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Mentiras Generacionales

Dentro del marco de las maldiciones generacionales u otras cuestiones similares que en muchos casos debemos afrontar, ya sea en conflictos íntimos o en ayuda a hermanos atribulados por problemas que quizás no le son propios en su origen, sino pertenecientes a sus ancestros, hemos encontrado este ejemplo, este modelo visible en la Biblia que, supongo, terminará con todas las dudas que los más ortodoxos han tenido y tienen respecto a estas batallas espirituales.

No obstante, para llegar al modelo, primero tendremos que transitar callejuelas previas, como una manera de entender y conocer los alcances humanos y divinos que rodean a la mentira como hecho sustancial en la vida de las personas. No sé si habrá un antes o un después bíblico de la mentira, pero sí te puedo asegurar que lo hay entre los hombres que hoy poblamos el planeta. Nadie es igual después de mentir o de haber sido víctima de una mentira.

De un estudio bastante serio que encontré entre los miles que hay al respecto, rescaté esto que de alguna manera, pinta de cuerpo entero desde lo psicológico, desde lo enteramente carnal y humano, que rodea a la mentira. Te reproduzco esta parte del estudio textualmente:

Todo empieza muy temprano. De hecho, los niños brillantes –los que tienen mejores resultados académicos– empiezan a mentir a los 2 o 3 años. “La mentira está relacionada con la inteligencia”, explica la doctora Victoria Talwar, profesora adjunta de la Universidad McGill de Montreal y una de las mayores expertas en la conducta mentirosa de los niños.

Aunque pensamos que la veracidad es la mayor virtud de un niño pequeño, resulta que mentir es, en realidad, su capacidad más notable. Un niño que miente debe reconocer la verdad, concebir intelectualmente una realidad alternativa y ser capaz de “venderle” convincentemente a alguien esa nueva realidad. Por lo tanto, mentir exige un desarrollo cognitivo avanzado y habilidades sociales que la veracidad no requiere. “Es un hito del desarrollo”, concluyó Talwar.”

Hay muchos otros aspectos sumamente interesantes más, pero para nosotros y lo que aquí deseamos mostrar para enseñar, es suficiente. Los cristianos ya sabemos que debemos andar en el espíritu y no en la carne. También sabemos que ese “la carne” tiene que ver con nuestra alma, que no siempre puede sujetarse a los mandatos que el Espíritu Santo dicta desde nuestro espíritu humano, donde habita luego de recibir a Jesucristo.

Y tampoco ignoramos que el alma es el epicentro del ataque satánico por excelencia. Satanás no puede tocar nuestro espíritu porque esa área le pertenece a Dios, que es el único que puede habitarla con su Santo Espíritu. Por lo tanto, Satanás apunta su estrategia al alma. Y si quieres cerrar el círculo de lo que terminas de saber desde la óptica psicológica, en el alma habitan las emociones, los sentimientos, la voluntad, y…la mente, que es el eje central de nuestra inteligencia. ¿Estás entendiendo?

Desde la óptica de Dios, mientras tanto, las cosas son mucho más claras. En el libro del Éxodo, capítulo 23 y verso 7, donde se emiten leyes para la justicia masiva, leemos lo siguiente: De palabra de mentira te alejarás, y no matarás al inocente y justo; porque yo no justificaré al impío. Algo nos resalta como con un delineador importante: Los mentirosos y los homicidas, son los enviados satánicos contra los justos. Y tú ya sabes que alguien es justo sólo cuando hace la voluntad de Dios.

El Salmo 5, en su verso 6, le da el golpe de gracia a la mentira de parte de David. Dice: Destruirás a los que hablan mentira; al hombre sanguinario y engañador abominará Jehová. Lo confirmamos con el Proverbio 13 y verso 5, donde leemos: El justo aborrece la palabra de mentira (Esto también incluye a predicaciones humanistas, cientifistas, esotéricas o eminentemente teológicas y religiosas) más el impío se hace odioso e infame.

