Súbitamente; Sin Previo Aviso
Hay una lamentable realidad: Satanás crece más fuerte cada día. Mira la iglesia. Están divididos. Políticamente, por teología, por todo lo que sea posible dividirse, ellos se dividen. Hay gente de la iglesia que está viviendo en los deseos de la carne, en lugar del Espíritu. Estoy hablando de la iglesia como organización institucional clásica y tradicional, digo; no como asamblea de Dios. Ella ha permitido que todo pecado imaginable se instale cómodamente en su seno. De hecho, y esto está comprobado; ¡Las personas ya ni siquiera reconocen lo que es pecado! Los pastores y líderes desobedecen directamente el mandato de Dios en Ezequiel, donde les dice que tienen el deber y la obligación de enseñarles la diferencia entre lo santo y lo profano y entre lo limpio y lo sucio. Este mandato, en Ezequiel, es para los sacerdotes. Hoy, para todo el que se arrogue ser líder.
Es notorio que la gran mayoría de los pastores no mencionan el pecado, o lo hacen muy disimuladamente, para que nadie se ofenda y se vaya. Y encima de eso, el corazón humano que es tan engañoso, los hace pensar que están caminando con Dios, cuando en verdad están caminando en su carne. Piensan que están escuchando a Dios, cuando en verdad están oyendo sus propios deseos pecaminosos. El objetivo de cada demonio salido de la boca de Satanás, es destruir todo lo que es de Dios. Engañar a las personas, haciéndoles pensar que oyen a Dios, cuando en verdad no es así. Están preparando el camino para los falsos profetas y maestros que Satanás ya ha colocado adentro de la iglesia. ¿Cuál iglesia? ¿Acaso la que tu asistes semanalmente? No lo sé; yo estoy hablando de Babilonia. Si tú tienes, como yo, al Espíritu Santo morando en tu ser interior, tú ya sabes de lo que estoy hablando. Si no lo sabes, entonces déjame decirte que estás allí, pero no eres de allí.
Todos ellos siembran gran discordia entre el cuerpo de Cristo. Están allí para volver a unos contra los otros. Tomando base en Mateo 24, se nos muestra que, en el principio, muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. Están plantados para destruir matrimonios (Gran crisis actual en la iglesia), y con ello destruir familias, que son las que conforman las células activas de la iglesia. Producen y causan divisiones y logran que los grupos se enfrenten por nimiedades, desarticulando el poder de Dios en sus vidas y en las de sus ministerios. Hacen que las personas se enojen entre ellas, causan que se ofendan entre sí y que se crean todas las mentiras que infiltran sobre ellas. Les dan falsas memorias, falsas visiones, y falso discernimiento. Les hablan mentiras, haciéndoles creer que oyen estas mentiras de parte de Dios, cuando no es así. Están aquí para cumplir lo profetizado.
Por esta causa es que Pablo le advierte a su discípulo Timoteo, que, en los postreros días, todo habrá de volverse altamente peligroso. De hecho, estos que vivimos en la actualidad, parecerían ser tiempos peligrosos, ya sea por la confusión espiritual reinante, como por el aumento en cantidad y calidad de pecado dentro de las congregaciones. Ni hablar de afuera. Porque todo eso, sumado al derrotero decadente que lleva el mundo secular y natural, arroja una pintura que nadie quisiera coleccionar. Entonces es más que válido preguntarnos: ¿Será que estamos ya en esos últimos días? De allí que estén apareciendo esos hombres amadores de sí mismos, ideales para lucirse en una plataforma enorme donde, la única figura presente a la cual estamos todos obligados a mirar, es la de ellos.
Y de allí en adelante, Pablo le describe a Timoteo la calidad de esas personas que obstaculizarán la obra y el trabajo por sus conductas inapropiadas. Comienza con los avaros, que son aquellos que, a pesar de tener buenos ingresos, tienen una vida no ya austera, sino rozando lo miserable. Eso no es Dios. Jamás Dios avalará el derroche, pero lo aborrece del mismo modo que la avaricia. Después menciona a los vanagloriosos, que como ya dijimos, son todos los que llegan a confundir la plataforma y el púlpito de una congregación con un escenario onda Hollywood. En estos mismos y en otros que, sin exponerse tanto, no le van en saga en cuanto a las actitudes y los pensamientos, quedan los soberbios, de quienes también le advierte Pablo a su discípulo. A estos últimos, cuando predican, los puedes discernir fácilmente. Son los que se muestran súper santos, súper buenos, súper espirituales y súper súper. Falso.
Blasfemos. Un blasfemo es alguien que maldice, o sea que dice cosas malas y además vitupera a algo o alguien que es considerado sagrado y digno de respeto. Se puede ser ateo y no creer en la existencia de Dios, no digo que eso sea bueno y deba ser aplaudido, pero quizás sí respetado con nuestro silencio, tal como lo hizo Jesús. Lo que no es coherente es que alguien insulte a nuestro Dios ante cualquier problema. Porque eso me dice a mí y te dice a ti que no es ateísmo o actitud de gente incrédula. Yo no puedo insultar, maldecir o vituperar a alguien en quien digo no creer. Si no creo en la existencia de OVNIS, muy mal podría decir que la culpa de todos nuestros males la tienen los extraterrestres que nos visitan en los OVNIS. ¿Conclusión para lo que digo? Obvia; presencia y actividad de demonios en la mente de esas personas. Por esa razón es que la blasfemia no es un pecado menor. Es autorizar a Satanás a injuriar a nuestro Padre.
Desobedientes a los padres. Tengo la certeza que no necesito añadirle nada a esto que Pablo anticipa con tanto tiempo. La hoy considerada antigua cultura del respeto por los mayores, esencialmente en nuestros padres y abuelos, hoy se la rotula una tontería caduca. Y eso sin tener en cuenta algunas opiniones de “profesionales” en terapia que, en una gran cantidad de casos, la incentivan y promueven, con el argumento de la independencia y la libertad que los jóvenes se merecen. No me opongo a la libertad para un joven cristiano, pero si leyó su Biblia con cuidado y entendimiento, no sé qué es lo que hará con el pasaje donde se le dice que es mandamiento divino honrar a padre y madre. De hecho, del mismo modo en que a esos padres y madres se les demanda respetar a sus hijos. Derecho a la libertad es un concepto divino, pero de ida y vuelta, igual que amar al prójimo.
Ingratos. La ingratitud es moneda corriente dentro de los ambientes cristianos. Es muy frecuente, y no digo “normal” porque no lo es, que cristianos que por poco se juegan su vida en beneficio o ayuda para otros que están en problemas, luego de resueltos esos asuntos, sean olvidados y hasta despreciados por los mismos que los usaron en su beneficio. Tuve muchos años una clase bíblica en una iglesia, a la que asistían personas de todas las congregaciones porque me conocían por mi trabajo en la radio. Nunca menos de cien por domingo. Cuando me tocó irme de la congregación, nadie ni siquiera me llamó por teléfono. ¿Tan mal habré hecho las cosas? Al propio Jesús, si lo observas con cuidado, no lo empujó a la cruz Poncio Pilato. Él, en todo caso, como autoridad imperial constituida, fue el que dictó la sentencia. Pero los que colaboraron y mucho para que Jesús fuera crucificado, fue el mismo pueblo al que Él había sanado y liberado. Ellos pidieron que soltaran a Barrabás, cuando llegó el momento de la opción.
