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¿Qué Hacemos con las Tribulaciones?

Las palabras sufrimiento, aflicción, padecimiento, tribulación o prueba, parecieran ser parte de un tema desligado del evangelio. Me refiero puntualmente a lo que enseñan muchos predicadores de esos que son rotulados como “de motivación”, porque ellos sólo hacen referencia a que todos tus problemas se acabarán y que siempre lo mejor está por venir. Yo quiero compartir algunos textos que derribarán estos falsos argumentos, porque yo sé que el creyente realmente sufrirá, en algún momento le tocará sufrir, porque no fuimos llamados a vivir la mejor vida en la tierra, ya que sin importar el país, la condición social o la posición que tú tengas, la victoria y el triunfo que debes procurar es sobre el pecado.

Tú podrás tener mucho o poco pero lo importante es que tú tengas paz, aprendas a confiar y a depender de Dios sean las adversidades que se te presenten. No todos seremos procesados de la misma forma, cada quien hasta lo que podrá resistir, pero en todo Dios tiene un propósito donde algo nos quiere enseñar y en todo Él debe ser glorificado. Dios permanece fiel y así como el oro se prueba cuando es pasado por fuego, también con todas las tribulaciones nuestra fe y convicción será probada, así es que, el que no está firme en sus caminos, va a desertar.

Salmos 34:19 Muchas son las aflicciones del justo, Pero de todas ellas le librará Jehová. Te explico. Ser justo es ser, esencialmente, obediente. Y lo que aquí te dice es que ser obediente no te libra de esas muchas aflicciones que en algún momento sobrevendrán a tu vida. Sin embargo, en el final está la parte más victoriosa de este texto. Es donde te asegura que Dios te librará, (Esto significa liberación, rotura de fortalezas y cautiverio espiritual), de todas esas aflicciones. ¿Para qué llorar o quejarse, entonces? ¿No será mejor darle gloria a Dios por esta oportunidad, también?

Mateo 5:10-11 Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Este versículo, aquí donde lo ves, contiene varios elementos a tener muy en cuenta. Primero, dice que son bienaventurados, algo así como que de ellos se hablará mucho y bien en los cielos, de los que padezcan persecución, pero por causa de la justicia, no por cualquier cosa circunstancial. Ha habido gente que ha cometido delitos o fraudes y luego pretenden incorporar la persecución de la justicia a este texto. No funciona. No es un premio a los delincuentes, es un acto de justicia para los jugados por Cristo.

Luego dice que también se hablará de nosotros mucho y bien en las regiones celestiales, cuando se nos insulte, calumnie o injurie, (Esto es vituperar) y nos persigan, pero siempre y cuando estas dos actitudes se den por defender la causa de Jesucristo, no por portarnos mal y degradar la iglesia del Señor con algunos de esos actos que todos hemos visto alguna vez donde quiera que nos congregáramos. Pero concluye con algo mucho más contundente. Dice que todo eso será comprendido en la justicia de Dios a nuestro favor, pero sólo cuando todo eso malo que ellos hablarán de nosotros, sean mentiras. Es decir que, si alguien sale a criticarme porque manipulo a la gente para que me envíe donaciones y yo no hago ni haré jamás eso, estoy protegido por mi Padre celestial que producirá la justicia divina que se le antoje. Ahora, si en mis ratos libres yo me dedico a ver cómo hacer para sacarte dinero a ti, entonces…me temo que Dios no hará absolutamente nada a mi favor, todo lo contrario.

Hechos 9:16 porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre. Es Jesús hablándole a Ananías, un hombre elegido por Él para ministrar y poner en marcha el tremendo ministerio del quel por entonces todavía era un hombre llamado Saulo de Tarso. Y fíjate que no le dice que “quizás” tenga padecimientos, o que “tal vez” le toque vivirlos. Le dice que le es necesario padecer por Su Nombre para ser quien luego estará llamado a ser. ¿Es uno de los pecios a pagar para servir al Reino? Tal vez, pero en esto no hay ni metodologías ni sistemas. Es conforme a la voluntad de Dios lo disponga. Él es Soberano. El verso siguiente de alguna manera lo confirma.