No es el único Proverbio escrito al respecto, también lo vemos en el 19: versos 5 al 9, que nos da una versión más amplia y abarcativa y con un verso repetido textualmente: El testigo falso no quedará sin castigo, y el que habla mentiras no escapará. Muchos buscan el favor del generoso, y cada uno es amigo del hombre que da. Todos los hermanos del pobre lo aborrecen; ¡Cuánto más sus amigos se alejarán de él! Buscará la palabra, y no la hallará. El que posee entendimiento ama su alma (¿Qué ama qué cosa? Su alma. Es decir: su mente, su inteligencia. ¿Está claro?) el que guarda (cuida, protege, cubre con la sangre de Jesús) su inteligencia hallará el bien. El testigo falso no quedará sin castigo, y el que habla mentiras perecerá.

El día que tú encuentras a Jesucristo, es el día en que la mentira comienza a retirarse de tu vida, o al menos es lo que debería suceder si tu conversión ha sido genuina. Pablo aconseja al respecto en Efesios 4:25, lo siguiente: Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros.

La mentira, que es fruto de una mente inteligente gobernada por este espíritu es, por antonomasia, la negación y la oposición a Cristo, negando asimismo el testimonio de Dios. ¿Tanto? Sí, tanto. Juan lo expresa así en su primera carta 2:22: ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al padre y al Hijo.

Asimismo, Santiago dice que cuando negamos a Jesucristo no sólo le mentimos a los demás, sino que nos estamos mintiendo a nosotros mismos. Y para muestra nos basta recordar la historia de Ananías y Safira, cuando mintieron al Espíritu Santo respecto a su heredad, cosa que nadie les obligaba a decir, y pagaron con sus vidas ese enorme pecado.

Todos los creyentes, en mayor o menor medida, sabemos que la mentira es aborrecida por Dios porque destruye la recta comprensión de la realidad, lo que implica lisa y llanamente lo dicho en la Biblia al respecto: andar en tinieblas. De ese modo, el hombre se desvía del verdadero conocimiento y comunión con Dios para caer en las garras del engaño sutil puesto en marcha por el enemigo. Además, en lo social y comunitario, la mentira destruye la confianza entre los hombres, oscurece el entendimiento y lleva a la destrucción eterna, nada menos.

Sabemos, porque así lo hemos leído en Números 23:19, que Dios no miente ni puede mentir, no pudiendo caber en Él por cuanto Él es la realidad primera y última y absoluta, contra la que atenta toda mentira. Nadie puede venir a decirte que una mentira favorece algo de Dios. Por el contrario, cada vez que alguien miente, es como si alzara una alabanza a Satanás. Por su parte, Jesús, que es Dios mismo manifestado en carne, es la misma Verdad, la Verdad acerca de Dios, y la Verdad de lo que Dios quería que fuera el hombre, es decir: el cúmulo de todas las perfecciones. Por eso, aquel que tiene comunión con el Padre y con el Hijo Jesucristo, exclama de corazón y sin dudarlo: “la mentira aborrezco y abomino, porque tu ley amo”.

De todos modos, creo que el texto de todos los textos que de ninguna manera se nos puede pasar desapercibido, se encuentra en el evangelio de Juan, capítulo 8 y verso 44, donde dice: Vosotros sois de vuestro padre del diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso y padre de mentira.

No quiero que nadie pretenda simular o disimular una mentira con algún artilugio que pretenda hacerla pasar por “santa” o “necesaria”. Ninguna mentira es necesaria porque nadie necesita a Satanás para tener vida abundante aquí y ahora. Y si alguna vez te creíste aquello de “la mentira piadosa”, es tiempo en que vayas y le digas a quien te lo enseñó, que de ninguna manera vas a volver a aceptar que alguien que actúa en el nombre de Dios, siga enseñando doctrina de demonios. Así de sencillo.

Te dejo tres textos complementarios para que termines de entender que la mentira de ninguna manera puede tener una esencia sana. Que muy por el contrario es uno de los síntomas de una enfermedad llamada demonios, la que perturba, atormenta y posee a mucha más gente de la que suponemos. ¡Pobres víctimas ellos! Pero eso no significa permisividad ni alianza con ellos y sus rudimentos.

(1 Juan 2: 19) = Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros.

(20) Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.

(21) No os he escrito como si ignoraseis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira procede de la verdad.