Impíos. La impiedad es, tal como la palabra lo dice, falta de piedad. Y la piedad, de ninguna manera es sinónimo de compasión o lástima, como en gran mayoría se lo estima y considera en nuestra cultura hispana. La piedad, bíblicamente, es simple y llanamente la espiritualidad. Cuando nuestras Biblias hablan de hombres piadosos, se está refiriendo a hombres espiritualmente íntegros. Que quizás por esa misma razón lleguen a evidenciar compasión y misericordia por su prójimo, es una condición anexa al ejercicio de su fe. Lo que Pablo advierte a Timoteo, es que en los postreros días habrá una tremenda carencia de espiritualidad y de fe. Que no llamaría demasiado la atención si se tratara de la gente que habita el mundo secular, pero que si cobra relieve cuando entendemos que Pablo está aludiendo a personas que supuestamente profesan su misma fe y se reúnen con Timoteo y sus acompañantes.
Sin afecto natural. Esta es gente que, si bien se congrega y se cobija dentro de los templos, cuando suceden distintas cosas que los confrontan, demuestran que son incapaces de amar a nadie. Ni siquiera experimentan lo mínimo indispensable por su familia. Imagínate que con esta clase de personas es más que complicado intentar prevalecer ante un mundo hostil que no sólo es incapaz de amar, sino que incluso es muy capaz de odiar. Implacables. Es un poco la consecuencia de todo lo anterior. Para ser implacable, lo cual es casi un sinónimo de rígido o inflexible, tienes que ser, además, un tanto cruel. Lo más parecido al implacable que Pablo describe aquí, es el legalista. Ese que está dentro del pueblo de Dios, pero mucho más preocupado en hacer cumplir los reglamentos que en hacer crecer la iglesia, o que madure o que finalmente derrote a Satanás en su batalla espiritual.
Calumniadores. Parecería mentira hablar de calumniadores entre supuestos cristianos, ¿Verdad? Sin embargo, Pablo lo hace. Y todo aquel que se haya congregado o se esté congregando hoy mismo, Y más allá de la bondad que pueda habitar en el lugar donde se congrega, sabe muy bien que la calumnia no es un horrible pecado que esté ajeno a nuestros grupos. ¿Motivos? Varios, pero te puedo mencionar dos: para moverle el piso a alguien a quien se desea reemplazar. Y el otro, simplemente envidia. Estos mismos suelen ser, cuando se los confronta, intemperantes, pasibles de amenazar con cualquier forma de revancha o, incluso, como ha sucedido en más de un caso, llegar hasta la violencia física. La intemperancia se sabe dónde comienza, pero jamás nadie puede determinar en donde y en qué termina. Los demonios de ira son imprevisibles. Y peligrosos.
Crueles. Esto tiene que ver con una carencia total de empatía y un grado de maldad interior manifiesta. Podemos enojarnos con alguien y hasta montar en santa ira, pero la crueldad es una sobre exageración de cualquier enojo o rencor, llevado a la venganza al máximo. Hasta donde sabemos por la historia humana, todo tipo de tortura causada por parte de un hombre a otro, conlleva un altísimo grado de crueldad, no interesa el argumento que se dé respecto al motivo. Ahora, todo eso llevado al seno de la iglesia, es algo que ni siquiera nos entra en nuestra mente. Pero en algunos pormenores que han ocurrido en distintas congregaciones, por ejemplo, cuando se ha debido disciplinar a algún miembro por alguna clase de pecado, este elemento ha estado presente, aunque ya no en lo físico sino en lo psíquico.
Aborrecedores de lo bueno. Es toda esa gente que en la opción entre hacer algo bueno o algo malo, por la razón que sea, elige esto último. Que no sería para nada sorprendente si se tratara de gente no creyente, humanista, cientifista, esotérica, o sencillamente intelectual de alto nivel, pero que sí lo es cuando hablamos de gente creyente, o al menos que se refugia todos los fines de semana en una iglesia. Los hay, todos lo sabemos y hasta debemos haber visto a alguno. Y son los mismos que en cualquier momento pueden girar en ciento ochenta grados en su discurso personal y convertirse en traidores, impetuosos e infatuados, que, dicho en idioma popular, son aquellos que no dudan en volverse en contra de los que los han ayudado, llevárselos por delante con prepotencia y exigirles sometimiento o sujeción. Todo llevado por un grado de soberbia, presuntuosidad y altanería dignas de brujos o hechiceros.
Amadores de los deleites más que de Dios. Cruceros a paradisíacas playas caribeñas o europeas del más alto nivel. Jornadas pletóricas de abundante comida llena de manjares de la mejor cotización, sabor y alimento. De bebidas alcohólicas que conducen inevitablemente a borracheras leves, que son el paso previo a promiscuidades de todos los órdenes o borracheras plenas, que llevan al individuo a quedar postrado, inutilizado y eliminado como persona pensante. La pregunta que surge, es: ¿Es que hay gente que ama eso más que al Dios en el que dicen creer? Tú y yo sabemos que sí la hay. La otra pregunta que viene a continuación de la anterior, entonces, es: ¿Pero eso no los obliga a proceder con un alto grado de hipocresía, simulando ser lo que no son? Ni lo dudes. Recuerda que dice la misma Biblia que la hipocresía nació en la iglesia, no en el mundo secular. Al mundo le importa poco lo que la gente piense de ellos, pero a los cristianos sí les importa, entonces hacen lo que sea para cubrir sus actos con apariencia religiosa.
Tendrán apariencia de piedad, pero negarán su eficacia. Conocí gente así. El responsable de una de las emisoras en las que trabajé, creyente y líder en su iglesia, solía decirme siempre que había un evangelio virtual y otro evangelio real. Él interpretaba que lo espiritual estaba muy bonito para el domingo en el templo, pero que en la semana y, esencialmente en el mundo de los negocios, había que ser práctico y, en lo posible, más “despierto” que los mundanos. Si “despierto” significa tramposo, entonces cabe perfectamente lo que dice Pablo. Pero este pobre muchacho no es el único, no voy a cargar las tintas contra él ni mucho menos, hay tonelada de esto dentro de las iglesias. Algo así como que está todo bien con Dios, pero en los negocios y manejos empresarios, Dios no tiene nada que ver. ¿Perdón…? ¿¿Nada que ver?? ¿Eso es un hijo de Dios?
Es probable que el leer esto, pienses que soy demasiado duro, o inflexible, o rígido o incluso legalista, ¿Verdad? Tú me conoces y sabes muy bien que no soy nada de eso, pero aquí lo que estoy diciendo, es lo que hace unos cuantos años Pablo, el tremendo Pablo, se lo dijo a Timoteo. Y no sólo eso, concluyó esta descripción negativa con una muy clara expresión: a estos evita. ¡Ey! Nos dice que los evitemos, no que oremos por ellos para que Dios los cambie, mientras les permitimos hacer lo que les da la gana en la iglesia, en la calle, en su casa, con su familia, por causa de tener mandamiento de amar al prójimo. Oye: puedo amar a mis autoridades gubernamentales en el sentido de no maldecirlas, agredirlas o injuriarlas, pero eso no significa que haga alianza con ellas, si están corruptas. Una cosa es ser obediente y otra muy distinta ser cómplice. Y esto también es válido para la organización eclesiástica y todas sus políticas y manejos internos.
