo que es vivir en la voluntad de Dios.

¿Necesitas comprarte una casa? Tienes dos maneras. ¿Confías en mamón? Entonces ve al banco y pide un préstamo. ¿Y te lo pueden dar? ¡Sí, claro que te lo pueden dar! Claro, te van a desplumar con los altos intereses, pero bueno; darte por ahí te lo dan.

¡Es que no tengo otra forma! ¡¡¡Sí que la tienes!!! ¿Cuál? Sé justo. ¿Quién sabe si mañana alguien siente en su corazón el mandato de regalarte una casa? ¿Tú crees que Dios te va a hacer difícil vivir? ¿Todavía no te diste cuenta que el que elige el camino más duro, es aquel que no entiende?

En cambio, cuando tú camina en justicia, todas las puertas se abren de manera automática. Por el contrario, cuando ves que las puertas insisten en mantenerse cerradas para ti, es porque quizás todavía estás caminando en el Antiguo Pacto.

Cuando tú entras al Reino de Dios, automáticamente cambia tu calidad de vida. Supongo que estás entendiendo bien el concepto de calidad de vida, ¿Verdad? Tienes que agradecer a Dios porque un día te llevó a la cruz y te hizo salvo. Pero más debes agradecerle por haberte introducido al Reino.

Porque si no, serías un creyente cansado, ¿Entiendes? Porque no se trata de saber ni de ser master en teología, se trata apenas de ser sensible a la voz del Espíritu Santo. Bajo esa óptica, te das cuenta que, al entrar al Reino de Dios, empieza a desarrollarse alrededor de ti, una nueva cultura.

Ya te diste cuenta que muchas de las personas que te conocen suelen juzgarte porque pareces bien raro. No te gustan las fiestas que a los demás enloquecen. No consumes bebidas ni cigarros, No juegas ruleta o caballos ni te paseas con diferentes mujeres cada semana.

Sin embargo, todo eso no es así porque tú hayas hecho algo especial. Tampoco es porque Dios tenga un amor especial por ti. Sólo tiene que ver con gente que, como tú, ha sabido ver lo que el Padre en su momento le mostró como cosas que le agradan y cosas que no le agradan.

Se trata de ser justo, ¿No es cierto? Bien; justicia es lo que en muchos casos, algunos denominan como fundamentalismo o extremismo. Recuerda el asunto de comer o no comer. Come lo que sea, salvo que sepas que fue sacrificado a los ídolos. ¿Llamarías fundamentalista o extremista a quien así lo haga?

Dios valora cuando sus hijos no se enganchan con cualquier cosa y cuando saben filtrar los temas. Porque lo que nos tiene que interesar no es que se respete a la iglesia evangélica; lo que debemos buscar es que el nombre del Señor sea exaltado.

No podemos, conscientemente, incentivar actitudes que van en contra de lo que nosotros mismos decimos. El tema de la medicina, sin ir más lejos, es un tema de conciencia, muy complicado. Porque se supone que debemos caminar en un nivel de sanidad. Y a eso vamos.

Hay cristianos que un día contraen una enfermedad determinada que les impone tomar antibióticos. Consumen la mitad de la caja y lo que sobra lo guardan por si se vuelven a  enfermar. Pregunto: ¿Nadie pensó que si piensan y hasta declaran que van a  volver a usarlos, así será?

Es determinante que los creyentes entiendan que, cuando salen de la fe común y entran a vivir conforme a las riquezas del Reino de Dios, éste se encarga verdaderamente de suplir sus necesidades al punto de darles incluso lo que todavía ni han llegado a pedir.

Y eso es lo que dice Mateo 6. Ni Salomón con toda su gloria se visitó como uno de estos lirios. ¿Cuánto más vuestro Padre? ¿Eso me garantiza que voy a tener la ropa) ¡Claro que me lo garantiza! ¡Me está comparando con Salomón! ¿Y a Dios, le importa eso? Sí.

Le importa que lo representes bien. De hecho, tú no puedes meterte en un ministerio esperando tener casa, ropa y cauto nuevo. ¡No! ¿Tú crees que puedes engañar a Dios? ¿Tú crees que Él no sabe lo que hay en nuestro corazón, antes que salga una sola palabra?

¿Cuál es nuestra meta en la vida? Hacer su voluntad. No importa ya todas las cosas negativas que te gustan, las dejas. Justicia. ¿Dios te dice que abandones todas esas cosas? No, pero en tu espíritu sientes que no debes, no puedes.

Porque lo que Dios nos lleva a confrontar, es nuestro nivel de tolerancia o aceptación a algo. Dios te juzga por eso, ya no es por los quinientos o seiscientos mandamientos de la ley. Eso es en el Antiguo Pacto. En el Nuevo Pacto, Él te juzga por tu nivel de luz.

Ese es el punto. Entonces, cuando tú empiezas a entender una dimensión del espíritu que antes no entendías, (Por ejemplo, la adoración profética), tú ya no te sientes satisfecho cantando un corito de dos estrofas que no dicen nada.

Es lo que les pasa a muchos salmistas jóvenes, hoy. Se bajan de la plataforma frustrados y no porque hayan cantado mal, no porque a Dios no le haya agradado, sino porque un día, el Espíritu te dio esta perla: adoración profética.

Entonces, a la luz de seguir trabajando en algo, esa perla está allí, está metida entre ceja y ceja; la estás viendo. Y cuando no alcanzas eso, te sientes frustrado. Por eso Él dice que no todo el que le dice Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad del Padre que está en los cielos.

No se trata que tú confieses, no se trata de un rito; se trata de hacer la voluntad. Por eso es que, la pregunta más importante que tú deberás hacer cada día, es: ¿Cuál es tu voluntad para mí, hoy? Nada más. ¿Y sabes qué? En esa dirección, al principio, hay un silencio atronador; te sientes un tonto porque no hay respuesta. Pero si perseveras días tras día, lentamente, tu espíritu comienza a hacerse sensible a su voz.

Entonces ya no necesitas escuchar una frase, sino que, en el transcurso del día, tú vas a saber que algo dentro de ti te inclina  la derecha o te inclina hacia la izquierda, te inclinan a hablarle a alguien o a no hablarle a alguien, te inclina a no hacer un negocio o a hacerlo, te inclina a no ir a ver cierta película.

¿Y de dónde nace eso? ¡No lo sé! El que es nacido del Espíritu, no entiende esas cosas. Sólo sé que algo dentro de mí no da testimonio de qué yo haga o no haga todo eso. Punto. Entonces, la mayoría de las veces mis negativas no tienen una lógica.

No quiero subirme a ese taxi. No quiero entrar a comer en ese restaurant. ¡Y no sé por qué, pero lo que sí sé con certeza es que no quiero! Porque el Reino de Dios comienza a moverse en otra dimensión. Y te empieza a mover a ti. Te empieza a conducir.

La voluntad de Dios, revelada por Jesucristo, era que nosotros los creyentes fuéramos gobernados no por las leyes del Antiguo Testamento, sino por las leyes del Reino. ¿Por qué digo que en el Reino no hay esterilidad? Mateo capítulo 21, búscalo por favor.

Este es el año en que toda esterilidad tiene que ser rota. Es que yo quiero sembrar. ¡No siembres! ¡Entiende primero lo que Dios te está hablando! Camina en niveles de justicia. Sube tu nivel de justicia, sube la vara. No toleres comentarios que ofenden a otras personas, aunque ellas no te escuchen. No toleres la murmuración, no toleres el chisme. No toleres la injusticia. Dios es testigo de eso, Él sabe lo que hacemos en secreto.

(Mateo 21: 43) = Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él.

Si tú estás viviendo en el Reino de Dios, el fruto constante, ¿Sabes qué? Es el sello de tu vida. Constantemente estás rodeado de fruto. Sin ir más lejos, muchos se preocupan por dar o no dar el diezmo. Eso es en la iglesia convencional. En el Reino de Dios las cosas funcionan de otro modo porque las leyes de ese Reino, son al revés que las otras. Aquí no das el diez, aquí das el noventa y vives con el diez.

Las leyes son al revés. Al que no tiene nada, aún lo poco que tiene se le quita. Y se le da al que más tiene, ¿Cómo entiendes eso? Porque lo que Dios aprueba no es la cantidad, es el corazón que está detrás de eso. El vivir en el Reino te hace a ti manifestar otras cosas.

Tú eres un trabajador normal, en una oficina. Y de repente eres testigos de una extorsión. ¿Qué harás? Te das cuenta de la corrupción que hay. ¿Qué haría Jesús? Te hago una pregunta. En la época de Jesús estaba el templo, y el templo tenía su propia moneda.

Porque el concepto de los judíos era que el dinero, la moneda, la plata de los gentiles, o la del pueblo en su globalidad, no podía ser la misma que había en el templo. Tú y yo sabemos que dinero es dinero, punto. Pero ellos le habían puesto una categoría.

Entonces, la gente que traía su ofrenda al alfolí, tenía que ir a unas ventanillas, que en realidad eran mesas, como si fuera un banco, donde cambiaba su dinero judío, por dinero del templo. Quienes administraban eso y sacaban sus ganancias, los cambistas, eran miembros de la propia familia del sumo sacerdote.

Para que hagas cuentas. ¿A Dios, le importaba qué moneda entraba al alfolí? No. ¿Quién estableció eso? La religión judía. Los judíos, ¿Sabían que eso pasaba? ¡Claro! Si ellos eran los que cada año traían su ofrenda anual, subían y tenían que ir con el cambista.

Y cuando ellos traían, por ejemplo, cien dólares de afuera, los cambistas se lo cambiaban por sesenta dracmas de adentro, ¿Se entiende? Y como el cambio en realidad era de uno a uno, esos cuarenta que recibían beneficiaban a la familia del sumo sacerdote.

Ahora bien; Jesús entra al templo y, muy lejos de asumir una costumbre, una tradición y hasta un supuesto derecho establecido de corrupción, Él denuncia eso. Las desparrama las mesas a los cambistas, los llama ladrones y les revoleó delante de sus narices un azote.

¿Se calló? No. Los llamó como lo que eran: ladrones. Tú estás trabajando en tu escritorio anónimo, y ves que tu jefe está recibiendo un sobre con cien mil dólares, para que apruebe un proyecto. ¿Qué harás? La respuesta es esta: ¿Qué haría Jesús?

Mejor no hago nada, en definitiva en todas partes es así y lo único que voy a ganar es que me despidan de mi trabajo. Está bien, pero entonces no sirve de nada que tú hayas conocido lo que ellos todavía no conocen. Hay miles de personas caminando las calles reclamando ayuda. Y ni siquiera son creyentes.

El escaso nivel de justicia que hay, los hace denunciar que cierta clase de negocios oficiales no son justos, y que los impuestos que se deben pagar, tampoco son justos. Y tú estás viendo ese sobre qué pasa delante de tu nariz, siendo creyente, y miras al techo y te haces el distraído.

Como consecuencia, días después, ni tienes ganas de orar, ni de leer la Biblia, sientes frustración, desánimo, depresión. ¿Sabes qué está pasando? Que la mano del Señor se está apartando de ti. Al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace…

Es una pelea constante, de hecho. ¿Por qué no tomamos la actitud de leer el periódico o ver las noticias por la televisión e ignorarlas? Por un tema de justicia. Ese es el problema mayor en Latinoamérica. Tenemos una iglesia cristiana altamente silenciosa.

¡Nosotros no, hermano! ¡Tenemos una tremenda alabanza en nuestros cultos! Sí, seguramente, Cuando cantan se sacuden las paredes y hasta los ángeles se mueren de envidia, pero hacen total y absoluto silencio ante los temas más candentes.

¿Has oído la voz de la iglesia cristiana respecto al matrimonio homosexual en los países donde se ha autorizado? ¿Has escuchado alguna opinión oficial de la iglesia cristiana respecto a  las probables leyes para el aborto que muchas legislaturas están dispuestas a votar?

¿Hay alguna reacción de los hermanos cuando toman conocimiento que en las calles de las ciudades donde viven, se vende droga? ¿O has visto alguna reacción de hermanos que saben que en las oficinas donde trabajan se prostituyen a las mujeres?

¿Cómo reaccionaría Daniel? ¿Cómo reaccionaría José? ¡Es que pueden perder su trabajo! Sí, es probable, pero seguramente van a ganar el Reino. De allí en más la lucha será tuya, íntima personal, dura y hasta cruel contra tu propia calidad de incredulidad.

Porque lo que Dios le ha pedido a su iglesia es que sea la columna de justicia en la tierra. Que el mundo sepa que no puede hacer lo que le da la gana. Que Dios está mirando esto. Nuestros pasos juzgan a esta creación, juzgan a los impíos.

Por un justo Dios se mueve. Lo hizo con Lot en Sodoma, lo hizo con Noé. ¡Lo hizo con los animales que salvó Noé! Porque Dios ama a los animales. ¿Sabes algo? Hay animales en el cielo. ¿Cómo lo sabe? ¡Tienen alma! Dios los preserva y evita que se extingan, pese a los hombres crueles. ¿Y entonces los dinosaurios por qué se extinguieron? Porque no habían sido creados por Dios.

Ya deja de reírte y burlarte de los que aman y defienden a los animales; están cumpliendo un rol que también es espiritual. De hecho, no le están predicando a nadie ni repartiendo tratados, pero están rescatando y salvando a esos seres a los que Dios también ama.

Esas personas, lo veas o no, te agrade o no, lo compartas o no, están siendo justas. Dice la Palabra: No pondrás bozal al buey que trilla. Eso te demuestra que Dios tiene cuidado del buey que trilla. Justicia. Y Dios te dice: te apruebo a ti. Y a lo mejor no aprueba a otro que, si bien anda predicando por allí, también sigue siendo permisivo con el pecado; propio y ajeno.

¿Te das cuenta? Estamos aquí para establecer una cultura distinta. Ese es el tema. LA cultura del Reino de Dios. Una cultura donde no debe haber competencias, sino cooperación. Hay misericordia, hay radicalización. A la iglesia están invitados todos a venir, pero al Reino, no.

Al Reino sólo entran los que califican. Nadie puede negarle el ingreso a una persona a una congregación, pero sí se pueden cerrar las puertas del Reino. Cuando la Biblia dice que Jesús vino a hacer la voluntad del Padre, no se trata de que él se pasó predicando todos los días.

Cualquiera de ustedes puede darse cuenta fácilmente que él no hacía eso todo el tiempo. Eso sí; ayudaba todo el tiempo. Es más; hablaba con una clase de personas con las que nadie se atrevía a hablar en esos tiempos. Iba a comer a casas donde ninguna persona que se respete entraría.

¿Y por qué lo hacia él? Porque su Padre lo dirigía a hacerlo. No era porque fuera un buen samaritano, era por su Padre lo enviaba a hacerlo. ¿Debes predicar? Sí. ¿A todos? No. Predícale a quien Dios te dice que le prediques.

¡Bueno! ¡Eso es diferente! Claro que lo es. Enseña a tus hijos justicia. No sólo debes enseñarles a lavarse los dientes, también debes enseñarles justicia. Créeme que esa es la enseñanza más difícil. ¿Y sabes qué? Dios te va a rodear de cosas.

Yo no veo ningún sentido a congregarse en un lugar en donde no se enseña del Reino. Para eso tengo la Biblia, ya puedo pasar muy bien en casa. En ella se aprende mucho de Dios. Pero la idea de congregarnos es que hoy día se puedan dejar en evidencia cosas del Reino de Dios que, a veces al leerlas, ni cuenta nos damos.

Es mi oración permanente para con ustedes que Dios, que hasta aquí te regaló la salvación sin mérito tuyo alguno, te permita ahora dar el siguiente paso. Entender el pacto que él ha hecho contigo. Y que eso te lleve a una vida en el Espíritu, en la que tú puedas cosechar donde nunca has sembrado.

Y que también puedas almacenar aquello que nunca has buscado. Ese es el Dios que tenemos. A nadie le paga como se merece, siempre nos da más de lo que podemos entender. Por eso decimos: Justo. Eres justo. Pero por otro lado, él nos pide cosas, porque las hemos recibido.

Y él espera que el que tenga un denario, dé el fruto de ese denario. Y el que tiene tres, de tres; y el que tiene cinco, de cinco. Él no te pide que des cinco teniendo uno. Él te da el primero. Que el Espíritu de Dios permita que tus ojos se abran a una vida del Espíritu.

No a la típica vida de la iglesia, programada, cerrada, obtusa, limitada. Sino a la vida de una iglesia en la que el Espíritu Santo está presente, y ejecuta, y habla, y dispone, y podemos ver su voluntad en las decisiones que se toman cada día.

Que puedas tener la paciencia y la perseverancia para preguntarle al Señor qué es lo que él quiere hacer contigo. Que no camines alocadamente, tomando decisiones a ciegas, cuando el Espíritu Santo está a tu lado, muy cerca de ti, para guiarte a toda verdad.

Que no te canses de preguntarle: Señor, ¿Qué esperas de mí? Que te des cuenta que es difícil empezar, poner en marcha el tren, pero que luego, por pura inercia del Espíritu, serás imparable. Que puedas reconocer los tiempos que Dios ha puesto para que vivas.

Hay tiempos para aprender mucho, tiempos para estar atentos, tiempos para cerrar los oídos y avanzar. Hay tiempos para estar yendo despacio, pero hay tiempos para correr. Que reconozcas el tiempo que Dios te ha dado. Que te des cuenta que el dar frutos no es el beneficio de unos pocos, sino el derecho que Dios ha puesto para sus hijos.

Que en tu corazón se despierte el deseo de agradar a Dios en todo lo que haces. Y te conviertas en un pregonero de justicia, que donde veas el mal, tu voz se levante. Que no te quedes impasible para con lo que Dios está condenando.

 

 

 

 

 

 

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Obstáculos en la Oración

Hay cristianos que oran mucho, cristianos que oran más o menos y cristianos que oran poco y a veces nada. En función y razón de ello se han escrito muchos y buenos libros al respecto, con la finalidad de ayudarnos a crecer en ese plano.

Y yo no soy precisamente un experto en la materia de la oración, sino que ello es algo con lo que yo mismo debo batallar.  Quiero compartir contigo, entonces, algunos puntos que el Espíritu Santo me ha señalado, con la esperanza de que te ayudarán como me han ayudado a mí.

Empecemos, como corresponde, por ser honestos.  Muchos de nosotros le pedimos a otros que oren por nosotros por tres razones principales: 1) Porque nuestras propias oraciones no están siendo contestadas, y esperamos que Dios le conteste a alguien más. 2) Porque no tenemos la confianza de que Dios contestará nuestras oraciones. 3) Porque sabemos que no estamos dando tiempo de calidad suficiente en la oración para sentir que obtendremos una respuesta de Dios.

Pregunto: ¿No ha sido este el caso en tu vida en algún punto?  Creo que esto es algo común a la experiencia de la mayoría de cristianos.  Así que quiero traer a tu atención algunas de las cosas principales que nos impiden obtener respuestas a nuestras oraciones, y nos evitan tener la confianza de que Dios nos escuchará en verdad y nos contestará.

El primer obstáculo que podemos encontrar en nuestras oraciones, es el de orar por motivos equivocados. Dice Santiago 4:3: Pedís y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. Añade Pablo en 1 Corintios 10:31: Sí, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios. Y concluye Juan en su evangelio, 14:13: Y todo lo que pidiereis al padre en mi nombre, lo haré, para que el padre sea glorificado en el Hijo.

Muy bien; la próxima vez que comiences a orar, ¡Detente! Primero siéntate y piensa acerca de lo que pedirás a Dios, y por qué se lo estás pidiendo.  ¿Sabed que Dios no solamente toma nota de lo que le pedimos, sino que también examina nuestro corazón para ver por qué lo estamos pidiendo? Lo que estamos pidiendo puede ser bueno, pero nueve de cada diez veces Dios no nos contesta porque los motivos por los que lo estamos pidiendo son equivocados.

¿Sabes que hay un principio operante en el Reino de Dios que debe de gobernar nuestras vidas enteras?  Ello es: Todo lo que hacemos, pedimos, o pensamos, tiene que traer gloria a Dios.  Muchos de nosotros no nos detenemos a pensar acerca de la gloria de Dios, excepto ocasionalmente durante una sesión de alabanza y adoración en la iglesia.

Y así y todo, entonces, no entendemos lo que significa dar gloria a Dios.  ¿Qué significa, exactamente, la palabra gloria?  Originalmente la palabra gloria hacía referencia a una opinión o estimación en la que uno es tenido.  Luego la palabra vino a denotar la reputación, buena posición, y estima dada a una persona.

 Progreso a honor o gloria dada a pueblos, naciones, e individuos.  La palabra que significa gloria en El Nuevo Testamento se convierte en esplendor, radiación, y majestad centrada en Jesús y en Dios el Padre.

¡Verás, Dios está muy preocupado con Su reputación!  ¡Dios Es todo aquello que es maravilloso, majestuoso y espléndido!  ¡Nuestras vidas deben de ser vividas de tal forma que todo lo que hagamos y digamos señale Quien ES Dios y Lo que Él ES!  ¿Por qué?  Para que otros puedan venir al conocimiento salvador de Jesucristo y puedan ver que maravilloso es nuestro Dios.

Ahora, de regreso a nuestras oraciones.  Puede que tengamos una lista entera de cosas  que estamos pidiendo, PERO, ¿Por qué queremos estas cosas?  ¿Alguna vez nos hemos sentado a pensar al respecto para ver si lo que estamos pidiendo resultará en que otras personas vean que tan maravilloso es nuestro Dios?  (Es decir, que le dará gloria a Dios), ¿O estamos pidiendo para nuestra propia comodidad, o para nuestro propio placer?

Verás, en la escritura que citamos en Juan, Jesús dijo que el contestaría todo lo que pidiéramos para traer gloria al Padre.  Si pedimos algo que NO traerá gloria al Padre, entonces Dios no nos contestará.  Si pedimos algo que deseamos en nuestro corazón para nuestro propio placer en lugar de para dar gloria a Dios, entonces Dios no nos contestará.

Cuando el Espíritu Santo trae este punto a tu mente, pone una nueva luz en tus oraciones.  ¡Te das cuenta de que no has pasado, ni por cerca, el tiempo suficiente pensando acerca de la gloria de Dios!  ¿Vivo de tal manera que muestre que tan maravilloso es Dios a otras personas?  ¿Estoy pidiendo por cosas en mis oraciones, que traerán gloria a Dios?  Francamente, en algunos casos no lo sé.  Así que, ¿Cuál es la solución?

(Romanos 8: 26) = Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.

(27) Más el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.

¡El Espíritu Santo nos mostrará como orar si tan sólo nos tomamos el tiempo para preguntarle!  Cuando se trata de oración, el Espíritu Santo es nuestro maestro.  Encuentro que las oraciones más efectivas vienen solamente después de pasar un tiempo considerable buscando al Señor y estudiando Su palabra, preguntándole al Señor COMO orar, y por QUE orar.

Un ejemplo de los más abundantes en la iglesia: tal vez estás casada con un hombre que no es cristiano.  Si eras cristiana cuando te casaste con él, entonces desobedeciste directamente la palabra de Dios en primer lugar, y necesitas pedirle perdón a Dios por ese pecado.

Ahora eres terriblemente infeliz, y hay una terrible lucha en tu hogar porque tu esposo guía a sus hijos a todo tipo de cosas que están en contra de la palabra de Dios.  Has orado y orado por la salvación de tu esposo porque estás cansada de la continua batalla en tu hogar.  Ese es un motivo incorrecto.

Estás buscando simplemente tu propio placer y comodidad.  Pero si le pides al Señor que se mueva en tu corazón para que puedas venir a una posición en la que verdaderamente te duela que tu esposo se rebele contra Dios y le traiga deshonra a Él, ¡entonces sus oraciones serán contestadas más rápidamente!

Cuando tu corazón quiera la gloria de Dios solamente, pedirá por la salvación de tu esposo para que Dios pueda ser glorificado a través de su conversión.  Entonces, le darás el control completo a Dios de lo que necesitas pasar exactamente en su vida y en la vida de tu esposo, para traerlo a Cristo.

Demasiadas veces las congregaciones de las iglesias oran por avivamiento simplemente para que más personas vengan a la iglesia y entonces mejorar sus finanzas.  ¡Dios nunca contesta esos motivos! Siéntate, y considera en oración este principio por algún tiempo.  Pídele al Espíritu Santo que examine tu corazón y te revele exactamente lo que hay en el.

Recuerda, nuestros propios corazones  nos pueden engañar ¿Cómo necesitas cambiar tu corazón para que pidas ahora solamente las cosas que le traerán gloria a Dios?  Si eres sincero al pedirle al Señor que te muestre, Él lo hará. 

¿Cuáles son tus verdaderos motivos? ¿Por qué motivo estás pidiendo lo que pides? ¿Quieres salir de una situación difícil?  Quizás Dios te quiere tener en esa situación, pero capacitarte para caminar victoriosamente en medio de ella para traer gloria a Si mismo.

¿Estás demandando que Dios te envíe un esposo o esposa o hijos?  ¿Por qué?  ¿Alguna vez te detuviste a pensar que quizás Dios pudiera obrar de tal manera en tu vida que le traería más gloria a Él si tú no tuvieras esas cosas?  Una vez nuestro corazón empieza a  centrarse en traer la Gloria a Dios, nuestras peticiones de oración cambian, y Dios nos contestará rápidamente.

Lo cierto es que hay una premisa que cada tanto olvidamos: el pecado en nuestras vidas, bloquea necesariamente nuestras oraciones. Leemos en Isaías 59: 1-2: He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír; pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír.

Esta escritura nos muestra claramente que el pecado sin confesar y no resuelto hace imposible que Dios conteste nuestras oraciones, aunque las cosas por las que oremos están de acuerdo por completo a Su voluntad. Parece una verdad de Perogrullo, pero créeme que son miles los que todavía no terminaron de entenderlo o, lo peor…de creerlo.

Si nunca has tomado el tiempo de limpiar completamente tu vida, necesitas hacerlo.  ¡No te puedo decir lo suficiente como para que entiendas lo importante que es! Lo que sí puedo decirte es que, en contra de lo que se dice en muchos lugares llamados iglesias, sí funciona y es necesario.

(Cantares 2: 15) = Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas; porque nuestras viñas están en ciernes.

(Salmo 19: 14) = Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti.

Los pecados que más a menudo bloquean nuestra vida de oración son los pecados ocultos y secretos que nosotros mismos justificamos.  Son las pequeñas cosas que cuando salen, “sentimos” que no le agradan a Dios, pero no tenemos una escritura firme que diga “No harás esto…” así que los justificamos.

Si estás luchando para obtener una respuesta a la oración, pídele al Señor que te revele los pecados ocultos de tu vida.  Cuando Él traiga algo a tu mente, no saltes a justificarlo.  Sino que ponte de acuerdo con Dios.  Confiésalo como pecado y échalo fuera de tu vida.

Demasiado a menudo decimos, “Oh Señor, SI esto esta mal a Tu vista, renunciaré a ello.”  Tú ya sabes que está mal porque el Señor lo trajo a tu atención.  En lugar de ello debes decir, “Oh Señor, por favor perdóname por este pecado.  Estoy de acuerdo contigo que es pecado, y lo pongo fuera de mi vida, por favor ayúdame a hacer esto.”

¡Recuerda, el perdón de Dios es instantáneo!  Una vez confiesas un pecado, eres perdonado, y limpiado inmediatamente.  El bloqueo a tus oraciones será removido de una vez. Lo mismo que cuando por alguna causa existen ídolos en tu corazón.

(Ezequiel 14: 1) = Vinieron a mí algunos de los ancianos de Israel, y se sentaron delante de mí.

(2) Y vino a mí palabra de Jehová, diciendo: (3) Hijo de Hombre, estos hombres han puesto sus ídolos en su corazón, y han establecido el tropiezo de su maldad delante de su rostro. ¿Acaso he de ser yo en modo alguno consultado por ellos?

La mayoría de cristianos de hoy no ponen literalmente ídolos en sus casas y los adoran – tales como estatuas de Buda u otros dioses.  Sin embargo, la mayoría de cristianos tienen “ídolos” en sus corazones.  “¿Qué es un ídolo en su corazón?”  Es cualquier cosa que desea o valora tanto que pecaría por obtenerlo.  También es algo que significa más para usted que Dios o Sus mandamientos.

Déjame darte algunos ejemplos: Algunas personas quieren amar y casarse tanto que caen en pecado sexual una y otra vez.  El “Ídolo que los hace caer en iniquidad” es el deseo de ser amados por otro ser humano.  El deseo de atención.

Algunas personas quieren tanto ser ricos que están dispuestos a mentir, hacer trampa, robar, y descuidar el reino de Dios para serlo.  ¿Mientes un poquito en tus impuestos?  Entonces tienes un ídolo en tu corazón – el dinero.  ¿Te niegas a dar cuando el Señor te dice que des?  ¿Mientes o haces trampa en el trabajo o en tu negocio para salir adelante?  Entonces tienes un ídolo en su corazón.

¿Deseas complacer a tu cónyuge tanto que estás dispuesto a descuidar el reino de Dios y envolverte en varios fines sociales que no le agradan al Señor sólo para complacerlo / la? Entonces tienes a tu cónyuge como un ídolo en su corazón.

¿Amas a tus hijos tanto que estás dispuesto a permitirles hacer y envolverse en cosas que son pecaminosas o que no le agradan al Señor?  ¿Estás apoyando financieramente a un hijo adulto que vive en pecado?  Entonces ese hijo es un ídolo en tu corazón.  Casi todos los días me contacta alguien que está en terribles dificultades financieras porque están manteniendo a un hijo que vive en pecado o que no trabaja.

No entienden porque sus oraciones no son contestadas.  Simple.  Su hijo (a) es su ídolo.  Al no demandar que su hijo obedezca la palabra de Dios, ponen a su hijo antes que a Dios, y por lo tanto caen bajo la disciplina de Dios.  ¡Con razón sus oraciones no son contestadas!

¿Qué ídolos hay en tu corazón?  Tú no sabrás en verdad hasta que le pidas al Señor que te los muestre.  Pídelo una y otra vez, con sinceridad total. Si lo haces, Dios te mostrará.  Pero, tienes que estar dispuesto a escuchar, sin importar que tan doloroso sea.  Remover ídolos de nuestros corazones es terriblemente doloroso.  Necesitamos la ayuda de Dios para hacerlo. A menos de que remuevas los ídolos de tu corazón, nunca tendrás una vida de oración efectiva.

(Marcos 11: 25-26) = Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas.  Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas

Sin ninguna duda, la falta de perdón es uno de los problemas más grandes dentro del cuerpo de Cristo.  Mientras haya al menos una persona en tu vida a quien no hayas perdonado por completo, todas tus oraciones no tendrán contestación. Si Dios no está contestando tus oraciones, entonces examina tu vida.  ¿Tienes amargura o enojo u odio en contra de alguien?  Si es así, entonces no los has perdonado.

 (Filipenses 4: 16-19) =  Pues aun a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades. No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta.  Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios. Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. 

Cómo nos encanta citar la última parte de esta sección de la escritura:  “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús “ Pero lo que no hacemos es incluir los dos versículos anteriores que van con esa declaración.

¿Por qué estaba el apóstol Pablo tan seguro de que Dios supliría todo lo que los Filipenses necesitaban?  Porque se sacrificaban al dar.  Si tú no eres un dador generoso, ¡Entonces no puedes reclamar la promesa de este versículo!  Todas las promesas de Dios son condicionales, incluyendo esta.

Hay tantas escrituras para este tema que no las puedo incluir todas aquí.  Esta es un área de tu vida que necesitas examinar y pedirle al Señor que trate contigo al respecto.  ¿Eres un dador? ¿Das solo  porque sientes que tienes que hacerlo? ¿Das de mala gana?

¿Das apenas el mínimo que sientes que Dios aceptará? ¿Te enojas cuando se toma una ofrenda, o simplemente no piensas acerca de las ofrendas de amor para nada? ¿Estás listo para dar en tu vida diaria cuando te encuentra con  alguien en necesidad?

¿Das solamente para recibir algo a cambio? ¿Guardas enojo y falta de perdón con alguien que te pidió prestado y nunca te pagó la deuda?  Recuerda, Jesús nos dijo que si le prestamos a alguien, no debemos esperar que nos paguen.

Sé de muchos cristianos que han destruido su vida de oración por este motivo.  Alguien tomó prestado de ellos y luego no pudo pagarles en retorno.  Se enojaron y decidieron destruir a esta persona.  Al hacerlo, bloquearon a Dios para contestarles cualquiera de sus oraciones. 

(1 Pedro 3: 7) = Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.” 

Las dificultades entre los esposos y esposas es uno de los mayores estorbos para que los cristianos no reciban respuestas a sus oraciones.  Si tu relación con su esposo (a) no es de amor y agradable a Dios, ¡Entonces no esperes que Dios escuche o conteste sus oraciones!

¿Tiene ataques de ira con tu esposo (a)?  ¿Guardas amargura o enojo contra tu esposo(a) por algo que el/ella hizo en el pasado? ¿Tienes celos de tu esposo(a)? ¿Le mientes? ¿Intentas controlar o manipular a tu esposo(a)? ¿Eres sarcástico(a), crítico(a) y haces ver mal a tu esposo(a) delante de otros o a solas?

¿No valoras tu relación matrimonial sobre todas las demás excepto la del Señor? ¿Pones a tus hijos antes que a tu esposo(a)? ¿Pones a tu trabajo antes que a tu esposo(a)?  La lista sigue y sigue.  Si haces alguna de estas cosas, entonces tus oraciones serán estorbadas grandemente.

(Santiago 5: 16) = Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho. 

Muchas de nuestras oraciones  no son contestadas simplemente porque no nos interesamos en orarlas.  Dios quiere nuestro corazón completo y nuestra atención total cuando oramosDemasiadas de nuestras oraciones son sin emoción, cortas y descuidadas.

Pienso que uno de los motivos por los que organizarse correctamente en la oración escribiendo cada petición, puede ayudar a muchas personas a obtener respuestas, es porque tienes que esforzarte al escribirlas.  Tienes que pensar acerca de lo que quieres orar, tienes que ser específico, y tienes que tomar el tiempo y el esfuerzo de escribirlas.

Dios quiere intensidad en nuestras oraciones.  Quiere que seamos serios y nos comprometamos a aquello por lo que oramos.  Si no nos importa lo suficiente como para ser intensos en nuestra oración, ¿Por qué debería de importarle a Dios contestar?

Sé que esta es una lista difícil, pero no te desanimes.  Toma el tiempo que necesites.  Siéntate con papel  y lápiz y ora por esta lista que has confeccionado.  Pídele al Señor que te muestre las cosas en tu vida que están bloqueándolo a Él para contestar a tus oraciones.  ¡Luego escríbelas!  Arrepiéntete,  confiesa y pídele al Señor que te limpie.

Recuerda esto.  Si hay algo en tu vida que está bloqueando a Dios para contestar tus oraciones, ¡Nadie más podrá hacer que Dios te conteste!  Pedirle a alguien más que ore por ti no servirá.  Sí, hay mucho poder cuando el pueblo de Dios se une en oración, pero aquí estoy hablando de sus problemas personales y la oración.

Si tú no estás obteniendo respuestas, no pienses que alguien más puede presionar a Dios para que te conteste.  Es tu responsabilidad ir al Señor y descubrir que es lo que está estorbando tus propias oraciones.  Esto requiere humildad, tiempo y esfuerzo, ¡Pero puedo decirle que vale muy bien la pena!

 

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¿Se Pierde o no se Pierde?

Cuando fuimos salvos, Dios nos dio Su Espíritu Santo como el sello. El Espíritu Santo no sella un sello en nosotros, sino que el Espíritu Santo es un sello sobre nosotros; el Espíritu Santo es el sello de Dios sobre nosotros. Este sello permanecerá hasta el día de la redención. Por lo tanto, ningún cristiano puede perder su salvación. Aquí vemos que hay dos aspectos del Espíritu Santo en nosotros. Por un lado, Dios pone Su Espíritu Santo en nosotros como el sello para probar que le pertenecemos a Dios, por otro, Dios pone Su Espíritu Santo en nosotros como las arras para que sepamos que todo lo que Dios nos dará está garantizado. Uno puede ver que estos dos aspectos son diferentes. Por un lado, el Espíritu Santo hace que Dios sepa que le pertenecemos a Él. Ya hemos visto al Espíritu Santo como el sello, ahora queremos ver al Espíritu Santo como las arras.

Leamos Efesios 1: 14, que dice: “que es las arras de nuestra herencia”. Cuando creímos en el Señor, Dios nos prometió que nos daría la herencia incorruptible en los cielos. ¿Cómo podemos saber que Dios no cambiará y la recogerá? Sabemos que Dios no la retendría debido a que Dios dio el Espíritu Santo como prueba o como arras. La palabra “arras” en el idioma original significa un depósito. Dios dijo que te dará a ti la herencia incorruptible en los cielos. ¿Cómo sabes que definitivamente obtendrás esa herencia en el futuro? ¿Cómo sabes que no la perderás? Sabemos esto porque se nos ha dado el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es la primera cantidad de dinero, la garantía subsidiaria, las arras y el depósito, la prenda dada a nosotros por Dios. Cuando Dios nos da al Espíritu Santo, Él nos dice que toda la herencia en los cielos será nuestra en el futuro.

Si una persona fuera a perder su salvación después de creer en el Señor, ¿Qué haría esta persona con la prenda de garantía dada por Dios? La confiscaría. Sin embargo, Dios no puede hacer esto. En primer lugar, la promesa que Dios nos ha dado no puede fallar. Incluso si Dios no nos hubiera dado el depósito, mientras Él lo haya dicho, lo cumplirá. Incluso si Dios no nos da arras o depósito, cuando Él dice que nos dará una herencia, El indudablemente guardará Su palabra. Debido a que nuestra mente está llena de legalidad, Dios nos dio al Espíritu Santo como una prueba para que supiéramos que Dios nos ha dado el depósito. Puesto que tenemos el depósito ¿No nos dará En la herencia?

Hay una sección maravillosa en el Antiguo Testamento. Génesis 24 nos muestra al criado anciano de Abraham que le buscaba una esposa a Isaac. El criado llevó con él muchas riquezas y cosas preciosas de la casa de Abraham. Después de haberse arreglado con Rebeca acerca del matrimonio con Isaac, le dio todas estas cosas a Rebeca como regalos de compromiso. Por un lado, el criado anciano le dio todo esto a ella, lo que estaba en su nariz, dedos, cabeza, cuello y manos para adornarla. Por otro, todas estas cosas le indicaban a Rebeca que sólo eran una pequeña muestra ya que con el tiempo todas las posesiones de Isaac serían de ella.

Después de que somos salvos, debido a nuestra incredulidad, tal vez pensemos que Dios no tuvo la intención de salvarnos. Nos preguntamos, que sucedería si la salvación solamente fuera un juguete de Dios con respecto a nosotros, el cual después de unos cuantos años o unas cuantas décadas se perdiera y nos perdiéramos de nuevo. A Dios le preocupa que existan dudas en nuestro corazón. Él puso el Espíritu Santo dentro de nosotros como prueba para asegurarnos que El definitivamente nos dará la herencia. Cuando vean al Espíritu Santo dentro de ustedes comprenderán que definitivamente ustedes obtendrán la herencia eterna.

Si Dios no nos fuera a dar la herencia futura, ¿Por qué nos dio al Espíritu Santo? Si Dios no nos va a dar la herencia futura, las arras del Espíritu Santo carecen de significado. Nuestra salvación no puede perderse, debido a que se nos ha dado al Espíritu Santo como las arras. Mientras el Espíritu Santo esté con nosotros, somos salvos. La Biblia dice que El estará con nosotros hasta el día de la redención. Por lo tanto, podemos decir con seguridad y teniendo pruebas concretas que sí obtendremos la herencia futura. +++++++

Luego, existe otra razón por la cual no perderemos nuestra salvación. En la Biblia vemos que existe una relación entre Jesús y Dios y entre el Señor y nosotros. Muchos cristianos no han visto claramente la relación que existe entre Dios, Jesús y nosotros los pecadores. Por lo tanto, ellos malentienden y piensan que ellos pueden perder su salvación. Existe una palabra maravillosa en la Biblia que dice que nosotros los cristianos, los pecadores salvos, somos los dones dados por Dios al Señor Jesús. El Padre está aquí, y el Hijo también está aquí. El Padre dio a los salvos como dones, al Señor Jesús. Si Dios nos ha dado como dones al Señor, ¿Existe la posibilidad de que perdamos nuestra salvación? Tenemos que considerar el asunto desde dos perspectivas.

Por un lado, Dios nos dio como dones al Señor. Si pereciéramos y perdiéramos nuestra salvación, si nuestra salvación no fuera eterna, el hecho de que Dios nos diera al Señor llegaría a ser una broma para el Señor. Si Dios no fuera omnisciente, sería posible que pereciéramos porque Dios no sabría si nuestra salvación es temporal o permanente. Sin embargo, Dios es omnisciente, Él sabe si seremos salvos eterna o temporalmente. Si El hiciera eso, El simplemente estaría dando aire al Señor Jesús; no le estaría dando un don. Dios es un Dios eterno; todo lo que hace es eterno.

Si Dios nos da como don al Señor, Él no puede considerar eso solamente como un regalo cualquiera. Segundo, que Dios hiciera esto causaría también un problema al Señor Jesús. Supongamos que Dios nos dio al Señor Jesús, pero tres o cinco años después perecimos y perdimos nuestra salvación. Para nosotros, la hubiéramos perdido. Pero, ¿De quién sería la culpa de perderla? Tú podrías culpar al don dado por Dios de ser corruptible. Pero también podrías culpar al Señor por no ser capaz de cuidarlo.

Dios le dijo al Jesús que Él le dio estas personas. ¿Qué sucedería si un día esas personas se perdieran? No podemos culpar solamente a Dios por darle un don a Jesús, sino que también tenemos que culpar a Jesús por no ser capaz de guardar a aquellos que Dios le haya dado. En Juan 17: 6, el Señor le dijo al Padre: “He manifestado Tu nombre a los hombres que del mundo me diste; Tuyos eran y me los diste, y han guardado Tu palabra”. Todos los cristianos salvos son dados y concedidos por Dios a Jesús. El versículo 9 dice: “Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo”.

El Señor no oró por el mundo, sino “por los que me diste, porque Tuyos son”. Por lo tanto, los cristianos somos los dones dados por Dios al Señor Jesús. El versículo 12 dice: “Cuando estaba con ellos, Yo los guardaba en Tu nombre, el cual me has dado, y Yo los guardé; ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición”. En la oración del Señor, Él dijo que Él había guardado a cada uno de los que Dios le había dado. Solamente hubo un hijo de perdición. Fue Judas. Judas nunca creyó; desde el principio fue el hijo del enemigo y nunca fue salvo. El Señor Jesús dijo que con excepción de Judas, ninguno de los que Dios le había dado se perdió.

Ustedes tienen que saber que Dios ya los ha dado al Señor; Él ya te ha entregado. Cuando fuimos salvos, Dios ya nos había entregado al Señor. Por lo tanto, todos aquellos a quien Dios ha dado al Señor, quienes han creído en el Señor, serán guardados por El. El Señor dijo: “Yo los guardaba en Tu nombre, a los que me diste”. ¿Cómo puede un cristiano perder su salvación? Después de que Dios lo ha dado a usted al Señor Jesús ¿cómo puedes desaparecer? La Biblia dice que ninguno de aquellos que Dios le ha dado al Señor Jesús perecerá.

Dios le ha dado tantos de nosotros al Señor. Consideren esto: Después de que Dios nos ha dado a todos al Señor, ¿podemos perdernos después de tres o cinco años, simplemente porque no somos buenos? Usted debe escuchar lo que el Señor Jesús dijo en Juan 6: 37: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a Mí; y al que a Mi viene, por ningún motivo le echaré fuera”. ¿Por qué creíste en Jesús? ¿Por qué viniste a Él? Tú viniste al Señor y te recibió debido a que Dios te dio a ti al Señor. “Todo lo que el Padre me da, vendrá a Mí”. En otras palabras, todos los que vienen al Señor son dados a Él por el Padre. La única razón por la que tú vienes al Señor, que tú lo recibes como Señor, que tú confías en Su obra redentora y en Su resurrección como Su prueba de justificación, es que Dios te ha dado al Señor. En el cielo Dios dio a ti al Señor y en la tierra tú creíste en El y viniste a Él. Dios te entregó para que tú vinieras al Señor. ¿Qué dice después de esto? “Y al que a Mí viene, por ningún motivo le echaré fuera”. No hay manera de que perdamos nuestra salvación debido a que Dios ya nos ha dado al Señor Jesús.

Eso no es todo. Existe otra sección en la Biblia, Juan 10: 29, la cual dice: “Mi Padre que me las dio”. ¿Quiénes son las ovejas del Señor? Nosotros somos las ovejas. En el Evangelio de Juan, se nos muestra muchas veces que somos el don dado al Señor Jesús por Dios. Dios no puede darnos como un don que carece de sustancia y el Señor Jesús simplemente no puede desecharnos después de que nos ha recibido. No pienses que nuestra salvación es algo insignificante. Puesto que no somos salvos al hacer esto o aquello, tampoco podemos dejar de ser salvos al hacer esto o aquello. Doy gracias a Dios que anteriormente era un pecador.

Una vez que fui dado, ya no tuve ninguna manera de escapar. Cuando Dios me entregó en manos del Señor, lo recibí como el Salvador. Desde ese día, estuve en manos del Señor. Puesto que hemos sido dados por Dios y recibidos por el Señor Jesús, ¿cómo podemos escapar? Si estuviésemos obrando por nosotros mismos y si estuviéramos tratando y luchando por salvarnos a nosotros mismos, una vez que mostráramos negligencia o descuido estaríamos terminados. Sin embargo, debemos comprender que Dios es quien nos ha entregado en manos del Señor y quien nos ha salvado. Déjame darte un ejemplo no muy adecuado. Nosotros los pecadores estábamos muertos en pecados y estábamos pereciendo. Pero tan pronto como Dios nos entregó en manos del Señor, fuimos salvos. Ser salvos significa ser entregados por Dios. Mientras estábamos muertos en pecado y estábamos esperando el juicio bajo condenación, Dios nos entregó. Como resultado fuimos salvos. Esto no tiene nada que ver contigo. Puesto que Dios te ha recibido, Él no puede abandonarte. Tú eras una persona perdida. No tenías alimento ni vestido. Dios te entregó a tí en manos del Señor, y El e recibió. ¿Cómo puedes ser echado fuera?

No existe manera de que esto pueda ser hecho. Dios ha dado y el Señor ha recibido. El Señor dijo que el que viene a Él no será abandonado. Todo el que es dado a Él por Dios no será abandonado por El. Por lo tanto, no hay manera de que tal persona perezca. Si tú pudieras perecer, significaría que Dios no es consistente. Dios ya nos ha dado; y el Señor ya nos ha recibido. ¿Cómo puedes tú perecer? Sería un milagro si fuera posible que perecieras. Puedo decirle a Dios: “Dios, te agradezco. Era un pecador; estaba muerto en pecado. Mientras todavía era un pecador, no tenía deseos de ser salvo. Pero Tú me entregaste, y el Señor me recibió. Una vez que Tú me entregaste, y El me recibió, no puedo evitar, sino ser salvo”.

El Señor dijo: “Y al que a Mí viene, por ningún motivo le echaré fuera”. En el idioma original se pone mucho énfasis a la frase “por ningún motivo”. Significa a pesar de todo. “Por ningún motivo” es una expresión fuerte, pero debido a nuestra familiaridad con las palabras, no le prestamos mucha atención. Significa que sin importar cualquier cosa, el Señor no nos abandonará. Definitivamente no existe ningún cristiano que El haya abandonado. Somos salvos debido a Jesús; también podemos continuar en nuestra salvación y ser preservados en ella debido al Señor. Si tú piensas que la salvación es del Señor pero que la preservación es de nosotros, descubrirás que nadie puede preservarse a sí mismo ni por siquiera un solo día. Estoy haciendo a un lado al hombre, estoy menospreciando al hombre, pero estoy exaltando al Salvador. Todo se lleva a cabo por El. Esto es un don; es un regalo. Nunca seremos abandonados.

Es muy precioso saber de la Biblia, que el Señor es nuestra ofrenda, sin embargo es más precioso saber que Él es nuestro Sumo Sacerdote. Podemos guardar nuestra salvación solamente porque el Señor es nuestro Sumo Sacerdote delante de Dios. No hay necesidad de mencionar los pecados anteriores o los pecados de ayer. Simplemente los pecados que hemos cometido hoy son suficientes para que perezcamos. Podemos seguir siendo salvos solamente porque el Señor ora por nosotros. La intercesión del Señor Jesús nos mantiene salvos.

Hebreos 7: 25 dice: “Por lo cual puede también salvar por completo a los que por Él se acercan a Dios”. ¿Por qué Él puede hacer esto? “Puesto que vive para siempre para interceder por ellos”. La Biblia claramente nos dice que el Señor es capaz de salvar a lo sumo, a los que se acercan a Dios por medio de Él. Algunas personas tal vez digan que podemos perder nuestra salvación o que todavía podemos perecer. Si este fuera el caso, ¿dónde pondría la oración del Señor? Dios dice que el Señor vive siempre para interceder por nosotros. El sigue viviendo para interceder por nosotros.

¿Quién puede comprender toda la eficacia de la intercesión del Señor Jesús por nosotros? Si tú tienes un amigo que no es salvo y oras por él, Dios puede salvarlo. ¡Cuánto más puede el Señor Jesús, que siempre está delante de Dios intercediendo por nosotros, mantenernos salvos por siempre!

Me siento muy feliz de una cosa. Quizás otros se olviden de orar por mí, sin embargo soy una persona por la cual se ora. Es posible que el hombre deje de orar por mí, sin embargo todavía soy una persona por la cual se ora, porque el Señor siempre ora por mí. Tengo a alguien que es el Sumo Sacerdote delante de Dios. Aunque quizás el hombre se olvide, Él nunca se olvida. Él vive para siempre como el Sumo Sacerdote para interceder por nosotros. El Señor nos dijo que El ora por todos los que creen; por todos los que le pertenecen. No ora por los del mundo. En Juan 17 lo que acabamos de leer es muy claro.

El versículo 9 dice: “Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo”. Aquí, “ellos” se refiere a los que le dio el Padre, como se menciona en los versículos anteriores. “No ruego por el mundo; sino por los que me diste”. Aquí vemos el alcance de la oración del Señor; ora por los que creen en El, y no por el mundo. Existe otro asunto que de paso lo podemos mencionar. El Padre está relacionado con el mundo, y el Hijo está relacionado con la iglesia. El Nuevo Testamento nunca dice que Cristo amó al mundo; uno sólo puede ver que Dios ama al mundo. Por otro lado, uno ve que Cristo ama a la iglesia y que se dio por ella. La esfera del Padre es el mundo y la esfera del Hijo es la iglesia. Él dijo que no oró por el mundo. El efecto de Su obra hizo que el mundo fuera salvo, sin embargo Su oración, Su sacerdocio, solamente se aplica a los cristianos. No es para los de afuera.

El ora por nosotros. ¿Cuál es el propósito de que El ore por nosotros? El ora para que Dios nos guarde y nos proteja a fin de que seamos como El, para que podamos ser separados del mundo y para que seamos uno. No importa cuán fuerte sea el mundo, cuán severas sean las tentaciones de Satanás o cuán intensa sea la carne del hombre, la oración del Señor constituye toda la fuerza; Él es capaz de guardarnos. Si Dios no fuera un Dios que escucha la oración, no sucedería nada. Pero Dios es un Dios que escucha la oración. En Juan 11 el Señor Jesús dijo: “Padre, gracias… Tú siempre me oyes”. Si Dios sigue escuchando las oraciones, es imposible que nosotros no seamos salvos. Amigos, antes de que puedan perecer, primero tendrían que escapar de la oración del Señor Jesús. La oración del Señor Jesús es la barandilla del infierno. Si usted quiere irse al infierno, primero necesita brincar esta barandilla. Si usted no puede hacer a un lado la oración del Señor Jesús y si no puede deshacerse de la barandilla de la oración, no tiene manera de perecer. Gracias a Dios que la oración del Señor Jesús es confiable.

Déjeme mostrarle un ejemplo muy claro. Cuando Jesús estuvo en la tierra, Pedro le dijo muy orgullosamente: “Aunque todos se escandalicen de Ti, yo nunca me escandalizaré”. Después de esto, Pedro falló. El Señor Jesús le dijo de antemano: “Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero Yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos” Debido a estas palabras, Pedro pudo levantarse de nuevo después de que cayó. No solamente pudo levantarse sino que pudo ayudar a muchos otros. Hoy en día muchas personas se han levantado debido a Pedro. El hecho de que Pedro se volviera de nuevo no procedió de El mismo. Fue el poder de la oración del Señor que lo sostuvo todo el tiempo. Más tarde, cuando él recordó la palabra del Señor, él lloró y se arrepintió. Todo esto provino del poder de la oración del Señor. Dios escucha la oración del Señor.

El Señor nunca oró por Judas, porque Judas era una persona que estaba pereciendo desde el principio; él no era salvo. Desde el primer día, él estaba pereciendo. El nunca creyó en Jesús, nunca reconoció a Jesús, como Señor. El simplemente lo llamó Maestro. Judas era una persona que estaba pereciendo. El Señor no pudo orar por él. Pero, Pedro era una persona salva; él fue salvo definitivamente al final del tiempo de Mateo 16, cuando él confesó que el Señor Jesús era el Hijo del Dios viviente. No debemos confiar en nuestra propia oración. Más bien debemos confiar en la oración del Señor. No es un asunto de que oremos fervientemente todos los días.

El asunto no es cuántas veces hemos orado en los últimos días. Necesitamos recordar que sin importar cuántas veces oremos, nada será afectado. No es nuestra oración lo que nos mantiene salvos hasta el fin, sino la oración del Señor. No sé cuántos de los que estamos aquí creemos en el poder de la oración del Señor. ¿Puedes tú confiarte sin ninguna reserva a la oración del Señor? Es posible que tú pienses que las tentaciones de Satanás son severas, que las tentaciones del mundo son fuertes, que los deseos de la carne son intensos y que los ataques de Satanás son pesados. Yo no estoy de acuerdo con lo que tú dices. Si nos analizamos, a menudo sentiremos que estamos terminados.

Después de unas cuantas más tentaciones de Satanás, pensamos que nuestra carne casi no tiene fuerza. Muchas veces nos sentimos desanimados y no podemos seguir orando. En tales momentos necesitamos mirar al Señor Jesús. Él es nuestro Sumo Sacerdote. Tenemos que levantar nuestra cabeza y mirarlo. Debemos decir: “No puedo. Ni siquiera puedo orar. Sin embargo, confiaré en El. Él es mi Sumo Sacerdote; Él puede salvar por completo a los que se acercan a Dios por medio de Él porque Él vive siempre para interceder por nosotros”. Tenemos que confiar en Él. Ya que tenemos tal Sumo Sacerdote que intercede por nosotros, ¿será posible que perdamos nuestra salvación?

No estoy diciendo que debemos olvidarnos de los pasajes difíciles en la Biblia. Sin embargo, hay muchas cosas positivas que son innegables. No solamente tenemos la oración del Señor Jesús y la función del Señor Jesús como nuestro Sumo Sacerdote; la Biblia menciona muchas otras cosas además de esto. Nuestra salvación no depende meramente de nuestra fe, sino también del poder guardador de Dios. Nosotros no nos guardamos, sino que el poder de Dios lo hace. Así como fuimos salvos, de la misma manera somos guardados. La condición para recibir salvación es la condición para ser guardados. Es imposible tener una condición para recibir y otra para ser guardados. Recibimos la salvación de Dios por la gracia; y también por la gracia disfrutamos la preservación de Dios.

Romanos nos dice que un pecador no puede confiar en las obras; Gálatas nos dice que un creyente no puede confiar en las obras. Romanos nos dice que la justificación de los pecadores delante de Dios no tiene nada que ver con la ley y las obras; Gálatas nos dice que la preservación de los creyentes en la gracia, de igual manera, no tiene nada que ver con la ley. Habiendo empezado por el Espíritu, ¿debemos ser perfeccionados por la carne?

Habiendo comenzado por la fe, ¿debemos ser perfeccionados por la ley? Por lo tanto, Romanos es para los incrédulos y habla desde el punto de vista de los incrédulos. Gálatas es para los creyentes y habla desde el punto de vista de los creyentes. Si recibir gracia delante de Dios es gratuito, mantener la salvación delante de Dios debe serlo. La Biblia nos muestra muy claramente que es Dios más que nosotros mismos quien nos guarda. Primera Pedro 1: 5 dice: “Que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero”. El último paso de la salvación es la redención a la venida del Señor Jesús. La salvación puede dividirse en tres etapas.

La salvación de la que se habla aquí se refiere a nuestra redención en el regreso del Señor Jesús. Por medio de la fe estamos siendo guardados por el poder de Dios para la redención. ¿Somos los que nos asimos de Dios o es Dios El que nos sostiene? ¿Nos guardamos nosotros o somos guardados por Dios? La Biblia dice que es Dios quien nos guarda. Aquí el hecho de ser guardados por el poder de Dios implica que si llegáramos a perdernos, la responsabilidad no sería nuestra, sino de Dios. Hablo con reverencia, que si nos perdiéramos, caería más responsabilidad en Dios que en nosotros. Sin embargo, no debemos pensar que los cristianos pueden ser irresponsables. Hoy en día, el problema es la salvación. La salvación es algo que tiene que ver completamente con Dios.

Los que no conocen a Dios quizás digan que el poder de Dios podría ser inadecuado para guardarnos. Pero todo aquel que conoce a Dios tiene que inclinarse y decir: “Somos los que estamos siendo guardados por el poder de Dios mediante la fe y definitivamente recibiremos la salvación que está preparada para ser manifestada en el último tiempo”. Pedro estaba seguro de que la recibiremos. No importa que suceda, seremos plenamente salvos.

¿Por qué seremos plenamente salvos? Segunda de Timoteo 1: 12 dice: “Yo sé a quién he creído, y estoy persuadido de que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día”. Lo que Pablo depositó en el Señor, el Señor lo guardaría hasta el día de Su regreso. Por lo tanto, somos salvos todo el tiempo hasta ese día. Por causa de la gloria de Dios, todos los que conocen a Dios y Su poder guardador, dirían que no hay manera para que ellos pierdan la salvación de Dios. ¡Aleluya! No tenemos manera de perderla. La Palabra de Dios es más que clara en este respecto.

Con respecto a los versículos acerca de ser guardados, el que más me gusta es Judas 24-25a. Este pasaje es más peculiar que cualquiera de los otros. Él nos dice qué es el nombre de Dios. El nombre de Dios es “Aquel que es poderoso para guardaros de tropiezos, y presentaros sin mancha delante de Su gloria con gran alegría, al único Dios, nuestro Salvador”. ¿Qué es el nombre de Dios? El nombre de Dios es Aquel que es capaz de guardarnos para que no tropecemos; el nombre de Dios es Aquel que es capaz de presentarnos sin mancha y con alegría delante de Su gloria; el nombre de Dios es Aquel que es el único Dios nuestro Salvador. Este es nuestro Dios. ¿Qué significa no tropezar? No dice que Dios nos guardará de caer, sino que Él nos guardará de tropezar. Caer es quedar postrado en el piso. Pero tropezar es solamente resbalarse. Él dice que Dios nos puede guardar para que no tropecemos. Dios no solamente nos guarda de caer, sino que puede guardarnos de resbalar.

Ninguna enseñanza en la Biblia puede tener a los pecadores como su punto de partida; todas las enseñanzas deben tener al Señor Jesús como el punto de partida. Sería terrible si los pecadores fueran tomados como el punto de partida; pero si el Señor Jesús se toma como el punto de partida, las cosas serán claras. Si tomamos a los pecadores como el punto de partida, el problema del pecado llegará a ser oscuro para nosotros. Habrá muchas cosas que no consideraremos como pecados. Muchos asuntos sucios serán considerados como limpios; muchos asuntos que son débiles serán considerados como fuertes; muchas cosas vergonzosas serán consideradas como gloriosas. Incluso después de que hemos llegado a ser cristianos, todavía consideramos muchas cosas pecaminosas como gloriosas. Con aquellos que conocen a Dios, todavía existen muchos pecados que no han sido juzgados. Todavía existen muchos pecados que para un cristiano son gloriosos. Si un creyente no está claro con respecto al asunto del pecado, ¿Cuánto más un pecador?

Hay muchos pecados que Dios ya ha juzgado en Jesús, pero no fueron manifestados como pecados para nosotros cuando éramos pecadores. Solamente después de que creímos en el Señor Jesús supimos que eran pecados. Cuando éramos pecadores, no estábamos claros; solamente después de creer en el Señor estuvimos claros. Sin embargo, incluso los cristianos no son confiables; todavía hay muchas cosas que no ven. Con respecto a perder la salvación de uno, si consideramos el asunto desde el punto de vista del hombre, nunca veremos nada. Si consideramos las verdades de la Biblia desde nuestro propio punto de vista, todo llegará a estar confuso. Podemos pensar que una cosa es más grande que otra. Solamente cuando consideramos las cosas desde el punto de vista de Dios estaremos claros.

La pregunta no es si uno es capaz o no de guardar su salvación. La pregunta es si el Señor Jesús es capaz o no de guardar o no la salvación de uno. El punto de vista apropiado es el que se origina en el Señor Jesús. Si depende de nosotros guardar nuestra salvación, tal vez no podamos ser capaces de guardarla por dos horas, mucho menos dos días. Pero si el Señor Jesús es quien la guarda, incluso si una persona justa fuera a tropezar siete veces al día, El será capaz de sostenerla. No somos nosotros los capaces, sino Dios es el capaz. Si nos volvemos hacia nosotros mismos, nuestros ojos estarán en la dirección equivocada. La Biblia nos dice que debemos mirar a Jesús, quien es el Autor y Perfeccionador de la fe. El poder que nos guarda es el del Señor y no el nuestro. Podemos confiar en Dios porque es Dios quien nos guarda.

Hoy la pregunta es: ¿Qué método está utilizando Dios para guardarnos? Hoy hemos dado nuestra vida a Dios. ¿Pero cómo nos guardará Dios hasta el día de la venida del Señor? No hay otra manera sino que Dios esconda nuestra vida juntamente con la vida del Señor en El. Es imposible perder la vida que Dios nos dio, ya que nuestra vida y la del Señor están escondidas en Dios, eso dice Su Palabra. Contaba un predicador que, cuando todavía era un incrédulo, como un estudiante, una vez cuando terminó un escrito de algo muy importante, le dijo a su compañero de clases que eso era un asunto muy importante y que no lo vendería ni por cinco mil dólares.

Tuvo que salir por un momento, y le pidió que se lo guardara en un lugar seguro. Le dio la hoja de papel y se fue. Cuando regresó, le preguntó por el papel. Le dijo que no podía dárselo porque después de que le había dicho que era tan importante, él lo remojó en agua y se lo tragó. Se palmeó su estómago y le aseguró que el papel estaba allí y que nunca se perdería. Ese día, no sabía si debía reír o llorar con respecto a eso. La hoja de papel estaba en su estómago; nunca se perdería. Pero tampoco la tendría. De verdad estaba muy segura. Lo que Dios ha hecho hoy es algo más seguro. Dios ha escondido nuestra vida juntamente con la de Cristo en El mismo. ¿Dónde podemos encontrarla? ¿Cómo podríamos perderla? Para nosotros la vida de Dios solamente se perdería si Dios mismo se perdiera. Gracias a Dios que Dios nunca se perderá. Como resultado, la vida que Él puso dentro de un cristiano tampoco puede perderse. La vida de un cristiano está guardada en un lugar seguro; está guardada en Dios.

 

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El Lado Oscuro de la Cruz

 

Este es otro trabajo relacionado con la idea de introducirnos al libro del Apocalipsis para conocer su estructura, saber cómo está escrito, cuál es el patrón de lectura para poderlo entender apropiadamente. Y sabemos que lo hemos entendido de esa manera, cuando a través de sus escrituras se nos manifiesta la revelación de aquel que anda oculto en medio del candelero: Jesucristo.

(Isaías 52: 14) = Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres, (15) así asombrará él a muchas naciones, los reyes cerrarán ante él la boca, porque verán lo que nunca les fue contado, y entenderán lo que jamás habían oído.

Nota que hay parte del mensaje que aún no ha sido declarado. ¿Por qué lo sabemos? Porque las naciones todavía no están a los pies de Jesús. Dice que cuando se les cuente lo que no se les ha contado, entonces vendrán.

Estamos visitando la cruz, nuevamente, para ver el lado oscuro de la cruz. Ya todos sabemos que un hombre murió en la cruz. Lo que todavía demasiados no saben es por qué lo que ese hombre hizo en la cruz, nos afecta a nosotros hoy, aquí y ahora.

Datos por fe. ¿Por fe? ¡Explícate! La sangre a ti no te tocó, se derramó en el suelo. ¿Cómo es que la muerte de un hombre, viene a afectarte hoy a ti de un modo positivo? Nuestro problema, ¿Es físico o espiritual? ¿Cuál era la naturaleza de nuestro problema, física o espiritual?

Entonces, este tipo de muerte es la que nos puede ligar a eso. Lo que ocurre es que no lo queremos decir, porque no terminamos de creer en eso. Sin embargo, una muerte física no afecta tu problema espiritual.

Entonces, el lado oscuro de la cruz, es lo que va a hacer que las naciones vengan a Él. Porque van a entender. Es como aquello que sucedía en el séptimo mes, donde todos se hacían uno para poder entender. Ese es el énfasis de este tiempo, no la prosperidad ni los pactos en dólares: entender.

No es conveniente ni recomendable; es imperativo que tú entiendas el evangelio, no solamente que proclames la cruz, sino que la expliques. Y eso es lo que estamos tratando de hacer con estos trabajos, porque de momento que puedes entender Apocalipsis, todo el resto del libro se te abre mucho más.

En el libro de Apocalipsis, en el primer capítulo, el verso 5 dice que es Jesucristo, el testigo fiel. ¿Y por qué dice que Jesucristo es el testigo fiel? Porque el libro nos expone a falsos testigos o falsos apóstoles. De hecho, el libro nos revela a Babilonia.

Entonces, el hecho de que Él se manifiesta o se presenta como el testigo fiel, nos está dando a entender con toda claridad que sí hay testigos infieles. Luego dice que es el primogénito de los muertos. Recuerda que Jesús es nuestro patrón en el libro, Él se introduce como la solución al problema.

Cuando giras aparece, porque Él ya tenía una solución para tu necesidad. Él siempre se introduce como la solución a tu problema. El nombre que Él usa, es la solución que tú necesitas. Y lo vemos en este mismo libro en el pasaje de las siete iglesias.

¿Te has preguntado alguna vez por qué esas siete iglesias?  Aparentemente, no tenían ninguna importancia en todo el canon de escritura. ¿Y la de Jerusalén, dónde está? ¿O Antioquía, que era más fuerte? No están. ¿Por qué esas?

Nosotros creemos que es un avance cronológico de las etapas de la iglesia, de acuerdo, pero si es así, eligieron unas bastante feas para identificarnos. Y si cronológicamente, es el avance dispensacionalista de nuestro ministerio, terminamos bien mal, porque la última anda en ruinas.

Dice que Él es el testigo fiel y que es el primogénito de los muertos, ¿Por qué? Porque el libro te dice que hay uno que es blasfemo, que dice que tuvo una herida, pero que volvió a vivir. Hay un mentiroso que dice que él también resucitó de los muertos, Satanás.

Cuando la Biblia nos dice que de una vez por todas y para siempre, Él lo clavó en la cruz. Pero nosotros enseñamos que volvió a vivir. Por eso Cristo dice, entonces, “El primogénito de los muertos, soy yo. Aquí nadie ha resucitado de los muertos más que yo.”

“¡Está bien, hermano! ¿Pero y Lázaro?” Escucha: Lázaro no resucitó de la muerte que resucitó Jesucristo. Eso también le da énfasis al tipo de muerte que tuvo. Él resucitó del tipo de muerte que tú tenías, porque dice que: Vosotros estabais muertos en pecado.

Pero sin embargo, nunca te moriste físicamente. Es decir que, estabas muerto espiritualmente. De esa muerte fue que Cristo resucitó. Fue el primero que resucitó, o fue nueva creación, o que nació de nuevo. Para nacer de nuevo, para ser recreado o vivificado, el requisito fundamental es estar muerto.

O sea que para haber nacido entre muertos espirituales, tuvo que morir espiritualmente. Porque si no, no se requiere que se vivifique. Y así le vamos añadiendo luz, y entendiendo un poco más que es lo que aconteció en la cruz.

Él es el primogénito del tipo de muerte que me afectó a mí. La caída, que era una muerte que, físicamente de cierto vive, aunque siga andando está muerto para con Dios. Porque era una naturaleza adámica que tenía.

Entonces, Él tuvo que convertirse en esa naturaleza, clavarla en la cruz, y en fe en Dios, esperar a que fuese vivificado y nacer en una nueva creación. Es el único que ha hecho eso como primogénito. Y ahora nosotros, en Él, también hemos resucitado.

Tú no te levantaste separado de Él. Porque cuando Él fue levantado, tú ya estabas en Él. Es un solo levantamiento. Es un solo nuevo nacer. Fue en la resurrección de Jesús. Y en la vivificación de Él, nosotros conjuntamente con Él, fuimos vivificados.

No fue después, cuando hiciste aquella oración del pecador, porque ahí lo que hiciste fue reconocerlo y apropiarlo en tu vida. Él es un nuevo hombre, una nueva creación, y nosotros –dice la Biblia y yo lo creo- tenemos vida en Él.

Estamos EN Cristo Jesús. Él no está afuera y nosotros al lado adorándolo. Estamos en Él y Él en nosotros. Somos uno. Y cada vez que me toca decir eso, casi que puedo discernir los rostros mezcla de asombro, sorpresa y hasta espanto, ¿Por qué?

Porque estamos tan acostumbrados a vernos tan abajo, porque allí abajo andábamos por causa de la caída, pero ya no estamos ahí. ¡Naciste de arriba! No de nubes, sino de un estilo de vida o de una naturaleza superior a la naturaleza que traías.

Hasta que –como decimos por aquí- nos caiga la ficha de esto, no vamos a poder manifestar lo que queda. Luego dice: el soberano de los reyes de la tierra. ¿Por qué se introduce así? Porque la mujer blasfema, dice que ella tiene a todos los reyes en su mano.

Entonces Él le dice: “Con permiso, señora; ¡El soberano de los reyes de la tierra, soy yo!” Se introduce en el libro así, para que luego no te vayas a atemorizar con lo que dice la otra mujer, la adúltera. ¡Son mentiras! Pero nosotros lo tenemos como cierto y ahí andan corriéndonos por toda la tierra porque nos han hecho creer que tienen todo el dominio.

Cuando Él se introduce diciendo: “Mira, antes que aquella te diga la mentira, escucha la verdad: ¡Yo soy el testigo fiel! ¡Yo soy el primogénito! ¡Y los reyes están en mis manos, no en las de ella!” Me introduzco como tal. ¿Cuántos lo pueden ver ahora con claridad?

Si le echas un vistazo al relato de las siete iglesias, podrás ver cómo todos los problemas que se presentan en cada una de las siete iglesias, son resueltos por el nombre o el título que Él utiliza cuando se les presenta. Y también les ofrece a esas siete iglesias, algo al que vence.

Pero es imperativo que entiendas que aquello que se le ofrece al que vence, sólo se encuentra en el Lugar Santísimo. O sea que si te quedas en el Lugar Santo, no lo recibes. Recuerda, el Lugar Santo es el tiempo que estamos atravesando hoy.

En el Atrio, afuera, hacía frío porque no había ni techo ni luz. Adentro, en el arca, estaba bien caliente por la presencia de Dios. Él dice que si no estás frío ni caliente, o sea que estás en el medio, tibio, sin compromiso alguno con todo lo que el Reino expone, te escupe de su boca. Así de fácil.

O sea que si te quedas en una iglesia conservadora que ni siquiera alcanza a creer del todo en el Espíritu Santo y la guerra espiritual, te enfrías y mueres. Si te quedas en una iglesia pentecostal de pura celebración todos los domingos, te puedes pasar de largo y terminar con delirios místicos no santos.

Cuidado; todo esto no es bueno de ninguna manera, pero es preferible a la tercera opción. Porque tanto a los fríos como a los calientes, si lo desean, Dios puede cambiarlos y hacerlos útiles. Pero si estás en una iglesia tibia, a la que todo le parece bien pero no se compromete con nada, entonces Dios viene y te escupe de su boca. Y la Biblia no dice en ninguna parte que Dios tenga la fea costumbre de volver a ponerse en la boca algo que antes escupió.

Recuerda siempre esto: el tabernáculo, es el patrón. Frío, afuera; caliente, adentro; tibio, Dios se descompone del estómago. No existe tal cosa como una organización donde confluyan laicos y ministros. La Biblia dice que todos somos ministros competentes del Nuevo Pacto.

Reyes y sacerdotes, ese es el resultado del orden de Melquisedec, no del orden levítico. Apocalipsis habla de todo lo que ya sabemos, no es un libro separado de la Biblia. Ya sé que sueno redundante, pero al introducir este libro como debe ser leído y no como nos enseñaron en la escuelita dominical, a más de uno se le revuelven varios gigantes en la cabeza.

Y luego dice el verso 6: y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea la gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén. (7) He aquí que viene con las nubes,

Aquí hay otra. Viene con las nubes. Primero, recuerda el patrón hermenéutico. Si empezamos a ver que las cosas que no se entienden, literales, como algo entendible, sino que hay que figurarlas, es decir que hay que buscar una analogía, entonces ya son espirituales.

Esto quiere decir que no puedes ponerte a literalizar cosas que, en el ojo natural y desnudo, no caben en lo literal. Veamos: la palabra habla muchas veces de nubes literales, de esos cúmulos, de nieblas, cierto es. En muchos lugares de la Biblia te habla de nubes literales.

Pero cuando la nube no te hace sentido en lo literal, ¿Qué es? Hagamos un pequeño estudio. Aquí dice que viene con las nubes. En otros textos, como los de Marcos 13 y Mateo 26, dice que viene en las nubes. En Daniel 7:13 dice que viene en las nubes. Viene CON y viene EN.

Déjame aclararte algo para que luego no te queden dudas y no pienses lo que no es y eso te impida acceder a lo global y más espiritualmente nutritivo. Yo creo en el regreso literal del Señor. Porque de todo lo que nosotros vamos a experimentar, yo necesito un patrón.

Y si yo estoy esperando la redención de mi cuerpo, literalmente, entonces necesito un ejemplo, también literal. Hay un ejemplo por allí de lo que yo voy a tener como resultado de mi redención. Entonces, literalmente tiene que haber un regreso. Pero ese regreso no viene sin que aparezca, primero. Muy importante. Hay un balance

(Hebreos 12: 1) = Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos,

Nube de testigos. Nube. Nephos. Nube de testigos, aquí habla de los espíritus vivos en Cristo. No tienen cuerpo, porque resurrección de cuerpo, sólo Jesús experimentó. Nosotros estamos aguardando, y la creación gime. Y nosotros, dentro de este tabernáculo antiguo, también gemimos esperando la redención, la manifestación de los hijos, que es el libro interno que se va abriendo, según vamos revelando los sellos.

Hasta la creación va a ser librada, cuando la manifestación que los hijos traemos, Cristo Jesús en nosotros, sea vista ante el mundo. Allí va a haber, de repente, una redención mejor. Ya cuando lleguemos más cerca, sabremos exactamente cómo es.

Por ahora, basta decir que hasta la creación gime esperando ver algo, que tiene que verse antes del regreso literal de Jesús. Dice aquí que tenemos una nube de testigos, y la palabra nube, allí, no se refiere a cúmulus nimbus ni nada de eso, sino a la habilidad de los mártires en Jesús. La gente que ya ha muerto, pero que está en Cristo. Vamos a ver algo en el Antiguo Testamento, para luego traerlo al Nuevo.

(Jeremías 4: 13) = He aquí que subirá como nube, (Escucha bien el juego de palabras) He aquí que subirá como nube, y su carro como torbellino; más ligeros son sus caballos que las águilas.

He aquí que subirá como nube, y su carro (Ahí estamos hablando del carro del Señor, su vehículo) es como un torbellino, y es más ligero que el caballo. O sea: el vehículo que hace que el Señor te levante como nube. Mantén esto en tu memoria y vamos a hora a Salmo 104. Vamos al verso 3. Está hablando de Dios, ya que comienza diciendo: Bendice alma mía a Jehová.

(Salmo 104: 3) = Que establece sus aposentos sobre las aguas, (Eso es importante, porque las aguas, en Apocalipsis 17, dice que son linajes, multitudes, pueblos, muchedumbres) el que pone las nubes por su carroza (Ahí está el vehículo en el cual Dios se mueve con nubes. Ahora; todo el mundo sabe que Dios se mueve en nosotros.) el que anda sobre las alas del viento; (4) el que hace a los vientos sus mensajeros,

Entonces, vemos que el Señor viene en un pueblo. Claro, Apocalipsis lo está revelando en medio de un pueblo. Mira conmigo Proverbios 25. Eso es donde la palabra nube, no hace sentido como nubes del cielo, sino que hace sentido como una analogía del vehículo en el cual Dios declara su mensaje: el hombre.

(Proverbios 25: 14) = Como nubes y vientos sin lluvia, así es el hombre que se jacta de falsa liberalidad.

Ven ahora conmigo a 2 Pedro. ¿Qué estamos haciendo? Buscando en qué forma el libro está escrito. Es un lenguaje muy conocido. Cuando Juan dice: ¡Vi las nubes! Todo el mundo sabía que las nubes son los carros de Dios, que eran los ministros hechos vientos de fuego.

Claro que el fuego tampoco es literal, porque Él dice: yo vine a traer fuego y quisiera que ya estuviese encendido. Es un fuego que trae juicio a la tierra. Las aguas también trajeron juicio a la tierra, pero el planeta no se fue a ninguna parte.

Y el agua, que removió lo malo, salvó a lo bueno. Y el fuego, que revela la estopa, también te purifica el oro. Sí estamos reservados para el fuego, pero ya se están quemando algunos. Por eso no están, se revelan sus fundamentos y se les cae la casa.

La palabra dice que hay dos constructores y los dos terminan la casa. Los dos parecen buenos creyentes. Hasta que llega el día de la lluvia. La lluvia, en la palabra, siempre es un mensaje que hace que la tierra brote. Es mi palabra que va y no regresa vacía.

Hay un mensaje que afecta la casa, que le revela el fundamento a los que construyeron sobre la arena, que son fragmentos de la roca. Se quedaron en las arras, y no llegaron a la plenitud. Lo que la palabra sí nos promete, es que la lluvia y la tormenta vienen.

¿Por qué está tan seguro? Porque no es de Satanás, es de Él. Quien azota su propia casa, es Dios. Satanás, no puede. Él dice: una vez más, yo conmoveré, para que sólo quede lo que es mío. Y dice que viene como ladrón en la noche.

¿Y qué hace un ladrón? Se lleva lo que no le pertenece. Cristo viene a nosotros y saca de nosotros, lo que no le pertenece. Son analogías. La palabra te habla proféticamente. Y eso no significa que es futuro, puede ser profético de hoy. Profético no es sinónimo de predecir el futuro.

(2 Pedro 2: 17) = Estos son fuentes sin agua, (Está hablando de obreros fraudulentos) nubes empujadas por la tormenta; (Estos son los mensajes de Dios) para los cuales la más densa oscuridad está reservada para siempre.

(Judas 12) = Estos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos, (Está hablando de gente) nubes sin agua, (Gente sin mensaje) llevadas de acá para allá por los vientos, (Estos son esos vientos confusos de doctrinas) árboles otoñales, sin fruto, (No tienen fruto porque están en la estación incorrecta, su mensaje no es relativo a este tiempo de Dios) dos veces muertos y desarraigados.

Si comes del árbol, muriendo morirás. Entonces, ¿Por qué cuando dice que viene con las nubes, nos imaginamos a un hombre flotando entre blancos algodones? Cuando en toda la palabra, las nubes que Dios usa para llegar adonde va, son sus carros de fuego.

Ministros de fuego. Algunos con agua, y otros sin nada. Los que no tienen agua, son movidos. Porque lo que traían no era de ellos. El que ministra de la primera gota que recibe, se le acaba y ya no tiene nada que decir.

El que es un ministro, porque tiene su naturaleza integrada en el mensaje, es fuente del mensaje. Si lo invitas a comer, te predica mientras cena. O en el desayuno, o cuando va y se acuesta a dormir, habla lo mismo. Porque no tiene otra cosa que decir.

Dice que Hageo venía involucrado dentro del mensaje. Es un mensajero en el mensaje. Hay otra hermosa escritura en el salmo 168. Debemos desenredar esto, que como ya te advertí, no anula en absoluto que el venga literalmente.

Y sobre esto todos tenemos nuestras propias dudas y preguntas, que si bien no siempre las formulamos, no por ello dejamos de pensarlas. Una de ellas, es: ¿Cómo es que cuando Él regresa literalmente, todo ojo lo va a ver?

Porque si llegara en Australia, aquí en Argentina, técnicamente, no podríamos verlo. Si viene en Jerusalén tampoco lo verán en los Estados Unidos. No va a faltar uno que me diga: ¡Es que lo vamos a ver por internet! Bueno, pero yo quiero que la Biblia se interprete sin tecnología.

O sea: vamos a leer el libro del Apocalipsis, sin usar el abecedario. ¿Abecedario? Sin CNN, sin NBC y todas las siglas mediáticas que se te ocurran. ¡Queremos entender el libro, según el libro! Sin ayuda de los canales de televisión de noticias.

Es la única forma que se entienda en el libro. De la única forma que cuando Cristo venga todo ojo lo vea, es si está en el pueblo. Porque no hay modo de meter a toda la iglesia en Jerusalén, ¡No cabe! Pero claro, como tenemos que justificar eso de alguna manera, entonces decimos que son pocos los que se salvan.

Escucha: si verdaderamente fueran pocos los que se salvan, entonces Dios perdió. Él dice que el final es Él siendo todo en todos, no en algunos. Él dice que toda rodilla doblará, no algunas. Unas por fe, otras por juicio, ¡Pero doblarán!

Bendecidos ustedes que creyeron sin ver. Los otros van a creer después que vean. ¡Pero van a creer igual!  Dios es bueno, es un Dios de restauración, anda reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando en cuenta sus errores. ¡Y va a ganar!

Si te quieren meter en la cárcel por creer en un avivamiento así, que te metan preso; pero Dios se va a ganar a cuanta alma existe. Hay una gran siega. Esas son buenas noticias. Es que nosotros creemos más fácilmente en una destrucción que en una restauración.

Pero resulta que Él dice que si un hombre mató a todo el mundo, un hombre justificó ¿A cuántos hombres? ¡A todos los hombres! No dice que a algunos, dice que a todos. ¡Es que no lo entiendo, hermano! Y bueno, por eso es que venimos aquí a estudiar estas cosas.

