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Regeneración y Vida Eterna

El punto que necesitamos considerar hoy, es la salvación que Dios nos ha dado. ¿Qué ha hecho Dios por nosotros y qué nos ha dado? Todos sabemos que Dios nos ha dado Su vida. Él nos ha regenerado. A todos los que creen en El y que lo reciben se les da potestad de ser hijos de Dios. Somos engendrados por Dios y tenemos la potestad de llegar a ser Sus Hijos. Juan 3 dice que hemos nacido de nuevo; el Espíritu Santo es quien nos ha regenerado.

La primera epístola de Juan nos dice cómo puede ser regenerado el hombre. En 1 Juan 5: 1 se dice que todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios. ¿Cómo somos regenerados? Somos regenerados al creer en Jesús quien es el Cristo señalado por Dios. Después de leer los tres versículos anteriores podemos comprender quiénes somos nosotros los cristianos.

Nosotros somos los hijos de Dios. Cuando un pecador cree en Jesús y es salvo, Dios le da una nueva vida. Esto es la regeneración. La Biblia nos muestra al menos en tres o cuatro lugares que ser regenerado es recibir la vida eterna. La Biblia repetidas veces nos muestra que los que reciben la vida eterna son aquellos que han creído, y los que creen tienen vida eterna. Esto se nos muestra repetidamente en el Evangelio de Juan.

Aquí tenemos un problema. Dios nos ha dado vida eterna, pero, ¿qué debemos hacer? Debemos comprender que esto es el principio y el fin. Si no deseo tener ninguna relación con alguien, debo enfocar este problema de una manera u otra. Puesto que la relación humana es bilateral, siempre tiene dos lados. Por lo tanto, evitar tener una relación, también comprende dos lados. En primer lugar, no debe haber un comienzo. Si no hay un comienzo, ni siquiera habrá una relación.

En segundo lugar, si la relación termina y muere, en tal caso ya no habrá una relación. Por ejemplo, supongamos que soy un hijo muy malo, un pródigo. Hay dos maneras en que mi padre puede evitar una relación conmigo. En primer lugar, no haberme engendrado nunca. Si no existiera un comienzo, no habría relación entre él y yo. Pero, si ya hubo un comienzo, entonces él ya no puede usar la primera manera. En tal caso, él sólo puede esperar cada día hasta que yo muera. Cuando yo muera, mi relación con él se terminará. Si no nazco de él, no tengo nada que ver con él. Si muero tampoco tengo nada que ver con él.

¿Qué sucedió entre Dios y nosotros? Dios nos ha engendrado. En el momento en que creímos en Jesús, Dios nos engendró con Su Espíritu y con Su propia vida. Hemos llegado a ser los hijos de Dios. ¿Puede ser cortada esta relación? Si tú tienes un hijo que es malo, desordenado y rebelde, tú lo puedes desheredar legalmente. Sin embargo, el hecho de que tú lo has engendrado todavía queda. En realidad él todavía es tu hijo.

Dios nos ha engendrado. ¿Puede El decir que no nos ha engendrado? Aun si volvemos peores que ahora, de todos modos Él nos engendró. Aunque nuestro padre humano nos niegue, éste nos engendró. Nadie puede negar el hecho del engendramiento. Un hijo bueno es engendrado por su padre. Un hijo malo es también engendrado por su padre. Nadie puede anular esta relación.

Por lo tanto, cuando Dios nos justificó, no lo hizo como si nos lo hubiera dado algo y luego nos despidiera. Él dijo que nos ha engendrado. Dios está en el Espíritu y nosotros también estamos en el espíritu. Dios y nosotros tenemos una relación familiar. Él es nuestro Padre y nosotros somos Sus hijos. Esto es lo que Dios mismo ha dicho. Él nos ha dado potestad de llegar a ser hijos de Dios. Él nos ha dado vida eterna. Somos hijos de Dios por potestad. Ese es el comienzo.