Hechos 14:22 confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios. Esto sucede en Listra. Allí Pablo es nada menos que apedreado. ¿Motivo? Llevar una enseñanza de un dios desconocido y distinto al que ellos supuestamente conocen y creen. Sucede todavía, de la misma manera. Ya no se apedrea a los mensajeros, pero sí se los bloquea, se los degrada, se los calumnia, se los injuria y se los descalifica por no ser parte de la élite “autorizada” para ejercer.

 

No le hace, el Reino penetra por donde se le da la bendita gana a Dios, y no le pide permiso a nadie, entra y toma todo y leuda todo. Eso sí, tal como queda demostrado con Pablo, quienes lo llevan, deben estar preparados para las muchas tribulaciones, (No algunas, muchas te dice), que ese acto conlleva en sí mismo. La gran duda, es: ¿Debemos realmente dar gracias a Dios por las tribulaciones? Muchos no se atreven porque temen estar cayendo en alguna forma de masoquismo satánico, pero no parece ser así en este caso. El verso siguiente quizás traiga alguna aclaración válida.

Romanos 5:3 Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia. Viene hablando de los resultados de la justificación. Y aquí añade algo que no siempre es tomado como está escrito, sino que se intenta convertirlo en una especie de pieza poética bien intencionada pero irreal (sic) cuando la verdad bien honesta es que Pablo dice la justa, la genuina, la que es y nadie acierta a darse cuenta cómo y por qué. Si una tribulación es una congoja, una pena o directamente una adversidad, pueden existir cientos de reacciones a ella, pero la más oportuna según la propia Palabra de Dios, es ejercitar paciencia, ya que a partir de ella, todo lo que venga a continuación, será más sencillo. Y no se quedará allí, ya que más adelante Pablo irá por más.

Romanos 8:18 Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Esto no es un simple consuelo, como tantos se han empeñado en ver. Esta es una declaración profética que tiene que ver con lo que luego dirá el verso siguiente, cuando anuncie la manifestación de los hijos de Dios. ¿Qué cosa será esa manifestación? La simple presencia con unción, poder y gloria de aquellos que por decisión de fe y obediencia, han accedido a la calidad de hijos del Altísimo. Cuando ellos manifiesten todo aquello de lo cual son no sólo portadores, sino legítimos propietarios, cualquier aflicción que hayan experimentado con anterioridad, quedará reducida a la nada. Después de todo, venimos equipados espiritualmente para que eso no nos desacomode.

Romanos 8:35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Viene hablando de todo lo que se puede pasar en esta tierra para llegar a ser como ha sido profetizado, más que vencedores en Cristo Jesús. Y una de las posibilidades de mermar esa potencia de contacto con Él, es a través de las vivencias de tribulaciones de todas las formas, angustias con relación a distintos ataques u ofensas, persecuciones por diversas causas, incluidas las persecuciones internas por diferencias doctrinales,  hambre, que tiene que ver con lo físico, es cierto, pero también con el hambre espiritual, desnudez, que es falta de cobertura divina, peligros diversos y espada, que es palabra aunque no siempre ungida ni divina. El infierno también profetiza. Y si tú te lo crees, probablemente se cumpla. Ahora bien; recuerda este texto: nada de eso podrá apartarte del amor de Cristo; nada.

Romanos 12:12 gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración. La palabra Sufrido, es la palabra griega Supoméno, y significa literalmente “quedarse abajo, o detrás, es decir permanecer, quedarse; figuradamente resistir, es decir soportar (Pruebas), tener entereza, perseverar.” También implica padecer, sostener, sufrido o sufrir. Esto tiene la implicancia general del creyente que, aún padeciendo la más cruel y dura de las tribulaciones, no afloja, no declina, no se acobarda y pelea su buena batalla hasta el final. NO estamos hablando de la tan famosa “resignación” cristiana, un invento del Catolicismo Romano que instauró ese significado en el diccionario de la lengua española. Estamos hablando de ser sufridos a la manera del soldado, esto es: soportando todo, pero combatiendo con fiereza y valentía. Las cuatro palabras finales, te dan la clave para sobrellevar así una tribulación: constancia en la oración. Y si es oración de guerra, mucho mejor.