Pero voy a decirte algo; que tú no lo entiendas, no anula el plan de Dios. El Salmo 68 también habla de esto, cuando dice en su verso 4: Cantad a Dios, cantad salmos a su nombre; exaltad al que cabalga sobre los cielos, Y en otras traducciones, e incluso en la Reina Valera en inglés, dice que cabalga sobre las nubes.

Dice Isaías 14:14 que Satanás quería ascender sobre las nubes. Sobre las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. Pregunto a los defensores del literalismo a ultranza: ¿Qué bendición sería, para Satanás, andar por encima de las nubes literales, esas que vemos en nuestro cielo? ¡Ninguna!

Él, lo que quería, era ser cabeza de los carros de Dios. Porque ser anticristo, es ser en contra o en lugar de Cristo. Y para tu información, lo que más engaña a la gente no es lo que viene en contra, sino lo que está puesto en lugar de, que brilla tal como, pero no es.

Ese era su plan, sentarse en el templo de Dios, ese es el hombre; no un templo de piedra en Jerusalén. Porque la Biblia te dice que Dios no habita en templos hechos por manos de hombres. Eso no quiere decir que no lo construyan, pero sí significa que Él no lo va a habitar.

Aunque parezca que lo está habitando. Porque dice que harán hasta milagros los obreros fraudulentos, pero nada que ver con Dios. Ahora; si tú eres de una generación perversa que sólo buscas una señal, seguramente serás engañado por las señales.

Dice que la gente que anda corriendo detrás de los milagros, es una generación perversa. ¡Jesús dijo eso, no yo! ¿Es Biblia o no es Biblia, mi amigo? En el momento en que lo que diga no es Biblia, entonces simplemente con tu dedo índice haces un clic y no me vuelves a escuchar ni leer nunca jamás. ¡Aquí eres total y absolutamente libre en Cristo Jesús! … ¿Allí también?

Hay otras escrituras. Salmo 18:12 dice que por el resplandor de su presencia, sus nubes pasaron. Puedes compararlo con el Salmo 135:7, que dice que hace subir las nubes de los extremos de la tierra; o con Isaías 46:10-13, donde dice que su consejo permanecerá y hará todo lo que quiera.

Daniel 7:13 señala; miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre. También habla de Joel 2:2, donde se expresa que será un día de tinieblas y de oscuridad, día de nube y de sombra.

Volviendo a Apocalipsis, dice Juan que cuando lo vio cayó como muerto, en el verso 17. Que cuando él lo vio, cayó como muerto. Nota que una buena revelación de Cristo, identifica tu muerte con Él. Cuando ves al verdadero, te ves muerto.

Y cuando digo que te ves muerto, no me estoy refiriendo al tú de hoy, de ahora, sino a tu viejo Yo. Ya no vivo yo, más si vivo. Él no dijo: vivo yo perdonado; Él dijo: Saulo no vive, más vive Pablo. Porque Pablo, es una nueva creación en Dios. Saulo murió.

Él dijo: Yo no le he hecho mal a nadie. ¿Por qué? Porque el hombre que estaba hablando, era una nueva creación. La que había hecho mal, era la naturaleza adámica que había muerto. Por eso aún los doce apóstoles decían que Jesús decía cosas que eran muy difíciles de entender.

Es que estaba aplicando el evangelio, no lo estaba simplemente predicando. Ellos proclamaron, Él explicó. Y nosotros tenemos el mismo error. Nos gustó el mover profético porque siempre hablaba de mañana. Pero el mover apostólico, está al otro lado de esa vara. Donde no lo vuelve a tirar para otra generación, sino que se responsabiliza por todo lo que ha sido decretado.

Y eso se llama responsabilidad, y a la iglesia nunca le ha gustado. Lo apostólico es materializar lo profetizado. Es un poco más difícil. Sin entendimiento no lo vas a hacer. Lo apostólico es lo que dice: “Esto, es aquello que fue profetizado”.

Pero si lo seguimos empujando para mañana, nunca terminamos. “¡Llegarán días donde la iglesia será gloriosa!” Pasan veinte años. ¡Llegarán días donde! No. ¡Este es el día en que la iglesia será gloriosa! Se podrá hacer a través tuyo, y si no terminas, permítete dejar una herencia que prometa llegar al destino.

Edificando algo que es más grande que tu vida, que tu muerte no cancele el ministerio, porque de todos modos no es tuyo. Ese concepto no es popular ni te gana espacios en la televisión cristiana, pero no le hace; sí es necesario para terminar.

Tanto en la televisión cristiana, como en la mayoría de las emisoras de radio y en las librerías cristianas, todavía hay poquísimo material que te pueda apoyar en esto. Sal de allí, no pierdas tu tiempo. Es tiempo de conocer por el Espíritu.

Cuando alguien está siendo pionero de algo nuevo, está solo. Es como cuando Martín Lutero dijo que el justo vivirá por la fe, lo único que tenía para apoyar lo que dijo, fue la Biblia; porque no había nada escrito por otros ministros que lo apoyara a él.

Y como consecuencia de eso, lo mataron, fíjate. ¿Y sabes qué? Hasta las sectas más feas del mundo saben hoy que el justo vive por fe. Entonces, cuando tú te ves como parte de una cadena mucho más grande que tu ministerio, entiendes que aunque tú no veas la plenitud de lo que predicas, sabes que el fin no pudo ser sin tu vida estar enterrada en el proceso de un solo plan.

Creas algo y ese algo habla más fuerte después de tu muerte que durante tu vida. Tienes que verte como entrando en el único plan que tiene Dios, y no creando ministerio aparte conforme a tu propia concupiscencia.

¡Es que yo quiero grabar un CD! Graba tu CD y véndelo a todas las distribuidoras de música cristiana y gana buen dinero. Pero eso no tiene entidad en el ámbito espiritual donde Dios se mueve. Sólo ha sido un acto tendiente a satisfacer tus necesidades personales.

En el verso 12, dice “Me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi la iglesia”. Recuerda que estamos descubriendo el velo, porque no se ve donde debería ser visto. Y ya sabemos que estamos descubriendo eso en un pueblo, en nosotros.

El rey le dijo a la sunamita: eres un huerto cerrado. Una fuente cerrada. Y la sunamita le dijo al rey: Quiero más que tus dones; quiero tu presencia. La sunamita es la iglesia. Progresivamente, pasando el Lugar Santo, y deseando el Lugar Santísimo.

Quiero más que tus dádivas. Todos los milagros que producen los dones, están encerrados en las arras. Las arras serían más o menos el diez por ciento de lo que falta. O sea que la mayoría del poder de Dios, se expresa fuera de las manifestaciones de dones.

Sólo que no sabemos determinar qué cosa es el poder de Dios, a menos que sea viendo algo espectacular. Pero el poder de Dios es más fuerte cuando le cambia la mentalidad a una generación, que cuando saca a alguien de una silla de ruedas.

No hay nada espectacular en pelear con mentalidades. Espíritu de pioneros. Ahora bien; si Jesús está escondido, entonces, ¿Qué lo está obstaculizando? ¿Qué es lo que lo detiene? Vamos a verlo en Tesalonicenses, esa carta tenebrosa que nos habla de los misterios de Dios.

Yo no sé cuántos de ustedes se gozan como yo de encontrar en nuestras Biblias las respuestas para casi todo lo que nos sucede. Y digo “casi” porque el resto pasa por nuestras terquedades. Es lindo leer la Biblia sin deberle nada a nadie.

(2 Tesalonicenses 2: 1) = Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo,

¿Cuál es el tema aquí. La venida de Jesús, la parousia del Señor. La palabra parousia tiene que ver con alguien que se aparece o manifiesta, con la intención de quedarse y establecerse como rey. No de regresarse. Parousia. Es una aparición con intención de quedarse, de permanecer.

Quiero que entiendas al pasaje gramaticalmente, lo vas a necesitar más abajo. El tema que se va a desarrollar, según el apóstol Pablo, aquí, es el día del Señor o la venida de Jesucristo. O sea: lo que venimos hablando en Apocalipsis, la revelación, la aparición, la venida.

Porque revelación no tiene nada que ver con trance ni visiones fantasmales, tiene que ver con la aparición o el poder del ver manifestado a Jesucristo, la venida. Es un juego de palabras. La revelación de, la manifestación de, la aparición de. Habla del día del Señor.

Que no es un tiempo cronológico, sino el día en que el Señor hace lo que Él quiere hacer. O sea que es una estación, es un tiempo. Estamos entrando en eso. Ya estamos allí, es el séptimo día. Si un día es como mil años y mil años como un día, ya entramos allí.

Algunos llegarán antes que otros, pero para allá vamos. Dice que en el Tercer día te levantaré, es el Tercer día de Cristo. Estamos siendo levantados. Todos sabían que en el milenio iba a pasar algo importante. Y está aconteciendo, pero no pueden verlo porque lo están buscando en el mundo literal.

…Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con él, (¿Estamos allá o aquí? Él vino y yo me reuní con él. ¿Cómo eso me traslada allá? Pues no, porque Él vino. Y cuando llegó, yo me reuní con Él, y no dice nada de que nos vamos. Ahora; donde esté Él, es cielo para mí. Donde esté Él, pisamos en calles de oro).

Os rogamos, hermanos, (2) que no os dejéis mover fácilmente ¿Quiénes se mueven fácilmente? Las nubes sin agua) de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del señor está cerca. (¿Cuál es el tema? El día del Señor, su venida. Muy importante es que, gramaticalmente, el sujeto y después el predicado, el sujeto, es: su venida, el día del Señor. El tema central de esta porción bíblica).

(3) Nadie os engañe en ninguna manera, porque no vendrá (¿Qué cosa es lo que no vendrá? El día del Señor. Ahora ya no te lo va a mencionar, te va a usar otras palabras, pero si no sabes de qué está hablando, vas a meter otra doctrina, allí. El tema, es: la venida del Señor. No te engañes, porque no vendrá ¿Qué? El Señor. El día de la venida del Señor) sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición.

Fíjate; el mismo hombre que escribió Tesalonicenses, le escribe una carta a Timoteo, diciéndole que en los últimos días, amadores de sí mismos, van a apostatar de la fe. Ahora escucha, porque aquí es donde la gramática es importante.

¿Cómo es, que tú te me caigas, y manifiestes a Cristo? De ninguna manera. El tema en Tesalonicenses, es algo que debe ser removido, para que Él sea visto. El que tú hagas apostasía, no trae la venida del Señor.

Al contrario, la vergüenza. Aunque sí hay apóstatas, no es a lo que se refiere Tesalonicenses. Porque el tema, aquí, es: la venida del Señor. Dos hombres en la tierra. El primer Adán, y Cristo. Entonces, si es de pecado, tiene que ser Adán.

Romanos 5:12, dice: Por un hombre entró el pecado. Así que ni modo que fuéramos a ponerle el título de El hombre de pecado, a un canalla, tirano, déspota en un país de esos que no es responsable ni por la mitad de la Gente que afectó Adán. Todo el mundo que nació después de Adán, fue afectado por Adán. Todo el mundo fue pecador, por Adán. El hombre de pecado, es el multimiembro hombre-Adán.

(1 Corintios 15: 45) = Así también está escrito: fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer (O último) Adán, espíritu vivificante.

Recuerda: lo primero es lo natural, lo animal, luego lo espiritual. El primer hombre, Adán, es de la tierra, el segundo hombre, el último, ¿Qué es? ¿Y toda la gente que vivió entre Adán y Cristo, que son? Están en Adán. ¿Y toda la gente de después de Cristo que no está en Adán, que son? Están en Cristo. Hay dos hombres, y su expresión a través de multitudes.

(Verso 48) = Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales.

(49) Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.

O sea: que tal como era Adán, son todos los que están en Adán. Es decir: tú no te conviertes en pecador porque pecas, sino que tú pecas porque eres pecador. Eso, si estás en Adán. Si no has nacido de nuevo. Y luego dice que según es el celestial, hablando del último Adán, así son los celestiales.

Y ahí está hablando de ti. O sea que la naturaleza del de la tierra, la tienen los que están en el de la tierra. Y la naturaleza divina, del hombre del cielo, también la tienen los que han nacido de arriba, también tienen la misma naturaleza del Dios que adoran.

Nos cuesta entender eso, porque todavía pensamos, creemos y hasta decimos que somos tristes pecadores salvados por gracia y Él allá y yo acá. Por eso es que nos tenemos que inventar doctrinas donde nosotros somos los que nos trasladamos; porque Él está allá y nosotros acá.

Cuando lo veas como Él es, seremos iguales a Él, dice 1 Juan. Que en su venida seríamos igualitos a Él, si lo vemos cómo Él es. En cambio sí lo hemos distorsionado, entonces ya no vamos a reflejarlo a Él. Vamos a ser como el terrenal, aunque estamos en Cristo.

Y la prueba está en que la iglesia ha causado división adentro y afuera más que ninguna otra institución en la tierra, simplemente por lo que reflejamos. Es triste, porque tú y yo formamos parte de ese cuerpo por el cual tú y yo ahora estamos luchando para que cambie.

Pero en honor a la verdad, debemos decir que nuestra actitud frente a las naciones, es la de un pueblo desentendido que no sabe para dónde va. Pero la palabra nos promete, que las naciones vendrán, pero sólo cuando se les cuente lo que todavía no se les ha contado.

Isaías, ¿Recuerdas? Y aquí dice: Así como, O sea: vamos a interpretar eso: del mismo modo. De la misma manera, Así como hemos traído la imagen del terrenal, (Veamos: ¿Qué hiciste tú para manifestar a Adán? Nada. Sólo respirar. ¡Naciste así! Y pecaste porque era tu naturaleza pecar.

No tenías que planearlo, había maldad continua en el corazón del hombre, dice la palabra. Que nuestro propio corazón nos traiciona. Así dice. Te lo dice en el Antiguo Testamento.) Así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos la imagen del celestial. (¿Qué hiciste para traer aquella? Nada. ¿Qué vas a hacer para traer la otra? Nada, es el mismo método.

El problema con la iglesia es que está tratando de hacer lo que sólo Cristo podía hacer, por eso fue que vino Él a ayudarte. Y cuando nos vemos identificados en Él, absorbemos entendimiento de lo que ya es una realidad y, según nuestra Eva se va uniendo con nuestro Adán, podemos dar a luz. Porque sin intimidad, no hay concepción.

Por eso Él dice que se la va a presentar a sí mismo. Por eso dice que no te conformes a este siglo, sino que transfórmate por la renovación de tu entendimiento. Dice que teme que como Eva fue engañada. Eva, tu mente. Compara tu mente con Eva.

De la singularidad que hay en Dios. Eran uno, y ahora somos dos. O sea: antes de la caída, el alma y el espíritu estaban al unísono, y el cuerpo reflejaba el deseo del espíritu, porque el alma era obediente. En la caída, el alma se sensualiza con el cuerpo, recibe sus impresiones por medio de los cinco sentidos exteriores, oprimiendo así la voluntad del espíritu.

Desde entonces el hombre actúa de acuerdo a sus reacciones a lo que el mundo produce. Desde dominar la creación de adentro para afuera. Pero al nacer de nuevo, tu espíritu ahora es una nueva creación y sí está vivificado, y lo que nos falta hacer no es cambiar de naturaleza, sino volver a enamorar a Eva.

Y eso hasta que se convierta en uno, para que los reflejos del cuerpo sean las impresiones del espíritu, y no de nuestros cinco sentidos. O sea: el Reino de Dios está en vosotros. Dios gobernando a través de ti, de adentro para afuera.

Por eso Apocalipsis dice que no vendrá sin que el hombre de pecado, -coma-, el hijo de perdición; fíjate, son dos adjetivos para un mismo verbo. O sea: el hombre de pecado viene a ser el hijo de perdición. ¿Quién se llamó hijo de perdición, en la palabra? Judas.

Bueno, ¡Pues entonces ya vino el anticristo! No, fue un apodo que le pusieron. Porque manifestó lo que sólo alguien con la mentalidad de Adán, haría. Porque el hombre de pecado, es Adán. ¿Y por qué le pusieron hijo de perdición? Porque fue y se colgó de un árbol, cuando Cristo terminaba de hacerlo por él.

Y así anda la iglesia, tratando de cargar la cruz que ya Cristo cargó. Judas salió y se ahorcó a sí mismo. Cristo ya había colgado del madero. ¿Y a cuántos hombres atrajo? ¡A todos! ¿Te das cuenta? Judas no tenía por qué irse a colgar.

Lo que tendría que haber hecho era reconocerlo, y aunque lo había traicionado, hubiera sido salvo lo mismo. Cuidado; a veces nosotros también lo hemos traicionado. Pero es hijo de perdición y hombre de pecado, operó como Adán lo haría.

Como Caín, ofreciendo fruto de la tierra. Todavía la iglesia está tratando de traer, del esfuerzo de su tierra, cuando Abel lo que hizo fue darle el primogénito. Todo está en que en Él estabas tú. Ya hiciste lo que tenías que hacer. Lo que tenemos que hacer ahora, es entenderlo. Por obras, no vamos a madurar ni un codo de estatura.

(2 Tesalonicenses 2: 3) = Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, (4) el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.

El templo de Dios es el hombre. Hay dos palabras para la palabra templo, anota: una es la palabra hieron, y la otra es la palabra naos. Ahora, observa. Muchas de las escrituras que voy a mencionar, por causa del espacio, no las vamos a visitar, sólo anótalas y luego las lees y comparas.

1 Corintios 3:16: Qué; ¿No sabéis que vosotros sois el templo (naos) de Dios? Templo. Mateo 21:12: Cristo entró en el templo (hieron) y volcó las mesas de los cambistas. Templo, estructura física. Ni modo que Jesús entrara en tu cuerpo y tumbara mesas.

Entró a un templo físico. Hechos 2:46: Y perseveraban yendo a templo (hieron) y comiendo en las casas. Entraron en un templo físico, y luego iban y tenían su cena en las casas. Una cosa era la comunión con Dios, y la cena, que nosotros la santificamos tanto, era una comilona en la casa de ellos.

Pero ese es otro tema. Efesios 2:21. Nosotros, juntamente con ellos, estamos siendo edificados para ser morada (naos) de Dios en el Espíritu. 2 Tesalonicenses, capítulo 2 y verso 4: el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo (naos) de Dios.

Yo lo que hice, fue descubrirlo, pero ahí estaba. El naos de Dios, no el templo físico. Porque el hombre se quería sentar allá en la nube, ¿Recuerdas? Ahí vemos a Satanás entrelazado con la mentalidad adámica. Recuerda que el diablo, es el vaso que la influencia satánica usa, no una persona.

Puede ser una serpiente, como puedes ser tú mismo. Y ese diablo te ha corrido de la iglesia. Pablo le llamaba la bestia de Éfeso, y la gente se creía que había que mapear la ciudad. No, eran los cabezones de la iglesia los que lo sacaron de la ciudad.

De verdad; él destruyó a todos los dioses de Éfeso, a Diana, y nunca –lo dijo el mismo procónsul-, nunca agredió a la diosa con sus palabras. O sea que nunca oró contra principados ni potestades. Sin embargo, hubo una revolución en la ciudad y hubo una transformación entera, porque andaba razonando y persuadiendo contra los verdaderos demonios que estaban dentro de esas ovejas.

En lugares celestiales, donde hoy estás sentado tú mismo. La guerra se está llevando a cabo allí mismo, donde tú estás sentado en lugares celestiales. Y luego concluye diciendo que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.

Eso hizo Adán. Él dijo: “Yo no voy a dejarme llevar por tu juicio; yo voy a juzgar entre el bien y el mal”. Se hizo pasar por Dios. Dios le dijo: “Mientras yo gobierne dentro de ti, tú gobiernas el planeta. Pero si yo no gobierno dentro de ti, el planeta te gobierna a ti”.

Por eso es que tantas plantas, hoy, dominan sobre el hombre. Como el tabaco, la marihuana, la coca, luego convertida químicamente en cocaína. Dominan al hombre. ¿Qué pasó? La aflicción del alma, son las trompetas. El libro de Apocalipsis te quiere revelar que hay una mentalidad adámica que todavía milita con nosotros, porque nos cuesta reformar nuestra mente.

La palabra nos dice en  Apocalipsis 13, que el número de la bestia, que viene siendo el hombre de pecado, es el 666, el cual es el número del hombre. La misma Biblia te dice que el número de la bestia es el número del hombre. La bestia es un hombre.

Se ha hecho demasiada historia mística con el famoso 666. Hay gente que ha sido presionada por la iglesia para abandonar sus trabajos porque estaban relacionados con los códigos de barra de los productos de venta. Mira lo que dice el verso entero.

(Apocalipsis 13: 18) = Aquí hay sabiduría. (Este es el verso que habla de la bestia, escucha) el que tiene entendimiento, (Es para el que tiene entendimiento. Si no tienes la oreja clavada a la puerta, no vas a entender. O sea: si tú quieres saber lo suficiente como para justificar tu doctrina, entonces déjame decirte que no me entendiste. Esto no cabe en ninguna doctrina, porque una doctrina es una aplicación personal de la palabra. Y dice aquí) entonces cuente el número de la bestia, (Te dice que lo cuentes, pero luego te lo dice) pues es número de hombre, (¿Y entonces por qué se nos ha ocurrido enseñar que la bestia no es un hombre?) y su número es seiscientos sesenta y seis.

Mira: ¿Qué había en la tierra prometida? Gigantes. Ya vimos que la tierra prometida es tipología de Cristo, ¿Verdad? Entonces, para manifestar la plenitud de Cristo, hay que cargar con cosas, pedir cosas o pelear con algo. Había que pelear con los gigantes.

¿Qué fue lo que mantuvo al pueblo fuera de la plenitud de Cristo? El no querer derribar los gigantes. ¿Qué gigantes? Tenemos tipologías. Todos los teólogos, dicen que David es la iglesia. David es tipología de Cristo, ¿Estamos?

Todas las escuelas de pensamiento están de acuerdo en que David, es uno de los ejemplos de Cristo en la Biblia. David tuvo que pelear con un gigante, ¿Verdad? ¿Cuánto medía el gigante? Seis codos de estatura. ¿Cuántas piezas de armas tenía? Seis. ¿Cuántos dedos? Seis.

¿Dónde le dio la piedra? En la frente. ¡Qué casualidad! ¿No? ¡Pero eso es de la escuelita dominical! No señor, es Adán cayendo, en la cruz. Tenía que ser en el velo, con una piedra no cortada por mano, es el Reino de Dios. Daniel.

La Biblia entera se defiende a sí misma, cuando la leemos de acuerdo a cómo está escrita. Tumbó al gigante. Y tú lo tumbaste con él, porque con él fuiste conjuntamente crucificado, muerto, enterrado, vivificado, levantado y hoy estás sentado en el trono con Dios. No vas a estar, ¡Estás!

Pero eso se apropia en nuestra vida literal afuera, según lo entendemos. Está consumado. Tú ya lo sabes, y si no lo sabes, seguramente el Espíritu te lo ha hecho discernir: esto no es un sermón, esto es un mensaje, no tiene fin.

(2 Tesalonicenses 2: 5) = ¿No os acordáis que cuando yo estaba todavía con vosotros, os decía esto?

(6) Y ahora vosotros sabéis lo que lo detiene, (Más adelante te lo voy a explicar porque ahora no me dan los tiempos, pero es el tiempo el que lo detiene, capítulo 7 del Apocalipsis. El tiempo lo detiene. ¿Por qué? Porque a Daniel se le dijo: sella el libro, porque hay un tiempo específico en que él será abierto. Y cuando los sellos sean abiertos, se remueve lo que lo detiene. ¿Y detiene qué? ¡La venida del Señor! Ese es el tema. Que no se te olvide el tema.)

Entonces dice: a fin de que en su debido tiempo se manifieste el hombre de pecado, que te acaba de explicar, porque ya está en acción el misterio de iniquidad, que es aquello que ya está en nosotros, que Dios no te tienta, pero nuestra propia concupiscencia saca de nosotros las cosas que no son de Dios.

Dios las saca a flote. Sólo que hay quien al presente lo detiene hasta ¿Qué?  Hasta que LA, sea quitada de en medio. ¿Dice LA o dice EL? ¡Es que si es la iglesia la que se va, tendría que decir LA! Porque gramaticalmente no es correcto decir EL y referirse a la iglesia.

Te está diciendo que se te tiene que caer algo para que se revele el Señor. Y ahora te lo dice de otra manera: hasta que EL sea quitado de en medio. ¿Y quién es EL? ¡El hombre de pecado! Entonces se manifestará el inicuo. ¿Y el Señor lo va a matar cómo? Con el Espíritu de su boca.

¿Y qué es el Espíritu de su boca? Su mensaje. Y le va a destruir con el resplandor de…su venida. Mateo lo dice de esta manera: una vez la cizaña sea removida, entonces sus hijos resplandecen en el Reino de su Padre. O sea: la manifestación de Cristo depende de remover algunas cosas de la iglesia, no de pedirle más a Dios.

La entrada a Canaán, dependía de despojar la tierra, no de cargar asuntos en ella. Lo que mantuvo al pueblo muerto y vagando en el desierto, era el temor a sí mismo, porque ellos se veían como tristes pecadores salvados por gracia.

Caleb tenía otro espíritu, había nacido de nuevo. En tipología. Su naturaleza mental era diferente. Haya este sentir en vosotros, dijo Pablo. Él pensaba diferente, decía: ¡Sí, podemos! Y él le dijo: ya lo creo, ya estuve. Pero nosotros ahí andamos: ¡Es que hay gigantes!

Fíjate que Israel andaba haciendo lo mismo cuando estaba Goliat. Había más gigantes en la tierra que cuando Goliat. Pero ese fue el que salió porque tenía las seis piezas, los seis dedos y los seis codos de estatura.

1 Juan 2:18 dice que muchos anticristos ya salieron de nosotros. 1 Juan 4:3 dice que salió y vino de nosotros. Es el anticristo. Y te dice luego por qué. Verso 11: Por eso Dios les envía un poder engañoso para que crean mentira, a fin de que sean condenados todos porque no querían creer la verdad.

Uno dice: ¿La verdad no la quieren creer? Pues entonces mantienen el engaño. Pablo está hablando del día del Señor, y está peleando con lo mismo. La iglesia andaba sacrificando cuando ya estaban en la gracia.

Y estaban diciendo: Adán murió, ¿Qué haces? Si tú todos los días terminas en Jerusalén, con un pueblo que Dios ama, el judío, tanto como el argentino, el chileno o el mexicano, pero sí lo ama, haciendo sin la presencia de la iglesia, porque ya nos fuimos; sin la presencia del Espíritu Santo, porque también se fue con la iglesia; una nación pequeña, porque son sólo un puñado de gente, comparado con el cuerpo de Cristo, que ya se fue.

Si nosotros terminamos en una teología que dice que ellos, sin el Espíritu, sin la iglesia, y por medio de la sangre de machos cabríos, van a salvar más gente que nosotros con el Espíritu y con la sangre del Cordero, entonces tú me estás diciendo a mí, que la sangre de machos cabríos salva más gente que la sangre de Jesús.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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El Dilema de la Langosta

 

Esta es una enseñanza global, amplia, compartida con cientos de hermanos de todo el planeta. No me pertenece en exclusividad, no tiene copy right, pertenece al Espíritu Santo y, cada uno de nosotros al recordarla, reiterarla y enseñarla, lo que hace es aportar un arma más al creyente en batalla.

(Lucas 11: 24) = Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: volveré a mi casa de donde salí.

(25) Y cuando llega, la halla barrida y adornada.

(26) Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero.

(27) Mientras él decía estas cosas, una mujer de entre la multitud levantó la voz y le dijo: bienaventurado el vientre que te trajo, y los senos que mamaste.

(28) Y él dijo: antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan.

Yo creo que cada uno de los que hoy me están escuchando pueden examinar cómo, a través de todos estos últimos años, Dios ha hecho cambios en sus vidas. Sería para mí una novedad, y no buena, precisamente, que en este grupo virtual exista alguien que no tenga un testimonio personal digno de compartir con nosotros, respecto a algo que Dios haya hecho en su vida.

Cuando nosotros venimos al Señor, la primera carga que tenemos, habitualmente, es por nuestras familias. Nuestros padres, nuestros hijos, nuestros hermanos son los seres que más ocupan nuestras oraciones, y nuestro deseo es que todos ellos puedan conocer también al Señor.

Por otro lado, cuando llegamos al Señor, cada uno de nosotros tiene una historia propia y personal para contar. Escuchar a alguien hablando de su vida puede ser una experiencia extraordinaria, porque permite tomar conciencia de todo lo que esa persona ha tenido que vivir.

Cosas buenas, cosas malas, sufrimientos, alegrías. Cada uno de nosotros es un mundo de recuerdos, de experiencias. Y cuando venimos a Dios, Dios hace cambios. Y se generan  algunas cosas muy particulares. La primera, la gratitud por todas esas cosas que Dios ha hecho.

Pero también alguna clase de frustración, por ver que algunas cosas parecerían no cambiar jamás en las vidas. Todos quisieran ver en algunas áreas de sus vidas, cambios igualmente veloces que los que se produjeron cuando se convirtieron, donde parecía que el Señor se movía de manera vertiginosa.

Pero resulta ser que al pasar los años, algunas cosas propias que no terminan de gustarnos, se quedan allí y nadie parecería poder moverlas. Allí es donde mucha gente se desanima. La dama que está orando por una persona que jamás llega, nada cambia.

Allí es donde mucha gente empieza a buscar opciones. De hecho, algunos líderes parecería que están ubicados en distintos sitios para presentar esas opciones. Prueba esto, haz aquello, anda por ese lado, etc. Pero muchas veces se pueden probar muchas cosas, pero luego no pasan.

Y allí es donde comienzan a filtrarse las personas. Están los que venían muy entusiasmados, pero al no ver resultados terminan retrocediendo, y otros que no importa que haya o no resultados; ellos siguen, siguen y siguen. Estos son los que al pasar los años, quedan.

Ahora bien; en este pasaje de Lucas 11 que termino de leerles, hay elementos y fundamentos que han sido utilizados para enseñar muchas cosas. Por eso es que, en este caso, yo quiero poner tu atención en un par de detalles que, al final de este trabajo, trataré de completarte con otras opciones.

Jesús está hablando y es Él quien está enseñando. Y en este capítulo Él habla acerca de la oración y de algunas leyes espirituales. Tú ya sabes, porque lo hemos explicado en más de una ocasión aquí, que hay leyes espirituales que rigen todas las cosas.

Y yo soy uno de los que cree que los hijos de Dios estamos llamados a entender las leyes espirituales. ¿Por qué? Porque al entenderlas, podemos provocar que las cosas sucedan. Es entendible que haya frustración cuando vemos que las cosas no cambian.

Sin embargo, tengo una duda: ¿Será que no cambian porque hay leyes que no permiten que esas cosas cambien? ¿Será que ignoramos la manera correcta con la que deberían provocarse los cambios? Recuerda que el enemigo trabaja, normalmente, en áreas de ignorancia.

Y cuando hablo de esto, no estoy queriendo decir que una persona sea ignorante en el sentido absoluto y hasta peyorativo de la palabra. El concepto básico de ignorancia es precisamente este: ignorar algo. Allí es donde el enemigo aprovecha que no sabemos algunas cosas, para poder ganar una ventaja.

Para él no es un atenuante decir: “Mira, esta persona no sabe de estas cosas, ¿Para qué la vamos a molestar?” De hecho, aprovecha la ignorancia de la gente para molestarla y sacar ventaja. En todo este pasaje, Jesús habla de todos estos principios, de varias leyes.

Una de las leyes es la que está en la primera parte, donde dice, por ejemplo, que pidamos y vamos a recibir. Y el concepto básico, es: insiste. Insiste, pide, busca y llama, y se te va a dar, vas a recibir, vas a encontrar. O sea que la oración, aquí, está explicada bajo una ley. La ley de la persistencia.

Dice que aun por tu insistencia Dios te va a responder. Más adelante, habla de otra ley. Habla acerca de la unidad, de la ley de la unidad. Él muestra como una casa dividida, nunca va a poder prevalecer. Muestra la importancia de estar de acuerdo.

Si queremos sacar un auto encajado en el barro, vamos a tener que ponernos de acuerdo, primero, para ver para dónde vamos a empujar, para qué lado lo vamos a sacar. No ayudaría para nada que todos empujemos para diferentes lugares.

Y ese es un tema frecuente. En la familia, por ejemplo, cuando unos son creyentes y otros no, la casa está dividida y experimenta muchas luchas, porque ninguna casa dividida puede prevalecer. Más adelante, y es el pasaje que he leído, Lucas 11:24, Jesús empieza a hablar acerca de la manera en que los espíritus actúan con respeto a nuestros árboles genealógicos.

¿Árboles genealógicos? ¿De qué está hablando este hombre? Fíjate. En el verso 24 dice: Regresaré a mi casa de donde salí. Es altamente interesante la forma en que un espíritu inmundo se refiere a una persona.

Aquí, literalmente, se está describiendo cómo un demonio sale de una persona, es expulsado por alguna razón, y luego el espíritu se pregunta por qué va a estar así, y decide volver a la casa de donde salió, a la que él llama “mi casa”.

(Lucas 11: 24) = Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: volveré a mi casa de donde salí.

(25) Y cuando llega, la halla barrida y adornada. (Obviamente que algo bueno pasó en esta persona. Probablemente se convirtió y el espíritu inmundo tuvo que salir a consecuencia de eso, la persona empezó a limpiar su vida, a arreglarla)

(26) Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero.

Uno podría preguntar aquí cómo es posible que una persona que estaba en el proceso de limpiar su casa, (de hecho la limpió), termina en una situación tan lamentable. Peor que al principio, porque siete espíritus peores han entrado.

¿Qué pasó aquí? ¿Dónde estuvo la falta? ¿De qué está hablando? ¿Por qué Jesús me está enseñando esto justo después de la casa dividida que habla de otro tipo de casa? Y también a continuación de habernos explicado acerca de las leyes de la oración.

Hay un hilo conductor en todo esto, muy interesante, que sería muy bueno que lo podamos entender. Vamos a imaginarnos un árbol. Creo que todos conocemos un árbol. Un árbol tiene partes visibles y tiene partes invisibles.

Una parte invisible, por ejemplo, la constituyen sus raíces. Normalmente, en su gran mayoría, no se ven. Pero las raíces son vitales, porque de las raíces depende la salud y el crecimiento del árbol. LA parte más visible del árbol, muchas veces, puede ser el tronco.

Pero en otros pueden ser las ramas, donde está todo el follaje. Hay árboles que son muy extravagantes y tienen  ramas muy juntas, muy tupidas, muy amplias. Mientras que hay otros que tienen un gran tronco y ramas pequeñas que se extienden hacia arriba, como los álamos.

Por otra parte, los árboles tienen la parte más festiva, los frutos. Es la parte normalmente más colorida. A esa imagen de árbol que tenemos todos nosotros, vamos a ponerle nuestra familia. Todos venimos de personas que vivieron antes, y somos algunos raíz, otros somos tronco, otros somos ramas y otros somos frutos.

Y este es un ciclo paulatino. En algún momento nosotros somos fruto, como los hijos. Pero luego somos ramas, luego somos troncos. Y cuando ya somos abuelos, terminaremos siendo raíces, porque ya estamos sosteniendo a otros.

Nos van pasando muchas cosas. Pero también podemos ver que una familia es un árbol, porque asumimos que tiene gente que ha vivido atrás, como las raíces tienen el tronco, gente que empujo par adelante a la familia. Y, en ese contexto, en algún momento, aparecimos nosotros. Precisamente por eso es que se llama: árbol genealógico.

En este pasaje que estamos leyendo, y que se repite en Mateo 12, hay ciertas enseñanzas que no se reiteran en otros evangelios. Hay enseñanzas que sólo están en Mateo, otras que están en Marcos, otras que sólo están en Lucas y otras sólo en Juan.

Pero hay algunas enseñanzas que están en dos de los evangelios. Y otras, inclusive, en tres. ¿Y eso qué tendrá que ver? Yo, particularmente, creo que denota ciertas características de importancia. Ven conmigo a Mateo 9.

(Mateo 9: 6) = Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dice entonces al paralítico): levántate, toma tu cama, y vete a tu casa.

(7) Entonces él se levantó y se fue a su casa.

En el pasaje que anteriormente hemos leído de Lucas, dice “volvió a su casa”. La palabra “casa”, viene de la palabra griega oikos. En algunos casos, oikos, casa, es un lugar donde una persona habita. Como en este caso, le dice: “vete a tu casa”.

En otros lugares, vete a Mateo 12, la palabra “casa” se refiere al tabernáculo o al templo. Mateo 12:4 dice: Cómo entró en la casa de Dios, y comió de los panes de la proposición, que no les era lícito comer ni a él ni a los que con él estaban, sino solamente a los sacerdotes.

Aquí también se utiliza la misma palabra, oikos. Eso quiere decir que esa palabra se aplica a una residencia familiar, pero también se aplica al templo, al tabernáculo. Y si ustedes van a Mateo 21, versículo 13, encontramos a Jesús hablando del templo, (¿Recuerdan cuando Él entra y desparrama las mesas de los cambistas, dice):

Y les dijo: escrito está: mi casa, casa de oración será llamada; más vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.

Tres aplicaciones de la palabra “casa”. La primera para lugar donde uno reside, la residencia familiar; segundo, el tabernáculo y tercero, el templo. Vamos ahora a Lucas 10. En el verso 5, dice: En cualquier casa donde entréis, primeramente decid: paz sea a esta casa.

Esto te está mostrando que la misma palabra, oikos, casa, se aplica a los miembros de una familia. Tú y tu casa serán salvos. No quiere decir que mi edificio, como vivienda, como casa, será salvo. Está refiriéndose a los miembros que forman parte de la familia.

¿Estamos en claro hasta aquí? Te he explicado que “casa” puede llamársele a una vivienda, al tabernáculo, al templo y también a una familia. A los miembros que constituyen una familia. Ahora presta atención y haz funcionar un poco tu imaginación.

Ese pasaje tan interesante con el que hemos comenzado, en Lucas, y que dice: Saldré de esta casa, y volveré, ¿Podrá referirse a la familia, también? Técnicamente, ¿La palabra aplica? Sí. Puede aplicarse a una persona, puede aplicarse a una familia entera.

En el texto anterior, en ese mismo pasaje de Lucas 11, habla de la familia dividida, ¿Recuerdas? ¿Será que él puede volver a la familia, -Ya no hablo de persona- porque tiene la ventaja de la división a su favor? Probablemente.

Vienes tú y le preguntas a tu pastor: Pastor, ¿Por qué cree que le pasa tal cosa permanentemente a mi familia? ¿Por qué si yo estoy orando por mi familia, tiene que pasar esto? ¿Será de que eso que estoy tratando que salga, tiene derecho para entrar e, incluso, para volver y volver multiplicado, sólo porque hay cierto grado de división?

(Hechos 7: 10) = Y le libró de todas sus tribulaciones, y le dio gracia y sabiduría delante de Faraón rey de Egipto, el cual lo puso por gobernador sobre Egipto y sobre toda su casa.

Recuerda que estamos tratando de ubicarnos en los distintos contextos en los que está usada la palabra oikos. Y aquí aparece esta buena palabra nuevamente. La interpretación que quiero utilizar para Lucas 11, es distinta a la que siempre hemos utilizado.

Porque por poco o por mucho, en liberación siempre usamos este pasaje para definir a un demonio que sale de alguien y luego regresa. Muy bien; voy a cambiar ahora esa antigua y clásica interpretación, casi tradicional en nuestros ambientes.

Y la quiero llevar del contexto de una persona, al contexto de una familia. Y no es descabellado, porque tú ya sabes qué casa se usa tanto para persona, como para familia, como para el templo. Pero quiero hacerlo para que veas como una entidad espiritual puede operar con familias enteras.

Tengo algunos términos importantes. Espíritu generacional. Es un término bastante desconocido en el marco de la iglesia global, tradicional, convencional, pero muy usado dentro de los ambientes relacionados con la liberación.

Espíritu generacional. Cuando hablamos de esta clase de espíritu, nos estamos refiriendo a un demonio que trabaja, de manera específica, en algunos miembros de una familia. Especialmente haciendo énfasis en la edad que ellos tienen.

O sea: pueden haber espíritus generacionales que trabajen específicamente sobre gente joven, sobre los padres, o sobre los abuelos, o sobre el matrimonio. Tienen un rango de especialidad para manifestarse en momentos determinados, en los cuales el miembro, o los miembros de una familia, han cambiado su posición.

Otra característica de este espíritu generacional es que, como dice su nombre, trabaja de generación en generación. Nosotros descendemos de algunas personas, y vamos también a producir descendencia. Quiere decir que este espíritu ha trabajado con tus abuelos, con tus padres, ahora está trabajando con tu generación, y va a trabajar con la que viene detrás de ti.

Se especializa en conocer a tu familia de tal manera, que puede afectar a más de una generación. Por favor, quiero que entiendas por qué es tan importante este tema. Eso quiere decir que él está familiarizado con tu casa.

En algunos libros, los autores llaman a los espíritus generacionales, espíritus familiares, precisamente por esto. Como que ellos conocen muy bien todos los antecedentes de tu familia. En el pasaje de Lucas 11 que he leído, dice: Volveré, y tomando siete espíritus, vuelve.

Estos siete espíritus de los que se está hablando aquí, y para muchos tal vez sea como un verdadero descubrimiento porque nunca antes les habían prestado atención, son la antítesis de los siete espíritus de Dios, de los que también se habla muy poco y nada en las iglesias, aunque ambas cosas son estrictamente bíblicas, está en Isaías capítulo 11.

¿Recuerdan ustedes los siete espíritus de Dios? Cuando una persona viene a Cristo, el Espíritu Santo, para hacer una radiografía del proceso, opera en nosotros logrando, produciendo fe. Porque sin fe es imposible acercarse a Dios. Sin fe, no hay salvación.

El Espíritu Santo es capaz de producir fe en todas las personas de este planeta. Cuando tú eres tocado por el Espíritu Santo, la fe se empieza a manifestar, y vienes a Cristo. Lo ves cómo tu salvador, le entregas tu vida y se produce lo que nosotros llamamos, el Nuevo Nacimiento.

Ahora bien; lo que viene a continuación es un proceso durante el cual, esos siete espíritus de Dios vayan tomando progresivamente tu vida, tu familia y toda tu casa. Entonces, eso que empezó siendo fe, termina siendo espíritu de consejo, de poder, de sabiduría, de inteligencia.

Al principio, cuando venimos a Cristo, ni siquiera tenemos la capacidad de explicar lo que nos ha pasado. Pero al pasar los años, tú ya puedes explicarle a una persona que no conoce a Dios, cómo ser salvo. Hasta el más anónimo y humilde se convierte en un eximio evangelista cuando cree en lo que debe creer sin dudarlo.

De cómo llegó esa persona, sin siquiera explicarse lo que era el nuevo nacimiento, hasta el día de hoy, cuando la encontramos hablándole a otra persona y tratando de acercarla a Cristo. ¿Qué pasó? Espíritu de inteligencia, espíritu de temor de Dios.

O sea: no estás igual a cómo llegaste. Ha habido un notorio crecimiento. La idea es que, al pasar los años, nuestras vidas lleguen a madurar tanto, que se puedan ver esto que la Biblia llama los siete espíritus de Dios, obrando.

Imagínate un abuelo que conoce al Señor en su juventud, dando consejos a sus nietos. Un hombre de Dios, temeroso dando consejo a sus hijos, orando por su familia. Imagínate el modelo. Abraham, Isaac, José, por su descendencia.

Qué ha pasado toda una vida en la que ha habido un proceso. De ser jóvenes alocados que estaban y no estaban, a terminar siendo personas sólidas que sostienen a mucha gente. Hay un ciclo de crecimiento en Dios.

Este espíritu que se levanta, dice: Iré, y tomando a siete peores que él.
Probablemente, son espíritus que van a buscar estorbar la obra del Espíritu Santo en la vida de esa familia. Estos siete espíritus de Dios, lo que provocan es bendición en nosotros.

Si tú tienes espíritu de sabiduría, por ejemplo, vas a saber tomar decisiones correctas. Si tú tienes espíritu de consejo, tendrás la habilidad de ayudar a ver a otras personas las cosas tan claras, que ellos también van a poder tomar decisiones correctas.

Muy bien; ahora resulta ser que, revisando la Biblia, descubrimos que existen siete clases de espíritus generacionales. En principio, debo decirte que no todo lo malo que ocurre en tu vida es demoníaco. Hay gente que reacciona mal, por ejemplo, simplemente porque se ha acostumbrado a reaccionar mal.

Cierto es también que hay otra gente que reacciona mal porque tiene un demonio operando en él. Por eso es que, la gente más avezada que nosotros en estas cosas, que ha descubierto que no todo se soluciona con liberación, que no se trata de decir que alguien tiene tal o cual demonio por eso.

Claro que tampoco es muy sabio que digamos limitarse a decir: “Y bueno, yo soy así”… Hay una mezcla de ambas cosas que es la que opera en la conducta de la gente. Y también se ha descubierto que hay siete espíritus determinados que, si el padre los tuvo, el hijo también los tendrá.

Y si ese hijo los tuvo, también lo va a tener el nieto. No todos. Y esos siete espíritus, son los siguientes, que mencionaré sin darle orden de importancia. No significa que el que mencione primero es más importante que los que le siguen. Simplemente tengo que empezar por alguno.

Y aprovecha este momento para ir pensando en esto. Cuando mencione uno de ellos, con el cual tú te ves comprometido o identificado, y digas que supones que eso te ha afectado a ti, verifica de inmediato si tus padres lo tuvieron, o si tus abuelos lo tuvieron.

Porque puede que, en este caso, este espíritu generacional sí haya operado en su oikos, en su familia, en su casa. El primero, es Ira.  Espíritu de Ira. Voy a dar algunos versículos. Todos son tomados de 1 Samuel. Sólo lee y examina tu entorno.

(1 Samuel 18: 8) = Y se enojó Saúl en gran manera, y le desagradó este dicho, y dijo: A David dieron diez miles, y a mí miles; no le falta más que el reino.

Ira. ¿Es normal que la ira sea generacional? Sí. Y de hecho, hasta psicológicamente se han hecho estudios. De que los niños aprenden a expresar su enojo tal como los padres lo hacen. Lo interesante, es esto; y es aquí donde la psicología no puede ayudarnos, así como tampoco ninguna disciplina médica ni de la conducta.

¿Qué? Que se ven ese tipo de reacciones en niños tan pequeños, que ni siquiera han tenido, todavía, la oportunidad de aprender la conducta de los padres. Por ejemplo: un bebé pequeño, de poco menos de dos años, que de pronto arroja el biberón, enojado, sólo porque quizás lo hicieron llorar más de la cuenta.

¿Me vas a decir que con menos de dos años de edad, él ya aprendió la conducta del padre? Obviamente que no, pero si él tiene esa conducta a los ocho años y reacciona con violencia, y el padre también, uno puede decir que, ciertamente, está aprendiendo a reaccionar tal como reacciona su padre.

En ese segundo ejemplo, la psicología tiene mucho que decir. Las reacciones son aprendidas. Pero en el primer ejemplo, la psicología se calla la boca, porque un niño tan pequeño no ha tenido oportunidad de procesar esa conducta, para poder hacerla suya.

Entonces, allí es donde decimos que eso es espiritual. El segundo espíritu generacional, es el Temor. Espíritu de Temor. Hay gente que nunca se animó a hacer cosas nuevas, o a invertir, o a hacer cosas arriesgadas, ¿Por qué? Porque había temor de por medio.

Y la gente, estoy hablando del abuelo, estoy hablando del antepasado, terminó lleno de grandes ideas, pero sin nada. Por el temor. Por ahí pierdo, por ahí me roban, por ahí me engañan, por ahí me va mal, y por aquello, por esto y por lo otro. Temor.

(1 Samuel 18: 12) = Más Saúl estaba temeroso de David, por cuanto Jehová estaba con él, y se había apartado de Saúl.

¿Es un espíritu heredado? Sí. Tercero, Celos. Espíritu de Celos. Los celos son heredados y entran dentro de la categoría de espíritu generacional. Hay un texto en este mismo libro de Samuel que tiene estrictamente que ver con esto.

(1 Samuel 18: 9) = Y desde aquel día Saúl no miró con buenos ojos a David.

Cuarto. Manipulación. Espíritu de Hechicería. El texto que tiene que ver con esto puedes leerlo luego o haciendo un alto a esto que estás oyendo o leyendo, se encuentra en 1 Samuel, capítulo 18 y versículos 12 al 30. No lo reproduzco porque es demasiado extenso.

Manipulación. Y a esto lo analizamos y lo estudiamos siempre que hablamos respecto a Jezabel. Y en esos trabajos hemos dicho cómo una madre manipuladora va a formar una hija manipuladora. Lo mismo para un padre con su hijo varón.

Quinto. Muerte. Espíritu de Muerte. Y que conste, por favor, no estoy hablando de la muerte como cesación de la vida. Al texto que tiene que ver con esto, y que hallamos en el mismo libro de Samuel, sí lo vamos a reproducir seguidamente.

(1 Samuel 18: 11) = Y arrojó Saúl la lanza, diciendo: enclavaré a David en la pared. Pero David lo evadió dos veces.

Sexto. Brujería. Espíritu de Brujería. El texto que sustenta este espíritu lo encontramos en 1 Samuel 28: 3-25, y tiene que ver con un episodio donde Saúl consulta a una médium, que era una mujer que supuestamente hablaba con los muertos. Una espiritista, una bruja.

Y por último, el séptimo: suicidio. Espíritu de Suicidio. 1 Samuel 31:4: Entonces dijo Saúl a su escudero: saca tu espada, y traspásame con ella, para que no vengan estos incircuncisos y me traspasen, y me escarnezcan. Más su escudero no quería, porque tenía gran temor. Entonces tomó Saúl su propia espada y se echó sobre ella.

Ahora bien; te voy a dar un ejemplo. Relatan aquellos hermanos que militan en áreas relacionadas con la liberación, que cuando confrontan con alguien con espíritu de brujería, lo primero que hacen es buscar si alguien de su familia ha practicado la brujería. ¿Por qué? Porque ese es un espíritu que se transmite de generación en generación.

Eso quiere decir que, cuando hablamos de una persona y empezamos a hacerle un análisis espiritual, encontramos que hay algunas cosas que esta persona las aprendió. Por ejemplo, un amigo lo metió en la droga. Ese es un pecado adquirido, ese es un demonio que entró por invitación personal.

Tú le abriste la puerta. Pero hay otro tipo de espíritus. Espíritus que han trabajado en su familia por generaciones, y que lo conocen muy bien. Si tú hablas con una persona que ha tenido un suicidio en su familia, te puedo asegurar que en esa familia, si investigamos, nos vamos a encontrar con que hay más de un suicidio.

A eso es lo que normalmente llamamos como espíritus generacionales. Hay gente que ha estudiado y enseñado mucho y profundo sobre ello. A mí no me ha tocado hacerlo en lo personal, pero comparto información de otros ministerios porque es una forma de ministrarnos unos a otros. No hay copy right en esto, especialmente si no comercializas con ello.

Ahora bien; si en tu árbol genealógico te enteras que has tenido un bisabuelo que se suicidó, y en momentos de depresión tú sientes que quisieras morirte, creo que puedes arte cuenta fácilmente por donde va la cosa.

¿Por qué? Porque estos siete espíritus, operan en la manera de pensar de toda la familia. ¿Y qué operan los espíritus generacionales en las casas? Operan tres cosas. La primera cosa que ellos producen, son Patrones Generacionales.

Y te voy a dar un ejemplo: un hombre, ya mayor, abuelo, que se llega a morir enojado con uno de sus hijos. Y toda su familia sufría y se angustiaba, porque veía que el hombre ya se estaba muriendo y seguía tozudamente enojado con uno de sus hijos.

Pasan los años, y uno de sus descendientes, tiene la misma historia con uno de sus hijos. Ese es un patrón generacional. Y es interesante, porque el que hoy día ya es padre, y que era hijo cuando aquel viejito andaba enojado, y que solía criticarlo duramente por eso, hoy día anda exactamente igual y comportándose puntualmente de la misma manera.

La gran pregunta que surge, al ver esto, es: ¿Por qué si se trata en muchas ocasiones de gente inteligente, no vacilan en repetir conductas que, cuando las vieron en otros, los hicieron sufrir? Porque son patrones, y como tales, están por encima de lo que la mente consciente quiere o puede hacer.

De pronto vemos una señora mayor que se queda dentro de su casa, con puertas y ventanas cerradas, casi en la oscuridad, a veces sin levantarse de su cama. Eso se llama depresión, pero la realidad nos muestra operando a un espíritu de muerte.

Y lo más triste es que los que eran en ese momento sus hijos, algunos muy jóvenes, sufrían tremendamente al ver a la madre encerrada en su habitación, sin querer comer, sin querer hacer nada y viviendo de ese modo.

Pero luego pasan los años, la señora un día se muere, y sus hijas hoy ya son mujeres adultas. Y de pronto alguna de ellas, de repente, tiene una crisis con el esposo, o con uno de los hijos, y su primera reacción es tomar pastillas, encerrarse en su habitación, a oscuras, etc.

Nadie va a darse cuenta que es el mismo espíritu de muerte que operó en la mamá, que hoy ha tomado control de una de sus hijas. Dicen los que saben de verdad sobre estas cosas, que detrás de todo fármaco-dependiente, hay una persona que tuvo antecesores que tuvieron problemas con un espíritu de muerte.

¿Qué es la fármaco-dependencia? Es un espíritu de muerte gradual. Porque esa persona no sabe que al consumir esto, se está matando. Es lo mismo que cuando compras un paquete de cigarrillos. Tiene una inscripción obligatoria que te advierte que el tabaco produce cáncer, y tú lo estás mirando, pero sacas uno por uno a esos cigarros y te los fumas a todos.

Hay que entender de una vez por todas que ese, para nada es un acto involuntario o inconsciente. ¿Pero y por qué fuma, entonces? Porque es un patrón generacional. Un patrón generacional establece una manera de actuar.

La segunda cosa que provocan los espíritus generacionales, son Maldiciones Generacionales. A esto aquí sólo lo voy a mencionar, porque podríamos estar hablando horas, solamente de todo lo referido a las maldiciones generacionales.

En la historia hay rastros y evidencias de cosas así que son impresionantes. Permíteme simplemente por aplicación práctica de lo que estamos revisando, explicarles un poco cómo esto se da a nivel familiar.

Imagínense por un momento a uno de esos señores, un viejito, las raíces, que en cierta situación y por cosas que pasaron, no está de acuerdo con el matrimonio de uno de sus hijos y lanza una maldición. “¡Te va a ir mal. Me estás haciendo llorar para casarte, te va a ir mal!”

O sea: maldición no es decir: te maldigo. Es, simplemente, mal-decir, esto es: decir algo mal de algo o alguien. Ahora bien; técnicamente, ¿Qué es una maldición? Es una atadura. Es una atadura que funciona en base a dos factores: una, mis palabras. Y dos, un espíritu inmundo que usa mis palabras para atar a otra persona.

El espíritu inmundo, dice: “¡Si su padre, que lo ama, lo dijo, es porque así es!” Y ese espíritu inmundo se encarga de que esa palabra se cumpla. ¿Y cómo se rompe una maldición? Con una bendición. Mira; yo dije esto, pero ahora yo digo esto. Y echo fuera al espíritu inmundo que estaba detrás de eso.

Los espíritus generacionales, en suma, se encargan de hacer que se cumplan esas maldiciones de generación en generación. Ya está visto y estudiado que las tinieblas, a veces, tienen derecho de despojar a una persona por causa de lo que hicieron sus antepasados.

Muchas de esas cosas operan y funcionan por palabras. La masonería, sin ir más lejos, funciona por palabras. Juramentos, cosas que se dicen, oraciones que se repiten. Y a través de esas palabras, una persona maldice su familia.

Obviamente, cuando el masón está entrando a ser parte de la logia, nadie va a venir a decirle que ahora tendrá que maldecir a su familia. Le entregan unos juramentos bien especiales, donde no se nota la maldición. Sin embargo, los que conocen esos juramentos, saben que hablan de las finanzas, de la salud, y hasta de la salud emocional de la gente.

Entonces ¿Qué ocurre? Que una persona que deja la masonería y se convierte, automáticamente esas palabras tienen derecho para despojarle de todo. O, tal vez, nunca se convirtió. Pero los hijos nacieron bajo esa estructura de maldición.

La tercera cosa que operan los espíritus generacionales, son las Enfermedades Generacionales. O sea: muchos se van a morir, de las mismas causas de las que se murieron sus abuelos. ¿Esto puede tener una explicación lógica, biológica y médica? Sí, puede ser.

Volvamos un momento a los patrones generacionales. Cuando hablo de patrones, estoy hablando en principio, de conductas aprendidas. Y cuando alguien vive en base a esas conductas toda su vida, en el final de sus tiempos, se encuentra con que sus hijos la han aprendido.

Y cuando ellos se casan y conforman sus propias familias, un día tienen una crisis con sus parejas, y de hecho van a responder a esa crisis de la misma manera que respondía su madre o su padre. Ahí tienen ustedes una combinación entre un patrón generacional aprendido, y otro que es heredado.

¿Notas la diferencia? Puede que esté operando este espíritu en esta familia, pero la manera en que se manifiesta este espíritu, las palabras que se utilizan, las cosas que se hacen, son aprendidas. Pero la tendencia a caer en esto, eso es espiritual.

Estos son modelos o hábitos negativos que pasan de generación en generación. Y la familia se familiariza tanto con esto, que nosotros mismos solemos decir, a veces, por ejemplo: ¡Oh, ese niño está hablando igual que su padre!

Y entonces comienzan a decir que le va a pasar lo mismo que a su padre o a su madre, la familia ya lo tiene claro. Muchas veces, esos patrones se anclan o se posicionan usando algunas personas. Suele pasar que, cuando muere un padre o una madre de una familia con varios hijos, hay uno de ellos que recibe la carga espiritual de los que murieron.

Y ese es el encargado o encargada de hacer de lo que pasó, algo vigente, algo actual. Es el encargado de anclar a la familia en el patrón anterior, ese del cual todos están queriendo salir. Y ten en cuenta que, cuando hablo de un espíritu generacional, estoy hablando de un demonio.

Pero para que un demonio pueda obrar, necesita de una persona. Porque tú puedes estar en una reunión con cien personas más, y de pronto entra a ese lugar un espíritu de pobreza. Y ni tú ni los demás se dan cuenta de ello, así que no pasa nada. Pero si en ese momento entra un mendigo a la sala, allí sí te das cuenta, porque estás viendo al espíritu de pobreza obrar en una persona.

¿Quiénes detectan a un espíritu sin la persona? Los profetas, sólo ellos. Entran allí antes que nadie y dicen: ¡Hay un espíritu de pobreza, aquí! Pero claro, cuando rato después entra ese mendigo, entonces ya nadie necesita al profeta. Todos saben que ese espíritu está allí; ese hombre lo posee.

Un espíritu generacional necesita un representante humano en cada generación. El abuelo era bueno, pero era boca sucia, obscena y lujuriosa. Pero ahora se murió, así que viva el abuelito y se acabó el problema. No, no se acabó el problema. Sólo se murió la persona que albergaba el espíritu, pero el espíritu quedó suelto, buscando en la misma familia a ver dónde puede morar.

El que lo reciba será el que siga anclando a esa familia al patrón generacional anterior. Y, normalmente, será el único que no podrá convertirse. Por eso quiero que entiendas que no es solamente algo espiritual. Lo espiritual jamás interesaría demasiado si no se materializara, si no se corporizara en alguien.

Y pelear contra ese espíritu generacional, y hablo de un grupo de hermanos, por ejemplo, los cuales todos menos uno se han convertido, y el que no lo está es el portador de ese espíritu maligno, si los otros se ponen de acuerdo para orar, rechazar y cortar con ese demonio, lo que puede suceder es que el quinto hermano se muera.

¿Usted me dice que una persona en estas condiciones, puede llegar a morirse? Sí. Porque el demonio está tan fuertemente metido en él, que sacarlo de allí es literalmente matar al portador. ¿Puede morir? Sí, puede morir. No lo digo yo, lo dice gente que tiene vasta experiencia en esto. Y yo lo tomo porque me merecen credibilidad.

Y puede morir porque es la única manera en que esta maldición concluya. Pero atención con esto: estoy diciendo que “puede” morirse, no estoy diciendo que va a morirse. A eso, nadie puede asegurarlo, no al menos desde los pies humanos parados en la tierra.

Hay personas que tienen esta clase de problemas con su familia y suele decir: “¡Ah, no! ¡Yo me voy de aquí que ellos se arreglen! ¿Sabes algo? El patrón generacional te va a seguir donde quiera que vayas. No es un asunto de distancia geográfica, es un asunto espiritual.

Porque mientras no se lo batalle seriamente, ese espíritu no está alrededor tuyo, está en ti. Es un patrón generacional. ¿Y cómo se vence algo así? Muy bien, de eso es que vamos a hablar de aquí en más. Lo primero, te digo, es tratar de entender cómo funciona, cómo opera, cómo se da en la familia.

Lo que estoy diciendo, para que quede bien claro, es que este espíritu generacional se conecta con algún miembro específico, determinado, puntual de una familia, y opera usándolo a él mucho mejor que con cualquiera de los demás miembros de esa familia.

A ver: opera en todos, pero se conecta especialmente con uno. ¿Y qué es lo que este espíritu provoca? Volvamos al tema de las maldiciones generacionales. Las maldiciones generacionales se llaman así, porque son maldiciones que se revalidan generación tras generación.

¿Cómo funciona este espíritu? Este espíritu provoca que los pecados de los padres que se confesaron, se vuelvan a confesar en esta generación. Porque el abuelito aquel que se murió sin perdonar a un hijo suyo, ya fue, pero resulta que hoy, a muchos años de ese episodio, alguien lo vuelve a revalidar. Alguien de la misma familia. Y casi de manera calcada, fotocopiada al laser.

La maldición es un pecado. Nunca Dios va a estar de acuerdo que de mi boca salga maldición para nadie. Dice que nosotros siempre debemos elegir decir bien. ¡Le va a ir mal! – No digas eso: le va a ir bien, que Dios lo bendiga. ¡Pero es que hizo mucho daño! – Dios lo juzgue. Que tu boca sólo se abra para bendición.

Una maldición, por ejemplo, es decir: ¡Nunca nos va a ir bien! O ¡Nunca vamos a salir de esto! ¡Nunca vamos a poder cambiar esta situación! La maldición es un pecado porque niega la acción de la fe y el poder de Dios. ¡Es que esto ya pasó con mis padres! Sí, pero tus padres no conocían a Dios.

Pero tú si conoces a Dios, y puedes hacer que esa maldición, con el tiempo, se vuelva bendición. Si sabes eso, y lo sabes, ¿Por qué te unes con las palabras de tus padres? Estas maldiciones pueden pasar hasta la cuarta generación. El efecto máximo es hasta la cuarta generación. Vamos a Isaías 11. Vamos a ver las cuatro generaciones en el versículo 1.

(Isaías 11: 1) = Saldrá una vara (También se lee Retoño, una generación) del tronco (Dos) de Isaí, y un vástago (Tres) retoñará de sus raíces. (Cuatro. Romanos capítulo 11, quiero explicar esto un poco más.)

(Romanos 11: 16) = Si las primicias son santas, también lo es la masa restante; y si la raíz es santa, también lo son las ramas.

Para poder verlo con mayor claridad, vayamos al opuesto de esto. Si la primera porción, llamada primicias, estuviera contaminada, también la masa. Y si la raíz es inmunda, también lo son las ramas. ¿Está claro, verdad?

Hay un pasaje muy interesante, vete a Joel 2. El Libro de Joel, capítulo 2. Esta palabra se la ha utilizado para hablar de lo que el Espíritu Santo iba a hacer. Y a mi entender, esa palabra se está aplicando muy bien. Pero este pasaje habla de más cosas que, simplemente, lo que pasó en Pentecostés.

Es mucho más grande y profundo, como ahora van a ver. Joel capítulo 2. Joel es un profeta menor, que escribe después que el templo se destruyó. Es un hombre muy valiente. Él se levanta para declarar una palabra de arrepentimiento y juicio a la nación.

(Joel 2: 25) = Y os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta, mi gran ejército que envié contra vosotros.

Cuando el diablo quiere destruir una familia, va a utilizar cuatro procesos. O cuatro tipos de ataques. Revisemos. Se habla de la Oruga, el Saltón, el Revoltón y la Langosta. No son cuatro insectos diferentes. Es el proceso consecutivo de uno solo, en sus cuatro fases de crecimiento.

Es como cuando tú defines una mariposa. Una mariposa es la etapa final de una oruga. El mosquito, antes de volar y fastidiarte picándote, era una oruga que vivía en el agua. No es otro, es el mismo. Y en este caso particular, es un solo insecto. Es el proceso que da como resultado, una langosta.

Ahora veamos. ¿Cuál es el primero? La Oruga. La palabra oruga, en el hebreo, es gazam. Esta es la fase en que el gusano ha salido del huevo, y no tiene alas. El gazam se especializa en comerse la raíz. No tiene alas, se arrastra.

Habrás podido observar que algunos árboles o arbustos, tienen las raíces bien escondidas, pero que también algunas de ellas salen por encima del terreno. Gazam se come las raíces. Tenlo en cuenta, destruye la raíz.

¿Cuál era el siguiente? El Saltón. La palabra, es arbeh. Es la segunda etapa de la formación de este insecto. Sigue siendo pequeño. Tiene como una piel. Es un insecto sin patas y sin alas, que se especializa en destruir el tronco. Ya puede trepar por la corteza del árbol.

¿Cuál es el tercero? El Revoltón. La palabra, en hebreo, es yekeq. Revoltón. El Revoltón es la langosta joven, temprana en el desarrollo. Tiene alas muy pequeñas, por lo que a pesar de tenerlas, no puede volar. Lo complementa usando unas patas pequeñas pero sumamente ágiles, que le permiten destruir las ramas.

Por último, ¿Cuál es la que aparece al final? La Langosta. En hebreo, Langosta es hasil. ¿Qué se come la langosta? Los frutos. Destruye todo el follaje. Allí el insecto está completamente maduro. Tiene patas, alas largas y una mandíbula capaz de triturar lo que se le cruce.

Si ustedes se dan cuenta, estas cuatro fases del desarrollo de este insecto, tienen un rasgo muy interesante. Cada uno de ellos se caracteriza por destruir una parte del árbol familiar. Se especializan en eso. Hasta que queda totalmente devastado. Se destruyó la raíz, el tronco, las ramas y, por último, el fruto. Ahora volvemos a Joel, pero en su primer capítulo.

(Joel 1: 2) = Oíd esto, ancianos (Raíz), y escuchad todos los moradores de la tierra. ¿Ha acontecido esto en vuestros días, o en los días de vuestros padres? (Tronco)

(3) De esto contaréis a vuestros hijos, (Ramas) y vuestros hijos a sus hijos, (Frutos) y sus hijos a la otra generación.

Joel está denunciando el ataque contra las generaciones de la casa de Israel. Raíz, tronco, ramas y frutos. La raíz está conformada por la primera generación, son los abuelos. El tronco es la segunda generación, son los padres. Las ramas, son los hijos. Y finalmente, los nietos, los frutos.

Hay algo interesante en todo este proceso. La raíz determina lo que será la herencia. Porque de acuerdo al tipo de raíz, es el árbol. Si el árbol va a crecer mucho, las raíces son muy largas. Se conocen raíces que pueden tener cientos de metros, hasta llegar a las fuentes de agua.

Es imposible que un árbol grande tenga raíces pequeñas. Mostrémoslo así: los abuelos tienen un rol muy importante. Ese rol es dejar herencia. Y no estoy hablando de lo material. Un abuelo habla a los hijos, que ya son adultos, y habla a los nietos, que son pequeños.

Imaginemos una familia tipo. Están los abuelos, están los padres, que son los hijos de los abuelos, que deben andar por los setenta años, más o menos, y que deben estar entre los cuarenta y los cincuenta. Están los hijos jóvenes, que deben andar por los veinte, veinticinco, quince, y están los niños más pequeños.

A los niños más pequeños, nadie les presta demasiada atención. Vienen a ser los juguetes de toda la familia. Respecto a  los jóvenes, nunca nadie sabe muy bien por dónde andan. Entonces, ¿Quién puede influir sobre toda la familia, fácilmente? El abuelo.

El abuelo va a ser escuchado por los padres, por los jóvenes y por los niños. Y hay más, todavía. Es muy difícil que algunos de ustedes guarden en sus mentes alguna clase de recuerdos para con sus bisabuelos. Pero sí de sus abuelos, seguro.

Analizando muchas cosas, te vas a dar cuenta que puedes agarrar cosas buenas o malas de tus abuelos. En mi caso personal, en medio de una familia muy activa y dinámica, yo supe asumir algunas posturas de paciencia y serenidad que expresaba mi abuelo materno.

Lo que sucede es que con la experiencia que le dan los años y la vida que hayan vivido, tienen la posibilidad de modelar en los nietos, rasgos que les permitan, mañana, a  estos niños de hoy, ser personas de éxito. Hemos visto en muchas ocasiones a gente que ha podido sobrevivir habiendo tenido malos padres. Pero qué terrible es para alguien haber tenido malos abuelos.

Porque la idea del abuelo, es que es el agradable, es el cariñoso, es la dulce. Todavía el padre es el que disciplina, pero el abuelo es el que ayuda a transgredir algunas de esas disciplinas. Por norma es el abuelo el que debería dejar mejores imágenes en la mente. La abuela.

Y aquí hay un elemento muy importante. El abuelo tiene que ser alguien que sirva de refugio, de protección de paz. Si tienes un abuelo al cual le tienes miedo, algo no está funcionando correctamente, y eso va a afectar el árbol en su totalidad.

Los padres suelen ser rígidos, suelen ser severos y hasta suelen ser malhumorados e injustos. No hay problemas, con el tiempo muchos suelen cambiar. Pero tener un abuelo controlador, rígido, implacable y malo, es algo que a un niño, en este caso el nieto, le va a repercutir por años.

El abuelo judío, sin ir más lejos, era el encargado de transmitirle al resto de la familia, tres cosas. Uno, era el que les enseñaba el hebreo. ¿Por qué? Porque de esta manera, los conectaba con su herencia. Era el que les descubría que eran parte de una gran familia.

También eran los encargados de transmitir su legado espiritual. ¡Qué lindo es cuando un abuelo conoce a Dios y puede orar por y con sus nietos! Esa es una oración tremendamente poderosa. ¿Por qué? Porque tiene una vida entera de respaldo.

Asimismo, también el abuelo era el encargado de la bendición sacerdotal. Era el encargado de lanzar la bendición para más allá. ¿El diablo nos ha robado los abuelos? Probablemente. No todos los niños cristianos tienen abuelos inspiradores, hoy.

Y a ti que hoy eres joven, déjame decirte que, en algún momento, Dios te va a dar el privilegio de ser abuelo. Y si no llegas a tener hijos, a lo mejor llegas a ser tío abuelo. De una u otra manera, Dios nos va a dar a todos el privilegio de poder hablarles a los más pequeños.

El tronco, estoy hablando de los padres, de los adultos mayores, es la parte más vistosa del árbol, normalmente. Es el que trabaja, es el que sostiene todo el árbol. El tronco es el que hace el trabajo más duro. De allí salen todas las ramas.

La universidad, rama uno; el colegio, rama dos; los médicos, rama tres; la ropa, rama cuatro. Es así, es el tronco. Al abuelo ya casi no se lo ve, pero es el que transmite todo lo que está atrás. Y queremos que filtre lo bueno y lo malo.

Las ramas, los hijos. Largos sueños grandes, planes, ideas. Y llegarán los nietos que son los frutos. Y Dios dice: Este es mi ejército que mandé contra vosotros. Entonces nos preguntamos cómo es que Dios puede mandar un ejército contra nosotros. ¿De qué me está hablando?

(Éxodo 20: 5) = No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, (6) y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.

Pregunta. ¿Por qué alguien que está en Cristo, sin interesar la edad que tenga, puede tener problemas como el carácter, vicios, problemas sexuales, depresión? ¿Por qué puede darse esto? Hay algunas teorías.

Teoría biológica o genética. Esto es: la influencia de los padres y de los abuelos. Eso quiere decir que van a pasar cosas a los hijos, tanto buenas, como malas. Si lo que estás heredando es bueno, va a ser bueno, pero si lo que estás heredando es malo, será malo.

Veamos: ¿Ustedes creen que lo espiritual puede, en algún momento, presentarse materialmente? ¿Será posible que una iniquidad pueda presentarse, por ejemplo, como un Gen? Ni digo sí, ni digo no; sólo digo que es interesante.

Esto nos deja en evidencia que hay una teoría de corte genético, que es la que nos asegura que en nuestros genes ya existen inapelablemente ciertas predisposiciones compulsivas a ciertas cosas puntuales y específicas. Sin embargo, no es la única teoría. Hay otra que se relaciona con las conductas aprendidas.

¿Es posible que si una persona ha crecido con padres separados, en un hogar violento, en un hogar donde se utilizaba un lenguaje vulgar, pueda desarrollar comportamientos similares a los que pudo ver desde niño y vivió en carne propia? Sí, es posible.

El ambiente social en el que un niño se forma, puede afectar su futura conducta. Imagínate lo que puede llegar a suceder, dentro de algunos años, con los niños criados y formados en hogares conformados por matrimonios de personas del mismo género.

Esta es una problemática que seguramente se podrá observar en los próximos veinte años. Hoy no existen problemas y cualquier cosa que se diga suena a discriminatoria y homofóbica, pero cuando se levante la próxima generación, resultará muy interesante examinar sus comportamientos básicos.

Hay otra teoría incorporada a esta que se relaciona con los aspectos psicológicos humanos. Ejemplo: esa persona que tiene problemas con las drogas o con el sexo, ¿Puede estar expresando con sus patologías una cierta inseguridad personal? ¿Puede ser a consecuencia de que se siente muy poco valioso o no tiene autoestima desarrollada? Sí, es posible.

Ahora bien; sin importar qué teoría es la correcta, la realidad nos muestra que nosotros no podemos usarlas como excusa para un comportamiento inadecuado. ¿Por qué? Porque cualquiera de las teorías pueden ser ciertas, o quizás todas, pero la respuesta que Dios nos da a nuestra condición, al árbol, es que nazcamos de nuevo.

Así como podemos creer que algo negativo en la iniquidad puede materializarse en forma de un Gen, también podemos y debemos creer que una bendición puede cambiar genes defectuosos. De hecho, ya ha habido algunas pruebas pioneras que muestran cómo, el cuadro genético de un convertido de años, presenta ciertos cambios para con el cuadro genético que tenía anteriormente.

Eso puede justificar que un descendiente de una familia donde había problemas cardíacos o de diabetes, generalmente presentes en la genética, no se presenten en él. Y eso por una simple razón: todo eso de la genética pasa a ser poco relevante considerando que la persona nació de nuevo.

Eso quiere decir que si hay presente en tu sistema ciertos genes que están ligados a la iniquidad, eso se resuelve fácilmente, naces de nuevo. ¿Y eso es todo? Sí, eso es todo. Lo complicado de todo esto, en cambio, es la otra teoría, la segunda en este caso.

No la genética, sino la social. ¿Por qué? Porque el nuevo nacimiento, no te cambia tu manera de pensar. El área social nos predispone de la manera en que reaccionamos. ¿Ustedes creen que de un padre golpeador, violento, abusivo, puede salir un excelente padre cariñoso, amoroso y protector?

¿Puede salir? Si Dios interviene, yo creo que sí. Pero si no hay una intervención de Dios, no vemos que haya una posibilidad de que se produzca algo bueno partiendo desde algo malo. ¿Por qué? Porque la ciencia, la biología, la sociología, todo te demuestra sencillamente este axioma.

Setenta y cinco por ciento de los que están en una cárcel han tenido a un papá o a una mamá en la cárcel. Setenta y cinco por ciento. Y esta cifra estadística varía muy poco en las distintas partes del mundo y sus también diferentes culturas.

¿Qué te muestra eso? Que hay algo que se llama conducta aprendida en todo lo social. Porque hay un principio básico que nos dice que toda semilla se reproduce según su género. Si tu padre fue un mal padre, tú vas a terminar siendo un mal padre, también, a no ser que Dios intervenga.

¿Es Dios el único que puede cambiar eso? Yo creo que no. Yo creo que hay gente que puede cambiar su propia vida. He conocido a gente que ha crecido en hogares muy malos, que jamás se han convertido, y que sin embargo hoy son muy buenas personas.

Y esto no es anti-evangelio, es una realidad que todos hemos observado alguna vez, nos guste o no reconocerlo. Porque una cosa es ser salvo, otra es ser un hombre de Reino y otra es ser una buena persona. A veces, las tres cosas pueden caminar juntas, pero a veces no.

No se puede esperar que Dios sea quien lo resuelva todo. Lo que comienza a resolver las cosas es un cambio en nuestra manera de pensar. Todos conocemos a gente que no conoce a Dios y son buenas personas. Hay padres no creyentes que son mejores padres que algunos que viven en la iglesia.

¡Es que Dios te resolverá todas las cosas! ¡No! Yo creo que lo que te resuelve todas las cosas es que tú cambies de manera pensar. Porque tal el hombre piensa, el hombre es. Yo conozco a gente que conoce a Dios que jamás cambió su manera de pensar y sigue metida en los mismos problemas que tenía antes de conocer a Dios.

O sea que, conocer a Dios, no es una aspirina, no es un efervescente que te quita la acidez en dos minutos; es la oportunidad, es la puerta, es una llave que te permite entrar y alcanzar cambios que tú vas a apreciar mucho, y también tus hijos y los hijos de tus hijos.

Pero si la salvación no conlleva un cambio en tu manera de pensar, puede que la familia siga arrastrando cosas que ya los abuelos habían arrastrado. Por un lado sí creo que Dios es el que puede cambiar las cosas, pero eso me mete en un problema.

Si yo digo que Dios puede cambiar todas las cosas y es verdad, ¿Cómo explico entonces que haya creyentes que vivan mal? ¿Cómo explico que haya creyentes que tengan problemas con las drogas, el alcohol, la pornografía o la promiscuidad sexual, si Dios puede cambiar todo?

Entonces tiene que producirse una alianza, una sociedad. ¿En qué? En lo que Dios quiere hacer, y en la voluntad del hombre. Ese es el tema. Y si yo no conozco a Dios, ¿Puedo cambiar mi futuro? ¡Claro! De hecho, hay gente que puede hacerlo. Gente que decide romper con la miseria y hoy día son empresarios.

¿Y cómo lo hicieron? Aprendieron a fuerza de caídas, golpes, esfuerzos. Ahí están, tremendos empresarios. Ojo: no te estoy diciendo que gocen de mucha paz o que sean felices, lo que te estoy diciendo que eran miserables y ahora no van a terminar pobres y en la calle, seguramente.

¿Y dónde va todo esto? A Lucas 11, a lo que antes estuvimos hablando. Por eso te decía: ¿Qué pasa cuando este espíritu sale de la casa y busca volver? ¿Cómo es que opera esto? Yo creo que una casa limpia, es una casa en donde la salvación actuó, pero que no cambió la mente de la gente.

Porque la casa está vacía. Si tú te das cuenta, una casa vacía, no está cumpliendo la función para la cual esa casa existe. Las casas no han sido hechas para estar vacías. Las casas han sido hechas para estar llenas. Tú entras a una casa vacía, por hermosa que sea esa casa, la casa no tiene alma.

Imagínate una casa preciosa pero sin un solo mueble. ¡Nadie va a apreciarla! Puede haber una casa muy sencilla, muy pequeña, hermosa, pero tiene muebles bien lindos, y el decorado es de excelencia, causará impacto. Porque el ochenta por ciento de la presentación de una casa, es su decoración interior.

La iluminación, los colores. Hay casas hermosas porque tienen su frente, su fachada principal, hecha a nueva. Y eso es lo que sucede, puntualmente, con  la conversión: tienes una fachada nueva. ¿Pero sabes qué? Si la conversión no es acompañada por un cambio de mentalidad, siete peores vienen.

Y lo que no hicieron con este ciudadano cuando era mundano, podrán hacerlo ahora que aparentemente es cristiano. Porque esa casa ha sido limpiada y barrida, es cierto, pero jamás fue llena con las cosas de Dios, quedó así.

Nadie logra nada excusándose en otras personas. Tú no puedes argumentar que eres un mal padre simplemente porque nunca tuviste un padre presente. Eso es cobardía. Eso se llama la ley de la excusa. Nadie puede depender de otros para evaluar sus propias reacciones.

¿Sabes qué fue lo primero que recibió Adán? Dominio. Nadie puede salir a buscarse otra familia porque supone que su marido o su esposa no los ama. Nadie puede presentar como excusa para un adulterio, el caso de cuando su propio padre fue adúltero de su madre.

La culpa no es de los genes. Sigue siendo la ley de la excusa. Y todos tienen una buena excusa casi para todo. Les cargamos con las mayores responsabilidades a todos nuestros ancestros y a los que nos rodean. Sin embargo, todos llegamos a este punto: un día, Dios nos encontró.

Y lo que Dios hace, básicamente, es esto: más allá de la definición que tú tengas de tu salvación, Dios te devuelve las llaves. Ahora bien, si Dios te entrega un tremendo llavero con varias llaves, ¿No crees que por un simple criterio de curiosidad, te estarás preguntando qué cosas abrirán esas llaves?

Una llave es el cambio de vida social. Una cosa es vivir un domingo en incredulidad y otra muy distinta en el marco de personas que creen lo mismo que tú crees, sea iglesia, sea grupo casero, sea alguien en tu casa compartiendo un almuerzo o cena.

Pero, claro; esa es solamente una llave. El diablo escondió las otras llaves en lo último del infierno, y Jesús descendió hasta lo último del infierno a recuperar las llaves. Si hubieran sido las llaves las de la salvación, yo tengo un problema.

En Juan 17, Jesús, antes de ir a la cruz, dice: he acabado la obra que me diste que hiciese. O sea que, antes de ir a la cruz, Él ya t4rminó la obra. Entonces tú piensas y dices: ¡Señor! ¿Qué hay en esas llaves? Es para pensarlo, examinarlo, reflexionarlo y meditarlo.

Otra de las llaves puede ser la posibilidad en Dios de cambiar la historia de mi familia. ¿Podrá esa ser otra de las llaves? ¿Otra posibilidad será cerrar las puertas del pasado? Es que mi padre, mi abuelo, mi bisabuelo y vaya uno a saber quiénes y cuántos más.

¿Será que alguna de esas llaves te va a servir para que al fin digas: “mira, ya no vamos a volver a abrir esa puerta”? Nunca más. Con esta llave estás cerrando, y esta llave la vas a dejar perdida para nunca más abrir esa puerta.