Entonces ¿qué puede hacer Dios ahora? Solamente puede esperar que muramos. Sin embargo, lo extraño es que nuestra relación con El comienza con la regeneración y termina con vida eterna. Dios no solamente nos ha engendrado, Él también nos ha dado vida eterna. Si Dios hubiera iniciado la obra pero no hubiera sido capaz de completarla, estaríamos acabados. En tal caso, no podríamos ser salvos. En cuanto a la vida eterna que hemos recibido de Dios, es imposible que Dios no nos salve.

Gracias al Señor que Él nos ha regenerado y nos ha dado vida eterna, la cual es la vida de Su Hijo. Si hoy en día existe un hombre que piensa que un cristiano puede perecer de nuevo si éste llega a debilitarse y que solamente un buen hijo tendrá vida eterna, mientras que un mal hijo perecerá, este hombre no conoce lo que es la salvación de Dios. Quizá piense que el Señor es un cobrador, que viene a cobrar la vida eterna y la redención. Si hacemos bien, las podemos conservar.

Si no hacemos bien, El las recogerá. Esta no es la salvación de Dios. El comienzo tiene que ser de Él. La continuación también tiene que ser de Él. Ya que Dios nos ha dado la salvación, ¿cómo podemos perderla de nuevo? Puesto que Dios ha iniciado esta relación, y la vida que recibimos es una vida eterna que nunca puede dejar de existir, nunca podemos perecer de nuevo. Dios nos dio otro tipo en la Biblia para mostrarnos que nunca podemos perder nuestra salvación una vez que la hayamos recibido de Dios. Génesis 3 es un pasaje que nos es muy familiar. Nos dice cómo Adán cometió pecado.

Después de que Adán comió del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, Dios lo echó fuera del huerto de Edén y guardó el camino al árbol de la vida con querubines y con una espada encendida que se revolvía por todos lados. ¿Por qué Dios tuvo que guardar la entrada al árbol de la vida con la espada encendida y los querubines? ¿Por qué no permitió que Adán comiera del fruto del árbol de la vida? Génesis 3: 22 dice: “Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre”. Aquí vemos un cuadro.

Todos sabemos que el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal representa la independencia con respecto a Dios. El fruto del árbol de la vida, por otro lado, representa la vida, es decir, la vida dada a nosotros por el Hijo de Dios. Después de que Adán pecó, Dios tuvo miedo de que Adán comiera del fruto del árbol de la vida, ya que si lo comía, él viviría para siempre. Si Adán todavía pudiera morir después de comer el fruto del árbol de la vida, entonces, ¿por qué Dios tuvo que esforzarse tanto? ¿Por qué tuvo que guardar el camino al árbol de la vida con los querubines y con la espada encendida?

Dios hizo esto porque tenía miedo que Adán viviera para siempre si lo comía. Nosotros somos los redimidos. Lo que hemos comido no es el fruto del árbol de la vida, el cual solamente es un tipo. Hemos comido la vida misma. ¿Todavía podemos morir? Si Adán no podía morir después de haber comido un fruto simbólico, ¿Cómo podemos nosotros morir ya que hemos sido lavados por la sangre del Señor Jesús, ya que hemos comido del árbol de la vida misma y recibido la vida eterna? Adán recibió el árbol de la vida como una tipología, mientras que nosotros hemos recibido lo que el árbol de la vida tipifica.

¿Cómo es posible que podamos morir? Solamente aquellos que no saben lo que es la regeneración y lo que es la vida eterna dicen que se puede perder la salvación. Gracias al Señor que la vida eterna es un hecho que nunca puede ser anulado. Es una historia que nunca puede ser borrada. Es por esto que podemos vivir delante de Dios. ¡Qué gracia Dios nos ha concedido! La relación entre Dios y nosotros es tal que enfáticamente podemos decir que ningún poder sobre la tierra puede separarnos de Él. Aun si Dios no estuviera complacido con esto, Él no podría anular esta relación.