Pregunto: Si salieron de nosotros pero no eran de nosotros, ¿Qué eran? Falsos hermanos, Satanistas infiltrados, simuladores compulsivos o, lo más abundante: incrédulos hipócritas. ¿Y quienes dicen que son los encargados de descubrirlos? Los que tienen la unción del Santo, esto es: del Espíritu Santo, que es Dios. ¿Y por qué asegura que los descubrirán? Porque ellos han conocido la verdad, y cuando oigan a alguien mentir, sabrán que no son de ellos, aunque se congreguen con ellos, no son de ellos aunque estén predicándoles a ellos. ¿Por qué lo sabrán? Porque los habrán descubierto mintiendo. Y nadie que miente está de la mano de Cristo, sino de Satanás. Es más que claro, le guste a quien le guste y lo acepte quien lo acepte.

(Proverbios 12: 22) = Los labios mentirosos son abominación a Jehová; pero los que hacen verdad son su contentamiento.

Hay una pregunta que seguramente anda dando vueltas dentro de las cabezas de decenas, centenares o sencillamente miles de cristianos: ¿Se puede mentir desde el púlpito de una iglesia? Yo creo que nadie que esté en su sano juicio espiritual podría siquiera llegar a plantearse la posibilidad de deslizar una mentira en el marco de una predicación, sería incoherente con lo que se dice creer y contradictorio con lo que se está enseñando a los demás.

Sin embargo, déjame decirte que sí, que lamentablemente, y en muchos casos con un rarísimo convencimiento interno de estar haciendo algo bueno, se ha llegado a mentir desde un púlpito. Recursos y rudimentos lindantes con la manipulación con la finalidad de que la gente pase al frente a convertirse o a ministrarse de aquellos pecados que han sido profetizados por el predicador, preanuncios contrarios a las vidas de todos los que por cualquier causa se resisten a dar sus diezmos y ofrendas, y muchas cosas por el estilo han sido realizadas, quizás con la mejor y más sincera de las intenciones, pero bajo un monumental engaño, desde púlpitos que no eran precisamente faltos de prestigio.

(1 Timoteo 1: 8) = Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente; (9) conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, (10) para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina, (11) según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado.

Comienzo a hacerte preguntas sin obligación de recibir respuesta, sólo reflexiona lo que te pregunto. ¿Puede alguien transgredir leyes por un fin correcto? ¿Puede alguien desobedecer órdenes superiores por una buena razón? ¿Puede alguien no espiritual justificar su condición por algo que Dios aprueba? ¿Puede un pecador justificar su pecado declarando que peca por una razón correcta?

¿Puede el irreverente argumentar su irreverencia en buenas razones? ¿Puede un profano expresar que profana por cuestiones que son del agrado de Dios? ¿Pueden los que asesinan al padre o a la madre declarar en un juicio que lo hicieron por un buen motivo? ¿Puede el fornicario dar una razón por la cual Dios aceptaría su fornicación? ¿Puede un sodomita argumentar que lo que hace es natural conforme a como Dios ha creado al hombre? ¿Puede un secuestrador decir que secuestró a alguien por un buen motivo?

Ahora bien; si cada una de estas preguntas arrojadas al azar ha tenido, -como quiero suponer- un no como respuesta, ¿Me quieres explicar por qué alguien que dice ser representante del mismo Dios en el cual creemos tú y yo, ha dicho con nivel de enseñanza pública y masiva, que sí se puede mentir cuando hay una buena razón para hacerlo? Si así fuera, ¿Por qué Pablo habría amontonado aquí todas estas razones y las unió luego a la mentira y al perjurio, que es una mentira bajo juramento?

En muchos hombres y mujeres, la mentira está en su esencia casi como una costumbre. Hay una minoría que miente en muy contadas ocasiones y sólo para justificarse o defenderse de algo, pero la gran mayoría que miente, lo hace casi sin esfuerzo, tal como si estuviera en sus genes mentir, mientras que decir la verdad sería poco menos que un acto enemigo. ¿Sabes qué? ¡Sí está en sus genes! Sólo que lo ignora. Y si lo ignora, es porque todavía los creyentes no aprendieron a combatir estas cosas y, más que ello, procurar ayudar en ese combate a los que lo ignoran. Quiero contarte algunas historias para que luego puedas ver, en el final de cada una de ellas y en la suma de todo, la realidad de lo que estamos hablando.

(Génesis 21: 1) = Visitó Jehová a Sara, como había dicho, e hizo Jehová con Sara como había hablado.

(2) Y Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho.