¿Sabes que dice cuando Jesús habla con Pedro? Le dice: a ti te daré las llaves. Yo personalmente no creo que sea ese solamente un tema de autoridad espiritual. Yo creo que Dios te ha dado llaves el día que tú le conociste y le aceptaste como Señor.

Y esas llaves pueden abrir y cerrar. Luego, más adelante, Pablo dice: Él es el que abre y nadie cierra. Y Él es el que cierra, y nadie abre. El único que puede hurgar en tu pasado para destruirte, eres tú mismo. Y el único que puede abrirse puertas para que tu futuro sea diferente, eres tú mismo.

Te lo digo con claridad. Puede que termines como tu papá o tu mamá en los próximos años. ¡Pero es que yo conozco a Dios y ellos no lo conocían! No importa, esto no tiene nada que ver con eso. ¿Te gustaría terminar como tu papá o tu mamá?

Esa es una respuesta muy personal. Quizás todos tengan este problema. “Bueno, hay cosas de mi papá que me gustan mucho, pero hay otras que no las acepto”. “Me gustarían esas cosas buenas de mi padre, pero no todo”.

¿Y cómo puedes hacer esa selección? ¿Cómo sabes que no vas a recibir el paquete completo? No lo sabes. Dios tiene una llave, y te la dio; y nunca la has usado. La llave es poder separar qué cosas tú quieres de tu padre, para cuando tengas su edad tenerlas, y qué cosas no las quieres ver en tu vida cuando tengas esa edad.

Y no se trata que tengas a Hitler de padre, se trata de que todos los padres cometen errores, pero también tienen cosas buenas. Pero si uno pudiera armar su cuadro genético; si uno pudiera podar el árbol y escoger qué ramas quieres que crezcan y qué ramas quieres que se sequen, otra sería la historia, ¿Verdad? Tengo una buena noticia: ¡Puedes! A esa arma la tenemos en Dios.

Una persona puede hacer muchos cambios, puede hacer cosas tremendas. Pero normalmente, los cambios son a nivel personal, no pueden afectar a otras personas, mucho más allá de lo que se les permita. Pero en Dios tú puedes cambiar hasta una sociedad, puedes cambiar una generación, puedes cambiar a toda una familia. Y te voy a dar un ejemplo en la palabra, y te vas a sorprender de esto.

Génesis 12. ¿Todos se acuerdan de los patriarcas, ¿Verdad? ¿A quiénes se les llama patriarcas? En la biblia, ¿Quiénes son los patriarcas? Abraham, Isaac, Jacob, pero; ¿Por qué se les llama patriarcas? Porque son los padres de la nación de Israel. Por eso se los llama patriarcas.

Y los patriarcas de Israel, tuvieron un problema muy frecuente. En el capítulo 12 del libro del Génesis, si ustedes buscan desde el versículo 10 hasta el versículo 20, (Yo no voy a leerlo, léelo tú, luego), Abraham le miente a una persona respecto a su esposa Sara.

¿Sabes cuál era el pecado más frecuente de los patriarcas? La mentira. ¡Quién lo hubiera dicho! Cualquiera pensaría que se trataba de otra cosa más seria, ¿Verdad? Bueno; la mentira es algo muy serio. Y el asunto es que aquí Abraham dice que Sara no es su mujer, que es su hermana.

¿No les parece serio, eso? Imagínate los problemas de autoestima de Sara. En el capítulo 26, Génesis 26, del versículo 6 al 11, el hijo de Abraham, Isaac, miente acerca de su esposa. ¡Qué interesante que sea el mismo problema, ¿No es verdad?

Abraham mintió con respecto a su esposa, Isaac también. Y si vas a Génesis 27, los primeros 25 versos, Jacob, hijo de Isaac, nieto de Abraham, le miente a su padre diciéndole que era Esaú. O sea: la raíz mintió, el tronco mintió. Nota esto: ¿Alguna vez has plantado algo?

Tú siembras un pequeño diente de maíz y, de ese pequeño dientecillo, al tiempo nace una planta vigorosa que contiene varias espigas repletas de dientes como el sembrado. Una característica del fruto, es que el fruto puede llegar a ser la misma semilla, pero multiplicada.

Si siembras una pequeña papa, por ejemplo, (O patatas, como se las llama en otros lugares), de esa pequeña papa nacerán por lo menos, no menos de diez papas. Si la semilla es una persona, el fruto va a ser muchas personas. Imagínate una de esas fotos antiguas. En el centro, la parejita de los abuelos. Y a su alrededor, a izquierda y a derecha, hijos, hijas, nietos, nietas y biznietos. Una multitud proveniente de esa anciana pareja.

Abraham mintió con respecto a su esposa; Isaac mintió con respecto a su esposa. No le mintió a su esposa, mintió con respecto a su esposa. Jacob mintió a su propio padre, respecto a su propia identidad. Génesis 37. Once hijos de Jacob le mienten a él por espacio de diecisiete años, respecto a José.

¡Once hijos le mienten a su padre, diciéndole: José ha muerto! ¿Recuerdas la historia de José, verdad? Una fiera lo destrozó. ¿Cuántos años guardan la mentira? Diecisiete años. ¿Cuántos? Once de sus hijos. Los frutos salen multiplicados.

¡Qué terrible! Diecisiete años una mentira. ¿Sabes cuánto lloró Jacob durante esos diecisiete años, por su supuesto hijo muerto? ¿Cómo pudieron callarse por espacio de diecisiete años, once muchachos? Escucha: esa es una mentira de alto nivel. ¿Cómo lo hicieron?

¿Nunca les remordió la conciencia cuando veían llorar a su padre? No. Estaba en sus genes. La mentira, era un patrón generacional en ellos. Cuando Abraham dijo que su mujer era su hermana, fue para que el rey no lo matara. Es decir que pensó en él, no en ella. ¿Notas cómo la mentira te vuelve egoísta?

Toda mentira nace de un excesivo amor a sí mismo conjuntamente con un menosprecio hacia los demás. Fíjate; tengo aquí a once de los doce hijos de Jacob poniéndose de acuerdo en una mentira que sólo podía beneficiarlos a ellos, e iba en desmedro de su hermano José y de su padre.

Si el diablo quisiera tocarte, ¿Cuáles serían los patrones familiares que él utilizaría para hacerlo? Recuerda a los siete que te mencioné al principio. ¿Algunos de esos siete está presente en tu familia? ¿Cómo reaccionas tú a esos?

Recuerda que cuando estoy hablando de un patrón, te estoy diciendo que eso, en algún momento, va a volver. A veces te ataca una vez al año. O una vez al mes. A la semana, o cada día, no lo sé. Es un patrón. ¿Qué pasa cuando veo a mis padres hacer lo malo?

La respuesta, 3 Juan 1:11: Amado, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios.

¿Qué te puedo decir, entonces, cuando ves hacer cosas malas a tus padres? No imites lo malo. LA biblia te llama a no imitarlo. ¿Y qué debo imitar, entonces? 1 Corintios 11:1: Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.

La palabra “imitadores”, en el griego, es la palabra mimetes. De allí viene mímica, mimos. ¿Qué hace un mimo? Imita un comportamiento. Y qué significa mimetes? Seguir una norma o modelo. Cuando pablo dice: imítenme a mí, ¿Qué está diciendo? Sigan mi modelo. Sigan la norma que yo estoy poniendo.

¿Pero cómo puedo yo vaciar este patrón que tengo dentro de mí? Efesios 4:22: En cuanto a la pasa manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos. (23) y renovaos en el espíritu de vuestra mente. (24) y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.

Si lees con atención Efesios 4, te vas a dar cuenta que los verbos están en imperativo. Están en modo verbal imperativo. Vístanse, despójense, revístanse. O sea: no dicen que oren para que sean cambiados. “¡Ay, Señor, te entrego esto!” – No, no lo entregues. “Es que estoy pidiendo al Señor que me cambie esto y…” – No, no pidas a Dios; sólo vístete del nuevo hombre.

¿Y cómo me visto del nuevo hombre? Cambiando nuestra manera de pensar. ¿Y cómo cambio mi manera de pensar? Aquello a lo que tú le dedicas tiempo, va a modelar tu pensamiento. La lectura de la palabra, por ejemplo, es algo que cambia nuestra manera de pensar.

Jesús dice. Oísteis que fue dicho; más yo os digo ahora. Muchas de las cosas que nosotros vamos a hacer, van a nacer de lo que hemos leído. Muchas veces se grafica la mente como un animalito que va a crecer de acuerdo con el alimento que tú le brindes.

Por eso hay problemas con esta generación actual. No lee. Es la generación de la televisión, del cine, de los celulares. Pero vas a darte cuenta que hay muy poco en la televisión, el cine o los celulares que tú puedas apreciar, en cuanto a transmisión de valores o principios de vida.

Entonces, es una generación que no tiene herramientas para cambiar su mente. Algunos mitos. “Hermano; estoy orando para cambiar mi mente”. La oración no cambia la mente. Ese es un mito. Eso es falso. “He entrado en un ayuno para dejar de hacer esto”. No, el ayuno no cambia la mente.

Nuestra mente se forma en años, así que no es algo que uno pueda hacer en uno, dos o tres días. Tarda años tu mente en formarse. Por eso, esto te va a llevar tiempo. Tres o cuatro años, yo qué sé. Tampoco te cambia la mente congregarte. Es aconsejable por otras cosas, pero no por esa.

“Es que yo estoy orando para que Fulano venga a la congregación y pueda cambiar.” La congregación no cambia a nadie. Eso es falso. Es Dios quien cambia a la gente. Es el Espíritu Santo el que hace eso.

Pero aun cuando una persona ha pasado por la salvación, no por eso solamente ya él será otra persona. Tú sabes que eso no es verdad, necesitamos ayudar todo eso. Y de eso es que nos habla Efesios 4, precisamente. Como cambiamos.

Por ejemplo, dice: el que mentía, no mienta más. No dice que ores para que el espíritu de Mentira se vaya, dice que el que mentía no mienta más, y punto. Entonces, ¿Qué hace esa persona que quiere dejar de mentir? Eso: dejar de mentir.

¿Y cómo lo hará, está luchando con eso? Tú te pones esa regla: no voy a mentir. Y cuando se te escapa alguna mentira, por pequeña e inofensiva que parezca, te detienes, pides perdón y pasas a decir la verdad, cualquiera sea esa verdad y te afecte como te afecte. Dios hará el resto.

Hacer eso es esforzarse por no mentir, y lo está corrigiendo al momento. Y si logra estar en esa misma posición por espacio de varios meses, ¿Sabes que va a suceder? Que va a dejar de mentir. Está llenando la casa con muebles nuevos.

¿Y eso se aplica a todas las áreas? Sí, eso se aplica a todas las áreas. ¿Y qué se necesita para sacar eso de tu ADN si es que existiera algo en tus genes? Allí sí quizás necesites que alguien te ministre y ayude a encontrarlos.

Eso se llama quitar la iniquidad. Se confiesa el pecado de los padres o los abuelos, y quien te ministre deberá remover esos genes de ti. Ahora bien; ¿Eso significa que ese problema no va a tocarte nunca más? No, eso significa que ya no estará en tus genes.

Sin embargo, todavía puede estar en tu mente. ¿Y cómo se cambia eso? Metiéndote en las cosas de Dios. Yo, a veces enseñé utilizando otras versiones de la Biblia. Ahora bien; ¿De qué te serviría saber lo que dicen la Biblia Textual o la versión NVI o Biblia de las Américas, si ni siquiera has leído tu vieja Biblia clásica y tradicional?

Yo puedo decirte que me gusta mucho comparar las versiones porque siempre encuentro perlas en algunos textos que me ayudan a tener mayor revelación en ellos. ¿Y por qué hago eso? Porque es mi forma de vida, la que yo adopté para poder cambiar mi manera de pensar.

La contrapartida es toda esa mucha gente que anda por todos los lugares hablando, preguntando y escuchando los chismes sobre los artistas de moda. No lo hacen porque sean miserables, pobres o ignorantes, lo hacen porque por el momento, ese es su estilo de vida.

Hay gente que escucha estos estudios por primera vez, toma sus apuntes, los descarga y luego se toma toda esa semana que falta hasta que se suba el siguiente, para oírlo una y otra vez. Aunque no lo creas, eso produce enormes cambios en las formas de pensamiento.

¿Qué pasaría, por el contrario, si escuchara esto hoy, dijera que bueno, qué bonito, que interesante y luego se dedicara a otra cosa y se olvidara totalmente de todo lo oído? ¿Crees que mañana podría acordarse algo de lo que hoy ha escuchado?

Estas palabras repetirás a tus hijos; al salir, al entrar, al acostarse, al levantarse. ¿Tú sabías que la repetición es la manera bíblica de aprender? Hace algunos días una hermana que conocemos nos llamó para que la instruyéramos respecto a qué clase de Biblia podía regalarle a su esposo.

¿Sabes qué? Ya lo dijo alguien por allí: En cualquier librería cristiana para ingresar al lugar donde se encuentran las Biblias, necesitas un guía turístico. ¡Hay tantas clases de Biblias! Para la quinceañera, para los abuelos, Biblia pentecostal, Biblia escatológica, Biblia arqueológica, Biblia de promesas.

Biblia para mujeres, Biblia para personal de fuerzas armadas o de seguridad, y muchas otras. Y a todas esas, súmales las diferentes versiones que ya conoces. ¿Y sabes qué? De cualquiera manera, hoy, en la mayor parte de las iglesias, la gente ya casi no lee la Biblia.

No importa cuántas variedades de Biblias existan. Formato pequeño, grande, letras pequeñas, letras grandes, letras muy grandes, no le hace. La gente cada vez la lee menos. Vístanse del nuevo hombre, el cual en la semejanza de Dios ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad.

¿Y quién es el nuevo hombre? Es Cristo. Yo necesito vestirme de Él. Ya está dentro de mí, pero ahora necesito revestirme por fuera de Él. Ese proceso se llama santidad. Nuestra mente, (La palabra “mente”, en griego, es nous).

La mente es un enigma para la mayoría de la gente. Dentro de la mente está la razón. Lo que Dios me está diciendo es que cambie mi nous, que cambie mi mente. Si cambias tu mente, también va a cambiar tu manera de razonar.

Antes, cuando algo no te salía bien, solías decir:  ¡Ay, qué mala suerte! Dios cambia tu mente. Así que ahora sabes que cuando algo no te salió bien, es porque Dios te ha librado de algo peor. O sea: cambió tu mente. Y tu razonamiento ya es diferente.

Antes pensabas que si querías tener dinero debías seguir comprándote cada semana un billete de Lotería. Jamás sacaste más que une terminación o alguna minucia parecida, pero ahí estabas, todas las semanas, con puntualidad farisea.

Eso era como parte de tu vida. Hasta eras amigo de todos los vendedores de billetes. Seguías puntillosamente un número que era tu preferido. Jamás salía, jamás salió, pero igualmente lo seguiste diez años. Esa era tu mente.

Parece una broma lo que te digo, pero la gente piensa así. Tiene sus pequeñas estructuras internas que la hacen pensar así. Ellos no tienen al Espíritu Santo. Y cualquiera de ustedes, si no tuviera morando en su interior al Espíritu Santo como lo tienen, seguramente serían igual. Al hombre le gusta que algo le de confianza.

Le gusta saber que algo lo está apoyando. Gracias a Dios conocieron al Señor. Pero también en la nous, no sólo está la razón. También está tu capacidad para juzgar a otros. Hay un verso que me gusta mucho: 1 Corintios 2:16: Porque, ¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Más nosotros tenemos la mente de Cristo.

Fíjate en este detalle: no dice que tenemos la mente de Jesús, dice de Cristo. ¿Y qué diferencia hay? ¿No está hablando de la misma persona? No. Jesús es un nombre, Cristo es un título. Por eso dice que nosotros tenemos la mente de Cristo, no de Jesús.

Cuando se habla de Jesús, se habla de su persona. Cuando se habla de Cristo, se habla de su título. ¿Y qué significa Cristo? Ungido. Nosotros tenemos una mente que no es humana, como era Jesús, sino ungida, como es Cristo.

Porque si leen más adelante, dice: ¿Quién puede tener la mente de Dios? ¿Quién puede pensar lo que Él está pensando? ¡Nadie! Más nosotros tenemos una unción especial sobre nuestra mente. ¿Estimas que puede ser algo así? ¡Claro que puede ser!

Por eso me parece muy interesante que diga que es la mente de Cristo, y no la mente de Jesús. Cuando Cristo es un título. ¿Qué es lo que requiere, entonces? Volvemos a un viejo tema: el cambio de nuestra manera de pensar.

Claro que, a diferencia de la mayor parte de las enseñanzas que hay sobre este asunto, aquí deberemos tomar a la mente de la familia, por encima de la mente de una persona. Porque eso es lo que tiene que ver con lo que definíamos como patrones generacionales.

Ustedes ya saben que, así como Dios entra en una vida, así también quiere entrar en una familia. Y existe una estrategia. Pero me faltó explicar algo. ¿Por qué en Joel dice que este es el ejército que envié contra vosotros? ¿Es que acaso esto vino de parte de Dios?

No sé si podemos decirlo así. Lo que sí sabemos es que la langosta, en sus cuatro etapas de formación, vino a Israel por causa de su desobediencia. Entonces, creo que podemos responder a eso a partir de lo escrito en el Nuevo Testamento.

Romanos 1: Pues cuando consideraron ellos no tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada. O sea: si tú quieres ignorar a Dios, estás en tu derecho. Pero luego no te quejes si él te ignora a ti. Pregunto: ¿Lo que nuestros padres han hecho, puede afectarte hoy día?

Sí. ¿Y qué es lo que se debe hacer? No caminar en ignorancia. No ignores aquellas cosas que Dios está poniendo delante de ti. La casa se limpió. ¡Qué bueno! Eso se llama sanidad interior, eso se llama ministración de iniquidad, eso se llama cautiverios espirituales. Listo.

Pero es una parte de la solución, la mitad. ¿Y cuál es la otra mitad? Llena la casa con cosas que antes no tenías. Nuevas maneas de pensar, nuevas actitudes, nuevas amistades, nuevas tareas. ¿Por qué? Porque sólo la casa llena evita que siete peores entren.

Ya fue dicho: orar no te llena la casa, ayunar no te llena la casa, asistir a un culto no te llena la casa. ¿Y cómo se llena tu casa? Cambiando tu manera de pensar. Ahora reflexiona sobre todo esto y comienza a evaluarte.

¿Qué cosa tú crees que ha golpeado a tu familia vez, tras vez, tras vez? Si has identificado todo eso, ¿Qué has hecho para remediarlo? Si no lo has identificado aún, ¿Por qué no le pides al Señor que te ayude a ver qué es lo que ha quedado escondido?

Dice en Cantares que se caen las zorras pequeñas que se comen las viñas. Las termitas son unos de los insectos más pequeños que existen. Pero ¿Sabían ustedes que cada año, y sólo en los Estados Unidos, las termitas provocan más gastos económicos que los huracanes, tifones, terremotos e inundaciones?

Cuando en una calle encuentran una casa con termitas, empiezan a hacer un trabajo de investigación en todas las otras casas: ¿Por qué? Porque las termitas atacan barrios, vecindarios enteros. ¿Cómo aparecieron en la tercera casa? Han tenido que pasar antes por la primera y la segunda.

O han tenido que pasar por el otro lado, la cuarta y la quinta. No llegaron como por arte de magia. Entones, cuando un vecino ve frente a su casa otra casa cubierta con lona que dice “peligro no acercarse”, porque han metido una serie de químicos, los precios de las viviendas de toda la cuadra, descienden.

Entonces, cada propietario va a llamar a los técnicos especialistas en termitas para que evalúen las condiciones y posibilidades de que ellas los invadan. O sea: si eso le pasó a tu abuelito, y luego también a tu padre, ¿Qué garantías hay de que no vaya a pasarte a ti también?

¿Qué hacer, entonces? Llama a los exterminadores de plagas. Si no hay termita, pues gloria a Dios, no hay termitas. ¿Cuándo te das cuenta que las termitas están presentes? Cuando el daño es ya casi irreparable. Así es el problema del que estamos hablando.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Mentiras Generacionales

Dentro del marco de las maldiciones generacionales u otras cuestiones similares que en muchos casos debemos afrontar, ya sea en conflictos íntimos o en ayuda a hermanos atribulados por problemas que quizás no le son propios en su origen, sino pertenecientes a sus ancestros, hemos encontrado este ejemplo, este modelo visible en la Biblia que, supongo, terminará con todas las dudas que los más ortodoxos han tenido y tienen respecto a estas batallas espirituales.

No obstante, para llegar al modelo, primero tendremos que transitar callejuelas previas, como una manera de entender y conocer los alcances humanos y divinos que rodean a la mentira como hecho sustancial en la vida de las personas. No sé si habrá un antes o un después bíblico de la mentira, pero sí te puedo asegurar que lo hay entre los hombres que hoy poblamos el planeta. Nadie es igual después de mentir o de haber sido víctima de una mentira.

De un estudio bastante serio que encontré entre los miles que hay al respecto, rescaté esto que de alguna manera, pinta de cuerpo entero desde lo psicológico, desde lo enteramente carnal y humano, que rodea a la mentira. Te reproduzco esta parte del estudio textualmente:

Todo empieza muy temprano. De hecho, los niños brillantes –los que tienen mejores resultados académicos– empiezan a mentir a los 2 o 3 años. “La mentira está relacionada con la inteligencia”, explica la doctora Victoria Talwar, profesora adjunta de la Universidad McGill de Montreal y una de las mayores expertas en la conducta mentirosa de los niños.

Aunque pensamos que la veracidad es la mayor virtud de un niño pequeño, resulta que mentir es, en realidad, su capacidad más notable. Un niño que miente debe reconocer la verdad, concebir intelectualmente una realidad alternativa y ser capaz de “venderle” convincentemente a alguien esa nueva realidad. Por lo tanto, mentir exige un desarrollo cognitivo avanzado y habilidades sociales que la veracidad no requiere. “Es un hito del desarrollo”, concluyó Talwar.”

Hay muchos otros aspectos sumamente interesantes más, pero para nosotros y lo que aquí deseamos mostrar para enseñar, es suficiente. Los cristianos ya sabemos que debemos andar en el espíritu y no en la carne. También sabemos que ese “la carne” tiene que ver con nuestra alma, que no siempre puede sujetarse a los mandatos que el Espíritu Santo dicta desde nuestro espíritu humano, donde habita luego de recibir a Jesucristo.

Y tampoco ignoramos que el alma es el epicentro del ataque satánico por excelencia. Satanás no puede tocar nuestro espíritu porque esa área le pertenece a Dios, que es el único que puede habitarla con su Santo Espíritu. Por lo tanto, Satanás apunta su estrategia al alma. Y si quieres cerrar el círculo de lo que terminas de saber desde la óptica psicológica, en el alma habitan las emociones, los sentimientos, la voluntad, y…la mente, que es el eje central de nuestra inteligencia. ¿Estás entendiendo?

Desde la óptica de Dios, mientras tanto, las cosas son mucho más claras. En el libro del Éxodo, capítulo 23 y verso 7, donde se emiten leyes para la justicia masiva, leemos lo siguiente: De palabra de mentira te alejarás, y no matarás al inocente y justo; porque yo no justificaré al impío. Algo nos resalta como con un delineador importante: Los mentirosos y los homicidas, son los enviados satánicos contra los justos. Y tú ya sabes que alguien es justo sólo cuando hace la voluntad de Dios.

El Salmo 5, en su verso 6, le da el golpe de gracia a la mentira de parte de David. Dice: Destruirás a los que hablan mentira; al hombre sanguinario y engañador abominará Jehová. Lo confirmamos con el Proverbio 13 y verso 5, donde leemos: El justo aborrece la palabra de mentira (Esto también incluye a predicaciones humanistas, cientifistas, esotéricas o eminentemente teológicas y religiosas) más el impío se hace odioso e infame.

No es el único Proverbio escrito al respecto, también lo vemos en el 19: versos 5 al 9, que nos da una versión más amplia y abarcativa y con un verso repetido textualmente: El testigo falso no quedará sin castigo, y el que habla mentiras no escapará. Muchos buscan el favor del generoso, y cada uno es amigo del hombre que da. Todos los hermanos del pobre lo aborrecen; ¡Cuánto más sus amigos se alejarán de él! Buscará la palabra, y no la hallará. El que posee entendimiento ama su alma (¿Qué ama qué cosa? Su alma. Es decir: su mente, su inteligencia. ¿Está claro?) el que guarda (cuida, protege, cubre con la sangre de Jesús) su inteligencia hallará el bien. El testigo falso no quedará sin castigo, y el que habla mentiras perecerá.

El día que tú encuentras a Jesucristo, es el día en que la mentira comienza a retirarse de tu vida, o al menos es lo que debería suceder si tu conversión ha sido genuina. Pablo aconseja al respecto en Efesios 4:25, lo siguiente: Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros.

La mentira, que es fruto de una mente inteligente gobernada por este espíritu es, por antonomasia, la negación y la oposición a Cristo, negando asimismo el testimonio de Dios. ¿Tanto? Sí, tanto. Juan lo expresa así en su primera carta 2:22: ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al padre y al Hijo.

Asimismo, Santiago dice que cuando negamos a Jesucristo no sólo le mentimos a los demás, sino que nos estamos mintiendo a nosotros mismos. Y para muestra nos basta recordar la historia de Ananías y Safira, cuando mintieron al Espíritu Santo respecto a su heredad, cosa que nadie les obligaba a decir, y pagaron con sus vidas ese enorme pecado.

Todos los creyentes, en mayor o menor medida, sabemos que la mentira es aborrecida por Dios porque destruye la recta comprensión de la realidad, lo que implica lisa y llanamente lo dicho en la Biblia al respecto: andar en tinieblas. De ese modo, el hombre se desvía del verdadero conocimiento y comunión con Dios para caer en las garras del engaño sutil puesto en marcha por el enemigo. Además, en lo social y comunitario, la mentira destruye la confianza entre los hombres, oscurece el entendimiento y lleva a la destrucción eterna, nada menos.

Sabemos, porque así lo hemos leído en Números 23:19, que Dios no miente ni puede mentir, no pudiendo caber en Él por cuanto Él es la realidad primera y última y absoluta, contra la que atenta toda mentira. Nadie puede venir a decirte que una mentira favorece algo de Dios. Por el contrario, cada vez que alguien miente, es como si alzara una alabanza a Satanás. Por su parte, Jesús, que es Dios mismo manifestado en carne, es la misma Verdad, la Verdad acerca de Dios, y la Verdad de lo que Dios quería que fuera el hombre, es decir: el cúmulo de todas las perfecciones. Por eso, aquel que tiene comunión con el Padre y con el Hijo Jesucristo, exclama de corazón y sin dudarlo: “la mentira aborrezco y abomino, porque tu ley amo”.

De todos modos, creo que el texto de todos los textos que de ninguna manera se nos puede pasar desapercibido, se encuentra en el evangelio de Juan, capítulo 8 y verso 44, donde dice: Vosotros sois de vuestro padre del diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso y padre de mentira.

No quiero que nadie pretenda simular o disimular una mentira con algún artilugio que pretenda hacerla pasar por “santa” o “necesaria”. Ninguna mentira es necesaria porque nadie necesita a Satanás para tener vida abundante aquí y ahora. Y si alguna vez te creíste aquello de “la mentira piadosa”, es tiempo en que vayas y le digas a quien te lo enseñó, que de ninguna manera vas a volver a aceptar que alguien que actúa en el nombre de Dios, siga enseñando doctrina de demonios. Así de sencillo.

Te dejo tres textos complementarios para que termines de entender que la mentira de ninguna manera puede tener una esencia sana. Que muy por el contrario es uno de los síntomas de una enfermedad llamada demonios, la que perturba, atormenta y posee a mucha más gente de la que suponemos. ¡Pobres víctimas ellos! Pero eso no significa permisividad ni alianza con ellos y sus rudimentos.

(1 Juan 2: 19) = Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros.

(20) Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.

(21) No os he escrito como si ignoraseis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira procede de la verdad.

Pregunto: Si salieron de nosotros pero no eran de nosotros, ¿Qué eran? Falsos hermanos, Satanistas infiltrados, simuladores compulsivos o, lo más abundante: incrédulos hipócritas. ¿Y quienes dicen que son los encargados de descubrirlos? Los que tienen la unción del Santo, esto es: del Espíritu Santo, que es Dios. ¿Y por qué asegura que los descubrirán? Porque ellos han conocido la verdad, y cuando oigan a alguien mentir, sabrán que no son de ellos, aunque se congreguen con ellos, no son de ellos aunque estén predicándoles a ellos. ¿Por qué lo sabrán? Porque los habrán descubierto mintiendo. Y nadie que miente está de la mano de Cristo, sino de Satanás. Es más que claro, le guste a quien le guste y lo acepte quien lo acepte.

(Proverbios 12: 22) = Los labios mentirosos son abominación a Jehová; pero los que hacen verdad son su contentamiento.

Hay una pregunta que seguramente anda dando vueltas dentro de las cabezas de decenas, centenares o sencillamente miles de cristianos: ¿Se puede mentir desde el púlpito de una iglesia? Yo creo que nadie que esté en su sano juicio espiritual podría siquiera llegar a plantearse la posibilidad de deslizar una mentira en el marco de una predicación, sería incoherente con lo que se dice creer y contradictorio con lo que se está enseñando a los demás.

Sin embargo, déjame decirte que sí, que lamentablemente, y en muchos casos con un rarísimo convencimiento interno de estar haciendo algo bueno, se ha llegado a mentir desde un púlpito. Recursos y rudimentos lindantes con la manipulación con la finalidad de que la gente pase al frente a convertirse o a ministrarse de aquellos pecados que han sido profetizados por el predicador, preanuncios contrarios a las vidas de todos los que por cualquier causa se resisten a dar sus diezmos y ofrendas, y muchas cosas por el estilo han sido realizadas, quizás con la mejor y más sincera de las intenciones, pero bajo un monumental engaño, desde púlpitos que no eran precisamente faltos de prestigio.

(1 Timoteo 1: 8) = Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente; (9) conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, (10) para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina, (11) según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado.

Comienzo a hacerte preguntas sin obligación de recibir respuesta, sólo reflexiona lo que te pregunto. ¿Puede alguien transgredir leyes por un fin correcto? ¿Puede alguien desobedecer órdenes superiores por una buena razón? ¿Puede alguien no espiritual justificar su condición por algo que Dios aprueba? ¿Puede un pecador justificar su pecado declarando que peca por una razón correcta?

¿Puede el irreverente argumentar su irreverencia en buenas razones? ¿Puede un profano expresar que profana por cuestiones que son del agrado de Dios? ¿Pueden los que asesinan al padre o a la madre declarar en un juicio que lo hicieron por un buen motivo? ¿Puede el fornicario dar una razón por la cual Dios aceptaría su fornicación? ¿Puede un sodomita argumentar que lo que hace es natural conforme a como Dios ha creado al hombre? ¿Puede un secuestrador decir que secuestró a alguien por un buen motivo?

Ahora bien; si cada una de estas preguntas arrojadas al azar ha tenido, -como quiero suponer- un no como respuesta, ¿Me quieres explicar por qué alguien que dice ser representante del mismo Dios en el cual creemos tú y yo, ha dicho con nivel de enseñanza pública y masiva, que sí se puede mentir cuando hay una buena razón para hacerlo? Si así fuera, ¿Por qué Pablo habría amontonado aquí todas estas razones y las unió luego a la mentira y al perjurio, que es una mentira bajo juramento?

En muchos hombres y mujeres, la mentira está en su esencia casi como una costumbre. Hay una minoría que miente en muy contadas ocasiones y sólo para justificarse o defenderse de algo, pero la gran mayoría que miente, lo hace casi sin esfuerzo, tal como si estuviera en sus genes mentir, mientras que decir la verdad sería poco menos que un acto enemigo. ¿Sabes qué? ¡Sí está en sus genes! Sólo que lo ignora. Y si lo ignora, es porque todavía los creyentes no aprendieron a combatir estas cosas y, más que ello, procurar ayudar en ese combate a los que lo ignoran. Quiero contarte algunas historias para que luego puedas ver, en el final de cada una de ellas y en la suma de todo, la realidad de lo que estamos hablando.

(Génesis 21: 1) = Visitó Jehová a Sara, como había dicho, e hizo Jehová con Sara como había hablado.

(2) Y Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho.

(3) Y llamó Abraham el nombre de su hijo que le nació, que le dio a luz Sara, Isaac.

Vamos a ver y a recapitular para entender. Cuatro capítulos antes, en este mismo libro del Génesis, nos encontramos con Dios haciendo pacto con Abraham. Y en el verso 16 del capítulo 17, le dice respecto a Sara: La bendeciré, y también te daré de ella hijo.

Aquí estamos viendo, entonces, como Dios cumple su promesa de muy difícil aceptación y credibilidad, (Tanto Abraham como Sara eran más que ancianos como para poder concebir, engendrar y ser padres), y efectivamente Sara queda embarazada y da a luz un hijo varón al que llaman Isaac. De este modo, la línea generacional a la cual Dios se refiere para sus bendiciones, pero también advierte para cualquier clase de maldiciones, comienza en el viejo Abraham y ahora se le suma Isaac. Padre, e hijo. Dos generaciones; faltan otras dos.

(Génesis 25: 21) = Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó jehová, y concibió Rebeca su mujer.

(22) Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: si es así, ¿Para qué vivo yo? Y fue a consultar a Jehová; (23) y le respondió Jehová: dos naciones hay en tu seno, y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; el un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, y el mayor servirá al menor.

(24) Cuando se cumplieron sus días para dar a luz, he aquí había gemelos en su vientre.

(25) Y salió el primero rubio, y era todo velludo como una pelliza; y llamaron su nombre Esaú.

(26) Después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú; y fue llamado su nombre Jacob. Y era Isaac de edad de sesenta años cuando ella los dio a luz.

Aquí estamos viendo la prosecución generacional de Abraham, cuando Isaac es padre de los gemelos que luego lucharían y hasta se defraudarían por causa de su primogenitura. El relato es claro; el primero en salir y por consecuencia primogénito indiscutido, era Esaú, aunque luego la historia que es bien conocida y que será base medular de nuestro trabajo diga lo contrario. Ya tenemos tres generaciones: Abraham, Isaac, Esaú/Jacob.

La historia siguiente no la voy a dar con textos porque es demasiado extensa, pero seguramente tú la conoces. Jacob será hospedado por Labán y, luego de una muy especial historia, se casará primeramente con una de sus hijas, llamada Lea, y luego con la que él deseaba tener por mujer: Raquel. De esas uniones tendrá muchos hijos que, llegado el momento, conformarán las distintas tribus. Entre ellos, el que desata toda una historia de lo más dramática: José. Cuatro generaciones: Abraham, Isaac, Jacob, sus hijos. Bisabuelo, Abuelo, Padre, Hijos. Ahora viene lo central del tema.

(Génesis 12: 10) = Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra.

(11) Y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: he aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto; (12) y cuando te vean los egipcios, dirán: su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida.

(13) Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti.

(14) y aconteció que cuando entró Abram en Egipto, los egipcios vieron que la mujer era hermosa en gran manera.

(15) También la vieron los príncipes de Faraón, y la alabaron delante de él; y fue llevada la mujer a casa de Faraón.

(16) E hizo bien a Abram por causa de ella; y él tuvo ovejas, vacas, asnos, siervos, criadas, asnas y camellos

(17) Más Jehová hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas, por causa de Sarai mujer de Abram.

(18) Entones faraón llamó a Abram, y le dijo: ¿Qué es esto que has hecho conmigo? ¿Por qué no me declaraste que era tu mujer?

(19) ¿Por qué dijiste: es mi hermana, poniéndome en ocasión de tomarla para mí por mujer? Ahora, pues, he aquí tu mujer, tómala, y vete.

(20) Entones faraón dio orden a su gente acerca de Abram; y le acompañaron, y a su mujer, con todo lo que tenía.

Supongo que conocías esta historia, pero tal vez no desde la óptica que hoy lo veremos. Ya sabías que Abraham había sido algo pillo cuando, sabiendo que estaba en pie una promesa de Dios, aceptó dormir con la esclava Agar por pedido de su mujer. Pero no lo teníamos tan mentiroso como para llegar a este extremo que aquí se relata. Un extremo que termina por complicarle seriamente la vida a Faraón, y fue un verdadero milagro de Dios que éste no decidiera eliminarlo, no sólo por haberle mentido, sino para, además, quedarse con Sara. Así que los expulsó a los dos. Pero Abraham ya había dado un primer paso generacional: había mentido. Primera generación. Mintió el bisabuelo.

(Génesis 26: 6) = Habitó, pues, Isaac (El hijo de Abraham, recuerda), en Gerar.

(7) Y los hombres de aquel lugar le preguntaron acerca de su mujer, y él respondió: es mi hermana; porque tuvo miedo de decir: es mi mujer; pensando que tal vez los hombres del lugar lo matarían por causa de Rebeca, pues ella era de hermoso aspecto.

(8) Sucedió que después que él estuvo allí muchos días, Abimelec, rey de los filisteos, mirando por una ventana, vio a Isaac que acariciaba a Rebeca su mujer.

(9) Y llamó Abimelec a Isaac, y dijo: He aquí ella es de cierto tu mujer. ¿Cómo, pues, dijiste: es mi hermana? E Isaac le respondió: porque dije: quizá moriré por causa de ella.

(10) Y Abimelec dijo: ¿Por qué nos has hecho esto? Por poco hubiera dormido alguno del pueblo con tu mujer, y hubieras traído sobre nosotros el pecado.

(11) Entonces Abimelec mandó a todo el pueblo, diciendo: el que tocare a este hombre o a su mujer, de cierto morirá.

Este caso es tremendo, porque es casi un calco, si no lo es completamente, de lo vivido anteriormente por su padre Abraham. La mentira de Isaac, se desata por los mismos motivos que la que dio origen a la de su padre, y produjo un efecto similar con consecuencias muy parecidas. Tengo preguntas: ¿De dónde salió el miedo repentino de Isaac? ¿Por qué adoptó esa salida cuando tenía otras? Respuesta más simple: porque un espíritu de mentira anidaba en sus genes, a partir de lo hecho por su padre, y llegado el momento se manifestó y llevó a Isaac a repetir la historia. Segunda generación. Mintió el abuelo.

En el capítulo 27 del mismo libro del Génesis, hay un relato que tiene que ver con la bendición ritual pero espiritualmente importante de un padre para con su primogénito. No puedo, por razones de tiempo, leerte el capítulo completo, pero iré delineando algunos versículos que tienen que ver con lo que quiero compartirte.

(Génesis 27: 1) = Aconteció que cuando Isaac (Hijo de Abraham) envejeció, y sus ojos se oscurecieron quedando sin vista, llamó a Esaú su hijo mayor, y le dijo: hijo mío. Y él respondió: heme aquí.

(2) Y él dijo: he aquí ya soy viejo, no sé el día de mi muerte.

(3) toma, pues, ahora tus armas, tu aljaba y tu arco, y sal al campo y tráeme caza; (4) y hazme un guisado como a mí me gusta, y tráemelo, y comeré, para que yo te bendiga antes que muera.

¿Qué le pide Isaac a Esaú? Que le prepare algo de comer para que, sustentado en esa ofrenda, él pueda darle la correspondiente y merecida bendición de hijo primogénito. Sin embargo, su madre Rebeca, molesta con él por haberse unido en matrimonio con una mujer extranjera, decide elaborar un engaño para que Jacob tome el lugar de Esaú en esa bendición de modo que luego no pueda revertirse. Ella prepara la comida que Isaac ha solicitado y, en lugar de Esaú, decide que sea Jacob quien vaya a llevársela. Sólo un problema: Esaú era muchacho con mucho vello, mientras que Jacob era lampiño. Si el padre lo tocaba, se daría cuenta del engaño.

(Verso 15) = Y tomó Rebeca los vestidos de Esaú su hijo mayor, los preciosos, que ella tenía en casa, y vistió a Jacob su hijo menor; (16) y cubrió sus manos y la parte de su cuello donde no tenía vello, con las pieles de los cabritos; (17 y entregó los guisados y el pan que había preparado, en manos de Jacob su hijo.

(18) Entonces éste fue a su padre y dijo: Padre mío. E Isaac respondió: heme aquí; ¿Quién eres, hijo mío?

(19) Y Jacob dijo a su padre: yo soy Esaú tú primogénito; he hecho como me dijiste: levántate ahora, y siéntate, y come de mi caza, para que me bendigas.

Conclusión: el viejo Isaac cae en el engaño, come de la comida que Jacob fingiendo ser Esaú le trae y le da la codiciada bendición como primogénito. Esa es la historia literal, tal como ocurrió. Sin embargo, para nuestro trabajo lo que interesa de sobremanera y pesa, es que la mentira generacional se cobra una nueva víctima. Jacob lo hace con total descaro, (Aunque deberemos consignar que fue claramente inducido por su madre), y logra su objetivo, del mismo modo que antes lo habían conseguido sus antecesores. Tercera generación. Ahora mintió el padre.

Y como colofón de nuestro trabajo, deberemos recalar en el capítulo 37 de Génesis. En los treinta y seis versículos que la componen, que obviamente no vamos a leer todos por las mismas razones que no lo hicimos con el 27. Y también aquí rescataremos aquellos textos que expresen lo que deseamos compartir. Porque cuenta la historia de la familia de Jacob. Y da cuenta que este hombre, ya apodado Israel, amaba a su hijo José por encima de lo que experimentaba por los demás vástagos, por la simple razón que lo había tenido en su vejez.

En un momento dado José tiene una serie de sueños que comparte con sus hermanos, los cuales en lugar de ver con buenos ojos estas cosas, se llenan de envidia y quizás hasta odio por él, al punto que confabulan entre todos ellos deshacerse del joven, pero como no se atreven a darle muerte, eligen venderlo a los ismaelitas, entendiendo que de ese modo desaparecería de sus vidas para siempre. Quienes conocen toda la historia ya sabrán que no ocurrió así, pero lo que interesa a nuestro trabajo actual, es lo que sigue.

(Génesis 37: 31) = Entonces tomaron ellos la túnica de José, y degollaron un cabrito de las cabras, y tiñeron la túnica con la sangre; (32) y enviaron la túnica de colores y la trajeron a su padre, y dijeron: esto hemos hallado; reconoce ahora si es la túnica de tu hijo, o no.

(33) Y él la reconoció, y dijo: la túnica de mi hijo es; alguna mala bestia lo devoró; José ha sido despedazado.

(34) Entonces Jacob rasgó sus vestidos, y puso cilicio sobre sus lomos, y guardó luto por su hijo muchos días.

Aquí no se puede determinar a un nombre en singular para establecer la mentira. Todos los restantes hijos de Jacob, a excepción de José, claro está, se confabularon entre sí para, en primer término, deshacerse del mejor modo de un hermano fastidioso, molesto y acaparador del amor del padre, y en segundo lugar, la mentira de disfrazar la escena para que Jacob crea que José estaba muerto. Fin de la historia generacional. Cuarta y última generación. También han mentido los hijos.

(Joel 1: 4) = Lo que quedó de la oruga comió el saltón, y lo que quedó del saltón comió el revoltón; y la langosta comió lo que del revoltón había quedado.

¿Qué tiene que ver esto? Que estos cuatro insectos descriptos aquí, no son cuatro distintos, sino uno solo, (La langosta) en sus cuatro etapas de maduración y crecimiento. Y que en la medida que va creciendo, se va alimentando de distintas cosas. Si tomamos como ejemplo a un árbol, como fuente de alimentación, la oruga sólo puede comer su raíz, el saltón su tronco, el revoltón sus ramas u hojas y la langosta sus frutos. Si a este árbol le añadimos el rótulo de “genealógico”, nos encontraremos con que la oruga se alimenta de los bisabuelos, el saltón de los abuelos, el revoltón de los padres y la langosta de los hijos.

(Éxodo 20: 5) =  No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, 

Aquí tienes bien claras y definidas las cuatro generaciones a las que Dios indefectiblemente visitará, para honra o juicio, por cuanto cayeron en las mismas falencias. En este caso es un espíritu de mentira, evidente y notorio desde la propia Biblia. En otros casos, los hay de diferente rango, especialidad y poder: ira, violencia, perversión, lascivia, etc.

¿Habrá alguno de ellos que hoy esté atormentando tu vida sin que puedas entender por qué te sucede eso si tú no le das entrada con pecado ni con puertas abiertas de permiso? Ah ora sabes que quizás sea algo de corte generacional que has heredado genéticamente. Para romper eso, hoy el Espíritu Santo te lo ha hecho saber. Lo que sigue, sólo será oración de guerra y corte generacional.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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La Sutileza del Engaño

 

He participado en muchas discusiones serias respecto a la incidencia satánica en la vida de los creyentes. He sido testigo de la clásica duda respecto a si un creyente puede estar poseído de demonios o no. Todavía se está debatiendo todo eso; todavía sin conclusiones globales concretas.

Sin embargo, sí se ha logrado amplio consenso en estimar que los creyentes son sometidos a tentaciones de la misma forma que los no creyentes, aunque luego se verá si utilizan o no las armas que poseen para defenderse de ellas. Este trabajo tiene que ver precisamente con eso.

Quiero que me acompañen a leer en nuestras Biblias dos textos que se encuentran en dos lugares diferentes: Filipenses 3 y Efesios 2. Estas son dos cartas casi hermanas en el Nuevo Testamento, con muy pocas páginas cada una, pero con enorme contenido espiritual.

Escucha: Satanás habita en los reinos de este mundo. Y Satanás, sutilmente, nos roba el potencial de tener el dominio que debemos tener como iglesia. A veces nos pone en desventaja, o nos roba de impacto. En fin; nos inhabilita, por medio de engaños sutiles que nos llegan a nosotros, los creyentes. Ahora bien; la palabra dice que Satanás no puede vencer a la iglesia

(Filipenses 3: 20) = Más nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

En esta escritura no die que vivimos en el cielo, sino que nuestra ciudadanía tiene origen en el cielo. Es como si yo dijera que soy ciudadano argentino, pero vivo eventualmente en otro país. Somos ciudadanos del cielo, pero habitamos en la tierra.

(Efesios 2: 17) = Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; (18) porque por medio de él (Hablando de Cristo), los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al padre.

Eso refiriéndose a Israel, y al resto de las naciones, ambos hechos uno en Cristo. Y ahora la entrada es por Cristo. Todos tenemos derecho a entrar en el Reino de Dios, por un mismo Espíritu al Padre.

(19) Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios.

Aquí vemos la misma palabra usada en Filipenses. Somos miembros de la misma ciudadanía, la misma familia de Dios. Los ángeles son familia de Dios, y nosotros juntamente con ellos, somos familia de Dios. Jacob, Abraham, Isaac, los padres de la fe, todos, son familia de Dios por medio de Cristo, en el día en que él bajó y libertó a los cautivos. Y subió al cielo, y ellos subieron con él, y se convirtieron en familia.

Nosotros, aun estando aquí, somos familia con ellos. Una familia, una ciudadanía. En Mateo 16, verso 18, cuando pedro descubre que Cristo es rey, Cristo le responde: Y yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del hades no prevalecerán contra ella.

Esta palabrita, “puertas”, allí, significa los portones de una ciudad, en el Antiguo Testamento. En las puertas de una ciudad se sentaban los jueces y los ancianos. Y los que estudiaban la estrategia del enemigo. Los que enjuiciaban, era el lugar de autoridad o el gobierno.

Era como decir El Capitolio en USA o algún edificio representativo mayor nacional en cualquier otro país. Era el lugar de gobierno de la ciudad. Esa eran las puertas. Allí se efectuaban los juicios. Ahora nota lo que dice Cristo, con ese entendimiento:

El gobierno del infierno no prevalecerá contra la iglesia. El gobierno, la estrategia, la sabiduría, el juicio, la ejecución del infierno, no vence a la iglesia que Cristo funda. De manera que si tú fueses Satanás, (Y perdóname por darte ese papel en esta obra, pero es necesario el ejemplo), y tuvieras como labor detener la iglesia, que es invencible, ¿Cómo lo harías?

Tendrías que meterte adentro y engañar a la iglesia, para que no entendiera lo que posee, para que no pueda implementar el dominio que debe tener. En el mismo evangelio de Mateo, allí, pero tres páginas más atrás, en el capítulo 13 y en una parábola muy conocida, el verso 24, dice:

Les refirió otra parábola, diciendo: el reino de los cielos es semejante a un hombre (Ese es Cristo) que sembró buena semilla en SU campo; (En Su campo. Di conmigo: el campo, es de Cristo). (Verso 25) pero mientras dormían los hombres, (Hermano: ¡Levántate por favor!) vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue.

Escucha: ¿Dónde sembró la cizaña? ¡En medio del trigo! No afuera, en medio. Vamos a interpretarlo, tomando de lo que Él mismo les dijo a sus discípulos cuando le pidieron eso, que la interpretara.: (Verso 37) = El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre. (Ese es Cristo)

(38) El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, (No tengas temor de pronunciar la palabra Reino, aunque te acusen de Testigo de Jehová) y la cizaña son los hijos del malo. O sea: nosotros somos los frutos del bueno, y la cizaña son los frutos del malo.

¡Pero están en el mismo campo! Escucha: el enemigo que la sembró, ¿Es quién? El diablo. Y así será en el fin del siglo, los segadores son los ángeles. (Verso 40) = De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo. (El verso siguiente lo explica en más detalle)

(41) Enviará el Hijo del Hombre a SUS ángeles, y recogerán de SU reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad.

Ahora escucha: el Reino no puede estar arriba, porque arriba no hay cizaña. Y dice que serán todos los que sirven de tropiezo, es decir que cambió la palabra cizaña, por gente que sirve de tropiezo. ¿Dónde? Dentro de la iglesia.

Porque, repito: si tú fueres Satanás y tuviese que detener la iglesia, te vestirías de ángel de luz. Somos hijos de luz y la palabra nos llama ángeles ministradores. Te tendrías que vestir, o de ministro o de creyente. Y envenenar la iglesia o engañarla, para que no vea cuál es nuestra herencia a la cual tenemos derecho y elegir vivir a medias.

Creo, sin aspavientos, autobombos ni promociones marquetineras, que este es el mensaje más importante que vas a escuchar en tu vida. La cizaña, literalmente, era una semilla bastarda, muy parecida al trigo. Se viste igual, lleva la misma Biblia.

Tenían que zarandear al trigo tres veces, para asegurarse que cuando caía del otro lado, no cayera la cizaña, porque envenena. Era difícil reconocerla, hasta que llegaba el tiempo donde los niños se separan de los hombres. El tiempo de madurez.

Hay lugares en el espíritu, donde los niños no nos pueden acompañar. Esa te va a pegar dentro de un buen rato. Para el lugar en el espíritu donde estamos yendo ahora, muchos niños no pueden venir. Y si me está escuchando algún niño, no te preocupes: que papá, mamá, la tía o la abuela te expliquen: no estoy hablando de niños naturales.

La semilla bastarda era venenosa, tanto para animales como para seres humanos. Por eso tenían tanto cuidado que no cayera ni una. Un solo granito de cizaña en una bolsa entera de trigo, era suficiente para envenenar lo que la consumiera.

Y los síntomas, eran mareos. Si lo llevas al espíritu, estamos hablando de gente que se tambalea, que no tiene estabilidad ni visión clara. Y de esos hay muchos, créeme. Que no pueden ver mucho más allá de la punta de sus narices.

Esa misma semilla producía malestar o debilidad del cuerpo. Producía debilidad en el cuerpo, confusión y, finalmente, muerte. Son los síntomas de la iglesia de hoy, ¿O no? Confundida. Subdividida. Uno dice una cosa, el otro dice otra. Nadie sabe para dónde va, y como no tienen nada para hacer, se ponen a buscarle la quinta pata al gato a la gente que sí anda haciendo algo.

Y dice que él vendrá, y sacará a los que sirven de tropiezo. Y la palabra tropiezo, es la palabra proskuneo en griego, y significa: un tronco, como de un árbol, cortado bien bajito, y cercano. Ahora bien; la palabra nos identifica como árboles. Son parábolas, semejanzas.

Está hablando de gente. O sea: el tropiezo está producido por algo que tú no ves, porque está tan cerca, que cuando vas no lo ves, porque está ahí, casi pegado a ti. Y tropiezas y caes. La implicación en griego, es: una persona de confianza, una persona tan cercana a ti, que tú jamás pensarías que te está engañando.

Y al descubrirlo, la caída es grande, porque no la esperabas. No necesariamente adrede, sinceramente, lo hacen, pero sinceramente equivocados. En ignorancia. Muchos, en ignorancia. De manera que el diablo tiene que trabajar de adentro, debilitando nuestra alimentación.

Hebreos 5, del verso 11 al 14, dice que es imposible manifestar la palabra de justicia, mientras estemos bebiendo leche. Que hay que comer carne sólida para poder discernir. Ahora bien; yo quisiera mencionar aquí algunos aspectos o formas sutiles de engaño.

Engaños que nos detienen o nos roban de nuestra herencia y ciudadanía espiritual. Como ciudadano sudamericano yo tengo derechos, y esos derechos me dan poder. Y cuando la iglesia no entiende sus derechos, entonces Satanás te los roba, porque él de sí mismo no tiene poder.

De todos modos, la carencia de entrenamiento eficiente hace que haya más derrotas que las que debería haber en esta clase de guerra. Si muchos centros de entrenamiento llamados iglesias, insisten en no enseñar nada respecto a las tácticas y estrategias del enemigo, sus solados salen a la guerra, totalmente vulnerables y desprotegidos. ¿Nadie lo vio?

¡No, hermano! ¡No hable del diablo! ¡Aquí no se habla del maligno! ¿Ah, no? Pues aquí sí que hablamos de él, pero no para promocionarlo, sino para aportar lo que haga falta para ponerlo bajo nuestros pies.

Nº 1: El primer engaño, es la Falta de Comprensión Espiritual. Nos engaña en cuanto a lo que es la Biblia y la aplicación espiritual de la misma. Existen dos dimensiones: espiritual y natural. Celestial y terrenal. Reino de luz, reino de tinieblas. La esfera divina, la esfera carnal. Lo invisible, lo visible.

Dos dimensiones de operación. Y cada dimensión o ámbito, es gobernado por un sistema de principios o leyes que lo rigen. En el mundo del espíritu, ciertas cosas se hacen de cierto modo. En el mundo natural, las mismas cosas se hacen de otro modo.

Son dos principios. Conjunto de leyes que gobiernan el ámbito o la dimensión. Nada más que dos, no hay ningún término medio. Y ese es el problema, porque hay mucha gente que dice que no quiere comprometerse ni con el uno ni con el otro. ¡No funciona!

Porque tú eres un vaso; te llenas de algo. El vaso se llena de algo. Y sólo hay dos ámbitos, dos dimensiones. Hay dos reyes: rey de tinieblas, rey de luz. Hay dos cuerpos: cuerpo de Cristo, cuerpo de anticristo.

La palabra, el libro de Génesis y hasta Apocalipsis, está escrito en términos naturales, porque ahí habitas. Somos ciudadanos de allá, pero vivimos aquí. Entonces, está escrito en términos entendibles en esta dimensión. Pero sólo para reflejar principios que rigen en la otra dimensión y trascienden esta.

Cuando una persona que vive aquí, vive de acuerdo a los principios con los cuales se vive allá, aquí es invencible. No es que seas una cosa etérea, espiritualoide que camina sobre cáscaras de huevo, no. Sólo necesitas principios, leyes, métodos de hacer cosas.

Cosas que funcionan en el cielo. Hágase su voluntad, aquí en Rosario, aquí en Bogotá, aquí en Santiago, aquí donde sea, en la tierra, igualita a que se hace allá. De manera que Dios a través del libro, nos muestra o ilustra cómo es la vida del Reino.

Para que los hijos del Reino, tengan derecho a la herencia de su ciudadanía, ahora. Cuando tú eres ciudadano de un país, utilizas los beneficios de los derechos de los ciudadanos de ese país, aunque transitoriamente no estés viviendo en tu país.

Y si eso funciona allí, ¿Cuánto más los principios del Reino de Dios? Por ejemplo: si yo quisiera describir, -Imaginemos ahora que yo fuera Dios-, la mentalidad que debes poseer para ser del ejército de Dios, esto es: cómo se comporta el ejército de Dios, en el cielo y en la tierra, te diría que tienes que ser como una hormiga, que permanece preparada.

¡No estoy hablando de la hormiga, sólo lo estoy dando como ejemplo! Te diría que tienes que ser como el conejo, que se esconde en la roca. Tienes que ser como la araña, que se deja caer encima del banquete. Puede haber enemigos en todo su alrededor, pero Dios le tiende una mesa en medio de sus enemigos.

No eres araña, ni eres hormiga, pero debes comportarte como tal. El hecho de que Dios te diga hormiga, no te reduce a una hormiga. Tienes que ser como la langosta, que marchan en grupos organizados, y son obedientes y no rompen sus filas.

Las langostas en la Biblia no son demonios, son tipología de gente organizada. Por ejemplo: la iglesia es comparada en la Biblia con un ejército. ¿Acaso tú eres un soldado? No. ¿Y entonces a qué se refiere? A ser obediente, como se es en un ejército.

Te compara con un cuerpo, refiriéndose a la unidad que tienen las células y los miembros de un cuerpo. ¿Cuántos han visto que una mano golpee su propia cara sin que su dueño la mande? Sin embargo, ese supuesto cuerpo que somos los cristianos, nos la pasamos golpeándonos a nosotros mismos.

Así está la iglesia, porque no ha entendido lo que significa el cuerpo de Cristo, ¡Simplemente por eso! Por ejemplo: te llama novia, siendo varón. Sigue siendo novia, teniendo intimidad con el Dios Altísimo. Te llama árbol, pidiéndote que des fruto y estés firme y no saltes de un lugar al otro.

Te llama ciudad, para que entiendas tu derecho como ciudadano. Te llama nación, para que emprendamos gobierno, y no seamos llevados por cualquier viento de doctrina. Nos llama hijos, para poder ser herederos. Si no somos hijos, ¿Cómo vamos a heredar?

Son parábolas de Génesis hasta Apocalipsis. El engaño es debatir el mundo natural, y perderse toda la moraleja que Dios quiso traer. Ese es el mundo teólogo, religioso. Doctrinas y dogmas de hombres. Que no tienen nada que ver con lo que Dios quiere hacer con  su pueblo. Usa eso, simplemente, como un envase, como un recipiente, para traerte una verdad o un principio.

 (Colosenses 1: 12) = Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;

Noten que Cristo nos hizo, PASADO. ¿Cuántos lo están viendo claramente allí? Nos HIZO aptos, ¿Para qué? ¿Para participar de? De la herencia. ¿Y cuándo? Si nos hizo aptos en el pasado, ¿Para cuándo es la herencia? Es para ahora.

Peo, al no entender para qué Dios usa la palabra, (Que no es para debatir palabra y doctrina. Que no es para ver quien memoriza más y mejor los capítulos y versículos) es un vehículo que nos dice: mira; Cristo te hizo apto, ya tienes lo que necesitas, para comenzar a heredar. Ya mismo, no tienes que esperar nada.

(13) el cual nos ha librado, (Otra vez, PASADO), de la potestad, (Exousia, Derecho) de las tinieblas y trasladado al reino de su amado Hijo. (Nos libró del derecho. ¡Ya lo hizo! ¡Satanás no tiene derecho!)

Tú vas a una ciudad, y vienen a hacerte algo en contra de tu ciudadanía, entonces vas al consulado y dices: tú, no tienes derecho. Y te defiendes. En cambio la iglesia se deja dar garrotazos por parte de Satanás y no entiende su derecho.

Somos ciudadanos, y somos aptos para heredar, lo que es el beneficio de nuestra ciudadanía, ahora. Dice que nos libró del derecho. La palabra potestad es la palabra derecho. Y nos trasladó, otra vez en pasado, ¿Adónde? Al Reino. ¿Seguirán diciéndote que eres Testigo de Jehová, entonces?

La palabra dice que ya estás allí. ¿Adónde nos trasladó? Al Reino. Y el reino significa: el gobierno del Rey. Nos metió al reinado de él, o sea: ¿Quién gobierna tu vida, ahora, Satanás? ¡No! ¿Quién gobierna tu vida, ahora? ¡Cristo! Entonces, ¿Bajo qué reino estás? ¡Bajo el Reino de Cristo!

Tu Rey, reina. Yo estoy bajo el reino, la influencia, las leyes, los principios, de mi rey. Estoy en el Reino de él. El Reino no es un lugar, es la influencia que ejerce el rey. Fuimos hechos aptos para participar, y trasladados de ciudadanía.

Tenías ciudadanía en tinieblas; eras miembro de la nación de las tinieblas. Ahora eres miembro de la nación de luz. De manera que tus derechos cambiaron. En el Reino de las tinieblas, para hacerte rico, guardas y no le das a nadie. En el de luz, si no das, vienes a pobreza.

En el reino de tinieblas, si quieres ser grande, debes pisar por encima a todo el mundo. En el Reino de luz, te humillas y Dios te exalta. No se funciona igual. Y si no entendemos que los principios han cambiado, mientras estabas acá te funcionaban. Pero al mudarte para allá, no puedes ya usar los principios de acá. Porque allá no funcionan.

Y hay gente que quiere dar un paso para allá, y conducir su vida bajo el reino de esta dimensión. Y entones, dan un testimonio que no es el de la iglesia, pero la gran mayoría está en esa fachada, y han dañado el testimonio, la agresividad, el impacto, la implementación, el acercamiento.

El señorío de Cristo, en la nación no se respeta, porque la gente que dice estar en este Reino, todavía no ha entendido cómo se vive en este Reino. Porque la palabra para ellos, es sólo un debate teológico, doctrinal, de dogmas, historia y futuro. Y nada práctico para el presente. Ese es el primer engaño.

Nº 2: Entender que hemos sido cambiados de ciudadanía. Que hoy mismo puedes decir: yo soy un ciudadano del gobierno del Reino de Dios. Ahora pregunto: ¿Cuántos, de verdad, creen eso? Porque una cosa es decirlo en un multitudinario “amén” y otra, sencillamente creerlo para dentro de ti.

(Efesios 3: 1) = Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles;

Esa palabra “prisionero de Cristo”, hace que tú lo veas como en cadenas, ¿Verdad? ¿Tú lo ves como en cadenas? ¡Despierta! En cadenas, es natural. Era prisionero de Cristo, no hacía su voluntad, sino lo que Dios lo enviaba a hacer.

¿Cómo lo viste, en cadenas? Si estuvo en cadenas. Más allá de las cadenas, cuando él quería predicar aquí, el Espíritu no lo dejaba, y Él sabía seguir la voluntad de Dios. Usa cosas naturales, para expresarte dónde debes ir tú en el mundo del Espíritu.

Adonde tu vida sea totalmente gobernada por el Espíritu. Porque los hijos son los que son guiados por el Espíritu, y no tiene nada que ver con sus dones ni el saltar, reír o temblar dentro de la iglesia los domingos por la noche.

Pablo, prisionero. Yo no voy donde quiero, voy donde me envías. No hago lo que quiero, hago lo que me dices. Cristo, prisionero. Pedro, cuando eras joven, hacías lo que querías. Pero cuando seas anciano, otro te va a ceñir los lomos, que significa: alguien te va a guiar.

No se trata de pobrecito Pablo prisionero en cadenas, se trata de que nos dice cosas que entendemos para enseñarnos principios que operan en su Reino, para que tú los vivas ahora. Dios está buscando una gente prisionera de Cristo, porque fuimos comprados por un precio. ¡Es que no tengo tiempo! Perdón; lo que no tienes es revelación.  No entiendes el llamado del Reino.

(2) Si es que habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros; (3) que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente,

¿Qué es un misterio? Algo que no se sabe. Algo que está escondido. Pero no hay misterio para Dios, Él fue quien lo escondió. No es nuevo para Dios, es nuevo para nosotros. Eso significa que la revelación es progresiva y no está toda dicha, como dicen algunos todavía por allí.

Pablo dice: Yo te voy a hablar sobre algo que estaba escondido, peo que ahora está abierto. ¿Cuándo? Ahora, cuando yo te lo diga. La revelación se recibe de espíritu a espíritu, porque las cosas naturales no comprenden las cosas que son del espíritu. El análisis quiebra el mundo del espíritu. El análisis es de la mente, no del espíritu.  

(4) leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, (5) misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu;

Escucha: Pablo les está diciendo algo que antes de Pablo, no se sabía, porque ningún ministerio las había dicho. ¿Le dirían hereje o blasfemo, también? Pero seguía siendo Dios quien estaba en control de todo. La revelación sí es progresiva. La verdad siempre está presente, está aquí. Pero es como si Dios le quitara una delgada telita de delante, y uno ahí ve lo que antes nunca había visto.

(6) que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio.

Aquí está mostrando la primera revelación, que los gentiles y los judíos eran parte del mismo cuerpo de Cristo; no sólo los judíos, como aun piensa una gran parte de la iglesia. Hay una mentalidad judaica que piensa que primero fue el judío, pero que todo lo demás viene porque el judío no quiso entrar. Y que después vuelve el judío otra vez, y que nosotros venimos a ser un pedazo de jamón entre dos panes. Deshazte ya mismo de esa doctrina.

(7) del cual yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la operación de su poder.

(8) A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo.

Nota y presta atención a que, -die- estas son enseñanzas inescrutables. No las vas a conseguir en una concordancia, por buena y famosa que sea. Y tampoco con ninguna versión de Biblias conocidas y por conocerse.

(9) Y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas.

Esta palabra utilizada aquí como dispensación, es la palabra koinonía, y tiene que ver con unión familiar. Pablo quería revelar el entendimiento de lo que es una relación espiritual, por encima de las relaciones naturales.

Desde el principio, Dios creó a Adán y a Eva, para tener comunión con ellos, y para que ellos tuvieran dominio. Desde el principio. Si Dios hubiera querido tener una generación de gente en el cielo, las hubiera creado en el cielo. ¿Para qué las iba a poner en la tierra?

Es que a veces andamos tan confundidos por las historietas que se editan en el infierno que empezamos a llevarnos por delante con nuestras propias elucubraciones. Si Dios creó al hombre para que vaya a sentarse a tocar la lira en una nube, ¿Para qué creó el planeta?

Y encima nos hace pasar por todo este dolor, tal como si Él fuera sádico o algo parecido. Como si tuviéramos un Dios que se goza viéndonos sufrir. Escucha: pensar que Cristo viene a resolver al problema terrenal, es como decir que Dios se goza con nuestra tribulación presente.

Es como si Él te dijera: mira, yo sé que estás en la ruina, te acaba de abandonar tu mujer y se te murió un hijo por la droga, pero debes entender que faltan tres años, y que hasta que no llegue mi tiempo yo no puedo hacer nada. ¿Sabes qué? ¡Ese no es mi Dios!

Entonces significa, ¡Que está en nuestras manos! Porque si estuviera en las de él, su misericordia hubiera hecho algo ya. ¡Es que estamos esperando que Cristo venga, porque cuando él venga va a hacer todo! ¡Va a limpiar las calles, va a hacer esto, va a hacer lo otro, y después nos va a rescatar y nos va a llevar con él!

Escucha, no te alteres, cálmate, relájate. Pregunto: ¿Y todos los que murieron esperando? ¿Y todos los que sufrieron? Eso, a mi entender, significa que algo lo detiene. Y mucho me temo que ese algo, es la iglesia.

La iglesia y su testimonio, la iglesia y su conocimiento, la iglesia y su avance. La iglesia, engañada por los factores sutiles del enemigo. Satanás está dentro de la iglesia, trabajando como cristiano. Y por ahí hasta le enviamos alguna ofrenda.

Hasta que la iglesia no comprenda la plenitud del dominio, jamás seremos un testimonio adecuado en la tierra. Es por eso que estamos fragmentados, divididos y, a veces, hasta derrotados. Dios quiere que internalicemos la verdad, y entonces la expresemos a través de una vida, llena de dominio.

¿Y cómo domino? Viviendo en esa dimensión, pero guiado por aquella dimensión que, llegado el momento, vence esta. ¿Cómo anda, hermano? ¡En victoria! ¡Bendecido! En la Biblia se enseñan principios que será necesario que tú te aprendas.

Quiero que vengas conmigo al primer capítulo del primer libro de la Biblia, Génesis. A este principio lo vamos a denominar, Principio de la Semilla. Mira el verso 11: Después dijo Dios: produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; (¿Quién da la semilla? La hierba.),  árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así.

Mira el verso 21: Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género (¿Según su qué? Según su género),y toda ave alada según su especie, (¿Según su qué? Según su especie), Y vio Dios que era bueno.

Mira el verso 24: Luego dijo Dios: produzca la tierra seres vivientes según su género, (¿Según su qué? Según su género), bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie,(¿Según su qué? Según su especie), y fue así.

Aquí vemos que Dios creó un principio, ya sea humano o vegetal, para que luego en su crecimiento, dentro de la cosa, hubiese una semilla. Y que la semilla produjera según su especie o género. Las plantas de manzanas producen manzanas, las de uvas, uvas. Pero también los perros producen más perros. Y los gatos, más gatitos. ¿Y Dios?

Cada semilla produce según su especie. Si la vaca produce  vaquitas y los caballos producen caballitos, cuando nos referimos a Dios, tenemos una mentalidad tan baja en la estima propia que de ninguna manera nos atreveríamos a decir que Dios produce diositos.

Y te digo más, si a esto lo dices en ciertos y determinados lugares, pueden exonerarte por hereje o algo peor. Pero resulta ser que Dios dijo: hagamos al hombre a mi semejanza, a nuestra imagen. Y la reproducción del hombre, tiene la semilla dentro del hombre.

Pero la primera semilla que produce el primer hombre, ¿Viene de?  Viene de Dios. O sea: participantes de la naturaleza de Dios. ¡Lo dice Pedro! Somos partícipes de la naturaleza divina de Dios. Pedro lo dice en sus dos cartas, la primera y la segunda. Y lo repite una y otra vez: somos participantes de su naturaleza.

¡Pero es que yo soy un pobre hombrecito! Engañado por Satanás, jamás llegarás a tocar la verdadera estatura en la que has sido creado.  Ahora; para entender que eres hijo de Dios, tienes que entenderlo por encima de la verdad de que eres hijo de tu padre. Hay gente, a las que las relaciones naturales, las atan. Los inhibe de entrar en el poder en el cual vinieron a exhibir.

Ahora bien; si Adán no hubiera caído, ¿Qué estaría produciendo? Aquí es donde tú me dices: “¡No podemos especular con eso, él cayó! Y ahí es donde yo te respondo: Sí, pero Cristo lo restauró. Porque Cristo es el último Adán, pero es el segundo hombre.

(1 Corintios 15: 45) = Así también está escrito: fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante.

(46) Más lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual.

(47) El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo.

Nota que el verso 45 dice que es el último Adán, pero el verso 47 dice que el último Adán es el segundo hombre. ¿Por qué le llama el segundo hombre y no él último? Porque su papá fue el primero, su tío el segundo y tú el tercero, ¡Y todos somos iguales!

Él es el último Adán, o sea: la última puerta. Pero es el primogénito entre muchos hermanos iguales a él. Hechos en semejanza a Dios. Y si satanás te roba esa verdad, tú no podrás expresar el dominio de Dios en la tierra. Nunca.

Satanás nos ha robado este entendimiento, dominio que proviene de nuestra naturaleza. O sea: tenemos que transicionar de la mente del espíritu al alma, y eso es dificilísimo. Tu proceso de decisiones, tiene que cambiar para ser guiados por el Espíritu.

Y según prospera nuestra alma, entonces dominar el cuerpo. Y allí mismo es donde podemos entrar también en salud divina. Y hasta echar fuera las enfermedades que todavía te fastidien. Esas que todavía estás combatiendo sin resultados. Pero llegará el día en que los tendrás.

Y el último enemigo, va a ser la muerte. Habrá una generación que vencerá la muerte, que será transfigurado y no conocerá muerte. Cuando venga Cristo, la generación que esté viva, no experimenta muerte. Serán cambiados en un abrir y cerrar de ojos.

¿Por qué no tú? Todo depende de si llegas a esa estatura. Eso sería, en esencia, la manifestación de los hijos de Dios.  Jesús fue la primicia de un estilo de vida, que la iglesia tiene que demostrar. Va a haber una generación que le diga a las aguas “detente”, y se detendrán.

¿Cuál? La que esté funcionando cuando él venga. Porque él viene, cuando esté funcionando. ¡Y no, hermano! ¡No sé si será así! ¡Nosotros vivimos encerrados en un templo, tratando de portarnos bien, hasta que Cristo venga y nos rapte!

¿Y la tierra? ¡Ah, no sé! ¿Qué se vaya al infierno con todos los familiares, parientes y amigos que no son salvos, con todos los hijos que no conocen a Dios y con todos los que todavía andan perdidos? ¿Esa es tu doctrina?

Nº 3: Poseemos una semilla incorruptible. El engaño, entonces, es: hacerte creer que no la vas a recibir hasta que llegues al cielo. Toda la Biblia abraza una sola promesa. Génesis 3:15, ¿Cuántos la conocen? Que la semilla de una mujer aplastará la cabeza de Satanás.

La cabeza es el gobierno, las puertas, la estrategia, la sabiduría, las obras. Una semilla. Cada semilla produce según su especie. Pero la semilla de una mujer, la iglesia, va a producir una generación que aplastará la cabeza al gobierno de Satanás.

Tú y yo. Si lo crees, claro. De otro modo, Dios no tiene prisa, porque Dios es eterno. El que no tiene un para siempre, somos nosotros. Sin ella, la Biblia no tiene sentido. Si tú arrancas a Génesis 3:15 de ahí, la Biblia no tiene sentido. Porque toda la Biblia, desde Abraham para acá, es la batalla entre semillas.

La semilla de los buenos, y la semilla de los malos. Y cuando llegan los tiempos de Cristo, la semilla de los buenos y la semilla de los malos, era adentro de la iglesia. Era Cristo contra los fariseos. Cristo, contra la iglesia de sus días. Cristo, contra el sistema. Hasta que derrotó el sistema, se cayó Jerusalén, y se levantó una iglesia espiritual en el aposento alto.

(Gálatas 3: 16) = Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: y a tu simiente, la cual es Cristo.

(Verso 29) = Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.

¿Quién es la simiente, entonces? La iglesia. Él dijo: si el grano de trigo permanece vivo, permanece solo. Pero si muere, produce mucho, según su especie. ¿Y qué hizo Él? Murió por ti. Una semilla incorruptible, la iglesia de Dios.

Una semilla incorruptible, se refiere a una familia no natural. Que no viene de linaje por voluntad de hombre. Somos nacidos de arriba. Es una gente embajadora. ¿Qué es un embajador? Alguien que viene de otro lugar. Vive en este, conjuntamente con todos los demás, pero no es de aquí. Y un día volverá a su lugar de origen.

¿Dónde trabaja, allá? ¡No, aquí! Comunión de descendencia espiritual, no natural. Soy hijo de mi Padre celestial, por encima de que también soy hijo de mi padre natural. No estamos atados a lazos familiares naturales; escúchame con el corazón, para que no te ofendas.

Debemos comprender nuestras responsabilidades con nuestras familias, no queremos subestimar. Solamente los espirituales maduros comprenden la separación e importancia de estas dos dimensiones. Gente infantil o inmadura, no atraviesa este puente, se queda atada a lo natural.

¡Es que yo tengo esa enfermedad porque mi papá, mi mamá y mi abuelito también la tuvieron! Eso sería si tu semilla es corruptible, pero la nuestra no debe serlo. ¡Es que toda mi familia fue muy pobre, por eso a mí nada me sale bien! Natural. La semilla nuestra es incorruptible, nosotros vamos a ir más allá.

Porque nosotros cortamos esos lazos. ¿Los amas? ¡Con toda el alma! ¿Los atiendes? ¡Hasta el último de sus días! Pero si me obstaculizan de hacer lo que Dios quiere que haga, entonces nada que ver con ellos. Es madurez, no indiferencia. Es una guerra espiritual, no física, natural o familiar.

Estamos hablando de una generación que va a ver la venida del Señor, y no de una generación que quiere esperar cantando coritos viejos en un templo. Déjame decirte que si ese eres tú, gracias por escucharme, pero creo que estamos hablando idiomas distintos.

Lo que sucede es que hay dos familias, la familia natural y la familia espiritual. Y la ciudadanía espiritual trasciende la ciudadanía natural. Y hasta que no entendamos ese principio, nos quedamos atados. Oye: la ciudadanía terrenal, tiene su propósito, tiene su lugar, tiene su plan, dentro del plan eterno de Dios.

O sea: Dios te da una familia para efectuar un propósito, dentro del plan de Él. Por eso, cuando tu familia no está instalada dentro del plan de Él, tu familia no tiene cómo acceder a su promesa de abundancia, porque sólo existe para eso.

La relación conyugal, lo que es el esposo y su mujer, todo es un complemento para poder avanzar el Reino. Y cuando eso no está ahí, nunca hay una paz como es la paz de una familia espiritual. Por eso hay gente que quiere estar dentro de la iglesia lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábados y domingos. Porque en la casa no hay paz.

¡Claro! ¿Cómo va a haber, si no entiendes tu linaje espiritual? Repito: no estoy subestimando el cuidado familiar, o el sacerdocio del hogar, su provisión o su cobertura. Pero cuando la Biblia habla de que no debes caminar según la carne, eso no significa que te portes bien o te portes mal, porque todos andamos en la carne.

2 Corintios, dice: aunque andamos en la carne, no militamos según la carne. ¡Pero claro que andamos en la carne! Todos. Lo que no debemos hacer es militar espiritualmente en la carne. ¿Te das cuenta cómo la gente ha llegado a torcer la palabra?

Cuando habla de no caminar conforme a la carne, lo que está diciendo es que no camines conforme al linaje natural. Tú provienes de una familia divina, superior al linaje natural. Eso es mucho más profundo que un mal comportamiento. Herencias por lazos familiares naturales, fracciones, limitaciones, enfermedades o temores. Eres libre de esa dimensión.  Mira lo que dice Pablo al respecto.

(Romanos 9: 3) = Porque deseara yo mismo ser anatema (Esto es: maldito), separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne;

¿De qué estaba hablando él? De sus hermanos los israelitas. De sus hermanos según la carne. Pero no hizo eso, sino que siguió en su misión espiritual y dejó a los israelitas atrás. Él decía: Es mi carne, yo quisiera no tener nada que ver con Cristo, para hacer algo por Israel.

Pero no lo hizo. Existen lazos familiares que nos dejan impotentes para manifestar la semilla que va a derrotar el gobierno de Satanás. Queremos manifestar esa semilla, que va a derrotar lo que es la perversión, la droga y todo lo que hoy nos acosa.

Claro, si en tu mente tú no crees que eso va a acontecer, nunca serás parte de eso. La parte del evangelio que tú no creas, no se te manifiesta. Si tú no crees en sanidad, nunca serás sano de nada. Si no crees en prosperidad, jamás tendrás un centavo.

No estamos hablando ni de extremos ni de materialismos. No te dejes llevar por lo malo, la verdad siempre prevalece. Aunque haya gente que lo manipula y lo lleve a un extremo, nunca existe nada falso, sin que primero se copie de algo real, verdadero, original.

No puede haber una copia, si no hay un original. No puede haber un extremo, si no hay un punto de partido genuino. ¡Es que son materialistas! Es que se fueron a un extremo. ¡Es que hay falsos profetas! Cierto, pero eso es porque también hay verdaderos. Los falsos están copiando.

(Lucas 20: 27) = Llegando entonces algunos de los saduceos, los cuales niegan haber resurrección, le preguntaron, (28) diciendo: maestro, Moisés nos escribió: si el hermano de alguno muriere teniendo mujer, y no dejare hijos, que su hermano se case con ella, y levante descendencia a su hermano.

(29) Hubo, pues, siete hermanos; y el primero tomó esposa, y murió sin hijos.

(30) Y la tomó el segundo, el cual también murió sin hijos.

(31) Y la tomó el tercero, y así todos los siete, y murieron sin dejar descendencia.

(32) Finalmente, murió también la mujer.

(33) En la resurrección (Que es la otra dimensión), pues, ¿De cuál será mujer, ya que los siete la tuvieron por mujer? (Ahora nota con cuidado la contestación que le da Jesús, porque nos vamos a ir más profundo, que es donde debemos estar conforme a la dimensión en la cual estamos funcionando)

(34) Los hijos de este siglo (Que es como decir: de esta dimensión, de este ámbito, del mundo natural) se casan y se dan en casamiento; (35) más los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo (O sea: ¡A esto hay que alcanzarlo! Hay unos hijos que van a ser aceptados como hijos. Hay una generación que van a ser contados como dignos de alcanzar la otra dimensión. Mira la contestación que le está dando) y (Ahí le divide el pensamiento) y la resurrección (Esto es: cuando todos estemos fuera de aquí) de entre los muertos, ni se casan, ni se dan en casamiento.

(36) Porque no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección.

Aquí vemos dos conceptos que Cristo separa. De un lado, familias naturales atadas por limitaciones. Pero pone luego la segunda, la que no tiene limitación, que dice: para ser convertidos en la generación que no experimentará muerte, tienes que vivir más allá de esos conceptos.

Más allá del gusto personal, más allá de los problemas familiares, más allá. Una gente que vive más allá de los límites naturales del linaje natural. Relaciones es un término que los hijos de Dios entienden más superior, o muy superior a lo que se entiende como relaciones en el mundo natural.

Es un proceso, eso no es de la noche a la mañana. Y no predico haberlo alcanzado. Y si no mira tu matrimonio. Cuando un matrimonio ha comprendido el propósito de Dios, todo cambia. Es cuando empiezas a ayudarte a consumar el propósito, y nada de lo usual y corriente podrá atar la voluntad de Dios.

(Lucas 8: 19) = Entonces su madre y sus hermanos vinieron a él; pero no podían llegar a él por causa de la multitud.

(20) Y se le avisó, diciendo: tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte.

(21) Entonces respondiendo, les dijo: mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen.

Ahora entendiste el verso, ¿Verdad? ¿Él no respetaba a su madre? ¡Sí, claro que la respetaba! Pro había algo superior. Noten que la comprensión de este principio, corta y evita la relación, y accedan a la revelación de que eventualmente va a haber una generación que sí va a terminar la obra de Dios.

Por años se nos enseñado que todos vamos a vivir como estamos, hasta que un día vamos a ser interrumpidos por Dios. ¡¡¡No!!! ¡No es eso lo que está escrito aquí! Familias naturales que funcionan aparte del entendimiento de lo que es ciudadanía espiritual, siempre les crean conflicto a la iglesia y a Cristo.

Mateo 10:39 dice que aquel que encuentra su vida, la pierde. Y el que la pierde por mí, la gana. El engaño tan poderoso que nos ata y nos limita, para manifestar el dominio. Vivir desde el concepto de que somos una nueva creación, es para gente madura.