Veamos ahora el cuarto punto. Cuando fuimos salvos, Dios no solamente nos regeneró y nos dio vida eterna, sino que nos hizo un espíritu con el Señor. En 1 Corintios se nos dice que no solamente hemos llegado a ser un espíritu con Cristo, sino que hemos llegado a ser miembros de Su Cuerpo. En 1 Corintios 6: 15 también dice lo mismo, esto es, que nuestros cuerpos son los miembros de Cristo. Por consiguiente, cuando un incrédulo es salvo, no solamente recibe de Dios la regeneración y la vida eterna, sino que también es unido al Cuerpo de Cristo para ser un miembro del Cuerpo de Cristo.

La Biblia dice que somos el Cuerpo de Cristo. Si Dios nos salva uno por uno en Cristo, y si Cristo murió por nosotros, lavó nuestros pecados, nos dio vida eterna e hizo que tuviéramos una relación de vida con El, para llegar a ser sus miembros, ¿cuál es nuestro fin? La salvación incluye ser un miembro del Cuerpo de Cristo. Si fuésemos a perecer ¿cuál sería el fin? El fin sería que el Cuerpo de Cristo sería mutilado. A este Cuerpo o le faltaría un oído o parte de la nariz. Le faltaría un dedo de las manos o del pie.

El Cuerpo de Cristo es una verdad bien definida en la Biblia, es algo concreto. Si hemos llegado a ser un Cuerpo con Cristo después de haber sido salvos, la pérdida de una sola persona significaría que se habría perdido una parte del Cuerpo de Cristo, y el Cuerpo de Cristo estaría mutilado. Una vez una mujer negra que era esclava estaba trabajando en la casa de una familia blanca. La señora de la casa era una cristiana nominal, y la mujer negra era una creyente genuina.

Durante todo el día la esclava cantaba alegremente. La señora se molestó tanto por el regocijo de la esclava que no pudo contenerse de preguntarle la razón por la cual estaba tan feliz. La mujer le dijo: “¿No sabe usted que Dios ha enviado a Su Hijo, Jesucristo, para lavarnos de nuestros pecados? ¿No sabe usted que estaremos con Dios en el futuro? ¿Por qué, entonces, no debo estar gozosa?” La señora le preguntó: “¿Cómo sabes que estarás con Dios en el futuro? ¿Qué sucede si te pierdes? La esclava le dijo: ”El Señor nos dijo que el Padre mayor que todos es. Estoy en manos de mi Padre. Estas manos me sostienen y me guardan. ¿Cómo puedo perderme?»

La señora pensó por un momento y luego dijo: “¡Eres una insensata! Si Dios es mayor que todo, cuán largas serían Sus manos. Si las cosas pueden resbalarse por tus dedos, entonces también las cosas pueden resbalarse a través de los Suyos. Puesto que Sus manos son tan grandes, el espacio entre Sus dedos también debe ser muy amplio. Si tú te resbalas a través de Sus dedos, El ni siquiera lo notaría. Tú insistes que Sus manos te protegerán. Sin embargo, Dios es tan grande, y tú eres tan pequeña. No existe comparación entre tú y Dios. Si tú te caes de Su mano, Él no lo notará”.

La mujer contestó: “Señora usted no me entiende. No solamente estoy en Su mano, sino que soy un dedo pequeño de Su mano. Si sólo estuviera en Su mano, El quizá no notaría cuando me cayera. Pero si soy un dedo pequeño de la mano de Dios, ¿cómo podría caerme? Si un hombre ha creído y ha llegado a ser un cristiano, él es un miembro del Cuerpo de Cristo y un dedo pequeño de la mano de Dios. Si yo soy un miembro del Cuerpo de Cristo, Dios nunca permitiría que yo, un miembro Suyo, me caiga. Hoy en día, doy gracias al Señor porque nunca me caeré.

En 1 Corintios 12 dice que si un miembro del Cuerpo padece, todos los miembros se duelen con él (v. 26). No puede dolernos un dedo sin afectar a los otros miembros. Si cada creyente es un miembro del Cuerpo de Cristo, entonces si un día alguno de nosotros sufriera en el infierno, todos los demás en el cielo sentirían el daño. Si una persona perece, entonces todo cristiano tendrá que perecer también. Esta es la unidad del Cuerpo de Cristo. No sólo 1 Corintios nos dice que somos miembros del Cuerpo de Cristo, sino que también lo dicen otros libros del Nuevo Testamento.