Y ahora presta mucha atención a lo histórico con clara tipología actual. Porque todos estos personajes, a los que Pablo recomienda evitar, son los que, según él, se meten en las casas, que en realidad son las distintas religiones o credos auto referenciados como cristianos, y llevan cautivas a las mujercillas, que son las iglesias, cargadas de pecados y arrastradas por diversas concupiscencias, que son los apetitos desordenados, esencialmente en la sensualidad y por natural consecuencia, la sexualidad. Porque luego añade que éstas, las iglesias mencionadas, están siempre aprendiendo, o sea, inmersas en congresos, clínicas, seminarios, y que sin embargo nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad, que es como decir a la libertad. Porque lo que nos hace libres no es la Verdad, que es Cristo, solamente, sino el conocimiento de Él, lo que significa lisa y llanamente, intimidad.
Si pudieras ver el mundo espiritual, verías a estos demonios de maldad entrando y saliendo de las bocas, narices y orejas de los cristianos, procurando robarles al Espíritu de Dios de su interior. Y en algunos casos, si bien no lo consiguen, obstaculizan mucho, ya que hay demasiada gente, hoy, que no quieren saber nada con el Espíritu Santo, por causa de querer solamente satisfacer los deseos de su carne. Esto hace que, en muchos casos, Dios se avergüence de lo que sus hijos llaman “la iglesia”. Entonces se ponen a predicar y a profetizar el gran avivamiento que viene, donde sucederá lo escrito en Joel 2:28, con relación a un derramamiento del Espíritu sobre toda carne. Claro está que se les está pasando por alto que, antes de suceder eso, deberemos pasar por el tiempo de la apostasía. Y mucho me temo que ya estamos viviendo ese tiempo. La iglesia pide fiesta en tiempos de guerra.
Lo de Joel sucederá, sin dudas, pero sólo serán unos pocos los que estarán dispuestos a soportar el sufrimiento para recibir el derramamiento que viene. No te olvides que Dios le quiere dar a su Hijo una novia completa, pura, sin mancha. Entonces, es notorio que la iglesia está, en este tiempo, en el valle de la decisión. Imagínate un enorme valle. Hay multitudes en él. Cristo está de un lado, con sus ángeles, y Satanás está del otro lado, con sus demonios. Los ángeles tienen sus espadas desenvainadas permanentemente, listas para la batalla. Por su parte, del lado opuesto, Satanás y sus demonios se filtran entre la multitud. Sorprendentemente, la gente no clama a Dios en su defensa, sino que miran a los hombres. Ellos buscan desesperadamente un líder, no a Dios.
Grandes iglesias, en número de personas y volumen de edificios, habrán de derrumbarse con gran estrépito en medio de esta batalla. Apóstoles recién ordenados, Profetas, Pastores y Líderes no consiguen resultados porque insisten en operar en el espíritu de la carne, no en el Espíritu de Dios. Entonces tú te preguntarás, aquí, como es que no están allí, ahora, esos ángeles de Dios peleando duro para proteger a esas personas que, como quiera que se estén comportando, parecerían haber sido o ser cristianos genuinos. Es que los ángeles jamás osarían desobedecer a Dios, tal como lo han hecho tantos y tantos hombres. Y si tú clamaras el nombre de Dios, entonces sí Él te enviaría de inmediato a legiones y legiones de ángeles. Pero tú no clamas, tú haces activismo religioso, oracioncitas formales y esperas recibir bendición con ello.
Entiende esto, una vez más. Dios tiene ángeles guerreros para todos nosotros. Tiene ángeles que pelearán por ti y por tu familia, por tus amigos y por tus seres queridos, por tu hogar, por tu trabajo, aún por tu país, eso está escrito y presto a cumplirse. Pero mientras los cristianos tengan y fijen sus ojos en un hombre y no en Dios, tropezarán y caerán. Mientras operen en la carne, Dios no enviará a sus ángeles a pelear por ellos. Ellos aún pueden clamarle a Dios e implorarle que envíe a sus ángeles guerreros para guardarlos de esos insectos demoníacos. La mayor parte de los cristianos hemos deseado, o queremos aún, ver y sentir cosas emocionantes. Sólo un obstáculo: queremos que el Espíritu Santo se manifieste casi en exclusiva para nosotros, los de la iglesia del pastor Fulano.
Queremos, asimismo, que los deseos de nuestro corazón se cumplan, con tantas ansias, que terminamos por engañarnos a nosotros mismos. Esto es especialmente cierto con los padres. Sencillamente, no pueden creer que sus hijos puedan hacer, alguna vez, algo malo. Las personas quieren tanto que los deseos de la carne se cumplan, que estarán dispuestos a aceptar cualquier falsa profecía que viene de la carne, si le habla de riquezas, popularidad, éxito, poder, brillo o cualquier cosa similar en “lo ministerial”. Son tan fuertes esos deseos que no están dispuestos a pedirle al Señor que les muestre si han sido engañados. Porque si se arrima alguien que te pide que hagas la pausa y tengas paciencia a ver como viene todo, no tengo claro si lo vas a escuchar o si, por el contrario, lo despedirás más que rápido y seguirás con esos profetas de la fiesta y el bajo compromiso.
A diario recibo correos de personas muy sinceras, pero que han sido sinceramente engañadas en su ingenuidad y buena fe. Me piden opinión sobre palabras proféticas que han recibido. Algunas, te confieso, me hacen sonreír y pensar: ¿Cómo podemos ser tan crédulos? La respuesta la tengo de inmediato: Nos traicionan nuestras ambiciones y delirios de grandeza. Satanás sólo entra por la puerta que ya está abierta. Tú has leído la misma Biblia que leo yo, así que tienes que saber que es necesario que prestemos toda nuestra atención a lo que Dios dice. ¡Aún los cristianos más fuertes pueden ser engañados! ¡Los más dedicados y fieles pueden ser engañados! ¡Los mismos escogidos! ¡Aún los líderes más irreprochables pueden ser engañados! Eso dice en Mateo. ¡No está hablando de Anás y Caifás, está hablando de ti!
Ante este panorama, cualquiera no podría menos que preguntarse qué esperanza podemos tener. Siempre hay esperanza en un Dios amoroso y misericordioso. Pero, cada creyente tiene que estar dispuesto a ponerse sobre su rostro y humillarse a sí mismo ante Dios, y clamar a Él, y pedirle que lo proteja del engaño. Y algo mucho más importante, todavía. Debemos pedirle que nos revele si ya existe algún engaño en nuestras vidas, sin que nos importe que tan dolorosa pueda ser esa revelación. Entiende esto: cualquiera puede ser engañado, sin que interese cuan fuerte, prestigioso o referente pueda ser.
Satanás siempre obra a través del engaño. Ningún ser humano es lo suficientemente fuerte para resistir los engaños de Satanás por sí mismo. Aún muchos de los ángeles cayeron en su engaño, pese a que estaban de pie delante de la presencia de Dios todo el tiempo. Sólo Dios puede guardarte, pero tienes que ejercitar la responsabilidad de continuamente clamar a Él pidiéndole que lo haga así. Pídele que envíe a sus ángeles guerreros a que peleen por ti y por otros, y a pelear por su iglesia genuina y por tu país. Él los enviará, pero tú tienes que pedírselo. Cuando el Señor tiene la bondad y la misericordia de mostrarte algunas cosas que para una gran mayoría están todavía ocultas, te sientes con mucho gozo. Pero ese gozo se te empieza a desmoronar un poco cuando, a partir de lo que sabes y enseñas, te llega la persecución de los que hasta ayer eran tus “amados hermanitos.”