Eres nueva creatura. ¡Sin embargo yo lo veo igual, mi amigo! Olvídalo. Yo no pienso igual a antes de entregar mi vida a Jesucristo. Y según el hombre piensa, el hombre es. No soy el mismo, lo aceptes o no, lo creas o no, te importe o no.

Pregunto: ¿Qué piensas tú de ti mismo? Lo que tú pienses, eso eres. La semilla incorruptible está vigente ahora. Discernir, las dos audiencias. La familia natural y la familia espiritual. El problema es que Satanás nos ha robado ese discernimiento.

El Reino de Dios debe aprender a caminar en relaciones naturales y mantener su vida en el Espíritu. Pero se nos enseñó que caminar en el Espíritu era andar casi como fantasmas. ¡Creo que Dios va a profetizar! Eso no es caminar en el Espíritu.

Caminar en el Espíritu es vivir una vida gobernada por los principios de la otra dimensión. O sea: obedecer el libro. Se nos solía decir que el espiritual es el que ayuna cuarenta horas semanales. Y las ayuna, nomás. Pero después manipula a su mujer y controla a sus hijos.

Es que son dos ámbitos opuestos, y tenemos que aprender la diferencia. Por ejemplo: Pablo estaba en cadenas, y adoraba a Dios. No negó a los que estaban a su alrededor, la audiencia natural, que tenía cadenas. Pero cuando escribía sus cartas, les decía: ¡No sean cobardes!

¡Timoteo, esfuérzate! ¡Los valientes, sufren violencia! La verdad no niega la realidad, la cambia. La presunción y la hipocresía no expresan a Dios. Pablo decía: Y sí, estoy en cadenas, pero escúchame Timoteo, Dios no te ha dado espíritu de temor. No parece la carta de un hombre preso, ¿Verdad?

En Romanos 14, Pablo comienza a decir: unos comen carne, otros no dejan comer carne, pero ¡Yo soy libre y como lo que meda la gana! ¡Todo me es lícito! Esa era la declaración de un hombre a la audiencia espiritual. Pero se da cuenta que había audiencia natural débil, y dice: pero no todo me conviene.

Lo dijo por los débiles, a los maduros no les importa. Esa es la diferencia entre las dos audiencias. Cristo; muere Lázaro, amigo natural. Y se encuentra, cuando viene, que deliberadamente, espera a que muera y apeste. Llega, y a la entrada de la ciudad se encuentra con Marta y María.

Audiencia natural. Y ellas comienzan a condenarlo, prácticamente. ¡Si hubieras estado aquí, mi hermano Lázaro no hubiera muerto! Cristo lo ignoró. Ese es el hombre que lleva la mente en otra dimensión. Por eso Él no le responde nada.

Pero se pone a orar y le pide al Padre que haga algo para esa gente que indudablemente todavía vive en la otra dimensión, en la natural, en la que anda es posible. Dos audiencias. Tratamos la natural, pero vivimos por la espiritual. Nos regimos nuestra conducta por el linaje natural. Atendemos lo natural, pero vivimos por lo espiritual.

 

 

 

 

 

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La Iglesia y el Cáncer

HECTOR SPACCAROTELLA

Río Gallegos – República Argentina       

tiempodevocional@hotmail.com

 

Isaías 53:4 y 5 Ciertamente El llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores; con todo, nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido.

Mas Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre El, y por sus heridas hemos sido sanados.

Hace tiempo que quería darme el permiso de escribir sobre otro de los temas sobre los que mucho no se habla en la Iglesia: la actitud de la fe frente al cáncer y frente al paciente oncológico. Y no solamente preguntándonos cómo tenemos que reaccionar frente al enfermo, sino además cómo debe actuar la iglesia para prevenir el cáncer.

¿Me explico?

El cáncer puede prevenirse en un 85% de los casos (según la ciencia. Personalmente creo que hasta en el 95% de los casos).

¿Puede ayudar la iglesia en esta tarea preventiva? Estoy seguro que sí.

¿Y aliviar el sufrimiento de alguien que ya contrajo la enfermedad? También.

¿Y ayudar a sanarse a un paciente enfermo? No tengo dudas.

Algo que puede afirmarse como concreto es que a partir de comienzos del siglo XX ha aumentado sensible y progresivamente la cantidad de personas que padecen esta enfermedad.  Y esta cifra ha ido creciendo.

¿Por qué a partir del siglo XX?

Creo que hay muchas causas:

El aumento del consumo del tabaco y además procesado con otras substancias químicas adictivas y cancerígenas.

La era nuclear, las explosiones atómicas producto de bombas estalladas con fines bélicos o experimentales y los accidentes en las usinas, mucho más contaminantes que las detonadas en Hiroshima o Nagasaki.

La industrialización de los alimentos. Para que duren más en las góndolas se les agregó conservantes y químicos. También se los refinó para que sean más atractivos a los ojos y más tentadores a quien va a comprarlos (por ejemplo harina de trigo blanca en lugar de integral, que el hombre comió durante milenios o azucar blanca en lugar de marrón, que es el color natural al ser extraída de la caña de azucar)

La alteración genética de los alimentos. Al alterar los genes mejoran la productividad y el rendimiento de vegetales y animales pero alteran su valor alimenticio y generan enfermedades. Veía en un documental por ejemplo, que han desarrollado un maíz transgénico que ya contiene en su genética los insecticidas que matan a las plagas. Si un insecto intenta comerlo muere. ¿Será inocuo para el ser humano?

La contaminación del aire a partir de gases de derivados del petróleo y otros químicos en la atmósfera.

La corrupción del agua dulce debida a los desechos químicos y cloacales en ríos y lagos. También la que circula en los lechos acuíferos subterráneos, producto por ejemplo de la contaminación por la extracción petrolera o minera.

Estos son solamente ejemplos entre muchos otros factores determinantes.

Tampoco podemos descuidar aquellos disparadores de enfermedades oncológicas no orgánicos, como la depresión, los traumas familiares, la soledad, etc. Todos males del alma que se vieron sensiblemente incrementados en este siglo.

Lo cierto es que a esta etapa de la historia del hombre perfectamente se la podría identificar por la aparición masiva de enfermedades que antes eran consideradas “raras”, como la diabetes o el cáncer.

Uno aprende que no hay enfermedades sino enfermos. De modo que no puede hablarse de soluciones masivas o únicas sino que hablar de salud y enfermedad es atender a cada persona individualmente, y hay tantas posibilidades de ayuda como pacientes.

Como iglesia de Cristo somos portadores de un mensaje de sanación, de una esperanza, de una puerta que se abre frente a la enfermedad.

La Resurrección de Cristo es la llave que abre esa puerta, porque es la victoria de la vida sobre la muerte.

Pero es también la herramienta que tenemos que usar para asistir al enfermo sufriente.

Pasar al enfermo por la Cruz es también ser sensible a su necesidad, contribuir a aliviar el dolor del cuerpo y también del alma.

Pienso en los sufrientes. Entre otros:

Aquel que es víctima de una medicina que se olvida del paciente y ve solamente la enfermedad. Pongo un ejemplo: hace unos días apareció un aviso en el diario anunciando que una señora del barrio San Benito (uno de los más humildes de esta ciudad donde vivo) estaba organizando una feria de ropas para juntar el dinero necesario que le permitiera viajar para ser atendida por médicos en Buenos Aires. Dice el anuncio que esta mujer hace 20 años que está siendo atendida en la localidad sin encontrar alivio. Esta mujer tiene trabajo y su obra social, pero no consiguió que los médicos la deriven, por lo que viajará por sus propios y escasos medios.

Aquel que está hospitalizado pero no tiene familiares que lo apoyen y lo acompañen.

Los que son usados para experimentar nuevas drogas, que muchas veces no tienen suficientes pruebas de que realmente alivien y no traigan mayores complicaciones.

Y aquellos que tienen la capacidad económica que les permite acceder a la mejor medicina del mundo, y se dan cuenta que habiendo hecho todo lo que la ciencia puede hacer, no es suficiente para mejorar las condiciones de salud.

Vos y yo estamos para ayudarlos, para ponernos en su piel, para acompañarlos, para llevarles esperanza, para ofrecerles salvación.

Gritos, gritos que muchas veces no salen por la boca de mujeres y de hombres, pero que están allí, a las puertas de nuestros oídos espirituales. Gritos de la soledad, del abandono, de la pérdida de voluntad de seguir, de la desesperanza, del miedo al final.

El desafío de la nueva evangelización pasa, en gran me­dida, por la asunción de estos nuevos gritos de «abandono».

Tenemos que ser vos y yo como Iglesia, parte del equipo de quienes hacen una op­ción por los pobres en lo material y por los pobres del alma, por sus modos elementales de recuperar la sa­lud, a veces sin excelencia científica o espiritual.

Aprendí que no hay sanación real y completa sin salvación. Y que la sanación del cuerpo o del alma involucra muchas veces un proceso de liberación de maldiciones espirituales que vienen arrastrándose de generación en generación destruyendo y solo destruyendo.

Creo que tanto desde el sistema médico como desde el religioso, durante mucho tiempo hemos vivido una fe cristiana sin resurrección. Esta fe se queda en el Cristo sufriente, cuya experiencia de vida termina en la cruz.

No hay resurrección y entonces no hay esperanza, convirtiéndose como decía Pablo, en una fe vacía y sin sentido.

Una fe que acompaña al enfermo en su proceso pero que no lo desafía al cambio de dirección, al proceso de conversión de cuerpo, alma y espíritu que termina desencadenando en la liberación, en la salvación y en la sanidad.

Este cristianismo sin resurrección nos limita a una visión corta, a una vida que termina con la muerte del cuerpo, a una creencia en un Cielo que parece de cuento de hadas, del país de la fantasía.

Siglos de ver las cosas así, nos han enseñado a desesperarnos y luchar contra la enfermedad y contra la muerte. Nos han enseñado a vivenciarlas como enemigos contra los que debemos revelarnos y a los que debemos combatir con todas nuestras fuerzas.

Me sorprende la visión del doctor Leonardo Belderrain. Además de ser médico, es experto en bioética y sacerdote católico. Él dice que hay iglesias que mantienen una postura conservadora e intransigente, que iden­tifica las experiencias de los milagros y de la sanación del cuerpo únicamente como parte de lo que vivían las primeras comunidades cristianas, en la época de Jesús y de los apóstoles.

La teología de estas denominaciones anuncia desde el púlpito que lo que debe hacer un buen cristiano no es orar buscando milagros especiales o que pone en juego las emociones y sentimientos de quienes se encuentran afectados por las enfermedades sino que aconsejan el orar por los enfermos con la intención de que hallen consuelo. En esta pri­mera posición, podrían ubicarse a ojos de este médico y religioso, las gran­des Iglesias tradicio­nales: bautistas, metodistas, reformadas, y algunos movimientos tradicionales católicos, como el Opus Dei.

En estas comunidades no es común que la gente ore buscando milagros por parte de Dios, criticándolos como asociados al curanderismo y a la magia.

Otra postura espiritual es la que podemos encontrar en movimientos de renovación carismática o en iglesias pentecostales, que se caracterizan por la creencia de que el Espíritu Santo está actuando especialmente en este tiempo de la historia del hombre, derramando de su unción y trayendo la posibilidad de obtener alivio y sanación a enfermedades físicas.

No sé dónde estás parado tú que lees o escuchás estas palabras. No sé cuál es tu creencia al respecto.

Mi postura personal es que la enfermedad es una oportunidad de reflexión y aprendizaje, es un llamado de atención, una de las formas en que Dios nos llama a acercarnos a Él y encontrarnos en un modo más profundo con su Presencia infinita.

Y pienso que Jesús, el Resucitado, está vivo hoy aquí cerca de ti y cerca mío. Eso le da sentido a mi fe, eso me da esperanza.

Y si ese Jesús que relatan los Evangelios haciendo milagros increíbles de restauración de la salud sigue vivo hoy en día y como lo prometió, está aquí en medio de nosotros, hoy también puede restaurar tu salud o la mía. Puede hacer lo que los médicos no pueden.

Además, el Mesías claramente en el relato evangélico nos está pasando el manto, desafiándonos a que nosotros haremos cosas más grandes que las que sabemos que él operó en la vida terrenal, si somos sumisos a la condición de ser sus discípulos.

Y en sus propias palabras, antes de subir al Cielo abrió las puertas para que hoy tu y yo, Iglesia de Cristo, seamos herramientas útiles a su servicio para proveer a quienes lo necesiten, la puerta hacia la sanidad de su cuerpo, de su alma y de su espíritu.

Creo en lo profundo de mí ser que la enfermedad es una posibilidad para llegar a una transformación más profunda de las personas. Desde este punto de vista, la restauración de la salud no es un fin en sí mismo.

Y el proceso de encontrar una vida más saludable exige un radical cambio de perspectiva de vida, que se consigue con el esfuerzo de pacificarse con la propia historia, una búsqueda profunda de la Paz en todo el ser, y un profundo proceso de reconciliación con Dios y con los hombres como camino hacia la sanidad.

El encuentro profundo que estas actitudes de vida generan en la persona constituye un verdadero milagro divino, mucho más grande que si ante la imposición de manos un tumor canceroso se remite o desaparece.

Supongo que como digo siempre, hay quienes están de acuerdo y quienes no con mi postura espiritual. Pero me gusta hablar a partir de mi propia experiencia. Y en mi caso, cada proceso de enfermedad me acercó más a Dios y despertó en mí una clara necesidad de ponerme en paz con mi propia vida y con quienes me rodean.

Desde mi punto de vista, el cáncer no es el fin sino un camino hacia una oportunidad de vida. Aquello que aterrorizó al hombre del siglo XX y que sigue llenando de miedo y preocupación al del siglo XXI, se constituye hoy en un puente de comunicación hacia Dios. Una forma profunda de entender la Resurrección como el punto culminante y central de la fe.

Creo en un Dios de milagros, y creo que en este tiempo, el milagro más grande que puede hacer Dios con tu vida o con la mía es abrirnos la puerta hacia la Paz interior. Llegar a ella es tan transformador en el hombre que ya deja de tener importancia cuánto tiempo más estemos en esta vida.

El hombre, desde la medicina o desde la religión ha pretendido la omnipotencia de entender el misterio de la muerte y de la vida.

Y eso es limitar a un Dios infinito.

Eso es pretender ser dioses, y volver a caer en el pecado de Adán y de Eva.

No soy nada. No sé nada. No tengo nada.

Dios lo es todo. Y en su Amor, abre las puertas hacia mi felicidad.

Él decide cuál es el camino. En su sabiduría es posible que para mí, la enfermedad lo sea.

Bienvenida entonces, si me permite estar más cerca de su Presencia, y me da la oportunidad de encontrar en el camino de la sanidad del cuerpo, la sanación y salvación de mi alma.

1Juan 5: 9 al15 Si recibimos el testimonio de los hombres, el testimonio de Dios es mayor; porque éste es el testimonio de Dios que Él ha dado acerca de su Hijo.

El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso; porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado de su Hijo.

Y éste es el testimonio: Que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.

El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida.

Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.

Y ésta es la confianza que tenemos en Él, que si pidiéremos alguna cosa conforme a su voluntad, Él nos oye.

Y si sabemos que Él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.

 

HECTOR SPACCAROTELLA       

tiempodevocional@hotmail.com

 

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Il Dolce Fare Niente

 

 HECTOR SPACCAROTELLA

Río Gallegos – República Argentina       

tiempodevocional@hotmail.com

 

Creo que una de las enormes luchas de mi vida es conseguir disminuir los niveles de estrés bajándome del tren de lo cotidiano para gozar sin culpas de lo que mi abuelo llamaba en su italiano natal, “il dolce fare niente” (la dulzura de no hacer nada, o el placer de no hacer nada).

Posiblemente me cueste tanto porque mi padre nunca que yo recuerde dedicó más de 1 hora a ese puro goce de quedarse quieto y disfrutar.  Cuando su salud quebrantada (ya anciano) lo obligó a quedarse en casa, entró en depresión y terminó partiendo de este mundo.

En esa escuela yo hice mis primeros pasos. Un espacio espiritual de formación de vida donde no había recreos. “El deber” estaba por encima y no daba lugar al “placer”.

Con el tiempo la ayuda de Dios y la de profesionales, clérigos y gente que me quería bien que Él puso a mí alrededor pude entender que todo esto era una excusa que justificaba en mi padre una enfermiza adicción al trabajo, que lo ponía en un lugar cómodo para él, lejos de los afectos y socialmente aceptable.

Es que en esta sociedad cuando uno dice “estoy trabajando” los demás piensan que está haciendo algo suficientemente bueno como para tratar de no interrumpirlo por nada.

Siempre que me permitía un tiempo de descanso para apartarme de las rutinas diarias, necesitaba tres o cuatro días para “bajarme” del ritmo que traía. Durante esas jornadas de desintoxicación me sentía aburrido, estaba incómodo y hasta molesto. Tenían que prácticamente atarme las manos porque si no tenía algo para hacer, lo inventaba.

Mi ansiedad se eleva unos cuantos grados y suelo canalizarla comiendo de más.  Mi familia tiene que estar todo el tiempo mostrándome que al no poder desconectarme no puedo quedarme quieto (ni dejar quieta y vacía mi boca).

Por eso cuando preparaba este texto que estoy compartiendo contigo me reía, sabiendo que una vez más el Señor me tendió una trampa. Me hizo preparar un mensaje sabiendo que el principal destinatario de la reflexión sería yo mismo.

Una batalla que creía decisiva en esta lucha contra el estrés fue el quitarme la opresiva cadena del reloj pulsera.

Después de cargarlos durante más de 40 años, un día me empecé a sentir muy incómodo de llevar un reloj en la muñeca. No me lo sacaba ni para dormir (por las alarmas) ni para bañarme. No me lo quitaba tampoco en las vacaciones, por lo que todo mi cuerpo tenía el color bronceado de haber estado al sol menos esa porción de mi brazo que tenía el reloj. Ahora que lo veo desde el aquí, parece bastante ridículo.

Pero un día comencé a sentir que ese reloj era una cadena a la que estaba atado. Se ponía más pesado a cada día. Me hacía sentir un esclavo propiedad de un amo que no llegaba a descubrir quién era.

Una mañana pude sacarle la máscara y conocí su verdadero nombre. Mi amo, ese que me había encadenado a través del reloj por la muñeca se llama TIEMPO.

Necesitaba librarme de él y puse el reloj para siempre en el cajón de mi escritorio.

Claro que en ese momento en que mis muñecas quedaron libres de máquinas con agujas y alarmas, descubrí que no logré ser libre de la esclavitud del tiempo por el sólo hecho de sacarme el reloj. Fue solamente el desprenderme de un símbolo externo, el sentir que estaba despertando y que ya había desenmascarado al opresor.

Una voz me dice ha hablado una y otra vez a lo largo de mi vida, diciéndome: «Tenés que dejar de vivir aceleradamente»

Muy bien, digo yo… Es un buen consejo.

Ahora, ¿qué más?

¿Sirve irme a vivir a una isla desierta sin internet, sin celulares, sin televisión por cable, sin chicos que llevar a la escuela, sin trabajo que exija un horario, sin obligaciones que marquen el ritmo de mi agenda todos los días?

Creo que no.

La isla desierta con playas solitarias es un buen remedio para unas buenas vacaciones, pero no sirve para la vida.

Seguramente terminaría viendo qué cosa “útil” puedo hacer con los cocos tirados en la playa, o cómo mejorar la sombra que dan las palmeras, o la mejor estrategia para construir castillos en la arena que no se los lleve el mar tan rápidamente.

Es una utopía imposible de lograr. El cambio es desde adentro hacia fuera.

Lo más duro es que entiendo que el bienestar de aquellos a los que amo, a los que sirvo, con los que trabajo, depende de que yo practique la indicación que esa voz repite en mi interior.

Lamentablemente, en nuestros días un terrible enemigo de la vida espiritual es vivir apurado. El apuro acaba por destruir el alma.

Carl Jung, un médico psiquiatra discípulo de Freud que vivió entre 1865 y 1961, escribió que «Vivir de prisa no proviene del enemigo; vivir de prisa es el enemigo».

Él despertó a la esclavitud del tiempo hace 70 años, y escribió entonces esta frase.

¿Qué diría Jung hoy?

Creo que se reiría mucho o lloraría con igual intensidad al darse cuenta que por lo pronto, da la impresión que en todo ese tiempo no aprendimos nada. Es más, estamos mucho peor.

¿Afecta este estilo de conducirse nuestra vida de fe?

El mayor peligro no es renunciar a nuestra fe, sino distraernos, apurarnos y preocuparnos tanto por otras cosas menos importantes y más urgentes que al final del camino terminamos viviendo una versión de la fe mediocre.

Apenas nos queda tiempo para picotear en nuestra relación con Dios, en lugar de vivirla a pleno.

¿Será ésta también una excusa socialmente aceptable para esquivarle el bulto a profundizar nuestra relación con Él?

Un buen ejemplo de esta vida con acelerador a fondo en que vivimos, es la forma en que esta sociedad nos hace vivir en relación con las comidas. Ahora todo es “comida rápida”.

Eso mismo, el “fast food espiritual” es lo que también pasa con nuestra relación con Dios.

Hace 30 años que vivo en Río Gallegos, en el sur de la Patagonia argentina; vine huyendo del ritmo infernal de Buenos Aires. Ya entonces, cuando era un joven de 20 años me desesperaba el tema del tiempo.

Contaba las horas al día que perdía en los colectivos, en las colas de los bancos o para cualquier trámite, y hasta en los ascensores.

Si, aunque te parezca mentira, tomé el tiempo que perdía subiendo y bajando por el ascensor del departamento donde vivía mi novia. Era un décimo piso, por lo que cada vez que subía o bajaba pasaba 20 segundos en esa máquina. No parece mucho, pero cuatro viajes de ascensor eran 1,20 minutos. Y eso en 15 visitas a la casa de mi novia representaba 36 minutos de mi vida.

A eso, claro, se sumaban 4 horas promedio diario sobre un colectivo para ir al trabajo, a la facultad, etc. y todos los otros ejemplos de la vida de ciudad que se te ocurran.

Escapamos, y en 1979 nos casamos y vinimos a Río Gallegos… solamente para descubrir que el tiempo que ahorraba diariamente por ser una ciudad pequeña (y sin ascensores) lo terminaba utilizando en trabajar más.

Es triste admitirlo, pero tampoco lo disfrutaba.

Me pregunto si el problema es que no tenemos tiempo libre, o si nos llenamos de ocupaciones porque no sabemos qué hacer con él.

Hace unos días un amigo me comentó que se estaba por jubilar. Tiene más o menos mi edad, pero la ley de jubilaciones en esta provincia permite que una persona se acoja al retiro con una determinada cantidad de años de servicio, sin importar la edad que tenga.

-¡Qué bueno! Le dije.

Pero él no se veía feliz. Cuando pregunté por qué, me dijo que no sabía qué iba a hacer de ahora en más. Lo único atractivo que encontraba en su futuro era compartir tiempo con su pequeña hija, con la que tenía un régimen de visitas porque está separado de la que era su esposa.

Su depresión estaba originada en que no sabía qué iba a hacer con su tiempo cuando dejara de trabajar y cuando no estuviera tomando la mano de su niña.

En estos años he visto muchos jubilados jóvenes, mujeres y hombres cercanos. Los veo abandonarse en los cuidados de su cuerpo, los veo perder su dinero y su tiempo en casinos y bingos, los veo dedicarse a lo único valioso que les queda, que son sus hijos.

Al jubilarse se dieron cuenta que no saben por qué están vivos.

Durante todos los años de su vida laboral activa esta pregunta quedó tapada porque “no tenían tiempo” de pensar en eso.

Leía días atrás que el champú de mayor venta en Estados Unidos llegó a ese puesto porque fue uno de los primeros en combinar champú y acondicionador en una sola botella. Los famosos dos en uno. De esta forma, ya no era necesario gastar tiempo en el enjuague.

También en ese país La pizzería «Domino» se hizo famosa porque prometía realizar sus entregas en treinta minutos o menos. En una entrevista, el gerente ejecutivo de esta cadena de pizzerías dijo: «No vendemos pizzas, vendemos el tiempo de entrega

Te planteo ejemplos de Estados Unidos de América porque ellos son los reyes de este tema de destruir almas. Eso puede mostrarnos por reflejo dónde estamos hoy y hacia dónde vamos.

Un hospital privado en Detroit, también en EEUU usaba como publicidad que: “garantizamos que los pacientes en la sala de emergencias serán atendidos en no más de veinte minutos. Si esto no se cumple… ¡el tratamiento será gratis!”».

Este hospital aumentó en treinta por ciento su negocio. ¡Claro que la información no dice, en cuanto se incrementó la tasa de mortandad!

Otro ejemplo son las casas de comidas rápidas.

McDonald’s y todas las otras cadenas no son famosas ni exitosas porque su comida fuera buena o barata, sino porque es «rápida».

Claro que el servicio no era suficientemente rápido, porque las personas tienen que estacionar sus automóviles, entrar, hacer la cola frente a la caja, ordenar la comida que van a comer, y llevar su comida hasta la mesa. Esto consume tiempo y exige mayor cantidad de empleados controlando, limpiando, etc.

Por eso inventaron el “Auto Mac”. Es una callecita por la que avanzan las personas sin bajarse del auto ni hacer colas. Por una ventanilla les sirven los alimentos para que las familias los puedan comer en sus automóviles.  Comercialmente impecable, pero… ¿qué es lo que están haciendo con las saludables costumbres de sentarse a la mesa frente a frente a compartir una cena, mirándose a los ojos?

… Si, ya sé lo que me vas a decir. Que cuando la familia está sentada a la mesa hay un televisor en medio, de modo que tampoco se miran a los ojos ni hablan ni comparten nada que no sea esa mesa, las bebidas y los aderezos.

Pero eso es tema para otra reflexión.

En mi caso, llevaba vivido más de medio siglo y todos mis esfuerzos no habían producido lo que buscaba, es decir tener el tiempo suficiente para hacer todo lo que uno quiera y además disfrutarlo.

Robert Banks, un autor americano que escribe para empresarios, señala que si bien nuestra sociedad es rica en posesiones, somos extremadamente pobres en tiempo. Nunca antes en la historia de la humanidad ha habido una sociedad tan rica en lo material y tan extremadamente pobre en cuestiones de tiempo.

¿Entonces está todo perdido? ¿Todos estos dichos y escritos de infinidad de escritores y científicos no logran cambiar la forma en que vivimos?

Creo que tenemos la oportunidad de cambiar esta realidad, en la medida en que abramos los ojos para tratar de entender lo que nos pasa.

El estar compartiendo conmigo esta reflexión es un primer paso.

Jesús también se dio cuenta que estaban llevando un ritmo demasiado acelerado de trabajo en su ministerio público (y arrastrando con ese nivel de estrés a sus discípulos) y Marcos 6 refleja una decisión del Maestro que probablemente deberíamos ver cómo imitar:

Marcos 6: 31 al 32 Él les dijo: venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aún tenían tiempo para comer.

Y se fueron solos en una barca a un lugar desierto.

Ese lugar desierto no significa necesariamente irse al medio del campo. Ni encerrarse en algún convento en búsqueda de un retiro espiritual.

Es apartar tiempo de nuestra vida lejos de las rutinas, de las presiones, de las alarmas que se activan y las agendas con las obligaciones diarias y buscar en nuestra alma un lugar desierto para estar con Jesús.

¿Es que Cristo también sintió hace 2000 años el golpe del estrés? No sé en lo espiritual, pero la demanda de tantas gentes a su alrededor significarían sin duda mucha presión para Él y para su equipo.

Claro que en este pasaje es Él quien vió la necesidad de descanso de sus discípulos, que venían de una experiencia misionera y que tenían tanto trabajo en la Obra que ni tiempo para comer había.

El espacio para el descanso en el desierto era necesario para que el cuerpo reposara, pero también para que la mente pudiera asimilar todo lo vivido. Afortunadamente en ese tiempo había muchísimas menos distracciones tecnológicas que pudieran impedir que pudieran reflexionar juntos sobre las experiencias tan intensas que como humanos estaban compartiendo.

Aunque nuestro comportamiento social del siglo XXI parece haber intensificado estos síntomas, sin duda este no es un problema nuevo. Las personas en el ministerio cristiano han sufrido de esta enfermedad al menos desde los tiempos de Jesús.

Creo que muchas veces terminamos pensando que está bien andar siempre apretados, con una agenda llena y corriendo en el servicio ministerial en el que nos desenvolvemos, como si algún día Dios recompensará a la persona que vivió a las corridas.

Es como que nos imaginamos que cuando estemos ante Él, nos dirá algo así como « ¡Qué vida tuviste! Muchos iban y venían, y vos no tuviste tiempo ni siquiera para comer. ¡Te felicito!»

Honestamente no creo que esos sean los comentarios que recibamos de parte de nuestro Padre.

Nada de esto.

Jesús era consciente de este problema, y constantemente se apartaba de las muchedumbres y las actividades. Le enseñó esto a sus seguidores. En una oportunidad, después de haber tenido un ajetreado periodo de ministrar, les dijo: «Venid vosotros a un lugar desierto, y descansad un poco.»

Claro, probablemente pienses que Jesús no tenía que lidiar con una vida limitada en tiempo porque Él era un ser infinito. A nosotros se nos pasa la vida, se nos van los años y tenemos miedo de envejecer y morir sin haber cumplido la tarea encomendada, la razón por la que estamos en este mundo.

¿Es válido este razonamiento?

Aparecen otros condimentos, como la necesidad de mostrar a otros lo efectivo que se es en la Obra… como que siguiéramos pensando (aunque no conscientemente, claro) que nuestra relación con el Señor y con los hombres dependiera de lo abundante de nuestro trabajo. De la cantidad de ladrillos que hayamos puesto.

Un oyente de la radio me contaba de un pastor en Trelew (En la Provincia argentina de Chubut) al que el Señor le anunció que a través de su Espíritu Santo recibiría don de sanidad, es decir la posibilidad de sanar enfermedades de otros en oración.

Él recibió estas palabras como del Señor y anunció en diferentes cultos grandes campañas de sanidad y milagros.

Como pasa siempre ante esta convocatoria, las personas se aferran a esta esperanza y concurren masivamente.

Sin embargo, muy a su pesar las personas no se sanaban cuando las ministraba… y se volvían a sus casas como habían venido.

Me decía este oyente que pasaron 20 años hasta que un día ese don comenzó a permitirle orar por sanidad de enfermos y que éstos se curen.

Yo creo personalmente que esos 20 años fueron necesarios para matar el ego de este pastor, de modo que pudiera entender que él no iba a sanar a nadie y no tenía por qué llevarse ninguna gloria.

Y a este hombre le llevó 20 años aprender eso.

Pienso también que este clérigo aprendió a regirse por un Dios que no tiene apuro, porque tiene todo el tiempo.

Y a valorar que la sanidad del cuerpo es un recurso para conseguir la sanidad del alma.

Henri Nouwen, un escritor que admiro, dijo que:

La vida, en definitiva, es una serie de pequeñas muertes en las que se nos pide que nos despojemos de las diferentes formas de posesividad y que pasemos progresivamente del necesitar a los demás a vivir por los demás.

(…) En este sentido, podemos hablar de la vida como de un largo proceso de muerte a uno mismo, para poder vivir en la alegría de Dios y dar toda nuestra vida a los demás”.

Aprender a morir al yo. Para entender que nada tendría sentido si nuestro Dios no estuviera al frente de lo que hacemos, llevándose toda la gloria.

¿Cuál es la principal tarea que tenemos que hacer? Aprender a morir.

Sin este aprendizaje no hay nada que podamos hacer por otro de un modo eficiente: nuestra oración de intercesión no sirve; nuestras visitas a enfermos no sirven; nuestras clases de enseñanza bíblica no sirven; nuestro hablar en lenguas no sirve.

Despegarnos de la temporalidad, del reloj que tenemos pegado en el centro del pecho es entender que todo lo que hagamos debemos interpretarlo únicamente mirando hacia arriba y permitiéndole al Señor llevarse toda la gloria.

Pero esto no lo creemos, y entonces el tiempo empieza a acelerar las agujas. Las 24 horas del día no nos alcanzan. Tenemos mucho por hacer, y nos auto engañamos diciendo que “si no lo hago yo, ¿entonces quién lo hará”?

Dice el pastor John Ortberg:

Estar apurado es una enfermedad del alma. Jesús nunca sirvió de tal forma que su ministerio perjudicara la relación vital que tenía con su Padre. Nunca ministró de tal manera que quedaran eliminadas sus posibilidades de amar, la cual era la razón de su llamado. Jesús regularmente se separaba de las actividades para estar a solas y orar. Arrancó de raíz cualquier indicio de una vida acelerada.

Ese es el problema mayor, digo yo.

Es que si estamos apurados nos terminamos olvidando de mirar hacia arriba y nos vamos alejando de Dios.

El padre de la psicología, Sigmund Freud, decía que “todo pasa por el principio del placer”.

Hay una parte de nosotros que se siente atraída a este estilo de vida. Nos hace sentir importantes y mantiene fluyendo la adrenalina. Mientras tenga muchas reuniones a las cuales asistir y ocasiones concertadas para predicar y enseñar, puedo mostrarles a los demás y mostrarme a mí mismo que soy una persona importante… un tipo ocupado.

Seguramente que conocés a personas así, incluso es posible que puedas identificarte tú mismo con estas situaciones, como me pasa a mí; mujeres y hombres que siempre están diciendo lo muy ocupadas que están, el esfuerzo que hacen por subirse a ese púlpito a predicar, las horas que han estado sin dormir y en ayuno para que el sermón pueda ser dado. Marcando y sumando para mostrarle a los demás, las horas que pasan de rodillas en oración, el trabajo que les llevó investigar lo necesario y lo especiales que se sienten por ser visitados por el Espíritu Santo.

No sé si este hablar está originado en la verdad o no, no lo juzgo.

Pero sí puedo decir que estas personas sienten placer en mostrarles a los otros lo ocupados que han estado, lo que han corrido, lo indispensables y especiales que son.

Sentimos y queremos demostrar que sin duda el avivamiento en nuestra iglesia no sería el mismo sin nosotros.

Vivir apurado, entonces, no se refiere solo a una agenda cargada de obligaciones; andar a las corridas proclama la existencia de un corazón desordenado y la necesidad de que nuestro ego sea puesto sobre un pedestal.

Imagino que debés estar pensando que soy muy duro. Pero hablo contigo sintiendo que el primero en recibir los golpes de estas palabras soy yo mismo.

A ver, te pregunto sabiendo que solamente te puedes responder a ti mismo porque ni yo ni nadie te vamos a poder escuchar y no hay nadie mirándote en este momento:

¿Puedes quedarte quieto un buen rato sin hacer nada?(¿pero nada, eh?)

Solamente quedarte quieto allí, disfrutando de la quietud y el silencio.

Sin poner música, sin leer ni escribir, sin mirar la tele.

Imagino tu respuesta.

Es por eso que digo que nos cuesta orar, estar en contacto con Dios. Es por eso que digo que el vivir acelerados nos aleja de Él.

Comienza a ejercitarte usando espacios temporales simplemente para estar con Dios.

No uses esos minutos para preparar mensajes o tener reuniones con nadie. No los uses para leer ni para escribir. Apaga el celular. Pon una luz tenue. Solamente quedarte quieto y buscar Su Presencia. Te hablo de simplemente disfrutar del tiempo con Dios.

Hay un sentimiento que te viene. Lo disfrazas de muchas maneras, pero tiene un nombre muy antiguo.

Se llama MIEDO.

Porque esto que te propongo es una situación límite en muchos aspectos. Te sientes amenazado y tu seguridad temblequea.

El silencio es duro porque nos confronta con nosotros mismos y con las situaciones que no tenemos resueltas.

Pero el Padre habla en el silencio.

Dile a Dios que confías en que Él te capacitará para poder hacer todo lo que sientes que tenes que hacer.

Al principio oblígate a hacer estos ejercicios espirituales durante un tiempo determinado, todos los días. Sé que te va a costar, pero es necesario romper con tus hábitos actuales por otros. Está demostrado que cambiar nuestras costumbres lleva aproximadamente 3 meses de esfuerzo diario.

La soledad es un remedio muy adecuado para sanar la enfermedad del apuro.

Y no hay nadie que te corra.

Sigamos al Maestro: Jesús tenía por costumbre retirarse a lugares solitarios.

Al principio de su ministerio fue al desierto, donde estuvo 40 días a solas con Dios, en un prolongado tiempo de ayuno y oración.

También se retiró cuando supo de la muerte de Juan el Bautista, cuando estaba por escoger a sus discípulos, después de haber sanado a un leproso, y luego de que sus seguidores se habían involucrado en el ministerio.

Este patrón de retiro continuó hasta los últimos días de su vida, cuando en el huerto de Getsemaní, una vez más, se apartó para orar.

Terminó su ministerio de la misma forma en que lo inició: tomando un tiempo para estar a solas.

Sin dudas tenemos mucho que aprender de Él. El camino es largo por delante.

La pregunta es si estamos dispuestos a hacerlo, si nos animamos a salirnos de la rutina cotidiana para experimentar “il dolce fare niente” como dicen mis parientes italianos.

Te animo a que lo intentes, con una promesa: Que vas a encontrar en ese camino de la contemplación un vínculo con Dios nuevo y fresco… y la respuesta a muchas de tus preguntas de siempre.

Nadie sale del lugar santísimo igual que como entró.

Ahora bien, ¿qué significa exactamente aislarse?

En los siglos IV y V de la era cristiana, luego de la conversión de Constantino muchos cristianos buscaron aislarse y se fueron al desierto de Egipto, donde vivieron como ermitaños. Hombres y mujeres que se apartaron de las demandas y la espiritualmente mala calidad de vida que ofrecían las sociedades hambrientas de poder, para luchar con los demonios de su propio interior buscando encontrar al Dios de Amor en el desierto.

La vida de estos ermitaños es una dura y dolorosa lucha por encontrar su verdadera identidad. Escapaban de lo mismo que muchas veces queremos escapar nosotros. De una moral basada en que exitoso es aquel que consigue dinero, poder, fama, éxito, influencias. Henri Nouwen lo llama “el mundo de Eres lo que tienes”.

Un día creo que podemos hablar de estos “abbas y ammas” (padres y madres) del desierto. Personajes tan excéntricos como por ejemplo Agatón, que llevó durante tres años una pequeña piedra en la boca… hasta que aprendió a estar en silencio.

Hoy en día hay quienes practican este estilo de vínculo con Dios y con ellos mismos dentro de las filas del cristianismo. Dentro del catolicismo hay por ejemplo en la actualidad congregaciones de “monjes contemplativos”.

¿Será ese el camino para aislarse?

El pastor John Ortberg  dice que: “Algunas personas preguntan: «¿Qué hago cuando practico la disciplina de la soledad? ¿Qué cosas debo llevar conmigo?»

La respuesta principal, por supuesto, es «nada».

No hace mucho, un hombre me dijo que se preparaba para su primer retiro personal extenso: llevaba libros, grabaciones de mensajes, discos compactos y una vídeo casetera. ¡Estas son precisamente las distracciones de las que uno debe alejarse durante la disciplina de la soledad! 

La soledad bien entendida significa, básicamente, no hacer nada. Al igual que el ayuno significa abstenerse de comer, la soledad significa abstenerse de todo lo que ofrece la sociedad”.

Cuando busco la soledad me aparto de las conversaciones, de las personas, del ruido, de los medios de comunicación, de todo lo que me ofrece este mundo que me mantiene alienado.

Henri Nouwen , escribió: «Cuando me aíslo,  me deshago de mis andamiajes.»

Andamios son esas  estructuras de madera o metal que arman los albañiles, electricistas, y otros trabajadores para poder trabajar en la altura.

El andamiaje del que habla Nouwen es todo aquello que uso para mantenerme erguido, para mantenerme alto, para convencerme de que soy importante o que estoy bien. La estructura periférica a mi alma que necesito para sentir que no me falta nada.

Durante un retiro personal no tengo amigos que me hablen, teléfonos que suenen, reuniones que atender, televisión para entretenerme, música para escuchar ni libros o periódicos que ocupan y distraen mis pensamientos. Soy, como dice la canción, «tal como soy».

Estoy desnudo, me animo a estar absolutamente desnudo espiritualmente ante la presencia del Señor.

Ya no importan mis logros, ni mi trayectoria, ni mis pertenencias ni mi agenda de contactos.

Estoy yo, solo, desnudo con mis pecados y mis virtudes ante Dios.

Francisco de Sales, un religioso que vivió entre 1567 y 1622, autor de uno de los libros clásicos sobre la vida espiritual, “introducción a la vida devota” publicado en 1602,  usó la imagen de un reloj:

“No existe ningún reloj, no importa que tan bueno sea, que no necesite ajustes. Además, se le debe dar cuerda dos veces al día, una vez en la mañana y otra en la tarde. Al menos una vez al año debe ser desarmado para remover la suciedad que hay en él, reemplazar las piezas gastadas y lubricar el mecanismo.

De igual forma, todas las mañanas y las tardes la persona que realmente cuida su corazón debe darle cuerda de nuevo si es que va a servir a Dios. Al menos una vez al año, debe detenerse y examinar cada parte en detalle, es decir, cada sentimiento y deseo, con el fin de reparar cualquier defecto que pueda haber.”

No creo que se trate de convertirnos en ermitaños y partir al desierto (aunque pasar unos cuantos días en un lugar sin alienación social y tecnológica es absolutamente saludable).

Creo que tenemos que hacer el ejercicio de empezar el día orando por las actividades que tenemos por delante, por las reuniones en las que vamos a participar, por las tareas que tendremos que realizar en casa, en el trabajo, en la iglesia, por las personas con las que vamos a estar.

Poner todo en las manos de Dios.

En medio de las crisis más grandes, en medio de los períodos que más ocupan nuestra energía, tratar de tomar pequeños descansos de cinco minutos en los que cerramos la puerta de la oficina, nos encerramos en el baño o salimos a dar una vuelta a la manzana para volver a ponernos en sintonía con las cosas del Reino. Volver a hacer foco en Dios en medio de la presión.

Tomarnos tiempo en soledad para revisar qué situaciones nos sacan de equilibrio, nos corren de eje. Ver qué reacciones nuestras nos hacen daño a nosotros mismos y a los demás. Al final del día, analizar las situaciones vividas y evaluar los errores buscando la forma de ya no cometerlos nuevamente.

Una de mis luchas íntimas es por entender que estar alejado de las obligaciones no es una pérdida de tiempo sino una necesidad.

Nuestra mente no puede aceptar que simplemente estemos quietos, sin hacer nada.

Estamos muy condicionados a sentir que nuestra vida tiene sentido solamente cuando estamos haciendo algo.

Siempre que me doy el permiso de tomarme estos tiempos de “desenchufe espiritual”, vuelvo a casa lleno de ideas nuevas y proyectos. Muchos de ellos han sido absolutamente revolucionarios en mi vida. Y nunca hubieran salido a la luz si no hubiera logrado sacarme aunque sea por 48 horas el traje y los zapatos para cambiarlos por una camisa cómoda, un par de zapatillas y una caminata por el campo, tras la cual solamente quede mirar el Cielo y decir ¡GRACIAS!.

 

Hace algún tiempo apareció la noticia en un diario, sobre la historia de un perro llamado Tatú.

Este perrito no tenía pensada ninguna actividad especial en ese día… pero cuando su dueño cerró la puerta del auto, su correa quedó enganchada en el vehículo.

El dueño no se dio cuenta y comenzó la marcha normalmente por la calle de su ciudad. Pero ni bien se puso en marcha el vehículo, el perro Tatú tuvo que correr a la velocidad del auto.

Afortunadamente un policía vió pasar el vehículo que arrastraba algo detrás de él, que no era otra cosa que el pobre perro que intentaba mantenerse sin perder el equilibrio, sabiendo que eso significaría su muerte.

Allí comenzó una persecución policial hasta que el oficial logró detener el automóvil, rescatando finalmente al pobre Tatú.

El animalito había estado corriendo a casi 50 kilómetros por hora durante un buen rato.

Muchos de nosotros terminamos viviendo como Tatú: nuestra vida es una interminable sucesión de días en los que somos arrastrados por algo más fuerte que nosotros. Y no tenemos ni idea de cómo hacer para zafarnos de esa locura.

Si estás escuchando o leyendo estos mensajes, es porque tienes la oportunidad de reflexionar sobre estas cosas y en fe creo que la necesidad de hacerlo.

Para quienes vivimos en el siglo XXI, nuestro mayor desafío es tener tiempo libre.

¿Qué vas a hacer?

Somos seguidores de Jesús. El primer paso es tomar conciencia de la locura en la que vivimos, y entregarle a Él un problema que no podemos resolver solos.

Él vino a este mundo a ayudarte. Fijate lo que refleja Lucas capítulo IV de su ministerio:

Lucas 4:18 El Espíritu del señor esta sobre mí, porque me ha ungido para anunciar el evangelio a los pobres. Me ha enviado para proclamar libertad a los cautivos, y la recuperación de la vista a los ciegos; para poner en libertad a los oprimidos (…)

No tengas dudas. Él vino a liberarte de la prisión esclavista que simboliza el reloj. Vino a sacarte de esa prisión en la que el “amo Tiempo” oprime tu vida haciéndote infeliz.

Su Palabra ya dio el primer paso, el permitir que recuperes la vista de la ceguera en la que estabas sumergido por la rutina y la locura de esta vida.

Gálatas 5:1 Para libertad fue que Cristo nos hizo libres; por tanto, permaneced firmes, y no os sometáis otra vez al yugo de esclavitud.

Leí una historia real sobre un narcotraficante que al ser arrestado y condenado, mandó construir una celda especial. Tenía dos dormitorios bien amplios, un baño completo instalado a todo lujo y un balcón que miraba a un valle florido. Tenía calefacción para los días fríos y aire acondicionado para los calurosos.

Con todos los lujos, seguía siendo una prisión. Era una prisión bellísima, eso sí, pero cárcel de todos modos.

Nos imaginamos a las cárceles frías, oscuras, llenas de ratas y cucarachas.

Sin embargo, vivimos nuestras vidas en cárceles como la de este traficante de drogas.

Cárcel de lujo,

Cárcel como para vacaciones,

Cárcel para darse gusto.

Pero sigue siendo cárcel. Puede tener de todo. Pero le falta lo principal. Le faltaba la libertad.

Nos han engañado poniéndonos balcones que miran a hermosos jardines, poniendo en nuestras casas aparatos que proyectan los lugares más bellos.

Podemos mirar cómo vuelan las aves, cómo corren libres los animales… pero no podemos correr con ellos. Podemos ver bajar el río de la montaña con agua transparente y fresca, pero no podemos refrescar los pies en él.

Estamos presos. Abramos los ojos a la realidad.

Estamos prisioneros de la peor de las prisiones, la más tortuosa.

Mi papá me habló cuando yo era niño, de la “tortura china”. Consistía en atar al individuo frente a los más deliciosos manjares durante días. Los mejores aromas, la mejor combinación de colores. Alimentos calientes son puestos permanentemente ante sus ojos. Agua fresca y transparente corre libremente delante de él… pero pasan los días y no puede acceder a nada de eso que tiene “casi” a su disposición. El prisionero termina muriéndose de la desesperación, la frustración y la necesidad.

Ahora podemos verlo con nuestros ojos. Ya es hora de que salgamos de la cárcel. La puerta está abierta. La abrió Jesús con la llave de su muerte en la cruz.

Pongamos nuestra realidad en manos de Dios, y se disolverán la culpa, el temor y la ansiedad en la que estamos encerrados. Aceptemos la libertad que nos ofrece Cristo. De hacerlo así, en lugar de conformarnos con una prisión a todo lujo, podremos darnos el lujo de disfrutar de la libertad. Como te comentaba en otra reflexión, la puerta de esta prisión tiene cerradura que se abre por dentro… y nosotros tenemos la llave.

HECTOR SPACCAROTELLA       

tiempodevocional@hotmail.com

·         (Desgrabación de un mensaje difundido en mi programa radial “Tiempo Devocional”)

·         Reflexión inspirada en un texto de John Ortberg, pastor en la iglesia Willow Creek Community Church en South Barrigton, Illinois. (De allí tomé las estadísticas de Estados Unidos de América)

·         Tomando algunas ideas de “Mas allá del espejo” de Henri Nouwen.

·         El relato de la cárcel del narcotraficante lo menciona el sitio web www.conciencia.net

 

 

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Una Separación Que es Camino que Lleva a la Comunión

HÉCTOR SPACCAROTELLA

Río Gallegos – República Argentina

tiempodevocional@hotmail.com

“Jesús murió por nosotros para que nuestra muerte deje de ser tan solo una separación. Su muerte nos abre a la posibilidad de transformar nuestra propia muerte en un camino que lleve a la unidad y la comunión. Este es el cambio radical que la fe nos permite hacer” HENRI NOUWEN

En Los últimos años he tenido un contacto permanente con la enfermedad, con la vejez, y a través de ellas, la posibilidad de acompañar a otros hacia su último tiempo.

Supongo que es parte del proceso de la edad, ya que tengo 57 años, y al llegar a los cincuenta uno comienza a despedir a amigos y familiares; en mi caso, mis padres murieron en 2008 y creo que su fallecimiento dio comienzo e incluso fue preparación para mí abriendo una puerta hacia esta etapa.

He descubierto que muchas personas no están preparadas para su propia muerte, y terminan aceptándola como inevitable al ver el creciente debilitamiento de su cuerpo y la limitación para hacer lo que estaban acostumbrados.  Sin embargo tienen enorme incertidumbre porque no saben exactamente lo que viene después (aun siendo personas de fe), les angustia el dolor y también el ser una carga para sus familiares mientras viven y luego que ellos tengan que enfrentar el largo proceso de duelo emocional, social y psicológico que vivirán con su partida.

También aprendí que aquellos que rodean a la persona enferma o anciana no siempre están preparados para ese trance, y convierten sus miedos y su dolor en hechos dolorosos, como el abandono del sufriente, la negación de la realidad o incluso las conductas autodestructivas. Todas reacciones de evasión ante lo que no tienen resuelto.

Pero el enfermo o el anciano necesitan hablar de la muerte, de su muerte que ven cercana. Necesitan expresar en palabras lo que están procesando, porque el hablarlo los ayuda a avanzar en sus pensamientos, preparándose de ese modo para lo que sienten como próximo.

Es necesario entonces que alguien cercano a la persona comience a tener espacios de encuentro con él o ella de modo de generar un vínculo de intimidad y confianza para que abran su corazón poniendo en luz lo que viven en su presente a solas y en oscuridad y aquellas cosas que en ese balance final, descubren que han dejado sin resolver en el pasado. Es el tiempo de pedir perdón y de perdonar a los otros y a sí mismos, de ponerse también en paz con Dios.

Cuando mi hermana me anunció que mi papá estaba agonizando, viajé a la ciudad donde vivía y pasé muchas horas con él. Descubrimos juntos que necesitaba hablar de su propia vida y de su muerte cercana. También que aunque estaba rodeado de familiares y seres queridos no había encontrado en ellos la posibilidad de hablar con el alma en la mano de todo lo que tenía dentro.  Eso fue para mí una enorme posibilidad ya que en el tiempo de despedida, mi padre que había vivido 80 años como un agnóstico alejado de Dios, terminó entregando su vida a Jesucristo.

Solamente unos meses después, un amigo entrañable vino a charlar conmigo y me habló de cosas que no entendía. Me estaba poniendo en palabras su preocupación por quién seguiría a cargo de su ministerio cristiano y cómo resolvería su familia las situaciones posteriores a su partida. Yo lo miraba sin entender mucho, ya que se lo veía sano y estaba en la misma edad que yo. Sin embargo, solamente 5 días después cayó internado y tras 43 días de una agonía dolorosa en terapia intensiva del hospital, murió.

Claro que podría seguir porque estos encuentros con personas que viven momentos finales no han cesado y resultan permanentes para mí hasta el día de hoy.

Cada uno de estos muchos casos me ha confrontado con mis propias preguntas, y también me ha llevado a prepararme espiritualmente sobre cómo acompañar a los padecientes en esta etapa.

Las palabras de Nouwen que cité al principio de esta reflexión me trajeron a la mente a Miguel. Sin saberlo, estuve muy cerca de él y de su esposa a partir de que un viaje de visita a la ciudad donde vivo permitió que se alojaran en casa y fue para él el comienzo de un proceso de enfermedad que terminó pocos meses después en su muerte.  Tenía 69 años y su esposa 65. Llevaban 40 años de casados.

Claro que fue muy dolorosa su partida, pero Mónica, la ahora viuda, descubrió algo maravilloso: el amor que los unía había crecido después de la muerte de su esposo. El abandonar este mundo y tomar contacto pleno con Dios por parte de Miguel, los había hecho pasar como matrimonio a una etapa muchos más profunda de comunión y Mónica siente hoy (y lo cuenta en sus libros, lo predica, etc.) que está viviendo un nuevo enamoramiento, con el ser que la acompañó durante la mayor parte de su vida, esta vez con un amor eterno.

¡Qué maravilloso! Ese fue el legado de Jesús: “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos” (Juan 15:13).

Trasladando este bello versículo a la más profunda de las amistades que es el matrimonio, la familia, los hijos, uno entiende que la muerte en Cristo es el comienzo de una comunión más profunda. Morimos para bendecir, morimos para que los que nos rodean tengan la experiencia de vivir una nueva dimensión del amor. Morimos, para que los que amamos puedan conocer y palpar en vida la eternidad.

Sería maravilloso que pudiéramos meditar y orar sobre esto que comparto, porque nos sería de enorme ayuda en nuestro propio proceso de vida, y también en los duros momentos en que nos toque acompañar a alguien cercano que se despide.

En el caso de personas que no han tomado decisión por Cristo, el abrir sus mentes a esta realidad los ayuda a comprometer lo que les queda en esta vida a Dios, a entrar en la dimensión divina, a conquistar un nuevo nacimiento para darle una nueva perspectiva a su muerte y para que los que quedan puedan experimentar el dolor de la despedida esperanzados en rescatar esa nueva anchura del Amor Ágape también para ellos.

Es que si tomamos conciencia de este vínculo de comunión que trasciende la vida en esta tierra, nuestra muerte nunca será en vano.

Anselm Grün dice que “si nos ejercitamos en los diversos pasos del arte de envejecer, seremos una bendición para otros, tanto en la vida como en la muerte. No puede decirse nada más hermoso acerca del proceso de envejecimiento vivido en plenitud. Confiemos en que, cuando muramos, también digan de nosotros los demás: “FUE y ES una bendición para nosotros””.

Me doy cuenta que necesito reflexionar sobre estos temas permanentemente, y que posiblemente a ti también te ayude. Acompañemos a otros y preparémonos nosotros para vivir un último tiempo de bendición, en lugar de luchar aferrándonos a las agujas del reloj para preservar como eterno el manejo del tiempo.

Me despido pidiendo a Dios que nos permita encontrar esa paz que solamente Jesús puede dar, y que podamos vivir y acompañar a vivir a otros la ancianidad en plenitud para que sean nuestras las palabras del salmista: “en la vejez seguirá dando frutos, se mantendrá fresco y frondoso” (Salmos 92:15)

HÉCTOR SPACCAROTELLA

tiempodevocional@hotmail.com

 

La cita de Henri Nouwen está tomada de su libro “El Don de la Consumación. Morir para vivir”.

La cita de Anselm Grün está tomada de su libro “El Arte de Envejecer”

 

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Definiendo Una Mente Alineada

Hay un texto en nuestras Biblias, donde se relata cómo se relaciona Jesús con sus discípulos luego de haber resucitado. En primer lugar, con esa mujer que va con maría en el primer día de la semana, luego con los discípulos, y después con dos hermanos que van por ahí camino a Emaus. En el marco de ese relato, encontramos esto:

(Lucas 24: 44) = Y les dijo: estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros; que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.

Esto es bastante singular, porque si tú escuchas prédicas que hablan de escatología, de profecía, muchos de esos pasajes se sacan del Antiguo Testamento, explicando algo que Jesús va a hacer pronto. Pero si tú lees con cuidado, aquí dice que todo, (Todo) lo que se habló de Jesús en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos, ya se cumplió.

Muchas veces estamos escuchando palabras que no tenemos muy claro donde encajarlas. Ahora bien, pregunto: ¿Por qué es que podemos seguir enseñando algo que en realidad Dios nunca dijo o no quiso decir? Por lo que dice en el verso siguiente:

(Verso 45) = Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las escrituras.

Y permíteme enfatizar un punto con relación a este versículo: si el Espíritu Santo no nos ayuda, nosotros vamos a terminar entendiendo cualquier cosa de la palabra. Por consecuencia, también vamos a entender cualquier cosa del mensaje.

Es el Espíritu Santo el encargado, de parte de Dios, para abrirnos el velo de la comprensión. Nota esto: Jesús habló tres años con los discípulos. Caminó con ellos. No era una simple predicación en un templo. Jesús vivió con los discípulos. Durmió con ellos, comió con ellos durante tres años. ¿Y sabes qué? No entendieron nada.

Un tema sencillo. El habló de su muerte y su resurrección varias veces, ¿Verdad? Pregunto: ¿Crees que ellos lo entendieron? Y no podemos culparlos ni echar tierra sobre ellos. Hay un tema central: el Espíritu Santo, todavía no había sido dispensado.

Pero si después de Hechos 2, nosotros decidimos seguir viviendo en ignorancia, entonces ya no tenemos excusa. Muchas veces, lo que la gente tiene, es una interpretación tradicional. Mi pastor me dijo hace veinte años tal cosa. O mi abuelito que fundó la iglesia, me enseñó tal cosa.

Y así es sucesivamente, entonces lo que vamos escuchando, es lo que tradicionalmente hemos escuchado, pero no necesariamente lo que Dios está hablando hoy. Si el Espíritu Santo no abre nuestro entendimiento, nosotros perdemos el tiempo leyendo, estudiando u oyendo.

Por eso es indispensable que cada día pidas al Espíritu Santo que abra tu entendimiento. Tienes que profetizar la llegada de discernimiento profético, de palabra de ciencia, de revelación y de sabiduría. Tienes que anhelar poseer un depósito de provecho en tu ser.

Con eso en mente y en deseo sincero, podemos avanzar en el estudio del tema que quiero compartirte. Un tema que, en cada paso que des en tu vida, te será absolutamente necesario, sino indispensable. Un tema que sin llegar a denominarse de vida o muerte, es definitivamente valioso.

Yo no sé cuánto tiempo tienes tú de creyente. Yo tengo uno más que prolongado. Pese a eso, no he podido evitar en algún momento experimentar algún grado de frustración para con la enseñanza. Yo mismo he sentido esa frustración en muchas ocasiones.

Parte de esa frustración la experimentamos cuando trabajos meses para armar un estudio y, a los tres meses de difundido, nos escribe alguien que supuestamente “nos escucha”, para preguntarnos algo que ese estudio respondía sobradamente.

Cuando Jesús habla de esto, de las dos casas que se construyen, una en la arena y otra en la roca, dice: Yo comparo a la persona que escucha y hace lo que le he dicho, como ese entendido, ese sabio que edifica su casa sobre la roca.

No basta escuchar, si luego tú no vas a hacer algo con lo que escuchas. Hay un dicho muy interesante que die: “El que actúa, ora dos veces”. Porque hay gente que ha orado mucho, ahora necesita actuar. Debemos creer en la oración, pero también debemos creer en la acción.

Entonces, todo es parte de un proceso. El Espíritu Santo te tiene que revelar la palabra. ¿Y qué se supone que hagas con esa palabra revelada? Ahí está el punto. Es valioso que yo pueda ayudarte a resolver un problema, pero mucho más valioso es capacitarte para que tú lo resuelvas sin ayuda.

Sucede que hay muchos frentes de batalla abiertos. Hay un poder demoníaco visible que persigue el objetivo de que tú no entiendas ni lo que oyes ni lo que hablas. Hay espíritus de distracción que operan con mucha eficiencia durante predicaciones, enseñanzas o estudios personales, de audio o video.

El enemigo usa lo que tiene más a mano para distraer. Un celular, un niño, un sonido ambiente, lo que sea. Eso determina que tú estés pero en realidad no estés. ¿Se entiende? Hay estudios que dicen que una persona, de acuerdo con su edad, crece o decrece en su atención.

Aseguran que la atención para algo de parte de un niño de ocho a diez años de edad, es de siete u ocho minutos como máximo. Por eso es tan complicado ser maestro de niños. Más que conocimiento del tema, lo que debes tener es noción de cuándo hablar y cuando dejar de hablar.

En los adultos, por su parte, el grado máximo promedio de atención es de una hora. Entonces, la pregunta es: ¿Qué hacía Jesús, que la gente lo podía seguir escuchando por espacio de tres días continuados? Hasta allí llegaron los científicos con sus estadísticas. Jesús hizo trizas todo eso.

Jesús era capaz de hablar por espacio de tres días casi sin detenerse, y la gente lo seguía. En uno de los relatos, alguien cae en cuenta que la gente ni siquiera ha comido. ¿Qué tenía Él que la gente lo seguía así? Lo mismo que tenían aquellos que en los años noventa hacían conferencias de más de ocho horas sin  nadie que se cansara, mientras que en sus iglesias no soportaban cultos de cuarenta minutos.

Tiene que ver con la mente, con nuestras mentes. Algo ha pasado en ellas. Probablemente es como se ha enseñado a través de gente que anda trabajando muy seriamente en estas cosas, una metamorfosis. Un cambio como el que se produce en la oruga transformándose en mariposa.

Todos necesitamos llegar a un nivel de mayor desarrollo. Lo que quiero decir, entonces, es que, en lugar de hacer nada más que mejores prédicas, lo que debemos intentar en primera medida, es conocer cómo es que el hombre aprende.

¿Y por qué debería uno tener ese interés? Porque todos los que andamos enseñando algo, si podemos averiguar cómo es que la gente aprende, también sabremos cómo hacer para que la gente aprenda y aproveche nuestras enseñanzas.

¿O no hay hombres que empezaron a escuchar prédicas cuando eran niños, se pasaron la mayor parte de su vida oyéndolas, y malas no eran, y cuando sale de allí lo primero que hace es engancharse con la primer mujer rara que se les cruza. ¿Qué escucharon? ¿Qué entendieron? ¿Por qué no entendieron?

¡Es culpa del diablo!, Aseguran. Cierto, pero me queda una duda: ¿Es sólo culpa del diablo? Ese es un problema, créeme, que nos afecta a todos. ¿Cómo puedes hacer tú, que eres padre, para que tus hijos sean más obedientes? ¿Cómo podrías, como esposo, formar una estructura familiar más estable?

(Mateo 22: 37) = Jesús le dijo: amarás al señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.

(38) Este es el primero y grande mandamiento.

¿Cuál es el primero y grande mandamiento, entonces? Que ames al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Tres cosas se mencionan aquí: corazón, alma y mente. Ahora bien; siempre habíamos escuchado que en el alma del hombre, están los sentimientos, la voluntad, y también la mente.

Pero aquí Jesús, o mejor dicho la ley, los están mencionando como tres cosas distintas. Habla como si fueran tres cosas separadas. Con tu corazón, con tu alma y con tu mente. ¡Es que a mí me enseñaron que el alma contiene al corazón y la mente!

¿Ah, sí? Vamos a ver si es cierto. Porque voy a decirte que este versículo, nos está haciendo pensar en algo distinto, ¿No te parece? Nos está haciendo pensar como que son tres cosas diferentes. La palabra mente, que en griego es dianoía, significa “pensamiento hondo, propiamente facultad mental, disposición por implicación, ejercicio, entendimiento, mente, pensamiento.”

(Jeremías 17: 10) = Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras. (Vamos a ver: ¿Qué palabras se repiten con el verso que acabamos de leer con respecto al verso anterior? Mente y corazón. Dice: Yo escudriño la mente y el corazón.)

(Jeremías 31: 33) = Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.

¿Qué palabras estás viendo que se repiten de nuevo? Mente y corazón. Hay un misterio dentro de esto. ¿Cuántas veces te dijeron que debías ganar almas para Cristo? ¿O que esa gente debía entregarle su corazón a Cristo?

Luego de algunos años, podemos aceptar que la gente pueda entregar su corazón a Cristo, es posible; pero que entregue3 su mente a Cristo, a eso permíteme que lo ponga en duda. ¡Pero hermano! ¿Acaso al venir a Cristo no entregamos mente, corazón y alma? Lo cierto es que no toda la gente que se convierte, en realidad se convierte totalmente.

(Marcos 1: 15) = Diciendo: el tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.

Esta es la primera palabra que Jesús libera a la gente. Luego, en Mateo 3 y 4, dice: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. La palabra arrepentíos, tal como dice aquí, significa literalmente: cambio de mente.

Es decir que, si hacemos una paráfrasis de ese versículo, debería decir así: cambien su manera de pensar, porque el Reino de los Cielos se ha acercado. No tiene nada que ver arrepentirse con venir llorando, con venir a gritar el arrepentimiento.

Lo que te estoy diciendo es que, etimológicamente, lo que la palabra arrepentimiento significa, en el griego es metanoeo, y este vocablo significa: cambio de mente. Y Jesús dice: arrepiéntanse, cambien su mente, porque el Reino de los Cielos se ha acercado. O sea, pasado en limpio: tú no puedes tener acceso al Reino de los Cielos, si tu mente no cambia.

(Juan 3: 18) = El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.

Veamos. Al igual que tú, y tú, seguramente, yo también conozco a mucha gente que ama al Señor. Conozco gente que dice muchas cosas de las que la Biblia dice, pero que luego en sus vidas privadas, hacen lo opuesto a lo que la Biblia dice y ellos repiten.

Tratemos de entender cómo funciona esto. ¿Será que lo que Dios dijo y está escrito, no es tal cual? Mucha gente que oyes decir que está confiando que Dios va a hacer tal o cual cosa en su vida, procede de la misma manera que si se subiera a un auto con las llaves en la mano y dijera que confía en que Dios le va a dar un auto.

Cuando se dice que se está esperando que Dios haga algo determinado, lo que se quiere decir es que todavía no se termina de creer del todo que Dios pueda hacer eso, efectivamente. ¿Por qué la gente no vive como se supone que debería vivir?

Oye: es muy fácil llamar al frente, decir pasen y reciban de Dios. Y que la gente venga al frente, reciba oración, se vaya al suelo, se ponga a temblar o a llorar y luego se vaya sin tener ni la menor idea de lo que recibió. Ni siquiera tiene idea de por qué pasó al frente.

De ese modo jamás podría llegar a celebrar un logro, porque no sabe qué es lo que le pasó. Pero si comenzamos a entender cómo es que opera esto, nadie va a necesitar que alguien le imponga las manos. Va a poder construir sin problemas una vida diferente.

En este pasaje, Jesús dice dos cosas vitales. La primera, que el arrepentimiento es, esencialmente, cambiar nuestra mentalidad. La segunda cosa que agrada a Dios, es la fe. Hay dos palabras que parecen sinónimos: creer y fe.

Pero resulta que la palabra fe, no existe en el Nuevo Testamento. La palabra en griego, es pistis. Y pistis, significa creer, no fe. ¿Podrías tú conjugar la palabra fe? ¿No, verdad? Ahora conjuga creer. Yo creo, tú crees, él cree. Se puede.

La palabra que en realidad se utiliza en el Nuevo Testamento, es creer. No me voy a meter en ningún berenjenal exegético ni mucho menos. Sólo quiero llevarte a un tema concreto. Mucha gente piensa que tiene fe. Pero en realidad, lo que tiene no es fe.

Jesús dijo que si creemos en él, pondríamos nuestras manos sobre los enfermos, y los enfermos sanarían. De esto resulta que todos tenemos don de sanidad, la palabra lo dice. Y si la palabra lo dice, tú y yo lo creemos, ¿No es así?

Pero es muy diferente a que tú lo creas. Jesús dijo que esas señales seguirían a los que creen. No a los que se congregan en la iglesia del pastor Fulano, o tienen la doctrina de Mengano. A los que creen. Por eso es que la única diferencia entre tú y un evangelista con señales y milagros, es que él está más entrenado en usar algo que tú no usas.

Es una simple cuestión de entrenamiento, cosa que la Biblia llama ejercitar. Fíjate que todos tenemos dos piernas, pero no todos las podemos usar para jugar maravillosamente al fútbol o simplemente para correr maratón. Lo que nos diferencia es el dote natural y luego el entrenamiento.

Mirémoslo así. Hay gente que escucha una predicación sobre sanidad y sale del auditorio con altas ínfulas de sanarse de su problema. Tira todos sus medicamentos al cesto de la basura y dos días después está internado. ¿Qué pasó, si él decía que tenía fe? No, no tenía fe, apenas tenía presunción.

La fe, en todo caso, la tenía el predicador. Y fue su fe la que motivó la reacción de quien lo estaba escuchando. Pero la fe no es instantánea, sino que se desarrolla lentamente. La fe se va desarrollando de a poco. Actuar como actuó este hombre fue bueno por su agresividad, pero no fue sabio.

Por una simple razón: su cuerpo no estaba preparado para ese arranque de fe. Y no se trata de condenar o de pensar que Dios falló o nosotros le fallamos a él. Porque se han cometido muchos excesos en nombre de la fe.

Hay una diferencia entre fe y presunción. La fe, nace del espíritu. La presunción, nace del alma. La fe es inamovible, es estable. Es como tener una heladera en la casa. Por la madrugada cuando tienes sed, vas y te sirves un vaso de agua fresca. Y no necesitas orar para que esté la heladera allí. ¡Ya está!

Tú no puedes tener fe, si no tienes experiencias de realidad. Ese evangelista que dice a los gritos que alguien va a salir sano de esa campaña, ha experimentado eso mismo muchas veces. Lo que él dice, es la verdad. Pero es una verdad para él.

Eso no implica que también sea una verdad para ti. Eso explica por qué a veces no pasa eso que dice el evangelista. Resulta que el alma, también puede creer. Y para la persona natural, la diferencia de donde nace tu fe, es bien subjetiva.

Hay muchos casos que conocemos, en distintas latitudes del mundo, que se ofician ceremonias satánicas donde la gente realiza pedidos de cosas que luego recibe. Y aquí la pregunta, es: ¿Por qué se reciben todas esas cosas si eso no viene de Dios?

Ese es todo un tema. Estamos diciendo que la fe nace del espíritu, pero el alma tiene una imitación barata. ¡Pero funciona! ¡Claro que funciona! Si tú supieras el poder que tiene tu alma, te darías cuenta que tu alma puede llegar hasta crear realidades.

(Santiago 2: 19) = Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.

Resulta ser que el ser humano, no es el único ser que puede tener fe o creer. Ya te dije que en el Nuevo Testamento no existe la diferencia entre creer o fe, porque de hecho hay sólo una palabra: pistis. Mira lo que dice aquí: aun los demonios creen y tiemblan.

¿Me crees si te digo que a veces hay más temor de Dios en el infierno que en el templo? Jesús habló de esto. Ahora bien; si a los paganos les funciona esa falsa fe de sus almas, ¿Cómo se supone que serían las cosas si los cristianos descubrieran la auténtica fe del espíritu? Lo curioso es que algunos todavía piensan que la fe es un asunto del Nuevo Testamento, pero no; es un tema central. Abraham fue llamado padre de la fe, porque le creyó a Dios.

(Isaías 43: 10) = Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí, para que me conozcáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí.

Dice en el principio: eres el siervo que yo escogí para que me conozcas y creas. Y ahí está el punto, porque estamos viendo que Dios nos demanda dos cosas: que le creamos y que lo conozcamos. Nos habla del corazón y nos habla de la mente.

De la mente y del corazón, constantemente. Porque son las dos fuentes del conocimiento. La gente va a conocer a Dios por el corazón, y va a conocer a Dios por la mente. ¿Por qué? Porque su espíritu no necesita conocerlo; ya lo conoce.

(Mateo 21: 22) = Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis.

Hay otra versión que dice: Todo lo que pidáis con fe en la oración, lo recibiréis. Otra versión más, añade: Y todo lo que pidáis en oración, creyendo, lo recibiréis. Entonces, ¿Por qué si estás orando, no recibes lo que estás pidiendo?

Habrá algunos, como Santiago, que te dirán que no sabes pedir. ¿Es que entonces debemos tomar un curso respecto a cómo se debe pedir algo? Ahora ya lo sabes: el alma puede creer. Pero sólo puede creer en lo que puede ver, tocar o sentir.

El espíritu, por su lado, es distinto. El espíritu tiene fe. Y para el espíritu, la fe es confianza. ¿Recuerdas la oración de Pablo? Yo sé en quién he creído, y estoy seguro. Cuando Dios crea al hombre, lo crea como alma, cuerpo y espíritu.

La palabra, en Génesis 2:7, dice que tomó al hombre del polvo de la tierra. Pero luego dice que sopló en su nariz aliento de vida. Y fruto de eso, nace Adán, que fue llamado “alma viviente”. Antes de que Adán cayera, había una gran armonía entre el alma, el cuerpo y el espíritu.

El cuerpo que tú llevas puesto, es el que te da percepción de todo lo que existe en el mundo natural. En otro orden, tu espíritu es el que te da la percepción de todo lo que existe en el mundo espiritual. Y el alma, va a actuar como si fuera un intermediario entre los dos.

Ojo: estoy hablando de Adán, antes de Génesis 3. El cuerpo lo hace consciente del mundo natural; el espíritu lo hace consciente de Dios, y el alma lo hace consciente de sí mismo. Entonces Adán, tenía una comprensión muy clara de lo natural, de lo espiritual y de él mismo.

Antes de que Adán cayera en pecado, el espíritu impartía vida al corazón, el corazón al alma, el alma a la mente, y la mente al cuerpo. ¿Y qué provocaba esto en Adán? Que la vida en el espíritu, pasaba al corazón, y del corazón al alma, y del alma a la mente, y de la mente pasaba al cuerpo.

Esa era una vida, la vida de Dios, la vida zoe. ¿Qué provocaba esa vida en el corazón? Un corazón puro. ¿Qué provocaba eso en el alma? Que Adán aprenda por revelación. Él nunca necesitó ir a una universidad. Tampoco leer ningún libro. Porque todo lo que sabía, lo sabía de Espíritu a espíritu.

En la mente de Adán, había una mente espiritual. ¿Y qué era lo que el cuerpo recibía? Sanidad física. El cuerpo de Adán, no envejecía. No se enfermaba, no se resfriaba. La vida de Dios en el espíritu de Adán, afectaba su corazón, su alma, su mente y su cuerpo.

¿Y dónde estaba su corazón? Estaba ubicado entre el espíritu y el alma. ¿Es importante, esto? Sí, es importante para que podamos entender lo que es la conversión de una persona. Entonces, ¿Qué es lo que une al alma y al cuerpo? La mente.

Una persona que ejercita su mente, puede hacer cosas sorprendentes con su cuerpo. Todos hemos visto aquellos dibujitos de hombrecitos muy flacos, que se llamaban faquires, en la India, durmiendo sobre colchones de clavos o cosas por el estilo y sin lastimarse.

Hay gente que pasa meses sin comer, y no está precisamente en ayunos santos. Basan todo en sus ritmos respiratorios. Los médicos saben muy bien que la respiración es clave para tener o tener energía. Es así: la mente puede lograr que el cuerpo haga cosas extremas.

Ahora bien; esto que tanto nos llama la atención, es nada más que el modelo de Adán antes de pecar. Era un ser extraordinario. Cuando la serpiente se acerca a Eva, lo hace con cuatro cosas. Cuatro argumentos.

Lo primero que le dice la serpiente a Eva, es: no morirás. La segunda cosa: serán abiertos vuestros ojos. La tercera: seréis como Dios. Y la cuarta: conocerás el bien y el mal. ¿Qué es lo que el diablo utiliza para moverle el piso a Eva? Palabras.

¿Sabes cuál es el arma más poderosa que existe en este planeta? No son ni las bombas nucleares ni los virus, son las palabras. ¿Qué hacen las palabras? Las palabras crean realidades. Satanás, lo único que necesitó para hacer caer a la criatura más perfecta de la creación, fue hablarle.

¿Cuántos buenos muchachos se han descarriado sólo porque se empezaron a juntar con otros de distinta ralea? ¡Pero eran buenos! Y siguen siéndolo, sólo que escucharon a quienes no debían escuchar. ¿Qué crees que hubiera pasado si Eva no le hubiera dado charla al diablo?

Ahora veamos: ¿A qué parte del ser de Eva apela el diablo? ¿A su espíritu? No. ¿A su cuerpo? No. Apela a su alma y, específicamente, a su mente. ¿Por qué? Porque el alma normalmente busca tres cosas: seguridad emocional, anhela poder y busca sabiduría.

¿Recuerdas cuál es una de las primeras palabras que los niños aprenden a decir? Por qué. A manera de pregunta: ¿Por qué? Base de toda sabiduría. El alma busca sabiduría. Y la serpiente le ofrece esas tres cosas a Eva. Le ofrece seguridad emocional, poder y sabiduría.

¿Cuál era el lugar de protección para ellos? La dependencia de Dios. Presten atención: se habla de una crisis económica a nivel global, pero no vemos cómo esta crisis no ha llegado a naciones que debería haber llegado. ¡Es tan fácil hacer que la gente cambie de conducta! Basta una noticia.

Por eso es que te digo que hay poder en las palabras, mucho poder. Y si no, mira: ¿Qué hizo Dios con las palabras? Crear. Todo lo que existe fue creado por su palabra. Incluso creó al hombre por su palabra. Y por si eso no fuera suficiente, le dio instrucciones hablando a ese hombre. Palabras.

¿Qué arma utiliza el diablo? Palabras. La mujer recibe las palabras y las cree. Si tú te acercas más, y más y más a Dios, los hechiceros te van a maldecir, los satanistas te van a dejar obsequios, en fin; mucha gente va a hablar mal de ti.

Y eso no es ningún problema. ¿Por qué? Porque mientras más fuerte avanzamos, más olas provocamos. Pero el tema no es las críticas, lo grave sería que tú te creas lo que ellos dicen. Es muy llamativo, pero pese a las más de mil promesas de seguridad que hay en la Biblia para cada creyente, una sola amenaza del diablo le puede mover el piso.

En mi país, cuando los medios de comunicación quieren implantar en sus receptores algo que desean implantar, apelan a una vieja expresión: “La gente dice”. Se expresan así los de un sector y los del otro, y muchos se confunden y no aciertan a saber qué es lo que verdaderamente la gente dice. Y la respuesta es muy simple: para cada sector, hay gente que dice lo que ellos necesitan que diga. El problema será tuyo si les crees.

Las palabras tienen poder. El hombre decidió creerle al diablo antes que a Dios. Recuerda una vez más al hombre antes de caer. La vida de Dios iba de su espíritu a su corazón, de su corazón a su alma, de su alma a su mente, y de su mente a su cuerpo.

El pecado ataca al alma de Adán, se mete dentro de él, y extingue la vida de Dios que moraba allí. Lentamente desaparece eso. A partir del alma, empieza a irradiarse hacia el corazón, la misma muerte hacia la mente. Se reemplaza el aprendizaje por revelación por aprendizaje intelectual.

El corazón se vuelve de piedra. La mente es afectada y se vuelve mente carnal. El cuerpo es atado a la enfermedad, y el espíritu queda como único foco de vida en Adán. Como el corazón fue tomado por el enemigo, ya no puede afectar el alma, ya no puede afectar su mente.

Si tú analizas cómo cayó el hombre, es muy interesante, porque allí aparece Génesis 3. Te doy un ejemplo: apenas ellos comen del fruto, se dan cuenta que están desnudos. ¡Vaya noticia, habían estado desnudos siempre!

Pero ahora tienen vergüenza. ¿Sabes por qué? Porque fue retirada la vida de Dios de su corazón. ¿Y entonces qué hacen? Deciden esconderse. Y deciden también hacerse ropa. Pero se la hacen de hojas. ¿No sabían que iban a tener que cambiarse cada veinticuatro horas? ¿Cuánto te dura una hoja?

Esta es la misma criatura que les puso nombre a todos los animales. Ahí está, haciéndose delantales de hojas. ¿No podían haberse cubierto con cortezas de árboles, algo que les durara más tiempo? ¿Cuánto dura una hoja separada de su tallo?

Eso que les pasó a Adán y Eva, fue estupidez súbita. Porque esa capacidad que tenía Adán de entender, se le va en un instante. Su mente es sujetada y es llevada cautiva a un lugar de oscuridad. Mira lo que dice Isaías: un hombre toma un leño, parte un pedazo, hace un fuego, se cocina su comida, y con lo que queda, se hace una imagen y le dice: tú eres mi dios.

Dime si eso te parece sabiduría. Es idolatría. Es estupidez, básicamente es estupidez. Tú eres mi dios. ¡Esa cosa no se puede mover! ¡No puede ver, no puede oír! ¿Por qué aparece eso? Porque eso es fruto de una mente caída.

Ahora bien; pongamos eso en el contexto de hoy. Siglo veintiuno, Latinoamérica. ¿Por qué, si eres cristiano, tienes malos pensamientos? ¡Ha llegado a ser normal para los pastores enfrentarse con casos así! ¿Por qué, si es gente que va a la iglesia todos los domingos, lee su Biblia, ora, ofrenda?

¿Por qué hay gente que cree en Dios y sin embargo sigue siendo adicta a la pornografía? ¿Por qué la salvación no llega a tu mente? Porque de verdad, amas a Dios, tú no podrías dejarlo, lo sabemos. Sin embargo, no puedes sacar eso de tu cabeza.

Porque son instancias separadas. Por allá está el alma, por allí está el corazón, por acá está la mente. ¿Y la vida de Dios, dónde está? En el espíritu. ¿Y si fuera posible que saques esa vida de Dios y la lleves a tu alma? Funcionaría. ¿Y si también la llevaras a tu cuerpo? Sanidad.

¿Y cómo se hace eso? La consecuencia de esto, es que vamos a encontrar que el cuerpo de  Adán debe volver al polvo al final de su vida; él va a morir. Novecientos treinta años después, Adán va a morir. Ese fue el tiempo que le tomó al diablo poder matar a Adán.

Novecientos treinta años. Para nada le fue fácil. El alma de Adán, cayó en servidumbre de inmediato. Y el espíritu de Adán, fue perdiendo la gloria de Dios progresivamente. Lentamente, generación tras generación.

Ahora bien; cuando tú llevas a alguien a Cristo, ¿Qué parte de él se convierte, para que él se convierta? ¿No te parece que sería muy interesante poder ver qué es lo que le pasa por dentro a una persona que acepta a Jesucristo y pasa a ser creyente?

¿Por qué esa persona se convirtió y jamás volvió a vivir como vivía antes de ser creyente? ¿Y por qué la otra persona viene, y cada domingo tiene que convertirse? Y tropiezan vez tras vez con la misma piedra. ¿Conoces gente así?

¿Por qué? ¿Dónde está la diferencia, si los dos hicieron la misma oración? Son ministrados por los mismos hombres, leen los dos la misma Biblia, asisten al mismo templo y hasta se sientan en la misma fila de bancos o butacas. ¿Por qué esa diferencia?

