Hay varios textos en la Biblia que mencionan a la honestidad, pero no me gusta colocarlos porque sí, simplemente porque citan al término que estamos aludiendo. He seleccionado tres porque creo que, en ellos, se centraliza la idea de Dios al respecto. Los tres han sido escritos por el apóstol Pablo. (1 Corintios 7: 34-36) = Hay asimismo diferencia entre la casada y la doncella. La doncella tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa así en cuerpo como en espíritu; pero la casada tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido. Esto lo digo para vuestro provecho; no para tenderos lazo, sino para lo honesto y decente, y para que sin impedimento os acerquéis al Señor. Supongo que en tu vida de creyente debes haber oído un sinnúmero de predicaciones basadas en estos textos.
Más allá del resultado concreto y los frutos específicos que la iglesia puede o no puede mostrar hoy, es indudable que la calidad e ingenio de los mensajes siempre ha sido prolífica. De allí que de ninguna manera voy a recalar una vez más en lo que indefectiblemente han recalado todos aquellos que en algún momento leyeron estos pasajes. Quiero decir que no voy a dar una cátedra más sobre problemas de diferencias entre la soltería y el matrimonio. Lo que sí quiero hacer, para hallarle al término que estamos estudiando un significado distinto y fresco conforme a lo que hasta hoy hayas oído, es llevarlo al ámbito espiritual, al plano de lo invisible, de lo revelado y de lo que es tipología de algo sólido y material. Entonces me encuentro con la diferenciación clara que se está haciendo entre dos iglesias clásicas y muy vistas en todo el mundo: la iglesia irresponsable, con poco compromiso, gustosa de organizar fiestas y entretenimientos para su gente, a la cual denominaremos La Doncella, y la iglesia madura, responsable y entregada a la voluntad de Dios, a la cual citaremos como La Casada.
Y fíjate que, si lees estos textos con esta visión global y espiritual, el significado pasará a ser exactamente el inverso a si lo haces de la manera convencional y clásica. Porque en esta última visión, es indudable que la que sale mejor parada del examen es la doncella, mientras que, desde lo espiritual, eso sucede con la casada. Porque la doncella, – dice -, se ocupará de sí misma, embelleciéndose y cuidándose al máximo, con la finalidad de resultar apta a la vista de quienes la examinen. La casada, mientras tanto, (Y ten en cuenta que el esposo es Cristo), sólo dedicará su vida a agradar a su marido. Y es en ese marco donde se señala que esta diferenciación no es dejada en evidencia para que se ingrese en confusión o adoctrinamientos falsos, sino para poder llevar adelante y ejercer todas aquellas cosas que encierren honestidad y decencia.(Filipenses 4: 8) = Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.
El carácter y la conducta empiezan en la mente. Todos nuestros actos cotidianos se ven afectados por aquellas cosas a las cuales damos cabida en nuestros pensamientos. Pablo les recomienda a los Filipenses (Y nos incluye a nosotros, hoy), que se concentren en aquello que les traerá consigo una vida digna y la paz de Dios. ¿Y qué es pensar en todo lo honesto? Pues exactamente eso. ¿O no has caído en cuenta, todavía, de la enorme cantidad de pensamientos deshonestos que intentan taladrar tu mente a diario? Cuidado: pueden ser fabricados por tu propia concupiscencia, pero también pueden haberte sido infiltrados desde afuera. Y añade que también debemos ocupar nuestros pensamientos con todo lo que es de buen nombre. ¿Y qué cosa significará algo que sea de buen nombre? En este texto, la palabra utilizada como vocablo en el original es euphemos, de donde nosotros luego hemos extraído las nuestras Eufemismo o Eufemístico.
El término es una combinación de EU, que significa “bien” y PHEME, que se traduce como “un decir”. Es un discurso gracioso, propicio, digno de alabanza y agradable al oído. Incluye el evitar palabras de mal agüero. Su contraparte en el Antiguo Testamento es lo que se lee en Proverbios 16:24, cuando expresa: Panal de miel son los dichos suaves, suavidad del alma y medicina para los huesos. (1 Timoteo 3: 8) = Los diáconos asimismo deben ser honestos, sin doblez, no dados a mucho vino, no codiciosos de ganancias deshonestas; (9) que guarden el misterio de la fe con limpia conciencia. El Nuevo Testamento no define la exacta naturaleza y los deberes precisos del oficio de diácono, pero el significado de la palabra sugiere la función de servir en calidad de ayudante.
El oficio probablemente surgió cuando se escogieron los siete asistentes de los apóstoles, aunque en aquella ocasión no se les adjudicó título oficial alguno. Yo quiero retornar sobre un punto clave respecto a esta tarea eclesiástica clásica y tradicional. En congregaciones que operan con sistemas democráticos, los diáconos ofician la labor de lo que en un gobierno democrático vendría a ser el poder legislativo. En otro tipo de organizaciones, el diaconado es un cuerpo que se ocupa de formar diferentes comisiones que efectúan labores a las que el pastor, por exceso de trabajo, le resulta imposible acceder o controlar directamente. Sin embargo, la palabra de Dios es clara al respecto, incluso con la traducción de su rango. El diácono es un ayudante, un simple ayudante, un anónimo y muy humilde ayudante.
No ejerce ni debe ejercer liderazgo y está llamado a realizar todo aquello que le sea encomendado por otros. Y, así y todo, la escritura es muy concreta y concisa respecto a sus condiciones. Debe ser una persona honesta y no amante de ganancias deshonestas. Esto es: si para ser un humilde ayudante necesitas tener esos valores, te pregunto qué importancia deberíamos darle cuando se trata de gente con mayor capacidad de mando y movimiento de conducción. Lo que pretendo dejarte en claro, por si no lo has entendido, es que si le estamos exigiendo todas estas cosas a un diácono, que menos podríamos o deberíamos exigirle al pastor. Entonces ahora pregunto: ¿Por qué una falla de un diácono será observada, sancionada y ejecutada mientras que, la misma falla en un pastor, será mucho más considerada y hasta ignorada? Eso se llama espíritu de control. La Segunda Verdad: DIACONAR NO ES MANDAR