La carta a los Efesios habla acerca del proceso por el cual pasa el Cuerpo de Cristo. También nos dice que somos miembros de Cristo, pero en una manera diferente. En 1 Corintios se habla acerca de la relación y la esfera de los miembros. Efesios habla acerca del futuro de los miembros. Efesios 5: 29-30 dice claramente: “Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida con ternura, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de Su Cuerpo”. Somos los miembros del Cuerpo de Cristo.

Leamos los versículos anteriores. Los versículos del 25 al 27 dicen: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a Sí mismo por ella, para santificarla, purificándola por lavamiento del agua en la palabra, a fin de presentársela a Sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin defecto”. Si leemos toda esta sección desde el versículo 25 hasta el 30, descubriremos que la iglesia es el Cuerpo de Cristo. Cristo está lavando la iglesia mediante el agua que está en la palabra.

El la lavará continuamente hasta que llegue a ser santa. El fin es presentársela a Sí mismo una iglesia gloriosa. Si algunos de la iglesia se pierden, tendremos un Cuerpo mutilado y no se presentará una iglesia gloriosa. Las personas no permanecerán, mucho menos la iglesia gloriosa. Esta iglesia no tiene mancha ni arruga ni cosa semejante. ¿Qué significa esto? Efesios 5 explica: “Sino que fuese santa y sin defecto”. No tener mancha es no tener marcas.

Si existe la posibilidad de que los miembros de Cristo perezcan, entonces no solamente habrá manchas, sino también partes mutiladas. Sin embargo, la Biblia dice que este Cuerpo no solamente no tiene miembros mutilados, sino que tampoco tiene ninguna mancha. Por lo tanto, no podemos perder nuestra salvación. Puesto que Cristo tendrá una iglesia gloriosa sin mancha ni arruga, que le será presentada santa y sin mancha, ninguno de nosotros puede perecer.

En quinto lugar, la iglesia no solamente es un Cuerpo. Cuando todos los cristianos son reunidos delante de Dios, llegan a ser un templo. Cada cristiano es una piedra, y la iglesia es la casa espiritual que Dios está edificando. El Señor es el fundamento de este templo espiritual. Él es una gran roca. Cada uno de nosotros los cristianos es una piedra pequeña edificada sobre el Señor para llegar a ser el templo de Dios y Su habitación. De esto se habla en 1 Pedro 2: 5.

Si existiera la posibilidad de que un cristiano pereciera, el templo de Dios se volvería más desagradable que nuestro ruinoso salón de reunión; en un minuto serían quitadas las piedras y en otro serían puestas de nuevo y las paredes estarían llenas de hoyos. Si ése fuera el caso, ¿por qué Dios no tomaría una decisión antes de salvar al hombre? Dios tiene la intención de que seamos edificados como casa espiritual. Si es una casa espiritual, entonces ninguna piedra puede perderse. Si alguna piedra se pudiera perder, la casa espiritual tendría problemas y no alcanzaría el nivel apropiado.

En 1 Reyes 6: 7 del Antiguo Testamento se nos dice cómo fue edificado el templo de Salomón. El capítulo cinco relata cómo Salomón envió hombres a las montañas para cortar piedras. Las piedras se cortaron en el monte. En el capítulo seis se nos dice que las piedras fueron llevadas al monte Moriah para la edificación. Así que, cuando se edificaba el templo no se oía ruido de ningún instrumento de hierro. No hubo necesidad de ningún corte adicional. Antes de que los materiales fueran llevados a la edificación, los artesanos experimentados habían calculado exactamente y lo habían preparado todo en el monte.