Es que hay una pelea muy fuerte contra la carne, y no hay prácticamente nadie que le esté enseñando a la gente como batallar contra esos deseos. Hay unos pocos enseñando el verdadero camino de Dios, y los que lo están haciendo, están siendo ferozmente atacados por Satanás. Que los cristianos siempre están dispuestos a creer cualquier tipo de mentira en contra de cualquiera, me recuerda una escritura muy conocida, pero poco enseñada desde los púlpitos. Y es la que Pablo le escribe a Timoteo en su Segunda Carta, y le pide que les recuerde algo a los discípulos de su discípulo, que no contiendan sobre palabras, porque eso no aprovecha para nada y es perdición para los oyentes. ¿Sabes las veces que he debido hacer silencio ante intentos de debatir por palabras, por parte de gente adiestrada en las rutinas de la religión evangélica, y no según la palabra revelada en la Biblia?
Además, ¿Sabes qué? La mayor parte de los llamados “foros cristianos”, supuestamente creados para crecimiento y maduración de los creyentes, son centros de debate, precisamente, sobre palabras y Palabra. Y allí, gente con mucho prestigio, sale y asegura que eso hace madurar y crecer a la gente. Pregunto: ¿No entendieron? Por eso Pablo insiste en presentarse ante Dios aprobado como obrero que no tiene de qué avergonzarse. ¿Y cuándo un obrero está en esas condiciones? Lo dice luego: cuando usa bien la palabra de verdad. Eso me deja implícito a mí y te lo deja a ti que, si Pablo está diciendo eso, es porque hubo, hay y seguirá habiendo gente que NO usa bien la palabra de verdad. Sucede que, para una gran mayoría de cristianos, sigue siendo lo más importante, trabajar para Dios. Muy pocos entendieron que no es tan importante que Dios te use, sino que Dios te apruebe.
Por eso les recomienda que eviten profanas y vanas palabrerías, porque ellas conducen a la pérdida de espiritualidad. Creo, modestamente, que mucho de lo negativo que hemos visto en nuestras iglesias en los últimos tiempos, pasa por esto. Se usa muy repetitivamente el palabrerío mitad biblista, pero con la otra mitad en una mezcla de humanismo, ciencia, filosofía y hasta esoterismo disfrazado. No te olvides que una gran cantidad de áreas del ocultismo operan, según ellos, cobijados por Dios mismo, Jesucristo o los ángeles. Y lo peor de todo, es que hay muchos cristianos que son engañados y les creen. Conocí gente que se veía a sí misma como enormes guerreros de oración, pero que, a la hora de orar, lo único que hacían era repetir palabras clásicas y tradicionales varias veces, con lo que invertían mucho tiempo en esa oración, es cierto, pero sin decir nada específico. Eso también es vana palabrería.
Y les pone como ejemplos a Himeneo y Fileto, un par de falsos maestros que con doctrinas también falsas, llegaron a trastornar la fe de muchos. Esto me deja en evidencia que ya existían las falsas doctrinas teológicas infiltradas por Satanás en el marco del pueblo de Dios. No es algo nuevo ni de este siglo veintiuno. Es la técnica satánica desde siempre. Y le sigue dando resultado. Si quieres, súmale las redes. De todos modos, se especifica puntualmente que el fundamento de Dios tiene un sello, que es obviamente es el del Espíritu Santo y permite que por esa vía Él conozca a los que son suyos. Aun así, todo el que invoca el nombre del Señor, lo primero que deberá hacer es apartarse de toda iniquidad. Propia o heredada. Si es propia, con arrepentimiento y perdón. Si es heredada, con corte y restauración generacional.
Esta es nuestra máxima garantía: que Dios conoce a los que son realmente suyos. Eso significa que también sabe muy bien quienes no lo son, aunque declaren serlo. Entonces, la gran pregunta, es: ¿De qué les sirve? Hay una mezcla de cosas buenas. Esto, creo, pinta casi de una manera perfecta lo que nosotros llamamos “la sociedad” humana, vista con la óptica de Dios y no la del hombre, que suele pretender perfección en los demás, cuando él mismo es imperfecto por donde se lo mire. Porque, de paso te reitero lo dicho, si lo del yugo desigual sigue en pie, y de hecho sigue, nosotros de ninguna manera podemos ser parte de una sociedad no ya con incrédulos, sino con la flor y nata del delito, la corrupción y la degradación humana. Por eso Pablo insiste en que debemos limpiarnos de todas estas cosas, porque será el único modo de ser instrumento de honra, santificado y útil al Señor.
Esto es para que entiendas que, si no te limpias, hagas lo que hagas, no eres útil para el Señor, aunque puedas serlo para una congregación o un pastor. Es decir que no se trata de ir todos los domingos a un templo, a reunirte con gente que ni siquiera sabes si creen en lo mismo que crees tú. Lo que vale es reunirte con personas que invocan a Dios con corazones limpios. Además, hay un punto que, cuando yo lo expreso, siento que me miran con ojos torcidos, pero no le hace. No trato de hermano a ningún desconocido que dice serlo. Sólo lo hago con los que me consta, son hijos de mí mismo Padre. ¿Los otros? Amigos y compañeros de la mejor ruta del universo. Pero hermanos, cuando el Espíritu me muestre que lo son. ¿Por qué hago esto que suena tan antipático? Porque si no discernimos, corremos el riesgo, (A mí me ha sucedido), de llamar “hermano” a un demonio. Y ya no se me antoja hacerlo, te lo aseguro.
Desechar cuestiones necias, es otro mandato paulino. Cuando no te responda a un correo en el que me preguntas si creo que la salvación se pierde o no se pierde, ya lo sabes. Estoy desechando cuestiones necias que sólo traen contiendas. Porque Pablo nos hace saber, a todos los ministros, que no seamos contenciosos y que no nos fastidiemos por cosas mínimas. Que seamos amables para con todos por igual, se lo merezcan o no. Que seamos aptos para enseñar, esto es, que se nos entienda lo que enseñamos. Que seamos sufridos, o sea que, si alguien nos agrede o injuria, no responderemos con las mismas rutinas que ellos. Que corrijamos los errores de quienes se nos oponen, pero con mansedumbre, sin lastimar, despreciar o humillar. Y nos recuerda que a toda esa gente a la que a veces quisiéramos ver lejos de nosotros, el Señor también las quiere salvar.
Ahora espero que me entiendas cuando no quiero entrar en opiniones o debates sobre la Palabra de Dios. No me interesa. Yo sé que sé, y no me interesa si tú crees que sé lo que sé, o no. Ese es tu problema, yo velo por el mío. Es tiempo de que la iglesia deje de discutir y pelear acerca de las enseñanzas de Cristo. El pecado es pecado y se terminó la discusión. El negro es negro y el blanco es blanco. Dios nunca quiso que estuviéramos divididos. Pero Él dijo que podemos ser diferentes. Todos debemos ser de una fe, un cuerpo, una mente. Sólo hay un Dios, un Hijo de Dios y un Espíritu Santo. Toda esa diversidad que nace después y que muchos bendicen argumentando que enriquece, es sólo carne. Todos estamos juntos para construir el Reino de Dios, no para separarlo a causa de nuestros deseos carnales de ser grandes e importantes.