(3) Y llamó Abraham el nombre de su hijo que le nació, que le dio a luz Sara, Isaac.

Vamos a ver y a recapitular para entender. Cuatro capítulos antes, en este mismo libro del Génesis, nos encontramos con Dios haciendo pacto con Abraham. Y en el verso 16 del capítulo 17, le dice respecto a Sara: La bendeciré, y también te daré de ella hijo.

Aquí estamos viendo, entonces, como Dios cumple su promesa de muy difícil aceptación y credibilidad, (Tanto Abraham como Sara eran más que ancianos como para poder concebir, engendrar y ser padres), y efectivamente Sara queda embarazada y da a luz un hijo varón al que llaman Isaac. De este modo, la línea generacional a la cual Dios se refiere para sus bendiciones, pero también advierte para cualquier clase de maldiciones, comienza en el viejo Abraham y ahora se le suma Isaac. Padre, e hijo. Dos generaciones; faltan otras dos.

(Génesis 25: 21) = Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó jehová, y concibió Rebeca su mujer.

(22) Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: si es así, ¿Para qué vivo yo? Y fue a consultar a Jehová; (23) y le respondió Jehová: dos naciones hay en tu seno, y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; el un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, y el mayor servirá al menor.

(24) Cuando se cumplieron sus días para dar a luz, he aquí había gemelos en su vientre.

(25) Y salió el primero rubio, y era todo velludo como una pelliza; y llamaron su nombre Esaú.

(26) Después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú; y fue llamado su nombre Jacob. Y era Isaac de edad de sesenta años cuando ella los dio a luz.

Aquí estamos viendo la prosecución generacional de Abraham, cuando Isaac es padre de los gemelos que luego lucharían y hasta se defraudarían por causa de su primogenitura. El relato es claro; el primero en salir y por consecuencia primogénito indiscutido, era Esaú, aunque luego la historia que es bien conocida y que será base medular de nuestro trabajo diga lo contrario. Ya tenemos tres generaciones: Abraham, Isaac, Esaú/Jacob.

La historia siguiente no la voy a dar con textos porque es demasiado extensa, pero seguramente tú la conoces. Jacob será hospedado por Labán y, luego de una muy especial historia, se casará primeramente con una de sus hijas, llamada Lea, y luego con la que él deseaba tener por mujer: Raquel. De esas uniones tendrá muchos hijos que, llegado el momento, conformarán las distintas tribus. Entre ellos, el que desata toda una historia de lo más dramática: José. Cuatro generaciones: Abraham, Isaac, Jacob, sus hijos. Bisabuelo, Abuelo, Padre, Hijos. Ahora viene lo central del tema.

(Génesis 12: 10) = Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra.

(11) Y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: he aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto; (12) y cuando te vean los egipcios, dirán: su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida.

(13) Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti.

(14) y aconteció que cuando entró Abram en Egipto, los egipcios vieron que la mujer era hermosa en gran manera.

(15) También la vieron los príncipes de Faraón, y la alabaron delante de él; y fue llevada la mujer a casa de Faraón.

(16) E hizo bien a Abram por causa de ella; y él tuvo ovejas, vacas, asnos, siervos, criadas, asnas y camellos

(17) Más Jehová hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas, por causa de Sarai mujer de Abram.

(18) Entones faraón llamó a Abram, y le dijo: ¿Qué es esto que has hecho conmigo? ¿Por qué no me declaraste que era tu mujer?

(19) ¿Por qué dijiste: es mi hermana, poniéndome en ocasión de tomarla para mí por mujer? Ahora, pues, he aquí tu mujer, tómala, y vete.

(20) Entones faraón dio orden a su gente acerca de Abram; y le acompañaron, y a su mujer, con todo lo que tenía.

Supongo que conocías esta historia, pero tal vez no desde la óptica que hoy lo veremos. Ya sabías que Abraham había sido algo pillo cuando, sabiendo que estaba en pie una promesa de Dios, aceptó dormir con la esclava Agar por pedido de su mujer. Pero no lo teníamos tan mentiroso como para llegar a este extremo que aquí se relata. Un extremo que termina por complicarle seriamente la vida a Faraón, y fue un verdadero milagro de Dios que éste no decidiera eliminarlo, no sólo por haberle mentido, sino para, además, quedarse con Sara. Así que los expulsó a los dos. Pero Abraham ya había dado un primer paso generacional: había mentido. Primera generación. Mintió el bisabuelo.