No era necesario mejorar nada; todo fue hecho de manera apropiada. Si mientras se edificaba el templo terrenal, los hombres expertos de Salomón pudieron cortar las piedras tan bien que fueron exactas en cada lado y no hubo necesidad de mejoramiento, ¿acaso puede Dios cambiarnos, las piedras vivas, cada dos o tres días cuando edifique el templo espiritual? ¿Acaso Dios podrá equivocarse? ¿Acaso no sabrá Dios cómo calcular? ¿Es Dios peor que el hombre? En el Antiguo Testamento, Dios dio al hombre la tarea de edificar. En el Nuevo Testamento, El mismo edifica. ¿Acaso es la propia obra de Dios inferior a la del hombre? Si los creyentes son las piedras para la edificación de la casa espiritual, ¿pueden perderse? Por lo tanto, si estamos en el templo de Dios, nunca podemos perdernos.

En sexto lugar, hay otra cosa muy importante y maravillosa. En el momento en que cada incrédulo es salvo, no solamente recibe la vida eterna y llega a ser un miembro de Cuerpo de Cristo y una piedra viva del templo, sino que también recibe al Espíritu Santo como sello. Dios ha puesto el sello del Espíritu Santo en él. Efesios 1: 13-14 dice: “En El también vosotros, habiendo oído la palabra de la verdad, el evangelio de vuestra salvación y en El habiendo creído, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa”.

¿No es ésa nuestra historia? Hemos oído el evangelio de nuestra salvación y hemos creído en Cristo. ¿Qué sucedió después de que creímos? Fuimos sellados con el Espíritu Santo de la promesa. Cada cristiano tiene el sello del Espíritu Santo. Es muy obvio que el Espíritu Santo no pertenece solamente a algunos cristianos especiales, y que no son solamente los cristianos especialmente santificados quienes tienen la vida. El versículo 13 dice que todos los que han oído el evangelio de la salvación y que han creído, han recibido al Espíritu Santo como el sello. Esto prueba que el sello del Espíritu Santo es algo que todos los cristianos tienen en común. Tan pronto como alguien cree, es salvo y tiene al Espíritu Santo como el sello.

¿Qué significa que un cristiano tenga al Espíritu Santo como el sello? ¿Qué es un sello? Hay millones de personas. ¿Cómo sabe Dios quiénes le pertenecen y quiénes no? Si tú me traes una Biblia hoy, ¿cómo sé que es tuya? Existen muchísimas Biblias como la tuya. La Sociedad Bíblica recientemente publicó un reporte diciendo que el año pasado vendió más de once millones de Biblias. De entre todas esas Biblias, ¿cómo sabes cuál es tuya? Cuando tú vas a casa y sellas tu Biblia, tú sabes que es tuya. Aún si mezclaras esta Biblia con todas las Biblias del mundo, tú podrías identificarla como tuya.

Hoy en día, debido a que hay tantas personas en el mundo, ¿cómo sabes cuáles pertenecen a Dios y cuáles no? Dios ha puesto un sello en ti, el cual demuestra que tú le perteneces. Dios no te selló a ti en tu frente con un gran sello de madera. No es como el anticristo venidero, quien pondrá una marca en la frente de los hombres. Dios puso al Espíritu Santo en ti como un sello. Todos los que tienen al Espíritu Santo, pertenecen a Dios. Todos los que no tienen al Espíritu Santo, no pertenecen a Dios. En el momento en que un hombre es salvo, Dios hace la obra de sellarlo y pone el Espíritu Santo dentro de él para demostrar que éste pertenece a Dios.

Si el sello del Espíritu Santo en nosotros puede ser borrado, entonces sí es posible que perezcamos; podemos decir que no le pertenecemos. Podemos considerarnos como típicas personas del mundo o incluso como enemigos de Dios. Pero, si este sello está dentro de nosotros, entonces sí le pertenecemos a Dios. ¿Cuánto tiempo estará el sello de Dios en nosotros? La última parte de Efesios 4: 30 dice: En el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Aquí la expresión “el cual” se refiere al Espíritu Santo. La cláusula anterior dice: Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios.