Tenemos que volvernos de murmuraciones profanas y ociosas. No tenemos que disputar entre nosotros ningún punto que produzca división y odio. Los mensajes de Himeneo y Fileto se extendieron como cáncer en su día. Lo mismo está sucediendo hoy. Simplemente mira a los políticos que están compitiendo para una presidencia o para ser jefes de un Gobierno. Nunca vemos lo bueno en la vida de alguien, sólo queremos ver lo malo. ¡Cada hombre tiene las dos cosas! Jesús nos enseñó que un reino dividido contra sí mismo no permanecerá. Entonces, podemos elegir ahora, en este preciso momento, ya. ¿Queremos ángeles guerreros a nuestro lado? Podemos gritar ¡Satanás, sal tú y tus demonios de detrás de mí en el nombre de Jesús! ¡Aléjate de mí! ¡Quiero servir a Dios!
¿Qué vasija quieres ser en el Reino de Dios? El duro hecho es que tu corazón puede engañarte. Tú puedes pensar que Dios te está hablando cuando en verdad es tu carne, o un demonio que se alimenta de tu carne. ¡Tú puedes ser engañado! ¿Estás dispuesto a ponerte sobre tu rostro ante Dios, y pedirle que te muestre si estás siendo engañado sin importar que tan dolorosa pueda ser la verdad? Muchas personas nunca están dispuestas a ver que son engañadas, porque la verdad es demasiado dolorosa para ellos enfrentarla. Ellos serán fácilmente atados por los espíritus demoníacos. Tú puedes ser, como lo dice un excelente libro que alguna vez he leído, una vasija para honra del reino de Dios. Y no tienes que ser perfecto para ser una. Pero sí tienes que estar arrepentido.
Tienes que tener los frutos del Espíritu Santo en ti, que son: amor, gozo, paz, largo sufrimiento, amabilidad, bondad, fidelidad, suavidad y auto control. Ya sé que no figuran así, pero los que hablamos el idioma español, podemos tomarnos la licencia de transferirlos a nuestro idioma sin hacerles perder su significación esencial. Hemos dejado de amar, no conocemos el gozo de Dios, la mayoría de las familias no tienen paz en sus hogares, los hijos e hijas de Dios no están compartiendo el largo sufrimiento de cada uno cuando vienen los problemas, nos olvidamos de ser amables, no parece haber mucha bondad ya en nuestras vidas, y muy pocos son fieles a Su Palabra.
Hemos olvidado como ser considerados con otros, ya no tenemos control propio y somos sujetos a arranques de cólera y enojo. Como dice Pablo a los Gálatas, los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si queremos vivir en el Espíritu, como se nos ordena, entonces tenemos que empezar a caminar en el Espíritu. Dejemos ya mismo de ser orgullosos y de provocarnos los unos a los otros. Dejemos de ser envidiosos de otros. Pregunto: ¿Dónde estará, en este tiempo, la tan difundida amistad cristiana en la iglesia? ¿Dónde está el perdón incondicional? El pasado es el pasado. Busquemos una nueva vida en Cristo de este día de hoy, en adelante. No sean engañados, Dios no puede ser burlado. Tú cosecharás lo que estás sembrando. Eso será igualitario para todos, sin distinción ni privilegio alguno.
Recuerda esto: perdona, perdona y sigue perdonando siempre. ¡Y olvídalo! Este es el mensaje de Dios para ti. Enterremos el pasado de una buena vez y para siempre. Escalemos ese valle de decisión y pongámonos de pie con Dios y sus ángeles guerreros.
Déjame, ahora, advertirte en lo que pueda. Suponte que tú te sometes a algún así llamado profeta. Le permites que ponga sus manos sobre tu cabeza y te profetice, falsamente, que vas a ganar grandes riquezas. Según tú aceptas esta falsa profecía, por causa de tu deseo carnal por riquezas y vida fácil e importante, tú estás aceptando demonios en tu vida. ¿Lo puedes entender? Desde ese punto, tú creerás que oyes de Dios, y recibirás falsas visiones que te llevarán a terribles problemas, según tú intentes cumplir con la profecía. Por esto es que la iglesia, hoy, está tan abierta a cada plan de “hágase rico rápido” y a cada artista del engaño que existe. La gente piensa que oye a Dios y se envuelve en estas cosas a causa de las falsas profecías en sus vidas. En lugar de eso, obviamente, están oyendo a espíritus engañadores, demoníacos o a su propia carne.
Cuando tú cedes a los deseos de la carne, uno de los más grandes es la idolatría. La idolatría es valorar algo más que a Dios. Muchas veces he visto hijos adultos destruir a sus padres porque los padres los valorizan más a ellos que a Dios. Los padres son incapaces de creer que sus hijos alguna vez harían algo malo, y por tanto, los capacitan para operar en todo tipo de pecado, tratando de traerlos a mucho éxito en sus vidas. Dios a menudo trabaja a través de nuestras derrotas más que a través de nuestros éxitos. Debemos primero mostrar ser fiel en lo poco antes que Dios pueda darnos mucho. Descubrir que has sido engañado, es una de las experiencias más dolorosas que una persona pueda enfrentar, pero es desde el único lugar de donde puedes retornar en victoria total.
Diezmos y ofrendas. Quiera o no quiera, me guste o no me guste, por obediencia, tengo que hablar de este tema con la mejor autoridad que podría mostrar ante ti: no tener intereses personales en el asunto. Si tú diezmas o no diezmas, si ofrendas o no ofrendas, no es algo que a mí me favorezca o me perjudique. No estoy al mando de ningún grupo cristiano y no necesito ser sostenido por nadie más que mi Padre celestial, como lo ha sido siempre. Y si alguna vez recibo alguna ofrenda o diezmo, lo hago por obediencia al mandato: bendecir y ser bendecido. Pero jamás por pedirlo o manipular las mentes para obtenerlo. Lo que quiero es, definitivamente, dejar un aporte que sea capaz de darle algo de claridad y transparencia a algo que, durante años y años, ha sido una especie de asignatura pendiente en la estructura fundamental de la iglesia evangélica, a partir de algo que me ha mostrado el Señor en este tiempo.
¿Es el diezmo algo que los cristianos debemos realizar sin discusiones ni condiciones? ¿Es – ¿Como sostienen tantos teólogos -, un asunto que concernía a la etapa de la Ley, que ha quedado abolido desde la instauración de la Gracia? ¿Es un fraude o engaño material de inescrupulosos disfrazados de pseudo ministros? Quiero ver en primer lugar, lo que nos dice un buen diccionario bíblico al respecto: Diezmo: Décima parte de la renta de una persona; se dedica a usos sagrados. Varias naciones de la antigüedad lo practicaban, y era conocido por los patriarcas del Antiguo Testamento. La ley mosaica lo establecía sobre los frutos de la tierra y el ganado. Era entregado en su totalidad a los levitas, para el sostén de ellos y el culto. Esta práctica decaía a veces, mereciendo amonestaciones, que solían ser oídas y obedecidas.
El pago de diezmos continuaba en tiempos de Cristo, pero no fue prescrito a los cristianos ni por Cristo ni por los apóstoles. Bajo la economía de la gracia se espera de todo creyente que aporte con corazón bien dispuesto como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. Así es como está escrito. El creyente es exhortado a dar no por una norma impuesta, sino presentándole el ejemplo de Gracia del mismo Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico. No sólo es el diezmo del cristiano lo que corresponde al Señor, sino todo su ser, puesto que ha sido comprado por precio, y debe así venir a ser eficaz administrador de todo lo que el Señor ha puesto en sus manos para la gloria de Dios.