(Génesis 26: 6) = Habitó, pues, Isaac (El hijo de Abraham, recuerda), en Gerar.

(7) Y los hombres de aquel lugar le preguntaron acerca de su mujer, y él respondió: es mi hermana; porque tuvo miedo de decir: es mi mujer; pensando que tal vez los hombres del lugar lo matarían por causa de Rebeca, pues ella era de hermoso aspecto.

(8) Sucedió que después que él estuvo allí muchos días, Abimelec, rey de los filisteos, mirando por una ventana, vio a Isaac que acariciaba a Rebeca su mujer.

(9) Y llamó Abimelec a Isaac, y dijo: He aquí ella es de cierto tu mujer. ¿Cómo, pues, dijiste: es mi hermana? E Isaac le respondió: porque dije: quizá moriré por causa de ella.

(10) Y Abimelec dijo: ¿Por qué nos has hecho esto? Por poco hubiera dormido alguno del pueblo con tu mujer, y hubieras traído sobre nosotros el pecado.

(11) Entonces Abimelec mandó a todo el pueblo, diciendo: el que tocare a este hombre o a su mujer, de cierto morirá.

Este caso es tremendo, porque es casi un calco, si no lo es completamente, de lo vivido anteriormente por su padre Abraham. La mentira de Isaac, se desata por los mismos motivos que la que dio origen a la de su padre, y produjo un efecto similar con consecuencias muy parecidas. Tengo preguntas: ¿De dónde salió el miedo repentino de Isaac? ¿Por qué adoptó esa salida cuando tenía otras? Respuesta más simple: porque un espíritu de mentira anidaba en sus genes, a partir de lo hecho por su padre, y llegado el momento se manifestó y llevó a Isaac a repetir la historia. Segunda generación. Mintió el abuelo.

En el capítulo 27 del mismo libro del Génesis, hay un relato que tiene que ver con la bendición ritual pero espiritualmente importante de un padre para con su primogénito. No puedo, por razones de tiempo, leerte el capítulo completo, pero iré delineando algunos versículos que tienen que ver con lo que quiero compartirte.

(Génesis 27: 1) = Aconteció que cuando Isaac (Hijo de Abraham) envejeció, y sus ojos se oscurecieron quedando sin vista, llamó a Esaú su hijo mayor, y le dijo: hijo mío. Y él respondió: heme aquí.

(2) Y él dijo: he aquí ya soy viejo, no sé el día de mi muerte.

(3) toma, pues, ahora tus armas, tu aljaba y tu arco, y sal al campo y tráeme caza; (4) y hazme un guisado como a mí me gusta, y tráemelo, y comeré, para que yo te bendiga antes que muera.

¿Qué le pide Isaac a Esaú? Que le prepare algo de comer para que, sustentado en esa ofrenda, él pueda darle la correspondiente y merecida bendición de hijo primogénito. Sin embargo, su madre Rebeca, molesta con él por haberse unido en matrimonio con una mujer extranjera, decide elaborar un engaño para que Jacob tome el lugar de Esaú en esa bendición de modo que luego no pueda revertirse. Ella prepara la comida que Isaac ha solicitado y, en lugar de Esaú, decide que sea Jacob quien vaya a llevársela. Sólo un problema: Esaú era muchacho con mucho vello, mientras que Jacob era lampiño. Si el padre lo tocaba, se daría cuenta del engaño.

(Verso 15) = Y tomó Rebeca los vestidos de Esaú su hijo mayor, los preciosos, que ella tenía en casa, y vistió a Jacob su hijo menor; (16) y cubrió sus manos y la parte de su cuello donde no tenía vello, con las pieles de los cabritos; (17 y entregó los guisados y el pan que había preparado, en manos de Jacob su hijo.

(18) Entonces éste fue a su padre y dijo: Padre mío. E Isaac respondió: heme aquí; ¿Quién eres, hijo mío?

(19) Y Jacob dijo a su padre: yo soy Esaú tú primogénito; he hecho como me dijiste: levántate ahora, y siéntate, y come de mi caza, para que me bendigas.