¿En qué cautiverio espiritual están? Queremos entender eso. Porque cuando una persona piensa que ha tenido una experiencia, y dos días después se da cuenta que sigue siendo exactamente el mismo, su fe empieza a deteriorarse grandemente.

Y hay gente que no va a volver a ningún templo ni nada que se le parezca, porque están convencidos que no funciona. Y así están vacunados contra el evangelio para toda su vida. Escucha: el cuerpo, es la cubierta del alma. Es como el estuche que cubre al alma.

Y el alma, es el envoltorio que reviste al espíritu. Antes de la caída, el espíritu controlaba todo el ser por medio del alma. El espíritu no puede controlar el cuerpo, sin la ayuda del alma. ¿Por qué? Porque el espíritu habla un idioma distinto al del cuerpo. No lo entiende.

Pero el alma es bilingüe. Entiende al espíritu y entiende al cuerpo. Entonces, ¿Qué hizo el diablo? Simple: intoxicó el alma, para que el espíritu y el cuerpo no se puedan conectar más. El diablo necesitaba de Adán. ¿Para qué? Para controlar la creación.

Porque se necesita un cuerpo físico para controlar la creación. Por eso es que los ángeles no controlaban la creación, la controlaba Adán. Pero el diablo no tiene cuerpo físico. Entonces se consiguió uno, el de Adán. Y a través del alma de Adán, él desbarató toda la creación.

Antes de la caída, el poder del alma estaba bajo el control del espíritu. Estoy hablando del espíritu del hombre, no del Espíritu Santo. El espíritu del hombre controlaba el alma. Para que el espíritu gobierne, el alma tiene que dar su consentimiento. A eso se le llama: personalidad.

Para que el espíritu pueda gobernar el alma, el alma tiene que decir que acepta ser gobernada. Porque el espíritu nunca impone nada. El espíritu es un caballero. O una dama, como prefieras. Ejerce control con mucha delicadeza.

Ahora bien; ¿Habrá almas que se dejan controlar por el espíritu? Sí, porque son más mansos. Pero hay almas que parecen caballos salvajes. Entonces ahí vienen las diferentes teorías: los coléricos, los sanguíneos, etc.

El alma es el eje del ser, que está al medio. ¿Por qué? Porque en el alma reside la voluntad. El libre albedrío, no está en el espíritu, está en el alma. Pablo lo reconoce cuando confiesa que no puede hacer lo que quiere, sino que hace lo que no quiere.

¿Cómo queda Adán después del pecado? La oscuridad del alma ha tomado su corazón, ha tomado su mente y ha tomado su cuerpo. ¿Recuerdas a Caín? ¿Dónde está tu hermano? ¡Qué sé yo! ¿Acaso soy yo guarda de mi hermano?

¡Lo acaba de matar! ¡Todavía el cuerpo de Abel tiene la sangre caliente! ¿Qué hace una persona, mínimamente? ¡Se desespera, se preocupa, se asusta, o algo! Sin embargo él no parece haber tenido ninguna sensación de nada. ¿Yo soy su guarda?

¿Qué le pasó? ¡Es el hijo de Adán y Eva! ¡No son hijos de Nimrod! ¡Caín está hablando con el Señor! ¿Por qué esa desfachatez, ese descaro, esa arrogancia? El carácter del diablo ya se plantó en él. Esa condición afecta todo de una manera casi dramática.

¿Recuerdas a Génesis 1:2? Dice que la tierra estaba desordenada y vacía y que las tinieblas cubrían la superficie del abismo, y que el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas. Por un momento trata de imaginarte esto, la Creación, Génesis 1:2.

El Espíritu de Dios, se lo describe por eso como una paloma, aunque en ese verso no dice que sea una paloma. Sólo dice que está volando sobre eso. Sobre esa masa sin forma. Esta es una perla que puede cambiar muchas cosas en tu vida.

Ahí está la paloma, ahí está el Espíritu Santo volando. El Espíritu no puede hacer nada, hasta que Dios no diga algo. Versículo 3: Y dijo Dios: sea la luz. Y el Espíritu actuó de inmediato. Y separó Dios, y llamó Dios, a las tinieblas, noche, a la luz, día.

Y dijo Dios: sea esto, sea lo otro, sea aquello. Solamente en el capítulo 1 de Génesis, en treinta y un versículos, trece veces aparece “Y dijo Dios”, o “Llamó Dios”. El Espíritu Santo no puede hacer nada, si tú no lo confiesas. El Espíritu Santo no puede hacer nada si tú no declaras palabras correctas.

Al igual que en Génesis 1:2, el Espíritu Santo está en muchos casos, solamente sobrevolando. Quiere cambiar tu situación, pero no lo puede hacer (Y a esto lo digo con mucho cuidado), no lo puede hacer, hasta que no salgan palabras directivas de tu boca.

Esto es clave. ¿Qué sacó a Adán y Eva del huerto? Palabras. Fueron las palabras del diablo las que destruyeron la mayor obra de Dios. Y el Espíritu Santo está esperando, ahí. No tiene forma, pero ahí está la persona. No entendemos lo que está pasando, pero ahí está, sobrevolando.

Y no puede actuar hasta que no se empiezan a declarar cosas. La primera cosa que debe cambiar en una persona, son sus palabras. Tienes que cambiar tu manera de hablar. Eso es lo primero que debe cambiar un hijo de Dios que desea victoria.

Cuando apresan a los discípulos y los llevan delante del Sanedrín, dice el libro de los Hechos que ellos se dieron cuenta que ellos habían estado con Jesús. ¿Cómo se dieron cuenta? Su hablar los delató. ¿Cómo te das cuenta que una persona tiene trozos de la vida de Dios?

No es porque ora por los alimentos, seguro. Te das cuenta por su hablar. Lo que sale muestra la medida de vida que ellos tienen. Nosotros seguimos pensando que las palabras son tonterías, pero créeme que no es así. Por las palabras hay gente que ha ido a una guerra.

Por palabras la gente ha caído en enfermedades. Por palabras familias enteras se han dividido y separado. En tanto que tú no puedas aprender a hablar, el Espíritu Santo no puede actuar. Hay una relación entre mi manera de hablar y mi manera de pensar.

Y ese es el gran problema. Nuestro evangelismo ha sido bueno para tocar el corazón, pero no se ha podido tocar la mente de la gente. Las palabras que hablamos, salen de dos fuentes. Salen del corazón y salen de la mente. Es igual que en una ducha: agua fría y agua caliente.

¿Qué haces tú cuando quieres ducharte con agua tibia? Mezclas. Las palabras que tú hablas, o salen de tu mente o salen de tu corazón. ¿Y qué pasa cuando salen de tu corazón y tú has conocido a Cristo? Van a salir palabras de bendición y de glorificación. Excelente.

Pero eso no garantiza que tu vida esté cambiando. Muchas veces eso es solamente emocional. Y créeme que de eso se compone una gran mayoría de lo que se suele oír en los templos. De la suma de aleluyas, alabado sea el Señor y gloria a Dios que se escuchan. Porque esas palabras salen de los corazones, y el corazón no es confiable.

¿Por qué? Porque nuestro corazón es muy voluble. Cambia constantemente. En cambio la mente es distinta. La mente sólo dice lo que de verdad piensa. El gran problema es que muchos creyentes han conocido al Señor, pero su fuente de fe sigue en el alma.

Entonces, ellos creen en Dios, pero en su alma, no en su espíritu. ¿Y qué problema hay con eso? Que constantemente, ellos caen. Porque así es el alma, es como un niño malcriado. El Espíritu Santo, para cambiar una situación en tu vida, necesita que tú digas las palabras correctas.

El Espíritu Santo no va a hacer nada, hasta que la palabra de Dios no actúe. Mira lo que dice Jesús al respecto: Si me amáis, guardad mis mandamientos. Eso quiere decir: si ustedes me aman, conserven mi palabra en ustedes.

El Espíritu Santo, sin embargo, no va a responder a cualquier cosa que tú digas. Sólo va a unirse con las palabras que de verdad provienen del Espíritu de Dios. ¿Qué pasa cuando nosotros hablamos palabras que Dios no ha hablado? Nos metemos en problemas.

Un ejemplo: ¿Cómo crees tú que Dios te ve? El diablo también habla. Las tinieblas hablan. Y las tinieblas te dicen: Tú no puedes, tú no sabes, tú no tienes, tú no entiendes. Pero dios te dice: Todo lo puedes, todo lo sabes.

Ahora bien; tú estás al medio; el Espíritu está diciendo cosas buenas de ti; el diablo dice todo lo contrario. El alma es muy mala para elegir. Y si no, mira lo que te pasó. El alma todo el tiempo anda haciendo malas elecciones.

Por eso es tan importante que si tú andas en planes de casarte, sea el espíritu el que hable, y no tu alma. El problema está en que el espíritu no grita, no te obliga a escucharlo. ¿Y qué lo une con el alma? El corazón. ¿Sabes por qué no te llega lo que el espíritu te está hablando? Porque tu corazón todavía no se ha convertido de verdad.

¿Cuál es la definición que Jesús tiene de salvación? El que quiera seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. El que quiera seguirme, debe aborrecer a su padre y a su madre. Y déjalo todo por mí. Sólo es posible hacer eso si tu alma, si tu mente, verdaderamente se ha arrepentido, esto es: ha cambiado.

¿Y cómo puedes saber si de verdad te has convertido? Escucha: ¿Cuál es nuestro mejor ejemplo de creyente en la Biblia? Jesús. ¡Ah, qué gracia, pero Él era hijo de Dios! ¿Ah, sí, eh? ¿Y tú qué se supone que eres?

¡Pero no, hermano! ¡Es que Él nació sin pecado! ¿Ah, sí? ¿Y para qué crees que tú has nacido de nuevo? Porque dice Jesús que nadie puede ir a Él si no es engendrado de lo alto. ¿Por qué lo llamamos “nuevo nacimiento”? Juan 3. Porque uno nació dos veces. La primera de manera natural, la segunda de manera espiritual.

¿Qué diferencia hay, entonces, entre tú y Jesús? Respuesta: Que el obedece más rápido. No es el poder, porque Él dijo que mayores cosas haríamos. No es la sabiduría, porque Él prometió que nosotros íbamos a ser enseñados por la misma fuente que le enseñó a Él: el Espíritu Santo.

¿O el Espíritu Santo no está también en nosotros? ¿Entonces, qué me diferencia de Él? Que Él, por lo que padeció aprendió obediencia, y vino a ser autor de eterna salvación. Porque Él nació como el Hijo de Dios, pero no nació como el Salvador. Él se hizo Salvador.

Por eso la palabra dice que: Por lo que padeció aprendió obediencia, y vino a ser autor de eterna salvación, para todos los que le obedecen. ¿Cuál es la diferencia entre Él y tú? Tú hablas todo lo que se te ocurre, mientras que Él habla solamente las palabras de su Padre.

Fíjate que Jesús pensaba y hablaba muy distinto a la gente de su época. Él hacía cosas bien diferentes. La gente se asombraba de Él, pero no se asombraba de su sabiduría; se asombraba de la autoridad que Él tenía.

En Juan 8:28, dice: Nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el Padre, eso hago. ¿Sabes por qué nos metemos en problemas? Porque hacemos cosas sin consultar a Dios, porque decimos cosas que nunca deberíamos haber dicho, porque nos comprometemos en cosas que Dios no quiere que nos comprometamos.

La gran ventaja por sobre todos nosotros, es que Él no hacía nada que no hubiera visto hacer a su Padre, ni decía nada que no hubiera oído decir a su Padre. Jesús no era un súper hombre, era simplemente una persona dispuesta a obedecer.

¿Qué fue lo que el hombre no quiso hacer? Hablo de Adán. Obedecer. ¿Qué fue lo que garantizó la obra de Cristo hasta el final? “Padre, que no se haga mi voluntad, sino la tuya”. ¿Cómo vas a poder tú alcanzar tus metas? Aprendiendo a obedecer. No hay otra forma.

Ustedes van a darse cuenta que, cada generación que nace en este planeta, cada vez es más rebelde. ¿Y por qué está pasando eso? Porque ese es el espíritu del anticristo, predominante hoy. Es un espíritu de rebeldía.

En Hebreos 4:15 dice que Jesús puede compadecerse de nuestras debilidades porque Él fue tentado en todo, conforme nosotros lo somos. ¿Eso dice, verdad? Cuando Jesús entró al Jordán para ser bautizado, Juan le dijo que no lo hiciera, que era Él quien debía bautizarlo a él. ¿Recuerdas la respuesta de Jesús? Deja, conviene que hagamos esto para justicia.

¿Qué quiere decir con eso de que conviene que se haga para justicia? Algo así como hacerle ver a Juan que Él no había venido para destruir la ley, sino a cumplirla. No necesitaba bautizarse, es cierto, pero decidió hacerlo por un asunto de justicia.  Para que nadie posteriormente pudiera decir que Él no lo había hecho.

¿Cómo luego Él podría exigir algo que Él no había hecho? Él quiso callarle la boca al diablo, con eso. Ya lo habían circuncidado a los ocho días de vida, ¿Recuerdas? ¿Tú crees que Jesús era un judío que necesitaba la circuncisión para acceder a algo de Dios?

Por eso Él entró a las aguas, por un estricto punto de justicia. Él no necesitaba convertirse. Y fíjate, cuando Él sale de las aguas, y luego de haber oído del Padre esa maravillosa frase de: “Este es mi hijo amado y en Él me complazco”, el Espíritu se lo lleva al desierto.

¿Y qué hizo Jesús en el desierto? En ese lugar, el diablo lo está esperando y le ha preparado una emboscada. Y el diablo va a tocar las tres fibras que forman la esencia de Adán. Va a tocar su cuerpo, su alma y su espíritu.

Él espera que esté cuarenta días en ayuno. ¿Cómo está un cuerpo después de cuarenta días sin comer? Cualquiera diría que tiene algunos problemas, ¿Verdad? ¿Y qué es lo primero que le ofrece el diablo? Pan. Piedras. ¡Tú puedes convertirlas!

¿Sabes dónde va el primer punto de ataque? Al cuerpo. Después le dice que se arroje de la punta de la montaña, total seguramente vendrán los ángeles y lo sostendrán. Ese es el segundo punto de ataque, el alma. ¿Qué es lo que el alma busca? Seguridad.

El tercer ataque, es al espíritu de Jesús. Si tú me adoras… (Eso es algo que el espíritu sabe hacer)…todos los reinos de la tierra te entregaré. Tres niveles de ataque. Su cuerpo, su alma, y su espíritu. Cuando una persona verdaderamente se ha convertido al Señor, está dispuesta a obedecer a Dios, sin importarle lo que esto le implique.

También está dispuesta a dejarlo todo por causa del Señor. No le interesa si perderá su familia, su trabajo o su dinero. Porque piensa y sabe que ha conocido a alguien que vale todo eso y mucho más. Dice que el Reino de los cielos es semejante a un hombre que encuentra una perla, y viéndola, él está dispuesto a perder todo para poder tener esa perla.

Porque una verdadera conversión, nunca pone condiciones. Lo que tú pidas, Señor, eso haré. La señal de la conversión se manifiesta en que tú estarás dispuesto a darle lo que Él te pida. Y muchos han pagado ese precio. Si tú eres el primer convertido de tu familia, creo que sabes muy bien de lo que estoy hablando.

Yo no he venido a traer paz, sino espada. He venido a separar, he venido a dividir, he venido a cortar. ¡Ay, Señor! Así es la cosa. Viene un tiempo de separación de aguas. La verdadera conversión, te lleva al desierto. Es allí donde se habrá de probar lo que tú eres.

Estaría muy bueno llegar a tener la unción que tenía Jesús, pero sin pasar por el desierto, ¿No es así? No funciona. Sólo hay un camino, y es a través del desierto. Los tres años que siguen al ministerio de Jesús, son ministraciones preciosas del Espíritu Santo a través de Él.

Sanidades, milagros, resurrecciones. Prodigios, señales, milagros. ¡Es maravilloso! ¿Pero sabes dónde lo está llevando todo eso? ¡A la cruz! ¿Sabes cuál es tu punto de partida? La cruz. Dios espera de ti solamente obediencia, nada más que eso.

Si tú crees que eres una especie de Superman y quieres hacer más que lo que Dios te ha ordenado, estás en el mismo nivel de desobediencia que si no haces nada de lo que te envió a hacer. No es la cantidad, es el nivel de obediencia lo que bendice una ofrenda.

Jesús vino a ser autor de eterna salvación, para los que le obedecen. Pregunta: ¿Podrá ser salva una persona que hizo la oración, que se congrega, que ora, que diezma, pero que no obedece? Según ese verso, no. Porque según ese verso, Él es autor de salvación para los que le obedecen.

Ahora bien; tú y yo, de manera personal, sabemos perfectamente si estamos obedeciendo o no. Y es necesario que sepas y luego entiendas esto: la fe no obra si estás fuera de obediencia. Esto es apenas un simple pensamiento en voz alta, jamás lo veas como colocar condenación a alguien.

No es poca la gente que se auto califica como creyente, que supone que ya llegó a su techo, que luego de lo que está viviendo, no hay nada más. Pero tampoco es poca la que cree que sí hay algo más, que no todo es una congregación, un servicio, dos oraciones y hasta la semana que viene.

Para toda esa gente es que se debe reiterar cuantas veces sea necesario, que por causa del pecado, el hombre perdió el control de su alma, siendo Satanás quien tomó control de ello. El corazón y la mente son los conectores que unen el espíritu con el alma y el alma con el cuerpo.

Ya sabes que cuando Dios viene a la vida de una persona, lo que primero busca en esa persona, es su corazón. ¿Y por qué es importante el corazón? Si se empieza a recuperar el corazón, se va a poder tocar el alma entera. Esa es de alguna manera nuestra cabecera de playa, si vamos a utilizar términos bélicos. Es el primer lugar de batalla el corazón.

Ahora bien; ¿Qué pasa con el creyente? El creyente promedio dice que ama al Señor, pero el gran tema está en que el amor se demuestra. Hay un principio en todo esto. No basta hacer lo correcto, hay que hacerlo correctamente.

Dios quiere nuestro corazón, pero no de manera compulsiva. Lo quiere por decisión voluntaria nuestra, no porque algo o alguien nos obliguen. Dios quiere nuestro corazón, pero no para zafarnos de los problemas. Lo que Él más anhela de nosotros, es nuestra más completa dedicación a Él.

Vemos a la gente peleándose con el dinero. Si la persona tiene problemas para ser generoso y dar dinero para algo que indiscutiblemente es del Señor, es porque su corazón nunca se convirtió. Pero cuidado, porque para hablar de algo, primeramente hay que tenerlo como rema en nuestra vida. De otro modo, es rudimento farisaico.

Por eso es tan importante un trabajo más bien radical de discipulado con el recién convertido. Es preferible contar con discípulos que con creyentes. ¿Pero no es la misma cosa, hermano? No, no es la misma cosa, y te explico algún as razones de por qué no lo es.

Te digo más, hay una tremenda diferencia entre creyente y discípulo. Mientras el creyente siempre suma, el discípulo multiplica. Mientras el creyente siempre ve problemas, el discípulo ve oportunidades. El creyente siempre pide, el discípulo da.

Ejercitar un discipulado no se trata de dar clases magistrales, académicas o técnicas sobre aspectos profundos de la teología sistemática, ni se te ocurra. Discipular es lo más parecido a clonar. Cuando yo hago un discípulo, lo que busco es formar en él el carácter de Cristo.

¿Y cómo podríamos lograr eso? Simple: colocando como discipulador, a gente que pueda transferir sus virtudes. Un discípulo intachable, forjando discípulos similares a él. ¿Vas entendiendo por qué no siempre el discipulado funciona en algunos lugares? No basta con que el pastor ponga como discipulador a un amigo suyo.

Discipular es dar de lo que yo mismo soy. Y yo ni nadie puede dar de lo que no tiene. ¿Cómo voy a intentar llenar tu vaso si el mío no tiene contenido? Cuando vemos creyentes sin conocimiento, sin objetivos y hasta sin conocimiento de la palabra, ya sabemos cómo fueron discipulados. Y por quien.

Nosotros podemos ser, todos, personas que alcanzan niveles de crecimiento y de gloria, pero eso créeme que no depende de Dios, sino de nosotros. Tú necesitas que tu corazón se convierta. Hay tres rasgos que demuestran que de verdad, una persona ha entregado su corazón a Cristo.

En primer lugar, es obediente; lo que Dios le pida hacer, lo va a hacer. No puedes moverte por compromiso, tienes que moverte por convicción. Hay cosas que Dios te va a llevar a hacer, que el resto de la iglesia es probable que no entienda jamás.

Es Dios quien te da dirección, pero siempre lo hace de una manera coherente, concisa y acorde con su palabra. Nunca Dios te va a decir que debes abandonar a tu esposa o esposo para irte al África a ministrar chimpancés o cocodrilos.

La segunda señal de que tú estás en un proceso en el que tu corazón está siendo recuperado para Dios, es que tú estás dispuesto a dar lo que Él quiera. Escucha; esto no es fácil. Si fuera fácil, todos estaríamos viviendo ya hace mucho tiempo en un nivel de Reino impresionante.

Tú no vas a poder alcanzar las cosas que Jesús tiene para ti, si no eres capaz de hacer las cosas que Él hizo. Difícil, pero es la verdad. Debemos cumplir la justicia de Dios. Cuando alguien comienza a fluir en un nivel profundo de conocimiento divino con Dios, empiezas a hacer cosas que habitualmente la gente no hace.

El tema de la fe es que toca fibras dentro de la gente, que son muy complicadas. Y duele. Si no te duele, es difícil. Pero si te duele, es peor. La tercera cosa es que tú buscas vivir en santidad. O sea; déjame decirte que uno de los mensajes menos predicados, hoy, es respecto a la vida en santidad.

La persona que ha entregado verdaderamente su vida al Señor, busca que su corazón viva en santidad. Jesús fue llevado al desierto, y fue confrontado varias veces, tocando fibras muy profundas de su corazón. Cuando el corazón encuentra el reposo de Dios, se comienza a vivir otra etapa.

Volvamos al caso de Adán. ¿Dónde falló el hombre? ¿Cuál fue el arma que usó el enemigo contra él? La palabra. ¿Y qué remedio mandó Dios desde el cielo, para ayudar al hombre? A Jesús. ¿Cuál es el nombre del Hijo de Dios? El Verbo.

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio y con Dios. Y el Verbo se hizo carne. ¿Por qué no dice el podero9so se hizo carne? ¿O que la vida se hizo carne? Dice El Verbo. ¿Cuál fue el punto débil del hombre? La palabra. ¿Cuál fue la respuesta de Dios para el hombre? La palabra.

Jesús viene a ser el remedio preciso para tu necesidad. Él se llama El Verbo por un montón de razones de la cual sólo me voy a quedar con la primera, que es que Él viene a ser el remedio para tu propia caída. El hombre falló por la palabra. Porque no pudo cumplir la palabra.

Porque no supo obedecer la palabra. Y porque las palabras del diablo, lo engañaron. Jesús vino como la palabra viva. La palabra de Dios, para habitar dentro de ti. El principio de toda palabra, es este: toda palabra se hace vida.

Si tú dices que estás enfermo, esa palabra va a hacerse realidad. Y vas a estar enfermo. Entonces, ¿Qué dice el profeta Joel? Diga el débil fuerte soy. ¡Pero es que me siento débil! No importa, diga el débil fuerte soy. ¿Por qué? Porque tú al declarar esa palabra, estás creando una realidad alrededor de ti.

¿Cuál es la diferencia entre oración e intercesión profética? Respuesta: la oración, ora el problema. La intercesión profética, ora la respuesta. La oración, es: “Señor, te pido que sanes a mi perro”. La intercesión profética, es: “Señor, te doy gracias porque has sanado a mi perro”. Interceder proféticamente es llamare a las cosas que no son, como si ya fueran.

Hay un error de interpretación con estos términos. Corintios dice que todos podemos profetizar, pero no está diciendo que todos seamos profetas. Lo que sí nos está enseñando, es que todos podemos ser proféticos, que aunque suene parecido, no es lo mismo.

¡Pero eso es psicológico! ¿Ah, sí? Los que conocen algo de Física Quántica, pueden explicarte si eso es meramente psicológico. La ciencia ha demostrado sobradamente que hay poder en nuestras palabras. Viene Jesucristo como el Verbo vivo para habitar entre nosotros, hacerse vida entre nosotros.

Satanás fabricó un árbol falso en un sentido, porque no existía lo que él quería dar como tal. Jesús viene como el árbol vivo. El árbol de vida, para darnos su sustento, para darnos su palabra, viene para restaurar. Lo primero que viene a hacer Cristo, es restaurar la palabra de Dios en la gente.

Lo que falló de Adán, fue la palabra. ¿Cuál fue la respuesta? La palabra. El corazón de Adán fue entenebrecido a causa de la palabra. La mente de Adán, se oscureció. Pero no fue el primer ataque del diablo. Fueron las palabras de Adán las que oscurecieron su propia mente.

El golpe maestro del diablo fue en el alma, para que de esa manera explotaran las dos áreas que dependen del alma. El diablo no tocó espíritu. Él no se metió al Lugar Santísimo, pero sí profanó el Lugar Santo. Y a consecuencia de eso, Adán quedó reducido a una condición de esclavitud.

Vino la respuesta, y se llama El Verbo, porque todos necesitamos aprender a hablar. ¿Nunca prestaste atención a cómo empieza nuestro contacto con el idioma? NO armamos frases cuando somos niños. Decimos comer, dormir, jugar. Verbos.

Es probable que cuando viajas a un país con otro idioma al tuyo, no sepas la sintaxis gramatical con la que ellos se manejan, pero si conoces los principales verbos de ese idioma, seguramente ya vas a poder comunicarte y hacerte entender. A lo Tarzán, seguramente, pero te van a entender.

De acuerdo a la caída del hombre, Dios envía la respuesta. ¿Y cómo empieza el trabajo? Escucha: tú no vas a poder ser liberado de todas las áreas de tu vida, hasta que no comiences a reprogramar tu manera de hablar. El problema está en que tu manera de hablar, está ligada a tus sentimientos y a tu mentalidad.

Jesús dice, en Juan 6:63, Las palabras que les he hablado, son espíritu y son vida. Cada vez que tú hablas algo, sale algo espiritual de ti. Una persona puede herir mucho a otra, simplemente hablando. De hecho, es más fácil resistir y sanar de golpes físicos que de palabras hirientes.

Tienes una tremenda espada en tu boca, entiéndelo. Ahora bien; ¿Cuál es el principio? Mira la secuencia. Para que un niño empiece a hablar, ¿Qué necesita hacer? Veamos. Un niño normal en todas sus funciones, ¿Podrá aprender a hablar si sus padres son mudos?

¿Cómo aprende un niño a hablar? ¡Oyendo! Por eso, si tú vives con una persona que constantemente te recuerda tus fracasos, tú tienes un grave problema. ¿Por qué? El primer paso para que una mente pueda modificarse y experimentar una transformación positiva, es el de elegir qué es lo que va a escuchar.

Porque lo que tú escuchas, va a entrar a dos lugares: a la mente y al corazón. A finales del año 1935, hace ya un buen rato, un hombre en Alemania empezó a hablar de que ese pueblo era una raza superior; de que ese pueblo estaba predestinado para gobernar a todo el mundo.

¿Y sabes qué es lo interesante? La gente le creyó. Y por las palabras de Adolf Hitler, más de cuarenta millones de personas murieron, después de la Segunda Guerra Mundial. Ese hombre, literalmente convenció a su pueblo de que ellos eran superiores. Hasta hoy encuentras alemanes que íntimamente lo creen, todavía.

¿Cuál fue el arma de Hitler? La palabra. Quienes lo escucharon en sus arengas, aseguran que al oírlo, sentían como que algo los quemaba por dentro. Hitler podía hablar tranquilamente por espacio de cuatro o cinco horas.

Entiende el instrumento que el diablo eligió. Alguien con una enorme, casi sobrenatural capacidad oratoria. Palabra. Y en un idioma como el alemán que transmite fuerza de un modo altamente superior a cualquier otro idioma. Háblame del romanticismo francés, pero no vas a encontrar lo mismo en alemán.

El caso es que lo que tú empiezas a escuchar, y vuelves a escuchar y escuchas de nuevo, a la larga te lo empiezas a creer. Y hasta hay una ley que trae la palabra: la fe viene por el oír. No dice por el repetir, no dice por el hablar, dice que la fe viene por el oír.

Lo que no siempre se dice, es lo opuesto, que la incredulidad también viene por el oír. ¿Qué pasa si tú le dices a un niño desde que es muy pequeño, que no sirve para nada, que es un inútil, que va a fracasar y que va a fallar como su padre, su abuelo y etc. ¿Sabes qué? Esa persona se cree y se convence de eso.

Si tú quieres empezar a cambiar tu vida, quizás te toque empezar a cortar con algunas amistades. ¿Por qué? Porque las personas que te rodean, aunque tú seas una persona muy firme, van a influir en tu manera de pensar. Sencillamente porque ellos hablan y tú los escuchas.

Si tú no aprendes a elegir lo que vas a escuchar, tú tienes un problema. Cuando los padres le prohíben a un joven o a una jovencita que se junte con determinados muchachos, lo primero que ella o él responderá, es el por qué, ¿Qué tiene de malo? Precisamente eso, que vas a escuchar a gente indebida.

Lo que oyes, te llevará a pensar. Lo que piensas, te llevará a creer. Lo que crees, se llama pensamiento. Y lo que tú conserves en el pensamiento, con el tiempo se llama personalidad. Un ejemplo y casi modelo de eso, es lo concerniente a los judíos.

Según la tradición judía, el niño judío, más o menos a los cuatro años de edad, comienza su formación. Y la tarea de los padres y de los abuelos es cumplir con la directiva que dice que estas palabras les repetirás a tus hijos y a los hijos de tus hijos.

Hay un proceso que se produce a través del hablar. Los hebreos no tenían escuelas en el Antiguo Testamento. Las sinagogas, y antes de eso el templo, y antes de eso, las casas, eran los lugares donde los niños aprendían. Estas palabras repetirás a tus hijos al entrar, al salir, al levantarte, al acostarte.

¿Qué provocaba ese escuchar permanentemente la ley? Oye, Israel; el Señor uno es. Ama al Señor con todo tu corazón, con toda tu mente. Hoy, muchos cristianos quieren que sus hijos sean profetas y ellos ni siquiera conocen los nombres más importantes de la Biblia.

Pero sí conocen, casi por contrapartida, los nombres de todos los cantantes de rock, los actores de las series favoritas y los de los jugadores del deporte favorito de cada lugar. Y el resultado está cantado: van a terminar creyendo las cosas que están escuchando.

Hay personas con las cuales tú hablas veinte minutos y no sabes por qué, pero te empieza a doler todo. ¿Por qué? Es que hay gente que transmite enfermedades. Te cuentan todas sus visitas a los médicos, los análisis, sus estudios, medicamentos, inyecciones.

Lo que sucede es que lo que tú escuchas, con el tiempo lo crees. Porque detrás de cada pensamiento, hay principios espirituales. ¡Sucede! Vas a una campaña evangelística, oyes a ese evangelista lleno de fe y sales de allí queriendo sanar a todo el mundo.

El escuchar fe, desata fe. El proclamar victoria, desata victoria. Por eso es tiempo de victoria y no tiempo de examinar, estudiar, analizar, evaluar o especular. El nombre de algo implica la personalidad que rodea a un principio.

El noventa por ciento del ministerio de Jesús, se basó en palabras. Mucho más que en acciones. De hecho, las acciones fueron consecuencia de las palabras. Ahora quiero llevarte a una palabra revolucionaria, un versículo de impacto.

(Juan 15: 7) = Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.

¿Qué significa que sus palabras permanezcan en mí? La palabra permanecer, está ligada a perseverar. Traigámoslo a un hipotético hecho actual. Una persona que tiene una enfermedad, cualquiera que sea. Se toma a la persona, se ora por ella, se la unge y se la declara sana.

Sin embargo, esa persona todavía siente los síntomas. Eso no significa que Dios no la oyó, que no quiere sanarla o que se oró mal. Sucede. Los órganos tienen memoria. La salud del ser humano depende de su sistema inmunológico. ¿Y de qué parte de su sistema inmunológico?

Todo parecería indicar al baso. Sería interesante conocer qué función cumple el baso, ¿Verdad? Tomemos a una persona al azar. Es probable que por diversas causas, esa persona una vez al año se resfríe, pero ¿Sabes qué? Jamás se va a resfriar un año por causa de la misma cepa que lo resfrió el año pasado.

¡Pero el resfrío es igual! Sí, pero proviene de otra clase de virus. Tu cuerpo está programado para llevar un registro de cada virus que ha ingresado a tu sistema. Y eso es de tal manera que evita que algo que ya has tenido vuelva a golpearte.

Parte del sistema inmunológico, que son los glóbulos blancos, algunos de ellos, (Porque no todos son iguales, aunque todos sean llamados como glóbulos blancos); se caracterizan por ser la memoria del sistema inmunológico.

En este tiempo hay virus como el del SIDA, que atacan directamente a esos bancos de información. Se sostiene que los hijos, además de heredar algunos rasgos muy notorios de los padres, también pueden heredar parte de su memoria genética.

Eso puede ser de tal manera que ese joven no llegue a enfermarse jamás de algo que algunos de sus padres ya se enfermó. Dicen los que saben que así como podría heredarse genéticamente una diabetes, así también podría heredarse un sistema inmunológico paterno o materno.

Es decir que, si tú eres una persona relativamente sana, tus hijos deberían ser muy sanos. Pero si tú has sido una persona muy enferma, tu hijo puede vivir sano. Lo que quiero decir con eso, es que en el Reino de Dios, se pueden transmitir las cosas buenas que se tienen.

Esto se ha desarrollado de tal manera que algunos problemas de la sangre, por ejemplo, han comenzado a tratarse, hablando. ¿Cómo que hablando? Sí; le hablan al músculo o víscera que tiene el problema, le explican para qué fueron creados y les ordenan que no obedezcan al libreto del infierno.

Ahora bien; ¿Qué pasa con nuestra alma? Imagínate qué parte de nuestra alma no usamos. ¿Has visto esos magos que flotan y hacen cosas espectaculares? ¡Ah, pero esos son trucos! Sí, pero no todos. Algunos mueven otras cosas.

Entrenan partes de sus almas que son claves. Claro, entonces la pregunta llegará ciertamente: ¿Quién tiene más poder, un brujo o un hijo de Dios? Tengo tu respuesta. Pero ahora reformulo la pregunta: ¿Quién tiene más poder desarrollado?

El brujo atiende a la mujer a la que su marido la abandonó por otra y le dice: quédate tranquila, en dos días tienes a tu marido de vuelta a tu casa. ¿Quién tiene más poder desarrollado? ¡El brujo, sin dudas! ¿Pero en verdad, quien tiene más poder? ¡El hijo de Dios!

El problema es que no lo ha desarrollado. Toda la creación obedece a nuestras palabras. Entonces, cuando tú dices “no puedo”, tú no puedes. Sea que digas que puedes o que no puedes, en ambos casos tú tienes la razón.

Dijo Jesús: Si mis palabras permanecen en vosotros. ¿Recuerdas cómo vence Jesús al diablo? ¡Escrito está! ¿Tienes idea de la importancia de que sus palabras permanezcan en nuestro corazón y nuestra mente?

Toda la información que nosotros vamos acumulando con los años, se constituye luego en el conocimiento que tenemos. Con el tiempo, ese conocimiento forma nuestra filosofía. Cada persona de las que están allí, oyendo o leyendo esto, tiene su manera de pensar, tiene su propia filosofía.

No importa cuánta de esta información es errada o es cierta. Nosotros vamos a sufrir las consecuencias de los aciertos o de los errores de la información que tenemos. En Juan 8:32, Jesús dice: Conocerán la verdad, y la verdad os hará libres.

(2 Corintios 10: 4) = Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, (5) derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,

Leo otra versión: Porque las armas de nuestra contienda no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, (¿De qué fortalezas está hablando?) destruyendo especulaciones, (Fortalezas) destruyendo razonamientos altivos que se levantan contra el conocimiento de Dios, y poniendo todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo.

¿Por qué una persona que conoce a Dios puede tener malos pensamientos? Respuesta: porque no sabe controlar sus pensamientos. ¿Y cómo se controlan los pensamientos? Hablando. ¿Y cómo funciona? Simple. En primer lugar, tienes que entender y aceptar que tú no puedes de ninguna manera decir algo que no estés pensando.

Nadie puede decir algo que no está pensando. Suponte que ahora mismo, me estás escuchando a mí pero no me estás prestando atención porque estás pensando en otra cosa. ¿Sabes qué? Tienes que empezar a declarar lo que quieres pensar, en contra de lo que estás pensando.

Por esa razón es que a veces, y como método rutinario de predicación, se hace repetir a quienes nos oyen algo importante que acabamos de decir. Es la mejor forma de evitar que esa persona no crea o no entienda lo que dije porque estaba pensando en otra cosa. Al repetir lo que dije, su pensamiento disperso o negativo se hizo humo.

Eso te está demostrando que la mente puede educarse. Y no sólo eso; es bien obediente. ¿Recuerdas a David? Alma mía, alaba al Señor. Alma mía, adora. Tú necesitas empezar a declarar cosas que te ayuden a cambiar tu mentalidad.

Pablo dice: En esto pensad. En lo bueno, en lo de buen nombre. Eso quiere decir que tú puedes elegir en lo que quieres pensar. Dice este pasaje de Corintios, derribando argumentos, y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo. 

¿Cómo es conveniente que empieces tu tiempo de adoración o de oración? “En el nombre de Jesús, llevo cautivo todo pensamiento a la cruz”. ¿Por qué resulta tan valioso orar en lenguas? Porque la primera vez que tú oras en lenguas, es absoluta revelación del Espíritu.

En la segunda, muy probablemente ya te aprendiste las lenguas de memoria. Sin embargo, la ventaja de las lenguas aunque sean memorizadas, es que evitan que tu mente se disipe. Tu mente no puede hacer dos cosas a la vez en el mismo instante.

La segunda manera de cambiar lo que estás pensando, es de forma involuntaria. ¿Qué quiero decir con forma involuntaria? Si lo último que escuchas por la noche es el canal internacional de noticias del mundo, no sé si vas a tener un hermoso sueño.

¿Cómo funciona nuestra mente? Imagínate un grabador o una filmadora. Ahora la enciendes y, cuando terminas de escucharme, tomas tu auto y te vas a otro lugar. El grabador o la filmadora están encendidos y está registrando todo lo que tú haces.

Tu mente, al igual que esa filmadora o ese grabador, tiene la capacidad de recordar todo lo que tú has hecho durante todo ese día. Cuando tú te duermes, tú mente no sabe qué hacer con tanta información. Porque esa cinta de grabación, perón por la antigüedad, al día siguiente tendrá que estar nuevamente vacía.

Entonces ¿Qué hace tu mente? Selecciona lo que no debe perder, lo que no puede borrar. Por eso hay ciertas y determinadas cosas que nunca te las olvidas. Entonces, cuando tú estás a punto de dormirte, tu mente comienza a seleccionar lo que es importante y lo que no lo es.

¿Y qué va a hacer luego? Mientras tú duermes como un oso invernando, ella se ocupa de borrar todo lo que no ha sido importante ni digno de retener. Porque si tú mañanas despertaras con toda la información que has recibido hoy, entrarías en un violento cuatro de ansiedad.

Y si eso llegara a repetirse por mucho tiempo, tú entrarías directamente a un cuadro de ansiedad crónica. Y si aun así se siguiera repitiendo, de hecho tú terminas en un psiquiátrico. Entonces, como una medida de seguridad, tu mente borra por la noche lo que no considera importante.

Y por allí, esta noche, tu mente borra de tu memoria esto que estás escuchando ahora. Claro está que si no quieres que eso suceda, antes de irte a dormir, revisa lo que puedas haber anotado respecto a esto. O vuelve a oír aunque más no sea un par de minutos. Con eso le estás diciendo a tu mente que ni se le ocurra borrarte esto. ¡La estás educando!

Por eso ese salmo dice que aun en la noche debemos meditar en su palabra. ¿La contrapartida? Cuando tú te duermes enojado. Tuviste una pelea con tu pareja y así te vas a dormir. Escucha: lo que hoy es simple enojo, mañana será duro rencor.

¿Por qué? Porque como tú decidiste no dirigirle la palabra a tu pareja e irte a dormir así, tu mente consideró que eso era importante, y no lo borró. Por eso es que la palabra dice que no se ponga el sol sobre vuestro enojo. Porque Él sabe que por la noche, el diablo usará ese enojo para complicar tu alma.

Es que el diablo tiene la habilidad de trabajar sobre las cosas no resueltas. Tú tienes tres áreas de un documento personal en tu alma: Inicio, En suspenso y Terminado. El diablo no puede tocar lo del inicio ni puede tocar lo terminado, pero sí puede tocar lo que está en suspenso.

En segundo lugar, repite o recuerda las cosas que no quieres olvidar mañana. No te olvides que lo primero es la obediencia, lo segundo, la disciplina. ¿Y cómo se crea la disciplina? Repitiendo las cosas, una y otra vez, una y otra vez. Siempre lo mismo, sin cansarse ni aburrirse, eso es disciplina.

¿Pero eso, es correcto? ¡Claro que es correcto! Y además, también es bíblico. Dice: repetirás, repetirás y repetirás. Y no en un solo texto, en muchos, es decir que las repeticiones, que indefectiblemente producen disciplina, están escritas para nuestro aprendizaje.

(Romanos 12: 2) = No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios agradable y perfecta.

Hay una versión bíblica que lo traduce así: No se adapten a este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, aceptable y perfecto.

¿Tú sabes que este mundo ya tiene una manera de pensar? Supongo que sí lo sabes, de acuerdo. Ahora; ¿Tú sabes que el Reino de Dios tiene una manera de pensar? ¿Qué está diciendo aquí, Pablo? Está diciendo que no adaptemos nuestro pensamiento, a la manera de pensar del mundo.

Y añade que nos conviene renovar nuestro pensamiento de manera constante y permanente. LA pregunta que nos surge, entonces, es: ¿Y cómo lo renuevo? Simple: comprobando la voluntad de Dios. Ya sé que una enorme mayoría todavía no terminó de entender esto, ¿Verdad?

Escucha: ¿Cuál fue el problema de los fariseos? ¿Los recuerdas, no es cierto? Los más formidables enemigos que tuvo Jesús, no fueron los pecadores ni fueron los romanos; fueron los religiosos. ¿Cuál fue el problema de los fariseos?

Ellos no eran malas personas. Es más; la mayoría de ellos habían dedicado su vida entera a la palabra. Muchos fariseos ni siquiera se podían casar por causa de estar volcados total y absolutamente al estudio de la palabra.

El de ellos, era un trabajo de tiempo completo. YO sé que la palabra fariseo suena feo, porque la relacionamos con hipócrita, pero no te olvides que Pablo mismo dice que él era fariseo de fariseos. Era como tener un honorable título, como decir doctor, o decir abogado.

Pero, ¿Cuál era el problema de ellos? Los fariseos no aceptaban lo que Jesús decía, porque ellos estaban aferrados a lo que Dios había dicho. Mientras que Jesús, estaba hablando de lo que Dios estaba hablando en ese momento.

Jesús dijo: Oísteis que fue dicho, más yo os digo. ¿Quién es un religioso? Es la persona que por encima de lo que Dios esté hablando hoy, se aferra a lo que Dios habló ayer. Ellos, amando la palabra de Dios, la Torá, la Ley, no se dieron cuenta quién estaba hablándoles.

No eran malas personas. Fíjate que gracias a algunos de ellos, hoy tenemos la Biblia. ¿Pero, entonces, por qué no entendieron esto? Porque estaban aferrados a lo que Dios dijo. ¿Y qué es lo que yo debo hacer? Simple: debo estar aferrado a lo que Dios dice.

¿Entonces qué hago? Yo debo comprobar cuál es la voluntad de Dios. Yo no me voy a poner a cantar la música que está sonando en la tele o en la radio, sólo porque está sonando en la tele o en la radio. Yo quiero cantar la música que Dios quiere que cantemos.

Nadie puede ir delante del trono de Dios con su historial en la mano como prueba de fidelidad. No te sirve haber escuchado a Dios cincuenta años si, en el año cincuenta y uno, decidiste dejar de oírle. Y si no, mira lo que le pasó a Moisés. ¿Valió de algo que él haya hecho todo lo que hizo antes?

¿Se tuvo en cuenta su historial a la hora de permitírsele entrar a la tierra prometida? Y ese es el gran tema de una gran parte del denominado liderazgo evangélico actual. Es gente que sin ninguna duda ha sido tremendamente usada por el Señor, pero: ¿Permiten seguir siendo usados por Dios, hoy?

¿Por qué? Porque lo que en este tiempo estamos confrontando, no lo confrontaron hace cincuenta años. Las armas que utilizábamos hace cincuenta años, hoy no nos sirven para nada. Perdón por la dureza, pero es así. Por eso es que debes empezar a renovarte.

¿Puedes creer que en algunos importantes seminarios bíblicos internacionales, todavía se siguen estudiando las prédicas de Spurgeon? ¡Es que fue el príncipe de los predicadores! Cierto, y también ex masón. Se sabe. Por más que esas prédicas hayan sido joyas de la literatura, ten en cuenta que Dios está hablando, hoy.

Cada prédica de Pablo, de los catorce procesos que él escribe, es una respuesta a la cultura de su tiempo. A la mentalidad de su tiempo, a la política de su tiempo, a la vida social de su tiempo. Por ejemplo: habla de los esclavos. ¿Y qué dice de los esclavos? ¡Sométanse a sus amos!

¿Qué diría Benjamín Franklin de eso? No lo sé, pero Pablo dijo algo específico. Y dijo: háganlo por amor. ¿Qué diría Pablo respecto a ese tema, hoy día? Con los derechos sociales, civiles, con los derechos humanos y todo eso que conocemos.

¿Qué quiero decir con esto? Que debemos renovar nuestra mente. ¿Cómo piensas? De acuerdo con lo que oyes. ¿Entonces, qué debo hacer? Señor habla, que tu siervo escucha. Al pasar los años, te vas a dar cuenta que vas a pasar por etapas.

No podemos seguir corriendo el riesgo de amar más la obra del Señor que al Señor de la obra. Por eso dice que no nos conformemos a este mundo. ¿Cuál es la manera de pensar de este mundo? Así son las cosas, acéptalo. Comprobando cuál es la buena voluntad de Dios.

Cuando vemos espiritualmente a una persona alineada con Dios, vemos a su espíritu que gobierna a su alma, y a su alma que gobierna a su cuerpo. ¿Qué crees que pasa cuando el alma toma el lugar equivocado? Cuando el alma es la que gobierna, todo pierde el equilibrio y se tambalea.

Recuerda que el alma no tiene el instrumento necesario y adecuado para escuchar a Dios, pero el espíritu sí. Y ese espíritu se lo comunica al alma y esa alma se lo comunica al cuerpo. Así es como debe funcionarse correctamente.

¿Qué es cobertura espiritual? El que tiene la cobertura, es el espíritu. El espíritu puede proteger al alma y puede proteger al cuerpo, porque el espíritu tiene el paraguas en un día de lluvia que no es lluvia divina. Así es que, cuando el ser está alineado, todo el ser es protegido.

Pero ¿Qué es lo que pasa cuando es el alma la que está gobernando la vida de una persona? Llueve y todo el mundo se hace sopa, se empapa. Entonces el espíritu actúa y le da instrucciones al alma. ¿Y esta qué es lo que hace? Conecta al espíritu directamente con el cuerpo.

Por eso es que, cuando una persona no es creyente, aunque su espíritu haya recibido algo por simple sensibilidad espiritual, no sabrá cómo usarlo, porque el alma que es la encargada de hacer efectivo eso, anda por allí distraída, entretenida en tonteras o como cazando maripositas de colores.

Y el cuerpo mucho más en babia, todavía, porque no tiene ninguna comunicación directa con el espíritu. Ni enterado está que existe un ámbito espiritual. Entonces, lo más lógico en una persona que no conoce a Cristo, es que su espíritu esté du riéndose la gran siesta de la historia.

Y mientras eso ocurre, ese cuerpo está sufriendo enfermedades de todos los colores, ansiedades a raudales y altísimos grados de estrés. ¿Y el alma que es la encargada de protegerlo? Viendo las noticias para ver si se entera cómo salió su equipo de fútbol favorito el domingo:

La solución a esto, es seguir el ritmo rutina de una familia normal. ¿Cuál es la cobertura mayor de esa familia? El padre. Independientemente de las disfuncionalidades, así está establecido por Dios. Entonces, ¿Qué hará el resto? Obedecer al padre.

Aquí, la cobertura, el padre, es el espíritu. Y tanto el alma como por consecuencia el cuerpo, deberán obedecer lo que dicte el espíritu. De otro modo no funciona. Lo que se aplica a una vida, se aplica a una familia.

Ahora bien; ¿Qué ocurre cuando los hijos no obedecen a los padres? Están fuera de alineamiento. ¿O qué pasa cuando es la mamá la que toma el lugar del papá? Resulta que el alineamiento que aprendemos a hacer en nuestro espíritu, en nuestra alma y en nuestro cuerpo, va a servir para nuestras familias, para nuestras empresas, para la iglesia.

Acabo de oír un recurso práctico para el alineamiento, que es simple, concreto y eficaz. Oración: “Señor, le ordeno a mi espíritu humano que se sujete al Espíritu Santo, le ordeno a mi alma que se sujete a mi espíritu y le ordeno a mi cuerpo que se sujete a mi alma, en el nombre de Jesús. Amén.” ¿Hay poder en las palabras? Sí lo hay.

(Efesios 1: 3) = Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, (4) según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él.

Aquí dice que Jesús está sentado a la diestra del Padre. Y dice que es allí donde están nuestras bendiciones. Nos bendijo con toda bendición espiritual, en los lugares celestiales. Las bendiciones, entonces, no están en México, ni en Chile ni en Argentina, están en los lugares celestiales.

Entonces tú tienes una persona que, aunque tiene muchas promesas de Dios, no tiene dinero para pagar las cuentas. ¿Por qué? Porque sus bendiciones están en lugares celestiales. Cuando tú tienes acceso al mundo espiritual, y cuando entiendes que en el mundo espiritual todas las cosas ya están hechas, tienes la posibilidad de conseguir todas las cosas que ya están hechas.

Respecto a la fe, alguien hizo una comparación bastante oportuna. La comparó con una ecografía pre-natal. ¿Recuerdas las que se hacían hace veinte años? Era una mancha donde el médico nos aseguraba que había un bebé, porque para nosotros era solamente eso, una mancha.

Y es más; dentro de esa mancha, el médico nos podía asegurar o aventurar si ese bebé que no veíamos era niño o niña, lo cual tampoco podíamos ver. Hoy las ecografías han cambiado tremendamente. Los bebés por poco sonríen a la cámara cuando los enfocan. Conclusión: ¿Qué es la fe? Usar los lentes correctos. Buena comparación.

Te digo más: ¿Qué me cuentas si te digo que tu cuerpo ha sido diseñado por Dios para no morir? Sí, ya lo sé; vas a preguntarme entonces por qué razón es que se envejece y se muere. Respuesta simple: es como consecuencia del pecado.

Volvamos a Efesios 1. Tú sabes que hay bendiciones en lugares celestiales reservadas para ti. Sabes que esas bendiciones se podrían contar por miles, pero tú mayor duda, es: ¿Por qué todavía no se han manifestado en tu vida?

¿Qué hace el enemigo? Veamos: ¿Recuerdas la historia de Balaam y Balac? Este viejo profeta del Antiguo Testamento. Él debe liberar de una maldición a Israel, pero el asunto es este: Dios no quiere que su boca se abra. Entonces, se pone en medio de él y su pueblo.

Yo te pregunto: ¿Qué interesa que ese hombre vaya y maldiga a Israel, acaso el Dios de Israel no está con su pueblo? ¡Claro que está con su pueblo! Pero; ¿Qué pasa cuando una persona se suma a la voz del infierno?

Si tú eres alguien que estás peleando para que el Reino de Dios crezca y habitas una zona complicada, déjame decirte que tú estás en la nómina o en la lista de muchos enemigos. Pero eso no interesa, porque es parte del tema, son gajes del oficio.

Pero ¿Qué pasa cuando la propia gente que comparte tus creencias y tu fe, es la que se suma a esas voces? Ahí sí que vas a tener un problema. ¿Por qué? Porque el diablo no puede hacer nada por sí mismo, necesita la cooperación del hombre.

Entonces, ¿Qué sucede? Sucede que, tal como ya te lo he dicho a lo largo de este trabajo, tú debes tener mucho cuidado con lo que escuchas. O sea: el primer paso para poder cambiar tu manera de pensar, es tener cuidado con lo que oyes.

Entonces, la pregunta más frecuente suele ser: ¿Qué pasa si alguien tiene una familia que lo maldice con frecuencia? Pongamos algo en claro: es una familia que se ama, que se respeta, que no busca agredirse ni fastidiar, pero las palabras que salen de ese proceso, están afectando a esa persona.

Es una simple cuestión de moléculas. Dicen las leyes de física que las partículas pueden ser afectadas con sólo observarlas, imagínate si además de mirarlas, les hablas. Este, créeme, es un tema que, por su propia profundidad, no es apto para tratar así, ligeramente y mediante una grabación por la Web. Merece otra clase de dedicación.

Pero si algo debo dejar en claro, es que en este tiempo, nosotros los creyentes somos seres creativos, somos co-creadores con Dios, y partiendo de la autoridad que eso nos proporciona, estamos en condiciones de empezar a cambiar nuestros entornos.

¿Qué debemos hacer, entonces, con la gente. En principio, orar para que abran sus ojos y puedan empezar a ver la realidad. Fíjate que Nueva Era está trabajando con mucha eficiencia con niños mediante dibujos y enseñanzas conforme a sus propias doctrinas.

¿Y por qué se supone que los niños entienden esas enseñanzas y además se las creen? Porque están abiertos a lo espiritual, aunque sea demoníaco, como en este caso. En cambio nosotros, en los mismos planes, estamos atados a la tradición.

(Hechos 26: 15) = Yo entonces dije: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: yo soy Jesús, a quien tú persigues.

(16) Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti, (17) librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, (18) para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.

Fíjate con atención cuál era el ministerio de Pablo. ¿Lo has visto bien? Bueno, ahora entiende y asume: ese es el ministerio de todos nosotros. Hablamos de los cinco ministerios básicos de Efesios 4; hablamos de veintitantos ministerios que otros han contabilizado por las planillas de la iglesia. ¿Sabes qué? Este es nuestro principal ministerio: abrir los ojos de la gente.

¿Y para qué se nos dice que deberemos hacerlo? Para que se conviertan de las tinieblas a la luz. Comprende algo: cuando una persona no conoce a Dios y le van las cosas mal, se puede entender, está en tinieblas. Pero conociendo al Señor, ¿No has visto a gente que sigue viviendo en tinieblas?

¡No saben por qué les pasan las cosas que les pasan! No saben nada. La iglesia debería haber accedido a un mayor nivel de comprensión global. Te digo más: la iglesia, como cuerpo divino, no como institución humana, debería tener lectura hecha, análisis concluido y solución decretada a todos los problemas que vive el planeta.

Por eso aquí dice que es para que abran sus ojos y se conviertan de las tinieblas a la luz, y para que no se confundan los más conservadores, añade: de la potestad de Satanás. ¡Es que él es quien los mantiene en ignorancia!

Ahora te pregunto: ¿Tú crees que en la iglesia hay sabiduría absoluta de Dios? No esperaré tu respuesta para formularte otra pregunta: ¿Qué pasa cuando en la iglesia también hay ignorancia? Sí te convertiste. Se convirtió tu corazón, gloria a Dios, ¡Pero no se convirtió tu mente!

¿Por qué digo eso? ¿Cómo lo sé? Porque tu mente sigue atrapada en prejuicios, en tu cultura regional o nacional, en tu manera de pensar. Les hago una pregunta a los tantos hermanos de habla hispana que viven en naciones determinadas como primeras potencias mundiales. ¿Por qué, si están viviendo en una nación formidable, siguen viviendo como centroamericanos o sudamericanos pobretones?

Y no es ofensivo, esto. Es una advertencia para que algunos procedan a modificar sus formas de pensar, con la simple expectativa de que con ello puedan modificar sus maneras de vivir. ¿Vivían en ranchos miserables en sus naciones de origen? Ahora viene en departamentos de mejor calidad. ¿Y por qué tienen, en su interior, el mismo tremendo desorden que tenían en aquellas viviendas miserables? ¿No se les ha podido adherir el orden ambiente?

Y ni hablar del trabajo que tienen si deben aprender un nuevo idioma. ¿Saben por qué? Porque sus corazones se han quedado clavados, atornillados, cristalizados en sus antiguas nacionalidades natales. Es triste, pero si yo estoy viviendo en un lujoso departamento de pleno centro de una tremenda ciudad del primer mundo, no puedo pretender usar el balcón para cocinar mi asadito argentino en una parrilla con carbón, humo y olor apestoso para quienes no gustan de la carne vacuna asada.

¡Y te estoy confesando una de nuestras mayores debilidades de argentinos nativos! La otra es el mate de bombilla, pero al menos esa no fastidia a los que nos rodean, salvo cuando piensan que nos estamos drogando.

Imagínate que si a un latinoamericano, que por esencia suele ser algo desordenado y también irrespetuoso de las leyes y ordenanzas porque en nuestros países no hay penas ni multas para con ellas, le cuesta trabajo adaptarse a una nación ordenada, limpia y rígida en sus leyes, ¿Cuánto más le costará adaptarse al Reino de Dios y su justicia, luego de haber salido del reino de Satanás de dónde fue rescatado?

Dice: Para que reciban por la fe. ¿Es la fe el instrumento? Que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados. Ahora bien; si dejas tu dedo puesto en este texto al cual luego vamos a retornar y te vas a 1 Juan, vas a darte cuenta que, en realidad, el patrón que Dios tiene para llamar a su gente, no ha cambiado.

En 1 Juan capítulo 1, hablando el apóstol amado, dice en el versículo 1: Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (2) (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); (3) lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros, y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre y con su Hijo Jesucristo.

Recuerda algo que ya hemos dicho: nadie puede dar de lo que no tiene. Dice aquí en Hechos 26: Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti.

De hecho, en el mundo espiritual está la explicación de todas las cosas. Y resulta que tú eres un ser espiritual. Y resulta que si te alineas como debes alinearte, tu espíritu va a poder escuchar a Dios perfectamente.

Tú no puedes hacer que tu hijo se convierta, ¿Verdad? Ahora bien: ¿Es la voluntad de Dios que tu hijo se convierta? ¡Claro que sí, la palabra lo dice! Si tú crees, serás salvo tú y tú casa. ¿Y entonces por qué no se convierte? Evidentemente, hay algo que le impide ver al Señor.

¿Por qué no lo alineas, le preguntas al Señor y tú te encargas de ese tema? Hay muchísimas cosas que nosotros dejamos sueltas, simplemente porque no queremos entender que podemos provocar un cambio en ese entorno.

Recuerda esto: abrir los ojos, significa sacar a la gente de la ignorancia. Satanás gobierna sobre la ignorancia, sobre las tinieblas. Él aprovecha, justamente, las tinieblas para eso. Hay dos clases de ignorancia: las cosas que tú no conoces o sabes, y lo que sabes pero no lo ves.

Si alguien es capaz de ver, hay muchas cosas que pueden suceder mediante la fe. En este punto es donde muchos que tienen Biblia para regalar pero vida para comprar, podrían decir: mire, el que tiene fe, no necesita ver. Cierto, pero déjame decirte que si tú no ves, tu fe no tiene forma.

¿Verdad que parece blasfemo, no? Sin embargo tiene que ver directamente con lo que Dios ha dotado a nuestras vidas. ¿Qué cosa es la imaginación, puedes definirla? La imaginación es la capacidad inexplicable de ver las cosas que todavía no son.

Y si te parece trasnochado o más apto para ese canal esotérico que está en tu sistema de cable, recuerda a Habacuc. Este profeta recibió una instrucción gloriosa. Escribe la visión, le dijo Dios. Porque aunque tardare, vendrá; ciertamente llegará.

Yo no sé ni puedo saber, a menos que Dios me lo muestre, que es lo que Dios te ha pedido a ti que hagas. Pero si Él te ha pedido, por ejemplo, que tomes una ciudad para Cristo y tú prefieres continuar con esa obra de darle de comer a los pobres de tu ciudad, no dudo que estarás haciendo cosas buenas, pero déjame decirte que vas a tener un problema a corto plazo, porque no estás haciendo lo que Dios te dijo que hicieras.

Por esa razón es que Pablo en un momento dado, dice: ¡Ay de mí si no predico! ¿Por qué dice “Ay de mí”? El más grande exponente de la gracia, ¿por qué está diciendo “ay de mí”? Porque él sabe que él existía para una sola cosa.

En el momento en que él le predica a Félix, sabe que su tiempo en esta tierra, terminó. Ya no tiene a quien más predicarle. Y se va. Tú estás donde estás, y sólo vas a estar en ese lugar donde habitas, el tiempo que sea necesario para terminar tu trabajo.

Claro está que, si no sabes cuál es ese trabajo que tienes que hacer, de hecho tienes un problema. Hoy día estamos en problemas porque estamos bombardeados por diversos comentarios. Hay una crisis mundial de lo que se conoce como autismo, bipolaridad, comportamientos de conducta extraños, y muchísimas cosas más que conforman un panorama por lo menos, oscuro.

Porque si la ciencia te dice que observando a una partícula, ésta puede llegar a cambiar de forma, imagínate lo que puede pasar por tu cerebro si, tal como dijimos antes, te vas a dormir viendo por la televisión las horribles noticias que pueblan hoy los noticieros del planeta.

Ahora bien; si yo sé escuchar correctamente, yo voy a escuchar lo que Dios dice respecto a lo que está pasando. Porque si a ti te diagnostican una enfermedad y sales corriendo a contarle a todo el mundo que tienes esa enfermedad, ¿Qué crees que sucederá? ¡Que tendrás esa enfermedad!

Hay un problema muy serio con mucha gente. Si crees que la ciencia sabe muy bien lo que hace, estás en graves problemas. La ciencia no tiene ni la menor idea de lo que hace. ¿Quieres comprobarlo? Entra a un buen buscador y escribe: “Causas de la Epilepsia”.

Vas a poder comprobar que mientras hay un médico que te dice que hay veinte causas, hay otro que dice que no, que sólo hay tres. Y luego aparece un tercero que dice que en realdad las causas son cinco y llega un último que te asegura que no se saben con certeza las causas.

Y no te estoy hablando de una dolencia nueva, te estoy hablando de una patología que se conoce desde hace muchos años. ¿Y qué te puedo decir de la bipolaridad, o de la esquizofrenia? Pero ¿Qué pasa? Tú vas al médico, te dice que tienes bipolaridad y a ti se te cae el mundo encima.

Te pregunto: ¿Qué estás dispuesto o dispuesta en mayor medida a creer? No lo sé, pero quiero que recuerdes que la palabra dice que Jesús recibió autoridad sobre todo nombre que se nombra. Por eso, lo peor que podría pasarte, es que te digan que tienes una enfermedad que no saben qué es.

Porque si tú no tienes un nombre concreto, es muy difícil que puedas llevar algo que no tiene nombre a la cruz. Pero si te lo han dado con nombre y apellido, entonces la reacción será sumamente clara: te plantas y le ordenas a ese nombre falso que deje de existir. Porque tu Cristo tiene autoridad sobre ese nombre también.

La pregunta que la mayor parte de cristianos suele formular en este preciso momento, casi siempre, es: ¿Y durante cuánto tiempo debo hacer eso? Es una guerra, recuerda. Nadie gana una guerra con un solo disparo. Seis meses como mínimo.

Estamos viviendo en un tiempo en el que el mundo espiritual se está haciendo cada vez más visible. El problema está en que también se está haciendo visible para los hijos de las tinieblas. Y a veces son los hijos de Dios los que no lo ven.

Quiero que ahora vayamos a Génesis 1. Si tú lees con cuidado lo que está escrito en este capítulo, vas a darte cuenta que hay algunas cosas muy particulares. En el versículo 1, dice: En el principio creó Dios los cielos y la tierra. ¿Dónde es que Dios crea todas las cosas? En el versículo 1

¿Y entonces qué pasa en el 2, 3 o 4? Ya no es creación. La creación termina en el versículo 1. En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La palabra que se utiliza para creó, allí, es bará, y la traducción literal de bará es “hacer algo de la nada”.

En el principio creó Dios los cielos y la tierra. En el versículo 2, en tanto, vas a darte cuenta que hay desorden. Y a partir del versículo 3, Dios empieza a usar de su voz, aunque no para crear, porque no dice que Dios creó la luz. Dice que dijo Dios: sea la luz.

Por eso es que en algún momento de este extenso trabajo hemos dicho que el Espíritu de Dios no puede hacer nada si no se liberan palabras. Desde el verso 3 y hasta el versículo 25, varias veces se lee esto: y dijo Dios, y llamó Dios.

Por eso digo que no es que lo estaba creando, ya estaba creado. ¿Y cuándo se crearon las cosas? En el versículo 1.  Entonces, ¿Qué está haciendo desde el versículo 3 para adelante? Las cosas creadas, se están poniendo en orden.

Ahora bien; ¿Cómo se ordenan las cosas? Se ordenan hablando. Puedes comprobarlo en cualquier actividad que desees realizar. Es tremendamente difícil hacer cualquier tarea, hasta la más mínima, si no hablas. Entiende entonces lo complicado que sería tratar de poner algo en orden sin hablar.

Por eso decimos que el proceso creativo terminó en Génesis 1:1. Lo que Dios comenzó a hacer luego, fue a ordenarlas. ¿Y qué es lo que Dios va a utilizar para ordenarlas? Su palabra. Te recuerdo que esto va de la mano de lo que estuvimos leyendo en Efesios 1, aquello de que las bendiciones están en los lugares celestiales.

Yo soy otro de los que creen que aprender a hablar es como comprarse una de esas navajas que traen todos los elementos. Navaja, tijera, alicate, pinza, lo que se te ocurra está allí. Porque hablar es la capacidad que tengo para declarar lo que veo.

(Ezequiel 37: 1) = La mano de Jehová vino sobre mí, y me llevó en el Espíritu de Jehová, y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos.

(2) Y me hizo pasar cerca de ellos por todo en derredor; y he aquí que eran muchísimos sobre la faz del campo, y por cierto secos en gran manera.

(3) Y me dijo: Hijo de hombre, ¿Vivirán esos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes.

¿Por qué le pregunta al hombre? Te voy a decir algo que podrá sonarte medio raro, pero ten paciencia y sólo escúchalo. Le pregunta eso al hombre, porque Dios todavía necesita del hombre para accionar, para moverse en el mundo natural.

(4) Me dijo entonces: profetiza sobre estos huesos, y diles: huesos secos, oíd palabra de Jehová. (Reitero una vez más, y entiéndelo: el Espíritu Santo no va a hacer nada que no esté dirigido por la voz.)

(5) Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: he aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis.

Si tú lo lees en el hebreo, ni dice y viviréis. ¿Sabes qué dice? Y viven. Un problema clásico de la Reina Valera es que todo lo pone en futuro. Como ejemplo, puedo decirte que el Salmo 23 no dice Jehová es mi pastor, nada me faltará. Dice: Jehová es mi pastor, nada me falta.

Entonces, la iglesia ha caído en un engaño que se ha difundido mucho con estas palabras: lo que viene, es lo mejor. No. Lo que viene, no es lo mejor. Lo que vivo hoy es lo mejor. ¡Pero hermano! ¡Es que yo sé que hay más! Está bien.

En lugares de delicados pastos me hace descansar; junto a aguas de reposo me pastorea. Conforta mi alma, me guía por sendas de justicia. Esa es la manera en que se escribió el Salmo 23. Lamentablemente, la Reina Valera lo pone en futuro, como en este versículo.

Por eso dice: ¡Y viven! Y luego dice: Y pongo tendones sobre vosotros. Y tú ya sabes que en el final de ese pasaje, los huesos se ponen de pie y terminan haciendo un ejército. Ahora bien; ¿Cuál fue el papel del profeta? Sólo estaba en un lugar alto y habló.

Y no habló lo que se le vino a la mente, habló lo que el Espíritu Santo le reveló que hiciera. De hecho, no porque digas que tienes un millón de dólares, mañana aparece un millón de dólares. Hay principios de Dios que son los que mueven el mundo espiritual.

¿Cuál es mi papel? Repetir lo que el cielo dice. Cuando yo digo lo que el Espíritu dice, las cosas salen a luz. Todos hemos escuchado a cristianos con familiares enfermos decir que creen que esas enfermedades vienen de Dios. ¿Realmente saben que eso es así?

¿De verdad alguien que tiene un hijo con problemas serios, está convencido que ese hijo es así por voluntad de Dios? Esa madre que tiene a su hija esquizofrénica, ¿Debe entender que su hija está así por voluntad de Dios?

Escucha: ¿Qué Dios te predicaron? ¡Pero no, hermano! ¡Es que yo sé que Dios también manda pruebas! Escucha y reacciona: ¿Tú crees de verdad, que Dios necesita probarte para ver hasta dónde puedes aguantar? ¿Tú crees que Dios es tan limitado que no sabe cuál es tu punto de quiebre?

El que te hizo, el que te formó y el que te conoció desde antes que estuvieras en el vientre de tu mamá, crees que necesita enviarte un cáncer para sabe4r qué harás o cómo reaccionarás? Así como los elementos técnicos tienen capacidad límite, así también los seres humanos. ¡Y Dios sabe eso! ¡Si Él fue quien los creó!

Hay t3eologías de lo más extrañas que buscan justificar lo que no entienden porque simplemente no han terminado de conocer las fuentes. Por eso, creo que lo que debe hacer cualquier hombre que desee ser creyente fiel, en primer lugar, es conocer quien es Dios. ¡Y Dios es tu padre!

Y no conozco padre en esta tierra que quiera ver sufrir a un hijo para asegurarse tal o cual cosa. No sé tú, pero yo no puedo aceptar esa teología. ¡Pero hermano! ¡Es que hay muchos ejemplos en la Biblia de personas que fueron probadas! Cierto, todos sabemos eso.

Pero lo cierto es que tú puedes decidir no aceptar que todas esas cosas vienen de tu padre, porque para tu modo de ver, eso va en contra del carácter que Él tiene para contigo. Parece que el mismo Pablo tenía problemas con su vista. Cierto, ¿Y?

¿Recuerdas al hijo pródigo? En el final de la historia, dice que él estaba con los cerdos, y de repente volvió en sí y dijo que en la casa de su padre estaba mejor. Volvió en sí. ¿Dónde se ve al demonio en el hijo pródigo? En que le puso un velo que no le permitía ver.

Es una de tantas interpretaciones, nadie está diciendo que la palabra diga eso. Porque dice que de repente volvió en sí. Y uno se imagina que se preguntó qué estaba haciendo allí, lejos de su casa paterna, donde los siervos más rasos vivían mejor que lo que él estaba viviendo ahora. ¿Qué hacía allí?

Fíjate que allí es donde se levanta y retorna. Es que es un caso de simple sentido común. Hay gente a la cual, de improviso, es como que le cae un demonio en la cabeza y empieza a tener comportamientos raros y a hacer tonterías.

¿O no conoces casos de siervos fieles y ungidos que de pronto, de un día para el otro, se engancharon con una jovencita veinte años menor que ellos, se fugaron a otro pueblo y allá viven como si fueran pordioseros? ¡El pastor ungido trabajando de albañil para mantener a su amante juvenil! ¿Qué le pudo haber pasado?

Lo que pudo haber pasado es lo que mayoritariamente le pasa a muchos cristianos: se vuelven ciegos. Espiritualmente ciegos, y también en muchas de las cosas terrenales. Pero no te condenes, ya le pasó a Adán, le pasó a Juan el Bautista.

La pregunta que nos surge a todos formular, entonces, es: ¿Y qué tengo que hacer para que no me pase a mí? Mantenerte escuchando y viendo cosas correctas. Trata de mantenerte en un ambiente donde recibas motivación para crecer y madurar, no para transgredir y pecar.

En este pasaje de los huesos secos, si tú prestas atención en el inicio, esos huesos estaban total y absolutamente secos, no había ni el menor vestigio de vida en ellos ni tampoco les asistía la menor posibilidad de que la tuvieran.

Tú eres alguien que ha sido capacitado para determinadas labores en lo natural, y no tienes por qué tener abundantes conocimientos de otras cosas que no son tu especialidad. Fíjate: ¿Conoces algo sobre una ley de la sustentación?

Para nada. Yo tampoco, pero esa ley de la sustentación es, entre otras cosas, la que mantiene a un avión en el aire. Y resulta ser que ni tú ni yo conocemos absolutamente nada de esa ley, pero sin embargo, y si nuestras obligaciones lo demandan, podemos subirnos sin problemas a un avión y volar con él dónde quiera que necesitemos viajar.

¿Qué necesitamos saber tú y yo para subirnos a un avión? ¿Acaso conocer la ley de la sustentación? No, sólo necesito decidir si quiero subirme a ese avión o no. Ahora pregunto: ¿Tú necesitas entender total y absolutamente el funcionamiento y las leyes del mundo espiritual para decidirte formar parte de él? No. Sólo necesito usarlo.

Los más capacitados hombres de Dios en estas cosas aseguran que no es posible para nadie entender todas las cosas del mundo espiritual en una sola vida. Pero fíjate que en los siglos pasados, la gente creía que el mundo era plano.

Creían que esto era una gran cosa plana, rectangular, y que habían unas tortugas por debajo que sustentaban todo. Entonces, los que navegaban en el mar, pensaban que en cualquier momento sus barcos iban a llegar a un borde y se iban a caer.

Pregunto: ¿Ese pensamiento, modeló las ciencias, el arte, la filosofía, la literatura o la poesía? ¡Claro! ¡Modeló todo! Los grandes monstruos marinos y todo eso que se llamó oscurantismo en la Edad Media, gobernó por muchos años, hasta que un hombre descubrió la imprenta.

Y el primer libro que imprimió, fue la Biblia. Cuando Gutenberg descubre la imprenta, en ese mismo tiempo y momento, año 1517, Martin Lutero está provocando la reforma. Lutero no es quien descubre la imprenta, pero él necesitaba publicar sus conclusiones.

Dios permite que en un mismo tiempo kairos, dos cosas acontezcan casi en el mismo instante. Que un hombre descubra la imprenta, y que otro hombre acceda a una revelación tremenda de una nueva verdad. Cuando une a estas dos personas, se produce algo extraordinario: por primera vez la Biblia, está escrita en alemán.

En la lengua de la gente común. Si no hubiera sido por Gutenberg y su imprenta, la reforma hubiera tardado muchos años más, porque no había manera de poder llegar a la gente. No había radio, no había televisión, la gente se comunicaba leyendo.

Pero resulta ser que las Escrituras estaban en Latín, o en Lenguas Antiguas. O en griego. Y la gente común no hablaba latín, hablaba alemán. ¿Qué hizo Lutero? Tardó unos cuantos años en traducir la Biblia al alemán. Y terminó justo cuando la imprenta estaba lista.

¿Tú sigues insistiendo en creer en las casualidades? Allá tú, yo no creo en casualidades, creo en causalidades.  ¡Entonces, la ciencia ayuda en esto! Desde luego. Ahora claro; cuando los hermanos Wright  aparecen, ¿Sabes quiénes son los hermanos Wright? Son los que inventan el aeroplano.

Ellos sabían que ya desde la época de los griegos se hablaba de volar, pero sólo un problema: jamás habían visto a alguien volar. Entonces cuando ellos se acercan a alguien y le dicen que el hombre puede volar, se le matan de la risa en la cara.

Y la respuesta más o menos coherente que le dieron, fue esta: si el hombre estuviera hecho para volar, tendría alas. ¿Somos inteligentes, o no? Somos. Ahora: Si el hombre hubiese sido hecho para entrar en dimensiones espirituales, tendría espíritu. Pues lo tenemos.

Estos hermanos, entonces, habían visto que cuando las cosas se caen, hay como una especie de ley que procura no permitir que caigan como plomo. Esa es la ley de sustentabilidad. Así que, para hacer volar algo, lo que había que encontrar, era la manera de hacerle alas correctas.

Ahora pregunto: cuando el primer aeroplano voló esos diez o quince metros en ese campo, ¿Lo hizo por primera vez? No. La primera vez, ese aparato había volado en sus mentes. Créeme que así es como funciona todo. Las cosas están hechas, todo está terminado.

¡Eso es visualización, hermano! ¡Y la visualización es del diablo! ¿Ah, sí, eh? ¿Tú me estás diciendo que el diablo es el creador del arte de ver las cosas con la imaginación primero, para luego materializarlas? ¿Eso me dices?

Déjame entonces que te pregunte algo: ¿Desde cuándo el diablo es creador? Yo, hasta aquí, sabía muy bien que era un buen imitador, pero creador nunca. Y si solo es un buen imitador y la visualización es obra suya, ¿Qué cosa de Dios está imitando con ella?

Las cosas están hechas, todo está terminado, pero en el mundo espiritual. Pero entonces necesitas tú verlas. Cuando las ves, las puedes confesar. Y cuando las puedes confesar, las puedes traer aquí. Ninguno de nosotros conoce esa ley de sustentabilidad, pero gozamos del beneficio de subirnos a un avión. No necesitas entenderlo, te alcanza con disfrutarlo.

Jesús, desde el inicio de su ministerio, se preocupó por algunas cosas bien claras y bien  establecidas. Nadie puede suponer que recién cuando llegó a sus treinta años vino Dios y le avisó que debía ir a la cruz.

Él sabía muy bien para qué había nacido. Él tenía su propia hoja de ruta desde el principio. Cuando juan el Bautista lo ve por primera vez, no le dice “Aquí está el Mesías”, o “Aquí está el rey de los judíos”, no. Le dice: “Aquí está el Cordero de Dios”. Y todos sabían muy bien, y él también, dónde iban los corderos. Iban a terminar siendo asados.

¿Tú crees que Juan o Jesús no lo sabían? Durante tres años, Jesús habló y dijo que, si la semilla no cae a la tierra y muere, no puede dar fruto. Yo soy el buen pastor, su vida da por las ovejas. Es decir que, constantemente, Jesús hacía algo singular: hablaba de su función. Yo bien para morir y llevar mucho fruto. A pesar de eso, sus discípulos no lo entendieron.

(Mateo 16: 21) = Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.

(22) Entonces Pedro, tomándole aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. (Hay una versión donde dice que Pedro dijo “¡No lo permita Dios!”)

(23) Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! Me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.

Perdón… ¿Alguno de ustedes podrá imaginarse la cara de Pedro? ¿Qué justamente su Maestro lo llame Satanás? Mira; los que hemos leído más de una vez los evangelios, coincidiremos en que no hemos visto reaccionar así a Jesús con frecuencia, ¿No es cierto?

Él era un hombre sumamente tranquilo, pero convengamos en que se molestó mucho con Pedro. Pero escucha esto: no se molesta con Pedro porque es Pedro y es bruto, se molesta con Pedro porque él está hablando, y no habla libreto propio, sino del infierno. O sea: se molesta con pedro porque Satanás está usando a Pedro en sus palabras.

Porque podríamos coincidir en que no había nada malo en lo que Pedro decía. Al contrario, parecía digno de un hombre de buen corazón que no quería que su amigo se muera. Ahí fue cuando dijo: ¡Por favor, que Dios no permita eso! Claro, él ignoraba algo muy importante: Él vino para morir.

¿Por qué reacciona Jesús con tanta fuerza? Porque el escuchar lo que estorba su propósito, viene del mismo infierno. Él tenía voluntad. ¿Alguno de nosotros puede creer que Jesús se gozaba y deleitaba con la idea de ir a la cruz? ¿A quién se le ocurre? No sería extraño que, por lo menos, le preocupara la idea o la manera de morir.

Porque él tenía un cuerpo que sentía, igual a como siente el nuestro. Y estaba luchando en su mente, porque también tenía mente, en lo que iba a pasar, A diferencia nuestra, Él sabía exactamente lo que le iban a hacer. Esa noche, cuando Él está en el huerto, Él tiene una batalla.

Cuando Él se presenta delante de su Padre, le dice: Señor, yo no quiero esto. Pero, ¿Sabes, Dios? que no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres. Hay una batalla. ¿Por qué reacciona así con Pedro? Porque Pedro, con sus palabras, lo está empujando hacia el otro lado.

¿Qué pasa si Él no va a la cruz? Todos ustedes ya saben lo que hubiera pasado si Él no iba a la cruz. ¿Qué pasa cuando se acerca a ti una persona que te quiere apartar del propósito de Dios? Si todos nosotros reaccionáramos como Jesús, muchas cosas serían distintas.

En muchos casos no supimos decir: ¡Apártate Satanás! Tampoco les enseñamos a nuestros hijos, que a veces sus propios amigos son bocas mismas del infierno. Porque puede que realmente tengamos grandes propósitos, y que Dios tenga grandes planes para nosotros, pero eso no significa que se van a cumplir.

He oído a profetas que aseguran que todas sus palabras se van a cumplir, pero muchos de ellos ignoran que si no hacen nada para que se cumplan, seguirán allí sin cumplirse. Porque la palabra profética no es obligatoria, siempre es condicional.

Si tú haces esto, yo haré esto contigo. ¿No has visto la cantidad de gente que tenía una palabra y jamás cumplió su propósito? Por eso, cuando alguien te dice que Dios le dio una palabra, lo que tú debes preguntarle es qué está haciendo esa persona con esa palabra.

Cuidado, nadie te está diciendo que ayudes a Dios. Te estoy diciendo que la palabra que Dios nos da, es para que nosotros nos movamos en cierta dirección. Por eso Jesús le dice a Pedro que le es de tropiezo. ¿Cómo puede ver Jesús cómo tropieza una persona?

Sencillamente porque le está diciendo algo que, si Él se queda a escucharlo, su corazón va a ser afectado por esas palabras. Si tú no te das cuenta en qué momento debes apartarte de ese grupo que está hablando, tienes un problema.

Cristiano, cristiana: donde quiera que te encuentres, con quién quiera que te encuentres, jamás aceptes que alguien, por las razones que sea, hable mal de Dios, de Jesús o de la Biblia. ¡Ni siquiera aunque te aseguren que era broma! ¿Pero, qué tiene de malo? ¡Que lo estás oyendo, eso tiene de malo!

¡Pero es que yo no lo repito! No es ese el tema, el problema es que la fe viene por el oír. Hermano…honestamente…una pregunta: ¿No es exagerado, eso? ¡No! Porque si Jesús, con todo lo que lo amaba (Fue al único al que se lo dijo), trató de Satanás a Pedro porque hablaba cosas que Él no quería escuchar, ¿Qué menos nosotros?

¿Por qué es un problema lo que dice Pedro? Porque es una expresión de su ideología. Pedro, al igual que el resto de los discípulos, tenía un problema que nosotros quizás también tenemos hoy: su cultura. Pedro tenía una cultura. Y la cultura se expresa con una ideología.