2 Corintios 4:17 Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria. En este contexto, Pablo viene hablando de la fe y en el vivir por fe. a mí no me terminan de convencer las versiones de la Biblia redactadas en lenguaje popular, porque creo que le hace perder a la Escritura el valor espiritual que tiene, muy por encima de lo intelectual, de la gramática usada y de la sintaxis y contenido de cada pasaje. Sin embargo, aquí puedo recurrir a una que, en el verso siguiente a este, de alguna manera explica el por qué una tribulación momentánea produciría en nosotros ese peso eterno de gloria. Esa versión dice textualmente en el verso 18: Porque nosotros no nos preocupamos por lo que nos pasa en esta vida, que pronto acabará. Al contrario, nos preocupamos por lo que nos pasará en la vida que tendremos en el cielo. Ahora no sabemos cómo será esa vida. Lo que sí sabemos es que será eterna.

2 Corintios 1:5-6 Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación. Pero si somos atribulados, es para vuestra consolación y salvación; o si somos consolados, es para vuestra consolación y salvación, la cual se opera en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros también padecemos. Este pasaje no siempre se ha entendido. Se ha llevado a los argumentos de la teología y se ha convertido en uno de esos textos que se leen para cumplir, pero que no parecen aptos para poner por obra. Sin embargo es todo lo contrario. Pablo te da a entender que de la misma manera que Jesús el Cristo tuvo que sufrir tribulaciones de todos los colores y tamaños con la máxima finalidad de traerte arrepentimiento, perdón, restauración y Reino, así mismo nosotros, si en algún momento somos afligidos por cosas similares, será indefectiblemente con el mismo objetivo. La gran pregunta que surge, es: ¿Estamos preparados para eso? ¿Estamos listos? En el siguiente lo corrobora.

2 Corintios 12:10 Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. No te confundas; esto no tiene nada que ver con masoquismo ni con estoicismo. Nada que ver con buscar sufrimiento como metodología para llegar a un estado espiritual superior. Eso no existe, no al menos en lo que a la dimensión del Reino de Dios se refiere. Aquí lo que Pablo nos está dando a entender, es que lo que más fuerte nos hace, aunque parezca un contrasentido, es el reconocer que somos débiles. El mundo está plagado de cartones pintados que nos hacen creer que son hombres valientes, pero que ante el primer escollo grave se derrumban dando pena. No es eso lo que se espera de un hijo de Dios, así que será muy atinado e inteligente si lo reconoce delante del Padre, para que el Padre lo respalde cuando lo necesite. ¿Y eso sucederá sí o sí? Alguna parte de la escritura, así parecería sugerirlo.

Filipenses 1:29 Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él. Escúchame; que te quede más que en claro. Aquí no estamos hablando de castigos, de pruebas ni de ninguna de esas tantas otras cosas que inventó la iglesia legalista para atormentar a sus miembros con ese tan singular y raro “amor” de Dios. Aquí de lo que Pablo les está hablando a los Filipenses es de un verdadero y real privilegio que tenemos, como cuerpo de Cristo, de pasar por ciertos padecimientos por causa de Su Nombre. No se trata de buscar sufrir para ser más cristianos. Eso tiene otro nombre, no se origina en Dios y no funciona, ya lo sabemos. Se trata solamente de no prestar oídos a ese “evangelio del placer” que se predica en algunos sitios, donde se enseña que ser cristianos es pasarla mejor que un mundano de juerga. Ser creyente es dar todo por la extensión del Reino. Y cuando digo todo, estoy queriendo decir exactamente eso: todo.