Este sello durará hasta el día de la redención. ¿Cuánto tiempo dice la Biblia que tendremos el sello del Espíritu Santo? No solamente lo tendremos por tres o cinco años o por trescientos o quinientos años, sino hasta el día de la redención. ¿Cuál es el día de la redención? Romanos 8 dice que el día de la redención es el día cuando el Señor regresará. El día de la redención será el día en que nuestros cuerpos serán redimidos. Por lo tanto, éste denota el día cuando el Señor Jesús regrese. El sello del Espíritu Santo permanece en nosotros hasta la segunda venida del Señor.

Cuando el Señor regrese de nuevo (no al momento del primer arrebatamiento al principio de la tribulación, sino el tiempo en que todo el Cuerpo sea arrebatado), todos los creyentes serán tomados al aire. El Señor enviará a los ángeles a reunir a estos creyentes. Los ángeles están limitados. Ellos no son omniscientes, no saben todo. Los ángeles son los siervos enviados a invitar a los invitados. Cuando estos ángeles vean a todos los que tienen el sello del Espíritu Santo, los juntarán.

Así que, el Espíritu Santo no está en nosotros por tres o cinco días o por trescientos o quinientos días, sino hasta el día del arrebatamiento. Hoy en día, si un hombre dice que puede perder su salvación y perecer, entonces yo le preguntaría, ¿qué hará con el sello del Espíritu Santo? Puesto que Dios ha dicho que hemos sido sellados por El, no hay nada que podamos hacer para quitar este sello. Dios ha dicho que este sello permanecerá hasta el día de Jesucristo y del arrebatamiento.

En Juan 14 el Señor dijo que el Espíritu Santo estaría con nosotros para siempre. Una vez que el Espíritu Santo del Nuevo Testamento entre en nosotros, nunca nos dejará. Nunca crean en el diagrama que algunos cristianos enseñan, el cual muestra a un hombre que tiene un corazón lleno de serpientes, cerdos, perros y muchos otros animales. Al lado del corazón está una paloma que representa al Espíritu Santo. Cuando el corazón del hombre está limpio, el Espíritu Santo supuestamente entrará en él y permanecerá allí, y todos los otros animales se irán. Pero si su corazón no está limpio, la paloma volará y todas las otras cosas entrarán. ¡Esto es absolutamente incorrecto! El Espíritu Santo nunca puede volar de nosotros.

La Biblia dice que no debemos contristar al Espíritu Santo. La tristeza es la expresión del amor; el enojo es la expresión del odio. Dondequiera que hay odio, hay enojo. Dondequiera que hay amor, hay tristeza. Recordemos que tanto el enojo como la tristeza provienen de los errores. Ambos casos son causados por los errores. Si hay amor, los errores producirán tristeza. Si hay odio, los errores resultarán en enojo. Si tú amas a una persona, te entristecerás por sus errores. Si tú odias a una persona, te enojarás de sus errores.

Ambos son causados por la misma cosa: los errores. Sin embargo, los resultados son diferentes. Aquí, no hay enojo, sino tristeza. La Palabra no dice que no debemos enojar al Espíritu Santo, sino que no debemos contristar al Espíritu Santo. Él no está sobre nosotros, sino dentro de nosotros. Cuando ve nuestras fallas, se contrista dentro de nosotros pero no se va. La razón por la cual Él no se va se debe a que Él es un sello. Como sello, El estará en nosotros hasta el día de la redención. Si leemos la Palabra de Dios, no podremos negar este hecho.

En el Antiguo Testamento, el salmo 51 presenta una oración muy preciosa. Allí David ora que el Señor no quite de él Su Espíritu de santidad. Sin embargo, en el Nuevo Testamento, ningún creyente puede hacer esta oración. Todos los que no conocen la Biblia pueden orar pidiendo que Dios no quite el Espíritu Santo de ellos. Pero todos los que conocen la Palabra de Dios saben que el Espíritu Santo sólo puede ser contristado dentro de nosotros; Él no se irá de nosotros.

No digo que es del todo correcto que los cristianos pequen. Lo que digo es que cuando fuimos salvos, el Espíritu Santo entró en nosotros para ser nuestro sello. Este hecho no tiene nada que ver con nuestra debilidad o nuestro pecado. Los dos son asuntos completamente diferentes. Si perecemos, ¿Quién sufre verdaderamente? Si pierdo un libro, por supuesto, el libro sufre. Pero, el primero que sufre soy yo. He gastado el esfuerzo por obtener ese libro. He pagado el precio por obtenerlo. Por lo tanto, soy yo el que más sufre.