Eso dice un diccionario bíblico. Ahora bien: yo quiero trabajar en un texto que, conforme a lo leído recién, siempre hemos enseñado que pertenece a una de esas amonestaciones antiguas e históricas, pero que mi Señor me mostró desde una nueva óptica: el libro del profeta Malaquías. En realidad, nadie está muy seguro que el libro haya sido escrito por alguien con este nombre, ya que no figura absolutamente en ningún otro texto bíblico del Antiguo Testamento. No son pocos los que le adjudican a Esdras esa autoría, pero lo cierto es que en general, se ha optado por valorar la obra relacionándola con el ignoto profeta de nombre Malaquías. Y digo ignoto, porque a diferencia de otros libros proféticos, en este no se dan detalles del autor. Simplemente se dice que es Profecía de la palabra de Jehová contra Israel, por medio de Malaquías. Y en el avance de su lectura, nos encontramos con el texto básico del tema en cuestión.
Es cuando el mencionado Malaquías consigna que Dios, en forma de pregunta, expresa si realmente robará el hombre a Dios. Y que ante la respuesta humana tendiente a no saber de qué se trata eso, les responde que ellos le han robado con sus diezmos y ofrendas. ¿Recuerdas haber leído eso, alguna vez? Los eruditos coinciden que esto tiene que ver con un robo a los levitas por parte de la gente que los sostenía, y que describe el libro de Nehemías. Allí termina diciendo que serán malditos con maldición porque ellos, la nación toda, no sólo algunos, le han robado. Si a esto lo lee un joven actual, con esa espontaneidad tan peculiar con la que ellos se comunican, diría: “¡Eh, Dios! ¿Cómo vas a ponerte tan duro con ellos? ¡Tú eres un Dios bueno! ¿Cómo vas a maldecidlos solamente por eso?”
¡Claro! De hecho, da para opinar así desde nuestra postura habitual de gente muy buena, quizás hasta más buena que Dios, ¿No es cierto? Sin embargo, si retrocedemos un poco en la historia, veremos que Dios ya se los había advertido. Porque si mal no recuerdo, antes de llegar al pasaje más famoso de Malaquías y más utilizado en sus prédicas por pastores de flacos presupuestos, Dios les dice a los sacerdotes algo que muy bien puedes interpretar que era para los levitas, pero también puedes pensar que como hoy somos todos un pueblo de reyes y sacerdotes, y también todos ministros competentes, nos cabe perfectamente. Les dice que, si no oyen y deciden de corazón dar gloria a Su nombre, enviará maldición sobre ellos e, incluso, maldecirá sus bendiciones. ¡¡A los sacerdotes les dice eso!!
Pregunta que parece tonta pero no lo es: ¿Por qué es que Dios dice que va a maldecirlos? Porque le han robado. Por lo tanto, independientemente de lo que tú puedas opinar o interpretar, esa clase de robo es, para Dios, una manera de omitir dar gloria a Su nombre. ¿Está claro? Y luego llega el pasaje de la gran polémica, ese que con el correr de los tiempos ha solidificado posturas y también ha justificado hasta defraudaciones y confirmado aboliciones. Ese que dice que traigas todos tus diezmos al alfolí y que haya alimento en su casa. Y que, si lo haces, derramará bendición hasta que sobreabunde y serán abiertas las ventanas de los cielos.
¿Cuántas veces escuchaste la lectura de este verso? Yo, unas cuantas. La mayoría, en ciertos congresos multitudinarios, esos en los que los pastores del lugar se dividen la participación, ¿Has visto? El presidente del consejo presenta al predicador, el más joven dirige la alabanza, el más teólogo elige el texto bíblico a leer, e, inexorablemente, hay uno que es designado para hablarles a los presentes un buen rato, antes de levantar las ofrendas. Ese, de cajón te lee este versículo. Sin embargo, de ese texto podríamos extraer muchas cosas más de las que aparentemente dice. En primer lugar, dice que deberemos traer TODOS los diezmos. No una pequeña parte, no lo que nos gusta o nos parece; dice Todos. Y cuando Dios (Y Él es quien habla) dice Todo, es exactamente eso: todo.
Después añade que debemos traerlos al alfolí. En aquellos tiempos, el alfolí era una especie de granero donde se guardaban los cereales. Si se diezmaban cereales, era justo y lógico que se los introdujera allí. Pero hoy, el alfolí es el sitio en donde tú guardas tu alimento espiritual. Entonces es momento de preguntar: ¿Estás recibiendo alimento espiritual del lugar en donde estás guardando tus diezmos? No me dirás que es mala la pregunta, ¿No te parece? Porque esto tiene que ver con otra de las cosas que leemos en el “famoso” verso en cuestión. Y haya alimento en mi casa. ¿Qué significa que haya alimento en mi casa? Significa que Dios impone, como regla incondicional para los autodenominados como alfolíes, que se esmeren en producir alimento espiritual, y no disfrazarse con discursos humanos, filosóficos, teológicos o emocionales.
Pero después de todas estas reglas, hay un desafío de parte de Dios. Él dice: ¡Ey! ¿Tienen temor de desprenderse de algo? ¿No creen lo que les digo? ¡Aquí estoy! ¡Hagan la prueba y verán si no cumplo con todo lo que prometo! Porque, después de esas reglas y ese desafío, hay una promesa. Que todavía está muy vigente, porque lo que puede haber caducado en la cruz, habrá sido la etapa de la Ley, pero nada dice respecto a las promesas, que no sean la vigencia y permanencia de Dios en todo lo que dice. Así es que, tú puedes no dar nada porque no hay ley que te obligue, pero si lo haces de modo voluntario con la finalidad de apropiarte de la promesa, eso es válido y se activa en el mismo momento.
Y esa promesa nos asegura que Él abrirá la ventana de los cielos. Y que luego derramará, (No que lo otorgará en cuenta gotas, o gotita a gotita) que derramará a raudales, bendiciones hasta que sobreabunden. ¿Y qué cosa es sobreabundar? Sobreabunde: Strong. 1767. La palabra original usada es day. Suficiencia, plenitud, una cantidad lo suficientemente grande, algo inconmensurable. Day aparece cerca de cuarenta veces en el Antiguo Testamento; por primera vez en Éxodo, donde se refiere a una ofrenda voluntaria de oro y otros objetos. El pueblo ofrendó de una manera tan dadivosa, que las Escrituras describen su ofrenda como “más que suficiente”. Day se encuentra en el título de la famosa canción de agradecimiento de la Pascua, titulada Dayenu, que significa “Sería suficiente para nosotros”.
Cada verso relaciona algo que Dios hizo por Israel en el Éxodo y concluye diciendo que, si hubiera hecho solamente eso y nada más, habría sido “suficiente para nosotros”. De manera que, cuando Dios dice que, si llevamos todos los diezmos al alfolí, el derramará bendición hasta que sobreabunde, lo que está diciendo es que nos dará todo lo que sea suficiente para nosotros. Allí es donde podemos encontrarnos con otra discusión permanente: que cosa es suficiente para mí y si eso que es suficiente para mí también puede serlo para ti. Es notorio que no. Por eso Dios, cuando dice que nos suplirá, jamás habla de nuestros deseos, ambiciones o proyectos. Él dice que suplirá nuestras necesidades, que es exactamente lo mismo que decirnos que nos dará todo aquello “que sea suficiente para nosotros”, más allá de nuestra voracidad o ascetismo. Ah, y que lo que sea suficiente para nosotros, será justo lo que necesitamos poseer para poder cumplir con la misión divina que nos ha sido conferida desde nuestro nacimiento.