Conclusión: el viejo Isaac cae en el engaño, come de la comida que Jacob fingiendo ser Esaú le trae y le da la codiciada bendición como primogénito. Esa es la historia literal, tal como ocurrió. Sin embargo, para nuestro trabajo lo que interesa de sobremanera y pesa, es que la mentira generacional se cobra una nueva víctima. Jacob lo hace con total descaro, (Aunque deberemos consignar que fue claramente inducido por su madre), y logra su objetivo, del mismo modo que antes lo habían conseguido sus antecesores. Tercera generación. Ahora mintió el padre.

Y como colofón de nuestro trabajo, deberemos recalar en el capítulo 37 de Génesis. En los treinta y seis versículos que la componen, que obviamente no vamos a leer todos por las mismas razones que no lo hicimos con el 27. Y también aquí rescataremos aquellos textos que expresen lo que deseamos compartir. Porque cuenta la historia de la familia de Jacob. Y da cuenta que este hombre, ya apodado Israel, amaba a su hijo José por encima de lo que experimentaba por los demás vástagos, por la simple razón que lo había tenido en su vejez.

En un momento dado José tiene una serie de sueños que comparte con sus hermanos, los cuales en lugar de ver con buenos ojos estas cosas, se llenan de envidia y quizás hasta odio por él, al punto que confabulan entre todos ellos deshacerse del joven, pero como no se atreven a darle muerte, eligen venderlo a los ismaelitas, entendiendo que de ese modo desaparecería de sus vidas para siempre. Quienes conocen toda la historia ya sabrán que no ocurrió así, pero lo que interesa a nuestro trabajo actual, es lo que sigue.

(Génesis 37: 31) = Entonces tomaron ellos la túnica de José, y degollaron un cabrito de las cabras, y tiñeron la túnica con la sangre; (32) y enviaron la túnica de colores y la trajeron a su padre, y dijeron: esto hemos hallado; reconoce ahora si es la túnica de tu hijo, o no.

(33) Y él la reconoció, y dijo: la túnica de mi hijo es; alguna mala bestia lo devoró; José ha sido despedazado.

(34) Entonces Jacob rasgó sus vestidos, y puso cilicio sobre sus lomos, y guardó luto por su hijo muchos días.

Aquí no se puede determinar a un nombre en singular para establecer la mentira. Todos los restantes hijos de Jacob, a excepción de José, claro está, se confabularon entre sí para, en primer término, deshacerse del mejor modo de un hermano fastidioso, molesto y acaparador del amor del padre, y en segundo lugar, la mentira de disfrazar la escena para que Jacob crea que José estaba muerto. Fin de la historia generacional. Cuarta y última generación. También han mentido los hijos.

(Joel 1: 4) = Lo que quedó de la oruga comió el saltón, y lo que quedó del saltón comió el revoltón; y la langosta comió lo que del revoltón había quedado.

¿Qué tiene que ver esto? Que estos cuatro insectos descriptos aquí, no son cuatro distintos, sino uno solo, (La langosta) en sus cuatro etapas de maduración y crecimiento. Y que en la medida que va creciendo, se va alimentando de distintas cosas. Si tomamos como ejemplo a un árbol, como fuente de alimentación, la oruga sólo puede comer su raíz, el saltón su tronco, el revoltón sus ramas u hojas y la langosta sus frutos. Si a este árbol le añadimos el rótulo de “genealógico”, nos encontraremos con que la oruga se alimenta de los bisabuelos, el saltón de los abuelos, el revoltón de los padres y la langosta de los hijos.

(Éxodo 20: 5) =  No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, 

Aquí tienes bien claras y definidas las cuatro generaciones a las que Dios indefectiblemente visitará, para honra o juicio, por cuanto cayeron en las mismas falencias. En este caso es un espíritu de mentira, evidente y notorio desde la propia Biblia. En otros casos, los hay de diferente rango, especialidad y poder: ira, violencia, perversión, lascivia, etc.

¿Habrá alguno de ellos que hoy esté atormentando tu vida sin que puedas entender por qué te sucede eso si tú no le das entrada con pecado ni con puertas abiertas de permiso? Ah ora sabes que quizás sea algo de corte generacional que has heredado genéticamente. Para romper eso, hoy el Espíritu Santo te lo ha hecho saber. Lo que sigue, sólo será oración de guerra y corte generacional.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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febrero 3, 2016 Néstor Martínez