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Honestos

La honestidad, se ha escrito en una respetable enciclopedia, es una cualidad humana consistente en comportarse y expresarse con coherencia y con sinceridad (Puede leerse “transparencia”), y de acuerdo con los valores de la verdad y la justicia. En su sentido más evidente, la honestidad puede entenderse como el simple respeto a la verdad en relación con el mundo, los hechos y las personas; en otros sentidos, la honestidad también implica la relación entre el sujeto y los demás, y del sujeto consigo mismo. Hay un concepto occidental de la honestidad y es el que nos señala que esa aptitud es aplicable a todos los comportamientos humanos. No se puede, por ejemplo, decidir obviar información útil respecto a determinada decisión, y sin embargo defender que dicha decisión ha sido tomada con honestidad.

En una de las congregaciones donde estuvimos durante algunos años con mi familia, estaba impuesta desde el liderazgo la coyuntura permanente del secreto. Todo lo que el pastor decidía, respecto al futuro o funcionamiento de la iglesia, se silenciaba; sólo lo conocían los líderes. Recuerdo en una ocasión haberle preguntado al pastor el porqué de esos secretos, y él con la mejor y más bondadosa de sus sonrisas y un rostro que externamente irradiaba una enorme tranquilidad y paciencia, me dijo que lo hacía porque la iglesia aún “no estaba preparada para entenderlo”. Honestidad…

El caso es que, basar las propias decisiones en los deseos y no en la información reunida con respecto al mundo puede ser considerado deshonesto, incluso cuando se realiza con buenas intenciones. La honestidad requiere por lo tanto un acercamiento a la verdad no mediatizado por los propios deseos. Si esta definición, tal cual notoriamente lo creo, es válida en su concepción filosófica, tendremos que coincidir en que, aunque las intenciones de aquel pastor hubiesen sido buenas y tendientes a conseguir lo mejor para su congregación, la actitud evidentemente era deshonesta. Tenemos un problema: dijimos que la honestidad es signo de la presencia de Dios. ¿Y la deshonestidad? Te recuerdo que estamos hablando de la iglesia del Señor…

Claro está: hay una variante que nace de un calificativo que, cuando te lo mencione, inmediatamente podrás relacionarlo con lo primero que se te ocurra y hagas memoria. Y quizás no te equivoques cuando lo hagas. Porque, dado que las intenciones se relacionan estrechamente con la justicia y también con los conceptos de honestidad y deshonestidad, existe una confusión muy extendida acerca del verdadero sentido del término.

Entonces nos encontramos con que no siempre somos conscientes del grado de honestidad o deshonestidad de nuestros actos, porque el auto-engaño hace que perdamos la perspectiva con respecto a la honestidad de los propios actos, obviando todas aquellas visiones que pudieran alterar nuestra decisión. En la filosofía occidental, fíjate, fue nada menos que Sócrates quien dedicó mayor esfuerzo al análisis del significado de la honestidad. Posteriormente, dicho concepto quedó incluido en la búsqueda de principios éticos generales que justificasen el comportamiento moral, como el Imperativo categórico de Kant o la teoría del consenso de Jürgen Haberlas. La Primera Verdad: ESTRATEGIA SI, SECRETOS NO

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mayo 4, 2024 Néstor Martínez