Quien no esté familiarizado con este término, ascetismo, le recuerdo que ascetismo es, una calidad de asceta. Y un asceta es lo dicho de una persona que se dedica particularmente a la práctica y ejercicio de la perfección espiritual. Es verdad que mucha gente que está hoy incapacitada por su propia pobreza, lo está por causa de su desobediencia a la Palabra, pero también convengamos en que no son pocos los inescrupulosos que utilizan esta verdad bíblica para manipular emociones e intereses de la gente y abusarlas en su provecho. La Teología de la Prosperidad, (Se denomina así a ciertas doctrinas muy pintorescas que andan predicando miles de ministros por todo el mundo) suele basarse en una especie de canje: te doy mil para que me devuelvas cinco mil. No sé de dónde sacaron esto, pero que les da resultados económicos privados, se los da, sin dudas.
Yo he visto a gente difundiendo eso. Y no lo vi en una plaza de una población o un pequeño salón con diez sillas desvencijadas. Lo vi en una de las iglesias más grandes, en lo estructural y edilicio. El hombre llamaba a los que tenían en pesos argentinos un equivalente a 300 dólares, para ofrendar. Los que los tenían, debían ir corriendo y arrojarlos en la plataforma. En honor a la verdad, no vi ninguno de estos ofrendantes. Y tampoco los de la mitad de esa cifra. Pero de treinta dólares para abajo, fue un festival de billetes. Hubo un momento en que el predicador saltaba y vociferaba sobre una pila de papeles de distintos valores. No supe, con el transcurrir de todos estos años, que ninguno de aquellos ofrendantes a los que en mayoría conocía, haya cosechado un gran éxito por ello, pero sí estoy seguro que el hombre se llevó una muy buena cosecha para su país.
Seguimos confundiendo groseramente el significado de dos palabras muy parecidas que, sin embargo, no quieren decir lo mismo: creyentes y crédulos. El creyente es el genuino hijo de Dios que vive por la fe y confianza en el Padre. El crédulo es el que se cree sin dudar ni consultar con su Biblia, y mucho menos en oración con el Espíritu Santo, todo lo que le dice el que considera como referente de su congregación o0, en todo caso, alguna visita de prestigio. El resultado te lo puedes imaginar. Sin embargo, a poco de seguir leyendo, vamos a darnos cuenta que, el hecho de cumplimentar esa directiva del Señor, (Directiva que, según muchos teólogos y comentaristas, deja de ser válida en este tiempo porque pertenecía a la ley, ya que está inserta en lo que es un libro del Antiguo Testamento, con palabra profética para aquel tiempo) no sólo nos producirá beneficios de bendiciones hasta que sobreabunden.
Pero resulta ser que hay algo más en ese texto, que no siempre ha sido predicado en conjunto con el versículo estrella. Y no lo ha sido por una sencilla razón que podrás comprobar ni bien te diga algunos de sus principios o conceptos. Dios dice que también, (O sea que además de todo lo otro, también esto), reprenderá al devorador para que no les destruya el fruto de la tierra ni sus tierras sean estériles. Lisa y llanamente, de lo que Dios nos habla aquí, es de lo que vulgarmente solemos denominar como guerra espiritual, pero que no es otra cosa que la manifestación satánica en contra de nuestros intereses, porque el infierno sabe que, si lo consigue, nos desmoralizaremos y descenderá nuestra calidad y cantidad de fe, que es lo único que lo combate y lo vence. Obviamente, en ciertas y determinadas denominaciones y congregaciones, esto no se puede predicar. No lo creen. Es cosa del pasado, según ellos. Ay…
Me pregunto: ¿Sabría de antemano, Dios, que habría tantas discusiones en torno a este asunto, que, para evitar suspicacias, se preocupó en hacernos saber, casi en cada versículo, ¿Que lo que estábamos leyendo era su opinión y su Palabra? A mí siempre me llamó poderosamente la atención que, en este pasaje, y a diferencia con casi todos los demás del resto de la Biblia, Dios nos lanza casi una especie de desafío. Nos dice que podemos, que tenemos su autorización y hasta su complacencia para probarlo, también en esto. Que deja en pie la posibilidad de probarlo, asimismo, en algunas otras cuestiones espinosas. Él dice que, al retener las ofrendas, le hurtamos a Él el privilegio de derramar grandes y abundantes bendiciones. Hace el llamado para que renovemos nuestras ofrendas en esa promesa. Primero, habrá “alimento”, que son como recursos, para la obra divina.
Segundo, dice que quienes ofrenden estarán en posición de recibir grandes y abundantes bendiciones. Es como decir: ¡Eh! ¡Despierta! ¡Tú puedes experimentar como se abren las ventanas del cielo para derramar bendiciones que no podrás “recibir”, esto es: sostener entre tus brazos! Tercero y muy importante: Dios dice que, como consecuencia de ello, Él reprenderá al devorador por nuestra causa. Hará que toda bendición destinada a llegar a ti, no pueda ser detenida ni por el mismísimo Satanás. Queda la conclusión más que obvia: no tengas miedo de probar a Dios con tus ofrendas. Él es el Señor y pasará exitosamente la prueba. Sólo presta debida atención a donde ofrendas. Una cosa es ofrendar al Señor y otra dejarte robar por inescrupulosos pseudo ministros.
Respecto a los ataques satánicos relacionados con tu economía doméstica, hay un muy conocido texto en el libro de Joel que tiene que ver con el tema. Es el que te dice que lo que quedó de la oruga comió el saltón y así sucesivamente, pasando por el revoltón y la langosta. Parece algo superfluo que sólo te está hablando de… ¿Cuatro bichos distintos? No. No son cuatro bichos distintos. La oruga es este ser en el principio de su gestación. Al poco tiempo, se convierte en un saltón. Luego, cuando crece más, pasa a ser un revoltón para, finalmente, cuando se desarrolla al máximo, se convierte en una langosta, que es la tipología de un demonio. De allí que la suma de ellos, hayan sido denominadas como “huestes de maldad”.
Por esa misma razón, en el mismo libro de Joel, más adelante, hay una referencia muy clara a la respuesta de Dios como fórmula adecuada para recuperar lo perdido. Allí te asegura que habrá de restituirte los años (Y los daños) que comieron la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta. Es decir que, en tanto nosotros cumplamos con nuestra misión, Dios correrá con los gastos que la misión produzca. Y uno de los gastos ineludibles de cualquier misión espiritual, es pelear. Aquí queda más que claro que es el Señor quien pelea tu batalla, siempre y cuando tú cumplas Sus órdenes en lo cotidiano. En cambio, si tú eliges hacer “la tuya” en lo diario, Él tendrá que abstenerse a tomar partido a tu favor en lo espiritual fuerte.