2 Timoteo 1:8 Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyosino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios Por lo tanto, no te avergüences de hablar bien de nuestro Señor Jesús. Tampoco te avergüences de mí, que estoy preso por servir a Jesucristo. Al contrario, tienes que estar dispuesto a sufrir por anunciar la buena noticia. ¡Ya Dios te dará las fuerzas necesarias para soportar el sufrimiento! Así es como expresa este verso la versión de Lenguaje Actual. Y a pesar de estar en algunos puntos un tanto fuera del contexto y de la rigurosidad de la Palabra, aquí es atinado leerlo porque nos recuerda algo que suele ser un común denominador en todos los cristianos: una especie de vergüenza a reconocerlo. Una suerte de flojera ante el mundo por el simple hecho de no ser como ellos, omnipotentes poderosos dueños de la vida y la muerte, sino en apariencia un ser débil y timorato que depende de lo que supuestamente le diga un Dios invisible y, para ese mundo, irreal. Participar de las aflicciones, aquí, es aceptar esto como parte de nuestro examen definitivo como hombres de Dios.

2 Timoteo 3:10-11 Pero tú has seguido mi doctrina, conducta, propósito, fe, longanimidad, amor, paciencia, persecuciones, padecimientos, como los que me sobrevinieron en Antioquía, en Iconio, en Listra; persecuciones que he sufrido, y de todas me ha librado el Señor. Lo que Pablo le está recordando y remarcando a su discípulo Timoteo, es que él conoce muy bien el calibre y el tenor de sus enseñanzas, y que incluso eso no es todo, sino que además también tiene muy presente y en claro su manera de vivir y de pensar. Que Timoteo sabe muy bien como el apóstol confía en Dios, y además como ha sido testigo de su paciencia y de su amor para soportar todas las dificultades que un ministerio trae consigo siempre, sea en la época que sea. Timoteo ha sido testigo de cómo maltrataron a Pablo y como llegó a sufrir atrocidades en algunas ciudades. Pero enfatiza en que recuerde como el Señor lo libró de todo eso que en apariencia era tan negativo y frustrante.

2 Timoteo 4:5 Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio. Empecemos por el principio: ¿Qué cosa es ser sobrio? ¿Cómo se entiende la sobriedad? ¿Es acaso esa imagen casi acartonada o de solemnidad que tantas veces hemos visto en determinados lugares conceptuados, precisamente, como serios y sobrios? No. Nada que ver con códigos ni imágenes. La sobriedad es, antes que otra cosa, una gran moderación en todo lo que se hace y, esencialmente, una carencia total de adornos, de oropeles, de íconos puestos para hacer resaltar una figura humana. Muy bien, eso es lo que Pablo le pide a su discípulo, y que además de sostener todo eso, sepa soportar las aflicciones. ¿Eso significa que quizás le vengan esas aflicciones? Sí, aunque más bien de acuerdo a lo que se desprende del texto, le estaría dando ese consejo para cuando no vengan, no si en todo caso vienen…

Santiago 1:2 Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas. A ver; podemos hablar de entereza, de valentía, de sobriedad, de alto nivel de unción de guerra, de todas aquellas armas con las que Dios dota a sus hijos para superar con éxito todas las pruebas a las que sean sometidos. Peo de allí a sentir gozo cuando esas pruebas que en realidad serán crisis importantes lleguen, creo que ya es lo más alto que se le pueda pedir a una persona, a un ser humano de carne y hueso, capaz de sentir, sufrir o padecer. ¿Gozo? Sí, porque luego en el verso siguiente Santiago dirá que ese gozo para superar esa prueba, produce nada menos que uno de los valores más notables que tiene el Espíritu Santo como fruto esencial: Paciencia. Pasar por diversas pruebas producirá paciencia, y la paciencia nos llevará a otros estamentos celestiales de los que nunca quisiéramos irnos.