Lo que quiero decirte, es que hay una manera de pensar detrás de lo que cada uno dice. Entonces, la filosofía, es la consecuencia de la ideología. Y todo eso, se convierte en tu teología. Porque, te aviso, aunque tú no seas teólogo, tienes una teología.

Algunos ven a Dios como a su papá, por ejemplo. Otros lo ven como a un dios romano, tipo Zeus, ¿Entiendes? Presto a achicharrarte ni bien te vea pecando. Y esa diferencia de teologías se nota claramente cuando te reúnes a orar con otra gente.

Entre el “amado Señor, estoy de pie ante tu magna presencia”, al otro “Papá, aquí estoy delante de ti”, hay una diferencia de teología. Y no se puede decir que una sea mejor que la otra o más correcta, cada una es fruto de una idea previa, de una teología, que es un estudio acerca de Dios.

Siempre cuento aquella anécdota cuando mi hijo menor, que era muy pequeño, entró como torbellino al salón donde yo les estaba dando clase a más de cien personas y, sin ningún protocolo religioso vino y me pidió una moneda para un refresco. YO usé esa actitud para decir lo mismo que hoy te digo: De acuerdo al grado de familiaridad que tengas con alguien, así te diriges a él. Dios incluido.

Hay gente que le ofrenda a Dios, como a Dios. Y hay gente que le ofrenda a Dios como a su padre. Por eso, cuando Jesús lo aparta a Pedro, lo que está haciendo es decirle: mira Pedro, apártate de mí hasta que cambies tu manera de pensar. Yo no te quiero así a mi lado, me haces tropezar.

Cuando tú empiezas a educar tu mente, es cuando empiezas a perder muchas amistades. Porque hay gente que, créeme, te es un problema. Pero no te preocupes, porque seguramente van a aparecer otras personas. Y van a traerte crecimiento, madurez y ayuda.

Hay una palabra que dice que Toda dádiva desciende de lo alto, del padre de las luces. Y en aquel pasaje que en algún momento leímos en Efesios 1, dice que hemos sido bendecidos en las regiones celestiales. Por eso es que nuestras bendiciones, algunas son tangibles y otras son intangibles.

De todos modos, todas son las bendiciones que el Padre tiene para ti. Tú accedes a ese automóvil que deseabas y necesitabas, esa es una bendición tangible. Tú has pasado todo un día sin que ningún virus ni bacterias te molesten. Esa es una bendición intangible.

¿Cuál es la diferencia? Que algunas se perciben y otras no tan directamente. Entiende: Dios tiene para ti bendiciones que Él ha preparado desde antes de la fundación del mundo. Dice la palabra en Efesios, que Él ha preparado un camino antes de que tú nazcas.

Y ese camino está con todo lo necesario para todo lo que tú vas a vivir y vas a hacer. El asunto es si tú te das cuenta de eso y si decides tomarlo. Si lo haces, verás lo que hay. Si no lo haces, no te quejes. ¡Es que yo no sabía! Claro; por ignorancia perece mi pueblo, ¿Verdad?

Y si no, fíjate; tenemos a las finanzas. Las finanzas son parte del mundo espiritual. Detrás de las finanzas opera un espíritu llamado Mamón. Jesús habló de eso. No podéis servir a Dios y a Mamón. Que también se traduce como riquezas.

Ahora bien; si Mamón o las riquezas te traen algún problema a tu vida, es porque tienen derecho a hacerlo. Entonces, antes de lanzarte a reprenderlos, tú debes quitar ese derecho. Aquí es donde algunos achispados aprovechan para hablar del diezmo y tratar de esa manera de aflojar bolsillos o billeteras endurecidas.

Y entonces mucha gente les salta a la yugular con la clásica y tradicional teología: ¿Cómo vas a hablar del diezmo basándote en un pasaje del Antiguo Testamento, si en el Nuevo Testamento no se dice absolutamente nada del diezmo?

No me gusta polemizar sobre ese punto, porque siempre es mal interpretado. Pero sólo voy a decirte algo que a lo mejor te deja pensando. Cierto es que en el Nuevo Testamento no se habla de diezmos. En el Nuevo Testamento se habla de que todo le pertenece a Dios.

Así que la disyuntiva para el que anda en estas discusiones, entonces, va a ser. ¿Te riges por el Antiguo Testamento y entregas tu diezmo del diez por ciento de tus ingresos o te riges por el Nuevo y le das todo a Dios? ¡Huau! ¡Así nadie me lo predicó! No lo dudo, ¡Les da vergüenza!

Entonces, cuando se puede observar que una persona con problemas está caminando correctamente por lo que es la justicia conocida, allí sí se puede empezar a incursionar por los ámbitos de la justicia no conocida. Y allí es donde empieza otra clase de guerra.

De todos modos, la regla es esta: Dios tiene provisión, bendición, absolutamente abundante para todos. Pero el caso es que tú necesitas verlo. Cuando tú eres capaz de ver algo en el mundo espiritual, y puedes tú nombrarlo, tú puedes traer eso para este lado.

¿Cómo puedes tú escuchar la voz de Dios? ¿Recuerdas a Elías? Él estaba en la cueva, y escuchó un gran estruendo, un viento huracanado; y la voz de Dios no estaba allí. Luego vino un terremoto, y Dios tampoco estaba en el terremoto.

Luego vino un fuego, y Dios no estaba en el fuego, ¿Recuerdas? Y al final vino una brisa suave. En algunas versiones extraídas de los originales, dice que sólo hubo silencio. Y dice que Dios estaba ahí. Para que tú empieces a tomar las cosas del mundo espiritual, necesitas silencio.

Necesitas apagar el televisor, necesitas aquietar tu alma, necesitas silenciarte. Y no te estoy diciendo que ores. Ora si quieres hacerlo, pero no es lo relevante, aquí. Sólo debes aquietarte y hacer silencio. No estás parea orar, estás para oír a Dios.

Hay una premisa indestructible dentro del Reino. Si tú decides obedecer en algo muy grande, eres inteligente. Pero si tú decides obedecer en algo muy pequeño, entonces eres muy inteligente. ¿Por qué? Porque nuestro beneficio viene en la medida en que podemos ser sensibles a lo que el Espíritu nos muestra.

Tú ya sabes que hay religiosos y hay espirituales. ¿Los puedes reconocer? No necesitas tener demasiado discernimiento. El espiritual depende totalmente de Dios, mientras que el religioso depende del sistema al cual pertenece.

Hay lugares que seguramente tú conocerás, que todos los domingos de todas las semanas, de todos los meses de todos los años, hacen las mismas cosas, en el mismo momento y de la misma manera. ¡Es que hacemos lo que dice la Biblia! Cierto, pero: ¿No te parece que sería muy divertido que un domingo cualquiera le preguntaran a Dios si Él quiere que hagan lo que están por hacer?

En los templos de casi todas las denominaciones, por ejemplo, llega un momento determinado donde se procede a levantar las ofrendas. Y quienes la levantan, lo hacen en todas las reuniones de la misma manera. Y los que ofrendan, también lo hacen en todas las reuniones de la misma manera.

¿Y qué pasa si un domingo le preguntan a Dios si Él quiere que se levante la ofrenda? ¿Y qué pasa, si dice que sí, si le preguntas qué cosa es la que Él quiere que tú ofrendes? ¿Acaso otra vez ese billete que es el de valor más pequeño que tienes en tu bolsillo? ¡Yo nunca hago eso, hermano! Dios te bendiga, hay quienes sí lo hacen, por eso lo menciono.

Quiero que entiendas que lo primero que ministerialmente se te va a exigir, es obedecer. Lo segundo, es que te armes de una excelencia en disciplina. Debes leer todo lo que puedas, olvida lo fácil como es la televisión, las computadoras portátiles, los celulares de última generación. Toma el trabajo antiguo, pero fructífero, de leer.

En tercer lugar, ten cuidado con lo que oyes. Créeme que esto es determinante. Porque tanto la fe como la incredulidad, vienen por el oír. La fe es neutra, tú puedes tener fe en algo negativo, y va a pasar. O puedes tener fe en algo positivo, y también va a pasar.

 

 

 

 

 

 

 

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La Palabra Viviente

Por mucho tiempo hemos limitado la Palabra de Dios a un folleto, a un mensaje, o a un Libro de 66 tomos. De la Biblia hemos dicho que es la brújula del navegante, que es el mapa que nos lleva a la vida eterna en Cristo; y le hemos dado muchos títulos y adjetivos que realmente han estado muy apartados de lo que verdaderamente es la Palabra de Dios.

Es más, muchos creyentes tienen un estante lleno de polvo, en el cual guardan muchos libros y recuerdos de la antigüedad; y entre todo ello está la Biblia. Y para muchos de ellos la lectura de la Biblia es tediosa, fastidiosa y cansada.

¿Por qué? ¿A que se debe esta falta de interés por la Palabra de Dios en la Biblia? La verdad es que para muchos la Biblia se ha convertido solamente en un libro de historia o, incluso, de historietas, donde encontramos la historia de personajes celebres y famosos de los cuales se habla en la escuela dominical, y en algunas otras reuniones.

Pero así como ellos murieron, pensamos, que así lo fue también con sus experiencias y principios. La verdad es que si creemos o pensamos así, estamos muy equivocados, y es en mayor parte nuestra culpa, debido al nivel de Religiosidad o Ceguera espiritual al que hemos estado involucrados, pues no hemos dejado que Dios nos guié a través de sus diferentes medios dados por su Espíritu Santo.

Lo primero que tengo que decirte en cuanto a la Biblia es que: la Biblia no es Dios. La Biblia es un medio por el cual Dios nos ha hecho llegar sus Palabras y sus enseñanzas. La Biblia es mucho más que un libro común y corriente, donde se han recopilado historias verídicas de personajes que dieron inicio a la nación Judía, y como su cultura espiritual se ha relacionado e involucrado hasta los confines del planeta y de las naciones.

La Biblia también contiene muchos mensajes que Dios a dado a los pueblos, naciones y lenguas; a personas descritas en la Biblia a través de las cuales por su situación, sus hechos y sus palabras, podemos entender algo en esencia del corazón de Dios.

Pero, por favor, no limites ni encajones la sabiduría eterna  del Omnipotente, y su palabra o mensaje para nosotros, a un libro que consta de sesenta y seis tomos al cual el hombre, le ha puesto por rimbombante y religioso título: Santa Biblia.

Pero en verdad, Dios nunca llamo así el libro. Sin embargo, la Biblia es una fuente que nos da bases muy fuertes y poderosas para conocer al Todopoderoso y eterno Dios. Una pregunta, si el gobierno recogiera todas las Biblias en la nación, y tuvieras una necesidad muy fuerte; ¿A donde irías a escuchar la palabra de Dios que Él tiene para tu necesidad específica?

¿Acaso tendrías que irte a otra nación dejando todo lo que Dios te ha dado, por seguir la Palabra de Dios (que solo limitas a la Biblia), que en tu nación el gobierno ya no dejó circular y mandó incautar? Este es un ejemplo que ha pasado en otros tiempos y en otros lugares.

Tenemos que aprender a caminar con Dios en esos niveles y dimensiones, en los cuales muchas veces no tenemos la Biblia a la mano, pero sí su Presencia, su guía y su unción divina. Tenemos que desmitificar al libro y llevarlo a su justa dimensión. La misma Biblia lo dice.

(1 Juan 2: 20) = Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.

(21) No os he escrito como si ignoraseis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira procede de la verdad.

(22) ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo.

(23) Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre.

(24) Lo que habéis oído desde el principio, permanezca en vosotros. Si lo que habéis oído desde el principio permanece en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre.

(25) Y esta es la promesa que él nos hizo, la vida eterna.

(26) Os he escrito esto sobre los que os engañan.

(27) Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él.

Con la unción del Santo, que nos ha sido dada debemos permanecer y caminar en Él, según esa gracia y unción crece y se desarrolla en nosotros.  A través del caminar de esta vida, nos daremos cuenta que hay momentos en los cuales pasamos por diferentes experiencias, a veces desconcertantes y a veces descorazonadoras, de las cuales la Biblia nos da muy poca luz o nos da muy poco entendimiento acerca de ello.

Es en esos momentos cuando debemos hacerle mucho caso a Su Presencia y Unción que nos ha sido dada, y que nos ayuda a permanecer en Él.  La verdad es que pasamos por experiencias y tiempos en que la Biblia nos ayuda muy poco.

Entendamos esto: La Biblia es un compendio que nos ayuda a conocer y a entender más de Dios, pero no es Dios mismo. Con esto, lo que estoy queriendo decirte es que de  ninguna manera aceptes doctrinas que te llevan a rendirle culto o adoración al libro, como objeto sagrado. Sólo es un libro. Tinta y papel. Lo valioso está encerrado en sus páginas y necesitas del Espíritu Santo para encontrarlo.

La Biblia al igual que muchos libros que transmiten sabiduría, conocimiento y entendimiento, deben ser consumidos, acabados, terminados y absorbidos en su totalidad. Y cuando esto sea así, entonces Dios nos lleva al siguiente paso o nivel de su Espíritu.

Pero la verdad es que lo que se describe en Génesis 4 hasta Apocalipsis, es el resultado de Génesis 3. Y desde Génesis hasta Apocalipsis se nos intenta trasladar a lo que hubiese sido el permanecer en la Presencia Divina, implementando el Reino de Dios a la vida diaria con Él, después de Génesis 2.

Solamente cuando absorbamos este Libro o Manual que llamamos Biblia, seremos capaces de ser guiados por el Espíritu y vueltos a esa vida del Reino descrita en Génesis 2. Porque ese es el epicentro del evangelio de Jesucristo: que puedas ver y posteriormente acceder al Reino de los Cielos. Todo lo demás, por más excelente o ungido que te parezca, es accesorio.

En tiempos antiguos, de los diez mandamientos, de la Ley de Moisés,  de las tradiciones, y demás cosas rituales; se hicieron unos rollos (libros), manuales de conducta y comportamiento, los cuales constaban de un montón de ritos y de mandamientos de hombres, los cuales todos se interpretaron como si fueran palabra de Dios. Todo eso en su totalidad se interpretó como si fuera palabra de Dios.

Es verdad que la Biblia es el patrón, es el manual, pero no lo es todo; hay más. Cuando vino Jesús, él consumió, acabó, terminó y absorbió el Libro en lo que respecta a hacer y vivir en lo que realmente era la Palabra de Dios en su tiempo.

El Libro fue consumido y terminado por Jesús, y todo el que verdaderamente se acerca a Dios, lo Consume y termina por medio del Espíritu de Cristo que habita en su corazón. Hoy a nuestro alrededor, el hombre ha hecho de las experiencias de Jesús y de los Apóstoles, un libro o manual que consiste de ritos, de mandamientos y doctrinas de hombres, los cuales no perfeccionan la conciencia, y tampoco tienen valor y poder alguno contra los apetitos de la carne.

Sin embargo repito: Jesús consumió y terminó con toda la Palabra de Dios que había en el Libro; y por medio de Él nosotros también lo logramos, y tenemos entrada a esa dimensión del Espíritu que se describe en Génesis 2.

Tenemos que aprender a caminar con Dios en esos niveles y dimensiones, y tarde que temprano, la Palabra de Dios se irá encarnando poco a poco en nuestras vidas; y nos pasará como un día aconteció: La palabra de Dios se hizo carne.

(Juan 1: 1) = En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

(2) Este era en el principio con Dios.

(3) Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

(4) En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

(5) La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

(Verso 9) = Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.

(10) en el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.

(11) A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.

(12) Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; (13) los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

(14) Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre) lleno de gracia y de verdad.

Este es un principio o una verdad muy importante: Dios quiere encarnar sus Palabras en sus hijos, los cuales no son nacidos de carne ni de sangre, ni de voluntad de varón sino de Dios. Tenemos que llegar al nivel donde la Palabra de Dios se encarna en nuestras vidas.

Debemos llegar a ese nivel donde el mensaje de Dios a las naciones, pueblos o colonias, somos nosotros. Nuestra forma de vida, pensamientos y expresión. El creyente es la palabra de Dios al mundo. El mundo en su totalidad no llegará a conocer a Dios por medio de un libro lleno de ritos y tradiciones de hombres, sino a través de experiencias prácticas diarias con personas que conocen a su Dios.

(Daniel 11: 32) = Con lisonjas seducirá a los violadores del pacto; más el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará.

(2 Corintios 3: 2) = Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; (3) siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón.

Cuando uno se convierte en el libro de las palabras de Dios, notará y verá como Dios habla a través de la vida de uno mismo, de las circunstancias que le rodean; y también tendrás permanencia en él. Permanencia sobre todo tipo de adversidad y emocionalismo.

(Mateo 24:35) = El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Cielo: todo tipo de experiencia con Dios. Tierra: Todo tipo de experiencia terrenal. Solo quedará lo permanente: Carácter Cristiano o de Fe.

Puede que a los 70 años de tu partida de esta tierra, tus nietos tengan algunas fuertes dificultades; y el testimonio que sembraste para tu generación, y por la Palabra de Dios que encarnaste para tu familia, le llegue, y le haga volver de su error.

Tenemos que entender que solo tenemos a Jesús como ejemplo a este nivel. – Una pregunta: ¿Porqué Jesús en sus 3 años y medio de ministerio no participó en los ritos, sacrificios u holocaustos, que la demás gente ofrecía?

Al Señor, muy pocas veces lo vemos en el templo, y cuando esta en el, no hace como los demás. Los demás ofrecían sacrificios (porque solo entendían la sombra de las cosas y no la realidad). Pero Jesús conocía la realidad; y por ello no ofrecía sacrificios.

Porque él entendía que él era el sacrificio que Dios quería. Todos los demás conocían las sombras, Jesús conocía la realidad, Él es la realidad. Hemos llegado a un nivel, donde el ser hijo de Dios no se limita solamente a traer una Biblia debajo del brazo, a cantar un canto o canción cristiana y terminarla hablando en lenguas.

Muchas de las cosas que se han recibido de Dios con el tiempo el hombre tienden a convertirlo en un rito mecanizado. Por ejemplo: Muchas veces se lee la Biblia por costumbre, y en los 3, 5, o 10 capítulos, se balbucea mecánicamente, y no se capta nada del mensaje de Dios para nuestro estilo de vida y familia.

Cuando nos reunimos para convivir o tomar la cena del Señor, ya muchas veces se hace con fines diferentes, y no genuinos del Agape.  –Muchas veces en lugar de ser luz en medio de esta oscuridad, nos disfrazamos de luz, mezclándonos con las tinieblas en su ignorancia y corrupción.

–Muchas veces nuestro devocional diario (Y lo llamo así para que sepas de qué estoy hablando, aunque esa terminología no existe ni por asomo en la Biblia, compuesto de oración, lectura bíblica, ayuno, etc.) en lugar de ser comunión con Dios, es algo metódico y ritualístico en donde no  fluye la vida de Dios sino solamente religiosidad.

Tenemos también que saber conocer y reconocer lo que es sombra y lo que es realidad. Pues la Biblia dice en Hebreos 10:1. Porque la Ley teniendo la sombra de los bienes venideros, no la representación (imagen, sustancia, realidad) misma de las cosas nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, nunca puede hacer perfectos a los que se acercan.

Es muy importante notar que: Todo lo que es Ley solo tiene la sombra. La sombra nunca puede hacer perfecto a nadie. Las sombras son cosas que se realizan cada año, sin llegar a la realidad. Y vemos que la Biblia dice de Jesús: Que es el resplandor de su gloria, y la fiel representación (Imagen, Sustancia, realidad) de Su ser real.

Jesús es la realidad y no es la sombra. El sacerdote del A. T, y aún del tiempo de Cristo, servía a las sombras, y no a la realidad. Pero hoy, por medio de Cristo Jesús; el real sacerdocio, la nación santa, y el linaje escogido que es la Iglesia de Dios, debe de trabajar en la realidad de las cosas, y no en las sombras, por ejemplo: -El sacerdote antiguo trabajó mucho con el altar del sacrificio (Sombra).

Jesús entendió que él era el sacrificio, y por lo tanto no participo nunca en un sacrificio de su parte, excepto  la cruz, donde se ofreció como ofrenda voluntaria a Dios. Nosotros hoy como real sacerdocio, tampoco debemos de tomar parte en los sacrificios sombra.

Hablemos un poco sobre esto. Cuando uno aprende a tener comunión con Dios y no religión, aprende a conocer el corazón de Dios, y Dios le revela cosas y secretos. Esto fue lo que le sucedió a David. David fue un hombre conforme al corazón de Dios, y tenía comunión y amistad con Dios. Y Dios le reveló y le dijo:

-¿Sabes una cosa David?  -Si Señor, dime. –Las gentes por muchos años han estado ofreciendo sacrificios tras sacrificios, y holocaustos tras holocaustos, pero no han cambiado su forma de vida, su forma de pensar y de ver las cosas; y siguen tras la misma mediocridad de siempre. //Ya no quiero sacrificios//.

Por favor, entiéndelo David: Ya no quiero sacrificios, ya no quiero holocaustos. –Los sacrificios que me agradan son el espíritu quebrantado; y al corazón contrito y humillado no lo despreciaré. Recuérdalo David, para cuando pases por una situación difícil, no ofrezcas sacrificios.  –Oh Señor, gracias por mostrarme esto (Salmo 51:16-17).

Dios no quiere sacrificios. Y por muchos años el hombre se ha empeñado, se ha afanado en hacer sacrificios; aún cuando el Señor Jesús nació, las gentes seguían sacrificando. –Hoy en estos días ya han pasado más de 2000 años  desde que Jesús murió, y muchos siguen haciendo sacrificios, aunque de diferente forma:

No tengo ganas de orar, ni de levantar las manos… pero voy a hacer un sacrificio.

No tengo ganas de adorar o alabar al Señor, pero lo haré de todos modos.

No tengo ganas de diezmar, pero haré el sacrificio para que Dios esté contento.

¡Nó! No tienes que hacer sacrificios. Si no quieres ir a la reunión, no vayas. Si no quieres levantar las manos ni orar, ¡no las levantes, no ores! –No hagas las cosas por sacrificio. Ni tampoco hagas de las cosas un sacrificio.

Recuerda: Al corazón contrito y humillado, Dios no lo despreciará. Cuando hagas algo, hazlo de corazón voluntario.

(Colosenses 3: 17) = Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

(Verso 23) = Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.

En Las cosas que son hechas a la fuerza no está el Espíritu de Dios Por eso es que Romanos 8:14, dice: Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Esto fue lo que les pasó a Caín y Abel.

Uno, del fruto de la tierra trajo ofrenda a Jehová (solo que la actitud del corazón no era la correcta. Caín era un resentido, un desequilibrado emocional y sin dominio propio. Lo vemos claramente en lo expresado en Génesis 3:5-9.

Y Abel, era todo lo contrario a su hermano. Él ofreció una de sus ovejas, pero no cualquiera, fue una de entre los primogénitos y de lo más gordo de ellas (pero sobre todo, lo hizo con la actitud correcta de corazón, y en fe.

La actitud de corazón es muy importante; es aquí donde se denota la diferencia entre el trigo y la cizaña, entre los Egipcios que no tienen luz, y los hijos de Dios que sí tenían luz en sus corazones. Entre los que son Israelitas (hoy cristianos) simplemente, y los que temen a Dios.

Te diré algo muy valioso e importante: cuando la persona ha entendido que lo que Dios quiere no es tener religión con el hombre sino comunión; las cosas que se hacen para Dios y con Dios: Ya no son más un sacrificio, son un gusto, un honor y placer.

La oración, entonces, ya no es tediosa ni religiosa, sino es comunión con Dios, como la comunión con alguna amistad íntima o familiar. Ya no es sacrificio el cantar o el levantar las manos, sino que es vida el hacer estas cosas para Dios, es vida el caminar con Él e ir juntos a una reunión donde quiera que esta sea.

Ya todo tiene significado y sentido.  – Te has puesto a pensar en el recién nacido. Como su miradita se pierde en el espacio (es que todo está cobrando significado y sentido para él). Esto va aumentando conforme al tiempo y madurez.

Y todo eso ¿por qué? Porque, ya hemos dejado a tras la sombra del altar del sacrificio. Ya ir al lavacro (sombra) no es necesario; ahora cuando leemos la Biblia o algún otro libro, o vemos una película, le decimos al Señor: Señor Jesús, tú eres la Palabra por excelencia, tú eres la Palabra de Dios que se hizo carne, tú eres el Emanuel, se también en todo momento conmigo, y encarna tu Palabra en mi vida.

Señor, ahora háblame a través de los árboles, sus hojas, del viento, las nubes, y todo lo que tú quieras. –Oh mi hermano y amigo, ¡Qué hermosa es la Palabra de Dios! No la sombra del lavacro, ¡La Palabra de Dios! No me confundas otra vez palabra de Dios con discurso de hombre, por favor.

¿Por qué crees que el Salmista decía? Deseables son más que el oro, y  más que mucho oro afinado; y dulces más que la miel, y que la que destila del panal (Salmo 19:10).

Podrás decir: Bueno, aquí se está hablando de la Ley de Jehová, del testimonio de Jehová, del precepto, del temor y de los juicios de Jehová.  –Sí, tienes razón, pero la verdad es que David (como lo notarás desde el versículo 1 en delante de este  Salmo), aprendió a escuchar y ha tener comunión con Dios más allá del libro y de las leyes religiosas impuestas por el hombre.

Todo esto y más, lo entenderás al ir caminando en la realidad de Dios, no dependiendo de las sombras de la religión. El poeta secular escribió que no hay camino esperando, sino que se hace camino al andar. ¡Y él no conocía los principios del Reino, pero los detalló como si los conociera!

También tenemos la sombra del Lugar santísimo. Aquí es el lugar donde el sacerdote entraba una vez al año, llevando sangre e incienso.  –Hoy por medio de la puerta  que es Jesús, tenemos entrada continuamente a la realidad del Lugar Santísimo que es la Presencia Manifiesta de Dios.

Acerquémonos pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia, y hallar gracia para el oportuno socorro. Acerquémonos con corazones sinceros, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.

Y al estar diariamente en su Presencia las veinticuatro horas al día como se nos dice en 1 Tesalonicenses 5:17; continuamente le escucharemos y veremos como hace señales en nuestra vida, y muchas otras cosas más.

Todo esto acontecerá en la Realidad de su Presencia, y no en la sombra del Lugar santísimo, donde uno entra a su Presencia una vez al año, y otros solo cada domingo.  Amados, tenemos que aprender a vivir más allá de las sombras de la religión, y hacer de las realidades de Dios el pan nuestro de cada día, y de nuestra existencia.

Cuando aprendamos a vivir y andar en estos niveles de la realidad de Dios es cuando verdaderamente comenzaremos a conocer la Palabra de Dios, y ella se irá encarnando en nuestras vidas, y seremos verdaderamente sus discípulos mostrándolo con nuestro estilo de vida, y no solo a través de la religión.

Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervo porque el siervo no sabe lo que hace su Señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.

Pero vosotros tenéis la unción del santo, y conocéis todas las cosas…  –Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él.

Y seréis todos enseñados por Dios.         Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.   –Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.

Esta fue una recopilación para nada estructurada u ortodoxa de varios textos, entre los que puedo citarte a Juan 15:14-15. 1 Juan 2:20, 27, Juan 6:45, 16:13 y 14:17. Y no te fastidies por eso, la palabra de Dios no necesita capítulos, versículos o números. La palabra de Dios resuena en tu ser más íntimo sólo cuando su Espíritu Santo abre los ojos y oídos de tu entendimiento.

 

 

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El Final de las Estructuras

Quiero puntualizarte que este trabajo que voy a compartir contigo, vio la luz en su esencia de fondo, en los inicios de este siglo veintiuno en el que ya estamos transitando largamente por más de una década. Causó en ese momento un impacto tremendo y fue responsable de que muchos hijos sinceros de Dios abrieran sus ojos espirituales.

En virtud de que el tiempo ha transcurrido y muchas de las cosas dichas en ese momento, o bien ya se han cumplido o bien han mutado en su aspecto, creo que vale la pena reiterarlo hoy vistiéndolo con las galas de estos tiempos más modernos, porque quien me diga que en quince años no sucede nada en el mundo, es porque está marginado de ese mundo, y no por santidad, precisamente.

Lo cierto es que, sin embargo, muchas cosas relacionadas a nuestros ambientes cristianos (Porque el mensaje es hacia dentro y no hacia fuera de la iglesia), lamentablemente siguen no solamente igual, sino que en muchos casos, decididamente peor. Y eso, no habla para nada bien de todos nosotros como pueblo.

Comencemos con una palabra muy cara a los sentimientos del cristianismo evangélico en general: avivamiento. Convengamos en que cada vez que Dios –efectivamente- ha enviado un avivamiento sobre su pueblo, inmediatamente cada sector, cada grupo, cada denominación, ha institucionalizado ese avivamiento; lo ha convertido en una serie de nuevas disposiciones, de nuevas reglas a cumplir para, en definitiva, aprobar que alguien se considere: “avivado”.

Esto ha determinado que mucha gente, disconforme con esos manejos de su denominación, haya resuelto apartarse y encarar algo nuevo. Parecería ser en primera instancia, una excelente idea, pero olvidamos que nace en una división, lo cual casi la condena antes de comenzar. Porque ese anhelo de algo nuevo ha traído como resultado, en muchísimos casos, la apertura de nuevas iglesias y hasta denominaciones.

Que podrán estar mucho mejor diagramadas, planificadas y encaradas, es cierto; incluso más liberadas de castrantes estructuras, también es verdad, y sumamente respetuosas de la transparencia de la palabra pero, en el fondo, una nueva denominación que se sumará a las ya existentes. En suma: más de lo mismo.

Escuché una gran parte de mi vida, ya te he contado, a un enorme predicador abrirnos los ojos con respecto a esto, enseñándonos qué era lo último que debíamos hacer. Sin embargo, y como para que aprendamos que la sutileza del enemigo no respeta prestigios, ese mismo hombre concluyó su ciclo haciéndolo.

Él sostenía, al abocarse de lleno a la tarea de abrir nuevas iglesias muy distintas a las presentes, y adoptando una nueva y muy novedosa forma de encarar y cultivar el evangelio real pero, en el fondo, una nueva denominación que pasó a sumarse (Hoy sin pena ni gloria) a las ya existentes.

Encontré un texto que si bien es básico y hasta elemental para la vida de fe, todos seguramente hemos leído en no pocas ocasiones. Sin embargo, pese a haberlo hecho y hasta incluido en enseñanzas y mensajes en muchas oportunidades, quizás todavía no hemos podido ver en la dimensión en que podemos verlo hoy a la luz de otra revelación más fresca.

(Juan 14: 6) = Jesús le dijo: Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Claro está que la Vida Eterna no consiste simplemente en creer o aceptar que Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida. Tú puedes pasarte toda una vida repitiendo a quien quiera oírte: “Yo creo que Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida”, que no por eso tendrás asegurada la vida eterna.

Porque el principio de la vida eterna da acceso cuando, además de creer y declarar que Cristo es el Camino, tomamos la nada sencilla pero posible decisión de comenzar, de manera genuina, a transitar por ese Camino. Esto es: caminarlo con todas sus alternativas; de las buenas y de las otras.

Muchos piensan que aceptando la fórmula y creyendo en ese principio, todo estará arreglado. Pero déjame decirte que no funciona así, porque ese es solamente el anuncio, el letrero que te dice dónde está el camino. Lo que sí va a funcionar es el caminar por donde ese letrero te dice que debes caminar.

No es suficiente que tú sepas que una autopista te lleva a una determinada ciudad. Debes tomarla y transitarla para, efectivamente, poder llegar a ese destino. Si se hubiera escudriñado debidamente eso, nos habríamos ahorrado muchas polémicas, debates y santas discusiones.

Ah, y también nos hubiéramos evitado dividirnos en más de una denominación. Porque el asunto vital y central, créeme, no está en si una salvación se puede perder o no se puede perder, como ha ocurrido dividiendo por ello a tanta gente. El asunto está en qué cosa es lo que entendemos por salvación.

Hay algo que definitivamente está más que claro: cuando una persona acepta los conceptos y las doctrinas correctas, lo único que tiene es una religión pintada o barnizada con el color del cristianismo, pero no necesariamente tiene a Cristo.

Y no te asombres. Dentro de las sutilezas con las cuales de maneja el enemigo, la de meterte en una confusión importante, es una de sus preferidas. Ahora bien: ¿Cómo se puede hacer para saber y estar seguros que no estamos en una religión más y que sí estamos verdaderamente en Cristo? Es bastante simple, pero merece una explicación.

Empecemos por preguntarnos qué cosa es una religión. A esto ya puedes habérmelo oído porque lo he enseñado en muchas ocasiones, pero la importancia que contiene amerita totalmente a que lo reitere una y otra vez, hasta tener la seguridad de que, sino todos, pero al menos una enorme mayoría, lo tenga claro.

Normalmente, una religión tiene: un fundador, tiene un libro y tiene una doctrina extraída, obviamente, de ese libro. Ejemplo: Mahoma fue el fundador del Islam, mientras que el libro que lo recuerda y contiene los principios musulmanes, es el Corán.

José Smith fue el fundador de los denominados como “Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos Días”, más conocidos como “mormones”. Tienen un libro, “El Libro de Mormón” y una serie de reglas y principios que ellos respetan y obedecen, al igual que los musulmanes con Mahoma, en honra al fundador ya desaparecido.

El cristianismo también tiene un fundador: Jesucristo, y también tiene un libro: la Biblia. Si hacemos como hacen ellos, siguiendo las reglas, principios y preceptos que allí están escritos, seremos una religión más: la religión cristiana.

Pero resulta que hay una enorme diferencia que no siempre es vista, y que cuando lo es, no siempre es creída: el fundador del cristianismo, está vivo. No va a contradecir su palabra escrita, pero puede hacer algo nuevo hoy mismo, como lo haría cualquier persona que vive.

¿Lo crees? ¿De verdad que lo crees? Mira que en creerlo o no, hay mucho en juego. De allí que limitarte a aceptar que Cristo es el fundador, aceptar que la Biblia es el libro y que todo lo que allí está escrito se debe creer y obedecer, no te hace cristiano. En todo caso, te hace miembro de la religión cristiana. Lo que sí te hace cristiano, es tener genuinamente a Cristo en tu corazón.

(Mateo 28: 20) = Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado, y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Es curioso, pero no dice “Mi doctrina estará con ustedes todos los días”. Tampoco dice “Los conceptos sobre mi persona los acompañarán todos los días”. Dice YO ESTOY con ustedes todos los días. ¿Y entonces? Entonces ¡Está vivo! ¿Vivo? ¿Cómo vivo?

¿Y ese hombrecito crucificado? Ese es Cristo tal cual como a los demonios les encanta que lo veamos. ¿Y ese pobre hombre sufriente, con sangre en el rostro por su corona de espinas y un pecho abierto donde se ve su corazón sanguinolento? Ese es un cuadro de Jesús de Nazaret pintado por Pepe Satanusky. ¿Y tú te lo creíste? ¡Era un cuadro! – ¡Pero hermano! ¡Es que él murió así! ¡Claro que murió así! ¡Pero resucitó al tercer día! ¿Por qué vamos a tomar a la cruz como muerte si en realidad fue una clara victoria sobre la muerte?

Por eso, cuando Cristo se mueve, (Porque: ¿Cuántos saben que todo lo que está vivo se mueve?) Cuando Cristo se mueve, cualquier día, empiezan a haber problemas en la iglesia. ¡No! ¿No? ¡Hermanos! ¡Esto nunca se hizo antes! ¿Será de Dios?

No sé: ¿Qué dice la palabra? Que Jesús resucitó a Lázaro. ¿Y entonces por qué te asustas si en el funeral del hermanito Fulano, pobrecito, por ahí por la madrugada, el muerto empieza a moverse y se sienta en el ataúd? ¿Por qué vas a asustarte si lo que está haciendo es bíblico?

Sí, claro, es bíblico, pero… ¿Sabes? ¡Nunca pasó antes! No es la costumbre, no está en la tradición de nuestra iglesia, de nuestra denominación; jamás ocurrió. Esas son reglas, normas. Ahora bien; si decidimos vivir sobre la base de reglas, estatutos, costumbres, tradiciones y normas, ¿Para qué hubiéramos necesitado que Jesús resucitara? No hay duda, hermano: cuando Cristo se mueve, en el primer lugar que arma un batifondo monumental, es en la iglesia. Y te digo más: el mundo es capaz que se lo cree más rápido.

Después tenemos el Pentecostés. Vamos a ver. Una religión que vive por la interpretación de un libro transformado en doctrina. ¿Necesitaría un Pentecostés? Sería incomprensible, ¿Verdad? Sin embargo, y en aras de una interpretación doctrinal que no se discute pero que no se sabe muy bien en qué parte de la Biblia está, hay mucha iglesia denominada cristiana por allí, que también vive sin un Pentecostés.

Eso, aunque te parezca insólito, la transforma en una iglesia cristiana que vive sin Cristo. ¿Cómo que vive sin Cristo si su mensaje es cristocéntrico? Claro, pero sólo conoce y difunde su historia, sus palabras, su enseñanza y sus dogmas, pero que no evidencia su presencia actual. Porque no sé si recuerdas que te dije que Él está vivo, ¿No es cierto? Y eso está sucediendo HOY.

Hay algo que como cristiano debes tener muy en claro: Cristo no vino a la tierra a fundar una religión. Él vino a vivir una vida. Su máxima enseñanza, partiendo de la base del evangelio que él predicaba: (El Reino de los Cielos se ha acercado), era que los demás vieran cómo vivía Él, y que pudieran seguir sus pasos y vivir igual.

La Biblia nunca dijo que el que tiene la mejor doctrina, el mejor dogma, la mejor teología, tiene la vida. La biblia siempre dijo y dice aun que el que tiene al Hijo tiene la Vida. Esa es le verdad. Y la verdad, (Recuerda que: “Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida”), es inconfundible porque es una persona: Cristo; no una suma de dogmas.

Cuando hablamos de interpretaciones bíblicas, hay mucha gente que te escucha, te entiende, y porque no es mal intencionada ni te escribe ni te manda mensajes ofensivos, pero que no coincide en absoluto. Porque está convencida, esa gente, y quizás tiene mucha razón para estarlo, que de las diferentes interpretaciones bíblicas dependen todas las denominaciones con que se divide la iglesia de Jesucristo en estos tiempos. Al menos en lo que al movimiento evangélico tradicional se refiere.

Sin embargo, yo creo que hay algo más para decir. Fíjate que en los primeros tiempos no existía la imprenta, así es que, el Antiguo Testamento, (Que era “La Torá” para ellos), se reducía a rollos que se guardaban de modo sagrado en las sinagogas.

Más adelante, y ya con el Nuevo Testamento como eje central, esto es: la época en que Cristo vivió, nadie predicaba con ninguna escritura en las manos. Así que sería casi ridículo suponer que la palabra emana de una interpretación bíblica. En realidad, la palabra emana de la presencia viva de Cristo, del Espíritu Santo pleno en tu vida.

El cristianismo, cuando se reduce o se limita a una religión, es lo más parecido a un velatorio, a un funeral. Supongo que has ido alguna vez a un funeral de alguien, ¿Verdad? En un funeral, todo el mundo habla del que se murió. Se comenta lo que hizo y lo que no hizo, lo que dijo y lo que no dijo. Es lo más normal, casi natural y corriente.

Se te muere un familiar y, cuando hablas de él, hablas de lo que hizo cuando estaba vivo, hablas de las cosas que decía cuando estaba vivo. Porque desde que se murió hasta este momento, ya no sabes más nada de él, así es que muy poco es lo que podrías decir. Entonces pregunto: ¿Nadie, por ventura, se ha dado cuenta que en una enorme proporción de cristianos ocurre lo mismo?

Entonces llegamos a un templo de cualquier congregación y empezamos. Zaqueo, Los Leprosos, El Ciego Bartimeo, siempre lo mismo. Lo miramos de aquí, lo miramos de allá, lo enfocamos desde este ángulo, lo apuntamos desde aquel ángulo. Nos identificamos con tal interpretación, nos adherimos a la otra interpretación, discutimos por ellas, pero no salimos de lo que hizo Zaqueo, los leprosos o el ciego Bartimeo.

Parece que fuera un sistema como que hablamos de uno que se murió y que se quedó muerto. Entonces, todo lo que hablamos de él, es lo que él hacía cuando estaba vivo. Es allí donde parece que nuestros hijos se educan, se forman y se crían en un enorme funeral de domingo. Siempre oyen hablar de lo mismo. De lo que Jesucristo hacía cuando estaba vivo.

¿A ti nunca te llamó la atención que el apóstol Pablo, en sus cartas, nunca cita los evangelios, los hechos y las obras de Jesús? ¿Sabes por qué no lo hacía? Porque Pablo no consideraba importante resaltar las aventuras de alguien durante su vida, si era alguien que seguía vivo y podía tranquilamente seguir haciendo cosas. ¿Para qué iba a perder tiempo contándole a esa gente lo que Jesús había hecho años atrás, si él tenía noticias mucho más recientes de Jesús?

Eso es lo mismo que la lectura de los diarios. ¿Cuántos saben que cuando hay cuestiones muy importantes donde todo el mundo está pendiente, al par de horas de haber aparecido un diario, ya es viejo? Si tú estás en un país donde no entiendes una pepa de su idioma, y tampoco puedes leer nada de lo que publica su prensa escrita, porque escriben con signos y no podrías ser capaz de diferenciar una noticia deportiva de una policial, y un día te encuentras con una simple hoja de un diario en español, pero del año pasado, ¿No te la lees hasta la última letra y la disfrutas?

Ahora; cuando regresas a tu país de habla hispana y desciendes en su principal aeropuerto, y lo primero que haces es comprar el diario del día y devorártelo, ¿Decidirías comprar uno del año pasado? Nunca, ¿No es así? Bueno; limitarnos a comentar los hechos de Jesucristo, alguien que hoy está vivo y puede seguir haciendo cosas, ¿No es casi lo mismo? Es la exacta diferencia y, al mismo tiempo semejanza, entre un diario de papel que concluye un par de horas después de publicarse y uno digital, que se renueva minuto a minuto.

Toda vía es mucha la gente del común que te dice que le gusta más la iglesia evangélica que la católica porque los pastores se casan. Otros te aseguran que concurren hace mucho tiempo a una iglesia evangélica cercana a su vivienda porque les encanta las formas que se canta allí. Me queda la duda: ¿Ambos estarán allí exclusivamente por esas razones? Son atendibles, pero, ¿La verdad? ¡No entendieron nada!

Por eso es que digo: cuando Cristo se mueve, empiezan los problemas. Como estamos acostumbrados a ese look funeral que te comentaba, cuando el muerto se comienza a mover, se arruina el funeral. Por eso es que encontramos gente que nos dice que no entienden por qué estamos tan alegres, tan contentos siendo que las cosas de Dios son tan serias. Tienen razón en lo sustancial, pero están confundiendo seriedad santa con solemnidad religiosa.

En todo caso, andamos bien contentos porque somos salvos y tenemos vida eterna; ¿No es motivo más que suficiente como para celebrar? Entonces sale uno que te dice: Bueno, pero yo también sé que cuando me muera voy a ir al cielo, pero de todos modos no puedo sentirlo igual que ustedes. Quiero que me escuches bien por si conoces a alguien que piense así: una cosa es que alguien crea que cuando se muera se va al cielo, pero otra muy distinta es tener conciencia de eternidad, ahora, antes que la muerte física llegue. ¿Se entiende? Porque si no se entiende esto, nada se entenderá.

El problema mayor comienza cuando la iglesia se transforma en una estructura, en una organización, en una institución. Porque sale un grupo con algo nuevo, que allí no se hace, se arma un batifondo regular y, al final, se tienen que ir. ¿Y dónde van? A formar otra iglesia, que sea más avivada, con más unción. Eso les dura hasta que se ven en la obligación de institucionalizarla. Porque cuando uno quiere institucionalizar la vida, la mata.

La mentira santa más abundante en estos tiempos, todavía, es: ¡Nosotros no somos una denominación! O si no, la otra: ¡Nosotros somos a-denominacionales! Si tienes reglamentada de alguna manera tu forma de bautismo, tu forma de servir la Santa Cena, tu forma de recibir al Espíritu Santo, tu forma de culto y, para pertenecer a ese grupo hay que aceptar todo eso te guste o no, ya eres una nueva denominación, una nueva institución, lo quieras o no lo quieras, lo hayas buscado o hayas tratado de evitarlo.

Porque deberé decirte que, si te congregas bajo la única cabeza conocida y reconocida, Cristo, y te sometes a la unción del Espíritu Santo, entonces eres iglesia. Ahora, si te agrupas debajo de un liderazgo asumido mediante políticas religiosas y estás lleno de reglas, estatutos y disposiciones internas, entonces eres un club religioso.

¿Qué es lo que hace iglesia a una iglesia? No demasiadas cosas. La presencia viva de Jesucristo. Porque si no está esa presencia, es un club cristiano, con sus propios principios, reglas y estatutos. Eso era, precisamente, lo que sucedía en la iglesia de Laodicea. ¿Recuerdas? Una iglesia no lo es por tener unos principios correctos, lo es por tenerlo a Cristo de una manera genuina, no declamada.

Lamentablemente, son demasiados los que suponen que la bendición de Dios es una aprobación a una doctrina correcta, Entonces dicen: ¡Si Dios nos bendice, es porque estamos bien! Hermano… Dios no te bendice porque tienes una doctrina correcta, Dios te bendice porque eres un hijo suyo y Él te ama.

Si me preguntas quienes son salvos, te diré que los que han creído en Jesucristo como Salvador y Señor de sus vidas. Si me preguntas en qué sector están los salvos, primero te diré que no puedo saberlo porque a sus corazones los conoce solamente el Señor, y después –arriesgando un poco- tendré que decirte que muy probablemente en todos lados un grupo y en ninguno el total. Donde hay amor por las almas perdidas, allí está Cristo. Donde no lo hay, por más que practiquen una doctrina pura, ritos correctos y dogmas precisos, lo dudo. Debemos probar los espíritus.

¿Y qué es probar los espíritus? No mirar si hay una doctrina correcta o equivocada. Mirar si hay amor, gozo, paz, bondad, mansedumbre, humildad, templanza, dominio propio. No te olvides de aquel relato del publicano y el fariseo. Te pregunto: ¿Quién se supone que tenía la doctrina más correcta, allí?

¿Qué es el Camino, la Verdad y la Vida? El Camino es Cristo, no nuestra interpretación de la Biblia. LA religión está fundada en dogmas, pero la iglesia está fundada en Cristo. La salvación jamás dependerá de una posición teológica correcta.

Muchos suponen que en un seminario se aprende la Biblia, grueso error. En los seminarios, lo que se aprende, es la doctrina de la denominación que lo dicta. A la Biblia, en todo caso, sólo la usarán para probar que esa doctrina es la correcta. Pero si leemos la Biblia, sin anteojos denominacionales, vamos a encontrar a Cristo, porque es de Él que habla este libro.

Los primeros cristianos, ¿Qué eran? Judíos convertidos. Pero resulta que antes de convertirse, ellos se circuncidaban, iban al templo y hacían cada cosa que les marcaba la ley de Moisés. Un día conocen a Cristo y se convierten. Pero siguen yendo al templo circuncidándose y haciendo las cosas ordenadas por la ley.

Ya no lo necesitan, pero tampoco les estorba, porque tienen a Cristo. Pablo lo entendió muy bien cuando dijo, con tremenda revelación, que en Cristo Jesús no vale algo la circuncisión ni la incircuncisión, sino una nueva creación.

Las divisiones que padece la iglesia hoy en día, se deben al centrismo por parte de un hombre demasiado pagado de sí mismo por su conocimiento y su sabiduría personal, en cada doctrina por ellos creada y no en la persona de Jesucristo. Hemos hecho de la doctrina un ídolo. Hemos idolatrado ideas, costumbres, tradiciones y aun facetas de alguna cultura.

Pablo la tenía re-clara. Para poder predicar tranquilo y sabiendo que lo primero que iban a preguntarle, cuando conocieran a Timoteo que era griego, era si estaba circuncidado, le dijo: “Mira…cortemos por lo sano, ¿Sí? Cortemos, tú sabes. Circuncídate.” En cambio a Tito no lo hizo circuncidar. ¿Por qué habría sido? ¡Porque Pablo era libre!

(1 Corintios 9: 19)= Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos.

Esto tiene una lógica tan simple que espanta. Dice Pablo que para ser siervo de todos, tiene que ser libre de todos. ¿Qué quiere decir? Que si yo me hago siervo de una denominación, jamás tendré libertad para ser siervo de cualquier otro hijo de Dios como es la voluntad del Padre. Nada menos. Fue por ese mismo motivo que Pablo rechazó el sostén de los Corintios.

(Romanos 14: 2) = Porque uno cree que se ha de comer de todo; otro, que es débil, come legumbres.

(3) El que come, no menosprecie al que no come; y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido.

(Verso 5) = Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente.

(6) El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, y da gracias a Dios.

(7) Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí.

(8) Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así, pues, sea que vivamos o que muramos, del Señor somos.

Lo importante, en todo, es la motivación. Tú puedes darle gracias a Dios por la carne asada que te vas a comer mañana y vale. El otro puede darle gracias a Dios por privarse mañana de comer carne asada y, en lugar de eso, comerse un plato de arroz, y también vale. Lo que vale es la motivación. Si ambas motivaciones están centradas en Cristo y no en una doctrina denominacional, Dios bendice.

(Romanos 15: 7) = Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios.

Pablo nunca dijo: “La iglesia de los que comen por allá, y la de los que no comen por acá”. Él dijo: “Quédense todos juntos. Si comes o no comes, no es importante. Lo importante es el motivo por el cual lo hacen. Ese es el punto que se le revela a Pablo: que los gentiles pueden ser salvos sin necesidad de contar con el paquete judío.

Pablo le llama a esto: “El misterio escondido”. Un gentil, sin circuncidarse, sin seguir la ley, con Cristo, podía ser salvo. Hoy, muchos creyentes, gentiles, con Cristo en sus corazones, pueden ser salvos sin necesidad de pasar por el paquete evangélico. ¿Nunca se te ocurrió pensarlo a esto? ¿O realmente habías creído que Dios es evangélico? ¡Dios es Dios, y está mucho más allá de lo que cualquier hombre, por lúcido y ungido que sea, pueda decidir por sí mismo!

Cuando te convertiste, levantaste tu mano y fuiste salvo. Te dijeron que lo único que necesitabas era tener a Cristo. ¡Amén!, dijiste, y te llenaste de gozo. Pero después, cuando te llevaron a ese pequeño cuarto de atrás de la plataforma, ese que normalmente se utiliza para dialogar con los recién convertidos en todas las iglesias, empezaron a darte reglas, principios, religión.

Entérate por si todavía no lo viste: muchísima gente vendría a Cristo si no fuera porque también tiene que venir a nuestra religión. Porque la gente tiene hambre y sed, pero de Dios, no de religión. Y el peor obstáculo que encuentran para saciar esa hambre y esa sed, muchas veces, es el propio sistema eclesiástico.

¿Ejemplo? Hay una gran cantidad de estaciones de servicios (O gasolineras, como le llaman en otros lugares), que pertenecen a distintas marcas de combustible. Cada uno de nosotros, ya sea por costumbre, selección técnica o simple elección voluntaria, cargamos combustible en alguna determinada.

Sin embargo, nadie puede decirte que el combustible que venden en las que no utilizamos no permita que tu vehículo funcione. Entonces, cuando algo no nos gusta, ¿Qué hacemos? Vamos y abrimos una gasolinera nueva. Pero como después vendemos un combustible que no difiere mucho con los demás, lo único que hicimos fue inaugurar una nueva más.

(Ef4esios 3: 14) = Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, (15) de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, (16) para que os de, conforma a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; (17) para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, (18) seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cual sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, (19) y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis lleno de toda la plenitud de Dios.

(20) Y a aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, (21) a él sea la gloria en la iglesia de Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.

Jesús dijo: El que cree en mí, tiene vida eterna. Él jamás dijo que el que creía en Él tenía la doctrina correcta. O que el que creía en Él tenía el sistema teológico verdadero. El que tiene al Hijo, tiene la Vida, no el que tiene la doctrina correcta. ¿Por qué nos peleamos por doctrina, entonces? Hombres ilusos.

Hoy en día, los creyentes están más centrados en el culto que en Cristo. ¿Qué crees que es la vida cristiana: tenerlo a Cristo dentro o venir a un culto todos los domingos? Ya me imagino lo que me estás respondiendo: somos rápidos para las respuestas correctas: “¡Las dos cosas, hermano!” ¡Muy bien!, Pero: ¿Me dejas que te pregunte algo con total sinceridad, para ser respondido del mismo modo? Revísate. ¿Tienes, verdaderamente, las dos cosas?

Cuidado, no quiero que te confundas. El culto tiene un lugar importante en la vida cristiana, a eso nadie te lo puede minimizar, despreciar o alterar. Pero doble cuidado: jamás el culto podrá tener un lugar en lugar de Cristo. Está escrito: Es Cristo en nosotros, la esperanza de gloria.

Nadie dirá que alguien que le da prioridad por sobre todo al culto, sea un hermano infiel, de acuerdo. Pero te diré algo: será un hermano que no crece. Por eso hay tana gente que no crece. ¿Quieres examinarte? Pregúntate ahora: ¿Qué pasaría con mi vida de fe si tuviera que pasarme tres meses sin ir al templo?

¿Quieres desmitificar una frase hecha? Ahí va: Cristo dijo: Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida, ¿No es cierto? Y nadie viene al Padre sino por mí. Bueno; creer que Él es el Camino, la Verdad y la Vida, y que nadie viene al Padre sino por Él, es un concepto que, cuando se acepta, la iglesia a coro te dice: ¡Tú eres salvo! Pero hay un problema: la escritura no dice que tiene la vida el que ACEPTA que Él es el camino: Dice que es salvo el que RECORRE ese Camino.

El gran problema de la iglesia, hoy día, es confundir conceptos con vida. Todas las religiones están basadas en conceptos. Para pertenecer, hay que aceptar esos conceptos. Pero con nosotros pasa lo mismo. Si tú quieres ser bautista, pentecostal o hermano libre, por decir algunos, tendrás que aceptar sus diferentes y respectivos conceptos.

No hay un Cristo bautista, otro pentecostal y otro hermano libre, desde ya, pero hay distintos conceptos sobre Cristo en cada uno de esos lugares. Los conceptos son las doctrinas, las formas, los sistemas. Pero ¡Cuidado! Tener los conceptos acertados, no quiere decir que andemos bien. Porque Cristo dijo: ¡Yo soy el Camino!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Regeneración y Vida Eterna

El punto que necesitamos considerar hoy, es la salvación que Dios nos ha dado. ¿Qué ha hecho Dios por nosotros y qué nos ha dado? Todos sabemos que Dios nos ha dado Su vida. Él nos ha regenerado. A todos los que creen en El y que lo reciben se les da potestad de ser hijos de Dios. Somos engendrados por Dios y tenemos la potestad de llegar a ser Sus Hijos. Juan 3 dice que hemos nacido de nuevo; el Espíritu Santo es quien nos ha regenerado.

La primera epístola de Juan nos dice cómo puede ser regenerado el hombre. En 1 Juan 5: 1 se dice que todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios. ¿Cómo somos regenerados? Somos regenerados al creer en Jesús quien es el Cristo señalado por Dios. Después de leer los tres versículos anteriores podemos comprender quiénes somos nosotros los cristianos.

Nosotros somos los hijos de Dios. Cuando un pecador cree en Jesús y es salvo, Dios le da una nueva vida. Esto es la regeneración. La Biblia nos muestra al menos en tres o cuatro lugares que ser regenerado es recibir la vida eterna. La Biblia repetidas veces nos muestra que los que reciben la vida eterna son aquellos que han creído, y los que creen tienen vida eterna. Esto se nos muestra repetidamente en el Evangelio de Juan.

Aquí tenemos un problema. Dios nos ha dado vida eterna, pero, ¿qué debemos hacer? Debemos comprender que esto es el principio y el fin. Si no deseo tener ninguna relación con alguien, debo enfocar este problema de una manera u otra. Puesto que la relación humana es bilateral, siempre tiene dos lados. Por lo tanto, evitar tener una relación, también comprende dos lados. En primer lugar, no debe haber un comienzo. Si no hay un comienzo, ni siquiera habrá una relación.

En segundo lugar, si la relación termina y muere, en tal caso ya no habrá una relación. Por ejemplo, supongamos que soy un hijo muy malo, un pródigo. Hay dos maneras en que mi padre puede evitar una relación conmigo. En primer lugar, no haberme engendrado nunca. Si no existiera un comienzo, no habría relación entre él y yo. Pero, si ya hubo un comienzo, entonces él ya no puede usar la primera manera. En tal caso, él sólo puede esperar cada día hasta que yo muera. Cuando yo muera, mi relación con él se terminará. Si no nazco de él, no tengo nada que ver con él. Si muero tampoco tengo nada que ver con él.

¿Qué sucedió entre Dios y nosotros? Dios nos ha engendrado. En el momento en que creímos en Jesús, Dios nos engendró con Su Espíritu y con Su propia vida. Hemos llegado a ser los hijos de Dios. ¿Puede ser cortada esta relación? Si tú tienes un hijo que es malo, desordenado y rebelde, tú lo puedes desheredar legalmente. Sin embargo, el hecho de que tú lo has engendrado todavía queda. En realidad él todavía es tu hijo.

Dios nos ha engendrado. ¿Puede El decir que no nos ha engendrado? Aun si volvemos peores que ahora, de todos modos Él nos engendró. Aunque nuestro padre humano nos niegue, éste nos engendró. Nadie puede negar el hecho del engendramiento. Un hijo bueno es engendrado por su padre. Un hijo malo es también engendrado por su padre. Nadie puede anular esta relación.

Por lo tanto, cuando Dios nos justificó, no lo hizo como si nos lo hubiera dado algo y luego nos despidiera. Él dijo que nos ha engendrado. Dios está en el Espíritu y nosotros también estamos en el espíritu. Dios y nosotros tenemos una relación familiar. Él es nuestro Padre y nosotros somos Sus hijos. Esto es lo que Dios mismo ha dicho. Él nos ha dado potestad de llegar a ser hijos de Dios. Él nos ha dado vida eterna. Somos hijos de Dios por potestad. Ese es el comienzo.

Entonces ¿qué puede hacer Dios ahora? Solamente puede esperar que muramos. Sin embargo, lo extraño es que nuestra relación con El comienza con la regeneración y termina con vida eterna. Dios no solamente nos ha engendrado, Él también nos ha dado vida eterna. Si Dios hubiera iniciado la obra pero no hubiera sido capaz de completarla, estaríamos acabados. En tal caso, no podríamos ser salvos. En cuanto a la vida eterna que hemos recibido de Dios, es imposible que Dios no nos salve.

Gracias al Señor que Él nos ha regenerado y nos ha dado vida eterna, la cual es la vida de Su Hijo. Si hoy en día existe un hombre que piensa que un cristiano puede perecer de nuevo si éste llega a debilitarse y que solamente un buen hijo tendrá vida eterna, mientras que un mal hijo perecerá, este hombre no conoce lo que es la salvación de Dios. Quizá piense que el Señor es un cobrador, que viene a cobrar la vida eterna y la redención. Si hacemos bien, las podemos conservar.

Si no hacemos bien, El las recogerá. Esta no es la salvación de Dios. El comienzo tiene que ser de Él. La continuación también tiene que ser de Él. Ya que Dios nos ha dado la salvación, ¿cómo podemos perderla de nuevo? Puesto que Dios ha iniciado esta relación, y la vida que recibimos es una vida eterna que nunca puede dejar de existir, nunca podemos perecer de nuevo. Dios nos dio otro tipo en la Biblia para mostrarnos que nunca podemos perder nuestra salvación una vez que la hayamos recibido de Dios. Génesis 3 es un pasaje que nos es muy familiar. Nos dice cómo Adán cometió pecado.

Después de que Adán comió del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, Dios lo echó fuera del huerto de Edén y guardó el camino al árbol de la vida con querubines y con una espada encendida que se revolvía por todos lados. ¿Por qué Dios tuvo que guardar la entrada al árbol de la vida con la espada encendida y los querubines? ¿Por qué no permitió que Adán comiera del fruto del árbol de la vida? Génesis 3: 22 dice: “Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre”. Aquí vemos un cuadro.

Todos sabemos que el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal representa la independencia con respecto a Dios. El fruto del árbol de la vida, por otro lado, representa la vida, es decir, la vida dada a nosotros por el Hijo de Dios. Después de que Adán pecó, Dios tuvo miedo de que Adán comiera del fruto del árbol de la vida, ya que si lo comía, él viviría para siempre. Si Adán todavía pudiera morir después de comer el fruto del árbol de la vida, entonces, ¿por qué Dios tuvo que esforzarse tanto? ¿Por qué tuvo que guardar el camino al árbol de la vida con los querubines y con la espada encendida?

Dios hizo esto porque tenía miedo que Adán viviera para siempre si lo comía. Nosotros somos los redimidos. Lo que hemos comido no es el fruto del árbol de la vida, el cual solamente es un tipo. Hemos comido la vida misma. ¿Todavía podemos morir? Si Adán no podía morir después de haber comido un fruto simbólico, ¿Cómo podemos nosotros morir ya que hemos sido lavados por la sangre del Señor Jesús, ya que hemos comido del árbol de la vida misma y recibido la vida eterna? Adán recibió el árbol de la vida como una tipología, mientras que nosotros hemos recibido lo que el árbol de la vida tipifica.

¿Cómo es posible que podamos morir? Solamente aquellos que no saben lo que es la regeneración y lo que es la vida eterna dicen que se puede perder la salvación. Gracias al Señor que la vida eterna es un hecho que nunca puede ser anulado. Es una historia que nunca puede ser borrada. Es por esto que podemos vivir delante de Dios. ¡Qué gracia Dios nos ha concedido! La relación entre Dios y nosotros es tal que enfáticamente podemos decir que ningún poder sobre la tierra puede separarnos de Él. Aun si Dios no estuviera complacido con esto, Él no podría anular esta relación.

Veamos ahora el cuarto punto. Cuando fuimos salvos, Dios no solamente nos regeneró y nos dio vida eterna, sino que nos hizo un espíritu con el Señor. En 1 Corintios se nos dice que no solamente hemos llegado a ser un espíritu con Cristo, sino que hemos llegado a ser miembros de Su Cuerpo. En 1 Corintios 6: 15 también dice lo mismo, esto es, que nuestros cuerpos son los miembros de Cristo. Por consiguiente, cuando un incrédulo es salvo, no solamente recibe de Dios la regeneración y la vida eterna, sino que también es unido al Cuerpo de Cristo para ser un miembro del Cuerpo de Cristo.

La Biblia dice que somos el Cuerpo de Cristo. Si Dios nos salva uno por uno en Cristo, y si Cristo murió por nosotros, lavó nuestros pecados, nos dio vida eterna e hizo que tuviéramos una relación de vida con El, para llegar a ser sus miembros, ¿cuál es nuestro fin? La salvación incluye ser un miembro del Cuerpo de Cristo. Si fuésemos a perecer ¿cuál sería el fin? El fin sería que el Cuerpo de Cristo sería mutilado. A este Cuerpo o le faltaría un oído o parte de la nariz. Le faltaría un dedo de las manos o del pie.

El Cuerpo de Cristo es una verdad bien definida en la Biblia, es algo concreto. Si hemos llegado a ser un Cuerpo con Cristo después de haber sido salvos, la pérdida de una sola persona significaría que se habría perdido una parte del Cuerpo de Cristo, y el Cuerpo de Cristo estaría mutilado. Una vez una mujer negra que era esclava estaba trabajando en la casa de una familia blanca. La señora de la casa era una cristiana nominal, y la mujer negra era una creyente genuina.

Durante todo el día la esclava cantaba alegremente. La señora se molestó tanto por el regocijo de la esclava que no pudo contenerse de preguntarle la razón por la cual estaba tan feliz. La mujer le dijo: “¿No sabe usted que Dios ha enviado a Su Hijo, Jesucristo, para lavarnos de nuestros pecados? ¿No sabe usted que estaremos con Dios en el futuro? ¿Por qué, entonces, no debo estar gozosa?” La señora le preguntó: “¿Cómo sabes que estarás con Dios en el futuro? ¿Qué sucede si te pierdes? La esclava le dijo: ”El Señor nos dijo que el Padre mayor que todos es. Estoy en manos de mi Padre. Estas manos me sostienen y me guardan. ¿Cómo puedo perderme?»

La señora pensó por un momento y luego dijo: “¡Eres una insensata! Si Dios es mayor que todo, cuán largas serían Sus manos. Si las cosas pueden resbalarse por tus dedos, entonces también las cosas pueden resbalarse a través de los Suyos. Puesto que Sus manos son tan grandes, el espacio entre Sus dedos también debe ser muy amplio. Si tú te resbalas a través de Sus dedos, El ni siquiera lo notaría. Tú insistes que Sus manos te protegerán. Sin embargo, Dios es tan grande, y tú eres tan pequeña. No existe comparación entre tú y Dios. Si tú te caes de Su mano, Él no lo notará”.

La mujer contestó: “Señora usted no me entiende. No solamente estoy en Su mano, sino que soy un dedo pequeño de Su mano. Si sólo estuviera en Su mano, El quizá no notaría cuando me cayera. Pero si soy un dedo pequeño de la mano de Dios, ¿cómo podría caerme? Si un hombre ha creído y ha llegado a ser un cristiano, él es un miembro del Cuerpo de Cristo y un dedo pequeño de la mano de Dios. Si yo soy un miembro del Cuerpo de Cristo, Dios nunca permitiría que yo, un miembro Suyo, me caiga. Hoy en día, doy gracias al Señor porque nunca me caeré.

En 1 Corintios 12 dice que si un miembro del Cuerpo padece, todos los miembros se duelen con él (v. 26). No puede dolernos un dedo sin afectar a los otros miembros. Si cada creyente es un miembro del Cuerpo de Cristo, entonces si un día alguno de nosotros sufriera en el infierno, todos los demás en el cielo sentirían el daño. Si una persona perece, entonces todo cristiano tendrá que perecer también. Esta es la unidad del Cuerpo de Cristo. No sólo 1 Corintios nos dice que somos miembros del Cuerpo de Cristo, sino que también lo dicen otros libros del Nuevo Testamento.

La carta a los Efesios habla acerca del proceso por el cual pasa el Cuerpo de Cristo. También nos dice que somos miembros de Cristo, pero en una manera diferente. En 1 Corintios se habla acerca de la relación y la esfera de los miembros. Efesios habla acerca del futuro de los miembros. Efesios 5: 29-30 dice claramente: “Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida con ternura, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de Su Cuerpo”. Somos los miembros del Cuerpo de Cristo.

Leamos los versículos anteriores. Los versículos del 25 al 27 dicen: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a Sí mismo por ella, para santificarla, purificándola por lavamiento del agua en la palabra, a fin de presentársela a Sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin defecto”. Si leemos toda esta sección desde el versículo 25 hasta el 30, descubriremos que la iglesia es el Cuerpo de Cristo. Cristo está lavando la iglesia mediante el agua que está en la palabra.

El la lavará continuamente hasta que llegue a ser santa. El fin es presentársela a Sí mismo una iglesia gloriosa. Si algunos de la iglesia se pierden, tendremos un Cuerpo mutilado y no se presentará una iglesia gloriosa. Las personas no permanecerán, mucho menos la iglesia gloriosa. Esta iglesia no tiene mancha ni arruga ni cosa semejante. ¿Qué significa esto? Efesios 5 explica: “Sino que fuese santa y sin defecto”. No tener mancha es no tener marcas.

Si existe la posibilidad de que los miembros de Cristo perezcan, entonces no solamente habrá manchas, sino también partes mutiladas. Sin embargo, la Biblia dice que este Cuerpo no solamente no tiene miembros mutilados, sino que tampoco tiene ninguna mancha. Por lo tanto, no podemos perder nuestra salvación. Puesto que Cristo tendrá una iglesia gloriosa sin mancha ni arruga, que le será presentada santa y sin mancha, ninguno de nosotros puede perecer.

En quinto lugar, la iglesia no solamente es un Cuerpo. Cuando todos los cristianos son reunidos delante de Dios, llegan a ser un templo. Cada cristiano es una piedra, y la iglesia es la casa espiritual que Dios está edificando. El Señor es el fundamento de este templo espiritual. Él es una gran roca. Cada uno de nosotros los cristianos es una piedra pequeña edificada sobre el Señor para llegar a ser el templo de Dios y Su habitación. De esto se habla en 1 Pedro 2: 5.

Si existiera la posibilidad de que un cristiano pereciera, el templo de Dios se volvería más desagradable que nuestro ruinoso salón de reunión; en un minuto serían quitadas las piedras y en otro serían puestas de nuevo y las paredes estarían llenas de hoyos. Si ése fuera el caso, ¿por qué Dios no tomaría una decisión antes de salvar al hombre? Dios tiene la intención de que seamos edificados como casa espiritual. Si es una casa espiritual, entonces ninguna piedra puede perderse. Si alguna piedra se pudiera perder, la casa espiritual tendría problemas y no alcanzaría el nivel apropiado.

En 1 Reyes 6: 7 del Antiguo Testamento se nos dice cómo fue edificado el templo de Salomón. El capítulo cinco relata cómo Salomón envió hombres a las montañas para cortar piedras. Las piedras se cortaron en el monte. En el capítulo seis se nos dice que las piedras fueron llevadas al monte Moriah para la edificación. Así que, cuando se edificaba el templo no se oía ruido de ningún instrumento de hierro. No hubo necesidad de ningún corte adicional. Antes de que los materiales fueran llevados a la edificación, los artesanos experimentados habían calculado exactamente y lo habían preparado todo en el monte.

No era necesario mejorar nada; todo fue hecho de manera apropiada. Si mientras se edificaba el templo terrenal, los hombres expertos de Salomón pudieron cortar las piedras tan bien que fueron exactas en cada lado y no hubo necesidad de mejoramiento, ¿acaso puede Dios cambiarnos, las piedras vivas, cada dos o tres días cuando edifique el templo espiritual? ¿Acaso Dios podrá equivocarse? ¿Acaso no sabrá Dios cómo calcular? ¿Es Dios peor que el hombre? En el Antiguo Testamento, Dios dio al hombre la tarea de edificar. En el Nuevo Testamento, El mismo edifica. ¿Acaso es la propia obra de Dios inferior a la del hombre? Si los creyentes son las piedras para la edificación de la casa espiritual, ¿pueden perderse? Por lo tanto, si estamos en el templo de Dios, nunca podemos perdernos.

En sexto lugar, hay otra cosa muy importante y maravillosa. En el momento en que cada incrédulo es salvo, no solamente recibe la vida eterna y llega a ser un miembro de Cuerpo de Cristo y una piedra viva del templo, sino que también recibe al Espíritu Santo como sello. Dios ha puesto el sello del Espíritu Santo en él. Efesios 1: 13-14 dice: “En El también vosotros, habiendo oído la palabra de la verdad, el evangelio de vuestra salvación y en El habiendo creído, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa”.

¿No es ésa nuestra historia? Hemos oído el evangelio de nuestra salvación y hemos creído en Cristo. ¿Qué sucedió después de que creímos? Fuimos sellados con el Espíritu Santo de la promesa. Cada cristiano tiene el sello del Espíritu Santo. Es muy obvio que el Espíritu Santo no pertenece solamente a algunos cristianos especiales, y que no son solamente los cristianos especialmente santificados quienes tienen la vida. El versículo 13 dice que todos los que han oído el evangelio de la salvación y que han creído, han recibido al Espíritu Santo como el sello. Esto prueba que el sello del Espíritu Santo es algo que todos los cristianos tienen en común. Tan pronto como alguien cree, es salvo y tiene al Espíritu Santo como el sello.

¿Qué significa que un cristiano tenga al Espíritu Santo como el sello? ¿Qué es un sello? Hay millones de personas. ¿Cómo sabe Dios quiénes le pertenecen y quiénes no? Si tú me traes una Biblia hoy, ¿cómo sé que es tuya? Existen muchísimas Biblias como la tuya. La Sociedad Bíblica recientemente publicó un reporte diciendo que el año pasado vendió más de once millones de Biblias. De entre todas esas Biblias, ¿cómo sabes cuál es tuya? Cuando tú vas a casa y sellas tu Biblia, tú sabes que es tuya. Aún si mezclaras esta Biblia con todas las Biblias del mundo, tú podrías identificarla como tuya.

Hoy en día, debido a que hay tantas personas en el mundo, ¿cómo sabes cuáles pertenecen a Dios y cuáles no? Dios ha puesto un sello en ti, el cual demuestra que tú le perteneces. Dios no te selló a ti en tu frente con un gran sello de madera. No es como el anticristo venidero, quien pondrá una marca en la frente de los hombres. Dios puso al Espíritu Santo en ti como un sello. Todos los que tienen al Espíritu Santo, pertenecen a Dios. Todos los que no tienen al Espíritu Santo, no pertenecen a Dios. En el momento en que un hombre es salvo, Dios hace la obra de sellarlo y pone el Espíritu Santo dentro de él para demostrar que éste pertenece a Dios.

Si el sello del Espíritu Santo en nosotros puede ser borrado, entonces sí es posible que perezcamos; podemos decir que no le pertenecemos. Podemos considerarnos como típicas personas del mundo o incluso como enemigos de Dios. Pero, si este sello está dentro de nosotros, entonces sí le pertenecemos a Dios. ¿Cuánto tiempo estará el sello de Dios en nosotros? La última parte de Efesios 4: 30 dice: En el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Aquí la expresión “el cual” se refiere al Espíritu Santo. La cláusula anterior dice: Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios.

Este sello durará hasta el día de la redención. ¿Cuánto tiempo dice la Biblia que tendremos el sello del Espíritu Santo? No solamente lo tendremos por tres o cinco años o por trescientos o quinientos años, sino hasta el día de la redención. ¿Cuál es el día de la redención? Romanos 8 dice que el día de la redención es el día cuando el Señor regresará. El día de la redención será el día en que nuestros cuerpos serán redimidos. Por lo tanto, éste denota el día cuando el Señor Jesús regrese. El sello del Espíritu Santo permanece en nosotros hasta la segunda venida del Señor.

Cuando el Señor regrese de nuevo (no al momento del primer arrebatamiento al principio de la tribulación, sino el tiempo en que todo el Cuerpo sea arrebatado), todos los creyentes serán tomados al aire. El Señor enviará a los ángeles a reunir a estos creyentes. Los ángeles están limitados. Ellos no son omniscientes, no saben todo. Los ángeles son los siervos enviados a invitar a los invitados. Cuando estos ángeles vean a todos los que tienen el sello del Espíritu Santo, los juntarán.

Así que, el Espíritu Santo no está en nosotros por tres o cinco días o por trescientos o quinientos días, sino hasta el día del arrebatamiento. Hoy en día, si un hombre dice que puede perder su salvación y perecer, entonces yo le preguntaría, ¿qué hará con el sello del Espíritu Santo? Puesto que Dios ha dicho que hemos sido sellados por El, no hay nada que podamos hacer para quitar este sello. Dios ha dicho que este sello permanecerá hasta el día de Jesucristo y del arrebatamiento.

En Juan 14 el Señor dijo que el Espíritu Santo estaría con nosotros para siempre. Una vez que el Espíritu Santo del Nuevo Testamento entre en nosotros, nunca nos dejará. Nunca crean en el diagrama que algunos cristianos enseñan, el cual muestra a un hombre que tiene un corazón lleno de serpientes, cerdos, perros y muchos otros animales. Al lado del corazón está una paloma que representa al Espíritu Santo. Cuando el corazón del hombre está limpio, el Espíritu Santo supuestamente entrará en él y permanecerá allí, y todos los otros animales se irán. Pero si su corazón no está limpio, la paloma volará y todas las otras cosas entrarán. ¡Esto es absolutamente incorrecto! El Espíritu Santo nunca puede volar de nosotros.

La Biblia dice que no debemos contristar al Espíritu Santo. La tristeza es la expresión del amor; el enojo es la expresión del odio. Dondequiera que hay odio, hay enojo. Dondequiera que hay amor, hay tristeza. Recordemos que tanto el enojo como la tristeza provienen de los errores. Ambos casos son causados por los errores. Si hay amor, los errores producirán tristeza. Si hay odio, los errores resultarán en enojo. Si tú amas a una persona, te entristecerás por sus errores. Si tú odias a una persona, te enojarás de sus errores.

Ambos son causados por la misma cosa: los errores. Sin embargo, los resultados son diferentes. Aquí, no hay enojo, sino tristeza. La Palabra no dice que no debemos enojar al Espíritu Santo, sino que no debemos contristar al Espíritu Santo. Él no está sobre nosotros, sino dentro de nosotros. Cuando ve nuestras fallas, se contrista dentro de nosotros pero no se va. La razón por la cual Él no se va se debe a que Él es un sello. Como sello, El estará en nosotros hasta el día de la redención. Si leemos la Palabra de Dios, no podremos negar este hecho.

En el Antiguo Testamento, el salmo 51 presenta una oración muy preciosa. Allí David ora que el Señor no quite de él Su Espíritu de santidad. Sin embargo, en el Nuevo Testamento, ningún creyente puede hacer esta oración. Todos los que no conocen la Biblia pueden orar pidiendo que Dios no quite el Espíritu Santo de ellos. Pero todos los que conocen la Palabra de Dios saben que el Espíritu Santo sólo puede ser contristado dentro de nosotros; Él no se irá de nosotros.

No digo que es del todo correcto que los cristianos pequen. Lo que digo es que cuando fuimos salvos, el Espíritu Santo entró en nosotros para ser nuestro sello. Este hecho no tiene nada que ver con nuestra debilidad o nuestro pecado. Los dos son asuntos completamente diferentes. Si perecemos, ¿Quién sufre verdaderamente? Si pierdo un libro, por supuesto, el libro sufre. Pero, el primero que sufre soy yo. He gastado el esfuerzo por obtener ese libro. He pagado el precio por obtenerlo. Por lo tanto, soy yo el que más sufre.

¿Cómo nos ganó Dios? Estábamos muertos en pecados y estábamos caídos. Fue Dios quien hizo que Su Hijo muriera por nosotros y derramara Su sangre para redimirnos con un gran precio. No pensemos que si perdemos nuestra salvación, solamente somos nosotros quienes perdemos y quienes sufrimos. Recordemos que hemos sido comprados por Dios. Si perdemos nuestra salvación, Dios también perderá algo. Hemos sido comprados por Su sangre. ¿Por qué Dios nos preserva? Nos preserva por Su propia causa. Si nos perdemos, quien sufre no es nosotros, sino Dios.

El problema más grande hoy en día es que no creemos cuán importantes somos en las manos de Dios. Al hombre le es difícil creer que Dios lo ame, que Dios lo quiera. Siempre piensa que Dios no lo necesita. Dios ha entregado a Su Hijo por nuestra causa y le ha enviado al mundo para que pasara por todos los sufrimientos por nuestra causa. Él fue crucificado en la cruz con el propósito de ganarnos. Si a Él no le importa, ¿a quién le importaría? Si no salvaguardo mi libro, ¿Podría cuidarse a sí mismo?

Efesios 1: 13 dice que el Espíritu Santo está en nosotros como un sello. Después el versículo 14 nos dice que el Espíritu Santo viene para ser el sello porque somos la posesión adquirida de Dios. Por lo tanto, podemos decirle a todo el mundo que somos la posesión de Dios. No es cuestión de que nos perdamos o no, sino de que Dios nos pierda o no. No somos nosotros quienes nos guardamos. No tenemos que agotar nuestra mente pensando en este asunto.

Toda la obra es de Él. Si no fuera así, ¿por qué Él envió a su Hijo unigénito a la cruz? Si Él ha hecho un gran esfuerzo y pagado un gran precio para enviar a Su Hijo a la cruz, Él debe hacer un gran esfuerzo y pagar un precio aún más grande para guardarnos de perdernos. Supongamos que tenemos un anillo de diamante muy precioso y muy costoso, una perla muy preciosa o una gema muy costosa. Lo que gastemos para adquirirlos, será la misma cantidad que gastaremos para preservarlo. Si lo compramos con diez mil dólares, no lo perderemos tan fácilmente; indudablemente lo guardaríamos con gran cuidado.

Tenemos que darnos cuenta de que hemos sido comprados por Dios con el más grande precio. Somos salvos por el Hijo de Dios. El Hijo de Dios es más grande que todo el mundo y todo el universo. No pensemos que no le importamos a Dios. Dios nos trata de la misma manera en que nosotros tratamos nuestro tesoro. El buen pastor buscó a la oveja; la oveja no buscó al buen pastor. El Señor Jesús dijo que un día El moriría aún por uno de Sus extraviados. No les toca a las ovejas hacerlo, sino al buen pastor.

Él es quien murió por las ovejas. Delante de Dios, somos los que han sido comprados por El. Si nos perdemos, Dios es quien sufrirá. Por lo tanto, debemos recordar que no existe la posibilidad de que nos perdamos, debido a que tenemos al Espíritu Santo como un sello. ¿Acaso puede la gracia que Dios da al hombre ser preservada por el hombre?

Si fuera preservada por el hombre, ya la hubiéramos perdido hace mucho. No solamente nosotros la hubiéramos perdido, sino incluso Pedro y Pablo la hubieran perdido. Tenemos que darnos cuenta de que Dios ya nos ha apartado completamente. Todo es de Dios. Sólo es Dios quien nos ha salvado. Sólo Dios nos preserva. Que Dios nos muestre claramente cuánto dura nuestra salvación, a fin de que podamos quitar todos los pensamientos carnales y aceptar los pensamientos Suyos.

 

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Un Ejemplo de Justificación

En la carta del apóstol Santiago, en el capítulo 2 y en los versículos 21 al 25, se dan dos ejemplos muy importantes a la hora de entender muchas cosas que hemos aceptado sin llegar a entender. Los dos son de mucho significado. Nos muestran qué es verdaderamente la justificación por la fe.

El versículo 21 dice: ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? Santiago 2 menciona el caso de Abraham. Gálatas 3 y Romanos 4 también mencionan el caso de Abraham.

Pablo dice que el hombre es justificado por la fe, no por las obras, y utiliza el caso de Abraham como prueba. Romanos 4 y Gálatas 3 comprueban que el hombre es justificado por la fe en lugar de por las obras.

Santiago también menciona el caso de Abraham, pero él utiliza esto para comprobar que el hombre no es justificado solamente por la fe, sino también por las obras. Si hubiera usado otras personas no podíamos entender este asunto. Pero al mencionar el caso de Abraham, seguramente podemos entender lo que realmente es la justificación por la fe.

Al utilizar el caso de Abraham, Pablo hace referencia a Génesis 15, mientras que Santiago hace referencia a Génesis 22. En Génesis 15 Dios prometió a Abraham que su semilla sería como las estrellas en los cielos. En Gálatas 3, Pablo pone mucho énfasis acerca de la promesa de Dios para Abraham.