Ahora bien; todo esto, no tengo dudas, está interesante y se puede tener en cuenta para tomar decisiones. Pero convengamos en que está muy lejos de tener algo revelador que sacuda nuestros entendimientos, tal como te anticipé que iba a mostrarte. Porque el libro del profeta Malaquías, que es el último en el ordenamiento bíblico del Antiguo Testamento, siempre se ha enseñado que responde a conceptos relacionados con la Ley y todas las cuestiones que tenían que ver con ella, allá en los viejos tiempos del Viejo Pacto. Todo esto sería intrascendente, y dejaría sin fuerza cualquier cambio en su interpretación. Pero se me ha mostrado algo que me cambia la óptica, que me hace retroceder en búsqueda de nuevos puntos y que me lleva, finalmente, a repensar lo enseñado y aprendido.
Porque aquí vas a ver que te dice que Él enviará su mensajero, que será el que preparará el camino por delante de Él, y que tras él vendrá el Señor al que todos están buscando. Yo no sé qué te han enseñado a ti respecto a este pasaje, pero sospecho que algo muy similar a lo que me enseñaron a mí: que cuando dice que envía su mensajero a preparar camino, está profetizando sobre Juan el Bautista. Y que luego, cuando dice que vendrá el Señor, se refiere proféticamente a Jesús. Por todo eso, hemos determinado a este libro de Malaquías, como un libro profético. Y que en realidad es un libro profético es así, no tengo dudas. Pero de lo que sí la tengo, en cambio, es del tiempo al cual está apuntada esta profecía. Viniendo de un libro que está insertado dentro de los del Antiguo Testamento, parecería ser que, para aquel Viejo Pacto, ¿No es así?
Sin embargo, hay una palabra que no pude hallar en las mejores concordancias, pero que, en todas sus acepciones, ha sido traducida de la misma manera, inclusive en otras versiones confiables de la Biblia. Esa palabra es: Súbitamente. El diccionario de la Real Academia, (No conozco algo más confiable para nuestro idioma), dice que Súbitamente, es “De manera súbita”. Súbito, o Súbita, entonces, es un vocablo proveniente del latín subitus, y quiere decir: 1- Imprevisto, repentino. 2- Precipitado, impetuoso o violento en las obras o las palabras. 3- De repente, súbitamente. Esto, creo, ya te está dando una idea del significado de esta palabra, que para asegurarme si realmente era la que en los originales se había usado, (Reitero: las concordancias no la registran), revisé otras versiones de la Biblia. En casi todas está el mismo término, salvo en una, que es –dicen- una traducción directa de los originales al español, sin pasar por el inglés, dice “De pronto”, que significa más o menos lo mismo.
Entonces me fui a la Biblia para ver, en cuantas ocasiones esta palabra está usada y en qué contexto, porque ya una idea comenzaba a formarse en mi entendimiento, y no precisamente por impulso carnal o intelectual. Encontré cuatro, contando el nuestro. El primero, está en el libro de los Números, en un pasaje destinado a especificar los votos del nazareo. El nazareo era un sustantivo derivado de un verbo que podríamos traducir como “apartar”. Esto es: eran votos de gente que decidía apartarse para Dios. Y es en ese detalle donde encontramos el verso mencionado. De todo lo dicho, lo que interesa a nuestro trabajo, es que se habla de una muerte repentina, inesperada, súbita. El segundo texto, está en el Segundo Libro de los Reyes. En el capítulo 13, se hace alusión a la muerte de Eliseo, el gigante de la fe que hizo tantos milagros durante su vida, (Y hasta uno después de su muerte), y que curiosamente muriera de una enfermedad. El milagro post-mortem. Sin embargo, nuestra palabra está inserta aquí para mencionar a una banda, un grupo, que llegó de una manera imprevista, de pronto, y obligó a un sepelio desprolijo.
El tercer texto, está en el Libro de los Proverbios. En este verdadero manual de comportamientos y estilos de vida conforme a la voluntad de Dios, nos encontramos con el Sexto, que nos habla de las Promesas Peligrosas, la Necedad de la Indolencia, El Hombre Malo y los Riesgos del Adulterio. El nuestro está dentro del bloque referido al hombre malo. Aquí también el término suena bastante claro. Se trata de algo que vendrá súbitamente. De repente, imprevistamente, de pronto. Y así llegamos a nuestro texto base. Y aquí es donde tengo un problema: me cae claro que cuando habla de mensajero, podría estar refiriéndose proféticamente al Bautista, pero no me resulta tan coherente, que cuando habla de la venida del Señor, me diga que será súbitamente. Porque conforme a lo que vimos en todo el contexto bíblico y gramatical, esta palabra significa que vendrá de improviso, de pronto, inesperadamente, sin previo aviso, de repente.
Y si este texto fuera, como me y te enseñaron, una profecía del Antiguo Testamento referida al advenimiento de Jesús con la previa aparición de Juan el Bautista, algo está mal. Porque Jesús fue gestado, es cierto, por el Espíritu Santo en el vientre de María, pero estuvo allí los nueve meses reglamentarios y correspondientes para la concepción de una vida humana. Y llegado el tiempo, esto es: cumplidos los nueve meses, o las nueve lunas, estando por el Censo en Belén, José y María fueron a alojarse a ese establo, o pesebre, donde vio la luz terrenal por primera vez, Jesús. Pero eso de ninguna manera ocurrió súbitamente, sino que se sabía muchos meses antes, e incluso los magos o profetas que llegaron de oriente para adorarle y presentarle sus respetos, también lo sabían previamente.
¿Entonces? Entonces, mucho me temo que el libro de Malaquías no es un trabajo profético relacionado con la primera llegada de Jesús, sino que se trata de algo mucho más profundo y misterioso, que es su Segunda Venida. Que sí sucederá de una manera súbita, de repente, de pronto, de improviso, sin previo conocimiento humano, etc. A eso ya lo sabemos porque así está escrito: como ladrón en la noche… De acuerdo; súbitamente, imprevistamente, pero…hay algo más: ¿Qué se lleva un ladrón que entra a tu casa a robarte? Algo que no le pertenece. No se lleva lo que es suyo. ¡Está bien, Néstor! Supongamos que es como usted dice. ¿Cómo interpretaremos el envío, por parte de Dios, de un mensajero que prepare ese camino? Simple. Ese mensajero podrías ser tú, yo, o cualquiera de los que hayan creído que esto ocurrirá y esté dispuesto a jugarse su reputación para anunciarlo. O todos, en un mismo espíritu, que es lo mismo.
¡Ajá! ¡Pero todavía me queda un pequeño detalle! ¡Dice que el Señor vendrá súbitamente, a su templo! ¿Cuál es ese templo? ¿Dónde se encuentra? ¿A qué credo cristiano pertenece? ¿De qué denominación evangélica se trata? De ninguna y de nada de lo que has dicho. ¿No has leído que tu cuerpo es Templo del Espíritu Santo? ¿No sabes que el Espíritu Santo es Dios mismo? ¿No entiendes que Cristo también es Dios? ¿Nadie te predicó nunca que la iglesia genuina, pura, sin mancha ni arruga, es el Cuerpo de Cristo en la tierra, y por lo tanto templo global del Espíritu Santo? Allí es donde vendrá, súbitamente. Difícil de creer, ¿Verdad? ¿Complicado para aceptarlo, cuando llevamos años y años creyendo, enseñando y aprendiendo otra cosa totalmente distinta, no es así? Sin embargo, te invito ahora a recordar (O enterarte), con tu mente puesta en esto que has recibido hoy, y vas a ver como algunos textos que tantas veces leíste y no entendiste, comienzan a tomar un sentido que antes no te mostraban.
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