Santiago 5:11 He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo. Ya sabes el significado de la palabra Bienaventurados. Es como si Dios se complaciera de sobremanera con uno de sus hijos, ya sea por una actitud, una palabra, un pensamiento o una decisión de ese hijo. Es como si se estuviera difundiendo por un canal de televisión celestial, que en el ámbito divino se hablan maravillas de alguien porque ha aceptado sufrir por causa del Nombre que está por sobre todo nombre. No de los buscan sufrir o quieren simular que lo hacen para quedar como héroes, sino de todos los que por alguna causa muy puntual son perseguidos o injuriados por el simple hecho de ser creyentes. Dios habla muy bien de todos los que sufren. Recuerda eso cuando te toque pasar por ese fuego purificador de la prueba dolorosa.

1 Pedro 1:6 En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas. A ver, ¿Realmente tengo que pensar que existe alguien que pueda alegrarse cuando le toca enfrentar una terrible o tremenda prueba? ¿Y no solamente una, sino diversas, como dice aquí? Tengo dos testimonios personales. a los 41 años me quedé sin trabajo en una época de economía muy difícil en mi país. Periodista y no de los famosos sin trabajo. ¿Es que alguien podría darme uno por lo menos igual? Resolví alegrarme como dice esta palabra. Testifiqué públicamente que Dios iba a usar esto para bendecirme y prosperarme. Fue así, conseguí rápidamente un trabajo mejor, a pocas calles de mi casa y con el doble de salario. Y que me retiró cinco años antes de la edad para que yo pudiera dedicarme a full a esto que hago.

El otro: Mi padre estaba delicadamente enfermo. Tenía altísima diabetes y estaba casi ciego y amputado de una pierna. Mi madre estaba sana, pero enferma de los nervios, por causa del alto stress que le traía la enfermedad de su esposo. En Mayo de 1989 hizo eclosión ese estado nervioso y tuvo un paro cardiorrespiratorio. Se murió casi sin darse cuenta. Tres meses después, mi padre que ya no quería seguir viviendo, se pueden imaginar, también dejó esta vida. ¿Podía alegrarme o dar gracias por eso? Lo hice, al menos lo intenté. Poco tiempo después fue cuando surgió la propuesta para hacer radio y con eso el comienzo de lo que hoy es este ministerio. De haber estado vivos mis padres, yo no podría haberlo hecho, ya que me demandaban los días que yo tenía reservados para ir a visitarlos. Ellos no sufrieron, simplemente se fueron. En todo caso yo sufrí, pero el Espíritu Santo supo traer consuelo a mi alma acongojada.

1 Pedro 3:17 Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal. Esto tiene tanta razón, tanta coherencia y hasta lógica, si es que podemos denominar así lo que es palabra de sabiduría, que excede a cualquier comentario.

1 Pedro 5:9-10 Al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo. Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. Resistir los ataques satánicos no es tarea simple ni sencilla. Se necesita, además de una firme autoridad, conocer y disponer de todas las armas que el cielo nos brinda para eso. Y confiar en que nuestro Dios siempre llegara a tiempo para auxiliarnos si así fuera necesario. El mismo Dios hará que a corto o mediano plazo todo vuelva a estar bien y cada uno con las fuerzas suficientes como para seguir luchando.

Apocalipsis 1:9 Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo. Mira lo que dice Juan. Que por confiar en Dios y pertenecer a su Reino, tiene los mismos problemas que cualquiera que no pertenece a ese Reino, pero que en este caso se gloria en la fuerza que Dios otorga para soportar, enfrentar y derrotar esos sufrimientos y anunciar el mensaje que hemos sido enviados a difundir.

No vas a salir ahora a buscar causas para sufrir tribulaciones. Jamás eso te va a acercar a Dios. Él nos hizo saber que podemos acudir a su misericordia, amor y poder cuando estemos en diversas tribulaciones. Nota que no nos dijo que hagamos eso si por una de esas grandes casualidades caemos en alguna tribulación. Nos dijo que cuando nos ocurra, lo pongamos por obra. ¿Qué significa esto? Que, en algún momento de tu vida, alguna forma de tribulación tocará a tu puerta. Será bueno e inteligente que te encuentres espiritualmente preparado para resistirla, sobrellevarla y derrotarla.

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junio 1, 2024 Néstor Martínez