En el libro de Gálatas, Pablo repetidas veces habla de la promesa. La palabra promesa se utiliza muy frecuentemente en el libro de Gálatas. Pablo eleva la promesa en Gálatas. ¿Tú sabes qué cosa es una promesa? En todo el mundo, solamente existe una manera para que el hombre reciba una promesa, y eso es la fe.

No existe otra manera para que el hombre reciba una promesa. Solamente hay esta condición. Si Dios dice que debemos hacer algo y lo hacemos, esto es obrar. Pero Dios no le dijo a Abraham que le daría algo si Abraham hacía esto o aquello. Más bien, Dios dijo que Él le daría descendientes.

¿Cómo recibió Abraham la promesa? No había otra manera sino solo por fe. Suponte que un hermano le dice a su hijo que si se memoriza una lista de palabras en el vocabulario esa noche, mañana él recibirá cinco piezas de dulce.

Si el hijo quiere recibir las cinco piezas de dulce, tiene que memorizarse las palabras. Esto es obrar. Pero si el hermano simplemente promete a su hijo cinco piezas de dulce, ¿Qué tiene que hacer el hijo? El diría: “¿Tengo que hacer esto o aquello antes de que pueda tener el dulce?”

El niño no tiene que hacer nada. Todo lo que tiene que hacer es creer que su padre lo hará para él. En Génesis 15, Dios no le dio a Abraham ni una sola cosa para que lo hiciera. Es como si Dios dijo: “Lo haré por ti. Te daré tus descendientes”. Abraham creyó en Dios, y eso le fue reconocido como justicia, dice en Génesis 15: 6.

Regresando al ejemplo del hijo del hermano, el niño puede decir: “¿Verdaderamente me dará mi padre las cinco piezas de dulce? No parece posible que una cosa tan buena pudiera pasar”. Si él piensa de esta manera, no tiene fe.

Todo el que quiere entender el libro de Gálatas, debe darse cuenta de que una promesa se da sin condición y sin obra. Uno no tiene que hacer nada. El Padre ha hecho todas las cosas. Gracias al Señor que todo lo que Dios promete Él lo cumplirá.

Mientras Dios sea confiable, todo está bien. Aún si uno trata de hacer una obra, no será de provecho. En Génesis 15 Dios le prometió a Abraham que Él le daría muchos descendientes. Abraham tenía todo. Pero no tenía un hijo. Tenía ganado, ovejas y tiendas. Pero no tenía un hijo.

Sin embargo, Abraham creyó a Dios. El creyó que Dios le daría un hijo. El meramente creyó en Dios. No hizo ninguna obra. En el capítulo veintidós, después que Dios le había dado un hijo, le dijo a Abraham: Toma ahora tu hijo, tu hijo único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. (Versículo 2).

Entonces Abraham se levantó temprano en la mañana y tomó a su hijo y lo llevó al monte Moriah. Acomodó la leña para el holocausto en la espalda de su hijo Isaac, e Isaac cargó la leña para el holocausto en la misma manera que el Señor Jesús llevó la cruz.

Cuando llegaron a la montaña, Abraham edificó un altar, acomodó a su hijo sobre el altar y estuvo a punto de matarlo. Este es el incidente que Santiago narra cuando se refiere a la justificación de Abraham. En Génesis 15 la justificación de Dios para con Abraham estaba relacionada a su hijo. Y en Génesis 22 la justificación de Dios para él fue también relacionada a su hijo.

En Génesis 15 Abraham no tenía hijo. Pero creyó en su corazón que si Dios decía que le daría un hijo, seguramente él tendría un hijo. En el capítulo veintidós él tuvo un hijo, pero Dios quiso que le ofreciera a este hijo.

Si Abraham no hubiera tenido fe, habría dicho: “Dios, Tú me dijiste que me darías muchos descendientes. Si mato a mi hijo, ¿no los perderé a todos? No es que no quiera hacer esto; solamente quiero ver Tu promesa cumplida. No es que no me atreva a hacerlo; solamente quiero preservar Tu fidelidad”.

¿Piensan que la ofrenda de Abraham, Isaac, fue una obra o un hecho de fe? ¿Qué buena obra es matar a su propio hijo? Que Abraham haya levantado su cuchillo para ofrecer a su hijo, muestra que él todavía creía en la promesa del capítulo quince.

Dios le había prometido darle muchos descendientes, y para este fin, le había dado un hijo. Ahora si Dios quería que él matara a este hijo, debería ser que Dios lo levantaría de los muertos. Esto era lo que Abraham tenía en mente cuando iba a matar a su hijo.

Su prontitud de matar a su hijo muestra que el creía que Isaac sería levantado de los muertos. La fe en Génesis 15 es una fe en Aquel que llama las cosas que no son, como existentes, mientras que la fe en Génesis 22 es una fe en El, quien levanta a la gente de entre los muertos (Romanos 4: 17).

En los dos casos, lo que Abraham hizo no fue una obra, sino fe. El acto de Abraham comprobó que tenía fe. Esto no significa que Abraham podía ser justificado por matar a su hijo. Esto significa que al sacar su cuchillo, comprobó que tenía fe. La prueba de la fe de Abraham yace en que accedió a ofrecer a su hijo.

Por lo tanto, Santiago no dice que uno no puede ser justificado por la fe. Pablo claramente dice que la justificación no es por obras, pero Santiago no podía decir fuertemente que la justificación no es por la fe. Si los dos se contradijeran, podríamos esperar que uno dijera: “La justificación es por fe, no por obras”, y que el otro dijera: “La justificación es por obras, no por fe”.

Sin embargo Santiago no dice esto. No debemos decir lo que Santiago no dijo. Santiago no dijo que no debemos tener fe; dice que debemos comprobar nuestra fe con nuestras obras. Pablo es el que habla con respecto al principio, por eso él puede declarar atrevidamente que la justificación es por fe y no por obras.

Santiago es un hombre de práctica. Por lo tanto, dice que uno no debe tener fe solamente, sino que también debe tener obras. Solamente cuando existen obras un hombre puede comprobar que su fe es genuina.

Leamos Santiago 2: 21 de nuevo: ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? El ofrecimiento de su hijo fue una obra, y fue esta obra la que comprobó que él tenía fe.

El versículo 22 dice: Ya ves que la fe actuó juntamente con sus obras. Pablo es atrevido para decir que uno puede tener solamente fe, sin obras. Pero Santiago no se atreve a decir que uno debe tener obras solamente, sin fe.

El indica que la fe en Génesis 15 y la obra en Génesis 22 van juntas. Después él agrega otra cláusula. No dice que la justificación viene por la fe más las obras. Más bien, dice: Y que la fe se perfeccionó por las obras.

En Génesis 15 vemos que debido a que Abraham tuvo fe, fue justificado delante de Dios. En Génesis 22 vemos que debido a que Abraham tuvo obras, él fue justificado delante de los hombres. La justificación de Abraham fue perfeccionada por medio de su obra en Génesis 22. La ofrenda de Isaac en Génesis 22 manifestó la fe en Génesis 15, y la fe en Génesis 15 fue perfeccionada por la obra en Génesis 22.

En el versículo 23 nuestro hermano Santiago también cita parte de Génesis 15. En Romanos 4 Pablo cita de Génesis 15 para comprobar que uno necesita solamente fe, no obras. Ahora nuestro hermano Santiago menciona la misma palabra que mencionó Pablo: Y se cumplió la Escritura que dice: ‘Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia.

En Santiago la palabra le se refiere al hecho sobre el monte en Génesis 22. La ofrenda de Abraham, Isaac, en Génesis 22 fue una ofrenda de fe. Fue una obra que manifestó su fe. Fue el cumplimiento de las palabras en Génesis 15 que dicen que Abraham creyó a Dios y esto le fue contado por justicia.

En Génesis 15 Dios justificó a Abraham debido a su fe. La obra de Abraham en Génesis 22 cumplió la promesa de Dios en Génesis 15. Por lo tanto, no podemos decir que la fe sola no salva y que también hay necesidad de obras. La condición para la salvación es la fe, no las obras. Pero si hay fe, entonces, espontáneamente habrá un cambio en las obras.

Suponte que hay un hombre cuya ocupación es hacer billetes para que sean quemados para los ídolos. Un día el escucha el evangelio y cree. Pero después de que cree, continúa haciendo billetes. ¿Está esto equivocado?

Él sabe en su interior que los billetes se usan para la adoración de los ídolos y que un cristiano no puede hacer tal trabajo. Si tú le preguntas si cree o no en el Señor Jesús, él te responderá que sí. Pero si él abandona su negocio de los billetes, ¿cómo se sostendrá?

Él puede decir que es cristiano, pero no podemos decir con certeza que él es salvo. No sabemos si él ha sido salvo delante de Dios, si tiene fe o no. Si vemos a una persona que cree que el Señor Jesús es el Hijo de Dios y que Él fue crucificado por él, y cree plenamente en el evangelio de Dios, sin embargo, no abandona tales negocios por temor a perder su sustento, no tenemos manera de decir si él es verdaderamente salvo.

Quizás él tenga fe delante de Dios. Aunque la semilla ha sido sembrada, el brote aún no ha salido. Solamente podemos saber con certeza al salir las hojas. No digo que él no es salvo. Solamente digo que no estamos seguros si es salvo o no.

Aquí yace la diferencia. No hay duda acerca de ser salvo por medio de la fe. Pero si las obras no resultan de la fe, otros no sabrán acerca de esa fe. Este no es absolutamente un asunto de buena o mala conducta. Por favor, nota esto cuidadosamente.

Santiago 2 no se trata en absoluto de la buena o mala conducta. El énfasis en Santiago 2 es las obras que prueban la fe de uno. Santiago 2 no nos dice que pongamos nuestra atención sobre las buenas obras o las malas obras. Lo que recalca son las obras que resultan de la fe. Muchas personas son muy buenas en sus obras. Pero esas obras no manifiestan su fe. Estas son obras sin fe; eso no es lo que le preocupaba a Santiago.

El versículo 24 es muy bueno: “El hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe”. ¿Pueden ver cuán cuidadoso es Santiago? Él dice que el hombre es justificado por las obras y no solamente por la fe. Pablo puede decir que el hombre es justificado por la fe y de ninguna manera por las obras.

Sin embargo, Santiago nunca dice que el hombre es justificado solamente por las obras y de ninguna manera por la fe. Si él hubiera dicho eso, tuviéramos que concluir que los dos apóstoles divergen en sus puntos de vista sobre la doctrina. Santiago dice que el hombre es justificado por las obras.

Pero siguiendo eso agrega otra palabra, esto es, que no es solamente por fe. Cuando uno tiene obras, eso prueba que tiene fe. Esto no significa que uno debe tener buenas obras solamente, sino que uno debe tener obras de fe.

Santiago temía que no entenderíamos claramente con respecto al caso de Abraham; por eso en el versículo 25 vemos otra ilustración. El menciona el caso de una prostituta. Rahab no era una mujer honorable. No había mérito en sus obras.

Por lo tanto, vemos que la justificación no es un asunto de buenas obras, sino de obras de fe. Ya he repetido esto varias veces. Se trata de obras de fe, no obras de moralidad. “Asimismo también Rahab la ramera, ¿no fue justificada por obras por recibir a los mensajeros y enviarlos por otro camino?” ¿Qué clase de buena obra es ésta?

Los israelitas cruzaron el río Jordán para atacar Jericó. Si Rahab hubiera sido ligeramente patriota, hubiera entregado a los dos espías. Pero cuando el rey de Jericó envió hombres a buscarlos, Rahab los escondió en la azotea. Después los dejó ir. Santiago nos dice que la obra de esta mujer la justificó.

¿Qué obra tuvo ella? Su obra fue mentir. Obviamente los hombres estaban allí, sin embargo ella dijo que no estaban. ¿Mentir es una buena obra? Todos los cristianos saben que mentir no es bueno. Sin embargo, Rahab fue justificada por su obra de mentir. Si alguien dice que ésta es la justificación por las obras, es algo que ellos mismos están diciendo; no es lo que Santiago está diciendo.

Ellos meramente están diciendo en el nombre de Santiago lo que ellos quieren decir. Pero, ¿qué es lo que Santiago mismo dice? Él dice que cuando Rahab dejó ir a los dos hombres que espiaban Jericó, eso le fue contado a ella como justicia.

¿Qué quiere decir Santiago? Cuando los israelitas abandonaron Egipto y fueron al desierto, no podían establecerse en cualquier lugar, sino que tuvieron que vagar por cuarenta años. ¿Para qué sirve una nación así? Por lo menos en Jericó la ciudad de Rahab había una muralla alrededor.

Todo lo que los israelitas tenían era arena bajo sus pies. Por lo menos en Jericó había casas. Todo lo que los israelitas tenían era tiendas. Aun su Dios tenía que morar en una tienda. ¿Qué había de especial en tal nación?

Sin embargo, cuando los dos espías vinieron y le dijeron cómo Dios había cuidado de ellos, cómo hizo milagros para ellos, y que había prometido que Jericó, y aun toda la tierra de Canaán, sería entregada a ellos, sus palabras causaron que Rahab creyera.

Ella puso su propio futuro, su vida y aun a toda su familia en sus manos. Incluso estuvo dispuesta a hacer algo en contra de su propio país. Dios no dice que ésta fue una buena obra; Él dice que esta obra fue la expresión de su fe.

Si los muros de Jericó hubieran sido hechos de paja o plumas de gallina, pudiéramos pensar que ciertamente los muros hubieran podido caer. Pero los muros de Jericó eran tan altos como los cielos. Sus puertas estaban fortificadas con barras de bronce.

¿Cómo pudo ser tomado tan fácilmente? ¿Cómo pudo Rahab haberse confiado ella misma en dos espías? Esta fue la obra de la fe, y Dios dice que lo que justifica a una persona es esta clase de obra; no es un asunto de bueno o malo.

Tener buenas obras no es el tema. Tener malas obras tampoco es el tema. La carne es absolutamente inútil delante de Dios. No tiene lugar para nada. Cada obra en Adán, ya sea buena o mala, es rechazada por Dios.

Si un hombre le dice a otro que solamente las buenas obras salvan, tal persona no conoce lo que es la carne. Por lo tanto, no es un asunto de obras. Las buenas obras no pueden justificar. Ni tampoco las malas obras.

Por lo tanto, Santiago 2 habla acerca de las obras de fe. No está relacionado con nada más. Rahab arriesgó su vida. Si los hombres enviados por el rey de Jericó hubieran encontrado a los espías en su casa, inmediatamente ella hubiera perdido su vida.

Pero ella esperaba ser salva por medio de los espías de Israel. Ella confió su propia vida y futuro en sus manos. Por lo tanto, el tema no es buenas obras o malas obras, sino tener fe o no tenerla. Es la fe la que justifica.

Aunque Santiago dice que Rahab fue justificada por obras, sus obras no fueron sino una manifestación de su fe. Finalmente, el versículo 26 dice: “Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta”.

Nuestro espíritu reside dentro de nuestro cuerpo. Por lo tanto, podemos decir que nuestro espíritu es el espíritu de nuestro cuerpo. Decimos que los malos espíritus son los espíritus que han dejado su cuerpo, porque ellos están sin un cuerpo.

Hay una clase de obra que requiere fe y que debe estar unida a la fe. Hay una clase de obra que resulta de la fe y que proviene de la fe. Si la fe es sin obras, está muerta de la misma manera que un cuerpo sin un espíritu está muerto.

Por lo tanto, somos salvos por medio de la fe, somos justificados por medio de la fe, y también recibimos vida por medio de la fe. Aunque hay diferentes maneras de expresar la fe, la fuente todavía es fe. Algunos la expresan por medio de abandonar su profesión.

Otros la expresan por medio de no seguir los pasos de sus padres. Aun otros la expresan por medio de no ser uno con su esposo en ciertas cosas o por medio de abandonar su posición. Hay toda clase de expresiones de la fe. El asunto no es buenas o malas obras, sino fe. Lo que Santiago está diciendo es que cuando la oportunidad se presenta, nuestra fe debe ser expresada.

Por lo tanto, no podemos decir que la salvación es por las obras, Hebreos 6: 1 menciona la palabra de los rudimentos de Cristo. El fundamento de la palabra de Cristo es el arrepentimiento de las obras muertas. ¿Qué es arrepentirse de obras muertas?

Es el arrepentimiento de lo que hemos hecho cuando estábamos muertos. En la Biblia, hay dos cosas de las que tenemos que arrepentirnos. Una es el pecado. La otra es las obras muertas. Todo lo que está moralmente equivocado es un pecado y una transgresión.

Si un hombre cree en el Señor, seguramente que debe arrepentirse y tratar con esos pecados. Además, debemos también odiar y arrepentirnos por lo que hicimos como personas muertas. ¿Cuáles son las obras muertas?

Ellas son todas las buenas obras que fuimos capaces de hacer por nosotros mismos antes de que fuéramos salvos, antes de que viniéramos a ser hijos de Dios, antes de que recibiéramos la vida nueva, y antes de que llegáramos a ser una nueva raza.

Uno ve sus pecados y transgresiones por lo que ellos son. Pero no ve las cosas que él considera moral y noble como cosas de las que tiene que arrepentirse. Dios dice que esas son obras muertas. Ellas fueron llevadas a cabo cuando estábamos muertos. Debemos arrepentirnos de todas esas obras, no depender de ellas para la salvación.

Cuando somos salvos, hay dos grandes arrepentimientos. Uno es el arrepentimiento por todas las cosas que no debíamos de haber hecho. Pero cuando alguien entiende el evangelio y ve la obra completa de la cruz del Hijo de Dios, él también se arrepiente por otras cosas, que son todas las buenas obras que anteriormente él ha hecho.

Anteriormente, tratamos lo mejor de hacer el bien, como si Dios solamente nos salvara si El fuera impresionado de una manera suficiente por nuestras buenas obras. Sin embargo, hoy día, llegamos a ser cristianos.

Debemos arrepentirnos no solamente por nuestros pecados; tenemos que arrepentirnos también por nuestras obras muertas. Por lo tanto, las obras muertas no pueden ayudarnos a ser salvos. Puede decir que uno debe creer en el Señor Jesús, sin embargo, uno también debe tener buenas obras.

Pero Dios lo ve como un trapo de inmundicia. La justicia que Dios nos da excede a la justicia de la ley. Por lo tanto, si queremos venir a Dios, no solamente debemos no traer nuestros pecados junto con nosotros, también no debemos traer nuestras obras con nosotros. Si queremos hablar con respecto a las obras, entonces nuestras obras, antes de que puedan ser aceptadas, deben ser tan perfectas delante de Dios como las de Cristo.

Mis amigos, deben ver que la salvación no es de ustedes mismos. Ustedes deben comprender en su corazón que todo es del Señor Jesús. La fe no es una virtud. La fe es solo recibir. Uno de nuestros himnos del evangelio dice: “Obrar no me salvará” y “Llorar no me salvará” (#1000 en Hymns, publicados por Living Stream Ministry).

La última estrofa dice: “La fe en Cristo me salvará”. Cuando vi por vez primera esta línea, inmediatamente la rechacé y la reemplacé con “Solamente Jesús me salvará”. La fe no es una virtud. La fe es solamente permitir que el Señor nos salve.

Es como una persona que cae en el mar. Cuando alguien viene a salvarlo tirándole una red, él no tiene  que hacer nada. Mientras él no se salga de la red, estará bien. Todo es hecho por el Señor Jesús. ¡Aleluya! Digo de nuevo, nunca malentienda a Santiago 2. Las obras en Santiago 2 no son un asunto de ser bueno o malo, sino de tener o no tener fe.

 

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Modelos Para Potenciar Historia

Hay algo que, si bien no debe preocuparnos, porque el creyente debe estar ocupado, no preocupado, por lo menos nos hará pensar seriamente. Y ese algo es que llegará un día donde la gente, muy afanada en adorar cosas movibles y temporales, olvidará adorar el epicentro de lo que hasta allí haya sido su fe.

Conforme a rutinas asentadas en el Antiguo Testamento, podemos decir que podrá llegar un tiempo en donde la gente ni siquiera va a procurar el arca. Decir eso en el Antiguo Testamento, es como decir hoy que durante toda esta semana ni vas a orar, ni vas a leer tu Biblia ni vas a adorar y ni siquiera acordarte de Jesucristo.

Porque, -dice- que en aquel tiempo llamarán a Jerusalén el trono de Jehová, y todas las naciones vendrán a ella, en el nombre de Jehová, en Jerusalén, y andarán más tras las durezas de sus malvados corazones. Y en aquellos tiempos irán de la casa de Judá y de la casa de Israel.

Cuando el verdadero Dios sea el Dios de todos nosotros, y haya una verdadera unidad que no sea producida por el alma, sino producida por un propósito, entonces, la morada de Dios ya no sería una caja, sino que sería un pueblo. Y nadie estaría interesado en un culto, sino en una vida que exprese la plenitud de Cristo en la tierra.

Si mi alma se olvidare de Jerusalén, no lo puedo hacer. Si me olvido de Jerusalén, ¡Ay de mí! ¿Cuántos me están entendiendo en el inicio de este trabajo, hacia dónde debemos caminar? Mira Isaías 22. Hay un tiempo donde la unidad de dos personas, será como la unidad de David con Jonatán, en la que ellos decían que esa unidad podía producir más que la unidad con una mujer.

Estaba diciendo que el fruto, que el potencial de esas dos vidas unidas, podía producir más vida que lo que normalmente podía producir un matrimonio. Y escúchame: tremenda la comparación, porque en aquellos tiempos los matrimonios tenían quince, veinte, o treinta hijos cada uno.

(Isaías 22: 1) = Profecía sobre el valle de la visión. ¿Qué tienes ahora, que con todos los tuyos has subido sobre los terrados?

Profecía sobre el valle de la visión. Jerusalén es llamada: “el valle de la visión”. Esa palabra, allí, valle, significa el asiento de los decretos de Dios. O sea: si me olvido que los asientos de los decretos de Dios es Jerusalén, entonces en Babilonia no lo hago.

Si me olvido que toda mi instrucción viene de ahí, termino siendo instruido por las presiones de grupo. Por la moda, por las costumbres, por las tradiciones. Porque, -te recuerdo- los cristianos tenemos nuestro propio vocabulario; lo que en el mundo es moda, en la iglesia es mover.

Sin embargo, déjame decirte que sigue siendo lo mismo: una moda. A veces lo espiritualizamos un poco más, y le llamamos avivamiento. Como si a Dios le gustara la palabra avivamiento. Avivar significa que algo estaba muerto, o dormido.

Cuando Dios escucha de nosotros la palabra avivamiento, se le cae la mandíbula. Y nosotros gozosos, felices y contentos. Te dio su vida, y tú te la pasas avivándola. ¡Son terminologías que nos hacen tan pequeños delante de Dios! Pero ahora estamos creciendo. Dios quiere hijos humildes y obedientes, no pequeños.

El valle de la visión. Esa palabra, visión, significa la continua revelación del decreto de Dios. O sea: no puedes tener una verdad, estacionarte allí y creerte que la vas a hacer en Babilonia. Tienes que continuar colocando el valle del decreto de Dios continuo, como el prioritario y preferente asunto sobre tu más alta búsqueda en tu vida.

Recuerda lo que estamos haciendo: describiendo a Jerusalén. ¿Para qué? ¿Por qué? Porque hay que ponerla por encima de todo. Jerusalén es el asiento de tus instrucciones. Para ti, Jerusalén, es la voz de Dios. Y la voz de Dios te llega mediante el canal menos esperado. ¿Tú pastor? Puede. Pero también por ese hermanito anónimo, pobre y que nadie acompaña ni saluda. Inclina tu oído.

“¡Es que yo no escucho a hombre, escucho a Dios!” De acuerdo ciento por ciento contigo, pero resulta que Dios usa a hombres y mujeres para hablar lo que debe hablar, y si tú no los oyes a ellos, terminas no oyendo a Dios. Nada que ver con seguir a hombres por recompensas de hombres.

(Isaías 33: 17) = Tus ojos verán al Rey en su hermosura; verán la tierra que está lejos. (Esto es Jerusalén)

(18) Tu corazón imaginará el espanto, y dirá: ¿Qué es del escriba? ¿Qué del pesador del tributo? ¿Qué del que pone en lista las cosas más insignes?

(19) No verás a aquel pueblo orgulloso, pueblo de lengua difícil de entender, de lengua tartamuda que no comprendas.

Lenguas tartamudas que no comprendas, es la confusión de Babilonia. ¿Cuántos entenderán esto? Hay gente que te profetiza, y cuando termina de profetizarte, tú estás más bruto que antes de profetizarte. ¡Muy confundidos! Desbarataron todo el curso de tu vida, no entendiste nada, pero si la persona tiene renombre, no hay nada que hacer, el bruto eres tú. Sé que esto te causa gracia, y es probable que te estés riendo, pero; ¿Sabes el daño que causa eso?

(20) Mira a Sion, ciudad de nuestras fiestas solemnes;

Escucha: el principio, aquí, es el siguiente: tú y yo vamos juntos hacia un rumbo, hacia un destino que Dios nos ha revelado, como tribu. Hay varias tribus en el Reino de Dios. No todo el mundo tiene nuestro énfasis, y esta no es la plena verdad, es una parte. Pero es la que nos corresponde, porque tu espíritu ha sido traído a ella, y Dios nos ha unido.

Entonces, las fiestas solemnes, hablan de jornada y compañerismo, no son una opción. Si vamos a existir en Babilonia, tendremos que subir a las fiestas solemnes, que en el día de hoy, son ciertas conferencias donde hay alimento sólido, palabra genuina y cero entretenimientos.

Allí tenemos que estar. Porque es allí donde Dios nos dará fresca dirección para el lapso que transcurra hasta la próxima conferencia o contacto cibernético. Israel tenía que ir. ¿Por qué? Porque Jerusalén está por encima de su agenda.

Y si nosotros no ponemos a Jerusalén por encima de nuestra agenda, nuestra agenda se traga a Jerusalén, y se convierte en una agenda babilónica. Esto es matemática, dos y dos son cuatro, es cuestión de tiempo. Recuerda todas las excusas que dieron aquellos siervos cuando Cristo los invitó a la cena.

Eso no cambió que la cena ocurriera igual. Así que el principio, allí, es que estamos migrando constantemente juntos, y cuando tú te pierdes un estudio, una conferencia, un depósito espiritual, o un trabajo de todos estos, (Y no lo estoy diciendo como promoción personal, esto no tiene nada que ver conmigo) te quedas varios pasos atrás.

La velocidad que tiene la revelación que Dios nos está trayendo, determina que si no sigues todo esto a la misma velocidad, cuando escuchas algo un día cualquiera, ya no entiendes nada. Hay que subir a la fiesta solemne.

Cuando tú hablas de mirar a Babilonia, u observar a Babilonia, estas palabras de “acordaos o “mirad”, tienen que ver con intensidad, no como un simple recuerdo de meditación. Tiene que ver con escudriñar, de fijar tus ojos, de tener una visión tuya. O sea: habla de un enfoque personal, único e indivisible, pero tuyo y del Señor.

Habla de una milicia mental que produce que tus ojos, y no los naturales, obviamente, que tu impulso en tu vida, tu inercia, tu ímpetu, que toda tu energía, sea canalizada hacia un mismo lugar. Así es como se obtienen las metas en la vida: cuando toda tu energía y todo tu esfuerzo, están puestos para una sola cosa.

Hay demasiada gente que pretende hacer demasiadas cosas a la vez. Por eso es que es necesario identificar, escúchame: nadie que no haga lo siguiente, resolver internamente, entiende. Para terminar la carrera en medio de un mundo antagónico al propósito de Dios, es necesario: resolver internamente, antes de comenzar la jornada, que nada ni nadie, ni antagonismos ni hostilidades, ni soledades, ni ningún demonio que se cruce te hará mover un milímetro de tu objetivo.

Si no entras con esa mentalidad, no vas a terminar. Me habrás escuchado anteriormente, decir esto mismo con un poco más de elegancia. He dicho: si tienes un punto de doblez, allí es donde serás doblado. Si tienes un punto de compra, serás comprado.

Si es una novia o un novio, esa novia o ese novio, te sacan. Si es un hijo, se convierte en tu Isaac. Si es un matrimonio, igual. Si es una empresa, lo mismo. Porque si esa empresa no es para canalizar la bendición del Reino, te saca del propósito totalmente. Aférrate a este concepto, porque cuando llegue un determinado caso a tu vida, ese caso no será un problema, sino un simple asunto a resolver.

(Zacarías 8: 3) = Así dice Jehová: yo he restaurado a Sion, y moraré en medio de Jerusalén; y Jerusalén se llamará Ciudad de la Verdad, y el monte de Jehová de los ejércitos, Monte de Santidad.

Ciudad de la Verdad. Si yo no coloco a Jerusalén como mi más alta búsqueda en la vida, me alejaré de la verdad. Jerusalén es Ciudad de la Verdad. Lo paso en limpio: Ausencia de hipocresía en mi vida. Cero simulaciones. Ausencia de falsedad, integridad. Ser tú mismo, no una imitación de otros.

En el ambiente joven todavía se incurre en un antiguo error: impostar la personalidad de alguien muy admirado por las chicas con la finalidad de cautivarlas o seducirlas. Piensa: ¿Quién las está seduciendo? ¿Tú o esa persona a la cual estás imitando?

Jerusalén es una Ciudad de Verdad. No es un reflejo de la verdad; es la sustancia de la verdad. Es una vida que se vive fuera de los ámbitos de la falsedad. Algo que cuando tú lo ves en público, es exactamente lo mismo que luego podrás ver en privado.

Por eso es una ciudad como de cristal. ¿Qué significa esto? Que es transparente. Estos son los principios que fabrican en ti la expresión de Dios, en medio de un ambiente lleno de personas que muestran lo que parece ser la expresión de Dios, sin serlo.

Es una ciudad de verdad. Una vida consistente con tu decreto. Ojo, esto no es tontería. ¡Que tu vida se alinee con tu decreto! Una vida que se vive fuera del ámbito de la falsedad, tiene que ver con fidelidad, tiene que ver con firmeza, que cuando llegan los problemas, tú no te mueves.

No te tambaleas. Porque tú eres la verdad, y la verdad permanece. Se viene abajo con estrépito toda la mentira, mientras que la verdad queda paradita en el medio. Por ahí vienen un montón de acusaciones, pero dice la palabra que cuando te acusan y no es verdad, esa acusación es para la gloria de Dios.

Por eso tienes que ser firme, tienes que ser tú. Porque si lo que está parado allí no eres tú; si tú has inventado una imagen que es la que la gente conoce, pero que no tiene nada que ver con la que tu esposa ve y hasta padece todos los días, estás en problemas.

Esto no es teología, esto no son principios bíblicos profundísimos, esto ni siquiera es una enseñanza moral respecto a lo que tiene que ser tu conducta como cristiano. Esto, ni más ni menos, ¡Es tu guerra contra Babilonia! ¡Derrótala!

Somos ciudad de verdad. Firmes, inconmovibles. Porque la verdad no es algo que tú dices, es un estilo de vida que tú muestras, es tu sustancia. Tus más altos sueños tienen que ser gobernados por estos principios. Si para lograr hacer lo que tú quieres hacer en la vida, tienes que dejar de ser verdad, entonces eres Babilonia.

¿Entiendes lo que estamos haciendo? Hemos tomado a la palabra Jerusalén y la estamos describiendo. Y a partir de allí, toda tu vida tiene que someterse a lo que estamos describiendo. Esos son los principios. Y no son principios míos, obviamente, están saliendo de la Biblia.

Esto fue lo que hizo Israel para vencer. Y si funcionó para ellos, ¿Por qué no funcionará para nosotros? Porque la misma Biblia te dice que lo que le aconteció a Israel, son ejemplos para nosotros, a los cuales nos han legado los fines de los tiempos.

Ahí mismo, en ese verso, dice que somos Ciudad de Verdad. Vamos a dejar a un costado la palabra verdad, ahora, y vamos a enfatizar la palabra “ciudad”. Tenemos que ser ciudad. No valle, ni aldea, ni colonia. Somos ciudad.

O sea: nuestra vida tiene que expresar gobierno en orden. Una ciudad tiene necesariamente para funcionar bien, que poseer gobierno en orden. Si no hay gobierno y orden, no hay ciudad. Tu vida tiene que estar ordenada. No puedes ser un irresponsable.

¿Paraqué son nuestros principios? Para prevalecer en medio de una presión constante, en una difícil sociedad como es la actual. En tu trabajo, en tu escuela, en tu familia, en la iglesia. Llévalo donde quieras, trasciende la iglesia. Esto no es iglesismo, esto es principios para vivir en el planeta Tierra.

Y dice que se llamará Ciudad de la Verdad, y el monte de Jehová de los ejércitos, Monte de Santidad. Aquí no hay demasiado para añadir, tú ya lo sabes: sin santidad, no llegarás a nada. ¡Es que estamos en el Reino! Bien, pero eso no cancela la santidad.

Santidad no es ser una monja dentro de un templo, es adoptar una total separación para los propósitos de Dios. Tú eres su vehículo, tú eres embajador de Cristo. Hasta tu trabajo y tu propio jefe trabajan para ti.

Si tú te levantas todos los días para ir a trabajar, sólo porque tienes que pagar cuentas, déjame decirte que tu vida es altamente miserable. En cambio, si tú ves a tu trabajo como un vehículo para adelantar al Reino de Dios, entonces tú eres importantísimo.

Y cuando tú piensas así y tienes fe de que Dios está haciendo eso; cuando tú hablas con integridad, excelencia y buen vocabulario porque eres buen estudiante de la palabra, y siempre te estás actualizando, la sabiduría que emana de ti impresiona a tus jefes.

Entiende: no vas a conseguir las cosas simplemente porque eres cristiano, sino porque eres un ejemplo dentro de Babilonia. Porque llegaste a tu trabajo temprano, y saliste tarde. Y porque no andas leyendo la Biblia en tu trabajo. Y tampoco haciéndote el Billy Graham o el Carlos Anacondia en tu trabajo.

Tú debes ir camino a ser imprescindible allí. Que si un día la empresa tiene que reducir personal, a nadie ni siquiera se le cruce por la cabeza la idea de poder hacerlo sin ti. Que entre el retiro y un ascenso, lo que inspires con tu conducta y tu calidad laboral responsable, sea el ascenso.

Pero solamente orando y luego llegando tarde y andando de vago por las oficinas, vas a ver dónde vas a ir a parar con tu evangelio personal y privado. Porque la fe, sin obras, es muerte. Vamos a transicionar al Nuevo Testamento, para que veas que Babilonia es una cosa constante a través de todos los tiempos.

(Lucas 1: 26) = Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret (Subraya eso), (27) a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, (Desposada significa que legalmente estaba casada, pero que el matrimonio aún no se había consumado como normalmente se consuma un matrimonio), y el nombre de la virgen era María.

(28) Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo, bendita tú entre las mujeres.

(29 Más ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta.

Nota que dice que María se turbó por sus palabras y por esa rara forma de saludarla, pero no se turbó por la manifestación, por la aparición, como quiera que esta haya sido, de un tremendo arcángel. Esta era una señorita muy madura.

Ella no estaba impresionada por la visión, sino por el contenido de las palabras. Hay mucha gente así. Gente que se impresiona por la palabra revelada, mucho más que por alguna sanidad milagrosa o por alguna dramática liberación. 

Y casi que esto sería más que obvio, porque la palabra viene de un ser que se llama Dios. Y ese es un milagro, que Dios nos hable. Pero sin ir demasiado lejos, manifestaciones suelen hacer hasta los magos, los hechiceros, los curanderos.

Y fíjate que cuando María se pregunta qué clase de salutación sería esa, ella estaba escudriñando en su mente, desde los textos del Antiguo Testamento, (El Nuevo todavía no existía) a qué mujer en toda la historia de Israel, Dios la había hecho saludar de esa manera.

Ella andaba discerniendo las palabras de un ser divino. En lugar de desmayarse de alegría, ponerse a llorar de la emoción o aferrarse a la mano de la aparición de puro Cholula, ella reflexiona y se pregunta y pregunta casi en voz alta: ¿Por qué yo? Esa era María. ¡Diecisiete años!

(30) Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.

(31) Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús.

(32) Éste será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; (33) y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.

(34) Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? Pues no conozco varón. (No era una pregunta surgida de la incredulidad de María, sino de sus dudas en cuanto al embarazo sin haber conocido varón)

(35) Respondiendo el ángel, Le dijo: el Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.

(36) Y he aquí tu parienta Elizabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril; (37) porque nada hay imposible para Dios. (Nota que esta frase está escrita dentro del contexto que estamos leyendo.)

(38) Entonces María dijo: he aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia.

(39 En aquellos días, levantándose María, fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá; (40) y entró en casa de Zacarías, y saludó a Elizabet.

(41) Y aconteció que cuando oyó Elizabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elizabet fue llena del Espíritu Santo, (42) y exclamó a gran voz, y dijo: bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.

(43) ¿Por qué se me concede esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí?

(44) Porque tan pronto como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.

(45) Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor. (Entonces a partir de allí, María profetiza salmísticamente, y dice:)

(46) Engrandece mi alma al Señor; (47) y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.

(48) Porque ha mirado la bajeza de su sierva; pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones.

(49) Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Santo es su nombre, (50) y su misericordia es de generación en generación a los que le temen.

(51) Hizo proezas con su brazo: esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones.

(52) Quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes.

Pregunto: ¿De dónde podría sacar esta chiquilla todas estas conclusiones respecto a la salutación? Sólo hay una explicación coherente, aunque a muchos todavía les suene a fantasía: tiene una profunda revelación profética. ¿De dónde asume ella que Dios hizo todo esto? ¡Si sólo fue una salutación! Nosotros solamente vimos una salutación, ella ha visto quince versículos de profecía que cubren toda la Biblia.

(53) A los hambrientos colmó de bienes, y a los ricos envió vacíos. (¿Cuándo hizo todo eso? ¡Si lo único que Él hizo, fue saludarla!)

(54) Socorrió a Israel su siervo, acordándose de la misericordia (55) de la cual habló a nuestros padres, para con Abraham y su descendencia para siempre.

Escucha: ella está comparando todo lo que a ella le está sucediendo, con la promesa que Dios le hizo a Abraham. Esta mujer es muy inteligente. No es una diosa, no es una deidad, no es apta para adorar ni tiene calidad superlativa en lo espiritual. Sólo es una niña elegida por Dios para ser vehículo santo, por cualidades espirituales, morales e intelectuales impresionantes.

¡María no es digna de adoración! Pero sí de admiración humana con connotaciones espirituales. Como podrías admirar a un bendecido ministro, hoy. Hoy no cumple ningún rol, está muerta como tu abuelita. Cumplió un altísimo rol en su momento, como tu abuelito cuando fundó la iglesia a la cual asistes.

Este es un modelo de una persona dentro de un mundo antagónico, estableciendo el Reino de Dios. Claro, ella establece el nacimiento de Jesús. Hoy, nosotros, tenemos el mismo llamado que ella: la manifestación de Jesús entre los hombres.

Tenemos el mismo llamado que María. Así que mí amado hermano congregado en altas catedrales y pompas ornamentales, admiremos a María, imitemos su abnegación, fe y valentía, si quieres. ¡Pero no la adores, no es Dios! Es una mujer fallecida, como quizás lo es tu mamá o tu abuelita.

Nosotros, hoy, tenemos que dar a luz la manifestación de los hijos de Dios, que es la plenitud del varón perfecto. Tenemos la misma palabra del ángel para nosotros. Las mismas presiones que ella. O sea: la profecía, decía lo siguiente:

Iglesia de: (Y aquí ponle el nombre de tu ciudad, de tu población, de tu aldea, de tu región), vas a estar involucrada en los propósitos de Dios de una manera muy íntima; prepárate. Esa fue la profecía. La profecía dijo lo siguiente:

Tendrás que impactar tu generación. Vas a traer cambio a las naciones, y vas a afectar a todas las naciones venideras. Esa es la misma palabra que tenemos nosotros. Queremos impactar nuestra nación, queremos dejar la huella de Dios en nuestra generación y afectar generaciones venideras.

¿Por qué? Porque tenemos la visión de un Dios multi-generacional, y no de una generación que se la pasa pensando que nos vamos nosotros y el resto que se jorobe. Si verdaderamente nos vamos, está todo bien; pero si no nos vamos, debemos prepararnos para que los demás empiecen donde terminamos y no tengan que volver a empezar todo desde cero.

Si me interrumpen, gloria a Dios; pero si no me interrumpen, entonces tiene que haber una inercia para que se termine lo empezado. Ella es un modelo. Ella consideró la palabra del ángel, como una palabra que no había tenido precedentes.

A ninguna de las mujeres que tuvieron algo que ver con el propósito de Dios, se le habló así. ¿Sabes qué? A ninguna generación de la iglesia le ha llegado la responsabilidad de consumar los tiempos. Nadie tiene experiencia. Nadie ha pasado por aquí, antes.

Lo estamos haciendo por primera vez. Y en ese sentido es que podemos estudiar a María. Estamos leyendo el capítulo 1 de Lucas, para extraer de la vida de María los principios que necesitamos para prevalecer en la sociedad actual.

¿Por qué María? Porque María establece el Reino de Dios. ¿Quién es el Reino de Dios? El Reino de Dios es la persona de Jesús expresando la verdad del Padre. Y expresada a imagen, no a reflejo. Por eso Él dice y la palabra lo resume: “Si me has visto a mí, has visto al Padre”.

Y ella da a luz un hijo. Y vemos en el decreto o declaración que lanza el ángel, que nosotros somos identificados porque también somos una generación pionera que está edificando y programando progresivamente el fin de todos los tiempos.

A nosotros también se nos ha encomendado impactar a nuestra generación y las generaciones venideras. Estamos involucrados en el propósito de Dios de una manera muy íntima. ¿Qué es lo que se puede ver en la vida de María?

Número uno: el asunto de pureza. Dos veces en el primer verso que leímos, el verso 27, dice que ella era una virgen. Y es importante, porque para dar a luz en un ambiente babilónico, tenemos que tener bien en claro este asunto de pureza.

Pureza mental. Claro está que ni siquiera queremos llegar a mencionar la pureza moral o sexual. De lo que quiero hablar es de algo un poco más profundo, como por ejemplo es la pureza doctrinal. Necesitamos conducirnos con una verdad pura.

¿Por qué digo esto? Porque lo que nosotros creemos, eso es lo que gobierna nuestras acciones. Aquello que entendemos del futuro determina el ministerio presente. Por eso digo que necesitamos pureza doctrinal. Necesitamos pureza mental.

Necesitamos no estar corrompidos con las filosofías propuestas por el espíritu de Grecia o, incluso, con las nacidas de nuestras propias muletillas religiosas eclesiásticas. La palabra dice que la cruz es el verdadero poder de Dios, así que nuestro mensaje de Reino siempre tendrá que ser Cristo céntrico.

Recuerden que sin santidad nadie verá al Señor. Y el hecho de que hayamos arrojado fuera muchas antiguas tradiciones, no nos da permiso para erradicar principios básicos y fundamentos determinantes que el evangelio ha enseñado y sigue enseñando.

Cuando te digo que tenemos que apropiar ciertas verdades más allá de la oración, de ninguna manera estoy negando o cancelando la oración. Hay que orar, hay que ayunar y todo eso que hemos aprendido. Pero recuerda que esas cosas sólo nos mejoran a nosotros, de ninguna manera nos consiguen favor con Dios.

Porque el favor que tienes con Dios, lo tienes en Cristo Jesús, y ya está consumado. Muchachos: ya no ayunen más para conseguir novios, no es así como funciona. En segundo término, podemos ver en María el asunto de vencer a la oscuridad.

El verso 26 dice que ella proviene de una ciudad llamada Nazaret. En casi todos los países anda dando vueltas una broma que se hace con relación a cierto lugar de ellas que tiene mala fama. Cuando alguien no da el perfil, normalmente se suele decir: “Oh, este parece que viene de…”

Es como decir que de allí no sale nada bueno. Para producir el propósito de Dios en medio de una generación opuesta o antagónica a ese propósito, tienes que vencer el dilema de tu oscuridad, tu pasado. A nadie le interesa si vienes de la extrema pobreza, si ha sido delincuente, si tu madre fue prostituta.

Si Dios te ha hablado para producir en este tiempo, tus circunstancias, tu historial familiar, tu pasado, el lugar de donde provienes o la calidad de escuela que tienes, no tiene nada que ver con tu potencial de dar a luz el propósito de Dios.

Tienes que vencer el asunto de la oscuridad de tu pasado. Dios está buscando a un pueblo que entienda que no tiene nada que ver su pasado con dar a luz su propósito. El tercer asunto tiene que ver con la soberanía de Dios.

Verso 34: Entonces María le dijo al ángel: ¿Cómo será esto, pues no conozco varón? Es lo mismo que quizás hoy te preguntas tú: ¿Cómo podría yo, desde este remoto lugar en el mundo, pretender dar a luz el propósito de Dios?

No tenemos influencia con nadie, no conocemos a grandes ministerios. ¡No tiene nada que ver, Dios es soberano! – Es que no tengo conexiones…- La vara de Aarón no tenía ninguna conexión terrenal, y sin embargo produjo. No tiene nada que ver con la tierra, tiene que ver con tu deseo de dar a luz el propósito de Dios.

Tú puedes anular toda la validez de tu pasado, simplemente con la existencia de tu presente. O sea: si tú sumas lo que tu pasado debe producir, igualas a otra persona que no eres tú. Tanto así que, cuando regresas a ver gente que todavía está enterrada en su pasado, (Quizás familiares), ellos ya no saben quién eres.

Y esto no es hacer exaltación de nada, esto es hablar del producto básico de nacer de nuevo. Tú no eres de la nacionalidad legal que eres, porque esto no es algo cultural. Esto es, simplemente, que tú has nacido de una nación superior a la tuya. Esto es del Reino, nos hace a todos un pueblo.

Y no es ofensa a ninguna de las naciones que participan en este espacio, todas las naciones son hermosas a los ojos de Dios. Pero resulta ser que hay un Reino superior, que es de todo linaje y de toda lengua. Que tienen una cultura en común, que es la cultura de Dios y no la de tu país.

Dios es soberano. En cuarto lugar, vemos la actitud de cederle su agenda a Dios. Ella dijo: Hágase conmigo, conforme a tu palabra. ¿Cómo? ¡Te estoy dando licencia para que mi reputación en Israel, cambie. Te estoy dando permiso para que me apedreen a la puerta de la ciudad. Te estoy dando permiso para que mi marido me repudie y me divorcie.

Te estoy dando permiso para que mi figura cambie y me la dañes. Te estoy dando permiso para que cambies mi dieta, porque ahora estoy embarazada. Te estoy dando permiso para que todo mi futuro cambie. Hágase conmigo conforme a tu palabra.

¡Y no lo consultó con su marido! Esa es la gente que produce al Hijo de Dios. La gente que tiene que consultar antes de decir que sí, no termina. Hay un principio básico: antes de comenzar algo, por dentro di que sí. Luego, si quieres, ve a hablar con quién quieras.

Porque de ese modo, con quien sea que hables, no te va a cambiar. Es un principio, es un fundamento de la gente que termina. Primero: ¡Voy a hacer esto! Ahora lo comparto. ¿Qué crees tú? Ya no interesa demasiado lo que creas, pero ¿Qué crees?

Es para ver si sacas alguna sabiduría de lo que te dice, pero a ti no te va a cambiar de lugar ni de decisión. Deja que acontezca conmigo, lo que tu palabra ha dicho, con todas sus implicaciones y sus consecuencias. Te estoy invitando a que traigas cambios literales a mi vida.

Yo entiendo que mi cuerpo va a cambiar, yo entiendo que mi reputación va a cambiar, yo entiendo que mi círculo de amistades ya no va a ser el mismo. Yo entiendo que la popularidad que podría tener, ya la perdí. Yo entiendo que van a cuestionar la integridad con el propósito de Dios.

Yo entiendo que por esta vía no voy a ser un referente en la iglesia, pero aun así, hágase conmigo conforme a tu palabra y tu voluntad. Yo someto mi agenda a tu voluntad y a los principios de Jerusalén, para que se haga lo que tú dices, y no lo que a mí me gusta o me conviene.

Claro que algunos no podrán, tienen sus agendas demasiado ocupadas. Por supuesto, está Israel, pero también está Sion, así que la única duda que se transformará en pregunta, es: ¿A qué tribu perteneces tú?

Te estoy dando permiso para que hagas conmigo lo que no es común en Israel. Escucha: nadie había oído nada de ningún Espíritu Santo. Y mucho menos embarazando a mujeres. Hoy, claro, estamos mirando hacia atrás y decimos: ¡Qué bien, María1 ¡Le dio permiso al Espíritu Santo! Sí, pero recuerda que eso, para ellos, en ese tiempo, era sólo un fantasma.

Y ni hablar de cómo se lo iba a explicar a José. En aquel tiempo, cuando estaban desposados, el hombre se iba por un año a ganar dinero para poner casa. Y durante todo ese año, él dejaba a su mejor amigo observando a la novia para asegurarse que ella le fuera fiel.

Al año llega José con todo el dinero para comprar una casa, y el amigo dice: ¡No sé qué pasó, José! ¡Te juro que no la vi nunca con nadie! Y al ver la cara de José, seguramente le agregó: ¡No me mires así! ¡Te juro que yo no tuve nada que ver!

La palabra dice que José la iba a matar. Te estoy dando permiso para que hagas de mi vida, una vida diferente a todas las demás. Te estoy dando permiso para que hagas de mí, lo que nunca se ha hecho antes. Te estoy dando permiso para que yo sea identificado como un resentido, un descabellado o un hereje. Ella fue una hereje toda su vida.

Yo me someto a esto. Es una decisión individual, no matrimonial. Si vamos a traer cambios a nuestra nación, vamos a tener que dejar que Dios cambie nuestra agenda. ¿Por qué? Simple: porque la agenda que hemos traído hasta aquí, todavía no ha cambiado nada.

En quinto lugar, nos encontramos con el mentor. Verso 39: En aquellos días, levantándose María, fue de prisa. No se tomó su tiempo, no esperó cuatro años, fue de prisa. Y no fue al llano. ¿Dónde fue? A la montaña, a la ciudad de Judá.

¿Y entró en casa de quién? De Zacarías. ¿Y saludó a quién? A Elizabet. ¡Oh, María tenía lazos del alma con su prima! No, en absoluto. Elizabet tenía ya seis meses de experiencia en algo que ella estaba comenzando a vivir.

Era la única mujer que le podía servir de mentor en su tiempo, porque ella también, con un fantasma, aunque en este caso con la ayuda de su marido, siendo estéril, ahora se encontraba embarazada. Por eso, lo único que se le ocurre decir a María, es que ella necesita un mentor en esa línea de ministerio.

Ella necesitaba conectarse con una fuente de algo que ella ya había identificado en su espíritu. Ella ya no puede seguir con sus relaciones habituales, tiene que salirse de su campamento e ir a buscar un mentor, y eso le va a costar, porque ellos no andan en el llano. Hay que ir de prisa a la montaña, y buscar a alguien que lleve la delantera en lo mismo que estás llamado a ser.

¿Y ahora qué hago, Elizabet? ¿Cómo hiciste tú para explicar que siendo estéril ahora te embarazaste? ¿Cómo lo explico yo? ¿Qué debo estudiar, Señor? ¿Cómo hago para salirme de las rutinas eclesiásticas frías y desnutridas? ¿Qué materiales busco? ¿Dónde los busco? ¿Dónde están tus verdaderos mentores, Señor?

Si ese, hoy, no es tu estilo de vida, dentro de diez años, vas a estar sentado en el mismo banco que todavía estás sentado ahora, cada domingo. Oyendo otro de esos mensajes que olvidas ni bien sales. Escuchando estas cosas que sacuden tu espíritu, pero sin atreverte a dar el paso. Como simple espectador de lo que Dios está haciendo, y no como portador de ello. Queremos ser portadores.

El siguiente punto, lo encontramos en el verso 46: Entonces María dijo: ¡Engrandece mi alma el Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador! Ella tuvo visión. Nota que la palabra de Dios, engrandeció al Dios que ella conocía.

¡Engrandece a Dios, alma mía! O sea: Dios es más grande de lo que yo creía. Toda verdadera relación con la palabra, debe engrandecer las posibilidades de Dios en tu vida.  Todo para un Dios más grande; ¡Sí, se puede! Con Dios en ese contexto, todo se puede. Ahora; si tú visitas una iglesia sólo los domingos, entonces sí que puede ser imposible.

¿Qué cosa es, sin palabrerío, religioso que perturbe, una visión? Es concretamente poder tener una lectura visual del futuro tal como si estuviera siendo presente. Ver un futuro próspero, para ti mismo. Porque si tú ves otra cosa, otra cosa será. Porque tal el hombre piensa, el hombre es.

Si no te ves en un mejor mañana, tu mañana será igual al de hoy. ¡Engrandece mi alma al Señor! Engrandécelo, mi imagen de Él es demasiado pequeña. Tenemos que ver a Dios más grande que nuestras circunstancias.

La promesa a Abraham, fue que Dios iba a ser el Dios de su descendencia, no sólo de él. Un Dios más grande que su vida. Y eso se llama humildad, y créeme que este es un principio que a poco de andar tiene que convertirse en puntal de tu vida.

En el verso 51 y 52: Hizo proezas con su brazo, esparció a los soberbios en el pensamiento de su corazón, y quitó de los tronos a los poderosos. La humildad, si tengo que definírtela de la manera más sencilla, es tener una perspectiva correcta respecto a quién Dios dice que tú eres.

La humildad no tiene nada que ver con tu posición económica, tampoco con la falta de adornos en tu casa. Humildad significa que si Dios dice que tú eres lo mismo que Dios, tú dices que está bien, aunque la gente te llame hereje.

Que si Dios te dice que tú eres uno con Él, que así te sientas; que haya este mismo sentir en vosotros. Eso es humildad. Aceptar lo que Dios dice de ti. María fue humilde. “Sí Señor, si tú lo dices, yo lo haré”. Que así sea. ¿La verdad? No entiendo cómo será, pero que así sea. Por eso fue a buscar a Elizabet, para que le explicara cómo podría ser.

María. Y no te vayas a pensar que la estoy exaltando hasta lo imposible, ni lo pienses. ¡Madre de Dios, no es! Es la madre de Jesús, aunque decir eso todavía te confunda un poco. Isaías dijo: Un niño es nacido; pero el hijo, es dado. No nace, se encarna.

Ella sólo proveyó un vaso, que luego fue lleno por la esencia de Dios. Ella produjo el arca, Dios trajo la esencia. Y entonces el arca, exhibió la esencia interna, la que abrió en el monte de la Transfiguración.

Allá adentro estaba el Hijo de Dios. Acá adentro, era todo hombre. ¡Tú mismo! Cristo Jesús, en vosotros, la esperanza de la expresión de gloria. Tenemos que someter toda nuestra vida a estos principios. Y no cancela tus aspiraciones, sino que las utiliza para dar salida al propósito de Dios.

Eso te garantiza guerra. Primeramente mental, contigo mismo. Luego, en tu círculo de amistades. Luego, en el mundo eclesiástico. Y en el mundo secular, ni hablar. Pero sí terminas. Y no te estoy diciendo que sea más fácil, te estoy diciendo que es mejor.

Jesús nació, y por resultado de un sueño, fue llevado a Egipto. ¿A la casa del enemigo? Sí, tal cual. ¿Pero es confiable un sueño? Puede que sí, puede que no, quien sabe. ¿Tú confiarías tu propia vida o la de tu hijo simplemente a lo que veas en un sueño que, para colmo, te manda a la casa del enemigo?

Cristo fue obediente hasta la muerte, ¿No es así? ¿Y cuántos creen que es fácil darse para muerte? ¡Claro que no lo es! Dice la palabra que Él sudó sangre por ello. Test rápido de madurez: Si en una iglesia cercana a tu casa va un ministro con esta clase de palabra, y en la otra iglesia de la otra calle hay un ministerio evangelístico con señales y milagros, ¿A cuál asistes tú?

No me respondas nada, sólo piensa. Si en tu interior no se enciende una llama vigorosa que te empuja a ir a escuchar palabra en lugar de las señales y prodigios, estos principios básicos todavía no están gobernando tu vida. Nadie te quita la salvación, sólo te queda lejos el Reino, por ahora.

Verso 54, dice: Socorrió Israel su siervo, acordándose de la misericordia de la que le habló a nuestros padres, para Abraham y su descendencia para siempre.

Esto habla de caminar por caminos antiguos. Ella relacionó su propio llamado con el llamado que recibió Abraham, no como algo aparte. Ella fue llamada a terminar algo que otro comenzó, y no a algo que empieza y termina en el mismo hombre.

El grave problema que tenemos hoy, es que cada ministerio entiende que tiene una visión aparte de las demás visiones. ¿No entienden que sólo existe una visión, y es la de Dios? Los diferentes ministerios, sólo son expresiones de una misma y sola visión.

 

 

 

 

 

 

 

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Tabernáculos Vivientes

Si hay algo que puede inscribirse como asignatura pendiente de la iglesia, es el no haber podido, sabido o querido usar los recursos que Dios le ha dado. Y uno de esos recursos, tal vez el más notorio, es el conocimiento. Por ejemplo, saber qué cosa es el Reino de Dios y qué lugar ocupas en él.

(Éxodo 28: 3) = Y tú hablarás a todos los sabios de corazón, a quienes yo he llenado de espíritu de sabiduría, para que hagan las vestiduras de Aarón, para consagrarle para que sea mi sacerdote.

Esto que acabas de leer o de oír leer, es algo que Dios le dice a Moisés. Y habla del espíritu de sabiduría, que es uno de los siete espíritus de Dios. Lo cierto es que en este versículo comienza a unirse algo que es el equipamiento humano y el equipamiento divino.

El equipamiento divino, es el espíritu de sabiduría. A quienes yo he llenado de espíritu de sabiduría. Pero hay una parte que es humana: los sabios de corazón. Nota que es distinto. Una cosa son los sabios de corazón, y otra cosa son aquellos que han sido llenados con espíritu de sabiduría.

Tal vez tú no tienes espíritu de sabiduría, aún, pero sí puedes ser sabio de corazón. ¿Qué significa ser sabio de corazón? La mayor parte de la gente, toma decisiones en base a algunos principios. Por ejemplo: las decisiones se toman después de haberlas pensado mucho tiempo, hay otros que toman decisiones más por la pasión, por el sentimiento. Hay una persona que no me gusta en ese grupo y no voy más.

Ese lugar que nosotros llamamos corazón, que no necesariamente es el músculo, sino el centro de las emociones, normalmente no es conocido por ser muy inteligente. De allí que no es muy confiable para tomar decisiones. Y uno de los lugares donde debe asentarse la sabiduría, es en nuestro corazón.

Normalmente, la mayor cantidad de errores que uno comete, los comete por dejarse llevar por su corazón. ¿No lo has visto? Gente que está muy ubicada, que tiene las cosas re-claras y que, de repente, una mala decisión lo saca de ese camino.

Puede ser por el trabajo, puede ser por un romance, puede ser por negocios, o por lo que fuera. Dios necesita trabajar con nosotros, porque Él quiere hacer cosas en tu ciudad, en tu familia, en tu vida. Y para eso, Él no puede trabajar con todos. Él trabaja sólo con los que son sabios de corazón.

Fíjate que nosotros siempre hemos considerado al corazón nada más que como el centro de las emociones, y la sabiduría ligada a la mente. Pero hay una mezcla muy interesante, que se produce cuando mi corazón aprende a ser sabio.

Para poder hacer las vestiduras de los sacerdotes, se requería que no fueran costureros únicamente los que se encarguen de eso, sino que sean gente que tenga sabiduría en su corazón, para poder entender lo que Dios iba a hacer.

Ese es el punto; Dios quiere hacer cosas, Dios quiere dar instrucciones, pero lo va a hacer a gente que tenga la predisposición de escucharle, y que tenga un corazón abierto a Él. Ahora déjame decirte que nadie nace sabio. Muchos de nosotros aprendemos que no se debe hacer algo, después de haberlo hecho.

No es algo que debería ser así, pero nos pasa. Ven conmigo al Libro de Génesis, capítulo 2. Todos nuestros problemas, y los tuyos también, de hecho, siempre nacen de saber o no saber escoger entre dos árboles. Te cuento que esa historia no terminó con Adán. Te cuento que muy probablemente tú, mañana, puedas estar frente a dos árboles. Vez tras vez, Dios te va a llevar a estar frente a dos árboles. Y de acuerdo a como decidas, tú vas a gozar de los beneficios o vas a sufrir de las consecuencias de eso.

(Génesis 2: 15) = Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.

(16) Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: de todo árbol del huerto podrás comer, (17) más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.

Escucha: lo primero que quiero ayudarte a sacar de tu mente, es el hecho de que el árbol del conocimiento, sea en sí mismo, malo. Ese árbol del conocimiento, tiene algo de bueno. Porque, dice, es el árbol del conocimiento del bien y del mal.

Ese es el gran problema que engaña a los hijos de Dios. O sea; si mañana aparece una persona y te dice: oye, ¿Te gustaría darte una drogada sublime? Aquí tienes este sobrecito que es una maravilla, mira. Tú dices que no, porque en primer lugar no habías pensado jamás en drogarte, y en segundo lugar, porque quien te lo ofrece es un fulano todo desarrapado, que le faltan dos dientes, mugriento y con cara de loco.

Sin embargo, Dios sabía muy bien que nuestro enemigo no iba a venirse vestido de una manera fácil de reconocer, sino de que más bien él sabe camuflarse de una manera tal, que Pablo dice que aún puede venir como un ángel de luz.

O sea que lo que te estoy diciendo, es que el veneno viene en una hermosa caja. Entonces, cuando tú hablas con una persona y esa persona te confiesa que tiene problemas con el cigarrillo, tú identificas de lejos lo que es malo.

Lo que es difícil de identificar, son aquellas cosas que no parecen malas, pero que a los ojos de Dios siguen siendo malas. Por ejemplo: es fácil que un asesino acepte a Cristo, pero quizás no una señora que dice: ¿Y yo de qué me voy a arrepentir? ¡Si yo nunca he hecho daño a nadie!

Una persona que tiene un concepto de justicia en base a sus hechos, le cuesta ver la cruz. No así al asesino, no así al alcohólico, no así al droga-dependiente. Dice: estoy perdido, necesito de Dios o me muero. En cambio la otra persona, dice: ¡No! ¡Si yo no hago nada de malo!

El mayor problema del árbol del conocimiento, es que también tiene buenos frutos. Entonces uno puede decir: ¡Mira! ¡Te cuento! ¡El hermano Fulanito cayó en adulterio! ¡Qué barbaridad! ¡Yo lo estaba viendo venir desde hace mucho tiempo, a eso!

Pero, sin embargo, nadie dice absolutamente nada, cuando dos personas murmuran. Y la murmuración es un pecado tan destructivo como el adulterio. La mentira es un pecado tan espantoso como la fornicación. Solamente que se ve, moralmente, menos feo que el otro.

Entonces, el punto es este. A la larga, ¿Cuál es el corazón sabio? El corazón sabio, no es el corazón que pesa lo superficial, porque no sólo son los frutos lo importante, sino también la raíz. Cuando tú ves el fruto de algo, es demasiado tarde.

Cuando un árbol ya dio su fruto, ya pasó su buen tiempo. Ya sus raíces se consolidaron, y por eso es que sale una manzana, una naranja, un durazno. Cierto es que nosotros juzgamos algo por el fruto, pero tú no necesitas hacer algo malo para saber que es malo.

Voy a darte un ejemplo: Dios le dice a Adán: mira, esto es malo, créeme. Y Adán dice: ¿Es malo? A ver, probaremos… ¡Ajá! Verdad, es malo… Sin embargo ya la metiste, Adán. Porque ya introdujiste dentro de ti algo que ya no era revelación, sino el conocimiento por experiencia.

Entonces, ¿Yo que quiero? Tú como madre o como padre quieres, por ejemplo, que tus hijos nunca caigan en el alcoholismo; que no necesiten probar algo para poder decir que sus padres tenían razón respecto a que algo era terriblemente malo. Simplemente quieres que te crea y digan: si mi padre dice que es malo, es porque es malo.

Esa persona, es sabia de corazón. Yo amo a mi padre, y si mi padre me dice que es malo, y sé que mi padre me ama, y yo a mi vez también lo amo a él, asumo que lo que me dice que es, es. Mi corazón pesa en esa decisión.

Hay algo que me dice “hazlo”. Pero como yo lo amo a mi padre, y sé que él me ama a mí, entonces yo digo: “mejor no”. Entonces, Dios me dice: “¡Bien, eres sabio de corazón!” Mi mente está diciendo otras cosas, pero mi corazón dice: “Él te ama; no puede haber maldad en lo que Él te está diciendo. Él te ama”.

Sobre esas personas Dios derrama espíritu de sabiduría. Y te lo voy a decir de otra manera, para que puedas ver cómo, a veces, en las iglesias entendemos al revés las cosas. Supongamos que en una iglesia aparece un hermano después de haberse apartado, digamos, por espacio de cinco años.

Y se fue con otra mujer, y se escapó con la secretaria de su oficina, dejó a sus hijos tirados. Y resulta que ahora vuelve y, el pastor, incluso lo recibe con los brazos abiertos. Y dice que hay que hacerlo porque el pobre hermanito volvió y no se lo puede discriminar.

Pero no sólo eso, ahora también le organizan casi una reunión especial para que cuente su testimonio. Y sube al púlpito y dice: “Miren, ¿Saben qué? Yo me drogaba, bebía alcohol a raudales, me metía en todos los prostíbulos, y Dios me rescató de allí” Y toda la gente que lo oye, dice: ¡Aleluya!

Entonces, allí mismo al pastor se le ocurre la idea genial, y dice: “¡Ay, hermano! ¿Y por qué no empieza ya mismo un ministerio para rehabilitar drogadictos, alcohólicos y noctámbulos? Usted ya tiene experiencia.”

Con esa forma de pensar, asumimos que la persona que tiene todas esas experiencias está mucho más preparada para ejercer un ministerio que aquel que jamás siquiera tomó un vasito de vino con la comida. Y hasta parece muy lógico lo que estoy diciendo, pero créeme que no es así.

En el mundo espiritual, tener experiencia o tener autoridad, no es lo mismo. La persona que nunca cayó en algo, tiene más experiencia que el que cayó y salió. Aunque a nuestros ojos espirituales sea al revés. Porque para nosotros, tiene más experiencia el que cayó y salió.

Porque, -decimos- él ya sabe. Para mí, sin embargo, en el ámbito espiritual tiene mucha mayor autoridad aquel que nunca cayó en eso, porque si fuera como se nos ha enseñado y decimos en las iglesias, ¿Qué autoridad hubiera tenido Jesús? ¡Si Él nunca cayó en nada!

¿Qué podría saber Jesús respecto al alcoholismo si Él jamás cayó en eso? ¿Con qué experiencia hablaría o ministraría Jesús respecto a fornicaciones o adulterios? ¡Es que espiritualmente es así! ¡¡Precisamente, Él tiene toda la autoridad porque nunca cayó en nada!

¿Y entonces ese hermanito callado y de perfil bien bajo que jamás se apartó del Señor? ¿Qué pensará respecto a darle el micrófono y media reunión a uno que anduvo en cualquiera, mientras que a él que jamás hizo nada fuera de lugar, ni siquiera le permiten cantar para su cumpleaños?

Tal vez pueda estar exagerando un poco, pero quiero que entiendas la mentalidad. Desde esta óptica se entiende un poco mejor la parábola del hijo pródigo, ¿Verdad? Así decía el hermano. ¿Por qué tanto alboroto porque este vago ha vuelto y a mí, que siempre estuve fiel y firme aquí, nada?

Entonces todos dicen: ¡Pero que envidioso que es! ¡No! Piénsalo con calma. ¿Cómo te sentirías tú? Dime si no te resulta coherente lo que esa persona piensa. Resulta ser que estos dos árboles, a los que hace referencia este versículo de Génesis 2 y verso 17, cada día están delante de nosotros.

Nosotros estamos llamados a tomar decisiones constantemente. Y las decisiones van a repercutir para vida o para muerte. Y esto tiene que ver con lo que llamamos adoración profética. Hemos estado ministrando, casi todos, desde el velo para afuera. O sea: de este lado del velo. Y eso significa que nosotros tenemos un problema a la hora de comprender todo lo que nos sucede. Te doy un ejemplo: Efesios capítulo 1.

(Efesios 1: 3) = Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,

¿Cuántos saben que son bendecidos? ¿Cuántos saben que son bendecidos con toda bendición espiritual? El gran problema es que tu bendición está en lugares celestiales, no aquí en la tierra. Eso ha creado una dicotomía en la gente: lo que tiene y lo que cree que le espera. En el fondo, a veces alguien se va de la iglesia y le va mejor.

Nadie entiende lo que pasa, y por reflejo se empieza a hacer un culto a la pobreza. Y el más pobre es el más amado por Dios. Entonces sale uno y dice: ¡Ah, no, hermano! ¡Yo he aprendido a estar contento con lo mucho y con lo poco! ¿Y cómo lo sabes? ¡Si nunca tuviste mucho, siempre tuviste poco! No tienes opción. O estas contento o te suicidas.

El caso es que, si bien somos bendecidos con todo, ¿De qué nos sirve si no experimentamos esas bendiciones? ¿De qué te sirve saber que tienes tremenda autoridad, porque Jesús dijo: “Toda autoridad me es dada, por tanto id y haced discípulos”, si no puedes salir adelante siquiera de un simple resfrío? ¿No es este un dilema cotidiano, y al mismo tiempo masivo?

Sin embargo, la respuesta es la siguiente. Tu bendición está, pero está en lugares celestiales en Cristo; todo lo que tú necesitas para esta vida, está en lugares celestiales en Cristo. Yo no sé cuántos de quienes me escuchan hoy, no tienen vivienda propia, por dar un ejemplo.

¿Y qué tal si yo les digo que la casa, la vivienda que tú necesitas, ya está preparada y lista? Y que lo único que necesitan, es hacer que esa casa, que esa vivienda, descienda de los lugares celestiales hasta aquí.

La gente que no tiene una visión del mundo espiritual, siente que esto que les estoy diciendo es una mezcla de locura total con demencia global. No entiende nada. ¿Cómo que está en los lugares celestiales? ¿Y cómo la traigo yo hasta aquí?

Veamos: si a ti te está yendo mal en los negocios, tú puedes tomar el periódico y fijarte. Allí vas a encontrar una serie no menor de hombres y mujeres que, por muy poco dinero, están dispuestos a hacerte algunos trabajitos que te permitan cambiar la onda y pasar a tener negocios florecientes.

Limpiezas, destrabes, ajustes, y decenas de pomposos títulos más para encubrir estrategias satánicas. ¿Pero sabes qué? De repente esos negocios pueden empezar a funcionar. Porque así es como funciona el mundo de afuera.

¿Tú crees que estoy exagerando o fantaseando? Puedo decirte que la mayor demanda laboral de chamanes, parapsicólogos, tarotistas y otros brujos, se da en el ambiente empresario. ¿Y tú te crees que es solamente una moda pero que en verdad no sucede nada sobrenatural? ¡No seas ingenuo, claro que sucede! Si hasta los políticos devenidos en altos cargos de gobierno buscan esa clase de ayuda.

Ocurre que cuando nos damos cuenta que el mundo espiritual es más importante que el mundo natural, es cuando también nos damos cuenta que nuestra condición verdadera no nace en la tierra, nace en los cielos.

Eso tiene que ver con lo que estamos entendiendo. Y la gran pregunta que siempre surge aquí de parte de los mejores y más fieles cristianos, es: ¿Y cómo puedo hacer yo para empezar a abrir mis ojos al mundo espiritual? ¿Cómo puedo yo empezar a entrenarme para saber lo que está pasando?

Mira; se requieren dos cosas. La primera cosa que tú necesitas, es un corazón sabio. Esto quiere decir, un corazón deseoso de conocer qué es lo que dios tiene para ti. El Señor siempre te va a dar cosas que tú valores. Si a ti no te interesa aprender esto de lo que estamos hablando, puedes escucharme un año seguido y el Señor no te lo va a revelar.

Necesitas tener un corazón sabio. Lo que sucede es que andamos tan acelerados que son muy pocos los que tienen tiempo de pensar en algo espiritual. Y ocurre que cuando andamos a  esas velocidades, nuestro corazón pierde la perspectiva de lo que realmente es importante.

Normalmente, andamos resolviendo cosas urgentes. Pero hete aquí que hay una diferencia entre lo urgente y lo importante. Es urgente reunirse con hermanos a orar y leer la Biblia, pero es importante que pases buen tiempo con tu familia, especialmente con tus hijos.

Entonces vemos que lo urgente grita, pero lo importante, no. Pero lo que determina tu vida es lo importante, no lo urgente. Cuando no alcanzas a reconocer esto, sólo te das cuenta que tienes un problema cuando el agua te está llegando al cuello.

La segunda cosa que tú necesitas, es aprender a crear ambientes. El mundo espiritual, responde a un ambiente espiritual. Mira lo que dice el viejo salmo 22:3: Dios habita en la alabanza de su pueblo. ¿Cuántos han escuchado este versículo, antes?

Ahora bien; en los lugares donde tú sueles frecuentar, sea en reuniones eclesiásticas formales o informales, ¿Le dan lugar a la alabanza? Es simple; si no le dan lugar a la alabanza, Dios no habita allí. Y si Dios no habita allí, ¿Qué se supone que estás haciendo allí?

El principio es sencillo; ¿Cuántos de nosotros hemos escuchado eso? Dios habita en la alabanza de su pueblo. Sin embargo, el punto es este: el saber algo, no significa vivir algo. Es mucha la gente que sabe cosas, pero que no las hace.

Y ese es un problema. Hay hermanos que me han contado que se saben de memoria algunos estudios míos. Y se han puesto muy contentos cuando los he felicitado por eso, pero se han deprimido mucho cuando a renglón seguido, les he preguntado si han empezado a vivir en sus vidas lo que aprendieron de memoria.

Ahora dime en palabras más que sencillas qué es lo que quiere decir eso de que Dios habita en la alabanza de su pueblo. ¿Estamos hablando de música, acaso? Imagínate esto: para atrapar la atención de alguien, ¿No es más que inteligente y adecuado hacer algo que le agrade a ese alguien?

¿No está bueno comprarle un ramo de flores a tu esposa si es que a ella le agradan las flores? ¿Su reacción al verlas y percibir su exquisito aroma, no será la mejor para ti? Si tú deseas la presencia de alguien, aprende a traer la presencia de alguien.

Dios habita en la alabanza de su pueblo. Si tú quieres la presencia de Dios, ¿Qué tienes que hacer? Según ese versículo, ¿Qué tendrías que hacer? Aprender a alabar a Dios. El mundo sobrenatural se abre, a aquellos que saben crear la atmósfera.

Normalmente, los profetas de Dios, son aquellos que cambian el medio ambiente. ¿Sabes que te das cuenta perfectamente y sin que nadie te lo proclame, que ese hombre o esa mujer que de pronto aparecen por allí, son profetas del Señor?

¿Por qué? Por cuando entran a un lugar, le cambian todo el ambiente. Es algo que no se ve a simple vista, pero se percibe, se siente, se discierne. Ellos traen una presencia. Yo estoy convencido que el alma juega un rol muy importante en cierto tipo de música, por ejemplo.

Yo solamente puedo sentarme a leer textos, estudiar pasajes y luego tomar el teclado y escribir algo al respecto, si tengo silencio total o, en todo caso, alguna música muy suave y ungida. Jamás podría hacer algo así con un ritmo de esos que te hacen mover los pies aunque jamás en tu vida hayas bailado.

Lo que estoy tratando de hacerte entender con esto, es que algo tan especial como es cumplir con el mandato de escudriñar la palabra de Dios, recibir sus revelaciones y escribirlas para un trabajo, responde a un entorno. Es lo mismo que irse a dormir. Hay gente que no puede dormirse si no lavó los platos de la cena, limpió su habitación o sencillamente apagó todas las luces. Hay otros que gustan de dormir con la luz encendida. Entornos diferentes para un mismo objetivo: dormir.

Respecto a la música quiero ser claro. En primer lugar, alabanza no es sinónimo de música, pero la incluye y en gran manera. Es necesario saber que hay música que le habla al cuerpo, hay música que le habla al alma, y hay música que le habla al espíritu.

Recién hablábamos de dormir, y será bueno aclarar que el dormir, es una función biológica natural. ¿Tú quieres que tu cuerpo descanse? Pues entonces duerme las horas que necesitas. ¿Cuántos saben o han leído que hasta cierta edad, cuando tú duermes, creces?

Por eso se recomienda a los adolescentes de 13 o 14 años, si pueden, que duerman no menos de diez horas continuas. Los que tienen niños muy pequeños, bebés, saben muy bien que de pronto una ropita les queda bien cuando los acuestas por la noche, y parece habérsele achicado por la mañana. ¡No se achicó la ropa, es que creció el bebé!

Cuando tú duermes, tu cuerpo comienza a activar algo que empieza a sanar las heridas y el desgaste del cuerpo. La ciencia recién ahora ha descubierto algo que nosotros deberíamos saber mucho tiempo antes: que nuestro cuerpo está diseñado para sanarse a sí mismo.

¿Ejemplo sencillo? Se cae un niñito y se hace un corte, dos días después tienes que mirarlo con una lupa para adivinar donde se hizo ese corte. Se cae un viejito y se hace un corte igual al del niño, y tres meses después, si te descuidas, todavía le sangra.

Es más; tu cuerpo estaba diseñado para no envejecer, además de estarlo para sanarse solo. Todo eso debería hacerlo, conforme al diseño, cuando duerme. De allí que es tan importante, coinciden la ciencia y el espíritu, el saber dormir.

Cuando tú duermes, hasta cierta edad, te estiras. O sea: como tu cuerpo está en reposo y no tiene que estar atendiendo a tus funciones básicas, tales como caminar, trabajar, etc., baja esas funciones vitales y utiliza ese tiempo para sanar sus dolencias.

La pregunta que surge de inmediato aquí, es: ¿Entonces por qué envejecemos, si nuestros cuerpos están diseñados para sanarse solos? Respuesta simple: porque el cuerpo se empieza a desgastar mucho más rápido que lo que se puede sanar.

Ese proceso es el que recibe el nombre de envejecimiento. No es ningún secreto que alguien que tiene un fuerte resfrío, no mucho más que eso, que en pie y trabajando le duraría no menos de una semana sanar, si se mete en la cama y descansa cuarenta y ocho horas, durmiendo la mayoría de ellas si puede, se sana mucho tiempo antes.

Con esto creo que queda más que claro que, a pesar de todas las promociones publicitarias que arman los distintos laboratorios porque tienen que vivir y sobrevivir, todos sabemos que no hay una medicina especial para sanar un resfrío; sólo descanso y agua, beber mucha agua.

Por es que, -aseguran los que andan varios pasos adelante en esto- lo único que se necesita para moverse en el mundo espiritual, es práctica. Dicen que es como nadar. La primera vez que estás en el agua, tú no sabes qué hacer porque es un sistema ajeno a ti.

Porque, de hecho, tú no has sido creado para moverte en el agua; has sido creado para moverte en la tierra. Por eso si te caes al agua, tu primera reacción como buen ser humano que eres, es el miedo al agua. Pero una vez que aprendes a nadar, me pregunto quién te saca de la piscina o del mar.

Has aprendido a interactuar con un ámbito que te resultaba extraño y desconocido. Y para aprender a nadar, ¿Qué crees que necesitas? Práctica. Abrir tu espíritu forma parte de un diseño de Reino. Lo que quiero que entiendas es que esto no es una cosa mística, onda como de entrar en éxtasis y todo eso.

¡Silencio! ¡No molestes al hermano que está mirando el mundo espiritual! Ni lo sueñes, no es así como funciona. Ser místico no es lo mismo que ser espiritual. La persona espiritual es la más sencilla del mundo. Lo que es necesario que veas, es qué glorioso es usar los recursos del Reino de Dios, para ganar posiciones en los planos naturales.

Hablamos de la salud, hablamos del descanso, hablamos del sueño. Dios te va a hablar y te va a enseñar cosas mientras tú duermes. ¡Ya lo ha hecho y no te diste cuenta! ¡Lo adjudicaste a algo que de pronto se te ocurrió! ¿No te diste cuenta que fue el Espíritu Santo el que te enseñó lo que ignorabas?

Porque tu espíritu no duerme, no lo necesita. Tu cuerpo es el que lo necesita. Eso sí; tampoco tu alma duerme. Tu alma también está despierta. Por eso tienes sueños. ¿Qué hará el enemigo, entonces? Aprovechará el momento que tú duermes para plantarte temor.

Por ejemplo; si te has dormido peleado con alguien, vas a despertarte con rencor. Por eso dice la palabra que no se ponga el sol sobre vuestro enojo. Tú debes resolver todo antes de dormir. Porque todo aquello que no resuelvas, tu alma lo va a guardar como una verdad.

Esposos: nunca se duerman enojados uno con el otro. Arreglen todas las diferencias que puedan existir antes de dormirse. Porque será así sólo como tu alma dormirá en paz. Y cuidado con eso: la música es muy importante para el desarrollo espiritual de una persona.

No han aparecido en estos últimos años profetas del Señor que no sepan elegir muy cuidadosamente la música que oyen o difunden. Y no se trata de ir a disquerías cristianas, no te creas. Es muy poco lo que es verdaderamente espiritual en esos estantes.

¿Usted me quiere decir que hay mucha música supuestamente cristiana pero eminentemente comercial? ¡Por supuesto que la hay! ¡Y en una enorme mayoría! La verdadera música profética de la que estamos hablando, muy difícilmente la consigas en las disquerías cristianas.

La palabra que vamos a compartir, aparece en el Libro del Éxodo, en el Libro de Números, en la carta a los Hebreos, y en el Libro de los Hechos. Aparece siete veces esta palabra. Y no es casual. Nada en la Biblia es casual. Nada en el Reino de Dios es casual.

(Éxodo 25: 9) = Conforme a todo lo que yo te muestre, el diseño del tabernáculo, y el diseño de todos sus utensilios, así lo haréis.

Hemos tocado otra palabra que dice más o menos lo mismo. Haz de acuerdo con el modelo que te mostré en el monte, decía esa. Pero en esta, la palabra que sale en los originales y que no siempre se traduce en nuestras Biblias, es la palabra perfectamente, con relación a los utensilios.

Y es esa palabra, perfectamente, la que aparece siete veces en la Biblia, como indicaciones a Moisés, que interesante. ¿Recuerdas cuál es el número que está representado por la perfección? El número siete.

Dios le dice esto a Moisés en Hechos 25:9, 25:40, 26:30, 27:8, Números 8:4, Hebreos 8:5 y Hechos 7:44. Dios hace referencia a esto: ¡Moisés; haz exactamente como te mostré! Ya hemos enseñado en otros trabajos que, hacer más de lo que Dios te dice, por allí es tan malo como no hacerlo.