¿Cómo nos ganó Dios? Estábamos muertos en pecados y estábamos caídos. Fue Dios quien hizo que Su Hijo muriera por nosotros y derramara Su sangre para redimirnos con un gran precio. No pensemos que si perdemos nuestra salvación, solamente somos nosotros quienes perdemos y quienes sufrimos. Recordemos que hemos sido comprados por Dios. Si perdemos nuestra salvación, Dios también perderá algo. Hemos sido comprados por Su sangre. ¿Por qué Dios nos preserva? Nos preserva por Su propia causa. Si nos perdemos, quien sufre no es nosotros, sino Dios.

El problema más grande hoy en día es que no creemos cuán importantes somos en las manos de Dios. Al hombre le es difícil creer que Dios lo ame, que Dios lo quiera. Siempre piensa que Dios no lo necesita. Dios ha entregado a Su Hijo por nuestra causa y le ha enviado al mundo para que pasara por todos los sufrimientos por nuestra causa. Él fue crucificado en la cruz con el propósito de ganarnos. Si a Él no le importa, ¿a quién le importaría? Si no salvaguardo mi libro, ¿Podría cuidarse a sí mismo?

Efesios 1: 13 dice que el Espíritu Santo está en nosotros como un sello. Después el versículo 14 nos dice que el Espíritu Santo viene para ser el sello porque somos la posesión adquirida de Dios. Por lo tanto, podemos decirle a todo el mundo que somos la posesión de Dios. No es cuestión de que nos perdamos o no, sino de que Dios nos pierda o no. No somos nosotros quienes nos guardamos. No tenemos que agotar nuestra mente pensando en este asunto.

Toda la obra es de Él. Si no fuera así, ¿por qué Él envió a su Hijo unigénito a la cruz? Si Él ha hecho un gran esfuerzo y pagado un gran precio para enviar a Su Hijo a la cruz, Él debe hacer un gran esfuerzo y pagar un precio aún más grande para guardarnos de perdernos. Supongamos que tenemos un anillo de diamante muy precioso y muy costoso, una perla muy preciosa o una gema muy costosa. Lo que gastemos para adquirirlos, será la misma cantidad que gastaremos para preservarlo. Si lo compramos con diez mil dólares, no lo perderemos tan fácilmente; indudablemente lo guardaríamos con gran cuidado.

Tenemos que darnos cuenta de que hemos sido comprados por Dios con el más grande precio. Somos salvos por el Hijo de Dios. El Hijo de Dios es más grande que todo el mundo y todo el universo. No pensemos que no le importamos a Dios. Dios nos trata de la misma manera en que nosotros tratamos nuestro tesoro. El buen pastor buscó a la oveja; la oveja no buscó al buen pastor. El Señor Jesús dijo que un día El moriría aún por uno de Sus extraviados. No les toca a las ovejas hacerlo, sino al buen pastor.

Él es quien murió por las ovejas. Delante de Dios, somos los que han sido comprados por El. Si nos perdemos, Dios es quien sufrirá. Por lo tanto, debemos recordar que no existe la posibilidad de que nos perdamos, debido a que tenemos al Espíritu Santo como un sello. ¿Acaso puede la gracia que Dios da al hombre ser preservada por el hombre?

Si fuera preservada por el hombre, ya la hubiéramos perdido hace mucho. No solamente nosotros la hubiéramos perdido, sino incluso Pedro y Pablo la hubieran perdido. Tenemos que darnos cuenta de que Dios ya nos ha apartado completamente. Todo es de Dios. Sólo es Dios quien nos ha salvado. Sólo Dios nos preserva. Que Dios nos muestre claramente cuánto dura nuestra salvación, a fin de que podamos quitar todos los pensamientos carnales y aceptar los pensamientos Suyos.

 

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septiembre 9, 2015 Néstor Martínez