Vas a ponerle dos tazas de harina, media cucharita de sal. Si esa es la receta que viene del cielo, tú no puedes hacerla al revés: dos tazas de sal y media cucharita de harina. Nadie va a querer comer eso. “Es que yo pensé…y no le puse dos tazas, le puse dos tazas y media…”

Está bien, pero esa no es una receta divina, es una adaptación tuya, una creación que emana de tu sabiduría personal. Aprende esto: cuando Dios da un diseño, no es para que sea discutido, es para que sea aplicado. Si Él habla, yo escucho. Si Él ordena, yo obedezco. Punto.

(Éxodo 35: 30) = Y dijo Moisés a los hijos de Israel: mirad, Jehová ha nombrado a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá.

Bezaleel es llamado por Dios para dirigir la confección de varios de estos objetos. Bezaleel es un nombre muy importante. Dice que es hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá. ¿Cuántos saben que la tribu de Judá estaba estrechamente ligada con la alabanza?

Los adoradores, son los llamados por Dios para construir el tabernáculo de Dios. Ellos son llamados por Dios para ser instrumentos útiles. La palabra Bezaleel, significa “En la sombra de Dios”. Y es muy importante tomar nota de esto, porque es la manera en que nosotros debemos vivir.

Bezaleel es un hombre que Dios utiliza.  ¿Sabes cuál fue el primer hombre lleno del Espíritu Santo en la Biblia? Buena pregunta. ¿Sabes la respuesta? ¡Sí, señor! Bezaleel. ¿Y de dónde sacamos eso? ¡Pues del verso siguiente!

(Verso 31) = Y lo ha llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría, en inteligencia, en ciencia y en todo arte.

El primer hombre lleno del Espíritu de Dios, no fue Adán, no fue Enoc, no fue Noé, no fue Moisés; fue un hombre llamado Bezaleel. ¿Y sabes cuál era su talento? Ser artista. ¿Y sabes qué es lo que la iglesia ha creído por más de cien años? Que si eres artista, no puedes servir a Dios.

Fíjate qué tremendo lo que dice el verso 31 cuando lo lees despacio: Y lo ha llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría, en inteligencia, en ciencia y en todo arte. Quisiera saber cuántos hermanos o hermanas que están allí, del otro lado, escuchándome, tendrán alguna clase de llamado para alguna clase de arte.

Pintura, escultura, música, danza. Escucha: la moda, el diseño, es un área en la que hoy gobiernan entidades satánicas, tú lo sabes. ¿Y has visto los trapos feos que se están vendiendo como ropa fina, sólo porque los medios de comunicación lanzan esa proclama y mucha gente lo cree?

Te digo más; ¿Has visto el arte en las galerías modernas de arte? Hay veces que te tienes que cubrir con la sangre de Cristo para entrar a ver esas exposiciones. Cuadros horribles, manchas sin sentido alguno que te venden y te facturan como arte. Y tú te lo llevas y después no sabes de qué lado colgarlo.

Entonces le preguntas a los eruditos y técnicos en esas artes modernas: ¿Cómo debo colgar esto? Y la respuesta, casi siempre, es: ¡Como quieras, eres libre! Pero no tiene que asombrarte que sean horribles, casi espantosos, esa es la mentalidad de este tiempo.

Mira los juguetes para los niños. La mayoría de los personajes que te encuentras son inspirados por demonios. Soy un convencido que los diseñadores de esos muñecos nuevos que hoy se venden como juguetes, tienen que haber tomado o fumado algo y luego visto algo muy nítido.

No participo en guerras territoriales porque no he sido llamado a eso, pero gente que trabaja para el Reino en esas áreas, ha contado que en manifestaciones visibles de demonios, han visto ciertas caritas que después, sorpresivamente, se ven en las jugueterías.

Es importante que el pueblo de Dios empiece a entender la sensibilidad que nosotros necesitamos desarrollar para poder movernos con lo natural y con lo espiritual. Los que ministran, deberían tener rasgos de Bezaleel. Debería ser siempre gente llena del Espíritu de Dios.

¿No dijimos que Dios habita en la alabanza de su pueblo? En muchos casos los que están construyendo la casa espiritual de Dios en la tierra son aquellos encargados de la alabanza. Y no estoy hablando de artistas consagrados, sopranos o profesores de teclado o guitarra.

Lo único que necesitamos es que sea un Bezaleel, una persona que tenga la sabiduría de Dios para saber conducir la presencia de Dios a su pueblo y para saber conducir al pueblo a la presencia de Dios. Dice que Bezaleel era hijo de Uri, y el nombre Uri significa “luz de fuego”.

Es de la tribu de Judá; alabanza. Tres principios. La tribu, alabanza; el padre, luz de fuego; el nombre, en la sombra de Dios. ¡Claro que tiene que salir algo bueno de todo eso! Ese, precisamente, es el diseño de los adoradores.

En primer lugar, ellos tienen que ser de la casa de Judá. Tienen que amar la alabanza. Porque hay algo que tal vez tú ya sabes o hayas visto; no todos los hombres de Dios aman la alabanza. Es mucha todavía la gente que calcula horarios para llegar al templo justo cuando termina la alabanza y comienza la prédica.

Puede ser que en ciertos lugares no valga la pena porque en lugar de alabanza sólo hay show musical, artístico y egocéntrico, pero en los lugares en los que la alabanza es alabanza inspirada por el Espíritu Santo, déjame decirte que los que llegan tarde se perdieron lo mejor de la reunión.

En primer lugar, porque si la palabra de Dios es real, y lo es, Dios está presente allí en el momento de la alabanza. ¿O no dice que Dios vive en la alabanza de su pueblo? Y en segundo lugar, es porque alabando es el único momento en que podemos darle algo nosotros al Señor.

Y eso creo que identifica a una parte de lo que dice llamarse iglesia. Que son aquellos que sólo están allí para recibir, nunca para dar. ¿Es que tú crees, hermano, que Dios podría necesitar algo de alguien como yo? No sé qué tan poco te valoras, pero de entrada te diré que Dios es Espíritu, y que para manifestarse con poder y hacer algo en lo natural, necesita un cuerpo. ¿Qué tendrá de malo el tuyo?

La primera cosa que debemos entender y asumir, entonces, es que todos somos casa de Judá, pero no todos experimentan eso. Hay gente que no tiene su llamado para adorar. No le nace. Yo creo que esa persona necesita, realmente, pasar por la fuente de la conversión.

No sé si se puede concebir a un hijo de Dios que ha nacido de la cruz y de la sangre, que no ame la alabanza. No parece sr compatible. Lo segundo, dice, su padre se llamaba luz de fuego. LA luz es algo que no puedes tocar. Básicamente son electrones, no la puedes tocar.  Pero el fuego, sí.

Y no sólo eso, te puedes quemar también. El fuego ilumina. Y eso es lo que lo hace interesante; se puede tocar, pero a la vez ilumina. En cambio la luz no. Esto te habla, básicamente, de no sólo tener la habilidad de ver, sino la habilidad de afectar.

Aunque sea algo que uno no puede agarrar como quisiera, sí puede manejarlo. Yo puedo manejar mi antorcha, mi lámpara, y el fuego está ahí. Y dice que su nombre es en la Sombra de Dios. Ahí lo dejo con el Salmo 91, ¿Verdad? Cuando se habla de la sombra de Dios, eso está muy ligado al concepto de las alas del Altísimo.

(Verso 33) = Y en la talla de piedras de engaste, y en obra de madera, para trabajar en toda labor ingeniosa.

(34) Y ha puesto en su corazón el que pueda enseñar, así él como Aholiab hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan;

Presta atención. Aholiab, significa “La Tienda de mi Padre”. Esta es la gente que Dios escoge para hacer el tabernáculo. Gente llena del Espíritu de Dios. Gente que tenía una genealogía divina. Mira; La Tienda de mi Padre.

(Éxodo 36: 1) = Así, pues, Bezaleel y Aholiab, (Estos son los dos hombres que usó Dios), y todo hombre sabio de corazón (¿Notas que se menciona esto otra vez?) a quien Jehová dio sabiduría e inteligencia para saber hacer toda la obra del servicio del santuario, harán todas las cosas que ha mandado Jehová.

(2) Y Moisés llamó a Bezaleel y a Aholiab y a todo varón sabio de corazón, en cuyo corazón había puesto Jehová sabiduría, todo hombre a quien su corazón le movió a venir a la obra para trabajar en ella.

¿Cómo se determina un líder, un referente? Deberemos encontrar a un Bezaleel, a un Aholiab. Ellos son las personas que pueden conducir o dirigir algo para el Señor. Cuando en los lugares debidos están las personas correctas, ellos crean la atmósfera para que Dios pueda obrar.

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La Obra Está Completa

La única condición para recibir la salvación de Dios es la fe. La fe dice que tú estás dispuesto y que tú lo deseas. ¿Cuál es la fe de la cual habla la Biblia? En primer lugar, Dios llevó a cabo la redención por medio de la muerte de Su Hijo Jesucristo en la cruz. Su obra en la cruz es completa.

¿Por qué es completa? No lo sé. Tampoco tú lo sabes. Solamente Dios sabe por qué. ¿Cómo puede la sangre del Señor Jesús redimirnos de nuestros pecados? ¿Por qué la redención del Señor es efectiva? No necesitamos hacer estas preguntas. Estos son asuntos de Dios. La obra del Señor en la cruz es llevada a cabo y el corazón de Dios es satisfecho.

La cruz del Señor Jesús no tiene la finalidad de satisfacer nuestro corazón. El propósito es satisfacer el corazón de Dios. El pago de una deuda, ¿satisface al acreedor o al deudor? Si Dios considera que algo es suficiente para Él, nosotros también debemos considerarlo así. Dios es justo.

Si Él dice que la obra del Señor puede redimirnos del pecado, indudablemente puede redimirnos. Si tú piensas que la obra es suficiente o no lo es, eso no tiene importancia. Lo que importa es que Dios considere suficiente la obra del Señor Jesús. No es simplemente un asunto de pagar el dinero o no. Lo que importa es si el acreedor considera pagada la deuda o no.

Si el dinero que tú pagas satisface al acreedor, tú no tendrás problemas. Desearía poder repetir esto cientos de veces. La obra del Señor Jesús primero satisface el corazón de Dios. Es Dios quien exige juicio sobre los pecados. Es Dios quien requiere que los pecados sean juzgados.

Es Dios quien dice que sin la sangre no hay perdón de pecados. Si Dios fuera indiferente la sangre no sería necesaria. La sangre se derramó debido a que a Dios le importa esto. Si a Dios no le interesara, no habría sido necesaria la cruz. Es necesaria la cruz debido a que Dios es justo.

El Señor realizó toda la obra en la cruz. Por consiguiente, Dios lo levantó de los muertos. La resurrección del Señor Jesús es la prueba de que Dios está satisfecho con la obra que el Señor hizo en la cruz. Aunque no entendamos cómo satisfizo la cruz el corazón de Dios, sabemos que Jesús de Nazaret se levantó de la tumba.

¿Fue la muerte de Jesús de Nazaret lo que los apóstoles predicaban por todo el mundo? ¿Has oído tú tal evangelio? Yo nunca he oído tal evangelio. Yo veo a los apóstoles salir por todo el mundo solamente para proclamar que Jesús de Nazaret resucitó. Si tú lees el libro de Hechos, verás que los apóstoles no predicaban que Jesús murió por nuestros pecados.

Lo que ellos proclamaban en todos lados era que este Hombre había resucitado. Ellos predicaron esto ya que la resurrección del Señor comprueba que Su muerte ha glorificado a Dios. El Señor Jesús resucitó debido a que Su obra fue aceptada delante de Dios. Su redención es completa y ahora podemos ser salvos. Si la obra del Señor no hubiera sido completa, El habría sido dejado en la tumba.

Por lo tanto, la resurrección no es otra cosa que la satisfacción que halló el corazón de Dios en el Señor Jesús. El Señor Jesús resucitó de entre los muertos. Los apóstoles nos predicaron esto como una evidencia para nuestra fe, instándonos a creer en el Señor Jesús. Por un lado, la salvación tiene que ver con la muerte del Señor; por otro, tiene que ver con Su resurrección.

Su muerte pagó nuestra deuda y obtuvo el perdón de nuestros pecados. Por medio de esta muerte se solucionó el problema de nuestros pecados. Su resurrección es la prueba de que Su muerte satisfizo el corazón de Dios. Dios considera Su obra correcta y apropiada.

Anteriormente he usado un ejemplo que volveré a usar. Si peco, debo ir a la cárcel. Pero supongamos que un amigo voluntariamente va en mi lugar. Debido a que él es encarcelado, yo quedo en libertad. Pero sólo cuando él es puesto en libertad yo sé que mi caso está resuelto. Sólo entonces mi corazón estará confiado.

Mi cuerpo es puesto en libertad debido a que el suyo es encarcelado. Pero mi corazón es liberado solamente cuando él es puesto en libertad. Hasta que el caso se resuelva, él estará encarcelado. Si él todavía está en la cárcel, no sabré si él ha llevado mi castigo o si yo todavía puedo ser encarcelado.

Cuando él salga de la prisión, sabré que el caso está resuelto. De la misma manera, tan pronto como el Señor murió, el problema de mi pecado fue resuelto. Sin embargo, el Señor Jesús tuvo que resucitar para que yo supiera que el problema del pecado había sido resuelto. Él fue entregado por nuestras transgresiones y fue resucitado para nuestra justificación.

El resucitó debido a que el problema de nuestra justificación fue resuelto. Podemos ir por todo el mundo a hablarles a todos de la obra que Dios ha llevado a cabo mediante la muerte de Su Hijo Jesucristo. Al mismo tiempo, podemos decirles a otros que a través de la resurrección del Señor, Dios nos ha dado un recibo y una prueba que nos informa que la tarea ha sido terminada. Hoy en día, no solamente creemos en la cruz. Además creemos también en la resurrección.

¿Puedes tú hallar un versículo en la Biblia que diga que el hombre debe creer en la cruz? Es muy extraño que siempre se nos diga que creamos en la resurrección. Si hoy día tú conoces a un cristiano nominal que ha sido miembro de una iglesia por diez, veinte, o treinta años y hablas un poco con él, te darás cuenta que existe una gran diferencia entre creer en la cruz y creer en la resurrección.

Una vez conocí a un miembro de una denominación, el cual había sido anciano por treinta y ocho años y “cristiano” por cincuenta o sesenta años. Cuando le pregunté si creía en el Señor Jesús, él dijo que sí. Pero cuando le pregunté si sabía que sus pecados habían sido perdonados, no se atrevió a decir que sí. Luego le pregunté si Jesús era su salvador, y él dijo: “Por supuesto”.

Pero cuando le pregunté si él era salvo, dijo que no sabía. Cuando le pregunté si creía que el Señor Jesús había sido juzgado en la cruz por nuestros pecados, él inmediatamente dijo que sí creía. No solamente la Biblia dice esto, hasta nuestro himnario lo dice.

Dice que miles de toros y machos cabríos sobre el altar judío no nos perdonarían de nuestros pecados, pero el único sacrificio del Señor nos limpia de todo pecado. Cuando le pregunté a este hombre si había sido limpio de sus pecados, él dijo que creía que el Señor había sido crucificado por sus pecados, sin embargo, él no se atrevió a decir que sus pecados ya habían sido quitados.

No puedo culparlo de no tener claridad. Es cierto que el Señor Jesús murió en la cruz. Sin embargo, ¿cómo puede uno saber que esta cruz cuenta? El cree en la cruz, pero ¿cómo puede él saber que la cruz ha solucionado todos sus problemas y resuelto su caso?

Aunque la liquidación por el pecado ya ocurrió en la cruz, lo que resuelve nuestro caso es la resurrección. Si tú le pagas de nuevo a alguien algo de dinero ¿cómo sabes que la cantidad pagada es suficiente y que los cheques son genuinos? ¿Qué tal si los cheques son falsos?

Solamente una cosa te asegurará que la cantidad ha sido completamente pagada, un recibo de tu acreedor diciendo que la cantidad ha sido completamente pagada. Cuando tú pagas el dinero, el acreedor borra tu cuenta, y tú sabes que el asunto queda liquidado.

De la misma manera, la muerte del Jesús habla de lo que Él ha hecho por Dios, mientras que Su resurrección habla de lo que Dios ha hecho por nosotros. La muerte es el convenio entre El y Dios, pero la resurrección es lo que nos notifica el convenio entre Dios y Su Hijo.

Dios dijo que la deuda fue pagada. Si tú crees que el Señor murió por tus pecados, entonces la resurrección del Señor declarará que la cuenta de tus pecados ha sido borrada. Muchas personas dicen que tenemos que pagar la cuenta de nuestro pecado, y que si no, no podemos ser salvos.

Gracias al Señor que la cuenta de mis pecados fue pagada aun antes de que naciera. Hasta se extendió un recibo. La muerte del Señor Jesús fue el pago de la deuda y la resurrección de Jesús fue la prueba del pago. La resurrección es la prueba de la justificación.

Somos justificados debido a que Dios nos ha concedido Su gracia y nos ha redimido del pecado. La muerte de Jesús quitó de en medio el pecado. La resurrección del Señor fue la evidencia de la justificación. Por lo tanto, nuestra fe descansa en la resurrección de Jesús.

Esto no es todo lo que llevó a cabo la resurrección. Si pensamos así, estamos equivocados. Este es solamente el aspecto objetivo de la resurrección. También tenemos el aspecto subjetivo. Desde el punto de vista objetivo, la resurrección del Señor llegó a ser la evidencia de nuestra salvación.

Si alguien me preguntara cómo sé que soy salvo, le diría que tengo la prueba de esto. Esta prueba demuestra que soy salvo. Es posible que tú me digas que fuiste salvo en cierta fecha en cierto año ya que fue en ese entonces cuando recibiste al Señor. Entonces, yo te preguntaría: ¿Cómo puedes tú saber que eso fue suficiente?

Tal vez me digas que confesaste tus pecados ese día, pero ¿cómo sabes que esa confesión es suficiente? Es posible que digas que lloraste por tus pecados en ese día, pero ¿cómo sabes que tus lágrimas lavarán tus pecados? Quizás digas que te arrepentiste, confesaste tus pecados y aceptaste a Jesús, pero ¿cómo sabes que tu arrepentimiento, confesión y recibimiento del Señor es suficiente?

Si me preguntaras, te contestaría que yo en realidad soy salvo por la muerte del Señor, pero yo sé que lo soy por la resurrección del Señor. Amigos míos, tienen que diferenciar entre las dos. Soy salvo debido a la muerte del Señor, pero tengo la certeza de que soy salvo debido a la resurrección del Señor. Cuando pago el dinero, pago mi deuda.

Yo sé que he pagado la deuda porque tengo el recibo. Gracias a Dios que Él nos ha dado una prueba y un recibo. Su Hijo pagó la deuda por todos nuestros pecados en la cruz, y Él nos informa que el asunto está plenamente resuelto mediante la resurrección de Su Hijo. Por consiguiente, toda la obra del Señor, ahora está terminada.

Si en este día hay alguien allí que todavía duda que sea salvo, sólo necesito preguntarle en qué ha creído y qué ha recibido. No es suficiente que una persona simplemente crea en la cruz y reciba la redención del Señor en la cruz. Uno también tiene que creer en Su resurrección.

La resurrección del Señor es el mensaje que Dios nos da. Nos muestra que Dios aceptó la obra del Señor. Gracias a Dios que la cruz satisfizo Su corazón. Es por eso que existe la resurrección. Así que, el fundamento de nuestra fe es la muerte de Cristo, sin embargo, nuestra fe también se basa en la evidencia de la resurrección.

La muerte es Su obra de redención para nosotros. La resurrección es la prueba de que Él nos redimió. Nótese que dije: “Nos redimió”. La muerte es Su obra de redención y la resurrección es la prueba de que Él nos redimió.

Ahora la obra del Señor es completa. Su muerte es un hecho, y también Su resurrección. ¿Qué sucede después? La Biblia nos muestra claramente que Dios puso toda la obra de Su Hijo en Su Palabra. ¿Qué es la Biblia? Y ¿qué es la Palabra de Dios?

Muchas veces considero que la Palabra de Dios es como la bolsa donde Dios pone Su obra. Dios puso toda Su obra en Su Palabra. Si Dios estuviera físicamente entre nosotros hoy día y quisiera mostrarnos la obra de Su Hijo y la prueba de esta obra ¿cómo podría hacerlo? Él puso la obra de la cruz de Su Hijo en Su Palabra.

Él también puso la prueba de la resurrección de Su Hijo en Su Palabra. Hoy día, Dios nos comunica todas estas cosas mediante Su Palabra. Cuando recibimos Su Palabra, recibimos la prueba de Su obra. La Palabra está respaldada por los hechos. Si no hubiera hechos que respaldaran las palabras, éstas serían vanas. Sin duda, detrás de las palabras están los hechos.

En el invierno todos, tanto hombres como mujeres, usan guantes. La Palabra de Dios es el guante de Dios. Todas Sus obras están contenidas en ella. Cuenta un conocido evangelista que un día conoció a una misionera occidental. Ella no sabía qué era creer en la Palabra de Dios. Ella pensaba que todo lo que necesitaba hacer era creer en Dios, en Su Hijo Jesucristo y en la obra de Dios.

Le dijo que sin la Palabra de Dios no hay manera de creer en Dios, en Su Hijo Jesucristo y en la obra de Dios. Una vez que creemos en la Palabra de Dios, todas estas cosas llegan a ser válidas para nosotros. Después de hablar por dos horas, todavía no podía lograr que entendiera. Ella traía puestos un par de guantes de gamuza. Cuando estaba a punto de partir, se iba a quitar los guantes para despedirse.

Le dijo: “No tiene por qué quitárselos, puedo estrechar su mano con sus guantes puestos”. Para ella esto era señal de mala educación. Tal vez pensó que no sabía de buenos modales. Cuando estrechó su mano le preguntó: “Qué estoy estrechando ahora, la mano o el guante?” Inmediatamente entendió lo que él le quería decir. Le dijo que la mano estaba en el guante.

Cuando apretó el guante, estaba apretando la mano. Apretó el guante porque en él estaba la mano. Sucede lo mismo con la Palabra de Dios. Dios se ha puesto a Sí mismo y ha puesto toda la obra de la cruz de Su Hijo en Su Palabra. Cuando tú me das la Palabra de Dios, me estás dando a Dios en Su Palabra, además de toda la obra de Su Hijo. Cuando ella se fue, le dijo que todo lo demás que se había dicho había sido inútil. Este solo ejemplo le aclaró el asunto.

Hoy en día predicamos acerca del Hijo de Dios y del testimonio de Su resurrección. Sin embargo, predicamos estas cosas mediante Su Palabra. Si un hombre recibe la Palabra de Dios, él recibe la obra y la gracia de Dios. La Palabra de Dios es preciosa porque en ella hay solidez.

¿Qué provecho habría si los guantes estuvieran vacíos? Aun si los aprieta durante todo el día, sería inútil. Solamente son útiles cuando las manos están allí. Sin el Señor Jesús la Palabra del Señor es letra muerta. Si el Señor Jesús no estuviera en la Biblia, yo la quemaría.

Entonces ¿qué es la fe? No es otra cosa que recibir el testimonio de Dios en cuanto a la obra de Su Hijo. Dios puso la obra de Su Hijo en la Palabra y nos ha comunicado esta Palabra. Cuando creemos en Su Palabra, creemos en El. En 1 Juan 5: 9 dice: “Si recibimos el testimonio de los hombres, mayor es el testimonio de Dios”. ¿Cuál es la característica del Testimonio de Dios?

Porque éste es el testimonio con que Dios ha testificado acerca de Su Hijo. La Palabra de Dios habla de Su Hijo. Por favor lean el versículo 10: El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso.

Pongan atención a la siguiente cláusula: “Porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de Su Hijo”. ¿Qué es no creer en Dios? Es no creer en el testimonio que Él ha dado de Su Hijo. ¿Qué es creer en Dios? Es creer en las palabras que Dios ha hablado, el testimonio que Él ha dado acerca de Su Hijo.

Así que, creer en Dios no es otra cosa que creer en Su testimonio. En los últimos tiempos, muchos hemos visto el testimonio de Dios. Hemos visto lo que Dios ha hecho por nosotros, los problemas que Él ha solucionado mediante Su Hijo y las evidencias que Él nos ha dado. Dios nos ha hablado Su Palabra.

¿Qué debemos hacer ahora? Debemos creer en El, es decir, debemos recibir el testimonio que El da acerca de Su Hijo. Si allí, repito, hay alguien que no ha sido salvo, tal vez alguien ya le haya dicho que debe creer. Sin embargo, ¿En qué debes creer tú?

Tú no debes creer en un Cristo que está sentado en los cielos. Eso está demasiado lejos. Lo que tú debes hacer es creer en lo que dice la Biblia. Esto está tan cerca. La mano de Dios ya está en el guante. El guante es la Palabra de Dios.

Cuando tú crees en la Palabra de Dios, tú crees en el Hijo de Dios. Cuando tú recibes las palabras de la Biblia, tú recibes todo lo que está en la Palabra. En los últimos mil ochocientos años, un tal George Müller puede ser considerado como uno de los hombres con más fe.

Cuando alguien le preguntaba qué era la fe, él contestaba que la fe consiste en que cuando Dios dice algo, yo digo lo mismo sin ponerme a pensar siquiera si ese día Dios se levantó de buen humor y quiso hacerme una broma, o me habló en serio.. La fe equivale a creer en la Palabra de Dios. Es creer en Dios por medio de Su Palabra.

En la Palabra de Dios hay otro asunto relacionado con la fe. ¿Cómo puede llegar a ser nuestra la Palabra de Dios? La clave de esto es el Espíritu Santo. El Espíritu Santo ha llegado. El Espíritu Santo es el guardián de la Palabra de Dios.

La Palabra de Dios es viva debido a que el Espíritu Santo la está custodiando. Dios puso todas Sus obras en Su Palabra. El Espíritu Santo cuida de ella. Cada vez que el hombre recibe la Palabra de Dios por fe, el Espíritu Santo viene y le aplica todas las obras de Dios.

Aquí vemos cuán completa es la obra del Dios Tri-uno. Dios es quien nos ha amado y quien propuso la obra de la redención. El Hijo llevó a cabo la obra de redención. Fue Dios quien puso la obra del Hijo en la Palabra, y quien nos comunica, a través del Espíritu Santo, todas las obras del Hijo que contiene la Palabra. El gran problema del hombre, y también su pensamiento más necio, es la confusión que tiene acerca de su condición con respecto a la obra del Espíritu Santo.

El hombre piensa que si se arrepiente, Dios obrará, o que si se bautiza entonces Dios obrará; o que si confiesa sus pecados y hace buenas obras, Dios obrará. Pero éste no es el caso. La Biblia nos dice claramente que solamente el Espíritu Santo puede comunicarnos la obra del Señor.

La característica de la obra del Espíritu Santo es la comunión. Después de que el Señor Jesús llevó a cabo toda la obra, el Espíritu Santo vino y nos comunicó esta obra. Si solamente existiera la obra que el Señor llevó a cabo, sin la obra de comunión del Espíritu Santo, no nos serviría de nada.

Sin el Padre, el hombre no puede ser salvo, y sin el Hijo, el hombre no puede ser salvo. De la misma manera, sin el Espíritu Santo, el hombre no puede ser salvo. Aunque existe la obra del Padre y del Hijo, de todos modos necesitamos que el Espíritu Santo nos comunique estas obras para que los asuntos objetivos lleguen a ser subjetivos.

Ahora la pregunta es qué debemos hacer a fin de que el Espíritu Santo obre en nosotros. La Biblia nos muestra claramente que solamente existe una condición para que el Espíritu Santo obre: la fe. ¿Recibimos el Espíritu Santo por las obras de la ley o por la fe?

Por medio de la fe. Esto es lo que Pablo nos dijo en la Epístola a los Gálatas. Cuando creemos en la Palabra de Dios, el Espíritu Santo nos aplica esta Palabra. Es por eso que digo que el Espíritu Santo es el guardián de la Palabra de Dios.

Tú no tienes que preocuparte de quién sea el Jesús. Tú no tienes que preocuparte de quién sea Dios. Lo que te relaciona directamente con Él es la Palabra de Dios. Si tú tienes una relación adecuada con la Palabra de Dios, el Espíritu Santo te comunicará todas las obras de Dios y de Jesús.

Si tú abres tu corazón y lo invocas, tal como el publicano que oró pidiendo que Dios tuviera misericordia de él, o más exactamente traducido, para que le fuera propicio, tú serás justificado. Una vez que tú abras tu corazón y le invoques, el Espíritu Santo te comunicará la obra de Dios. Esta es la obra del Espíritu Santo.

En esta ocasión solamente estoy hablando acerca de los rudimentos de la salvación. En realidad toda obra del Espíritu Santo sigue este principio. Cada vez que acudas a Dios a recibir Su Palabra, el Espíritu Santo hará que esta palabra sea viviente.

Tal vez parezca que lo que recibes son cosas muertas, sin embargo, cuando el Espíritu Santo interviene, El las hace reales en ti. No trates de llevar a cabo algo por tu propia cuenta. No pienses que el Espíritu Santo ignora que tú tienes fe en la Palabra de Dios.

No, tan pronto como tú crees, El empieza a obrar. No hay nada que Él no sepa. Esta es la obra que el Espíritu Santo hace en la redención. El Dios Tri-uno ha llevado a cabo toda la obra de la salvación por nosotros a fin de que seamos salvos.

Nuestra lengua puede identificar un sabor dulce o salado. Todo esto es dar sustantividad. Todos los órganos del cuerpo humano tienen como función dar sustantividad. ¿Qué es la fe? La fe no puede crear algo de la nada. La fe le da sustantividad a lo que ya existe.

La fe no es soñar despierto o hablar de un sueño. La fe pone de manifiesto lo que ya existe. Es por eso que Hebreos dice que fe es lo que da sustantividad a las cosas que se esperan. La palabra cosas debe ser traducida sustancia. Aunque no puedan verse, no significa que no existan.

El gran problema del hombre hoy en día es que no tiene la habilidad de dar sustantividad. Como resultado, él duda de la realidad de las cosas. Si tú le dices a una persona que ha perdido sus papilas gustativas que tome una bebida dulce, él dirá que sabe igual que la salsa de soja que acaba de probar. Esto es tener la sustancia sin darle sustantividad. Todas las cosas espirituales existen. Dios ha puesto todas Sus obras en Su Palabra. Si usted tiene fe, usted les podrá dar sustantividad.

Nosotros los que predicamos el evangelio no estamos predicando cosas que no existen. Hoy en día el problema radica en que muchos no le dan sustantividad a lo que oyen. En Cristo, estoy lleno de solidez. Sin embargo, muchos no pueden dar sustantividad a ciertas cosas.

Imagínate que estás ante hermanos no videntes. Tú puedes decir que este libro es negro y que ese libro es marrón. Cuando ellos tocan estos libros, los dos les parecen iguales. Tú puedes saber que uno es negro y que el otro es marrón porque tú puedes ver, sin embargo para ellos no existe diferencia entre el negro y el marrón.

Si ellos te preguntan qué es negro, sólo puedes decirles que negro es negro. No puedes explicarles. No hay manera de explicarles. ¿Cuál es el problema? El problema está en su falta de habilidad para dar sustantividad.

Sucede lo mismo con nosotros delante de Dios. Muchos son como las personas sordas o ciegas. Cuando tú hablas con ellas acerca de cosas espirituales, dicen que no sienten esto o aquello. Ellos no tienen manera de dar sustantividad a esas cosas.

Entonces, ¿Qué es la fe? El apóstol nos dijo claramente que la función de la fe es dar sustantividad a las cosas espirituales. Antes no había nada en ti. Ahora hay algo. Hoy en día vivimos en un mundo físico, sin embargo, Dios ha puesto todas las cosas espirituales en Su Palabra.

La Palabra de Dios está llena de las cosas de Él. No tome la Palabra de Dios como algo superficial. Incluso la eternidad está en la Palabra de Dios. ¿Cuál es la función de la fe? La función de la fe es poner de manifiesto las cosas espirituales, de la misma manera que los ojos perciben las formas y los colores, que los oídos se percatan de los sonidos y que la nariz capta los olores. La fe pone de manifiesto las cosas espirituales. Es por eso que Dios quiere que tengamos fe.

 

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Tecnologías Para el Movimiento

Creo que ya llevamos suficiente tiempo caminando juntos como para que no ignores de qué hablamos cuando hablamos de principios. En este caso, lo haremos con principios para edificación. Que no sólo tendrán que ver con la iglesia o el Reino, sino también con cada actividad cotidiana que el hombre realice dentro o fuera de lo que llamamos “la iglesia”.

Queremos llevar el evangelio más allá de cuatro paredes religiosas. Queremos afectar el mundo. Con nuestras vidas, con nuestros pensamientos y nuestro acceso a Dios conforme a lo que sabemos hacer, más las gracias naturales que Dios nos ha dado.

Aquí cuentan tanto los dones naturales como los espirituales que nos han sido dados, siempre y cuando operen de una forma espiritual y práctica al mismo tiempo. Creemos en el misticismo porque creemos en un poder que es invisible; se llama el Espíritu Santo.

Pero el exceso de mistificación es sólo para crear una religión, y nosotros deseamos ser eminentemente prácticos, y aprender a ministrar la gracia de Dios en la tierra sin que la gente se asuste y que sí sea verdaderamente ministrada

Cuando en nuestro interior hemos mutado a un sentido de grandeza, es decir, a realidad que es más grande que lo que anda en la faz externa, a eso se lo llama crecimiento. Lo digo una vez más: cuando interiormente hemos mutado a un nivel más grande que las experiencias externas, a eso le llamamos crecimiento.

Cuando internamente hemos migrado, hemos transicionado, o hemos mutado, a un estado que es más grande que la circunstancia o las experiencias externas, entonces hemos crecido. Si mi trabajo, como ministro y como hombre de Dios es engrandecer a personas, ese es un trabajo de todo ministro.

Lamentablemente, muchos sólo nos enseñan a memorizar escrituras, y nosotros luego les damos galardones, y cintas, y títulos, y mientras más memorices, más posición y título te damos. Eso no es grandeza. Grandeza tiene que ver con cuán grande es uno por dentro.

Y eso no requiere de títulos. La grandeza interna, rebasa la realidad externa. Ya tú no dominas tu vida ni la regulas por medio de lo que estás viendo mediante tus cinco sentidos naturales. Sino que ahora tú vives de acuerdo con los principios gubernamentales que tenía tu vida por dentro.

De manera que tú edificas el futuro, y tu futuro deja de convertirse en una experiencia del pasado. La vida se vive cuando uno camina hacia el frente y no impulsado por su pasado. Porque no somos un resultado del pasado, sino lo que percibimos de nuestro futuro.

Queremos ser eso. No queremos más ser el resultado de las experiencias. Sino que queremos que nuestro presente sea determinado por lo que percibimos que nuestro futuro debe ser. Porque si la iglesia está mal hoy, es porque no sabe para dónde va.

Cuando el interior de un hombre ha mutado a un estado de grandeza superior a sus realidades externas, entonces ingresa en lo que en un determinado tiempo se dio en llamar Le Tecnología del Crecimiento.

(Isaías 46: 9) = Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada semejante a mí, (10) que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero; (¿Cuántos saben que Dios es soberano? ¡Gracias a Dios por eso! O sea que no importa cómo parezca la situación; sabemos que el fin del libro dice que ganamos. Y Él dice que su consejo prevalece) (11) que llamo desde el oriente al ave, y de tierra lejana al varón de mi consejo. Yo hablé, y lo haré venir; lo he pensado, y también lo haré. (Nota que si nosotros no obedecemos, Dios va a llamar a otro.)

(Isaías 48: 3) = Lo que pasó, ya antes lo dije, y de mi boca salió; lo publiqué, lo hice pronto, y fue realidad.

(4) Por cuanto conozco que eres duro, y barra de hierro tu cerviz, y tu frente de bronce, (5) te lo dije ya hace tiempo; antes que sucediera te lo advertí, para que no dijeras: mi ídolo lo hizo (Mis ideas, mis conceptos o mi doctrina lo hicieron. Porque ídolo no es otra cosa que imágenes talladas en la mente de un hombre.

A veces las imágenes son más profundas en nuestra mente que nuestras ideas o conceptos de Dios. Son los más difíciles de cambiar. Y que no vienen del cristianismo, vienen del abuelito que cuando éramos chicos nos habla de un Dios que él se había armado a su gusto.

Todavía muchos se arrodillan cuando entran a un templo, y eso no viene de los cristianos, viene de…bueno…de allí mismo. Todavía importamos formas. ¡Es que es nuestro concepto de Dios! El mundo ya tiene un concepto de Dios. Por eso cuando nos convertimos, tenemos que estar cuatro o cinco años para poder expresar a un Dios distinto al que supuestamente ya conocíamos.

El concepto no viene de la iglesia, ya lo traemos. Y muchos de nosotros llegamos con esa imagen tallada en nuestra mente.) mis imágenes de escultura y de fundición mandaron estas cosas.

(6) Lo oíste y lo viste todo; ¿Y no lo anunciaréis vosotros? Ahora, pues, te he hecho oír cosas nuevas y ocultas que tú no sabías.

Me gustaría que dijeras junto conmigo, ahora: Yo no lo sé todo. Nuevas y ocultas que no sabíamos. No importa de qué camino de vida vengamos, o que título tengamos. Nuevas que no sabíamos, ¿Estamos?

Ahora han sido creadas. Esto es para los que dicen que ya Dios no hace nada nuevo. Esa palabra, ahora, significa “sin precedentes”. O sea que es nuevo, es la primera vez que lo hizo y punto. ¿Cuántos saben que Dios es el mismo ayer, hoy, mañana y siempre?

¿Cuántos saben que Él sigue siendo creador? Así que puede crear hoy lo que Él quiera. Aunque si crea algo, entonces la iglesia lo desconocería. Tendría que enseñarse entre ellos como novedad o como herejía. Porque herejía significa establecer nuevos fundamentos, no necesariamente erróneos.

Herejía significa “algo nuevo”. No significa error, como muchos suponen y hasta enseñan. En todo caso, Cristo fue un hereje. ¡¡Pero tenía razón!! Martín Lutero también fue un hereje. ¡Y lo mataron por hereje! Pero también tenía razón.

Es imposible ser pionero o apostólico, sin primero ser considerado un tanto hereje. Porque el que viene abriendo surcos, no tiene detrás a nadie quien le ayude, pero sí tiene a un montón de gente que comienza a caminar por los senderos que él abrió. Que si vamos a empezar algo nuevo, será algo nuevo. Y no más de lo mismo. Tenemos que entender que no se necesita que alguien sea punta de lanza. No existe tal cosa como un punta de lanza.

(Verso 7) = Ahora han sido creadas, no en días pasados, ni antes de este día las habías oído, para que no digas: he aquí que yo lo sabía.

(Isaías 43: 19) = He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿No la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad.

Nota que lo que Él va a hacer nuevo, quiebra los patrones de expectativa. Nadie está buscando caminos en el desierto, ni ríos en la soledad. No es normal. Si quisiéramos buscar ríos, no iríamos a buscarlos allí. Pues esto que Él va a hacer nuevo, no fluye igual que lo antiguo.

Antes, íbamos a buscar agua allá, pero ahora lo que produce agua ya no está allá, sino que está acá. Antes yo recibía bendición de esta manera, pero ahora el agua no está aquí. Y llegó el momento de recibir bendición de otra manera. Porque el agua es lo que estamos buscando.

(20) Las fieras del campo me honrarán, los chacales y los pollos del avestruz; porque daré agua en el desierto, (¡Eso no es normal!) y ríos en la soledad, (¡Mucho menos!), para que beba mi pueblo, mi escogido.

Nota que Él va a cambiar la expectativa, aquello que se espera, y el propósito es: bendecirnos. O sea que el método que Dios va a usar para bendecirnos, no va a tener la misma infraestructura que el del pasado. Es algo nuevo. Dilo conmigo, ¡Atrévete! Es algo nuevo. Totalmente nuevo.

Dios hace eso cada vez que un tiempo en Dios, pasa. De Elí a Samuel; de Saúl a David; de Juan el Bautista a Cristo; de Cristo a los apóstoles. Siempre que hay una transición mayoritaria de ese tipo, se levantan nuevos hombres y las metodologías cambian.

A mí siempre me gusta decir que, cuando Dios tiene que cruzar una masa de agua, podemos ver en la Escritura que aunque lo dice muchas veces, jamás lo dice igual. Primero fue fuerte y abrió el Mar Rojo. Luego fue una vara. Lo que hizo el ministro fue levantar la vara. Y la próxima ocasión, será en los pies de los sacerdotes. Aunque haya muchos buscando la vara.

Nadie hoy está buscando una vara para abrir el agua. No siempre se puede hacer lo mismo para conseguir el mismo resultado. Había que usar un método diferente, y así usó los pies de los sacerdotes en el Jordán. Luego Elías tuvo el mismo problema; tuvo que cruzar el río.

Pero él tampoco usó los pies ni la vara, sino que usó el manto. Dios no cambia sus propósitos, pero sí cambia sus métodos. Dios es un Dios relativo a todos los tiempos. Y estamos en el siglo veintiuno. Y muchas de estas cosas se vienen diciendo desde mediados del siglo veinte.

Una vez más te lo digo: cuando el interior de un ser humano ha mutado a un estado de grandeza o superioridad con respecto a sus realidades externas, a ese proceso muchos le siguen llamando tecnología del crecimiento. Lo que yo quiero hacer en tu vida, es ayudarte a llegar a la estatura del varón perfecto.

Engrandecerte. Maximizar tus potencialidades. No arrugarte ni atacarte, sino maximizarte. Si tú eres maximizado, nosotros estamos maximizando la utilidad de un ministerio. Abrimos más acceso a Dios. Yo no puedo cambiar tu figura, tampoco puedo cambiar tu espíritu que ya viene programado desde lo anterior; así que lo único que puedo trabajar es tu alma.

Así que hoy todo nuestro mensaje, todo nuestro esfuerzo y toda nuestra búsqueda constante y permanente, es el crear una nueva mentalidad en la gente. Porque la única parte que yo puedo afectar en tu vida, es en la forma en que piensas. Y eso es lo que determina cómo tú manejas luego tus realidades externas.

Toda canción, todo testimonio, toda actividad, toda conferencia. No hacemos nada porque no tenemos nada que hacer. Todo lo que hacemos lo hacemos con el propósito de crear esta tecnología para el crecimiento.

Todo lo que escribimos, sean canciones, sean mensajes, sean revistas al público, tienen que crear una mentalidad que ennoblezca al hombre internamente en base a sus realidades externas. Esa es la función de la iglesia; no adoctrinar. En ninguna parte se nos ha dicho que adoctrinemos a la gente.

Yo no predico ni enseño doctrina. Cuando estamos acostumbrados a recibir doctrina, entonces es cuando encontramos claras a las doctrinas. Pero en esto no hay doctrina alguna si no estamos engrandeciendo gente.

Hay algunos principios que si bien no son nuevos, en muchas ocasiones suenan como nuevos en la iglesia. Por ejemplo, el que nos enseña que la revelación del Espíritu Santo tiene que traer necesariamente descontento al hombre exterior. Si te gusta la revelación, es porque no la has entendido.

Porque en lo que tiene que ver con tu carne, con tu hombre exterior, la revelación es un fastidio. No sé si está bien utilizada aquí la palabra “fastidio”, pero lo que sí sé es que, cuando viene una revelación de Dios para la iglesia o para tu vida, lo primero que sentís, es que te molesta.

Y te debe molestar, créeme, porque está creada para producir cambio, y todo cambio rompe viejas estructuras y duele y molesta. ¡Ay! ¡Qué bonito que predica el hermano! ¿Ah, sí, eh? ¿Bonito? Si te parece bonito y no te fastidia, déjame decirte que no entendiste nada.

Porque toda revelación es para función. La gente madura puede describir los procesos de Dios en su vida. ¿Qué está haciendo Dios? Explícalo con detalles, y no lo relaciones con cómo estás tú emocionalmente. ¿Qué está haciendo Dios? Explícame con palabras. Un lenguaje que carece de emociones. Explícame cuál es la tecnología de Dios en tu vida, hoy. Eso es madurez.

Cómo está trabajando Dios en medio del caos que hay en algunas latitudes del planeta. Explícame cómo se está moviendo Dios ahí. Cómo está la mano de Dios en medio de nuestra sociedad secular. Cómo está la mano de Dios en tu vida.

Esas son las cosas que debemos crear en nuestras vidas. Concepto: una migración constante, nos trae dolor. Pero son los dolores del crecimiento. Cuando un niño crece, le duelen los huesos. Es normal. Si las revelaciones te están retorciendo, entonces ese dolor es algo familiar en tu vida.

Hay tanta gente con tremendo dolor en su alma simplemente porque está creciendo. Porque crecimiento causa dolor. Lo que quiero decir es que el gozo más profundo, es producido por la aflicción del alma. Cuidado; no estoy hablando de felicidad ni contentamiento. Estoy hablando de gozo. Y el gozo es una fuerza, no es una sonrisa.

Cuando vemos las fiestas de Israel, que hoy son tipología para nosotros. Vemos la Fiesta de los Tabernáculos, que comienza con el sonar de la trompeta, que es un mensaje claro. Cuando el mensaje claro se decreta, lo próximo que viene a la fiesta es la aflicción del alma.

Quiero decir que si tú estás trancisionando porque tu alma está afligida, ese es un buen comienzo. Ahora si me estás escuchando porque en tu iglesia no te dan lugar o el pastor Fulano no cree en tu ministerio, entonces déjame decirte que estás equivocando la ruta.

Recibir luz o revelación, es darnos cuenta o tener una realización profunda de nuestra doctrina. Es confrontada. La Palabra dice que si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo se alumbra. Pero si tu ojo es malo, entonces estás lleno de tinieblas.

Tu postura ante la Palabra, determina cómo vas a ser medido en tu grandeza. En idioma informático quiero significar que, si tu disco rígido ya está lleno, yo no puedo transferirte nada, aunque sea muy bueno lo que te transfiero.

Mucha gente reacciona ante el mensaje examinando para ver si está de acuerdo con lo que ya sabe. Entonces, no hay forma de transferir. Si nosotros hablamos el dialecto del Espíritu, los misterios de Dios de la otra dimensión y no tenemos las características de Cristo, estamos engañados.

Y créeme que hay mucha gente así dentro de lo que llamamos “la iglesia”. Hablan de los misterios de Dios, hablan y oran en lenguas, profetizan, predican, enseñan, lideran, pero no tienen las características de Cristo en ni una sola área de sus vidas.

La única forma de ver luz, es reconocer que hay tinieblas en ti. Estos principios parecen muy sencillos, pero son sumamente profundos. Tú no puedes entrar ninguna luz de Dios a tu vida si no echas fuera todas las tinieblas, antes. Eso ofende tu previo entendimiento de la palabra.

Porque a veces adquirimos conocimiento mental, intelectual, pero no hemos recibido una genuina impartición espiritual. Una impartición espiritual, te cambia. Afecta tu comportamiento, tu vida; lo otro, en cambio, sólo te hace un poco más cabezón con algo más de conocimiento para lucirte.

No existe tal cosa como gente muy ungida, conmovida, levantada y en alto impacto ministerial que no haya experimentado profundos cambios en su vida y siga conduciéndose como el año pasado. No es posible. No es genuino. Eso es sólo barniz religioso.

Esa es la tecnología de la cual estamos hablando. Algo tan grande en el interior de nuestras vidas que, pase lo que pase externamente a nuestro alrededor, siempre seremos capaces de controlarlo y solucionarlo. Cero consejería.

En el crecimiento verdadero, el cambio es constante. Una de las cosas que más molestan es que las iglesias digan que están creciendo cuando lo único que cambian son los números. Pero la gente sigue pensando igual, siguen siendo los mismos. Año, tras año, tras año, tras año.

Así que gozo no es estar contento. He sido testigo de verdaderos dramas vividos por hermanos que de ninguna manera se podría decir que andaban contentos con su vida. Sin embargo, había una fuerza tremenda en sus vidas interiores que los llevaban a superar largamente las circunstancias externas.

Lamentablemente, eso no es popular, sólo es necesario. La gente prefiere ir a lugares a buscar ser bendecidos. Y a pasarle la mano a las características que ya traes, y sin experimentar grandes cambios. Todo eso se hace por medio de la palabra.

Ni por manipulación, ni por control, ni por imposición. Sino por la palabra de Jesús de Nazaret. Eso es pretender crear una postura correcta ante lo que vas a estar recibiendo. Aunque tú sabes tan bien como yo que estamos creciendo juntos. Cada uno con su llamado.

Dios nos puso aquí a cada uno de nosotros con una función diferente. Y todos nos sometemos a algo invisible que se llama Dios. Sin imposición, sólo porque nuestro corazón está correcto en esa palabra. Es la palabra la que lo hace.

La palabra no es un libro, es una persona. Porque mucho antes de que hubiera un libro, la palabra ES. Mucha gente toca el libro durante toda su vida y jamás llega a tocar la palabra. Porque si tocas la palabra un solo día, tu vida cambia.

La palabra es una persona. El libro en todo caso la describe. El hombre fue el que hizo el canon de escritura. Todas ellas testifican de mí, decía Él. Y les decía a los fariseos: “Ustedes andan con la Biblia como si esto fuera santa, creyendo que ella te da salvación”. Y nosotros hoy todavía andamos haciendo lo mismo.

Y no te das cuenta, dice Dios, que lo que el Libro hace es expresarme, a mí. Por eso, si tú vienes a mí, yo te hago más que el Libro. Que es mostrarte la palabra. Eso cambia mucho, pero sigue siendo cierto. Antes que Abraham, yo soy, dice. No dice “yo era”. La palabra es principio y fin. Alfa y Omega. Es eterna. La palabra, es Jesús.

La Biblia, en todo caso, es una forma externa de traernos a una realidad interna. Es el marco, es la tecnología que Dios usó para transicionarnos de esto que nosotros llamamos realidad, pero que sólo es ilusión, a un mundo de realidad que está más allá del mundo natural.

Si la vida está confinada a lo que nosotros llamamos la realidad, entonces tú y yo somos cautivos a la naturaleza. ¿Cómo, entonces, podríamos hablar de vida eterna si lo que llamamos realidad, tangible, externa, controla nuestra vida interna?

Si la vida solamente se limita a esta dimensión, entonces somos esclavos del mundo tangible. El cual tiene como sistema del mundo como gobierno, y no sirve. Entones, ¿Qué vida es esa?  Lo digo así: si la vida sólo se determina dentro de un mundo tangible, entonces somos cautivos de los sistemas del mundo.

Recuerda que toda la gente, en la Biblia, que venció, venció siempre “como viendo al invisible”. Moisés. Dice que no temió de la ira del Faraón. Escúchame; ese era el poder de todos los poderes de su tiempo. El que no tenía influencia con él, moría.

Pero Moisés salió de Egipto no temiendo al poder de su tiempo, porque pudo ver más allá del mundo natural. Y no me refiero a tiempo cronológico. La vida, dentro del mundo natural, se vive conectada a otra dimensión.

Porque si nuestra vida se rige por lo que este mundo dicta, nosotros somos esclavos. Nuestras vidas se rigen desde la otra dimensión, y es cómo podemos trascender esta. Si tú gobiernas tu vida por lo que tú estás viendo todos los días, serías cautivo de tu situación. Como los hay muchos.

Pero si aprendemos a conectarnos más allá del dedo, y mantenernos en ese lado, entonces allí viviríamos una vida superior, que afectaría positivamente a todo el que lo necesite en esta dimensión, porque nosotros estamos caminando al ritmo del ostracismo, que viene como resultado de la dominación.

Esa es la verdadera iglesia; lo demás, es religión. La única forma de recibir luz, es reconocer nuestras tinieblas. Sin ir más lejos: la prosperidad del creyente ha sido predicada hasta tales extremos que ha conseguido ya producir una falsa identidad en él. Cuanto tienes, cuanto crees. Jamás.

(Mateo 13: 3) = Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: he aquí, el sembrador salió a sembrar.

¿Salió a qué? A sembrar. Nota que aquí la identidad del sembrador, está relacionada con su actividad. El sembrador salió a sembrar. Nosotros estamos en esa postura. Sembrador hoy es plural, porque Cristo está en nosotros.

Nosotros no vinimos aquí para recibir, sino para producir acceso para sembrar. Somos los sembradores. Y los sembradores, siembran. Muchos inician ministerios buscando cosechar. El sembrador no cosecha, siembra.

La actividad y su identidad, es una: el sembrador siembra. Hay muchos sembradores que no están sembrando lo que creen cosechar. Dice que este sembrador salió a sembrar, no a cosechar. Nuestra identidad tiene que estar consistente o alineada con nuestra acción.

Puedes comenzar allí donde te encuentras este maravilloso proceso bíblico ciento por ciento: sembrar, que en términos de negocios, sería sinónimo de invertir. ¿Cuántos saben que cuando se comienza con un negocio, la utilidad siempre se guarda para un futuro?

Entonces me pregunto por qué cuando iniciamos algo dentro de la iglesia, enseguida estamos buscando frutos que, por norma, deberían nacer mucho más tarde. Va a transcurrir un tiempo antes que tú veas cambios en áreas en las cuales ya tienes muy poca paciencia.

Y eso es porque tú has salido a sembrar. Y no hay siembra que de fruto de manera inmediata, no la hay. ¿Y cuántos saben que Marcos dijo que cuando llegó la siega, él no sabe cómo fue? Llegó el tiempo de la siega, creció de la noche a la mañana y no se dio cuenta cómo.

No somos ni responsables de eso. Porque el sembrador, siembra. Y nuestra actividad como sembradores, entonces, ¿Cuál sería? Sembrar. Yo quiero decretar, entonces, que nuestra fase inicial como cualquier otro ministerio del Señor, es sembrar.

Y cuando hablo de sembrar, me estoy refiriendo a todo lo que eso implica. Lo espiritual y lo material. Todo lo que en los papeles concretos sea necesario para poder hacer lo que vinimos a hacer: extender el Reino de Dios hasta el último confín de la tierra, para así pueda venir el fin de los tiempos o sistemas.

Es decir que estamos sembrando una semilla en la nada. Porque el sembrador sembró, pero sólo una cuarta parte produjo. Y de esa cuarta parte, hubo sólo una tercera parte que produjo al ciento por uno. Eso significa que se siembra en fe en los pocos que responden.

Porque deberás saber qué recibir no es necesaria ni exclusivamente oír un buen mensaje, o estudio. ¡Claro que se crece y se alimenta haciéndolo! Pero no es eso lo excluyente para recibir. Se recibe mucho más cuando hay una impartición. Y una impartición, a veces, se da simplemente oyendo una voz ungida. Diga lo que diga en ese momento.

Claro está que lo que tú recibas de esa manera, a lo mejor pasa un año en tu interior sin que tú sepas de qué se trata, pero ya está allí; y un día florece y resplandece. Impartición. Alta tecnología en el crecimiento espiritual. Tan alta que muy pocos llegan a tocarla de verdad. Muchos se quedan tocando trompetas desafinadas y fuera de tono.

Entiendan que no someternos a demonios y principados territoriales, es una obligación. La estructura de nuestra mente, repele a los principados que existen en el territorio. Porque no vamos a penetrar nada si no creemos que Dios nos ha dado la autoridad. En el evangelio de Marcos, la misma parábola dice que él no sabe cómo creció. O sea que la tierra produjo el fruto.

(Marcos 4: 26) = Decía además: así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; (27) y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo. (28) Porque  de suyo lleva fruto la tierra.

¿De dónde sale? De la tierra. ¿Y de quién es? De suyo.  O sea: nuestro trabajo es sembrar. Trabajar con el terreno y sembrar la semilla, y abonar esto con fe. Y de tu singularidad, de la dotación que Dios te ha dado a ti, de tu profesión, de tu trabajo, de tu círculo de influencia, de tuyo, la tierra produce.

La gracia excluye toda forma de legalismo. Escucha esto y no te lo olvides jamás: el hombre no fue creado para ser gobernado por hombre. Porque nosotros somos administradores de la gracia, no dueños de ella. Entonces, la tierra produce.

Lo que esta parábola me está diciendo, es que el sembrador no tiene control del fruto. Qué diferente es verlo al modo en que se ve allá, a lo que existe acá, ¿Verdad? Cuando tú tienes un negocio, la parte que no compartes, la pierdes.

Es un principio. En este mundo de hoy, el que lo quiere hacer todo él solo, no termina. Por eso yo a veces me permito fluir como profeta, en otras ocasiones como apóstol, en algunos casos como evangelista y muy a menudo por pedido de hermanos, como pastor. Pero mi Señor me puso eminentemente como uno de Sus maestros; que no se me olvide.

Eso se llama supervisión. Que de ninguna manera es plantarse en un lugar a decirles a todos cómo tienen que hacer las cosas para las cuales fueron capacitados, mientras que tú no lo has sido. Eso va derechito al error.

Lo que un supervisor hace es preguntarle al subordinado qué es lo que sabe hacer mejor. Y este le va a responder con algo grande para impresionarlo. Entonces el supervisor le va a encargar que haga y muy bien aquello que él mismo dijo que sabía hacer. Eso es supervisar. Yo, supervisor, debo reclinarme sobre la gracia de él, que es el que sabe cómo hacerlo.

Supongamos que soy supervisor en una línea de producción. Voy y le pregunto a uno de los operarios: “Oye; ¿Cuántas unidades puedes hacer en ocho horas?”. Él, para impresionarme un poco y quedar bien conmigo me dice que puede hacer más o menos quinientas.

Entonces, si yo soy un buen supervisor, ¿Qué tengo que hacer? Pues voy y le pido como directiva precisa y superior que me haga trescientas cincuenta, sí o sí. Y ahí queda comprometido a full, porque no lo está con algo que yo ordené, sino con algo que él declaró. De suyo lleva el fruto, ¿Lo estás entendiendo? Siempre con ese tipo de inteligencia. Siempre de esa manera, la tierra sí va a producir. Y fíjate ahora como concluye ese fragmento de Marcos 4.

(Verso 29) = Y cuando el fruto está maduro, enseguida se mete la hoz, porque la siga ha llegado.

Nota como el sembrador cambió de identidad, cuando cambió el tiempo de Dios. Ya no era sembrador, ahora era cosechador. Pero eso no fue sino hasta que la semilla cambió y se convirtió en fruto. O sea: vamos a cosechar, hijos, bienes, respeto, cuando el fruto esté maduro, no antes.

Hemos visto que hay una transición de sembrador a cosechador, que es determinada esencialmente por la condición del fruto, no a la tierra. Hay gente que dice “¡Esta es buena tierra, yo quiero cosechar!” No. La tierra tiene que producir el fruto, y el fruto tiene que llegar a su madurez.

Cuando el fruto está listo y ya tiene sabor y forma de Dios, entonces sí comenzará la cosecha. Y esto puede ser tranquilamente como dice allí, de la noche a la mañana. Cuando la Biblia habla de la noche a la mañana, casi siempre se refiere a cambios de tiempos divinos.

Y son muchos los que hoy, en las iglesias, están posicionados de manera contraria a la disposición de Dios. Sembrando en tiempo de cosecha y cosechando en tiempo de siembra. Queremos ministrar de acuerdo con el tiempo de Dios. Pide lluvia en tiempo de lluvia.

¡Dame duraznos! ¡Dame ciruelas! ¡Dame damascos! No hay, estamos en invierno, y en Argentina esas son frutas de verano. En invierno se consiguen algunas muy caras y les falta mucho para madurar. Pide lluvia en tiempo de lluvia. No pidas paraguas.

¿Entonces, el Reino es al revés? ¡No! ¡Nosotros estamos al revés! ¡El Reino está perfecto! Fíjate que dice que si está lloviendo, le pidas a Dios lluvia. ¿Por qué? ¡Porque te llega más rápido! Queremos de Dios, justo lo que Él hoy no está dando.

Entonces Él, porque te ama, va y te lo trae, pero te llega mucho más tarde y te cuesta el doble. ¿Qué está haciendo en su pueblo hoy, Dios? Produciendo madurez. ¡Es que yo quiero ser bendecido! Pide lluvia en tiempo de lluvia. Pide madurez.

Porque va a ser la madurez, precisamente, la que te va a llevar a un nivel donde las bendiciones serán mayores y más importantes. ¿Por qué? Porque estás pidiendo exactamente lo que Dios está dando. Nunca te olvides que la oración jamás empieza en el hombre, siempre empieza en Dios. Recuerda: las aguas que ahora no están en los ríos, están en el desierto.

(Juan 4: 34) = Jesús les dijo: mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.

Eso es mi verdadera comida. Lo que me nutre, lo que me inquieta, lo que me saca de la cama cada mañana, lo que me da la energía suficiente para que valore a aquello que es el soplo de mi vida, aquello que nos pone de pie en tiempos de crisis, aquello que me inspira y me produce inercia en mi diario vivir.

Es hacer y terminar. Hacer. Ministerios con cobertura apostólica genuina y no declamada o arreglada en reuniones humanas. Donde el énfasis es la implementación y no la simple profetización. El profeta señala para mañana. El apóstol agarra lo que era para mañana y lo hace hoy.

Yo no digo que no haya que profetizar, lo que estoy diciendo es que debemos cambiar el énfasis. Mientras sigamos diciendo que vendrán días, lo que hacemos es prolongar el tiempo. Tiene que llegar el día donde alguien diga que esto es aquello que había de venir.

Como hizo Pedro. Agarró la palabra de Joel y la implementó. Con la licencia de él, nadie se la dio. Él dijo esto es aquello y se acabó. ¿Cuántos saben que estaba cincuenta por ciento errado? ¿Qué para lo de Joel todavía falta?

Pero él lo hizo ver e implementó una porción de ello. O sea que lo apostólico está enfatizando en hacer y terminar. Porque muchos comienzan, pero pocos terminan. Pero nota: mi vida, mi nutrición, mi comida, mi combustible, aquello que me pone a andar, es el querer hacer. Y ahí comienza a hablarles sobre la siega, que es de lo que estamos hablando nosotros.

(35) ¿No decís vosotros: aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.

Nota claramente que si vemos las cosas con nuestros ojos naturales, siempre vamos a estar diciendo que faltan cuatro meses. Pero si nos conectamos a la otra dimensión, que eso es lo que Él quiso decir cuando dijo: levanta tus ojos, vamos a ver todo desde una posición más elevada.

Y no tiene que ver con altura física. Cuando Dios dice: sube acá y razona conmigo, no está hablando de subir a una nube. Lo que te está demandando es que eleves tu forma de pensar por encima de las cuestiones externas que ven tus ojos naturales.

Él dice que sus caminos son más altos que los nuestros, y eso no significa que se encuentre en un décimo piso y nosotros en la planta baja, sino que son más excelentes sus patrones. Somos nacidos de arriba. Y no es que descendimos de una nube, sino que somos parte de una esencia superior allá, antes de la caída.

Entiende; cuando Adán cayó, no es que cayó del planeta Tierra al planeta Mercurio o Plutón. Cuando Adán cayó, redujo su existencia. Cuando nosotros decimos que somos nacidos de arriba, elevamos nuestro nivel de existencia.

Por eso, cuando la iglesia no eleva eso, anda por el suelo. Y para peor, con elocuentes discursos que hablan de grandezas y grandeza. ¿Mentira? Quizás no, pero es ocultamiento de verdades. Tú me dirás si en el equivalente no lo debemos considerar del mismo modo.

El tiempo que se mete la hoz cuando tenemos el fruto maduro, o sea: el segador discierne el tiempo de madurez espiritualmente, nunca en lo natural. O sea que tú vas a ver el fruto cuando aprendas a discernir por el espíritu. No lo vas a ver en lo natural, primero.

Estamos viendo la transición de crecimiento que vamos a experimentar juntos. Así que la siembra se hace en fe de los pocos que responden. Porque donde se siembra en energía profética, se cosecha en implementación apostólica.

Simplemente se trata de creer que lo estás dando, sí funciona. Porque hay mucha gente que predica y no termina de creer en lo que predica. Ya es tiempo que la iglesia tenga una vida constante con su decreto. Por eso es interesante el capítulo 13 de Mateo y sus parábolas. Toda la Biblia está escrita en parábolas. Un relato literal que encierra un principio espiritual. Tienes que encontrarlo.

Si tú vienes de paseo a mi ciudad y cuando llegas por la autopista te detienes donde está el letrero que dice Rosario, tú te vas a ver bien ridículo parado allí en medio del campo y todavía a unos cuantos metros de la entrada a la ciudad. Así hemos hecho con la Biblia en muchas ocasiones.

La religión debate escrituras, debate las parábolas, discute respecto a dónde está metido el trono, cuántas pulgadas tiene el templo, dónde lo vas a edificar, quién lo puede edificar, qué día, qué fecha, a qué hora, qué nación y una serie de lineamientos más. Pero se le olvidó lo que eso señala, que es lo realmente importante del asunto.

Se quedó debajo del letrero y nunca llega a Rosario. Así es una parábola, algo que señala lo que en definitiva es superior a la parábola. Un ejemplo típico es cuando dice que Abraham tuvo dos mujeres. Y sí las tuvo: Agar y Sara. Pero estas dos mujeres son dos pactos. ¿Y qué es lo importante?

Qué tienes que estudiarte muy bien a Sara, y estudiarte mucho mejor a Agar, para ver las diferencias que contienen estos dos pactos que tienes ahí. Y si buscas estudiar la vida de Sara para cualquier otra cosa que no sea ver el pacto que tenemos allí, entras directamente en la religión.

Porque te vas a mandar una tremenda predicación sobre la vida de Sara que no tendrán nada que ver con los principios de la Gracia. Te fuiste. O sea: desglosar esas dos vidas, para entender cómo operan y funcionan esos dos pactos.

Y luego te dice que tuvo dos hijos: uno es Isaac y el otro es Ismael. Entonces nosotros, si buscamos las características de Isaac y las características de Ismael, podremos ver que dentro de la familia de un mismo padre, Abraham, que representa a Dios en toda la Biblia, hay dos iglesias.

Hay una que se ríe de todo lo que se inicia por el Espíritu. Esa se llama Ismael. Que se burla de lo que no entiende. Y que la separación viene cuando Isaac es destetado. O sea que la madurez produce una separación. ¿Dónde? En la propia casa de Dios. El padre.

Escucha: no estoy inventando nada, ese es el mensaje de Abraham. Lo otro es doctrina, castillos de arena y todo eso que a lo mejor es bueno porque ayuda y acompaña, pero no lleva a terminar. Porque la esencia de la parábola, nos lleva a entender que, cuando veamos esa separación de la iglesia Ismael, no es ninguna división de lamentar.

Una división es algo que produce escisión y dolor. Una separación por madurez, es algo que produce crecimiento y victoria. Es el tiempo en que las enseñanzas se nos confunden y no podemos creer lo que oímos. Pero sí es cierto, aunque Ismael diga que es blasfemia, herejía y qué sé yo qué más.

(Mateo 13: 10) = Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas en parábolas?

(11) Él respondiendo, les dijo: porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; más a ellos no les es dado.

Cuando habla de los misterios, dentro de sus raíces, habla de secretos. Que son secretos desde antes de la fundación del mundo. Las parábolas nos raen principios eternos que sí funcionan. Pero había un pueblo que seguía a Jesús, pero sin producir acceso al Reino de los Cielos. Venían por los panes y los peces. A ellos no les era dado entender.

La palabra secreto, es la palabra crupto, que es de donde luego vendrá nuestra palabra criptografía, que se denomina al estudio de lo que es más profundo de lo que se ve en el exterior. Es decir que lo que trae la parábola, es antiguo, viene desde antes de la fundación del mundo. Son principios universales.

Funcionan en la empresa, funcionan en la familia. Recuerda que el templo, y el librito, y las reuniones y el culto, los creó el hombre. Los hombres que mejor relación tuvieron con Dios, nunca fueron a una iglesia. No al menos de la manera en lo hemos hecho la mayoría de nosotros. Es que la iglesia eres tú, así que no existe tal cosa como “ir a la iglesia”.

(12) Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.

(13) Por eso les hablo en parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.

(14) De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: de oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis.

(15) Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos; (¡Cuidado! Dice que ellos cerraron sus ojos. No es que Dios se los cerró. Eso se llama prevaricación. Ver más o menos con cierta claridad lo que está sucediendo, entenderlo al menos en lo fundamental, calcular el costo y decir: “No, mejor me quedo en mi casa”. La gente que dice que no entiende, al menos en una mayoría, ya calculó el costo a pagar y decidió no hacerlo. Qué triste, ¿Verdad?) para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y con el corazón entiendan, y se conviertan, y yo los sane.

Es decir que cierran los ojos, porque saben que si los dejan abiertos van a entender, y si entienden va a haber arrepentimiento. La entrada de luz, siempre produce arrepentimiento, no felicidad. Entonces, requisito para transicionar, arrepentimiento. Y para arrepentimiento, dar entrada a la luz.

Si llego a entender, automáticamente hay cambio. Hay gente que jura y re-jura que entiende el mensaje, pero lleva diez años escuchándome y todavía no ha cambiado en nada. Te escriben y te cuentan cómo nuevo un problema que ya te contaron el año pasado. Exactamente el mismo, exactamente igual.

(16) Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.

(17) Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos, (Nota que nuestra habilidad de ver y entender, no tiene nada que ver con nuestra justicia) desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.

Esto te deja más que claro que nuestra habilidad para ver, no tiene nada que ver con nosotros, sino con los tiempos. Dichoso el que está vivo y despierto en este tiempo. Porque está viendo y oyendo lo que muchos profetas y justos de entonces desearon ver y oír,  y no vieron ni oyeron.

Recuerda que los profetas no tenían una Biblia. Ellos vivían apasionados por Dios. se iban a un monte, metían la cabeza entre las piernas y a orar hasta que llueva. Esa gente deseó ver y no pudo. ¿Cómo te vas a comparar? Sólo el tiempo.

¿Quieres ver? ¡Claro que quiero ver! Entonces escucha: para poder ver y oír, tienes que estar dispuesto para el cambio. Un día entiendes. Y si entiendes, ya mismo lo pones por obra. De otro modo no sirve, se pudre, no funciona, es inútil. Arrepentimiento no es tirarse al suelo en el altar a llorar un domingo por la tarde cuando el templo está lleno de gente que avala tu testimonio de humillación.

Arrepentimiento es otra cosa, créelo. Arrepentimiento es simplemente cambiar de manera de pensar. Y tranquilamente lo puedes vivir con una sonrisa en los labios y sin acudir a ningún llamado al altar por una sencilla razón: en el Nuevo Testamento no hay altares. El único sacrificio necesario ya se cumplió en una cruz. Allí padeció y fue sacrificado el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

Muchos profetas y justos desearon ver y oír lo que ustedes están viendo y oyendo. Así que, el decodificar las parábolas, no es una función de nuestra justicia, sino un favor que nos ofrecen los tiempos. Así que, toda verdad en nosotros, debe traducirse en una forma de operación profunda.

Te estoy enseñando, en todo caso, cómo manejar la revelación, porque a nosotros la revelación no nos impresiona. Debemos ser fuentes de ella. Revelaciones hay muchas, pero solamente son necesarias y útiles las que han sido derramadas para producir cambios en nosotros. Si no, sigue siendo religión.

Escucha, piénsalo así y grábatelo en tu corazón para siempre. Dios, en cada mensaje que escuchas, quien quiera lo traiga, no importa, siempre está hablando contigo. Jamás está hablando con aquel que no pudo venir a la conferencia o no pudo sintonizar la frecuencia o el link donde tú oyes ahora.

Debemos ser gente que se atreva a profundizar con nosotros mismos. Y es a eso que todavía le seguimos llamando, como lo hacíamos desde hace mucho tiempo: principio-témpano. ¿Recuerdas cómo se interpretaba? Mucho más grande lo que no se ve porque está debajo del agua, que lo externo. Témpano.

Así es que puedo asegurarte que la revelación tiene que llevarte, necesariamente, a la reconsideración de toda tu vida si es necesario, y al arrepentimiento si también lo es. Cuando escuchas un mensaje donde hay una inocultable revelación, eso está allí para producir en ti alguna clase de cambio en alguna área específica de tu vida que hoy no está operando conforme al modelo-Dios.

Por eso es que el verso 15 dice así: Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos; para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y con el corazón entiendan, y se conviertan, y yo los sane.

Aquí lo tienes una vez más y de un modo más que claro y contundente. El entendimiento precede, siempre, necesariamente, al arrepentimiento. Así es que las parábolas, esto es, la Biblia, porque la Biblia entera es una enorme parábola, no son textos.

¿Qué no son textos bíblicos? ¿Y entonces qué son? Son una ventana apuntada a los asuntos internos de la administración del Reino de Dios. Cuando se entiende la parábola, estamos tocando el nervio interno de cómo se opera en el Reino de Dios.

Estamos tocando la tecnología que produce el cambio que trae el crecimiento deseado que produce el fin. Déjame decirte ahora que, la mayoría de la iglesia, no toca este ámbito. Por eso es que podemos tener campañas de aquí a dos mil años más, y no viene Cristo.

La Biblia nos da una ventana para que nosotros nos metamos en los asuntos internos de la administración del Reino, y administremos la gerencia que produce el fin. No programas, ni memorización de escrituras, que son recompensadas con precios que se traducen en títulos y posiciones.

Esta es, -como decimos ahora- otra onda muy distinta a lo que conocíamos. ¡Despierta! Porque ya has visto que en la iglesia, nosotros, estamos acostumbrados a darle recompensa al hombre de acuerdo a cuántos sabe acerca de los textos. Estudio, examen, calificación, aprobación, egreso, ordenación. Ese es el sistema de estudios bíblicos que tenemos.

Y tú sabes muy bien que en esos sistemas, hay distintas etapas muy específicas y delineadas, que van desde el ministro raso hasta el master en divinidades –sabrá Dios lo que es eso- y todas esas cosas que nos gusta inventar para darnos corte o lucimiento público o grupal.

Eso, de hecho, sin subestimar en modo alguno la importancia y el valor del estudio, Dios no lo permita. Pero el principio está torcido. Si aprendes a leer bien la Escritura, te voy a dar un premio. No tiene nada que ver con el avance o la alabanza del Reino de Dios.

Escúchame; no estoy en modo alguno desacreditando el estudio. Yo mismo estudio hasta que se me caen las pestañas y me gusta mucho hacerlo. Si me fueran a dar un título por eso, no sé cuál debería ser, porque desde que me levanto por la mañana bien temprano estudio a veces hasta bien entrada la tarde o la noche, a veces con pausas de descanso y a veces no.

Sin embargo, no es eso a lo que me refiero. Lo que quiero decir es que si no toca el nervio ese, que es el que debemos activar para discernir las parábolas, no nos sirve de nada las horas y horas de esa clase de estudio. Porque eso no produce esa tecnología que buscamos para lograr crecimiento.

Porque el fin es un estado de ser, y no lo que hacemos. El fin es la estatura de un varón perfecto en la tierra, no algo que la iglesia hizo. ¡Es lo que la iglesia es! Si no, no vamos a ver el fin. Y lo único que produce crecimiento es la tecnología de engrandecer el interior del hombre, hasta que sea superior a las realizaciones del mundo exterior.

Son muchos los que conocen las escrituras, pero no son todos esos los que han tomado contacto con la configuración interna de la agenda de Dios. Eso es lo que nosotros vinimos aquí a producir. Conciencia precisa y específica de la agenda de Dios.

Y al verla, (Y recuerda que “ver” es revelación), produce cambio en nosotros. Cuando tú veas la agenda de Dios, ¿Sabes lo que va a producir? Pues va a producir cambios en tu propia agenda personal y hasta ministerial si es esa tu tarea.

Eso transforma tus prioridades. Repasa tu semana. ¿A qué reuniones les das prioridad? Allí donde determinaste tus prioridades, está tu corazón. No importa ya lo que puedas decir en un lapso de emoción auténtica pero emoción al fin, el domingo por la noche en tu iglesia.

Cuando no te alcanza el dinero para pagar todas tus cuentas, ¿Qué gasto es el que cortas? ¿No serás de los que dejas de ofrendar y sigues pagando el servicio de cable de televisión? Prioridades. Eso también determina el lugar que le reservas a Dios en tu vida, no necesariamente manipulación por dinero.

Estos son algunos de esos ejemplos domésticos que normalmente nos convierten a todos en muy pequeños. Prioridades. Estamos hablando de que Dios sea primero. Así que, el poder de las parábolas, o el poder que desata las parábolas, viene de una realización interna, y no de un entendimiento externo.

Toda la Biblia es una parábola. Claridad, exactitud, precisión en Dios. Si yo tuviera que marcar esos puntos como los tiempos y las actividades de Dios; si yo tratara con el mundo invisible, muy distinto sería mi óptica para todas las cuestiones externas y materiales.

Eso es lo que queremos producir: exactitud. Estar bien con Dios es caminar bien con Él. Eso también es migración constante. Benditos aquellos que tienen peregrinaje en su corazón. O sea que, su corazón está dado a migración constante. No los que están pasando por la tierra porque van para una nube.

Migración constante, es estar constantemente cambiando. Nunca llegaremos a un lugar donde podamos decir: “bueno, basta, terminado, ya llegué”. Ningún estudio de la palabra te hace llegar. Debes ser constantemente actualizado en la Palabra. Dios sigue moviéndose.

El recurso es, trabajar como para dos mil años más, pero tener fe como para terminar hoy mismo. Así es que, el reino de Dios no viene por observación. Así lo dijo Él, y es muy sencillo. Pero nosotros nos pasamos observando los canales de noticias para ver si algunos hechos políticos o climáticos coinciden con la imagen del fin que nos metieron en la cabeza.

Que si los reinos, que si los anticristos, que si los judíos, que si los papas, que si los tsunamis. ¡No viene por observación! Viene de adentro. Es un gobierno interno. No son fuentes de poder externo, es el Reino de Dios interno.

Esas son las corrientes claras y no corruptas del Reino de Dios. Cuando entendemos esto, creo que empezamos a entender todo lo que nos queda. Vivir en fe o vivir por fe no es vivir en ignorancia. Es saber lo que viene aunque no sepamos qué día viene. Déjame darte algunas escrituras que tienen que ver con entrar en esas fuentes eternas que son producidas por la palabra. Ahora vamos a predicar solamente con la Escritura, sin comentarios anexos.

(Apocalipsis 17: 8) = La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición; y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será.

Esto nos deja ver que hay algunos nombres que sí están escritos desde la fundación del mundo. Nota que la soberanía de Dios, ya sabe quiénes son quiénes. Son nuevos entendimientos que trastornan gravemente nuestras doctrinas.

(Apocalipsis 13: 8) = Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.

Aquí te está diciendo que el Cordero también fue inmolado desde el principio del mundo. Y esto puede significar una sola cosa: que la cruz es una expresión de algo ya ocurrido. Si me voy por ahí, nos abortan todo. Pero sí lo dice Apocalipsis 13:8: que el Cordero fue inmolado desde la fundación del mundo.

Es que todo está consumado. Nosotros sólo estamos apropiando lo que ya fue consumado. Cuando tú entiendes eso, vives tranquilo porque ya ganamos. Porque se anuncia el fin, ¡Desde el principio!

Entraron en el reposo del Señor, y edificaron la casa; una iglesia para Dios, que le de acceso. Tranquilos. Trabajando fuerte porque ya somos, no para ser un día futuro vaya uno a saber cuándo. Trabajando porque queremos invertir, no para buscar posiciones externas.

Porque ya somos, y cada uno será reconocido en el área que Dios le ha dado, sin necesidad de apelar a los antiguos rudimentos del marketing mundano. ¿Cuántos pueden entender la felicidad que hay detrás de esto?

De ser tú mismo, y al mismo tiempo ser parte de una cultura que trasciende la ventana de la argentina, de la mexicana, de la chilena, de la americana, de la peruana o la de todo el mundo, porque estamos hablando del Reino de Dios, no de culturas regionales.

Somos nacidos de arriba. Mira y entiende: lo único que existe en la tierra que no es de la tierra, somos nosotros. De manera que los únicos capacitados para vencer a todo lo que pasa en la tierra, somos nosotros.

Eso no quiere decir que todo lo vas a corregir y todo lo vas a hacer a tu favor. Si alguien pudiera cambiar la situación de su casa, la cambiaría. Se profetizó que no habría señal de humo. Eso significa dos cosas: una, que hay restauración total, pero también puede significar que tú hagas todo lo que ministerialmente hayas venido a hacer, sin que las situaciones externas se modifiquen demasiado. El error que la gran mayoría comete es ponerse a pensar en lo que más le conviene, y no es así. ¡Déjale eso a Dios! Y entiende que sí vamos a ganar. Y fluye con Él.

(Hebreos 4: 3) = Pero los que hemos creído entramos en el reposo, de la manera que dijo: por tanto, juré en mi ira, no entrarán en mi reposo; aunque las obras suyas estaban acabadas desde la fundación del mundo.

Fíjate, aquí también se nos dice que todo fue terminado desde la fundación del mundo. Las obras de Dios se terminaron en aquel momento. Dios terminó de trabajar desde la fundación del mundo. Así que ahora Dios ya no está haciendo nada. Todo ha sido hecho. Está consumado.

¡Pero hermano! ¿Y cómo se entiende, entonces, cuando se habla de un nuevo mover de Dios? Ese es un cliché. Un verdadero mover de Dios es un acercamiento de la iglesia hacia Dios. Y Él no se tiene que mover.

¡Es que estamos viviendo un mover de Dios! Escucha: un verdadero mover de Dios, cambia sí o sí la posición de la iglesia. Si tú has experimentado un mover de Dios en alguna iglesia, y cuando se fue el mover de Dios la gente está igual, entonces déjame decirte que no hubo ningún mover.

No es Dios es el que se mueve, eres tú que te acercas más a lo que es Dios, simplemente cuando lo entiendes mejor. Entonces, si lo entiendo mejor y me miro como en un espejo, soy transformado en la gloria que veo.

O sea que, lo que quiero decir y con valor de enseñanza es que, el verdadero mover de Dios se puede discernir cuando la gente va cambiando y mutando internamente, y no por cualquier clase o formas de expresiones externas más o menos bulliciosas, o más o menos coloridas.

En suma: tú crecimiento y mí crecimiento, determinan la jornada de la iglesia a la cual tú y yo pertenecemos, y no números o cantidades humanas apretujadas en salones austeros o templos fastuosos. Que no tiene apellido denominacional y ni siquiera credo específico. Y nunca olvidemos que el pecado más fuerte del mundo fue que Jesús tuvo doce  ministros, y uno fue un traidor.

(Lucas 11: 50) = Para que demande de esta generación la sangre de todos los profetas que se ha derramado desde la fundación del mundo.

Aquí dice que los profetas todos murieron en los tiempos de Dios desde la fundación del mundo. O sea que vemos a toda la Biblia operando desde una posición de descanso. Por eso es que Hebreos nos dice: nosotros los que hemos entrado, también hemos reposado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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